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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 04:52:21 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Los pazos de Ulloa + +Author: Emilia Pardo Bazán + +Release Date: March 16, 2006 [EBook #18005] +[Last updated: January 20, 2020] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + + + + + + +Los pazos de Ulloa + +Emilia Pardo Bazán + + + + +Tomo I + + + + +-I- + + +Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus +fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y +mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote +cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos +desigualísimos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repecho +del camino real de Santiago a Orense en términos que los viandantes, al +pasarlo, sacudían la cabeza murmurando que tenía bastante más declive +del no sé cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al +llevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros lo +que se pescaban, y alguna quinta de personaje político, alguna +influencia electoral de grueso calibre debía andar cerca. + +Iba el jinete colorado, no como un pimiento, sino como una fresa, +encendimiento propio de personas linfáticas. Por ser joven y de miembros +delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un niño, a no +desmentir la presunción sus trazas sacerdotales. Aunque cubierto de +amarillo polvo que levantaba el trote del jaco, bien se advertía que el +traje del mozo era de paño negro liso, cortado con la flojedad y poca +gracia que distingue a las prendas de ropa de seglar vestidas por +clérigos. Los guantes, despellejados ya por la tosca brida, eran +asimismo negros y nuevecitos, igual que el hongo, que llevaba calado +hasta las cejas, por temor a que los zarandeos de la trotada se lo +hiciesen saltar al suelo, que sería el mayor compromiso del mundo. Bajo +el cuello del desairado levitín asomaba un dedo de alzacuello, bordado +de cuentas de abalorio. Demostraba el jinete escasa maestría hípica: +inclinado sobre el arzón, con las piernas encogidas y a dos dedos de +salir despedido por las orejas, leíase en su rostro tanto miedo al +cuartago como si fuese algún corcel indómito rebosando fiereza y bríos. + +Al acabarse el repecho, volvió el jaco a la sosegada andadura habitual, +y pudo el jinete enderezarse sobre el aparejo redondo, cuya anchura +inconmensurable le había descoyuntado los huesos todos de la región +sacro-ilíaca. Respiró, quitóse el sombrero y recibió en la frente +sudorosa el aire frío de la tarde. Caían ya oblicuamente los rayos del +sol en los zarzales y setos, y un peón caminero, en mangas de camisa, +pues tenía su chaqueta colocada sobre un mojón de granito, daba +lánguidos azadonazos en las hierbecillas nacidas al borde de la cuneta. +Tiró el jinete del ramal para detener a su cabalgadura, y ésta, que se +había dejado en la cuesta abajo las ganas de trotar, paró +inmediatamente. El peón alzó la cabeza, y la placa dorada de su sombrero +relució un instante. + +--¿Tendrá usted la bondad de decirme si falta mucho para la casa del +señor marqués de Ulloa? + +--¿Para los Pazos de Ulloa?--contestó el peón repitiendo la pregunta. + +--Eso es. + +--Los Pazos de Ulloa están allí--murmuró extendiendo la mano para señalar +a un punto en el horizonte.--Si la bestia anda bien, el camino que queda +pronto se pasa.... Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar ¿ve? y luego +le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano +derecha por un atajito, hasta el crucero.... En el crucero ya no tiene +pérdida, porque se ven los Pazos, una _costrución_ muy grandísima.... + +--Pero..... ¿como cuánto faltará?--preguntó con inquietud el clérigo. + +Meneó el peón la tostada cabeza. + +--Un bocadito, un bocadito.... + +Y sin más explicaciones, emprendió otra vez su desmayada faena, +manejando el azadón lo mismo que si pesase cuatro arrobas. + +Se resignó el viajero a continuar ignorando las leguas de que se compone +un _bocadito_, y taloneó al rocín. El pinar no estaba muy distante, y +por el centro de su sombría masa serpeaba una trocha angostísima, en la +cual se colaron montura y jinete. El sendero, sepultado en las oscuras +profundidades del pinar, era casi impracticable; pero el jaco, que no +desmentía las aptitudes especiales de la raza caballar gallega para +andar por mal piso, avanzaba con suma precaución, cabizbajo, tanteando +con el casco, para sortear cautelosamente las zanjas producidas por la +llanta de los carros, los pedruscos, los troncos de pino cortados y +atravesados donde hacían menos falta. Adelantaban poco a poco, y ya +salían de las estrecheces a senda más desahogada, abierta entre pinos +nuevos y montes poblados de aliaga, sin haber tropezado con una sola +heredad labradía, un plantío de coles que revelase la vida humana. De +pronto los cascos del caballo cesaron de resonar y se hundieron en +blanda alfombra: era una camada de estiércol vegetal, tendida, según +costumbre del país, ante la casucha de un labrador. A la puerta una +mujer daba de mamar a una criatura. El jinete se detuvo. + +--Señora, ¿sabe si voy bien para la casa del marqués de Ulloa? + +--Va bien, va.... + +--¿Y... falta mucho? + +Enarcamiento de cejas, mirada entre apática y curiosa, respuesta ambigua +en dialecto: + +--La carrerita de un can.... + +¡Estamos frescos!, pensó el viajero, que si no acertaba a calcular lo +que anda un can en una carrera, barruntaba que debe ser bastante para un +caballo. En fin, en llegando al crucero vería los Pazos de Ulloa..... Todo +se le volvía buscar el atajo, a la derecha..... Ni señales. La vereda, +ensanchándose, se internaba por tierra montañosa, salpicada de manchones +de robledal y algún que otro castaño todavía cargado de fruta: a derecha +e izquierda, matorrales de brezo crecían desparramados y oscuros. +Experimentaba el jinete indefinible malestar, disculpable en quien, +nacido y criado en un pueblo tranquilo y soñoliento, se halla por vez +primera frente a frente con la ruda y majestuosa soledad de la +naturaleza, y recuerda historias de viajeros robados, de gentes +asesinadas en sitios desiertos. + +--¡Qué país de lobos!--dijo para sí, tétricamente impresionado. + +Alegrósele el alma con la vista del atajo, que a su derecha se +columbraba, estrecho y pendiente, entre un doble vallado de piedra, +límite de dos montes. Bajaba fiándose en la maña del jaco para evitar +tropezones, cuando divisó casi al alcance de su mano algo que le hizo +estremecerse: una cruz de madera, pintada de negro con filetes blancos, +medio caída ya sobre el murallón que la sustentaba. El clérigo sabía que +estas cruces señalan el lugar donde un hombre pereció de muerte +violenta; y, persignándose, rezó un padrenuestro, mientras el caballo, +sin duda por olfatear el rastro de algún zorro, temblaba levemente +empinando las orejas, y adoptaba un trotecillo medroso que en breve le +condujo a una encrucijada. Entre el marco que le formaban las ramas de +un castaño colosal, erguíase el crucero. + +Tosco, de piedra común, tan mal labrado que a primera vista parecía +monumento románico, por más que en realidad sólo contaba un siglo de +fecha, siendo obra de algún cantero con pujos de escultor, el crucero, +en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magnífico árbol, +era poético y hermoso. El jinete, tranquilizado y lleno de devoción, +pronunció descubriéndose: «Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, pues por +tu Santísima Cruz redimiste al mundo», y de paso que rezaba, su mirada +buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que debían ser aquel gran +edificio cuadrilongo, con torres, allá en el fondo del valle. Poco duró +la contemplación, y a punto estuvo el clérigo de besar la tierra, merced +a la huida que pegó el rocín, con las orejas enhiestas, loco de terror. +El caso no era para menos: a cortísima distancia habían retumbado dos +tiros. + +Quedóse el jinete frío de espanto, agarrado al arzón, sin atreverse ni a +registrar la maleza para averiguar dónde estarían ocultos los agresores; +mas su angustia fue corta, porque ya del ribazo situado a espaldas del +crucero descendía un grupo de tres hombres, antecedido por otros tantos +canes perdigueros, cuya presencia bastaba para demostrar que las +escopetas de sus amos no amenazaban sino a las alimañas monteses. + +El cazador que venía delante representaba veintiocho o treinta años: +alto y bien barbado, tenía el pescuezo y rostro quemados del sol, pero +por venir despechugado y sombrero en mano, se advertía la blancura de la +piel no expuesta a la intemperie, en la frente y en la tabla de pecho, +cuyos diámetros indicaban complexión robusta, supuesto que confirmaba la +isleta de vello rizoso que dividía ambas tetillas. Protegían sus piernas +recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre +la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en +el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos cañones. El +segundo cazador parecía hombre de edad madura y condición baja, criado o +colono: ni hebillas en las polainas, ni más morral que un saco de +grosera estopa; el pelo cortado al rape, la escopeta de pistón, +viejísima y atada con cuerdas; y en el rostro, afeitado y enjuto y de +enérgicas facciones rectilíneas, una expresión de encubierta sagacidad, +de astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo. Por lo +que hace al tercer cazador, sorprendióse el jinete al notar que era un +sacerdote. ¿En qué se le conocía? No ciertamente en la tonsura, borrada +por una selva de pelo gris y cerdoso, ni tampoco en la rasuración, pues +los duros cañones de su azulada barba contarían un mes de antigüedad; +menos aún en el alzacuello, que no traía, ni en la ropa, que era +semejante a la de sus compañeros de caza, con el aditamento de unas +botas de montar, de charol de vaca muy descascaradas y cortadas por las +arrugas. Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello +formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno +consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y +posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo. No cabía duda: +era un sacerdote. + +Aproximóse al grupo el jinete, y repitió la consabida pregunta: + +--¿Pueden ustedes decirme si voy bien para casa del señor marqués de +Ulloa? + +El cazador alto se volvió hacia los demás, con familiaridad y dominio. + +--¡Qué casualidad!--exclamó--. Aquí tenemos al forastero..... Tú, +Primitivo.... Pues te cayó la lotería: mañana pensaba yo enviarte a Cebre +a buscar al señor.... Y usted, señor abad de Ulloa.... ¡ya tiene usted +aquí quien le ayude a arreglar la parroquia! + +Como el jinete permanecía indeciso, el cazador añadió: + +--¿Supongo que es usted el recomendado de mi tío, el señor de la Lage? + +--Servidor y capellán...--respondió gozoso el eclesiástico, tratando de +echar pie a tierra, ardua operación en que le auxilió el abad--. ¿Y +usted...--exclamó, encarándose con su interlocutor--es el señor marqués? + +--¿Cómo queda el tío? ¿Usted... a caballo desde Cebre, eh?--repuso éste +evasivamente, mientras el capellán le miraba con interés rayano en viva +curiosidad. No hay duda que así, varonilmente desaliñado, húmeda la piel +de transpiración ligera, terciada la escopeta al hombro, era un cacho de +buen mozo el marqués; y sin embargo, despedía su arrogante persona +cierto tufillo bravío y montaraz, y lo duro de su mirada contrastaba con +lo afable y llano de su acogida. + +El capellán, muy respetuoso, se deshacía en explicaciones. + +--Sí, señor; justamente.... En Cebre he dejado la diligencia y me dieron +esta caballería, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.... El +señor de la Lage, tan bueno, y con el humor aquél de siempre.... Hace +reír a las piedras.... Y guapote, para su edad.... Estoy reparando que si +fuese su señor papá de usted, no se le parecería más.... Las señoritas, +muy bien, muy contentas y muy saludables.... Del señorito, que está en +Segovia, buenas noticias. Y antes que se me olvide.... + +Buscó en el bolsillo interior de su levitón, y fue sacando un pañuelo +muy planchado y doblado, un _Semanario_ chico, y por último una cartera +de tafilete negro, cerrada con elástico, de la cual extrajo una carta +que entregó al marqués. Los perros de caza, despeados y anhelantes de +fatiga, se habían sentado al pie del crucero; el abad picaba con la uña +una tagarnina para liar un pitillo, cuyo papel sostenía adherido por una +punta al borde de los labios; Primitivo, descansando la culata de la +escopeta en el suelo, y en el cañón de la escopeta la barba, clavaba sus +ojuelos negros en el recién venido, con pertinacia escrutadora. El sol +se ponía lentamente en medio de la tranquilidad otoñal del paisaje. De +improviso el marqués soltó una carcajada. Era su risa, como suya, +vigorosa y pujante, y, más que comunicativa, despótica. + +--El tío--exclamó, doblando la carta--siempre tan guasón y tan célebre.... +Dice que aquí me manda un santo para que me predique y me convierta.... +No parece sino que tiene uno pecados: ¿eh, señor abad? ¿Qué dice usted a +esto? ¿Verdad que ni uno? + +--Ya se sabe, ya se sabe--masculló el abad en voz bronca.... Aquí todos +conservamos la inocencia bautismal. + +Y al decirlo, miraba al recién llegado al través de sus erizadas y +salvajinas cejas, como el veterano al inexperto recluta, sintiendo allá +en su interior profundo desdén hacia el curita barbilindo, con cara de +niña, donde sólo era sacerdotal la severidad del rubio entrecejo y la +compostura ascética de las facciones. + +--¿Y usted se llama Julián Álvarez?--interrogó el marqués. + +--Para servir a usted muchos años. + +--¿Y no acertaba usted con los Pazos? + +--Me costaba trabajo el acertar. Aquí los paisanos no le sacan a uno de +dudas, ni le dicen categóricamente las distancias. De modo que.... + +--Pues ahora ya no se perderá usted. ¿Quiere montar otra vez? + +--¡Señor! No faltaba más. + +--Primitivo--ordenó el marqués--, coge del ramal a esa bestia. + +Y echó a andar, dialogando con el capellán que le seguía. Primitivo, +obediente, se quedó rezagado, y lo mismo el abad, que encendía su +pitillo con un misto de cartón. El cazador se arrimó al cura. + +--¿Y qué le parece el rapaz, diga? ¿Verdad que no mete respeto? + +--Boh.... Ahora se estila ordenar _miquitrefes_.... Y luego mucho de +alzacuellitos, guantecitos, perejiles con escarola.... ¡Si yo fuera el +arzobispo, ya les daría el demontre de los guantes! + + + + +-II- + + +Era noche cerrada, sin luna, cuando desembocaron en el soto, tras del +cual se eleva la ancha mole de los Pazos de Ulloa. No consentía la +oscuridad distinguir más que sus imponentes proporciones, escondiéndose +las líneas y detalles en la negrura del ambiente. Ninguna luz brillaba +en el vasto edificio, y la gran puerta central parecía cerrada a piedra +y lodo. Dirigióse el marqués a un postigo lateral, muy bajo, donde al +punto apareció una mujer corpulenta, alumbrando con un candil. Después +de cruzar corredores sombríos, penetraron todos en una especie de sótano +con piso terrizo y bóveda de piedra, que, a juzgar por las hileras de +cubas adosadas a sus paredes, debía ser bodega; y desde allí llegaron +presto a la espaciosa cocina, alumbrada por la claridad del fuego que +ardía en el hogar, consumiendo lo que se llama arcaicamente un mediano +monte de leña y no es sino varios gruesos cepos de roble, avivados, de +tiempo en tiempo, con rama menuda. Adornaban la elevada campana de la +chimenea ristras de chorizos y morcillas, con algún jamón de añadidura, +y a un lado y a otro sendos bancos brindaban asiento cómodo para +calentarse oyendo hervir el negro _pote_, que, pendiente de los llares, +ofrecía a los ósculos de la llama su insensible vientre de hierro. + +A tiempo que la comitiva entraba en la cocina, hallábase acurrucada +junto al pote una vieja, que sólo pudo Julián Álvarez distinguir un +instante--con greñas blancas y rudas como cerro que le caían sobre los +ojos, y cara rojiza al reflejo del fuego--, pues no bien advirtió que +venía gente, levantóse más aprisa de lo que permitían sus años, y +murmurando en voz quejumbrosa y humilde: «Buenas _nochiñas_ nos dé +Dios», se desvaneció como una sombra, sin que nadie pudiese notar por +dónde. El marqués se encaró con la moza. + +--¿No tengo dicho que no quiero aquí pendones? + +Y ella contestó apaciblemente, colgando el candil en la pilastra de la +chimenea: + +--No hacía mal..., me ayudaba a pelar castañas. + +Tal vez iba el marqués a echar la casa abajo, si Primitivo, con mayor +imperio y enojo que su amo mismo, no terciase en la cuestión, +reprendiendo a la muchacha. + +--¿Qué estás _parolando_ ahí...? Mejor te fuera tener la comida lista. ¿A +ver cómo nos la das corriendito? Menéate, despabílate. + +En el esconce de la cocina, una mesa de roble denegrida por el uso +mostraba extendido un mantel grosero, manchado de vino y grasa. +Primitivo, después de soltar en un rincón la escopeta, vaciaba su +morral, del cual salieron dos perdigones y una liebre muerta, con los +ojos empañados y el pelaje maculado de sangraza. Apartó la muchacha el +botín a un lado, y fue colocando platos de peltre, cubiertos de antigua +y maciza plata, un mollete enorme en el centro de la mesa y un jarro de +vino proporcionado al pan; luego se dio prisa a revolver y destapar +tarteras, y tomó del vasar una sopera magna. De nuevo la increpó +airadamente el marqués. + +--¿Y los perros, vamos a ver? ¿Y los perros? + +Como si también los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos +antes que nadie, acudieron desde el rincón más oscuro, y olvidando el +cansancio, exhalaban famélicos bostezos, meneando la cola y levantando +el partido hocico. Julián creyó al pronto que se había aumentado el +número de canes, tres antes y cuatro ahora; pero al entrar el grupo +canino en el círculo de viva luz que proyectaba el fuego, advirtió que +lo que tomaba por otro perro no era sino un rapazuelo de tres a cuatro +años, cuyo vestido, compuesto de chaquetón acastañado y calzones de +blanca estopa, podía desde lejos equivocarse con la piel bicolor de los +perdigueros, en quienes parecía vivir el chiquillo en la mejor +inteligencia y más estrecha fraternidad. Primitivo y la moza disponían +en cubetas de palo el festín de los animales, entresacado de lo mejor y +más grueso del pote; y el marqués--que vigilaba la operación--, no dándose +por satisfecho, escudriñó con una cuchara de hierro las profundidades +del caldo, hasta sacar a luz tres gruesas tajadas de cerdo, que fue +distribuyendo en las cubetas. Lanzaban los perros alaridos +entrecortados, de interrogación y deseo, sin atreverse aún a tomar +posesión de la pitanza; a una voz de Primitivo, sumieron de golpe el +hocico en ella, oyéndose el batir de sus apresuradas mandíbulas y el +chasqueo de su lengua glotona. El chiquillo gateaba por entre las patas +de los perdigueros, que, convertidos en fieras por el primer impulso del +hambre no saciada todavía, le miraban de reojo, regañando los dientes y +exhalando ronquidos amenazadores: de pronto la criatura, incitada por el +tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendió la mano +para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanzó una feroz +dentellada, que por fortuna sólo alcanzó la manga del chico, obligándole +a refugiarse más que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas +de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales. Julián, que +empezaba a descalzarse los guantes, se compadeció del chiquillo, y, +bajándose, le tomó en brazos, pudiendo ver que a pesar del mugre, la +roña, el miedo y el llanto, era el más hermoso angelote del mundo. + +--¡Pobre!--murmuró cariñosamente--. ¿Te ha mordido la perra? ¿Te hizo +sangre? ¿Dónde te duele, me lo dices? Calla, que vamos a reñirle a la +perra nosotros. ¡Pícara, malvada! + +Reparó el capellán que estas palabras suyas produjeron singular efecto +en el marqués. Se contrajo su fisonomía: sus cejas se fruncieron, y +arrancándole a Julián el chiquillo, con brusco movimiento le sentó en +sus rodillas, palpándole las manos, a ver si las tenía mordidas o +lastimadas. Seguro ya de que sólo el chaquetón había padecido, soltó la +risa. + +--¡Farsante!--gritó--. Ni siquiera te ha tocado la Chula. ¿Y tú, para qué +vas a meterte con ella? Un día te come media nalga, y después +lagrimitas. ¡A callarse y a reírse ahora mismo! ¿En qué se conocen los +valientes? + +Diciendo así, colmaba de vino su vaso, y se lo presentaba al niño que, +cogiéndolo sin vacilar, lo apuró de un sorbo. El marqués aplaudió: + +--¡Retebién! ¡Viva la gente templada! + +--No, lo que es el rapaz... el rapaz sale de punta--murmuró el abad de +Ulloa. + +--¿Y no le hará daño tanto vino?--objetó Julián, que sería incapaz de +bebérselo él. + +--¡Daño! ¡Sí, buen daño nos dé Dios!--respondió el marqués, con no sé qué +inflexiones de orgullo en el acento--. Déle usted otros tres, y ya +verá.... ¿Quiere usted que hagamos la prueba? + +--Los chupa, los chupa--afirmó el abad. + +--No señor; no señor.... Es capaz de morirse el pequeño.... He oído que el +vino es un veneno para las criaturas.... Lo que tendrá será hambre. + +--Sabel, que coma el chiquillo--ordenó imperiosamente el marqués, +dirigiéndose a la criada. + +Ésta, silenciosa e inmóvil durante la anterior escena, sacó un repleto +cuenco de caldo, y el niño fue a sentarse en el borde del lar, para +engullirlo sosegadamente. + +En la mesa, los comensales mascaban con buen ánimo. Al caldo, espeso y +harinoso, siguió un cocido sólido, donde abundaba el puerco: los días de +caza, el imprescindible puchero se tomaba de noche, pues al monte no +había medio de llevarlo. Una fuente de chorizos y huevos fritos +desencadenó la sed, ya alborotada con la sal del cerdo. El marqués dio +al codo a Primitivo. + +--Tráenos un par de botellitas.... De el del año 59. + +Y volviéndose hacia Julián, dijo muy obsequioso: + +--Va usted a beber del mejor _tostado_ que por aquí se produce.... Es de +la casa de Molende: se corre que tienen un secreto para que, sin perder +el gusto de la pasa, empalague menos y se parezca al mejor jerez.... +Cuanto más va, más gana: no es como los de otras bodegas, que se vuelven +azúcar. + +--Es cosa de gusto--aseveró el abad, rebañando con una miga de pan lo que +restaba de yema en su plato. + +--Yo--declaró tímidamente Julián--poco entiendo de vinos.... Casi no bebo +sino agua. + +Y al ver brillar bajo las cejas hirsutas del abad una mirada compasiva +de puro desdeñosa, rectificó: + +--Es decir... con el café, ciertos días señalados, no me disgusta el +anisete. + +--El vino alegra el corazón.... El que no bebe, no es hombre--pronunció el +abad sentenciosamente. + +Primitivo volvía ya de su excursión, empuñando en cada mano una botella +cubierta de polvo y telarañas. A falta de tirabuzón, se descorcharon con +un cuchillo, y a un tiempo se llenaron los vasos chicos traídos _ad +hoc_. Primitivo empinaba el codo con sumo desparpajo, bromeando con el +abad y el señorito. Sabel, por su parte, a medida que el banquete se +prolongaba y el licor calentaba las cabezas, servía con familiaridad +mayor, apoyándose en la mesa para reír algún chiste, de los que hacían +bajar los ojos a Julián, bisoño en materia de sobremesas de cazadores. +Lo cierto es que Julián bajaba la vista, no tanto por lo que oía, como +por no ver a Sabel, cuyo aspecto, desde el primer instante, le había +desagradado de extraño modo, a pesar o quizás a causa de que Sabel era +un buen pedazo de lozanísima carne. Sus ojos azules, húmedos y sumisos, +su color animado, su pelo castaño que se rizaba en conchas paralelas y +caía en dos trenzas hasta más abajo del talle, embellecían mucho a la +muchacha y disimulaban sus defectos, lo pomuloso de su cara, lo tozudo y +bajo de su frente, lo sensual de su respingada y abierta nariz. Por no +mirar a Sabel, Julián se fijaba en el chiquillo, que envalentonado con +aquella ojeada simpática, fue poco a poco deslizándose hasta llegar a +introducirse entre las rodillas del capellán. Instalado allí, alzó su +cara desvergonzada y risueña, y tirando a Julián del chaleco, murmuró en +tono suplicante: + +--¿Me lo da? + +Todo el mundo se reía a carcajadas: el capellán no comprendía. + +--¿Qué pide?--preguntó. + +--¿Qué ha de pedir?--respondió el marqués festivamente--. ¡El vino, hombre! +¡El vaso de tostado! + +--¡_Mama_!--exclamó el abad. + +Antes de que Julián se resolviese a dar al niño su vaso casi lleno, el +marqués había aupado al mocoso, que sería realmente una preciosidad a no +estar tan sucio. Parecíase a Sabel, y aún se le aventajaba en la +claridad y alegría de sus ojos celestes, en lo abundante del pelo +ensortijado, y especialmente en el correcto diseño de las facciones. Sus +manitas, morenas y hoyosas, se tendían hacia el vino color de topacio; +el marqués se lo acercó a la boca, divirtiéndose un rato en quitárselo +cuando ya el rapaz creía ser dueño de él. Por fin consiguió el niño +atrapar el vaso, y en un decir Jesús trasegó el contenido, relamiéndose. + +--¡Éste no se anda con requisitos!--exclamó el abad. + +--¡Quiá!--confirmó el marqués--. ¡Si es un veterano! ¿A que te zampas otro +vaso, Perucho? + +Las pupilas del angelote rechispeaban; sus mejillas despedían lumbre, y +dilataba la clásica naricilla con inocente concupiscencia de Baco niño. +El abad, guiñando picarescamente el ojo izquierdo, escancióle otro vaso, +que él tomó a dos manos y se embocó sin perder gota; en seguida soltó la +risa; y, antes de acabar el redoble de su carcajada báquica, dejó caer +la cabeza, muy descolorido, en el pecho del marqués. + +--¿Lo ven ustedes?--gritó Julián angustiadísimo--. Es muy chiquito para +beber así, y va a ponerse malo. Estas cosas no son para criaturas. + +--¡Bah!--intervino Primitivo--. ¿Piensa que el rapaz no puede con lo que +tiene dentro? ¡Con eso y con otro tanto! Y si no verá. + +A su vez tomó en brazos al niño y, mojando en agua fresca los dedos, se +los pasó por las sienes. Perucho abrió los párpados y miró alrededor con +asombro, y su cara se sonroseó. + +--¿Qué tal?--le preguntó Primitivo--. ¿Hay ánimos para otra _pinguita_ de +tostado? + +Volvióse Perucho hacia la botella y luego, como instintivamente, dijo +_que no_ con la cabeza, sacudiendo la poblada zalea de sus rizos. No era +Primitivo hombre de darse por vencido tan fácilmente: sepultó la mano en +el bolsillo del pantalón y sacó una moneda de cobre. + +--De ese modo...--refunfuñó el abad. + +--No seas bárbaro, Primitivo--murmuró el marqués entre placentero y grave. + +--¡Por Dios y por la Virgen!--imploró Julián--. ¡Van a matar a esa +criatura! Hombre, no se empeñe en emborrachar al niño: es un pecado, un +pecado tan grande como otro cualquiera. ¡No se pueden presenciar ciertas +cosas! + +Al protestar, Julián se había incorporado, encendido de indignación, +echando a un lado su mansedumbre y timidez congénita. Primitivo, de pie +también, mas sin soltar a Perucho, miró al capellán fría y +socarronamente, con el desdén de los tenaces por los que se exaltan un +momento. Y metiendo en la mano del niño la moneda de cobre y entre sus +labios la botella destapada y terciada aún de vino, la inclinó, la +mantuvo así hasta que todo el licor pasó al estómago de Perucho. +Retirada la botella, los ojos del niño se cerraron, se aflojaron sus +brazos, y no ya descolorido, sino con la palidez de la muerte en el +rostro, hubiera caído redondo sobre la mesa, a no sostenerlo Primitivo. +El marqués, un tanto serio, empezó a inundar de agua fría la frente y +los pulsos del niño; Sabel se acercó, y ayudó también a la aspersión; +todo inútil: lo que es por esta vez, Perucho _la tenía_. + +--Como un pellejo--gruñó el abad. + +--Como una cuba--murmuró el marqués--. A la cama con él en seguida. Que +duerma y mañana estará más fresco que una lechuga. Esto no es nada. + +Sabel se alejó cargada con el niño, cuyas piernas se balanceaban +inertes, a cada movimiento de su madre. La cena se acabó menos +bulliciosa de lo que empezara: Primitivo hablaba poco, y Julián había +enmudecido por completo. Cuando terminó el convite y se pensó en dormir, +reapareció Sabel armada de un velón de aceite, de tres mecheros, con el +cual fue alumbrando por la ancha escalera de piedra que conducía al piso +alto, y ascendía a la torre en rápido caracol. Era grande la habitación +destinada a Julián, y la luz del velón apenas disipaba las tinieblas, de +entre las cuales no se destacaba más que la blancura del lecho. A la +puerta del cuarto se despidió el marqués, deseándole buenas noches y +añadiendo con brusca cordialidad: + +--Mañana tendrá usted su equipaje.... Ya irán a Cebre por él.... Ea, +descansar, mientras yo echo de casa al abad de Ulloa.... Está un poco.... +¿eh? ¡Dificulto que no se caiga en el camino y no pase la noche al +abrigo de un vallado! + +Solo ya, sacó Julián de entre la camisa y el chaleco una estampa +grabada, con marco de lentejuela, que representaba a la Virgen del +Carmen, y la colocó de pie sobre la mesa donde Sabel acababa de +depositar el velón. Arrodillóse, y rezó la media corona, contando por +los dedos de la mano cada diez. Pero el molimiento del cuerpo le hacía +apetecer las gruesas y frescas sábanas, y omitió la letanía, los actos +de fe y algún padrenuestro. Desnudóse honestamente, colocando la ropa en +una silla a medida que se la quitaba, y apagó el velón antes de echarse. +Entonces empezaron a danzar en su fantasía los sucesos todos de la +jornada: el caballejo que estuvo a punto de hacerle besar el suelo, la +cruz negra que le causó escalofríos, pero sobre todo la cena, la bulla, +el niño borracho. Juzgando a las gentes con quienes había trabado +conocimiento en pocas horas, se le figuraba Sabel provocativa, Primitivo +insolente, el abad de Ulloa sobrado bebedor y nimiamente amigo de la +caza, los perros excesivamente atendidos, y en cuanto al marqués.... En +cuanto al marqués, Julián recordaba unas palabras del señor de la Lage: + +--Encontrará usted a mi sobrino bastante adocenado.... La aldea, cuando se +cría uno en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y +embrutece. + +Y casi al punto mismo en que acudió a su memoria tan severo dictamen, +arrepintióse el capellán, sintiendo cierta penosa inquietud que no podía +vencer. ¿Quién le mandaba formar juicios temerarios? Él venía allí para +decir misa y ayudar al marqués en la administración, no para fallar +acerca de su conducta y su carácter.... Con que... a dormir... + + + + +-III- + + +Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño +dorado y apacible. Mientras se vestía, examinaba la estancia con algún +detenimiento. Era vastísima, sin cielo raso; alumbrábanla tres ventanas +guarnecidas de anchos poyos y de vidrieras faltosas de vidrios cuanto +abastecidas de remiendos de papel pegados con obleas. Los muebles no +pecaban de suntuosos ni de abundantes, y en todos los rincones +permanecían señales evidentes de los hábitos del último inquilino, hoy +abad de Ulloa, y antes capellán del marqués: puntas de cigarros +adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la +mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos, +jaulas para codornices, _gayolas_, collares de perros, una piel de +conejo mal curtida y peor oliente. Amén de estas reliquias, entre las +vigas pendían pálidas telarañas, y por todas partes descansaba +tranquilamente el polvo, enseñoreado allí desde tiempo inmemorial. + +Miraba Julián las huellas de la incuria de su antecesor, y sin querer +acusarle, ni tratarle en sus adentros de cochino, el caso es que tanta +porquería y rusticidad le infundía grandes deseos de primor y limpieza, +una aspiración a la pulcritud en la vida como a la pureza en el alma. +Julián pertenecía a la falange de los pacatos, que tienen la virtud +espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta. No +habiéndose descosido jamás de las faldas de su madre sino para asistir a +cátedra en el Seminario, sabía de la vida lo que enseñan los libros +piadosos. Los demás seminaristas le llamaban _San Julián_, añadiendo que +sólo le faltaba la palomita en la mano. Ignoraba cuándo pudo venirle la +vocación; tal vez su madre, ama de llaves de los señores de la Lage, +mujer que pasaba por beatona, le empujó suavemente, desde la más tierna +edad, hacia la Iglesia, y él se dejó llevar de buen grado. Lo cierto es +que de niño jugaba a cantar misa, y de grande no paró hasta conseguirlo. +La continencia le fue fácil, casi insensible, por lo mismo que la guardó +incólume, pues sienten los moralistas que es más hacedero no pecar una +vez que pecar una sola. A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la +gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su +temperamento linfático-nervioso, puramente femenino, sin ardores ni +rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias +malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que +también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado +normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas. +Julián, por su compostura y hábitos de pulcritud-aprendidos de su madre, +que le sahumaba toda la ropa con espliego y le ponía entre cada par de +calcetines una manzana camuesa--cogió fama de seminarista _pollo_, máxime +cuando averiguaron que se lavaba mucho manos y cara. En efecto era así, +y a no mediar ciertas ideas de devota pudicicia, él extendería las +abluciones frecuentes al resto del cuerpo, que procuraba traer lo más +aseado posible. + +El primer día de su estancia en los Pazos bien necesitaba chapuzarse un +poco, atendido el polvo de la carretera que traía adherido a la piel; +pero sin duda el actual abad de Ulloa consideraba artículo de lujo los +enseres de tocador, pues no vio Julián por allí más que una palangana de +hojalata, a la cual servía de palanganero el poyo. Ni jarra, ni tohalla, +ni jabón, ni cubo. Quedóse parado delante de la palangana, en mangas de +camisa y sin saber qué hacer, hasta que, convencido de la imposibilidad +de refrescarse con agua, quiso al menos tomar un baño de aire, y abrió +la vidriera. + +Lo que abarcaba la vista le dejó encantado. El valle ascendía en suave +pendiente, extendiendo ante los Pazos toda la lozanía de su ladera más +feraz. Viñas, castañares, campos de maíz granados o ya segados, y +tupidas robledas, se escalonaban, subían trepando hasta un montecillo, +cuya falda gris parecía, al sol, de un blanco plomizo. Al pie mismo de +la torre, el huerto de los Pazos se asemejaba a verde alfombra con +cenefas amarillentas, en cuyo centro se engastaba la luna de un gran +espejo, que no era sino la superficie del estanque. El aire, oxigenado y +regenerador, penetraba en los pulmones de Julián, que sintió disiparse +inmediatamente parte del vago terror que le infundía la gran casa +solariega y lo que de sus moradores había visto. Como para renovarlo, +entreoyó detrás de sí rumor de pisadas cautelosas, y al volverse vio a +Sabel, que le presentaba con una mano platillo y jícara, con la otra, en +plato de peltre, un púlpito de agua fresca y una servilleta gorda muy +doblada encima. Venía la moza arremangada hasta el codo, con el pelo +alborotado, seco y volandero, del calor de la cama sin duda: y a la luz +del día se notaba más la frescura de su tez, muy blanca y como +infiltrada de sangre. Julián se apresuró a ponerse el levitín, +murmurando: + +--Otra vez haga el favor de dar dos golpes en la puerta antes de +entrar.... Conforme estoy a pie, pudo cuadrar que estuviese en la cama +todavía... o vistiéndome. + +Miróle Sabel de hito en hito, sin turbarse, y exclamó: + +--Disimule, señor.... Yo no sabía.... El que no sabe, hace como el que no +ve. + +--Bien, bien.... Yo quería decir misa antes de tomar el chocolate. + +--Hoy no podrá, porque tiene la llave de la capilla el señor abad de +Ulloa, y Dios sabe hasta qué horas dormirá, ni si habrá quién vaya allá +por ella. + +Julián contuvo un suspiro. ¡Dos días ya sin misar! Cabalmente desde que +era presbítero se había redoblado su fervor religioso, y sentía el +entusiasmo juvenil del nuevo misacantano, conmovido aún por la impresión +de la augusta investidura; de suerte que celebraba el sacrificio +esmerándose en perfilar la menor ceremonia, temblando cuando alzaba, +anonadándose cuando consumía, siempre con recogimiento indecible. En +fin, si no había remedio.... + +--Ponga el chocolate ahí--dijo a Sabel. + +Mientras la moza ejecutaba esta orden, Julián alzaba los ojos al techo y +los bajaba al piso, y tosía, tratando de buscar una fórmula, un modo +discreto de explicarse. + +--¿Hace mucho que no duerme en este cuarto el señor abad? + +--Poco.... Hará dos semanas que bajó a la parroquia. + +--Ah.... Por eso.... Esto está algo... sucio, ¿no le parece? Sería bueno +barrer... y pasar también la escoba por entre las vigas. + +Sabel se encogió de hombros. + +--El señor abad no me mandó nunca que le barriese el cuarto. + +--Pues, francamente, la limpieza es una cosa que a todo el mundo gusta. + +--Sí, señor, ya se sabe.... No pase cuidado, que yo lo arreglaré muy +arregladito. + +Lo pronunció con tanta sumisión, que Julián a su vez quiso mostrarle un +poco de caritativo interés. + +--¿Y el niño?--preguntó--. ¿No le hizo mal lo de ayer? + +--No, señor.... Durmió como un santiño y ya anda corriendo por la huerta. +¿Ve? Allí está. + +Mirando por la abierta ventana, y haciéndose una pantalla con la mano, +Julián divisó a Perucho, que, sin sombrero, con la cabeza al sol, +arrojaba piedras al estanque. + +--Lo que no sucede en un año sucede en un día, Sabel--advirtió gravemente +el capellán--. ¡No debe consentir que le emborrachen al chiquillo: es un +vicio muy feo, hasta en los grandes, cuanto más en un inocente así! +¿Para qué le aguanta a Primitivo que le dé tanta bebida? Es obligación +de usted el impedirlo. + +Sabel fijaba pesadamente en Julián sus azules pupilas, siendo imposible +discernir en ellas el menor relámpago de inteligencia o de +convencimiento. Al fin articuló con pausa: + +--Yo qué quiere que le haga.... No me voy a reponer contra mi señor padre. + +Julián calló un momento atónito. ¡De modo que quien había embriagado a +la criatura era su propio abuelo! No supo replicar nada oportuno, ni +siquiera lanzar una exclamación de censura. Llevóse la taza a la boca +para encubrir la turbación, y Sabel, creyendo terminado el coloquio, se +retiraba despacio, cuando el capellán le dirigió una pregunta más. + +--¿El señor marqués anda ya levantado? + +--Sí, señor.... Debe estar por la huerta o por los alpendres. + +--Haga el favor de llevarme allí--dijo Julián levantándose y limpiándose +apresuradamente los labios sin desdoblar la servilleta. + +Antes de dar con el marqués, recorrieron el capellán y su guía casi toda +la huerta. Aquella vasta extensión de terreno debía haber sido en otro +tiempo cultivada con primor y engalanada con los adornos de la +jardinería simétrica y geométrica cuya moda nos vino de Francia. De todo +lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con +mirto en el suelo, eran ahora intrincado matorral de bojes, donde ni la +vista más lince distinguiría rastro de los lobos, pinos, torres +almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blasón +de los Ulloas; y, sin embargo, persistía en la confusa masa no sé qué +aire de cosa plantada adrede y con arte. El borde de piedra del estanque +estaba semiderruido, y las gruesas bolas de granito que lo guarnecían +andaban rodando por la hierba, verdosas de musgo, esparcidas aquí y +acullá como gigantescos proyectiles en algún desierto campo de batalla. +Obstruido por el limo, el estanque parecía charca fangosa, acrecentando +el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer +fueron cenadores y bancos rústicos se habían convertido en rincones +poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de maíz, a +cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crecían libres, +espinosos y altísimos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a +besar con sus ramas más altas la copa del ciruelo o peral que tenían +enfrente. Por entre estos residuos de pasada grandeza andaba el último +vástago de los Ulloas, con las manos en los bolsillos, silbando +distraídamente como quien no sabe qué hacer del tiempo. La presencia de +Julián le dio la solución del problema. Señorito y capellán emparejaron +y alabando la hermosura del día, acabaron de visitar el huerto al +pormenor, y aun alargaron el paseo hasta el soto y los robledales que +limitaban, hacia la parte norte, la extensa posesión del marqués. Julián +abría mucho los ojos, deseando que por ellos le entrase de sopetón toda +la ciencia rústica, a fin de entender bien las explicaciones relativas a +la calidad del terreno o el desarrollo del arbolado; pero, acostumbrado +a la vida claustral del Seminario y de la metrópoli compostelana, la +naturaleza le parecía difícil de comprender, y casi le infundía temor +por la vital impetuosidad que sentía palpitar en ella, en el espesor de +los matorrales, en el áspero vigor de los troncos, en la fertilidad de +los frutales, en la picante pureza del aire libre. Exclamó con +desconsuelo sincerísimo: + +--Yo confieso la verdad, señorito.... De estas cosas de aldea, no entiendo +jota. + +--Vamos a ver la casa--indicó el señor de Ulloa--. Es la más grande del +país--añadió con orgullo. + +Mudaron de rumbo, dirigiéndose al enorme caserón, donde penetraron por +la puerta que daba al huerto, y habiendo recorrido el claustro formado +por arcadas de sillería, cruzaron varios salones con destartalado +mueblaje, sin vidrios en las vidrieras, cuyas descoloridas pinturas +maltrataba la humedad, no siendo más clemente la polilla con el +maderamen del piso. Pararon en una habitación relativamente chica, con +ventana de reja, donde las negras vigas del techo semejaban remotísimas, +y asombraban la vista grandes estanterías de castaño sin barnizar, que +en vez de cristales tenían enrejado de alambre grueso. Decoraba tan +tétrica pieza una mesa-escritorio, y sobre ella un tintero de cuerno, un +viejísimo bade de suela, no sé cuántas plumas de ganso y una caja de +obleas vacía. + +Las estanterías entreabiertas dejaban asomar legajos y protocolos en +abundancia; por el suelo, en las dos sillas de baqueta, encima de la +mesa, en el alféizar mismo de la enrejada ventana, había más papeles, +más legajos, amarillentos, vetustos, carcomidos, arrugados y rotos; +tanta papelería exhalaba un olor a humedad, a rancio, que cosquilleaba +en la garganta desagradablemente. El marqués de Ulloa, deteniéndose en +el umbral y con cierta expresión solemne, pronunció: + +--El archivo de la casa. + +Desocupó en seguida las sillas de cuero, y explicó muy acalorado que +aquello estaba revueltísimo-aclaración de todo punto innecesaria--y que +semejante desorden se debía al descuido de un fray Venancio, +administrador de su padre, y del actual abad de Ulloa, en cuyas manos +pecadoras había venido el archivo a parar en lo que Julián veía.... + +--Pues así no puede seguir--exclamaba el capellán--. ¡Papeles de +importancia tratados de este modo! Hasta es muy fácil que alguno se +pierda. + +--¡Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habrán causado, y +cómo andará todo, porque yo ni mirarlo quiero.... Esto es lo que usted +ve: ¡un desastre, una perdición! ¡Mire usted..., mire usted lo que tiene +ahí a sus pies! ¡Debajo de una bota! + +Julián levantó el pie muy asustado, y el marqués se bajó recogiendo del +suelo un libro delgadísimo, encuadernado en badana verde, del cual +pendía rodado sello de plomo. Tomólo Julián con respeto, y al abrirlo, +sobre la primera hoja de vitela, se destacó una soberbia miniatura +heráldica, de colores vivos y frescos a despecho de los años. + +--¡Una ejecutoria de nobleza!--declaró el señorito gravemente. + +Por medio de su pañuelo doblado, la limpiaba Julián del moho, tocándola +con manos delicadas. Desde niño le había enseñado su madre a reverenciar +la sangre ilustre, y aquel pergamino escrito con tinta roja, miniado, +dorado, le parecía cosa muy veneranda, digna de compasión por haber sido +pisoteada, hollada bajo la suela de sus botas. Como el señorito +permanecía serio, de codos en la mesa, las manos cruzadas bajo la barba, +otras palabras del señor de la Lage acudieron a la memoria del capellán: +«Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.... Haría +usted una obra de caridad si lo arreglase un poco». La verdad es que él +no entendía gran cosa de papelotes, pero con buena voluntad y cachaza.... + +--Señorito--murmuró--, ¿y por qué no nos dedicamos a ordenar esto como Dios +manda? Entre usted y yo, mal sería que no acertásemos. Mire usted, +primero apartamos lo moderno de lo antiguo; de lo que esté muy +estropeado se podría hacer sacar copia; lo roto se pega con cuidadito +con unas tiras de papel transparente.... + +El proyecto le pareció al señorito de perlas. Convinieron en ponerse al +trabajo desde la mañana siguiente. Quiso la desgracia que al otro día +Primitivo descubriese en un maizal próximo un bando entero de perdices +entretenido en comerse la espiga madura. Y el marqués se terció la +carabina y dejó para siempre jamás amén a su capellán bregar con los +documentos. + + + + +-IV- + + +Y el capellán lidió con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro +horas todas las mañanas. Primero limpió, sacudió, planchó sirviéndose de +la palma de la mano, pegó papelitos de cigarro a fin de juntar los +pedazos rotos de alguna escritura. Parecíale estar desempolvando, +encolando y poniendo en orden la misma casa de Ulloa, que iba a salir de +sus manos hecha una plata. La tarea, en apariencia fácil, no dejaba de +ser enfadosa para el aseado presbítero: le sofocaba una atmósfera de +mohosa humedad; cuando alzaba un montón de papeles depositado desde +tiempo inmemorial en el suelo, caía a veces la mitad de los documentos +hecha añicos por el diente menudo e incansable del ratón; las polillas, +que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le metían +por entre la ropa; las correderas, perseguidas en sus más secretos +asilos, salían ciegas de furor o de miedo, obligándole, no sin gran +repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tapándose los oídos para +no percibir el ¡_chac_! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del +insecto; las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus +descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente +en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto +estratégico. De tanto asqueroso bicho tal vez el que más repugnaba a +Julián era una especie de lombriz o gusano de humedad, frío y negro, que +se encontraba siempre inmóvil y hecho una rosca debajo de los papeles, y +al tocarlo producía la sensación de un trozo de hielo blando y pegajoso. + +Al cabo, a fuerza de paciencia y resolución, triunfó Julián en su +batalla con aquellas alimañas impertinentes, y en los estantes, ya +despejados, fueron alineándose los documentos, ocupando, por efecto +milagroso del buen orden, la mitad menos que antes, y cabiendo donde no +cupieron jamás. Tres o cuatro ejecutorias, todas con su colgante de +plomo, quedaron apartadas, envueltas en paños limpios. Todo estaba +arreglado ya, excepto un tramo de la estantería donde Julián columbró +los lomos oscuros, fileteados de oro, de algunos libros antiguos. Era la +biblioteca de un Ulloa, un Ulloa de principios del siglo: Julián +extendió la mano, cogió un tomo al azar, lo abrió, leyó la portada... +«_La Henriada_, poema francés, puesto en verso español: su autor, el +señor de Voltaire...». Volvió a su sitio el volumen, con los labios +contraídos y los ojos bajos, como siempre que algo le hería o +escandalizaba: no era en extremo intolerante, pero lo que es a Voltaire, +de buena gana le haría lo que a las cucarachas; no obstante, limitóse a +condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal paño por el lomo de los +libros: de suerte que polillas, gusanos y arañas, acosadas en todas +partes, hallaron refugio a la sombra del risueño Arouet y su enemigo el +sentimental Juan Jacobo, que también dormía allí sosegadamente desde los +años de 1816. + +No era tortas y pan pintado la limpieza material del archivo; sin +embargo, la verdadera obra de romanos fue la clasificación. ¡Aquí te +quiero! parecían decir los papelotes así que Julián intentaba +distinguirlos. Un embrollo, una madeja sin cabo, un laberinto sin hilo +conductor. No existía faro que pudiese guiar por el piélago insondable: +ni libros becerros, ni estados, ni nada. Los únicos documentos que +encontró fueron dos cuadernos mugrientos y apestando a tabaco, donde su +antecesor, el abad de Ulloa, apuntaba los nombres de los pagadores y +arrendatarios de la casa, y al margen, con un signo inteligible para él +solo, o con palabras más enigmáticas aún, el balance de sus pagos. Los +unos tenían una cruz, los otros un garabato, los de más allá una +llamada, y los menos, las frases _no paga, pagará, va pagando, ya pagó_. +¿Qué significaban pues el garabato y la cruz? Misterio insondable. En +una misma página se mezclaban gastos e ingresos: aquí aparecía Fulano +como deudor insolvente, y dos renglones más abajo, como acreedor por +jornales. Julián sacó del libro del abad una jaqueca tremebunda. Bendijo +la memoria de fray Venancio, que, más radical, no dejara ni rastro de +cuentas, ni el menor comprobante de su larga gestión. + +Había puesto Julián manos a la obra con sumo celo, creyendo no le sería +imposible orientarse en semejante caos de papeles. Se desojaba para +entender la letra antigua y las enrevesadas rúbricas de las escrituras; +quería al menos separar lo correspondiente a cada uno de los tres o +cuatro principales partidos de renta con que contaba la casa; y se +asombraba de que para cobrar tan poco dinero, tan mezquinas cantidades +de centeno y trigo, se necesitase tanto fárrago de procedimientos, tanta +documentación indigesta. Perdíase en un dédalo de foros y subforos, +prorrateos, censos, pensiones, vinculaciones, cartas dotales, diezmos, +tercios, pleitecillos menudos, de atrasos, y pleitazos gordos, de +partijas. A cada paso se le confundía más en la cabeza toda aquella +papelería trasconejada; si las obras de reparación, como poner carpetas +de papel fuerte y blanco a las escrituras que se deshacían de puro +viejas le eran ya fáciles, no así el conocimiento científico de los +malditos papelotes, indescifrables para quien no tuviese lecciones y +práctica. Ya desalentado se lo confesó al marqués. + +--Señorito, yo no salgo del paso.... Aquí convenía un abogado, una persona +entendida. + +--Sí, sí, hace mucho tiempo que lo pienso yo también.... Es indispensable +tomar mano en eso, porque la documentación debe andar perdida.... ¿Cómo +la ha encontrado usted? ¿Hecha una lástima? Apuesto a que sí. + +Dijo esto el marqués con aquella entonación vehemente y sombría que +adoptaba al tratar de sus propios asuntos, por insignificantes que +fuesen; y mientras hablaba, entretenía las manos ciñendo su collar de +cascabeles a la Chula, con la cual iba a salir a matar unas codornices. + +--Sí, señor...--murmuró Julián--. No está nada bien, no.... Pero la persona +acostumbrada a estas cosas se desenreda de ellas en un soplo.... Y tiene +que venir pronto quien sea, porque los papeles no ganan así. + +La verdad era que el archivo había producido en el alma de Julián la +misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y +amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la +actualidad se desmoronaba a toda prisa. Era esto en Julián aprensión no +razonada, que se transformaría en convicción si conociese bien algunos +antecedentes de familia del marqués. + +Don Pedro Moscoso de Cabreira y Pardo de la Lage quedó huérfano de padre +muy niño aún. A no ser por semejante desgracia, acaso hubiera tenido +carrera: los Moscosos conservaban, desde el abuelo afrancesado, +enciclopedista y francmasón que se permitía leer al _señor de Voltaire_, +cierta tradición de cultura trasañeja, medio extinguida ya, pero +suficiente todavía para empujar a un Moscoso a los bancos del aula. En +los Pardos de la Lage era, al contrario, axiomático que más vale asno +vivo que doctor muerto. Vivían entonces los Pardos en su casa solariega, +no muy distante de la de Ulloa: al enviudar la madre de don Pedro, el +mayorazgo de la Lage iba a casarse en Santiago con una señorita de +distinción, trasladando sus reales al pueblo; y don Gabriel, el +segundón, se vino a los Pazos de Ulloa, para acompañar a su hermana, +según decía, y servirle de amparo; en realidad, afirmaban los +maldicientes, para disfrutar a su talante las rentas del cuñado difunto. +Lo cierto es que don Gabriel en poco tiempo asumió el mando de la casa: +él descubrió y propuso para administrador a aquel bendito exclaustrado +fray Venancio, medio chocho desde la exclaustración, medio idiota de +nacimiento ya, a cuya sombra pudo manejar a su gusto la hacienda del +sobrino, desempeñando la tutela. Una de las habilidades de don Gabriel +fue hacer partijas con su hermana cogiéndole mañosamente casi toda su +legítima, despojo a que asintió la pobre señora, absolutamente inepta en +materia de negocios, hábil sólo para ahorrar el dinero que guardaba con +sórdida avaricia, y que tuvo la imprudente niñería de ir poniendo en +onzas de oro, de las más antiguas, de premio. Cortos eran los réditos +del caudal de Moscoso que no se deslizaban de entre los dedos temblones +de fray Venancio a las robustas palmas del tutor; pero si lograban pasar +a las de doña Micaela, ya no salían de allí sino en forma de peluconas, +camino de cierto escondrijo misterioso, acerca del cual iba poco a poco +formándose una leyenda en el país. Mientras la madre atesoraba, don +Gabriel educaba al sobrino a su imagen y semejanza, llevándolo consigo a +ferias, cazatas, francachelas rústicas, y acaso distracciones menos +inocentes, y enseñándole, como decían allí, a cazar la perdiz blanca; y +el chico adoraba en aquel tío jovial, vigoroso y resuelto, diestro en +los ejercicios corporales, groseramente chistoso, como todos los de la +Lage, en las sobremesas: especie de señor feudal acatado en el país, que +enseñaba prácticamente al heredero de los Ulloas el desprecio de la +humanidad y el abuso de la fuerza. Un día que tío y sobrino se +deportaban, según costumbre, a cuatro o seis leguas de distancia de los +Pazos, habiéndose llevado consigo al criado y al mozo de cuadra, a las +cuatro de la tarde y estando abiertas todas las puertas del caserón +solariego, se presentó en él una gavilla de veinte hombres enmascarados +o tiznados de carbón, que maniató y amordazó a la criada, hizo echarse +boca abajo a fray Venancio, y apoderándose de doña Micaela, le intimó +que enseñase el escondrijo de las onzas; y como la señora se negase, +después de abofetearla, empezaron a mecharla con la punta de una navaja, +mientras unos cuantos proponían que se calentase aceite para freírle los +pies. Así que le acribillaron un brazo y un pecho, pidió compasión y +descubrió, debajo de un arca enorme, el famoso escondrijo, trampa +hábilmente disimulada por medio de una tabla igual a las demás del piso, +pero que subía y bajaba a voluntad. Recogieron los ladrones las hermosas +medallas, apoderáronse también de la plata labrada que hallaron a mano, +y se retiraron de los Pazos a las seis, antes que anocheciese del todo. +Algún labrador o jornalero les vio salir, pero ¿qué había de hacer? Eran +veinte, bien armados con escopetas, pistolas y trabucos. + +Fray Venancio, que sólo había recibido tal cual puntapié o puñada +despreciativa, no necesitó más pasaporte para irse al otro mundo, de +puro miedo, en una semana; la señora se apresuró menos, pero, como suele +decirse, no levantó cabeza, y de allí a pocos meses una apoplejía serosa +le impidió seguir guardando onzas en un agujero mejor disimulado. Del +robo se habló largo tiempo en el país, y corrieron rumores muy extraños: +se afirmó que los criminales no eran bandidos de profesión, sino gentes +conocidas y acomodadas, alguna de las cuales desempeñaba cargo público, +y entre ellas se contaban personas relacionadas de antiguo con la +familia de Ulloa, que por lo tanto estaban al corriente de las +costumbres de la casa, de los días en que se quedaba sin hombres, y de +la insaciable constancia de doña Micaela en recoger y conservar la más +valiosa moneda de oro. Fuese lo que fuese, la justicia no descubrió a +los autores del delito, y don Pedro quedó en breve sin otro pariente que +su tío Gabriel. Éste buscó para el sitio de fray Venancio a un sacerdote +brusco, gran cazador, incapaz de morirse de miedo ante los ladrones. +Desde tiempo atrás les ayudaba en sus expediciones cinegéticas +Primitivo, la mejor escopeta furtiva del país, la puntería más certera, +y el padre de la moza más guapa que se encontraba en diez leguas a la +redonda. El fallecimiento de doña Micaela permitió que hija y padre se +instalasen en los Pazos, ella a título de criada, él a título de... +montero mayor, diríamos hace siglos; hoy no hay nombre adecuado para el +empleo. Don Gabriel los tenía muy a raya a entrambos, olfateando en +Primitivo un riesgo serio para su influencia; pero tres o cuatro años +después de la muerte de su hermana, don Gabriel sufrió ataques de gota +que pusieron en peligro su vida, y entonces se divulgó lo que ya se +susurraba acerca de su casamiento secreto con la hija del carcelero de +Cebre. El hidalgo se trasladó a vivir, mejor dicho a rabiar, en la +villita; otorgó testamento legando a tres hijos que tenía sus bienes y +caudal, sin dejar al sobrino don Pedro ni el reloj en memoria; y +habiéndosele subido la gota al corazón, entregó su alma a Dios de +malísima gana, con lo cual hallóse el último de los Moscosos dueño de sí +por completo. + +Gracias a todas estas vicisitudes, socaliñas y pellizcos, la casa de +Ulloa, a pesar de poseer dos o tres decentes núcleos de renta, estaba +enmarañada y desangrada; era lo que presumía Julián: una ruina. Dada la +complicación de red, la subdivisión atomística que caracteriza a la +propiedad gallega, un poco de descuido o mala administración basta para +minar los cimientos de la más importante fortuna territorial. La +necesidad de pagar ciertos censos atrasados y sus intereses había sido +causa de que la casa se gravase con una hipoteca no muy cuantiosa; pero +la hipoteca es como el cáncer: empieza atacando un punto del organismo y +acaba por inficionarlo todo. Con motivo de los susodichos censos, el +señorito buscó asiduamente las onzas del nuevo escondrijo de su madre; +tiempo perdido: o la señora no había atesorado más desde el robo, o lo +había ocultado tan bien, que no diera con ello el mismo diablo. + +La vista de tal hipoteca contristó a Julián, pues el buen clérigo +empezaba a sentir la adhesión especial de los capellanes por las casas +nobles en que entran; pero más le llenó de confusión encontrar entre los +papelotes la documentación relativa a un pleitecillo de partijas, +sostenido por don Alberto Moscoso, padre de don Pedro, con.... ¡el +marqués de Ulloa! + +Porque ya es hora de decir que el marqués de Ulloa auténtico y legal, el +que consta en la _Guía de forasteros_, se paseaba tranquilamente en +carretela por la Castellana, durante el invierno de 1866 a 1867, +mientras Julián exterminaba correderas en el archivo de los Pazos. Bien +ajeno estaría él de que el título de nobleza por cuya carta de sucesión +había pagado religiosamente su impuesto de _lanzas y medias anatas_, lo +disfrutaba gratis un pariente suyo, en un rincón de Galicia. Verdad que +al legítimo marqués de Ulloa, que era Grande de España de primera clase, +duque de algo, marqués tres veces y conde dos lo menos, nadie le conocía +en Madrid sino por el ducado, por aquello de que baza mayor quita menor, +aun cuando el título de Ulloa, radicado en el claro solar de Cabreira de +Portugal, pudiese ganar en antigüedad y estimación a los más eminentes. +Al pasar a una rama colateral la hacienda de los Pazos de Ulloa, fue el +marquesado a donde correspondía por rigurosa agnación; pero los +aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de +Ulloa diesen nombre al título, siguieron llamando marqueses a los dueños +de la gran huronera. Los señores de los Pazos no protestaban: eran +marqueses por derecho consuetudinario; y cuando un labrador, en un +camino hondo, se descubría respetuosamente ante don Pedro, murmurando: +«Vaya usía muy dichoso, señor marqués», don Pedro sentía un cosquilleo +grato en la epidermis de la vanidad, y contestaba con voz sonora: +«Felices tardes». + + + + +-V- + + +Del famoso arreglo del archivo sacó Julián los pies fríos y la cabeza +caliente: él bien quisiera despabilarse, aplicar prácticamente las +nociones adquiridas acerca del estado de la casa, para empezar a ejercer +con inteligencia sus funciones de administrador, mas no acertaba, no +podía; su inexperiencia en cosas rurales y jurídicas se traslucía a cada +paso. Trataba de estudiar el mecanismo interior de los Pazos: tomábase +el trabajo de ir a los establos, a las cuadras, de enterarse de los +cultivos, de visitar la granera, el horno, los hórreos, las eras, las +bodegas, los alpendres, cada dependencia y cada rincón; de preguntar +para qué servía esto y aquello y lo de más allá, y cuánto costaba y a +cómo se vendía; labor inútil, pues olfateando por todas partes abusos y +desórdenes, no conseguía nunca, por su carencia de malicia y de +gramática parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos. El señorito no +le acompañaba en semejantes excursiones: harto tenía que hacer con +ferias, caza y visitas a gentes de Cebre o del señorío montañés, de +suerte que el guía de Julián era Primitivo. Guía pesimista si los hay. +Cada reforma que Julián quería plantear, la calificaba de imposible, +encogiéndose de hombros; cada superfluidad que intentaba suprimir, la +declaraba el cazador indispensable al buen servicio de la casa. Ante el +celo de Julián surgían montones de dificultades menudas, impidiéndole +realizar ninguna modificación útil. Y lo más alarmante era observar la +encubierta, pero real omnipotencia de Primitivo. Mozos, colonos, +jornaleros, y hasta el ganado en los establos, parecía estarle +supeditado y propicio: el respeto adulador con que trataban al señorito, +el saludo, mitad desdeñoso y mitad indiferente que dirigían al capellán, +se convertían en sumisión absoluta hacia Primitivo, no manifestada por +fórmulas exteriores, sino por el acatamiento instantáneo de su voluntad, +indicada a veces con sólo el mirar directo y frío de sus ojuelos sin +pestañas. Y Julián se sentía humillado en presencia de un hombre que +mandaba allí como indiscutible autócrata, desde su ambiguo puesto de +criado con ribetes de mayordomo. Sentía pesar sobre su alma la ojeada +escrutadora de Primitivo que avizoraba sus menores actos, y estudiaba su +rostro, sin duda para averiguar el lado vulnerable de aquel presbítero, +sobrio, desinteresado, que apartaba los ojos de las jornaleras garridas. +Tal vez la filosofía de Primitivo era que no hay hombre sin vicio, y no +había de ser Julián la excepción. + +Corría entre tanto el invierno, y el capellán se habituaba a la vida +campestre. El aire vivo y puro le abría el apetito: no sentía ya las +efusiones de devoción que al principio, y sí una especie de caridad +humana que le llevaba a interesarse en lo que veía a su alrededor, +especialmente los niños y los irracionales, con quienes desahogaba su +instintiva ternura. Aumentábase su compasión hacia Perucho, el rapaz +embriagado por su propio abuelo; le dolía verle revolcarse +constantemente en el lodo del patio, pasarse el día hundido en el +estiércol de las cuadras, jugando con los becerros, mamando del pezón de +las vacas leche caliente o durmiendo en el pesebre, entre la hierba +destinada al pienso de la borrica; y determinó consagrar algunas horas +de las largas noches de invierno a enseñar al chiquillo el abecedario, +la doctrina y los números. Para realizarlo se acomodaba en la vasta +mesa, no lejos del fuego del hogar, cebado por Sabel con gruesos +troncos; y cogiendo al niño en sus rodillas, a la luz del triple mechero +del velón, le iba guiando pacientemente el dedo sobre el silabario, +repitiendo la monótona salmodia por donde empieza el saber: _be-a bá, +be-e bé, be-i bí_.... El chico se deshacía en bostezos enormes, en muecas +risibles, en momos de llanto, en chillidos de estornino preso; se +acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras +imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al +menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o +volverse al tibio abrigo del establo. + +En aquel tiempo frío, la cocina se convertía en tertulia, casi +exclusivamente compuesta de mujeres. Descalzas y pisando de lado, como +recelosas, iban entrando algunas, con la cabeza resguardada por una +especie de mandilón de picote; muchas gemían de gusto al acercarse a la +deleitable llama; otras, tomando de la cintura el huso y el copo de +lino, hilaban después de haberse calentado las manos, o sacando del +bolsillo castañas, las ponían a asar entre el rescoldo; y todas, +empezando por cuchichear bajito, acababan por charlotear como urracas. +Era Sabel la reina de aquella pequeña corte: sofocada por la llama, con +los brazos arremangados, los ojos húmedos, recibía el incienso de las +adulaciones, hundía el cucharón de hierro en el pote, llenaba cuencos de +caldo, y al punto una mujer desaparecía del círculo, refugiábase en la +esquina o en un banco, donde se la oía mascar ansiosamente, soplar el +hirviente bodrio y lengüetear contra la cuchara. Noches había en que no +se daba la moza punto de reposo en colmar tazas, ni las mujeres en +entrar, comer y marcharse para dejar a otras el sitio: allí desfilaba +sin duda, como en mesón barato, la parroquia entera. Al salir cogían +aparte a Sabel, y si el capellán no estuviese tan distraído con su +rebelde alumno, vería algún trozo de tocino, pan o _lacón_ rápidamente +escondido en un justillo, o algún chorizo cortado con prontitud de las +ristras pendientes en la chimenea, que no menos velozmente pasaba a las +faltriqueras. La última tertuliana que se quedaba, la que secreteaba más +tiempo y más íntimamente con Sabel, era la vieja de las greñas de +estopa, entrevista por Julián la noche de su llegada a los Pazos. Era +imponente la fealdad de la bruja: tenía las cejas canas, y, de perfil, +le sobresalían, como también las cerdas de un lunar; el fuego hacía +resaltar la blancura del pelo, el color atezado del rostro, y el enorme +_bocio_ o papera que deformaba su garganta del modo más repulsivo. +Mientras hablaba con la frescachona Sabel, la fantasía de un artista +podía evocar los cuadros de tentaciones de San Antonio en que aparecen +juntas una asquerosa hechicera y una mujer hermosa y sensual, con pezuña +de cabra. + +Sin explicarse el porqué, empezó a desagradar a Julián la tertulia y las +familiaridades de Sabel, que se le arrimaba continuamente, a pretexto de +buscar en el cajón de la mesa un cuchillo, una taza, cualquier objeto +indispensable. Cuando la aldeana fijaba en él sus ojos azules, anegados +en caliente humedad, el capellán experimentaba malestar violento, +comparable sólo al que le causaban los de Primitivo, que a menudo +sorprendía clavados a hurtadillas en su rostro. Ignorando en qué fundar +sus recelos, creía Julián que meditaban alguna asechanza. Era Primitivo, +salvo tal cual momentáneo acceso de brusca y selvática alegría, hombre +taciturno, a cuya faz de bronce asomaban rara vez los sentimientos; y +con todo eso, Julián se juzgaba blanco de hostilidad encubierta por +parte del cazador; en rigor, ni hostilidad podía llamarse; más bien +tenía algo de observación y acecho, la espera tranquila de una res, a +quien, sin odiarla, se desea cazar cuanto antes. Semejante actitud no +podía definirse, ni expresarse apenas. Julián se refugió en su cuarto, +adonde hizo subir, medio arrastro, al niño, para la lección +acostumbrada. Así como así, el invierno había pasado, y el calor de la +_lareira_ no era apetecible ya. + +En su habitación pudo el capellán notar mejor que en la cocina la +escandalosa suciedad del angelote. Media pulgada de roña le cubría la +piel; y en cuanto al cabello, dormían en él capas geológicas, +estratificaciones en que entraba tierra, guijarros menudos, toda suerte +de cuerpos extraños. Julián cogió a viva fuerza al niño, lo arrastró +hacia la palangana, que ya tenía bien abastecida de jarras, toallas y +jabón. Empezó a frotar. ¡María Santísima y qué primer agua la que salió +de aquella empecatada carita! Lejía pura, de la más turbia y espesa. +Para el pelo fue preciso emplear aceite, pomada, agua a chorros, un +batidor de gruesas púas que desbrozase la virgen selva. Al paso que +adelantaba la faena, iban saliendo a luz las bellísimas facciones, +dignas del cincel antiguo, coloreadas con la pátina del sol y del aire; +y los bucles, libres de estorbos, se colocaban artísticamente como en +una testa de Cupido, y descubrían su matiz castaño dorado, que acababa +de entonar la figura. ¡Era pasmoso lo bonito que había hecho Dios a +aquel muñeco! + +Todos los días, que gritase o que se resignase el chiquillo, Julián lo +lavaba así antes de la lección. Por aquel respeto que profesaba a la +carne humana no se atrevía a bañarle el cuerpo, medida bien necesaria en +verdad. Pero con los lavatorios y el carácter bondadoso de Julián, el +diablillo iba tomándose demasiadas confianzas, y no dejaba cosa a vida +en el cuarto. Su desaplicación, mayor a cada instante, desesperaba al +pobre presbítero: la tinta le servía a Perucho para meter en ella la +mano toda y plantarla después sobre el silabario; la pluma, para +arrancarle las barbas y romperle el pico cazando moscas en los vidrios; +el papel, para rasgarlo en tiritas o hacer con él cucuruchos; las +arenillas, para volcarlas sobre la mesa y figurar con ellas montes y +collados, donde se complacía en producir cataclismos hundiendo el dedo +de golpe. Además, revolvía la cómoda de Julián, deshacía la cama +brincando encima, y un día llegó al extremo de prender fuego a las botas +de su profesor, llenándolas de fósforos encendidos. + +Bien aguantaría Julián estas diabluras con la esperanza de sacar algo en +limpio de semejante hereje; pero se complicaron con otra cosa bastante +más desagradable: las idas y venidas frecuentes de Sabel por su +habitación. Siempre encontraba la moza algún pretexto para subir: que se +le había olvidado recoger el servicio del chocolate; que se le había +_esquecido_ mudar la toalla. Y se endiosaba, y tardaba un buen rato en +bajar, entreteniéndose en arreglar cosas que no estaban revueltas, o +poniéndose de pechos en la ventana, muy risueña y campechanota, +alardeando de una confianza que Julián, cada día más reservado, no +autorizaba en modo alguno. + +Una mañana entró Sabel a la hora de costumbre con las jarras de agua +para las abluciones del presbítero, que, al recibirlas, no pudo menos de +reparar, en una rápida ojeada, cómo la moza venía en justillo y enaguas, +con la camisa entreabierta, el pelo destrenzado y descalzos un pie y +pierna blanquísimos, pues Sabel, que se calzaba siempre y no hacía más +que la labor de cocina y ésa con mucha ayuda de criadas de campo y +comadres, no tenía la piel curtida, ni deformados los miembros. Julián +retrocedió, y la jarra tembló en su mano, vertiéndose un chorro de agua +por el piso. + +--Cúbrase usted, mujer--murmuró con voz sofocada por la vergüenza--. No me +traiga nunca el agua cuando esté así... no es modo de presentarse a la +gente. + +--Me estaba peinando y pensé que me llamaba...--respondió ella sin +alterarse, sin cruzar siquiera las palmas sobre el escote. + +--Aunque la llamase no era regular venir en ese traje.... Otra vez que se +esté peinando que me suba el agua Cristobo o la chica del ganado... o +cualquiera.... + +Y al pronunciar estas palabras, volvíase de espaldas para no ver más a +Sabel, que se retiraba lentamente. + +Desde aquel punto y hora, Julián se desvió de la muchacha como de un +animal dañino e impúdico; no obstante, aún le parecía poco caritativo +atribuir a malos fines su desaliño indecoroso, prefiriendo achacarlo a +ignorancia y rudeza. Pero ella se había propuesto demostrar lo +contrario. Poco tiempo iba transcurrido desde la severa reprimenda, +cuando una tarde, mientras Julián leía tranquilamente la _Guía de +Pecadores_, sintió entrar a Sabel y notó, sin levantar la cabeza, que +algo arreglaba en el cuarto. De pronto oyó un golpe, como caída de +persona contra algún mueble, y vio a la moza recostada en la cama, +despidiendo lastimeros ayes y hondos suspiros. Se quejaba de una +_aflición_, una cosa repentina, y Julián, turbado pero compadecido, +acudió a empapar una toalla para humedecerle las sienes, y a fin de +ejecutarlo se acercó a la acongojada enferma. Apenas se inclinó hacia +ella, pudo--a pesar de su poca experiencia y ninguna malicia--convencerse +de que el supuesto ataque no era sino bellaquería grandísima y +sinvergüenza calificada. Una ola de sangre encendió a Julián hasta el +cogote: sintió la cólera repentina, ciega, que rarísima vez fustigaba su +linfa, y señalando a la puerta, exclamó: + +--Se me va usted de aquí ahora mismo o la echo a empellones..., ¿entiende +usted? No me vuelve usted a cruzar esa puerta.... Todo, todo lo que +necesite, me lo traerá Cristobo.... ¡Largo inmediatamente! + +Retiróse la moza cabizbaja y mohína, como quien acaba de sufrir pesado +chasco. Julián, por su parte, quedó tembloroso, agitado, descontento de +sí mismo, cual suelen los pacíficos cuando ceden a un arrebato de ira: +hasta sentía dolor físico, en el epigastrio. A no dudarlo, se había +excedido; debió dirigir a aquella mujer una exhortación fervorosa, en +vez de palabras de menosprecio. Su obligación de sacerdote era enseñar, +corregir, perdonar, no pisotear a la gente como a los bichos del +archivo. Al cabo Sabel tenía un alma, redimida por la sangre de Cristo +igual que otra cualquiera. Pero ¿quién reflexiona, quién se modera ante +tal descaro? Hay un movimiento que llaman los escolásticos _primo +primis_ fatal e inevitable. Así se consolaba el capellán. De todos +modos, era triste cosa tener que vivir con aquella mala hembra, no más +púdica que las vacas. ¿Cómo podía haber mujeres así? Julián recordaba a +su madre, tan modosa, siempre con los ojos bajos y la voz almibarada y +suave, con su _casabé_ abrochado hasta la nuez, sobre el cual, para +mayor recato, caía liso, sin arrugas, un pañuelito de seda negra. ¡Qué +mujeres! ¡Qué mujeres se encuentran por el mundo! + +Desde el funesto lance tuvo Julián que barrerse el cuarto y subirse el +agua, porque ni Cristobo ni las criadas hicieron caso de sus órdenes, y +a Sabel no quería verle ni la sombra en la puerta. Lo que más extrañeza +y susto le causó fue observar que Primitivo, después del suceso, no se +recataba ya para mirarle con fijeza terrible, midiéndole con una ojeada +que equivalía a una declaración de guerra. Julián no podía dudar que +estorbaba en los Pazos: ¿por qué? A veces meditaba en ello +interrumpiendo la lectura de Fray Luis de Granada y de los seis libros +de San Juan Crisóstomo sobre el sacerdocio; pero al poco rato, +descorazonado por tanta mezquina contrariedad, desesperando de ser útil +jamás a la casa de Ulloa, se enfrascaba nuevamente en sus páginas +místicas. + + + + +VI. + +De los párrocos de las inmediaciones, con ninguno había hecho +Julián tan buenas migas como con don Eugenio, el de Naya. El abad de +Ulloa, al cual veía con más frecuencia, no le era simpático, por su +desmedida afición al jarro y a la escopeta; y al abad de Ulloa, en +cambio, le exasperaba Julián, a quien solía apodar _mariquita_; porque +para el abad de Ulloa, la última de las degradaciones en que podía caer +un hombre era beber agua, lavarse con jabón de olor y cortarse las uñas: +tratándose de un sacerdote, el abad ponía estos delitos en parangón con +la simonía. «Afeminaciones, afeminaciones», gruñía entre dientes, +convencidísimo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de +presentarse bronca, montuna y cerril; aparte de que un clérigo no +pierde, _ipso facto_, los fueros de hombre, y el hombre debe oler a +bravío desde una legua. Con los demás curas de las parroquias cercanas +tampoco frisaba mucho Julián; así es que, convidado a las funciones de +iglesia, acostumbraba retirarse tan pronto como se acababan las +ceremonias, sin aceptar jamás la comida que era su complemento +indispensable. Pero cuando don Eugenio le invitó con alegre cordialidad +a pasar en Naya el _día del patrón_, aceptó de buen grado, +comprometiéndose a _no faltarle_. + +Según lo convenido, subió a Naya la víspera, rehusando la montura que le +ofrecía don Pedro. ¡Para legua y media escasa! ¡Y con una tarde +hermosísima! Apoyándose en un palo, dando tiempo a que anocheciese, +deteniéndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tardó +mucho en llegar al cerro que domina el caserío de Naya, tan +oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la +gaita, bombo y tamboril, a la luz de los _fachones_ de paja de centeno +encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos +patronales. Poco tardaron los bailarines en bajar hacia la rectoral, +cantando y _atruxando_ como locos, y con ellos descendió Julián. + +El cura esperaba en la portalada misma: recogidas las mangas de su +chaqueta, levantaba en alto un jarro de vino, y la criada sostenía la +bandeja con vasos. Detúvose el grupo; el gaitero, vestido de pana azul, +en actitud de cansancio, dejando desinflarse la gaita, cuyo _punteiro_ +caía sobre los rojos flecos del roncón, se limpiaba la frente sudorosa +con un pañuelo de seda, y los reflejos de la paja ardiendo y de las +luces que alumbraban la casa del cura permitían distinguir su cara +guapota, de correctas facciones, realzada por arrogantes patillas +castañas. Cuando le sirvieron el vino, el rústico artista dijo +cortésmente: «¡A la salud del señor abade y la compaña!» y, después de +echárselo al coleto, aún murmuró con mucha política, pasándose el revés +de la mano por la boca: «De hoy en veinte años, señor abade». Las +libaciones consecutivas no fueron acompañadas de más fórmulas de +atención. + +Disfrutaba el párroco de Naya de una rectoral espaciosa, alborozada a la +sazón con los preparativos de la fiesta y asistía impávido a los +preliminares del saco y ruina de su despensa, bodega, leñera y huerto. +Era don Eugenio joven y alegre como unas pascuas, y su condición, más +que de padre de almas, de pilluelo revoltoso y ladino; pero bajo la +corteza infantil se escondía singular don de gentes y conocimiento de la +vida práctica. Sociable y tolerante, había logrado no tener un solo +enemigo entre sus compañeros. Le conceptuaban un _rapaz_ inofensivo. + +Tras el pocillo de aromoso chocolate, dio a Julián la mejor cama y +habitación que poseía, y le despertó cuando la gaita floreaba la +alborada, rayando ésta apenas en los cielos. Fueron juntos los dos +clérigos a revisar el decorado de los altares, compuestos ya para la +misa solemne. Julián pasaba la revista con especial devoción, puesto que +el patrón de Naya era el suyo mismo, el bienaventurado San Julián, que +allí estaba en el altar mayor con su carita inocentona, su estática +sonrisilla, su chupa y calzón corto, su paloma blanca en la diestra, y +la siniestra delicadamente apoyada en la chorrera de la camisola. La +imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin más adorno que algún +rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de +loza, todo excitaba en Julián tierna piedad, la efusión que le hacía +tanto provecho, ablandándole y desentumeciéndole el espíritu. Iban +llegando ya los curas de las inmediaciones, y en el atrio, tapizado de +hierba, se oía al gaitero templar prolijamente el instrumento, mientras +en la iglesia el hinojo, esparcido por las losas y pisado por los que +iban entrando, despedía olor campestre y fresquísimo. La procesión se +organizaba; San Julián había descendido del altar mayor; la cruz y los +estandartes oscilaban sobre el remolino de gentes amontonadas ya en la +estrecha nave, y los mozos, vestidos de fiesta, con su pañuelo de seda +en la cabeza en forma de _burelete_, se ofrecían a llevar las insignias +sacras. Después de dar dos vueltas por el atrio y de detenerse breves +instantes frente al crucero, el santo volvió a entrar en la iglesia, y +fue _pujado_, con sus andas, a una mesilla al lado del altar mayor muy +engalanada, y cubierta con antigua colcha de damasco carmesí. La misa +empezó, regocijada y rústica, en armonía con los demás festejos. Más de +una docena de curas la cantaban a voz en cuello, y el desvencijado +incensario iba y venía, con retintín de cadenillas viejas, soltando un +humo espeso y aromático, entre cuya envoltura algodonosa parecía +suavizarse el desentono del _introito_, la aspereza de las broncas +laringes eclesiásticas. El gaitero, prodigando todos sus recursos +artísticos, acompañaba con el _punteiro_ desmangado de la gaita y +haciendo oficios de clarinete. Cuando tenía que sonar entera la +orquesta, mangaba otra vez el _punteiro_ en el _fol_; así podía +acompañar la elevación de la hostia con una solemne marcha real, y el +postcomunio con una muñeira de las más recientes y brincadoras, que, ya +terminada la misa, repetía en el vestíbulo, donde tandas de mozos y +mozas se desquitaban, bailando a su sabor, de la compostura guardada por +espacio de una hora en la iglesia. Y el baile en el atrio lleno de luz, +el templo sembrado de hojas de hinojos y espadaña que magullaron los +pisotones, alumbrado, más que por los cirios, por el sol que puerta y +ventanas dejaban entrar a torrentes, los curas jadeantes, pero +satisfechos y habladores, el santo tan currutaco y lindo, muy risueño en +sus andas, con una pierna casi en el aire para empezar un minueto y la +cándida palomita pronta a abrir las alas, todo era alegre, terrenal, +nada inspiraba la augusta melancolía que suele imperar en las ceremonias +religiosas. Julián se sentía tan muchacho y contento como el santo +bendito, y salía ya a gozar el aire libre, acompañado de don Eugenio, +cuando en el corro de los bailadores distinguió a Sabel, lujosamente +vestida de domingo, girando con las demás mozas, al compás de la gaita. +Esta vista le aguó un tanto la fiesta. + +Era a semejante hora la rectoral de Naya un infierno culinario, si es +que los hay. Allí se reunían una tía y dos primas de don Eugenio--a +quienes por ser muchachas y frescas no quería el párroco tener consigo a +diario en la rectoral--; el ama, viejecilla llorona, estorbosa e inútil, +que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien +distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades +había servido a un canónigo compostelano, y era célebre en el país por +su destreza en batir mantequillas y asar capones. Esta fornida +guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de ademán brioso, había +vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barriéndola desde la +víspera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desván los +trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ejército de +guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con +rápida ojeada de general en jefe, la hidrópica despensa, atestada de +dádivas de feligreses; cabritos, pollos, anguilas, truchas, pichones, +ollas de vino, manteca y miel, perdices, liebres y conejos, chorizos y +morcillas. Conocido ya el estado de las provisiones, ordenó las +maniobras del ejército: las viejas se dedicaron a desplumar aves, las +mozas a fregar y dejar como el oro peroles, cazos y sartenes, y un par +de mozancones de la aldea, uno de ellos idiota de oficio, a desollar +reses y limpiar piezas de caza. + +Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de +los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida +doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran +cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza +reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la +carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas +mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como +ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa +puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el +gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su _parva_ o desayuno, +el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país +_mataburrillo_, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de +rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y +tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre +bromas y risotadas! + +¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en +la sala de la rectoral? Media docena de tablas tendidas sobre otros +tantos cestos, ayudaban a ensanchar la mesa cuotidiana; por encima dos +limpios manteles de lamanisco sostenían grandes jarros rebosando tinto +añejo; y haciéndoles frente, en una esquina del aposento, esperaban +turno ventrudas ollas henchidas del mismo líquido. La vajilla era +mezclada, y entre el estaño y barro vidriado descollaba algún _talavera_ +legítimo, capaz de volver loco a un coleccionista, de los muchos que +ahora se consagran a la arcana ciencia de los pucheros. Ante la mesa y +sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando +asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de +preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro--la persona +más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no +había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del +gentío en la misa--, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la +ilustre casa de Ulloa. + +Sentóse Julián avergonzado, y su confusión subió de punto durante la +comida. Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a +comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas. Y la mesa estaba +imponente. La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre +ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el +sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo +de _Barbacana_, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el +poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de +su rival el cacique _Trampeta_, protegido por los unionistas y mal visto +por el clero. En suma, allí se juntaba lo más granado de la comarca, +faltando sólo el marqués de Ulloa, que vendría de fijo a los postres. La +monumental sopa de pan rehogada en grasa, con chorizo, garbanzos y +huevos cocidos cortados en ruedas, circulaba ya en gigantescos +tarterones, y se comía en silencio, jugando bien las quijadas. De vez en +cuando se atrevía algún cura a soltar frases de encomio a la habilidad +de la guisandera; y el anfitrión, observando con disimulo quiénes de los +convidados andaban remisos en mascar, les instaba a que se animasen, +afirmando que era preciso aprovecharse de la sopa y del cocido, pues +apenas había otra cosa. Creyéndolo así Julián, y no pareciéndole cortés +desairar a su huésped, cargó la mano en la sopa y el cocido. Grande fue +su terror cuando empezó a desfilar interminable serie de platos, los +veintiséis tradicionales en la comida del patrón de Naya, no la más +abundante que se servía en el arciprestazgo, pues Loiro se le aventajaba +mucho. + +Para llegar al número prefijado, no había recurrido la guisandera a los +artificios con que la cocina francesa disfraza los manjares +bautizándolos con nombres nuevos o adornándolos con arambeles y +engañifas. No, señor: en aquellas regiones vírgenes no se conocía, loado +sea Dios, ninguna salsa o pebre de origen gabacho, y todo era neto, +varonil y clásico como la olla. ¿Veintiséis platos? Pronto se hace la +lista: pollos asados, fritos, en pepitoria, estofados, con guisantes, +con cebollas, con patatas y con huevos; aplíquese el mismo sistema a la +carne, al puerco, al pescado y al cabrito. Así, sin calentarse los +cascos, presenta cualquiera veintiséis variados manjares. + +¡Y cómo se burlaría la guisandera si por arte de magia apareciese allí +un cocinero francés empeñado en redactar un _menú_, en reducirse a +cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en +conceder honroso puesto a la legumbre! ¡Legumbres a mí!, diría el ama +del cura de Cebre, riéndose con toda su alma y todas sus caderas +también. ¡Legumbres el día del patrón! Son buenas para los cerdos. + +Ahíto y mareado, Julián no tenía fuerzas sino para rechazar con la mano +las fuentes que no cesaban de circular pasándoselas los convidados unos +a otros: a bien que ya le observaban menos, pues la conversación se +calentaba. El médico de Cebre, atrabiliario, magro y disputador; el +notario, coloradote y barbudo, osaban decir chistes, referir anécdotas; +el sobrino del cura de Boán, estudiante de derecho, muy enamorado de +condición, hablaba de mujeres, ponderaba la gracia de las señoritas de +Molende y la lozanía de una panadera de Cebre, muy nombrada en el país; +los curas al pronto no tomaron parte, y como Julián bajase la vista, +algunos comensales, después de observarle de reojo, se hicieron los +desentendidos. Mas duró poco la reserva; al ir vaciándose los jarros y +desocupándose las fuentes, nadie quiso estar callado y empezaron las +bromas a echar chispas. + +Máximo Juncal, el médico, recién salido de las aulas compostelanas, +soltó varias puntadas sobre política, y también malignas pullas +referentes al grave escándalo que a la sazón traía muy preocupados a los +revolucionarios de provincia: Sor Patrocinio, sus manejos, su influencia +en Palacio. Alborotáronse dos o tres curas; y el cacique _Barbacana_, +con suma gravedad, volviendo hacia Juncal su barba florida y luenga, +díjole desdeñosamente una verdad como un templo: que «muchos hablaban de +lo que no entendían», a lo cual el médico replicó, vertiendo bilis por +ojos y labios, «que pronto iba a llegar el día de la gran barredura, que +luego se armaría el tiberio del siglo, y que los neos irían a contarlo a +casa de su padre Judas Iscariote». + +Afortunadamente profirió estos tremendos vaticinios a tiempo que la +mayor parte de los párrocos se hallaban enzarzados en la discusión +teológica, indispensable complemento de todo convite patronal. Liados en +ella, no prestó atención a lo que el médico decía ninguno de los que +podían volvérselas al cuerpo: ni el bronco abad de Ulloa, ni el belicoso +de Boán, ni el Arcipreste, que siendo más sordo que una tapia, resolvía +las discusiones políticas a gritos, alzando el índice de la mano derecha +como para invocar la cólera del cielo. En aquel punto y hora, mientras +corrían las fuentes de arroz con leche, canela y azúcar, y se agotaban +las copas de _tostado_, llegaba a su periodo álgido la disputa, y se +entreoían argumentos, proposiciones, objeciones y silogismos. + +--_Nego majorem_.... + +--_Probo minorem_. + +--Eh.... Boán, que con mucho disimulo me estás echando abajo la gracia.... + +--Compadre, cuidado.... Si adelanta usted un poquito más nos vamos a +encontrar con el libre albedrío perdido. + +--Cebre, mira que vas por mal camino: ¡mira que te marchas con Pelagio! + +--Yo a San Agustín me agarro, y no lo suelto. + +--Esa proposición puede admitirse _simpliciter_, pero tomándola en otro +sentido... no cuela. + +--Citaré autoridades, todas las que se me pidan: ¿a que no me citas tú ni +media docena? A ver. + +--Es sentir común de la Iglesia desde los primeros concilios. + +--Es punto opinable, ¡_quoniam_! A mí no me vengas a asustar tú con +concilios ni concilias. + +--¿Querrás saber más que Santo Tomás? + +--¿Y tú querrás ponerte contra el Doctor de la gracia? + +--¡Nadie es capaz de rebatirme esto! Señores... la gracia.... + +--¡Que nos despeñamos de vez! ¡Eso es herejía formal; es pelagianismo +puro! + +--Qué entiendes tú, qué entiendes tú.... Lo que tú censures, que me lo +claven.... + +--Que diga el señor Arcipreste.... Vamos a aventurar algo a que no me deja +mal el señor Arcipreste. + +El Arcipreste era respetado más por su edad que por su ciencia +teológica; y se sosegó un tanto el formidable barullo cuando se +incorporó difícilmente, con ambas manos puestas tras los oídos, +vertiendo sangre por la cara, a fin de dirimir, si cabía lograrlo, la +contienda. Pero un incidente distrajo los ánimos: el señorito de Ulloa +entraba seguido de dos perros perdigueros, cuyos cascabeles acompañaban +su aparición con jubiloso repique. Venía, según su promesa, a tomar una +copa a los postres; y la tomó de pie, porque le aguardaba un bando de +perdices allá en la montaña. + +Hízosele muy cortés recibimiento, y los que no pudieron agasajarle a él +agasajaron a la Chula y al Turco, que iban apoyando la cabeza en todas +las rodillas, lamiendo aquí un plato y zampándose un bizcocho allá. El +señorito de Limioso se levantó resuelto a acompañar al de Ulloa en la +excursión cinegética, para lo cual tenía prevenido lo necesario, pues +rara vez salía del Pazo de Limioso sin echarse la escopeta al hombro y +el morral a la cintura. + +Cuando partieron los dos hidalgos, ya se había calmado la efervescencia +de la discusión sobre la gracia, y el médico, en voz baja, le recitaba +al notario ciertos sonetos satírico-políticos que entonces corrían bajo +el nombre de _belenes_. Celebrábalos el notario, particularmente cuando +el médico recalcaba los versos esmaltados de alusiones verdes y +picantes. La mesa, en desorden, manchada de salsas, ensangrentada de +vino tinto, y el suelo lleno de huesos arrojados por los comensales +menos pulcros, indicaban la terminación del festín; Julián hubiera dado +algo bueno por poderse retirar; sentíase cansado, mortificado por la +repugnancia que le inspiraban las cosas exclusivamente materiales; pero +no se atrevía a interrumpir la sobremesa, y menos ahora que se +entregaban al deleite de encender algún pitillo y murmurar de las +personas más señaladas en el país. Se trataba del señorito de Ulloa, de +su habilidad para _tumbar_ perdices, y sin que Julián adivinase la +causa, se pasó inmediatamente a hablar de Sabel, a quien todos habían +visto por la mañana en el corro de baile; se encomió su palmito, y al +mismo tiempo se dirigieron a Julián señas y guiños, como si la +conversación se relacionase con él. El capellán bajaba la vista según +costumbre, y fingía doblar la servilleta; mas de improviso, sintiendo +uno de aquellos chispazos de cólera repentina y momentánea que no era +dueño de refrenar, tosió, miró en derredor, y soltó unas cuantas +asperezas y severidades que hicieron enmudecer a la asamblea. Don +Eugenio, al ver aguada la sobremesa, optó por levantarse, proponiendo a +Julián que saliesen a tomar el fresco en la huerta: algunos clérigos se +alzaron también, anunciando que iban a _echar completas_; otros se +escurrieron en compañía del médico, el notario, el juez y Barbacana, a +menear los naipes hasta la noche. + +Refugiáronse al huerto el cura de Naya y Julián, pasando por la cocina, +donde la algazara de los criados, primas del cura, cocineras y músicos +era formidable, y los jarros se evaporaban y la comilona amenazaba durar +hasta el sol puesto. El huerto, en cambio, permanecía en su tranquilo y +poético sosiego primaveral, con una brisa fresquita que columpiaba las +últimas flores de los perales y cerezos, y acariciaba el recio follaje +de las higueras, a cuya sombra, en un ribazo de mullida grama, se +tendieron ambos presbíteros, no sin que don Eugenio, sacando un pañuelo +de algodón a cuadros, se tapase con él la cabeza, para resguardarla de +las importunidades de alguna mosca precoz. A Julián todavía le duraba el +sofoco, la llamarada de indignación; pero ya le pesaba, de su corta +paciencia, y resolvía ser más sufrido en lo venidero. Aunque bien +mirado.... + +--¿Quiere _escotar_ un sueño?--preguntó el de Naya al verle tan cabizbajo +y mustio. + +--No; lo que yo quería, Eugenio, era pedirle que me dispensase el enfado +que tomé allá en la mesa.... Conozco que soy a veces así... un poco +vivo... y luego hay conversaciones que me sacan de tino, sin poderlo +remediar. Usted póngase en mi caso. + +--Pongo, pongo.... Pero a mí me están embromando también a cada rato con +las primas..., y hay que aguantar, que no lo hacen con mala intención; +es por reírse un poco. + +--Hay bromas de bromas, y a mí me parecen delicadas para un sacerdote las +que tocan a la honestidad y a la pureza. Si aguanta uno por respetos +humanos esos dichos, acaso pensarán que ya tiene medio perdida la +vergüenza para los hechos. Y ¿qué sé yo si alguno, no digo de los +sacerdotes, no quiero hacerles tal ofensa, pero de los seglares, creerá +que en efecto...? + +El de Naya aprobó con la cabeza como quien reconoce la fuerza de una +observación; pero, al mismo tiempo, la sonrisa con que lucía la desigual +dentadura era suave e irónica protesta contra tanta rigidez. + +--Hay que tomar el mundo según viene...--murmuró filosóficamente--. Ser +bueno es lo que importa; porque ¿quién va a tapar las bocas de los +demás? Cada uno habla lo que le parece, y gasta las guasas que quiere.... +En teniendo la conciencia tranquila.... + +--No, señor; no, señor; poco a poco--replicó acaloradamente Julián--. No +sólo estamos obligados a ser buenos, sino a parecerlo; y aún es peor en +un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo +pecado. Usted bien lo sabe, Eugenio; lo sabe mejor que yo, porque tiene +cura de almas. + +--También usted se apura ahí por una chanza, por una tontería, lo mismo +que si ya todo el mundo le señalase con el dedo.... Se necesita una vara +de correa para vivir entre gentes. A este paso no le arriendo la +ganancia, porque no va a sacar para disgustos. + +Caviloso y cejijunto, había cogido Julián un palito que andaba por el +suelo, y se entretenía en clavarlo en la hierba. Levantó la cabeza de +pronto. + +--Eugenio, ¿es mi amigo? + +--Siempre, hombre, siempre--contestó afable y sinceramente el de Naya. + +--Pues séame franco. Hábleme como si estuviésemos en el confesonario. ¿Se +dice por ahí... _eso_? + +--¿Lo qué? + +--Lo de que yo... tengo algo que ver... con esa muchacha, ¿eh? Porque +puede usted creerme, y se lo juraría si fuese lícito jurar: bien sabe +Dios que la tal mujer hasta me es aborrecible, y que no le habré mirado +a la cara media docena de veces desde que estoy en los Pazos. + +--No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.... Ea, +sosiéguese: a mí se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel. +El marqués no inventó la pólvora, es cierto que no, y la moza se +distraerá con los de su clase cuanto quiera, dígalo el bailoteo en la +gaita de hoy; pero no iba a tener la desvergüenza de pegársela en sus +barbas, con el mismo capellán.... Hombre, no hagamos tan estúpido al +marqués. + +Julián se volvió, más bien arrodillado que sentado en la grama, con los +ojos abiertos de par en par. + +--Pero... el señorito..., ¿qué tiene que ver el señorito...? + +El cura de Naya saltó a su vez, sin que ninguna mosca le picase, y +prorrumpió en juvenil carcajada. Julián, comprendiendo, preguntó +nuevamente: + +--Luego el chiquillo... el Perucho.... + +Tornó don Eugenio a reír hasta el extremo de tener que limpiarse los +lagrimales con el pañuelo de cuadros. + +--No se ofenda...--murmuraba entre risa y llanto--. No se ofenda porque me +río así.... Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la +risa; un día hasta me puse malo.... Esto es como las cosqui... +cosquillas... involuntario.... + +Aplacado el acceso de risa, añadió: + +--Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro +patrón San Julián..., pero esto pasa de castaño oscuro.... ¡Vivir en los +Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! ¿O es que quiere hacerse el +bobo? + +--A fe, no sospechaba nada, nada, nada. ¿Usted piensa que iba a quedarme +allí ni dos días, caso de averiguarlo antes? ¿Autorizar con mi presencia +un amancebamiento? ¿Pero... usted está seguro de lo que dice? + +--Hombre.... ¿tiene usted gana de cuentos? ¿Es usted ciego? ¿No lo ha +notado? Pues repárelo. + +--¡Qué sé yo! ¡Cuando uno no está en la malicia! Y el niño..., ¡infeliz +criatura! El niño me da tanta compasión.... Allí se cría como un +morito.... ¿Se comprende que haya padres tan sin entrañas? + +--Bah.... Esos hijos así, nacidos por detrás de la Iglesia.... Luego, si +uno oye a los de aquí y a los de allá.... Cada cual dice lo que se le +antoja.... La moza es alegre como unas castañuelas; todo el mundo en las +romerías le debe dos cuartos: uno la convida a rosquillas, el otro a +_resolio_, éste la saca a bailar, aquél la empuja.... Se cuentan mil +enredos.... ¿Usted se ha fijado en el gaitero que tocó hoy en la misa? + +--¿Un buen mozo, con patillas? + +--Cabal. Le llaman el _Gallo_ de mote. Pues dicen si la acompaña o no por +los caminos.... ¡Historias! + +Por detrás de la tapia del huerto se oyó entonces vocerío alegre y +argentinas carcajadas. + +--Son las primas...--dijo don Eugenio--. Van a la gaita, que está tocando +en el crucero ahora. ¿Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa +el disgusto.... Ahí en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca +sobre la comida. + +--Vamos allá--contestó Julián, que se había quedado ensimismado. + +--Nos sentaremos al pie del crucero. + + + + +-VII- + + +Volvía Julián preocupado a la casa solariega, acusándose de excesiva +simplicidad, por no haber reparado cosas de tanto bulto. Él era sencillo +como la paloma; sólo que en este pícaro mundo también se necesita ser +cauto como la serpiente.... Ya no podía continuar en los Pazos.... ¿Cómo +volvía a vivir a cuestas de su madre, sin más emolumentos que la misa? +¿Y cómo dejaba así de golpe al señorito don Pedro, que le trataba tan +llanamente? ¿Y la casa de Ulloa, que necesitaba un restaurador celoso y +adicto? Todo era verdad: pero, ¿y su deber de sacerdote católico? + +Le acongojaban estos pensamientos al cruzar un maizal, en cuyo lindero +manzanilla y cabrifollos despedían grato aroma. Era la noche templada y +benigna, y Julián apreciaba por primera vez la dulce paz del campo, +aquel sosiego que derrama en nuestro combatido espíritu la madre +naturaleza. Miró al cielo, oscuro y alto. + +--¡Dios sobre todo!--murmuró, suspirando al pensar que tendría que habitar +un pueblo de calles angostas y encontrarse con gente a cada paso. + +Siguió andando, guiado por el ladrido lejano de los perros. Ya divisaba +próxima la vasta mole de los Pazos. El postigo debía estar abierto. +Julián distaba de él unos cuantos pasos no más, cuando oyó dos o tres +gritos que le helaron la sangre: clamores inarticulados como de alimaña +herida, a los cuales se unía el desconsolado llanto de un niño. + +Engolfóse el capellán en las tenebrosas profundidades de corredor y +bodega, y llegó velozmente a la cocina. En el umbral se quedó paralizado +de asombro ante lo que iluminaba la luz fuliginosa del candilón. Sabel, +tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor, +la brumaba a culatazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos +en los ojos, sollozaba. Sin reparar lo que hacía, arrojóse Julián hacia +el grupo, llamando al marqués con grandes voces: + +--¡Señor don Pedro..., señor don Pedro! + +Volvióse el señor de los Pazos, y se quedó inmóvil, con la escopeta +empuñada por el cañón, jadeante, lívido de ira, los labios y las manos +agitadas por temblor horrible; y en vez de disculpar su frenesí o de +acudir a la víctima, balbució roncamente: + +--¡Perra..., perra..., condenada..., a ver si nos das pronto de cenar, o +te deshago! ¡A levantarse... o te levanto con la escopeta! + +Sabel se incorporaba ayudada por el capellán, gimiendo y exhalando +entrecortados ayes. Tenía aún el traje de fiesta con el cual la viera +Julián danzar pocas horas antes junto al crucero y en el atrio; pero el +_mantelo_ de rico paño se encontraba manchado de tierra; el dengue de +grana se le caía de los hombros, y uno de sus largos zarcillos de +filigrana de plata, abollado por un culatazo, se le había clavado en la +carne de la nuca, por donde escurrían algunas gotas de sangre. Cinco +verdugones rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras cómo +había sido derribada la intrépida bailadora. + +--¡La cena he dicho!--repitió brutalmente don Pedro. + +Sin contestar, pero no sin gemir, dirigióse la muchacha hacia el rincón +donde hipaba el niño, y le tomó en brazos, apretándole mucho. El +angelote seguía llorando a moco y baba. Don Pedro se acercó entonces, y +mudando de tono, preguntó: + +--¿Qué es eso? ¿Tiene algo Perucho? + +Púsole la mano en la frente y la sintió húmeda. Levantó la palma: era +sangre. Desviando entonces los brazos, apretando los puños, soltó una +blasfemia, que hubiera horrorizado más a Julián si no supiese, desde +aquella tarde misma, que acaso tenía ante sí a un padre que acababa de +herir a su hijo. Y el padre resurgía, maldiciéndose a sí propio, +apartando los rizos del chiquillo, mojando un pañuelo en agua, y +atándolo con cuidado indecible sobre la descalabradura. + +--A ver cómo lo cuidas...--gritó dirigiéndose a Sabel--. Y cómo haces la +cena en un vuelo.... ¡Yo te enseñaré, yo te enseñaré a pasarte las horas +en las romerías sacudiéndote, perra! + +Con los ojos fijos en el suelo, sin quejarse ya, Sabel permanecía +parada, y su mano derecha tentaba suavemente su hombro izquierdo, en el +cual debía tener alguna dolorosa contusión. En voz baja y lastimera, +pero con suma energía, pronunció sin mirar al señorito: + +--Busque quien le haga la cena..., y quien esté aquí.... Yo me voy, me +voy, me voy, me voy.... + +Y lo repetía obstinadamente, sin entonación, como el que afirma una cosa +natural e inevitable. + +--¿Qué dices, bribona? + +--Que me voy, que me voy.... A mi casita pobre.... ¡Quién me trajo aquí! +¡Ay, mi madre de mi alma! + +Rompió la moza a llorar amarguísimamente, y el marqués, requiriendo su +escopeta, rechinaba los dientes de cólera, dispuesto ya a hacer alguna +barrabasada notable, cuando un nuevo personaje entró en escena. Era +Primitivo, salido de un rincón oscuro; diríase que estaba allí oculto +hacía rato. Su aparición modificó instantáneamente la actitud de Sabel, +que tembló, calló y contuvo sus lágrimas. + +--¿No oyes lo que te dice el señorito?--preguntó sosegadamente el padre a +la hija. + +--Oi-go, siii-see-ñoor, oi-go-tartamudeó la moza, comiéndose los +sollozos. + +--Pues a hacer la cena en seguida. Voy a ver si volvieron ya las otras +muchachas para que te ayuden. La Sabia está ahí fuera: te puede encender +la lumbre. + +Sabel no replicó más. Remangóse la camisa y bajó de la espetera una +sartén. Como evocada por alguna de sus compañeras en hechicerías, entró +en la cocina entonces, pisando de lado, la vieja de las greñas blancas, +la Sabia, que traía el enorme mandil atestado de leña. El marqués tenía +aún la escopeta en la mano: cogiósela respetuosamente Primitivo, y la +llevó al sitio de costumbre. Julián, renunciando a consolar al niño, +creyó llegada la ocasión de dar un golpe diplomático. + +--Señor marqués..., ¿quiere que tomemos un poco el aire? Está la noche +muy buena.... Nos pasearemos por el huerto.... + +Y para sus adentros pensaba: + +«En el huerto le digo que me voy también.... No se ha hecho para mí esta +vida, ni esta casa». + +Salieron al huerto. Oíase el cuarrear de las ranas en el estanque, pero +ni una hoja de los árboles se movía, tal estaba la noche de serena. El +capellán cobró ánimos, pues la oscuridad alienta mucho a decir cosas +difíciles. + +--Señor marqués, yo siento tener que advertirle.... + +Volvióse el marqués bruscamente. + +--Ya sé..., ¡chist!, no necesitamos gastar saliva. Me ha pescado usted en +uno de esos momentos en que el hombre no es dueño de sí.... Dicen que no +se debe pegar nunca a las mujeres.... Francamente, don Julián, según +ellas sean.... ¡Hay mujeres de mujeres, caramba..., y ciertas cosas +acabarían con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento +es el golpe que le tocó al chiquillo. + +--Yo no me refería a eso...--murmuró Julián--. Pero si quiere que le hable +con el corazón en la mano, como es mi deber, creo no está bien maltratar +así a nadie.... Y por la tardanza de la cena, no merece.... + +--¡La tardanza de la cena!--pronunció el señorito--. ¡La tardanza! A ningún +cristiano le gusta pasarse el día en el monte comiendo frío y llegar a +casa y no encontrar bocado caliente; ¡pero si esa mala hembra no tuviese +otras mañas...! ¿No la ha visto usted? ¿No la ha visto usted todo el +día, allá en Naya, bailoteando como una descosida, sin vergüenza? ¿No la +ha encontrado usted a la vuelta, bien acompañada? ¡Ah!... ¿Usted cree +que se vienen solitas las mozas de su calaña? ¡Ja, ja! Yo la he visto, +con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de +no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos +meses! + +Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada +revelación de celos feroces. Al fin calculó que se le abría camino para +soltar lo que tenía atravesado en la garganta. + +--Señor marqués--murmuró--, dispénseme la libertad que me tomo.... Una +persona de su clase no se debe rebajar a importársele por lo que haga o +no haga la criada.... La gente es maliciosa, y pensará que usted trata +con esa chica.... Digo _pensará_ Ya lo piensa todo el mundo.... Y el caso +es que yo..., vamos..., no puedo permanecer en una casa donde, según la +voz pública, vive un cristiano en concubinato.... Nos está prohibido +severamente autorizar con nuestra presencia el escándalo y hacernos +cómplices de él. Lo siento a par del alma, señor marqués; puede creerme +que hace tiempo no tuve un disgusto igual. + +El marqués se detuvo, con las manos sepultadas en los bolsillos. + +--_Leria, leria_...--murmuró--. Es preciso hacerse cargo de lo que es la +juventud y la robustez.... No me predique un sermón, no me pida +imposibles. ¡Qué demonio!, el que más y el que menos es hombre como +todos. + +--Yo soy un pecador--replicó Julián--, solamente que veo claro en este +asunto, y por los favores que debo a usted, y el pan que le he comido, +estoy obligado a decirle la verdad. Señor marqués, con franqueza, ¿no le +pesa de vivir así encenagado? ¡Una cosa tan inferior a su categoría y a +su nacimiento! ¡Una triste criada de cocina! + +Siguieron andando, acercándose a la linde del bosque, donde concluía el +huerto. + +--¡Una bribona desorejada, que es lo peor!--exclamó el marqués después de +un rato de silencio--. Oiga usted...--añadió arrimándose a un castaño--. A +esa mujer, a Primitivo, a la condenada bruja de la Sabia con sus hijas y +nietas, a toda esa gavilla que hace de mi casa merienda de negros, a la +aldea entera que los encubre, era preciso cogerlos así (y agarraba una +rama del castaño triturándola en menudos fragmentos) y deshacerlos. Me +están saqueando, me comen vivo..., y cuando pienso en que esa tunanta me +aborrece y se va de mejor gana con cualquier gañán de los que acuden +descalzos a alquilarse para majar el centeno, ¡tengo mientes de +aplastarle los sesos como a una culebra! + +Julián oía estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se +admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes. + +--Pero, señor...--balbució--. Si usted mismo lo conoce y lo comprende.... + +--¿Pues no lo he de comprender? ¿Soy estúpido acaso para no ver que esa +desvergonzada huye de mí, y cada día tengo que cazarla como a una +liebre? ¡Sólo está contenta entre los demás labriegos, con la hechicera +que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A mí me detesta. A la +hora menos pensada me envenenará. + +--Señor marqués, ¡yo me pasmo!