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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:52:21 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Los pazos de Ulloa
+
+Author: Emilia Pardo Bazán
+
+Release Date: March 16, 2006 [EBook #18005]
+[Last updated: January 20, 2020]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA ***
+
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+
+Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
+
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+Los pazos de Ulloa
+
+Emilia Pardo Bazán
+
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+Tomo I
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+
+-I-
+
+
+Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus
+fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y
+mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote
+cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos
+desigualísimos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repecho
+del camino real de Santiago a Orense en términos que los viandantes, al
+pasarlo, sacudían la cabeza murmurando que tenía bastante más declive
+del no sé cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al
+llevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros lo
+que se pescaban, y alguna quinta de personaje político, alguna
+influencia electoral de grueso calibre debía andar cerca.
+
+Iba el jinete colorado, no como un pimiento, sino como una fresa,
+encendimiento propio de personas linfáticas. Por ser joven y de miembros
+delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un niño, a no
+desmentir la presunción sus trazas sacerdotales. Aunque cubierto de
+amarillo polvo que levantaba el trote del jaco, bien se advertía que el
+traje del mozo era de paño negro liso, cortado con la flojedad y poca
+gracia que distingue a las prendas de ropa de seglar vestidas por
+clérigos. Los guantes, despellejados ya por la tosca brida, eran
+asimismo negros y nuevecitos, igual que el hongo, que llevaba calado
+hasta las cejas, por temor a que los zarandeos de la trotada se lo
+hiciesen saltar al suelo, que sería el mayor compromiso del mundo. Bajo
+el cuello del desairado levitín asomaba un dedo de alzacuello, bordado
+de cuentas de abalorio. Demostraba el jinete escasa maestría hípica:
+inclinado sobre el arzón, con las piernas encogidas y a dos dedos de
+salir despedido por las orejas, leíase en su rostro tanto miedo al
+cuartago como si fuese algún corcel indómito rebosando fiereza y bríos.
+
+Al acabarse el repecho, volvió el jaco a la sosegada andadura habitual,
+y pudo el jinete enderezarse sobre el aparejo redondo, cuya anchura
+inconmensurable le había descoyuntado los huesos todos de la región
+sacro-ilíaca. Respiró, quitóse el sombrero y recibió en la frente
+sudorosa el aire frío de la tarde. Caían ya oblicuamente los rayos del
+sol en los zarzales y setos, y un peón caminero, en mangas de camisa,
+pues tenía su chaqueta colocada sobre un mojón de granito, daba
+lánguidos azadonazos en las hierbecillas nacidas al borde de la cuneta.
+Tiró el jinete del ramal para detener a su cabalgadura, y ésta, que se
+había dejado en la cuesta abajo las ganas de trotar, paró
+inmediatamente. El peón alzó la cabeza, y la placa dorada de su sombrero
+relució un instante.
+
+--¿Tendrá usted la bondad de decirme si falta mucho para la casa del
+señor marqués de Ulloa?
+
+--¿Para los Pazos de Ulloa?--contestó el peón repitiendo la pregunta.
+
+--Eso es.
+
+--Los Pazos de Ulloa están allí--murmuró extendiendo la mano para señalar
+a un punto en el horizonte.--Si la bestia anda bien, el camino que queda
+pronto se pasa.... Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar ¿ve? y luego
+le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano
+derecha por un atajito, hasta el crucero.... En el crucero ya no tiene
+pérdida, porque se ven los Pazos, una _costrución_ muy grandísima....
+
+--Pero..... ¿como cuánto faltará?--preguntó con inquietud el clérigo.
+
+Meneó el peón la tostada cabeza.
+
+--Un bocadito, un bocadito....
+
+Y sin más explicaciones, emprendió otra vez su desmayada faena,
+manejando el azadón lo mismo que si pesase cuatro arrobas.
+
+Se resignó el viajero a continuar ignorando las leguas de que se compone
+un _bocadito_, y taloneó al rocín. El pinar no estaba muy distante, y
+por el centro de su sombría masa serpeaba una trocha angostísima, en la
+cual se colaron montura y jinete. El sendero, sepultado en las oscuras
+profundidades del pinar, era casi impracticable; pero el jaco, que no
+desmentía las aptitudes especiales de la raza caballar gallega para
+andar por mal piso, avanzaba con suma precaución, cabizbajo, tanteando
+con el casco, para sortear cautelosamente las zanjas producidas por la
+llanta de los carros, los pedruscos, los troncos de pino cortados y
+atravesados donde hacían menos falta. Adelantaban poco a poco, y ya
+salían de las estrecheces a senda más desahogada, abierta entre pinos
+nuevos y montes poblados de aliaga, sin haber tropezado con una sola
+heredad labradía, un plantío de coles que revelase la vida humana. De
+pronto los cascos del caballo cesaron de resonar y se hundieron en
+blanda alfombra: era una camada de estiércol vegetal, tendida, según
+costumbre del país, ante la casucha de un labrador. A la puerta una
+mujer daba de mamar a una criatura. El jinete se detuvo.
+
+--Señora, ¿sabe si voy bien para la casa del marqués de Ulloa?
+
+--Va bien, va....
+
+--¿Y... falta mucho?
+
+Enarcamiento de cejas, mirada entre apática y curiosa, respuesta ambigua
+en dialecto:
+
+--La carrerita de un can....
+
+¡Estamos frescos!, pensó el viajero, que si no acertaba a calcular lo
+que anda un can en una carrera, barruntaba que debe ser bastante para un
+caballo. En fin, en llegando al crucero vería los Pazos de Ulloa..... Todo
+se le volvía buscar el atajo, a la derecha..... Ni señales. La vereda,
+ensanchándose, se internaba por tierra montañosa, salpicada de manchones
+de robledal y algún que otro castaño todavía cargado de fruta: a derecha
+e izquierda, matorrales de brezo crecían desparramados y oscuros.
+Experimentaba el jinete indefinible malestar, disculpable en quien,
+nacido y criado en un pueblo tranquilo y soñoliento, se halla por vez
+primera frente a frente con la ruda y majestuosa soledad de la
+naturaleza, y recuerda historias de viajeros robados, de gentes
+asesinadas en sitios desiertos.
+
+--¡Qué país de lobos!--dijo para sí, tétricamente impresionado.
+
+Alegrósele el alma con la vista del atajo, que a su derecha se
+columbraba, estrecho y pendiente, entre un doble vallado de piedra,
+límite de dos montes. Bajaba fiándose en la maña del jaco para evitar
+tropezones, cuando divisó casi al alcance de su mano algo que le hizo
+estremecerse: una cruz de madera, pintada de negro con filetes blancos,
+medio caída ya sobre el murallón que la sustentaba. El clérigo sabía que
+estas cruces señalan el lugar donde un hombre pereció de muerte
+violenta; y, persignándose, rezó un padrenuestro, mientras el caballo,
+sin duda por olfatear el rastro de algún zorro, temblaba levemente
+empinando las orejas, y adoptaba un trotecillo medroso que en breve le
+condujo a una encrucijada. Entre el marco que le formaban las ramas de
+un castaño colosal, erguíase el crucero.
+
+Tosco, de piedra común, tan mal labrado que a primera vista parecía
+monumento románico, por más que en realidad sólo contaba un siglo de
+fecha, siendo obra de algún cantero con pujos de escultor, el crucero,
+en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magnífico árbol,
+era poético y hermoso. El jinete, tranquilizado y lleno de devoción,
+pronunció descubriéndose: «Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, pues por
+tu Santísima Cruz redimiste al mundo», y de paso que rezaba, su mirada
+buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que debían ser aquel gran
+edificio cuadrilongo, con torres, allá en el fondo del valle. Poco duró
+la contemplación, y a punto estuvo el clérigo de besar la tierra, merced
+a la huida que pegó el rocín, con las orejas enhiestas, loco de terror.
+El caso no era para menos: a cortísima distancia habían retumbado dos
+tiros.
+
+Quedóse el jinete frío de espanto, agarrado al arzón, sin atreverse ni a
+registrar la maleza para averiguar dónde estarían ocultos los agresores;
+mas su angustia fue corta, porque ya del ribazo situado a espaldas del
+crucero descendía un grupo de tres hombres, antecedido por otros tantos
+canes perdigueros, cuya presencia bastaba para demostrar que las
+escopetas de sus amos no amenazaban sino a las alimañas monteses.
+
+El cazador que venía delante representaba veintiocho o treinta años:
+alto y bien barbado, tenía el pescuezo y rostro quemados del sol, pero
+por venir despechugado y sombrero en mano, se advertía la blancura de la
+piel no expuesta a la intemperie, en la frente y en la tabla de pecho,
+cuyos diámetros indicaban complexión robusta, supuesto que confirmaba la
+isleta de vello rizoso que dividía ambas tetillas. Protegían sus piernas
+recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre
+la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en
+el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos cañones. El
+segundo cazador parecía hombre de edad madura y condición baja, criado o
+colono: ni hebillas en las polainas, ni más morral que un saco de
+grosera estopa; el pelo cortado al rape, la escopeta de pistón,
+viejísima y atada con cuerdas; y en el rostro, afeitado y enjuto y de
+enérgicas facciones rectilíneas, una expresión de encubierta sagacidad,
+de astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo. Por lo
+que hace al tercer cazador, sorprendióse el jinete al notar que era un
+sacerdote. ¿En qué se le conocía? No ciertamente en la tonsura, borrada
+por una selva de pelo gris y cerdoso, ni tampoco en la rasuración, pues
+los duros cañones de su azulada barba contarían un mes de antigüedad;
+menos aún en el alzacuello, que no traía, ni en la ropa, que era
+semejante a la de sus compañeros de caza, con el aditamento de unas
+botas de montar, de charol de vaca muy descascaradas y cortadas por las
+arrugas. Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello
+formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno
+consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y
+posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo. No cabía duda:
+era un sacerdote.
+
+Aproximóse al grupo el jinete, y repitió la consabida pregunta:
+
+--¿Pueden ustedes decirme si voy bien para casa del señor marqués de
+Ulloa?
+
+El cazador alto se volvió hacia los demás, con familiaridad y dominio.
+
+--¡Qué casualidad!--exclamó--. Aquí tenemos al forastero..... Tú,
+Primitivo.... Pues te cayó la lotería: mañana pensaba yo enviarte a Cebre
+a buscar al señor.... Y usted, señor abad de Ulloa.... ¡ya tiene usted
+aquí quien le ayude a arreglar la parroquia!
+
+Como el jinete permanecía indeciso, el cazador añadió:
+
+--¿Supongo que es usted el recomendado de mi tío, el señor de la Lage?
+
+--Servidor y capellán...--respondió gozoso el eclesiástico, tratando de
+echar pie a tierra, ardua operación en que le auxilió el abad--. ¿Y
+usted...--exclamó, encarándose con su interlocutor--es el señor marqués?
+
+--¿Cómo queda el tío? ¿Usted... a caballo desde Cebre, eh?--repuso éste
+evasivamente, mientras el capellán le miraba con interés rayano en viva
+curiosidad. No hay duda que así, varonilmente desaliñado, húmeda la piel
+de transpiración ligera, terciada la escopeta al hombro, era un cacho de
+buen mozo el marqués; y sin embargo, despedía su arrogante persona
+cierto tufillo bravío y montaraz, y lo duro de su mirada contrastaba con
+lo afable y llano de su acogida.
+
+El capellán, muy respetuoso, se deshacía en explicaciones.
+
+--Sí, señor; justamente.... En Cebre he dejado la diligencia y me dieron
+esta caballería, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.... El
+señor de la Lage, tan bueno, y con el humor aquél de siempre.... Hace
+reír a las piedras.... Y guapote, para su edad.... Estoy reparando que si
+fuese su señor papá de usted, no se le parecería más.... Las señoritas,
+muy bien, muy contentas y muy saludables.... Del señorito, que está en
+Segovia, buenas noticias. Y antes que se me olvide....
+
+Buscó en el bolsillo interior de su levitón, y fue sacando un pañuelo
+muy planchado y doblado, un _Semanario_ chico, y por último una cartera
+de tafilete negro, cerrada con elástico, de la cual extrajo una carta
+que entregó al marqués. Los perros de caza, despeados y anhelantes de
+fatiga, se habían sentado al pie del crucero; el abad picaba con la uña
+una tagarnina para liar un pitillo, cuyo papel sostenía adherido por una
+punta al borde de los labios; Primitivo, descansando la culata de la
+escopeta en el suelo, y en el cañón de la escopeta la barba, clavaba sus
+ojuelos negros en el recién venido, con pertinacia escrutadora. El sol
+se ponía lentamente en medio de la tranquilidad otoñal del paisaje. De
+improviso el marqués soltó una carcajada. Era su risa, como suya,
+vigorosa y pujante, y, más que comunicativa, despótica.
+
+--El tío--exclamó, doblando la carta--siempre tan guasón y tan célebre....
+Dice que aquí me manda un santo para que me predique y me convierta....
+No parece sino que tiene uno pecados: ¿eh, señor abad? ¿Qué dice usted a
+esto? ¿Verdad que ni uno?
+
+--Ya se sabe, ya se sabe--masculló el abad en voz bronca.... Aquí todos
+conservamos la inocencia bautismal.
+
+Y al decirlo, miraba al recién llegado al través de sus erizadas y
+salvajinas cejas, como el veterano al inexperto recluta, sintiendo allá
+en su interior profundo desdén hacia el curita barbilindo, con cara de
+niña, donde sólo era sacerdotal la severidad del rubio entrecejo y la
+compostura ascética de las facciones.
+
+--¿Y usted se llama Julián Álvarez?--interrogó el marqués.
+
+--Para servir a usted muchos años.
+
+--¿Y no acertaba usted con los Pazos?
+
+--Me costaba trabajo el acertar. Aquí los paisanos no le sacan a uno de
+dudas, ni le dicen categóricamente las distancias. De modo que....
+
+--Pues ahora ya no se perderá usted. ¿Quiere montar otra vez?
+
+--¡Señor! No faltaba más.
+
+--Primitivo--ordenó el marqués--, coge del ramal a esa bestia.
+
+Y echó a andar, dialogando con el capellán que le seguía. Primitivo,
+obediente, se quedó rezagado, y lo mismo el abad, que encendía su
+pitillo con un misto de cartón. El cazador se arrimó al cura.
+
+--¿Y qué le parece el rapaz, diga? ¿Verdad que no mete respeto?
+
+--Boh.... Ahora se estila ordenar _miquitrefes_.... Y luego mucho de
+alzacuellitos, guantecitos, perejiles con escarola.... ¡Si yo fuera el
+arzobispo, ya les daría el demontre de los guantes!
+
+
+
+
+-II-
+
+
+Era noche cerrada, sin luna, cuando desembocaron en el soto, tras del
+cual se eleva la ancha mole de los Pazos de Ulloa. No consentía la
+oscuridad distinguir más que sus imponentes proporciones, escondiéndose
+las líneas y detalles en la negrura del ambiente. Ninguna luz brillaba
+en el vasto edificio, y la gran puerta central parecía cerrada a piedra
+y lodo. Dirigióse el marqués a un postigo lateral, muy bajo, donde al
+punto apareció una mujer corpulenta, alumbrando con un candil. Después
+de cruzar corredores sombríos, penetraron todos en una especie de sótano
+con piso terrizo y bóveda de piedra, que, a juzgar por las hileras de
+cubas adosadas a sus paredes, debía ser bodega; y desde allí llegaron
+presto a la espaciosa cocina, alumbrada por la claridad del fuego que
+ardía en el hogar, consumiendo lo que se llama arcaicamente un mediano
+monte de leña y no es sino varios gruesos cepos de roble, avivados, de
+tiempo en tiempo, con rama menuda. Adornaban la elevada campana de la
+chimenea ristras de chorizos y morcillas, con algún jamón de añadidura,
+y a un lado y a otro sendos bancos brindaban asiento cómodo para
+calentarse oyendo hervir el negro _pote_, que, pendiente de los llares,
+ofrecía a los ósculos de la llama su insensible vientre de hierro.
+
+A tiempo que la comitiva entraba en la cocina, hallábase acurrucada
+junto al pote una vieja, que sólo pudo Julián Álvarez distinguir un
+instante--con greñas blancas y rudas como cerro que le caían sobre los
+ojos, y cara rojiza al reflejo del fuego--, pues no bien advirtió que
+venía gente, levantóse más aprisa de lo que permitían sus años, y
+murmurando en voz quejumbrosa y humilde: «Buenas _nochiñas_ nos dé
+Dios», se desvaneció como una sombra, sin que nadie pudiese notar por
+dónde. El marqués se encaró con la moza.
+
+--¿No tengo dicho que no quiero aquí pendones?
+
+Y ella contestó apaciblemente, colgando el candil en la pilastra de la
+chimenea:
+
+--No hacía mal..., me ayudaba a pelar castañas.
+
+Tal vez iba el marqués a echar la casa abajo, si Primitivo, con mayor
+imperio y enojo que su amo mismo, no terciase en la cuestión,
+reprendiendo a la muchacha.
+
+--¿Qué estás _parolando_ ahí...? Mejor te fuera tener la comida lista. ¿A
+ver cómo nos la das corriendito? Menéate, despabílate.
+
+En el esconce de la cocina, una mesa de roble denegrida por el uso
+mostraba extendido un mantel grosero, manchado de vino y grasa.
+Primitivo, después de soltar en un rincón la escopeta, vaciaba su
+morral, del cual salieron dos perdigones y una liebre muerta, con los
+ojos empañados y el pelaje maculado de sangraza. Apartó la muchacha el
+botín a un lado, y fue colocando platos de peltre, cubiertos de antigua
+y maciza plata, un mollete enorme en el centro de la mesa y un jarro de
+vino proporcionado al pan; luego se dio prisa a revolver y destapar
+tarteras, y tomó del vasar una sopera magna. De nuevo la increpó
+airadamente el marqués.
+
+--¿Y los perros, vamos a ver? ¿Y los perros?
+
+Como si también los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos
+antes que nadie, acudieron desde el rincón más oscuro, y olvidando el
+cansancio, exhalaban famélicos bostezos, meneando la cola y levantando
+el partido hocico. Julián creyó al pronto que se había aumentado el
+número de canes, tres antes y cuatro ahora; pero al entrar el grupo
+canino en el círculo de viva luz que proyectaba el fuego, advirtió que
+lo que tomaba por otro perro no era sino un rapazuelo de tres a cuatro
+años, cuyo vestido, compuesto de chaquetón acastañado y calzones de
+blanca estopa, podía desde lejos equivocarse con la piel bicolor de los
+perdigueros, en quienes parecía vivir el chiquillo en la mejor
+inteligencia y más estrecha fraternidad. Primitivo y la moza disponían
+en cubetas de palo el festín de los animales, entresacado de lo mejor y
+más grueso del pote; y el marqués--que vigilaba la operación--, no dándose
+por satisfecho, escudriñó con una cuchara de hierro las profundidades
+del caldo, hasta sacar a luz tres gruesas tajadas de cerdo, que fue
+distribuyendo en las cubetas. Lanzaban los perros alaridos
+entrecortados, de interrogación y deseo, sin atreverse aún a tomar
+posesión de la pitanza; a una voz de Primitivo, sumieron de golpe el
+hocico en ella, oyéndose el batir de sus apresuradas mandíbulas y el
+chasqueo de su lengua glotona. El chiquillo gateaba por entre las patas
+de los perdigueros, que, convertidos en fieras por el primer impulso del
+hambre no saciada todavía, le miraban de reojo, regañando los dientes y
+exhalando ronquidos amenazadores: de pronto la criatura, incitada por el
+tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendió la mano
+para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanzó una feroz
+dentellada, que por fortuna sólo alcanzó la manga del chico, obligándole
+a refugiarse más que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas
+de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales. Julián, que
+empezaba a descalzarse los guantes, se compadeció del chiquillo, y,
+bajándose, le tomó en brazos, pudiendo ver que a pesar del mugre, la
+roña, el miedo y el llanto, era el más hermoso angelote del mundo.
+
+--¡Pobre!--murmuró cariñosamente--. ¿Te ha mordido la perra? ¿Te hizo
+sangre? ¿Dónde te duele, me lo dices? Calla, que vamos a reñirle a la
+perra nosotros. ¡Pícara, malvada!
+
+Reparó el capellán que estas palabras suyas produjeron singular efecto
+en el marqués. Se contrajo su fisonomía: sus cejas se fruncieron, y
+arrancándole a Julián el chiquillo, con brusco movimiento le sentó en
+sus rodillas, palpándole las manos, a ver si las tenía mordidas o
+lastimadas. Seguro ya de que sólo el chaquetón había padecido, soltó la
+risa.
+
+--¡Farsante!--gritó--. Ni siquiera te ha tocado la Chula. ¿Y tú, para qué
+vas a meterte con ella? Un día te come media nalga, y después
+lagrimitas. ¡A callarse y a reírse ahora mismo! ¿En qué se conocen los
+valientes?
+
+Diciendo así, colmaba de vino su vaso, y se lo presentaba al niño que,
+cogiéndolo sin vacilar, lo apuró de un sorbo. El marqués aplaudió:
+
+--¡Retebién! ¡Viva la gente templada!
+
+--No, lo que es el rapaz... el rapaz sale de punta--murmuró el abad de
+Ulloa.
+
+--¿Y no le hará daño tanto vino?--objetó Julián, que sería incapaz de
+bebérselo él.
+
+--¡Daño! ¡Sí, buen daño nos dé Dios!--respondió el marqués, con no sé qué
+inflexiones de orgullo en el acento--. Déle usted otros tres, y ya
+verá.... ¿Quiere usted que hagamos la prueba?
+
+--Los chupa, los chupa--afirmó el abad.
+
+--No señor; no señor.... Es capaz de morirse el pequeño.... He oído que el
+vino es un veneno para las criaturas.... Lo que tendrá será hambre.
+
+--Sabel, que coma el chiquillo--ordenó imperiosamente el marqués,
+dirigiéndose a la criada.
+
+Ésta, silenciosa e inmóvil durante la anterior escena, sacó un repleto
+cuenco de caldo, y el niño fue a sentarse en el borde del lar, para
+engullirlo sosegadamente.
+
+En la mesa, los comensales mascaban con buen ánimo. Al caldo, espeso y
+harinoso, siguió un cocido sólido, donde abundaba el puerco: los días de
+caza, el imprescindible puchero se tomaba de noche, pues al monte no
+había medio de llevarlo. Una fuente de chorizos y huevos fritos
+desencadenó la sed, ya alborotada con la sal del cerdo. El marqués dio
+al codo a Primitivo.
+
+--Tráenos un par de botellitas.... De el del año 59.
+
+Y volviéndose hacia Julián, dijo muy obsequioso:
+
+--Va usted a beber del mejor _tostado_ que por aquí se produce.... Es de
+la casa de Molende: se corre que tienen un secreto para que, sin perder
+el gusto de la pasa, empalague menos y se parezca al mejor jerez....
+Cuanto más va, más gana: no es como los de otras bodegas, que se vuelven
+azúcar.
+
+--Es cosa de gusto--aseveró el abad, rebañando con una miga de pan lo que
+restaba de yema en su plato.
+
+--Yo--declaró tímidamente Julián--poco entiendo de vinos.... Casi no bebo
+sino agua.
+
+Y al ver brillar bajo las cejas hirsutas del abad una mirada compasiva
+de puro desdeñosa, rectificó:
+
+--Es decir... con el café, ciertos días señalados, no me disgusta el
+anisete.
+
+--El vino alegra el corazón.... El que no bebe, no es hombre--pronunció el
+abad sentenciosamente.
+
+Primitivo volvía ya de su excursión, empuñando en cada mano una botella
+cubierta de polvo y telarañas. A falta de tirabuzón, se descorcharon con
+un cuchillo, y a un tiempo se llenaron los vasos chicos traídos _ad
+hoc_. Primitivo empinaba el codo con sumo desparpajo, bromeando con el
+abad y el señorito. Sabel, por su parte, a medida que el banquete se
+prolongaba y el licor calentaba las cabezas, servía con familiaridad
+mayor, apoyándose en la mesa para reír algún chiste, de los que hacían
+bajar los ojos a Julián, bisoño en materia de sobremesas de cazadores.
+Lo cierto es que Julián bajaba la vista, no tanto por lo que oía, como
+por no ver a Sabel, cuyo aspecto, desde el primer instante, le había
+desagradado de extraño modo, a pesar o quizás a causa de que Sabel era
+un buen pedazo de lozanísima carne. Sus ojos azules, húmedos y sumisos,
+su color animado, su pelo castaño que se rizaba en conchas paralelas y
+caía en dos trenzas hasta más abajo del talle, embellecían mucho a la
+muchacha y disimulaban sus defectos, lo pomuloso de su cara, lo tozudo y
+bajo de su frente, lo sensual de su respingada y abierta nariz. Por no
+mirar a Sabel, Julián se fijaba en el chiquillo, que envalentonado con
+aquella ojeada simpática, fue poco a poco deslizándose hasta llegar a
+introducirse entre las rodillas del capellán. Instalado allí, alzó su
+cara desvergonzada y risueña, y tirando a Julián del chaleco, murmuró en
+tono suplicante:
+
+--¿Me lo da?
+
+Todo el mundo se reía a carcajadas: el capellán no comprendía.
+
+--¿Qué pide?--preguntó.
+
+--¿Qué ha de pedir?--respondió el marqués festivamente--. ¡El vino, hombre!
+¡El vaso de tostado!
+
+--¡_Mama_!--exclamó el abad.
+
+Antes de que Julián se resolviese a dar al niño su vaso casi lleno, el
+marqués había aupado al mocoso, que sería realmente una preciosidad a no
+estar tan sucio. Parecíase a Sabel, y aún se le aventajaba en la
+claridad y alegría de sus ojos celestes, en lo abundante del pelo
+ensortijado, y especialmente en el correcto diseño de las facciones. Sus
+manitas, morenas y hoyosas, se tendían hacia el vino color de topacio;
+el marqués se lo acercó a la boca, divirtiéndose un rato en quitárselo
+cuando ya el rapaz creía ser dueño de él. Por fin consiguió el niño
+atrapar el vaso, y en un decir Jesús trasegó el contenido, relamiéndose.
+
+--¡Éste no se anda con requisitos!--exclamó el abad.
+
+--¡Quiá!--confirmó el marqués--. ¡Si es un veterano! ¿A que te zampas otro
+vaso, Perucho?
+
+Las pupilas del angelote rechispeaban; sus mejillas despedían lumbre, y
+dilataba la clásica naricilla con inocente concupiscencia de Baco niño.
+El abad, guiñando picarescamente el ojo izquierdo, escancióle otro vaso,
+que él tomó a dos manos y se embocó sin perder gota; en seguida soltó la
+risa; y, antes de acabar el redoble de su carcajada báquica, dejó caer
+la cabeza, muy descolorido, en el pecho del marqués.
+
+--¿Lo ven ustedes?--gritó Julián angustiadísimo--. Es muy chiquito para
+beber así, y va a ponerse malo. Estas cosas no son para criaturas.
+
+--¡Bah!--intervino Primitivo--. ¿Piensa que el rapaz no puede con lo que
+tiene dentro? ¡Con eso y con otro tanto! Y si no verá.
+
+A su vez tomó en brazos al niño y, mojando en agua fresca los dedos, se
+los pasó por las sienes. Perucho abrió los párpados y miró alrededor con
+asombro, y su cara se sonroseó.
+
+--¿Qué tal?--le preguntó Primitivo--. ¿Hay ánimos para otra _pinguita_ de
+tostado?
+
+Volvióse Perucho hacia la botella y luego, como instintivamente, dijo
+_que no_ con la cabeza, sacudiendo la poblada zalea de sus rizos. No era
+Primitivo hombre de darse por vencido tan fácilmente: sepultó la mano en
+el bolsillo del pantalón y sacó una moneda de cobre.
+
+--De ese modo...--refunfuñó el abad.
+
+--No seas bárbaro, Primitivo--murmuró el marqués entre placentero y grave.
+
+--¡Por Dios y por la Virgen!--imploró Julián--. ¡Van a matar a esa
+criatura! Hombre, no se empeñe en emborrachar al niño: es un pecado, un
+pecado tan grande como otro cualquiera. ¡No se pueden presenciar ciertas
+cosas!
+
+Al protestar, Julián se había incorporado, encendido de indignación,
+echando a un lado su mansedumbre y timidez congénita. Primitivo, de pie
+también, mas sin soltar a Perucho, miró al capellán fría y
+socarronamente, con el desdén de los tenaces por los que se exaltan un
+momento. Y metiendo en la mano del niño la moneda de cobre y entre sus
+labios la botella destapada y terciada aún de vino, la inclinó, la
+mantuvo así hasta que todo el licor pasó al estómago de Perucho.
+Retirada la botella, los ojos del niño se cerraron, se aflojaron sus
+brazos, y no ya descolorido, sino con la palidez de la muerte en el
+rostro, hubiera caído redondo sobre la mesa, a no sostenerlo Primitivo.
+El marqués, un tanto serio, empezó a inundar de agua fría la frente y
+los pulsos del niño; Sabel se acercó, y ayudó también a la aspersión;
+todo inútil: lo que es por esta vez, Perucho _la tenía_.
+
+--Como un pellejo--gruñó el abad.
+
+--Como una cuba--murmuró el marqués--. A la cama con él en seguida. Que
+duerma y mañana estará más fresco que una lechuga. Esto no es nada.
+
+Sabel se alejó cargada con el niño, cuyas piernas se balanceaban
+inertes, a cada movimiento de su madre. La cena se acabó menos
+bulliciosa de lo que empezara: Primitivo hablaba poco, y Julián había
+enmudecido por completo. Cuando terminó el convite y se pensó en dormir,
+reapareció Sabel armada de un velón de aceite, de tres mecheros, con el
+cual fue alumbrando por la ancha escalera de piedra que conducía al piso
+alto, y ascendía a la torre en rápido caracol. Era grande la habitación
+destinada a Julián, y la luz del velón apenas disipaba las tinieblas, de
+entre las cuales no se destacaba más que la blancura del lecho. A la
+puerta del cuarto se despidió el marqués, deseándole buenas noches y
+añadiendo con brusca cordialidad:
+
+--Mañana tendrá usted su equipaje.... Ya irán a Cebre por él.... Ea,
+descansar, mientras yo echo de casa al abad de Ulloa.... Está un poco....
+¿eh? ¡Dificulto que no se caiga en el camino y no pase la noche al
+abrigo de un vallado!
+
+Solo ya, sacó Julián de entre la camisa y el chaleco una estampa
+grabada, con marco de lentejuela, que representaba a la Virgen del
+Carmen, y la colocó de pie sobre la mesa donde Sabel acababa de
+depositar el velón. Arrodillóse, y rezó la media corona, contando por
+los dedos de la mano cada diez. Pero el molimiento del cuerpo le hacía
+apetecer las gruesas y frescas sábanas, y omitió la letanía, los actos
+de fe y algún padrenuestro. Desnudóse honestamente, colocando la ropa en
+una silla a medida que se la quitaba, y apagó el velón antes de echarse.
+Entonces empezaron a danzar en su fantasía los sucesos todos de la
+jornada: el caballejo que estuvo a punto de hacerle besar el suelo, la
+cruz negra que le causó escalofríos, pero sobre todo la cena, la bulla,
+el niño borracho. Juzgando a las gentes con quienes había trabado
+conocimiento en pocas horas, se le figuraba Sabel provocativa, Primitivo
+insolente, el abad de Ulloa sobrado bebedor y nimiamente amigo de la
+caza, los perros excesivamente atendidos, y en cuanto al marqués.... En
+cuanto al marqués, Julián recordaba unas palabras del señor de la Lage:
+
+--Encontrará usted a mi sobrino bastante adocenado.... La aldea, cuando se
+cría uno en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y
+embrutece.
+
+Y casi al punto mismo en que acudió a su memoria tan severo dictamen,
+arrepintióse el capellán, sintiendo cierta penosa inquietud que no podía
+vencer. ¿Quién le mandaba formar juicios temerarios? Él venía allí para
+decir misa y ayudar al marqués en la administración, no para fallar
+acerca de su conducta y su carácter.... Con que... a dormir...
+
+
+
+
+-III-
+
+
+Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño
+dorado y apacible. Mientras se vestía, examinaba la estancia con algún
+detenimiento. Era vastísima, sin cielo raso; alumbrábanla tres ventanas
+guarnecidas de anchos poyos y de vidrieras faltosas de vidrios cuanto
+abastecidas de remiendos de papel pegados con obleas. Los muebles no
+pecaban de suntuosos ni de abundantes, y en todos los rincones
+permanecían señales evidentes de los hábitos del último inquilino, hoy
+abad de Ulloa, y antes capellán del marqués: puntas de cigarros
+adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la
+mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos,
+jaulas para codornices, _gayolas_, collares de perros, una piel de
+conejo mal curtida y peor oliente. Amén de estas reliquias, entre las
+vigas pendían pálidas telarañas, y por todas partes descansaba
+tranquilamente el polvo, enseñoreado allí desde tiempo inmemorial.
+
+Miraba Julián las huellas de la incuria de su antecesor, y sin querer
+acusarle, ni tratarle en sus adentros de cochino, el caso es que tanta
+porquería y rusticidad le infundía grandes deseos de primor y limpieza,
+una aspiración a la pulcritud en la vida como a la pureza en el alma.
+Julián pertenecía a la falange de los pacatos, que tienen la virtud
+espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta. No
+habiéndose descosido jamás de las faldas de su madre sino para asistir a
+cátedra en el Seminario, sabía de la vida lo que enseñan los libros
+piadosos. Los demás seminaristas le llamaban _San Julián_, añadiendo que
+sólo le faltaba la palomita en la mano. Ignoraba cuándo pudo venirle la
+vocación; tal vez su madre, ama de llaves de los señores de la Lage,
+mujer que pasaba por beatona, le empujó suavemente, desde la más tierna
+edad, hacia la Iglesia, y él se dejó llevar de buen grado. Lo cierto es
+que de niño jugaba a cantar misa, y de grande no paró hasta conseguirlo.
+La continencia le fue fácil, casi insensible, por lo mismo que la guardó
+incólume, pues sienten los moralistas que es más hacedero no pecar una
+vez que pecar una sola. A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la
+gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su
+temperamento linfático-nervioso, puramente femenino, sin ardores ni
+rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias
+malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que
+también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado
+normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas.
+Julián, por su compostura y hábitos de pulcritud-aprendidos de su madre,
+que le sahumaba toda la ropa con espliego y le ponía entre cada par de
+calcetines una manzana camuesa--cogió fama de seminarista _pollo_, máxime
+cuando averiguaron que se lavaba mucho manos y cara. En efecto era así,
+y a no mediar ciertas ideas de devota pudicicia, él extendería las
+abluciones frecuentes al resto del cuerpo, que procuraba traer lo más
+aseado posible.
+
+El primer día de su estancia en los Pazos bien necesitaba chapuzarse un
+poco, atendido el polvo de la carretera que traía adherido a la piel;
+pero sin duda el actual abad de Ulloa consideraba artículo de lujo los
+enseres de tocador, pues no vio Julián por allí más que una palangana de
+hojalata, a la cual servía de palanganero el poyo. Ni jarra, ni tohalla,
+ni jabón, ni cubo. Quedóse parado delante de la palangana, en mangas de
+camisa y sin saber qué hacer, hasta que, convencido de la imposibilidad
+de refrescarse con agua, quiso al menos tomar un baño de aire, y abrió
+la vidriera.
+
+Lo que abarcaba la vista le dejó encantado. El valle ascendía en suave
+pendiente, extendiendo ante los Pazos toda la lozanía de su ladera más
+feraz. Viñas, castañares, campos de maíz granados o ya segados, y
+tupidas robledas, se escalonaban, subían trepando hasta un montecillo,
+cuya falda gris parecía, al sol, de un blanco plomizo. Al pie mismo de
+la torre, el huerto de los Pazos se asemejaba a verde alfombra con
+cenefas amarillentas, en cuyo centro se engastaba la luna de un gran
+espejo, que no era sino la superficie del estanque. El aire, oxigenado y
+regenerador, penetraba en los pulmones de Julián, que sintió disiparse
+inmediatamente parte del vago terror que le infundía la gran casa
+solariega y lo que de sus moradores había visto. Como para renovarlo,
+entreoyó detrás de sí rumor de pisadas cautelosas, y al volverse vio a
+Sabel, que le presentaba con una mano platillo y jícara, con la otra, en
+plato de peltre, un púlpito de agua fresca y una servilleta gorda muy
+doblada encima. Venía la moza arremangada hasta el codo, con el pelo
+alborotado, seco y volandero, del calor de la cama sin duda: y a la luz
+del día se notaba más la frescura de su tez, muy blanca y como
+infiltrada de sangre. Julián se apresuró a ponerse el levitín,
+murmurando:
+
+--Otra vez haga el favor de dar dos golpes en la puerta antes de
+entrar.... Conforme estoy a pie, pudo cuadrar que estuviese en la cama
+todavía... o vistiéndome.
+
+Miróle Sabel de hito en hito, sin turbarse, y exclamó:
+
+--Disimule, señor.... Yo no sabía.... El que no sabe, hace como el que no
+ve.
+
+--Bien, bien.... Yo quería decir misa antes de tomar el chocolate.
+
+--Hoy no podrá, porque tiene la llave de la capilla el señor abad de
+Ulloa, y Dios sabe hasta qué horas dormirá, ni si habrá quién vaya allá
+por ella.
+
+Julián contuvo un suspiro. ¡Dos días ya sin misar! Cabalmente desde que
+era presbítero se había redoblado su fervor religioso, y sentía el
+entusiasmo juvenil del nuevo misacantano, conmovido aún por la impresión
+de la augusta investidura; de suerte que celebraba el sacrificio
+esmerándose en perfilar la menor ceremonia, temblando cuando alzaba,
+anonadándose cuando consumía, siempre con recogimiento indecible. En
+fin, si no había remedio....
+
+--Ponga el chocolate ahí--dijo a Sabel.
+
+Mientras la moza ejecutaba esta orden, Julián alzaba los ojos al techo y
+los bajaba al piso, y tosía, tratando de buscar una fórmula, un modo
+discreto de explicarse.
+
+--¿Hace mucho que no duerme en este cuarto el señor abad?
+
+--Poco.... Hará dos semanas que bajó a la parroquia.
+
+--Ah.... Por eso.... Esto está algo... sucio, ¿no le parece? Sería bueno
+barrer... y pasar también la escoba por entre las vigas.
+
+Sabel se encogió de hombros.
+
+--El señor abad no me mandó nunca que le barriese el cuarto.
+
+--Pues, francamente, la limpieza es una cosa que a todo el mundo gusta.
+
+--Sí, señor, ya se sabe.... No pase cuidado, que yo lo arreglaré muy
+arregladito.
+
+Lo pronunció con tanta sumisión, que Julián a su vez quiso mostrarle un
+poco de caritativo interés.
+
+--¿Y el niño?--preguntó--. ¿No le hizo mal lo de ayer?
+
+--No, señor.... Durmió como un santiño y ya anda corriendo por la huerta.
+¿Ve? Allí está.
+
+Mirando por la abierta ventana, y haciéndose una pantalla con la mano,
+Julián divisó a Perucho, que, sin sombrero, con la cabeza al sol,
+arrojaba piedras al estanque.
+
+--Lo que no sucede en un año sucede en un día, Sabel--advirtió gravemente
+el capellán--. ¡No debe consentir que le emborrachen al chiquillo: es un
+vicio muy feo, hasta en los grandes, cuanto más en un inocente así!
+¿Para qué le aguanta a Primitivo que le dé tanta bebida? Es obligación
+de usted el impedirlo.
+
+Sabel fijaba pesadamente en Julián sus azules pupilas, siendo imposible
+discernir en ellas el menor relámpago de inteligencia o de
+convencimiento. Al fin articuló con pausa:
+
+--Yo qué quiere que le haga.... No me voy a reponer contra mi señor padre.
+
+Julián calló un momento atónito. ¡De modo que quien había embriagado a
+la criatura era su propio abuelo! No supo replicar nada oportuno, ni
+siquiera lanzar una exclamación de censura. Llevóse la taza a la boca
+para encubrir la turbación, y Sabel, creyendo terminado el coloquio, se
+retiraba despacio, cuando el capellán le dirigió una pregunta más.
+
+--¿El señor marqués anda ya levantado?
+
+--Sí, señor.... Debe estar por la huerta o por los alpendres.
+
+--Haga el favor de llevarme allí--dijo Julián levantándose y limpiándose
+apresuradamente los labios sin desdoblar la servilleta.
+
+Antes de dar con el marqués, recorrieron el capellán y su guía casi toda
+la huerta. Aquella vasta extensión de terreno debía haber sido en otro
+tiempo cultivada con primor y engalanada con los adornos de la
+jardinería simétrica y geométrica cuya moda nos vino de Francia. De todo
+lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con
+mirto en el suelo, eran ahora intrincado matorral de bojes, donde ni la
+vista más lince distinguiría rastro de los lobos, pinos, torres
+almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blasón
+de los Ulloas; y, sin embargo, persistía en la confusa masa no sé qué
+aire de cosa plantada adrede y con arte. El borde de piedra del estanque
+estaba semiderruido, y las gruesas bolas de granito que lo guarnecían
+andaban rodando por la hierba, verdosas de musgo, esparcidas aquí y
+acullá como gigantescos proyectiles en algún desierto campo de batalla.
+Obstruido por el limo, el estanque parecía charca fangosa, acrecentando
+el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer
+fueron cenadores y bancos rústicos se habían convertido en rincones
+poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de maíz, a
+cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crecían libres,
+espinosos y altísimos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a
+besar con sus ramas más altas la copa del ciruelo o peral que tenían
+enfrente. Por entre estos residuos de pasada grandeza andaba el último
+vástago de los Ulloas, con las manos en los bolsillos, silbando
+distraídamente como quien no sabe qué hacer del tiempo. La presencia de
+Julián le dio la solución del problema. Señorito y capellán emparejaron
+y alabando la hermosura del día, acabaron de visitar el huerto al
+pormenor, y aun alargaron el paseo hasta el soto y los robledales que
+limitaban, hacia la parte norte, la extensa posesión del marqués. Julián
+abría mucho los ojos, deseando que por ellos le entrase de sopetón toda
+la ciencia rústica, a fin de entender bien las explicaciones relativas a
+la calidad del terreno o el desarrollo del arbolado; pero, acostumbrado
+a la vida claustral del Seminario y de la metrópoli compostelana, la
+naturaleza le parecía difícil de comprender, y casi le infundía temor
+por la vital impetuosidad que sentía palpitar en ella, en el espesor de
+los matorrales, en el áspero vigor de los troncos, en la fertilidad de
+los frutales, en la picante pureza del aire libre. Exclamó con
+desconsuelo sincerísimo:
+
+--Yo confieso la verdad, señorito.... De estas cosas de aldea, no entiendo
+jota.
+
+--Vamos a ver la casa--indicó el señor de Ulloa--. Es la más grande del
+país--añadió con orgullo.
+
+Mudaron de rumbo, dirigiéndose al enorme caserón, donde penetraron por
+la puerta que daba al huerto, y habiendo recorrido el claustro formado
+por arcadas de sillería, cruzaron varios salones con destartalado
+mueblaje, sin vidrios en las vidrieras, cuyas descoloridas pinturas
+maltrataba la humedad, no siendo más clemente la polilla con el
+maderamen del piso. Pararon en una habitación relativamente chica, con
+ventana de reja, donde las negras vigas del techo semejaban remotísimas,
+y asombraban la vista grandes estanterías de castaño sin barnizar, que
+en vez de cristales tenían enrejado de alambre grueso. Decoraba tan
+tétrica pieza una mesa-escritorio, y sobre ella un tintero de cuerno, un
+viejísimo bade de suela, no sé cuántas plumas de ganso y una caja de
+obleas vacía.
+
+Las estanterías entreabiertas dejaban asomar legajos y protocolos en
+abundancia; por el suelo, en las dos sillas de baqueta, encima de la
+mesa, en el alféizar mismo de la enrejada ventana, había más papeles,
+más legajos, amarillentos, vetustos, carcomidos, arrugados y rotos;
+tanta papelería exhalaba un olor a humedad, a rancio, que cosquilleaba
+en la garganta desagradablemente. El marqués de Ulloa, deteniéndose en
+el umbral y con cierta expresión solemne, pronunció:
+
+--El archivo de la casa.
+
+Desocupó en seguida las sillas de cuero, y explicó muy acalorado que
+aquello estaba revueltísimo-aclaración de todo punto innecesaria--y que
+semejante desorden se debía al descuido de un fray Venancio,
+administrador de su padre, y del actual abad de Ulloa, en cuyas manos
+pecadoras había venido el archivo a parar en lo que Julián veía....
+
+--Pues así no puede seguir--exclamaba el capellán--. ¡Papeles de
+importancia tratados de este modo! Hasta es muy fácil que alguno se
+pierda.
+
+--¡Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habrán causado, y
+cómo andará todo, porque yo ni mirarlo quiero.... Esto es lo que usted
+ve: ¡un desastre, una perdición! ¡Mire usted..., mire usted lo que tiene
+ahí a sus pies! ¡Debajo de una bota!
+
+Julián levantó el pie muy asustado, y el marqués se bajó recogiendo del
+suelo un libro delgadísimo, encuadernado en badana verde, del cual
+pendía rodado sello de plomo. Tomólo Julián con respeto, y al abrirlo,
+sobre la primera hoja de vitela, se destacó una soberbia miniatura
+heráldica, de colores vivos y frescos a despecho de los años.
+
+--¡Una ejecutoria de nobleza!--declaró el señorito gravemente.
+
+Por medio de su pañuelo doblado, la limpiaba Julián del moho, tocándola
+con manos delicadas. Desde niño le había enseñado su madre a reverenciar
+la sangre ilustre, y aquel pergamino escrito con tinta roja, miniado,
+dorado, le parecía cosa muy veneranda, digna de compasión por haber sido
+pisoteada, hollada bajo la suela de sus botas. Como el señorito
+permanecía serio, de codos en la mesa, las manos cruzadas bajo la barba,
+otras palabras del señor de la Lage acudieron a la memoria del capellán:
+«Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.... Haría
+usted una obra de caridad si lo arreglase un poco». La verdad es que él
+no entendía gran cosa de papelotes, pero con buena voluntad y cachaza....
+
+--Señorito--murmuró--, ¿y por qué no nos dedicamos a ordenar esto como Dios
+manda? Entre usted y yo, mal sería que no acertásemos. Mire usted,
+primero apartamos lo moderno de lo antiguo; de lo que esté muy
+estropeado se podría hacer sacar copia; lo roto se pega con cuidadito
+con unas tiras de papel transparente....
+
+El proyecto le pareció al señorito de perlas. Convinieron en ponerse al
+trabajo desde la mañana siguiente. Quiso la desgracia que al otro día
+Primitivo descubriese en un maizal próximo un bando entero de perdices
+entretenido en comerse la espiga madura. Y el marqués se terció la
+carabina y dejó para siempre jamás amén a su capellán bregar con los
+documentos.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Y el capellán lidió con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro
+horas todas las mañanas. Primero limpió, sacudió, planchó sirviéndose de
+la palma de la mano, pegó papelitos de cigarro a fin de juntar los
+pedazos rotos de alguna escritura. Parecíale estar desempolvando,
+encolando y poniendo en orden la misma casa de Ulloa, que iba a salir de
+sus manos hecha una plata. La tarea, en apariencia fácil, no dejaba de
+ser enfadosa para el aseado presbítero: le sofocaba una atmósfera de
+mohosa humedad; cuando alzaba un montón de papeles depositado desde
+tiempo inmemorial en el suelo, caía a veces la mitad de los documentos
+hecha añicos por el diente menudo e incansable del ratón; las polillas,
+que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le metían
+por entre la ropa; las correderas, perseguidas en sus más secretos
+asilos, salían ciegas de furor o de miedo, obligándole, no sin gran
+repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tapándose los oídos para
+no percibir el ¡_chac_! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del
+insecto; las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus
+descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente
+en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto
+estratégico. De tanto asqueroso bicho tal vez el que más repugnaba a
+Julián era una especie de lombriz o gusano de humedad, frío y negro, que
+se encontraba siempre inmóvil y hecho una rosca debajo de los papeles, y
+al tocarlo producía la sensación de un trozo de hielo blando y pegajoso.
+
+Al cabo, a fuerza de paciencia y resolución, triunfó Julián en su
+batalla con aquellas alimañas impertinentes, y en los estantes, ya
+despejados, fueron alineándose los documentos, ocupando, por efecto
+milagroso del buen orden, la mitad menos que antes, y cabiendo donde no
+cupieron jamás. Tres o cuatro ejecutorias, todas con su colgante de
+plomo, quedaron apartadas, envueltas en paños limpios. Todo estaba
+arreglado ya, excepto un tramo de la estantería donde Julián columbró
+los lomos oscuros, fileteados de oro, de algunos libros antiguos. Era la
+biblioteca de un Ulloa, un Ulloa de principios del siglo: Julián
+extendió la mano, cogió un tomo al azar, lo abrió, leyó la portada...
+«_La Henriada_, poema francés, puesto en verso español: su autor, el
+señor de Voltaire...». Volvió a su sitio el volumen, con los labios
+contraídos y los ojos bajos, como siempre que algo le hería o
+escandalizaba: no era en extremo intolerante, pero lo que es a Voltaire,
+de buena gana le haría lo que a las cucarachas; no obstante, limitóse a
+condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal paño por el lomo de los
+libros: de suerte que polillas, gusanos y arañas, acosadas en todas
+partes, hallaron refugio a la sombra del risueño Arouet y su enemigo el
+sentimental Juan Jacobo, que también dormía allí sosegadamente desde los
+años de 1816.
+
+No era tortas y pan pintado la limpieza material del archivo; sin
+embargo, la verdadera obra de romanos fue la clasificación. ¡Aquí te
+quiero! parecían decir los papelotes así que Julián intentaba
+distinguirlos. Un embrollo, una madeja sin cabo, un laberinto sin hilo
+conductor. No existía faro que pudiese guiar por el piélago insondable:
+ni libros becerros, ni estados, ni nada. Los únicos documentos que
+encontró fueron dos cuadernos mugrientos y apestando a tabaco, donde su
+antecesor, el abad de Ulloa, apuntaba los nombres de los pagadores y
+arrendatarios de la casa, y al margen, con un signo inteligible para él
+solo, o con palabras más enigmáticas aún, el balance de sus pagos. Los
+unos tenían una cruz, los otros un garabato, los de más allá una
+llamada, y los menos, las frases _no paga, pagará, va pagando, ya pagó_.
+¿Qué significaban pues el garabato y la cruz? Misterio insondable. En
+una misma página se mezclaban gastos e ingresos: aquí aparecía Fulano
+como deudor insolvente, y dos renglones más abajo, como acreedor por
+jornales. Julián sacó del libro del abad una jaqueca tremebunda. Bendijo
+la memoria de fray Venancio, que, más radical, no dejara ni rastro de
+cuentas, ni el menor comprobante de su larga gestión.
+
+Había puesto Julián manos a la obra con sumo celo, creyendo no le sería
+imposible orientarse en semejante caos de papeles. Se desojaba para
+entender la letra antigua y las enrevesadas rúbricas de las escrituras;
+quería al menos separar lo correspondiente a cada uno de los tres o
+cuatro principales partidos de renta con que contaba la casa; y se
+asombraba de que para cobrar tan poco dinero, tan mezquinas cantidades
+de centeno y trigo, se necesitase tanto fárrago de procedimientos, tanta
+documentación indigesta. Perdíase en un dédalo de foros y subforos,
+prorrateos, censos, pensiones, vinculaciones, cartas dotales, diezmos,
+tercios, pleitecillos menudos, de atrasos, y pleitazos gordos, de
+partijas. A cada paso se le confundía más en la cabeza toda aquella
+papelería trasconejada; si las obras de reparación, como poner carpetas
+de papel fuerte y blanco a las escrituras que se deshacían de puro
+viejas le eran ya fáciles, no así el conocimiento científico de los
+malditos papelotes, indescifrables para quien no tuviese lecciones y
+práctica. Ya desalentado se lo confesó al marqués.
+
+--Señorito, yo no salgo del paso.... Aquí convenía un abogado, una persona
+entendida.
+
+--Sí, sí, hace mucho tiempo que lo pienso yo también.... Es indispensable
+tomar mano en eso, porque la documentación debe andar perdida.... ¿Cómo
+la ha encontrado usted? ¿Hecha una lástima? Apuesto a que sí.
+
+Dijo esto el marqués con aquella entonación vehemente y sombría que
+adoptaba al tratar de sus propios asuntos, por insignificantes que
+fuesen; y mientras hablaba, entretenía las manos ciñendo su collar de
+cascabeles a la Chula, con la cual iba a salir a matar unas codornices.
+
+--Sí, señor...--murmuró Julián--. No está nada bien, no.... Pero la persona
+acostumbrada a estas cosas se desenreda de ellas en un soplo.... Y tiene
+que venir pronto quien sea, porque los papeles no ganan así.
+
+La verdad era que el archivo había producido en el alma de Julián la
+misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y
+amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la
+actualidad se desmoronaba a toda prisa. Era esto en Julián aprensión no
+razonada, que se transformaría en convicción si conociese bien algunos
+antecedentes de familia del marqués.
+
+Don Pedro Moscoso de Cabreira y Pardo de la Lage quedó huérfano de padre
+muy niño aún. A no ser por semejante desgracia, acaso hubiera tenido
+carrera: los Moscosos conservaban, desde el abuelo afrancesado,
+enciclopedista y francmasón que se permitía leer al _señor de Voltaire_,
+cierta tradición de cultura trasañeja, medio extinguida ya, pero
+suficiente todavía para empujar a un Moscoso a los bancos del aula. En
+los Pardos de la Lage era, al contrario, axiomático que más vale asno
+vivo que doctor muerto. Vivían entonces los Pardos en su casa solariega,
+no muy distante de la de Ulloa: al enviudar la madre de don Pedro, el
+mayorazgo de la Lage iba a casarse en Santiago con una señorita de
+distinción, trasladando sus reales al pueblo; y don Gabriel, el
+segundón, se vino a los Pazos de Ulloa, para acompañar a su hermana,
+según decía, y servirle de amparo; en realidad, afirmaban los
+maldicientes, para disfrutar a su talante las rentas del cuñado difunto.
+Lo cierto es que don Gabriel en poco tiempo asumió el mando de la casa:
+él descubrió y propuso para administrador a aquel bendito exclaustrado
+fray Venancio, medio chocho desde la exclaustración, medio idiota de
+nacimiento ya, a cuya sombra pudo manejar a su gusto la hacienda del
+sobrino, desempeñando la tutela. Una de las habilidades de don Gabriel
+fue hacer partijas con su hermana cogiéndole mañosamente casi toda su
+legítima, despojo a que asintió la pobre señora, absolutamente inepta en
+materia de negocios, hábil sólo para ahorrar el dinero que guardaba con
+sórdida avaricia, y que tuvo la imprudente niñería de ir poniendo en
+onzas de oro, de las más antiguas, de premio. Cortos eran los réditos
+del caudal de Moscoso que no se deslizaban de entre los dedos temblones
+de fray Venancio a las robustas palmas del tutor; pero si lograban pasar
+a las de doña Micaela, ya no salían de allí sino en forma de peluconas,
+camino de cierto escondrijo misterioso, acerca del cual iba poco a poco
+formándose una leyenda en el país. Mientras la madre atesoraba, don
+Gabriel educaba al sobrino a su imagen y semejanza, llevándolo consigo a
+ferias, cazatas, francachelas rústicas, y acaso distracciones menos
+inocentes, y enseñándole, como decían allí, a cazar la perdiz blanca; y
+el chico adoraba en aquel tío jovial, vigoroso y resuelto, diestro en
+los ejercicios corporales, groseramente chistoso, como todos los de la
+Lage, en las sobremesas: especie de señor feudal acatado en el país, que
+enseñaba prácticamente al heredero de los Ulloas el desprecio de la
+humanidad y el abuso de la fuerza. Un día que tío y sobrino se
+deportaban, según costumbre, a cuatro o seis leguas de distancia de los
+Pazos, habiéndose llevado consigo al criado y al mozo de cuadra, a las
+cuatro de la tarde y estando abiertas todas las puertas del caserón
+solariego, se presentó en él una gavilla de veinte hombres enmascarados
+o tiznados de carbón, que maniató y amordazó a la criada, hizo echarse
+boca abajo a fray Venancio, y apoderándose de doña Micaela, le intimó
+que enseñase el escondrijo de las onzas; y como la señora se negase,
+después de abofetearla, empezaron a mecharla con la punta de una navaja,
+mientras unos cuantos proponían que se calentase aceite para freírle los
+pies. Así que le acribillaron un brazo y un pecho, pidió compasión y
+descubrió, debajo de un arca enorme, el famoso escondrijo, trampa
+hábilmente disimulada por medio de una tabla igual a las demás del piso,
+pero que subía y bajaba a voluntad. Recogieron los ladrones las hermosas
+medallas, apoderáronse también de la plata labrada que hallaron a mano,
+y se retiraron de los Pazos a las seis, antes que anocheciese del todo.
+Algún labrador o jornalero les vio salir, pero ¿qué había de hacer? Eran
+veinte, bien armados con escopetas, pistolas y trabucos.
+
+Fray Venancio, que sólo había recibido tal cual puntapié o puñada
+despreciativa, no necesitó más pasaporte para irse al otro mundo, de
+puro miedo, en una semana; la señora se apresuró menos, pero, como suele
+decirse, no levantó cabeza, y de allí a pocos meses una apoplejía serosa
+le impidió seguir guardando onzas en un agujero mejor disimulado. Del
+robo se habló largo tiempo en el país, y corrieron rumores muy extraños:
+se afirmó que los criminales no eran bandidos de profesión, sino gentes
+conocidas y acomodadas, alguna de las cuales desempeñaba cargo público,
+y entre ellas se contaban personas relacionadas de antiguo con la
+familia de Ulloa, que por lo tanto estaban al corriente de las
+costumbres de la casa, de los días en que se quedaba sin hombres, y de
+la insaciable constancia de doña Micaela en recoger y conservar la más
+valiosa moneda de oro. Fuese lo que fuese, la justicia no descubrió a
+los autores del delito, y don Pedro quedó en breve sin otro pariente que
+su tío Gabriel. Éste buscó para el sitio de fray Venancio a un sacerdote
+brusco, gran cazador, incapaz de morirse de miedo ante los ladrones.
+Desde tiempo atrás les ayudaba en sus expediciones cinegéticas
+Primitivo, la mejor escopeta furtiva del país, la puntería más certera,
+y el padre de la moza más guapa que se encontraba en diez leguas a la
+redonda. El fallecimiento de doña Micaela permitió que hija y padre se
+instalasen en los Pazos, ella a título de criada, él a título de...
+montero mayor, diríamos hace siglos; hoy no hay nombre adecuado para el
+empleo. Don Gabriel los tenía muy a raya a entrambos, olfateando en
+Primitivo un riesgo serio para su influencia; pero tres o cuatro años
+después de la muerte de su hermana, don Gabriel sufrió ataques de gota
+que pusieron en peligro su vida, y entonces se divulgó lo que ya se
+susurraba acerca de su casamiento secreto con la hija del carcelero de
+Cebre. El hidalgo se trasladó a vivir, mejor dicho a rabiar, en la
+villita; otorgó testamento legando a tres hijos que tenía sus bienes y
+caudal, sin dejar al sobrino don Pedro ni el reloj en memoria; y
+habiéndosele subido la gota al corazón, entregó su alma a Dios de
+malísima gana, con lo cual hallóse el último de los Moscosos dueño de sí
+por completo.
+
+Gracias a todas estas vicisitudes, socaliñas y pellizcos, la casa de
+Ulloa, a pesar de poseer dos o tres decentes núcleos de renta, estaba
+enmarañada y desangrada; era lo que presumía Julián: una ruina. Dada la
+complicación de red, la subdivisión atomística que caracteriza a la
+propiedad gallega, un poco de descuido o mala administración basta para
+minar los cimientos de la más importante fortuna territorial. La
+necesidad de pagar ciertos censos atrasados y sus intereses había sido
+causa de que la casa se gravase con una hipoteca no muy cuantiosa; pero
+la hipoteca es como el cáncer: empieza atacando un punto del organismo y
+acaba por inficionarlo todo. Con motivo de los susodichos censos, el
+señorito buscó asiduamente las onzas del nuevo escondrijo de su madre;
+tiempo perdido: o la señora no había atesorado más desde el robo, o lo
+había ocultado tan bien, que no diera con ello el mismo diablo.
+
+La vista de tal hipoteca contristó a Julián, pues el buen clérigo
+empezaba a sentir la adhesión especial de los capellanes por las casas
+nobles en que entran; pero más le llenó de confusión encontrar entre los
+papelotes la documentación relativa a un pleitecillo de partijas,
+sostenido por don Alberto Moscoso, padre de don Pedro, con.... ¡el
+marqués de Ulloa!
+
+Porque ya es hora de decir que el marqués de Ulloa auténtico y legal, el
+que consta en la _Guía de forasteros_, se paseaba tranquilamente en
+carretela por la Castellana, durante el invierno de 1866 a 1867,
+mientras Julián exterminaba correderas en el archivo de los Pazos. Bien
+ajeno estaría él de que el título de nobleza por cuya carta de sucesión
+había pagado religiosamente su impuesto de _lanzas y medias anatas_, lo
+disfrutaba gratis un pariente suyo, en un rincón de Galicia. Verdad que
+al legítimo marqués de Ulloa, que era Grande de España de primera clase,
+duque de algo, marqués tres veces y conde dos lo menos, nadie le conocía
+en Madrid sino por el ducado, por aquello de que baza mayor quita menor,
+aun cuando el título de Ulloa, radicado en el claro solar de Cabreira de
+Portugal, pudiese ganar en antigüedad y estimación a los más eminentes.
+Al pasar a una rama colateral la hacienda de los Pazos de Ulloa, fue el
+marquesado a donde correspondía por rigurosa agnación; pero los
+aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de
+Ulloa diesen nombre al título, siguieron llamando marqueses a los dueños
+de la gran huronera. Los señores de los Pazos no protestaban: eran
+marqueses por derecho consuetudinario; y cuando un labrador, en un
+camino hondo, se descubría respetuosamente ante don Pedro, murmurando:
+«Vaya usía muy dichoso, señor marqués», don Pedro sentía un cosquilleo
+grato en la epidermis de la vanidad, y contestaba con voz sonora:
+«Felices tardes».
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Del famoso arreglo del archivo sacó Julián los pies fríos y la cabeza
+caliente: él bien quisiera despabilarse, aplicar prácticamente las
+nociones adquiridas acerca del estado de la casa, para empezar a ejercer
+con inteligencia sus funciones de administrador, mas no acertaba, no
+podía; su inexperiencia en cosas rurales y jurídicas se traslucía a cada
+paso. Trataba de estudiar el mecanismo interior de los Pazos: tomábase
+el trabajo de ir a los establos, a las cuadras, de enterarse de los
+cultivos, de visitar la granera, el horno, los hórreos, las eras, las
+bodegas, los alpendres, cada dependencia y cada rincón; de preguntar
+para qué servía esto y aquello y lo de más allá, y cuánto costaba y a
+cómo se vendía; labor inútil, pues olfateando por todas partes abusos y
+desórdenes, no conseguía nunca, por su carencia de malicia y de
+gramática parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos. El señorito no
+le acompañaba en semejantes excursiones: harto tenía que hacer con
+ferias, caza y visitas a gentes de Cebre o del señorío montañés, de
+suerte que el guía de Julián era Primitivo. Guía pesimista si los hay.
+Cada reforma que Julián quería plantear, la calificaba de imposible,
+encogiéndose de hombros; cada superfluidad que intentaba suprimir, la
+declaraba el cazador indispensable al buen servicio de la casa. Ante el
+celo de Julián surgían montones de dificultades menudas, impidiéndole
+realizar ninguna modificación útil. Y lo más alarmante era observar la
+encubierta, pero real omnipotencia de Primitivo. Mozos, colonos,
+jornaleros, y hasta el ganado en los establos, parecía estarle
+supeditado y propicio: el respeto adulador con que trataban al señorito,
+el saludo, mitad desdeñoso y mitad indiferente que dirigían al capellán,
+se convertían en sumisión absoluta hacia Primitivo, no manifestada por
+fórmulas exteriores, sino por el acatamiento instantáneo de su voluntad,
+indicada a veces con sólo el mirar directo y frío de sus ojuelos sin
+pestañas. Y Julián se sentía humillado en presencia de un hombre que
+mandaba allí como indiscutible autócrata, desde su ambiguo puesto de
+criado con ribetes de mayordomo. Sentía pesar sobre su alma la ojeada
+escrutadora de Primitivo que avizoraba sus menores actos, y estudiaba su
+rostro, sin duda para averiguar el lado vulnerable de aquel presbítero,
+sobrio, desinteresado, que apartaba los ojos de las jornaleras garridas.
+Tal vez la filosofía de Primitivo era que no hay hombre sin vicio, y no
+había de ser Julián la excepción.
+
+Corría entre tanto el invierno, y el capellán se habituaba a la vida
+campestre. El aire vivo y puro le abría el apetito: no sentía ya las
+efusiones de devoción que al principio, y sí una especie de caridad
+humana que le llevaba a interesarse en lo que veía a su alrededor,
+especialmente los niños y los irracionales, con quienes desahogaba su
+instintiva ternura. Aumentábase su compasión hacia Perucho, el rapaz
+embriagado por su propio abuelo; le dolía verle revolcarse
+constantemente en el lodo del patio, pasarse el día hundido en el
+estiércol de las cuadras, jugando con los becerros, mamando del pezón de
+las vacas leche caliente o durmiendo en el pesebre, entre la hierba
+destinada al pienso de la borrica; y determinó consagrar algunas horas
+de las largas noches de invierno a enseñar al chiquillo el abecedario,
+la doctrina y los números. Para realizarlo se acomodaba en la vasta
+mesa, no lejos del fuego del hogar, cebado por Sabel con gruesos
+troncos; y cogiendo al niño en sus rodillas, a la luz del triple mechero
+del velón, le iba guiando pacientemente el dedo sobre el silabario,
+repitiendo la monótona salmodia por donde empieza el saber: _be-a bá,
+be-e bé, be-i bí_.... El chico se deshacía en bostezos enormes, en muecas
+risibles, en momos de llanto, en chillidos de estornino preso; se
+acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras
+imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al
+menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o
+volverse al tibio abrigo del establo.
+
+En aquel tiempo frío, la cocina se convertía en tertulia, casi
+exclusivamente compuesta de mujeres. Descalzas y pisando de lado, como
+recelosas, iban entrando algunas, con la cabeza resguardada por una
+especie de mandilón de picote; muchas gemían de gusto al acercarse a la
+deleitable llama; otras, tomando de la cintura el huso y el copo de
+lino, hilaban después de haberse calentado las manos, o sacando del
+bolsillo castañas, las ponían a asar entre el rescoldo; y todas,
+empezando por cuchichear bajito, acababan por charlotear como urracas.
+Era Sabel la reina de aquella pequeña corte: sofocada por la llama, con
+los brazos arremangados, los ojos húmedos, recibía el incienso de las
+adulaciones, hundía el cucharón de hierro en el pote, llenaba cuencos de
+caldo, y al punto una mujer desaparecía del círculo, refugiábase en la
+esquina o en un banco, donde se la oía mascar ansiosamente, soplar el
+hirviente bodrio y lengüetear contra la cuchara. Noches había en que no
+se daba la moza punto de reposo en colmar tazas, ni las mujeres en
+entrar, comer y marcharse para dejar a otras el sitio: allí desfilaba
+sin duda, como en mesón barato, la parroquia entera. Al salir cogían
+aparte a Sabel, y si el capellán no estuviese tan distraído con su
+rebelde alumno, vería algún trozo de tocino, pan o _lacón_ rápidamente
+escondido en un justillo, o algún chorizo cortado con prontitud de las
+ristras pendientes en la chimenea, que no menos velozmente pasaba a las
+faltriqueras. La última tertuliana que se quedaba, la que secreteaba más
+tiempo y más íntimamente con Sabel, era la vieja de las greñas de
+estopa, entrevista por Julián la noche de su llegada a los Pazos. Era
+imponente la fealdad de la bruja: tenía las cejas canas, y, de perfil,
+le sobresalían, como también las cerdas de un lunar; el fuego hacía
+resaltar la blancura del pelo, el color atezado del rostro, y el enorme
+_bocio_ o papera que deformaba su garganta del modo más repulsivo.
+Mientras hablaba con la frescachona Sabel, la fantasía de un artista
+podía evocar los cuadros de tentaciones de San Antonio en que aparecen
+juntas una asquerosa hechicera y una mujer hermosa y sensual, con pezuña
+de cabra.
+
+Sin explicarse el porqué, empezó a desagradar a Julián la tertulia y las
+familiaridades de Sabel, que se le arrimaba continuamente, a pretexto de
+buscar en el cajón de la mesa un cuchillo, una taza, cualquier objeto
+indispensable. Cuando la aldeana fijaba en él sus ojos azules, anegados
+en caliente humedad, el capellán experimentaba malestar violento,
+comparable sólo al que le causaban los de Primitivo, que a menudo
+sorprendía clavados a hurtadillas en su rostro. Ignorando en qué fundar
+sus recelos, creía Julián que meditaban alguna asechanza. Era Primitivo,
+salvo tal cual momentáneo acceso de brusca y selvática alegría, hombre
+taciturno, a cuya faz de bronce asomaban rara vez los sentimientos; y
+con todo eso, Julián se juzgaba blanco de hostilidad encubierta por
+parte del cazador; en rigor, ni hostilidad podía llamarse; más bien
+tenía algo de observación y acecho, la espera tranquila de una res, a
+quien, sin odiarla, se desea cazar cuanto antes. Semejante actitud no
+podía definirse, ni expresarse apenas. Julián se refugió en su cuarto,
+adonde hizo subir, medio arrastro, al niño, para la lección
+acostumbrada. Así como así, el invierno había pasado, y el calor de la
+_lareira_ no era apetecible ya.
+
+En su habitación pudo el capellán notar mejor que en la cocina la
+escandalosa suciedad del angelote. Media pulgada de roña le cubría la
+piel; y en cuanto al cabello, dormían en él capas geológicas,
+estratificaciones en que entraba tierra, guijarros menudos, toda suerte
+de cuerpos extraños. Julián cogió a viva fuerza al niño, lo arrastró
+hacia la palangana, que ya tenía bien abastecida de jarras, toallas y
+jabón. Empezó a frotar. ¡María Santísima y qué primer agua la que salió
+de aquella empecatada carita! Lejía pura, de la más turbia y espesa.
+Para el pelo fue preciso emplear aceite, pomada, agua a chorros, un
+batidor de gruesas púas que desbrozase la virgen selva. Al paso que
+adelantaba la faena, iban saliendo a luz las bellísimas facciones,
+dignas del cincel antiguo, coloreadas con la pátina del sol y del aire;
+y los bucles, libres de estorbos, se colocaban artísticamente como en
+una testa de Cupido, y descubrían su matiz castaño dorado, que acababa
+de entonar la figura. ¡Era pasmoso lo bonito que había hecho Dios a
+aquel muñeco!
+
+Todos los días, que gritase o que se resignase el chiquillo, Julián lo
+lavaba así antes de la lección. Por aquel respeto que profesaba a la
+carne humana no se atrevía a bañarle el cuerpo, medida bien necesaria en
+verdad. Pero con los lavatorios y el carácter bondadoso de Julián, el
+diablillo iba tomándose demasiadas confianzas, y no dejaba cosa a vida
+en el cuarto. Su desaplicación, mayor a cada instante, desesperaba al
+pobre presbítero: la tinta le servía a Perucho para meter en ella la
+mano toda y plantarla después sobre el silabario; la pluma, para
+arrancarle las barbas y romperle el pico cazando moscas en los vidrios;
+el papel, para rasgarlo en tiritas o hacer con él cucuruchos; las
+arenillas, para volcarlas sobre la mesa y figurar con ellas montes y
+collados, donde se complacía en producir cataclismos hundiendo el dedo
+de golpe. Además, revolvía la cómoda de Julián, deshacía la cama
+brincando encima, y un día llegó al extremo de prender fuego a las botas
+de su profesor, llenándolas de fósforos encendidos.
+
+Bien aguantaría Julián estas diabluras con la esperanza de sacar algo en
+limpio de semejante hereje; pero se complicaron con otra cosa bastante
+más desagradable: las idas y venidas frecuentes de Sabel por su
+habitación. Siempre encontraba la moza algún pretexto para subir: que se
+le había olvidado recoger el servicio del chocolate; que se le había
+_esquecido_ mudar la toalla. Y se endiosaba, y tardaba un buen rato en
+bajar, entreteniéndose en arreglar cosas que no estaban revueltas, o
+poniéndose de pechos en la ventana, muy risueña y campechanota,
+alardeando de una confianza que Julián, cada día más reservado, no
+autorizaba en modo alguno.
+
+Una mañana entró Sabel a la hora de costumbre con las jarras de agua
+para las abluciones del presbítero, que, al recibirlas, no pudo menos de
+reparar, en una rápida ojeada, cómo la moza venía en justillo y enaguas,
+con la camisa entreabierta, el pelo destrenzado y descalzos un pie y
+pierna blanquísimos, pues Sabel, que se calzaba siempre y no hacía más
+que la labor de cocina y ésa con mucha ayuda de criadas de campo y
+comadres, no tenía la piel curtida, ni deformados los miembros. Julián
+retrocedió, y la jarra tembló en su mano, vertiéndose un chorro de agua
+por el piso.
+
+--Cúbrase usted, mujer--murmuró con voz sofocada por la vergüenza--. No me
+traiga nunca el agua cuando esté así... no es modo de presentarse a la
+gente.
+
+--Me estaba peinando y pensé que me llamaba...--respondió ella sin
+alterarse, sin cruzar siquiera las palmas sobre el escote.
+
+--Aunque la llamase no era regular venir en ese traje.... Otra vez que se
+esté peinando que me suba el agua Cristobo o la chica del ganado... o
+cualquiera....
+
+Y al pronunciar estas palabras, volvíase de espaldas para no ver más a
+Sabel, que se retiraba lentamente.
+
+Desde aquel punto y hora, Julián se desvió de la muchacha como de un
+animal dañino e impúdico; no obstante, aún le parecía poco caritativo
+atribuir a malos fines su desaliño indecoroso, prefiriendo achacarlo a
+ignorancia y rudeza. Pero ella se había propuesto demostrar lo
+contrario. Poco tiempo iba transcurrido desde la severa reprimenda,
+cuando una tarde, mientras Julián leía tranquilamente la _Guía de
+Pecadores_, sintió entrar a Sabel y notó, sin levantar la cabeza, que
+algo arreglaba en el cuarto. De pronto oyó un golpe, como caída de
+persona contra algún mueble, y vio a la moza recostada en la cama,
+despidiendo lastimeros ayes y hondos suspiros. Se quejaba de una
+_aflición_, una cosa repentina, y Julián, turbado pero compadecido,
+acudió a empapar una toalla para humedecerle las sienes, y a fin de
+ejecutarlo se acercó a la acongojada enferma. Apenas se inclinó hacia
+ella, pudo--a pesar de su poca experiencia y ninguna malicia--convencerse
+de que el supuesto ataque no era sino bellaquería grandísima y
+sinvergüenza calificada. Una ola de sangre encendió a Julián hasta el
+cogote: sintió la cólera repentina, ciega, que rarísima vez fustigaba su
+linfa, y señalando a la puerta, exclamó:
+
+--Se me va usted de aquí ahora mismo o la echo a empellones..., ¿entiende
+usted? No me vuelve usted a cruzar esa puerta.... Todo, todo lo que
+necesite, me lo traerá Cristobo.... ¡Largo inmediatamente!
+
+Retiróse la moza cabizbaja y mohína, como quien acaba de sufrir pesado
+chasco. Julián, por su parte, quedó tembloroso, agitado, descontento de
+sí mismo, cual suelen los pacíficos cuando ceden a un arrebato de ira:
+hasta sentía dolor físico, en el epigastrio. A no dudarlo, se había
+excedido; debió dirigir a aquella mujer una exhortación fervorosa, en
+vez de palabras de menosprecio. Su obligación de sacerdote era enseñar,
+corregir, perdonar, no pisotear a la gente como a los bichos del
+archivo. Al cabo Sabel tenía un alma, redimida por la sangre de Cristo
+igual que otra cualquiera. Pero ¿quién reflexiona, quién se modera ante
+tal descaro? Hay un movimiento que llaman los escolásticos _primo
+primis_ fatal e inevitable. Así se consolaba el capellán. De todos
+modos, era triste cosa tener que vivir con aquella mala hembra, no más
+púdica que las vacas. ¿Cómo podía haber mujeres así? Julián recordaba a
+su madre, tan modosa, siempre con los ojos bajos y la voz almibarada y
+suave, con su _casabé_ abrochado hasta la nuez, sobre el cual, para
+mayor recato, caía liso, sin arrugas, un pañuelito de seda negra. ¡Qué
+mujeres! ¡Qué mujeres se encuentran por el mundo!
+
+Desde el funesto lance tuvo Julián que barrerse el cuarto y subirse el
+agua, porque ni Cristobo ni las criadas hicieron caso de sus órdenes, y
+a Sabel no quería verle ni la sombra en la puerta. Lo que más extrañeza
+y susto le causó fue observar que Primitivo, después del suceso, no se
+recataba ya para mirarle con fijeza terrible, midiéndole con una ojeada
+que equivalía a una declaración de guerra. Julián no podía dudar que
+estorbaba en los Pazos: ¿por qué? A veces meditaba en ello
+interrumpiendo la lectura de Fray Luis de Granada y de los seis libros
+de San Juan Crisóstomo sobre el sacerdocio; pero al poco rato,
+descorazonado por tanta mezquina contrariedad, desesperando de ser útil
+jamás a la casa de Ulloa, se enfrascaba nuevamente en sus páginas
+místicas.
+
+
+
+
+VI.
+
+De los párrocos de las inmediaciones, con ninguno había hecho
+Julián tan buenas migas como con don Eugenio, el de Naya. El abad de
+Ulloa, al cual veía con más frecuencia, no le era simpático, por su
+desmedida afición al jarro y a la escopeta; y al abad de Ulloa, en
+cambio, le exasperaba Julián, a quien solía apodar _mariquita_; porque
+para el abad de Ulloa, la última de las degradaciones en que podía caer
+un hombre era beber agua, lavarse con jabón de olor y cortarse las uñas:
+tratándose de un sacerdote, el abad ponía estos delitos en parangón con
+la simonía. «Afeminaciones, afeminaciones», gruñía entre dientes,
+convencidísimo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de
+presentarse bronca, montuna y cerril; aparte de que un clérigo no
+pierde, _ipso facto_, los fueros de hombre, y el hombre debe oler a
+bravío desde una legua. Con los demás curas de las parroquias cercanas
+tampoco frisaba mucho Julián; así es que, convidado a las funciones de
+iglesia, acostumbraba retirarse tan pronto como se acababan las
+ceremonias, sin aceptar jamás la comida que era su complemento
+indispensable. Pero cuando don Eugenio le invitó con alegre cordialidad
+a pasar en Naya el _día del patrón_, aceptó de buen grado,
+comprometiéndose a _no faltarle_.
+
+Según lo convenido, subió a Naya la víspera, rehusando la montura que le
+ofrecía don Pedro. ¡Para legua y media escasa! ¡Y con una tarde
+hermosísima! Apoyándose en un palo, dando tiempo a que anocheciese,
+deteniéndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tardó
+mucho en llegar al cerro que domina el caserío de Naya, tan
+oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la
+gaita, bombo y tamboril, a la luz de los _fachones_ de paja de centeno
+encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos
+patronales. Poco tardaron los bailarines en bajar hacia la rectoral,
+cantando y _atruxando_ como locos, y con ellos descendió Julián.
+
+El cura esperaba en la portalada misma: recogidas las mangas de su
+chaqueta, levantaba en alto un jarro de vino, y la criada sostenía la
+bandeja con vasos. Detúvose el grupo; el gaitero, vestido de pana azul,
+en actitud de cansancio, dejando desinflarse la gaita, cuyo _punteiro_
+caía sobre los rojos flecos del roncón, se limpiaba la frente sudorosa
+con un pañuelo de seda, y los reflejos de la paja ardiendo y de las
+luces que alumbraban la casa del cura permitían distinguir su cara
+guapota, de correctas facciones, realzada por arrogantes patillas
+castañas. Cuando le sirvieron el vino, el rústico artista dijo
+cortésmente: «¡A la salud del señor abade y la compaña!» y, después de
+echárselo al coleto, aún murmuró con mucha política, pasándose el revés
+de la mano por la boca: «De hoy en veinte años, señor abade». Las
+libaciones consecutivas no fueron acompañadas de más fórmulas de
+atención.
+
+Disfrutaba el párroco de Naya de una rectoral espaciosa, alborozada a la
+sazón con los preparativos de la fiesta y asistía impávido a los
+preliminares del saco y ruina de su despensa, bodega, leñera y huerto.
+Era don Eugenio joven y alegre como unas pascuas, y su condición, más
+que de padre de almas, de pilluelo revoltoso y ladino; pero bajo la
+corteza infantil se escondía singular don de gentes y conocimiento de la
+vida práctica. Sociable y tolerante, había logrado no tener un solo
+enemigo entre sus compañeros. Le conceptuaban un _rapaz_ inofensivo.
+
+Tras el pocillo de aromoso chocolate, dio a Julián la mejor cama y
+habitación que poseía, y le despertó cuando la gaita floreaba la
+alborada, rayando ésta apenas en los cielos. Fueron juntos los dos
+clérigos a revisar el decorado de los altares, compuestos ya para la
+misa solemne. Julián pasaba la revista con especial devoción, puesto que
+el patrón de Naya era el suyo mismo, el bienaventurado San Julián, que
+allí estaba en el altar mayor con su carita inocentona, su estática
+sonrisilla, su chupa y calzón corto, su paloma blanca en la diestra, y
+la siniestra delicadamente apoyada en la chorrera de la camisola. La
+imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin más adorno que algún
+rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de
+loza, todo excitaba en Julián tierna piedad, la efusión que le hacía
+tanto provecho, ablandándole y desentumeciéndole el espíritu. Iban
+llegando ya los curas de las inmediaciones, y en el atrio, tapizado de
+hierba, se oía al gaitero templar prolijamente el instrumento, mientras
+en la iglesia el hinojo, esparcido por las losas y pisado por los que
+iban entrando, despedía olor campestre y fresquísimo. La procesión se
+organizaba; San Julián había descendido del altar mayor; la cruz y los
+estandartes oscilaban sobre el remolino de gentes amontonadas ya en la
+estrecha nave, y los mozos, vestidos de fiesta, con su pañuelo de seda
+en la cabeza en forma de _burelete_, se ofrecían a llevar las insignias
+sacras. Después de dar dos vueltas por el atrio y de detenerse breves
+instantes frente al crucero, el santo volvió a entrar en la iglesia, y
+fue _pujado_, con sus andas, a una mesilla al lado del altar mayor muy
+engalanada, y cubierta con antigua colcha de damasco carmesí. La misa
+empezó, regocijada y rústica, en armonía con los demás festejos. Más de
+una docena de curas la cantaban a voz en cuello, y el desvencijado
+incensario iba y venía, con retintín de cadenillas viejas, soltando un
+humo espeso y aromático, entre cuya envoltura algodonosa parecía
+suavizarse el desentono del _introito_, la aspereza de las broncas
+laringes eclesiásticas. El gaitero, prodigando todos sus recursos
+artísticos, acompañaba con el _punteiro_ desmangado de la gaita y
+haciendo oficios de clarinete. Cuando tenía que sonar entera la
+orquesta, mangaba otra vez el _punteiro_ en el _fol_; así podía
+acompañar la elevación de la hostia con una solemne marcha real, y el
+postcomunio con una muñeira de las más recientes y brincadoras, que, ya
+terminada la misa, repetía en el vestíbulo, donde tandas de mozos y
+mozas se desquitaban, bailando a su sabor, de la compostura guardada por
+espacio de una hora en la iglesia. Y el baile en el atrio lleno de luz,
+el templo sembrado de hojas de hinojos y espadaña que magullaron los
+pisotones, alumbrado, más que por los cirios, por el sol que puerta y
+ventanas dejaban entrar a torrentes, los curas jadeantes, pero
+satisfechos y habladores, el santo tan currutaco y lindo, muy risueño en
+sus andas, con una pierna casi en el aire para empezar un minueto y la
+cándida palomita pronta a abrir las alas, todo era alegre, terrenal,
+nada inspiraba la augusta melancolía que suele imperar en las ceremonias
+religiosas. Julián se sentía tan muchacho y contento como el santo
+bendito, y salía ya a gozar el aire libre, acompañado de don Eugenio,
+cuando en el corro de los bailadores distinguió a Sabel, lujosamente
+vestida de domingo, girando con las demás mozas, al compás de la gaita.
+Esta vista le aguó un tanto la fiesta.
+
+Era a semejante hora la rectoral de Naya un infierno culinario, si es
+que los hay. Allí se reunían una tía y dos primas de don Eugenio--a
+quienes por ser muchachas y frescas no quería el párroco tener consigo a
+diario en la rectoral--; el ama, viejecilla llorona, estorbosa e inútil,
+que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien
+distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades
+había servido a un canónigo compostelano, y era célebre en el país por
+su destreza en batir mantequillas y asar capones. Esta fornida
+guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de ademán brioso, había
+vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barriéndola desde la
+víspera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desván los
+trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ejército de
+guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con
+rápida ojeada de general en jefe, la hidrópica despensa, atestada de
+dádivas de feligreses; cabritos, pollos, anguilas, truchas, pichones,
+ollas de vino, manteca y miel, perdices, liebres y conejos, chorizos y
+morcillas. Conocido ya el estado de las provisiones, ordenó las
+maniobras del ejército: las viejas se dedicaron a desplumar aves, las
+mozas a fregar y dejar como el oro peroles, cazos y sartenes, y un par
+de mozancones de la aldea, uno de ellos idiota de oficio, a desollar
+reses y limpiar piezas de caza.
+
+Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de
+los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida
+doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran
+cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza
+reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la
+carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas
+mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como
+ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa
+puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el
+gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su _parva_ o desayuno,
+el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país
+_mataburrillo_, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de
+rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y
+tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre
+bromas y risotadas!
+
+¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en
+la sala de la rectoral? Media docena de tablas tendidas sobre otros
+tantos cestos, ayudaban a ensanchar la mesa cuotidiana; por encima dos
+limpios manteles de lamanisco sostenían grandes jarros rebosando tinto
+añejo; y haciéndoles frente, en una esquina del aposento, esperaban
+turno ventrudas ollas henchidas del mismo líquido. La vajilla era
+mezclada, y entre el estaño y barro vidriado descollaba algún _talavera_
+legítimo, capaz de volver loco a un coleccionista, de los muchos que
+ahora se consagran a la arcana ciencia de los pucheros. Ante la mesa y
+sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando
+asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de
+preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro--la persona
+más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no
+había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del
+gentío en la misa--, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la
+ilustre casa de Ulloa.
+
+Sentóse Julián avergonzado, y su confusión subió de punto durante la
+comida. Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a
+comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas. Y la mesa estaba
+imponente. La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre
+ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el
+sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo
+de _Barbacana_, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el
+poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de
+su rival el cacique _Trampeta_, protegido por los unionistas y mal visto
+por el clero. En suma, allí se juntaba lo más granado de la comarca,
+faltando sólo el marqués de Ulloa, que vendría de fijo a los postres. La
+monumental sopa de pan rehogada en grasa, con chorizo, garbanzos y
+huevos cocidos cortados en ruedas, circulaba ya en gigantescos
+tarterones, y se comía en silencio, jugando bien las quijadas. De vez en
+cuando se atrevía algún cura a soltar frases de encomio a la habilidad
+de la guisandera; y el anfitrión, observando con disimulo quiénes de los
+convidados andaban remisos en mascar, les instaba a que se animasen,
+afirmando que era preciso aprovecharse de la sopa y del cocido, pues
+apenas había otra cosa. Creyéndolo así Julián, y no pareciéndole cortés
+desairar a su huésped, cargó la mano en la sopa y el cocido. Grande fue
+su terror cuando empezó a desfilar interminable serie de platos, los
+veintiséis tradicionales en la comida del patrón de Naya, no la más
+abundante que se servía en el arciprestazgo, pues Loiro se le aventajaba
+mucho.
+
+Para llegar al número prefijado, no había recurrido la guisandera a los
+artificios con que la cocina francesa disfraza los manjares
+bautizándolos con nombres nuevos o adornándolos con arambeles y
+engañifas. No, señor: en aquellas regiones vírgenes no se conocía, loado
+sea Dios, ninguna salsa o pebre de origen gabacho, y todo era neto,
+varonil y clásico como la olla. ¿Veintiséis platos? Pronto se hace la
+lista: pollos asados, fritos, en pepitoria, estofados, con guisantes,
+con cebollas, con patatas y con huevos; aplíquese el mismo sistema a la
+carne, al puerco, al pescado y al cabrito. Así, sin calentarse los
+cascos, presenta cualquiera veintiséis variados manjares.
+
+¡Y cómo se burlaría la guisandera si por arte de magia apareciese allí
+un cocinero francés empeñado en redactar un _menú_, en reducirse a
+cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en
+conceder honroso puesto a la legumbre! ¡Legumbres a mí!, diría el ama
+del cura de Cebre, riéndose con toda su alma y todas sus caderas
+también. ¡Legumbres el día del patrón! Son buenas para los cerdos.
+
+Ahíto y mareado, Julián no tenía fuerzas sino para rechazar con la mano
+las fuentes que no cesaban de circular pasándoselas los convidados unos
+a otros: a bien que ya le observaban menos, pues la conversación se
+calentaba. El médico de Cebre, atrabiliario, magro y disputador; el
+notario, coloradote y barbudo, osaban decir chistes, referir anécdotas;
+el sobrino del cura de Boán, estudiante de derecho, muy enamorado de
+condición, hablaba de mujeres, ponderaba la gracia de las señoritas de
+Molende y la lozanía de una panadera de Cebre, muy nombrada en el país;
+los curas al pronto no tomaron parte, y como Julián bajase la vista,
+algunos comensales, después de observarle de reojo, se hicieron los
+desentendidos. Mas duró poco la reserva; al ir vaciándose los jarros y
+desocupándose las fuentes, nadie quiso estar callado y empezaron las
+bromas a echar chispas.
+
+Máximo Juncal, el médico, recién salido de las aulas compostelanas,
+soltó varias puntadas sobre política, y también malignas pullas
+referentes al grave escándalo que a la sazón traía muy preocupados a los
+revolucionarios de provincia: Sor Patrocinio, sus manejos, su influencia
+en Palacio. Alborotáronse dos o tres curas; y el cacique _Barbacana_,
+con suma gravedad, volviendo hacia Juncal su barba florida y luenga,
+díjole desdeñosamente una verdad como un templo: que «muchos hablaban de
+lo que no entendían», a lo cual el médico replicó, vertiendo bilis por
+ojos y labios, «que pronto iba a llegar el día de la gran barredura, que
+luego se armaría el tiberio del siglo, y que los neos irían a contarlo a
+casa de su padre Judas Iscariote».
+
+Afortunadamente profirió estos tremendos vaticinios a tiempo que la
+mayor parte de los párrocos se hallaban enzarzados en la discusión
+teológica, indispensable complemento de todo convite patronal. Liados en
+ella, no prestó atención a lo que el médico decía ninguno de los que
+podían volvérselas al cuerpo: ni el bronco abad de Ulloa, ni el belicoso
+de Boán, ni el Arcipreste, que siendo más sordo que una tapia, resolvía
+las discusiones políticas a gritos, alzando el índice de la mano derecha
+como para invocar la cólera del cielo. En aquel punto y hora, mientras
+corrían las fuentes de arroz con leche, canela y azúcar, y se agotaban
+las copas de _tostado_, llegaba a su periodo álgido la disputa, y se
+entreoían argumentos, proposiciones, objeciones y silogismos.
+
+--_Nego majorem_....
+
+--_Probo minorem_.
+
+--Eh.... Boán, que con mucho disimulo me estás echando abajo la gracia....
+
+--Compadre, cuidado.... Si adelanta usted un poquito más nos vamos a
+encontrar con el libre albedrío perdido.
+
+--Cebre, mira que vas por mal camino: ¡mira que te marchas con Pelagio!
+
+--Yo a San Agustín me agarro, y no lo suelto.
+
+--Esa proposición puede admitirse _simpliciter_, pero tomándola en otro
+sentido... no cuela.
+
+--Citaré autoridades, todas las que se me pidan: ¿a que no me citas tú ni
+media docena? A ver.
+
+--Es sentir común de la Iglesia desde los primeros concilios.
+
+--Es punto opinable, ¡_quoniam_! A mí no me vengas a asustar tú con
+concilios ni concilias.
+
+--¿Querrás saber más que Santo Tomás?
+
+--¿Y tú querrás ponerte contra el Doctor de la gracia?
+
+--¡Nadie es capaz de rebatirme esto! Señores... la gracia....
+
+--¡Que nos despeñamos de vez! ¡Eso es herejía formal; es pelagianismo
+puro!
+
+--Qué entiendes tú, qué entiendes tú.... Lo que tú censures, que me lo
+claven....
+
+--Que diga el señor Arcipreste.... Vamos a aventurar algo a que no me deja
+mal el señor Arcipreste.
+
+El Arcipreste era respetado más por su edad que por su ciencia
+teológica; y se sosegó un tanto el formidable barullo cuando se
+incorporó difícilmente, con ambas manos puestas tras los oídos,
+vertiendo sangre por la cara, a fin de dirimir, si cabía lograrlo, la
+contienda. Pero un incidente distrajo los ánimos: el señorito de Ulloa
+entraba seguido de dos perros perdigueros, cuyos cascabeles acompañaban
+su aparición con jubiloso repique. Venía, según su promesa, a tomar una
+copa a los postres; y la tomó de pie, porque le aguardaba un bando de
+perdices allá en la montaña.
+
+Hízosele muy cortés recibimiento, y los que no pudieron agasajarle a él
+agasajaron a la Chula y al Turco, que iban apoyando la cabeza en todas
+las rodillas, lamiendo aquí un plato y zampándose un bizcocho allá. El
+señorito de Limioso se levantó resuelto a acompañar al de Ulloa en la
+excursión cinegética, para lo cual tenía prevenido lo necesario, pues
+rara vez salía del Pazo de Limioso sin echarse la escopeta al hombro y
+el morral a la cintura.
+
+Cuando partieron los dos hidalgos, ya se había calmado la efervescencia
+de la discusión sobre la gracia, y el médico, en voz baja, le recitaba
+al notario ciertos sonetos satírico-políticos que entonces corrían bajo
+el nombre de _belenes_. Celebrábalos el notario, particularmente cuando
+el médico recalcaba los versos esmaltados de alusiones verdes y
+picantes. La mesa, en desorden, manchada de salsas, ensangrentada de
+vino tinto, y el suelo lleno de huesos arrojados por los comensales
+menos pulcros, indicaban la terminación del festín; Julián hubiera dado
+algo bueno por poderse retirar; sentíase cansado, mortificado por la
+repugnancia que le inspiraban las cosas exclusivamente materiales; pero
+no se atrevía a interrumpir la sobremesa, y menos ahora que se
+entregaban al deleite de encender algún pitillo y murmurar de las
+personas más señaladas en el país. Se trataba del señorito de Ulloa, de
+su habilidad para _tumbar_ perdices, y sin que Julián adivinase la
+causa, se pasó inmediatamente a hablar de Sabel, a quien todos habían
+visto por la mañana en el corro de baile; se encomió su palmito, y al
+mismo tiempo se dirigieron a Julián señas y guiños, como si la
+conversación se relacionase con él. El capellán bajaba la vista según
+costumbre, y fingía doblar la servilleta; mas de improviso, sintiendo
+uno de aquellos chispazos de cólera repentina y momentánea que no era
+dueño de refrenar, tosió, miró en derredor, y soltó unas cuantas
+asperezas y severidades que hicieron enmudecer a la asamblea. Don
+Eugenio, al ver aguada la sobremesa, optó por levantarse, proponiendo a
+Julián que saliesen a tomar el fresco en la huerta: algunos clérigos se
+alzaron también, anunciando que iban a _echar completas_; otros se
+escurrieron en compañía del médico, el notario, el juez y Barbacana, a
+menear los naipes hasta la noche.
+
+Refugiáronse al huerto el cura de Naya y Julián, pasando por la cocina,
+donde la algazara de los criados, primas del cura, cocineras y músicos
+era formidable, y los jarros se evaporaban y la comilona amenazaba durar
+hasta el sol puesto. El huerto, en cambio, permanecía en su tranquilo y
+poético sosiego primaveral, con una brisa fresquita que columpiaba las
+últimas flores de los perales y cerezos, y acariciaba el recio follaje
+de las higueras, a cuya sombra, en un ribazo de mullida grama, se
+tendieron ambos presbíteros, no sin que don Eugenio, sacando un pañuelo
+de algodón a cuadros, se tapase con él la cabeza, para resguardarla de
+las importunidades de alguna mosca precoz. A Julián todavía le duraba el
+sofoco, la llamarada de indignación; pero ya le pesaba, de su corta
+paciencia, y resolvía ser más sufrido en lo venidero. Aunque bien
+mirado....
+
+--¿Quiere _escotar_ un sueño?--preguntó el de Naya al verle tan cabizbajo
+y mustio.
+
+--No; lo que yo quería, Eugenio, era pedirle que me dispensase el enfado
+que tomé allá en la mesa.... Conozco que soy a veces así... un poco
+vivo... y luego hay conversaciones que me sacan de tino, sin poderlo
+remediar. Usted póngase en mi caso.
+
+--Pongo, pongo.... Pero a mí me están embromando también a cada rato con
+las primas..., y hay que aguantar, que no lo hacen con mala intención;
+es por reírse un poco.
+
+--Hay bromas de bromas, y a mí me parecen delicadas para un sacerdote las
+que tocan a la honestidad y a la pureza. Si aguanta uno por respetos
+humanos esos dichos, acaso pensarán que ya tiene medio perdida la
+vergüenza para los hechos. Y ¿qué sé yo si alguno, no digo de los
+sacerdotes, no quiero hacerles tal ofensa, pero de los seglares, creerá
+que en efecto...?
+
+El de Naya aprobó con la cabeza como quien reconoce la fuerza de una
+observación; pero, al mismo tiempo, la sonrisa con que lucía la desigual
+dentadura era suave e irónica protesta contra tanta rigidez.
+
+--Hay que tomar el mundo según viene...--murmuró filosóficamente--. Ser
+bueno es lo que importa; porque ¿quién va a tapar las bocas de los
+demás? Cada uno habla lo que le parece, y gasta las guasas que quiere....
+En teniendo la conciencia tranquila....
+
+--No, señor; no, señor; poco a poco--replicó acaloradamente Julián--. No
+sólo estamos obligados a ser buenos, sino a parecerlo; y aún es peor en
+un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo
+pecado. Usted bien lo sabe, Eugenio; lo sabe mejor que yo, porque tiene
+cura de almas.
+
+--También usted se apura ahí por una chanza, por una tontería, lo mismo
+que si ya todo el mundo le señalase con el dedo.... Se necesita una vara
+de correa para vivir entre gentes. A este paso no le arriendo la
+ganancia, porque no va a sacar para disgustos.
+
+Caviloso y cejijunto, había cogido Julián un palito que andaba por el
+suelo, y se entretenía en clavarlo en la hierba. Levantó la cabeza de
+pronto.
+
+--Eugenio, ¿es mi amigo?
+
+--Siempre, hombre, siempre--contestó afable y sinceramente el de Naya.
+
+--Pues séame franco. Hábleme como si estuviésemos en el confesonario. ¿Se
+dice por ahí... _eso_?
+
+--¿Lo qué?
+
+--Lo de que yo... tengo algo que ver... con esa muchacha, ¿eh? Porque
+puede usted creerme, y se lo juraría si fuese lícito jurar: bien sabe
+Dios que la tal mujer hasta me es aborrecible, y que no le habré mirado
+a la cara media docena de veces desde que estoy en los Pazos.
+
+--No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.... Ea,
+sosiéguese: a mí se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel.
+El marqués no inventó la pólvora, es cierto que no, y la moza se
+distraerá con los de su clase cuanto quiera, dígalo el bailoteo en la
+gaita de hoy; pero no iba a tener la desvergüenza de pegársela en sus
+barbas, con el mismo capellán.... Hombre, no hagamos tan estúpido al
+marqués.
+
+Julián se volvió, más bien arrodillado que sentado en la grama, con los
+ojos abiertos de par en par.
+
+--Pero... el señorito..., ¿qué tiene que ver el señorito...?
+
+El cura de Naya saltó a su vez, sin que ninguna mosca le picase, y
+prorrumpió en juvenil carcajada. Julián, comprendiendo, preguntó
+nuevamente:
+
+--Luego el chiquillo... el Perucho....
+
+Tornó don Eugenio a reír hasta el extremo de tener que limpiarse los
+lagrimales con el pañuelo de cuadros.
+
+--No se ofenda...--murmuraba entre risa y llanto--. No se ofenda porque me
+río así.... Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la
+risa; un día hasta me puse malo.... Esto es como las cosqui...
+cosquillas... involuntario....
+
+Aplacado el acceso de risa, añadió:
+
+--Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro
+patrón San Julián..., pero esto pasa de castaño oscuro.... ¡Vivir en los
+Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! ¿O es que quiere hacerse el
+bobo?
+
+--A fe, no sospechaba nada, nada, nada. ¿Usted piensa que iba a quedarme
+allí ni dos días, caso de averiguarlo antes? ¿Autorizar con mi presencia
+un amancebamiento? ¿Pero... usted está seguro de lo que dice?
+
+--Hombre.... ¿tiene usted gana de cuentos? ¿Es usted ciego? ¿No lo ha
+notado? Pues repárelo.
+
+--¡Qué sé yo! ¡Cuando uno no está en la malicia! Y el niño..., ¡infeliz
+criatura! El niño me da tanta compasión.... Allí se cría como un
+morito.... ¿Se comprende que haya padres tan sin entrañas?
+
+--Bah.... Esos hijos así, nacidos por detrás de la Iglesia.... Luego, si
+uno oye a los de aquí y a los de allá.... Cada cual dice lo que se le
+antoja.... La moza es alegre como unas castañuelas; todo el mundo en las
+romerías le debe dos cuartos: uno la convida a rosquillas, el otro a
+_resolio_, éste la saca a bailar, aquél la empuja.... Se cuentan mil
+enredos.... ¿Usted se ha fijado en el gaitero que tocó hoy en la misa?
+
+--¿Un buen mozo, con patillas?
+
+--Cabal. Le llaman el _Gallo_ de mote. Pues dicen si la acompaña o no por
+los caminos.... ¡Historias!
+
+Por detrás de la tapia del huerto se oyó entonces vocerío alegre y
+argentinas carcajadas.
+
+--Son las primas...--dijo don Eugenio--. Van a la gaita, que está tocando
+en el crucero ahora. ¿Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa
+el disgusto.... Ahí en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca
+sobre la comida.
+
+--Vamos allá--contestó Julián, que se había quedado ensimismado.
+
+--Nos sentaremos al pie del crucero.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Volvía Julián preocupado a la casa solariega, acusándose de excesiva
+simplicidad, por no haber reparado cosas de tanto bulto. Él era sencillo
+como la paloma; sólo que en este pícaro mundo también se necesita ser
+cauto como la serpiente.... Ya no podía continuar en los Pazos.... ¿Cómo
+volvía a vivir a cuestas de su madre, sin más emolumentos que la misa?
+¿Y cómo dejaba así de golpe al señorito don Pedro, que le trataba tan
+llanamente? ¿Y la casa de Ulloa, que necesitaba un restaurador celoso y
+adicto? Todo era verdad: pero, ¿y su deber de sacerdote católico?
+
+Le acongojaban estos pensamientos al cruzar un maizal, en cuyo lindero
+manzanilla y cabrifollos despedían grato aroma. Era la noche templada y
+benigna, y Julián apreciaba por primera vez la dulce paz del campo,
+aquel sosiego que derrama en nuestro combatido espíritu la madre
+naturaleza. Miró al cielo, oscuro y alto.
+
+--¡Dios sobre todo!--murmuró, suspirando al pensar que tendría que habitar
+un pueblo de calles angostas y encontrarse con gente a cada paso.
+
+Siguió andando, guiado por el ladrido lejano de los perros. Ya divisaba
+próxima la vasta mole de los Pazos. El postigo debía estar abierto.
+Julián distaba de él unos cuantos pasos no más, cuando oyó dos o tres
+gritos que le helaron la sangre: clamores inarticulados como de alimaña
+herida, a los cuales se unía el desconsolado llanto de un niño.
+
+Engolfóse el capellán en las tenebrosas profundidades de corredor y
+bodega, y llegó velozmente a la cocina. En el umbral se quedó paralizado
+de asombro ante lo que iluminaba la luz fuliginosa del candilón. Sabel,
+tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor,
+la brumaba a culatazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos
+en los ojos, sollozaba. Sin reparar lo que hacía, arrojóse Julián hacia
+el grupo, llamando al marqués con grandes voces:
+
+--¡Señor don Pedro..., señor don Pedro!
+
+Volvióse el señor de los Pazos, y se quedó inmóvil, con la escopeta
+empuñada por el cañón, jadeante, lívido de ira, los labios y las manos
+agitadas por temblor horrible; y en vez de disculpar su frenesí o de
+acudir a la víctima, balbució roncamente:
+
+--¡Perra..., perra..., condenada..., a ver si nos das pronto de cenar, o
+te deshago! ¡A levantarse... o te levanto con la escopeta!
+
+Sabel se incorporaba ayudada por el capellán, gimiendo y exhalando
+entrecortados ayes. Tenía aún el traje de fiesta con el cual la viera
+Julián danzar pocas horas antes junto al crucero y en el atrio; pero el
+_mantelo_ de rico paño se encontraba manchado de tierra; el dengue de
+grana se le caía de los hombros, y uno de sus largos zarcillos de
+filigrana de plata, abollado por un culatazo, se le había clavado en la
+carne de la nuca, por donde escurrían algunas gotas de sangre. Cinco
+verdugones rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras cómo
+había sido derribada la intrépida bailadora.
+
+--¡La cena he dicho!--repitió brutalmente don Pedro.
+
+Sin contestar, pero no sin gemir, dirigióse la muchacha hacia el rincón
+donde hipaba el niño, y le tomó en brazos, apretándole mucho. El
+angelote seguía llorando a moco y baba. Don Pedro se acercó entonces, y
+mudando de tono, preguntó:
+
+--¿Qué es eso? ¿Tiene algo Perucho?
+
+Púsole la mano en la frente y la sintió húmeda. Levantó la palma: era
+sangre. Desviando entonces los brazos, apretando los puños, soltó una
+blasfemia, que hubiera horrorizado más a Julián si no supiese, desde
+aquella tarde misma, que acaso tenía ante sí a un padre que acababa de
+herir a su hijo. Y el padre resurgía, maldiciéndose a sí propio,
+apartando los rizos del chiquillo, mojando un pañuelo en agua, y
+atándolo con cuidado indecible sobre la descalabradura.
+
+--A ver cómo lo cuidas...--gritó dirigiéndose a Sabel--. Y cómo haces la
+cena en un vuelo.... ¡Yo te enseñaré, yo te enseñaré a pasarte las horas
+en las romerías sacudiéndote, perra!
+
+Con los ojos fijos en el suelo, sin quejarse ya, Sabel permanecía
+parada, y su mano derecha tentaba suavemente su hombro izquierdo, en el
+cual debía tener alguna dolorosa contusión. En voz baja y lastimera,
+pero con suma energía, pronunció sin mirar al señorito:
+
+--Busque quien le haga la cena..., y quien esté aquí.... Yo me voy, me
+voy, me voy, me voy....
+
+Y lo repetía obstinadamente, sin entonación, como el que afirma una cosa
+natural e inevitable.
+
+--¿Qué dices, bribona?
+
+--Que me voy, que me voy.... A mi casita pobre.... ¡Quién me trajo aquí!
+¡Ay, mi madre de mi alma!
+
+Rompió la moza a llorar amarguísimamente, y el marqués, requiriendo su
+escopeta, rechinaba los dientes de cólera, dispuesto ya a hacer alguna
+barrabasada notable, cuando un nuevo personaje entró en escena. Era
+Primitivo, salido de un rincón oscuro; diríase que estaba allí oculto
+hacía rato. Su aparición modificó instantáneamente la actitud de Sabel,
+que tembló, calló y contuvo sus lágrimas.
+
+--¿No oyes lo que te dice el señorito?--preguntó sosegadamente el padre a
+la hija.
+
+--Oi-go, siii-see-ñoor, oi-go-tartamudeó la moza, comiéndose los
+sollozos.
+
+--Pues a hacer la cena en seguida. Voy a ver si volvieron ya las otras
+muchachas para que te ayuden. La Sabia está ahí fuera: te puede encender
+la lumbre.
+
+Sabel no replicó más. Remangóse la camisa y bajó de la espetera una
+sartén. Como evocada por alguna de sus compañeras en hechicerías, entró
+en la cocina entonces, pisando de lado, la vieja de las greñas blancas,
+la Sabia, que traía el enorme mandil atestado de leña. El marqués tenía
+aún la escopeta en la mano: cogiósela respetuosamente Primitivo, y la
+llevó al sitio de costumbre. Julián, renunciando a consolar al niño,
+creyó llegada la ocasión de dar un golpe diplomático.
+
+--Señor marqués..., ¿quiere que tomemos un poco el aire? Está la noche
+muy buena.... Nos pasearemos por el huerto....
+
+Y para sus adentros pensaba:
+
+«En el huerto le digo que me voy también.... No se ha hecho para mí esta
+vida, ni esta casa».
+
+Salieron al huerto. Oíase el cuarrear de las ranas en el estanque, pero
+ni una hoja de los árboles se movía, tal estaba la noche de serena. El
+capellán cobró ánimos, pues la oscuridad alienta mucho a decir cosas
+difíciles.
+
+--Señor marqués, yo siento tener que advertirle....
+
+Volvióse el marqués bruscamente.
+
+--Ya sé..., ¡chist!, no necesitamos gastar saliva. Me ha pescado usted en
+uno de esos momentos en que el hombre no es dueño de sí.... Dicen que no
+se debe pegar nunca a las mujeres.... Francamente, don Julián, según
+ellas sean.... ¡Hay mujeres de mujeres, caramba..., y ciertas cosas
+acabarían con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento
+es el golpe que le tocó al chiquillo.
+
+--Yo no me refería a eso...--murmuró Julián--. Pero si quiere que le hable
+con el corazón en la mano, como es mi deber, creo no está bien maltratar
+así a nadie.... Y por la tardanza de la cena, no merece....
+
+--¡La tardanza de la cena!--pronunció el señorito--. ¡La tardanza! A ningún
+cristiano le gusta pasarse el día en el monte comiendo frío y llegar a
+casa y no encontrar bocado caliente; ¡pero si esa mala hembra no tuviese
+otras mañas...! ¿No la ha visto usted? ¿No la ha visto usted todo el
+día, allá en Naya, bailoteando como una descosida, sin vergüenza? ¿No la
+ha encontrado usted a la vuelta, bien acompañada? ¡Ah!... ¿Usted cree
+que se vienen solitas las mozas de su calaña? ¡Ja, ja! Yo la he visto,
+con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de
+no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos
+meses!
+
+Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada
+revelación de celos feroces. Al fin calculó que se le abría camino para
+soltar lo que tenía atravesado en la garganta.
+
+--Señor marqués--murmuró--, dispénseme la libertad que me tomo.... Una
+persona de su clase no se debe rebajar a importársele por lo que haga o
+no haga la criada.... La gente es maliciosa, y pensará que usted trata
+con esa chica.... Digo _pensará_ Ya lo piensa todo el mundo.... Y el caso
+es que yo..., vamos..., no puedo permanecer en una casa donde, según la
+voz pública, vive un cristiano en concubinato.... Nos está prohibido
+severamente autorizar con nuestra presencia el escándalo y hacernos
+cómplices de él. Lo siento a par del alma, señor marqués; puede creerme
+que hace tiempo no tuve un disgusto igual.
+
+El marqués se detuvo, con las manos sepultadas en los bolsillos.
+
+--_Leria, leria_...--murmuró--. Es preciso hacerse cargo de lo que es la
+juventud y la robustez.... No me predique un sermón, no me pida
+imposibles. ¡Qué demonio!, el que más y el que menos es hombre como
+todos.
+
+--Yo soy un pecador--replicó Julián--, solamente que veo claro en este
+asunto, y por los favores que debo a usted, y el pan que le he comido,
+estoy obligado a decirle la verdad. Señor marqués, con franqueza, ¿no le
+pesa de vivir así encenagado? ¡Una cosa tan inferior a su categoría y a
+su nacimiento! ¡Una triste criada de cocina!
+
+Siguieron andando, acercándose a la linde del bosque, donde concluía el
+huerto.
+
+--¡Una bribona desorejada, que es lo peor!--exclamó el marqués después de
+un rato de silencio--. Oiga usted...--añadió arrimándose a un castaño--. A
+esa mujer, a Primitivo, a la condenada bruja de la Sabia con sus hijas y
+nietas, a toda esa gavilla que hace de mi casa merienda de negros, a la
+aldea entera que los encubre, era preciso cogerlos así (y agarraba una
+rama del castaño triturándola en menudos fragmentos) y deshacerlos. Me
+están saqueando, me comen vivo..., y cuando pienso en que esa tunanta me
+aborrece y se va de mejor gana con cualquier gañán de los que acuden
+descalzos a alquilarse para majar el centeno, ¡tengo mientes de
+aplastarle los sesos como a una culebra!
+
+Julián oía estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se
+admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes.
+
+--Pero, señor...--balbució--. Si usted mismo lo conoce y lo comprende....
+
+--¿Pues no lo he de comprender? ¿Soy estúpido acaso para no ver que esa
+desvergonzada huye de mí, y cada día tengo que cazarla como a una
+liebre? ¡Sólo está contenta entre los demás labriegos, con la hechicera
+que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A mí me detesta. A la
+hora menos pensada me envenenará.
+
+--Señor marqués, ¡yo me pasmo!--arguyó el capellán eficazmente--. ¡Que
+usted se apure por una cosa tan fácil de arreglar! ¿Tiene más que poner
+a semejante mujer en la calle?
+
+Como ambos interlocutores se habían acostumbrado a la oscuridad, no sólo
+vio Julián que el marqués meneaba la cabeza, sino que torcía el gesto.
+
+--Bien se habla...--pronunció sordamente--. Decir es una cosa y hacer es
+otra.... Las dificultades se tocan en la práctica. Si echo a ese enemigo,
+no encuentro quien me guise ni quien venga a servirme. Su padre....
+¿Usted no lo creerá? Su padre tiene amenazadas a todas las mozas de que
+a la que entre aquí en marchándose su hija, le mete él una perdigonada
+en los lomos.... Y saben que es hombre para hacerlo como lo dice. Un día
+cogí yo a Sabel por un brazo y la puse en la puerta de la casa: la misma
+noche se me despidieron las otras criadas, Primitivo se fingió enfermo,
+y estuve una semana comiendo en la rectoral y haciéndome la cama yo
+mismo.... Y tuve que pedirle a Sabel, de favor, que volviese....
+Desengáñese usted, pueden más que nosotros. Esa comparsa que traen
+alrededor son paniaguados suyos, que les obedecen ciegamente. ¿Piensa
+usted que yo ahorro un ochavo aquí en este desierto? ¡Quiá! Vive a mi
+cuenta toda la parroquia. Ellos se beben mi cosecha de vino, mantienen
+sus gallinas con mis frutos, mis montes y sotos les suministran leña,
+mis hórreos les surten de pan; la renta se cobra tarde, mal y arrastro;
+yo sostengo siete u ocho vacas, y la leche que bebo cabe en el hueco de
+la mano; en mis establos hay un rebaño de bueyes y terneros que jamás se
+uncen para labrar mis tierras; se compran con mi dinero, eso sí, pero
+luego se dan a parcería y no se me rinden cuentas jamás....
+
+--¿Por qué no pone otro mayordomo?
+
+--¡Ay, ay, ay! ¡Como quien no dice nada! Una de dos: o sería hechura de
+Primitivo y entonces estábamos en lo mismo, o Primitivo le largaría un
+tiro en la barriga.... Y si hemos de decir verdad, Primitivo no es
+mayordomo.... Es peor que si lo fuese, porque manda en todos, incluso en
+mí; pero yo no le he dado jamás semejante mayordomía.... Aquí el
+mayordomo fue siempre el capellán.... Ese Primitivo no sabrá casi leer ni
+escribir; pero es más listo que una centella, y ya en vida del tío
+Gabriel se echaba mano de él para todo.... Mire usted, lo cierto es que
+el día que él se cruza de brazos, se encuentra uno colgadito.... No
+hablemos ya de la caza, que para eso no tiene igual; a mí me faltarían
+los pies y las manos si me faltase Primitivo.... Pero en los demás
+asuntos es igual.... Su antecesor de usted, el abad de Ulloa, no se valía
+sin él; y usted, que también ha venido en concepto de administrador,
+séame franco: ¿ha podido usted amañarse solo?
+
+--La verdad es que no--declaró Julián humildemente--. Pero con el
+tiempo..., la práctica....
+
+--¡Bah, bah! A usted no le obedecerá ni le hará caso jamás ningún
+paisano, porque es usted un infeliz; es usted demasiado bonachón. Ellos
+necesitan gente que conozca sus máculas y les dé ciento de ventaja en
+picardía.
+
+Por depresiva que fuese para el amor propio del capellán la observación,
+hubo de reconocer su exactitud. No obstante, picado ya, se propuso
+agotar los recursos del ingenio para conseguir la victoria en lucha tan
+desigual. Y su caletre le sugirió la siguiente perogrullada:
+
+--Pero, señor marqués..., ¿por qué no sale un poco al pueblo? ¿No sería
+ése el mejor modo de desenredarse? Me admiro de que un señorito como
+usted pueda aguantar todo el año aquí, sin moverse de estas montañas
+fieras.... ¿No se aburre?
+
+El marqués miraba al suelo, aun cuando en él no había cosa digna de
+verse. La idea del capellán no le cogía de sorpresa.
+
+--¡Salir de aquí!--exclamó--. ¿Y a dónde demontre se va uno? Siquiera aquí,
+mal o bien, es uno el rey de la comarca.... El tío Gabriel me lo decía
+mil veces: las personas decentes, en las poblaciones, no se distinguen
+de los zapateros.... Un zapatero que se hace millonario metiendo y
+sacando la lesna, se sube encima de cualquier señor, de los que lo somos
+de padres a hijos.... Yo estoy muy acostumbrado a pisar tierra mía y a
+andar entre árboles que corto si se me antoja.
+
+--Pero al fin, señorito, ¡aquí le manda Primitivo!
+
+--Bah.... A Primitivo le puedo yo dar tres docenas de puntapiés, si se me
+hinchan las narices, sin que el juez me venga a empapelar.... No lo hago;
+pero duermo tranquilo con la seguridad de que lo haría si quisiese.
+¿Cree usted que Sabel irá a quejarse a la justicia de los culatazos de
+hoy?
+
+Esta lógica de la barbarie confundía a Julián.
+
+--Señor, yo no le digo que deje esto... Únicamente, que salga una
+temporadita, a ver cómo le prueba.... Apartándose usted de aquí algún
+tiempo, no sería difícil que Sabel se casase con persona de su esfera, y
+que usted también encontrase una conveniencia arreglada a su calidad,
+una esposa legítima. Cualquiera tiene un desliz, la carne es flaca; por
+eso no es bueno para el hombre vivir solo, porque se encenaga, y como
+dijo quien lo entendía, es mejor casarse que abrasarse en
+concupiscencia, señor don Pedro. ¿Por qué no se casa, señorito?--exclamó,
+juntando las manos--. ¡Hay tantas señoritas buenas y honradas!
+
+A no ser por la oscuridad, vería Julián chispear los ojos del marqués de
+Ulloa.
+
+--¿Y cree usted, santo de Dios, que no se me había ocurrido a mí? ¿Piensa
+usted que no sueño todas las noches con un chiquillo que se me parezca,
+que no sea hijo de una bribona, que continúe el nombre de la casa...,
+que herede esto cuando yo me muera... y que se llame _Pedro Moscoso_,
+como yo?
+
+Al decir esto golpeábase el marqués su fornido tronco, su pecho varonil,
+cual si de él quisiese hacer brotar fuerte y adulto ya el codiciado
+heredero. Julián, lleno de esperanza, iba a animarle en tan buenos
+propósitos; pero se estremeció de repente, pues creyó sentir a sus
+espaldas un rumor, un roce, el paso de un animal por entre la maleza.
+
+--¿Qué es eso?--exclamó volviéndose--. Parece que anda por aquí el zorro.
+
+El marqués le cogió del brazo.
+
+--Primitivo...--articuló en voz baja y ahogada de ira--. Primitivo que nos
+atisbará hace un cuarto de hora, oyendo la conversación.... Ya está usted
+fresco.... Nos hemos lucido.... ¡Me valga Dios y los santos de la corte
+celestial! También a mí se me acaba la cuerda. ¡Vale más ir a presidio
+que llevar esta vida!
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+Mientras se raía con la navaja de barba los contados pelos rubios que
+brotaban en sus carrillos, Julián maduraba un proyecto: afeitado y
+limpio que fuese, emprendería el camino de Cebre un pie tras otro, en el
+caballo de San Francisco; allí le pediría al cura una jícara de
+chocolate, y esperaría en la rectoral hasta las doce, hora en que pasa
+la diligencia de Orense a Santiago; malo sería que en interior o cupé no
+hubiese un asiento vacante. Tenía dispuesto su maletín: lo enviaría a
+buscar desde Cebre por un mozo. Y calculando así, miraba contristado el
+paisaje ameno, el huerto con su dormilón estanque, el umbrío manchón del
+soto, la verdura de los prados y maizales, la montaña, el limpio
+firmamento, y se le prendía el alma en el atractivo de aquella dulce
+soledad y silencio, tan de su gusto, que deseaba pasar allí la vida
+toda. ¡Cómo ha de ser! Dios nos lleva y trae según sus fines.... No, no
+era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del
+paraíso.... Le agitó semejante idea y se cortó dos veces la mejilla....
+Estuvo próximo a inferirse el tercer rasguño, porque le dieron una
+palmada en el hombro.
+
+Se volvió.... ¿Quién había de conocer a don Pedro, tan metamorfoseado
+como venía? Afeitado también, aunque sin detrimento de su barba, que
+brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jabón y a ropa
+limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqué blanco, hongo
+azul, y al brazo un abrigo, parecía el señor de Ulloa otro hombre nuevo
+y diferente, con veinte grados más de educación y cultura que el
+anterior. De golpe lo comprendió todo Julián... y la sangre le dio
+gozoso vuelco.
+
+--¡Señorito...!
+
+--Ea, despachar, que corre prisa.... Tiene usted que acompañarme a
+Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediodía.
+
+--¿De veras viene usted? ¡Mismo parece cosa de milagro! Yo estuve hoy
+arreglando la maleta. ¡Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me
+quede aquí entretanto....
+
+--¡No faltaba otra cosa! Si salgo solo, se me agua la fiesta. Voy a dar
+una sorpresa al tío Manolo, y a conocer a las primas, que sólo las he
+visto cuando eran unas mocosas.... Si ahora me desanimo, no vuelvo a
+animarme en diez años. Ya he mandado a Primitivo que ensille la yegua y
+ponga el aparejo a la borrica.
+
+En aquel punto asomó por la puerta un rostro que a Julián se le antojó
+siniestro, y acaso pensó otro tanto el marqués, pues preguntó
+impaciente:
+
+--Vamos a ver, ¿qué ocurre?
+
+--La yegua--respondió Primitivo sin alzar la voz--no sirve para el camino.
+
+--¿Por qué razón? ¿Puede saberse?
+
+--Está sin una ferradura siquiera--declaró serenamente el cazador.
+
+--¡Mal rayo que te parta!--vociferó el marqués echando fuego por los
+ojos--. ¡Ahora me dices eso! ¿Pues no es cuenta tuya cuidar de que esté
+herrada? ¿O he de llevarla yo al herrador todos los días?
+
+--Como no sabía que el señorito quisiese salir hoy....
+
+--Señor--intervino Julián--, yo iré a pie. Al fin tenía determinado dar ese
+paseo. Lleve usted la burra.
+
+--Tampoco hay burra--objetó el cazador sin pestañear ni alterar un solo
+músculo de su faz broncínea.
+
+--¿Que... no... hay... bu... rraaaaa?--articuló, apretando los puños, don
+Pedro--. ¿Que no... la... hayyy? A ver, a ver.... Repíteme eso, en mi
+cara.
+
+El hombre de bronce no se inmutó al reiterar fríamente.
+
+--No hay burra.
+
+--¡Pues así Dios me salve! ¡La ha de haber y tres más, y si no por quien
+soy que os pongo a todos a cuatro patas y me lleváis a caballo hasta
+Cebre!
+
+Nada replicó Primitivo, incrustado en el quicio de la puerta.
+
+--Vamos claros, ¿cómo es que no hay burra?
+
+--Ayer, al volver del pasto, el rapaz que la cuida le encontró dos
+puñaladas.... Puede el señorito verla.
+
+Disparó don Pedro una imprecación, y bajó de dos en dos las escaleras.
+Primitivo y Julián le seguían. En la cuadra, el pastor, adolescente de
+cara estúpida y escrofulosa, confirmó la versión del cazador. Allá en el
+fondo del establo columbraron al pobre animal, que temblaba, con las
+orejas gachas y el ojo amortiguado; la sangre de sus heridas, en negro
+reguero, se había coagulado desde el anca a los cascos. Julián
+experimentaba en el establo sombrío y lleno de telarañas impresión
+análoga a la que sentiría en el teatro de un crimen. Por lo que hace al
+marqués, quedóse suspenso un instante, y de súbito, agarrando al pastor
+por los cabellos, se los mesó y refregó con furia, exclamando:
+
+--Para que otra vez dejes acuchillar a los animales..., toma..., toma...,
+toma....
+
+Rompió el chico a llorar becerrilmente, lanzando angustiosas miradas al
+impasible Primitivo. Don Pedro se volvió hacia éste.
+
+--Pilla ahora mismo mi saco y la maleta de don Julián.... Volando.... Nos
+vamos a pie hasta Cebre.... Andando bien, tenemos tiempo de coger el
+coche.
+
+Obedeció el cazador sin perder su helada calma. Bajó la maleta y el
+saco; pero en vez de cargar ambos objetos a hombros, entregó cada bulto
+a un mozo de campo, diciendo lacónicamente:
+
+--Vas con el señorito.
+
+Sorprendióse el marqués y miró a su montero con desconfianza. Jamás
+perdonaba Primitivo la ocasión de acompañarle, y extrañaba su
+retraimiento entonces. Por la imaginación de don Pedro cruzaron rápidas
+vislumbres de recelo; y como si Primitivo lo adivinase, probó a
+disiparlo.
+
+--Yo tengo ahí que atender al rareo del soto de Rendas. Están los
+castaños tan apretados, que no se ve.... Ya andan allá los leñadores....
+Pero sin mí, no se desenvuelven....
+
+Encogióse de hombros el señorito, calculando que acaso Primitivo se
+proponía ocultar en el soto la vergüenza de su derrota. No obstante,
+como creía conocerle, hacíasele duro que abandonase la partida sin
+desquite. Estuvo a punto de exclamar: «Acompáñame». Presintió
+resistencias, y pensó para su sayo: «¡Qué demonio! Más vale dejarle.
+Aunque se empeñe, no me ha de cortar el paso.... Y si cree que puede
+conmigo...».
+
+Fijó sin embargo una mirada escrutadora en las escuetas facciones del
+cazador, donde creía advertir, muy encubierta y disimulada, cierta
+contracción diabólica.
+
+--¿Qué estará rumiando este zorro?--cavilaba el señorito--. Sin alguna no
+escapamos. ¡No, pues como se desmande! Me coge hoy en punto de caramelo.
+
+Subió don Pedro a su habitación y volvió con la escopeta al hombro.
+Julián le miraba sorprendido de que tomase el arma yendo de viaje. De
+pronto el capellán recordó algo también y se dirigió a la cocina.
+
+--¡Sabel!--gritó--. ¡Sabel! ¿Dónde está el niño, mujer? Le quería dar un
+beso.
+
+Sabel salió y volvió con el chiquillo agarrado a sus sayas. Le había
+encontrado escondido en el pesebre de las vacas, su rincón favorito, y
+el diablillo traía los rizos entretejidos con hierba y flores
+silvestres. Estaba precioso. Hasta la venda de la descalabradura le
+asemejaba al Amor. Julián le levantó en peso, besándole en ambos
+carrillos.
+
+--Sabel, mujer, lávelo de vez en cuando siquiera.... Por las mañanas....
+
+--Vámonos, vámonos...--apremió el marqués desde la puerta, como si
+recelase entrar junto a la mujer y el niño--. Hace falta el tiempo.... Se
+nos va a marchar el coche.
+
+Si Sabel deseaba retener a aquel fugitivo Eneas, no dio de ello la más
+leve señal, pues se volvió con gran sosiego a sus potes y trébedes. Don
+Pedro, a pesar de la urgencia alegada para apurar a Julián, aguardó dos
+minutos en la puerta, quizás con la ilusión recóndita de ser detenido
+por la muchacha; pero al fin, encogiéndose de hombros, salió delante, y
+echó a andar por la senda abierta entre viñas que conducía al crucero.
+Era el paraje descubierto, aunque el terreno quebrado, y el señorito
+podía otear fácilmente a derecha e izquierda todo cuanto sucediese: ni
+una liebre brincaría por allí sin que sus ojos linces de cazador la
+avizorasen. Aunque departiendo con Julián acerca de la sorpresa que se
+le preparaba a la familia de la Lage, y de si amenazaba llover porque el
+cielo se había encapotado, no descuidaba el marqués observar algo que
+debía interesarle muchísimo. Un instante se paró, creyendo divisar la
+cabeza de un hombre allá lejos, detrás de los paredones que cerraban la
+viña. Pero a tal distancia no consiguió cerciorarse. Vigiló más atento.
+
+Acercábanse al soto de Rendas, situado antes del crucero; desde allí el
+arbolado se espesaba, y se dificultaba la precaución. Orillaron el soto,
+llegaron al pie del santo símbolo y se internaron en el camino más agrio
+y estrecho, sin ver nada que justificase temores. En la espesura oyeron
+el golpe reiterado del hacha y el ¡ham! de los leñadores, que rareaban
+los castaños. Más adelante, silencio total. El cielo se cubría de nubes
+cirrosas, y la claridad del sol apenas se abría paso, filtrándose velada
+y cárdena, presagiando tempestad. Julián recordó un detalle melancólico,
+la cruz a la cual iban a llegar en breve, que señalaba el teatro de un
+crimen, y preguntó:
+
+--¿Señorito?
+
+--¿Eh?--murmuró el marqués, hablando con los dientes apretados.
+
+--Aquí cerca mataron un hombre, ¿verdad? Donde está la cruz de madera.
+¿Por qué fue, señorito? ¿Alguna venganza?
+
+--Una pendencia entre borrachos, al volver de la feria--respondió
+secamente don Pedro, que se hacía todo ojos para inspeccionar los
+matorrales.
+
+La cruz negreaba ya sobre ellos, y Julián se puso a rezar el _Padre
+nuestro_ acostumbrado, muy bajito. Iba delante, y el señorito le pisaba
+casi los talones. Los mozos portadores del equipaje se habían adelantado
+mucho, deseosos de llegar cuanto antes a Cebre y echar un traguete en la
+taberna. Para oír el susurro que produjeron las hojas y la maleza al
+desviarse y abrir paso a un cuerpo, necesitábanse realmente sentidos de
+cazador. El señorito lo percibió, aunque tenue, clarísimo, y vio el
+cañón de la escopeta apuntado tan diestramente que de fijo no se
+perdería el disparo: el cañón no amagaba a su pecho, sino a las espaldas
+de Julián. La sorpresa estuvo a punto de paralizar a don Pedro: fue un
+segundo, menos que un segundo tal vez, un espacio de tiempo
+inapreciable, lo que tardó en reponerse, y en echarse a la cara su arma,
+apuntando a su vez al enemigo emboscado. Si el tiro de éste salía, la
+bala se cruzaría casi con otra bala justiciera. La situación duró pocos
+instantes: estaban frente a frente dos adversarios dignos de medir sus
+fuerzas. El más inteligente cedió, encontrándose descubierto. Oyó el
+marqués el roce del follaje al bajarse el cañón que amenazaba a Julián,
+y Primitivo salió del soto, blandiendo su vieja escopeta certera,
+remendada con cordeles. Julián precipitó el _Gloria Patri_ para decirle
+en tono cortés:
+
+--Hola.... ¿Se viene usted con nosotros por fin hasta Cebre?
+
+--Sí, señor--contestó Primitivo, cuyo semblante recordaba más que nunca el
+de una estatua de fundición--. Dejo dispuesto en Rendas, y voy a ver si
+de aquí a Cebre sale algo que tumbar....
+
+--Dame esa escopeta, Primitivo--ordenó don Pedro--. Estoy oyendo cantar la
+codorniz ahí, que no parece sino que me hace burla. Se me ha olvidado
+cargar mi carabina.
+
+Diciendo y haciendo, cogió la escopeta, apuntó a cualquier parte, y
+disparó. Volaron hojas y pedazos de rama de un roble próximo, aunque
+ninguna codorniz cayó herida.
+
+--¡Marró!--exclamó el señorito fingiendo gran contrariedad, mientras para
+sí discurría: «No era bala, eran postas.... Le quería meter grajea de
+plomo en el cuerpo.... ¡Claro, con bala era más escandaloso, más
+alarmante para la justicia. Es zorro fino!».
+
+Y en voz alta:
+
+--No vuelvas a cargar; hoy no se caza, que se nos viene la lluvia encima
+y tenemos que apretar el paso. Marcha delante, enséñanos el atajo hasta
+Cebre.
+
+--¿No lo sabe el señorito?
+
+--Sí tal, pero a veces me distraigo.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Como ya dos veces había repicado la campanilla y los criados no llevaban
+trazas de abrir, las señoritas de la Lage, suponiendo que a horas tan
+tempranas no vendría nadie de cumplido, bajaron en persona y en grupo a
+abrir la puerta, sin peinar, con bata y chinelas, hechas unas fachas.
+Así es que se quedaron voladas al encontrarse con un arrogante mozo, que
+les decía campechanamente:
+
+--¿A que nadie me conoce aquí?
+
+Sintieron impulsos de echar a correr; pero la tercera, la menos linda de
+todas, frisando al parecer en los veinte años, murmuró:
+
+--De fijo que es el primo Perucho Moscoso.
+
+--¡Bravo!--exclamó don Pedro--. ¡Aquí está la más lista de la familia!
+
+Y adelantándose con los brazos abiertos fue para abrazarla; pero ella,
+hurtando el cuerpo, le tendió una manecita fresca, recién lavada con
+agua y colonia. En seguida se entró por la casa gritando:
+
+--¡Papá!, ¡papá! ¡Está aquí el primo Perucho!
+
+El piso retembló bajo unos pasos elefantinos.... Apareció el señor de la
+Lage, llenando con su volumen la antesala, y don Pedro abrazó a su tío,
+que le llevó casi en volandas al salón. Julián, que por no malograr la
+sorpresa de la aparición del primo se había quedado oculto detrás de la
+puerta, salía riendo del escondite, muy embromado por las señoritas, que
+afirmaban que estaba gordísimo, y se escurría por el corredor, en busca
+de su madre.
+
+Viéndoles juntos, se observaba extraordinario parecido entre el señor de
+la Lage y su sobrino carnal: la misma estatura prócer, las mismas
+proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma
+barba fuerte y copiosa; pero lo que en el sobrino era armonía de
+complexión titánica, fortalecida por el aire libre y los ejercicios
+corporales, en el tío era exuberancia y plétora; condenado a una vida
+sedentaria, se advertía que le sobraba sangre y carne, de la cual no
+sabía qué hacer; sin ser lo que se llama obeso, su humanidad se
+desbordaba por todos lados; cada pie suyo parecía una lancha, cada mano
+un mazo de carpintero. Se ahogaba con los trajes de paseo; no cabía en
+las habitaciones reducidas; resoplaba en las butacas del teatro, y en
+misa repartía codazos para disponer de más sitio. Magnífico ejemplar de
+una raza apta para la vida guerrera y montés de las épocas feudales, se
+consumía miserablemente en el vil ocio de los pueblos, donde el que nada
+produce, nada enseña, ni nada aprende, de nada sirve y nada hace. ¡Oh
+dolor! Aquel castizo Pardo de la Lage, naciendo en el siglo XV, hubiera
+dado en qué entender a los arqueólogos e historiadores del XIX.
+
+Mostró admirarse de la buena presencia del sobrino y le habló
+llanotamente, para inspirarle confianza.
+
+--¡Muchacho, muchacho! ¿A dónde vas con tanto doblar? Cuidado que estás
+más hombre que yo.... Siempre te imitaste más a Gabriel y a mí que a tu
+madre que santa gloria haya.... Lo que es con tu padre, ni esto.... No
+saliste Moscoso, ni Cabreira, chico; saliste Pardo por los cuatro
+costados. Ya habrás visto a tus primas, ¿eh? Chiquillas, ¿qué le decís
+al primo?
+
+--¿Qué me dicen? Me han recibido como a la persona de más cumplimiento....
+A ésta le quise dar un abrazo, y ella me alargó la mano muy fina.
+
+--¡Qué borregas! ¡Marías Remilgos! A ver cómo abrazáis todas al primo,
+inmediatamente.
+
+La primera que se adelantó a cumplir la orden fue la mayor. Al
+estrecharla, don Pedro no pudo dejar de notar las bizarras proporciones
+del bello bulto humano que oprimía. ¡Una real moza, la primita mayor!
+
+--¿Tú eres Rita, si no me equivoco?--preguntó risueño--. Tengo muy mala
+memoria para nombres y puede que os confunda.
+
+--Rita, para servirte...--respondió con igual amabilidad la prima--. Y ésta
+es Manolita, y ésta es Carmen, y aquélla es Nucha....
+
+--Sttt.... Poquito a poco.... Me lo iréis repitiendo conforme os abrace.
+
+Dos primas vinieron a pagar el tributo, diciendo festivamente:
+
+--Yo soy Manolita, para servir a usted.
+
+--Yo, Carmen, para lo que usted guste mandar.
+
+Allá entre los pliegues de una cortina de damasco se escondía la
+tercera, como si quisiese esquivar la ceremonia afectuosa; pero no le
+valió la treta, antes su retraimiento incitó al primo a exclamar:
+
+--¿Doña Hucha, o como te llames?... Cuidadito conmigo..., se me debe un
+abrazo....
+
+--Me llamo Marcelina, hombre.... Pero éstas me llaman siempre Marcelinucha
+o Nucha....
+
+Costábale trabajo resolverse, y permanecía refugiada en el rojo dosel de
+la cortina, cruzando las manos sobre el peinador de percal blanco, que
+rayaban con doble y largo trazo, como de tinta, sus sueltas trenzas. El
+padre la empujó bruscamente, y la chica vino a caer contra el primo,
+toda ruborizada, recibiendo un apretón en regla, amén de un frote de
+barbas que la obligó a ocultar el rostro en la pechera del marqués.
+
+Hechas así las amistades, entablaron el señor de la Lage y su sobrino la
+imprescindible conversación referente al viaje, sus causas, incidentes y
+peripecias. No explicaba muy satisfactoriamente el sobrino su impensada
+venida: pch... ganas de _espilirse_.... Cansa estar siempre solo.... Gusta
+la variación.... No insistió el tío, pensando para su chaleco: «Ya Julián
+me lo contará _todo_».
+
+Y se frotaba las manos colosales, sonriendo a una idea que, si
+acariciaba tiempo hacía allá en su interior, jamás se le había
+presentado tan clara y halagüeña como entonces. ¡Qué mejor esposo podían
+desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del
+tipo del padre que desea _colocar_ a sus niñas, ninguno más vehemente
+que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno más
+reservado en el modo y forma. Porque aquel hidalgo de cepa vieja sentía
+a la vez gana ardentísima de casar a las chiquillas y un orgullo de raza
+tan exaltado, bajo engañosas apariencias de llaneza, que no sólo le
+vedaba descender a ningún ardid de los usuales en padres casamenteros,
+sino que le imponía suma rigidez y escrúpulo en la elección de sus
+relaciones y en la manera de educar a sus hijas, a quienes traía como
+encastilladas y aisladas, no llevándolas sino de pascuas a ramos a
+diversiones públicas. Las señoritas de la Lage, discurría don Manuel,
+deben casarse, y sería contrario al orden providencial que no apareciese
+tronco en que injertar dignamente los retoños de tan noble estirpe; pero
+antes se queden para vestir imágenes que unirse con cualquiera, con el
+teniente que está de guarnición, con el comerciante que medra midiendo
+paño, con el médico que toma el pulso; eso sería, ¡vive Dios!,
+profanación indigna; las señoritas de la Lage sólo pueden dar su mano a
+quien se les iguale en calidad. Así pues, don Manuel, que se desdeñaría
+de tender redes a un ricachón plebeyo, se propuso inmediatamente hacer
+cuanto estuviese en su mano para que su sobrino pasase a yerno, como el
+Sandoval de la zarzuela.
+
+¿Conformaban las primitas con las opiniones de su padre? Lo cierto es
+que, apenas el primo se sentó a platicar con don Manuel, cada niña se
+escurrió bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento
+al forastero y platos selectos para la mesa. Se convino en que el primo
+se quedaba hospedado allí, y se envió por la maleta a la posada.
+
+Fue la comida alegre en extremo. Rápidamente se había establecido entre
+don Pedro y las señoritas de la Lage el género de familiaridad inherente
+al parentesco en grado prohibido pero dispensable: familiaridad que se
+diferencia de la fraternal en que la sazona y condimenta un picante
+polvito de hostilidad, germen de graciosas y galantes escaramuzas.
+Cruzábase en la mesa vivo tiroteo de bromas, piropos, que entre los dos
+sexos suele preludiar a más serios combates.
+
+--Primo, me extraña mucho que estando a mi lado no me sirvas el agua.
+
+--Los aldeanos no entendemos de política: ve enseñándome un poco, que por
+tener maestras así....
+
+--Glotón, ¿quién te da permiso para repetir?
+
+--El plato está tan rico, que supongo que es obra tuya.
+
+--¡Vaya unas ilusiones! Ha sido la cocinera. Yo no guiso para ti. Te
+fastidiaste.
+
+--Prima, esta yemecita. Por mí.
+
+--No me robes del plato, goloso. Que no te lo doy, ea. ¿No tienes ahí la
+fuente?
+
+--¿A que te lo atrapo? Cuando más descuidada estés....
+
+--¿A que no?
+
+Y la prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos,
+para evitar el hurto de un merengue o de media manzana, y el juego se
+celebraba con estrepitosas carcajadas, como si fuese el paso más
+gracioso del mundo. Las mantenedoras de este torneo eran Rita y
+Manolita, las dos mayores; en cuanto a Nucha y Carmen, se encerraban en
+los términos de una cordialidad mesurada, presenciando y riendo las
+bromas, pero sin tomar parte activa en ellas, con la diferencia de que
+en el rostro de Carmen, la más joven, se notaba una melancolía perenne,
+una preocupación dominante, y en el de Nucha se advertía tan sólo
+gravedad natural, no exenta de placidez.
+
+Hállabase don Pedro en sus glorias. Al resolverse a emprender el viaje,
+receló que las primas fuesen algunas señoritas muy cumplimenteras y
+espetadas, cosa que a él le pondría en un brete, por serle extrañas las
+fórmulas del trato ceremonioso con damas de calidad, clase de _perdices
+blancas_ que nunca había cazado; mas aquel recibimiento franco le
+devolvió al punto su aplomo. Animado, y con la cálida sangre despierta,
+consideraba a las primitas una por una, calculando a cuál arrojaría el
+pañuelo. La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos
+negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasión de ánimo, las
+cárdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba
+por romanticismos. En cuanto a la tercera, Nucha, asemejábase bastante a
+la menor, sólo que en feo: sus ojos, de magnífico tamaño, negros también
+como moras, padecían leve estrabismo convergente, lo cual daba a su
+mirar una vaguedad y pudor especiales; no era alta, ni sus facciones se
+pasaban de correctas, a excepción de la boca, que era una miniatura. En
+suma, pocos encantos físicos, al menos para los que se pagan de la
+cantidad y morbidez en esta nuestra envoltura de barro. Manolita ofrecía
+otro tipo distinto, admirándose en ella lozanas carnes y suma gracia,
+unida a un defecto que para muchos es aumento singular de perfección en
+la mujer, y a otros, verbigracia a don Pedro, les inspira repulsión: un
+carácter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba
+pasando a bigote, una prolongación del nacimiento del pelo sobre la
+oreja que, descendiendo a lo largo de la mandíbula, quería ser, más que
+suave patilla, atrevida barba. A la que no se podían poner tachas era a
+Rita, la hermana mayor. Lo que más cautivaba a su primo, en Rita, no era
+tanto la belleza del rostro como la cumplida proporción del tronco y
+miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno,
+todo cuanto en las valientes y armónicas curvas de su briosa persona
+prometía la madre fecunda y la nodriza inexhausta. ¡Soberbio vaso en
+verdad para encerrar un Moscoso legítimo, magnífico patrón donde
+injertar el heredero, el continuador del nombre! El marqués presentía en
+tan arrogante hembra, no el placer de los sentidos, sino la numerosa y
+masculina prole que debía rendir; bien como el agricultor que ante un
+terreno fértil no se prenda de las florecillas que lo esmaltan, pero
+calcula aproximadamente la cosecha que podrá rendir al terminarse el
+estío.
+
+Pasaron al salón después de la comida, para la cual las muchachas se
+habían emperejilado. Enseñaron a don Pedro infinidad de quisicosas:
+estereóscopos, álbumes de fotografías, que eran entonces objetos muy
+elegantes y nada comunes. Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse
+en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una
+columna, actitud clásica que por aquel tiempo imponían los fotógrafos; y
+Nucha, abriendo un álbum chiquito, se lo puso delante a don Pedro,
+preguntándole afanosamente:
+
+--¿Le conoces?
+
+Era un muchacho como de diecisiete años, rapado, con uniforme de alumno
+de la Academia de artillería, parecidísimo a Nucha y a Carmen cuanto
+puede parecerse un pelón a dos señoritas con buenas trenzas de pelo.
+
+--Es mi niño--afirmó Nucha muy grave.
+
+--¿Tu niño?
+
+Riéronse las otras hermanas a carcajadas, y don Pedro exclamó cayendo en
+la cuenta:
+
+--¡Bah!, ya sé. Es vuestro hermano, mi señor primo, el mayorazgo de la
+Lage, Gabrieliño.
+
+--Pues claro: ¿quién había de ser? Pero esa Nucha le quiere tanto, que
+siempre le llama su niño.
+
+Nucha, corroborando el aserto, se inclinó y besó el retrato, con tan
+apasionada ternura, que allá en Segovia el pobre alumno, víctima quizá
+de los rigores de la cruel _novatada_, debió sentir en la mejilla y el
+corazón una cosa dulce y caliente.
+
+Cuando Carmen, la tristona, vio a sus hermanas entretenidas, se
+escabulló del salón, donde ya no apareció más. Agotado todo lo que en el
+salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván
+hasta la leñera: un caserón antiguo, espacioso y destartalado, como aún
+quedan muchos en la monumental Compostela, digno hermano urbano de los
+rurales Pazos de Ulloa. En su fachada severa desafinaba una galería de
+nuevo cuño, ideada por don Manuel Pardo de la Lage, que tenía el costoso
+vicio de hacer obras. Semejante solecismo arquitectónico era el
+quitapesares de las señoritas de Pardo; allí se las encontraba siempre,
+posadas como pájaros en rama favorita, allí hacían labor, allí tenían un
+breve jardín, contenido en macetas y cajones, allí colgaban jaulas de
+canarios y jilgueros; tal vez no parasen en esto los buenos oficios de
+la galería dichosa. Lo cierto es que en ella encontraron a Carmen,
+asomada y mirando a la calle, tan absorta que no sintió llegar a sus
+hermanas. Nucha le tiró del vestido; la muchacha se volvió, pudiendo
+notarse que tenía unas vislumbres de rosa en las mejillas, descoloridas
+de ordinario. Hablóle Nucha vivamente al oído, y Carmen se apartó del
+encristalado antepecho, siempre muda y preocupada. Rita no cesaba de
+explicar al primo mil particularidades.
+
+--Desde aquí se ven las mejores calles... Ése es el Preguntoiro; por ahí
+pasa mucha gente.... Aquella torre es la de la Catedral.... ¿Y tú no has
+ido a la Catedral todavía? ¿Pero de veras no le has rezado un Credo al
+Santo Apóstol, judío?--exclamaba la chica vertiendo provocativa luz de
+sus pupilas radiantes--. Vaya, vaya.... Tengo yo que llevarte allí, para
+que conozcas al Santo y lo abraces muy apretadito.... ¿Tampoco has visto
+aún el Casino?, ¿la Alameda?, ¿la Universidad? ¡Señor! ¡Si no has visto
+nada!
+
+--No, hija.... Ya sabes que soy un pobre aldeano... y he llegado ayer al
+anochecer. No hice más que acostarme.
+
+--¿Por qué no te viniste acá en derechura, descastado?
+
+--¿A alborotaros la casa de noche? Aunque salgo de entre tojos, no soy
+tan mal criado como todo eso.
+
+--Vamos, pues hoy tienes que ver alguna notabilidad.... Y no faltar al
+paseo.... Hay chicas muy guapas.