--arguyó el capellán eficazmente--. ¡Que +usted se apure por una cosa tan fácil de arreglar! ¿Tiene más que poner +a semejante mujer en la calle? + +Como ambos interlocutores se habían acostumbrado a la oscuridad, no sólo +vio Julián que el marqués meneaba la cabeza, sino que torcía el gesto. + +--Bien se habla...--pronunció sordamente--. Decir es una cosa y hacer es +otra.... Las dificultades se tocan en la práctica. Si echo a ese enemigo, +no encuentro quien me guise ni quien venga a servirme. Su padre.... +¿Usted no lo creerá? Su padre tiene amenazadas a todas las mozas de que +a la que entre aquí en marchándose su hija, le mete él una perdigonada +en los lomos.... Y saben que es hombre para hacerlo como lo dice. Un día +cogí yo a Sabel por un brazo y la puse en la puerta de la casa: la misma +noche se me despidieron las otras criadas, Primitivo se fingió enfermo, +y estuve una semana comiendo en la rectoral y haciéndome la cama yo +mismo.... Y tuve que pedirle a Sabel, de favor, que volviese.... +Desengáñese usted, pueden más que nosotros. Esa comparsa que traen +alrededor son paniaguados suyos, que les obedecen ciegamente. ¿Piensa +usted que yo ahorro un ochavo aquí en este desierto? ¡Quiá! Vive a mi +cuenta toda la parroquia. Ellos se beben mi cosecha de vino, mantienen +sus gallinas con mis frutos, mis montes y sotos les suministran leña, +mis hórreos les surten de pan; la renta se cobra tarde, mal y arrastro; +yo sostengo siete u ocho vacas, y la leche que bebo cabe en el hueco de +la mano; en mis establos hay un rebaño de bueyes y terneros que jamás se +uncen para labrar mis tierras; se compran con mi dinero, eso sí, pero +luego se dan a parcería y no se me rinden cuentas jamás.... + +--¿Por qué no pone otro mayordomo? + +--¡Ay, ay, ay! ¡Como quien no dice nada! Una de dos: o sería hechura de +Primitivo y entonces estábamos en lo mismo, o Primitivo le largaría un +tiro en la barriga.... Y si hemos de decir verdad, Primitivo no es +mayordomo.... Es peor que si lo fuese, porque manda en todos, incluso en +mí; pero yo no le he dado jamás semejante mayordomía.... Aquí el +mayordomo fue siempre el capellán.... Ese Primitivo no sabrá casi leer ni +escribir; pero es más listo que una centella, y ya en vida del tío +Gabriel se echaba mano de él para todo.... Mire usted, lo cierto es que +el día que él se cruza de brazos, se encuentra uno colgadito.... No +hablemos ya de la caza, que para eso no tiene igual; a mí me faltarían +los pies y las manos si me faltase Primitivo.... Pero en los demás +asuntos es igual.... Su antecesor de usted, el abad de Ulloa, no se valía +sin él; y usted, que también ha venido en concepto de administrador, +séame franco: ¿ha podido usted amañarse solo? + +--La verdad es que no--declaró Julián humildemente--. Pero con el +tiempo..., la práctica.... + +--¡Bah, bah! A usted no le obedecerá ni le hará caso jamás ningún +paisano, porque es usted un infeliz; es usted demasiado bonachón. Ellos +necesitan gente que conozca sus máculas y les dé ciento de ventaja en +picardía. + +Por depresiva que fuese para el amor propio del capellán la observación, +hubo de reconocer su exactitud. No obstante, picado ya, se propuso +agotar los recursos del ingenio para conseguir la victoria en lucha tan +desigual. Y su caletre le sugirió la siguiente perogrullada: + +--Pero, señor marqués..., ¿por qué no sale un poco al pueblo? ¿No sería +ése el mejor modo de desenredarse? Me admiro de que un señorito como +usted pueda aguantar todo el año aquí, sin moverse de estas montañas +fieras.... ¿No se aburre? + +El marqués miraba al suelo, aun cuando en él no había cosa digna de +verse. La idea del capellán no le cogía de sorpresa. + +--¡Salir de aquí!--exclamó--. ¿Y a dónde demontre se va uno? Siquiera aquí, +mal o bien, es uno el rey de la comarca.... El tío Gabriel me lo decía +mil veces: las personas decentes, en las poblaciones, no se distinguen +de los zapateros.... Un zapatero que se hace millonario metiendo y +sacando la lesna, se sube encima de cualquier señor, de los que lo somos +de padres a hijos.... Yo estoy muy acostumbrado a pisar tierra mía y a +andar entre árboles que corto si se me antoja. + +--Pero al fin, señorito, ¡aquí le manda Primitivo! + +--Bah.... A Primitivo le puedo yo dar tres docenas de puntapiés, si se me +hinchan las narices, sin que el juez me venga a empapelar.... No lo hago; +pero duermo tranquilo con la seguridad de que lo haría si quisiese. +¿Cree usted que Sabel irá a quejarse a la justicia de los culatazos de +hoy? + +Esta lógica de la barbarie confundía a Julián. + +--Señor, yo no le digo que deje esto... Únicamente, que salga una +temporadita, a ver cómo le prueba.... Apartándose usted de aquí algún +tiempo, no sería difícil que Sabel se casase con persona de su esfera, y +que usted también encontrase una conveniencia arreglada a su calidad, +una esposa legítima. Cualquiera tiene un desliz, la carne es flaca; por +eso no es bueno para el hombre vivir solo, porque se encenaga, y como +dijo quien lo entendía, es mejor casarse que abrasarse en +concupiscencia, señor don Pedro. ¿Por qué no se casa, señorito?--exclamó, +juntando las manos--. ¡Hay tantas señoritas buenas y honradas! + +A no ser por la oscuridad, vería Julián chispear los ojos del marqués de +Ulloa. + +--¿Y cree usted, santo de Dios, que no se me había ocurrido a mí? ¿Piensa +usted que no sueño todas las noches con un chiquillo que se me parezca, +que no sea hijo de una bribona, que continúe el nombre de la casa..., +que herede esto cuando yo me muera... y que se llame _Pedro Moscoso_, +como yo? + +Al decir esto golpeábase el marqués su fornido tronco, su pecho varonil, +cual si de él quisiese hacer brotar fuerte y adulto ya el codiciado +heredero. Julián, lleno de esperanza, iba a animarle en tan buenos +propósitos; pero se estremeció de repente, pues creyó sentir a sus +espaldas un rumor, un roce, el paso de un animal por entre la maleza. + +--¿Qué es eso?--exclamó volviéndose--. Parece que anda por aquí el zorro. + +El marqués le cogió del brazo. + +--Primitivo...--articuló en voz baja y ahogada de ira--. Primitivo que nos +atisbará hace un cuarto de hora, oyendo la conversación.... Ya está usted +fresco.... Nos hemos lucido.... ¡Me valga Dios y los santos de la corte +celestial! También a mí se me acaba la cuerda. ¡Vale más ir a presidio +que llevar esta vida! + + + + +-VIII- + + +Mientras se raía con la navaja de barba los contados pelos rubios que +brotaban en sus carrillos, Julián maduraba un proyecto: afeitado y +limpio que fuese, emprendería el camino de Cebre un pie tras otro, en el +caballo de San Francisco; allí le pediría al cura una jícara de +chocolate, y esperaría en la rectoral hasta las doce, hora en que pasa +la diligencia de Orense a Santiago; malo sería que en interior o cupé no +hubiese un asiento vacante. Tenía dispuesto su maletín: lo enviaría a +buscar desde Cebre por un mozo. Y calculando así, miraba contristado el +paisaje ameno, el huerto con su dormilón estanque, el umbrío manchón del +soto, la verdura de los prados y maizales, la montaña, el limpio +firmamento, y se le prendía el alma en el atractivo de aquella dulce +soledad y silencio, tan de su gusto, que deseaba pasar allí la vida +toda. ¡Cómo ha de ser! Dios nos lleva y trae según sus fines.... No, no +era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del +paraíso.... Le agitó semejante idea y se cortó dos veces la mejilla.... +Estuvo próximo a inferirse el tercer rasguño, porque le dieron una +palmada en el hombro. + +Se volvió.... ¿Quién había de conocer a don Pedro, tan metamorfoseado +como venía? Afeitado también, aunque sin detrimento de su barba, que +brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jabón y a ropa +limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqué blanco, hongo +azul, y al brazo un abrigo, parecía el señor de Ulloa otro hombre nuevo +y diferente, con veinte grados más de educación y cultura que el +anterior. De golpe lo comprendió todo Julián... y la sangre le dio +gozoso vuelco. + +--¡Señorito...! + +--Ea, despachar, que corre prisa.... Tiene usted que acompañarme a +Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediodía. + +--¿De veras viene usted? ¡Mismo parece cosa de milagro! Yo estuve hoy +arreglando la maleta. ¡Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me +quede aquí entretanto.... + +--¡No faltaba otra cosa! Si salgo solo, se me agua la fiesta. Voy a dar +una sorpresa al tío Manolo, y a conocer a las primas, que sólo las he +visto cuando eran unas mocosas.... Si ahora me desanimo, no vuelvo a +animarme en diez años. Ya he mandado a Primitivo que ensille la yegua y +ponga el aparejo a la borrica. + +En aquel punto asomó por la puerta un rostro que a Julián se le antojó +siniestro, y acaso pensó otro tanto el marqués, pues preguntó +impaciente: + +--Vamos a ver, ¿qué ocurre? + +--La yegua--respondió Primitivo sin alzar la voz--no sirve para el camino. + +--¿Por qué razón? ¿Puede saberse? + +--Está sin una ferradura siquiera--declaró serenamente el cazador. + +--¡Mal rayo que te parta!--vociferó el marqués echando fuego por los +ojos--. ¡Ahora me dices eso! ¿Pues no es cuenta tuya cuidar de que esté +herrada? ¿O he de llevarla yo al herrador todos los días? + +--Como no sabía que el señorito quisiese salir hoy.... + +--Señor--intervino Julián--, yo iré a pie. Al fin tenía determinado dar ese +paseo. Lleve usted la burra. + +--Tampoco hay burra--objetó el cazador sin pestañear ni alterar un solo +músculo de su faz broncínea. + +--¿Que... no... hay... bu... rraaaaa?--articuló, apretando los puños, don +Pedro--. ¿Que no... la... hayyy? A ver, a ver.... Repíteme eso, en mi +cara. + +El hombre de bronce no se inmutó al reiterar fríamente. + +--No hay burra. + +--¡Pues así Dios me salve! ¡La ha de haber y tres más, y si no por quien +soy que os pongo a todos a cuatro patas y me lleváis a caballo hasta +Cebre! + +Nada replicó Primitivo, incrustado en el quicio de la puerta. + +--Vamos claros, ¿cómo es que no hay burra? + +--Ayer, al volver del pasto, el rapaz que la cuida le encontró dos +puñaladas.... Puede el señorito verla. + +Disparó don Pedro una imprecación, y bajó de dos en dos las escaleras. +Primitivo y Julián le seguían. En la cuadra, el pastor, adolescente de +cara estúpida y escrofulosa, confirmó la versión del cazador. Allá en el +fondo del establo columbraron al pobre animal, que temblaba, con las +orejas gachas y el ojo amortiguado; la sangre de sus heridas, en negro +reguero, se había coagulado desde el anca a los cascos. Julián +experimentaba en el establo sombrío y lleno de telarañas impresión +análoga a la que sentiría en el teatro de un crimen. Por lo que hace al +marqués, quedóse suspenso un instante, y de súbito, agarrando al pastor +por los cabellos, se los mesó y refregó con furia, exclamando: + +--Para que otra vez dejes acuchillar a los animales..., toma..., toma..., +toma.... + +Rompió el chico a llorar becerrilmente, lanzando angustiosas miradas al +impasible Primitivo. Don Pedro se volvió hacia éste. + +--Pilla ahora mismo mi saco y la maleta de don Julián.... Volando.... Nos +vamos a pie hasta Cebre.... Andando bien, tenemos tiempo de coger el +coche. + +Obedeció el cazador sin perder su helada calma. Bajó la maleta y el +saco; pero en vez de cargar ambos objetos a hombros, entregó cada bulto +a un mozo de campo, diciendo lacónicamente: + +--Vas con el señorito. + +Sorprendióse el marqués y miró a su montero con desconfianza. Jamás +perdonaba Primitivo la ocasión de acompañarle, y extrañaba su +retraimiento entonces. Por la imaginación de don Pedro cruzaron rápidas +vislumbres de recelo; y como si Primitivo lo adivinase, probó a +disiparlo. + +--Yo tengo ahí que atender al rareo del soto de Rendas. Están los +castaños tan apretados, que no se ve.... Ya andan allá los leñadores.... +Pero sin mí, no se desenvuelven.... + +Encogióse de hombros el señorito, calculando que acaso Primitivo se +proponía ocultar en el soto la vergüenza de su derrota. No obstante, +como creía conocerle, hacíasele duro que abandonase la partida sin +desquite. Estuvo a punto de exclamar: «Acompáñame». Presintió +resistencias, y pensó para su sayo: «¡Qué demonio! Más vale dejarle. +Aunque se empeñe, no me ha de cortar el paso.... Y si cree que puede +conmigo...». + +Fijó sin embargo una mirada escrutadora en las escuetas facciones del +cazador, donde creía advertir, muy encubierta y disimulada, cierta +contracción diabólica. + +--¿Qué estará rumiando este zorro?--cavilaba el señorito--. Sin alguna no +escapamos. ¡No, pues como se desmande! Me coge hoy en punto de caramelo. + +Subió don Pedro a su habitación y volvió con la escopeta al hombro. +Julián le miraba sorprendido de que tomase el arma yendo de viaje. De +pronto el capellán recordó algo también y se dirigió a la cocina. + +--¡Sabel!--gritó--. ¡Sabel! ¿Dónde está el niño, mujer? Le quería dar un +beso. + +Sabel salió y volvió con el chiquillo agarrado a sus sayas. Le había +encontrado escondido en el pesebre de las vacas, su rincón favorito, y +el diablillo traía los rizos entretejidos con hierba y flores +silvestres. Estaba precioso. Hasta la venda de la descalabradura le +asemejaba al Amor. Julián le levantó en peso, besándole en ambos +carrillos. + +--Sabel, mujer, lávelo de vez en cuando siquiera.... Por las mañanas.... + +--Vámonos, vámonos...--apremió el marqués desde la puerta, como si +recelase entrar junto a la mujer y el niño--. Hace falta el tiempo.... Se +nos va a marchar el coche. + +Si Sabel deseaba retener a aquel fugitivo Eneas, no dio de ello la más +leve señal, pues se volvió con gran sosiego a sus potes y trébedes. Don +Pedro, a pesar de la urgencia alegada para apurar a Julián, aguardó dos +minutos en la puerta, quizás con la ilusión recóndita de ser detenido +por la muchacha; pero al fin, encogiéndose de hombros, salió delante, y +echó a andar por la senda abierta entre viñas que conducía al crucero. +Era el paraje descubierto, aunque el terreno quebrado, y el señorito +podía otear fácilmente a derecha e izquierda todo cuanto sucediese: ni +una liebre brincaría por allí sin que sus ojos linces de cazador la +avizorasen. Aunque departiendo con Julián acerca de la sorpresa que se +le preparaba a la familia de la Lage, y de si amenazaba llover porque el +cielo se había encapotado, no descuidaba el marqués observar algo que +debía interesarle muchísimo. Un instante se paró, creyendo divisar la +cabeza de un hombre allá lejos, detrás de los paredones que cerraban la +viña. Pero a tal distancia no consiguió cerciorarse. Vigiló más atento. + +Acercábanse al soto de Rendas, situado antes del crucero; desde allí el +arbolado se espesaba, y se dificultaba la precaución. Orillaron el soto, +llegaron al pie del santo símbolo y se internaron en el camino más agrio +y estrecho, sin ver nada que justificase temores. En la espesura oyeron +el golpe reiterado del hacha y el ¡ham! de los leñadores, que rareaban +los castaños. Más adelante, silencio total. El cielo se cubría de nubes +cirrosas, y la claridad del sol apenas se abría paso, filtrándose velada +y cárdena, presagiando tempestad. Julián recordó un detalle melancólico, +la cruz a la cual iban a llegar en breve, que señalaba el teatro de un +crimen, y preguntó: + +--¿Señorito? + +--¿Eh?--murmuró el marqués, hablando con los dientes apretados. + +--Aquí cerca mataron un hombre, ¿verdad? Donde está la cruz de madera. +¿Por qué fue, señorito? ¿Alguna venganza? + +--Una pendencia entre borrachos, al volver de la feria--respondió +secamente don Pedro, que se hacía todo ojos para inspeccionar los +matorrales. + +La cruz negreaba ya sobre ellos, y Julián se puso a rezar el _Padre +nuestro_ acostumbrado, muy bajito. Iba delante, y el señorito le pisaba +casi los talones. Los mozos portadores del equipaje se habían adelantado +mucho, deseosos de llegar cuanto antes a Cebre y echar un traguete en la +taberna. Para oír el susurro que produjeron las hojas y la maleza al +desviarse y abrir paso a un cuerpo, necesitábanse realmente sentidos de +cazador. El señorito lo percibió, aunque tenue, clarísimo, y vio el +cañón de la escopeta apuntado tan diestramente que de fijo no se +perdería el disparo: el cañón no amagaba a su pecho, sino a las espaldas +de Julián. La sorpresa estuvo a punto de paralizar a don Pedro: fue un +segundo, menos que un segundo tal vez, un espacio de tiempo +inapreciable, lo que tardó en reponerse, y en echarse a la cara su arma, +apuntando a su vez al enemigo emboscado. Si el tiro de éste salía, la +bala se cruzaría casi con otra bala justiciera. La situación duró pocos +instantes: estaban frente a frente dos adversarios dignos de medir sus +fuerzas. El más inteligente cedió, encontrándose descubierto. Oyó el +marqués el roce del follaje al bajarse el cañón que amenazaba a Julián, +y Primitivo salió del soto, blandiendo su vieja escopeta certera, +remendada con cordeles. Julián precipitó el _Gloria Patri_ para decirle +en tono cortés: + +--Hola.... ¿Se viene usted con nosotros por fin hasta Cebre? + +--Sí, señor--contestó Primitivo, cuyo semblante recordaba más que nunca el +de una estatua de fundición--. Dejo dispuesto en Rendas, y voy a ver si +de aquí a Cebre sale algo que tumbar.... + +--Dame esa escopeta, Primitivo--ordenó don Pedro--. Estoy oyendo cantar la +codorniz ahí, que no parece sino que me hace burla. Se me ha olvidado +cargar mi carabina. + +Diciendo y haciendo, cogió la escopeta, apuntó a cualquier parte, y +disparó. Volaron hojas y pedazos de rama de un roble próximo, aunque +ninguna codorniz cayó herida. + +--¡Marró!--exclamó el señorito fingiendo gran contrariedad, mientras para +sí discurría: «No era bala, eran postas.... Le quería meter grajea de +plomo en el cuerpo.... ¡Claro, con bala era más escandaloso, más +alarmante para la justicia. Es zorro fino!». + +Y en voz alta: + +--No vuelvas a cargar; hoy no se caza, que se nos viene la lluvia encima +y tenemos que apretar el paso. Marcha delante, enséñanos el atajo hasta +Cebre. + +--¿No lo sabe el señorito? + +--Sí tal, pero a veces me distraigo. + + + + +-IX- + + +Como ya dos veces había repicado la campanilla y los criados no llevaban +trazas de abrir, las señoritas de la Lage, suponiendo que a horas tan +tempranas no vendría nadie de cumplido, bajaron en persona y en grupo a +abrir la puerta, sin peinar, con bata y chinelas, hechas unas fachas. +Así es que se quedaron voladas al encontrarse con un arrogante mozo, que +les decía campechanamente: + +--¿A que nadie me conoce aquí? + +Sintieron impulsos de echar a correr; pero la tercera, la menos linda de +todas, frisando al parecer en los veinte años, murmuró: + +--De fijo que es el primo Perucho Moscoso. + +--¡Bravo!--exclamó don Pedro--. ¡Aquí está la más lista de la familia! + +Y adelantándose con los brazos abiertos fue para abrazarla; pero ella, +hurtando el cuerpo, le tendió una manecita fresca, recién lavada con +agua y colonia. En seguida se entró por la casa gritando: + +--¡Papá!, ¡papá! ¡Está aquí el primo Perucho! + +El piso retembló bajo unos pasos elefantinos.... Apareció el señor de la +Lage, llenando con su volumen la antesala, y don Pedro abrazó a su tío, +que le llevó casi en volandas al salón. Julián, que por no malograr la +sorpresa de la aparición del primo se había quedado oculto detrás de la +puerta, salía riendo del escondite, muy embromado por las señoritas, que +afirmaban que estaba gordísimo, y se escurría por el corredor, en busca +de su madre. + +Viéndoles juntos, se observaba extraordinario parecido entre el señor de +la Lage y su sobrino carnal: la misma estatura prócer, las mismas +proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma +barba fuerte y copiosa; pero lo que en el sobrino era armonía de +complexión titánica, fortalecida por el aire libre y los ejercicios +corporales, en el tío era exuberancia y plétora; condenado a una vida +sedentaria, se advertía que le sobraba sangre y carne, de la cual no +sabía qué hacer; sin ser lo que se llama obeso, su humanidad se +desbordaba por todos lados; cada pie suyo parecía una lancha, cada mano +un mazo de carpintero. Se ahogaba con los trajes de paseo; no cabía en +las habitaciones reducidas; resoplaba en las butacas del teatro, y en +misa repartía codazos para disponer de más sitio. Magnífico ejemplar de +una raza apta para la vida guerrera y montés de las épocas feudales, se +consumía miserablemente en el vil ocio de los pueblos, donde el que nada +produce, nada enseña, ni nada aprende, de nada sirve y nada hace. ¡Oh +dolor! Aquel castizo Pardo de la Lage, naciendo en el siglo XV, hubiera +dado en qué entender a los arqueólogos e historiadores del XIX. + +Mostró admirarse de la buena presencia del sobrino y le habló +llanotamente, para inspirarle confianza. + +--¡Muchacho, muchacho! ¿A dónde vas con tanto doblar? Cuidado que estás +más hombre que yo.... Siempre te imitaste más a Gabriel y a mí que a tu +madre que santa gloria haya.... Lo que es con tu padre, ni esto.... No +saliste Moscoso, ni Cabreira, chico; saliste Pardo por los cuatro +costados. Ya habrás visto a tus primas, ¿eh? Chiquillas, ¿qué le decís +al primo? + +--¿Qué me dicen? Me han recibido como a la persona de más cumplimiento.... +A ésta le quise dar un abrazo, y ella me alargó la mano muy fina. + +--¡Qué borregas! ¡Marías Remilgos! A ver cómo abrazáis todas al primo, +inmediatamente. + +La primera que se adelantó a cumplir la orden fue la mayor. Al +estrecharla, don Pedro no pudo dejar de notar las bizarras proporciones +del bello bulto humano que oprimía. ¡Una real moza, la primita mayor! + +--¿Tú eres Rita, si no me equivoco?--preguntó risueño--. Tengo muy mala +memoria para nombres y puede que os confunda. + +--Rita, para servirte...--respondió con igual amabilidad la prima--. Y ésta +es Manolita, y ésta es Carmen, y aquélla es Nucha.... + +--Sttt.... Poquito a poco.... Me lo iréis repitiendo conforme os abrace. + +Dos primas vinieron a pagar el tributo, diciendo festivamente: + +--Yo soy Manolita, para servir a usted. + +--Yo, Carmen, para lo que usted guste mandar. + +Allá entre los pliegues de una cortina de damasco se escondía la +tercera, como si quisiese esquivar la ceremonia afectuosa; pero no le +valió la treta, antes su retraimiento incitó al primo a exclamar: + +--¿Doña Hucha, o como te llames?... Cuidadito conmigo..., se me debe un +abrazo.... + +--Me llamo Marcelina, hombre.... Pero éstas me llaman siempre Marcelinucha +o Nucha.... + +Costábale trabajo resolverse, y permanecía refugiada en el rojo dosel de +la cortina, cruzando las manos sobre el peinador de percal blanco, que +rayaban con doble y largo trazo, como de tinta, sus sueltas trenzas. El +padre la empujó bruscamente, y la chica vino a caer contra el primo, +toda ruborizada, recibiendo un apretón en regla, amén de un frote de +barbas que la obligó a ocultar el rostro en la pechera del marqués. + +Hechas así las amistades, entablaron el señor de la Lage y su sobrino la +imprescindible conversación referente al viaje, sus causas, incidentes y +peripecias. No explicaba muy satisfactoriamente el sobrino su impensada +venida: pch... ganas de _espilirse_.... Cansa estar siempre solo.... Gusta +la variación.... No insistió el tío, pensando para su chaleco: «Ya Julián +me lo contará _todo_». + +Y se frotaba las manos colosales, sonriendo a una idea que, si +acariciaba tiempo hacía allá en su interior, jamás se le había +presentado tan clara y halagüeña como entonces. ¡Qué mejor esposo podían +desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del +tipo del padre que desea _colocar_ a sus niñas, ninguno más vehemente +que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno más +reservado en el modo y forma. Porque aquel hidalgo de cepa vieja sentía +a la vez gana ardentísima de casar a las chiquillas y un orgullo de raza +tan exaltado, bajo engañosas apariencias de llaneza, que no sólo le +vedaba descender a ningún ardid de los usuales en padres casamenteros, +sino que le imponía suma rigidez y escrúpulo en la elección de sus +relaciones y en la manera de educar a sus hijas, a quienes traía como +encastilladas y aisladas, no llevándolas sino de pascuas a ramos a +diversiones públicas. Las señoritas de la Lage, discurría don Manuel, +deben casarse, y sería contrario al orden providencial que no apareciese +tronco en que injertar dignamente los retoños de tan noble estirpe; pero +antes se queden para vestir imágenes que unirse con cualquiera, con el +teniente que está de guarnición, con el comerciante que medra midiendo +paño, con el médico que toma el pulso; eso sería, ¡vive Dios!, +profanación indigna; las señoritas de la Lage sólo pueden dar su mano a +quien se les iguale en calidad. Así pues, don Manuel, que se desdeñaría +de tender redes a un ricachón plebeyo, se propuso inmediatamente hacer +cuanto estuviese en su mano para que su sobrino pasase a yerno, como el +Sandoval de la zarzuela. + +¿Conformaban las primitas con las opiniones de su padre? Lo cierto es +que, apenas el primo se sentó a platicar con don Manuel, cada niña se +escurrió bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento +al forastero y platos selectos para la mesa. Se convino en que el primo +se quedaba hospedado allí, y se envió por la maleta a la posada. + +Fue la comida alegre en extremo. Rápidamente se había establecido entre +don Pedro y las señoritas de la Lage el género de familiaridad inherente +al parentesco en grado prohibido pero dispensable: familiaridad que se +diferencia de la fraternal en que la sazona y condimenta un picante +polvito de hostilidad, germen de graciosas y galantes escaramuzas. +Cruzábase en la mesa vivo tiroteo de bromas, piropos, que entre los dos +sexos suele preludiar a más serios combates. + +--Primo, me extraña mucho que estando a mi lado no me sirvas el agua. + +--Los aldeanos no entendemos de política: ve enseñándome un poco, que por +tener maestras así.... + +--Glotón, ¿quién te da permiso para repetir? + +--El plato está tan rico, que supongo que es obra tuya. + +--¡Vaya unas ilusiones! Ha sido la cocinera. Yo no guiso para ti. Te +fastidiaste. + +--Prima, esta yemecita. Por mí. + +--No me robes del plato, goloso. Que no te lo doy, ea. ¿No tienes ahí la +fuente? + +--¿A que te lo atrapo? Cuando más descuidada estés.... + +--¿A que no? + +Y la prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos, +para evitar el hurto de un merengue o de media manzana, y el juego se +celebraba con estrepitosas carcajadas, como si fuese el paso más +gracioso del mundo. Las mantenedoras de este torneo eran Rita y +Manolita, las dos mayores; en cuanto a Nucha y Carmen, se encerraban en +los términos de una cordialidad mesurada, presenciando y riendo las +bromas, pero sin tomar parte activa en ellas, con la diferencia de que +en el rostro de Carmen, la más joven, se notaba una melancolía perenne, +una preocupación dominante, y en el de Nucha se advertía tan sólo +gravedad natural, no exenta de placidez. + +Hállabase don Pedro en sus glorias. Al resolverse a emprender el viaje, +receló que las primas fuesen algunas señoritas muy cumplimenteras y +espetadas, cosa que a él le pondría en un brete, por serle extrañas las +fórmulas del trato ceremonioso con damas de calidad, clase de _perdices +blancas_ que nunca había cazado; mas aquel recibimiento franco le +devolvió al punto su aplomo. Animado, y con la cálida sangre despierta, +consideraba a las primitas una por una, calculando a cuál arrojaría el +pañuelo. La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos +negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasión de ánimo, las +cárdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba +por romanticismos. En cuanto a la tercera, Nucha, asemejábase bastante a +la menor, sólo que en feo: sus ojos, de magnífico tamaño, negros también +como moras, padecían leve estrabismo convergente, lo cual daba a su +mirar una vaguedad y pudor especiales; no era alta, ni sus facciones se +pasaban de correctas, a excepción de la boca, que era una miniatura. En +suma, pocos encantos físicos, al menos para los que se pagan de la +cantidad y morbidez en esta nuestra envoltura de barro. Manolita ofrecía +otro tipo distinto, admirándose en ella lozanas carnes y suma gracia, +unida a un defecto que para muchos es aumento singular de perfección en +la mujer, y a otros, verbigracia a don Pedro, les inspira repulsión: un +carácter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba +pasando a bigote, una prolongación del nacimiento del pelo sobre la +oreja que, descendiendo a lo largo de la mandíbula, quería ser, más que +suave patilla, atrevida barba. A la que no se podían poner tachas era a +Rita, la hermana mayor. Lo que más cautivaba a su primo, en Rita, no era +tanto la belleza del rostro como la cumplida proporción del tronco y +miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno, +todo cuanto en las valientes y armónicas curvas de su briosa persona +prometía la madre fecunda y la nodriza inexhausta. ¡Soberbio vaso en +verdad para encerrar un Moscoso legítimo, magnífico patrón donde +injertar el heredero, el continuador del nombre! El marqués presentía en +tan arrogante hembra, no el placer de los sentidos, sino la numerosa y +masculina prole que debía rendir; bien como el agricultor que ante un +terreno fértil no se prenda de las florecillas que lo esmaltan, pero +calcula aproximadamente la cosecha que podrá rendir al terminarse el +estío. + +Pasaron al salón después de la comida, para la cual las muchachas se +habían emperejilado. Enseñaron a don Pedro infinidad de quisicosas: +estereóscopos, álbumes de fotografías, que eran entonces objetos muy +elegantes y nada comunes. Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse +en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una +columna, actitud clásica que por aquel tiempo imponían los fotógrafos; y +Nucha, abriendo un álbum chiquito, se lo puso delante a don Pedro, +preguntándole afanosamente: + +--¿Le conoces? + +Era un muchacho como de diecisiete años, rapado, con uniforme de alumno +de la Academia de artillería, parecidísimo a Nucha y a Carmen cuanto +puede parecerse un pelón a dos señoritas con buenas trenzas de pelo. + +--Es mi niño--afirmó Nucha muy grave. + +--¿Tu niño? + +Riéronse las otras hermanas a carcajadas, y don Pedro exclamó cayendo en +la cuenta: + +--¡Bah!, ya sé. Es vuestro hermano, mi señor primo, el mayorazgo de la +Lage, Gabrieliño. + +--Pues claro: ¿quién había de ser? Pero esa Nucha le quiere tanto, que +siempre le llama su niño. + +Nucha, corroborando el aserto, se inclinó y besó el retrato, con tan +apasionada ternura, que allá en Segovia el pobre alumno, víctima quizá +de los rigores de la cruel _novatada_, debió sentir en la mejilla y el +corazón una cosa dulce y caliente. + +Cuando Carmen, la tristona, vio a sus hermanas entretenidas, se +escabulló del salón, donde ya no apareció más. Agotado todo lo que en el +salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván +hasta la leñera: un caserón antiguo, espacioso y destartalado, como aún +quedan muchos en la monumental Compostela, digno hermano urbano de los +rurales Pazos de Ulloa. En su fachada severa desafinaba una galería de +nuevo cuño, ideada por don Manuel Pardo de la Lage, que tenía el costoso +vicio de hacer obras. Semejante solecismo arquitectónico era el +quitapesares de las señoritas de Pardo; allí se las encontraba siempre, +posadas como pájaros en rama favorita, allí hacían labor, allí tenían un +breve jardín, contenido en macetas y cajones, allí colgaban jaulas de +canarios y jilgueros; tal vez no parasen en esto los buenos oficios de +la galería dichosa. Lo cierto es que en ella encontraron a Carmen, +asomada y mirando a la calle, tan absorta que no sintió llegar a sus +hermanas. Nucha le tiró del vestido; la muchacha se volvió, pudiendo +notarse que tenía unas vislumbres de rosa en las mejillas, descoloridas +de ordinario. Hablóle Nucha vivamente al oído, y Carmen se apartó del +encristalado antepecho, siempre muda y preocupada. Rita no cesaba de +explicar al primo mil particularidades. + +--Desde aquí se ven las mejores calles... Ése es el Preguntoiro; por ahí +pasa mucha gente.... Aquella torre es la de la Catedral.... ¿Y tú no has +ido a la Catedral todavía? ¿Pero de veras no le has rezado un Credo al +Santo Apóstol, judío?--exclamaba la chica vertiendo provocativa luz de +sus pupilas radiantes--. Vaya, vaya.... Tengo yo que llevarte allí, para +que conozcas al Santo y lo abraces muy apretadito.... ¿Tampoco has visto +aún el Casino?, ¿la Alameda?, ¿la Universidad? ¡Señor! ¡Si no has visto +nada! + +--No, hija.... Ya sabes que soy un pobre aldeano... y he llegado ayer al +anochecer. No hice más que acostarme. + +--¿Por qué no te viniste acá en derechura, descastado? + +--¿A alborotaros la casa de noche? Aunque salgo de entre tojos, no soy +tan mal criado como todo eso. + +--Vamos, pues hoy tienes que ver alguna notabilidad.... Y no faltar al +paseo.... Hay chicas muy guapas. + +--De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda--contestó el +primo echando a Rita una miradaza que ella resistió con intrepidez +notoria, y pagó sin esquivez alguna. + + + + +-X- + + +Y en efecto, le fueron enseñadas al marqués de Ulloa multitud de cosas +que no le importaban mayormente. Nada le agradó, y experimentó mil +decepciones, como suele acontecer a las gentes habituadas a vivir en el +campo, que se forman del pueblo una idea exagerada. Pareciéronle, y con +razón, estrechas, torcidas y mal empedradas las calles, fangoso el piso, +húmedas las paredes, viejos y ennegrecidos los edificios, pequeño el +circuito de la ciudad, postrado su comercio y solitarios casi siempre +sus sitios públicos; y en cuanto a lo que en un pueblo antiguo puede +enamorar a un espíritu culto, los grandes recuerdos, la eterna vida del +arte conservada en monumentos y ruinas, de eso entendía don Pedro lo +mismo que de griego o latín. ¡Piedras mohosas! Ya le bastaban las de los +Pazos. Nótese cómo un hidalgo campesino de muy rancio criterio se +hallaba al nivel de los demócratas más vandálicos y demoledores. A pesar +de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando niño, discurría y +fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna: calles anchas, +mucha regularidad en las construcciones, todo nuevo y flamante, gran +policía, ¿qué menos puede ofrecer la civilización a sus esclavos? Es +cierto que Santiago poseía dos o tres edificios espaciosos, la Catedral, +el Consistorio, San Martín.... Pero en ellos existían cosas muy sin razón +ponderadas, en concepto del marqués: por ejemplo, la Gloria de la +Catedral. ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y +sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de +ver a alguno de estos sabios que escudriñan el _sentido_ de un monumento +religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el +pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo. +¡Simbolismo! ¡Jerigonzas! El pórtico estaba muy mal labrado, y las +figuras parecían pasadas por tamiz. Por fuerza las artes andaban +atrasadísimas en aquellos tiempos de maricastaña. Total, que de los +monumentos de Santiago se atenía el marqués a uno de fábrica muy +reciente: su prima Rita. + +La proximidad de la fiesta del Corpus animaba un tanto la soñolienta +ciudad universitaria, y todas las tardes había lucido paseo bajo los +árboles de la Alameda. Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían +Rita y Manolita, acompañadas por su primo; el padre cubría la +retaguardia conversando con algún señor mayor, de los muchos que existen +en el pueblo compostelano, donde por ley de afinidad parece abundar más +que en otras partes la gente provecta. A menudo se arrimaba a Manolita +un señorito muy planchado y tieso, con cierto empaque ridículo y +exageradas pretensiones de elegancia: llamábase don Víctor de la +Formoseda y estudiaba derecho en la Universidad; don Manuel Pardo le +veía gustoso acercarse a sus hijas, por ser el señorito de la Formoseda +de muy limpio solar montañés, y no despreciable caudal. No era éste el +único mosquito que zumbaba en torno de las señoritas de la Lage. A las +primeras de cambio notó don Pedro que así por los tortuosos y lóbregos +soportales de la Rúa del Villar, como por las frondosidades de la +Alameda y la Herradura, les seguía y escoltaba un hombre joven, +melenudo, enfundado en un gabán gris, de corte raro y antiguo. Aquel +hombre parecía la sombra de las muchachas: no era posible volver la +cabeza sin encontrársele: y don Pedro reparó también que al surgir +detrás de un pilar o por entre los árboles el rondador perpetuo, la cara +triste y ojerosa de Carmen se animaba, y brillaban sus abatidos ojos. En +cambio don Manuel y Nucha daban señales de inquietud y desagrado. + +Ya sobre la pista, don Pedro siguió acechando, a fuer de cazador +experto. Nucha no debía tener ningún adorador entre la multitud de +estudiantes y vagos que acudían al paseo, o si lo tenía, no le hacía +caso, pues caminaba seria e indiferente. En público, Nucha parecía +revestirse de gravedad ajena a sus años. Respecto a Manolita, no perdía +ripio coqueteando con el señorito de la Formoseda. Rita, siempre animada +y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los demás, pues +don Pedro advirtió que a las miradas y requiebros de sus admiradores +correspondía con ojeadas vivas y flecheras. Lo cual no dejó de dar en +qué pensar al marqués de Ulloa, el cual, tal vez por contarse en el +número de los hombres fácilmente atraídos por las mujeres vivarachas, +tenía de ellas opinión detestable y para sus adentros la expresaba en +términos muy crudos. + +Dormían en habitaciones contiguas Julián y el marqués, pues Julián, +desde su ordenación, había ascendido de categoría en la casa, y mientras +la madre continuaba desempeñando las funciones de ama de llaves y dueña, +el hijo comía con los señores, ocupaba un cuarto de importancia, y era +tratado en suma, si no de igual a igual, pues siempre quedaban matices +de protección, al menos con gran amabilidad y deferencia. De noche, +antes de recogerse, el marqués se le entraba en el dormitorio a fumar un +cigarro y charlar. La conversación ofrecía pocos lances, pues siempre +versaba sobre el mismo proyecto. Decía don Pedro que le admiraban dos +cosas: haberse resuelto a salir de los Pazos, y hallarse tan decidido a +_tomar estado_, idea que antes le parecía irrealizable. Era don Pedro de +los que juzgan muy importantes y dignas de comentarse sus propias +acciones y mutaciones--achaque propio de egoístas--y han menester tener +siempre cerca de sí algún inferior o subordinado a quien referirlas, +para que les atribuya también valor extraordinario. + +Agradaba la plática a Julián. Aquellas proyectadas bodas entre primo y +prima le parecían tan naturales como juntarse la vid al olmo. Las +familias no podían ser mejores ni más para en una; las clases iguales; +las edades no muy desproporcionadas, y el resultado dichosísimo, porque +así redimía el marqués su alma de las garras del demonio, personificado +en impúdicas barraganas. Solamente no le contentaba que don Pedro se +hubiese ido a fijar en la señorita Rita: mas no se atrevía ni a +indicarlo, no fuese a malograrse la cristiana resolución del marqués. + +--Rita es una gran moza...--decía éste explayándose--. Parece sana como una +manzana, y los hijos que tenga heredarán su buena constitución. Serán +más fuertes aún que Perucho, el de Sabel. + +¡Inoportuna reminiscencia! Julián se apresuraba a replicar, sin meterse +en honduras fisiológicas: + +--La casta de los señores de Pardo es muy saludable, gracias a Dios.... + +Una noche cambiaron de sesgo las confidencias, entrando en terreno +sumamente embarazoso para Julián, siempre temeroso de que cualquier +desliz de su lengua desbaratase los proyectos del señorito, y le echase +a él sobre la conciencia responsabilidad gravísima. + +--¿Sabe usted--insinuó don Pedro--que mi prima Rita se me figura algo +casquivana? Por el paseo va siempre entretenida en si la miran o no la +miran, si le dicen o no le dicen... juraría que toma varas. + +--¿Que toma varas?--repitió el capellán, quedándose en ayunas del sentido +de la frase grosera. + +--Sí, hombre..., que se deja querer, vamos.... Y para casarse, no es cosa +de broma que la mujer las gaste con el primero que llega. + +--¿Quién lo duda, señorito? La prenda más esencial en la mujer es la +honestidad y el recato. Pero no hay que fiarse de apariencias. La +señorita Rita tiene el genio así, franco y alegre.... + +Creíase Julián salvado con estas evasivas, cuando, a las pocas noches, +don Pedro le apretó para que _cantase_: + +--Don Julián, aquí no valen misterios.... Si he de casarme, quiero al +menos saber con quién y cómo.... Apenas se reirían si porque vengo de los +Pazos me diesen de buenas a primeras gato por liebre. Con razón se diría +que salí de un soto para meterme en otro. No sirve contestar que usted +no sabe nada. Usted se ha criado en esta casa, y conoce a mis primas +desde que nació. Rita.... Rita es mayor que usted, ¿no es verdad? + +--Sí, señor--respondió Julián, no teniendo por cargo de conciencia revelar +la edad--. La señorita Rita cumplirá ahora veintisiete o veintiocho +años.... Después viene la señorita Manolita y la señorita Marcelina, que +son seguidas..., veintitrés y veintidós... porque en medio murieron dos +niños varones..., y luego la señorita Carmen, veinte.... Cuando nació el +señorito Gabriel, que andará en los diecisiete o poco más, ya no se +pensaba que la señora volviese a tener sucesión, porque andaba delicada, +y le probó tan mal el parto, que falleció a los pocos meses. + +--Pues usted debe conocer perfectamente a Rita. Cante usted, ea. + +--Señorito, a la verdad.... Yo me crié en esta casa, es cierto; pero sin +manualizarme con los señores, porque mi clase era otra muy distinta.... Y +mi madre, que era muy piadosa, no me permitió jamás juntarme con las +señoritas para jugar ni nada... por razones de decoro.... ¡Ya usted me +comprende! Con el señorito Gabriel sí que tuve algún trato; lo que es +con las señoritas... buenos días y buenas noches, cuando las encontraba +en los pasillos. Luego ya fui al Seminario.... + +--¡Bah, bah! ¿Tiene usted gana de cuentos...? Harto estará usted de saber +cosas de las chicas. Basta su madre de usted para enterarle. ¿Acerté? Se +ha puesto usted colorado.... ¡Ajá! ¡Por ahí vamos bien! ¡A ver con qué +cara me niega que su madre le ha informado de algunas cosillas...! + +Julián se tornó purpúreo. ¡Que si le habían contado! ¡Pues no habían de +contarle! Desde su llegada, la venerable dueña que regía el llavero en +casa de la Lage no había cogido a solas a su hijo un minuto sin ceder a +la comezón de tocar ciertos asuntos, que únicamente con varones graves y +religiosos pueden conferirse.... Misía Rosario no lo iba a charlar con +otras comadres envidiosas, eso no; por algo comía el pan de don Manuel +Pardo; pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don +Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la +más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de +juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de +discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que +ella «si fuese señora» no realizaría jamás, y de oír que «personas de +respeto» alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su +dictamen? Que si le habían contado a Julián, ¡Dios bendito! Pero una +cosa era que se lo hubiesen contado, y otra que él lo pudiese repetir. +¿Cómo revelar la manía de la señorita Carmen, empeñada en casarse contra +viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie, +hijo de un herrador de pueblo (¡oh baldón para la preclara estirpe de +los Pardos!), un loco de atar que la comprometía siguiéndola por todas +partes a modo de perrito faldero, y de quien además se aseguraba que era +un materialista, metido en sociedades secretas? ¿Cómo divulgar que la +señorita Manolita hacía novenas a San Antonio para que don Víctor de la +Formoseda se determinase a pedirla, llegando al extremo de escribir a +don Víctor cartas anónimas indisponiéndole con otras señoritas cuya casa +frecuentaba? Y sobre todo, ¿cómo indicar ni lo más somero y mínimo de +_aquello_ de la señorita Rita, que maliciosamente interpretado tanto +podía dañar a su honra? Antes le arrancasen la lengua. + +--Señorito...--balbució--. Yo creo que las señoritas son muy buenas e +incapaces de faltar en nada; pero si lo contrario supiese, me guardaría +bien de propalarlo, toda vez que yo..., que mi agradecimiento a esta +familia me pondría..., vamos... como si dijéramos... una mordaza.... + +Detúvose, comprendiendo que se empantanaba más. + +--No traduzca mis palabras, señorito.... Por Dios, no saque usted +consecuencias de mi poca habilidad para explicarme. + +--¿Según eso--preguntó el marqués mirando de hito en hito al capellán--, +usted juzga que no hay absolutamente nada censurable? Clarito. ¿Las +considera usted _a todas_ unas señoritas intachables... perfectísimas... +que me convienen para casarme? ¿Eh? + +Meditó Julián antes de responder. + +--Si usted se empeña en que le descubra cuánto uno tiene en el corazón... +francamente, aunque las señoritas son cada una de por sí muy simpáticas, +yo, puesto a escoger, no lo niego..., me quedaría con la señorita +Marcelina. + +--¡Hombre! Es algo bizca... y flaca.... Sólo tiene buen pelo y buen genio. + +--Señorito, es una alhaja. + +--Será como las demás. + +--Es como ella sola. Cuando el señorito Gabriel quedó sin mamá de +pequeñito, lo cuidó con una formalidad que tenía la gracia del mundo, +porque ella no era mucho mayor que él. Una madre no hiciera más. De día, +de noche, siempre con el chiquillo en brazos. Le llamaba su hijo: dicen +que era un sainete ver aquello. Parece que el peso del chiquillo la +rindió y por eso quedó más delicada de salud que las otras. Cuando el +hermano marchó al colegio, estuvo malucha. Por eso la ve usted +descolorida. Es un ángel, señorito. Todo se le vuelve aconsejar bien a +las hermanas.... + +--Señal de que lo necesitan--arguyó don Pedro maliciosamente. + +--¡Jesús! No puede uno deslizarse.... Bien sabe usted que sobre lo bueno +está lo mejor, y la señorita Marcelina raya en perfecta. La perfección +es dada a pocos. Señorito, la señorita Marcelina, ahí donde usted la ve, +se confiesa y comulga tan a menudo, y es tan religiosa, que edifica a la +gente. + +Quedóse don Pedro reflexionando algún rato, y aseguró después que le +agradaba mucho, mucho, la religiosidad en las mujeres; que la +conceptuaba indispensable para que fuesen «buenas». + +--Con que beatita, ¿eh?--añadió--. Ya tengo por dónde hacerla rabiar. + +Y tal fue en efecto el resultado inmediato de aquella conferencia donde, +con mejor deseo que diplomacia, había intentado Julián presentar la +candidatura de Nucha. Desde entonces el primo gastó con ella bastantes +bromas, algunas más pesadas que divertidas. Con placer del niño +voluntarioso cuyos dedos entreabren un capullo, gozaba en poner colorada +a Nucha, en arañarle la epidermis del alma por medio de chanzas subidas +e indiscretas familiaridades que ella rechazaba enérgicamente. Semejante +juego mortificaba al capellán tanto como a la chica; las sobremesas eran +para él largo suplicio, pues a las anécdotas y cuentos de don Manuel, +que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes +(costumbre inveterada en el señor de la Lage), se unían las continuas +inconveniencias del primo con la prima. El pobre Julián, con los ojos +fijos en el plato, el rubio entrecejo un tanto fruncido, pasaba las de +Caín. Imaginábase él que ajar, siquiera fuese en broma, la flor de la +modestia virginal era abominable sacrilegio. Por lo que su madre le +había contado y por lo que en Nucha veía, la señorita le inspiraba +religioso respeto, semejante al que infunde el camarín que contiene una +veneranda imagen. Jamás se atrevía a llamarla por el diminutivo, +pareciéndole _Nucha_ nombre de perro más bien que de persona; y cuando +don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capellán, juzgando +que consolaba a la señorita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le +hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o función de +iglesia, a las cuales Nucha asistía con asiduidad. + +No lograba el marqués vencer la irritante atracción que le llevaba hacia +Rita; y con todo, al crecer el imperio que ejercía en sus sentidos la +prima mayor, se fortalecía también la especie de desconfianza instintiva +que infunden al campesino las hembras ciudadanas, cuyo refinamiento y +coquetería suele confundir con la depravación. Vamos, no lo podía +remediar el marqués; según frase suya, Rita _le escamaba_ terriblemente. +¡Es que a veces ostentaba una desenvoltura! ¡Se mostraba con él tan +incitadora; tendía la red con tan poco disimulo; se esponjaba de tal +suerte ante los homenajes masculinos! + +El aldeano que llega al pueblo ha oído contar mil lances, mil jugarretas +hechas a los bobos que allí entran desprevenidos como incautos peces. +Lleno de recelo, mira hacia todas partes, teme que le roben en las +tiendas, no se fía de nadie, no acierta a conciliar el sueño en la +posada, no sea que mientras duerme le birlen el bolso. Guardada la +distancia que separaba de un labriego al señor de Ulloa, éste era su +estado moral en Santiago. No hería su amor propio ser dominado por +Primitivo y vendido groseramente por Sabel en su madriguera de los +Pazos, pero sí que le _torease_ en Compostela su artificiosa primilla. +Además, no es lo mismo distraerse con una muchacha cualquiera que tomar +esposa. La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y +a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo.... Y don +Pedro figuraba entre los que no juzgan limpia ya a la que tuvo amorosos +tratos, aún en la más honesta y lícita forma, con otro que con su +marido. Aún las ojeadas en calles y paseos eran pecados gordos. Entendía +don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana, española neta, +indulgentísima para el esposo e implacable para la esposa. Y a él que no +le dijesen: Rita no estaba sin algún enredillo.... Acerca de Carmen y +Manolita no necesitaba discurrir, pues bien veía lo que pasaba. Pero +Rita.... + +Ningún amigo íntimo tenía en Santiago don Pedro, aunque sí varios +conocidos, ganados en el paseo, en casa de su tío o en el Casino, donde +solía ir mañana y noche, a fuer de buen español ocioso. Allí se le +embromaba mucho con su prima, comentándose también la desatinada pasión +de Carmen por el estudiante y su continuo atalayar en la galería, con el +adorador apostado enfrente. Siempre alerta, el señorito estudiaba el +tono y acento con que nombraban a Rita. En dos o tres ocasiones le +pareció notar unas puntas de ironía, y acaso no se equivocase; pues en +las ciudades pequeñas, donde ningún suceso se olvida ni borra, donde +gira perpetuamente la conversación sobre los mismos asuntos, donde se +abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones épicas, a menudo tiene +una muchacha perdida la fama antes que la honra, y ligerezas +insignificantes, glosadas y censuradas años y años, llevan a su autora +con palma al sepulcro. Además, las señoritas de la Lage, por su +alcurnia, por los humos aristocráticos de su padre, y la especie de +aureola con que pretendía rodearlas, por su belleza, eran blanco de +bastantes envidillas y murmuraciones: cuando no se las motejaba de +orgullosas, se recurría a tacharlas de coquetas. + +Lucía el Casino entre su maltratado mueblaje un caduco sofá de +gutapercha, gala del gabinete de lectura: sofá que pudiera llamarse +tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más +afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de +más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo, +maestro en la ciencia del _mal saber_. Así como los eruditos se precian +de no ignorar la más mínima particularidad concerniente a remotas épocas +históricas, este sujeto se jactaba de poder decir, sin errar punto ni +coma, lo que disfrutaban de renta, lo que comían, lo que hablaban y +hasta lo que pensaban las veinte o treinta familias de viso que +encerraba el recinto de Santiago. Hombre era para pronunciar con suma +formalidad y gran reposo: + +--Ayer, en casa de la Lage, se han puesto en la mesa dos principios: +croquetas y carne estofada. La ensalada fue de coliflor, y a los postres +se sirvió carne de membrillo de las monjas. + +Comprobada la exactitud de tales pormenores, resultaban rigurosamente +ciertos. + +Tan bien informado individuo consiguió encender más recelos en el ánimo +del suspicaz señor de Ulloa, bastándole para ello unas cuantas +palabritas, de ésas que tomadas al pie de la letra no llevan malicia +alguna, pero vistas al trasluz pueden significarlo todo.... Encomiando el +salero de Rita, y la hermosura de Rita, y la buena conformación +anatómica del cuerpo de Rita, añadió como al descuido: + +--Es una muchacha de primer orden.... Y aquí difícilmente le saldría +novio. Las chicas por el estilo de Rita siempre encuentran su media +naranja en un forastero. + + + + +-XI- + + +Hacía un mes que don Manuel Pardo se preguntaba a sí mismo: «¿Cuándo se +determinará el rapaz a pedirme a Rita?». + +Que se la pediría, no lo dudó un momento. La situación del marqués en +aquella casa era tácitamente la del novio aceptado. Los amigos de la +familia de la Lage se permitían alusiones desembozadas a la próxima +boda; los criados, en la cocina, calculaban ya a cuánto ascendería la +propineja nupcial. Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita. A +todas horas reían fraternalmente con el primo y una ráfaga de alegría +juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera. + +Descabezaba una tarde la siesta el marqués, cuando llamaron a la puerta +con grandes palmadas. Abrió: era Rita, en chambra, con un pañuelo de +seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta. Blandía +en la diestra un plumero enorme, y parecía una guapísima criada de +servir, semejanza que lejos de repeler al marqués, le hizo hervir la +sangre con mayor ímpetu. Sofocada y risueña la muchacha echaba lumbres +por ojos, boca y mejillas. + +--¿Perucho? ¿Peruchón? + +--¿Ritiña, Ritona?--contestó don Pedro devorándola con el mirar. + +--Dicen las chicas que vengas.... Estamos muy enfaenadas arreglando el +desván, donde hay todos los trastos del tiempo del abuelo. Parece que se +encuentran allí cosas fenomenales. + +--Y yo ¿para qué os sirvo? Supongo que no me mandaréis barrer. + +--Todo será que se nos antoje. Ven, holgazán, dormilón, marmota. + +Conducía al desván empinadísima escalera, y no era el sitio muy oscuro, +pues recibía luz de tres grandes claraboyas, pero sí bastante bajo; don +Pedro no podía estar allí de pie, y las chicas, al menor descuido, se +pegaban coscorrones en la cabeza contra la armazón del techo. +Guardábanse en el desván mil cachivaches arrumbados que habían servido +en otro tiempo a la pompa, aparato y esplendor de los Pardos de la Lage, +y hoy tenían por compañeros al polvo y la polilla; por esperanza, la +visita de muchachas bulliciosas, que de vez en cuando lo exploraban, a +fin de desenterrar alguna presea de antaño, que reformaban según la moda +actual. Con las antiguallas que allí se pudrían, pudiera escribirse la +historia de las costumbres y ocupaciones de la nobleza gallega, desde un +par de siglos acá. Restos de sillas de manos pintadas y doradas; +farolillos con que los pajes alumbraban a sus señoras al regresar de las +tertulias, cuando no se conocía en Santiago el alumbrado público; un +uniforme de maestrante de Ronda; escofietas y ridículos, bordados de +abalorio; chupas recamadas de flores vistosas; medias caladas de seda, +rancias ya; faldas adornadas con caireles; espadines de acero tomados de +orín; anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la +_dama de música_ había de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso +representar una divertida _pitipieza_; todo andaba por allí revuelto con +otros chirimbolos análogos, que trascendían a casacón desde mil leguas, +y entre los cuales distinguíanse, como prendas más simbólicas y +elocuentes, los trebejos masónicos: medalla, triángulo, mallete, +escuadra y mandil, despojos de un abuelo afrancesado y grado 33..., y +una lindísima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas +en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel +Pardo, que según costumbre de su época, autorizada por el ejemplo de la +reina María Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar +diestramente a horcajadas. + +--A buena parte me trajisteis--decía don Pedro, ahogado entre el polvo y +contrariadísimo por no poder moverse del asiento. + +--Aquí te queremos--le replicaban Rita y Manolita, palmoteando +triunfantes--, porque aunque te empeñes, no hay medio de correr tras de +nosotras, ni de hacernos barrabasadas. Llegó la nuestra. Te vamos a +vestir con espadín y chupa. Ya verás. + +--Buena gana tengo de ponerme de máscara. + +--Un minuto solamente. Para ver qué facha haces. + +--Os digo que no me visto de mamarracho. + +--¿Cómo que no? Se nos ha puesto a nosotras en el moño. + +--Mirad que os pesará. La que se me acerque ha de arrepentirse. + +--¿Y qué nos harás, fantasmón? + +--Eso no se dice hasta que se vea. + +La misteriosa amenaza pareció infundir temor en las primas, que se +limitaron por entonces a inofensivas travesuras, a algún plumerazo más o +menos. Adelantaba la limpieza del desván: Manolita, con sus brazos +nervudos, manejaba los trastos; Rita los clasificaba; Nucha los sacudía +y doblaba esmeradamente; Carmen tomaba poca parte en el trajín, y menos +aún en la jarana: dos o tres veces se eclipsó, para asomarse a la +galería sin duda. Las demás le soltaron indirectas. + +--¿Qué tal está el día, Carmucha? ¿Llueve o hace sol? + +--¿Pasa mucha gente por la calle? Contesta, mujer. + +--Ésa siempre está pensando en las musarañas. + +A medida que las prendas iban quedando limpias de polvo, las chicas se +las probaban. A Manolita le sentaba a maravilla el uniforme de coronel, +por su tipo hombruno. Rita era un encanto con la dulleta de seda +verdegay de la abuela. Carmen sólo consintió en dejarse poner un +estrafalario adorno, un penacho triple, que allá cuando se estrenó se +llamaba _Las tres potencias_. Tocóle a Nucha la probatura de las +mantillas de blonda. A todo esto la tarde caía, y en el telarañoso +recinto del desván se veía muy poco. La penumbra era favorable a los +planes de las muchachas; aprovechando la ocasión propicia, acercáronse +disimuladamente las dos mayores a don Pedro, y mientras Rita le plantaba +en la cabeza un sombrero de tres picos, Manolita le echaba por los +hombros una chupa color tórtola, con guirnaldas de flores azules y +amarillas. + +Fue de confusión el momento que siguió a esta diablura sosa. Don Pedro, +medio a gatas porque de otro modo no se lo consentía la poca altura del +desván, perseguía a sus primas, resuelto a tomar memorable venganza; y +ellas, exhalando chillidos ratoniles, tropezando con los muebles y +cachivaches esparcidos aquí y acullá, procuraban buscar la puertecilla +angosta, para evitar represalias. Mientras Rita se atrincheraba tras los +restos de una silla de manos y una desvencijada cómoda, huyeron dos +chicas, las menos valientes; y habiendo tenido Manolita la buena +ocurrencia de cegar momentáneamente a su primo arrojándole a la cabeza +un chal, pudo evadirse también Rita, jefe nato del motín. Desenredarse +del chal haciéndolo jirones, y lanzarse a la puerta y a la escalera en +seguimiento de la fugitiva, fueron acciones simultáneas en don Pedro. + +Saltó impetuosamente los peldaños, precipitándose en el corredor a +tientas, guiado por su instinto de perseguidor de alimañas ágiles, que +oye delante de sí el apresurado trotecillo de la hermosa res. En una +revuelta del pasillo le dio alcance. La defensa fue blanda, entrecortada +de risas. Don Pedro, determinado a infligir el castigo ofrecido, lo +aplicó en efecto cerca de una oreja, largo y sonoro. Parecióle que la +víctima no se resistía entonces; mas debía ser errónea tan maliciosa +suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de +hostilidades para huir nuevamente, gritando: + +--¿A que no me coges otra vez, cobarde? + +Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqués echó detrás de +la prima, que se había desvanecido ya en las negruras del pasadizo. +Éste, irregular y tortuoso, serpeaba alrededor de parte de la casa, +quebrándose en inesperados codos, y a veces estrechándose como longaniza +mal rellena. Rita llevaba ventaja en sus familiares angosturas. Oyó el +marqués chirriar puertas, indicio de que la chica se había acogido al +sagrado de alguna habitación. No estaba don Pedro para respetar +sagrados. Empujó la puerta tras la cual juzgaba parapetada a Rita. La +puerta resistía como si tuviese algún obstáculo delante; mas los puños +de don Pedro dieron cuenta fácilmente de la endeble trinchera de un par +de sillas, que vinieron al suelo con estrépito. Penetró en un cuarto +completamente oscuro, y por instinto alargó las manos a fin de no +tropezar con los muebles; advirtió que algo rebullía en las tinieblas; +tanteó el aire y palpó un bulto de mujer, que aprisionó en sus brazos +sin decir palabra, con ánimo de repetir el castigo. ¡Oh sorpresa! La +resistencia más tenaz y briosa, la protesta más desesperada, unas +manitas de acero que no podía cautivar, un cuerpo nervioso que se +sacudía rehuyendo toda presión, y al mismo tiempo varias exclamaciones +de profunda y verdadera congoja, dos o tres gritos ahogados que +demandaban socorro.... ¡Diantre! Aquello no se parecía a lo otro, no.... +Por ciego y exaltado que estuviese el marqués, hubo de comprender.... +Sintió una confusión insólita en él, y soltó a la chica. + +--Nuchiña, no llores.... Calla, mujer.... Ya te dejo; no te hago nada.... +Aguarda un instante. + +Registró precipitadamente sus bolsillos, rascó un fósforo, miró +alrededor, encendió una vela puesta en un candelabro.... Nucha, viéndose +libre, callaba; pero se mantenía a la defensiva. Volvió el marqués a +disculparse y a consolarla. + +--Nucha, no seas chiquilla.... Perdona, mujer.... Dispensa, no creía que +eras tú. + +Conteniendo un sollozo, exclamó Nucha: + +--Fuese quien fuese.... Con las señoritas no se hacen estas brutalidades. + +--Hija mía, tu señora hermanita me buscó..., y el que me busca, que no se +queje si me encuentra.... Ea, no haya más, no estés así disgustada. ¿Qué +va a decir de mí el tío? Pero ¿aún lloras, mujer? Cuidado que eres +sensible de veras. A ver, a ver esa cara. + +Alzó el candelabro para alumbrar el rostro de Nucha. Estaba ésta +encendida, demudada, y por sus mejillas corría despacio una lágrima; +pero al darle la luz en los ojos, no pudo menos de sonreír ligeramente y +secar el llanto con su pañuelo. + +--¡Hija! ¡Cualquiera se te atreve! ¡Eres una fierecita! ¡Y hasta fuerza +en los puños descubres en esos momentos! ¡Diantre! + +--Vete--ordenó Nucha recobrando su seriedad--. Ésta es mi habitación, y no +me parece decente que te estés metido en ella. + +Dio el marqués dos pasos para salir; y volviéndose de pronto, preguntó: + +--¿Quedamos amigos? ¿Se hacen las paces? + +--Sí, con tal que no vuelvas a las andadas--respondió con sencillez y +firmeza Nucha. + +--¿Qué me harás si vuelvo?--interrogó risueño el hidalgo campesino--. Capaz +eres de dejarme en el sitio de una manotada, chica. + +--No por cierto.... No tengo yo fuerzas para tanto. Haré otra cosa. + +--¿Cuál? + +--Decírselo a papá, muy clarito, para que se fije en lo que de seguro no +se le habrá pasado por la cabeza: que no parece natural vivir tú aquí no +siendo nuestro hermano y siendo nosotras muchachas solteras. Ya sé que +es un atrevimiento meterme a enmendarle la plana a papá; pero él no ha +reparado en esto, ni te cree capaz de gracias como las de hoy. En cuanto +note algo, se le ha de ocurrir sin que yo se lo sople al oído, pues no +soy quién para aconsejar a mi padre. + +--¡Caramba! Lo dices de un modo..., ¡como si fuese cuestión de vida o +muerte! + +--Pues así. + +Marchóse con estas despachaderas el marqués, y a la hora de la cena +estuvo taciturno y metido en sí, haciendo caso omiso de las zalamerías +de Rita. Nucha, aunque un poco alterada la fisonomía, se mostró como +siempre, afable, tranquila y atenta al buen servicio y orden de la mesa. +Aquella noche el marqués no dejó dormir a Julián, entreteniéndole hasta +las altas horas con larga y tendida plática. Los días siguientes fueron +de tregua; don Pedro salía bastante, y se le veía mucho en el Casino, +junto a la tribuna de los maldicientes. No perdía allí el tiempo. +Informábase de particularidades que le importaban, por ejemplo, el +verdadero estado de fortuna de su tío. En Santiago se decía lo que él +sospechaba ya: don Manuel Pardo mejoraba en tercio y quinto a su +primogénito Gabriel, que entre la mejora, su legítima y el vínculo, +vendría a arramblar con casi toda la casa de la Lage. No restaba más +esperanza a las primitas que la herencia de una tía soltera, doña +Marcelina, madrina de Nucha por más señas, que residía en Orense, +atesorando sórdidamente y viviendo como una rata en su agujero. Estas +nuevas dieron en qué pensar a don Pedro, que desveló a Julián algunas +noches más. Al cabo adoptó una resolución definitiva. + +Estremecióse de placer don Manuel Pardo viendo al sobrino entrar en su +despacho una mañana, con la expresión indefinible que se nota en el +rostro y continente de quien viene a tratar algo de importancia. Había +oído don Manuel que donde hay varias hermanas, lo difícil es deshacerse +de la primera, y después las otras se desprenden de suyo, como las +cuentas de una sarta tras la más próxima al cabo del hilo. Colocada +Rita, lo demás era tortas y pan pintado. Con Manolita cargaría por +último el finchado señorito de la Formoseda; a Carmen se le quitarían de +la cabeza ciertas locuras y siendo tan linda no le faltaría buen +acomodo; y Nucha.... Lo que es Nucha no le hacía a él peso en casa, pues +la gobernaba a las mil maravillas; además, a fuer de heredera presunta +de su madrina, no necesitaba ampararse casándose. Si no hallaba marido, +viviría con Gabriel cuando éste, acabada la carrera, se estableciese +según conviene al mayorazgo de la Lage. Con tan gratos pensamientos, don +Manuel abrió los oídos para mejor recibir el rocío de las palabras de su +sobrino.... Lo que recibió fue un escopetazo. + +--¿Por qué se asusta usted tanto, tío?--exclamaba don Pedro gozando en sus +adentros con la mortificación y asombro del viejo hidalgo--. ¿Hay +impedimento? ¿Tiene Nucha otro novio? + +Comenzó don Manuel a poner mil objeciones, callándose algunas que no +eran para dichas. Salió la corta edad de la muchacha, su delicada salud, +y hasta su poca hermosura alegó el padre, sazonando la observación con +alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no +preferirla. Dio al sobrino manotadas en los hombros y en las rodillas; +gastó chanzas, quiso aconsejarle como se aconseja a un niño que escoge +entre juguetes; y por último, tras de referir varios chascarrillos +adecuados al asunto y contados en dialecto, acabó por declarar que a las +demás chicas les daría algo al contraer matrimonio, pero que a Nucha... +como esperaba heredar lo de su tía.... Los tiempos estaban malos, +_abofé_.... Luego, encarándose con el marqués, le interrogó: + +--¿Y qué dice esa mosquita muerta de Nucha, vamos a ver? + +--Usted se lo preguntará, tío.... ¡Yo no le dije cosa de sustancia...! Ya +vamos viejos para andar haciendo cocos. + +¡Oh y qué marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena! +Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre sí, +trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que +denunciaban ojos como puños, trastornos en las horas de comer, +conferencias con amigos sesudos, curiosidades de dueña oficiosa que +apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una +cortina, todas las dramáticas menudencias que acompañan a un grave +suceso doméstico.... Y como en provincia las paredes son de cristal, se +murmuró en Santiago desaforadamente, glosando los _escándalos_ ocurridos +entre las señoritas de la Lage por causa del primo. Se acusó a Rita de +haber insultado agriamente a su hermana porque le quitaba el novio, y a +Carmen de ayudarla, porque Nucha reprendía su ventaneo. Se censuró a +Nucha también por falsa e hipócrita. Se le royeron los zancajos a don +Manuel, afirmando que había dicho en toda confianza a persona que lo +repitió en toda intimidad: «El sobrino no me había de salir de aquí sin +una de las chicas, y como se le antojó Nucha, hubo que dársela». Se +aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo +confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo +seguía detrás con don Manuel y Nucha. Ésta iba como avergonzada, +cabizbaja y modesta. Crecieron los comentarios cuando Rita salió para +Orense, a acompañar una temporada a la tía Marcelina, según dijo, y don +Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios +viviesen bajo un mismo techo en vísperas de boda. + +Ésta se efectuó llegada la dispensa pontificia, hacia fines del mes de +agosto. No faltaron los indispensables requisitos: finezas mutuas, +regalos de amigos y parientes, cajas de dulces muy emperifolladas para +repartir, buen ajuar de ropa blanca, las _galas_ venidas de Madrid en un +cajón monstruo. Dos o tres días antes de la ceremonia se recibió un +paquetito procedente de Segovia, y dentro de él un estuche. Contenía una +sortija de oro muy sencilla, y una cartulina figurando tarjeta, que +decía: «A mi inolvidable hermana Marcelina, su más amante hermano, +Gabriel». La novia lloró bastante con el obsequio de _su niño_, púsolo +en el dedo meñique de la mano izquierda, y allí se le reunió el otro +anillo que en la iglesia le ciñeron. + +Casáronse al anochecer, en una parroquia solitaria. Vestía la novia de +rico gro negro, mantilla de blonda y aderezo de brillantes. Al regresar +hubo refresco para la familia y amigos íntimos solamente: un refresco a +la antigua española, con almíbares, sorbetes, chocolate, vino generoso, +bizcochos, dulces variadísimos, todo servido en macizas salvillas y +bandejas de plata, con gran etiqueta y compostura. No adornaban la mesa +flores, a no ser las rosas de trapo de las _tartas_ o ramilletes de +piñonate; dos candelabros con bujías, altos como mecheros de catafalco, +solemnizaban el comedor; y los convidados, transidos aún del miedo que +infunde el terrible sacramento del matrimonio visto de cerca, hablaban +bajito, lo mismo que en un duelo, esmerándose en evitar hasta el repique +de las cucharillas en la loza de los platos. Parecía aquello la comida +postrera de los reos de muerte. Verdad es que el señor don Nemesio +Angulo, eclesiástico en extremo cortesano y afable, antiguo amigo y +tertuliano de don Manuel y autor de la dicha de los cónyuges, a quienes +acababa de bendecir, intentó soltar dos o tres cosillas festivas, en +tono decentemente jovial, para animar un poco la asamblea; pero sus +esfuerzos se estrellaron contra la seriedad de los concurrentes. Todos +estaban--es la frase de cajón--_muy afectados_, incluso el señorito de la +Formoseda, que acaso pensaba «cuando la barba de tu vecino...», y +Julián, que viendo colmados sus deseos y votos ardentísimos, triunfante +su candidatura, sentía no obstante en el corazón un peso raro, como si +algún presentimiento cruel se lo abrumase. + +Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo; dos o tres +veces su pulso desasentado le hizo verter el Pajarete que escanciaba al +buen don Nemesio, colocado en sitio preferente, a su derecha. El novio +entretanto conversaba con los hombres, y, al alzarse de la mesa, +repartió excelentes cigarros de que tenía rellena la petaca. Nadie +aludió al trascendental acontecimiento, ni se atrevió a decir la menor +chanza que pudiese poner colorada a la novia; pero al despedirse los +convidados, algunos caballeros recalcaron maliciosamente las _buenas +noches_, mientras matronas y doncellas, besando con estrépito a la +desposada, le chillaban al oído: «Adiós, _señora_.... Ya eres _señora_, +ya no es posible llamarte _señorita_...», celebrando tan trivial +observación con afectadas risas, y mirando a Nucha como para +aprendérsela de memoria. Cuando todos fueron saliendo, don Manuel Pardo +se acercó a su hija, y la oprimió contra el pecho colosal, sellándole la +frente con besos muy cariñosos. Hallábase realmente conmovido el señor +de la Lage: era la primera vez que casaba una hija; sentía desbordarse +en su alma la paternidad, y al tomar de la mano a Nucha para conducirla +a la cámara nupcial, alumbrándoles el camino Misia Rosario con un +candelabro de cinco brazos cogido de la mesa del comedor, no acertaba a +pronunciar palabra, y un poco de humedad se asomaba a sus lagrimales +áridos, y una sonrisa de orgullo y placer entreabría al mismo tiempo su +boca. En el umbral pudo exclamar al cabo: + +--¡Si levantase la cabeza tal día como hoy tu madre que en gloria esté! + +Ardían en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no +menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco; y como +no la iluminaba otra luz, ni se había soñado siquiera en el clásico +globo de porcelana que es de rigor en todo voluptuoso camarín de novela, +impregnaba la alcoba más misterio religioso que nupcial, completando su +analogía con una capilla u oratorio la forma del tálamo, cuyas cortinas +de damasco rojo franjeadas de oro se parecían exactamente a colgaduras +de iglesia, y cuyas sábanas blanquísimas, tersas y almidonadas, con +randas y encajes, tenían la casta lisura de los manteles de altar. +Cuando el padre se retiraba ya, murmurando «Adiós, Nuchiña, hija +querida», la novia le asió la diestra y se la besó humildemente, con +labios secos, abrasados de calentura. Quedó sola. Temblaba como la hoja +en el árbol, y al través de sus crispados nervios corría a cada instante +el escalofrío de la _muerte chiquita_, no por miedo razonado y +consciente, sino por cierto pavor indefinible y sagrado. Parecíale que +aquella habitación donde reinaba tan imponente silencio, donde ardían +tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hacía dos +horas aún se había puesto de hinojos.... Volvió a arrodillarse, divisando +allá en la sombra de la cabecera del lecho el antiguo Cristo de ébano y +marfil, a quien el cortinaje formaba severo dosel. Sus labios murmuraban +el consuetudinario rezo nocturno: «Un Padrenuestro por el alma de +mamá...». Oyéronse en el corredor pisadas recias, crujir de botas +flamantes, y la puerta se abrió. + + + + +Tomo II + + + + +-XII- + + +Quedaban migajas, no muy añejas aún, del pan de la boda, cuando don +Pedro celebró con Julián una conferencia, conviniendo ambos en lo +urgente de que el capellán se adelantase a salir a los Pazos para +adoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera, +mientras no iban a vivirla sus dueños. Julián aceptó la comisión, y +entonces el señorito mostró remordimientos o escrúpulos de habérsela +encomendado. + +--Mire usted--advirtió--que allí se necesitan muchas agallas.... Primitivo +es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cien vueltas.... + +--Dios delante. Matar no me matará. + +--No lo diga usted dos veces--insistió el señor de Ulloa, impulsado por +voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras y +apremiantes--. Ya le avisé a usted en otra ocasión de cómo es Primitivo: +capaz de cualquier desafuero.... Lo que yo no creo es que vaya a cometer +barbaridades por gusto de cometerlas, ni aun en el primer momento, +cuando le ciega el deseo de la venganza.... Con todo.... + +No era ésta la única vez que don Pedro manifestaba sagacidad en el +conocimiento de caracteres y personas, don esterilizado por la falta de +nociones de cultura moral y delicadeza, de ésas que hoy exige la +sociedad a quien, mediante el nacimiento, la riqueza o el poder, ocupa +en ella lugar preeminente. + +Prosiguió el señorito: + +--Primitivo no es un bárbaro.... Pero es un bribón redomado y taimadísimo, +que no se para en barras con tal de lograr sus fines.... ¡Demontres! +Harto estoy de saberlo.... El día que nos vinimos... si él pudiese +detenernos soplándonos un tiro a mansalva... no doy dos cuartos por su +pellejo de usted ni por el mío. + +Estremecióse Julián, y se le borraron las rosadas tintas de los pómulos. +No era de madera de héroes, lo cual le salía a la cara. A don Pedro le +divertía infinito el miedo del capellán. En la índole de don Pedro había +un fondo de crueldad, sostenido por su vida grosera. + +--Apostemos--exclamó riéndose--que la cruz aquélla del camino va usted a +pasarla rezando. + +--No digo que no--contestó Julián repuesto ya--; mas no por eso me niego a +ir. Es mi deber; de suerte que no hago nada de extraordinario en +cumplirlo. Dios sobre todo.... A veces no es tan fiero el león como lo +pintan. + +--No le tiene cuenta ahora a Primitivo meterse en dibujos. + +Calló Julián. Al cabo exclamó: + +--Señorito, ¡si usted adoptase una buena resolución! ¡Echar a ese hombre, +señorito, echarlo! + +--Calle usted, hombre, calle usted.... Le pondremos a raya.... Pero eso de +echar.... ¿Y los perros? ¿Y la caza? ¿Y aquellas gentes, y todo aquel +cotarro, que nadie me lo entiende sino él? Desengáñese usted: sin +Primitivo no me arreglo yo allí.... Haga usted la prueba, sólo por gusto, +de aquillotrarme algunas cosas de las que Primitivo maneja durmiendo.... +Además, crea usted lo que le digo, que es como el Evangelio: si echa +usted a Primitivo por la puerta, se nos entrará por la ventana. +¡Diantre! ¡Si sabré yo quién es Primitivo! + +Julián balbució: + +--¿Y... de lo demás...? + +--De lo demás.... Arréglese usted como quiera.... Lleva usted plenos +poderes. + +¡Ya lo creo que los llevaba! ¡Así llevase también alguna receta eficaz +para servirse de ellos! Investido de autoridad omnímoda, Julián sentía +en el fondo del alma una especie de compasión por la desvergonzada +manceba y el hijo espurio. Este último sobre todo. ¿Qué culpa tenía el +pobre inocente de las bellaquerías maternales? Siempre parecía duro +arrojarle de una casa donde, al fin y al cabo, el dueño era su padre. +Julián no se hubiera encargado jamás de tan ingrata comisión a no +parecerle que iba en ello la salvación eterna de don Pedro, y también el +sosiego temporal de la que él seguía llamando _señorita Marcelina_, +contra el dictamen de las convidadas a la boda. + +No sin aprensión cruzó de nuevo el triste país de lobos que antecedía al +valle de los Pazos. El cazador le aguardaba en Cebre, e hicieron la +jornada juntos; Primitivo, por más señas, se mostró tan sumiso y +respetuoso, que Julián, quien al revés que don Pedro poseía el don de +errar en el conocimiento práctico de las gentes, guardando los aciertos +para el terreno especulativo y abstracto, fue poco a poco desechando la +desconfianza, y persuadiéndose de que ya no tenía el zorro intenciones +de morder. El rostro impasible de Primitivo no revelaba rencor ni enojo. +Con su laconismo y seriedad habituales, hablaba del tiempo desapacible y +metido en agua, que casi no había consentido majar, ni segar el maíz, ni +vendimiar como Dios manda, ni cumplir en paz ninguna de las grandes +faenas agrícolas. Estaba en efecto el camino encharcado, lleno de +aguazales, y como había llovido por la mañana también, los pinos dejaban +escurrir de las verdes y brillantes púas de su ramaje gotas de agua que +se aplastaban en el sombrero de los viajeros. Julián iba perdiendo el +miedo y un gozo muy puro le inundaba el espíritu cuando saludó al +crucero con verdadera efusión religiosa. + +«Bendito seas, Dios mío--pensaba para sí--, pues me has permitido cumplir +una obra buena, grata a tus ojos. He encontrado en los Pazos, hace un +año, el vicio, el escándalo, la grosería y todas las malas pasiones; y +vuelvo trayendo el matrimonio cristiano, las virtudes del hogar +consagrado por ti. Yo, yo he sido el agente de que te has valido para +tan santa obra.... Dios mío, gracias». + +Cortaron el soliloquio ladridos vehementes: era la jauría del marqués, +que salía a recibir al montero mayor, haciendo locas demostraciones de +regocijo, zarandeando los rabos mutilados y abriendo de una cuarta las +fresquísimas bocas. Acariciólos Primitivo con su enjuta mano, pues era +sumamente afectuoso para los perros; y al nieto, que en pos de los +perros venía, le dio una especie de festivo soplamocos. Quiso Julián +besar al niño, pero éste se puso en polvorosa antes de que pudiese +lograrlo; y el capellán experimentó otra vez compasivos remordimientos, +causados por la vista de la ya repudiada criatura. A Sabel la halló en +el sitio de costumbre, entre sus pucheros, pero sin el antiguo séquito +de aldeanas viejas y mozas, de la Sabia y su dilatada progenie. Reinaba +en la cocina orden perfecto: todo limpio, sosegado y solitario; la +persona más severa y amiga de censurar no encontraría qué. El capellán +comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a +temer que su venida lo trastornara: idea dictada por su nativa timidez. +A la hora de cenar aumentó su sorpresa. Primitivo, más blando que un +guante, le daba cuenta en voz reposada de lo ocurrido allí durante medio +año, en materia de vacas paridas, obras emprendidas, rentas cobradas; y +mientras el padre reconocía así su autoridad superior, la hija le servía +diligente y humilde, con pegajosa dulzura de animal doméstico que +implora caricias. No sabía Julián qué cara poner en vista de una acogida +tan cordial. + +Creyó que mudarían de actitud al día siguiente, cuando, haciendo uso de +los plenísimos poderes y facultades omnímodas de que venía investido, +ordenó a la Agar y al Ismael de aquel patriarcado emigrar al desierto. +¡Milagro asombroso! Tampoco se alteró entonces la mansedumbre de +Primitivo. + +--Los señoritos traerán cocinera de allá, de Santiago...--explicaba +Julián, para fundar en algo la expulsión. + +--Por supuesto...--respondió Primitivo con la mayor naturalidad del +mundo--. Allá en la _vila_ guísase de otro modo.... Los señores tienen la +boca acostumbrada.... Cuadra bien, que yo también le iba a pedir que le +escribiese al señor marqués de traer quien cocinase. + +--¿Usted?--exclamó Julián, estupefacto. + +--Sí, señor.... La hija se me quiere casar.... + +--¿Sabel? + +--Sabel, sí, señor, anda en eso.... Con el gaitero de Naya, el _Gallo_.... +Por de contado se empeña en irse para su casa, así que les echen las +bendiciones.... + +Sintió Julián un sofocón de pura alegría. No pudo menos de pensar que en +todo aquel negocio de Sabel andaba visiblemente la mano de la +Providencia. ¡Sabel casada, alejada de allí; el peligro conjurado; las +cosas en orden, la salvación segura! Una vez más dio gracias al Dios +bondadoso que quita los estorbos de delante cuando la mezquina previsión +humana no cree posible removerlos siquiera.... La satisfacción que le +rebosaba en el semblante era tal, que se avergonzó de mostrarla ante +Primitivo, y empezó a charlar aprisa, por disimulo, felicitando al +cazador y augurando a Sabel un porvenir de ventura en el nuevo estado. +Aquella noche misma escribió al marqués la buena noticia. + +Pasaron días, siempre bonancibles. Proseguía Sabel mansa, Primitivo +complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta. Sólo notaba Julián +cierta resistencia pasiva en lo tocante al gobierno de los estados y +hacienda del marqués. En este terreno le fue absolutamente imposible +adelantar una pulgada. Primitivo sostenía su posición de verdadero +administrador, apoderado, y, entre bastidores, autócrata: Julián +comprendía que sus plenos poderes importaban tanto como la carabina de +Ambrosio, y hasta pudo cerciorarse, por indicios evidentes, de que el +influjo que ejercía el cazador en el circuito de los Pazos iba +haciéndose extensivo a toda la comarca; a menudo venían a conferenciar +con el mayordomo, en actitud respetuosa y servil, gentes de Cebre, de +Castrodorna, de Boán, de puntos más distantes todavía. En cuatro leguas +a la redonda no se movía una paja sin intervención y aquiescencia de +Primitivo. No poseía Julián fuerzas para luchar con él, ni lo intentaba, +pareciéndole secundario el perjuicio que a la casa de Ulloa originase la +mala administración de Primitivo, en proporción al daño inmenso que +estuvo a punto de causarle Sabel. Descartarse de la hija lo tenía él por +importante; en cuanto al padre.... + +Verdad es que la hija no se marchaba tampoco; pero se marcharía, ¡no +faltaba más! ¿Quién duda que se marcharía? Tranquilizaba a Julián una +señal en su concepto infalible: el haber sorprendido cierto anochecer, +cerca del pajar, a Sabel y al gallardo gaitero entretenidos en coloquios +más dulces que edificantes. Le ruborizó el encuentro, pero hizo la vista +gorda reflexionando que aquello era, por decirlo así, la antesala del +altar. Seguro de la victoria respecto a la mala hembra, transigió en lo +relativo al mayordomo. Cuanto más que éste no rechazaba las indicaciones +de Julián, ni le llevaba la contraria en cosa alguna. Si el capellán +ideaba planes, censuraba abusos o insistía en la urgente necesidad de +una reforma, Primitivo aprobaba, allanaba el camino, sugería medios, de +palabra se entiende; al llegar a la realización, ya era harina de otro +costal: empezaban las dificultades, las dilaciones: que hoy... que +mañana.... No hay fuerza comparable a la inercia. Primitivo decía a +Julián para consolarle: + +--Una cosa es hablar, y otra hacer.... + +O matar a Primitivo, o entregársele a discreción: el capellán comprendía +que no quedaba otro recurso. Fue un día a desahogar sus cuitas con don +Eugenio, el abad de Naya, cuyos discretos pareceres le alentaban mucho. +Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de +confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales. +La marina se había sublevado, echando del trono a la reina, y ésta se +encontraba ya en Francia, y se constituía un gobierno provisional, y se +contaba de una batalla reñidísima en el puente de Alcolea, y el ejército +se adhería, y el diablo y su madre.... Don Eugenio andaba, de puro +excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilación para +saber noticias ciertas. ¡Qué dirían el señor Arcipreste y el abad de +Boán! ¿Y Barbacana? Ahora sí que Barbacana estaba fresco: su eterno +adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montaría encima por +los siglos de los siglos, amén. Con el embullo de estos acontecimientos, +apenas atendió el abad de Naya a las tribulaciones de Julián. + + + + +-XIII- + + +Transcurrido algún tiempo de vida familiar con suegro y cuñadas, don +Pedro echó de menos su huronera. No se acostumbraba a la metrópoli +arzobispal. Ahogábanle las altas tapias verdosas, los soportales +angostos, los edificios de lóbrego zaguán y escalera sombría, que le +parecían calabozos y mazmorras. Fastidiábale vivir allí donde tres gotas +de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una +triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas. Le incomodaba +la perenne sinfonía de la lluvia que se deslizaba por los canalones +abajo o retiñía en los charcos causados por la depresión de las +baldosas. Quedábanle dos recursos no más para combatir el tedio: +discutir con su suegro o jugar un rato en el Casino. Ambas cosas le +produjeron en breve, no hastío, pues el verdadero hastío es enfermedad +moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino +irritación y sorda cólera, hija de la secreta convicción de su +inferioridad. Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de +educación adquirido en dilatados años de existencia ciudadana y el +consiguiente trato de gentes, así como por aquel bien entendido orgullo +de su nacimiento y apellido, que le salvaba de _adocenarse_ (era su +expresión predilecta). Aparte de la manía de referir en las sobremesas y +entre amigos de confianza mil anécdotas, no contrarias al pudor, pero sí +a la serenidad del estómago de los oyentes, era don Manuel persona +cortés y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir +a una junta en la Sociedad Económica de Amigos del País, llevar el +estandarte en una procesión, ser llamado al despacho de un gobernador en +consulta. Si deseaba retirarse al campo, no le atraía tan sólo la +perspectiva de dar rienda suelta a instintos selváticos, de andar sin +corbata, de no pagar tributo a la sociedad, sino que le solicitaban +aficiones más delicadas, de origen moderno: el deseo de tener un jardín, +de cultivar frutales, de hacer obras de albañilería, distracción que le +embelesaba y que en el campo es más barata que en la ciudad. Además, el +fino trato de su mujer, la perpetua compañía de sus hijas suavizara ya +las tradiciones rudas que por parte de los la Lage conservaba don +Manuel: cinco hembras respetadas y queridas civilizan al hombre más +agreste. He aquí por qué el suegro, a pesar de encontrarse +cronológicamente una generación más atrás que su yerno, estaba +moralmente bastantes años delante. + +Trataba don Manuel de descortezar a don Pedro; y no sólo fue trabajo +perdido, sino contraproducente, pues recrudeció su soberbia y le +infundió mayores deseos de emanciparse de todo yugo. Aspiraba el señor +de la Lage a que su sobrino se estableciese en Santiago, levantando la +casa de los Pazos y visitándola los veranos solamente, a fin de +recrearse y vigilar sus fincas; y al dar tales consejos a su yerno, los +entreveraba con indirectas y alusiones, para demostrar que nada ignoraba +de cuanto sucedía en la vieja madriguera de los Ulloas. Este género de +imposición y fiscalización, aunque tan disculpable, irritó a don Pedro, +que según decía, no aguantaba ancas ni gustaba de ser manejado por nadie +en el mundo. + +--Por lo mismo--declaró un día delante de su mujer--vamos a tomar soleta +pronto. A mí nadie me trae y lleva desde que pasé de chiquillo. Si callo +a veces, es porque estoy en casa ajena. + +Estar en casa ajena le exaltaba. Todo cuanto veía lo encontraba +censurable y antipático. El decoroso fausto del señor de la Lage; sus +bandejas y candelabros de plata; su mueblaje rico y antiguo; la +respetabilidad de sus relaciones, compuestas de lo más selecto de la +ciudad; su honesta tertulia nocturna de canónigos y personas formales +que venían a hacerle la partida de tresillo; sus criados respetuosos, a +veces descuidados, pero nunca insolentes ni entrometidos, todo se le +figuraba a don Pedro sátira viviente del desarreglo de los Pazos, de +aquella vida torpe, de las comidas sin mantel, de las ventanas sin +vidrios, de la familiaridad con mozas y gañanes. Y no se le despertaba +la saludable emulación, sino la ruin envidia y su hermano el ceñudo +despecho. Únicamente le consolaban los desatinados amoríos de Carmen; +celebraba la gracia, frotándose las manos, siempre que en el Casino se +comentaba la procacidad del estudiante y el descaro de la chiquilla. +¡Que rabiase su suegro! No bastaba tener sillas de damasco y alfombras +para evitar escándalos. + +Los altercados de don Pedro con su tío iban agriándose, y vino a +envenenarlos la discusión política, que enzarza más que ninguna otra, +especialmente a los que discuten por impresión, sin ideas fijas y +razonadas. Fuerza es confesar que el marqués estaba en este caso. Don +Manuel no era ningún lince, pero afiliado platónicamente desde muchos +años atrás al partido moderado puro, hecho a leer periódicos, conocía la +rutina; y había tomado tan a contrapelo el chasco de González Bravo y la +marcha de Isabel II, que se disparaba, poniéndose a dos dedos de +ahogarse, cuando el sobrino, por molestarle, le contradecía, disculpaba +a los revolucionarios, repetía las enormidades que la prensa y las +lenguas de entonces propalaban contra la majestad caída, y aparentaba +creerlas como artículo de fe. El tío le rebatía con acritud y calor, +alzando al cielo las gigantescas manos. + +--Allá en las aldeas--decía--se traga todo, hasta el mayor disparate.... No +tenéis formado el criterio, hijo, no tenéis formado el criterio, ésa es +vuestra desgracia.... Lo miráis todo al través de un punto de vista que +os forjáis vosotros mismos... (este tremendo disparate debía haberlo +aprendido don Manuel en algún artículo de fondo). Hay que juzgar con la +experiencia, con la sensatez. + +--¿Y usted se figura que somos tontos los que venimos de allá...? Puede +ser que aún tengamos más pesquis, y veamos lo que ustedes no ven... +(aludía a su prima Carmen, colgada de la galería en aquel momento). +Créame usted, tío, en todas partes hay bobalicones que se maman el +dedo.... ¡Vaya si los hay! + +La discusión tomaba carácter personal y agresivo; solía esto ocurrir a +la hora de la sobremesa; las tazas del café chocaban furiosas contra los +platillos; don Manuel, trémulo de coraje, vertía el anisete al llevarlo +a la boca; tío y sobrino alzaban la voz mucho más de lo regular, y +después de algún descompasado grito o frase dura, había instantes de +armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y +Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba +muy despacio las servilletas de todos deslizándolas en las anillas. Don +Pedro se levantaba de repente, rechazando su silla con energía, y, +haciendo temblar el piso bajo su andar fuerte, se largaba al Casino, +donde las mesas de tresillo funcionaban día y noche. + +Tampoco allí se encontraba bien. Sofocábale cierta atmósfera +intelectual, muy propia de ciudad universitaria. Compostela es pueblo en +que nadie quiere pasar por ignorante, y comprendía el señorito cuánto se +mofarían de él y qué chacota se le preparaba, si se averiguase con +certeza que no estaba fuerte en ortografía ni en otras _ías_ nombradas +allí a menudo. Se le sublevaba su amor propio de monarca indiscutible en +los Pazos de Ulloa al verse tenido en menos que unos catedráticos +acatarrados y pergaminosos, y aun que unos estudiantes troneras, con las +botas rojas y el cerebro caliente y vibrante todavía de alguna lectura +de autor moderno, en la Biblioteca de la Universidad o en el gabinete +del Casino. Aquella vida era sobrado activa para la cabeza del señorito, +sobrado entumecida y sedentaria para su cuerpo; la sangre se le +requemaba por falta de esparcimiento y ejercicio, la piel le pedía con +mucha necesidad baños de aire y sol, duchas de lluvia, friegas de +espinos y escajos, ¡plena inmersión en la atmósfera montés! + +No podía sufrir la nivelación social que impone la vida urbana; no se +habituaba a contarse como número par en un pueblo, habiendo estado +siempre de nones en su residencia feudal. ¿Quién era él en Santiago? Don +Pedro Moscoso a secas; menos aún: el yerno del señor de la Lage, el +marido de Nucha Pardo. El marquesado allí se había deshecho como la sal +en el agua, merced a la malicia de un viejecillo, miembro del +maldiciente triunvirato, a quien correspondía, por su acerada y +prodigiosa memoria y años innumerables, el ramo de averiguación y +esclarecimiento de añejos sucedidos, así como al más joven, que +conocemos ya, tocaban las investigaciones de actualidad, viniendo a ser +cronista el uno y analista el otro de la metrópoli. El cronista, pues, +hizo su oficio desentrañando la genealogía entera y verdadera de las +casas de Cabreira y Moscoso, probando ce por be que el título de Ulloa +no correspondía ni podía corresponder sino al duque de tal y cual, +grande de España, etc.; y demostrándolo mediante oportuna exhibición de +la _Guía de Forasteros_. Por cierto que al instruir estas diligencias se +hizo bastante burla de don Pedro y del señor de la Lage, a quien se +acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de sábanas +regalado a su hija; inocente desliz que el analista confirmó, +especificando dónde y cómo se habían marcado las susodichas sábanas, y +cuánto había costado el _escusón_ y el perendengue de la coronita. + +Impaciente ya, resolvió don Pedro la marcha antes de que pasase la +inclemencia del invierno, a fines de un marzo muy esquivo y desapacible. +Salía el coche para Cebre tan de madrugada, que no se veía casi; hacía +un frío cruel, y Nucha, acurrucada en el rincón del incómodo vehículo, +se llevaba a menudo el pañuelo a los ojos, por lo cual su marido la +interpeló con poca blandura: + +--¿Parece que vienes de mala gana conmigo? + +--¡Qué cosas tienes!--respondió la muchacha destapando el rostro y +sonriendo--. Es natural que sienta dejar al pobre papá y... y a las +chicas. + +--Pues ellas--murmuró el señorito--me parece que no te echarán memoriales +para que vuelvas. + +Nucha calló. El carruaje brincaba en los baches de la salida, y el +mayoral, con voz ronca, animaba al tiro. Alcanzaron la carretera y rodó +el armatoste sobre una superficie más igual. Nucha reanudó el diálogo +preguntando a su marido pormenores relativos a los Pazos, conversación a +que él se prestaba gustoso, ponderando hiperbólicamente la hermosura y +salubridad del país, encareciendo la antigüedad del caserón y alabando +la vida cómoda e independiente que allí se hacía. + +--No creas--decía a su mujer, alzando la voz para que no la cubriese el +ruido de los cascabeles y el retemblar de los vidrios--, no creas que no +hay gente fina allí.... La casa está rodeada de señorío principal: las +señoritas de Molende, que son muy simpáticas; Ramón Limioso, un cumplido +caballero.... También nos hará compañía el Abad de Naya.... ¡Pues y el +nuestro, el de Ulloa, que es presentado por mí! Ése es tan mío como los +perros que llevo a cazar.... No le mando que ladre y que porte porque no +se me antoja. ¡Ya verás, ya verás! Allí es uno alguien y supone algo. + +A medida que se acercaban a Cebre, que entraba en sus dominios, se +redoblaba la alegre locuacidad de don Pedro. Señalaba a los grupos de +castaños, a los escuetos montes de aliaga y exclamaba regocijadísimo: + +--¡Foro de casa...! ¡Foro de casa...! No corre por ahí una liebre que no +paste en tierra mía. + +La entrada en Cebre acrecentó su alborozo. Delante de la posada +aguardaban Primitivo y Julián; aquél con su cara de metal, enigmática y +dura, éste con el rostro dilatado por afectuosísima sonrisa. Nucha le +saludó con no menor cordialidad. Bajaron los equipajes, y Primitivo se +adelantó trayendo a don Pedro su lucia y viva yegua castaña. Iba éste a +montar, cuando reparó en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha, +y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de +esos que por formar en el centro una especie de comba, más parecen +hechos para despedir al jinete que para sustentarlo. + +--¿Cómo no le has traído a la señorita la borrica?--preguntó don Pedro, +deteniéndose antes de montar, con un pie en el estribo y una mano asida +a las crines de la yegua, y mirando al cazador con desconfianza. + +Primitivo articuló no sé qué de una pata coja, de un tumor frío.... + +--¿Y no hay más borricos en el país?, ¿eh? A mí no me vengas con eso. Te +sobraba tiempo para buscar diez pollinas. + +Volvióse hacia su mujer, y como para tranquilizar su conciencia, +preguntóle: + +--¿Tienes miedo, chica? Tú no estarás acostumbrada a montar. ¿Has andado +alguna vez en esta casta de aparejos? ¿Sabes tenerte en ellos? + +Nucha permanecía indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sin +soltar de la otra el saquillo de viaje. Al cabo murmuró: + +--Lo que es tenerme, sé.... El año pasado, cuando estuve de baños, monté +en mil aparejos nunca vistos.... Sólo que ahora.... + +Soltó el traje de repente, llegóse a su marido, y le pasó un brazo +alrededor del cuello, escondiendo la cara en su pechera como la primera +vez que había tenido que abrazarle; y allí, en una especie de murmullo o +secreteo dulcísimo, acabó la frase interrumpida. Pintóse en el rostro +del marqués la sorpresa, y casi al mismo tiempo la alegría inmensa, +radiante, el júbilo orgulloso, la exaltación de una victoria. Y +apretando contra sí a su mujer, con amorosa protección, exclamó a +gritos: + +--O no hay en tres leguas a la redonda una pollina mansa, o aunque la +tenga el mismo Dios del cielo y no la quiera prestar, aquí vendrá para +ti, a fe de Pedro Moscoso. Aguarda, hija, aguarda un minuto nada más.... +O mejor dicho, entra en la posada y siéntate.... A ver, un banco, una +silla para la señorita.... Espera, _Nuchiña_, vengo volando. Primitivo, +acompáñame tú. Abrígate, Nucha. + +Volando no, pero sí al cabo de media hora, volvió sin aliento. Traía del +ronzal una oronda borriquilla, bien arreada, dócil y segura: la propia +hacanea de la mujer del juez de Cebre. Don Pedro tomó en brazos a su +esposa y la sentó en la albarda, arreglándole la ropa con esmero. + + + + +-XIV- + + +Así que pudieron conferenciar reservadamente capellán y señorito, +preguntó don Pedro, sin mirar cara a cara a Julián: + +--¿Y... _ésa_? ¿Está todavía por aquí? No la he visto cuando entramos. + +Como Julián arrugase el entrecejo, añadió: + +--Está, está.... Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no +había encontrado modo de sacudírsela de encima. + +--Señorito, la verdad...--articuló Julián bastante disgustado--. Yo no sé +qué decir.... Ha sido una cosa que se ha ido enredando.... Primitivo me +juró y perjuró que la muchacha se iba a casar con el gaitero de Naya.... + +--Ya sé quién es--dijo entre dientes don Pedro, cuyo rostro se anubló. + +--Pues yo... como era bastante natural, lo creí. Además tuve ocasión de +persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel... tienen... trato. + +--¿Ha averiguado usted todo eso?--interrogó el marqués con ironía. + +--Señor, yo.... Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme +para no caer de inocente.... He preguntado por ahí y todo el mundo está +conforme en que andan para casarse; hasta don Eugenio, el abad de Naya, +me dijo que el muchacho había pedido sus papeles. Y por cierto que, a +pretexto de no sé qué enredo o dificultad en los tales papeles dichosos, +no se hizo la cosa todavía. + +Quedóse don Pedro callado, y al fin prorrumpió: + +--Es usted un santo. Ya podían venirme a mí con ésas. + +--Señor, la verdad es que si tuvieron intención de engañarme... digo que +son unos grandísimos pillos. Y la Sabel, si no está muerta y penada por +el gaitero, lo figura que es un asombro. Hace dos semanas fue a casa de +don Eugenio y se le arrodilló llorando y pidiendo por Dios que se diese +prisa a arreglarle el casamiento, porque aquel día sería el más feliz de +su vida. Don Eugenio me lo ha contado, y don Eugenio no dice una cosa +por otra. + +--¡Bribona! ¡Bribonaza!--tartamudeó el señorito, iracundo, paseándose por +la habitación aceleradamente. + +Sosegóse no obstante muy luego, y agregó: + +--No me pasmo de nada de eso, ni digo que don Eugenio mienta; pero... +usted... es un papanatas, un infeliz, porque aquí no se trata de Sabel, +¿entiende usted?, sino de su padre, de su padre. Y su padre le ha +engañado a usted como a un chino, vamos. La... mujer ésa, bien comprendo +que rabia por largarse; mas Primitivo es abonado para matarla antes que +tal suceda. + +--No, si también empezaba yo a maliciarme eso.... Mire usted que empezaba +a maliciármelo. + +El señorito se encogió de hombros con desdén, y exclamó: + +--A buena hora.... Deje usted ya de mi cuenta este asunto.... Y por lo +demás..., ¿qué tal, qué tal? + +--Muy mansos..., como corderos.... No se me han opuesto de frente a nada. + +--Pero habrán hecho de lado cuanto se les antoje.... Mire usted, don +Julián, a veces me dan ganas de empapillarle a usted. Lo mismito que a +los pichones. + +Julián replicó todo compungido: + +--Señorito, acierta usted de medio a medio. No hay forma de conseguir +nada aquí si Primitivo se opone. Tenía usted razón cuando me lo +aseguraba el año pasado. Y de algún tiempo acá, parece que aún le tienen +mayor respeto, por no decir más miedo. Desde que se armó la revolución y +andan agitadas las cosas políticas, y cada día recibimos una noticia +gorda, creo que Primitivo se mezcla en esos enredos, y recluta satélites +en el país.... Me lo ha asegurado don Eugenio, añadiendo que ya antes +tenía subyugada a mucha gente prestando a réditos. + +Guardaba silencio don Pedro. Por fin alzó la cabeza y dijo: + +--¿Se acuerda usted de la burra que hubo que buscar en Cebre para mi +mujer? + +--¡No me he de acordar! + +--Pues la señora del juez..., ríase usted un poco, hombre..., la señora +del juez se avino a prestármela porque iba Primitivo conmigo. Si no.... + +No hizo Julián reflexión alguna acerca de un suceso que tanto indignaba +al marqués. Al terminar la conferencia, don Pedro le puso la mano en el +hombro. + +--¿Y por qué no me da usted la enhorabuena, desatento?--exclamó con +aquella misma irradiación que habían tenido sus pupilas en Cebre. + +Julián no entendía. El señorito se explicó cayéndosele la baba de gozo. +Sí, señor, para octubre, el tiempo de las castañas..., esperaba el mundo +un Moscoso, un Moscoso auténtico y legítimo... hermoso como un sol +además. + +--¿Y no puede también ser una Moscosita?--preguntó Julián después de +reiteradas felicitaciones. + +--¡Imposible!--gritó el marqués con toda su alma. Y como el capellán se +echase a reír, añadió:--Ni de guasa me lo anuncie usted, don Julián.... Ni +de guasa. Tiene que ser un chiquillo, porque si no le retuerzo el +pescuezo a lo que venga. Ya le he encargado a Nucha que se libre bien de +traerme otra cosa más que un varón. Soy capaz de romperle una costilla +si me desobedece. Dios no me ha de jugar tan mala pasada. En mi familia +siempre hubo sucesión masculina: Moscosos crían Moscosos, es ya +proverbial. ¿No lo ha reparado usted cuando estuvo almorzándose el polvo +del archivo? Pero usted es capaz de no haber reparado tampoco el estado +de mi mujer, si no le entero yo ahora. + +Y era verdad. No sólo no lo había echado de ver, sino que tan natural +contingencia no se le había pasado siquiera por las mientes. La +veneración que por Nucha sentía y que iba acrecentándose con el trato, +cerraba el paso a la idea de que pudiesen ocurrirle los mismos percances +fisiológicos que a las demás hembras del mundo. Justificaba esta +candorosa niñería el aspecto de Nucha. La total inocencia, que se +pintaba en sus ojos vagos y como perdidos en contemplaciones de un mundo +interior, no había menguado con el matrimonio; las mejillas, un poco más +redondeadas, seguían tiñéndose del carmín de la vergüenza por el menor +motivo. Si alguna variación podía observarse, algún signo revelador del +tránsito de virgen a esposa, era quizás un aumento de pudor; pudor, por +decirlo así, más consciente y seguro de sí mismo; instinto elevado a +virtud. No se cansaba Julián de admirar la noble seriedad de Nucha +cuando una chanza atrevida o una palabra malsonante hería sus oídos; la +dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable +que la resguardaba hasta contra las osadías del pensamiento; la bondad +con que agradecía la atención más leve, pagándola con frases compuestas, +pero sinceras; la serenidad de toda su persona, semejante al caer de una +tarde apacibilísima. Parecíale a Julián que Nucha era ni más ni menos +que el tipo ideal de la bíblica Esposa, el poético ejemplar de la Mujer +fuerte, cuando aún no se ha borrado de su frente el nimbo del candor, y +sin embargo ya se adivina su entereza y majestad futura. Andando el +tiempo aquella gracia había de ser severidad, y a las oscuras trenzas +sucederían las canas de plata, sin que en la pura frente imprimiese +jamás una mancha el delito ni una arruga el remordimiento. ¡Cuán +sazonada madurez prometía tan suave primavera! Al pensarlo, felicitábase +otra vez Julián por la parte que le cabía en la acertada elección del +señorito. + +Con desinteresada satisfacción se decía a sí mismo que había logrado +contribuir al establecimiento de una cosa gratísima a Dios, e +indispensable a la concertada marcha de la sociedad: el matrimonio +cristiano, lazo bendito, por medio del cual la Iglesia atiende +juntamente, con admirable sabiduría, a fines espirituales y materiales, +santificando los segundos por medio de los primeros. «La índole de tan +sagrada institución--discurría Julián--es opuesta a impúdicos extremos y +arrebatos, a romancescos y necios desahogos, ardientes y roncos arrullos +de tórtola»; por eso alguna vez que el esposo se deslizaba a +familiaridades más despóticas que tiernas, parecíale al capellán que la +esposa sufría mucho, herida en su cándida modestia, en su decente +compostura; figurábasele que la caída de sus párpados, su encendimiento, +su silencio, eran muda protesta contra libertades impropias del honesto +trato conyugal. Si ante él sucedían tales cosas, a la mesa por ejemplo, +Julián torcía la cara, haciéndose el distraído, o alzaba el vaso para +beber, o fingía atender a los perros, que husmeaban por allí. + +Le asaltaba entonces un escrúpulo, de ésos que se quiebran de sutiles. +Por muy perfecta casada que hiciese Nucha, su condición y virtudes la +llamaban a otro estado más meritorio todavía, más parecido al de los +ángeles, en que la mujer conserva como preciado tesoro su virginal +limpieza. Sabía Julián por su madre que Nucha manifestaba a veces +inclinación a la vida monástica, y daba en la manía de deplorar que no +hubiese entrado en un convento. Siendo Nucha tan buena para mujer de un +hombre, mejor sería para esposa de Cristo; y las castas nupcias dejarían +intacta la flor de su inocencia corporal, poniéndola para siempre al +abrigo de las tribulaciones y combates que en el mundo nunca faltan. + +Esto de los combates le recordaba a Sabel. ¿Quién duda que su +permanencia en casa era ya un peligro para la tranquilidad de la esposa +legítima? No imaginaba Julián riesgos inmediatos, pero presentía algo +amenazador para lo porvenir. ¡Horrible familia ilegal, enraizada en el +viejo caserón solariego como las parietarias y yedras en los derruidos +muros! Al capellán le entraban a veces impulsos de coger una escoba, y +barrer bien fuerte, bien fuerte, hasta que echase de allí a tan mala +ralea. Pero cuando iba más determinado a hacerlo, tropezaba en la +egoísta tranquilidad del señorito y en la resistencia pasiva, +incontrastable del mayordomo. Sucedió además una cosa que aumentó la +dificultad de la barredura: la cocinera enviada de Santiago empezó a +malhumorarse, quejándose de que no entendía la cocina, de que la leña no +ardía bien, del humo, de todo; Sabel, muy servicial, acudió a ayudarla; +y a los pocos días la cocinera, cansada de aldea, se despidió con malos +modos, y Sabel quedó en su sitio, sin que mediasen más fórmulas para el +reemplazo que asir el mango de la sartén cuando la otra lo soltó. Julián +no tuvo ni tiempo de protestar contra este cambio de ministerio y vuelta +al antiguo régimen. Lo cierto es que la familia espuria se mostraba por +entonces incomparablemente humilde: a Primitivo no se le encontraba sino +llamándole cuando hacía falta; Sabel se eclipsaba apenas dejaba la +comida puesta a la lumbre y confiada al cuidado de las mozas de +fregadero; el chiquillo parecía haberse evaporado. + +Y con todo, al capellán no le llegaba la camisa al cuerpo. ¡Si Nucha se +enteraba! ¿Y quién duda que se enteraría en el momento menos pensado? +Por desgracia la nueva esposa mostraba afición suma a recorrer la casa, +a informarse de todo, a escudriñar los sitios más recónditos y +trasconejados, verbigracia desvanes, bodegas, lagar, palomar, hórreos, +_tulla_, perreras, cochiqueras, gallinero, establos y _herbeiros_ o +depósitos de forraje. No le llegaba a Julián la camisa al cuerpo, +temblando que en alguna de estas dependencias recibiese Nucha a boca de +jarro, por impensado incidente, la atroz revelación. Y al mismo tiempo, +¿cómo oponerse al útil merodeo del ama de casa hacendosa por sus +dominios? Parecía que con la joven señora entraban en cada rincón de los +Pazos la alegría, la limpieza y el orden, y que la saludaba el rápido +bailotear del polvo arremolinado por las escobas, la vibración del rayo +de sol proyectado en escondrijos y zahurdas donde las espesas telarañas +no lo habían dejado penetrar desde años antes. + +Seguía Julián a Nucha en sus exploraciones, a fin de vigilar y evitar, +si cabía, cualquier suceso desgraciado. Y en efecto, su intervención fue +provechosa cuando Nucha descubrió en el gallinero cierto pollo implume. +El caso merece referirse despacio. + +Había observado Nucha que en aquella casa de bendición las gallinas no +ponían jamás, o si ponían no se veía la postura. Afirmaba don Pedro que +se gastaban al año bastantes _ferrados_ de centeno y mijo en el corral; +y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de sí. Lo que es +cacarear, cacareaban como descosidas, indicio evidente de que andaban en +tratos de soltar el huevo; oíase el himno triunfal de las fecundas a la +vez que el blando cloquear de las lluecas; se iba a ver el nido, se +advertía en él suave calorcillo, se distinguía la paja prensada +señalando en relieve la forma del huevo.... Y nada; que no se podía +juntar ni para una mala tortilla. Nucha permanecía ojo alerta. Un día +que acudió más diligente al cacareo delator, divisó agazapado en el +fondo del gallinero, escondiéndose como un ratoncillo, un rapaz de pocos +años. Sólo asomaban entre la paja de la nidadura sus descalzos pies. +Nucha tiró de ellos y salió el cuerpo, y tras del cuerpo las manos, en +las cuales venía ya el plato que apetecía el ama de casa, pues los +huevos que el chico acababa de ocultar se le habían roto con la prisa, y +la tortilla estaba allí medio hecha, batida por lo menos. + +--¡Ah pícaro!