+
+--De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda--contestó el
+primo echando a Rita una miradaza que ella resistió con intrepidez
+notoria, y pagó sin esquivez alguna.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Y en efecto, le fueron enseñadas al marqués de Ulloa multitud de cosas
+que no le importaban mayormente. Nada le agradó, y experimentó mil
+decepciones, como suele acontecer a las gentes habituadas a vivir en el
+campo, que se forman del pueblo una idea exagerada. Pareciéronle, y con
+razón, estrechas, torcidas y mal empedradas las calles, fangoso el piso,
+húmedas las paredes, viejos y ennegrecidos los edificios, pequeño el
+circuito de la ciudad, postrado su comercio y solitarios casi siempre
+sus sitios públicos; y en cuanto a lo que en un pueblo antiguo puede
+enamorar a un espíritu culto, los grandes recuerdos, la eterna vida del
+arte conservada en monumentos y ruinas, de eso entendía don Pedro lo
+mismo que de griego o latín. ¡Piedras mohosas! Ya le bastaban las de los
+Pazos. Nótese cómo un hidalgo campesino de muy rancio criterio se
+hallaba al nivel de los demócratas más vandálicos y demoledores. A pesar
+de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando niño, discurría y
+fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna: calles anchas,
+mucha regularidad en las construcciones, todo nuevo y flamante, gran
+policía, ¿qué menos puede ofrecer la civilización a sus esclavos? Es
+cierto que Santiago poseía dos o tres edificios espaciosos, la Catedral,
+el Consistorio, San Martín.... Pero en ellos existían cosas muy sin razón
+ponderadas, en concepto del marqués: por ejemplo, la Gloria de la
+Catedral. ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y
+sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de
+ver a alguno de estos sabios que escudriñan el _sentido_ de un monumento
+religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el
+pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo.
+¡Simbolismo! ¡Jerigonzas! El pórtico estaba muy mal labrado, y las
+figuras parecían pasadas por tamiz. Por fuerza las artes andaban
+atrasadísimas en aquellos tiempos de maricastaña. Total, que de los
+monumentos de Santiago se atenía el marqués a uno de fábrica muy
+reciente: su prima Rita.
+
+La proximidad de la fiesta del Corpus animaba un tanto la soñolienta
+ciudad universitaria, y todas las tardes había lucido paseo bajo los
+árboles de la Alameda. Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían
+Rita y Manolita, acompañadas por su primo; el padre cubría la
+retaguardia conversando con algún señor mayor, de los muchos que existen
+en el pueblo compostelano, donde por ley de afinidad parece abundar más
+que en otras partes la gente provecta. A menudo se arrimaba a Manolita
+un señorito muy planchado y tieso, con cierto empaque ridículo y
+exageradas pretensiones de elegancia: llamábase don Víctor de la
+Formoseda y estudiaba derecho en la Universidad; don Manuel Pardo le
+veía gustoso acercarse a sus hijas, por ser el señorito de la Formoseda
+de muy limpio solar montañés, y no despreciable caudal. No era éste el
+único mosquito que zumbaba en torno de las señoritas de la Lage. A las
+primeras de cambio notó don Pedro que así por los tortuosos y lóbregos
+soportales de la Rúa del Villar, como por las frondosidades de la
+Alameda y la Herradura, les seguía y escoltaba un hombre joven,
+melenudo, enfundado en un gabán gris, de corte raro y antiguo. Aquel
+hombre parecía la sombra de las muchachas: no era posible volver la
+cabeza sin encontrársele: y don Pedro reparó también que al surgir
+detrás de un pilar o por entre los árboles el rondador perpetuo, la cara
+triste y ojerosa de Carmen se animaba, y brillaban sus abatidos ojos. En
+cambio don Manuel y Nucha daban señales de inquietud y desagrado.
+
+Ya sobre la pista, don Pedro siguió acechando, a fuer de cazador
+experto. Nucha no debía tener ningún adorador entre la multitud de
+estudiantes y vagos que acudían al paseo, o si lo tenía, no le hacía
+caso, pues caminaba seria e indiferente. En público, Nucha parecía
+revestirse de gravedad ajena a sus años. Respecto a Manolita, no perdía
+ripio coqueteando con el señorito de la Formoseda. Rita, siempre animada
+y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los demás, pues
+don Pedro advirtió que a las miradas y requiebros de sus admiradores
+correspondía con ojeadas vivas y flecheras. Lo cual no dejó de dar en
+qué pensar al marqués de Ulloa, el cual, tal vez por contarse en el
+número de los hombres fácilmente atraídos por las mujeres vivarachas,
+tenía de ellas opinión detestable y para sus adentros la expresaba en
+términos muy crudos.
+
+Dormían en habitaciones contiguas Julián y el marqués, pues Julián,
+desde su ordenación, había ascendido de categoría en la casa, y mientras
+la madre continuaba desempeñando las funciones de ama de llaves y dueña,
+el hijo comía con los señores, ocupaba un cuarto de importancia, y era
+tratado en suma, si no de igual a igual, pues siempre quedaban matices
+de protección, al menos con gran amabilidad y deferencia. De noche,
+antes de recogerse, el marqués se le entraba en el dormitorio a fumar un
+cigarro y charlar. La conversación ofrecía pocos lances, pues siempre
+versaba sobre el mismo proyecto. Decía don Pedro que le admiraban dos
+cosas: haberse resuelto a salir de los Pazos, y hallarse tan decidido a
+_tomar estado_, idea que antes le parecía irrealizable. Era don Pedro de
+los que juzgan muy importantes y dignas de comentarse sus propias
+acciones y mutaciones--achaque propio de egoístas--y han menester tener
+siempre cerca de sí algún inferior o subordinado a quien referirlas,
+para que les atribuya también valor extraordinario.
+
+Agradaba la plática a Julián. Aquellas proyectadas bodas entre primo y
+prima le parecían tan naturales como juntarse la vid al olmo. Las
+familias no podían ser mejores ni más para en una; las clases iguales;
+las edades no muy desproporcionadas, y el resultado dichosísimo, porque
+así redimía el marqués su alma de las garras del demonio, personificado
+en impúdicas barraganas. Solamente no le contentaba que don Pedro se
+hubiese ido a fijar en la señorita Rita: mas no se atrevía ni a
+indicarlo, no fuese a malograrse la cristiana resolución del marqués.
+
+--Rita es una gran moza...--decía éste explayándose--. Parece sana como una
+manzana, y los hijos que tenga heredarán su buena constitución. Serán
+más fuertes aún que Perucho, el de Sabel.
+
+¡Inoportuna reminiscencia! Julián se apresuraba a replicar, sin meterse
+en honduras fisiológicas:
+
+--La casta de los señores de Pardo es muy saludable, gracias a Dios....
+
+Una noche cambiaron de sesgo las confidencias, entrando en terreno
+sumamente embarazoso para Julián, siempre temeroso de que cualquier
+desliz de su lengua desbaratase los proyectos del señorito, y le echase
+a él sobre la conciencia responsabilidad gravísima.
+
+--¿Sabe usted--insinuó don Pedro--que mi prima Rita se me figura algo
+casquivana? Por el paseo va siempre entretenida en si la miran o no la
+miran, si le dicen o no le dicen... juraría que toma varas.
+
+--¿Que toma varas?--repitió el capellán, quedándose en ayunas del sentido
+de la frase grosera.
+
+--Sí, hombre..., que se deja querer, vamos.... Y para casarse, no es cosa
+de broma que la mujer las gaste con el primero que llega.
+
+--¿Quién lo duda, señorito? La prenda más esencial en la mujer es la
+honestidad y el recato. Pero no hay que fiarse de apariencias. La
+señorita Rita tiene el genio así, franco y alegre....
+
+Creíase Julián salvado con estas evasivas, cuando, a las pocas noches,
+don Pedro le apretó para que _cantase_:
+
+--Don Julián, aquí no valen misterios.... Si he de casarme, quiero al
+menos saber con quién y cómo.... Apenas se reirían si porque vengo de los
+Pazos me diesen de buenas a primeras gato por liebre. Con razón se diría
+que salí de un soto para meterme en otro. No sirve contestar que usted
+no sabe nada. Usted se ha criado en esta casa, y conoce a mis primas
+desde que nació. Rita.... Rita es mayor que usted, ¿no es verdad?
+
+--Sí, señor--respondió Julián, no teniendo por cargo de conciencia revelar
+la edad--. La señorita Rita cumplirá ahora veintisiete o veintiocho
+años.... Después viene la señorita Manolita y la señorita Marcelina, que
+son seguidas..., veintitrés y veintidós... porque en medio murieron dos
+niños varones..., y luego la señorita Carmen, veinte.... Cuando nació el
+señorito Gabriel, que andará en los diecisiete o poco más, ya no se
+pensaba que la señora volviese a tener sucesión, porque andaba delicada,
+y le probó tan mal el parto, que falleció a los pocos meses.
+
+--Pues usted debe conocer perfectamente a Rita. Cante usted, ea.
+
+--Señorito, a la verdad.... Yo me crié en esta casa, es cierto; pero sin
+manualizarme con los señores, porque mi clase era otra muy distinta.... Y
+mi madre, que era muy piadosa, no me permitió jamás juntarme con las
+señoritas para jugar ni nada... por razones de decoro.... ¡Ya usted me
+comprende! Con el señorito Gabriel sí que tuve algún trato; lo que es
+con las señoritas... buenos días y buenas noches, cuando las encontraba
+en los pasillos. Luego ya fui al Seminario....
+
+--¡Bah, bah! ¿Tiene usted gana de cuentos...? Harto estará usted de saber
+cosas de las chicas. Basta su madre de usted para enterarle. ¿Acerté? Se
+ha puesto usted colorado.... ¡Ajá! ¡Por ahí vamos bien! ¡A ver con qué
+cara me niega que su madre le ha informado de algunas cosillas...!
+
+Julián se tornó purpúreo. ¡Que si le habían contado! ¡Pues no habían de
+contarle! Desde su llegada, la venerable dueña que regía el llavero en
+casa de la Lage no había cogido a solas a su hijo un minuto sin ceder a
+la comezón de tocar ciertos asuntos, que únicamente con varones graves y
+religiosos pueden conferirse.... Misía Rosario no lo iba a charlar con
+otras comadres envidiosas, eso no; por algo comía el pan de don Manuel
+Pardo; pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don
+Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la
+más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de
+juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de
+discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que
+ella «si fuese señora» no realizaría jamás, y de oír que «personas de
+respeto» alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su
+dictamen? Que si le habían contado a Julián, ¡Dios bendito! Pero una
+cosa era que se lo hubiesen contado, y otra que él lo pudiese repetir.
+¿Cómo revelar la manía de la señorita Carmen, empeñada en casarse contra
+viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie,
+hijo de un herrador de pueblo (¡oh baldón para la preclara estirpe de
+los Pardos!), un loco de atar que la comprometía siguiéndola por todas
+partes a modo de perrito faldero, y de quien además se aseguraba que era
+un materialista, metido en sociedades secretas? ¿Cómo divulgar que la
+señorita Manolita hacía novenas a San Antonio para que don Víctor de la
+Formoseda se determinase a pedirla, llegando al extremo de escribir a
+don Víctor cartas anónimas indisponiéndole con otras señoritas cuya casa
+frecuentaba? Y sobre todo, ¿cómo indicar ni lo más somero y mínimo de
+_aquello_ de la señorita Rita, que maliciosamente interpretado tanto
+podía dañar a su honra? Antes le arrancasen la lengua.
+
+--Señorito...--balbució--. Yo creo que las señoritas son muy buenas e
+incapaces de faltar en nada; pero si lo contrario supiese, me guardaría
+bien de propalarlo, toda vez que yo..., que mi agradecimiento a esta
+familia me pondría..., vamos... como si dijéramos... una mordaza....
+
+Detúvose, comprendiendo que se empantanaba más.
+
+--No traduzca mis palabras, señorito.... Por Dios, no saque usted
+consecuencias de mi poca habilidad para explicarme.
+
+--¿Según eso--preguntó el marqués mirando de hito en hito al capellán--,
+usted juzga que no hay absolutamente nada censurable? Clarito. ¿Las
+considera usted _a todas_ unas señoritas intachables... perfectísimas...
+que me convienen para casarme? ¿Eh?
+
+Meditó Julián antes de responder.
+
+--Si usted se empeña en que le descubra cuánto uno tiene en el corazón...
+francamente, aunque las señoritas son cada una de por sí muy simpáticas,
+yo, puesto a escoger, no lo niego..., me quedaría con la señorita
+Marcelina.
+
+--¡Hombre! Es algo bizca... y flaca.... Sólo tiene buen pelo y buen genio.
+
+--Señorito, es una alhaja.
+
+--Será como las demás.
+
+--Es como ella sola. Cuando el señorito Gabriel quedó sin mamá de
+pequeñito, lo cuidó con una formalidad que tenía la gracia del mundo,
+porque ella no era mucho mayor que él. Una madre no hiciera más. De día,
+de noche, siempre con el chiquillo en brazos. Le llamaba su hijo: dicen
+que era un sainete ver aquello. Parece que el peso del chiquillo la
+rindió y por eso quedó más delicada de salud que las otras. Cuando el
+hermano marchó al colegio, estuvo malucha. Por eso la ve usted
+descolorida. Es un ángel, señorito. Todo se le vuelve aconsejar bien a
+las hermanas....
+
+--Señal de que lo necesitan--arguyó don Pedro maliciosamente.
+
+--¡Jesús! No puede uno deslizarse.... Bien sabe usted que sobre lo bueno
+está lo mejor, y la señorita Marcelina raya en perfecta. La perfección
+es dada a pocos. Señorito, la señorita Marcelina, ahí donde usted la ve,
+se confiesa y comulga tan a menudo, y es tan religiosa, que edifica a la
+gente.
+
+Quedóse don Pedro reflexionando algún rato, y aseguró después que le
+agradaba mucho, mucho, la religiosidad en las mujeres; que la
+conceptuaba indispensable para que fuesen «buenas».
+
+--Con que beatita, ¿eh?--añadió--. Ya tengo por dónde hacerla rabiar.
+
+Y tal fue en efecto el resultado inmediato de aquella conferencia donde,
+con mejor deseo que diplomacia, había intentado Julián presentar la
+candidatura de Nucha. Desde entonces el primo gastó con ella bastantes
+bromas, algunas más pesadas que divertidas. Con placer del niño
+voluntarioso cuyos dedos entreabren un capullo, gozaba en poner colorada
+a Nucha, en arañarle la epidermis del alma por medio de chanzas subidas
+e indiscretas familiaridades que ella rechazaba enérgicamente. Semejante
+juego mortificaba al capellán tanto como a la chica; las sobremesas eran
+para él largo suplicio, pues a las anécdotas y cuentos de don Manuel,
+que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes
+(costumbre inveterada en el señor de la Lage), se unían las continuas
+inconveniencias del primo con la prima. El pobre Julián, con los ojos
+fijos en el plato, el rubio entrecejo un tanto fruncido, pasaba las de
+Caín. Imaginábase él que ajar, siquiera fuese en broma, la flor de la
+modestia virginal era abominable sacrilegio. Por lo que su madre le
+había contado y por lo que en Nucha veía, la señorita le inspiraba
+religioso respeto, semejante al que infunde el camarín que contiene una
+veneranda imagen. Jamás se atrevía a llamarla por el diminutivo,
+pareciéndole _Nucha_ nombre de perro más bien que de persona; y cuando
+don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capellán, juzgando
+que consolaba a la señorita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le
+hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o función de
+iglesia, a las cuales Nucha asistía con asiduidad.
+
+No lograba el marqués vencer la irritante atracción que le llevaba hacia
+Rita; y con todo, al crecer el imperio que ejercía en sus sentidos la
+prima mayor, se fortalecía también la especie de desconfianza instintiva
+que infunden al campesino las hembras ciudadanas, cuyo refinamiento y
+coquetería suele confundir con la depravación. Vamos, no lo podía
+remediar el marqués; según frase suya, Rita _le escamaba_ terriblemente.
+¡Es que a veces ostentaba una desenvoltura! ¡Se mostraba con él tan
+incitadora; tendía la red con tan poco disimulo; se esponjaba de tal
+suerte ante los homenajes masculinos!
+
+El aldeano que llega al pueblo ha oído contar mil lances, mil jugarretas
+hechas a los bobos que allí entran desprevenidos como incautos peces.
+Lleno de recelo, mira hacia todas partes, teme que le roben en las
+tiendas, no se fía de nadie, no acierta a conciliar el sueño en la
+posada, no sea que mientras duerme le birlen el bolso. Guardada la
+distancia que separaba de un labriego al señor de Ulloa, éste era su
+estado moral en Santiago. No hería su amor propio ser dominado por
+Primitivo y vendido groseramente por Sabel en su madriguera de los
+Pazos, pero sí que le _torease_ en Compostela su artificiosa primilla.
+Además, no es lo mismo distraerse con una muchacha cualquiera que tomar
+esposa. La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y
+a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo.... Y don
+Pedro figuraba entre los que no juzgan limpia ya a la que tuvo amorosos
+tratos, aún en la más honesta y lícita forma, con otro que con su
+marido. Aún las ojeadas en calles y paseos eran pecados gordos. Entendía
+don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana, española neta,
+indulgentísima para el esposo e implacable para la esposa. Y a él que no
+le dijesen: Rita no estaba sin algún enredillo.... Acerca de Carmen y
+Manolita no necesitaba discurrir, pues bien veía lo que pasaba. Pero
+Rita....
+
+Ningún amigo íntimo tenía en Santiago don Pedro, aunque sí varios
+conocidos, ganados en el paseo, en casa de su tío o en el Casino, donde
+solía ir mañana y noche, a fuer de buen español ocioso. Allí se le
+embromaba mucho con su prima, comentándose también la desatinada pasión
+de Carmen por el estudiante y su continuo atalayar en la galería, con el
+adorador apostado enfrente. Siempre alerta, el señorito estudiaba el
+tono y acento con que nombraban a Rita. En dos o tres ocasiones le
+pareció notar unas puntas de ironía, y acaso no se equivocase; pues en
+las ciudades pequeñas, donde ningún suceso se olvida ni borra, donde
+gira perpetuamente la conversación sobre los mismos asuntos, donde se
+abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones épicas, a menudo tiene
+una muchacha perdida la fama antes que la honra, y ligerezas
+insignificantes, glosadas y censuradas años y años, llevan a su autora
+con palma al sepulcro. Además, las señoritas de la Lage, por su
+alcurnia, por los humos aristocráticos de su padre, y la especie de
+aureola con que pretendía rodearlas, por su belleza, eran blanco de
+bastantes envidillas y murmuraciones: cuando no se las motejaba de
+orgullosas, se recurría a tacharlas de coquetas.
+
+Lucía el Casino entre su maltratado mueblaje un caduco sofá de
+gutapercha, gala del gabinete de lectura: sofá que pudiera llamarse
+tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más
+afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de
+más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo,
+maestro en la ciencia del _mal saber_. Así como los eruditos se precian
+de no ignorar la más mínima particularidad concerniente a remotas épocas
+históricas, este sujeto se jactaba de poder decir, sin errar punto ni
+coma, lo que disfrutaban de renta, lo que comían, lo que hablaban y
+hasta lo que pensaban las veinte o treinta familias de viso que
+encerraba el recinto de Santiago. Hombre era para pronunciar con suma
+formalidad y gran reposo:
+
+--Ayer, en casa de la Lage, se han puesto en la mesa dos principios:
+croquetas y carne estofada. La ensalada fue de coliflor, y a los postres
+se sirvió carne de membrillo de las monjas.
+
+Comprobada la exactitud de tales pormenores, resultaban rigurosamente
+ciertos.
+
+Tan bien informado individuo consiguió encender más recelos en el ánimo
+del suspicaz señor de Ulloa, bastándole para ello unas cuantas
+palabritas, de ésas que tomadas al pie de la letra no llevan malicia
+alguna, pero vistas al trasluz pueden significarlo todo.... Encomiando el
+salero de Rita, y la hermosura de Rita, y la buena conformación
+anatómica del cuerpo de Rita, añadió como al descuido:
+
+--Es una muchacha de primer orden.... Y aquí difícilmente le saldría
+novio. Las chicas por el estilo de Rita siempre encuentran su media
+naranja en un forastero.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Hacía un mes que don Manuel Pardo se preguntaba a sí mismo: «¿Cuándo se
+determinará el rapaz a pedirme a Rita?».
+
+Que se la pediría, no lo dudó un momento. La situación del marqués en
+aquella casa era tácitamente la del novio aceptado. Los amigos de la
+familia de la Lage se permitían alusiones desembozadas a la próxima
+boda; los criados, en la cocina, calculaban ya a cuánto ascendería la
+propineja nupcial. Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita. A
+todas horas reían fraternalmente con el primo y una ráfaga de alegría
+juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera.
+
+Descabezaba una tarde la siesta el marqués, cuando llamaron a la puerta
+con grandes palmadas. Abrió: era Rita, en chambra, con un pañuelo de
+seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta. Blandía
+en la diestra un plumero enorme, y parecía una guapísima criada de
+servir, semejanza que lejos de repeler al marqués, le hizo hervir la
+sangre con mayor ímpetu. Sofocada y risueña la muchacha echaba lumbres
+por ojos, boca y mejillas.
+
+--¿Perucho? ¿Peruchón?
+
+--¿Ritiña, Ritona?--contestó don Pedro devorándola con el mirar.
+
+--Dicen las chicas que vengas.... Estamos muy enfaenadas arreglando el
+desván, donde hay todos los trastos del tiempo del abuelo. Parece que se
+encuentran allí cosas fenomenales.
+
+--Y yo ¿para qué os sirvo? Supongo que no me mandaréis barrer.
+
+--Todo será que se nos antoje. Ven, holgazán, dormilón, marmota.
+
+Conducía al desván empinadísima escalera, y no era el sitio muy oscuro,
+pues recibía luz de tres grandes claraboyas, pero sí bastante bajo; don
+Pedro no podía estar allí de pie, y las chicas, al menor descuido, se
+pegaban coscorrones en la cabeza contra la armazón del techo.
+Guardábanse en el desván mil cachivaches arrumbados que habían servido
+en otro tiempo a la pompa, aparato y esplendor de los Pardos de la Lage,
+y hoy tenían por compañeros al polvo y la polilla; por esperanza, la
+visita de muchachas bulliciosas, que de vez en cuando lo exploraban, a
+fin de desenterrar alguna presea de antaño, que reformaban según la moda
+actual. Con las antiguallas que allí se pudrían, pudiera escribirse la
+historia de las costumbres y ocupaciones de la nobleza gallega, desde un
+par de siglos acá. Restos de sillas de manos pintadas y doradas;
+farolillos con que los pajes alumbraban a sus señoras al regresar de las
+tertulias, cuando no se conocía en Santiago el alumbrado público; un
+uniforme de maestrante de Ronda; escofietas y ridículos, bordados de
+abalorio; chupas recamadas de flores vistosas; medias caladas de seda,
+rancias ya; faldas adornadas con caireles; espadines de acero tomados de
+orín; anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la
+_dama de música_ había de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso
+representar una divertida _pitipieza_; todo andaba por allí revuelto con
+otros chirimbolos análogos, que trascendían a casacón desde mil leguas,
+y entre los cuales distinguíanse, como prendas más simbólicas y
+elocuentes, los trebejos masónicos: medalla, triángulo, mallete,
+escuadra y mandil, despojos de un abuelo afrancesado y grado 33..., y
+una lindísima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas
+en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel
+Pardo, que según costumbre de su época, autorizada por el ejemplo de la
+reina María Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar
+diestramente a horcajadas.
+
+--A buena parte me trajisteis--decía don Pedro, ahogado entre el polvo y
+contrariadísimo por no poder moverse del asiento.
+
+--Aquí te queremos--le replicaban Rita y Manolita, palmoteando
+triunfantes--, porque aunque te empeñes, no hay medio de correr tras de
+nosotras, ni de hacernos barrabasadas. Llegó la nuestra. Te vamos a
+vestir con espadín y chupa. Ya verás.
+
+--Buena gana tengo de ponerme de máscara.
+
+--Un minuto solamente. Para ver qué facha haces.
+
+--Os digo que no me visto de mamarracho.
+
+--¿Cómo que no? Se nos ha puesto a nosotras en el moño.
+
+--Mirad que os pesará. La que se me acerque ha de arrepentirse.
+
+--¿Y qué nos harás, fantasmón?
+
+--Eso no se dice hasta que se vea.
+
+La misteriosa amenaza pareció infundir temor en las primas, que se
+limitaron por entonces a inofensivas travesuras, a algún plumerazo más o
+menos. Adelantaba la limpieza del desván: Manolita, con sus brazos
+nervudos, manejaba los trastos; Rita los clasificaba; Nucha los sacudía
+y doblaba esmeradamente; Carmen tomaba poca parte en el trajín, y menos
+aún en la jarana: dos o tres veces se eclipsó, para asomarse a la
+galería sin duda. Las demás le soltaron indirectas.
+
+--¿Qué tal está el día, Carmucha? ¿Llueve o hace sol?
+
+--¿Pasa mucha gente por la calle? Contesta, mujer.
+
+--Ésa siempre está pensando en las musarañas.
+
+A medida que las prendas iban quedando limpias de polvo, las chicas se
+las probaban. A Manolita le sentaba a maravilla el uniforme de coronel,
+por su tipo hombruno. Rita era un encanto con la dulleta de seda
+verdegay de la abuela. Carmen sólo consintió en dejarse poner un
+estrafalario adorno, un penacho triple, que allá cuando se estrenó se
+llamaba _Las tres potencias_. Tocóle a Nucha la probatura de las
+mantillas de blonda. A todo esto la tarde caía, y en el telarañoso
+recinto del desván se veía muy poco. La penumbra era favorable a los
+planes de las muchachas; aprovechando la ocasión propicia, acercáronse
+disimuladamente las dos mayores a don Pedro, y mientras Rita le plantaba
+en la cabeza un sombrero de tres picos, Manolita le echaba por los
+hombros una chupa color tórtola, con guirnaldas de flores azules y
+amarillas.
+
+Fue de confusión el momento que siguió a esta diablura sosa. Don Pedro,
+medio a gatas porque de otro modo no se lo consentía la poca altura del
+desván, perseguía a sus primas, resuelto a tomar memorable venganza; y
+ellas, exhalando chillidos ratoniles, tropezando con los muebles y
+cachivaches esparcidos aquí y acullá, procuraban buscar la puertecilla
+angosta, para evitar represalias. Mientras Rita se atrincheraba tras los
+restos de una silla de manos y una desvencijada cómoda, huyeron dos
+chicas, las menos valientes; y habiendo tenido Manolita la buena
+ocurrencia de cegar momentáneamente a su primo arrojándole a la cabeza
+un chal, pudo evadirse también Rita, jefe nato del motín. Desenredarse
+del chal haciéndolo jirones, y lanzarse a la puerta y a la escalera en
+seguimiento de la fugitiva, fueron acciones simultáneas en don Pedro.
+
+Saltó impetuosamente los peldaños, precipitándose en el corredor a
+tientas, guiado por su instinto de perseguidor de alimañas ágiles, que
+oye delante de sí el apresurado trotecillo de la hermosa res. En una
+revuelta del pasillo le dio alcance. La defensa fue blanda, entrecortada
+de risas. Don Pedro, determinado a infligir el castigo ofrecido, lo
+aplicó en efecto cerca de una oreja, largo y sonoro. Parecióle que la
+víctima no se resistía entonces; mas debía ser errónea tan maliciosa
+suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de
+hostilidades para huir nuevamente, gritando:
+
+--¿A que no me coges otra vez, cobarde?
+
+Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqués echó detrás de
+la prima, que se había desvanecido ya en las negruras del pasadizo.
+Éste, irregular y tortuoso, serpeaba alrededor de parte de la casa,
+quebrándose en inesperados codos, y a veces estrechándose como longaniza
+mal rellena. Rita llevaba ventaja en sus familiares angosturas. Oyó el
+marqués chirriar puertas, indicio de que la chica se había acogido al
+sagrado de alguna habitación. No estaba don Pedro para respetar
+sagrados. Empujó la puerta tras la cual juzgaba parapetada a Rita. La
+puerta resistía como si tuviese algún obstáculo delante; mas los puños
+de don Pedro dieron cuenta fácilmente de la endeble trinchera de un par
+de sillas, que vinieron al suelo con estrépito. Penetró en un cuarto
+completamente oscuro, y por instinto alargó las manos a fin de no
+tropezar con los muebles; advirtió que algo rebullía en las tinieblas;
+tanteó el aire y palpó un bulto de mujer, que aprisionó en sus brazos
+sin decir palabra, con ánimo de repetir el castigo. ¡Oh sorpresa! La
+resistencia más tenaz y briosa, la protesta más desesperada, unas
+manitas de acero que no podía cautivar, un cuerpo nervioso que se
+sacudía rehuyendo toda presión, y al mismo tiempo varias exclamaciones
+de profunda y verdadera congoja, dos o tres gritos ahogados que
+demandaban socorro.... ¡Diantre! Aquello no se parecía a lo otro, no....
+Por ciego y exaltado que estuviese el marqués, hubo de comprender....
+Sintió una confusión insólita en él, y soltó a la chica.
+
+--Nuchiña, no llores.... Calla, mujer.... Ya te dejo; no te hago nada....
+Aguarda un instante.
+
+Registró precipitadamente sus bolsillos, rascó un fósforo, miró
+alrededor, encendió una vela puesta en un candelabro.... Nucha, viéndose
+libre, callaba; pero se mantenía a la defensiva. Volvió el marqués a
+disculparse y a consolarla.
+
+--Nucha, no seas chiquilla.... Perdona, mujer.... Dispensa, no creía que
+eras tú.
+
+Conteniendo un sollozo, exclamó Nucha:
+
+--Fuese quien fuese.... Con las señoritas no se hacen estas brutalidades.
+
+--Hija mía, tu señora hermanita me buscó..., y el que me busca, que no se
+queje si me encuentra.... Ea, no haya más, no estés así disgustada. ¿Qué
+va a decir de mí el tío? Pero ¿aún lloras, mujer? Cuidado que eres
+sensible de veras. A ver, a ver esa cara.
+
+Alzó el candelabro para alumbrar el rostro de Nucha. Estaba ésta
+encendida, demudada, y por sus mejillas corría despacio una lágrima;
+pero al darle la luz en los ojos, no pudo menos de sonreír ligeramente y
+secar el llanto con su pañuelo.
+
+--¡Hija! ¡Cualquiera se te atreve! ¡Eres una fierecita! ¡Y hasta fuerza
+en los puños descubres en esos momentos! ¡Diantre!
+
+--Vete--ordenó Nucha recobrando su seriedad--. Ésta es mi habitación, y no
+me parece decente que te estés metido en ella.
+
+Dio el marqués dos pasos para salir; y volviéndose de pronto, preguntó:
+
+--¿Quedamos amigos? ¿Se hacen las paces?
+
+--Sí, con tal que no vuelvas a las andadas--respondió con sencillez y
+firmeza Nucha.
+
+--¿Qué me harás si vuelvo?--interrogó risueño el hidalgo campesino--. Capaz
+eres de dejarme en el sitio de una manotada, chica.
+
+--No por cierto.... No tengo yo fuerzas para tanto. Haré otra cosa.
+
+--¿Cuál?
+
+--Decírselo a papá, muy clarito, para que se fije en lo que de seguro no
+se le habrá pasado por la cabeza: que no parece natural vivir tú aquí no
+siendo nuestro hermano y siendo nosotras muchachas solteras. Ya sé que
+es un atrevimiento meterme a enmendarle la plana a papá; pero él no ha
+reparado en esto, ni te cree capaz de gracias como las de hoy. En cuanto
+note algo, se le ha de ocurrir sin que yo se lo sople al oído, pues no
+soy quién para aconsejar a mi padre.
+
+--¡Caramba! Lo dices de un modo..., ¡como si fuese cuestión de vida o
+muerte!
+
+--Pues así.
+
+Marchóse con estas despachaderas el marqués, y a la hora de la cena
+estuvo taciturno y metido en sí, haciendo caso omiso de las zalamerías
+de Rita. Nucha, aunque un poco alterada la fisonomía, se mostró como
+siempre, afable, tranquila y atenta al buen servicio y orden de la mesa.
+Aquella noche el marqués no dejó dormir a Julián, entreteniéndole hasta
+las altas horas con larga y tendida plática. Los días siguientes fueron
+de tregua; don Pedro salía bastante, y se le veía mucho en el Casino,
+junto a la tribuna de los maldicientes. No perdía allí el tiempo.
+Informábase de particularidades que le importaban, por ejemplo, el
+verdadero estado de fortuna de su tío. En Santiago se decía lo que él
+sospechaba ya: don Manuel Pardo mejoraba en tercio y quinto a su
+primogénito Gabriel, que entre la mejora, su legítima y el vínculo,
+vendría a arramblar con casi toda la casa de la Lage. No restaba más
+esperanza a las primitas que la herencia de una tía soltera, doña
+Marcelina, madrina de Nucha por más señas, que residía en Orense,
+atesorando sórdidamente y viviendo como una rata en su agujero. Estas
+nuevas dieron en qué pensar a don Pedro, que desveló a Julián algunas
+noches más. Al cabo adoptó una resolución definitiva.
+
+Estremecióse de placer don Manuel Pardo viendo al sobrino entrar en su
+despacho una mañana, con la expresión indefinible que se nota en el
+rostro y continente de quien viene a tratar algo de importancia. Había
+oído don Manuel que donde hay varias hermanas, lo difícil es deshacerse
+de la primera, y después las otras se desprenden de suyo, como las
+cuentas de una sarta tras la más próxima al cabo del hilo. Colocada
+Rita, lo demás era tortas y pan pintado. Con Manolita cargaría por
+último el finchado señorito de la Formoseda; a Carmen se le quitarían de
+la cabeza ciertas locuras y siendo tan linda no le faltaría buen
+acomodo; y Nucha.... Lo que es Nucha no le hacía a él peso en casa, pues
+la gobernaba a las mil maravillas; además, a fuer de heredera presunta
+de su madrina, no necesitaba ampararse casándose. Si no hallaba marido,
+viviría con Gabriel cuando éste, acabada la carrera, se estableciese
+según conviene al mayorazgo de la Lage. Con tan gratos pensamientos, don
+Manuel abrió los oídos para mejor recibir el rocío de las palabras de su
+sobrino.... Lo que recibió fue un escopetazo.
+
+--¿Por qué se asusta usted tanto, tío?--exclamaba don Pedro gozando en sus
+adentros con la mortificación y asombro del viejo hidalgo--. ¿Hay
+impedimento? ¿Tiene Nucha otro novio?
+
+Comenzó don Manuel a poner mil objeciones, callándose algunas que no
+eran para dichas. Salió la corta edad de la muchacha, su delicada salud,
+y hasta su poca hermosura alegó el padre, sazonando la observación con
+alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no
+preferirla. Dio al sobrino manotadas en los hombros y en las rodillas;
+gastó chanzas, quiso aconsejarle como se aconseja a un niño que escoge
+entre juguetes; y por último, tras de referir varios chascarrillos
+adecuados al asunto y contados en dialecto, acabó por declarar que a las
+demás chicas les daría algo al contraer matrimonio, pero que a Nucha...
+como esperaba heredar lo de su tía.... Los tiempos estaban malos,
+_abofé_.... Luego, encarándose con el marqués, le interrogó:
+
+--¿Y qué dice esa mosquita muerta de Nucha, vamos a ver?
+
+--Usted se lo preguntará, tío.... ¡Yo no le dije cosa de sustancia...! Ya
+vamos viejos para andar haciendo cocos.
+
+¡Oh y qué marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena!
+Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre sí,
+trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que
+denunciaban ojos como puños, trastornos en las horas de comer,
+conferencias con amigos sesudos, curiosidades de dueña oficiosa que
+apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una
+cortina, todas las dramáticas menudencias que acompañan a un grave
+suceso doméstico.... Y como en provincia las paredes son de cristal, se
+murmuró en Santiago desaforadamente, glosando los _escándalos_ ocurridos
+entre las señoritas de la Lage por causa del primo. Se acusó a Rita de
+haber insultado agriamente a su hermana porque le quitaba el novio, y a
+Carmen de ayudarla, porque Nucha reprendía su ventaneo. Se censuró a
+Nucha también por falsa e hipócrita. Se le royeron los zancajos a don
+Manuel, afirmando que había dicho en toda confianza a persona que lo
+repitió en toda intimidad: «El sobrino no me había de salir de aquí sin
+una de las chicas, y como se le antojó Nucha, hubo que dársela». Se
+aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo
+confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo
+seguía detrás con don Manuel y Nucha. Ésta iba como avergonzada,
+cabizbaja y modesta. Crecieron los comentarios cuando Rita salió para
+Orense, a acompañar una temporada a la tía Marcelina, según dijo, y don
+Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios
+viviesen bajo un mismo techo en vísperas de boda.
+
+Ésta se efectuó llegada la dispensa pontificia, hacia fines del mes de
+agosto. No faltaron los indispensables requisitos: finezas mutuas,
+regalos de amigos y parientes, cajas de dulces muy emperifolladas para
+repartir, buen ajuar de ropa blanca, las _galas_ venidas de Madrid en un
+cajón monstruo. Dos o tres días antes de la ceremonia se recibió un
+paquetito procedente de Segovia, y dentro de él un estuche. Contenía una
+sortija de oro muy sencilla, y una cartulina figurando tarjeta, que
+decía: «A mi inolvidable hermana Marcelina, su más amante hermano,
+Gabriel». La novia lloró bastante con el obsequio de _su niño_, púsolo
+en el dedo meñique de la mano izquierda, y allí se le reunió el otro
+anillo que en la iglesia le ciñeron.
+
+Casáronse al anochecer, en una parroquia solitaria. Vestía la novia de
+rico gro negro, mantilla de blonda y aderezo de brillantes. Al regresar
+hubo refresco para la familia y amigos íntimos solamente: un refresco a
+la antigua española, con almíbares, sorbetes, chocolate, vino generoso,
+bizcochos, dulces variadísimos, todo servido en macizas salvillas y
+bandejas de plata, con gran etiqueta y compostura. No adornaban la mesa
+flores, a no ser las rosas de trapo de las _tartas_ o ramilletes de
+piñonate; dos candelabros con bujías, altos como mecheros de catafalco,
+solemnizaban el comedor; y los convidados, transidos aún del miedo que
+infunde el terrible sacramento del matrimonio visto de cerca, hablaban
+bajito, lo mismo que en un duelo, esmerándose en evitar hasta el repique
+de las cucharillas en la loza de los platos. Parecía aquello la comida
+postrera de los reos de muerte. Verdad es que el señor don Nemesio
+Angulo, eclesiástico en extremo cortesano y afable, antiguo amigo y
+tertuliano de don Manuel y autor de la dicha de los cónyuges, a quienes
+acababa de bendecir, intentó soltar dos o tres cosillas festivas, en
+tono decentemente jovial, para animar un poco la asamblea; pero sus
+esfuerzos se estrellaron contra la seriedad de los concurrentes. Todos
+estaban--es la frase de cajón--_muy afectados_, incluso el señorito de la
+Formoseda, que acaso pensaba «cuando la barba de tu vecino...», y
+Julián, que viendo colmados sus deseos y votos ardentísimos, triunfante
+su candidatura, sentía no obstante en el corazón un peso raro, como si
+algún presentimiento cruel se lo abrumase.
+
+Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo; dos o tres
+veces su pulso desasentado le hizo verter el Pajarete que escanciaba al
+buen don Nemesio, colocado en sitio preferente, a su derecha. El novio
+entretanto conversaba con los hombres, y, al alzarse de la mesa,
+repartió excelentes cigarros de que tenía rellena la petaca. Nadie
+aludió al trascendental acontecimiento, ni se atrevió a decir la menor
+chanza que pudiese poner colorada a la novia; pero al despedirse los
+convidados, algunos caballeros recalcaron maliciosamente las _buenas
+noches_, mientras matronas y doncellas, besando con estrépito a la
+desposada, le chillaban al oído: «Adiós, _señora_.... Ya eres _señora_,
+ya no es posible llamarte _señorita_...», celebrando tan trivial
+observación con afectadas risas, y mirando a Nucha como para
+aprendérsela de memoria. Cuando todos fueron saliendo, don Manuel Pardo
+se acercó a su hija, y la oprimió contra el pecho colosal, sellándole la
+frente con besos muy cariñosos. Hallábase realmente conmovido el señor
+de la Lage: era la primera vez que casaba una hija; sentía desbordarse
+en su alma la paternidad, y al tomar de la mano a Nucha para conducirla
+a la cámara nupcial, alumbrándoles el camino Misia Rosario con un
+candelabro de cinco brazos cogido de la mesa del comedor, no acertaba a
+pronunciar palabra, y un poco de humedad se asomaba a sus lagrimales
+áridos, y una sonrisa de orgullo y placer entreabría al mismo tiempo su
+boca. En el umbral pudo exclamar al cabo:
+
+--¡Si levantase la cabeza tal día como hoy tu madre que en gloria esté!
+
+Ardían en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no
+menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco; y como
+no la iluminaba otra luz, ni se había soñado siquiera en el clásico
+globo de porcelana que es de rigor en todo voluptuoso camarín de novela,
+impregnaba la alcoba más misterio religioso que nupcial, completando su
+analogía con una capilla u oratorio la forma del tálamo, cuyas cortinas
+de damasco rojo franjeadas de oro se parecían exactamente a colgaduras
+de iglesia, y cuyas sábanas blanquísimas, tersas y almidonadas, con
+randas y encajes, tenían la casta lisura de los manteles de altar.
+Cuando el padre se retiraba ya, murmurando «Adiós, Nuchiña, hija
+querida», la novia le asió la diestra y se la besó humildemente, con
+labios secos, abrasados de calentura. Quedó sola. Temblaba como la hoja
+en el árbol, y al través de sus crispados nervios corría a cada instante
+el escalofrío de la _muerte chiquita_, no por miedo razonado y
+consciente, sino por cierto pavor indefinible y sagrado. Parecíale que
+aquella habitación donde reinaba tan imponente silencio, donde ardían
+tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hacía dos
+horas aún se había puesto de hinojos.... Volvió a arrodillarse, divisando
+allá en la sombra de la cabecera del lecho el antiguo Cristo de ébano y
+marfil, a quien el cortinaje formaba severo dosel. Sus labios murmuraban
+el consuetudinario rezo nocturno: «Un Padrenuestro por el alma de
+mamá...». Oyéronse en el corredor pisadas recias, crujir de botas
+flamantes, y la puerta se abrió.
+
+
+
+
+Tomo II
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Quedaban migajas, no muy añejas aún, del pan de la boda, cuando don
+Pedro celebró con Julián una conferencia, conviniendo ambos en lo
+urgente de que el capellán se adelantase a salir a los Pazos para
+adoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera,
+mientras no iban a vivirla sus dueños. Julián aceptó la comisión, y
+entonces el señorito mostró remordimientos o escrúpulos de habérsela
+encomendado.
+
+--Mire usted--advirtió--que allí se necesitan muchas agallas.... Primitivo
+es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cien vueltas....
+
+--Dios delante. Matar no me matará.
+
+--No lo diga usted dos veces--insistió el señor de Ulloa, impulsado por
+voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras y
+apremiantes--. Ya le avisé a usted en otra ocasión de cómo es Primitivo:
+capaz de cualquier desafuero.... Lo que yo no creo es que vaya a cometer
+barbaridades por gusto de cometerlas, ni aun en el primer momento,
+cuando le ciega el deseo de la venganza.... Con todo....
+
+No era ésta la única vez que don Pedro manifestaba sagacidad en el
+conocimiento de caracteres y personas, don esterilizado por la falta de
+nociones de cultura moral y delicadeza, de ésas que hoy exige la
+sociedad a quien, mediante el nacimiento, la riqueza o el poder, ocupa
+en ella lugar preeminente.
+
+Prosiguió el señorito:
+
+--Primitivo no es un bárbaro.... Pero es un bribón redomado y taimadísimo,
+que no se para en barras con tal de lograr sus fines.... ¡Demontres!
+Harto estoy de saberlo.... El día que nos vinimos... si él pudiese
+detenernos soplándonos un tiro a mansalva... no doy dos cuartos por su
+pellejo de usted ni por el mío.
+
+Estremecióse Julián, y se le borraron las rosadas tintas de los pómulos.
+No era de madera de héroes, lo cual le salía a la cara. A don Pedro le
+divertía infinito el miedo del capellán. En la índole de don Pedro había
+un fondo de crueldad, sostenido por su vida grosera.
+
+--Apostemos--exclamó riéndose--que la cruz aquélla del camino va usted a
+pasarla rezando.
+
+--No digo que no--contestó Julián repuesto ya--; mas no por eso me niego a
+ir. Es mi deber; de suerte que no hago nada de extraordinario en
+cumplirlo. Dios sobre todo.... A veces no es tan fiero el león como lo
+pintan.
+
+--No le tiene cuenta ahora a Primitivo meterse en dibujos.
+
+Calló Julián. Al cabo exclamó:
+
+--Señorito, ¡si usted adoptase una buena resolución! ¡Echar a ese hombre,
+señorito, echarlo!
+
+--Calle usted, hombre, calle usted.... Le pondremos a raya.... Pero eso de
+echar.... ¿Y los perros? ¿Y la caza? ¿Y aquellas gentes, y todo aquel
+cotarro, que nadie me lo entiende sino él? Desengáñese usted: sin
+Primitivo no me arreglo yo allí.... Haga usted la prueba, sólo por gusto,
+de aquillotrarme algunas cosas de las que Primitivo maneja durmiendo....
+Además, crea usted lo que le digo, que es como el Evangelio: si echa
+usted a Primitivo por la puerta, se nos entrará por la ventana.
+¡Diantre! ¡Si sabré yo quién es Primitivo!
+
+Julián balbució:
+
+--¿Y... de lo demás...?
+
+--De lo demás.... Arréglese usted como quiera.... Lleva usted plenos
+poderes.
+
+¡Ya lo creo que los llevaba! ¡Así llevase también alguna receta eficaz
+para servirse de ellos! Investido de autoridad omnímoda, Julián sentía
+en el fondo del alma una especie de compasión por la desvergonzada
+manceba y el hijo espurio. Este último sobre todo. ¿Qué culpa tenía el
+pobre inocente de las bellaquerías maternales? Siempre parecía duro
+arrojarle de una casa donde, al fin y al cabo, el dueño era su padre.
+Julián no se hubiera encargado jamás de tan ingrata comisión a no
+parecerle que iba en ello la salvación eterna de don Pedro, y también el
+sosiego temporal de la que él seguía llamando _señorita Marcelina_,
+contra el dictamen de las convidadas a la boda.
+
+No sin aprensión cruzó de nuevo el triste país de lobos que antecedía al
+valle de los Pazos. El cazador le aguardaba en Cebre, e hicieron la
+jornada juntos; Primitivo, por más señas, se mostró tan sumiso y
+respetuoso, que Julián, quien al revés que don Pedro poseía el don de
+errar en el conocimiento práctico de las gentes, guardando los aciertos
+para el terreno especulativo y abstracto, fue poco a poco desechando la
+desconfianza, y persuadiéndose de que ya no tenía el zorro intenciones
+de morder. El rostro impasible de Primitivo no revelaba rencor ni enojo.
+Con su laconismo y seriedad habituales, hablaba del tiempo desapacible y
+metido en agua, que casi no había consentido majar, ni segar el maíz, ni
+vendimiar como Dios manda, ni cumplir en paz ninguna de las grandes
+faenas agrícolas. Estaba en efecto el camino encharcado, lleno de
+aguazales, y como había llovido por la mañana también, los pinos dejaban
+escurrir de las verdes y brillantes púas de su ramaje gotas de agua que
+se aplastaban en el sombrero de los viajeros. Julián iba perdiendo el
+miedo y un gozo muy puro le inundaba el espíritu cuando saludó al
+crucero con verdadera efusión religiosa.
+
+«Bendito seas, Dios mío--pensaba para sí--, pues me has permitido cumplir
+una obra buena, grata a tus ojos. He encontrado en los Pazos, hace un
+año, el vicio, el escándalo, la grosería y todas las malas pasiones; y
+vuelvo trayendo el matrimonio cristiano, las virtudes del hogar
+consagrado por ti. Yo, yo he sido el agente de que te has valido para
+tan santa obra.... Dios mío, gracias».
+
+Cortaron el soliloquio ladridos vehementes: era la jauría del marqués,
+que salía a recibir al montero mayor, haciendo locas demostraciones de
+regocijo, zarandeando los rabos mutilados y abriendo de una cuarta las
+fresquísimas bocas. Acariciólos Primitivo con su enjuta mano, pues era
+sumamente afectuoso para los perros; y al nieto, que en pos de los
+perros venía, le dio una especie de festivo soplamocos. Quiso Julián
+besar al niño, pero éste se puso en polvorosa antes de que pudiese
+lograrlo; y el capellán experimentó otra vez compasivos remordimientos,
+causados por la vista de la ya repudiada criatura. A Sabel la halló en
+el sitio de costumbre, entre sus pucheros, pero sin el antiguo séquito
+de aldeanas viejas y mozas, de la Sabia y su dilatada progenie. Reinaba
+en la cocina orden perfecto: todo limpio, sosegado y solitario; la
+persona más severa y amiga de censurar no encontraría qué. El capellán
+comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a
+temer que su venida lo trastornara: idea dictada por su nativa timidez.
+A la hora de cenar aumentó su sorpresa. Primitivo, más blando que un
+guante, le daba cuenta en voz reposada de lo ocurrido allí durante medio
+año, en materia de vacas paridas, obras emprendidas, rentas cobradas; y
+mientras el padre reconocía así su autoridad superior, la hija le servía
+diligente y humilde, con pegajosa dulzura de animal doméstico que
+implora caricias. No sabía Julián qué cara poner en vista de una acogida
+tan cordial.
+
+Creyó que mudarían de actitud al día siguiente, cuando, haciendo uso de
+los plenísimos poderes y facultades omnímodas de que venía investido,
+ordenó a la Agar y al Ismael de aquel patriarcado emigrar al desierto.
+¡Milagro asombroso! Tampoco se alteró entonces la mansedumbre de
+Primitivo.
+
+--Los señoritos traerán cocinera de allá, de Santiago...--explicaba
+Julián, para fundar en algo la expulsión.
+
+--Por supuesto...--respondió Primitivo con la mayor naturalidad del
+mundo--. Allá en la _vila_ guísase de otro modo.... Los señores tienen la
+boca acostumbrada.... Cuadra bien, que yo también le iba a pedir que le
+escribiese al señor marqués de traer quien cocinase.
+
+--¿Usted?--exclamó Julián, estupefacto.
+
+--Sí, señor.... La hija se me quiere casar....
+
+--¿Sabel?
+
+--Sabel, sí, señor, anda en eso.... Con el gaitero de Naya, el _Gallo_....
+Por de contado se empeña en irse para su casa, así que les echen las
+bendiciones....
+
+Sintió Julián un sofocón de pura alegría. No pudo menos de pensar que en
+todo aquel negocio de Sabel andaba visiblemente la mano de la
+Providencia. ¡Sabel casada, alejada de allí; el peligro conjurado; las
+cosas en orden, la salvación segura! Una vez más dio gracias al Dios
+bondadoso que quita los estorbos de delante cuando la mezquina previsión
+humana no cree posible removerlos siquiera.... La satisfacción que le
+rebosaba en el semblante era tal, que se avergonzó de mostrarla ante
+Primitivo, y empezó a charlar aprisa, por disimulo, felicitando al
+cazador y augurando a Sabel un porvenir de ventura en el nuevo estado.
+Aquella noche misma escribió al marqués la buena noticia.
+
+Pasaron días, siempre bonancibles. Proseguía Sabel mansa, Primitivo
+complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta. Sólo notaba Julián
+cierta resistencia pasiva en lo tocante al gobierno de los estados y
+hacienda del marqués. En este terreno le fue absolutamente imposible
+adelantar una pulgada. Primitivo sostenía su posición de verdadero
+administrador, apoderado, y, entre bastidores, autócrata: Julián
+comprendía que sus plenos poderes importaban tanto como la carabina de
+Ambrosio, y hasta pudo cerciorarse, por indicios evidentes, de que el
+influjo que ejercía el cazador en el circuito de los Pazos iba
+haciéndose extensivo a toda la comarca; a menudo venían a conferenciar
+con el mayordomo, en actitud respetuosa y servil, gentes de Cebre, de
+Castrodorna, de Boán, de puntos más distantes todavía. En cuatro leguas
+a la redonda no se movía una paja sin intervención y aquiescencia de
+Primitivo. No poseía Julián fuerzas para luchar con él, ni lo intentaba,
+pareciéndole secundario el perjuicio que a la casa de Ulloa originase la
+mala administración de Primitivo, en proporción al daño inmenso que
+estuvo a punto de causarle Sabel. Descartarse de la hija lo tenía él por
+importante; en cuanto al padre....
+
+Verdad es que la hija no se marchaba tampoco; pero se marcharía, ¡no
+faltaba más! ¿Quién duda que se marcharía? Tranquilizaba a Julián una
+señal en su concepto infalible: el haber sorprendido cierto anochecer,
+cerca del pajar, a Sabel y al gallardo gaitero entretenidos en coloquios
+más dulces que edificantes. Le ruborizó el encuentro, pero hizo la vista
+gorda reflexionando que aquello era, por decirlo así, la antesala del
+altar. Seguro de la victoria respecto a la mala hembra, transigió en lo
+relativo al mayordomo. Cuanto más que éste no rechazaba las indicaciones
+de Julián, ni le llevaba la contraria en cosa alguna. Si el capellán
+ideaba planes, censuraba abusos o insistía en la urgente necesidad de
+una reforma, Primitivo aprobaba, allanaba el camino, sugería medios, de
+palabra se entiende; al llegar a la realización, ya era harina de otro
+costal: empezaban las dificultades, las dilaciones: que hoy... que
+mañana.... No hay fuerza comparable a la inercia. Primitivo decía a
+Julián para consolarle:
+
+--Una cosa es hablar, y otra hacer....
+
+O matar a Primitivo, o entregársele a discreción: el capellán comprendía
+que no quedaba otro recurso. Fue un día a desahogar sus cuitas con don
+Eugenio, el abad de Naya, cuyos discretos pareceres le alentaban mucho.
+Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de
+confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales.
+La marina se había sublevado, echando del trono a la reina, y ésta se
+encontraba ya en Francia, y se constituía un gobierno provisional, y se
+contaba de una batalla reñidísima en el puente de Alcolea, y el ejército
+se adhería, y el diablo y su madre.... Don Eugenio andaba, de puro
+excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilación para
+saber noticias ciertas. ¡Qué dirían el señor Arcipreste y el abad de
+Boán! ¿Y Barbacana? Ahora sí que Barbacana estaba fresco: su eterno
+adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montaría encima por
+los siglos de los siglos, amén. Con el embullo de estos acontecimientos,
+apenas atendió el abad de Naya a las tribulaciones de Julián.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+Transcurrido algún tiempo de vida familiar con suegro y cuñadas, don
+Pedro echó de menos su huronera. No se acostumbraba a la metrópoli
+arzobispal. Ahogábanle las altas tapias verdosas, los soportales
+angostos, los edificios de lóbrego zaguán y escalera sombría, que le
+parecían calabozos y mazmorras. Fastidiábale vivir allí donde tres gotas
+de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una
+triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas. Le incomodaba
+la perenne sinfonía de la lluvia que se deslizaba por los canalones
+abajo o retiñía en los charcos causados por la depresión de las
+baldosas. Quedábanle dos recursos no más para combatir el tedio:
+discutir con su suegro o jugar un rato en el Casino. Ambas cosas le
+produjeron en breve, no hastío, pues el verdadero hastío es enfermedad
+moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino
+irritación y sorda cólera, hija de la secreta convicción de su
+inferioridad. Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de
+educación adquirido en dilatados años de existencia ciudadana y el
+consiguiente trato de gentes, así como por aquel bien entendido orgullo
+de su nacimiento y apellido, que le salvaba de _adocenarse_ (era su
+expresión predilecta). Aparte de la manía de referir en las sobremesas y
+entre amigos de confianza mil anécdotas, no contrarias al pudor, pero sí
+a la serenidad del estómago de los oyentes, era don Manuel persona
+cortés y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir
+a una junta en la Sociedad Económica de Amigos del País, llevar el
+estandarte en una procesión, ser llamado al despacho de un gobernador en
+consulta. Si deseaba retirarse al campo, no le atraía tan sólo la
+perspectiva de dar rienda suelta a instintos selváticos, de andar sin
+corbata, de no pagar tributo a la sociedad, sino que le solicitaban
+aficiones más delicadas, de origen moderno: el deseo de tener un jardín,
+de cultivar frutales, de hacer obras de albañilería, distracción que le
+embelesaba y que en el campo es más barata que en la ciudad. Además, el
+fino trato de su mujer, la perpetua compañía de sus hijas suavizara ya
+las tradiciones rudas que por parte de los la Lage conservaba don
+Manuel: cinco hembras respetadas y queridas civilizan al hombre más
+agreste. He aquí por qué el suegro, a pesar de encontrarse
+cronológicamente una generación más atrás que su yerno, estaba
+moralmente bastantes años delante.
+
+Trataba don Manuel de descortezar a don Pedro; y no sólo fue trabajo
+perdido, sino contraproducente, pues recrudeció su soberbia y le
+infundió mayores deseos de emanciparse de todo yugo. Aspiraba el señor
+de la Lage a que su sobrino se estableciese en Santiago, levantando la
+casa de los Pazos y visitándola los veranos solamente, a fin de
+recrearse y vigilar sus fincas; y al dar tales consejos a su yerno, los
+entreveraba con indirectas y alusiones, para demostrar que nada ignoraba
+de cuanto sucedía en la vieja madriguera de los Ulloas. Este género de
+imposición y fiscalización, aunque tan disculpable, irritó a don Pedro,
+que según decía, no aguantaba ancas ni gustaba de ser manejado por nadie
+en el mundo.
+
+--Por lo mismo--declaró un día delante de su mujer--vamos a tomar soleta
+pronto. A mí nadie me trae y lleva desde que pasé de chiquillo. Si callo
+a veces, es porque estoy en casa ajena.
+
+Estar en casa ajena le exaltaba. Todo cuanto veía lo encontraba
+censurable y antipático. El decoroso fausto del señor de la Lage; sus
+bandejas y candelabros de plata; su mueblaje rico y antiguo; la
+respetabilidad de sus relaciones, compuestas de lo más selecto de la
+ciudad; su honesta tertulia nocturna de canónigos y personas formales
+que venían a hacerle la partida de tresillo; sus criados respetuosos, a
+veces descuidados, pero nunca insolentes ni entrometidos, todo se le
+figuraba a don Pedro sátira viviente del desarreglo de los Pazos, de
+aquella vida torpe, de las comidas sin mantel, de las ventanas sin
+vidrios, de la familiaridad con mozas y gañanes. Y no se le despertaba
+la saludable emulación, sino la ruin envidia y su hermano el ceñudo
+despecho. Únicamente le consolaban los desatinados amoríos de Carmen;
+celebraba la gracia, frotándose las manos, siempre que en el Casino se
+comentaba la procacidad del estudiante y el descaro de la chiquilla.
+¡Que rabiase su suegro! No bastaba tener sillas de damasco y alfombras
+para evitar escándalos.
+
+Los altercados de don Pedro con su tío iban agriándose, y vino a
+envenenarlos la discusión política, que enzarza más que ninguna otra,
+especialmente a los que discuten por impresión, sin ideas fijas y
+razonadas. Fuerza es confesar que el marqués estaba en este caso. Don
+Manuel no era ningún lince, pero afiliado platónicamente desde muchos
+años atrás al partido moderado puro, hecho a leer periódicos, conocía la
+rutina; y había tomado tan a contrapelo el chasco de González Bravo y la
+marcha de Isabel II, que se disparaba, poniéndose a dos dedos de
+ahogarse, cuando el sobrino, por molestarle, le contradecía, disculpaba
+a los revolucionarios, repetía las enormidades que la prensa y las
+lenguas de entonces propalaban contra la majestad caída, y aparentaba
+creerlas como artículo de fe. El tío le rebatía con acritud y calor,
+alzando al cielo las gigantescas manos.
+
+--Allá en las aldeas--decía--se traga todo, hasta el mayor disparate.... No
+tenéis formado el criterio, hijo, no tenéis formado el criterio, ésa es
+vuestra desgracia.... Lo miráis todo al través de un punto de vista que
+os forjáis vosotros mismos... (este tremendo disparate debía haberlo
+aprendido don Manuel en algún artículo de fondo). Hay que juzgar con la
+experiencia, con la sensatez.
+
+--¿Y usted se figura que somos tontos los que venimos de allá...? Puede
+ser que aún tengamos más pesquis, y veamos lo que ustedes no ven...
+(aludía a su prima Carmen, colgada de la galería en aquel momento).
+Créame usted, tío, en todas partes hay bobalicones que se maman el
+dedo.... ¡Vaya si los hay!
+
+La discusión tomaba carácter personal y agresivo; solía esto ocurrir a
+la hora de la sobremesa; las tazas del café chocaban furiosas contra los
+platillos; don Manuel, trémulo de coraje, vertía el anisete al llevarlo
+a la boca; tío y sobrino alzaban la voz mucho más de lo regular, y
+después de algún descompasado grito o frase dura, había instantes de
+armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y
+Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba
+muy despacio las servilletas de todos deslizándolas en las anillas. Don
+Pedro se levantaba de repente, rechazando su silla con energía, y,
+haciendo temblar el piso bajo su andar fuerte, se largaba al Casino,
+donde las mesas de tresillo funcionaban día y noche.
+
+Tampoco allí se encontraba bien. Sofocábale cierta atmósfera
+intelectual, muy propia de ciudad universitaria. Compostela es pueblo en
+que nadie quiere pasar por ignorante, y comprendía el señorito cuánto se
+mofarían de él y qué chacota se le preparaba, si se averiguase con
+certeza que no estaba fuerte en ortografía ni en otras _ías_ nombradas
+allí a menudo. Se le sublevaba su amor propio de monarca indiscutible en
+los Pazos de Ulloa al verse tenido en menos que unos catedráticos
+acatarrados y pergaminosos, y aun que unos estudiantes troneras, con las
+botas rojas y el cerebro caliente y vibrante todavía de alguna lectura
+de autor moderno, en la Biblioteca de la Universidad o en el gabinete
+del Casino. Aquella vida era sobrado activa para la cabeza del señorito,
+sobrado entumecida y sedentaria para su cuerpo; la sangre se le
+requemaba por falta de esparcimiento y ejercicio, la piel le pedía con
+mucha necesidad baños de aire y sol, duchas de lluvia, friegas de
+espinos y escajos, ¡plena inmersión en la atmósfera montés!
+
+No podía sufrir la nivelación social que impone la vida urbana; no se
+habituaba a contarse como número par en un pueblo, habiendo estado
+siempre de nones en su residencia feudal. ¿Quién era él en Santiago? Don
+Pedro Moscoso a secas; menos aún: el yerno del señor de la Lage, el
+marido de Nucha Pardo. El marquesado allí se había deshecho como la sal
+en el agua, merced a la malicia de un viejecillo, miembro del
+maldiciente triunvirato, a quien correspondía, por su acerada y
+prodigiosa memoria y años innumerables, el ramo de averiguación y
+esclarecimiento de añejos sucedidos, así como al más joven, que
+conocemos ya, tocaban las investigaciones de actualidad, viniendo a ser
+cronista el uno y analista el otro de la metrópoli. El cronista, pues,
+hizo su oficio desentrañando la genealogía entera y verdadera de las
+casas de Cabreira y Moscoso, probando ce por be que el título de Ulloa
+no correspondía ni podía corresponder sino al duque de tal y cual,
+grande de España, etc.; y demostrándolo mediante oportuna exhibición de
+la _Guía de Forasteros_. Por cierto que al instruir estas diligencias se
+hizo bastante burla de don Pedro y del señor de la Lage, a quien se
+acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de sábanas
+regalado a su hija; inocente desliz que el analista confirmó,
+especificando dónde y cómo se habían marcado las susodichas sábanas, y
+cuánto había costado el _escusón_ y el perendengue de la coronita.
+
+Impaciente ya, resolvió don Pedro la marcha antes de que pasase la
+inclemencia del invierno, a fines de un marzo muy esquivo y desapacible.
+Salía el coche para Cebre tan de madrugada, que no se veía casi; hacía
+un frío cruel, y Nucha, acurrucada en el rincón del incómodo vehículo,
+se llevaba a menudo el pañuelo a los ojos, por lo cual su marido la
+interpeló con poca blandura:
+
+--¿Parece que vienes de mala gana conmigo?
+
+--¡Qué cosas tienes!--respondió la muchacha destapando el rostro y
+sonriendo--. Es natural que sienta dejar al pobre papá y... y a las
+chicas.
+
+--Pues ellas--murmuró el señorito--me parece que no te echarán memoriales
+para que vuelvas.
+
+Nucha calló. El carruaje brincaba en los baches de la salida, y el
+mayoral, con voz ronca, animaba al tiro. Alcanzaron la carretera y rodó
+el armatoste sobre una superficie más igual. Nucha reanudó el diálogo
+preguntando a su marido pormenores relativos a los Pazos, conversación a
+que él se prestaba gustoso, ponderando hiperbólicamente la hermosura y
+salubridad del país, encareciendo la antigüedad del caserón y alabando
+la vida cómoda e independiente que allí se hacía.
+
+--No creas--decía a su mujer, alzando la voz para que no la cubriese el
+ruido de los cascabeles y el retemblar de los vidrios--, no creas que no
+hay gente fina allí.... La casa está rodeada de señorío principal: las
+señoritas de Molende, que son muy simpáticas; Ramón Limioso, un cumplido
+caballero.... También nos hará compañía el Abad de Naya.... ¡Pues y el
+nuestro, el de Ulloa, que es presentado por mí! Ése es tan mío como los
+perros que llevo a cazar.... No le mando que ladre y que porte porque no
+se me antoja. ¡Ya verás, ya verás! Allí es uno alguien y supone algo.
+
+A medida que se acercaban a Cebre, que entraba en sus dominios, se
+redoblaba la alegre locuacidad de don Pedro. Señalaba a los grupos de
+castaños, a los escuetos montes de aliaga y exclamaba regocijadísimo:
+
+--¡Foro de casa...! ¡Foro de casa...! No corre por ahí una liebre que no
+paste en tierra mía.
+
+La entrada en Cebre acrecentó su alborozo. Delante de la posada
+aguardaban Primitivo y Julián; aquél con su cara de metal, enigmática y
+dura, éste con el rostro dilatado por afectuosísima sonrisa. Nucha le
+saludó con no menor cordialidad. Bajaron los equipajes, y Primitivo se
+adelantó trayendo a don Pedro su lucia y viva yegua castaña. Iba éste a
+montar, cuando reparó en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha,
+y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de
+esos que por formar en el centro una especie de comba, más parecen
+hechos para despedir al jinete que para sustentarlo.
+
+--¿Cómo no le has traído a la señorita la borrica?--preguntó don Pedro,
+deteniéndose antes de montar, con un pie en el estribo y una mano asida
+a las crines de la yegua, y mirando al cazador con desconfianza.
+
+Primitivo articuló no sé qué de una pata coja, de un tumor frío....
+
+--¿Y no hay más borricos en el país?, ¿eh? A mí no me vengas con eso. Te
+sobraba tiempo para buscar diez pollinas.
+
+Volvióse hacia su mujer, y como para tranquilizar su conciencia,
+preguntóle:
+
+--¿Tienes miedo, chica? Tú no estarás acostumbrada a montar. ¿Has andado
+alguna vez en esta casta de aparejos? ¿Sabes tenerte en ellos?
+
+Nucha permanecía indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sin
+soltar de la otra el saquillo de viaje. Al cabo murmuró:
+
+--Lo que es tenerme, sé.... El año pasado, cuando estuve de baños, monté
+en mil aparejos nunca vistos.... Sólo que ahora....
+
+Soltó el traje de repente, llegóse a su marido, y le pasó un brazo
+alrededor del cuello, escondiendo la cara en su pechera como la primera
+vez que había tenido que abrazarle; y allí, en una especie de murmullo o
+secreteo dulcísimo, acabó la frase interrumpida. Pintóse en el rostro
+del marqués la sorpresa, y casi al mismo tiempo la alegría inmensa,
+radiante, el júbilo orgulloso, la exaltación de una victoria. Y
+apretando contra sí a su mujer, con amorosa protección, exclamó a
+gritos:
+
+--O no hay en tres leguas a la redonda una pollina mansa, o aunque la
+tenga el mismo Dios del cielo y no la quiera prestar, aquí vendrá para
+ti, a fe de Pedro Moscoso. Aguarda, hija, aguarda un minuto nada más....
+O mejor dicho, entra en la posada y siéntate.... A ver, un banco, una
+silla para la señorita.... Espera, _Nuchiña_, vengo volando. Primitivo,
+acompáñame tú. Abrígate, Nucha.
+
+Volando no, pero sí al cabo de media hora, volvió sin aliento. Traía del
+ronzal una oronda borriquilla, bien arreada, dócil y segura: la propia
+hacanea de la mujer del juez de Cebre. Don Pedro tomó en brazos a su
+esposa y la sentó en la albarda, arreglándole la ropa con esmero.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+Así que pudieron conferenciar reservadamente capellán y señorito,
+preguntó don Pedro, sin mirar cara a cara a Julián:
+
+--¿Y... _ésa_? ¿Está todavía por aquí? No la he visto cuando entramos.
+
+Como Julián arrugase el entrecejo, añadió:
+
+--Está, está.... Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no
+había encontrado modo de sacudírsela de encima.
+
+--Señorito, la verdad...--articuló Julián bastante disgustado--. Yo no sé
+qué decir.... Ha sido una cosa que se ha ido enredando.... Primitivo me
+juró y perjuró que la muchacha se iba a casar con el gaitero de Naya....
+
+--Ya sé quién es--dijo entre dientes don Pedro, cuyo rostro se anubló.
+
+--Pues yo... como era bastante natural, lo creí. Además tuve ocasión de
+persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel... tienen... trato.
+
+--¿Ha averiguado usted todo eso?--interrogó el marqués con ironía.
+
+--Señor, yo.... Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme
+para no caer de inocente.... He preguntado por ahí y todo el mundo está
+conforme en que andan para casarse; hasta don Eugenio, el abad de Naya,
+me dijo que el muchacho había pedido sus papeles. Y por cierto que, a
+pretexto de no sé qué enredo o dificultad en los tales papeles dichosos,
+no se hizo la cosa todavía.
+
+Quedóse don Pedro callado, y al fin prorrumpió:
+
+--Es usted un santo. Ya podían venirme a mí con ésas.
+
+--Señor, la verdad es que si tuvieron intención de engañarme... digo que
+son unos grandísimos pillos. Y la Sabel, si no está muerta y penada por
+el gaitero, lo figura que es un asombro. Hace dos semanas fue a casa de
+don Eugenio y se le arrodilló llorando y pidiendo por Dios que se diese
+prisa a arreglarle el casamiento, porque aquel día sería el más feliz de
+su vida. Don Eugenio me lo ha contado, y don Eugenio no dice una cosa
+por otra.
+
+--¡Bribona! ¡Bribonaza!--tartamudeó el señorito, iracundo, paseándose por
+la habitación aceleradamente.
+
+Sosegóse no obstante muy luego, y agregó:
+
+--No me pasmo de nada de eso, ni digo que don Eugenio mienta; pero...
+usted... es un papanatas, un infeliz, porque aquí no se trata de Sabel,
+¿entiende usted?, sino de su padre, de su padre. Y su padre le ha
+engañado a usted como a un chino, vamos. La... mujer ésa, bien comprendo
+que rabia por largarse; mas Primitivo es abonado para matarla antes que
+tal suceda.
+
+--No, si también empezaba yo a maliciarme eso.... Mire usted que empezaba
+a maliciármelo.
+
+El señorito se encogió de hombros con desdén, y exclamó:
+
+--A buena hora.... Deje usted ya de mi cuenta este asunto.... Y por lo
+demás..., ¿qué tal, qué tal?
+
+--Muy mansos..., como corderos.... No se me han opuesto de frente a nada.
+
+--Pero habrán hecho de lado cuanto se les antoje.... Mire usted, don
+Julián, a veces me dan ganas de empapillarle a usted. Lo mismito que a
+los pichones.
+
+Julián replicó todo compungido:
+
+--Señorito, acierta usted de medio a medio. No hay forma de conseguir
+nada aquí si Primitivo se opone. Tenía usted razón cuando me lo
+aseguraba el año pasado. Y de algún tiempo acá, parece que aún le tienen
+mayor respeto, por no decir más miedo. Desde que se armó la revolución y
+andan agitadas las cosas políticas, y cada día recibimos una noticia
+gorda, creo que Primitivo se mezcla en esos enredos, y recluta satélites
+en el país.... Me lo ha asegurado don Eugenio, añadiendo que ya antes
+tenía subyugada a mucha gente prestando a réditos.
+
+Guardaba silencio don Pedro. Por fin alzó la cabeza y dijo:
+
+--¿Se acuerda usted de la burra que hubo que buscar en Cebre para mi
+mujer?
+
+--¡No me he de acordar!
+
+--Pues la señora del juez..., ríase usted un poco, hombre..., la señora
+del juez se avino a prestármela porque iba Primitivo conmigo. Si no....
+
+No hizo Julián reflexión alguna acerca de un suceso que tanto indignaba
+al marqués. Al terminar la conferencia, don Pedro le puso la mano en el
+hombro.
+
+--¿Y por qué no me da usted la enhorabuena, desatento?--exclamó con
+aquella misma irradiación que habían tenido sus pupilas en Cebre.
+
+Julián no entendía. El señorito se explicó cayéndosele la baba de gozo.
+Sí, señor, para octubre, el tiempo de las castañas..., esperaba el mundo
+un Moscoso, un Moscoso auténtico y legítimo... hermoso como un sol
+además.
+
+--¿Y no puede también ser una Moscosita?--preguntó Julián después de
+reiteradas felicitaciones.
+
+--¡Imposible!--gritó el marqués con toda su alma. Y como el capellán se
+echase a reír, añadió:--Ni de guasa me lo anuncie usted, don Julián.... Ni
+de guasa. Tiene que ser un chiquillo, porque si no le retuerzo el
+pescuezo a lo que venga. Ya le he encargado a Nucha que se libre bien de
+traerme otra cosa más que un varón. Soy capaz de romperle una costilla
+si me desobedece. Dios no me ha de jugar tan mala pasada. En mi familia
+siempre hubo sucesión masculina: Moscosos crían Moscosos, es ya
+proverbial. ¿No lo ha reparado usted cuando estuvo almorzándose el polvo
+del archivo? Pero usted es capaz de no haber reparado tampoco el estado
+de mi mujer, si no le entero yo ahora.
+
+Y era verdad. No sólo no lo había echado de ver, sino que tan natural
+contingencia no se le había pasado siquiera por las mientes. La
+veneración que por Nucha sentía y que iba acrecentándose con el trato,
+cerraba el paso a la idea de que pudiesen ocurrirle los mismos percances
+fisiológicos que a las demás hembras del mundo. Justificaba esta
+candorosa niñería el aspecto de Nucha. La total inocencia, que se
+pintaba en sus ojos vagos y como perdidos en contemplaciones de un mundo
+interior, no había menguado con el matrimonio; las mejillas, un poco más
+redondeadas, seguían tiñéndose del carmín de la vergüenza por el menor
+motivo. Si alguna variación podía observarse, algún signo revelador del
+tránsito de virgen a esposa, era quizás un aumento de pudor; pudor, por
+decirlo así, más consciente y seguro de sí mismo; instinto elevado a
+virtud. No se cansaba Julián de admirar la noble seriedad de Nucha
+cuando una chanza atrevida o una palabra malsonante hería sus oídos; la
+dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable
+que la resguardaba hasta contra las osadías del pensamiento; la bondad
+con que agradecía la atención más leve, pagándola con frases compuestas,
+pero sinceras; la serenidad de toda su persona, semejante al caer de una
+tarde apacibilísima. Parecíale a Julián que Nucha era ni más ni menos
+que el tipo ideal de la bíblica Esposa, el poético ejemplar de la Mujer
+fuerte, cuando aún no se ha borrado de su frente el nimbo del candor, y
+sin embargo ya se adivina su entereza y majestad futura. Andando el
+tiempo aquella gracia había de ser severidad, y a las oscuras trenzas
+sucederían las canas de plata, sin que en la pura frente imprimiese
+jamás una mancha el delito ni una arruga el remordimiento. ¡Cuán
+sazonada madurez prometía tan suave primavera! Al pensarlo, felicitábase
+otra vez Julián por la parte que le cabía en la acertada elección del
+señorito.
+
+Con desinteresada satisfacción se decía a sí mismo que había logrado
+contribuir al establecimiento de una cosa gratísima a Dios, e
+indispensable a la concertada marcha de la sociedad: el matrimonio
+cristiano, lazo bendito, por medio del cual la Iglesia atiende
+juntamente, con admirable sabiduría, a fines espirituales y materiales,
+santificando los segundos por medio de los primeros. «La índole de tan
+sagrada institución--discurría Julián--es opuesta a impúdicos extremos y
+arrebatos, a romancescos y necios desahogos, ardientes y roncos arrullos
+de tórtola»; por eso alguna vez que el esposo se deslizaba a
+familiaridades más despóticas que tiernas, parecíale al capellán que la
+esposa sufría mucho, herida en su cándida modestia, en su decente
+compostura; figurábasele que la caída de sus párpados, su encendimiento,
+su silencio, eran muda protesta contra libertades impropias del honesto
+trato conyugal. Si ante él sucedían tales cosas, a la mesa por ejemplo,
+Julián torcía la cara, haciéndose el distraído, o alzaba el vaso para
+beber, o fingía atender a los perros, que husmeaban por allí.
+
+Le asaltaba entonces un escrúpulo, de ésos que se quiebran de sutiles.
+Por muy perfecta casada que hiciese Nucha, su condición y virtudes la
+llamaban a otro estado más meritorio todavía, más parecido al de los
+ángeles, en que la mujer conserva como preciado tesoro su virginal
+limpieza. Sabía Julián por su madre que Nucha manifestaba a veces
+inclinación a la vida monástica, y daba en la manía de deplorar que no
+hubiese entrado en un convento. Siendo Nucha tan buena para mujer de un
+hombre, mejor sería para esposa de Cristo; y las castas nupcias dejarían
+intacta la flor de su inocencia corporal, poniéndola para siempre al
+abrigo de las tribulaciones y combates que en el mundo nunca faltan.
+
+Esto de los combates le recordaba a Sabel. ¿Quién duda que su
+permanencia en casa era ya un peligro para la tranquilidad de la esposa
+legítima? No imaginaba Julián riesgos inmediatos, pero presentía algo
+amenazador para lo porvenir. ¡Horrible familia ilegal, enraizada en el
+viejo caserón solariego como las parietarias y yedras en los derruidos
+muros! Al capellán le entraban a veces impulsos de coger una escoba, y
+barrer bien fuerte, bien fuerte, hasta que echase de allí a tan mala
+ralea. Pero cuando iba más determinado a hacerlo, tropezaba en la
+egoísta tranquilidad del señorito y en la resistencia pasiva,
+incontrastable del mayordomo. Sucedió además una cosa que aumentó la
+dificultad de la barredura: la cocinera enviada de Santiago empezó a
+malhumorarse, quejándose de que no entendía la cocina, de que la leña no
+ardía bien, del humo, de todo; Sabel, muy servicial, acudió a ayudarla;
+y a los pocos días la cocinera, cansada de aldea, se despidió con malos
+modos, y Sabel quedó en su sitio, sin que mediasen más fórmulas para el
+reemplazo que asir el mango de la sartén cuando la otra lo soltó. Julián
+no tuvo ni tiempo de protestar contra este cambio de ministerio y vuelta
+al antiguo régimen. Lo cierto es que la familia espuria se mostraba por
+entonces incomparablemente humilde: a Primitivo no se le encontraba sino
+llamándole cuando hacía falta; Sabel se eclipsaba apenas dejaba la
+comida puesta a la lumbre y confiada al cuidado de las mozas de
+fregadero; el chiquillo parecía haberse evaporado.
+
+Y con todo, al capellán no le llegaba la camisa al cuerpo. ¡Si Nucha se
+enteraba! ¿Y quién duda que se enteraría en el momento menos pensado?
+Por desgracia la nueva esposa mostraba afición suma a recorrer la casa,
+a informarse de todo, a escudriñar los sitios más recónditos y
+trasconejados, verbigracia desvanes, bodegas, lagar, palomar, hórreos,
+_tulla_, perreras, cochiqueras, gallinero, establos y _herbeiros_ o
+depósitos de forraje. No le llegaba a Julián la camisa al cuerpo,
+temblando que en alguna de estas dependencias recibiese Nucha a boca de
+jarro, por impensado incidente, la atroz revelación. Y al mismo tiempo,
+¿cómo oponerse al útil merodeo del ama de casa hacendosa por sus
+dominios? Parecía que con la joven señora entraban en cada rincón de los
+Pazos la alegría, la limpieza y el orden, y que la saludaba el rápido
+bailotear del polvo arremolinado por las escobas, la vibración del rayo
+de sol proyectado en escondrijos y zahurdas donde las espesas telarañas
+no lo habían dejado penetrar desde años antes.
+
+Seguía Julián a Nucha en sus exploraciones, a fin de vigilar y evitar,
+si cabía, cualquier suceso desgraciado. Y en efecto, su intervención fue
+provechosa cuando Nucha descubrió en el gallinero cierto pollo implume.
+El caso merece referirse despacio.
+
+Había observado Nucha que en aquella casa de bendición las gallinas no
+ponían jamás, o si ponían no se veía la postura. Afirmaba don Pedro que
+se gastaban al año bastantes _ferrados_ de centeno y mijo en el corral;
+y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de sí. Lo que es
+cacarear, cacareaban como descosidas, indicio evidente de que andaban en
+tratos de soltar el huevo; oíase el himno triunfal de las fecundas a la
+vez que el blando cloquear de las lluecas; se iba a ver el nido, se
+advertía en él suave calorcillo, se distinguía la paja prensada
+señalando en relieve la forma del huevo.... Y nada; que no se podía
+juntar ni para una mala tortilla. Nucha permanecía ojo alerta. Un día
+que acudió más diligente al cacareo delator, divisó agazapado en el
+fondo del gallinero, escondiéndose como un ratoncillo, un rapaz de pocos
+años. Sólo asomaban entre la paja de la nidadura sus descalzos pies.
+Nucha tiró de ellos y salió el cuerpo, y tras del cuerpo las manos, en
+las cuales venía ya el plato que apetecía el ama de casa, pues los
+huevos que el chico acababa de ocultar se le habían roto con la prisa, y
+la tortilla estaba allí medio hecha, batida por lo menos.
+
+--¡Ah pícaro!--exclamó Nucha cogiéndole y sacándole afuera, a la luz del
+corral--. ¡Te voy a desollar vivo, gran tunante! ¡Ya sabemos quién es el
+zorro que se come los huevos! Hoy te pongo el trasero en remojo, donde
+no lo veas.
+
+Agitábase y perneaba el ladrón en miniatura; Nucha sintió lástima,
+imaginándose que sollozaba con desconsuelo. Apenas logró verle un minuto
+la cara desviándole de ella los brazos, pudo convencerse de que el muy
+insolente no hacía sino reírse a más y a mejor, y también notar la
+extraordinaria lindeza del desharrapado chicuelo. Julián, testigo
+inquieto de esta escena, se adelantó y quiso arrebatárselo a Nucha.
+
+--Déjemelo usted, don Julián...--suplicó ella--. ¡Qué guapo!, ¡qué pelo!,
+¡qué ojos! ¿De quién es esta criatura?
+
+Nunca el timorato capellán sintió tantas ganas de mentir. No atinó, sin
+embargo.
+
+--Creo...--tartamudeó atragantándose--, creo que... de Sabel, la que guisa
+estos días.
+
+--¿De la criada? Pero.... ¿está casada esa chica?
+
+Creció la turbación de Julián. De esta vez tenía en la garganta una pera
+de ahogo.
+
+--No, señora; casada, no.... Ya sabe usted que... desgraciadamente... las
+aldeanas..., por aquí... no es común que guarden el mayor recato....
+Debilidades humanas.
+
+Sentóse Nucha en un poyo del corral que con el gallinero lindaba, sin
+soltar al chiquillo, empeñándose en verle la cara mejor. Él porfiaba en
+taparla con manos y brazos, pegando respingos de conejo montés cautivo y
+sujeto. Sólo se descubría su cabellera, el monte de rizos castaños como
+la propia castaña madura, envedijados, revueltos con briznas de paja y
+motas de barro seco, y el cuello y nuca, dorados por el sol.
+
+--Julián, ¿tiene usted ahí una pieza de dos cuartos?
+
+--Sí, señora.
+
+--Toma, _rapaciño_.... A ver si me pierdes el miedo.
+
+Fue eficaz el conjuro. Alargó el chiquillo la mano, y metió rápidamente
+en el seno la moneda. Nucha vio entonces el rostro redondeado, hoyoso,
+graciosísimo y correcto a la vez, como el de los amores de bronce que
+sostienen mecheros y lámparas. Una risa entre picaresca y celestial
+alegraba tan linda obra de la naturaleza. Nucha le plantó un beso en
+cada carrillo.
+
+--¡Qué monada! ¡Dios lo bendiga! ¿Cómo te llamas, pequeño?
+
+--Perucho--contestó el pilluelo con sumo desenfado.
+
+--¡El nombre de mi marido!--exclamó la señorita con viveza--. ¿Apostemos a
+que es su ahijado? ¿Eh?
+
+--Es su ahijado, su ahijado--se apresuró a declarar Julián, que desearía
+ponerle al chico un tapón en aquella boca risueña, de carnosos labios
+cupidinescos. No pudiendo hacerlo intentó sacar la conversación de
+terreno tan peligroso.
+
+--¿Para qué querías tú los huevos? Dilo y te doy otros dos cuartos, anda.
+
+--Los vendo--declaró Perucho concisamente.
+
+--Con que los vendes, ¿eh? Tenemos aquí un negociante.... ¿Y a quién los
+vendes?
+
+--A las mujeres de por ahí, que van a la _vila_....
+
+--Sepamos, ¿a cómo te pagan?
+
+--Dos cuartos por la _ducia_.
+
+--Pues mira--díjole Nucha cariñosamente--, de aquí en adelante me los vas a
+vender a mí, que te pagaré otro tanto. Por lo bonito que eres no quiero
+reñirte ni enfadarme contigo. ¡Quiá! Vamos a ser muy amigotes tú y yo.
+Lo primerito que te he de regalar son unos pantalones.... No andas muy
+decente que digamos.
+
+En efecto, por los desgarrones y aberturas del sucio calzón de estopa
+del chico hacían irrupción sus fresquísimas y lozanas carnes, cuya
+morbidez no alcanzaba a encubrir el fango y suciedad que les servía de
+vestidura, a falta de otra más decorosa.
+
+--¡Angelitos!--murmuró Nucha--. ¡Parece mentira que los traigan así! Yo no
+sé cómo no se matan, cómo no perecen de frío.... Julián, hay que vestir a
+este niño Jesús.
+
+--Sí, ¡buen niño Jesús está él!--gruñó Julián--. El mismísimo enemigo malo,
+¡Dios me perdone! No le tenga lástima, señorita; es un diablillo, más
+travieso que un mico.... Lo que no hice yo para enseñarle a leer y
+escribir, para acostumbrarle a que se lavase esos hocicos y esas
+patas.... ¡Ni atándolo, señorita, ni atándolo! Y está más sano que una
+manzana con la vida que trae. Ya se ha caído dos veces al estanque este
+año, y de una por poco se ahoga.
+
+--Vaya, Julián, ¿qué quiere usted que haga a su edad? No ha de ser formal
+como los mayores. Ven conmigo, rapaz, que voy a arreglarte algo para que
+te tapes esas piernecitas.... ¿No tiene calzado? Pues hay que encargarle
+unos zuecos bien fuertes, de álamo.... Y le voy a predicar un sermón a su
+madre para que me lo enjabone todos los días. Usted le va a dar lección
+otra vez. O le haremos ir a la escuela, que será lo mejor.
+
+No hubo quien apease a Nucha de su caritativo propósito. Julián estaba
+con el alma en un hilo, temiendo que de semejante aproximación resultase
+alguna catástrofe. No obstante, la bondad natural de su corazón hizo que
+se interesase nuevamente por aquella obra pía, que ya había intentado
+sin fruto. Veía en ella mayor demostración de la hermosura moral de
+Nucha. Parecíale que era providencial el que la señorita cuidase a aquel
+mal retoño de tronco ruin. Y Nucha entretanto se divertía infinito con
+su protegido; hacíale gracia su propia desvergüenza, sus instintos
+truhanescos, su afán por apandar huevos y fruta, su avidez al coger las
+monedas, su afición al vino y a los buenos bocados. Aspiraba a enderezar
+aquel arbolito tierno, civilizándole a la vez la piel y el espíritu.
+Obra de romanos, decía el capellán.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+Por entonces se dedicó el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la
+aristocracia circunvecina. Nucha montaba la borriquilla, y su marido la
+yegua castaña; Julián los acompañaba en mula; alguno de los perros
+favoritos del marqués se incorporaba a la comitiva siempre, y dos mozos,
+vestidos con la ropa dominguera, la más bordada faja, el sombrero de
+fieltro nuevecito, empuñando varas verdes que columpiaban al andar, iban
+de espolistas, encargados de _tener mano_ de las monturas cuando se
+apeasen los jinetes.
+
+La tanda empezó por la señora jueza de Cebre. Abrió la puerta la criada
+en pernetas, que al ver a Nucha bajarse de su cabalgadura y arreglar los
+volantes del traje con el mango de la sombrilla, echó a correr
+despavorida hacia el interior de la casa, clamando como si anunciase
+fuego o ladrones:
+
+--Señora.... ¡Ay, mi señora! ¡Unos señores...!, ¡hay unos señores aquí!
+
+Ningún eco respondió a sus alaridos de consternación; pero transcurridos
+breves minutos, apareció en el zaguán el juez en persona, deshaciéndose
+en excusas por la torpeza de la muchacha: era inconcebible el trabajo
+que costaba domesticarlas; se les repetía mil veces la misma cosa, y
+nada, no aprendían a recibir a las... pues... de la manera que.... Al
+murmurar así, arqueaba el codo ofreciendo a Nucha el sostén de su brazo
+para subir la escalera; y siendo ésta tan angosta que no cabían dos
+personas de frente, la señora de Moscoso pasaba los mayores trabajos del
+mundo intentando asirse con las yemas de los dedos al brazo del buen
+señor, que subía dos escalones antes que ella todo torcido y sesgado.
+Llegados a la puerta de la sala, el juez empezó a palparse, buscando
+ansiosamente algo en los bolsillos, articulando a media voz monosílabos
+entrecortados y exclamaciones confusas. De repente exhaló una especie de
+bramido terrible.
+
+--Pepa.... ¡Pepaaaá!
+
+Se oyó el ¡_clac_! de los pies descalzos, y el juez interpeló a la
+fámula:
+
+--La llave, ¿vamos a ver? ¿Dónde Judas has metido la llave?
+
+Pepa se la alargaba ya a toda prisa, y el juez, cambiando de tono y
+pasando de la más furiosa ronquera a la más meliflua dulzura, empujó la
+puerta y dijo a Nucha:
+
+--Por aquí, señora mía, por aquí..., tenga usted la bondad....
+
+La sala estaba completamente a oscuras. Nucha tropezó con una mesa, a
+tiempo que el juez repetía:
+
+--Tenga usted la bondad de sentarse, señora mía.... Usted dispense....
+
+La claridad que bañó la habitación, una vez abiertas las maderas de la
+ventana, permitió a Nucha distinguir al fin el sofá de _repis_ azul, los
+dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a
+los pies del sofá y que representaba un ferocísimo tigre de Bengala,
+color de canela fina. Al juez todo se le volvía acomodar a los
+visitadores, insistiendo mucho en si al marqués de Ulloa le convenía la
+luz de frente o estaría mejor de espaldas a la vidriera; al mismo tiempo
+lanzaba ojeadas de sobresalto en derredor, porque le iba sabiendo mal la
+tardanza de su mujer en presentarse. Esforzábase en sostener la
+conversación, pero su sonrisa tenía la contracción de una mueca, y su
+ojo severo se volvía hacia la puerta muy a menudo. Al cabo se oyó en el
+corredor crujido de enaguas almidonadas: la señora jueza entró, sofocada
+y compuesta de fresco, según claramente se veía en todos los pormenores
+de su tocado; acababa de embutir su respetable humanidad en el corsé, y
+sin embargo no había logrado abrochar los últimos botones del corpiño de
+seda; el moño postizo, colocado a escape, se torcía inclinándose hacia
+la oreja izquierda; traía un pendiente desabrochado, y no habiéndole
+llegado el tiempo para calzarse, escondía con mil trabajos, entre los
+volantes pomposos de la falda de seda, las babuchas de orillo.
+
+Aunque Nucha no pecaba de burlona, no pudo menos de hacerle gracia el
+atavío de la jueza, que pasaba por el figurín vivo de Cebre, y a
+hurtadillas sonrió a Julián mostrándole con imperceptible guiño los
+collares, dijes y broches que lucía en el cuello la señora, mientras
+ésta a su vez devoraba e inventariaba el sencillo adorno de la recién
+casada santiaguesa. La visita fue corta, porque el marqués deseaba
+_cumplir_ aquel mismo día con el Arcipreste, y la parroquia de Loiro
+distaba una legua por lo menos de la villita de Cebre. Se despidieron de
+la autoridad judicial tan ceremoniosamente como habían entrado, con los
+mismos requilorios de brazo y acompañamiento y muchos ofrecimientos de
+casa y persona.
+
+Era preciso para ir a Loiro internarse bastante en la montaña, y seguir
+una senda llena de despeñaderos y precipicios, que sólo se hacía
+practicable al acercarse a los dominios del arciprestazgo, vastos y
+ricos algún día, hoy casi anulados por la desamortización. La rectoral
+daba señales de su esplendor pasado; su aspecto era conventual; al
+entrar y apearse en el zaguán, los señores de Ulloa sintieron la
+impresión del frío subterráneo de una ancha cripta abovedada, donde la
+voz humana retumbaba de un modo extraño y solemne. Por la escalera de
+anchos peldaños y monumental balaústre de piedra bajaba
+dificultosamente, con la lentitud y el balanceo con que caminan los osos
+puestos en dos pies, una pareja de seres humanos monstruosa, deforme,
+que lo parecía más viéndola así reunida: el Arcipreste y su hermana.
+Ambos jadeaban: su dificultosa respiración parecía el resuello de un
+accidentado; las triples roscas de la papada y el rollo del pestorejo
+aureolaban con formidable nimbo de carne las faces moradas de puro
+inyectadas de sangre espesa; y cuando se volvían de espaldas, en el
+mismo sitio en que el Arcipreste lucía la tonsura ostentaba su hermana
+un moñito de pelo gris, análogo al que gastan los toreros. Nucha, a
+quien el recibimiento del juez y el tocado de su señora habían puesto de
+buen humor, volvió a sonreír disimuladamente, sobre todo al notar los
+_quidproquos_ de la conversación, producidos por la sordera de los dos
+respetables hermanos. No desmintiendo éstos la hospitalaria tradición
+campesina, hicieron pasar a los visitadores, quieras no quieras, al
+comedor, donde un mármol se hubiera reído también observando cómo la
+mesa del refresco, la misma en que comían a diario los dueños de casa,
+tenía dos escotaduras, una frente a otra, sin duda destinadas a alojar
+desahogadamente la rotundidad de un par de abdómenes gigantescos.
+
+El regreso a los Pazos fue animado por comentarios y bromas acerca de
+las visitas: hasta Julián dio de mano a su formalidad y a su indulgencia
+acostumbrada para divertirse a cuenta de la mesa escotada y del almacén
+de quincalla que la señora jueza lucía en el pescuezo y seno. Pensaban
+con regocijo en que al día siguiente se les preparaba otra excursión del
+mismo género, sin duda igualmente divertida: tocábales ver a las
+señoritas de Molende y a los señores de Limioso.
+
+Salieron de los Pazos tempranito, porque bien necesitaban toda la larga
+tarde de verano para cumplir el programa; y acaso no les alcanzaría, si
+no fuese porque a las señoritas de Molende no las encontraron en casa;
+una mocetona que pasaba cargada con un haz de hierba explicó
+difícilmente que las señoritas _iban en_ la feria de Vilamorta, y sabe
+Dios cuándo volverían de allá. Le pesó a Nucha, porque las señoritas,
+que habían estado en los Pazos a verla, le agradaban, y eran los únicos
+rostros juveniles, las únicas personas en quienes encontraba
+reminiscencias de la cháchara alegre y del fresco pico de sus hermanas,
+a las cuales no podía olvidar. Dejaron un recado de atención a cargo de
+la mocetona y torcieron monte arriba, camino del Pazo de Limioso.
+
+El camino era difícil y se retorcía en espiral alrededor de la montaña;
+a uno y otro lado, las cepas de viña, cargadas de follaje, se inclinaban
+sobre él como para borrarlo. En la cumbre amarilleaba a la luz del sol
+poniente un edificio prolongado, con torre a la izquierda, y a la
+derecha un palomar derruido, sin techo ya. Era la señorial mansión de
+Limioso, un tiempo castillo roquero, nido de azor colgado en la
+escarpada umbría del montecillo solitario, tras del cual, en el
+horizonte, se alzaba la cúspide majestuosa del inaccesible Pico Leiro.
+No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa
+infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los
+labriegos con acento más respetuoso el calificativo de _Pazo_,
+_palacio_, reservado a las moradas hidalgas.
+
+Desde bastante cerca, el Pazo de Limioso parecía deshabitado, lo cual
+aumentaba la impresión melancólica que producía su desmantelado palomar.
+Por todas partes indicios de abandono y ruina: las ortigas obstruían la
+especie de plazoleta o patio de la casa; no faltaban vidrios en las
+vidrieras, por la razón plausible de que tales vidrieras no existían, y
+aun alguna madera, arrancada de sus goznes, pendía torcida, como un
+jirón en un traje usado. Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de
+orín, subían las plantas parásitas, y festones de yedra seca y raquítica
+corrían por entre las junturas desquiciadas de las piedras. Estaba el
+portón abierto de par en par, como puerta de quien no teme a ladrones;
+pero al sonido mate de los cascos de las monturas en el piso herboso del
+patio, respondieron asmáticos ladridos y un mastín y dos perdigueros se
+abalanzaron contra los visitantes, desperdiciando por las fauces el poco
+brío que les quedaba, pues ninguno de aquellos bichos tenía más que un
+erizado pelaje sobre una armazón de huesos prontos a agujerearlo al
+menor descuido. El mastín no podía, literalmente, ejecutar el esfuerzo
+del ladrido: temblábanle las patas, y la lengua le salía de un palmo
+entre los dientes, amarillos y roídos por la edad. Apaciguáronse los
+perdigueros a la voz del señor de Ulloa, con quien habían cazado mil
+veces; no así el mastín, resuelto sin duda a morir en la demanda, y a
+quien sólo acalló la aparición de su amo el señorito de Limioso.
+
+¿Quién no conoce en la montaña al directo descendiente de los paladines
+y ricohombres gallegos, al infatigable cazador, al acérrimo
+tradicionalista? _Ramonciño_ Limioso contaría a la sazón poco más de
+veintiséis años, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus
+facciones todas tenían una gravedad melancólica y dignidad algún tanto
+burlesca para quien por primera vez lo veía. Su entristecido arqueo de
+cejas le prestaba vaga semejanza con los retratos de Quevedo; su
+pescuezo, flaco, pedía a voces la golilla, y en vez de la vara que tenía
+en la mano, la imaginación le otorgaba una espada de cazoleta. Donde
+quiera que se encontrase aquel cuerpo larguirucho, aquel gabán raído,
+aquellos pantalones con rodilleras y tal cual remiendo, no se podía
+dudar que, con sus pobres trazas, Ramón Limioso era un verdadero _señor
+desde sus principios_--así decían los aldeanos--y no _hecho a puñetazos_,
+como otros.
+
+Lo era hasta en el modo de ayudar a Nucha a bajarse de la borrica, en la
+naturalidad galante con que le ofreció no el brazo, sino, a la antigua
+usanza, dos dedos de la mano izquierda para que en ellos apoyase la
+palma de su diestra la señora de Ulloa. Y con el decoro propio de un
+paso de minueto, la pareja entró por el Pazo de Limioso adelante,
+subiendo la escalera exterior que conducía al claustro, no sin peligro
+de rodar por ella: tales estaban de carcomidos los venerables escalones.
+El tejado del claustro era un puro calado; veíanse, al través de las
+tejas y las vigas, innumerables retales de terciopelo azul celeste; la
+cría de las golondrinas piaba dulcemente en sus nidos, cobijados en el
+sitio más favorable, tras el blasón de los Limiosos, repetido en el
+capitel de cada pilar en tosca escultura--tres peces bogando en un lago,
+un león sosteniendo una cruz--. Fue peor cuando entraron en la antesala.
+Muchos años hacía que la polilla y la vetustez habían dado cuenta de la
+tablazón del piso; y no alcanzando, sin duda, los medios de los Limiosos
+a echar piso nuevo, se habían contentado con arrojar algunas tablas
+sueltas sobre los pontones y las vigas, y por tan peligroso camino cruzó
+tranquilamente el señorito, sin dejar de ofrecer los dedos a Nucha, y
+sin que ésta se atreviese a solicitar más firme apoyo. Cada tablón en
+que sentaban el pie se alzaba y blandía, descubriendo abajo la negra
+profundidad de la bodega, con sus cubas vestidas de telarañas.
+Atravesaron impávidos el abismo y penetraron en la sala, que al menos
+poseía un piso clavado, aunque en muchos sitios roto y en todos casi
+reducido a polvo sutil por el taladro de los insectos.
+
+Nucha se quedó inmóvil de sorpresa. En un ángulo de la sala medio
+desaparecía bajo un gran acervo de trigo un mueble soberbio, un vargueño
+incrustado de concha y marfil; en las paredes, del betún de los cuadros
+viejos y ahumados se destacaba a lo mejor una pierna de santo
+martirizado, toda contraída, o el anca de un caballo, o una cabeza
+carrilluda de angelote; frente a la esquina del trigo, se alzaba un
+estrado revestido de cuero de Córdoba, que aún conservaba su rica
+coloración y sus oros intensos; ante el estrado, en semicírculo,
+magníficos sitiales escultados, con asiento de cuero también; y entre el
+trigo y el estrado, sentadas en _tallos_ (asientos de tronco de roble
+bruto, como los que usan los labriegos más pobres), dos viejas secas,
+pálidas, derechas, vestidas de hábito del Carmen, ¡hilaban!
+
+Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las
+novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular
+efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales
+parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa, manejando el
+huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella
+entró. En nombre de las dos estatuas--que eran las tías paternas del
+señorito de Limioso--había visitado éste a Nucha; vivía también en el
+Pazo el padre, paralítico y encamado, pero a éste nadie le echaba la
+vista encima; su existencia era como un mito, una leyenda de la montaña.
+Las dos ancianas se irguieron y tendieron a Nucha los brazos con
+movimiento tan simultáneo que no supo a cuál de ellas atender, y a la
+vez y en las dos mejillas sintió un beso de hielo, un beso dado sin
+labios y acompañado del roce de una piel inerte. Sintió también que le
+asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y
+momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían
+uno de los sitiales, y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror
+que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo
+del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de
+la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda del
+esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre....
+
+Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía, y sin que se lo
+comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello,
+callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de
+las cosas que se van.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+Debía el sucesor de los Moscosos andar ya cerca de este mundo, porque
+Nucha cosía sin descanso prendas menudas semejantes a ropa de muñecas. A
+pesar de la asiduidad en la labor, no se desmejoraba, al contrario,
+parecía que cada pasito de la criatura hacia la luz del día era en
+beneficio de su madre. No podía decirse que Nucha hubiese engruesado,
+pero sus formas se llenaban, volviéndose suaves curvas lo que antes eran
+ángulos y planicies. Sus mejillas se sonroseaban, aunque le velaba
+frente y sienes esa ligera nube oscura conocida por _paño_. Su pelo
+negro parecía más brillante y copioso; sus ojos, menos vagos y más
+húmedos; su boca, más fresca y roja. Su voz se había timbrado con notas
+graves. En cuanto al natural aumento de su persona, no era mucho ni la
+afeaba, prestando solamente a su cuerpo la dulce pesadez que se nota en
+el de la Virgen en los cuadros que representan la Visitación. La
+colocación de sus manos, extendidas sobre el vientre como para
+protegerlo, completaba la analogía con las pinturas de tan tierno
+asunto.
+
+Hay que reconocer que don Pedro se portaba bien con su esposa durante
+aquella temporada de expectación. Olvidando sus acostumbradas correrías
+por montes y riscos, la sacaba todas las tardes, sin faltar una, a dar
+paseítos higiénicos, que crecían gradualmente; y Nucha, apoyada en su
+brazo, recorría el valle en que los Pazos de Ulloa se esconden,
+sentándose en los murallones y en los ribazos al sentirse muy fatigada.
+Don Pedro atendía a satisfacer sus menores deseos: en ocasiones se
+mostraba hasta galante, trayéndole las flores silvestres que le llamaban
+la atención, o ramas de madroño y zarzamora cuajadas de fruto. Como a
+Nucha le causaban fuerte sacudimiento nervioso los tiros, no llevaba
+jamás el señorito su escopeta, y había prohibido expresamente a
+Primitivo cazar por allí. Parecía que la leñosa corteza se le iba
+cayendo, poco a poco, al marqués, y que su corazón bravío y egoísta se
+inmutaba, dejando asomar, como entre las grietas de la pared,
+florecillas parásitas, blandos afectos de esposo y padre. Si aquello no
+era el matrimonio cristiano soñado por el excelente capellán, viven los
+cielos que debía asemejársele mucho.
+
+Julián bendecía a Dios todos los días. Su devoción había vuelto, no a
+renacer, pues no muriera nunca, pero sí a reavivarse y encenderse. A
+medida que se acercaba la hora crítica para Nucha, el capellán
+permanecía más tiempo de rodillas dando gracias al terminar la misa;
+prolongaba más las letanías y el rosario; ponía más alma y fervor en el
+cuotidiano rezo. Y no entran en la cuenta dos novenas devotísimas, una a
+la Virgen de Agosto, otra a la Virgen de Septiembre. Figurábasele este
+culto mariano muy adecuado a las circunstancias, por la convicción cada
+vez más firme de que Nucha era viva imagen de Nuestra Señora, en cuanto
+una mujer concebida en pecado puede serlo.
+
+Al oscurecer de una tarde de octubre estaba Julián sentado en el poyo de
+su ventana, engolfado en la lectura del P. Nieremberg. Sintió pasos
+precipitados en la escalera. Conoció el modo de pisar de don Pedro. El
+rostro del señor de Ulloa derramaba satisfacción.
+
+--¿Hay novedades?--preguntó Julián soltando el libro.
+
+--¡Ya lo creo! Nos hemos tenido que volver del paseo a escape.
+
+--¿Y han ido a Cebre por el médico?
+
+--Va allá Primitivo.
+
+Julián torció el gesto.
+
+--No hay que asustarse.... Detrás de él van a salir ahora mismo otros dos
+propios. Quería ir yo en persona, pero Nucha dice que no se queda ahora
+sin mí.
+
+--Lo mejor sería ir yo también por si acaso--exclamó Julián--. Aunque sea a
+pie y de noche....
+
+Lanzó don Pedro una de sus terribles y mofadoras carcajadas.
+
+--¡Usted!--clamó sin cesar de reír--. ¡Vaya una ocurrencia, don Julián!
+
+El capellán bajó los ojos y frunció el rubio ceño. Sentía cierta
+vergüenza de su sotana, que le inutilizaba para prestar el menor
+servicio en tan apretado trance. Y al par que sacerdote era hombre, de
+modo que tampoco podía penetrar en la cámara donde se cumplía el
+misterio. Sólo tenían derecho a ello dos varones: el esposo y el _otro_,
+el que Primitivo iba a buscar, el representante de la ciencia humana.
+Acongojóse el espíritu de Julián pensando en que el recato de Nucha iba
+a ser profanado, y su cuerpo puro tratado quizás como se trata a los
+cadáveres en la mesa de anatomía: como materia inerte, donde no se
+cobija ya un alma. Comprendió que se apocaba y afligía.
+
+--Llámeme usted si para algo me necesita, señor marqués--murmuró con
+desmayada voz.
+
+--Mil gracias, hombre.... Venía únicamente a darle a usted la buena
+noticia.
+
+Don Pedro volvió a bajar la escalera rápidamente silbando una
+_riveirana_, y el capellán, al pronto, se quedó inmóvil. Pasóse luego la
+mano por la frente, donde rezumaba un sudorcillo. Miró a la pared. Entre
+varias estampitas pendientes del muro y encuadradas en marcos de briche
+y lentejuelas, escogió dos: una de San Ramón Nonnato y otra de Nuestra
+Señora de la Angustia, sosteniendo en el regazo a su Hijo muerto. Él la
+hubiera preferido de la Leche y Buen Parto, pero no la tenía, ni se
+había acordado mucho de tal advocación hasta aquel instante. Desembarazó
+la cómoda de los cachivaches que la obstruían y puso encima, de pie, las
+estampas. Abrió después el cajón, donde guardaba algunas velas de cera
+destinadas a la capilla; tomó un par, las acomodó en candeleros de
+latón, y armó su _altarito_. Así que la luz amarillenta de los cirios se
+reflejó en los adornos y cristal de los cuadros, el alma de Julián
+sintió consuelo inefable. Lleno de esperanza, el capellán se reprendió a
+sí mismo por haberse juzgado inútil en momentos semejantes. ¡Él inútil!
+Cabalmente le incumbía lo más importante y preciso, que es impetrar la
+protección del cielo. Y arrodillándose henchido de fe, dio principio a
+sus oraciones.
+
+El tiempo corría sin interrumpirlas. De abajo no llegaba noticia alguna.
+A eso de las diez reconoció Julián que sus rodillas hormigueaban con
+insufrible hormigueo, que se apoderaba de sus miembros dolorosa lasitud,
+que se le desvanecía la cabeza. Hizo un esfuerzo y se incorporó
+tambaleándose. Una persona entró. Era Sabel, a quien el capellán miró
+con sorpresa, pues hacía bastante tiempo que no se presentaba allí.
+
+--De parte del señorito, que baje a cenar.
+
+--¿Ha venido su padre de usted? ¿Ha llegado el médico?--interrogó
+ansiosamente Julián, no atreviéndose a preguntar otra cosa.
+
+--No, señor.... De aquí a Cebre hay un bocadito.
+
+En el comedor encontró Julián al marqués cenando con apetito formidable,
+como hombre a quien se le ha retrasado la pitanza dos horas más que de
+costumbre. Julián trató de imitar aquel sosiego, sentándose y
+extendiendo la servilleta.
+
+--¿Y la señorita?--preguntó con afán.
+
+--¡Pss!... Ya puede usted suponer que no muy a gusto.
+
+--¿Necesitará algo mientras usted está aquí?
+
+--No. Tiene allá a su doncella, la Filomena. Sabel también ayuda para
+cuanto se precise.
+
+Julián no contestó. Sus reflexiones valían más para calladas que para
+dichas. Era una monstruosidad que Sabel asistiese a la legítima esposa;
+pero si no se le ocurría al marido, ¿quién tenía valor para
+insinuárselo? Por otra parte, Sabel, en realidad, no carecía de
+experiencia doméstica, ni dejaría de ser útil. Notó Julián que el
+marqués, a diferencia de algunas horas antes, parecía malhumorado e
+impaciente. Recelaba el capellán interrogarle. Determinóse al fin.
+
+--¿Y... dará tiempo a que llegue el médico?
+
+--¿Que si da tiempo?--respondió el señorito embaulando y mascando con
+colérica avidez--. ¡Como no lo dé de más! Estas señoritas finas son muy
+delicadas y difíciles para todo.... Y cuando no hay un gran físico.... Si
+fuese por el estilo de su hermana Rita....
+
+Descargó un porrazo con el vaso en la mesa, y añadió sentenciosamente:
+
+--Son una calamidad las mujeres de los pueblos.... Hechas de alfeñique....
+Le aseguro a usted que tiene una debilidad, y una tendencia a las
+convulsiones y a los síncopes, que.... ¡Melindres, diantre! ¡Melindres a
+que las acostumbran desde pequeñas!
+
+Pegó otro trompis y se levantó, dejando solo en el comedor a Julián. No
+sabía éste qué hacer de su persona, y pensó que lo mejor era emprender
+de nuevo plática con los santos. Subió. Las velas seguían ardiendo, y el
+capellán volvió a arrodillarse. Las horas pasaban y pasaban, y no se
+oían más ruidos que el viento de la noche al gemir en los castaños, y el
+hondo sollozo del agua en la represa del cercano molino. Sentía Julián
+cosquilleo y agujetas en los muslos, frío en los huesos y pesadez en la
+cabeza. Dos o tres veces miró hacia su cama, y otras tantas el recuerdo
+de la pobrecita, que sufría allá abajo, le detuvo. Dábale vergüenza
+ceder a la tentación. Mas sus ojos se cerraban, su cabeza, ebria de
+sueño, caía sobre el pecho. Se tendió vestido, prometiéndose
+despabilarse al punto. Despertó cuando ya era de día.
+
+Al encontrarse vestido, se acordó, y tratándose mentalmente de marmota y
+leño, pensó si ya estaría en el mundo el nuevo Moscoso. Bajó apresurado,
+frotándose los párpados, medio aturdido aún. En la antesala de la cocina
+se dio de manos a boca con Máximo Juncal, el médico de Cebre, con
+bufanda de lana gris arrollada al cuello, chaquetón de paño pardo, botas
+y espuelas.
+
+--¿Llega usted ahora mismo?--preguntó asombrado el capellán.
+
+--Sí, señor.... Primitivo dice que estuvieron llamando anoche a mi puerta
+él y otros dos, pero que no les abrió nadie.... Verdad que mi criada es
+algo sorda; mas con todo..., si llamasen como Dios manda.... En fin, que
+hasta el amanecer no me llegó el aviso. De cualquier manera parece que
+vengo muy a tiempo todavía.... Primeriza al fin y al cabo.... Estas
+batallas acostumbran durar bastante.... Allá voy a ver qué ocurre....
+
+Precedido de don Pedro, echó a andar látigo en mano y resonándole las
+espuelas, de modo que la imagen bélica que acababa de emplear parecía
+exacta, y cualquiera le tomaría por el general que acude a decidir con
+su presencia y sus órdenes la victoria. Su continente resuelto infundía
+confianza. Reapareció a poco pidiendo una taza de café bien caliente,
+pues con la prisa de venir se encontraba en ayunas. Al señorito le
+sirvieron chocolate. Emitió el médico su dictamen facultativo: armarse
+de paciencia, porque el negocio iba largo.
+
+Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el
+insomnio, quiso a toda costa saber si había peligro.
+
+--No, señor; no, señor--contestó Máximo desliendo el azúcar con la
+cucharilla y echando ron en el café--. Si se presentan dificultades,
+estamos aquí.... Tú, Sabel: una copita pequeña.
+
+En la copita pequeña escanció también ron, que paladeó mientras el café
+se enfriaba. El marqués le tendió la petaca llena.
+
+--Muchas gracias...--pronunció el médico encendiendo un habano--. Por ahora
+estamos a ver venir. La señora es novicia, y no muy fuerte.... A las
+mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica: corsé
+para volver angosto lo que debe ser vasto; encierro para producir la
+clorosis y la anemia; vida sedentaria, para ingurgitarlas y criar linfa
+a expensas de la sangre.... Mil veces mejor preparadas están las aldeanas
+para el gran combate de la gestación y alumbramiento, que al cabo es la
+verdadera función femenina.
+
+Siguió explanando su teoría, queriendo manifestar que no ignoraba las
+más recientes y osadas hipótesis científicas, alardeando de materialismo
+higiénico, ponderando mucho la acción bienhechora de la madre
+naturaleza. Veíase que era mozo inteligente, de bastante lectura y
+determinado a lidiar con las enfermedades ajenas; mas la amarillez
+biliosa de su rostro, la lividez y secura de sus delgados labios, no
+prometían salud robusta. Aquel fanático de la higiene no predicaba con
+el ejemplo. Asegurábase que tenía la culpa el ron y una panadera de
+Cebre, con salud para vender y regalar cuatro doctores higienistas.
+
+Don Pedro chupaba también con ensañamiento su cigarro y rumiaba las
+palabras del médico, que por extraño caso, atendida la diferencia entre
+un pensamiento relleno de ciencia novísima y otro virgen hasta de
+lectura, conformaban en todo con su sentir. También el hidalgo rancio
+pensaba que la mujer debe ser principalmente muy apta para la
+propagación de la especie. Lo contrario le parecía un crimen. Acordábase
+mucho, mucho, con extraños remordimientos casi incestuosos, del robusto
+tronco de su cuñada Rita. También recordó el nacimiento de Perucho, un
+día que Sabel estaba amasando. Por cierto que la borona que amasaba no
+hubiera tenido tiempo de cocerse cuando el chiquillo berreaba ya
+diciendo a su modo que él era de Dios como los demás y necesitaba el
+sustento. Estas memorias le despertaron una idea muy importante.
+
+--Diga, Máximo.... ¿le parece que mi mujer podrá criar?
+
+Máximo se echó a reír, saboreando el ron.
+
+--No pedir gollerías, señor don Pedro.... ¡Criar! Esa función augusta
+exige complexión muy vigorosa y predominio del temperamento sanguíneo....
+No puede criar la señora.
+
+--Ella es la que se empeña en eso--dijo con despecho el marqués--; yo bien
+me figuré que era un disparate... por más que no creí a mi mujer tan
+endeble.... En fin, ahora tratamos de que no nazca el niño para rabiar de
+hambre. ¿Tendré tiempo de ir a Castrodorna? La hija de Felipe el casero,
+aquella mocetona, ¿no sabe usted?...
+
+--¿Pues no he de saber? ¡Gran vaca! Tiene usted ojo médico.... Y está
+parida de dos meses. Lo que no sé es si los padres la dejarán venir.
+Creo que son gente honrada en su clase y no quieren divulgar lo de la
+hija.
+
+--¡Música celestial! Si hace ascos la traigo arrastrando por la trenza....
+A mí no me levanta la voz un casero mío. ¿Hay tiempo o no de ir allá?
+
+--Tiempo, sí. Ojalá acabásemos antes; pero no lleva trazas.
+
+Cuando el señorito salió, Máximo se sirvió otra copa de ron y dijo en
+confianza al capellán:
+
+--Si yo estuviese en el pellejo del Felipe... ya le quiero un recado a
+don Pedro. ¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es
+un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de
+libertad, de derechos individuales.... ¡Y al fin, por todas partes la
+tiranía, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, ¿qué es esto
+sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquidades de la
+servidumbre? Que yo necesito tu hija, ¡zas!, pues contra tu voluntad te
+la cojo. Que me hace falta leche, una vaca humana, ¡zas!, si no quieres
+dar de mamar de grado a mi chiquillo, le darás por fuerza. Pero le estoy
+escandalizando a usted. Usted no piensa como yo, de seguro, en
+cuestiones sociales.
+
+--No señor; no me escandalizo--contestó apaciblemente Julián--. Al
+contrario.... Me dan ganas de reír porque me hace gracia verle a usted
+tan sofocado. Mire usted qué más querrá la hija de Felipe que servir de
+ama de cría en esta casa. Bien mantenida, bien regalada, sin trabajar....
+Figúrese.
+
+--¿Y el albedrío? ¿Quiere usted coartar el albedrío, los derechos
+individuales? Supóngase que la muchacha se encuentre mejor avenida con
+su honrada pobreza que con todos esos beneficios y ventajas que usted
+dice.... ¿No es un acto abusivo traerla aquí de la trenza, porque es hija
+de un casero? Naturalmente que a usted no se lo parece; claro está.
+Vistiéndose por la cabeza, no se puede pensar de otro modo; usted tiene
+que estar por el feudalismo y la teocracia. ¿Acerté? No me diga usted
+que no.
+
+--Yo no tengo ideas políticas--aseveró Julián sosegadamente; y de pronto,
+como recordando, añadió:--¿Y no sería bien dar una vuelta a ver cómo lo
+pasa la señorita?
+
+--¡Pchs!... No hago por ahora gran falta allá, pero voy a ver. Que no se
+lleven la botella del ron, ¿eh? Hasta dentro de un instante.
+
+Volvió en breve, e instalándose ante la copa mostró querer reanudar la
+conversación política, a la cual profesaba desmedida afición,
+prefiriendo, en su interior, que le contradijesen, pues entonces se
+encendía y exaltaba, encontrando inesperados argumentos. Las violentas
+discusiones en que se llegaba a vociferar y a injuriarse le esparcían la
+estancada bilis, y la función digestiva y respiratoria se le activaba,
+produciéndole gran bienestar. Disputaba por higiene: aquella gimnasia de
+la laringe y del cerebro le desinfartaba el hígado.
+
+--¿Con que usted no tiene ideas políticas? A otro perro con ese hueso,
+padre Julián.... Todos los pájaros de pluma negra vuelan hacia atrás, no
+andemos con cuentos. Y si no, a ver, hagamos la prueba: ¿qué piensa
+usted de la revolución? ¿Está usted conforme con la libertad de cultos?
+Aquí te quiero, escopeta. ¿Está usted de acuerdo con Suñer?
+
+--¡Vaya unas cosas que tiene el señor don Máximo! ¿Cómo he de estar de
+acuerdo con Suñer? ¿No es ése que dijo en el Congreso blasfemias
+horrorosas? ¡Dios le alumbre!
+
+--Hable claro: ¿usted piensa como el abad de San Clemente de Boán? Ése
+dice que a Suñer y a los revolucionarios no se les convence con razones,
+sino a trabucazo limpio y palo seco. ¿Usted qué opina?
+
+--Son dichos de acaloramiento.... Un sacerdote es hombre como todos y
+puede enfadarse en una disputa y echar venablos por la boca.
+
+--Ya lo creo; y por lo mismo que es hombre como todos puede tener
+intereses bastardos, puede querer vivir holgazanamente explotando la
+tontería del prójimo, puede darse buena vida con los capones y cabritos
+de los feligreses.... No me negará usted esto.
+
+--Todos somos pecadores, don Máximo.
+
+--Y aún puede hacer cosas peores, que... se sobrentienden..., ¿eh? No
+sofocarse.
+
+--Sí, señor. Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo. Si
+tuviésemos privilegio para no pecar, estábamos bien; nos habíamos
+salvado en el momento mismo de la ordenación, que no era floja ganga.
+Cabalmente, la ordenación nos impone deberes más estrechos que a los
+demás cristianos, y es doblemente difícil que uno de nosotros sea bueno.
+Y para serlo del modo que requeriría el camino de perfección en que
+debemos entrar al ordenarnos de sacerdotes, se necesita, aparte de
+nuestros esfuerzos, que la gracia de Dios nos ayude. Ahí es nada.
+
+Díjolo en tono tan sincero y sencillo, que el médico amainó por algunos
+instantes.
+
+--Si todos fuesen como usted, don Julián....
+
+--Yo soy el último, el peor. No se fíe usted en apariencias.
+
+--¡Quiá! Los demás son buenas piezas, buenas..., y ni con la revolución
+hemos conseguido minarles el terreno.... Le parecerá a usted mentira lo
+que amañaron estos días para dar gusto a ese bandido de Barbacana....
+
+No hallándose en antecedentes, Julián guardaba silencio.
+
+--Figúrese usted--refirió el médico--que Barbacana tiene a sus órdenes otro
+facineroso, un paisano de Castrodorna, conocido por el Tuerto, que va y
+viene a Portugal a salto de mata, porque una noche cosió a puñaladas a
+su mujer y al amante.... Hace poco parece que le echó mano la justicia,
+pero Barbacana se empeñó en librarlo, y tanto sudaron él y los curas,
+que el hombre salió bajo fianza, y se pasea por ahí.... De modo que, a
+pesar de los pesares, nos tiene usted como siempre, mandados por el
+infame Barbacana.
+
+--Pero--objetó Julián--yo he oído que aquí, cuando no reina Barbacana,
+reina otro cacique peor, que le llaman Trampeta, por los enredos y
+diabluras que arma a los pobres paisanos chupándoles el tuétano.... Con
+que por fas o por nefas.
+
+--Eso.... Eso tiene algo de verdad..., pero mire usted, al menos Trampeta
+no se propone levantar partidas.... Con Barbacana es preciso concluir,
+pues corresponde con las juntas carlistas de la provincia para llevar el
+país a fuego y sangre.... ¿Es usted partidario del niño Terso?
+
+--Ya le dije que no tengo opiniones.
+
+--Es que no le da la gana de disputar.
+
+--Francamente, don Máximo, acierta usted. Estoy pendiente de esa pobre
+señorita... pensando en lo que puede sucederle. Y no entiendo de
+política...; no se ría usted..., no entiendo. Sólo entiendo de decir
+misa; y el caso es que no la he dicho hoy todavía, y mientras no la diga
+no me desayuno, y el estómago se me va.... Aplicaré la misa por la
+necesidad presente. Yo no puedo--añadió con cierta melancolía--prestarle a
+la señorita otro auxilio.
+
+Marchóse, dejando al médico sorprendido de encontrar un cura que rehuía
+entrar en políticas discusiones, que por aquellos días reemplazaban a
+las teológicas en todas las sobremesas patronales, y celebró su misa con
+gran atención y minuciosidad en las ceremonias. El repique de la
+campanilla del acólito resonaba claro y argentino en la vetusta capilla
+vacía. Oíanse fuera gorjeos de pájaros en los árboles del huerto, lejano
+chirrido de carros que salían al trabajo, rumores campestres gratos,
+calmantes, bienhechores. Era la misa de San Ramón Nonnato, elegida para
+la circunstancia; y cuando el celebrante pronunció «_ejus nobis
+intercessione concede, ut a peccatorum vinculis absoluti_...», parecióle
+que las cadenas de dolor que ligaban a la pobre virgencita--que aún
+entonces se la representaba como tal el capellán--se rompían de golpe,
+dejándola libre, gozosa y radiante, con la más feliz maternidad.
+
+Sin embargo, cuando regresó a la casa no había indicios de la susodicha
+ruptura de cadenas. En vez de las apresuradas idas y venidas de criados
+que siempre indican algún acontecimiento trascendental, notó una calma
+de mal agüero. El señorito no volvía: verdad es que Castrodorna distaba
+bastante de los Pazos. Fue preciso sentarse a la mesa sin él. El médico
+no intentó disputar más, porque a su vez empezaba a hallarse preocupado
+con la flema del heredero de los Moscosos. Hay que decir, en abono del
+discutidor higienista, que tomaba su profesión por lo serio, y la
+respetaba tanto como Julián la suya. Probábalo su misma manía de la
+higiene y su culto de la salud, culto infundido por librotes modernos
+que sustituyen al Dios del Sinaí con la diosa Higia. Para Máximo Juncal,
+inmoralidad era sinónimo de escrofulosis, y el deber se parecía bastante
+a una perfecta oxidación de los elementos asimilables. Disculpábase a sí
+propio ciertos extravíos, por tener un tanto obstruidas las vías
+hepáticas.
+
+En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su
+instinto de lucha contra los males positivos de la tierra: el dolor, la
+enfermedad, la muerte. Comió distraídamente, y sólo bebió dos copas de
+ron. Julián apenas pasó bocado; preguntaba de tiempo en tiempo:
+
+--¿Qué ocurrirá por allí, don Máximo?
+
+Cesó de preguntar cuando el médico le hubo dado, a media voz, algunos
+detalles, empleando términos técnicos. La noche caía. Máximo apenas
+salía del cuarto de la paciente. Sintióse Julián tan triste y solo, que
+ya se disponía a subir y encender su altar, para disfrutar al menos la
+compañía de las velas y los cuadritos. Pero don Pedro entró
+impetuosamente, como una ráfaga de viento huracanado. Traía de la mano
+una muchachona color de tierra, un castillo de carne: el tipo clásico de
+la vaca humana.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+
+Que Máximo Juncal, ya que es su oficio, reconozca detenidamente la
+cuenca del río lácteo de la poderosa bestiaza, conducida por el marqués
+de Ulloa, no sin asombro de las gentes, en el borrén delantero de la
+silla de su yegua, por no haber en Castrodorna otros medios de
+transporte, y no permitir la impaciencia de don Pedro que el ama viniese
+a pie. La yegua recordará toda la vida, con temblor general de su
+cuerpo, aquella jornada memorable en que tuvo que sufrir a la vez el
+peso del actual representante de los Moscosos y el de la nodriza del
+Moscoso futuro.
+
+Cayéronsele a don Pedro las alas del corazón cuando vio que su heredero
+no había llegado todavía. En aquel momento le pareció que un suceso tan
+próximo no se verificaría jamás. Apuró a Sabel reclamando la cena, pues
+traía un hambre feroz. Sabel la sirvió en persona, por hallarse aquel
+día muy ocupada Filomena, la doncella, que acostumbraba atender al
+comedor. Estaba Sabel fresca y apetecible como nunca, y las floridas
+carnes de su arremangado brazo, el brillo cobrizo de las conchas de su
+pelo, la melosa ternura y sensualidad de sus ojos azules, parecían
+contrastar con la situación, con la mujer que sufría atroces tormentos,
+medio agonizando, a corta distancia de allí. Hacía tiempo que el marqués
+no veía de cerca a Sabel. Más que mirarla, se puede decir que la examinó
+despacio durante algunos minutos. Reparó que la moza no llevaba
+pendientes y que tenía una oreja rota; entonces recordó habérsela
+partido él mismo, al aplastar con la culata de su escopeta el zarcillo
+de filigrana, en un arrebato de brutales celos. La herida se había
+curado, pero la oreja tenía ahora dos lóbulos en vez de uno.
+
+--¿No duerme nada la señorita?--preguntaba Julián al médico.
+
+--A ratos, entre dolor y dolor.... Precisamente me gusta a mí bien poco
+ese sopor en que cae. Esto no adelanta ni se gradúa, y lo peor es que
+pierde fuerzas. Cada vez se me pone más débil. Puede decirse que lleva
+cuarenta y ocho horas sin probar alimento, pues me confesó que antes de
+avisar a su marido, mucho antes, ya se sintió mal y no pudo comer....
+Esto de los sueñecitos no me hace tilín. Para mí, más que modorra, son
+verdaderos síncopes.
+
+Don Pedro apoyaba con desaliento la cabeza en el cerrado puño.
+
+--Estoy convencido--dijo enfáticamente--de que semejantes cosas sólo les
+pasan a las señoritas educadas en el pueblo y con ciertas impertinencias
+y repulgos.... Que les vengan a las mozas de por aquí con síncopes y
+desmayos.... Se atizan al cuerpo media olla de vino y despachan esta
+faena cantando.
+
+--No, señor, hay de todo.... Las linfático-nerviosas se aplanan.... Yo he
+tenido casos....
+
+Explicó detenidamente varias lides, no muchas aún, porque empezaba a
+asistir, como quien dice. Él estaba por la expectativa: el mejor
+comadrón es el que más sabe aguardar. Sin embargo, se llega a un grado
+en que perder un segundo es perderlo todo. Al aseverar esto, paladeaba
+sorbos de ron.
+
+--¿Sabel?--llamó de repente.
+
+--¿Qué quiere, señorito Máximo?--contestó la moza con solicitud.
+
+--¿Dónde me han puesto una caja que traje?
+
+--En su cuarto, sobre la cama.
+
+--¡Ah!, bueno.
+
+Don Pedro miró al médico, comprendiendo de qué se trataba. No así
+Julián, que asustado por el hondo silencio que siguió al diálogo de
+Máximo y Sabel, interrogó indirectamente para saber qué encerraba la
+caja misteriosa.
+
+--Instrumentos--declaró el médico secamente.
+
+--¿Instrumentos..., para qué?--preguntó el capellán, sintiendo un sudor
+que le rezumaba por la raíz del cabello.
+
+--Para operarla, ¡qué demonio! Si aquí se pudiese celebrar junta de
+médicos, yo dejaría quizás que la cosa marchase por sus pasos contados;
+pero recae sobre mí exclusivamente la responsabilidad de cuanto ocurra.
+No me he de cruzar de brazos, ni dejarme sorprender como un bolonio. Si
+al amanecer ha aumentado la postración y no veo yo síntomas claros de
+que esto se desenrede... hay que determinarse. Ya puede usted ir rezando
+al bendito San Ramón, señor capellán.
+
+--¡Si por rezar fuese!--exclamó ingenuamente Julián--. ¡Apenas llevo rezado
+desde ayer!
+
+De tan sencilla confesión tomó pie el médico para contar mil graciosas
+historietas, donde se mezclaban donosamente la devoción y la obstetricia
+y desempeñaba San Ramón papel muy principal. Refirió de su profesor en
+la clínica de Santiago, que al entrar en el cuarto de las parturientas y
+ver la estampa del santo con sus correspondientes candelicas, solía
+gritar furioso: «Señores, o sobro yo o sobra el santo.... Porque si me
+desgracio me echarán la culpa, y si salimos bien dirán que fue milagro
+suyo...». Contó también algo bastante grotesco sobre rosas de Jericó,
+cintas de la Virgen de Tortosa, y otros piadosos talismanes usados en
+ocasiones críticas. Al fin cesó en su cháchara, porque le rendía el
+sueño, ayudado por el ron. A fin de no aletargarse del todo en la
+comodidad del lecho, tendióse en el banco del comedor, poniendo por
+almohada una cesta. El señorito, cruzando sobre la mesa ambos brazos,
+había dejado caer la frente sobre ellos y un silbido ahogado, preludio
+de ronquido, anunciaba que también le salteaba la gana de dormir. El
+alto reloj de pesas dio, con fatigado son, la medianoche.
+
+Julián era el único despierto; sentía frío en las médulas y en los
+pómulos ardor de calentura. Subió a su cuarto, y empapando la toalla en
+agua fresca, se la aplicó a las sienes. Las velas del altar estaban
+consumidas; las renovó, y colocó una almohada en el suelo para
+arrodillarse en ella, pues lo más molesto siempre era el dichoso
+hormigueo. Y empezó a subir con buen ánimo la cuesta arriba de la
+oración. A veces desmayaba, y su cuerpo juvenil, envuelto en las nieblas
+grises del sueño, apetecía la limpia cama. Entonces cruzaba las manos,
+clavándose las uñas de una en el dorso de otra, para despabilarse.
+Quería rezar con devoción, tener conciencia de lo que pedía a Dios: no
+hablar de memoria. Sin embargo, desfallecía. Acordóse de la oración del
+Huerto y de aquella diferencia tan acertadamente establecida entre la
+decisión del espíritu y la de la carne. También recordó un pasaje
+bíblico: Moisés orando con los brazos levantados, porque, de bajarlos,
+sería vencido Israel. Entonces se le ocurrió realizar algo que le
+flotaba en la imaginación. Quitó la almohada, quedándose con las rótulas
+apoyadas en el santo suelo; alzó los ojos, buscando a Dios más allá de
+las estampas y de las vigas del techo; y abriendo los brazos en cruz,
+comenzó a orar fervorosamente en tal postura.
+
+El ambiente se volvió glacial; una tenue claridad, más lívida y opaca
+que la de la luna, asomó por detrás de la montaña. Dos o tres pájaros
+gorjearon en el huerto; el rumor de la presa del molino se hizo menos
+profundo y sollozante. La aurora, que sólo tenía apoyado uno de sus
+rosados dedos en aquel rincón del orbe, se atrevió a alargar toda la
+manecita, y un resplandor alegre, puro, bañó las rocas pizarrosas,
+haciéndolas rebrillar cual bruñida plancha de acero, y entró en el
+cuarto del capellán, comiéndose la luz amarilla de los cirios. Mas
+Julián no veía el alba, no veía cosa ninguna.... Es decir, sí veía esas
+luces que enciende en nuestro cerebro la alteración de la sangre, esas
+estrellitas violadas, verdosas, carmesíes, color de azufre, que vibran
+sin alumbrar; que percibimos confundidas con el zumbar de los oídos y el
+ruido de péndulo gigante de las arterias, próximas a romperse....
+Sentíase desvanecer y morir; sus labios no pronunciaban ya frases, sino
+un murmullo, que todavía conservaba tonillo de oración. En medio de su
+doloroso vértigo oyó una voz que le pareció resonante como toque de
+clarín.... La voz decía algo. Julián entendió únicamente dos palabras:
+
+--Una niña.
+
+Quiso incorporarse, exhalando un gran suspiro, y lo hizo, ayudado por la
+persona que había entrado y no era otra sino Primitivo; pero apenas
+estuvo en pie, un atroz dolor en las articulaciones, una sensación de
+mazazo en el cráneo le echaron a tierra nuevamente. Desmayóse.
+
+Abajo, Máximo Juncal se lavaba las manos en la palangana de peltre
+sostenida por Sabel. En su cara lucía el júbilo del triunfo mezclado con
+el sudor de la lucha, que corría a gotas medio congeladas ya por el frío
+del amanecer. El marqués se paseaba por la habitación ceñudo, contraído,
+hosco, con esa expresión torva y estúpida a la vez que da la falta de
+sueño a las personas vigorosas, muy sometidas a la ley de la materia.
+
+--Ahora alegrarse, don Pedro--dijo el médico--. Lo peor está pasado. Se ha
+conseguido lo que usted tanto deseaba.... ¿No quería usted que la
+criatura saliese toda viva y sin daño? Pues ahí la tenemos, sana y
+salva. Ha costado trabajillo..., pero al fin....
+
+Encogióse despreciativamente de hombros el marqués, como amenguando el
+mérito del facultativo, y murmuró no sé qué entre dientes, prosiguiendo
+en su paseo de arriba abajo y de abajo arriba, con las manos metidas en
+los bolsillos, el pantalón tirante cual lo estaba el espíritu de su
+dueño.
+
+--Es un angelito, como dicen las viejas--añadió maliciosamente Juncal, que
+parecía gozarse en la cólera del hidalgo--; sólo que angelito hembra. A
+estas cosas hay que resignarse; no se inventó el modo de escribir al
+cielo encargando y explicando bien el sexo que se desea....
+
+Otro espumarajo de rabia y grosería brotó de los labios de don Pedro.
+Juncal rompió a reír, secándose con la toalla.
+
+--La mitad de la culpa por lo menos la tendrá usted, señor
+marqués--exclamó--. ¿Quiere usted hacerme favor de un cigarrito?
+
+Al ofrecer la petaca abierta, don Pedro hizo una pregunta. Máximo
+recobró la seriedad para contestarla.
+
+--Yo no he dicho tanto como eso.... Me parece que no. Cierto que cuando
+las batallas son muy porfiadas y reñidas puede suceder que el
+combatiente quede inválido; pero la naturaleza, que es muy sabia, al
+someter a la mujer a tan rudas pruebas, le ofrece también las más
+impensadas reparaciones.... Ahora no es ocasión de pensar en eso, sino en
+que la madre se restablezca y la chiquita se críe. Temo algún percance
+inmediato.... Voy a ver.... La señora se ha quedado tan abatida....
+
+Entró Primitivo, y sin mostrar alteración ni susto dijo «que subiese don
+Máximo, que al capellán le había dado algo; que estaba como difunto».
+
+--Vamos allá, hombre, vamos allá. Esto no estaba en el programa--murmuró
+Juncal.
+
+--¡Qué trazas de mujercita tiene ese cura! ¡Qué poquito _estuche_! Lo que
+es éste no cogerá el trabuco, aunque lleguen a levantarse las partidas
+con que anda soñando el jabalí del abad de Boán.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+
+Largos días estuvo Nucha detenida ante esas lóbregas puertas que llaman
+de la muerte, con un pie en el umbral, como diciendo: «¿Entraré? ¿No
+entraré?». Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que
+habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su
+cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de
+no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de
+su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible.
+Pero la solicitaban hacia fuera la juventud, el ansia de existir que
+estimula a todo organismo, la ciencia del gran higienista Juncal, y
+particularmente una manita pequeña, coloradilla, blanda, un puñito
+cerrado que asomaba entre los encajes de una chambra y los dobleces de
+un mantón.
+
+El primer día que Julián pudo ver a la enferma, no hacía muchos que se
+levantaba, para tenderse, envuelta en mantas y abrigos, sobre vetusto y
+ancho canapé. No le era lícito incorporarse aún, y su cabeza reposaba en
+almohadones doblados al medio. Su rostro enflaquecido y exangüe
+amarilleaba como una faz de imagen de marfil, entre el marco del negro
+cabello reluciente. Bizcaba más, por habérsele debilitado mucho aquellos
+días el nervio óptico. Sonrió con dulzura al capellán, y le señaló una
+silla. Julián clavaba en ella esa mirada donde rebosaba la compasión,
+mirada delatora que en vano queremos sujetar y apagar cuando nos
+aproximamos a un enfermo grave.
+
+--La encuentro a usted con muy buen semblante, señorita--dijo el capellán
+mintiendo como un bellaco.
+
+--Pues usted--respondió ella lánguidamente--está algo desmejorado.
+
+Confesó que, en efecto, no andaba bueno desde que..., desde que se había
+acatarrado un poco. Le daba vergüenza referir lo de la noche en vela, el
+desmayo, la fuerte impresión moral y física sufrida con tal motivo.
+Nucha empezó a hablarle de algunas cosas indiferentes, y pasó sin
+transición a preguntarle:
+
+--¿Ha visto usted la pequeñita?
+
+--Sí, señora.... El día del bautizo. ¡Angelito! Lloró bien cuando le
+pusieron la sal y cuando sintió el agua fría....
+
+--¡Ah! Desde entonces ha crecido una cuarta lo menos y se ha vuelto
+hermosísima. Y alzando la voz y esforzándose, añadió:--¡Ama, ama! Traiga
+la niña.
+
+Oyéronse pasos como de estatua colosal que anda, y entró la mocetona
+color de tierra, muy oronda con su vestido nuevo de merino azul
+ribeteado de negro terciopelo de tira, con el cual se asemejaba a la
+gigantona tradicional de la catedral de Santiago, llamada la _Coca_. A
+manera de pajarito posado en grueso tronco, venía la inocente criatura
+recostada en el magno seno que la nutría. Estaba dormida, y tenía la
+calma, el dulce e insensible respirar que hace sagrado el sueño de los
+niños. Julián no se cansaba de mirarla así.
+
+--¡Santita de Dios!--murmuró apoyando los labios muy quedamente en la
+gorra, por no atreverse a la frente.
+
+--Cójala usted, Julián.... Ya verá lo que pesa. Ama, déle la niña....
+
+No pesaba más que un ramo de flores, pero el capellán juró y perjuró que
+parecía hecha de plomo. Aguardaba el ama en pie, y él se había sentado
+con la chiquilla en brazos.
+
+--Déjemela un poquito...--suplicó--. Ahora, mientras duerme.... No
+despertará de seguro en mucho tiempo.
+
+--Ya la llamaré cuando haga falta. Ama, váyase.
+
+La conversación giró sobre un tema muy socorrido y muy del gusto de
+Nucha: las gracias de la pequeña.... Tenía muchísimas, sí señor, y el que
+lo dudase sería un gran majadero. Por ejemplo: abría los ojos con
+travesura incomparable; estornudaba con redomada picardía; apretaba con
+su manita el dedo de cualquiera, tan fuerte, que se requería el vigor de
+un Hércules para desasirse; y aún hacía otros donaires, mejores para
+callados que para archivados por la crónica. Al referirlos, el rostro
+exangüe de Nucha se animaba, sus ojos brillaban, y la risa dilató sus
+labios dos o tres veces. Mas de pronto se nubló su cara, hasta el punto
+de que entre las pestañas le bailaron lágrimas, a las cuales no dio
+salida.
+
+--No me han dejado criarla, Julián.... Manías del señor de Juncal, que
+aplica la higiene a todo, y vuelta con la higiene, y dale con la
+higiene.... Me parece a mí que no iba a morirme por intentarlo dos meses,
+dos meses nada más. Puede que me encontrase mejor de lo que estoy, y no
+tuviese que pasar un siglo clavada en este sofá, con el cuerpo sujeto y
+la imaginación loca y suelta por esos mundos de Dios.... Porque así, no
+gozo descanso: siempre se me figura que el ama me ahoga la niña, o me la
+deja caer. Ahora estoy contenta, teniéndola aquí cerquita.
+
+Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió:
+
+--¿No le encuentra usted parecido...?
+
+--¿Con usted?
+
+--¡Con su padre!... Es todito él en el corte de la frente....
+
+No manifestó el capellán su opinión. Mudó de asunto y continuó aquel día
+y los siguientes cumpliendo la obra de caridad de visitar al enfermo. En
+la lenta convalecencia y total soledad de Nucha, falta le hacía que
+alguien se consagrase a tan piadoso oficio. Máximo Juncal venía un día
+sí y otro no; pero casi siempre de prisa, porque iba teniendo extensa
+clientela: le llamaban hasta de Vilamorta. El médico hablaba de política
+exhalando un aliento de vaho de ron, tratando de pinchar y amoscar a
+Julián; y, en realidad, si Julián fuese capaz de amostazarse, habría de
+qué con las noticias que traía Máximo. Todo eran iglesias derribadas,
+escándalos antirreligiosos, capillitas protestantes establecidas aquí o
+acullá, libertades de enseñanza, de cultos, de esto y de lo otro....
+Julián se limitaba a deplorar tamaños excesos, y a desear que las cosas
+se arreglasen, lo cual no daba tela a Máximo para armar una de sus
+trifulcas favoritas, tan provechosas al esparcimiento de su bilis y tan
+fecundas en peripecias cuando tropezaba con curas ternes y carlistas,
+como el de Boán o el Arcipreste.
+
+Mientras el belicoso médico no venía, todo era paz y sosiego en la
+habitación de la enferma. Únicamente lo turbaba el llanto, prontamente
+acallado, de la niña. El capellán leía el _Año cristiano_ en alta voz, y
+poblábase el ambiente de historias con sabor novelesco y poético:
+«Cecilia, hermosísima joven e ilustre dama romana, consagró su cuerpo a
+Jesucristo; desposáronla sus padres con un caballero llamado Valeriano y
+se efectuó la boda con muchas fiestas, regocijos y bailes.... Sólo el
+corazón de Cecilia estaba triste...». Seguía el relato de la mística
+noche nupcial, de la conversión de Valeriano, del ángel que velaba a
+Cecilia para guardar su pureza, con el desenlace glorioso y épico del
+martirio. Otras veces era un soldado, como San Menna; un obispo, como
+San Severo.... La narración, detallada y dramática, refería el
+interrogatorio del juez, las respuestas briosas y libres de los
+mártires, los tormentos, la flagelación con nervios de buey, el ecúleo,
+las uñas de hierro, las hachas encendidas aplicadas al costado... «Y el
+caballero de Cristo estaba con un corazón esforzado y quieto, con
+semblante sereno, con una boca llena de risa (como si no fuera él sino
+otro el que padecía), haciendo burla de sus tormentos y pidiendo que se
+los acrecentasen...». Tales lecturas eran de fantástico efecto,
+particularmente al caer de las adustas tardes invernales, cuando la hoja
+seca de los árboles se arremolinaba danzando, y las nubes densas y
+algodonáceas pasaban lentamente ante los cristales de la ventana
+profunda. Allá a lo lejos se oía el perpetuo sollozo de la represa, y
+chirriaban los carros cargados de tallos de maíz o ramaje de pino. Nucha
+escuchaba con atención, apoyada la barba en la mano. De tiempo en tiempo
+su seno se alzaba para suspirar.
+
+No era la primera vez que observaba Julián, desde el parto, gran
+tristeza en la señorita. El capellán había recibido una carta de su
+madre que encerraba quizás la clave de los disgustos de Nucha. Parece
+que la señorita Rita había engatusado de tal manera a la tía vieja de
+Orense, que ésta la dejaba por heredera universal, desheredando a su
+ahijada. Además, la señorita Carmen estaba cada día más chocha por su
+estudiante, y se creía en el pueblo que, si don Manuel Pardo negaba el
+consentimiento, la chica saldría depositada. También pasaban cosas
+terribles con la señorita Manolita: don Víctor de la Formoseda la
+plantaba por una artesana, sobrina de un canónigo. En fin, misia Rosario
+pedía a Dios paciencia para tantas tribulaciones (las de la casa de
+Pardo eran para misia Rosario como propias). Si todo esto había llegado
+a oídos de Nucha por conducto de su marido o de su padre, no tenía nada
+de extraño que suspirase así. Por otra parte, ¡el decaimiento físico era
+tan visible! Ya no se parecía Nucha a más Virgen que a la demacrada
+imagen de la Soledad. Juncal la pulsaba atentamente, le ordenaba
+alimentos muy nutritivos, la miraba con alarmante insistencia.
+
+Atendiendo a la niña, Nucha se reanimaba. Cuidábala con febril
+actividad. Todo se lo quería hacer ella, sin ceder al ama más que la
+parte material de la cría. El ama, decía ella, era un tonel lleno de
+leche que estaba allí para aplicarle la espita cuando fuese necesario y
+soltar el chorro: ni más ni menos. La comparación del tonel es
+exactísima: el ama tenía hechura, color e inteligencia de tonel. Poseía
+también, como los toneles, un vientre magno. Daba gozo verla comer,
+mejor dicho, engullir: en la cocina, Sabel se entretenía en llenarle el
+plato o la taza a reverter, en ponerle delante medio pan, cebándola
+igual que a los pavos. Con semejante mostrenco Sabel se la echaba de
+principesa, modelo de delicados gustos y selectas aficiones. Como todo
+es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa
+solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y ridículo, y se
+reían tanto más con sus patochadas cuanto más fácilmente podían incurrir
+ellos en otras mayores. Realmente era el ama objeto curioso, no sólo
+para los payos, sino por distintas razones, para un etnógrafo
+investigador. Máximo Juncal refirió a Julián pormenores interesantes. En
+el valle donde se asienta la parroquia de que el ama procedía--valle
+situado en los últimos confines de Galicia, lindando con Portugal--las
+mujeres se distinguen por sus condiciones físicas y modo de vivir: son
+una especie de amazonas, resto de las guerreras galaicas de que hablan
+los geógrafos latinos; que si hoy no pueden hacer la guerra sino a sus
+maridos, destripan terrones con la misma furia que antes combatían;
+andan medio en cueros, luciendo sus fornidas y recias carnazas; aran,
+cavan, siegan, cargan carros de rama y esquilmo, soportan en sus hombros
+de cariátide enormes pesos y viven, ya que no sin obra, por lo menos sin
+auxilio de varón, pues los del valle suelen emigrar a Lisboa en busca de
+colocaciones desde los catorce años, volviendo sólo al país un par de
+meses, para casarse y propagar la raza, y huyendo apenas cumplido su
+oficio de machos de colmena. A veces, en Portugal, reciben nuevas de
+infidelidades conyugales, y, pasando la frontera una noche, acuchillan a
+los amantes dormidos: éste fue el crimen del Tuerto protegido por
+Barbacana, cuya historia había contado también Juncal. No obstante, las
+hembras de Castrodorna suelen ser tan honestas como selváticas. El ama
+no desmentía su raza por la anchura desmesurada de las caderas y
+redondez de los rudos miembros. Costó un triunfo a Nucha vestirla
+racionalmente, y hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le
+cubría la desnuda pantorrilla, por otra más cumplida y decorosa,
+consintiéndole únicamente el justillo, prenda clásica de ama de cría,
+que deja rebosar las repletas ubres, y los característicos pendientes de
+enorme argolla, el _torquis_ romano conservado desde tiempo inmemorial
+en el valle. Fue una lid obligarle a poner los zapatos a diario, porque
+todas sus congéneres los reservan para las fiestas repicadas; fue una
+penitencia enseñarle el nombre y uso de cada objeto, aún de los más
+sencillos y corrientes; fue pensar en lo excusado convencerla de que la
+niña que criaba era un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal
+envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de
+helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del
+sol y de la lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna; y
+Máximo Juncal, que aunque gran apologista de los artificios higiénicos
+lo era también de las milagrosas virtudes de la naturaleza, hallaba
+alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y salía del paso apelando
+a su lectura más reciente, _El origen de las especies_, por Darwin, y
+aplicando ciertas leyes de adaptación al medio, herencia, etcétera, que
+le permitían afirmar que el método del ama, si no hacía reventar como un
+triquitraque a la criatura, la fortalecería admirablemente.
+
+Por si acaso, Nucha no se atrevió a intentar la prueba, y dedicóse a
+cuidar en persona su tesoro, llevando la existencia atareada y minuciosa
+de las madres, en la cual es un acontecimiento que estén ahumadas las
+sopas, y un fracaso que se apague el brasero. Ella lavaba a su hijita,
+la vestía, la fajaba, la velaba dormida y la entretenía despierta. La
+vida corría monótona, ocupadísima, sin embargo. El bueno de Julián,
+testigo de estas faenas, iba enterándose poco a poco de los para él
+arcanos misteriosos del aseo y tocado de una criatura, llegando a
+familiarizarse con los múltiples objetos que componen el complicado
+ajuar de los recienes: gorras, ombligueros, culeros, pañales, fajas,
+microscópicos zapatos de crochet, capillos y baberos. Tales prendas,
+blanquísimas, adornadas con bordados y encajes, zahumadas con espliego,
+templaditas al sano calor de la camilla--calor doméstico si los hay--las
+tenía el capellán muchas veces en el regazo, mientras la madre, con la
+niña tendida boca abajo sobre su delantal de hule, pasaba y repasaba la
+esponja por las carnes de tafetán, escocidas y medio desolladas por la
+excesiva finura de su tierna epidermis, las rociaba con refrescantes
+polvos de almidón y, apretando las nalgas con los dedos para que
+hiciesen hoyos, se las mostraba a Julián exclamando con júbilo:
+
+--¡Mire usted qué monada..., qué llenita se va poniendo!
+
+En materia de desnudeces infantiles, Julián no era voto, pues sólo
+conocía las de los angelotes de los retablos; pero cavilaba para sus
+adentros que, a pesar de haber el pecado original corrompido toda carne,
+aquélla que le estaban enseñando era la cosa más pura y santa del mundo:
+un lirio, una azucena de candor. La cabezuela blanda, cubierta de
+lanúgine rubia y suave por cima de las costras de la leche, tenía el
+olor especial que se nota en los nidos de paloma, donde hay pichones
+implumes todavía; y las manitas, cuyo pellejo rellenaba ya suave grasa,
+y cuyos dedos se redondeaban como los del niño Dios cuando bendice; la
+faz, esculpida en cera color rosa; la boca, desdentada y húmeda como
+coral pálido recién salido del mar; los piececillos, encendidos por el
+talón a fuerza de agitarse en gracioso pataleo, eran otras tantas
+menudencias provocadoras de ese sentimiento mixto que despiertan los
+niños muy pequeños hasta en el alma más empedernida: sentimiento
+complejo y humorístico, en que entra la compasión, la abnegación, un
+poco de respeto y un mucho de dulce burla, sin hiel de sátira.
+
+En Nucha, el espectáculo producía las hondas impresiones de la luna de
+miel maternal, exaltadas por un temperamento nervioso y una sensibilidad
+ya enfermiza. A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la
+inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia
+de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía
+sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en
+su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas
+oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los
+dichos y hechos del ama. «Delirios impuestos por la naturaleza con muy
+sabios fines», explicaba Juncal. ¡Qué fue el primer día en que una
+sonrisa borró la grave y cómica seriedad de la diminuta cara y
+entreabrió con celeste expresión el estrecho filete de los labios! No
+era posible dejar de recordar el tan traído como llevado símil de la luz
+de la aurora disipando las tinieblas. La madre pensó chochear de
+alegría.
+
+--¡Otra vez, otra vez!--exclamaba--. ¡Encanto, cielo, cielito, monadita
+mía, ríete, ríete!
+
+Por entonces la sonrisa no se dignó presentarse más. La zopenca del ama
+negaba el hecho, cosa que enfurecía a la madre. Al otro día cupo a
+Julián la honra de encender la efímera lucecilla de la inteligencia
+naciente en la criatura, paseándole no sé qué baratijas relucientes
+delante de los ojos. Julián iba perdiendo el miedo a la nena, que al
+principio creía fácil de deshacer entre los dedos como merengue; y
+mientras la madre enrollaba la faja o calentaba el pañal, solía tenerla
+en el regazo.
+
+--Más me fío en usted que en el ama--decíale Nucha confidencialmente,
+desahogando unos secretos celos maternales--. El ama es incapaz de
+sacramentos.... Figúrese usted que para hacerse la raya al peinarse apoya
+el peine en la barbilla y lo va subiendo por la boca y la nariz hasta
+que acierta con la mitad de la frente; de otro modo no sabe.... Me he
+empeñado en que no coma con los dedos, y ¿qué conseguí? Ahora come la
+carne asada con cuchara.... Es un entremés, Julián. Cualquier día me
+estropea la chiquilla.
+
+El capellán perfeccionaba sus nociones del arte de tener un chico en
+brazos sin que llore ni rabie. Consolidó su amistad con la pequeñuela un
+suceso que casi debería pasarse en silencio: cierto húmedo calorcillo
+que un día sintió Julián penetrar al través de los pantalones.... ¡Qué
+acontecimiento! Nucha y él lo celebraron con algazara y risa, como si
+fuese lo más entretenido y chusco. Julián brincaba de contento y se
+cogía la cintura, que le dolía con tantas carcajadas. La madre le
+ofreció su delantal de hule, que él rehusó; ya tenía un pantalón viejo,
+destinado a perecer en la demanda, y por nada del mundo renunciaría a
+sentir aquella onda tibia.... Su contacto derretía no sé qué nieve de
+austeridad, cuajada sobre un corazón afeminado y virgen allá desde los
+tiempos del seminario, desde que se había propuesto renunciar a toda
+familia y todo hogar en la tierra entrando en el sacerdocio; y al par
+encendía en él misterioso fuego, ternura humana, expansiva y dulce; el
+presbítero empezaba a querer a la niña con ceguera, a figurarse que, si
+la viese morir, se moriría él también, y otros muchos dislates por el
+estilo, que cohonestaba con la idea de que, al fin, la chiquita era un
+ángel. No se cansaba de admirarla, de devorarla con los ojos, de
+considerar sus pupilas líquidas y misteriosas, como anegadas en leche,
+en cuyo fondo parecía reposar la serenidad misma.
+
+Una penosa idea le acudía de vez en cuando. Acordábase de que había
+soñado con instituir en aquella casa el matrimonio cristiano cortado por
+el patrón de la Sacra Familia. Pues bien, el santo grupo estaba
+disuelto: allí faltaba San José o lo sustituía un clérigo, que era peor.
+No se veía al marqués casi nunca; desde el nacimiento de la niña, en vez
+de mostrarse más casero y sociable, volvía a las andadas, a su vida de
+cacerías, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían
+buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos. Pasábase a
+veces una semana fuera de los Pazos de Ulloa. Su hablar era más áspero,
+su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban
+en forma más dura. Y aún notaba Julián más alarmantes indicios. Le
+inquietaba ver que Sabel recibía otra vez su antigua corte de sultana
+favorita, y que la Sabia y su progenie, con todas las parleras comadres
+y astrosos mendigos de la parroquia, pululaban allí, huyendo a escape
+cuando él se acercaba, llevando en el seno o bajo el mandil bultos
+sospechosos. Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas
+partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser
+y estado que tuvieron antes.
+
+Trataba el bueno del capellán de comulgarse a sí propio con ruedas de
+molino, diciéndose que aquello no significaba _nada_; pero la maldita
+casualidad se empeñó en abrirle los ojos cuando no quisiera. Una mañana
+que madrugó más de lo acostumbrado para decir su misa, resolvió advertir
+a Sabel que le tuviese dispuesto el chocolate dentro de media hora.
+Inútilmente llamó a su cuarto, situado cerca de la torre en que Julián
+dormía. Bajó con esperanzas de encontrarla en la cocina, y al pasar ante
+la puerta del gran despacho próximo al archivo, donde se había instalado
+don Pedro desde el nacimiento de su hija, vio salir de allí a la moza,
+en descuidado traje y soñolienta. Las reglas psicológicas aplicables a
+las conciencias culpadas exigían que Sabel se turbase: quien se turbó
+fue Julián. No sólo se turbó, pero subió de nuevo a su dormitorio,
+notando una sensación extraña, como si le hubiesen descargado un fuerte
+golpe en las piernas quebrándoselas. Al entrar en su habitación, pensaba
+esto o algo análogo:
+
+«Vamos a ver, ¿quién es el guapo que dice misa hoy?».
+
+
+
+
+-XIX-
+
+
+No, ese guapo no era él. ¡Buena misa sería la que dijese, con la cabeza
+hecha una olla de grillos! Hasta reprimir los amotinados pensamientos
+que le acuciaban, hasta adoptar una resolución firme y valedera, Julián
+no se atrevía ni a pensar en el santo sacrificio.
+
+La cosa era bien clara. Situación: la misma del año penúltimo. Tenía que
+marcharse de aquella casa echado por el feo vicio, por el delito infame.
+No le era lícito permanecer allí ni un instante más. Salvo el debido
+respeto, se había llevado la trampa el matrimonio cristiano, en cierto
+modo obra suya, y ya no quedaba rastro de hogar, sino una sentina de
+corrupción y pecado. A otra parte, pues, con la música.
+
+Sólo que.... Vaya, hay cosas más fáciles de pensar que de hacer en este
+mundo. Todo era una montaña: encontrar pretexto, despedirse, preparar el
+equipaje.... La primera vez que pensó en irse de allí ya le costaba algún
+esfuerzo; hoy, la idea sola de marchar le producía el mismo efecto que
+si le echasen sobre el alma un paño mojado en agua fría. ¿Por qué le
+disgustaba tanto la perspectiva de salir de los Pazos? Bien mirado, él
+era un extraño en aquella casa.
+
+Es decir, eso de extraño.... Extraño no, pues vivía unido espiritualmente
+a la familia por el respeto, por la adhesión, por la costumbre. Sobre
+todo, la niña, la niña. El acordarse de la niña le dejó como embobado.
+No podía explicarse a sí mismo el gran sacudimiento interior que le
+causaba pensar que no volvería a cogerla en brazos. ¡Mire usted que
+estaba encariñado con la tal muñeca! Se le llenaron de lágrimas los
+ojos.
+
+«Bien decían en el Seminario--murmuró con despecho--que soy muy apocado y
+muy... así..., como las mujeres, que por todo se afectan. ¡Vaya un
+sacerdote ordenado de misa! Si tengo tal afición a chiquillos, no debí
+abrazar la carrera que abracé. No, no; esto que voy diciendo es un
+desatino mayor todavía.... Si me gustan los chiquillos y tengo vocación
+de ayo o niñero, ¿quién me priva de cuidar a los que andan descalzos por
+las carreteras, pidiendo limosna? Son hijos de Dios lo mismo que esta
+pobre pequeña de aquí.... Hice mal, muy mal en tomarle tanta afición....
+Pero es que sólo un perro, ¡qué!, ni un perro...: sólo una fiera puede
+besar a un angelito y no quererlo bien».
+
+Resumiendo después sus cavilaciones, añadió para sí:
+
+«Soy un majadero, un Juan Lanas. No sé a qué he venido aquí la vez
+segunda. No debí volver. Estaba visto que el señorito tenía que parar en
+esto. Mi poca energía tiene la culpa. Con riesgo de la vida debí barrer
+esa canalla, si no por buenas, a latigazos. Pero yo no tengo agallas,
+como dice muy bien el señorito, y ellos pueden y saben más que yo, a
+pesar de ser unos brutos. Me han engañado, me han embaucado, no he
+puesto en la calle a esa moza desvergonzada, se han reído de mí y ha
+triunfado el infierno».
+
+Mientras sostenía este monólogo, iba sacando de un cajón de la cómoda
+prendas de ropa blanca, a fin de hacer su equipaje, pues como todas las
+personas irresolutas, solía precipitarse en los primeros momentos y
+adoptar medidas que le ayudaban a engañarse a sí propio. Al paso que
+rellenaba la maleta, razonaba para consigo:
+
+«¿Señor, Señor, por qué ha de haber tanta maldad y tanta estupidez en la
+tierra? ¿Por qué el hombre ha de dejar que lo pesque el diablo con tan
+tosco anzuelo y cebo tan ruin? (diciendo esto alineaba en el baúl
+calcetines). Poseyendo la perla de las mujeres, el verdadero trasunto de
+la mujer fuerte, una esposa castísima (este superlativo se le ocurrió al
+doblar cuidadosamente la sotana nueva), ¡ir a caer precisamente con una
+vil mozuela, una sirviente, una fregona, una desvergonzada que se va a
+picos pardos con el primer labriego que encuentra!».
+
+Llegaba aquí del soliloquio cuando trataba sin éxito de acomodar el
+sombrero de canal de modo que la cubierta de la maleta no lo abollase.
+
+El ruido que hizo la tapa al descender, el gemido armonioso del cuero,
+parecióle una voz irónica que le respondía:
+
+«Por eso, por eso mismo».
+
+«¡Será posible!--murmuró el bueno del capellán--. ¡Será posible que la
+abyección, que la indignidad, que la inmundicia misma del pecado
+atraiga, estimule, sea un aperitivo, como las guindillas rabiosas, para
+el paladar estragado de los esclavos del vicio! Y que en esto caigan, no
+personas de poco más o menos, sino señores de nacimiento, de rango,
+señores que...».
+
+Detúvose y, reflexivo, contó un montículo de pañuelos de narices que
+sobre la cómoda reposaba.
+
+«Cuatro, seis, siete.... Pues yo tenía una docena, todos marcados....
+Pierden aquí la ropa bastante...».
+
+Volvió a contar.
+
+«Seis, siete.... Y uno en el bolsillo, ocho.... Puede que haya otro en la
+lavandera...».
+
+Dejólos caer de golpe. Acababa de recordar que uno de aquellos pañuelos
+se lo había atado él a la niñita debajo de la barba, para impedir que la
+baba le rozase el cuello. Suspiró hondamente, y abriendo otra vez el
+maletín, notó que la seda del sombrero de canal se estropeaba con la
+tapa. «No cabe», pensó, y parecióle enorme dificultad para su viaje no
+poder acomodar la canaleja. Miró el reloj: señalaba las diez. A las diez
+o poco más comía la chiquita su sopa y era la risa del mundo verla con
+el hocico embadurnado de puches, empeñada en coger la cuchara y sin
+acertar a lograrlo. ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar; al día siguiente
+le sería fácil colocar mejor su sombrero y resolver la marcha. Por
+veinticuatro horas más o menos....
+
+Este medicamento emoliente de la espera equivale, para la mayor parte de
+los caracteres, a infalible específico. No hay que vituperar su empleo,
+en atención a lo que consuela: en rigor, la vida es serie de
+aplazamientos, y sólo hay un desenlace definitivo, el último. Así que
+Julián concibió la luminosa idea de aguardar un poco, sintióse
+tranquilo; aun más: contento. No era su carácter muy jovial,
+propendiendo a una especie de morosidad soñadora y mórbida, como la de
+las doncellas anémicas; pero en aquel punto respiraba con tal desahogo
+por haber encontrado una solución, que sus manos temblaban, deshaciendo
+con alegre presteza el embutido de calcetines y ropa blanca y dando
+amable libertad al canal y manteo. Después se lanzó por las escaleras,
+dirigiéndose a la habitación de Nucha.
+
+Nada aconteció aquel día que lo diferenciase de los demás, pues allí la
+única variante solía ser el mayor o menor número de veces que mamaba la
+chiquitina, o la cantidad de pañales puestos a secar. Sin embargo, en
+tan pacífico interior veía el capellán desarrollarse un drama mudo y
+terrible. Ya se explicaba perfectamente las melancolías, los suspiros
+ahogados de Nucha. Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con
+la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída
+siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por
+fuerza, debía _saberlo todo_, y una lástima profunda le inundaba el
+alma. Reprendióse a sí mismo por haber pensado siquiera en marcharse. Si
+la señorita necesitaba un amigo, un defensor, ¿en quién lo encontraría
+más que en él? Y lo necesitaría de fijo.
+
+La misma noche, antes de acostarse, presenció el capellán una escena
+extraña, que le sepultó en mayores confusiones. Como se le hubiese
+acabado el aceite a su velón de tres mecheros y no pudiese rezar ni
+leer, bajó a la cocina en demanda de combustible. Halló muy concurrido
+el sarao de Sabel. En los bancos que rodeaban el fuego no cabía más
+gente: mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las
+chuscadas y chocarrerías del tío Pepe de Naya, vejete que era un puro
+costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino
+de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse
+en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la
+hospitalaria Sabel le ofrecía. Mientras él pagaba el escote contando
+chascarrillos, en la gran mesa de la cocina, que desde el casamiento de
+don Pedro no usaban los amos, se veían, no lejos de la turbia luz de
+aceite, relieves de un festín más suculento: restos de carne en platos
+engrasados, una botella de vino descorchada, una media tetilla, todo
+amontonado en un rincón, como barrido despreciativamente por el
+hartazgo; y en el espacio libre de la mesa, tendidos en hilera, había
+hasta doce naipes, que si no recortados en forma ovada por exceso de
+uso, como aquellos de que se sirvieron Rinconete y Cortadillo, no les
+cedían en lo pringosos y sucios. En pie, delante de ellos, la señora
+María la Sabia, extendiendo el dedo negro y nudoso cual seca rama de
+árbol, los consultaba con ademán reflexivo. Encorvada la horrenda
+sibila, alumbrada por el vivo fuego del hogar y la luz de la lámpara,
+ponía miedo su estoposa pelambrera, su catadura de bruja en aquelarre,
+más monstruosa por el bocio enorme, ya que le desfiguraba el cuello y
+remedaba un segundo rostro, rostro de visión infernal, sin ojos ni
+labios, liso y reluciente a modo de manzana cocida. Julián se detuvo en
+lo alto de la escalera, contemplando las prácticas supersticiosas, que
+se interrumpirían de seguro si sus zapatillas hiciesen ruido y delatasen
+su presencia.
+
+Si él conociese a fondo la tenebrosísima y aún no desacreditada ciencia
+de la cartomancia, ¡cuánto más interesante le parecería el espectáculo!
+Entonces podría ver reunidos allí, como en el reparto de un drama, los
+personajes todos que jugaban en su vida y ocupaban su imaginación. Aquel
+rey de bastos, con hopalanda azul ribeteada de colorado, los pies
+simétricamente dispuestos, la gran maza verde al hombro, se le figuraría
+bastante temible si supiese que representaba un hombre moreno casado--don
+Pedro--. La sota del mismo palo se le antojaría menos fea si comprendiese
+que era símbolo de una señorita morena también--Nucha--. A la de copas le
+daría un puntapié por insolente y borracha, atendido que personificaba a
+Sabel, una moza rubia y soltera. Lo más grave sería verse a sí mismo--un
+joven rubio--significado por el caballo de copas, azul por más señas,
+aunque ya todos estos colorines los había borrado la mugre.
+
+¡Pues qué sucedería si después, cuando la vieja barajó los naipes y,
+repartiéndolos en cuatro montones, empezó a interpretar su sentido
+fatídico, pudiese él oír distintamente todas las palabras que salían del
+antro espantable de su boca! Había allí concordancias de la sota de
+bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores
+secretos de mucha duración; apariciones del ocho de bastos, que
+vaticinaban riñas entre cónyuges; reuniones de la sota de espadas con la
+de copas patas arriba, que encerraban tétricos augurios de viudez por
+muerte de la esposa. A bien que el cinco del mismo palo profetizaba
+después unión feliz. Todo esto, dicho por la sibila en voz baja y
+cavernosa, lo escuchaba solamente la bella fregatriz Sabel, que con los
+brazos cruzados tras la espalda, el color arrebatado, se inclinaba sobre
+el oráculo, que más parecía provocarla a curiosidad que a regocijo. La
+jarana con que en el hogar se celebraban los chistes del señor Pepe
+impedía que nadie atendiese al silabeo de la vieja. Merced a la
+situación de la escalera, dominaba Julián la mesa, trípode y ara del
+temeroso rito, y sin ser visto podía ver y entreoír algo. Escuchaba,
+tratando de entender mejor lo que sólo confusamente percibía, y como al
+hacerlo cargase sobre el barandal de la escalera, éste crujió levemente,
+y la bruja alzó su horrible carátula. En un santiamén recogió los
+naipes, y el capellán bajó, algo confuso de su espionaje involuntario,
+pero tan preocupado con lo que creía haber sorprendido, que ni se le
+ocurrió censurar el ejercicio de la hechicería. La bruja, empleando el
+tono humilde y servil de siempre, se apresuró a explicarle que aquello
+era mero pasatiempo, «por se reír un poco».
+
+Volvió Julián a su cuarto agitadísimo. Ni él mismo sabía lo que le
+correteaba por el magín. Bien presumía antes a cuántos riesgos se
+exponían Nucha y su hija viviendo en los Pazos: ahora..., ahora los
+divisaba inminentes, clarísimos. ¡Tremenda situación! El capellán le
+daba vueltas en su cerebro excitado: a la niña la robarían para matarla
+de hambre; a Nucha la envenenarían tal vez.... Intentaba serenarse. ¡Bah!
+No abundan tanto los crímenes por esos mundos, a Dios gracias. Hay
+jueces, hay magistrados, hay verdugos. Aquel hato de bribones se
+contentaría con explotar al señorito y a la casa, con hacer rancho de
+ella, con mandar anulando en su dignidad y poderío doméstico a la
+señorita. Pero..., ¿si no se contentaba?
+
+Dio cuerda a su velón, y apoyando los codos sobre la mesa intentó leer
+en las obras de Balmes, que le había prestado el cura de Naya, y en cuya
+lectura encontraba grato solaz su espíritu, prefiriendo el trato con tan
+simpática y persuasiva inteligencia a las honduras escolásticas de
+Prisco y San Severino. Mas a la sazón no podía entender una sola línea
+del filósofo, y sólo oía los tristes ruidos exteriores, el quejido
+constante de la presa, el gemir del viento en los árboles. Su acalorada
+fantasía le fingió entre aquellos rumores quejumbrosos otro más
+lamentable aún, porque era personal: un grito humano. ¡Qué disparatada
+idea! No hizo caso y siguió leyendo. Pero creyó escuchar de nuevo el
+_ay_ tristísimo. ¿Serían los perros? Asomóse a la ventana: la luna
+bogaba en un cielo nebuloso, y allá a lo lejos se oía el aullar de un
+perro, ese aullar lúgubre que los aldeanos llaman _ventar la muerte_ y
+juzgan anuncio seguro del próximo fallecimiento de una persona. Julián
+cerró la ventana estremeciéndose. No despuntaba por valentón, y sus
+temores instintivos se aumentaban en la casa solariega, que le producía
+nuevamente la dolorosa impresión de los primeros días. Su temperamento
+linfático no poseía el secreto de ciertas saludables reacciones, con las
+cuales se desecha todo vano miedo, todo fantasma de la imaginación. Era
+capaz, y demostrado lo tenía, de arrostrar cualquier riesgo grave, si
+creía que se lo ordenaba su deber; pero no de hacerlo con ánimo sereno,
+con el hermoso desdén del peligro, con el buen humor heroico que sólo
+cabe en personas de rica y roja sangre y firmes músculos. El valor
+propio de Julián era valor temblón, por decirlo así; el breve arranque
+nervioso de las mujeres.
+
+Volvía a su conferencia con Balmes cuando.... ¡Jesús nos valga! ¡Ahora
+sí, ahora sí que no cabía duda! Un chillido sobreagudo de terror había
+subido por el oscuro caracol y entrado por la puerta entornada. ¡Qué
+chillido! El velón le bailaba en las manos a Julián.... Bajaba, sin
+embargo, muy aprisa, sin sentir sus propios movimientos, como en las
+espantosas caídas que damos soñando. Y volaba por los salones
+recorriendo la larga crujía para llegar hacia la parte del archivo,
+donde había sonado el grito horrible.... El velón, oscilando más y más en
+su diestra trémula, proyectaba en las paredes caleadas extravagantes
+manchones de sombra.... Iba a dar la vuelta al pasillo que dividía el
+archivo del cuarto de don Pedro, cuando vio.... ¡Dios santo! Sí, era la
+escena misma, tal cual se la había figurado él.... Nucha de pie, pero
+arrimada a la pared, con el rostro desencajado de espanto, los ojos no
+ya vagos sino llenos de extravío mortal; enfrente su marido, blandiendo
+un arma enorme.... Julián se arrojó entre los dos.... Nucha volvió a
+chillar....
+
+--¡Ay!, ¡ay! ¡Qué hace usted! ¡Que se escapa... que se escapa!
+
+Comprendió entonces el alucinado capellán lo que ocurría, con no poca
+vergüenza y confusión suya.... Por la pared trepaba aceleradamente,
+deseando huir de la luz, una araña de desmesurado grandor, un monstruoso
+vientre columpiado en ocho velludos zancos. Su carrera era tan rápida,
+que inútilmente trataba el señorito de alcanzarla con la bota; de
+repente Nucha se adelantó, y con voz entre grave y medrosa repitió
+ingenuamente lo que había dicho mil veces en su niñez:
+
+--¡San Jorge... para la araña!
+
+El feo insecto se detuvo a la entrada de la zona de sombra: la bota cayó
+sobre él. Julián, por reacción natural del miedo disipado, que se trueca
+en inexplicable gozo, iba a reírse del suceso; pero notó que Nucha,
+cerrando los ojos y apoyándose en la pared, se cubría la cara con el
+pañuelo.
+
+--No es nada, no es nada...--murmuraba.
+
+--Un poco de llanto nervioso.... Ya pasará.... Estoy aún algo débil....
+
+--¡Valiente cosa para tanto alboroto!--exclamó el marido encogiéndose de
+hombros--. ¡Os crían con más mimo! En mi vida he visto tal. Don Julián,
+¿usted creyó que la casa se venía abajo? ¡Ea, a recogerse! Buenas
+noches.
+
+Tardó bastante el capellán en dormirse. Recapacitaba en sus terrores y
+concedía su ridiculez; prometíase vencer aquella pusilanimidad suya;
+pero duraba aún el desasosiego: la impulsión estaba comunicada y
+almacenada en sinuosidades cerebrales muy hondas. Apenas le otorgó sus
+favores el sueño, vino con él una legión de pesadillas a cual más negra
+y opresora. Empezó a soñar con los Pazos, con el gran caserón; mas, por
+extraña anomalía propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones
+de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al anárquico
+influjo de la imaginación, no veía la huronera tal cual la había visto
+siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho
+portalón inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcción
+del siglo XVIII; sino que, sin dejar de ser la misma, había mudado de
+forma; el huerto con bojes y estanque era ahora ancho y profundo foso;
+las macizas murallas se poblaban de saeteras, se coronaban de almenas;
+el portalón se volvía puente levadizo, con cadenas rechinantes; en suma:
+era un castillote feudal hecho y derecho, sin que le faltase ni el
+romántico aditamento del pendón de los Moscosos flotando en la torre del
+homenaje; indudablemente, Julián había visto alguna pintura o leído
+alguna medrosa descripción de esos espantajos del pasado que nuestro
+siglo restaura con tanto cariño. Lo único que en el castillo recordaba
+los Pazos actuales era el majestuoso escudo de armas; pero aun en este
+mismo existía diferencia notable, pues Julián distinguía claramente que
+se habían animado los emblemas de piedra, y el pino era un árbol verde
+en cuya copa gemía el viento, y los dos lobos rapantes movían las
+cabezas exhalando aullidos lúgubres. Miraba Julián fascinado hacia lo
+alto de la torre, cuando vio en ella alarmante figurón: un caballero con
+visera calada, todo cubierto de hierro; y aunque ni un dedo de la mano
+se le descubría, con el don adivinatorio que se adquiere soñando, Julián
+percibía al través de la celada la cara de don Pedro. Furioso,
+amenazador, enarbolaba don Pedro un arma extraña, una bota de acero, que
+se disponía a dejar caer sobre la cabeza del capellán. Éste no hacía
+movimiento alguno para desviarse, y la bota tampoco acababa de caer; era
+una angustia intolerable, una agonía sin término; de repente sintió que
+se le posaba en el hombro una lechuza feísima, con greñas blancas. Quiso
+gritar: en sueños el grito se queda siempre helado en la garganta. La
+lechuza reía silenciosamente. Para huir de ella, saltaba el foso; mas
+éste ya no era foso, sino la represa del molino; el castillo feudal
+también mudaba de hechura sin saberse cómo; ahora se parecía a la
+clásica torre que tienen en las manos las imágenes de Santa Bárbara; una
+construcción de cartón pintado, hecha de sillares muy cuadraditos, y a
+cuya ventana asomaba un rostro de mujer pálido, descompuesto.... Aquella
+mujer sacó un pie, luego otro... fue descolgándose por la ventana
+abajo.... ¡Qué asombro! ¡Era la sota de bastos, la mismísima sota de
+bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo
+de espadas, una rara alimaña azul, con la cola rayada de negro. Mas a
+poco Julián reconoció su error: ¡qué caballo de espadas! No era sino San
+Jorge en persona, el valeroso caballero andante de las celestiales
+milicias, con su dragón debajo, un dragón que parecía araña, en cuya
+tenazuda boca hundía la lanza con denuedo.... Brillante y aguda, la lanza
+descendía, se hincaba, se hincaba.... Lo sorprendente es que el lanzazo
+lo sentía Julián en su propio costado.... Lloraba muy bajito, queriendo
+hablar y pedir misericordia; nadie acudía en su auxilio, y la lanza le
+tenía ya atravesado de parte a parte.... Despertó repentinamente,
+resintiéndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual
+había gravitado el peso del cuerpo todo, al acostarse del lado
+izquierdo, posición favorable a las pesadillas.
+
+
+
+
+-XX-
+
+
+Los sueños de las noches de terror suelen parecer risibles apenas
+despunta la claridad del nuevo día; pero Julián, al saltar de la cama,
+no consiguió vencer la impresión del suyo. Proseguía el hervor de la
+imaginación sobrexcitada: miró por la ventana, y el paisaje le pareció
+tétrico y siniestro; verdad es que entoldaban la bóveda celeste
+nubarrones de plomo con reflejos lívidos, y que el viento, sordo unas
+veces y sibilante otras, doblaba los árboles con ráfagas repentinas. El
+capellán bajó la escalera de caracol con ánimo de decir su misa, que a
+causa del mal estado de la capilla señorial acostumbraba celebrar en la
+parroquia. Al regresar y acercarse a la entrada de los Pazos, un
+remolino de hojas secas le envolvió los pies, una atmósfera fría le
+sobrecogió, y la gran huronera de piedra se le presentó imponente,
+ceñuda y terrible, con aspecto de prisión, como el castillo que había
+visto soñando. El edificio, bajo su toldo de negras nubes, con el ruido
+temeroso del cierzo que lo fustigaba, era amenazador y siniestro. Julián
+penetró en él con el alma en un puño. Cruzó rápidamente el helado
+zaguán, la cavernosa cocina, y, atravesando los salones solitarios, se
+apresuró a refugiarse en la habitación de Nucha, donde acostumbraban
+servirle el chocolate por orden de la señorita.
+
+Encontró a ésta algo más desemblantada que de costumbre. Al abatimiento
+que de ordinario se revelaba en su rostro afilado, se agregaba una
+contracción y un azoramiento, indicios de gran tirantez nerviosa. Tenía
+a la niña en brazos, y al ver llegar a Julián le hizo rápidamente seña
+de que ni chistase ni se menease, que el angelito andaba en tratos de
+aletargarse al calor del seno maternal. Inclinada sobre la criatura,
+Nucha le echaba el aliento para mejor adormecerla, y arreglaba con
+febriles movimientos el pañolón calcetado que envolvía, como el capullo
+a la oruga, aquella vida naciente. Pestañeó la niña dos o tres veces, y
+luego cerró los ojitos, mientras su madre no cesaba de arrullarla con
+una _nana_ aprendida del ama, una especie de gemido cuya base era el
+triste, ¡_lai... lai_!, la queja lenta y larga de todas las canciones
+populares en Galicia. El canto fue descendiendo, hasta concluir en la
+pronunciación melancólica y cariñosa de una sola letra, la _e_
+prolongada; y levantándose en puntas de pie, Nucha depositó a su hija en
+la cuna muy delicada y cuidadosamente, pues la chiquilla era tan
+lista--en opinión de su madre--que distinguía al punto la cuna del brazo,
+y era capaz de despertar del sopor más profundo si se enteraba de la
+sustitución.
+
+Por lo mismo Julián y Nucha se hablaron muy de quedo, mientras la
+señorita manejaba la aguja de _crochet_ calcetando unos zapatitos que
+parecían bolsas. Julián empezó por preguntar si se le había quitado el
+susto de la noche anterior.
+
+--Sí, pero todavía estoy no sé cómo.
+
+--Yo tampoco les tengo afición a esos bichos asquerosos.... No los había
+visto tan gordos hasta que vine a la aldea. En el pueblo apenas los hay.
+
+--Pues yo--contestó Nucha--era antes muy valiente; pero desde... que nació
+la pequeña, no sé qué me pasa; parece que me he vuelto medio tonta, que
+tengo miedo a todo....
+
+Interrumpió la labor, y alzó la cara; sus grandes ojos estaban
+dilatados; sus labios, ligeramente trémulos.
+
+--Es una enfermedad, es una manía; ya lo conozco, pero no lo puedo
+remediar, por más que hago. Tengo la cabeza debilitada; no pienso sino
+en cosas de susto, en espantos.... ¿Ve usted qué chillidos di ayer por la
+dichosa araña? Pues de noche, cuando me quedo sola con la niña...--porque
+el ama durmiendo es lo mismo que si estuviese muerta; aunque le disparen
+al oído un cañón de a ocho no se mueve--haría a cada paso escenas por el
+estilo si no me dominase. No se lo digo a Juncal por vergüenza; pero veo
+cosas muy raras. La ropa que cuelgo me representa siempre hombres
+ahorcados, o difuntos que salen del ataúd con la mortaja puesta; no
+importa que mientras está el quinqué encendido, antes de acostarme, la
+arregle así o asá; al fin toma esas hechuras extravagantes aun no bien
+apago la luz y enciendo la lamparilla. Hay veces que distingo personas
+sin cabeza; otras, al contrario, les veo la cara con todas sus
+facciones, la boca muy abierta y haciendo muecas.... Esos mamarrachos que
+hay pintados en el biombo se mueven; y cuando crujen las ventanas con el
+viento, como esta noche, me pongo a cavilar si son almas del otro mundo
+que se quejan....
+
+--¡Señorita!--exclamó dolorosamente Julián--. ¡Eso es contra la fe! No
+debemos creer en aparecidos ni en brujerías.
+
+--¡Si yo no creo!--repuso la señorita riendo nerviosamente--. ¿Usted se
+figura que soy como el ama, que dice que ha visto en realidad la
+_Compaña_, con su procesión de luces allá a las altas horas? En mi vida
+he dado crédito a paparruchas semejantes; por eso digo que debo de estar
+enferma, cuando me persiguen visiones y vestiglos.... Lo que siempre me
+porfía el señor de Juncal: fortalecerse, criar sangre.... Lástima que la
+sangre no se compre en la tienda.... ¿no le parece a usted?
+
+--O que... los sanos no se la podamos regalar a... los que... la
+necesitan....
+
+Dijo esto el presbítero titubeando, poniéndose encendido hasta la nuca,
+porque su impulso primero había sido exclamar: «Señorita Marcelina, aquí
+está mi sangre a la disposición de usted».
+
+El silencio producido por arranque tan vivo duró algunos segundos,
+durante los cuales ambos interlocutores miraron fijamente, distraídos y
+ensimismados, el paisaje que se alcanzaba desde la ancha y honda ventana
+fronteriza. Al pronto no lo vieron; luego su efecto sombrío les fue
+entrando, mal de su grado, por los ojos hasta el alma. Eran las montañas
+negras, duras, macizas en apariencia, bajo la oscurísima techumbre del
+cielo tormentoso; era el valle alumbrado por las claridades pálidas de
+un angustiado sol; era el grupo de castaños, inmóvil unas veces, otras
+violentamente sacudido por la racha del ventarrón furioso y
+desencadenado.... A un mismo tiempo exclamaron los dos, capellán y
+señorita:
+
+--¡Qué día tan triste!
+
+Julián reflexionaba en la rara coincidencia de los terrores de Nucha y
+los suyos propios; y, pensando alto, prorrumpía:
+
+--Señorita, también esta casa..., vamos, no es por decir mal de ella,
+pero... es un poco _miedosa_. ¿No le parece?
+
+Los ojos de Nucha se animaron, como si el capellán le hubiese adivinado
+un sentimiento que no se atrevía a manifestar.
+
+--Desde que ha venido el invierno--murmuró hablando consigo misma--no sé
+qué tiene ni qué trazas saca... que no me parece la misma.... Hasta las
+murallas se han vuelto más gordas y la piedra más oscura.... Será una
+tontería, ¡ya sé que lo será!, pero no me atrevo a salir de mi
+habitación, yo que antes revolvía todos los rincones y andaba por todas
+partes.... Y no tengo remedio sino dar una vuelta por ella.... Necesito
+ver si hay abajo, en el sótano, arcones para la ropa blanca.... Hágame el
+favor de venir, Julián, ahora que la niña duerme.... Quiero quitarme de
+la cabeza estas aprensiones y estas tontunas.
+
+Intentó el capellán disuadirla: temía que se cansase, que se enfriase al
+atravesar los salones, al bajar al claustro. La señorita no dio más
+respuesta que dejar la labor, envolverse en su mantón y echar a andar.
+Cruzaron a buen paso la fila de habitaciones extensas, desamuebladas,
+casi vacías, donde las pisadas retumbaban sordamente. De tiempo en
+tiempo, Nucha volvía la cabeza atrás a ver si la seguía su acompañante,
+y el ademán de volverla revelaba alteración y zozobra. En la diestra
+columpiaba un manojo de llaves. Salieron al claustro superior, y por una
+escalerilla muy pendiente descendieron al inferior, cuyas arcadas eran
+de piedra.
+
+Llegados al patín que cerraba el grave claustro, Nucha señaló a un pilar
+que tenía incrustada una argolla de hierro, de la cual colgaba aún un
+eslabón comido de orín.
+
+--¿Sabe usted qué era esto?--murmuró con apagada voz.
+
+--No sé--respondió Julián.
+
+--Dice Pedro--explicó la señorita--que estuvo ahí la cadena con que tenían
+sujeto sus abuelos a un negro esclavo.... ¿No parece mentira que se
+hiciesen semejantes crueldades? ¡Qué tiempos tan malos, Julián!
+
+--Señorita..., a don Máximo Juncal, que no piensa más que en política,
+todo se le vuelve hablar de eso; pero mire usted, en cada tiempo hay su
+legua de mal camino.... Bastantes barbaridades hacen hoy en día, y la
+religión anda perdida desde estas grescas.
+
+--Pero como aquí--observó Nucha, formulando sencillamente una observación
+histórico-filosófica de bastante alcance--no ve uno sino las atrocidades
+de los señores de otro tiempo..., parece que son las únicas que le dan
+en qué pensar.... ¿Por qué serán tan malos cristianos los hombres?--añadió
+entreabriendo los labios con cándido asombro.
+
+El cielo se oscureció más en el momento de expresarse así Nucha; un
+relámpago alumbró súbitamente las profundidades de las arcadas del
+claustro y el rostro de la señorita, que adquirió a la luz verdosa el
+aspecto trágico de una faz de imagen.
+
+--¡Santa Bárbara bendita!--articuló piadosamente el capellán,
+estremeciéndose--. Volvámonos arriba, señorita.... Está tronando. Como
+este año no tuvimos _cordonazo de San Francisco_..., ya se ve, el
+equinoccio no quiere pasar sin esto.... ¿Subimos?
+
+--No--resolvió Nucha, empeñada en combatir sus propios terrores--. Ésta es
+la puerta del sótano.... ¿Cuál será la llave?
+
+La buscó algún tiempo en el manojo. Al introducirla en la cerradura y
+empujar la puerta, otro relámpago bañó de claridad fantasmagórica el
+sitio en que iba a penetrar; rodó el carro del trueno, pausado al
+principio, después ronco y formidable, como una voz hinchada por la
+cólera, y Nucha retrocedió con espanto.
+
+--¿Qué sucede, señorita querida? ¿Qué sucede?--gritó el capellán.
+
+--¡Nada... nada!--tartamudeó la señora de Ulloa--. Se me figuró al abrir
+que estaba ahí dentro un perro muy grande, sentado, y que se levantaba y
+se me echaba para morderme.... ¿Si no los tendré cabales? Pues mire usted
+que juraría haberlo visto.
+
+--¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es
+que es una locura andar ahora revolviendo en los sótanos.... Retírese
+usted; yo buscaré lo que haga falta.
+
+--No--replicó Nucha con energía--. Ya me carga de veras ser tan boba....
+Quiero entrar antes, para que vea usted si comprendo perfectamente que
+todas son necedades.... ¿Trae usted la cerilla?--gritó ya desde dentro.
+
+El capellán la encendió, y a su luz menos que dudosa vieron el sótano,
+mejor dicho, entrevieron las paredes destilando humedad; el confuso
+montón de objetos retirados allí por inservibles y pudriéndose en los
+rincones; el conjunto de cosas informes y, por lo mismo, temerosas y
+vagas. En la penumbra de aquel lugar casi subterráneo, en el
+hacinamiento de vejestorios retirados por inservibles y entregados a las
+ratas, la pata de una mesa parecía un brazo momificado, la esfera de un
+reloj era la faz blanquecina de un muerto, y unas botas de montar
+carcomidas, asomando por entre papeles y trapos, despertaban en la
+fantasía la idea de un hombre asesinado y oculto allí. No obstante,
+Nucha, con paso resuelto, fue derecha al caos húmedo y medroso, y, con
+la voz ahogada y conmovida de los que acaban de obtener un gran triunfo
+sobre sí mismos, gritó:
+
+--Aquí está el arcón.... Que me lo suban después....
+
+Salió muy animada, satisfecha de su resolución, vencedora en la lucha
+cuerpo a cuerpo con el caserón que la asustaba. Al subir otra vez por la
+escalerilla, volvió a sobrecogerla el fragor de un trueno más hondo,
+poderoso y cercano que los anteriores. ¡Era preciso encender la vela del
+Santísimo y rezar el Trisagio!
+
+Así lo hicieron al punto. La vela fue colocada sobre la cómoda de Nucha:
+un cirio bastante largo aún, de cera color de naranja, con muchas
+lágrimas y un pábilo que chisporroteaba y no acababa de arder. Antes de
+arrodillarse, cerraron las maderas de la ventana, para evitar que la
+ojeada fulgurante del relámpago les deslumbrase a cada minuto. Rugía con
+creciente ira el viento, y la tronada se había situado sobre los Pazos,
+oyéndose su estruendo lo mismo que si corriese por el tejado un
+escuadrón de caballos a galope o si un gigante se entretuviese en
+arrastrar un peñasco y llevarlo a tumbos por encima de las tejas. ¡Con
+cuánto fervor empezó el capellán a guiar el Trisagio misterioso!
+Anonadándose ante la cólera divina, cuya violencia sacudía y hacía
+retemblar a los Pazos como si fuesen una choza, pronunciaba:
+
+De la subitánea muerte del rayo y de la centella libra este Trisagio, y
+sella a quien lo reza: y advierte....
+
+Nucha, de repente, se incorporaba lanzando un chillido, y corría al
+sofá, donde se reclinaba lanzando interrumpidas carcajadas histéricas,
+que sonaban a llanto. Sus manos crispadas arrancaban los corchetes de su
+traje, o comprimían sus sienes, o se clavaban en los almohadones del
+sofá, arañándolos con furor.... Aunque tan inexperto, Julián comprendió
+lo que ocurría: el espasmo inevitable, la explosión del terror
+reprimido, el pago del alarde de valentía de la pobre Nucha....
+
+--¡Filomena, Filomena! Aquí, mujer, aquí.... Agua, vinagre..., el
+frasquito aquél.... ¿Dónde está el frasco que vino de la botica de Cebre?
+Aflójele el vestido.... Ya me vuelvo de espaldas, mujer, no necesitaba
+avisármelo.... Unos pañitos fríos en las sienes.... ¡Si truena, que
+truene! Deje tronar.... Acuda a la señorita.... Déle aire con este papel
+aunque sea.... ¿Ya está cubierta y floja? Se lo daré yo, poquito a
+poco.... Que respire bien el vinagre...
+
+
+
+
+-XXI-
+
+
+Notóse días después alguna mejoría en el estado general de la señora de
+Ulloa, con lo cual el capellán revivió y se le animó también el marchito
+semblante. El marqués andaba en extremo distraído, organizando una
+cazata a los lejanos montes de Castrodorna, más allá del río; el tiempo
+se aseguraba; las noches eran de helada, claras y glaciales; acercábase
+el plenilunio, y todo prometía feliz éxito. La víspera de la salida al
+cazadero vinieron a dormir a los Pazos el notario de Cebre, el señorito
+de Limioso, el cura de Boán, el de Naya, y un cazador furtivo, escopeta
+negra infalible, conocida en el país por el alias de _Bico de rato_
+(hocico de ratón), mote apropiadísimo a la color tiznada de su cara,
+donde giraban dos ojuelos vivarachos. Llenóse la casa de ruido, de
+tilinteo de cascabeles, de cadencia de uñas de perros sobre los pisos de
+madera, de voces sonoras y de órdenes para tener en punto al amanecer
+todos los arreos de caza. La cena fue regocijada y ruidosa: se bromeó,
+se contaron de antemano las perdices que habían de sucumbir, se
+saborearon por adelantado las provisiones que se llevaban al monte, y se
+remojó previamente el gaznate con jarros de un tinto añejo que daba
+gloria. A la hora de los postres y del café, habiéndose retirado Nucha,
+que por el ansia de su niña se recogía temprano, subieron de la cocina
+Primitivo y el ratón, y los futuros compañeros de glorias y fatigas
+comenzaron a fraternizar fumando y trincando a competencia. Era el
+momento más sabroso, el verdadero instante de felicidad espiritual para
+un cazador de raza: era el minuto de las anécdotas cinegéticas y, sobre
+todo, de los embustes.
+
+Para éstos se establecía turno pacífico, pues nadie renunciaba a soltar
+su correspondiente bola, y crecían en magnitud conforme se enredaba la
+plática. Formaban círculo los cazadores, y a sus pies dormían enroscados
+los perros, con un ojo cerrado y otro entreabierto y de párpado
+convulso; a veces, cuando se aplacaban las risotadas y las frases
+chistosas, se oía a los canes _tocar la guitarra_, espulgarse a toda
+orquesta, ladrar por sueños, sacudir las orejas y suspirar con
+resignación. Nadie les hacía caso.
+
+El hocico de ratón tiene la palabra:
+
+--¡Pueda que no me lo crean y es tan cierto como que habemos de morir y
+la tierra nos ha de comer! Para más verdá fue un día de San Silvestre....
+
+--Andarían las brujas sueltas--interrumpió el cura de Boán.
+
+--Si eran _meigas_ o era el _trasno_, yo no lo sé: pero lo mismo que
+habemos de dar cuenta a Dios nuestro Señor de nuestras _auciones_, me
+pasó lo que les voy a contar. Andaba yo tras de una perdiz agachadito,
+agachadito y el ratón se agachaba en efecto, siguiendo su inveterada
+costumbre de representar cuanto hablaba, porque no llevaba perro ni
+diaño que lo valiese, y estaba, con perdón de las barbas honradas que me
+escuchan, para montar a caballo de un vallado, cuando oigo ¡tras tris,
+tras tras!, ¡tipirí, tipirá!, el andar de una liebre; ¡más lista
+venía... que las _zantellas_! Pues señor... _viro_ la cabeza mismo
+así..., ¡con perdón de las barbas!, con mi escopeta más agarrada que la
+Bula..., y de repente, ¡pan!, me pasa una cosa del otro mundo por encima
+de la cabeza, y me caigo del vallado abajo....
+
+Explosión de preguntas, de risas, de protestas.
+
+--¿Una cosa del otro mundo?
+
+--¿Un ánima del Purgatorio?
+
+--¿Pero él era persona o animal o qué mil rayos era?
+
+--Abrir la puerta, que esta mentira no cabe en la habitación.
+
+--¡Así Dios me salve y me dé la gloria como es verdad!--clamó el hocico de
+ratón, poniendo el semblante más compungido del mundo--. ¡Era, con
+perdón, la descarada de la liebre, que brincó por _riba_ de mí y me tiró
+patas arriba!
+
+La aclaración produjo verdadero delirio. Don Eugenio, el abad de Naya,
+se abría literalmente de risa, apretándose las caderas con ambas manos,
+quejándose y derramando lágrimas; el marqués de Ulloa lanzaba carcajadas
+poderosas; hasta Primitivo modulaba una risa opaca y turbia. El bueno
+del ratón no podía ya entreabrir los labios para hablar sin que la
+hilaridad se desatase. En toda reunión de cazadores (gente amiga de
+bromas pesadas) hay un bufón, un juglar, un gracioso obligado, y este
+papel correspondía de derecho a la escopeta negra, que se prestaba a
+desempeñarlo de bonísima gana. Acostumbrado a pasarse los días y las
+noches al sereno, en espera de la liebre, del conejo o de la perdiz;
+hecho a apretarse la cintura con una cuerda, a la manera de los
+salvajes, en las muchas ocasiones en que le faltaba un mendrugo de pan
+que roer, el mísero ratoncillo era dichoso cuando le tocaba cazar con
+gente de pro, de la que se lleva al cazadero botas henchidas de lo
+añejo, _lacones_ cocidos y cigarros; ufanábase cuando le celebraban sus
+patrañas: las narraba cada día con mayor seriedad, convicción y tono
+ingenuo, y a todas las chanzas respondía invocando a Dios y a los santos
+de la corte celestial en apoyo de sus aseveraciones estrambóticas.
+
+De pie, con las manos en los bolsillos del pantalón, mapamundi de
+remiendos, y moviendo con risible rapidez nariz y boca, que tenía de
+color de unto rancio, aguardaba a que le pidiesen algún nuevo episodio
+tan verosímil como el de la liebre; pero ahora el turno le correspondía
+a don Eugenio.
+
+--¿Saben--decía medio llorando y salivando aún de risa--un caso que pasó
+entre el canónigo Castrelo y un señor muy chistoso, Ramírez de Orense?
+
+--¡El canónigo Castrelo!--exclamaron el cura de Boán y el marqués--. ¡Qué
+apunte! ¡De órdago! Ése las suelta... como la torre de la Catedral.
+
+--Pues verán, verán cómo encontró con la horma de su zapato donde menos
+se lo pensaba. Era una noche en el Casino, y estaban jugando al
+tresillo. Castrelo se puso, como de costumbre, a espetar cuentos de
+caza..., ¡mentira todos! Después de que se hartó, quiso encajar uno
+descomunal y dijo así muy serio: «Sabrán ustedes que una mañana salí yo
+al monte, y entre unas matas oí así... un ruido sospechoso. Me acerco
+muy despacito... el ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más..., y
+ya no me cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo, apunto,
+disparo..., ¡pum, pum! ¿Y qué creerán ustedes que maté, señores?». Todo
+el mundo a nombrar animales diferentes: que lobo, que zorro, que jabalí,
+y hasta hubo quien nombró a un oso.... Castrelo a decir que no con la
+cabeza..., hasta que por último saltó: «Pues ni zorro, ni lobo, ni
+jabalí.... Lo que maté era.... ¡un tigre de Bengala!».
+
+--Hombre, don Eugenio.... ¡No fastidiar!--gritaron unánimemente los
+cazadores--. ¿Había de atreverse Castrelo?... ¿Cómo no le deshicieron el
+morro de una bofetada allí mismo?
+
+Don Eugenio, no consiguiendo que le oyesen, hacía con la mano señas de
+que faltaba lo mejor del cuento.
+
+--¡Paciencia!--exclamó por fin--. Tengan paciencia, que no se acabó. Pues,
+señor, ya ustedes comprenderán que en el Casino se armó una gresca.
+Empezaron a insultar a Castrelo y a tratarlo de mentiroso en su cara.
+Sólo el señor de Ramírez estaba muy formal, y apaciguaba a los
+alborotadores. «No hay que asombrarse, no hay que asombrarse; yo les
+contaré a ustedes una cosa que me pasó a mí cazando, que es más rara
+todavía que la del señor de Castrelo». El canónigo empieza a escamarse y
+la gente a atender. «Sabrán ustedes que una mañana salí yo al monte, y,
+entre unas matas, oí así... un ruido sospechoso. Me acerco muy
+despacito.... El ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más.... Ya no me
+cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo..., apunto...,
+disparo.... ¡Pum, pum!... ¿Y qué creerá usted que maté, señor canónigo?».
+«¿Cómo demonios lo he de saber? Sería... un león». «¡Ca!». «Pues
+sería... un elefante». «¡Caaa!». «Sería... lo que usted guste, caramba».
+«¡Una sota de bastos, señor de Castrelo! ¡Era una sota de bastos!».
+
+Minutos de no entenderse. El ratón reía con una especie de hipo agudo;
+el señorito de Limioso, ronca y gravemente; el cura de Boán, no sabiendo
+cómo desahogar el regocijo, pateaba en el suelo y abofeteaba a la mesa.
+
+--¡Ey!--gritó don Eugenio--. _Bico-de-rato_, ¿no te has tropezado tú nunca
+con ningún tigre? Echa un vasito y cuéntanos si te encontraste alguno
+por ahí, _hom_.
+
+Atizóse el ratón su medio cuartillo; brilláronle los ojuelos, limpió el
+labio con la bocamanga de la mugrienta chaqueta, y declaró con acento
+sincero y candoroso:
+
+--Lo que es _trigues_..., por estos montes no debe de los haber, que si
+no, ya los tendría matados; pero les diré lo que me pasó un día de la
+Virgen de Agosto....
+
+--¿A las tres y diez minutos de la tarde?--preguntó don Eugenio.
+
+--No..., habían de ser las once de la mañana, y puede que aún no las
+fuesen. ¡Pero créanme, como que esa luz nos está alumbrando! Venía yo de
+tirar a las tórtolas en un sembrado, y me encontré a la chiquilla del
+tío Pepe de Naya, que traía la vaca mismo cogida así y hacía ademán de
+arrollarse una cuerda a la muñeca. «Buenos días». «Santos y buenos».
+«¿Me da las _rulas_?». «¿Y qué me das por ellas, rapaza?». «No tengo un
+_ichavo_ triste». «Pues déjame mamar de la vaquiña, que rabio de sed».
+«Mame luego, pero no lo chupe todo». Me arrodillo así el ratón medio se
+hincó de hinojos ante el abad de Naya, y ordeñando en la palma de la
+mano, con perdón, zampo la leche. ¡Qué fresca! «Vaya, rapaza.... ¡San
+Antón te guarde la vaca!». Ando, ando, ando, ando, y al cuarto de legua
+de allí me entra un sueño por todo el cuerpo..., como que me voy
+quedando tonto. ¡A escotar! Me meto por el monte arriba, y llegando a
+donde hay unos tojos más altos que un cristiano, me tumbo así (con
+perdón) y saco el sombrero, y lo dejo de esta manera (reparen bien)
+sobre la yerba. Sueño fue, que hasta de allí a hora y media no volví en
+mi acuerdo. Voy a apañar mi sombrero para largar.... Lo mismo que todos
+nos habemos de morir y resucitar en la gloria del día del Juicio, me veo
+debajo una culebra más gorda que mi brazo _drecho_..., ¡con perdón!
+
+--¿Pero no que el izquierdo?--interrumpió don Eugenio picarescamente.
+
+--¡Muchísimo más gorda!--continuó el ratón imperturbable--, y toda rollada,
+rollada, rollada, que cabía allí debajo..., ¡y durmiendo como una santa
+de Dios!
+
+--¿Pero roncar, no roncaba?
+
+--La condenada acudía al olor de la leche..., y valió que le dio idea de
+esconderse en el chapeo..., que las intenciones bien se las conocí....
+¡eran de metérseme por la boca, con perdón de las barbas honradas!
+
+Aunque se armó gran algazara, la moderó algún tanto el cura de Boán
+recordando las diversas ocasiones en que se oían contar casos análogos:
+culebras que se encontraban en los establos mamando del pezón de las
+vacas, otras que se deslizaban en la cuna de los niños para beberles la
+leche en el estómago....
+
+Asistía Julián a la velada, entretenido y contento, porque la alegría y
+el humor de los cazadores le disipaba las ideas congojosas de algunos
+días atrás, el miedo a la Sabia, a Primitivo, a los Pazos, los lúgubres
+presentimientos acrecentados por la comunicación de los terrores
+nerviosos de Nucha. Don Eugenio, viéndole animado, le porfiaba para que
+fuese a hacerles una visita al cazadero; negábase Julián, pretextando la
+necesidad de decir misa, de rezar las horas canónicas: en realidad, era
+que no quería dejar enteramente sola a la señorita. Al cabo, tanto
+insistió don Eugenio, que hubo de prometer, aplazando para el último
+día.
+
+--No ha de haber nada de eso-exclamó el bullicioso párroco--. Mañana por
+la mañanita nos lo llevamos con nosotros.... Se vuelve de allá pasado
+mañana temprano.
+
+Toda resistencia hubiera sido inútil, y más en tal momento, cuando la
+jarana crecía y el vino menguaba en los jarros. Julián sabía que aquella
+gente maleante y retozona era capaz de llevarlo por fuerza, si se negaba
+a ir de grado.
+
+
+
+
+-XXII-
+
+
+Tuvo, pues, que salir al romper el alba, dando diente con diente,
+caballero en la mansa pollinita, y siendo blanco de las bromas de los
+cazadores, porque iba vestido de modo asaz impropio para la ocasión, sin
+zamarra, ni polainas de cuero, ni sombrerazo, ni armas ofensivas o
+defensivas de ninguna especie. El día asomaba despejado y magnífico: en
+las hierbas resplandecían las cristalizaciones de la escarcha; la tierra
+se estremecía de frío y humeaba levemente a la primera caricia del sol;
+el paso animado y gimnástico de los cazadores resonaba militarmente
+sobre el terreno endurecido por la helada.
+
+Desde el cazadero, adonde llegaron a cosa de las nueve, desparramáronse
+por el monte. Julián, no sabiendo qué hacer de su persona, quedóse
+pegado a don Eugenio, y le vio realizar dos proezas cinegéticas y meter
+en el morral dos pollitos de perdiz, tibios aún de la recién arrancada
+vida. Es de advertir que don Eugenio no gozaba fama de diestro tirador,
+por lo cual, al reunirse los cazadores a mediodía para comer en un
+repuesto encinar, el párroco de Naya invocó el testimonio de Julián para
+que asegurase que se las había visto tirar al vuelo.
+
+--¿Y qué es tirar al vuelo, don Julián?--le preguntaron todos.
+
+Como el capellán se quedó parado al hacerle tan insidiosa pregunta,
+ocurrióseles a los cazadores que sería cosa muy divertida darle a Julián
+una escopeta y un perro y que intentase cazar algo. Quieras que no
+quieras, fue preciso conformarse. Se le destinó el _Chonito_, perdiguero
+infatigable, recastado, de hocico partido, el más ardiente y seguro de
+cuantos canes iban allí.
+
+--En cuanto vea que el perro se para--explicábale don Eugenio al novel
+cazador, que apenas sabía por dónde coger el arma mortífera--, se prepara
+usted y le anima para que entre..., y al salir las perdices, les apunta
+y hace fuego cuando se tiendan.... Si es la cosa más fácil del mundo....
+
+Chonito caminaba con la nariz pegada al suelo, sus ijares se estremecían
+de impaciencia, de cuando en cuando se volvía para cerciorarse de que le
+acompañaba el cazador. De pronto tomó el trote hacia un matorral de
+u[r]ces, y repentinamente se quedó parado, en actitud escultural, tenso
+e inmóvil como si lo hubiesen fundido en bronce para colocar en un
+zócalo.
+
+--¡Ahora!--exclamó el de Naya--. Eh, Julián, mándele que entre....
+
+--Entra, Chonito, entra--murmuró lánguidamente el capellán.
+
+El perro, sorprendido por el tono suave de la orden, vaciló; por fin se
+lanzó entre las urces, y al punto mismo se oyó un revoloteo, y el bando
+salió en todas direcciones.
+
+--¡Ahora, condenado, ahora! ¡Ese tiro!--gritó don Eugenio.
+
+Julián apretó el gatillo.... Las aves volaron raudamente y se perdieron
+de vista en un segundo. Chonito, confuso, miraba al que había disparado,
+a la escopeta y al suelo: el hidalgo animal parecía preguntar con los
+ojos dónde se encontraba la perdiz herida, para portarla.
+
+Media hora después se repitió la escena, y el desengaño de Chonito. Ni
+fue el último, porque más adelante, en un sembrado, aún levantó el can
+un bando tan numeroso, tan próximo, y que salía tan a tiro, que era casi
+imposible no _tumbar_ dos o tres perdices disparando a bulto. Otra vez
+hizo fuego Julián. El perdiguero ladraba de entusiasmo y de gozo.... Mas
+ninguna perdiz cayó. Entonces Chonito, clavando en el capellán una
+mirada casi humana, llena de desprecio, volvió grupas y se alejó
+corriendo a todo correr, sin dignarse oír las imperativas voces con que
+lo llamaban....
+
+No hay cómo encarecer lo que se celebró este rasgo de inteligencia a la
+hora de la cena. Se hizo chacota de Julián, y, en penitencia de su
+torpeza, se le condenó a asistir inmediatamente, cansado y todo, a la
+espera de las liebres.
+
+La luna de aquella noche de diciembre semejaba disco de plata bruñida
+colgado de una cúpula de cristal azul oscuro; el cielo se ensanchaba y
+se elevaba por virtud de la serenidad y transparencia casi boreales de
+la atmósfera.
+
+Caía helada, y en el aire parecía que se cruzaban millares de finísimas
+agujas, que apretaban las carnes y reconcentraban el calor vital en el
+corazón. Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y
+tupido pelo, era noche de festín, noche de pacer los tiernos retoños de
+los pinos, la fresca hierba impregnada de rocío, las aromáticas plantas
+de la selva; y noche también de amor, noche de seguir a la tímida
+doncella de luengas orejas y breve rabo, sorprenderla, conmoverla y
+arrastrarla a las sombrías profundidades del pinar....
+
+Tras de los pinos y matorrales se emboscaban en noches así los
+cazadores. Tendidos boca abajo, cubierto con un papel el cañón de la
+carabina a fin de que el olor de la pólvora no llegue a los finos
+órganos olfativos de la liebre, aplican el oído al suelo, y así se pasan
+a veces horas enteras. Sobre el piso endurecido por el hielo resuena
+claramente el trotecillo irregular de la caza; entonces el cazador se
+estremece, se endereza, afianza en tierra la rodilla, apoya la escopeta
+en el hombro derecho, inclina el rostro y palpa nerviosamente el gatillo
+antes de apretarlo. A la claridad lunar divisa por fin un monstruo de
+fantástico aspecto, pegando brincos prodigiosos, apareciendo y
+desapareciendo como una visión: la alternativa de la oscuridad de los
+árboles y de los rayos espectrales y oblicuos de la luna hace parecer
+enorme a la inofensiva liebre, agiganta sus orejas, presta a sus saltos
+algo de funambulesco y temeroso, a sus rápidos movimientos una velocidad
+que deslumbra. Pero el cazador, con el dedo ya en el gatillo, se
+contiene y no dispara. Sabe que el fantasma que acaba de cruzar al
+alcance de sus perdigones es la hembra, la Dulcinea perseguida y
+recuestada por innumerables galanes en la época del celo, a quien el
+pudor obliga a ocultarse de día en su gazapera, que sale de noche,
+hambrienta y cansada, a descabezar cogollos de pino, y tras de la cual,
+desalados y hechos almíbar, corren por lo menos tres o cuatro machos,
+deseosos de románticas aventuras. Y si se deja pasar delante a la dama,
+ninguno de los nocturnos rondadores se detendrá en su carrera loca,
+aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el
+camino su ensangrentado cadáver, aunque el tufo de la pólvora le diga:
+«¡Al final de tu idilio está la muerte!».
+
+No, no se pararán. Acaso el instinto de cobardía propio de su raza les
+moverá a agazaparse breves minutos detrás de un arbusto o de una peña;
+pero al primer imperceptible efluvio amoroso que les traiga la cortante
+brisa; al primer hálito de la hembra que se destaque del olor de la
+resina exhalado por los pinares, los fogosos perseguidores se lanzarán
+de nuevo y con más brío, ciegos de amor, convulsos de deseo, y el
+cazador que los acecha los irá tendiendo uno por uno a sus pies, sobre
+la hierba en que soñaron tener lecho nupcial.
+
+
+
+
+-XXIII-
+
+
+En el corazón de la tierna heredera de los Ulloas tenía el capellán,
+desde hacía algún tiempo, un rival completamente feliz y victorioso:
+Perucho.
+
+Le bastó presentarse para triunfar. Entró un día en la punta de los
+pies, y sin ser sentido fue arrimándose a la cuna. Nucha le ofrecía de
+vez en cuando golosinas y calderilla, y el rapaz, como suele suceder a
+las fieras domesticadas, contrajo excesiva familiaridad y apego, y
+costaba trabajo echarle de allí, encontrándosele por todas partes, donde
+menos se pensaba, a manera de gatito pequeño viciado en el mimo y la
+compañía.
+
+Muchísimo le llamó la atención la chiquitina al pronto. Ni los pollos
+nuevos cuando rompían el cascarón, ni los cachorros de la Linda, ni los
+recentales de la vaca, consiguieron nunca fijar así las miradas atónitas
+de Perucho. No podía él darse cuenta de cómo ni por dónde había venido
+tan gran novedad; sobre este tema, se perdía en reflexiones. Rondaba la
+cuna incesantemente, poniéndose en riesgo notorio de recibir algún
+pescozón del ama, y, como no le expulsasen, se estaba buena pieza con el
+dedito en la boca, absorto y embelesado, más parecido que nunca a los
+amorcillos de los jardines que dicen con su actitud: «Silencio». Jamás
+se le había visto quieto tantas horas seguidas. Así que la niña empezó a
+tener asomos de conciencia de la vida exterior, dio claras muestras de
+que si ella le interesaba a Perucho, no le importaba menos Perucho a
+ella. Ambos personajes reconocieron en seguida su mutua importancia, y a
+este reconocimiento siguieron evidentes señales de concordia y regocijo.
+Apenas veía la chiquilla a Perucho, brillaban sus ojuelos, y de su boca
+entreabierta salía, unido a la cristalina y caliente baba de la
+dentición, un amorosísimo gorjeo. Tendía ansiosamente las manos, y
+Perucho, comprendiendo la orden, acercaba la cabeza cerrando los
+párpados; entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del
+pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz,
+todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría
+cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.
+
+Pasados los dos o tres primeros meses de lactancia, el genio de los
+niños se agria, y sus llantos y rabietas son frecuentes, porque empiezan
+los fenómenos precursores de la dentición a molestarles. Cuando tal
+sucedía a su niña, Nucha solía emplear con buen resultado el talismán de
+la presencia de Perucho. Un día que el berrenchín no cesaba, fue preciso
+acudir a expedientes más heroicos: sentar a Perucho en una silleta baja
+y ponerle en brazos a la chiquitina. Él se estaba quieto, inmóvil, con
+los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban
+ganas de comérselo. La chiquita, sin transición, había pasado de la
+furia a la bonanza, y reía abriendo un palmo de desdentada boca; reía
+con los labios, con el mirar, con los pies bailarines, que descargaban
+pataditas menudas en el muslo de Perucho. No se atrevía el rapaz ni a
+volver la cabeza, de puro encantado.
+
+A medida que la chiquilla atendía más, Perucho se ingeniaba en traerle
+juguetes inventados por él, que la divertían infinito. No se sabe lo que
+aquel galopín discurría para encontrar a cada paso cosas nuevas, ya
+fuesen flores, ya pajaritos vivos, ya ballestas de caña, ya todo género
+de porquerías, que era lo que más entusiasmaba a la pequeña.
+Presentábase a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en
+grotescas contorsiones, o llegaba ufanísimo con un ratón acabadito de
+nacer, tan chico y asustado, que daba lástima. Tenía aquel cachidiablo
+la especialidad de los juguetes animados. En su _pucho_ roto y
+agujereado almacenaba lagartijas, mariposas y _mariquitas de Dios_; en
+sus bolsillos y seno, nidos, frutos y gusanos. La señorita le tiraba
+bondadosamente de las orejas.
+
+--Como vuelvas a traer aquí tales ascos..., verás, verás. Te he de colgar
+de la chimenea como a los chorizos, para que te ahúmes.
+
+Julián transigía con estas intimidades, mientras no sorprendió el
+secreto de otras harto menos inocentes. Desde que madrugando había visto
+a Sabel salir del cuarto de don Pedro, dábale un vuelco la sangre cada
+vez que tropezaba al chiquillo y notaba el afecto con que lo trataba
+Nucha a veces.
+
+Cierto día entró el capellán en la habitación de la señorita y encontró
+un inesperado espectáculo. En el centro de la cámara humeaba un colosal
+barreñón de loza, lleno de agua templada, y estrechamente abrazados y en
+cueros, el chiquillo sosteniendo en brazos a la niña, estaban Perucho y
+la heredera de Ulloa en el baño. Nucha, en cuclillas, vigilaba el grupo.
+
+--No hubo otro medio de reducirla a bañarse--exclamó al advertir la
+admiración de Julián--; y como don Máximo dice que el baño le conviene....
+
+--No me pasmo yo de ella--respondió el capellán--, sino de él, que le teme
+más al agua que al fuego.
+
+--A trueque de estar con la nena--replicó Nucha--, se deja él bañar aunque
+sea en pez hirviendo. Ahí los tiene usted en sus glorias. ¿No parecen un
+par de hermanitos?
+
+Al pronunciar sin intención la frase, Nucha, desde el suelo, alzaba la
+mirada hacia Julián. La descomposición de la cara de éste fue tan
+instantánea, tan reveladora, tan elocuente, tan profunda, que la señora
+de Moscoso, apoyándose en una mano, se irguió de pronto, quedándose en
+pie frente a él. En aquel rostro consumido por la larga enfermedad, y
+bajo cuya piel fina se traslucía la ramificación venosa; en aquellos
+ojos vagos, de ancha pupila y córnea húmeda, cercados de azulada ojera,
+vio Julián encenderse y fulgurar tras las negras pestañas una luz
+horrible, donde ardían la certeza, el asombro y el espanto. Calló. No
+tuvo ánimos para pronunciar una sola frase, ni disimulo para componer
+sus facciones alteradas.
+
+La niña, en el tibio bienestar del baño, sonreía, y Perucho,
+sosteniéndola por los sobacos, hablándola con tierna algarabía de
+diminutivos cariñosos, la columpiaba en el líquido transparente, le
+abría los muslos para que recibiese en todas partes la frescura del
+agua, imitando con religioso esmero lo que había visto practicar a
+Nucha. Ocurría la escena en un salón de los más chicos de la casa,
+dividido en dos por descomunal y maltratadísimo biombo del siglo pasado,
+pintado harto fantásticamente con paisajes inverosímiles: árboles
+picudos en fila que parecían lechugas, montañas semejantes a quesos de
+San Simón, nubarrones de hechura de panecillos, y casas con techo
+colorado, dos ventanas y una puerta, siempre de frente al espectador.
+Ocultaba el biombo la cama de Nucha, de copete dorado y columnas
+salomónicas, y la cunita de la niña. Inmóvil por espacio de algunos
+segundos, la señorita recobró de improviso la acción. Se inclinó hacia
+el barreño y arrancó de golpe a su hija de brazos de Perucho.
+
+La criatura, sorprendida y asustada por el brusco movimiento,
+interrumpida en su diversión, rompió en llanto desconsolado y repentino;
+y su madre, sin hacerle caso, entró corriendo tras el biombo, la echó en
+la cuna, y medio la arropó, volviendo a salir inmediatamente. Aún
+permanecía Perucho en el agua, asaz asombrado; la señorita le asió de
+los hombros, del pelo, de todas partes, y empujándole cruelmente,
+desnudo como estaba, le persiguió por el salón hasta expulsarle a
+empellones.
+
+--¡Largo de aquí!--decía más pálida que nunca y con los ojos llameantes--.
+¡Que no te vea yo entrar!... Como vuelvas te azoto, ¿entiendes?, ¡te
+azoto!
+
+Pasó tras el biombo otra vez, y Julián la siguió aturdido, sin saber lo
+que le sucedía. Con la cabeza baja, los labios temblones, la señora de
+Moscoso arreglaba, sin disimular el desatiento de las manos, los pañales
+de su hija, cuyo llorar tenía ya inflexiones de pena como de persona
+mayor.
+
+--Llame usted al ama--ordenó secamente Nucha.
+
+Corrió Julián a obedecer. A la puerta del salón le cerraba el paso una
+cosa tendida en el suelo; alzó el pie; era Perucho, en cueros,
+acurrucado. No se le oía el llanto: veíase únicamente el brillo de los
+gruesos lagrimones, y el vaivén del acongojado pecho. Compadecido el
+capellán, levantó a la criatura. Sus carnes, mojadas aún, estaban
+amoratadas y yertas.
+
+--Ven por tu ropa--le dijo--. Llévala a tu madre para que te vista. Calla.
+
+Insensible como un espartano al mal físico, Perucho sólo pensaba en la
+injusticia cometida con él.
+
+--No hacía mal...--balbució, ahogándose--. No-ha-cí--a-mal...
+ningu... no....
+
+Volvió Julián con el ama, pero la criatura tardó bastante en consolarse
+al pecho. Ponía la boquita en el pezón, y de repente torcía la cara,
+hacía pucheros, iniciaba un llanto quejumbroso. Nucha, con andar
+automático, salió del retrete formado por el biombo y se acercó a la
+ventana, haciendo seña a Julián de que la siguiese. Y, demudados ambos,
+se contemplaron algunos minutos silenciosamente, ella preguntando con
+imperiosa ojeada, él resuelto ya a engañar, a mentir. Hay problemas que
+sólo lo son planteados a sangre fría; en momentos de apuro, los resuelve
+el instinto con seguridad maravillosa. Julián estaba determinado a
+faltar a la verdad sin escrúpulos.
+
+Al cabo Nucha pronunció con sordo acento:
+
+--No crea que es la primera vez que se me ocurre que ese... chiquillo
+es... hijo de mi marido. Lo he pensado ya; sólo que fue como un
+relámpago, de esas cosas que desecha uno apenas las concibe. Ahora ya...
+ya estamos en otro caso. Sólo con ver su cara de usted....
+
+--¡Jesús!, ¡señorita Marcelina! ¿Qué tiene que ver mi cara?... No se
+acalore, le ruego que no se acalore.... ¡Por fuerza esto es cosa del
+demonio! ¡Jesús mil veces!
+
+--No, no me acaloro-exclamó ella, respirando fuerte y pasándose por la
+frente la palma extendida.
+
+--¡Válgame Dios! Señorita, a usted le va mal. Se le ha vuelto un color....
+Estoy viendo que le da el ataque. ¿Quiere la cucharadita?
+
+--No, no y no; esto no es nada: un poco de ahogo en la garganta. Esto
+lo... noto muchas veces; es como una bola que se me forma allí.... Al
+mismo tiempo parece que me barrenan la sien.... Al caso, al caso.
+Decláreme usted lo que sabe. No calle nada.
+
+--Señorita...--Julián resolvió entonces, en su interior, apelar a eso que
+llaman subterfugio jesuítico, y no es sino natural recurso de cuantos,
+detestando la mentira, se ven compelidos a temer la verdad--. Señorita....
+Reniego de mi cara. ¡Lo que se le ha ido a ocurrir! Yo no pensaba en
+semejante cosa. No, señora, no.
+
+La esposa hincó más sus ojos en los del capellán e hizo dos o tres
+interrogaciones concretas, terminantes. Aquí del jesuitismo, mejor
+dicho, de la verdad cogida por donde no pincha ni corta.
+
+--Me puede creer; ya ve que no había de tener gusto en decir una cosa por
+otra: no sé de quién es el chiquillo. Nadie lo sabe de cierto. Parece
+natural que sea del querido de la muchacha.
+
+--¿Usted está seguro de que tiene... querido?
+
+--Como de que ahora es de día.
+
+--¿Y de que el querido es un mozo aldeano?
+
+--Sí señora: un rapaz guapo por cierto; el que toca la gaita en las
+fiestas de Naya y en todas partes. Le he visto venir aquí mil veces, el
+año pasado, y... andaban juntos. Es más: me consta que trataban de sacar
+los papeles para casarse. Sí señora: me consta. Ya ve usted que....
+
+Nucha respiró de nuevo, llevándose la diestra a la garganta, que sin
+duda le oprimía el consabido ahogo. Sus facciones se serenaron un tanto,
+sin recobrar su habitual compostura y apacibilidad encantadora:
+persistía la arruga en el entrecejo, el extravío en el mirar.
+
+--¡Mi niña...--articuló en voz baja--, mi niña abrazada con él! Aunque
+usted diga y jure y perjure.... Julián, esto hay que remediarlo. ¿Cómo
+voy a vivir de esta manera? ¡Ya me debía usted avisar antes! Si el
+chiquillo y la mujer no salen de aquí, yo me volveré loca. Estoy
+enferma; estas cosas me hacen daño..., daño.
+
+Sonrió con amargura y añadió:
+
+--Tengo poca suerte.... No he hecho mal a nadie, me he casado a gusto de
+papá, y mire usted ¡cómo se me arreglan las cosas!
+
+--Señorita....
+
+--No me engañe usted también recalcó el _también_. Usted se ha criado en
+mi casa, Julián, y para mí es usted como de la familia. Aquí no cuento
+con otro amigo. Aconséjeme.
+
+--Señorita--exclamó el capellán con fuego--, quisiera librarla de todos los
+disgustos que pueda tener en el mundo, aunque me costase sangre de las
+venas.
+
+--O esa mujer se casa y se va--pronunció Nucha--, o....
+
+Interrumpió aquí la frase. Hay momentos críticos en que la mente
+acaricia dos o tres soluciones violentísimas, extremas, y la lengua, más
+cobarde, no se atreve a formularlas.
+
+--Pero, señorita Marcelina, no se mate así--porfió Julián--. Son
+figuraciones, señorita, figuraciones.
+
+Ella le tomó las manos entre las suyas, que ardían.
+
+--Dígale usted a mi marido que la eche, Julián. ¡Por amor de Dios y su
+madre santísima!
+
+El contacto de aquellas palmas febriles, la súplica, turbaron al
+capellán de un modo inexplicable, y sin reflexionar exclamó:
+
+--¡Tantas veces se lo he dicho!
+
+--¡Ve usted!--repuso ella, sacudiendo la cabeza y cruzando las manos.
+
+Enmudecieron. En la campiña se oía el ronco graznido de los cuervos;
+tras el biombo, la niña lloriqueaba, inconsolable. Nucha se estremeció
+dos o tres veces. Por último articuló dando con los nudillos en los
+vidrios de la ventana:
+
+--Entonces seré yo....
+
+El capellán murmuró como si rezase:
+
+--Señorita.... Por Dios.... No se revuelva la cabeza.... Déjese de eso....
+
+La señora de Moscoso cerró los ojos y apoyó la faz en los vidrios de la
+ventana. Procuraba contenerse: la energía y serenidad de su carácter
+querían salir a flote en tan deshecha tempestad. Pero agitaba sus
+hombros un temblor, que delataba la tiranía del sistema nervioso sobre
+su debilitado organismo. El temblor, por fin, fue disminuyendo y
+cesando.... Nucha se volvió, con los ojos secos y los nervios domados ya.
+
+
+
+
+-XXIV-
+
+
+Poco después sufrió una metamorfosis el vivir entumecido y soñoliento de
+los Pazos. Entró allí cierta hechicera más poderosa que la señora María
+la Sabia: la política, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y
+miserias que en las aldeas lo recibe. Por todas partes cubre el manto de
+la política intereses egoístas y bastardos, apostasías y vilezas; pero,
+al menos, en las capitales populosas, la superficie, el aspecto, y a
+veces los empeños de la lid, presentan carácter de grandiosidad.
+Ennoblece la lucha la magnitud del palenque; asciende a ambición la
+codicia, y el fin material se sacrifica, en ocasiones, al fin ideal de
+la victoria por la victoria. En el campo, ni aun por hipocresía o
+histrionismo se aparenta el menor propósito elevado y general. Las ideas
+no entran en juego, sino solamente las personas, y en el terreno más
+mezquino: rencores, odios, rencillas, lucro miserable, vanidad
+microbiológica. Un combate naval en una charca.
+
+Forzoso es reconocer, no obstante, que en la época de la revolución, la
+exaltación política, la fe en las teorías llevada al fanatismo, lograba
+infiltrarse doquiera, saneando con ráfagas de huracán el mefítico
+ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas. Vivía entonces
+España pendiente de una discusión de Cortes, de un grito que se daba
+aquí o acullá, en los talleres de un arsenal o en los vericuetos de una
+montaña; y cada quince días o cada mes, se agitaban, se debatían, se
+querían resolver definitivamente cuestiones hondas, problemas que el
+legislador, el estadista y el sociólogo necesitan madurar lentamente,
+meditar quizás años enteros antes de descifrarlos, y que una multitud en
+revolución decide en pocas horas, mediante una acalorada discusión
+parlamentaria, o una manifestación clamorosa y callejera. Entre el
+almuerzo y la comida se reformaba, se innovaba una sociedad; fumando un
+cigarro se descubrían nuevos principios, y en el fondo de la vorágine
+batallaban las dos grandes soluciones de raza, ambas fuertes porque se
+apoyaban en _algo_ secular, lentamente sazonado al calor de la historia:
+la monarquía absoluta y la constitucional, por entonces disfrazada de
+monarquía democrática.
+
+La conmoción del choque llegaba a todos lados, sin exceptuar las fieras
+montañas que cercaban a los Pazos de Ulloa. También allí se
+politiqueaba. En las tabernas de Cebre, el día de la feria, se oía
+hablar de libertad de cultos, de derechos individuales, de abolición de
+quintas, de federación, de plebiscito-pronunciación no garantizada, por
+supuesto--. Los curas, al terminar las funciones, entierros y misas
+solemnes, se demoraban en el atrio, discutiendo con calor algunos
+síntomas recientes y elocuentísimos, la primer salida de aquellos
+famosos _cuatro sacristanes_, y otras menudencias. El señorito de
+Limioso, tradicionalista inveterado, como su padre y abuelo, había hecho
+dos o tres misteriosas excursiones hacia la parte del Miño, cruzando la
+frontera de Portugal, y susurrábase que celebraba entrevistas en Tuy con
+ciertos pájaros; afirmábase también que las señoritas de Molende estaban
+ocupadísimas construyendo cartucheras y no sé qué más arreos bélicos, y
+a cada paso recibían secretos avisos de que se iba a practicar un
+registro en su casa.
+
+Sin embargo, los entendidos y prácticos en la materia comprendían que
+cualquier intentona a mano armada en territorio gallego se quedaría en
+agua de cerrajas, y que por más rumores que corriesen acerca de
+armamentos y organización en Portugal, venidas de tropa, nombramientos
+de oficialidad, etc., la verdadera batalla que allí se librase no sería
+en los campos, sino en las urnas; no por eso más incruenta. Gobernaban a
+la sazón el país los dos formidables caciques, abogado el uno y
+secretario el otro del ayuntamiento de Cebre; esta villita y su región
+comarcana temblaban bajo el poder de entrambos. Antagonistas perpetuos,
+su lucha, como la de los dictadores romanos, no debía terminarse sino
+con la pérdida y muerte del uno. Escribir la crónica de sus hazañas, de
+sus venganzas, de sus manejos, fuera cuento de nunca acabar. Para que
+nadie piense que sus proezas eran cosa de risa, importa advertir que
+algunas de las cruces que encontraba el viajante por los senderos, algún
+techo carbonizado, algún hombre sepultado en presidio para toda su vida,
+podían dar razón de tan encarnizado antagonismo.
+
+Conviene saber que ninguno de los dos adversarios tenía ideas políticas,
+dándoseles un bledo de cuanto entonces se debatía en España; mas, por
+necesidad estratégica, representaba y encarnaba cada cual una tendencia
+y un partido: Barbacana, moderado antes de la Revolución, se declaraba
+ahora carlista; Trampeta, unionista bajo O'Donnell, avanzaba hacia el
+último confín del liberalismo vencedor.
+
+Barbacana era más grave, más autoritario, más obstinado e implacable en
+la venganza personal, más certero en asestar el golpe, más ávido e
+hipócrita, encubriendo mejor sus alevosas trazas para desmantecar al
+desventurado colono; era además hombre que prefería servirse de medios
+legales y manejar el código, diciendo que no hay tan seguro modo de
+acabar con un enemigo como empapelarlo: si no guarnecían tantas cruces
+los caminos por culpa de Barbacana, las cárceles hediondas del distrito
+antaño, y hogaño las murallas de Ceuta y Melilla, podían revelar hasta
+dónde se extendía su influencia. En cambio Trampeta, si justificando su
+apodo no desdeñaba los enredos jurídicos, solía proceder con más
+precipitación y violencia que Barbacana, asegurando la retirada menos
+hábilmente; así es que su adversario le tuvo varias veces cogido entre
+puertas, y por punto no le aniquiló. Trampeta poseía en desquite gran
+fertilidad de ingenio, suma audacia, expedientes impensados con que
+salir de los más graves compromisos. Barbacana servía mejor para
+preparar desde su habitación una emboscada, hurtando el cuerpo después;
+Trampeta, para ejecutarla en persona y con fortuna. La comarca aborrecía
+a entrambos, pero Barbacana inspiraba más terror por su genio sombrío.
+En aquella ocasión Trampeta, encargado de representar las ideas
+dominantes y oficiales, se creía seguro de la impunidad, aunque quemase
+a medio Cebre y apalease, encausase y embargase al otro medio.
+Barbacana, con la superioridad de su inteligencia, y aun de su
+instrucción, comprendía dos cosas: primera, que se había arrimado a
+pared más sólida, a gente que no desampara a sus amigos; segunda, que
+cuando se le antojase pasarse con armas y bagajes al campo opuesto,
+conseguiría siempre hundir a Trampeta. Ya había tirado sus líneas para
+el caso próximo de la elección de diputados.
+
+Trampeta, con actividad vertiginosa, _hacía la cama_ al candidato del
+gobierno. Muy a menudo iba a la capital de provincia, a conferenciar con
+el gobernador. En tales ocasiones, el secretario, calculando que hombre
+prevenido vale por dos, ni olvidaba las pistolas, ni omitía hacerse
+escoltar por sus seides más resueltos, pues no ignoraba que Barbacana
+tenía a sus órdenes mozos de pelo en pecho, verbigracia el temible
+Tuerto de Castrodorna. Cada viaje era una viña para el bueno del
+secretario, y muy beneficioso para los suyos: poco a poco las hechuras
+de Barbacana iban cayendo, y estancos, alguacilatos, guardianía de la
+cárcel, peones camineros, toda la plantilla oficial de Cebre, quedando a
+gusto de Trampeta. Sólo no pudo meterle el diente al juez, protegido en
+altas regiones por un pariente de la señora jueza, persona de viso.
+Obtuvo también que se hiciese la vista gorda en muchas cosas, que se
+cerrasen los ojos en otras, y que respecto a algunas sobreviniese
+ceguera total; y con esto y con las facultades latas de que se hallaba
+investido, declaró, puesta la mano en el pecho, que respondía de la
+elección de Cebre.
+
+Durante este periodo, Barbacana se hacía el muerto, limitándose a apoyar
+débilmente, como por compromiso, al candidato propuesto por la Junta
+carlista orensana, y recomendado por el Arcipreste de Loiro y los curas
+más activos, como el de Boán, el de Naya, el de Ulloa. Bien se dejaba
+comprender que Barbacana no tenía fe en el éxito. El candidato era una
+excelente persona de Orense, instruido, consecuentísimo tradicionalista,
+pero sin arraigo en el país y con fama de poca malicia política. Sus
+mismos correligionarios no estaban a bien con él, por conceptuarle más
+hombre de bufete que de acción e intriga.
+
+Así las cosas, empezó a notarse que Primitivo, el montero mayor de los
+Pazos, venía a Cebre muy a menudo; y como allí se repara todo, se
+observó también que, además de las acostumbradas estaciones en las
+tabernas, Primitivo se pasaba largas horas en casa de Barbacana. Éste
+vivía casi bloqueado en su domicilio, porque Trampeta, envalentonado con
+la embriaguez del poder, profería amenazas, asegurando que Barbacana
+recibiría su pago en una _corredoira_ (camino hondo). No obstante, el
+abogado se arriesgó a salir en compañía de Primitivo, y viéronse ir y
+venir curas influyentes y caciques subalternos, muchos de los cuales
+fueron también a los Pazos: unos a comer, otros por la tarde. Y como no
+hay secreto bien guardado entre tres, y menos entre tres docenas, el
+país y el gobierno supieron pronto la gran noticia: el candidato de la
+Junta se retiraba de buen grado, y en su lugar Barbacana apoyaba, con el
+nombre de independiente, a don Pedro Moscoso, conocido por marqués de
+Ulloa.
+
+Desde que se enteró del complot, Trampeta pareció atacado del baile de
+San Vito. Menudeó viajes a la capital: eran de oír sus explicaciones y
+comentarios en el despacho del gobernador.
+
+--Todo lo arma--decía él--ese cerdo cebado del Arcipreste, unido al
+faccioso del cura de Boán e instigando al usurero del mayordomo de los
+Pazos, el cual a su vez mete en danza al malcriado del señorito, que
+está enredado con su hija. ¡Vaya un candidato!--exclamaba frenético--,
+¡vaya un candidato que los neos escogen! ¡Siquiera el otro era persona
+honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez.
+
+Viendo el gobernador que el cacique perdía absolutamente la sangre fría,
+comprendió que el negocio andaba mal parado, y le preguntó severamente:
+
+--¿No ha respondido usted de la elección, con cualquier candidato que se
+presentase?
+
+--Sí señor, sí señor...--repuso apresuradamente Trampeta--. Sino que
+considérese: ¿quién contaba con semejante cosa del otro mundo?
+
+Atropellándose al hablar, de pura rabia y despecho, insistió en que
+nadie imaginaría que el marqués de Ulloa, un señorito que sólo pensaba
+en cazar, se echase a político; que, a pesar de la gran influencia de la
+casa y de ejercer su nombre bastante prestigio entre los paisanos, la
+aristocracia montañesa y los curas, la tentativa importaría un comino si
+no la hubiese tomado de su cuenta Barbacana y no le ayudase un poderoso
+cacique subalterno, que antes fluctuaba entre el partido de Barbacana y
+el de Trampeta, pero en esta ocasión se había decidido, y era el mismo
+mayordomo de los Pazos, hombre resuelto y sutil como un zorro, que
+disponía de numerosos votos seguros, pues muchísima gente le debía
+cuartos que tenía esquilmada la casa de Ulloa a cuyas expensas se
+enriquecía con disimulo y que este solemne bribón, al arrimo del gran
+encausador Barbacana, se alzaría con el distrito, si no se llevaba el
+asunto a rajatabla y sin contemplaciones.
+
+Quien conozca poco o mucho el mecanismo electoral no dudará que el
+gobernador hizo jugar el telégrafo para que sin pérdida de tiempo, y por
+más influencias que se atravesasen, fuese removido el juez de Cebre y
+las pocas hechuras de Barbacana que en el distrito restaban ya. Deseaba
+el gobernador triunfar en Cebre sin apelar a recursos extraordinarios y
+arbitrariedades de monta, pues sabía que, si no era probable que jamás
+se levantasen allí partidas, en cambio la sangre humana manchaba a
+menudo mesas y urnas electorales; pero la nueva combinación le obligaba
+a no reparar en medios y conferir al insigne Trampeta poderes
+ilimitados....
+
+Mientras el secretario se prevenía, el abogado no se dormía en las
+pajas. La aceptación del señorito, al pronto, le había vuelto loco de
+contento. No tenía don Pedro ideas políticas, aun cuando se inclinaba al
+absolutismo, creyendo inocentemente que con él vendría el
+restablecimiento de cosas que lisonjeaban su orgullo de raza, como por
+ejemplo, los vínculos y mayorazgos; fuera de esto, inclinábase al
+escepticismo indiferente de los labriegos, y era incapaz de soñar, como
+el caballeresco hidalgo de Limioso, en la quijotada de entrar por la
+frontera del Miño a la cabeza de doscientos hombres. Mas a falta de
+pasión política, le impulsó a aceptar la diputación su vanidad. Él era
+la primera persona del país, la más importante, la de origen más
+ilustre: su familia, desde tiempo inmemorial, figuraba al frente de la
+nobleza comarcana; en esto hizo hincapié el Arcipreste de Loiro para
+convencerle de que le correspondía la representación del distrito.
+Primitivo no desarrolló mucha elocuencia para apoyar la demostración del
+Arcipreste: limitóse a decir, empleando un expresivo plural y cerrando
+el puño:
+
+--Tenemos al país así.
+
+Desde que corrió la noticia comenzó el señorito a sentirse halagado por
+la especie de pleito-homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de
+personas, todo el señorío de los contornos, el clero casi unánime, y los
+muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo.
+A don Pedro se le ensanchaba el pulmón. Bien entendía que Primitivo
+estaba entre bastidores; pero al fin y al cabo, el incensado era él.
+Mostró aquellos días gran cordialidad y humor excelente y campechano.
+Hizo caricias a su hija y ordenó se le pusiese un traje nuevo, con
+bordados, para que la viesen así las señoritas de Molende, que se
+proponían no contribuir con menos de cien votos al triunfo del
+representante de la aristocracia montañesa. Él también--porque los
+candidatos noveles tienen su época de cortejos en que rondan la
+diputación como se ronda a las muchachas, y se afeitan con esmero y
+tratan de lucir sus prendas físicas--cuidó algo más de su persona,
+lamentablemente desatendida desde el regreso a los Pazos, y como estaba
+entonces en el apogeo de su belleza, más bien masculina que varonil, las
+muñidoras electorales se ufanaban de enviar tan guapo mozo al Congreso.
+Por entonces, la pasión política sacaba partido hasta de la estatura,
+del color del pelo, de la edad.
+
+Desde que empezó a hervir la olla, hubo en los Pazos mesa franca: se
+veía correr a Filomena y a Sabel por los salones adelante, llevando y
+trayendo bandejas con tostado jerez y bizcochos; oíase el retintín de
+las cucharillas en las tazas de café y el choque de los vasos. Abajo, en
+la cocina, Primitivo obsequiaba a sus gentes con vino del Borde y
+tarterones de bacalao, grandes fuentes de berzas y cerdo. A menudo se
+juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discutía, y se
+reía y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a
+azadonazos--porque no cabe nombrar el escalpelo--a Trampeta y a los de su
+bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso
+detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del
+secretario de Cebre.
+
+--De esta vez--decía el cura de Boán, viejo terne y firme, que echaba
+fuego por los ojos y gozaba fama del mejor cazador del distrito después
+de Primitivo--, de esta vez los fastidiamos, ¡_quoniam_!
+
+Nucha no asistía a las sesiones del comité. Se presentaba únicamente
+cuando las visitas eran tales que lo requerían; atendía a suministrar
+las cosas indispensables para el perenne festín, pero huía de él.
+Tampoco Julián bajaba sino rara vez a las asambleas, y en ellas apenas
+descosía los labios, mereciendo por esto que el cura de Ulloa se
+ratificase en su opinión de que los capellanes atildados no sirven para
+nada de provecho. No obstante, apenas averiguó el comité que Julián
+tenía bonita letra cursiva, y ortografía asaz correcta, se echó mano de
+él para misivas de compromiso. Además, le cayó otra ocupación.
+
+Sucedió que el Arcipreste de Loiro, que había conocido y tratado mucho a
+la señora doña Micaela, madre de don Pedro, quiso ver otra vez toda la
+casa, y también la capilla, donde algunas veces había dicho misa en vida
+de la difunta, que esté en gloria. Don Pedro se la mostró de mala gana,
+y el Arcipreste se escandalizó al entrar. Estaba la capilla casi a
+tejavana: la lluvia corría por el retablo abajo; las vestiduras de las
+imágenes parecían harapos; todo respiraba el mayor abandono, el frío y
+tristeza especial de las iglesias descuidadas. Julián ya se encontraba
+cansado de soltar indirectas al marqués sobre el estado lastimoso de la
+capilla, sin obtener resultado alguno; mas el asombro y las
+lamentaciones del Arcipreste arañaron en la vanidad del señor de Ulloa,
+y consideró que sería de buen efecto, en momentos tales, lavarle la
+cara, repararla un poco. Se retejó con bastante celeridad, y con la
+misma un pintor, pedido a Orense, pintó y doró el retablo y los altares
+laterales, de suerte que la capilla parecía otra, y don Pedro la
+enseñaba con orgullo a los curas, a los señoritos, a la caciquería
+barbacanesca. Sólo faltaba ya trajear decentemente a los santos y
+recoser ornatos y mantelillos. De esta faena se encargó Nucha, bajo la
+dirección de Julián. Con tal motivo, refugiados en la capilla solitaria,
+no llegaba hasta ellos el barullo del club electoral. Entre el capellán
+y la señorita desnudaban a San Pedro, peinaban los rizos de la Purísima,
+ribeteaban el sayal de San Antón, fregoteaban la aureola del Niño Jesús.
+Hasta la boeta de las ánimas del Purgatorio fue cuidadosamente lavada y
+barnizada de nuevo, y las ánimas en pelota, larguiruchas, acongojadas,
+rodeadas de llamas de almazarrón, salieron a luz en toda su edificante
+fealdad. Era semejante ocupación dulcísima para Julián: corrían las
+horas sin sentir en el callado recinto, que olía a pintura fresca y a
+espadaña traída por Nucha para adornar los altares; mientras armaba en
+un tallo de alambre una hoja de papel plateado o pasaba un paño húmedo
+por el vidrio de una urna, no necesitaba hablar: satisfacción interior y
+apacible le llenaba el alma. A veces Nucha no hacía más que mandar la
+maniobra, sentada en una silleta baja con su niña en brazos (no quería
+apartarla de sí un instante). Julián trabajaba por dos: tenía una escala
+y se encaramaba a lo más alto del retablo. No se atrevía a preguntar
+nada acerca de asuntos íntimos, ni a averiguar si la señorita había
+tenido con su esposo conversación decisiva respecto a Sabel; pero notaba
+el aire abatido, las denegridas ojeras, el frecuente suspirar de la
+esposa, y sacaba de estos indicios la natural consecuencia. Otros
+síntomas percibió que le acaloraron la fantasía, dándole no poco en qué
+cavilar. Nucha mostraba vehemente exaltación del cariño maternal de
+algún tiempo a esta parte. Apenas se separaba de la chiquita cuando,
+desasosegada e inquieta, salía a buscarla a ver qué le sucedía. En una
+ocasión, no encontrándola donde presumía, comenzó a exhalar gritos
+desgarradores, exclamando: «¡Me la roban!, ¡me la roban!». Por fortuna,
+el ama se acercaba ya trayendo a la pequeña en brazos. A veces la besaba
+con tal frenesí, que la criatura rompía en llanto. Otras se quedaba
+embelesada mirándola con dulce e inefable sonrisa, y entonces Julián
+recordaba siempre las imágenes de la Virgen Madre, atónita de su
+milagrosa maternidad. Mas los instantes de amor tranquilo eran breves, y
+continuos los de sobresalto y dolorosa ternura. No consentía a Perucho
+acercarse por allí. Su fisonomía se alteraba al divisar el niño; y éste,
+arrastrándose por el suelo, olvidando sus travesuras diabólicas, sus
+latrocinios, su afición al establo, se emboscaba a la entrada de la
+capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella
+pagaba con risas de querubín, con júbilo desatinado, con el impulso de
+todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse
+de brazos del ama a los de Perucho.
+
+Un día notó Julián en Nucha algo más serio aún: no ya expresión de
+melancolía, sino hondo decaimiento físico y moral. Sus ojos se hallaban
+encendidos y abultados, como de haber llorado mucho tiempo seguido; su
+voz era desmayada y fatigosa; sus labios estaban resecos, tostados por
+la calentura y el insomnio. Allí no se veía ya la espina del dolor que
+lentamente va hincándose, pero el puñal clavado de golpe hasta el pomo.
+Semejante espectáculo dio al traste con la prudencia del capellán.
+
+--Usted está mala, señorita. A usted le pasa algo hoy.
+
+Nucha meneó la cabeza intentando sonreír.
+
+--No tengo nada.
+
+Lo doliente y debilitado del acento la desmentía.
+
+--Por Dios, señorita, no me responda que no.... ¡Si lo estoy viendo!
+Señorita Marcelina.... ¡Válgame mi patrono San Julián! ¡Que no he de
+poder yo servirle de algo, prestarle ayuda o consuelo! Soy una persona
+humilde, inútil; pero con la intención, señorita, soy grande como una
+montaña. ¡Quisiera, se lo digo con el corazón, que me mandase, que me
+mandase!
+
+Hacía estas protestas esgrimiendo un paño untado de tiza contra las
+sacras, cuyo cerco de metal limpiaba con denuedo, sin mirarlo.
+
+Alzó Nucha los ojos, y en ellos lució un rayo instantáneo, un impulso de
+gritar, de quejarse, de pedir auxilio.... Al punto se apagó la llamarada,
+y encogiéndose de hombros levemente, la señorita repitió:
+
+--No tengo nada, Julián.
+
+En el suelo había una cesta llena de hortensias y rama verde, destinada
+al adorno de los floreros; Nucha empezó a colocarla con la destreza y
+delicadeza graciosa que demostraba en el desempeño de todos sus
+domésticos quehaceres. Julián, entre embelesado y afligido, seguía con
+la vista el arreglo de las azules flores en los tarros de loza, el
+movimiento de las manos enflaquecidas al través de las hojas verdes.
+Notó que caía sobre ellas una gota de agua, gruesa, límpida, no
+procedente de la humedad del rocío que aún bañaba las hortensias. Y casi
+al tiempo mismo advirtió otra cosa, que le cuajó la sangre de horror: en
+las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular,
+amoratada, oscura.... Con lucidez repentina, el capellán retrocedió dos
+años, escuchó de nuevo los quejidos de una mujer maltratada a culatazos,
+recordó la cocina, el hombre furioso.... Completamente fuera de sí, dejó
+caer las sacras y tomó las manos de Nucha para convencerse de que, en
+efecto, existía la siniestra señal....
+
+Entraban a la sazón por la puerta de la capilla muchas personas: las
+señoritas de Molende, el juez de Cebre, el cura de Ulloa, conducidos por
+don Pedro, que los traía allí con objeto de que admirasen los trabajos
+de restauración. Nucha se volvió precipitadamente; Julián, trastornado,
+contestó balbuciendo al saludo de las señoritas. Primitivo, que venía a
+retaguardia, clavaba en él su mirada directa y escrutadora.
+
+
+
+
+-XXV-
+
+
+Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro
+cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los
+odios enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes
+promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas
+incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas
+sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de
+los inconvenientes prácticos del sistema parlamentario estaban muy de
+acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven
+nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban
+las caballerizas de los Pazos de Ulloa. ¡Buenas cosas pensaban ellos de
+las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban
+exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en
+sudor!
+
+¡Pues qué diré de la mula en que Trampeta solía hacer sus excursiones a
+la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como
+se había puesto. Día y noche estaba el insigne cacique atravesado en la
+carretera, y a cada viaje la elección de Cebre se presentaba más dudosa,
+más peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del
+Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar,
+prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase
+la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se
+largaba de entre las manos.
+
+--¿Pues no decía usted--gritó un día el Gobernador con vehementes impulsos
+de mandar al infierno al gran secretario--que la elección no sería muy
+costosa; que los adversarios no podían gastar nada; que la Junta
+carlista de Orense no soltaba un céntimo; que la casa de los Pazos no
+soltaba un céntimo tampoco, porque a pesar de sus buenas rentas está
+siempre a la quinta pregunta?
+
+--Ahí verá usted, señor--contestó Trampeta--. Todo eso es mucha verdad;
+pero hay momentos en que el hombre..., pues... cambia sus _auciones_,
+como usted me enseña (Trampeta tenía esta muletilla). El marqués de
+Ulloa....
+
+--¡Qué marqués ni qué calabazas!--interrumpió con impaciencia el
+Gobernador.
+
+--Bueno, es una costumbre que hay de llamarle así.... Y mire usted que
+llevo un mes de _porclamar_ en todos lados que no hay semejante marqués,
+que el gobierno le ha sacado el título para dárselo a otro más liberal,
+y que ese título de marqués quien se lo ha ofrecido es Carlos siete,
+para cuando venga la Inquisición y el diezmo, como usted me enseña....
+
+--Adelante, adelante--exclamó el Gobernador, que aquel día debía estar
+nervioso--. Decía usted que el marqués o lo que sea... en vista de las
+circunstancias....
+
+--No reparará en un par de miles de duros más o menos, no señor.
+
+--¿Si no los tenía, los habrá pedido?
+
+--¡_Catá_! Los ha pedido a su suegro de Santiago; y como el suegro de
+Santiago no tiene tampoco una peseta disponible, como usted me enseña...
+héteme aquí que se los ha dado el suegro de los Pazos.
+
+--¿Se le cuentan dos suegros a ese candidato carlista?--preguntó el
+gobernador, que a su pesar se divertía con los chismes del secretario.
+
+--No será el primero, como usted me enseña--dijo Trampeta riéndose de la
+chuscada--. Ya entiende por quién hablo.... ¿eh?
+
+--¡Ah!, sí, la muchacha ésa que vivía en la casa antes de que Moscoso se
+casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted cómo me acuerdo.
+
+--El hijo... el hijo será de quien Dios disponga, señor gobernador.... Su
+madre lo sabrá..., si es que lo sabe.
+
+--Bien, eso para la elección importa un rábano.... Al grano: los recursos
+de que Moscoso dispone....
+
+--Pues se los ha facilitado el mayordomo, el Primitivo, el suegro _de
+cultis_.... Y usted me preguntará: ¿cómo un infeliz mayordomo tiene miles
+de duros? Y yo respondo: prestando a réditos del ocho por ciento al mes,
+y más los años de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le
+paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro...--Y usted
+dirá: ¿de dónde saca ese Primitivo o ese ladrón el dinero para
+prestar?--Y yo replico: del bolsillo de su mismo amo, robándole en la
+venta del fruto, dándolo a un precio y abonándoselo a otro, engañándole
+en la administración y en los arriendos, pegándosela, como usted me
+enseña, por activa y por pasiva...--Y usted dirá....
+
+Este modo dialogado era un recurso de la oratoria trampetil, del cual
+echaba mano cuando quería persuadir al auditorio. El gobernador le
+interrumpió:
+
+--Con permiso de usted lo diré yo mismo. ¿Qué cuenta le tiene a ese
+galopín prestarle a su amo los miles de duros que tan trabajosamente le
+ha cogido?
+
+--¡Me caso!...--votó el secretario--. Los miles de duros, como usted me
+enseña, no se prestan sin hipoteca, sin garantías de una _clás_ o de
+otra, y el Primitivo no ha nacido en el año de los tontos. Así queda
+seguro el capital y el amo sujeto.
+
+--Comprendo, comprendo--articuló con viveza el Gobernador. Queriendo dar
+una muestra de su penetración, añadió:--Y le conviene sacar diputado al
+señorito, para disponer de más influencia en el país y poder hacer todo
+cuanto le acomode....
+
+Trampeta miró al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa ironía
+que las personas de educación inferior muestran cuando oyen a las más
+elevadas decir una simpleza gorda.
+
+--Como usted me enseña, señor gobernador--pronunció--, no hay nada de
+eso.... Don Pedro, diputado de oposición o independiente o conforme les
+dé la gana de llamarle, servirá de tanto a los suyos como la carabina de
+Ambrosio.... Primitivo, arrimándose a un servidor de usted o al judío,
+con perdón, de Barbacana, conseguiría lo que quisiese ¿eh?, sin
+necesidad de sacar diputado al amo.... Y Primitivo, hasta que le dio la
+ventolera, siempre fue de los míos.... Zorro como él no lo hay en toda la
+provincia... Ése ha de acabar por envolvernos a Barbacana y a mí.
+
+--Y entonces Barbacana ¿por qué se ha declarado a favor del señorito?
+
+--Porque Barbacana va con los curas a donde lo lleven. Ya sabe lo que
+hace.... Usted, un suponer, está ahí hoy y se larga mañana; pero los
+curas están siempre, y lo mismo el señorío... los Limiosos, los
+Méndez....
+
+Y dando suelta al torrente de su rencor, el cacique añadió apretando los
+puños:
+
+--¡Me caso con Dios! Mientras no hundamos a Barbacana, no se hará nada en
+Cebre.
+
+--¡Corriente! Pues facilítenos usted la manera de hundirlo. Ganas no
+faltan.
+
+Trampeta se quedó un rato pensativo, y con la cuadrada uña del pulgar,
+quemada del cigarro, se rascó la perilla.
+
+--Lo que yo cavilo es ¿qué cuenta le tendrá al raposo de Primitivo esta
+diputación del amo?... Ahora se aprovecha de dos cosas: lo que le pilla
+como hipoteca y lo que le mama corriendo con los gastos electorales y
+presentándole luego, como usted me enseña, las cuentas del Gran
+Capitán.... Pero si vencen y me hacen diputado a mi señor don Pedro, y
+éste vuela para _Madrí_, y allí pide cuartos por otro lado, que sí
+pedirá, y abre el ojo para ver las picardías de su mayordomo, y no se
+vuelve a acordar de la moza ni del chiquillo..., entonces....
+
+Tornó a rascarse la perilla, suspenso y meditabundo, como el que
+persigue la solución de un problema muy intrincado. Sus agudísimas
+facultades intelectuales estaban todas en ejercicio. Pero no daba con el
+cabo de la madeja.
+
+--Al caso--insistió el gobernador--. De lo que se trata es de que no nos
+derroten vergonzosamente. El candidato es primo del ministro; hemos
+respondido de la elección.
+
+--Contra el candidato de la Junta de Orense.
+
+--¿Piensa usted que allá admiten esas distinciones? Estamos a triunfar
+contra cualquiera. No andemos con circunloquios; ¿cree usted que vamos a
+salir rabo entre piernas? ¿Sí o no?
+
+Trampeta permanecía indeciso. Al cabo levantó la faz, con el orgullo de
+un gran estratégico, seguro siempre de inventar algún ardid para burlar
+al enemigo.
+
+--Mire usted--dijo--, hasta la fecha Barbacana no ha podido acabar con este
+cura, aunque me ha jugado dos o tres buenas.... Pero a jugarlas no me
+gana él ni Dios.... Sólo que a mí no se me ocurren las mejores tretas
+hasta que tocan a romper el fuego.... Entonces ni el diablo discurre lo
+que yo discurro. Tengo aquí--y se dio una puñada en la negruzca
+frente--una cosa que rebulle, pero que aún no sale por más que hago....
+Saldrá, como usted me enseña, cuando llegue el mismísimo punto
+_resfinado_ de la ocasión....
+
+Y blandiendo el brazo derecho repetidas veces de arriba abajo, como un
+sable, añadió en voz hueca:
+
+--Fuera miedo. ¡Se gana!
+
+Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la
+provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que había
+querido ir en persona a tomar noticias de cómo andaban los negocios por
+Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por
+_fusique_ de plata, polvos de un rapé Macuba, que acaso nadie gastaba ya
+sino él en toda Galicia, y que le traían de contrabando, con gran
+misterio y cobrándole un dineral.
+
+El Arcipreste, a quien en Santiago conocían por el apodo de _Sobres de
+Envelopes_, a causa de una candorosa pregunta en mal hora formulada en
+una tienda, había sido en otro tiempo, cuando simple abad de Anles, el
+mejor instrumento electoral conocido. Dijéronle una vez que iba perdida
+la elección que él manejaba; gritó él furioso: «¿Perder el cura de Anles
+una elección?», y, al gritar, dio el más soberano puntapié a la urna,
+que era un puchero, haciéndola volar en miles de pedazos, desparramando
+las cédulas y logrando, con tan sencillo expediente, que su candidato
+triunfase. La hazaña le valió la gran cruz de Isabel la Católica. En el
+día, obesidad, años y sordera le impedían tomar parte activa; pero
+quedábale la afición y el compás, no habiendo para él cosa tan gustosa
+como un electoral cotarro.
+
+Siempre que el arcipreste venía a Cebre, pasaba un ratito en el estanco
+y cartería, donde se charlaba de política por los codos, se leían
+papeles de Madrid, y se enmendaba la plana a todos los gobernantes y
+estadistas habidos y por haber, oyéndose a menudo frases del corte
+siguiente: «Yo, Presidente del Consejo de Ministros, arreglo eso de una
+plumada». «Yo que Prim, no me arredro por tan poco». Y aún solía
+levantarse la voz de algún tonsurado exclamando: «Pónganme a mí donde
+está el Papa, y verán cómo lo resuelvo mucho mejor en un periquete».
+
+Al salir de casa de Barbacana, encontró el arcipreste en la cartería al
+juez y al escribano, y a la puerta a don Eugenio, desatando su yegua de
+una argolla y dispuesto a montar.
+
+--Aguárdate un poco, Naya--le dijo familiarmente, dándole, según costumbre
+entre curas, el nombre de su parroquia--. Voy a ver los partes de los
+periódicos, y después nos largamos juntos.
+
+--Yo tomo hacia los Pazos.
+
+--Yo también. Di allá en la posada que me traigan aquí la mula.
+
+Cumplió don Eugenio el encargo diligentemente, y a poco ambos
+eclesiásticos, envueltos en cumplidos montecristos, atados los sombreros
+por debajo de la barba con un pañuelo para que no se los llevase el
+viento fuerte que corría, bajaban el repecho de la carretera al sosegado
+paso de sus monturas. Naturalmente hablaban de la batalla próxima, del
+candidato y de otras particularidades referentes a la elección. El
+arcipreste lo veía todo muy de color de rosa, y estaba tan cierto de
+vencer, que ya pensaba en llevar la música de Cebre a los Pazos para dar
+serenata al diputado electo. Don Eugenio, aunque animado, no se las
+prometía tan felices. El gobierno dispone de mucha fuerza, ¡qué
+diantre!, y cuando ve la cosa mal parada recurre a la coacción, haciendo
+las elecciones por medio de la Guardia Civil. Todo eso de Cortes era,
+según dicho del abad de Boán, una solemnísima farsa.
+
+--Pues por esta vez--contestaba el arcipreste, manoteando y bufando para
+desenredarse de la esclavina del montecristo, que el viento le envolvía
+alrededor de la cara--, por esta vez, les hemos de hacer tragar saliva.
+Al menos el distrito de Cebre enviará al congreso una persona decente,
+hijo del país, jefe de una casa respetable y antigua, que nos conoce
+mejor que esos pillastres venidos de fuera.
+
+--Eso es muy cierto--respondió don Eugenio, que rara vez contradecía de
+frente a sus interlocutores--; a mí me gusta, como al que más, que la
+casa de los Pazos de Ulloa represente a Cebre; y si no fuese por cosas
+que todos sabemos....
+
+El arcipreste, muy grave, sorbió el _fusique_ o cañuto. Amaba
+entrañablemente a don Pedro, a quien, como suele decirse, había visto
+nacer, y además profesaba el principio de respetar la alcurnia.
+
+--Bien, hombre, bien--gruñó--, dejémonos de murmuraciones....
+Cada uno tiene sus defectos y sus pecados, y a Dios dará cuenta
+de ellos. No hay que meterse en vidas ajenas.
+
+Don Eugenio, como si no entendiese, insistió, repitiendo cuanto acaba de
+oír en la cartería de Cebre, donde se bordaban con escandalosos
+comentarios las noticias dadas por Trampeta al gobernador de la
+provincia. Todo lo refería gritando bastante, a fin de que el punto de
+sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir
+lo más sustancial del discurso. El travieso y maleante clérigo gozaba lo
+indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la
+oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el _fusique_ en
+las narices. Cebre, según don Eugenio, hervía en indignación contra don
+Pedro Moscoso; los aldeanos lo querían bien; pero en la villa, dominada
+por gentes que protegía Trampeta, se contaban horrores de los Pazos. De
+algunos días acá, justamente desde la candidatura del marqués, se había
+despertado en la población de Cebre un santo odio al pecado, una
+reprobación del concubinato y la bastardía, un sentimiento tan exquisito
+de rectitud y moralidad, que asombraba; siendo de advertir que este
+acceso de virtud se notaba únicamente en los satélites del secretario,
+gente en su mayoría de la cáscara amarga y nada edificante en su
+conducta. Al enterarse de tales cosas, el arcipreste se amorataba de
+furor.
+
+--¡Fariseos, escribas!--rebufaba--. ¡Y luego nos llamarán a nosotros
+hipócritas! ¡Miren ustedes qué recato, qué decoro y qué vergüenza les ha
+entrado a los incircuncisos de Cebre! (en boca del arcipreste,
+_incircunciso_ era tremenda injuria). Como si el que más y el que menos
+de ese atajo de tunantes no tuviese hechos méritos para ir a presidio...
+y al palo, sí señor, ¡al palo!
+
+Don Eugenio no podía contener la risa.
+
+--Hace siete años, la friolera de siete años--tartamudeó el arcipreste
+calmándose un poco, pero respirando trabajosamente a causa del mucho
+viento--, siete añitos que en los Pazos sucede... eso que tanto les
+asusta ahora.... Y maldito si se han acordado de decir esta boca es mía.
+Pero con las elecciones.... ¡Qué condenado de aire! Vamos a volar,
+muchacho.
+
+--Pues aún murmuran cosas peores--gritó el de Naya.
+
+--¿Eh? Si no se oye nada con este vendaval.
+
+--Que aún dicen cosas más serias--voceó don Eugenio, pegando su inquieta
+yegüecilla a la reverenda mula del arcipreste.
+
+--Dirán que nos van a fusilar a todos.... Lo que es a mí, ya me amenazó el
+secretario con formarme siete causas y meterme en chirona.
+
+--Qué causas ni qué.... Baje usted la cabeza.... Así.... Aunque estamos
+solos no quiero gritar mucho....
+
+Agarrado don Eugenio al montecristo de su compañero, le explicó desde
+cerca algo que las alas del nordeste se llevaron aprisa, con estridente
+y burlón silbido.
+
+--¡Caramelos!--rugió el arcipreste, sin que se le ocurriese una sola
+palabra más. Tardó aún cosa de dos minutos en recobrar la expedición de
+la lengua y en poder escupir al ventarrón, cada vez más desencadenado y
+furioso, una retahíla de injurias contra los infames calumniadores del
+partido de Trampeta. El granuja de don Eugenio le dejó desahogar, y
+luego añadió:
+
+--Aún hay más, más.
+
+--¿Y qué más puede haber? ¿Dicen también que el señorito don Pedro sale a
+robar a los caminos? ¡Canalla de incircuncisos ésos, sin más Dios ni más
+ley que su panza!
+
+--Aseguran que la noticia viene por persona de la misma casa.
+
+--¿Eeeeh? Cargue el diablo con el viento.
+
+--Que la noticia viene por persona de la misma casa de los Pazos.... ¿Ya
+me entiende usted?--Y don Eugenio guiñó el ojo.
+
+--Ya entiendo, ya.... ¡Corazones de perro, lenguas de escorpión! Una
+señorita que es la honradez en persona, de una familia tan buena, no
+despreciando a nadie..., ¡y calumniarla, y para más con un ordenado de
+misa! ¡Liberaluchos indecentes, de éstos de por aquí, que se venden tres
+al cuarto! ¡Pero cómo está el mundo, Naya, cómo está el mundo!
+
+--Pues también añaden....
+
+--¡Caramelos! ¿Acabarás hoy? ¡Qué tormenta se prepara, María Santísima!
+¡Qué viento... qué viento!
+
+--Atiéndame, que esto no lo dicen ellos, sino Barbacana. Que esa persona
+de la casa--Primitivo, vamos--nos va a hacer una perrería gorda en la
+elección.
+
+--¿Eeeh? ¿Tú _seque_ chocheas? Para, mula, a ver si oigo mejor. ¿Que
+Primitivo...?
+
+--No es seguro, no es seguro, no es seguro--vociferó el abad de Naya, que
+se divertía más que en un sainete.
+
+--¡Por vida de lo que malgasto, que esto ya pasa de raya! Hazme el favor
+de no volverme loco, ¿eh?, que para eso bastante tengo con el viento
+maldito. ¡No quiero oír, no quiero oír más!--declaró esto en ocasión que
+su montecristo se alzaba rápidamente a impulsos de una ráfaga mayor, y
+se volvía todo hacia arriba, dejando al arcipreste como suelen pintar a
+Venus en la concha. Así que logró remediar el percance, hizo trotar a su
+mula, y no se oyó en el camino más voz que la del nordeste, que allá a
+lo lejos, sacudiendo castañares y robledales, remedaba majestuosa
+sinfonía.
+
+
+
+
+-XXVI-
+
+
+Amortiguada la primera impresión, no se atrevía Julián a interrogar a
+Nucha sobre lo que había visto. Hasta recelaba ir al cuarto de la
+señorita. Algún fundamento tenía este recelo. Aunque de suyo confiado,
+creía notar el capellán que le espiaban. ¿Quién? Todo el mundo:
+Primitivo, Sabel, la vieja bruja, los criados. Como sentimos de noche,
+sin verla, la niebla húmeda que nos penetra y envuelve, así sentía
+Julián la desconfianza, la malevolencia, la sospecha, la odiosidad que
+iba espesándose en torno suyo. Era cosa indefinible, pero patente. En
+dos o tres funciones a que asistió, figurósele que los curas le hablaban
+con acento hostil, que el arcipreste le examinaba frunciendo el
+entrecejo, y que únicamente don Eugenio le manifestaba la acostumbrada
+cordialidad. Pero acaso fuesen éstas vanas cavilaciones, y quizás soñaba
+también al imaginarse que, a la mesa, don Pedro seguía continuamente la
+dirección de sus ojos y acechaba sus movimientos. Esto le fatigaba tanto
+más cuanto que un irresistible anhelo le obligaba a mirar a Nucha muy a
+menudo, reparando a hurtadillas si estaba más delgada, si comía con buen
+apetito, si se notaba _algo_ nuevo en sus muñecas. La señal, oscura el
+primer día, fue verdeando y desapareciendo.
+
+La necesidad de ver a la niña acabó por poder más que las vacilaciones
+de Julián. Arreglada ya la capilla, sólo en la habitación de su madre
+podía verla, y allí fue, no bastándole el beso robado en el corredor,
+cuando el ama lo cruzaba con la nena en brazos. Iba la criatura saliendo
+de esa edad en que los niños parecen un lío de trapos, y sin perder la
+gracia y atractivo del ser indefenso y débil, tenía el encanto de la
+personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y
+conciencia de sus actos. Ya adoptaba posturas de ángel de Murillo; ya
+cogía un objeto y acertaba a llevarlo a la cálida boca, en la
+impaciencia de la dentición retrasada; ya ejecutaba con indecible
+monería ese movimiento cautivador entre todos los de los niños pequeños,
+de tender no sólo los brazos, sino el cuerpo entero, con abandono
+absoluto, hacia la persona que les es simpática; actitud que las
+nodrizas llaman _irse con la gente_. Hacía tiempo que la pequeña
+redoblaba la risa, y su carcajada melodiosa, repentina y breve, era sólo
+comparable a gorjeo de pájaro. Ningún sonido articulado salía aún de su
+boca, pero sabía expresar divinamente, con las onomatopeyas que según
+ciertos filólogos fueron base del lenguaje primitivo, todos sus afectos
+y antojos; en su cráneo, que empezaba a solidificarse, por más que en el
+centro latiese aún la abierta mollera, se espesaba el pelo, de día en
+día más oscuro, suave aún como piel de topo; sus piececitos se
+desencorvaban, y los dedos, antes retorcidos, el pulgar vuelto hacia
+arriba, los otros botoncillos de rosa hacia abajo, se habituaban a la
+estación horizontal que exige el andar humano. Cada uno de estos grandes
+progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para
+Julián, confirmando su dedicación paternal al ser que le dispensaba el
+favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones
+del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche. ¡Qué no haría él por
+servir de algo a la nenita idolatrada! A veces el cariño le inspiraba
+ideas feroces, como agarrar un palo y moler las costillas a Primitivo;
+coger un látigo y dar el mismo trato a Sabel. Pero, ¡ay! Nadie puede
+usurpar el puesto del amo de casa, del jefe de la familia; y el jefe....
+Al capellán le pesaba en el alma la fundación de aquel hogar cristiano.
+Recta había sido la intención, y amargo el fruto. ¡Sangre del corazón
+daría él por ver a Nucha en un convento!
+
+¿Qué arbitrio adoptar ya? Julián presentía los inmensos inconvenientes
+de su intervención directa. Seguro de la teoría, firme en el terreno del
+derecho, capaz de resistir pasivamente hasta morir, faltábale la
+vigorosa palanca de los actos humanos, la iniciativa. En aquella casa es
+indudable que andaban muchas cosas desquiciadas, otras torcidas y fuera
+de camino; el capellán asistía al drama, temía un desenlace trágico,
+sobre todo desde la famosa señal en las muñecas, que no le salía de la
+acalorada imaginación; mostrábase taciturno; su color sonrosado se
+trocaba en amarillez de cera; rezaba más aún que de costumbre; ayunaba;
+decía la misa con el alma elevada, como la diría en tiempos de martirio;
+deseaba ofrecer la existencia por el bienestar de la señorita; pero, a
+no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no
+podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida--aunque
+ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don
+Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija--.
+Siempre encontraba pretextos para aplazar toda acción, tan socorridos
+como éste, verbigracia:
+
+--Dejemos que pasen las elecciones.
+
+Las elecciones le infundían esperanzas de que, si el señorito, elegido
+diputado, salía de la huronera, de entre la gente inicua que lo prendía
+en sus redes, era posible que Dios le tocase en el corazón y mudase de
+conducta.
+
+Una cosa preocupaba mucho al buen capellán: ¿el señorito se iría solo a
+Madrid, o llevaría a su mujer y a la pequeña? Julián ponía a Dios por
+testigo de que deseaba esto último, si bien al pensar qué podía suceder
+le entraba una hipocondría mortal. La idea de no ver más a nené durante
+meses o años, de no tenerla en las rodillas montada a _caballito_, de
+quedarse allí, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado
+por una sabandija, le era intolerable. Duro le parecía que se marchase
+la señorita, pero lo de la niña..., lo de la niña...
+
+«Si me la dejasen--pensaba--la cuidaría yo perfectamente».
+
+Acercábase la batalla decisiva. Los Pazos eran un jubileo, un ir y venir
+de adictos y correveidiles, un entrar y salir de mensajes, de órdenes y
+contraórdenes, que le daban semejanza con un cuartel general. Siempre
+había en las cuadras caballos o mulas forasteras, masticando abundante
+pienso, y en los anchos salones se oía crujir incesante de botas altas,
+pisadas de fuertes zapatos, cuando no pateo de zuecos. Julián se
+tropezaba con curas sofocados, respirando bélico ardor, que le hablaban
+de _los trabajos_, pasmándose de ver que no tomaba parte en nada.... ¡En
+tan solemne y crítica ocasión, el capellán de los Pazos no tenía derecho
+a dormir ni a comer!
+
+Seguía reparando que algunos abades se mostraban con él así como airados
+o resentidos, en especial el arcipreste, el más encariñado con la casa
+de Ulloa; pues mientras el cura de Boán y aun el de Naya atendían sobre
+todo al triunfo político, el arcipreste miraba principalmente al
+esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos.
+
+Todo anunciaba que el señor de los Pazos se llevaría el gato al agua, a
+pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno. Se
+contaban los votos, se hacía un censo, se sabía que la superioridad
+numérica era tal, que las mayores diabluras de Trampeta no la echarían
+abajo. No disponía el gobierno en el distrito sino de lo que,
+pomposamente hablando, puede llamarse el elemento oficial. Si es verdad
+que éste influye mucho en Galicia, merced al carácter sumiso de los
+labriegos, allí en Cebre no podía contrapesar la acción de curas y
+señoritos reunidos en torno del formidable cacique Barbacana. El
+arcipreste resoplaba de gozo. ¡Cosa rara! Barbacana mismo era el único
+que no se las contaba felices. Preocupado y de peor humor a cada
+instante, torcía el gesto cuando algún cura entraba en su despacho
+frotándose las manos de gusto, a noticiarle adhesiones, caza de votos.
+
+¡Qué elecciones aquéllas, Dios eterno! ¡Qué lid reñidísima, qué disputar
+el terreno pulgada a pulgada, empleando todo género de zancadillas y
+ardides! Trampeta parecía haberse convertido en media docena de hombres
+para trampetear a la vez en media docena de sitios. Trueques de
+papeletas, retrasos y adelantos de hora, falsificaciones, amenazas,
+palos, no fueron arbitrios peculiares de esta elección, por haberse
+ensayado en otras muchas; pero uniéronse a las estratagemas usuales
+algunos rasgos de ingenio sutil, enteramente inéditos. En un colegio,
+las capas de los electores del marqués se rociaron de aguarrás y se les
+prendió fuego disimuladamente por medio de un fósforo, con que los
+infelices salieron dando alaridos, y no aparecieron más. En otro se
+colocó la mesa electoral en un descanso de escalera; los votantes no
+podían subir sino de uno en uno, y doce paniaguados de Trampeta,
+haciendo fila, tuvieron interceptado el sitio durante toda la mañana,
+moliendo muy a su sabor a puñadas y coces a quien intentaba el asalto.
+Picardía discreta y mañosa fue la practicada en Cebre mismo.
+
+Acudían allí los curas acompañando y animando al rebaño de electores, a
+fin de que no se dejasen dominar por el pánico en el momento de
+depositar el voto. Para evitar que «se la jugasen», don Eugenio,
+valiéndose del derecho de intervención, sentó en la mesa a un labriego
+de los más adictos suyos, con orden terminante de no separar la vista un
+minuto de la urna. «¿Tú entendiste, Roque? No me apartas los ojos de
+ella, así se hunda el mundo». Instalóse el payo, apoyando los codos en
+la mesa y las manos en los carrillos, contemplando de hito en hito la
+misteriosa olla, tan fijamente como si intentase alguna experiencia de
+hipnotismo. Apenas alentaba, ni se movía más que si fuese hecho de
+piedra. Trampeta en persona, que daba sus vueltas por allí, llegó a
+impacientarse viendo al inmóvil testigo, pues ya otra olla rellena de
+papeletas, cubiertas a gusto del alcalde y del secretario de la mesa, se
+escondía debajo de ésta, aguardando ocasión propicia de sustituir a la
+verdadera urna. Destacó, pues, un seide encargado de seducir al
+vigilante, convidándole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo
+género de insinuaciones halagüeñas. Tiempo perdido: el centinela ni
+siquiera miraba de reojo para ver a su interlocutor: su cabeza redonda,
+peluda, sus salientes mandíbulas, sus ojos que no pestañeaban, parecían
+imagen de la misma obstinación. Y era preciso sacarle de allí, porque se
+acercaba la hora sacramental, las cuatro, y había que ejecutar el
+escamoteo de la olla. Trampeta se agitó, hizo a sus adláteres preguntas
+referentes a la biografía del vigilante, y averiguó que tenía un pleito
+de tercería en la Audiencia, por el cual le habían embargado los bueyes
+y los frutos. Acercóse a la mesa disimuladamente, púsole una mano en el
+hombro, y gritó: «¡Fulano... ganaste el pleito!». Saltó el labriego,
+electrizado. «¡Qué me dices, hombre!». «Se falló en la Audiencia ayer».
+«Tú loqueas». «Lo que oyes». En este intervalo el secretario de la mesa
+verificaba el trueque de pucheros: ni visto ni oído. El alcalde se
+levantó con solemnidad. «¡Señores... se va a proceder al _discutinio_!».
+Entra la gente en tropel: comienza la lectura de papeletas; míranse los
+curas atónitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece «¿Tú te
+moviste de ahí?», pregunta el abad de Naya al centinela. «No, señor»,
+responde éste con tal acento de sinceridad, que no consentía sospecha.
+«Aquí alguien nos vende», articula el abad de Ulloa en voz bronca,
+mirando desconfiadamente a don Eugenio. Trampeta, con las manos en los
+bolsillos, ríe a socapa.
+
+Tales amaños mermaron de un modo notable la votación del marqués de
+Ulloa, dejando cincunscrita la lucha, en el último momento, a disputarse
+un corto número de votos, del cual dependía la victoria. Y llegado el
+instante crítico, cuando los ulloístas se juzgaban ya dueños del campo,
+inclinaron la balanza del lado del gobierno defecciones completamente
+impensadas, por no decir abominables traiciones, de personas con quienes
+se contaba en absoluto, habiendo respondido de ellas la misma casa de
+los Pazos, por boca de su mayordomo. Golpe tan repentino y alevoso no
+pudo prevenirse ni evitarse. Primitivo, desmintiendo su acostumbrada
+impasibilidad, dio rienda a una cólera furiosa, desatándose en amenazas
+absurdas contra los tránsfugas.
+
+Quien se mostró estoico fue Barbacana. La tarde que se supo la pérdida
+definitiva de la elección, el abogado estaba en su despacho, rodeado de
+tres o cuatro personas. Ahogándose como ballena encallada en una playa y
+a quien el mar deja en seco, entró el arcipreste, morado de despecho y
+furor. Desplomóse en un sillón de cuero; echó ambas manos a la garganta,
+arrancó el alzacuello, los botones de camisa y almilla; y trémulo, con
+los espejuelos torcidos y el _fusique_ oprimido en el crispado puño
+izquierdo, se enjugó el sudor con un pañuelo de hierbas. La serenidad
+del cacique le sacó de tino.
+
+--¡Me pasmo, caramelos! ¡Me pasmo de verle con esa flema! ¿O no sabe lo
+que pasa?
+
+--Yo no me apuro por cosas que están previstas. En materia de elecciones
+no se me coge a mí de susto.
+
+--¿Usted se esperaba lo que ocurre?
+
+--Como si lo viera. Aquí está el abad de Naya, que puede responder de que
+se lo profeticé. No atestiguo con muertos.
+
+--Verdad es--corroboró don Eugenio, harto compungido.
+
+--¿Y entonces, santo de Dios, a qué tenernos embromados?
+
+--No les íbamos a dejar el distrito por suyo sin disputárselo siquiera.
+¿Les gustaría a ustedes? Legalmente, el triunfo es nuestro.
+
+--Legalmente.... ¡Toma, caramelos! ¡Legalmente sí, pero vénganos con
+legalidades! ¡Y esos Judas condenados que nos faltaron cuando
+precisamente pendía de ellos la cosa! ¡El herrero de Gondás, los dos
+Ponlles, el albéitar...!
+
+--Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste: ésa es gente
+mandada, que acata una consigna. El Judas es otro.
+
+--¿Eeeeh? Ya entiendo, ya.... ¡Hombre, si es cierta esa maldad--que no
+puedo convencerme, que se me atraganta--, aún sería poco para el traidor
+el castigo de Judas! Pero usted, santo, ¿por qué no le atajó? ¿Por qué
+no avisó? ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo? Si el señor
+marqués de Ulloa supiese que tenía en casa al traidor, con atarlo al pie
+de la cama y cruzarlo a latigazos.... ¡Su propio mayordomo! No sé cómo
+pudo usted estarse así con esa flema.
+
+--Se dice luego; pero mire usted: cuando la elección estriba en una
+persona, y no cabe cerciorarse de si está de buena o mala fe, de poco
+sirve revelar sospechas.... Hay que aguardar el golpe atado de pies y
+manos..., son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe
+callar y _guardarlas_....
+
+Al pronunciar la palabra _guardarlas_, el cacique se daba una puñada en
+el pecho, cuya concavidad retumbó sordamente, lo mismo que debía
+retumbar la de san Jerónimo cuando el santo la hería con el famoso
+pedrusco.
+
+Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jerónimos de escuela
+española, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y
+enmarañada barba y el sombrío fuego de las pupilas negras.
+
+--De aquí no salen--añadió con torvo acento--, y aquí no pierden el tiempo,
+que todavía nadie se la hizo a Barbacana sin que algún día se la pagase.
+Y respecto del Judas, ¿cómo quería usted que lo pudiésemos
+desenmascarar, si ahora, lo mismo que en tiempo de la pasión de Nuestro
+Señor Jesucristo, tenía la bolsa en la mano? A ver, señor arcipreste,
+¿quién nos ha facilitado las municiones para esta batalla?
+
+--¿Que quién las ha facilitado? En realidad de verdad, la casa de Ulloa.
+
+--¿Las tenía disponibles? ¿Sí o no? Ahí está el toque. Como esas casas no
+son más que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los
+cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por
+ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una
+sanguijuela que le está chupando cuanto posee.
+
+--Buenas cosas van a decir de nosotros los badulaques de la Junta de
+Orense. Que somos unos estafermos y que no servimos para nada. ¡Perder
+una elección! Es la primera vez de mi vida.
+
+--No. Que escogimos un candidato muy simple. Hablando en plata, eso es lo
+que dirá la Junta de Orense.
+
+--Poco a poco--exclamó el arcipreste dispuesto a romper lanzas por su caro
+señorito--. No estamos conformes....
+
+Aquí llegaban de su plática, y el auditorio, que se componía, además del
+abad de Naya, del de Boán y del señorito de Limioso, guardaba el
+silencio de la humillación y la derrota. De repente un espantoso
+estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden
+desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia. Sartenes rascadas con
+tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como címbalos;
+cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un
+molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que tañían broncas
+campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y
+arrastradas por el suelo; trébedes repicados con varillas de hierro, y,
+por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda
+vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que
+comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago. Realmente
+acababan los bienaventurados músicos de agotar una redonda corambre, que
+en la Casa Consistorial les había brindado la munificencia del
+secretario. Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos
+refinamientos, y no sabían pedir del _vino que hierve y hace espuma_,
+como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del
+Borde. Al través de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el
+sonido de los hórridos instrumentos y descompasada gritería, vaho
+vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo más que del
+triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro
+congestionado revelaba inquietud. El cura de Boán fruncía el cano
+entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El señorito
+de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproximó a la ventana, alzó un
+visillo y miró.
+
+La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el
+aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean;
+súbitamente, de entre el alboroto grotesco se destacó un clamor que en
+España siempre tiene mucho de trágico: un _muera_.
+
+--¡Muera el Terso!
+
+Un enjambre de _mueras_ y _vivas_ salió tras el primero.
+
+--¡Mueran los curas!
+
+--¡Muera la tiranía!
+
+--¡Viva Cebre y nuestro diputado!
+
+--¡Viva la Soberanía Nacional!
+
+--¡Muera el marqués de Ulloa!
+
+Más enérgico, más intencionado, más claro que los restantes, brotó este
+grito:
+
+--¡Muera el ladrón _faucioso_ Barbacana!
+
+Y el vocerío, unánime, repitió:
+
+--¡Mueraaaa!
+
+Instantáneamente apareció junto a la mesa del abogado un hombre de
+siniestra catadura, hasta entonces oculto en un rincón. No vestía como
+los labriegos, sino como persona de baja condición en la ciudad:
+chaqueta de paño negro, faja roja y hongo gris; patillas cortas, de boca
+de hacha, redoblaban la dureza de su fisonomía, abultada de pómulos y
+ancha de sienes. Uno de sus hundidos ojuelos verdes relucía felinamente;
+el otro, inmóvil y cubierto con gruesa nube blanca, semejaba hecho de
+cristal cuajado.
+
+Abriendo Barbacana el cajón de su pupitre, sacaba de él dos enormes
+pistolas de arzón, prehistóricas sin duda, y las reconocía para
+cerciorarse de que estaban cargadas. Mirando al aparecido fijamente,
+pareció ofrecérselas con leve enarcamiento de cejas. Por toda respuesta,
+el Tuerto de Castrodorna hizo asomar al borde de su faja el extremo de
+una navaja de cachas amarillas, que volvió a ocultar al punto. El
+arcipreste, que había perdido los bríos con la obesidad y los años,
+sobresaltóse mucho.
+
+--Déjese de calaveradas, mi amigo. Por si acaso, me parece oportuno salir
+por la puerta de atrás. ¿Eh? No es cosa de aguardar a que esos
+incircuncisos vengan aquí a darle a uno tósigo.
+
+Mas ya el cura de Boán y el señorito de Limioso, unidos al Tuerto,
+formaban un grupo lleno de decisión. El señorito de Limioso, no
+desmintiendo su vieja sangre hidalga, aguardaba sosegadamente, sin
+fanfarronería alguna, pero con impávido corazón; el abad de Boán, nacido
+con más vocación de guerrillero que de misacantano, apretaba con júbilo
+la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado
+de gozo; el Tuerto, encogido y crispado como un tigre, se situaba detrás
+de la puerta a fin de destripar a mansalva al primero que entrase.
+
+--No tenga miedo, señor arcipreste...--murmuró gravemente Barbacana--.
+Perro que ladra no muerde. Ni a romperme un vidrio se atreverán esos
+bocalanes. Pero conviene estar dispuesto, por si acaso, a enseñarles los
+dientes.
+
+Resonaban nutridos y feroces los _mueras_; mas en efecto, ni una piedra
+sola venía a herir los cristales. El señorito de Limioso se acercó otra
+vez, levantó el visillo y llamó a don Eugenio.
+
+--Mire, Naya, mire para aquí.... Buena gana tienen de subir ni de tirar
+piedras.... Están bailando.
+
+Don Eugenio se llegó a la vidriera y soltó la carcajada. Entre la
+patulea de beodos, dos seides de Trampeta, carcelero el uno, el otro
+alguacil, trataban de calentar a algunos de los que chillaban más
+fuerte, para que atacasen la morada del abogado; señalaban a la puerta,
+indicaban con ademanes elocuentes lo fácil que sería echarla abajo y
+entrar. Pero los borrachos, que no por estarlo perdían la cautelosa
+prudencia, el saludable temor que inspira el cacique al labriego, se
+hacían los desentendidos, limitándose a berrear, a herir cazos y
+sartenes con más furia. Y en el centro del corro, al compás de los
+almireces y cacerolas, brincaban como locos los más tomados de la
+bebida, los verdaderos pellejos.
+
+--Señores--dijo en grave y enronquecida voz Ramón Limioso--: Es siquiera
+una mala vergüenza que esos pillos nos tengan aquí sitiados.... Me dan
+ganas de salir y pegarles una corrida, que no paren hasta el
+Ayuntamiento.
+
+--Hombre--gruñó el abad de Boán--, usted poco habla, pero bueno. Vamos a
+meterles miedo, ¡_quoniam_! Estornudando solamente, espanto yo media
+docena de esos pellejones.
+
+No pronunció el Tuerto palabra; únicamente su ojo verdoso se encendió
+con fosfórica luz, y miró a Barbacana, como pidiéndole permiso de tomar
+parte en la empresa. Barbacana hizo con la cabeza señal afirmativa, pero
+le indicó al mismo tiempo que guardase la navaja.
+
+--Tiene razón--exclamó el hidalgo de Limioso, enderezando la cabeza y
+dilatando las ventanillas de la nariz con altanera expresión, muy
+desusada en su lánguida y triste faz--. A esa gente, a palos y latigazos
+se les sacude el polvo. No ensuciar un arma que uno usa para el monte,
+para las perdices y las liebres, que valen más que ellos (fuera el
+alma).
+
+Y al decir _fuera el alma_, persignóse el señorito.
+
+--Tengan miramiento, hombre, tengan miramiento...--murmuraba el arcipreste
+difícilmente, extendiendo las manos como para calmar los ánimos
+irritados. (¡Cuán lejos estaban los tiempos belicosos en que aseguraba
+una elección a puntapiés!)
+
+Barbacana no se opuso a la hazaña; al contrario, pasó a otra estancia y
+volvió con un haz de junquillos, palos y bastones. El cura de Boán no
+quiso más garrote que el suyo, que era formidable; Ramón Limioso, fiel a
+su desdén de la grey villana, asió el látigo más delgado, un latiguillo
+de montar. El Tuerto empuñó una especie de tralla, que, manejada por
+diestra vigorosa, debía ser de terrible efecto.
+
+Bajaron cautelosamente la escalera, cuidando de no zapatear, previsión
+que el endiablado estrépito de la cencerrada hacía de todo punto ociosa.
+Tenía la puerta su tranca y los cerrojos corridos, medida de precaución
+adoptada por la cocinera del abogado así que oyó estruendo de motín. El
+abad de Boán los descorrió impetuosamente, el Tuerto sacó la tranca,
+giró la llave en la cerradura, y clérigos y seglares se lanzaron contra
+la canalla sin avisar ni dar voces, con los dientes apretados,
+chispeantes los ojos, blandiendo látigos y esgrimiendo garrotes.
+
+No habrían transcurrido cinco minutos cuando Barbacana, que por detrás
+de los visillos registraba el teatro del combate, sonrió
+silenciosamente, o más bien regañó los labios, descubriendo la amarilla
+dentadura, y apretó con nerviosa violencia la barandilla de la ventana.
+En todas direcciones huían los despavoridos borrachos, chillando como si
+los cargase un regimiento de caballería a galope: algunos tropezaban y
+caían de bruces, y la tralla del Tuerto se les enroscaba alrededor de
+los lomos, arrancándoles alaridos de dolor. Fustigaba el hidalgo de
+Limioso con menos crueldad, pero con soberano desprecio, como se
+fustigaría a una piara de marranos. El cura de Boán sacudía estacazo
+limpio, con regularidad y energía infatigables. El de Naya, incapaz de
+mantenerse dentro de los límites de su papel justiciero, insultaba, reía
+y vapuleaba a un mismo tiempo a los beodos.
+
+--¡Anda, tinaja, cuba, mosquito! ¡Toma, toma, para que vuelvas otra vez,
+pellejo, odre! ¡Ve a dormir la mona, cuero! ¡A la taberna con tus
+huesos, _larpán_, tonel de mosto! ¡A la cárcel, borrachos, a vomitar lo
+que tenéis en esas tripas!
+
+Limpia estaba la calle; más limpia ya que una patena: silencio profundo
+había sustituido al vocerío, a los _mueras_ y a la cencerrada feroz. Por
+el suelo quedaban esparcidos despojos de la batalla: cazos, almireces,
+cuernos de buey. En la escalera se oía el ruido de los vencedores, que
+subían celebrando el fácil triunfo. Delante de todos entró don Eugenio,
+que se echó en una butaca partiéndose a carcajadas y palmoteando. El
+cura de Boán le seguía limpiándose el sudor. Ramón Limioso, serio y aún
+melancólico, se limitó a entregar a Barbacana el latiguillo, sin
+despegar los labios.
+
+--¡Van... buenos!--tartamudeó el abad de Naya reventando de risa.
+
+--Yo _mallé_ en ellos... ¡como quien _malla_ en centeno!--exclamó
+respirando con placer el de Boán.
+
+--Pues yo--explicó el hidalgo--, si supiese que habían de ser tan cobardes
+y echar a correr sin volvérsenos siquiera, a fe que no me tomo el
+trabajo de salir.
+
+--No se fíen--observó el arcipreste--. Ahora en el Ayuntamiento los
+avergüenza Trampeta, y capaz es de venir acá en persona con los
+incircuncisos a darle un susto al señor Licenciado (así llamaban a
+Barbacana familiarmente sus amigos). Por si acaso, es prudente que estos
+señores pasen aquí la noche. Yo tengo que misar mañana en Loiro, y mi
+hermana estará muerta de miedo..., que si no....
+
+--Nada de eso--replicó perentoriamente Barbacana--. Estos señores se
+vuelven cada uno a su casa. No hay cuidado ninguno. A mí... me basta con
+este mozo--añadió señalando al Tuerto, agazapado otra vez en su rincón.
+
+No fue posible reducir al cacique a que aceptase la guardia de honor que
+le ofrecían. Por otra parte, no se notaba síntoma alguno de que hubiese
+de alterarse el orden nuevamente. Ni se oían a lo lejos vociferaciones
+de electores victoriosos. El soñoliento silencio de los pueblecillos
+pequeños y sin vida pesaba sobre la villa de Cebre. Tres héroes de la
+gran batida, y el arcipreste con ellos, salieron a caballo hacia la
+montaña. No iban cabizbajos, a fuer de muñidores electorales derrotados,
+sino llenos de regocijo, con gran cháchara y broma, celebrando a más y
+mejor la somanta administrada a los borrachines cencerreadores. Don
+Eugenio estaba inspirado, oportuno, bullanguero, ocurrentísimo en una
+palabra; había que oírle remedar los aullidos y la caída de los ebrios
+en el lodo de la calle, y el gesto que ponía el cura de Boán al _majar_
+en ellos.