--exclamó Nucha cogiéndole y sacándole afuera, a la luz del +corral--. ¡Te voy a desollar vivo, gran tunante! ¡Ya sabemos quién es el +zorro que se come los huevos! Hoy te pongo el trasero en remojo, donde +no lo veas. + +Agitábase y perneaba el ladrón en miniatura; Nucha sintió lástima, +imaginándose que sollozaba con desconsuelo. Apenas logró verle un minuto +la cara desviándole de ella los brazos, pudo convencerse de que el muy +insolente no hacía sino reírse a más y a mejor, y también notar la +extraordinaria lindeza del desharrapado chicuelo. Julián, testigo +inquieto de esta escena, se adelantó y quiso arrebatárselo a Nucha. + +--Déjemelo usted, don Julián...--suplicó ella--. ¡Qué guapo!, ¡qué pelo!, +¡qué ojos! ¿De quién es esta criatura? + +Nunca el timorato capellán sintió tantas ganas de mentir. No atinó, sin +embargo. + +--Creo...--tartamudeó atragantándose--, creo que... de Sabel, la que guisa +estos días. + +--¿De la criada? Pero.... ¿está casada esa chica? + +Creció la turbación de Julián. De esta vez tenía en la garganta una pera +de ahogo. + +--No, señora; casada, no.... Ya sabe usted que... desgraciadamente... las +aldeanas..., por aquí... no es común que guarden el mayor recato.... +Debilidades humanas. + +Sentóse Nucha en un poyo del corral que con el gallinero lindaba, sin +soltar al chiquillo, empeñándose en verle la cara mejor. Él porfiaba en +taparla con manos y brazos, pegando respingos de conejo montés cautivo y +sujeto. Sólo se descubría su cabellera, el monte de rizos castaños como +la propia castaña madura, envedijados, revueltos con briznas de paja y +motas de barro seco, y el cuello y nuca, dorados por el sol. + +--Julián, ¿tiene usted ahí una pieza de dos cuartos? + +--Sí, señora. + +--Toma, _rapaciño_.... A ver si me pierdes el miedo. + +Fue eficaz el conjuro. Alargó el chiquillo la mano, y metió rápidamente +en el seno la moneda. Nucha vio entonces el rostro redondeado, hoyoso, +graciosísimo y correcto a la vez, como el de los amores de bronce que +sostienen mecheros y lámparas. Una risa entre picaresca y celestial +alegraba tan linda obra de la naturaleza. Nucha le plantó un beso en +cada carrillo. + +--¡Qué monada! ¡Dios lo bendiga! ¿Cómo te llamas, pequeño? + +--Perucho--contestó el pilluelo con sumo desenfado. + +--¡El nombre de mi marido!--exclamó la señorita con viveza--. ¿Apostemos a +que es su ahijado? ¿Eh? + +--Es su ahijado, su ahijado--se apresuró a declarar Julián, que desearía +ponerle al chico un tapón en aquella boca risueña, de carnosos labios +cupidinescos. No pudiendo hacerlo intentó sacar la conversación de +terreno tan peligroso. + +--¿Para qué querías tú los huevos? Dilo y te doy otros dos cuartos, anda. + +--Los vendo--declaró Perucho concisamente. + +--Con que los vendes, ¿eh? Tenemos aquí un negociante.... ¿Y a quién los +vendes? + +--A las mujeres de por ahí, que van a la _vila_.... + +--Sepamos, ¿a cómo te pagan? + +--Dos cuartos por la _ducia_. + +--Pues mira--díjole Nucha cariñosamente--, de aquí en adelante me los vas a +vender a mí, que te pagaré otro tanto. Por lo bonito que eres no quiero +reñirte ni enfadarme contigo. ¡Quiá! Vamos a ser muy amigotes tú y yo. +Lo primerito que te he de regalar son unos pantalones.... No andas muy +decente que digamos. + +En efecto, por los desgarrones y aberturas del sucio calzón de estopa +del chico hacían irrupción sus fresquísimas y lozanas carnes, cuya +morbidez no alcanzaba a encubrir el fango y suciedad que les servía de +vestidura, a falta de otra más decorosa. + +--¡Angelitos!--murmuró Nucha--. ¡Parece mentira que los traigan así! Yo no +sé cómo no se matan, cómo no perecen de frío.... Julián, hay que vestir a +este niño Jesús. + +--Sí, ¡buen niño Jesús está él!--gruñó Julián--. El mismísimo enemigo malo, +¡Dios me perdone! No le tenga lástima, señorita; es un diablillo, más +travieso que un mico.... Lo que no hice yo para enseñarle a leer y +escribir, para acostumbrarle a que se lavase esos hocicos y esas +patas.... ¡Ni atándolo, señorita, ni atándolo! Y está más sano que una +manzana con la vida que trae. Ya se ha caído dos veces al estanque este +año, y de una por poco se ahoga. + +--Vaya, Julián, ¿qué quiere usted que haga a su edad? No ha de ser formal +como los mayores. Ven conmigo, rapaz, que voy a arreglarte algo para que +te tapes esas piernecitas.... ¿No tiene calzado? Pues hay que encargarle +unos zuecos bien fuertes, de álamo.... Y le voy a predicar un sermón a su +madre para que me lo enjabone todos los días. Usted le va a dar lección +otra vez. O le haremos ir a la escuela, que será lo mejor. + +No hubo quien apease a Nucha de su caritativo propósito. Julián estaba +con el alma en un hilo, temiendo que de semejante aproximación resultase +alguna catástrofe. No obstante, la bondad natural de su corazón hizo que +se interesase nuevamente por aquella obra pía, que ya había intentado +sin fruto. Veía en ella mayor demostración de la hermosura moral de +Nucha. Parecíale que era providencial el que la señorita cuidase a aquel +mal retoño de tronco ruin. Y Nucha entretanto se divertía infinito con +su protegido; hacíale gracia su propia desvergüenza, sus instintos +truhanescos, su afán por apandar huevos y fruta, su avidez al coger las +monedas, su afición al vino y a los buenos bocados. Aspiraba a enderezar +aquel arbolito tierno, civilizándole a la vez la piel y el espíritu. +Obra de romanos, decía el capellán. + + + + +-XV- + + +Por entonces se dedicó el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la +aristocracia circunvecina. Nucha montaba la borriquilla, y su marido la +yegua castaña; Julián los acompañaba en mula; alguno de los perros +favoritos del marqués se incorporaba a la comitiva siempre, y dos mozos, +vestidos con la ropa dominguera, la más bordada faja, el sombrero de +fieltro nuevecito, empuñando varas verdes que columpiaban al andar, iban +de espolistas, encargados de _tener mano_ de las monturas cuando se +apeasen los jinetes. + +La tanda empezó por la señora jueza de Cebre. Abrió la puerta la criada +en pernetas, que al ver a Nucha bajarse de su cabalgadura y arreglar los +volantes del traje con el mango de la sombrilla, echó a correr +despavorida hacia el interior de la casa, clamando como si anunciase +fuego o ladrones: + +--Señora.... ¡Ay, mi señora! ¡Unos señores...!, ¡hay unos señores aquí! + +Ningún eco respondió a sus alaridos de consternación; pero transcurridos +breves minutos, apareció en el zaguán el juez en persona, deshaciéndose +en excusas por la torpeza de la muchacha: era inconcebible el trabajo +que costaba domesticarlas; se les repetía mil veces la misma cosa, y +nada, no aprendían a recibir a las... pues... de la manera que.... Al +murmurar así, arqueaba el codo ofreciendo a Nucha el sostén de su brazo +para subir la escalera; y siendo ésta tan angosta que no cabían dos +personas de frente, la señora de Moscoso pasaba los mayores trabajos del +mundo intentando asirse con las yemas de los dedos al brazo del buen +señor, que subía dos escalones antes que ella todo torcido y sesgado. +Llegados a la puerta de la sala, el juez empezó a palparse, buscando +ansiosamente algo en los bolsillos, articulando a media voz monosílabos +entrecortados y exclamaciones confusas. De repente exhaló una especie de +bramido terrible. + +--Pepa.... ¡Pepaaaá! + +Se oyó el ¡_clac_! de los pies descalzos, y el juez interpeló a la +fámula: + +--La llave, ¿vamos a ver? ¿Dónde Judas has metido la llave? + +Pepa se la alargaba ya a toda prisa, y el juez, cambiando de tono y +pasando de la más furiosa ronquera a la más meliflua dulzura, empujó la +puerta y dijo a Nucha: + +--Por aquí, señora mía, por aquí..., tenga usted la bondad.... + +La sala estaba completamente a oscuras. Nucha tropezó con una mesa, a +tiempo que el juez repetía: + +--Tenga usted la bondad de sentarse, señora mía.... Usted dispense.... + +La claridad que bañó la habitación, una vez abiertas las maderas de la +ventana, permitió a Nucha distinguir al fin el sofá de _repis_ azul, los +dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a +los pies del sofá y que representaba un ferocísimo tigre de Bengala, +color de canela fina. Al juez todo se le volvía acomodar a los +visitadores, insistiendo mucho en si al marqués de Ulloa le convenía la +luz de frente o estaría mejor de espaldas a la vidriera; al mismo tiempo +lanzaba ojeadas de sobresalto en derredor, porque le iba sabiendo mal la +tardanza de su mujer en presentarse. Esforzábase en sostener la +conversación, pero su sonrisa tenía la contracción de una mueca, y su +ojo severo se volvía hacia la puerta muy a menudo. Al cabo se oyó en el +corredor crujido de enaguas almidonadas: la señora jueza entró, sofocada +y compuesta de fresco, según claramente se veía en todos los pormenores +de su tocado; acababa de embutir su respetable humanidad en el corsé, y +sin embargo no había logrado abrochar los últimos botones del corpiño de +seda; el moño postizo, colocado a escape, se torcía inclinándose hacia +la oreja izquierda; traía un pendiente desabrochado, y no habiéndole +llegado el tiempo para calzarse, escondía con mil trabajos, entre los +volantes pomposos de la falda de seda, las babuchas de orillo. + +Aunque Nucha no pecaba de burlona, no pudo menos de hacerle gracia el +atavío de la jueza, que pasaba por el figurín vivo de Cebre, y a +hurtadillas sonrió a Julián mostrándole con imperceptible guiño los +collares, dijes y broches que lucía en el cuello la señora, mientras +ésta a su vez devoraba e inventariaba el sencillo adorno de la recién +casada santiaguesa. La visita fue corta, porque el marqués deseaba +_cumplir_ aquel mismo día con el Arcipreste, y la parroquia de Loiro +distaba una legua por lo menos de la villita de Cebre. Se despidieron de +la autoridad judicial tan ceremoniosamente como habían entrado, con los +mismos requilorios de brazo y acompañamiento y muchos ofrecimientos de +casa y persona. + +Era preciso para ir a Loiro internarse bastante en la montaña, y seguir +una senda llena de despeñaderos y precipicios, que sólo se hacía +practicable al acercarse a los dominios del arciprestazgo, vastos y +ricos algún día, hoy casi anulados por la desamortización. La rectoral +daba señales de su esplendor pasado; su aspecto era conventual; al +entrar y apearse en el zaguán, los señores de Ulloa sintieron la +impresión del frío subterráneo de una ancha cripta abovedada, donde la +voz humana retumbaba de un modo extraño y solemne. Por la escalera de +anchos peldaños y monumental balaústre de piedra bajaba +dificultosamente, con la lentitud y el balanceo con que caminan los osos +puestos en dos pies, una pareja de seres humanos monstruosa, deforme, +que lo parecía más viéndola así reunida: el Arcipreste y su hermana. +Ambos jadeaban: su dificultosa respiración parecía el resuello de un +accidentado; las triples roscas de la papada y el rollo del pestorejo +aureolaban con formidable nimbo de carne las faces moradas de puro +inyectadas de sangre espesa; y cuando se volvían de espaldas, en el +mismo sitio en que el Arcipreste lucía la tonsura ostentaba su hermana +un moñito de pelo gris, análogo al que gastan los toreros. Nucha, a +quien el recibimiento del juez y el tocado de su señora habían puesto de +buen humor, volvió a sonreír disimuladamente, sobre todo al notar los +_quidproquos_ de la conversación, producidos por la sordera de los dos +respetables hermanos. No desmintiendo éstos la hospitalaria tradición +campesina, hicieron pasar a los visitadores, quieras no quieras, al +comedor, donde un mármol se hubiera reído también observando cómo la +mesa del refresco, la misma en que comían a diario los dueños de casa, +tenía dos escotaduras, una frente a otra, sin duda destinadas a alojar +desahogadamente la rotundidad de un par de abdómenes gigantescos. + +El regreso a los Pazos fue animado por comentarios y bromas acerca de +las visitas: hasta Julián dio de mano a su formalidad y a su indulgencia +acostumbrada para divertirse a cuenta de la mesa escotada y del almacén +de quincalla que la señora jueza lucía en el pescuezo y seno. Pensaban +con regocijo en que al día siguiente se les preparaba otra excursión del +mismo género, sin duda igualmente divertida: tocábales ver a las +señoritas de Molende y a los señores de Limioso. + +Salieron de los Pazos tempranito, porque bien necesitaban toda la larga +tarde de verano para cumplir el programa; y acaso no les alcanzaría, si +no fuese porque a las señoritas de Molende no las encontraron en casa; +una mocetona que pasaba cargada con un haz de hierba explicó +difícilmente que las señoritas _iban en_ la feria de Vilamorta, y sabe +Dios cuándo volverían de allá. Le pesó a Nucha, porque las señoritas, +que habían estado en los Pazos a verla, le agradaban, y eran los únicos +rostros juveniles, las únicas personas en quienes encontraba +reminiscencias de la cháchara alegre y del fresco pico de sus hermanas, +a las cuales no podía olvidar. Dejaron un recado de atención a cargo de +la mocetona y torcieron monte arriba, camino del Pazo de Limioso. + +El camino era difícil y se retorcía en espiral alrededor de la montaña; +a uno y otro lado, las cepas de viña, cargadas de follaje, se inclinaban +sobre él como para borrarlo. En la cumbre amarilleaba a la luz del sol +poniente un edificio prolongado, con torre a la izquierda, y a la +derecha un palomar derruido, sin techo ya. Era la señorial mansión de +Limioso, un tiempo castillo roquero, nido de azor colgado en la +escarpada umbría del montecillo solitario, tras del cual, en el +horizonte, se alzaba la cúspide majestuosa del inaccesible Pico Leiro. +No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa +infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los +labriegos con acento más respetuoso el calificativo de _Pazo_, +_palacio_, reservado a las moradas hidalgas. + +Desde bastante cerca, el Pazo de Limioso parecía deshabitado, lo cual +aumentaba la impresión melancólica que producía su desmantelado palomar. +Por todas partes indicios de abandono y ruina: las ortigas obstruían la +especie de plazoleta o patio de la casa; no faltaban vidrios en las +vidrieras, por la razón plausible de que tales vidrieras no existían, y +aun alguna madera, arrancada de sus goznes, pendía torcida, como un +jirón en un traje usado. Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de +orín, subían las plantas parásitas, y festones de yedra seca y raquítica +corrían por entre las junturas desquiciadas de las piedras. Estaba el +portón abierto de par en par, como puerta de quien no teme a ladrones; +pero al sonido mate de los cascos de las monturas en el piso herboso del +patio, respondieron asmáticos ladridos y un mastín y dos perdigueros se +abalanzaron contra los visitantes, desperdiciando por las fauces el poco +brío que les quedaba, pues ninguno de aquellos bichos tenía más que un +erizado pelaje sobre una armazón de huesos prontos a agujerearlo al +menor descuido. El mastín no podía, literalmente, ejecutar el esfuerzo +del ladrido: temblábanle las patas, y la lengua le salía de un palmo +entre los dientes, amarillos y roídos por la edad. Apaciguáronse los +perdigueros a la voz del señor de Ulloa, con quien habían cazado mil +veces; no así el mastín, resuelto sin duda a morir en la demanda, y a +quien sólo acalló la aparición de su amo el señorito de Limioso. + +¿Quién no conoce en la montaña al directo descendiente de los paladines +y ricohombres gallegos, al infatigable cazador, al acérrimo +tradicionalista? _Ramonciño_ Limioso contaría a la sazón poco más de +veintiséis años, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus +facciones todas tenían una gravedad melancólica y dignidad algún tanto +burlesca para quien por primera vez lo veía. Su entristecido arqueo de +cejas le prestaba vaga semejanza con los retratos de Quevedo; su +pescuezo, flaco, pedía a voces la golilla, y en vez de la vara que tenía +en la mano, la imaginación le otorgaba una espada de cazoleta. Donde +quiera que se encontrase aquel cuerpo larguirucho, aquel gabán raído, +aquellos pantalones con rodilleras y tal cual remiendo, no se podía +dudar que, con sus pobres trazas, Ramón Limioso era un verdadero _señor +desde sus principios_--así decían los aldeanos--y no _hecho a puñetazos_, +como otros. + +Lo era hasta en el modo de ayudar a Nucha a bajarse de la borrica, en la +naturalidad galante con que le ofreció no el brazo, sino, a la antigua +usanza, dos dedos de la mano izquierda para que en ellos apoyase la +palma de su diestra la señora de Ulloa. Y con el decoro propio de un +paso de minueto, la pareja entró por el Pazo de Limioso adelante, +subiendo la escalera exterior que conducía al claustro, no sin peligro +de rodar por ella: tales estaban de carcomidos los venerables escalones. +El tejado del claustro era un puro calado; veíanse, al través de las +tejas y las vigas, innumerables retales de terciopelo azul celeste; la +cría de las golondrinas piaba dulcemente en sus nidos, cobijados en el +sitio más favorable, tras el blasón de los Limiosos, repetido en el +capitel de cada pilar en tosca escultura--tres peces bogando en un lago, +un león sosteniendo una cruz--. Fue peor cuando entraron en la antesala. +Muchos años hacía que la polilla y la vetustez habían dado cuenta de la +tablazón del piso; y no alcanzando, sin duda, los medios de los Limiosos +a echar piso nuevo, se habían contentado con arrojar algunas tablas +sueltas sobre los pontones y las vigas, y por tan peligroso camino cruzó +tranquilamente el señorito, sin dejar de ofrecer los dedos a Nucha, y +sin que ésta se atreviese a solicitar más firme apoyo. Cada tablón en +que sentaban el pie se alzaba y blandía, descubriendo abajo la negra +profundidad de la bodega, con sus cubas vestidas de telarañas. +Atravesaron impávidos el abismo y penetraron en la sala, que al menos +poseía un piso clavado, aunque en muchos sitios roto y en todos casi +reducido a polvo sutil por el taladro de los insectos. + +Nucha se quedó inmóvil de sorpresa. En un ángulo de la sala medio +desaparecía bajo un gran acervo de trigo un mueble soberbio, un vargueño +incrustado de concha y marfil; en las paredes, del betún de los cuadros +viejos y ahumados se destacaba a lo mejor una pierna de santo +martirizado, toda contraída, o el anca de un caballo, o una cabeza +carrilluda de angelote; frente a la esquina del trigo, se alzaba un +estrado revestido de cuero de Córdoba, que aún conservaba su rica +coloración y sus oros intensos; ante el estrado, en semicírculo, +magníficos sitiales escultados, con asiento de cuero también; y entre el +trigo y el estrado, sentadas en _tallos_ (asientos de tronco de roble +bruto, como los que usan los labriegos más pobres), dos viejas secas, +pálidas, derechas, vestidas de hábito del Carmen, ¡hilaban! + +Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las +novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular +efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales +parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa, manejando el +huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella +entró. En nombre de las dos estatuas--que eran las tías paternas del +señorito de Limioso--había visitado éste a Nucha; vivía también en el +Pazo el padre, paralítico y encamado, pero a éste nadie le echaba la +vista encima; su existencia era como un mito, una leyenda de la montaña. +Las dos ancianas se irguieron y tendieron a Nucha los brazos con +movimiento tan simultáneo que no supo a cuál de ellas atender, y a la +vez y en las dos mejillas sintió un beso de hielo, un beso dado sin +labios y acompañado del roce de una piel inerte. Sintió también que le +asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y +momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían +uno de los sitiales, y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror +que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo +del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de +la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda del +esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre.... + +Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía, y sin que se lo +comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello, +callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de +las cosas que se van. + + + + +-XVI- + + +Debía el sucesor de los Moscosos andar ya cerca de este mundo, porque +Nucha cosía sin descanso prendas menudas semejantes a ropa de muñecas. A +pesar de la asiduidad en la labor, no se desmejoraba, al contrario, +parecía que cada pasito de la criatura hacia la luz del día era en +beneficio de su madre. No podía decirse que Nucha hubiese engruesado, +pero sus formas se llenaban, volviéndose suaves curvas lo que antes eran +ángulos y planicies. Sus mejillas se sonroseaban, aunque le velaba +frente y sienes esa ligera nube oscura conocida por _paño_. Su pelo +negro parecía más brillante y copioso; sus ojos, menos vagos y más +húmedos; su boca, más fresca y roja. Su voz se había timbrado con notas +graves. En cuanto al natural aumento de su persona, no era mucho ni la +afeaba, prestando solamente a su cuerpo la dulce pesadez que se nota en +el de la Virgen en los cuadros que representan la Visitación. La +colocación de sus manos, extendidas sobre el vientre como para +protegerlo, completaba la analogía con las pinturas de tan tierno +asunto. + +Hay que reconocer que don Pedro se portaba bien con su esposa durante +aquella temporada de expectación. Olvidando sus acostumbradas correrías +por montes y riscos, la sacaba todas las tardes, sin faltar una, a dar +paseítos higiénicos, que crecían gradualmente; y Nucha, apoyada en su +brazo, recorría el valle en que los Pazos de Ulloa se esconden, +sentándose en los murallones y en los ribazos al sentirse muy fatigada. +Don Pedro atendía a satisfacer sus menores deseos: en ocasiones se +mostraba hasta galante, trayéndole las flores silvestres que le llamaban +la atención, o ramas de madroño y zarzamora cuajadas de fruto. Como a +Nucha le causaban fuerte sacudimiento nervioso los tiros, no llevaba +jamás el señorito su escopeta, y había prohibido expresamente a +Primitivo cazar por allí. Parecía que la leñosa corteza se le iba +cayendo, poco a poco, al marqués, y que su corazón bravío y egoísta se +inmutaba, dejando asomar, como entre las grietas de la pared, +florecillas parásitas, blandos afectos de esposo y padre. Si aquello no +era el matrimonio cristiano soñado por el excelente capellán, viven los +cielos que debía asemejársele mucho. + +Julián bendecía a Dios todos los días. Su devoción había vuelto, no a +renacer, pues no muriera nunca, pero sí a reavivarse y encenderse. A +medida que se acercaba la hora crítica para Nucha, el capellán +permanecía más tiempo de rodillas dando gracias al terminar la misa; +prolongaba más las letanías y el rosario; ponía más alma y fervor en el +cuotidiano rezo. Y no entran en la cuenta dos novenas devotísimas, una a +la Virgen de Agosto, otra a la Virgen de Septiembre. Figurábasele este +culto mariano muy adecuado a las circunstancias, por la convicción cada +vez más firme de que Nucha era viva imagen de Nuestra Señora, en cuanto +una mujer concebida en pecado puede serlo. + +Al oscurecer de una tarde de octubre estaba Julián sentado en el poyo de +su ventana, engolfado en la lectura del P. Nieremberg. Sintió pasos +precipitados en la escalera. Conoció el modo de pisar de don Pedro. El +rostro del señor de Ulloa derramaba satisfacción. + +--¿Hay novedades?--preguntó Julián soltando el libro. + +--¡Ya lo creo! Nos hemos tenido que volver del paseo a escape. + +--¿Y han ido a Cebre por el médico? + +--Va allá Primitivo. + +Julián torció el gesto. + +--No hay que asustarse.... Detrás de él van a salir ahora mismo otros dos +propios. Quería ir yo en persona, pero Nucha dice que no se queda ahora +sin mí. + +--Lo mejor sería ir yo también por si acaso--exclamó Julián--. Aunque sea a +pie y de noche.... + +Lanzó don Pedro una de sus terribles y mofadoras carcajadas. + +--¡Usted!--clamó sin cesar de reír--. ¡Vaya una ocurrencia, don Julián! + +El capellán bajó los ojos y frunció el rubio ceño. Sentía cierta +vergüenza de su sotana, que le inutilizaba para prestar el menor +servicio en tan apretado trance. Y al par que sacerdote era hombre, de +modo que tampoco podía penetrar en la cámara donde se cumplía el +misterio. Sólo tenían derecho a ello dos varones: el esposo y el _otro_, +el que Primitivo iba a buscar, el representante de la ciencia humana. +Acongojóse el espíritu de Julián pensando en que el recato de Nucha iba +a ser profanado, y su cuerpo puro tratado quizás como se trata a los +cadáveres en la mesa de anatomía: como materia inerte, donde no se +cobija ya un alma. Comprendió que se apocaba y afligía. + +--Llámeme usted si para algo me necesita, señor marqués--murmuró con +desmayada voz. + +--Mil gracias, hombre.... Venía únicamente a darle a usted la buena +noticia. + +Don Pedro volvió a bajar la escalera rápidamente silbando una +_riveirana_, y el capellán, al pronto, se quedó inmóvil. Pasóse luego la +mano por la frente, donde rezumaba un sudorcillo. Miró a la pared. Entre +varias estampitas pendientes del muro y encuadradas en marcos de briche +y lentejuelas, escogió dos: una de San Ramón Nonnato y otra de Nuestra +Señora de la Angustia, sosteniendo en el regazo a su Hijo muerto. Él la +hubiera preferido de la Leche y Buen Parto, pero no la tenía, ni se +había acordado mucho de tal advocación hasta aquel instante. Desembarazó +la cómoda de los cachivaches que la obstruían y puso encima, de pie, las +estampas. Abrió después el cajón, donde guardaba algunas velas de cera +destinadas a la capilla; tomó un par, las acomodó en candeleros de +latón, y armó su _altarito_. Así que la luz amarillenta de los cirios se +reflejó en los adornos y cristal de los cuadros, el alma de Julián +sintió consuelo inefable. Lleno de esperanza, el capellán se reprendió a +sí mismo por haberse juzgado inútil en momentos semejantes. ¡Él inútil! +Cabalmente le incumbía lo más importante y preciso, que es impetrar la +protección del cielo. Y arrodillándose henchido de fe, dio principio a +sus oraciones. + +El tiempo corría sin interrumpirlas. De abajo no llegaba noticia alguna. +A eso de las diez reconoció Julián que sus rodillas hormigueaban con +insufrible hormigueo, que se apoderaba de sus miembros dolorosa lasitud, +que se le desvanecía la cabeza. Hizo un esfuerzo y se incorporó +tambaleándose. Una persona entró. Era Sabel, a quien el capellán miró +con sorpresa, pues hacía bastante tiempo que no se presentaba allí. + +--De parte del señorito, que baje a cenar. + +--¿Ha venido su padre de usted? ¿Ha llegado el médico?--interrogó +ansiosamente Julián, no atreviéndose a preguntar otra cosa. + +--No, señor.... De aquí a Cebre hay un bocadito. + +En el comedor encontró Julián al marqués cenando con apetito formidable, +como hombre a quien se le ha retrasado la pitanza dos horas más que de +costumbre. Julián trató de imitar aquel sosiego, sentándose y +extendiendo la servilleta. + +--¿Y la señorita?--preguntó con afán. + +--¡Pss!... Ya puede usted suponer que no muy a gusto. + +--¿Necesitará algo mientras usted está aquí? + +--No. Tiene allá a su doncella, la Filomena. Sabel también ayuda para +cuanto se precise. + +Julián no contestó. Sus reflexiones valían más para calladas que para +dichas. Era una monstruosidad que Sabel asistiese a la legítima esposa; +pero si no se le ocurría al marido, ¿quién tenía valor para +insinuárselo? Por otra parte, Sabel, en realidad, no carecía de +experiencia doméstica, ni dejaría de ser útil. Notó Julián que el +marqués, a diferencia de algunas horas antes, parecía malhumorado e +impaciente. Recelaba el capellán interrogarle. Determinóse al fin. + +--¿Y... dará tiempo a que llegue el médico? + +--¿Que si da tiempo?--respondió el señorito embaulando y mascando con +colérica avidez--. ¡Como no lo dé de más! Estas señoritas finas son muy +delicadas y difíciles para todo.... Y cuando no hay un gran físico.... Si +fuese por el estilo de su hermana Rita.... + +Descargó un porrazo con el vaso en la mesa, y añadió sentenciosamente: + +--Son una calamidad las mujeres de los pueblos.... Hechas de alfeñique.... +Le aseguro a usted que tiene una debilidad, y una tendencia a las +convulsiones y a los síncopes, que.... ¡Melindres, diantre! ¡Melindres a +que las acostumbran desde pequeñas! + +Pegó otro trompis y se levantó, dejando solo en el comedor a Julián. No +sabía éste qué hacer de su persona, y pensó que lo mejor era emprender +de nuevo plática con los santos. Subió. Las velas seguían ardiendo, y el +capellán volvió a arrodillarse. Las horas pasaban y pasaban, y no se +oían más ruidos que el viento de la noche al gemir en los castaños, y el +hondo sollozo del agua en la represa del cercano molino. Sentía Julián +cosquilleo y agujetas en los muslos, frío en los huesos y pesadez en la +cabeza. Dos o tres veces miró hacia su cama, y otras tantas el recuerdo +de la pobrecita, que sufría allá abajo, le detuvo. Dábale vergüenza +ceder a la tentación. Mas sus ojos se cerraban, su cabeza, ebria de +sueño, caía sobre el pecho. Se tendió vestido, prometiéndose +despabilarse al punto. Despertó cuando ya era de día. + +Al encontrarse vestido, se acordó, y tratándose mentalmente de marmota y +leño, pensó si ya estaría en el mundo el nuevo Moscoso. Bajó apresurado, +frotándose los párpados, medio aturdido aún. En la antesala de la cocina +se dio de manos a boca con Máximo Juncal, el médico de Cebre, con +bufanda de lana gris arrollada al cuello, chaquetón de paño pardo, botas +y espuelas. + +--¿Llega usted ahora mismo?--preguntó asombrado el capellán. + +--Sí, señor.... Primitivo dice que estuvieron llamando anoche a mi puerta +él y otros dos, pero que no les abrió nadie.... Verdad que mi criada es +algo sorda; mas con todo..., si llamasen como Dios manda.... En fin, que +hasta el amanecer no me llegó el aviso. De cualquier manera parece que +vengo muy a tiempo todavía.... Primeriza al fin y al cabo.... Estas +batallas acostumbran durar bastante.... Allá voy a ver qué ocurre.... + +Precedido de don Pedro, echó a andar látigo en mano y resonándole las +espuelas, de modo que la imagen bélica que acababa de emplear parecía +exacta, y cualquiera le tomaría por el general que acude a decidir con +su presencia y sus órdenes la victoria. Su continente resuelto infundía +confianza. Reapareció a poco pidiendo una taza de café bien caliente, +pues con la prisa de venir se encontraba en ayunas. Al señorito le +sirvieron chocolate. Emitió el médico su dictamen facultativo: armarse +de paciencia, porque el negocio iba largo. + +Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el +insomnio, quiso a toda costa saber si había peligro. + +--No, señor; no, señor--contestó Máximo desliendo el azúcar con la +cucharilla y echando ron en el café--. Si se presentan dificultades, +estamos aquí.... Tú, Sabel: una copita pequeña. + +En la copita pequeña escanció también ron, que paladeó mientras el café +se enfriaba. El marqués le tendió la petaca llena. + +--Muchas gracias...--pronunció el médico encendiendo un habano--. Por ahora +estamos a ver venir. La señora es novicia, y no muy fuerte.... A las +mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica: corsé +para volver angosto lo que debe ser vasto; encierro para producir la +clorosis y la anemia; vida sedentaria, para ingurgitarlas y criar linfa +a expensas de la sangre.... Mil veces mejor preparadas están las aldeanas +para el gran combate de la gestación y alumbramiento, que al cabo es la +verdadera función femenina. + +Siguió explanando su teoría, queriendo manifestar que no ignoraba las +más recientes y osadas hipótesis científicas, alardeando de materialismo +higiénico, ponderando mucho la acción bienhechora de la madre +naturaleza. Veíase que era mozo inteligente, de bastante lectura y +determinado a lidiar con las enfermedades ajenas; mas la amarillez +biliosa de su rostro, la lividez y secura de sus delgados labios, no +prometían salud robusta. Aquel fanático de la higiene no predicaba con +el ejemplo. Asegurábase que tenía la culpa el ron y una panadera de +Cebre, con salud para vender y regalar cuatro doctores higienistas. + +Don Pedro chupaba también con ensañamiento su cigarro y rumiaba las +palabras del médico, que por extraño caso, atendida la diferencia entre +un pensamiento relleno de ciencia novísima y otro virgen hasta de +lectura, conformaban en todo con su sentir. También el hidalgo rancio +pensaba que la mujer debe ser principalmente muy apta para la +propagación de la especie. Lo contrario le parecía un crimen. Acordábase +mucho, mucho, con extraños remordimientos casi incestuosos, del robusto +tronco de su cuñada Rita. También recordó el nacimiento de Perucho, un +día que Sabel estaba amasando. Por cierto que la borona que amasaba no +hubiera tenido tiempo de cocerse cuando el chiquillo berreaba ya +diciendo a su modo que él era de Dios como los demás y necesitaba el +sustento. Estas memorias le despertaron una idea muy importante. + +--Diga, Máximo.... ¿le parece que mi mujer podrá criar? + +Máximo se echó a reír, saboreando el ron. + +--No pedir gollerías, señor don Pedro.... ¡Criar! Esa función augusta +exige complexión muy vigorosa y predominio del temperamento sanguíneo.... +No puede criar la señora. + +--Ella es la que se empeña en eso--dijo con despecho el marqués--; yo bien +me figuré que era un disparate... por más que no creí a mi mujer tan +endeble.... En fin, ahora tratamos de que no nazca el niño para rabiar de +hambre. ¿Tendré tiempo de ir a Castrodorna? La hija de Felipe el casero, +aquella mocetona, ¿no sabe usted?... + +--¿Pues no he de saber? ¡Gran vaca! Tiene usted ojo médico.... Y está +parida de dos meses. Lo que no sé es si los padres la dejarán venir. +Creo que son gente honrada en su clase y no quieren divulgar lo de la +hija. + +--¡Música celestial! Si hace ascos la traigo arrastrando por la trenza.... +A mí no me levanta la voz un casero mío. ¿Hay tiempo o no de ir allá? + +--Tiempo, sí. Ojalá acabásemos antes; pero no lleva trazas. + +Cuando el señorito salió, Máximo se sirvió otra copa de ron y dijo en +confianza al capellán: + +--Si yo estuviese en el pellejo del Felipe... ya le quiero un recado a +don Pedro. ¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es +un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de +libertad, de derechos individuales.... ¡Y al fin, por todas partes la +tiranía, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, ¿qué es esto +sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquidades de la +servidumbre? Que yo necesito tu hija, ¡zas!, pues contra tu voluntad te +la cojo. Que me hace falta leche, una vaca humana, ¡zas!, si no quieres +dar de mamar de grado a mi chiquillo, le darás por fuerza. Pero le estoy +escandalizando a usted. Usted no piensa como yo, de seguro, en +cuestiones sociales. + +--No señor; no me escandalizo--contestó apaciblemente Julián--. Al +contrario.... Me dan ganas de reír porque me hace gracia verle a usted +tan sofocado. Mire usted qué más querrá la hija de Felipe que servir de +ama de cría en esta casa. Bien mantenida, bien regalada, sin trabajar.... +Figúrese. + +--¿Y el albedrío? ¿Quiere usted coartar el albedrío, los derechos +individuales? Supóngase que la muchacha se encuentre mejor avenida con +su honrada pobreza que con todos esos beneficios y ventajas que usted +dice.... ¿No es un acto abusivo traerla aquí de la trenza, porque es hija +de un casero? Naturalmente que a usted no se lo parece; claro está. +Vistiéndose por la cabeza, no se puede pensar de otro modo; usted tiene +que estar por el feudalismo y la teocracia. ¿Acerté? No me diga usted +que no. + +--Yo no tengo ideas políticas--aseveró Julián sosegadamente; y de pronto, +como recordando, añadió:--¿Y no sería bien dar una vuelta a ver cómo lo +pasa la señorita? + +--¡Pchs!... No hago por ahora gran falta allá, pero voy a ver. Que no se +lleven la botella del ron, ¿eh? Hasta dentro de un instante. + +Volvió en breve, e instalándose ante la copa mostró querer reanudar la +conversación política, a la cual profesaba desmedida afición, +prefiriendo, en su interior, que le contradijesen, pues entonces se +encendía y exaltaba, encontrando inesperados argumentos. Las violentas +discusiones en que se llegaba a vociferar y a injuriarse le esparcían la +estancada bilis, y la función digestiva y respiratoria se le activaba, +produciéndole gran bienestar. Disputaba por higiene: aquella gimnasia de +la laringe y del cerebro le desinfartaba el hígado. + +--¿Con que usted no tiene ideas políticas? A otro perro con ese hueso, +padre Julián.... Todos los pájaros de pluma negra vuelan hacia atrás, no +andemos con cuentos. Y si no, a ver, hagamos la prueba: ¿qué piensa +usted de la revolución? ¿Está usted conforme con la libertad de cultos? +Aquí te quiero, escopeta. ¿Está usted de acuerdo con Suñer? + +--¡Vaya unas cosas que tiene el señor don Máximo! ¿Cómo he de estar de +acuerdo con Suñer? ¿No es ése que dijo en el Congreso blasfemias +horrorosas? ¡Dios le alumbre! + +--Hable claro: ¿usted piensa como el abad de San Clemente de Boán? Ése +dice que a Suñer y a los revolucionarios no se les convence con razones, +sino a trabucazo limpio y palo seco. ¿Usted qué opina? + +--Son dichos de acaloramiento.... Un sacerdote es hombre como todos y +puede enfadarse en una disputa y echar venablos por la boca. + +--Ya lo creo; y por lo mismo que es hombre como todos puede tener +intereses bastardos, puede querer vivir holgazanamente explotando la +tontería del prójimo, puede darse buena vida con los capones y cabritos +de los feligreses.... No me negará usted esto. + +--Todos somos pecadores, don Máximo. + +--Y aún puede hacer cosas peores, que... se sobrentienden..., ¿eh? No +sofocarse. + +--Sí, señor. Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo. Si +tuviésemos privilegio para no pecar, estábamos bien; nos habíamos +salvado en el momento mismo de la ordenación, que no era floja ganga. +Cabalmente, la ordenación nos impone deberes más estrechos que a los +demás cristianos, y es doblemente difícil que uno de nosotros sea bueno. +Y para serlo del modo que requeriría el camino de perfección en que +debemos entrar al ordenarnos de sacerdotes, se necesita, aparte de +nuestros esfuerzos, que la gracia de Dios nos ayude. Ahí es nada. + +Díjolo en tono tan sincero y sencillo, que el médico amainó por algunos +instantes. + +--Si todos fuesen como usted, don Julián.... + +--Yo soy el último, el peor. No se fíe usted en apariencias. + +--¡Quiá! Los demás son buenas piezas, buenas..., y ni con la revolución +hemos conseguido minarles el terreno.... Le parecerá a usted mentira lo +que amañaron estos días para dar gusto a ese bandido de Barbacana.... + +No hallándose en antecedentes, Julián guardaba silencio. + +--Figúrese usted--refirió el médico--que Barbacana tiene a sus órdenes otro +facineroso, un paisano de Castrodorna, conocido por el Tuerto, que va y +viene a Portugal a salto de mata, porque una noche cosió a puñaladas a +su mujer y al amante.... Hace poco parece que le echó mano la justicia, +pero Barbacana se empeñó en librarlo, y tanto sudaron él y los curas, +que el hombre salió bajo fianza, y se pasea por ahí.... De modo que, a +pesar de los pesares, nos tiene usted como siempre, mandados por el +infame Barbacana. + +--Pero--objetó Julián--yo he oído que aquí, cuando no reina Barbacana, +reina otro cacique peor, que le llaman Trampeta, por los enredos y +diabluras que arma a los pobres paisanos chupándoles el tuétano.... Con +que por fas o por nefas. + +--Eso.... Eso tiene algo de verdad..., pero mire usted, al menos Trampeta +no se propone levantar partidas.... Con Barbacana es preciso concluir, +pues corresponde con las juntas carlistas de la provincia para llevar el +país a fuego y sangre.... ¿Es usted partidario del niño Terso? + +--Ya le dije que no tengo opiniones. + +--Es que no le da la gana de disputar. + +--Francamente, don Máximo, acierta usted. Estoy pendiente de esa pobre +señorita... pensando en lo que puede sucederle. Y no entiendo de +política...; no se ría usted..., no entiendo. Sólo entiendo de decir +misa; y el caso es que no la he dicho hoy todavía, y mientras no la diga +no me desayuno, y el estómago se me va.... Aplicaré la misa por la +necesidad presente. Yo no puedo--añadió con cierta melancolía--prestarle a +la señorita otro auxilio. + +Marchóse, dejando al médico sorprendido de encontrar un cura que rehuía +entrar en políticas discusiones, que por aquellos días reemplazaban a +las teológicas en todas las sobremesas patronales, y celebró su misa con +gran atención y minuciosidad en las ceremonias. El repique de la +campanilla del acólito resonaba claro y argentino en la vetusta capilla +vacía. Oíanse fuera gorjeos de pájaros en los árboles del huerto, lejano +chirrido de carros que salían al trabajo, rumores campestres gratos, +calmantes, bienhechores. Era la misa de San Ramón Nonnato, elegida para +la circunstancia; y cuando el celebrante pronunció «_ejus nobis +intercessione concede, ut a peccatorum vinculis absoluti_...», parecióle +que las cadenas de dolor que ligaban a la pobre virgencita--que aún +entonces se la representaba como tal el capellán--se rompían de golpe, +dejándola libre, gozosa y radiante, con la más feliz maternidad. + +Sin embargo, cuando regresó a la casa no había indicios de la susodicha +ruptura de cadenas. En vez de las apresuradas idas y venidas de criados +que siempre indican algún acontecimiento trascendental, notó una calma +de mal agüero. El señorito no volvía: verdad es que Castrodorna distaba +bastante de los Pazos. Fue preciso sentarse a la mesa sin él. El médico +no intentó disputar más, porque a su vez empezaba a hallarse preocupado +con la flema del heredero de los Moscosos. Hay que decir, en abono del +discutidor higienista, que tomaba su profesión por lo serio, y la +respetaba tanto como Julián la suya. Probábalo su misma manía de la +higiene y su culto de la salud, culto infundido por librotes modernos +que sustituyen al Dios del Sinaí con la diosa Higia. Para Máximo Juncal, +inmoralidad era sinónimo de escrofulosis, y el deber se parecía bastante +a una perfecta oxidación de los elementos asimilables. Disculpábase a sí +propio ciertos extravíos, por tener un tanto obstruidas las vías +hepáticas. + +En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su +instinto de lucha contra los males positivos de la tierra: el dolor, la +enfermedad, la muerte. Comió distraídamente, y sólo bebió dos copas de +ron. Julián apenas pasó bocado; preguntaba de tiempo en tiempo: + +--¿Qué ocurrirá por allí, don Máximo? + +Cesó de preguntar cuando el médico le hubo dado, a media voz, algunos +detalles, empleando términos técnicos. La noche caía. Máximo apenas +salía del cuarto de la paciente. Sintióse Julián tan triste y solo, que +ya se disponía a subir y encender su altar, para disfrutar al menos la +compañía de las velas y los cuadritos. Pero don Pedro entró +impetuosamente, como una ráfaga de viento huracanado. Traía de la mano +una muchachona color de tierra, un castillo de carne: el tipo clásico de +la vaca humana. + + + + +-XVII- + + +Que Máximo Juncal, ya que es su oficio, reconozca detenidamente la +cuenca del río lácteo de la poderosa bestiaza, conducida por el marqués +de Ulloa, no sin asombro de las gentes, en el borrén delantero de la +silla de su yegua, por no haber en Castrodorna otros medios de +transporte, y no permitir la impaciencia de don Pedro que el ama viniese +a pie. La yegua recordará toda la vida, con temblor general de su +cuerpo, aquella jornada memorable en que tuvo que sufrir a la vez el +peso del actual representante de los Moscosos y el de la nodriza del +Moscoso futuro. + +Cayéronsele a don Pedro las alas del corazón cuando vio que su heredero +no había llegado todavía. En aquel momento le pareció que un suceso tan +próximo no se verificaría jamás. Apuró a Sabel reclamando la cena, pues +traía un hambre feroz. Sabel la sirvió en persona, por hallarse aquel +día muy ocupada Filomena, la doncella, que acostumbraba atender al +comedor. Estaba Sabel fresca y apetecible como nunca, y las floridas +carnes de su arremangado brazo, el brillo cobrizo de las conchas de su +pelo, la melosa ternura y sensualidad de sus ojos azules, parecían +contrastar con la situación, con la mujer que sufría atroces tormentos, +medio agonizando, a corta distancia de allí. Hacía tiempo que el marqués +no veía de cerca a Sabel. Más que mirarla, se puede decir que la examinó +despacio durante algunos minutos. Reparó que la moza no llevaba +pendientes y que tenía una oreja rota; entonces recordó habérsela +partido él mismo, al aplastar con la culata de su escopeta el zarcillo +de filigrana, en un arrebato de brutales celos. La herida se había +curado, pero la oreja tenía ahora dos lóbulos en vez de uno. + +--¿No duerme nada la señorita?--preguntaba Julián al médico. + +--A ratos, entre dolor y dolor.... Precisamente me gusta a mí bien poco +ese sopor en que cae. Esto no adelanta ni se gradúa, y lo peor es que +pierde fuerzas. Cada vez se me pone más débil. Puede decirse que lleva +cuarenta y ocho horas sin probar alimento, pues me confesó que antes de +avisar a su marido, mucho antes, ya se sintió mal y no pudo comer.... +Esto de los sueñecitos no me hace tilín. Para mí, más que modorra, son +verdaderos síncopes. + +Don Pedro apoyaba con desaliento la cabeza en el cerrado puño. + +--Estoy convencido--dijo enfáticamente--de que semejantes cosas sólo les +pasan a las señoritas educadas en el pueblo y con ciertas impertinencias +y repulgos.... Que les vengan a las mozas de por aquí con síncopes y +desmayos.... Se atizan al cuerpo media olla de vino y despachan esta +faena cantando. + +--No, señor, hay de todo.... Las linfático-nerviosas se aplanan.... Yo he +tenido casos.... + +Explicó detenidamente varias lides, no muchas aún, porque empezaba a +asistir, como quien dice. Él estaba por la expectativa: el mejor +comadrón es el que más sabe aguardar. Sin embargo, se llega a un grado +en que perder un segundo es perderlo todo. Al aseverar esto, paladeaba +sorbos de ron. + +--¿Sabel?--llamó de repente. + +--¿Qué quiere, señorito Máximo?--contestó la moza con solicitud. + +--¿Dónde me han puesto una caja que traje? + +--En su cuarto, sobre la cama. + +--¡Ah!, bueno. + +Don Pedro miró al médico, comprendiendo de qué se trataba. No así +Julián, que asustado por el hondo silencio que siguió al diálogo de +Máximo y Sabel, interrogó indirectamente para saber qué encerraba la +caja misteriosa. + +--Instrumentos--declaró el médico secamente. + +--¿Instrumentos..., para qué?--preguntó el capellán, sintiendo un sudor +que le rezumaba por la raíz del cabello. + +--Para operarla, ¡qué demonio! Si aquí se pudiese celebrar junta de +médicos, yo dejaría quizás que la cosa marchase por sus pasos contados; +pero recae sobre mí exclusivamente la responsabilidad de cuanto ocurra. +No me he de cruzar de brazos, ni dejarme sorprender como un bolonio. Si +al amanecer ha aumentado la postración y no veo yo síntomas claros de +que esto se desenrede... hay que determinarse. Ya puede usted ir rezando +al bendito San Ramón, señor capellán. + +--¡Si por rezar fuese!--exclamó ingenuamente Julián--. ¡Apenas llevo rezado +desde ayer! + +De tan sencilla confesión tomó pie el médico para contar mil graciosas +historietas, donde se mezclaban donosamente la devoción y la obstetricia +y desempeñaba San Ramón papel muy principal. Refirió de su profesor en +la clínica de Santiago, que al entrar en el cuarto de las parturientas y +ver la estampa del santo con sus correspondientes candelicas, solía +gritar furioso: «Señores, o sobro yo o sobra el santo.... Porque si me +desgracio me echarán la culpa, y si salimos bien dirán que fue milagro +suyo...». Contó también algo bastante grotesco sobre rosas de Jericó, +cintas de la Virgen de Tortosa, y otros piadosos talismanes usados en +ocasiones críticas. Al fin cesó en su cháchara, porque le rendía el +sueño, ayudado por el ron. A fin de no aletargarse del todo en la +comodidad del lecho, tendióse en el banco del comedor, poniendo por +almohada una cesta. El señorito, cruzando sobre la mesa ambos brazos, +había dejado caer la frente sobre ellos y un silbido ahogado, preludio +de ronquido, anunciaba que también le salteaba la gana de dormir. El +alto reloj de pesas dio, con fatigado son, la medianoche. + +Julián era el único despierto; sentía frío en las médulas y en los +pómulos ardor de calentura. Subió a su cuarto, y empapando la toalla en +agua fresca, se la aplicó a las sienes. Las velas del altar estaban +consumidas; las renovó, y colocó una almohada en el suelo para +arrodillarse en ella, pues lo más molesto siempre era el dichoso +hormigueo. Y empezó a subir con buen ánimo la cuesta arriba de la +oración. A veces desmayaba, y su cuerpo juvenil, envuelto en las nieblas +grises del sueño, apetecía la limpia cama. Entonces cruzaba las manos, +clavándose las uñas de una en el dorso de otra, para despabilarse. +Quería rezar con devoción, tener conciencia de lo que pedía a Dios: no +hablar de memoria. Sin embargo, desfallecía. Acordóse de la oración del +Huerto y de aquella diferencia tan acertadamente establecida entre la +decisión del espíritu y la de la carne. También recordó un pasaje +bíblico: Moisés orando con los brazos levantados, porque, de bajarlos, +sería vencido Israel. Entonces se le ocurrió realizar algo que le +flotaba en la imaginación. Quitó la almohada, quedándose con las rótulas +apoyadas en el santo suelo; alzó los ojos, buscando a Dios más allá de +las estampas y de las vigas del techo; y abriendo los brazos en cruz, +comenzó a orar fervorosamente en tal postura. + +El ambiente se volvió glacial; una tenue claridad, más lívida y opaca +que la de la luna, asomó por detrás de la montaña. Dos o tres pájaros +gorjearon en el huerto; el rumor de la presa del molino se hizo menos +profundo y sollozante. La aurora, que sólo tenía apoyado uno de sus +rosados dedos en aquel rincón del orbe, se atrevió a alargar toda la +manecita, y un resplandor alegre, puro, bañó las rocas pizarrosas, +haciéndolas rebrillar cual bruñida plancha de acero, y entró en el +cuarto del capellán, comiéndose la luz amarilla de los cirios. Mas +Julián no veía el alba, no veía cosa ninguna.... Es decir, sí veía esas +luces que enciende en nuestro cerebro la alteración de la sangre, esas +estrellitas violadas, verdosas, carmesíes, color de azufre, que vibran +sin alumbrar; que percibimos confundidas con el zumbar de los oídos y el +ruido de péndulo gigante de las arterias, próximas a romperse.... +Sentíase desvanecer y morir; sus labios no pronunciaban ya frases, sino +un murmullo, que todavía conservaba tonillo de oración. En medio de su +doloroso vértigo oyó una voz que le pareció resonante como toque de +clarín.... La voz decía algo. Julián entendió únicamente dos palabras: + +--Una niña. + +Quiso incorporarse, exhalando un gran suspiro, y lo hizo, ayudado por la +persona que había entrado y no era otra sino Primitivo; pero apenas +estuvo en pie, un atroz dolor en las articulaciones, una sensación de +mazazo en el cráneo le echaron a tierra nuevamente. Desmayóse. + +Abajo, Máximo Juncal se lavaba las manos en la palangana de peltre +sostenida por Sabel. En su cara lucía el júbilo del triunfo mezclado con +el sudor de la lucha, que corría a gotas medio congeladas ya por el frío +del amanecer. El marqués se paseaba por la habitación ceñudo, contraído, +hosco, con esa expresión torva y estúpida a la vez que da la falta de +sueño a las personas vigorosas, muy sometidas a la ley de la materia. + +--Ahora alegrarse, don Pedro--dijo el médico--. Lo peor está pasado. Se ha +conseguido lo que usted tanto deseaba.... ¿No quería usted que la +criatura saliese toda viva y sin daño? Pues ahí la tenemos, sana y +salva. Ha costado trabajillo..., pero al fin.... + +Encogióse despreciativamente de hombros el marqués, como amenguando el +mérito del facultativo, y murmuró no sé qué entre dientes, prosiguiendo +en su paseo de arriba abajo y de abajo arriba, con las manos metidas en +los bolsillos, el pantalón tirante cual lo estaba el espíritu de su +dueño. + +--Es un angelito, como dicen las viejas--añadió maliciosamente Juncal, que +parecía gozarse en la cólera del hidalgo--; sólo que angelito hembra. A +estas cosas hay que resignarse; no se inventó el modo de escribir al +cielo encargando y explicando bien el sexo que se desea.... + +Otro espumarajo de rabia y grosería brotó de los labios de don Pedro. +Juncal rompió a reír, secándose con la toalla. + +--La mitad de la culpa por lo menos la tendrá usted, señor +marqués--exclamó--. ¿Quiere usted hacerme favor de un cigarrito? + +Al ofrecer la petaca abierta, don Pedro hizo una pregunta. Máximo +recobró la seriedad para contestarla. + +--Yo no he dicho tanto como eso.... Me parece que no. Cierto que cuando +las batallas son muy porfiadas y reñidas puede suceder que el +combatiente quede inválido; pero la naturaleza, que es muy sabia, al +someter a la mujer a tan rudas pruebas, le ofrece también las más +impensadas reparaciones.... Ahora no es ocasión de pensar en eso, sino en +que la madre se restablezca y la chiquita se críe. Temo algún percance +inmediato.... Voy a ver.... La señora se ha quedado tan abatida.... + +Entró Primitivo, y sin mostrar alteración ni susto dijo «que subiese don +Máximo, que al capellán le había dado algo; que estaba como difunto». + +--Vamos allá, hombre, vamos allá. Esto no estaba en el programa--murmuró +Juncal. + +--¡Qué trazas de mujercita tiene ese cura! ¡Qué poquito _estuche_! Lo que +es éste no cogerá el trabuco, aunque lleguen a levantarse las partidas +con que anda soñando el jabalí del abad de Boán. + + + + +-XVIII- + + +Largos días estuvo Nucha detenida ante esas lóbregas puertas que llaman +de la muerte, con un pie en el umbral, como diciendo: «¿Entraré? ¿No +entraré?». Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que +habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su +cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de +no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de +su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible. +Pero la solicitaban hacia fuera la juventud, el ansia de existir que +estimula a todo organismo, la ciencia del gran higienista Juncal, y +particularmente una manita pequeña, coloradilla, blanda, un puñito +cerrado que asomaba entre los encajes de una chambra y los dobleces de +un mantón. + +El primer día que Julián pudo ver a la enferma, no hacía muchos que se +levantaba, para tenderse, envuelta en mantas y abrigos, sobre vetusto y +ancho canapé. No le era lícito incorporarse aún, y su cabeza reposaba en +almohadones doblados al medio. Su rostro enflaquecido y exangüe +amarilleaba como una faz de imagen de marfil, entre el marco del negro +cabello reluciente. Bizcaba más, por habérsele debilitado mucho aquellos +días el nervio óptico. Sonrió con dulzura al capellán, y le señaló una +silla. Julián clavaba en ella esa mirada donde rebosaba la compasión, +mirada delatora que en vano queremos sujetar y apagar cuando nos +aproximamos a un enfermo grave. + +--La encuentro a usted con muy buen semblante, señorita--dijo el capellán +mintiendo como un bellaco. + +--Pues usted--respondió ella lánguidamente--está algo desmejorado. + +Confesó que, en efecto, no andaba bueno desde que..., desde que se había +acatarrado un poco. Le daba vergüenza referir lo de la noche en vela, el +desmayo, la fuerte impresión moral y física sufrida con tal motivo. +Nucha empezó a hablarle de algunas cosas indiferentes, y pasó sin +transición a preguntarle: + +--¿Ha visto usted la pequeñita? + +--Sí, señora.... El día del bautizo. ¡Angelito! Lloró bien cuando le +pusieron la sal y cuando sintió el agua fría.... + +--¡Ah! Desde entonces ha crecido una cuarta lo menos y se ha vuelto +hermosísima. Y alzando la voz y esforzándose, añadió:--¡Ama, ama! Traiga +la niña. + +Oyéronse pasos como de estatua colosal que anda, y entró la mocetona +color de tierra, muy oronda con su vestido nuevo de merino azul +ribeteado de negro terciopelo de tira, con el cual se asemejaba a la +gigantona tradicional de la catedral de Santiago, llamada la _Coca_. A +manera de pajarito posado en grueso tronco, venía la inocente criatura +recostada en el magno seno que la nutría. Estaba dormida, y tenía la +calma, el dulce e insensible respirar que hace sagrado el sueño de los +niños. Julián no se cansaba de mirarla así. + +--¡Santita de Dios!--murmuró apoyando los labios muy quedamente en la +gorra, por no atreverse a la frente. + +--Cójala usted, Julián.... Ya verá lo que pesa. Ama, déle la niña.... + +No pesaba más que un ramo de flores, pero el capellán juró y perjuró que +parecía hecha de plomo. Aguardaba el ama en pie, y él se había sentado +con la chiquilla en brazos. + +--Déjemela un poquito...--suplicó--. Ahora, mientras duerme.... No +despertará de seguro en mucho tiempo. + +--Ya la llamaré cuando haga falta. Ama, váyase. + +La conversación giró sobre un tema muy socorrido y muy del gusto de +Nucha: las gracias de la pequeña.... Tenía muchísimas, sí señor, y el que +lo dudase sería un gran majadero. Por ejemplo: abría los ojos con +travesura incomparable; estornudaba con redomada picardía; apretaba con +su manita el dedo de cualquiera, tan fuerte, que se requería el vigor de +un Hércules para desasirse; y aún hacía otros donaires, mejores para +callados que para archivados por la crónica. Al referirlos, el rostro +exangüe de Nucha se animaba, sus ojos brillaban, y la risa dilató sus +labios dos o tres veces. Mas de pronto se nubló su cara, hasta el punto +de que entre las pestañas le bailaron lágrimas, a las cuales no dio +salida. + +--No me han dejado criarla, Julián.... Manías del señor de Juncal, que +aplica la higiene a todo, y vuelta con la higiene, y dale con la +higiene.... Me parece a mí que no iba a morirme por intentarlo dos meses, +dos meses nada más. Puede que me encontrase mejor de lo que estoy, y no +tuviese que pasar un siglo clavada en este sofá, con el cuerpo sujeto y +la imaginación loca y suelta por esos mundos de Dios.... Porque así, no +gozo descanso: siempre se me figura que el ama me ahoga la niña, o me la +deja caer. Ahora estoy contenta, teniéndola aquí cerquita. + +Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió: + +--¿No le encuentra usted parecido...? + +--¿Con usted? + +--¡Con su padre!... Es todito él en el corte de la frente.... + +No manifestó el capellán su opinión. Mudó de asunto y continuó aquel día +y los siguientes cumpliendo la obra de caridad de visitar al enfermo. En +la lenta convalecencia y total soledad de Nucha, falta le hacía que +alguien se consagrase a tan piadoso oficio. Máximo Juncal venía un día +sí y otro no; pero casi siempre de prisa, porque iba teniendo extensa +clientela: le llamaban hasta de Vilamorta. El médico hablaba de política +exhalando un aliento de vaho de ron, tratando de pinchar y amoscar a +Julián; y, en realidad, si Julián fuese capaz de amostazarse, habría de +qué con las noticias que traía Máximo. Todo eran iglesias derribadas, +escándalos antirreligiosos, capillitas protestantes establecidas aquí o +acullá, libertades de enseñanza, de cultos, de esto y de lo otro.... +Julián se limitaba a deplorar tamaños excesos, y a desear que las cosas +se arreglasen, lo cual no daba tela a Máximo para armar una de sus +trifulcas favoritas, tan provechosas al esparcimiento de su bilis y tan +fecundas en peripecias cuando tropezaba con curas ternes y carlistas, +como el de Boán o el Arcipreste. + +Mientras el belicoso médico no venía, todo era paz y sosiego en la +habitación de la enferma. Únicamente lo turbaba el llanto, prontamente +acallado, de la niña. El capellán leía el _Año cristiano_ en alta voz, y +poblábase el ambiente de historias con sabor novelesco y poético: +«Cecilia, hermosísima joven e ilustre dama romana, consagró su cuerpo a +Jesucristo; desposáronla sus padres con un caballero llamado Valeriano y +se efectuó la boda con muchas fiestas, regocijos y bailes.... Sólo el +corazón de Cecilia estaba triste...». Seguía el relato de la mística +noche nupcial, de la conversión de Valeriano, del ángel que velaba a +Cecilia para guardar su pureza, con el desenlace glorioso y épico del +martirio. Otras veces era un soldado, como San Menna; un obispo, como +San Severo.... La narración, detallada y dramática, refería el +interrogatorio del juez, las respuestas briosas y libres de los +mártires, los tormentos, la flagelación con nervios de buey, el ecúleo, +las uñas de hierro, las hachas encendidas aplicadas al costado... «Y el +caballero de Cristo estaba con un corazón esforzado y quieto, con +semblante sereno, con una boca llena de risa (como si no fuera él sino +otro el que padecía), haciendo burla de sus tormentos y pidiendo que se +los acrecentasen...». Tales lecturas eran de fantástico efecto, +particularmente al caer de las adustas tardes invernales, cuando la hoja +seca de los árboles se arremolinaba danzando, y las nubes densas y +algodonáceas pasaban lentamente ante los cristales de la ventana +profunda. Allá a lo lejos se oía el perpetuo sollozo de la represa, y +chirriaban los carros cargados de tallos de maíz o ramaje de pino. Nucha +escuchaba con atención, apoyada la barba en la mano. De tiempo en tiempo +su seno se alzaba para suspirar. + +No era la primera vez que observaba Julián, desde el parto, gran +tristeza en la señorita. El capellán había recibido una carta de su +madre que encerraba quizás la clave de los disgustos de Nucha. Parece +que la señorita Rita había engatusado de tal manera a la tía vieja de +Orense, que ésta la dejaba por heredera universal, desheredando a su +ahijada. Además, la señorita Carmen estaba cada día más chocha por su +estudiante, y se creía en el pueblo que, si don Manuel Pardo negaba el +consentimiento, la chica saldría depositada. También pasaban cosas +terribles con la señorita Manolita: don Víctor de la Formoseda la +plantaba por una artesana, sobrina de un canónigo. En fin, misia Rosario +pedía a Dios paciencia para tantas tribulaciones (las de la casa de +Pardo eran para misia Rosario como propias). Si todo esto había llegado +a oídos de Nucha por conducto de su marido o de su padre, no tenía nada +de extraño que suspirase así. Por otra parte, ¡el decaimiento físico era +tan visible! Ya no se parecía Nucha a más Virgen que a la demacrada +imagen de la Soledad. Juncal la pulsaba atentamente, le ordenaba +alimentos muy nutritivos, la miraba con alarmante insistencia. + +Atendiendo a la niña, Nucha se reanimaba. Cuidábala con febril +actividad. Todo se lo quería hacer ella, sin ceder al ama más que la +parte material de la cría. El ama, decía ella, era un tonel lleno de +leche que estaba allí para aplicarle la espita cuando fuese necesario y +soltar el chorro: ni más ni menos. La comparación del tonel es +exactísima: el ama tenía hechura, color e inteligencia de tonel. Poseía +también, como los toneles, un vientre magno. Daba gozo verla comer, +mejor dicho, engullir: en la cocina, Sabel se entretenía en llenarle el +plato o la taza a reverter, en ponerle delante medio pan, cebándola +igual que a los pavos. Con semejante mostrenco Sabel se la echaba de +principesa, modelo de delicados gustos y selectas aficiones. Como todo +es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa +solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y ridículo, y se +reían tanto más con sus patochadas cuanto más fácilmente podían incurrir +ellos en otras mayores. Realmente era el ama objeto curioso, no sólo +para los payos, sino por distintas razones, para un etnógrafo +investigador. Máximo Juncal refirió a Julián pormenores interesantes. En +el valle donde se asienta la parroquia de que el ama procedía--valle +situado en los últimos confines de Galicia, lindando con Portugal--las +mujeres se distinguen por sus condiciones físicas y modo de vivir: son +una especie de amazonas, resto de las guerreras galaicas de que hablan +los geógrafos latinos; que si hoy no pueden hacer la guerra sino a sus +maridos, destripan terrones con la misma furia que antes combatían; +andan medio en cueros, luciendo sus fornidas y recias carnazas; aran, +cavan, siegan, cargan carros de rama y esquilmo, soportan en sus hombros +de cariátide enormes pesos y viven, ya que no sin obra, por lo menos sin +auxilio de varón, pues los del valle suelen emigrar a Lisboa en busca de +colocaciones desde los catorce años, volviendo sólo al país un par de +meses, para casarse y propagar la raza, y huyendo apenas cumplido su +oficio de machos de colmena. A veces, en Portugal, reciben nuevas de +infidelidades conyugales, y, pasando la frontera una noche, acuchillan a +los amantes dormidos: éste fue el crimen del Tuerto protegido por +Barbacana, cuya historia había contado también Juncal. No obstante, las +hembras de Castrodorna suelen ser tan honestas como selváticas. El ama +no desmentía su raza por la anchura desmesurada de las caderas y +redondez de los rudos miembros. Costó un triunfo a Nucha vestirla +racionalmente, y hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le +cubría la desnuda pantorrilla, por otra más cumplida y decorosa, +consintiéndole únicamente el justillo, prenda clásica de ama de cría, +que deja rebosar las repletas ubres, y los característicos pendientes de +enorme argolla, el _torquis_ romano conservado desde tiempo inmemorial +en el valle. Fue una lid obligarle a poner los zapatos a diario, porque +todas sus congéneres los reservan para las fiestas repicadas; fue una +penitencia enseñarle el nombre y uso de cada objeto, aún de los más +sencillos y corrientes; fue pensar en lo excusado convencerla de que la +niña que criaba era un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal +envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de +helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del +sol y de la lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna; y +Máximo Juncal, que aunque gran apologista de los artificios higiénicos +lo era también de las milagrosas virtudes de la naturaleza, hallaba +alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y salía del paso apelando +a su lectura más reciente, _El origen de las especies_, por Darwin, y +aplicando ciertas leyes de adaptación al medio, herencia, etcétera, que +le permitían afirmar que el método del ama, si no hacía reventar como un +triquitraque a la criatura, la fortalecería admirablemente. + +Por si acaso, Nucha no se atrevió a intentar la prueba, y dedicóse a +cuidar en persona su tesoro, llevando la existencia atareada y minuciosa +de las madres, en la cual es un acontecimiento que estén ahumadas las +sopas, y un fracaso que se apague el brasero. Ella lavaba a su hijita, +la vestía, la fajaba, la velaba dormida y la entretenía despierta. La +vida corría monótona, ocupadísima, sin embargo. El bueno de Julián, +testigo de estas faenas, iba enterándose poco a poco de los para él +arcanos misteriosos del aseo y tocado de una criatura, llegando a +familiarizarse con los múltiples objetos que componen el complicado +ajuar de los recienes: gorras, ombligueros, culeros, pañales, fajas, +microscópicos zapatos de crochet, capillos y baberos. Tales prendas, +blanquísimas, adornadas con bordados y encajes, zahumadas con espliego, +templaditas al sano calor de la camilla--calor doméstico si los hay--las +tenía el capellán muchas veces en el regazo, mientras la madre, con la +niña tendida boca abajo sobre su delantal de hule, pasaba y repasaba la +esponja por las carnes de tafetán, escocidas y medio desolladas por la +excesiva finura de su tierna epidermis, las rociaba con refrescantes +polvos de almidón y, apretando las nalgas con los dedos para que +hiciesen hoyos, se las mostraba a Julián exclamando con júbilo: + +--¡Mire usted qué monada..., qué llenita se va poniendo! + +En materia de desnudeces infantiles, Julián no era voto, pues sólo +conocía las de los angelotes de los retablos; pero cavilaba para sus +adentros que, a pesar de haber el pecado original corrompido toda carne, +aquélla que le estaban enseñando era la cosa más pura y santa del mundo: +un lirio, una azucena de candor. La cabezuela blanda, cubierta de +lanúgine rubia y suave por cima de las costras de la leche, tenía el +olor especial que se nota en los nidos de paloma, donde hay pichones +implumes todavía; y las manitas, cuyo pellejo rellenaba ya suave grasa, +y cuyos dedos se redondeaban como los del niño Dios cuando bendice; la +faz, esculpida en cera color rosa; la boca, desdentada y húmeda como +coral pálido recién salido del mar; los piececillos, encendidos por el +talón a fuerza de agitarse en gracioso pataleo, eran otras tantas +menudencias provocadoras de ese sentimiento mixto que despiertan los +niños muy pequeños hasta en el alma más empedernida: sentimiento +complejo y humorístico, en que entra la compasión, la abnegación, un +poco de respeto y un mucho de dulce burla, sin hiel de sátira. + +En Nucha, el espectáculo producía las hondas impresiones de la luna de +miel maternal, exaltadas por un temperamento nervioso y una sensibilidad +ya enfermiza. A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la +inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia +de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía +sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en +su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas +oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los +dichos y hechos del ama. «Delirios impuestos por la naturaleza con muy +sabios fines», explicaba Juncal. ¡Qué fue el primer día en que una +sonrisa borró la grave y cómica seriedad de la diminuta cara y +entreabrió con celeste expresión el estrecho filete de los labios! No +era posible dejar de recordar el tan traído como llevado símil de la luz +de la aurora disipando las tinieblas. La madre pensó chochear de +alegría. + +--¡Otra vez, otra vez!--exclamaba--. ¡Encanto, cielo, cielito, monadita +mía, ríete, ríete! + +Por entonces la sonrisa no se dignó presentarse más. La zopenca del ama +negaba el hecho, cosa que enfurecía a la madre. Al otro día cupo a +Julián la honra de encender la efímera lucecilla de la inteligencia +naciente en la criatura, paseándole no sé qué baratijas relucientes +delante de los ojos. Julián iba perdiendo el miedo a la nena, que al +principio creía fácil de deshacer entre los dedos como merengue; y +mientras la madre enrollaba la faja o calentaba el pañal, solía tenerla +en el regazo. + +--Más me fío en usted que en el ama--decíale Nucha confidencialmente, +desahogando unos secretos celos maternales--. El ama es incapaz de +sacramentos.... Figúrese usted que para hacerse la raya al peinarse apoya +el peine en la barbilla y lo va subiendo por la boca y la nariz hasta +que acierta con la mitad de la frente; de otro modo no sabe.... Me he +empeñado en que no coma con los dedos, y ¿qué conseguí? Ahora come la +carne asada con cuchara.... Es un entremés, Julián. Cualquier día me +estropea la chiquilla. + +El capellán perfeccionaba sus nociones del arte de tener un chico en +brazos sin que llore ni rabie. Consolidó su amistad con la pequeñuela un +suceso que casi debería pasarse en silencio: cierto húmedo calorcillo +que un día sintió Julián penetrar al través de los pantalones.... ¡Qué +acontecimiento! Nucha y él lo celebraron con algazara y risa, como si +fuese lo más entretenido y chusco. Julián brincaba de contento y se +cogía la cintura, que le dolía con tantas carcajadas. La madre le +ofreció su delantal de hule, que él rehusó; ya tenía un pantalón viejo, +destinado a perecer en la demanda, y por nada del mundo renunciaría a +sentir aquella onda tibia.... Su contacto derretía no sé qué nieve de +austeridad, cuajada sobre un corazón afeminado y virgen allá desde los +tiempos del seminario, desde que se había propuesto renunciar a toda +familia y todo hogar en la tierra entrando en el sacerdocio; y al par +encendía en él misterioso fuego, ternura humana, expansiva y dulce; el +presbítero empezaba a querer a la niña con ceguera, a figurarse que, si +la viese morir, se moriría él también, y otros muchos dislates por el +estilo, que cohonestaba con la idea de que, al fin, la chiquita era un +ángel. No se cansaba de admirarla, de devorarla con los ojos, de +considerar sus pupilas líquidas y misteriosas, como anegadas en leche, +en cuyo fondo parecía reposar la serenidad misma. + +Una penosa idea le acudía de vez en cuando. Acordábase de que había +soñado con instituir en aquella casa el matrimonio cristiano cortado por +el patrón de la Sacra Familia. Pues bien, el santo grupo estaba +disuelto: allí faltaba San José o lo sustituía un clérigo, que era peor. +No se veía al marqués casi nunca; desde el nacimiento de la niña, en vez +de mostrarse más casero y sociable, volvía a las andadas, a su vida de +cacerías, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían +buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos. Pasábase a +veces una semana fuera de los Pazos de Ulloa. Su hablar era más áspero, +su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban +en forma más dura. Y aún notaba Julián más alarmantes indicios. Le +inquietaba ver que Sabel recibía otra vez su antigua corte de sultana +favorita, y que la Sabia y su progenie, con todas las parleras comadres +y astrosos mendigos de la parroquia, pululaban allí, huyendo a escape +cuando él se acercaba, llevando en el seno o bajo el mandil bultos +sospechosos. Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas +partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser +y estado que tuvieron antes. + +Trataba el bueno del capellán de comulgarse a sí propio con ruedas de +molino, diciéndose que aquello no significaba _nada_; pero la maldita +casualidad se empeñó en abrirle los ojos cuando no quisiera. Una mañana +que madrugó más de lo acostumbrado para decir su misa, resolvió advertir +a Sabel que le tuviese dispuesto el chocolate dentro de media hora. +Inútilmente llamó a su cuarto, situado cerca de la torre en que Julián +dormía. Bajó con esperanzas de encontrarla en la cocina, y al pasar ante +la puerta del gran despacho próximo al archivo, donde se había instalado +don Pedro desde el nacimiento de su hija, vio salir de allí a la moza, +en descuidado traje y soñolienta. Las reglas psicológicas aplicables a +las conciencias culpadas exigían que Sabel se turbase: quien se turbó +fue Julián. No sólo se turbó, pero subió de nuevo a su dormitorio, +notando una sensación extraña, como si le hubiesen descargado un fuerte +golpe en las piernas quebrándoselas. Al entrar en su habitación, pensaba +esto o algo análogo: + +«Vamos a ver, ¿quién es el guapo que dice misa hoy?». + + + + +-XIX- + + +No, ese guapo no era él. ¡Buena misa sería la que dijese, con la cabeza +hecha una olla de grillos! Hasta reprimir los amotinados pensamientos +que le acuciaban, hasta adoptar una resolución firme y valedera, Julián +no se atrevía ni a pensar en el santo sacrificio. + +La cosa era bien clara. Situación: la misma del año penúltimo. Tenía que +marcharse de aquella casa echado por el feo vicio, por el delito infame. +No le era lícito permanecer allí ni un instante más. Salvo el debido +respeto, se había llevado la trampa el matrimonio cristiano, en cierto +modo obra suya, y ya no quedaba rastro de hogar, sino una sentina de +corrupción y pecado. A otra parte, pues, con la música. + +Sólo que.... Vaya, hay cosas más fáciles de pensar que de hacer en este +mundo. Todo era una montaña: encontrar pretexto, despedirse, preparar el +equipaje.... La primera vez que pensó en irse de allí ya le costaba algún +esfuerzo; hoy, la idea sola de marchar le producía el mismo efecto que +si le echasen sobre el alma un paño mojado en agua fría. ¿Por qué le +disgustaba tanto la perspectiva de salir de los Pazos? Bien mirado, él +era un extraño en aquella casa. + +Es decir, eso de extraño.... Extraño no, pues vivía unido espiritualmente +a la familia por el respeto, por la adhesión, por la costumbre. Sobre +todo, la niña, la niña. El acordarse de la niña le dejó como embobado. +No podía explicarse a sí mismo el gran sacudimiento interior que le +causaba pensar que no volvería a cogerla en brazos. ¡Mire usted que +estaba encariñado con la tal muñeca! Se le llenaron de lágrimas los +ojos. + +«Bien decían en el Seminario--murmuró con despecho--que soy muy apocado y +muy... así..., como las mujeres, que por todo se afectan. ¡Vaya un +sacerdote ordenado de misa! Si tengo tal afición a chiquillos, no debí +abrazar la carrera que abracé. No, no; esto que voy diciendo es un +desatino mayor todavía.... Si me gustan los chiquillos y tengo vocación +de ayo o niñero, ¿quién me priva de cuidar a los que andan descalzos por +las carreteras, pidiendo limosna? Son hijos de Dios lo mismo que esta +pobre pequeña de aquí.... Hice mal, muy mal en tomarle tanta afición.... +Pero es que sólo un perro, ¡qué!, ni un perro...: sólo una fiera puede +besar a un angelito y no quererlo bien». + +Resumiendo después sus cavilaciones, añadió para sí: + +«Soy un majadero, un Juan Lanas. No sé a qué he venido aquí la vez +segunda. No debí volver. Estaba visto que el señorito tenía que parar en +esto. Mi poca energía tiene la culpa. Con riesgo de la vida debí barrer +esa canalla, si no por buenas, a latigazos. Pero yo no tengo agallas, +como dice muy bien el señorito, y ellos pueden y saben más que yo, a +pesar de ser unos brutos. Me han engañado, me han embaucado, no he +puesto en la calle a esa moza desvergonzada, se han reído de mí y ha +triunfado el infierno». + +Mientras sostenía este monólogo, iba sacando de un cajón de la cómoda +prendas de ropa blanca, a fin de hacer su equipaje, pues como todas las +personas irresolutas, solía precipitarse en los primeros momentos y +adoptar medidas que le ayudaban a engañarse a sí propio. Al paso que +rellenaba la maleta, razonaba para consigo: + +«¿Señor, Señor, por qué ha de haber tanta maldad y tanta estupidez en la +tierra? ¿Por qué el hombre ha de dejar que lo pesque el diablo con tan +tosco anzuelo y cebo tan ruin? (diciendo esto alineaba en el baúl +calcetines). Poseyendo la perla de las mujeres, el verdadero trasunto de +la mujer fuerte, una esposa castísima (este superlativo se le ocurrió al +doblar cuidadosamente la sotana nueva), ¡ir a caer precisamente con una +vil mozuela, una sirviente, una fregona, una desvergonzada que se va a +picos pardos con el primer labriego que encuentra!». + +Llegaba aquí del soliloquio cuando trataba sin éxito de acomodar el +sombrero de canal de modo que la cubierta de la maleta no lo abollase. + +El ruido que hizo la tapa al descender, el gemido armonioso del cuero, +parecióle una voz irónica que le respondía: + +«Por eso, por eso mismo». + +«¡Será posible!--murmuró el bueno del capellán--. ¡Será posible que la +abyección, que la indignidad, que la inmundicia misma del pecado +atraiga, estimule, sea un aperitivo, como las guindillas rabiosas, para +el paladar estragado de los esclavos del vicio! Y que en esto caigan, no +personas de poco más o menos, sino señores de nacimiento, de rango, +señores que...». + +Detúvose y, reflexivo, contó un montículo de pañuelos de narices que +sobre la cómoda reposaba. + +«Cuatro, seis, siete.... Pues yo tenía una docena, todos marcados.... +Pierden aquí la ropa bastante...». + +Volvió a contar. + +«Seis, siete.... Y uno en el bolsillo, ocho.... Puede que haya otro en la +lavandera...». + +Dejólos caer de golpe. Acababa de recordar que uno de aquellos pañuelos +se lo había atado él a la niñita debajo de la barba, para impedir que la +baba le rozase el cuello. Suspiró hondamente, y abriendo otra vez el +maletín, notó que la seda del sombrero de canal se estropeaba con la +tapa. «No cabe», pensó, y parecióle enorme dificultad para su viaje no +poder acomodar la canaleja. Miró el reloj: señalaba las diez. A las diez +o poco más comía la chiquita su sopa y era la risa del mundo verla con +el hocico embadurnado de puches, empeñada en coger la cuchara y sin +acertar a lograrlo. ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar; al día siguiente +le sería fácil colocar mejor su sombrero y resolver la marcha. Por +veinticuatro horas más o menos.... + +Este medicamento emoliente de la espera equivale, para la mayor parte de +los caracteres, a infalible específico. No hay que vituperar su empleo, +en atención a lo que consuela: en rigor, la vida es serie de +aplazamientos, y sólo hay un desenlace definitivo, el último. Así que +Julián concibió la luminosa idea de aguardar un poco, sintióse +tranquilo; aun más: contento. No era su carácter muy jovial, +propendiendo a una especie de morosidad soñadora y mórbida, como la de +las doncellas anémicas; pero en aquel punto respiraba con tal desahogo +por haber encontrado una solución, que sus manos temblaban, deshaciendo +con alegre presteza el embutido de calcetines y ropa blanca y dando +amable libertad al canal y manteo. Después se lanzó por las escaleras, +dirigiéndose a la habitación de Nucha. + +Nada aconteció aquel día que lo diferenciase de los demás, pues allí la +única variante solía ser el mayor o menor número de veces que mamaba la +chiquitina, o la cantidad de pañales puestos a secar. Sin embargo, en +tan pacífico interior veía el capellán desarrollarse un drama mudo y +terrible. Ya se explicaba perfectamente las melancolías, los suspiros +ahogados de Nucha. Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con +la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída +siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por +fuerza, debía _saberlo todo_, y una lástima profunda le inundaba el +alma. Reprendióse a sí mismo por haber pensado siquiera en marcharse. Si +la señorita necesitaba un amigo, un defensor, ¿en quién lo encontraría +más que en él? Y lo necesitaría de fijo. + +La misma noche, antes de acostarse, presenció el capellán una escena +extraña, que le sepultó en mayores confusiones. Como se le hubiese +acabado el aceite a su velón de tres mecheros y no pudiese rezar ni +leer, bajó a la cocina en demanda de combustible. Halló muy concurrido +el sarao de Sabel. En los bancos que rodeaban el fuego no cabía más +gente: mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las +chuscadas y chocarrerías del tío Pepe de Naya, vejete que era un puro +costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino +de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse +en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la +hospitalaria Sabel le ofrecía. Mientras él pagaba el escote contando +chascarrillos, en la gran mesa de la cocina, que desde el casamiento de +don Pedro no usaban los amos, se veían, no lejos de la turbia luz de +aceite, relieves de un festín más suculento: restos de carne en platos +engrasados, una botella de vino descorchada, una media tetilla, todo +amontonado en un rincón, como barrido despreciativamente por el +hartazgo; y en el espacio libre de la mesa, tendidos en hilera, había +hasta doce naipes, que si no recortados en forma ovada por exceso de +uso, como aquellos de que se sirvieron Rinconete y Cortadillo, no les +cedían en lo pringosos y sucios. En pie, delante de ellos, la señora +María la Sabia, extendiendo el dedo negro y nudoso cual seca rama de +árbol, los consultaba con ademán reflexivo. Encorvada la horrenda +sibila, alumbrada por el vivo fuego del hogar y la luz de la lámpara, +ponía miedo su estoposa pelambrera, su catadura de bruja en aquelarre, +más monstruosa por el bocio enorme, ya que le desfiguraba el cuello y +remedaba un segundo rostro, rostro de visión infernal, sin ojos ni +labios, liso y reluciente a modo de manzana cocida. Julián se detuvo en +lo alto de la escalera, contemplando las prácticas supersticiosas, que +se interrumpirían de seguro si sus zapatillas hiciesen ruido y delatasen +su presencia. + +Si él conociese a fondo la tenebrosísima y aún no desacreditada ciencia +de la cartomancia, ¡cuánto más interesante le parecería el espectáculo! +Entonces podría ver reunidos allí, como en el reparto de un drama, los +personajes todos que jugaban en su vida y ocupaban su imaginación. Aquel +rey de bastos, con hopalanda azul ribeteada de colorado, los pies +simétricamente dispuestos, la gran maza verde al hombro, se le figuraría +bastante temible si supiese que representaba un hombre moreno casado--don +Pedro--. La sota del mismo palo se le antojaría menos fea si comprendiese +que era símbolo de una señorita morena también--Nucha--. A la de copas le +daría un puntapié por insolente y borracha, atendido que personificaba a +Sabel, una moza rubia y soltera. Lo más grave sería verse a sí mismo--un +joven rubio--significado por el caballo de copas, azul por más señas, +aunque ya todos estos colorines los había borrado la mugre. + +¡Pues qué sucedería si después, cuando la vieja barajó los naipes y, +repartiéndolos en cuatro montones, empezó a interpretar su sentido +fatídico, pudiese él oír distintamente todas las palabras que salían del +antro espantable de su boca! Había allí concordancias de la sota de +bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores +secretos de mucha duración; apariciones del ocho de bastos, que +vaticinaban riñas entre cónyuges; reuniones de la sota de espadas con la +de copas patas arriba, que encerraban tétricos augurios de viudez por +muerte de la esposa. A bien que el cinco del mismo palo profetizaba +después unión feliz. Todo esto, dicho por la sibila en voz baja y +cavernosa, lo escuchaba solamente la bella fregatriz Sabel, que con los +brazos cruzados tras la espalda, el color arrebatado, se inclinaba sobre +el oráculo, que más parecía provocarla a curiosidad que a regocijo. La +jarana con que en el hogar se celebraban los chistes del señor Pepe +impedía que nadie atendiese al silabeo de la vieja. Merced a la +situación de la escalera, dominaba Julián la mesa, trípode y ara del +temeroso rito, y sin ser visto podía ver y entreoír algo. Escuchaba, +tratando de entender mejor lo que sólo confusamente percibía, y como al +hacerlo cargase sobre el barandal de la escalera, éste crujió levemente, +y la bruja alzó su horrible carátula. En un santiamén recogió los +naipes, y el capellán bajó, algo confuso de su espionaje involuntario, +pero tan preocupado con lo que creía haber sorprendido, que ni se le +ocurrió censurar el ejercicio de la hechicería. La bruja, empleando el +tono humilde y servil de siempre, se apresuró a explicarle que aquello +era mero pasatiempo, «por se reír un poco». + +Volvió Julián a su cuarto agitadísimo. Ni él mismo sabía lo que le +correteaba por el magín. Bien presumía antes a cuántos riesgos se +exponían Nucha y su hija viviendo en los Pazos: ahora..., ahora los +divisaba inminentes, clarísimos. ¡Tremenda situación! El capellán le +daba vueltas en su cerebro excitado: a la niña la robarían para matarla +de hambre; a Nucha la envenenarían tal vez.... Intentaba serenarse. ¡Bah! +No abundan tanto los crímenes por esos mundos, a Dios gracias. Hay +jueces, hay magistrados, hay verdugos. Aquel hato de bribones se +contentaría con explotar al señorito y a la casa, con hacer rancho de +ella, con mandar anulando en su dignidad y poderío doméstico a la +señorita. Pero..., ¿si no se contentaba? + +Dio cuerda a su velón, y apoyando los codos sobre la mesa intentó leer +en las obras de Balmes, que le había prestado el cura de Naya, y en cuya +lectura encontraba grato solaz su espíritu, prefiriendo el trato con tan +simpática y persuasiva inteligencia a las honduras escolásticas de +Prisco y San Severino. Mas a la sazón no podía entender una sola línea +del filósofo, y sólo oía los tristes ruidos exteriores, el quejido +constante de la presa, el gemir del viento en los árboles. Su acalorada +fantasía le fingió entre aquellos rumores quejumbrosos otro más +lamentable aún, porque era personal: un grito humano. ¡Qué disparatada +idea! No hizo caso y siguió leyendo. Pero creyó escuchar de nuevo el +_ay_ tristísimo. ¿Serían los perros? Asomóse a la ventana: la luna +bogaba en un cielo nebuloso, y allá a lo lejos se oía el aullar de un +perro, ese aullar lúgubre que los aldeanos llaman _ventar la muerte_ y +juzgan anuncio seguro del próximo fallecimiento de una persona. Julián +cerró la ventana estremeciéndose. No despuntaba por valentón, y sus +temores instintivos se aumentaban en la casa solariega, que le producía +nuevamente la dolorosa impresión de los primeros días. Su temperamento +linfático no poseía el secreto de ciertas saludables reacciones, con las +cuales se desecha todo vano miedo, todo fantasma de la imaginación. Era +capaz, y demostrado lo tenía, de arrostrar cualquier riesgo grave, si +creía que se lo ordenaba su deber; pero no de hacerlo con ánimo sereno, +con el hermoso desdén del peligro, con el buen humor heroico que sólo +cabe en personas de rica y roja sangre y firmes músculos. El valor +propio de Julián era valor temblón, por decirlo así; el breve arranque +nervioso de las mujeres. + +Volvía a su conferencia con Balmes cuando.... ¡Jesús nos valga! ¡Ahora +sí, ahora sí que no cabía duda! Un chillido sobreagudo de terror había +subido por el oscuro caracol y entrado por la puerta entornada. ¡Qué +chillido! El velón le bailaba en las manos a Julián.... Bajaba, sin +embargo, muy aprisa, sin sentir sus propios movimientos, como en las +espantosas caídas que damos soñando. Y volaba por los salones +recorriendo la larga crujía para llegar hacia la parte del archivo, +donde había sonado el grito horrible.... El velón, oscilando más y más en +su diestra trémula, proyectaba en las paredes caleadas extravagantes +manchones de sombra.... Iba a dar la vuelta al pasillo que dividía el +archivo del cuarto de don Pedro, cuando vio.... ¡Dios santo! Sí, era la +escena misma, tal cual se la había figurado él.... Nucha de pie, pero +arrimada a la pared, con el rostro desencajado de espanto, los ojos no +ya vagos sino llenos de extravío mortal; enfrente su marido, blandiendo +un arma enorme.... Julián se arrojó entre los dos.... Nucha volvió a +chillar.... + +--¡Ay!, ¡ay! ¡Qué hace usted! ¡Que se escapa... que se escapa! + +Comprendió entonces el alucinado capellán lo que ocurría, con no poca +vergüenza y confusión suya.... Por la pared trepaba aceleradamente, +deseando huir de la luz, una araña de desmesurado grandor, un monstruoso +vientre columpiado en ocho velludos zancos. Su carrera era tan rápida, +que inútilmente trataba el señorito de alcanzarla con la bota; de +repente Nucha se adelantó, y con voz entre grave y medrosa repitió +ingenuamente lo que había dicho mil veces en su niñez: + +--¡San Jorge... para la araña! + +El feo insecto se detuvo a la entrada de la zona de sombra: la bota cayó +sobre él. Julián, por reacción natural del miedo disipado, que se trueca +en inexplicable gozo, iba a reírse del suceso; pero notó que Nucha, +cerrando los ojos y apoyándose en la pared, se cubría la cara con el +pañuelo. + +--No es nada, no es nada...--murmuraba. + +--Un poco de llanto nervioso.... Ya pasará.... Estoy aún algo débil.... + +--¡Valiente cosa para tanto alboroto!--exclamó el marido encogiéndose de +hombros--. ¡Os crían con más mimo! En mi vida he visto tal. Don Julián, +¿usted creyó que la casa se venía abajo? ¡Ea, a recogerse! Buenas +noches. + +Tardó bastante el capellán en dormirse. Recapacitaba en sus terrores y +concedía su ridiculez; prometíase vencer aquella pusilanimidad suya; +pero duraba aún el desasosiego: la impulsión estaba comunicada y +almacenada en sinuosidades cerebrales muy hondas. Apenas le otorgó sus +favores el sueño, vino con él una legión de pesadillas a cual más negra +y opresora. Empezó a soñar con los Pazos, con el gran caserón; mas, por +extraña anomalía propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones +de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al anárquico +influjo de la imaginación, no veía la huronera tal cual la había visto +siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho +portalón inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcción +del siglo XVIII; sino que, sin dejar de ser la misma, había mudado de +forma; el huerto con bojes y estanque era ahora ancho y profundo foso; +las macizas murallas se poblaban de saeteras, se coronaban de almenas; +el portalón se volvía puente levadizo, con cadenas rechinantes; en suma: +era un castillote feudal hecho y derecho, sin que le faltase ni el +romántico aditamento del pendón de los Moscosos flotando en la torre del +homenaje; indudablemente, Julián había visto alguna pintura o leído +alguna medrosa descripción de esos espantajos del pasado que nuestro +siglo restaura con tanto cariño. Lo único que en el castillo recordaba +los Pazos actuales era el majestuoso escudo de armas; pero aun en este +mismo existía diferencia notable, pues Julián distinguía claramente que +se habían animado los emblemas de piedra, y el pino era un árbol verde +en cuya copa gemía el viento, y los dos lobos rapantes movían las +cabezas exhalando aullidos lúgubres. Miraba Julián fascinado hacia lo +alto de la torre, cuando vio en ella alarmante figurón: un caballero con +visera calada, todo cubierto de hierro; y aunque ni un dedo de la mano +se le descubría, con el don adivinatorio que se adquiere soñando, Julián +percibía al través de la celada la cara de don Pedro. Furioso, +amenazador, enarbolaba don Pedro un arma extraña, una bota de acero, que +se disponía a dejar caer sobre la cabeza del capellán. Éste no hacía +movimiento alguno para desviarse, y la bota tampoco acababa de caer; era +una angustia intolerable, una agonía sin término; de repente sintió que +se le posaba en el hombro una lechuza feísima, con greñas blancas. Quiso +gritar: en sueños el grito se queda siempre helado en la garganta. La +lechuza reía silenciosamente. Para huir de ella, saltaba el foso; mas +éste ya no era foso, sino la represa del molino; el castillo feudal +también mudaba de hechura sin saberse cómo; ahora se parecía a la +clásica torre que tienen en las manos las imágenes de Santa Bárbara; una +construcción de cartón pintado, hecha de sillares muy cuadraditos, y a +cuya ventana asomaba un rostro de mujer pálido, descompuesto.... Aquella +mujer sacó un pie, luego otro... fue descolgándose por la ventana +abajo.... ¡Qué asombro! ¡Era la sota de bastos, la mismísima sota de +bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo +de espadas, una rara alimaña azul, con la cola rayada de negro. Mas a +poco Julián reconoció su error: ¡qué caballo de espadas! No era sino San +Jorge en persona, el valeroso caballero andante de las celestiales +milicias, con su dragón debajo, un dragón que parecía araña, en cuya +tenazuda boca hundía la lanza con denuedo.... Brillante y aguda, la lanza +descendía, se hincaba, se hincaba.... Lo sorprendente es que el lanzazo +lo sentía Julián en su propio costado.... Lloraba muy bajito, queriendo +hablar y pedir misericordia; nadie acudía en su auxilio, y la lanza le +tenía ya atravesado de parte a parte.... Despertó repentinamente, +resintiéndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual +había gravitado el peso del cuerpo todo, al acostarse del lado +izquierdo, posición favorable a las pesadillas. + + + + +-XX- + + +Los sueños de las noches de terror suelen parecer risibles apenas +despunta la claridad del nuevo día; pero Julián, al saltar de la cama, +no consiguió vencer la impresión del suyo. Proseguía el hervor de la +imaginación sobrexcitada: miró por la ventana, y el paisaje le pareció +tétrico y siniestro; verdad es que entoldaban la bóveda celeste +nubarrones de plomo con reflejos lívidos, y que el viento, sordo unas +veces y sibilante otras, doblaba los árboles con ráfagas repentinas. El +capellán bajó la escalera de caracol con ánimo de decir su misa, que a +causa del mal estado de la capilla señorial acostumbraba celebrar en la +parroquia. Al regresar y acercarse a la entrada de los Pazos, un +remolino de hojas secas le envolvió los pies, una atmósfera fría le +sobrecogió, y la gran huronera de piedra se le presentó imponente, +ceñuda y terrible, con aspecto de prisión, como el castillo que había +visto soñando. El edificio, bajo su toldo de negras nubes, con el ruido +temeroso del cierzo que lo fustigaba, era amenazador y siniestro. Julián +penetró en él con el alma en un puño. Cruzó rápidamente el helado +zaguán, la cavernosa cocina, y, atravesando los salones solitarios, se +apresuró a refugiarse en la habitación de Nucha, donde acostumbraban +servirle el chocolate por orden de la señorita. + +Encontró a ésta algo más desemblantada que de costumbre. Al abatimiento +que de ordinario se revelaba en su rostro afilado, se agregaba una +contracción y un azoramiento, indicios de gran tirantez nerviosa. Tenía +a la niña en brazos, y al ver llegar a Julián le hizo rápidamente seña +de que ni chistase ni se menease, que el angelito andaba en tratos de +aletargarse al calor del seno maternal. Inclinada sobre la criatura, +Nucha le echaba el aliento para mejor adormecerla, y arreglaba con +febriles movimientos el pañolón calcetado que envolvía, como el capullo +a la oruga, aquella vida naciente. Pestañeó la niña dos o tres veces, y +luego cerró los ojitos, mientras su madre no cesaba de arrullarla con +una _nana_ aprendida del ama, una especie de gemido cuya base era el +triste, ¡_lai... lai_!, la queja lenta y larga de todas las canciones +populares en Galicia. El canto fue descendiendo, hasta concluir en la +pronunciación melancólica y cariñosa de una sola letra, la _e_ +prolongada; y levantándose en puntas de pie, Nucha depositó a su hija en +la cuna muy delicada y cuidadosamente, pues la chiquilla era tan +lista--en opinión de su madre--que distinguía al punto la cuna del brazo, +y era capaz de despertar del sopor más profundo si se enteraba de la +sustitución. + +Por lo mismo Julián y Nucha se hablaron muy de quedo, mientras la +señorita manejaba la aguja de _crochet_ calcetando unos zapatitos que +parecían bolsas. Julián empezó por preguntar si se le había quitado el +susto de la noche anterior. + +--Sí, pero todavía estoy no sé cómo. + +--Yo tampoco les tengo afición a esos bichos asquerosos.... No los había +visto tan gordos hasta que vine a la aldea. En el pueblo apenas los hay. + +--Pues yo--contestó Nucha--era antes muy valiente; pero desde... que nació +la pequeña, no sé qué me pasa; parece que me he vuelto medio tonta, que +tengo miedo a todo.... + +Interrumpió la labor, y alzó la cara; sus grandes ojos estaban +dilatados; sus labios, ligeramente trémulos. + +--Es una enfermedad, es una manía; ya lo conozco, pero no lo puedo +remediar, por más que hago. Tengo la cabeza debilitada; no pienso sino +en cosas de susto, en espantos.... ¿Ve usted qué chillidos di ayer por la +dichosa araña? Pues de noche, cuando me quedo sola con la niña...--porque +el ama durmiendo es lo mismo que si estuviese muerta; aunque le disparen +al oído un cañón de a ocho no se mueve--haría a cada paso escenas por el +estilo si no me dominase. No se lo digo a Juncal por vergüenza; pero veo +cosas muy raras. La ropa que cuelgo me representa siempre hombres +ahorcados, o difuntos que salen del ataúd con la mortaja puesta; no +importa que mientras está el quinqué encendido, antes de acostarme, la +arregle así o asá; al fin toma esas hechuras extravagantes aun no bien +apago la luz y enciendo la lamparilla. Hay veces que distingo personas +sin cabeza; otras, al contrario, les veo la cara con todas sus +facciones, la boca muy abierta y haciendo muecas.... Esos mamarrachos que +hay pintados en el biombo se mueven; y cuando crujen las ventanas con el +viento, como esta noche, me pongo a cavilar si son almas del otro mundo +que se quejan.... + +--¡Señorita!--exclamó dolorosamente Julián--. ¡Eso es contra la fe! No +debemos creer en aparecidos ni en brujerías. + +--¡Si yo no creo!--repuso la señorita riendo nerviosamente--. ¿Usted se +figura que soy como el ama, que dice que ha visto en realidad la +_Compaña_, con su procesión de luces allá a las altas horas? En mi vida +he dado crédito a paparruchas semejantes; por eso digo que debo de estar +enferma, cuando me persiguen visiones y vestiglos.... Lo que siempre me +porfía el señor de Juncal: fortalecerse, criar sangre.... Lástima que la +sangre no se compre en la tienda.... ¿no le parece a usted? + +--O que... los sanos no se la podamos regalar a... los que... la +necesitan.... + +Dijo esto el presbítero titubeando, poniéndose encendido hasta la nuca, +porque su impulso primero había sido exclamar: «Señorita Marcelina, aquí +está mi sangre a la disposición de usted». + +El silencio producido por arranque tan vivo duró algunos segundos, +durante los cuales ambos interlocutores miraron fijamente, distraídos y +ensimismados, el paisaje que se alcanzaba desde la ancha y honda ventana +fronteriza. Al pronto no lo vieron; luego su efecto sombrío les fue +entrando, mal de su grado, por los ojos hasta el alma. Eran las montañas +negras, duras, macizas en apariencia, bajo la oscurísima techumbre del +cielo tormentoso; era el valle alumbrado por las claridades pálidas de +un angustiado sol; era el grupo de castaños, inmóvil unas veces, otras +violentamente sacudido por la racha del ventarrón furioso y +desencadenado.... A un mismo tiempo exclamaron los dos, capellán y +señorita: + +--¡Qué día tan triste! + +Julián reflexionaba en la rara coincidencia de los terrores de Nucha y +los suyos propios; y, pensando alto, prorrumpía: + +--Señorita, también esta casa..., vamos, no es por decir mal de ella, +pero... es un poco _miedosa_. ¿No le parece? + +Los ojos de Nucha se animaron, como si el capellán le hubiese adivinado +un sentimiento que no se atrevía a manifestar. + +--Desde que ha venido el invierno--murmuró hablando consigo misma--no sé +qué tiene ni qué trazas saca... que no me parece la misma.... Hasta las +murallas se han vuelto más gordas y la piedra más oscura.... Será una +tontería, ¡ya sé que lo será!, pero no me atrevo a salir de mi +habitación, yo que antes revolvía todos los rincones y andaba por todas +partes.... Y no tengo remedio sino dar una vuelta por ella.... Necesito +ver si hay abajo, en el sótano, arcones para la ropa blanca.... Hágame el +favor de venir, Julián, ahora que la niña duerme.... Quiero quitarme de +la cabeza estas aprensiones y estas tontunas. + +Intentó el capellán disuadirla: temía que se cansase, que se enfriase al +atravesar los salones, al bajar al claustro. La señorita no dio más +respuesta que dejar la labor, envolverse en su mantón y echar a andar. +Cruzaron a buen paso la fila de habitaciones extensas, desamuebladas, +casi vacías, donde las pisadas retumbaban sordamente. De tiempo en +tiempo, Nucha volvía la cabeza atrás a ver si la seguía su acompañante, +y el ademán de volverla revelaba alteración y zozobra. En la diestra +columpiaba un manojo de llaves. Salieron al claustro superior, y por una +escalerilla muy pendiente descendieron al inferior, cuyas arcadas eran +de piedra. + +Llegados al patín que cerraba el grave claustro, Nucha señaló a un pilar +que tenía incrustada una argolla de hierro, de la cual colgaba aún un +eslabón comido de orín. + +--¿Sabe usted qué era esto?--murmuró con apagada voz. + +--No sé--respondió Julián. + +--Dice Pedro--explicó la señorita--que estuvo ahí la cadena con que tenían +sujeto sus abuelos a un negro esclavo.... ¿No parece mentira que se +hiciesen semejantes crueldades? ¡Qué tiempos tan malos, Julián! + +--Señorita..., a don Máximo Juncal, que no piensa más que en política, +todo se le vuelve hablar de eso; pero mire usted, en cada tiempo hay su +legua de mal camino.... Bastantes barbaridades hacen hoy en día, y la +religión anda perdida desde estas grescas. + +--Pero como aquí--observó Nucha, formulando sencillamente una observación +histórico-filosófica de bastante alcance--no ve uno sino las atrocidades +de los señores de otro tiempo..., parece que son las únicas que le dan +en qué pensar.... ¿Por qué serán tan malos cristianos los hombres?--añadió +entreabriendo los labios con cándido asombro. + +El cielo se oscureció más en el momento de expresarse así Nucha; un +relámpago alumbró súbitamente las profundidades de las arcadas del +claustro y el rostro de la señorita, que adquirió a la luz verdosa el +aspecto trágico de una faz de imagen. + +--¡Santa Bárbara bendita!--articuló piadosamente el capellán, +estremeciéndose--. Volvámonos arriba, señorita.... Está tronando. Como +este año no tuvimos _cordonazo de San Francisco_..., ya se ve, el +equinoccio no quiere pasar sin esto.... ¿Subimos? + +--No--resolvió Nucha, empeñada en combatir sus propios terrores--. Ésta es +la puerta del sótano.... ¿Cuál será la llave? + +La buscó algún tiempo en el manojo. Al introducirla en la cerradura y +empujar la puerta, otro relámpago bañó de claridad fantasmagórica el +sitio en que iba a penetrar; rodó el carro del trueno, pausado al +principio, después ronco y formidable, como una voz hinchada por la +cólera, y Nucha retrocedió con espanto. + +--¿Qué sucede, señorita querida? ¿Qué sucede?--gritó el capellán. + +--¡Nada... nada!--tartamudeó la señora de Ulloa--. Se me figuró al abrir +que estaba ahí dentro un perro muy grande, sentado, y que se levantaba y +se me echaba para morderme.... ¿Si no los tendré cabales? Pues mire usted +que juraría haberlo visto. + +--¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es +que es una locura andar ahora revolviendo en los sótanos.... Retírese +usted; yo buscaré lo que haga falta. + +--No--replicó Nucha con energía--. Ya me carga de veras ser tan boba.... +Quiero entrar antes, para que vea usted si comprendo perfectamente que +todas son necedades.... ¿Trae usted la cerilla?--gritó ya desde dentro. + +El capellán la encendió, y a su luz menos que dudosa vieron el sótano, +mejor dicho, entrevieron las paredes destilando humedad; el confuso +montón de objetos retirados allí por inservibles y pudriéndose en los +rincones; el conjunto de cosas informes y, por lo mismo, temerosas y +vagas. En la penumbra de aquel lugar casi subterráneo, en el +hacinamiento de vejestorios retirados por inservibles y entregados a las +ratas, la pata de una mesa parecía un brazo momificado, la esfera de un +reloj era la faz blanquecina de un muerto, y unas botas de montar +carcomidas, asomando por entre papeles y trapos, despertaban en la +fantasía la idea de un hombre asesinado y oculto allí. No obstante, +Nucha, con paso resuelto, fue derecha al caos húmedo y medroso, y, con +la voz ahogada y conmovida de los que acaban de obtener un gran triunfo +sobre sí mismos, gritó: + +--Aquí está el arcón.... Que me lo suban después.... + +Salió muy animada, satisfecha de su resolución, vencedora en la lucha +cuerpo a cuerpo con el caserón que la asustaba. Al subir otra vez por la +escalerilla, volvió a sobrecogerla el fragor de un trueno más hondo, +poderoso y cercano que los anteriores. ¡Era preciso encender la vela del +Santísimo y rezar el Trisagio! + +Así lo hicieron al punto. La vela fue colocada sobre la cómoda de Nucha: +un cirio bastante largo aún, de cera color de naranja, con muchas +lágrimas y un pábilo que chisporroteaba y no acababa de arder. Antes de +arrodillarse, cerraron las maderas de la ventana, para evitar que la +ojeada fulgurante del relámpago les deslumbrase a cada minuto. Rugía con +creciente ira el viento, y la tronada se había situado sobre los Pazos, +oyéndose su estruendo lo mismo que si corriese por el tejado un +escuadrón de caballos a galope o si un gigante se entretuviese en +arrastrar un peñasco y llevarlo a tumbos por encima de las tejas. ¡Con +cuánto fervor empezó el capellán a guiar el Trisagio misterioso! +Anonadándose ante la cólera divina, cuya violencia sacudía y hacía +retemblar a los Pazos como si fuesen una choza, pronunciaba: + +De la subitánea muerte del rayo y de la centella libra este Trisagio, y +sella a quien lo reza: y advierte.... + +Nucha, de repente, se incorporaba lanzando un chillido, y corría al +sofá, donde se reclinaba lanzando interrumpidas carcajadas histéricas, +que sonaban a llanto. Sus manos crispadas arrancaban los corchetes de su +traje, o comprimían sus sienes, o se clavaban en los almohadones del +sofá, arañándolos con furor.... Aunque tan inexperto, Julián comprendió +lo que ocurría: el espasmo inevitable, la explosión del terror +reprimido, el pago del alarde de valentía de la pobre Nucha.... + +--¡Filomena, Filomena! Aquí, mujer, aquí.... Agua, vinagre..., el +frasquito aquél.... ¿Dónde está el frasco que vino de la botica de Cebre? +Aflójele el vestido.... Ya me vuelvo de espaldas, mujer, no necesitaba +avisármelo.... Unos pañitos fríos en las sienes.... ¡Si truena, que +truene! Deje tronar.... Acuda a la señorita.... Déle aire con este papel +aunque sea.... ¿Ya está cubierta y floja? Se lo daré yo, poquito a +poco.... Que respire bien el vinagre... + + + + +-XXI- + + +Notóse días después alguna mejoría en el estado general de la señora de +Ulloa, con lo cual el capellán revivió y se le animó también el marchito +semblante. El marqués andaba en extremo distraído, organizando una +cazata a los lejanos montes de Castrodorna, más allá del río; el tiempo +se aseguraba; las noches eran de helada, claras y glaciales; acercábase +el plenilunio, y todo prometía feliz éxito. La víspera de la salida al +cazadero vinieron a dormir a los Pazos el notario de Cebre, el señorito +de Limioso, el cura de Boán, el de Naya, y un cazador furtivo, escopeta +negra infalible, conocida en el país por el alias de _Bico de rato_ +(hocico de ratón), mote apropiadísimo a la color tiznada de su cara, +donde giraban dos ojuelos vivarachos. Llenóse la casa de ruido, de +tilinteo de cascabeles, de cadencia de uñas de perros sobre los pisos de +madera, de voces sonoras y de órdenes para tener en punto al amanecer +todos los arreos de caza. La cena fue regocijada y ruidosa: se bromeó, +se contaron de antemano las perdices que habían de sucumbir, se +saborearon por adelantado las provisiones que se llevaban al monte, y se +remojó previamente el gaznate con jarros de un tinto añejo que daba +gloria. A la hora de los postres y del café, habiéndose retirado Nucha, +que por el ansia de su niña se recogía temprano, subieron de la cocina +Primitivo y el ratón, y los futuros compañeros de glorias y fatigas +comenzaron a fraternizar fumando y trincando a competencia. Era el +momento más sabroso, el verdadero instante de felicidad espiritual para +un cazador de raza: era el minuto de las anécdotas cinegéticas y, sobre +todo, de los embustes. + +Para éstos se establecía turno pacífico, pues nadie renunciaba a soltar +su correspondiente bola, y crecían en magnitud conforme se enredaba la +plática. Formaban círculo los cazadores, y a sus pies dormían enroscados +los perros, con un ojo cerrado y otro entreabierto y de párpado +convulso; a veces, cuando se aplacaban las risotadas y las frases +chistosas, se oía a los canes _tocar la guitarra_, espulgarse a toda +orquesta, ladrar por sueños, sacudir las orejas y suspirar con +resignación. Nadie les hacía caso. + +El hocico de ratón tiene la palabra: + +--¡Pueda que no me lo crean y es tan cierto como que habemos de morir y +la tierra nos ha de comer! Para más verdá fue un día de San Silvestre.... + +--Andarían las brujas sueltas--interrumpió el cura de Boán. + +--Si eran _meigas_ o era el _trasno_, yo no lo sé: pero lo mismo que +habemos de dar cuenta a Dios nuestro Señor de nuestras _auciones_, me +pasó lo que les voy a contar. Andaba yo tras de una perdiz agachadito, +agachadito y el ratón se agachaba en efecto, siguiendo su inveterada +costumbre de representar cuanto hablaba, porque no llevaba perro ni +diaño que lo valiese, y estaba, con perdón de las barbas honradas que me +escuchan, para montar a caballo de un vallado, cuando oigo ¡tras tris, +tras tras!, ¡tipirí, tipirá!, el andar de una liebre; ¡más lista +venía... que las _zantellas_! Pues señor... _viro_ la cabeza mismo +así..., ¡con perdón de las barbas!, con mi escopeta más agarrada que la +Bula..., y de repente, ¡pan!, me pasa una cosa del otro mundo por encima +de la cabeza, y me caigo del vallado abajo.... + +Explosión de preguntas, de risas, de protestas. + +--¿Una cosa del otro mundo? + +--¿Un ánima del Purgatorio? + +--¿Pero él era persona o animal o qué mil rayos era? + +--Abrir la puerta, que esta mentira no cabe en la habitación. + +--¡Así Dios me salve y me dé la gloria como es verdad!