+
+Barbacana se quedó solo con el Tuerto. Si alguno de los molidos músicos
+de la cencerrada se atreviese a asomar la cabeza y mirar hacia las
+ventanas del cacique, vería que, por fanfarronada o por descuido, no
+estaban cerradas las maderas, y podría distinguir, al través de los
+visillos y destacándose sobre el fondo de la habitación alumbrada por el
+quinqué, las cabezas del abogado y de su feroz defensor y seide. Sin
+duda hablaban de algo importante, porque la plática fue larga. Una hora
+o algo más corrió desde que encendieron la luz hasta que las maderas se
+cerraron, quedando la casa silenciosa, torva y sombría como quien oculta
+algún negro secreto.
+
+
+
+
+-XXVII-
+
+
+La persona en quien se notó mayor sentimiento por la pérdida de las
+elecciones fue Nucha. Desde la derrota, se desmejoró más de lo que
+estaba, y creció su abatimiento físico y moral. Apenas salía de su
+habitación donde vivía esclava de su niña, cosida a ella día y noche. En
+la mesa, mientras comía poco y sin gana, guardaba silencio, y a veces
+Julián, que no apartaba los ojos de la señorita, la veía mover los
+labios, cosa frecuente en las personas poseídas de una idea fija, que
+hablan para sí, sin emitir la voz. Don Pedro, como nunca huraño, no se
+tomaba el trabajo de intentar un asomo de conversación. Mascaba firme,
+bebía seco, y tenía los ojos fijos en el plato, cuando no en las vigas
+del techo; jamás en sus comensales.
+
+Tan deshecha y acabada le parecía al capellán la señorita, que un día se
+atrevió, venciendo recelos inexplicables, a llamar aparte a don Pedro,
+preguntándole en voz entrecortada si no sería bueno avisar al señor de
+Juncal, para que viese....
+
+--¿Está usted loco?--respondió don Pedro, fulminándole una mirada
+despreciativa--. ¿Llamar a Juncal..., después de lo que trabajó contra mí
+en las elecciones? Máximo Juncal no atravesará más las puertas de esta
+casa.
+
+No replicó el capellán, pero pocos días después, volviendo de Naya, se
+tropezó con el médico. Éste detuvo su caballejo, y, sin apearse,
+contestó a las preguntas de Julián.
+
+--«Puede ser grave...». Quedó muy débil del parto, y necesitaba cuidados
+exquisitos.... Las mujeres nerviosas sanan del cuerpo cuando se les
+tranquiliza y se les distrae el espíritu.... Mire, Julián, tendríamos que
+hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz
+señorita, y de esos Pazos.... Punto en boca.... Bonito diputado querían
+ustedes enviar a las Cortes.... Más valdría que sus padres lo hubiesen
+mandado a la escuela....
+
+Puede ser grave.... Esto principalmente se estampó en el pensamiento de
+Julián. Sí que podía ser grave: ¿Y de qué medios disponía él para
+conjurar la enfermedad y la muerte? De ninguno. Envidió a los médicos.
+Él sólo tenía facultades para curar el espíritu: ni aun ésas le servían,
+pues Nucha no se confesaba con él; y hasta la idea de que se confesase,
+de ver desnuda un alma tan hermosa, le turbaba y confundía.
+
+Muchas veces había pensado en semejante probabilidad: cualquier día era
+fácil que Nucha, por necesidad de desahogo y de consuelo, viniese a
+echársele a los pies en el tribunal de la penitencia y a demandarle
+consejos, fuerza, resignación. «¿Y quién soy yo--se decía Julián--para
+guiar a una persona como la señorita Marcelina? Ni tengo edad, ni
+experiencia, ni sabiduría suficiente; y lo peor es que también me falta
+virtud, porque yo debía aceptar gustoso todos los padecimientos de la
+señorita, creer que Dios se los envía para probarla, para acrecentar sus
+méritos, para darle mayor cantidad de gloria en el otro mundo... y soy
+tan malo, tan carnal, tan ciego, tan inepto, que me paso la vida dudando
+de la bondad divina porque veo a esta pobre señora entre adversidades y
+tribulaciones pasajeras.... Pues no ha de ser así--resolvía el capellán
+con esfuerzo--. He de abrir los ojos, que para eso tengo la luz de la fe,
+negada a los incrédulos, a los impíos, a los que están en pecado mortal.
+Si la señorita me viene a pedir que le ayude a llevar la cruz,
+enseñémosle a que la abrace amorosamente. Es necesario que comprenda
+ella, y yo también, lo que significa esa cruz. Con ella se va a la
+felicidad única y verdadera. Por muy dichosa que fuese la señorita aquí
+en el mundo, vamos a ver, ¿cuánto tiempo y de qué manera podría serlo?
+Aunque su marido la... estimase como merece, y la pusiese sobre las
+niñas de sus ojos, ¿se libraría por eso de contrariedades, enfermedades,
+vejez y muerte? Y cuando llega la hora de la muerte, ¿qué importa ni de
+qué sirve haber pasado un poco más alegre y tranquila esta vidilla
+perecedera y despreciable?».
+
+Tenía Julián a la mano siempre un ejemplar de la _Imitación de Cristo_;
+era la modesta edición de la Librería religiosa, y castiza y admirable
+traducción del P. Nieremberg. Al frente de la portada había un grabado,
+bien ínfimo como obra de arte, que proporcionaba al capellán mucho
+alivio cada vez que fijaba sus ojos en él. Representaba una colina, el
+Calvario; y por el estrecho sendero que conducía al lugar del suplicio,
+iba subiendo lentamente Jesús, con la cruz a cuestas, y el rostro vuelto
+hacia un fraile que allá en lontananza se echaba otra cruz al hombro.
+Aunque malo el dibujo y peor el desempeño, respiraba aquel grabado una
+especie de resignación melancólica, adecuada a la situación moral del
+presbítero. Y después de haberlo contemplado despacio, parecíale sentir
+en los hombros una pesadumbre abrumadora y dulcísima a la vez, y una
+calma honda, como si se encontrase--calculaba él para sí--sepultado en el
+fondo del mar, y el agua le rodease por todas partes, sin ahogarle.
+Entonces leía párrafos del libro de oro, que se le entraban en el alma a
+manera de hierro enrojecido en la carne:
+
+«¿Por qué temes, pues, tomar la cruz, por la cual se va al reino? En la
+cruz está la salud, en la cruz está la vida, en la cruz está la defensa
+de los enemigos, en la cruz está la infusión de la suavidad soberana, en
+la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz está el gozo del
+espíritu, en la cruz está la suma virtud, en la cruz está la perfección
+de la santidad.... Toma pues tu cruz, y sigue a Jesús.... Mira que todo
+consiste en la cruz, y todo está en morir; y no hay otro camino para la
+vida y para la verdadera paz que el de la santa cruz y continua
+mortificación.... Dispón y ordena todas las cosas según tu querer, y no
+hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza; y así
+siempre hallarás la cruz, porque o sentirás dolor en el cuerpo, o
+padecerás tribulación en el espíritu.... Cuando llegares al punto de que
+la aflicción te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa entonces
+que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra...».
+
+--¡Cuándo llegaré yo a este estado de bienaventuranza, Señor!--murmuraba
+Julián poniendo una señal en el libro--. Había oído algunas veces que
+Dios concede lo que se le pide mentalmente en el acto de consagrar la
+hostia, y con muchas veras le pedía llegar al punto de que su cruz....
+No, la de la pobre señorita, le fuese dulce y gustosa, como decía
+Kempis....
+
+A la misa en la capilla remozada asistía siempre Nucha, oyéndola toda de
+rodillas, y retirándose cuando Julián daba gracias. Sin volverse ni
+distraerse en la oración, Julián conocía el instante en que se levantaba
+la señorita y el ruido imperceptible de sus pisadas sobre el entarimado
+nuevo. Cierta mañana no lo oyó. Este hecho tan sencillo le privó de
+rezar con sosiego. Al alzarse, vio a Nucha también en pie, el índice
+sobre los labios. Perucho, que ayudaba a misa con desembarazo notable,
+se dedicaba a apagar los cirios, valiéndose de una luenga caña. La
+mirada de la señorita decía elocuentemente:
+
+«Que se vaya ese niño».
+
+El capellán ordenó al acólito que despejase.
+
+Tardó éste algo en obedecer, deteniéndose en doblar la toalla del
+lavatorio. Al fin se fue, no muy de su grado. Llenaba la capilla olor de
+flores y barniz fresco; por las ventanas entraba una luz caliente, que
+cernían visillos de tafetán carmesí; y las carnes de los santos del
+altar adquirían apariencia de vida, y la palidez de Nucha se sonroseaba
+artificialmente.
+
+--¿Julián?--preguntó con imperioso acento, extraño en ella.
+
+--Señorita...--respondió él en voz baja, por respeto al lugar sagrado.
+Tembláronle los labios y las manos se le enfriaron, pues creyó llegado
+el terrible momento de la confesión.
+
+--Tenemos que hablar. Y ha de ser aquí, por fuerza. En otras partes no
+falta quien aceche.
+
+--Es verdad que no falta.
+
+--¿Hará usted lo que le pida?
+
+--Ya sabe que....
+
+--¿Sea lo que sea?
+
+--Yo....
+
+Su turbación crecía: el corazón le latía con sordo ruido. Se recostó en
+el altar.
+
+--Es preciso--declaró Nucha sin apartar de él sus ojos, más que vagos,
+extraviados ya--que me ayude usted a salir de aquí. De esta casa.
+
+--A.... A... salir...--tartamudeó Julián, aturdido.
+
+--Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para
+conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con
+llave. Me apartarán de la pequeña. La matarán. Sé de fijo que la
+matarán.
+
+El tono, la expresión, la actitud, eran de quien no posee la plenitud de
+sus facultades mentales; de mujer impulsada por excitación nerviosa que
+raya en desvarío.
+
+--Señorita...--articuló el capellán, no menos alterado--, no esté de pie,
+no esté de pie.... Siéntese en este banquito.... Hablemos con
+tranquilidad.... Ya conozco que tiene disgustos, señorita.... Se necesita
+paciencia, prudencia.... Cálmese....
+
+Nucha se dejó caer en el banco. Respiraba fatigosamente, como persona en
+quien se cumplen mal las funciones pulmonares. Sus orejas, blanquecinas
+y despegadas del cráneo, transparentaban la luz. Habiendo tomado
+aliento, habló con cierto reposo.
+
+--¡Paciencia y prudencia! Tengo cuanta cabe en una mujer. Aquí no viene
+al caso disimular: ya sabe usted cuándo empezó a clavárseme la espina;
+desde aquel día me propuse averiguar la verdad, y no me costó... gran
+trabajo. Digo, sí; me costó un... un combate.... En fin, eso es lo que
+menos importa. Por mí no pensaría en irme, pues no estoy buena y se me
+figura que... duraré poco..., pero..., ¿y la niña?
+
+--La niña....
+
+--La van a matar, Julián, esas... gentes. ¿No ve usted que les estorba?
+¿Pero no lo ve usted?
+
+--Por Dios le pido que se sosiegue.... Hablemos con calma, con juicio....
+
+--¡Estoy harta de tener calma!--exclamó con enfado Nucha, como el que oye
+una gran simpleza--. He rogado, he rogado.... He agotado todos los
+medios.... No aguardo, no puedo aguardar más. Esperé a que se acabasen
+las elecciones dichosas, porque creía que saldríamos de aquí y entonces
+se me pasaría el miedo.... Yo tengo miedo en esta casa, ya lo sabe usted,
+Julián; miedo horrible.... Sobre todo de noche.
+
+A la luz del sol, que tamizaban los visillos carmesíes, Julián vio las
+pupilas dilatadas de la señorita, sus entreabiertos labios, sus
+enarcadas cejas, la expresión de mortal terror pintada en su rostro.
+
+--Tengo mucho miedo--repitió estremeciéndose.
+
+Renegaba Julián de su sosera. ¡Cuánto daría por ser elocuente! Y no se
+le ocurría nada, nada. Los consuelos místicos que tenía preparados y
+atesorados, la teoría de abrazarse a la cruz..., todo se le había
+borrado ante aquel dolor voluntarioso, palpitante y desbordado.
+
+--Ya desde que llegué... esta casa tan grande y tan antigua...--prosiguió
+Nucha--me dio frío en la espalda.... Sólo que ahora... no son tonterías de
+chiquilla mimada, no.... Me van a matar a la pequeña.... ¡Usted lo verá!
+Así que la dejo con el ama, estoy en brasas.... Acabemos pronto.... Esto
+se va a resolver ahora mismo. Acudo a usted, porque no puedo confiarme a
+nadie más.... Usted quiere a mi niña.
+
+--Lo que es quererla...--balbució Julián, casi afónico de puro
+enternecido.
+
+--Estoy sola, sola...--repitió Nucha pasándose la mano por las mejillas.
+Su voz sonaba como entrecortada por lágrimas que contenía--. Pensé en
+confesarme con usted, pero... buena confesión te dé Dios.... No
+obedecería si usted me mandase quedarme aquí.... Ya sé que es mi
+obligación: la mujer no debe apartarse del marido. Mi resolución, cuando
+me casé, era....
+
+Detúvose de pronto, y careándose con Julián, le preguntó:
+
+--¿No le parece a usted como a mí que este casamiento tenía que salir
+mal? Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando él me pidió....
+Sin culpa mía, quedamos reñidas Rita y yo desde entonces.... No sé cómo
+fue aquello; bien sabe Dios que no puse nada de mi parte para que Pedro
+se fijase en mí. Papá me aconsejó que, de todos modos, me casase con el
+primo.... Yo seguí el consejo.... Me propuse ser buena, quererle mucho,
+obedecerle, cuidar de mis hijos.... Dígame usted, Julián, ¿he faltado en
+algo?
+
+Julián cruzó las manos. Sus rodillas se doblaban, y a punto estuvo de
+hincarlas en tierra. Pronunció con entusiasmo:
+
+--Usted es un ángel, señorita Marcelina.
+
+--No...--replicó ella--, ángel no, pero no me acuerdo de haber hecho daño a
+nadie. He cuidado mucho a mi hermanito Gabriel, que era delicado de
+salud y no tenía madre....
+
+Al pronunciar esta frase, la ola rebosó, las lágrimas corrieron por fin;
+Nucha respiró mejor, como si aquellos recuerdos de la infancia templasen
+sus nervios y el llanto le diese alivio.
+
+--Y por cierto que le tomé tal cariño, que pensaba para mí: «Si tengo
+hijos algún día, no es posible quererlos más que a mi hermano». Después
+he visto que esto era un disparate; a los hijos se les quiere muchísimo
+más aún.
+
+El cielo se nublaba lentamente, y se oscurecía la capilla. La señorita
+hablaba con sosiego melancólico.
+
+--Cuando mi hermano se fue al colegio de artillería, yo no pensé más que
+en dar gusto a papá, y en que se notase poco la falta de la pobre
+mamá.... Mis hermanas preferían ir a paseo, porque, como son bonitas, les
+gustaban las diversiones. A mí me llamaban feúcha y bizca, y me
+aseguraban que no encontraría marido.
+
+--¡Ojalá!--exclamó Julián sin poder reprimirse.
+
+--Yo me reía. ¿Para qué necesitaba casarme? Tenía a papá y a Gabriel con
+quien vivir siempre. Si ellos se me morían, podía entrar en un convento:
+el de las Carmelitas, en que está la tía Dolores, me gustaba mucho. En
+fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando papá me
+enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el
+novio a mi hermana, y entonces papá... me besuqueó mucho en los
+carrillos, como cuando era pequeña, y... me parece que le estoy
+oyendo... me respondió así: «Rita es una tonta..., cállate». Pero por
+mucho que diga papá.... ¡al primo le seguía gustando más Rita!...
+
+Continuó después de algunos segundos de silencio:
+
+--Ya ve usted que no tenía mucho por qué envidiarme mi hermana.... ¡Cuánta
+hiel he tragado, Julián! Cuando lo pienso se me pone un nudo aquí....
+
+El capellán pudo al fin expresar parte de sus sentimientos.
+
+--No me extraña que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo también....
+Día y noche estoy cavilando en sus males, señorita.... Cuando vi aquella
+señal.... La lastimadura en la muñeca....
+
+Por primera vez durante la conversación se encendió el descolorido
+rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubriéndolos la caída de las
+pestañas. No respondió directamente.
+
+--Mire usted--murmuró con asomos de amarga sonrisa--que siempre me suceden
+a mí desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empeñaba
+en que yo le reclamase a papá la legítima de mamá, porque papá le negó
+un dinero que le hacía falta para las elecciones. También se disgustó
+mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo
+que va a dejarle a Rita los bienes.... Yo no tengo que ver con nada de
+eso.... ¿Por qué me matan? Ya sé que soy pobre: no hay necesidad de
+repetírmelo.... En fin, esto es lo de menos.... Me dolió bastante más el
+que mi marido me dijese que por mí se ve sin sucesión la casa de
+Moscoso.... ¡Sin sucesión! ¿Y mi niña? ¡Angelito de mis entrañas!
+
+Lloraba la infeliz señora, lentamente, sin sollozar. Sus párpados tenían
+ya el matiz rojizo que dan los pintores a los de las Dolorosas.
+
+--Lo mío--añadió--no me importa. Lo mío lo aguantaría hasta el último
+instante. Que me... traten de un modo... o de otro, que... que la
+criada... sea... ocupe mi sitio... bien..., bien, paciencia, sería
+cuestión de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.... Pero está de
+por medio la niña..., hay otro niño, otro hijo, un bastardo.... La niña
+estorba.... ¡La matarán!...
+
+Repitió solemnemente y muy despacio:
+
+--La matarán. No me mire usted así. No estoy loca, sólo estoy excitada.
+He determinado marcharme e irme a vivir con mi padre. Me parece que esto
+no es ningún pecado, ni tampoco el llevarme a la pequeña. ¡Y si peco, no
+me lo diga, Julianciño!... Es resolución irrevocable. Usted vendrá
+conmigo, porque sola no conseguiría realizar mi plan. ¿Me acompañará?
+
+Julián quiso objetar algo; ¿qué? No lo sabía él mismo. El diminutivo
+cariñoso usado por la señorita, la febril resolución con que hablaba, le
+vencieron. ¿Negarse a ayudar a la desdichada? Imposible. ¿Pensar en lo
+que el proyecto tenía de extraño, de inconveniente? Ni se le ocurrió un
+minuto. A fuer de criatura candorosa, una fuga tan absurda le pareció
+hasta fácil. ¿Oponerse a la marcha? También él había tenido y tenía a
+cada instante miedo, miedo cerval, no sólo por la niña, sino por la
+madre: ¿acaso no se le había ocurrido mil veces que la existencia de las
+dos corría inminente peligro? Además, ¿qué cosa en el mundo dejaría él
+de intentar por secar aquellos ojos puros, por sosegar aquel anheloso
+pecho, por ver de nuevo a la señorita segura, honrada, respetada,
+cercada de miramientos en la casa paterna?
+
+Se representaba la escena de la escapatoria. Sería al amanecer. Nucha
+iría envuelta en muchos abrigos. Él cargaría con la niña, dormidita y
+arropadísima también. Por si acaso llevaría en el bolsillo un tarro con
+leche caliente. Andando bien llegarían a Cebre en tres horas escasas.
+Allí se podían hacer sopas. La nena no pasaría hambre. Tomarían en el
+coche la berlina, el sitio más cómodo. Cada vuelta de la rueda les
+alejaría de los tétricos Pazos....
+
+Muy quedito, como quien se confiesa, empezaron a debatir y resolver
+estos pormenores. Otro rayo de sol entreabría las nubes, y los santos,
+en sus hornacinas, parecían sonreír benévolamente al grupo del
+banquillo. Ni la Purísima de sueltos tirabuzones y traje blanco y azul,
+ni el san Antonio que hacía fiestas a un niño Jesús regordete, ni el san
+Pedro con la tiara y las llaves, ni siquiera el arcángel san Miguel, el
+caballero de la ardiente espada, siempre dispuesto a rajar y hendir a
+Satanás, revelaban en sus rostros pintados de fresco el más leve enojo
+contra el capellán, ocupado en combinar los preliminares de un rapto en
+toda regla, arrebatando una hija a su padre y una mujer a su legítimo
+dueño.
+
+
+
+
+-XXVIII-
+
+
+Al llegar aquí de la narración, es preciso acudir, para completarla, a
+las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginación del lindo
+rapazuelo, hijo de Sabel, los sucesos de la memorable mañana en que por
+última vez ayudó a misa al bonachón de don Julián (el cual, por más
+señas, solía darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino).
+
+El primer recuerdo que Perucho conserva es que, al salir de la capilla,
+quedóse muy triste arrimado a la puerta, porque aquel día el capellán no
+le había dado cosa alguna. Chupándose el dedo y en actitud meditabunda
+permaneció allí unos instantes, hasta que la misma falta de los dos
+cuartos acostumbrados le descubrió un rayo de luz: ¡su abuelo le había
+prometido otros dos si le avisaba cuando la señora se quedase en la
+capilla después de oída la misa! Raciocinando con sorprendente rigor
+matemático, calculó que pues perdía dos cuartos por un lado, era urgente
+ganarlos por otro; apenas concibió tan luminosa idea, sintió que las
+piernas le bailaban, y echó a correr con toda la velocidad posible en
+busca de su abuelo.
+
+Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachaba
+Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa
+antigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum de papelotes
+cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra
+jorobada y escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun en
+palotes. La mesa y el cuarto en general atraían a Perucho con el encanto
+que posee para la niñez lo desordenado y revuelto, los sitios en que se
+acumulan muchas cosas variadas, pues imaginan ellos que cada montón de
+objetos es un mundo desconocido, un depósito de tesoros inestimables.
+Rara vez entraba allí Perucho; su abuelo acostumbraba echarle para que
+no sorprendiese ciertas operaciones financieras que el mayordomo gustaba
+de realizar sin testigos. Cuando el nieto entró, la cara pulimentada y
+oscura de Primitivo podía confundirse con el tono bronceado de un acervo
+de calderilla o montaña de cobre, de la cual iban saliendo columnitas,
+columnitas que el mayordomo alineaba en correcta formación.... Perucho se
+quedó deslumbrado ante tan fabulosa riqueza. ¡Allí estaban sus dos
+cuartos! ¡Menuda pepita de aquel gran criadero de metal! Lleno de
+esperanza, alzó la voz cuanto pudo, y dio su recado. Que la señora
+estaba en la capilla, con el señor capellán.... Que le habían despedido
+de allí.
+
+Iba a añadir: «Y que se me deben dos cuartos por la noticia» o cosa
+análoga, pero no le dio lugar a ello su abuelo, alzándose del sillón con
+la agilidad de bicho montés que caracterizaba sus movimientos todos, no
+sin que al hacerlo produjese un tempestuoso remolino en el mar de
+calderilla, y la caída de algunas torres que, con sonoro estrépito, se
+rindieron a la gran pesadumbre. Primitivo salió corriendo hacia el
+interior de la casa. El chiquillo se quedó allí, solicitado por las dos
+tentaciones más fuertes que en su vida había sufrido. Era una la de
+comerse las obleas, que con su provocativa blancura y encendido rojo le
+estaban convidando desde un bote de hojalata, y aun cuando sería más
+glorioso para nuestro héroe vencer el goloso capricho, la sinceridad
+obliga a declarar que alargó el dedo humedecido en saliva, y fue
+pescando una, dos, tres, hasta zamparse cuantas encerraba el bote.
+Satisfecha esta concupiscencia, le apremió la otra, incitándole nada
+menos que a cobrarse por su mano de los dos cuartos prometidos,
+tomándolos del montón que tenía allí delante, a su disposición y
+albedrío. No sólo apetecía cobrarse del debido salario, sino que le
+seducían principalmente unos ochavos roñosos llamados de _la fortuna_ en
+el país, y que, merced a consideraciones muy lógicas en su mente
+infantil, le parecían preferibles a las piezas gordas. Las adquisiciones
+y placeres de Perucho los representaba generalmente un ochavo. Por un
+ochavo le daba la rosquillera, en ferias y romerías, caramelos de
+alfeñique o rosquillas bastantes; por un ochavo le vendían bramante
+suficiente para el trompo, y le surtía el cohetero de pólvora en
+cantidad con que hacer regueritos; por un ochavo se procuraba tiras de
+mistos de cartón, groseras aleluyas impresas en papel amarillo, gallos
+de barro con un pito en parte no muy decorosa. Y todo esto lo tenía al
+alcance de su mano, como las obleas; ¡y nadie le veía ni podía
+delatarle! El angelote se empinó en la punta de los pies para alcanzar
+mejor el dinero, alargó a la vez ambas palmas, y las sumergió en el mar
+de cobre.... Las paseó mucho rato por la superficie sin osar cerrarlas....
+Por fin hizo presa en un puñado de ochavos, y entonces apretó el puño
+fortísimamente, con la intensidad propia de los niños, que temen siempre
+se les escape la dicha por la mano abierta. Y así se mantuvo inmóvil,
+sin atreverse a retraer aquella diestra pecadora y cargada de botín al
+seguro rincón del seno, donde almacenaba siempre sus latrocinios. Porque
+es de advertir que Perucho tenía bastante de caco, y con la mayor
+frescura se apropiaba huevos, fruta, y, en general, cuantos objetos
+codiciaba; pero, con respeto supersticioso de aldeano, que sólo juzga
+propiedad ajena el dinero, jamás había tocado a una moneda. En el alma
+de Perucho se verificaba una de esas encarnizadas luchas entre el deber
+y la pasión, cantadas por la musa dramática: el ángel malo y el bueno le
+tiraban cada uno de una oreja, y no sabía a cuál atender. ¡Tremendo
+conflicto! Pero regocíjense el cielo y los hombres, pues venció el
+espíritu de luz. ¿Fue el primer despertar de ese sentimiento de honor
+que dicta al hombre heroicos sacrificios? ¿Fue una gota de la sangre de
+Moscoso, que realmente corría por sus venas y que, con la misteriosa
+energía de la transmisión hereditaria, le guió la voluntad como por
+medio de una rienda? ¿Fue temprano fruto de las lecciones de Julián y
+Nucha? Lo cierto es que el rapaz abrió la mano, separando mucho los
+dedos, y los ochavos apresados cayeron entre los restantes, con metálico
+retintín.
+
+No por eso hay que figurarse que Perucho renunciaba a sus dos cuartos,
+los ganados honradamente con la agilidad de sus piernas. ¡Renunciar! ¡A
+buena parte! Aquel mismo embrión de conciencia que en el fondo de su
+ser, donde todos tenemos escrita desde _ab initio_ gran parte del
+Decálogo, le gritaba: «no hurtarás», le dijo con no menor energía:
+«tienes derecho a reclamar lo que te ofrecieron». Y, obedeciendo a la
+impulsión, la criatura echó a correr en la misma dirección que su
+abuelo.
+
+Casualmente tropezó con él en la cocina, donde preguntaba algo a Sabel
+en queda voz. Acercósele Perucho, y asiéndole de la chaqueta exclamó:
+
+--¿Mis dos cuartos?
+
+No hizo caso Primitivo. Dialogaba con su hija, y, a lo que Perucho pudo
+comprender, ésta explicaba que el señorito había salido de madrugada a
+tirar a los pollos de perdiz, y suponía que anduviese hacia la parte del
+camino de Cebre. El abuelo soltó un juramento que usaba a menudo y que
+Perucho solía repetir por fanfarronada, y, sin más conversación, se
+alejó.
+
+Aseguró Perucho después que le había llamado la atención ver al abuelo
+salir sin tomar la escopeta y el sombrerón de alas anchas, prendas que
+no soltaba nunca. Semejante idea debió ocurrírsele al chiquillo más
+tarde, en vista de los sucesos. Al pronto sólo pensó en alcanzar a
+Primitivo, y lo logró en lo alto del camino que baja a los Pazos. Aunque
+el cazador iba como el pensamiento, el rapaz corría en regla también.
+
+--¡Anda al demonio! ¿Qué se te ofrece?--gruñó Primitivo al conocer a su
+nieto.
+
+--¡Mis dos cuartos!
+
+--Te doy cuatro en casa si me ayudas a buscar por el monte al señorito y
+le dices, en cuanto lo veas, lo que me dijiste a mí, ¿entiendes? Que el
+capellán está con la señora encerrado en la capilla y que te echaron de
+allí para quedar solos.
+
+El angelón fijó sus pupilas límpidas en los fascinadores ojuelos de
+víbora de su abuelo; y, sin esperar más instrucciones, abriendo mucho la
+boca, salió a galope hacia donde por instinto juzgaba él que el señorito
+debía encontrarse. Volaba, con los puños apretados, haciendo saltar
+guijarros y tierra al golpe de sus piececillos encallecidos por la
+planta. Cruzaba por cima de los tojos sin sentir las espinas, hollando
+las flores del rosado brezo, salvando matorrales casi tan altos como su
+persona, espantando la liebre oculta detrás de un madroñero o la pega
+posada en las ramas bajas del pino. De repente oyó el andar de una
+persona y vio al señorito salir de entre el robledal.... Loco de júbilo
+se acercó a darle su recado, del cual esperaba albricias. Éstas fueron
+la misma palabrota inmunda y atroz que había expectorado su abuelo en la
+cocina; y el señorito salió disparado en dirección de los Pazos, como si
+un torbellino lo arrebatase.
+
+Perucho se quedó algunos instantes suspenso y confuso; él afirma que al
+poco rato volvió a embargar su ánimo el deseo de los cuartos ofrecidos,
+que ya ascendían a la respetable suma de cuatro. Para obtenerlos era
+menester buscar a su abuelo, y avisarle del encuentro con el señorito;
+no lo tuvo por difícil, pues recordaba aproximadamente el punto del
+bosque donde Primitivo quedaba; y por atajos y vericuetos sólo
+practicables para los conejos y para él, Perucho se lanzó tras la pista
+de su abuelo. Trepaba por un murallón medio deshecho ya, amparo de un
+viñedo colgado, por decirlo así, en la falda abrupta del monte, cuando
+del otro lado del baluarte que escalaba creyó sentir rumor de pisadas,
+que la finura de su oído no confundió con las del cazador; y con el
+instinto cauteloso de los niños hijos de la naturaleza y entregados a sí
+mismos, se agachó, quedando encubierto por el murallón de modo que sólo
+rebasase la frente. No podía dudarlo; eran pisadas humanas, bien
+distintas de la corrida de la liebre por entre las hojas, o de los
+golpecitos secos y reiterados que sacuden las patas unguladas del zorro
+o del perro. Pisadas humanas eran, aunque sí muy recelosas, apagadas y
+lentísimas. Parecían de alguien que procuraba emboscarse. Y, en efecto,
+poco tardó el niño en ver asomar, gateando entre los matorrales, a un
+hombre cuya descripción acaso había oído mil veces en las veladas, en
+las deshojas, acompañada de exclamaciones de terror. El hongo gris, la
+faja roja, las recortadas patillas destacándose sobre el rostro color de
+sebo, y sobre todo el ojo blanco, sin vista, frío como un pedazo de
+cuarzo de la carretera, en suma, la desapacible catadura del Tuerto de
+Castrodorna dejaron absorto al chiquillo. Apretaba el Tuerto contra su
+pecho corto y ancho trabuco, y, después de girar hacia todas partes el
+único lucero de su fea cara, de aguzar el oído, de olfatear, por decirlo
+así, el aire, arrimóse al murallón, medio arrodillándose tras de un seto
+de zarzas y brezo que lo guarnecía. Perucho, cuyos pies descansaban en
+las anfractuosidades del muro, se quedó como incrustado en él, sin osar
+respirar, ni bajarse, ni moverse, porque aquel hombre desconocido, mal
+encarado y en acecho, le infundía el pavor irracional de los niños, que
+adivinan peligros cuya extensión ignoran. Por mucho que le aguijonease
+el deseo de sus cuatro cuartos, no se atrevía a descolgarse del
+murallón, temiendo hacer ruido y que le apuntasen con el cañón de aquel
+arma, cuya ancha boca debía, de seguro, vomitar fuego y muerte.... Así
+transcurrieron diez segundos de angustia para el angelote. Antes que
+pudiera entrar a cuentas con el miedo, ocurrió un nuevo incidente.
+Sintió otra vez pasos, no recelosos, como de quien se oculta, sino
+precipitados, como de quien va a donde le importa llegar presto; y por
+el camino hondo que limitaba el murallón divisó a su abuelo que avanzaba
+en dirección de los Pazos; sin duda, con su vista de águila había
+distinguido al señorito, y le seguía intentando darle alcance. Iba
+Primitivo distraído, con el propósito de reunirse a don Pedro, y no
+miraba a parte alguna. Llegó a atravesar por delante del muro. El niño
+entonces vio una cosa terrible, una cosa que recordó años después y aun
+toda su vida: el hombre emboscado se incorporaba, con su único ojo
+centelleante y fiero; se echaba a la cara la formidable tercerola; se
+oía un espantoso trueno, voz de la bocaza negra; flotaba un borrón de
+humo, que el aire disipó instantáneamente, y al través de sus últimos
+tules grises el abuelo giraba sobre sí mismo como una peonza, y caía
+boca abajo, mordiendo sin duda, en suprema convulsión, la hierba y el
+lodo del camino.
+
+Asegura Perucho que no ha sabido jamás si fue el miedo o su propia
+voluntad lo que le obligó a descolgarse del murallón y descender, más
+bien que a saltos, rodando, los atajos conocidos, magullándose el
+cuerpo, poniéndose en trizas la ropa, sin hacer caso de lo uno ni de lo
+otro. Rebotó como un pelota por entre las nudosas cepas; brincó por cima
+de los muros de piedra que las sostenían; salvó como una flecha
+sembrados de maíz; metióse de patas en los regatos, mojándose hasta la
+cintura, por no detenerse a seguir las pasaderas de piedra; salvó
+vallados tres veces más altos que su cuerpo; cruzó setos, saltó
+hondonadas y zanjas, no comprendió por dónde ni cómo, pero el caso es
+que, arañado, ensangrentado, sudoroso, jadeante, se encontró en los
+Pazos, y maquinalmente volvió al punto de partida, la capilla, donde
+entró, enteramente olvidado de los cuatro cuartos, primer móvil de sus
+aventuras todas.
+
+Estaba escrito que aquella mañana había de ser fecunda en
+extraordinarias sorpresas. En la capilla acostumbraba Perucho notar que
+se hablaba bajito, se andaba despacio, se contenía hasta la respiración:
+el menor desliz en tal materia solía costarle un severo regaño de don
+Julián; de modo que, sobreponiéndose el instinto y el hábito al
+azoramiento y trastorno, penetró en el sagrado lugar con actitud
+respetuosa. En él sucedía algo que le causó un asombro casi mayor que el
+de la catástrofe de su abuelo. Recostada en el altar se encontraba la
+señora de Moscoso, con un color como una muerta, los ojos cerrados, las
+cejas fruncidas, temblando con todo su cuerpo; frente a ella, el
+señorito vociferaba, muy deprisa y en ademán amenazador, cosas que no
+entendió el niño; mientras el capellán, con las manos cruzadas y la
+fisonomía revelando un espanto y dolor tales que nunca había visto
+Perucho en rostro humano expresión parecida, imploraba, imploraba al
+señorito, a la señorita, al altar, a los santos..., y de repente,
+renunciando a la súplica, se colocaba, encendido y con los ojos
+chispeantes, dando cara al marqués, como desafiándole.... Y Perucho
+comprendía a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde
+se desbordaba la cólera, el furor, la indignación, la ira, el insulto;
+y, sin saber la causa de alboroto semejante, deducía que el señorito
+estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la señorita, a matarla
+quizás, a deshacer a don Julián, a echar abajo los altares, a quemar tal
+vez la capilla....
+
+El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la
+cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él: el señorito tenía
+entonces la misma cara, idéntico tono de voz. Y en medio de la confusión
+de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una
+idea, superior a todas, se levantó triunfante. No cabía duda que el
+señorito se disponía a acogotar a su esposa y al capellán; también
+acababan de matar a su abuelo en el monte; aquel día, según indicios,
+debía ser el de la general matanza. ¿Quién sabe si, luego que acabase
+con su mujer y con don Julián, se le ocurriría al señorito quitar la
+vida a la nené? Semejante pensamiento devolvió a Perucho toda la
+actividad y energía que acostumbraba desplegar para el logro de sus
+azarosas empresas en corrales, gallineros y establos.
+
+Escurrióse bonitamente de la capilla, resuelto a salvar a toda costa la
+vida de la heredera de Moscoso. ¿Cómo haría? Faltábale tiempo de madurar
+el plan: lo que importaba era obrar con celeridad y no arredrarse ante
+obstáculo alguno. Se deslizó sin ser visto por la cocina, y subió la
+escalera a escape. Llegado que hubo a las habitaciones altas, residencia
+de los señores, de tal manera supo amortiguar el ruido de sus pisadas,
+que el oído más fino lo confundiría con el susurro del aire al agitar
+una cortina. Lo que él temía era encontrar cerrada la puerta del
+dormitorio de Nucha. El corazón le dio un brinco de alegría al verla
+entornada.
+
+La empujó con suavidad de gato que esconde las uñas.... Tenía la maldita
+puerta el vicio de rechinar; pero tan sutil fue el empuje, que apenas
+gimió sordamente. Perucho se coló en la habitación, ocultándose tras del
+biombo. Por uno de los muchos agujeros que éste lucía, miró al otro
+lado, hacia donde estaba la cuna. Vio a la niña dormida, y al ama, de
+bruces sobre el lecho de Nucha, roncando sordamente. No era de temer que
+se despabilase la marmota: el rapaz podía a mansalva realizar sus
+propósitos.
+
+Sin embargo, convenía que no despertase la chiquilla, no fuese a
+alborotar la casa lloriqueando. Perucho la tomó como quien toma un
+muñeco de cristal, muy rompedizo y precioso: sus palmas llenas de callos
+y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar puñetazos
+en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y
+la nené, envuelta en el pañolón de calceta, no gruñó siguiera al trocar
+la cama por los brazos de su precoz raptor. Éste, conteniendo hasta el
+respirar, andando con paso furtivo, rápido y cauteloso--el andar de la
+gata que lleva a sus cachorros entre los dientes, colgados de la piel
+del pescuezo--, se dirigió a buscar la salida por el claustro, pues de
+cruzar la cocina era probable una sorpresa.
+
+En el claustro se paró obra de diez segundos, para meditar. ¿Dónde
+escondería su tesoro? ¿En el pajar, en el _herbeiro_, en el hórreo, en
+el establo? Optó por el hórreo--el lugar menos frecuentado y más oscuro--.
+Bajaría la escalera, se enhebraría por el claustro, se colaría por las
+cuadras, salvaría la era, y después nada más sencillo que ocultarse en
+el escondrijo. Dicho y hecho.
+
+Arrimada al hórreo estaba la escala. Perucho comenzó a subir, operación
+bastante difícil atendido el estorbo que le hacía la chiquilla. Lo
+estrecho y vertical de los travesaños imponía la necesidad de agarrarse
+con manos y pies al ir ascendiendo: Perucho no disponía de las manos; la
+energía de la voluntad se le comunicó al dedo gordo del pie, que
+semejaba casi prensil a fuerza de adaptarse y adherirse a las barras de
+palo, bruñidas ya con el uso. En mitad de la ascensión pensó que rodaba
+al pie del hórreo, y apretó contra el pecho a la niña, que,
+despertándose, rompió en llanto.... ¡Que llorase! Allí no la oía alma
+viviente; por la era sólo vagaba media docena de gallinas, disputando a
+dos gorrinos las hojas de una col. Perucho entró triunfante por la
+puerta del hórreo....
+
+Las espigas de maíz no lo llenaban hasta el techo, dejando algún espacio
+suficiente para que dos personas minúsculas, como Perucho y su
+protegida, pudiesen acomodarse y revolverse. El rapaz se sentó sin
+soltar a la nena, diciéndole mil chuscadas y zalamerías a fin de
+acallarla, abusando del diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en
+labios del aldeano.
+
+--Reiniña, mona, _ruliña_, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas,
+bunitas, bunitiñas.... ¡Si no callas, viene un cocón y te come! ¡_Velo_
+ahí viene! ¡Calla, soliño, paloma blanca, rosita!
+
+No por virtud de las exhortaciones, pero sí por haber conocido a su
+amigo predilecto, la niña callaba ya. Mirábale, y, sonriendo
+regocijadamente, le pasaba las manos por la cara, gorjeaba, se bababa, y
+miraba con curiosidad alrededor. Extrañaba el sitio. Enfrente,
+alrededor, debajo, por todos lados, la rodeaba un mar de espigas de oro,
+que al menor movimiento de Perucho se derrumbaban en suaves cascadas, y
+donde el sol, penetrando por los intersticios del enrejado del hórreo,
+tendía galones más claros, movibles listas de luz. Perucho comprendió
+que poseía en las espigas un recurso inestimable para divertir a la
+pequeña. Tan pronto le daba una en la mano, como alzaba con muchas una
+especie de pirámide; la nené se entretenía en derribarla o forjarse la
+ilusión de que la derribaba, pues realmente una patada de Perucho hacía
+el milagro. Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por
+señas, que le renovasen el juego.
+
+Pronto se cansó de él. Con todo, estaba de buen humor, gracias a la
+compañía de Perucho. Su mirada risueña y dulce, fija en la de su
+compañero, parecía decirle: «¿Qué mejor juego que estar juntos?
+Disfrutemos de este bien que siempre nos han dado con tasa». En vista de
+tan cariñosas disposiciones, Perucho se entregó al placer de halagarla a
+su sabor. Ya le apoyaba un dedo en el carrillo, para provocarla a risa;
+ya remedaba a un lagarto, arrastrando la mano por el cuerpo de la nené
+arriba, e imitando los culebreos del rabo; ya se fingía encolerizado,
+espantaba los ojos, hinchaba los carrillos, cerraba los puños y
+resoplaba fieramente; ya, tomando a la nena en peso, la subía en alto y
+figuraba dejarla caer de golpe sobre las espigas. Por último, recelando
+cansarla, la cogió en brazos, se sentó a la turca, y comenzó a mecerla y
+arrullarla blandamente, con tanta suavidad, precaución y ternura como
+pudiera su propia madre.
+
+¡Qué ganas, qué violentos antojos se le pasaban!... ¿De qué? En las
+veces que fue admitido a la intimidad de la habitación de Nucha y se le
+consintió aproximarse a la nené y vivir su vida, jamás osara hacerlo....
+Miedo de que le riñesen o echasen; vago respeto religioso que se imponía
+a su alma de pilluelo diabólico; vergüenza; falta de costumbre de sus
+labios, que a nadie besaban; todo se unía para impedirle satisfacer una
+aspiración que él juzgaba ambiciosa y punto menos que sacrílega.... Pero
+ahora era dueño del tesoro; ahora la nené le pertenecía; la había ganado
+en buena lid, la poseía por derecho de conquista, ¡ese derecho que
+comprenden los mismos salvajes! Adelantó mucho el hocico, igual que si
+fuese a catar alguna golosina, y tocó la frente y los ojos de la
+pequeña.... Después desenvolvió lentamente los pliegues del mantón, y
+descubrió las piernas, calentitas como chicharrones, que apenas se
+vieron libres del envoltorio comenzaron a bailar, sacudiendo sus
+favoritas patadas de júbilo. Perucho alzó hasta la boca un pie, luego
+otro, y así alternando se pasó un rato regular; sus besos hacían
+cosquillas a la niña, que soltaba repentinas carcajadas y se quedaba
+luego muy seria; pero que en breve empezó a sentir el frío, y con la
+rapidez que revisten en los niños muy chicos los cambios de temperatura,
+los piececillos se le quedaron casi helados. Al punto lo advirtió
+Perucho, y echándoles repetidas veces el aliento, como había visto hacer
+a la vaca con sus recentales, los envolvió en mantillas y pañolón, y
+nuevamente llegó a sí a la criatura, meciéndola.
+
+El más glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacción a
+Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que había salvado a
+la nené de la degollación segura y puéstola a buen recaudo, donde nadie
+daría con ella. Ni un minuto recordó al duro y bronceado abuelo tendido
+allá junto al paredón.... A menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al
+pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de
+dulces; quizás vuelvan más adelante la tristeza y el recuerdo, pero la
+impresión capital del dolor ya se ha borrado para siempre. Así Perucho.
+La ventura de poseer a su nené adorada, la prez de defender su vida, le
+distraían de los trágicos acontecimientos recientes. No se acordaba del
+abuelo, no, ni del trabucazo que lo había _tumbado_ como él tumbaba las
+perdices.
+
+Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según
+el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si
+ella pudiese comprender lo que le hablaban. ¿De dónde procedía este
+cuento, variante de la leyenda del ogro? ¿Lo oiría Perucho en alguna
+velada junto al _lar_, mientras hilaban las viejas y pelaban castañas
+las mozas? ¿Sería creación de su mente excitada por los terrores de un
+día tan excepcional? «Una _ves_--empezaba el cuento--era un rey muy malo,
+muy galopín, que se comía la gente y las _presonas_ vivas.... Este rey
+tenía una nené bunita bunita, como la _frol_ de mayo... y pequeñita
+pequeñita como un grano de _millo_ (maíz quería decir Perucho). Y el
+malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara
+más fea, más fea que la del _diaño_... (Perucho hacía horribles muecas a
+fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey). Y una noche dijo él,
+dice: 'Heme de comer mañana por la mañanita _trempano_ a la nené... así,
+así'. (Abría y cerraba la boca haciendo chocar las mandíbulas, como los
+papamoscas de las catedrales). Y había un _pagarito_ sobre un _árbole_,
+y oyó al rey, y dijo, dice: 'Comer no la has de comer, coco feo.' ¿Y va
+y qué hace el _pagarito_? Entra por la ventanita... y el rey estaba
+durmiendo. (Recostaba la cabeza en las espigas de maíz y roncaba
+estrepitosamente para representar el sueño del rey). Y va el _pagarito_
+y con el _bico_ le saca un ojo, y el rey queda _chosco_. (Guiñaba el ojo
+izquierdo, mostrando cómo el rey se halló tuerto). Y el rey a despertar
+y a llorar, llorar, llorar (imitación de llanto) por su ojo, y el
+_pagarito_ a se reír muy puesto en el _árbole_.... Y va y salta y dijo,
+dice: 'Si no comes a la nené y me la regalas, te doy el ojo...' Y va el
+rey y dice: 'Bueno...' Y va el _pagarito_ y se casó con la nené, y
+estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita...
+(solo de este instrumento), y entré por una _porta_ y salí por otra, ¡y
+manda el rey que te lo cuente otra vez!».
+
+La nené no oyó el final del cuento.... La música de las palabras, que no
+le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma
+satisfacción de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el
+sueño anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando
+terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados.... Acomodó
+lo mejor que pudo el lecho de espigas; llególe el mantón al rostro, como
+hacía Nucha, para que no se le enfriase el hociquito, y muy denodado y
+resuelto a hacer centinela, se arrimó a la puerta del hórreo, en una
+esquina, reclinándose en un montón de maíz. Pero fuese la inmovilidad, o
+el cansancio, o la reacción de tantas emociones consecutivas, también a
+él la cabeza le pesaba y se le entornaban los párpados. Se los frotó con
+los dedos, bostezó, luchó algunos minutos con el sueño invasor... Éste
+venció al cabo. Los dos ángeles refugiados en el hórreo dormían en paz.
+
+Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que
+agitaba a Perucho, veía el muchacho un animalazo de desmesurado grandor,
+bestión fiero que se acercaba a él rugiendo, bramando y dispuesto a
+zampárselo de un bocado o a deshacerlo de una uñada.... Se le erizó el
+cabello, le temblaron las carnes, y un sudor frío le empapó la sien....
+¡Qué monstruo tan espantoso! Ya se acerca..., ya cae sobre Perucho...,
+sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le
+cae encima lo mismo que una roca inmensa.... El chiquillo abre los
+ojos....
+
+Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndolo a su sabor a pescozones y
+cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más
+enorme, más brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo
+como un héroe. Bajando la cabeza, se atravesó en la entrada del hórreo,
+y por espacio de algunos minutos defendió su presa haciéndole muralla
+con el cuerpo.... Pero el enorme volumen del ama pesó sobre él y lo
+redujo a la inacción, comprimiéndolo y paralizándolo. Cuando el mísero
+chiquillo, medio ahogado, se sintió libre de aquella estatua de plomo
+que a poco más le convierte en oblea, miró hacia atrás.... La niña había
+desaparecido. Perucho no olvidará nunca el desesperado llanto que
+derramó por más de media hora revolcándose entre las espigas.
+
+
+
+
+-XXIX-
+
+
+Tampoco Julián olvidará el día en que ocurrieron acontecimientos tan
+extraordinarios; día dramático entre todos los de su existencia, en que
+le sucedió lo que no pudo imaginar jamás: verse acusado, por un marido,
+de inteligencias culpables con su mujer, por un marido que se quejaba de
+ultrajes mortales, que le amenazaba, que le expulsaba de su casa
+ignominiosamente y para siempre; y ver a la infeliz señorita, a la
+verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la ridícula y
+horrenda calumnia. ¿Y qué sería si hubiesen realizado su plan de fuga al
+día siguiente? ¡Entonces sí que tendrían que bajar la cabeza, darse por
+convictos!... ¡Y decir que cinco minutos antes no se les prevenía
+siquiera la posibilidad de que don Pedro y el mundo lo interpretasen
+así!
+
+No, no lo olvidará Julián. No olvidará aquellas inesperadas
+tribulaciones, el valor repentino y ni aun de él mismo sospechado que
+desplegó en momentos tan críticos para arrojar a la faz del marido
+cuanto le hervía en el alma, la reprobación, la indignación contenida
+por su habitual timidez; el reto provocado por el bárbaro insulto; los
+calificativos terribles que acudían por vez primera a su boca, avezada
+únicamente a palabras de paz; el emplazamiento _de hombre a hombre_ que
+lanzó al salir de la capilla.... No olvidará, no, la escena terrible, por
+muchos años que pesen sobre sus hombros y por muchas canas que le
+enfríen las sienes. Ni olvidará tampoco su partida precipitada, sin dar
+tiempo a recoger el equipaje; cómo ensilló con sus propias inexpertas
+manos la yegua; cómo, desplegando una maestría debida a la urgencia,
+había montado, espoleado, salido a galope, ejecutando todos estos actos
+mecánicamente, cual entre sueños, sin aguardar a que se disipase el
+corto hervor de la sangre, sin querer ver a la niña ni darle un beso,
+porque comprendía, estaba seguro de que, si lo hiciera, sería capaz de
+postrarse a los pies del señorito, rogándole humildemente que le
+permitiese quedarse allí en los Pazos, aunque fuese de pastor de ganado
+o jornalero....
+
+No olvidará tampoco la salida de la casa solariega, la ascensión por el
+camino que el día de su llegada le pareció tan triste y lúgubre.... El
+cielo está nublado; ciernen la claridad del sol pardos crespones cada
+vez más densos; los pinos, juntando sus copas, susurran de un modo
+penetrante, prolongado y cariñoso; las ráfagas del aire traen el olor
+sano de la resina y el aroma de miel de los retamares. El crucero, a
+poca distancia, levanta sus brazos de piedra manchados por el oro viejo
+del liquen.... La yegua, de improviso, respinga, tiembla, se encabrita....
+Julián se agarra instintivamente a las crines, soltando la rienda.... En
+el suelo hay un bulto, un hombre, un cadáver; la hierba, en derredor
+suyo, se baña en sangre que empieza ya a cuajarse y ennegrecerse. Julián
+permanece allí, clavado, sin fuerzas, anonadado por una mezcla de
+asombro y gratitud a la Providencia, que no puede razonar, pero le
+subyuga.... El cadáver tiene la faz contra tierra; no importa: Julián ha
+reconocido a Primitivo; es él mismo. El capellán no vacila, no discurre
+quién le habrá matado. ¡Cualquiera que sea el instrumento, lo dirige la
+mano de Dios! Desvía la yegua, se persigna, se aparta, se aleja
+definitivamente, volviendo de cuando en cuando la cabeza para ver el
+negro bulto, sobre el fondo verde de la hierba y la blancura gris del
+paredón....
+
+¡Ah! No, no olvida nada Julián. No olvida en Santiago, donde su llegada
+se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones
+leyendarias, donde el éxito de las elecciones, la partida del capellán,
+el asesinato del mayordomo, se comentan, se adornan, entretienen al
+pueblo casi todo un mes, y donde las gentes le paran en la calle
+preguntándole qué ocurre por allá, qué sucede con Nucha Pardo, si es
+cierto que su marido la maltrata y que está muy enferma, y que las
+elecciones de Cebre han sido un escándalo gordo. No olvida cuando el
+arzobispo le llama a su cámara, a fin de inquirir qué hay de verdad en
+todo lo ocurrido, y él, después de arrodillarse, lo cuenta sin poner ni
+quitar una sílaba, encontrando en la sincera confesión inexplicable
+alivio, y besando, con el corazón desahogado ya, la amatista que brilla
+sobre el anular del prelado. No olvida cuando éste dispone enviarle a
+una parroquia apartadísima, especie de destierro, donde vivirá
+completamente alejado del mundo.
+
+Es una parroquia de montaña, más montaña que los Pazos, al pie de una
+sierra fragosa, en el corazón de Galicia. No hay en toda ella, ni en
+cuatro leguas a la redonda, una sola casa señorial; en otro tiempo, en
+épocas feudales, se alzó, fundado en peñasco vivo, un castillo roquero,
+hoy ruina comida por la hiedra y habitada por murciélagos y lagartos.
+Los feligreses de Julián son pobres pastores: en vísperas de fiesta y
+tiempo de oblata le obsequian con leche de cabra, queso de oveja,
+manteca en orzas de barro. Hablan dialecto cerradísimo, arduo de
+comprender; visten de somonte y usan greñas largas, cortadas sobre la
+frente a la manera de los antiguos siervos. En invierno cae la nieve y
+aúllan los lobos en las inmediaciones de la rectoral; cuando Julián
+tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los
+sacramentos a algún moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de
+paja y a calzar zuecos de palo; el sacristán va delante, alumbrando con
+un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen
+fantasmas....
+
+Pasadas dos estaciones recibe una esquela, una papeleta orlada de negro;
+la lee sin entenderla al pronto; después se entera bien del contenido, y
+sin embargo no llora, no da señal alguna de pena.... Al contrario, aquel
+día y los siguientes experimenta como un sentirmento de consuelo, de
+bienestar y de alegría, porque la señorita Nucha, en el cielo, estará
+desquitándose de lo sufrido en esta tierra miserable, donde sólo
+martirios aguardan a un alma como la suya.... La doctrina resignada de la
+_Imitación_ ha vuelto a reinar en su espíritu. Hasta el efecto de la
+noticia se borra pronto, y una especie de insensibilidad apacible va
+cauterizando el espíritu de Julián: piensa más en lo que le rodea, se
+interesa por la iglesia desmantelada, trata de enseñar a leer a los
+salvajes chiquillos de la parroquia, funda una congregación de hijas de
+María para que las mozas no bailen los domingos.... Y así pasa el tiempo,
+uniformemente, sin dichas ni amarguras, y la placidez de la naturaleza
+penetra en el alma de Julián, y se acostumbra a vivir como los paisanos,
+pendiente de la cosecha, deseando la lluvia o el buen tiempo como el
+mayor beneficio que Dios puede otorgar al hombre, calentándose en el
+_lar_, diciendo misa muy temprano y acostándose antes de encender luz,
+conociendo por las estrellas si se prepara agua o sol, recogiendo
+castaña y patata, entrando en el ritmo acompasado, narcótico y perenne
+de la vida agrícola, tan inflexible como la vuelta de las golondrinas en
+primavera y el girar eterno de nuestro globo, describiendo la misma
+elipse, al través del espacio....
+
+Y, sin embargo, no olvida. Y en aquel rincón viene a sorprenderle el
+ascenso, la traslación a la parroquia de Ulloa, especie de desagravio
+del arzobispo. La mitra alternaba con los señores de Ulloa en la
+presentación del curato, y el arzobispo había querido manifestar así al
+humilde párroco, enterrado diez años hacía en la montaña más fiera de la
+diócesis, que la calumnia puede empañar el cristal de la honra, no
+mancharlo.
+
+
+
+
+-XXX-
+
+
+Diez años son una etapa, no sólo en la vida del individuo, sino en la de
+las naciones. Diez años comprenden un periodo de renovación: diez años
+rara vez corren en balde, y el que mira hacia atrás suele sorprenderse
+del camino que se anda en una década. Mas así como hay personas, hay
+lugares para los cuales es insensible el paso de una décima parte de
+siglo. Ahí están los Pazos de Ulloa, que no me dejarán mentir. La gran
+huronera, desafiando al tiempo, permanece tan pesada, tan sombría, tan
+adusta como siempre. Ninguna innovación útil o bella se nota en su
+mueblaje, en su huerto, en sus tierras de cultivo. Los lobos del escudo
+de armas no se han amansado; el pino no echa renuevos; las mismas ondas
+simétricas de agua petrificada bañan los estribos de la puente señorial.
+
+En cambio la villita de Cebre, rindiendo culto al progreso, ha atendido
+a las mejoras morales y materiales, según frase de un cebreño ilustrado,
+que envía correspondencias a los diarios de Pontevedra y Orense. No se
+charla ya de política solamente en el estanco: para eso se ha fundado un
+Círculo de Instrucción y Recreo, Artes y Ciencias (lo reza su
+reglamento) y se han establecido algunas tiendecillas que el cebreño
+susodicho denomina _bazares_. Verdad es que los dos caciques aún
+continúan disputándose el mero y mixto imperio; mas ya parece seguro que
+Barbacana, representante de la reacción y la tradición, cede ante
+Trampeta, encarnación viviente de las ideas avanzadas y de la nueva
+edad.
+
+Dicen algunos maliciosos que el secreto del triunfo del cacique liberal
+está en que su adversario, hoy canovista, se encuentra ya extremadamente
+viejo y achacoso, habiendo perdido mucha parte de sus bríos e indómito
+al par que traicionero carácter. Sea como quiera, el caso es que la
+influencia barbacanesca anda maltrecha y mermada.
+
+Quien ha envejecido bastante, de un modo prematuro, es el antiguo
+capellán de los Pazos. Su pelo está estriado de rayitas argentadas; su
+boca se sume; sus ojos se empañan; se encorvan sus lomos. Avanza
+despaciosamente por el _carrero_ angosto que serpea entre viñedos y
+matorrales conduciendo a la iglesia de Ulloa.
+
+¡Qué iglesia tan pobre! Más bien parece la casuca de un aldeano,
+conociéndose únicamente su sagrado destino en la cruz que corona el
+tejadillo del pórtico. La impresión es de melancolía y humedad, el atrio
+herboso está a todas horas, aun a las meridianas, muy salpicado y como
+empapado de rocío. La tierra del atrio sube más alto que el peristilo de
+la iglesia, y ésta se hunde, se sepulta entre el terruño que lentamente
+va desprendiéndose del collado próximo. En una esquina del atrio, un
+pequeño campanario aislado sostiene el rajado esquilón; en el centro,
+una cruz baja, sobre tres gradas de piedra, da al cuadro un toque
+poético, pensativo. Allí, en aquel rincón del universo, vive
+Jesucristo.... ¡pero cuán solo!, ¡cuán olvidado!
+
+Julián se detuvo ante la cruz. Estaba viejo realmente, y también más
+varonil: algunos rasgos de su fisonomía delicada se marcaban, se
+delineaban con mayor firmeza; sus labios, contraídos y palidecidos,
+revelaban la severidad del hombre acostumbrado a dominar todo arranque
+pasional, todo impulso esencialmente terrestre. La edad viril le había
+enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del
+sacerdote puro. Habíase vuelto muy indulgente con los demás, al par que
+severo consigo mismo.
+
+Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresión singularísima. Parecíale
+que alguna persona muy querida, muy querida para él, andaba por allí,
+resucitada, viviente, envolviéndole en su presencia, calentándole con su
+aliento. ¿Y quién podía ser esa persona? ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba
+ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de
+haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda,
+causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros.
+¡La muerte de la señora de Moscoso! Nada más fácil que cerciorarse de
+ella.... Allí estaba el cementerio. Acercarse a un muro coronado de
+hiedra, empujar una puerta de madera, y penetrar en su recinto.
+
+Era un lugar sombrío, aunque le faltasen los lánguidos sauces y cipreses
+que tan bien acompañan con sus actitudes teatrales y majestuosas la
+solemnidad de los camposantos. Limitábanlo, de una parte, las tapias de
+la iglesia; de otra, tres murallones revestidos de hiedra y plantas
+parásitas; y la puerta, fronteriza a la de entrada por el atrio, la
+formaba un enverjado de madera, al través del cual se veía diáfano y
+remoto horizonte de montañas, a la sazón color de violeta, por la hora,
+que era aquella en que el sol, sin calentar mucho todavía, empieza a
+subir hacia su zenit, y en que la naturaleza se despierta como saliendo
+de un baño, estremecida de frescura y frío matinal. Sobre la verja se
+inclinaba añoso olivo, donde nidaban mil gorriones alborotadores, que a
+veces azotaban y sacudían el ramaje con su voleteo apresurado; y hacíale
+frente una enorme mata de hortensia, mustia y doblegada por las lluvias
+de la estación, graciosamente enfermiza, con sus mazorcas de desmayadas
+flores azules y amarillentas. A esto se reducía todo el ornato del
+cementerio, mas no su vegetación, que por lo exuberante y viciosa ponía
+en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si
+en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en
+aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos pétalos
+ostentaban matices flavos de cirio, se habrían encarnado, por misteriosa
+transmigración, las almas, vegetativas también en cierto modo, de los
+que allí dormían para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin
+haber palpitado jamás por ninguna idea elevada, generosa, puramente
+espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y
+del artista. Parecía que era sustancia humana--pero de una humanidad
+ruda, primitiva, inferior, hundida hasta el cuello en la ignorancia y en
+la materia--la que nutría y hacía brotar con tan enérgica pujanza y savia
+tan copiosa aquella flora lúgubre por su misma lozanía. Y en efecto, en
+el terreno, repujado de pequeñas eminencias que contrastaban con la lisa
+planicie del atrio, advertía a veces el pie durezas de ataúdes mal
+cubiertos y blanduras y molicies que infundían grima y espanto, como si
+se pisaran miembros flácidos de cadáver. Un soplo helado, un olor
+peculiar de moho y podredumbre, un verdadero ambiente sepulcral se
+alzaba del suelo lleno de altibajos, rehenchido de difuntos amontonados
+unos encima de otros; y entre la verdura húmeda, surcada del surco
+brillante que dejan tras sí el caracol y la babosa, torcíanse las cruces
+de madera negra fileteadas de blanco, con rótulos curiosos, cuajados de
+faltas de ortografía y peregrinos disparates. Julián, que sufría la
+inquietud, el hormigueo en la planta de los pies que nos causa la
+sensación de hollar algo blando, algo viviente, o que por lo menos
+estuvo dotado de sensibilidad y vida, experimentó de pronto gran
+turbación: una de las cruces, más alta que las demás, tenía escrito en
+letras blancas un nombre. Acercóse y descifró la inscripción, sin
+pararse en deslices ortográficos: _«Aquí hacen las cenizas de Primitibo
+Suarez, sus parientes y amijos ruegen a Dios por su alma»_.... El
+terreno, en aquel sitio, estaba turgente, formando una eminencia. Julián
+murmuró una oración, desvióse aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas
+el cuerpo de bronce de su formidable enemigo. Al punto mismo se alzó de
+la cruz una mariposilla blanca, de esas últimas mariposas del año que
+vuelan despacio, como encogidas por la frialdad de la atmósfera, y se
+paran en seguida en el primer sitio favorable que encuentran. La siguió
+el nuevo cura de Ulloa y la vio posarse en un mezquino mausoleo,
+arrinconado entre la esquina de la tapia y el ángulo entrante que
+formaba la pared de la iglesia.
+
+Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón
+palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después
+de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de
+una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido
+explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser
+y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos,
+atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los
+sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma
+porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen. No echó de ver
+siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal,
+decorado con calaveras, huesos y otros emblemas fúnebres por la
+inexperta mano de algún embadurnador de aldea; no necesitó deletrear la
+inscripción, porque sabía de seguro que donde se había detenido la
+mariposa, allí descansaba Nucha, la señorita Marcelina, la santa, la
+víctima, la virgencita siempre cándida y celeste. Allí estaba, sola,
+abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las muñecas heridas por
+mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el
+dolor.... Pensando en esto, la oración se interrumpió en labios de
+Julián, la corriente del existir retrocedió diez años, y en un
+transporte de los que en él eran poco frecuentes, pero súbitos e
+irresistibles, cayó de hinojos, abrió los brazos, besó ardientemente la
+pared del nicho, sollozando como niño o mujer, frotando las mejillas
+contra la fría superficie, clavando las uñas en la cal, hasta
+arrancarla....
+
+Oyó risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasión.
+Se volvió y se incorporó confuso. Tenía delante una pareja hechicera,
+iluminada por el sol que ya ascendía aproximándose a la mitad del cielo.
+Era el muchacho el más guapo adolescente que puede soñar la fantasía; y
+si de chiquitín se parecía al Amor antiguo, la prolongación de líneas
+que distingue a la pubertad de la infancia le daba ahora semejanza
+notable con los arcángeles y ángeles viajeros de los grabados bíblicos,
+que unen a la lindeza femenina y a los rizados bucles asomos de graciosa
+severidad varonil. En cuanto a la niña, espigadita para sus once años,
+hería el corazón de Julián por el sorprendente parecido con su pobre
+madre a la misma edad: idénticas largas trenzas negras, idéntico rostro
+pálido, pero más mate, más moreno, de óvalo más puro, de ojos más
+luminosos y mirada más firme. ¡Vaya si conocía Julián a la pareja!
+¡Cuántas veces la había tenido en su regazo!
+
+Sólo una circunstancia le hizo dudar de si aquellos dos muchachos
+encantadores eran en realidad el bastardo y la heredera legítima de
+Moscoso. Mientras el hijo de Sabel vestía ropa de buen paño, de hechura
+como entre aldeano acomodado y señorito, la hija de Nucha, cubierta con
+un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede
+decirse que iba descalza.
+
+París, Marzo de 1886.
+
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA ***
+
+***** This file should be named 18005-8.txt or 18005-8.zip *****
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+ http://www.gutenberg.org/1/8/0/0/18005/
+
+Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
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+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
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+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
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+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
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+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
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+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
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+electronic work, or any part of this electronic work, without
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+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
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+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
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+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
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+electronic work or group of works on different terms than are set
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
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+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+*** END: FULL LICENSE ***
+
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+The Project Gutenberg EBook of Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Los pazos de Ulloa
+
+Author: Emilia Pardo Bazán
+
+Release Date: March 16, 2006 [EBook #18005]
+[Last updated: January 20, 2020]
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+Language: Spanish
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA ***
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+<h1>Los pazos de Ulloa</h1>
+
+<h1>Emilia Pardo Baz&aacute;n</h1>
+
+
+<p><a name="capitulos" id="capitulos"></a></p>
+<table summary="capitulos">
+<tr><td>
+<b>Cap&iacute;tulos:</b><br /><br />
+<a href="#Tomo_I"><b>Tomo I</b></a><br />
+<a href="#I"><b>-I-,</b></a>
+<a href="#II"><b>-II-,</b></a>
+<a href="#III"><b>-III-,</b></a>
+<a href="#IV"><b>-IV-,</b></a>
+<a href="#V"><b>-V-,</b></a>
+<a href="#VI"><b>-VI-,</b></a>
+<a href="#VII"><b>-VII-,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>-VIII-,</b></a>
+<a href="#IX"><b>-IX-,</b></a>
+<a href="#X"><b>-X-,</b></a>
+<a href="#XI"><b>-XI-</b></a>
+<br /><br />
+<a href="#Tomo_II"><b>Tomo II</b></a><br />
+<a href="#XII"><b>-XII-,</b></a>
+<a href="#XIII"><b>-XIII-,</b></a>
+<a href="#XIV"><b>-XIV-,</b></a>
+<a href="#XV"><b>-XV-,</b></a>
+<a href="#XVI"><b>-XVI-,</b></a>
+<a href="#XVII"><b>-XVII-,</b></a>
+<a href="#XVIII"><b>-XVIII-,</b></a>
+<a href="#XIX"><b>-XIX-,</b></a>
+<a href="#XX"><b>-XX-,</b></a>
+<a href="#XXI"><b>-XXI-,</b></a>
+<a href="#XXII"><b>-XXII-,</b></a>
+<a href="#XXIII"><b>-XXIII-,</b></a>
+<a href="#XXIV"><b>-XXIV-,</b></a>
+<a href="#XXV"><b>-XXV-,</b></a>
+<a href="#XXVI"><b>-XXVI-,</b></a>
+<a href="#XXVII"><b>-XXVII-,</b></a>
+<a href="#XXVIII"><b>-XXVIII-,</b></a>
+<a href="#XXIX"><b>-XXIX-,</b></a>
+<a href="#XXX"><b>-XXX-</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Tomo_I" id="Tomo_I"></a><a href="#capitulos">Tomo I</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#capitulos">-I-</a></h2>
+
+
+<p>Por m&aacute;s que el jinete trataba de sofrenarlo agarr&aacute;ndose con todas sus
+fuerzas a la &uacute;nica rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y
+mansas, el peludo roc&iacute;n segu&iacute;a empe&ntilde;&aacute;ndose en bajar la cuesta a un trote
+cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos
+desigual&iacute;simos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repecho
+del camino real de Santiago a Orense en t&eacute;rminos que los viandantes, al
+pasarlo, sacud&iacute;an la cabeza murmurando que ten&iacute;a bastante m&aacute;s declive
+del no s&eacute; cu&aacute;ntos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al
+llevar la carretera en semejante direcci&oacute;n, ya sabr&iacute;an los ingenieros lo
+que se pescaban, y alguna quinta de personaje pol&iacute;tico, alguna
+influencia electoral de grueso calibre deb&iacute;a andar cerca.</p>
+
+<p>Iba el jinete colorado, no como un pimiento, sino como una fresa,
+encendimiento propio de personas linf&aacute;ticas. Por ser joven y de miembros
+delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un ni&ntilde;o, a no
+desmentir la presunci&oacute;n sus trazas sacerdotales. Aunque cubierto de
+amarillo polvo que levantaba el trote del jaco, bien se advert&iacute;a que el
+traje del mozo era de pa&ntilde;o negro liso, cortado con la flojedad y poca
+gracia que distingue a las prendas de ropa de seglar vestidas por
+cl&eacute;rigos. Los guantes, despellejados ya por la tosca brida, eran
+asimismo negros y nuevecitos, igual que el hongo, que llevaba calado
+hasta las cejas, por temor a que los zarandeos de la trotada se lo
+hiciesen saltar al suelo, que ser&iacute;a el mayor compromiso del mundo. Bajo
+el cuello del desairado levit&iacute;n asomaba un dedo de alzacuello, bordado
+de cuentas de abalorio. Demostraba el jinete escasa maestr&iacute;a h&iacute;pica:
+inclinado sobre el arz&oacute;n, con las piernas encogidas y a dos dedos de
+salir despedido por las orejas, le&iacute;ase en su rostro tanto miedo al
+cuartago como si fuese alg&uacute;n corcel ind&oacute;mito rebosando fiereza y br&iacute;os.</p>
+
+<p>Al acabarse el repecho, volvi&oacute; el jaco a la sosegada andadura habitual,
+y pudo el jinete enderezarse sobre el aparejo redondo, cuya anchura
+inconmensurable le hab&iacute;a descoyuntado los huesos todos de la regi&oacute;n
+sacro-il&iacute;aca. Respir&oacute;, quit&oacute;se el sombrero y recibi&oacute; en la frente
+sudorosa el aire fr&iacute;o de la tarde. Ca&iacute;an ya oblicuamente los rayos del
+sol en los zarzales y setos, y un pe&oacute;n caminero, en mangas de camisa,
+pues ten&iacute;a su chaqueta colocada sobre un moj&oacute;n de granito, daba
+l&aacute;nguidos azadonazos en las hierbecillas nacidas al borde de la cuneta.
+Tir&oacute; el jinete del ramal para detener a su cabalgadura, y &eacute;sta, que se
+hab&iacute;a dejado en la cuesta abajo las ganas de trotar, par&oacute;
+inmediatamente. El pe&oacute;n alz&oacute; la cabeza, y la placa dorada de su sombrero
+reluci&oacute; un instante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tendr&aacute; usted la bondad de decirme si falta mucho para la casa del
+se&ntilde;or marqu&eacute;s de Ulloa?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para los Pazos de Ulloa?&mdash;contest&oacute; el pe&oacute;n repitiendo la pregunta.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es.</p>
+
+<p>&mdash;Los Pazos de Ulloa est&aacute;n all&iacute;&mdash;murmur&oacute; extendiendo la mano para se&ntilde;alar
+a un punto en el horizonte.&mdash;Si la bestia anda bien, el camino que queda
+pronto se pasa.... Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar &iquest;ve? y luego
+le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano
+derecha por un atajito, hasta el crucero.... En el crucero ya no tiene
+p&eacute;rdida, porque se ven los Pazos, una <i>costruci&oacute;n</i> muy grand&iacute;sima....</p>
+
+<p>&mdash;Pero..... &iquest;como cu&aacute;nto faltar&aacute;?&mdash;pregunt&oacute; con inquietud el cl&eacute;rigo.</p>
+
+<p>Mene&oacute; el pe&oacute;n la tostada cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Un bocadito, un bocadito....</p>
+
+<p>Y sin m&aacute;s explicaciones, emprendi&oacute; otra vez su desmayada faena,
+manejando el azad&oacute;n lo mismo que si pesase cuatro arrobas.</p>
+
+<p>Se resign&oacute; el viajero a continuar ignorando las leguas de que se compone
+un <i>bocadito</i>, y talone&oacute; al roc&iacute;n. El pinar no estaba muy distante, y
+por el centro de su sombr&iacute;a masa serpeaba una trocha angost&iacute;sima, en la
+cual se colaron montura y jinete. El sendero, sepultado en las oscuras
+profundidades del pinar, era casi impracticable; pero el jaco, que no
+desment&iacute;a las aptitudes especiales de la raza caballar gallega para
+andar por mal piso, avanzaba con suma precauci&oacute;n, cabizbajo, tanteando
+con el casco, para sortear cautelosamente las zanjas producidas por la
+llanta de los carros, los pedruscos, los troncos de pino cortados y
+atravesados donde hac&iacute;an menos falta. Adelantaban poco a poco, y ya
+sal&iacute;an de las estrecheces a senda m&aacute;s desahogada, abierta entre pinos
+nuevos y montes poblados de aliaga, sin haber tropezado con una sola
+heredad labrad&iacute;a, un plant&iacute;o de coles que revelase la vida humana. De
+pronto los cascos del caballo cesaron de resonar y se hundieron en
+blanda alfombra: era una camada de esti&eacute;rcol vegetal, tendida, seg&uacute;n
+costumbre del pa&iacute;s, ante la casucha de un labrador. A la puerta una
+mujer daba de mamar a una criatura. El jinete se detuvo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, &iquest;sabe si voy bien para la casa del marqu&eacute;s de Ulloa?</p>
+
+<p>&mdash;Va bien, va....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y... falta mucho?</p>
+
+<p>Enarcamiento de cejas, mirada entre ap&aacute;tica y curiosa, respuesta ambigua
+en dialecto:</p>
+
+<p>&mdash;La carrerita de un can....</p>
+
+<p>&iexcl;Estamos frescos!, pens&oacute; el viajero, que si no acertaba a calcular lo
+que anda un can en una carrera, barruntaba que debe ser bastante para un
+caballo. En fin, en llegando al crucero ver&iacute;a los Pazos de Ulloa..... Todo
+se le volv&iacute;a buscar el atajo, a la derecha..... Ni se&ntilde;ales. La vereda,
+ensanch&aacute;ndose, se internaba por tierra monta&ntilde;osa, salpicada de manchones
+de robledal y alg&uacute;n que otro casta&ntilde;o todav&iacute;a cargado de fruta: a derecha
+e izquierda, matorrales de brezo crec&iacute;an desparramados y oscuros.
+Experimentaba el jinete indefinible malestar, disculpable en quien,
+nacido y criado en un pueblo tranquilo y so&ntilde;oliento, se halla por vez
+primera frente a frente con la ruda y majestuosa soledad de la
+naturaleza, y recuerda historias de viajeros robados, de gentes
+asesinadas en sitios desiertos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pa&iacute;s de lobos!&mdash;dijo para s&iacute;, t&eacute;tricamente impresionado.</p>
+
+<p>Alegr&oacute;sele el alma con la vista del atajo, que a su derecha se
+columbraba, estrecho y pendiente, entre un doble vallado de piedra,
+l&iacute;mite de dos montes. Bajaba fi&aacute;ndose en la ma&ntilde;a del jaco para evitar
+tropezones, cuando divis&oacute; casi al alcance de su mano algo que le hizo
+estremecerse: una cruz de madera, pintada de negro con filetes blancos,
+medio ca&iacute;da ya sobre el murall&oacute;n que la sustentaba. El cl&eacute;rigo sab&iacute;a que
+estas cruces se&ntilde;alan el lugar donde un hombre pereci&oacute; de muerte
+violenta; y, persign&aacute;ndose, rez&oacute; un padrenuestro, mientras el caballo,
+sin duda por olfatear el rastro de alg&uacute;n zorro, temblaba levemente
+empinando las orejas, y adoptaba un trotecillo medroso que en breve le
+condujo a una encrucijada. Entre el marco que le formaban las ramas de
+un casta&ntilde;o colosal, ergu&iacute;ase el crucero.</p>
+
+<p>Tosco, de piedra com&uacute;n, tan mal labrado que a primera vista parec&iacute;a
+monumento rom&aacute;nico, por m&aacute;s que en realidad s&oacute;lo contaba un siglo de
+fecha, siendo obra de alg&uacute;n cantero con pujos de escultor, el crucero,
+en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magn&iacute;fico &aacute;rbol,
+era po&eacute;tico y hermoso. El jinete, tranquilizado y lleno de devoci&oacute;n,
+pronunci&oacute; descubri&eacute;ndose: &laquo;Ador&aacute;moste, Cristo, y bendec&iacute;moste, pues por
+tu Sant&iacute;sima Cruz redimiste al mundo&raquo;, y de paso que rezaba, su mirada
+buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que deb&iacute;an ser aquel gran
+edificio cuadrilongo, con torres, all&aacute; en el fondo del valle. Poco dur&oacute;
+la contemplaci&oacute;n, y a punto estuvo el cl&eacute;rigo de besar la tierra, merced
+a la huida que peg&oacute; el roc&iacute;n, con las orejas enhiestas, loco de terror.
+El caso no era para menos: a cort&iacute;sima distancia hab&iacute;an retumbado dos
+tiros.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se el jinete fr&iacute;o de espanto, agarrado al arz&oacute;n, sin atreverse ni a
+registrar la maleza para averiguar d&oacute;nde estar&iacute;an ocultos los agresores;
+mas su angustia fue corta, porque ya del ribazo situado a espaldas del
+crucero descend&iacute;a un grupo de tres hombres, antecedido por otros tantos
+canes perdigueros, cuya presencia bastaba para demostrar que las
+escopetas de sus amos no amenazaban sino a las alima&ntilde;as monteses.</p>
+
+<p>El cazador que ven&iacute;a delante representaba veintiocho o treinta a&ntilde;os:
+alto y bien barbado, ten&iacute;a el pescuezo y rostro quemados del sol, pero
+por venir despechugado y sombrero en mano, se advert&iacute;a la blancura de la
+piel no expuesta a la intemperie, en la frente y en la tabla de pecho,
+cuyos di&aacute;metros indicaban complexi&oacute;n robusta, supuesto que confirmaba la
+isleta de vello rizoso que divid&iacute;a ambas tetillas. Proteg&iacute;an sus piernas
+recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre
+la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en
+el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos ca&ntilde;ones. El
+segundo cazador parec&iacute;a hombre de edad madura y condici&oacute;n baja, criado o
+colono: ni hebillas en las polainas, ni m&aacute;s morral que un saco de
+grosera estopa; el pelo cortado al rape, la escopeta de pist&oacute;n,
+viej&iacute;sima y atada con cuerdas; y en el rostro, afeitado y enjuto y de
+en&eacute;rgicas facciones rectil&iacute;neas, una expresi&oacute;n de encubierta sagacidad,
+de astucia salvaje, m&aacute;s propia de un piel roja que de un europeo. Por lo
+que hace al tercer cazador, sorprendi&oacute;se el jinete al notar que era un
+sacerdote. &iquest;En qu&eacute; se le conoc&iacute;a? No ciertamente en la tonsura, borrada
+por una selva de pelo gris y cerdoso, ni tampoco en la rasuraci&oacute;n, pues
+los duros ca&ntilde;ones de su azulada barba contar&iacute;an un mes de antig&uuml;edad;
+menos a&uacute;n en el alzacuello, que no tra&iacute;a, ni en la ropa, que era
+semejante a la de sus compa&ntilde;eros de caza, con el aditamento de unas
+botas de montar, de charol de vaca muy descascaradas y cortadas por las
+arrugas. Y no obstante trascend&iacute;a a cl&eacute;rigo, revel&aacute;ndose el sello
+formidable de la ordenaci&oacute;n, que ni aun las llamas del infierno
+consiguen cancelar, en no s&eacute; qu&eacute; expresi&oacute;n de la fisonom&iacute;a, en el aire y
+posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo. No cab&iacute;a duda:
+era un sacerdote.</p>
+
+<p>Aproxim&oacute;se al grupo el jinete, y repiti&oacute; la consabida pregunta:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pueden ustedes decirme si voy bien para casa del se&ntilde;or marqu&eacute;s de
+Ulloa?</p>
+
+<p>El cazador alto se volvi&oacute; hacia los dem&aacute;s, con familiaridad y dominio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; casualidad!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Aqu&iacute; tenemos al forastero..... T&uacute;,
+Primitivo.... Pues te cay&oacute; la loter&iacute;a: ma&ntilde;ana pensaba yo enviarte a Cebre
+a buscar al se&ntilde;or.... Y usted, se&ntilde;or abad de Ulloa.... &iexcl;ya tiene usted
+aqu&iacute; quien le ayude a arreglar la parroquia!</p>
+
+<p>Como el jinete permanec&iacute;a indeciso, el cazador a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Supongo que es usted el recomendado de mi t&iacute;o, el se&ntilde;or de la Lage?</p>
+
+<p>&mdash;Servidor y capell&aacute;n...&mdash;respondi&oacute; gozoso el eclesi&aacute;stico, tratando de
+echar pie a tierra, ardua operaci&oacute;n en que le auxili&oacute; el abad&mdash;. &iquest;Y
+usted...&mdash;exclam&oacute;, encar&aacute;ndose con su interlocutor&mdash;es el se&ntilde;or marqu&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo queda el t&iacute;o? &iquest;Usted... a caballo desde Cebre, eh?&mdash;repuso &eacute;ste
+evasivamente, mientras el capell&aacute;n le miraba con inter&eacute;s rayano en viva
+curiosidad. No hay duda que as&iacute;, varonilmente desali&ntilde;ado, h&uacute;meda la piel
+de transpiraci&oacute;n ligera, terciada la escopeta al hombro, era un cacho de
+buen mozo el marqu&eacute;s; y sin embargo, desped&iacute;a su arrogante persona
+cierto tufillo brav&iacute;o y montaraz, y lo duro de su mirada contrastaba con
+lo afable y llano de su acogida.</p>
+
+<p>El capell&aacute;n, muy respetuoso, se deshac&iacute;a en explicaciones.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or; justamente.... En Cebre he dejado la diligencia y me dieron
+esta caballer&iacute;a, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.... El
+se&ntilde;or de la Lage, tan bueno, y con el humor aqu&eacute;l de siempre.... Hace
+re&iacute;r a las piedras.... Y guapote, para su edad.... Estoy reparando que si
+fuese su se&ntilde;or pap&aacute; de usted, no se le parecer&iacute;a m&aacute;s.... Las se&ntilde;oritas,
+muy bien, muy contentas y muy saludables.... Del se&ntilde;orito, que est&aacute; en
+Segovia, buenas noticias. Y antes que se me olvide....</p>
+
+<p>Busc&oacute; en el bolsillo interior de su levit&oacute;n, y fue sacando un pa&ntilde;uelo
+muy planchado y doblado, un <i>Semanario</i> chico, y por &uacute;ltimo una cartera
+de tafilete negro, cerrada con el&aacute;stico, de la cual extrajo una carta
+que entreg&oacute; al marqu&eacute;s. Los perros de caza, despeados y anhelantes de
+fatiga, se hab&iacute;an sentado al pie del crucero; el abad picaba con la u&ntilde;a
+una tagarnina para liar un pitillo, cuyo papel sosten&iacute;a adherido por una
+punta al borde de los labios; Primitivo, descansando la culata de la
+escopeta en el suelo, y en el ca&ntilde;&oacute;n de la escopeta la barba, clavaba sus
+ojuelos negros en el reci&eacute;n venido, con pertinacia escrutadora. El sol
+se pon&iacute;a lentamente en medio de la tranquilidad oto&ntilde;al del paisaje. De
+improviso el marqu&eacute;s solt&oacute; una carcajada. Era su risa, como suya,
+vigorosa y pujante, y, m&aacute;s que comunicativa, desp&oacute;tica.</p>
+
+<p>&mdash;El t&iacute;o&mdash;exclam&oacute;, doblando la carta&mdash;siempre tan guas&oacute;n y tan c&eacute;lebre....
+Dice que aqu&iacute; me manda un santo para que me predique y me convierta....
+No parece sino que tiene uno pecados: &iquest;eh, se&ntilde;or abad? &iquest;Qu&eacute; dice usted a
+esto? &iquest;Verdad que ni uno?</p>
+
+<p>&mdash;Ya se sabe, ya se sabe&mdash;mascull&oacute; el abad en voz bronca.... Aqu&iacute; todos
+conservamos la inocencia bautismal.</p>
+
+<p>Y al decirlo, miraba al reci&eacute;n llegado al trav&eacute;s de sus erizadas y
+salvajinas cejas, como el veterano al inexperto recluta, sintiendo all&aacute;
+en su interior profundo desd&eacute;n hacia el curita barbilindo, con cara de
+ni&ntilde;a, donde s&oacute;lo era sacerdotal la severidad del rubio entrecejo y la
+compostura asc&eacute;tica de las facciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted se llama Juli&aacute;n &Aacute;lvarez?&mdash;interrog&oacute; el marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Para servir a usted muchos a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no acertaba usted con los Pazos?</p>
+
+<p>&mdash;Me costaba trabajo el acertar. Aqu&iacute; los paisanos no le sacan a uno de
+dudas, ni le dicen categ&oacute;ricamente las distancias. De modo que....</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora ya no se perder&aacute; usted. &iquest;Quiere montar otra vez?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or! No faltaba m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Primitivo&mdash;orden&oacute; el marqu&eacute;s&mdash;, coge del ramal a esa bestia.</p>
+
+<p>Y ech&oacute; a andar, dialogando con el capell&aacute;n que le segu&iacute;a. Primitivo,
+obediente, se qued&oacute; rezagado, y lo mismo el abad, que encend&iacute;a su
+pitillo con un misto de cart&oacute;n. El cazador se arrim&oacute; al cura.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; le parece el rapaz, diga? &iquest;Verdad que no mete respeto?</p>
+
+<p>&mdash;Boh.... Ahora se estila ordenar <i>miquitrefes</i>.... Y luego mucho de
+alzacuellitos, guantecitos, perejiles con escarola.... &iexcl;Si yo fuera el
+arzobispo, ya les dar&iacute;a el demontre de los guantes!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#capitulos">-II-</a></h2>
+
+
+<p>Era noche cerrada, sin luna, cuando desembocaron en el soto, tras del
+cual se eleva la ancha mole de los Pazos de Ulloa. No consent&iacute;a la
+oscuridad distinguir m&aacute;s que sus imponentes proporciones, escondi&eacute;ndose
+las l&iacute;neas y detalles en la negrura del ambiente. Ninguna luz brillaba
+en el vasto edificio, y la gran puerta central parec&iacute;a cerrada a piedra
+y lodo. Dirigi&oacute;se el marqu&eacute;s a un postigo lateral, muy bajo, donde al
+punto apareci&oacute; una mujer corpulenta, alumbrando con un candil. Despu&eacute;s
+de cruzar corredores sombr&iacute;os, penetraron todos en una especie de s&oacute;tano
+con piso terrizo y b&oacute;veda de piedra, que, a juzgar por las hileras de
+cubas adosadas a sus paredes, deb&iacute;a ser bodega; y desde all&iacute; llegaron
+presto a la espaciosa cocina, alumbrada por la claridad del fuego que
+ard&iacute;a en el hogar, consumiendo lo que se llama arcaicamente un mediano
+monte de le&ntilde;a y no es sino varios gruesos cepos de roble, avivados, de
+tiempo en tiempo, con rama menuda. Adornaban la elevada campana de la
+chimenea ristras de chorizos y morcillas, con alg&uacute;n jam&oacute;n de a&ntilde;adidura,
+y a un lado y a otro sendos bancos brindaban asiento c&oacute;modo para
+calentarse oyendo hervir el negro <i>pote</i>, que, pendiente de los llares,
+ofrec&iacute;a a los &oacute;sculos de la llama su insensible vientre de hierro.</p>
+
+<p>A tiempo que la comitiva entraba en la cocina, hall&aacute;base acurrucada
+junto al pote una vieja, que s&oacute;lo pudo Juli&aacute;n &Aacute;lvarez distinguir un
+instante&mdash;con gre&ntilde;as blancas y rudas como cerro que le ca&iacute;an sobre los
+ojos, y cara rojiza al reflejo del fuego&mdash;, pues no bien advirti&oacute; que
+ven&iacute;a gente, levant&oacute;se m&aacute;s aprisa de lo que permit&iacute;an sus a&ntilde;os, y
+murmurando en voz quejumbrosa y humilde: &laquo;Buenas <i>nochi&ntilde;as</i> nos d&eacute;
+Dios&raquo;, se desvaneci&oacute; como una sombra, sin que nadie pudiese notar por
+d&oacute;nde. El marqu&eacute;s se encar&oacute; con la moza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No tengo dicho que no quiero aqu&iacute; pendones?</p>
+
+<p>Y ella contest&oacute; apaciblemente, colgando el candil en la pilastra de la
+chimenea:</p>
+
+<p>&mdash;No hac&iacute;a mal..., me ayudaba a pelar casta&ntilde;as.</p>
+
+<p>Tal vez iba el marqu&eacute;s a echar la casa abajo, si Primitivo, con mayor
+imperio y enojo que su amo mismo, no terciase en la cuesti&oacute;n,
+reprendiendo a la muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s <i>parolando</i> ah&iacute;...? Mejor te fuera tener la comida lista. &iquest;A
+ver c&oacute;mo nos la das corriendito? Men&eacute;ate, despab&iacute;late.</p>
+
+<p>En el esconce de la cocina, una mesa de roble denegrida por el uso
+mostraba extendido un mantel grosero, manchado de vino y grasa.
+Primitivo, despu&eacute;s de soltar en un rinc&oacute;n la escopeta, vaciaba su
+morral, del cual salieron dos perdigones y una liebre muerta, con los
+ojos empa&ntilde;ados y el pelaje maculado de sangraza. Apart&oacute; la muchacha el
+bot&iacute;n a un lado, y fue colocando platos de peltre, cubiertos de antigua
+y maciza plata, un mollete enorme en el centro de la mesa y un jarro de
+vino proporcionado al pan; luego se dio prisa a revolver y destapar
+tarteras, y tom&oacute; del vasar una sopera magna. De nuevo la increp&oacute;
+airadamente el marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y los perros, vamos a ver? &iquest;Y los perros?</p>
+
+<p>Como si tambi&eacute;n los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos
+antes que nadie, acudieron desde el rinc&oacute;n m&aacute;s oscuro, y olvidando el
+cansancio, exhalaban fam&eacute;licos bostezos, meneando la cola y levantando
+el partido hocico. Juli&aacute;n crey&oacute; al pronto que se hab&iacute;a aumentado el
+n&uacute;mero de canes, tres antes y cuatro ahora; pero al entrar el grupo
+canino en el c&iacute;rculo de viva luz que proyectaba el fuego, advirti&oacute; que
+lo que tomaba por otro perro no era sino un rapazuelo de tres a cuatro
+a&ntilde;os, cuyo vestido, compuesto de chaquet&oacute;n acasta&ntilde;ado y calzones de
+blanca estopa, pod&iacute;a desde lejos equivocarse con la piel bicolor de los
+perdigueros, en quienes parec&iacute;a vivir el chiquillo en la mejor
+inteligencia y m&aacute;s estrecha fraternidad. Primitivo y la moza dispon&iacute;an
+en cubetas de palo el fest&iacute;n de los animales, entresacado de lo mejor y
+m&aacute;s grueso del pote; y el marqu&eacute;s&mdash;que vigilaba la operaci&oacute;n&mdash;, no d&aacute;ndose
+por satisfecho, escudri&ntilde;&oacute; con una cuchara de hierro las profundidades
+del caldo, hasta sacar a luz tres gruesas tajadas de cerdo, que fue
+distribuyendo en las cubetas. Lanzaban los perros alaridos
+entrecortados, de interrogaci&oacute;n y deseo, sin atreverse a&uacute;n a tomar
+posesi&oacute;n de la pitanza; a una voz de Primitivo, sumieron de golpe el
+hocico en ella, oy&eacute;ndose el batir de sus apresuradas mand&iacute;bulas y el
+chasqueo de su lengua glotona. El chiquillo gateaba por entre las patas
+de los perdigueros, que, convertidos en fieras por el primer impulso del
+hambre no saciada todav&iacute;a, le miraban de reojo, rega&ntilde;ando los dientes y
+exhalando ronquidos amenazadores: de pronto la criatura, incitada por el
+tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendi&oacute; la mano
+para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanz&oacute; una feroz
+dentellada, que por fortuna s&oacute;lo alcanz&oacute; la manga del chico, oblig&aacute;ndole
+a refugiarse m&aacute;s que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas
+de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales. Juli&aacute;n, que
+empezaba a descalzarse los guantes, se compadeci&oacute; del chiquillo, y,
+baj&aacute;ndose, le tom&oacute; en brazos, pudiendo ver que a pesar del mugre, la
+ro&ntilde;a, el miedo y el llanto, era el m&aacute;s hermoso angelote del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre!&mdash;murmur&oacute; cari&ntilde;osamente&mdash;. &iquest;Te ha mordido la perra? &iquest;Te hizo
+sangre? &iquest;D&oacute;nde te duele, me lo dices? Calla, que vamos a re&ntilde;irle a la
+perra nosotros. &iexcl;P&iacute;cara, malvada!</p>
+
+<p>Repar&oacute; el capell&aacute;n que estas palabras suyas produjeron singular efecto
+en el marqu&eacute;s. Se contrajo su fisonom&iacute;a: sus cejas se fruncieron, y
+arranc&aacute;ndole a Juli&aacute;n el chiquillo, con brusco movimiento le sent&oacute; en
+sus rodillas, palp&aacute;ndole las manos, a ver si las ten&iacute;a mordidas o
+lastimadas. Seguro ya de que s&oacute;lo el chaquet&oacute;n hab&iacute;a padecido, solt&oacute; la
+risa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Farsante!&mdash;grit&oacute;&mdash;. Ni siquiera te ha tocado la Chula. &iquest;Y t&uacute;, para qu&eacute;
+vas a meterte con ella? Un d&iacute;a te come media nalga, y despu&eacute;s
+lagrimitas. &iexcl;A callarse y a re&iacute;rse ahora mismo! &iquest;En qu&eacute; se conocen los
+valientes?</p>
+
+<p>Diciendo as&iacute;, colmaba de vino su vaso, y se lo presentaba al ni&ntilde;o que,
+cogi&eacute;ndolo sin vacilar, lo apur&oacute; de un sorbo. El marqu&eacute;s aplaudi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Retebi&eacute;n! &iexcl;Viva la gente templada!</p>
+
+<p>&mdash;No, lo que es el rapaz... el rapaz sale de punta&mdash;murmur&oacute; el abad de
+Ulloa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no le har&aacute; da&ntilde;o tanto vino?&mdash;objet&oacute; Juli&aacute;n, que ser&iacute;a incapaz de
+beb&eacute;rselo &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Da&ntilde;o! &iexcl;S&iacute;, buen da&ntilde;o nos d&eacute; Dios!&mdash;respondi&oacute; el marqu&eacute;s, con no s&eacute; qu&eacute;
+inflexiones de orgullo en el acento&mdash;. D&eacute;le usted otros tres, y ya
+ver&aacute;.... &iquest;Quiere usted que hagamos la prueba?</p>
+
+<p>&mdash;Los chupa, los chupa&mdash;afirm&oacute; el abad.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or; no se&ntilde;or.... Es capaz de morirse el peque&ntilde;o.... He o&iacute;do que el
+vino es un veneno para las criaturas.... Lo que tendr&aacute; ser&aacute; hambre.</p>
+
+<p>&mdash;Sabel, que coma el chiquillo&mdash;orden&oacute; imperiosamente el marqu&eacute;s,
+dirigi&eacute;ndose a la criada.</p>
+
+<p>&Eacute;sta, silenciosa e inm&oacute;vil durante la anterior escena, sac&oacute; un repleto
+cuenco de caldo, y el ni&ntilde;o fue a sentarse en el borde del lar, para
+engullirlo sosegadamente.</p>
+
+<p>En la mesa, los comensales mascaban con buen &aacute;nimo. Al caldo, espeso y
+harinoso, sigui&oacute; un cocido s&oacute;lido, donde abundaba el puerco: los d&iacute;as de
+caza, el imprescindible puchero se tomaba de noche, pues al monte no
+hab&iacute;a medio de llevarlo. Una fuente de chorizos y huevos fritos
+desencaden&oacute; la sed, ya alborotada con la sal del cerdo. El marqu&eacute;s dio
+al codo a Primitivo.</p>
+
+<p>&mdash;Tr&aacute;enos un par de botellitas.... De el del a&ntilde;o 59.</p>
+
+<p>Y volvi&eacute;ndose hacia Juli&aacute;n, dijo muy obsequioso:</p>
+
+<p>&mdash;Va usted a beber del mejor <i>tostado</i> que por aqu&iacute; se produce.... Es de
+la casa de Molende: se corre que tienen un secreto para que, sin perder
+el gusto de la pasa, empalague menos y se parezca al mejor jerez....
+Cuanto m&aacute;s va, m&aacute;s gana: no es como los de otras bodegas, que se vuelven
+az&uacute;car.</p>
+
+<p>&mdash;Es cosa de gusto&mdash;asever&oacute; el abad, reba&ntilde;ando con una miga de pan lo que
+restaba de yema en su plato.</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;declar&oacute; t&iacute;midamente Juli&aacute;n&mdash;poco entiendo de vinos.... Casi no bebo
+sino agua.</p>
+
+<p>Y al ver brillar bajo las cejas hirsutas del abad una mirada compasiva
+de puro desde&ntilde;osa, rectific&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Es decir... con el caf&eacute;, ciertos d&iacute;as se&ntilde;alados, no me disgusta el
+anisete.</p>
+
+<p>&mdash;El vino alegra el coraz&oacute;n.... El que no bebe, no es hombre&mdash;pronunci&oacute; el
+abad sentenciosamente.</p>
+
+<p>Primitivo volv&iacute;a ya de su excursi&oacute;n, empu&ntilde;ando en cada mano una botella
+cubierta de polvo y telara&ntilde;as. A falta de tirabuz&oacute;n, se descorcharon con
+un cuchillo, y a un tiempo se llenaron los vasos chicos tra&iacute;dos <i>ad
+hoc</i>. Primitivo empinaba el codo con sumo desparpajo, bromeando con el
+abad y el se&ntilde;orito. Sabel, por su parte, a medida que el banquete se
+prolongaba y el licor calentaba las cabezas, serv&iacute;a con familiaridad
+mayor, apoy&aacute;ndose en la mesa para re&iacute;r alg&uacute;n chiste, de los que hac&iacute;an
+bajar los ojos a Juli&aacute;n, biso&ntilde;o en materia de sobremesas de cazadores.
+Lo cierto es que Juli&aacute;n bajaba la vista, no tanto por lo que o&iacute;a, como
+por no ver a Sabel, cuyo aspecto, desde el primer instante, le hab&iacute;a
+desagradado de extra&ntilde;o modo, a pesar o quiz&aacute;s a causa de que Sabel era
+un buen pedazo de lozan&iacute;sima carne. Sus ojos azules, h&uacute;medos y sumisos,
+su color animado, su pelo casta&ntilde;o que se rizaba en conchas paralelas y
+ca&iacute;a en dos trenzas hasta m&aacute;s abajo del talle, embellec&iacute;an mucho a la
+muchacha y disimulaban sus defectos, lo pomuloso de su cara, lo tozudo y
+bajo de su frente, lo sensual de su respingada y abierta nariz. Por no
+mirar a Sabel, Juli&aacute;n se fijaba en el chiquillo, que envalentonado con
+aquella ojeada simp&aacute;tica, fue poco a poco desliz&aacute;ndose hasta llegar a
+introducirse entre las rodillas del capell&aacute;n. Instalado all&iacute;, alz&oacute; su
+cara desvergonzada y risue&ntilde;a, y tirando a Juli&aacute;n del chaleco, murmur&oacute; en
+tono suplicante:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me lo da?</p>
+
+<p>Todo el mundo se re&iacute;a a carcajadas: el capell&aacute;n no comprend&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pide?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha de pedir?&mdash;respondi&oacute; el marqu&eacute;s festivamente&mdash;. &iexcl;El vino, hombre!
+&iexcl;El vaso de tostado!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Mama</i>!&mdash;exclam&oacute; el abad.</p>
+
+<p>Antes de que Juli&aacute;n se resolviese a dar al ni&ntilde;o su vaso casi lleno, el
+marqu&eacute;s hab&iacute;a aupado al mocoso, que ser&iacute;a realmente una preciosidad a no
+estar tan sucio. Parec&iacute;ase a Sabel, y a&uacute;n se le aventajaba en la
+claridad y alegr&iacute;a de sus ojos celestes, en lo abundante del pelo
+ensortijado, y especialmente en el correcto dise&ntilde;o de las facciones. Sus
+manitas, morenas y hoyosas, se tend&iacute;an hacia el vino color de topacio;
+el marqu&eacute;s se lo acerc&oacute; a la boca, divirti&eacute;ndose un rato en quit&aacute;rselo
+cuando ya el rapaz cre&iacute;a ser due&ntilde;o de &eacute;l. Por fin consigui&oacute; el ni&ntilde;o
+atrapar el vaso, y en un decir Jes&uacute;s traseg&oacute; el contenido, relami&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Eacute;ste no se anda con requisitos!&mdash;exclam&oacute; el abad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&aacute;!&mdash;confirm&oacute; el marqu&eacute;s&mdash;. &iexcl;Si es un veterano! &iquest;A que te zampas otro
+vaso, Perucho?</p>
+
+<p>Las pupilas del angelote rechispeaban; sus mejillas desped&iacute;an lumbre, y
+dilataba la cl&aacute;sica naricilla con inocente concupiscencia de Baco ni&ntilde;o.
+El abad, gui&ntilde;ando picarescamente el ojo izquierdo, escanci&oacute;le otro vaso,
+que &eacute;l tom&oacute; a dos manos y se emboc&oacute; sin perder gota; en seguida solt&oacute; la
+risa; y, antes de acabar el redoble de su carcajada b&aacute;quica, dej&oacute; caer
+la cabeza, muy descolorido, en el pecho del marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo ven ustedes?&mdash;grit&oacute; Juli&aacute;n angustiad&iacute;simo&mdash;. Es muy chiquito para
+beber as&iacute;, y va a ponerse malo. Estas cosas no son para criaturas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!&mdash;intervino Primitivo&mdash;. &iquest;Piensa que el rapaz no puede con lo que
+tiene dentro? &iexcl;Con eso y con otro tanto! Y si no ver&aacute;.</p>
+
+<p>A su vez tom&oacute; en brazos al ni&ntilde;o y, mojando en agua fresca los dedos, se
+los pas&oacute; por las sienes. Perucho abri&oacute; los p&aacute;rpados y mir&oacute; alrededor con
+asombro, y su cara se sonrose&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal?&mdash;le pregunt&oacute; Primitivo&mdash;. &iquest;Hay &aacute;nimos para otra <i>pinguita</i> de
+tostado?</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se Perucho hacia la botella y luego, como instintivamente, dijo
+<i>que no</i> con la cabeza, sacudiendo la poblada zalea de sus rizos. No era
+Primitivo hombre de darse por vencido tan f&aacute;cilmente: sepult&oacute; la mano en
+el bolsillo del pantal&oacute;n y sac&oacute; una moneda de cobre.</p>
+
+<p>&mdash;De ese modo...&mdash;refunfu&ntilde;&oacute; el abad.</p>
+
+<p>&mdash;No seas b&aacute;rbaro, Primitivo&mdash;murmur&oacute; el marqu&eacute;s entre placentero y grave.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios y por la Virgen!&mdash;implor&oacute; Juli&aacute;n&mdash;. &iexcl;Van a matar a esa
+criatura! Hombre, no se empe&ntilde;e en emborrachar al ni&ntilde;o: es un pecado, un
+pecado tan grande como otro cualquiera. &iexcl;No se pueden presenciar ciertas
+cosas!</p>
+
+<p>Al protestar, Juli&aacute;n se hab&iacute;a incorporado, encendido de indignaci&oacute;n,
+echando a un lado su mansedumbre y timidez cong&eacute;nita. Primitivo, de pie
+tambi&eacute;n, mas sin soltar a Perucho, mir&oacute; al capell&aacute;n fr&iacute;a y
+socarronamente, con el desd&eacute;n de los tenaces por los que se exaltan un
+momento. Y metiendo en la mano del ni&ntilde;o la moneda de cobre y entre sus
+labios la botella destapada y terciada a&uacute;n de vino, la inclin&oacute;, la
+mantuvo as&iacute; hasta que todo el licor pas&oacute; al est&oacute;mago de Perucho.
+Retirada la botella, los ojos del ni&ntilde;o se cerraron, se aflojaron sus
+brazos, y no ya descolorido, sino con la palidez de la muerte en el
+rostro, hubiera ca&iacute;do redondo sobre la mesa, a no sostenerlo Primitivo.
+El marqu&eacute;s, un tanto serio, empez&oacute; a inundar de agua fr&iacute;a la frente y
+los pulsos del ni&ntilde;o; Sabel se acerc&oacute;, y ayud&oacute; tambi&eacute;n a la aspersi&oacute;n;
+todo in&uacute;til: lo que es por esta vez, Perucho <i>la ten&iacute;a</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Como un pellejo&mdash;gru&ntilde;&oacute; el abad.</p>
+
+<p>&mdash;Como una cuba&mdash;murmur&oacute; el marqu&eacute;s&mdash;. A la cama con &eacute;l en seguida. Que
+duerma y ma&ntilde;ana estar&aacute; m&aacute;s fresco que una lechuga. Esto no es nada.</p>
+
+<p>Sabel se alej&oacute; cargada con el ni&ntilde;o, cuyas piernas se balanceaban
+inertes, a cada movimiento de su madre. La cena se acab&oacute; menos
+bulliciosa de lo que empezara: Primitivo hablaba poco, y Juli&aacute;n hab&iacute;a
+enmudecido por completo. Cuando termin&oacute; el convite y se pens&oacute; en dormir,
+reapareci&oacute; Sabel armada de un vel&oacute;n de aceite, de tres mecheros, con el
+cual fue alumbrando por la ancha escalera de piedra que conduc&iacute;a al piso
+alto, y ascend&iacute;a a la torre en r&aacute;pido caracol. Era grande la habitaci&oacute;n
+destinada a Juli&aacute;n, y la luz del vel&oacute;n apenas disipaba las tinieblas, de
+entre las cuales no se destacaba m&aacute;s que la blancura del lecho. A la
+puerta del cuarto se despidi&oacute; el marqu&eacute;s, dese&aacute;ndole buenas noches y
+a&ntilde;adiendo con brusca cordialidad:</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana tendr&aacute; usted su equipaje.... Ya ir&aacute;n a Cebre por &eacute;l.... Ea,
+descansar, mientras yo echo de casa al abad de Ulloa.... Est&aacute; un poco....
+&iquest;eh? &iexcl;Dificulto que no se caiga en el camino y no pase la noche al
+abrigo de un vallado!</p>
+
+<p>Solo ya, sac&oacute; Juli&aacute;n de entre la camisa y el chaleco una estampa
+grabada, con marco de lentejuela, que representaba a la Virgen del
+Carmen, y la coloc&oacute; de pie sobre la mesa donde Sabel acababa de
+depositar el vel&oacute;n. Arrodill&oacute;se, y rez&oacute; la media corona, contando por
+los dedos de la mano cada diez. Pero el molimiento del cuerpo le hac&iacute;a
+apetecer las gruesas y frescas s&aacute;banas, y omiti&oacute; la letan&iacute;a, los actos
+de fe y alg&uacute;n padrenuestro. Desnud&oacute;se honestamente, colocando la ropa en
+una silla a medida que se la quitaba, y apag&oacute; el vel&oacute;n antes de echarse.
+Entonces empezaron a danzar en su fantas&iacute;a los sucesos todos de la
+jornada: el caballejo que estuvo a punto de hacerle besar el suelo, la
+cruz negra que le caus&oacute; escalofr&iacute;os, pero sobre todo la cena, la bulla,
+el ni&ntilde;o borracho. Juzgando a las gentes con quienes hab&iacute;a trabado
+conocimiento en pocas horas, se le figuraba Sabel provocativa, Primitivo
+insolente, el abad de Ulloa sobrado bebedor y nimiamente amigo de la
+caza, los perros excesivamente atendidos, y en cuanto al marqu&eacute;s.... En
+cuanto al marqu&eacute;s, Juli&aacute;n recordaba unas palabras del se&ntilde;or de la Lage:</p>
+
+<p>&mdash;Encontrar&aacute; usted a mi sobrino bastante adocenado.... La aldea, cuando se
+cr&iacute;a uno en ella y no sale de all&iacute; jam&aacute;s, envilece, empobrece y
+embrutece.</p>
+
+<p>Y casi al punto mismo en que acudi&oacute; a su memoria tan severo dictamen,
+arrepinti&oacute;se el capell&aacute;n, sintiendo cierta penosa inquietud que no pod&iacute;a
+vencer. &iquest;Qui&eacute;n le mandaba formar juicios temerarios? &Eacute;l ven&iacute;a all&iacute; para
+decir misa y ayudar al marqu&eacute;s en la administraci&oacute;n, no para fallar
+acerca de su conducta y su car&aacute;cter.... Con que... a dormir...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#capitulos">-III-</a></h2>
+
+
+<p>Despert&oacute; Juli&aacute;n cuando entraba de lleno en la habitaci&oacute;n un sol de oto&ntilde;o
+dorado y apacible. Mientras se vest&iacute;a, examinaba la estancia con alg&uacute;n
+detenimiento. Era vast&iacute;sima, sin cielo raso; alumbr&aacute;banla tres ventanas
+guarnecidas de anchos poyos y de vidrieras faltosas de vidrios cuanto
+abastecidas de remiendos de papel pegados con obleas. Los muebles no
+pecaban de suntuosos ni de abundantes, y en todos los rincones
+permanec&iacute;an se&ntilde;ales evidentes de los h&aacute;bitos del &uacute;ltimo inquilino, hoy
+abad de Ulloa, y antes capell&aacute;n del marqu&eacute;s: puntas de cigarros
+adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rinc&oacute;n, sobre la
+mesa un paquete de p&oacute;lvora y en un poyo varios objetos cineg&eacute;ticos,
+jaulas para codornices, <i>gayolas</i>, collares de perros, una piel de
+conejo mal curtida y peor oliente. Am&eacute;n de estas reliquias, entre las
+vigas pend&iacute;an p&aacute;lidas telara&ntilde;as, y por todas partes descansaba
+tranquilamente el polvo, ense&ntilde;oreado all&iacute; desde tiempo inmemorial.</p>
+
+<p>Miraba Juli&aacute;n las huellas de la incuria de su antecesor, y sin querer
+acusarle, ni tratarle en sus adentros de cochino, el caso es que tanta
+porquer&iacute;a y rusticidad le infund&iacute;a grandes deseos de primor y limpieza,
+una aspiraci&oacute;n a la pulcritud en la vida como a la pureza en el alma.
+Juli&aacute;n pertenec&iacute;a a la falange de los pacatos, que tienen la virtud
+espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta. No
+habi&eacute;ndose descosido jam&aacute;s de las faldas de su madre sino para asistir a
+c&aacute;tedra en el Seminario, sab&iacute;a de la vida lo que ense&ntilde;an los libros
+piadosos. Los dem&aacute;s seminaristas le llamaban <i>San Juli&aacute;n</i>, a&ntilde;adiendo que
+s&oacute;lo le faltaba la palomita en la mano. Ignoraba cu&aacute;ndo pudo venirle la
+vocaci&oacute;n; tal vez su madre, ama de llaves de los se&ntilde;ores de la Lage,
+mujer que pasaba por beatona, le empuj&oacute; suavemente, desde la m&aacute;s tierna
+edad, hacia la Iglesia, y &eacute;l se dej&oacute; llevar de buen grado. Lo cierto es
+que de ni&ntilde;o jugaba a cantar misa, y de grande no par&oacute; hasta conseguirlo.
+La continencia le fue f&aacute;cil, casi insensible, por lo mismo que la guard&oacute;
+inc&oacute;lume, pues sienten los moralistas que es m&aacute;s hacedero no pecar una
+vez que pecar una sola. A Juli&aacute;n le ayudaba en su triunfo, am&eacute;n de la
+gracia de Dios que &eacute;l solicitaba muy de veras, la endeblez de su
+temperamento linf&aacute;tico-nervioso, puramente femenino, sin ardores ni
+rebeld&iacute;as, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias
+malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energ&iacute;as s&uacute;bitas que
+tambi&eacute;n se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado
+normal, y m&aacute;s cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas.
+Juli&aacute;n, por su compostura y h&aacute;bitos de pulcritud-aprendidos de su madre,
+que le sahumaba toda la ropa con espliego y le pon&iacute;a entre cada par de
+calcetines una manzana camuesa&mdash;cogi&oacute; fama de seminarista <i>pollo</i>, m&aacute;xime
+cuando averiguaron que se lavaba mucho manos y cara. En efecto era as&iacute;,
+y a no mediar ciertas ideas de devota pudicicia, &eacute;l extender&iacute;a las
+abluciones frecuentes al resto del cuerpo, que procuraba traer lo m&aacute;s
+aseado posible.</p>
+
+<p>El primer d&iacute;a de su estancia en los Pazos bien necesitaba chapuzarse un
+poco, atendido el polvo de la carretera que tra&iacute;a adherido a la piel;
+pero sin duda el actual abad de Ulloa consideraba art&iacute;culo de lujo los
+enseres de tocador, pues no vio Juli&aacute;n por all&iacute; m&aacute;s que una palangana de
+hojalata, a la cual serv&iacute;a de palanganero el poyo. Ni jarra, ni tohalla,
+ni jab&oacute;n, ni cubo. Qued&oacute;se parado delante de la palangana, en mangas de
+camisa y sin saber qu&eacute; hacer, hasta que, convencido de la imposibilidad
+de refrescarse con agua, quiso al menos tomar un ba&ntilde;o de aire, y abri&oacute;
+la vidriera.</p>
+
+<p>Lo que abarcaba la vista le dej&oacute; encantado. El valle ascend&iacute;a en suave
+pendiente, extendiendo ante los Pazos toda la lozan&iacute;a de su ladera m&aacute;s
+feraz. Vi&ntilde;as, casta&ntilde;ares, campos de ma&iacute;z granados o ya segados, y
+tupidas robledas, se escalonaban, sub&iacute;an trepando hasta un montecillo,
+cuya falda gris parec&iacute;a, al sol, de un blanco plomizo. Al pie mismo de
+la torre, el huerto de los Pazos se asemejaba a verde alfombra con
+cenefas amarillentas, en cuyo centro se engastaba la luna de un gran
+espejo, que no era sino la superficie del estanque. El aire, oxigenado y
+regenerador, penetraba en los pulmones de Juli&aacute;n, que sinti&oacute; disiparse
+inmediatamente parte del vago terror que le infund&iacute;a la gran casa
+solariega y lo que de sus moradores hab&iacute;a visto. Como para renovarlo,
+entreoy&oacute; detr&aacute;s de s&iacute; rumor de pisadas cautelosas, y al volverse vio a
+Sabel, que le presentaba con una mano platillo y j&iacute;cara, con la otra, en
+plato de peltre, un p&uacute;lpito de agua fresca y una servilleta gorda muy
+doblada encima. Ven&iacute;a la moza arremangada hasta el codo, con el pelo
+alborotado, seco y volandero, del calor de la cama sin duda: y a la luz
+del d&iacute;a se notaba m&aacute;s la frescura de su tez, muy blanca y como
+infiltrada de sangre. Juli&aacute;n se apresur&oacute; a ponerse el levit&iacute;n,
+murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;Otra vez haga el favor de dar dos golpes en la puerta antes de
+entrar.... Conforme estoy a pie, pudo cuadrar que estuviese en la cama
+todav&iacute;a... o visti&eacute;ndome.</p>
+
+<p>Mir&oacute;le Sabel de hito en hito, sin turbarse, y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Disimule, se&ntilde;or.... Yo no sab&iacute;a.... El que no sabe, hace como el que no
+ve.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, bien.... Yo quer&iacute;a decir misa antes de tomar el chocolate.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy no podr&aacute;, porque tiene la llave de la capilla el se&ntilde;or abad de
+Ulloa, y Dios sabe hasta qu&eacute; horas dormir&aacute;, ni si habr&aacute; qui&eacute;n vaya all&aacute;
+por ella.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n contuvo un suspiro. &iexcl;Dos d&iacute;as ya sin misar! Cabalmente desde que
+era presb&iacute;tero se hab&iacute;a redoblado su fervor religioso, y sent&iacute;a el
+entusiasmo juvenil del nuevo misacantano, conmovido a&uacute;n por la impresi&oacute;n
+de la augusta investidura; de suerte que celebraba el sacrificio
+esmer&aacute;ndose en perfilar la menor ceremonia, temblando cuando alzaba,
+anonad&aacute;ndose cuando consum&iacute;a, siempre con recogimiento indecible. En
+fin, si no hab&iacute;a remedio....</p>
+
+<p>&mdash;Ponga el chocolate ah&iacute;&mdash;dijo a Sabel.</p>
+
+<p>Mientras la moza ejecutaba esta orden, Juli&aacute;n alzaba los ojos al techo y
+los bajaba al piso, y tos&iacute;a, tratando de buscar una f&oacute;rmula, un modo
+discreto de explicarse.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hace mucho que no duerme en este cuarto el se&ntilde;or abad?</p>
+
+<p>&mdash;Poco.... Har&aacute; dos semanas que baj&oacute; a la parroquia.</p>
+
+<p>&mdash;Ah.... Por eso.... Esto est&aacute; algo... sucio, &iquest;no le parece? Ser&iacute;a bueno
+barrer... y pasar tambi&eacute;n la escoba por entre las vigas.</p>
+
+<p>Sabel se encogi&oacute; de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or abad no me mand&oacute; nunca que le barriese el cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, francamente, la limpieza es una cosa que a todo el mundo gusta.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, ya se sabe.... No pase cuidado, que yo lo arreglar&eacute; muy
+arregladito.</p>
+
+<p>Lo pronunci&oacute; con tanta sumisi&oacute;n, que Juli&aacute;n a su vez quiso mostrarle un
+poco de caritativo inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el ni&ntilde;o?&mdash;pregunt&oacute;&mdash;. &iquest;No le hizo mal lo de ayer?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or.... Durmi&oacute; como un santi&ntilde;o y ya anda corriendo por la huerta.
+&iquest;Ve? All&iacute; est&aacute;.</p>
+
+<p>Mirando por la abierta ventana, y haci&eacute;ndose una pantalla con la mano,
+Juli&aacute;n divis&oacute; a Perucho, que, sin sombrero, con la cabeza al sol,
+arrojaba piedras al estanque.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que no sucede en un a&ntilde;o sucede en un d&iacute;a, Sabel&mdash;advirti&oacute; gravemente
+el capell&aacute;n&mdash;. &iexcl;No debe consentir que le emborrachen al chiquillo: es un
+vicio muy feo, hasta en los grandes, cuanto m&aacute;s en un inocente as&iacute;!
+&iquest;Para qu&eacute; le aguanta a Primitivo que le d&eacute; tanta bebida? Es obligaci&oacute;n
+de usted el impedirlo.</p>
+
+<p>Sabel fijaba pesadamente en Juli&aacute;n sus azules pupilas, siendo imposible
+discernir en ellas el menor rel&aacute;mpago de inteligencia o de
+convencimiento. Al fin articul&oacute; con pausa:</p>
+
+<p>&mdash;Yo qu&eacute; quiere que le haga.... No me voy a reponer contra mi se&ntilde;or padre.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n call&oacute; un momento at&oacute;nito. &iexcl;De modo que quien hab&iacute;a embriagado a
+la criatura era su propio abuelo! No supo replicar nada oportuno, ni
+siquiera lanzar una exclamaci&oacute;n de censura. Llev&oacute;se la taza a la boca
+para encubrir la turbaci&oacute;n, y Sabel, creyendo terminado el coloquio, se
+retiraba despacio, cuando el capell&aacute;n le dirigi&oacute; una pregunta m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El se&ntilde;or marqu&eacute;s anda ya levantado?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.... Debe estar por la huerta o por los alpendres.</p>
+
+<p>&mdash;Haga el favor de llevarme all&iacute;&mdash;dijo Juli&aacute;n levant&aacute;ndose y limpi&aacute;ndose
+apresuradamente los labios sin desdoblar la servilleta.</p>
+
+<p>Antes de dar con el marqu&eacute;s, recorrieron el capell&aacute;n y su gu&iacute;a casi toda
+la huerta. Aquella vasta extensi&oacute;n de terreno deb&iacute;a haber sido en otro
+tiempo cultivada con primor y engalanada con los adornos de la
+jardiner&iacute;a sim&eacute;trica y geom&eacute;trica cuya moda nos vino de Francia. De todo
+lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con
+mirto en el suelo, eran ahora intrincado matorral de bojes, donde ni la
+vista m&aacute;s lince distinguir&iacute;a rastro de los lobos, pinos, torres
+almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blas&oacute;n
+de los Ulloas; y, sin embargo, persist&iacute;a en la confusa masa no s&eacute; qu&eacute;
+aire de cosa plantada adrede y con arte. El borde de piedra del estanque
+estaba semiderruido, y las gruesas bolas de granito que lo guarnec&iacute;an
+andaban rodando por la hierba, verdosas de musgo, esparcidas aqu&iacute; y
+acull&aacute; como gigantescos proyectiles en alg&uacute;n desierto campo de batalla.
+Obstruido por el limo, el estanque parec&iacute;a charca fangosa, acrecentando
+el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer
+fueron cenadores y bancos r&uacute;sticos se hab&iacute;an convertido en rincones
+poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de ma&iacute;z, a
+cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crec&iacute;an libres,
+espinosos y alt&iacute;simos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a
+besar con sus ramas m&aacute;s altas la copa del ciruelo o peral que ten&iacute;an
+enfrente. Por entre estos residuos de pasada grandeza andaba el &uacute;ltimo
+v&aacute;stago de los Ulloas, con las manos en los bolsillos, silbando
+distra&iacute;damente como quien no sabe qu&eacute; hacer del tiempo. La presencia de
+Juli&aacute;n le dio la soluci&oacute;n del problema. Se&ntilde;orito y capell&aacute;n emparejaron
+y alabando la hermosura del d&iacute;a, acabaron de visitar el huerto al
+pormenor, y aun alargaron el paseo hasta el soto y los robledales que
+limitaban, hacia la parte norte, la extensa posesi&oacute;n del marqu&eacute;s. Juli&aacute;n
+abr&iacute;a mucho los ojos, deseando que por ellos le entrase de sopet&oacute;n toda
+la ciencia r&uacute;stica, a fin de entender bien las explicaciones relativas a
+la calidad del terreno o el desarrollo del arbolado; pero, acostumbrado
+a la vida claustral del Seminario y de la metr&oacute;poli compostelana, la
+naturaleza le parec&iacute;a dif&iacute;cil de comprender, y casi le infund&iacute;a temor
+por la vital impetuosidad que sent&iacute;a palpitar en ella, en el espesor de
+los matorrales, en el &aacute;spero vigor de los troncos, en la fertilidad de
+los frutales, en la picante pureza del aire libre. Exclam&oacute; con
+desconsuelo sincer&iacute;simo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo confieso la verdad, se&ntilde;orito.... De estas cosas de aldea, no entiendo
+jota.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver la casa&mdash;indic&oacute; el se&ntilde;or de Ulloa&mdash;. Es la m&aacute;s grande del
+pa&iacute;s&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con orgullo.</p>
+
+<p>Mudaron de rumbo, dirigi&eacute;ndose al enorme caser&oacute;n, donde penetraron por
+la puerta que daba al huerto, y habiendo recorrido el claustro formado
+por arcadas de siller&iacute;a, cruzaron varios salones con destartalado
+mueblaje, sin vidrios en las vidrieras, cuyas descoloridas pinturas
+maltrataba la humedad, no siendo m&aacute;s clemente la polilla con el
+maderamen del piso. Pararon en una habitaci&oacute;n relativamente chica, con
+ventana de reja, donde las negras vigas del techo semejaban remot&iacute;simas,
+y asombraban la vista grandes estanter&iacute;as de casta&ntilde;o sin barnizar, que
+en vez de cristales ten&iacute;an enrejado de alambre grueso. Decoraba tan
+t&eacute;trica pieza una mesa-escritorio, y sobre ella un tintero de cuerno, un
+viej&iacute;simo bade de suela, no s&eacute; cu&aacute;ntas plumas de ganso y una caja de
+obleas vac&iacute;a.</p>
+
+<p>Las estanter&iacute;as entreabiertas dejaban asomar legajos y protocolos en
+abundancia; por el suelo, en las dos sillas de baqueta, encima de la
+mesa, en el alf&eacute;izar mismo de la enrejada ventana, hab&iacute;a m&aacute;s papeles,
+m&aacute;s legajos, amarillentos, vetustos, carcomidos, arrugados y rotos;
+tanta papeler&iacute;a exhalaba un olor a humedad, a rancio, que cosquilleaba
+en la garganta desagradablemente. El marqu&eacute;s de Ulloa, deteni&eacute;ndose en
+el umbral y con cierta expresi&oacute;n solemne, pronunci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;El archivo de la casa.</p>
+
+<p>Desocup&oacute; en seguida las sillas de cuero, y explic&oacute; muy acalorado que
+aquello estaba revuelt&iacute;simo-aclaraci&oacute;n de todo punto innecesaria&mdash;y que
+semejante desorden se deb&iacute;a al descuido de un fray Venancio,
+administrador de su padre, y del actual abad de Ulloa, en cuyas manos
+pecadoras hab&iacute;a venido el archivo a parar en lo que Juli&aacute;n ve&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;Pues as&iacute; no puede seguir&mdash;exclamaba el capell&aacute;n&mdash;. &iexcl;Papeles de
+importancia tratados de este modo! Hasta es muy f&aacute;cil que alguno se
+pierda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habr&aacute;n causado, y
+c&oacute;mo andar&aacute; todo, porque yo ni mirarlo quiero.... Esto es lo que usted
+ve: &iexcl;un desastre, una perdici&oacute;n! &iexcl;Mire usted..., mire usted lo que tiene
+ah&iacute; a sus pies! &iexcl;Debajo de una bota!</p>
+
+<p>Juli&aacute;n levant&oacute; el pie muy asustado, y el marqu&eacute;s se baj&oacute; recogiendo del
+suelo un libro delgad&iacute;simo, encuadernado en badana verde, del cual
+pend&iacute;a rodado sello de plomo. Tom&oacute;lo Juli&aacute;n con respeto, y al abrirlo,
+sobre la primera hoja de vitela, se destac&oacute; una soberbia miniatura
+her&aacute;ldica, de colores vivos y frescos a despecho de los a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una ejecutoria de nobleza!&mdash;declar&oacute; el se&ntilde;orito gravemente.</p>
+
+<p>Por medio de su pa&ntilde;uelo doblado, la limpiaba Juli&aacute;n del moho, toc&aacute;ndola
+con manos delicadas. Desde ni&ntilde;o le hab&iacute;a ense&ntilde;ado su madre a reverenciar
+la sangre ilustre, y aquel pergamino escrito con tinta roja, miniado,
+dorado, le parec&iacute;a cosa muy veneranda, digna de compasi&oacute;n por haber sido
+pisoteada, hollada bajo la suela de sus botas. Como el se&ntilde;orito
+permanec&iacute;a serio, de codos en la mesa, las manos cruzadas bajo la barba,
+otras palabras del se&ntilde;or de la Lage acudieron a la memoria del capell&aacute;n:
+&laquo;Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.... Har&iacute;a
+usted una obra de caridad si lo arreglase un poco&raquo;. La verdad es que &eacute;l
+no entend&iacute;a gran cosa de papelotes, pero con buena voluntad y cachaza....</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito&mdash;murmur&oacute;&mdash;, &iquest;y por qu&eacute; no nos dedicamos a ordenar esto como Dios
+manda? Entre usted y yo, mal ser&iacute;a que no acert&aacute;semos. Mire usted,
+primero apartamos lo moderno de lo antiguo; de lo que est&eacute; muy
+estropeado se podr&iacute;a hacer sacar copia; lo roto se pega con cuidadito
+con unas tiras de papel transparente....</p>
+
+<p>El proyecto le pareci&oacute; al se&ntilde;orito de perlas. Convinieron en ponerse al
+trabajo desde la ma&ntilde;ana siguiente. Quiso la desgracia que al otro d&iacute;a
+Primitivo descubriese en un maizal pr&oacute;ximo un bando entero de perdices
+entretenido en comerse la espiga madura. Y el marqu&eacute;s se terci&oacute; la
+carabina y dej&oacute; para siempre jam&aacute;s am&eacute;n a su capell&aacute;n bregar con los
+documentos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#capitulos">-IV-</a></h2>
+
+
+<p>Y el capell&aacute;n lidi&oacute; con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro
+horas todas las ma&ntilde;anas. Primero limpi&oacute;, sacudi&oacute;, planch&oacute; sirvi&eacute;ndose de
+la palma de la mano, peg&oacute; papelitos de cigarro a fin de juntar los
+pedazos rotos de alguna escritura. Parec&iacute;ale estar desempolvando,
+encolando y poniendo en orden la misma casa de Ulloa, que iba a salir de
+sus manos hecha una plata. La tarea, en apariencia f&aacute;cil, no dejaba de
+ser enfadosa para el aseado presb&iacute;tero: le sofocaba una atm&oacute;sfera de
+mohosa humedad; cuando alzaba un mont&oacute;n de papeles depositado desde
+tiempo inmemorial en el suelo, ca&iacute;a a veces la mitad de los documentos
+hecha a&ntilde;icos por el diente menudo e incansable del rat&oacute;n; las polillas,
+que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le met&iacute;an
+por entre la ropa; las correderas, perseguidas en sus m&aacute;s secretos
+asilos, sal&iacute;an ciegas de furor o de miedo, oblig&aacute;ndole, no sin gran
+repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tap&aacute;ndose los o&iacute;dos para
+no percibir el &iexcl;<i>chac</i>! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del
+insecto; las ara&ntilde;as, columpiando su hidr&oacute;pica panza sobre sus
+descomunales zancos, sol&iacute;an ser m&aacute;s listas y refugiarse pront&iacute;simamente
+en los rincones oscuros, a donde las gu&iacute;a misterioso instinto
+estrat&eacute;gico. De tanto asqueroso bicho tal vez el que m&aacute;s repugnaba a
+Juli&aacute;n era una especie de lombriz o gusano de humedad, fr&iacute;o y negro, que
+se encontraba siempre inm&oacute;vil y hecho una rosca debajo de los papeles, y
+al tocarlo produc&iacute;a la sensaci&oacute;n de un trozo de hielo blando y pegajoso.</p>
+
+<p>Al cabo, a fuerza de paciencia y resoluci&oacute;n, triunf&oacute; Juli&aacute;n en su
+batalla con aquellas alima&ntilde;as impertinentes, y en los estantes, ya
+despejados, fueron aline&aacute;ndose los documentos, ocupando, por efecto
+milagroso del buen orden, la mitad menos que antes, y cabiendo donde no
+cupieron jam&aacute;s. Tres o cuatro ejecutorias, todas con su colgante de
+plomo, quedaron apartadas, envueltas en pa&ntilde;os limpios. Todo estaba
+arreglado ya, excepto un tramo de la estanter&iacute;a donde Juli&aacute;n columbr&oacute;
+los lomos oscuros, fileteados de oro, de algunos libros antiguos. Era la
+biblioteca de un Ulloa, un Ulloa de principios del siglo: Juli&aacute;n
+extendi&oacute; la mano, cogi&oacute; un tomo al azar, lo abri&oacute;, ley&oacute; la portada...
+&laquo;<i>La Henriada</i>, poema franc&eacute;s, puesto en verso espa&ntilde;ol: su autor, el
+se&ntilde;or de Voltaire...&raquo;. Volvi&oacute; a su sitio el volumen, con los labios
+contra&iacute;dos y los ojos bajos, como siempre que algo le her&iacute;a o
+escandalizaba: no era en extremo intolerante, pero lo que es a Voltaire,
+de buena gana le har&iacute;a lo que a las cucarachas; no obstante, limit&oacute;se a
+condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal pa&ntilde;o por el lomo de los
+libros: de suerte que polillas, gusanos y ara&ntilde;as, acosadas en todas
+partes, hallaron refugio a la sombra del risue&ntilde;o Arouet y su enemigo el
+sentimental Juan Jacobo, que tambi&eacute;n dorm&iacute;a all&iacute; sosegadamente desde los
+a&ntilde;os de 1816.</p>
+
+<p>No era tortas y pan pintado la limpieza material del archivo; sin
+embargo, la verdadera obra de romanos fue la clasificaci&oacute;n. &iexcl;Aqu&iacute; te
+quiero! parec&iacute;an decir los papelotes as&iacute; que Juli&aacute;n intentaba
+distinguirlos. Un embrollo, una madeja sin cabo, un laberinto sin hilo
+conductor. No exist&iacute;a faro que pudiese guiar por el pi&eacute;lago insondable:
+ni libros becerros, ni estados, ni nada. Los &uacute;nicos documentos que
+encontr&oacute; fueron dos cuadernos mugrientos y apestando a tabaco, donde su
+antecesor, el abad de Ulloa, apuntaba los nombres de los pagadores y
+arrendatarios de la casa, y al margen, con un signo inteligible para &eacute;l
+solo, o con palabras m&aacute;s enigm&aacute;ticas a&uacute;n, el balance de sus pagos. Los
+unos ten&iacute;an una cruz, los otros un garabato, los de m&aacute;s all&aacute; una
+llamada, y los menos, las frases <i>no paga, pagar&aacute;, va pagando, ya pag&oacute;</i>.
+&iquest;Qu&eacute; significaban pues el garabato y la cruz? Misterio insondable. En
+una misma p&aacute;gina se mezclaban gastos e ingresos: aqu&iacute; aparec&iacute;a Fulano
+como deudor insolvente, y dos renglones m&aacute;s abajo, como acreedor por
+jornales. Juli&aacute;n sac&oacute; del libro del abad una jaqueca tremebunda. Bendijo
+la memoria de fray Venancio, que, m&aacute;s radical, no dejara ni rastro de
+cuentas, ni el menor comprobante de su larga gesti&oacute;n.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a puesto Juli&aacute;n manos a la obra con sumo celo, creyendo no le ser&iacute;a
+imposible orientarse en semejante caos de papeles. Se desojaba para
+entender la letra antigua y las enrevesadas r&uacute;bricas de las escrituras;
+quer&iacute;a al menos separar lo correspondiente a cada uno de los tres o
+cuatro principales partidos de renta con que contaba la casa; y se
+asombraba de que para cobrar tan poco dinero, tan mezquinas cantidades
+de centeno y trigo, se necesitase tanto f&aacute;rrago de procedimientos, tanta
+documentaci&oacute;n indigesta. Perd&iacute;ase en un d&eacute;dalo de foros y subforos,
+prorrateos, censos, pensiones, vinculaciones, cartas dotales, diezmos,
+tercios, pleitecillos menudos, de atrasos, y pleitazos gordos, de
+partijas. A cada paso se le confund&iacute;a m&aacute;s en la cabeza toda aquella
+papeler&iacute;a trasconejada; si las obras de reparaci&oacute;n, como poner carpetas
+de papel fuerte y blanco a las escrituras que se deshac&iacute;an de puro
+viejas le eran ya f&aacute;ciles, no as&iacute; el conocimiento cient&iacute;fico de los
+malditos papelotes, indescifrables para quien no tuviese lecciones y
+pr&aacute;ctica. Ya desalentado se lo confes&oacute; al marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito, yo no salgo del paso.... Aqu&iacute; conven&iacute;a un abogado, una persona
+entendida.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, hace mucho tiempo que lo pienso yo tambi&eacute;n.... Es indispensable
+tomar mano en eso, porque la documentaci&oacute;n debe andar perdida.... &iquest;C&oacute;mo
+la ha encontrado usted? &iquest;Hecha una l&aacute;stima? Apuesto a que s&iacute;.</p>
+
+<p>Dijo esto el marqu&eacute;s con aquella entonaci&oacute;n vehemente y sombr&iacute;a que
+adoptaba al tratar de sus propios asuntos, por insignificantes que
+fuesen; y mientras hablaba, entreten&iacute;a las manos ci&ntilde;endo su collar de
+cascabeles a la Chula, con la cual iba a salir a matar unas codornices.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or...&mdash;murmur&oacute; Juli&aacute;n&mdash;. No est&aacute; nada bien, no.... Pero la persona
+acostumbrada a estas cosas se desenreda de ellas en un soplo.... Y tiene
+que venir pronto quien sea, porque los papeles no ganan as&iacute;.</p>
+
+<p>La verdad era que el archivo hab&iacute;a producido en el alma de Juli&aacute;n la
+misma impresi&oacute;n que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y
+amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la
+actualidad se desmoronaba a toda prisa. Era esto en Juli&aacute;n aprensi&oacute;n no
+razonada, que se transformar&iacute;a en convicci&oacute;n si conociese bien algunos
+antecedentes de familia del marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>Don Pedro Moscoso de Cabreira y Pardo de la Lage qued&oacute; hu&eacute;rfano de padre
+muy ni&ntilde;o a&uacute;n. A no ser por semejante desgracia, acaso hubiera tenido
+carrera: los Moscosos conservaban, desde el abuelo afrancesado,
+enciclopedista y francmas&oacute;n que se permit&iacute;a leer al <i>se&ntilde;or de Voltaire</i>,
+cierta tradici&oacute;n de cultura trasa&ntilde;eja, medio extinguida ya, pero
+suficiente todav&iacute;a para empujar a un Moscoso a los bancos del aula. En
+los Pardos de la Lage era, al contrario, axiom&aacute;tico que m&aacute;s vale asno
+vivo que doctor muerto. Viv&iacute;an entonces los Pardos en su casa solariega,
+no muy distante de la de Ulloa: al enviudar la madre de don Pedro, el
+mayorazgo de la Lage iba a casarse en Santiago con una se&ntilde;orita de
+distinci&oacute;n, trasladando sus reales al pueblo; y don Gabriel, el
+segund&oacute;n, se vino a los Pazos de Ulloa, para acompa&ntilde;ar a su hermana,
+seg&uacute;n dec&iacute;a, y servirle de amparo; en realidad, afirmaban los
+maldicientes, para disfrutar a su talante las rentas del cu&ntilde;ado difunto.
+Lo cierto es que don Gabriel en poco tiempo asumi&oacute; el mando de la casa:
+&eacute;l descubri&oacute; y propuso para administrador a aquel bendito exclaustrado
+fray Venancio, medio chocho desde la exclaustraci&oacute;n, medio idiota de
+nacimiento ya, a cuya sombra pudo manejar a su gusto la hacienda del
+sobrino, desempe&ntilde;ando la tutela. Una de las habilidades de don Gabriel
+fue hacer partijas con su hermana cogi&eacute;ndole ma&ntilde;osamente casi toda su
+leg&iacute;tima, despojo a que asinti&oacute; la pobre se&ntilde;ora, absolutamente inepta en
+materia de negocios, h&aacute;bil s&oacute;lo para ahorrar el dinero que guardaba con
+s&oacute;rdida avaricia, y que tuvo la imprudente ni&ntilde;er&iacute;a de ir poniendo en
+onzas de oro, de las m&aacute;s antiguas, de premio. Cortos eran los r&eacute;ditos
+del caudal de Moscoso que no se deslizaban de entre los dedos temblones
+de fray Venancio a las robustas palmas del tutor; pero si lograban pasar
+a las de do&ntilde;a Micaela, ya no sal&iacute;an de all&iacute; sino en forma de peluconas,
+camino de cierto escondrijo misterioso, acerca del cual iba poco a poco
+form&aacute;ndose una leyenda en el pa&iacute;s. Mientras la madre atesoraba, don
+Gabriel educaba al sobrino a su imagen y semejanza, llev&aacute;ndolo consigo a
+ferias, cazatas, francachelas r&uacute;sticas, y acaso distracciones menos
+inocentes, y ense&ntilde;&aacute;ndole, como dec&iacute;an all&iacute;, a cazar la perdiz blanca; y
+el chico adoraba en aquel t&iacute;o jovial, vigoroso y resuelto, diestro en
+los ejercicios corporales, groseramente chistoso, como todos los de la
+Lage, en las sobremesas: especie de se&ntilde;or feudal acatado en el pa&iacute;s, que
+ense&ntilde;aba pr&aacute;cticamente al heredero de los Ulloas el desprecio de la
+humanidad y el abuso de la fuerza. Un d&iacute;a que t&iacute;o y sobrino se
+deportaban, seg&uacute;n costumbre, a cuatro o seis leguas de distancia de los
+Pazos, habi&eacute;ndose llevado consigo al criado y al mozo de cuadra, a las
+cuatro de la tarde y estando abiertas todas las puertas del caser&oacute;n
+solariego, se present&oacute; en &eacute;l una gavilla de veinte hombres enmascarados
+o tiznados de carb&oacute;n, que maniat&oacute; y amordaz&oacute; a la criada, hizo echarse
+boca abajo a fray Venancio, y apoder&aacute;ndose de do&ntilde;a Micaela, le intim&oacute;
+que ense&ntilde;ase el escondrijo de las onzas; y como la se&ntilde;ora se negase,
+despu&eacute;s de abofetearla, empezaron a mecharla con la punta de una navaja,
+mientras unos cuantos propon&iacute;an que se calentase aceite para fre&iacute;rle los
+pies. As&iacute; que le acribillaron un brazo y un pecho, pidi&oacute; compasi&oacute;n y
+descubri&oacute;, debajo de un arca enorme, el famoso escondrijo, trampa
+h&aacute;bilmente disimulada por medio de una tabla igual a las dem&aacute;s del piso,
+pero que sub&iacute;a y bajaba a voluntad. Recogieron los ladrones las hermosas
+medallas, apoder&aacute;ronse tambi&eacute;n de la plata labrada que hallaron a mano,
+y se retiraron de los Pazos a las seis, antes que anocheciese del todo.
+Alg&uacute;n labrador o jornalero les vio salir, pero &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a de hacer? Eran
+veinte, bien armados con escopetas, pistolas y trabucos.</p>
+
+<p>Fray Venancio, que s&oacute;lo hab&iacute;a recibido tal cual puntapi&eacute; o pu&ntilde;ada
+despreciativa, no necesit&oacute; m&aacute;s pasaporte para irse al otro mundo, de
+puro miedo, en una semana; la se&ntilde;ora se apresur&oacute; menos, pero, como suele
+decirse, no levant&oacute; cabeza, y de all&iacute; a pocos meses una apoplej&iacute;a serosa
+le impidi&oacute; seguir guardando onzas en un agujero mejor disimulado. Del
+robo se habl&oacute; largo tiempo en el pa&iacute;s, y corrieron rumores muy extra&ntilde;os:
+se afirm&oacute; que los criminales no eran bandidos de profesi&oacute;n, sino gentes
+conocidas y acomodadas, alguna de las cuales desempe&ntilde;aba cargo p&uacute;blico,
+y entre ellas se contaban personas relacionadas de antiguo con la
+familia de Ulloa, que por lo tanto estaban al corriente de las
+costumbres de la casa, de los d&iacute;as en que se quedaba sin hombres, y de
+la insaciable constancia de do&ntilde;a Micaela en recoger y conservar la m&aacute;s
+valiosa moneda de oro. Fuese lo que fuese, la justicia no descubri&oacute; a
+los autores del delito, y don Pedro qued&oacute; en breve sin otro pariente que
+su t&iacute;o Gabriel. &Eacute;ste busc&oacute; para el sitio de fray Venancio a un sacerdote
+brusco, gran cazador, incapaz de morirse de miedo ante los ladrones.
+Desde tiempo atr&aacute;s les ayudaba en sus expediciones cineg&eacute;ticas
+Primitivo, la mejor escopeta furtiva del pa&iacute;s, la punter&iacute;a m&aacute;s certera,
+y el padre de la moza m&aacute;s guapa que se encontraba en diez leguas a la
+redonda. El fallecimiento de do&ntilde;a Micaela permiti&oacute; que hija y padre se
+instalasen en los Pazos, ella a t&iacute;tulo de criada, &eacute;l a t&iacute;tulo de...
+montero mayor, dir&iacute;amos hace siglos; hoy no hay nombre adecuado para el
+empleo. Don Gabriel los ten&iacute;a muy a raya a entrambos, olfateando en
+Primitivo un riesgo serio para su influencia; pero tres o cuatro a&ntilde;os
+despu&eacute;s de la muerte de su hermana, don Gabriel sufri&oacute; ataques de gota
+que pusieron en peligro su vida, y entonces se divulg&oacute; lo que ya se
+susurraba acerca de su casamiento secreto con la hija del carcelero de
+Cebre. El hidalgo se traslad&oacute; a vivir, mejor dicho a rabiar, en la
+villita; otorg&oacute; testamento legando a tres hijos que ten&iacute;a sus bienes y
+caudal, sin dejar al sobrino don Pedro ni el reloj en memoria; y
+habi&eacute;ndosele subido la gota al coraz&oacute;n, entreg&oacute; su alma a Dios de
+mal&iacute;sima gana, con lo cual hall&oacute;se el &uacute;ltimo de los Moscosos due&ntilde;o de s&iacute;
+por completo.</p>
+
+<p>Gracias a todas estas vicisitudes, socali&ntilde;as y pellizcos, la casa de
+Ulloa, a pesar de poseer dos o tres decentes n&uacute;cleos de renta, estaba
+enmara&ntilde;ada y desangrada; era lo que presum&iacute;a Juli&aacute;n: una ruina. Dada la
+complicaci&oacute;n de red, la subdivisi&oacute;n atom&iacute;stica que caracteriza a la
+propiedad gallega, un poco de descuido o mala administraci&oacute;n basta para
+minar los cimientos de la m&aacute;s importante fortuna territorial. La
+necesidad de pagar ciertos censos atrasados y sus intereses hab&iacute;a sido
+causa de que la casa se gravase con una hipoteca no muy cuantiosa; pero
+la hipoteca es como el c&aacute;ncer: empieza atacando un punto del organismo y
+acaba por inficionarlo todo. Con motivo de los susodichos censos, el
+se&ntilde;orito busc&oacute; asiduamente las onzas del nuevo escondrijo de su madre;
+tiempo perdido: o la se&ntilde;ora no hab&iacute;a atesorado m&aacute;s desde el robo, o lo
+hab&iacute;a ocultado tan bien, que no diera con ello el mismo diablo.</p>
+
+<p>La vista de tal hipoteca contrist&oacute; a Juli&aacute;n, pues el buen cl&eacute;rigo
+empezaba a sentir la adhesi&oacute;n especial de los capellanes por las casas
+nobles en que entran; pero m&aacute;s le llen&oacute; de confusi&oacute;n encontrar entre los
+papelotes la documentaci&oacute;n relativa a un pleitecillo de partijas,
+sostenido por don Alberto Moscoso, padre de don Pedro, con.... &iexcl;el
+marqu&eacute;s de Ulloa!</p>
+
+<p>Porque ya es hora de decir que el marqu&eacute;s de Ulloa aut&eacute;ntico y legal, el
+que consta en la <i>Gu&iacute;a de forasteros</i>, se paseaba tranquilamente en
+carretela por la Castellana, durante el invierno de 1866 a 1867,
+mientras Juli&aacute;n exterminaba correderas en el archivo de los Pazos. Bien
+ajeno estar&iacute;a &eacute;l de que el t&iacute;tulo de nobleza por cuya carta de sucesi&oacute;n
+hab&iacute;a pagado religiosamente su impuesto de <i>lanzas y medias anatas</i>, lo
+disfrutaba gratis un pariente suyo, en un rinc&oacute;n de Galicia. Verdad que
+al leg&iacute;timo marqu&eacute;s de Ulloa, que era Grande de Espa&ntilde;a de primera clase,
+duque de algo, marqu&eacute;s tres veces y conde dos lo menos, nadie le conoc&iacute;a
+en Madrid sino por el ducado, por aquello de que baza mayor quita menor,
+aun cuando el t&iacute;tulo de Ulloa, radicado en el claro solar de Cabreira de
+Portugal, pudiese ganar en antig&uuml;edad y estimaci&oacute;n a los m&aacute;s eminentes.