--clamó el hocico de +ratón, poniendo el semblante más compungido del mundo--. ¡Era, con +perdón, la descarada de la liebre, que brincó por _riba_ de mí y me tiró +patas arriba! + +La aclaración produjo verdadero delirio. Don Eugenio, el abad de Naya, +se abría literalmente de risa, apretándose las caderas con ambas manos, +quejándose y derramando lágrimas; el marqués de Ulloa lanzaba carcajadas +poderosas; hasta Primitivo modulaba una risa opaca y turbia. El bueno +del ratón no podía ya entreabrir los labios para hablar sin que la +hilaridad se desatase. En toda reunión de cazadores (gente amiga de +bromas pesadas) hay un bufón, un juglar, un gracioso obligado, y este +papel correspondía de derecho a la escopeta negra, que se prestaba a +desempeñarlo de bonísima gana. Acostumbrado a pasarse los días y las +noches al sereno, en espera de la liebre, del conejo o de la perdiz; +hecho a apretarse la cintura con una cuerda, a la manera de los +salvajes, en las muchas ocasiones en que le faltaba un mendrugo de pan +que roer, el mísero ratoncillo era dichoso cuando le tocaba cazar con +gente de pro, de la que se lleva al cazadero botas henchidas de lo +añejo, _lacones_ cocidos y cigarros; ufanábase cuando le celebraban sus +patrañas: las narraba cada día con mayor seriedad, convicción y tono +ingenuo, y a todas las chanzas respondía invocando a Dios y a los santos +de la corte celestial en apoyo de sus aseveraciones estrambóticas. + +De pie, con las manos en los bolsillos del pantalón, mapamundi de +remiendos, y moviendo con risible rapidez nariz y boca, que tenía de +color de unto rancio, aguardaba a que le pidiesen algún nuevo episodio +tan verosímil como el de la liebre; pero ahora el turno le correspondía +a don Eugenio. + +--¿Saben--decía medio llorando y salivando aún de risa--un caso que pasó +entre el canónigo Castrelo y un señor muy chistoso, Ramírez de Orense? + +--¡El canónigo Castrelo!--exclamaron el cura de Boán y el marqués--. ¡Qué +apunte! ¡De órdago! Ése las suelta... como la torre de la Catedral. + +--Pues verán, verán cómo encontró con la horma de su zapato donde menos +se lo pensaba. Era una noche en el Casino, y estaban jugando al +tresillo. Castrelo se puso, como de costumbre, a espetar cuentos de +caza..., ¡mentira todos! Después de que se hartó, quiso encajar uno +descomunal y dijo así muy serio: «Sabrán ustedes que una mañana salí yo +al monte, y entre unas matas oí así... un ruido sospechoso. Me acerco +muy despacito... el ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más..., y +ya no me cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo, apunto, +disparo..., ¡pum, pum! ¿Y qué creerán ustedes que maté, señores?». Todo +el mundo a nombrar animales diferentes: que lobo, que zorro, que jabalí, +y hasta hubo quien nombró a un oso.... Castrelo a decir que no con la +cabeza..., hasta que por último saltó: «Pues ni zorro, ni lobo, ni +jabalí.... Lo que maté era.... ¡un tigre de Bengala!». + +--Hombre, don Eugenio.... ¡No fastidiar!--gritaron unánimemente los +cazadores--. ¿Había de atreverse Castrelo?... ¿Cómo no le deshicieron el +morro de una bofetada allí mismo? + +Don Eugenio, no consiguiendo que le oyesen, hacía con la mano señas de +que faltaba lo mejor del cuento. + +--¡Paciencia!--exclamó por fin--. Tengan paciencia, que no se acabó. Pues, +señor, ya ustedes comprenderán que en el Casino se armó una gresca. +Empezaron a insultar a Castrelo y a tratarlo de mentiroso en su cara. +Sólo el señor de Ramírez estaba muy formal, y apaciguaba a los +alborotadores. «No hay que asombrarse, no hay que asombrarse; yo les +contaré a ustedes una cosa que me pasó a mí cazando, que es más rara +todavía que la del señor de Castrelo». El canónigo empieza a escamarse y +la gente a atender. «Sabrán ustedes que una mañana salí yo al monte, y, +entre unas matas, oí así... un ruido sospechoso. Me acerco muy +despacito.... El ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más.... Ya no me +cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo..., apunto..., +disparo.... ¡Pum, pum!... ¿Y qué creerá usted que maté, señor canónigo?». +«¿Cómo demonios lo he de saber? Sería... un león». «¡Ca!». «Pues +sería... un elefante». «¡Caaa!». «Sería... lo que usted guste, caramba». +«¡Una sota de bastos, señor de Castrelo! ¡Era una sota de bastos!». + +Minutos de no entenderse. El ratón reía con una especie de hipo agudo; +el señorito de Limioso, ronca y gravemente; el cura de Boán, no sabiendo +cómo desahogar el regocijo, pateaba en el suelo y abofeteaba a la mesa. + +--¡Ey!--gritó don Eugenio--. _Bico-de-rato_, ¿no te has tropezado tú nunca +con ningún tigre? Echa un vasito y cuéntanos si te encontraste alguno +por ahí, _hom_. + +Atizóse el ratón su medio cuartillo; brilláronle los ojuelos, limpió el +labio con la bocamanga de la mugrienta chaqueta, y declaró con acento +sincero y candoroso: + +--Lo que es _trigues_..., por estos montes no debe de los haber, que si +no, ya los tendría matados; pero les diré lo que me pasó un día de la +Virgen de Agosto.... + +--¿A las tres y diez minutos de la tarde?--preguntó don Eugenio. + +--No..., habían de ser las once de la mañana, y puede que aún no las +fuesen. ¡Pero créanme, como que esa luz nos está alumbrando! Venía yo de +tirar a las tórtolas en un sembrado, y me encontré a la chiquilla del +tío Pepe de Naya, que traía la vaca mismo cogida así y hacía ademán de +arrollarse una cuerda a la muñeca. «Buenos días». «Santos y buenos». +«¿Me da las _rulas_?». «¿Y qué me das por ellas, rapaza?». «No tengo un +_ichavo_ triste». «Pues déjame mamar de la vaquiña, que rabio de sed». +«Mame luego, pero no lo chupe todo». Me arrodillo así el ratón medio se +hincó de hinojos ante el abad de Naya, y ordeñando en la palma de la +mano, con perdón, zampo la leche. ¡Qué fresca! «Vaya, rapaza.... ¡San +Antón te guarde la vaca!». Ando, ando, ando, ando, y al cuarto de legua +de allí me entra un sueño por todo el cuerpo..., como que me voy +quedando tonto. ¡A escotar! Me meto por el monte arriba, y llegando a +donde hay unos tojos más altos que un cristiano, me tumbo así (con +perdón) y saco el sombrero, y lo dejo de esta manera (reparen bien) +sobre la yerba. Sueño fue, que hasta de allí a hora y media no volví en +mi acuerdo. Voy a apañar mi sombrero para largar.... Lo mismo que todos +nos habemos de morir y resucitar en la gloria del día del Juicio, me veo +debajo una culebra más gorda que mi brazo _drecho_..., ¡con perdón! + +--¿Pero no que el izquierdo?--interrumpió don Eugenio picarescamente. + +--¡Muchísimo más gorda!--continuó el ratón imperturbable--, y toda rollada, +rollada, rollada, que cabía allí debajo..., ¡y durmiendo como una santa +de Dios! + +--¿Pero roncar, no roncaba? + +--La condenada acudía al olor de la leche..., y valió que le dio idea de +esconderse en el chapeo..., que las intenciones bien se las conocí.... +¡eran de metérseme por la boca, con perdón de las barbas honradas! + +Aunque se armó gran algazara, la moderó algún tanto el cura de Boán +recordando las diversas ocasiones en que se oían contar casos análogos: +culebras que se encontraban en los establos mamando del pezón de las +vacas, otras que se deslizaban en la cuna de los niños para beberles la +leche en el estómago.... + +Asistía Julián a la velada, entretenido y contento, porque la alegría y +el humor de los cazadores le disipaba las ideas congojosas de algunos +días atrás, el miedo a la Sabia, a Primitivo, a los Pazos, los lúgubres +presentimientos acrecentados por la comunicación de los terrores +nerviosos de Nucha. Don Eugenio, viéndole animado, le porfiaba para que +fuese a hacerles una visita al cazadero; negábase Julián, pretextando la +necesidad de decir misa, de rezar las horas canónicas: en realidad, era +que no quería dejar enteramente sola a la señorita. Al cabo, tanto +insistió don Eugenio, que hubo de prometer, aplazando para el último +día. + +--No ha de haber nada de eso-exclamó el bullicioso párroco--. Mañana por +la mañanita nos lo llevamos con nosotros.... Se vuelve de allá pasado +mañana temprano. + +Toda resistencia hubiera sido inútil, y más en tal momento, cuando la +jarana crecía y el vino menguaba en los jarros. Julián sabía que aquella +gente maleante y retozona era capaz de llevarlo por fuerza, si se negaba +a ir de grado. + + + + +-XXII- + + +Tuvo, pues, que salir al romper el alba, dando diente con diente, +caballero en la mansa pollinita, y siendo blanco de las bromas de los +cazadores, porque iba vestido de modo asaz impropio para la ocasión, sin +zamarra, ni polainas de cuero, ni sombrerazo, ni armas ofensivas o +defensivas de ninguna especie. El día asomaba despejado y magnífico: en +las hierbas resplandecían las cristalizaciones de la escarcha; la tierra +se estremecía de frío y humeaba levemente a la primera caricia del sol; +el paso animado y gimnástico de los cazadores resonaba militarmente +sobre el terreno endurecido por la helada. + +Desde el cazadero, adonde llegaron a cosa de las nueve, desparramáronse +por el monte. Julián, no sabiendo qué hacer de su persona, quedóse +pegado a don Eugenio, y le vio realizar dos proezas cinegéticas y meter +en el morral dos pollitos de perdiz, tibios aún de la recién arrancada +vida. Es de advertir que don Eugenio no gozaba fama de diestro tirador, +por lo cual, al reunirse los cazadores a mediodía para comer en un +repuesto encinar, el párroco de Naya invocó el testimonio de Julián para +que asegurase que se las había visto tirar al vuelo. + +--¿Y qué es tirar al vuelo, don Julián?--le preguntaron todos. + +Como el capellán se quedó parado al hacerle tan insidiosa pregunta, +ocurrióseles a los cazadores que sería cosa muy divertida darle a Julián +una escopeta y un perro y que intentase cazar algo. Quieras que no +quieras, fue preciso conformarse. Se le destinó el _Chonito_, perdiguero +infatigable, recastado, de hocico partido, el más ardiente y seguro de +cuantos canes iban allí. + +--En cuanto vea que el perro se para--explicábale don Eugenio al novel +cazador, que apenas sabía por dónde coger el arma mortífera--, se prepara +usted y le anima para que entre..., y al salir las perdices, les apunta +y hace fuego cuando se tiendan.... Si es la cosa más fácil del mundo.... + +Chonito caminaba con la nariz pegada al suelo, sus ijares se estremecían +de impaciencia, de cuando en cuando se volvía para cerciorarse de que le +acompañaba el cazador. De pronto tomó el trote hacia un matorral de +u[r]ces, y repentinamente se quedó parado, en actitud escultural, tenso +e inmóvil como si lo hubiesen fundido en bronce para colocar en un +zócalo. + +--¡Ahora!--exclamó el de Naya--. Eh, Julián, mándele que entre.... + +--Entra, Chonito, entra--murmuró lánguidamente el capellán. + +El perro, sorprendido por el tono suave de la orden, vaciló; por fin se +lanzó entre las urces, y al punto mismo se oyó un revoloteo, y el bando +salió en todas direcciones. + +--¡Ahora, condenado, ahora! ¡Ese tiro!--gritó don Eugenio. + +Julián apretó el gatillo.... Las aves volaron raudamente y se perdieron +de vista en un segundo. Chonito, confuso, miraba al que había disparado, +a la escopeta y al suelo: el hidalgo animal parecía preguntar con los +ojos dónde se encontraba la perdiz herida, para portarla. + +Media hora después se repitió la escena, y el desengaño de Chonito. Ni +fue el último, porque más adelante, en un sembrado, aún levantó el can +un bando tan numeroso, tan próximo, y que salía tan a tiro, que era casi +imposible no _tumbar_ dos o tres perdices disparando a bulto. Otra vez +hizo fuego Julián. El perdiguero ladraba de entusiasmo y de gozo.... Mas +ninguna perdiz cayó. Entonces Chonito, clavando en el capellán una +mirada casi humana, llena de desprecio, volvió grupas y se alejó +corriendo a todo correr, sin dignarse oír las imperativas voces con que +lo llamaban.... + +No hay cómo encarecer lo que se celebró este rasgo de inteligencia a la +hora de la cena. Se hizo chacota de Julián, y, en penitencia de su +torpeza, se le condenó a asistir inmediatamente, cansado y todo, a la +espera de las liebres. + +La luna de aquella noche de diciembre semejaba disco de plata bruñida +colgado de una cúpula de cristal azul oscuro; el cielo se ensanchaba y +se elevaba por virtud de la serenidad y transparencia casi boreales de +la atmósfera. + +Caía helada, y en el aire parecía que se cruzaban millares de finísimas +agujas, que apretaban las carnes y reconcentraban el calor vital en el +corazón. Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y +tupido pelo, era noche de festín, noche de pacer los tiernos retoños de +los pinos, la fresca hierba impregnada de rocío, las aromáticas plantas +de la selva; y noche también de amor, noche de seguir a la tímida +doncella de luengas orejas y breve rabo, sorprenderla, conmoverla y +arrastrarla a las sombrías profundidades del pinar.... + +Tras de los pinos y matorrales se emboscaban en noches así los +cazadores. Tendidos boca abajo, cubierto con un papel el cañón de la +carabina a fin de que el olor de la pólvora no llegue a los finos +órganos olfativos de la liebre, aplican el oído al suelo, y así se pasan +a veces horas enteras. Sobre el piso endurecido por el hielo resuena +claramente el trotecillo irregular de la caza; entonces el cazador se +estremece, se endereza, afianza en tierra la rodilla, apoya la escopeta +en el hombro derecho, inclina el rostro y palpa nerviosamente el gatillo +antes de apretarlo. A la claridad lunar divisa por fin un monstruo de +fantástico aspecto, pegando brincos prodigiosos, apareciendo y +desapareciendo como una visión: la alternativa de la oscuridad de los +árboles y de los rayos espectrales y oblicuos de la luna hace parecer +enorme a la inofensiva liebre, agiganta sus orejas, presta a sus saltos +algo de funambulesco y temeroso, a sus rápidos movimientos una velocidad +que deslumbra. Pero el cazador, con el dedo ya en el gatillo, se +contiene y no dispara. Sabe que el fantasma que acaba de cruzar al +alcance de sus perdigones es la hembra, la Dulcinea perseguida y +recuestada por innumerables galanes en la época del celo, a quien el +pudor obliga a ocultarse de día en su gazapera, que sale de noche, +hambrienta y cansada, a descabezar cogollos de pino, y tras de la cual, +desalados y hechos almíbar, corren por lo menos tres o cuatro machos, +deseosos de románticas aventuras. Y si se deja pasar delante a la dama, +ninguno de los nocturnos rondadores se detendrá en su carrera loca, +aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el +camino su ensangrentado cadáver, aunque el tufo de la pólvora le diga: +«¡Al final de tu idilio está la muerte!». + +No, no se pararán. Acaso el instinto de cobardía propio de su raza les +moverá a agazaparse breves minutos detrás de un arbusto o de una peña; +pero al primer imperceptible efluvio amoroso que les traiga la cortante +brisa; al primer hálito de la hembra que se destaque del olor de la +resina exhalado por los pinares, los fogosos perseguidores se lanzarán +de nuevo y con más brío, ciegos de amor, convulsos de deseo, y el +cazador que los acecha los irá tendiendo uno por uno a sus pies, sobre +la hierba en que soñaron tener lecho nupcial. + + + + +-XXIII- + + +En el corazón de la tierna heredera de los Ulloas tenía el capellán, +desde hacía algún tiempo, un rival completamente feliz y victorioso: +Perucho. + +Le bastó presentarse para triunfar. Entró un día en la punta de los +pies, y sin ser sentido fue arrimándose a la cuna. Nucha le ofrecía de +vez en cuando golosinas y calderilla, y el rapaz, como suele suceder a +las fieras domesticadas, contrajo excesiva familiaridad y apego, y +costaba trabajo echarle de allí, encontrándosele por todas partes, donde +menos se pensaba, a manera de gatito pequeño viciado en el mimo y la +compañía. + +Muchísimo le llamó la atención la chiquitina al pronto. Ni los pollos +nuevos cuando rompían el cascarón, ni los cachorros de la Linda, ni los +recentales de la vaca, consiguieron nunca fijar así las miradas atónitas +de Perucho. No podía él darse cuenta de cómo ni por dónde había venido +tan gran novedad; sobre este tema, se perdía en reflexiones. Rondaba la +cuna incesantemente, poniéndose en riesgo notorio de recibir algún +pescozón del ama, y, como no le expulsasen, se estaba buena pieza con el +dedito en la boca, absorto y embelesado, más parecido que nunca a los +amorcillos de los jardines que dicen con su actitud: «Silencio». Jamás +se le había visto quieto tantas horas seguidas. Así que la niña empezó a +tener asomos de conciencia de la vida exterior, dio claras muestras de +que si ella le interesaba a Perucho, no le importaba menos Perucho a +ella. Ambos personajes reconocieron en seguida su mutua importancia, y a +este reconocimiento siguieron evidentes señales de concordia y regocijo. +Apenas veía la chiquilla a Perucho, brillaban sus ojuelos, y de su boca +entreabierta salía, unido a la cristalina y caliente baba de la +dentición, un amorosísimo gorjeo. Tendía ansiosamente las manos, y +Perucho, comprendiendo la orden, acercaba la cabeza cerrando los +párpados; entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del +pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz, +todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría +cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja. + +Pasados los dos o tres primeros meses de lactancia, el genio de los +niños se agria, y sus llantos y rabietas son frecuentes, porque empiezan +los fenómenos precursores de la dentición a molestarles. Cuando tal +sucedía a su niña, Nucha solía emplear con buen resultado el talismán de +la presencia de Perucho. Un día que el berrenchín no cesaba, fue preciso +acudir a expedientes más heroicos: sentar a Perucho en una silleta baja +y ponerle en brazos a la chiquitina. Él se estaba quieto, inmóvil, con +los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban +ganas de comérselo. La chiquita, sin transición, había pasado de la +furia a la bonanza, y reía abriendo un palmo de desdentada boca; reía +con los labios, con el mirar, con los pies bailarines, que descargaban +pataditas menudas en el muslo de Perucho. No se atrevía el rapaz ni a +volver la cabeza, de puro encantado. + +A medida que la chiquilla atendía más, Perucho se ingeniaba en traerle +juguetes inventados por él, que la divertían infinito. No se sabe lo que +aquel galopín discurría para encontrar a cada paso cosas nuevas, ya +fuesen flores, ya pajaritos vivos, ya ballestas de caña, ya todo género +de porquerías, que era lo que más entusiasmaba a la pequeña. +Presentábase a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en +grotescas contorsiones, o llegaba ufanísimo con un ratón acabadito de +nacer, tan chico y asustado, que daba lástima. Tenía aquel cachidiablo +la especialidad de los juguetes animados. En su _pucho_ roto y +agujereado almacenaba lagartijas, mariposas y _mariquitas de Dios_; en +sus bolsillos y seno, nidos, frutos y gusanos. La señorita le tiraba +bondadosamente de las orejas. + +--Como vuelvas a traer aquí tales ascos..., verás, verás. Te he de colgar +de la chimenea como a los chorizos, para que te ahúmes. + +Julián transigía con estas intimidades, mientras no sorprendió el +secreto de otras harto menos inocentes. Desde que madrugando había visto +a Sabel salir del cuarto de don Pedro, dábale un vuelco la sangre cada +vez que tropezaba al chiquillo y notaba el afecto con que lo trataba +Nucha a veces. + +Cierto día entró el capellán en la habitación de la señorita y encontró +un inesperado espectáculo. En el centro de la cámara humeaba un colosal +barreñón de loza, lleno de agua templada, y estrechamente abrazados y en +cueros, el chiquillo sosteniendo en brazos a la niña, estaban Perucho y +la heredera de Ulloa en el baño. Nucha, en cuclillas, vigilaba el grupo. + +--No hubo otro medio de reducirla a bañarse--exclamó al advertir la +admiración de Julián--; y como don Máximo dice que el baño le conviene.... + +--No me pasmo yo de ella--respondió el capellán--, sino de él, que le teme +más al agua que al fuego. + +--A trueque de estar con la nena--replicó Nucha--, se deja él bañar aunque +sea en pez hirviendo. Ahí los tiene usted en sus glorias. ¿No parecen un +par de hermanitos? + +Al pronunciar sin intención la frase, Nucha, desde el suelo, alzaba la +mirada hacia Julián. La descomposición de la cara de éste fue tan +instantánea, tan reveladora, tan elocuente, tan profunda, que la señora +de Moscoso, apoyándose en una mano, se irguió de pronto, quedándose en +pie frente a él. En aquel rostro consumido por la larga enfermedad, y +bajo cuya piel fina se traslucía la ramificación venosa; en aquellos +ojos vagos, de ancha pupila y córnea húmeda, cercados de azulada ojera, +vio Julián encenderse y fulgurar tras las negras pestañas una luz +horrible, donde ardían la certeza, el asombro y el espanto. Calló. No +tuvo ánimos para pronunciar una sola frase, ni disimulo para componer +sus facciones alteradas. + +La niña, en el tibio bienestar del baño, sonreía, y Perucho, +sosteniéndola por los sobacos, hablándola con tierna algarabía de +diminutivos cariñosos, la columpiaba en el líquido transparente, le +abría los muslos para que recibiese en todas partes la frescura del +agua, imitando con religioso esmero lo que había visto practicar a +Nucha. Ocurría la escena en un salón de los más chicos de la casa, +dividido en dos por descomunal y maltratadísimo biombo del siglo pasado, +pintado harto fantásticamente con paisajes inverosímiles: árboles +picudos en fila que parecían lechugas, montañas semejantes a quesos de +San Simón, nubarrones de hechura de panecillos, y casas con techo +colorado, dos ventanas y una puerta, siempre de frente al espectador. +Ocultaba el biombo la cama de Nucha, de copete dorado y columnas +salomónicas, y la cunita de la niña. Inmóvil por espacio de algunos +segundos, la señorita recobró de improviso la acción. Se inclinó hacia +el barreño y arrancó de golpe a su hija de brazos de Perucho. + +La criatura, sorprendida y asustada por el brusco movimiento, +interrumpida en su diversión, rompió en llanto desconsolado y repentino; +y su madre, sin hacerle caso, entró corriendo tras el biombo, la echó en +la cuna, y medio la arropó, volviendo a salir inmediatamente. Aún +permanecía Perucho en el agua, asaz asombrado; la señorita le asió de +los hombros, del pelo, de todas partes, y empujándole cruelmente, +desnudo como estaba, le persiguió por el salón hasta expulsarle a +empellones. + +--¡Largo de aquí!--decía más pálida que nunca y con los ojos llameantes--. +¡Que no te vea yo entrar!... Como vuelvas te azoto, ¿entiendes?, ¡te +azoto! + +Pasó tras el biombo otra vez, y Julián la siguió aturdido, sin saber lo +que le sucedía. Con la cabeza baja, los labios temblones, la señora de +Moscoso arreglaba, sin disimular el desatiento de las manos, los pañales +de su hija, cuyo llorar tenía ya inflexiones de pena como de persona +mayor. + +--Llame usted al ama--ordenó secamente Nucha. + +Corrió Julián a obedecer. A la puerta del salón le cerraba el paso una +cosa tendida en el suelo; alzó el pie; era Perucho, en cueros, +acurrucado. No se le oía el llanto: veíase únicamente el brillo de los +gruesos lagrimones, y el vaivén del acongojado pecho. Compadecido el +capellán, levantó a la criatura. Sus carnes, mojadas aún, estaban +amoratadas y yertas. + +--Ven por tu ropa--le dijo--. Llévala a tu madre para que te vista. Calla. + +Insensible como un espartano al mal físico, Perucho sólo pensaba en la +injusticia cometida con él. + +--No hacía mal...--balbució, ahogándose--. No-ha-cí--a-mal... +ningu... no.... + +Volvió Julián con el ama, pero la criatura tardó bastante en consolarse +al pecho. Ponía la boquita en el pezón, y de repente torcía la cara, +hacía pucheros, iniciaba un llanto quejumbroso. Nucha, con andar +automático, salió del retrete formado por el biombo y se acercó a la +ventana, haciendo seña a Julián de que la siguiese. Y, demudados ambos, +se contemplaron algunos minutos silenciosamente, ella preguntando con +imperiosa ojeada, él resuelto ya a engañar, a mentir. Hay problemas que +sólo lo son planteados a sangre fría; en momentos de apuro, los resuelve +el instinto con seguridad maravillosa. Julián estaba determinado a +faltar a la verdad sin escrúpulos. + +Al cabo Nucha pronunció con sordo acento: + +--No crea que es la primera vez que se me ocurre que ese... chiquillo +es... hijo de mi marido. Lo he pensado ya; sólo que fue como un +relámpago, de esas cosas que desecha uno apenas las concibe. Ahora ya... +ya estamos en otro caso. Sólo con ver su cara de usted.... + +--¡Jesús!, ¡señorita Marcelina! ¿Qué tiene que ver mi cara?... No se +acalore, le ruego que no se acalore.... ¡Por fuerza esto es cosa del +demonio! ¡Jesús mil veces! + +--No, no me acaloro-exclamó ella, respirando fuerte y pasándose por la +frente la palma extendida. + +--¡Válgame Dios! Señorita, a usted le va mal. Se le ha vuelto un color.... +Estoy viendo que le da el ataque. ¿Quiere la cucharadita? + +--No, no y no; esto no es nada: un poco de ahogo en la garganta. Esto +lo... noto muchas veces; es como una bola que se me forma allí.... Al +mismo tiempo parece que me barrenan la sien.... Al caso, al caso. +Decláreme usted lo que sabe. No calle nada. + +--Señorita...--Julián resolvió entonces, en su interior, apelar a eso que +llaman subterfugio jesuítico, y no es sino natural recurso de cuantos, +detestando la mentira, se ven compelidos a temer la verdad--. Señorita.... +Reniego de mi cara. ¡Lo que se le ha ido a ocurrir! Yo no pensaba en +semejante cosa. No, señora, no. + +La esposa hincó más sus ojos en los del capellán e hizo dos o tres +interrogaciones concretas, terminantes. Aquí del jesuitismo, mejor +dicho, de la verdad cogida por donde no pincha ni corta. + +--Me puede creer; ya ve que no había de tener gusto en decir una cosa por +otra: no sé de quién es el chiquillo. Nadie lo sabe de cierto. Parece +natural que sea del querido de la muchacha. + +--¿Usted está seguro de que tiene... querido? + +--Como de que ahora es de día. + +--¿Y de que el querido es un mozo aldeano? + +--Sí señora: un rapaz guapo por cierto; el que toca la gaita en las +fiestas de Naya y en todas partes. Le he visto venir aquí mil veces, el +año pasado, y... andaban juntos. Es más: me consta que trataban de sacar +los papeles para casarse. Sí señora: me consta. Ya ve usted que.... + +Nucha respiró de nuevo, llevándose la diestra a la garganta, que sin +duda le oprimía el consabido ahogo. Sus facciones se serenaron un tanto, +sin recobrar su habitual compostura y apacibilidad encantadora: +persistía la arruga en el entrecejo, el extravío en el mirar. + +--¡Mi niña...--articuló en voz baja--, mi niña abrazada con él! Aunque +usted diga y jure y perjure.... Julián, esto hay que remediarlo. ¿Cómo +voy a vivir de esta manera? ¡Ya me debía usted avisar antes! Si el +chiquillo y la mujer no salen de aquí, yo me volveré loca. Estoy +enferma; estas cosas me hacen daño..., daño. + +Sonrió con amargura y añadió: + +--Tengo poca suerte.... No he hecho mal a nadie, me he casado a gusto de +papá, y mire usted ¡cómo se me arreglan las cosas! + +--Señorita.... + +--No me engañe usted también recalcó el _también_. Usted se ha criado en +mi casa, Julián, y para mí es usted como de la familia. Aquí no cuento +con otro amigo. Aconséjeme. + +--Señorita--exclamó el capellán con fuego--, quisiera librarla de todos los +disgustos que pueda tener en el mundo, aunque me costase sangre de las +venas. + +--O esa mujer se casa y se va--pronunció Nucha--, o.... + +Interrumpió aquí la frase. Hay momentos críticos en que la mente +acaricia dos o tres soluciones violentísimas, extremas, y la lengua, más +cobarde, no se atreve a formularlas. + +--Pero, señorita Marcelina, no se mate así--porfió Julián--. Son +figuraciones, señorita, figuraciones. + +Ella le tomó las manos entre las suyas, que ardían. + +--Dígale usted a mi marido que la eche, Julián. ¡Por amor de Dios y su +madre santísima! + +El contacto de aquellas palmas febriles, la súplica, turbaron al +capellán de un modo inexplicable, y sin reflexionar exclamó: + +--¡Tantas veces se lo he dicho! + +--¡Ve usted!--repuso ella, sacudiendo la cabeza y cruzando las manos. + +Enmudecieron. En la campiña se oía el ronco graznido de los cuervos; +tras el biombo, la niña lloriqueaba, inconsolable. Nucha se estremeció +dos o tres veces. Por último articuló dando con los nudillos en los +vidrios de la ventana: + +--Entonces seré yo.... + +El capellán murmuró como si rezase: + +--Señorita.... Por Dios.... No se revuelva la cabeza.... Déjese de eso.... + +La señora de Moscoso cerró los ojos y apoyó la faz en los vidrios de la +ventana. Procuraba contenerse: la energía y serenidad de su carácter +querían salir a flote en tan deshecha tempestad. Pero agitaba sus +hombros un temblor, que delataba la tiranía del sistema nervioso sobre +su debilitado organismo. El temblor, por fin, fue disminuyendo y +cesando.... Nucha se volvió, con los ojos secos y los nervios domados ya. + + + + +-XXIV- + + +Poco después sufrió una metamorfosis el vivir entumecido y soñoliento de +los Pazos. Entró allí cierta hechicera más poderosa que la señora María +la Sabia: la política, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y +miserias que en las aldeas lo recibe. Por todas partes cubre el manto de +la política intereses egoístas y bastardos, apostasías y vilezas; pero, +al menos, en las capitales populosas, la superficie, el aspecto, y a +veces los empeños de la lid, presentan carácter de grandiosidad. +Ennoblece la lucha la magnitud del palenque; asciende a ambición la +codicia, y el fin material se sacrifica, en ocasiones, al fin ideal de +la victoria por la victoria. En el campo, ni aun por hipocresía o +histrionismo se aparenta el menor propósito elevado y general. Las ideas +no entran en juego, sino solamente las personas, y en el terreno más +mezquino: rencores, odios, rencillas, lucro miserable, vanidad +microbiológica. Un combate naval en una charca. + +Forzoso es reconocer, no obstante, que en la época de la revolución, la +exaltación política, la fe en las teorías llevada al fanatismo, lograba +infiltrarse doquiera, saneando con ráfagas de huracán el mefítico +ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas. Vivía entonces +España pendiente de una discusión de Cortes, de un grito que se daba +aquí o acullá, en los talleres de un arsenal o en los vericuetos de una +montaña; y cada quince días o cada mes, se agitaban, se debatían, se +querían resolver definitivamente cuestiones hondas, problemas que el +legislador, el estadista y el sociólogo necesitan madurar lentamente, +meditar quizás años enteros antes de descifrarlos, y que una multitud en +revolución decide en pocas horas, mediante una acalorada discusión +parlamentaria, o una manifestación clamorosa y callejera. Entre el +almuerzo y la comida se reformaba, se innovaba una sociedad; fumando un +cigarro se descubrían nuevos principios, y en el fondo de la vorágine +batallaban las dos grandes soluciones de raza, ambas fuertes porque se +apoyaban en _algo_ secular, lentamente sazonado al calor de la historia: +la monarquía absoluta y la constitucional, por entonces disfrazada de +monarquía democrática. + +La conmoción del choque llegaba a todos lados, sin exceptuar las fieras +montañas que cercaban a los Pazos de Ulloa. También allí se +politiqueaba. En las tabernas de Cebre, el día de la feria, se oía +hablar de libertad de cultos, de derechos individuales, de abolición de +quintas, de federación, de plebiscito-pronunciación no garantizada, por +supuesto--. Los curas, al terminar las funciones, entierros y misas +solemnes, se demoraban en el atrio, discutiendo con calor algunos +síntomas recientes y elocuentísimos, la primer salida de aquellos +famosos _cuatro sacristanes_, y otras menudencias. El señorito de +Limioso, tradicionalista inveterado, como su padre y abuelo, había hecho +dos o tres misteriosas excursiones hacia la parte del Miño, cruzando la +frontera de Portugal, y susurrábase que celebraba entrevistas en Tuy con +ciertos pájaros; afirmábase también que las señoritas de Molende estaban +ocupadísimas construyendo cartucheras y no sé qué más arreos bélicos, y +a cada paso recibían secretos avisos de que se iba a practicar un +registro en su casa. + +Sin embargo, los entendidos y prácticos en la materia comprendían que +cualquier intentona a mano armada en territorio gallego se quedaría en +agua de cerrajas, y que por más rumores que corriesen acerca de +armamentos y organización en Portugal, venidas de tropa, nombramientos +de oficialidad, etc., la verdadera batalla que allí se librase no sería +en los campos, sino en las urnas; no por eso más incruenta. Gobernaban a +la sazón el país los dos formidables caciques, abogado el uno y +secretario el otro del ayuntamiento de Cebre; esta villita y su región +comarcana temblaban bajo el poder de entrambos. Antagonistas perpetuos, +su lucha, como la de los dictadores romanos, no debía terminarse sino +con la pérdida y muerte del uno. Escribir la crónica de sus hazañas, de +sus venganzas, de sus manejos, fuera cuento de nunca acabar. Para que +nadie piense que sus proezas eran cosa de risa, importa advertir que +algunas de las cruces que encontraba el viajante por los senderos, algún +techo carbonizado, algún hombre sepultado en presidio para toda su vida, +podían dar razón de tan encarnizado antagonismo. + +Conviene saber que ninguno de los dos adversarios tenía ideas políticas, +dándoseles un bledo de cuanto entonces se debatía en España; mas, por +necesidad estratégica, representaba y encarnaba cada cual una tendencia +y un partido: Barbacana, moderado antes de la Revolución, se declaraba +ahora carlista; Trampeta, unionista bajo O'Donnell, avanzaba hacia el +último confín del liberalismo vencedor. + +Barbacana era más grave, más autoritario, más obstinado e implacable en +la venganza personal, más certero en asestar el golpe, más ávido e +hipócrita, encubriendo mejor sus alevosas trazas para desmantecar al +desventurado colono; era además hombre que prefería servirse de medios +legales y manejar el código, diciendo que no hay tan seguro modo de +acabar con un enemigo como empapelarlo: si no guarnecían tantas cruces +los caminos por culpa de Barbacana, las cárceles hediondas del distrito +antaño, y hogaño las murallas de Ceuta y Melilla, podían revelar hasta +dónde se extendía su influencia. En cambio Trampeta, si justificando su +apodo no desdeñaba los enredos jurídicos, solía proceder con más +precipitación y violencia que Barbacana, asegurando la retirada menos +hábilmente; así es que su adversario le tuvo varias veces cogido entre +puertas, y por punto no le aniquiló. Trampeta poseía en desquite gran +fertilidad de ingenio, suma audacia, expedientes impensados con que +salir de los más graves compromisos. Barbacana servía mejor para +preparar desde su habitación una emboscada, hurtando el cuerpo después; +Trampeta, para ejecutarla en persona y con fortuna. La comarca aborrecía +a entrambos, pero Barbacana inspiraba más terror por su genio sombrío. +En aquella ocasión Trampeta, encargado de representar las ideas +dominantes y oficiales, se creía seguro de la impunidad, aunque quemase +a medio Cebre y apalease, encausase y embargase al otro medio. +Barbacana, con la superioridad de su inteligencia, y aun de su +instrucción, comprendía dos cosas: primera, que se había arrimado a +pared más sólida, a gente que no desampara a sus amigos; segunda, que +cuando se le antojase pasarse con armas y bagajes al campo opuesto, +conseguiría siempre hundir a Trampeta. Ya había tirado sus líneas para +el caso próximo de la elección de diputados. + +Trampeta, con actividad vertiginosa, _hacía la cama_ al candidato del +gobierno. Muy a menudo iba a la capital de provincia, a conferenciar con +el gobernador. En tales ocasiones, el secretario, calculando que hombre +prevenido vale por dos, ni olvidaba las pistolas, ni omitía hacerse +escoltar por sus seides más resueltos, pues no ignoraba que Barbacana +tenía a sus órdenes mozos de pelo en pecho, verbigracia el temible +Tuerto de Castrodorna. Cada viaje era una viña para el bueno del +secretario, y muy beneficioso para los suyos: poco a poco las hechuras +de Barbacana iban cayendo, y estancos, alguacilatos, guardianía de la +cárcel, peones camineros, toda la plantilla oficial de Cebre, quedando a +gusto de Trampeta. Sólo no pudo meterle el diente al juez, protegido en +altas regiones por un pariente de la señora jueza, persona de viso. +Obtuvo también que se hiciese la vista gorda en muchas cosas, que se +cerrasen los ojos en otras, y que respecto a algunas sobreviniese +ceguera total; y con esto y con las facultades latas de que se hallaba +investido, declaró, puesta la mano en el pecho, que respondía de la +elección de Cebre. + +Durante este periodo, Barbacana se hacía el muerto, limitándose a apoyar +débilmente, como por compromiso, al candidato propuesto por la Junta +carlista orensana, y recomendado por el Arcipreste de Loiro y los curas +más activos, como el de Boán, el de Naya, el de Ulloa. Bien se dejaba +comprender que Barbacana no tenía fe en el éxito. El candidato era una +excelente persona de Orense, instruido, consecuentísimo tradicionalista, +pero sin arraigo en el país y con fama de poca malicia política. Sus +mismos correligionarios no estaban a bien con él, por conceptuarle más +hombre de bufete que de acción e intriga. + +Así las cosas, empezó a notarse que Primitivo, el montero mayor de los +Pazos, venía a Cebre muy a menudo; y como allí se repara todo, se +observó también que, además de las acostumbradas estaciones en las +tabernas, Primitivo se pasaba largas horas en casa de Barbacana. Éste +vivía casi bloqueado en su domicilio, porque Trampeta, envalentonado con +la embriaguez del poder, profería amenazas, asegurando que Barbacana +recibiría su pago en una _corredoira_ (camino hondo). No obstante, el +abogado se arriesgó a salir en compañía de Primitivo, y viéronse ir y +venir curas influyentes y caciques subalternos, muchos de los cuales +fueron también a los Pazos: unos a comer, otros por la tarde. Y como no +hay secreto bien guardado entre tres, y menos entre tres docenas, el +país y el gobierno supieron pronto la gran noticia: el candidato de la +Junta se retiraba de buen grado, y en su lugar Barbacana apoyaba, con el +nombre de independiente, a don Pedro Moscoso, conocido por marqués de +Ulloa. + +Desde que se enteró del complot, Trampeta pareció atacado del baile de +San Vito. Menudeó viajes a la capital: eran de oír sus explicaciones y +comentarios en el despacho del gobernador. + +--Todo lo arma--decía él--ese cerdo cebado del Arcipreste, unido al +faccioso del cura de Boán e instigando al usurero del mayordomo de los +Pazos, el cual a su vez mete en danza al malcriado del señorito, que +está enredado con su hija. ¡Vaya un candidato!--exclamaba frenético--, +¡vaya un candidato que los neos escogen! ¡Siquiera el otro era persona +honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez. + +Viendo el gobernador que el cacique perdía absolutamente la sangre fría, +comprendió que el negocio andaba mal parado, y le preguntó severamente: + +--¿No ha respondido usted de la elección, con cualquier candidato que se +presentase? + +--Sí señor, sí señor...--repuso apresuradamente Trampeta--. Sino que +considérese: ¿quién contaba con semejante cosa del otro mundo? + +Atropellándose al hablar, de pura rabia y despecho, insistió en que +nadie imaginaría que el marqués de Ulloa, un señorito que sólo pensaba +en cazar, se echase a político; que, a pesar de la gran influencia de la +casa y de ejercer su nombre bastante prestigio entre los paisanos, la +aristocracia montañesa y los curas, la tentativa importaría un comino si +no la hubiese tomado de su cuenta Barbacana y no le ayudase un poderoso +cacique subalterno, que antes fluctuaba entre el partido de Barbacana y +el de Trampeta, pero en esta ocasión se había decidido, y era el mismo +mayordomo de los Pazos, hombre resuelto y sutil como un zorro, que +disponía de numerosos votos seguros, pues muchísima gente le debía +cuartos que tenía esquilmada la casa de Ulloa a cuyas expensas se +enriquecía con disimulo y que este solemne bribón, al arrimo del gran +encausador Barbacana, se alzaría con el distrito, si no se llevaba el +asunto a rajatabla y sin contemplaciones. + +Quien conozca poco o mucho el mecanismo electoral no dudará que el +gobernador hizo jugar el telégrafo para que sin pérdida de tiempo, y por +más influencias que se atravesasen, fuese removido el juez de Cebre y +las pocas hechuras de Barbacana que en el distrito restaban ya. Deseaba +el gobernador triunfar en Cebre sin apelar a recursos extraordinarios y +arbitrariedades de monta, pues sabía que, si no era probable que jamás +se levantasen allí partidas, en cambio la sangre humana manchaba a +menudo mesas y urnas electorales; pero la nueva combinación le obligaba +a no reparar en medios y conferir al insigne Trampeta poderes +ilimitados.... + +Mientras el secretario se prevenía, el abogado no se dormía en las +pajas. La aceptación del señorito, al pronto, le había vuelto loco de +contento. No tenía don Pedro ideas políticas, aun cuando se inclinaba al +absolutismo, creyendo inocentemente que con él vendría el +restablecimiento de cosas que lisonjeaban su orgullo de raza, como por +ejemplo, los vínculos y mayorazgos; fuera de esto, inclinábase al +escepticismo indiferente de los labriegos, y era incapaz de soñar, como +el caballeresco hidalgo de Limioso, en la quijotada de entrar por la +frontera del Miño a la cabeza de doscientos hombres. Mas a falta de +pasión política, le impulsó a aceptar la diputación su vanidad. Él era +la primera persona del país, la más importante, la de origen más +ilustre: su familia, desde tiempo inmemorial, figuraba al frente de la +nobleza comarcana; en esto hizo hincapié el Arcipreste de Loiro para +convencerle de que le correspondía la representación del distrito. +Primitivo no desarrolló mucha elocuencia para apoyar la demostración del +Arcipreste: limitóse a decir, empleando un expresivo plural y cerrando +el puño: + +--Tenemos al país así. + +Desde que corrió la noticia comenzó el señorito a sentirse halagado por +la especie de pleito-homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de +personas, todo el señorío de los contornos, el clero casi unánime, y los +muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo. +A don Pedro se le ensanchaba el pulmón. Bien entendía que Primitivo +estaba entre bastidores; pero al fin y al cabo, el incensado era él. +Mostró aquellos días gran cordialidad y humor excelente y campechano. +Hizo caricias a su hija y ordenó se le pusiese un traje nuevo, con +bordados, para que la viesen así las señoritas de Molende, que se +proponían no contribuir con menos de cien votos al triunfo del +representante de la aristocracia montañesa. Él también--porque los +candidatos noveles tienen su época de cortejos en que rondan la +diputación como se ronda a las muchachas, y se afeitan con esmero y +tratan de lucir sus prendas físicas--cuidó algo más de su persona, +lamentablemente desatendida desde el regreso a los Pazos, y como estaba +entonces en el apogeo de su belleza, más bien masculina que varonil, las +muñidoras electorales se ufanaban de enviar tan guapo mozo al Congreso. +Por entonces, la pasión política sacaba partido hasta de la estatura, +del color del pelo, de la edad. + +Desde que empezó a hervir la olla, hubo en los Pazos mesa franca: se +veía correr a Filomena y a Sabel por los salones adelante, llevando y +trayendo bandejas con tostado jerez y bizcochos; oíase el retintín de +las cucharillas en las tazas de café y el choque de los vasos. Abajo, en +la cocina, Primitivo obsequiaba a sus gentes con vino del Borde y +tarterones de bacalao, grandes fuentes de berzas y cerdo. A menudo se +juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discutía, y se +reía y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a +azadonazos--porque no cabe nombrar el escalpelo--a Trampeta y a los de su +bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso +detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del +secretario de Cebre. + +--De esta vez--decía el cura de Boán, viejo terne y firme, que echaba +fuego por los ojos y gozaba fama del mejor cazador del distrito después +de Primitivo--, de esta vez los fastidiamos, ¡_quoniam_! + +Nucha no asistía a las sesiones del comité. Se presentaba únicamente +cuando las visitas eran tales que lo requerían; atendía a suministrar +las cosas indispensables para el perenne festín, pero huía de él. +Tampoco Julián bajaba sino rara vez a las asambleas, y en ellas apenas +descosía los labios, mereciendo por esto que el cura de Ulloa se +ratificase en su opinión de que los capellanes atildados no sirven para +nada de provecho. No obstante, apenas averiguó el comité que Julián +tenía bonita letra cursiva, y ortografía asaz correcta, se echó mano de +él para misivas de compromiso. Además, le cayó otra ocupación. + +Sucedió que el Arcipreste de Loiro, que había conocido y tratado mucho a +la señora doña Micaela, madre de don Pedro, quiso ver otra vez toda la +casa, y también la capilla, donde algunas veces había dicho misa en vida +de la difunta, que esté en gloria. Don Pedro se la mostró de mala gana, +y el Arcipreste se escandalizó al entrar. Estaba la capilla casi a +tejavana: la lluvia corría por el retablo abajo; las vestiduras de las +imágenes parecían harapos; todo respiraba el mayor abandono, el frío y +tristeza especial de las iglesias descuidadas. Julián ya se encontraba +cansado de soltar indirectas al marqués sobre el estado lastimoso de la +capilla, sin obtener resultado alguno; mas el asombro y las +lamentaciones del Arcipreste arañaron en la vanidad del señor de Ulloa, +y consideró que sería de buen efecto, en momentos tales, lavarle la +cara, repararla un poco. Se retejó con bastante celeridad, y con la +misma un pintor, pedido a Orense, pintó y doró el retablo y los altares +laterales, de suerte que la capilla parecía otra, y don Pedro la +enseñaba con orgullo a los curas, a los señoritos, a la caciquería +barbacanesca. Sólo faltaba ya trajear decentemente a los santos y +recoser ornatos y mantelillos. De esta faena se encargó Nucha, bajo la +dirección de Julián. Con tal motivo, refugiados en la capilla solitaria, +no llegaba hasta ellos el barullo del club electoral. Entre el capellán +y la señorita desnudaban a San Pedro, peinaban los rizos de la Purísima, +ribeteaban el sayal de San Antón, fregoteaban la aureola del Niño Jesús. +Hasta la boeta de las ánimas del Purgatorio fue cuidadosamente lavada y +barnizada de nuevo, y las ánimas en pelota, larguiruchas, acongojadas, +rodeadas de llamas de almazarrón, salieron a luz en toda su edificante +fealdad. Era semejante ocupación dulcísima para Julián: corrían las +horas sin sentir en el callado recinto, que olía a pintura fresca y a +espadaña traída por Nucha para adornar los altares; mientras armaba en +un tallo de alambre una hoja de papel plateado o pasaba un paño húmedo +por el vidrio de una urna, no necesitaba hablar: satisfacción interior y +apacible le llenaba el alma. A veces Nucha no hacía más que mandar la +maniobra, sentada en una silleta baja con su niña en brazos (no quería +apartarla de sí un instante). Julián trabajaba por dos: tenía una escala +y se encaramaba a lo más alto del retablo. No se atrevía a preguntar +nada acerca de asuntos íntimos, ni a averiguar si la señorita había +tenido con su esposo conversación decisiva respecto a Sabel; pero notaba +el aire abatido, las denegridas ojeras, el frecuente suspirar de la +esposa, y sacaba de estos indicios la natural consecuencia. Otros +síntomas percibió que le acaloraron la fantasía, dándole no poco en qué +cavilar. Nucha mostraba vehemente exaltación del cariño maternal de +algún tiempo a esta parte. Apenas se separaba de la chiquita cuando, +desasosegada e inquieta, salía a buscarla a ver qué le sucedía. En una +ocasión, no encontrándola donde presumía, comenzó a exhalar gritos +desgarradores, exclamando: «¡Me la roban!, ¡me la roban!». Por fortuna, +el ama se acercaba ya trayendo a la pequeña en brazos. A veces la besaba +con tal frenesí, que la criatura rompía en llanto. Otras se quedaba +embelesada mirándola con dulce e inefable sonrisa, y entonces Julián +recordaba siempre las imágenes de la Virgen Madre, atónita de su +milagrosa maternidad. Mas los instantes de amor tranquilo eran breves, y +continuos los de sobresalto y dolorosa ternura. No consentía a Perucho +acercarse por allí. Su fisonomía se alteraba al divisar el niño; y éste, +arrastrándose por el suelo, olvidando sus travesuras diabólicas, sus +latrocinios, su afición al establo, se emboscaba a la entrada de la +capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella +pagaba con risas de querubín, con júbilo desatinado, con el impulso de +todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse +de brazos del ama a los de Perucho. + +Un día notó Julián en Nucha algo más serio aún: no ya expresión de +melancolía, sino hondo decaimiento físico y moral. Sus ojos se hallaban +encendidos y abultados, como de haber llorado mucho tiempo seguido; su +voz era desmayada y fatigosa; sus labios estaban resecos, tostados por +la calentura y el insomnio. Allí no se veía ya la espina del dolor que +lentamente va hincándose, pero el puñal clavado de golpe hasta el pomo. +Semejante espectáculo dio al traste con la prudencia del capellán. + +--Usted está mala, señorita. A usted le pasa algo hoy. + +Nucha meneó la cabeza intentando sonreír. + +--No tengo nada. + +Lo doliente y debilitado del acento la desmentía. + +--Por Dios, señorita, no me responda que no.... ¡Si lo estoy viendo! +Señorita Marcelina.... ¡Válgame mi patrono San Julián! ¡Que no he de +poder yo servirle de algo, prestarle ayuda o consuelo! Soy una persona +humilde, inútil; pero con la intención, señorita, soy grande como una +montaña. ¡Quisiera, se lo digo con el corazón, que me mandase, que me +mandase! + +Hacía estas protestas esgrimiendo un paño untado de tiza contra las +sacras, cuyo cerco de metal limpiaba con denuedo, sin mirarlo. + +Alzó Nucha los ojos, y en ellos lució un rayo instantáneo, un impulso de +gritar, de quejarse, de pedir auxilio.... Al punto se apagó la llamarada, +y encogiéndose de hombros levemente, la señorita repitió: + +--No tengo nada, Julián. + +En el suelo había una cesta llena de hortensias y rama verde, destinada +al adorno de los floreros; Nucha empezó a colocarla con la destreza y +delicadeza graciosa que demostraba en el desempeño de todos sus +domésticos quehaceres. Julián, entre embelesado y afligido, seguía con +la vista el arreglo de las azules flores en los tarros de loza, el +movimiento de las manos enflaquecidas al través de las hojas verdes. +Notó que caía sobre ellas una gota de agua, gruesa, límpida, no +procedente de la humedad del rocío que aún bañaba las hortensias. Y casi +al tiempo mismo advirtió otra cosa, que le cuajó la sangre de horror: en +las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular, +amoratada, oscura.... Con lucidez repentina, el capellán retrocedió dos +años, escuchó de nuevo los quejidos de una mujer maltratada a culatazos, +recordó la cocina, el hombre furioso.... Completamente fuera de sí, dejó +caer las sacras y tomó las manos de Nucha para convencerse de que, en +efecto, existía la siniestra señal.... + +Entraban a la sazón por la puerta de la capilla muchas personas: las +señoritas de Molende, el juez de Cebre, el cura de Ulloa, conducidos por +don Pedro, que los traía allí con objeto de que admirasen los trabajos +de restauración. Nucha se volvió precipitadamente; Julián, trastornado, +contestó balbuciendo al saludo de las señoritas. Primitivo, que venía a +retaguardia, clavaba en él su mirada directa y escrutadora. + + + + +-XXV- + + +Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro +cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los +odios enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes +promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas +incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas +sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de +los inconvenientes prácticos del sistema parlamentario estaban muy de +acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven +nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban +las caballerizas de los Pazos de Ulloa. ¡Buenas cosas pensaban ellos de +las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban +exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en +sudor! + +¡Pues qué diré de la mula en que Trampeta solía hacer sus excursiones a +la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como +se había puesto. Día y noche estaba el insigne cacique atravesado en la +carretera, y a cada viaje la elección de Cebre se presentaba más dudosa, +más peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del +Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar, +prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase +la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se +largaba de entre las manos. + +--¿Pues no decía usted--gritó un día el Gobernador con vehementes impulsos +de mandar al infierno al gran secretario--que la elección no sería muy +costosa; que los adversarios no podían gastar nada; que la Junta +carlista de Orense no soltaba un céntimo; que la casa de los Pazos no +soltaba un céntimo tampoco, porque a pesar de sus buenas rentas está +siempre a la quinta pregunta? + +--Ahí verá usted, señor--contestó Trampeta--. Todo eso es mucha verdad; +pero hay momentos en que el hombre..., pues... cambia sus _auciones_, +como usted me enseña (Trampeta tenía esta muletilla). El marqués de +Ulloa.... + +--¡Qué marqués ni qué calabazas!--interrumpió con impaciencia el +Gobernador. + +--Bueno, es una costumbre que hay de llamarle así.... Y mire usted que +llevo un mes de _porclamar_ en todos lados que no hay semejante marqués, +que el gobierno le ha sacado el título para dárselo a otro más liberal, +y que ese título de marqués quien se lo ha ofrecido es Carlos siete, +para cuando venga la Inquisición y el diezmo, como usted me enseña.... + +--Adelante, adelante--exclamó el Gobernador, que aquel día debía estar +nervioso--. Decía usted que el marqués o lo que sea... en vista de las +circunstancias.... + +--No reparará en un par de miles de duros más o menos, no señor. + +--¿Si no los tenía, los habrá pedido? + +--¡_Catá_! Los ha pedido a su suegro de Santiago; y como el suegro de +Santiago no tiene tampoco una peseta disponible, como usted me enseña... +héteme aquí que se los ha dado el suegro de los Pazos. + +--¿Se le cuentan dos suegros a ese candidato carlista?--preguntó el +gobernador, que a su pesar se divertía con los chismes del secretario. + +--No será el primero, como usted me enseña--dijo Trampeta riéndose de la +chuscada--. Ya entiende por quién hablo.... ¿eh? + +--¡Ah!, sí, la muchacha ésa que vivía en la casa antes de que Moscoso se +casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted cómo me acuerdo. + +--El hijo... el hijo será de quien Dios disponga, señor gobernador.... Su +madre lo sabrá..., si es que lo sabe. + +--Bien, eso para la elección importa un rábano.... Al grano: los recursos +de que Moscoso dispone.... + +--Pues se los ha facilitado el mayordomo, el Primitivo, el suegro _de +cultis_.... Y usted me preguntará: ¿cómo un infeliz mayordomo tiene miles +de duros? Y yo respondo: prestando a réditos del ocho por ciento al mes, +y más los años de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le +paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro...--Y usted +dirá: ¿de dónde saca ese Primitivo o ese ladrón el dinero para +prestar?--Y yo replico: del bolsillo de su mismo amo, robándole en la +venta del fruto, dándolo a un precio y abonándoselo a otro, engañándole +en la administración y en los arriendos, pegándosela, como usted me +enseña, por activa y por pasiva...--Y usted dirá.... + +Este modo dialogado era un recurso de la oratoria trampetil, del cual +echaba mano cuando quería persuadir al auditorio. El gobernador le +interrumpió: + +--Con permiso de usted lo diré yo mismo. ¿Qué cuenta le tiene a ese +galopín prestarle a su amo los miles de duros que tan trabajosamente le +ha cogido? + +--¡Me caso!...--votó el secretario--. Los miles de duros, como usted me +enseña, no se prestan sin hipoteca, sin garantías de una _clás_ o de +otra, y el Primitivo no ha nacido en el año de los tontos. Así queda +seguro el capital y el amo sujeto. + +--Comprendo, comprendo--articuló con viveza el Gobernador. Queriendo dar +una muestra de su penetración, añadió:--Y le conviene sacar diputado al +señorito, para disponer de más influencia en el país y poder hacer todo +cuanto le acomode.... + +Trampeta miró al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa ironía +que las personas de educación inferior muestran cuando oyen a las más +elevadas decir una simpleza gorda. + +--Como usted me enseña, señor gobernador--pronunció--, no hay nada de +eso.... Don Pedro, diputado de oposición o independiente o conforme les +dé la gana de llamarle, servirá de tanto a los suyos como la carabina de +Ambrosio.... Primitivo, arrimándose a un servidor de usted o al judío, +con perdón, de Barbacana, conseguiría lo que quisiese ¿eh?, sin +necesidad de sacar diputado al amo.... Y Primitivo, hasta que le dio la +ventolera, siempre fue de los míos.... Zorro como él no lo hay en toda la +provincia... Ése ha de acabar por envolvernos a Barbacana y a mí. + +--Y entonces Barbacana ¿por qué se ha declarado a favor del señorito? + +--Porque Barbacana va con los curas a donde lo lleven. Ya sabe lo que +hace.... Usted, un suponer, está ahí hoy y se larga mañana; pero los +curas están siempre, y lo mismo el señorío... los Limiosos, los +Méndez.... + +Y dando suelta al torrente de su rencor, el cacique añadió apretando los +puños: + +--¡Me caso con Dios! Mientras no hundamos a Barbacana, no se hará nada en +Cebre. + +--¡Corriente! Pues facilítenos usted la manera de hundirlo. Ganas no +faltan. + +Trampeta se quedó un rato pensativo, y con la cuadrada uña del pulgar, +quemada del cigarro, se rascó la perilla. + +--Lo que yo cavilo es ¿qué cuenta le tendrá al raposo de Primitivo esta +diputación del amo?... Ahora se aprovecha de dos cosas: lo que le pilla +como hipoteca y lo que le mama corriendo con los gastos electorales y +presentándole luego, como usted me enseña, las cuentas del Gran +Capitán.... Pero si vencen y me hacen diputado a mi señor don Pedro, y +éste vuela para _Madrí_, y allí pide cuartos por otro lado, que sí +pedirá, y abre el ojo para ver las picardías de su mayordomo, y no se +vuelve a acordar de la moza ni del chiquillo..., entonces.... + +Tornó a rascarse la perilla, suspenso y meditabundo, como el que +persigue la solución de un problema muy intrincado. Sus agudísimas +facultades intelectuales estaban todas en ejercicio. Pero no daba con el +cabo de la madeja. + +--Al caso--insistió el gobernador--. De lo que se trata es de que no nos +derroten vergonzosamente. El candidato es primo del ministro; hemos +respondido de la elección. + +--Contra el candidato de la Junta de Orense. + +--¿Piensa usted que allá admiten esas distinciones? Estamos a triunfar +contra cualquiera. No andemos con circunloquios; ¿cree usted que vamos a +salir rabo entre piernas? ¿Sí o no? + +Trampeta permanecía indeciso. Al cabo levantó la faz, con el orgullo de +un gran estratégico, seguro siempre de inventar algún ardid para burlar +al enemigo. + +--Mire usted--dijo--, hasta la fecha Barbacana no ha podido acabar con este +cura, aunque me ha jugado dos o tres buenas.... Pero a jugarlas no me +gana él ni Dios.... Sólo que a mí no se me ocurren las mejores tretas +hasta que tocan a romper el fuego.... Entonces ni el diablo discurre lo +que yo discurro. Tengo aquí--y se dio una puñada en la negruzca +frente--una cosa que rebulle, pero que aún no sale por más que hago.... +Saldrá, como usted me enseña, cuando llegue el mismísimo punto +_resfinado_ de la ocasión.... + +Y blandiendo el brazo derecho repetidas veces de arriba abajo, como un +sable, añadió en voz hueca: + +--Fuera miedo. ¡Se gana! + +Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la +provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que había +querido ir en persona a tomar noticias de cómo andaban los negocios por +Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por +_fusique_ de plata, polvos de un rapé Macuba, que acaso nadie gastaba ya +sino él en toda Galicia, y que le traían de contrabando, con gran +misterio y cobrándole un dineral. + +El Arcipreste, a quien en Santiago conocían por el apodo de _Sobres de +Envelopes_, a causa de una candorosa pregunta en mal hora formulada en +una tienda, había sido en otro tiempo, cuando simple abad de Anles, el +mejor instrumento electoral conocido. Dijéronle una vez que iba perdida +la elección que él manejaba; gritó él furioso: «¿Perder el cura de Anles +una elección?», y, al gritar, dio el más soberano puntapié a la urna, +que era un puchero, haciéndola volar en miles de pedazos, desparramando +las cédulas y logrando, con tan sencillo expediente, que su candidato +triunfase. La hazaña le valió la gran cruz de Isabel la Católica. En el +día, obesidad, años y sordera le impedían tomar parte activa; pero +quedábale la afición y el compás, no habiendo para él cosa tan gustosa +como un electoral cotarro. + +Siempre que el arcipreste venía a Cebre, pasaba un ratito en el estanco +y cartería, donde se charlaba de política por los codos, se leían +papeles de Madrid, y se enmendaba la plana a todos los gobernantes y +estadistas habidos y por haber, oyéndose a menudo frases del corte +siguiente: «Yo, Presidente del Consejo de Ministros, arreglo eso de una +plumada». «Yo que Prim, no me arredro por tan poco». Y aún solía +levantarse la voz de algún tonsurado exclamando: «Pónganme a mí donde +está el Papa, y verán cómo lo resuelvo mucho mejor en un periquete». + +Al salir de casa de Barbacana, encontró el arcipreste en la cartería al +juez y al escribano, y a la puerta a don Eugenio, desatando su yegua de +una argolla y dispuesto a montar. + +--Aguárdate un poco, Naya--le dijo familiarmente, dándole, según costumbre +entre curas, el nombre de su parroquia--. Voy a ver los partes de los +periódicos, y después nos largamos juntos. + +--Yo tomo hacia los Pazos. + +--Yo también. Di allá en la posada que me traigan aquí la mula. + +Cumplió don Eugenio el encargo diligentemente, y a poco ambos +eclesiásticos, envueltos en cumplidos montecristos, atados los sombreros +por debajo de la barba con un pañuelo para que no se los llevase el +viento fuerte que corría, bajaban el repecho de la carretera al sosegado +paso de sus monturas. Naturalmente hablaban de la batalla próxima, del +candidato y de otras particularidades referentes a la elección. El +arcipreste lo veía todo muy de color de rosa, y estaba tan cierto de +vencer, que ya pensaba en llevar la música de Cebre a los Pazos para dar +serenata al diputado electo. Don Eugenio, aunque animado, no se las +prometía tan felices. El gobierno dispone de mucha fuerza, ¡qué +diantre!, y cuando ve la cosa mal parada recurre a la coacción, haciendo +las elecciones por medio de la Guardia Civil. Todo eso de Cortes era, +según dicho del abad de Boán, una solemnísima farsa. + +--Pues por esta vez--contestaba el arcipreste, manoteando y bufando para +desenredarse de la esclavina del montecristo, que el viento le envolvía +alrededor de la cara--, por esta vez, les hemos de hacer tragar saliva. +Al menos el distrito de Cebre enviará al congreso una persona decente, +hijo del país, jefe de una casa respetable y antigua, que nos conoce +mejor que esos pillastres venidos de fuera. + +--Eso es muy cierto--respondió don Eugenio, que rara vez contradecía de +frente a sus interlocutores--; a mí me gusta, como al que más, que la +casa de los Pazos de Ulloa represente a Cebre; y si no fuese por cosas +que todos sabemos.... + +El arcipreste, muy grave, sorbió el _fusique_ o cañuto. Amaba +entrañablemente a don Pedro, a quien, como suele decirse, había visto +nacer, y además profesaba el principio de respetar la alcurnia. + +--Bien, hombre, bien--gruñó--, dejémonos de murmuraciones.... +Cada uno tiene sus defectos y sus pecados, y a Dios dará cuenta +de ellos. No hay que meterse en vidas ajenas. + +Don Eugenio, como si no entendiese, insistió, repitiendo cuanto acaba de +oír en la cartería de Cebre, donde se bordaban con escandalosos +comentarios las noticias dadas por Trampeta al gobernador de la +provincia. Todo lo refería gritando bastante, a fin de que el punto de +sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir +lo más sustancial del discurso. El travieso y maleante clérigo gozaba lo +indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la +oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el _fusique_ en +las narices. Cebre, según don Eugenio, hervía en indignación contra don +Pedro Moscoso; los aldeanos lo querían bien; pero en la villa, dominada +por gentes que protegía Trampeta, se contaban horrores de los Pazos. De +algunos días acá, justamente desde la candidatura del marqués, se había +despertado en la población de Cebre un santo odio al pecado, una +reprobación del concubinato y la bastardía, un sentimiento tan exquisito +de rectitud y moralidad, que asombraba; siendo de advertir que este +acceso de virtud se notaba únicamente en los satélites del secretario, +gente en su mayoría de la cáscara amarga y nada edificante en su +conducta. Al enterarse de tales cosas, el arcipreste se amorataba de +furor. + +--¡Fariseos, escribas!--rebufaba--. ¡Y luego nos llamarán a nosotros +hipócritas! ¡Miren ustedes qué recato, qué decoro y qué vergüenza les ha +entrado a los incircuncisos de Cebre! (en boca del arcipreste, +_incircunciso_ era tremenda injuria). Como si el que más y el que menos +de ese atajo de tunantes no tuviese hechos méritos para ir a presidio... +y al palo, sí señor, ¡al palo! + +Don Eugenio no podía contener la risa. + +--Hace siete años, la friolera de siete años--tartamudeó el arcipreste +calmándose un poco, pero respirando trabajosamente a causa del mucho +viento--, siete añitos que en los Pazos sucede... eso que tanto les +asusta ahora.... Y maldito si se han acordado de decir esta boca es mía. +Pero con las elecciones.... ¡Qué condenado de aire! Vamos a volar, +muchacho. + +--Pues aún murmuran cosas peores--gritó el de Naya. + +--¿Eh? Si no se oye nada con este vendaval. + +--Que aún dicen cosas más serias--voceó don Eugenio, pegando su inquieta +yegüecilla a la reverenda mula del arcipreste. + +--Dirán que nos van a fusilar a todos.... Lo que es a mí, ya me amenazó el +secretario con formarme siete causas y meterme en chirona. + +--Qué causas ni qué.... Baje usted la cabeza.... Así.... Aunque estamos +solos no quiero gritar mucho.... + +Agarrado don Eugenio al montecristo de su compañero, le explicó desde +cerca algo que las alas del nordeste se llevaron aprisa, con estridente +y burlón silbido. + +--¡Caramelos!--rugió el arcipreste, sin que se le ocurriese una sola +palabra más. Tardó aún cosa de dos minutos en recobrar la expedición de +la lengua y en poder escupir al ventarrón, cada vez más desencadenado y +furioso, una retahíla de injurias contra los infames calumniadores del +partido de Trampeta. El granuja de don Eugenio le dejó desahogar, y +luego añadió: + +--Aún hay más, más. + +--¿Y qué más puede haber? ¿Dicen también que el señorito don Pedro sale a +robar a los caminos? ¡Canalla de incircuncisos ésos, sin más Dios ni más +ley que su panza! + +--Aseguran que la noticia viene por persona de la misma casa. + +--¿Eeeeh? Cargue el diablo con el viento. + +--Que la noticia viene por persona de la misma casa de los Pazos.... ¿Ya +me entiende usted?--Y don Eugenio guiñó el ojo. + +--Ya entiendo, ya.... ¡Corazones de perro, lenguas de escorpión! Una +señorita que es la honradez en persona, de una familia tan buena, no +despreciando a nadie..., ¡y calumniarla, y para más con un ordenado de +misa! ¡Liberaluchos indecentes, de éstos de por aquí, que se venden tres +al cuarto! ¡Pero cómo está el mundo, Naya, cómo está el mundo! + +--Pues también añaden.... + +--¡Caramelos! ¿Acabarás hoy? ¡Qué tormenta se prepara, María Santísima! +¡Qué viento... qué viento! + +--Atiéndame, que esto no lo dicen ellos, sino Barbacana. Que esa persona +de la casa--Primitivo, vamos--nos va a hacer una perrería gorda en la +elección. + +--¿Eeeh? ¿Tú _seque_ chocheas? Para, mula, a ver si oigo mejor. ¿Que +Primitivo...? + +--No es seguro, no es seguro, no es seguro--vociferó el abad de Naya, que +se divertía más que en un sainete. + +--¡Por vida de lo que malgasto, que esto ya pasa de raya! Hazme el favor +de no volverme loco, ¿eh?, que para eso bastante tengo con el viento +maldito. ¡No quiero oír, no quiero oír más!--declaró esto en ocasión que +su montecristo se alzaba rápidamente a impulsos de una ráfaga mayor, y +se volvía todo hacia arriba, dejando al arcipreste como suelen pintar a +Venus en la concha. Así que logró remediar el percance, hizo trotar a su +mula, y no se oyó en el camino más voz que la del nordeste, que allá a +lo lejos, sacudiendo castañares y robledales, remedaba majestuosa +sinfonía. + + + + +-XXVI- + + +Amortiguada la primera impresión, no se atrevía Julián a interrogar a +Nucha sobre lo que había visto. Hasta recelaba ir al cuarto de la +señorita. Algún fundamento tenía este recelo. Aunque de suyo confiado, +creía notar el capellán que le espiaban. ¿Quién? Todo el mundo: +Primitivo, Sabel, la vieja bruja, los criados. Como sentimos de noche, +sin verla, la niebla húmeda que nos penetra y envuelve, así sentía +Julián la desconfianza, la malevolencia, la sospecha, la odiosidad que +iba espesándose en torno suyo. Era cosa indefinible, pero patente. En +dos o tres funciones a que asistió, figurósele que los curas le hablaban +con acento hostil, que el arcipreste le examinaba frunciendo el +entrecejo, y que únicamente don Eugenio le manifestaba la acostumbrada +cordialidad. Pero acaso fuesen éstas vanas cavilaciones, y quizás soñaba +también al imaginarse que, a la mesa, don Pedro seguía continuamente la +dirección de sus ojos y acechaba sus movimientos. Esto le fatigaba tanto +más cuanto que un irresistible anhelo le obligaba a mirar a Nucha muy a +menudo, reparando a hurtadillas si estaba más delgada, si comía con buen +apetito, si se notaba _algo_ nuevo en sus muñecas. La señal, oscura el +primer día, fue verdeando y desapareciendo. + +La necesidad de ver a la niña acabó por poder más que las vacilaciones +de Julián. Arreglada ya la capilla, sólo en la habitación de su madre +podía verla, y allí fue, no bastándole el beso robado en el corredor, +cuando el ama lo cruzaba con la nena en brazos. Iba la criatura saliendo +de esa edad en que los niños parecen un lío de trapos, y sin perder la +gracia y atractivo del ser indefenso y débil, tenía el encanto de la +personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y +conciencia de sus actos. Ya adoptaba posturas de ángel de Murillo; ya +cogía un objeto y acertaba a llevarlo a la cálida boca, en la +impaciencia de la dentición retrasada; ya ejecutaba con indecible +monería ese movimiento cautivador entre todos los de los niños pequeños, +de tender no sólo los brazos, sino el cuerpo entero, con abandono +absoluto, hacia la persona que les es simpática; actitud que las +nodrizas llaman _irse con la gente_. Hacía tiempo que la pequeña +redoblaba la risa, y su carcajada melodiosa, repentina y breve, era sólo +comparable a gorjeo de pájaro. Ningún sonido articulado salía aún de su +boca, pero sabía expresar divinamente, con las onomatopeyas que según +ciertos filólogos fueron base del lenguaje primitivo, todos sus afectos +y antojos; en su cráneo, que empezaba a solidificarse, por más que en el +centro latiese aún la abierta mollera, se espesaba el pelo, de día en +día más oscuro, suave aún como piel de topo; sus piececitos se +desencorvaban, y los dedos, antes retorcidos, el pulgar vuelto hacia +arriba, los otros botoncillos de rosa hacia abajo, se habituaban a la +estación horizontal que exige el andar humano. Cada uno de estos grandes +progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para +Julián, confirmando su dedicación paternal al ser que le dispensaba el +favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones +del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche. ¡Qué no haría él por +servir de algo a la nenita idolatrada! A veces el cariño le inspiraba +ideas feroces, como agarrar un palo y moler las costillas a Primitivo; +coger un látigo y dar el mismo trato a Sabel. Pero, ¡ay! Nadie puede +usurpar el puesto del amo de casa, del jefe de la familia; y el jefe.... +Al capellán le pesaba en el alma la fundación de aquel hogar cristiano. +Recta había sido la intención, y amargo el fruto. ¡Sangre del corazón +daría él por ver a Nucha en un convento! + +¿Qué arbitrio adoptar ya? Julián presentía los inmensos inconvenientes +de su intervención directa. Seguro de la teoría, firme en el terreno del +derecho, capaz de resistir pasivamente hasta morir, faltábale la +vigorosa palanca de los actos humanos, la iniciativa. En aquella casa es +indudable que andaban muchas cosas desquiciadas, otras torcidas y fuera +de camino; el capellán asistía al drama, temía un desenlace trágico, +sobre todo desde la famosa señal en las muñecas, que no le salía de la +acalorada imaginación; mostrábase taciturno; su color sonrosado se +trocaba en amarillez de cera; rezaba más aún que de costumbre; ayunaba; +decía la misa con el alma elevada, como la diría en tiempos de martirio; +deseaba ofrecer la existencia por el bienestar de la señorita; pero, a +no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no +podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida--aunque +ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don +Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija--. +Siempre encontraba pretextos para aplazar toda acción, tan socorridos +como éste, verbigracia: + +--Dejemos que pasen las elecciones. + +Las elecciones le infundían esperanzas de que, si el señorito, elegido +diputado, salía de la huronera, de entre la gente inicua que lo prendía +en sus redes, era posible que Dios le tocase en el corazón y mudase de +conducta. + +Una cosa preocupaba mucho al buen capellán: ¿el señorito se iría solo a +Madrid, o llevaría a su mujer y a la pequeña? Julián ponía a Dios por +testigo de que deseaba esto último, si bien al pensar qué podía suceder +le entraba una hipocondría mortal. La idea de no ver más a nené durante +meses o años, de no tenerla en las rodillas montada a _caballito_, de +quedarse allí, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado +por una sabandija, le era intolerable. Duro le parecía que se marchase +la señorita, pero lo de la niña..., lo de la niña... + +«Si me la dejasen--pensaba--la cuidaría yo perfectamente». + +Acercábase la batalla decisiva. Los Pazos eran un jubileo, un ir y venir +de adictos y correveidiles, un entrar y salir de mensajes, de órdenes y +contraórdenes, que le daban semejanza con un cuartel general. Siempre +había en las cuadras caballos o mulas forasteras, masticando abundante +pienso, y en los anchos salones se oía crujir incesante de botas altas, +pisadas de fuertes zapatos, cuando no pateo de zuecos. Julián se +tropezaba con curas sofocados, respirando bélico ardor, que le hablaban +de _los trabajos_, pasmándose de ver que no tomaba parte en nada.... ¡En +tan solemne y crítica ocasión, el capellán de los Pazos no tenía derecho +a dormir ni a comer! + +Seguía reparando que algunos abades se mostraban con él así como airados +o resentidos, en especial el arcipreste, el más encariñado con la casa +de Ulloa; pues mientras el cura de Boán y aun el de Naya atendían sobre +todo al triunfo político, el arcipreste miraba principalmente al +esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos. + +Todo anunciaba que el señor de los Pazos se llevaría el gato al agua, a +pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno. Se +contaban los votos, se hacía un censo, se sabía que la superioridad +numérica era tal, que las mayores diabluras de Trampeta no la echarían +abajo. No disponía el gobierno en el distrito sino de lo que, +pomposamente hablando, puede llamarse el elemento oficial. Si es verdad +que éste influye mucho en Galicia, merced al carácter sumiso de los +labriegos, allí en Cebre no podía contrapesar la acción de curas y +señoritos reunidos en torno del formidable cacique Barbacana. El +arcipreste resoplaba de gozo. ¡Cosa rara! Barbacana mismo era el único +que no se las contaba felices. Preocupado y de peor humor a cada +instante, torcía el gesto cuando algún cura entraba en su despacho +frotándose las manos de gusto, a noticiarle adhesiones, caza de votos. + +¡Qué elecciones aquéllas, Dios eterno! ¡Qué lid reñidísima, qué disputar +el terreno pulgada a pulgada, empleando todo género de zancadillas y +ardides! Trampeta parecía haberse convertido en media docena de hombres +para trampetear a la vez en media docena de sitios. Trueques de +papeletas, retrasos y adelantos de hora, falsificaciones, amenazas, +palos, no fueron arbitrios peculiares de esta elección, por haberse +ensayado en otras muchas; pero uniéronse a las estratagemas usuales +algunos rasgos de ingenio sutil, enteramente inéditos. En un colegio, +las capas de los electores del marqués se rociaron de aguarrás y se les +prendió fuego disimuladamente por medio de un fósforo, con que los +infelices salieron dando alaridos, y no aparecieron más. En otro se +colocó la mesa electoral en un descanso de escalera; los votantes no +podían subir sino de uno en uno, y doce paniaguados de Trampeta, +haciendo fila, tuvieron interceptado el sitio durante toda la mañana, +moliendo muy a su sabor a puñadas y coces a quien intentaba el asalto. +Picardía discreta y mañosa fue la practicada en Cebre mismo. + +Acudían allí los curas acompañando y animando al rebaño de electores, a +fin de que no se dejasen dominar por el pánico en el momento de +depositar el voto. Para evitar que «se la jugasen», don Eugenio, +valiéndose del derecho de intervención, sentó en la mesa a un labriego +de los más adictos suyos, con orden terminante de no separar la vista un +minuto de la urna. «¿Tú entendiste, Roque? No me apartas los ojos de +ella, así se hunda el mundo». Instalóse el payo, apoyando los codos en +la mesa y las manos en los carrillos, contemplando de hito en hito la +misteriosa olla, tan fijamente como si intentase alguna experiencia de +hipnotismo. Apenas alentaba, ni se movía más que si fuese hecho de +piedra. Trampeta en persona, que daba sus vueltas por allí, llegó a +impacientarse viendo al inmóvil testigo, pues ya otra olla rellena de +papeletas, cubiertas a gusto del alcalde y del secretario de la mesa, se +escondía debajo de ésta, aguardando ocasión propicia de sustituir a la +verdadera urna. Destacó, pues, un seide encargado de seducir al +vigilante, convidándole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo +género de insinuaciones halagüeñas. Tiempo perdido: el centinela ni +siquiera miraba de reojo para ver a su interlocutor: su cabeza redonda, +peluda, sus salientes mandíbulas, sus ojos que no pestañeaban, parecían +imagen de la misma obstinación. Y era preciso sacarle de allí, porque se +acercaba la hora sacramental, las cuatro, y había que ejecutar el +escamoteo de la olla. Trampeta se agitó, hizo a sus adláteres preguntas +referentes a la biografía del vigilante, y averiguó que tenía un pleito +de tercería en la Audiencia, por el cual le habían embargado los bueyes +y los frutos. Acercóse a la mesa disimuladamente, púsole una mano en el +hombro, y gritó: «¡Fulano... ganaste el pleito!». Saltó el labriego, +electrizado. «¡Qué me dices, hombre!». «Se falló en la Audiencia ayer». +«Tú loqueas». «Lo que oyes». En este intervalo el secretario de la mesa +verificaba el trueque de pucheros: ni visto ni oído. El alcalde se +levantó con solemnidad. «¡Señores... se va a proceder al _discutinio_!». +Entra la gente en tropel: comienza la lectura de papeletas; míranse los +curas atónitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece «¿Tú te +moviste de ahí?», pregunta el abad de Naya al centinela. «No, señor», +responde éste con tal acento de sinceridad, que no consentía sospecha. +«Aquí alguien nos vende», articula el abad de Ulloa en voz bronca, +mirando desconfiadamente a don Eugenio. Trampeta, con las manos en los +bolsillos, ríe a socapa. + +Tales amaños mermaron de un modo notable la votación del marqués de +Ulloa, dejando cincunscrita la lucha, en el último momento, a disputarse +un corto número de votos, del cual dependía la victoria. Y llegado el +instante crítico, cuando los ulloístas se juzgaban ya dueños del campo, +inclinaron la balanza del lado del gobierno defecciones completamente +impensadas, por no decir abominables traiciones, de personas con quienes +se contaba en absoluto, habiendo respondido de ellas la misma casa de +los Pazos, por boca de su mayordomo. Golpe tan repentino y alevoso no +pudo prevenirse ni evitarse. Primitivo, desmintiendo su acostumbrada +impasibilidad, dio rienda a una cólera furiosa, desatándose en amenazas +absurdas contra los tránsfugas. + +Quien se mostró estoico fue Barbacana. La tarde que se supo la pérdida +definitiva de la elección, el abogado estaba en su despacho, rodeado de +tres o cuatro personas. Ahogándose como ballena encallada en una playa y +a quien el mar deja en seco, entró el arcipreste, morado de despecho y +furor. Desplomóse en un sillón de cuero; echó ambas manos a la garganta, +arrancó el alzacuello, los botones de camisa y almilla; y trémulo, con +los espejuelos torcidos y el _fusique_ oprimido en el crispado puño +izquierdo, se enjugó el sudor con un pañuelo de hierbas. La serenidad +del cacique le sacó de tino. + +--¡Me pasmo, caramelos! ¡Me pasmo de verle con esa flema! ¿O no sabe lo +que pasa? + +--Yo no me apuro por cosas que están previstas. En materia de elecciones +no se me coge a mí de susto. + +--¿Usted se esperaba lo que ocurre? + +--Como si lo viera. Aquí está el abad de Naya, que puede responder de que +se lo profeticé. No atestiguo con muertos. + +--Verdad es--corroboró don Eugenio, harto compungido. + +--¿Y entonces, santo de Dios, a qué tenernos embromados? + +--No les íbamos a dejar el distrito por suyo sin disputárselo siquiera. +¿Les gustaría a ustedes? Legalmente, el triunfo es nuestro. + +--Legalmente.... ¡Toma, caramelos! ¡Legalmente sí, pero vénganos con +legalidades! ¡Y esos Judas condenados que nos faltaron cuando +precisamente pendía de ellos la cosa! ¡El herrero de Gondás, los dos +Ponlles, el albéitar...! + +--Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste: ésa es gente +mandada, que acata una consigna. El Judas es otro. + +--¿Eeeeh? Ya entiendo, ya.... ¡Hombre, si es cierta esa maldad--que no +puedo convencerme, que se me atraganta--, aún sería poco para el traidor +el castigo de Judas! Pero usted, santo, ¿por qué no le atajó? ¿Por qué +no avisó? ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo? Si el señor +marqués de Ulloa supiese que tenía en casa al traidor, con atarlo al pie +de la cama y cruzarlo a latigazos.... ¡Su propio mayordomo! No sé cómo +pudo usted estarse así con esa flema. + +--Se dice luego; pero mire usted: cuando la elección estriba en una +persona, y no cabe cerciorarse de si está de buena o mala fe, de poco +sirve revelar sospechas.... Hay que aguardar el golpe atado de pies y +manos..., son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe +callar y _guardarlas_.... + +Al pronunciar la palabra _guardarlas_, el cacique se daba una puñada en +el pecho, cuya concavidad retumbó sordamente, lo mismo que debía +retumbar la de san Jerónimo cuando el santo la hería con el famoso +pedrusco. + +Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jerónimos de escuela +española, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y +enmarañada barba y el sombrío fuego de las pupilas negras. + +--De aquí no salen--añadió con torvo acento--, y aquí no pierden el tiempo, +que todavía nadie se la hizo a Barbacana sin que algún día se la pagase. +Y respecto del Judas, ¿cómo quería usted que lo pudiésemos +desenmascarar, si ahora, lo mismo que en tiempo de la pasión de Nuestro +Señor Jesucristo, tenía la bolsa en la mano? A ver, señor arcipreste, +¿quién nos ha facilitado las municiones para esta batalla? + +--¿Que quién las ha facilitado? En realidad de verdad, la casa de Ulloa. + +--¿Las tenía disponibles? ¿Sí o no? Ahí está el toque. Como esas casas no +son más que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los +cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por +ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una +sanguijuela que le está chupando cuanto posee. + +--Buenas cosas van a decir de nosotros los badulaques de la Junta de +Orense. Que somos unos estafermos y que no servimos para nada. ¡Perder +una elección! Es la primera vez de mi vida. + +--No. Que escogimos un candidato muy simple. Hablando en plata, eso es lo +que dirá la Junta de Orense. + +--Poco a poco--exclamó el arcipreste dispuesto a romper lanzas por su caro +señorito--. No estamos conformes.... + +Aquí llegaban de su plática, y el auditorio, que se componía, además del +abad de Naya, del de Boán y del señorito de Limioso, guardaba el +silencio de la humillación y la derrota. De repente un espantoso +estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden +desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia. Sartenes rascadas con +tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como címbalos; +cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un +molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que tañían broncas +campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y +arrastradas por el suelo; trébedes repicados con varillas de hierro, y, +por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda +vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que +comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago. Realmente +acababan los bienaventurados músicos de agotar una redonda corambre, que +en la Casa Consistorial les había brindado la munificencia del +secretario. Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos +refinamientos, y no sabían pedir del _vino que hierve y hace espuma_, +como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del +Borde. Al través de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el +sonido de los hórridos instrumentos y descompasada gritería, vaho +vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo más que del +triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro +congestionado revelaba inquietud. El cura de Boán fruncía el cano +entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El señorito +de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproximó a la ventana, alzó un +visillo y miró. + +La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el +aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean; +súbitamente, de entre el alboroto grotesco se destacó un clamor que en +España siempre tiene mucho de trágico: un _muera_. + +--¡Muera el Terso! + +Un enjambre de _mueras_ y _vivas_ salió tras el primero. + +--¡Mueran los curas! + +--¡Muera la tiranía! + +--¡Viva Cebre y nuestro diputado! + +--¡Viva la Soberanía Nacional! + +--¡Muera el marqués de Ulloa! + +Más enérgico, más intencionado, más claro que los restantes, brotó este +grito: + +--¡Muera el ladrón _faucioso_ Barbacana! + +Y el vocerío, unánime, repitió: + +--¡Mueraaaa! + +Instantáneamente apareció junto a la mesa del abogado un hombre de +siniestra catadura, hasta entonces oculto en un rincón. No vestía como +los labriegos, sino como persona de baja condición en la ciudad: +chaqueta de paño negro, faja roja y hongo gris; patillas cortas, de boca +de hacha, redoblaban la dureza de su fisonomía, abultada de pómulos y +ancha de sienes. Uno de sus hundidos ojuelos verdes relucía felinamente; +el otro, inmóvil y cubierto con gruesa nube blanca, semejaba hecho de +cristal cuajado. + +Abriendo Barbacana el cajón de su pupitre, sacaba de él dos enormes +pistolas de arzón, prehistóricas sin duda, y las reconocía para +cerciorarse de que estaban cargadas. Mirando al aparecido fijamente, +pareció ofrecérselas con leve enarcamiento de cejas. Por toda respuesta, +el Tuerto de Castrodorna hizo asomar al borde de su faja el extremo de +una navaja de cachas amarillas, que volvió a ocultar al punto. El +arcipreste, que había perdido los bríos con la obesidad y los años, +sobresaltóse mucho. + +--Déjese de calaveradas, mi amigo. Por si acaso, me parece oportuno salir +por la puerta de atrás. ¿Eh? No es cosa de aguardar a que esos +incircuncisos vengan aquí a darle a uno tósigo. + +Mas ya el cura de Boán y el señorito de Limioso, unidos al Tuerto, +formaban un grupo lleno de decisión. El señorito de Limioso, no +desmintiendo su vieja sangre hidalga, aguardaba sosegadamente, sin +fanfarronería alguna, pero con impávido corazón; el abad de Boán, nacido +con más vocación de guerrillero que de misacantano, apretaba con júbilo +la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado +de gozo; el Tuerto, encogido y crispado como un tigre, se situaba detrás +de la puerta a fin de destripar a mansalva al primero que entrase. + +--No tenga miedo, señor arcipreste...--murmuró gravemente Barbacana--. +Perro que ladra no muerde. Ni a romperme un vidrio se atreverán esos +bocalanes. Pero conviene estar dispuesto, por si acaso, a enseñarles los +dientes. + +Resonaban nutridos y feroces los _mueras_; mas en efecto, ni una piedra +sola venía a herir los cristales. El señorito de Limioso se acercó otra +vez, levantó el visillo y llamó a don Eugenio. + +--Mire, Naya, mire para aquí.... Buena gana tienen de subir ni de tirar +piedras.... Están bailando. + +Don Eugenio se llegó a la vidriera y soltó la carcajada. Entre la +patulea de beodos, dos seides de Trampeta, carcelero el uno, el otro +alguacil, trataban de calentar a algunos de los que chillaban más +fuerte, para que atacasen la morada del abogado; señalaban a la puerta, +indicaban con ademanes elocuentes lo fácil que sería echarla abajo y +entrar. Pero los borrachos, que no por estarlo perdían la cautelosa +prudencia, el saludable temor que inspira el cacique al labriego, se +hacían los desentendidos, limitándose a berrear, a herir cazos y +sartenes con más furia. Y en el centro del corro, al compás de los +almireces y cacerolas, brincaban como locos los más tomados de la +bebida, los verdaderos pellejos. + +--Señores--dijo en grave y enronquecida voz Ramón Limioso--: Es siquiera +una mala vergüenza que esos pillos nos tengan aquí sitiados.... Me dan +ganas de salir y pegarles una corrida, que no paren hasta el +Ayuntamiento. + +--Hombre--gruñó el abad de Boán--, usted poco habla, pero bueno. Vamos a +meterles miedo, ¡_quoniam_! Estornudando solamente, espanto yo media +docena de esos pellejones. + +No pronunció el Tuerto palabra; únicamente su ojo verdoso se encendió +con fosfórica luz, y miró a Barbacana, como pidiéndole permiso de tomar +parte en la empresa. Barbacana hizo con la cabeza señal afirmativa, pero +le indicó al mismo tiempo que guardase la navaja. + +--Tiene razón--exclamó el hidalgo de Limioso, enderezando la cabeza y +dilatando las ventanillas de la nariz con altanera expresión, muy +desusada en su lánguida y triste faz--. A esa gente, a palos y latigazos +se les sacude el polvo. No ensuciar un arma que uno usa para el monte, +para las perdices y las liebres, que valen más que ellos (fuera el +alma). + +Y al decir _fuera el alma_, persignóse el señorito. + +--Tengan miramiento, hombre, tengan miramiento...--murmuraba el arcipreste +difícilmente, extendiendo las manos como para calmar los ánimos +irritados. (¡Cuán lejos estaban los tiempos belicosos en que aseguraba +una elección a puntapiés!) + +Barbacana no se opuso a la hazaña; al contrario, pasó a otra estancia y +volvió con un haz de junquillos, palos y bastones. El cura de Boán no +quiso más garrote que el suyo, que era formidable; Ramón Limioso, fiel a +su desdén de la grey villana, asió el látigo más delgado, un latiguillo +de montar. El Tuerto empuñó una especie de tralla, que, manejada por +diestra vigorosa, debía ser de terrible efecto. + +Bajaron cautelosamente la escalera, cuidando de no zapatear, previsión +que el endiablado estrépito de la cencerrada hacía de todo punto ociosa. +Tenía la puerta su tranca y los cerrojos corridos, medida de precaución +adoptada por la cocinera del abogado así que oyó estruendo de motín. El +abad de Boán los descorrió impetuosamente, el Tuerto sacó la tranca, +giró la llave en la cerradura, y clérigos y seglares se lanzaron contra +la canalla sin avisar ni dar voces, con los dientes apretados, +chispeantes los ojos, blandiendo látigos y esgrimiendo garrotes. + +No habrían transcurrido cinco minutos cuando Barbacana, que por detrás +de los visillos registraba el teatro del combate, sonrió +silenciosamente, o más bien regañó los labios, descubriendo la amarilla +dentadura, y apretó con nerviosa violencia la barandilla de la ventana. +En todas direcciones huían los despavoridos borrachos, chillando como si +los cargase un regimiento de caballería a galope: algunos tropezaban y +caían de bruces, y la tralla del Tuerto se les enroscaba alrededor de +los lomos, arrancándoles alaridos de dolor. Fustigaba el hidalgo de +Limioso con menos crueldad, pero con soberano desprecio, como se +fustigaría a una piara de marranos. El cura de Boán sacudía estacazo +limpio, con regularidad y energía infatigables. El de Naya, incapaz de +mantenerse dentro de los límites de su papel justiciero, insultaba, reía +y vapuleaba a un mismo tiempo a los beodos. + +--¡Anda, tinaja, cuba, mosquito! ¡Toma, toma, para que vuelvas otra vez, +pellejo, odre! ¡Ve a dormir la mona, cuero! ¡A la taberna con tus +huesos, _larpán_, tonel de mosto! ¡A la cárcel, borrachos, a vomitar lo +que tenéis en esas tripas! + +Limpia estaba la calle; más limpia ya que una patena: silencio profundo +había sustituido al vocerío, a los _mueras_ y a la cencerrada feroz. Por +el suelo quedaban esparcidos despojos de la batalla: cazos, almireces, +cuernos de buey. En la escalera se oía el ruido de los vencedores, que +subían celebrando el fácil triunfo. Delante de todos entró don Eugenio, +que se echó en una butaca partiéndose a carcajadas y palmoteando. El +cura de Boán le seguía limpiándose el sudor. Ramón Limioso, serio y aún +melancólico, se limitó a entregar a Barbacana el latiguillo, sin +despegar los labios. + +--¡Van... buenos!--tartamudeó el abad de Naya reventando de risa. + +--Yo _mallé_ en ellos... ¡como quien _malla_ en centeno!--exclamó +respirando con placer el de Boán. + +--Pues yo--explicó el hidalgo--, si supiese que habían de ser tan cobardes +y echar a correr sin volvérsenos siquiera, a fe que no me tomo el +trabajo de salir. + +--No se fíen--observó el arcipreste--. Ahora en el Ayuntamiento los +avergüenza Trampeta, y capaz es de venir acá en persona con los +incircuncisos a darle un susto al señor Licenciado (así llamaban a +Barbacana familiarmente sus amigos). Por si acaso, es prudente que estos +señores pasen aquí la noche. Yo tengo que misar mañana en Loiro, y mi +hermana estará muerta de miedo..., que si no.... + +--Nada de eso--replicó perentoriamente Barbacana--. Estos señores se +vuelven cada uno a su casa. No hay cuidado ninguno. A mí... me basta con +este mozo--añadió señalando al Tuerto, agazapado otra vez en su rincón. + +No fue posible reducir al cacique a que aceptase la guardia de honor que +le ofrecían. Por otra parte, no se notaba síntoma alguno de que hubiese +de alterarse el orden nuevamente. Ni se oían a lo lejos vociferaciones +de electores victoriosos. El soñoliento silencio de los pueblecillos +pequeños y sin vida pesaba sobre la villa de Cebre. Tres héroes de la +gran batida, y el arcipreste con ellos, salieron a caballo hacia la +montaña. No iban cabizbajos, a fuer de muñidores electorales derrotados, +sino llenos de regocijo, con gran cháchara y broma, celebrando a más y +mejor la somanta administrada a los borrachines cencerreadores. Don +Eugenio estaba inspirado, oportuno, bullanguero, ocurrentísimo en una +palabra; había que oírle remedar los aullidos y la caída de los ebrios +en el lodo de la calle, y el gesto que ponía el cura de Boán al _majar_ +en ellos. + +Barbacana se quedó solo con el Tuerto. Si alguno de los molidos músicos +de la cencerrada se atreviese a asomar la cabeza y mirar hacia las +ventanas del cacique, vería que, por fanfarronada o por descuido, no +estaban cerradas las maderas, y podría distinguir, al través de los +visillos y destacándose sobre el fondo de la habitación alumbrada por el +quinqué, las cabezas del abogado y de su feroz defensor y seide. Sin +duda hablaban de algo importante, porque la plática fue larga. Una hora +o algo más corrió desde que encendieron la luz hasta que las maderas se +cerraron, quedando la casa silenciosa, torva y sombría como quien oculta +algún negro secreto. + + + + +-XXVII- + + +La persona en quien se notó mayor sentimiento por la pérdida de las +elecciones fue Nucha. Desde la derrota, se desmejoró más de lo que +estaba, y creció su abatimiento físico y moral. Apenas salía de su +habitación donde vivía esclava de su niña, cosida a ella día y noche. En +la mesa, mientras comía poco y sin gana, guardaba silencio, y a veces +Julián, que no apartaba los ojos de la señorita, la veía mover los +labios, cosa frecuente en las personas poseídas de una idea fija, que +hablan para sí, sin emitir la voz. Don Pedro, como nunca huraño, no se +tomaba el trabajo de intentar un asomo de conversación. Mascaba firme, +bebía seco, y tenía los ojos fijos en el plato, cuando no en las vigas +del techo; jamás en sus comensales. + +Tan deshecha y acabada le parecía al capellán la señorita, que un día se +atrevió, venciendo recelos inexplicables, a llamar aparte a don Pedro, +preguntándole en voz entrecortada si no sería bueno avisar al señor de +Juncal, para que viese.... + +--¿Está usted loco?--respondió don Pedro, fulminándole una mirada +despreciativa--. ¿Llamar a Juncal..., después de lo que trabajó contra mí +en las elecciones? Máximo Juncal no atravesará más las puertas de esta +casa. + +No replicó el capellán, pero pocos días después, volviendo de Naya, se +tropezó con el médico. Éste detuvo su caballejo, y, sin apearse, +contestó a las preguntas de Julián. + +--«Puede ser grave...». Quedó muy débil del parto, y necesitaba cuidados +exquisitos.... Las mujeres nerviosas sanan del cuerpo cuando se les +tranquiliza y se les distrae el espíritu.... Mire, Julián, tendríamos que +hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz +señorita, y de esos Pazos.... Punto en boca.... Bonito diputado querían +ustedes enviar a las Cortes.... Más valdría que sus padres lo hubiesen +mandado a la escuela.... + +Puede ser grave.... Esto principalmente se estampó en el pensamiento de +Julián. Sí que podía ser grave: ¿Y de qué medios disponía él para +conjurar la enfermedad y la muerte? De ninguno. Envidió a los médicos. +Él sólo tenía facultades para curar el espíritu: ni aun ésas le servían, +pues Nucha no se confesaba con él; y hasta la idea de que se confesase, +de ver desnuda un alma tan hermosa, le turbaba y confundía. + +Muchas veces había pensado en semejante probabilidad: cualquier día era +fácil que Nucha, por necesidad de desahogo y de consuelo, viniese a +echársele a los pies en el tribunal de la penitencia y a demandarle +consejos, fuerza, resignación. «¿Y quién soy yo--se decía Julián--para +guiar a una persona como la señorita Marcelina? Ni tengo edad, ni +experiencia, ni sabiduría suficiente; y lo peor es que también me falta +virtud, porque yo debía aceptar gustoso todos los padecimientos de la +señorita, creer que Dios se los envía para probarla, para acrecentar sus +méritos, para darle mayor cantidad de gloria en el otro mundo... y soy +tan malo, tan carnal, tan ciego, tan inepto, que me paso la vida dudando +de la bondad divina porque veo a esta pobre señora entre adversidades y +tribulaciones pasajeras.... Pues no ha de ser así--resolvía el capellán +con esfuerzo--. He de abrir los ojos, que para eso tengo la luz de la fe, +negada a los incrédulos, a los impíos, a los que están en pecado mortal. +Si la señorita me viene a pedir que le ayude a llevar la cruz, +enseñémosle a que la abrace amorosamente. Es necesario que comprenda +ella, y yo también, lo que significa esa cruz. Con ella se va a la +felicidad única y verdadera. Por muy dichosa que fuese la señorita aquí +en el mundo, vamos a ver, ¿cuánto tiempo y de qué manera podría serlo? +Aunque su marido la... estimase como merece, y la pusiese sobre las +niñas de sus ojos, ¿se libraría por eso de contrariedades, enfermedades, +vejez y muerte? Y cuando llega la hora de la muerte, ¿qué importa ni de +qué sirve haber pasado un poco más alegre y tranquila esta vidilla +perecedera y despreciable?». + +Tenía Julián a la mano siempre un ejemplar de la _Imitación de Cristo_; +era la modesta edición de la Librería religiosa, y castiza y admirable +traducción del P. Nieremberg. Al frente de la portada había un grabado, +bien ínfimo como obra de arte, que proporcionaba al capellán mucho +alivio cada vez que fijaba sus ojos en él. Representaba una colina, el +Calvario; y por el estrecho sendero que conducía al lugar del suplicio, +iba subiendo lentamente Jesús, con la cruz a cuestas, y el rostro vuelto +hacia un fraile que allá en lontananza se echaba otra cruz al hombro. +Aunque malo el dibujo y peor el desempeño, respiraba aquel grabado una +especie de resignación melancólica, adecuada a la situación moral del +presbítero. Y después de haberlo contemplado despacio, parecíale sentir +en los hombros una pesadumbre abrumadora y dulcísima a la vez, y una +calma honda, como si se encontrase--calculaba él para sí--sepultado en el +fondo del mar, y el agua le rodease por todas partes, sin ahogarle. +Entonces leía párrafos del libro de oro, que se le entraban en el alma a +manera de hierro enrojecido en la carne: + +«¿Por qué temes, pues, tomar la cruz, por la cual se va al reino? En la +cruz está la salud, en la cruz está la vida, en la cruz está la defensa +de los enemigos, en la cruz está la infusión de la suavidad soberana, en +la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz está el gozo del +espíritu, en la cruz está la suma virtud, en la cruz está la perfección +de la santidad.... Toma pues tu cruz, y sigue a Jesús.... Mira que todo +consiste en la cruz, y todo está en morir; y no hay otro camino para la +vida y para la verdadera paz que el de la santa cruz y continua +mortificación.... Dispón y ordena todas las cosas según tu querer, y no +hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza; y así +siempre hallarás la cruz, porque o sentirás dolor en el cuerpo, o +padecerás tribulación en el espíritu.... Cuando llegares al punto de que +la aflicción te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa entonces +que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra...». + +--¡Cuándo llegaré yo a este estado de bienaventuranza, Señor!--murmuraba +Julián poniendo una señal en el libro--. Había oído algunas veces que +Dios concede lo que se le pide mentalmente en el acto de consagrar la +hostia, y con muchas veras le pedía llegar al punto de que su cruz.... +No, la de la pobre señorita, le fuese dulce y gustosa, como decía +Kempis.... + +A la misa en la capilla remozada asistía siempre Nucha, oyéndola toda de +rodillas, y retirándose cuando Julián daba gracias. Sin volverse ni +distraerse en la oración, Julián conocía el instante en que se levantaba +la señorita y el ruido imperceptible de sus pisadas sobre el entarimado +nuevo. Cierta mañana no lo oyó. Este hecho tan sencillo le privó de +rezar con sosiego. Al alzarse, vio a Nucha también en pie, el índice +sobre los labios. Perucho, que ayudaba a misa con desembarazo notable, +se dedicaba a apagar los cirios, valiéndose de una luenga caña. La +mirada de la señorita decía elocuentemente: + +«Que se vaya ese niño». + +El capellán ordenó al acólito que despejase. + +Tardó éste algo en obedecer, deteniéndose en doblar la toalla del +lavatorio. Al fin se fue, no muy de su grado. Llenaba la capilla olor de +flores y barniz fresco; por las ventanas entraba una luz caliente, que +cernían visillos de tafetán carmesí; y las carnes de los santos del +altar adquirían apariencia de vida, y la palidez de Nucha se sonroseaba +artificialmente. + +--¿Julián?--preguntó con imperioso acento, extraño en ella. + +--Señorita...--respondió él en voz baja, por respeto al lugar sagrado. +Tembláronle los labios y las manos se le enfriaron, pues creyó llegado +el terrible momento de la confesión. + +--Tenemos que hablar. Y ha de ser aquí, por fuerza. En otras partes no +falta quien aceche. + +--Es verdad que no falta. + +--¿Hará usted lo que le pida? + +--Ya sabe que.... + +--¿Sea lo que sea? + +--Yo.... + +Su turbación crecía: el corazón le latía con sordo ruido. Se recostó en +el altar. + +--Es preciso--declaró Nucha sin apartar de él sus ojos, más que vagos, +extraviados ya--que me ayude usted a salir de aquí. De esta casa. + +--A.... A... salir...--tartamudeó Julián, aturdido. + +--Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para +conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con +llave. Me apartarán de la pequeña. La matarán. Sé de fijo que la +matarán. + +El tono, la expresión, la actitud, eran de quien no posee la plenitud de +sus facultades mentales; de mujer impulsada por excitación nerviosa que +raya en desvarío. + +--Señorita...--articuló el capellán, no menos alterado--, no esté de pie, +no esté de pie.... Siéntese en este banquito.... Hablemos con +tranquilidad.... Ya conozco que tiene disgustos, señorita.... Se necesita +paciencia, prudencia.... Cálmese.... + +Nucha se dejó caer en el banco. Respiraba fatigosamente, como persona en +quien se cumplen mal las funciones pulmonares. Sus orejas, blanquecinas +y despegadas del cráneo, transparentaban la luz. Habiendo tomado +aliento, habló con cierto reposo. + +--¡Paciencia y prudencia! Tengo cuanta cabe en una mujer. Aquí no viene +al caso disimular: ya sabe usted cuándo empezó a clavárseme la espina; +desde aquel día me propuse averiguar la verdad, y no me costó... gran +trabajo. Digo, sí; me costó un... un combate.... En fin, eso es lo que +menos importa. Por mí no pensaría en irme, pues no estoy buena y se me +figura que... duraré poco..., pero..., ¿y la niña? + +--La niña.... + +--La van a matar, Julián, esas... gentes. ¿No ve usted que les estorba? +¿Pero no lo ve usted? + +--Por Dios le pido que se sosiegue.... Hablemos con calma, con juicio.... + +--¡Estoy harta de tener calma!--exclamó con enfado Nucha, como el que oye +una gran simpleza--. He rogado, he rogado.... He agotado todos los +medios.... No aguardo, no puedo aguardar más. Esperé a que se acabasen +las elecciones dichosas, porque creía que saldríamos de aquí y entonces +se me pasaría el miedo.... Yo tengo miedo en esta casa, ya lo sabe usted, +Julián; miedo horrible.... Sobre todo de noche. + +A la luz del sol, que tamizaban los visillos carmesíes, Julián vio las +pupilas dilatadas de la señorita, sus entreabiertos labios, sus +enarcadas cejas, la expresión de mortal terror pintada en su rostro. + +--Tengo mucho miedo--repitió estremeciéndose. + +Renegaba Julián de su sosera. ¡Cuánto daría por ser elocuente! Y no se +le ocurría nada, nada. Los consuelos místicos que tenía preparados y +atesorados, la teoría de abrazarse a la cruz..., todo se le había +borrado ante aquel dolor voluntarioso, palpitante y desbordado. + +--Ya desde que llegué... esta casa tan grande y tan antigua...--prosiguió +Nucha--me dio frío en la espalda.... Sólo que ahora... no son tonterías de +chiquilla mimada, no.... Me van a matar a la pequeña.... ¡Usted lo verá! +Así que la dejo con el ama, estoy en brasas.... Acabemos pronto.... Esto +se va a resolver ahora mismo. Acudo a usted, porque no puedo confiarme a +nadie más.... Usted quiere a mi niña. + +--Lo que es quererla...--balbució Julián, casi afónico de puro +enternecido. + +--Estoy sola, sola...--repitió Nucha pasándose la mano por las mejillas. +Su voz sonaba como entrecortada por lágrimas que contenía--. Pensé en +confesarme con usted, pero... buena confesión te dé Dios.... No +obedecería si usted me mandase quedarme aquí.... Ya sé que es mi +obligación: la mujer no debe apartarse del marido. Mi resolución, cuando +me casé, era.... + +Detúvose de pronto, y careándose con Julián, le preguntó: + +--¿No le parece a usted como a mí que este casamiento tenía que salir +mal? Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando él me pidió.... +Sin culpa mía, quedamos reñidas Rita y yo desde entonces.... No sé cómo +fue aquello; bien sabe Dios que no puse nada de mi parte para que Pedro +se fijase en mí. Papá me aconsejó que, de todos modos, me casase con el +primo.... Yo seguí el consejo.... Me propuse ser buena, quererle mucho, +obedecerle, cuidar de mis hijos.... Dígame usted, Julián, ¿he faltado en +algo? + +Julián cruzó las manos. Sus rodillas se doblaban, y a punto estuvo de +hincarlas en tierra. Pronunció con entusiasmo: + +--Usted es un ángel, señorita Marcelina. + +--No...--replicó ella--, ángel no, pero no me acuerdo de haber hecho daño a +nadie. He cuidado mucho a mi hermanito Gabriel, que era delicado de +salud y no tenía madre.... + +Al pronunciar esta frase, la ola rebosó, las lágrimas corrieron por fin; +Nucha respiró mejor, como si aquellos recuerdos de la infancia templasen +sus nervios y el llanto le diese alivio. + +--Y por cierto que le tomé tal cariño, que pensaba para mí: «Si tengo +hijos algún día, no es posible quererlos más que a mi hermano». Después +he visto que esto era un disparate; a los hijos se les quiere muchísimo +más aún. + +El cielo se nublaba lentamente, y se oscurecía la capilla. La señorita +hablaba con sosiego melancólico. + +--Cuando mi hermano se fue al colegio de artillería, yo no pensé más que +en dar gusto a papá, y en que se notase poco la falta de la pobre +mamá.... Mis hermanas preferían ir a paseo, porque, como son bonitas, les +gustaban las diversiones. A mí me llamaban feúcha y bizca, y me +aseguraban que no encontraría marido. + +--¡Ojalá!--exclamó Julián sin poder reprimirse. + +--Yo me reía. ¿Para qué necesitaba casarme? Tenía a papá y a Gabriel con +quien vivir siempre. Si ellos se me morían, podía entrar en un convento: +el de las Carmelitas, en que está la tía Dolores, me gustaba mucho. En +fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando papá me +enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el +novio a mi hermana, y entonces papá... me besuqueó mucho en los +carrillos, como cuando era pequeña, y... me parece que le estoy +oyendo... me respondió así: «Rita es una tonta..., cállate». Pero por +mucho que diga papá.... ¡al primo le seguía gustando más Rita!... + +Continuó después de algunos segundos de silencio: + +--Ya ve usted que no tenía mucho por qué envidiarme mi hermana.... ¡Cuánta +hiel he tragado, Julián! Cuando lo pienso se me pone un nudo aquí.... + +El capellán pudo al fin expresar parte de sus sentimientos. + +--No me extraña que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo también.... +Día y noche estoy cavilando en sus males, señorita.... Cuando vi aquella +señal.... La lastimadura en la muñeca.... + +Por primera vez durante la conversación se encendió el descolorido +rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubriéndolos la caída de las +pestañas. No respondió directamente. + +--Mire usted--murmuró con asomos de amarga sonrisa--que siempre me suceden +a mí desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empeñaba +en que yo le reclamase a papá la legítima de mamá, porque papá le negó +un dinero que le hacía falta para las elecciones. También se disgustó +mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo +que va a dejarle a Rita los bienes.... Yo no tengo que ver con nada de +eso.... ¿Por qué me matan? Ya sé que soy pobre: no hay necesidad de +repetírmelo.... En fin, esto es lo de menos.... Me dolió bastante más el +que mi marido me dijese que por mí se ve sin sucesión la casa de +Moscoso.... ¡Sin sucesión! ¿Y mi niña? ¡Angelito de mis entrañas! + +Lloraba la infeliz señora, lentamente, sin sollozar. Sus párpados tenían +ya el matiz rojizo que dan los pintores a los de las Dolorosas. + +--Lo mío--añadió--no me importa. Lo mío lo aguantaría hasta el último +instante. Que me... traten de un modo... o de otro, que... que la +criada... sea... ocupe mi sitio... bien..., bien, paciencia, sería +cuestión de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.... Pero está de +por medio la niña..., hay otro niño, otro hijo, un bastardo.... La niña +estorba.... ¡La matarán!... + +Repitió solemnemente y muy despacio: + +--La matarán. No me mire usted así. No estoy loca, sólo estoy excitada. +He determinado marcharme e irme a vivir con mi padre. Me parece que esto +no es ningún pecado, ni tampoco el llevarme a la pequeña. ¡Y si peco, no +me lo diga, Julianciño!... Es resolución irrevocable. Usted vendrá +conmigo, porque sola no conseguiría realizar mi plan. ¿Me acompañará? + +Julián quiso objetar algo; ¿qué? No lo sabía él mismo. El diminutivo +cariñoso usado por la señorita, la febril resolución con que hablaba, le +vencieron. ¿Negarse a ayudar a la desdichada? Imposible. ¿Pensar en lo +que el proyecto tenía de extraño, de inconveniente? Ni se le ocurrió un +minuto. A fuer de criatura candorosa, una fuga tan absurda le pareció +hasta fácil. ¿Oponerse a la marcha? También él había tenido y tenía a +cada instante miedo, miedo cerval, no sólo por la niña, sino por la +madre: ¿acaso no se le había ocurrido mil veces que la existencia de las +dos corría inminente peligro? Además, ¿qué cosa en el mundo dejaría él +de intentar por secar aquellos ojos puros, por sosegar aquel anheloso +pecho, por ver de nuevo a la señorita segura, honrada, respetada, +cercada de miramientos en la casa paterna? + +Se representaba la escena de la escapatoria. Sería al amanecer. Nucha +iría envuelta en muchos abrigos. Él cargaría con la niña, dormidita y +arropadísima también. Por si acaso llevaría en el bolsillo un tarro con +leche caliente. Andando bien llegarían a Cebre en tres horas escasas. +Allí se podían hacer sopas. La nena no pasaría hambre. Tomarían en el +coche la berlina, el sitio más cómodo. Cada vuelta de la rueda les +alejaría de los tétricos Pazos.... + +Muy quedito, como quien se confiesa, empezaron a debatir y resolver +estos pormenores. Otro rayo de sol entreabría las nubes, y los santos, +en sus hornacinas, parecían sonreír benévolamente al grupo del +banquillo. Ni la Purísima de sueltos tirabuzones y traje blanco y azul, +ni el san Antonio que hacía fiestas a un niño Jesús regordete, ni el san +Pedro con la tiara y las llaves, ni siquiera el arcángel san Miguel, el +caballero de la ardiente espada, siempre dispuesto a rajar y hendir a +Satanás, revelaban en sus rostros pintados de fresco el más leve enojo +contra el capellán, ocupado en combinar los preliminares de un rapto en +toda regla, arrebatando una hija a su padre y una mujer a su legítimo +dueño. + + + + +-XXVIII- + + +Al llegar aquí de la narración, es preciso acudir, para completarla, a +las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginación del lindo +rapazuelo, hijo de Sabel, los sucesos de la memorable mañana en que por +última vez ayudó a misa al bonachón de don Julián (el cual, por más +señas, solía darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino). + +El primer recuerdo que Perucho conserva es que, al salir de la capilla, +quedóse muy triste arrimado a la puerta, porque aquel día el capellán no +le había dado cosa alguna. Chupándose el dedo y en actitud meditabunda +permaneció allí unos instantes, hasta que la misma falta de los dos +cuartos acostumbrados le descubrió un rayo de luz: ¡su abuelo le había +prometido otros dos si le avisaba cuando la señora se quedase en la +capilla después de oída la misa! Raciocinando con sorprendente rigor +matemático, calculó que pues perdía dos cuartos por un lado, era urgente +ganarlos por otro; apenas concibió tan luminosa idea, sintió que las +piernas le bailaban, y echó a correr con toda la velocidad posible en +busca de su abuelo. + +Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachaba +Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa +antigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum de papelotes +cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra +jorobada y escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun en +palotes. La mesa y el cuarto en general atraían a Perucho con el encanto +que posee para la niñez lo desordenado y revuelto, los sitios en que se +acumulan muchas cosas variadas, pues imaginan ellos que cada montón de +objetos es un mundo desconocido, un depósito de tesoros inestimables. +Rara vez entraba allí Perucho; su abuelo acostumbraba echarle para que +no sorprendiese ciertas operaciones financieras que el mayordomo gustaba +de realizar sin testigos. Cuando el nieto entró, la cara pulimentada y +oscura de Primitivo podía confundirse con el tono bronceado de un acervo +de calderilla o montaña de cobre, de la cual iban saliendo columnitas, +columnitas que el mayordomo alineaba en correcta formación.... Perucho se +quedó deslumbrado ante tan fabulosa riqueza. ¡Allí estaban sus dos +cuartos! ¡Menuda pepita de aquel gran criadero de metal! Lleno de +esperanza, alzó la voz cuanto pudo, y dio su recado. Que la señora +estaba en la capilla, con el señor capellán.... Que le habían despedido +de allí. + +Iba a añadir: «Y que se me deben dos cuartos por la noticia» o cosa +análoga, pero no le dio lugar a ello su abuelo, alzándose del sillón con +la agilidad de bicho montés que caracterizaba sus movimientos todos, no +sin que al hacerlo produjese un tempestuoso remolino en el mar de +calderilla, y la caída de algunas torres que, con sonoro estrépito, se +rindieron a la gran pesadumbre. Primitivo salió corriendo hacia el +interior de la casa. El chiquillo se quedó allí, solicitado por las dos +tentaciones más fuertes que en su vida había sufrido. Era una la de +comerse las obleas, que con su provocativa blancura y encendido rojo le +estaban convidando desde un bote de hojalata, y aun cuando sería más +glorioso para nuestro héroe vencer el goloso capricho, la sinceridad +obliga a declarar que alargó el dedo humedecido en saliva, y fue +pescando una, dos, tres, hasta zamparse cuantas encerraba el bote. +Satisfecha esta concupiscencia, le apremió la otra, incitándole nada +menos que a cobrarse por su mano de los dos cuartos prometidos, +tomándolos del montón que tenía allí delante, a su disposición y +albedrío. No sólo apetecía cobrarse del debido salario, sino que le +seducían principalmente unos ochavos roñosos llamados de _la fortuna_ en +el país, y que, merced a consideraciones muy lógicas en su mente +infantil, le parecían preferibles a las piezas gordas. Las adquisiciones +y placeres de Perucho los representaba generalmente un ochavo. Por un +ochavo le daba la rosquillera, en ferias y romerías, caramelos de +alfeñique o rosquillas bastantes; por un ochavo le vendían bramante +suficiente para el trompo, y le surtía el cohetero de pólvora en +cantidad con que hacer regueritos; por un ochavo se procuraba tiras de +mistos de cartón, groseras aleluyas impresas en papel amarillo, gallos +de barro con un pito en parte no muy decorosa. Y todo esto lo tenía al +alcance de su mano, como las obleas; ¡y nadie le veía ni podía +delatarle! El angelote se empinó en la punta de los pies para alcanzar +mejor el dinero, alargó a la vez ambas palmas, y las sumergió en el mar +de cobre.... Las paseó mucho rato por la superficie sin osar cerrarlas.... +Por fin hizo presa en un puñado de ochavos, y entonces apretó el puño +fortísimamente, con la intensidad propia de los niños, que temen siempre +se les escape la dicha por la mano abierta. Y así se mantuvo inmóvil, +sin atreverse a retraer aquella diestra pecadora y cargada de botín al +seguro rincón del seno, donde almacenaba siempre sus latrocinios. Porque +es de advertir que Perucho tenía bastante de caco, y con la mayor +frescura se apropiaba huevos, fruta, y, en general, cuantos objetos +codiciaba; pero, con respeto supersticioso de aldeano, que sólo juzga +propiedad ajena el dinero, jamás había tocado a una moneda. En el alma +de Perucho se verificaba una de esas encarnizadas luchas entre el deber +y la pasión, cantadas por la musa dramática: el ángel malo y el bueno le +tiraban cada uno de una oreja, y no sabía a cuál atender. ¡Tremendo +conflicto! Pero regocíjense el cielo y los hombres, pues venció el +espíritu de luz. ¿Fue el primer despertar de ese sentimiento de honor +que dicta al hombre heroicos sacrificios? ¿Fue una gota de la sangre de +Moscoso, que realmente corría por sus venas y que, con la misteriosa +energía de la transmisión hereditaria, le guió la voluntad como por +medio de una rienda? ¿Fue temprano fruto de las lecciones de Julián y +Nucha? Lo cierto es que el rapaz abrió la mano, separando mucho los +dedos, y los ochavos apresados cayeron entre los restantes, con metálico +retintín. + +No por eso hay que figurarse que Perucho renunciaba a sus dos cuartos, +los ganados honradamente con la agilidad de sus piernas. ¡Renunciar! ¡A +buena parte! Aquel mismo embrión de conciencia que en el fondo de su +ser, donde todos tenemos escrita desde _ab initio_ gran parte del +Decálogo, le gritaba: «no hurtarás», le dijo con no menor energía: +«tienes derecho a reclamar lo que te ofrecieron». Y, obedeciendo a la +impulsión, la criatura echó a correr en la misma dirección que su +abuelo. + +Casualmente tropezó con él en la cocina, donde preguntaba algo a Sabel +en queda voz. Acercósele Perucho, y asiéndole de la chaqueta exclamó: + +--¿Mis dos cuartos? + +No hizo caso Primitivo. Dialogaba con su hija, y, a lo que Perucho pudo +comprender, ésta explicaba que el señorito había salido de madrugada a +tirar a los pollos de perdiz, y suponía que anduviese hacia la parte del +camino de Cebre. El abuelo soltó un juramento que usaba a menudo y que +Perucho solía repetir por fanfarronada, y, sin más conversación, se +alejó. + +Aseguró Perucho después que le había llamado la atención ver al abuelo +salir sin tomar la escopeta y el sombrerón de alas anchas, prendas que +no soltaba nunca. Semejante idea debió ocurrírsele al chiquillo más +tarde, en vista de los sucesos. Al pronto sólo pensó en alcanzar a +Primitivo, y lo logró en lo alto del camino que baja a los Pazos. Aunque +el cazador iba como el pensamiento, el rapaz corría en regla también. + +--¡Anda al demonio! ¿Qué se te ofrece?--gruñó Primitivo al conocer a su +nieto. + +--¡Mis dos cuartos! + +--Te doy cuatro en casa si me ayudas a buscar por el monte al señorito y +le dices, en cuanto lo veas, lo que me dijiste a mí, ¿entiendes? Que el +capellán está con la señora encerrado en la capilla y que te echaron de +allí para quedar solos. + +El angelón fijó sus pupilas límpidas en los fascinadores ojuelos de +víbora de su abuelo; y, sin esperar más instrucciones, abriendo mucho la +boca, salió a galope hacia donde por instinto juzgaba él que el señorito +debía encontrarse. Volaba, con los puños apretados, haciendo saltar +guijarros y tierra al golpe de sus piececillos encallecidos por la +planta. Cruzaba por cima de los tojos sin sentir las espinas, hollando +las flores del rosado brezo, salvando matorrales casi tan altos como su +persona, espantando la liebre oculta detrás de un madroñero o la pega +posada en las ramas bajas del pino. De repente oyó el andar de una +persona y vio al señorito salir de entre el robledal.... Loco de júbilo +se acercó a darle su recado, del cual esperaba albricias. Éstas fueron +la misma palabrota inmunda y atroz que había expectorado su abuelo en la +cocina; y el señorito salió disparado en dirección de los Pazos, como si +un torbellino lo arrebatase. + +Perucho se quedó algunos instantes suspenso y confuso; él afirma que al +poco rato volvió a embargar su ánimo el deseo de los cuartos ofrecidos, +que ya ascendían a la respetable suma de cuatro. Para obtenerlos era +menester buscar a su abuelo, y avisarle del encuentro con el señorito; +no lo tuvo por difícil, pues recordaba aproximadamente el punto del +bosque donde Primitivo quedaba; y por atajos y vericuetos sólo +practicables para los conejos y para él, Perucho se lanzó tras la pista +de su abuelo. Trepaba por un murallón medio deshecho ya, amparo de un +viñedo colgado, por decirlo así, en la falda abrupta del monte, cuando +del otro lado del baluarte que escalaba creyó sentir rumor de pisadas, +que la finura de su oído no confundió con las del cazador; y con el +instinto cauteloso de los niños hijos de la naturaleza y entregados a sí +mismos, se agachó, quedando encubierto por el murallón de modo que sólo +rebasase la frente. No podía dudarlo; eran pisadas humanas, bien +distintas de la corrida de la liebre por entre las hojas, o de los +golpecitos secos y reiterados que sacuden las patas unguladas del zorro +o del perro. Pisadas humanas eran, aunque sí muy recelosas, apagadas y +lentísimas. Parecían de alguien que procuraba emboscarse. Y, en efecto, +poco tardó el niño en ver asomar, gateando entre los matorrales, a un +hombre cuya descripción acaso había oído mil veces en las veladas, en +las deshojas, acompañada de exclamaciones de terror. El hongo gris, la +faja roja, las recortadas patillas destacándose sobre el rostro color de +sebo, y sobre todo el ojo blanco, sin vista, frío como un pedazo de +cuarzo de la carretera, en suma, la desapacible catadura del Tuerto de +Castrodorna dejaron absorto al chiquillo. Apretaba el Tuerto contra su +pecho corto y ancho trabuco, y, después de girar hacia todas partes el +único lucero de su fea cara, de aguzar el oído, de olfatear, por decirlo +así, el aire, arrimóse al murallón, medio arrodillándose tras de un seto +de zarzas y brezo que lo guarnecía. Perucho, cuyos pies descansaban en +las anfractuosidades del muro, se quedó como incrustado en él, sin osar +respirar, ni bajarse, ni moverse, porque aquel hombre desconocido, mal +encarado y en acecho, le infundía el pavor irracional de los niños, que +adivinan peligros cuya extensión ignoran. Por mucho que le aguijonease +el deseo de sus cuatro cuartos, no se atrevía a descolgarse del +murallón, temiendo hacer ruido y que le apuntasen con el cañón de aquel +arma, cuya ancha boca debía, de seguro, vomitar fuego y muerte.... Así +transcurrieron diez segundos de angustia para el angelote. Antes que +pudiera entrar a cuentas con el miedo, ocurrió un nuevo incidente. +Sintió otra vez pasos, no recelosos, como de quien se oculta, sino +precipitados, como de quien va a donde le importa llegar presto; y por +el camino hondo que limitaba el murallón divisó a su abuelo que avanzaba +en dirección de los Pazos; sin duda, con su vista de águila había +distinguido al señorito, y le seguía intentando darle alcance. Iba +Primitivo distraído, con el propósito de reunirse a don Pedro, y no +miraba a parte alguna. Llegó a atravesar por delante del muro. El niño +entonces vio una cosa terrible, una cosa que recordó años después y aun +toda su vida: el hombre emboscado se incorporaba, con su único ojo +centelleante y fiero; se echaba a la cara la formidable tercerola; se +oía un espantoso trueno, voz de la bocaza negra; flotaba un borrón de +humo, que el aire disipó instantáneamente, y al través de sus últimos +tules grises el abuelo giraba sobre sí mismo como una peonza, y caía +boca abajo, mordiendo sin duda, en suprema convulsión, la hierba y el +lodo del camino. + +Asegura Perucho que no ha sabido jamás si fue el miedo o su propia +voluntad lo que le obligó a descolgarse del murallón y descender, más +bien que a saltos, rodando, los atajos conocidos, magullándose el +cuerpo, poniéndose en trizas la ropa, sin hacer caso de lo uno ni de lo +otro. Rebotó como un pelota por entre las nudosas cepas; brincó por cima +de los muros de piedra que las sostenían; salvó como una flecha +sembrados de maíz; metióse de patas en los regatos, mojándose hasta la +cintura, por no detenerse a seguir las pasaderas de piedra; salvó +vallados tres veces más altos que su cuerpo; cruzó setos, saltó +hondonadas y zanjas, no comprendió por dónde ni cómo, pero el caso es +que, arañado, ensangrentado, sudoroso, jadeante, se encontró en los +Pazos, y maquinalmente volvió al punto de partida, la capilla, donde +entró, enteramente olvidado de los cuatro cuartos, primer móvil de sus +aventuras todas. + +Estaba escrito que aquella mañana había de ser fecunda en +extraordinarias sorpresas. En la capilla acostumbraba Perucho notar que +se hablaba bajito, se andaba despacio, se contenía hasta la respiración: +el menor desliz en tal materia solía costarle un severo regaño de don +Julián; de modo que, sobreponiéndose el instinto y el hábito al +azoramiento y trastorno, penetró en el sagrado lugar con actitud +respetuosa. En él sucedía algo que le causó un asombro casi mayor que el +de la catástrofe de su abuelo. Recostada en el altar se encontraba la +señora de Moscoso, con un color como una muerta, los ojos cerrados, las +cejas fruncidas, temblando con todo su cuerpo; frente a ella, el +señorito vociferaba, muy deprisa y en ademán amenazador, cosas que no +entendió el niño; mientras el capellán, con las manos cruzadas y la +fisonomía revelando un espanto y dolor tales que nunca había visto +Perucho en rostro humano expresión parecida, imploraba, imploraba al +señorito, a la señorita, al altar, a los santos..., y de repente, +renunciando a la súplica, se colocaba, encendido y con los ojos +chispeantes, dando cara al marqués, como desafiándole.... Y Perucho +comprendía a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde +se desbordaba la cólera, el furor, la indignación, la ira, el insulto; +y, sin saber la causa de alboroto semejante, deducía que el señorito +estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la señorita, a matarla +quizás, a deshacer a don Julián, a echar abajo los altares, a quemar tal +vez la capilla.... + +El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la +cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él: el señorito tenía +entonces la misma cara, idéntico tono de voz. Y en medio de la confusión +de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una +idea, superior a todas, se levantó triunfante. No cabía duda que el +señorito se disponía a acogotar a su esposa y al capellán; también +acababan de matar a su abuelo en el monte; aquel día, según indicios, +debía ser el de la general matanza. ¿Quién sabe si, luego que acabase +con su mujer y con don Julián, se le ocurriría al señorito quitar la +vida a la nené? Semejante pensamiento devolvió a Perucho toda la +actividad y energía que acostumbraba desplegar para el logro de sus +azarosas empresas en corrales, gallineros y establos. + +Escurrióse bonitamente de la capilla, resuelto a salvar a toda costa la +vida de la heredera de Moscoso. ¿Cómo haría? Faltábale tiempo de madurar +el plan: lo que importaba era obrar con celeridad y no arredrarse ante +obstáculo alguno. Se deslizó sin ser visto por la cocina, y subió la +escalera a escape. Llegado que hubo a las habitaciones altas, residencia +de los señores, de tal manera supo amortiguar el ruido de sus pisadas, +que el oído más fino lo confundiría con el susurro del aire al agitar +una cortina. Lo que él temía era encontrar cerrada la puerta del +dormitorio de Nucha. El corazón le dio un brinco de alegría al verla +entornada. + +La empujó con suavidad de gato que esconde las uñas.... Tenía la maldita +puerta el vicio de rechinar; pero tan sutil fue el empuje, que apenas +gimió sordamente. Perucho se coló en la habitación, ocultándose tras del +biombo. Por uno de los muchos agujeros que éste lucía, miró al otro +lado, hacia donde estaba la cuna. Vio a la niña dormida, y al ama, de +bruces sobre el lecho de Nucha, roncando sordamente. No era de temer que +se despabilase la marmota: el rapaz podía a mansalva realizar sus +propósitos. + +Sin embargo, convenía que no despertase la chiquilla, no fuese a +alborotar la casa lloriqueando. Perucho la tomó como quien toma un +muñeco de cristal, muy rompedizo y precioso: sus palmas llenas de callos +y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar puñetazos +en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y +la nené, envuelta en el pañolón de calceta, no gruñó siguiera al trocar +la cama por los brazos de su precoz raptor. Éste, conteniendo hasta el +respirar, andando con paso furtivo, rápido y cauteloso--el andar de la +gata que lleva a sus cachorros entre los dientes, colgados de la piel +del pescuezo--, se dirigió a buscar la salida por el claustro, pues de +cruzar la cocina era probable una sorpresa. + +En el claustro se paró obra de diez segundos, para meditar. ¿Dónde +escondería su tesoro? ¿En el pajar, en el _herbeiro_, en el hórreo, en +el establo? Optó por el hórreo--el lugar menos frecuentado y más oscuro--. +Bajaría la escalera, se enhebraría por el claustro, se colaría por las +cuadras, salvaría la era, y después nada más sencillo que ocultarse en +el escondrijo. Dicho y hecho. + +Arrimada al hórreo estaba la escala. Perucho comenzó a subir, operación +bastante difícil atendido el estorbo que le hacía la chiquilla. Lo +estrecho y vertical de los travesaños imponía la necesidad de agarrarse +con manos y pies al ir ascendiendo: Perucho no disponía de las manos; la +energía de la voluntad se le comunicó al dedo gordo del pie, que +semejaba casi prensil a fuerza de adaptarse y adherirse a las barras de +palo, bruñidas ya con el uso. En mitad de la ascensión pensó que rodaba +al pie del hórreo, y apretó contra el pecho a la niña, que, +despertándose, rompió en llanto.... ¡Que llorase! Allí no la oía alma +viviente; por la era sólo vagaba media docena de gallinas, disputando a +dos gorrinos las hojas de una col. Perucho entró triunfante por la +puerta del hórreo.... + +Las espigas de maíz no lo llenaban hasta el techo, dejando algún espacio +suficiente para que dos personas minúsculas, como Perucho y su +protegida, pudiesen acomodarse y revolverse. El rapaz se sentó sin +soltar a la nena, diciéndole mil chuscadas y zalamerías a fin de +acallarla, abusando del diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en +labios del aldeano. + +--Reiniña, mona, _ruliña_, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas, +bunitas, bunitiñas.... ¡Si no callas, viene un cocón y te come! ¡_Velo_ +ahí viene! ¡Calla, soliño, paloma blanca, rosita! + +No por virtud de las exhortaciones, pero sí por haber conocido a su +amigo predilecto, la niña callaba ya. Mirábale, y, sonriendo +regocijadamente, le pasaba las manos por la cara, gorjeaba, se bababa, y +miraba con curiosidad alrededor. Extrañaba el sitio. Enfrente, +alrededor, debajo, por todos lados, la rodeaba un mar de espigas de oro, +que al menor movimiento de Perucho se derrumbaban en suaves cascadas, y +donde el sol, penetrando por los intersticios del enrejado del hórreo, +tendía galones más claros, movibles listas de luz. Perucho comprendió +que poseía en las espigas un recurso inestimable para divertir a la +pequeña. Tan pronto le daba una en la mano, como alzaba con muchas una +especie de pirámide; la nené se entretenía en derribarla o forjarse la +ilusión de que la derribaba, pues realmente una patada de Perucho hacía +el milagro. Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por +señas, que le renovasen el juego. + +Pronto se cansó de él. Con todo, estaba de buen humor, gracias a la +compañía de Perucho. Su mirada risueña y dulce, fija en la de su +compañero, parecía decirle: «¿Qué mejor juego que estar juntos? +Disfrutemos de este bien que siempre nos han dado con tasa». En vista de +tan cariñosas disposiciones, Perucho se entregó al placer de halagarla a +su sabor. Ya le apoyaba un dedo en el carrillo, para provocarla a risa; +ya remedaba a un lagarto, arrastrando la mano por el cuerpo de la nené +arriba, e imitando los culebreos del rabo; ya se fingía encolerizado, +espantaba los ojos, hinchaba los carrillos, cerraba los puños y +resoplaba fieramente; ya, tomando a la nena en peso, la subía en alto y +figuraba dejarla caer de golpe sobre las espigas. Por último, recelando +cansarla, la cogió en brazos, se sentó a la turca, y comenzó a mecerla y +arrullarla blandamente, con tanta suavidad, precaución y ternura como +pudiera su propia madre. + +¡Qué ganas, qué violentos antojos se le pasaban!... ¿De qué? En las +veces que fue admitido a la intimidad de la habitación de Nucha y se le +consintió aproximarse a la nené y vivir su vida, jamás osara hacerlo.... +Miedo de que le riñesen o echasen; vago respeto religioso que se imponía +a su alma de pilluelo diabólico; vergüenza; falta de costumbre de sus +labios, que a nadie besaban; todo se unía para impedirle satisfacer una +aspiración que él juzgaba ambiciosa y punto menos que sacrílega.... Pero +ahora era dueño del tesoro; ahora la nené le pertenecía; la había ganado +en buena lid, la poseía por derecho de conquista, ¡ese derecho que +comprenden los mismos salvajes! Adelantó mucho el hocico, igual que si +fuese a catar alguna golosina, y tocó la frente y los ojos de la +pequeña.... Después desenvolvió lentamente los pliegues del mantón, y +descubrió las piernas, calentitas como chicharrones, que apenas se +vieron libres del envoltorio comenzaron a bailar, sacudiendo sus +favoritas patadas de júbilo. Perucho alzó hasta la boca un pie, luego +otro, y así alternando se pasó un rato regular; sus besos hacían +cosquillas a la niña, que soltaba repentinas carcajadas y se quedaba +luego muy seria; pero que en breve empezó a sentir el frío, y con la +rapidez que revisten en los niños muy chicos los cambios de temperatura, +los piececillos se le quedaron casi helados. Al punto lo advirtió +Perucho, y echándoles repetidas veces el aliento, como había visto hacer +a la vaca con sus recentales, los envolvió en mantillas y pañolón, y +nuevamente llegó a sí a la criatura, meciéndola. + +El más glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacción a +Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que había salvado a +la nené de la degollación segura y puéstola a buen recaudo, donde nadie +daría con ella. Ni un minuto recordó al duro y bronceado abuelo tendido +allá junto al paredón.... A menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al +pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de +dulces; quizás vuelvan más adelante la tristeza y el recuerdo, pero la +impresión capital del dolor ya se ha borrado para siempre. Así Perucho. +La ventura de poseer a su nené adorada, la prez de defender su vida, le +distraían de los trágicos acontecimientos recientes. No se acordaba del +abuelo, no, ni del trabucazo que lo había _tumbado_ como él tumbaba las +perdices. + +Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según +el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si +ella pudiese comprender lo que le hablaban. ¿De dónde procedía este +cuento, variante de la leyenda del ogro? ¿Lo oiría Perucho en alguna +velada junto al _lar_, mientras hilaban las viejas y pelaban castañas +las mozas? ¿Sería creación de su mente excitada por los terrores de un +día tan excepcional? «Una _ves_--empezaba el cuento--era un rey muy malo, +muy galopín, que se comía la gente y las _presonas_ vivas.... Este rey +tenía una nené bunita bunita, como la _frol_ de mayo... y pequeñita +pequeñita como un grano de _millo_ (maíz quería decir Perucho). Y el +malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara +más fea, más fea que la del _diaño_... (Perucho hacía horribles muecas a +fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey). Y una noche dijo él, +dice: 'Heme de comer mañana por la mañanita _trempano_ a la nené... así, +así'. (Abría y cerraba la boca haciendo chocar las mandíbulas, como los +papamoscas de las catedrales). Y había un _pagarito_ sobre un _árbole_, +y oyó al rey, y dijo, dice: 'Comer no la has de comer, coco feo.' ¿Y va +y qué hace el _pagarito_? Entra por la ventanita... y el rey estaba +durmiendo. (Recostaba la cabeza en las espigas de maíz y roncaba +estrepitosamente para representar el sueño del rey). Y va el _pagarito_ +y con el _bico_ le saca un ojo, y el rey queda _chosco_. (Guiñaba el ojo +izquierdo, mostrando cómo el rey se halló tuerto). Y el rey a despertar +y a llorar, llorar, llorar (imitación de llanto) por su ojo, y el +_pagarito_ a se reír muy puesto en el _árbole_.... Y va y salta y dijo, +dice: 'Si no comes a la nené y me la regalas, te doy el ojo...' Y va el +rey y dice: 'Bueno...' Y va el _pagarito_ y se casó con la nené, y +estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita... +(solo de este instrumento), y entré por una _porta_ y salí por otra, ¡y +manda el rey que te lo cuente otra vez!». + +La nené no oyó el final del cuento.... La música de las palabras, que no +le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma +satisfacción de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el +sueño anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando +terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados.... Acomodó +lo mejor que pudo el lecho de espigas; llególe el mantón al rostro, como +hacía Nucha, para que no se le enfriase el hociquito, y muy denodado y +resuelto a hacer centinela, se arrimó a la puerta del hórreo, en una +esquina, reclinándose en un montón de maíz. Pero fuese la inmovilidad, o +el cansancio, o la reacción de tantas emociones consecutivas, también a +él la cabeza le pesaba y se le entornaban los párpados. Se los frotó con +los dedos, bostezó, luchó algunos minutos con el sueño invasor... Éste +venció al cabo. Los dos ángeles refugiados en el hórreo dormían en paz. + +Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que +agitaba a Perucho, veía el muchacho un animalazo de desmesurado grandor, +bestión fiero que se acercaba a él rugiendo, bramando y dispuesto a +zampárselo de un bocado o a deshacerlo de una uñada.... Se le erizó el +cabello, le temblaron las carnes, y un sudor frío le empapó la sien.... +¡Qué monstruo tan espantoso! Ya se acerca..., ya cae sobre Perucho..., +sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le +cae encima lo mismo que una roca inmensa.... El chiquillo abre los +ojos.... + +Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndolo a su sabor a pescozones y +cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más +enorme, más brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo +como un héroe. Bajando la cabeza, se atravesó en la entrada del hórreo, +y por espacio de algunos minutos defendió su presa haciéndole muralla +con el cuerpo.... Pero el enorme volumen del ama pesó sobre él y lo +redujo a la inacción, comprimiéndolo y paralizándolo. Cuando el mísero +chiquillo, medio ahogado, se sintió libre de aquella estatua de plomo +que a poco más le convierte en oblea, miró hacia atrás.... La niña había +desaparecido. Perucho no olvidará nunca el desesperado llanto que +derramó por más de media hora revolcándose entre las espigas. + + + + +-XXIX- + + +Tampoco Julián olvidará el día en que ocurrieron acontecimientos tan +extraordinarios; día dramático entre todos los de su existencia, en que +le sucedió lo que no pudo imaginar jamás: verse acusado, por un marido, +de inteligencias culpables con su mujer, por un marido que se quejaba de +ultrajes mortales, que le amenazaba, que le expulsaba de su casa +ignominiosamente y para siempre; y ver a la infeliz señorita, a la +verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la ridícula y +horrenda calumnia. ¿Y qué sería si hubiesen realizado su plan de fuga al +día siguiente? ¡Entonces sí que tendrían que bajar la cabeza, darse por +convictos!... ¡Y decir que cinco minutos antes no se les prevenía +siquiera la posibilidad de que don Pedro y el mundo lo interpretasen +así! + +No, no lo olvidará Julián. No olvidará aquellas inesperadas +tribulaciones, el valor repentino y ni aun de él mismo sospechado que +desplegó en momentos tan críticos para arrojar a la faz del marido +cuanto le hervía en el alma, la reprobación, la indignación contenida +por su habitual timidez; el reto provocado por el bárbaro insulto; los +calificativos terribles que acudían por vez primera a su boca, avezada +únicamente a palabras de paz; el emplazamiento _de hombre a hombre_ que +lanzó al salir de la capilla.... No olvidará, no, la escena terrible, por +muchos años que pesen sobre sus hombros y por muchas canas que le +enfríen las sienes. Ni olvidará tampoco su partida precipitada, sin dar +tiempo a recoger el equipaje; cómo ensilló con sus propias inexpertas +manos la yegua; cómo, desplegando una maestría debida a la urgencia, +había montado, espoleado, salido a galope, ejecutando todos estos actos +mecánicamente, cual entre sueños, sin aguardar a que se disipase el +corto hervor de la sangre, sin querer ver a la niña ni darle un beso, +porque comprendía, estaba seguro de que, si lo hiciera, sería capaz de +postrarse a los pies del señorito, rogándole humildemente que le +permitiese quedarse allí en los Pazos, aunque fuese de pastor de ganado +o jornalero.... + +No olvidará tampoco la salida de la casa solariega, la ascensión por el +camino que el día de su llegada le pareció tan triste y lúgubre.... El +cielo está nublado; ciernen la claridad del sol pardos crespones cada +vez más densos; los pinos, juntando sus copas, susurran de un modo +penetrante, prolongado y cariñoso; las ráfagas del aire traen el olor +sano de la resina y el aroma de miel de los retamares. El crucero, a +poca distancia, levanta sus brazos de piedra manchados por el oro viejo +del liquen.... La yegua, de improviso, respinga, tiembla, se encabrita.... +Julián se agarra instintivamente a las crines, soltando la rienda.... En +el suelo hay un bulto, un hombre, un cadáver; la hierba, en derredor +suyo, se baña en sangre que empieza ya a cuajarse y ennegrecerse. Julián +permanece allí, clavado, sin fuerzas, anonadado por una mezcla de +asombro y gratitud a la Providencia, que no puede razonar, pero le +subyuga.... El cadáver tiene la faz contra tierra; no importa: Julián ha +reconocido a Primitivo; es él mismo. El capellán no vacila, no discurre +quién le habrá matado. ¡Cualquiera que sea el instrumento, lo dirige la +mano de Dios! Desvía la yegua, se persigna, se aparta, se aleja +definitivamente, volviendo de cuando en cuando la cabeza para ver el +negro bulto, sobre el fondo verde de la hierba y la blancura gris del +paredón.... + +¡Ah! No, no olvida nada Julián. No olvida en Santiago, donde su llegada +se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones +leyendarias, donde el éxito de las elecciones, la partida del capellán, +el asesinato del mayordomo, se comentan, se adornan, entretienen al +pueblo casi todo un mes, y donde las gentes le paran en la calle +preguntándole qué ocurre por allá, qué sucede con Nucha Pardo, si es +cierto que su marido la maltrata y que está muy enferma, y que las +elecciones de Cebre han sido un escándalo gordo. No olvida cuando el +arzobispo le llama a su cámara, a fin de inquirir qué hay de verdad en +todo lo ocurrido, y él, después de arrodillarse, lo cuenta sin poner ni +quitar una sílaba, encontrando en la sincera confesión inexplicable +alivio, y besando, con el corazón desahogado ya, la amatista que brilla +sobre el anular del prelado. No olvida cuando éste dispone enviarle a +una parroquia apartadísima, especie de destierro, donde vivirá +completamente alejado del mundo. + +Es una parroquia de montaña, más montaña que los Pazos, al pie de una +sierra fragosa, en el corazón de Galicia. No hay en toda ella, ni en +cuatro leguas a la redonda, una sola casa señorial; en otro tiempo, en +épocas feudales, se alzó, fundado en peñasco vivo, un castillo roquero, +hoy ruina comida por la hiedra y habitada por murciélagos y lagartos. +Los feligreses de Julián son pobres pastores: en vísperas de fiesta y +tiempo de oblata le obsequian con leche de cabra, queso de oveja, +manteca en orzas de barro. Hablan dialecto cerradísimo, arduo de +comprender; visten de somonte y usan greñas largas, cortadas sobre la +frente a la manera de los antiguos siervos. En invierno cae la nieve y +aúllan los lobos en las inmediaciones de la rectoral; cuando Julián +tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los +sacramentos a algún moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de +paja y a calzar zuecos de palo; el sacristán va delante, alumbrando con +un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen +fantasmas.... + +Pasadas dos estaciones recibe una esquela, una papeleta orlada de negro; +la lee sin entenderla al pronto; después se entera bien del contenido, y +sin embargo no llora, no da señal alguna de pena.... Al contrario, aquel +día y los siguientes experimenta como un sentirmento de consuelo, de +bienestar y de alegría, porque la señorita Nucha, en el cielo, estará +desquitándose de lo sufrido en esta tierra miserable, donde sólo +martirios aguardan a un alma como la suya.... La doctrina resignada de la +_Imitación_ ha vuelto a reinar en su espíritu. Hasta el efecto de la +noticia se borra pronto, y una especie de insensibilidad apacible va +cauterizando el espíritu de Julián: piensa más en lo que le rodea, se +interesa por la iglesia desmantelada, trata de enseñar a leer a los +salvajes chiquillos de la parroquia, funda una congregación de hijas de +María para que las mozas no bailen los domingos.... Y así pasa el tiempo, +uniformemente, sin dichas ni amarguras, y la placidez de la naturaleza +penetra en el alma de Julián, y se acostumbra a vivir como los paisanos, +pendiente de la cosecha, deseando la lluvia o el buen tiempo como el +mayor beneficio que Dios puede otorgar al hombre, calentándose en el +_lar_, diciendo misa muy temprano y acostándose antes de encender luz, +conociendo por las estrellas si se prepara agua o sol, recogiendo +castaña y patata, entrando en el ritmo acompasado, narcótico y perenne +de la vida agrícola, tan inflexible como la vuelta de las golondrinas en +primavera y el girar eterno de nuestro globo, describiendo la misma +elipse, al través del espacio.... + +Y, sin embargo, no olvida. Y en aquel rincón viene a sorprenderle el +ascenso, la traslación a la parroquia de Ulloa, especie de desagravio +del arzobispo. La mitra alternaba con los señores de Ulloa en la +presentación del curato, y el arzobispo había querido manifestar así al +humilde párroco, enterrado diez años hacía en la montaña más fiera de la +diócesis, que la calumnia puede empañar el cristal de la honra, no +mancharlo. + + + + +-XXX- + + +Diez años son una etapa, no sólo en la vida del individuo, sino en la de +las naciones. Diez años comprenden un periodo de renovación: diez años +rara vez corren en balde, y el que mira hacia atrás suele sorprenderse +del camino que se anda en una década. Mas así como hay personas, hay +lugares para los cuales es insensible el paso de una décima parte de +siglo. Ahí están los Pazos de Ulloa, que no me dejarán mentir. La gran +huronera, desafiando al tiempo, permanece tan pesada, tan sombría, tan +adusta como siempre. Ninguna innovación útil o bella se nota en su +mueblaje, en su huerto, en sus tierras de cultivo. Los lobos del escudo +de armas no se han amansado; el pino no echa renuevos; las mismas ondas +simétricas de agua petrificada bañan los estribos de la puente señorial. + +En cambio la villita de Cebre, rindiendo culto al progreso, ha atendido +a las mejoras morales y materiales, según frase de un cebreño ilustrado, +que envía correspondencias a los diarios de Pontevedra y Orense. No se +charla ya de política solamente en el estanco: para eso se ha fundado un +Círculo de Instrucción y Recreo, Artes y Ciencias (lo reza su +reglamento) y se han establecido algunas tiendecillas que el cebreño +susodicho denomina _bazares_. Verdad es que los dos caciques aún +continúan disputándose el mero y mixto imperio; mas ya parece seguro que +Barbacana, representante de la reacción y la tradición, cede ante +Trampeta, encarnación viviente de las ideas avanzadas y de la nueva +edad. + +Dicen algunos maliciosos que el secreto del triunfo del cacique liberal +está en que su adversario, hoy canovista, se encuentra ya extremadamente +viejo y achacoso, habiendo perdido mucha parte de sus bríos e indómito +al par que traicionero carácter. Sea como quiera, el caso es que la +influencia barbacanesca anda maltrecha y mermada. + +Quien ha envejecido bastante, de un modo prematuro, es el antiguo +capellán de los Pazos. Su pelo está estriado de rayitas argentadas; su +boca se sume; sus ojos se empañan; se encorvan sus lomos. Avanza +despaciosamente por el _carrero_ angosto que serpea entre viñedos y +matorrales conduciendo a la iglesia de Ulloa. + +¡Qué iglesia tan pobre! Más bien parece la casuca de un aldeano, +conociéndose únicamente su sagrado destino en la cruz que corona el +tejadillo del pórtico. La impresión es de melancolía y humedad, el atrio +herboso está a todas horas, aun a las meridianas, muy salpicado y como +empapado de rocío. La tierra del atrio sube más alto que el peristilo de +la iglesia, y ésta se hunde, se sepulta entre el terruño que lentamente +va desprendiéndose del collado próximo. En una esquina del atrio, un +pequeño campanario aislado sostiene el rajado esquilón; en el centro, +una cruz baja, sobre tres gradas de piedra, da al cuadro un toque +poético, pensativo. Allí, en aquel rincón del universo, vive +Jesucristo.... ¡pero cuán solo!, ¡cuán olvidado! + +Julián se detuvo ante la cruz. Estaba viejo realmente, y también más +varonil: algunos rasgos de su fisonomía delicada se marcaban, se +delineaban con mayor firmeza; sus labios, contraídos y palidecidos, +revelaban la severidad del hombre acostumbrado a dominar todo arranque +pasional, todo impulso esencialmente terrestre. La edad viril le había +enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del +sacerdote puro. Habíase vuelto muy indulgente con los demás, al par que +severo consigo mismo. + +Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresión singularísima. Parecíale +que alguna persona muy querida, muy querida para él, andaba por allí, +resucitada, viviente, envolviéndole en su presencia, calentándole con su +aliento. ¿Y quién podía ser esa persona? ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba +ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de +haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda, +causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros. +¡La muerte de la señora de Moscoso! Nada más fácil que cerciorarse de +ella.... Allí estaba el cementerio. Acercarse a un muro coronado de +hiedra, empujar una puerta de madera, y penetrar en su recinto. + +Era un lugar sombrío, aunque le faltasen los lánguidos sauces y cipreses +que tan bien acompañan con sus actitudes teatrales y majestuosas la +solemnidad de los camposantos. Limitábanlo, de una parte, las tapias de +la iglesia; de otra, tres murallones revestidos de hiedra y plantas +parásitas; y la puerta, fronteriza a la de entrada por el atrio, la +formaba un enverjado de madera, al través del cual se veía diáfano y +remoto horizonte de montañas, a la sazón color de violeta, por la hora, +que era aquella en que el sol, sin calentar mucho todavía, empieza a +subir hacia su zenit, y en que la naturaleza se despierta como saliendo +de un baño, estremecida de frescura y frío matinal. Sobre la verja se +inclinaba añoso olivo, donde nidaban mil gorriones alborotadores, que a +veces azotaban y sacudían el ramaje con su voleteo apresurado; y hacíale +frente una enorme mata de hortensia, mustia y doblegada por las lluvias +de la estación, graciosamente enfermiza, con sus mazorcas de desmayadas +flores azules y amarillentas. A esto se reducía todo el ornato del +cementerio, mas no su vegetación, que por lo exuberante y viciosa ponía +en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si +en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en +aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos pétalos +ostentaban matices flavos de cirio, se habrían encarnado, por misteriosa +transmigración, las almas, vegetativas también en cierto modo, de los +que allí dormían para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin +haber palpitado jamás por ninguna idea elevada, generosa, puramente +espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y +del artista. Parecía que era sustancia humana--pero de una humanidad +ruda, primitiva, inferior, hundida hasta el cuello en la ignorancia y en +la materia--la que nutría y hacía brotar con tan enérgica pujanza y savia +tan copiosa aquella flora lúgubre por su misma lozanía. Y en efecto, en +el terreno, repujado de pequeñas eminencias que contrastaban con la lisa +planicie del atrio, advertía a veces el pie durezas de ataúdes mal +cubiertos y blanduras y molicies que infundían grima y espanto, como si +se pisaran miembros flácidos de cadáver. Un soplo helado, un olor +peculiar de moho y podredumbre, un verdadero ambiente sepulcral se +alzaba del suelo lleno de altibajos, rehenchido de difuntos amontonados +unos encima de otros; y entre la verdura húmeda, surcada del surco +brillante que dejan tras sí el caracol y la babosa, torcíanse las cruces +de madera negra fileteadas de blanco, con rótulos curiosos, cuajados de +faltas de ortografía y peregrinos disparates. Julián, que sufría la +inquietud, el hormigueo en la planta de los pies que nos causa la +sensación de hollar algo blando, algo viviente, o que por lo menos +estuvo dotado de sensibilidad y vida, experimentó de pronto gran +turbación: una de las cruces, más alta que las demás, tenía escrito en +letras blancas un nombre. Acercóse y descifró la inscripción, sin +pararse en deslices ortográficos: _«Aquí hacen las cenizas de Primitibo +Suarez, sus parientes y amijos ruegen a Dios por su alma»_.... El +terreno, en aquel sitio, estaba turgente, formando una eminencia. Julián +murmuró una oración, desvióse aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas +el cuerpo de bronce de su formidable enemigo. Al punto mismo se alzó de +la cruz una mariposilla blanca, de esas últimas mariposas del año que +vuelan despacio, como encogidas por la frialdad de la atmósfera, y se +paran en seguida en el primer sitio favorable que encuentran. La siguió +el nuevo cura de Ulloa y la vio posarse en un mezquino mausoleo, +arrinconado entre la esquina de la tapia y el ángulo entrante que +formaba la pared de la iglesia. + +Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón +palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después +de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de +una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido +explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser +y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos, +atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los +sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma +porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen. No echó de ver +siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal, +decorado con calaveras, huesos y otros emblemas fúnebres por la +inexperta mano de algún embadurnador de aldea; no necesitó deletrear la +inscripción, porque sabía de seguro que donde se había detenido la +mariposa, allí descansaba Nucha, la señorita Marcelina, la santa, la +víctima, la virgencita siempre cándida y celeste. Allí estaba, sola, +abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las muñecas heridas por +mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el +dolor.... Pensando en esto, la oración se interrumpió en labios de +Julián, la corriente del existir retrocedió diez años, y en un +transporte de los que en él eran poco frecuentes, pero súbitos e +irresistibles, cayó de hinojos, abrió los brazos, besó ardientemente la +pared del nicho, sollozando como niño o mujer, frotando las mejillas +contra la fría superficie, clavando las uñas en la cal, hasta +arrancarla.... + +Oyó risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasión. +Se volvió y se incorporó confuso. Tenía delante una pareja hechicera, +iluminada por el sol que ya ascendía aproximándose a la mitad del cielo. +Era el muchacho el más guapo adolescente que puede soñar la fantasía; y +si de chiquitín se parecía al Amor antiguo, la prolongación de líneas +que distingue a la pubertad de la infancia le daba ahora semejanza +notable con los arcángeles y ángeles viajeros de los grabados bíblicos, +que unen a la lindeza femenina y a los rizados bucles asomos de graciosa +severidad varonil. En cuanto a la niña, espigadita para sus once años, +hería el corazón de Julián por el sorprendente parecido con su pobre +madre a la misma edad: idénticas largas trenzas negras, idéntico rostro +pálido, pero más mate, más moreno, de óvalo más puro, de ojos más +luminosos y mirada más firme. ¡Vaya si conocía Julián a la pareja! +¡Cuántas veces la había tenido en su regazo! + +Sólo una circunstancia le hizo dudar de si aquellos dos muchachos +encantadores eran en realidad el bastardo y la heredera legítima de +Moscoso. Mientras el hijo de Sabel vestía ropa de buen paño, de hechura +como entre aldeano acomodado y señorito, la hija de Nucha, cubierta con +un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede +decirse que iba descalza. + +París, Marzo de 1886. + + + + + + +End of Project Gutenberg's Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA *** + +***** This file should be named 18005-8.txt or 18005-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/8/0/0/18005/ + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. 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Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + +*** END: FULL LICENSE *** + diff --git a/18005-8.zip b/18005-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..c705338 --- /dev/null +++ b/18005-8.zip diff --git a/18005-h.zip b/18005-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..de112cb --- /dev/null +++ b/18005-h.zip diff --git a/18005-h/18005-h.htm b/18005-h/18005-h.htm new file mode 100644 index 0000000..3997704 --- /dev/null +++ b/18005-h/18005-h.htm @@ -0,0 +1,9594 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of Los Pazos De Ulloa, por Emilia Pardo Bazán + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + h1,h2,h3 { + text-align: center; + clear: both; + } + hr { width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + } + a:link {color: blue; text-decoration: none; } + link {color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {color: red } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + } + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Los pazos de Ulloa + +Author: Emilia Pardo Bazán + +Release Date: March 16, 2006 [EBook #18005] +[Last updated: January 20, 2020] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + + + + + +</pre> + + +<hr style="width: 65%;" /> + +<h1>Los pazos de Ulloa</h1> + +<h1>Emilia Pardo Bazán</h1> + + +<p><a name="capitulos" id="capitulos"></a></p> +<table summary="capitulos"> +<tr><td> +<b>Capítulos:</b><br /><br /> +<a href="#Tomo_I"><b>Tomo I</b></a><br /> +<a href="#I"><b>-I-,</b></a> +<a href="#II"><b>-II-,</b></a> +<a href="#III"><b>-III-,</b></a> +<a href="#IV"><b>-IV-,</b></a> +<a href="#V"><b>-V-,</b></a> +<a href="#VI"><b>-VI-,</b></a> +<a href="#VII"><b>-VII-,</b></a> +<a href="#VIII"><b>-VIII-,</b></a> +<a href="#IX"><b>-IX-,</b></a> +<a href="#X"><b>-X-,</b></a> +<a href="#XI"><b>-XI-</b></a> +<br /><br /> +<a href="#Tomo_II"><b>Tomo II</b></a><br /> +<a href="#XII"><b>-XII-,</b></a> +<a href="#XIII"><b>-XIII-,</b></a> +<a href="#XIV"><b>-XIV-,</b></a> +<a href="#XV"><b>-XV-,</b></a> +<a href="#XVI"><b>-XVI-,</b></a> +<a href="#XVII"><b>-XVII-,</b></a> +<a href="#XVIII"><b>-XVIII-,</b></a> +<a href="#XIX"><b>-XIX-,</b></a> +<a href="#XX"><b>-XX-,</b></a> +<a href="#XXI"><b>-XXI-,</b></a> +<a href="#XXII"><b>-XXII-,</b></a> +<a href="#XXIII"><b>-XXIII-,</b></a> +<a href="#XXIV"><b>-XXIV-,</b></a> +<a href="#XXV"><b>-XXV-,</b></a> +<a href="#XXVI"><b>-XXVI-,</b></a> +<a href="#XXVII"><b>-XXVII-,</b></a> +<a href="#XXVIII"><b>-XXVIII-,</b></a> +<a href="#XXIX"><b>-XXIX-,</b></a> +<a href="#XXX"><b>-XXX-</b></a> +</td></tr> +</table> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Tomo_I" id="Tomo_I"></a><a href="#capitulos">Tomo I</a></h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#capitulos">-I-</a></h2> + + +<p>Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus +fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y +mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote +cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos +desigualísimos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repecho +del camino real de Santiago a Orense en términos que los viandantes, al +pasarlo, sacudían la cabeza murmurando que tenía bastante más declive +del no sé cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al +llevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros lo +que se pescaban, y alguna quinta de personaje político, alguna +influencia electoral de grueso calibre debía andar cerca.</p> + +<p>Iba el jinete colorado, no como un pimiento, sino como una fresa, +encendimiento propio de personas linfáticas. Por ser joven y de miembros +delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un niño, a no +desmentir la presunción sus trazas sacerdotales. Aunque cubierto de +amarillo polvo que levantaba el trote del jaco, bien se advertía que el +traje del mozo era de paño negro liso, cortado con la flojedad y poca +gracia que distingue a las prendas de ropa de seglar vestidas por +clérigos. Los guantes, despellejados ya por la tosca brida, eran +asimismo negros y nuevecitos, igual que el hongo, que llevaba calado +hasta las cejas, por temor a que los zarandeos de la trotada se lo +hiciesen saltar al suelo, que sería el mayor compromiso del mundo. Bajo +el cuello del desairado levitín asomaba un dedo de alzacuello, bordado +de cuentas de abalorio. Demostraba el jinete escasa maestría hípica: +inclinado sobre el arzón, con las piernas encogidas y a dos dedos de +salir despedido por las orejas, leíase en su rostro tanto miedo al +cuartago como si fuese algún corcel indómito rebosando fiereza y bríos.</p> + +<p>Al acabarse el repecho, volvió el jaco a la sosegada andadura habitual, +y pudo el jinete enderezarse sobre el aparejo redondo, cuya anchura +inconmensurable le había descoyuntado los huesos todos de la región +sacro-ilíaca. Respiró, quitóse el sombrero y recibió en la frente +sudorosa el aire frío de la tarde. Caían ya oblicuamente los rayos del +sol en los zarzales y setos, y un peón caminero, en mangas de camisa, +pues tenía su chaqueta colocada sobre un mojón de granito, daba +lánguidos azadonazos en las hierbecillas nacidas al borde de la cuneta. +Tiró el jinete del ramal para detener a su cabalgadura, y ésta, que se +había dejado en la cuesta abajo las ganas de trotar, paró +inmediatamente. El peón alzó la cabeza, y la placa dorada de su sombrero +relució un instante.</p> + +<p>—¿Tendrá usted la bondad de decirme si falta mucho para la casa del +señor marqués de Ulloa?</p> + +<p>—¿Para los Pazos de Ulloa?—contestó el peón repitiendo la pregunta.</p> + +<p>—Eso es.</p> + +<p>—Los Pazos de Ulloa están allí—murmuró extendiendo la mano para señalar +a un punto en el horizonte.—Si la bestia anda bien, el camino que queda +pronto se pasa.... Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar ¿ve? y luego +le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano +derecha por un atajito, hasta el crucero.... En el crucero ya no tiene +pérdida, porque se ven los Pazos, una <i>costrución</i> muy grandísima....</p> + +<p>—Pero..... ¿como cuánto faltará?—preguntó con inquietud el clérigo.</p> + +<p>Meneó el peón la tostada cabeza.</p> + +<p>—Un bocadito, un bocadito....</p> + +<p>Y sin más explicaciones, emprendió otra vez su desmayada faena, +manejando el azadón lo mismo que si pesase cuatro arrobas.</p> + +<p>Se resignó el viajero a continuar ignorando las leguas de que se compone +un <i>bocadito</i>, y taloneó al rocín. El pinar no estaba muy distante, y +por el centro de su sombría masa serpeaba una trocha angostísima, en la +cual se colaron montura y jinete. El sendero, sepultado en las oscuras +profundidades del pinar, era casi impracticable; pero el jaco, que no +desmentía las aptitudes especiales de la raza caballar gallega para +andar por mal piso, avanzaba con suma precaución, cabizbajo, tanteando +con el casco, para sortear cautelosamente las zanjas producidas por la +llanta de los carros, los pedruscos, los troncos de pino cortados y +atravesados donde hacían menos falta. Adelantaban poco a poco, y ya +salían de las estrecheces a senda más desahogada, abierta entre pinos +nuevos y montes poblados de aliaga, sin haber tropezado con una sola +heredad labradía, un plantío de coles que revelase la vida humana. De +pronto los cascos del caballo cesaron de resonar y se hundieron en +blanda alfombra: era una camada de estiércol vegetal, tendida, según +costumbre del país, ante la casucha de un labrador. A la puerta una +mujer daba de mamar a una criatura. El jinete se detuvo.</p> + +<p>—Señora, ¿sabe si voy bien para la casa del marqués de Ulloa?</p> + +<p>—Va bien, va....</p> + +<p>—¿Y... falta mucho?</p> + +<p>Enarcamiento de cejas, mirada entre apática y curiosa, respuesta ambigua +en dialecto:</p> + +<p>—La carrerita de un can....</p> + +<p>¡Estamos frescos!, pensó el viajero, que si no acertaba a calcular lo +que anda un can en una carrera, barruntaba que debe ser bastante para un +caballo. En fin, en llegando al crucero vería los Pazos de Ulloa..... Todo +se le volvía buscar el atajo, a la derecha..... Ni señales. La vereda, +ensanchándose, se internaba por tierra montañosa, salpicada de manchones +de robledal y algún que otro castaño todavía cargado de fruta: a derecha +e izquierda, matorrales de brezo crecían desparramados y oscuros. +Experimentaba el jinete indefinible malestar, disculpable en quien, +nacido y criado en un pueblo tranquilo y soñoliento, se halla por vez +primera frente a frente con la ruda y majestuosa soledad de la +naturaleza, y recuerda historias de viajeros robados, de gentes +asesinadas en sitios desiertos.</p> + +<p>—¡Qué país de lobos!—dijo para sí, tétricamente impresionado.</p> + +<p>Alegrósele el alma con la vista del atajo, que a su derecha se +columbraba, estrecho y pendiente, entre un doble vallado de piedra, +límite de dos montes. Bajaba fiándose en la maña del jaco para evitar +tropezones, cuando divisó casi al alcance de su mano algo que le hizo +estremecerse: una cruz de madera, pintada de negro con filetes blancos, +medio caída ya sobre el murallón que la sustentaba. El clérigo sabía que +estas cruces señalan el lugar donde un hombre pereció de muerte +violenta; y, persignándose, rezó un padrenuestro, mientras el caballo, +sin duda por olfatear el rastro de algún zorro, temblaba levemente +empinando las orejas, y adoptaba un trotecillo medroso que en breve le +condujo a una encrucijada. Entre el marco que le formaban las ramas de +un castaño colosal, erguíase el crucero.</p> + +<p>Tosco, de piedra común, tan mal labrado que a primera vista parecía +monumento románico, por más que en realidad sólo contaba un siglo de +fecha, siendo obra de algún cantero con pujos de escultor, el crucero, +en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magnífico árbol, +era poético y hermoso. El jinete, tranquilizado y lleno de devoción, +pronunció descubriéndose: «Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, pues por +tu Santísima Cruz redimiste al mundo», y de paso que rezaba, su mirada +buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que debían ser aquel gran +edificio cuadrilongo, con torres, allá en el fondo del valle. Poco duró +la contemplación, y a punto estuvo el clérigo de besar la tierra, merced +a la huida que pegó el rocín, con las orejas enhiestas, loco de terror. +El caso no era para menos: a cortísima distancia habían retumbado dos +tiros.</p> + +<p>Quedóse el jinete frío de espanto, agarrado al arzón, sin atreverse ni a +registrar la maleza para averiguar dónde estarían ocultos los agresores; +mas su angustia fue corta, porque ya del ribazo situado a espaldas del +crucero descendía un grupo de tres hombres, antecedido por otros tantos +canes perdigueros, cuya presencia bastaba para demostrar que las +escopetas de sus amos no amenazaban sino a las alimañas monteses.</p> + +<p>El cazador que venía delante representaba veintiocho o treinta años: +alto y bien barbado, tenía el pescuezo y rostro quemados del sol, pero +por venir despechugado y sombrero en mano, se advertía la blancura de la +piel no expuesta a la intemperie, en la frente y en la tabla de pecho, +cuyos diámetros indicaban complexión robusta, supuesto que confirmaba la +isleta de vello rizoso que dividía ambas tetillas. Protegían sus piernas +recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre +la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en +el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos cañones. El +segundo cazador parecía hombre de edad madura y condición baja, criado o +colono: ni hebillas en las polainas, ni más morral que un saco de +grosera estopa; el pelo cortado al rape, la escopeta de pistón, +viejísima y atada con cuerdas; y en el rostro, afeitado y enjuto y de +enérgicas facciones rectilíneas, una expresión de encubierta sagacidad, +de astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo. Por lo +que hace al tercer cazador, sorprendióse el jinete al notar que era un +sacerdote. ¿En qué se le conocía? No ciertamente en la tonsura, borrada +por una selva de pelo gris y cerdoso, ni tampoco en la rasuración, pues +los duros cañones de su azulada barba contarían un mes de antigüedad; +menos aún en el alzacuello, que no traía, ni en la ropa, que era +semejante a la de sus compañeros de caza, con el aditamento de unas +botas de montar, de charol de vaca muy descascaradas y cortadas por las +arrugas. Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello +formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno +consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y +posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo. No cabía duda: +era un sacerdote.</p> + +<p>Aproximóse al grupo el jinete, y repitió la consabida pregunta:</p> + +<p>—¿Pueden ustedes decirme si voy bien para casa del señor marqués de +Ulloa?</p> + +<p>El cazador alto se volvió hacia los demás, con familiaridad y dominio.</p> + +<p>—¡Qué casualidad!—exclamó—. Aquí tenemos al forastero..... Tú, +Primitivo.... Pues te cayó la lotería: mañana pensaba yo enviarte a Cebre +a buscar al señor.... Y usted, señor abad de Ulloa.... ¡ya tiene usted +aquí quien le ayude a arreglar la parroquia!</p> + +<p>Como el jinete permanecía indeciso, el cazador añadió:</p> + +<p>—¿Supongo que es usted el recomendado de mi tío, el señor de la Lage?</p> + +<p>—Servidor y capellán...—respondió gozoso el eclesiástico, tratando de +echar pie a tierra, ardua operación en que le auxilió el abad—. ¿Y +usted...—exclamó, encarándose con su interlocutor—es el señor marqués?</p> + +<p>—¿Cómo queda el tío? ¿Usted... a caballo desde Cebre, eh?—repuso éste +evasivamente, mientras el capellán le miraba con interés rayano en viva +curiosidad. No hay duda que así, varonilmente desaliñado, húmeda la piel +de transpiración ligera, terciada la escopeta al hombro, era un cacho de +buen mozo el marqués; y sin embargo, despedía su arrogante persona +cierto tufillo bravío y montaraz, y lo duro de su mirada contrastaba con +lo afable y llano de su acogida.</p> + +<p>El capellán, muy respetuoso, se deshacía en explicaciones.</p> + +<p>—Sí, señor; justamente.... En Cebre he dejado la diligencia y me dieron +esta caballería, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.... El +señor de la Lage, tan bueno, y con el humor aquél de siempre.... Hace +reír a las piedras.... Y guapote, para su edad.... Estoy reparando que si +fuese su señor papá de usted, no se le parecería más.... Las señoritas, +muy bien, muy contentas y muy saludables.... Del señorito, que está en +Segovia, buenas noticias. Y antes que se me olvide....</p> + +<p>Buscó en el bolsillo interior de su levitón, y fue sacando un pañuelo +muy planchado y doblado, un <i>Semanario</i> chico, y por último una cartera +de tafilete negro, cerrada con elástico, de la cual extrajo una carta +que entregó al marqués. Los perros de caza, despeados y anhelantes de +fatiga, se habían sentado al pie del crucero; el abad picaba con la uña +una tagarnina para liar un pitillo, cuyo papel sostenía adherido por una +punta al borde de los labios; Primitivo, descansando la culata de la +escopeta en el suelo, y en el cañón de la escopeta la barba, clavaba sus +ojuelos negros en el recién venido, con pertinacia escrutadora. El sol +se ponía lentamente en medio de la tranquilidad otoñal del paisaje. De +improviso el marqués soltó una carcajada. Era su risa, como suya, +vigorosa y pujante, y, más que comunicativa, despótica.</p> + +<p>—El tío—exclamó, doblando la carta—siempre tan guasón y tan célebre.... +Dice que aquí me manda un santo para que me predique y me convierta.... +No parece sino que tiene uno pecados: ¿eh, señor abad? ¿Qué dice usted a +esto? ¿Verdad que ni uno?</p> + +<p>—Ya se sabe, ya se sabe—masculló el abad en voz bronca.... Aquí todos +conservamos la inocencia bautismal.</p> + +<p>Y al decirlo, miraba al recién llegado al través de sus erizadas y +salvajinas cejas, como el veterano al inexperto recluta, sintiendo allá +en su interior profundo desdén hacia el curita barbilindo, con cara de +niña, donde sólo era sacerdotal la severidad del rubio entrecejo y la +compostura ascética de las facciones.</p> + +<p>—¿Y usted se llama Julián Álvarez?—interrogó el marqués.</p> + +<p>—Para servir a usted muchos años.</p> + +<p>—¿Y no acertaba usted con los Pazos?</p> + +<p>—Me costaba trabajo el acertar. Aquí los paisanos no le sacan a uno de +dudas, ni le dicen categóricamente las distancias. De modo que....</p> + +<p>—Pues ahora ya no se perderá usted. ¿Quiere montar otra vez?</p> + +<p>—¡Señor! No faltaba más.</p> + +<p>—Primitivo—ordenó el marqués—, coge del ramal a esa bestia.</p> + +<p>Y echó a andar, dialogando con el capellán que le seguía. Primitivo, +obediente, se quedó rezagado, y lo mismo el abad, que encendía su +pitillo con un misto de cartón. El cazador se arrimó al cura.</p> + +<p>—¿Y qué le parece el rapaz, diga? ¿Verdad que no mete respeto?</p> + +<p>—Boh.... Ahora se estila ordenar <i>miquitrefes</i>.... Y luego mucho de +alzacuellitos, guantecitos, perejiles con escarola.... ¡Si yo fuera el +arzobispo, ya les daría el demontre de los guantes!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#capitulos">-II-</a></h2> + + +<p>Era noche cerrada, sin luna, cuando desembocaron en el soto, tras del +cual se eleva la ancha mole de los Pazos de Ulloa. No consentía la +oscuridad distinguir más que sus imponentes proporciones, escondiéndose +las líneas y detalles en la negrura del ambiente. Ninguna luz brillaba +en el vasto edificio, y la gran puerta central parecía cerrada a piedra +y lodo. Dirigióse el marqués a un postigo lateral, muy bajo, donde al +punto apareció una mujer corpulenta, alumbrando con un candil. Después +de cruzar corredores sombríos, penetraron todos en una especie de sótano +con piso terrizo y bóveda de piedra, que, a juzgar por las hileras de +cubas adosadas a sus paredes, debía ser bodega; y desde allí llegaron +presto a la espaciosa cocina, alumbrada por la claridad del fuego que +ardía en el hogar, consumiendo lo que se llama arcaicamente un mediano +monte de leña y no es sino varios gruesos cepos de roble, avivados, de +tiempo en tiempo, con rama menuda. Adornaban la elevada campana de la +chimenea ristras de chorizos y morcillas, con algún jamón de añadidura, +y a un lado y a otro sendos bancos brindaban asiento cómodo para +calentarse oyendo hervir el negro <i>pote</i>, que, pendiente de los llares, +ofrecía a los ósculos de la llama su insensible vientre de hierro.</p> + +<p>A tiempo que la comitiva entraba en la cocina, hallábase acurrucada +junto al pote una vieja, que sólo pudo Julián Álvarez distinguir un +instante—con greñas blancas y rudas como cerro que le caían sobre los +ojos, y cara rojiza al reflejo del fuego—, pues no bien advirtió que +venía gente, levantóse más aprisa de lo que permitían sus años, y +murmurando en voz quejumbrosa y humilde: «Buenas <i>nochiñas</i> nos dé +Dios», se desvaneció como una sombra, sin que nadie pudiese notar por +dónde. El marqués se encaró con la moza.</p> + +<p>—¿No tengo dicho que no quiero aquí pendones?</p> + +<p>Y ella contestó apaciblemente, colgando el candil en la pilastra de la +chimenea:</p> + +<p>—No hacía mal..., me ayudaba a pelar castañas.</p> + +<p>Tal vez iba el marqués a echar la casa abajo, si Primitivo, con mayor +imperio y enojo que su amo mismo, no terciase en la cuestión, +reprendiendo a la muchacha.</p> + +<p>—¿Qué estás <i>parolando</i> ahí...? Mejor te fuera tener la comida lista. ¿A +ver cómo nos la das corriendito? Menéate, despabílate.</p> + +<p>En el esconce de la cocina, una mesa de roble denegrida por el uso +mostraba extendido un mantel grosero, manchado de vino y grasa. +Primitivo, después de soltar en un rincón la escopeta, vaciaba su +morral, del cual salieron dos perdigones y una liebre muerta, con los +ojos empañados y el pelaje maculado de sangraza. Apartó la muchacha el +botín a un lado, y fue colocando platos de peltre, cubiertos de antigua +y maciza plata, un mollete enorme en el centro de la mesa y un jarro de +vino proporcionado al pan; luego se dio prisa a revolver y destapar +tarteras, y tomó del vasar una sopera magna. De nuevo la increpó +airadamente el marqués.</p> + +<p>—¿Y los perros, vamos a ver? ¿Y los perros?</p> + +<p>Como si también los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos +antes que nadie, acudieron desde el rincón más oscuro, y olvidando el +cansancio, exhalaban famélicos bostezos, meneando la cola y levantando +el partido hocico. Julián creyó al pronto que se había aumentado el +número de canes, tres antes y cuatro ahora; pero al entrar el grupo +canino en el círculo de viva luz que proyectaba el fuego, advirtió que +lo que tomaba por otro perro no era sino un rapazuelo de tres a cuatro +años, cuyo vestido, compuesto de chaquetón acastañado y calzones de +blanca estopa, podía desde lejos equivocarse con la piel bicolor de los +perdigueros, en quienes parecía vivir el chiquillo en la mejor +inteligencia y más estrecha fraternidad. Primitivo y la moza disponían +en cubetas de palo el festín de los animales, entresacado de lo mejor y +más grueso del pote; y el marqués—que vigilaba la operación—, no dándose +por satisfecho, escudriñó con una cuchara de hierro las profundidades +del caldo, hasta sacar a luz tres gruesas tajadas de cerdo, que fue +distribuyendo en las cubetas. Lanzaban los perros alaridos +entrecortados, de interrogación y deseo, sin atreverse aún a tomar +posesión de la pitanza; a una voz de Primitivo, sumieron de golpe el +hocico en ella, oyéndose el batir de sus apresuradas mandíbulas y el +chasqueo de su lengua glotona. El chiquillo gateaba por entre las patas +de los perdigueros, que, convertidos en fieras por el primer impulso del +hambre no saciada todavía, le miraban de reojo, regañando los dientes y +exhalando ronquidos amenazadores: de pronto la criatura, incitada por el +tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendió la mano +para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanzó una feroz +dentellada, que por fortuna sólo alcanzó la manga del chico, obligándole +a refugiarse más que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas +de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales. Julián, que +empezaba a descalzarse los guantes, se compadeció del chiquillo, y, +bajándose, le tomó en brazos, pudiendo ver que a pesar del mugre, la +roña, el miedo y el llanto, era el más hermoso angelote del mundo.</p> + +<p>—¡Pobre!—murmuró cariñosamente—. ¿Te ha mordido la perra? ¿Te hizo +sangre? ¿Dónde te duele, me lo dices? Calla, que vamos a reñirle a la +perra nosotros. ¡Pícara, malvada!</p> + +<p>Reparó el capellán que estas palabras suyas produjeron singular efecto +en el marqués. Se contrajo su fisonomía: sus cejas se fruncieron, y +arrancándole a Julián el chiquillo, con brusco movimiento le sentó en +sus rodillas, palpándole las manos, a ver si las tenía mordidas o +lastimadas. Seguro ya de que sólo el chaquetón había padecido, soltó la +risa.</p> + +<p>—¡Farsante!—gritó—. Ni siquiera te ha tocado la Chula. ¿Y tú, para qué +vas a meterte con ella? Un día te come media nalga, y después +lagrimitas. ¡A callarse y a reírse ahora mismo! ¿En qué se conocen los +valientes?</p> + +<p>Diciendo así, colmaba de vino su vaso, y se lo presentaba al niño que, +cogiéndolo sin vacilar, lo apuró de un sorbo. El marqués aplaudió:</p> + +<p>—¡Retebién! ¡Viva la gente templada!</p> + +<p>—No, lo que es el rapaz... el rapaz sale de punta—murmuró el abad de +Ulloa.</p> + +<p>—¿Y no le hará daño tanto vino?—objetó Julián, que sería incapaz de +bebérselo él.</p> + +<p>—¡Daño! ¡Sí, buen daño nos dé Dios!—respondió el marqués, con no sé qué +inflexiones de orgullo en el acento—. Déle usted otros tres, y ya +verá.... ¿Quiere usted que hagamos la prueba?</p> + +<p>—Los chupa, los chupa—afirmó el abad.</p> + +<p>—No señor; no señor.... Es capaz de morirse el pequeño.... He oído que el +vino es un veneno para las criaturas.... Lo que tendrá será hambre.</p> + +<p>—Sabel, que coma el chiquillo—ordenó imperiosamente el marqués, +dirigiéndose a la criada.</p> + +<p>Ésta, silenciosa e inmóvil durante la anterior escena, sacó un repleto +cuenco de caldo, y el niño fue a sentarse en el borde del lar, para +engullirlo sosegadamente.</p> + +<p>En la mesa, los comensales mascaban con buen ánimo. Al caldo, espeso y +harinoso, siguió un cocido sólido, donde abundaba el puerco: los días de +caza, el imprescindible puchero se tomaba de noche, pues al monte no +había medio de llevarlo. Una fuente de chorizos y huevos fritos +desencadenó la sed, ya alborotada con la sal del cerdo. El marqués dio +al codo a Primitivo.</p> + +<p>—Tráenos un par de botellitas.... De el del año 59.</p> + +<p>Y volviéndose hacia Julián, dijo muy obsequioso:</p> + +<p>—Va usted a beber del mejor <i>tostado</i> que por aquí se produce.... Es de +la casa de Molende: se corre que tienen un secreto para que, sin perder +el gusto de la pasa, empalague menos y se parezca al mejor jerez.... +Cuanto más va, más gana: no es como los de otras bodegas, que se vuelven +azúcar.</p> + +<p>—Es cosa de gusto—aseveró el abad, rebañando con una miga de pan lo que +restaba de yema en su plato.</p> + +<p>—Yo—declaró tímidamente Julián—poco entiendo de vinos.... Casi no bebo +sino agua.</p> + +<p>Y al ver brillar bajo las cejas hirsutas del abad una mirada compasiva +de puro desdeñosa, rectificó:</p> + +<p>—Es decir... con el café, ciertos días señalados, no me disgusta el +anisete.</p> + +<p>—El vino alegra el corazón.... El que no bebe, no es hombre—pronunció el +abad sentenciosamente.</p> + +<p>Primitivo volvía ya de su excursión, empuñando en cada mano una botella +cubierta de polvo y telarañas. A falta de tirabuzón, se descorcharon con +un cuchillo, y a un tiempo se llenaron los vasos chicos traídos <i>ad +hoc</i>. Primitivo empinaba el codo con sumo desparpajo, bromeando con el +abad y el señorito. Sabel, por su parte, a medida que el banquete se +prolongaba y el licor calentaba las cabezas, servía con familiaridad +mayor, apoyándose en la mesa para reír algún chiste, de los que hacían +bajar los ojos a Julián, bisoño en materia de sobremesas de cazadores. +Lo cierto es que Julián bajaba la vista, no tanto por lo que oía, como +por no ver a Sabel, cuyo aspecto, desde el primer instante, le había +desagradado de extraño modo, a pesar o quizás a causa de que Sabel era +un buen pedazo de lozanísima carne. Sus ojos azules, húmedos y sumisos, +su color animado, su pelo castaño que se rizaba en conchas paralelas y +caía en dos trenzas hasta más abajo del talle, embellecían mucho a la +muchacha y disimulaban sus defectos, lo pomuloso de su cara, lo tozudo y +bajo de su frente, lo sensual de su respingada y abierta nariz. Por no +mirar a Sabel, Julián se fijaba en el chiquillo, que envalentonado con +aquella ojeada simpática, fue poco a poco deslizándose hasta llegar a +introducirse entre las rodillas del capellán. Instalado allí, alzó su +cara desvergonzada y risueña, y tirando a Julián del chaleco, murmuró en +tono suplicante:</p> + +<p>—¿Me lo da?</p> + +<p>Todo el mundo se reía a carcajadas: el capellán no comprendía.</p> + +<p>—¿Qué pide?—preguntó.</p> + +<p>—¿Qué ha de pedir?—respondió el marqués festivamente—. ¡El vino, hombre! +¡El vaso de tostado!</p> + +<p>—¡<i>Mama</i>!—exclamó el abad.</p> + +<p>Antes de que Julián se resolviese a dar al niño su vaso casi lleno, el +marqués había aupado al mocoso, que sería realmente una preciosidad a no +estar tan sucio. Parecíase a Sabel, y aún se le aventajaba en la +claridad y alegría de sus ojos celestes, en lo abundante del pelo +ensortijado, y especialmente en el correcto diseño de las facciones. Sus +manitas, morenas y hoyosas, se tendían hacia el vino color de topacio; +el marqués se lo acercó a la boca, divirtiéndose un rato en quitárselo +cuando ya el rapaz creía ser dueño de él. Por fin consiguió el niño +atrapar el vaso, y en un decir Jesús trasegó el contenido, relamiéndose.</p> + +<p>—¡Éste no se anda con requisitos!—exclamó el abad.</p> + +<p>—¡Quiá!—confirmó el marqués—. ¡Si es un veterano! ¿A que te zampas otro +vaso, Perucho?</p> + +<p>Las pupilas del angelote rechispeaban; sus mejillas despedían lumbre, y +dilataba la clásica naricilla con inocente concupiscencia de Baco niño. +El abad, guiñando picarescamente el ojo izquierdo, escancióle otro vaso, +que él tomó a dos manos y se embocó sin perder gota; en seguida soltó la +risa; y, antes de acabar el redoble de su carcajada báquica, dejó caer +la cabeza, muy descolorido, en el pecho del marqués.</p> + +<p>—¿Lo ven ustedes?—gritó Julián angustiadísimo—. Es muy chiquito para +beber así, y va a ponerse malo. Estas cosas no son para criaturas.</p> + +<p>—¡Bah!—intervino Primitivo—. ¿Piensa que el rapaz no puede con lo que +tiene dentro? ¡Con eso y con otro tanto! Y si no verá.</p> + +<p>A su vez tomó en brazos al niño y, mojando en agua fresca los dedos, se +los pasó por las sienes. Perucho abrió los párpados y miró alrededor con +asombro, y su cara se sonroseó.</p> + +<p>—¿Qué tal?—le preguntó Primitivo—. ¿Hay ánimos para otra <i>pinguita</i> de +tostado?</p> + +<p>Volvióse Perucho hacia la botella y luego, como instintivamente, dijo +<i>que no</i> con la cabeza, sacudiendo la poblada zalea de sus rizos. No era +Primitivo hombre de darse por vencido tan fácilmente: sepultó la mano en +el bolsillo del pantalón y sacó una moneda de cobre.</p> + +<p>—De ese modo...—refunfuñó el abad.</p> + +<p>—No seas bárbaro, Primitivo—murmuró el marqués entre placentero y grave.</p> + +<p>—¡Por Dios y por la Virgen!—imploró Julián—. ¡Van a matar a esa +criatura! Hombre, no se empeñe en emborrachar al niño: es un pecado, un +pecado tan grande como otro cualquiera. ¡No se pueden presenciar ciertas +cosas!</p> + +<p>Al protestar, Julián se había incorporado, encendido de indignación, +echando a un lado su mansedumbre y timidez congénita. Primitivo, de pie +también, mas sin soltar a Perucho, miró al capellán fría y +socarronamente, con el desdén de los tenaces por los que se exaltan un +momento. Y metiendo en la mano del niño la moneda de cobre y entre sus +labios la botella destapada y terciada aún de vino, la inclinó, la +mantuvo así hasta que todo el licor pasó al estómago de Perucho. +Retirada la botella, los ojos del niño se cerraron, se aflojaron sus +brazos, y no ya descolorido, sino con la palidez de la muerte en el +rostro, hubiera caído redondo sobre la mesa, a no sostenerlo Primitivo. +El marqués, un tanto serio, empezó a inundar de agua fría la frente y +los pulsos del niño; Sabel se acercó, y ayudó también a la aspersión; +todo inútil: lo que es por esta vez, Perucho <i>la tenía</i>.</p> + +<p>—Como un pellejo—gruñó el abad.</p> + +<p>—Como una cuba—murmuró el marqués—. A la cama con él en seguida. Que +duerma y mañana estará más fresco que una lechuga. Esto no es nada.</p> + +<p>Sabel se alejó cargada con el niño, cuyas piernas se balanceaban +inertes, a cada movimiento de su madre. La cena se acabó menos +bulliciosa de lo que empezara: Primitivo hablaba poco, y Julián había +enmudecido por completo. Cuando terminó el convite y se pensó en dormir, +reapareció Sabel armada de un velón de aceite, de tres mecheros, con el +cual fue alumbrando por la ancha escalera de piedra que conducía al piso +alto, y ascendía a la torre en rápido caracol. Era grande la habitación +destinada a Julián, y la luz del velón apenas disipaba las tinieblas, de +entre las cuales no se destacaba más que la blancura del lecho. A la +puerta del cuarto se despidió el marqués, deseándole buenas noches y +añadiendo con brusca cordialidad:</p> + +<p>—Mañana tendrá usted su equipaje.... Ya irán a Cebre por él.... Ea, +descansar, mientras yo echo de casa al abad de Ulloa.... Está un poco.... +¿eh? ¡Dificulto que no se caiga en el camino y no pase la noche al +abrigo de un vallado!</p> + +<p>Solo ya, sacó Julián de entre la camisa y el chaleco una estampa +grabada, con marco de lentejuela, que representaba a la Virgen del +Carmen, y la colocó de pie sobre la mesa donde Sabel acababa de +depositar el velón. Arrodillóse, y rezó la media corona, contando por +los dedos de la mano cada diez. Pero el molimiento del cuerpo le hacía +apetecer las gruesas y frescas sábanas, y omitió la letanía, los actos +de fe y algún padrenuestro. Desnudóse honestamente, colocando la ropa en +una silla a medida que se la quitaba, y apagó el velón antes de echarse. +Entonces empezaron a danzar en su fantasía los sucesos todos de la +jornada: el caballejo que estuvo a punto de hacerle besar el suelo, la +cruz negra que le causó escalofríos, pero sobre todo la cena, la bulla, +el niño borracho. Juzgando a las gentes con quienes había trabado +conocimiento en pocas horas, se le figuraba Sabel provocativa, Primitivo +insolente, el abad de Ulloa sobrado bebedor y nimiamente amigo de la +caza, los perros excesivamente atendidos, y en cuanto al marqués.... En +cuanto al marqués, Julián recordaba unas palabras del señor de la Lage:</p> + +<p>—Encontrará usted a mi sobrino bastante adocenado.... La aldea, cuando se +cría uno en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y +embrutece.</p> + +<p>Y casi al punto mismo en que acudió a su memoria tan severo dictamen, +arrepintióse el capellán, sintiendo cierta penosa inquietud que no podía +vencer. ¿Quién le mandaba formar juicios temerarios? Él venía allí para +decir misa y ayudar al marqués en la administración, no para fallar +acerca de su conducta y su carácter.... Con que... a dormir...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#capitulos">-III-</a></h2> + + +<p>Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño +dorado y apacible. Mientras se vestía, examinaba la estancia con algún +detenimiento. Era vastísima, sin cielo raso; alumbrábanla tres ventanas +guarnecidas de anchos poyos y de vidrieras faltosas de vidrios cuanto +abastecidas de remiendos de papel pegados con obleas. Los muebles no +pecaban de suntuosos ni de abundantes, y en todos los rincones +permanecían señales evidentes de los hábitos del último inquilino, hoy +abad de Ulloa, y antes capellán del marqués: puntas de cigarros +adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la +mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos, +jaulas para codornices, <i>gayolas</i>, collares de perros, una piel de +conejo mal curtida y peor oliente. Amén de estas reliquias, entre las +vigas pendían pálidas telarañas, y por todas partes descansaba +tranquilamente el polvo, enseñoreado allí desde tiempo inmemorial.</p> + +<p>Miraba Julián las huellas de la incuria de su antecesor, y sin querer +acusarle, ni tratarle en sus adentros de cochino, el caso es que tanta +porquería y rusticidad le infundía grandes deseos de primor y limpieza, +una aspiración a la pulcritud en la vida como a la pureza en el alma. +Julián pertenecía a la falange de los pacatos, que tienen la virtud +espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta. No +habiéndose descosido jamás de las faldas de su madre sino para asistir a +cátedra en el Seminario, sabía de la vida lo que enseñan los libros +piadosos. Los demás seminaristas le llamaban <i>San Julián</i>, añadiendo que +sólo le faltaba la palomita en la mano. Ignoraba cuándo pudo venirle la +vocación; tal vez su madre, ama de llaves de los señores de la Lage, +mujer que pasaba por beatona, le empujó suavemente, desde la más tierna +edad, hacia la Iglesia, y él se dejó llevar de buen grado. Lo cierto es +que de niño jugaba a cantar misa, y de grande no paró hasta conseguirlo. +La continencia le fue fácil, casi insensible, por lo mismo que la guardó +incólume, pues sienten los moralistas que es más hacedero no pecar una +vez que pecar una sola. A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la +gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su +temperamento linfático-nervioso, puramente femenino, sin ardores ni +rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias +malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que +también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado +normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas. +Julián, por su compostura y hábitos de pulcritud-aprendidos de su madre, +que le sahumaba toda la ropa con espliego y le ponía entre cada par de +calcetines una manzana camuesa—cogió fama de seminarista <i>pollo</i>, máxime +cuando averiguaron que se lavaba mucho manos y cara. En efecto era así, +y a no mediar ciertas ideas de devota pudicicia, él extendería las +abluciones frecuentes al resto del cuerpo, que procuraba traer lo más +aseado posible.</p> + +<p>El primer día de su estancia en los Pazos bien necesitaba chapuzarse un +poco, atendido el polvo de la carretera que traía adherido a la piel; +pero sin duda el actual abad de Ulloa consideraba artículo de lujo los +enseres de tocador, pues no vio Julián por allí más que una palangana de +hojalata, a la cual servía de palanganero el poyo. Ni jarra, ni tohalla, +ni jabón, ni cubo. Quedóse parado delante de la palangana, en mangas de +camisa y sin saber qué hacer, hasta que, convencido de la imposibilidad +de refrescarse con agua, quiso al menos tomar un baño de aire, y abrió +la vidriera.</p> + +<p>Lo que abarcaba la vista le dejó encantado. El valle ascendía en suave +pendiente, extendiendo ante los Pazos toda la lozanía de su ladera más +feraz. Viñas, castañares, campos de maíz granados o ya segados, y +tupidas robledas, se escalonaban, subían trepando hasta un montecillo, +cuya falda gris parecía, al sol, de un blanco plomizo. Al pie mismo de +la torre, el huerto de los Pazos se asemejaba a verde alfombra con +cenefas amarillentas, en cuyo centro se engastaba la luna de un gran +espejo, que no era sino la superficie del estanque. El aire, oxigenado y +regenerador, penetraba en los pulmones de Julián, que sintió disiparse +inmediatamente parte del vago terror que le infundía la gran casa +solariega y lo que de sus moradores había visto. Como para renovarlo, +entreoyó detrás de sí rumor de pisadas cautelosas, y al volverse vio a +Sabel, que le presentaba con una mano platillo y jícara, con la otra, en +plato de peltre, un púlpito de agua fresca y una servilleta gorda muy +doblada encima. Venía la moza arremangada hasta el codo, con el pelo +alborotado, seco y volandero, del calor de la cama sin duda: y a la luz +del día se notaba más la frescura de su tez, muy blanca y como +infiltrada de sangre. Julián se apresuró a ponerse el levitín, +murmurando:</p> + +<p>—Otra vez haga el favor de dar dos golpes en la puerta antes de +entrar.... Conforme estoy a pie, pudo cuadrar que estuviese en la cama +todavía... o vistiéndome.</p> + +<p>Miróle Sabel de hito en hito, sin turbarse, y exclamó:</p> + +<p>—Disimule, señor.... Yo no sabía.... El que no sabe, hace como el que no +ve.</p> + +<p>—Bien, bien.... Yo quería decir misa antes de tomar el chocolate.</p> + +<p>—Hoy no podrá, porque tiene la llave de la capilla el señor abad de +Ulloa, y Dios sabe hasta qué horas dormirá, ni si habrá quién vaya allá +por ella.</p> + +<p>Julián contuvo un suspiro. ¡Dos días ya sin misar! Cabalmente desde que +era presbítero se había redoblado su fervor religioso, y sentía el +entusiasmo juvenil del nuevo misacantano, conmovido aún por la impresión +de la augusta investidura; de suerte que celebraba el sacrificio +esmerándose en perfilar la menor ceremonia, temblando cuando alzaba, +anonadándose cuando consumía, siempre con recogimiento indecible. En +fin, si no había remedio....</p> + +<p>—Ponga el chocolate ahí—dijo a Sabel.</p> + +<p>Mientras la moza ejecutaba esta orden, Julián alzaba los ojos al techo y +los bajaba al piso, y tosía, tratando de buscar una fórmula, un modo +discreto de explicarse.</p> + +<p>—¿Hace mucho que no duerme en este cuarto el señor abad?</p> + +<p>—Poco.... Hará dos semanas que bajó a la parroquia.</p> + +<p>—Ah.... Por eso.... Esto está algo... sucio, ¿no le parece? Sería bueno +barrer... y pasar también la escoba por entre las vigas.</p> + +<p>Sabel se encogió de hombros.</p> + +<p>—El señor abad no me mandó nunca que le barriese el cuarto.</p> + +<p>—Pues, francamente, la limpieza es una cosa que a todo el mundo gusta.</p> + +<p>—Sí, señor, ya se sabe.... No pase cuidado, que yo lo arreglaré muy +arregladito.</p> + +<p>Lo pronunció con tanta sumisión, que Julián a su vez quiso mostrarle un +poco de caritativo interés.</p> + +<p>—¿Y el niño?—preguntó—. ¿No le hizo mal lo de ayer?</p> + +<p>—No, señor.... Durmió como un santiño y ya anda corriendo por la huerta. +¿Ve? Allí está.</p> + +<p>Mirando por la abierta ventana, y haciéndose una pantalla con la mano, +Julián divisó a Perucho, que, sin sombrero, con la cabeza al sol, +arrojaba piedras al estanque.</p> + +<p>—Lo que no sucede en un año sucede en un día, Sabel—advirtió gravemente +el capellán—. ¡No debe consentir que le emborrachen al chiquillo: es un +vicio muy feo, hasta en los grandes, cuanto más en un inocente así! +¿Para qué le aguanta a Primitivo que le dé tanta bebida? Es obligación +de usted el impedirlo.</p> + +<p>Sabel fijaba pesadamente en Julián sus azules pupilas, siendo imposible +discernir en ellas el menor relámpago de inteligencia o de +convencimiento. Al fin articuló con pausa:</p> + +<p>—Yo qué quiere que le haga.... No me voy a reponer contra mi señor padre.</p> + +<p>Julián calló un momento atónito. ¡De modo que quien había embriagado a +la criatura era su propio abuelo! No supo replicar nada oportuno, ni +siquiera lanzar una exclamación de censura. Llevóse la taza a la boca +para encubrir la turbación, y Sabel, creyendo terminado el coloquio, se +retiraba despacio, cuando el capellán le dirigió una pregunta más.</p> + +<p>—¿El señor marqués anda ya levantado?</p> + +<p>—Sí, señor.... Debe estar por la huerta o por los alpendres.</p> + +<p>—Haga el favor de llevarme allí—dijo Julián levantándose y limpiándose +apresuradamente los labios sin desdoblar la servilleta.</p> + +<p>Antes de dar con el marqués, recorrieron el capellán y su guía casi toda +la huerta. Aquella vasta extensión de terreno debía haber sido en otro +tiempo cultivada con primor y engalanada con los adornos de la +jardinería simétrica y geométrica cuya moda nos vino de Francia. De todo +lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con +mirto en el suelo, eran ahora intrincado matorral de bojes, donde ni la +vista más lince distinguiría rastro de los lobos, pinos, torres +almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blasón +de los Ulloas; y, sin embargo, persistía en la confusa masa no sé qué +aire de cosa plantada adrede y con arte. El borde de piedra del estanque +estaba semiderruido, y las gruesas bolas de granito que lo guarnecían +andaban rodando por la hierba, verdosas de musgo, esparcidas aquí y +acullá como gigantescos proyectiles en algún desierto campo de batalla. +Obstruido por el limo, el estanque parecía charca fangosa, acrecentando +el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer +fueron cenadores y bancos rústicos se habían convertido en rincones +poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de maíz, a +cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crecían libres, +espinosos y altísimos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a +besar con sus ramas más altas la copa del ciruelo o peral que tenían +enfrente. Por entre estos residuos de pasada grandeza andaba el último +vástago de los Ulloas, con las manos en los bolsillos, silbando +distraídamente como quien no sabe qué hacer del tiempo. La presencia de +Julián le dio la solución del problema. Señorito y capellán emparejaron +y alabando la hermosura del día, acabaron de visitar el huerto al +pormenor, y aun alargaron el paseo hasta el soto y los robledales que +limitaban, hacia la parte norte, la extensa posesión del marqués. Julián +abría mucho los ojos, deseando que por ellos le entrase de sopetón toda +la ciencia rústica, a fin de entender bien las explicaciones relativas a +la calidad del terreno o el desarrollo del arbolado; pero, acostumbrado +a la vida claustral del Seminario y de la metrópoli compostelana, la +naturaleza le parecía difícil de comprender, y casi le infundía temor +por la vital impetuosidad que sentía palpitar en ella, en el espesor de +los matorrales, en el áspero vigor de los troncos, en la fertilidad de +los frutales, en la picante pureza del aire libre. Exclamó con +desconsuelo sincerísimo:</p> + +<p>—Yo confieso la verdad, señorito.... De estas cosas de aldea, no entiendo +jota.</p> + +<p>—Vamos a ver la casa—indicó el señor de Ulloa—. Es la más grande del +país—añadió con orgullo.</p> + +<p>Mudaron de rumbo, dirigiéndose al enorme caserón, donde penetraron por +la puerta que daba al huerto, y habiendo recorrido el claustro formado +por arcadas de sillería, cruzaron varios salones con destartalado +mueblaje, sin vidrios en las vidrieras, cuyas descoloridas pinturas +maltrataba la humedad, no siendo más clemente la polilla con el +maderamen del piso. Pararon en una habitación relativamente chica, con +ventana de reja, donde las negras vigas del techo semejaban remotísimas, +y asombraban la vista grandes estanterías de castaño sin barnizar, que +en vez de cristales tenían enrejado de alambre grueso. Decoraba tan +tétrica pieza una mesa-escritorio, y sobre ella un tintero de cuerno, un +viejísimo bade de suela, no sé cuántas plumas de ganso y una caja de +obleas vacía.</p> + +<p>Las estanterías entreabiertas dejaban asomar legajos y protocolos en +abundancia; por el suelo, en las dos sillas de baqueta, encima de la +mesa, en el alféizar mismo de la enrejada ventana, había más papeles, +más legajos, amarillentos, vetustos, carcomidos, arrugados y rotos; +tanta papelería exhalaba un olor a humedad, a rancio, que cosquilleaba +en la garganta desagradablemente. El marqués de Ulloa, deteniéndose en +el umbral y con cierta expresión solemne, pronunció:</p> + +<p>—El archivo de la casa.</p> + +<p>Desocupó en seguida las sillas de cuero, y explicó muy acalorado que +aquello estaba revueltísimo-aclaración de todo punto innecesaria—y que +semejante desorden se debía al descuido de un fray Venancio, +administrador de su padre, y del actual abad de Ulloa, en cuyas manos +pecadoras había venido el archivo a parar en lo que Julián veía....</p> + +<p>—Pues así no puede seguir—exclamaba el capellán—. ¡Papeles de +importancia tratados de este modo! Hasta es muy fácil que alguno se +pierda.</p> + +<p>—¡Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habrán causado, y +cómo andará todo, porque yo ni mirarlo quiero.... Esto es lo que usted +ve: ¡un desastre, una perdición! ¡Mire usted..., mire usted lo que tiene +ahí a sus pies! ¡Debajo de una bota!</p> + +<p>Julián levantó el pie muy asustado, y el marqués se bajó recogiendo del +suelo un libro delgadísimo, encuadernado en badana verde, del cual +pendía rodado sello de plomo. Tomólo Julián con respeto, y al abrirlo, +sobre la primera hoja de vitela, se destacó una soberbia miniatura +heráldica, de colores vivos y frescos a despecho de los años.</p> + +<p>—¡Una ejecutoria de nobleza!—declaró el señorito gravemente.</p> + +<p>Por medio de su pañuelo doblado, la limpiaba Julián del moho, tocándola +con manos delicadas. Desde niño le había enseñado su madre a reverenciar +la sangre ilustre, y aquel pergamino escrito con tinta roja, miniado, +dorado, le parecía cosa muy veneranda, digna de compasión por haber sido +pisoteada, hollada bajo la suela de sus botas. Como el señorito +permanecía serio, de codos en la mesa, las manos cruzadas bajo la barba, +otras palabras del señor de la Lage acudieron a la memoria del capellán: +«Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.... Haría +usted una obra de caridad si lo arreglase un poco». La verdad es que él +no entendía gran cosa de papelotes, pero con buena voluntad y cachaza....</p> + +<p>—Señorito—murmuró—, ¿y por qué no nos dedicamos a ordenar esto como Dios +manda? Entre usted y yo, mal sería que no acertásemos. Mire usted, +primero apartamos lo moderno de lo antiguo; de lo que esté muy +estropeado se podría hacer sacar copia; lo roto se pega con cuidadito +con unas tiras de papel transparente....</p> + +<p>El proyecto le pareció al señorito de perlas. Convinieron en ponerse al +trabajo desde la mañana siguiente. Quiso la desgracia que al otro día +Primitivo descubriese en un maizal próximo un bando entero de perdices +entretenido en comerse la espiga madura. Y el marqués se terció la +carabina y dejó para siempre jamás amén a su capellán bregar con los +documentos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#capitulos">-IV-</a></h2> + + +<p>Y el capellán lidió con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro +horas todas las mañanas. Primero limpió, sacudió, planchó sirviéndose de +la palma de la mano, pegó papelitos de cigarro a fin de juntar los +pedazos rotos de alguna escritura. Parecíale estar desempolvando, +encolando y poniendo en orden la misma casa de Ulloa, que iba a salir de +sus manos hecha una plata. La tarea, en apariencia fácil, no dejaba de +ser enfadosa para el aseado presbítero: le sofocaba una atmósfera de +mohosa humedad; cuando alzaba un montón de papeles depositado desde +tiempo inmemorial en el suelo, caía a veces la mitad de los documentos +hecha añicos por el diente menudo e incansable del ratón; las polillas, +que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le metían +por entre la ropa; las correderas, perseguidas en sus más secretos +asilos, salían ciegas de furor o de miedo, obligándole, no sin gran +repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tapándose los oídos para +no percibir el ¡<i>chac</i>! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del +insecto; las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus +descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente +en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto +estratégico. De tanto asqueroso bicho tal vez el que más repugnaba a +Julián era una especie de lombriz o gusano de humedad, frío y negro, que +se encontraba siempre inmóvil y hecho una rosca debajo de los papeles, y +al tocarlo producía la sensación de un trozo de hielo blando y pegajoso.</p> + +<p>Al cabo, a fuerza de paciencia y resolución, triunfó Julián en su +batalla con aquellas alimañas impertinentes, y en los estantes, ya +despejados, fueron alineándose los documentos, ocupando, por efecto +milagroso del buen orden, la mitad menos que antes, y cabiendo donde no +cupieron jamás. Tres o cuatro ejecutorias, todas con su colgante de +plomo, quedaron apartadas, envueltas en paños limpios. Todo estaba +arreglado ya, excepto un tramo de la estantería donde Julián columbró +los lomos oscuros, fileteados de oro, de algunos libros antiguos. Era la +biblioteca de un Ulloa, un Ulloa de principios del siglo: Julián +extendió la mano, cogió un tomo al azar, lo abrió, leyó la portada... +«<i>La Henriada</i>, poema francés, puesto en verso español: su autor, el +señor de Voltaire...». Volvió a su sitio el volumen, con los labios +contraídos y los ojos bajos, como siempre que algo le hería o +escandalizaba: no era en extremo intolerante, pero lo que es a Voltaire, +de buena gana le haría lo que a las cucarachas; no obstante, limitóse a +condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal paño por el lomo de los +libros: de suerte que polillas, gusanos y arañas, acosadas en todas +partes, hallaron refugio a la sombra del risueño Arouet y su enemigo el +sentimental Juan Jacobo, que también dormía allí sosegadamente desde los +años de 1816.</p> + +<p>No era tortas y pan pintado la limpieza material del archivo; sin +embargo, la verdadera obra de romanos fue la clasificación. ¡Aquí te +quiero! parecían decir los papelotes así que Julián intentaba +distinguirlos. Un embrollo, una madeja sin cabo, un laberinto sin hilo +conductor. No existía faro que pudiese guiar por el piélago insondable: +ni libros becerros, ni estados, ni nada. Los únicos documentos que +encontró fueron dos cuadernos mugrientos y apestando a tabaco, donde su +antecesor, el abad de Ulloa, apuntaba los nombres de los pagadores y +arrendatarios de la casa, y al margen, con un signo inteligible para él +solo, o con palabras más enigmáticas aún, el balance de sus pagos. Los +unos tenían una cruz, los otros un garabato, los de más allá una +llamada, y los menos, las frases <i>no paga, pagará, va pagando, ya pagó</i>. +¿Qué significaban pues el garabato y la cruz? Misterio insondable. En +una misma página se mezclaban gastos e ingresos: aquí aparecía Fulano +como deudor insolvente, y dos renglones más abajo, como acreedor por +jornales. Julián sacó del libro del abad una jaqueca tremebunda. Bendijo +la memoria de fray Venancio, que, más radical, no dejara ni rastro de +cuentas, ni el menor comprobante de su larga gestión.</p> + +<p>Había puesto Julián manos a la obra con sumo celo, creyendo no le sería +imposible orientarse en semejante caos de papeles. Se desojaba para +entender la letra antigua y las enrevesadas rúbricas de las escrituras; +quería al menos separar lo correspondiente a cada uno de los tres o +cuatro principales partidos de renta con que contaba la casa; y se +asombraba de que para cobrar tan poco dinero, tan mezquinas cantidades +de centeno y trigo, se necesitase tanto fárrago de procedimientos, tanta +documentación indigesta. Perdíase en un dédalo de foros y subforos, +prorrateos, censos, pensiones, vinculaciones, cartas dotales, diezmos, +tercios, pleitecillos menudos, de atrasos, y pleitazos gordos, de +partijas. A cada paso se le confundía más en la cabeza toda aquella +papelería trasconejada; si las obras de reparación, como poner carpetas +de papel fuerte y blanco a las escrituras que se deshacían de puro +viejas le eran ya fáciles, no así el conocimiento científico de los +malditos papelotes, indescifrables para quien no tuviese lecciones y +práctica. Ya desalentado se lo confesó al marqués.</p> + +<p>—Señorito, yo no salgo del paso.... Aquí convenía un abogado, una persona +entendida.</p> + +<p>—Sí, sí, hace mucho tiempo que lo pienso yo también.... Es indispensable +tomar mano en eso, porque la documentación debe andar perdida.... ¿Cómo +la ha encontrado usted? ¿Hecha una lástima? Apuesto a que sí.</p> + +<p>Dijo esto el marqués con aquella entonación vehemente y sombría que +adoptaba al tratar de sus propios asuntos, por insignificantes que +fuesen; y mientras hablaba, entretenía las manos ciñendo su collar de +cascabeles a la Chula, con la cual iba a salir a matar unas codornices.</p> + +<p>—Sí, señor...—murmuró Julián—. No está nada bien, no.... Pero la persona +acostumbrada a estas cosas se desenreda de ellas en un soplo.... Y tiene +que venir pronto quien sea, porque los papeles no ganan así.</p> + +<p>La verdad era que el archivo había producido en el alma de Julián la +misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y +amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la +actualidad se desmoronaba a toda prisa. Era esto en Julián aprensión no +razonada, que se transformaría en convicción si conociese bien algunos +antecedentes de familia del marqués.</p> + +<p>Don Pedro Moscoso de Cabreira y Pardo de la Lage quedó huérfano de padre +muy niño aún. A no ser por semejante desgracia, acaso hubiera tenido +carrera: los Moscosos conservaban, desde el abuelo afrancesado, +enciclopedista y francmasón que se permitía leer al <i>señor de Voltaire</i>, +cierta tradición de cultura trasañeja, medio extinguida ya, pero +suficiente todavía para empujar a un Moscoso a los bancos del aula. En +los Pardos de la Lage era, al contrario, axiomático que más vale asno +vivo que doctor muerto. Vivían entonces los Pardos en su casa solariega, +no muy distante de la de Ulloa: al enviudar la madre de don Pedro, el +mayorazgo de la Lage iba a casarse en Santiago con una señorita de +distinción, trasladando sus reales al pueblo; y don Gabriel, el +segundón, se vino a los Pazos de Ulloa, para acompañar a su hermana, +según decía, y servirle de amparo; en realidad, afirmaban los +maldicientes, para disfrutar a su talante las rentas del cuñado difunto. +Lo cierto es que don Gabriel en poco tiempo asumió el mando de la casa: +él descubrió y propuso para administrador a aquel bendito exclaustrado +fray Venancio, medio chocho desde la exclaustración, medio idiota de +nacimiento ya, a cuya sombra pudo manejar a su gusto la hacienda del +sobrino, desempeñando la tutela. Una de las habilidades de don Gabriel +fue hacer partijas con su hermana cogiéndole mañosamente casi toda su +legítima, despojo a que asintió la pobre señora, absolutamente inepta en +materia de negocios, hábil sólo para ahorrar el dinero que guardaba con +sórdida avaricia, y que tuvo la imprudente niñería de ir poniendo en +onzas de oro, de las más antiguas, de premio. Cortos eran los réditos +del caudal de Moscoso que no se deslizaban de entre los dedos temblones +de fray Venancio a las robustas palmas del tutor; pero si lograban pasar +a las de doña Micaela, ya no salían de allí sino en forma de peluconas, +camino de cierto escondrijo misterioso, acerca del cual iba poco a poco +formándose una leyenda en el país. Mientras la madre atesoraba, don +Gabriel educaba al sobrino a su imagen y semejanza, llevándolo consigo a +ferias, cazatas, francachelas rústicas, y acaso distracciones menos +inocentes, y enseñándole, como decían allí, a cazar la perdiz blanca; y +el chico adoraba en aquel tío jovial, vigoroso y resuelto, diestro en +los ejercicios corporales, groseramente chistoso, como todos los de la +Lage, en las sobremesas: especie de señor feudal acatado en el país, que +enseñaba prácticamente al heredero de los Ulloas el desprecio de la +humanidad y el abuso de la fuerza. Un día que tío y sobrino se +deportaban, según costumbre, a cuatro o seis leguas de distancia de los +Pazos, habiéndose llevado consigo al criado y al mozo de cuadra, a las +cuatro de la tarde y estando abiertas todas las puertas del caserón +solariego, se presentó en él una gavilla de veinte hombres enmascarados +o tiznados de carbón, que maniató y amordazó a la criada, hizo echarse +boca abajo a fray Venancio, y apoderándose de doña Micaela, le intimó +que enseñase el escondrijo de las onzas; y como la señora se negase, +después de abofetearla, empezaron a mecharla con la punta de una navaja, +mientras unos cuantos proponían que se calentase aceite para freírle los +pies. Así que le acribillaron un brazo y un pecho, pidió compasión y +descubrió, debajo de un arca enorme, el famoso escondrijo, trampa +hábilmente disimulada por medio de una tabla igual a las demás del piso, +pero que subía y bajaba a voluntad. Recogieron los ladrones las hermosas +medallas, apoderáronse también de la plata labrada que hallaron a mano, +y se retiraron de los Pazos a las seis, antes que anocheciese del todo. +Algún labrador o jornalero les vio salir, pero ¿qué había de hacer? Eran +veinte, bien armados con escopetas, pistolas y trabucos.