+Al pasar a una rama colateral la hacienda de los Pazos de Ulloa, fue el
+marquesado a donde correspond&iacute;a por rigurosa agnaci&oacute;n; pero los
+aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de
+Ulloa diesen nombre al t&iacute;tulo, siguieron llamando marqueses a los due&ntilde;os
+de la gran huronera. Los se&ntilde;ores de los Pazos no protestaban: eran
+marqueses por derecho consuetudinario; y cuando un labrador, en un
+camino hondo, se descubr&iacute;a respetuosamente ante don Pedro, murmurando:
+&laquo;Vaya us&iacute;a muy dichoso, se&ntilde;or marqu&eacute;s&raquo;, don Pedro sent&iacute;a un cosquilleo
+grato en la epidermis de la vanidad, y contestaba con voz sonora:
+&laquo;Felices tardes&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#capitulos">-V-</a></h2>
+
+
+<p>Del famoso arreglo del archivo sac&oacute; Juli&aacute;n los pies fr&iacute;os y la cabeza
+caliente: &eacute;l bien quisiera despabilarse, aplicar pr&aacute;cticamente las
+nociones adquiridas acerca del estado de la casa, para empezar a ejercer
+con inteligencia sus funciones de administrador, mas no acertaba, no
+pod&iacute;a; su inexperiencia en cosas rurales y jur&iacute;dicas se trasluc&iacute;a a cada
+paso. Trataba de estudiar el mecanismo interior de los Pazos: tom&aacute;base
+el trabajo de ir a los establos, a las cuadras, de enterarse de los
+cultivos, de visitar la granera, el horno, los h&oacute;rreos, las eras, las
+bodegas, los alpendres, cada dependencia y cada rinc&oacute;n; de preguntar
+para qu&eacute; serv&iacute;a esto y aquello y lo de m&aacute;s all&aacute;, y cu&aacute;nto costaba y a
+c&oacute;mo se vend&iacute;a; labor in&uacute;til, pues olfateando por todas partes abusos y
+des&oacute;rdenes, no consegu&iacute;a nunca, por su carencia de malicia y de
+gram&aacute;tica parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos. El se&ntilde;orito no
+le acompa&ntilde;aba en semejantes excursiones: harto ten&iacute;a que hacer con
+ferias, caza y visitas a gentes de Cebre o del se&ntilde;or&iacute;o monta&ntilde;&eacute;s, de
+suerte que el gu&iacute;a de Juli&aacute;n era Primitivo. Gu&iacute;a pesimista si los hay.
+Cada reforma que Juli&aacute;n quer&iacute;a plantear, la calificaba de imposible,
+encogi&eacute;ndose de hombros; cada superfluidad que intentaba suprimir, la
+declaraba el cazador indispensable al buen servicio de la casa. Ante el
+celo de Juli&aacute;n surg&iacute;an montones de dificultades menudas, impidi&eacute;ndole
+realizar ninguna modificaci&oacute;n &uacute;til. Y lo m&aacute;s alarmante era observar la
+encubierta, pero real omnipotencia de Primitivo. Mozos, colonos,
+jornaleros, y hasta el ganado en los establos, parec&iacute;a estarle
+supeditado y propicio: el respeto adulador con que trataban al se&ntilde;orito,
+el saludo, mitad desde&ntilde;oso y mitad indiferente que dirig&iacute;an al capell&aacute;n,
+se convert&iacute;an en sumisi&oacute;n absoluta hacia Primitivo, no manifestada por
+f&oacute;rmulas exteriores, sino por el acatamiento instant&aacute;neo de su voluntad,
+indicada a veces con s&oacute;lo el mirar directo y fr&iacute;o de sus ojuelos sin
+pesta&ntilde;as. Y Juli&aacute;n se sent&iacute;a humillado en presencia de un hombre que
+mandaba all&iacute; como indiscutible aut&oacute;crata, desde su ambiguo puesto de
+criado con ribetes de mayordomo. Sent&iacute;a pesar sobre su alma la ojeada
+escrutadora de Primitivo que avizoraba sus menores actos, y estudiaba su
+rostro, sin duda para averiguar el lado vulnerable de aquel presb&iacute;tero,
+sobrio, desinteresado, que apartaba los ojos de las jornaleras garridas.
+Tal vez la filosof&iacute;a de Primitivo era que no hay hombre sin vicio, y no
+hab&iacute;a de ser Juli&aacute;n la excepci&oacute;n.</p>
+
+<p>Corr&iacute;a entre tanto el invierno, y el capell&aacute;n se habituaba a la vida
+campestre. El aire vivo y puro le abr&iacute;a el apetito: no sent&iacute;a ya las
+efusiones de devoci&oacute;n que al principio, y s&iacute; una especie de caridad
+humana que le llevaba a interesarse en lo que ve&iacute;a a su alrededor,
+especialmente los ni&ntilde;os y los irracionales, con quienes desahogaba su
+instintiva ternura. Aument&aacute;base su compasi&oacute;n hacia Perucho, el rapaz
+embriagado por su propio abuelo; le dol&iacute;a verle revolcarse
+constantemente en el lodo del patio, pasarse el d&iacute;a hundido en el
+esti&eacute;rcol de las cuadras, jugando con los becerros, mamando del pez&oacute;n de
+las vacas leche caliente o durmiendo en el pesebre, entre la hierba
+destinada al pienso de la borrica; y determin&oacute; consagrar algunas horas
+de las largas noches de invierno a ense&ntilde;ar al chiquillo el abecedario,
+la doctrina y los n&uacute;meros. Para realizarlo se acomodaba en la vasta
+mesa, no lejos del fuego del hogar, cebado por Sabel con gruesos
+troncos; y cogiendo al ni&ntilde;o en sus rodillas, a la luz del triple mechero
+del vel&oacute;n, le iba guiando pacientemente el dedo sobre el silabario,
+repitiendo la mon&oacute;tona salmodia por donde empieza el saber: <i>be-a b&aacute;,
+be-e b&eacute;, be-i b&iacute;</i>.... El chico se deshac&iacute;a en bostezos enormes, en muecas
+risibles, en momos de llanto, en chillidos de estornino preso; se
+acorazaba, se defend&iacute;a contra la ciencia de todas las maneras
+imaginables, pateando, gru&ntilde;endo, escondiendo la cara, escurri&eacute;ndose, al
+menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rinc&oacute;n o
+volverse al tibio abrigo del establo.</p>
+
+<p>En aquel tiempo fr&iacute;o, la cocina se convert&iacute;a en tertulia, casi
+exclusivamente compuesta de mujeres. Descalzas y pisando de lado, como
+recelosas, iban entrando algunas, con la cabeza resguardada por una
+especie de mandil&oacute;n de picote; muchas gem&iacute;an de gusto al acercarse a la
+deleitable llama; otras, tomando de la cintura el huso y el copo de
+lino, hilaban despu&eacute;s de haberse calentado las manos, o sacando del
+bolsillo casta&ntilde;as, las pon&iacute;an a asar entre el rescoldo; y todas,
+empezando por cuchichear bajito, acababan por charlotear como urracas.
+Era Sabel la reina de aquella peque&ntilde;a corte: sofocada por la llama, con
+los brazos arremangados, los ojos h&uacute;medos, recib&iacute;a el incienso de las
+adulaciones, hund&iacute;a el cuchar&oacute;n de hierro en el pote, llenaba cuencos de
+caldo, y al punto una mujer desaparec&iacute;a del c&iacute;rculo, refugi&aacute;base en la
+esquina o en un banco, donde se la o&iacute;a mascar ansiosamente, soplar el
+hirviente bodrio y leng&uuml;etear contra la cuchara. Noches hab&iacute;a en que no
+se daba la moza punto de reposo en colmar tazas, ni las mujeres en
+entrar, comer y marcharse para dejar a otras el sitio: all&iacute; desfilaba
+sin duda, como en mes&oacute;n barato, la parroquia entera. Al salir cog&iacute;an
+aparte a Sabel, y si el capell&aacute;n no estuviese tan distra&iacute;do con su
+rebelde alumno, ver&iacute;a alg&uacute;n trozo de tocino, pan o <i>lac&oacute;n</i> r&aacute;pidamente
+escondido en un justillo, o alg&uacute;n chorizo cortado con prontitud de las
+ristras pendientes en la chimenea, que no menos velozmente pasaba a las
+faltriqueras. La &uacute;ltima tertuliana que se quedaba, la que secreteaba m&aacute;s
+tiempo y m&aacute;s &iacute;ntimamente con Sabel, era la vieja de las gre&ntilde;as de
+estopa, entrevista por Juli&aacute;n la noche de su llegada a los Pazos. Era
+imponente la fealdad de la bruja: ten&iacute;a las cejas canas, y, de perfil,
+le sobresal&iacute;an, como tambi&eacute;n las cerdas de un lunar; el fuego hac&iacute;a
+resaltar la blancura del pelo, el color atezado del rostro, y el enorme
+<i>bocio</i> o papera que deformaba su garganta del modo m&aacute;s repulsivo.
+Mientras hablaba con la frescachona Sabel, la fantas&iacute;a de un artista
+pod&iacute;a evocar los cuadros de tentaciones de San Antonio en que aparecen
+juntas una asquerosa hechicera y una mujer hermosa y sensual, con pezu&ntilde;a
+de cabra.</p>
+
+<p>Sin explicarse el porqu&eacute;, empez&oacute; a desagradar a Juli&aacute;n la tertulia y las
+familiaridades de Sabel, que se le arrimaba continuamente, a pretexto de
+buscar en el caj&oacute;n de la mesa un cuchillo, una taza, cualquier objeto
+indispensable. Cuando la aldeana fijaba en &eacute;l sus ojos azules, anegados
+en caliente humedad, el capell&aacute;n experimentaba malestar violento,
+comparable s&oacute;lo al que le causaban los de Primitivo, que a menudo
+sorprend&iacute;a clavados a hurtadillas en su rostro. Ignorando en qu&eacute; fundar
+sus recelos, cre&iacute;a Juli&aacute;n que meditaban alguna asechanza. Era Primitivo,
+salvo tal cual moment&aacute;neo acceso de brusca y selv&aacute;tica alegr&iacute;a, hombre
+taciturno, a cuya faz de bronce asomaban rara vez los sentimientos; y
+con todo eso, Juli&aacute;n se juzgaba blanco de hostilidad encubierta por
+parte del cazador; en rigor, ni hostilidad pod&iacute;a llamarse; m&aacute;s bien
+ten&iacute;a algo de observaci&oacute;n y acecho, la espera tranquila de una res, a
+quien, sin odiarla, se desea cazar cuanto antes. Semejante actitud no
+pod&iacute;a definirse, ni expresarse apenas. Juli&aacute;n se refugi&oacute; en su cuarto,
+adonde hizo subir, medio arrastro, al ni&ntilde;o, para la lecci&oacute;n
+acostumbrada. As&iacute; como as&iacute;, el invierno hab&iacute;a pasado, y el calor de la
+<i>lareira</i> no era apetecible ya.</p>
+
+<p>En su habitaci&oacute;n pudo el capell&aacute;n notar mejor que en la cocina la
+escandalosa suciedad del angelote. Media pulgada de ro&ntilde;a le cubr&iacute;a la
+piel; y en cuanto al cabello, dorm&iacute;an en &eacute;l capas geol&oacute;gicas,
+estratificaciones en que entraba tierra, guijarros menudos, toda suerte
+de cuerpos extra&ntilde;os. Juli&aacute;n cogi&oacute; a viva fuerza al ni&ntilde;o, lo arrastr&oacute;
+hacia la palangana, que ya ten&iacute;a bien abastecida de jarras, toallas y
+jab&oacute;n. Empez&oacute; a frotar. &iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima y qu&eacute; primer agua la que sali&oacute;
+de aquella empecatada carita! Lej&iacute;a pura, de la m&aacute;s turbia y espesa.
+Para el pelo fue preciso emplear aceite, pomada, agua a chorros, un
+batidor de gruesas p&uacute;as que desbrozase la virgen selva. Al paso que
+adelantaba la faena, iban saliendo a luz las bell&iacute;simas facciones,
+dignas del cincel antiguo, coloreadas con la p&aacute;tina del sol y del aire;
+y los bucles, libres de estorbos, se colocaban art&iacute;sticamente como en
+una testa de Cupido, y descubr&iacute;an su matiz casta&ntilde;o dorado, que acababa
+de entonar la figura. &iexcl;Era pasmoso lo bonito que hab&iacute;a hecho Dios a
+aquel mu&ntilde;eco!</p>
+
+<p>Todos los d&iacute;as, que gritase o que se resignase el chiquillo, Juli&aacute;n lo
+lavaba as&iacute; antes de la lecci&oacute;n. Por aquel respeto que profesaba a la
+carne humana no se atrev&iacute;a a ba&ntilde;arle el cuerpo, medida bien necesaria en
+verdad. Pero con los lavatorios y el car&aacute;cter bondadoso de Juli&aacute;n, el
+diablillo iba tom&aacute;ndose demasiadas confianzas, y no dejaba cosa a vida
+en el cuarto. Su desaplicaci&oacute;n, mayor a cada instante, desesperaba al
+pobre presb&iacute;tero: la tinta le serv&iacute;a a Perucho para meter en ella la
+mano toda y plantarla despu&eacute;s sobre el silabario; la pluma, para
+arrancarle las barbas y romperle el pico cazando moscas en los vidrios;
+el papel, para rasgarlo en tiritas o hacer con &eacute;l cucuruchos; las
+arenillas, para volcarlas sobre la mesa y figurar con ellas montes y
+collados, donde se complac&iacute;a en producir cataclismos hundiendo el dedo
+de golpe. Adem&aacute;s, revolv&iacute;a la c&oacute;moda de Juli&aacute;n, deshac&iacute;a la cama
+brincando encima, y un d&iacute;a lleg&oacute; al extremo de prender fuego a las botas
+de su profesor, llen&aacute;ndolas de f&oacute;sforos encendidos.</p>
+
+<p>Bien aguantar&iacute;a Juli&aacute;n estas diabluras con la esperanza de sacar algo en
+limpio de semejante hereje; pero se complicaron con otra cosa bastante
+m&aacute;s desagradable: las idas y venidas frecuentes de Sabel por su
+habitaci&oacute;n. Siempre encontraba la moza alg&uacute;n pretexto para subir: que se
+le hab&iacute;a olvidado recoger el servicio del chocolate; que se le hab&iacute;a
+<i>esquecido</i> mudar la toalla. Y se endiosaba, y tardaba un buen rato en
+bajar, entreteni&eacute;ndose en arreglar cosas que no estaban revueltas, o
+poni&eacute;ndose de pechos en la ventana, muy risue&ntilde;a y campechanota,
+alardeando de una confianza que Juli&aacute;n, cada d&iacute;a m&aacute;s reservado, no
+autorizaba en modo alguno.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana entr&oacute; Sabel a la hora de costumbre con las jarras de agua
+para las abluciones del presb&iacute;tero, que, al recibirlas, no pudo menos de
+reparar, en una r&aacute;pida ojeada, c&oacute;mo la moza ven&iacute;a en justillo y enaguas,
+con la camisa entreabierta, el pelo destrenzado y descalzos un pie y
+pierna blanqu&iacute;simos, pues Sabel, que se calzaba siempre y no hac&iacute;a m&aacute;s
+que la labor de cocina y &eacute;sa con mucha ayuda de criadas de campo y
+comadres, no ten&iacute;a la piel curtida, ni deformados los miembros. Juli&aacute;n
+retrocedi&oacute;, y la jarra tembl&oacute; en su mano, verti&eacute;ndose un chorro de agua
+por el piso.</p>
+
+<p>&mdash;C&uacute;brase usted, mujer&mdash;murmur&oacute; con voz sofocada por la verg&uuml;enza&mdash;. No me
+traiga nunca el agua cuando est&eacute; as&iacute;... no es modo de presentarse a la
+gente.</p>
+
+<p>&mdash;Me estaba peinando y pens&eacute; que me llamaba...&mdash;respondi&oacute; ella sin
+alterarse, sin cruzar siquiera las palmas sobre el escote.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque la llamase no era regular venir en ese traje.... Otra vez que se
+est&eacute; peinando que me suba el agua Cristobo o la chica del ganado... o
+cualquiera....</p>
+
+<p>Y al pronunciar estas palabras, volv&iacute;ase de espaldas para no ver m&aacute;s a
+Sabel, que se retiraba lentamente.</p>
+
+<p>Desde aquel punto y hora, Juli&aacute;n se desvi&oacute; de la muchacha como de un
+animal da&ntilde;ino e imp&uacute;dico; no obstante, a&uacute;n le parec&iacute;a poco caritativo
+atribuir a malos fines su desali&ntilde;o indecoroso, prefiriendo achacarlo a
+ignorancia y rudeza. Pero ella se hab&iacute;a propuesto demostrar lo
+contrario. Poco tiempo iba transcurrido desde la severa reprimenda,
+cuando una tarde, mientras Juli&aacute;n le&iacute;a tranquilamente la <i>Gu&iacute;a de
+Pecadores</i>, sinti&oacute; entrar a Sabel y not&oacute;, sin levantar la cabeza, que
+algo arreglaba en el cuarto. De pronto oy&oacute; un golpe, como ca&iacute;da de
+persona contra alg&uacute;n mueble, y vio a la moza recostada en la cama,
+despidiendo lastimeros ayes y hondos suspiros. Se quejaba de una
+<i>aflici&oacute;n</i>, una cosa repentina, y Juli&aacute;n, turbado pero compadecido,
+acudi&oacute; a empapar una toalla para humedecerle las sienes, y a fin de
+ejecutarlo se acerc&oacute; a la acongojada enferma. Apenas se inclin&oacute; hacia
+ella, pudo&mdash;a pesar de su poca experiencia y ninguna malicia&mdash;convencerse
+de que el supuesto ataque no era sino bellaquer&iacute;a grand&iacute;sima y
+sinverg&uuml;enza calificada. Una ola de sangre encendi&oacute; a Juli&aacute;n hasta el
+cogote: sinti&oacute; la c&oacute;lera repentina, ciega, que rar&iacute;sima vez fustigaba su
+linfa, y se&ntilde;alando a la puerta, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Se me va usted de aqu&iacute; ahora mismo o la echo a empellones..., &iquest;entiende
+usted? No me vuelve usted a cruzar esa puerta.... Todo, todo lo que
+necesite, me lo traer&aacute; Cristobo.... &iexcl;Largo inmediatamente!</p>
+
+<p>Retir&oacute;se la moza cabizbaja y moh&iacute;na, como quien acaba de sufrir pesado
+chasco. Juli&aacute;n, por su parte, qued&oacute; tembloroso, agitado, descontento de
+s&iacute; mismo, cual suelen los pac&iacute;ficos cuando ceden a un arrebato de ira:
+hasta sent&iacute;a dolor f&iacute;sico, en el epigastrio. A no dudarlo, se hab&iacute;a
+excedido; debi&oacute; dirigir a aquella mujer una exhortaci&oacute;n fervorosa, en
+vez de palabras de menosprecio. Su obligaci&oacute;n de sacerdote era ense&ntilde;ar,
+corregir, perdonar, no pisotear a la gente como a los bichos del
+archivo. Al cabo Sabel ten&iacute;a un alma, redimida por la sangre de Cristo
+igual que otra cualquiera. Pero &iquest;qui&eacute;n reflexiona, qui&eacute;n se modera ante
+tal descaro? Hay un movimiento que llaman los escol&aacute;sticos <i>primo
+primis</i> fatal e inevitable. As&iacute; se consolaba el capell&aacute;n. De todos
+modos, era triste cosa tener que vivir con aquella mala hembra, no m&aacute;s
+p&uacute;dica que las vacas. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a haber mujeres as&iacute;? Juli&aacute;n recordaba a
+su madre, tan modosa, siempre con los ojos bajos y la voz almibarada y
+suave, con su <i>casab&eacute;</i> abrochado hasta la nuez, sobre el cual, para
+mayor recato, ca&iacute;a liso, sin arrugas, un pa&ntilde;uelito de seda negra. &iexcl;Qu&eacute;
+mujeres! &iexcl;Qu&eacute; mujeres se encuentran por el mundo!</p>
+
+<p>Desde el funesto lance tuvo Juli&aacute;n que barrerse el cuarto y subirse el
+agua, porque ni Cristobo ni las criadas hicieron caso de sus &oacute;rdenes, y
+a Sabel no quer&iacute;a verle ni la sombra en la puerta. Lo que m&aacute;s extra&ntilde;eza
+y susto le caus&oacute; fue observar que Primitivo, despu&eacute;s del suceso, no se
+recataba ya para mirarle con fijeza terrible, midi&eacute;ndole con una ojeada
+que equival&iacute;a a una declaraci&oacute;n de guerra. Juli&aacute;n no pod&iacute;a dudar que
+estorbaba en los Pazos: &iquest;por qu&eacute;? A veces meditaba en ello
+interrumpiendo la lectura de Fray Luis de Granada y de los seis libros
+de San Juan Cris&oacute;stomo sobre el sacerdocio; pero al poco rato,
+descorazonado por tanta mezquina contrariedad, desesperando de ser &uacute;til
+jam&aacute;s a la casa de Ulloa, se enfrascaba nuevamente en sus p&aacute;ginas
+m&iacute;sticas.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#capitulos">-VI-</a></h2>
+
+<p>De los p&aacute;rrocos de las inmediaciones, con ninguno hab&iacute;a hecho
+Juli&aacute;n tan buenas migas como con don Eugenio, el de Naya. El abad de
+Ulloa, al cual ve&iacute;a con m&aacute;s frecuencia, no le era simp&aacute;tico, por su
+desmedida afici&oacute;n al jarro y a la escopeta; y al abad de Ulloa, en
+cambio, le exasperaba Juli&aacute;n, a quien sol&iacute;a apodar <i>mariquita</i>; porque
+para el abad de Ulloa, la &uacute;ltima de las degradaciones en que pod&iacute;a caer
+un hombre era beber agua, lavarse con jab&oacute;n de olor y cortarse las u&ntilde;as:
+trat&aacute;ndose de un sacerdote, el abad pon&iacute;a estos delitos en parang&oacute;n con
+la simon&iacute;a. &laquo;Afeminaciones, afeminaciones&raquo;, gru&ntilde;&iacute;a entre dientes,
+convencid&iacute;simo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de
+presentarse bronca, montuna y cerril; aparte de que un cl&eacute;rigo no
+pierde, <i>ipso facto</i>, los fueros de hombre, y el hombre debe oler a
+brav&iacute;o desde una legua. Con los dem&aacute;s curas de las parroquias cercanas
+tampoco frisaba mucho Juli&aacute;n; as&iacute; es que, convidado a las funciones de
+iglesia, acostumbraba retirarse tan pronto como se acababan las
+ceremonias, sin aceptar jam&aacute;s la comida que era su complemento
+indispensable. Pero cuando don Eugenio le invit&oacute; con alegre cordialidad
+a pasar en Naya el <i>d&iacute;a del patr&oacute;n</i>, acept&oacute; de buen grado,
+comprometi&eacute;ndose a <i>no faltarle</i>.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n lo convenido, subi&oacute; a Naya la v&iacute;spera, rehusando la montura que le
+ofrec&iacute;a don Pedro. &iexcl;Para legua y media escasa! &iexcl;Y con una tarde
+hermos&iacute;sima! Apoy&aacute;ndose en un palo, dando tiempo a que anocheciese,
+deteni&eacute;ndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tard&oacute;
+mucho en llegar al cerro que domina el caser&iacute;o de Naya, tan
+oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la
+gaita, bombo y tamboril, a la luz de los <i>fachones</i> de paja de centeno
+encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos
+patronales. Poco tardaron los bailarines en bajar hacia la rectoral,
+cantando y <i>atruxando</i> como locos, y con ellos descendi&oacute; Juli&aacute;n.</p>
+
+<p>El cura esperaba en la portalada misma: recogidas las mangas de su
+chaqueta, levantaba en alto un jarro de vino, y la criada sosten&iacute;a la
+bandeja con vasos. Det&uacute;vose el grupo; el gaitero, vestido de pana azul,
+en actitud de cansancio, dejando desinflarse la gaita, cuyo <i>punteiro</i>
+ca&iacute;a sobre los rojos flecos del ronc&oacute;n, se limpiaba la frente sudorosa
+con un pa&ntilde;uelo de seda, y los reflejos de la paja ardiendo y de las
+luces que alumbraban la casa del cura permit&iacute;an distinguir su cara
+guapota, de correctas facciones, realzada por arrogantes patillas
+casta&ntilde;as. Cuando le sirvieron el vino, el r&uacute;stico artista dijo
+cort&eacute;smente: &laquo;&iexcl;A la salud del se&ntilde;or abade y la compa&ntilde;a!&raquo; y, despu&eacute;s de
+ech&aacute;rselo al coleto, a&uacute;n murmur&oacute; con mucha pol&iacute;tica, pas&aacute;ndose el rev&eacute;s
+de la mano por la boca: &laquo;De hoy en veinte a&ntilde;os, se&ntilde;or abade&raquo;. Las
+libaciones consecutivas no fueron acompa&ntilde;adas de m&aacute;s f&oacute;rmulas de
+atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>Disfrutaba el p&aacute;rroco de Naya de una rectoral espaciosa, alborozada a la
+saz&oacute;n con los preparativos de la fiesta y asist&iacute;a imp&aacute;vido a los
+preliminares del saco y ruina de su despensa, bodega, le&ntilde;era y huerto.
+Era don Eugenio joven y alegre como unas pascuas, y su condici&oacute;n, m&aacute;s
+que de padre de almas, de pilluelo revoltoso y ladino; pero bajo la
+corteza infantil se escond&iacute;a singular don de gentes y conocimiento de la
+vida pr&aacute;ctica. Sociable y tolerante, hab&iacute;a logrado no tener un solo
+enemigo entre sus compa&ntilde;eros. Le conceptuaban un <i>rapaz</i> inofensivo.</p>
+
+<p>Tras el pocillo de aromoso chocolate, dio a Juli&aacute;n la mejor cama y
+habitaci&oacute;n que pose&iacute;a, y le despert&oacute; cuando la gaita floreaba la
+alborada, rayando &eacute;sta apenas en los cielos. Fueron juntos los dos
+cl&eacute;rigos a revisar el decorado de los altares, compuestos ya para la
+misa solemne. Juli&aacute;n pasaba la revista con especial devoci&oacute;n, puesto que
+el patr&oacute;n de Naya era el suyo mismo, el bienaventurado San Juli&aacute;n, que
+all&iacute; estaba en el altar mayor con su carita inocentona, su est&aacute;tica
+sonrisilla, su chupa y calz&oacute;n corto, su paloma blanca en la diestra, y
+la siniestra delicadamente apoyada en la chorrera de la camisola. La
+imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin m&aacute;s adorno que alg&uacute;n
+rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de
+loza, todo excitaba en Juli&aacute;n tierna piedad, la efusi&oacute;n que le hac&iacute;a
+tanto provecho, abland&aacute;ndole y desentumeci&eacute;ndole el esp&iacute;ritu. Iban
+llegando ya los curas de las inmediaciones, y en el atrio, tapizado de
+hierba, se o&iacute;a al gaitero templar prolijamente el instrumento, mientras
+en la iglesia el hinojo, esparcido por las losas y pisado por los que
+iban entrando, desped&iacute;a olor campestre y fresqu&iacute;simo. La procesi&oacute;n se
+organizaba; San Juli&aacute;n hab&iacute;a descendido del altar mayor; la cruz y los
+estandartes oscilaban sobre el remolino de gentes amontonadas ya en la
+estrecha nave, y los mozos, vestidos de fiesta, con su pa&ntilde;uelo de seda
+en la cabeza en forma de <i>burelete</i>, se ofrec&iacute;an a llevar las insignias
+sacras. Despu&eacute;s de dar dos vueltas por el atrio y de detenerse breves
+instantes frente al crucero, el santo volvi&oacute; a entrar en la iglesia, y
+fue <i>pujado</i>, con sus andas, a una mesilla al lado del altar mayor muy
+engalanada, y cubierta con antigua colcha de damasco carmes&iacute;. La misa
+empez&oacute;, regocijada y r&uacute;stica, en armon&iacute;a con los dem&aacute;s festejos. M&aacute;s de
+una docena de curas la cantaban a voz en cuello, y el desvencijado
+incensario iba y ven&iacute;a, con retint&iacute;n de cadenillas viejas, soltando un
+humo espeso y arom&aacute;tico, entre cuya envoltura algodonosa parec&iacute;a
+suavizarse el desentono del <i>introito</i>, la aspereza de las broncas
+laringes eclesi&aacute;sticas. El gaitero, prodigando todos sus recursos
+art&iacute;sticos, acompa&ntilde;aba con el <i>punteiro</i> desmangado de la gaita y
+haciendo oficios de clarinete. Cuando ten&iacute;a que sonar entera la
+orquesta, mangaba otra vez el <i>punteiro</i> en el <i>fol</i>; as&iacute; pod&iacute;a
+acompa&ntilde;ar la elevaci&oacute;n de la hostia con una solemne marcha real, y el
+postcomunio con una mu&ntilde;eira de las m&aacute;s recientes y brincadoras, que, ya
+terminada la misa, repet&iacute;a en el vest&iacute;bulo, donde tandas de mozos y
+mozas se desquitaban, bailando a su sabor, de la compostura guardada por
+espacio de una hora en la iglesia. Y el baile en el atrio lleno de luz,
+el templo sembrado de hojas de hinojos y espada&ntilde;a que magullaron los
+pisotones, alumbrado, m&aacute;s que por los cirios, por el sol que puerta y
+ventanas dejaban entrar a torrentes, los curas jadeantes, pero
+satisfechos y habladores, el santo tan currutaco y lindo, muy risue&ntilde;o en
+sus andas, con una pierna casi en el aire para empezar un minueto y la
+c&aacute;ndida palomita pronta a abrir las alas, todo era alegre, terrenal,
+nada inspiraba la augusta melancol&iacute;a que suele imperar en las ceremonias
+religiosas. Juli&aacute;n se sent&iacute;a tan muchacho y contento como el santo
+bendito, y sal&iacute;a ya a gozar el aire libre, acompa&ntilde;ado de don Eugenio,
+cuando en el corro de los bailadores distingui&oacute; a Sabel, lujosamente
+vestida de domingo, girando con las dem&aacute;s mozas, al comp&aacute;s de la gaita.
+Esta vista le agu&oacute; un tanto la fiesta.</p>
+
+<p>Era a semejante hora la rectoral de Naya un infierno culinario, si es
+que los hay. All&iacute; se reun&iacute;an una t&iacute;a y dos primas de don Eugenio&mdash;a
+quienes por ser muchachas y frescas no quer&iacute;a el p&aacute;rroco tener consigo a
+diario en la rectoral&mdash;; el ama, viejecilla llorona, estorbosa e in&uacute;til,
+que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien
+distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades
+hab&iacute;a servido a un can&oacute;nigo compostelano, y era c&eacute;lebre en el pa&iacute;s por
+su destreza en batir mantequillas y asar capones. Esta fornida
+guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de adem&aacute;n brioso, hab&iacute;a
+vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barri&eacute;ndola desde la
+v&iacute;spera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desv&aacute;n los
+trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ej&eacute;rcito de
+guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con
+r&aacute;pida ojeada de general en jefe, la hidr&oacute;pica despensa, atestada de
+d&aacute;divas de feligreses; cabritos, pollos, anguilas, truchas, pichones,
+ollas de vino, manteca y miel, perdices, liebres y conejos, chorizos y
+morcillas. Conocido ya el estado de las provisiones, orden&oacute; las
+maniobras del ej&eacute;rcito: las viejas se dedicaron a desplumar aves, las
+mozas a fregar y dejar como el oro peroles, cazos y sartenes, y un par
+de mozancones de la aldea, uno de ellos idiota de oficio, a desollar
+reses y limpiar piezas de caza.</p>
+
+<p>Si se encontrase all&iacute; alg&uacute;n maestro de la escuela pict&oacute;rica flamenca, de
+los que han derramado la poes&iacute;a del arte sobre la prosa de la vida
+dom&eacute;stica y material, &iexcl;con cu&aacute;nto placer ver&iacute;a el espect&aacute;culo de la gran
+cocina, la hermosa actividad del fuego de le&ntilde;a que acariciaba la panza
+reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la
+carne no menos rolliza y sangu&iacute;nea del asado que aderezaba, las rojas
+mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como
+ninfas con un s&aacute;tiro atado, arroj&aacute;ndole entre el cuero y la camisa
+pu&ntilde;ados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos despu&eacute;s, cuando el
+gaitero y los dem&aacute;s m&uacute;sicos vinieron a reclamar su <i>parva</i> o desayuno,
+el guiso de intestinos de castr&oacute;n, h&iacute;gado y bofes, llamado en el pa&iacute;s
+<i>mataburrillo</i>, &iexcl;cu&aacute;n digna de su pincel encontrar&iacute;a la escena de
+rozagante apetito, de expansi&oacute;n del est&oacute;mago, de carrillos hinchados y
+tragos de mosto despabilados al vuelo, que all&iacute; se represent&oacute; entre
+bromas y risotadas!</p>
+
+<p>&iquest;Y qu&eacute; val&iacute;a todo ello en comparaci&oacute;n del fest&iacute;n hom&eacute;rico preparado en
+la sala de la rectoral? Media docena de tablas tendidas sobre otros
+tantos cestos, ayudaban a ensanchar la mesa cuotidiana; por encima dos
+limpios manteles de lamanisco sosten&iacute;an grandes jarros rebosando tinto
+a&ntilde;ejo; y haci&eacute;ndoles frente, en una esquina del aposento, esperaban
+turno ventrudas ollas henchidas del mismo l&iacute;quido. La vajilla era
+mezclada, y entre el esta&ntilde;o y barro vidriado descollaba alg&uacute;n <i>talavera</i>
+leg&iacute;timo, capaz de volver loco a un coleccionista, de los muchos que
+ahora se consagran a la arcana ciencia de los pucheros. Ante la mesa y
+sus ap&eacute;ndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando
+asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de
+preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro&mdash;la persona
+m&aacute;s respetable en a&ntilde;os y dignidad de todo el clero circunvecino, que no
+hab&iacute;a asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del
+gent&iacute;o en la misa&mdash;, y a Juli&aacute;n, en quien don Eugenio honraba a la
+ilustre casa de Ulloa.</p>
+
+<p>Sent&oacute;se Juli&aacute;n avergonzado, y su confusi&oacute;n subi&oacute; de punto durante la
+comida. Por ser nuevo en el pa&iacute;s y haber rehusado siempre quedarse a
+comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas. Y la mesa estaba
+imponente. La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre
+ellos el m&eacute;dico, notario y juez de Cebre, el se&ntilde;orito de Limioso, el
+sobrino del cura de Bo&aacute;n, y el famos&iacute;simo cacique conocido por el apodo
+de <i>Barbacana</i>, que apoy&aacute;ndose en el partido moderado a la saz&oacute;n en el
+poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de
+su rival el cacique <i>Trampeta</i>, protegido por los unionistas y mal visto
+por el clero. En suma, all&iacute; se juntaba lo m&aacute;s granado de la comarca,
+faltando s&oacute;lo el marqu&eacute;s de Ulloa, que vendr&iacute;a de fijo a los postres. La
+monumental sopa de pan rehogada en grasa, con chorizo, garbanzos y
+huevos cocidos cortados en ruedas, circulaba ya en gigantescos
+tarterones, y se com&iacute;a en silencio, jugando bien las quijadas. De vez en
+cuando se atrev&iacute;a alg&uacute;n cura a soltar frases de encomio a la habilidad
+de la guisandera; y el anfitri&oacute;n, observando con disimulo qui&eacute;nes de los
+convidados andaban remisos en mascar, les instaba a que se animasen,
+afirmando que era preciso aprovecharse de la sopa y del cocido, pues
+apenas hab&iacute;a otra cosa. Crey&eacute;ndolo as&iacute; Juli&aacute;n, y no pareci&eacute;ndole cort&eacute;s
+desairar a su hu&eacute;sped, carg&oacute; la mano en la sopa y el cocido. Grande fue
+su terror cuando empez&oacute; a desfilar interminable serie de platos, los
+veintis&eacute;is tradicionales en la comida del patr&oacute;n de Naya, no la m&aacute;s
+abundante que se serv&iacute;a en el arciprestazgo, pues Loiro se le aventajaba
+mucho.</p>
+
+<p>Para llegar al n&uacute;mero prefijado, no hab&iacute;a recurrido la guisandera a los
+artificios con que la cocina francesa disfraza los manjares
+bautiz&aacute;ndolos con nombres nuevos o adorn&aacute;ndolos con arambeles y
+enga&ntilde;ifas. No, se&ntilde;or: en aquellas regiones v&iacute;rgenes no se conoc&iacute;a, loado
+sea Dios, ninguna salsa o pebre de origen gabacho, y todo era neto,
+varonil y cl&aacute;sico como la olla. &iquest;Veintis&eacute;is platos? Pronto se hace la
+lista: pollos asados, fritos, en pepitoria, estofados, con guisantes,
+con cebollas, con patatas y con huevos; apl&iacute;quese el mismo sistema a la
+carne, al puerco, al pescado y al cabrito. As&iacute;, sin calentarse los
+cascos, presenta cualquiera veintis&eacute;is variados manjares.</p>
+
+<p>&iexcl;Y c&oacute;mo se burlar&iacute;a la guisandera si por arte de magia apareciese all&iacute;
+un cocinero franc&eacute;s empe&ntilde;ado en redactar un <i>men&uacute;</i>, en reducirse a
+cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en
+conceder honroso puesto a la legumbre! &iexcl;Legumbres a m&iacute;!, dir&iacute;a el ama
+del cura de Cebre, ri&eacute;ndose con toda su alma y todas sus caderas
+tambi&eacute;n. &iexcl;Legumbres el d&iacute;a del patr&oacute;n! Son buenas para los cerdos.</p>
+
+<p>Ah&iacute;to y mareado, Juli&aacute;n no ten&iacute;a fuerzas sino para rechazar con la mano
+las fuentes que no cesaban de circular pas&aacute;ndoselas los convidados unos
+a otros: a bien que ya le observaban menos, pues la conversaci&oacute;n se
+calentaba. El m&eacute;dico de Cebre, atrabiliario, magro y disputador; el
+notario, coloradote y barbudo, osaban decir chistes, referir an&eacute;cdotas;
+el sobrino del cura de Bo&aacute;n, estudiante de derecho, muy enamorado de
+condici&oacute;n, hablaba de mujeres, ponderaba la gracia de las se&ntilde;oritas de
+Molende y la lozan&iacute;a de una panadera de Cebre, muy nombrada en el pa&iacute;s;
+los curas al pronto no tomaron parte, y como Juli&aacute;n bajase la vista,
+algunos comensales, despu&eacute;s de observarle de reojo, se hicieron los
+desentendidos. Mas dur&oacute; poco la reserva; al ir vaci&aacute;ndose los jarros y
+desocup&aacute;ndose las fuentes, nadie quiso estar callado y empezaron las
+bromas a echar chispas.</p>
+
+<p>M&aacute;ximo Juncal, el m&eacute;dico, reci&eacute;n salido de las aulas compostelanas,
+solt&oacute; varias puntadas sobre pol&iacute;tica, y tambi&eacute;n malignas pullas
+referentes al grave esc&aacute;ndalo que a la saz&oacute;n tra&iacute;a muy preocupados a los
+revolucionarios de provincia: Sor Patrocinio, sus manejos, su influencia
+en Palacio. Alborot&aacute;ronse dos o tres curas; y el cacique <i>Barbacana</i>,
+con suma gravedad, volviendo hacia Juncal su barba florida y luenga,
+d&iacute;jole desde&ntilde;osamente una verdad como un templo: que &laquo;muchos hablaban de
+lo que no entend&iacute;an&raquo;, a lo cual el m&eacute;dico replic&oacute;, vertiendo bilis por
+ojos y labios, &laquo;que pronto iba a llegar el d&iacute;a de la gran barredura, que
+luego se armar&iacute;a el tiberio del siglo, y que los neos ir&iacute;an a contarlo a
+casa de su padre Judas Iscariote&raquo;.</p>
+
+<p>Afortunadamente profiri&oacute; estos tremendos vaticinios a tiempo que la
+mayor parte de los p&aacute;rrocos se hallaban enzarzados en la discusi&oacute;n
+teol&oacute;gica, indispensable complemento de todo convite patronal. Liados en
+ella, no prest&oacute; atenci&oacute;n a lo que el m&eacute;dico dec&iacute;a ninguno de los que
+pod&iacute;an volv&eacute;rselas al cuerpo: ni el bronco abad de Ulloa, ni el belicoso
+de Bo&aacute;n, ni el Arcipreste, que siendo m&aacute;s sordo que una tapia, resolv&iacute;a
+las discusiones pol&iacute;ticas a gritos, alzando el &iacute;ndice de la mano derecha
+como para invocar la c&oacute;lera del cielo. En aquel punto y hora, mientras
+corr&iacute;an las fuentes de arroz con leche, canela y az&uacute;car, y se agotaban
+las copas de <i>tostado</i>, llegaba a su periodo &aacute;lgido la disputa, y se
+entreo&iacute;an argumentos, proposiciones, objeciones y silogismos.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Nego majorem</i>....</p>
+
+<p>&mdash;<i>Probo minorem</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Eh.... Bo&aacute;n, que con mucho disimulo me est&aacute;s echando abajo la gracia....</p>
+
+<p>&mdash;Compadre, cuidado.... Si adelanta usted un poquito m&aacute;s nos vamos a
+encontrar con el libre albedr&iacute;o perdido.</p>
+
+<p>&mdash;Cebre, mira que vas por mal camino: &iexcl;mira que te marchas con Pelagio!</p>
+
+<p>&mdash;Yo a San Agust&iacute;n me agarro, y no lo suelto.</p>
+
+<p>&mdash;Esa proposici&oacute;n puede admitirse <i>simpliciter</i>, pero tom&aacute;ndola en otro
+sentido... no cuela.</p>
+
+<p>&mdash;Citar&eacute; autoridades, todas las que se me pidan: &iquest;a que no me citas t&uacute; ni
+media docena? A ver.</p>
+
+<p>&mdash;Es sentir com&uacute;n de la Iglesia desde los primeros concilios.</p>
+
+<p>&mdash;Es punto opinable, &iexcl;<i>quoniam</i>! A m&iacute; no me vengas a asustar t&uacute; con
+concilios ni concilias.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Querr&aacute;s saber m&aacute;s que Santo Tom&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; querr&aacute;s ponerte contra el Doctor de la gracia?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nadie es capaz de rebatirme esto! Se&ntilde;ores... la gracia....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que nos despe&ntilde;amos de vez! &iexcl;Eso es herej&iacute;a formal; es pelagianismo
+puro!</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; entiendes t&uacute;, qu&eacute; entiendes t&uacute;.... Lo que t&uacute; censures, que me lo
+claven....</p>
+
+<p>&mdash;Que diga el se&ntilde;or Arcipreste.... Vamos a aventurar algo a que no me deja
+mal el se&ntilde;or Arcipreste.</p>
+
+<p>El Arcipreste era respetado m&aacute;s por su edad que por su ciencia
+teol&oacute;gica; y se soseg&oacute; un tanto el formidable barullo cuando se
+incorpor&oacute; dif&iacute;cilmente, con ambas manos puestas tras los o&iacute;dos,
+vertiendo sangre por la cara, a fin de dirimir, si cab&iacute;a lograrlo, la
+contienda. Pero un incidente distrajo los &aacute;nimos: el se&ntilde;orito de Ulloa
+entraba seguido de dos perros perdigueros, cuyos cascabeles acompa&ntilde;aban
+su aparici&oacute;n con jubiloso repique. Ven&iacute;a, seg&uacute;n su promesa, a tomar una
+copa a los postres; y la tom&oacute; de pie, porque le aguardaba un bando de
+perdices all&aacute; en la monta&ntilde;a.</p>
+
+<p>H&iacute;zosele muy cort&eacute;s recibimiento, y los que no pudieron agasajarle a &eacute;l
+agasajaron a la Chula y al Turco, que iban apoyando la cabeza en todas
+las rodillas, lamiendo aqu&iacute; un plato y zamp&aacute;ndose un bizcocho all&aacute;. El
+se&ntilde;orito de Limioso se levant&oacute; resuelto a acompa&ntilde;ar al de Ulloa en la
+excursi&oacute;n cineg&eacute;tica, para lo cual ten&iacute;a prevenido lo necesario, pues
+rara vez sal&iacute;a del Pazo de Limioso sin echarse la escopeta al hombro y
+el morral a la cintura.</p>
+
+<p>Cuando partieron los dos hidalgos, ya se hab&iacute;a calmado la efervescencia
+de la discusi&oacute;n sobre la gracia, y el m&eacute;dico, en voz baja, le recitaba
+al notario ciertos sonetos sat&iacute;rico-pol&iacute;ticos que entonces corr&iacute;an bajo
+el nombre de <i>belenes</i>. Celebr&aacute;balos el notario, particularmente cuando
+el m&eacute;dico recalcaba los versos esmaltados de alusiones verdes y
+picantes. La mesa, en desorden, manchada de salsas, ensangrentada de
+vino tinto, y el suelo lleno de huesos arrojados por los comensales
+menos pulcros, indicaban la terminaci&oacute;n del fest&iacute;n; Juli&aacute;n hubiera dado
+algo bueno por poderse retirar; sent&iacute;ase cansado, mortificado por la
+repugnancia que le inspiraban las cosas exclusivamente materiales; pero
+no se atrev&iacute;a a interrumpir la sobremesa, y menos ahora que se
+entregaban al deleite de encender alg&uacute;n pitillo y murmurar de las
+personas m&aacute;s se&ntilde;aladas en el pa&iacute;s. Se trataba del se&ntilde;orito de Ulloa, de
+su habilidad para <i>tumbar</i> perdices, y sin que Juli&aacute;n adivinase la
+causa, se pas&oacute; inmediatamente a hablar de Sabel, a quien todos hab&iacute;an
+visto por la ma&ntilde;ana en el corro de baile; se encomi&oacute; su palmito, y al
+mismo tiempo se dirigieron a Juli&aacute;n se&ntilde;as y gui&ntilde;os, como si la
+conversaci&oacute;n se relacionase con &eacute;l. El capell&aacute;n bajaba la vista seg&uacute;n
+costumbre, y fing&iacute;a doblar la servilleta; mas de improviso, sintiendo
+uno de aquellos chispazos de c&oacute;lera repentina y moment&aacute;nea que no era
+due&ntilde;o de refrenar, tosi&oacute;, mir&oacute; en derredor, y solt&oacute; unas cuantas
+asperezas y severidades que hicieron enmudecer a la asamblea. Don
+Eugenio, al ver aguada la sobremesa, opt&oacute; por levantarse, proponiendo a
+Juli&aacute;n que saliesen a tomar el fresco en la huerta: algunos cl&eacute;rigos se
+alzaron tambi&eacute;n, anunciando que iban a <i>echar completas</i>; otros se
+escurrieron en compa&ntilde;&iacute;a del m&eacute;dico, el notario, el juez y Barbacana, a
+menear los naipes hasta la noche.</p>
+
+<p>Refugi&aacute;ronse al huerto el cura de Naya y Juli&aacute;n, pasando por la cocina,
+donde la algazara de los criados, primas del cura, cocineras y m&uacute;sicos
+era formidable, y los jarros se evaporaban y la comilona amenazaba durar
+hasta el sol puesto. El huerto, en cambio, permanec&iacute;a en su tranquilo y
+po&eacute;tico sosiego primaveral, con una brisa fresquita que columpiaba las
+&uacute;ltimas flores de los perales y cerezos, y acariciaba el recio follaje
+de las higueras, a cuya sombra, en un ribazo de mullida grama, se
+tendieron ambos presb&iacute;teros, no sin que don Eugenio, sacando un pa&ntilde;uelo
+de algod&oacute;n a cuadros, se tapase con &eacute;l la cabeza, para resguardarla de
+las importunidades de alguna mosca precoz. A Juli&aacute;n todav&iacute;a le duraba el
+sofoco, la llamarada de indignaci&oacute;n; pero ya le pesaba, de su corta
+paciencia, y resolv&iacute;a ser m&aacute;s sufrido en lo venidero. Aunque bien
+mirado....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere <i>escotar</i> un sue&ntilde;o?&mdash;pregunt&oacute; el de Naya al verle tan cabizbajo
+y mustio.</p>
+
+<p>&mdash;No; lo que yo quer&iacute;a, Eugenio, era pedirle que me dispensase el enfado
+que tom&eacute; all&aacute; en la mesa.... Conozco que soy a veces as&iacute;... un poco
+vivo... y luego hay conversaciones que me sacan de tino, sin poderlo
+remediar. Usted p&oacute;ngase en mi caso.</p>
+
+<p>&mdash;Pongo, pongo.... Pero a m&iacute; me est&aacute;n embromando tambi&eacute;n a cada rato con
+las primas..., y hay que aguantar, que no lo hacen con mala intenci&oacute;n;
+es por re&iacute;rse un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Hay bromas de bromas, y a m&iacute; me parecen delicadas para un sacerdote las
+que tocan a la honestidad y a la pureza. Si aguanta uno por respetos
+humanos esos dichos, acaso pensar&aacute;n que ya tiene medio perdida la
+verg&uuml;enza para los hechos. Y &iquest;qu&eacute; s&eacute; yo si alguno, no digo de los
+sacerdotes, no quiero hacerles tal ofensa, pero de los seglares, creer&aacute;
+que en efecto...?</p>
+
+<p>El de Naya aprob&oacute; con la cabeza como quien reconoce la fuerza de una
+observaci&oacute;n; pero, al mismo tiempo, la sonrisa con que luc&iacute;a la desigual
+dentadura era suave e ir&oacute;nica protesta contra tanta rigidez.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que tomar el mundo seg&uacute;n viene...&mdash;murmur&oacute; filos&oacute;ficamente&mdash;. Ser
+bueno es lo que importa; porque &iquest;qui&eacute;n va a tapar las bocas de los
+dem&aacute;s? Cada uno habla lo que le parece, y gasta las guasas que quiere....
+En teniendo la conciencia tranquila....</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; no, se&ntilde;or; poco a poco&mdash;replic&oacute; acaloradamente Juli&aacute;n&mdash;. No
+s&oacute;lo estamos obligados a ser buenos, sino a parecerlo; y a&uacute;n es peor en
+un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el esc&aacute;ndalo, que el mismo
+pecado. Usted bien lo sabe, Eugenio; lo sabe mejor que yo, porque tiene
+cura de almas.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n usted se apura ah&iacute; por una chanza, por una tonter&iacute;a, lo mismo
+que si ya todo el mundo le se&ntilde;alase con el dedo.... Se necesita una vara
+de correa para vivir entre gentes. A este paso no le arriendo la
+ganancia, porque no va a sacar para disgustos.</p>
+
+<p>Caviloso y cejijunto, hab&iacute;a cogido Juli&aacute;n un palito que andaba por el
+suelo, y se entreten&iacute;a en clavarlo en la hierba. Levant&oacute; la cabeza de
+pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Eugenio, &iquest;es mi amigo?</p>
+
+<p>&mdash;Siempre, hombre, siempre&mdash;contest&oacute; afable y sinceramente el de Naya.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&eacute;ame franco. H&aacute;bleme como si estuvi&eacute;semos en el confesonario. &iquest;Se
+dice por ah&iacute;... <i>eso</i>?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Lo de que yo... tengo algo que ver... con esa muchacha, &iquest;eh? Porque
+puede usted creerme, y se lo jurar&iacute;a si fuese l&iacute;cito jurar: bien sabe
+Dios que la tal mujer hasta me es aborrecible, y que no le habr&eacute; mirado
+a la cara media docena de veces desde que estoy en los Pazos.</p>
+
+<p>&mdash;No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.... Ea,
+sosi&eacute;guese: a m&iacute; se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel.
+El marqu&eacute;s no invent&oacute; la p&oacute;lvora, es cierto que no, y la moza se
+distraer&aacute; con los de su clase cuanto quiera, d&iacute;galo el bailoteo en la
+gaita de hoy; pero no iba a tener la desverg&uuml;enza de peg&aacute;rsela en sus
+barbas, con el mismo capell&aacute;n.... Hombre, no hagamos tan est&uacute;pido al
+marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n se volvi&oacute;, m&aacute;s bien arrodillado que sentado en la grama, con los
+ojos abiertos de par en par.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... el se&ntilde;orito..., &iquest;qu&eacute; tiene que ver el se&ntilde;orito...?</p>
+
+<p>El cura de Naya salt&oacute; a su vez, sin que ninguna mosca le picase, y
+prorrumpi&oacute; en juvenil carcajada. Juli&aacute;n, comprendiendo, pregunt&oacute;
+nuevamente:</p>
+
+<p>&mdash;Luego el chiquillo... el Perucho....</p>
+
+<p>Torn&oacute; don Eugenio a re&iacute;r hasta el extremo de tener que limpiarse los
+lagrimales con el pa&ntilde;uelo de cuadros.</p>
+
+<p>&mdash;No se ofenda...&mdash;murmuraba entre risa y llanto&mdash;. No se ofenda porque me
+r&iacute;o as&iacute;.... Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la
+risa; un d&iacute;a hasta me puse malo.... Esto es como las cosqui...
+cosquillas... involuntario....</p>
+
+<p>Aplacado el acceso de risa, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro
+patr&oacute;n San Juli&aacute;n..., pero esto pasa de casta&ntilde;o oscuro.... &iexcl;Vivir en los
+Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! &iquest;O es que quiere hacerse el
+bobo?</p>
+
+<p>&mdash;A fe, no sospechaba nada, nada, nada. &iquest;Usted piensa que iba a quedarme
+all&iacute; ni dos d&iacute;as, caso de averiguarlo antes? &iquest;Autorizar con mi presencia
+un amancebamiento? &iquest;Pero... usted est&aacute; seguro de lo que dice?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre.... &iquest;tiene usted gana de cuentos? &iquest;Es usted ciego? &iquest;No lo ha
+notado? Pues rep&aacute;relo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; s&eacute; yo! &iexcl;Cuando uno no est&aacute; en la malicia! Y el ni&ntilde;o..., &iexcl;infeliz
+criatura! El ni&ntilde;o me da tanta compasi&oacute;n.... All&iacute; se cr&iacute;a como un
+morito.... &iquest;Se comprende que haya padres tan sin entra&ntilde;as?</p>
+
+<p>&mdash;Bah.... Esos hijos as&iacute;, nacidos por detr&aacute;s de la Iglesia.... Luego, si
+uno oye a los de aqu&iacute; y a los de all&aacute;.... Cada cual dice lo que se le
+antoja.... La moza es alegre como unas casta&ntilde;uelas; todo el mundo en las
+romer&iacute;as le debe dos cuartos: uno la convida a rosquillas, el otro a
+<i>resolio</i>, &eacute;ste la saca a bailar, aqu&eacute;l la empuja.... Se cuentan mil
+enredos.... &iquest;Usted se ha fijado en el gaitero que toc&oacute; hoy en la misa?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un buen mozo, con patillas?</p>
+
+<p>&mdash;Cabal. Le llaman el <i>Gallo</i> de mote. Pues dicen si la acompa&ntilde;a o no por
+los caminos.... &iexcl;Historias!</p>
+
+<p>Por detr&aacute;s de la tapia del huerto se oy&oacute; entonces vocer&iacute;o alegre y
+argentinas carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;Son las primas...&mdash;dijo don Eugenio&mdash;. Van a la gaita, que est&aacute; tocando
+en el crucero ahora. &iquest;Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa
+el disgusto.... Ah&iacute; en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca
+sobre la comida.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos all&aacute;&mdash;contest&oacute; Juli&aacute;n, que se hab&iacute;a quedado ensimismado.</p>
+
+<p>&mdash;Nos sentaremos al pie del crucero.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#capitulos">-VII-</a></h2>
+
+
+<p>Volv&iacute;a Juli&aacute;n preocupado a la casa solariega, acus&aacute;ndose de excesiva
+simplicidad, por no haber reparado cosas de tanto bulto. &Eacute;l era sencillo
+como la paloma; s&oacute;lo que en este p&iacute;caro mundo tambi&eacute;n se necesita ser
+cauto como la serpiente.... Ya no pod&iacute;a continuar en los Pazos.... &iquest;C&oacute;mo
+volv&iacute;a a vivir a cuestas de su madre, sin m&aacute;s emolumentos que la misa?
+&iquest;Y c&oacute;mo dejaba as&iacute; de golpe al se&ntilde;orito don Pedro, que le trataba tan
+llanamente? &iquest;Y la casa de Ulloa, que necesitaba un restaurador celoso y
+adicto? Todo era verdad: pero, &iquest;y su deber de sacerdote cat&oacute;lico?</p>
+
+<p>Le acongojaban estos pensamientos al cruzar un maizal, en cuyo lindero
+manzanilla y cabrifollos desped&iacute;an grato aroma. Era la noche templada y
+benigna, y Juli&aacute;n apreciaba por primera vez la dulce paz del campo,
+aquel sosiego que derrama en nuestro combatido esp&iacute;ritu la madre
+naturaleza. Mir&oacute; al cielo, oscuro y alto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios sobre todo!&mdash;murmur&oacute;, suspirando al pensar que tendr&iacute;a que habitar
+un pueblo de calles angostas y encontrarse con gente a cada paso.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; andando, guiado por el ladrido lejano de los perros. Ya divisaba
+pr&oacute;xima la vasta mole de los Pazos. El postigo deb&iacute;a estar abierto.
+Juli&aacute;n distaba de &eacute;l unos cuantos pasos no m&aacute;s, cuando oy&oacute; dos o tres
+gritos que le helaron la sangre: clamores inarticulados como de alima&ntilde;a
+herida, a los cuales se un&iacute;a el desconsolado llanto de un ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>Engolf&oacute;se el capell&aacute;n en las tenebrosas profundidades de corredor y
+bodega, y lleg&oacute; velozmente a la cocina. En el umbral se qued&oacute; paralizado
+de asombro ante lo que iluminaba la luz fuliginosa del candil&oacute;n. Sabel,
+tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor,
+la brumaba a culatazos; en una esquina, Perucho, con los pu&ntilde;os metidos
+en los ojos, sollozaba. Sin reparar lo que hac&iacute;a, arroj&oacute;se Juli&aacute;n hacia
+el grupo, llamando al marqu&eacute;s con grandes voces:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or don Pedro..., se&ntilde;or don Pedro!</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se el se&ntilde;or de los Pazos, y se qued&oacute; inm&oacute;vil, con la escopeta
+empu&ntilde;ada por el ca&ntilde;&oacute;n, jadeante, l&iacute;vido de ira, los labios y las manos
+agitadas por temblor horrible; y en vez de disculpar su frenes&iacute; o de
+acudir a la v&iacute;ctima, balbuci&oacute; roncamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perra..., perra..., condenada..., a ver si nos das pronto de cenar, o
+te deshago! &iexcl;A levantarse... o te levanto con la escopeta!</p>
+
+<p>Sabel se incorporaba ayudada por el capell&aacute;n, gimiendo y exhalando
+entrecortados ayes. Ten&iacute;a a&uacute;n el traje de fiesta con el cual la viera
+Juli&aacute;n danzar pocas horas antes junto al crucero y en el atrio; pero el
+<i>mantelo</i> de rico pa&ntilde;o se encontraba manchado de tierra; el dengue de
+grana se le ca&iacute;a de los hombros, y uno de sus largos zarcillos de
+filigrana de plata, abollado por un culatazo, se le hab&iacute;a clavado en la
+carne de la nuca, por donde escurr&iacute;an algunas gotas de sangre. Cinco
+verdugones rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras c&oacute;mo
+hab&iacute;a sido derribada la intr&eacute;pida bailadora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La cena he dicho!&mdash;repiti&oacute; brutalmente don Pedro.</p>
+
+<p>Sin contestar, pero no sin gemir, dirigi&oacute;se la muchacha hacia el rinc&oacute;n
+donde hipaba el ni&ntilde;o, y le tom&oacute; en brazos, apret&aacute;ndole mucho. El
+angelote segu&iacute;a llorando a moco y baba. Don Pedro se acerc&oacute; entonces, y
+mudando de tono, pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso? &iquest;Tiene algo Perucho?</p>
+
+<p>P&uacute;sole la mano en la frente y la sinti&oacute; h&uacute;meda. Levant&oacute; la palma: era
+sangre. Desviando entonces los brazos, apretando los pu&ntilde;os, solt&oacute; una
+blasfemia, que hubiera horrorizado m&aacute;s a Juli&aacute;n si no supiese, desde
+aquella tarde misma, que acaso ten&iacute;a ante s&iacute; a un padre que acababa de
+herir a su hijo. Y el padre resurg&iacute;a, maldici&eacute;ndose a s&iacute; propio,
+apartando los rizos del chiquillo, mojando un pa&ntilde;uelo en agua, y
+at&aacute;ndolo con cuidado indecible sobre la descalabradura.</p>
+
+<p>&mdash;A ver c&oacute;mo lo cuidas...&mdash;grit&oacute; dirigi&eacute;ndose a Sabel&mdash;. Y c&oacute;mo haces la
+cena en un vuelo.... &iexcl;Yo te ense&ntilde;ar&eacute;, yo te ense&ntilde;ar&eacute; a pasarte las horas
+en las romer&iacute;as sacudi&eacute;ndote, perra!</p>
+
+<p>Con los ojos fijos en el suelo, sin quejarse ya, Sabel permanec&iacute;a
+parada, y su mano derecha tentaba suavemente su hombro izquierdo, en el
+cual deb&iacute;a tener alguna dolorosa contusi&oacute;n. En voz baja y lastimera,
+pero con suma energ&iacute;a, pronunci&oacute; sin mirar al se&ntilde;orito:</p>
+
+<p>&mdash;Busque quien le haga la cena..., y quien est&eacute; aqu&iacute;.... Yo me voy, me
+voy, me voy, me voy....</p>
+
+<p>Y lo repet&iacute;a obstinadamente, sin entonaci&oacute;n, como el que afirma una cosa
+natural e inevitable.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dices, bribona?</p>
+
+<p>&mdash;Que me voy, que me voy.... A mi casita pobre.... &iexcl;Qui&eacute;n me trajo aqu&iacute;!
+&iexcl;Ay, mi madre de mi alma!</p>
+
+<p>Rompi&oacute; la moza a llorar amargu&iacute;simamente, y el marqu&eacute;s, requiriendo su
+escopeta, rechinaba los dientes de c&oacute;lera, dispuesto ya a hacer alguna
+barrabasada notable, cuando un nuevo personaje entr&oacute; en escena. Era
+Primitivo, salido de un rinc&oacute;n oscuro; dir&iacute;ase que estaba all&iacute; oculto
+hac&iacute;a rato. Su aparici&oacute;n modific&oacute; instant&aacute;neamente la actitud de Sabel,
+que tembl&oacute;, call&oacute; y contuvo sus l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No oyes lo que te dice el se&ntilde;orito?&mdash;pregunt&oacute; sosegadamente el padre a
+la hija.</p>
+
+<p>&mdash;Oi-go, siii-see-&ntilde;oor, oi-go-tartamude&oacute; la moza, comi&eacute;ndose los
+sollozos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a hacer la cena en seguida. Voy a ver si volvieron ya las otras
+muchachas para que te ayuden. La Sabia est&aacute; ah&iacute; fuera: te puede encender
+la lumbre.</p>
+
+<p>Sabel no replic&oacute; m&aacute;s. Remang&oacute;se la camisa y baj&oacute; de la espetera una
+sart&eacute;n. Como evocada por alguna de sus compa&ntilde;eras en hechicer&iacute;as, entr&oacute;
+en la cocina entonces, pisando de lado, la vieja de las gre&ntilde;as blancas,
+la Sabia, que tra&iacute;a el enorme mandil atestado de le&ntilde;a. El marqu&eacute;s ten&iacute;a
+a&uacute;n la escopeta en la mano: cogi&oacute;sela respetuosamente Primitivo, y la
+llev&oacute; al sitio de costumbre. Juli&aacute;n, renunciando a consolar al ni&ntilde;o,
+crey&oacute; llegada la ocasi&oacute;n de dar un golpe diplom&aacute;tico.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or marqu&eacute;s..., &iquest;quiere que tomemos un poco el aire? Est&aacute; la noche
+muy buena.... Nos pasearemos por el huerto....</p>
+
+<p>Y para sus adentros pensaba:</p>
+
+<p>&laquo;En el huerto le digo que me voy tambi&eacute;n.... No se ha hecho para m&iacute; esta
+vida, ni esta casa&raquo;.</p>
+
+<p>Salieron al huerto. O&iacute;ase el cuarrear de las ranas en el estanque, pero
+ni una hoja de los &aacute;rboles se mov&iacute;a, tal estaba la noche de serena. El
+capell&aacute;n cobr&oacute; &aacute;nimos, pues la oscuridad alienta mucho a decir cosas
+dif&iacute;ciles.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or marqu&eacute;s, yo siento tener que advertirle....</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se el marqu&eacute;s bruscamente.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute;..., &iexcl;chist!, no necesitamos gastar saliva. Me ha pescado usted en
+uno de esos momentos en que el hombre no es due&ntilde;o de s&iacute;.... Dicen que no
+se debe pegar nunca a las mujeres.... Francamente, don Juli&aacute;n, seg&uacute;n
+ellas sean.... &iexcl;Hay mujeres de mujeres, caramba..., y ciertas cosas
+acabar&iacute;an con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento
+es el golpe que le toc&oacute; al chiquillo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me refer&iacute;a a eso...&mdash;murmur&oacute; Juli&aacute;n&mdash;. Pero si quiere que le hable
+con el coraz&oacute;n en la mano, como es mi deber, creo no est&aacute; bien maltratar
+as&iacute; a nadie.... Y por la tardanza de la cena, no merece....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La tardanza de la cena!&mdash;pronunci&oacute; el se&ntilde;orito&mdash;. &iexcl;La tardanza! A ning&uacute;n
+cristiano le gusta pasarse el d&iacute;a en el monte comiendo fr&iacute;o y llegar a
+casa y no encontrar bocado caliente; &iexcl;pero si esa mala hembra no tuviese
+otras ma&ntilde;as...! &iquest;No la ha visto usted? &iquest;No la ha visto usted todo el
+d&iacute;a, all&aacute; en Naya, bailoteando como una descosida, sin verg&uuml;enza? &iquest;No la
+ha encontrado usted a la vuelta, bien acompa&ntilde;ada? &iexcl;Ah!... &iquest;Usted cree
+que se vienen solitas las mozas de su cala&ntilde;a? &iexcl;Ja, ja! Yo la he visto,
+con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo alg&uacute;n pesar, &iexcl;es el de
+no haberle roto una pierna, para que no baile m&aacute;s por unos cuantos
+meses!</p>
+
+<p>Guard&oacute; silencio el capell&aacute;n, sin saber qu&eacute; responder a la inesperada
+revelaci&oacute;n de celos feroces. Al fin calcul&oacute; que se le abr&iacute;a camino para
+soltar lo que ten&iacute;a atravesado en la garganta.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or marqu&eacute;s&mdash;murmur&oacute;&mdash;, disp&eacute;nseme la libertad que me tomo.... Una
+persona de su clase no se debe rebajar a import&aacute;rsele por lo que haga o
+no haga la criada.... La gente es maliciosa, y pensar&aacute; que usted trata
+con esa chica.... Digo <i>pensar&aacute;</i> Ya lo piensa todo el mundo.... Y el caso
+es que yo..., vamos..., no puedo permanecer en una casa donde, seg&uacute;n la
+voz p&uacute;blica, vive un cristiano en concubinato.... Nos est&aacute; prohibido
+severamente autorizar con nuestra presencia el esc&aacute;ndalo y hacernos
+c&oacute;mplices de &eacute;l. Lo siento a par del alma, se&ntilde;or marqu&eacute;s; puede creerme
+que hace tiempo no tuve un disgusto igual.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s se detuvo, con las manos sepultadas en los bolsillos.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Leria, leria</i>...&mdash;murmur&oacute;&mdash;. Es preciso hacerse cargo de lo que es la
+juventud y la robustez.... No me predique un serm&oacute;n, no me pida
+imposibles. &iexcl;Qu&eacute; demonio!, el que m&aacute;s y el que menos es hombre como
+todos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy un pecador&mdash;replic&oacute; Juli&aacute;n&mdash;, solamente que veo claro en este
+asunto, y por los favores que debo a usted, y el pan que le he comido,
+estoy obligado a decirle la verdad. Se&ntilde;or marqu&eacute;s, con franqueza, &iquest;no le
+pesa de vivir as&iacute; encenagado? &iexcl;Una cosa tan inferior a su categor&iacute;a y a
+su nacimiento! &iexcl;Una triste criada de cocina!</p>
+
+<p>Siguieron andando, acerc&aacute;ndose a la linde del bosque, donde conclu&iacute;a el
+huerto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una bribona desorejada, que es lo peor!&mdash;exclam&oacute; el marqu&eacute;s despu&eacute;s de
+un rato de silencio&mdash;. Oiga usted...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; arrim&aacute;ndose a un casta&ntilde;o&mdash;. A
+esa mujer, a Primitivo, a la condenada bruja de la Sabia con sus hijas y
+nietas, a toda esa gavilla que hace de mi casa merienda de negros, a la
+aldea entera que los encubre, era preciso cogerlos as&iacute; (y agarraba una
+rama del casta&ntilde;o tritur&aacute;ndola en menudos fragmentos) y deshacerlos. Me
+est&aacute;n saqueando, me comen vivo..., y cuando pienso en que esa tunanta me
+aborrece y se va de mejor gana con cualquier ga&ntilde;&aacute;n de los que acuden
+descalzos a alquilarse para majar el centeno, &iexcl;tengo mientes de
+aplastarle los sesos como a una culebra!</p>
+
+<p>Juli&aacute;n o&iacute;a estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se
+admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or...&mdash;balbuci&oacute;&mdash;. Si usted mismo lo conoce y lo comprende....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no lo he de comprender? &iquest;Soy est&uacute;pido acaso para no ver que esa
+desvergonzada huye de m&iacute;, y cada d&iacute;a tengo que cazarla como a una
+liebre? &iexcl;S&oacute;lo est&aacute; contenta entre los dem&aacute;s labriegos, con la hechicera
+que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A m&iacute; me detesta. A la
+hora menos pensada me envenenar&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or marqu&eacute;s, &iexcl;yo me pasmo!&mdash;arguy&oacute; el capell&aacute;n eficazmente&mdash;. &iexcl;Que
+usted se apure por una cosa tan f&aacute;cil de arreglar! &iquest;Tiene m&aacute;s que poner
+a semejante mujer en la calle?</p>
+
+<p>Como ambos interlocutores se hab&iacute;an acostumbrado a la oscuridad, no s&oacute;lo
+vio Juli&aacute;n que el marqu&eacute;s meneaba la cabeza, sino que torc&iacute;a el gesto.</p>
+
+<p>&mdash;Bien se habla...&mdash;pronunci&oacute; sordamente&mdash;. Decir es una cosa y hacer es
+otra.... Las dificultades se tocan en la pr&aacute;ctica. Si echo a ese enemigo,
+no encuentro quien me guise ni quien venga a servirme. Su padre....
+&iquest;Usted no lo creer&aacute;? Su padre tiene amenazadas a todas las mozas de que
+a la que entre aqu&iacute; en march&aacute;ndose su hija, le mete &eacute;l una perdigonada
+en los lomos.... Y saben que es hombre para hacerlo como lo dice. Un d&iacute;a
+cog&iacute; yo a Sabel por un brazo y la puse en la puerta de la casa: la misma
+noche se me despidieron las otras criadas, Primitivo se fingi&oacute; enfermo,
+y estuve una semana comiendo en la rectoral y haci&eacute;ndome la cama yo
+mismo.... Y tuve que pedirle a Sabel, de favor, que volviese....
+Deseng&aacute;&ntilde;ese usted, pueden m&aacute;s que nosotros. Esa comparsa que traen
+alrededor son paniaguados suyos, que les obedecen ciegamente. &iquest;Piensa
+usted que yo ahorro un ochavo aqu&iacute; en este desierto? &iexcl;Qui&aacute;! Vive a mi
+cuenta toda la parroquia. Ellos se beben mi cosecha de vino, mantienen
+sus gallinas con mis frutos, mis montes y sotos les suministran le&ntilde;a,
+mis h&oacute;rreos les surten de pan; la renta se cobra tarde, mal y arrastro;
+yo sostengo siete u ocho vacas, y la leche que bebo cabe en el hueco de
+la mano; en mis establos hay un reba&ntilde;o de bueyes y terneros que jam&aacute;s se
+uncen para labrar mis tierras; se compran con mi dinero, eso s&iacute;, pero
+luego se dan a parcer&iacute;a y no se me rinden cuentas jam&aacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no pone otro mayordomo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, ay, ay! &iexcl;Como quien no dice nada! Una de dos: o ser&iacute;a hechura de
+Primitivo y entonces est&aacute;bamos en lo mismo, o Primitivo le largar&iacute;a un
+tiro en la barriga.... Y si hemos de decir verdad, Primitivo no es
+mayordomo.... Es peor que si lo fuese, porque manda en todos, incluso en
+m&iacute;; pero yo no le he dado jam&aacute;s semejante mayordom&iacute;a.... Aqu&iacute; el
+mayordomo fue siempre el capell&aacute;n.... Ese Primitivo no sabr&aacute; casi leer ni
+escribir; pero es m&aacute;s listo que una centella, y ya en vida del t&iacute;o
+Gabriel se echaba mano de &eacute;l para todo.... Mire usted, lo cierto es que
+el d&iacute;a que &eacute;l se cruza de brazos, se encuentra uno colgadito.... No
+hablemos ya de la caza, que para eso no tiene igual; a m&iacute; me faltar&iacute;an
+los pies y las manos si me faltase Primitivo.... Pero en los dem&aacute;s
+asuntos es igual.... Su antecesor de usted, el abad de Ulloa, no se val&iacute;a
+sin &eacute;l; y usted, que tambi&eacute;n ha venido en concepto de administrador,
+s&eacute;ame franco: &iquest;ha podido usted ama&ntilde;arse solo?</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que no&mdash;declar&oacute; Juli&aacute;n humildemente&mdash;. Pero con el
+tiempo..., la pr&aacute;ctica....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, bah! A usted no le obedecer&aacute; ni le har&aacute; caso jam&aacute;s ning&uacute;n
+paisano, porque es usted un infeliz; es usted demasiado bonach&oacute;n. Ellos
+necesitan gente que conozca sus m&aacute;culas y les d&eacute; ciento de ventaja en
+picard&iacute;a.</p>
+
+<p>Por depresiva que fuese para el amor propio del capell&aacute;n la observaci&oacute;n,
+hubo de reconocer su exactitud. No obstante, picado ya, se propuso
+agotar los recursos del ingenio para conseguir la victoria en lucha tan
+desigual. Y su caletre le sugiri&oacute; la siguiente perogrullada:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or marqu&eacute;s..., &iquest;por qu&eacute; no sale un poco al pueblo? &iquest;No ser&iacute;a
+&eacute;se el mejor modo de desenredarse? Me admiro de que un se&ntilde;orito como
+usted pueda aguantar todo el a&ntilde;o aqu&iacute;, sin moverse de estas monta&ntilde;as
+fieras.... &iquest;No se aburre?</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s miraba al suelo, aun cuando en &eacute;l no hab&iacute;a cosa digna de
+verse. La idea del capell&aacute;n no le cog&iacute;a de sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Salir de aqu&iacute;!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iquest;Y a d&oacute;nde demontre se va uno? Siquiera aqu&iacute;,
+mal o bien, es uno el rey de la comarca.... El t&iacute;o Gabriel me lo dec&iacute;a
+mil veces: las personas decentes, en las poblaciones, no se distinguen
+de los zapateros.... Un zapatero que se hace millonario metiendo y
+sacando la lesna, se sube encima de cualquier se&ntilde;or, de los que lo somos
+de padres a hijos.... Yo estoy muy acostumbrado a pisar tierra m&iacute;a y a
+andar entre &aacute;rboles que corto si se me antoja.</p>
+
+<p>&mdash;Pero al fin, se&ntilde;orito, &iexcl;aqu&iacute; le manda Primitivo!</p>
+
+<p>&mdash;Bah.... A Primitivo le puedo yo dar tres docenas de puntapi&eacute;s, si se me
+hinchan las narices, sin que el juez me venga a empapelar.... No lo hago;
+pero duermo tranquilo con la seguridad de que lo har&iacute;a si quisiese.
+&iquest;Cree usted que Sabel ir&aacute; a quejarse a la justicia de los culatazos de
+hoy?</p>
+
+<p>Esta l&oacute;gica de la barbarie confund&iacute;a a Juli&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or, yo no le digo que deje esto... &Uacute;nicamente, que salga una
+temporadita, a ver c&oacute;mo le prueba.... Apart&aacute;ndose usted de aqu&iacute; alg&uacute;n
+tiempo, no ser&iacute;a dif&iacute;cil que Sabel se casase con persona de su esfera, y
+que usted tambi&eacute;n encontrase una conveniencia arreglada a su calidad,
+una esposa leg&iacute;tima. Cualquiera tiene un desliz, la carne es flaca; por
+eso no es bueno para el hombre vivir solo, porque se encenaga, y como
+dijo quien lo entend&iacute;a, es mejor casarse que abrasarse en
+concupiscencia, se&ntilde;or don Pedro. &iquest;Por qu&eacute; no se casa, se&ntilde;orito?&mdash;exclam&oacute;,
+juntando las manos&mdash;. &iexcl;Hay tantas se&ntilde;oritas buenas y honradas!</p>
+
+<p>A no ser por la oscuridad, ver&iacute;a Juli&aacute;n chispear los ojos del marqu&eacute;s de
+Ulloa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cree usted, santo de Dios, que no se me hab&iacute;a ocurrido a m&iacute;? &iquest;Piensa
+usted que no sue&ntilde;o todas las noches con un chiquillo que se me parezca,
+que no sea hijo de una bribona, que contin&uacute;e el nombre de la casa...,
+que herede esto cuando yo me muera... y que se llame <i>Pedro Moscoso</i>,
+como yo?</p>
+
+<p>Al decir esto golpe&aacute;base el marqu&eacute;s su fornido tronco, su pecho varonil,
+cual si de &eacute;l quisiese hacer brotar fuerte y adulto ya el codiciado
+heredero. Juli&aacute;n, lleno de esperanza, iba a animarle en tan buenos
+prop&oacute;sitos; pero se estremeci&oacute; de repente, pues crey&oacute; sentir a sus
+espaldas un rumor, un roce, el paso de un animal por entre la maleza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?&mdash;exclam&oacute; volvi&eacute;ndose&mdash;. Parece que anda por aqu&iacute; el zorro.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s le cogi&oacute; del brazo.</p>
+
+<p>&mdash;Primitivo...&mdash;articul&oacute; en voz baja y ahogada de ira&mdash;. Primitivo que nos
+atisbar&aacute; hace un cuarto de hora, oyendo la conversaci&oacute;n.... Ya est&aacute; usted
+fresco.... Nos hemos lucido.... &iexcl;Me valga Dios y los santos de la corte
+celestial! Tambi&eacute;n a m&iacute; se me acaba la cuerda. &iexcl;Vale m&aacute;s ir a presidio
+que llevar esta vida!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#capitulos">-VIII-</a></h2>
+
+
+<p>Mientras se ra&iacute;a con la navaja de barba los contados pelos rubios que
+brotaban en sus carrillos, Juli&aacute;n maduraba un proyecto: afeitado y
+limpio que fuese, emprender&iacute;a el camino de Cebre un pie tras otro, en el
+caballo de San Francisco; all&iacute; le pedir&iacute;a al cura una j&iacute;cara de
+chocolate, y esperar&iacute;a en la rectoral hasta las doce, hora en que pasa
+la diligencia de Orense a Santiago; malo ser&iacute;a que en interior o cup&eacute; no
+hubiese un asiento vacante. Ten&iacute;a dispuesto su malet&iacute;n: lo enviar&iacute;a a
+buscar desde Cebre por un mozo. Y calculando as&iacute;, miraba contristado el
+paisaje ameno, el huerto con su dormil&oacute;n estanque, el umbr&iacute;o manch&oacute;n del
+soto, la verdura de los prados y maizales, la monta&ntilde;a, el limpio
+firmamento, y se le prend&iacute;a el alma en el atractivo de aquella dulce
+soledad y silencio, tan de su gusto, que deseaba pasar all&iacute; la vida
+toda. &iexcl;C&oacute;mo ha de ser! Dios nos lleva y trae seg&uacute;n sus fines.... No, no
+era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del
+para&iacute;so.... Le agit&oacute; semejante idea y se cort&oacute; dos veces la mejilla....
+Estuvo pr&oacute;ximo a inferirse el tercer rasgu&ntilde;o, porque le dieron una
+palmada en el hombro.</p>
+
+<p>Se volvi&oacute;.... &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a de conocer a don Pedro, tan metamorfoseado
+como ven&iacute;a? Afeitado tambi&eacute;n, aunque sin detrimento de su barba, que
+brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jab&oacute;n y a ropa
+limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqu&eacute; blanco, hongo
+azul, y al brazo un abrigo, parec&iacute;a el se&ntilde;or de Ulloa otro hombre nuevo
+y diferente, con veinte grados m&aacute;s de educaci&oacute;n y cultura que el
+anterior. De golpe lo comprendi&oacute; todo Juli&aacute;n... y la sangre le dio
+gozoso vuelco.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;orito...!</p>
+
+<p>&mdash;Ea, despachar, que corre prisa.... Tiene usted que acompa&ntilde;arme a
+Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediod&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras viene usted? &iexcl;Mismo parece cosa de milagro! Yo estuve hoy
+arreglando la maleta. &iexcl;Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me
+quede aqu&iacute; entretanto....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No faltaba otra cosa! Si salgo solo, se me agua la fiesta. Voy a dar
+una sorpresa al t&iacute;o Manolo, y a conocer a las primas, que s&oacute;lo las he
+visto cuando eran unas mocosas.... Si ahora me desanimo, no vuelvo a
+animarme en diez a&ntilde;os. Ya he mandado a Primitivo que ensille la yegua y
+ponga el aparejo a la borrica.</p>
+
+<p>En aquel punto asom&oacute; por la puerta un rostro que a Juli&aacute;n se le antoj&oacute;
+siniestro, y acaso pens&oacute; otro tanto el marqu&eacute;s, pues pregunt&oacute;
+impaciente:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, &iquest;qu&eacute; ocurre?</p>
+
+<p>&mdash;La yegua&mdash;respondi&oacute; Primitivo sin alzar la voz&mdash;no sirve para el camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n? &iquest;Puede saberse?</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; sin una ferradura siquiera&mdash;declar&oacute; serenamente el cazador.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mal rayo que te parta!&mdash;vocifer&oacute; el marqu&eacute;s echando fuego por los
+ojos&mdash;. &iexcl;Ahora me dices eso! &iquest;Pues no es cuenta tuya cuidar de que est&eacute;
+herrada? &iquest;O he de llevarla yo al herrador todos los d&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;Como no sab&iacute;a que el se&ntilde;orito quisiese salir hoy....</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or&mdash;intervino Juli&aacute;n&mdash;, yo ir&eacute; a pie. Al fin ten&iacute;a determinado dar ese
+paseo. Lleve usted la burra.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco hay burra&mdash;objet&oacute; el cazador sin pesta&ntilde;ear ni alterar un solo
+m&uacute;sculo de su faz bronc&iacute;nea.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que... no... hay... bu... rraaaaa?&mdash;articul&oacute;, apretando los pu&ntilde;os, don
+Pedro&mdash;. &iquest;Que no... la... hayyy? A ver, a ver.... Rep&iacute;teme eso, en mi
+cara.</p>
+
+<p>El hombre de bronce no se inmut&oacute; al reiterar fr&iacute;amente.</p>
+
+<p>&mdash;No hay burra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues as&iacute; Dios me salve! &iexcl;La ha de haber y tres m&aacute;s, y si no por quien
+soy que os pongo a todos a cuatro patas y me llev&aacute;is a caballo hasta
+Cebre!</p>
+
+<p>Nada replic&oacute; Primitivo, incrustado en el quicio de la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos claros, &iquest;c&oacute;mo es que no hay burra?</p>
+
+<p>&mdash;Ayer, al volver del pasto, el rapaz que la cuida le encontr&oacute; dos
+pu&ntilde;aladas.... Puede el se&ntilde;orito verla.</p>
+
+<p>Dispar&oacute; don Pedro una imprecaci&oacute;n, y baj&oacute; de dos en dos las escaleras.
+Primitivo y Juli&aacute;n le segu&iacute;an. En la cuadra, el pastor, adolescente de
+cara est&uacute;pida y escrofulosa, confirm&oacute; la versi&oacute;n del cazador. All&aacute; en el
+fondo del establo columbraron al pobre animal, que temblaba, con las
+orejas gachas y el ojo amortiguado; la sangre de sus heridas, en negro
+reguero, se hab&iacute;a coagulado desde el anca a los cascos. Juli&aacute;n
+experimentaba en el establo sombr&iacute;o y lleno de telara&ntilde;as impresi&oacute;n
+an&aacute;loga a la que sentir&iacute;a en el teatro de un crimen. Por lo que hace al
+marqu&eacute;s, qued&oacute;se suspenso un instante, y de s&uacute;bito, agarrando al pastor
+por los cabellos, se los mes&oacute; y refreg&oacute; con furia, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Para que otra vez dejes acuchillar a los animales..., toma..., toma...,
+toma....</p>
+
+<p>Rompi&oacute; el chico a llorar becerrilmente, lanzando angustiosas miradas al
+impasible Primitivo. Don Pedro se volvi&oacute; hacia &eacute;ste.</p>
+
+<p>&mdash;Pilla ahora mismo mi saco y la maleta de don Juli&aacute;n.... Volando.... Nos
+vamos a pie hasta Cebre.... Andando bien, tenemos tiempo de coger el
+coche.</p>
+
+<p>Obedeci&oacute; el cazador sin perder su helada calma. Baj&oacute; la maleta y el
+saco; pero en vez de cargar ambos objetos a hombros, entreg&oacute; cada bulto
+a un mozo de campo, diciendo lac&oacute;nicamente:</p>
+
+<p>&mdash;Vas con el se&ntilde;orito.</p>
+
+<p>Sorprendi&oacute;se el marqu&eacute;s y mir&oacute; a su montero con desconfianza. Jam&aacute;s
+perdonaba Primitivo la ocasi&oacute;n de acompa&ntilde;arle, y extra&ntilde;aba su
+retraimiento entonces. Por la imaginaci&oacute;n de don Pedro cruzaron r&aacute;pidas
+vislumbres de recelo; y como si Primitivo lo adivinase, prob&oacute; a
+disiparlo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo ah&iacute; que atender al rareo del soto de Rendas. Est&aacute;n los
+casta&ntilde;os tan apretados, que no se ve.... Ya andan all&aacute; los le&ntilde;adores....
+Pero sin m&iacute;, no se desenvuelven....</p>
+
+<p>Encogi&oacute;se de hombros el se&ntilde;orito, calculando que acaso Primitivo se
+propon&iacute;a ocultar en el soto la verg&uuml;enza de su derrota. No obstante,
+como cre&iacute;a conocerle, hac&iacute;asele duro que abandonase la partida sin
+desquite. Estuvo a punto de exclamar: &laquo;Acomp&aacute;&ntilde;ame&raquo;. Presinti&oacute;
+resistencias, y pens&oacute; para su sayo: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; demonio! M&aacute;s vale dejarle.
+Aunque se empe&ntilde;e, no me ha de cortar el paso.... Y si cree que puede
+conmigo...&raquo;.</p>
+
+<p>Fij&oacute; sin embargo una mirada escrutadora en las escuetas facciones del
+cazador, donde cre&iacute;a advertir, muy encubierta y disimulada, cierta
+contracci&oacute;n diab&oacute;lica.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; estar&aacute; rumiando este zorro?&mdash;cavilaba el se&ntilde;orito&mdash;. Sin alguna no
+escapamos. &iexcl;No, pues como se desmande! Me coge hoy en punto de caramelo.</p>
+
+<p>Subi&oacute; don Pedro a su habitaci&oacute;n y volvi&oacute; con la escopeta al hombro.
+Juli&aacute;n le miraba sorprendido de que tomase el arma yendo de viaje. De
+pronto el capell&aacute;n record&oacute; algo tambi&eacute;n y se dirigi&oacute; a la cocina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sabel!&mdash;grit&oacute;&mdash;. &iexcl;Sabel! &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el ni&ntilde;o, mujer? Le quer&iacute;a dar un
+beso.</p>
+
+<p>Sabel sali&oacute; y volvi&oacute; con el chiquillo agarrado a sus sayas. Le hab&iacute;a
+encontrado escondido en el pesebre de las vacas, su rinc&oacute;n favorito, y
+el diablillo tra&iacute;a los rizos entretejidos con hierba y flores
+silvestres. Estaba precioso. Hasta la venda de la descalabradura le
+asemejaba al Amor. Juli&aacute;n le levant&oacute; en peso, bes&aacute;ndole en ambos
+carrillos.</p>
+
+<p>&mdash;Sabel, mujer, l&aacute;velo de vez en cuando siquiera.... Por las ma&ntilde;anas....</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos, v&aacute;monos...&mdash;apremi&oacute; el marqu&eacute;s desde la puerta, como si
+recelase entrar junto a la mujer y el ni&ntilde;o&mdash;. Hace falta el tiempo.... Se
+nos va a marchar el coche.</p>
+
+<p>Si Sabel deseaba retener a aquel fugitivo Eneas, no dio de ello la m&aacute;s
+leve se&ntilde;al, pues se volvi&oacute; con gran sosiego a sus potes y tr&eacute;bedes. Don
+Pedro, a pesar de la urgencia alegada para apurar a Juli&aacute;n, aguard&oacute; dos
+minutos en la puerta, quiz&aacute;s con la ilusi&oacute;n rec&oacute;ndita de ser detenido
+por la muchacha; pero al fin, encogi&eacute;ndose de hombros, sali&oacute; delante, y
+ech&oacute; a andar por la senda abierta entre vi&ntilde;as que conduc&iacute;a al crucero.
+Era el paraje descubierto, aunque el terreno quebrado, y el se&ntilde;orito
+pod&iacute;a otear f&aacute;cilmente a derecha e izquierda todo cuanto sucediese: ni
+una liebre brincar&iacute;a por all&iacute; sin que sus ojos linces de cazador la
+avizorasen. Aunque departiendo con Juli&aacute;n acerca de la sorpresa que se
+le preparaba a la familia de la Lage, y de si amenazaba llover porque el
+cielo se hab&iacute;a encapotado, no descuidaba el marqu&eacute;s observar algo que
+deb&iacute;a interesarle much&iacute;simo. Un instante se par&oacute;, creyendo divisar la
+cabeza de un hombre all&aacute; lejos, detr&aacute;s de los paredones que cerraban la
+vi&ntilde;a. Pero a tal distancia no consigui&oacute; cerciorarse. Vigil&oacute; m&aacute;s atento.</p>
+
+<p>Acerc&aacute;banse al soto de Rendas, situado antes del crucero; desde all&iacute; el
+arbolado se espesaba, y se dificultaba la precauci&oacute;n. Orillaron el soto,
+llegaron al pie del santo s&iacute;mbolo y se internaron en el camino m&aacute;s agrio
+y estrecho, sin ver nada que justificase temores. En la espesura oyeron
+el golpe reiterado del hacha y el &iexcl;ham! de los le&ntilde;adores, que rareaban
+los casta&ntilde;os. M&aacute;s adelante, silencio total. El cielo se cubr&iacute;a de nubes
+cirrosas, y la claridad del sol apenas se abr&iacute;a paso, filtr&aacute;ndose velada
+y c&aacute;rdena, presagiando tempestad. Juli&aacute;n record&oacute; un detalle melanc&oacute;lico,
+la cruz a la cual iban a llegar en breve, que se&ntilde;alaba el teatro de un
+crimen, y pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se&ntilde;orito?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eh?&mdash;murmur&oacute; el marqu&eacute;s, hablando con los dientes apretados.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; cerca mataron un hombre, &iquest;verdad? Donde est&aacute; la cruz de madera.
+&iquest;Por qu&eacute; fue, se&ntilde;orito? &iquest;Alguna venganza?</p>
+
+<p>&mdash;Una pendencia entre borrachos, al volver de la feria&mdash;respondi&oacute;
+secamente don Pedro, que se hac&iacute;a todo ojos para inspeccionar los
+matorrales.</p>
+
+<p>La cruz negreaba ya sobre ellos, y Juli&aacute;n se puso a rezar el <i>Padre
+nuestro</i> acostumbrado, muy bajito. Iba delante, y el se&ntilde;orito le pisaba
+casi los talones. Los mozos portadores del equipaje se hab&iacute;an adelantado
+mucho, deseosos de llegar cuanto antes a Cebre y echar un traguete en la
+taberna. Para o&iacute;r el susurro que produjeron las hojas y la maleza al
+desviarse y abrir paso a un cuerpo, necesit&aacute;banse realmente sentidos de
+cazador. El se&ntilde;orito lo percibi&oacute;, aunque tenue, clar&iacute;simo, y vio el
+ca&ntilde;&oacute;n de la escopeta apuntado tan diestramente que de fijo no se
+perder&iacute;a el disparo: el ca&ntilde;&oacute;n no amagaba a su pecho, sino a las espaldas
+de Juli&aacute;n. La sorpresa estuvo a punto de paralizar a don Pedro: fue un
+segundo, menos que un segundo tal vez, un espacio de tiempo
+inapreciable, lo que tard&oacute; en reponerse, y en echarse a la cara su arma,
+apuntando a su vez al enemigo emboscado. Si el tiro de &eacute;ste sal&iacute;a, la
+bala se cruzar&iacute;a casi con otra bala justiciera. La situaci&oacute;n dur&oacute; pocos
+instantes: estaban frente a frente dos adversarios dignos de medir sus
+fuerzas. El m&aacute;s inteligente cedi&oacute;, encontr&aacute;ndose descubierto. Oy&oacute; el
+marqu&eacute;s el roce del follaje al bajarse el ca&ntilde;&oacute;n que amenazaba a Juli&aacute;n,
+y Primitivo sali&oacute; del soto, blandiendo su vieja escopeta certera,
+remendada con cordeles. Juli&aacute;n precipit&oacute; el <i>Gloria Patri</i> para decirle
+en tono cort&eacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;Hola.... &iquest;Se viene usted con nosotros por fin hasta Cebre?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or&mdash;contest&oacute; Primitivo, cuyo semblante recordaba m&aacute;s que nunca el
+de una estatua de fundici&oacute;n&mdash;. Dejo dispuesto en Rendas, y voy a ver si
+de aqu&iacute; a Cebre sale algo que tumbar....</p>
+
+<p>&mdash;Dame esa escopeta, Primitivo&mdash;orden&oacute; don Pedro&mdash;. Estoy oyendo cantar la
+codorniz ah&iacute;, que no parece sino que me hace burla. Se me ha olvidado
+cargar mi carabina.</p>
+
+<p>Diciendo y haciendo, cogi&oacute; la escopeta, apunt&oacute; a cualquier parte, y
+dispar&oacute;. Volaron hojas y pedazos de rama de un roble pr&oacute;ximo, aunque
+ninguna codorniz cay&oacute; herida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marr&oacute;!&mdash;exclam&oacute; el se&ntilde;orito fingiendo gran contrariedad, mientras para
+s&iacute; discurr&iacute;a: &laquo;No era bala, eran postas.... Le quer&iacute;a meter grajea de
+plomo en el cuerpo.... &iexcl;Claro, con bala era m&aacute;s escandaloso, m&aacute;s
+alarmante para la justicia. Es zorro fino!&raquo;.</p>
+
+<p>Y en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;No vuelvas a cargar; hoy no se caza, que se nos viene la lluvia encima
+y tenemos que apretar el paso. Marcha delante, ens&eacute;&ntilde;anos el atajo hasta
+Cebre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No lo sabe el se&ntilde;orito?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; tal, pero a veces me distraigo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a><a href="#capitulos">-IX-</a></h2>
+
+
+<p>Como ya dos veces hab&iacute;a repicado la campanilla y los criados no llevaban
+trazas de abrir, las se&ntilde;oritas de la Lage, suponiendo que a horas tan
+tempranas no vendr&iacute;a nadie de cumplido, bajaron en persona y en grupo a
+abrir la puerta, sin peinar, con bata y chinelas, hechas unas fachas.
+As&iacute; es que se quedaron voladas al encontrarse con un arrogante mozo, que
+les dec&iacute;a campechanamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que nadie me conoce aqu&iacute;?</p>
+
+<p>Sintieron impulsos de echar a correr; pero la tercera, la menos linda de
+todas, frisando al parecer en los veinte a&ntilde;os, murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;De fijo que es el primo Perucho Moscoso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravo!&mdash;exclam&oacute; don Pedro&mdash;. &iexcl;Aqu&iacute; est&aacute; la m&aacute;s lista de la familia!</p>
+
+<p>Y adelant&aacute;ndose con los brazos abiertos fue para abrazarla; pero ella,
+hurtando el cuerpo, le tendi&oacute; una manecita fresca, reci&eacute;n lavada con
+agua y colonia. En seguida se entr&oacute; por la casa gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pap&aacute;!, &iexcl;pap&aacute;! &iexcl;Est&aacute; aqu&iacute; el primo Perucho!</p>
+
+<p>El piso retembl&oacute; bajo unos pasos elefantinos.... Apareci&oacute; el se&ntilde;or de la
+Lage, llenando con su volumen la antesala, y don Pedro abraz&oacute; a su t&iacute;o,
+que le llev&oacute; casi en volandas al sal&oacute;n. Juli&aacute;n, que por no malograr la
+sorpresa de la aparici&oacute;n del primo se hab&iacute;a quedado oculto detr&aacute;s de la
+puerta, sal&iacute;a riendo del escondite, muy embromado por las se&ntilde;oritas, que
+afirmaban que estaba gord&iacute;simo, y se escurr&iacute;a por el corredor, en busca
+de su madre.</p>
+
+<p>Vi&eacute;ndoles juntos, se observaba extraordinario parecido entre el se&ntilde;or de
+la Lage y su sobrino carnal: la misma estatura pr&oacute;cer, las mismas
+proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma
+barba fuerte y copiosa; pero lo que en el sobrino era armon&iacute;a de
+complexi&oacute;n tit&aacute;nica, fortalecida por el aire libre y los ejercicios
+corporales, en el t&iacute;o era exuberancia y pl&eacute;tora; condenado a una vida
+sedentaria, se advert&iacute;a que le sobraba sangre y carne, de la cual no
+sab&iacute;a qu&eacute; hacer; sin ser lo que se llama obeso, su humanidad se
+desbordaba por todos lados; cada pie suyo parec&iacute;a una lancha, cada mano
+un mazo de carpintero. Se ahogaba con los trajes de paseo; no cab&iacute;a en
+las habitaciones reducidas; resoplaba en las butacas del teatro, y en
+misa repart&iacute;a codazos para disponer de m&aacute;s sitio. Magn&iacute;fico ejemplar de
+una raza apta para la vida guerrera y mont&eacute;s de las &eacute;pocas feudales, se
+consum&iacute;a miserablemente en el vil ocio de los pueblos, donde el que nada
+produce, nada ense&ntilde;a, ni nada aprende, de nada sirve y nada hace. &iexcl;Oh
+dolor! Aquel castizo Pardo de la Lage, naciendo en el siglo XV, hubiera
+dado en qu&eacute; entender a los arque&oacute;logos e historiadores del XIX.</p>
+
+<p>Mostr&oacute; admirarse de la buena presencia del sobrino y le habl&oacute;
+llanotamente, para inspirarle confianza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muchacho, muchacho! &iquest;A d&oacute;nde vas con tanto doblar? Cuidado que est&aacute;s
+m&aacute;s hombre que yo.... Siempre te imitaste m&aacute;s a Gabriel y a m&iacute; que a tu
+madre que santa gloria haya.... Lo que es con tu padre, ni esto.... No
+saliste Moscoso, ni Cabreira, chico; saliste Pardo por los cuatro
+costados. Ya habr&aacute;s visto a tus primas, &iquest;eh? Chiquillas, &iquest;qu&eacute; le dec&iacute;s
+al primo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me dicen? Me han recibido como a la persona de m&aacute;s cumplimiento....
+A &eacute;sta le quise dar un abrazo, y ella me alarg&oacute; la mano muy fina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; borregas! &iexcl;Mar&iacute;as Remilgos! A ver c&oacute;mo abraz&aacute;is todas al primo,
+inmediatamente.</p>
+
+<p>La primera que se adelant&oacute; a cumplir la orden fue la mayor. Al
+estrecharla, don Pedro no pudo dejar de notar las bizarras proporciones
+del bello bulto humano que oprim&iacute;a. &iexcl;Una real moza, la primita mayor!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; eres Rita, si no me equivoco?&mdash;pregunt&oacute; risue&ntilde;o&mdash;. Tengo muy mala
+memoria para nombres y puede que os confunda.</p>
+
+<p>&mdash;Rita, para servirte...&mdash;respondi&oacute; con igual amabilidad la prima&mdash;. Y &eacute;sta
+es Manolita, y &eacute;sta es Carmen, y aqu&eacute;lla es Nucha....</p>
+
+<p>&mdash;Sttt.... Poquito a poco.... Me lo ir&eacute;is repitiendo conforme os abrace.</p>
+
+<p>Dos primas vinieron a pagar el tributo, diciendo festivamente:</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy Manolita, para servir a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, Carmen, para lo que usted guste mandar.</p>
+
+<p>All&aacute; entre los pliegues de una cortina de damasco se escond&iacute;a la
+tercera, como si quisiese esquivar la ceremonia afectuosa; pero no le
+vali&oacute; la treta, antes su retraimiento incit&oacute; al primo a exclamar:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Do&ntilde;a Hucha, o como te llames?... Cuidadito conmigo..., se me debe un
+abrazo....</p>
+
+<p>&mdash;Me llamo Marcelina, hombre.... Pero &eacute;stas me llaman siempre Marcelinucha
+o Nucha....</p>
+
+<p>Cost&aacute;bale trabajo resolverse, y permanec&iacute;a refugiada en el rojo dosel de
+la cortina, cruzando las manos sobre el peinador de percal blanco, que
+rayaban con doble y largo trazo, como de tinta, sus sueltas trenzas. El
+padre la empuj&oacute; bruscamente, y la chica vino a caer contra el primo,
+toda ruborizada, recibiendo un apret&oacute;n en regla, am&eacute;n de un frote de
+barbas que la oblig&oacute; a ocultar el rostro en la pechera del marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>Hechas as&iacute; las amistades, entablaron el se&ntilde;or de la Lage y su sobrino la
+imprescindible conversaci&oacute;n referente al viaje, sus causas, incidentes y
+peripecias. No explicaba muy satisfactoriamente el sobrino su impensada
+venida: pch... ganas de <i>espilirse</i>.... Cansa estar siempre solo.... Gusta
+la variaci&oacute;n.... No insisti&oacute; el t&iacute;o, pensando para su chaleco: &laquo;Ya Juli&aacute;n
+me lo contar&aacute; <i>todo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Y se frotaba las manos colosales, sonriendo a una idea que, si
+acariciaba tiempo hac&iacute;a all&aacute; en su interior, jam&aacute;s se le hab&iacute;a
+presentado tan clara y halag&uuml;e&ntilde;a como entonces. &iexcl;Qu&eacute; mejor esposo pod&iacute;an
+desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del
+tipo del padre que desea <i>colocar</i> a sus ni&ntilde;as, ninguno m&aacute;s vehemente
+que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno m&aacute;s
+reservado en el modo y forma. Porque aquel hidalgo de cepa vieja sent&iacute;a
+a la vez gana ardent&iacute;sima de casar a las chiquillas y un orgullo de raza
+tan exaltado, bajo enga&ntilde;osas apariencias de llaneza, que no s&oacute;lo le
+vedaba descender a ning&uacute;n ardid de los usuales en padres casamenteros,
+sino que le impon&iacute;a suma rigidez y escr&uacute;pulo en la elecci&oacute;n de sus
+relaciones y en la manera de educar a sus hijas, a quienes tra&iacute;a como
+encastilladas y aisladas, no llev&aacute;ndolas sino de pascuas a ramos a
+diversiones p&uacute;blicas. Las se&ntilde;oritas de la Lage, discurr&iacute;a don Manuel,
+deben casarse, y ser&iacute;a contrario al orden providencial que no apareciese
+tronco en que injertar dignamente los reto&ntilde;os de tan noble estirpe; pero
+antes se queden para vestir im&aacute;genes que unirse con cualquiera, con el
+teniente que est&aacute; de guarnici&oacute;n, con el comerciante que medra midiendo
+pa&ntilde;o, con el m&eacute;dico que toma el pulso; eso ser&iacute;a, &iexcl;vive Dios!,
+profanaci&oacute;n indigna; las se&ntilde;oritas de la Lage s&oacute;lo pueden dar su mano a
+quien se les iguale en calidad. As&iacute; pues, don Manuel, que se desde&ntilde;ar&iacute;a
+de tender redes a un ricach&oacute;n plebeyo, se propuso inmediatamente hacer
+cuanto estuviese en su mano para que su sobrino pasase a yerno, como el
+Sandoval de la zarzuela.</p>
+
+<p>&iquest;Conformaban las primitas con las opiniones de su padre? Lo cierto es
+que, apenas el primo se sent&oacute; a platicar con don Manuel, cada ni&ntilde;a se
+escurri&oacute; bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento
+al forastero y platos selectos para la mesa. Se convino en que el primo
+se quedaba hospedado all&iacute;, y se envi&oacute; por la maleta a la posada.</p>
+
+<p>Fue la comida alegre en extremo. R&aacute;pidamente se hab&iacute;a establecido entre
+don Pedro y las se&ntilde;oritas de la Lage el g&eacute;nero de familiaridad inherente
+al parentesco en grado prohibido pero dispensable: familiaridad que se
+diferencia de la fraternal en que la sazona y condimenta un picante
+polvito de hostilidad, germen de graciosas y galantes escaramuzas.
+Cruz&aacute;base en la mesa vivo tiroteo de bromas, piropos, que entre los dos
+sexos suele preludiar a m&aacute;s serios combates.</p>
+
+<p>&mdash;Primo, me extra&ntilde;a mucho que estando a mi lado no me sirvas el agua.</p>
+
+<p>&mdash;Los aldeanos no entendemos de pol&iacute;tica: ve ense&ntilde;&aacute;ndome un poco, que por
+tener maestras as&iacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Glot&oacute;n, &iquest;qui&eacute;n te da permiso para repetir?</p>
+
+<p>&mdash;El plato est&aacute; tan rico, que supongo que es obra tuya.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya unas ilusiones! Ha sido la cocinera. Yo no guiso para ti. Te
+fastidiaste.</p>
+
+<p>&mdash;Prima, esta yemecita. Por m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No me robes del plato, goloso. Que no te lo doy, ea. &iquest;No tienes ah&iacute; la
+fuente?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que te lo atrapo? Cuando m&aacute;s descuidada est&eacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no?</p>
+
+<p>Y la prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos,
+para evitar el hurto de un merengue o de media manzana, y el juego se
+celebraba con estrepitosas carcajadas, como si fuese el paso m&aacute;s
+gracioso del mundo. Las mantenedoras de este torneo eran Rita y
+Manolita, las dos mayores; en cuanto a Nucha y Carmen, se encerraban en
+los t&eacute;rminos de una cordialidad mesurada, presenciando y riendo las
+bromas, pero sin tomar parte activa en ellas, con la diferencia de que
+en el rostro de Carmen, la m&aacute;s joven, se notaba una melancol&iacute;a perenne,
+una preocupaci&oacute;n dominante, y en el de Nucha se advert&iacute;a tan s&oacute;lo
+gravedad natural, no exenta de placidez.</p>
+
+<p>H&aacute;llabase don Pedro en sus glorias. Al resolverse a emprender el viaje,
+recel&oacute; que las primas fuesen algunas se&ntilde;oritas muy cumplimenteras y
+espetadas, cosa que a &eacute;l le pondr&iacute;a en un brete, por serle extra&ntilde;as las
+f&oacute;rmulas del trato ceremonioso con damas de calidad, clase de <i>perdices
+blancas</i> que nunca hab&iacute;a cazado; mas aquel recibimiento franco le
+devolvi&oacute; al punto su aplomo. Animado, y con la c&aacute;lida sangre despierta,
+consideraba a las primitas una por una, calculando a cu&aacute;l arrojar&iacute;a el
+pa&ntilde;uelo. La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos
+negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasi&oacute;n de &aacute;nimo, las
+c&aacute;rdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba
+por romanticismos. En cuanto a la tercera, Nucha, asemej&aacute;base bastante a
+la menor, s&oacute;lo que en feo: sus ojos, de magn&iacute;fico tama&ntilde;o, negros tambi&eacute;n
+como moras, padec&iacute;an leve estrabismo convergente, lo cual daba a su
+mirar una vaguedad y pudor especiales; no era alta, ni sus facciones se
+pasaban de correctas, a excepci&oacute;n de la boca, que era una miniatura. En
+suma, pocos encantos f&iacute;sicos, al menos para los que se pagan de la
+cantidad y morbidez en esta nuestra envoltura de barro. Manolita ofrec&iacute;a
+otro tipo distinto, admir&aacute;ndose en ella lozanas carnes y suma gracia,
+unida a un defecto que para muchos es aumento singular de perfecci&oacute;n en
+la mujer, y a otros, verbigracia a don Pedro, les inspira repulsi&oacute;n: un
+car&aacute;cter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba
+pasando a bigote, una prolongaci&oacute;n del nacimiento del pelo sobre la
+oreja que, descendiendo a lo largo de la mand&iacute;bula, quer&iacute;a ser, m&aacute;s que
+suave patilla, atrevida barba. A la que no se pod&iacute;an poner tachas era a
+Rita, la hermana mayor. Lo que m&aacute;s cautivaba a su primo, en Rita, no era
+tanto la belleza del rostro como la cumplida proporci&oacute;n del tronco y
+miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno,
+todo cuanto en las valientes y arm&oacute;nicas curvas de su briosa persona
+promet&iacute;a la madre fecunda y la nodriza inexhausta. &iexcl;Soberbio vaso en
+verdad para encerrar un Moscoso leg&iacute;timo, magn&iacute;fico patr&oacute;n donde
+injertar el heredero, el continuador del nombre! El marqu&eacute;s present&iacute;a en
+tan arrogante hembra, no el placer de los sentidos, sino la numerosa y
+masculina prole que deb&iacute;a rendir; bien como el agricultor que ante un
+terreno f&eacute;rtil no se prenda de las florecillas que lo esmaltan, pero
+calcula aproximadamente la cosecha que podr&aacute; rendir al terminarse el
+est&iacute;o.</p>
+
+<p>Pasaron al sal&oacute;n despu&eacute;s de la comida, para la cual las muchachas se
+hab&iacute;an emperejilado. Ense&ntilde;aron a don Pedro infinidad de quisicosas:
+estere&oacute;scopos, &aacute;lbumes de fotograf&iacute;as, que eran entonces objetos muy
+elegantes y nada comunes. Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse
+en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una
+columna, actitud cl&aacute;sica que por aquel tiempo impon&iacute;an los fot&oacute;grafos; y
+Nucha, abriendo un &aacute;lbum chiquito, se lo puso delante a don Pedro,
+pregunt&aacute;ndole afanosamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le conoces?</p>
+
+<p>Era un muchacho como de diecisiete a&ntilde;os, rapado, con uniforme de alumno
+de la Academia de artiller&iacute;a, parecid&iacute;simo a Nucha y a Carmen cuanto
+puede parecerse un pel&oacute;n a dos se&ntilde;oritas con buenas trenzas de pelo.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi ni&ntilde;o&mdash;afirm&oacute; Nucha muy grave.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tu ni&ntilde;o?</p>
+
+<p>Ri&eacute;ronse las otras hermanas a carcajadas, y don Pedro exclam&oacute; cayendo en
+la cuenta:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!, ya s&eacute;. Es vuestro hermano, mi se&ntilde;or primo, el mayorazgo de la
+Lage, Gabrieli&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Pues claro: &iquest;qui&eacute;n hab&iacute;a de ser? Pero esa Nucha le quiere tanto, que
+siempre le llama su ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>Nucha, corroborando el aserto, se inclin&oacute; y bes&oacute; el retrato, con tan
+apasionada ternura, que all&aacute; en Segovia el pobre alumno, v&iacute;ctima quiz&aacute;
+de los rigores de la cruel <i>novatada</i>, debi&oacute; sentir en la mejilla y el
+coraz&oacute;n una cosa dulce y caliente.</p>
+
+<p>Cuando Carmen, la tristona, vio a sus hermanas entretenidas, se
+escabull&oacute; del sal&oacute;n, donde ya no apareci&oacute; m&aacute;s. Agotado todo lo que en el
+sal&oacute;n hab&iacute;a que ense&ntilde;ar al primo, le mostraron la casa desde el desv&aacute;n
+hasta la le&ntilde;era: un caser&oacute;n antiguo, espacioso y destartalado, como a&uacute;n
+quedan muchos en la monumental Compostela, digno hermano urbano de los
+rurales Pazos de Ulloa. En su fachada severa desafinaba una galer&iacute;a de
+nuevo cu&ntilde;o, ideada por don Manuel Pardo de la Lage, que ten&iacute;a el costoso
+vicio de hacer obras. Semejante solecismo arquitect&oacute;nico era el
+quitapesares de las se&ntilde;oritas de Pardo; all&iacute; se las encontraba siempre,
+posadas como p&aacute;jaros en rama favorita, all&iacute; hac&iacute;an labor, all&iacute; ten&iacute;an un
+breve jard&iacute;n, contenido en macetas y cajones, all&iacute; colgaban jaulas de
+canarios y jilgueros; tal vez no parasen en esto los buenos oficios de
+la galer&iacute;a dichosa. Lo cierto es que en ella encontraron a Carmen,
+asomada y mirando a la calle, tan absorta que no sinti&oacute; llegar a sus
+hermanas. Nucha le tir&oacute; del vestido; la muchacha se volvi&oacute;, pudiendo
+notarse que ten&iacute;a unas vislumbres de rosa en las mejillas, descoloridas
+de ordinario. Habl&oacute;le Nucha vivamente al o&iacute;do, y Carmen se apart&oacute; del
+encristalado antepecho, siempre muda y preocupada. Rita no cesaba de
+explicar al primo mil particularidades.</p>
+
+<p>&mdash;Desde aqu&iacute; se ven las mejores calles... &Eacute;se es el Preguntoiro; por ah&iacute;
+pasa mucha gente.... Aquella torre es la de la Catedral.... &iquest;Y t&uacute; no has
+ido a la Catedral todav&iacute;a? &iquest;Pero de veras no le has rezado un Credo al
+Santo Ap&oacute;stol, jud&iacute;o?&mdash;exclamaba la chica vertiendo provocativa luz de
+sus pupilas radiantes&mdash;. Vaya, vaya.... Tengo yo que llevarte all&iacute;, para
+que conozcas al Santo y lo abraces muy apretadito.... &iquest;Tampoco has visto
+a&uacute;n el Casino?, &iquest;la Alameda?, &iquest;la Universidad? &iexcl;Se&ntilde;or! &iexcl;Si no has visto
+nada!</p>
+
+<p>&mdash;No, hija.... Ya sabes que soy un pobre aldeano... y he llegado ayer al
+anochecer. No hice m&aacute;s que acostarme.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no te viniste ac&aacute; en derechura, descastado?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A alborotaros la casa de noche? Aunque salgo de entre tojos, no soy
+tan mal criado como todo eso.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, pues hoy tienes que ver alguna notabilidad.... Y no faltar al
+paseo.... Hay chicas muy guapas.</p>
+
+<p>&mdash;De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda&mdash;contest&oacute; el
+primo echando a Rita una miradaza que ella resisti&oacute; con intrepidez
+notoria, y pag&oacute; sin esquivez alguna.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a><a href="#capitulos">-X-</a></h2>
+
+
+<p>Y en efecto, le fueron ense&ntilde;adas al marqu&eacute;s de Ulloa multitud de cosas
+que no le importaban mayormente. Nada le agrad&oacute;, y experiment&oacute; mil
+decepciones, como suele acontecer a las gentes habituadas a vivir en el
+campo, que se forman del pueblo una idea exagerada. Pareci&eacute;ronle, y con
+raz&oacute;n, estrechas, torcidas y mal empedradas las calles, fangoso el piso,
+h&uacute;medas las paredes, viejos y ennegrecidos los edificios, peque&ntilde;o el
+circuito de la ciudad, postrado su comercio y solitarios casi siempre
+sus sitios p&uacute;blicos; y en cuanto a lo que en un pueblo antiguo puede
+enamorar a un esp&iacute;ritu culto, los grandes recuerdos, la eterna vida del
+arte conservada en monumentos y ruinas, de eso entend&iacute;a don Pedro lo
+mismo que de griego o lat&iacute;n. &iexcl;Piedras mohosas! Ya le bastaban las de los
+Pazos. N&oacute;tese c&oacute;mo un hidalgo campesino de muy rancio criterio se
+hallaba al nivel de los dem&oacute;cratas m&aacute;s vand&aacute;licos y demoledores. A pesar
+de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando ni&ntilde;o, discurr&iacute;a y
+fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna: calles anchas,
+mucha regularidad en las construcciones, todo nuevo y flamante, gran
+polic&iacute;a, &iquest;qu&eacute; menos puede ofrecer la civilizaci&oacute;n a sus esclavos? Es
+cierto que Santiago pose&iacute;a dos o tres edificios espaciosos, la Catedral,
+el Consistorio, San Mart&iacute;n.... Pero en ellos exist&iacute;an cosas muy sin raz&oacute;n
+ponderadas, en concepto del marqu&eacute;s: por ejemplo, la Gloria de la
+Catedral. &iexcl;Vaya unos santos m&aacute;s mal hechos y unas santas m&aacute;s flacuchas y
+sin forma humana!, &iexcl;unas columnas m&aacute;s toscamente esculpidas! Ser&iacute;a de
+ver a alguno de estos sabios que escudri&ntilde;an el <i>sentido</i> de un monumento
+religioso, consagr&aacute;ndose a la tarea de demostrar a don Pedro que el
+p&oacute;rtico de la Gloria encierra alta poes&iacute;a y profundo simbolismo.
+&iexcl;Simbolismo! &iexcl;Jerigonzas! El p&oacute;rtico estaba muy mal labrado, y las
+figuras parec&iacute;an pasadas por tamiz. Por fuerza las artes andaban
+atrasad&iacute;simas en aquellos tiempos de maricasta&ntilde;a. Total, que de los
+monumentos de Santiago se aten&iacute;a el marqu&eacute;s a uno de f&aacute;brica muy
+reciente: su prima Rita.</p>
+
+<p>La proximidad de la fiesta del Corpus animaba un tanto la so&ntilde;olienta
+ciudad universitaria, y todas las tardes hab&iacute;a lucido paseo bajo los
+&aacute;rboles de la Alameda. Carmen y Nucha sol&iacute;an ir delante, y las segu&iacute;an
+Rita y Manolita, acompa&ntilde;adas por su primo; el padre cubr&iacute;a la
+retaguardia conversando con alg&uacute;n se&ntilde;or mayor, de los muchos que existen
+en el pueblo compostelano, donde por ley de afinidad parece abundar m&aacute;s
+que en otras partes la gente provecta. A menudo se arrimaba a Manolita
+un se&ntilde;orito muy planchado y tieso, con cierto empaque rid&iacute;culo y
+exageradas pretensiones de elegancia: llam&aacute;base don V&iacute;ctor de la
+Formoseda y estudiaba derecho en la Universidad; don Manuel Pardo le
+ve&iacute;a gustoso acercarse a sus hijas, por ser el se&ntilde;orito de la Formoseda
+de muy limpio solar monta&ntilde;&eacute;s, y no despreciable caudal. No era &eacute;ste el
+&uacute;nico mosquito que zumbaba en torno de las se&ntilde;oritas de la Lage. A las
+primeras de cambio not&oacute; don Pedro que as&iacute; por los tortuosos y l&oacute;bregos
+soportales de la R&uacute;a del Villar, como por las frondosidades de la
+Alameda y la Herradura, les segu&iacute;a y escoltaba un hombre joven,
+melenudo, enfundado en un gab&aacute;n gris, de corte raro y antiguo. Aquel
+hombre parec&iacute;a la sombra de las muchachas: no era posible volver la
+cabeza sin encontr&aacute;rsele: y don Pedro repar&oacute; tambi&eacute;n que al surgir
+detr&aacute;s de un pilar o por entre los &aacute;rboles el rondador perpetuo, la cara
+triste y ojerosa de Carmen se animaba, y brillaban sus abatidos ojos. En
+cambio don Manuel y Nucha daban se&ntilde;ales de inquietud y desagrado.</p>
+
+<p>Ya sobre la pista, don Pedro sigui&oacute; acechando, a fuer de cazador
+experto. Nucha no deb&iacute;a tener ning&uacute;n adorador entre la multitud de
+estudiantes y vagos que acud&iacute;an al paseo, o si lo ten&iacute;a, no le hac&iacute;a
+caso, pues caminaba seria e indiferente. En p&uacute;blico, Nucha parec&iacute;a
+revestirse de gravedad ajena a sus a&ntilde;os. Respecto a Manolita, no perd&iacute;a
+ripio coqueteando con el se&ntilde;orito de la Formoseda. Rita, siempre animada
+y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los dem&aacute;s, pues
+don Pedro advirti&oacute; que a las miradas y requiebros de sus admiradores
+correspond&iacute;a con ojeadas vivas y flecheras. Lo cual no dej&oacute; de dar en
+qu&eacute; pensar al marqu&eacute;s de Ulloa, el cual, tal vez por contarse en el
+n&uacute;mero de los hombres f&aacute;cilmente atra&iacute;dos por las mujeres vivarachas,
+ten&iacute;a de ellas opini&oacute;n detestable y para sus adentros la expresaba en
+t&eacute;rminos muy crudos.</p>
+
+<p>Dorm&iacute;an en habitaciones contiguas Juli&aacute;n y el marqu&eacute;s, pues Juli&aacute;n,
+desde su ordenaci&oacute;n, hab&iacute;a ascendido de categor&iacute;a en la casa, y mientras
+la madre continuaba desempe&ntilde;ando las funciones de ama de llaves y due&ntilde;a,
+el hijo com&iacute;a con los se&ntilde;ores, ocupaba un cuarto de importancia, y era
+tratado en suma, si no de igual a igual, pues siempre quedaban matices
+de protecci&oacute;n, al menos con gran amabilidad y deferencia. De noche,
+antes de recogerse, el marqu&eacute;s se le entraba en el dormitorio a fumar un
+cigarro y charlar. La conversaci&oacute;n ofrec&iacute;a pocos lances, pues siempre
+versaba sobre el mismo proyecto. Dec&iacute;a don Pedro que le admiraban dos
+cosas: haberse resuelto a salir de los Pazos, y hallarse tan decidido a
+<i>tomar estado</i>, idea que antes le parec&iacute;a irrealizable. Era don Pedro de
+los que juzgan muy importantes y dignas de comentarse sus propias
+acciones y mutaciones&mdash;achaque propio de ego&iacute;stas&mdash;y han menester tener
+siempre cerca de s&iacute; alg&uacute;n inferior o subordinado a quien referirlas,
+para que les atribuya tambi&eacute;n valor extraordinario.</p>
+
+<p>Agradaba la pl&aacute;tica a Juli&aacute;n. Aquellas proyectadas bodas entre primo y
+prima le parec&iacute;an tan naturales como juntarse la vid al olmo. Las
+familias no pod&iacute;an ser mejores ni m&aacute;s para en una; las clases iguales;
+las edades no muy desproporcionadas, y el resultado dichos&iacute;simo, porque
+as&iacute; redim&iacute;a el marqu&eacute;s su alma de las garras del demonio, personificado
+en imp&uacute;dicas barraganas. Solamente no le contentaba que don Pedro se
+hubiese ido a fijar en la se&ntilde;orita Rita: mas no se atrev&iacute;a ni a
+indicarlo, no fuese a malograrse la cristiana resoluci&oacute;n del marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Rita es una gran moza...&mdash;dec&iacute;a &eacute;ste explay&aacute;ndose&mdash;. Parece sana como una
+manzana, y los hijos que tenga heredar&aacute;n su buena constituci&oacute;n. Ser&aacute;n
+m&aacute;s fuertes a&uacute;n que Perucho, el de Sabel.</p>
+
+<p>&iexcl;Inoportuna reminiscencia! Juli&aacute;n se apresuraba a replicar, sin meterse
+en honduras fisiol&oacute;gicas:</p>
+
+<p>&mdash;La casta de los se&ntilde;ores de Pardo es muy saludable, gracias a Dios....</p>
+
+<p>Una noche cambiaron de sesgo las confidencias, entrando en terreno
+sumamente embarazoso para Juli&aacute;n, siempre temeroso de que cualquier
+desliz de su lengua desbaratase los proyectos del se&ntilde;orito, y le echase
+a &eacute;l sobre la conciencia responsabilidad grav&iacute;sima.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted&mdash;insinu&oacute; don Pedro&mdash;que mi prima Rita se me figura algo
+casquivana? Por el paseo va siempre entretenida en si la miran o no la
+miran, si le dicen o no le dicen... jurar&iacute;a que toma varas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que toma varas?&mdash;repiti&oacute; el capell&aacute;n, qued&aacute;ndose en ayunas del sentido
+de la frase grosera.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre..., que se deja querer, vamos.... Y para casarse, no es cosa
+de broma que la mujer las gaste con el primero que llega.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n lo duda, se&ntilde;orito? La prenda m&aacute;s esencial en la mujer es la
+honestidad y el recato. Pero no hay que fiarse de apariencias. La
+se&ntilde;orita Rita tiene el genio as&iacute;, franco y alegre....</p>
+
+<p>Cre&iacute;ase Juli&aacute;n salvado con estas evasivas, cuando, a las pocas noches,
+don Pedro le apret&oacute; para que <i>cantase</i>:</p>
+
+<p>&mdash;Don Juli&aacute;n, aqu&iacute; no valen misterios.... Si he de casarme, quiero al
+menos saber con qui&eacute;n y c&oacute;mo.... Apenas se reir&iacute;an si porque vengo de los
+Pazos me diesen de buenas a primeras gato por liebre. Con raz&oacute;n se dir&iacute;a
+que sal&iacute; de un soto para meterme en otro. No sirve contestar que usted
+no sabe nada. Usted se ha criado en esta casa, y conoce a mis primas
+desde que naci&oacute;. Rita.... Rita es mayor que usted, &iquest;no es verdad?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or&mdash;respondi&oacute; Juli&aacute;n, no teniendo por cargo de conciencia revelar
+la edad&mdash;. La se&ntilde;orita Rita cumplir&aacute; ahora veintisiete o veintiocho
+a&ntilde;os.... Despu&eacute;s viene la se&ntilde;orita Manolita y la se&ntilde;orita Marcelina, que
+son seguidas..., veintitr&eacute;s y veintid&oacute;s... porque en medio murieron dos
+ni&ntilde;os varones..., y luego la se&ntilde;orita Carmen, veinte.... Cuando naci&oacute; el
+se&ntilde;orito Gabriel, que andar&aacute; en los diecisiete o poco m&aacute;s, ya no se
+pensaba que la se&ntilde;ora volviese a tener sucesi&oacute;n, porque andaba delicada,
+y le prob&oacute; tan mal el parto, que falleci&oacute; a los pocos meses.</p>
+
+<p>&mdash;Pues usted debe conocer perfectamente a Rita. Cante usted, ea.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito, a la verdad.... Yo me cri&eacute; en esta casa, es cierto; pero sin
+manualizarme con los se&ntilde;ores, porque mi clase era otra muy distinta.... Y
+mi madre, que era muy piadosa, no me permiti&oacute; jam&aacute;s juntarme con las
+se&ntilde;oritas para jugar ni nada... por razones de decoro.... &iexcl;Ya usted me
+comprende! Con el se&ntilde;orito Gabriel s&iacute; que tuve alg&uacute;n trato; lo que es
+con las se&ntilde;oritas... buenos d&iacute;as y buenas noches, cuando las encontraba
+en los pasillos. Luego ya fui al Seminario....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, bah! &iquest;Tiene usted gana de cuentos...? Harto estar&aacute; usted de saber
+cosas de las chicas. Basta su madre de usted para enterarle. &iquest;Acert&eacute;? Se
+ha puesto usted colorado.... &iexcl;Aj&aacute;! &iexcl;Por ah&iacute; vamos bien! &iexcl;A ver con qu&eacute;
+cara me niega que su madre le ha informado de algunas cosillas...!</p>
+
+<p>Juli&aacute;n se torn&oacute; purp&uacute;reo. &iexcl;Que si le hab&iacute;an contado! &iexcl;Pues no hab&iacute;an de
+contarle! Desde su llegada, la venerable due&ntilde;a que reg&iacute;a el llavero en
+casa de la Lage no hab&iacute;a cogido a solas a su hijo un minuto sin ceder a
+la comez&oacute;n de tocar ciertos asuntos, que &uacute;nicamente con varones graves y
+religiosos pueden conferirse.... Mis&iacute;a Rosario no lo iba a charlar con
+otras comadres envidiosas, eso no; por algo com&iacute;a el pan de don Manuel
+Pardo; pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don
+Vicente el can&oacute;nigo, y Juli&aacute;n, aquel pedazo de sus entra&ntilde;as elevado a la
+m&aacute;s alta dignidad que cabe en la tierra, &iquest;qui&eacute;n le vedaba el gustazo de
+juzgar a su modo la conducta del amo y las se&ntilde;oritas, de alardear de
+discreci&oacute;n, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que
+ella &laquo;si fuese se&ntilde;ora&raquo; no realizar&iacute;a jam&aacute;s, y de o&iacute;r que &laquo;personas de
+respeto&raquo; alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su
+dictamen? Que si le hab&iacute;an contado a Juli&aacute;n, &iexcl;Dios bendito! Pero una
+cosa era que se lo hubiesen contado, y otra que &eacute;l lo pudiese repetir.
+&iquest;C&oacute;mo revelar la man&iacute;a de la se&ntilde;orita Carmen, empe&ntilde;ada en casarse contra
+viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie,
+hijo de un herrador de pueblo (&iexcl;oh bald&oacute;n para la preclara estirpe de
+los Pardos!), un loco de atar que la compromet&iacute;a sigui&eacute;ndola por todas
+partes a modo de perrito faldero, y de quien adem&aacute;s se aseguraba que era
+un materialista, metido en sociedades secretas? &iquest;C&oacute;mo divulgar que la
+se&ntilde;orita Manolita hac&iacute;a novenas a San Antonio para que don V&iacute;ctor de la
+Formoseda se determinase a pedirla, llegando al extremo de escribir a
+don V&iacute;ctor cartas an&oacute;nimas indisponi&eacute;ndole con otras se&ntilde;oritas cuya casa
+frecuentaba? Y sobre todo, &iquest;c&oacute;mo indicar ni lo m&aacute;s somero y m&iacute;nimo de
+<i>aquello</i> de la se&ntilde;orita Rita, que maliciosamente interpretado tanto
+pod&iacute;a da&ntilde;ar a su honra? Antes le arrancasen la lengua.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito...&mdash;balbuci&oacute;&mdash;. Yo creo que las se&ntilde;oritas son muy buenas e
+incapaces de faltar en nada; pero si lo contrario supiese, me guardar&iacute;a
+bien de propalarlo, toda vez que yo..., que mi agradecimiento a esta
+familia me pondr&iacute;a..., vamos... como si dij&eacute;ramos... una mordaza....</p>
+
+<p>Det&uacute;vose, comprendiendo que se empantanaba m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No traduzca mis palabras, se&ntilde;orito.... Por Dios, no saque usted
+consecuencias de mi poca habilidad para explicarme.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Seg&uacute;n eso&mdash;pregunt&oacute; el marqu&eacute;s mirando de hito en hito al capell&aacute;n&mdash;,
+usted juzga que no hay absolutamente nada censurable? Clarito. &iquest;Las
+considera usted <i>a todas</i> unas se&ntilde;oritas intachables... perfect&iacute;simas...
+que me convienen para casarme? &iquest;Eh?</p>
+
+<p>Medit&oacute; Juli&aacute;n antes de responder.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted se empe&ntilde;a en que le descubra cu&aacute;nto uno tiene en el coraz&oacute;n...
+francamente, aunque las se&ntilde;oritas son cada una de por s&iacute; muy simp&aacute;ticas,
+yo, puesto a escoger, no lo niego..., me quedar&iacute;a con la se&ntilde;orita
+Marcelina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre! Es algo bizca... y flaca.... S&oacute;lo tiene buen pelo y buen genio.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito, es una alhaja.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; como las dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Es como ella sola. Cuando el se&ntilde;orito Gabriel qued&oacute; sin mam&aacute; de
+peque&ntilde;ito, lo cuid&oacute; con una formalidad que ten&iacute;a la gracia del mundo,
+porque ella no era mucho mayor que &eacute;l. Una madre no hiciera m&aacute;s. De d&iacute;a,
+de noche, siempre con el chiquillo en brazos. Le llamaba su hijo: dicen
+que era un sainete ver aquello. Parece que el peso del chiquillo la
+rindi&oacute; y por eso qued&oacute; m&aacute;s delicada de salud que las otras. Cuando el
+hermano march&oacute; al colegio, estuvo malucha. Por eso la ve usted
+descolorida. Es un &aacute;ngel, se&ntilde;orito. Todo se le vuelve aconsejar bien a
+las hermanas....</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;al de que lo necesitan&mdash;arguy&oacute; don Pedro maliciosamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s! No puede uno deslizarse.... Bien sabe usted que sobre lo bueno
+est&aacute; lo mejor, y la se&ntilde;orita Marcelina raya en perfecta. La perfecci&oacute;n
+es dada a pocos. Se&ntilde;orito, la se&ntilde;orita Marcelina, ah&iacute; donde usted la ve,
+se confiesa y comulga tan a menudo, y es tan religiosa, que edifica a la
+gente.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se don Pedro reflexionando alg&uacute;n rato, y asegur&oacute; despu&eacute;s que le
+agradaba mucho, mucho, la religiosidad en las mujeres; que la
+conceptuaba indispensable para que fuesen &laquo;buenas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Con que beatita, &iquest;eh?&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;. Ya tengo por d&oacute;nde hacerla rabiar.</p>
+
+<p>Y tal fue en efecto el resultado inmediato de aquella conferencia donde,
+con mejor deseo que diplomacia, hab&iacute;a intentado Juli&aacute;n presentar la
+candidatura de Nucha. Desde entonces el primo gast&oacute; con ella bastantes
+bromas, algunas m&aacute;s pesadas que divertidas. Con placer del ni&ntilde;o
+voluntarioso cuyos dedos entreabren un capullo, gozaba en poner colorada
+a Nucha, en ara&ntilde;arle la epidermis del alma por medio de chanzas subidas
+e indiscretas familiaridades que ella rechazaba en&eacute;rgicamente. Semejante
+juego mortificaba al capell&aacute;n tanto como a la chica; las sobremesas eran
+para &eacute;l largo suplicio, pues a las an&eacute;cdotas y cuentos de don Manuel,
+que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes
+(costumbre inveterada en el se&ntilde;or de la Lage), se un&iacute;an las continuas
+inconveniencias del primo con la prima. El pobre Juli&aacute;n, con los ojos
+fijos en el plato, el rubio entrecejo un tanto fruncido, pasaba las de
+Ca&iacute;n. Imagin&aacute;base &eacute;l que ajar, siquiera fuese en broma, la flor de la
+modestia virginal era abominable sacrilegio. Por lo que su madre le
+hab&iacute;a contado y por lo que en Nucha ve&iacute;a, la se&ntilde;orita le inspiraba
+religioso respeto, semejante al que infunde el camar&iacute;n que contiene una
+veneranda imagen. Jam&aacute;s se atrev&iacute;a a llamarla por el diminutivo,
+pareci&eacute;ndole <i>Nucha</i> nombre de perro m&aacute;s bien que de persona; y cuando
+don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capell&aacute;n, juzgando
+que consolaba a la se&ntilde;orita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le
+hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o funci&oacute;n de
+iglesia, a las cuales Nucha asist&iacute;a con asiduidad.</p>
+
+<p>No lograba el marqu&eacute;s vencer la irritante atracci&oacute;n que le llevaba hacia
+Rita; y con todo, al crecer el imperio que ejerc&iacute;a en sus sentidos la
+prima mayor, se fortalec&iacute;a tambi&eacute;n la especie de desconfianza instintiva
+que infunden al campesino las hembras ciudadanas, cuyo refinamiento y
+coqueter&iacute;a suele confundir con la depravaci&oacute;n. Vamos, no lo pod&iacute;a
+remediar el marqu&eacute;s; seg&uacute;n frase suya, Rita <i>le escamaba</i> terriblemente.
+&iexcl;Es que a veces ostentaba una desenvoltura! &iexcl;Se mostraba con &eacute;l tan
+incitadora; tend&iacute;a la red con tan poco disimulo; se esponjaba de tal
+suerte ante los homenajes masculinos!</p>
+
+<p>El aldeano que llega al pueblo ha o&iacute;do contar mil lances, mil jugarretas
+hechas a los bobos que all&iacute; entran desprevenidos como incautos peces.
+Lleno de recelo, mira hacia todas partes, teme que le roben en las
+tiendas, no se f&iacute;a de nadie, no acierta a conciliar el sue&ntilde;o en la
+posada, no sea que mientras duerme le birlen el bolso. Guardada la
+distancia que separaba de un labriego al se&ntilde;or de Ulloa, &eacute;ste era su
+estado moral en Santiago. No her&iacute;a su amor propio ser dominado por
+Primitivo y vendido groseramente por Sabel en su madriguera de los
+Pazos, pero s&iacute; que le <i>torease</i> en Compostela su artificiosa primilla.
+Adem&aacute;s, no es lo mismo distraerse con una muchacha cualquiera que tomar
+esposa. La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y
+a perpetuarlo leg&iacute;timamente hab&iacute;a de ser limpia como un espejo.... Y don
+Pedro figuraba entre los que no juzgan limpia ya a la que tuvo amorosos
+tratos, a&uacute;n en la m&aacute;s honesta y l&iacute;cita forma, con otro que con su
+marido. A&uacute;n las ojeadas en calles y paseos eran pecados gordos. Entend&iacute;a
+don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana, espa&ntilde;ola neta,
+indulgent&iacute;sima para el esposo e implacable para la esposa. Y a &eacute;l que no
+le dijesen: Rita no estaba sin alg&uacute;n enredillo.... Acerca de Carmen y
+Manolita no necesitaba discurrir, pues bien ve&iacute;a lo que pasaba. Pero
+Rita....</p>
+
+<p>Ning&uacute;n amigo &iacute;ntimo ten&iacute;a en Santiago don Pedro, aunque s&iacute; varios
+conocidos, ganados en el paseo, en casa de su t&iacute;o o en el Casino, donde
+sol&iacute;a ir ma&ntilde;ana y noche, a fuer de buen espa&ntilde;ol ocioso. All&iacute; se le
+embromaba mucho con su prima, coment&aacute;ndose tambi&eacute;n la desatinada pasi&oacute;n
+de Carmen por el estudiante y su continuo atalayar en la galer&iacute;a, con el
+adorador apostado enfrente. Siempre alerta, el se&ntilde;orito estudiaba el
+tono y acento con que nombraban a Rita. En dos o tres ocasiones le
+pareci&oacute; notar unas puntas de iron&iacute;a, y acaso no se equivocase; pues en
+las ciudades peque&ntilde;as, donde ning&uacute;n suceso se olvida ni borra, donde
+gira perpetuamente la conversaci&oacute;n sobre los mismos asuntos, donde se
+abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones &eacute;picas, a menudo tiene
+una muchacha perdida la fama antes que la honra, y ligerezas
+insignificantes, glosadas y censuradas a&ntilde;os y a&ntilde;os, llevan a su autora
+con palma al sepulcro. Adem&aacute;s, las se&ntilde;oritas de la Lage, por su
+alcurnia, por los humos aristocr&aacute;ticos de su padre, y la especie de
+aureola con que pretend&iacute;a rodearlas, por su belleza, eran blanco de
+bastantes envidillas y murmuraciones: cuando no se las motejaba de
+orgullosas, se recurr&iacute;a a tacharlas de coquetas.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a el Casino entre su maltratado mueblaje un caduco sof&aacute; de
+gutapercha, gala del gabinete de lectura: sof&aacute; que pudiera llamarse
+tribuna de los maldicientes, pues all&iacute; se reun&iacute;an tres de las m&aacute;s
+afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de
+m&aacute;s detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminent&iacute;simo,
+maestro en la ciencia del <i>mal saber</i>. As&iacute; como los eruditos se precian
+de no ignorar la m&aacute;s m&iacute;nima particularidad concerniente a remotas &eacute;pocas
+hist&oacute;ricas, este sujeto se jactaba de poder decir, sin errar punto ni
+coma, lo que disfrutaban de renta, lo que com&iacute;an, lo que hablaban y
+hasta lo que pensaban las veinte o treinta familias de viso que
+encerraba el recinto de Santiago. Hombre era para pronunciar con suma
+formalidad y gran reposo:</p>
+
+<p>&mdash;Ayer, en casa de la Lage, se han puesto en la mesa dos principios:
+croquetas y carne estofada. La ensalada fue de coliflor, y a los postres
+se sirvi&oacute; carne de membrillo de las monjas.</p>
+
+<p>Comprobada la exactitud de tales pormenores, resultaban rigurosamente
+ciertos.</p>
+
+<p>Tan bien informado individuo consigui&oacute; encender m&aacute;s recelos en el &aacute;nimo
+del suspicaz se&ntilde;or de Ulloa, bast&aacute;ndole para ello unas cuantas
+palabritas, de &eacute;sas que tomadas al pie de la letra no llevan malicia
+alguna, pero vistas al trasluz pueden significarlo todo.... Encomiando el
+salero de Rita, y la hermosura de Rita, y la buena conformaci&oacute;n
+anat&oacute;mica del cuerpo de Rita, a&ntilde;adi&oacute; como al descuido:</p>
+
+<p>&mdash;Es una muchacha de primer orden.... Y aqu&iacute; dif&iacute;cilmente le saldr&iacute;a
+novio. Las chicas por el estilo de Rita siempre encuentran su media
+naranja en un forastero.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a><a href="#capitulos">-XI-</a></h2>
+
+
+<p>Hac&iacute;a un mes que don Manuel Pardo se preguntaba a s&iacute; mismo: &laquo;&iquest;Cu&aacute;ndo se
+determinar&aacute; el rapaz a pedirme a Rita?&raquo;.</p>
+
+<p>Que se la pedir&iacute;a, no lo dud&oacute; un momento. La situaci&oacute;n del marqu&eacute;s en
+aquella casa era t&aacute;citamente la del novio aceptado. Los amigos de la
+familia de la Lage se permit&iacute;an alusiones desembozadas a la pr&oacute;xima
+boda; los criados, en la cocina, calculaban ya a cu&aacute;nto ascender&iacute;a la
+propineja nupcial. Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita. A
+todas horas re&iacute;an fraternalmente con el primo y una r&aacute;faga de alegr&iacute;a
+juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera.</p>
+
+<p>Descabezaba una tarde la siesta el marqu&eacute;s, cuando llamaron a la puerta
+con grandes palmadas. Abri&oacute;: era Rita, en chambra, con un pa&ntilde;uelo de
+seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta. Bland&iacute;a
+en la diestra un plumero enorme, y parec&iacute;a una guap&iacute;sima criada de
+servir, semejanza que lejos de repeler al marqu&eacute;s, le hizo hervir la
+sangre con mayor &iacute;mpetu. Sofocada y risue&ntilde;a la muchacha echaba lumbres
+por ojos, boca y mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Perucho? &iquest;Peruch&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Riti&ntilde;a, Ritona?&mdash;contest&oacute; don Pedro devor&aacute;ndola con el mirar.</p>
+
+<p>&mdash;Dicen las chicas que vengas.... Estamos muy enfaenadas arreglando el
+desv&aacute;n, donde hay todos los trastos del tiempo del abuelo. Parece que se
+encuentran all&iacute; cosas fenomenales.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo &iquest;para qu&eacute; os sirvo? Supongo que no me mandar&eacute;is barrer.</p>
+
+<p>&mdash;Todo ser&aacute; que se nos antoje. Ven, holgaz&aacute;n, dormil&oacute;n, marmota.</p>
+
+<p>Conduc&iacute;a al desv&aacute;n empinad&iacute;sima escalera, y no era el sitio muy oscuro,
+pues recib&iacute;a luz de tres grandes claraboyas, pero s&iacute; bastante bajo; don
+Pedro no pod&iacute;a estar all&iacute; de pie, y las chicas, al menor descuido, se
+pegaban coscorrones en la cabeza contra la armaz&oacute;n del techo.
+Guard&aacute;banse en el desv&aacute;n mil cachivaches arrumbados que hab&iacute;an servido
+en otro tiempo a la pompa, aparato y esplendor de los Pardos de la Lage,
+y hoy ten&iacute;an por compa&ntilde;eros al polvo y la polilla; por esperanza, la
+visita de muchachas bulliciosas, que de vez en cuando lo exploraban, a
+fin de desenterrar alguna presea de anta&ntilde;o, que reformaban seg&uacute;n la moda
+actual. Con las antiguallas que all&iacute; se pudr&iacute;an, pudiera escribirse la
+historia de las costumbres y ocupaciones de la nobleza gallega, desde un
+par de siglos ac&aacute;. Restos de sillas de manos pintadas y doradas;
+farolillos con que los pajes alumbraban a sus se&ntilde;oras al regresar de las
+tertulias, cuando no se conoc&iacute;a en Santiago el alumbrado p&uacute;blico; un
+uniforme de maestrante de Ronda; escofietas y rid&iacute;culos, bordados de
+abalorio; chupas recamadas de flores vistosas; medias caladas de seda,
+rancias ya; faldas adornadas con caireles; espadines de acero tomados de
+or&iacute;n; anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la
+<i>dama de m&uacute;sica</i> hab&iacute;a de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso
+representar una divertida <i>pitipieza</i>; todo andaba por all&iacute; revuelto con
+otros chirimbolos an&aacute;logos, que trascend&iacute;an a casac&oacute;n desde mil leguas,
+y entre los cuales distingu&iacute;anse, como prendas m&aacute;s simb&oacute;licas y
+elocuentes, los trebejos mas&oacute;nicos: medalla, tri&aacute;ngulo, mallete,
+escuadra y mandil, despojos de un abuelo afrancesado y grado 33..., y
+una lind&iacute;sima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas
+en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel
+Pardo, que seg&uacute;n costumbre de su &eacute;poca, autorizada por el ejemplo de la
+reina Mar&iacute;a Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar
+diestramente a horcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;A buena parte me trajisteis&mdash;dec&iacute;a don Pedro, ahogado entre el polvo y
+contrariad&iacute;simo por no poder moverse del asiento.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; te queremos&mdash;le replicaban Rita y Manolita, palmoteando
+triunfantes&mdash;, porque aunque te empe&ntilde;es, no hay medio de correr tras de
+nosotras, ni de hacernos barrabasadas. Lleg&oacute; la nuestra. Te vamos a
+vestir con espad&iacute;n y chupa. Ya ver&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Buena gana tengo de ponerme de m&aacute;scara.</p>
+
+<p>&mdash;Un minuto solamente. Para ver qu&eacute; facha haces.</p>
+
+<p>&mdash;Os digo que no me visto de mamarracho.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo que no? Se nos ha puesto a nosotras en el mo&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Mirad que os pesar&aacute;. La que se me acerque ha de arrepentirse.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; nos har&aacute;s, fantasm&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no se dice hasta que se vea.</p>
+
+<p>La misteriosa amenaza pareci&oacute; infundir temor en las primas, que se
+limitaron por entonces a inofensivas travesuras, a alg&uacute;n plumerazo m&aacute;s o
+menos. Adelantaba la limpieza del desv&aacute;n: Manolita, con sus brazos
+nervudos, manejaba los trastos; Rita los clasificaba; Nucha los sacud&iacute;a
+y doblaba esmeradamente; Carmen tomaba poca parte en el traj&iacute;n, y menos
+a&uacute;n en la jarana: dos o tres veces se eclips&oacute;, para asomarse a la
+galer&iacute;a sin duda. Las dem&aacute;s le soltaron indirectas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal est&aacute; el d&iacute;a, Carmucha? &iquest;Llueve o hace sol?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pasa mucha gente por la calle? Contesta, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;sa siempre est&aacute; pensando en las musara&ntilde;as.</p>
+
+<p>A medida que las prendas iban quedando limpias de polvo, las chicas se
+las probaban. A Manolita le sentaba a maravilla el uniforme de coronel,
+por su tipo hombruno. Rita era un encanto con la dulleta de seda
+verdegay de la abuela. Carmen s&oacute;lo consinti&oacute; en dejarse poner un
+estrafalario adorno, un penacho triple, que all&aacute; cuando se estren&oacute; se
+llamaba <i>Las tres potencias</i>. Toc&oacute;le a Nucha la probatura de las
+mantillas de blonda. A todo esto la tarde ca&iacute;a, y en el telara&ntilde;oso
+recinto del desv&aacute;n se ve&iacute;a muy poco. La penumbra era favorable a los
+planes de las muchachas; aprovechando la ocasi&oacute;n propicia, acerc&aacute;ronse
+disimuladamente las dos mayores a don Pedro, y mientras Rita le plantaba
+en la cabeza un sombrero de tres picos, Manolita le echaba por los
+hombros una chupa color t&oacute;rtola, con guirnaldas de flores azules y
+amarillas.</p>
+
+<p>Fue de confusi&oacute;n el momento que sigui&oacute; a esta diablura sosa. Don Pedro,
+medio a gatas porque de otro modo no se lo consent&iacute;a la poca altura del
+desv&aacute;n, persegu&iacute;a a sus primas, resuelto a tomar memorable venganza; y
+ellas, exhalando chillidos ratoniles, tropezando con los muebles y
+cachivaches esparcidos aqu&iacute; y acull&aacute;, procuraban buscar la puertecilla
+angosta, para evitar represalias. Mientras Rita se atrincheraba tras los
+restos de una silla de manos y una desvencijada c&oacute;moda, huyeron dos
+chicas, las menos valientes; y habiendo tenido Manolita la buena
+ocurrencia de cegar moment&aacute;neamente a su primo arroj&aacute;ndole a la cabeza
+un chal, pudo evadirse tambi&eacute;n Rita, jefe nato del mot&iacute;n. Desenredarse
+del chal haci&eacute;ndolo jirones, y lanzarse a la puerta y a la escalera en
+seguimiento de la fugitiva, fueron acciones simult&aacute;neas en don Pedro.</p>
+
+<p>Salt&oacute; impetuosamente los pelda&ntilde;os, precipit&aacute;ndose en el corredor a
+tientas, guiado por su instinto de perseguidor de alima&ntilde;as &aacute;giles, que
+oye delante de s&iacute; el apresurado trotecillo de la hermosa res. En una
+revuelta del pasillo le dio alcance. La defensa fue blanda, entrecortada
+de risas. Don Pedro, determinado a infligir el castigo ofrecido, lo
+aplic&oacute; en efecto cerca de una oreja, largo y sonoro. Pareci&oacute;le que la
+v&iacute;ctima no se resist&iacute;a entonces; mas deb&iacute;a ser err&oacute;nea tan maliciosa
+suposici&oacute;n, porque Rita aprovech&oacute; un segundo de suspensi&oacute;n de
+hostilidades para huir nuevamente, gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A que no me coges otra vez, cobarde?</p>
+
+<p>Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqu&eacute;s ech&oacute; detr&aacute;s de
+la prima, que se hab&iacute;a desvanecido ya en las negruras del pasadizo.