</p> + +<p>Fray Venancio, que sólo había recibido tal cual puntapié o puñada +despreciativa, no necesitó más pasaporte para irse al otro mundo, de +puro miedo, en una semana; la señora se apresuró menos, pero, como suele +decirse, no levantó cabeza, y de allí a pocos meses una apoplejía serosa +le impidió seguir guardando onzas en un agujero mejor disimulado. Del +robo se habló largo tiempo en el país, y corrieron rumores muy extraños: +se afirmó que los criminales no eran bandidos de profesión, sino gentes +conocidas y acomodadas, alguna de las cuales desempeñaba cargo público, +y entre ellas se contaban personas relacionadas de antiguo con la +familia de Ulloa, que por lo tanto estaban al corriente de las +costumbres de la casa, de los días en que se quedaba sin hombres, y de +la insaciable constancia de doña Micaela en recoger y conservar la más +valiosa moneda de oro. Fuese lo que fuese, la justicia no descubrió a +los autores del delito, y don Pedro quedó en breve sin otro pariente que +su tío Gabriel. Éste buscó para el sitio de fray Venancio a un sacerdote +brusco, gran cazador, incapaz de morirse de miedo ante los ladrones. +Desde tiempo atrás les ayudaba en sus expediciones cinegéticas +Primitivo, la mejor escopeta furtiva del país, la puntería más certera, +y el padre de la moza más guapa que se encontraba en diez leguas a la +redonda. El fallecimiento de doña Micaela permitió que hija y padre se +instalasen en los Pazos, ella a título de criada, él a título de... +montero mayor, diríamos hace siglos; hoy no hay nombre adecuado para el +empleo. Don Gabriel los tenía muy a raya a entrambos, olfateando en +Primitivo un riesgo serio para su influencia; pero tres o cuatro años +después de la muerte de su hermana, don Gabriel sufrió ataques de gota +que pusieron en peligro su vida, y entonces se divulgó lo que ya se +susurraba acerca de su casamiento secreto con la hija del carcelero de +Cebre. El hidalgo se trasladó a vivir, mejor dicho a rabiar, en la +villita; otorgó testamento legando a tres hijos que tenía sus bienes y +caudal, sin dejar al sobrino don Pedro ni el reloj en memoria; y +habiéndosele subido la gota al corazón, entregó su alma a Dios de +malísima gana, con lo cual hallóse el último de los Moscosos dueño de sí +por completo.</p> + +<p>Gracias a todas estas vicisitudes, socaliñas y pellizcos, la casa de +Ulloa, a pesar de poseer dos o tres decentes núcleos de renta, estaba +enmarañada y desangrada; era lo que presumía Julián: una ruina. Dada la +complicación de red, la subdivisión atomística que caracteriza a la +propiedad gallega, un poco de descuido o mala administración basta para +minar los cimientos de la más importante fortuna territorial. La +necesidad de pagar ciertos censos atrasados y sus intereses había sido +causa de que la casa se gravase con una hipoteca no muy cuantiosa; pero +la hipoteca es como el cáncer: empieza atacando un punto del organismo y +acaba por inficionarlo todo. Con motivo de los susodichos censos, el +señorito buscó asiduamente las onzas del nuevo escondrijo de su madre; +tiempo perdido: o la señora no había atesorado más desde el robo, o lo +había ocultado tan bien, que no diera con ello el mismo diablo.</p> + +<p>La vista de tal hipoteca contristó a Julián, pues el buen clérigo +empezaba a sentir la adhesión especial de los capellanes por las casas +nobles en que entran; pero más le llenó de confusión encontrar entre los +papelotes la documentación relativa a un pleitecillo de partijas, +sostenido por don Alberto Moscoso, padre de don Pedro, con.... ¡el +marqués de Ulloa!</p> + +<p>Porque ya es hora de decir que el marqués de Ulloa auténtico y legal, el +que consta en la <i>Guía de forasteros</i>, se paseaba tranquilamente en +carretela por la Castellana, durante el invierno de 1866 a 1867, +mientras Julián exterminaba correderas en el archivo de los Pazos. Bien +ajeno estaría él de que el título de nobleza por cuya carta de sucesión +había pagado religiosamente su impuesto de <i>lanzas y medias anatas</i>, lo +disfrutaba gratis un pariente suyo, en un rincón de Galicia. Verdad que +al legítimo marqués de Ulloa, que era Grande de España de primera clase, +duque de algo, marqués tres veces y conde dos lo menos, nadie le conocía +en Madrid sino por el ducado, por aquello de que baza mayor quita menor, +aun cuando el título de Ulloa, radicado en el claro solar de Cabreira de +Portugal, pudiese ganar en antigüedad y estimación a los más eminentes. +Al pasar a una rama colateral la hacienda de los Pazos de Ulloa, fue el +marquesado a donde correspondía por rigurosa agnación; pero los +aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de +Ulloa diesen nombre al título, siguieron llamando marqueses a los dueños +de la gran huronera. Los señores de los Pazos no protestaban: eran +marqueses por derecho consuetudinario; y cuando un labrador, en un +camino hondo, se descubría respetuosamente ante don Pedro, murmurando: +«Vaya usía muy dichoso, señor marqués», don Pedro sentía un cosquilleo +grato en la epidermis de la vanidad, y contestaba con voz sonora: +«Felices tardes».</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#capitulos">-V-</a></h2> + + +<p>Del famoso arreglo del archivo sacó Julián los pies fríos y la cabeza +caliente: él bien quisiera despabilarse, aplicar prácticamente las +nociones adquiridas acerca del estado de la casa, para empezar a ejercer +con inteligencia sus funciones de administrador, mas no acertaba, no +podía; su inexperiencia en cosas rurales y jurídicas se traslucía a cada +paso. Trataba de estudiar el mecanismo interior de los Pazos: tomábase +el trabajo de ir a los establos, a las cuadras, de enterarse de los +cultivos, de visitar la granera, el horno, los hórreos, las eras, las +bodegas, los alpendres, cada dependencia y cada rincón; de preguntar +para qué servía esto y aquello y lo de más allá, y cuánto costaba y a +cómo se vendía; labor inútil, pues olfateando por todas partes abusos y +desórdenes, no conseguía nunca, por su carencia de malicia y de +gramática parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos. El señorito no +le acompañaba en semejantes excursiones: harto tenía que hacer con +ferias, caza y visitas a gentes de Cebre o del señorío montañés, de +suerte que el guía de Julián era Primitivo. Guía pesimista si los hay. +Cada reforma que Julián quería plantear, la calificaba de imposible, +encogiéndose de hombros; cada superfluidad que intentaba suprimir, la +declaraba el cazador indispensable al buen servicio de la casa. Ante el +celo de Julián surgían montones de dificultades menudas, impidiéndole +realizar ninguna modificación útil. Y lo más alarmante era observar la +encubierta, pero real omnipotencia de Primitivo. Mozos, colonos, +jornaleros, y hasta el ganado en los establos, parecía estarle +supeditado y propicio: el respeto adulador con que trataban al señorito, +el saludo, mitad desdeñoso y mitad indiferente que dirigían al capellán, +se convertían en sumisión absoluta hacia Primitivo, no manifestada por +fórmulas exteriores, sino por el acatamiento instantáneo de su voluntad, +indicada a veces con sólo el mirar directo y frío de sus ojuelos sin +pestañas. Y Julián se sentía humillado en presencia de un hombre que +mandaba allí como indiscutible autócrata, desde su ambiguo puesto de +criado con ribetes de mayordomo. Sentía pesar sobre su alma la ojeada +escrutadora de Primitivo que avizoraba sus menores actos, y estudiaba su +rostro, sin duda para averiguar el lado vulnerable de aquel presbítero, +sobrio, desinteresado, que apartaba los ojos de las jornaleras garridas. +Tal vez la filosofía de Primitivo era que no hay hombre sin vicio, y no +había de ser Julián la excepción.</p> + +<p>Corría entre tanto el invierno, y el capellán se habituaba a la vida +campestre. El aire vivo y puro le abría el apetito: no sentía ya las +efusiones de devoción que al principio, y sí una especie de caridad +humana que le llevaba a interesarse en lo que veía a su alrededor, +especialmente los niños y los irracionales, con quienes desahogaba su +instintiva ternura. Aumentábase su compasión hacia Perucho, el rapaz +embriagado por su propio abuelo; le dolía verle revolcarse +constantemente en el lodo del patio, pasarse el día hundido en el +estiércol de las cuadras, jugando con los becerros, mamando del pezón de +las vacas leche caliente o durmiendo en el pesebre, entre la hierba +destinada al pienso de la borrica; y determinó consagrar algunas horas +de las largas noches de invierno a enseñar al chiquillo el abecedario, +la doctrina y los números. Para realizarlo se acomodaba en la vasta +mesa, no lejos del fuego del hogar, cebado por Sabel con gruesos +troncos; y cogiendo al niño en sus rodillas, a la luz del triple mechero +del velón, le iba guiando pacientemente el dedo sobre el silabario, +repitiendo la monótona salmodia por donde empieza el saber: <i>be-a bá, +be-e bé, be-i bí</i>.... El chico se deshacía en bostezos enormes, en muecas +risibles, en momos de llanto, en chillidos de estornino preso; se +acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras +imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al +menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o +volverse al tibio abrigo del establo.</p> + +<p>En aquel tiempo frío, la cocina se convertía en tertulia, casi +exclusivamente compuesta de mujeres. Descalzas y pisando de lado, como +recelosas, iban entrando algunas, con la cabeza resguardada por una +especie de mandilón de picote; muchas gemían de gusto al acercarse a la +deleitable llama; otras, tomando de la cintura el huso y el copo de +lino, hilaban después de haberse calentado las manos, o sacando del +bolsillo castañas, las ponían a asar entre el rescoldo; y todas, +empezando por cuchichear bajito, acababan por charlotear como urracas. +Era Sabel la reina de aquella pequeña corte: sofocada por la llama, con +los brazos arremangados, los ojos húmedos, recibía el incienso de las +adulaciones, hundía el cucharón de hierro en el pote, llenaba cuencos de +caldo, y al punto una mujer desaparecía del círculo, refugiábase en la +esquina o en un banco, donde se la oía mascar ansiosamente, soplar el +hirviente bodrio y lengüetear contra la cuchara. Noches había en que no +se daba la moza punto de reposo en colmar tazas, ni las mujeres en +entrar, comer y marcharse para dejar a otras el sitio: allí desfilaba +sin duda, como en mesón barato, la parroquia entera. Al salir cogían +aparte a Sabel, y si el capellán no estuviese tan distraído con su +rebelde alumno, vería algún trozo de tocino, pan o <i>lacón</i> rápidamente +escondido en un justillo, o algún chorizo cortado con prontitud de las +ristras pendientes en la chimenea, que no menos velozmente pasaba a las +faltriqueras. La última tertuliana que se quedaba, la que secreteaba más +tiempo y más íntimamente con Sabel, era la vieja de las greñas de +estopa, entrevista por Julián la noche de su llegada a los Pazos. Era +imponente la fealdad de la bruja: tenía las cejas canas, y, de perfil, +le sobresalían, como también las cerdas de un lunar; el fuego hacía +resaltar la blancura del pelo, el color atezado del rostro, y el enorme +<i>bocio</i> o papera que deformaba su garganta del modo más repulsivo. +Mientras hablaba con la frescachona Sabel, la fantasía de un artista +podía evocar los cuadros de tentaciones de San Antonio en que aparecen +juntas una asquerosa hechicera y una mujer hermosa y sensual, con pezuña +de cabra.</p> + +<p>Sin explicarse el porqué, empezó a desagradar a Julián la tertulia y las +familiaridades de Sabel, que se le arrimaba continuamente, a pretexto de +buscar en el cajón de la mesa un cuchillo, una taza, cualquier objeto +indispensable. Cuando la aldeana fijaba en él sus ojos azules, anegados +en caliente humedad, el capellán experimentaba malestar violento, +comparable sólo al que le causaban los de Primitivo, que a menudo +sorprendía clavados a hurtadillas en su rostro. Ignorando en qué fundar +sus recelos, creía Julián que meditaban alguna asechanza. Era Primitivo, +salvo tal cual momentáneo acceso de brusca y selvática alegría, hombre +taciturno, a cuya faz de bronce asomaban rara vez los sentimientos; y +con todo eso, Julián se juzgaba blanco de hostilidad encubierta por +parte del cazador; en rigor, ni hostilidad podía llamarse; más bien +tenía algo de observación y acecho, la espera tranquila de una res, a +quien, sin odiarla, se desea cazar cuanto antes. Semejante actitud no +podía definirse, ni expresarse apenas. Julián se refugió en su cuarto, +adonde hizo subir, medio arrastro, al niño, para la lección +acostumbrada. Así como así, el invierno había pasado, y el calor de la +<i>lareira</i> no era apetecible ya.</p> + +<p>En su habitación pudo el capellán notar mejor que en la cocina la +escandalosa suciedad del angelote. Media pulgada de roña le cubría la +piel; y en cuanto al cabello, dormían en él capas geológicas, +estratificaciones en que entraba tierra, guijarros menudos, toda suerte +de cuerpos extraños. Julián cogió a viva fuerza al niño, lo arrastró +hacia la palangana, que ya tenía bien abastecida de jarras, toallas y +jabón. Empezó a frotar. ¡María Santísima y qué primer agua la que salió +de aquella empecatada carita! Lejía pura, de la más turbia y espesa. +Para el pelo fue preciso emplear aceite, pomada, agua a chorros, un +batidor de gruesas púas que desbrozase la virgen selva. Al paso que +adelantaba la faena, iban saliendo a luz las bellísimas facciones, +dignas del cincel antiguo, coloreadas con la pátina del sol y del aire; +y los bucles, libres de estorbos, se colocaban artísticamente como en +una testa de Cupido, y descubrían su matiz castaño dorado, que acababa +de entonar la figura. ¡Era pasmoso lo bonito que había hecho Dios a +aquel muñeco!</p> + +<p>Todos los días, que gritase o que se resignase el chiquillo, Julián lo +lavaba así antes de la lección. Por aquel respeto que profesaba a la +carne humana no se atrevía a bañarle el cuerpo, medida bien necesaria en +verdad. Pero con los lavatorios y el carácter bondadoso de Julián, el +diablillo iba tomándose demasiadas confianzas, y no dejaba cosa a vida +en el cuarto. Su desaplicación, mayor a cada instante, desesperaba al +pobre presbítero: la tinta le servía a Perucho para meter en ella la +mano toda y plantarla después sobre el silabario; la pluma, para +arrancarle las barbas y romperle el pico cazando moscas en los vidrios; +el papel, para rasgarlo en tiritas o hacer con él cucuruchos; las +arenillas, para volcarlas sobre la mesa y figurar con ellas montes y +collados, donde se complacía en producir cataclismos hundiendo el dedo +de golpe. Además, revolvía la cómoda de Julián, deshacía la cama +brincando encima, y un día llegó al extremo de prender fuego a las botas +de su profesor, llenándolas de fósforos encendidos.</p> + +<p>Bien aguantaría Julián estas diabluras con la esperanza de sacar algo en +limpio de semejante hereje; pero se complicaron con otra cosa bastante +más desagradable: las idas y venidas frecuentes de Sabel por su +habitación. Siempre encontraba la moza algún pretexto para subir: que se +le había olvidado recoger el servicio del chocolate; que se le había +<i>esquecido</i> mudar la toalla. Y se endiosaba, y tardaba un buen rato en +bajar, entreteniéndose en arreglar cosas que no estaban revueltas, o +poniéndose de pechos en la ventana, muy risueña y campechanota, +alardeando de una confianza que Julián, cada día más reservado, no +autorizaba en modo alguno.</p> + +<p>Una mañana entró Sabel a la hora de costumbre con las jarras de agua +para las abluciones del presbítero, que, al recibirlas, no pudo menos de +reparar, en una rápida ojeada, cómo la moza venía en justillo y enaguas, +con la camisa entreabierta, el pelo destrenzado y descalzos un pie y +pierna blanquísimos, pues Sabel, que se calzaba siempre y no hacía más +que la labor de cocina y ésa con mucha ayuda de criadas de campo y +comadres, no tenía la piel curtida, ni deformados los miembros. Julián +retrocedió, y la jarra tembló en su mano, vertiéndose un chorro de agua +por el piso.</p> + +<p>—Cúbrase usted, mujer—murmuró con voz sofocada por la vergüenza—. No me +traiga nunca el agua cuando esté así... no es modo de presentarse a la +gente.</p> + +<p>—Me estaba peinando y pensé que me llamaba...—respondió ella sin +alterarse, sin cruzar siquiera las palmas sobre el escote.</p> + +<p>—Aunque la llamase no era regular venir en ese traje.... Otra vez que se +esté peinando que me suba el agua Cristobo o la chica del ganado... o +cualquiera....</p> + +<p>Y al pronunciar estas palabras, volvíase de espaldas para no ver más a +Sabel, que se retiraba lentamente.</p> + +<p>Desde aquel punto y hora, Julián se desvió de la muchacha como de un +animal dañino e impúdico; no obstante, aún le parecía poco caritativo +atribuir a malos fines su desaliño indecoroso, prefiriendo achacarlo a +ignorancia y rudeza. Pero ella se había propuesto demostrar lo +contrario. Poco tiempo iba transcurrido desde la severa reprimenda, +cuando una tarde, mientras Julián leía tranquilamente la <i>Guía de +Pecadores</i>, sintió entrar a Sabel y notó, sin levantar la cabeza, que +algo arreglaba en el cuarto. De pronto oyó un golpe, como caída de +persona contra algún mueble, y vio a la moza recostada en la cama, +despidiendo lastimeros ayes y hondos suspiros. Se quejaba de una +<i>aflición</i>, una cosa repentina, y Julián, turbado pero compadecido, +acudió a empapar una toalla para humedecerle las sienes, y a fin de +ejecutarlo se acercó a la acongojada enferma. Apenas se inclinó hacia +ella, pudo—a pesar de su poca experiencia y ninguna malicia—convencerse +de que el supuesto ataque no era sino bellaquería grandísima y +sinvergüenza calificada. Una ola de sangre encendió a Julián hasta el +cogote: sintió la cólera repentina, ciega, que rarísima vez fustigaba su +linfa, y señalando a la puerta, exclamó:</p> + +<p>—Se me va usted de aquí ahora mismo o la echo a empellones..., ¿entiende +usted? No me vuelve usted a cruzar esa puerta.... Todo, todo lo que +necesite, me lo traerá Cristobo.... ¡Largo inmediatamente!</p> + +<p>Retiróse la moza cabizbaja y mohína, como quien acaba de sufrir pesado +chasco. Julián, por su parte, quedó tembloroso, agitado, descontento de +sí mismo, cual suelen los pacíficos cuando ceden a un arrebato de ira: +hasta sentía dolor físico, en el epigastrio. A no dudarlo, se había +excedido; debió dirigir a aquella mujer una exhortación fervorosa, en +vez de palabras de menosprecio. Su obligación de sacerdote era enseñar, +corregir, perdonar, no pisotear a la gente como a los bichos del +archivo. Al cabo Sabel tenía un alma, redimida por la sangre de Cristo +igual que otra cualquiera. Pero ¿quién reflexiona, quién se modera ante +tal descaro? Hay un movimiento que llaman los escolásticos <i>primo +primis</i> fatal e inevitable. Así se consolaba el capellán. De todos +modos, era triste cosa tener que vivir con aquella mala hembra, no más +púdica que las vacas. ¿Cómo podía haber mujeres así? Julián recordaba a +su madre, tan modosa, siempre con los ojos bajos y la voz almibarada y +suave, con su <i>casabé</i> abrochado hasta la nuez, sobre el cual, para +mayor recato, caía liso, sin arrugas, un pañuelito de seda negra. ¡Qué +mujeres! ¡Qué mujeres se encuentran por el mundo!</p> + +<p>Desde el funesto lance tuvo Julián que barrerse el cuarto y subirse el +agua, porque ni Cristobo ni las criadas hicieron caso de sus órdenes, y +a Sabel no quería verle ni la sombra en la puerta. Lo que más extrañeza +y susto le causó fue observar que Primitivo, después del suceso, no se +recataba ya para mirarle con fijeza terrible, midiéndole con una ojeada +que equivalía a una declaración de guerra. Julián no podía dudar que +estorbaba en los Pazos: ¿por qué? A veces meditaba en ello +interrumpiendo la lectura de Fray Luis de Granada y de los seis libros +de San Juan Crisóstomo sobre el sacerdocio; pero al poco rato, +descorazonado por tanta mezquina contrariedad, desesperando de ser útil +jamás a la casa de Ulloa, se enfrascaba nuevamente en sus páginas +místicas.</p> + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#capitulos">-VI-</a></h2> + +<p>De los párrocos de las inmediaciones, con ninguno había hecho +Julián tan buenas migas como con don Eugenio, el de Naya. El abad de +Ulloa, al cual veía con más frecuencia, no le era simpático, por su +desmedida afición al jarro y a la escopeta; y al abad de Ulloa, en +cambio, le exasperaba Julián, a quien solía apodar <i>mariquita</i>; porque +para el abad de Ulloa, la última de las degradaciones en que podía caer +un hombre era beber agua, lavarse con jabón de olor y cortarse las uñas: +tratándose de un sacerdote, el abad ponía estos delitos en parangón con +la simonía. «Afeminaciones, afeminaciones», gruñía entre dientes, +convencidísimo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de +presentarse bronca, montuna y cerril; aparte de que un clérigo no +pierde, <i>ipso facto</i>, los fueros de hombre, y el hombre debe oler a +bravío desde una legua. Con los demás curas de las parroquias cercanas +tampoco frisaba mucho Julián; así es que, convidado a las funciones de +iglesia, acostumbraba retirarse tan pronto como se acababan las +ceremonias, sin aceptar jamás la comida que era su complemento +indispensable. Pero cuando don Eugenio le invitó con alegre cordialidad +a pasar en Naya el <i>día del patrón</i>, aceptó de buen grado, +comprometiéndose a <i>no faltarle</i>.</p> + +<p>Según lo convenido, subió a Naya la víspera, rehusando la montura que le +ofrecía don Pedro. ¡Para legua y media escasa! ¡Y con una tarde +hermosísima! Apoyándose en un palo, dando tiempo a que anocheciese, +deteniéndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tardó +mucho en llegar al cerro que domina el caserío de Naya, tan +oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la +gaita, bombo y tamboril, a la luz de los <i>fachones</i> de paja de centeno +encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos +patronales. Poco tardaron los bailarines en bajar hacia la rectoral, +cantando y <i>atruxando</i> como locos, y con ellos descendió Julián.</p> + +<p>El cura esperaba en la portalada misma: recogidas las mangas de su +chaqueta, levantaba en alto un jarro de vino, y la criada sostenía la +bandeja con vasos. Detúvose el grupo; el gaitero, vestido de pana azul, +en actitud de cansancio, dejando desinflarse la gaita, cuyo <i>punteiro</i> +caía sobre los rojos flecos del roncón, se limpiaba la frente sudorosa +con un pañuelo de seda, y los reflejos de la paja ardiendo y de las +luces que alumbraban la casa del cura permitían distinguir su cara +guapota, de correctas facciones, realzada por arrogantes patillas +castañas. Cuando le sirvieron el vino, el rústico artista dijo +cortésmente: «¡A la salud del señor abade y la compaña!» y, después de +echárselo al coleto, aún murmuró con mucha política, pasándose el revés +de la mano por la boca: «De hoy en veinte años, señor abade». Las +libaciones consecutivas no fueron acompañadas de más fórmulas de +atención.</p> + +<p>Disfrutaba el párroco de Naya de una rectoral espaciosa, alborozada a la +sazón con los preparativos de la fiesta y asistía impávido a los +preliminares del saco y ruina de su despensa, bodega, leñera y huerto. +Era don Eugenio joven y alegre como unas pascuas, y su condición, más +que de padre de almas, de pilluelo revoltoso y ladino; pero bajo la +corteza infantil se escondía singular don de gentes y conocimiento de la +vida práctica. Sociable y tolerante, había logrado no tener un solo +enemigo entre sus compañeros. Le conceptuaban un <i>rapaz</i> inofensivo.</p> + +<p>Tras el pocillo de aromoso chocolate, dio a Julián la mejor cama y +habitación que poseía, y le despertó cuando la gaita floreaba la +alborada, rayando ésta apenas en los cielos. Fueron juntos los dos +clérigos a revisar el decorado de los altares, compuestos ya para la +misa solemne. Julián pasaba la revista con especial devoción, puesto que +el patrón de Naya era el suyo mismo, el bienaventurado San Julián, que +allí estaba en el altar mayor con su carita inocentona, su estática +sonrisilla, su chupa y calzón corto, su paloma blanca en la diestra, y +la siniestra delicadamente apoyada en la chorrera de la camisola. La +imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin más adorno que algún +rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de +loza, todo excitaba en Julián tierna piedad, la efusión que le hacía +tanto provecho, ablandándole y desentumeciéndole el espíritu. Iban +llegando ya los curas de las inmediaciones, y en el atrio, tapizado de +hierba, se oía al gaitero templar prolijamente el instrumento, mientras +en la iglesia el hinojo, esparcido por las losas y pisado por los que +iban entrando, despedía olor campestre y fresquísimo. La procesión se +organizaba; San Julián había descendido del altar mayor; la cruz y los +estandartes oscilaban sobre el remolino de gentes amontonadas ya en la +estrecha nave, y los mozos, vestidos de fiesta, con su pañuelo de seda +en la cabeza en forma de <i>burelete</i>, se ofrecían a llevar las insignias +sacras. Después de dar dos vueltas por el atrio y de detenerse breves +instantes frente al crucero, el santo volvió a entrar en la iglesia, y +fue <i>pujado</i>, con sus andas, a una mesilla al lado del altar mayor muy +engalanada, y cubierta con antigua colcha de damasco carmesí. La misa +empezó, regocijada y rústica, en armonía con los demás festejos. Más de +una docena de curas la cantaban a voz en cuello, y el desvencijado +incensario iba y venía, con retintín de cadenillas viejas, soltando un +humo espeso y aromático, entre cuya envoltura algodonosa parecía +suavizarse el desentono del <i>introito</i>, la aspereza de las broncas +laringes eclesiásticas. El gaitero, prodigando todos sus recursos +artísticos, acompañaba con el <i>punteiro</i> desmangado de la gaita y +haciendo oficios de clarinete. Cuando tenía que sonar entera la +orquesta, mangaba otra vez el <i>punteiro</i> en el <i>fol</i>; así podía +acompañar la elevación de la hostia con una solemne marcha real, y el +postcomunio con una muñeira de las más recientes y brincadoras, que, ya +terminada la misa, repetía en el vestíbulo, donde tandas de mozos y +mozas se desquitaban, bailando a su sabor, de la compostura guardada por +espacio de una hora en la iglesia. Y el baile en el atrio lleno de luz, +el templo sembrado de hojas de hinojos y espadaña que magullaron los +pisotones, alumbrado, más que por los cirios, por el sol que puerta y +ventanas dejaban entrar a torrentes, los curas jadeantes, pero +satisfechos y habladores, el santo tan currutaco y lindo, muy risueño en +sus andas, con una pierna casi en el aire para empezar un minueto y la +cándida palomita pronta a abrir las alas, todo era alegre, terrenal, +nada inspiraba la augusta melancolía que suele imperar en las ceremonias +religiosas. Julián se sentía tan muchacho y contento como el santo +bendito, y salía ya a gozar el aire libre, acompañado de don Eugenio, +cuando en el corro de los bailadores distinguió a Sabel, lujosamente +vestida de domingo, girando con las demás mozas, al compás de la gaita. +Esta vista le aguó un tanto la fiesta.</p> + +<p>Era a semejante hora la rectoral de Naya un infierno culinario, si es +que los hay. Allí se reunían una tía y dos primas de don Eugenio—a +quienes por ser muchachas y frescas no quería el párroco tener consigo a +diario en la rectoral—; el ama, viejecilla llorona, estorbosa e inútil, +que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien +distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades +había servido a un canónigo compostelano, y era célebre en el país por +su destreza en batir mantequillas y asar capones. Esta fornida +guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de ademán brioso, había +vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barriéndola desde la +víspera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desván los +trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ejército de +guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con +rápida ojeada de general en jefe, la hidrópica despensa, atestada de +dádivas de feligreses; cabritos, pollos, anguilas, truchas, pichones, +ollas de vino, manteca y miel, perdices, liebres y conejos, chorizos y +morcillas. Conocido ya el estado de las provisiones, ordenó las +maniobras del ejército: las viejas se dedicaron a desplumar aves, las +mozas a fregar y dejar como el oro peroles, cazos y sartenes, y un par +de mozancones de la aldea, uno de ellos idiota de oficio, a desollar +reses y limpiar piezas de caza.</p> + +<p>Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de +los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida +doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran +cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza +reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la +carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas +mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como +ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa +puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el +gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su <i>parva</i> o desayuno, +el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país +<i>mataburrillo</i>, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de +rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y +tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre +bromas y risotadas!</p> + +<p>¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en +la sala de la rectoral? Media docena de tablas tendidas sobre otros +tantos cestos, ayudaban a ensanchar la mesa cuotidiana; por encima dos +limpios manteles de lamanisco sostenían grandes jarros rebosando tinto +añejo; y haciéndoles frente, en una esquina del aposento, esperaban +turno ventrudas ollas henchidas del mismo líquido. La vajilla era +mezclada, y entre el estaño y barro vidriado descollaba algún <i>talavera</i> +legítimo, capaz de volver loco a un coleccionista, de los muchos que +ahora se consagran a la arcana ciencia de los pucheros. Ante la mesa y +sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando +asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de +preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro—la persona +más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no +había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del +gentío en la misa—, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la +ilustre casa de Ulloa.</p> + +<p>Sentóse Julián avergonzado, y su confusión subió de punto durante la +comida. Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a +comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas. Y la mesa estaba +imponente. La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre +ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el +sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo +de <i>Barbacana</i>, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el +poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de +su rival el cacique <i>Trampeta</i>, protegido por los unionistas y mal visto +por el clero. En suma, allí se juntaba lo más granado de la comarca, +faltando sólo el marqués de Ulloa, que vendría de fijo a los postres. La +monumental sopa de pan rehogada en grasa, con chorizo, garbanzos y +huevos cocidos cortados en ruedas, circulaba ya en gigantescos +tarterones, y se comía en silencio, jugando bien las quijadas. De vez en +cuando se atrevía algún cura a soltar frases de encomio a la habilidad +de la guisandera; y el anfitrión, observando con disimulo quiénes de los +convidados andaban remisos en mascar, les instaba a que se animasen, +afirmando que era preciso aprovecharse de la sopa y del cocido, pues +apenas había otra cosa. Creyéndolo así Julián, y no pareciéndole cortés +desairar a su huésped, cargó la mano en la sopa y el cocido. Grande fue +su terror cuando empezó a desfilar interminable serie de platos, los +veintiséis tradicionales en la comida del patrón de Naya, no la más +abundante que se servía en el arciprestazgo, pues Loiro se le aventajaba +mucho.</p> + +<p>Para llegar al número prefijado, no había recurrido la guisandera a los +artificios con que la cocina francesa disfraza los manjares +bautizándolos con nombres nuevos o adornándolos con arambeles y +engañifas. No, señor: en aquellas regiones vírgenes no se conocía, loado +sea Dios, ninguna salsa o pebre de origen gabacho, y todo era neto, +varonil y clásico como la olla. ¿Veintiséis platos? Pronto se hace la +lista: pollos asados, fritos, en pepitoria, estofados, con guisantes, +con cebollas, con patatas y con huevos; aplíquese el mismo sistema a la +carne, al puerco, al pescado y al cabrito. Así, sin calentarse los +cascos, presenta cualquiera veintiséis variados manjares.</p> + +<p>¡Y cómo se burlaría la guisandera si por arte de magia apareciese allí +un cocinero francés empeñado en redactar un <i>menú</i>, en reducirse a +cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en +conceder honroso puesto a la legumbre! ¡Legumbres a mí!, diría el ama +del cura de Cebre, riéndose con toda su alma y todas sus caderas +también. ¡Legumbres el día del patrón! Son buenas para los cerdos.</p> + +<p>Ahíto y mareado, Julián no tenía fuerzas sino para rechazar con la mano +las fuentes que no cesaban de circular pasándoselas los convidados unos +a otros: a bien que ya le observaban menos, pues la conversación se +calentaba. El médico de Cebre, atrabiliario, magro y disputador; el +notario, coloradote y barbudo, osaban decir chistes, referir anécdotas; +el sobrino del cura de Boán, estudiante de derecho, muy enamorado de +condición, hablaba de mujeres, ponderaba la gracia de las señoritas de +Molende y la lozanía de una panadera de Cebre, muy nombrada en el país; +los curas al pronto no tomaron parte, y como Julián bajase la vista, +algunos comensales, después de observarle de reojo, se hicieron los +desentendidos. Mas duró poco la reserva; al ir vaciándose los jarros y +desocupándose las fuentes, nadie quiso estar callado y empezaron las +bromas a echar chispas.</p> + +<p>Máximo Juncal, el médico, recién salido de las aulas compostelanas, +soltó varias puntadas sobre política, y también malignas pullas +referentes al grave escándalo que a la sazón traía muy preocupados a los +revolucionarios de provincia: Sor Patrocinio, sus manejos, su influencia +en Palacio. Alborotáronse dos o tres curas; y el cacique <i>Barbacana</i>, +con suma gravedad, volviendo hacia Juncal su barba florida y luenga, +díjole desdeñosamente una verdad como un templo: que «muchos hablaban de +lo que no entendían», a lo cual el médico replicó, vertiendo bilis por +ojos y labios, «que pronto iba a llegar el día de la gran barredura, que +luego se armaría el tiberio del siglo, y que los neos irían a contarlo a +casa de su padre Judas Iscariote».</p> + +<p>Afortunadamente profirió estos tremendos vaticinios a tiempo que la +mayor parte de los párrocos se hallaban enzarzados en la discusión +teológica, indispensable complemento de todo convite patronal. Liados en +ella, no prestó atención a lo que el médico decía ninguno de los que +podían volvérselas al cuerpo: ni el bronco abad de Ulloa, ni el belicoso +de Boán, ni el Arcipreste, que siendo más sordo que una tapia, resolvía +las discusiones políticas a gritos, alzando el índice de la mano derecha +como para invocar la cólera del cielo. En aquel punto y hora, mientras +corrían las fuentes de arroz con leche, canela y azúcar, y se agotaban +las copas de <i>tostado</i>, llegaba a su periodo álgido la disputa, y se +entreoían argumentos, proposiciones, objeciones y silogismos.</p> + +<p>—<i>Nego majorem</i>....</p> + +<p>—<i>Probo minorem</i>.</p> + +<p>—Eh.... Boán, que con mucho disimulo me estás echando abajo la gracia....</p> + +<p>—Compadre, cuidado.... Si adelanta usted un poquito más nos vamos a +encontrar con el libre albedrío perdido.</p> + +<p>—Cebre, mira que vas por mal camino: ¡mira que te marchas con Pelagio!</p> + +<p>—Yo a San Agustín me agarro, y no lo suelto.</p> + +<p>—Esa proposición puede admitirse <i>simpliciter</i>, pero tomándola en otro +sentido... no cuela.</p> + +<p>—Citaré autoridades, todas las que se me pidan: ¿a que no me citas tú ni +media docena? A ver.</p> + +<p>—Es sentir común de la Iglesia desde los primeros concilios.</p> + +<p>—Es punto opinable, ¡<i>quoniam</i>! A mí no me vengas a asustar tú con +concilios ni concilias.</p> + +<p>—¿Querrás saber más que Santo Tomás?</p> + +<p>—¿Y tú querrás ponerte contra el Doctor de la gracia?</p> + +<p>—¡Nadie es capaz de rebatirme esto! Señores... la gracia....</p> + +<p>—¡Que nos despeñamos de vez! ¡Eso es herejía formal; es pelagianismo +puro!</p> + +<p>—Qué entiendes tú, qué entiendes tú.... Lo que tú censures, que me lo +claven....</p> + +<p>—Que diga el señor Arcipreste.... Vamos a aventurar algo a que no me deja +mal el señor Arcipreste.</p> + +<p>El Arcipreste era respetado más por su edad que por su ciencia +teológica; y se sosegó un tanto el formidable barullo cuando se +incorporó difícilmente, con ambas manos puestas tras los oídos, +vertiendo sangre por la cara, a fin de dirimir, si cabía lograrlo, la +contienda. Pero un incidente distrajo los ánimos: el señorito de Ulloa +entraba seguido de dos perros perdigueros, cuyos cascabeles acompañaban +su aparición con jubiloso repique. Venía, según su promesa, a tomar una +copa a los postres; y la tomó de pie, porque le aguardaba un bando de +perdices allá en la montaña.</p> + +<p>Hízosele muy cortés recibimiento, y los que no pudieron agasajarle a él +agasajaron a la Chula y al Turco, que iban apoyando la cabeza en todas +las rodillas, lamiendo aquí un plato y zampándose un bizcocho allá. El +señorito de Limioso se levantó resuelto a acompañar al de Ulloa en la +excursión cinegética, para lo cual tenía prevenido lo necesario, pues +rara vez salía del Pazo de Limioso sin echarse la escopeta al hombro y +el morral a la cintura.</p> + +<p>Cuando partieron los dos hidalgos, ya se había calmado la efervescencia +de la discusión sobre la gracia, y el médico, en voz baja, le recitaba +al notario ciertos sonetos satírico-políticos que entonces corrían bajo +el nombre de <i>belenes</i>. Celebrábalos el notario, particularmente cuando +el médico recalcaba los versos esmaltados de alusiones verdes y +picantes. La mesa, en desorden, manchada de salsas, ensangrentada de +vino tinto, y el suelo lleno de huesos arrojados por los comensales +menos pulcros, indicaban la terminación del festín; Julián hubiera dado +algo bueno por poderse retirar; sentíase cansado, mortificado por la +repugnancia que le inspiraban las cosas exclusivamente materiales; pero +no se atrevía a interrumpir la sobremesa, y menos ahora que se +entregaban al deleite de encender algún pitillo y murmurar de las +personas más señaladas en el país. Se trataba del señorito de Ulloa, de +su habilidad para <i>tumbar</i> perdices, y sin que Julián adivinase la +causa, se pasó inmediatamente a hablar de Sabel, a quien todos habían +visto por la mañana en el corro de baile; se encomió su palmito, y al +mismo tiempo se dirigieron a Julián señas y guiños, como si la +conversación se relacionase con él. El capellán bajaba la vista según +costumbre, y fingía doblar la servilleta; mas de improviso, sintiendo +uno de aquellos chispazos de cólera repentina y momentánea que no era +dueño de refrenar, tosió, miró en derredor, y soltó unas cuantas +asperezas y severidades que hicieron enmudecer a la asamblea. Don +Eugenio, al ver aguada la sobremesa, optó por levantarse, proponiendo a +Julián que saliesen a tomar el fresco en la huerta: algunos clérigos se +alzaron también, anunciando que iban a <i>echar completas</i>; otros se +escurrieron en compañía del médico, el notario, el juez y Barbacana, a +menear los naipes hasta la noche.</p> + +<p>Refugiáronse al huerto el cura de Naya y Julián, pasando por la cocina, +donde la algazara de los criados, primas del cura, cocineras y músicos +era formidable, y los jarros se evaporaban y la comilona amenazaba durar +hasta el sol puesto. El huerto, en cambio, permanecía en su tranquilo y +poético sosiego primaveral, con una brisa fresquita que columpiaba las +últimas flores de los perales y cerezos, y acariciaba el recio follaje +de las higueras, a cuya sombra, en un ribazo de mullida grama, se +tendieron ambos presbíteros, no sin que don Eugenio, sacando un pañuelo +de algodón a cuadros, se tapase con él la cabeza, para resguardarla de +las importunidades de alguna mosca precoz. A Julián todavía le duraba el +sofoco, la llamarada de indignación; pero ya le pesaba, de su corta +paciencia, y resolvía ser más sufrido en lo venidero. Aunque bien +mirado....</p> + +<p>—¿Quiere <i>escotar</i> un sueño?—preguntó el de Naya al verle tan cabizbajo +y mustio.</p> + +<p>—No; lo que yo quería, Eugenio, era pedirle que me dispensase el enfado +que tomé allá en la mesa.... Conozco que soy a veces así... un poco +vivo... y luego hay conversaciones que me sacan de tino, sin poderlo +remediar. Usted póngase en mi caso.</p> + +<p>—Pongo, pongo.... Pero a mí me están embromando también a cada rato con +las primas..., y hay que aguantar, que no lo hacen con mala intención; +es por reírse un poco.</p> + +<p>—Hay bromas de bromas, y a mí me parecen delicadas para un sacerdote las +que tocan a la honestidad y a la pureza. Si aguanta uno por respetos +humanos esos dichos, acaso pensarán que ya tiene medio perdida la +vergüenza para los hechos. Y ¿qué sé yo si alguno, no digo de los +sacerdotes, no quiero hacerles tal ofensa, pero de los seglares, creerá +que en efecto...?</p> + +<p>El de Naya aprobó con la cabeza como quien reconoce la fuerza de una +observación; pero, al mismo tiempo, la sonrisa con que lucía la desigual +dentadura era suave e irónica protesta contra tanta rigidez.</p> + +<p>—Hay que tomar el mundo según viene...—murmuró filosóficamente—. Ser +bueno es lo que importa; porque ¿quién va a tapar las bocas de los +demás? Cada uno habla lo que le parece, y gasta las guasas que quiere.... +En teniendo la conciencia tranquila....</p> + +<p>—No, señor; no, señor; poco a poco—replicó acaloradamente Julián—. No +sólo estamos obligados a ser buenos, sino a parecerlo; y aún es peor en +un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo +pecado. Usted bien lo sabe, Eugenio; lo sabe mejor que yo, porque tiene +cura de almas.</p> + +<p>—También usted se apura ahí por una chanza, por una tontería, lo mismo +que si ya todo el mundo le señalase con el dedo.... Se necesita una vara +de correa para vivir entre gentes. A este paso no le arriendo la +ganancia, porque no va a sacar para disgustos.</p> + +<p>Caviloso y cejijunto, había cogido Julián un palito que andaba por el +suelo, y se entretenía en clavarlo en la hierba. Levantó la cabeza de +pronto.</p> + +<p>—Eugenio, ¿es mi amigo?</p> + +<p>—Siempre, hombre, siempre—contestó afable y sinceramente el de Naya.</p> + +<p>—Pues séame franco. Hábleme como si estuviésemos en el confesonario. ¿Se +dice por ahí... <i>eso</i>?</p> + +<p>—¿Lo qué?</p> + +<p>—Lo de que yo... tengo algo que ver... con esa muchacha, ¿eh? Porque +puede usted creerme, y se lo juraría si fuese lícito jurar: bien sabe +Dios que la tal mujer hasta me es aborrecible, y que no le habré mirado +a la cara media docena de veces desde que estoy en los Pazos.</p> + +<p>—No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.... Ea, +sosiéguese: a mí se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel. +El marqués no inventó la pólvora, es cierto que no, y la moza se +distraerá con los de su clase cuanto quiera, dígalo el bailoteo en la +gaita de hoy; pero no iba a tener la desvergüenza de pegársela en sus +barbas, con el mismo capellán.... Hombre, no hagamos tan estúpido al +marqués.</p> + +<p>Julián se volvió, más bien arrodillado que sentado en la grama, con los +ojos abiertos de par en par.</p> + +<p>—Pero... el señorito..., ¿qué tiene que ver el señorito...?</p> + +<p>El cura de Naya saltó a su vez, sin que ninguna mosca le picase, y +prorrumpió en juvenil carcajada. Julián, comprendiendo, preguntó +nuevamente:</p> + +<p>—Luego el chiquillo... el Perucho....</p> + +<p>Tornó don Eugenio a reír hasta el extremo de tener que limpiarse los +lagrimales con el pañuelo de cuadros.</p> + +<p>—No se ofenda...—murmuraba entre risa y llanto—. No se ofenda porque me +río así.... Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la +risa; un día hasta me puse malo.... Esto es como las cosqui... +cosquillas... involuntario....</p> + +<p>Aplacado el acceso de risa, añadió:</p> + +<p>—Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro +patrón San Julián..., pero esto pasa de castaño oscuro.... ¡Vivir en los +Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! ¿O es que quiere hacerse el +bobo?</p> + +<p>—A fe, no sospechaba nada, nada, nada. ¿Usted piensa que iba a quedarme +allí ni dos días, caso de averiguarlo antes? ¿Autorizar con mi presencia +un amancebamiento? ¿Pero... usted está seguro de lo que dice?</p> + +<p>—Hombre.... ¿tiene usted gana de cuentos? ¿Es usted ciego? ¿No lo ha +notado? Pues repárelo.</p> + +<p>—¡Qué sé yo! ¡Cuando uno no está en la malicia! Y el niño..., ¡infeliz +criatura! El niño me da tanta compasión.... Allí se cría como un +morito.... ¿Se comprende que haya padres tan sin entrañas?</p> + +<p>—Bah.... Esos hijos así, nacidos por detrás de la Iglesia.... Luego, si +uno oye a los de aquí y a los de allá.... Cada cual dice lo que se le +antoja.... La moza es alegre como unas castañuelas; todo el mundo en las +romerías le debe dos cuartos: uno la convida a rosquillas, el otro a +<i>resolio</i>, éste la saca a bailar, aquél la empuja.... Se cuentan mil +enredos.... ¿Usted se ha fijado en el gaitero que tocó hoy en la misa?</p> + +<p>—¿Un buen mozo, con patillas?</p> + +<p>—Cabal. Le llaman el <i>Gallo</i> de mote. Pues dicen si la acompaña o no por +los caminos.... ¡Historias!</p> + +<p>Por detrás de la tapia del huerto se oyó entonces vocerío alegre y +argentinas carcajadas.</p> + +<p>—Son las primas...—dijo don Eugenio—. Van a la gaita, que está tocando +en el crucero ahora. ¿Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa +el disgusto.... Ahí en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca +sobre la comida.</p> + +<p>—Vamos allá—contestó Julián, que se había quedado ensimismado.</p> + +<p>—Nos sentaremos al pie del crucero.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#capitulos">-VII-</a></h2> + + +<p>Volvía Julián preocupado a la casa solariega, acusándose de excesiva +simplicidad, por no haber reparado cosas de tanto bulto. Él era sencillo +como la paloma; sólo que en este pícaro mundo también se necesita ser +cauto como la serpiente.... Ya no podía continuar en los Pazos.... ¿Cómo +volvía a vivir a cuestas de su madre, sin más emolumentos que la misa? +¿Y cómo dejaba así de golpe al señorito don Pedro, que le trataba tan +llanamente? ¿Y la casa de Ulloa, que necesitaba un restaurador celoso y +adicto? Todo era verdad: pero, ¿y su deber de sacerdote católico?</p> + +<p>Le acongojaban estos pensamientos al cruzar un maizal, en cuyo lindero +manzanilla y cabrifollos despedían grato aroma. Era la noche templada y +benigna, y Julián apreciaba por primera vez la dulce paz del campo, +aquel sosiego que derrama en nuestro combatido espíritu la madre +naturaleza. Miró al cielo, oscuro y alto.</p> + +<p>—¡Dios sobre todo!—murmuró, suspirando al pensar que tendría que habitar +un pueblo de calles angostas y encontrarse con gente a cada paso.</p> + +<p>Siguió andando, guiado por el ladrido lejano de los perros. Ya divisaba +próxima la vasta mole de los Pazos. El postigo debía estar abierto. +Julián distaba de él unos cuantos pasos no más, cuando oyó dos o tres +gritos que le helaron la sangre: clamores inarticulados como de alimaña +herida, a los cuales se unía el desconsolado llanto de un niño.</p> + +<p>Engolfóse el capellán en las tenebrosas profundidades de corredor y +bodega, y llegó velozmente a la cocina. En el umbral se quedó paralizado +de asombro ante lo que iluminaba la luz fuliginosa del candilón. Sabel, +tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor, +la brumaba a culatazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos +en los ojos, sollozaba. Sin reparar lo que hacía, arrojóse Julián hacia +el grupo, llamando al marqués con grandes voces:</p> + +<p>—¡Señor don Pedro..., señor don Pedro!</p> + +<p>Volvióse el señor de los Pazos, y se quedó inmóvil, con la escopeta +empuñada por el cañón, jadeante, lívido de ira, los labios y las manos +agitadas por temblor horrible; y en vez de disculpar su frenesí o de +acudir a la víctima, balbució roncamente:</p> + +<p>—¡Perra..., perra..., condenada..., a ver si nos das pronto de cenar, o +te deshago! ¡A levantarse... o te levanto con la escopeta!</p> + +<p>Sabel se incorporaba ayudada por el capellán, gimiendo y exhalando +entrecortados ayes. Tenía aún el traje de fiesta con el cual la viera +Julián danzar pocas horas antes junto al crucero y en el atrio; pero el +<i>mantelo</i> de rico paño se encontraba manchado de tierra; el dengue de +grana se le caía de los hombros, y uno de sus largos zarcillos de +filigrana de plata, abollado por un culatazo, se le había clavado en la +carne de la nuca, por donde escurrían algunas gotas de sangre. Cinco +verdugones rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras cómo +había sido derribada la intrépida bailadora.</p> + +<p>—¡La cena he dicho!—repitió brutalmente don Pedro.</p> + +<p>Sin contestar, pero no sin gemir, dirigióse la muchacha hacia el rincón +donde hipaba el niño, y le tomó en brazos, apretándole mucho. El +angelote seguía llorando a moco y baba. Don Pedro se acercó entonces, y +mudando de tono, preguntó:</p> + +<p>—¿Qué es eso? ¿Tiene algo Perucho?</p> + +<p>Púsole la mano en la frente y la sintió húmeda. Levantó la palma: era +sangre. Desviando entonces los brazos, apretando los puños, soltó una +blasfemia, que hubiera horrorizado más a Julián si no supiese, desde +aquella tarde misma, que acaso tenía ante sí a un padre que acababa de +herir a su hijo. Y el padre resurgía, maldiciéndose a sí propio, +apartando los rizos del chiquillo, mojando un pañuelo en agua, y +atándolo con cuidado indecible sobre la descalabradura.</p> + +<p>—A ver cómo lo cuidas...—gritó dirigiéndose a Sabel—. Y cómo haces la +cena en un vuelo.... ¡Yo te enseñaré, yo te enseñaré a pasarte las horas +en las romerías sacudiéndote, perra!</p> + +<p>Con los ojos fijos en el suelo, sin quejarse ya, Sabel permanecía +parada, y su mano derecha tentaba suavemente su hombro izquierdo, en el +cual debía tener alguna dolorosa contusión. En voz baja y lastimera, +pero con suma energía, pronunció sin mirar al señorito:</p> + +<p>—Busque quien le haga la cena..., y quien esté aquí.... Yo me voy, me +voy, me voy, me voy....</p> + +<p>Y lo repetía obstinadamente, sin entonación, como el que afirma una cosa +natural e inevitable.</p> + +<p>—¿Qué dices, bribona?</p> + +<p>—Que me voy, que me voy.... A mi casita pobre.... ¡Quién me trajo aquí! +¡Ay, mi madre de mi alma!</p> + +<p>Rompió la moza a llorar amarguísimamente, y el marqués, requiriendo su +escopeta, rechinaba los dientes de cólera, dispuesto ya a hacer alguna +barrabasada notable, cuando un nuevo personaje entró en escena. Era +Primitivo, salido de un rincón oscuro; diríase que estaba allí oculto +hacía rato. Su aparición modificó instantáneamente la actitud de Sabel, +que tembló, calló y contuvo sus lágrimas.</p> + +<p>—¿No oyes lo que te dice el señorito?—preguntó sosegadamente el padre a +la hija.</p> + +<p>—Oi-go, siii-see-ñoor, oi-go-tartamudeó la moza, comiéndose los +sollozos.</p> + +<p>—Pues a hacer la cena en seguida. Voy a ver si volvieron ya las otras +muchachas para que te ayuden. La Sabia está ahí fuera: te puede encender +la lumbre.</p> + +<p>Sabel no replicó más. Remangóse la camisa y bajó de la espetera una +sartén. Como evocada por alguna de sus compañeras en hechicerías, entró +en la cocina entonces, pisando de lado, la vieja de las greñas blancas, +la Sabia, que traía el enorme mandil atestado de leña. El marqués tenía +aún la escopeta en la mano: cogiósela respetuosamente Primitivo, y la +llevó al sitio de costumbre. Julián, renunciando a consolar al niño, +creyó llegada la ocasión de dar un golpe diplomático.</p> + +<p>—Señor marqués..., ¿quiere que tomemos un poco el aire? Está la noche +muy buena.... Nos pasearemos por el huerto....</p> + +<p>Y para sus adentros pensaba:</p> + +<p>«En el huerto le digo que me voy también.... No se ha hecho para mí esta +vida, ni esta casa».</p> + +<p>Salieron al huerto. Oíase el cuarrear de las ranas en el estanque, pero +ni una hoja de los árboles se movía, tal estaba la noche de serena. El +capellán cobró ánimos, pues la oscuridad alienta mucho a decir cosas +difíciles.</p> + +<p>—Señor marqués, yo siento tener que advertirle....</p> + +<p>Volvióse el marqués bruscamente.</p> + +<p>—Ya sé..., ¡chist!, no necesitamos gastar saliva. Me ha pescado usted en +uno de esos momentos en que el hombre no es dueño de sí.... Dicen que no +se debe pegar nunca a las mujeres.... Francamente, don Julián, según +ellas sean.... ¡Hay mujeres de mujeres, caramba..., y ciertas cosas +acabarían con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento +es el golpe que le tocó al chiquillo.</p> + +<p>—Yo no me refería a eso...—murmuró Julián—. Pero si quiere que le hable +con el corazón en la mano, como es mi deber, creo no está bien maltratar +así a nadie.... Y por la tardanza de la cena, no merece....</p> + +<p>—¡La tardanza de la cena!—pronunció el señorito—. ¡La tardanza! A ningún +cristiano le gusta pasarse el día en el monte comiendo frío y llegar a +casa y no encontrar bocado caliente; ¡pero si esa mala hembra no tuviese +otras mañas...! ¿No la ha visto usted? ¿No la ha visto usted todo el +día, allá en Naya, bailoteando como una descosida, sin vergüenza? ¿No la +ha encontrado usted a la vuelta, bien acompañada? ¡Ah!... ¿Usted cree +que se vienen solitas las mozas de su calaña? ¡Ja, ja! Yo la he visto, +con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de +no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos +meses!</p> + +<p>Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada +revelación de celos feroces. Al fin calculó que se le abría camino para +soltar lo que tenía atravesado en la garganta.</p> + +<p>—Señor marqués—murmuró—, dispénseme la libertad que me tomo.... Una +persona de su clase no se debe rebajar a importársele por lo que haga o +no haga la criada.... La gente es maliciosa, y pensará que usted trata +con esa chica.... Digo <i>pensará</i> Ya lo piensa todo el mundo.... Y el caso +es que yo..., vamos..., no puedo permanecer en una casa donde, según la +voz pública, vive un cristiano en concubinato.... Nos está prohibido +severamente autorizar con nuestra presencia el escándalo y hacernos +cómplices de él. Lo siento a par del alma, señor marqués; puede creerme +que hace tiempo no tuve un disgusto igual.</p> + +<p>El marqués se detuvo, con las manos sepultadas en los bolsillos.</p> + +<p>—<i>Leria, leria</i>...—murmuró—. Es preciso hacerse cargo de lo que es la +juventud y la robustez.... No me predique un sermón, no me pida +imposibles. ¡Qué demonio!, el que más y el que menos es hombre como +todos.</p> + +<p>—Yo soy un pecador—replicó Julián—, solamente que veo claro en este +asunto, y por los favores que debo a usted, y el pan que le he comido, +estoy obligado a decirle la verdad. Señor marqués, con franqueza, ¿no le +pesa de vivir así encenagado? ¡Una cosa tan inferior a su categoría y a +su nacimiento! ¡Una triste criada de cocina!</p> + +<p>Siguieron andando, acercándose a la linde del bosque, donde concluía el +huerto.</p> + +<p>—¡Una bribona desorejada, que es lo peor!—exclamó el marqués después de +un rato de silencio—. Oiga usted...—añadió arrimándose a un castaño—. A +esa mujer, a Primitivo, a la condenada bruja de la Sabia con sus hijas y +nietas, a toda esa gavilla que hace de mi casa merienda de negros, a la +aldea entera que los encubre, era preciso cogerlos así (y agarraba una +rama del castaño triturándola en menudos fragmentos) y deshacerlos. Me +están saqueando, me comen vivo..., y cuando pienso en que esa tunanta me +aborrece y se va de mejor gana con cualquier gañán de los que acuden +descalzos a alquilarse para majar el centeno, ¡tengo mientes de +aplastarle los sesos como a una culebra!</p> + +<p>Julián oía estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se +admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes.</p> + +<p>—Pero, señor...—balbució—. Si usted mismo lo conoce y lo comprende....</p> + +<p>—¿Pues no lo he de comprender? ¿Soy estúpido acaso para no ver que esa +desvergonzada huye de mí, y cada día tengo que cazarla como a una +liebre? ¡Sólo está contenta entre los demás labriegos, con la hechicera +que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A mí me detesta. A la +hora menos pensada me envenenará.</p> + +<p>—Señor marqués, ¡yo me pasmo!—arguyó el capellán eficazmente—. ¡Que +usted se apure por una cosa tan fácil de arreglar! ¿Tiene más que poner +a semejante mujer en la calle?</p> + +<p>Como ambos interlocutores se habían acostumbrado a la oscuridad, no sólo +vio Julián que el marqués meneaba la cabeza, sino que torcía el gesto.</p> + +<p>—Bien se habla...—pronunció sordamente—. Decir es una cosa y hacer es +otra.... Las dificultades se tocan en la práctica. Si echo a ese enemigo, +no encuentro quien me guise ni quien venga a servirme. Su padre.... +¿Usted no lo creerá? Su padre tiene amenazadas a todas las mozas de que +a la que entre aquí en marchándose su hija, le mete él una perdigonada +en los lomos.... Y saben que es hombre para hacerlo como lo dice. Un día +cogí yo a Sabel por un brazo y la puse en la puerta de la casa: la misma +noche se me despidieron las otras criadas, Primitivo se fingió enfermo, +y estuve una semana comiendo en la rectoral y haciéndome la cama yo +mismo.... Y tuve que pedirle a Sabel, de favor, que volviese.... +Desengáñese usted, pueden más que nosotros. Esa comparsa que traen +alrededor son paniaguados suyos, que les obedecen ciegamente. ¿Piensa +usted que yo ahorro un ochavo aquí en este desierto? ¡Quiá! Vive a mi +cuenta toda la parroquia. Ellos se beben mi cosecha de vino, mantienen +sus gallinas con mis frutos, mis montes y sotos les suministran leña, +mis hórreos les surten de pan; la renta se cobra tarde, mal y arrastro; +yo sostengo siete u ocho vacas, y la leche que bebo cabe en el hueco de +la mano; en mis establos hay un rebaño de bueyes y terneros que jamás se +uncen para labrar mis tierras; se compran con mi dinero, eso sí, pero +luego se dan a parcería y no se me rinden cuentas jamás....</p> + +<p>—¿Por qué no pone otro mayordomo?</p> + +<p>—¡Ay, ay, ay! ¡Como quien no dice nada! Una de dos: o sería hechura de +Primitivo y entonces estábamos en lo mismo, o Primitivo le largaría un +tiro en la barriga.... Y si hemos de decir verdad, Primitivo no es +mayordomo.... Es peor que si lo fuese, porque manda en todos, incluso en +mí; pero yo no le he dado jamás semejante mayordomía.... Aquí el +mayordomo fue siempre el capellán.... Ese Primitivo no sabrá casi leer ni +escribir; pero es más listo que una centella, y ya en vida del tío +Gabriel se echaba mano de él para todo.... Mire usted, lo cierto es que +el día que él se cruza de brazos, se encuentra uno colgadito.... No +hablemos ya de la caza, que para eso no tiene igual; a mí me faltarían +los pies y las manos si me faltase Primitivo.... Pero en los demás +asuntos es igual.... Su antecesor de usted, el abad de Ulloa, no se valía +sin él; y usted, que también ha venido en concepto de administrador, +séame franco: ¿ha podido usted amañarse solo?</p> + +<p>—La verdad es que no—declaró Julián humildemente—. Pero con el +tiempo..., la práctica....</p> + +<p>—¡Bah, bah! A usted no le obedecerá ni le hará caso jamás ningún +paisano, porque es usted un infeliz; es usted demasiado bonachón. Ellos +necesitan gente que conozca sus máculas y les dé ciento de ventaja en +picardía.</p> + +<p>Por depresiva que fuese para el amor propio del capellán la observación, +hubo de reconocer su exactitud. No obstante, picado ya, se propuso +agotar los recursos del ingenio para conseguir la victoria en lucha tan +desigual. Y su caletre le sugirió la siguiente perogrullada:</p> + +<p>—Pero, señor marqués..., ¿por qué no sale un poco al pueblo? ¿No sería +ése el mejor modo de desenredarse? Me admiro de que un señorito como +usted pueda aguantar todo el año aquí, sin moverse de estas montañas +fieras.... ¿No se aburre?</p> + +<p>El marqués miraba al suelo, aun cuando en él no había cosa digna de +verse. La idea del capellán no le cogía de sorpresa.</p> + +<p>—¡Salir de aquí!—exclamó—. ¿Y a dónde demontre se va uno? Siquiera aquí, +mal o bien, es uno el rey de la comarca.... El tío Gabriel me lo decía +mil veces: las personas decentes, en las poblaciones, no se distinguen +de los zapateros.... Un zapatero que se hace millonario metiendo y +sacando la lesna, se sube encima de cualquier señor, de los que lo somos +de padres a hijos.... Yo estoy muy acostumbrado a pisar tierra mía y a +andar entre árboles que corto si se me antoja.</p> + +<p>—Pero al fin, señorito, ¡aquí le manda Primitivo!</p> + +<p>—Bah.... A Primitivo le puedo yo dar tres docenas de puntapiés, si se me +hinchan las narices, sin que el juez me venga a empapelar.... No lo hago; +pero duermo tranquilo con la seguridad de que lo haría si quisiese. +¿Cree usted que Sabel irá a quejarse a la justicia de los culatazos de +hoy?</p> + +<p>Esta lógica de la barbarie confundía a Julián.</p> + +<p>—Señor, yo no le digo que deje esto... Únicamente, que salga una +temporadita, a ver cómo le prueba.... Apartándose usted de aquí algún +tiempo, no sería difícil que Sabel se casase con persona de su esfera, y +que usted también encontrase una conveniencia arreglada a su calidad, +una esposa legítima. Cualquiera tiene un desliz, la carne es flaca; por +eso no es bueno para el hombre vivir solo, porque se encenaga, y como +dijo quien lo entendía, es mejor casarse que abrasarse en +concupiscencia, señor don Pedro. ¿Por qué no se casa, señorito?—exclamó, +juntando las manos—. ¡Hay tantas señoritas buenas y honradas!</p> + +<p>A no ser por la oscuridad, vería Julián chispear los ojos del marqués de +Ulloa.</p> + +<p>—¿Y cree usted, santo de Dios, que no se me había ocurrido a mí? ¿Piensa +usted que no sueño todas las noches con un chiquillo que se me parezca, +que no sea hijo de una bribona, que continúe el nombre de la casa..., +que herede esto cuando yo me muera... y que se llame <i>Pedro Moscoso</i>, +como yo?</p> + +<p>Al decir esto golpeábase el marqués su fornido tronco, su pecho varonil, +cual si de él quisiese hacer brotar fuerte y adulto ya el codiciado +heredero. Julián, lleno de esperanza, iba a animarle en tan buenos +propósitos; pero se estremeció de repente, pues creyó sentir a sus +espaldas un rumor, un roce, el paso de un animal por entre la maleza.</p> + +<p>—¿Qué es eso?—exclamó volviéndose—. Parece que anda por aquí el zorro.</p> + +<p>El marqués le cogió del brazo.</p> + +<p>—Primitivo...—articuló en voz baja y ahogada de ira—. Primitivo que nos +atisbará hace un cuarto de hora, oyendo la conversación.... Ya está usted +fresco.... Nos hemos lucido.... ¡Me valga Dios y los santos de la corte +celestial! También a mí se me acaba la cuerda. ¡Vale más ir a presidio +que llevar esta vida!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#capitulos">-VIII-</a></h2> + + +<p>Mientras se raía con la navaja de barba los contados pelos rubios que +brotaban en sus carrillos, Julián maduraba un proyecto: afeitado y +limpio que fuese, emprendería el camino de Cebre un pie tras otro, en el +caballo de San Francisco; allí le pediría al cura una jícara de +chocolate, y esperaría en la rectoral hasta las doce, hora en que pasa +la diligencia de Orense a Santiago; malo sería que en interior o cupé no +hubiese un asiento vacante. Tenía dispuesto su maletín: lo enviaría a +buscar desde Cebre por un mozo. Y calculando así, miraba contristado el +paisaje ameno, el huerto con su dormilón estanque, el umbrío manchón del +soto, la verdura de los prados y maizales, la montaña, el limpio +firmamento, y se le prendía el alma en el atractivo de aquella dulce +soledad y silencio, tan de su gusto, que deseaba pasar allí la vida +toda. ¡Cómo ha de ser! Dios nos lleva y trae según sus fines.... No, no +era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del +paraíso.... Le agitó semejante idea y se cortó dos veces la mejilla.... +Estuvo próximo a inferirse el tercer rasguño, porque le dieron una +palmada en el hombro.</p> + +<p>Se volvió.... ¿Quién había de conocer a don Pedro, tan metamorfoseado +como venía? Afeitado también, aunque sin detrimento de su barba, que +brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jabón y a ropa +limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqué blanco, hongo +azul, y al brazo un abrigo, parecía el señor de Ulloa otro hombre nuevo +y diferente, con veinte grados más de educación y cultura que el +anterior. De golpe lo comprendió todo Julián... y la sangre le dio +gozoso vuelco.</p> + +<p>—¡Señorito...!</p> + +<p>—Ea, despachar, que corre prisa.... Tiene usted que acompañarme a +Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediodía.</p> + +<p>—¿De veras viene usted? ¡Mismo parece cosa de milagro! Yo estuve hoy +arreglando la maleta. ¡Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me +quede aquí entretanto....</p> + +<p>—¡No faltaba otra cosa! Si salgo solo, se me agua la fiesta. Voy a dar +una sorpresa al tío Manolo, y a conocer a las primas, que sólo las he +visto cuando eran unas mocosas.... Si ahora me desanimo, no vuelvo a +animarme en diez años. Ya he mandado a Primitivo que ensille la yegua y +ponga el aparejo a la borrica.</p> + +<p>En aquel punto asomó por la puerta un rostro que a Julián se le antojó +siniestro, y acaso pensó otro tanto el marqués, pues preguntó +impaciente:</p> + +<p>—Vamos a ver, ¿qué ocurre?</p> + +<p>—La yegua—respondió Primitivo sin alzar la voz—no sirve para el camino.</p> + +<p>—¿Por qué razón? ¿Puede saberse?</p> + +<p>—Está sin una ferradura siquiera—declaró serenamente el cazador.</p> + +<p>—¡Mal rayo que te parta!—vociferó el marqués echando fuego por los +ojos—. ¡Ahora me dices eso! ¿Pues no es cuenta tuya cuidar de que esté +herrada? ¿O he de llevarla yo al herrador todos los días?</p> + +<p>—Como no sabía que el señorito quisiese salir hoy....</p> + +<p>—Señor—intervino Julián—, yo iré a pie. Al fin tenía determinado dar ese +paseo. Lleve usted la burra.</p> + +<p>—Tampoco hay burra—objetó el cazador sin pestañear ni alterar un solo +músculo de su faz broncínea.</p> + +<p>—¿Que... no... hay... bu... rraaaaa?—articuló, apretando los puños, don +Pedro—. ¿Que no... la... hayyy? A ver, a ver.... Repíteme eso, en mi +cara.</p> + +<p>El hombre de bronce no se inmutó al reiterar fríamente.</p> + +<p>—No hay burra.</p> + +<p>—¡Pues así Dios me salve! ¡La ha de haber y tres más, y si no por quien +soy que os pongo a todos a cuatro patas y me lleváis a caballo hasta +Cebre!</p> + +<p>Nada replicó Primitivo, incrustado en el quicio de la puerta.</p> + +<p>—Vamos claros, ¿cómo es que no hay burra?</p> + +<p>—Ayer, al volver del pasto, el rapaz que la cuida le encontró dos +puñaladas.... Puede el señorito verla.</p> + +<p>Disparó don Pedro una imprecación, y bajó de dos en dos las escaleras. +Primitivo y Julián le seguían. En la cuadra, el pastor, adolescente de +cara estúpida y escrofulosa, confirmó la versión del cazador. Allá en el +fondo del establo columbraron al pobre animal, que temblaba, con las +orejas gachas y el ojo amortiguado; la sangre de sus heridas, en negro +reguero, se había coagulado desde el anca a los cascos. Julián +experimentaba en el establo sombrío y lleno de telarañas impresión +análoga a la que sentiría en el teatro de un crimen. Por lo que hace al +marqués, quedóse suspenso un instante, y de súbito, agarrando al pastor +por los cabellos, se los mesó y refregó con furia, exclamando:</p> + +<p>—Para que otra vez dejes acuchillar a los animales..., toma..., toma..., +toma....</p> + +<p>Rompió el chico a llorar becerrilmente, lanzando angustiosas miradas al +impasible Primitivo. Don Pedro se volvió hacia éste.</p> + +<p>—Pilla ahora mismo mi saco y la maleta de don Julián.... Volando.... Nos +vamos a pie hasta Cebre.... Andando bien, tenemos tiempo de coger el +coche.</p> + +<p>Obedeció el cazador sin perder su helada calma. Bajó la maleta y el +saco; pero en vez de cargar ambos objetos a hombros, entregó cada bulto +a un mozo de campo, diciendo lacónicamente:</p> + +<p>—Vas con el señorito.</p> + +<p>Sorprendióse el marqués y miró a su montero con desconfianza. Jamás +perdonaba Primitivo la ocasión de acompañarle, y extrañaba su +retraimiento entonces. Por la imaginación de don Pedro cruzaron rápidas +vislumbres de recelo; y como si Primitivo lo adivinase, probó a +disiparlo.</p> + +<p>—Yo tengo ahí que atender al rareo del soto de Rendas. Están los +castaños tan apretados, que no se ve.... Ya andan allá los leñadores.... +Pero sin mí, no se desenvuelven....</p> + +<p>Encogióse de hombros el señorito, calculando que acaso Primitivo se +proponía ocultar en el soto la vergüenza de su derrota. No obstante, +como creía conocerle, hacíasele duro que abandonase la partida sin +desquite. Estuvo a punto de exclamar: «Acompáñame». Presintió +resistencias, y pensó para su sayo: «¡Qué demonio! Más vale dejarle. +Aunque se empeñe, no me ha de cortar el paso.... Y si cree que puede +conmigo...».</p> + +<p>Fijó sin embargo una mirada escrutadora en las escuetas facciones del +cazador, donde creía advertir, muy encubierta y disimulada, cierta +contracción diabólica.</p> + +<p>—¿Qué estará rumiando este zorro?—cavilaba el señorito—. Sin alguna no +escapamos. ¡No, pues como se desmande! Me coge hoy en punto de caramelo.</p> + +<p>Subió don Pedro a su habitación y volvió con la escopeta al hombro. +Julián le miraba sorprendido de que tomase el arma yendo de viaje. De +pronto el capellán recordó algo también y se dirigió a la cocina.</p> + +<p>—¡Sabel!—gritó—. ¡Sabel! ¿Dónde está el niño, mujer? Le quería dar un +beso.</p> + +<p>Sabel salió y volvió con el chiquillo agarrado a sus sayas. Le había +encontrado escondido en el pesebre de las vacas, su rincón favorito, y +el diablillo traía los rizos entretejidos con hierba y flores +silvestres. Estaba precioso. Hasta la venda de la descalabradura le +asemejaba al Amor. Julián le levantó en peso, besándole en ambos +carrillos.</p> + +<p>—Sabel, mujer, lávelo de vez en cuando siquiera.... Por las mañanas....</p> + +<p>—Vámonos, vámonos...—apremió el marqués desde la puerta, como si +recelase entrar junto a la mujer y el niño—. Hace falta el tiempo.... Se +nos va a marchar el coche.</p> + +<p>Si Sabel deseaba retener a aquel fugitivo Eneas, no dio de ello la más +leve señal, pues se volvió con gran sosiego a sus potes y trébedes. Don +Pedro, a pesar de la urgencia alegada para apurar a Julián, aguardó dos +minutos en la puerta, quizás con la ilusión recóndita de ser detenido +por la muchacha; pero al fin, encogiéndose de hombros, salió delante, y +echó a andar por la senda abierta entre viñas que conducía al crucero. +Era el paraje descubierto, aunque el terreno quebrado, y el señorito +podía otear fácilmente a derecha e izquierda todo cuanto sucediese: ni +una liebre brincaría por allí sin que sus ojos linces de cazador la +avizorasen. Aunque departiendo con Julián acerca de la sorpresa que se +le preparaba a la familia de la Lage, y de si amenazaba llover porque el +cielo se había encapotado, no descuidaba el marqués observar algo que +debía interesarle muchísimo. Un instante se paró, creyendo divisar la +cabeza de un hombre allá lejos, detrás de los paredones que cerraban la +viña. Pero a tal distancia no consiguió cerciorarse. Vigiló más atento.</p> + +<p>Acercábanse al soto de Rendas, situado antes del crucero; desde allí el +arbolado se espesaba, y se dificultaba la precaución. Orillaron el soto, +llegaron al pie del santo símbolo y se internaron en el camino más agrio +y estrecho, sin ver nada que justificase temores. En la espesura oyeron +el golpe reiterado del hacha y el ¡ham! de los leñadores, que rareaban +los castaños. Más adelante, silencio total. El cielo se cubría de nubes +cirrosas, y la claridad del sol apenas se abría paso, filtrándose velada +y cárdena, presagiando tempestad. Julián recordó un detalle melancólico, +la cruz a la cual iban a llegar en breve, que señalaba el teatro de un +crimen, y preguntó:</p> + +<p>—¿Señorito?</p> + +<p>—¿Eh?—murmuró el marqués, hablando con los dientes apretados.</p> + +<p>—Aquí cerca mataron un hombre, ¿verdad? Donde está la cruz de madera. +¿Por qué fue, señorito? ¿Alguna venganza?</p> + +<p>—Una pendencia entre borrachos, al volver de la feria—respondió +secamente don Pedro, que se hacía todo ojos para inspeccionar los +matorrales.</p> + +<p>La cruz negreaba ya sobre ellos, y Julián se puso a rezar el <i>Padre +nuestro</i> acostumbrado, muy bajito. Iba delante, y el señorito le pisaba +casi los talones. Los mozos portadores del equipaje se habían adelantado +mucho, deseosos de llegar cuanto antes a Cebre y echar un traguete en la +taberna. Para oír el susurro que produjeron las hojas y la maleza al +desviarse y abrir paso a un cuerpo, necesitábanse realmente sentidos de +cazador. El señorito lo percibió, aunque tenue, clarísimo, y vio el +cañón de la escopeta apuntado tan diestramente que de fijo no se +perdería el disparo: el cañón no amagaba a su pecho, sino a las espaldas +de Julián. La sorpresa estuvo a punto de paralizar a don Pedro: fue un +segundo, menos que un segundo tal vez, un espacio de tiempo +inapreciable, lo que tardó en reponerse, y en echarse a la cara su arma, +apuntando a su vez al enemigo emboscado. Si el tiro de éste salía, la +bala se cruzaría casi con otra bala justiciera. La situación duró pocos +instantes: estaban frente a frente dos adversarios dignos de medir sus +fuerzas. El más inteligente cedió, encontrándose descubierto. Oyó el +marqués el roce del follaje al bajarse el cañón que amenazaba a Julián, +y Primitivo salió del soto, blandiendo su vieja escopeta certera, +remendada con cordeles. Julián precipitó el <i>Gloria Patri</i> para decirle +en tono cortés:</p> + +<p>—Hola.... ¿Se viene usted con nosotros por fin hasta Cebre?</p> + +<p>—Sí, señor—contestó Primitivo, cuyo semblante recordaba más que nunca el +de una estatua de fundición—. Dejo dispuesto en Rendas, y voy a ver si +de aquí a Cebre sale algo que tumbar....</p> + +<p>—Dame esa escopeta, Primitivo—ordenó don Pedro—. Estoy oyendo cantar la +codorniz ahí, que no parece sino que me hace burla. Se me ha olvidado +cargar mi carabina.</p> + +<p>Diciendo y haciendo, cogió la escopeta, apuntó a cualquier parte, y +disparó. Volaron hojas y pedazos de rama de un roble próximo, aunque +ninguna codorniz cayó herida.</p> + +<p>—¡Marró!—exclamó el señorito fingiendo gran contrariedad, mientras para +sí discurría: «No era bala, eran postas.... Le quería meter grajea de +plomo en el cuerpo.... ¡Claro, con bala era más escandaloso, más +alarmante para la justicia. Es zorro fino!».</p> + +<p>Y en voz alta:</p> + +<p>—No vuelvas a cargar; hoy no se caza, que se nos viene la lluvia encima +y tenemos que apretar el paso. Marcha delante, enséñanos el atajo hasta +Cebre.</p> + +<p>—¿No lo sabe el señorito?</p> + +<p>—Sí tal, pero a veces me distraigo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IX" id="IX"></a><a href="#capitulos">-IX-</a></h2> + + +<p>Como ya dos veces había repicado la campanilla y los criados no llevaban +trazas de abrir, las señoritas de la Lage, suponiendo que a horas tan +tempranas no vendría nadie de cumplido, bajaron en persona y en grupo a +abrir la puerta, sin peinar, con bata y chinelas, hechas unas fachas. +Así es que se quedaron voladas al encontrarse con un arrogante mozo, que +les decía campechanamente:</p> + +<p>—¿A que nadie me conoce aquí?</p> + +<p>Sintieron impulsos de echar a correr; pero la tercera, la menos linda de +todas, frisando al parecer en los veinte años, murmuró:</p> + +<p>—De fijo que es el primo Perucho Moscoso.</p> + +<p>—¡Bravo!—exclamó don Pedro—. ¡Aquí está la más lista de la familia!</p> + +<p>Y adelantándose con los brazos abiertos fue para abrazarla; pero ella, +hurtando el cuerpo, le tendió una manecita fresca, recién lavada con +agua y colonia. En seguida se entró por la casa gritando:</p> + +<p>—¡Papá!, ¡papá! ¡Está aquí el primo Perucho!</p> + +<p>El piso retembló bajo unos pasos elefantinos.... Apareció el señor de la +Lage, llenando con su volumen la antesala, y don Pedro abrazó a su tío, +que le llevó casi en volandas al salón. Julián, que por no malograr la +sorpresa de la aparición del primo se había quedado oculto detrás de la +puerta, salía riendo del escondite, muy embromado por las señoritas, que +afirmaban que estaba gordísimo, y se escurría por el corredor, en busca +de su madre.</p> + +<p>Viéndoles juntos, se observaba extraordinario parecido entre el señor de +la Lage y su sobrino carnal: la misma estatura prócer, las mismas +proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma +barba fuerte y copiosa; pero lo que en el sobrino era armonía de +complexión titánica, fortalecida por el aire libre y los ejercicios +corporales, en el tío era exuberancia y plétora; condenado a una vida +sedentaria, se advertía que le sobraba sangre y carne, de la cual no +sabía qué hacer; sin ser lo que se llama obeso, su humanidad se +desbordaba por todos lados; cada pie suyo parecía una lancha, cada mano +un mazo de carpintero. Se ahogaba con los trajes de paseo; no cabía en +las habitaciones reducidas; resoplaba en las butacas del teatro, y en +misa repartía codazos para disponer de más sitio. Magnífico ejemplar de +una raza apta para la vida guerrera y montés de las épocas feudales, se +consumía miserablemente en el vil ocio de los pueblos, donde el que nada +produce, nada enseña, ni nada aprende, de nada sirve y nada hace. ¡Oh +dolor! Aquel castizo Pardo de la Lage, naciendo en el siglo XV, hubiera +dado en qué entender a los arqueólogos e historiadores del XIX.</p> + +<p>Mostró admirarse de la buena presencia del sobrino y le habló +llanotamente, para inspirarle confianza.</p> + +<p>—¡Muchacho, muchacho! ¿A dónde vas con tanto doblar? Cuidado que estás +más hombre que yo.... Siempre te imitaste más a Gabriel y a mí que a tu +madre que santa gloria haya.... Lo que es con tu padre, ni esto.... No +saliste Moscoso, ni Cabreira, chico; saliste Pardo por los cuatro +costados. Ya habrás visto a tus primas, ¿eh? Chiquillas, ¿qué le decís +al primo?</p> + +<p>—¿Qué me dicen? Me han recibido como a la persona de más cumplimiento.... +A ésta le quise dar un abrazo, y ella me alargó la mano muy fina.</p> + +<p>—¡Qué borregas! ¡Marías Remilgos! A ver cómo abrazáis todas al primo, +inmediatamente.</p> + +<p>La primera que se adelantó a cumplir la orden fue la mayor. Al +estrecharla, don Pedro no pudo dejar de notar las bizarras proporciones +del bello bulto humano que oprimía. ¡Una real moza, la primita mayor!</p> + +<p>—¿Tú eres Rita, si no me equivoco?—preguntó risueño—. Tengo muy mala +memoria para nombres y puede que os confunda.</p> + +<p>—Rita, para servirte...—respondió con igual amabilidad la prima—. Y ésta +es Manolita, y ésta es Carmen, y aquélla es Nucha....</p> + +<p>—Sttt.... Poquito a poco.... Me lo iréis repitiendo conforme os abrace.</p> + +<p>Dos primas vinieron a pagar el tributo, diciendo festivamente:</p> + +<p>—Yo soy Manolita, para servir a usted.</p> + +<p>—Yo, Carmen, para lo que usted guste mandar.</p> + +<p>Allá entre los pliegues de una cortina de damasco se escondía la +tercera, como si quisiese esquivar la ceremonia afectuosa; pero no le +valió la treta, antes su retraimiento incitó al primo a exclamar:</p> + +<p>—¿Doña Hucha, o como te llames?... Cuidadito conmigo..., se me debe un +abrazo....</p> + +<p>—Me llamo Marcelina, hombre.... Pero éstas me llaman siempre Marcelinucha +o Nucha....</p> + +<p>Costábale trabajo resolverse, y permanecía refugiada en el rojo dosel de +la cortina, cruzando las manos sobre el peinador de percal blanco, que +rayaban con doble y largo trazo, como de tinta, sus sueltas trenzas. El +padre la empujó bruscamente, y la chica vino a caer contra el primo, +toda ruborizada, recibiendo un apretón en regla, amén de un frote de +barbas que la obligó a ocultar el rostro en la pechera del marqués.</p> + +<p>Hechas así las amistades, entablaron el señor de la Lage y su sobrino la +imprescindible conversación referente al viaje, sus causas, incidentes y +peripecias. No explicaba muy satisfactoriamente el sobrino su impensada +venida: pch... ganas de <i>espilirse</i>.... Cansa estar siempre solo.... Gusta +la variación.... No insistió el tío, pensando para su chaleco: «Ya Julián +me lo contará <i>todo</i>».</p> + +<p>Y se frotaba las manos colosales, sonriendo a una idea que, si +acariciaba tiempo hacía allá en su interior, jamás se le había +presentado tan clara y halagüeña como entonces. ¡Qué mejor esposo podían +desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del +tipo del padre que desea <i>colocar</i> a sus niñas, ninguno más vehemente +que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno más +reservado en el modo y forma. Porque aquel hidalgo de cepa vieja sentía +a la vez gana ardentísima de casar a las chiquillas y un orgullo de raza +tan exaltado, bajo engañosas apariencias de llaneza, que no sólo le +vedaba descender a ningún ardid de los usuales en padres casamenteros, +sino que le imponía suma rigidez y escrúpulo en la elección de sus +relaciones y en la manera de educar a sus hijas, a quienes traía como +encastilladas y aisladas, no llevándolas sino de pascuas a ramos a +diversiones públicas. Las señoritas de la Lage, discurría don Manuel, +deben casarse, y sería contrario al orden providencial que no apareciese +tronco en que injertar dignamente los retoños de tan noble estirpe; pero +antes se queden para vestir imágenes que unirse con cualquiera, con el +teniente que está de guarnición, con el comerciante que medra midiendo +paño, con el médico que toma el pulso; eso sería, ¡vive Dios!, +profanación indigna; las señoritas de la Lage sólo pueden dar su mano a +quien se les iguale en calidad. Así pues, don Manuel, que se desdeñaría +de tender redes a un ricachón plebeyo, se propuso inmediatamente hacer +cuanto estuviese en su mano para que su sobrino pasase a yerno, como el +Sandoval de la zarzuela.</p> + +<p>¿Conformaban las primitas con las opiniones de su padre? Lo cierto es +que, apenas el primo se sentó a platicar con don Manuel, cada niña se +escurrió bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento +al forastero y platos selectos para la mesa. Se convino en que el primo +se quedaba hospedado allí, y se envió por la maleta a la posada.</p> + +<p>Fue la comida alegre en extremo. Rápidamente se había establecido entre +don Pedro y las señoritas de la Lage el género de familiaridad inherente +al parentesco en grado prohibido pero dispensable: familiaridad que se +diferencia de la fraternal en que la sazona y condimenta un picante +polvito de hostilidad, germen de graciosas y galantes escaramuzas. +Cruzábase en la mesa vivo tiroteo de bromas, piropos, que entre los dos +sexos suele preludiar a más serios combates.</p> + +<p>—Primo, me extraña mucho que estando a mi lado no me sirvas el agua.</p> + +<p>—Los aldeanos no entendemos de política: ve enseñándome un poco, que por +tener maestras así....</p> + +<p>—Glotón, ¿quién te da permiso para repetir?</p> + +<p>—El plato está tan rico, que supongo que es obra tuya.</p> + +<p>—¡Vaya unas ilusiones! Ha sido la cocinera. Yo no guiso para ti. Te +fastidiaste.</p> + +<p>—Prima, esta yemecita. Por mí.</p> + +<p>—No me robes del plato, goloso. Que no te lo doy, ea. ¿No tienes ahí la +fuente?</p> + +<p>—¿A que te lo atrapo? Cuando más descuidada estés....</p> + +<p>—¿A que no?</p> + +<p>Y la prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos, +para evitar el hurto de un merengue o de media manzana, y el juego se +celebraba con estrepitosas carcajadas, como si fuese el paso más +gracioso del mundo. Las mantenedoras de este torneo eran Rita y +Manolita, las dos mayores; en cuanto a Nucha y Carmen, se encerraban en +los términos de una cordialidad mesurada, presenciando y riendo las +bromas, pero sin tomar parte activa en ellas, con la diferencia de que +en el rostro de Carmen, la más joven, se notaba una melancolía perenne, +una preocupación dominante, y en el de Nucha se advertía tan sólo +gravedad natural, no exenta de placidez.</p> + +<p>Hállabase don Pedro en sus glorias. Al resolverse a emprender el viaje, +receló que las primas fuesen algunas señoritas muy cumplimenteras y +espetadas, cosa que a él le pondría en un brete, por serle extrañas las +fórmulas del trato ceremonioso con damas de calidad, clase de <i>perdices +blancas</i> que nunca había cazado; mas aquel recibimiento franco le +devolvió al punto su aplomo. Animado, y con la cálida sangre despierta, +consideraba a las primitas una por una, calculando a cuál arrojaría el +pañuelo. La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos +negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasión de ánimo, las +cárdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba +por romanticismos. En cuanto a la tercera, Nucha, asemejábase bastante a +la menor, sólo que en feo: sus ojos, de magnífico tamaño, negros también +como moras, padecían leve estrabismo convergente, lo cual daba a su +mirar una vaguedad y pudor especiales; no era alta, ni sus facciones se +pasaban de correctas, a excepción de la boca, que era una miniatura. En +suma, pocos encantos físicos, al menos para los que se pagan de la +cantidad y morbidez en esta nuestra envoltura de barro. Manolita ofrecía +otro tipo distinto, admirándose en ella lozanas carnes y suma gracia, +unida a un defecto que para muchos es aumento singular de perfección en +la mujer, y a otros, verbigracia a don Pedro, les inspira repulsión: un +carácter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba +pasando a bigote, una prolongación del nacimiento del pelo sobre la +oreja que, descendiendo a lo largo de la mandíbula, quería ser, más que +suave patilla, atrevida barba. A la que no se podían poner tachas era a +Rita, la hermana mayor. Lo que más cautivaba a su primo, en Rita, no era +tanto la belleza del rostro como la cumplida proporción del tronco y +miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno, +todo cuanto en las valientes y armónicas curvas de su briosa persona +prometía la madre fecunda y la nodriza inexhausta. ¡Soberbio vaso en +verdad para encerrar un Moscoso legítimo, magnífico patrón donde +injertar el heredero, el continuador del nombre! El marqués presentía en +tan arrogante hembra, no el placer de los sentidos, sino la numerosa y +masculina prole que debía rendir; bien como el agricultor que ante un +terreno fértil no se prenda de las florecillas que lo esmaltan, pero +calcula aproximadamente la cosecha que podrá rendir al terminarse el +estío.</p> + +<p>Pasaron al salón después de la comida, para la cual las muchachas se +habían emperejilado. Enseñaron a don Pedro infinidad de quisicosas: +estereóscopos, álbumes de fotografías, que eran entonces objetos muy +elegantes y nada comunes. Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse +en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una +columna, actitud clásica que por aquel tiempo imponían los fotógrafos; y +Nucha, abriendo un álbum chiquito, se lo puso delante a don Pedro, +preguntándole afanosamente:</p> + +<p>—¿Le conoces?</p> + +<p>Era un muchacho como de diecisiete años, rapado, con uniforme de alumno +de la Academia de artillería, parecidísimo a Nucha y a Carmen cuanto +puede parecerse un pelón a dos señoritas con buenas trenzas de pelo.</p> + +<p>—Es mi niño—afirmó Nucha muy grave.</p> + +<p>—¿Tu niño?</p> + +<p>Riéronse las otras hermanas a carcajadas, y don Pedro exclamó cayendo en +la cuenta:</p> + +<p>—¡Bah!, ya sé. Es vuestro hermano, mi señor primo, el mayorazgo de la +Lage, Gabrieliño.</p> + +<p>—Pues claro: ¿quién había de ser? Pero esa Nucha le quiere tanto, que +siempre le llama su niño.</p> + +<p>Nucha, corroborando el aserto, se inclinó y besó el retrato, con tan +apasionada ternura, que allá en Segovia el pobre alumno, víctima quizá +de los rigores de la cruel <i>novatada</i>, debió sentir en la mejilla y el +corazón una cosa dulce y caliente.</p> + +<p>Cuando Carmen, la tristona, vio a sus hermanas entretenidas, se +escabulló del salón, donde ya no apareció más. Agotado todo lo que en el +salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván +hasta la leñera: un caserón antiguo, espacioso y destartalado, como aún +quedan muchos en la monumental Compostela, digno hermano urbano de los +rurales Pazos de Ulloa. En su fachada severa desafinaba una galería de +nuevo cuño, ideada por don Manuel Pardo de la Lage, que tenía el costoso +vicio de hacer obras. Semejante solecismo arquitectónico era el +quitapesares de las señoritas de Pardo; allí se las encontraba siempre, +posadas como pájaros en rama favorita, allí hacían labor, allí tenían un +breve jardín, contenido en macetas y cajones, allí colgaban jaulas de +canarios y jilgueros; tal vez no parasen en esto los buenos oficios de +la galería dichosa. Lo cierto es que en ella encontraron a Carmen, +asomada y mirando a la calle, tan absorta que no sintió llegar a sus +hermanas. Nucha le tiró del vestido; la muchacha se volvió, pudiendo +notarse que tenía unas vislumbres de rosa en las mejillas, descoloridas +de ordinario. Hablóle Nucha vivamente al oído, y Carmen se apartó del +encristalado antepecho, siempre muda y preocupada. Rita no cesaba de +explicar al primo mil particularidades.</p> + +<p>—Desde aquí se ven las mejores calles... Ése es el Preguntoiro; por ahí +pasa mucha gente.... Aquella torre es la de la Catedral.... ¿Y tú no has +ido a la Catedral todavía? ¿Pero de veras no le has rezado un Credo al +Santo Apóstol, judío?—exclamaba la chica vertiendo provocativa luz de +sus pupilas radiantes—. Vaya, vaya.... Tengo yo que llevarte allí, para +que conozcas al Santo y lo abraces muy apretadito.... ¿Tampoco has visto +aún el Casino?, ¿la Alameda?, ¿la Universidad? ¡Señor! ¡Si no has visto +nada!</p> + +<p>—No, hija.... Ya sabes que soy un pobre aldeano... y he llegado ayer al +anochecer. No hice más que acostarme.</p> + +<p>—¿Por qué no te viniste acá en derechura, descastado?</p> + +<p>—¿A alborotaros la casa de noche? Aunque salgo de entre tojos, no soy +tan mal criado como todo eso.</p> + +<p>—Vamos, pues hoy tienes que ver alguna notabilidad.... Y no faltar al +paseo.... Hay chicas muy guapas.</p> + +<p>—De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda—contestó el +primo echando a Rita una miradaza que ella resistió con intrepidez +notoria, y pagó sin esquivez alguna.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="X" id="X"></a><a href="#capitulos">-X-</a></h2> + + +<p>Y en efecto, le fueron enseñadas al marqués de Ulloa multitud de cosas +que no le importaban mayormente. Nada le agradó, y experimentó mil +decepciones, como suele acontecer a las gentes habituadas a vivir en el +campo, que se forman del pueblo una idea exagerada. Pareciéronle, y con +razón, estrechas, torcidas y mal empedradas las calles, fangoso el piso, +húmedas las paredes, viejos y ennegrecidos los edificios, pequeño el +circuito de la ciudad, postrado su comercio y solitarios casi siempre +sus sitios públicos; y en cuanto a lo que en un pueblo antiguo puede +enamorar a un espíritu culto, los grandes recuerdos, la eterna vida del +arte conservada en monumentos y ruinas, de eso entendía don Pedro lo +mismo que de griego o latín. ¡Piedras mohosas! Ya le bastaban las de los +Pazos. Nótese cómo un hidalgo campesino de muy rancio criterio se +hallaba al nivel de los demócratas más vandálicos y demoledores. A pesar +de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando niño, discurría y +fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna: calles anchas, +mucha regularidad en las construcciones, todo nuevo y flamante, gran +policía, ¿qué menos puede ofrecer la civilización a sus esclavos? Es +cierto que Santiago poseía dos o tres edificios espaciosos, la Catedral, +el Consistorio, San Martín.... Pero en ellos existían cosas muy sin razón +ponderadas, en concepto del marqués: por ejemplo, la Gloria de la +Catedral. ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y +sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de +ver a alguno de estos sabios que escudriñan el <i>sentido</i> de un monumento +religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el +pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo. +¡Simbolismo! ¡Jerigonzas! El pórtico estaba muy mal labrado, y las +figuras parecían pasadas por tamiz. Por fuerza las artes andaban +atrasadísimas en aquellos tiempos de maricastaña. Total, que de los +monumentos de Santiago se atenía el marqués a uno de fábrica muy +reciente: su prima Rita.</p> + +<p>La proximidad de la fiesta del Corpus animaba un tanto la soñolienta +ciudad universitaria, y todas las tardes había lucido paseo bajo los +árboles de la Alameda. Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían +Rita y Manolita, acompañadas por su primo; el padre cubría la +retaguardia conversando con algún señor mayor, de los muchos que existen +en el pueblo compostelano, donde por ley de afinidad parece abundar más +que en otras partes la gente provecta. A menudo se arrimaba a Manolita +un señorito muy planchado y tieso, con cierto empaque ridículo y +exageradas pretensiones de elegancia: llamábase don Víctor de la +Formoseda y estudiaba derecho en la Universidad; don Manuel Pardo le +veía gustoso acercarse a sus hijas, por ser el señorito de la Formoseda +de muy limpio solar montañés, y no despreciable caudal. No era éste el +único mosquito que zumbaba en torno de las señoritas de la Lage. A las +primeras de cambio notó don Pedro que así por los tortuosos y lóbregos +soportales de la Rúa del Villar, como por las frondosidades de la +Alameda y la Herradura, les seguía y escoltaba un hombre joven, +melenudo, enfundado en un gabán gris, de corte raro y antiguo. Aquel +hombre parecía la sombra de las muchachas: no era posible volver la +cabeza sin encontrársele: y don Pedro reparó también que al surgir +detrás de un pilar o por entre los árboles el rondador perpetuo, la cara +triste y ojerosa de Carmen se animaba, y brillaban sus abatidos ojos. En +cambio don Manuel y Nucha daban señales de inquietud y desagrado.</p> + +<p>Ya sobre la pista, don Pedro siguió acechando, a fuer de cazador +experto. Nucha no debía tener ningún adorador entre la multitud de +estudiantes y vagos que acudían al paseo, o si lo tenía, no le hacía +caso, pues caminaba seria e indiferente. En público, Nucha parecía +revestirse de gravedad ajena a sus años. Respecto a Manolita, no perdía +ripio coqueteando con el señorito de la Formoseda. Rita, siempre animada +y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los demás, pues +don Pedro advirtió que a las miradas y requiebros de sus admiradores +correspondía con ojeadas vivas y flecheras. Lo cual no dejó de dar en +qué pensar al marqués de Ulloa, el cual, tal vez por contarse en el +número de los hombres fácilmente atraídos por las mujeres vivarachas, +tenía de ellas opinión detestable y para sus adentros la expresaba en +términos muy crudos.</p> + +<p>Dormían en habitaciones contiguas Julián y el marqués, pues Julián, +desde su ordenación, había ascendido de categoría en la casa, y mientras +la madre continuaba desempeñando las funciones de ama de llaves y dueña, +el hijo comía con los señores, ocupaba un cuarto de importancia, y era +tratado en suma, si no de igual a igual, pues siempre quedaban matices +de protección, al menos con gran amabilidad y deferencia. De noche, +antes de recogerse, el marqués se le entraba en el dormitorio a fumar un +cigarro y charlar. La conversación ofrecía pocos lances, pues siempre +versaba sobre el mismo proyecto. Decía don Pedro que le admiraban dos +cosas: haberse resuelto a salir de los Pazos, y hallarse tan decidido a +<i>tomar estado</i>, idea que antes le parecía irrealizable. Era don Pedro de +los que juzgan muy importantes y dignas de comentarse sus propias +acciones y mutaciones—achaque propio de egoístas—y han menester tener +siempre cerca de sí algún inferior o subordinado a quien referirlas, +para que les atribuya también valor extraordinario.</p> + +<p>Agradaba la plática a Julián. Aquellas proyectadas bodas entre primo y +prima le parecían tan naturales como juntarse la vid al olmo. Las +familias no podían ser mejores ni más para en una; las clases iguales; +las edades no muy desproporcionadas, y el resultado dichosísimo, porque +así redimía el marqués su alma de las garras del demonio, personificado +en impúdicas barraganas. Solamente no le contentaba que don Pedro se +hubiese ido a fijar en la señorita Rita: mas no se atrevía ni a +indicarlo, no fuese a malograrse la cristiana resolución del marqués.</p> + +<p>—Rita es una gran moza...—decía éste explayándose—. Parece sana como una +manzana, y los hijos que tenga heredarán su buena constitución. Serán +más fuertes aún que Perucho, el de Sabel.</p> + +<p>¡Inoportuna reminiscencia! Julián se apresuraba a replicar, sin meterse +en honduras fisiológicas:</p> + +<p>—La casta de los señores de Pardo es muy saludable, gracias a Dios....</p> + +<p>Una noche cambiaron de sesgo las confidencias, entrando en terreno +sumamente embarazoso para Julián, siempre temeroso de que cualquier +desliz de su lengua desbaratase los proyectos del señorito, y le echase +a él sobre la conciencia responsabilidad gravísima.</p> + +<p>—¿Sabe usted—insinuó don Pedro—que mi prima Rita se me figura algo +casquivana? Por el paseo va siempre entretenida en si la miran o no la +miran, si le dicen o no le dicen... juraría que toma varas.</p> + +<p>—¿Que toma varas?—repitió el capellán, quedándose en ayunas del sentido +de la frase grosera.</p> + +<p>—Sí, hombre..., que se deja querer, vamos.... Y para casarse, no es cosa +de broma que la mujer las gaste con el primero que llega.</p> + +<p>—¿Quién lo duda, señorito? La prenda más esencial en la mujer es la +honestidad y el recato. Pero no hay que fiarse de apariencias. La +señorita Rita tiene el genio así, franco y alegre....</p> + +<p>Creíase Julián salvado con estas evasivas, cuando, a las pocas noches, +don Pedro le apretó para que <i>cantase</i>:</p> + +<p>—Don Julián, aquí no valen misterios.... Si he de casarme, quiero al +menos saber con quién y cómo.... Apenas se reirían si porque vengo de los +Pazos me diesen de buenas a primeras gato por liebre. Con razón se diría +que salí de un soto para meterme en otro. No sirve contestar que usted +no sabe nada. Usted se ha criado en esta casa, y conoce a mis primas +desde que nació. Rita.... Rita es mayor que usted, ¿no es verdad?</p> + +<p>—Sí, señor—respondió Julián, no teniendo por cargo de conciencia revelar +la edad—. La señorita Rita cumplirá ahora veintisiete o veintiocho +años.... Después viene la señorita Manolita y la señorita Marcelina, que +son seguidas..., veintitrés y veintidós... porque en medio murieron dos +niños varones..., y luego la señorita Carmen, veinte.... Cuando nació el +señorito Gabriel, que andará en los diecisiete o poco más, ya no se +pensaba que la señora volviese a tener sucesión, porque andaba delicada, +y le probó tan mal el parto, que falleció a los pocos meses.</p> + +<p>—Pues usted debe conocer perfectamente a Rita. Cante usted, ea.</p> + +<p>—Señorito, a la verdad.... Yo me crié en esta casa, es cierto; pero sin +manualizarme con los señores, porque mi clase era otra muy distinta.... Y +mi madre, que era muy piadosa, no me permitió jamás juntarme con las +señoritas para jugar ni nada... por razones de decoro.... ¡Ya usted me +comprende! Con el señorito Gabriel sí que tuve algún trato; lo que es +con las señoritas... buenos días y buenas noches, cuando las encontraba +en los pasillos. Luego ya fui al Seminario....</p> + +<p>—¡Bah, bah! ¿Tiene usted gana de cuentos...? Harto estará usted de saber +cosas de las chicas. Basta su madre de usted para enterarle. ¿Acerté? Se +ha puesto usted colorado.... ¡Ajá! ¡Por ahí vamos bien! ¡A ver con qué +cara me niega que su madre le ha informado de algunas cosillas...!</p> + +<p>Julián se tornó purpúreo. ¡Que si le habían contado! ¡Pues no habían de +contarle! Desde su llegada, la venerable dueña que regía el llavero en +casa de la Lage no había cogido a solas a su hijo un minuto sin ceder a +la comezón de tocar ciertos asuntos, que únicamente con varones graves y +religiosos pueden conferirse.... Misía Rosario no lo iba a charlar con +otras comadres envidiosas, eso no; por algo comía el pan de don Manuel +Pardo; pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don +Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la +más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de +juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de +discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que +ella «si fuese señora» no realizaría jamás, y de oír que «personas de +respeto» alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su +dictamen? Que si le habían contado a Julián, ¡Dios bendito! Pero una +cosa era que se lo hubiesen contado, y otra que él lo pudiese repetir. +¿Cómo revelar la manía de la señorita Carmen, empeñada en casarse contra +viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie, +hijo de un herrador de pueblo (¡oh baldón para la preclara estirpe de +los Pardos!), un loco de atar que la comprometía siguiéndola por todas +partes a modo de perrito faldero, y de quien además se aseguraba que era +un materialista, metido en sociedades secretas? ¿Cómo divulgar que la +señorita Manolita hacía novenas a San Antonio para que don Víctor de la +Formoseda se determinase a pedirla, llegando al extremo de escribir a +don Víctor cartas anónimas indisponiéndole con otras señoritas cuya casa +frecuentaba? Y sobre todo, ¿cómo indicar ni lo más somero y mínimo de +<i>aquello</i> de la señorita Rita, que maliciosamente interpretado tanto +podía dañar a su honra? Antes le arrancasen la lengua.</p> + +<p>—Señorito...—balbució—. Yo creo que las señoritas son muy buenas e +incapaces de faltar en nada; pero si lo contrario supiese, me guardaría +bien de propalarlo, toda vez que yo..., que mi agradecimiento a esta +familia me pondría..., vamos... como si dijéramos... una mordaza....</p> + +<p>Detúvose, comprendiendo que se empantanaba más.</p> + +<p>—No traduzca mis palabras, señorito.... Por Dios, no saque usted +consecuencias de mi poca habilidad para explicarme.</p> + +<p>—¿Según eso—preguntó el marqués mirando de hito en hito al capellán—, +usted juzga que no hay absolutamente nada censurable? Clarito. ¿Las +considera usted <i>a todas</i> unas señoritas intachables... perfectísimas... +que me convienen para casarme? ¿Eh?</p> + +<p>Meditó Julián antes de responder.</p> + +<p>—Si usted se empeña en que le descubra cuánto uno tiene en el corazón... +francamente, aunque las señoritas son cada una de por sí muy simpáticas, +yo, puesto a escoger, no lo niego..., me quedaría con la señorita +Marcelina.</p> + +<p>—¡Hombre! Es algo bizca... y flaca.... Sólo tiene buen pelo y buen genio.</p> + +<p>—Señorito, es una alhaja.</p> + +<p>—Será como las demás.</p> + +<p>—Es como ella sola. Cuando el señorito Gabriel quedó sin mamá de +pequeñito, lo cuidó con una formalidad que tenía la gracia del mundo, +porque ella no era mucho mayor que él. Una madre no hiciera más. De día, +de noche, siempre con el chiquillo en brazos. Le llamaba su hijo: dicen +que era un sainete ver aquello. Parece que el peso del chiquillo la +rindió y por eso quedó más delicada de salud que las otras. Cuando el +hermano marchó al colegio, estuvo malucha. Por eso la ve usted +descolorida. Es un ángel, señorito. Todo se le vuelve aconsejar bien a +las hermanas....</p> + +<p>—Señal de que lo necesitan—arguyó don Pedro maliciosamente.</p> + +<p>—¡Jesús! No puede uno deslizarse.... Bien sabe usted que sobre lo bueno +está lo mejor, y la señorita Marcelina raya en perfecta. La perfección +es dada a pocos. Señorito, la señorita Marcelina, ahí donde usted la ve, +se confiesa y comulga tan a menudo, y es tan religiosa, que edifica a la +gente.</p> + +<p>Quedóse don Pedro reflexionando algún rato, y aseguró después que le +agradaba mucho, mucho, la religiosidad en las mujeres; que la +conceptuaba indispensable para que fuesen «buenas».</p> + +<p>—Con que beatita, ¿eh?—añadió—. Ya tengo por dónde hacerla rabiar.</p> + +<p>Y tal fue en efecto el resultado inmediato de aquella conferencia donde, +con mejor deseo que diplomacia, había intentado Julián presentar la +candidatura de Nucha. Desde entonces el primo gastó con ella bastantes +bromas, algunas más pesadas que divertidas. Con placer del niño +voluntarioso cuyos dedos entreabren un capullo, gozaba en poner colorada +a Nucha, en arañarle la epidermis del alma por medio de chanzas subidas +e indiscretas familiaridades que ella rechazaba enérgicamente. Semejante +juego mortificaba al capellán tanto como a la chica; las sobremesas eran +para él largo suplicio, pues a las anécdotas y cuentos de don Manuel, +que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes +(costumbre inveterada en el señor de la Lage), se unían las continuas +inconveniencias del primo con la prima. El pobre Julián, con los ojos +fijos en el plato, el rubio entrecejo un tanto fruncido, pasaba las de +Caín. Imaginábase él que ajar, siquiera fuese en broma, la flor de la +modestia virginal era abominable sacrilegio. Por lo que su madre le +había contado y por lo que en Nucha veía, la señorita le inspiraba +religioso respeto, semejante al que infunde el camarín que contiene una +veneranda imagen. Jamás se atrevía a llamarla por el diminutivo, +pareciéndole <i>Nucha</i> nombre de perro más bien que de persona; y cuando +don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capellán, juzgando +que consolaba a la señorita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le +hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o función de +iglesia, a las cuales Nucha asistía con asiduidad.</p> + +<p>No lograba el marqués vencer la irritante atracción que le llevaba hacia +Rita; y con todo, al crecer el imperio que ejercía en sus sentidos la +prima mayor, se fortalecía también la especie de desconfianza instintiva +que infunden al campesino las hembras ciudadanas, cuyo refinamiento y +coquetería suele confundir con la depravación. Vamos, no lo podía +remediar el marqués; según frase suya, Rita <i>le escamaba</i> terriblemente. +¡Es que a veces ostentaba una desenvoltura! ¡Se mostraba con él tan +incitadora; tendía la red con tan poco disimulo; se esponjaba de tal +suerte ante los homenajes masculinos!</p> + +<p>El aldeano que llega al pueblo ha oído contar mil lances, mil jugarretas +hechas a los bobos que allí entran desprevenidos como incautos peces. +Lleno de recelo, mira hacia todas partes, teme que le roben en las +tiendas, no se fía de nadie, no acierta a conciliar el sueño en la +posada, no sea que mientras duerme le birlen el bolso. Guardada la +distancia que separaba de un labriego al señor de Ulloa, éste era su +estado moral en Santiago. No hería su amor propio ser dominado por +Primitivo y vendido groseramente por Sabel en su madriguera de los +Pazos, pero sí que le <i>torease</i> en Compostela su artificiosa primilla. +Además, no es lo mismo distraerse con una muchacha cualquiera que tomar +esposa. La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y +a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo.... Y don +Pedro figuraba entre los que no juzgan limpia ya a la que tuvo amorosos +tratos, aún en la más honesta y lícita forma, con otro que con su +marido. Aún las ojeadas en calles y paseos eran pecados gordos. Entendía +don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana, española neta, +indulgentísima para el esposo e implacable para la esposa. Y a él que no +le dijesen: Rita no estaba sin algún enredillo.... Acerca de Carmen y +Manolita no necesitaba discurrir, pues bien veía lo que pasaba. Pero +Rita....</p> + +<p>Ningún amigo íntimo tenía en Santiago don Pedro, aunque sí varios +conocidos, ganados en el paseo, en casa de su tío o en el Casino, donde +solía ir mañana y noche, a fuer de buen español ocioso. Allí se le +embromaba mucho con su prima, comentándose también la desatinada pasión +de Carmen por el estudiante y su continuo atalayar en la galería, con el +adorador apostado enfrente. Siempre alerta, el señorito estudiaba el +tono y acento con que nombraban a Rita. En dos o tres ocasiones le +pareció notar unas puntas de ironía, y acaso no se equivocase; pues en +las ciudades pequeñas, donde ningún suceso se olvida ni borra, donde +gira perpetuamente la conversación sobre los mismos asuntos, donde se +abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones épicas, a menudo tiene +una muchacha perdida la fama antes que la honra, y ligerezas +insignificantes, glosadas y censuradas años y años, llevan a su autora +con palma al sepulcro. Además, las señoritas de la Lage, por su +alcurnia, por los humos aristocráticos de su padre, y la especie de +aureola con que pretendía rodearlas, por su belleza, eran blanco de +bastantes envidillas y murmuraciones: cuando no se las motejaba de +orgullosas, se recurría a tacharlas de coquetas.