+&Eacute;ste, irregular y tortuoso, serpeaba alrededor de parte de la casa,
+quebr&aacute;ndose en inesperados codos, y a veces estrech&aacute;ndose como longaniza
+mal rellena. Rita llevaba ventaja en sus familiares angosturas. Oy&oacute; el
+marqu&eacute;s chirriar puertas, indicio de que la chica se hab&iacute;a acogido al
+sagrado de alguna habitaci&oacute;n. No estaba don Pedro para respetar
+sagrados. Empuj&oacute; la puerta tras la cual juzgaba parapetada a Rita. La
+puerta resist&iacute;a como si tuviese alg&uacute;n obst&aacute;culo delante; mas los pu&ntilde;os
+de don Pedro dieron cuenta f&aacute;cilmente de la endeble trinchera de un par
+de sillas, que vinieron al suelo con estr&eacute;pito. Penetr&oacute; en un cuarto
+completamente oscuro, y por instinto alarg&oacute; las manos a fin de no
+tropezar con los muebles; advirti&oacute; que algo rebull&iacute;a en las tinieblas;
+tante&oacute; el aire y palp&oacute; un bulto de mujer, que aprision&oacute; en sus brazos
+sin decir palabra, con &aacute;nimo de repetir el castigo. &iexcl;Oh sorpresa! La
+resistencia m&aacute;s tenaz y briosa, la protesta m&aacute;s desesperada, unas
+manitas de acero que no pod&iacute;a cautivar, un cuerpo nervioso que se
+sacud&iacute;a rehuyendo toda presi&oacute;n, y al mismo tiempo varias exclamaciones
+de profunda y verdadera congoja, dos o tres gritos ahogados que
+demandaban socorro.... &iexcl;Diantre! Aquello no se parec&iacute;a a lo otro, no....
+Por ciego y exaltado que estuviese el marqu&eacute;s, hubo de comprender....
+Sinti&oacute; una confusi&oacute;n ins&oacute;lita en &eacute;l, y solt&oacute; a la chica.</p>
+
+<p>&mdash;Nuchi&ntilde;a, no llores.... Calla, mujer.... Ya te dejo; no te hago nada....
+Aguarda un instante.</p>
+
+<p>Registr&oacute; precipitadamente sus bolsillos, rasc&oacute; un f&oacute;sforo, mir&oacute;
+alrededor, encendi&oacute; una vela puesta en un candelabro.... Nucha, vi&eacute;ndose
+libre, callaba; pero se manten&iacute;a a la defensiva. Volvi&oacute; el marqu&eacute;s a
+disculparse y a consolarla.</p>
+
+<p>&mdash;Nucha, no seas chiquilla.... Perdona, mujer.... Dispensa, no cre&iacute;a que
+eras t&uacute;.</p>
+
+<p>Conteniendo un sollozo, exclam&oacute; Nucha:</p>
+
+<p>&mdash;Fuese quien fuese.... Con las se&ntilde;oritas no se hacen estas brutalidades.</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a, tu se&ntilde;ora hermanita me busc&oacute;..., y el que me busca, que no se
+queje si me encuentra.... Ea, no haya m&aacute;s, no est&eacute;s as&iacute; disgustada. &iquest;Qu&eacute;
+va a decir de m&iacute; el t&iacute;o? Pero &iquest;a&uacute;n lloras, mujer? Cuidado que eres
+sensible de veras. A ver, a ver esa cara.</p>
+
+<p>Alz&oacute; el candelabro para alumbrar el rostro de Nucha. Estaba &eacute;sta
+encendida, demudada, y por sus mejillas corr&iacute;a despacio una l&aacute;grima;
+pero al darle la luz en los ojos, no pudo menos de sonre&iacute;r ligeramente y
+secar el llanto con su pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hija! &iexcl;Cualquiera se te atreve! &iexcl;Eres una fierecita! &iexcl;Y hasta fuerza
+en los pu&ntilde;os descubres en esos momentos! &iexcl;Diantre!</p>
+
+<p>&mdash;Vete&mdash;orden&oacute; Nucha recobrando su seriedad&mdash;. &Eacute;sta es mi habitaci&oacute;n, y no
+me parece decente que te est&eacute;s metido en ella.</p>
+
+<p>Dio el marqu&eacute;s dos pasos para salir; y volvi&eacute;ndose de pronto, pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quedamos amigos? &iquest;Se hacen las paces?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, con tal que no vuelvas a las andadas&mdash;respondi&oacute; con sencillez y
+firmeza Nucha.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me har&aacute;s si vuelvo?&mdash;interrog&oacute; risue&ntilde;o el hidalgo campesino&mdash;. Capaz
+eres de dejarme en el sitio de una manotada, chica.</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto.... No tengo yo fuerzas para tanto. Har&eacute; otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;Dec&iacute;rselo a pap&aacute;, muy clarito, para que se fije en lo que de seguro no
+se le habr&aacute; pasado por la cabeza: que no parece natural vivir t&uacute; aqu&iacute; no
+siendo nuestro hermano y siendo nosotras muchachas solteras. Ya s&eacute; que
+es un atrevimiento meterme a enmendarle la plana a pap&aacute;; pero &eacute;l no ha
+reparado en esto, ni te cree capaz de gracias como las de hoy. En cuanto
+note algo, se le ha de ocurrir sin que yo se lo sople al o&iacute;do, pues no
+soy qui&eacute;n para aconsejar a mi padre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caramba! Lo dices de un modo..., &iexcl;como si fuese cuesti&oacute;n de vida o
+muerte!</p>
+
+<p>&mdash;Pues as&iacute;.</p>
+
+<p>March&oacute;se con estas despachaderas el marqu&eacute;s, y a la hora de la cena
+estuvo taciturno y metido en s&iacute;, haciendo caso omiso de las zalamer&iacute;as
+de Rita. Nucha, aunque un poco alterada la fisonom&iacute;a, se mostr&oacute; como
+siempre, afable, tranquila y atenta al buen servicio y orden de la mesa.
+Aquella noche el marqu&eacute;s no dej&oacute; dormir a Juli&aacute;n, entreteni&eacute;ndole hasta
+las altas horas con larga y tendida pl&aacute;tica. Los d&iacute;as siguientes fueron
+de tregua; don Pedro sal&iacute;a bastante, y se le ve&iacute;a mucho en el Casino,
+junto a la tribuna de los maldicientes. No perd&iacute;a all&iacute; el tiempo.
+Inform&aacute;base de particularidades que le importaban, por ejemplo, el
+verdadero estado de fortuna de su t&iacute;o. En Santiago se dec&iacute;a lo que &eacute;l
+sospechaba ya: don Manuel Pardo mejoraba en tercio y quinto a su
+primog&eacute;nito Gabriel, que entre la mejora, su leg&iacute;tima y el v&iacute;nculo,
+vendr&iacute;a a arramblar con casi toda la casa de la Lage. No restaba m&aacute;s
+esperanza a las primitas que la herencia de una t&iacute;a soltera, do&ntilde;a
+Marcelina, madrina de Nucha por m&aacute;s se&ntilde;as, que resid&iacute;a en Orense,
+atesorando s&oacute;rdidamente y viviendo como una rata en su agujero. Estas
+nuevas dieron en qu&eacute; pensar a don Pedro, que desvel&oacute; a Juli&aacute;n algunas
+noches m&aacute;s. Al cabo adopt&oacute; una resoluci&oacute;n definitiva.</p>
+
+<p>Estremeci&oacute;se de placer don Manuel Pardo viendo al sobrino entrar en su
+despacho una ma&ntilde;ana, con la expresi&oacute;n indefinible que se nota en el
+rostro y continente de quien viene a tratar algo de importancia. Hab&iacute;a
+o&iacute;do don Manuel que donde hay varias hermanas, lo dif&iacute;cil es deshacerse
+de la primera, y despu&eacute;s las otras se desprenden de suyo, como las
+cuentas de una sarta tras la m&aacute;s pr&oacute;xima al cabo del hilo. Colocada
+Rita, lo dem&aacute;s era tortas y pan pintado. Con Manolita cargar&iacute;a por
+&uacute;ltimo el finchado se&ntilde;orito de la Formoseda; a Carmen se le quitar&iacute;an de
+la cabeza ciertas locuras y siendo tan linda no le faltar&iacute;a buen
+acomodo; y Nucha.... Lo que es Nucha no le hac&iacute;a a &eacute;l peso en casa, pues
+la gobernaba a las mil maravillas; adem&aacute;s, a fuer de heredera presunta
+de su madrina, no necesitaba ampararse cas&aacute;ndose. Si no hallaba marido,
+vivir&iacute;a con Gabriel cuando &eacute;ste, acabada la carrera, se estableciese
+seg&uacute;n conviene al mayorazgo de la Lage. Con tan gratos pensamientos, don
+Manuel abri&oacute; los o&iacute;dos para mejor recibir el roc&iacute;o de las palabras de su
+sobrino.... Lo que recibi&oacute; fue un escopetazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; se asusta usted tanto, t&iacute;o?&mdash;exclamaba don Pedro gozando en sus
+adentros con la mortificaci&oacute;n y asombro del viejo hidalgo&mdash;. &iquest;Hay
+impedimento? &iquest;Tiene Nucha otro novio?</p>
+
+<p>Comenz&oacute; don Manuel a poner mil objeciones, call&aacute;ndose algunas que no
+eran para dichas. Sali&oacute; la corta edad de la muchacha, su delicada salud,
+y hasta su poca hermosura aleg&oacute; el padre, sazonando la observaci&oacute;n con
+alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no
+preferirla. Dio al sobrino manotadas en los hombros y en las rodillas;
+gast&oacute; chanzas, quiso aconsejarle como se aconseja a un ni&ntilde;o que escoge
+entre juguetes; y por &uacute;ltimo, tras de referir varios chascarrillos
+adecuados al asunto y contados en dialecto, acab&oacute; por declarar que a las
+dem&aacute;s chicas les dar&iacute;a algo al contraer matrimonio, pero que a Nucha...
+como esperaba heredar lo de su t&iacute;a.... Los tiempos estaban malos,
+<i>abof&eacute;</i>.... Luego, encar&aacute;ndose con el marqu&eacute;s, le interrog&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; dice esa mosquita muerta de Nucha, vamos a ver?</p>
+
+<p>&mdash;Usted se lo preguntar&aacute;, t&iacute;o.... &iexcl;Yo no le dije cosa de sustancia...! Ya
+vamos viejos para andar haciendo cocos.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh y qu&eacute; marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena!
+Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre s&iacute;,
+trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que
+denunciaban ojos como pu&ntilde;os, trastornos en las horas de comer,
+conferencias con amigos sesudos, curiosidades de due&ntilde;a oficiosa que
+apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una
+cortina, todas las dram&aacute;ticas menudencias que acompa&ntilde;an a un grave
+suceso dom&eacute;stico.... Y como en provincia las paredes son de cristal, se
+murmur&oacute; en Santiago desaforadamente, glosando los <i>esc&aacute;ndalos</i> ocurridos
+entre las se&ntilde;oritas de la Lage por causa del primo. Se acus&oacute; a Rita de
+haber insultado agriamente a su hermana porque le quitaba el novio, y a
+Carmen de ayudarla, porque Nucha reprend&iacute;a su ventaneo. Se censur&oacute; a
+Nucha tambi&eacute;n por falsa e hip&oacute;crita. Se le royeron los zancajos a don
+Manuel, afirmando que hab&iacute;a dicho en toda confianza a persona que lo
+repiti&oacute; en toda intimidad: &laquo;El sobrino no me hab&iacute;a de salir de aqu&iacute; sin
+una de las chicas, y como se le antoj&oacute; Nucha, hubo que d&aacute;rsela&raquo;. Se
+asegur&oacute; que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo
+confirm&oacute; ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo
+segu&iacute;a detr&aacute;s con don Manuel y Nucha. &Eacute;sta iba como avergonzada,
+cabizbaja y modesta. Crecieron los comentarios cuando Rita sali&oacute; para
+Orense, a acompa&ntilde;ar una temporada a la t&iacute;a Marcelina, seg&uacute;n dijo, y don
+Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios
+viviesen bajo un mismo techo en v&iacute;speras de boda.</p>
+
+<p>&Eacute;sta se efectu&oacute; llegada la dispensa pontificia, hacia fines del mes de
+agosto. No faltaron los indispensables requisitos: finezas mutuas,
+regalos de amigos y parientes, cajas de dulces muy emperifolladas para
+repartir, buen ajuar de ropa blanca, las <i>galas</i> venidas de Madrid en un
+caj&oacute;n monstruo. Dos o tres d&iacute;as antes de la ceremonia se recibi&oacute; un
+paquetito procedente de Segovia, y dentro de &eacute;l un estuche. Conten&iacute;a una
+sortija de oro muy sencilla, y una cartulina figurando tarjeta, que
+dec&iacute;a: &laquo;A mi inolvidable hermana Marcelina, su m&aacute;s amante hermano,
+Gabriel&raquo;. La novia llor&oacute; bastante con el obsequio de <i>su ni&ntilde;o</i>, p&uacute;solo
+en el dedo me&ntilde;ique de la mano izquierda, y all&iacute; se le reuni&oacute; el otro
+anillo que en la iglesia le ci&ntilde;eron.</p>
+
+<p>Cas&aacute;ronse al anochecer, en una parroquia solitaria. Vest&iacute;a la novia de
+rico gro negro, mantilla de blonda y aderezo de brillantes. Al regresar
+hubo refresco para la familia y amigos &iacute;ntimos solamente: un refresco a
+la antigua espa&ntilde;ola, con alm&iacute;bares, sorbetes, chocolate, vino generoso,
+bizcochos, dulces variad&iacute;simos, todo servido en macizas salvillas y
+bandejas de plata, con gran etiqueta y compostura. No adornaban la mesa
+flores, a no ser las rosas de trapo de las <i>tartas</i> o ramilletes de
+pi&ntilde;onate; dos candelabros con buj&iacute;as, altos como mecheros de catafalco,
+solemnizaban el comedor; y los convidados, transidos a&uacute;n del miedo que
+infunde el terrible sacramento del matrimonio visto de cerca, hablaban
+bajito, lo mismo que en un duelo, esmer&aacute;ndose en evitar hasta el repique
+de las cucharillas en la loza de los platos. Parec&iacute;a aquello la comida
+postrera de los reos de muerte. Verdad es que el se&ntilde;or don Nemesio
+Angulo, eclesi&aacute;stico en extremo cortesano y afable, antiguo amigo y
+tertuliano de don Manuel y autor de la dicha de los c&oacute;nyuges, a quienes
+acababa de bendecir, intent&oacute; soltar dos o tres cosillas festivas, en
+tono decentemente jovial, para animar un poco la asamblea; pero sus
+esfuerzos se estrellaron contra la seriedad de los concurrentes. Todos
+estaban&mdash;es la frase de caj&oacute;n&mdash;<i>muy afectados</i>, incluso el se&ntilde;orito de la
+Formoseda, que acaso pensaba &laquo;cuando la barba de tu vecino...&raquo;, y
+Juli&aacute;n, que viendo colmados sus deseos y votos ardent&iacute;simos, triunfante
+su candidatura, sent&iacute;a no obstante en el coraz&oacute;n un peso raro, como si
+alg&uacute;n presentimiento cruel se lo abrumase.</p>
+
+<p>Seria y sol&iacute;cita, la novia atend&iacute;a y serv&iacute;a a todo el mundo; dos o tres
+veces su pulso desasentado le hizo verter el Pajarete que escanciaba al
+buen don Nemesio, colocado en sitio preferente, a su derecha. El novio
+entretanto conversaba con los hombres, y, al alzarse de la mesa,
+reparti&oacute; excelentes cigarros de que ten&iacute;a rellena la petaca. Nadie
+aludi&oacute; al trascendental acontecimiento, ni se atrevi&oacute; a decir la menor
+chanza que pudiese poner colorada a la novia; pero al despedirse los
+convidados, algunos caballeros recalcaron maliciosamente las <i>buenas
+noches</i>, mientras matronas y doncellas, besando con estr&eacute;pito a la
+desposada, le chillaban al o&iacute;do: &laquo;Adi&oacute;s, <i>se&ntilde;ora</i>.... Ya eres <i>se&ntilde;ora</i>,
+ya no es posible llamarte <i>se&ntilde;orita</i>...&raquo;, celebrando tan trivial
+observaci&oacute;n con afectadas risas, y mirando a Nucha como para
+aprend&eacute;rsela de memoria. Cuando todos fueron saliendo, don Manuel Pardo
+se acerc&oacute; a su hija, y la oprimi&oacute; contra el pecho colosal, sell&aacute;ndole la
+frente con besos muy cari&ntilde;osos. Hall&aacute;base realmente conmovido el se&ntilde;or
+de la Lage: era la primera vez que casaba una hija; sent&iacute;a desbordarse
+en su alma la paternidad, y al tomar de la mano a Nucha para conducirla
+a la c&aacute;mara nupcial, alumbr&aacute;ndoles el camino Misia Rosario con un
+candelabro de cinco brazos cogido de la mesa del comedor, no acertaba a
+pronunciar palabra, y un poco de humedad se asomaba a sus lagrimales
+&aacute;ridos, y una sonrisa de orgullo y placer entreabr&iacute;a al mismo tiempo su
+boca. En el umbral pudo exclamar al cabo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si levantase la cabeza tal d&iacute;a como hoy tu madre que en gloria est&eacute;!</p>
+
+<p>Ard&iacute;an en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no
+menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco; y como
+no la iluminaba otra luz, ni se hab&iacute;a so&ntilde;ado siquiera en el cl&aacute;sico
+globo de porcelana que es de rigor en todo voluptuoso camar&iacute;n de novela,
+impregnaba la alcoba m&aacute;s misterio religioso que nupcial, completando su
+analog&iacute;a con una capilla u oratorio la forma del t&aacute;lamo, cuyas cortinas
+de damasco rojo franjeadas de oro se parec&iacute;an exactamente a colgaduras
+de iglesia, y cuyas s&aacute;banas blanqu&iacute;simas, tersas y almidonadas, con
+randas y encajes, ten&iacute;an la casta lisura de los manteles de altar.
+Cuando el padre se retiraba ya, murmurando &laquo;Adi&oacute;s, Nuchi&ntilde;a, hija
+querida&raquo;, la novia le asi&oacute; la diestra y se la bes&oacute; humildemente, con
+labios secos, abrasados de calentura. Qued&oacute; sola. Temblaba como la hoja
+en el &aacute;rbol, y al trav&eacute;s de sus crispados nervios corr&iacute;a a cada instante
+el escalofr&iacute;o de la <i>muerte chiquita</i>, no por miedo razonado y
+consciente, sino por cierto pavor indefinible y sagrado. Parec&iacute;ale que
+aquella habitaci&oacute;n donde reinaba tan imponente silencio, donde ard&iacute;an
+tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hac&iacute;a dos
+horas a&uacute;n se hab&iacute;a puesto de hinojos.... Volvi&oacute; a arrodillarse, divisando
+all&aacute; en la sombra de la cabecera del lecho el antiguo Cristo de &eacute;bano y
+marfil, a quien el cortinaje formaba severo dosel. Sus labios murmuraban
+el consuetudinario rezo nocturno: &laquo;Un Padrenuestro por el alma de
+mam&aacute;...&raquo;. Oy&eacute;ronse en el corredor pisadas recias, crujir de botas
+flamantes, y la puerta se abri&oacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Tomo_II" id="Tomo_II"></a><a href="#capitulos">Tomo II</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a><a href="#capitulos">-XII-</a></h2>
+
+
+<p>Quedaban migajas, no muy a&ntilde;ejas a&uacute;n, del pan de la boda, cuando don
+Pedro celebr&oacute; con Juli&aacute;n una conferencia, conviniendo ambos en lo
+urgente de que el capell&aacute;n se adelantase a salir a los Pazos para
+adoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera,
+mientras no iban a vivirla sus due&ntilde;os. Juli&aacute;n acept&oacute; la comisi&oacute;n, y
+entonces el se&ntilde;orito mostr&oacute; remordimientos o escr&uacute;pulos de hab&eacute;rsela
+encomendado.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted&mdash;advirti&oacute;&mdash;que all&iacute; se necesitan muchas agallas.... Primitivo
+es hombre de malos h&iacute;gados, capaz de darle a usted cien vueltas....</p>
+
+<p>&mdash;Dios delante. Matar no me matar&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No lo diga usted dos veces&mdash;insisti&oacute; el se&ntilde;or de Ulloa, impulsado por
+voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban o&iacute;r claras y
+apremiantes&mdash;. Ya le avis&eacute; a usted en otra ocasi&oacute;n de c&oacute;mo es Primitivo:
+capaz de cualquier desafuero.... Lo que yo no creo es que vaya a cometer
+barbaridades por gusto de cometerlas, ni aun en el primer momento,
+cuando le ciega el deseo de la venganza.... Con todo....</p>
+
+<p>No era &eacute;sta la &uacute;nica vez que don Pedro manifestaba sagacidad en el
+conocimiento de caracteres y personas, don esterilizado por la falta de
+nociones de cultura moral y delicadeza, de &eacute;sas que hoy exige la
+sociedad a quien, mediante el nacimiento, la riqueza o el poder, ocupa
+en ella lugar preeminente.</p>
+
+<p>Prosigui&oacute; el se&ntilde;orito:</p>
+
+<p>&mdash;Primitivo no es un b&aacute;rbaro.... Pero es un brib&oacute;n redomado y taimad&iacute;simo,
+que no se para en barras con tal de lograr sus fines.... &iexcl;Demontres!
+Harto estoy de saberlo.... El d&iacute;a que nos vinimos... si &eacute;l pudiese
+detenernos sopl&aacute;ndonos un tiro a mansalva... no doy dos cuartos por su
+pellejo de usted ni por el m&iacute;o.</p>
+
+<p>Estremeci&oacute;se Juli&aacute;n, y se le borraron las rosadas tintas de los p&oacute;mulos.
+No era de madera de h&eacute;roes, lo cual le sal&iacute;a a la cara. A don Pedro le
+divert&iacute;a infinito el miedo del capell&aacute;n. En la &iacute;ndole de don Pedro hab&iacute;a
+un fondo de crueldad, sostenido por su vida grosera.</p>
+
+<p>&mdash;Apostemos&mdash;exclam&oacute; ri&eacute;ndose&mdash;que la cruz aqu&eacute;lla del camino va usted a
+pasarla rezando.</p>
+
+<p>&mdash;No digo que no&mdash;contest&oacute; Juli&aacute;n repuesto ya&mdash;; mas no por eso me niego a
+ir. Es mi deber; de suerte que no hago nada de extraordinario en
+cumplirlo. Dios sobre todo.... A veces no es tan fiero el le&oacute;n como lo
+pintan.</p>
+
+<p>&mdash;No le tiene cuenta ahora a Primitivo meterse en dibujos.</p>
+
+<p>Call&oacute; Juli&aacute;n. Al cabo exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito, &iexcl;si usted adoptase una buena resoluci&oacute;n! &iexcl;Echar a ese hombre,
+se&ntilde;orito, echarlo!</p>
+
+<p>&mdash;Calle usted, hombre, calle usted.... Le pondremos a raya.... Pero eso de
+echar.... &iquest;Y los perros? &iquest;Y la caza? &iquest;Y aquellas gentes, y todo aquel
+cotarro, que nadie me lo entiende sino &eacute;l? Deseng&aacute;&ntilde;ese usted: sin
+Primitivo no me arreglo yo all&iacute;.... Haga usted la prueba, s&oacute;lo por gusto,
+de aquillotrarme algunas cosas de las que Primitivo maneja durmiendo....
+Adem&aacute;s, crea usted lo que le digo, que es como el Evangelio: si echa
+usted a Primitivo por la puerta, se nos entrar&aacute; por la ventana.
+&iexcl;Diantre! &iexcl;Si sabr&eacute; yo qui&eacute;n es Primitivo!</p>
+
+<p>Juli&aacute;n balbuci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y... de lo dem&aacute;s...?</p>
+
+<p>&mdash;De lo dem&aacute;s.... Arr&eacute;glese usted como quiera.... Lleva usted plenos
+poderes.</p>
+
+<p>&iexcl;Ya lo creo que los llevaba! &iexcl;As&iacute; llevase tambi&eacute;n alguna receta eficaz
+para servirse de ellos! Investido de autoridad omn&iacute;moda, Juli&aacute;n sent&iacute;a
+en el fondo del alma una especie de compasi&oacute;n por la desvergonzada
+manceba y el hijo espurio. Este &uacute;ltimo sobre todo. &iquest;Qu&eacute; culpa ten&iacute;a el
+pobre inocente de las bellaquer&iacute;as maternales? Siempre parec&iacute;a duro
+arrojarle de una casa donde, al fin y al cabo, el due&ntilde;o era su padre.
+Juli&aacute;n no se hubiera encargado jam&aacute;s de tan ingrata comisi&oacute;n a no
+parecerle que iba en ello la salvaci&oacute;n eterna de don Pedro, y tambi&eacute;n el
+sosiego temporal de la que &eacute;l segu&iacute;a llamando <i>se&ntilde;orita Marcelina</i>,
+contra el dictamen de las convidadas a la boda.</p>
+
+<p>No sin aprensi&oacute;n cruz&oacute; de nuevo el triste pa&iacute;s de lobos que anteced&iacute;a al
+valle de los Pazos. El cazador le aguardaba en Cebre, e hicieron la
+jornada juntos; Primitivo, por m&aacute;s se&ntilde;as, se mostr&oacute; tan sumiso y
+respetuoso, que Juli&aacute;n, quien al rev&eacute;s que don Pedro pose&iacute;a el don de
+errar en el conocimiento pr&aacute;ctico de las gentes, guardando los aciertos
+para el terreno especulativo y abstracto, fue poco a poco desechando la
+desconfianza, y persuadi&eacute;ndose de que ya no ten&iacute;a el zorro intenciones
+de morder. El rostro impasible de Primitivo no revelaba rencor ni enojo.
+Con su laconismo y seriedad habituales, hablaba del tiempo desapacible y
+metido en agua, que casi no hab&iacute;a consentido majar, ni segar el ma&iacute;z, ni
+vendimiar como Dios manda, ni cumplir en paz ninguna de las grandes
+faenas agr&iacute;colas. Estaba en efecto el camino encharcado, lleno de
+aguazales, y como hab&iacute;a llovido por la ma&ntilde;ana tambi&eacute;n, los pinos dejaban
+escurrir de las verdes y brillantes p&uacute;as de su ramaje gotas de agua que
+se aplastaban en el sombrero de los viajeros. Juli&aacute;n iba perdiendo el
+miedo y un gozo muy puro le inundaba el esp&iacute;ritu cuando salud&oacute; al
+crucero con verdadera efusi&oacute;n religiosa.</p>
+
+<p>&laquo;Bendito seas, Dios m&iacute;o&mdash;pensaba para s&iacute;&mdash;, pues me has permitido cumplir
+una obra buena, grata a tus ojos. He encontrado en los Pazos, hace un
+a&ntilde;o, el vicio, el esc&aacute;ndalo, la groser&iacute;a y todas las malas pasiones; y
+vuelvo trayendo el matrimonio cristiano, las virtudes del hogar
+consagrado por ti. Yo, yo he sido el agente de que te has valido para
+tan santa obra.... Dios m&iacute;o, gracias&raquo;.</p>
+
+<p>Cortaron el soliloquio ladridos vehementes: era la jaur&iacute;a del marqu&eacute;s,
+que sal&iacute;a a recibir al montero mayor, haciendo locas demostraciones de
+regocijo, zarandeando los rabos mutilados y abriendo de una cuarta las
+fresqu&iacute;simas bocas. Acarici&oacute;los Primitivo con su enjuta mano, pues era
+sumamente afectuoso para los perros; y al nieto, que en pos de los
+perros ven&iacute;a, le dio una especie de festivo soplamocos. Quiso Juli&aacute;n
+besar al ni&ntilde;o, pero &eacute;ste se puso en polvorosa antes de que pudiese
+lograrlo; y el capell&aacute;n experiment&oacute; otra vez compasivos remordimientos,
+causados por la vista de la ya repudiada criatura. A Sabel la hall&oacute; en
+el sitio de costumbre, entre sus pucheros, pero sin el antiguo s&eacute;quito
+de aldeanas viejas y mozas, de la Sabia y su dilatada progenie. Reinaba
+en la cocina orden perfecto: todo limpio, sosegado y solitario; la
+persona m&aacute;s severa y amiga de censurar no encontrar&iacute;a qu&eacute;. El capell&aacute;n
+comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a
+temer que su venida lo trastornara: idea dictada por su nativa timidez.
+A la hora de cenar aument&oacute; su sorpresa. Primitivo, m&aacute;s blando que un
+guante, le daba cuenta en voz reposada de lo ocurrido all&iacute; durante medio
+a&ntilde;o, en materia de vacas paridas, obras emprendidas, rentas cobradas; y
+mientras el padre reconoc&iacute;a as&iacute; su autoridad superior, la hija le serv&iacute;a
+diligente y humilde, con pegajosa dulzura de animal dom&eacute;stico que
+implora caricias. No sab&iacute;a Juli&aacute;n qu&eacute; cara poner en vista de una acogida
+tan cordial.</p>
+
+<p>Crey&oacute; que mudar&iacute;an de actitud al d&iacute;a siguiente, cuando, haciendo uso de
+los plen&iacute;simos poderes y facultades omn&iacute;modas de que ven&iacute;a investido,
+orden&oacute; a la Agar y al Ismael de aquel patriarcado emigrar al desierto.
+&iexcl;Milagro asombroso! Tampoco se alter&oacute; entonces la mansedumbre de
+Primitivo.</p>
+
+<p>&mdash;Los se&ntilde;oritos traer&aacute;n cocinera de all&aacute;, de Santiago...&mdash;explicaba
+Juli&aacute;n, para fundar en algo la expulsi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto...&mdash;respondi&oacute; Primitivo con la mayor naturalidad del
+mundo&mdash;. All&aacute; en la <i>vila</i> gu&iacute;sase de otro modo.... Los se&ntilde;ores tienen la
+boca acostumbrada.... Cuadra bien, que yo tambi&eacute;n le iba a pedir que le
+escribiese al se&ntilde;or marqu&eacute;s de traer quien cocinase.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted?&mdash;exclam&oacute; Juli&aacute;n, estupefacto.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.... La hija se me quiere casar....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabel?</p>
+
+<p>&mdash;Sabel, s&iacute;, se&ntilde;or, anda en eso.... Con el gaitero de Naya, el <i>Gallo</i>....
+Por de contado se empe&ntilde;a en irse para su casa, as&iacute; que les echen las
+bendiciones....</p>
+
+<p>Sinti&oacute; Juli&aacute;n un sofoc&oacute;n de pura alegr&iacute;a. No pudo menos de pensar que en
+todo aquel negocio de Sabel andaba visiblemente la mano de la
+Providencia. &iexcl;Sabel casada, alejada de all&iacute;; el peligro conjurado; las
+cosas en orden, la salvaci&oacute;n segura! Una vez m&aacute;s dio gracias al Dios
+bondadoso que quita los estorbos de delante cuando la mezquina previsi&oacute;n
+humana no cree posible removerlos siquiera.... La satisfacci&oacute;n que le
+rebosaba en el semblante era tal, que se avergonz&oacute; de mostrarla ante
+Primitivo, y empez&oacute; a charlar aprisa, por disimulo, felicitando al
+cazador y augurando a Sabel un porvenir de ventura en el nuevo estado.
+Aquella noche misma escribi&oacute; al marqu&eacute;s la buena noticia.</p>
+
+<p>Pasaron d&iacute;as, siempre bonancibles. Prosegu&iacute;a Sabel mansa, Primitivo
+complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta. S&oacute;lo notaba Juli&aacute;n
+cierta resistencia pasiva en lo tocante al gobierno de los estados y
+hacienda del marqu&eacute;s. En este terreno le fue absolutamente imposible
+adelantar una pulgada. Primitivo sosten&iacute;a su posici&oacute;n de verdadero
+administrador, apoderado, y, entre bastidores, aut&oacute;crata: Juli&aacute;n
+comprend&iacute;a que sus plenos poderes importaban tanto como la carabina de
+Ambrosio, y hasta pudo cerciorarse, por indicios evidentes, de que el
+influjo que ejerc&iacute;a el cazador en el circuito de los Pazos iba
+haci&eacute;ndose extensivo a toda la comarca; a menudo ven&iacute;an a conferenciar
+con el mayordomo, en actitud respetuosa y servil, gentes de Cebre, de
+Castrodorna, de Bo&aacute;n, de puntos m&aacute;s distantes todav&iacute;a. En cuatro leguas
+a la redonda no se mov&iacute;a una paja sin intervenci&oacute;n y aquiescencia de
+Primitivo. No pose&iacute;a Juli&aacute;n fuerzas para luchar con &eacute;l, ni lo intentaba,
+pareci&eacute;ndole secundario el perjuicio que a la casa de Ulloa originase la
+mala administraci&oacute;n de Primitivo, en proporci&oacute;n al da&ntilde;o inmenso que
+estuvo a punto de causarle Sabel. Descartarse de la hija lo ten&iacute;a &eacute;l por
+importante; en cuanto al padre....</p>
+
+<p>Verdad es que la hija no se marchaba tampoco; pero se marchar&iacute;a, &iexcl;no
+faltaba m&aacute;s! &iquest;Qui&eacute;n duda que se marchar&iacute;a? Tranquilizaba a Juli&aacute;n una
+se&ntilde;al en su concepto infalible: el haber sorprendido cierto anochecer,
+cerca del pajar, a Sabel y al gallardo gaitero entretenidos en coloquios
+m&aacute;s dulces que edificantes. Le ruboriz&oacute; el encuentro, pero hizo la vista
+gorda reflexionando que aquello era, por decirlo as&iacute;, la antesala del
+altar. Seguro de la victoria respecto a la mala hembra, transigi&oacute; en lo
+relativo al mayordomo. Cuanto m&aacute;s que &eacute;ste no rechazaba las indicaciones
+de Juli&aacute;n, ni le llevaba la contraria en cosa alguna. Si el capell&aacute;n
+ideaba planes, censuraba abusos o insist&iacute;a en la urgente necesidad de
+una reforma, Primitivo aprobaba, allanaba el camino, suger&iacute;a medios, de
+palabra se entiende; al llegar a la realizaci&oacute;n, ya era harina de otro
+costal: empezaban las dificultades, las dilaciones: que hoy... que
+ma&ntilde;ana.... No hay fuerza comparable a la inercia. Primitivo dec&iacute;a a
+Juli&aacute;n para consolarle:</p>
+
+<p>&mdash;Una cosa es hablar, y otra hacer....</p>
+
+<p>O matar a Primitivo, o entreg&aacute;rsele a discreci&oacute;n: el capell&aacute;n comprend&iacute;a
+que no quedaba otro recurso. Fue un d&iacute;a a desahogar sus cuitas con don
+Eugenio, el abad de Naya, cuyos discretos pareceres le alentaban mucho.
+Encontr&oacute;le todo alborotado con los noticiones pol&iacute;ticos, que acababan de
+confirmar los pocos peri&oacute;dicos que se recib&iacute;an en aquellos andurriales.
+La marina se hab&iacute;a sublevado, echando del trono a la reina, y &eacute;sta se
+encontraba ya en Francia, y se constitu&iacute;a un gobierno provisional, y se
+contaba de una batalla re&ntilde;id&iacute;sima en el puente de Alcolea, y el ej&eacute;rcito
+se adher&iacute;a, y el diablo y su madre.... Don Eugenio andaba, de puro
+excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilaci&oacute;n para
+saber noticias ciertas. &iexcl;Qu&eacute; dir&iacute;an el se&ntilde;or Arcipreste y el abad de
+Bo&aacute;n! &iquest;Y Barbacana? Ahora s&iacute; que Barbacana estaba fresco: su eterno
+adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montar&iacute;a encima por
+los siglos de los siglos, am&eacute;n. Con el embullo de estos acontecimientos,
+apenas atendi&oacute; el abad de Naya a las tribulaciones de Juli&aacute;n.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a><a href="#capitulos">-XIII-</a></h2>
+
+
+<p>Transcurrido alg&uacute;n tiempo de vida familiar con suegro y cu&ntilde;adas, don
+Pedro ech&oacute; de menos su huronera. No se acostumbraba a la metr&oacute;poli
+arzobispal. Ahog&aacute;banle las altas tapias verdosas, los soportales
+angostos, los edificios de l&oacute;brego zagu&aacute;n y escalera sombr&iacute;a, que le
+parec&iacute;an calabozos y mazmorras. Fastidi&aacute;bale vivir all&iacute; donde tres gotas
+de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instant&aacute;neamente una
+triste vegetaci&oacute;n de hongos de seda, de enormes paraguas. Le incomodaba
+la perenne sinfon&iacute;a de la lluvia que se deslizaba por los canalones
+abajo o reti&ntilde;&iacute;a en los charcos causados por la depresi&oacute;n de las
+baldosas. Qued&aacute;banle dos recursos no m&aacute;s para combatir el tedio:
+discutir con su suegro o jugar un rato en el Casino. Ambas cosas le
+produjeron en breve, no hast&iacute;o, pues el verdadero hast&iacute;o es enfermedad
+moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino
+irritaci&oacute;n y sorda c&oacute;lera, hija de la secreta convicci&oacute;n de su
+inferioridad. Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de
+educaci&oacute;n adquirido en dilatados a&ntilde;os de existencia ciudadana y el
+consiguiente trato de gentes, as&iacute; como por aquel bien entendido orgullo
+de su nacimiento y apellido, que le salvaba de <i>adocenarse</i> (era su
+expresi&oacute;n predilecta). Aparte de la man&iacute;a de referir en las sobremesas y
+entre amigos de confianza mil an&eacute;cdotas, no contrarias al pudor, pero s&iacute;
+a la serenidad del est&oacute;mago de los oyentes, era don Manuel persona
+cort&eacute;s y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir
+a una junta en la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s, llevar el
+estandarte en una procesi&oacute;n, ser llamado al despacho de un gobernador en
+consulta. Si deseaba retirarse al campo, no le atra&iacute;a tan s&oacute;lo la
+perspectiva de dar rienda suelta a instintos selv&aacute;ticos, de andar sin
+corbata, de no pagar tributo a la sociedad, sino que le solicitaban
+aficiones m&aacute;s delicadas, de origen moderno: el deseo de tener un jard&iacute;n,
+de cultivar frutales, de hacer obras de alba&ntilde;iler&iacute;a, distracci&oacute;n que le
+embelesaba y que en el campo es m&aacute;s barata que en la ciudad. Adem&aacute;s, el
+fino trato de su mujer, la perpetua compa&ntilde;&iacute;a de sus hijas suavizara ya
+las tradiciones rudas que por parte de los la Lage conservaba don
+Manuel: cinco hembras respetadas y queridas civilizan al hombre m&aacute;s
+agreste. He aqu&iacute; por qu&eacute; el suegro, a pesar de encontrarse
+cronol&oacute;gicamente una generaci&oacute;n m&aacute;s atr&aacute;s que su yerno, estaba
+moralmente bastantes a&ntilde;os delante.</p>
+
+<p>Trataba don Manuel de descortezar a don Pedro; y no s&oacute;lo fue trabajo
+perdido, sino contraproducente, pues recrudeci&oacute; su soberbia y le
+infundi&oacute; mayores deseos de emanciparse de todo yugo. Aspiraba el se&ntilde;or
+de la Lage a que su sobrino se estableciese en Santiago, levantando la
+casa de los Pazos y visit&aacute;ndola los veranos solamente, a fin de
+recrearse y vigilar sus fincas; y al dar tales consejos a su yerno, los
+entreveraba con indirectas y alusiones, para demostrar que nada ignoraba
+de cuanto suced&iacute;a en la vieja madriguera de los Ulloas. Este g&eacute;nero de
+imposici&oacute;n y fiscalizaci&oacute;n, aunque tan disculpable, irrit&oacute; a don Pedro,
+que seg&uacute;n dec&iacute;a, no aguantaba ancas ni gustaba de ser manejado por nadie
+en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo mismo&mdash;declar&oacute; un d&iacute;a delante de su mujer&mdash;vamos a tomar soleta
+pronto. A m&iacute; nadie me trae y lleva desde que pas&eacute; de chiquillo. Si callo
+a veces, es porque estoy en casa ajena.</p>
+
+<p>Estar en casa ajena le exaltaba. Todo cuanto ve&iacute;a lo encontraba
+censurable y antip&aacute;tico. El decoroso fausto del se&ntilde;or de la Lage; sus
+bandejas y candelabros de plata; su mueblaje rico y antiguo; la
+respetabilidad de sus relaciones, compuestas de lo m&aacute;s selecto de la
+ciudad; su honesta tertulia nocturna de can&oacute;nigos y personas formales
+que ven&iacute;an a hacerle la partida de tresillo; sus criados respetuosos, a
+veces descuidados, pero nunca insolentes ni entrometidos, todo se le
+figuraba a don Pedro s&aacute;tira viviente del desarreglo de los Pazos, de
+aquella vida torpe, de las comidas sin mantel, de las ventanas sin
+vidrios, de la familiaridad con mozas y ga&ntilde;anes. Y no se le despertaba
+la saludable emulaci&oacute;n, sino la ruin envidia y su hermano el ce&ntilde;udo
+despecho. &Uacute;nicamente le consolaban los desatinados amor&iacute;os de Carmen;
+celebraba la gracia, frot&aacute;ndose las manos, siempre que en el Casino se
+comentaba la procacidad del estudiante y el descaro de la chiquilla.
+&iexcl;Que rabiase su suegro! No bastaba tener sillas de damasco y alfombras
+para evitar esc&aacute;ndalos.</p>
+
+<p>Los altercados de don Pedro con su t&iacute;o iban agri&aacute;ndose, y vino a
+envenenarlos la discusi&oacute;n pol&iacute;tica, que enzarza m&aacute;s que ninguna otra,
+especialmente a los que discuten por impresi&oacute;n, sin ideas fijas y
+razonadas. Fuerza es confesar que el marqu&eacute;s estaba en este caso. Don
+Manuel no era ning&uacute;n lince, pero afiliado plat&oacute;nicamente desde muchos
+a&ntilde;os atr&aacute;s al partido moderado puro, hecho a leer peri&oacute;dicos, conoc&iacute;a la
+rutina; y hab&iacute;a tomado tan a contrapelo el chasco de Gonz&aacute;lez Bravo y la
+marcha de Isabel II, que se disparaba, poni&eacute;ndose a dos dedos de
+ahogarse, cuando el sobrino, por molestarle, le contradec&iacute;a, disculpaba
+a los revolucionarios, repet&iacute;a las enormidades que la prensa y las
+lenguas de entonces propalaban contra la majestad ca&iacute;da, y aparentaba
+creerlas como art&iacute;culo de fe. El t&iacute;o le rebat&iacute;a con acritud y calor,
+alzando al cielo las gigantescas manos.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; en las aldeas&mdash;dec&iacute;a&mdash;se traga todo, hasta el mayor disparate.... No
+ten&eacute;is formado el criterio, hijo, no ten&eacute;is formado el criterio, &eacute;sa es
+vuestra desgracia.... Lo mir&aacute;is todo al trav&eacute;s de un punto de vista que
+os forj&aacute;is vosotros mismos... (este tremendo disparate deb&iacute;a haberlo
+aprendido don Manuel en alg&uacute;n art&iacute;culo de fondo). Hay que juzgar con la
+experiencia, con la sensatez.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted se figura que somos tontos los que venimos de all&aacute;...? Puede
+ser que a&uacute;n tengamos m&aacute;s pesquis, y veamos lo que ustedes no ven...
+(alud&iacute;a a su prima Carmen, colgada de la galer&iacute;a en aquel momento).
+Cr&eacute;ame usted, t&iacute;o, en todas partes hay bobalicones que se maman el
+dedo.... &iexcl;Vaya si los hay!</p>
+
+<p>La discusi&oacute;n tomaba car&aacute;cter personal y agresivo; sol&iacute;a esto ocurrir a
+la hora de la sobremesa; las tazas del caf&eacute; chocaban furiosas contra los
+platillos; don Manuel, tr&eacute;mulo de coraje, vert&iacute;a el anisete al llevarlo
+a la boca; t&iacute;o y sobrino alzaban la voz mucho m&aacute;s de lo regular, y
+despu&eacute;s de alg&uacute;n descompasado grito o frase dura, hab&iacute;a instantes de
+armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y
+Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba
+muy despacio las servilletas de todos desliz&aacute;ndolas en las anillas. Don
+Pedro se levantaba de repente, rechazando su silla con energ&iacute;a, y,
+haciendo temblar el piso bajo su andar fuerte, se largaba al Casino,
+donde las mesas de tresillo funcionaban d&iacute;a y noche.</p>
+
+<p>Tampoco all&iacute; se encontraba bien. Sofoc&aacute;bale cierta atm&oacute;sfera
+intelectual, muy propia de ciudad universitaria. Compostela es pueblo en
+que nadie quiere pasar por ignorante, y comprend&iacute;a el se&ntilde;orito cu&aacute;nto se
+mofar&iacute;an de &eacute;l y qu&eacute; chacota se le preparaba, si se averiguase con
+certeza que no estaba fuerte en ortograf&iacute;a ni en otras <i>&iacute;as</i> nombradas
+all&iacute; a menudo. Se le sublevaba su amor propio de monarca indiscutible en
+los Pazos de Ulloa al verse tenido en menos que unos catedr&aacute;ticos
+acatarrados y pergaminosos, y aun que unos estudiantes troneras, con las
+botas rojas y el cerebro caliente y vibrante todav&iacute;a de alguna lectura
+de autor moderno, en la Biblioteca de la Universidad o en el gabinete
+del Casino. Aquella vida era sobrado activa para la cabeza del se&ntilde;orito,
+sobrado entumecida y sedentaria para su cuerpo; la sangre se le
+requemaba por falta de esparcimiento y ejercicio, la piel le ped&iacute;a con
+mucha necesidad ba&ntilde;os de aire y sol, duchas de lluvia, friegas de
+espinos y escajos, &iexcl;plena inmersi&oacute;n en la atm&oacute;sfera mont&eacute;s!</p>
+
+<p>No pod&iacute;a sufrir la nivelaci&oacute;n social que impone la vida urbana; no se
+habituaba a contarse como n&uacute;mero par en un pueblo, habiendo estado
+siempre de nones en su residencia feudal. &iquest;Qui&eacute;n era &eacute;l en Santiago? Don
+Pedro Moscoso a secas; menos a&uacute;n: el yerno del se&ntilde;or de la Lage, el
+marido de Nucha Pardo. El marquesado all&iacute; se hab&iacute;a deshecho como la sal
+en el agua, merced a la malicia de un viejecillo, miembro del
+maldiciente triunvirato, a quien correspond&iacute;a, por su acerada y
+prodigiosa memoria y a&ntilde;os innumerables, el ramo de averiguaci&oacute;n y
+esclarecimiento de a&ntilde;ejos sucedidos, as&iacute; como al m&aacute;s joven, que
+conocemos ya, tocaban las investigaciones de actualidad, viniendo a ser
+cronista el uno y analista el otro de la metr&oacute;poli. El cronista, pues,
+hizo su oficio desentra&ntilde;ando la genealog&iacute;a entera y verdadera de las
+casas de Cabreira y Moscoso, probando ce por be que el t&iacute;tulo de Ulloa
+no correspond&iacute;a ni pod&iacute;a corresponder sino al duque de tal y cual,
+grande de Espa&ntilde;a, etc.; y demostr&aacute;ndolo mediante oportuna exhibici&oacute;n de
+la <i>Gu&iacute;a de Forasteros</i>. Por cierto que al instruir estas diligencias se
+hizo bastante burla de don Pedro y del se&ntilde;or de la Lage, a quien se
+acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de s&aacute;banas
+regalado a su hija; inocente desliz que el analista confirm&oacute;,
+especificando d&oacute;nde y c&oacute;mo se hab&iacute;an marcado las susodichas s&aacute;banas, y
+cu&aacute;nto hab&iacute;a costado el <i>escus&oacute;n</i> y el perendengue de la coronita.</p>
+
+<p>Impaciente ya, resolvi&oacute; don Pedro la marcha antes de que pasase la
+inclemencia del invierno, a fines de un marzo muy esquivo y desapacible.
+Sal&iacute;a el coche para Cebre tan de madrugada, que no se ve&iacute;a casi; hac&iacute;a
+un fr&iacute;o cruel, y Nucha, acurrucada en el rinc&oacute;n del inc&oacute;modo veh&iacute;culo,
+se llevaba a menudo el pa&ntilde;uelo a los ojos, por lo cual su marido la
+interpel&oacute; con poca blandura:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Parece que vienes de mala gana conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tienes!&mdash;respondi&oacute; la muchacha destapando el rostro y
+sonriendo&mdash;. Es natural que sienta dejar al pobre pap&aacute; y... y a las
+chicas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ellas&mdash;murmur&oacute; el se&ntilde;orito&mdash;me parece que no te echar&aacute;n memoriales
+para que vuelvas.</p>
+
+<p>Nucha call&oacute;. El carruaje brincaba en los baches de la salida, y el
+mayoral, con voz ronca, animaba al tiro. Alcanzaron la carretera y rod&oacute;
+el armatoste sobre una superficie m&aacute;s igual. Nucha reanud&oacute; el di&aacute;logo
+preguntando a su marido pormenores relativos a los Pazos, conversaci&oacute;n a
+que &eacute;l se prestaba gustoso, ponderando hiperb&oacute;licamente la hermosura y
+salubridad del pa&iacute;s, encareciendo la antig&uuml;edad del caser&oacute;n y alabando
+la vida c&oacute;moda e independiente que all&iacute; se hac&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No creas&mdash;dec&iacute;a a su mujer, alzando la voz para que no la cubriese el
+ruido de los cascabeles y el retemblar de los vidrios&mdash;, no creas que no
+hay gente fina all&iacute;.... La casa est&aacute; rodeada de se&ntilde;or&iacute;o principal: las
+se&ntilde;oritas de Molende, que son muy simp&aacute;ticas; Ram&oacute;n Limioso, un cumplido
+caballero.... Tambi&eacute;n nos har&aacute; compa&ntilde;&iacute;a el Abad de Naya.... &iexcl;Pues y el
+nuestro, el de Ulloa, que es presentado por m&iacute;! &Eacute;se es tan m&iacute;o como los
+perros que llevo a cazar.... No le mando que ladre y que porte porque no
+se me antoja. &iexcl;Ya ver&aacute;s, ya ver&aacute;s! All&iacute; es uno alguien y supone algo.</p>
+
+<p>A medida que se acercaban a Cebre, que entraba en sus dominios, se
+redoblaba la alegre locuacidad de don Pedro. Se&ntilde;alaba a los grupos de
+casta&ntilde;os, a los escuetos montes de aliaga y exclamaba regocijad&iacute;simo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Foro de casa...! &iexcl;Foro de casa...! No corre por ah&iacute; una liebre que no
+paste en tierra m&iacute;a.</p>
+
+<p>La entrada en Cebre acrecent&oacute; su alborozo. Delante de la posada
+aguardaban Primitivo y Juli&aacute;n; aqu&eacute;l con su cara de metal, enigm&aacute;tica y
+dura, &eacute;ste con el rostro dilatado por afectuos&iacute;sima sonrisa. Nucha le
+salud&oacute; con no menor cordialidad. Bajaron los equipajes, y Primitivo se
+adelant&oacute; trayendo a don Pedro su lucia y viva yegua casta&ntilde;a. Iba &eacute;ste a
+montar, cuando repar&oacute; en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha,
+y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de
+esos que por formar en el centro una especie de comba, m&aacute;s parecen
+hechos para despedir al jinete que para sustentarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo no le has tra&iacute;do a la se&ntilde;orita la borrica?&mdash;pregunt&oacute; don Pedro,
+deteni&eacute;ndose antes de montar, con un pie en el estribo y una mano asida
+a las crines de la yegua, y mirando al cazador con desconfianza.</p>
+
+<p>Primitivo articul&oacute; no s&eacute; qu&eacute; de una pata coja, de un tumor fr&iacute;o....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no hay m&aacute;s borricos en el pa&iacute;s?, &iquest;eh? A m&iacute; no me vengas con eso. Te
+sobraba tiempo para buscar diez pollinas.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;se hacia su mujer, y como para tranquilizar su conciencia,
+pregunt&oacute;le:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienes miedo, chica? T&uacute; no estar&aacute;s acostumbrada a montar. &iquest;Has andado
+alguna vez en esta casta de aparejos? &iquest;Sabes tenerte en ellos?</p>
+
+<p>Nucha permanec&iacute;a indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sin
+soltar de la otra el saquillo de viaje. Al cabo murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es tenerme, s&eacute;.... El a&ntilde;o pasado, cuando estuve de ba&ntilde;os, mont&eacute;
+en mil aparejos nunca vistos.... S&oacute;lo que ahora....</p>
+
+<p>Solt&oacute; el traje de repente, lleg&oacute;se a su marido, y le pas&oacute; un brazo
+alrededor del cuello, escondiendo la cara en su pechera como la primera
+vez que hab&iacute;a tenido que abrazarle; y all&iacute;, en una especie de murmullo o
+secreteo dulc&iacute;simo, acab&oacute; la frase interrumpida. Pint&oacute;se en el rostro
+del marqu&eacute;s la sorpresa, y casi al mismo tiempo la alegr&iacute;a inmensa,
+radiante, el j&uacute;bilo orgulloso, la exaltaci&oacute;n de una victoria. Y
+apretando contra s&iacute; a su mujer, con amorosa protecci&oacute;n, exclam&oacute; a
+gritos:</p>
+
+<p>&mdash;O no hay en tres leguas a la redonda una pollina mansa, o aunque la
+tenga el mismo Dios del cielo y no la quiera prestar, aqu&iacute; vendr&aacute; para
+ti, a fe de Pedro Moscoso. Aguarda, hija, aguarda un minuto nada m&aacute;s....
+O mejor dicho, entra en la posada y si&eacute;ntate.... A ver, un banco, una
+silla para la se&ntilde;orita.... Espera, <i>Nuchi&ntilde;a</i>, vengo volando. Primitivo,
+acomp&aacute;&ntilde;ame t&uacute;. Abr&iacute;gate, Nucha.</p>
+
+<p>Volando no, pero s&iacute; al cabo de media hora, volvi&oacute; sin aliento. Tra&iacute;a del
+ronzal una oronda borriquilla, bien arreada, d&oacute;cil y segura: la propia
+hacanea de la mujer del juez de Cebre. Don Pedro tom&oacute; en brazos a su
+esposa y la sent&oacute; en la albarda, arregl&aacute;ndole la ropa con esmero.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a><a href="#capitulos">-XIV-</a></h2>
+
+
+<p>As&iacute; que pudieron conferenciar reservadamente capell&aacute;n y se&ntilde;orito,
+pregunt&oacute; don Pedro, sin mirar cara a cara a Juli&aacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y... <i>&eacute;sa</i>? &iquest;Est&aacute; todav&iacute;a por aqu&iacute;? No la he visto cuando entramos.</p>
+
+<p>Como Juli&aacute;n arrugase el entrecejo, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;, est&aacute;.... Apostar&iacute;a yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no
+hab&iacute;a encontrado modo de sacud&iacute;rsela de encima.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito, la verdad...&mdash;articul&oacute; Juli&aacute;n bastante disgustado&mdash;. Yo no s&eacute;
+qu&eacute; decir.... Ha sido una cosa que se ha ido enredando.... Primitivo me
+jur&oacute; y perjur&oacute; que la muchacha se iba a casar con el gaitero de Naya....</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; qui&eacute;n es&mdash;dijo entre dientes don Pedro, cuyo rostro se anubl&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo... como era bastante natural, lo cre&iacute;. Adem&aacute;s tuve ocasi&oacute;n de
+persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel... tienen... trato.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha averiguado usted todo eso?&mdash;interrog&oacute; el marqu&eacute;s con iron&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or, yo.... Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme
+para no caer de inocente.... He preguntado por ah&iacute; y todo el mundo est&aacute;
+conforme en que andan para casarse; hasta don Eugenio, el abad de Naya,
+me dijo que el muchacho hab&iacute;a pedido sus papeles. Y por cierto que, a
+pretexto de no s&eacute; qu&eacute; enredo o dificultad en los tales papeles dichosos,
+no se hizo la cosa todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Qued&oacute;se don Pedro callado, y al fin prorrumpi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Es usted un santo. Ya pod&iacute;an venirme a m&iacute; con &eacute;sas.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or, la verdad es que si tuvieron intenci&oacute;n de enga&ntilde;arme... digo que
+son unos grand&iacute;simos pillos. Y la Sabel, si no est&aacute; muerta y penada por
+el gaitero, lo figura que es un asombro. Hace dos semanas fue a casa de
+don Eugenio y se le arrodill&oacute; llorando y pidiendo por Dios que se diese
+prisa a arreglarle el casamiento, porque aquel d&iacute;a ser&iacute;a el m&aacute;s feliz de
+su vida. Don Eugenio me lo ha contado, y don Eugenio no dice una cosa
+por otra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bribona! &iexcl;Bribonaza!&mdash;tartamude&oacute; el se&ntilde;orito, iracundo, pase&aacute;ndose por
+la habitaci&oacute;n aceleradamente.</p>
+
+<p>Soseg&oacute;se no obstante muy luego, y agreg&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No me pasmo de nada de eso, ni digo que don Eugenio mienta; pero...
+usted... es un papanatas, un infeliz, porque aqu&iacute; no se trata de Sabel,
+&iquest;entiende usted?, sino de su padre, de su padre. Y su padre le ha
+enga&ntilde;ado a usted como a un chino, vamos. La... mujer &eacute;sa, bien comprendo
+que rabia por largarse; mas Primitivo es abonado para matarla antes que
+tal suceda.</p>
+
+<p>&mdash;No, si tambi&eacute;n empezaba yo a maliciarme eso.... Mire usted que empezaba
+a malici&aacute;rmelo.</p>
+
+<p>El se&ntilde;orito se encogi&oacute; de hombros con desd&eacute;n, y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;A buena hora.... Deje usted ya de mi cuenta este asunto.... Y por lo
+dem&aacute;s..., &iquest;qu&eacute; tal, qu&eacute; tal?</p>
+
+<p>&mdash;Muy mansos..., como corderos.... No se me han opuesto de frente a nada.</p>
+
+<p>&mdash;Pero habr&aacute;n hecho de lado cuanto se les antoje.... Mire usted, don
+Juli&aacute;n, a veces me dan ganas de empapillarle a usted. Lo mismito que a
+los pichones.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n replic&oacute; todo compungido:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orito, acierta usted de medio a medio. No hay forma de conseguir
+nada aqu&iacute; si Primitivo se opone. Ten&iacute;a usted raz&oacute;n cuando me lo
+aseguraba el a&ntilde;o pasado. Y de alg&uacute;n tiempo ac&aacute;, parece que a&uacute;n le tienen
+mayor respeto, por no decir m&aacute;s miedo. Desde que se arm&oacute; la revoluci&oacute;n y
+andan agitadas las cosas pol&iacute;ticas, y cada d&iacute;a recibimos una noticia
+gorda, creo que Primitivo se mezcla en esos enredos, y recluta sat&eacute;lites
+en el pa&iacute;s.... Me lo ha asegurado don Eugenio, a&ntilde;adiendo que ya antes
+ten&iacute;a subyugada a mucha gente prestando a r&eacute;ditos.</p>
+
+<p>Guardaba silencio don Pedro. Por fin alz&oacute; la cabeza y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se acuerda usted de la burra que hubo que buscar en Cebre para mi
+mujer?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No me he de acordar!</p>
+
+<p>&mdash;Pues la se&ntilde;ora del juez..., r&iacute;ase usted un poco, hombre..., la se&ntilde;ora
+del juez se avino a prest&aacute;rmela porque iba Primitivo conmigo. Si no....</p>
+
+<p>No hizo Juli&aacute;n reflexi&oacute;n alguna acerca de un suceso que tanto indignaba
+al marqu&eacute;s. Al terminar la conferencia, don Pedro le puso la mano en el
+hombro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no me da usted la enhorabuena, desatento?&mdash;exclam&oacute; con
+aquella misma irradiaci&oacute;n que hab&iacute;an tenido sus pupilas en Cebre.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n no entend&iacute;a. El se&ntilde;orito se explic&oacute; cay&eacute;ndosele la baba de gozo.
+S&iacute;, se&ntilde;or, para octubre, el tiempo de las casta&ntilde;as..., esperaba el mundo
+un Moscoso, un Moscoso aut&eacute;ntico y leg&iacute;timo... hermoso como un sol
+adem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no puede tambi&eacute;n ser una Moscosita?&mdash;pregunt&oacute; Juli&aacute;n despu&eacute;s de
+reiteradas felicitaciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imposible!&mdash;grit&oacute; el marqu&eacute;s con toda su alma. Y como el capell&aacute;n se
+echase a re&iacute;r, a&ntilde;adi&oacute;:&mdash;Ni de guasa me lo anuncie usted, don Juli&aacute;n.... Ni
+de guasa. Tiene que ser un chiquillo, porque si no le retuerzo el
+pescuezo a lo que venga. Ya le he encargado a Nucha que se libre bien de
+traerme otra cosa m&aacute;s que un var&oacute;n. Soy capaz de romperle una costilla
+si me desobedece. Dios no me ha de jugar tan mala pasada. En mi familia
+siempre hubo sucesi&oacute;n masculina: Moscosos cr&iacute;an Moscosos, es ya
+proverbial. &iquest;No lo ha reparado usted cuando estuvo almorz&aacute;ndose el polvo
+del archivo? Pero usted es capaz de no haber reparado tampoco el estado
+de mi mujer, si no le entero yo ahora.</p>
+
+<p>Y era verdad. No s&oacute;lo no lo hab&iacute;a echado de ver, sino que tan natural
+contingencia no se le hab&iacute;a pasado siquiera por las mientes. La
+veneraci&oacute;n que por Nucha sent&iacute;a y que iba acrecent&aacute;ndose con el trato,
+cerraba el paso a la idea de que pudiesen ocurrirle los mismos percances
+fisiol&oacute;gicos que a las dem&aacute;s hembras del mundo. Justificaba esta
+candorosa ni&ntilde;er&iacute;a el aspecto de Nucha. La total inocencia, que se
+pintaba en sus ojos vagos y como perdidos en contemplaciones de un mundo
+interior, no hab&iacute;a menguado con el matrimonio; las mejillas, un poco m&aacute;s
+redondeadas, segu&iacute;an ti&ntilde;&eacute;ndose del carm&iacute;n de la verg&uuml;enza por el menor
+motivo. Si alguna variaci&oacute;n pod&iacute;a observarse, alg&uacute;n signo revelador del
+tr&aacute;nsito de virgen a esposa, era quiz&aacute;s un aumento de pudor; pudor, por
+decirlo as&iacute;, m&aacute;s consciente y seguro de s&iacute; mismo; instinto elevado a
+virtud. No se cansaba Juli&aacute;n de admirar la noble seriedad de Nucha
+cuando una chanza atrevida o una palabra malsonante her&iacute;a sus o&iacute;dos; la
+dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable
+que la resguardaba hasta contra las osad&iacute;as del pensamiento; la bondad
+con que agradec&iacute;a la atenci&oacute;n m&aacute;s leve, pag&aacute;ndola con frases compuestas,
+pero sinceras; la serenidad de toda su persona, semejante al caer de una
+tarde apacibil&iacute;sima. Parec&iacute;ale a Juli&aacute;n que Nucha era ni m&aacute;s ni menos
+que el tipo ideal de la b&iacute;blica Esposa, el po&eacute;tico ejemplar de la Mujer
+fuerte, cuando a&uacute;n no se ha borrado de su frente el nimbo del candor, y
+sin embargo ya se adivina su entereza y majestad futura. Andando el
+tiempo aquella gracia hab&iacute;a de ser severidad, y a las oscuras trenzas
+suceder&iacute;an las canas de plata, sin que en la pura frente imprimiese
+jam&aacute;s una mancha el delito ni una arruga el remordimiento. &iexcl;Cu&aacute;n
+sazonada madurez promet&iacute;a tan suave primavera! Al pensarlo, felicit&aacute;base
+otra vez Juli&aacute;n por la parte que le cab&iacute;a en la acertada elecci&oacute;n del
+se&ntilde;orito.</p>
+
+<p>Con desinteresada satisfacci&oacute;n se dec&iacute;a a s&iacute; mismo que hab&iacute;a logrado
+contribuir al establecimiento de una cosa grat&iacute;sima a Dios, e
+indispensable a la concertada marcha de la sociedad: el matrimonio
+cristiano, lazo bendito, por medio del cual la Iglesia atiende
+juntamente, con admirable sabidur&iacute;a, a fines espirituales y materiales,
+santificando los segundos por medio de los primeros. &laquo;La &iacute;ndole de tan
+sagrada instituci&oacute;n&mdash;discurr&iacute;a Juli&aacute;n&mdash;es opuesta a imp&uacute;dicos extremos y
+arrebatos, a romancescos y necios desahogos, ardientes y roncos arrullos
+de t&oacute;rtola&raquo;; por eso alguna vez que el esposo se deslizaba a
+familiaridades m&aacute;s desp&oacute;ticas que tiernas, parec&iacute;ale al capell&aacute;n que la
+esposa sufr&iacute;a mucho, herida en su c&aacute;ndida modestia, en su decente
+compostura; figur&aacute;basele que la ca&iacute;da de sus p&aacute;rpados, su encendimiento,
+su silencio, eran muda protesta contra libertades impropias del honesto
+trato conyugal. Si ante &eacute;l suced&iacute;an tales cosas, a la mesa por ejemplo,
+Juli&aacute;n torc&iacute;a la cara, haci&eacute;ndose el distra&iacute;do, o alzaba el vaso para
+beber, o fing&iacute;a atender a los perros, que husmeaban por all&iacute;.</p>
+
+<p>Le asaltaba entonces un escr&uacute;pulo, de &eacute;sos que se quiebran de sutiles.
+Por muy perfecta casada que hiciese Nucha, su condici&oacute;n y virtudes la
+llamaban a otro estado m&aacute;s meritorio todav&iacute;a, m&aacute;s parecido al de los
+&aacute;ngeles, en que la mujer conserva como preciado tesoro su virginal
+limpieza. Sab&iacute;a Juli&aacute;n por su madre que Nucha manifestaba a veces
+inclinaci&oacute;n a la vida mon&aacute;stica, y daba en la man&iacute;a de deplorar que no
+hubiese entrado en un convento. Siendo Nucha tan buena para mujer de un
+hombre, mejor ser&iacute;a para esposa de Cristo; y las castas nupcias dejar&iacute;an
+intacta la flor de su inocencia corporal, poni&eacute;ndola para siempre al
+abrigo de las tribulaciones y combates que en el mundo nunca faltan.</p>
+
+<p>Esto de los combates le recordaba a Sabel. &iquest;Qui&eacute;n duda que su
+permanencia en casa era ya un peligro para la tranquilidad de la esposa
+leg&iacute;tima? No imaginaba Juli&aacute;n riesgos inmediatos, pero present&iacute;a algo
+amenazador para lo porvenir. &iexcl;Horrible familia ilegal, enraizada en el
+viejo caser&oacute;n solariego como las parietarias y yedras en los derruidos
+muros! Al capell&aacute;n le entraban a veces impulsos de coger una escoba, y
+barrer bien fuerte, bien fuerte, hasta que echase de all&iacute; a tan mala
+ralea. Pero cuando iba m&aacute;s determinado a hacerlo, tropezaba en la
+ego&iacute;sta tranquilidad del se&ntilde;orito y en la resistencia pasiva,
+incontrastable del mayordomo. Sucedi&oacute; adem&aacute;s una cosa que aument&oacute; la
+dificultad de la barredura: la cocinera enviada de Santiago empez&oacute; a
+malhumorarse, quej&aacute;ndose de que no entend&iacute;a la cocina, de que la le&ntilde;a no
+ard&iacute;a bien, del humo, de todo; Sabel, muy servicial, acudi&oacute; a ayudarla;
+y a los pocos d&iacute;as la cocinera, cansada de aldea, se despidi&oacute; con malos
+modos, y Sabel qued&oacute; en su sitio, sin que mediasen m&aacute;s f&oacute;rmulas para el
+reemplazo que asir el mango de la sart&eacute;n cuando la otra lo solt&oacute;. Juli&aacute;n
+no tuvo ni tiempo de protestar contra este cambio de ministerio y vuelta
+al antiguo r&eacute;gimen. Lo cierto es que la familia espuria se mostraba por
+entonces incomparablemente humilde: a Primitivo no se le encontraba sino
+llam&aacute;ndole cuando hac&iacute;a falta; Sabel se eclipsaba apenas dejaba la
+comida puesta a la lumbre y confiada al cuidado de las mozas de
+fregadero; el chiquillo parec&iacute;a haberse evaporado.</p>
+
+<p>Y con todo, al capell&aacute;n no le llegaba la camisa al cuerpo. &iexcl;Si Nucha se
+enteraba! &iquest;Y qui&eacute;n duda que se enterar&iacute;a en el momento menos pensado?
+Por desgracia la nueva esposa mostraba afici&oacute;n suma a recorrer la casa,
+a informarse de todo, a escudri&ntilde;ar los sitios m&aacute;s rec&oacute;nditos y
+trasconejados, verbigracia desvanes, bodegas, lagar, palomar, h&oacute;rreos,
+<i>tulla</i>, perreras, cochiqueras, gallinero, establos y <i>herbeiros</i> o
+dep&oacute;sitos de forraje. No le llegaba a Juli&aacute;n la camisa al cuerpo,
+temblando que en alguna de estas dependencias recibiese Nucha a boca de
+jarro, por impensado incidente, la atroz revelaci&oacute;n. Y al mismo tiempo,
+&iquest;c&oacute;mo oponerse al &uacute;til merodeo del ama de casa hacendosa por sus
+dominios? Parec&iacute;a que con la joven se&ntilde;ora entraban en cada rinc&oacute;n de los
+Pazos la alegr&iacute;a, la limpieza y el orden, y que la saludaba el r&aacute;pido
+bailotear del polvo arremolinado por las escobas, la vibraci&oacute;n del rayo
+de sol proyectado en escondrijos y zahurdas donde las espesas telara&ntilde;as
+no lo hab&iacute;an dejado penetrar desde a&ntilde;os antes.</p>
+
+<p>Segu&iacute;a Juli&aacute;n a Nucha en sus exploraciones, a fin de vigilar y evitar,
+si cab&iacute;a, cualquier suceso desgraciado. Y en efecto, su intervenci&oacute;n fue
+provechosa cuando Nucha descubri&oacute; en el gallinero cierto pollo implume.
+El caso merece referirse despacio.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a observado Nucha que en aquella casa de bendici&oacute;n las gallinas no
+pon&iacute;an jam&aacute;s, o si pon&iacute;an no se ve&iacute;a la postura. Afirmaba don Pedro que
+se gastaban al a&ntilde;o bastantes <i>ferrados</i> de centeno y mijo en el corral;
+y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de s&iacute;. Lo que es
+cacarear, cacareaban como descosidas, indicio evidente de que andaban en
+tratos de soltar el huevo; o&iacute;ase el himno triunfal de las fecundas a la
+vez que el blando cloquear de las lluecas; se iba a ver el nido, se
+advert&iacute;a en &eacute;l suave calorcillo, se distingu&iacute;a la paja prensada
+se&ntilde;alando en relieve la forma del huevo.... Y nada; que no se pod&iacute;a
+juntar ni para una mala tortilla. Nucha permanec&iacute;a ojo alerta. Un d&iacute;a
+que acudi&oacute; m&aacute;s diligente al cacareo delator, divis&oacute; agazapado en el
+fondo del gallinero, escondi&eacute;ndose como un ratoncillo, un rapaz de pocos
+a&ntilde;os. S&oacute;lo asomaban entre la paja de la nidadura sus descalzos pies.
+Nucha tir&oacute; de ellos y sali&oacute; el cuerpo, y tras del cuerpo las manos, en
+las cuales ven&iacute;a ya el plato que apetec&iacute;a el ama de casa, pues los
+huevos que el chico acababa de ocultar se le hab&iacute;an roto con la prisa, y
+la tortilla estaba all&iacute; medio hecha, batida por lo menos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah p&iacute;caro!&mdash;exclam&oacute; Nucha cogi&eacute;ndole y sac&aacute;ndole afuera, a la luz del
+corral&mdash;. &iexcl;Te voy a desollar vivo, gran tunante! &iexcl;Ya sabemos qui&eacute;n es el
+zorro que se come los huevos! Hoy te pongo el trasero en remojo, donde
+no lo veas.</p>
+
+<p>Agit&aacute;base y perneaba el ladr&oacute;n en miniatura; Nucha sinti&oacute; l&aacute;stima,
+imagin&aacute;ndose que sollozaba con desconsuelo. Apenas logr&oacute; verle un minuto
+la cara desvi&aacute;ndole de ella los brazos, pudo convencerse de que el muy
+insolente no hac&iacute;a sino re&iacute;rse a m&aacute;s y a mejor, y tambi&eacute;n notar la
+extraordinaria lindeza del desharrapado chicuelo. Juli&aacute;n, testigo
+inquieto de esta escena, se adelant&oacute; y quiso arrebat&aacute;rselo a Nucha.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jemelo usted, don Juli&aacute;n...&mdash;suplic&oacute; ella&mdash;. &iexcl;Qu&eacute; guapo!, &iexcl;qu&eacute; pelo!,
+&iexcl;qu&eacute; ojos! &iquest;De qui&eacute;n es esta criatura?</p>
+
+<p>Nunca el timorato capell&aacute;n sinti&oacute; tantas ganas de mentir. No atin&oacute;, sin
+embargo.</p>
+
+<p>&mdash;Creo...&mdash;tartamude&oacute; atragant&aacute;ndose&mdash;, creo que... de Sabel, la que guisa
+estos d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De la criada? Pero.... &iquest;est&aacute; casada esa chica?</p>
+
+<p>Creci&oacute; la turbaci&oacute;n de Juli&aacute;n. De esta vez ten&iacute;a en la garganta una pera
+de ahogo.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora; casada, no.... Ya sabe usted que... desgraciadamente... las
+aldeanas..., por aqu&iacute;... no es com&uacute;n que guarden el mayor recato....
+Debilidades humanas.</p>
+
+<p>Sent&oacute;se Nucha en un poyo del corral que con el gallinero lindaba, sin
+soltar al chiquillo, empe&ntilde;&aacute;ndose en verle la cara mejor. &Eacute;l porfiaba en
+taparla con manos y brazos, pegando respingos de conejo mont&eacute;s cautivo y
+sujeto. S&oacute;lo se descubr&iacute;a su cabellera, el monte de rizos casta&ntilde;os como
+la propia casta&ntilde;a madura, envedijados, revueltos con briznas de paja y
+motas de barro seco, y el cuello y nuca, dorados por el sol.</p>
+
+<p>&mdash;Juli&aacute;n, &iquest;tiene usted ah&iacute; una pieza de dos cuartos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Toma, <i>rapaci&ntilde;o</i>.... A ver si me pierdes el miedo.</p>
+
+<p>Fue eficaz el conjuro. Alarg&oacute; el chiquillo la mano, y meti&oacute; r&aacute;pidamente
+en el seno la moneda. Nucha vio entonces el rostro redondeado, hoyoso,
+gracios&iacute;simo y correcto a la vez, como el de los amores de bronce que
+sostienen mecheros y l&aacute;mparas. Una risa entre picaresca y celestial
+alegraba tan linda obra de la naturaleza. Nucha le plant&oacute; un beso en
+cada carrillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; monada! &iexcl;Dios lo bendiga! &iquest;C&oacute;mo te llamas, peque&ntilde;o?</p>
+
+<p>&mdash;Perucho&mdash;contest&oacute; el pilluelo con sumo desenfado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El nombre de mi marido!&mdash;exclam&oacute; la se&ntilde;orita con viveza&mdash;. &iquest;Apostemos a
+que es su ahijado? &iquest;Eh?</p>
+
+<p>&mdash;Es su ahijado, su ahijado&mdash;se apresur&oacute; a declarar Juli&aacute;n, que desear&iacute;a
+ponerle al chico un tap&oacute;n en aquella boca risue&ntilde;a, de carnosos labios
+cupidinescos. No pudiendo hacerlo intent&oacute; sacar la conversaci&oacute;n de
+terreno tan peligroso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; quer&iacute;as t&uacute; los huevos? Dilo y te doy otros dos cuartos, anda.</p>
+
+<p>&mdash;Los vendo&mdash;declar&oacute; Perucho concisamente.</p>
+
+<p>&mdash;Con que los vendes, &iquest;eh? Tenemos aqu&iacute; un negociante.... &iquest;Y a qui&eacute;n los
+vendes?</p>
+
+<p>&mdash;A las mujeres de por ah&iacute;, que van a la <i>vila</i>....</p>
+
+<p>&mdash;Sepamos, &iquest;a c&oacute;mo te pagan?</p>
+
+<p>&mdash;Dos cuartos por la <i>ducia</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira&mdash;d&iacute;jole Nucha cari&ntilde;osamente&mdash;, de aqu&iacute; en adelante me los vas a
+vender a m&iacute;, que te pagar&eacute; otro tanto. Por lo bonito que eres no quiero
+re&ntilde;irte ni enfadarme contigo. &iexcl;Qui&aacute;! Vamos a ser muy amigotes t&uacute; y yo.
+Lo primerito que te he de regalar son unos pantalones.... No andas muy
+decente que digamos.</p>
+
+<p>En efecto, por los desgarrones y aberturas del sucio calz&oacute;n de estopa
+del chico hac&iacute;an irrupci&oacute;n sus fresqu&iacute;simas y lozanas carnes, cuya
+morbidez no alcanzaba a encubrir el fango y suciedad que les serv&iacute;a de
+vestidura, a falta de otra m&aacute;s decorosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Angelitos!&mdash;murmur&oacute; Nucha&mdash;. &iexcl;Parece mentira que los traigan as&iacute;! Yo no
+s&eacute; c&oacute;mo no se matan, c&oacute;mo no perecen de fr&iacute;o.... Juli&aacute;n, hay que vestir a
+este ni&ntilde;o Jes&uacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, &iexcl;buen ni&ntilde;o Jes&uacute;s est&aacute; &eacute;l!&mdash;gru&ntilde;&oacute; Juli&aacute;n&mdash;. El mism&iacute;simo enemigo malo,
+&iexcl;Dios me perdone! No le tenga l&aacute;stima, se&ntilde;orita; es un diablillo, m&aacute;s
+travieso que un mico.... Lo que no hice yo para ense&ntilde;arle a leer y
+escribir, para acostumbrarle a que se lavase esos hocicos y esas
+patas.... &iexcl;Ni at&aacute;ndolo, se&ntilde;orita, ni at&aacute;ndolo! Y est&aacute; m&aacute;s sano que una
+manzana con la vida que trae. Ya se ha ca&iacute;do dos veces al estanque este
+a&ntilde;o, y de una por poco se ahoga.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, Juli&aacute;n, &iquest;qu&eacute; quiere usted que haga a su edad? No ha de ser formal
+como los mayores. Ven conmigo, rapaz, que voy a arreglarte algo para que
+te tapes esas piernecitas.... &iquest;No tiene calzado? Pues hay que encargarle
+unos zuecos bien fuertes, de &aacute;lamo.... Y le voy a predicar un serm&oacute;n a su
+madre para que me lo enjabone todos los d&iacute;as. Usted le va a dar lecci&oacute;n
+otra vez. O le haremos ir a la escuela, que ser&aacute; lo mejor.</p>
+
+<p>No hubo quien apease a Nucha de su caritativo prop&oacute;sito. Juli&aacute;n estaba
+con el alma en un hilo, temiendo que de semejante aproximaci&oacute;n resultase
+alguna cat&aacute;strofe. No obstante, la bondad natural de su coraz&oacute;n hizo que
+se interesase nuevamente por aquella obra p&iacute;a, que ya hab&iacute;a intentado
+sin fruto. Ve&iacute;a en ella mayor demostraci&oacute;n de la hermosura moral de
+Nucha. Parec&iacute;ale que era providencial el que la se&ntilde;orita cuidase a aquel
+mal reto&ntilde;o de tronco ruin. Y Nucha entretanto se divert&iacute;a infinito con
+su protegido; hac&iacute;ale gracia su propia desverg&uuml;enza, sus instintos
+truhanescos, su af&aacute;n por apandar huevos y fruta, su avidez al coger las
+monedas, su afici&oacute;n al vino y a los buenos bocados. Aspiraba a enderezar
+aquel arbolito tierno, civiliz&aacute;ndole a la vez la piel y el esp&iacute;ritu.
+Obra de romanos, dec&iacute;a el capell&aacute;n.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a><a href="#capitulos">-XV-</a></h2>
+
+
+<p>Por entonces se dedic&oacute; el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la
+aristocracia circunvecina. Nucha montaba la borriquilla, y su marido la
+yegua casta&ntilde;a; Juli&aacute;n los acompa&ntilde;aba en mula; alguno de los perros
+favoritos del marqu&eacute;s se incorporaba a la comitiva siempre, y dos mozos,
+vestidos con la ropa dominguera, la m&aacute;s bordada faja, el sombrero de
+fieltro nuevecito, empu&ntilde;ando varas verdes que columpiaban al andar, iban
+de espolistas, encargados de <i>tener mano</i> de las monturas cuando se
+apeasen los jinetes.</p>
+
+<p>La tanda empez&oacute; por la se&ntilde;ora jueza de Cebre. Abri&oacute; la puerta la criada
+en pernetas, que al ver a Nucha bajarse de su cabalgadura y arreglar los
+volantes del traje con el mango de la sombrilla, ech&oacute; a correr
+despavorida hacia el interior de la casa, clamando como si anunciase
+fuego o ladrones:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora.... &iexcl;Ay, mi se&ntilde;ora! &iexcl;Unos se&ntilde;ores...!, &iexcl;hay unos se&ntilde;ores aqu&iacute;!</p>
+
+<p>Ning&uacute;n eco respondi&oacute; a sus alaridos de consternaci&oacute;n; pero transcurridos
+breves minutos, apareci&oacute; en el zagu&aacute;n el juez en persona, deshaci&eacute;ndose
+en excusas por la torpeza de la muchacha: era inconcebible el trabajo
+que costaba domesticarlas; se les repet&iacute;a mil veces la misma cosa, y
+nada, no aprend&iacute;an a recibir a las... pues... de la manera que.... Al
+murmurar as&iacute;, arqueaba el codo ofreciendo a Nucha el sost&eacute;n de su brazo
+para subir la escalera; y siendo &eacute;sta tan angosta que no cab&iacute;an dos
+personas de frente, la se&ntilde;ora de Moscoso pasaba los mayores trabajos del
+mundo intentando asirse con las yemas de los dedos al brazo del buen
+se&ntilde;or, que sub&iacute;a dos escalones antes que ella todo torcido y sesgado.
+Llegados a la puerta de la sala, el juez empez&oacute; a palparse, buscando
+ansiosamente algo en los bolsillos, articulando a media voz monos&iacute;labos
+entrecortados y exclamaciones confusas. De repente exhal&oacute; una especie de
+bramido terrible.</p>
+
+<p>&mdash;Pepa.... &iexcl;Pepaaa&aacute;!</p>
+
+<p>Se oy&oacute; el &iexcl;<i>clac</i>! de los pies descalzos, y el juez interpel&oacute; a la
+f&aacute;mula:</p>
+
+<p>&mdash;La llave, &iquest;vamos a ver? &iquest;D&oacute;nde Judas has metido la llave?</p>
+
+<p>Pepa se la alargaba ya a toda prisa, y el juez, cambiando de tono y
+pasando de la m&aacute;s furiosa ronquera a la m&aacute;s meliflua dulzura, empuj&oacute; la
+puerta y dijo a Nucha:</p>
+
+<p>&mdash;Por aqu&iacute;, se&ntilde;ora m&iacute;a, por aqu&iacute;..., tenga usted la bondad....</p>
+
+<p>La sala estaba completamente a oscuras. Nucha tropez&oacute; con una mesa, a
+tiempo que el juez repet&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Tenga usted la bondad de sentarse, se&ntilde;ora m&iacute;a.... Usted dispense....</p>
+
+<p>La claridad que ba&ntilde;&oacute; la habitaci&oacute;n, una vez abiertas las maderas de la
+ventana, permiti&oacute; a Nucha distinguir al fin el sof&aacute; de <i>repis</i> azul, los
+dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a
+los pies del sof&aacute; y que representaba un feroc&iacute;simo tigre de Bengala,
+color de canela fina. Al juez todo se le volv&iacute;a acomodar a los
+visitadores, insistiendo mucho en si al marqu&eacute;s de Ulloa le conven&iacute;a la
+luz de frente o estar&iacute;a mejor de espaldas a la vidriera; al mismo tiempo
+lanzaba ojeadas de sobresalto en derredor, porque le iba sabiendo mal la
+tardanza de su mujer en presentarse. Esforz&aacute;base en sostener la
+conversaci&oacute;n, pero su sonrisa ten&iacute;a la contracci&oacute;n de una mueca, y su
+ojo severo se volv&iacute;a hacia la puerta muy a menudo. Al cabo se oy&oacute; en el
+corredor crujido de enaguas almidonadas: la se&ntilde;ora jueza entr&oacute;, sofocada
+y compuesta de fresco, seg&uacute;n claramente se ve&iacute;a en todos los pormenores
+de su tocado; acababa de embutir su respetable humanidad en el cors&eacute;, y
+sin embargo no hab&iacute;a logrado abrochar los &uacute;ltimos botones del corpi&ntilde;o de
+seda; el mo&ntilde;o postizo, colocado a escape, se torc&iacute;a inclin&aacute;ndose hacia
+la oreja izquierda; tra&iacute;a un pendiente desabrochado, y no habi&eacute;ndole
+llegado el tiempo para calzarse, escond&iacute;a con mil trabajos, entre los
+volantes pomposos de la falda de seda, las babuchas de orillo.</p>
+
+<p>Aunque Nucha no pecaba de burlona, no pudo menos de hacerle gracia el
+atav&iacute;o de la jueza, que pasaba por el figur&iacute;n vivo de Cebre, y a
+hurtadillas sonri&oacute; a Juli&aacute;n mostr&aacute;ndole con imperceptible gui&ntilde;o los
+collares, dijes y broches que luc&iacute;a en el cuello la se&ntilde;ora, mientras
+&eacute;sta a su vez devoraba e inventariaba el sencillo adorno de la reci&eacute;n
+casada santiaguesa. La visita fue corta, porque el marqu&eacute;s deseaba
+<i>cumplir</i> aquel mismo d&iacute;a con el Arcipreste, y la parroquia de Loiro
+distaba una legua por lo menos de la villita de Cebre. Se despidieron de
+la autoridad judicial tan ceremoniosamente como hab&iacute;an entrado, con los
+mismos requilorios de brazo y acompa&ntilde;amiento y muchos ofrecimientos de
+casa y persona.</p>
+
+<p>Era preciso para ir a Loiro internarse bastante en la monta&ntilde;a, y seguir
+una senda llena de despe&ntilde;aderos y precipicios, que s&oacute;lo se hac&iacute;a
+practicable al acercarse a los dominios del arciprestazgo, vastos y
+ricos alg&uacute;n d&iacute;a, hoy casi anulados por la desamortizaci&oacute;n. La rectoral
+daba se&ntilde;ales de su esplendor pasado; su aspecto era conventual; al
+entrar y apearse en el zagu&aacute;n, los se&ntilde;ores de Ulloa sintieron la
+impresi&oacute;n del fr&iacute;o subterr&aacute;neo de una ancha cripta abovedada, donde la
+voz humana retumbaba de un modo extra&ntilde;o y solemne. Por la escalera de
+anchos pelda&ntilde;os y monumental bala&uacute;stre de piedra bajaba
+dificultosamente, con la lentitud y el balanceo con que caminan los osos
+puestos en dos pies, una pareja de seres humanos monstruosa, deforme,
+que lo parec&iacute;a m&aacute;s vi&eacute;ndola as&iacute; reunida: el Arcipreste y su hermana.
+Ambos jadeaban: su dificultosa respiraci&oacute;n parec&iacute;a el resuello de un
+accidentado; las triples roscas de la papada y el rollo del pestorejo
+aureolaban con formidable nimbo de carne las faces moradas de puro
+inyectadas de sangre espesa; y cuando se volv&iacute;an de espaldas, en el
+mismo sitio en que el Arcipreste luc&iacute;a la tonsura ostentaba su hermana
+un mo&ntilde;ito de pelo gris, an&aacute;logo al que gastan los toreros. Nucha, a
+quien el recibimiento del juez y el tocado de su se&ntilde;ora hab&iacute;an puesto de
+buen humor, volvi&oacute; a sonre&iacute;r disimuladamente, sobre todo al notar los
+<i>quidproquos</i> de la conversaci&oacute;n, producidos por la sordera de los dos
+respetables hermanos. No desmintiendo &eacute;stos la hospitalaria tradici&oacute;n
+campesina, hicieron pasar a los visitadores, quieras no quieras, al
+comedor, donde un m&aacute;rmol se hubiera re&iacute;do tambi&eacute;n observando c&oacute;mo la
+mesa del refresco, la misma en que com&iacute;an a diario los due&ntilde;os de casa,
+ten&iacute;a dos escotaduras, una frente a otra, sin duda destinadas a alojar
+desahogadamente la rotundidad de un par de abd&oacute;menes gigantescos.</p>
+
+<p>El regreso a los Pazos fue animado por comentarios y bromas acerca de
+las visitas: hasta Juli&aacute;n dio de mano a su formalidad y a su indulgencia
+acostumbrada para divertirse a cuenta de la mesa escotada y del almac&eacute;n
+de quincalla que la se&ntilde;ora jueza luc&iacute;a en el pescuezo y seno. Pensaban
+con regocijo en que al d&iacute;a siguiente se les preparaba otra excursi&oacute;n del
+mismo g&eacute;nero, sin duda igualmente divertida: toc&aacute;bales ver a las
+se&ntilde;oritas de Molende y a los se&ntilde;ores de Limioso.</p>
+
+<p>Salieron de los Pazos tempranito, porque bien necesitaban toda la larga
+tarde de verano para cumplir el programa; y acaso no les alcanzar&iacute;a, si
+no fuese porque a las se&ntilde;oritas de Molende no las encontraron en casa;
+una mocetona que pasaba cargada con un haz de hierba explic&oacute;
+dif&iacute;cilmente que las se&ntilde;oritas <i>iban en</i> la feria de Vilamorta, y sabe
+Dios cu&aacute;ndo volver&iacute;an de all&aacute;. Le pes&oacute; a Nucha, porque las se&ntilde;oritas,
+que hab&iacute;an estado en los Pazos a verla, le agradaban, y eran los &uacute;nicos
+rostros juveniles, las &uacute;nicas personas en quienes encontraba
+reminiscencias de la ch&aacute;chara alegre y del fresco pico de sus hermanas,
+a las cuales no pod&iacute;a olvidar. Dejaron un recado de atenci&oacute;n a cargo de
+la mocetona y torcieron monte arriba, camino del Pazo de Limioso.</p>
+
+<p>El camino era dif&iacute;cil y se retorc&iacute;a en espiral alrededor de la monta&ntilde;a;
+a uno y otro lado, las cepas de vi&ntilde;a, cargadas de follaje, se inclinaban
+sobre &eacute;l como para borrarlo. En la cumbre amarilleaba a la luz del sol
+poniente un edificio prolongado, con torre a la izquierda, y a la
+derecha un palomar derruido, sin techo ya. Era la se&ntilde;orial mansi&oacute;n de
+Limioso, un tiempo castillo roquero, nido de azor colgado en la
+escarpada umbr&iacute;a del montecillo solitario, tras del cual, en el
+horizonte, se alzaba la c&uacute;spide majestuosa del inaccesible Pico Leiro.
+No se conoc&iacute;a en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa
+infanzona m&aacute;s linajuda ni m&aacute;s vieja, y a cuyo nombre a&ntilde;adiesen los
+labriegos con acento m&aacute;s respetuoso el calificativo de <i>Pazo</i>,
+<i>palacio</i>, reservado a las moradas hidalgas.</p>
+
+<p>Desde bastante cerca, el Pazo de Limioso parec&iacute;a deshabitado, lo cual
+aumentaba la impresi&oacute;n melanc&oacute;lica que produc&iacute;a su desmantelado palomar.
+Por todas partes indicios de abandono y ruina: las ortigas obstru&iacute;an la
+especie de plazoleta o patio de la casa; no faltaban vidrios en las
+vidrieras, por la raz&oacute;n plausible de que tales vidrieras no exist&iacute;an, y
+aun alguna madera, arrancada de sus goznes, pend&iacute;a torcida, como un
+jir&oacute;n en un traje usado. Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de
+or&iacute;n, sub&iacute;an las plantas par&aacute;sitas, y festones de yedra seca y raqu&iacute;tica
+corr&iacute;an por entre las junturas desquiciadas de las piedras. Estaba el
+port&oacute;n abierto de par en par, como puerta de quien no teme a ladrones;
+pero al sonido mate de los cascos de las monturas en el piso herboso del
+patio, respondieron asm&aacute;ticos ladridos y un mast&iacute;n y dos perdigueros se
+abalanzaron contra los visitantes, desperdiciando por las fauces el poco
+br&iacute;o que les quedaba, pues ninguno de aquellos bichos ten&iacute;a m&aacute;s que un
+erizado pelaje sobre una armaz&oacute;n de huesos prontos a agujerearlo al
+menor descuido. El mast&iacute;n no pod&iacute;a, literalmente, ejecutar el esfuerzo
+del ladrido: tembl&aacute;banle las patas, y la lengua le sal&iacute;a de un palmo
+entre los dientes, amarillos y ro&iacute;dos por la edad. Apacigu&aacute;ronse los
+perdigueros a la voz del se&ntilde;or de Ulloa, con quien hab&iacute;an cazado mil
+veces; no as&iacute; el mast&iacute;n, resuelto sin duda a morir en la demanda, y a
+quien s&oacute;lo acall&oacute; la aparici&oacute;n de su amo el se&ntilde;orito de Limioso.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n no conoce en la monta&ntilde;a al directo descendiente de los paladines
+y ricohombres gallegos, al infatigable cazador, al ac&eacute;rrimo
+tradicionalista? <i>Ramonci&ntilde;o</i> Limioso contar&iacute;a a la saz&oacute;n poco m&aacute;s de
+veintis&eacute;is a&ntilde;os, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus
+facciones todas ten&iacute;an una gravedad melanc&oacute;lica y dignidad alg&uacute;n tanto
+burlesca para quien por primera vez lo ve&iacute;a. Su entristecido arqueo de
+cejas le prestaba vaga semejanza con los retratos de Quevedo; su
+pescuezo, flaco, ped&iacute;a a voces la golilla, y en vez de la vara que ten&iacute;a
+en la mano, la imaginaci&oacute;n le otorgaba una espada de cazoleta. Donde
+quiera que se encontrase aquel cuerpo larguirucho, aquel gab&aacute;n ra&iacute;do,
+aquellos pantalones con rodilleras y tal cual remiendo, no se pod&iacute;a
+dudar que, con sus pobres trazas, Ram&oacute;n Limioso era un verdadero <i>se&ntilde;or
+desde sus principios</i>&mdash;as&iacute; dec&iacute;an los aldeanos&mdash;y no <i>hecho a pu&ntilde;etazos</i>,
+como otros.</p>
+
+<p>Lo era hasta en el modo de ayudar a Nucha a bajarse de la borrica, en la
+naturalidad galante con que le ofreci&oacute; no el brazo, sino, a la antigua
+usanza, dos dedos de la mano izquierda para que en ellos apoyase la
+palma de su diestra la se&ntilde;ora de Ulloa. Y con el decoro propio de un
+paso de minueto, la pareja entr&oacute; por el Pazo de Limioso adelante,
+subiendo la escalera exterior que conduc&iacute;a al claustro, no sin peligro
+de rodar por ella: tales estaban de carcomidos los venerables escalones.
+El tejado del claustro era un puro calado; ve&iacute;anse, al trav&eacute;s de las
+tejas y las vigas, innumerables retales de terciopelo azul celeste; la
+cr&iacute;a de las golondrinas piaba dulcemente en sus nidos, cobijados en el
+sitio m&aacute;s favorable, tras el blas&oacute;n de los Limiosos, repetido en el
+capitel de cada pilar en tosca escultura&mdash;tres peces bogando en un lago,
+un le&oacute;n sosteniendo una cruz&mdash;. Fue peor cuando entraron en la antesala.
+Muchos a&ntilde;os hac&iacute;a que la polilla y la vetustez hab&iacute;an dado cuenta de la
+tablaz&oacute;n del piso; y no alcanzando, sin duda, los medios de los Limiosos
+a echar piso nuevo, se hab&iacute;an contentado con arrojar algunas tablas
+sueltas sobre los pontones y las vigas, y por tan peligroso camino cruz&oacute;
+tranquilamente el se&ntilde;orito, sin dejar de ofrecer los dedos a Nucha, y
+sin que &eacute;sta se atreviese a solicitar m&aacute;s firme apoyo. Cada tabl&oacute;n en
+que sentaban el pie se alzaba y bland&iacute;a, descubriendo abajo la negra
+profundidad de la bodega, con sus cubas vestidas de telara&ntilde;as.
+Atravesaron imp&aacute;vidos el abismo y penetraron en la sala, que al menos
+pose&iacute;a un piso clavado, aunque en muchos sitios roto y en todos casi
+reducido a polvo sutil por el taladro de los insectos.</p>
+
+<p>Nucha se qued&oacute; inm&oacute;vil de sorpresa. En un &aacute;ngulo de la sala medio
+desaparec&iacute;a bajo un gran acervo de trigo un mueble soberbio, un vargue&ntilde;o
+incrustado de concha y marfil; en las paredes, del bet&uacute;n de los cuadros
+viejos y ahumados se destacaba a lo mejor una pierna de santo
+martirizado, toda contra&iacute;da, o el anca de un caballo, o una cabeza
+carrilluda de angelote; frente a la esquina del trigo, se alzaba un
+estrado revestido de cuero de C&oacute;rdoba, que a&uacute;n conservaba su rica
+coloraci&oacute;n y sus oros intensos; ante el estrado, en semic&iacute;rculo,
+magn&iacute;ficos sitiales escultados, con asiento de cuero tambi&eacute;n; y entre el
+trigo y el estrado, sentadas en <i>tallos</i> (asientos de tronco de roble
+bruto, como los que usan los labriegos m&aacute;s pobres), dos viejas secas,
+p&aacute;lidas, derechas, vestidas de h&aacute;bito del Carmen, &iexcl;hilaban!</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;a cre&iacute;do la se&ntilde;ora de Moscoso que ver&iacute;a hilar m&aacute;s que en las
+novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular
+efecto el espect&aacute;culo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales
+parec&iacute;an por su quietud y los r&iacute;gidos pliegues de su ropa, manejando el
+huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella
+entr&oacute;. En nombre de las dos estatuas&mdash;que eran las t&iacute;as paternas del
+se&ntilde;orito de Limioso&mdash;hab&iacute;a visitado &eacute;ste a Nucha; viv&iacute;a tambi&eacute;n en el
+Pazo el padre, paral&iacute;tico y encamado, pero a &eacute;ste nadie le echaba la
+vista encima; su existencia era como un mito, una leyenda de la monta&ntilde;a.
+Las dos ancianas se irguieron y tendieron a Nucha los brazos con
+movimiento tan simult&aacute;neo que no supo a cu&aacute;l de ellas atender, y a la
+vez y en las dos mejillas sinti&oacute; un beso de hielo, un beso dado sin
+labios y acompa&ntilde;ado del roce de una piel inerte. Sinti&oacute; tambi&eacute;n que le
+as&iacute;an las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y
+momias; comprendi&oacute; que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrec&iacute;an
+uno de los sitiales, y apenas se hubo sentado en &eacute;l, conoci&oacute; con terror
+que el asiento se desvencijaba, se hund&iacute;a; que se largaba cada pedazo
+del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de
+la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la &uacute;ltima prenda del
+esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre....</p>
+
+<p>Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochec&iacute;a, y sin que se lo
+comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello,
+callaron todo el camino porque les oprim&iacute;a la tristeza inexplicable de
+las cosas que se van.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a><a href="#capitulos">-XVI-</a></h2>
+
+
+<p>Deb&iacute;a el sucesor de los Moscosos andar ya cerca de este mundo, porque
+Nucha cos&iacute;a sin descanso prendas menudas semejantes a ropa de mu&ntilde;ecas. A
+pesar de la asiduidad en la labor, no se desmejoraba, al contrario,
+parec&iacute;a que cada pasito de la criatura hacia la luz del d&iacute;a era en
+beneficio de su madre. No pod&iacute;a decirse que Nucha hubiese engruesado,
+pero sus formas se llenaban, volvi&eacute;ndose suaves curvas lo que antes eran
+&aacute;ngulos y planicies. Sus mejillas se sonroseaban, aunque le velaba
+frente y sienes esa ligera nube oscura conocida por <i>pa&ntilde;o</i>. Su pelo
+negro parec&iacute;a m&aacute;s brillante y copioso; sus ojos, menos vagos y m&aacute;s
+h&uacute;medos; su boca, m&aacute;s fresca y roja. Su voz se hab&iacute;a timbrado con notas
+graves. En cuanto al natural aumento de su persona, no era mucho ni la
+afeaba, prestando solamente a su cuerpo la dulce pesadez que se nota en
+el de la Virgen en los cuadros que representan la Visitaci&oacute;n. La
+colocaci&oacute;n de sus manos, extendidas sobre el vientre como para
+protegerlo, completaba la analog&iacute;a con las pinturas de tan tierno
+asunto.</p>
+
+<p>Hay que reconocer que don Pedro se portaba bien con su esposa durante
+aquella temporada de expectaci&oacute;n. Olvidando sus acostumbradas correr&iacute;as
+por montes y riscos, la sacaba todas las tardes, sin faltar una, a dar
+pase&iacute;tos higi&eacute;nicos, que crec&iacute;an gradualmente; y Nucha, apoyada en su
+brazo, recorr&iacute;a el valle en que los Pazos de Ulloa se esconden,
+sent&aacute;ndose en los murallones y en los ribazos al sentirse muy fatigada.
+Don Pedro atend&iacute;a a satisfacer sus menores deseos: en ocasiones se
+mostraba hasta galante, tray&eacute;ndole las flores silvestres que le llamaban
+la atenci&oacute;n, o ramas de madro&ntilde;o y zarzamora cuajadas de fruto. Como a
+Nucha le causaban fuerte sacudimiento nervioso los tiros, no llevaba
+jam&aacute;s el se&ntilde;orito su escopeta, y hab&iacute;a prohibido expresamente a
+Primitivo cazar por all&iacute;. Parec&iacute;a que la le&ntilde;osa corteza se le iba
+cayendo, poco a poco, al marqu&eacute;s, y que su coraz&oacute;n brav&iacute;o y ego&iacute;sta se
+inmutaba, dejando asomar, como entre las grietas de la pared,
+florecillas par&aacute;sitas, blandos afectos de esposo y padre. Si aquello no
+era el matrimonio cristiano so&ntilde;ado por el excelente capell&aacute;n, viven los
+cielos que deb&iacute;a asemej&aacute;rsele mucho.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n bendec&iacute;a a Dios todos los d&iacute;as. Su devoci&oacute;n hab&iacute;a vuelto, no a
+renacer, pues no muriera nunca, pero s&iacute; a reavivarse y encenderse. A
+medida que se acercaba la hora cr&iacute;tica para Nucha, el capell&aacute;n
+permanec&iacute;a m&aacute;s tiempo de rodillas dando gracias al terminar la misa;
+prolongaba m&aacute;s las letan&iacute;as y el rosario; pon&iacute;a m&aacute;s alma y fervor en el
+cuotidiano rezo. Y no entran en la cuenta dos novenas devot&iacute;simas, una a
+la Virgen de Agosto, otra a la Virgen de Septiembre. Figur&aacute;basele este
+culto mariano muy adecuado a las circunstancias, por la convicci&oacute;n cada
+vez m&aacute;s firme de que Nucha era viva imagen de Nuestra Se&ntilde;ora, en cuanto
+una mujer concebida en pecado puede serlo.</p>
+
+<p>Al oscurecer de una tarde de octubre estaba Juli&aacute;n sentado en el poyo de
+su ventana, engolfado en la lectura del P. Nieremberg. Sinti&oacute; pasos
+precipitados en la escalera. Conoci&oacute; el modo de pisar de don Pedro. El
+rostro del se&ntilde;or de Ulloa derramaba satisfacci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hay novedades?&mdash;pregunt&oacute; Juli&aacute;n soltando el libro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya lo creo! Nos hemos tenido que volver del paseo a escape.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y han ido a Cebre por el m&eacute;dico?</p>
+
+<p>&mdash;Va all&aacute; Primitivo.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n torci&oacute; el gesto.</p>
+
+<p>&mdash;No hay que asustarse.... Detr&aacute;s de &eacute;l van a salir ahora mismo otros dos
+propios. Quer&iacute;a ir yo en persona, pero Nucha dice que no se queda ahora
+sin m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mejor ser&iacute;a ir yo tambi&eacute;n por si acaso&mdash;exclam&oacute; Juli&aacute;n&mdash;. Aunque sea a
+pie y de noche....</p>
+
+<p>Lanz&oacute; don Pedro una de sus terribles y mofadoras carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Usted!&mdash;clam&oacute; sin cesar de re&iacute;r&mdash;. &iexcl;Vaya una ocurrencia, don Juli&aacute;n!</p>
+
+<p>El capell&aacute;n baj&oacute; los ojos y frunci&oacute; el rubio ce&ntilde;o. Sent&iacute;a cierta
+verg&uuml;enza de su sotana, que le inutilizaba para prestar el menor
+servicio en tan apretado trance. Y al par que sacerdote era hombre, de
+modo que tampoco pod&iacute;a penetrar en la c&aacute;mara donde se cumpl&iacute;a el
+misterio. S&oacute;lo ten&iacute;an derecho a ello dos varones: el esposo y el <i>otro</i>,
+el que Primitivo iba a buscar, el representante de la ciencia humana.
+Acongoj&oacute;se el esp&iacute;ritu de Juli&aacute;n pensando en que el recato de Nucha iba
+a ser profanado, y su cuerpo puro tratado quiz&aacute;s como se trata a los
+cad&aacute;veres en la mesa de anatom&iacute;a: como materia inerte, donde no se
+cobija ya un alma. Comprendi&oacute; que se apocaba y aflig&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Ll&aacute;meme usted si para algo me necesita, se&ntilde;or marqu&eacute;s&mdash;murmur&oacute; con
+desmayada voz.</p>
+
+<p>&mdash;Mil gracias, hombre.... Ven&iacute;a &uacute;nicamente a darle a usted la buena
+noticia.</p>
+
+<p>Don Pedro volvi&oacute; a bajar la escalera r&aacute;pidamente silbando una
+<i>riveirana</i>, y el capell&aacute;n, al pronto, se qued&oacute; inm&oacute;vil. Pas&oacute;se luego la
+mano por la frente, donde rezumaba un sudorcillo. Mir&oacute; a la pared. Entre
+varias estampitas pendientes del muro y encuadradas en marcos de briche
+y lentejuelas, escogi&oacute; dos: una de San Ram&oacute;n Nonnato y otra de Nuestra
+Se&ntilde;ora de la Angustia, sosteniendo en el regazo a su Hijo muerto. &Eacute;l la
+hubiera preferido de la Leche y Buen Parto, pero no la ten&iacute;a, ni se
+hab&iacute;a acordado mucho de tal advocaci&oacute;n hasta aquel instante. Desembaraz&oacute;
+la c&oacute;moda de los cachivaches que la obstru&iacute;an y puso encima, de pie, las
+estampas. Abri&oacute; despu&eacute;s el caj&oacute;n, donde guardaba algunas velas de cera
+destinadas a la capilla; tom&oacute; un par, las acomod&oacute; en candeleros de
+lat&oacute;n, y arm&oacute; su <i>altarito</i>. As&iacute; que la luz amarillenta de los cirios se
+reflej&oacute; en los adornos y cristal de los cuadros, el alma de Juli&aacute;n
+sinti&oacute; consuelo inefable. Lleno de esperanza, el capell&aacute;n se reprendi&oacute; a
+s&iacute; mismo por haberse juzgado in&uacute;til en momentos semejantes. &iexcl;&Eacute;l in&uacute;til!
+Cabalmente le incumb&iacute;a lo m&aacute;s importante y preciso, que es impetrar la
+protecci&oacute;n del cielo. Y arrodill&aacute;ndose henchido de fe, dio principio a
+sus oraciones.</p>
+
+<p>El tiempo corr&iacute;a sin interrumpirlas. De abajo no llegaba noticia alguna.
+A eso de las diez reconoci&oacute; Juli&aacute;n que sus rodillas hormigueaban con
+insufrible hormigueo, que se apoderaba de sus miembros dolorosa lasitud,
+que se le desvanec&iacute;a la cabeza. Hizo un esfuerzo y se incorpor&oacute;
+tambale&aacute;ndose. Una persona entr&oacute;. Era Sabel, a quien el capell&aacute;n mir&oacute;
+con sorpresa, pues hac&iacute;a bastante tiempo que no se presentaba all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;De parte del se&ntilde;orito, que baje a cenar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha venido su padre de usted? &iquest;Ha llegado el m&eacute;dico?&mdash;interrog&oacute;
+ansiosamente Juli&aacute;n, no atrevi&eacute;ndose a preguntar otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or.... De aqu&iacute; a Cebre hay un bocadito.</p>
+
+<p>En el comedor encontr&oacute; Juli&aacute;n al marqu&eacute;s cenando con apetito formidable,
+como hombre a quien se le ha retrasado la pitanza dos horas m&aacute;s que de
+costumbre. Juli&aacute;n trat&oacute; de imitar aquel sosiego, sent&aacute;ndose y
+extendiendo la servilleta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la se&ntilde;orita?&mdash;pregunt&oacute; con af&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pss!... Ya puede usted suponer que no muy a gusto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Necesitar&aacute; algo mientras usted est&aacute; aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No. Tiene all&aacute; a su doncella, la Filomena. Sabel tambi&eacute;n ayuda para
+cuanto se precise.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n no contest&oacute;. Sus reflexiones val&iacute;an m&aacute;s para calladas que para
+dichas. Era una monstruosidad que Sabel asistiese a la leg&iacute;tima esposa;
+pero si no se le ocurr&iacute;a al marido, &iquest;qui&eacute;n ten&iacute;a valor para
+insinu&aacute;rselo? Por otra parte, Sabel, en realidad, no carec&iacute;a de
+experiencia dom&eacute;stica, ni dejar&iacute;a de ser &uacute;til. Not&oacute; Juli&aacute;n que el
+marqu&eacute;s, a diferencia de algunas horas antes, parec&iacute;a malhumorado e
+impaciente. Recelaba el capell&aacute;n interrogarle. Determin&oacute;se al fin.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y... dar&aacute; tiempo a que llegue el m&eacute;dico?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que si da tiempo?&mdash;respondi&oacute; el se&ntilde;orito embaulando y mascando con
+col&eacute;rica avidez&mdash;. &iexcl;Como no lo d&eacute; de m&aacute;s! Estas se&ntilde;oritas finas son muy
+delicadas y dif&iacute;ciles para todo.... Y cuando no hay un gran f&iacute;sico.... Si
+fuese por el estilo de su hermana Rita....</p>
+
+<p>Descarg&oacute; un porrazo con el vaso en la mesa, y a&ntilde;adi&oacute; sentenciosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Son una calamidad las mujeres de los pueblos.... Hechas de alfe&ntilde;ique....
+Le aseguro a usted que tiene una debilidad, y una tendencia a las
+convulsiones y a los s&iacute;ncopes, que.... &iexcl;Melindres, diantre! &iexcl;Melindres a
+que las acostumbran desde peque&ntilde;as!</p>
+
+<p>Peg&oacute; otro trompis y se levant&oacute;, dejando solo en el comedor a Juli&aacute;n. No
+sab&iacute;a &eacute;ste qu&eacute; hacer de su persona, y pens&oacute; que lo mejor era emprender
+de nuevo pl&aacute;tica con los santos. Subi&oacute;. Las velas segu&iacute;an ardiendo, y el
+capell&aacute;n volvi&oacute; a arrodillarse. Las horas pasaban y pasaban, y no se
+o&iacute;an m&aacute;s ruidos que el viento de la noche al gemir en los casta&ntilde;os, y el
+hondo sollozo del agua en la represa del cercano molino. Sent&iacute;a Juli&aacute;n
+cosquilleo y agujetas en los muslos, fr&iacute;o en los huesos y pesadez en la
+cabeza. Dos o tres veces mir&oacute; hacia su cama, y otras tantas el recuerdo
+de la pobrecita, que sufr&iacute;a all&aacute; abajo, le detuvo. D&aacute;bale verg&uuml;enza
+ceder a la tentaci&oacute;n. Mas sus ojos se cerraban, su cabeza, ebria de
+sue&ntilde;o, ca&iacute;a sobre el pecho. Se tendi&oacute; vestido, prometi&eacute;ndose
+despabilarse al punto. Despert&oacute; cuando ya era de d&iacute;a.</p>
+
+<p>Al encontrarse vestido, se acord&oacute;, y trat&aacute;ndose mentalmente de marmota y
+le&ntilde;o, pens&oacute; si ya estar&iacute;a en el mundo el nuevo Moscoso. Baj&oacute; apresurado,
+frot&aacute;ndose los p&aacute;rpados, medio aturdido a&uacute;n. En la antesala de la cocina
+se dio de manos a boca con M&aacute;ximo Juncal, el m&eacute;dico de Cebre, con
+bufanda de lana gris arrollada al cuello, chaquet&oacute;n de pa&ntilde;o pardo, botas
+y espuelas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Llega usted ahora mismo?&mdash;pregunt&oacute; asombrado el capell&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.... Primitivo dice que estuvieron llamando anoche a mi puerta
+&eacute;l y otros dos, pero que no les abri&oacute; nadie.... Verdad que mi criada es
+algo sorda; mas con todo..., si llamasen como Dios manda.... En fin, que
+hasta el amanecer no me lleg&oacute; el aviso. De cualquier manera parece que
+vengo muy a tiempo todav&iacute;a.... Primeriza al fin y al cabo.... Estas
+batallas acostumbran durar bastante.... All&aacute; voy a ver qu&eacute; ocurre....</p>
+
+<p>Precedido de don Pedro, ech&oacute; a andar l&aacute;tigo en mano y reson&aacute;ndole las
+espuelas, de modo que la imagen b&eacute;lica que acababa de emplear parec&iacute;a
+exacta, y cualquiera le tomar&iacute;a por el general que acude a decidir con
+su presencia y sus &oacute;rdenes la victoria. Su continente resuelto infund&iacute;a
+confianza. Reapareci&oacute; a poco pidiendo una taza de caf&eacute; bien caliente,
+pues con la prisa de venir se encontraba en ayunas. Al se&ntilde;orito le
+sirvieron chocolate. Emiti&oacute; el m&eacute;dico su dictamen facultativo: armarse
+de paciencia, porque el negocio iba largo.</p>
+
+<p>Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el
+insomnio, quiso a toda costa saber si hab&iacute;a peligro.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; no, se&ntilde;or&mdash;contest&oacute; M&aacute;ximo desliendo el az&uacute;car con la
+cucharilla y echando ron en el caf&eacute;&mdash;. Si se presentan dificultades,
+estamos aqu&iacute;.... T&uacute;, Sabel: una copita peque&ntilde;a.</p>
+
+<p>En la copita peque&ntilde;a escanci&oacute; tambi&eacute;n ron, que palade&oacute; mientras el caf&eacute;
+se enfriaba. El marqu&eacute;s le tendi&oacute; la petaca llena.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias...&mdash;pronunci&oacute; el m&eacute;dico encendiendo un habano&mdash;. Por ahora
+estamos a ver venir. La se&ntilde;ora es novicia, y no muy fuerte.... A las
+mujeres se les da en las ciudades la educaci&oacute;n m&aacute;s antihigi&eacute;nica: cors&eacute;
+para volver angosto lo que debe ser vasto; encierro para producir la
+clorosis y la anemia; vida sedentaria, para ingurgitarlas y criar linfa
+a expensas de la sangre.... Mil veces mejor preparadas est&aacute;n las aldeanas
+para el gran combate de la gestaci&oacute;n y alumbramiento, que al cabo es la
+verdadera funci&oacute;n femenina.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; explanando su teor&iacute;a, queriendo manifestar que no ignoraba las
+m&aacute;s recientes y osadas hip&oacute;tesis cient&iacute;ficas, alardeando de materialismo
+higi&eacute;nico, ponderando mucho la acci&oacute;n bienhechora de la madre
+naturaleza. Ve&iacute;ase que era mozo inteligente, de bastante lectura y
+determinado a lidiar con las enfermedades ajenas; mas la amarillez
+biliosa de su rostro, la lividez y secura de sus delgados labios, no
+promet&iacute;an salud robusta. Aquel fan&aacute;tico de la higiene no predicaba con
+el ejemplo. Asegur&aacute;base que ten&iacute;a la culpa el ron y una panadera de
+Cebre, con salud para vender y regalar cuatro doctores higienistas.</p>
+
+<p>Don Pedro chupaba tambi&eacute;n con ensa&ntilde;amiento su cigarro y rumiaba las
+palabras del m&eacute;dico, que por extra&ntilde;o caso, atendida la diferencia entre
+un pensamiento relleno de ciencia nov&iacute;sima y otro virgen hasta de
+lectura, conformaban en todo con su sentir. Tambi&eacute;n el hidalgo rancio
+pensaba que la mujer debe ser principalmente muy apta para la
+propagaci&oacute;n de la especie. Lo contrario le parec&iacute;a un crimen. Acord&aacute;base
+mucho, mucho, con extra&ntilde;os remordimientos casi incestuosos, del robusto
+tronco de su cu&ntilde;ada Rita. Tambi&eacute;n record&oacute; el nacimiento de Perucho, un
+d&iacute;a que Sabel estaba amasando. Por cierto que la borona que amasaba no
+hubiera tenido tiempo de cocerse cuando el chiquillo berreaba ya
+diciendo a su modo que &eacute;l era de Dios como los dem&aacute;s y necesitaba el
+sustento. Estas memorias le despertaron una idea muy importante.</p>
+
+<p>&mdash;Diga, M&aacute;ximo.... &iquest;le parece que mi mujer podr&aacute; criar?</p>
+
+<p>M&aacute;ximo se ech&oacute; a re&iacute;r, saboreando el ron.</p>
+
+<p>&mdash;No pedir goller&iacute;as, se&ntilde;or don Pedro.... &iexcl;Criar! Esa funci&oacute;n augusta
+exige complexi&oacute;n muy vigorosa y predominio del temperamento sangu&iacute;neo....
+No puede criar la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Ella es la que se empe&ntilde;a en eso&mdash;dijo con despecho el marqu&eacute;s&mdash;; yo bien
+me figur&eacute; que era un disparate... por m&aacute;s que no cre&iacute; a mi mujer tan
+endeble.... En fin, ahora tratamos de que no nazca el ni&ntilde;o para rabiar de
+hambre. &iquest;Tendr&eacute; tiempo de ir a Castrodorna? La hija de Felipe el casero,
+aquella mocetona, &iquest;no sabe usted?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no he de saber? &iexcl;Gran vaca! Tiene usted ojo m&eacute;dico.... Y est&aacute;
+parida de dos meses. Lo que no s&eacute; es si los padres la dejar&aacute;n venir.
+Creo que son gente honrada en su clase y no quieren divulgar lo de la
+hija.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&uacute;sica celestial! Si hace ascos la traigo arrastrando por la trenza....
+A m&iacute; no me levanta la voz un casero m&iacute;o. &iquest;Hay tiempo o no de ir all&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Tiempo, s&iacute;. Ojal&aacute; acab&aacute;semos antes; pero no lleva trazas.</p>
+
+<p>Cuando el se&ntilde;orito sali&oacute;, M&aacute;ximo se sirvi&oacute; otra copa de ron y dijo en
+confianza al capell&aacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Si yo estuviese en el pellejo del Felipe... ya le quiero un recado a
+don Pedro. &iquest;Cu&aacute;ndo se convencer&aacute;n estos se&ntilde;oritos de que un casero no es
+un esclavo? As&iacute; andan las cosas de Espa&ntilde;a: mucho de revoluci&oacute;n, de
+libertad, de derechos individuales.... &iexcl;Y al fin, por todas partes la
+tiran&iacute;a, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, &iquest;qu&eacute; es esto
+sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquidades de la
+servidumbre? Que yo necesito tu hija, &iexcl;zas!, pues contra tu voluntad te
+la cojo. Que me hace falta leche, una vaca humana, &iexcl;zas!, si no quieres
+dar de mamar de grado a mi chiquillo, le dar&aacute;s por fuerza. Pero le estoy
+escandalizando a usted. Usted no piensa como yo, de seguro, en
+cuestiones sociales.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or; no me escandalizo&mdash;contest&oacute; apaciblemente Juli&aacute;n&mdash;. Al
+contrario.... Me dan ganas de re&iacute;r porque me hace gracia verle a usted
+tan sofocado. Mire usted qu&eacute; m&aacute;s querr&aacute; la hija de Felipe que servir de
+ama de cr&iacute;a en esta casa. Bien mantenida, bien regalada, sin trabajar....
+Fig&uacute;rese.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el albedr&iacute;o? &iquest;Quiere usted coartar el albedr&iacute;o, los derechos
+individuales? Sup&oacute;ngase que la muchacha se encuentre mejor avenida con
+su honrada pobreza que con todos esos beneficios y ventajas que usted
+dice.... &iquest;No es un acto abusivo traerla aqu&iacute; de la trenza, porque es hija
+de un casero? Naturalmente que a usted no se lo parece; claro est&aacute;.
+Visti&eacute;ndose por la cabeza, no se puede pensar de otro modo; usted tiene
+que estar por el feudalismo y la teocracia. &iquest;Acert&eacute;? No me diga usted
+que no.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tengo ideas pol&iacute;ticas&mdash;asever&oacute; Juli&aacute;n sosegadamente; y de pronto,
+como recordando, a&ntilde;adi&oacute;:&mdash;&iquest;Y no ser&iacute;a bien dar una vuelta a ver c&oacute;mo lo
+pasa la se&ntilde;orita?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pchs!... No hago por ahora gran falta all&aacute;, pero voy a ver. Que no se
+lleven la botella del ron, &iquest;eh? Hasta dentro de un instante.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; en breve, e instal&aacute;ndose ante la copa mostr&oacute; querer reanudar la
+conversaci&oacute;n pol&iacute;tica, a la cual profesaba desmedida afici&oacute;n,
+prefiriendo, en su interior, que le contradijesen, pues entonces se
+encend&iacute;a y exaltaba, encontrando inesperados argumentos. Las violentas
+discusiones en que se llegaba a vociferar y a injuriarse le esparc&iacute;an la
+estancada bilis, y la funci&oacute;n digestiva y respiratoria se le activaba,
+produci&eacute;ndole gran bienestar. Disputaba por higiene: aquella gimnasia de
+la laringe y del cerebro le desinfartaba el h&iacute;gado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con que usted no tiene ideas pol&iacute;ticas? A otro perro con ese hueso,
+padre Juli&aacute;n.... Todos los p&aacute;jaros de pluma negra vuelan hacia atr&aacute;s, no
+andemos con cuentos. Y si no, a ver, hagamos la prueba: &iquest;qu&eacute; piensa
+usted de la revoluci&oacute;n? &iquest;Est&aacute; usted conforme con la libertad de cultos?
+Aqu&iacute; te quiero, escopeta. &iquest;Est&aacute; usted de acuerdo con Su&ntilde;er?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya unas cosas que tiene el se&ntilde;or don M&aacute;ximo! &iquest;C&oacute;mo he de estar de
+acuerdo con Su&ntilde;er? &iquest;No es &eacute;se que dijo en el Congreso blasfemias
+horrorosas? &iexcl;Dios le alumbre!</p>
+
+<p>&mdash;Hable claro: &iquest;usted piensa como el abad de San Clemente de Bo&aacute;n? &Eacute;se
+dice que a Su&ntilde;er y a los revolucionarios no se les convence con razones,
+sino a trabucazo limpio y palo seco. &iquest;Usted qu&eacute; opina?</p>
+
+<p>&mdash;Son dichos de acaloramiento.... Un sacerdote es hombre como todos y
+puede enfadarse en una disputa y echar venablos por la boca.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo; y por lo mismo que es hombre como todos puede tener
+intereses bastardos, puede querer vivir holgazanamente explotando la
+tonter&iacute;a del pr&oacute;jimo, puede darse buena vida con los capones y cabritos
+de los feligreses.... No me negar&aacute; usted esto.</p>
+
+<p>&mdash;Todos somos pecadores, don M&aacute;ximo.</p>
+
+<p>&mdash;Y a&uacute;n puede hacer cosas peores, que... se sobrentienden..., &iquest;eh? No
+sofocarse.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or. Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo. Si
+tuvi&eacute;semos privilegio para no pecar, est&aacute;bamos bien; nos hab&iacute;amos
+salvado en el momento mismo de la ordenaci&oacute;n, que no era floja ganga.
+Cabalmente, la ordenaci&oacute;n nos impone deberes m&aacute;s estrechos que a los
+dem&aacute;s cristianos, y es doblemente dif&iacute;cil que uno de nosotros sea bueno.
+Y para serlo del modo que requerir&iacute;a el camino de perfecci&oacute;n en que
+debemos entrar al ordenarnos de sacerdotes, se necesita, aparte de
+nuestros esfuerzos, que la gracia de Dios nos ayude. Ah&iacute; es nada.</p>
+
+<p>D&iacute;jolo en tono tan sincero y sencillo, que el m&eacute;dico amain&oacute; por algunos
+instantes.</p>
+
+<p>&mdash;Si todos fuesen como usted, don Juli&aacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy el &uacute;ltimo, el peor. No se f&iacute;e usted en apariencias.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&aacute;! Los dem&aacute;s son buenas piezas, buenas..., y ni con la revoluci&oacute;n
+hemos conseguido minarles el terreno.... Le parecer&aacute; a usted mentira lo
+que ama&ntilde;aron estos d&iacute;as para dar gusto a ese bandido de Barbacana....</p>
+
+<p>No hall&aacute;ndose en antecedentes, Juli&aacute;n guardaba silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Fig&uacute;rese usted&mdash;refiri&oacute; el m&eacute;dico&mdash;que Barbacana tiene a sus &oacute;rdenes otro
+facineroso, un paisano de Castrodorna, conocido por el Tuerto, que va y
+viene a Portugal a salto de mata, porque una noche cosi&oacute; a pu&ntilde;aladas a
+su mujer y al amante.... Hace poco parece que le ech&oacute; mano la justicia,
+pero Barbacana se empe&ntilde;&oacute; en librarlo, y tanto sudaron &eacute;l y los curas,
+que el hombre sali&oacute; bajo fianza, y se pasea por ah&iacute;.... De modo que, a
+pesar de los pesares, nos tiene usted como siempre, mandados por el
+infame Barbacana.</p>
+
+<p>&mdash;Pero&mdash;objet&oacute; Juli&aacute;n&mdash;yo he o&iacute;do que aqu&iacute;, cuando no reina Barbacana,
+reina otro cacique peor, que le llaman Trampeta, por los enredos y
+diabluras que arma a los pobres paisanos chup&aacute;ndoles el tu&eacute;tano.... Con
+que por fas o por nefas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso.... Eso tiene algo de verdad..., pero mire usted, al menos Trampeta
+no se propone levantar partidas.... Con Barbacana es preciso concluir,
+pues corresponde con las juntas carlistas de la provincia para llevar el
+pa&iacute;s a fuego y sangre.... &iquest;Es usted partidario del ni&ntilde;o Terso?</p>
+
+<p>&mdash;Ya le dije que no tengo opiniones.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no le da la gana de disputar.</p>
+
+<p>&mdash;Francamente, don M&aacute;ximo, acierta usted. Estoy pendiente de esa pobre
+se&ntilde;orita... pensando en lo que puede sucederle. Y no entiendo de
+pol&iacute;tica...; no se r&iacute;a usted..., no entiendo. S&oacute;lo entiendo de decir
+misa; y el caso es que no la he dicho hoy todav&iacute;a, y mientras no la diga
+no me desayuno, y el est&oacute;mago se me va.... Aplicar&eacute; la misa por la
+necesidad presente. Yo no puedo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con cierta melancol&iacute;a&mdash;prestarle a
+la se&ntilde;orita otro auxilio.</p>
+
+<p>March&oacute;se, dejando al m&eacute;dico sorprendido de encontrar un cura que rehu&iacute;a
+entrar en pol&iacute;ticas discusiones, que por aquellos d&iacute;as reemplazaban a
+las teol&oacute;gicas en todas las sobremesas patronales, y celebr&oacute; su misa con
+gran atenci&oacute;n y minuciosidad en las ceremonias. El repique de la
+campanilla del ac&oacute;lito resonaba claro y argentino en la vetusta capilla
+vac&iacute;a. O&iacute;anse fuera gorjeos de p&aacute;jaros en los &aacute;rboles del huerto, lejano
+chirrido de carros que sal&iacute;an al trabajo, rumores campestres gratos,
+calmantes, bienhechores. Era la misa de San Ram&oacute;n Nonnato, elegida para
+la circunstancia; y cuando el celebrante pronunci&oacute; &laquo;<i>ejus nobis
+intercessione concede, ut a peccatorum vinculis absoluti</i>...&raquo;, pareci&oacute;le
+que las cadenas de dolor que ligaban a la pobre virgencita&mdash;que a&uacute;n
+entonces se la representaba como tal el capell&aacute;n&mdash;se romp&iacute;an de golpe,
+dej&aacute;ndola libre, gozosa y radiante, con la m&aacute;s feliz maternidad.</p>
+
+<p>Sin embargo, cuando regres&oacute; a la casa no hab&iacute;a indicios de la susodicha
+ruptura de cadenas. En vez de las apresuradas idas y venidas de criados
+que siempre indican alg&uacute;n acontecimiento trascendental, not&oacute; una calma
+de mal ag&uuml;ero. El se&ntilde;orito no volv&iacute;a: verdad es que Castrodorna distaba
+bastante de los Pazos. Fue preciso sentarse a la mesa sin &eacute;l. El m&eacute;dico
+no intent&oacute; disputar m&aacute;s, porque a su vez empezaba a hallarse preocupado
+con la flema del heredero de los Moscosos. Hay que decir, en abono del
+discutidor higienista, que tomaba su profesi&oacute;n por lo serio, y la
+respetaba tanto como Juli&aacute;n la suya. Prob&aacute;balo su misma man&iacute;a de la
+higiene y su culto de la salud, culto infundido por librotes modernos
+que sustituyen al Dios del Sina&iacute; con la diosa Higia. Para M&aacute;ximo Juncal,
+inmoralidad era sin&oacute;nimo de escrofulosis, y el deber se parec&iacute;a bastante
+a una perfecta oxidaci&oacute;n de los elementos asimilables. Disculp&aacute;base a s&iacute;
+propio ciertos extrav&iacute;os, por tener un tanto obstruidas las v&iacute;as
+hep&aacute;ticas.</p>
+
+<p>En aquel momento, el peligro de la se&ntilde;ora de Moscoso despertaba su
+instinto de lucha contra los males positivos de la tierra: el dolor, la
+enfermedad, la muerte. Comi&oacute; distra&iacute;damente, y s&oacute;lo bebi&oacute; dos copas de
+ron. Juli&aacute;n apenas pas&oacute; bocado; preguntaba de tiempo en tiempo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurrir&aacute; por all&iacute;, don M&aacute;ximo?</p>
+
+<p>Ces&oacute; de preguntar cuando el m&eacute;dico le hubo dado, a media voz, algunos
+detalles, empleando t&eacute;rminos t&eacute;cnicos. La noche ca&iacute;a. M&aacute;ximo apenas
+sal&iacute;a del cuarto de la paciente. Sinti&oacute;se Juli&aacute;n tan triste y solo, que
+ya se dispon&iacute;a a subir y encender su altar, para disfrutar al menos la
+compa&ntilde;&iacute;a de las velas y los cuadritos. Pero don Pedro entr&oacute;
+impetuosamente, como una r&aacute;faga de viento huracanado. Tra&iacute;a de la mano
+una muchachona color de tierra, un castillo de carne: el tipo cl&aacute;sico de
+la vaca humana.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a><a href="#capitulos">-XVII-</a></h2>
+
+
+<p>Que M&aacute;ximo Juncal, ya que es su oficio, reconozca detenidamente la
+cuenca del r&iacute;o l&aacute;cteo de la poderosa bestiaza, conducida por el marqu&eacute;s
+de Ulloa, no sin asombro de las gentes, en el borr&eacute;n delantero de la
+silla de su yegua, por no haber en Castrodorna otros medios de
+transporte, y no permitir la impaciencia de don Pedro que el ama viniese
+a pie. La yegua recordar&aacute; toda la vida, con temblor general de su
+cuerpo, aquella jornada memorable en que tuvo que sufrir a la vez el
+peso del actual representante de los Moscosos y el de la nodriza del
+Moscoso futuro.</p>
+
+<p>Cay&eacute;ronsele a don Pedro las alas del coraz&oacute;n cuando vio que su heredero
+no hab&iacute;a llegado todav&iacute;a. En aquel momento le pareci&oacute; que un suceso tan
+pr&oacute;ximo no se verificar&iacute;a jam&aacute;s. Apur&oacute; a Sabel reclamando la cena, pues
+tra&iacute;a un hambre feroz. Sabel la sirvi&oacute; en persona, por hallarse aquel
+d&iacute;a muy ocupada Filomena, la doncella, que acostumbraba atender al
+comedor. Estaba Sabel fresca y apetecible como nunca, y las floridas
+carnes de su arremangado brazo, el brillo cobrizo de las conchas de su
+pelo, la melosa ternura y sensualidad de sus ojos azules, parec&iacute;an
+contrastar con la situaci&oacute;n, con la mujer que sufr&iacute;a atroces tormentos,
+medio agonizando, a corta distancia de all&iacute;. Hac&iacute;a tiempo que el marqu&eacute;s
+no ve&iacute;a de cerca a Sabel. M&aacute;s que mirarla, se puede decir que la examin&oacute;
+despacio durante algunos minutos. Repar&oacute; que la moza no llevaba
+pendientes y que ten&iacute;a una oreja rota; entonces record&oacute; hab&eacute;rsela
+partido &eacute;l mismo, al aplastar con la culata de su escopeta el zarcillo
+de filigrana, en un arrebato de brutales celos. La herida se hab&iacute;a
+curado, pero la oreja ten&iacute;a ahora dos l&oacute;bulos en vez de uno.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No duerme nada la se&ntilde;orita?&mdash;preguntaba Juli&aacute;n al m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;A ratos, entre dolor y dolor.... Precisamente me gusta a m&iacute; bien poco
+ese sopor en que cae. Esto no adelanta ni se grad&uacute;a, y lo peor es que
+pierde fuerzas. Cada vez se me pone m&aacute;s d&eacute;bil. Puede decirse que lleva
+cuarenta y ocho horas sin probar alimento, pues me confes&oacute; que antes de
+avisar a su marido, mucho antes, ya se sinti&oacute; mal y no pudo comer....
+Esto de los sue&ntilde;ecitos no me hace til&iacute;n. Para m&iacute;, m&aacute;s que modorra, son
+verdaderos s&iacute;ncopes.</p>
+
+<p>Don Pedro apoyaba con desaliento la cabeza en el cerrado pu&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy convencido&mdash;dijo enf&aacute;ticamente&mdash;de que semejantes cosas s&oacute;lo les
+pasan a las se&ntilde;oritas educadas en el pueblo y con ciertas impertinencias
+y repulgos.... Que les vengan a las mozas de por aqu&iacute; con s&iacute;ncopes y
+desmayos.... Se atizan al cuerpo media olla de vino y despachan esta
+faena cantando.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or, hay de todo.... Las linf&aacute;tico-nerviosas se aplanan.... Yo he
+tenido casos....</p>
+
+<p>Explic&oacute; detenidamente varias lides, no muchas a&uacute;n, porque empezaba a
+asistir, como quien dice. &Eacute;l estaba por la expectativa: el mejor
+comadr&oacute;n es el que m&aacute;s sabe aguardar. Sin embargo, se llega a un grado
+en que perder un segundo es perderlo todo. Al aseverar esto, paladeaba
+sorbos de ron.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabel?&mdash;llam&oacute; de repente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiere, se&ntilde;orito M&aacute;ximo?&mdash;contest&oacute; la moza con solicitud.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde me han puesto una caja que traje?</p>
+
+<p>&mdash;En su cuarto, sobre la cama.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, bueno.</p>
+
+<p>Don Pedro mir&oacute; al m&eacute;dico, comprendiendo de qu&eacute; se trataba. No as&iacute;
+Juli&aacute;n, que asustado por el hondo silencio que sigui&oacute; al di&aacute;logo de
+M&aacute;ximo y Sabel, interrog&oacute; indirectamente para saber qu&eacute; encerraba la
+caja misteriosa.</p>
+
+<p>&mdash;Instrumentos&mdash;declar&oacute; el m&eacute;dico secamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Instrumentos..., para qu&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; el capell&aacute;n, sintiendo un sudor
+que le rezumaba por la ra&iacute;z del cabello.</p>
+
+<p>&mdash;Para operarla, &iexcl;qu&eacute; demonio! Si aqu&iacute; se pudiese celebrar junta de
+m&eacute;dicos, yo dejar&iacute;a quiz&aacute;s que la cosa marchase por sus pasos contados;
+pero recae sobre m&iacute; exclusivamente la responsabilidad de cuanto ocurra.
+No me he de cruzar de brazos, ni dejarme sorprender como un bolonio. Si
+al amanecer ha aumentado la postraci&oacute;n y no veo yo s&iacute;ntomas claros de
+que esto se desenrede... hay que determinarse. Ya puede usted ir rezando
+al bendito San Ram&oacute;n, se&ntilde;or capell&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si por rezar fuese!&mdash;exclam&oacute; ingenuamente Juli&aacute;n&mdash;. &iexcl;Apenas llevo rezado
+desde ayer!</p>
+
+<p>De tan sencilla confesi&oacute;n tom&oacute; pie el m&eacute;dico para contar mil graciosas
+historietas, donde se mezclaban donosamente la devoci&oacute;n y la obstetricia
+y desempe&ntilde;aba San Ram&oacute;n papel muy principal. Refiri&oacute; de su profesor en
+la cl&iacute;nica de Santiago, que al entrar en el cuarto de las parturientas y
+ver la estampa del santo con sus correspondientes candelicas, sol&iacute;a
+gritar furioso: &laquo;Se&ntilde;ores, o sobro yo o sobra el santo.... Porque si me
+desgracio me echar&aacute;n la culpa, y si salimos bien dir&aacute;n que fue milagro
+suyo...&raquo;. Cont&oacute; tambi&eacute;n algo bastante grotesco sobre rosas de Jeric&oacute;,
+cintas de la Virgen de Tortosa, y otros piadosos talismanes usados en
+ocasiones cr&iacute;ticas. Al fin ces&oacute; en su ch&aacute;chara, porque le rend&iacute;a el
+sue&ntilde;o, ayudado por el ron. A fin de no aletargarse del todo en la
+comodidad del lecho, tendi&oacute;se en el banco del comedor, poniendo por
+almohada una cesta. El se&ntilde;orito, cruzando sobre la mesa ambos brazos,
+hab&iacute;a dejado caer la frente sobre ellos y un silbido ahogado, preludio
+de ronquido, anunciaba que tambi&eacute;n le salteaba la gana de dormir. El
+alto reloj de pesas dio, con fatigado son, la medianoche.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n era el &uacute;nico despierto; sent&iacute;a fr&iacute;o en las m&eacute;dulas y en los
+p&oacute;mulos ardor de calentura. Subi&oacute; a su cuarto, y empapando la toalla en
+agua fresca, se la aplic&oacute; a las sienes. Las velas del altar estaban
+consumidas; las renov&oacute;, y coloc&oacute; una almohada en el suelo para
+arrodillarse en ella, pues lo m&aacute;s molesto siempre era el dichoso
+hormigueo. Y empez&oacute; a subir con buen &aacute;nimo la cuesta arriba de la
+oraci&oacute;n. A veces desmayaba, y su cuerpo juvenil, envuelto en las nieblas
+grises del sue&ntilde;o, apetec&iacute;a la limpia cama. Entonces cruzaba las manos,
+clav&aacute;ndose las u&ntilde;as de una en el dorso de otra, para despabilarse.
+Quer&iacute;a rezar con devoci&oacute;n, tener conciencia de lo que ped&iacute;a a Dios: no
+hablar de memoria. Sin embargo, desfallec&iacute;a. Acord&oacute;se de la oraci&oacute;n del
+Huerto y de aquella diferencia tan acertadamente establecida entre la
+decisi&oacute;n del esp&iacute;ritu y la de la carne. Tambi&eacute;n record&oacute; un pasaje
+b&iacute;blico: Mois&eacute;s orando con los brazos levantados, porque, de bajarlos,
+ser&iacute;a vencido Israel. Entonces se le ocurri&oacute; realizar algo que le
+flotaba en la imaginaci&oacute;n. Quit&oacute; la almohada, qued&aacute;ndose con las r&oacute;tulas
+apoyadas en el santo suelo; alz&oacute; los ojos, buscando a Dios m&aacute;s all&aacute; de
+las estampas y de las vigas del techo; y abriendo los brazos en cruz,
+comenz&oacute; a orar fervorosamente en tal postura.</p>
+
+<p>El ambiente se volvi&oacute; glacial; una tenue claridad, m&aacute;s l&iacute;vida y opaca
+que la de la luna, asom&oacute; por detr&aacute;s de la monta&ntilde;a. Dos o tres p&aacute;jaros
+gorjearon en el huerto; el rumor de la presa del molino se hizo menos
+profundo y sollozante. La aurora, que s&oacute;lo ten&iacute;a apoyado uno de sus
+rosados dedos en aquel rinc&oacute;n del orbe, se atrevi&oacute; a alargar toda la
+manecita, y un resplandor alegre, puro, ba&ntilde;&oacute; las rocas pizarrosas,
+haci&eacute;ndolas rebrillar cual bru&ntilde;ida plancha de acero, y entr&oacute; en el
+cuarto del capell&aacute;n, comi&eacute;ndose la luz amarilla de los cirios. Mas
+Juli&aacute;n no ve&iacute;a el alba, no ve&iacute;a cosa ninguna.... Es decir, s&iacute; ve&iacute;a esas
+luces que enciende en nuestro cerebro la alteraci&oacute;n de la sangre, esas
+estrellitas violadas, verdosas, carmes&iacute;es, color de azufre, que vibran
+sin alumbrar; que percibimos confundidas con el zumbar de los o&iacute;dos y el
+ruido de p&eacute;ndulo gigante de las arterias, pr&oacute;ximas a romperse....
+Sent&iacute;ase desvanecer y morir; sus labios no pronunciaban ya frases, sino
+un murmullo, que todav&iacute;a conservaba tonillo de oraci&oacute;n. En medio de su
+doloroso v&eacute;rtigo oy&oacute; una voz que le pareci&oacute; resonante como toque de
+clar&iacute;n.... La voz dec&iacute;a algo. Juli&aacute;n entendi&oacute; &uacute;nicamente dos palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Una ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>Quiso incorporarse, exhalando un gran suspiro, y lo hizo, ayudado por la
+persona que hab&iacute;a entrado y no era otra sino Primitivo; pero apenas
+estuvo en pie, un atroz dolor en las articulaciones, una sensaci&oacute;n de
+mazazo en el cr&aacute;neo le echaron a tierra nuevamente. Desmay&oacute;se.</p>
+
+<p>Abajo, M&aacute;ximo Juncal se lavaba las manos en la palangana de peltre
+sostenida por Sabel. En su cara luc&iacute;a el j&uacute;bilo del triunfo mezclado con
+el sudor de la lucha, que corr&iacute;a a gotas medio congeladas ya por el fr&iacute;o
+del amanecer. El marqu&eacute;s se paseaba por la habitaci&oacute;n ce&ntilde;udo, contra&iacute;do,
+hosco, con esa expresi&oacute;n torva y est&uacute;pida a la vez que da la falta de
+sue&ntilde;o a las personas vigorosas, muy sometidas a la ley de la materia.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora alegrarse, don Pedro&mdash;dijo el m&eacute;dico&mdash;. Lo peor est&aacute; pasado. Se ha
+conseguido lo que usted tanto deseaba.... &iquest;No quer&iacute;a usted que la
+criatura saliese toda viva y sin da&ntilde;o? Pues ah&iacute; la tenemos, sana y
+salva. Ha costado trabajillo..., pero al fin....</p>
+
+<p>Encogi&oacute;se despreciativamente de hombros el marqu&eacute;s, como amenguando el
+m&eacute;rito del facultativo, y murmur&oacute; no s&eacute; qu&eacute; entre dientes, prosiguiendo
+en su paseo de arriba abajo y de abajo arriba, con las manos metidas en
+los bolsillos, el pantal&oacute;n tirante cual lo estaba el esp&iacute;ritu de su
+due&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Es un angelito, como dicen las viejas&mdash;a&ntilde;adi&oacute; maliciosamente Juncal, que
+parec&iacute;a gozarse en la c&oacute;lera del hidalgo&mdash;; s&oacute;lo que angelito hembra. A
+estas cosas hay que resignarse; no se invent&oacute; el modo de escribir al
+cielo encargando y explicando bien el sexo que se desea....</p>
+
+<p>Otro espumarajo de rabia y groser&iacute;a brot&oacute; de los labios de don Pedro.
+Juncal rompi&oacute; a re&iacute;r, sec&aacute;ndose con la toalla.</p>
+
+<p>&mdash;La mitad de la culpa por lo menos la tendr&aacute; usted, se&ntilde;or
+marqu&eacute;s&mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iquest;Quiere usted hacerme favor de un cigarrito?</p>
+
+<p>Al ofrecer la petaca abierta, don Pedro hizo una pregunta. M&aacute;ximo
+recobr&oacute; la seriedad para contestarla.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no he dicho tanto como eso.... Me parece que no. Cierto que cuando
+las batallas son muy porfiadas y re&ntilde;idas puede suceder que el
+combatiente quede inv&aacute;lido; pero la naturaleza, que es muy sabia, al
+someter a la mujer a tan rudas pruebas, le ofrece tambi&eacute;n las m&aacute;s
+impensadas reparaciones.... Ahora no es ocasi&oacute;n de pensar en eso, sino en
+que la madre se restablezca y la chiquita se cr&iacute;e. Temo alg&uacute;n percance
+inmediato.... Voy a ver.... La se&ntilde;ora se ha quedado tan abatida....</p>
+
+<p>Entr&oacute; Primitivo, y sin mostrar alteraci&oacute;n ni susto dijo &laquo;que subiese don
+M&aacute;ximo, que al capell&aacute;n le hab&iacute;a dado algo; que estaba como difunto&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos all&aacute;, hombre, vamos all&aacute;. Esto no estaba en el programa&mdash;murmur&oacute;
+Juncal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; trazas de mujercita tiene ese cura! &iexcl;Qu&eacute; poquito <i>estuche</i>! Lo que
+es &eacute;ste no coger&aacute; el trabuco, aunque lleguen a levantarse las partidas
+con que anda so&ntilde;ando el jabal&iacute; del abad de Bo&aacute;n.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a><a href="#capitulos">-XVIII-</a></h2>
+
+
+<p>Largos d&iacute;as estuvo Nucha detenida ante esas l&oacute;bregas puertas que llaman
+de la muerte, con un pie en el umbral, como diciendo: &laquo;&iquest;Entrar&eacute;? &iquest;No
+entrar&eacute;?&raquo;. Empuj&aacute;banla hacia dentro las horribles torturas f&iacute;sicas que
+hab&iacute;an sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastorn&oacute; su
+cerebro al invadir su pecho la ola de la leche in&uacute;til, el desconsuelo de
+no poder ofrecer a su ni&ntilde;a aquel licor que la ahogaba, la extenuaci&oacute;n de
+su ser del cual la vida hu&iacute;a gota a gota sin que atajarla fuese posible.
+Pero la solicitaban hacia fuera la juventud, el ansia de existir que
+estimula a todo organismo, la ciencia del gran higienista Juncal, y
+particularmente una manita peque&ntilde;a, coloradilla, blanda, un pu&ntilde;ito
+cerrado que asomaba entre los encajes de una chambra y los dobleces de
+un mant&oacute;n.</p>
+
+<p>El primer d&iacute;a que Juli&aacute;n pudo ver a la enferma, no hac&iacute;a muchos que se
+levantaba, para tenderse, envuelta en mantas y abrigos, sobre vetusto y
+ancho canap&eacute;. No le era l&iacute;cito incorporarse a&uacute;n, y su cabeza reposaba en
+almohadones doblados al medio. Su rostro enflaquecido y exang&uuml;e
+amarilleaba como una faz de imagen de marfil, entre el marco del negro
+cabello reluciente. Bizcaba m&aacute;s, por hab&eacute;rsele debilitado mucho aquellos
+d&iacute;as el nervio &oacute;ptico. Sonri&oacute; con dulzura al capell&aacute;n, y le se&ntilde;al&oacute; una
+silla. Juli&aacute;n clavaba en ella esa mirada donde rebosaba la compasi&oacute;n,
+mirada delatora que en vano queremos sujetar y apagar cuando nos
+aproximamos a un enfermo grave.</p>
+
+<p>&mdash;La encuentro a usted con muy buen semblante, se&ntilde;orita&mdash;dijo el capell&aacute;n
+mintiendo como un bellaco.</p>
+
+<p>&mdash;Pues usted&mdash;respondi&oacute; ella l&aacute;nguidamente&mdash;est&aacute; algo desmejorado.</p>
+
+<p>Confes&oacute; que, en efecto, no andaba bueno desde que..., desde que se hab&iacute;a
+acatarrado un poco. Le daba verg&uuml;enza referir lo de la noche en vela, el
+desmayo, la fuerte impresi&oacute;n moral y f&iacute;sica sufrida con tal motivo.
+Nucha empez&oacute; a hablarle de algunas cosas indiferentes, y pas&oacute; sin
+transici&oacute;n a preguntarle:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha visto usted la peque&ntilde;ita?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora.... El d&iacute;a del bautizo. &iexcl;Angelito! Llor&oacute; bien cuando le
+pusieron la sal y cuando sinti&oacute; el agua fr&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Desde entonces ha crecido una cuarta lo menos y se ha vuelto
+hermos&iacute;sima. Y alzando la voz y esforz&aacute;ndose, a&ntilde;adi&oacute;:&mdash;&iexcl;Ama, ama! Traiga
+la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>Oy&eacute;ronse pasos como de estatua colosal que anda, y entr&oacute; la mocetona
+color de tierra, muy oronda con su vestido nuevo de merino azul
+ribeteado de negro terciopelo de tira, con el cual se asemejaba a la
+gigantona tradicional de la catedral de Santiago, llamada la <i>Coca</i>. A
+manera de pajarito posado en grueso tronco, ven&iacute;a la inocente criatura
+recostada en el magno seno que la nutr&iacute;a. Estaba dormida, y ten&iacute;a la
+calma, el dulce e insensible respirar que hace sagrado el sue&ntilde;o de los
+ni&ntilde;os. Juli&aacute;n no se cansaba de mirarla as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Santita de Dios!&mdash;murmur&oacute; apoyando los labios muy quedamente en la
+gorra, por no atreverse a la frente.</p>
+
+<p>&mdash;C&oacute;jala usted, Juli&aacute;n.... Ya ver&aacute; lo que pesa. Ama, d&eacute;le la ni&ntilde;a....</p>
+
+<p>No pesaba m&aacute;s que un ramo de flores, pero el capell&aacute;n jur&oacute; y perjur&oacute; que
+parec&iacute;a hecha de plomo. Aguardaba el ama en pie, y &eacute;l se hab&iacute;a sentado
+con la chiquilla en brazos.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jemela un poquito...&mdash;suplic&oacute;&mdash;. Ahora, mientras duerme.... No
+despertar&aacute; de seguro en mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya la llamar&eacute; cuando haga falta. Ama, v&aacute;yase.</p>
+
+<p>La conversaci&oacute;n gir&oacute; sobre un tema muy socorrido y muy del gusto de
+Nucha: las gracias de la peque&ntilde;a.... Ten&iacute;a much&iacute;simas, s&iacute; se&ntilde;or, y el que
+lo dudase ser&iacute;a un gran majadero. Por ejemplo: abr&iacute;a los ojos con
+travesura incomparable; estornudaba con redomada picard&iacute;a; apretaba con
+su manita el dedo de cualquiera, tan fuerte, que se requer&iacute;a el vigor de
+un H&eacute;rcules para desasirse; y a&uacute;n hac&iacute;a otros donaires, mejores para
+callados que para archivados por la cr&oacute;nica. Al referirlos, el rostro
+exang&uuml;e de Nucha se animaba, sus ojos brillaban, y la risa dilat&oacute; sus
+labios dos o tres veces. Mas de pronto se nubl&oacute; su cara, hasta el punto
+de que entre las pesta&ntilde;as le bailaron l&aacute;grimas, a las cuales no dio
+salida.</p>
+
+<p>&mdash;No me han dejado criarla, Juli&aacute;n.... Man&iacute;as del se&ntilde;or de Juncal, que
+aplica la higiene a todo, y vuelta con la higiene, y dale con la
+higiene.... Me parece a m&iacute; que no iba a morirme por intentarlo dos meses,
+dos meses nada m&aacute;s. Puede que me encontrase mejor de lo que estoy, y no
+tuviese que pasar un siglo clavada en este sof&aacute;, con el cuerpo sujeto y
+la imaginaci&oacute;n loca y suelta por esos mundos de Dios.... Porque as&iacute;, no
+gozo descanso: siempre se me figura que el ama me ahoga la ni&ntilde;a, o me la
+deja caer. Ahora estoy contenta, teni&eacute;ndola aqu&iacute; cerquita.</p>
+
+<p>Sonri&oacute; a la chiquilla dormida, y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le encuentra usted parecido...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con usted?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con su padre!... Es todito &eacute;l en el corte de la frente....</p>
+
+<p>No manifest&oacute; el capell&aacute;n su opini&oacute;n. Mud&oacute; de asunto y continu&oacute; aquel d&iacute;a
+y los siguientes cumpliendo la obra de caridad de visitar al enfermo. En
+la lenta convalecencia y total soledad de Nucha, falta le hac&iacute;a que
+alguien se consagrase a tan piadoso oficio. M&aacute;ximo Juncal ven&iacute;a un d&iacute;a
+s&iacute; y otro no; pero casi siempre de prisa, porque iba teniendo extensa
+clientela: le llamaban hasta de Vilamorta. El m&eacute;dico hablaba de pol&iacute;tica
+exhalando un aliento de vaho de ron, tratando de pinchar y amoscar a
+Juli&aacute;n; y, en realidad, si Juli&aacute;n fuese capaz de amostazarse, habr&iacute;a de
+qu&eacute; con las noticias que tra&iacute;a M&aacute;ximo. Todo eran iglesias derribadas,
+esc&aacute;ndalos antirreligiosos, capillitas protestantes establecidas aqu&iacute; o
+acull&aacute;, libertades de ense&ntilde;anza, de cultos, de esto y de lo otro....
+Juli&aacute;n se limitaba a deplorar tama&ntilde;os excesos, y a desear que las cosas
+se arreglasen, lo cual no daba tela a M&aacute;ximo para armar una de sus
+trifulcas favoritas, tan provechosas al esparcimiento de su bilis y tan
+fecundas en peripecias cuando tropezaba con curas ternes y carlistas,
+como el de Bo&aacute;n o el Arcipreste.</p>
+
+<p>Mientras el belicoso m&eacute;dico no ven&iacute;a, todo era paz y sosiego en la
+habitaci&oacute;n de la enferma. &Uacute;nicamente lo turbaba el llanto, prontamente
+acallado, de la ni&ntilde;a. El capell&aacute;n le&iacute;a el <i>A&ntilde;o cristiano</i> en alta voz, y
+pobl&aacute;base el ambiente de historias con sabor novelesco y po&eacute;tico:
+&laquo;Cecilia, hermos&iacute;sima joven e ilustre dama romana, consagr&oacute; su cuerpo a
+Jesucristo; despos&aacute;ronla sus padres con un caballero llamado Valeriano y
+se efectu&oacute; la boda con muchas fiestas, regocijos y bailes.... S&oacute;lo el
+coraz&oacute;n de Cecilia estaba triste...&raquo;. Segu&iacute;a el relato de la m&iacute;stica
+noche nupcial, de la conversi&oacute;n de Valeriano, del &aacute;ngel que velaba a
+Cecilia para guardar su pureza, con el desenlace glorioso y &eacute;pico del
+martirio. Otras veces era un soldado, como San Menna; un obispo, como
+San Severo.... La narraci&oacute;n, detallada y dram&aacute;tica, refer&iacute;a el
+interrogatorio del juez, las respuestas briosas y libres de los
+m&aacute;rtires, los tormentos, la flagelaci&oacute;n con nervios de buey, el ec&uacute;leo,
+las u&ntilde;as de hierro, las hachas encendidas aplicadas al costado... &laquo;Y el
+caballero de Cristo estaba con un coraz&oacute;n esforzado y quieto, con
+semblante sereno, con una boca llena de risa (como si no fuera &eacute;l sino
+otro el que padec&iacute;a), haciendo burla de sus tormentos y pidiendo que se
+los acrecentasen...&raquo;. Tales lecturas eran de fant&aacute;stico efecto,
+particularmente al caer de las adustas tardes invernales, cuando la hoja
+seca de los &aacute;rboles se arremolinaba danzando, y las nubes densas y
+algodon&aacute;ceas pasaban lentamente ante los cristales de la ventana
+profunda. All&aacute; a lo lejos se o&iacute;a el perpetuo sollozo de la represa, y
+chirriaban los carros cargados de tallos de ma&iacute;z o ramaje de pino. Nucha
+escuchaba con atenci&oacute;n, apoyada la barba en la mano. De tiempo en tiempo
+su seno se alzaba para suspirar.</p>
+
+<p>No era la primera vez que observaba Juli&aacute;n, desde el parto, gran
+tristeza en la se&ntilde;orita. El capell&aacute;n hab&iacute;a recibido una carta de su
+madre que encerraba quiz&aacute;s la clave de los disgustos de Nucha. Parece
+que la se&ntilde;orita Rita hab&iacute;a engatusado de tal manera a la t&iacute;a vieja de
+Orense, que &eacute;sta la dejaba por heredera universal, desheredando a su
+ahijada. Adem&aacute;s, la se&ntilde;orita Carmen estaba cada d&iacute;a m&aacute;s chocha por su
+estudiante, y se cre&iacute;a en el pueblo que, si don Manuel Pardo negaba el
+consentimiento, la chica saldr&iacute;a depositada. Tambi&eacute;n pasaban cosas
+terribles con la se&ntilde;orita Manolita: don V&iacute;ctor de la Formoseda la
+plantaba por una artesana, sobrina de un can&oacute;nigo. En fin, misia Rosario
+ped&iacute;a a Dios paciencia para tantas tribulaciones (las de la casa de
+Pardo eran para misia Rosario como propias). Si todo esto hab&iacute;a llegado
+a o&iacute;dos de Nucha por conducto de su marido o de su padre, no ten&iacute;a nada
+de extra&ntilde;o que suspirase as&iacute;. Por otra parte, &iexcl;el decaimiento f&iacute;sico era
+tan visible! Ya no se parec&iacute;a Nucha a m&aacute;s Virgen que a la demacrada
+imagen de la Soledad. Juncal la pulsaba atentamente, le ordenaba
+alimentos muy nutritivos, la miraba con alarmante insistencia.</p>
+
+<p>Atendiendo a la ni&ntilde;a, Nucha se reanimaba. Cuid&aacute;bala con febril
+actividad. Todo se lo quer&iacute;a hacer ella, sin ceder al ama m&aacute;s que la
+parte material de la cr&iacute;a. El ama, dec&iacute;a ella, era un tonel lleno de
+leche que estaba all&iacute; para aplicarle la espita cuando fuese necesario y
+soltar el chorro: ni m&aacute;s ni menos. La comparaci&oacute;n del tonel es
+exact&iacute;sima: el ama ten&iacute;a hechura, color e inteligencia de tonel. Pose&iacute;a
+tambi&eacute;n, como los toneles, un vientre magno. Daba gozo verla comer,
+mejor dicho, engullir: en la cocina, Sabel se entreten&iacute;a en llenarle el
+plato o la taza a reverter, en ponerle delante medio pan, ceb&aacute;ndola
+igual que a los pavos. Con semejante mostrenco Sabel se la echaba de
+principesa, modelo de delicados gustos y selectas aficiones. Como todo
+es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa
+solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y rid&iacute;culo, y se
+re&iacute;an tanto m&aacute;s con sus patochadas cuanto m&aacute;s f&aacute;cilmente pod&iacute;an incurrir
+ellos en otras mayores. Realmente era el ama objeto curioso, no s&oacute;lo
+para los payos, sino por distintas razones, para un etn&oacute;grafo
+investigador. M&aacute;ximo Juncal refiri&oacute; a Juli&aacute;n pormenores interesantes. En
+el valle donde se asienta la parroquia de que el ama proced&iacute;a&mdash;valle
+situado en los &uacute;ltimos confines de Galicia, lindando con Portugal&mdash;las
+mujeres se distinguen por sus condiciones f&iacute;sicas y modo de vivir: son
+una especie de amazonas, resto de las guerreras galaicas de que hablan
+los ge&oacute;grafos latinos; que si hoy no pueden hacer la guerra sino a sus
+maridos, destripan terrones con la misma furia que antes combat&iacute;an;
+andan medio en cueros, luciendo sus fornidas y recias carnazas; aran,
+cavan, siegan, cargan carros de rama y esquilmo, soportan en sus hombros
+de cari&aacute;tide enormes pesos y viven, ya que no sin obra, por lo menos sin
+auxilio de var&oacute;n, pues los del valle suelen emigrar a Lisboa en busca de
+colocaciones desde los catorce a&ntilde;os, volviendo s&oacute;lo al pa&iacute;s un par de
+meses, para casarse y propagar la raza, y huyendo apenas cumplido su
+oficio de machos de colmena. A veces, en Portugal, reciben nuevas de
+infidelidades conyugales, y, pasando la frontera una noche, acuchillan a
+los amantes dormidos: &eacute;ste fue el crimen del Tuerto protegido por
+Barbacana, cuya historia hab&iacute;a contado tambi&eacute;n Juncal. No obstante, las
+hembras de Castrodorna suelen ser tan honestas como selv&aacute;ticas. El ama
+no desment&iacute;a su raza por la anchura desmesurada de las caderas y
+redondez de los rudos miembros. Cost&oacute; un triunfo a Nucha vestirla
+racionalmente, y hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le
+cubr&iacute;a la desnuda pantorrilla, por otra m&aacute;s cumplida y decorosa,
+consinti&eacute;ndole &uacute;nicamente el justillo, prenda cl&aacute;sica de ama de cr&iacute;a,
+que deja rebosar las repletas ubres, y los caracter&iacute;sticos pendientes de
+enorme argolla, el <i>torquis</i> romano conservado desde tiempo inmemorial
+en el valle. Fue una lid obligarle a poner los zapatos a diario, porque
+todas sus cong&eacute;neres los reservan para las fiestas repicadas; fue una
+penitencia ense&ntilde;arle el nombre y uso de cada objeto, a&uacute;n de los m&aacute;s
+sencillos y corrientes; fue pensar en lo excusado convencerla de que la
+ni&ntilde;a que criaba era un ser delicado y fr&aacute;gil, que no se pod&iacute;a traer mal
+envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de
+helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del
+sol y de la lluvia, como los reci&eacute;n nacidos del valle de Castrodorna; y
+M&aacute;ximo Juncal, que aunque gran apologista de los artificios higi&eacute;nicos
+lo era tambi&eacute;n de las milagrosas virtudes de la naturaleza, hallaba
+alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y sal&iacute;a del paso apelando
+a su lectura m&aacute;s reciente, <i>El origen de las especies</i>, por Darwin, y
+aplicando ciertas leyes de adaptaci&oacute;n al medio, herencia, etc&eacute;tera, que
+le permit&iacute;an afirmar que el m&eacute;todo del ama, si no hac&iacute;a reventar como un
+triquitraque a la criatura, la fortalecer&iacute;a admirablemente.</p>
+
+<p>Por si acaso, Nucha no se atrevi&oacute; a intentar la prueba, y dedic&oacute;se a
+cuidar en persona su tesoro, llevando la existencia atareada y minuciosa
+de las madres, en la cual es un acontecimiento que est&eacute;n ahumadas las
+sopas, y un fracaso que se apague el brasero. Ella lavaba a su hijita,
+la vest&iacute;a, la fajaba, la velaba dormida y la entreten&iacute;a despierta. La
+vida corr&iacute;a mon&oacute;tona, ocupad&iacute;sima, sin embargo. El bueno de Juli&aacute;n,
+testigo de estas faenas, iba enter&aacute;ndose poco a poco de los para &eacute;l
+arcanos misteriosos del aseo y tocado de una criatura, llegando a
+familiarizarse con los m&uacute;ltiples objetos que componen el complicado
+ajuar de los recienes: gorras, ombligueros, culeros, pa&ntilde;ales, fajas,
+microsc&oacute;picos zapatos de crochet, capillos y baberos. Tales prendas,
+blanqu&iacute;simas, adornadas con bordados y encajes, zahumadas con espliego,
+templaditas al sano calor de la camilla&mdash;calor dom&eacute;stico si los hay&mdash;las
+ten&iacute;a el capell&aacute;n muchas veces en el regazo, mientras la madre, con la
+ni&ntilde;a tendida boca abajo sobre su delantal de hule, pasaba y repasaba la
+esponja por las carnes de tafet&aacute;n, escocidas y medio desolladas por la
+excesiva finura de su tierna epidermis, las rociaba con refrescantes
+polvos de almid&oacute;n y, apretando las nalgas con los dedos para que
+hiciesen hoyos, se las mostraba a Juli&aacute;n exclamando con j&uacute;bilo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mire usted qu&eacute; monada..., qu&eacute; llenita se va poniendo!</p>
+
+<p>En materia de desnudeces infantiles, Juli&aacute;n no era voto, pues s&oacute;lo
+conoc&iacute;a las de los angelotes de los retablos; pero cavilaba para sus
+adentros que, a pesar de haber el pecado original corrompido toda carne,
+aqu&eacute;lla que le estaban ense&ntilde;ando era la cosa m&aacute;s pura y santa del mundo:
+un lirio, una azucena de candor. La cabezuela blanda, cubierta de
+lan&uacute;gine rubia y suave por cima de las costras de la leche, ten&iacute;a el
+olor especial que se nota en los nidos de paloma, donde hay pichones
+implumes todav&iacute;a; y las manitas, cuyo pellejo rellenaba ya suave grasa,
+y cuyos dedos se redondeaban como los del ni&ntilde;o Dios cuando bendice; la
+faz, esculpida en cera color rosa; la boca, desdentada y h&uacute;meda como
+coral p&aacute;lido reci&eacute;n salido del mar; los piececillos, encendidos por el
+tal&oacute;n a fuerza de agitarse en gracioso pataleo, eran otras tantas
+menudencias provocadoras de ese sentimiento mixto que despiertan los
+ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os hasta en el alma m&aacute;s empedernida: sentimiento
+complejo y humor&iacute;stico, en que entra la compasi&oacute;n, la abnegaci&oacute;n, un
+poco de respeto y un mucho de dulce burla, sin hiel de s&aacute;tira.</p>
+
+<p>En Nucha, el espect&aacute;culo produc&iacute;a las hondas impresiones de la luna de
+miel maternal, exaltadas por un temperamento nervioso y una sensibilidad
+ya enfermiza. A aquel bollo blando, que a&uacute;n parec&iacute;a conservar la
+inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que a&uacute;n no ten&iacute;a conciencia
+de s&iacute; propio ni viv&iacute;a m&aacute;s que para la sensaci&oacute;n, la madre le atribu&iacute;a
+sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en
+su concepto, la chiquilla lo entend&iacute;a todo y sab&iacute;a y ejecutaba mil cosas
+oportun&iacute;simas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los
+dichos y hechos del ama. &laquo;Delirios impuestos por la naturaleza con muy
+sabios fines&raquo;, explicaba Juncal. &iexcl;Qu&eacute; fue el primer d&iacute;a en que una
+sonrisa borr&oacute; la grave y c&oacute;mica seriedad de la diminuta cara y
+entreabri&oacute; con celeste expresi&oacute;n el estrecho filete de los labios! No
+era posible dejar de recordar el tan tra&iacute;do como llevado s&iacute;mil de la luz
+de la aurora disipando las tinieblas. La madre pens&oacute; chochear de
+alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Otra vez, otra vez!&mdash;exclamaba&mdash;. &iexcl;Encanto, cielo, cielito, monadita
+m&iacute;a, r&iacute;ete, r&iacute;ete!</p>
+
+<p>Por entonces la sonrisa no se dign&oacute; presentarse m&aacute;s. La zopenca del ama
+negaba el hecho, cosa que enfurec&iacute;a a la madre. Al otro d&iacute;a cupo a
+Juli&aacute;n la honra de encender la ef&iacute;mera lucecilla de la inteligencia
+naciente en la criatura, pase&aacute;ndole no s&eacute; qu&eacute; baratijas relucientes
+delante de los ojos. Juli&aacute;n iba perdiendo el miedo a la nena, que al
+principio cre&iacute;a f&aacute;cil de deshacer entre los dedos como merengue; y
+mientras la madre enrollaba la faja o calentaba el pa&ntilde;al, sol&iacute;a tenerla
+en el regazo.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s me f&iacute;o en usted que en el ama&mdash;dec&iacute;ale Nucha confidencialmente,
+desahogando unos secretos celos maternales&mdash;. El ama es incapaz de
+sacramentos.... Fig&uacute;rese usted que para hacerse la raya al peinarse apoya
+el peine en la barbilla y lo va subiendo por la boca y la nariz hasta
+que acierta con la mitad de la frente; de otro modo no sabe.... Me he
+empe&ntilde;ado en que no coma con los dedos, y &iquest;qu&eacute; consegu&iacute;? Ahora come la
+carne asada con cuchara.... Es un entrem&eacute;s, Juli&aacute;n. Cualquier d&iacute;a me
+estropea la chiquilla.</p>
+
+<p>El capell&aacute;n perfeccionaba sus nociones del arte de tener un chico en
+brazos sin que llore ni rabie. Consolid&oacute; su amistad con la peque&ntilde;uela un
+suceso que casi deber&iacute;a pasarse en silencio: cierto h&uacute;medo calorcillo
+que un d&iacute;a sinti&oacute; Juli&aacute;n penetrar al trav&eacute;s de los pantalones.... &iexcl;Qu&eacute;
+acontecimiento! Nucha y &eacute;l lo celebraron con algazara y risa, como si
+fuese lo m&aacute;s entretenido y chusco. Juli&aacute;n brincaba de contento y se
+cog&iacute;a la cintura, que le dol&iacute;a con tantas carcajadas. La madre le
+ofreci&oacute; su delantal de hule, que &eacute;l rehus&oacute;; ya ten&iacute;a un pantal&oacute;n viejo,
+destinado a perecer en la demanda, y por nada del mundo renunciar&iacute;a a
+sentir aquella onda tibia.... Su contacto derret&iacute;a no s&eacute; qu&eacute; nieve de
+austeridad, cuajada sobre un coraz&oacute;n afeminado y virgen all&aacute; desde los
+tiempos del seminario, desde que se hab&iacute;a propuesto renunciar a toda
+familia y todo hogar en la tierra entrando en el sacerdocio; y al par
+encend&iacute;a en &eacute;l misterioso fuego, ternura humana, expansiva y dulce; el
+presb&iacute;tero empezaba a querer a la ni&ntilde;a con ceguera, a figurarse que, si
+la viese morir, se morir&iacute;a &eacute;l tambi&eacute;n, y otros muchos dislates por el
+estilo, que cohonestaba con la idea de que, al fin, la chiquita era un
+&aacute;ngel. No se cansaba de admirarla, de devorarla con los ojos, de
+considerar sus pupilas l&iacute;quidas y misteriosas, como anegadas en leche,
+en cuyo fondo parec&iacute;a reposar la serenidad misma.</p>
+
+<p>Una penosa idea le acud&iacute;a de vez en cuando. Acord&aacute;base de que hab&iacute;a
+so&ntilde;ado con instituir en aquella casa el matrimonio cristiano cortado por
+el patr&oacute;n de la Sacra Familia. Pues bien, el santo grupo estaba
+disuelto: all&iacute; faltaba San Jos&eacute; o lo sustitu&iacute;a un cl&eacute;rigo, que era peor.
+No se ve&iacute;a al marqu&eacute;s casi nunca; desde el nacimiento de la ni&ntilde;a, en vez
+de mostrarse m&aacute;s casero y sociable, volv&iacute;a a las andadas, a su vida de
+cacer&iacute;as, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que pose&iacute;an
+buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos. Pas&aacute;base a
+veces una semana fuera de los Pazos de Ulloa. Su hablar era m&aacute;s &aacute;spero,
+su genio, m&aacute;s ego&iacute;sta e impaciente, sus deseos y &oacute;rdenes se expresaban
+en forma m&aacute;s dura. Y a&uacute;n notaba Juli&aacute;n m&aacute;s alarmantes indicios. Le
+inquietaba ver que Sabel recib&iacute;a otra vez su antigua corte de sultana
+favorita, y que la Sabia y su progenie, con todas las parleras comadres
+y astrosos mendigos de la parroquia, pululaban all&iacute;, huyendo a escape
+cuando &eacute;l se acercaba, llevando en el seno o bajo el mandil bultos
+sospechosos. Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas
+partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser
+y estado que tuvieron antes.</p>
+
+<p>Trataba el bueno del capell&aacute;n de comulgarse a s&iacute; propio con ruedas de
+molino, dici&eacute;ndose que aquello no significaba <i>nada</i>; pero la maldita
+casualidad se empe&ntilde;&oacute; en abrirle los ojos cuando no quisiera. Una ma&ntilde;ana
+que madrug&oacute; m&aacute;s de lo acostumbrado para decir su misa, resolvi&oacute; advertir
+a Sabel que le tuviese dispuesto el chocolate dentro de media hora.
+In&uacute;tilmente llam&oacute; a su cuarto, situado cerca de la torre en que Juli&aacute;n
+dorm&iacute;a. Baj&oacute; con esperanzas de encontrarla en la cocina, y al pasar ante
+la puerta del gran despacho pr&oacute;ximo al archivo, donde se hab&iacute;a instalado
+don Pedro desde el nacimiento de su hija, vio salir de all&iacute; a la moza,
+en descuidado traje y so&ntilde;olienta. Las reglas psicol&oacute;gicas aplicables a
+las conciencias culpadas exig&iacute;an que Sabel se turbase: quien se turb&oacute;
+fue Juli&aacute;n. No s&oacute;lo se turb&oacute;, pero subi&oacute; de nuevo a su dormitorio,
+notando una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a, como si le hubiesen descargado un fuerte
+golpe en las piernas quebr&aacute;ndoselas. Al entrar en su habitaci&oacute;n, pensaba
+esto o algo an&aacute;logo:</p>
+
+<p>&laquo;Vamos a ver, &iquest;qui&eacute;n es el guapo que dice misa hoy?&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a><a href="#capitulos">-XIX-</a></h2>
+
+
+<p>No, ese guapo no era &eacute;l. &iexcl;Buena misa ser&iacute;a la que dijese, con la cabeza
+hecha una olla de grillos! Hasta reprimir los amotinados pensamientos
+que le acuciaban, hasta adoptar una resoluci&oacute;n firme y valedera, Juli&aacute;n
+no se atrev&iacute;a ni a pensar en el santo sacrificio.</p>
+
+<p>La cosa era bien clara. Situaci&oacute;n: la misma del a&ntilde;o pen&uacute;ltimo. Ten&iacute;a que
+marcharse de aquella casa echado por el feo vicio, por el delito infame.
+No le era l&iacute;cito permanecer all&iacute; ni un instante m&aacute;s. Salvo el debido
+respeto, se hab&iacute;a llevado la trampa el matrimonio cristiano, en cierto
+modo obra suya, y ya no quedaba rastro de hogar, sino una sentina de
+corrupci&oacute;n y pecado. A otra parte, pues, con la m&uacute;sica.</p>
+
+<p>S&oacute;lo que.... Vaya, hay cosas m&aacute;s f&aacute;ciles de pensar que de hacer en este
+mundo. Todo era una monta&ntilde;a: encontrar pretexto, despedirse, preparar el
+equipaje.... La primera vez que pens&oacute; en irse de all&iacute; ya le costaba alg&uacute;n
+esfuerzo; hoy, la idea sola de marchar le produc&iacute;a el mismo efecto que
+si le echasen sobre el alma un pa&ntilde;o mojado en agua fr&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; le
+disgustaba tanto la perspectiva de salir de los Pazos? Bien mirado, &eacute;l
+era un extra&ntilde;o en aquella casa.</p>
+
+<p>Es decir, eso de extra&ntilde;o.... Extra&ntilde;o no, pues viv&iacute;a unido espiritualmente
+a la familia por el respeto, por la adhesi&oacute;n, por la costumbre. Sobre
+todo, la ni&ntilde;a, la ni&ntilde;a. El acordarse de la ni&ntilde;a le dej&oacute; como embobado.
+No pod&iacute;a explicarse a s&iacute; mismo el gran sacudimiento interior que le
+causaba pensar que no volver&iacute;a a cogerla en brazos. &iexcl;Mire usted que
+estaba encari&ntilde;ado con la tal mu&ntilde;eca! Se le llenaron de l&aacute;grimas los
+ojos.</p>
+
+<p>&laquo;Bien dec&iacute;an en el Seminario&mdash;murmur&oacute; con despecho&mdash;que soy muy apocado y
+muy... as&iacute;..., como las mujeres, que por todo se afectan. &iexcl;Vaya un
+sacerdote ordenado de misa! Si tengo tal afici&oacute;n a chiquillos, no deb&iacute;
+abrazar la carrera que abrac&eacute;. No, no; esto que voy diciendo es un
+desatino mayor todav&iacute;a.... Si me gustan los chiquillos y tengo vocaci&oacute;n
+de ayo o ni&ntilde;ero, &iquest;qui&eacute;n me priva de cuidar a los que andan descalzos por
+las carreteras, pidiendo limosna? Son hijos de Dios lo mismo que esta
+pobre peque&ntilde;a de aqu&iacute;.... Hice mal, muy mal en tomarle tanta afici&oacute;n....
+Pero es que s&oacute;lo un perro, &iexcl;qu&eacute;!, ni un perro...: s&oacute;lo una fiera puede
+besar a un angelito y no quererlo bien&raquo;.</p>
+
+<p>Resumiendo despu&eacute;s sus cavilaciones, a&ntilde;adi&oacute; para s&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Soy un majadero, un Juan Lanas. No s&eacute; a qu&eacute; he venido aqu&iacute; la vez
+segunda. No deb&iacute; volver. Estaba visto que el se&ntilde;orito ten&iacute;a que parar en
+esto. Mi poca energ&iacute;a tiene la culpa. Con riesgo de la vida deb&iacute; barrer
+esa canalla, si no por buenas, a latigazos. Pero yo no tengo agallas,
+como dice muy bien el se&ntilde;orito, y ellos pueden y saben m&aacute;s que yo, a
+pesar de ser unos brutos. Me han enga&ntilde;ado, me han embaucado, no he
+puesto en la calle a esa moza desvergonzada, se han re&iacute;do de m&iacute; y ha
+triunfado el infierno&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras sosten&iacute;a este mon&oacute;logo, iba sacando de un caj&oacute;n de la c&oacute;moda
+prendas de ropa blanca, a fin de hacer su equipaje, pues como todas las
+personas irresolutas, sol&iacute;a precipitarse en los primeros momentos y
+adoptar medidas que le ayudaban a enga&ntilde;arse a s&iacute; propio. Al paso que
+rellenaba la maleta, razonaba para consigo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Se&ntilde;or, Se&ntilde;or, por qu&eacute; ha de haber tanta maldad y tanta estupidez en la
+tierra? &iquest;Por qu&eacute; el hombre ha de dejar que lo pesque el diablo con tan
+tosco anzuelo y cebo tan ruin? (diciendo esto alineaba en el ba&uacute;l
+calcetines). Poseyendo la perla de las mujeres, el verdadero trasunto de
+la mujer fuerte, una esposa cast&iacute;sima (este superlativo se le ocurri&oacute; al
+doblar cuidadosamente la sotana nueva), &iexcl;ir a caer precisamente con una
+vil mozuela, una sirviente, una fregona, una desvergonzada que se va a
+picos pardos con el primer labriego que encuentra!&raquo;.</p>
+
+<p>Llegaba aqu&iacute; del soliloquio cuando trataba sin &eacute;xito de acomodar el
+sombrero de canal de modo que la cubierta de la maleta no lo abollase.</p>
+
+<p>El ruido que hizo la tapa al descender, el gemido armonioso del cuero,
+pareci&oacute;le una voz ir&oacute;nica que le respond&iacute;a:</p>
+
+<p>&laquo;Por eso, por eso mismo&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Ser&aacute; posible!&mdash;murmur&oacute; el bueno del capell&aacute;n&mdash;. &iexcl;Ser&aacute; posible que la
+abyecci&oacute;n, que la indignidad, que la inmundicia misma del pecado
+atraiga, estimule, sea un aperitivo, como las guindillas rabiosas, para
+el paladar estragado de los esclavos del vicio! Y que en esto caigan, no
+personas de poco m&aacute;s o menos, sino se&ntilde;ores de nacimiento, de rango,
+se&ntilde;ores que...&raquo;.</p>
+
+<p>Det&uacute;vose y, reflexivo, cont&oacute; un mont&iacute;culo de pa&ntilde;uelos de narices que
+sobre la c&oacute;moda reposaba.</p>
+
+<p>&laquo;Cuatro, seis, siete.... Pues yo ten&iacute;a una docena, todos marcados....
+Pierden aqu&iacute; la ropa bastante...&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a contar.</p>
+
+<p>&laquo;Seis, siete.... Y uno en el bolsillo, ocho.... Puede que haya otro en la
+lavandera...&raquo;.</p>
+
+<p>Dej&oacute;los caer de golpe. Acababa de recordar que uno de aquellos pa&ntilde;uelos
+se lo hab&iacute;a atado &eacute;l a la ni&ntilde;ita debajo de la barba, para impedir que la
+baba le rozase el cuello. Suspir&oacute; hondamente, y abriendo otra vez el
+malet&iacute;n, not&oacute; que la seda del sombrero de canal se estropeaba con la
+tapa. &laquo;No cabe&raquo;, pens&oacute;, y pareci&oacute;le enorme dificultad para su viaje no
+poder acomodar la canaleja. Mir&oacute; el reloj: se&ntilde;alaba las diez. A las diez
+o poco m&aacute;s com&iacute;a la chiquita su sopa y era la risa del mundo verla con
+el hocico embadurnado de puches, empe&ntilde;ada en coger la cuchara y sin
+acertar a lograrlo. &iexcl;Estar&iacute;a tan mona! Resolvi&oacute; bajar; al d&iacute;a siguiente
+le ser&iacute;a f&aacute;cil colocar mejor su sombrero y resolver la marcha. Por
+veinticuatro horas m&aacute;s o menos....</p>
+
+<p>Este medicamento emoliente de la espera equivale, para la mayor parte de
+los caracteres, a infalible espec&iacute;fico. No hay que vituperar su empleo,
+en atenci&oacute;n a lo que consuela: en rigor, la vida es serie de
+aplazamientos, y s&oacute;lo hay un desenlace definitivo, el &uacute;ltimo. As&iacute; que
+Juli&aacute;n concibi&oacute; la luminosa idea de aguardar un poco, sinti&oacute;se
+tranquilo; aun m&aacute;s: contento. No era su car&aacute;cter muy jovial,
+propendiendo a una especie de morosidad so&ntilde;adora y m&oacute;rbida, como la de
+las doncellas an&eacute;micas; pero en aquel punto respiraba con tal desahogo
+por haber encontrado una soluci&oacute;n, que sus manos temblaban, deshaciendo
+con alegre presteza el embutido de calcetines y ropa blanca y dando
+amable libertad al canal y manteo. Despu&eacute;s se lanz&oacute; por las escaleras,
+dirigi&eacute;ndose a la habitaci&oacute;n de Nucha.</p>
+
+<p>Nada aconteci&oacute; aquel d&iacute;a que lo diferenciase de los dem&aacute;s, pues all&iacute; la
+&uacute;nica variante sol&iacute;a ser el mayor o menor n&uacute;mero de veces que mamaba la
+chiquitina, o la cantidad de pa&ntilde;ales puestos a secar. Sin embargo, en
+tan pac&iacute;fico interior ve&iacute;a el capell&aacute;n desarrollarse un drama mudo y
+terrible. Ya se explicaba perfectamente las melancol&iacute;as, los suspiros
+ahogados de Nucha. Y mir&aacute;ndole a la cara y vi&eacute;ndola tan consumida, con
+la piel terrosa, los ojos mayores y m&aacute;s vagos, la hermosa boca contra&iacute;da
+siempre, menos cuando sonre&iacute;a a su hija, calculaba que la se&ntilde;orita, por
+fuerza, deb&iacute;a <i>saberlo todo</i>, y una l&aacute;stima profunda le inundaba el
+alma. Reprendi&oacute;se a s&iacute; mismo por haber pensado siquiera en marcharse. Si
+la se&ntilde;orita necesitaba un amigo, un defensor, &iquest;en qui&eacute;n lo encontrar&iacute;a
+m&aacute;s que en &eacute;l? Y lo necesitar&iacute;a de fijo.</p>
+
+<p>La misma noche, antes de acostarse, presenci&oacute; el capell&aacute;n una escena
+extra&ntilde;a, que le sepult&oacute; en mayores confusiones. Como se le hubiese
+acabado el aceite a su vel&oacute;n de tres mecheros y no pudiese rezar ni
+leer, baj&oacute; a la cocina en demanda de combustible. Hall&oacute; muy concurrido
+el sarao de Sabel. En los bancos que rodeaban el fuego no cab&iacute;a m&aacute;s
+gente: mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las
+chuscadas y chocarrer&iacute;as del t&iacute;o Pepe de Naya, vejete que era un puro
+costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino
+de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse
+en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la
+hospitalaria Sabel le ofrec&iacute;a. Mientras &eacute;l pagaba el escote contando
+chascarrillos, en la gran mesa de la cocina, que desde el casamiento de
+don Pedro no usaban los amos, se ve&iacute;an, no lejos de la turbia luz de
+aceite, relieves de un fest&iacute;n m&aacute;s suculento: restos de carne en platos
+engrasados, una botella de vino descorchada, una media tetilla, todo
+amontonado en un rinc&oacute;n, como barrido despreciativamente por el
+hartazgo; y en el espacio libre de la mesa, tendidos en hilera, hab&iacute;a
+hasta doce naipes, que si no recortados en forma ovada por exceso de
+uso, como aquellos de que se sirvieron Rinconete y Cortadillo, no les
+ced&iacute;an en lo pringosos y sucios. En pie, delante de ellos, la se&ntilde;ora
+Mar&iacute;a la Sabia, extendiendo el dedo negro y nudoso cual seca rama de
+&aacute;rbol, los consultaba con adem&aacute;n reflexivo. Encorvada la horrenda
+sibila, alumbrada por el vivo fuego del hogar y la luz de la l&aacute;mpara,
+pon&iacute;a miedo su estoposa pelambrera, su catadura de bruja en aquelarre,
+m&aacute;s monstruosa por el bocio enorme, ya que le desfiguraba el cuello y
+remedaba un segundo rostro, rostro de visi&oacute;n infernal, sin ojos ni
+labios, liso y reluciente a modo de manzana cocida. Juli&aacute;n se detuvo en
+lo alto de la escalera, contemplando las pr&aacute;cticas supersticiosas, que
+se interrumpir&iacute;an de seguro si sus zapatillas hiciesen ruido y delatasen
+su presencia.</p>
+
+<p>Si &eacute;l conociese a fondo la tenebros&iacute;sima y a&uacute;n no desacreditada ciencia
+de la cartomancia, &iexcl;cu&aacute;nto m&aacute;s interesante le parecer&iacute;a el espect&aacute;culo!
+Entonces podr&iacute;a ver reunidos all&iacute;, como en el reparto de un drama, los
+personajes todos que jugaban en su vida y ocupaban su imaginaci&oacute;n. Aquel
+rey de bastos, con hopalanda azul ribeteada de colorado, los pies
+sim&eacute;tricamente dispuestos, la gran maza verde al hombro, se le figurar&iacute;a
+bastante temible si supiese que representaba un hombre moreno casado&mdash;don
+Pedro&mdash;. La sota del mismo palo se le antojar&iacute;a menos fea si comprendiese
+que era s&iacute;mbolo de una se&ntilde;orita morena tambi&eacute;n&mdash;Nucha&mdash;. A la de copas le
+dar&iacute;a un puntapi&eacute; por insolente y borracha, atendido que personificaba a
+Sabel, una moza rubia y soltera. Lo m&aacute;s grave ser&iacute;a verse a s&iacute; mismo&mdash;un
+joven rubio&mdash;significado por el caballo de copas, azul por m&aacute;s se&ntilde;as,
+aunque ya todos estos colorines los hab&iacute;a borrado la mugre.</p>
+
+<p>&iexcl;Pues qu&eacute; suceder&iacute;a si despu&eacute;s, cuando la vieja baraj&oacute; los naipes y,
+reparti&eacute;ndolos en cuatro montones, empez&oacute; a interpretar su sentido
+fat&iacute;dico, pudiese &eacute;l o&iacute;r distintamente todas las palabras que sal&iacute;an del
+antro espantable de su boca! Hab&iacute;a all&iacute; concordancias de la sota de
+bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores
+secretos de mucha duraci&oacute;n; apariciones del ocho de bastos, que
+vaticinaban ri&ntilde;as entre c&oacute;nyuges; reuniones de la sota de espadas con la
+de copas patas arriba, que encerraban t&eacute;tricos augurios de viudez por
+muerte de la esposa. A bien que el cinco del mismo palo profetizaba
+despu&eacute;s uni&oacute;n feliz. Todo esto, dicho por la sibila en voz baja y
+cavernosa, lo escuchaba solamente la bella fregatriz Sabel, que con los
+brazos cruzados tras la espalda, el color arrebatado, se inclinaba sobre
+el or&aacute;culo, que m&aacute;s parec&iacute;a provocarla a curiosidad que a regocijo. La
+jarana con que en el hogar se celebraban los chistes del se&ntilde;or Pepe
+imped&iacute;a que nadie atendiese al silabeo de la vieja. Merced a la
+situaci&oacute;n de la escalera, dominaba Juli&aacute;n la mesa, tr&iacute;pode y ara del
+temeroso rito, y sin ser visto pod&iacute;a ver y entreo&iacute;r algo. Escuchaba,
+tratando de entender mejor lo que s&oacute;lo confusamente percib&iacute;a, y como al
+hacerlo cargase sobre el barandal de la escalera, &eacute;ste cruji&oacute; levemente,
+y la bruja alz&oacute; su horrible car&aacute;tula. En un santiam&eacute;n recogi&oacute; los
+naipes, y el capell&aacute;n baj&oacute;, algo confuso de su espionaje involuntario,
+pero tan preocupado con lo que cre&iacute;a haber sorprendido, que ni se le
+ocurri&oacute; censurar el ejercicio de la hechicer&iacute;a. La bruja, empleando el
+tono humilde y servil de siempre, se apresur&oacute; a explicarle que aquello
+era mero pasatiempo, &laquo;por se re&iacute;r un poco&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Juli&aacute;n a su cuarto agitad&iacute;simo. Ni &eacute;l mismo sab&iacute;a lo que le
+correteaba por el mag&iacute;n. Bien presum&iacute;a antes a cu&aacute;ntos riesgos se
+expon&iacute;an Nucha y su hija viviendo en los Pazos: ahora..., ahora los
+divisaba inminentes, clar&iacute;simos. &iexcl;Tremenda situaci&oacute;n! El capell&aacute;n le
+daba vueltas en su cerebro excitado: a la ni&ntilde;a la robar&iacute;an para matarla
+de hambre; a Nucha la envenenar&iacute;an tal vez.... Intentaba serenarse. &iexcl;Bah!
+No abundan tanto los cr&iacute;menes por esos mundos, a Dios gracias. Hay
+jueces, hay magistrados, hay verdugos. Aquel hato de bribones se
+contentar&iacute;a con explotar al se&ntilde;orito y a la casa, con hacer rancho de
+ella, con mandar anulando en su dignidad y poder&iacute;o dom&eacute;stico a la
+se&ntilde;orita. Pero..., &iquest;si no se contentaba?</p>
+
+<p>Dio cuerda a su vel&oacute;n, y apoyando los codos sobre la mesa intent&oacute; leer
+en las obras de Balmes, que le hab&iacute;a prestado el cura de Naya, y en cuya
+lectura encontraba grato solaz su esp&iacute;ritu, prefiriendo el trato con tan
+simp&aacute;tica y persuasiva inteligencia a las honduras escol&aacute;sticas de
+Prisco y San Severino. Mas a la saz&oacute;n no pod&iacute;a entender una sola l&iacute;nea
+del fil&oacute;sofo, y s&oacute;lo o&iacute;a los tristes ruidos exteriores, el quejido
+constante de la presa, el gemir del viento en los &aacute;rboles. Su acalorada
+fantas&iacute;a le fingi&oacute; entre aquellos rumores quejumbrosos otro m&aacute;s
+lamentable a&uacute;n, porque era personal: un grito humano. &iexcl;Qu&eacute; disparatada
+idea! No hizo caso y sigui&oacute; leyendo. Pero crey&oacute; escuchar de nuevo el
+<i>ay</i> trist&iacute;simo. &iquest;Ser&iacute;an los perros? Asom&oacute;se a la ventana: la luna
+bogaba en un cielo nebuloso, y all&aacute; a lo lejos se o&iacute;a el aullar de un
+perro, ese aullar l&uacute;gubre que los aldeanos llaman <i>ventar la muerte</i> y
+juzgan anuncio seguro del pr&oacute;ximo fallecimiento de una persona. Juli&aacute;n
+cerr&oacute; la ventana estremeci&eacute;ndose. No despuntaba por valent&oacute;n, y sus
+temores instintivos se aumentaban en la casa solariega, que le produc&iacute;a
+nuevamente la dolorosa impresi&oacute;n de los primeros d&iacute;as. Su temperamento
+linf&aacute;tico no pose&iacute;a el secreto de ciertas saludables reacciones, con las
+cuales se desecha todo vano miedo, todo fantasma de la imaginaci&oacute;n. Era
+capaz, y demostrado lo ten&iacute;a, de arrostrar cualquier riesgo grave, si
+cre&iacute;a que se lo ordenaba su deber; pero no de hacerlo con &aacute;nimo sereno,
+con el hermoso desd&eacute;n del peligro, con el buen humor heroico que s&oacute;lo
+cabe en personas de rica y roja sangre y firmes m&uacute;sculos. El valor
+propio de Juli&aacute;n era valor tembl&oacute;n, por decirlo as&iacute;; el breve arranque
+nervioso de las mujeres.</p>
+
+<p>Volv&iacute;a a su conferencia con Balmes cuando.... &iexcl;Jes&uacute;s nos valga! &iexcl;Ahora
+s&iacute;, ahora s&iacute; que no cab&iacute;a duda! Un chillido sobreagudo de terror hab&iacute;a
+subido por el oscuro caracol y entrado por la puerta entornada. &iexcl;Qu&eacute;
+chillido! El vel&oacute;n le bailaba en las manos a Juli&aacute;n.... Bajaba, sin
+embargo, muy aprisa, sin sentir sus propios movimientos, como en las
+espantosas ca&iacute;das que damos so&ntilde;ando. Y volaba por los salones
+recorriendo la larga cruj&iacute;a para llegar hacia la parte del archivo,
+donde hab&iacute;a sonado el grito horrible.... El vel&oacute;n, oscilando m&aacute;s y m&aacute;s en
+su diestra tr&eacute;mula, proyectaba en las paredes caleadas extravagantes
+manchones de sombra.... Iba a dar la vuelta al pasillo que divid&iacute;a el
+archivo del cuarto de don Pedro, cuando vio.... &iexcl;Dios santo! S&iacute;, era la
+escena misma, tal cual se la hab&iacute;a figurado &eacute;l.... Nucha de pie, pero
+arrimada a la pared, con el rostro desencajado de espanto, los ojos no
+ya vagos sino llenos de extrav&iacute;o mortal; enfrente su marido, blandiendo
+un arma enorme.... Juli&aacute;n se arroj&oacute; entre los dos.... Nucha volvi&oacute; a
+chillar....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, &iexcl;ay! &iexcl;Qu&eacute; hace usted! &iexcl;Que se escapa... que se escapa!</p>
+
+<p>Comprendi&oacute; entonces el alucinado capell&aacute;n lo que ocurr&iacute;a, con no poca
+verg&uuml;enza y confusi&oacute;n suya.... Por la pared trepaba aceleradamente,
+deseando huir de la luz, una ara&ntilde;a de desmesurado grandor, un monstruoso
+vientre columpiado en ocho velludos zancos. Su carrera era tan r&aacute;pida,
+que in&uacute;tilmente trataba el se&ntilde;orito de alcanzarla con la bota; de
+repente Nucha se adelant&oacute;, y con voz entre grave y medrosa repiti&oacute;
+ingenuamente lo que hab&iacute;a dicho mil veces en su ni&ntilde;ez:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;San Jorge... para la ara&ntilde;a!</p>
+
+<p>El feo insecto se detuvo a la entrada de la zona de sombra: la bota cay&oacute;
+sobre &eacute;l. Juli&aacute;n, por reacci&oacute;n natural del miedo disipado, que se trueca
+en inexplicable gozo, iba a re&iacute;rse del suceso; pero not&oacute; que Nucha,
+cerrando los ojos y apoy&aacute;ndose en la pared, se cubr&iacute;a la cara con el
+pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>&mdash;No es nada, no es nada...&mdash;murmuraba.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco de llanto nervioso.... Ya pasar&aacute;.... Estoy a&uacute;n algo d&eacute;bil....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente cosa para tanto alboroto!&mdash;exclam&oacute; el marido encogi&eacute;ndose de
+hombros&mdash;. &iexcl;Os cr&iacute;an con m&aacute;s mimo! En mi vida he visto tal. Don Juli&aacute;n,
+&iquest;usted crey&oacute; que la casa se ven&iacute;a abajo? &iexcl;Ea, a recogerse! Buenas
+noches.</p>
+
+<p>Tard&oacute; bastante el capell&aacute;n en dormirse. Recapacitaba en sus terrores y
+conced&iacute;a su ridiculez; promet&iacute;ase vencer aquella pusilanimidad suya;
+pero duraba a&uacute;n el desasosiego: la impulsi&oacute;n estaba comunicada y
+almacenada en sinuosidades cerebrales muy hondas. Apenas le otorg&oacute; sus
+favores el sue&ntilde;o, vino con &eacute;l una legi&oacute;n de pesadillas a cual m&aacute;s negra
+y opresora. Empez&oacute; a so&ntilde;ar con los Pazos, con el gran caser&oacute;n; mas, por
+extra&ntilde;a anomal&iacute;a propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones
+de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al an&aacute;rquico
+influjo de la imaginaci&oacute;n, no ve&iacute;a la huronera tal cual la hab&iacute;a visto
+siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho
+portal&oacute;n inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcci&oacute;n
+del siglo XVIII; sino que, sin dejar de ser la misma, hab&iacute;a mudado de
+forma; el huerto con bojes y estanque era ahora ancho y profundo foso;
+las macizas murallas se poblaban de saeteras, se coronaban de almenas;
+el portal&oacute;n se volv&iacute;a puente levadizo, con cadenas rechinantes; en suma:
+era un castillote feudal hecho y derecho, sin que le faltase ni el
+rom&aacute;ntico aditamento del pend&oacute;n de los Moscosos flotando en la torre del
+homenaje; indudablemente, Juli&aacute;n hab&iacute;a visto alguna pintura o le&iacute;do
+alguna medrosa descripci&oacute;n de esos espantajos del pasado que nuestro
+siglo restaura con tanto cari&ntilde;o. Lo &uacute;nico que en el castillo recordaba
+los Pazos actuales era el majestuoso escudo de armas; pero aun en este
+mismo exist&iacute;a diferencia notable, pues Juli&aacute;n distingu&iacute;a claramente que
+se hab&iacute;an animado los emblemas de piedra, y el pino era un &aacute;rbol verde
+en cuya copa gem&iacute;a el viento, y los dos lobos rapantes mov&iacute;an las
+cabezas exhalando aullidos l&uacute;gubres. Miraba Juli&aacute;n fascinado hacia lo
+alto de la torre, cuando vio en ella alarmante figur&oacute;n: un caballero con
+visera calada, todo cubierto de hierro; y aunque ni un dedo de la mano
+se le descubr&iacute;a, con el don adivinatorio que se adquiere so&ntilde;ando, Juli&aacute;n
+percib&iacute;a al trav&eacute;s de la celada la cara de don Pedro. Furioso,
+amenazador, enarbolaba don Pedro un arma extra&ntilde;a, una bota de acero, que
+se dispon&iacute;a a dejar caer sobre la cabeza del capell&aacute;n. &Eacute;ste no hac&iacute;a
+movimiento alguno para desviarse, y la bota tampoco acababa de caer; era
+una angustia intolerable, una agon&iacute;a sin t&eacute;rmino; de repente sinti&oacute; que
+se le posaba en el hombro una lechuza fe&iacute;sima, con gre&ntilde;as blancas. Quiso
+gritar: en sue&ntilde;os el grito se queda siempre helado en la garganta. La
+lechuza re&iacute;a silenciosamente. Para huir de ella, saltaba el foso; mas
+&eacute;ste ya no era foso, sino la represa del molino; el castillo feudal
+tambi&eacute;n mudaba de hechura sin saberse c&oacute;mo; ahora se parec&iacute;a a la
+cl&aacute;sica torre que tienen en las manos las im&aacute;genes de Santa B&aacute;rbara; una
+construcci&oacute;n de cart&oacute;n pintado, hecha de sillares muy cuadraditos, y a
+cuya ventana asomaba un rostro de mujer p&aacute;lido, descompuesto.... Aquella
+mujer sac&oacute; un pie, luego otro... fue descolg&aacute;ndose por la ventana
+abajo.... &iexcl;Qu&eacute; asombro! &iexcl;Era la sota de bastos, la mism&iacute;sima sota de
+bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo
+de espadas, una rara alima&ntilde;a azul, con la cola rayada de negro. Mas a
+poco Juli&aacute;n reconoci&oacute; su error: &iexcl;qu&eacute; caballo de espadas! No era sino San
+Jorge en persona, el valeroso caballero andante de las celestiales
+milicias, con su drag&oacute;n debajo, un drag&oacute;n que parec&iacute;a ara&ntilde;a, en cuya
+tenazuda boca hund&iacute;a la lanza con denuedo.... Brillante y aguda, la lanza
+descend&iacute;a, se hincaba, se hincaba.... Lo sorprendente es que el lanzazo
+lo sent&iacute;a Juli&aacute;n en su propio costado.... Lloraba muy bajito, queriendo
+hablar y pedir misericordia; nadie acud&iacute;a en su auxilio, y la lanza le
+ten&iacute;a ya atravesado de parte a parte.... Despert&oacute; repentinamente,
+resinti&eacute;ndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual
+hab&iacute;a gravitado el peso del cuerpo todo, al acostarse del lado
+izquierdo, posici&oacute;n favorable a las pesadillas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a><a href="#capitulos">-XX-</a></h2>
+
+
+<p>Los sue&ntilde;os de las noches de terror suelen parecer risibles apenas
+despunta la claridad del nuevo d&iacute;a; pero Juli&aacute;n, al saltar de la cama,
+no consigui&oacute; vencer la impresi&oacute;n del suyo. Prosegu&iacute;a el hervor de la
+imaginaci&oacute;n sobrexcitada: mir&oacute; por la ventana, y el paisaje le pareci&oacute;
+t&eacute;trico y siniestro; verdad es que entoldaban la b&oacute;veda celeste
+nubarrones de plomo con reflejos l&iacute;vidos, y que el viento, sordo unas
+veces y sibilante otras, doblaba los &aacute;rboles con r&aacute;fagas repentinas. El
+capell&aacute;n baj&oacute; la escalera de caracol con &aacute;nimo de decir su misa, que a
+causa del mal estado de la capilla se&ntilde;orial acostumbraba celebrar en la
+parroquia. Al regresar y acercarse a la entrada de los Pazos, un
+remolino de hojas secas le envolvi&oacute; los pies, una atm&oacute;sfera fr&iacute;a le
+sobrecogi&oacute;, y la gran huronera de piedra se le present&oacute; imponente,
+ce&ntilde;uda y terrible, con aspecto de prisi&oacute;n, como el castillo que hab&iacute;a
+visto so&ntilde;ando. El edificio, bajo su toldo de negras nubes, con el ruido
+temeroso del cierzo que lo fustigaba, era amenazador y siniestro. Juli&aacute;n
+penetr&oacute; en &eacute;l con el alma en un pu&ntilde;o. Cruz&oacute; r&aacute;pidamente el helado
+zagu&aacute;n, la cavernosa cocina, y, atravesando los salones solitarios, se
+apresur&oacute; a refugiarse en la habitaci&oacute;n de Nucha, donde acostumbraban
+servirle el chocolate por orden de la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>Encontr&oacute; a &eacute;sta algo m&aacute;s desemblantada que de costumbre. Al abatimiento
+que de ordinario se revelaba en su rostro afilado, se agregaba una
+contracci&oacute;n y un azoramiento, indicios de gran tirantez nerviosa. Ten&iacute;a
+a la ni&ntilde;a en brazos, y al ver llegar a Juli&aacute;n le hizo r&aacute;pidamente se&ntilde;a
+de que ni chistase ni se menease, que el angelito andaba en tratos de
+aletargarse al calor del seno maternal. Inclinada sobre la criatura,
+Nucha le echaba el aliento para mejor adormecerla, y arreglaba con
+febriles movimientos el pa&ntilde;ol&oacute;n calcetado que envolv&iacute;a, como el capullo
+a la oruga, aquella vida naciente. Pesta&ntilde;e&oacute; la ni&ntilde;a dos o tres veces, y
+luego cerr&oacute; los ojitos, mientras su madre no cesaba de arrullarla con
+una <i>nana</i> aprendida del ama, una especie de gemido cuya base era el
+triste, &iexcl;<i>lai... lai</i>!, la queja lenta y larga de todas las canciones
+populares en Galicia. El canto fue descendiendo, hasta concluir en la
+pronunciaci&oacute;n melanc&oacute;lica y cari&ntilde;osa de una sola letra, la <i>e</i>
+prolongada; y levant&aacute;ndose en puntas de pie, Nucha deposit&oacute; a su hija en
+la cuna muy delicada y cuidadosamente, pues la chiquilla era tan
+lista&mdash;en opini&oacute;n de su madre&mdash;que distingu&iacute;a al punto la cuna del brazo,
+y era capaz de despertar del sopor m&aacute;s profundo si se enteraba de la
+sustituci&oacute;n.</p>
+
+<p>Por lo mismo Juli&aacute;n y Nucha se hablaron muy de quedo, mientras la
+se&ntilde;orita manejaba la aguja de <i>crochet</i> calcetando unos zapatitos que
+parec&iacute;an bolsas. Juli&aacute;n empez&oacute; por preguntar si se le hab&iacute;a quitado el
+susto de la noche anterior.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero todav&iacute;a estoy no s&eacute; c&oacute;mo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tampoco les tengo afici&oacute;n a esos bichos asquerosos.... No los hab&iacute;a
+visto tan gordos hasta que vine a la aldea. En el pueblo apenas los hay.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;contest&oacute; Nucha&mdash;era antes muy valiente; pero desde... que naci&oacute;
+la peque&ntilde;a, no s&eacute; qu&eacute; me pasa; parece que me he vuelto medio tonta, que
+tengo miedo a todo....</p>
+
+<p>Interrumpi&oacute; la labor, y alz&oacute; la cara; sus grandes ojos estaban
+dilatados; sus labios, ligeramente tr&eacute;mulos.</p>
+
+<p>&mdash;Es una enfermedad, es una man&iacute;a; ya lo conozco, pero no lo puedo
+remediar, por m&aacute;s que hago. Tengo la cabeza debilitada; no pienso sino
+en cosas de susto, en espantos.... &iquest;Ve usted qu&eacute; chillidos di ayer por la
+dichosa ara&ntilde;a? Pues de noche, cuando me quedo sola con la ni&ntilde;a...&mdash;porque
+el ama durmiendo es lo mismo que si estuviese muerta; aunque le disparen
+al o&iacute;do un ca&ntilde;&oacute;n de a ocho no se mueve&mdash;har&iacute;a a cada paso escenas por el
+estilo si no me dominase. No se lo digo a Juncal por verg&uuml;enza; pero veo
+cosas muy raras. La ropa que cuelgo me representa siempre hombres
+ahorcados, o difuntos que salen del ata&uacute;d con la mortaja puesta; no
+importa que mientras est&aacute; el quinqu&eacute; encendido, antes de acostarme, la
+arregle as&iacute; o as&aacute;; al fin toma esas hechuras extravagantes aun no bien
+apago la luz y enciendo la lamparilla. Hay veces que distingo personas
+sin cabeza; otras, al contrario, les veo la cara con todas sus
+facciones, la boca muy abierta y haciendo muecas.... Esos mamarrachos que
+hay pintados en el biombo se mueven; y cuando crujen las ventanas con el
+viento, como esta noche, me pongo a cavilar si son almas del otro mundo
+que se quejan....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;orita!&mdash;exclam&oacute; dolorosamente Juli&aacute;n&mdash;. &iexcl;Eso es contra la fe! No
+debemos creer en aparecidos ni en brujer&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si yo no creo!&mdash;repuso la se&ntilde;orita riendo nerviosamente&mdash;. &iquest;Usted se
+figura que soy como el ama, que dice que ha visto en realidad la
+<i>Compa&ntilde;a</i>, con su procesi&oacute;n de luces all&aacute; a las altas horas? En mi vida
+he dado cr&eacute;dito a paparruchas semejantes; por eso digo que debo de estar
+enferma, cuando me persiguen visiones y vestiglos.... Lo que siempre me
+porf&iacute;a el se&ntilde;or de Juncal: fortalecerse, criar sangre.... L&aacute;stima que la
+sangre no se compre en la tienda.... &iquest;no le parece a usted?</p>
+
+<p>&mdash;O que... los sanos no se la podamos regalar a... los que... la
+necesitan....</p>
+
+<p>Dijo esto el presb&iacute;tero titubeando, poni&eacute;ndose encendido hasta la nuca,
+porque su impulso primero hab&iacute;a sido exclamar: &laquo;Se&ntilde;orita Marcelina, aqu&iacute;
+est&aacute; mi sangre a la disposici&oacute;n de usted&raquo;.</p>
+
+<p>El silencio producido por arranque tan vivo dur&oacute; algunos segundos,
+durante los cuales ambos interlocutores miraron fijamente, distra&iacute;dos y
+ensimismados, el paisaje que se alcanzaba desde la ancha y honda ventana
+fronteriza. Al pronto no lo vieron; luego su efecto sombr&iacute;o les fue
+entrando, mal de su grado, por los ojos hasta el alma. Eran las monta&ntilde;as
+negras, duras, macizas en apariencia, bajo la oscur&iacute;sima techumbre del
+cielo tormentoso; era el valle alumbrado por las claridades p&aacute;lidas de
+un angustiado sol; era el grupo de casta&ntilde;os, inm&oacute;vil unas veces, otras
+violentamente sacudido por la racha del ventarr&oacute;n furioso y
+desencadenado.... A un mismo tiempo exclamaron los dos, capell&aacute;n y
+se&ntilde;orita:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a tan triste!</p>
+
+<p>Juli&aacute;n reflexionaba en la rara coincidencia de los terrores de Nucha y
+los suyos propios; y, pensando alto, prorrump&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita, tambi&eacute;n esta casa..., vamos, no es por decir mal de ella,
+pero... es un poco <i>miedosa</i>. &iquest;No le parece?</p>
+
+<p>Los ojos de Nucha se animaron, como si el capell&aacute;n le hubiese adivinado
+un sentimiento que no se atrev&iacute;a a manifestar.</p>
+
+<p>&mdash;Desde que ha venido el invierno&mdash;murmur&oacute; hablando consigo misma&mdash;no s&eacute;
+qu&eacute; tiene ni qu&eacute; trazas saca... que no me parece la misma.... Hasta las
+murallas se han vuelto m&aacute;s gordas y la piedra m&aacute;s oscura.... Ser&aacute; una
+tonter&iacute;a, &iexcl;ya s&eacute; que lo ser&aacute;!, pero no me atrevo a salir de mi
+habitaci&oacute;n, yo que antes revolv&iacute;a todos los rincones y andaba por todas
+partes.... Y no tengo remedio sino dar una vuelta por ella.... Necesito
+ver si hay abajo, en el s&oacute;tano, arcones para la ropa blanca.... H&aacute;game el
+favor de venir, Juli&aacute;n, ahora que la ni&ntilde;a duerme.... Quiero quitarme de
+la cabeza estas aprensiones y estas tontunas.</p>
+
+<p>Intent&oacute; el capell&aacute;n disuadirla: tem&iacute;a que se cansase, que se enfriase al
+atravesar los salones, al bajar al claustro. La se&ntilde;orita no dio m&aacute;s
+respuesta que dejar la labor, envolverse en su mant&oacute;n y echar a andar.
+Cruzaron a buen paso la fila de habitaciones extensas, desamuebladas,
+casi vac&iacute;as, donde las pisadas retumbaban sordamente. De tiempo en
+tiempo, Nucha volv&iacute;a la cabeza atr&aacute;s a ver si la segu&iacute;a su acompa&ntilde;ante,
+y el adem&aacute;n de volverla revelaba alteraci&oacute;n y zozobra. En la diestra
+columpiaba un manojo de llaves. Salieron al claustro superior, y por una
+escalerilla muy pendiente descendieron al inferior, cuyas arcadas eran
+de piedra.</p>
+
+<p>Llegados al pat&iacute;n que cerraba el grave claustro, Nucha se&ntilde;al&oacute; a un pilar
+que ten&iacute;a incrustada una argolla de hierro, de la cual colgaba a&uacute;n un
+eslab&oacute;n comido de or&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted qu&eacute; era esto?&mdash;murmur&oacute; con apagada voz.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;&mdash;respondi&oacute; Juli&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Dice Pedro&mdash;explic&oacute; la se&ntilde;orita&mdash;que estuvo ah&iacute; la cadena con que ten&iacute;an
+sujeto sus abuelos a un negro esclavo.... &iquest;No parece mentira que se
+hiciesen semejantes crueldades? &iexcl;Qu&eacute; tiempos tan malos, Juli&aacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita..., a don M&aacute;ximo Juncal, que no piensa m&aacute;s que en pol&iacute;tica,
+todo se le vuelve hablar de eso; pero mire usted, en cada tiempo hay su
+legua de mal camino.... Bastantes barbaridades hacen hoy en d&iacute;a, y la
+religi&oacute;n anda perdida desde estas grescas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero como aqu&iacute;&mdash;observ&oacute; Nucha, formulando sencillamente una observaci&oacute;n
+hist&oacute;rico-filos&oacute;fica de bastante alcance&mdash;no ve uno sino las atrocidades
+de los se&ntilde;ores de otro tiempo..., parece que son las &uacute;nicas que le dan
+en qu&eacute; pensar.... &iquest;Por qu&eacute; ser&aacute;n tan malos cristianos los hombres?&mdash;a&ntilde;adi&oacute;
+entreabriendo los labios con c&aacute;ndido asombro.</p>
+
+<p>El cielo se oscureci&oacute; m&aacute;s en el momento de expresarse as&iacute; Nucha; un
+rel&aacute;mpago alumbr&oacute; s&uacute;bitamente las profundidades de las arcadas del
+claustro y el rostro de la se&ntilde;orita, que adquiri&oacute; a la luz verdosa el
+aspecto tr&aacute;gico de una faz de imagen.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Santa B&aacute;rbara bendita!&mdash;articul&oacute; piadosamente el capell&aacute;n,
+estremeci&eacute;ndose&mdash;. Volv&aacute;monos arriba, se&ntilde;orita.... Est&aacute; tronando. Como
+este a&ntilde;o no tuvimos <i>cordonazo de San Francisco</i>..., ya se ve, el
+equinoccio no quiere pasar sin esto.... &iquest;Subimos?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;resolvi&oacute; Nucha, empe&ntilde;ada en combatir sus propios terrores&mdash;. &Eacute;sta es
+la puerta del s&oacute;tano.... &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; la llave?</p>
+
+<p>La busc&oacute; alg&uacute;n tiempo en el manojo. Al introducirla en la cerradura y
+empujar la puerta, otro rel&aacute;mpago ba&ntilde;&oacute; de claridad fantasmag&oacute;rica el
+sitio en que iba a penetrar; rod&oacute; el carro del trueno, pausado al
+principio, despu&eacute;s ronco y formidable, como una voz hinchada por la
+c&oacute;lera, y Nucha retrocedi&oacute; con espanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sucede, se&ntilde;orita querida? &iquest;Qu&eacute; sucede?&mdash;grit&oacute; el capell&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nada... nada!&mdash;tartamude&oacute; la se&ntilde;ora de Ulloa&mdash;. Se me figur&oacute; al abrir
+que estaba ah&iacute; dentro un perro muy grande, sentado, y que se levantaba y
+se me echaba para morderme.... &iquest;Si no los tendr&eacute; cabales? Pues mire usted
+que jurar&iacute;a haberlo visto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El dulce Nombre! No, se&ntilde;orita es que hace fr&iacute;o aqu&iacute;, es que truena, es
+que es una locura andar ahora revolviendo en los s&oacute;tanos.... Ret&iacute;rese
+usted; yo buscar&eacute; lo que haga falta.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;replic&oacute; Nucha con energ&iacute;a&mdash;. Ya me carga de veras ser tan boba....
+Quiero entrar antes, para que vea usted si comprendo perfectamente que
+todas son necedades.... &iquest;Trae usted la cerilla?&mdash;grit&oacute; ya desde dentro.</p>
+
+<p>El capell&aacute;n la encendi&oacute;, y a su luz menos que dudosa vieron el s&oacute;tano,
+mejor dicho, entrevieron las paredes destilando humedad; el confuso
+mont&oacute;n de objetos retirados all&iacute; por inservibles y pudri&eacute;ndose en los
+rincones; el conjunto de cosas informes y, por lo mismo, temerosas y
+vagas. En la penumbra de aquel lugar casi subterr&aacute;neo, en el
+hacinamiento de vejestorios retirados por inservibles y entregados a las
+ratas, la pata de una mesa parec&iacute;a un brazo momificado, la esfera de un
+reloj era la faz blanquecina de un muerto, y unas botas de montar
+carcomidas, asomando por entre papeles y trapos, despertaban en la
+fantas&iacute;a la idea de un hombre asesinado y oculto all&iacute;. No obstante,
+Nucha, con paso resuelto, fue derecha al caos h&uacute;medo y medroso, y, con
+la voz ahogada y conmovida de los que acaban de obtener un gran triunfo
+sobre s&iacute; mismos, grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute; el arc&oacute;n.... Que me lo suban despu&eacute;s....</p>
+
+<p>Sali&oacute; muy animada, satisfecha de su resoluci&oacute;n, vencedora en la lucha
+cuerpo a cuerpo con el caser&oacute;n que la asustaba. Al subir otra vez por la
+escalerilla, volvi&oacute; a sobrecogerla el fragor de un trueno m&aacute;s hondo,
+poderoso y cercano que los anteriores. &iexcl;Era preciso encender la vela del
+Sant&iacute;simo y rezar el Trisagio!</p>
+
+<p>As&iacute; lo hicieron al punto. La vela fue colocada sobre la c&oacute;moda de Nucha:
+un cirio bastante largo a&uacute;n, de cera color de naranja, con muchas
+l&aacute;grimas y un p&aacute;bilo que chisporroteaba y no acababa de arder. Antes de
+arrodillarse, cerraron las maderas de la ventana, para evitar que la
+ojeada fulgurante del rel&aacute;mpago les deslumbrase a cada minuto. Rug&iacute;a con
+creciente ira el viento, y la tronada se hab&iacute;a situado sobre los Pazos,
+oy&eacute;ndose su estruendo lo mismo que si corriese por el tejado un
+escuadr&oacute;n de caballos a galope o si un gigante se entretuviese en
+arrastrar un pe&ntilde;asco y llevarlo a tumbos por encima de las tejas. &iexcl;Con
+cu&aacute;nto fervor empez&oacute; el capell&aacute;n a guiar el Trisagio misterioso!
+Anonad&aacute;ndose ante la c&oacute;lera divina, cuya violencia sacud&iacute;a y hac&iacute;a
+retemblar a los Pazos como si fuesen una choza, pronunciaba:</p>
+
+<p>De la subit&aacute;nea muerte del rayo y de la centella libra este Trisagio, y
+sella a quien lo reza: y advierte....</p>
+
+<p>Nucha, de repente, se incorporaba lanzando un chillido, y corr&iacute;a al
+sof&aacute;, donde se reclinaba lanzando interrumpidas carcajadas hist&eacute;ricas,
+que sonaban a llanto. Sus manos crispadas arrancaban los corchetes de su
+traje, o comprim&iacute;an sus sienes, o se clavaban en los almohadones del
+sof&aacute;, ara&ntilde;&aacute;ndolos con furor.... Aunque tan inexperto, Juli&aacute;n comprendi&oacute;
+lo que ocurr&iacute;a: el espasmo inevitable, la explosi&oacute;n del terror
+reprimido, el pago del alarde de valent&iacute;a de la pobre Nucha....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Filomena, Filomena! Aqu&iacute;, mujer, aqu&iacute;.... Agua, vinagre..., el
+frasquito aqu&eacute;l.... &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el frasco que vino de la botica de Cebre?
+Afl&oacute;jele el vestido.... Ya me vuelvo de espaldas, mujer, no necesitaba
+avis&aacute;rmelo.... Unos pa&ntilde;itos fr&iacute;os en las sienes.... &iexcl;Si truena, que
+truene! Deje tronar.... Acuda a la se&ntilde;orita.... D&eacute;le aire con este papel
+aunque sea.... &iquest;Ya est&aacute; cubierta y floja? Se lo dar&eacute; yo, poquito a
+poco.... Que respire bien el vinagre...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXI" id="XXI"></a><a href="#capitulos">-XXI-</a></h2>
+
+
+<p>Not&oacute;se d&iacute;as despu&eacute;s alguna mejor&iacute;a en el estado general de la se&ntilde;ora de
+Ulloa, con lo cual el capell&aacute;n revivi&oacute; y se le anim&oacute; tambi&eacute;n el marchito
+semblante. El marqu&eacute;s andaba en extremo distra&iacute;do, organizando una
+cazata a los lejanos montes de Castrodorna, m&aacute;s all&aacute; del r&iacute;o; el tiempo
+se aseguraba; las noches eran de helada, claras y glaciales; acerc&aacute;base
+el plenilunio, y todo promet&iacute;a feliz &eacute;xito. La v&iacute;spera de la salida al
+cazadero vinieron a dormir a los Pazos el notario de Cebre, el se&ntilde;orito
+de Limioso, el cura de Bo&aacute;n, el de Naya, y un cazador furtivo, escopeta
+negra infalible, conocida en el pa&iacute;s por el alias de <i>Bico de rato</i>
+(hocico de rat&oacute;n), mote apropiad&iacute;simo a la color tiznada de su cara,
+donde giraban dos ojuelos vivarachos. Llen&oacute;se la casa de ruido, de
+tilinteo de cascabeles, de cadencia de u&ntilde;as de perros sobre los pisos de
+madera, de voces sonoras y de &oacute;rdenes para tener en punto al amanecer
+todos los arreos de caza. La cena fue regocijada y ruidosa: se brome&oacute;,
+se contaron de antemano las perdices que hab&iacute;an de sucumbir, se
+saborearon por adelantado las provisiones que se llevaban al monte, y se
+remoj&oacute; previamente el gaznate con jarros de un tinto a&ntilde;ejo que daba
+gloria. A la hora de los postres y del caf&eacute;, habi&eacute;ndose retirado Nucha,
+que por el ansia de su ni&ntilde;a se recog&iacute;a temprano, subieron de la cocina
+Primitivo y el rat&oacute;n, y los futuros compa&ntilde;eros de glorias y fatigas
+comenzaron a fraternizar fumando y trincando a competencia. Era el
+momento m&aacute;s sabroso, el verdadero instante de felicidad espiritual para
+un cazador de raza: era el minuto de las an&eacute;cdotas cineg&eacute;ticas y, sobre
+todo, de los embustes.</p>
+
+<p>Para &eacute;stos se establec&iacute;a turno pac&iacute;fico, pues nadie renunciaba a soltar
+su correspondiente bola, y crec&iacute;an en magnitud conforme se enredaba la
+pl&aacute;tica. Formaban c&iacute;rculo los cazadores, y a sus pies dorm&iacute;an enroscados
+los perros, con un ojo cerrado y otro entreabierto y de p&aacute;rpado
+convulso; a veces, cuando se aplacaban las risotadas y las frases
+chistosas, se o&iacute;a a los canes <i>tocar la guitarra</i>, espulgarse a toda
+orquesta, ladrar por sue&ntilde;os, sacudir las orejas y suspirar con
+resignaci&oacute;n. Nadie les hac&iacute;a caso.</p>
+
+<p>El hocico de rat&oacute;n tiene la palabra:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pueda que no me lo crean y es tan cierto como que habemos de morir y
+la tierra nos ha de comer! Para m&aacute;s verd&aacute; fue un d&iacute;a de San Silvestre....</p>
+
+<p>&mdash;Andar&iacute;an las brujas sueltas&mdash;interrumpi&oacute; el cura de Bo&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Si eran <i>meigas</i> o era el <i>trasno</i>, yo no lo s&eacute;: pero lo mismo que
+habemos de dar cuenta a Dios nuestro Se&ntilde;or de nuestras <i>auciones</i>, me
+pas&oacute; lo que les voy a contar. Andaba yo tras de una perdiz agachadito,
+agachadito y el rat&oacute;n se agachaba en efecto, siguiendo su inveterada
+costumbre de representar cuanto hablaba, porque no llevaba perro ni
+dia&ntilde;o que lo valiese, y estaba, con perd&oacute;n de las barbas honradas que me
+escuchan, para montar a caballo de un vallado, cuando oigo &iexcl;tras tris,
+tras tras!, &iexcl;tipir&iacute;, tipir&aacute;!, el andar de una liebre; &iexcl;m&aacute;s lista
+ven&iacute;a... que las <i>zantellas</i>! Pues se&ntilde;or... <i>viro</i> la cabeza mismo
+as&iacute;..., &iexcl;con perd&oacute;n de las barbas!, con mi escopeta m&aacute;s agarrada que la
+Bula..., y de repente, &iexcl;pan!, me pasa una cosa del otro mundo por encima
+de la cabeza, y me caigo del vallado abajo....</p>
+
+<p>Explosi&oacute;n de preguntas, de risas, de protestas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una cosa del otro mundo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un &aacute;nima del Purgatorio?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero &eacute;l era persona o animal o qu&eacute; mil rayos era?</p>
+
+<p>&mdash;Abrir la puerta, que esta mentira no cabe en la habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;As&iacute; Dios me salve y me d&eacute; la gloria como es verdad!&mdash;clam&oacute; el hocico de
+rat&oacute;n, poniendo el semblante m&aacute;s compungido del mundo&mdash;. &iexcl;Era, con
+perd&oacute;n, la descarada de la liebre, que brinc&oacute; por <i>riba</i> de m&iacute; y me tir&oacute;
+patas arriba!</p>
+
+<p>La aclaraci&oacute;n produjo verdadero delirio. Don Eugenio, el abad de Naya,
+se abr&iacute;a literalmente de risa, apret&aacute;ndose las caderas con ambas manos,
+quej&aacute;ndose y derramando l&aacute;grimas; el marqu&eacute;s de Ulloa lanzaba carcajadas
+poderosas; hasta Primitivo modulaba una risa opaca y turbia. El bueno
+del rat&oacute;n no pod&iacute;a ya entreabrir los labios para hablar sin que la
+hilaridad se desatase. En toda reuni&oacute;n de cazadores (gente amiga de
+bromas pesadas) hay un buf&oacute;n, un juglar, un gracioso obligado, y este
+papel correspond&iacute;a de derecho a la escopeta negra, que se prestaba a
+desempe&ntilde;arlo de bon&iacute;sima gana. Acostumbrado a pasarse los d&iacute;as y las
+noches al sereno, en espera de la liebre, del conejo o de la perdiz;
+hecho a apretarse la cintura con una cuerda, a la manera de los
+salvajes, en las muchas ocasiones en que le faltaba un mendrugo de pan
+que roer, el m&iacute;sero ratoncillo era dichoso cuando le tocaba cazar con
+gente de pro, de la que se lleva al cazadero botas henchidas de lo
+a&ntilde;ejo, <i>lacones</i> cocidos y cigarros; ufan&aacute;base cuando le celebraban sus
+patra&ntilde;as: las narraba cada d&iacute;a con mayor seriedad, convicci&oacute;n y tono
+ingenuo, y a todas las chanzas respond&iacute;a invocando a Dios y a los santos
+de la corte celestial en apoyo de sus aseveraciones estramb&oacute;ticas.</p>
+
+<p>De pie, con las manos en los bolsillos del pantal&oacute;n, mapamundi de
+remiendos, y moviendo con risible rapidez nariz y boca, que ten&iacute;a de
+color de unto rancio, aguardaba a que le pidiesen alg&uacute;n nuevo episodio
+tan veros&iacute;mil como el de la liebre; pero ahora el turno le correspond&iacute;a
+a don Eugenio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Saben&mdash;dec&iacute;a medio llorando y salivando a&uacute;n de risa&mdash;un caso que pas&oacute;
+entre el can&oacute;nigo Castrelo y un se&ntilde;or muy chistoso, Ram&iacute;rez de Orense?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El can&oacute;nigo Castrelo!&mdash;exclamaron el cura de Bo&aacute;n y el marqu&eacute;s&mdash;. &iexcl;Qu&eacute;
+apunte! &iexcl;De &oacute;rdago! &Eacute;se las suelta... como la torre de la Catedral.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ver&aacute;n, ver&aacute;n c&oacute;mo encontr&oacute; con la horma de su zapato donde menos
+se lo pensaba. Era una noche en el Casino, y estaban jugando al
+tresillo. Castrelo se puso, como de costumbre, a espetar cuentos de
+caza..., &iexcl;mentira todos! Despu&eacute;s de que se hart&oacute;, quiso encajar uno
+descomunal y dijo as&iacute; muy serio: &laquo;Sabr&aacute;n ustedes que una ma&ntilde;ana sal&iacute; yo
+al monte, y entre unas matas o&iacute; as&iacute;... un ruido sospechoso. Me acerco
+muy despacito... el ruido segu&iacute;a, dale que tienes. Me acerco m&aacute;s..., y
+ya no me cabe duda de que hay all&iacute; escondida una pieza. Armo, apunto,
+disparo..., &iexcl;pum, pum! &iquest;Y qu&eacute; creer&aacute;n ustedes que mat&eacute;, se&ntilde;ores?&raquo;. Todo
+el mundo a nombrar animales diferentes: que lobo, que zorro, que jabal&iacute;,
+y hasta hubo quien nombr&oacute; a un oso.... Castrelo a decir que no con la
+cabeza..., hasta que por &uacute;ltimo salt&oacute;: &laquo;Pues ni zorro, ni lobo, ni
+jabal&iacute;.... Lo que mat&eacute; era.... &iexcl;un tigre de Bengala!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, don Eugenio.... &iexcl;No fastidiar!&mdash;gritaron un&aacute;nimemente los
+cazadores&mdash;. &iquest;Hab&iacute;a de atreverse Castrelo?... &iquest;C&oacute;mo no le deshicieron el
+morro de una bofetada all&iacute; mismo?</p>
+
+<p>Don Eugenio, no consiguiendo que le oyesen, hac&iacute;a con la mano se&ntilde;as de
+que faltaba lo mejor del cuento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Paciencia!&mdash;exclam&oacute; por fin&mdash;. Tengan paciencia, que no se acab&oacute;. Pues,
+se&ntilde;or, ya ustedes comprender&aacute;n que en el Casino se arm&oacute; una gresca.
+Empezaron a insultar a Castrelo y a tratarlo de mentiroso en su cara.
+S&oacute;lo el se&ntilde;or de Ram&iacute;rez estaba muy formal, y apaciguaba a los
+alborotadores. &laquo;No hay que asombrarse, no hay que asombrarse; yo les
+contar&eacute; a ustedes una cosa que me pas&oacute; a m&iacute; cazando, que es m&aacute;s rara
+todav&iacute;a que la del se&ntilde;or de Castrelo&raquo;. El can&oacute;nigo empieza a escamarse y
+la gente a atender. &laquo;Sabr&aacute;n ustedes que una ma&ntilde;ana sal&iacute; yo al monte, y,
+entre unas matas, o&iacute; as&iacute;... un ruido sospechoso. Me acerco muy
+despacito.... El ruido segu&iacute;a, dale que tienes. Me acerco m&aacute;s.... Ya no me
+cabe duda de que hay all&iacute; escondida una pieza. Armo..., apunto...,
+disparo.... &iexcl;Pum, pum!... &iquest;Y qu&eacute; creer&aacute; usted que mat&eacute;, se&ntilde;or can&oacute;nigo?&raquo;.
+&laquo;&iquest;C&oacute;mo demonios lo he de saber? Ser&iacute;a... un le&oacute;n&raquo;. &laquo;&iexcl;Ca!&raquo;. &laquo;Pues
+ser&iacute;a... un elefante&raquo;. &laquo;&iexcl;Caaa!&raquo;. &laquo;Ser&iacute;a... lo que usted guste, caramba&raquo;.
+&laquo;&iexcl;Una sota de bastos, se&ntilde;or de Castrelo! &iexcl;Era una sota de bastos!&raquo;.</p>
+
+<p>Minutos de no entenderse. El rat&oacute;n re&iacute;a con una especie de hipo agudo;
+el se&ntilde;orito de Limioso, ronca y gravemente; el cura de Bo&aacute;n, no sabiendo
+c&oacute;mo desahogar el regocijo, pateaba en el suelo y abofeteaba a la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ey!&mdash;grit&oacute; don Eugenio&mdash;. <i>Bico-de-rato</i>, &iquest;no te has tropezado t&uacute; nunca
+con ning&uacute;n tigre? Echa un vasito y cu&eacute;ntanos si te encontraste alguno
+por ah&iacute;, <i>hom</i>.</p>
+
+<p>Atiz&oacute;se el rat&oacute;n su medio cuartillo; brill&aacute;ronle los ojuelos, limpi&oacute; el
+labio con la bocamanga de la mugrienta chaqueta, y declar&oacute; con acento
+sincero y candoroso:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es <i>trigues</i>..., por estos montes no debe de los haber, que si
+no, ya los tendr&iacute;a matados; pero les dir&eacute; lo que me pas&oacute; un d&iacute;a de la
+Virgen de Agosto....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A las tres y diez minutos de la tarde?&mdash;pregunt&oacute; don Eugenio.</p>
+
+<p>&mdash;No..., hab&iacute;an de ser las once de la ma&ntilde;ana, y puede que a&uacute;n no las
+fuesen. &iexcl;Pero cr&eacute;anme, como que esa luz nos est&aacute; alumbrando! Ven&iacute;a yo de
+tirar a las t&oacute;rtolas en un sembrado, y me encontr&eacute; a la chiquilla del
+t&iacute;o Pepe de Naya, que tra&iacute;a la vaca mismo cogida as&iacute; y hac&iacute;a adem&aacute;n de
+arrollarse una cuerda a la mu&ntilde;eca. &laquo;Buenos d&iacute;as&raquo;. &laquo;Santos y buenos&raquo;.
+&laquo;&iquest;Me da las <i>rulas</i>?&raquo;. &laquo;&iquest;Y qu&eacute; me das por ellas, rapaza?&raquo;. &laquo;No tengo un
+<i>ichavo</i> triste&raquo;. &laquo;Pues d&eacute;jame mamar de la vaqui&ntilde;a, que rabio de sed&raquo;.
+&laquo;Mame luego, pero no lo chupe todo&raquo;. Me arrodillo as&iacute; el rat&oacute;n medio se
+hinc&oacute; de hinojos ante el abad de Naya, y orde&ntilde;ando en la palma de la
+mano, con perd&oacute;n, zampo la leche. &iexcl;Qu&eacute; fresca! &laquo;Vaya, rapaza.... &iexcl;San
+Ant&oacute;n te guarde la vaca!&raquo;. Ando, ando, ando, ando, y al cuarto de legua
+de all&iacute; me entra un sue&ntilde;o por todo el cuerpo..., como que me voy
+quedando tonto. &iexcl;A escotar! Me meto por el monte arriba, y llegando a
+donde hay unos tojos m&aacute;s altos que un cristiano, me tumbo as&iacute; (con
+perd&oacute;n) y saco el sombrero, y lo dejo de esta manera (reparen bien)
+sobre la yerba. Sue&ntilde;o fue, que hasta de all&iacute; a hora y media no volv&iacute; en
+mi acuerdo. Voy a apa&ntilde;ar mi sombrero para largar.... Lo mismo que todos
+nos habemos de morir y resucitar en la gloria del d&iacute;a del Juicio, me veo
+debajo una culebra m&aacute;s gorda que mi brazo <i>drecho</i>..., &iexcl;con perd&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no que el izquierdo?&mdash;interrumpi&oacute; don Eugenio picarescamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Much&iacute;simo m&aacute;s gorda!&mdash;continu&oacute; el rat&oacute;n imperturbable&mdash;, y toda rollada,
+rollada, rollada, que cab&iacute;a all&iacute; debajo..., &iexcl;y durmiendo como una santa
+de Dios!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero roncar, no roncaba?</p>
+
+<p>&mdash;La condenada acud&iacute;a al olor de la leche..., y vali&oacute; que le dio idea de
+esconderse en el chapeo..., que las intenciones bien se las conoc&iacute;....
+&iexcl;eran de met&eacute;rseme por la boca, con perd&oacute;n de las barbas honradas!</p>
+
+<p>Aunque se arm&oacute; gran algazara, la moder&oacute; alg&uacute;n tanto el cura de Bo&aacute;n
+recordando las diversas ocasiones en que se o&iacute;an contar casos an&aacute;logos:
+culebras que se encontraban en los establos mamando del pez&oacute;n de las
+vacas, otras que se deslizaban en la cuna de los ni&ntilde;os para beberles la
+leche en el est&oacute;mago....</p>
+
+<p>Asist&iacute;a Juli&aacute;n a la velada, entretenido y contento, porque la alegr&iacute;a y
+el humor de los cazadores le disipaba las ideas congojosas de algunos
+d&iacute;as atr&aacute;s, el miedo a la Sabia, a Primitivo, a los Pazos, los l&uacute;gubres
+presentimientos acrecentados por la comunicaci&oacute;n de los terrores
+nerviosos de Nucha. Don Eugenio, vi&eacute;ndole animado, le porfiaba para que
+fuese a hacerles una visita al cazadero; neg&aacute;base Juli&aacute;n, pretextando la
+necesidad de decir misa, de rezar las horas can&oacute;nicas: en realidad, era
+que no quer&iacute;a dejar enteramente sola a la se&ntilde;orita. Al cabo, tanto
+insisti&oacute; don Eugenio, que hubo de prometer, aplazando para el &uacute;ltimo
+d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No ha de haber nada de eso-exclam&oacute; el bullicioso p&aacute;rroco&mdash;. Ma&ntilde;ana por
+la ma&ntilde;anita nos lo llevamos con nosotros.... Se vuelve de all&aacute; pasado
+ma&ntilde;ana temprano.</p>
+
+<p>Toda resistencia hubiera sido in&uacute;til, y m&aacute;s en tal momento, cuando la
+jarana crec&iacute;a y el vino menguaba en los jarros. Juli&aacute;n sab&iacute;a que aquella
+gente maleante y retozona era capaz de llevarlo por fuerza, si se negaba
+a ir de grado.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXII" id="XXII"></a><a href="#capitulos">-XXII-</a></h2>
+
+
+<p>Tuvo, pues, que salir al romper el alba, dando diente con diente,
+caballero en la mansa pollinita, y siendo blanco de las bromas de los
+cazadores, porque iba vestido de modo asaz impropio para la ocasi&oacute;n, sin
+zamarra, ni polainas de cuero, ni sombrerazo, ni armas ofensivas o
+defensivas de ninguna especie. El d&iacute;a asomaba despejado y magn&iacute;fico: en
+las hierbas resplandec&iacute;an las cristalizaciones de la escarcha; la tierra
+se estremec&iacute;a de fr&iacute;o y humeaba levemente a la primera caricia del sol;
+el paso animado y gimn&aacute;stico de los cazadores resonaba militarmente
+sobre el terreno endurecido por la helada.</p>
+
+<p>Desde el cazadero, adonde llegaron a cosa de las nueve, desparram&aacute;ronse
+por el monte. Juli&aacute;n, no sabiendo qu&eacute; hacer de su persona, qued&oacute;se
+pegado a don Eugenio, y le vio realizar dos proezas cineg&eacute;ticas y meter
+en el morral dos pollitos de perdiz, tibios a&uacute;n de la reci&eacute;n arrancada
+vida. Es de advertir que don Eugenio no gozaba fama de diestro tirador,
+por lo cual, al reunirse los cazadores a mediod&iacute;a para comer en un
+repuesto encinar, el p&aacute;rroco de Naya invoc&oacute; el testimonio de Juli&aacute;n para
+que asegurase que se las hab&iacute;a visto tirar al vuelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es tirar al vuelo, don Juli&aacute;n?&mdash;le preguntaron todos.</p>
+
+<p>Como el capell&aacute;n se qued&oacute; parado al hacerle tan insidiosa pregunta,
+ocurri&oacute;seles a los cazadores que ser&iacute;a cosa muy divertida darle a Juli&aacute;n
+una escopeta y un perro y que intentase cazar algo. Quieras que no
+quieras, fue preciso conformarse. Se le destin&oacute; el <i>Chonito</i>, perdiguero
+infatigable, recastado, de hocico partido, el m&aacute;s ardiente y seguro de
+cuantos canes iban all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;En cuanto vea que el perro se para&mdash;explic&aacute;bale don Eugenio al novel
+cazador, que apenas sab&iacute;a por d&oacute;nde coger el arma mort&iacute;fera&mdash;, se prepara
+usted y le anima para que entre..., y al salir las perdices, les apunta
+y hace fuego cuando se tiendan.... Si es la cosa m&aacute;s f&aacute;cil del mundo....</p>
+
+<p>Chonito caminaba con la nariz pegada al suelo, sus ijares se estremec&iacute;an
+de impaciencia, de cuando en cuando se volv&iacute;a para cerciorarse de que le
+acompa&ntilde;aba el cazador. De pronto tom&oacute; el trote hacia un matorral de
+u[r]ces, y repentinamente se qued&oacute; parado, en actitud escultural, tenso
+e inm&oacute;vil como si lo hubiesen fundido en bronce para colocar en un
+z&oacute;calo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahora!&mdash;exclam&oacute; el de Naya&mdash;. Eh, Juli&aacute;n, m&aacute;ndele que entre....</p>
+
+<p>&mdash;Entra, Chonito, entra&mdash;murmur&oacute; l&aacute;nguidamente el capell&aacute;n.</p>
+
+<p>El perro, sorprendido por el tono suave de la orden, vacil&oacute;; por fin se
+lanz&oacute; entre las urces, y al punto mismo se oy&oacute; un revoloteo, y el bando
+sali&oacute; en todas direcciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahora, condenado, ahora! &iexcl;Ese tiro!&mdash;grit&oacute; don Eugenio.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n apret&oacute; el gatillo.... Las aves volaron raudamente y se perdieron
+de vista en un segundo. Chonito, confuso, miraba al que hab&iacute;a disparado,
+a la escopeta y al suelo: el hidalgo animal parec&iacute;a preguntar con los
+ojos d&oacute;nde se encontraba la perdiz herida, para portarla.</p>
+
+<p>Media hora despu&eacute;s se repiti&oacute; la escena, y el desenga&ntilde;o de Chonito. Ni
+fue el &uacute;ltimo, porque m&aacute;s adelante, en un sembrado, a&uacute;n levant&oacute; el can
+un bando tan numeroso, tan pr&oacute;ximo, y que sal&iacute;a tan a tiro, que era casi
+imposible no <i>tumbar</i> dos o tres perdices disparando a bulto. Otra vez
+hizo fuego Juli&aacute;n. El perdiguero ladraba de entusiasmo y de gozo.... Mas
+ninguna perdiz cay&oacute;. Entonces Chonito, clavando en el capell&aacute;n una
+mirada casi humana, llena de desprecio, volvi&oacute; grupas y se alej&oacute;
+corriendo a todo correr, sin dignarse o&iacute;r las imperativas voces con que
+lo llamaban....</p>
+
+<p>No hay c&oacute;mo encarecer lo que se celebr&oacute; este rasgo de inteligencia a la
+hora de la cena. Se hizo chacota de Juli&aacute;n, y, en penitencia de su
+torpeza, se le conden&oacute; a asistir inmediatamente, cansado y todo, a la
+espera de las liebres.</p>
+
+<p>La luna de aquella noche de diciembre semejaba disco de plata bru&ntilde;ida
+colgado de una c&uacute;pula de cristal azul oscuro; el cielo se ensanchaba y
+se elevaba por virtud de la serenidad y transparencia casi boreales de
+la atm&oacute;sfera.</p>
+
+<p>Ca&iacute;a helada, y en el aire parec&iacute;a que se cruzaban millares de fin&iacute;simas
+agujas, que apretaban las carnes y reconcentraban el calor vital en el
+coraz&oacute;n. Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y
+tupido pelo, era noche de fest&iacute;n, noche de pacer los tiernos reto&ntilde;os de
+los pinos, la fresca hierba impregnada de roc&iacute;o, las arom&aacute;ticas plantas
+de la selva; y noche tambi&eacute;n de amor, noche de seguir a la t&iacute;mida
+doncella de luengas orejas y breve rabo, sorprenderla, conmoverla y
+arrastrarla a las sombr&iacute;as profundidades del pinar....</p>
+
+<p>Tras de los pinos y matorrales se emboscaban en noches as&iacute; los
+cazadores. Tendidos boca abajo, cubierto con un papel el ca&ntilde;&oacute;n de la
+carabina a fin de que el olor de la p&oacute;lvora no llegue a los finos
+&oacute;rganos olfativos de la liebre, aplican el o&iacute;do al suelo, y as&iacute; se pasan
+a veces horas enteras. Sobre el piso endurecido por el hielo resuena
+claramente el trotecillo irregular de la caza; entonces el cazador se
+estremece, se endereza, afianza en tierra la rodilla, apoya la escopeta
+en el hombro derecho, inclina el rostro y palpa nerviosamente el gatillo
+antes de apretarlo. A la claridad lunar divisa por fin un monstruo de
+fant&aacute;stico aspecto, pegando brincos prodigiosos, apareciendo y
+desapareciendo como una visi&oacute;n: la alternativa de la oscuridad de los
+&aacute;rboles y de los rayos espectrales y oblicuos de la luna hace parecer
+enorme a la inofensiva liebre, agiganta sus orejas, presta a sus saltos
+algo de funambulesco y temeroso, a sus r&aacute;pidos movimientos una velocidad
+que deslumbra. Pero el cazador, con el dedo ya en el gatillo, se
+contiene y no dispara. Sabe que el fantasma que acaba de cruzar al
+alcance de sus perdigones es la hembra, la Dulcinea perseguida y
+recuestada por innumerables galanes en la &eacute;poca del celo, a quien el
+pudor obliga a ocultarse de d&iacute;a en su gazapera, que sale de noche,
+hambrienta y cansada, a descabezar cogollos de pino, y tras de la cual,
+desalados y hechos alm&iacute;bar, corren por lo menos tres o cuatro machos,
+deseosos de rom&aacute;nticas aventuras. Y si se deja pasar delante a la dama,
+ninguno de los nocturnos rondadores se detendr&aacute; en su carrera loca,
+aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el
+camino su ensangrentado cad&aacute;ver, aunque el tufo de la p&oacute;lvora le diga:
+&laquo;&iexcl;Al final de tu idilio est&aacute; la muerte!&raquo;.</p>
+
+<p>No, no se parar&aacute;n. Acaso el instinto de cobard&iacute;a propio de su raza les
+mover&aacute; a agazaparse breves minutos detr&aacute;s de un arbusto o de una pe&ntilde;a;
+pero al primer imperceptible efluvio amoroso que les traiga la cortante
+brisa; al primer h&aacute;lito de la hembra que se destaque del olor de la
+resina exhalado por los pinares, los fogosos perseguidores se lanzar&aacute;n
+de nuevo y con m&aacute;s br&iacute;o, ciegos de amor, convulsos de deseo, y el
+cazador que los acecha los ir&aacute; tendiendo uno por uno a sus pies, sobre
+la hierba en que so&ntilde;aron tener lecho nupcial.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a><a href="#capitulos">-XXIII-</a></h2>
+
+
+<p>En el coraz&oacute;n de la tierna heredera de los Ulloas ten&iacute;a el capell&aacute;n,
+desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo, un rival completamente feliz y victorioso:
+Perucho.</p>
+
+<p>Le bast&oacute; presentarse para triunfar. Entr&oacute; un d&iacute;a en la punta de los
+pies, y sin ser sentido fue arrim&aacute;ndose a la cuna. Nucha le ofrec&iacute;a de
+vez en cuando golosinas y calderilla, y el rapaz, como suele suceder a
+las fieras domesticadas, contrajo excesiva familiaridad y apego, y
+costaba trabajo echarle de all&iacute;, encontr&aacute;ndosele por todas partes, donde
+menos se pensaba, a manera de gatito peque&ntilde;o viciado en el mimo y la
+compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>Much&iacute;simo le llam&oacute; la atenci&oacute;n la chiquitina al pronto. Ni los pollos
+nuevos cuando romp&iacute;an el cascar&oacute;n, ni los cachorros de la Linda, ni los
+recentales de la vaca, consiguieron nunca fijar as&iacute; las miradas at&oacute;nitas
+de Perucho. No pod&iacute;a &eacute;l darse cuenta de c&oacute;mo ni por d&oacute;nde hab&iacute;a venido
+tan gran novedad; sobre este tema, se perd&iacute;a en reflexiones. Rondaba la
+cuna incesantemente, poni&eacute;ndose en riesgo notorio de recibir alg&uacute;n
+pescoz&oacute;n del ama, y, como no le expulsasen, se estaba buena pieza con el
+dedito en la boca, absorto y embelesado, m&aacute;s parecido que nunca a los
+amorcillos de los jardines que dicen con su actitud: &laquo;Silencio&raquo;. Jam&aacute;s
+se le hab&iacute;a visto quieto tantas horas seguidas. As&iacute; que la ni&ntilde;a empez&oacute; a
+tener asomos de conciencia de la vida exterior, dio claras muestras de
+que si ella le interesaba a Perucho, no le importaba menos Perucho a
+ella. Ambos personajes reconocieron en seguida su mutua importancia, y a
+este reconocimiento siguieron evidentes se&ntilde;ales de concordia y regocijo.
+Apenas ve&iacute;a la chiquilla a Perucho, brillaban sus ojuelos, y de su boca
+entreabierta sal&iacute;a, unido a la cristalina y caliente baba de la
+dentici&oacute;n, un amoros&iacute;simo gorjeo. Tend&iacute;a ansiosamente las manos, y
+Perucho, comprendiendo la orden, acercaba la cabeza cerrando los
+p&aacute;rpados; entonces la peque&ntilde;a saciaba su anhelo, tirando a su sabor del
+pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz,
+todo acompa&ntilde;ado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegr&iacute;a
+cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.</p>
+
+<p>Pasados los dos o tres primeros meses de lactancia, el genio de los
+ni&ntilde;os se agria, y sus llantos y rabietas son frecuentes, porque empiezan
+los fen&oacute;menos precursores de la dentici&oacute;n a molestarles. Cuando tal
+suced&iacute;a a su ni&ntilde;a, Nucha sol&iacute;a emplear con buen resultado el talism&aacute;n de
+la presencia de Perucho. Un d&iacute;a que el berrench&iacute;n no cesaba, fue preciso
+acudir a expedientes m&aacute;s heroicos: sentar a Perucho en una silleta baja
+y ponerle en brazos a la chiquitina. &Eacute;l se estaba quieto, inm&oacute;vil, con
+los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban
+ganas de com&eacute;rselo. La chiquita, sin transici&oacute;n, hab&iacute;a pasado de la
+furia a la bonanza, y re&iacute;a abriendo un palmo de desdentada boca; re&iacute;a
+con los labios, con el mirar, con los pies bailarines, que descargaban
+pataditas menudas en el muslo de Perucho. No se atrev&iacute;a el rapaz ni a
+volver la cabeza, de puro encantado.</p>
+
+<p>A medida que la chiquilla atend&iacute;a m&aacute;s, Perucho se ingeniaba en traerle
+juguetes inventados por &eacute;l, que la divert&iacute;an infinito. No se sabe lo que
+aquel galop&iacute;n discurr&iacute;a para encontrar a cada paso cosas nuevas, ya
+fuesen flores, ya pajaritos vivos, ya ballestas de ca&ntilde;a, ya todo g&eacute;nero
+de porquer&iacute;as, que era lo que m&aacute;s entusiasmaba a la peque&ntilde;a.
+Present&aacute;base a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en
+grotescas contorsiones, o llegaba ufan&iacute;simo con un rat&oacute;n acabadito de
+nacer, tan chico y asustado, que daba l&aacute;stima. Ten&iacute;a aquel cachidiablo
+la especialidad de los juguetes animados. En su <i>pucho</i> roto y
+agujereado almacenaba lagartijas, mariposas y <i>mariquitas de Dios</i>; en
+sus bolsillos y seno, nidos, frutos y gusanos. La se&ntilde;orita le tiraba
+bondadosamente de las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;Como vuelvas a traer aqu&iacute; tales ascos..., ver&aacute;s, ver&aacute;s. Te he de colgar
+de la chimenea como a los chorizos, para que te ah&uacute;mes.</p>
+
+<p>Juli&aacute;n transig&iacute;a con estas intimidades, mientras no sorprendi&oacute; el
+secreto de otras harto menos inocentes. Desde que madrugando hab&iacute;a visto
+a Sabel salir del cuarto de don Pedro, d&aacute;bale un vuelco la sangre cada
+vez que tropezaba al chiquillo y notaba el afecto con que lo trataba
+Nucha a veces.</p>
+
+<p>Cierto d&iacute;a entr&oacute; el capell&aacute;n en la habitaci&oacute;n de la se&ntilde;orita y encontr&oacute;
+un inesperado espect&aacute;culo. En el centro de la c&aacute;mara humeaba un colosal
+barre&ntilde;&oacute;n de loza, lleno de agua templada, y estrechamente abrazados y en
+cueros, el chiquillo sosteniendo en brazos a la ni&ntilde;a, estaban Perucho y
+la heredera de Ulloa en el ba&ntilde;o. Nucha, en cuclillas, vigilaba el grupo.</p>
+
+<p>&mdash;No hubo otro medio de reducirla a ba&ntilde;arse&mdash;exclam&oacute; al advertir la
+admiraci&oacute;n de Juli&aacute;n&mdash;; y como don M&aacute;ximo dice que el ba&ntilde;o le conviene....</p>
+
+<p>&mdash;No me pasmo yo de ella&mdash;respondi&oacute; el capell&aacute;n&mdash;, sino de &eacute;l, que le teme
+m&aacute;s al agua que al fuego.</p>
+
+<p>&mdash;A trueque de estar con la nena&mdash;replic&oacute; Nucha&mdash;, se deja &eacute;l ba&ntilde;ar aunque
+sea en pez hirviendo. Ah&iacute; los tiene usted en sus glorias. &iquest;No parecen un
+par de hermanitos?</p>
+
+<p>Al pronunciar sin intenci&oacute;n la frase, Nucha, desde el suelo, alzaba la
+mirada hacia Juli&aacute;n. La descomposici&oacute;n de la cara de &eacute;ste fue tan
+instant&aacute;nea, tan reveladora, tan elocuente, tan profunda, que la se&ntilde;ora
+de Moscoso, apoy&aacute;ndose en una mano, se irgui&oacute; de pronto, qued&aacute;ndose en
+pie frente a &eacute;l. En aquel rostro consumido por la larga enfermedad, y
+bajo cuya piel fina se trasluc&iacute;a la ramificaci&oacute;n venosa; en aquellos
+ojos vagos, de ancha pupila y c&oacute;rnea h&uacute;meda, cercados de azulada ojera,
+vio Juli&aacute;n encenderse y fulgurar tras las negras pesta&ntilde;as una luz
+horrible, donde ard&iacute;an la certeza, el asombro y el espanto. Call&oacute;. No
+tuvo &aacute;nimos para pronunciar una sola frase, ni disimulo para componer
+sus facciones alteradas.</p>
+
+<p>La ni&ntilde;a, en el tibio bienestar del ba&ntilde;o, sonre&iacute;a, y Perucho,
+sosteni&eacute;ndola por los sobacos, habl&aacute;ndola con tierna algarab&iacute;a de
+diminutivos cari&ntilde;osos, la columpiaba en el l&iacute;quido transparente, le
+abr&iacute;a los muslos para que recibiese en todas partes la frescura del
+agua, imitando con religioso esmero lo que hab&iacute;a visto practicar a
+Nucha. Ocurr&iacute;a la escena en un sal&oacute;n de los m&aacute;s chicos de la casa,
+dividido en dos por descomunal y maltratad&iacute;simo biombo del siglo pasado,
+pintado harto fant&aacute;sticamente con paisajes inveros&iacute;miles: &aacute;rboles
+picudos en fila que parec&iacute;an lechugas, monta&ntilde;as semejantes a quesos de
+San Sim&oacute;n, nubarrones de hechura de panecillos, y casas con techo
+colorado, dos ventanas y una puerta, siempre de frente al espectador.
+Ocultaba el biombo la cama de Nucha, de copete dorado y columnas
+salom&oacute;nicas, y la cunita de la ni&ntilde;a. Inm&oacute;vil por espacio de algunos
+segundos, la se&ntilde;orita recobr&oacute; de improviso la acci&oacute;n. Se inclin&oacute; hacia
+el barre&ntilde;o y arranc&oacute; de golpe a su hija de brazos de Perucho.</p>
+
+<p>La criatura, sorprendida y asustada por el brusco movimiento,
+interrumpida en su diversi&oacute;n, rompi&oacute; en llanto desconsolado y repentino;
+y su madre, sin hacerle caso, entr&oacute; corriendo tras el biombo, la ech&oacute; en
+la cuna, y medio la arrop&oacute;, volviendo a salir inmediatamente. A&uacute;n
+permanec&iacute;a Perucho en el agua, asaz asombrado; la se&ntilde;orita le asi&oacute; de
+los hombros, del pelo, de todas partes, y empuj&aacute;ndole cruelmente,
+desnudo como estaba, le persigui&oacute; por el sal&oacute;n hasta expulsarle a
+empellones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Largo de aqu&iacute;!&mdash;dec&iacute;a m&aacute;s p&aacute;lida que nunca y con los ojos llameantes&mdash;.
+&iexcl;Que no te vea yo entrar!... Como vuelvas te azoto, &iquest;entiendes?, &iexcl;te
+azoto!</p>
+
+<p>Pas&oacute; tras el biombo otra vez, y Juli&aacute;n la sigui&oacute; aturdido, sin saber lo
+que le suced&iacute;a. Con la cabeza baja, los labios temblones, la se&ntilde;ora de
+Moscoso arreglaba, sin disimular el desatiento de las manos, los pa&ntilde;ales
+de su hija, cuyo llorar ten&iacute;a ya inflexiones de pena como de persona
+mayor.</p>
+
+<p>&mdash;Llame usted al ama&mdash;orden&oacute; secamente Nucha.</p>
+
+<p>Corri&oacute; Juli&aacute;n a obedecer. A la puerta del sal&oacute;n le cerraba el paso una
+cosa tendida en el suelo; alz&oacute; el pie; era Perucho, en cueros,
+acurrucado. No se le o&iacute;a el llanto: ve&iacute;ase &uacute;nicamente el brillo de los
+gruesos lagrimones, y el vaiv&eacute;n del acongojado pecho. Compadecido el
+capell&aacute;n, levant&oacute; a la criatura. Sus carnes, mojadas a&uacute;n, estaban
+amoratadas y yertas.</p>
+
+<p>&mdash;Ven por tu ropa&mdash;le dijo&mdash;. Ll&eacute;vala a tu madre para que te vista. Calla.</p>
+
+<p>Insensible como un espartano al mal f&iacute;sico, Perucho s&oacute;lo pensaba en la
+injusticia cometida con &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;No hac&iacute;a mal...&mdash;balbuci&oacute;, ahog&aacute;ndose&mdash;. No-ha-c&iacute;&mdash;a-mal...
+ningu... no....</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Juli&aacute;n con el ama, pero la criatura tard&oacute; bastante en consolarse
+al pecho. Pon&iacute;a la boquita en el pez&oacute;n, y de repente torc&iacute;a la cara,
+hac&iacute;a pucheros, iniciaba un llanto quejumbroso. Nucha, con andar
+autom&aacute;tico, sali&oacute; del retrete formado por el biombo y se acerc&oacute; a la
+ventana, haciendo se&ntilde;a a Juli&aacute;n de que la siguiese. Y, demudados ambos,
+se contemplaron algunos minutos silenciosamente, ella preguntando con
+imperiosa ojeada, &eacute;l resuelto ya a enga&ntilde;ar, a mentir. Hay problemas que
+s&oacute;lo lo son planteados a sangre fr&iacute;a; en momentos de apuro, los resuelve
+el instinto con seguridad maravillosa. Juli&aacute;n estaba determinado a
+faltar a la verdad sin escr&uacute;pulos.</p>
+
+<p>Al cabo Nucha pronunci&oacute; con sordo acento:</p>
+
+<p>&mdash;No crea que es la primera vez que se me ocurre que ese... chiquillo
+es... hijo de mi marido. Lo he pensado ya; s&oacute;lo que fue como un
+rel&aacute;mpago, de esas cosas que desecha uno apenas las concibe. Ahora ya...
+ya estamos en otro caso. S&oacute;lo con ver su cara de usted....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s!, &iexcl;se&ntilde;orita Marcelina! &iquest;Qu&eacute; tiene que ver mi cara?... No se
+acalore, le ruego que no se acalore.... &iexcl;Por fuerza esto es cosa del
+demonio! &iexcl;Jes&uacute;s mil veces!</p>
+
+<p>&mdash;No, no me acaloro-exclam&oacute; ella, respirando fuerte y pas&aacute;ndose por la
+frente la palma extendida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;V&aacute;lgame Dios! Se&ntilde;orita, a usted le va mal. Se le ha vuelto un color....
+Estoy viendo que le da el ataque. &iquest;Quiere la cucharadita?</p>
+
+<p>&mdash;No, no y no; esto no es nada: un poco de ahogo en la garganta. Esto
+lo... noto muchas veces; es como una bola que se me forma all&iacute;.... Al
+mismo tiempo parece que me barrenan la sien.... Al caso, al caso.
+Decl&aacute;reme usted lo que sabe. No calle nada.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita...&mdash;Juli&aacute;n resolvi&oacute; entonces, en su interior, apelar a eso que
+llaman subterfugio jesu&iacute;tico, y no es sino natural recurso de cuantos,
+detestando la mentira, se ven compelidos a temer la verdad&mdash;. Se&ntilde;orita....
+Reniego de mi cara. &iexcl;Lo que se le ha ido a ocurrir! Yo no pensaba en
+semejante cosa. No, se&ntilde;ora, no.</p>
+
+<p>La esposa hinc&oacute; m&aacute;s sus ojos en los del capell&aacute;n e hizo dos o tres
+interrogaciones concretas, terminantes. Aqu&iacute; del jesuitismo, mejor
+dicho, de la verdad cogida por donde no pincha ni corta.</p>
+
+<p>&mdash;Me puede creer; ya ve que no hab&iacute;a de tener gusto en decir una cosa por
+otra: no s&eacute; de qui&eacute;n es el chiquillo. Nadie lo sabe de cierto. Parece
+natural que sea del querido de la muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted est&aacute; seguro de que tiene... querido?</p>
+
+<p>&mdash;Como de que ahora es de d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de que el querido es un mozo aldeano?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;ora: un rapaz guapo por cierto; el que toca la gaita en las
+fiestas de Naya y en todas partes. Le he visto venir aqu&iacute; mil veces, el
+a&ntilde;o pasado, y... andaban juntos. Es m&aacute;s: me consta que trataban de sacar
+los papeles para casarse. S&iacute; se&ntilde;ora: me consta. Ya ve usted que....</p>
+
+<p>Nucha respir&oacute; de nuevo, llev&aacute;ndose la diestra a la garganta, que sin
+duda le oprim&iacute;a el consabido ahogo. Sus facciones se serenaron un tanto,
+sin recobrar su habitual compostura y apacibilidad encantadora:
+persist&iacute;a la arruga en el entrecejo, el extrav&iacute;o en el mirar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi ni&ntilde;a...&mdash;articul&oacute; en voz baja&mdash;, mi ni&ntilde;a abrazada con &eacute;l! Aunque
+usted diga y jure y perjure.... Juli&aacute;n, esto hay que remediarlo. &iquest;C&oacute;mo
+voy a vivir de esta manera? &iexcl;Ya me deb&iacute;a usted avisar antes! Si el
+chiquillo y la mujer no salen de aqu&iacute;, yo me volver&eacute; loca. Estoy
+enferma; estas cosas me hacen da&ntilde;o..., da&ntilde;o.</p>
+
+<p>Sonri&oacute; con amargura y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo poca suerte.... No he hecho mal a nadie, me he casado a gusto de
+pap&aacute;, y mire usted &iexcl;c&oacute;mo se me arreglan las cosas!</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita....</p>
+
+<p>&mdash;No me enga&ntilde;e usted tambi&eacute;n recalc&oacute; el <i>tambi&eacute;n</i>. Usted se ha criado en
+mi casa, Juli&aacute;n, y para m&iacute; es usted como de la familia. Aqu&iacute; no cuento
+con otro amigo. Acons&eacute;jeme.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita&mdash;exclam&oacute; el capell&aacute;n con fuego&mdash;, quisiera librarla de todos los
+disgustos que pueda tener en el mundo, aunque me costase sangre de las
+venas.</p>
+
+<p>&mdash;O esa mujer se casa y se va&mdash;pronunci&oacute; Nucha&mdash;, o....</p>
+
+<p>Interrumpi&oacute; aqu&iacute; la frase. Hay momentos cr&iacute;ticos en que la mente
+acaricia dos o tres soluciones violent&iacute;simas, extremas, y la lengua, m&aacute;s
+cobarde, no se atreve a formularlas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;orita Marcelina, no se mate as&iacute;&mdash;porfi&oacute; Juli&aacute;n&mdash;. Son
+figuraciones, se&ntilde;orita, figuraciones.</p>
+
+<p>Ella le tom&oacute; las manos entre las suyas, que ard&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;gale usted a mi marido que la eche, Juli&aacute;n. &iexcl;Por amor de Dios y su
+madre sant&iacute;sima!</p>
+
+<p>El contacto de aquellas palmas febriles, la s&uacute;plica, turbaron al
+capell&aacute;n de un modo inexplicable, y sin reflexionar exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tantas veces se lo he dicho!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ve usted!&mdash;repuso ella, sacudiendo la cabeza y cruzando las manos.</p>
+
+<p>Enmudecieron. En la campi&ntilde;a se o&iacute;a el ronco graznido de los cuervos;
+tras el biombo, la ni&ntilde;a lloriqueaba, inconsolable. Nucha se estremeci&oacute;
+dos o tres veces. Por &uacute;ltimo articul&oacute; dando con los nudillos en los
+vidrios de la ventana:</p>
+
+<p>&mdash;Entonces ser&eacute; yo....</p>
+
+<p>El capell&aacute;n murmur&oacute; como si rezase:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita.... Por Dios.... No se revuelva la cabeza.... D&eacute;jese de eso....</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Moscoso cerr&oacute; los ojos y apoy&oacute; la faz en los vidrios de la
+ventana. Procuraba contenerse: la energ&iacute;a y serenidad de su car&aacute;cter
+quer&iacute;an salir a flote en tan deshecha tempestad. Pero agitaba sus
+hombros un temblor, que delataba la tiran&iacute;a del sistema nervioso sobre
+su debilitado organismo. El temblor, por fin, fue disminuyendo y
+cesando.... Nucha se volvi&oacute;, con los ojos secos y los nervios domados ya.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a><a href="#capitulos">-XXIV-</a></h2>
+
+
+<p>Poco despu&eacute;s sufri&oacute; una metamorfosis el vivir entumecido y so&ntilde;oliento de
+los Pazos. Entr&oacute; all&iacute; cierta hechicera m&aacute;s poderosa que la se&ntilde;ora Mar&iacute;a
+la Sabia: la pol&iacute;tica, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y
+miserias que en las aldeas lo recibe. Por todas partes cubre el manto de
+la pol&iacute;tica intereses ego&iacute;stas y bastardos, apostas&iacute;as y vilezas; pero,
+al menos, en las capitales populosas, la superficie, el aspecto, y a
+veces los empe&ntilde;os de la lid, presentan car&aacute;cter de grandiosidad.
+Ennoblece la lucha la magnitud del palenque; asciende a ambici&oacute;n la
+codicia, y el fin material se sacrifica, en ocasiones, al fin ideal de
+la victoria por la victoria. En el campo, ni aun por hipocres&iacute;a o
+histrionismo se aparenta el menor prop&oacute;sito elevado y general. Las ideas
+no entran en juego, sino solamente las personas, y en el terreno m&aacute;s
+mezquino: rencores, odios, rencillas, lucro miserable, vanidad
+microbiol&oacute;gica. Un combate naval en una charca.</p>
+
+<p>Forzoso es reconocer, no obstante, que en la &eacute;poca de la revoluci&oacute;n, la
+exaltaci&oacute;n pol&iacute;tica, la fe en las teor&iacute;as llevada al fanatismo, lograba
+infiltrarse doquiera, saneando con r&aacute;fagas de hurac&aacute;n el mef&iacute;tico
+ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas. Viv&iacute;a entonces
+Espa&ntilde;a pendiente de una discusi&oacute;n de Cortes, de un grito que se daba
+aqu&iacute; o acull&aacute;, en los talleres de un arsenal o en los vericuetos de una
+monta&ntilde;a; y cada quince d&iacute;as o cada mes, se agitaban, se debat&iacute;an, se
+quer&iacute;an resolver definitivamente cuestiones hondas, problemas que el
+legislador, el estadista y el soci&oacute;logo necesitan madurar lentamente,
+meditar quiz&aacute;s a&ntilde;os enteros antes de descifrarlos, y que una multitud en
+revoluci&oacute;n decide en pocas horas, mediante una acalorada discusi&oacute;n
+parlamentaria, o una manifestaci&oacute;n clamorosa y callejera. Entre el
+almuerzo y la comida se reformaba, se innovaba una sociedad; fumando un
+cigarro se descubr&iacute;an nuevos principios, y en el fondo de la vor&aacute;gine
+batallaban las dos grandes soluciones de raza, ambas fuertes porque se
+apoyaban en <i>algo</i> secular, lentamente sazonado al calor de la historia:
+la monarqu&iacute;a absoluta y la constitucional, por entonces disfrazada de
+monarqu&iacute;a democr&aacute;tica.</p>
+
+<p>La conmoci&oacute;n del choque llegaba a todos lados, sin exceptuar las fieras
+monta&ntilde;as que cercaban a los Pazos de Ulloa. Tambi&eacute;n all&iacute; se
+politiqueaba. En las tabernas de Cebre, el d&iacute;a de la feria, se o&iacute;a
+hablar de libertad de cultos, de derechos individuales, de abolici&oacute;n de
+quintas, de federaci&oacute;n, de plebiscito-pronunciaci&oacute;n no garantizada, por
+supuesto&mdash;. Los curas, al terminar las funciones, entierros y misas
+solemnes, se demoraban en el atrio, discutiendo con calor algunos
+s&iacute;ntomas recientes y elocuent&iacute;simos, la primer salida de aquellos
+famosos <i>cuatro sacristanes</i>, y otras menudencias. El se&ntilde;orito de
+Limioso, tradicionalista inveterado, como su padre y abuelo, hab&iacute;a hecho
+dos o tres misteriosas excursiones hacia la parte del Mi&ntilde;o, cruzando la
+frontera de Portugal, y susurr&aacute;base que celebraba entrevistas en Tuy con
+ciertos p&aacute;jaros; afirm&aacute;base tambi&eacute;n que las se&ntilde;oritas de Molende estaban
+ocupad&iacute;simas construyendo cartucheras y no s&eacute; qu&eacute; m&aacute;s arreos b&eacute;licos, y
+a cada paso recib&iacute;an secretos avisos de que se iba a practicar un
+registro en su casa.</p>
+
+<p>Sin embargo, los entendidos y pr&aacute;cticos en la materia comprend&iacute;an que
+cualquier intentona a mano armada en territorio gallego se quedar&iacute;a en
+agua de cerrajas, y que por m&aacute;s rumores que corriesen acerca de
+armamentos y organizaci&oacute;n en Portugal, venidas de tropa, nombramientos
+de oficialidad, etc., la verdadera batalla que all&iacute; se librase no ser&iacute;a
+en los campos, sino en las urnas; no por eso m&aacute;s incruenta. Gobernaban a
+la saz&oacute;n el pa&iacute;s los dos formidables caciques, abogado el uno y
+secretario el otro del ayuntamiento de Cebre; esta villita y su regi&oacute;n
+comarcana temblaban bajo el poder de entrambos. Antagonistas perpetuos,
+su lucha, como la de los dictadores romanos, no deb&iacute;a terminarse sino
+con la p&eacute;rdida y muerte del uno. Escribir la cr&oacute;nica de sus haza&ntilde;as, de
+sus venganzas, de sus manejos, fuera cuento de nunca acabar. Para que
+nadie piense que sus proezas eran cosa de risa, importa advertir que
+algunas de las cruces que encontraba el viajante por los senderos, alg&uacute;n
+techo carbonizado, alg&uacute;n hombre sepultado en presidio para toda su vida,
+pod&iacute;an dar raz&oacute;n de tan encarnizado antagonismo.</p>
+
+<p>Conviene saber que ninguno de los dos adversarios ten&iacute;a ideas pol&iacute;ticas,
+d&aacute;ndoseles un bledo de cuanto entonces se debat&iacute;a en Espa&ntilde;a; mas, por
+necesidad estrat&eacute;gica, representaba y encarnaba cada cual una tendencia
+y un partido: Barbacana, moderado antes de la Revoluci&oacute;n, se declaraba
+ahora carlista; Trampeta, unionista bajo O'Donnell, avanzaba hacia el
+&uacute;ltimo conf&iacute;n del liberalismo vencedor.</p>
+
+<p>Barbacana era m&aacute;s grave, m&aacute;s autoritario, m&aacute;s obstinado e implacable en
+la venganza personal, m&aacute;s certero en asestar el golpe, m&aacute;s &aacute;vido e
+hip&oacute;crita, encubriendo mejor sus alevosas trazas para desmantecar al
+desventurado colono; era adem&aacute;s hombre que prefer&iacute;a servirse de medios
+legales y manejar el c&oacute;digo, diciendo que no hay tan seguro modo de
+acabar con un enemigo como empapelarlo: si no guarnec&iacute;an tantas cruces
+los caminos por culpa de Barbacana, las c&aacute;rceles hediondas del distrito
+anta&ntilde;o, y hoga&ntilde;o las murallas de Ceuta y Melilla, pod&iacute;an revelar hasta
+d&oacute;nde se extend&iacute;a su influencia. En cambio Trampeta, si justificando su
+apodo no desde&ntilde;aba los enredos jur&iacute;dicos, sol&iacute;a proceder con m&aacute;s
+precipitaci&oacute;n y violencia que Barbacana, asegurando la retirada menos
+h&aacute;bilmente; as&iacute; es que su adversario le tuvo varias veces cogido entre
+puertas, y por punto no le aniquil&oacute;. Trampeta pose&iacute;a en desquite gran
+fertilidad de ingenio, suma audacia, expedientes impensados con que
+salir de los m&aacute;s graves compromisos. Barbacana serv&iacute;a mejor para
+preparar desde su habitaci&oacute;n una emboscada, hurtando el cuerpo despu&eacute;s;
+Trampeta, para ejecutarla en persona y con fortuna. La comarca aborrec&iacute;a
+a entrambos, pero Barbacana inspiraba m&aacute;s terror por su genio sombr&iacute;o.
+En aquella ocasi&oacute;n Trampeta, encargado de representar las ideas
+dominantes y oficiales, se cre&iacute;a seguro de la impunidad, aunque quemase
+a medio Cebre y apalease, encausase y embargase al otro medio.
+Barbacana, con la superioridad de su inteligencia, y aun de su
+instrucci&oacute;n, comprend&iacute;a dos cosas: primera, que se hab&iacute;a arrimado a
+pared m&aacute;s s&oacute;lida, a gente que no desampara a sus amigos; segunda, que
+cuando se le antojase pasarse con armas y bagajes al campo opuesto,
+conseguir&iacute;a siempre hundir a Trampeta. Ya hab&iacute;a tirado sus l&iacute;neas para
+el caso pr&oacute;ximo de la elecci&oacute;n de diputados.</p>
+
+<p>Trampeta, con actividad vertiginosa, <i>hac&iacute;a la cama</i> al candidato del
+gobierno. Muy a menudo iba a la capital de provincia, a conferenciar con
+el gobernador. En tales ocasiones, el secretario, calculando que hombre
+prevenido vale por dos, ni olvidaba las pistolas, ni omit&iacute;a hacerse
+escoltar por sus seides m&aacute;s resueltos, pues no ignoraba que Barbacana
+ten&iacute;a a sus &oacute;rdenes mozos de pelo en pecho, verbigracia el temible
+Tuerto de Castrodorna. Cada viaje era una vi&ntilde;a para el bueno del
+secretario, y muy beneficioso para los suyos: poco a poco las hechuras
+de Barbacana iban cayendo, y estancos, alguacilatos, guardian&iacute;a de la
+c&aacute;rcel, peones camineros, toda la plantilla oficial de Cebre, quedando a
+gusto de Trampeta. S&oacute;lo no pudo meterle el diente al juez, protegido en
+altas regiones por un pariente de la se&ntilde;ora jueza, persona de viso.
+Obtuvo tambi&eacute;n que se hiciese la vista gorda en muchas cosas, que se
+cerrasen los ojos en otras, y que respecto a algunas sobreviniese
+ceguera total; y con esto y con las facultades latas de que se hallaba
+investido, declar&oacute;, puesta la mano en el pecho, que respond&iacute;a de la
+elecci&oacute;n de Cebre.</p>
+
+<p>Durante este periodo, Barbacana se hac&iacute;a el muerto, limit&aacute;ndose a apoyar
+d&eacute;bilmente, como por compromiso, al candidato propuesto por la Junta
+carlista orensana, y recomendado por el Arcipreste de Loiro y los curas
+m&aacute;s activos, como el de Bo&aacute;n, el de Naya, el de Ulloa. Bien se dejaba
+comprender que Barbacana no ten&iacute;a fe en el &eacute;xito. El candidato era una
+excelente persona de Orense, instruido, consecuent&iacute;simo tradicionalista,
+pero sin arraigo en el pa&iacute;s y con fama de poca malicia pol&iacute;tica. Sus
+mismos correligionarios no estaban a bien con &eacute;l, por conceptuarle m&aacute;s
+hombre de bufete que de acci&oacute;n e intriga.</p>
+
+<p>As&iacute; las cosas, empez&oacute; a notarse que Primitivo, el montero mayor de los
+Pazos, ven&iacute;a a Cebre muy a menudo; y como all&iacute; se repara todo, se
+observ&oacute; tambi&eacute;n que, adem&aacute;s de las acostumbradas estaciones en las
+tabernas, Primitivo se pasaba largas horas en casa de Barbacana. &Eacute;ste
+viv&iacute;a casi bloqueado en su domicilio, porque Trampeta, envalentonado con
+la embriaguez del poder, profer&iacute;a amenazas, asegurando que Barbacana
+recibir&iacute;a su pago en una <i>corredoira</i> (camino hondo). No obstante, el
+abogado se arriesg&oacute; a salir en compa&ntilde;&iacute;a de Primitivo, y vi&eacute;ronse ir y
+venir curas influyentes y caciques subalternos, muchos de los cuales
+fueron tambi&eacute;n a los Pazos: unos a comer, otros por la tarde. Y como no
+hay secreto bien guardado entre tres, y menos entre tres docenas, el
+pa&iacute;s y el gobierno supieron pronto la gran noticia: el candidato de la
+Junta se retiraba de buen grado, y en su lugar Barbacana apoyaba, con el
+nombre de independiente, a don Pedro Moscoso, conocido por marqu&eacute;s de
+Ulloa.</p>
+
+<p>Desde que se enter&oacute; del complot, Trampeta pareci&oacute; atacado del baile de
+San Vito. Menude&oacute; viajes a la capital: eran de o&iacute;r sus explicaciones y
+comentarios en el despacho del gobernador.</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo arma&mdash;dec&iacute;a &eacute;l&mdash;ese cerdo cebado del Arcipreste, unido al
+faccioso del cura de Bo&aacute;n e instigando al usurero del mayordomo de los
+Pazos, el cual a su vez mete en danza al malcriado del se&ntilde;orito, que
+est&aacute; enredado con su hija. &iexcl;Vaya un candidato!&mdash;exclamaba fren&eacute;tico&mdash;,
+&iexcl;vaya un candidato que los neos escogen! &iexcl;Siquiera el otro era persona
+honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez.</p>
+
+<p>Viendo el gobernador que el cacique perd&iacute;a absolutamente la sangre fr&iacute;a,
+comprendi&oacute; que el negocio andaba mal parado, y le pregunt&oacute; severamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No ha respondido usted de la elecci&oacute;n, con cualquier candidato que se
+presentase?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; se&ntilde;or, s&iacute; se&ntilde;or...&mdash;repuso apresuradamente Trampeta&mdash;. Sino que
+consid&eacute;rese: &iquest;qui&eacute;n contaba con semejante cosa del otro mundo?</p>
+
+<p>Atropell&aacute;ndose al hablar, de pura rabia y despecho, insisti&oacute; en que
+nadie imaginar&iacute;a que el marqu&eacute;s de Ulloa, un se&ntilde;orito que s&oacute;lo pensaba
+en cazar, se echase a pol&iacute;tico; que, a pesar de la gran influencia de la
+casa y de ejercer su nombre bastante prestigio entre los paisanos, la
+aristocracia monta&ntilde;esa y los curas, la tentativa importar&iacute;a un comino si
+no la hubiese tomado de su cuenta Barbacana y no le ayudase un poderoso
+cacique subalterno, que antes fluctuaba entre el partido de Barbacana y
+el de Trampeta, pero en esta ocasi&oacute;n se hab&iacute;a decidido, y era el mismo
+mayordomo de los Pazos, hombre resuelto y sutil como un zorro, que
+dispon&iacute;a de numerosos votos seguros, pues much&iacute;sima gente le deb&iacute;a
+cuartos que ten&iacute;a esquilmada la casa de Ulloa a cuyas expensas se
+enriquec&iacute;a con disimulo y que este solemne brib&oacute;n, al arrimo del gran
+encausador Barbacana, se alzar&iacute;a con el distrito, si no se llevaba el
+asunto a rajatabla y sin contemplaciones.</p>
+
+<p>Quien conozca poco o mucho el mecanismo electoral no dudar&aacute; que el
+gobernador hizo jugar el tel&eacute;grafo para que sin p&eacute;rdida de tiempo, y por
+m&aacute;s influencias que se atravesasen, fuese removido el juez de Cebre y
+las pocas hechuras de Barbacana que en el distrito restaban ya. Deseaba
+el gobernador triunfar en Cebre sin apelar a recursos extraordinarios y
+arbitrariedades de monta, pues sab&iacute;a que, si no era probable que jam&aacute;s
+se levantasen all&iacute; partidas, en cambio la sangre humana manchaba a
+menudo mesas y urnas electorales; pero la nueva combinaci&oacute;n le obligaba
+a no reparar en medios y conferir al insigne Trampeta poderes
+ilimitados....</p>
+
+<p>Mientras el secretario se preven&iacute;a, el abogado no se dorm&iacute;a en las
+pajas. La aceptaci&oacute;n del se&ntilde;orito, al pronto, le hab&iacute;a vuelto loco de
+contento. No ten&iacute;a don Pedro ideas pol&iacute;ticas, aun cuando se inclinaba al
+absolutismo, creyendo inocentemente que con &eacute;l vendr&iacute;a el
+restablecimiento de cosas que lisonjeaban su orgullo de raza, como por
+ejemplo, los v&iacute;nculos y mayorazgos; fuera de esto, inclin&aacute;base al
+escepticismo indiferente de los labriegos, y era incapaz de so&ntilde;ar, como
+el caballeresco hidalgo de Limioso, en la quijotada de entrar por la
+frontera del Mi&ntilde;o a la cabeza de doscientos hombres. Mas a falta de
+pasi&oacute;n pol&iacute;tica, le impuls&oacute; a aceptar la diputaci&oacute;n su vanidad. &Eacute;l era
+la primera persona del pa&iacute;s, la m&aacute;s importante, la de origen m&aacute;s
+ilustre: su familia, desde tiempo inmemorial, figuraba al frente de la
+nobleza comarcana; en esto hizo hincapi&eacute; el Arcipreste de Loiro para
+convencerle de que le correspond&iacute;a la representaci&oacute;n del distrito.
+Primitivo no desarroll&oacute; mucha elocuencia para apoyar la demostraci&oacute;n del
+Arcipreste: limit&oacute;se a decir, empleando un expresivo plural y cerrando
+el pu&ntilde;o:</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos al pa&iacute;s as&iacute;.</p>
+
+<p>Desde que corri&oacute; la noticia comenz&oacute; el se&ntilde;orito a sentirse halagado por
+la especie de pleito-homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de
+personas, todo el se&ntilde;or&iacute;o de los contornos, el clero casi un&aacute;nime, y los
+muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo.
+A don Pedro se le ensanchaba el pulm&oacute;n. Bien entend&iacute;a que Primitivo
+estaba entre bastidores; pero al fin y al cabo, el incensado era &eacute;l.
+Mostr&oacute; aquellos d&iacute;as gran cordialidad y humor excelente y campechano.
+Hizo caricias a su hija y orden&oacute; se le pusiese un traje nuevo, con
+bordados, para que la viesen as&iacute; las se&ntilde;oritas de Molende, que se
+propon&iacute;an no contribuir con menos de cien votos al triunfo del
+representante de la aristocracia monta&ntilde;esa. &Eacute;l tambi&eacute;n&mdash;porque los
+candidatos noveles tienen su &eacute;poca de cortejos en que rondan la
+diputaci&oacute;n como se ronda a las muchachas, y se afeitan con esmero y
+tratan de lucir sus prendas f&iacute;sicas&mdash;cuid&oacute; algo m&aacute;s de su persona,
+lamentablemente desatendida desde el regreso a los Pazos, y como estaba
+entonces en el apogeo de su belleza, m&aacute;s bien masculina que varonil, las
+mu&ntilde;idoras electorales se ufanaban de enviar tan guapo mozo al Congreso.
+Por entonces, la pasi&oacute;n pol&iacute;tica sacaba partido hasta de la estatura,
+del color del pelo, de la edad.</p>
+
+<p>Desde que empez&oacute; a hervir la olla, hubo en los Pazos mesa franca: se
+ve&iacute;a correr a Filomena y a Sabel por los salones adelante, llevando y
+trayendo bandejas con tostado jerez y bizcochos; o&iacute;ase el retint&iacute;n de
+las cucharillas en las tazas de caf&eacute; y el choque de los vasos. Abajo, en
+la cocina, Primitivo obsequiaba a sus gentes con vino del Borde y
+tarterones de bacalao, grandes fuentes de berzas y cerdo. A menudo se
+juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discut&iacute;a, y se
+re&iacute;a y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a
+azadonazos&mdash;porque no cabe nombrar el escalpelo&mdash;a Trampeta y a los de su
+bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso
+detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del
+secretario de Cebre.</p>
+
+<p>&mdash;De esta vez&mdash;dec&iacute;a el cura de Bo&aacute;n, viejo terne y firme, que echaba
+fuego por los ojos y gozaba fama del mejor cazador del distrito despu&eacute;s
+de Primitivo&mdash;, de esta vez los fastidiamos, &iexcl;<i>quoniam</i>!</p>
+
+<p>Nucha no asist&iacute;a a las sesiones del comit&eacute;. Se presentaba &uacute;nicamente
+cuando las visitas eran tales que lo requer&iacute;an; atend&iacute;a a suministrar
+las cosas indispensables para el perenne fest&iacute;n, pero hu&iacute;a de &eacute;l.
+Tampoco Juli&aacute;n bajaba sino rara vez a las asambleas, y en ellas apenas
+descos&iacute;a los labios, mereciendo por esto que el cura de Ulloa se
+ratificase en su opini&oacute;n de que los capellanes atildados no sirven para
+nada de provecho. No obstante, apenas averigu&oacute; el comit&eacute; que Juli&aacute;n
+ten&iacute;a bonita letra cursiva, y ortograf&iacute;a asaz correcta, se ech&oacute; mano de
+&eacute;l para misivas de compromiso. Adem&aacute;s, le cay&oacute; otra ocupaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Sucedi&oacute; que el Arcipreste de Loiro, que hab&iacute;a conocido y tratado mucho a
+la se&ntilde;ora do&ntilde;a Micaela, madre de don Pedro, quiso ver otra vez toda la
+casa, y tambi&eacute;n la capilla, donde algunas veces hab&iacute;a dicho misa en vida
+de la difunta, que est&eacute; en gloria. Don Pedro se la mostr&oacute; de mala gana,
+y el Arcipreste se escandaliz&oacute; al entrar. Estaba la capilla casi a
+tejavana: la lluvia corr&iacute;a por el retablo abajo; las vestiduras de las
+im&aacute;genes parec&iacute;an harapos; todo respiraba el mayor abandono, el fr&iacute;o y
+tristeza especial de las iglesias descuidadas. Juli&aacute;n ya se encontraba
+cansado de soltar indirectas al marqu&eacute;s sobre el estado lastimoso de la
+capilla, sin obtener resultado alguno; mas el asombro y las
+lamentaciones del Arcipreste ara&ntilde;aron en la vanidad del se&ntilde;or de Ulloa,
+y consider&oacute; que ser&iacute;a de buen efecto, en momentos tales, lavarle la
+cara, repararla un poco. Se retej&oacute; con bastante celeridad, y con la
+misma un pintor, pedido a Orense, pint&oacute; y dor&oacute; el retablo y los altares
+laterales, de suerte que la capilla parec&iacute;a otra, y don Pedro la
+ense&ntilde;aba con orgullo a los curas, a los se&ntilde;oritos, a la caciquer&iacute;a
+barbacanesca. S&oacute;lo faltaba ya trajear decentemente a los santos y
+recoser ornatos y mantelillos. De esta faena se encarg&oacute; Nucha, bajo la
+direcci&oacute;n de Juli&aacute;n. Con tal motivo, refugiados en la capilla solitaria,
+no llegaba hasta ellos el barullo del club electoral. Entre el capell&aacute;n
+y la se&ntilde;orita desnudaban a San Pedro, peinaban los rizos de la Pur&iacute;sima,
+ribeteaban el sayal de San Ant&oacute;n, fregoteaban la aureola del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s.
+Hasta la boeta de las &aacute;nimas del Purgatorio fue cuidadosamente lavada y
+barnizada de nuevo, y las &aacute;nimas en pelota, larguiruchas, acongojadas,
+rodeadas de llamas de almazarr&oacute;n, salieron a luz en toda su edificante
+fealdad. Era semejante ocupaci&oacute;n dulc&iacute;sima para Juli&aacute;n: corr&iacute;an las
+horas sin sentir en el callado recinto, que ol&iacute;a a pintura fresca y a
+espada&ntilde;a tra&iacute;da por Nucha para adornar los altares; mientras armaba en
+un tallo de alambre una hoja de papel plateado o pasaba un pa&ntilde;o h&uacute;medo
+por el vidrio de una urna, no necesitaba hablar: satisfacci&oacute;n interior y
+apacible le llenaba el alma. A veces Nucha no hac&iacute;a m&aacute;s que mandar la
+maniobra, sentada en una silleta baja con su ni&ntilde;a en brazos (no quer&iacute;a
+apartarla de s&iacute; un instante). Juli&aacute;n trabajaba por dos: ten&iacute;a una escala
+y se encaramaba a lo m&aacute;s alto del retablo. No se atrev&iacute;a a preguntar
+nada acerca de asuntos &iacute;ntimos, ni a averiguar si la se&ntilde;orita hab&iacute;a
+tenido con su esposo conversaci&oacute;n decisiva respecto a Sabel; pero notaba
+el aire abatido, las denegridas ojeras, el frecuente suspirar de la
+esposa, y sacaba de estos indicios la natural consecuencia. Otros
+s&iacute;ntomas percibi&oacute; que le acaloraron la fantas&iacute;a, d&aacute;ndole no poco en qu&eacute;
+cavilar. Nucha mostraba vehemente exaltaci&oacute;n del cari&ntilde;o maternal de
+alg&uacute;n tiempo a esta parte. Apenas se separaba de la chiquita cuando,
+desasosegada e inquieta, sal&iacute;a a buscarla a ver qu&eacute; le suced&iacute;a. En una
+ocasi&oacute;n, no encontr&aacute;ndola donde presum&iacute;a, comenz&oacute; a exhalar gritos
+desgarradores, exclamando: &laquo;&iexcl;Me la roban!, &iexcl;me la roban!&raquo;. Por fortuna,
+el ama se acercaba ya trayendo a la peque&ntilde;a en brazos. A veces la besaba
+con tal frenes&iacute;, que la criatura romp&iacute;a en llanto. Otras se quedaba
+embelesada mir&aacute;ndola con dulce e inefable sonrisa, y entonces Juli&aacute;n
+recordaba siempre las im&aacute;genes de la Virgen Madre, at&oacute;nita de su
+milagrosa maternidad. Mas los instantes de amor tranquilo eran breves, y
+continuos los de sobresalto y dolorosa ternura. No consent&iacute;a a Perucho
+acercarse por all&iacute;. Su fisonom&iacute;a se alteraba al divisar el ni&ntilde;o; y &eacute;ste,
+arrastr&aacute;ndose por el suelo, olvidando sus travesuras diab&oacute;licas, sus
+latrocinios, su afici&oacute;n al establo, se emboscaba a la entrada de la
+capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella
+pagaba con risas de querub&iacute;n, con j&uacute;bilo desatinado, con el impulso de
+todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse
+de brazos del ama a los de Perucho.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a not&oacute; Juli&aacute;n en Nucha algo m&aacute;s serio a&uacute;n: no ya expresi&oacute;n de
+melancol&iacute;a, sino hondo decaimiento f&iacute;sico y moral. Sus ojos se hallaban
+encendidos y abultados, como de haber llorado mucho tiempo seguido; su
+voz era desmayada y fatigosa; sus labios estaban resecos, tostados por
+la calentura y el insomnio. All&iacute; no se ve&iacute;a ya la espina del dolor que
+lentamente va hinc&aacute;ndose, pero el pu&ntilde;al clavado de golpe hasta el pomo.
+Semejante espect&aacute;culo dio al traste con la prudencia del capell&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Usted est&aacute; mala, se&ntilde;orita. A usted le pasa algo hoy.</p>
+
+<p>Nucha mene&oacute; la cabeza intentando sonre&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo nada.</p>
+
+<p>Lo doliente y debilitado del acento la desment&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios, se&ntilde;orita, no me responda que no.... &iexcl;Si lo estoy viendo!
+Se&ntilde;orita Marcelina.... &iexcl;V&aacute;lgame mi patrono San Juli&aacute;n! &iexcl;Que no he de
+poder yo servirle de algo, prestarle ayuda o consuelo! Soy una persona
+humilde, in&uacute;til; pero con la intenci&oacute;n, se&ntilde;orita, soy grande como una
+monta&ntilde;a. &iexcl;Quisiera, se lo digo con el coraz&oacute;n, que me mandase, que me
+mandase!</p>
+
+<p>Hac&iacute;a estas protestas esgrimiendo un pa&ntilde;o untado de tiza contra las
+sacras, cuyo cerco de metal limpiaba con denuedo, sin mirarlo.</p>
+
+<p>Alz&oacute; Nucha los ojos, y en ellos luci&oacute; un rayo instant&aacute;neo, un impulso de
+gritar, de quejarse, de pedir auxilio.... Al punto se apag&oacute; la llamarada,
+y encogi&eacute;ndose de hombros levemente, la se&ntilde;orita repiti&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No tengo nada, Juli&aacute;n.</p>
+
+<p>En el suelo hab&iacute;a una cesta llena de hortensias y rama verde, destinada
+al adorno de los floreros; Nucha empez&oacute; a colocarla con la destreza y
+delicadeza graciosa que demostraba en el desempe&ntilde;o de todos sus
+dom&eacute;sticos quehaceres. Juli&aacute;n, entre embelesado y afligido, segu&iacute;a con
+la vista el arreglo de las azules flores en los tarros de loza, el
+movimiento de las manos enflaquecidas al trav&eacute;s de las hojas verdes.