</p> + +<p>Lucía el Casino entre su maltratado mueblaje un caduco sofá de +gutapercha, gala del gabinete de lectura: sofá que pudiera llamarse +tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más +afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de +más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo, +maestro en la ciencia del <i>mal saber</i>. Así como los eruditos se precian +de no ignorar la más mínima particularidad concerniente a remotas épocas +históricas, este sujeto se jactaba de poder decir, sin errar punto ni +coma, lo que disfrutaban de renta, lo que comían, lo que hablaban y +hasta lo que pensaban las veinte o treinta familias de viso que +encerraba el recinto de Santiago. Hombre era para pronunciar con suma +formalidad y gran reposo:</p> + +<p>—Ayer, en casa de la Lage, se han puesto en la mesa dos principios: +croquetas y carne estofada. La ensalada fue de coliflor, y a los postres +se sirvió carne de membrillo de las monjas.</p> + +<p>Comprobada la exactitud de tales pormenores, resultaban rigurosamente +ciertos.</p> + +<p>Tan bien informado individuo consiguió encender más recelos en el ánimo +del suspicaz señor de Ulloa, bastándole para ello unas cuantas +palabritas, de ésas que tomadas al pie de la letra no llevan malicia +alguna, pero vistas al trasluz pueden significarlo todo.... Encomiando el +salero de Rita, y la hermosura de Rita, y la buena conformación +anatómica del cuerpo de Rita, añadió como al descuido:</p> + +<p>—Es una muchacha de primer orden.... Y aquí difícilmente le saldría +novio. Las chicas por el estilo de Rita siempre encuentran su media +naranja en un forastero.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XI" id="XI"></a><a href="#capitulos">-XI-</a></h2> + + +<p>Hacía un mes que don Manuel Pardo se preguntaba a sí mismo: «¿Cuándo se +determinará el rapaz a pedirme a Rita?».</p> + +<p>Que se la pediría, no lo dudó un momento. La situación del marqués en +aquella casa era tácitamente la del novio aceptado. Los amigos de la +familia de la Lage se permitían alusiones desembozadas a la próxima +boda; los criados, en la cocina, calculaban ya a cuánto ascendería la +propineja nupcial. Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita. A +todas horas reían fraternalmente con el primo y una ráfaga de alegría +juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera.</p> + +<p>Descabezaba una tarde la siesta el marqués, cuando llamaron a la puerta +con grandes palmadas. Abrió: era Rita, en chambra, con un pañuelo de +seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta. Blandía +en la diestra un plumero enorme, y parecía una guapísima criada de +servir, semejanza que lejos de repeler al marqués, le hizo hervir la +sangre con mayor ímpetu. Sofocada y risueña la muchacha echaba lumbres +por ojos, boca y mejillas.</p> + +<p>—¿Perucho? ¿Peruchón?</p> + +<p>—¿Ritiña, Ritona?—contestó don Pedro devorándola con el mirar.</p> + +<p>—Dicen las chicas que vengas.... Estamos muy enfaenadas arreglando el +desván, donde hay todos los trastos del tiempo del abuelo. Parece que se +encuentran allí cosas fenomenales.</p> + +<p>—Y yo ¿para qué os sirvo? Supongo que no me mandaréis barrer.</p> + +<p>—Todo será que se nos antoje. Ven, holgazán, dormilón, marmota.</p> + +<p>Conducía al desván empinadísima escalera, y no era el sitio muy oscuro, +pues recibía luz de tres grandes claraboyas, pero sí bastante bajo; don +Pedro no podía estar allí de pie, y las chicas, al menor descuido, se +pegaban coscorrones en la cabeza contra la armazón del techo. +Guardábanse en el desván mil cachivaches arrumbados que habían servido +en otro tiempo a la pompa, aparato y esplendor de los Pardos de la Lage, +y hoy tenían por compañeros al polvo y la polilla; por esperanza, la +visita de muchachas bulliciosas, que de vez en cuando lo exploraban, a +fin de desenterrar alguna presea de antaño, que reformaban según la moda +actual. Con las antiguallas que allí se pudrían, pudiera escribirse la +historia de las costumbres y ocupaciones de la nobleza gallega, desde un +par de siglos acá. Restos de sillas de manos pintadas y doradas; +farolillos con que los pajes alumbraban a sus señoras al regresar de las +tertulias, cuando no se conocía en Santiago el alumbrado público; un +uniforme de maestrante de Ronda; escofietas y ridículos, bordados de +abalorio; chupas recamadas de flores vistosas; medias caladas de seda, +rancias ya; faldas adornadas con caireles; espadines de acero tomados de +orín; anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la +<i>dama de música</i> había de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso +representar una divertida <i>pitipieza</i>; todo andaba por allí revuelto con +otros chirimbolos análogos, que trascendían a casacón desde mil leguas, +y entre los cuales distinguíanse, como prendas más simbólicas y +elocuentes, los trebejos masónicos: medalla, triángulo, mallete, +escuadra y mandil, despojos de un abuelo afrancesado y grado 33..., y +una lindísima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas +en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel +Pardo, que según costumbre de su época, autorizada por el ejemplo de la +reina María Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar +diestramente a horcajadas.</p> + +<p>—A buena parte me trajisteis—decía don Pedro, ahogado entre el polvo y +contrariadísimo por no poder moverse del asiento.</p> + +<p>—Aquí te queremos—le replicaban Rita y Manolita, palmoteando +triunfantes—, porque aunque te empeñes, no hay medio de correr tras de +nosotras, ni de hacernos barrabasadas. Llegó la nuestra. Te vamos a +vestir con espadín y chupa. Ya verás.</p> + +<p>—Buena gana tengo de ponerme de máscara.</p> + +<p>—Un minuto solamente. Para ver qué facha haces.</p> + +<p>—Os digo que no me visto de mamarracho.</p> + +<p>—¿Cómo que no? Se nos ha puesto a nosotras en el moño.</p> + +<p>—Mirad que os pesará. La que se me acerque ha de arrepentirse.</p> + +<p>—¿Y qué nos harás, fantasmón?</p> + +<p>—Eso no se dice hasta que se vea.</p> + +<p>La misteriosa amenaza pareció infundir temor en las primas, que se +limitaron por entonces a inofensivas travesuras, a algún plumerazo más o +menos. Adelantaba la limpieza del desván: Manolita, con sus brazos +nervudos, manejaba los trastos; Rita los clasificaba; Nucha los sacudía +y doblaba esmeradamente; Carmen tomaba poca parte en el trajín, y menos +aún en la jarana: dos o tres veces se eclipsó, para asomarse a la +galería sin duda. Las demás le soltaron indirectas.</p> + +<p>—¿Qué tal está el día, Carmucha? ¿Llueve o hace sol?</p> + +<p>—¿Pasa mucha gente por la calle? Contesta, mujer.</p> + +<p>—Ésa siempre está pensando en las musarañas.</p> + +<p>A medida que las prendas iban quedando limpias de polvo, las chicas se +las probaban. A Manolita le sentaba a maravilla el uniforme de coronel, +por su tipo hombruno. Rita era un encanto con la dulleta de seda +verdegay de la abuela. Carmen sólo consintió en dejarse poner un +estrafalario adorno, un penacho triple, que allá cuando se estrenó se +llamaba <i>Las tres potencias</i>. Tocóle a Nucha la probatura de las +mantillas de blonda. A todo esto la tarde caía, y en el telarañoso +recinto del desván se veía muy poco. La penumbra era favorable a los +planes de las muchachas; aprovechando la ocasión propicia, acercáronse +disimuladamente las dos mayores a don Pedro, y mientras Rita le plantaba +en la cabeza un sombrero de tres picos, Manolita le echaba por los +hombros una chupa color tórtola, con guirnaldas de flores azules y +amarillas.</p> + +<p>Fue de confusión el momento que siguió a esta diablura sosa. Don Pedro, +medio a gatas porque de otro modo no se lo consentía la poca altura del +desván, perseguía a sus primas, resuelto a tomar memorable venganza; y +ellas, exhalando chillidos ratoniles, tropezando con los muebles y +cachivaches esparcidos aquí y acullá, procuraban buscar la puertecilla +angosta, para evitar represalias. Mientras Rita se atrincheraba tras los +restos de una silla de manos y una desvencijada cómoda, huyeron dos +chicas, las menos valientes; y habiendo tenido Manolita la buena +ocurrencia de cegar momentáneamente a su primo arrojándole a la cabeza +un chal, pudo evadirse también Rita, jefe nato del motín. Desenredarse +del chal haciéndolo jirones, y lanzarse a la puerta y a la escalera en +seguimiento de la fugitiva, fueron acciones simultáneas en don Pedro.</p> + +<p>Saltó impetuosamente los peldaños, precipitándose en el corredor a +tientas, guiado por su instinto de perseguidor de alimañas ágiles, que +oye delante de sí el apresurado trotecillo de la hermosa res. En una +revuelta del pasillo le dio alcance. La defensa fue blanda, entrecortada +de risas. Don Pedro, determinado a infligir el castigo ofrecido, lo +aplicó en efecto cerca de una oreja, largo y sonoro. Parecióle que la +víctima no se resistía entonces; mas debía ser errónea tan maliciosa +suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de +hostilidades para huir nuevamente, gritando:</p> + +<p>—¿A que no me coges otra vez, cobarde?</p> + +<p>Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqués echó detrás de +la prima, que se había desvanecido ya en las negruras del pasadizo. +Éste, irregular y tortuoso, serpeaba alrededor de parte de la casa, +quebrándose en inesperados codos, y a veces estrechándose como longaniza +mal rellena. Rita llevaba ventaja en sus familiares angosturas. Oyó el +marqués chirriar puertas, indicio de que la chica se había acogido al +sagrado de alguna habitación. No estaba don Pedro para respetar +sagrados. Empujó la puerta tras la cual juzgaba parapetada a Rita. La +puerta resistía como si tuviese algún obstáculo delante; mas los puños +de don Pedro dieron cuenta fácilmente de la endeble trinchera de un par +de sillas, que vinieron al suelo con estrépito. Penetró en un cuarto +completamente oscuro, y por instinto alargó las manos a fin de no +tropezar con los muebles; advirtió que algo rebullía en las tinieblas; +tanteó el aire y palpó un bulto de mujer, que aprisionó en sus brazos +sin decir palabra, con ánimo de repetir el castigo. ¡Oh sorpresa! La +resistencia más tenaz y briosa, la protesta más desesperada, unas +manitas de acero que no podía cautivar, un cuerpo nervioso que se +sacudía rehuyendo toda presión, y al mismo tiempo varias exclamaciones +de profunda y verdadera congoja, dos o tres gritos ahogados que +demandaban socorro.... ¡Diantre! Aquello no se parecía a lo otro, no.... +Por ciego y exaltado que estuviese el marqués, hubo de comprender.... +Sintió una confusión insólita en él, y soltó a la chica.</p> + +<p>—Nuchiña, no llores.... Calla, mujer.... Ya te dejo; no te hago nada.... +Aguarda un instante.</p> + +<p>Registró precipitadamente sus bolsillos, rascó un fósforo, miró +alrededor, encendió una vela puesta en un candelabro.... Nucha, viéndose +libre, callaba; pero se mantenía a la defensiva. Volvió el marqués a +disculparse y a consolarla.</p> + +<p>—Nucha, no seas chiquilla.... Perdona, mujer.... Dispensa, no creía que +eras tú.</p> + +<p>Conteniendo un sollozo, exclamó Nucha:</p> + +<p>—Fuese quien fuese.... Con las señoritas no se hacen estas brutalidades.</p> + +<p>—Hija mía, tu señora hermanita me buscó..., y el que me busca, que no se +queje si me encuentra.... Ea, no haya más, no estés así disgustada. ¿Qué +va a decir de mí el tío? Pero ¿aún lloras, mujer? Cuidado que eres +sensible de veras. A ver, a ver esa cara.</p> + +<p>Alzó el candelabro para alumbrar el rostro de Nucha. Estaba ésta +encendida, demudada, y por sus mejillas corría despacio una lágrima; +pero al darle la luz en los ojos, no pudo menos de sonreír ligeramente y +secar el llanto con su pañuelo.</p> + +<p>—¡Hija! ¡Cualquiera se te atreve! ¡Eres una fierecita! ¡Y hasta fuerza +en los puños descubres en esos momentos! ¡Diantre!</p> + +<p>—Vete—ordenó Nucha recobrando su seriedad—. Ésta es mi habitación, y no +me parece decente que te estés metido en ella.</p> + +<p>Dio el marqués dos pasos para salir; y volviéndose de pronto, preguntó:</p> + +<p>—¿Quedamos amigos? ¿Se hacen las paces?</p> + +<p>—Sí, con tal que no vuelvas a las andadas—respondió con sencillez y +firmeza Nucha.</p> + +<p>—¿Qué me harás si vuelvo?—interrogó risueño el hidalgo campesino—. Capaz +eres de dejarme en el sitio de una manotada, chica.</p> + +<p>—No por cierto.... No tengo yo fuerzas para tanto. Haré otra cosa.</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—Decírselo a papá, muy clarito, para que se fije en lo que de seguro no +se le habrá pasado por la cabeza: que no parece natural vivir tú aquí no +siendo nuestro hermano y siendo nosotras muchachas solteras. Ya sé que +es un atrevimiento meterme a enmendarle la plana a papá; pero él no ha +reparado en esto, ni te cree capaz de gracias como las de hoy. En cuanto +note algo, se le ha de ocurrir sin que yo se lo sople al oído, pues no +soy quién para aconsejar a mi padre.</p> + +<p>—¡Caramba! Lo dices de un modo..., ¡como si fuese cuestión de vida o +muerte!</p> + +<p>—Pues así.</p> + +<p>Marchóse con estas despachaderas el marqués, y a la hora de la cena +estuvo taciturno y metido en sí, haciendo caso omiso de las zalamerías +de Rita. Nucha, aunque un poco alterada la fisonomía, se mostró como +siempre, afable, tranquila y atenta al buen servicio y orden de la mesa. +Aquella noche el marqués no dejó dormir a Julián, entreteniéndole hasta +las altas horas con larga y tendida plática. Los días siguientes fueron +de tregua; don Pedro salía bastante, y se le veía mucho en el Casino, +junto a la tribuna de los maldicientes. No perdía allí el tiempo. +Informábase de particularidades que le importaban, por ejemplo, el +verdadero estado de fortuna de su tío. En Santiago se decía lo que él +sospechaba ya: don Manuel Pardo mejoraba en tercio y quinto a su +primogénito Gabriel, que entre la mejora, su legítima y el vínculo, +vendría a arramblar con casi toda la casa de la Lage. No restaba más +esperanza a las primitas que la herencia de una tía soltera, doña +Marcelina, madrina de Nucha por más señas, que residía en Orense, +atesorando sórdidamente y viviendo como una rata en su agujero. Estas +nuevas dieron en qué pensar a don Pedro, que desveló a Julián algunas +noches más. Al cabo adoptó una resolución definitiva.</p> + +<p>Estremecióse de placer don Manuel Pardo viendo al sobrino entrar en su +despacho una mañana, con la expresión indefinible que se nota en el +rostro y continente de quien viene a tratar algo de importancia. Había +oído don Manuel que donde hay varias hermanas, lo difícil es deshacerse +de la primera, y después las otras se desprenden de suyo, como las +cuentas de una sarta tras la más próxima al cabo del hilo. Colocada +Rita, lo demás era tortas y pan pintado. Con Manolita cargaría por +último el finchado señorito de la Formoseda; a Carmen se le quitarían de +la cabeza ciertas locuras y siendo tan linda no le faltaría buen +acomodo; y Nucha.... Lo que es Nucha no le hacía a él peso en casa, pues +la gobernaba a las mil maravillas; además, a fuer de heredera presunta +de su madrina, no necesitaba ampararse casándose. Si no hallaba marido, +viviría con Gabriel cuando éste, acabada la carrera, se estableciese +según conviene al mayorazgo de la Lage. Con tan gratos pensamientos, don +Manuel abrió los oídos para mejor recibir el rocío de las palabras de su +sobrino.... Lo que recibió fue un escopetazo.</p> + +<p>—¿Por qué se asusta usted tanto, tío?—exclamaba don Pedro gozando en sus +adentros con la mortificación y asombro del viejo hidalgo—. ¿Hay +impedimento? ¿Tiene Nucha otro novio?</p> + +<p>Comenzó don Manuel a poner mil objeciones, callándose algunas que no +eran para dichas. Salió la corta edad de la muchacha, su delicada salud, +y hasta su poca hermosura alegó el padre, sazonando la observación con +alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no +preferirla. Dio al sobrino manotadas en los hombros y en las rodillas; +gastó chanzas, quiso aconsejarle como se aconseja a un niño que escoge +entre juguetes; y por último, tras de referir varios chascarrillos +adecuados al asunto y contados en dialecto, acabó por declarar que a las +demás chicas les daría algo al contraer matrimonio, pero que a Nucha... +como esperaba heredar lo de su tía.... Los tiempos estaban malos, +<i>abofé</i>.... Luego, encarándose con el marqués, le interrogó:</p> + +<p>—¿Y qué dice esa mosquita muerta de Nucha, vamos a ver?</p> + +<p>—Usted se lo preguntará, tío.... ¡Yo no le dije cosa de sustancia...! Ya +vamos viejos para andar haciendo cocos.</p> + +<p>¡Oh y qué marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena! +Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre sí, +trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que +denunciaban ojos como puños, trastornos en las horas de comer, +conferencias con amigos sesudos, curiosidades de dueña oficiosa que +apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una +cortina, todas las dramáticas menudencias que acompañan a un grave +suceso doméstico.... Y como en provincia las paredes son de cristal, se +murmuró en Santiago desaforadamente, glosando los <i>escándalos</i> ocurridos +entre las señoritas de la Lage por causa del primo. Se acusó a Rita de +haber insultado agriamente a su hermana porque le quitaba el novio, y a +Carmen de ayudarla, porque Nucha reprendía su ventaneo. Se censuró a +Nucha también por falsa e hipócrita. Se le royeron los zancajos a don +Manuel, afirmando que había dicho en toda confianza a persona que lo +repitió en toda intimidad: «El sobrino no me había de salir de aquí sin +una de las chicas, y como se le antojó Nucha, hubo que dársela». Se +aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo +confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo +seguía detrás con don Manuel y Nucha. Ésta iba como avergonzada, +cabizbaja y modesta. Crecieron los comentarios cuando Rita salió para +Orense, a acompañar una temporada a la tía Marcelina, según dijo, y don +Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios +viviesen bajo un mismo techo en vísperas de boda.</p> + +<p>Ésta se efectuó llegada la dispensa pontificia, hacia fines del mes de +agosto. No faltaron los indispensables requisitos: finezas mutuas, +regalos de amigos y parientes, cajas de dulces muy emperifolladas para +repartir, buen ajuar de ropa blanca, las <i>galas</i> venidas de Madrid en un +cajón monstruo. Dos o tres días antes de la ceremonia se recibió un +paquetito procedente de Segovia, y dentro de él un estuche. Contenía una +sortija de oro muy sencilla, y una cartulina figurando tarjeta, que +decía: «A mi inolvidable hermana Marcelina, su más amante hermano, +Gabriel». La novia lloró bastante con el obsequio de <i>su niño</i>, púsolo +en el dedo meñique de la mano izquierda, y allí se le reunió el otro +anillo que en la iglesia le ciñeron.</p> + +<p>Casáronse al anochecer, en una parroquia solitaria. Vestía la novia de +rico gro negro, mantilla de blonda y aderezo de brillantes. Al regresar +hubo refresco para la familia y amigos íntimos solamente: un refresco a +la antigua española, con almíbares, sorbetes, chocolate, vino generoso, +bizcochos, dulces variadísimos, todo servido en macizas salvillas y +bandejas de plata, con gran etiqueta y compostura. No adornaban la mesa +flores, a no ser las rosas de trapo de las <i>tartas</i> o ramilletes de +piñonate; dos candelabros con bujías, altos como mecheros de catafalco, +solemnizaban el comedor; y los convidados, transidos aún del miedo que +infunde el terrible sacramento del matrimonio visto de cerca, hablaban +bajito, lo mismo que en un duelo, esmerándose en evitar hasta el repique +de las cucharillas en la loza de los platos. Parecía aquello la comida +postrera de los reos de muerte. Verdad es que el señor don Nemesio +Angulo, eclesiástico en extremo cortesano y afable, antiguo amigo y +tertuliano de don Manuel y autor de la dicha de los cónyuges, a quienes +acababa de bendecir, intentó soltar dos o tres cosillas festivas, en +tono decentemente jovial, para animar un poco la asamblea; pero sus +esfuerzos se estrellaron contra la seriedad de los concurrentes. Todos +estaban—es la frase de cajón—<i>muy afectados</i>, incluso el señorito de la +Formoseda, que acaso pensaba «cuando la barba de tu vecino...», y +Julián, que viendo colmados sus deseos y votos ardentísimos, triunfante +su candidatura, sentía no obstante en el corazón un peso raro, como si +algún presentimiento cruel se lo abrumase.</p> + +<p>Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo; dos o tres +veces su pulso desasentado le hizo verter el Pajarete que escanciaba al +buen don Nemesio, colocado en sitio preferente, a su derecha. El novio +entretanto conversaba con los hombres, y, al alzarse de la mesa, +repartió excelentes cigarros de que tenía rellena la petaca. Nadie +aludió al trascendental acontecimiento, ni se atrevió a decir la menor +chanza que pudiese poner colorada a la novia; pero al despedirse los +convidados, algunos caballeros recalcaron maliciosamente las <i>buenas +noches</i>, mientras matronas y doncellas, besando con estrépito a la +desposada, le chillaban al oído: «Adiós, <i>señora</i>.... Ya eres <i>señora</i>, +ya no es posible llamarte <i>señorita</i>...», celebrando tan trivial +observación con afectadas risas, y mirando a Nucha como para +aprendérsela de memoria. Cuando todos fueron saliendo, don Manuel Pardo +se acercó a su hija, y la oprimió contra el pecho colosal, sellándole la +frente con besos muy cariñosos. Hallábase realmente conmovido el señor +de la Lage: era la primera vez que casaba una hija; sentía desbordarse +en su alma la paternidad, y al tomar de la mano a Nucha para conducirla +a la cámara nupcial, alumbrándoles el camino Misia Rosario con un +candelabro de cinco brazos cogido de la mesa del comedor, no acertaba a +pronunciar palabra, y un poco de humedad se asomaba a sus lagrimales +áridos, y una sonrisa de orgullo y placer entreabría al mismo tiempo su +boca. En el umbral pudo exclamar al cabo:</p> + +<p>—¡Si levantase la cabeza tal día como hoy tu madre que en gloria esté!</p> + +<p>Ardían en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no +menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco; y como +no la iluminaba otra luz, ni se había soñado siquiera en el clásico +globo de porcelana que es de rigor en todo voluptuoso camarín de novela, +impregnaba la alcoba más misterio religioso que nupcial, completando su +analogía con una capilla u oratorio la forma del tálamo, cuyas cortinas +de damasco rojo franjeadas de oro se parecían exactamente a colgaduras +de iglesia, y cuyas sábanas blanquísimas, tersas y almidonadas, con +randas y encajes, tenían la casta lisura de los manteles de altar. +Cuando el padre se retiraba ya, murmurando «Adiós, Nuchiña, hija +querida», la novia le asió la diestra y se la besó humildemente, con +labios secos, abrasados de calentura. Quedó sola. Temblaba como la hoja +en el árbol, y al través de sus crispados nervios corría a cada instante +el escalofrío de la <i>muerte chiquita</i>, no por miedo razonado y +consciente, sino por cierto pavor indefinible y sagrado. Parecíale que +aquella habitación donde reinaba tan imponente silencio, donde ardían +tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hacía dos +horas aún se había puesto de hinojos.... Volvió a arrodillarse, divisando +allá en la sombra de la cabecera del lecho el antiguo Cristo de ébano y +marfil, a quien el cortinaje formaba severo dosel. Sus labios murmuraban +el consuetudinario rezo nocturno: «Un Padrenuestro por el alma de +mamá...». Oyéronse en el corredor pisadas recias, crujir de botas +flamantes, y la puerta se abrió.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Tomo_II" id="Tomo_II"></a><a href="#capitulos">Tomo II</a></h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XII" id="XII"></a><a href="#capitulos">-XII-</a></h2> + + +<p>Quedaban migajas, no muy añejas aún, del pan de la boda, cuando don +Pedro celebró con Julián una conferencia, conviniendo ambos en lo +urgente de que el capellán se adelantase a salir a los Pazos para +adoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera, +mientras no iban a vivirla sus dueños. Julián aceptó la comisión, y +entonces el señorito mostró remordimientos o escrúpulos de habérsela +encomendado.</p> + +<p>—Mire usted—advirtió—que allí se necesitan muchas agallas.... Primitivo +es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cien vueltas....</p> + +<p>—Dios delante. Matar no me matará.</p> + +<p>—No lo diga usted dos veces—insistió el señor de Ulloa, impulsado por +voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras y +apremiantes—. Ya le avisé a usted en otra ocasión de cómo es Primitivo: +capaz de cualquier desafuero.... Lo que yo no creo es que vaya a cometer +barbaridades por gusto de cometerlas, ni aun en el primer momento, +cuando le ciega el deseo de la venganza.... Con todo....</p> + +<p>No era ésta la única vez que don Pedro manifestaba sagacidad en el +conocimiento de caracteres y personas, don esterilizado por la falta de +nociones de cultura moral y delicadeza, de ésas que hoy exige la +sociedad a quien, mediante el nacimiento, la riqueza o el poder, ocupa +en ella lugar preeminente.</p> + +<p>Prosiguió el señorito:</p> + +<p>—Primitivo no es un bárbaro.... Pero es un bribón redomado y taimadísimo, +que no se para en barras con tal de lograr sus fines.... ¡Demontres! +Harto estoy de saberlo.... El día que nos vinimos... si él pudiese +detenernos soplándonos un tiro a mansalva... no doy dos cuartos por su +pellejo de usted ni por el mío.</p> + +<p>Estremecióse Julián, y se le borraron las rosadas tintas de los pómulos. +No era de madera de héroes, lo cual le salía a la cara. A don Pedro le +divertía infinito el miedo del capellán. En la índole de don Pedro había +un fondo de crueldad, sostenido por su vida grosera.</p> + +<p>—Apostemos—exclamó riéndose—que la cruz aquélla del camino va usted a +pasarla rezando.</p> + +<p>—No digo que no—contestó Julián repuesto ya—; mas no por eso me niego a +ir. Es mi deber; de suerte que no hago nada de extraordinario en +cumplirlo. Dios sobre todo.... A veces no es tan fiero el león como lo +pintan.</p> + +<p>—No le tiene cuenta ahora a Primitivo meterse en dibujos.</p> + +<p>Calló Julián. Al cabo exclamó:</p> + +<p>—Señorito, ¡si usted adoptase una buena resolución! ¡Echar a ese hombre, +señorito, echarlo!</p> + +<p>—Calle usted, hombre, calle usted.... Le pondremos a raya.... Pero eso de +echar.... ¿Y los perros? ¿Y la caza? ¿Y aquellas gentes, y todo aquel +cotarro, que nadie me lo entiende sino él? Desengáñese usted: sin +Primitivo no me arreglo yo allí.... Haga usted la prueba, sólo por gusto, +de aquillotrarme algunas cosas de las que Primitivo maneja durmiendo.... +Además, crea usted lo que le digo, que es como el Evangelio: si echa +usted a Primitivo por la puerta, se nos entrará por la ventana. +¡Diantre! ¡Si sabré yo quién es Primitivo!</p> + +<p>Julián balbució:</p> + +<p>—¿Y... de lo demás...?</p> + +<p>—De lo demás.... Arréglese usted como quiera.... Lleva usted plenos +poderes.</p> + +<p>¡Ya lo creo que los llevaba! ¡Así llevase también alguna receta eficaz +para servirse de ellos! Investido de autoridad omnímoda, Julián sentía +en el fondo del alma una especie de compasión por la desvergonzada +manceba y el hijo espurio. Este último sobre todo. ¿Qué culpa tenía el +pobre inocente de las bellaquerías maternales? Siempre parecía duro +arrojarle de una casa donde, al fin y al cabo, el dueño era su padre. +Julián no se hubiera encargado jamás de tan ingrata comisión a no +parecerle que iba en ello la salvación eterna de don Pedro, y también el +sosiego temporal de la que él seguía llamando <i>señorita Marcelina</i>, +contra el dictamen de las convidadas a la boda.</p> + +<p>No sin aprensión cruzó de nuevo el triste país de lobos que antecedía al +valle de los Pazos. El cazador le aguardaba en Cebre, e hicieron la +jornada juntos; Primitivo, por más señas, se mostró tan sumiso y +respetuoso, que Julián, quien al revés que don Pedro poseía el don de +errar en el conocimiento práctico de las gentes, guardando los aciertos +para el terreno especulativo y abstracto, fue poco a poco desechando la +desconfianza, y persuadiéndose de que ya no tenía el zorro intenciones +de morder. El rostro impasible de Primitivo no revelaba rencor ni enojo. +Con su laconismo y seriedad habituales, hablaba del tiempo desapacible y +metido en agua, que casi no había consentido majar, ni segar el maíz, ni +vendimiar como Dios manda, ni cumplir en paz ninguna de las grandes +faenas agrícolas. Estaba en efecto el camino encharcado, lleno de +aguazales, y como había llovido por la mañana también, los pinos dejaban +escurrir de las verdes y brillantes púas de su ramaje gotas de agua que +se aplastaban en el sombrero de los viajeros. Julián iba perdiendo el +miedo y un gozo muy puro le inundaba el espíritu cuando saludó al +crucero con verdadera efusión religiosa.</p> + +<p>«Bendito seas, Dios mío—pensaba para sí—, pues me has permitido cumplir +una obra buena, grata a tus ojos. He encontrado en los Pazos, hace un +año, el vicio, el escándalo, la grosería y todas las malas pasiones; y +vuelvo trayendo el matrimonio cristiano, las virtudes del hogar +consagrado por ti. Yo, yo he sido el agente de que te has valido para +tan santa obra.... Dios mío, gracias».</p> + +<p>Cortaron el soliloquio ladridos vehementes: era la jauría del marqués, +que salía a recibir al montero mayor, haciendo locas demostraciones de +regocijo, zarandeando los rabos mutilados y abriendo de una cuarta las +fresquísimas bocas. Acariciólos Primitivo con su enjuta mano, pues era +sumamente afectuoso para los perros; y al nieto, que en pos de los +perros venía, le dio una especie de festivo soplamocos. Quiso Julián +besar al niño, pero éste se puso en polvorosa antes de que pudiese +lograrlo; y el capellán experimentó otra vez compasivos remordimientos, +causados por la vista de la ya repudiada criatura. A Sabel la halló en +el sitio de costumbre, entre sus pucheros, pero sin el antiguo séquito +de aldeanas viejas y mozas, de la Sabia y su dilatada progenie. Reinaba +en la cocina orden perfecto: todo limpio, sosegado y solitario; la +persona más severa y amiga de censurar no encontraría qué. El capellán +comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a +temer que su venida lo trastornara: idea dictada por su nativa timidez. +A la hora de cenar aumentó su sorpresa. Primitivo, más blando que un +guante, le daba cuenta en voz reposada de lo ocurrido allí durante medio +año, en materia de vacas paridas, obras emprendidas, rentas cobradas; y +mientras el padre reconocía así su autoridad superior, la hija le servía +diligente y humilde, con pegajosa dulzura de animal doméstico que +implora caricias. No sabía Julián qué cara poner en vista de una acogida +tan cordial.</p> + +<p>Creyó que mudarían de actitud al día siguiente, cuando, haciendo uso de +los plenísimos poderes y facultades omnímodas de que venía investido, +ordenó a la Agar y al Ismael de aquel patriarcado emigrar al desierto. +¡Milagro asombroso! Tampoco se alteró entonces la mansedumbre de +Primitivo.</p> + +<p>—Los señoritos traerán cocinera de allá, de Santiago...—explicaba +Julián, para fundar en algo la expulsión.</p> + +<p>—Por supuesto...—respondió Primitivo con la mayor naturalidad del +mundo—. Allá en la <i>vila</i> guísase de otro modo.... Los señores tienen la +boca acostumbrada.... Cuadra bien, que yo también le iba a pedir que le +escribiese al señor marqués de traer quien cocinase.</p> + +<p>—¿Usted?—exclamó Julián, estupefacto.</p> + +<p>—Sí, señor.... La hija se me quiere casar....</p> + +<p>—¿Sabel?</p> + +<p>—Sabel, sí, señor, anda en eso.... Con el gaitero de Naya, el <i>Gallo</i>.... +Por de contado se empeña en irse para su casa, así que les echen las +bendiciones....</p> + +<p>Sintió Julián un sofocón de pura alegría. No pudo menos de pensar que en +todo aquel negocio de Sabel andaba visiblemente la mano de la +Providencia. ¡Sabel casada, alejada de allí; el peligro conjurado; las +cosas en orden, la salvación segura! Una vez más dio gracias al Dios +bondadoso que quita los estorbos de delante cuando la mezquina previsión +humana no cree posible removerlos siquiera.... La satisfacción que le +rebosaba en el semblante era tal, que se avergonzó de mostrarla ante +Primitivo, y empezó a charlar aprisa, por disimulo, felicitando al +cazador y augurando a Sabel un porvenir de ventura en el nuevo estado. +Aquella noche misma escribió al marqués la buena noticia.</p> + +<p>Pasaron días, siempre bonancibles. Proseguía Sabel mansa, Primitivo +complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta. Sólo notaba Julián +cierta resistencia pasiva en lo tocante al gobierno de los estados y +hacienda del marqués. En este terreno le fue absolutamente imposible +adelantar una pulgada. Primitivo sostenía su posición de verdadero +administrador, apoderado, y, entre bastidores, autócrata: Julián +comprendía que sus plenos poderes importaban tanto como la carabina de +Ambrosio, y hasta pudo cerciorarse, por indicios evidentes, de que el +influjo que ejercía el cazador en el circuito de los Pazos iba +haciéndose extensivo a toda la comarca; a menudo venían a conferenciar +con el mayordomo, en actitud respetuosa y servil, gentes de Cebre, de +Castrodorna, de Boán, de puntos más distantes todavía. En cuatro leguas +a la redonda no se movía una paja sin intervención y aquiescencia de +Primitivo. No poseía Julián fuerzas para luchar con él, ni lo intentaba, +pareciéndole secundario el perjuicio que a la casa de Ulloa originase la +mala administración de Primitivo, en proporción al daño inmenso que +estuvo a punto de causarle Sabel. Descartarse de la hija lo tenía él por +importante; en cuanto al padre....</p> + +<p>Verdad es que la hija no se marchaba tampoco; pero se marcharía, ¡no +faltaba más! ¿Quién duda que se marcharía? Tranquilizaba a Julián una +señal en su concepto infalible: el haber sorprendido cierto anochecer, +cerca del pajar, a Sabel y al gallardo gaitero entretenidos en coloquios +más dulces que edificantes. Le ruborizó el encuentro, pero hizo la vista +gorda reflexionando que aquello era, por decirlo así, la antesala del +altar. Seguro de la victoria respecto a la mala hembra, transigió en lo +relativo al mayordomo. Cuanto más que éste no rechazaba las indicaciones +de Julián, ni le llevaba la contraria en cosa alguna. Si el capellán +ideaba planes, censuraba abusos o insistía en la urgente necesidad de +una reforma, Primitivo aprobaba, allanaba el camino, sugería medios, de +palabra se entiende; al llegar a la realización, ya era harina de otro +costal: empezaban las dificultades, las dilaciones: que hoy... que +mañana.... No hay fuerza comparable a la inercia. Primitivo decía a +Julián para consolarle:</p> + +<p>—Una cosa es hablar, y otra hacer....</p> + +<p>O matar a Primitivo, o entregársele a discreción: el capellán comprendía +que no quedaba otro recurso. Fue un día a desahogar sus cuitas con don +Eugenio, el abad de Naya, cuyos discretos pareceres le alentaban mucho. +Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de +confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales. +La marina se había sublevado, echando del trono a la reina, y ésta se +encontraba ya en Francia, y se constituía un gobierno provisional, y se +contaba de una batalla reñidísima en el puente de Alcolea, y el ejército +se adhería, y el diablo y su madre.... Don Eugenio andaba, de puro +excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilación para +saber noticias ciertas. ¡Qué dirían el señor Arcipreste y el abad de +Boán! ¿Y Barbacana? Ahora sí que Barbacana estaba fresco: su eterno +adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montaría encima por +los siglos de los siglos, amén. Con el embullo de estos acontecimientos, +apenas atendió el abad de Naya a las tribulaciones de Julián.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIII" id="XIII"></a><a href="#capitulos">-XIII-</a></h2> + + +<p>Transcurrido algún tiempo de vida familiar con suegro y cuñadas, don +Pedro echó de menos su huronera. No se acostumbraba a la metrópoli +arzobispal. Ahogábanle las altas tapias verdosas, los soportales +angostos, los edificios de lóbrego zaguán y escalera sombría, que le +parecían calabozos y mazmorras. Fastidiábale vivir allí donde tres gotas +de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una +triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas. Le incomodaba +la perenne sinfonía de la lluvia que se deslizaba por los canalones +abajo o retiñía en los charcos causados por la depresión de las +baldosas. Quedábanle dos recursos no más para combatir el tedio: +discutir con su suegro o jugar un rato en el Casino. Ambas cosas le +produjeron en breve, no hastío, pues el verdadero hastío es enfermedad +moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino +irritación y sorda cólera, hija de la secreta convicción de su +inferioridad. Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de +educación adquirido en dilatados años de existencia ciudadana y el +consiguiente trato de gentes, así como por aquel bien entendido orgullo +de su nacimiento y apellido, que le salvaba de <i>adocenarse</i> (era su +expresión predilecta). Aparte de la manía de referir en las sobremesas y +entre amigos de confianza mil anécdotas, no contrarias al pudor, pero sí +a la serenidad del estómago de los oyentes, era don Manuel persona +cortés y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir +a una junta en la Sociedad Económica de Amigos del País, llevar el +estandarte en una procesión, ser llamado al despacho de un gobernador en +consulta. Si deseaba retirarse al campo, no le atraía tan sólo la +perspectiva de dar rienda suelta a instintos selváticos, de andar sin +corbata, de no pagar tributo a la sociedad, sino que le solicitaban +aficiones más delicadas, de origen moderno: el deseo de tener un jardín, +de cultivar frutales, de hacer obras de albañilería, distracción que le +embelesaba y que en el campo es más barata que en la ciudad. Además, el +fino trato de su mujer, la perpetua compañía de sus hijas suavizara ya +las tradiciones rudas que por parte de los la Lage conservaba don +Manuel: cinco hembras respetadas y queridas civilizan al hombre más +agreste. He aquí por qué el suegro, a pesar de encontrarse +cronológicamente una generación más atrás que su yerno, estaba +moralmente bastantes años delante.</p> + +<p>Trataba don Manuel de descortezar a don Pedro; y no sólo fue trabajo +perdido, sino contraproducente, pues recrudeció su soberbia y le +infundió mayores deseos de emanciparse de todo yugo. Aspiraba el señor +de la Lage a que su sobrino se estableciese en Santiago, levantando la +casa de los Pazos y visitándola los veranos solamente, a fin de +recrearse y vigilar sus fincas; y al dar tales consejos a su yerno, los +entreveraba con indirectas y alusiones, para demostrar que nada ignoraba +de cuanto sucedía en la vieja madriguera de los Ulloas. Este género de +imposición y fiscalización, aunque tan disculpable, irritó a don Pedro, +que según decía, no aguantaba ancas ni gustaba de ser manejado por nadie +en el mundo.</p> + +<p>—Por lo mismo—declaró un día delante de su mujer—vamos a tomar soleta +pronto. A mí nadie me trae y lleva desde que pasé de chiquillo. Si callo +a veces, es porque estoy en casa ajena.</p> + +<p>Estar en casa ajena le exaltaba. Todo cuanto veía lo encontraba +censurable y antipático. El decoroso fausto del señor de la Lage; sus +bandejas y candelabros de plata; su mueblaje rico y antiguo; la +respetabilidad de sus relaciones, compuestas de lo más selecto de la +ciudad; su honesta tertulia nocturna de canónigos y personas formales +que venían a hacerle la partida de tresillo; sus criados respetuosos, a +veces descuidados, pero nunca insolentes ni entrometidos, todo se le +figuraba a don Pedro sátira viviente del desarreglo de los Pazos, de +aquella vida torpe, de las comidas sin mantel, de las ventanas sin +vidrios, de la familiaridad con mozas y gañanes. Y no se le despertaba +la saludable emulación, sino la ruin envidia y su hermano el ceñudo +despecho. Únicamente le consolaban los desatinados amoríos de Carmen; +celebraba la gracia, frotándose las manos, siempre que en el Casino se +comentaba la procacidad del estudiante y el descaro de la chiquilla. +¡Que rabiase su suegro! No bastaba tener sillas de damasco y alfombras +para evitar escándalos.</p> + +<p>Los altercados de don Pedro con su tío iban agriándose, y vino a +envenenarlos la discusión política, que enzarza más que ninguna otra, +especialmente a los que discuten por impresión, sin ideas fijas y +razonadas. Fuerza es confesar que el marqués estaba en este caso. Don +Manuel no era ningún lince, pero afiliado platónicamente desde muchos +años atrás al partido moderado puro, hecho a leer periódicos, conocía la +rutina; y había tomado tan a contrapelo el chasco de González Bravo y la +marcha de Isabel II, que se disparaba, poniéndose a dos dedos de +ahogarse, cuando el sobrino, por molestarle, le contradecía, disculpaba +a los revolucionarios, repetía las enormidades que la prensa y las +lenguas de entonces propalaban contra la majestad caída, y aparentaba +creerlas como artículo de fe. El tío le rebatía con acritud y calor, +alzando al cielo las gigantescas manos.</p> + +<p>—Allá en las aldeas—decía—se traga todo, hasta el mayor disparate.... No +tenéis formado el criterio, hijo, no tenéis formado el criterio, ésa es +vuestra desgracia.... Lo miráis todo al través de un punto de vista que +os forjáis vosotros mismos... (este tremendo disparate debía haberlo +aprendido don Manuel en algún artículo de fondo). Hay que juzgar con la +experiencia, con la sensatez.</p> + +<p>—¿Y usted se figura que somos tontos los que venimos de allá...? Puede +ser que aún tengamos más pesquis, y veamos lo que ustedes no ven... +(aludía a su prima Carmen, colgada de la galería en aquel momento). +Créame usted, tío, en todas partes hay bobalicones que se maman el +dedo.... ¡Vaya si los hay!</p> + +<p>La discusión tomaba carácter personal y agresivo; solía esto ocurrir a +la hora de la sobremesa; las tazas del café chocaban furiosas contra los +platillos; don Manuel, trémulo de coraje, vertía el anisete al llevarlo +a la boca; tío y sobrino alzaban la voz mucho más de lo regular, y +después de algún descompasado grito o frase dura, había instantes de +armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y +Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba +muy despacio las servilletas de todos deslizándolas en las anillas. Don +Pedro se levantaba de repente, rechazando su silla con energía, y, +haciendo temblar el piso bajo su andar fuerte, se largaba al Casino, +donde las mesas de tresillo funcionaban día y noche.</p> + +<p>Tampoco allí se encontraba bien. Sofocábale cierta atmósfera +intelectual, muy propia de ciudad universitaria. Compostela es pueblo en +que nadie quiere pasar por ignorante, y comprendía el señorito cuánto se +mofarían de él y qué chacota se le preparaba, si se averiguase con +certeza que no estaba fuerte en ortografía ni en otras <i>ías</i> nombradas +allí a menudo. Se le sublevaba su amor propio de monarca indiscutible en +los Pazos de Ulloa al verse tenido en menos que unos catedráticos +acatarrados y pergaminosos, y aun que unos estudiantes troneras, con las +botas rojas y el cerebro caliente y vibrante todavía de alguna lectura +de autor moderno, en la Biblioteca de la Universidad o en el gabinete +del Casino. Aquella vida era sobrado activa para la cabeza del señorito, +sobrado entumecida y sedentaria para su cuerpo; la sangre se le +requemaba por falta de esparcimiento y ejercicio, la piel le pedía con +mucha necesidad baños de aire y sol, duchas de lluvia, friegas de +espinos y escajos, ¡plena inmersión en la atmósfera montés!</p> + +<p>No podía sufrir la nivelación social que impone la vida urbana; no se +habituaba a contarse como número par en un pueblo, habiendo estado +siempre de nones en su residencia feudal. ¿Quién era él en Santiago? Don +Pedro Moscoso a secas; menos aún: el yerno del señor de la Lage, el +marido de Nucha Pardo. El marquesado allí se había deshecho como la sal +en el agua, merced a la malicia de un viejecillo, miembro del +maldiciente triunvirato, a quien correspondía, por su acerada y +prodigiosa memoria y años innumerables, el ramo de averiguación y +esclarecimiento de añejos sucedidos, así como al más joven, que +conocemos ya, tocaban las investigaciones de actualidad, viniendo a ser +cronista el uno y analista el otro de la metrópoli. El cronista, pues, +hizo su oficio desentrañando la genealogía entera y verdadera de las +casas de Cabreira y Moscoso, probando ce por be que el título de Ulloa +no correspondía ni podía corresponder sino al duque de tal y cual, +grande de España, etc.; y demostrándolo mediante oportuna exhibición de +la <i>Guía de Forasteros</i>. Por cierto que al instruir estas diligencias se +hizo bastante burla de don Pedro y del señor de la Lage, a quien se +acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de sábanas +regalado a su hija; inocente desliz que el analista confirmó, +especificando dónde y cómo se habían marcado las susodichas sábanas, y +cuánto había costado el <i>escusón</i> y el perendengue de la coronita.</p> + +<p>Impaciente ya, resolvió don Pedro la marcha antes de que pasase la +inclemencia del invierno, a fines de un marzo muy esquivo y desapacible. +Salía el coche para Cebre tan de madrugada, que no se veía casi; hacía +un frío cruel, y Nucha, acurrucada en el rincón del incómodo vehículo, +se llevaba a menudo el pañuelo a los ojos, por lo cual su marido la +interpeló con poca blandura:</p> + +<p>—¿Parece que vienes de mala gana conmigo?</p> + +<p>—¡Qué cosas tienes!—respondió la muchacha destapando el rostro y +sonriendo—. Es natural que sienta dejar al pobre papá y... y a las +chicas.</p> + +<p>—Pues ellas—murmuró el señorito—me parece que no te echarán memoriales +para que vuelvas.</p> + +<p>Nucha calló. El carruaje brincaba en los baches de la salida, y el +mayoral, con voz ronca, animaba al tiro. Alcanzaron la carretera y rodó +el armatoste sobre una superficie más igual. Nucha reanudó el diálogo +preguntando a su marido pormenores relativos a los Pazos, conversación a +que él se prestaba gustoso, ponderando hiperbólicamente la hermosura y +salubridad del país, encareciendo la antigüedad del caserón y alabando +la vida cómoda e independiente que allí se hacía.</p> + +<p>—No creas—decía a su mujer, alzando la voz para que no la cubriese el +ruido de los cascabeles y el retemblar de los vidrios—, no creas que no +hay gente fina allí.... La casa está rodeada de señorío principal: las +señoritas de Molende, que son muy simpáticas; Ramón Limioso, un cumplido +caballero.... También nos hará compañía el Abad de Naya.... ¡Pues y el +nuestro, el de Ulloa, que es presentado por mí! Ése es tan mío como los +perros que llevo a cazar.... No le mando que ladre y que porte porque no +se me antoja. ¡Ya verás, ya verás! Allí es uno alguien y supone algo.</p> + +<p>A medida que se acercaban a Cebre, que entraba en sus dominios, se +redoblaba la alegre locuacidad de don Pedro. Señalaba a los grupos de +castaños, a los escuetos montes de aliaga y exclamaba regocijadísimo:</p> + +<p>—¡Foro de casa...! ¡Foro de casa...! No corre por ahí una liebre que no +paste en tierra mía.</p> + +<p>La entrada en Cebre acrecentó su alborozo. Delante de la posada +aguardaban Primitivo y Julián; aquél con su cara de metal, enigmática y +dura, éste con el rostro dilatado por afectuosísima sonrisa. Nucha le +saludó con no menor cordialidad. Bajaron los equipajes, y Primitivo se +adelantó trayendo a don Pedro su lucia y viva yegua castaña. Iba éste a +montar, cuando reparó en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha, +y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de +esos que por formar en el centro una especie de comba, más parecen +hechos para despedir al jinete que para sustentarlo.</p> + +<p>—¿Cómo no le has traído a la señorita la borrica?—preguntó don Pedro, +deteniéndose antes de montar, con un pie en el estribo y una mano asida +a las crines de la yegua, y mirando al cazador con desconfianza.</p> + +<p>Primitivo articuló no sé qué de una pata coja, de un tumor frío....</p> + +<p>—¿Y no hay más borricos en el país?, ¿eh? A mí no me vengas con eso. Te +sobraba tiempo para buscar diez pollinas.</p> + +<p>Volvióse hacia su mujer, y como para tranquilizar su conciencia, +preguntóle:</p> + +<p>—¿Tienes miedo, chica? Tú no estarás acostumbrada a montar. ¿Has andado +alguna vez en esta casta de aparejos? ¿Sabes tenerte en ellos?</p> + +<p>Nucha permanecía indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sin +soltar de la otra el saquillo de viaje. Al cabo murmuró:</p> + +<p>—Lo que es tenerme, sé.... El año pasado, cuando estuve de baños, monté +en mil aparejos nunca vistos.... Sólo que ahora....</p> + +<p>Soltó el traje de repente, llegóse a su marido, y le pasó un brazo +alrededor del cuello, escondiendo la cara en su pechera como la primera +vez que había tenido que abrazarle; y allí, en una especie de murmullo o +secreteo dulcísimo, acabó la frase interrumpida. Pintóse en el rostro +del marqués la sorpresa, y casi al mismo tiempo la alegría inmensa, +radiante, el júbilo orgulloso, la exaltación de una victoria. Y +apretando contra sí a su mujer, con amorosa protección, exclamó a +gritos:</p> + +<p>—O no hay en tres leguas a la redonda una pollina mansa, o aunque la +tenga el mismo Dios del cielo y no la quiera prestar, aquí vendrá para +ti, a fe de Pedro Moscoso. Aguarda, hija, aguarda un minuto nada más.... +O mejor dicho, entra en la posada y siéntate.... A ver, un banco, una +silla para la señorita.... Espera, <i>Nuchiña</i>, vengo volando. Primitivo, +acompáñame tú. Abrígate, Nucha.</p> + +<p>Volando no, pero sí al cabo de media hora, volvió sin aliento. Traía del +ronzal una oronda borriquilla, bien arreada, dócil y segura: la propia +hacanea de la mujer del juez de Cebre. Don Pedro tomó en brazos a su +esposa y la sentó en la albarda, arreglándole la ropa con esmero.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIV" id="XIV"></a><a href="#capitulos">-XIV-</a></h2> + + +<p>Así que pudieron conferenciar reservadamente capellán y señorito, +preguntó don Pedro, sin mirar cara a cara a Julián:</p> + +<p>—¿Y... <i>ésa</i>? ¿Está todavía por aquí? No la he visto cuando entramos.</p> + +<p>Como Julián arrugase el entrecejo, añadió:</p> + +<p>—Está, está.... Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no +había encontrado modo de sacudírsela de encima.</p> + +<p>—Señorito, la verdad...—articuló Julián bastante disgustado—. Yo no sé +qué decir.... Ha sido una cosa que se ha ido enredando.... Primitivo me +juró y perjuró que la muchacha se iba a casar con el gaitero de Naya....</p> + +<p>—Ya sé quién es—dijo entre dientes don Pedro, cuyo rostro se anubló.</p> + +<p>—Pues yo... como era bastante natural, lo creí. Además tuve ocasión de +persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel... tienen... trato.</p> + +<p>—¿Ha averiguado usted todo eso?—interrogó el marqués con ironía.</p> + +<p>—Señor, yo.... Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme +para no caer de inocente.... He preguntado por ahí y todo el mundo está +conforme en que andan para casarse; hasta don Eugenio, el abad de Naya, +me dijo que el muchacho había pedido sus papeles. Y por cierto que, a +pretexto de no sé qué enredo o dificultad en los tales papeles dichosos, +no se hizo la cosa todavía.</p> + +<p>Quedóse don Pedro callado, y al fin prorrumpió:</p> + +<p>—Es usted un santo. Ya podían venirme a mí con ésas.</p> + +<p>—Señor, la verdad es que si tuvieron intención de engañarme... digo que +son unos grandísimos pillos. Y la Sabel, si no está muerta y penada por +el gaitero, lo figura que es un asombro. Hace dos semanas fue a casa de +don Eugenio y se le arrodilló llorando y pidiendo por Dios que se diese +prisa a arreglarle el casamiento, porque aquel día sería el más feliz de +su vida. Don Eugenio me lo ha contado, y don Eugenio no dice una cosa +por otra.</p> + +<p>—¡Bribona! ¡Bribonaza!—tartamudeó el señorito, iracundo, paseándose por +la habitación aceleradamente.</p> + +<p>Sosegóse no obstante muy luego, y agregó:</p> + +<p>—No me pasmo de nada de eso, ni digo que don Eugenio mienta; pero... +usted... es un papanatas, un infeliz, porque aquí no se trata de Sabel, +¿entiende usted?, sino de su padre, de su padre. Y su padre le ha +engañado a usted como a un chino, vamos. La... mujer ésa, bien comprendo +que rabia por largarse; mas Primitivo es abonado para matarla antes que +tal suceda.</p> + +<p>—No, si también empezaba yo a maliciarme eso.... Mire usted que empezaba +a maliciármelo.</p> + +<p>El señorito se encogió de hombros con desdén, y exclamó:</p> + +<p>—A buena hora.... Deje usted ya de mi cuenta este asunto.... Y por lo +demás..., ¿qué tal, qué tal?</p> + +<p>—Muy mansos..., como corderos.... No se me han opuesto de frente a nada.</p> + +<p>—Pero habrán hecho de lado cuanto se les antoje.... Mire usted, don +Julián, a veces me dan ganas de empapillarle a usted. Lo mismito que a +los pichones.</p> + +<p>Julián replicó todo compungido:</p> + +<p>—Señorito, acierta usted de medio a medio. No hay forma de conseguir +nada aquí si Primitivo se opone. Tenía usted razón cuando me lo +aseguraba el año pasado. Y de algún tiempo acá, parece que aún le tienen +mayor respeto, por no decir más miedo. Desde que se armó la revolución y +andan agitadas las cosas políticas, y cada día recibimos una noticia +gorda, creo que Primitivo se mezcla en esos enredos, y recluta satélites +en el país.... Me lo ha asegurado don Eugenio, añadiendo que ya antes +tenía subyugada a mucha gente prestando a réditos.</p> + +<p>Guardaba silencio don Pedro. Por fin alzó la cabeza y dijo:</p> + +<p>—¿Se acuerda usted de la burra que hubo que buscar en Cebre para mi +mujer?</p> + +<p>—¡No me he de acordar!</p> + +<p>—Pues la señora del juez..., ríase usted un poco, hombre..., la señora +del juez se avino a prestármela porque iba Primitivo conmigo. Si no....</p> + +<p>No hizo Julián reflexión alguna acerca de un suceso que tanto indignaba +al marqués. Al terminar la conferencia, don Pedro le puso la mano en el +hombro.</p> + +<p>—¿Y por qué no me da usted la enhorabuena, desatento?—exclamó con +aquella misma irradiación que habían tenido sus pupilas en Cebre.</p> + +<p>Julián no entendía. El señorito se explicó cayéndosele la baba de gozo. +Sí, señor, para octubre, el tiempo de las castañas..., esperaba el mundo +un Moscoso, un Moscoso auténtico y legítimo... hermoso como un sol +además.</p> + +<p>—¿Y no puede también ser una Moscosita?—preguntó Julián después de +reiteradas felicitaciones.</p> + +<p>—¡Imposible!—gritó el marqués con toda su alma. Y como el capellán se +echase a reír, añadió:—Ni de guasa me lo anuncie usted, don Julián.... Ni +de guasa. Tiene que ser un chiquillo, porque si no le retuerzo el +pescuezo a lo que venga. Ya le he encargado a Nucha que se libre bien de +traerme otra cosa más que un varón. Soy capaz de romperle una costilla +si me desobedece. Dios no me ha de jugar tan mala pasada. En mi familia +siempre hubo sucesión masculina: Moscosos crían Moscosos, es ya +proverbial. ¿No lo ha reparado usted cuando estuvo almorzándose el polvo +del archivo? Pero usted es capaz de no haber reparado tampoco el estado +de mi mujer, si no le entero yo ahora.</p> + +<p>Y era verdad. No sólo no lo había echado de ver, sino que tan natural +contingencia no se le había pasado siquiera por las mientes. La +veneración que por Nucha sentía y que iba acrecentándose con el trato, +cerraba el paso a la idea de que pudiesen ocurrirle los mismos percances +fisiológicos que a las demás hembras del mundo. Justificaba esta +candorosa niñería el aspecto de Nucha. La total inocencia, que se +pintaba en sus ojos vagos y como perdidos en contemplaciones de un mundo +interior, no había menguado con el matrimonio; las mejillas, un poco más +redondeadas, seguían tiñéndose del carmín de la vergüenza por el menor +motivo. Si alguna variación podía observarse, algún signo revelador del +tránsito de virgen a esposa, era quizás un aumento de pudor; pudor, por +decirlo así, más consciente y seguro de sí mismo; instinto elevado a +virtud. No se cansaba Julián de admirar la noble seriedad de Nucha +cuando una chanza atrevida o una palabra malsonante hería sus oídos; la +dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable +que la resguardaba hasta contra las osadías del pensamiento; la bondad +con que agradecía la atención más leve, pagándola con frases compuestas, +pero sinceras; la serenidad de toda su persona, semejante al caer de una +tarde apacibilísima. Parecíale a Julián que Nucha era ni más ni menos +que el tipo ideal de la bíblica Esposa, el poético ejemplar de la Mujer +fuerte, cuando aún no se ha borrado de su frente el nimbo del candor, y +sin embargo ya se adivina su entereza y majestad futura. Andando el +tiempo aquella gracia había de ser severidad, y a las oscuras trenzas +sucederían las canas de plata, sin que en la pura frente imprimiese +jamás una mancha el delito ni una arruga el remordimiento. ¡Cuán +sazonada madurez prometía tan suave primavera! Al pensarlo, felicitábase +otra vez Julián por la parte que le cabía en la acertada elección del +señorito.</p> + +<p>Con desinteresada satisfacción se decía a sí mismo que había logrado +contribuir al establecimiento de una cosa gratísima a Dios, e +indispensable a la concertada marcha de la sociedad: el matrimonio +cristiano, lazo bendito, por medio del cual la Iglesia atiende +juntamente, con admirable sabiduría, a fines espirituales y materiales, +santificando los segundos por medio de los primeros. «La índole de tan +sagrada institución—discurría Julián—es opuesta a impúdicos extremos y +arrebatos, a romancescos y necios desahogos, ardientes y roncos arrullos +de tórtola»; por eso alguna vez que el esposo se deslizaba a +familiaridades más despóticas que tiernas, parecíale al capellán que la +esposa sufría mucho, herida en su cándida modestia, en su decente +compostura; figurábasele que la caída de sus párpados, su encendimiento, +su silencio, eran muda protesta contra libertades impropias del honesto +trato conyugal. Si ante él sucedían tales cosas, a la mesa por ejemplo, +Julián torcía la cara, haciéndose el distraído, o alzaba el vaso para +beber, o fingía atender a los perros, que husmeaban por allí.</p> + +<p>Le asaltaba entonces un escrúpulo, de ésos que se quiebran de sutiles. +Por muy perfecta casada que hiciese Nucha, su condición y virtudes la +llamaban a otro estado más meritorio todavía, más parecido al de los +ángeles, en que la mujer conserva como preciado tesoro su virginal +limpieza. Sabía Julián por su madre que Nucha manifestaba a veces +inclinación a la vida monástica, y daba en la manía de deplorar que no +hubiese entrado en un convento. Siendo Nucha tan buena para mujer de un +hombre, mejor sería para esposa de Cristo; y las castas nupcias dejarían +intacta la flor de su inocencia corporal, poniéndola para siempre al +abrigo de las tribulaciones y combates que en el mundo nunca faltan.</p> + +<p>Esto de los combates le recordaba a Sabel. ¿Quién duda que su +permanencia en casa era ya un peligro para la tranquilidad de la esposa +legítima? No imaginaba Julián riesgos inmediatos, pero presentía algo +amenazador para lo porvenir. ¡Horrible familia ilegal, enraizada en el +viejo caserón solariego como las parietarias y yedras en los derruidos +muros! Al capellán le entraban a veces impulsos de coger una escoba, y +barrer bien fuerte, bien fuerte, hasta que echase de allí a tan mala +ralea. Pero cuando iba más determinado a hacerlo, tropezaba en la +egoísta tranquilidad del señorito y en la resistencia pasiva, +incontrastable del mayordomo. Sucedió además una cosa que aumentó la +dificultad de la barredura: la cocinera enviada de Santiago empezó a +malhumorarse, quejándose de que no entendía la cocina, de que la leña no +ardía bien, del humo, de todo; Sabel, muy servicial, acudió a ayudarla; +y a los pocos días la cocinera, cansada de aldea, se despidió con malos +modos, y Sabel quedó en su sitio, sin que mediasen más fórmulas para el +reemplazo que asir el mango de la sartén cuando la otra lo soltó. Julián +no tuvo ni tiempo de protestar contra este cambio de ministerio y vuelta +al antiguo régimen. Lo cierto es que la familia espuria se mostraba por +entonces incomparablemente humilde: a Primitivo no se le encontraba sino +llamándole cuando hacía falta; Sabel se eclipsaba apenas dejaba la +comida puesta a la lumbre y confiada al cuidado de las mozas de +fregadero; el chiquillo parecía haberse evaporado.</p> + +<p>Y con todo, al capellán no le llegaba la camisa al cuerpo. ¡Si Nucha se +enteraba! ¿Y quién duda que se enteraría en el momento menos pensado? +Por desgracia la nueva esposa mostraba afición suma a recorrer la casa, +a informarse de todo, a escudriñar los sitios más recónditos y +trasconejados, verbigracia desvanes, bodegas, lagar, palomar, hórreos, +<i>tulla</i>, perreras, cochiqueras, gallinero, establos y <i>herbeiros</i> o +depósitos de forraje. No le llegaba a Julián la camisa al cuerpo, +temblando que en alguna de estas dependencias recibiese Nucha a boca de +jarro, por impensado incidente, la atroz revelación. Y al mismo tiempo, +¿cómo oponerse al útil merodeo del ama de casa hacendosa por sus +dominios? Parecía que con la joven señora entraban en cada rincón de los +Pazos la alegría, la limpieza y el orden, y que la saludaba el rápido +bailotear del polvo arremolinado por las escobas, la vibración del rayo +de sol proyectado en escondrijos y zahurdas donde las espesas telarañas +no lo habían dejado penetrar desde años antes.</p> + +<p>Seguía Julián a Nucha en sus exploraciones, a fin de vigilar y evitar, +si cabía, cualquier suceso desgraciado. Y en efecto, su intervención fue +provechosa cuando Nucha descubrió en el gallinero cierto pollo implume. +El caso merece referirse despacio.</p> + +<p>Había observado Nucha que en aquella casa de bendición las gallinas no +ponían jamás, o si ponían no se veía la postura. Afirmaba don Pedro que +se gastaban al año bastantes <i>ferrados</i> de centeno y mijo en el corral; +y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de sí. Lo que es +cacarear, cacareaban como descosidas, indicio evidente de que andaban en +tratos de soltar el huevo; oíase el himno triunfal de las fecundas a la +vez que el blando cloquear de las lluecas; se iba a ver el nido, se +advertía en él suave calorcillo, se distinguía la paja prensada +señalando en relieve la forma del huevo.... Y nada; que no se podía +juntar ni para una mala tortilla. Nucha permanecía ojo alerta. Un día +que acudió más diligente al cacareo delator, divisó agazapado en el +fondo del gallinero, escondiéndose como un ratoncillo, un rapaz de pocos +años. Sólo asomaban entre la paja de la nidadura sus descalzos pies. +Nucha tiró de ellos y salió el cuerpo, y tras del cuerpo las manos, en +las cuales venía ya el plato que apetecía el ama de casa, pues los +huevos que el chico acababa de ocultar se le habían roto con la prisa, y +la tortilla estaba allí medio hecha, batida por lo menos.</p> + +<p>—¡Ah pícaro!—exclamó Nucha cogiéndole y sacándole afuera, a la luz del +corral—. ¡Te voy a desollar vivo, gran tunante! ¡Ya sabemos quién es el +zorro que se come los huevos! Hoy te pongo el trasero en remojo, donde +no lo veas.</p> + +<p>Agitábase y perneaba el ladrón en miniatura; Nucha sintió lástima, +imaginándose que sollozaba con desconsuelo. Apenas logró verle un minuto +la cara desviándole de ella los brazos, pudo convencerse de que el muy +insolente no hacía sino reírse a más y a mejor, y también notar la +extraordinaria lindeza del desharrapado chicuelo. Julián, testigo +inquieto de esta escena, se adelantó y quiso arrebatárselo a Nucha.</p> + +<p>—Déjemelo usted, don Julián...—suplicó ella—. ¡Qué guapo!, ¡qué pelo!, +¡qué ojos! ¿De quién es esta criatura?</p> + +<p>Nunca el timorato capellán sintió tantas ganas de mentir. No atinó, sin +embargo.</p> + +<p>—Creo...—tartamudeó atragantándose—, creo que... de Sabel, la que guisa +estos días.</p> + +<p>—¿De la criada? Pero.... ¿está casada esa chica?</p> + +<p>Creció la turbación de Julián. De esta vez tenía en la garganta una pera +de ahogo.</p> + +<p>—No, señora; casada, no.... Ya sabe usted que... desgraciadamente... las +aldeanas..., por aquí... no es común que guarden el mayor recato.... +Debilidades humanas.</p> + +<p>Sentóse Nucha en un poyo del corral que con el gallinero lindaba, sin +soltar al chiquillo, empeñándose en verle la cara mejor. Él porfiaba en +taparla con manos y brazos, pegando respingos de conejo montés cautivo y +sujeto. Sólo se descubría su cabellera, el monte de rizos castaños como +la propia castaña madura, envedijados, revueltos con briznas de paja y +motas de barro seco, y el cuello y nuca, dorados por el sol.</p> + +<p>—Julián, ¿tiene usted ahí una pieza de dos cuartos?</p> + +<p>—Sí, señora.</p> + +<p>—Toma, <i>rapaciño</i>.... A ver si me pierdes el miedo.</p> + +<p>Fue eficaz el conjuro. Alargó el chiquillo la mano, y metió rápidamente +en el seno la moneda. Nucha vio entonces el rostro redondeado, hoyoso, +graciosísimo y correcto a la vez, como el de los amores de bronce que +sostienen mecheros y lámparas. Una risa entre picaresca y celestial +alegraba tan linda obra de la naturaleza. Nucha le plantó un beso en +cada carrillo.</p> + +<p>—¡Qué monada! ¡Dios lo bendiga! ¿Cómo te llamas, pequeño?</p> + +<p>—Perucho—contestó el pilluelo con sumo desenfado.</p> + +<p>—¡El nombre de mi marido!—exclamó la señorita con viveza—. ¿Apostemos a +que es su ahijado? ¿Eh?</p> + +<p>—Es su ahijado, su ahijado—se apresuró a declarar Julián, que desearía +ponerle al chico un tapón en aquella boca risueña, de carnosos labios +cupidinescos. No pudiendo hacerlo intentó sacar la conversación de +terreno tan peligroso.</p> + +<p>—¿Para qué querías tú los huevos? Dilo y te doy otros dos cuartos, anda.</p> + +<p>—Los vendo—declaró Perucho concisamente.</p> + +<p>—Con que los vendes, ¿eh? Tenemos aquí un negociante.... ¿Y a quién los +vendes?</p> + +<p>—A las mujeres de por ahí, que van a la <i>vila</i>....</p> + +<p>—Sepamos, ¿a cómo te pagan?</p> + +<p>—Dos cuartos por la <i>ducia</i>.</p> + +<p>—Pues mira—díjole Nucha cariñosamente—, de aquí en adelante me los vas a +vender a mí, que te pagaré otro tanto. Por lo bonito que eres no quiero +reñirte ni enfadarme contigo. ¡Quiá! Vamos a ser muy amigotes tú y yo. +Lo primerito que te he de regalar son unos pantalones.... No andas muy +decente que digamos.</p> + +<p>En efecto, por los desgarrones y aberturas del sucio calzón de estopa +del chico hacían irrupción sus fresquísimas y lozanas carnes, cuya +morbidez no alcanzaba a encubrir el fango y suciedad que les servía de +vestidura, a falta de otra más decorosa.</p> + +<p>—¡Angelitos!—murmuró Nucha—. ¡Parece mentira que los traigan así! Yo no +sé cómo no se matan, cómo no perecen de frío.... Julián, hay que vestir a +este niño Jesús.</p> + +<p>—Sí, ¡buen niño Jesús está él!—gruñó Julián—. El mismísimo enemigo malo, +¡Dios me perdone! No le tenga lástima, señorita; es un diablillo, más +travieso que un mico.... Lo que no hice yo para enseñarle a leer y +escribir, para acostumbrarle a que se lavase esos hocicos y esas +patas.... ¡Ni atándolo, señorita, ni atándolo! Y está más sano que una +manzana con la vida que trae. Ya se ha caído dos veces al estanque este +año, y de una por poco se ahoga.</p> + +<p>—Vaya, Julián, ¿qué quiere usted que haga a su edad? No ha de ser formal +como los mayores. Ven conmigo, rapaz, que voy a arreglarte algo para que +te tapes esas piernecitas.... ¿No tiene calzado? Pues hay que encargarle +unos zuecos bien fuertes, de álamo.... Y le voy a predicar un sermón a su +madre para que me lo enjabone todos los días. Usted le va a dar lección +otra vez. O le haremos ir a la escuela, que será lo mejor.</p> + +<p>No hubo quien apease a Nucha de su caritativo propósito. Julián estaba +con el alma en un hilo, temiendo que de semejante aproximación resultase +alguna catástrofe. No obstante, la bondad natural de su corazón hizo que +se interesase nuevamente por aquella obra pía, que ya había intentado +sin fruto. Veía en ella mayor demostración de la hermosura moral de +Nucha. Parecíale que era providencial el que la señorita cuidase a aquel +mal retoño de tronco ruin. Y Nucha entretanto se divertía infinito con +su protegido; hacíale gracia su propia desvergüenza, sus instintos +truhanescos, su afán por apandar huevos y fruta, su avidez al coger las +monedas, su afición al vino y a los buenos bocados. Aspiraba a enderezar +aquel arbolito tierno, civilizándole a la vez la piel y el espíritu. +Obra de romanos, decía el capellán.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XV" id="XV"></a><a href="#capitulos">-XV-</a></h2> + + +<p>Por entonces se dedicó el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la +aristocracia circunvecina. Nucha montaba la borriquilla, y su marido la +yegua castaña; Julián los acompañaba en mula; alguno de los perros +favoritos del marqués se incorporaba a la comitiva siempre, y dos mozos, +vestidos con la ropa dominguera, la más bordada faja, el sombrero de +fieltro nuevecito, empuñando varas verdes que columpiaban al andar, iban +de espolistas, encargados de <i>tener mano</i> de las monturas cuando se +apeasen los jinetes.</p> + +<p>La tanda empezó por la señora jueza de Cebre. Abrió la puerta la criada +en pernetas, que al ver a Nucha bajarse de su cabalgadura y arreglar los +volantes del traje con el mango de la sombrilla, echó a correr +despavorida hacia el interior de la casa, clamando como si anunciase +fuego o ladrones:</p> + +<p>—Señora.... ¡Ay, mi señora! ¡Unos señores...!, ¡hay unos señores aquí!</p> + +<p>Ningún eco respondió a sus alaridos de consternación; pero transcurridos +breves minutos, apareció en el zaguán el juez en persona, deshaciéndose +en excusas por la torpeza de la muchacha: era inconcebible el trabajo +que costaba domesticarlas; se les repetía mil veces la misma cosa, y +nada, no aprendían a recibir a las... pues... de la manera que.... Al +murmurar así, arqueaba el codo ofreciendo a Nucha el sostén de su brazo +para subir la escalera; y siendo ésta tan angosta que no cabían dos +personas de frente, la señora de Moscoso pasaba los mayores trabajos del +mundo intentando asirse con las yemas de los dedos al brazo del buen +señor, que subía dos escalones antes que ella todo torcido y sesgado. +Llegados a la puerta de la sala, el juez empezó a palparse, buscando +ansiosamente algo en los bolsillos, articulando a media voz monosílabos +entrecortados y exclamaciones confusas. De repente exhaló una especie de +bramido terrible.</p> + +<p>—Pepa.... ¡Pepaaaá!</p> + +<p>Se oyó el ¡<i>clac</i>! de los pies descalzos, y el juez interpeló a la +fámula:</p> + +<p>—La llave, ¿vamos a ver? ¿Dónde Judas has metido la llave?</p> + +<p>Pepa se la alargaba ya a toda prisa, y el juez, cambiando de tono y +pasando de la más furiosa ronquera a la más meliflua dulzura, empujó la +puerta y dijo a Nucha:</p> + +<p>—Por aquí, señora mía, por aquí..., tenga usted la bondad....</p> + +<p>La sala estaba completamente a oscuras. Nucha tropezó con una mesa, a +tiempo que el juez repetía:</p> + +<p>—Tenga usted la bondad de sentarse, señora mía.... Usted dispense....</p> + +<p>La claridad que bañó la habitación, una vez abiertas las maderas de la +ventana, permitió a Nucha distinguir al fin el sofá de <i>repis</i> azul, los +dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a +los pies del sofá y que representaba un ferocísimo tigre de Bengala, +color de canela fina. Al juez todo se le volvía acomodar a los +visitadores, insistiendo mucho en si al marqués de Ulloa le convenía la +luz de frente o estaría mejor de espaldas a la vidriera; al mismo tiempo +lanzaba ojeadas de sobresalto en derredor, porque le iba sabiendo mal la +tardanza de su mujer en presentarse. Esforzábase en sostener la +conversación, pero su sonrisa tenía la contracción de una mueca, y su +ojo severo se volvía hacia la puerta muy a menudo. Al cabo se oyó en el +corredor crujido de enaguas almidonadas: la señora jueza entró, sofocada +y compuesta de fresco, según claramente se veía en todos los pormenores +de su tocado; acababa de embutir su respetable humanidad en el corsé, y +sin embargo no había logrado abrochar los últimos botones del corpiño de +seda; el moño postizo, colocado a escape, se torcía inclinándose hacia +la oreja izquierda; traía un pendiente desabrochado, y no habiéndole +llegado el tiempo para calzarse, escondía con mil trabajos, entre los +volantes pomposos de la falda de seda, las babuchas de orillo.</p> + +<p>Aunque Nucha no pecaba de burlona, no pudo menos de hacerle gracia el +atavío de la jueza, que pasaba por el figurín vivo de Cebre, y a +hurtadillas sonrió a Julián mostrándole con imperceptible guiño los +collares, dijes y broches que lucía en el cuello la señora, mientras +ésta a su vez devoraba e inventariaba el sencillo adorno de la recién +casada santiaguesa. La visita fue corta, porque el marqués deseaba +<i>cumplir</i> aquel mismo día con el Arcipreste, y la parroquia de Loiro +distaba una legua por lo menos de la villita de Cebre. Se despidieron de +la autoridad judicial tan ceremoniosamente como habían entrado, con los +mismos requilorios de brazo y acompañamiento y muchos ofrecimientos de +casa y persona.</p> + +<p>Era preciso para ir a Loiro internarse bastante en la montaña, y seguir +una senda llena de despeñaderos y precipicios, que sólo se hacía +practicable al acercarse a los dominios del arciprestazgo, vastos y +ricos algún día, hoy casi anulados por la desamortización. La rectoral +daba señales de su esplendor pasado; su aspecto era conventual; al +entrar y apearse en el zaguán, los señores de Ulloa sintieron la +impresión del frío subterráneo de una ancha cripta abovedada, donde la +voz humana retumbaba de un modo extraño y solemne. Por la escalera de +anchos peldaños y monumental balaústre de piedra bajaba +dificultosamente, con la lentitud y el balanceo con que caminan los osos +puestos en dos pies, una pareja de seres humanos monstruosa, deforme, +que lo parecía más viéndola así reunida: el Arcipreste y su hermana. +Ambos jadeaban: su dificultosa respiración parecía el resuello de un +accidentado; las triples roscas de la papada y el rollo del pestorejo +aureolaban con formidable nimbo de carne las faces moradas de puro +inyectadas de sangre espesa; y cuando se volvían de espaldas, en el +mismo sitio en que el Arcipreste lucía la tonsura ostentaba su hermana +un moñito de pelo gris, análogo al que gastan los toreros. Nucha, a +quien el recibimiento del juez y el tocado de su señora habían puesto de +buen humor, volvió a sonreír disimuladamente, sobre todo al notar los +<i>quidproquos</i> de la conversación, producidos por la sordera de los dos +respetables hermanos. No desmintiendo éstos la hospitalaria tradición +campesina, hicieron pasar a los visitadores, quieras no quieras, al +comedor, donde un mármol se hubiera reído también observando cómo la +mesa del refresco, la misma en que comían a diario los dueños de casa, +tenía dos escotaduras, una frente a otra, sin duda destinadas a alojar +desahogadamente la rotundidad de un par de abdómenes gigantescos.</p> + +<p>El regreso a los Pazos fue animado por comentarios y bromas acerca de +las visitas: hasta Julián dio de mano a su formalidad y a su indulgencia +acostumbrada para divertirse a cuenta de la mesa escotada y del almacén +de quincalla que la señora jueza lucía en el pescuezo y seno. Pensaban +con regocijo en que al día siguiente se les preparaba otra excursión del +mismo género, sin duda igualmente divertida: tocábales ver a las +señoritas de Molende y a los señores de Limioso.</p> + +<p>Salieron de los Pazos tempranito, porque bien necesitaban toda la larga +tarde de verano para cumplir el programa; y acaso no les alcanzaría, si +no fuese porque a las señoritas de Molende no las encontraron en casa; +una mocetona que pasaba cargada con un haz de hierba explicó +difícilmente que las señoritas <i>iban en</i> la feria de Vilamorta, y sabe +Dios cuándo volverían de allá. Le pesó a Nucha, porque las señoritas, +que habían estado en los Pazos a verla, le agradaban, y eran los únicos +rostros juveniles, las únicas personas en quienes encontraba +reminiscencias de la cháchara alegre y del fresco pico de sus hermanas, +a las cuales no podía olvidar. Dejaron un recado de atención a cargo de +la mocetona y torcieron monte arriba, camino del Pazo de Limioso.</p> + +<p>El camino era difícil y se retorcía en espiral alrededor de la montaña; +a uno y otro lado, las cepas de viña, cargadas de follaje, se inclinaban +sobre él como para borrarlo. En la cumbre amarilleaba a la luz del sol +poniente un edificio prolongado, con torre a la izquierda, y a la +derecha un palomar derruido, sin techo ya. Era la señorial mansión de +Limioso, un tiempo castillo roquero, nido de azor colgado en la +escarpada umbría del montecillo solitario, tras del cual, en el +horizonte, se alzaba la cúspide majestuosa del inaccesible Pico Leiro. +No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa +infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los +labriegos con acento más respetuoso el calificativo de <i>Pazo</i>, +<i>palacio</i>, reservado a las moradas hidalgas.</p> + +<p>Desde bastante cerca, el Pazo de Limioso parecía deshabitado, lo cual +aumentaba la impresión melancólica que producía su desmantelado palomar. +Por todas partes indicios de abandono y ruina: las ortigas obstruían la +especie de plazoleta o patio de la casa; no faltaban vidrios en las +vidrieras, por la razón plausible de que tales vidrieras no existían, y +aun alguna madera, arrancada de sus goznes, pendía torcida, como un +jirón en un traje usado. Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de +orín, subían las plantas parásitas, y festones de yedra seca y raquítica +corrían por entre las junturas desquiciadas de las piedras. Estaba el +portón abierto de par en par, como puerta de quien no teme a ladrones; +pero al sonido mate de los cascos de las monturas en el piso herboso del +patio, respondieron asmáticos ladridos y un mastín y dos perdigueros se +abalanzaron contra los visitantes, desperdiciando por las fauces el poco +brío que les quedaba, pues ninguno de aquellos bichos tenía más que un +erizado pelaje sobre una armazón de huesos prontos a agujerearlo al +menor descuido. El mastín no podía, literalmente, ejecutar el esfuerzo +del ladrido: temblábanle las patas, y la lengua le salía de un palmo +entre los dientes, amarillos y roídos por la edad. Apaciguáronse los +perdigueros a la voz del señor de Ulloa, con quien habían cazado mil +veces; no así el mastín, resuelto sin duda a morir en la demanda, y a +quien sólo acalló la aparición de su amo el señorito de Limioso.</p> + +<p>¿Quién no conoce en la montaña al directo descendiente de los paladines +y ricohombres gallegos, al infatigable cazador, al acérrimo +tradicionalista? <i>Ramonciño</i> Limioso contaría a la sazón poco más de +veintiséis años, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus +facciones todas tenían una gravedad melancólica y dignidad algún tanto +burlesca para quien por primera vez lo veía. Su entristecido arqueo de +cejas le prestaba vaga semejanza con los retratos de Quevedo; su +pescuezo, flaco, pedía a voces la golilla, y en vez de la vara que tenía +en la mano, la imaginación le otorgaba una espada de cazoleta. Donde +quiera que se encontrase aquel cuerpo larguirucho, aquel gabán raído, +aquellos pantalones con rodilleras y tal cual remiendo, no se podía +dudar que, con sus pobres trazas, Ramón Limioso era un verdadero <i>señor +desde sus principios</i>—así decían los aldeanos—y no <i>hecho a puñetazos</i>, +como otros.</p> + +<p>Lo era hasta en el modo de ayudar a Nucha a bajarse de la borrica, en la +naturalidad galante con que le ofreció no el brazo, sino, a la antigua +usanza, dos dedos de la mano izquierda para que en ellos apoyase la +palma de su diestra la señora de Ulloa. Y con el decoro propio de un +paso de minueto, la pareja entró por el Pazo de Limioso adelante, +subiendo la escalera exterior que conducía al claustro, no sin peligro +de rodar por ella: tales estaban de carcomidos los venerables escalones. +El tejado del claustro era un puro calado; veíanse, al través de las +tejas y las vigas, innumerables retales de terciopelo azul celeste; la +cría de las golondrinas piaba dulcemente en sus nidos, cobijados en el +sitio más favorable, tras el blasón de los Limiosos, repetido en el +capitel de cada pilar en tosca escultura—tres peces bogando en un lago, +un león sosteniendo una cruz—. Fue peor cuando entraron en la antesala. +Muchos años hacía que la polilla y la vetustez habían dado cuenta de la +tablazón del piso; y no alcanzando, sin duda, los medios de los Limiosos +a echar piso nuevo, se habían contentado con arrojar algunas tablas +sueltas sobre los pontones y las vigas, y por tan peligroso camino cruzó +tranquilamente el señorito, sin dejar de ofrecer los dedos a Nucha, y +sin que ésta se atreviese a solicitar más firme apoyo. Cada tablón en +que sentaban el pie se alzaba y blandía, descubriendo abajo la negra +profundidad de la bodega, con sus cubas vestidas de telarañas. +Atravesaron impávidos el abismo y penetraron en la sala, que al menos +poseía un piso clavado, aunque en muchos sitios roto y en todos casi +reducido a polvo sutil por el taladro de los insectos.</p> + +<p>Nucha se quedó inmóvil de sorpresa. En un ángulo de la sala medio +desaparecía bajo un gran acervo de trigo un mueble soberbio, un vargueño +incrustado de concha y marfil; en las paredes, del betún de los cuadros +viejos y ahumados se destacaba a lo mejor una pierna de santo +martirizado, toda contraída, o el anca de un caballo, o una cabeza +carrilluda de angelote; frente a la esquina del trigo, se alzaba un +estrado revestido de cuero de Córdoba, que aún conservaba su rica +coloración y sus oros intensos; ante el estrado, en semicírculo, +magníficos sitiales escultados, con asiento de cuero también; y entre el +trigo y el estrado, sentadas en <i>tallos</i> (asientos de tronco de roble +bruto, como los que usan los labriegos más pobres), dos viejas secas, +pálidas, derechas, vestidas de hábito del Carmen, ¡hilaban!</p> + +<p>Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las +novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular +efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales +parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa, manejando el +huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella +entró. En nombre de las dos estatuas—que eran las tías paternas del +señorito de Limioso—había visitado éste a Nucha; vivía también en el +Pazo el padre, paralítico y encamado, pero a éste nadie le echaba la +vista encima; su existencia era como un mito, una leyenda de la montaña. +Las dos ancianas se irguieron y tendieron a Nucha los brazos con +movimiento tan simultáneo que no supo a cuál de ellas atender, y a la +vez y en las dos mejillas sintió un beso de hielo, un beso dado sin +labios y acompañado del roce de una piel inerte. Sintió también que le +asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y +momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían +uno de los sitiales, y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror +que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo +del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de +la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda del +esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre....</p> + +<p>Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía, y sin que se lo +comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello, +callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de +las cosas que se van.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVI" id="XVI"></a><a href="#capitulos">-XVI-</a></h2> + + +<p>Debía el sucesor de los Moscosos andar ya cerca de este mundo, porque +Nucha cosía sin descanso prendas menudas semejantes a ropa de muñecas. A +pesar de la asiduidad en la labor, no se desmejoraba, al contrario, +parecía que cada pasito de la criatura hacia la luz del día era en +beneficio de su madre. No podía decirse que Nucha hubiese engruesado, +pero sus formas se llenaban, volviéndose suaves curvas lo que antes eran +ángulos y planicies. Sus mejillas se sonroseaban, aunque le velaba +frente y sienes esa ligera nube oscura conocida por <i>paño</i>. Su pelo +negro parecía más brillante y copioso; sus ojos, menos vagos y más +húmedos; su boca, más fresca y roja. Su voz se había timbrado con notas +graves. En cuanto al natural aumento de su persona, no era mucho ni la +afeaba, prestando solamente a su cuerpo la dulce pesadez que se nota en +el de la Virgen en los cuadros que representan la Visitación. La +colocación de sus manos, extendidas sobre el vientre como para +protegerlo, completaba la analogía con las pinturas de tan tierno +asunto.</p> + +<p>Hay que reconocer que don Pedro se portaba bien con su esposa durante +aquella temporada de expectación. Olvidando sus acostumbradas correrías +por montes y riscos, la sacaba todas las tardes, sin faltar una, a dar +paseítos higiénicos, que crecían gradualmente; y Nucha, apoyada en su +brazo, recorría el valle en que los Pazos de Ulloa se esconden, +sentándose en los murallones y en los ribazos al sentirse muy fatigada. +Don Pedro atendía a satisfacer sus menores deseos: en ocasiones se +mostraba hasta galante, trayéndole las flores silvestres que le llamaban +la atención, o ramas de madroño y zarzamora cuajadas de fruto. Como a +Nucha le causaban fuerte sacudimiento nervioso los tiros, no llevaba +jamás el señorito su escopeta, y había prohibido expresamente a +Primitivo cazar por allí. Parecía que la leñosa corteza se le iba +cayendo, poco a poco, al marqués, y que su corazón bravío y egoísta se +inmutaba, dejando asomar, como entre las grietas de la pared, +florecillas parásitas, blandos afectos de esposo y padre. Si aquello no +era el matrimonio cristiano soñado por el excelente capellán, viven los +cielos que debía asemejársele mucho.</p> + +<p>Julián bendecía a Dios todos los días. Su devoción había vuelto, no a +renacer, pues no muriera nunca, pero sí a reavivarse y encenderse. A +medida que se acercaba la hora crítica para Nucha, el capellán +permanecía más tiempo de rodillas dando gracias al terminar la misa; +prolongaba más las letanías y el rosario; ponía más alma y fervor en el +cuotidiano rezo. Y no entran en la cuenta dos novenas devotísimas, una a +la Virgen de Agosto, otra a la Virgen de Septiembre. Figurábasele este +culto mariano muy adecuado a las circunstancias, por la convicción cada +vez más firme de que Nucha era viva imagen de Nuestra Señora, en cuanto +una mujer concebida en pecado puede serlo.</p> + +<p>Al oscurecer de una tarde de octubre estaba Julián sentado en el poyo de +su ventana, engolfado en la lectura del P. Nieremberg. Sintió pasos +precipitados en la escalera. Conoció el modo de pisar de don Pedro. El +rostro del señor de Ulloa derramaba satisfacción.</p> + +<p>—¿Hay novedades?—preguntó Julián soltando el libro.</p> + +<p>—¡Ya lo creo! Nos hemos tenido que volver del paseo a escape.</p> + +<p>—¿Y han ido a Cebre por el médico?</p> + +<p>—Va allá Primitivo.</p> + +<p>Julián torció el gesto.</p> + +<p>—No hay que asustarse.... Detrás de él van a salir ahora mismo otros dos +propios. Quería ir yo en persona, pero Nucha dice que no se queda ahora +sin mí.</p> + +<p>—Lo mejor sería ir yo también por si acaso—exclamó Julián—. Aunque sea a +pie y de noche....</p> + +<p>Lanzó don Pedro una de sus terribles y mofadoras carcajadas.</p> + +<p>—¡Usted!—clamó sin cesar de reír—. ¡Vaya una ocurrencia, don Julián!</p> + +<p>El capellán bajó los ojos y frunció el rubio ceño. Sentía cierta +vergüenza de su sotana, que le inutilizaba para prestar el menor +servicio en tan apretado trance. Y al par que sacerdote era hombre, de +modo que tampoco podía penetrar en la cámara donde se cumplía el +misterio. Sólo tenían derecho a ello dos varones: el esposo y el <i>otro</i>, +el que Primitivo iba a buscar, el representante de la ciencia humana. +Acongojóse el espíritu de Julián pensando en que el recato de Nucha iba +a ser profanado, y su cuerpo puro tratado quizás como se trata a los +cadáveres en la mesa de anatomía: como materia inerte, donde no se +cobija ya un alma. Comprendió que se apocaba y afligía.</p> + +<p>—Llámeme usted si para algo me necesita, señor marqués—murmuró con +desmayada voz.</p> + +<p>—Mil gracias, hombre.... Venía únicamente a darle a usted la buena +noticia.</p> + +<p>Don Pedro volvió a bajar la escalera rápidamente silbando una +<i>riveirana</i>, y el capellán, al pronto, se quedó inmóvil. Pasóse luego la +mano por la frente, donde rezumaba un sudorcillo. Miró a la pared. Entre +varias estampitas pendientes del muro y encuadradas en marcos de briche +y lentejuelas, escogió dos: una de San Ramón Nonnato y otra de Nuestra +Señora de la Angustia, sosteniendo en el regazo a su Hijo muerto. Él la +hubiera preferido de la Leche y Buen Parto, pero no la tenía, ni se +había acordado mucho de tal advocación hasta aquel instante. Desembarazó +la cómoda de los cachivaches que la obstruían y puso encima, de pie, las +estampas. Abrió después el cajón, donde guardaba algunas velas de cera +destinadas a la capilla; tomó un par, las acomodó en candeleros de +latón, y armó su <i>altarito</i>. Así que la luz amarillenta de los cirios se +reflejó en los adornos y cristal de los cuadros, el alma de Julián +sintió consuelo inefable. Lleno de esperanza, el capellán se reprendió a +sí mismo por haberse juzgado inútil en momentos semejantes. ¡Él inútil! +Cabalmente le incumbía lo más importante y preciso, que es impetrar la +protección del cielo. Y arrodillándose henchido de fe, dio principio a +sus oraciones.</p> + +<p>El tiempo corría sin interrumpirlas. De abajo no llegaba noticia alguna. +A eso de las diez reconoció Julián que sus rodillas hormigueaban con +insufrible hormigueo, que se apoderaba de sus miembros dolorosa lasitud, +que se le desvanecía la cabeza. Hizo un esfuerzo y se incorporó +tambaleándose. Una persona entró. Era Sabel, a quien el capellán miró +con sorpresa, pues hacía bastante tiempo que no se presentaba allí.</p> + +<p>—De parte del señorito, que baje a cenar.</p> + +<p>—¿Ha venido su padre de usted? ¿Ha llegado el médico?—interrogó +ansiosamente Julián, no atreviéndose a preguntar otra cosa.</p> + +<p>—No, señor.... De aquí a Cebre hay un bocadito.</p> + +<p>En el comedor encontró Julián al marqués cenando con apetito formidable, +como hombre a quien se le ha retrasado la pitanza dos horas más que de +costumbre. Julián trató de imitar aquel sosiego, sentándose y +extendiendo la servilleta.</p> + +<p>—¿Y la señorita?—preguntó con afán.</p> + +<p>—¡Pss!... Ya puede usted suponer que no muy a gusto.</p> + +<p>—¿Necesitará algo mientras usted está aquí?</p> + +<p>—No. Tiene allá a su doncella, la Filomena. Sabel también ayuda para +cuanto se precise.</p> + +<p>Julián no contestó. Sus reflexiones valían más para calladas que para +dichas. Era una monstruosidad que Sabel asistiese a la legítima esposa; +pero si no se le ocurría al marido, ¿quién tenía valor para +insinuárselo? Por otra parte, Sabel, en realidad, no carecía de +experiencia doméstica, ni dejaría de ser útil. Notó Julián que el +marqués, a diferencia de algunas horas antes, parecía malhumorado e +impaciente. Recelaba el capellán interrogarle. Determinóse al fin.</p> + +<p>—¿Y... dará tiempo a que llegue el médico?</p> + +<p>—¿Que si da tiempo?—respondió el señorito embaulando y mascando con +colérica avidez—. ¡Como no lo dé de más! Estas señoritas finas son muy +delicadas y difíciles para todo.... Y cuando no hay un gran físico.... Si +fuese por el estilo de su hermana Rita....</p> + +<p>Descargó un porrazo con el vaso en la mesa, y añadió sentenciosamente:</p> + +<p>—Son una calamidad las mujeres de los pueblos.... Hechas de alfeñique.... +Le aseguro a usted que tiene una debilidad, y una tendencia a las +convulsiones y a los síncopes, que.... ¡Melindres, diantre! ¡Melindres a +que las acostumbran desde pequeñas!</p> + +<p>Pegó otro trompis y se levantó, dejando solo en el comedor a Julián. No +sabía éste qué hacer de su persona, y pensó que lo mejor era emprender +de nuevo plática con los santos. Subió. Las velas seguían ardiendo, y el +capellán volvió a arrodillarse. Las horas pasaban y pasaban, y no se +oían más ruidos que el viento de la noche al gemir en los castaños, y el +hondo sollozo del agua en la represa del cercano molino. Sentía Julián +cosquilleo y agujetas en los muslos, frío en los huesos y pesadez en la +cabeza. Dos o tres veces miró hacia su cama, y otras tantas el recuerdo +de la pobrecita, que sufría allá abajo, le detuvo. Dábale vergüenza +ceder a la tentación. Mas sus ojos se cerraban, su cabeza, ebria de +sueño, caía sobre el pecho. Se tendió vestido, prometiéndose +despabilarse al punto. Despertó cuando ya era de día.</p> + +<p>Al encontrarse vestido, se acordó, y tratándose mentalmente de marmota y +leño, pensó si ya estaría en el mundo el nuevo Moscoso. Bajó apresurado, +frotándose los párpados, medio aturdido aún. En la antesala de la cocina +se dio de manos a boca con Máximo Juncal, el médico de Cebre, con +bufanda de lana gris arrollada al cuello, chaquetón de paño pardo, botas +y espuelas.</p> + +<p>—¿Llega usted ahora mismo?—preguntó asombrado el capellán.</p> + +<p>—Sí, señor.... Primitivo dice que estuvieron llamando anoche a mi puerta +él y otros dos, pero que no les abrió nadie.... Verdad que mi criada es +algo sorda; mas con todo..., si llamasen como Dios manda.... En fin, que +hasta el amanecer no me llegó el aviso. De cualquier manera parece que +vengo muy a tiempo todavía.... Primeriza al fin y al cabo.... Estas +batallas acostumbran durar bastante.... Allá voy a ver qué ocurre....</p> + +<p>Precedido de don Pedro, echó a andar látigo en mano y resonándole las +espuelas, de modo que la imagen bélica que acababa de emplear parecía +exacta, y cualquiera le tomaría por el general que acude a decidir con +su presencia y sus órdenes la victoria. Su continente resuelto infundía +confianza. Reapareció a poco pidiendo una taza de café bien caliente, +pues con la prisa de venir se encontraba en ayunas. Al señorito le +sirvieron chocolate. Emitió el médico su dictamen facultativo: armarse +de paciencia, porque el negocio iba largo.</p> + +<p>Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el +insomnio, quiso a toda costa saber si había peligro.</p> + +<p>—No, señor; no, señor—contestó Máximo desliendo el azúcar con la +cucharilla y echando ron en el café—. Si se presentan dificultades, +estamos aquí.... Tú, Sabel: una copita pequeña.</p> + +<p>En la copita pequeña escanció también ron, que paladeó mientras el café +se enfriaba. El marqués le tendió la petaca llena.</p> + +<p>—Muchas gracias...—pronunció el médico encendiendo un habano—. Por ahora +estamos a ver venir. La señora es novicia, y no muy fuerte.... A las +mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica: corsé +para volver angosto lo que debe ser vasto; encierro para producir la +clorosis y la anemia; vida sedentaria, para ingurgitarlas y criar linfa +a expensas de la sangre.... Mil veces mejor preparadas están las aldeanas +para el gran combate de la gestación y alumbramiento, que al cabo es la +verdadera función femenina.</p> + +<p>Siguió explanando su teoría, queriendo manifestar que no ignoraba las +más recientes y osadas hipótesis científicas, alardeando de materialismo +higiénico, ponderando mucho la acción bienhechora de la madre +naturaleza. Veíase que era mozo inteligente, de bastante lectura y +determinado a lidiar con las enfermedades ajenas; mas la amarillez +biliosa de su rostro, la lividez y secura de sus delgados labios, no +prometían salud robusta. Aquel fanático de la higiene no predicaba con +el ejemplo. Asegurábase que tenía la culpa el ron y una panadera de +Cebre, con salud para vender y regalar cuatro doctores higienistas.</p> + +<p>Don Pedro chupaba también con ensañamiento su cigarro y rumiaba las +palabras del médico, que por extraño caso, atendida la diferencia entre +un pensamiento relleno de ciencia novísima y otro virgen hasta de +lectura, conformaban en todo con su sentir. También el hidalgo rancio +pensaba que la mujer debe ser principalmente muy apta para la +propagación de la especie. Lo contrario le parecía un crimen. Acordábase +mucho, mucho, con extraños remordimientos casi incestuosos, del robusto +tronco de su cuñada Rita. También recordó el nacimiento de Perucho, un +día que Sabel estaba amasando. Por cierto que la borona que amasaba no +hubiera tenido tiempo de cocerse cuando el chiquillo berreaba ya +diciendo a su modo que él era de Dios como los demás y necesitaba el +sustento. Estas memorias le despertaron una idea muy importante.</p> + +<p>—Diga, Máximo.... ¿le parece que mi mujer podrá criar?</p> + +<p>Máximo se echó a reír, saboreando el ron.</p> + +<p>—No pedir gollerías, señor don Pedro.... ¡Criar! Esa función augusta +exige complexión muy vigorosa y predominio del temperamento sanguíneo.... +No puede criar la señora.</p> + +<p>—Ella es la que se empeña en eso—dijo con despecho el marqués—; yo bien +me figuré que era un disparate... por más que no creí a mi mujer tan +endeble.... En fin, ahora tratamos de que no nazca el niño para rabiar de +hambre. ¿Tendré tiempo de ir a Castrodorna? La hija de Felipe el casero, +aquella mocetona, ¿no sabe usted?...</p> + +<p>—¿Pues no he de saber? ¡Gran vaca! Tiene usted ojo médico.... Y está +parida de dos meses. Lo que no sé es si los padres la dejarán venir. +Creo que son gente honrada en su clase y no quieren divulgar lo de la +hija.</p> + +<p>—¡Música celestial! Si hace ascos la traigo arrastrando por la trenza.... +A mí no me levanta la voz un casero mío. ¿Hay tiempo o no de ir allá?</p> + +<p>—Tiempo, sí. Ojalá acabásemos antes; pero no lleva trazas.</p> + +<p>Cuando el señorito salió, Máximo se sirvió otra copa de ron y dijo en +confianza al capellán:</p> + +<p>—Si yo estuviese en el pellejo del Felipe... ya le quiero un recado a +don Pedro. ¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es +un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de +libertad, de derechos individuales.... ¡Y al fin, por todas partes la +tiranía, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, ¿qué es esto +sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquidades de la +servidumbre? Que yo necesito tu hija, ¡zas!, pues contra tu voluntad te +la cojo. Que me hace falta leche, una vaca humana, ¡zas!, si no quieres +dar de mamar de grado a mi chiquillo, le darás por fuerza. Pero le estoy +escandalizando a usted. Usted no piensa como yo, de seguro, en +cuestiones sociales.</p> + +<p>—No señor; no me escandalizo—contestó apaciblemente Julián—. Al +contrario.... Me dan ganas de reír porque me hace gracia verle a usted +tan sofocado. Mire usted qué más querrá la hija de Felipe que servir de +ama de cría en esta casa. Bien mantenida, bien regalada, sin trabajar.... +Figúrese.</p> + +<p>—¿Y el albedrío? ¿Quiere usted coartar el albedrío, los derechos +individuales? Supóngase que la muchacha se encuentre mejor avenida con +su honrada pobreza que con todos esos beneficios y ventajas que usted +dice.... ¿No es un acto abusivo traerla aquí de la trenza, porque es hija +de un casero? Naturalmente que a usted no se lo parece; claro está. +Vistiéndose por la cabeza, no se puede pensar de otro modo; usted tiene +que estar por el feudalismo y la teocracia. ¿Acerté? No me diga usted +que no.</p> + +<p>—Yo no tengo ideas políticas—aseveró Julián sosegadamente; y de pronto, +como recordando, añadió:—¿Y no sería bien dar una vuelta a ver cómo lo +pasa la señorita?</p> + +<p>—¡Pchs!... No hago por ahora gran falta allá, pero voy a ver. Que no se +lleven la botella del ron, ¿eh? Hasta dentro de un instante.</p> + +<p>Volvió en breve, e instalándose ante la copa mostró querer reanudar la +conversación política, a la cual profesaba desmedida afición, +prefiriendo, en su interior, que le contradijesen, pues entonces se +encendía y exaltaba, encontrando inesperados argumentos. Las violentas +discusiones en que se llegaba a vociferar y a injuriarse le esparcían la +estancada bilis, y la función digestiva y respiratoria se le activaba, +produciéndole gran bienestar. Disputaba por higiene: aquella gimnasia de +la laringe y del cerebro le desinfartaba el hígado.</p> + +<p>—¿Con que usted no tiene ideas políticas? A otro perro con ese hueso, +padre Julián.... Todos los pájaros de pluma negra vuelan hacia atrás, no +andemos con cuentos. Y si no, a ver, hagamos la prueba: ¿qué piensa +usted de la revolución? ¿Está usted conforme con la libertad de cultos? +Aquí te quiero, escopeta. ¿Está usted de acuerdo con Suñer?</p> + +<p>—¡Vaya unas cosas que tiene el señor don Máximo! ¿Cómo he de estar de +acuerdo con Suñer? ¿No es ése que dijo en el Congreso blasfemias +horrorosas? ¡Dios le alumbre!</p> + +<p>—Hable claro: ¿usted piensa como el abad de San Clemente de Boán? Ése +dice que a Suñer y a los revolucionarios no se les convence con razones, +sino a trabucazo limpio y palo seco. ¿Usted qué opina?</p> + +<p>—Son dichos de acaloramiento.... Un sacerdote es hombre como todos y +puede enfadarse en una disputa y echar venablos por la boca.</p> + +<p>—Ya lo creo; y por lo mismo que es hombre como todos puede tener +intereses bastardos, puede querer vivir holgazanamente explotando la +tontería del prójimo, puede darse buena vida con los capones y cabritos +de los feligreses.... No me negará usted esto.</p> + +<p>—Todos somos pecadores, don Máximo.</p> + +<p>—Y aún puede hacer cosas peores, que... se sobrentienden..., ¿eh? No +sofocarse.</p> + +<p>—Sí, señor. Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo. Si +tuviésemos privilegio para no pecar, estábamos bien; nos habíamos +salvado en el momento mismo de la ordenación, que no era floja ganga. +Cabalmente, la ordenación nos impone deberes más estrechos que a los +demás cristianos, y es doblemente difícil que uno de nosotros sea bueno. +Y para serlo del modo que requeriría el camino de perfección en que +debemos entrar al ordenarnos de sacerdotes, se necesita, aparte de +nuestros esfuerzos, que la gracia de Dios nos ayude. Ahí es nada.</p> + +<p>Díjolo en tono tan sincero y sencillo, que el médico amainó por algunos +instantes.</p> + +<p>—Si todos fuesen como usted, don Julián....</p> + +<p>—Yo soy el último, el peor. No se fíe usted en apariencias.</p> + +<p>—¡Quiá! Los demás son buenas piezas, buenas..., y ni con la revolución +hemos conseguido minarles el terreno.... Le parecerá a usted mentira lo +que amañaron estos días para dar gusto a ese bandido de Barbacana....</p> + +<p>No hallándose en antecedentes, Julián guardaba silencio.</p> + +<p>—Figúrese usted—refirió el médico—que Barbacana tiene a sus órdenes otro +facineroso, un paisano de Castrodorna, conocido por el Tuerto, que va y +viene a Portugal a salto de mata, porque una noche cosió a puñaladas a +su mujer y al amante.... Hace poco parece que le echó mano la justicia, +pero Barbacana se empeñó en librarlo, y tanto sudaron él y los curas, +que el hombre salió bajo fianza, y se pasea por ahí.... De modo que, a +pesar de los pesares, nos tiene usted como siempre, mandados por el +infame Barbacana.</p> + +<p>—Pero—objetó Julián—yo he oído que aquí, cuando no reina Barbacana, +reina otro cacique peor, que le llaman Trampeta, por los enredos y +diabluras que arma a los pobres paisanos chupándoles el tuétano.... Con +que por fas o por nefas.</p> + +<p>—Eso.... Eso tiene algo de verdad..., pero mire usted, al menos Trampeta +no se propone levantar partidas.... Con Barbacana es preciso concluir, +pues corresponde con las juntas carlistas de la provincia para llevar el +país a fuego y sangre.... ¿Es usted partidario del niño Terso?</p> + +<p>—Ya le dije que no tengo opiniones.</p> + +<p>—Es que no le da la gana de disputar.</p> + +<p>—Francamente, don Máximo, acierta usted. Estoy pendiente de esa pobre +señorita... pensando en lo que puede sucederle. Y no entiendo de +política...; no se ría usted..., no entiendo. Sólo entiendo de decir +misa; y el caso es que no la he dicho hoy todavía, y mientras no la diga +no me desayuno, y el estómago se me va.... Aplicaré la misa por la +necesidad presente. Yo no puedo—añadió con cierta melancolía—prestarle a +la señorita otro auxilio.</p> + +<p>Marchóse, dejando al médico sorprendido de encontrar un cura que rehuía +entrar en políticas discusiones, que por aquellos días reemplazaban a +las teológicas en todas las sobremesas patronales, y celebró su misa con +gran atención y minuciosidad en las ceremonias. El repique de la +campanilla del acólito resonaba claro y argentino en la vetusta capilla +vacía. Oíanse fuera gorjeos de pájaros en los árboles del huerto, lejano +chirrido de carros que salían al trabajo, rumores campestres gratos, +calmantes, bienhechores. Era la misa de San Ramón Nonnato, elegida para +la circunstancia; y cuando el celebrante pronunció «<i>ejus nobis +intercessione concede, ut a peccatorum vinculis absoluti</i>...», parecióle +que las cadenas de dolor que ligaban a la pobre virgencita—que aún +entonces se la representaba como tal el capellán—se rompían de golpe, +dejándola libre, gozosa y radiante, con la más feliz maternidad.</p> + +<p>Sin embargo, cuando regresó a la casa no había indicios de la susodicha +ruptura de cadenas. En vez de las apresuradas idas y venidas de criados +que siempre indican algún acontecimiento trascendental, notó una calma +de mal agüero. El señorito no volvía: verdad es que Castrodorna distaba +bastante de los Pazos. Fue preciso sentarse a la mesa sin él. El médico +no intentó disputar más, porque a su vez empezaba a hallarse preocupado +con la flema del heredero de los Moscosos. Hay que decir, en abono del +discutidor higienista, que tomaba su profesión por lo serio, y la +respetaba tanto como Julián la suya. Probábalo su misma manía de la +higiene y su culto de la salud, culto infundido por librotes modernos +que sustituyen al Dios del Sinaí con la diosa Higia. Para Máximo Juncal, +inmoralidad era sinónimo de escrofulosis, y el deber se parecía bastante +a una perfecta oxidación de los elementos asimilables. Disculpábase a sí +propio ciertos extravíos, por tener un tanto obstruidas las vías +hepáticas.</p> + +<p>En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su +instinto de lucha contra los males positivos de la tierra: el dolor, la +enfermedad, la muerte. Comió distraídamente, y sólo bebió dos copas de +ron. Julián apenas pasó bocado; preguntaba de tiempo en tiempo:</p> + +<p>—¿Qué ocurrirá por allí, don Máximo?</p> + +<p>Cesó de preguntar cuando el médico le hubo dado, a media voz, algunos +detalles, empleando términos técnicos. La noche caía. Máximo apenas +salía del cuarto de la paciente. Sintióse Julián tan triste y solo, que +ya se disponía a subir y encender su altar, para disfrutar al menos la +compañía de las velas y los cuadritos. Pero don Pedro entró +impetuosamente, como una ráfaga de viento huracanado. Traía de la mano +una muchachona color de tierra, un castillo de carne: el tipo clásico de +la vaca humana.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVII" id="XVII"></a><a href="#capitulos">-XVII-</a></h2> + + +<p>Que Máximo Juncal, ya que es su oficio, reconozca detenidamente la +cuenca del río lácteo de la poderosa bestiaza, conducida por el marqués +de Ulloa, no sin asombro de las gentes, en el borrén delantero de la +silla de su yegua, por no haber en Castrodorna otros medios de +transporte, y no permitir la impaciencia de don Pedro que el ama viniese +a pie. La yegua recordará toda la vida, con temblor general de su +cuerpo, aquella jornada memorable en que tuvo que sufrir a la vez el +peso del actual representante de los Moscosos y el de la nodriza del +Moscoso futuro.</p> + +<p>Cayéronsele a don Pedro las alas del corazón cuando vio que su heredero +no había llegado todavía. En aquel momento le pareció que un suceso tan +próximo no se verificaría jamás. Apuró a Sabel reclamando la cena, pues +traía un hambre feroz. Sabel la sirvió en persona, por hallarse aquel +día muy ocupada Filomena, la doncella, que acostumbraba atender al +comedor. Estaba Sabel fresca y apetecible como nunca, y las floridas +carnes de su arremangado brazo, el brillo cobrizo de las conchas de su +pelo, la melosa ternura y sensualidad de sus ojos azules, parecían +contrastar con la situación, con la mujer que sufría atroces tormentos, +medio agonizando, a corta distancia de allí. Hacía tiempo que el marqués +no veía de cerca a Sabel. Más que mirarla, se puede decir que la examinó +despacio durante algunos minutos. Reparó que la moza no llevaba +pendientes y que tenía una oreja rota; entonces recordó habérsela +partido él mismo, al aplastar con la culata de su escopeta el zarcillo +de filigrana, en un arrebato de brutales celos. La herida se había +curado, pero la oreja tenía ahora dos lóbulos en vez de uno.</p> + +<p>—¿No duerme nada la señorita?—preguntaba Julián al médico.</p> + +<p>—A ratos, entre dolor y dolor.... Precisamente me gusta a mí bien poco +ese sopor en que cae. Esto no adelanta ni se gradúa, y lo peor es que +pierde fuerzas. Cada vez se me pone más débil. Puede decirse que lleva +cuarenta y ocho horas sin probar alimento, pues me confesó que antes de +avisar a su marido, mucho antes, ya se sintió mal y no pudo comer.... +Esto de los sueñecitos no me hace tilín. Para mí, más que modorra, son +verdaderos síncopes.</p> + +<p>Don Pedro apoyaba con desaliento la cabeza en el cerrado puño.</p> + +<p>—Estoy convencido—dijo enfáticamente—de que semejantes cosas sólo les +pasan a las señoritas educadas en el pueblo y con ciertas impertinencias +y repulgos.... Que les vengan a las mozas de por aquí con síncopes y +desmayos.... Se atizan al cuerpo media olla de vino y despachan esta +faena cantando.</p> + +<p>—No, señor, hay de todo.... Las linfático-nerviosas se aplanan.... Yo he +tenido casos....</p> + +<p>Explicó detenidamente varias lides, no muchas aún, porque empezaba a +asistir, como quien dice. Él estaba por la expectativa: el mejor +comadrón es el que más sabe aguardar. Sin embargo, se llega a un grado +en que perder un segundo es perderlo todo. Al aseverar esto, paladeaba +sorbos de ron.</p> + +<p>—¿Sabel?—llamó de repente.</p> + +<p>—¿Qué quiere, señorito Máximo?—contestó la moza con solicitud.</p> + +<p>—¿Dónde me han puesto una caja que traje?</p> + +<p>—En su cuarto, sobre la cama.</p> + +<p>—¡Ah!, bueno.</p> + +<p>Don Pedro miró al médico, comprendiendo de qué se trataba. No así +Julián, que asustado por el hondo silencio que siguió al diálogo de +Máximo y Sabel, interrogó indirectamente para saber qué encerraba la +caja misteriosa.</p> + +<p>—Instrumentos—declaró el médico secamente.</p> + +<p>—¿Instrumentos..., para qué?—preguntó el capellán, sintiendo un sudor +que le rezumaba por la raíz del cabello.