+Not&oacute; que ca&iacute;a sobre ellas una gota de agua, gruesa, l&iacute;mpida, no
+procedente de la humedad del roc&iacute;o que a&uacute;n ba&ntilde;aba las hortensias. Y casi
+al tiempo mismo advirti&oacute; otra cosa, que le cuaj&oacute; la sangre de horror: en
+las mu&ntilde;ecas de la se&ntilde;ora de Moscoso se percib&iacute;a una se&ntilde;al circular,
+amoratada, oscura.... Con lucidez repentina, el capell&aacute;n retrocedi&oacute; dos
+a&ntilde;os, escuch&oacute; de nuevo los quejidos de una mujer maltratada a culatazos,
+record&oacute; la cocina, el hombre furioso.... Completamente fuera de s&iacute;, dej&oacute;
+caer las sacras y tom&oacute; las manos de Nucha para convencerse de que, en
+efecto, exist&iacute;a la siniestra se&ntilde;al....</p>
+
+<p>Entraban a la saz&oacute;n por la puerta de la capilla muchas personas: las
+se&ntilde;oritas de Molende, el juez de Cebre, el cura de Ulloa, conducidos por
+don Pedro, que los tra&iacute;a all&iacute; con objeto de que admirasen los trabajos
+de restauraci&oacute;n. Nucha se volvi&oacute; precipitadamente; Juli&aacute;n, trastornado,
+contest&oacute; balbuciendo al saludo de las se&ntilde;oritas. Primitivo, que ven&iacute;a a
+retaguardia, clavaba en &eacute;l su mirada directa y escrutadora.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXV" id="XXV"></a><a href="#capitulos">-XXV-</a></h2>
+
+
+<p>Si unas elecciones durasen mucho, acabar&iacute;an con quien las maneja, a puro
+cansancio, molimiento y tensi&oacute;n del cuerpo y del esp&iacute;ritu, pues los
+odios enconados, la perpetua sospecha de traici&oacute;n, las ardientes
+promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correr&iacute;as y cartas
+incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sue&ntilde;o, las comidas
+sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de
+los inconvenientes pr&aacute;cticos del sistema parlamentario estaban muy de
+acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven
+nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban
+las caballerizas de los Pazos de Ulloa. &iexcl;Buenas cosas pensaban ellos de
+las elecciones all&aacute; en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban
+ex&aacute;nimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo ba&ntilde;ado en
+sudor!</p>
+
+<p>&iexcl;Pues qu&eacute; dir&eacute; de la mula en que Trampeta sol&iacute;a hacer sus excursiones a
+la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como
+se hab&iacute;a puesto. D&iacute;a y noche estaba el insigne cacique atravesado en la
+carretera, y a cada viaje la elecci&oacute;n de Cebre se presentaba m&aacute;s dudosa,
+m&aacute;s peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del
+Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar,
+prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase
+la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se
+largaba de entre las manos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no dec&iacute;a usted&mdash;grit&oacute; un d&iacute;a el Gobernador con vehementes impulsos
+de mandar al infierno al gran secretario&mdash;que la elecci&oacute;n no ser&iacute;a muy
+costosa; que los adversarios no pod&iacute;an gastar nada; que la Junta
+carlista de Orense no soltaba un c&eacute;ntimo; que la casa de los Pazos no
+soltaba un c&eacute;ntimo tampoco, porque a pesar de sus buenas rentas est&aacute;
+siempre a la quinta pregunta?</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; ver&aacute; usted, se&ntilde;or&mdash;contest&oacute; Trampeta&mdash;. Todo eso es mucha verdad;
+pero hay momentos en que el hombre..., pues... cambia sus <i>auciones</i>,
+como usted me ense&ntilde;a (Trampeta ten&iacute;a esta muletilla). El marqu&eacute;s de
+Ulloa....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; marqu&eacute;s ni qu&eacute; calabazas!&mdash;interrumpi&oacute; con impaciencia el
+Gobernador.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, es una costumbre que hay de llamarle as&iacute;.... Y mire usted que
+llevo un mes de <i>porclamar</i> en todos lados que no hay semejante marqu&eacute;s,
+que el gobierno le ha sacado el t&iacute;tulo para d&aacute;rselo a otro m&aacute;s liberal,
+y que ese t&iacute;tulo de marqu&eacute;s quien se lo ha ofrecido es Carlos siete,
+para cuando venga la Inquisici&oacute;n y el diezmo, como usted me ense&ntilde;a....</p>
+
+<p>&mdash;Adelante, adelante&mdash;exclam&oacute; el Gobernador, que aquel d&iacute;a deb&iacute;a estar
+nervioso&mdash;. Dec&iacute;a usted que el marqu&eacute;s o lo que sea... en vista de las
+circunstancias....</p>
+
+<p>&mdash;No reparar&aacute; en un par de miles de duros m&aacute;s o menos, no se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si no los ten&iacute;a, los habr&aacute; pedido?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Cat&aacute;</i>! Los ha pedido a su suegro de Santiago; y como el suegro de
+Santiago no tiene tampoco una peseta disponible, como usted me ense&ntilde;a...
+h&eacute;teme aqu&iacute; que se los ha dado el suegro de los Pazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se le cuentan dos suegros a ese candidato carlista?&mdash;pregunt&oacute; el
+gobernador, que a su pesar se divert&iacute;a con los chismes del secretario.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&aacute; el primero, como usted me ense&ntilde;a&mdash;dijo Trampeta ri&eacute;ndose de la
+chuscada&mdash;. Ya entiende por qui&eacute;n hablo.... &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;, la muchacha &eacute;sa que viv&iacute;a en la casa antes de que Moscoso se
+casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted c&oacute;mo me acuerdo.</p>
+
+<p>&mdash;El hijo... el hijo ser&aacute; de quien Dios disponga, se&ntilde;or gobernador.... Su
+madre lo sabr&aacute;..., si es que lo sabe.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, eso para la elecci&oacute;n importa un r&aacute;bano.... Al grano: los recursos
+de que Moscoso dispone....</p>
+
+<p>&mdash;Pues se los ha facilitado el mayordomo, el Primitivo, el suegro <i>de
+cultis</i>.... Y usted me preguntar&aacute;: &iquest;c&oacute;mo un infeliz mayordomo tiene miles
+de duros? Y yo respondo: prestando a r&eacute;ditos del ocho por ciento al mes,
+y m&aacute;s los a&ntilde;os de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le
+paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro...&mdash;Y usted
+dir&aacute;: &iquest;de d&oacute;nde saca ese Primitivo o ese ladr&oacute;n el dinero para
+prestar?&mdash;Y yo replico: del bolsillo de su mismo amo, rob&aacute;ndole en la
+venta del fruto, d&aacute;ndolo a un precio y abon&aacute;ndoselo a otro, enga&ntilde;&aacute;ndole
+en la administraci&oacute;n y en los arriendos, peg&aacute;ndosela, como usted me
+ense&ntilde;a, por activa y por pasiva...&mdash;Y usted dir&aacute;....</p>
+
+<p>Este modo dialogado era un recurso de la oratoria trampetil, del cual
+echaba mano cuando quer&iacute;a persuadir al auditorio. El gobernador le
+interrumpi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Con permiso de usted lo dir&eacute; yo mismo. &iquest;Qu&eacute; cuenta le tiene a ese
+galop&iacute;n prestarle a su amo los miles de duros que tan trabajosamente le
+ha cogido?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me caso!...&mdash;vot&oacute; el secretario&mdash;. Los miles de duros, como usted me
+ense&ntilde;a, no se prestan sin hipoteca, sin garant&iacute;as de una <i>cl&aacute;s</i> o de
+otra, y el Primitivo no ha nacido en el a&ntilde;o de los tontos. As&iacute; queda
+seguro el capital y el amo sujeto.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo, comprendo&mdash;articul&oacute; con viveza el Gobernador. Queriendo dar
+una muestra de su penetraci&oacute;n, a&ntilde;adi&oacute;:&mdash;Y le conviene sacar diputado al
+se&ntilde;orito, para disponer de m&aacute;s influencia en el pa&iacute;s y poder hacer todo
+cuanto le acomode....</p>
+
+<p>Trampeta mir&oacute; al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa iron&iacute;a
+que las personas de educaci&oacute;n inferior muestran cuando oyen a las m&aacute;s
+elevadas decir una simpleza gorda.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted me ense&ntilde;a, se&ntilde;or gobernador&mdash;pronunci&oacute;&mdash;, no hay nada de
+eso.... Don Pedro, diputado de oposici&oacute;n o independiente o conforme les
+d&eacute; la gana de llamarle, servir&aacute; de tanto a los suyos como la carabina de
+Ambrosio.... Primitivo, arrim&aacute;ndose a un servidor de usted o al jud&iacute;o,
+con perd&oacute;n, de Barbacana, conseguir&iacute;a lo que quisiese &iquest;eh?, sin
+necesidad de sacar diputado al amo.... Y Primitivo, hasta que le dio la
+ventolera, siempre fue de los m&iacute;os.... Zorro como &eacute;l no lo hay en toda la
+provincia... &Eacute;se ha de acabar por envolvernos a Barbacana y a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Y entonces Barbacana &iquest;por qu&eacute; se ha declarado a favor del se&ntilde;orito?</p>
+
+<p>&mdash;Porque Barbacana va con los curas a donde lo lleven. Ya sabe lo que
+hace.... Usted, un suponer, est&aacute; ah&iacute; hoy y se larga ma&ntilde;ana; pero los
+curas est&aacute;n siempre, y lo mismo el se&ntilde;or&iacute;o... los Limiosos, los
+M&eacute;ndez....</p>
+
+<p>Y dando suelta al torrente de su rencor, el cacique a&ntilde;adi&oacute; apretando los
+pu&ntilde;os:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me caso con Dios! Mientras no hundamos a Barbacana, no se har&aacute; nada en
+Cebre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Corriente! Pues facil&iacute;tenos usted la manera de hundirlo. Ganas no
+faltan.</p>
+
+<p>Trampeta se qued&oacute; un rato pensativo, y con la cuadrada u&ntilde;a del pulgar,
+quemada del cigarro, se rasc&oacute; la perilla.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo cavilo es &iquest;qu&eacute; cuenta le tendr&aacute; al raposo de Primitivo esta
+diputaci&oacute;n del amo?... Ahora se aprovecha de dos cosas: lo que le pilla
+como hipoteca y lo que le mama corriendo con los gastos electorales y
+present&aacute;ndole luego, como usted me ense&ntilde;a, las cuentas del Gran
+Capit&aacute;n.... Pero si vencen y me hacen diputado a mi se&ntilde;or don Pedro, y
+&eacute;ste vuela para <i>Madr&iacute;</i>, y all&iacute; pide cuartos por otro lado, que s&iacute;
+pedir&aacute;, y abre el ojo para ver las picard&iacute;as de su mayordomo, y no se
+vuelve a acordar de la moza ni del chiquillo..., entonces....</p>
+
+<p>Torn&oacute; a rascarse la perilla, suspenso y meditabundo, como el que
+persigue la soluci&oacute;n de un problema muy intrincado. Sus agud&iacute;simas
+facultades intelectuales estaban todas en ejercicio. Pero no daba con el
+cabo de la madeja.</p>
+
+<p>&mdash;Al caso&mdash;insisti&oacute; el gobernador&mdash;. De lo que se trata es de que no nos
+derroten vergonzosamente. El candidato es primo del ministro; hemos
+respondido de la elecci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Contra el candidato de la Junta de Orense.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensa usted que all&aacute; admiten esas distinciones? Estamos a triunfar
+contra cualquiera. No andemos con circunloquios; &iquest;cree usted que vamos a
+salir rabo entre piernas? &iquest;S&iacute; o no?</p>
+
+<p>Trampeta permanec&iacute;a indeciso. Al cabo levant&oacute; la faz, con el orgullo de
+un gran estrat&eacute;gico, seguro siempre de inventar alg&uacute;n ardid para burlar
+al enemigo.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted&mdash;dijo&mdash;, hasta la fecha Barbacana no ha podido acabar con este
+cura, aunque me ha jugado dos o tres buenas.... Pero a jugarlas no me
+gana &eacute;l ni Dios.... S&oacute;lo que a m&iacute; no se me ocurren las mejores tretas
+hasta que tocan a romper el fuego.... Entonces ni el diablo discurre lo
+que yo discurro. Tengo aqu&iacute;&mdash;y se dio una pu&ntilde;ada en la negruzca
+frente&mdash;una cosa que rebulle, pero que a&uacute;n no sale por m&aacute;s que hago....
+Saldr&aacute;, como usted me ense&ntilde;a, cuando llegue el mism&iacute;simo punto
+<i>resfinado</i> de la ocasi&oacute;n....</p>
+
+<p>Y blandiendo el brazo derecho repetidas veces de arriba abajo, como un
+sable, a&ntilde;adi&oacute; en voz hueca:</p>
+
+<p>&mdash;Fuera miedo. &iexcl;Se gana!</p>
+
+<p>Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la
+provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que hab&iacute;a
+querido ir en persona a tomar noticias de c&oacute;mo andaban los negocios por
+Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por
+<i>fusique</i> de plata, polvos de un rap&eacute; Macuba, que acaso nadie gastaba ya
+sino &eacute;l en toda Galicia, y que le tra&iacute;an de contrabando, con gran
+misterio y cobr&aacute;ndole un dineral.</p>
+
+<p>El Arcipreste, a quien en Santiago conoc&iacute;an por el apodo de <i>Sobres de
+Envelopes</i>, a causa de una candorosa pregunta en mal hora formulada en
+una tienda, hab&iacute;a sido en otro tiempo, cuando simple abad de Anles, el
+mejor instrumento electoral conocido. Dij&eacute;ronle una vez que iba perdida
+la elecci&oacute;n que &eacute;l manejaba; grit&oacute; &eacute;l furioso: &laquo;&iquest;Perder el cura de Anles
+una elecci&oacute;n?&raquo;, y, al gritar, dio el m&aacute;s soberano puntapi&eacute; a la urna,
+que era un puchero, haci&eacute;ndola volar en miles de pedazos, desparramando
+las c&eacute;dulas y logrando, con tan sencillo expediente, que su candidato
+triunfase. La haza&ntilde;a le vali&oacute; la gran cruz de Isabel la Cat&oacute;lica. En el
+d&iacute;a, obesidad, a&ntilde;os y sordera le imped&iacute;an tomar parte activa; pero
+qued&aacute;bale la afici&oacute;n y el comp&aacute;s, no habiendo para &eacute;l cosa tan gustosa
+como un electoral cotarro.</p>
+
+<p>Siempre que el arcipreste ven&iacute;a a Cebre, pasaba un ratito en el estanco
+y carter&iacute;a, donde se charlaba de pol&iacute;tica por los codos, se le&iacute;an
+papeles de Madrid, y se enmendaba la plana a todos los gobernantes y
+estadistas habidos y por haber, oy&eacute;ndose a menudo frases del corte
+siguiente: &laquo;Yo, Presidente del Consejo de Ministros, arreglo eso de una
+plumada&raquo;. &laquo;Yo que Prim, no me arredro por tan poco&raquo;. Y a&uacute;n sol&iacute;a
+levantarse la voz de alg&uacute;n tonsurado exclamando: &laquo;P&oacute;nganme a m&iacute; donde
+est&aacute; el Papa, y ver&aacute;n c&oacute;mo lo resuelvo mucho mejor en un periquete&raquo;.</p>
+
+<p>Al salir de casa de Barbacana, encontr&oacute; el arcipreste en la carter&iacute;a al
+juez y al escribano, y a la puerta a don Eugenio, desatando su yegua de
+una argolla y dispuesto a montar.</p>
+
+<p>&mdash;Agu&aacute;rdate un poco, Naya&mdash;le dijo familiarmente, d&aacute;ndole, seg&uacute;n costumbre
+entre curas, el nombre de su parroquia&mdash;. Voy a ver los partes de los
+peri&oacute;dicos, y despu&eacute;s nos largamos juntos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tomo hacia los Pazos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n. Di all&aacute; en la posada que me traigan aqu&iacute; la mula.</p>
+
+<p>Cumpli&oacute; don Eugenio el encargo diligentemente, y a poco ambos
+eclesi&aacute;sticos, envueltos en cumplidos montecristos, atados los sombreros
+por debajo de la barba con un pa&ntilde;uelo para que no se los llevase el
+viento fuerte que corr&iacute;a, bajaban el repecho de la carretera al sosegado
+paso de sus monturas. Naturalmente hablaban de la batalla pr&oacute;xima, del
+candidato y de otras particularidades referentes a la elecci&oacute;n. El
+arcipreste lo ve&iacute;a todo muy de color de rosa, y estaba tan cierto de
+vencer, que ya pensaba en llevar la m&uacute;sica de Cebre a los Pazos para dar
+serenata al diputado electo. Don Eugenio, aunque animado, no se las
+promet&iacute;a tan felices. El gobierno dispone de mucha fuerza, &iexcl;qu&eacute;
+diantre!, y cuando ve la cosa mal parada recurre a la coacci&oacute;n, haciendo
+las elecciones por medio de la Guardia Civil. Todo eso de Cortes era,
+seg&uacute;n dicho del abad de Bo&aacute;n, una solemn&iacute;sima farsa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues por esta vez&mdash;contestaba el arcipreste, manoteando y bufando para
+desenredarse de la esclavina del montecristo, que el viento le envolv&iacute;a
+alrededor de la cara&mdash;, por esta vez, les hemos de hacer tragar saliva.
+Al menos el distrito de Cebre enviar&aacute; al congreso una persona decente,
+hijo del pa&iacute;s, jefe de una casa respetable y antigua, que nos conoce
+mejor que esos pillastres venidos de fuera.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es muy cierto&mdash;respondi&oacute; don Eugenio, que rara vez contradec&iacute;a de
+frente a sus interlocutores&mdash;; a m&iacute; me gusta, como al que m&aacute;s, que la
+casa de los Pazos de Ulloa represente a Cebre; y si no fuese por cosas
+que todos sabemos....</p>
+
+<p>El arcipreste, muy grave, sorbi&oacute; el <i>fusique</i> o ca&ntilde;uto. Amaba
+entra&ntilde;ablemente a don Pedro, a quien, como suele decirse, hab&iacute;a visto
+nacer, y adem&aacute;s profesaba el principio de respetar la alcurnia.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, hombre, bien&mdash;gru&ntilde;&oacute;&mdash;, dej&eacute;monos de murmuraciones....
+Cada uno tiene sus defectos y sus pecados, y a Dios dar&aacute; cuenta
+de ellos. No hay que meterse en vidas ajenas.</p>
+
+<p>Don Eugenio, como si no entendiese, insisti&oacute;, repitiendo cuanto acaba de
+o&iacute;r en la carter&iacute;a de Cebre, donde se bordaban con escandalosos
+comentarios las noticias dadas por Trampeta al gobernador de la
+provincia. Todo lo refer&iacute;a gritando bastante, a fin de que el punto de
+sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir
+lo m&aacute;s sustancial del discurso. El travieso y maleante cl&eacute;rigo gozaba lo
+indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la
+oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el <i>fusique</i> en
+las narices. Cebre, seg&uacute;n don Eugenio, herv&iacute;a en indignaci&oacute;n contra don
+Pedro Moscoso; los aldeanos lo quer&iacute;an bien; pero en la villa, dominada
+por gentes que proteg&iacute;a Trampeta, se contaban horrores de los Pazos. De
+algunos d&iacute;as ac&aacute;, justamente desde la candidatura del marqu&eacute;s, se hab&iacute;a
+despertado en la poblaci&oacute;n de Cebre un santo odio al pecado, una
+reprobaci&oacute;n del concubinato y la bastard&iacute;a, un sentimiento tan exquisito
+de rectitud y moralidad, que asombraba; siendo de advertir que este
+acceso de virtud se notaba &uacute;nicamente en los sat&eacute;lites del secretario,
+gente en su mayor&iacute;a de la c&aacute;scara amarga y nada edificante en su
+conducta. Al enterarse de tales cosas, el arcipreste se amorataba de
+furor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fariseos, escribas!&mdash;rebufaba&mdash;. &iexcl;Y luego nos llamar&aacute;n a nosotros
+hip&oacute;critas! &iexcl;Miren ustedes qu&eacute; recato, qu&eacute; decoro y qu&eacute; verg&uuml;enza les ha
+entrado a los incircuncisos de Cebre! (en boca del arcipreste,
+<i>incircunciso</i> era tremenda injuria). Como si el que m&aacute;s y el que menos
+de ese atajo de tunantes no tuviese hechos m&eacute;ritos para ir a presidio...
+y al palo, s&iacute; se&ntilde;or, &iexcl;al palo!</p>
+
+<p>Don Eugenio no pod&iacute;a contener la risa.</p>
+
+<p>&mdash;Hace siete a&ntilde;os, la friolera de siete a&ntilde;os&mdash;tartamude&oacute; el arcipreste
+calm&aacute;ndose un poco, pero respirando trabajosamente a causa del mucho
+viento&mdash;, siete a&ntilde;itos que en los Pazos sucede... eso que tanto les
+asusta ahora.... Y maldito si se han acordado de decir esta boca es m&iacute;a.
+Pero con las elecciones.... &iexcl;Qu&eacute; condenado de aire! Vamos a volar,
+muchacho.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a&uacute;n murmuran cosas peores&mdash;grit&oacute; el de Naya.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eh? Si no se oye nada con este vendaval.</p>
+
+<p>&mdash;Que a&uacute;n dicen cosas m&aacute;s serias&mdash;voce&oacute; don Eugenio, pegando su inquieta
+yeg&uuml;ecilla a la reverenda mula del arcipreste.</p>
+
+<p>&mdash;Dir&aacute;n que nos van a fusilar a todos.... Lo que es a m&iacute;, ya me amenaz&oacute; el
+secretario con formarme siete causas y meterme en chirona.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; causas ni qu&eacute;.... Baje usted la cabeza.... As&iacute;.... Aunque estamos
+solos no quiero gritar mucho....</p>
+
+<p>Agarrado don Eugenio al montecristo de su compa&ntilde;ero, le explic&oacute; desde
+cerca algo que las alas del nordeste se llevaron aprisa, con estridente
+y burl&oacute;n silbido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caramelos!&mdash;rugi&oacute; el arcipreste, sin que se le ocurriese una sola
+palabra m&aacute;s. Tard&oacute; a&uacute;n cosa de dos minutos en recobrar la expedici&oacute;n de
+la lengua y en poder escupir al ventarr&oacute;n, cada vez m&aacute;s desencadenado y
+furioso, una retah&iacute;la de injurias contra los infames calumniadores del
+partido de Trampeta. El granuja de don Eugenio le dej&oacute; desahogar, y
+luego a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;A&uacute;n hay m&aacute;s, m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s puede haber? &iquest;Dicen tambi&eacute;n que el se&ntilde;orito don Pedro sale a
+robar a los caminos? &iexcl;Canalla de incircuncisos &eacute;sos, sin m&aacute;s Dios ni m&aacute;s
+ley que su panza!</p>
+
+<p>&mdash;Aseguran que la noticia viene por persona de la misma casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eeeeh? Cargue el diablo con el viento.</p>
+
+<p>&mdash;Que la noticia viene por persona de la misma casa de los Pazos.... &iquest;Ya
+me entiende usted?&mdash;Y don Eugenio gui&ntilde;&oacute; el ojo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya entiendo, ya.... &iexcl;Corazones de perro, lenguas de escorpi&oacute;n! Una
+se&ntilde;orita que es la honradez en persona, de una familia tan buena, no
+despreciando a nadie..., &iexcl;y calumniarla, y para m&aacute;s con un ordenado de
+misa! &iexcl;Liberaluchos indecentes, de &eacute;stos de por aqu&iacute;, que se venden tres
+al cuarto! &iexcl;Pero c&oacute;mo est&aacute; el mundo, Naya, c&oacute;mo est&aacute; el mundo!</p>
+
+<p>&mdash;Pues tambi&eacute;n a&ntilde;aden....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caramelos! &iquest;Acabar&aacute;s hoy? &iexcl;Qu&eacute; tormenta se prepara, Mar&iacute;a Sant&iacute;sima!
+&iexcl;Qu&eacute; viento... qu&eacute; viento!</p>
+
+<p>&mdash;Ati&eacute;ndame, que esto no lo dicen ellos, sino Barbacana. Que esa persona
+de la casa&mdash;Primitivo, vamos&mdash;nos va a hacer una perrer&iacute;a gorda en la
+elecci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eeeh? &iquest;T&uacute; <i>seque</i> chocheas? Para, mula, a ver si oigo mejor. &iquest;Que
+Primitivo...?</p>
+
+<p>&mdash;No es seguro, no es seguro, no es seguro&mdash;vocifer&oacute; el abad de Naya, que
+se divert&iacute;a m&aacute;s que en un sainete.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por vida de lo que malgasto, que esto ya pasa de raya! Hazme el favor
+de no volverme loco, &iquest;eh?, que para eso bastante tengo con el viento
+maldito. &iexcl;No quiero o&iacute;r, no quiero o&iacute;r m&aacute;s!&mdash;declar&oacute; esto en ocasi&oacute;n que
+su montecristo se alzaba r&aacute;pidamente a impulsos de una r&aacute;faga mayor, y
+se volv&iacute;a todo hacia arriba, dejando al arcipreste como suelen pintar a
+Venus en la concha. As&iacute; que logr&oacute; remediar el percance, hizo trotar a su
+mula, y no se oy&oacute; en el camino m&aacute;s voz que la del nordeste, que all&aacute; a
+lo lejos, sacudiendo casta&ntilde;ares y robledales, remedaba majestuosa
+sinfon&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a><a href="#capitulos">-XXVI-</a></h2>
+
+
+<p>Amortiguada la primera impresi&oacute;n, no se atrev&iacute;a Juli&aacute;n a interrogar a
+Nucha sobre lo que hab&iacute;a visto. Hasta recelaba ir al cuarto de la
+se&ntilde;orita. Alg&uacute;n fundamento ten&iacute;a este recelo. Aunque de suyo confiado,
+cre&iacute;a notar el capell&aacute;n que le espiaban. &iquest;Qui&eacute;n? Todo el mundo:
+Primitivo, Sabel, la vieja bruja, los criados. Como sentimos de noche,
+sin verla, la niebla h&uacute;meda que nos penetra y envuelve, as&iacute; sent&iacute;a
+Juli&aacute;n la desconfianza, la malevolencia, la sospecha, la odiosidad que
+iba espes&aacute;ndose en torno suyo. Era cosa indefinible, pero patente. En
+dos o tres funciones a que asisti&oacute;, figur&oacute;sele que los curas le hablaban
+con acento hostil, que el arcipreste le examinaba frunciendo el
+entrecejo, y que &uacute;nicamente don Eugenio le manifestaba la acostumbrada
+cordialidad. Pero acaso fuesen &eacute;stas vanas cavilaciones, y quiz&aacute;s so&ntilde;aba
+tambi&eacute;n al imaginarse que, a la mesa, don Pedro segu&iacute;a continuamente la
+direcci&oacute;n de sus ojos y acechaba sus movimientos. Esto le fatigaba tanto
+m&aacute;s cuanto que un irresistible anhelo le obligaba a mirar a Nucha muy a
+menudo, reparando a hurtadillas si estaba m&aacute;s delgada, si com&iacute;a con buen
+apetito, si se notaba <i>algo</i> nuevo en sus mu&ntilde;ecas. La se&ntilde;al, oscura el
+primer d&iacute;a, fue verdeando y desapareciendo.</p>
+
+<p>La necesidad de ver a la ni&ntilde;a acab&oacute; por poder m&aacute;s que las vacilaciones
+de Juli&aacute;n. Arreglada ya la capilla, s&oacute;lo en la habitaci&oacute;n de su madre
+pod&iacute;a verla, y all&iacute; fue, no bast&aacute;ndole el beso robado en el corredor,
+cuando el ama lo cruzaba con la nena en brazos. Iba la criatura saliendo
+de esa edad en que los ni&ntilde;os parecen un l&iacute;o de trapos, y sin perder la
+gracia y atractivo del ser indefenso y d&eacute;bil, ten&iacute;a el encanto de la
+personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y
+conciencia de sus actos. Ya adoptaba posturas de &aacute;ngel de Murillo; ya
+cog&iacute;a un objeto y acertaba a llevarlo a la c&aacute;lida boca, en la
+impaciencia de la dentici&oacute;n retrasada; ya ejecutaba con indecible
+moner&iacute;a ese movimiento cautivador entre todos los de los ni&ntilde;os peque&ntilde;os,
+de tender no s&oacute;lo los brazos, sino el cuerpo entero, con abandono
+absoluto, hacia la persona que les es simp&aacute;tica; actitud que las
+nodrizas llaman <i>irse con la gente</i>. Hac&iacute;a tiempo que la peque&ntilde;a
+redoblaba la risa, y su carcajada melodiosa, repentina y breve, era s&oacute;lo
+comparable a gorjeo de p&aacute;jaro. Ning&uacute;n sonido articulado sal&iacute;a a&uacute;n de su
+boca, pero sab&iacute;a expresar divinamente, con las onomatopeyas que seg&uacute;n
+ciertos fil&oacute;logos fueron base del lenguaje primitivo, todos sus afectos
+y antojos; en su cr&aacute;neo, que empezaba a solidificarse, por m&aacute;s que en el
+centro latiese a&uacute;n la abierta mollera, se espesaba el pelo, de d&iacute;a en
+d&iacute;a m&aacute;s oscuro, suave a&uacute;n como piel de topo; sus piececitos se
+desencorvaban, y los dedos, antes retorcidos, el pulgar vuelto hacia
+arriba, los otros botoncillos de rosa hacia abajo, se habituaban a la
+estaci&oacute;n horizontal que exige el andar humano. Cada uno de estos grandes
+progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para
+Juli&aacute;n, confirmando su dedicaci&oacute;n paternal al ser que le dispensaba el
+favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones
+del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche. &iexcl;Qu&eacute; no har&iacute;a &eacute;l por
+servir de algo a la nenita idolatrada! A veces el cari&ntilde;o le inspiraba
+ideas feroces, como agarrar un palo y moler las costillas a Primitivo;
+coger un l&aacute;tigo y dar el mismo trato a Sabel. Pero, &iexcl;ay! Nadie puede
+usurpar el puesto del amo de casa, del jefe de la familia; y el jefe....
+Al capell&aacute;n le pesaba en el alma la fundaci&oacute;n de aquel hogar cristiano.
+Recta hab&iacute;a sido la intenci&oacute;n, y amargo el fruto. &iexcl;Sangre del coraz&oacute;n
+dar&iacute;a &eacute;l por ver a Nucha en un convento!</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; arbitrio adoptar ya? Juli&aacute;n present&iacute;a los inmensos inconvenientes
+de su intervenci&oacute;n directa. Seguro de la teor&iacute;a, firme en el terreno del
+derecho, capaz de resistir pasivamente hasta morir, falt&aacute;bale la
+vigorosa palanca de los actos humanos, la iniciativa. En aquella casa es
+indudable que andaban muchas cosas desquiciadas, otras torcidas y fuera
+de camino; el capell&aacute;n asist&iacute;a al drama, tem&iacute;a un desenlace tr&aacute;gico,
+sobre todo desde la famosa se&ntilde;al en las mu&ntilde;ecas, que no le sal&iacute;a de la
+acalorada imaginaci&oacute;n; mostr&aacute;base taciturno; su color sonrosado se
+trocaba en amarillez de cera; rezaba m&aacute;s a&uacute;n que de costumbre; ayunaba;
+dec&iacute;a la misa con el alma elevada, como la dir&iacute;a en tiempos de martirio;
+deseaba ofrecer la existencia por el bienestar de la se&ntilde;orita; pero, a
+no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no
+pod&iacute;a, no sab&iacute;a, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida&mdash;aunque
+&eacute;sta fuese tan f&aacute;cil y hacedera como escribir cuatro renglones a don
+Manuel Pardo de la Lage, inform&aacute;ndole de lo que ocurr&iacute;a a su hija&mdash;.
+Siempre encontraba pretextos para aplazar toda acci&oacute;n, tan socorridos
+como &eacute;ste, verbigracia:</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos que pasen las elecciones.</p>
+
+<p>Las elecciones le infund&iacute;an esperanzas de que, si el se&ntilde;orito, elegido
+diputado, sal&iacute;a de la huronera, de entre la gente inicua que lo prend&iacute;a
+en sus redes, era posible que Dios le tocase en el coraz&oacute;n y mudase de
+conducta.</p>
+
+<p>Una cosa preocupaba mucho al buen capell&aacute;n: &iquest;el se&ntilde;orito se ir&iacute;a solo a
+Madrid, o llevar&iacute;a a su mujer y a la peque&ntilde;a? Juli&aacute;n pon&iacute;a a Dios por
+testigo de que deseaba esto &uacute;ltimo, si bien al pensar qu&eacute; pod&iacute;a suceder
+le entraba una hipocondr&iacute;a mortal. La idea de no ver m&aacute;s a nen&eacute; durante
+meses o a&ntilde;os, de no tenerla en las rodillas montada a <i>caballito</i>, de
+quedarse all&iacute;, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado
+por una sabandija, le era intolerable. Duro le parec&iacute;a que se marchase
+la se&ntilde;orita, pero lo de la ni&ntilde;a..., lo de la ni&ntilde;a...</p>
+
+<p>&laquo;Si me la dejasen&mdash;pensaba&mdash;la cuidar&iacute;a yo perfectamente&raquo;.</p>
+
+<p>Acerc&aacute;base la batalla decisiva. Los Pazos eran un jubileo, un ir y venir
+de adictos y correveidiles, un entrar y salir de mensajes, de &oacute;rdenes y
+contra&oacute;rdenes, que le daban semejanza con un cuartel general. Siempre
+hab&iacute;a en las cuadras caballos o mulas forasteras, masticando abundante
+pienso, y en los anchos salones se o&iacute;a crujir incesante de botas altas,
+pisadas de fuertes zapatos, cuando no pateo de zuecos. Juli&aacute;n se
+tropezaba con curas sofocados, respirando b&eacute;lico ardor, que le hablaban
+de <i>los trabajos</i>, pasm&aacute;ndose de ver que no tomaba parte en nada.... &iexcl;En
+tan solemne y cr&iacute;tica ocasi&oacute;n, el capell&aacute;n de los Pazos no ten&iacute;a derecho
+a dormir ni a comer!</p>
+
+<p>Segu&iacute;a reparando que algunos abades se mostraban con &eacute;l as&iacute; como airados
+o resentidos, en especial el arcipreste, el m&aacute;s encari&ntilde;ado con la casa
+de Ulloa; pues mientras el cura de Bo&aacute;n y aun el de Naya atend&iacute;an sobre
+todo al triunfo pol&iacute;tico, el arcipreste miraba principalmente al
+esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos.</p>
+
+<p>Todo anunciaba que el se&ntilde;or de los Pazos se llevar&iacute;a el gato al agua, a
+pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno. Se
+contaban los votos, se hac&iacute;a un censo, se sab&iacute;a que la superioridad
+num&eacute;rica era tal, que las mayores diabluras de Trampeta no la echar&iacute;an
+abajo. No dispon&iacute;a el gobierno en el distrito sino de lo que,
+pomposamente hablando, puede llamarse el elemento oficial. Si es verdad
+que &eacute;ste influye mucho en Galicia, merced al car&aacute;cter sumiso de los
+labriegos, all&iacute; en Cebre no pod&iacute;a contrapesar la acci&oacute;n de curas y
+se&ntilde;oritos reunidos en torno del formidable cacique Barbacana. El
+arcipreste resoplaba de gozo. &iexcl;Cosa rara! Barbacana mismo era el &uacute;nico
+que no se las contaba felices. Preocupado y de peor humor a cada
+instante, torc&iacute;a el gesto cuando alg&uacute;n cura entraba en su despacho
+frot&aacute;ndose las manos de gusto, a noticiarle adhesiones, caza de votos.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; elecciones aqu&eacute;llas, Dios eterno! &iexcl;Qu&eacute; lid re&ntilde;id&iacute;sima, qu&eacute; disputar
+el terreno pulgada a pulgada, empleando todo g&eacute;nero de zancadillas y
+ardides! Trampeta parec&iacute;a haberse convertido en media docena de hombres
+para trampetear a la vez en media docena de sitios. Trueques de
+papeletas, retrasos y adelantos de hora, falsificaciones, amenazas,
+palos, no fueron arbitrios peculiares de esta elecci&oacute;n, por haberse
+ensayado en otras muchas; pero uni&eacute;ronse a las estratagemas usuales
+algunos rasgos de ingenio sutil, enteramente in&eacute;ditos. En un colegio,
+las capas de los electores del marqu&eacute;s se rociaron de aguarr&aacute;s y se les
+prendi&oacute; fuego disimuladamente por medio de un f&oacute;sforo, con que los
+infelices salieron dando alaridos, y no aparecieron m&aacute;s. En otro se
+coloc&oacute; la mesa electoral en un descanso de escalera; los votantes no
+pod&iacute;an subir sino de uno en uno, y doce paniaguados de Trampeta,
+haciendo fila, tuvieron interceptado el sitio durante toda la ma&ntilde;ana,
+moliendo muy a su sabor a pu&ntilde;adas y coces a quien intentaba el asalto.
+Picard&iacute;a discreta y ma&ntilde;osa fue la practicada en Cebre mismo.</p>
+
+<p>Acud&iacute;an all&iacute; los curas acompa&ntilde;ando y animando al reba&ntilde;o de electores, a
+fin de que no se dejasen dominar por el p&aacute;nico en el momento de
+depositar el voto. Para evitar que &laquo;se la jugasen&raquo;, don Eugenio,
+vali&eacute;ndose del derecho de intervenci&oacute;n, sent&oacute; en la mesa a un labriego
+de los m&aacute;s adictos suyos, con orden terminante de no separar la vista un
+minuto de la urna. &laquo;&iquest;T&uacute; entendiste, Roque? No me apartas los ojos de
+ella, as&iacute; se hunda el mundo&raquo;. Instal&oacute;se el payo, apoyando los codos en
+la mesa y las manos en los carrillos, contemplando de hito en hito la
+misteriosa olla, tan fijamente como si intentase alguna experiencia de
+hipnotismo. Apenas alentaba, ni se mov&iacute;a m&aacute;s que si fuese hecho de
+piedra. Trampeta en persona, que daba sus vueltas por all&iacute;, lleg&oacute; a
+impacientarse viendo al inm&oacute;vil testigo, pues ya otra olla rellena de
+papeletas, cubiertas a gusto del alcalde y del secretario de la mesa, se
+escond&iacute;a debajo de &eacute;sta, aguardando ocasi&oacute;n propicia de sustituir a la
+verdadera urna. Destac&oacute;, pues, un seide encargado de seducir al
+vigilante, convid&aacute;ndole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo
+g&eacute;nero de insinuaciones halag&uuml;e&ntilde;as. Tiempo perdido: el centinela ni
+siquiera miraba de reojo para ver a su interlocutor: su cabeza redonda,
+peluda, sus salientes mand&iacute;bulas, sus ojos que no pesta&ntilde;eaban, parec&iacute;an
+imagen de la misma obstinaci&oacute;n. Y era preciso sacarle de all&iacute;, porque se
+acercaba la hora sacramental, las cuatro, y hab&iacute;a que ejecutar el
+escamoteo de la olla. Trampeta se agit&oacute;, hizo a sus adl&aacute;teres preguntas
+referentes a la biograf&iacute;a del vigilante, y averigu&oacute; que ten&iacute;a un pleito
+de tercer&iacute;a en la Audiencia, por el cual le hab&iacute;an embargado los bueyes
+y los frutos. Acerc&oacute;se a la mesa disimuladamente, p&uacute;sole una mano en el
+hombro, y grit&oacute;: &laquo;&iexcl;Fulano... ganaste el pleito!&raquo;. Salt&oacute; el labriego,
+electrizado. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; me dices, hombre!&raquo;. &laquo;Se fall&oacute; en la Audiencia ayer&raquo;.
+&laquo;T&uacute; loqueas&raquo;. &laquo;Lo que oyes&raquo;. En este intervalo el secretario de la mesa
+verificaba el trueque de pucheros: ni visto ni o&iacute;do. El alcalde se
+levant&oacute; con solemnidad. &laquo;&iexcl;Se&ntilde;ores... se va a proceder al <i>discutinio</i>!&raquo;.
+Entra la gente en tropel: comienza la lectura de papeletas; m&iacute;ranse los
+curas at&oacute;nitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece &laquo;&iquest;T&uacute; te
+moviste de ah&iacute;?&raquo;, pregunta el abad de Naya al centinela. &laquo;No, se&ntilde;or&raquo;,
+responde &eacute;ste con tal acento de sinceridad, que no consent&iacute;a sospecha.
+&laquo;Aqu&iacute; alguien nos vende&raquo;, articula el abad de Ulloa en voz bronca,
+mirando desconfiadamente a don Eugenio. Trampeta, con las manos en los
+bolsillos, r&iacute;e a socapa.</p>
+
+<p>Tales ama&ntilde;os mermaron de un modo notable la votaci&oacute;n del marqu&eacute;s de
+Ulloa, dejando cincunscrita la lucha, en el &uacute;ltimo momento, a disputarse
+un corto n&uacute;mero de votos, del cual depend&iacute;a la victoria. Y llegado el
+instante cr&iacute;tico, cuando los ullo&iacute;stas se juzgaban ya due&ntilde;os del campo,
+inclinaron la balanza del lado del gobierno defecciones completamente
+impensadas, por no decir abominables traiciones, de personas con quienes
+se contaba en absoluto, habiendo respondido de ellas la misma casa de
+los Pazos, por boca de su mayordomo. Golpe tan repentino y alevoso no
+pudo prevenirse ni evitarse. Primitivo, desmintiendo su acostumbrada
+impasibilidad, dio rienda a una c&oacute;lera furiosa, desat&aacute;ndose en amenazas
+absurdas contra los tr&aacute;nsfugas.</p>
+
+<p>Quien se mostr&oacute; estoico fue Barbacana. La tarde que se supo la p&eacute;rdida
+definitiva de la elecci&oacute;n, el abogado estaba en su despacho, rodeado de
+tres o cuatro personas. Ahog&aacute;ndose como ballena encallada en una playa y
+a quien el mar deja en seco, entr&oacute; el arcipreste, morado de despecho y
+furor. Desplom&oacute;se en un sill&oacute;n de cuero; ech&oacute; ambas manos a la garganta,
+arranc&oacute; el alzacuello, los botones de camisa y almilla; y tr&eacute;mulo, con
+los espejuelos torcidos y el <i>fusique</i> oprimido en el crispado pu&ntilde;o
+izquierdo, se enjug&oacute; el sudor con un pa&ntilde;uelo de hierbas. La serenidad
+del cacique le sac&oacute; de tino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me pasmo, caramelos! &iexcl;Me pasmo de verle con esa flema! &iquest;O no sabe lo
+que pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me apuro por cosas que est&aacute;n previstas. En materia de elecciones
+no se me coge a m&iacute; de susto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted se esperaba lo que ocurre?</p>
+
+<p>&mdash;Como si lo viera. Aqu&iacute; est&aacute; el abad de Naya, que puede responder de que
+se lo profetic&eacute;. No atestiguo con muertos.</p>
+
+<p>&mdash;Verdad es&mdash;corrobor&oacute; don Eugenio, harto compungido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y entonces, santo de Dios, a qu&eacute; tenernos embromados?</p>
+
+<p>&mdash;No les &iacute;bamos a dejar el distrito por suyo sin disput&aacute;rselo siquiera.
+&iquest;Les gustar&iacute;a a ustedes? Legalmente, el triunfo es nuestro.</p>
+
+<p>&mdash;Legalmente.... &iexcl;Toma, caramelos! &iexcl;Legalmente s&iacute;, pero v&eacute;nganos con
+legalidades! &iexcl;Y esos Judas condenados que nos faltaron cuando
+precisamente pend&iacute;a de ellos la cosa! &iexcl;El herrero de Gond&aacute;s, los dos
+Ponlles, el alb&eacute;itar...!</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;sos no son Judas, no sea inocente, se&ntilde;or arcipreste: &eacute;sa es gente
+mandada, que acata una consigna. El Judas es otro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eeeeh? Ya entiendo, ya.... &iexcl;Hombre, si es cierta esa maldad&mdash;que no
+puedo convencerme, que se me atraganta&mdash;, a&uacute;n ser&iacute;a poco para el traidor
+el castigo de Judas! Pero usted, santo, &iquest;por qu&eacute; no le ataj&oacute;? &iquest;Por qu&eacute;
+no avis&oacute;? &iquest;Por qu&eacute; no le arranc&oacute; la careta a ese pillo? Si el se&ntilde;or
+marqu&eacute;s de Ulloa supiese que ten&iacute;a en casa al traidor, con atarlo al pie
+de la cama y cruzarlo a latigazos.... &iexcl;Su propio mayordomo! No s&eacute; c&oacute;mo
+pudo usted estarse as&iacute; con esa flema.</p>
+
+<p>&mdash;Se dice luego; pero mire usted: cuando la elecci&oacute;n estriba en una
+persona, y no cabe cerciorarse de si est&aacute; de buena o mala fe, de poco
+sirve revelar sospechas.... Hay que aguardar el golpe atado de pies y
+manos..., son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe
+callar y <i>guardarlas</i>....</p>
+
+<p>Al pronunciar la palabra <i>guardarlas</i>, el cacique se daba una pu&ntilde;ada en
+el pecho, cuya concavidad retumb&oacute; sordamente, lo mismo que deb&iacute;a
+retumbar la de san Jer&oacute;nimo cuando el santo la her&iacute;a con el famoso
+pedrusco.</p>
+
+<p>Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jer&oacute;nimos de escuela
+espa&ntilde;ola, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y
+enmara&ntilde;ada barba y el sombr&iacute;o fuego de las pupilas negras.</p>
+
+<p>&mdash;De aqu&iacute; no salen&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con torvo acento&mdash;, y aqu&iacute; no pierden el tiempo,
+que todav&iacute;a nadie se la hizo a Barbacana sin que alg&uacute;n d&iacute;a se la pagase.
+Y respecto del Judas, &iquest;c&oacute;mo quer&iacute;a usted que lo pudi&eacute;semos
+desenmascarar, si ahora, lo mismo que en tiempo de la pasi&oacute;n de Nuestro
+Se&ntilde;or Jesucristo, ten&iacute;a la bolsa en la mano? A ver, se&ntilde;or arcipreste,
+&iquest;qui&eacute;n nos ha facilitado las municiones para esta batalla?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que qui&eacute;n las ha facilitado? En realidad de verdad, la casa de Ulloa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Las ten&iacute;a disponibles? &iquest;S&iacute; o no? Ah&iacute; est&aacute; el toque. Como esas casas no
+son m&aacute;s que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los
+cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por
+ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una
+sanguijuela que le est&aacute; chupando cuanto posee.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas cosas van a decir de nosotros los badulaques de la Junta de
+Orense. Que somos unos estafermos y que no servimos para nada. &iexcl;Perder
+una elecci&oacute;n! Es la primera vez de mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;No. Que escogimos un candidato muy simple. Hablando en plata, eso es lo
+que dir&aacute; la Junta de Orense.</p>
+
+<p>&mdash;Poco a poco&mdash;exclam&oacute; el arcipreste dispuesto a romper lanzas por su caro
+se&ntilde;orito&mdash;. No estamos conformes....</p>
+
+<p>Aqu&iacute; llegaban de su pl&aacute;tica, y el auditorio, que se compon&iacute;a, adem&aacute;s del
+abad de Naya, del de Bo&aacute;n y del se&ntilde;orito de Limioso, guardaba el
+silencio de la humillaci&oacute;n y la derrota. De repente un espantoso
+estruendo, formado por los m&aacute;s discordantes y fieros ruidos que pueden
+desgarrar el t&iacute;mpano humano, asord&oacute; la estancia. Sartenes rascadas con
+tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como c&iacute;mbalos;
+cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un
+molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que ta&ntilde;&iacute;an broncas
+campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y
+arrastradas por el suelo; tr&eacute;bedes repicados con varillas de hierro, y,
+por cima de todo, la l&uacute;gubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda
+vociferaci&oacute;n de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que
+comunica a la laringe el exceso de vino en el est&oacute;mago. Realmente
+acababan los bienaventurados m&uacute;sicos de agotar una redonda corambre, que
+en la Casa Consistorial les hab&iacute;a brindado la munificencia del
+secretario. Por entonces a&uacute;n ignoraban los electores campesinos ciertos
+refinamientos, y no sab&iacute;an pedir del <i>vino que hierve y hace espuma</i>,
+como algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, content&aacute;ndose con buen tinto empecinado del
+Borde. Al trav&eacute;s de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el
+sonido de los h&oacute;rridos instrumentos y descompasada griter&iacute;a, vaho
+vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo m&aacute;s que del
+triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro
+congestionado revelaba inquietud. El cura de Bo&aacute;n frunc&iacute;a el cano
+entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El se&ntilde;orito
+de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproxim&oacute; a la ventana, alz&oacute; un
+visillo y mir&oacute;.</p>
+
+<p>La cencerrada prosegu&iacute;a, implacable, fren&eacute;tica, azotando y ara&ntilde;ando el
+aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean;
+s&uacute;bitamente, de entre el alboroto grotesco se destac&oacute; un clamor que en
+Espa&ntilde;a siempre tiene mucho de tr&aacute;gico: un <i>muera</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muera el Terso!</p>
+
+<p>Un enjambre de <i>mueras</i> y <i>vivas</i> sali&oacute; tras el primero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mueran los curas!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muera la tiran&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva Cebre y nuestro diputado!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva la Soberan&iacute;a Nacional!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muera el marqu&eacute;s de Ulloa!</p>
+
+<p>M&aacute;s en&eacute;rgico, m&aacute;s intencionado, m&aacute;s claro que los restantes, brot&oacute; este
+grito:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muera el ladr&oacute;n <i>faucioso</i> Barbacana!</p>
+
+<p>Y el vocer&iacute;o, un&aacute;nime, repiti&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mueraaaa!</p>
+
+<p>Instant&aacute;neamente apareci&oacute; junto a la mesa del abogado un hombre de
+siniestra catadura, hasta entonces oculto en un rinc&oacute;n. No vest&iacute;a como
+los labriegos, sino como persona de baja condici&oacute;n en la ciudad:
+chaqueta de pa&ntilde;o negro, faja roja y hongo gris; patillas cortas, de boca
+de hacha, redoblaban la dureza de su fisonom&iacute;a, abultada de p&oacute;mulos y
+ancha de sienes. Uno de sus hundidos ojuelos verdes reluc&iacute;a felinamente;
+el otro, inm&oacute;vil y cubierto con gruesa nube blanca, semejaba hecho de
+cristal cuajado.</p>
+
+<p>Abriendo Barbacana el caj&oacute;n de su pupitre, sacaba de &eacute;l dos enormes
+pistolas de arz&oacute;n, prehist&oacute;ricas sin duda, y las reconoc&iacute;a para
+cerciorarse de que estaban cargadas. Mirando al aparecido fijamente,
+pareci&oacute; ofrec&eacute;rselas con leve enarcamiento de cejas. Por toda respuesta,
+el Tuerto de Castrodorna hizo asomar al borde de su faja el extremo de
+una navaja de cachas amarillas, que volvi&oacute; a ocultar al punto. El
+arcipreste, que hab&iacute;a perdido los br&iacute;os con la obesidad y los a&ntilde;os,
+sobresalt&oacute;se mucho.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jese de calaveradas, mi amigo. Por si acaso, me parece oportuno salir
+por la puerta de atr&aacute;s. &iquest;Eh? No es cosa de aguardar a que esos
+incircuncisos vengan aqu&iacute; a darle a uno t&oacute;sigo.</p>
+
+<p>Mas ya el cura de Bo&aacute;n y el se&ntilde;orito de Limioso, unidos al Tuerto,
+formaban un grupo lleno de decisi&oacute;n. El se&ntilde;orito de Limioso, no
+desmintiendo su vieja sangre hidalga, aguardaba sosegadamente, sin
+fanfarroner&iacute;a alguna, pero con imp&aacute;vido coraz&oacute;n; el abad de Bo&aacute;n, nacido
+con m&aacute;s vocaci&oacute;n de guerrillero que de misacantano, apretaba con j&uacute;bilo
+la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado
+de gozo; el Tuerto, encogido y crispado como un tigre, se situaba detr&aacute;s
+de la puerta a fin de destripar a mansalva al primero que entrase.</p>
+
+<p>&mdash;No tenga miedo, se&ntilde;or arcipreste...&mdash;murmur&oacute; gravemente Barbacana&mdash;.
+Perro que ladra no muerde. Ni a romperme un vidrio se atrever&aacute;n esos
+bocalanes. Pero conviene estar dispuesto, por si acaso, a ense&ntilde;arles los
+dientes.</p>
+
+<p>Resonaban nutridos y feroces los <i>mueras</i>; mas en efecto, ni una piedra
+sola ven&iacute;a a herir los cristales. El se&ntilde;orito de Limioso se acerc&oacute; otra
+vez, levant&oacute; el visillo y llam&oacute; a don Eugenio.</p>
+
+<p>&mdash;Mire, Naya, mire para aqu&iacute;.... Buena gana tienen de subir ni de tirar
+piedras.... Est&aacute;n bailando.</p>
+
+<p>Don Eugenio se lleg&oacute; a la vidriera y solt&oacute; la carcajada. Entre la
+patulea de beodos, dos seides de Trampeta, carcelero el uno, el otro
+alguacil, trataban de calentar a algunos de los que chillaban m&aacute;s
+fuerte, para que atacasen la morada del abogado; se&ntilde;alaban a la puerta,
+indicaban con ademanes elocuentes lo f&aacute;cil que ser&iacute;a echarla abajo y
+entrar. Pero los borrachos, que no por estarlo perd&iacute;an la cautelosa
+prudencia, el saludable temor que inspira el cacique al labriego, se
+hac&iacute;an los desentendidos, limit&aacute;ndose a berrear, a herir cazos y
+sartenes con m&aacute;s furia. Y en el centro del corro, al comp&aacute;s de los
+almireces y cacerolas, brincaban como locos los m&aacute;s tomados de la
+bebida, los verdaderos pellejos.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores&mdash;dijo en grave y enronquecida voz Ram&oacute;n Limioso&mdash;: Es siquiera
+una mala verg&uuml;enza que esos pillos nos tengan aqu&iacute; sitiados.... Me dan
+ganas de salir y pegarles una corrida, que no paren hasta el
+Ayuntamiento.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre&mdash;gru&ntilde;&oacute; el abad de Bo&aacute;n&mdash;, usted poco habla, pero bueno. Vamos a
+meterles miedo, &iexcl;<i>quoniam</i>! Estornudando solamente, espanto yo media
+docena de esos pellejones.</p>
+
+<p>No pronunci&oacute; el Tuerto palabra; &uacute;nicamente su ojo verdoso se encendi&oacute;
+con fosf&oacute;rica luz, y mir&oacute; a Barbacana, como pidi&eacute;ndole permiso de tomar
+parte en la empresa. Barbacana hizo con la cabeza se&ntilde;al afirmativa, pero
+le indic&oacute; al mismo tiempo que guardase la navaja.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene raz&oacute;n&mdash;exclam&oacute; el hidalgo de Limioso, enderezando la cabeza y
+dilatando las ventanillas de la nariz con altanera expresi&oacute;n, muy
+desusada en su l&aacute;nguida y triste faz&mdash;. A esa gente, a palos y latigazos
+se les sacude el polvo. No ensuciar un arma que uno usa para el monte,
+para las perdices y las liebres, que valen m&aacute;s que ellos (fuera el
+alma).</p>
+
+<p>Y al decir <i>fuera el alma</i>, persign&oacute;se el se&ntilde;orito.</p>
+
+<p>&mdash;Tengan miramiento, hombre, tengan miramiento...&mdash;murmuraba el arcipreste
+dif&iacute;cilmente, extendiendo las manos como para calmar los &aacute;nimos
+irritados. (&iexcl;Cu&aacute;n lejos estaban los tiempos belicosos en que aseguraba
+una elecci&oacute;n a puntapi&eacute;s!)</p>
+
+<p>Barbacana no se opuso a la haza&ntilde;a; al contrario, pas&oacute; a otra estancia y
+volvi&oacute; con un haz de junquillos, palos y bastones. El cura de Bo&aacute;n no
+quiso m&aacute;s garrote que el suyo, que era formidable; Ram&oacute;n Limioso, fiel a
+su desd&eacute;n de la grey villana, asi&oacute; el l&aacute;tigo m&aacute;s delgado, un latiguillo
+de montar. El Tuerto empu&ntilde;&oacute; una especie de tralla, que, manejada por
+diestra vigorosa, deb&iacute;a ser de terrible efecto.</p>
+
+<p>Bajaron cautelosamente la escalera, cuidando de no zapatear, previsi&oacute;n
+que el endiablado estr&eacute;pito de la cencerrada hac&iacute;a de todo punto ociosa.
+Ten&iacute;a la puerta su tranca y los cerrojos corridos, medida de precauci&oacute;n
+adoptada por la cocinera del abogado as&iacute; que oy&oacute; estruendo de mot&iacute;n. El
+abad de Bo&aacute;n los descorri&oacute; impetuosamente, el Tuerto sac&oacute; la tranca,
+gir&oacute; la llave en la cerradura, y cl&eacute;rigos y seglares se lanzaron contra
+la canalla sin avisar ni dar voces, con los dientes apretados,
+chispeantes los ojos, blandiendo l&aacute;tigos y esgrimiendo garrotes.</p>
+
+<p>No habr&iacute;an transcurrido cinco minutos cuando Barbacana, que por detr&aacute;s
+de los visillos registraba el teatro del combate, sonri&oacute;
+silenciosamente, o m&aacute;s bien rega&ntilde;&oacute; los labios, descubriendo la amarilla
+dentadura, y apret&oacute; con nerviosa violencia la barandilla de la ventana.
+En todas direcciones hu&iacute;an los despavoridos borrachos, chillando como si
+los cargase un regimiento de caballer&iacute;a a galope: algunos tropezaban y
+ca&iacute;an de bruces, y la tralla del Tuerto se les enroscaba alrededor de
+los lomos, arranc&aacute;ndoles alaridos de dolor. Fustigaba el hidalgo de
+Limioso con menos crueldad, pero con soberano desprecio, como se
+fustigar&iacute;a a una piara de marranos. El cura de Bo&aacute;n sacud&iacute;a estacazo
+limpio, con regularidad y energ&iacute;a infatigables. El de Naya, incapaz de
+mantenerse dentro de los l&iacute;mites de su papel justiciero, insultaba, re&iacute;a
+y vapuleaba a un mismo tiempo a los beodos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda, tinaja, cuba, mosquito! &iexcl;Toma, toma, para que vuelvas otra vez,
+pellejo, odre! &iexcl;Ve a dormir la mona, cuero! &iexcl;A la taberna con tus
+huesos, <i>larp&aacute;n</i>, tonel de mosto! &iexcl;A la c&aacute;rcel, borrachos, a vomitar lo
+que ten&eacute;is en esas tripas!</p>
+
+<p>Limpia estaba la calle; m&aacute;s limpia ya que una patena: silencio profundo
+hab&iacute;a sustituido al vocer&iacute;o, a los <i>mueras</i> y a la cencerrada feroz. Por
+el suelo quedaban esparcidos despojos de la batalla: cazos, almireces,
+cuernos de buey. En la escalera se o&iacute;a el ruido de los vencedores, que
+sub&iacute;an celebrando el f&aacute;cil triunfo. Delante de todos entr&oacute; don Eugenio,
+que se ech&oacute; en una butaca parti&eacute;ndose a carcajadas y palmoteando. El
+cura de Bo&aacute;n le segu&iacute;a limpi&aacute;ndose el sudor. Ram&oacute;n Limioso, serio y a&uacute;n
+melanc&oacute;lico, se limit&oacute; a entregar a Barbacana el latiguillo, sin
+despegar los labios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Van... buenos!&mdash;tartamude&oacute; el abad de Naya reventando de risa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo <i>mall&eacute;</i> en ellos... &iexcl;como quien <i>malla</i> en centeno!&mdash;exclam&oacute;
+respirando con placer el de Bo&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;explic&oacute; el hidalgo&mdash;, si supiese que hab&iacute;an de ser tan cobardes
+y echar a correr sin volv&eacute;rsenos siquiera, a fe que no me tomo el
+trabajo de salir.</p>
+
+<p>&mdash;No se f&iacute;en&mdash;observ&oacute; el arcipreste&mdash;. Ahora en el Ayuntamiento los
+averg&uuml;enza Trampeta, y capaz es de venir ac&aacute; en persona con los
+incircuncisos a darle un susto al se&ntilde;or Licenciado (as&iacute; llamaban a
+Barbacana familiarmente sus amigos). Por si acaso, es prudente que estos
+se&ntilde;ores pasen aqu&iacute; la noche. Yo tengo que misar ma&ntilde;ana en Loiro, y mi
+hermana estar&aacute; muerta de miedo..., que si no....</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso&mdash;replic&oacute; perentoriamente Barbacana&mdash;. Estos se&ntilde;ores se
+vuelven cada uno a su casa. No hay cuidado ninguno. A m&iacute;... me basta con
+este mozo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; se&ntilde;alando al Tuerto, agazapado otra vez en su rinc&oacute;n.</p>
+
+<p>No fue posible reducir al cacique a que aceptase la guardia de honor que
+le ofrec&iacute;an. Por otra parte, no se notaba s&iacute;ntoma alguno de que hubiese
+de alterarse el orden nuevamente. Ni se o&iacute;an a lo lejos vociferaciones
+de electores victoriosos. El so&ntilde;oliento silencio de los pueblecillos
+peque&ntilde;os y sin vida pesaba sobre la villa de Cebre. Tres h&eacute;roes de la
+gran batida, y el arcipreste con ellos, salieron a caballo hacia la
+monta&ntilde;a. No iban cabizbajos, a fuer de mu&ntilde;idores electorales derrotados,
+sino llenos de regocijo, con gran ch&aacute;chara y broma, celebrando a m&aacute;s y
+mejor la somanta administrada a los borrachines cencerreadores. Don
+Eugenio estaba inspirado, oportuno, bullanguero, ocurrent&iacute;simo en una
+palabra; hab&iacute;a que o&iacute;rle remedar los aullidos y la ca&iacute;da de los ebrios
+en el lodo de la calle, y el gesto que pon&iacute;a el cura de Bo&aacute;n al <i>majar</i>
+en ellos.</p>
+
+<p>Barbacana se qued&oacute; solo con el Tuerto. Si alguno de los molidos m&uacute;sicos
+de la cencerrada se atreviese a asomar la cabeza y mirar hacia las
+ventanas del cacique, ver&iacute;a que, por fanfarronada o por descuido, no
+estaban cerradas las maderas, y podr&iacute;a distinguir, al trav&eacute;s de los
+visillos y destac&aacute;ndose sobre el fondo de la habitaci&oacute;n alumbrada por el
+quinqu&eacute;, las cabezas del abogado y de su feroz defensor y seide. Sin
+duda hablaban de algo importante, porque la pl&aacute;tica fue larga. Una hora
+o algo m&aacute;s corri&oacute; desde que encendieron la luz hasta que las maderas se
+cerraron, quedando la casa silenciosa, torva y sombr&iacute;a como quien oculta
+alg&uacute;n negro secreto.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a><a href="#capitulos">-XXVII-</a></h2>
+
+
+<p>La persona en quien se not&oacute; mayor sentimiento por la p&eacute;rdida de las
+elecciones fue Nucha. Desde la derrota, se desmejor&oacute; m&aacute;s de lo que
+estaba, y creci&oacute; su abatimiento f&iacute;sico y moral. Apenas sal&iacute;a de su
+habitaci&oacute;n donde viv&iacute;a esclava de su ni&ntilde;a, cosida a ella d&iacute;a y noche. En
+la mesa, mientras com&iacute;a poco y sin gana, guardaba silencio, y a veces
+Juli&aacute;n, que no apartaba los ojos de la se&ntilde;orita, la ve&iacute;a mover los
+labios, cosa frecuente en las personas pose&iacute;das de una idea fija, que
+hablan para s&iacute;, sin emitir la voz. Don Pedro, como nunca hura&ntilde;o, no se
+tomaba el trabajo de intentar un asomo de conversaci&oacute;n. Mascaba firme,
+beb&iacute;a seco, y ten&iacute;a los ojos fijos en el plato, cuando no en las vigas
+del techo; jam&aacute;s en sus comensales.</p>
+
+<p>Tan deshecha y acabada le parec&iacute;a al capell&aacute;n la se&ntilde;orita, que un d&iacute;a se
+atrevi&oacute;, venciendo recelos inexplicables, a llamar aparte a don Pedro,
+pregunt&aacute;ndole en voz entrecortada si no ser&iacute;a bueno avisar al se&ntilde;or de
+Juncal, para que viese....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; usted loco?&mdash;respondi&oacute; don Pedro, fulmin&aacute;ndole una mirada
+despreciativa&mdash;. &iquest;Llamar a Juncal..., despu&eacute;s de lo que trabaj&oacute; contra m&iacute;
+en las elecciones? M&aacute;ximo Juncal no atravesar&aacute; m&aacute;s las puertas de esta
+casa.</p>
+
+<p>No replic&oacute; el capell&aacute;n, pero pocos d&iacute;as despu&eacute;s, volviendo de Naya, se
+tropez&oacute; con el m&eacute;dico. &Eacute;ste detuvo su caballejo, y, sin apearse,
+contest&oacute; a las preguntas de Juli&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Puede ser grave...&raquo;. Qued&oacute; muy d&eacute;bil del parto, y necesitaba cuidados
+exquisitos.... Las mujeres nerviosas sanan del cuerpo cuando se les
+tranquiliza y se les distrae el esp&iacute;ritu.... Mire, Juli&aacute;n, tendr&iacute;amos que
+hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz
+se&ntilde;orita, y de esos Pazos.... Punto en boca.... Bonito diputado quer&iacute;an
+ustedes enviar a las Cortes.... M&aacute;s valdr&iacute;a que sus padres lo hubiesen
+mandado a la escuela....</p>
+
+<p>Puede ser grave.... Esto principalmente se estamp&oacute; en el pensamiento de
+Juli&aacute;n. S&iacute; que pod&iacute;a ser grave: &iquest;Y de qu&eacute; medios dispon&iacute;a &eacute;l para
+conjurar la enfermedad y la muerte? De ninguno. Envidi&oacute; a los m&eacute;dicos.
+&Eacute;l s&oacute;lo ten&iacute;a facultades para curar el esp&iacute;ritu: ni aun &eacute;sas le serv&iacute;an,
+pues Nucha no se confesaba con &eacute;l; y hasta la idea de que se confesase,
+de ver desnuda un alma tan hermosa, le turbaba y confund&iacute;a.</p>
+
+<p>Muchas veces hab&iacute;a pensado en semejante probabilidad: cualquier d&iacute;a era
+f&aacute;cil que Nucha, por necesidad de desahogo y de consuelo, viniese a
+ech&aacute;rsele a los pies en el tribunal de la penitencia y a demandarle
+consejos, fuerza, resignaci&oacute;n. &laquo;&iquest;Y qui&eacute;n soy yo&mdash;se dec&iacute;a Juli&aacute;n&mdash;para
+guiar a una persona como la se&ntilde;orita Marcelina? Ni tengo edad, ni
+experiencia, ni sabidur&iacute;a suficiente; y lo peor es que tambi&eacute;n me falta
+virtud, porque yo deb&iacute;a aceptar gustoso todos los padecimientos de la
+se&ntilde;orita, creer que Dios se los env&iacute;a para probarla, para acrecentar sus
+m&eacute;ritos, para darle mayor cantidad de gloria en el otro mundo... y soy
+tan malo, tan carnal, tan ciego, tan inepto, que me paso la vida dudando
+de la bondad divina porque veo a esta pobre se&ntilde;ora entre adversidades y
+tribulaciones pasajeras.... Pues no ha de ser as&iacute;&mdash;resolv&iacute;a el capell&aacute;n
+con esfuerzo&mdash;. He de abrir los ojos, que para eso tengo la luz de la fe,
+negada a los incr&eacute;dulos, a los imp&iacute;os, a los que est&aacute;n en pecado mortal.
+Si la se&ntilde;orita me viene a pedir que le ayude a llevar la cruz,
+ense&ntilde;&eacute;mosle a que la abrace amorosamente. Es necesario que comprenda
+ella, y yo tambi&eacute;n, lo que significa esa cruz. Con ella se va a la
+felicidad &uacute;nica y verdadera. Por muy dichosa que fuese la se&ntilde;orita aqu&iacute;
+en el mundo, vamos a ver, &iquest;cu&aacute;nto tiempo y de qu&eacute; manera podr&iacute;a serlo?
+Aunque su marido la... estimase como merece, y la pusiese sobre las
+ni&ntilde;as de sus ojos, &iquest;se librar&iacute;a por eso de contrariedades, enfermedades,
+vejez y muerte? Y cuando llega la hora de la muerte, &iquest;qu&eacute; importa ni de
+qu&eacute; sirve haber pasado un poco m&aacute;s alegre y tranquila esta vidilla
+perecedera y despreciable?&raquo;.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a Juli&aacute;n a la mano siempre un ejemplar de la <i>Imitaci&oacute;n de Cristo</i>;
+era la modesta edici&oacute;n de la Librer&iacute;a religiosa, y castiza y admirable
+traducci&oacute;n del P. Nieremberg. Al frente de la portada hab&iacute;a un grabado,
+bien &iacute;nfimo como obra de arte, que proporcionaba al capell&aacute;n mucho
+alivio cada vez que fijaba sus ojos en &eacute;l. Representaba una colina, el
+Calvario; y por el estrecho sendero que conduc&iacute;a al lugar del suplicio,
+iba subiendo lentamente Jes&uacute;s, con la cruz a cuestas, y el rostro vuelto
+hacia un fraile que all&aacute; en lontananza se echaba otra cruz al hombro.
+Aunque malo el dibujo y peor el desempe&ntilde;o, respiraba aquel grabado una
+especie de resignaci&oacute;n melanc&oacute;lica, adecuada a la situaci&oacute;n moral del
+presb&iacute;tero. Y despu&eacute;s de haberlo contemplado despacio, parec&iacute;ale sentir
+en los hombros una pesadumbre abrumadora y dulc&iacute;sima a la vez, y una
+calma honda, como si se encontrase&mdash;calculaba &eacute;l para s&iacute;&mdash;sepultado en el
+fondo del mar, y el agua le rodease por todas partes, sin ahogarle.
+Entonces le&iacute;a p&aacute;rrafos del libro de oro, que se le entraban en el alma a
+manera de hierro enrojecido en la carne:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; temes, pues, tomar la cruz, por la cual se va al reino? En la
+cruz est&aacute; la salud, en la cruz est&aacute; la vida, en la cruz est&aacute; la defensa
+de los enemigos, en la cruz est&aacute; la infusi&oacute;n de la suavidad soberana, en
+la cruz est&aacute; la fortaleza del coraz&oacute;n, en la cruz est&aacute; el gozo del
+esp&iacute;ritu, en la cruz est&aacute; la suma virtud, en la cruz est&aacute; la perfecci&oacute;n
+de la santidad.... Toma pues tu cruz, y sigue a Jes&uacute;s.... Mira que todo
+consiste en la cruz, y todo est&aacute; en morir; y no hay otro camino para la
+vida y para la verdadera paz que el de la santa cruz y continua
+mortificaci&oacute;n.... Disp&oacute;n y ordena todas las cosas seg&uacute;n tu querer, y no
+hallar&aacute;s sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza; y as&iacute;
+siempre hallar&aacute;s la cruz, porque o sentir&aacute;s dolor en el cuerpo, o
+padecer&aacute;s tribulaci&oacute;n en el esp&iacute;ritu.... Cuando llegares al punto de que
+la aflicci&oacute;n te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa entonces
+que te va bien, porque hallaste el para&iacute;so en la tierra...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;ndo llegar&eacute; yo a este estado de bienaventuranza, Se&ntilde;or!&mdash;murmuraba
+Juli&aacute;n poniendo una se&ntilde;al en el libro&mdash;. Hab&iacute;a o&iacute;do algunas veces que
+Dios concede lo que se le pide mentalmente en el acto de consagrar la
+hostia, y con muchas veras le ped&iacute;a llegar al punto de que su cruz....
+No, la de la pobre se&ntilde;orita, le fuese dulce y gustosa, como dec&iacute;a
+Kempis....</p>
+
+<p>A la misa en la capilla remozada asist&iacute;a siempre Nucha, oy&eacute;ndola toda de
+rodillas, y retir&aacute;ndose cuando Juli&aacute;n daba gracias. Sin volverse ni
+distraerse en la oraci&oacute;n, Juli&aacute;n conoc&iacute;a el instante en que se levantaba
+la se&ntilde;orita y el ruido imperceptible de sus pisadas sobre el entarimado
+nuevo. Cierta ma&ntilde;ana no lo oy&oacute;. Este hecho tan sencillo le priv&oacute; de
+rezar con sosiego. Al alzarse, vio a Nucha tambi&eacute;n en pie, el &iacute;ndice
+sobre los labios. Perucho, que ayudaba a misa con desembarazo notable,
+se dedicaba a apagar los cirios, vali&eacute;ndose de una luenga ca&ntilde;a. La
+mirada de la se&ntilde;orita dec&iacute;a elocuentemente:</p>
+
+<p>&laquo;Que se vaya ese ni&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>El capell&aacute;n orden&oacute; al ac&oacute;lito que despejase.</p>
+
+<p>Tard&oacute; &eacute;ste algo en obedecer, deteni&eacute;ndose en doblar la toalla del
+lavatorio. Al fin se fue, no muy de su grado. Llenaba la capilla olor de
+flores y barniz fresco; por las ventanas entraba una luz caliente, que
+cern&iacute;an visillos de tafet&aacute;n carmes&iacute;; y las carnes de los santos del
+altar adquir&iacute;an apariencia de vida, y la palidez de Nucha se sonroseaba
+artificialmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Juli&aacute;n?&mdash;pregunt&oacute; con imperioso acento, extra&ntilde;o en ella.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita...&mdash;respondi&oacute; &eacute;l en voz baja, por respeto al lugar sagrado.
+Tembl&aacute;ronle los labios y las manos se le enfriaron, pues crey&oacute; llegado
+el terrible momento de la confesi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos que hablar. Y ha de ser aqu&iacute;, por fuerza. En otras partes no
+falta quien aceche.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que no falta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Har&aacute; usted lo que le pida?</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabe que....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sea lo que sea?</p>
+
+<p>&mdash;Yo....</p>
+
+<p>Su turbaci&oacute;n crec&iacute;a: el coraz&oacute;n le lat&iacute;a con sordo ruido. Se recost&oacute; en
+el altar.</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso&mdash;declar&oacute; Nucha sin apartar de &eacute;l sus ojos, m&aacute;s que vagos,
+extraviados ya&mdash;que me ayude usted a salir de aqu&iacute;. De esta casa.</p>
+
+<p>&mdash;A.... A... salir...&mdash;tartamude&oacute; Juli&aacute;n, aturdido.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero marcharme. Llevarme a mi ni&ntilde;a. Volverme junto a mi padre. Para
+conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aqu&iacute;, me encerrar&aacute;n con
+llave. Me apartar&aacute;n de la peque&ntilde;a. La matar&aacute;n. S&eacute; de fijo que la
+matar&aacute;n.</p>
+
+<p>El tono, la expresi&oacute;n, la actitud, eran de quien no posee la plenitud de
+sus facultades mentales; de mujer impulsada por excitaci&oacute;n nerviosa que
+raya en desvar&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita...&mdash;articul&oacute; el capell&aacute;n, no menos alterado&mdash;, no est&eacute; de pie,
+no est&eacute; de pie.... Si&eacute;ntese en este banquito.... Hablemos con
+tranquilidad.... Ya conozco que tiene disgustos, se&ntilde;orita.... Se necesita
+paciencia, prudencia.... C&aacute;lmese....</p>
+
+<p>Nucha se dej&oacute; caer en el banco. Respiraba fatigosamente, como persona en
+quien se cumplen mal las funciones pulmonares. Sus orejas, blanquecinas
+y despegadas del cr&aacute;neo, transparentaban la luz. Habiendo tomado
+aliento, habl&oacute; con cierto reposo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Paciencia y prudencia! Tengo cuanta cabe en una mujer. Aqu&iacute; no viene
+al caso disimular: ya sabe usted cu&aacute;ndo empez&oacute; a clav&aacute;rseme la espina;
+desde aquel d&iacute;a me propuse averiguar la verdad, y no me cost&oacute;... gran
+trabajo. Digo, s&iacute;; me cost&oacute; un... un combate.... En fin, eso es lo que
+menos importa. Por m&iacute; no pensar&iacute;a en irme, pues no estoy buena y se me
+figura que... durar&eacute; poco..., pero..., &iquest;y la ni&ntilde;a?</p>
+
+<p>&mdash;La ni&ntilde;a....</p>
+
+<p>&mdash;La van a matar, Juli&aacute;n, esas... gentes. &iquest;No ve usted que les estorba?
+&iquest;Pero no lo ve usted?</p>
+
+<p>&mdash;Por Dios le pido que se sosiegue.... Hablemos con calma, con juicio....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Estoy harta de tener calma!&mdash;exclam&oacute; con enfado Nucha, como el que oye
+una gran simpleza&mdash;. He rogado, he rogado.... He agotado todos los
+medios.... No aguardo, no puedo aguardar m&aacute;s. Esper&eacute; a que se acabasen
+las elecciones dichosas, porque cre&iacute;a que saldr&iacute;amos de aqu&iacute; y entonces
+se me pasar&iacute;a el miedo.... Yo tengo miedo en esta casa, ya lo sabe usted,
+Juli&aacute;n; miedo horrible.... Sobre todo de noche.</p>
+
+<p>A la luz del sol, que tamizaban los visillos carmes&iacute;es, Juli&aacute;n vio las
+pupilas dilatadas de la se&ntilde;orita, sus entreabiertos labios, sus
+enarcadas cejas, la expresi&oacute;n de mortal terror pintada en su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo mucho miedo&mdash;repiti&oacute; estremeci&eacute;ndose.</p>
+
+<p>Renegaba Juli&aacute;n de su sosera. &iexcl;Cu&aacute;nto dar&iacute;a por ser elocuente! Y no se
+le ocurr&iacute;a nada, nada. Los consuelos m&iacute;sticos que ten&iacute;a preparados y
+atesorados, la teor&iacute;a de abrazarse a la cruz..., todo se le hab&iacute;a
+borrado ante aquel dolor voluntarioso, palpitante y desbordado.</p>
+
+<p>&mdash;Ya desde que llegu&eacute;... esta casa tan grande y tan antigua...&mdash;prosigui&oacute;
+Nucha&mdash;me dio fr&iacute;o en la espalda.... S&oacute;lo que ahora... no son tonter&iacute;as de
+chiquilla mimada, no.... Me van a matar a la peque&ntilde;a.... &iexcl;Usted lo ver&aacute;!
+As&iacute; que la dejo con el ama, estoy en brasas.... Acabemos pronto.... Esto
+se va a resolver ahora mismo. Acudo a usted, porque no puedo confiarme a
+nadie m&aacute;s.... Usted quiere a mi ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es quererla...&mdash;balbuci&oacute; Juli&aacute;n, casi af&oacute;nico de puro
+enternecido.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy sola, sola...&mdash;repiti&oacute; Nucha pas&aacute;ndose la mano por las mejillas.
+Su voz sonaba como entrecortada por l&aacute;grimas que conten&iacute;a&mdash;. Pens&eacute; en
+confesarme con usted, pero... buena confesi&oacute;n te d&eacute; Dios.... No
+obedecer&iacute;a si usted me mandase quedarme aqu&iacute;.... Ya s&eacute; que es mi
+obligaci&oacute;n: la mujer no debe apartarse del marido. Mi resoluci&oacute;n, cuando
+me cas&eacute;, era....</p>
+
+<p>Det&uacute;vose de pronto, y care&aacute;ndose con Juli&aacute;n, le pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le parece a usted como a m&iacute; que este casamiento ten&iacute;a que salir
+mal? Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando &eacute;l me pidi&oacute;....
+Sin culpa m&iacute;a, quedamos re&ntilde;idas Rita y yo desde entonces.... No s&eacute; c&oacute;mo
+fue aquello; bien sabe Dios que no puse nada de mi parte para que Pedro
+se fijase en m&iacute;. Pap&aacute; me aconsej&oacute; que, de todos modos, me casase con el
+primo.... Yo segu&iacute; el consejo.... Me propuse ser buena, quererle mucho,
+obedecerle, cuidar de mis hijos.... D&iacute;game usted, Juli&aacute;n, &iquest;he faltado en
+algo?</p>
+
+<p>Juli&aacute;n cruz&oacute; las manos. Sus rodillas se doblaban, y a punto estuvo de
+hincarlas en tierra. Pronunci&oacute; con entusiasmo:</p>
+
+<p>&mdash;Usted es un &aacute;ngel, se&ntilde;orita Marcelina.</p>
+
+<p>&mdash;No...&mdash;replic&oacute; ella&mdash;, &aacute;ngel no, pero no me acuerdo de haber hecho da&ntilde;o a
+nadie. He cuidado mucho a mi hermanito Gabriel, que era delicado de
+salud y no ten&iacute;a madre....</p>
+
+<p>Al pronunciar esta frase, la ola rebos&oacute;, las l&aacute;grimas corrieron por fin;
+Nucha respir&oacute; mejor, como si aquellos recuerdos de la infancia templasen
+sus nervios y el llanto le diese alivio.</p>
+
+<p>&mdash;Y por cierto que le tom&eacute; tal cari&ntilde;o, que pensaba para m&iacute;: &laquo;Si tengo
+hijos alg&uacute;n d&iacute;a, no es posible quererlos m&aacute;s que a mi hermano&raquo;. Despu&eacute;s
+he visto que esto era un disparate; a los hijos se les quiere much&iacute;simo
+m&aacute;s a&uacute;n.</p>
+
+<p>El cielo se nublaba lentamente, y se oscurec&iacute;a la capilla. La se&ntilde;orita
+hablaba con sosiego melanc&oacute;lico.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando mi hermano se fue al colegio de artiller&iacute;a, yo no pens&eacute; m&aacute;s que
+en dar gusto a pap&aacute;, y en que se notase poco la falta de la pobre
+mam&aacute;.... Mis hermanas prefer&iacute;an ir a paseo, porque, como son bonitas, les
+gustaban las diversiones. A m&iacute; me llamaban fe&uacute;cha y bizca, y me
+aseguraban que no encontrar&iacute;a marido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ojal&aacute;!&mdash;exclam&oacute; Juli&aacute;n sin poder reprimirse.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me re&iacute;a. &iquest;Para qu&eacute; necesitaba casarme? Ten&iacute;a a pap&aacute; y a Gabriel con
+quien vivir siempre. Si ellos se me mor&iacute;an, pod&iacute;a entrar en un convento:
+el de las Carmelitas, en que est&aacute; la t&iacute;a Dolores, me gustaba mucho. En
+fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando pap&aacute; me
+enter&oacute; de las intenciones del primo, le dije que no quer&iacute;a sacarle el
+novio a mi hermana, y entonces pap&aacute;... me besuque&oacute; mucho en los
+carrillos, como cuando era peque&ntilde;a, y... me parece que le estoy
+oyendo... me respondi&oacute; as&iacute;: &laquo;Rita es una tonta..., c&aacute;llate&raquo;. Pero por
+mucho que diga pap&aacute;.... &iexcl;al primo le segu&iacute;a gustando m&aacute;s Rita!...</p>
+
+<p>Continu&oacute; despu&eacute;s de algunos segundos de silencio:</p>
+
+<p>&mdash;Ya ve usted que no ten&iacute;a mucho por qu&eacute; envidiarme mi hermana.... &iexcl;Cu&aacute;nta
+hiel he tragado, Juli&aacute;n! Cuando lo pienso se me pone un nudo aqu&iacute;....</p>
+
+<p>El capell&aacute;n pudo al fin expresar parte de sus sentimientos.</p>
+
+<p>&mdash;No me extra&ntilde;a que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo tambi&eacute;n....
+D&iacute;a y noche estoy cavilando en sus males, se&ntilde;orita.... Cuando vi aquella
+se&ntilde;al.... La lastimadura en la mu&ntilde;eca....</p>
+
+<p>Por primera vez durante la conversaci&oacute;n se encendi&oacute; el descolorido
+rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubri&eacute;ndolos la ca&iacute;da de las
+pesta&ntilde;as. No respondi&oacute; directamente.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted&mdash;murmur&oacute; con asomos de amarga sonrisa&mdash;que siempre me suceden
+a m&iacute; desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empe&ntilde;aba
+en que yo le reclamase a pap&aacute; la leg&iacute;tima de mam&aacute;, porque pap&aacute; le neg&oacute;
+un dinero que le hac&iacute;a falta para las elecciones. Tambi&eacute;n se disgust&oacute;
+mucho porque la t&iacute;a Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo
+que va a dejarle a Rita los bienes.... Yo no tengo que ver con nada de
+eso.... &iquest;Por qu&eacute; me matan? Ya s&eacute; que soy pobre: no hay necesidad de
+repet&iacute;rmelo.... En fin, esto es lo de menos.... Me doli&oacute; bastante m&aacute;s el
+que mi marido me dijese que por m&iacute; se ve sin sucesi&oacute;n la casa de
+Moscoso.... &iexcl;Sin sucesi&oacute;n! &iquest;Y mi ni&ntilde;a? &iexcl;Angelito de mis entra&ntilde;as!</p>
+
+<p>Lloraba la infeliz se&ntilde;ora, lentamente, sin sollozar. Sus p&aacute;rpados ten&iacute;an
+ya el matiz rojizo que dan los pintores a los de las Dolorosas.</p>
+
+<p>&mdash;Lo m&iacute;o&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;no me importa. Lo m&iacute;o lo aguantar&iacute;a hasta el &uacute;ltimo
+instante. Que me... traten de un modo... o de otro, que... que la
+criada... sea... ocupe mi sitio... bien..., bien, paciencia, ser&iacute;a
+cuesti&oacute;n de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.... Pero est&aacute; de
+por medio la ni&ntilde;a..., hay otro ni&ntilde;o, otro hijo, un bastardo.... La ni&ntilde;a
+estorba.... &iexcl;La matar&aacute;n!...</p>
+
+<p>Repiti&oacute; solemnemente y muy despacio:</p>
+
+<p>&mdash;La matar&aacute;n. No me mire usted as&iacute;. No estoy loca, s&oacute;lo estoy excitada.
+He determinado marcharme e irme a vivir con mi padre. Me parece que esto
+no es ning&uacute;n pecado, ni tampoco el llevarme a la peque&ntilde;a. &iexcl;Y si peco, no
+me lo diga, Julianci&ntilde;o!... Es resoluci&oacute;n irrevocable. Usted vendr&aacute;
+conmigo, porque sola no conseguir&iacute;a realizar mi plan. &iquest;Me acompa&ntilde;ar&aacute;?</p>
+
+<p>Juli&aacute;n quiso objetar algo; &iquest;qu&eacute;? No lo sab&iacute;a &eacute;l mismo. El diminutivo
+cari&ntilde;oso usado por la se&ntilde;orita, la febril resoluci&oacute;n con que hablaba, le
+vencieron. &iquest;Negarse a ayudar a la desdichada? Imposible. &iquest;Pensar en lo
+que el proyecto ten&iacute;a de extra&ntilde;o, de inconveniente? Ni se le ocurri&oacute; un
+minuto. A fuer de criatura candorosa, una fuga tan absurda le pareci&oacute;
+hasta f&aacute;cil. &iquest;Oponerse a la marcha? Tambi&eacute;n &eacute;l hab&iacute;a tenido y ten&iacute;a a
+cada instante miedo, miedo cerval, no s&oacute;lo por la ni&ntilde;a, sino por la
+madre: &iquest;acaso no se le hab&iacute;a ocurrido mil veces que la existencia de las
+dos corr&iacute;a inminente peligro? Adem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; cosa en el mundo dejar&iacute;a &eacute;l
+de intentar por secar aquellos ojos puros, por sosegar aquel anheloso
+pecho, por ver de nuevo a la se&ntilde;orita segura, honrada, respetada,
+cercada de miramientos en la casa paterna?</p>
+
+<p>Se representaba la escena de la escapatoria. Ser&iacute;a al amanecer. Nucha
+ir&iacute;a envuelta en muchos abrigos. &Eacute;l cargar&iacute;a con la ni&ntilde;a, dormidita y
+arropad&iacute;sima tambi&eacute;n. Por si acaso llevar&iacute;a en el bolsillo un tarro con
+leche caliente. Andando bien llegar&iacute;an a Cebre en tres horas escasas.
+All&iacute; se pod&iacute;an hacer sopas. La nena no pasar&iacute;a hambre. Tomar&iacute;an en el
+coche la berlina, el sitio m&aacute;s c&oacute;modo. Cada vuelta de la rueda les
+alejar&iacute;a de los t&eacute;tricos Pazos....</p>
+
+<p>Muy quedito, como quien se confiesa, empezaron a debatir y resolver
+estos pormenores. Otro rayo de sol entreabr&iacute;a las nubes, y los santos,
+en sus hornacinas, parec&iacute;an sonre&iacute;r ben&eacute;volamente al grupo del
+banquillo. Ni la Pur&iacute;sima de sueltos tirabuzones y traje blanco y azul,
+ni el san Antonio que hac&iacute;a fiestas a un ni&ntilde;o Jes&uacute;s regordete, ni el san
+Pedro con la tiara y las llaves, ni siquiera el arc&aacute;ngel san Miguel, el
+caballero de la ardiente espada, siempre dispuesto a rajar y hendir a
+Satan&aacute;s, revelaban en sus rostros pintados de fresco el m&aacute;s leve enojo
+contra el capell&aacute;n, ocupado en combinar los preliminares de un rapto en
+toda regla, arrebatando una hija a su padre y una mujer a su leg&iacute;timo
+due&ntilde;o.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a><a href="#capitulos">-XXVIII-</a></h2>
+
+
+<p>Al llegar aqu&iacute; de la narraci&oacute;n, es preciso acudir, para completarla, a
+las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginaci&oacute;n del lindo
+rapazuelo, hijo de Sabel, los sucesos de la memorable ma&ntilde;ana en que por
+&uacute;ltima vez ayud&oacute; a misa al bonach&oacute;n de don Juli&aacute;n (el cual, por m&aacute;s
+se&ntilde;as, sol&iacute;a darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino).</p>
+
+<p>El primer recuerdo que Perucho conserva es que, al salir de la capilla,
+qued&oacute;se muy triste arrimado a la puerta, porque aquel d&iacute;a el capell&aacute;n no
+le hab&iacute;a dado cosa alguna. Chup&aacute;ndose el dedo y en actitud meditabunda
+permaneci&oacute; all&iacute; unos instantes, hasta que la misma falta de los dos
+cuartos acostumbrados le descubri&oacute; un rayo de luz: &iexcl;su abuelo le hab&iacute;a
+prometido otros dos si le avisaba cuando la se&ntilde;ora se quedase en la
+capilla despu&eacute;s de o&iacute;da la misa! Raciocinando con sorprendente rigor
+matem&aacute;tico, calcul&oacute; que pues perd&iacute;a dos cuartos por un lado, era urgente
+ganarlos por otro; apenas concibi&oacute; tan luminosa idea, sinti&oacute; que las
+piernas le bailaban, y ech&oacute; a correr con toda la velocidad posible en
+busca de su abuelo.</p>
+
+<p>Atravesando la cocina, col&oacute;se en la habitaci&oacute;n baja donde despachaba
+Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa
+antigua, sobre la cual se encrespaba un marem&aacute;gnum de papelotes
+cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra
+jorobada y escabrosa, por mano que no deb&iacute;a ser diestra ni aun en
+palotes. La mesa y el cuarto en general atra&iacute;an a Perucho con el encanto
+que posee para la ni&ntilde;ez lo desordenado y revuelto, los sitios en que se
+acumulan muchas cosas variadas, pues imaginan ellos que cada mont&oacute;n de
+objetos es un mundo desconocido, un dep&oacute;sito de tesoros inestimables.
+Rara vez entraba all&iacute; Perucho; su abuelo acostumbraba echarle para que
+no sorprendiese ciertas operaciones financieras que el mayordomo gustaba
+de realizar sin testigos. Cuando el nieto entr&oacute;, la cara pulimentada y
+oscura de Primitivo pod&iacute;a confundirse con el tono bronceado de un acervo
+de calderilla o monta&ntilde;a de cobre, de la cual iban saliendo columnitas,
+columnitas que el mayordomo alineaba en correcta formaci&oacute;n.... Perucho se
+qued&oacute; deslumbrado ante tan fabulosa riqueza. &iexcl;All&iacute; estaban sus dos
+cuartos! &iexcl;Menuda pepita de aquel gran criadero de metal! Lleno de
+esperanza, alz&oacute; la voz cuanto pudo, y dio su recado. Que la se&ntilde;ora
+estaba en la capilla, con el se&ntilde;or capell&aacute;n.... Que le hab&iacute;an despedido
+de all&iacute;.</p>
+
+<p>Iba a a&ntilde;adir: &laquo;Y que se me deben dos cuartos por la noticia&raquo; o cosa
+an&aacute;loga, pero no le dio lugar a ello su abuelo, alz&aacute;ndose del sill&oacute;n con
+la agilidad de bicho mont&eacute;s que caracterizaba sus movimientos todos, no
+sin que al hacerlo produjese un tempestuoso remolino en el mar de
+calderilla, y la ca&iacute;da de algunas torres que, con sonoro estr&eacute;pito, se
+rindieron a la gran pesadumbre. Primitivo sali&oacute; corriendo hacia el
+interior de la casa. El chiquillo se qued&oacute; all&iacute;, solicitado por las dos
+tentaciones m&aacute;s fuertes que en su vida hab&iacute;a sufrido. Era una la de
+comerse las obleas, que con su provocativa blancura y encendido rojo le
+estaban convidando desde un bote de hojalata, y aun cuando ser&iacute;a m&aacute;s
+glorioso para nuestro h&eacute;roe vencer el goloso capricho, la sinceridad
+obliga a declarar que alarg&oacute; el dedo humedecido en saliva, y fue
+pescando una, dos, tres, hasta zamparse cuantas encerraba el bote.
+Satisfecha esta concupiscencia, le apremi&oacute; la otra, incit&aacute;ndole nada
+menos que a cobrarse por su mano de los dos cuartos prometidos,
+tom&aacute;ndolos del mont&oacute;n que ten&iacute;a all&iacute; delante, a su disposici&oacute;n y
+albedr&iacute;o. No s&oacute;lo apetec&iacute;a cobrarse del debido salario, sino que le
+seduc&iacute;an principalmente unos ochavos ro&ntilde;osos llamados de <i>la fortuna</i> en
+el pa&iacute;s, y que, merced a consideraciones muy l&oacute;gicas en su mente
+infantil, le parec&iacute;an preferibles a las piezas gordas. Las adquisiciones
+y placeres de Perucho los representaba generalmente un ochavo. Por un
+ochavo le daba la rosquillera, en ferias y romer&iacute;as, caramelos de
+alfe&ntilde;ique o rosquillas bastantes; por un ochavo le vend&iacute;an bramante
+suficiente para el trompo, y le surt&iacute;a el cohetero de p&oacute;lvora en
+cantidad con que hacer regueritos; por un ochavo se procuraba tiras de
+mistos de cart&oacute;n, groseras aleluyas impresas en papel amarillo, gallos
+de barro con un pito en parte no muy decorosa. Y todo esto lo ten&iacute;a al
+alcance de su mano, como las obleas; &iexcl;y nadie le ve&iacute;a ni pod&iacute;a
+delatarle! El angelote se empin&oacute; en la punta de los pies para alcanzar
+mejor el dinero, alarg&oacute; a la vez ambas palmas, y las sumergi&oacute; en el mar
+de cobre.... Las pase&oacute; mucho rato por la superficie sin osar cerrarlas....
+Por fin hizo presa en un pu&ntilde;ado de ochavos, y entonces apret&oacute; el pu&ntilde;o
+fort&iacute;simamente, con la intensidad propia de los ni&ntilde;os, que temen siempre
+se les escape la dicha por la mano abierta. Y as&iacute; se mantuvo inm&oacute;vil,
+sin atreverse a retraer aquella diestra pecadora y cargada de bot&iacute;n al
+seguro rinc&oacute;n del seno, donde almacenaba siempre sus latrocinios. Porque
+es de advertir que Perucho ten&iacute;a bastante de caco, y con la mayor
+frescura se apropiaba huevos, fruta, y, en general, cuantos objetos
+codiciaba; pero, con respeto supersticioso de aldeano, que s&oacute;lo juzga
+propiedad ajena el dinero, jam&aacute;s hab&iacute;a tocado a una moneda. En el alma
+de Perucho se verificaba una de esas encarnizadas luchas entre el deber
+y la pasi&oacute;n, cantadas por la musa dram&aacute;tica: el &aacute;ngel malo y el bueno le
+tiraban cada uno de una oreja, y no sab&iacute;a a cu&aacute;l atender. &iexcl;Tremendo
+conflicto! Pero regoc&iacute;jense el cielo y los hombres, pues venci&oacute; el
+esp&iacute;ritu de luz. &iquest;Fue el primer despertar de ese sentimiento de honor
+que dicta al hombre heroicos sacrificios? &iquest;Fue una gota de la sangre de
+Moscoso, que realmente corr&iacute;a por sus venas y que, con la misteriosa
+energ&iacute;a de la transmisi&oacute;n hereditaria, le gui&oacute; la voluntad como por
+medio de una rienda? &iquest;Fue temprano fruto de las lecciones de Juli&aacute;n y
+Nucha? Lo cierto es que el rapaz abri&oacute; la mano, separando mucho los
+dedos, y los ochavos apresados cayeron entre los restantes, con met&aacute;lico
+retint&iacute;n.</p>
+
+<p>No por eso hay que figurarse que Perucho renunciaba a sus dos cuartos,
+los ganados honradamente con la agilidad de sus piernas. &iexcl;Renunciar! &iexcl;A
+buena parte! Aquel mismo embri&oacute;n de conciencia que en el fondo de su
+ser, donde todos tenemos escrita desde <i>ab initio</i> gran parte del
+Dec&aacute;logo, le gritaba: &laquo;no hurtar&aacute;s&raquo;, le dijo con no menor energ&iacute;a:
+&laquo;tienes derecho a reclamar lo que te ofrecieron&raquo;. Y, obedeciendo a la
+impulsi&oacute;n, la criatura ech&oacute; a correr en la misma direcci&oacute;n que su
+abuelo.</p>
+
+<p>Casualmente tropez&oacute; con &eacute;l en la cocina, donde preguntaba algo a Sabel
+en queda voz. Acerc&oacute;sele Perucho, y asi&eacute;ndole de la chaqueta exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mis dos cuartos?</p>
+
+<p>No hizo caso Primitivo. Dialogaba con su hija, y, a lo que Perucho pudo
+comprender, &eacute;sta explicaba que el se&ntilde;orito hab&iacute;a salido de madrugada a
+tirar a los pollos de perdiz, y supon&iacute;a que anduviese hacia la parte del
+camino de Cebre. El abuelo solt&oacute; un juramento que usaba a menudo y que
+Perucho sol&iacute;a repetir por fanfarronada, y, sin m&aacute;s conversaci&oacute;n, se
+alej&oacute;.</p>
+
+<p>Asegur&oacute; Perucho despu&eacute;s que le hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n ver al abuelo
+salir sin tomar la escopeta y el sombrer&oacute;n de alas anchas, prendas que
+no soltaba nunca. Semejante idea debi&oacute; ocurr&iacute;rsele al chiquillo m&aacute;s
+tarde, en vista de los sucesos. Al pronto s&oacute;lo pens&oacute; en alcanzar a
+Primitivo, y lo logr&oacute; en lo alto del camino que baja a los Pazos. Aunque
+el cazador iba como el pensamiento, el rapaz corr&iacute;a en regla tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda al demonio! &iquest;Qu&eacute; se te ofrece?&mdash;gru&ntilde;&oacute; Primitivo al conocer a su
+nieto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mis dos cuartos!</p>
+
+<p>&mdash;Te doy cuatro en casa si me ayudas a buscar por el monte al se&ntilde;orito y
+le dices, en cuanto lo veas, lo que me dijiste a m&iacute;, &iquest;entiendes? Que el
+capell&aacute;n est&aacute; con la se&ntilde;ora encerrado en la capilla y que te echaron de
+all&iacute; para quedar solos.</p>
+
+<p>El angel&oacute;n fij&oacute; sus pupilas l&iacute;mpidas en los fascinadores ojuelos de
+v&iacute;bora de su abuelo; y, sin esperar m&aacute;s instrucciones, abriendo mucho la
+boca, sali&oacute; a galope hacia donde por instinto juzgaba &eacute;l que el se&ntilde;orito
+deb&iacute;a encontrarse. Volaba, con los pu&ntilde;os apretados, haciendo saltar
+guijarros y tierra al golpe de sus piececillos encallecidos por la
+planta. Cruzaba por cima de los tojos sin sentir las espinas, hollando
+las flores del rosado brezo, salvando matorrales casi tan altos como su
+persona, espantando la liebre oculta detr&aacute;s de un madro&ntilde;ero o la pega
+posada en las ramas bajas del pino. De repente oy&oacute; el andar de una
+persona y vio al se&ntilde;orito salir de entre el robledal.... Loco de j&uacute;bilo
+se acerc&oacute; a darle su recado, del cual esperaba albricias. &Eacute;stas fueron
+la misma palabrota inmunda y atroz que hab&iacute;a expectorado su abuelo en la
+cocina; y el se&ntilde;orito sali&oacute; disparado en direcci&oacute;n de los Pazos, como si
+un torbellino lo arrebatase.</p>
+
+<p>Perucho se qued&oacute; algunos instantes suspenso y confuso; &eacute;l afirma que al
+poco rato volvi&oacute; a embargar su &aacute;nimo el deseo de los cuartos ofrecidos,
+que ya ascend&iacute;an a la respetable suma de cuatro. Para obtenerlos era
+menester buscar a su abuelo, y avisarle del encuentro con el se&ntilde;orito;
+no lo tuvo por dif&iacute;cil, pues recordaba aproximadamente el punto del
+bosque donde Primitivo quedaba; y por atajos y vericuetos s&oacute;lo
+practicables para los conejos y para &eacute;l, Perucho se lanz&oacute; tras la pista
+de su abuelo. Trepaba por un murall&oacute;n medio deshecho ya, amparo de un
+vi&ntilde;edo colgado, por decirlo as&iacute;, en la falda abrupta del monte, cuando
+del otro lado del baluarte que escalaba crey&oacute; sentir rumor de pisadas,
+que la finura de su o&iacute;do no confundi&oacute; con las del cazador; y con el
+instinto cauteloso de los ni&ntilde;os hijos de la naturaleza y entregados a s&iacute;
+mismos, se agach&oacute;, quedando encubierto por el murall&oacute;n de modo que s&oacute;lo
+rebasase la frente. No pod&iacute;a dudarlo; eran pisadas humanas, bien
+distintas de la corrida de la liebre por entre las hojas, o de los
+golpecitos secos y reiterados que sacuden las patas unguladas del zorro
+o del perro. Pisadas humanas eran, aunque s&iacute; muy recelosas, apagadas y
+lent&iacute;simas. Parec&iacute;an de alguien que procuraba emboscarse. Y, en efecto,
+poco tard&oacute; el ni&ntilde;o en ver asomar, gateando entre los matorrales, a un
+hombre cuya descripci&oacute;n acaso hab&iacute;a o&iacute;do mil veces en las veladas, en
+las deshojas, acompa&ntilde;ada de exclamaciones de terror. El hongo gris, la
+faja roja, las recortadas patillas destac&aacute;ndose sobre el rostro color de
+sebo, y sobre todo el ojo blanco, sin vista, fr&iacute;o como un pedazo de
+cuarzo de la carretera, en suma, la desapacible catadura del Tuerto de
+Castrodorna dejaron absorto al chiquillo. Apretaba el Tuerto contra su
+pecho corto y ancho trabuco, y, despu&eacute;s de girar hacia todas partes el
+&uacute;nico lucero de su fea cara, de aguzar el o&iacute;do, de olfatear, por decirlo
+as&iacute;, el aire, arrim&oacute;se al murall&oacute;n, medio arrodill&aacute;ndose tras de un seto
+de zarzas y brezo que lo guarnec&iacute;a. Perucho, cuyos pies descansaban en
+las anfractuosidades del muro, se qued&oacute; como incrustado en &eacute;l, sin osar
+respirar, ni bajarse, ni moverse, porque aquel hombre desconocido, mal
+encarado y en acecho, le infund&iacute;a el pavor irracional de los ni&ntilde;os, que
+adivinan peligros cuya extensi&oacute;n ignoran. Por mucho que le aguijonease
+el deseo de sus cuatro cuartos, no se atrev&iacute;a a descolgarse del
+murall&oacute;n, temiendo hacer ruido y que le apuntasen con el ca&ntilde;&oacute;n de aquel
+arma, cuya ancha boca deb&iacute;a, de seguro, vomitar fuego y muerte.... As&iacute;
+transcurrieron diez segundos de angustia para el angelote. Antes que
+pudiera entrar a cuentas con el miedo, ocurri&oacute; un nuevo incidente.
+Sinti&oacute; otra vez pasos, no recelosos, como de quien se oculta, sino
+precipitados, como de quien va a donde le importa llegar presto; y por
+el camino hondo que limitaba el murall&oacute;n divis&oacute; a su abuelo que avanzaba
+en direcci&oacute;n de los Pazos; sin duda, con su vista de &aacute;guila hab&iacute;a
+distinguido al se&ntilde;orito, y le segu&iacute;a intentando darle alcance. Iba
+Primitivo distra&iacute;do, con el prop&oacute;sito de reunirse a don Pedro, y no
+miraba a parte alguna. Lleg&oacute; a atravesar por delante del muro. El ni&ntilde;o
+entonces vio una cosa terrible, una cosa que record&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s y aun
+toda su vida: el hombre emboscado se incorporaba, con su &uacute;nico ojo
+centelleante y fiero; se echaba a la cara la formidable tercerola; se
+o&iacute;a un espantoso trueno, voz de la bocaza negra; flotaba un borr&oacute;n de
+humo, que el aire disip&oacute; instant&aacute;neamente, y al trav&eacute;s de sus &uacute;ltimos
+tules grises el abuelo giraba sobre s&iacute; mismo como una peonza, y ca&iacute;a
+boca abajo, mordiendo sin duda, en suprema convulsi&oacute;n, la hierba y el
+lodo del camino.</p>
+
+<p>Asegura Perucho que no ha sabido jam&aacute;s si fue el miedo o su propia
+voluntad lo que le oblig&oacute; a descolgarse del murall&oacute;n y descender, m&aacute;s
+bien que a saltos, rodando, los atajos conocidos, magull&aacute;ndose el
+cuerpo, poni&eacute;ndose en trizas la ropa, sin hacer caso de lo uno ni de lo
+otro. Rebot&oacute; como un pelota por entre las nudosas cepas; brinc&oacute; por cima
+de los muros de piedra que las sosten&iacute;an; salv&oacute; como una flecha
+sembrados de ma&iacute;z; meti&oacute;se de patas en los regatos, moj&aacute;ndose hasta la
+cintura, por no detenerse a seguir las pasaderas de piedra; salv&oacute;
+vallados tres veces m&aacute;s altos que su cuerpo; cruz&oacute; setos, salt&oacute;
+hondonadas y zanjas, no comprendi&oacute; por d&oacute;nde ni c&oacute;mo, pero el caso es
+que, ara&ntilde;ado, ensangrentado, sudoroso, jadeante, se encontr&oacute; en los
+Pazos, y maquinalmente volvi&oacute; al punto de partida, la capilla, donde
+entr&oacute;, enteramente olvidado de los cuatro cuartos, primer m&oacute;vil de sus
+aventuras todas.</p>
+
+<p>Estaba escrito que aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a de ser fecunda en
+extraordinarias sorpresas. En la capilla acostumbraba Perucho notar que
+se hablaba bajito, se andaba despacio, se conten&iacute;a hasta la respiraci&oacute;n:
+el menor desliz en tal materia sol&iacute;a costarle un severo rega&ntilde;o de don
+Juli&aacute;n; de modo que, sobreponi&eacute;ndose el instinto y el h&aacute;bito al
+azoramiento y trastorno, penetr&oacute; en el sagrado lugar con actitud
+respetuosa. En &eacute;l suced&iacute;a algo que le caus&oacute; un asombro casi mayor que el
+de la cat&aacute;strofe de su abuelo. Recostada en el altar se encontraba la
+se&ntilde;ora de Moscoso, con un color como una muerta, los ojos cerrados, las
+cejas fruncidas, temblando con todo su cuerpo; frente a ella, el
+se&ntilde;orito vociferaba, muy deprisa y en adem&aacute;n amenazador, cosas que no
+entendi&oacute; el ni&ntilde;o; mientras el capell&aacute;n, con las manos cruzadas y la
+fisonom&iacute;a revelando un espanto y dolor tales que nunca hab&iacute;a visto
+Perucho en rostro humano expresi&oacute;n parecida, imploraba, imploraba al
+se&ntilde;orito, a la se&ntilde;orita, al altar, a los santos..., y de repente,
+renunciando a la s&uacute;plica, se colocaba, encendido y con los ojos
+chispeantes, dando cara al marqu&eacute;s, como desafi&aacute;ndole.... Y Perucho
+comprend&iacute;a a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde
+se desbordaba la c&oacute;lera, el furor, la indignaci&oacute;n, la ira, el insulto;
+y, sin saber la causa de alboroto semejante, deduc&iacute;a que el se&ntilde;orito
+estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la se&ntilde;orita, a matarla
+quiz&aacute;s, a deshacer a don Juli&aacute;n, a echar abajo los altares, a quemar tal
+vez la capilla....</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o record&oacute; entonces escenas an&aacute;logas, pero cuyo teatro era la
+cocina de los Pazos, y las v&iacute;ctimas su madre y &eacute;l: el se&ntilde;orito ten&iacute;a
+entonces la misma cara, id&eacute;ntico tono de voz. Y en medio de la confusi&oacute;n
+de su tierno cerebro, de los terrores que se reun&iacute;an para apocarlo, una
+idea, superior a todas, se levant&oacute; triunfante. No cab&iacute;a duda que el
+se&ntilde;orito se dispon&iacute;a a acogotar a su esposa y al capell&aacute;n; tambi&eacute;n
+acababan de matar a su abuelo en el monte; aquel d&iacute;a, seg&uacute;n indicios,
+deb&iacute;a ser el de la general matanza. &iquest;Qui&eacute;n sabe si, luego que acabase
+con su mujer y con don Juli&aacute;n, se le ocurrir&iacute;a al se&ntilde;orito quitar la
+vida a la nen&eacute;? Semejante pensamiento devolvi&oacute; a Perucho toda la
+actividad y energ&iacute;a que acostumbraba desplegar para el logro de sus
+azarosas empresas en corrales, gallineros y establos.</p>
+
+<p>Escurri&oacute;se bonitamente de la capilla, resuelto a salvar a toda costa la
+vida de la heredera de Moscoso. &iquest;C&oacute;mo har&iacute;a? Falt&aacute;bale tiempo de madurar
+el plan: lo que importaba era obrar con celeridad y no arredrarse ante
+obst&aacute;culo alguno. Se desliz&oacute; sin ser visto por la cocina, y subi&oacute; la
+escalera a escape. Llegado que hubo a las habitaciones altas, residencia
+de los se&ntilde;ores, de tal manera supo amortiguar el ruido de sus pisadas,
+que el o&iacute;do m&aacute;s fino lo confundir&iacute;a con el susurro del aire al agitar
+una cortina. Lo que &eacute;l tem&iacute;a era encontrar cerrada la puerta del
+dormitorio de Nucha. El coraz&oacute;n le dio un brinco de alegr&iacute;a al verla
+entornada.</p>
+
+<p>La empuj&oacute; con suavidad de gato que esconde las u&ntilde;as.... Ten&iacute;a la maldita
+puerta el vicio de rechinar; pero tan sutil fue el empuje, que apenas
+gimi&oacute; sordamente. Perucho se col&oacute; en la habitaci&oacute;n, ocult&aacute;ndose tras del
+biombo. Por uno de los muchos agujeros que &eacute;ste luc&iacute;a, mir&oacute; al otro
+lado, hacia donde estaba la cuna. Vio a la ni&ntilde;a dormida, y al ama, de
+bruces sobre el lecho de Nucha, roncando sordamente. No era de temer que
+se despabilase la marmota: el rapaz pod&iacute;a a mansalva realizar sus
+prop&oacute;sitos.</p>
+
+<p>Sin embargo, conven&iacute;a que no despertase la chiquilla, no fuese a
+alborotar la casa lloriqueando. Perucho la tom&oacute; como quien toma un
+mu&ntilde;eco de cristal, muy rompedizo y precioso: sus palmas llenas de callos
+y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar pu&ntilde;etazos
+en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y
+la nen&eacute;, envuelta en el pa&ntilde;ol&oacute;n de calceta, no gru&ntilde;&oacute; siguiera al trocar
+la cama por los brazos de su precoz raptor. &Eacute;ste, conteniendo hasta el
+respirar, andando con paso furtivo, r&aacute;pido y cauteloso&mdash;el andar de la
+gata que lleva a sus cachorros entre los dientes, colgados de la piel
+del pescuezo&mdash;, se dirigi&oacute; a buscar la salida por el claustro, pues de
+cruzar la cocina era probable una sorpresa.</p>
+
+<p>En el claustro se par&oacute; obra de diez segundos, para meditar. &iquest;D&oacute;nde
+esconder&iacute;a su tesoro? &iquest;En el pajar, en el <i>herbeiro</i>, en el h&oacute;rreo, en
+el establo? Opt&oacute; por el h&oacute;rreo&mdash;el lugar menos frecuentado y m&aacute;s oscuro&mdash;.
+Bajar&iacute;a la escalera, se enhebrar&iacute;a por el claustro, se colar&iacute;a por las
+cuadras, salvar&iacute;a la era, y despu&eacute;s nada m&aacute;s sencillo que ocultarse en
+el escondrijo. Dicho y hecho.</p>
+
+<p>Arrimada al h&oacute;rreo estaba la escala. Perucho comenz&oacute; a subir, operaci&oacute;n
+bastante dif&iacute;cil atendido el estorbo que le hac&iacute;a la chiquilla. Lo
+estrecho y vertical de los travesa&ntilde;os impon&iacute;a la necesidad de agarrarse
+con manos y pies al ir ascendiendo: Perucho no dispon&iacute;a de las manos; la
+energ&iacute;a de la voluntad se le comunic&oacute; al dedo gordo del pie, que
+semejaba casi prensil a fuerza de adaptarse y adherirse a las barras de
+palo, bru&ntilde;idas ya con el uso. En mitad de la ascensi&oacute;n pens&oacute; que rodaba
+al pie del h&oacute;rreo, y apret&oacute; contra el pecho a la ni&ntilde;a, que,
+despert&aacute;ndose, rompi&oacute; en llanto.... &iexcl;Que llorase! All&iacute; no la o&iacute;a alma
+viviente; por la era s&oacute;lo vagaba media docena de gallinas, disputando a
+dos gorrinos las hojas de una col. Perucho entr&oacute; triunfante por la
+puerta del h&oacute;rreo....</p>
+
+<p>Las espigas de ma&iacute;z no lo llenaban hasta el techo, dejando alg&uacute;n espacio
+suficiente para que dos personas min&uacute;sculas, como Perucho y su
+protegida, pudiesen acomodarse y revolverse. El rapaz se sent&oacute; sin
+soltar a la nena, dici&eacute;ndole mil chuscadas y zalamer&iacute;as a fin de
+acallarla, abusando del diminutivo que tan cari&ntilde;osa gracia adquiere en
+labios del aldeano.</p>
+
+<p>&mdash;Reini&ntilde;a, mona, <i>ruli&ntilde;a</i>, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas,
+bunitas, buniti&ntilde;as.... &iexcl;Si no callas, viene un coc&oacute;n y te come! &iexcl;<i>Velo</i>
+ah&iacute; viene! &iexcl;Calla, soli&ntilde;o, paloma blanca, rosita!</p>
+
+<p>No por virtud de las exhortaciones, pero s&iacute; por haber conocido a su
+amigo predilecto, la ni&ntilde;a callaba ya. Mir&aacute;bale, y, sonriendo
+regocijadamente, le pasaba las manos por la cara, gorjeaba, se bababa, y
+miraba con curiosidad alrededor. Extra&ntilde;aba el sitio. Enfrente,
+alrededor, debajo, por todos lados, la rodeaba un mar de espigas de oro,
+que al menor movimiento de Perucho se derrumbaban en suaves cascadas, y
+donde el sol, penetrando por los intersticios del enrejado del h&oacute;rreo,
+tend&iacute;a galones m&aacute;s claros, movibles listas de luz. Perucho comprendi&oacute;
+que pose&iacute;a en las espigas un recurso inestimable para divertir a la
+peque&ntilde;a. Tan pronto le daba una en la mano, como alzaba con muchas una
+especie de pir&aacute;mide; la nen&eacute; se entreten&iacute;a en derribarla o forjarse la
+ilusi&oacute;n de que la derribaba, pues realmente una patada de Perucho hac&iacute;a
+el milagro. Re&iacute;a ella lo mismo que una loca, y ped&iacute;a impaciente, por
+se&ntilde;as, que le renovasen el juego.</p>
+
+<p>Pronto se cans&oacute; de &eacute;l. Con todo, estaba de buen humor, gracias a la
+compa&ntilde;&iacute;a de Perucho. Su mirada risue&ntilde;a y dulce, fija en la de su
+compa&ntilde;ero, parec&iacute;a decirle: &laquo;&iquest;Qu&eacute; mejor juego que estar juntos?
+Disfrutemos de este bien que siempre nos han dado con tasa&raquo;. En vista de
+tan cari&ntilde;osas disposiciones, Perucho se entreg&oacute; al placer de halagarla a
+su sabor. Ya le apoyaba un dedo en el carrillo, para provocarla a risa;
+ya remedaba a un lagarto, arrastrando la mano por el cuerpo de la nen&eacute;
+arriba, e imitando los culebreos del rabo; ya se fing&iacute;a encolerizado,
+espantaba los ojos, hinchaba los carrillos, cerraba los pu&ntilde;os y
+resoplaba fieramente; ya, tomando a la nena en peso, la sub&iacute;a en alto y
+figuraba dejarla caer de golpe sobre las espigas. Por &uacute;ltimo, recelando
+cansarla, la cogi&oacute; en brazos, se sent&oacute; a la turca, y comenz&oacute; a mecerla y
+arrullarla blandamente, con tanta suavidad, precauci&oacute;n y ternura como
+pudiera su propia madre.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; ganas, qu&eacute; violentos antojos se le pasaban!... &iquest;De qu&eacute;? En las
+veces que fue admitido a la intimidad de la habitaci&oacute;n de Nucha y se le
+consinti&oacute; aproximarse a la nen&eacute; y vivir su vida, jam&aacute;s osara hacerlo....
+Miedo de que le ri&ntilde;esen o echasen; vago respeto religioso que se impon&iacute;a
+a su alma de pilluelo diab&oacute;lico; verg&uuml;enza; falta de costumbre de sus
+labios, que a nadie besaban; todo se un&iacute;a para impedirle satisfacer una
+aspiraci&oacute;n que &eacute;l juzgaba ambiciosa y punto menos que sacr&iacute;lega.... Pero
+ahora era due&ntilde;o del tesoro; ahora la nen&eacute; le pertenec&iacute;a; la hab&iacute;a ganado
+en buena lid, la pose&iacute;a por derecho de conquista, &iexcl;ese derecho que
+comprenden los mismos salvajes! Adelant&oacute; mucho el hocico, igual que si
+fuese a catar alguna golosina, y toc&oacute; la frente y los ojos de la
+peque&ntilde;a.... Despu&eacute;s desenvolvi&oacute; lentamente los pliegues del mant&oacute;n, y
+descubri&oacute; las piernas, calentitas como chicharrones, que apenas se
+vieron libres del envoltorio comenzaron a bailar, sacudiendo sus
+favoritas patadas de j&uacute;bilo. Perucho alz&oacute; hasta la boca un pie, luego
+otro, y as&iacute; alternando se pas&oacute; un rato regular; sus besos hac&iacute;an
+cosquillas a la ni&ntilde;a, que soltaba repentinas carcajadas y se quedaba
+luego muy seria; pero que en breve empez&oacute; a sentir el fr&iacute;o, y con la
+rapidez que revisten en los ni&ntilde;os muy chicos los cambios de temperatura,
+los piececillos se le quedaron casi helados. Al punto lo advirti&oacute;
+Perucho, y ech&aacute;ndoles repetidas veces el aliento, como hab&iacute;a visto hacer
+a la vaca con sus recentales, los envolvi&oacute; en mantillas y pa&ntilde;ol&oacute;n, y
+nuevamente lleg&oacute; a s&iacute; a la criatura, meci&eacute;ndola.</p>
+
+<p>El m&aacute;s glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacci&oacute;n a
+Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que hab&iacute;a salvado a
+la nen&eacute; de la degollaci&oacute;n segura y pu&eacute;stola a buen recaudo, donde nadie
+dar&iacute;a con ella. Ni un minuto record&oacute; al duro y bronceado abuelo tendido
+all&aacute; junto al pared&oacute;n.... A menudo se ve al ni&ntilde;o, deshecho en l&aacute;grimas al
+pie del cad&aacute;ver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de
+dulces; quiz&aacute;s vuelvan m&aacute;s adelante la tristeza y el recuerdo, pero la
+impresi&oacute;n capital del dolor ya se ha borrado para siempre. As&iacute; Perucho.
+La ventura de poseer a su nen&eacute; adorada, la prez de defender su vida, le
+distra&iacute;an de los tr&aacute;gicos acontecimientos recientes. No se acordaba del
+abuelo, no, ni del trabucazo que lo hab&iacute;a <i>tumbado</i> como &eacute;l tumbaba las
+perdices.</p>
+
+<p>Con todo, algo medroso y t&eacute;trico deb&iacute;a pesar sobre su imaginaci&oacute;n, seg&uacute;n
+el cuento que empez&oacute; a referir en voz hueca a la nen&eacute;, lo mismo que si
+ella pudiese comprender lo que le hablaban. &iquest;De d&oacute;nde proced&iacute;a este
+cuento, variante de la leyenda del ogro? &iquest;Lo oir&iacute;a Perucho en alguna
+velada junto al <i>lar</i>, mientras hilaban las viejas y pelaban casta&ntilde;as
+las mozas? &iquest;Ser&iacute;a creaci&oacute;n de su mente excitada por los terrores de un
+d&iacute;a tan excepcional? &laquo;Una <i>ves</i>&mdash;empezaba el cuento&mdash;era un rey muy malo,
+muy galop&iacute;n, que se com&iacute;a la gente y las <i>presonas</i> vivas.... Este rey
+ten&iacute;a una nen&eacute; bunita bunita, como la <i>frol</i> de mayo... y peque&ntilde;ita
+peque&ntilde;ita como un grano de <i>millo</i> (ma&iacute;z quer&iacute;a decir Perucho). Y el
+malo brib&oacute;n del rey quer&iacute;a comerla, porque era el coco, y ten&iacute;a una cara
+m&aacute;s fea, m&aacute;s fea que la del <i>dia&ntilde;o</i>... (Perucho hac&iacute;a horribles muecas a
+fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey). Y una noche dijo &eacute;l,
+dice: 'Heme de comer ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;anita <i>trempano</i> a la nen&eacute;... as&iacute;,
+as&iacute;'. (Abr&iacute;a y cerraba la boca haciendo chocar las mand&iacute;bulas, como los
+papamoscas de las catedrales). Y hab&iacute;a un <i>pagarito</i> sobre un <i>&aacute;rbole</i>,
+y oy&oacute; al rey, y dijo, dice: 'Comer no la has de comer, coco feo.' &iquest;Y va
+y qu&eacute; hace el <i>pagarito</i>? Entra por la ventanita... y el rey estaba
+durmiendo. (Recostaba la cabeza en las espigas de ma&iacute;z y roncaba
+estrepitosamente para representar el sue&ntilde;o del rey). Y va el <i>pagarito</i>
+y con el <i>bico</i> le saca un ojo, y el rey queda <i>chosco</i>. (Gui&ntilde;aba el ojo
+izquierdo, mostrando c&oacute;mo el rey se hall&oacute; tuerto). Y el rey a despertar
+y a llorar, llorar, llorar (imitaci&oacute;n de llanto) por su ojo, y el
+<i>pagarito</i> a se re&iacute;r muy puesto en el <i>&aacute;rbole</i>.... Y va y salta y dijo,
+dice: 'Si no comes a la nen&eacute; y me la regalas, te doy el ojo...' Y va el
+rey y dice: 'Bueno...' Y va el <i>pagarito</i> y se cas&oacute; con la nen&eacute;, y
+estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita...
+(solo de este instrumento), y entr&eacute; por una <i>porta</i> y sal&iacute; por otra, &iexcl;y
+manda el rey que te lo cuente otra vez!&raquo;.</p>
+
+<p>La nen&eacute; no oy&oacute; el final del cuento.... La m&uacute;sica de las palabras, que no
+le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma
+satisfacci&oacute;n de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el
+sue&ntilde;o anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando
+terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados.... Acomod&oacute;
+lo mejor que pudo el lecho de espigas; lleg&oacute;le el mant&oacute;n al rostro, como
+hac&iacute;a Nucha, para que no se le enfriase el hociquito, y muy denodado y
+resuelto a hacer centinela, se arrim&oacute; a la puerta del h&oacute;rreo, en una
+esquina, reclin&aacute;ndose en un mont&oacute;n de ma&iacute;z. Pero fuese la inmovilidad, o
+el cansancio, o la reacci&oacute;n de tantas emociones consecutivas, tambi&eacute;n a
+&eacute;l la cabeza le pesaba y se le entornaban los p&aacute;rpados. Se los frot&oacute; con
+los dedos, bostez&oacute;, luch&oacute; algunos minutos con el sue&ntilde;o invasor... &Eacute;ste
+venci&oacute; al cabo. Los dos &aacute;ngeles refugiados en el h&oacute;rreo dorm&iacute;an en paz.</p>
+
+<p>Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que
+agitaba a Perucho, ve&iacute;a el muchacho un animalazo de desmesurado grandor,
+besti&oacute;n fiero que se acercaba a &eacute;l rugiendo, bramando y dispuesto a
+zamp&aacute;rselo de un bocado o a deshacerlo de una u&ntilde;ada.... Se le eriz&oacute; el
+cabello, le temblaron las carnes, y un sudor fr&iacute;o le empap&oacute; la sien....
+&iexcl;Qu&eacute; monstruo tan espantoso! Ya se acerca..., ya cae sobre Perucho...,
+sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le
+cae encima lo mismo que una roca inmensa.... El chiquillo abre los
+ojos....</p>
+
+<p>Sofocada y furiosa, vociferando, moli&eacute;ndolo a su sabor a pescozones y
+cachetes, arranc&aacute;ndole el rizado pelo y pate&aacute;ndolo, estaba el ama, m&aacute;s
+enorme, m&aacute;s brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo
+como un h&eacute;roe. Bajando la cabeza, se atraves&oacute; en la entrada del h&oacute;rreo,
+y por espacio de algunos minutos defendi&oacute; su presa haci&eacute;ndole muralla
+con el cuerpo.... Pero el enorme volumen del ama pes&oacute; sobre &eacute;l y lo
+redujo a la inacci&oacute;n, comprimi&eacute;ndolo y paraliz&aacute;ndolo. Cuando el m&iacute;sero
+chiquillo, medio ahogado, se sinti&oacute; libre de aquella estatua de plomo
+que a poco m&aacute;s le convierte en oblea, mir&oacute; hacia atr&aacute;s.... La ni&ntilde;a hab&iacute;a
+desaparecido. Perucho no olvidar&aacute; nunca el desesperado llanto que
+derram&oacute; por m&aacute;s de media hora revolc&aacute;ndose entre las espigas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a><a href="#capitulos">-XXIX-</a></h2>
+
+
+<p>Tampoco Juli&aacute;n olvidar&aacute; el d&iacute;a en que ocurrieron acontecimientos tan
+extraordinarios; d&iacute;a dram&aacute;tico entre todos los de su existencia, en que
+le sucedi&oacute; lo que no pudo imaginar jam&aacute;s: verse acusado, por un marido,
+de inteligencias culpables con su mujer, por un marido que se quejaba de
+ultrajes mortales, que le amenazaba, que le expulsaba de su casa
+ignominiosamente y para siempre; y ver a la infeliz se&ntilde;orita, a la
+verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la rid&iacute;cula y
+horrenda calumnia. &iquest;Y qu&eacute; ser&iacute;a si hubiesen realizado su plan de fuga al
+d&iacute;a siguiente? &iexcl;Entonces s&iacute; que tendr&iacute;an que bajar la cabeza, darse por
+convictos!... &iexcl;Y decir que cinco minutos antes no se les preven&iacute;a
+siquiera la posibilidad de que don Pedro y el mundo lo interpretasen
+as&iacute;!</p>
+
+<p>No, no lo olvidar&aacute; Juli&aacute;n. No olvidar&aacute; aquellas inesperadas
+tribulaciones, el valor repentino y ni aun de &eacute;l mismo sospechado que
+despleg&oacute; en momentos tan cr&iacute;ticos para arrojar a la faz del marido
+cuanto le herv&iacute;a en el alma, la reprobaci&oacute;n, la indignaci&oacute;n contenida
+por su habitual timidez; el reto provocado por el b&aacute;rbaro insulto; los
+calificativos terribles que acud&iacute;an por vez primera a su boca, avezada
+&uacute;nicamente a palabras de paz; el emplazamiento <i>de hombre a hombre</i> que
+lanz&oacute; al salir de la capilla.... No olvidar&aacute;, no, la escena terrible, por
+muchos a&ntilde;os que pesen sobre sus hombros y por muchas canas que le
+enfr&iacute;en las sienes. Ni olvidar&aacute; tampoco su partida precipitada, sin dar
+tiempo a recoger el equipaje; c&oacute;mo ensill&oacute; con sus propias inexpertas
+manos la yegua; c&oacute;mo, desplegando una maestr&iacute;a debida a la urgencia,
+hab&iacute;a montado, espoleado, salido a galope, ejecutando todos estos actos
+mec&aacute;nicamente, cual entre sue&ntilde;os, sin aguardar a que se disipase el
+corto hervor de la sangre, sin querer ver a la ni&ntilde;a ni darle un beso,
+porque comprend&iacute;a, estaba seguro de que, si lo hiciera, ser&iacute;a capaz de
+postrarse a los pies del se&ntilde;orito, rog&aacute;ndole humildemente que le
+permitiese quedarse all&iacute; en los Pazos, aunque fuese de pastor de ganado
+o jornalero....</p>
+
+<p>No olvidar&aacute; tampoco la salida de la casa solariega, la ascensi&oacute;n por el
+camino que el d&iacute;a de su llegada le pareci&oacute; tan triste y l&uacute;gubre.... El
+cielo est&aacute; nublado; ciernen la claridad del sol pardos crespones cada
+vez m&aacute;s densos; los pinos, juntando sus copas, susurran de un modo
+penetrante, prolongado y cari&ntilde;oso; las r&aacute;fagas del aire traen el olor
+sano de la resina y el aroma de miel de los retamares. El crucero, a
+poca distancia, levanta sus brazos de piedra manchados por el oro viejo
+del liquen.... La yegua, de improviso, respinga, tiembla, se encabrita....
+Juli&aacute;n se agarra instintivamente a las crines, soltando la rienda.... En
+el suelo hay un bulto, un hombre, un cad&aacute;ver; la hierba, en derredor
+suyo, se ba&ntilde;a en sangre que empieza ya a cuajarse y ennegrecerse. Juli&aacute;n
+permanece all&iacute;, clavado, sin fuerzas, anonadado por una mezcla de
+asombro y gratitud a la Providencia, que no puede razonar, pero le
+subyuga.... El cad&aacute;ver tiene la faz contra tierra; no importa: Juli&aacute;n ha
+reconocido a Primitivo; es &eacute;l mismo. El capell&aacute;n no vacila, no discurre
+qui&eacute;n le habr&aacute; matado. &iexcl;Cualquiera que sea el instrumento, lo dirige la
+mano de Dios! Desv&iacute;a la yegua, se persigna, se aparta, se aleja
+definitivamente, volviendo de cuando en cuando la cabeza para ver el
+negro bulto, sobre el fondo verde de la hierba y la blancura gris del
+pared&oacute;n....</p>
+
+<p>&iexcl;Ah! No, no olvida nada Juli&aacute;n. No olvida en Santiago, donde su llegada
+se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones
+leyendarias, donde el &eacute;xito de las elecciones, la partida del capell&aacute;n,
+el asesinato del mayordomo, se comentan, se adornan, entretienen al
+pueblo casi todo un mes, y donde las gentes le paran en la calle
+pregunt&aacute;ndole qu&eacute; ocurre por all&aacute;, qu&eacute; sucede con Nucha Pardo, si es
+cierto que su marido la maltrata y que est&aacute; muy enferma, y que las
+elecciones de Cebre han sido un esc&aacute;ndalo gordo. No olvida cuando el
+arzobispo le llama a su c&aacute;mara, a fin de inquirir qu&eacute; hay de verdad en
+todo lo ocurrido, y &eacute;l, despu&eacute;s de arrodillarse, lo cuenta sin poner ni
+quitar una s&iacute;laba, encontrando en la sincera confesi&oacute;n inexplicable
+alivio, y besando, con el coraz&oacute;n desahogado ya, la amatista que brilla
+sobre el anular del prelado. No olvida cuando &eacute;ste dispone enviarle a
+una parroquia apartad&iacute;sima, especie de destierro, donde vivir&aacute;
+completamente alejado del mundo.</p>
+
+<p>Es una parroquia de monta&ntilde;a, m&aacute;s monta&ntilde;a que los Pazos, al pie de una
+sierra fragosa, en el coraz&oacute;n de Galicia. No hay en toda ella, ni en
+cuatro leguas a la redonda, una sola casa se&ntilde;orial; en otro tiempo, en
+&eacute;pocas feudales, se alz&oacute;, fundado en pe&ntilde;asco vivo, un castillo roquero,
+hoy ruina comida por la hiedra y habitada por murci&eacute;lagos y lagartos.
+Los feligreses de Juli&aacute;n son pobres pastores: en v&iacute;speras de fiesta y
+tiempo de oblata le obsequian con leche de cabra, queso de oveja,
+manteca en orzas de barro. Hablan dialecto cerrad&iacute;simo, arduo de
+comprender; visten de somonte y usan gre&ntilde;as largas, cortadas sobre la
+frente a la manera de los antiguos siervos. En invierno cae la nieve y
+a&uacute;llan los lobos en las inmediaciones de la rectoral; cuando Juli&aacute;n
+tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los
+sacramentos a alg&uacute;n moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de
+paja y a calzar zuecos de palo; el sacrist&aacute;n va delante, alumbrando con
+un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen
+fantasmas....</p>
+
+<p>Pasadas dos estaciones recibe una esquela, una papeleta orlada de negro;
+la lee sin entenderla al pronto; despu&eacute;s se entera bien del contenido, y
+sin embargo no llora, no da se&ntilde;al alguna de pena.... Al contrario, aquel
+d&iacute;a y los siguientes experimenta como un sentirmento de consuelo, de
+bienestar y de alegr&iacute;a, porque la se&ntilde;orita Nucha, en el cielo, estar&aacute;
+desquit&aacute;ndose de lo sufrido en esta tierra miserable, donde s&oacute;lo
+martirios aguardan a un alma como la suya.... La doctrina resignada de la
+<i>Imitaci&oacute;n</i> ha vuelto a reinar en su esp&iacute;ritu. Hasta el efecto de la
+noticia se borra pronto, y una especie de insensibilidad apacible va
+cauterizando el esp&iacute;ritu de Juli&aacute;n: piensa m&aacute;s en lo que le rodea, se
+interesa por la iglesia desmantelada, trata de ense&ntilde;ar a leer a los
+salvajes chiquillos de la parroquia, funda una congregaci&oacute;n de hijas de
+Mar&iacute;a para que las mozas no bailen los domingos.... Y as&iacute; pasa el tiempo,
+uniformemente, sin dichas ni amarguras, y la placidez de la naturaleza
+penetra en el alma de Juli&aacute;n, y se acostumbra a vivir como los paisanos,
+pendiente de la cosecha, deseando la lluvia o el buen tiempo como el
+mayor beneficio que Dios puede otorgar al hombre, calent&aacute;ndose en el
+<i>lar</i>, diciendo misa muy temprano y acost&aacute;ndose antes de encender luz,
+conociendo por las estrellas si se prepara agua o sol, recogiendo
+casta&ntilde;a y patata, entrando en el ritmo acompasado, narc&oacute;tico y perenne
+de la vida agr&iacute;cola, tan inflexible como la vuelta de las golondrinas en
+primavera y el girar eterno de nuestro globo, describiendo la misma
+elipse, al trav&eacute;s del espacio....</p>
+
+<p>Y, sin embargo, no olvida. Y en aquel rinc&oacute;n viene a sorprenderle el
+ascenso, la traslaci&oacute;n a la parroquia de Ulloa, especie de desagravio
+del arzobispo. La mitra alternaba con los se&ntilde;ores de Ulloa en la
+presentaci&oacute;n del curato, y el arzobispo hab&iacute;a querido manifestar as&iacute; al
+humilde p&aacute;rroco, enterrado diez a&ntilde;os hac&iacute;a en la monta&ntilde;a m&aacute;s fiera de la
+di&oacute;cesis, que la calumnia puede empa&ntilde;ar el cristal de la honra, no
+mancharlo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXX" id="XXX"></a><a href="#capitulos">-XXX-</a></h2>
+
+
+<p>Diez a&ntilde;os son una etapa, no s&oacute;lo en la vida del individuo, sino en la de
+las naciones. Diez a&ntilde;os comprenden un periodo de renovaci&oacute;n: diez a&ntilde;os
+rara vez corren en balde, y el que mira hacia atr&aacute;s suele sorprenderse
+del camino que se anda en una d&eacute;cada. Mas as&iacute; como hay personas, hay
+lugares para los cuales es insensible el paso de una d&eacute;cima parte de
+siglo. Ah&iacute; est&aacute;n los Pazos de Ulloa, que no me dejar&aacute;n mentir. La gran
+huronera, desafiando al tiempo, permanece tan pesada, tan sombr&iacute;a, tan
+adusta como siempre. Ninguna innovaci&oacute;n &uacute;til o bella se nota en su
+mueblaje, en su huerto, en sus tierras de cultivo. Los lobos del escudo
+de armas no se han amansado; el pino no echa renuevos; las mismas ondas
+sim&eacute;tricas de agua petrificada ba&ntilde;an los estribos de la puente se&ntilde;orial.</p>
+
+<p>En cambio la villita de Cebre, rindiendo culto al progreso, ha atendido
+a las mejoras morales y materiales, seg&uacute;n frase de un cebre&ntilde;o ilustrado,
+que env&iacute;a correspondencias a los diarios de Pontevedra y Orense. No se
+charla ya de pol&iacute;tica solamente en el estanco: para eso se ha fundado un
+C&iacute;rculo de Instrucci&oacute;n y Recreo, Artes y Ciencias (lo reza su
+reglamento) y se han establecido algunas tiendecillas que el cebre&ntilde;o
+susodicho denomina <i>bazares</i>. Verdad es que los dos caciques a&uacute;n
+contin&uacute;an disput&aacute;ndose el mero y mixto imperio; mas ya parece seguro que
+Barbacana, representante de la reacci&oacute;n y la tradici&oacute;n, cede ante
+Trampeta, encarnaci&oacute;n viviente de las ideas avanzadas y de la nueva
+edad.</p>
+
+<p>Dicen algunos maliciosos que el secreto del triunfo del cacique liberal
+est&aacute; en que su adversario, hoy canovista, se encuentra ya extremadamente
+viejo y achacoso, habiendo perdido mucha parte de sus br&iacute;os e ind&oacute;mito
+al par que traicionero car&aacute;cter. Sea como quiera, el caso es que la
+influencia barbacanesca anda maltrecha y mermada.</p>
+
+<p>Quien ha envejecido bastante, de un modo prematuro, es el antiguo
+capell&aacute;n de los Pazos. Su pelo est&aacute; estriado de rayitas argentadas; su
+boca se sume; sus ojos se empa&ntilde;an; se encorvan sus lomos. Avanza
+despaciosamente por el <i>carrero</i> angosto que serpea entre vi&ntilde;edos y
+matorrales conduciendo a la iglesia de Ulloa.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; iglesia tan pobre! M&aacute;s bien parece la casuca de un aldeano,
+conoci&eacute;ndose &uacute;nicamente su sagrado destino en la cruz que corona el
+tejadillo del p&oacute;rtico. La impresi&oacute;n es de melancol&iacute;a y humedad, el atrio
+herboso est&aacute; a todas horas, aun a las meridianas, muy salpicado y como
+empapado de roc&iacute;o. La tierra del atrio sube m&aacute;s alto que el peristilo de
+la iglesia, y &eacute;sta se hunde, se sepulta entre el terru&ntilde;o que lentamente
+va desprendi&eacute;ndose del collado pr&oacute;ximo. En una esquina del atrio, un
+peque&ntilde;o campanario aislado sostiene el rajado esquil&oacute;n; en el centro,
+una cruz baja, sobre tres gradas de piedra, da al cuadro un toque
+po&eacute;tico, pensativo. All&iacute;, en aquel rinc&oacute;n del universo, vive
+Jesucristo.... &iexcl;pero cu&aacute;n solo!, &iexcl;cu&aacute;n olvidado!</p>
+
+<p>Juli&aacute;n se detuvo ante la cruz. Estaba viejo realmente, y tambi&eacute;n m&aacute;s
+varonil: algunos rasgos de su fisonom&iacute;a delicada se marcaban, se
+delineaban con mayor firmeza; sus labios, contra&iacute;dos y palidecidos,
+revelaban la severidad del hombre acostumbrado a dominar todo arranque
+pasional, todo impulso esencialmente terrestre. La edad viril le hab&iacute;a
+ense&ntilde;ado y dado a conocer cu&aacute;nto es el m&eacute;rito y debe ser la corona del
+sacerdote puro. Hab&iacute;ase vuelto muy indulgente con los dem&aacute;s, al par que
+severo consigo mismo.</p>
+
+<p>Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresi&oacute;n singular&iacute;sima. Parec&iacute;ale
+que alguna persona muy querida, muy querida para &eacute;l, andaba por all&iacute;,
+resucitada, viviente, envolvi&eacute;ndole en su presencia, calent&aacute;ndole con su
+aliento. &iquest;Y qui&eacute;n pod&iacute;a ser esa persona? &iexcl;V&aacute;lgame Dios! &iexcl;Pues no daba
+ahora en el dislate de creer que la se&ntilde;ora de Moscoso viv&iacute;a, a pesar de
+haber le&iacute;do su esquela de defunci&oacute;n! Tan rara alucinaci&oacute;n era, sin duda,
+causada por la vuelta a Ulloa, despu&eacute;s de un par&eacute;ntesis de dos lustros.
+&iexcl;La muerte de la se&ntilde;ora de Moscoso! Nada m&aacute;s f&aacute;cil que cerciorarse de
+ella.... All&iacute; estaba el cementerio. Acercarse a un muro coronado de
+hiedra, empujar una puerta de madera, y penetrar en su recinto.</p>
+
+<p>Era un lugar sombr&iacute;o, aunque le faltasen los l&aacute;nguidos sauces y cipreses
+que tan bien acompa&ntilde;an con sus actitudes teatrales y majestuosas la
+solemnidad de los camposantos. Limit&aacute;banlo, de una parte, las tapias de
+la iglesia; de otra, tres murallones revestidos de hiedra y plantas
+par&aacute;sitas; y la puerta, fronteriza a la de entrada por el atrio, la
+formaba un enverjado de madera, al trav&eacute;s del cual se ve&iacute;a di&aacute;fano y
+remoto horizonte de monta&ntilde;as, a la saz&oacute;n color de violeta, por la hora,
+que era aquella en que el sol, sin calentar mucho todav&iacute;a, empieza a
+subir hacia su zenit, y en que la naturaleza se despierta como saliendo
+de un ba&ntilde;o, estremecida de frescura y fr&iacute;o matinal. Sobre la verja se
+inclinaba a&ntilde;oso olivo, donde nidaban mil gorriones alborotadores, que a
+veces azotaban y sacud&iacute;an el ramaje con su voleteo apresurado; y hac&iacute;ale
+frente una enorme mata de hortensia, mustia y doblegada por las lluvias
+de la estaci&oacute;n, graciosamente enfermiza, con sus mazorcas de desmayadas
+flores azules y amarillentas. A esto se reduc&iacute;a todo el ornato del
+cementerio, mas no su vegetaci&oacute;n, que por lo exuberante y viciosa pon&iacute;a
+en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si
+en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en
+aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos p&eacute;talos
+ostentaban matices flavos de cirio, se habr&iacute;an encarnado, por misteriosa
+transmigraci&oacute;n, las almas, vegetativas tambi&eacute;n en cierto modo, de los
+que all&iacute; dorm&iacute;an para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin
+haber palpitado jam&aacute;s por ninguna idea elevada, generosa, puramente
+espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y
+del artista. Parec&iacute;a que era sustancia humana&mdash;pero de una humanidad
+ruda, primitiva, inferior, hundida hasta el cuello en la ignorancia y en
+la materia&mdash;la que nutr&iacute;a y hac&iacute;a brotar con tan en&eacute;rgica pujanza y savia
+tan copiosa aquella flora l&uacute;gubre por su misma lozan&iacute;a. Y en efecto, en
+el terreno, repujado de peque&ntilde;as eminencias que contrastaban con la lisa
+planicie del atrio, advert&iacute;a a veces el pie durezas de ata&uacute;des mal
+cubiertos y blanduras y molicies que infund&iacute;an grima y espanto, como si
+se pisaran miembros fl&aacute;cidos de cad&aacute;ver. Un soplo helado, un olor
+peculiar de moho y podredumbre, un verdadero ambiente sepulcral se
+alzaba del suelo lleno de altibajos, rehenchido de difuntos amontonados
+unos encima de otros; y entre la verdura h&uacute;meda, surcada del surco
+brillante que dejan tras s&iacute; el caracol y la babosa, torc&iacute;anse las cruces
+de madera negra fileteadas de blanco, con r&oacute;tulos curiosos, cuajados de
+faltas de ortograf&iacute;a y peregrinos disparates. Juli&aacute;n, que sufr&iacute;a la
+inquietud, el hormigueo en la planta de los pies que nos causa la
+sensaci&oacute;n de hollar algo blando, algo viviente, o que por lo menos
+estuvo dotado de sensibilidad y vida, experiment&oacute; de pronto gran
+turbaci&oacute;n: una de las cruces, m&aacute;s alta que las dem&aacute;s, ten&iacute;a escrito en
+letras blancas un nombre. Acerc&oacute;se y descifr&oacute; la inscripci&oacute;n, sin
+pararse en deslices ortogr&aacute;ficos: <i>&laquo;Aqu&iacute; hacen las cenizas de Primitibo
+Suarez, sus parientes y amijos ruegen a Dios por su alma&raquo;</i>.... El
+terreno, en aquel sitio, estaba turgente, formando una eminencia. Juli&aacute;n
+murmur&oacute; una oraci&oacute;n, desvi&oacute;se aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas
+el cuerpo de bronce de su formidable enemigo. Al punto mismo se alz&oacute; de
+la cruz una mariposilla blanca, de esas &uacute;ltimas mariposas del a&ntilde;o que
+vuelan despacio, como encogidas por la frialdad de la atm&oacute;sfera, y se
+paran en seguida en el primer sitio favorable que encuentran. La sigui&oacute;
+el nuevo cura de Ulloa y la vio posarse en un mezquino mausoleo,
+arrinconado entre la esquina de la tapia y el &aacute;ngulo entrante que
+formaba la pared de la iglesia.</p>
+
+<p>All&iacute; se detuvo el insecto, y all&iacute; tambi&eacute;n Juli&aacute;n, con el coraz&oacute;n
+palpitante, con la vista nublada, y el esp&iacute;ritu, por vez primera despu&eacute;s
+de largos a&ntilde;os, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de
+una conmoci&oacute;n tan honda y extraordinaria, que &eacute;l mismo no hubiera podido
+explicarse c&oacute;mo le invad&iacute;a, avasall&aacute;ndole y sac&aacute;ndole de su natural ser
+y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obst&aacute;culos,
+atropellando por todo, imponi&eacute;ndose con la sobrehumana potencia de los
+sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin due&ntilde;os absolutos del alma
+porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen. No ech&oacute; de ver
+siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal,
+decorado con calaveras, huesos y otros emblemas f&uacute;nebres por la
+inexperta mano de alg&uacute;n embadurnador de aldea; no necesit&oacute; deletrear la
+inscripci&oacute;n, porque sab&iacute;a de seguro que donde se hab&iacute;a detenido la
+mariposa, all&iacute; descansaba Nucha, la se&ntilde;orita Marcelina, la santa, la
+v&iacute;ctima, la virgencita siempre c&aacute;ndida y celeste. All&iacute; estaba, sola,
+abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las mu&ntilde;ecas heridas por
+mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el
+dolor.... Pensando en esto, la oraci&oacute;n se interrumpi&oacute; en labios de
+Juli&aacute;n, la corriente del existir retrocedi&oacute; diez a&ntilde;os, y en un
+transporte de los que en &eacute;l eran poco frecuentes, pero s&uacute;bitos e
+irresistibles, cay&oacute; de hinojos, abri&oacute; los brazos, bes&oacute; ardientemente la
+pared del nicho, sollozando como ni&ntilde;o o mujer, frotando las mejillas
+contra la fr&iacute;a superficie, clavando las u&ntilde;as en la cal, hasta
+arrancarla....</p>
+
+<p>Oy&oacute; risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasi&oacute;n.
+Se volvi&oacute; y se incorpor&oacute; confuso. Ten&iacute;a delante una pareja hechicera,
+iluminada por el sol que ya ascend&iacute;a aproxim&aacute;ndose a la mitad del cielo.
+Era el muchacho el m&aacute;s guapo adolescente que puede so&ntilde;ar la fantas&iacute;a; y
+si de chiquit&iacute;n se parec&iacute;a al Amor antiguo, la prolongaci&oacute;n de l&iacute;neas
+que distingue a la pubertad de la infancia le daba ahora semejanza
+notable con los arc&aacute;ngeles y &aacute;ngeles viajeros de los grabados b&iacute;blicos,
+que unen a la lindeza femenina y a los rizados bucles asomos de graciosa
+severidad varonil. En cuanto a la ni&ntilde;a, espigadita para sus once a&ntilde;os,
+her&iacute;a el coraz&oacute;n de Juli&aacute;n por el sorprendente parecido con su pobre
+madre a la misma edad: id&eacute;nticas largas trenzas negras, id&eacute;ntico rostro
+p&aacute;lido, pero m&aacute;s mate, m&aacute;s moreno, de &oacute;valo m&aacute;s puro, de ojos m&aacute;s
+luminosos y mirada m&aacute;s firme. &iexcl;Vaya si conoc&iacute;a Juli&aacute;n a la pareja!
+&iexcl;Cu&aacute;ntas veces la hab&iacute;a tenido en su regazo!</p>
+
+<p>S&oacute;lo una circunstancia le hizo dudar de si aquellos dos muchachos
+encantadores eran en realidad el bastardo y la heredera leg&iacute;tima de
+Moscoso. Mientras el hijo de Sabel vest&iacute;a ropa de buen pa&ntilde;o, de hechura
+como entre aldeano acomodado y se&ntilde;orito, la hija de Nucha, cubierta con
+un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede
+decirse que iba descalza.</p>
+
+<p>Par&iacute;s, Marzo de 1886.</p>
+<hr style="width: 65%;" />
+
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+
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+<pre>
+
+
+
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+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
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+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
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+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
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+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
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+
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+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
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+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+
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+
+1.F.
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+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
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+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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