</p> + +<p>—Para operarla, ¡qué demonio! Si aquí se pudiese celebrar junta de +médicos, yo dejaría quizás que la cosa marchase por sus pasos contados; +pero recae sobre mí exclusivamente la responsabilidad de cuanto ocurra. +No me he de cruzar de brazos, ni dejarme sorprender como un bolonio. Si +al amanecer ha aumentado la postración y no veo yo síntomas claros de +que esto se desenrede... hay que determinarse. Ya puede usted ir rezando +al bendito San Ramón, señor capellán.</p> + +<p>—¡Si por rezar fuese!—exclamó ingenuamente Julián—. ¡Apenas llevo rezado +desde ayer!</p> + +<p>De tan sencilla confesión tomó pie el médico para contar mil graciosas +historietas, donde se mezclaban donosamente la devoción y la obstetricia +y desempeñaba San Ramón papel muy principal. Refirió de su profesor en +la clínica de Santiago, que al entrar en el cuarto de las parturientas y +ver la estampa del santo con sus correspondientes candelicas, solía +gritar furioso: «Señores, o sobro yo o sobra el santo.... Porque si me +desgracio me echarán la culpa, y si salimos bien dirán que fue milagro +suyo...». Contó también algo bastante grotesco sobre rosas de Jericó, +cintas de la Virgen de Tortosa, y otros piadosos talismanes usados en +ocasiones críticas. Al fin cesó en su cháchara, porque le rendía el +sueño, ayudado por el ron. A fin de no aletargarse del todo en la +comodidad del lecho, tendióse en el banco del comedor, poniendo por +almohada una cesta. El señorito, cruzando sobre la mesa ambos brazos, +había dejado caer la frente sobre ellos y un silbido ahogado, preludio +de ronquido, anunciaba que también le salteaba la gana de dormir. El +alto reloj de pesas dio, con fatigado son, la medianoche.</p> + +<p>Julián era el único despierto; sentía frío en las médulas y en los +pómulos ardor de calentura. Subió a su cuarto, y empapando la toalla en +agua fresca, se la aplicó a las sienes. Las velas del altar estaban +consumidas; las renovó, y colocó una almohada en el suelo para +arrodillarse en ella, pues lo más molesto siempre era el dichoso +hormigueo. Y empezó a subir con buen ánimo la cuesta arriba de la +oración. A veces desmayaba, y su cuerpo juvenil, envuelto en las nieblas +grises del sueño, apetecía la limpia cama. Entonces cruzaba las manos, +clavándose las uñas de una en el dorso de otra, para despabilarse. +Quería rezar con devoción, tener conciencia de lo que pedía a Dios: no +hablar de memoria. Sin embargo, desfallecía. Acordóse de la oración del +Huerto y de aquella diferencia tan acertadamente establecida entre la +decisión del espíritu y la de la carne. También recordó un pasaje +bíblico: Moisés orando con los brazos levantados, porque, de bajarlos, +sería vencido Israel. Entonces se le ocurrió realizar algo que le +flotaba en la imaginación. Quitó la almohada, quedándose con las rótulas +apoyadas en el santo suelo; alzó los ojos, buscando a Dios más allá de +las estampas y de las vigas del techo; y abriendo los brazos en cruz, +comenzó a orar fervorosamente en tal postura.</p> + +<p>El ambiente se volvió glacial; una tenue claridad, más lívida y opaca +que la de la luna, asomó por detrás de la montaña. Dos o tres pájaros +gorjearon en el huerto; el rumor de la presa del molino se hizo menos +profundo y sollozante. La aurora, que sólo tenía apoyado uno de sus +rosados dedos en aquel rincón del orbe, se atrevió a alargar toda la +manecita, y un resplandor alegre, puro, bañó las rocas pizarrosas, +haciéndolas rebrillar cual bruñida plancha de acero, y entró en el +cuarto del capellán, comiéndose la luz amarilla de los cirios. Mas +Julián no veía el alba, no veía cosa ninguna.... Es decir, sí veía esas +luces que enciende en nuestro cerebro la alteración de la sangre, esas +estrellitas violadas, verdosas, carmesíes, color de azufre, que vibran +sin alumbrar; que percibimos confundidas con el zumbar de los oídos y el +ruido de péndulo gigante de las arterias, próximas a romperse.... +Sentíase desvanecer y morir; sus labios no pronunciaban ya frases, sino +un murmullo, que todavía conservaba tonillo de oración. En medio de su +doloroso vértigo oyó una voz que le pareció resonante como toque de +clarín.... La voz decía algo. Julián entendió únicamente dos palabras:</p> + +<p>—Una niña.</p> + +<p>Quiso incorporarse, exhalando un gran suspiro, y lo hizo, ayudado por la +persona que había entrado y no era otra sino Primitivo; pero apenas +estuvo en pie, un atroz dolor en las articulaciones, una sensación de +mazazo en el cráneo le echaron a tierra nuevamente. Desmayóse.</p> + +<p>Abajo, Máximo Juncal se lavaba las manos en la palangana de peltre +sostenida por Sabel. En su cara lucía el júbilo del triunfo mezclado con +el sudor de la lucha, que corría a gotas medio congeladas ya por el frío +del amanecer. El marqués se paseaba por la habitación ceñudo, contraído, +hosco, con esa expresión torva y estúpida a la vez que da la falta de +sueño a las personas vigorosas, muy sometidas a la ley de la materia.</p> + +<p>—Ahora alegrarse, don Pedro—dijo el médico—. Lo peor está pasado. Se ha +conseguido lo que usted tanto deseaba.... ¿No quería usted que la +criatura saliese toda viva y sin daño? Pues ahí la tenemos, sana y +salva. Ha costado trabajillo..., pero al fin....</p> + +<p>Encogióse despreciativamente de hombros el marqués, como amenguando el +mérito del facultativo, y murmuró no sé qué entre dientes, prosiguiendo +en su paseo de arriba abajo y de abajo arriba, con las manos metidas en +los bolsillos, el pantalón tirante cual lo estaba el espíritu de su +dueño.</p> + +<p>—Es un angelito, como dicen las viejas—añadió maliciosamente Juncal, que +parecía gozarse en la cólera del hidalgo—; sólo que angelito hembra. A +estas cosas hay que resignarse; no se inventó el modo de escribir al +cielo encargando y explicando bien el sexo que se desea....</p> + +<p>Otro espumarajo de rabia y grosería brotó de los labios de don Pedro. +Juncal rompió a reír, secándose con la toalla.</p> + +<p>—La mitad de la culpa por lo menos la tendrá usted, señor +marqués—exclamó—. ¿Quiere usted hacerme favor de un cigarrito?</p> + +<p>Al ofrecer la petaca abierta, don Pedro hizo una pregunta. Máximo +recobró la seriedad para contestarla.</p> + +<p>—Yo no he dicho tanto como eso.... Me parece que no. Cierto que cuando +las batallas son muy porfiadas y reñidas puede suceder que el +combatiente quede inválido; pero la naturaleza, que es muy sabia, al +someter a la mujer a tan rudas pruebas, le ofrece también las más +impensadas reparaciones.... Ahora no es ocasión de pensar en eso, sino en +que la madre se restablezca y la chiquita se críe. Temo algún percance +inmediato.... Voy a ver.... La señora se ha quedado tan abatida....</p> + +<p>Entró Primitivo, y sin mostrar alteración ni susto dijo «que subiese don +Máximo, que al capellán le había dado algo; que estaba como difunto».</p> + +<p>—Vamos allá, hombre, vamos allá. Esto no estaba en el programa—murmuró +Juncal.</p> + +<p>—¡Qué trazas de mujercita tiene ese cura! ¡Qué poquito <i>estuche</i>! Lo que +es éste no cogerá el trabuco, aunque lleguen a levantarse las partidas +con que anda soñando el jabalí del abad de Boán.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a><a href="#capitulos">-XVIII-</a></h2> + + +<p>Largos días estuvo Nucha detenida ante esas lóbregas puertas que llaman +de la muerte, con un pie en el umbral, como diciendo: «¿Entraré? ¿No +entraré?». Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que +habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su +cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de +no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de +su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible. +Pero la solicitaban hacia fuera la juventud, el ansia de existir que +estimula a todo organismo, la ciencia del gran higienista Juncal, y +particularmente una manita pequeña, coloradilla, blanda, un puñito +cerrado que asomaba entre los encajes de una chambra y los dobleces de +un mantón.</p> + +<p>El primer día que Julián pudo ver a la enferma, no hacía muchos que se +levantaba, para tenderse, envuelta en mantas y abrigos, sobre vetusto y +ancho canapé. No le era lícito incorporarse aún, y su cabeza reposaba en +almohadones doblados al medio. Su rostro enflaquecido y exangüe +amarilleaba como una faz de imagen de marfil, entre el marco del negro +cabello reluciente. Bizcaba más, por habérsele debilitado mucho aquellos +días el nervio óptico. Sonrió con dulzura al capellán, y le señaló una +silla. Julián clavaba en ella esa mirada donde rebosaba la compasión, +mirada delatora que en vano queremos sujetar y apagar cuando nos +aproximamos a un enfermo grave.</p> + +<p>—La encuentro a usted con muy buen semblante, señorita—dijo el capellán +mintiendo como un bellaco.</p> + +<p>—Pues usted—respondió ella lánguidamente—está algo desmejorado.</p> + +<p>Confesó que, en efecto, no andaba bueno desde que..., desde que se había +acatarrado un poco. Le daba vergüenza referir lo de la noche en vela, el +desmayo, la fuerte impresión moral y física sufrida con tal motivo. +Nucha empezó a hablarle de algunas cosas indiferentes, y pasó sin +transición a preguntarle:</p> + +<p>—¿Ha visto usted la pequeñita?</p> + +<p>—Sí, señora.... El día del bautizo. ¡Angelito! Lloró bien cuando le +pusieron la sal y cuando sintió el agua fría....</p> + +<p>—¡Ah! Desde entonces ha crecido una cuarta lo menos y se ha vuelto +hermosísima. Y alzando la voz y esforzándose, añadió:—¡Ama, ama! Traiga +la niña.</p> + +<p>Oyéronse pasos como de estatua colosal que anda, y entró la mocetona +color de tierra, muy oronda con su vestido nuevo de merino azul +ribeteado de negro terciopelo de tira, con el cual se asemejaba a la +gigantona tradicional de la catedral de Santiago, llamada la <i>Coca</i>. A +manera de pajarito posado en grueso tronco, venía la inocente criatura +recostada en el magno seno que la nutría. Estaba dormida, y tenía la +calma, el dulce e insensible respirar que hace sagrado el sueño de los +niños. Julián no se cansaba de mirarla así.</p> + +<p>—¡Santita de Dios!—murmuró apoyando los labios muy quedamente en la +gorra, por no atreverse a la frente.</p> + +<p>—Cójala usted, Julián.... Ya verá lo que pesa. Ama, déle la niña....</p> + +<p>No pesaba más que un ramo de flores, pero el capellán juró y perjuró que +parecía hecha de plomo. Aguardaba el ama en pie, y él se había sentado +con la chiquilla en brazos.</p> + +<p>—Déjemela un poquito...—suplicó—. Ahora, mientras duerme.... No +despertará de seguro en mucho tiempo.</p> + +<p>—Ya la llamaré cuando haga falta. Ama, váyase.</p> + +<p>La conversación giró sobre un tema muy socorrido y muy del gusto de +Nucha: las gracias de la pequeña.... Tenía muchísimas, sí señor, y el que +lo dudase sería un gran majadero. Por ejemplo: abría los ojos con +travesura incomparable; estornudaba con redomada picardía; apretaba con +su manita el dedo de cualquiera, tan fuerte, que se requería el vigor de +un Hércules para desasirse; y aún hacía otros donaires, mejores para +callados que para archivados por la crónica. Al referirlos, el rostro +exangüe de Nucha se animaba, sus ojos brillaban, y la risa dilató sus +labios dos o tres veces. Mas de pronto se nubló su cara, hasta el punto +de que entre las pestañas le bailaron lágrimas, a las cuales no dio +salida.</p> + +<p>—No me han dejado criarla, Julián.... Manías del señor de Juncal, que +aplica la higiene a todo, y vuelta con la higiene, y dale con la +higiene.... Me parece a mí que no iba a morirme por intentarlo dos meses, +dos meses nada más. Puede que me encontrase mejor de lo que estoy, y no +tuviese que pasar un siglo clavada en este sofá, con el cuerpo sujeto y +la imaginación loca y suelta por esos mundos de Dios.... Porque así, no +gozo descanso: siempre se me figura que el ama me ahoga la niña, o me la +deja caer. Ahora estoy contenta, teniéndola aquí cerquita.</p> + +<p>Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió:</p> + +<p>—¿No le encuentra usted parecido...?</p> + +<p>—¿Con usted?</p> + +<p>—¡Con su padre!... Es todito él en el corte de la frente....</p> + +<p>No manifestó el capellán su opinión. Mudó de asunto y continuó aquel día +y los siguientes cumpliendo la obra de caridad de visitar al enfermo. En +la lenta convalecencia y total soledad de Nucha, falta le hacía que +alguien se consagrase a tan piadoso oficio. Máximo Juncal venía un día +sí y otro no; pero casi siempre de prisa, porque iba teniendo extensa +clientela: le llamaban hasta de Vilamorta. El médico hablaba de política +exhalando un aliento de vaho de ron, tratando de pinchar y amoscar a +Julián; y, en realidad, si Julián fuese capaz de amostazarse, habría de +qué con las noticias que traía Máximo. Todo eran iglesias derribadas, +escándalos antirreligiosos, capillitas protestantes establecidas aquí o +acullá, libertades de enseñanza, de cultos, de esto y de lo otro.... +Julián se limitaba a deplorar tamaños excesos, y a desear que las cosas +se arreglasen, lo cual no daba tela a Máximo para armar una de sus +trifulcas favoritas, tan provechosas al esparcimiento de su bilis y tan +fecundas en peripecias cuando tropezaba con curas ternes y carlistas, +como el de Boán o el Arcipreste.</p> + +<p>Mientras el belicoso médico no venía, todo era paz y sosiego en la +habitación de la enferma. Únicamente lo turbaba el llanto, prontamente +acallado, de la niña. El capellán leía el <i>Año cristiano</i> en alta voz, y +poblábase el ambiente de historias con sabor novelesco y poético: +«Cecilia, hermosísima joven e ilustre dama romana, consagró su cuerpo a +Jesucristo; desposáronla sus padres con un caballero llamado Valeriano y +se efectuó la boda con muchas fiestas, regocijos y bailes.... Sólo el +corazón de Cecilia estaba triste...». Seguía el relato de la mística +noche nupcial, de la conversión de Valeriano, del ángel que velaba a +Cecilia para guardar su pureza, con el desenlace glorioso y épico del +martirio. Otras veces era un soldado, como San Menna; un obispo, como +San Severo.... La narración, detallada y dramática, refería el +interrogatorio del juez, las respuestas briosas y libres de los +mártires, los tormentos, la flagelación con nervios de buey, el ecúleo, +las uñas de hierro, las hachas encendidas aplicadas al costado... «Y el +caballero de Cristo estaba con un corazón esforzado y quieto, con +semblante sereno, con una boca llena de risa (como si no fuera él sino +otro el que padecía), haciendo burla de sus tormentos y pidiendo que se +los acrecentasen...». Tales lecturas eran de fantástico efecto, +particularmente al caer de las adustas tardes invernales, cuando la hoja +seca de los árboles se arremolinaba danzando, y las nubes densas y +algodonáceas pasaban lentamente ante los cristales de la ventana +profunda. Allá a lo lejos se oía el perpetuo sollozo de la represa, y +chirriaban los carros cargados de tallos de maíz o ramaje de pino. Nucha +escuchaba con atención, apoyada la barba en la mano. De tiempo en tiempo +su seno se alzaba para suspirar.</p> + +<p>No era la primera vez que observaba Julián, desde el parto, gran +tristeza en la señorita. El capellán había recibido una carta de su +madre que encerraba quizás la clave de los disgustos de Nucha. Parece +que la señorita Rita había engatusado de tal manera a la tía vieja de +Orense, que ésta la dejaba por heredera universal, desheredando a su +ahijada. Además, la señorita Carmen estaba cada día más chocha por su +estudiante, y se creía en el pueblo que, si don Manuel Pardo negaba el +consentimiento, la chica saldría depositada. También pasaban cosas +terribles con la señorita Manolita: don Víctor de la Formoseda la +plantaba por una artesana, sobrina de un canónigo. En fin, misia Rosario +pedía a Dios paciencia para tantas tribulaciones (las de la casa de +Pardo eran para misia Rosario como propias). Si todo esto había llegado +a oídos de Nucha por conducto de su marido o de su padre, no tenía nada +de extraño que suspirase así. Por otra parte, ¡el decaimiento físico era +tan visible! Ya no se parecía Nucha a más Virgen que a la demacrada +imagen de la Soledad. Juncal la pulsaba atentamente, le ordenaba +alimentos muy nutritivos, la miraba con alarmante insistencia.</p> + +<p>Atendiendo a la niña, Nucha se reanimaba. Cuidábala con febril +actividad. Todo se lo quería hacer ella, sin ceder al ama más que la +parte material de la cría. El ama, decía ella, era un tonel lleno de +leche que estaba allí para aplicarle la espita cuando fuese necesario y +soltar el chorro: ni más ni menos. La comparación del tonel es +exactísima: el ama tenía hechura, color e inteligencia de tonel. Poseía +también, como los toneles, un vientre magno. Daba gozo verla comer, +mejor dicho, engullir: en la cocina, Sabel se entretenía en llenarle el +plato o la taza a reverter, en ponerle delante medio pan, cebándola +igual que a los pavos. Con semejante mostrenco Sabel se la echaba de +principesa, modelo de delicados gustos y selectas aficiones. Como todo +es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa +solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y ridículo, y se +reían tanto más con sus patochadas cuanto más fácilmente podían incurrir +ellos en otras mayores. Realmente era el ama objeto curioso, no sólo +para los payos, sino por distintas razones, para un etnógrafo +investigador. Máximo Juncal refirió a Julián pormenores interesantes. En +el valle donde se asienta la parroquia de que el ama procedía—valle +situado en los últimos confines de Galicia, lindando con Portugal—las +mujeres se distinguen por sus condiciones físicas y modo de vivir: son +una especie de amazonas, resto de las guerreras galaicas de que hablan +los geógrafos latinos; que si hoy no pueden hacer la guerra sino a sus +maridos, destripan terrones con la misma furia que antes combatían; +andan medio en cueros, luciendo sus fornidas y recias carnazas; aran, +cavan, siegan, cargan carros de rama y esquilmo, soportan en sus hombros +de cariátide enormes pesos y viven, ya que no sin obra, por lo menos sin +auxilio de varón, pues los del valle suelen emigrar a Lisboa en busca de +colocaciones desde los catorce años, volviendo sólo al país un par de +meses, para casarse y propagar la raza, y huyendo apenas cumplido su +oficio de machos de colmena. A veces, en Portugal, reciben nuevas de +infidelidades conyugales, y, pasando la frontera una noche, acuchillan a +los amantes dormidos: éste fue el crimen del Tuerto protegido por +Barbacana, cuya historia había contado también Juncal. No obstante, las +hembras de Castrodorna suelen ser tan honestas como selváticas. El ama +no desmentía su raza por la anchura desmesurada de las caderas y +redondez de los rudos miembros. Costó un triunfo a Nucha vestirla +racionalmente, y hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le +cubría la desnuda pantorrilla, por otra más cumplida y decorosa, +consintiéndole únicamente el justillo, prenda clásica de ama de cría, +que deja rebosar las repletas ubres, y los característicos pendientes de +enorme argolla, el <i>torquis</i> romano conservado desde tiempo inmemorial +en el valle. Fue una lid obligarle a poner los zapatos a diario, porque +todas sus congéneres los reservan para las fiestas repicadas; fue una +penitencia enseñarle el nombre y uso de cada objeto, aún de los más +sencillos y corrientes; fue pensar en lo excusado convencerla de que la +niña que criaba era un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal +envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de +helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del +sol y de la lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna; y +Máximo Juncal, que aunque gran apologista de los artificios higiénicos +lo era también de las milagrosas virtudes de la naturaleza, hallaba +alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y salía del paso apelando +a su lectura más reciente, <i>El origen de las especies</i>, por Darwin, y +aplicando ciertas leyes de adaptación al medio, herencia, etcétera, que +le permitían afirmar que el método del ama, si no hacía reventar como un +triquitraque a la criatura, la fortalecería admirablemente.</p> + +<p>Por si acaso, Nucha no se atrevió a intentar la prueba, y dedicóse a +cuidar en persona su tesoro, llevando la existencia atareada y minuciosa +de las madres, en la cual es un acontecimiento que estén ahumadas las +sopas, y un fracaso que se apague el brasero. Ella lavaba a su hijita, +la vestía, la fajaba, la velaba dormida y la entretenía despierta. La +vida corría monótona, ocupadísima, sin embargo. El bueno de Julián, +testigo de estas faenas, iba enterándose poco a poco de los para él +arcanos misteriosos del aseo y tocado de una criatura, llegando a +familiarizarse con los múltiples objetos que componen el complicado +ajuar de los recienes: gorras, ombligueros, culeros, pañales, fajas, +microscópicos zapatos de crochet, capillos y baberos. Tales prendas, +blanquísimas, adornadas con bordados y encajes, zahumadas con espliego, +templaditas al sano calor de la camilla—calor doméstico si los hay—las +tenía el capellán muchas veces en el regazo, mientras la madre, con la +niña tendida boca abajo sobre su delantal de hule, pasaba y repasaba la +esponja por las carnes de tafetán, escocidas y medio desolladas por la +excesiva finura de su tierna epidermis, las rociaba con refrescantes +polvos de almidón y, apretando las nalgas con los dedos para que +hiciesen hoyos, se las mostraba a Julián exclamando con júbilo:</p> + +<p>—¡Mire usted qué monada..., qué llenita se va poniendo!</p> + +<p>En materia de desnudeces infantiles, Julián no era voto, pues sólo +conocía las de los angelotes de los retablos; pero cavilaba para sus +adentros que, a pesar de haber el pecado original corrompido toda carne, +aquélla que le estaban enseñando era la cosa más pura y santa del mundo: +un lirio, una azucena de candor. La cabezuela blanda, cubierta de +lanúgine rubia y suave por cima de las costras de la leche, tenía el +olor especial que se nota en los nidos de paloma, donde hay pichones +implumes todavía; y las manitas, cuyo pellejo rellenaba ya suave grasa, +y cuyos dedos se redondeaban como los del niño Dios cuando bendice; la +faz, esculpida en cera color rosa; la boca, desdentada y húmeda como +coral pálido recién salido del mar; los piececillos, encendidos por el +talón a fuerza de agitarse en gracioso pataleo, eran otras tantas +menudencias provocadoras de ese sentimiento mixto que despiertan los +niños muy pequeños hasta en el alma más empedernida: sentimiento +complejo y humorístico, en que entra la compasión, la abnegación, un +poco de respeto y un mucho de dulce burla, sin hiel de sátira.</p> + +<p>En Nucha, el espectáculo producía las hondas impresiones de la luna de +miel maternal, exaltadas por un temperamento nervioso y una sensibilidad +ya enfermiza. A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la +inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia +de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía +sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en +su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas +oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los +dichos y hechos del ama. «Delirios impuestos por la naturaleza con muy +sabios fines», explicaba Juncal. ¡Qué fue el primer día en que una +sonrisa borró la grave y cómica seriedad de la diminuta cara y +entreabrió con celeste expresión el estrecho filete de los labios! No +era posible dejar de recordar el tan traído como llevado símil de la luz +de la aurora disipando las tinieblas. La madre pensó chochear de +alegría.</p> + +<p>—¡Otra vez, otra vez!—exclamaba—. ¡Encanto, cielo, cielito, monadita +mía, ríete, ríete!</p> + +<p>Por entonces la sonrisa no se dignó presentarse más. La zopenca del ama +negaba el hecho, cosa que enfurecía a la madre. Al otro día cupo a +Julián la honra de encender la efímera lucecilla de la inteligencia +naciente en la criatura, paseándole no sé qué baratijas relucientes +delante de los ojos. Julián iba perdiendo el miedo a la nena, que al +principio creía fácil de deshacer entre los dedos como merengue; y +mientras la madre enrollaba la faja o calentaba el pañal, solía tenerla +en el regazo.</p> + +<p>—Más me fío en usted que en el ama—decíale Nucha confidencialmente, +desahogando unos secretos celos maternales—. El ama es incapaz de +sacramentos.... Figúrese usted que para hacerse la raya al peinarse apoya +el peine en la barbilla y lo va subiendo por la boca y la nariz hasta +que acierta con la mitad de la frente; de otro modo no sabe.... Me he +empeñado en que no coma con los dedos, y ¿qué conseguí? Ahora come la +carne asada con cuchara.... Es un entremés, Julián. Cualquier día me +estropea la chiquilla.</p> + +<p>El capellán perfeccionaba sus nociones del arte de tener un chico en +brazos sin que llore ni rabie. Consolidó su amistad con la pequeñuela un +suceso que casi debería pasarse en silencio: cierto húmedo calorcillo +que un día sintió Julián penetrar al través de los pantalones.... ¡Qué +acontecimiento! Nucha y él lo celebraron con algazara y risa, como si +fuese lo más entretenido y chusco. Julián brincaba de contento y se +cogía la cintura, que le dolía con tantas carcajadas. La madre le +ofreció su delantal de hule, que él rehusó; ya tenía un pantalón viejo, +destinado a perecer en la demanda, y por nada del mundo renunciaría a +sentir aquella onda tibia.... Su contacto derretía no sé qué nieve de +austeridad, cuajada sobre un corazón afeminado y virgen allá desde los +tiempos del seminario, desde que se había propuesto renunciar a toda +familia y todo hogar en la tierra entrando en el sacerdocio; y al par +encendía en él misterioso fuego, ternura humana, expansiva y dulce; el +presbítero empezaba a querer a la niña con ceguera, a figurarse que, si +la viese morir, se moriría él también, y otros muchos dislates por el +estilo, que cohonestaba con la idea de que, al fin, la chiquita era un +ángel. No se cansaba de admirarla, de devorarla con los ojos, de +considerar sus pupilas líquidas y misteriosas, como anegadas en leche, +en cuyo fondo parecía reposar la serenidad misma.</p> + +<p>Una penosa idea le acudía de vez en cuando. Acordábase de que había +soñado con instituir en aquella casa el matrimonio cristiano cortado por +el patrón de la Sacra Familia. Pues bien, el santo grupo estaba +disuelto: allí faltaba San José o lo sustituía un clérigo, que era peor. +No se veía al marqués casi nunca; desde el nacimiento de la niña, en vez +de mostrarse más casero y sociable, volvía a las andadas, a su vida de +cacerías, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían +buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos. Pasábase a +veces una semana fuera de los Pazos de Ulloa. Su hablar era más áspero, +su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban +en forma más dura. Y aún notaba Julián más alarmantes indicios. Le +inquietaba ver que Sabel recibía otra vez su antigua corte de sultana +favorita, y que la Sabia y su progenie, con todas las parleras comadres +y astrosos mendigos de la parroquia, pululaban allí, huyendo a escape +cuando él se acercaba, llevando en el seno o bajo el mandil bultos +sospechosos. Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas +partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser +y estado que tuvieron antes.</p> + +<p>Trataba el bueno del capellán de comulgarse a sí propio con ruedas de +molino, diciéndose que aquello no significaba <i>nada</i>; pero la maldita +casualidad se empeñó en abrirle los ojos cuando no quisiera. Una mañana +que madrugó más de lo acostumbrado para decir su misa, resolvió advertir +a Sabel que le tuviese dispuesto el chocolate dentro de media hora. +Inútilmente llamó a su cuarto, situado cerca de la torre en que Julián +dormía. Bajó con esperanzas de encontrarla en la cocina, y al pasar ante +la puerta del gran despacho próximo al archivo, donde se había instalado +don Pedro desde el nacimiento de su hija, vio salir de allí a la moza, +en descuidado traje y soñolienta. Las reglas psicológicas aplicables a +las conciencias culpadas exigían que Sabel se turbase: quien se turbó +fue Julián. No sólo se turbó, pero subió de nuevo a su dormitorio, +notando una sensación extraña, como si le hubiesen descargado un fuerte +golpe en las piernas quebrándoselas. Al entrar en su habitación, pensaba +esto o algo análogo:</p> + +<p>«Vamos a ver, ¿quién es el guapo que dice misa hoy?».</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIX" id="XIX"></a><a href="#capitulos">-XIX-</a></h2> + + +<p>No, ese guapo no era él. ¡Buena misa sería la que dijese, con la cabeza +hecha una olla de grillos! Hasta reprimir los amotinados pensamientos +que le acuciaban, hasta adoptar una resolución firme y valedera, Julián +no se atrevía ni a pensar en el santo sacrificio.</p> + +<p>La cosa era bien clara. Situación: la misma del año penúltimo. Tenía que +marcharse de aquella casa echado por el feo vicio, por el delito infame. +No le era lícito permanecer allí ni un instante más. Salvo el debido +respeto, se había llevado la trampa el matrimonio cristiano, en cierto +modo obra suya, y ya no quedaba rastro de hogar, sino una sentina de +corrupción y pecado. A otra parte, pues, con la música.</p> + +<p>Sólo que.... Vaya, hay cosas más fáciles de pensar que de hacer en este +mundo. Todo era una montaña: encontrar pretexto, despedirse, preparar el +equipaje.... La primera vez que pensó en irse de allí ya le costaba algún +esfuerzo; hoy, la idea sola de marchar le producía el mismo efecto que +si le echasen sobre el alma un paño mojado en agua fría. ¿Por qué le +disgustaba tanto la perspectiva de salir de los Pazos? Bien mirado, él +era un extraño en aquella casa.</p> + +<p>Es decir, eso de extraño.... Extraño no, pues vivía unido espiritualmente +a la familia por el respeto, por la adhesión, por la costumbre. Sobre +todo, la niña, la niña. El acordarse de la niña le dejó como embobado. +No podía explicarse a sí mismo el gran sacudimiento interior que le +causaba pensar que no volvería a cogerla en brazos. ¡Mire usted que +estaba encariñado con la tal muñeca! Se le llenaron de lágrimas los +ojos.</p> + +<p>«Bien decían en el Seminario—murmuró con despecho—que soy muy apocado y +muy... así..., como las mujeres, que por todo se afectan. ¡Vaya un +sacerdote ordenado de misa! Si tengo tal afición a chiquillos, no debí +abrazar la carrera que abracé. No, no; esto que voy diciendo es un +desatino mayor todavía.... Si me gustan los chiquillos y tengo vocación +de ayo o niñero, ¿quién me priva de cuidar a los que andan descalzos por +las carreteras, pidiendo limosna? Son hijos de Dios lo mismo que esta +pobre pequeña de aquí.... Hice mal, muy mal en tomarle tanta afición.... +Pero es que sólo un perro, ¡qué!, ni un perro...: sólo una fiera puede +besar a un angelito y no quererlo bien».</p> + +<p>Resumiendo después sus cavilaciones, añadió para sí:</p> + +<p>«Soy un majadero, un Juan Lanas. No sé a qué he venido aquí la vez +segunda. No debí volver. Estaba visto que el señorito tenía que parar en +esto. Mi poca energía tiene la culpa. Con riesgo de la vida debí barrer +esa canalla, si no por buenas, a latigazos. Pero yo no tengo agallas, +como dice muy bien el señorito, y ellos pueden y saben más que yo, a +pesar de ser unos brutos. Me han engañado, me han embaucado, no he +puesto en la calle a esa moza desvergonzada, se han reído de mí y ha +triunfado el infierno».</p> + +<p>Mientras sostenía este monólogo, iba sacando de un cajón de la cómoda +prendas de ropa blanca, a fin de hacer su equipaje, pues como todas las +personas irresolutas, solía precipitarse en los primeros momentos y +adoptar medidas que le ayudaban a engañarse a sí propio. Al paso que +rellenaba la maleta, razonaba para consigo:</p> + +<p>«¿Señor, Señor, por qué ha de haber tanta maldad y tanta estupidez en la +tierra? ¿Por qué el hombre ha de dejar que lo pesque el diablo con tan +tosco anzuelo y cebo tan ruin? (diciendo esto alineaba en el baúl +calcetines). Poseyendo la perla de las mujeres, el verdadero trasunto de +la mujer fuerte, una esposa castísima (este superlativo se le ocurrió al +doblar cuidadosamente la sotana nueva), ¡ir a caer precisamente con una +vil mozuela, una sirviente, una fregona, una desvergonzada que se va a +picos pardos con el primer labriego que encuentra!».</p> + +<p>Llegaba aquí del soliloquio cuando trataba sin éxito de acomodar el +sombrero de canal de modo que la cubierta de la maleta no lo abollase.</p> + +<p>El ruido que hizo la tapa al descender, el gemido armonioso del cuero, +parecióle una voz irónica que le respondía:</p> + +<p>«Por eso, por eso mismo».</p> + +<p>«¡Será posible!—murmuró el bueno del capellán—. ¡Será posible que la +abyección, que la indignidad, que la inmundicia misma del pecado +atraiga, estimule, sea un aperitivo, como las guindillas rabiosas, para +el paladar estragado de los esclavos del vicio! Y que en esto caigan, no +personas de poco más o menos, sino señores de nacimiento, de rango, +señores que...».</p> + +<p>Detúvose y, reflexivo, contó un montículo de pañuelos de narices que +sobre la cómoda reposaba.</p> + +<p>«Cuatro, seis, siete.... Pues yo tenía una docena, todos marcados.... +Pierden aquí la ropa bastante...».</p> + +<p>Volvió a contar.</p> + +<p>«Seis, siete.... Y uno en el bolsillo, ocho.... Puede que haya otro en la +lavandera...».</p> + +<p>Dejólos caer de golpe. Acababa de recordar que uno de aquellos pañuelos +se lo había atado él a la niñita debajo de la barba, para impedir que la +baba le rozase el cuello. Suspiró hondamente, y abriendo otra vez el +maletín, notó que la seda del sombrero de canal se estropeaba con la +tapa. «No cabe», pensó, y parecióle enorme dificultad para su viaje no +poder acomodar la canaleja. Miró el reloj: señalaba las diez. A las diez +o poco más comía la chiquita su sopa y era la risa del mundo verla con +el hocico embadurnado de puches, empeñada en coger la cuchara y sin +acertar a lograrlo. ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar; al día siguiente +le sería fácil colocar mejor su sombrero y resolver la marcha. Por +veinticuatro horas más o menos....</p> + +<p>Este medicamento emoliente de la espera equivale, para la mayor parte de +los caracteres, a infalible específico. No hay que vituperar su empleo, +en atención a lo que consuela: en rigor, la vida es serie de +aplazamientos, y sólo hay un desenlace definitivo, el último. Así que +Julián concibió la luminosa idea de aguardar un poco, sintióse +tranquilo; aun más: contento. No era su carácter muy jovial, +propendiendo a una especie de morosidad soñadora y mórbida, como la de +las doncellas anémicas; pero en aquel punto respiraba con tal desahogo +por haber encontrado una solución, que sus manos temblaban, deshaciendo +con alegre presteza el embutido de calcetines y ropa blanca y dando +amable libertad al canal y manteo. Después se lanzó por las escaleras, +dirigiéndose a la habitación de Nucha.</p> + +<p>Nada aconteció aquel día que lo diferenciase de los demás, pues allí la +única variante solía ser el mayor o menor número de veces que mamaba la +chiquitina, o la cantidad de pañales puestos a secar. Sin embargo, en +tan pacífico interior veía el capellán desarrollarse un drama mudo y +terrible. Ya se explicaba perfectamente las melancolías, los suspiros +ahogados de Nucha. Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con +la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída +siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por +fuerza, debía <i>saberlo todo</i>, y una lástima profunda le inundaba el +alma. Reprendióse a sí mismo por haber pensado siquiera en marcharse. Si +la señorita necesitaba un amigo, un defensor, ¿en quién lo encontraría +más que en él? Y lo necesitaría de fijo.</p> + +<p>La misma noche, antes de acostarse, presenció el capellán una escena +extraña, que le sepultó en mayores confusiones. Como se le hubiese +acabado el aceite a su velón de tres mecheros y no pudiese rezar ni +leer, bajó a la cocina en demanda de combustible. Halló muy concurrido +el sarao de Sabel. En los bancos que rodeaban el fuego no cabía más +gente: mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las +chuscadas y chocarrerías del tío Pepe de Naya, vejete que era un puro +costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino +de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse +en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la +hospitalaria Sabel le ofrecía. Mientras él pagaba el escote contando +chascarrillos, en la gran mesa de la cocina, que desde el casamiento de +don Pedro no usaban los amos, se veían, no lejos de la turbia luz de +aceite, relieves de un festín más suculento: restos de carne en platos +engrasados, una botella de vino descorchada, una media tetilla, todo +amontonado en un rincón, como barrido despreciativamente por el +hartazgo; y en el espacio libre de la mesa, tendidos en hilera, había +hasta doce naipes, que si no recortados en forma ovada por exceso de +uso, como aquellos de que se sirvieron Rinconete y Cortadillo, no les +cedían en lo pringosos y sucios. En pie, delante de ellos, la señora +María la Sabia, extendiendo el dedo negro y nudoso cual seca rama de +árbol, los consultaba con ademán reflexivo. Encorvada la horrenda +sibila, alumbrada por el vivo fuego del hogar y la luz de la lámpara, +ponía miedo su estoposa pelambrera, su catadura de bruja en aquelarre, +más monstruosa por el bocio enorme, ya que le desfiguraba el cuello y +remedaba un segundo rostro, rostro de visión infernal, sin ojos ni +labios, liso y reluciente a modo de manzana cocida. Julián se detuvo en +lo alto de la escalera, contemplando las prácticas supersticiosas, que +se interrumpirían de seguro si sus zapatillas hiciesen ruido y delatasen +su presencia.</p> + +<p>Si él conociese a fondo la tenebrosísima y aún no desacreditada ciencia +de la cartomancia, ¡cuánto más interesante le parecería el espectáculo! +Entonces podría ver reunidos allí, como en el reparto de un drama, los +personajes todos que jugaban en su vida y ocupaban su imaginación. Aquel +rey de bastos, con hopalanda azul ribeteada de colorado, los pies +simétricamente dispuestos, la gran maza verde al hombro, se le figuraría +bastante temible si supiese que representaba un hombre moreno casado—don +Pedro—. La sota del mismo palo se le antojaría menos fea si comprendiese +que era símbolo de una señorita morena también—Nucha—. A la de copas le +daría un puntapié por insolente y borracha, atendido que personificaba a +Sabel, una moza rubia y soltera. Lo más grave sería verse a sí mismo—un +joven rubio—significado por el caballo de copas, azul por más señas, +aunque ya todos estos colorines los había borrado la mugre.</p> + +<p>¡Pues qué sucedería si después, cuando la vieja barajó los naipes y, +repartiéndolos en cuatro montones, empezó a interpretar su sentido +fatídico, pudiese él oír distintamente todas las palabras que salían del +antro espantable de su boca! Había allí concordancias de la sota de +bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores +secretos de mucha duración; apariciones del ocho de bastos, que +vaticinaban riñas entre cónyuges; reuniones de la sota de espadas con la +de copas patas arriba, que encerraban tétricos augurios de viudez por +muerte de la esposa. A bien que el cinco del mismo palo profetizaba +después unión feliz. Todo esto, dicho por la sibila en voz baja y +cavernosa, lo escuchaba solamente la bella fregatriz Sabel, que con los +brazos cruzados tras la espalda, el color arrebatado, se inclinaba sobre +el oráculo, que más parecía provocarla a curiosidad que a regocijo. La +jarana con que en el hogar se celebraban los chistes del señor Pepe +impedía que nadie atendiese al silabeo de la vieja. Merced a la +situación de la escalera, dominaba Julián la mesa, trípode y ara del +temeroso rito, y sin ser visto podía ver y entreoír algo. Escuchaba, +tratando de entender mejor lo que sólo confusamente percibía, y como al +hacerlo cargase sobre el barandal de la escalera, éste crujió levemente, +y la bruja alzó su horrible carátula. En un santiamén recogió los +naipes, y el capellán bajó, algo confuso de su espionaje involuntario, +pero tan preocupado con lo que creía haber sorprendido, que ni se le +ocurrió censurar el ejercicio de la hechicería. La bruja, empleando el +tono humilde y servil de siempre, se apresuró a explicarle que aquello +era mero pasatiempo, «por se reír un poco».</p> + +<p>Volvió Julián a su cuarto agitadísimo. Ni él mismo sabía lo que le +correteaba por el magín. Bien presumía antes a cuántos riesgos se +exponían Nucha y su hija viviendo en los Pazos: ahora..., ahora los +divisaba inminentes, clarísimos. ¡Tremenda situación! El capellán le +daba vueltas en su cerebro excitado: a la niña la robarían para matarla +de hambre; a Nucha la envenenarían tal vez.... Intentaba serenarse. ¡Bah! +No abundan tanto los crímenes por esos mundos, a Dios gracias. Hay +jueces, hay magistrados, hay verdugos. Aquel hato de bribones se +contentaría con explotar al señorito y a la casa, con hacer rancho de +ella, con mandar anulando en su dignidad y poderío doméstico a la +señorita. Pero..., ¿si no se contentaba?</p> + +<p>Dio cuerda a su velón, y apoyando los codos sobre la mesa intentó leer +en las obras de Balmes, que le había prestado el cura de Naya, y en cuya +lectura encontraba grato solaz su espíritu, prefiriendo el trato con tan +simpática y persuasiva inteligencia a las honduras escolásticas de +Prisco y San Severino. Mas a la sazón no podía entender una sola línea +del filósofo, y sólo oía los tristes ruidos exteriores, el quejido +constante de la presa, el gemir del viento en los árboles. Su acalorada +fantasía le fingió entre aquellos rumores quejumbrosos otro más +lamentable aún, porque era personal: un grito humano. ¡Qué disparatada +idea! No hizo caso y siguió leyendo. Pero creyó escuchar de nuevo el +<i>ay</i> tristísimo. ¿Serían los perros? Asomóse a la ventana: la luna +bogaba en un cielo nebuloso, y allá a lo lejos se oía el aullar de un +perro, ese aullar lúgubre que los aldeanos llaman <i>ventar la muerte</i> y +juzgan anuncio seguro del próximo fallecimiento de una persona. Julián +cerró la ventana estremeciéndose. No despuntaba por valentón, y sus +temores instintivos se aumentaban en la casa solariega, que le producía +nuevamente la dolorosa impresión de los primeros días. Su temperamento +linfático no poseía el secreto de ciertas saludables reacciones, con las +cuales se desecha todo vano miedo, todo fantasma de la imaginación. Era +capaz, y demostrado lo tenía, de arrostrar cualquier riesgo grave, si +creía que se lo ordenaba su deber; pero no de hacerlo con ánimo sereno, +con el hermoso desdén del peligro, con el buen humor heroico que sólo +cabe en personas de rica y roja sangre y firmes músculos. El valor +propio de Julián era valor temblón, por decirlo así; el breve arranque +nervioso de las mujeres.</p> + +<p>Volvía a su conferencia con Balmes cuando.... ¡Jesús nos valga! ¡Ahora +sí, ahora sí que no cabía duda! Un chillido sobreagudo de terror había +subido por el oscuro caracol y entrado por la puerta entornada. ¡Qué +chillido! El velón le bailaba en las manos a Julián.... Bajaba, sin +embargo, muy aprisa, sin sentir sus propios movimientos, como en las +espantosas caídas que damos soñando. Y volaba por los salones +recorriendo la larga crujía para llegar hacia la parte del archivo, +donde había sonado el grito horrible.... El velón, oscilando más y más en +su diestra trémula, proyectaba en las paredes caleadas extravagantes +manchones de sombra.... Iba a dar la vuelta al pasillo que dividía el +archivo del cuarto de don Pedro, cuando vio.... ¡Dios santo! Sí, era la +escena misma, tal cual se la había figurado él.... Nucha de pie, pero +arrimada a la pared, con el rostro desencajado de espanto, los ojos no +ya vagos sino llenos de extravío mortal; enfrente su marido, blandiendo +un arma enorme.... Julián se arrojó entre los dos.... Nucha volvió a +chillar....</p> + +<p>—¡Ay!, ¡ay! ¡Qué hace usted! ¡Que se escapa... que se escapa!</p> + +<p>Comprendió entonces el alucinado capellán lo que ocurría, con no poca +vergüenza y confusión suya.... Por la pared trepaba aceleradamente, +deseando huir de la luz, una araña de desmesurado grandor, un monstruoso +vientre columpiado en ocho velludos zancos. Su carrera era tan rápida, +que inútilmente trataba el señorito de alcanzarla con la bota; de +repente Nucha se adelantó, y con voz entre grave y medrosa repitió +ingenuamente lo que había dicho mil veces en su niñez:</p> + +<p>—¡San Jorge... para la araña!</p> + +<p>El feo insecto se detuvo a la entrada de la zona de sombra: la bota cayó +sobre él. Julián, por reacción natural del miedo disipado, que se trueca +en inexplicable gozo, iba a reírse del suceso; pero notó que Nucha, +cerrando los ojos y apoyándose en la pared, se cubría la cara con el +pañuelo.</p> + +<p>—No es nada, no es nada...—murmuraba.</p> + +<p>—Un poco de llanto nervioso.... Ya pasará.... Estoy aún algo débil....</p> + +<p>—¡Valiente cosa para tanto alboroto!—exclamó el marido encogiéndose de +hombros—. ¡Os crían con más mimo! En mi vida he visto tal. Don Julián, +¿usted creyó que la casa se venía abajo? ¡Ea, a recogerse! Buenas +noches.</p> + +<p>Tardó bastante el capellán en dormirse. Recapacitaba en sus terrores y +concedía su ridiculez; prometíase vencer aquella pusilanimidad suya; +pero duraba aún el desasosiego: la impulsión estaba comunicada y +almacenada en sinuosidades cerebrales muy hondas. Apenas le otorgó sus +favores el sueño, vino con él una legión de pesadillas a cual más negra +y opresora. Empezó a soñar con los Pazos, con el gran caserón; mas, por +extraña anomalía propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones +de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al anárquico +influjo de la imaginación, no veía la huronera tal cual la había visto +siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho +portalón inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcción +del siglo XVIII; sino que, sin dejar de ser la misma, había mudado de +forma; el huerto con bojes y estanque era ahora ancho y profundo foso; +las macizas murallas se poblaban de saeteras, se coronaban de almenas; +el portalón se volvía puente levadizo, con cadenas rechinantes; en suma: +era un castillote feudal hecho y derecho, sin que le faltase ni el +romántico aditamento del pendón de los Moscosos flotando en la torre del +homenaje; indudablemente, Julián había visto alguna pintura o leído +alguna medrosa descripción de esos espantajos del pasado que nuestro +siglo restaura con tanto cariño. Lo único que en el castillo recordaba +los Pazos actuales era el majestuoso escudo de armas; pero aun en este +mismo existía diferencia notable, pues Julián distinguía claramente que +se habían animado los emblemas de piedra, y el pino era un árbol verde +en cuya copa gemía el viento, y los dos lobos rapantes movían las +cabezas exhalando aullidos lúgubres. Miraba Julián fascinado hacia lo +alto de la torre, cuando vio en ella alarmante figurón: un caballero con +visera calada, todo cubierto de hierro; y aunque ni un dedo de la mano +se le descubría, con el don adivinatorio que se adquiere soñando, Julián +percibía al través de la celada la cara de don Pedro. Furioso, +amenazador, enarbolaba don Pedro un arma extraña, una bota de acero, que +se disponía a dejar caer sobre la cabeza del capellán. Éste no hacía +movimiento alguno para desviarse, y la bota tampoco acababa de caer; era +una angustia intolerable, una agonía sin término; de repente sintió que +se le posaba en el hombro una lechuza feísima, con greñas blancas. Quiso +gritar: en sueños el grito se queda siempre helado en la garganta. La +lechuza reía silenciosamente. Para huir de ella, saltaba el foso; mas +éste ya no era foso, sino la represa del molino; el castillo feudal +también mudaba de hechura sin saberse cómo; ahora se parecía a la +clásica torre que tienen en las manos las imágenes de Santa Bárbara; una +construcción de cartón pintado, hecha de sillares muy cuadraditos, y a +cuya ventana asomaba un rostro de mujer pálido, descompuesto.... Aquella +mujer sacó un pie, luego otro... fue descolgándose por la ventana +abajo.... ¡Qué asombro! ¡Era la sota de bastos, la mismísima sota de +bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo +de espadas, una rara alimaña azul, con la cola rayada de negro. Mas a +poco Julián reconoció su error: ¡qué caballo de espadas! No era sino San +Jorge en persona, el valeroso caballero andante de las celestiales +milicias, con su dragón debajo, un dragón que parecía araña, en cuya +tenazuda boca hundía la lanza con denuedo.... Brillante y aguda, la lanza +descendía, se hincaba, se hincaba.... Lo sorprendente es que el lanzazo +lo sentía Julián en su propio costado.... Lloraba muy bajito, queriendo +hablar y pedir misericordia; nadie acudía en su auxilio, y la lanza le +tenía ya atravesado de parte a parte.... Despertó repentinamente, +resintiéndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual +había gravitado el peso del cuerpo todo, al acostarse del lado +izquierdo, posición favorable a las pesadillas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XX" id="XX"></a><a href="#capitulos">-XX-</a></h2> + + +<p>Los sueños de las noches de terror suelen parecer risibles apenas +despunta la claridad del nuevo día; pero Julián, al saltar de la cama, +no consiguió vencer la impresión del suyo. Proseguía el hervor de la +imaginación sobrexcitada: miró por la ventana, y el paisaje le pareció +tétrico y siniestro; verdad es que entoldaban la bóveda celeste +nubarrones de plomo con reflejos lívidos, y que el viento, sordo unas +veces y sibilante otras, doblaba los árboles con ráfagas repentinas. El +capellán bajó la escalera de caracol con ánimo de decir su misa, que a +causa del mal estado de la capilla señorial acostumbraba celebrar en la +parroquia. Al regresar y acercarse a la entrada de los Pazos, un +remolino de hojas secas le envolvió los pies, una atmósfera fría le +sobrecogió, y la gran huronera de piedra se le presentó imponente, +ceñuda y terrible, con aspecto de prisión, como el castillo que había +visto soñando. El edificio, bajo su toldo de negras nubes, con el ruido +temeroso del cierzo que lo fustigaba, era amenazador y siniestro. Julián +penetró en él con el alma en un puño. Cruzó rápidamente el helado +zaguán, la cavernosa cocina, y, atravesando los salones solitarios, se +apresuró a refugiarse en la habitación de Nucha, donde acostumbraban +servirle el chocolate por orden de la señorita.</p> + +<p>Encontró a ésta algo más desemblantada que de costumbre. Al abatimiento +que de ordinario se revelaba en su rostro afilado, se agregaba una +contracción y un azoramiento, indicios de gran tirantez nerviosa. Tenía +a la niña en brazos, y al ver llegar a Julián le hizo rápidamente seña +de que ni chistase ni se menease, que el angelito andaba en tratos de +aletargarse al calor del seno maternal. Inclinada sobre la criatura, +Nucha le echaba el aliento para mejor adormecerla, y arreglaba con +febriles movimientos el pañolón calcetado que envolvía, como el capullo +a la oruga, aquella vida naciente. Pestañeó la niña dos o tres veces, y +luego cerró los ojitos, mientras su madre no cesaba de arrullarla con +una <i>nana</i> aprendida del ama, una especie de gemido cuya base era el +triste, ¡<i>lai... lai</i>!, la queja lenta y larga de todas las canciones +populares en Galicia. El canto fue descendiendo, hasta concluir en la +pronunciación melancólica y cariñosa de una sola letra, la <i>e</i> +prolongada; y levantándose en puntas de pie, Nucha depositó a su hija en +la cuna muy delicada y cuidadosamente, pues la chiquilla era tan +lista—en opinión de su madre—que distinguía al punto la cuna del brazo, +y era capaz de despertar del sopor más profundo si se enteraba de la +sustitución.</p> + +<p>Por lo mismo Julián y Nucha se hablaron muy de quedo, mientras la +señorita manejaba la aguja de <i>crochet</i> calcetando unos zapatitos que +parecían bolsas. Julián empezó por preguntar si se le había quitado el +susto de la noche anterior.</p> + +<p>—Sí, pero todavía estoy no sé cómo.</p> + +<p>—Yo tampoco les tengo afición a esos bichos asquerosos.... No los había +visto tan gordos hasta que vine a la aldea. En el pueblo apenas los hay.</p> + +<p>—Pues yo—contestó Nucha—era antes muy valiente; pero desde... que nació +la pequeña, no sé qué me pasa; parece que me he vuelto medio tonta, que +tengo miedo a todo....</p> + +<p>Interrumpió la labor, y alzó la cara; sus grandes ojos estaban +dilatados; sus labios, ligeramente trémulos.</p> + +<p>—Es una enfermedad, es una manía; ya lo conozco, pero no lo puedo +remediar, por más que hago. Tengo la cabeza debilitada; no pienso sino +en cosas de susto, en espantos.... ¿Ve usted qué chillidos di ayer por la +dichosa araña? Pues de noche, cuando me quedo sola con la niña...—porque +el ama durmiendo es lo mismo que si estuviese muerta; aunque le disparen +al oído un cañón de a ocho no se mueve—haría a cada paso escenas por el +estilo si no me dominase. No se lo digo a Juncal por vergüenza; pero veo +cosas muy raras. La ropa que cuelgo me representa siempre hombres +ahorcados, o difuntos que salen del ataúd con la mortaja puesta; no +importa que mientras está el quinqué encendido, antes de acostarme, la +arregle así o asá; al fin toma esas hechuras extravagantes aun no bien +apago la luz y enciendo la lamparilla. Hay veces que distingo personas +sin cabeza; otras, al contrario, les veo la cara con todas sus +facciones, la boca muy abierta y haciendo muecas.... Esos mamarrachos que +hay pintados en el biombo se mueven; y cuando crujen las ventanas con el +viento, como esta noche, me pongo a cavilar si son almas del otro mundo +que se quejan....</p> + +<p>—¡Señorita!—exclamó dolorosamente Julián—. ¡Eso es contra la fe! No +debemos creer en aparecidos ni en brujerías.</p> + +<p>—¡Si yo no creo!—repuso la señorita riendo nerviosamente—. ¿Usted se +figura que soy como el ama, que dice que ha visto en realidad la +<i>Compaña</i>, con su procesión de luces allá a las altas horas? En mi vida +he dado crédito a paparruchas semejantes; por eso digo que debo de estar +enferma, cuando me persiguen visiones y vestiglos.... Lo que siempre me +porfía el señor de Juncal: fortalecerse, criar sangre.... Lástima que la +sangre no se compre en la tienda.... ¿no le parece a usted?</p> + +<p>—O que... los sanos no se la podamos regalar a... los que... la +necesitan....</p> + +<p>Dijo esto el presbítero titubeando, poniéndose encendido hasta la nuca, +porque su impulso primero había sido exclamar: «Señorita Marcelina, aquí +está mi sangre a la disposición de usted».</p> + +<p>El silencio producido por arranque tan vivo duró algunos segundos, +durante los cuales ambos interlocutores miraron fijamente, distraídos y +ensimismados, el paisaje que se alcanzaba desde la ancha y honda ventana +fronteriza. Al pronto no lo vieron; luego su efecto sombrío les fue +entrando, mal de su grado, por los ojos hasta el alma. Eran las montañas +negras, duras, macizas en apariencia, bajo la oscurísima techumbre del +cielo tormentoso; era el valle alumbrado por las claridades pálidas de +un angustiado sol; era el grupo de castaños, inmóvil unas veces, otras +violentamente sacudido por la racha del ventarrón furioso y +desencadenado.... A un mismo tiempo exclamaron los dos, capellán y +señorita:</p> + +<p>—¡Qué día tan triste!</p> + +<p>Julián reflexionaba en la rara coincidencia de los terrores de Nucha y +los suyos propios; y, pensando alto, prorrumpía:</p> + +<p>—Señorita, también esta casa..., vamos, no es por decir mal de ella, +pero... es un poco <i>miedosa</i>. ¿No le parece?</p> + +<p>Los ojos de Nucha se animaron, como si el capellán le hubiese adivinado +un sentimiento que no se atrevía a manifestar.</p> + +<p>—Desde que ha venido el invierno—murmuró hablando consigo misma—no sé +qué tiene ni qué trazas saca... que no me parece la misma.... Hasta las +murallas se han vuelto más gordas y la piedra más oscura.... Será una +tontería, ¡ya sé que lo será!, pero no me atrevo a salir de mi +habitación, yo que antes revolvía todos los rincones y andaba por todas +partes.... Y no tengo remedio sino dar una vuelta por ella.... Necesito +ver si hay abajo, en el sótano, arcones para la ropa blanca.... Hágame el +favor de venir, Julián, ahora que la niña duerme.... Quiero quitarme de +la cabeza estas aprensiones y estas tontunas.</p> + +<p>Intentó el capellán disuadirla: temía que se cansase, que se enfriase al +atravesar los salones, al bajar al claustro. La señorita no dio más +respuesta que dejar la labor, envolverse en su mantón y echar a andar. +Cruzaron a buen paso la fila de habitaciones extensas, desamuebladas, +casi vacías, donde las pisadas retumbaban sordamente. De tiempo en +tiempo, Nucha volvía la cabeza atrás a ver si la seguía su acompañante, +y el ademán de volverla revelaba alteración y zozobra. En la diestra +columpiaba un manojo de llaves. Salieron al claustro superior, y por una +escalerilla muy pendiente descendieron al inferior, cuyas arcadas eran +de piedra.</p> + +<p>Llegados al patín que cerraba el grave claustro, Nucha señaló a un pilar +que tenía incrustada una argolla de hierro, de la cual colgaba aún un +eslabón comido de orín.</p> + +<p>—¿Sabe usted qué era esto?—murmuró con apagada voz.</p> + +<p>—No sé—respondió Julián.</p> + +<p>—Dice Pedro—explicó la señorita—que estuvo ahí la cadena con que tenían +sujeto sus abuelos a un negro esclavo.... ¿No parece mentira que se +hiciesen semejantes crueldades? ¡Qué tiempos tan malos, Julián!</p> + +<p>—Señorita..., a don Máximo Juncal, que no piensa más que en política, +todo se le vuelve hablar de eso; pero mire usted, en cada tiempo hay su +legua de mal camino.... Bastantes barbaridades hacen hoy en día, y la +religión anda perdida desde estas grescas.</p> + +<p>—Pero como aquí—observó Nucha, formulando sencillamente una observación +histórico-filosófica de bastante alcance—no ve uno sino las atrocidades +de los señores de otro tiempo..., parece que son las únicas que le dan +en qué pensar.... ¿Por qué serán tan malos cristianos los hombres?—añadió +entreabriendo los labios con cándido asombro.</p> + +<p>El cielo se oscureció más en el momento de expresarse así Nucha; un +relámpago alumbró súbitamente las profundidades de las arcadas del +claustro y el rostro de la señorita, que adquirió a la luz verdosa el +aspecto trágico de una faz de imagen.</p> + +<p>—¡Santa Bárbara bendita!—articuló piadosamente el capellán, +estremeciéndose—. Volvámonos arriba, señorita.... Está tronando. Como +este año no tuvimos <i>cordonazo de San Francisco</i>..., ya se ve, el +equinoccio no quiere pasar sin esto.... ¿Subimos?</p> + +<p>—No—resolvió Nucha, empeñada en combatir sus propios terrores—. Ésta es +la puerta del sótano.... ¿Cuál será la llave?</p> + +<p>La buscó algún tiempo en el manojo. Al introducirla en la cerradura y +empujar la puerta, otro relámpago bañó de claridad fantasmagórica el +sitio en que iba a penetrar; rodó el carro del trueno, pausado al +principio, después ronco y formidable, como una voz hinchada por la +cólera, y Nucha retrocedió con espanto.</p> + +<p>—¿Qué sucede, señorita querida? ¿Qué sucede?—gritó el capellán.</p> + +<p>—¡Nada... nada!—tartamudeó la señora de Ulloa—. Se me figuró al abrir +que estaba ahí dentro un perro muy grande, sentado, y que se levantaba y +se me echaba para morderme.... ¿Si no los tendré cabales? Pues mire usted +que juraría haberlo visto.</p> + +<p>—¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es +que es una locura andar ahora revolviendo en los sótanos.... Retírese +usted; yo buscaré lo que haga falta.</p> + +<p>—No—replicó Nucha con energía—. Ya me carga de veras ser tan boba.... +Quiero entrar antes, para que vea usted si comprendo perfectamente que +todas son necedades.... ¿Trae usted la cerilla?—gritó ya desde dentro.</p> + +<p>El capellán la encendió, y a su luz menos que dudosa vieron el sótano, +mejor dicho, entrevieron las paredes destilando humedad; el confuso +montón de objetos retirados allí por inservibles y pudriéndose en los +rincones; el conjunto de cosas informes y, por lo mismo, temerosas y +vagas. En la penumbra de aquel lugar casi subterráneo, en el +hacinamiento de vejestorios retirados por inservibles y entregados a las +ratas, la pata de una mesa parecía un brazo momificado, la esfera de un +reloj era la faz blanquecina de un muerto, y unas botas de montar +carcomidas, asomando por entre papeles y trapos, despertaban en la +fantasía la idea de un hombre asesinado y oculto allí. No obstante, +Nucha, con paso resuelto, fue derecha al caos húmedo y medroso, y, con +la voz ahogada y conmovida de los que acaban de obtener un gran triunfo +sobre sí mismos, gritó:</p> + +<p>—Aquí está el arcón.... Que me lo suban después....</p> + +<p>Salió muy animada, satisfecha de su resolución, vencedora en la lucha +cuerpo a cuerpo con el caserón que la asustaba. Al subir otra vez por la +escalerilla, volvió a sobrecogerla el fragor de un trueno más hondo, +poderoso y cercano que los anteriores. ¡Era preciso encender la vela del +Santísimo y rezar el Trisagio!</p> + +<p>Así lo hicieron al punto. La vela fue colocada sobre la cómoda de Nucha: +un cirio bastante largo aún, de cera color de naranja, con muchas +lágrimas y un pábilo que chisporroteaba y no acababa de arder. Antes de +arrodillarse, cerraron las maderas de la ventana, para evitar que la +ojeada fulgurante del relámpago les deslumbrase a cada minuto. Rugía con +creciente ira el viento, y la tronada se había situado sobre los Pazos, +oyéndose su estruendo lo mismo que si corriese por el tejado un +escuadrón de caballos a galope o si un gigante se entretuviese en +arrastrar un peñasco y llevarlo a tumbos por encima de las tejas. ¡Con +cuánto fervor empezó el capellán a guiar el Trisagio misterioso! +Anonadándose ante la cólera divina, cuya violencia sacudía y hacía +retemblar a los Pazos como si fuesen una choza, pronunciaba:</p> + +<p>De la subitánea muerte del rayo y de la centella libra este Trisagio, y +sella a quien lo reza: y advierte....</p> + +<p>Nucha, de repente, se incorporaba lanzando un chillido, y corría al +sofá, donde se reclinaba lanzando interrumpidas carcajadas histéricas, +que sonaban a llanto. Sus manos crispadas arrancaban los corchetes de su +traje, o comprimían sus sienes, o se clavaban en los almohadones del +sofá, arañándolos con furor.... Aunque tan inexperto, Julián comprendió +lo que ocurría: el espasmo inevitable, la explosión del terror +reprimido, el pago del alarde de valentía de la pobre Nucha....</p> + +<p>—¡Filomena, Filomena! Aquí, mujer, aquí.... Agua, vinagre..., el +frasquito aquél.... ¿Dónde está el frasco que vino de la botica de Cebre? +Aflójele el vestido.... Ya me vuelvo de espaldas, mujer, no necesitaba +avisármelo.... Unos pañitos fríos en las sienes.... ¡Si truena, que +truene! Deje tronar.... Acuda a la señorita.... Déle aire con este papel +aunque sea.... ¿Ya está cubierta y floja? Se lo daré yo, poquito a +poco.... Que respire bien el vinagre...</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXI" id="XXI"></a><a href="#capitulos">-XXI-</a></h2> + + +<p>Notóse días después alguna mejoría en el estado general de la señora de +Ulloa, con lo cual el capellán revivió y se le animó también el marchito +semblante. El marqués andaba en extremo distraído, organizando una +cazata a los lejanos montes de Castrodorna, más allá del río; el tiempo +se aseguraba; las noches eran de helada, claras y glaciales; acercábase +el plenilunio, y todo prometía feliz éxito. La víspera de la salida al +cazadero vinieron a dormir a los Pazos el notario de Cebre, el señorito +de Limioso, el cura de Boán, el de Naya, y un cazador furtivo, escopeta +negra infalible, conocida en el país por el alias de <i>Bico de rato</i> +(hocico de ratón), mote apropiadísimo a la color tiznada de su cara, +donde giraban dos ojuelos vivarachos. Llenóse la casa de ruido, de +tilinteo de cascabeles, de cadencia de uñas de perros sobre los pisos de +madera, de voces sonoras y de órdenes para tener en punto al amanecer +todos los arreos de caza. La cena fue regocijada y ruidosa: se bromeó, +se contaron de antemano las perdices que habían de sucumbir, se +saborearon por adelantado las provisiones que se llevaban al monte, y se +remojó previamente el gaznate con jarros de un tinto añejo que daba +gloria. A la hora de los postres y del café, habiéndose retirado Nucha, +que por el ansia de su niña se recogía temprano, subieron de la cocina +Primitivo y el ratón, y los futuros compañeros de glorias y fatigas +comenzaron a fraternizar fumando y trincando a competencia. Era el +momento más sabroso, el verdadero instante de felicidad espiritual para +un cazador de raza: era el minuto de las anécdotas cinegéticas y, sobre +todo, de los embustes.</p> + +<p>Para éstos se establecía turno pacífico, pues nadie renunciaba a soltar +su correspondiente bola, y crecían en magnitud conforme se enredaba la +plática. Formaban círculo los cazadores, y a sus pies dormían enroscados +los perros, con un ojo cerrado y otro entreabierto y de párpado +convulso; a veces, cuando se aplacaban las risotadas y las frases +chistosas, se oía a los canes <i>tocar la guitarra</i>, espulgarse a toda +orquesta, ladrar por sueños, sacudir las orejas y suspirar con +resignación. Nadie les hacía caso.</p> + +<p>El hocico de ratón tiene la palabra:</p> + +<p>—¡Pueda que no me lo crean y es tan cierto como que habemos de morir y +la tierra nos ha de comer! Para más verdá fue un día de San Silvestre....</p> + +<p>—Andarían las brujas sueltas—interrumpió el cura de Boán.</p> + +<p>—Si eran <i>meigas</i> o era el <i>trasno</i>, yo no lo sé: pero lo mismo que +habemos de dar cuenta a Dios nuestro Señor de nuestras <i>auciones</i>, me +pasó lo que les voy a contar. Andaba yo tras de una perdiz agachadito, +agachadito y el ratón se agachaba en efecto, siguiendo su inveterada +costumbre de representar cuanto hablaba, porque no llevaba perro ni +diaño que lo valiese, y estaba, con perdón de las barbas honradas que me +escuchan, para montar a caballo de un vallado, cuando oigo ¡tras tris, +tras tras!, ¡tipirí, tipirá!, el andar de una liebre; ¡más lista +venía... que las <i>zantellas</i>! Pues señor... <i>viro</i> la cabeza mismo +así..., ¡con perdón de las barbas!, con mi escopeta más agarrada que la +Bula..., y de repente, ¡pan!, me pasa una cosa del otro mundo por encima +de la cabeza, y me caigo del vallado abajo....</p> + +<p>Explosión de preguntas, de risas, de protestas.</p> + +<p>—¿Una cosa del otro mundo?</p> + +<p>—¿Un ánima del Purgatorio?</p> + +<p>—¿Pero él era persona o animal o qué mil rayos era?</p> + +<p>—Abrir la puerta, que esta mentira no cabe en la habitación.</p> + +<p>—¡Así Dios me salve y me dé la gloria como es verdad!—clamó el hocico de +ratón, poniendo el semblante más compungido del mundo—. ¡Era, con +perdón, la descarada de la liebre, que brincó por <i>riba</i> de mí y me tiró +patas arriba!</p> + +<p>La aclaración produjo verdadero delirio. Don Eugenio, el abad de Naya, +se abría literalmente de risa, apretándose las caderas con ambas manos, +quejándose y derramando lágrimas; el marqués de Ulloa lanzaba carcajadas +poderosas; hasta Primitivo modulaba una risa opaca y turbia. El bueno +del ratón no podía ya entreabrir los labios para hablar sin que la +hilaridad se desatase. En toda reunión de cazadores (gente amiga de +bromas pesadas) hay un bufón, un juglar, un gracioso obligado, y este +papel correspondía de derecho a la escopeta negra, que se prestaba a +desempeñarlo de bonísima gana. Acostumbrado a pasarse los días y las +noches al sereno, en espera de la liebre, del conejo o de la perdiz; +hecho a apretarse la cintura con una cuerda, a la manera de los +salvajes, en las muchas ocasiones en que le faltaba un mendrugo de pan +que roer, el mísero ratoncillo era dichoso cuando le tocaba cazar con +gente de pro, de la que se lleva al cazadero botas henchidas de lo +añejo, <i>lacones</i> cocidos y cigarros; ufanábase cuando le celebraban sus +patrañas: las narraba cada día con mayor seriedad, convicción y tono +ingenuo, y a todas las chanzas respondía invocando a Dios y a los santos +de la corte celestial en apoyo de sus aseveraciones estrambóticas.</p> + +<p>De pie, con las manos en los bolsillos del pantalón, mapamundi de +remiendos, y moviendo con risible rapidez nariz y boca, que tenía de +color de unto rancio, aguardaba a que le pidiesen algún nuevo episodio +tan verosímil como el de la liebre; pero ahora el turno le correspondía +a don Eugenio.</p> + +<p>—¿Saben—decía medio llorando y salivando aún de risa—un caso que pasó +entre el canónigo Castrelo y un señor muy chistoso, Ramírez de Orense?</p> + +<p>—¡El canónigo Castrelo!—exclamaron el cura de Boán y el marqués—. ¡Qué +apunte! ¡De órdago! Ése las suelta... como la torre de la Catedral.</p> + +<p>—Pues verán, verán cómo encontró con la horma de su zapato donde menos +se lo pensaba. Era una noche en el Casino, y estaban jugando al +tresillo. Castrelo se puso, como de costumbre, a espetar cuentos de +caza..., ¡mentira todos! Después de que se hartó, quiso encajar uno +descomunal y dijo así muy serio: «Sabrán ustedes que una mañana salí yo +al monte, y entre unas matas oí así... un ruido sospechoso. Me acerco +muy despacito... el ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más..., y +ya no me cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo, apunto, +disparo..., ¡pum, pum! ¿Y qué creerán ustedes que maté, señores?». Todo +el mundo a nombrar animales diferentes: que lobo, que zorro, que jabalí, +y hasta hubo quien nombró a un oso.... Castrelo a decir que no con la +cabeza..., hasta que por último saltó: «Pues ni zorro, ni lobo, ni +jabalí.... Lo que maté era.... ¡un tigre de Bengala!».</p> + +<p>—Hombre, don Eugenio.... ¡No fastidiar!—gritaron unánimemente los +cazadores—. ¿Había de atreverse Castrelo?... ¿Cómo no le deshicieron el +morro de una bofetada allí mismo?</p> + +<p>Don Eugenio, no consiguiendo que le oyesen, hacía con la mano señas de +que faltaba lo mejor del cuento.</p> + +<p>—¡Paciencia!—exclamó por fin—. Tengan paciencia, que no se acabó. Pues, +señor, ya ustedes comprenderán que en el Casino se armó una gresca. +Empezaron a insultar a Castrelo y a tratarlo de mentiroso en su cara. +Sólo el señor de Ramírez estaba muy formal, y apaciguaba a los +alborotadores. «No hay que asombrarse, no hay que asombrarse; yo les +contaré a ustedes una cosa que me pasó a mí cazando, que es más rara +todavía que la del señor de Castrelo». El canónigo empieza a escamarse y +la gente a atender. «Sabrán ustedes que una mañana salí yo al monte, y, +entre unas matas, oí así... un ruido sospechoso. Me acerco muy +despacito.... El ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más.... Ya no me +cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo..., apunto..., +disparo.... ¡Pum, pum!... ¿Y qué creerá usted que maté, señor canónigo?». +«¿Cómo demonios lo he de saber? Sería... un león». «¡Ca!». «Pues +sería... un elefante». «¡Caaa!». «Sería... lo que usted guste, caramba». +«¡Una sota de bastos, señor de Castrelo! ¡Era una sota de bastos!».</p> + +<p>Minutos de no entenderse. El ratón reía con una especie de hipo agudo; +el señorito de Limioso, ronca y gravemente; el cura de Boán, no sabiendo +cómo desahogar el regocijo, pateaba en el suelo y abofeteaba a la mesa.</p> + +<p>—¡Ey!—gritó don Eugenio—. <i>Bico-de-rato</i>, ¿no te has tropezado tú nunca +con ningún tigre? Echa un vasito y cuéntanos si te encontraste alguno +por ahí, <i>hom</i>.</p> + +<p>Atizóse el ratón su medio cuartillo; brilláronle los ojuelos, limpió el +labio con la bocamanga de la mugrienta chaqueta, y declaró con acento +sincero y candoroso:</p> + +<p>—Lo que es <i>trigues</i>..., por estos montes no debe de los haber, que si +no, ya los tendría matados; pero les diré lo que me pasó un día de la +Virgen de Agosto....</p> + +<p>—¿A las tres y diez minutos de la tarde?—preguntó don Eugenio.</p> + +<p>—No..., habían de ser las once de la mañana, y puede que aún no las +fuesen. ¡Pero créanme, como que esa luz nos está alumbrando! Venía yo de +tirar a las tórtolas en un sembrado, y me encontré a la chiquilla del +tío Pepe de Naya, que traía la vaca mismo cogida así y hacía ademán de +arrollarse una cuerda a la muñeca. «Buenos días». «Santos y buenos». +«¿Me da las <i>rulas</i>?». «¿Y qué me das por ellas, rapaza?». «No tengo un +<i>ichavo</i> triste». «Pues déjame mamar de la vaquiña, que rabio de sed». +«Mame luego, pero no lo chupe todo». Me arrodillo así el ratón medio se +hincó de hinojos ante el abad de Naya, y ordeñando en la palma de la +mano, con perdón, zampo la leche. ¡Qué fresca! «Vaya, rapaza.... ¡San +Antón te guarde la vaca!». Ando, ando, ando, ando, y al cuarto de legua +de allí me entra un sueño por todo el cuerpo..., como que me voy +quedando tonto. ¡A escotar! Me meto por el monte arriba, y llegando a +donde hay unos tojos más altos que un cristiano, me tumbo así (con +perdón) y saco el sombrero, y lo dejo de esta manera (reparen bien) +sobre la yerba. Sueño fue, que hasta de allí a hora y media no volví en +mi acuerdo. Voy a apañar mi sombrero para largar.... Lo mismo que todos +nos habemos de morir y resucitar en la gloria del día del Juicio, me veo +debajo una culebra más gorda que mi brazo <i>drecho</i>..., ¡con perdón!</p> + +<p>—¿Pero no que el izquierdo?—interrumpió don Eugenio picarescamente.</p> + +<p>—¡Muchísimo más gorda!—continuó el ratón imperturbable—, y toda rollada, +rollada, rollada, que cabía allí debajo..., ¡y durmiendo como una santa +de Dios!</p> + +<p>—¿Pero roncar, no roncaba?</p> + +<p>—La condenada acudía al olor de la leche..., y valió que le dio idea de +esconderse en el chapeo..., que las intenciones bien se las conocí.... +¡eran de metérseme por la boca, con perdón de las barbas honradas!</p> + +<p>Aunque se armó gran algazara, la moderó algún tanto el cura de Boán +recordando las diversas ocasiones en que se oían contar casos análogos: +culebras que se encontraban en los establos mamando del pezón de las +vacas, otras que se deslizaban en la cuna de los niños para beberles la +leche en el estómago....</p> + +<p>Asistía Julián a la velada, entretenido y contento, porque la alegría y +el humor de los cazadores le disipaba las ideas congojosas de algunos +días atrás, el miedo a la Sabia, a Primitivo, a los Pazos, los lúgubres +presentimientos acrecentados por la comunicación de los terrores +nerviosos de Nucha. Don Eugenio, viéndole animado, le porfiaba para que +fuese a hacerles una visita al cazadero; negábase Julián, pretextando la +necesidad de decir misa, de rezar las horas canónicas: en realidad, era +que no quería dejar enteramente sola a la señorita. Al cabo, tanto +insistió don Eugenio, que hubo de prometer, aplazando para el último +día.</p> + +<p>—No ha de haber nada de eso-exclamó el bullicioso párroco—. Mañana por +la mañanita nos lo llevamos con nosotros.... Se vuelve de allá pasado +mañana temprano.</p> + +<p>Toda resistencia hubiera sido inútil, y más en tal momento, cuando la +jarana crecía y el vino menguaba en los jarros. Julián sabía que aquella +gente maleante y retozona era capaz de llevarlo por fuerza, si se negaba +a ir de grado.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXII" id="XXII"></a><a href="#capitulos">-XXII-</a></h2> + + +<p>Tuvo, pues, que salir al romper el alba, dando diente con diente, +caballero en la mansa pollinita, y siendo blanco de las bromas de los +cazadores, porque iba vestido de modo asaz impropio para la ocasión, sin +zamarra, ni polainas de cuero, ni sombrerazo, ni armas ofensivas o +defensivas de ninguna especie. El día asomaba despejado y magnífico: en +las hierbas resplandecían las cristalizaciones de la escarcha; la tierra +se estremecía de frío y humeaba levemente a la primera caricia del sol; +el paso animado y gimnástico de los cazadores resonaba militarmente +sobre el terreno endurecido por la helada.</p> + +<p>Desde el cazadero, adonde llegaron a cosa de las nueve, desparramáronse +por el monte. Julián, no sabiendo qué hacer de su persona, quedóse +pegado a don Eugenio, y le vio realizar dos proezas cinegéticas y meter +en el morral dos pollitos de perdiz, tibios aún de la recién arrancada +vida. Es de advertir que don Eugenio no gozaba fama de diestro tirador, +por lo cual, al reunirse los cazadores a mediodía para comer en un +repuesto encinar, el párroco de Naya invocó el testimonio de Julián para +que asegurase que se las había visto tirar al vuelo.</p> + +<p>—¿Y qué es tirar al vuelo, don Julián?—le preguntaron todos.</p> + +<p>Como el capellán se quedó parado al hacerle tan insidiosa pregunta, +ocurrióseles a los cazadores que sería cosa muy divertida darle a Julián +una escopeta y un perro y que intentase cazar algo. Quieras que no +quieras, fue preciso conformarse. Se le destinó el <i>Chonito</i>, perdiguero +infatigable, recastado, de hocico partido, el más ardiente y seguro de +cuantos canes iban allí.</p> + +<p>—En cuanto vea que el perro se para—explicábale don Eugenio al novel +cazador, que apenas sabía por dónde coger el arma mortífera—, se prepara +usted y le anima para que entre..., y al salir las perdices, les apunta +y hace fuego cuando se tiendan.... Si es la cosa más fácil del mundo....</p> + +<p>Chonito caminaba con la nariz pegada al suelo, sus ijares se estremecían +de impaciencia, de cuando en cuando se volvía para cerciorarse de que le +acompañaba el cazador. De pronto tomó el trote hacia un matorral de +u[r]ces, y repentinamente se quedó parado, en actitud escultural, tenso +e inmóvil como si lo hubiesen fundido en bronce para colocar en un +zócalo.</p> + +<p>—¡Ahora!—exclamó el de Naya—. Eh, Julián, mándele que entre....</p> + +<p>—Entra, Chonito, entra—murmuró lánguidamente el capellán.</p> + +<p>El perro, sorprendido por el tono suave de la orden, vaciló; por fin se +lanzó entre las urces, y al punto mismo se oyó un revoloteo, y el bando +salió en todas direcciones.</p> + +<p>—¡Ahora, condenado, ahora! ¡Ese tiro!—gritó don Eugenio.</p> + +<p>Julián apretó el gatillo.... Las aves volaron raudamente y se perdieron +de vista en un segundo. Chonito, confuso, miraba al que había disparado, +a la escopeta y al suelo: el hidalgo animal parecía preguntar con los +ojos dónde se encontraba la perdiz herida, para portarla.</p> + +<p>Media hora después se repitió la escena, y el desengaño de Chonito. Ni +fue el último, porque más adelante, en un sembrado, aún levantó el can +un bando tan numeroso, tan próximo, y que salía tan a tiro, que era casi +imposible no <i>tumbar</i> dos o tres perdices disparando a bulto. Otra vez +hizo fuego Julián. El perdiguero ladraba de entusiasmo y de gozo.... Mas +ninguna perdiz cayó. Entonces Chonito, clavando en el capellán una +mirada casi humana, llena de desprecio, volvió grupas y se alejó +corriendo a todo correr, sin dignarse oír las imperativas voces con que +lo llamaban....</p> + +<p>No hay cómo encarecer lo que se celebró este rasgo de inteligencia a la +hora de la cena. Se hizo chacota de Julián, y, en penitencia de su +torpeza, se le condenó a asistir inmediatamente, cansado y todo, a la +espera de las liebres.</p> + +<p>La luna de aquella noche de diciembre semejaba disco de plata bruñida +colgado de una cúpula de cristal azul oscuro; el cielo se ensanchaba y +se elevaba por virtud de la serenidad y transparencia casi boreales de +la atmósfera.</p> + +<p>Caía helada, y en el aire parecía que se cruzaban millares de finísimas +agujas, que apretaban las carnes y reconcentraban el calor vital en el +corazón. Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y +tupido pelo, era noche de festín, noche de pacer los tiernos retoños de +los pinos, la fresca hierba impregnada de rocío, las aromáticas plantas +de la selva; y noche también de amor, noche de seguir a la tímida +doncella de luengas orejas y breve rabo, sorprenderla, conmoverla y +arrastrarla a las sombrías profundidades del pinar....</p> + +<p>Tras de los pinos y matorrales se emboscaban en noches así los +cazadores. Tendidos boca abajo, cubierto con un papel el cañón de la +carabina a fin de que el olor de la pólvora no llegue a los finos +órganos olfativos de la liebre, aplican el oído al suelo, y así se pasan +a veces horas enteras. Sobre el piso endurecido por el hielo resuena +claramente el trotecillo irregular de la caza; entonces el cazador se +estremece, se endereza, afianza en tierra la rodilla, apoya la escopeta +en el hombro derecho, inclina el rostro y palpa nerviosamente el gatillo +antes de apretarlo. A la claridad lunar divisa por fin un monstruo de +fantástico aspecto, pegando brincos prodigiosos, apareciendo y +desapareciendo como una visión: la alternativa de la oscuridad de los +árboles y de los rayos espectrales y oblicuos de la luna hace parecer +enorme a la inofensiva liebre, agiganta sus orejas, presta a sus saltos +algo de funambulesco y temeroso, a sus rápidos movimientos una velocidad +que deslumbra. Pero el cazador, con el dedo ya en el gatillo, se +contiene y no dispara. Sabe que el fantasma que acaba de cruzar al +alcance de sus perdigones es la hembra, la Dulcinea perseguida y +recuestada por innumerables galanes en la época del celo, a quien el +pudor obliga a ocultarse de día en su gazapera, que sale de noche, +hambrienta y cansada, a descabezar cogollos de pino, y tras de la cual, +desalados y hechos almíbar, corren por lo menos tres o cuatro machos, +deseosos de románticas aventuras. Y si se deja pasar delante a la dama, +ninguno de los nocturnos rondadores se detendrá en su carrera loca, +aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el +camino su ensangrentado cadáver, aunque el tufo de la pólvora le diga: +«¡Al final de tu idilio está la muerte!».</p> + +<p>No, no se pararán. Acaso el instinto de cobardía propio de su raza les +moverá a agazaparse breves minutos detrás de un arbusto o de una peña; +pero al primer imperceptible efluvio amoroso que les traiga la cortante +brisa; al primer hálito de la hembra que se destaque del olor de la +resina exhalado por los pinares, los fogosos perseguidores se lanzarán +de nuevo y con más brío, ciegos de amor, convulsos de deseo, y el +cazador que los acecha los irá tendiendo uno por uno a sus pies, sobre +la hierba en que soñaron tener lecho nupcial.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a><a href="#capitulos">-XXIII-</a></h2> + + +<p>En el corazón de la tierna heredera de los Ulloas tenía el capellán, +desde hacía algún tiempo, un rival completamente feliz y victorioso: +Perucho.</p> + +<p>Le bastó presentarse para triunfar. Entró un día en la punta de los +pies, y sin ser sentido fue arrimándose a la cuna. Nucha le ofrecía de +vez en cuando golosinas y calderilla, y el rapaz, como suele suceder a +las fieras domesticadas, contrajo excesiva familiaridad y apego, y +costaba trabajo echarle de allí, encontrándosele por todas partes, donde +menos se pensaba, a manera de gatito pequeño viciado en el mimo y la +compañía.</p> + +<p>Muchísimo le llamó la atención la chiquitina al pronto. Ni los pollos +nuevos cuando rompían el cascarón, ni los cachorros de la Linda, ni los +recentales de la vaca, consiguieron nunca fijar así las miradas atónitas +de Perucho. No podía él darse cuenta de cómo ni por dónde había venido +tan gran novedad; sobre este tema, se perdía en reflexiones. Rondaba la +cuna incesantemente, poniéndose en riesgo notorio de recibir algún +pescozón del ama, y, como no le expulsasen, se estaba buena pieza con el +dedito en la boca, absorto y embelesado, más parecido que nunca a los +amorcillos de los jardines que dicen con su actitud: «Silencio». Jamás +se le había visto quieto tantas horas seguidas. Así que la niña empezó a +tener asomos de conciencia de la vida exterior, dio claras muestras de +que si ella le interesaba a Perucho, no le importaba menos Perucho a +ella. Ambos personajes reconocieron en seguida su mutua importancia, y a +este reconocimiento siguieron evidentes señales de concordia y regocijo. +Apenas veía la chiquilla a Perucho, brillaban sus ojuelos, y de su boca +entreabierta salía, unido a la cristalina y caliente baba de la +dentición, un amorosísimo gorjeo. Tendía ansiosamente las manos, y +Perucho, comprendiendo la orden, acercaba la cabeza cerrando los +párpados; entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del +pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz, +todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría +cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.</p> + +<p>Pasados los dos o tres primeros meses de lactancia, el genio de los +niños se agria, y sus llantos y rabietas son frecuentes, porque empiezan +los fenómenos precursores de la dentición a molestarles. Cuando tal +sucedía a su niña, Nucha solía emplear con buen resultado el talismán de +la presencia de Perucho. Un día que el berrenchín no cesaba, fue preciso +acudir a expedientes más heroicos: sentar a Perucho en una silleta baja +y ponerle en brazos a la chiquitina. Él se estaba quieto, inmóvil, con +los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban +ganas de comérselo. La chiquita, sin transición, había pasado de la +furia a la bonanza, y reía abriendo un palmo de desdentada boca; reía +con los labios, con el mirar, con los pies bailarines, que descargaban +pataditas menudas en el muslo de Perucho. No se atrevía el rapaz ni a +volver la cabeza, de puro encantado.</p> + +<p>A medida que la chiquilla atendía más, Perucho se ingeniaba en traerle +juguetes inventados por él, que la divertían infinito. No se sabe lo que +aquel galopín discurría para encontrar a cada paso cosas nuevas, ya +fuesen flores, ya pajaritos vivos, ya ballestas de caña, ya todo género +de porquerías, que era lo que más entusiasmaba a la pequeña. +Presentábase a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en +grotescas contorsiones, o llegaba ufanísimo con un ratón acabadito de +nacer, tan chico y asustado, que daba lástima. Tenía aquel cachidiablo +la especialidad de los juguetes animados. En su <i>pucho</i> roto y +agujereado almacenaba lagartijas, mariposas y <i>mariquitas de Dios</i>; en +sus bolsillos y seno, nidos, frutos y gusanos. La señorita le tiraba +bondadosamente de las orejas.</p> + +<p>—Como vuelvas a traer aquí tales ascos..., verás, verás. Te he de colgar +de la chimenea como a los chorizos, para que te ahúmes.</p> + +<p>Julián transigía con estas intimidades, mientras no sorprendió el +secreto de otras harto menos inocentes. Desde que madrugando había visto +a Sabel salir del cuarto de don Pedro, dábale un vuelco la sangre cada +vez que tropezaba al chiquillo y notaba el afecto con que lo trataba +Nucha a veces.</p> + +<p>Cierto día entró el capellán en la habitación de la señorita y encontró +un inesperado espectáculo. En el centro de la cámara humeaba un colosal +barreñón de loza, lleno de agua templada, y estrechamente abrazados y en +cueros, el chiquillo sosteniendo en brazos a la niña, estaban Perucho y +la heredera de Ulloa en el baño. Nucha, en cuclillas, vigilaba el grupo.</p> + +<p>—No hubo otro medio de reducirla a bañarse—exclamó al advertir la +admiración de Julián—; y como don Máximo dice que el baño le conviene....</p> + +<p>—No me pasmo yo de ella—respondió el capellán—, sino de él, que le teme +más al agua que al fuego.</p> + +<p>—A trueque de estar con la nena—replicó Nucha—, se deja él bañar aunque +sea en pez hirviendo. Ahí los tiene usted en sus glorias. ¿No parecen un +par de hermanitos?</p> + +<p>Al pronunciar sin intención la frase, Nucha, desde el suelo, alzaba la +mirada hacia Julián. La descomposición de la cara de éste fue tan +instantánea, tan reveladora, tan elocuente, tan profunda, que la señora +de Moscoso, apoyándose en una mano, se irguió de pronto, quedándose en +pie frente a él. En aquel rostro consumido por la larga enfermedad, y +bajo cuya piel fina se traslucía la ramificación venosa; en aquellos +ojos vagos, de ancha pupila y córnea húmeda, cercados de azulada ojera, +vio Julián encenderse y fulgurar tras las negras pestañas una luz +horrible, donde ardían la certeza, el asombro y el espanto. Calló. No +tuvo ánimos para pronunciar una sola frase, ni disimulo para componer +sus facciones alteradas.</p> + +<p>La niña, en el tibio bienestar del baño, sonreía, y Perucho, +sosteniéndola por los sobacos, hablándola con tierna algarabía de +diminutivos cariñosos, la columpiaba en el líquido transparente, le +abría los muslos para que recibiese en todas partes la frescura del +agua, imitando con religioso esmero lo que había visto practicar a +Nucha. Ocurría la escena en un salón de los más chicos de la casa, +dividido en dos por descomunal y maltratadísimo biombo del siglo pasado, +pintado harto fantásticamente con paisajes inverosímiles: árboles +picudos en fila que parecían lechugas, montañas semejantes a quesos de +San Simón, nubarrones de hechura de panecillos, y casas con techo +colorado, dos ventanas y una puerta, siempre de frente al espectador. +Ocultaba el biombo la cama de Nucha, de copete dorado y columnas +salomónicas, y la cunita de la niña. Inmóvil por espacio de algunos +segundos, la señorita recobró de improviso la acción. Se inclinó hacia +el barreño y arrancó de golpe a su hija de brazos de Perucho.</p> + +<p>La criatura, sorprendida y asustada por el brusco movimiento, +interrumpida en su diversión, rompió en llanto desconsolado y repentino; +y su madre, sin hacerle caso, entró corriendo tras el biombo, la echó en +la cuna, y medio la arropó, volviendo a salir inmediatamente. Aún +permanecía Perucho en el agua, asaz asombrado; la señorita le asió de +los hombros, del pelo, de todas partes, y empujándole cruelmente, +desnudo como estaba, le persiguió por el salón hasta expulsarle a +empellones.</p> + +<p>—¡Largo de aquí!—decía más pálida que nunca y con los ojos llameantes—. +¡Que no te vea yo entrar!... Como vuelvas te azoto, ¿entiendes?, ¡te +azoto!</p> + +<p>Pasó tras el biombo otra vez, y Julián la siguió aturdido, sin saber lo +que le sucedía. Con la cabeza baja, los labios temblones, la señora de +Moscoso arreglaba, sin disimular el desatiento de las manos, los pañales +de su hija, cuyo llorar tenía ya inflexiones de pena como de persona +mayor.</p> + +<p>—Llame usted al ama—ordenó secamente Nucha.</p> + +<p>Corrió Julián a obedecer. A la puerta del salón le cerraba el paso una +cosa tendida en el suelo; alzó el pie; era Perucho, en cueros, +acurrucado. No se le oía el llanto: veíase únicamente el brillo de los +gruesos lagrimones, y el vaivén del acongojado pecho. Compadecido el +capellán, levantó a la criatura. Sus carnes, mojadas aún, estaban +amoratadas y yertas.</p> + +<p>—Ven por tu ropa—le dijo—. Llévala a tu madre para que te vista. Calla.</p> + +<p>Insensible como un espartano al mal físico, Perucho sólo pensaba en la +injusticia cometida con él.</p> + +<p>—No hacía mal...—balbució, ahogándose—. No-ha-cí—a-mal... +ningu... no....</p> + +<p>Volvió Julián con el ama, pero la criatura tardó bastante en consolarse +al pecho. Ponía la boquita en el pezón, y de repente torcía la cara, +hacía pucheros, iniciaba un llanto quejumbroso. Nucha, con andar +automático, salió del retrete formado por el biombo y se acercó a la +ventana, haciendo seña a Julián de que la siguiese. Y, demudados ambos, +se contemplaron algunos minutos silenciosamente, ella preguntando con +imperiosa ojeada, él resuelto ya a engañar, a mentir. Hay problemas que +sólo lo son planteados a sangre fría; en momentos de apuro, los resuelve +el instinto con seguridad maravillosa. Julián estaba determinado a +faltar a la verdad sin escrúpulos.</p> + +<p>Al cabo Nucha pronunció con sordo acento:</p> + +<p>—No crea que es la primera vez que se me ocurre que ese... chiquillo +es... hijo de mi marido. Lo he pensado ya; sólo que fue como un +relámpago, de esas cosas que desecha uno apenas las concibe. Ahora ya... +ya estamos en otro caso. Sólo con ver su cara de usted....</p> + +<p>—¡Jesús!, ¡señorita Marcelina! ¿Qué tiene que ver mi cara?... No se +acalore, le ruego que no se acalore.... ¡Por fuerza esto es cosa del +demonio! ¡Jesús mil veces!</p> + +<p>—No, no me acaloro-exclamó ella, respirando fuerte y pasándose por la +frente la palma extendida.</p> + +<p>—¡Válgame Dios! Señorita, a usted le va mal. Se le ha vuelto un color.... +Estoy viendo que le da el ataque. ¿Quiere la cucharadita?</p> + +<p>—No, no y no; esto no es nada: un poco de ahogo en la garganta. Esto +lo... noto muchas veces; es como una bola que se me forma allí.... Al +mismo tiempo parece que me barrenan la sien.... Al caso, al caso. +Decláreme usted lo que sabe. No calle nada.</p> + +<p>—Señorita...—Julián resolvió entonces, en su interior, apelar a eso que +llaman subterfugio jesuítico, y no es sino natural recurso de cuantos, +detestando la mentira, se ven compelidos a temer la verdad—. Señorita.... +Reniego de mi cara. ¡Lo que se le ha ido a ocurrir! Yo no pensaba en +semejante cosa. No, señora, no.</p> + +<p>La esposa hincó más sus ojos en los del capellán e hizo dos o tres +interrogaciones concretas, terminantes. Aquí del jesuitismo, mejor +dicho, de la verdad cogida por donde no pincha ni corta.</p> + +<p>—Me puede creer; ya ve que no había de tener gusto en decir una cosa por +otra: no sé de quién es el chiquillo. Nadie lo sabe de cierto. Parece +natural que sea del querido de la muchacha.</p> + +<p>—¿Usted está seguro de que tiene... querido?</p> + +<p>—Como de que ahora es de día.</p> + +<p>—¿Y de que el querido es un mozo aldeano?</p> + +<p>—Sí señora: un rapaz guapo por cierto; el que toca la gaita en las +fiestas de Naya y en todas partes. Le he visto venir aquí mil veces, el +año pasado, y... andaban juntos. Es más: me consta que trataban de sacar +los papeles para casarse. Sí señora: me consta. Ya ve usted que....</p> + +<p>Nucha respiró de nuevo, llevándose la diestra a la garganta, que sin +duda le oprimía el consabido ahogo. Sus facciones se serenaron un tanto, +sin recobrar su habitual compostura y apacibilidad encantadora: +persistía la arruga en el entrecejo, el extravío en el mirar.</p> + +<p>—¡Mi niña...—articuló en voz baja—, mi niña abrazada con él! Aunque +usted diga y jure y perjure.... Julián, esto hay que remediarlo. ¿Cómo +voy a vivir de esta manera? ¡Ya me debía usted avisar antes! Si el +chiquillo y la mujer no salen de aquí, yo me volveré loca. Estoy +enferma; estas cosas me hacen daño..., daño.</p> + +<p>Sonrió con amargura y añadió:</p> + +<p>—Tengo poca suerte.... No he hecho mal a nadie, me he casado a gusto de +papá, y mire usted ¡cómo se me arreglan las cosas!</p> + +<p>—Señorita....</p> + +<p>—No me engañe usted también recalcó el <i>también</i>. Usted se ha criado en +mi casa, Julián, y para mí es usted como de la familia. Aquí no cuento +con otro amigo. Aconséjeme.</p> + +<p>—Señorita—exclamó el capellán con fuego—, quisiera librarla de todos los +disgustos que pueda tener en el mundo, aunque me costase sangre de las +venas.</p> + +<p>—O esa mujer se casa y se va—pronunció Nucha—, o....</p> + +<p>Interrumpió aquí la frase. Hay momentos críticos en que la mente +acaricia dos o tres soluciones violentísimas, extremas, y la lengua, más +cobarde, no se atreve a formularlas.</p> + +<p>—Pero, señorita Marcelina, no se mate así—porfió Julián—. Son +figuraciones, señorita, figuraciones.</p> + +<p>Ella le tomó las manos entre las suyas, que ardían.</p> + +<p>—Dígale usted a mi marido que la eche, Julián. ¡Por amor de Dios y su +madre santísima!</p> + +<p>El contacto de aquellas palmas febriles, la súplica, turbaron al +capellán de un modo inexplicable, y sin reflexionar exclamó:</p> + +<p>—¡Tantas veces se lo he dicho!</p> + +<p>—¡Ve usted!—repuso ella, sacudiendo la cabeza y cruzando las manos.</p> + +<p>Enmudecieron. En la campiña se oía el ronco graznido de los cuervos; +tras el biombo, la niña lloriqueaba, inconsolable. Nucha se estremeció +dos o tres veces. Por último articuló dando con los nudillos en los +vidrios de la ventana:</p> + +<p>—Entonces seré yo....</p> + +<p>El capellán murmuró como si rezase:</p> + +<p>—Señorita.... Por Dios.... No se revuelva la cabeza.... Déjese de eso....</p> + +<p>La señora de Moscoso cerró los ojos y apoyó la faz en los vidrios de la +ventana. Procuraba contenerse: la energía y serenidad de su carácter +querían salir a flote en tan deshecha tempestad. Pero agitaba sus +hombros un temblor, que delataba la tiranía del sistema nervioso sobre +su debilitado organismo. El temblor, por fin, fue disminuyendo y +cesando.... Nucha se volvió, con los ojos secos y los nervios domados ya.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a><a href="#capitulos">-XXIV-</a></h2> + + +<p>Poco después sufrió una metamorfosis el vivir entumecido y soñoliento de +los Pazos. Entró allí cierta hechicera más poderosa que la señora María +la Sabia: la política, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y +miserias que en las aldeas lo recibe. Por todas partes cubre el manto de +la política intereses egoístas y bastardos, apostasías y vilezas; pero, +al menos, en las capitales populosas, la superficie, el aspecto, y a +veces los empeños de la lid, presentan carácter de grandiosidad. +Ennoblece la lucha la magnitud del palenque; asciende a ambición la +codicia, y el fin material se sacrifica, en ocasiones, al fin ideal de +la victoria por la victoria. En el campo, ni aun por hipocresía o +histrionismo se aparenta el menor propósito elevado y general. Las ideas +no entran en juego, sino solamente las personas, y en el terreno más +mezquino: rencores, odios, rencillas, lucro miserable, vanidad +microbiológica. Un combate naval en una charca.</p> + +<p>Forzoso es reconocer, no obstante, que en la época de la revolución, la +exaltación política, la fe en las teorías llevada al fanatismo, lograba +infiltrarse doquiera, saneando con ráfagas de huracán el mefítico +ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas. Vivía entonces +España pendiente de una discusión de Cortes, de un grito que se daba +aquí o acullá, en los talleres de un arsenal o en los vericuetos de una +montaña; y cada quince días o cada mes, se agitaban, se debatían, se +querían resolver definitivamente cuestiones hondas, problemas que el +legislador, el estadista y el sociólogo necesitan madurar lentamente, +meditar quizás años enteros antes de descifrarlos, y que una multitud en +revolución decide en pocas horas, mediante una acalorada discusión +parlamentaria, o una manifestación clamorosa y callejera. Entre el +almuerzo y la comida se reformaba, se innovaba una sociedad; fumando un +cigarro se descubrían nuevos principios, y en el fondo de la vorágine +batallaban las dos grandes soluciones de raza, ambas fuertes porque se +apoyaban en <i>algo</i> secular, lentamente sazonado al calor de la historia: +la monarquía absoluta y la constitucional, por entonces disfrazada de +monarquía democrática.</p> + +<p>La conmoción del choque llegaba a todos lados, sin exceptuar las fieras +montañas que cercaban a los Pazos de Ulloa. También allí se +politiqueaba. En las tabernas de Cebre, el día de la feria, se oía +hablar de libertad de cultos, de derechos individuales, de abolición de +quintas, de federación, de plebiscito-pronunciación no garantizada, por +supuesto—. Los curas, al terminar las funciones, entierros y misas +solemnes, se demoraban en el atrio, discutiendo con calor algunos +síntomas recientes y elocuentísimos, la primer salida de aquellos +famosos <i>cuatro sacristanes</i>, y otras menudencias. El señorito de +Limioso, tradicionalista inveterado, como su padre y abuelo, había hecho +dos o tres misteriosas excursiones hacia la parte del Miño, cruzando la +frontera de Portugal, y susurrábase que celebraba entrevistas en Tuy con +ciertos pájaros; afirmábase también que las señoritas de Molende estaban +ocupadísimas construyendo cartucheras y no sé qué más arreos bélicos, y +a cada paso recibían secretos avisos de que se iba a practicar un +registro en su casa.</p> + +<p>Sin embargo, los entendidos y prácticos en la materia comprendían que +cualquier intentona a mano armada en territorio gallego se quedaría en +agua de cerrajas, y que por más rumores que corriesen acerca de +armamentos y organización en Portugal, venidas de tropa, nombramientos +de oficialidad, etc., la verdadera batalla que allí se librase no sería +en los campos, sino en las urnas; no por eso más incruenta. Gobernaban a +la sazón el país los dos formidables caciques, abogado el uno y +secretario el otro del ayuntamiento de Cebre; esta villita y su región +comarcana temblaban bajo el poder de entrambos. Antagonistas perpetuos, +su lucha, como la de los dictadores romanos, no debía terminarse sino +con la pérdida y muerte del uno. Escribir la crónica de sus hazañas, de +sus venganzas, de sus manejos, fuera cuento de nunca acabar. Para que +nadie piense que sus proezas eran cosa de risa, importa advertir que +algunas de las cruces que encontraba el viajante por los senderos, algún +techo carbonizado, algún hombre sepultado en presidio para toda su vida, +podían dar razón de tan encarnizado antagonismo.</p> + +<p>Conviene saber que ninguno de los dos adversarios tenía ideas políticas, +dándoseles un bledo de cuanto entonces se debatía en España; mas, por +necesidad estratégica, representaba y encarnaba cada cual una tendencia +y un partido: Barbacana, moderado antes de la Revolución, se declaraba +ahora carlista; Trampeta, unionista bajo O'Donnell, avanzaba hacia el +último confín del liberalismo vencedor.</p> + +<p>Barbacana era más grave, más autoritario, más obstinado e implacable en +la venganza personal, más certero en asestar el golpe, más ávido e +hipócrita, encubriendo mejor sus alevosas trazas para desmantecar al +desventurado colono; era además hombre que prefería servirse de medios +legales y manejar el código, diciendo que no hay tan seguro modo de +acabar con un enemigo como empapelarlo: si no guarnecían tantas cruces +los caminos por culpa de Barbacana, las cárceles hediondas del distrito +antaño, y hogaño las murallas de Ceuta y Melilla, podían revelar hasta +dónde se extendía su influencia. En cambio Trampeta, si justificando su +apodo no desdeñaba los enredos jurídicos, solía proceder con más +precipitación y violencia que Barbacana, asegurando la retirada menos +hábilmente; así es que su adversario le tuvo varias veces cogido entre +puertas, y por punto no le aniquiló. Trampeta poseía en desquite gran +fertilidad de ingenio, suma audacia, expedientes impensados con que +salir de los más graves compromisos. Barbacana servía mejor para +preparar desde su habitación una emboscada, hurtando el cuerpo después; +Trampeta, para ejecutarla en persona y con fortuna. La comarca aborrecía +a entrambos, pero Barbacana inspiraba más terror por su genio sombrío. +En aquella ocasión Trampeta, encargado de representar las ideas +dominantes y oficiales, se creía seguro de la impunidad, aunque quemase +a medio Cebre y apalease, encausase y embargase al otro medio. +Barbacana, con la superioridad de su inteligencia, y aun de su +instrucción, comprendía dos cosas: primera, que se había arrimado a +pared más sólida, a gente que no desampara a sus amigos; segunda, que +cuando se le antojase pasarse con armas y bagajes al campo opuesto, +conseguiría siempre hundir a Trampeta. Ya había tirado sus líneas para +el caso próximo de la elección de diputados.</p> + +<p>Trampeta, con actividad vertiginosa, <i>hacía la cama</i> al candidato del +gobierno. Muy a menudo iba a la capital de provincia, a conferenciar con +el gobernador. En tales ocasiones, el secretario, calculando que hombre +prevenido vale por dos, ni olvidaba las pistolas, ni omitía hacerse +escoltar por sus seides más resueltos, pues no ignoraba que Barbacana +tenía a sus órdenes mozos de pelo en pecho, verbigracia el temible +Tuerto de Castrodorna. Cada viaje era una viña para el bueno del +secretario, y muy beneficioso para los suyos: poco a poco las hechuras +de Barbacana iban cayendo, y estancos, alguacilatos, guardianía de la +cárcel, peones camineros, toda la plantilla oficial de Cebre, quedando a +gusto de Trampeta. Sólo no pudo meterle el diente al juez, protegido en +altas regiones por un pariente de la señora jueza, persona de viso. +Obtuvo también que se hiciese la vista gorda en muchas cosas, que se +cerrasen los ojos en otras, y que respecto a algunas sobreviniese +ceguera total; y con esto y con las facultades latas de que se hallaba +investido, declaró, puesta la mano en el pecho, que respondía de la +elección de Cebre.</p> + +<p>Durante este periodo, Barbacana se hacía el muerto, limitándose a apoyar +débilmente, como por compromiso, al candidato propuesto por la Junta +carlista orensana, y recomendado por el Arcipreste de Loiro y los curas +más activos, como el de Boán, el de Naya, el de Ulloa. Bien se dejaba +comprender que Barbacana no tenía fe en el éxito. El candidato era una +excelente persona de Orense, instruido, consecuentísimo tradicionalista, +pero sin arraigo en el país y con fama de poca malicia política. Sus +mismos correligionarios no estaban a bien con él, por conceptuarle más +hombre de bufete que de acción e intriga.</p> + +<p>Así las cosas, empezó a notarse que Primitivo, el montero mayor de los +Pazos, venía a Cebre muy a menudo; y como allí se repara todo, se +observó también que, además de las acostumbradas estaciones en las +tabernas, Primitivo se pasaba largas horas en casa de Barbacana. Éste +vivía casi bloqueado en su domicilio, porque Trampeta, envalentonado con +la embriaguez del poder, profería amenazas, asegurando que Barbacana +recibiría su pago en una <i>corredoira</i> (camino hondo). No obstante, el +abogado se arriesgó a salir en compañía de Primitivo, y viéronse ir y +venir curas influyentes y caciques subalternos, muchos de los cuales +fueron también a los Pazos: unos a comer, otros por la tarde. Y como no +hay secreto bien guardado entre tres, y menos entre tres docenas, el +país y el gobierno supieron pronto la gran noticia: el candidato de la +Junta se retiraba de buen grado, y en su lugar Barbacana apoyaba, con el +nombre de independiente, a don Pedro Moscoso, conocido por marqués de +Ulloa.</p> + +<p>Desde que se enteró del complot, Trampeta pareció atacado del baile de +San Vito. Menudeó viajes a la capital: eran de oír sus explicaciones y +comentarios en el despacho del gobernador.</p> + +<p>—Todo lo arma—decía él—ese cerdo cebado del Arcipreste, unido al +faccioso del cura de Boán e instigando al usurero del mayordomo de los +Pazos, el cual a su vez mete en danza al malcriado del señorito, que +está enredado con su hija. ¡Vaya un candidato!—exclamaba frenético—, +¡vaya un candidato que los neos escogen! ¡Siquiera el otro era persona +honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez.</p> + +<p>Viendo el gobernador que el cacique perdía absolutamente la sangre fría, +comprendió que el negocio andaba mal parado, y le preguntó severamente:</p> + +<p>—¿No ha respondido usted de la elección, con cualquier candidato que se +presentase?</p> + +<p>—Sí señor, sí señor...—repuso apresuradamente Trampeta—. Sino que +considérese: ¿quién contaba con semejante cosa del otro mundo?</p> + +<p>Atropellándose al hablar, de pura rabia y despecho, insistió en que +nadie imaginaría que el marqués de Ulloa, un señorito que sólo pensaba +en cazar, se echase a político; que, a pesar de la gran influencia de la +casa y de ejercer su nombre bastante prestigio entre los paisanos, la +aristocracia montañesa y los curas, la tentativa importaría un comino si +no la hubiese tomado de su cuenta Barbacana y no le ayudase un poderoso +cacique subalterno, que antes fluctuaba entre el partido de Barbacana y +el de Trampeta, pero en esta ocasión se había decidido, y era el mismo +mayordomo de los Pazos, hombre resuelto y sutil como un zorro, que +disponía de numerosos votos seguros, pues muchísima gente le debía +cuartos que tenía esquilmada la casa de Ulloa a cuyas expensas se +enriquecía con disimulo y que este solemne bribón, al arrimo del gran +encausador Barbacana, se alzaría con el distrito, si no se llevaba el +asunto a rajatabla y sin contemplaciones.</p> + +<p>Quien conozca poco o mucho el mecanismo electoral no dudará que el +gobernador hizo jugar el telégrafo para que sin pérdida de tiempo, y por +más influencias que se atravesasen, fuese removido el juez de Cebre y +las pocas hechuras de Barbacana que en el distrito restaban ya. Deseaba +el gobernador triunfar en Cebre sin apelar a recursos extraordinarios y +arbitrariedades de monta, pues sabía que, si no era probable que jamás +se levantasen allí partidas, en cambio la sangre humana manchaba a +menudo mesas y urnas electorales; pero la nueva combinación le obligaba +a no reparar en medios y conferir al insigne Trampeta poderes +ilimitados....</p> + +<p>Mientras el secretario se prevenía, el abogado no se dormía en las +pajas. La aceptación del señorito, al pronto, le había vuelto loco de +contento. No tenía don Pedro ideas políticas, aun cuando se inclinaba al +absolutismo, creyendo inocentemente que con él vendría el +restablecimiento de cosas que lisonjeaban su orgullo de raza, como por +ejemplo, los vínculos y mayorazgos; fuera de esto, inclinábase al +escepticismo indiferente de los labriegos, y era incapaz de soñar, como +el caballeresco hidalgo de Limioso, en la quijotada de entrar por la +frontera del Miño a la cabeza de doscientos hombres. Mas a falta de +pasión política, le impulsó a aceptar la diputación su vanidad. Él era +la primera persona del país, la más importante, la de origen más +ilustre: su familia, desde tiempo inmemorial, figuraba al frente de la +nobleza comarcana; en esto hizo hincapié el Arcipreste de Loiro para +convencerle de que le correspondía la representación del distrito. +Primitivo no desarrolló mucha elocuencia para apoyar la demostración del +Arcipreste: limitóse a decir, empleando un expresivo plural y cerrando +el puño:</p> + +<p>—Tenemos al país así.</p> + +<p>Desde que corrió la noticia comenzó el señorito a sentirse halagado por +la especie de pleito-homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de +personas, todo el señorío de los contornos, el clero casi unánime, y los +muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo. +A don Pedro se le ensanchaba el pulmón. Bien entendía que Primitivo +estaba entre bastidores; pero al fin y al cabo, el incensado era él. +Mostró aquellos días gran cordialidad y humor excelente y campechano. +Hizo caricias a su hija y ordenó se le pusiese un traje nuevo, con +bordados, para que la viesen así las señoritas de Molende, que se +proponían no contribuir con menos de cien votos al triunfo del +representante de la aristocracia montañesa. Él también—porque los +candidatos noveles tienen su época de cortejos en que rondan la +diputación como se ronda a las muchachas, y se afeitan con esmero y +tratan de lucir sus prendas físicas—cuidó algo más de su persona, +lamentablemente desatendida desde el regreso a los Pazos, y como estaba +entonces en el apogeo de su belleza, más bien masculina que varonil, las +muñidoras electorales se ufanaban de enviar tan guapo mozo al Congreso. +Por entonces, la pasión política sacaba partido hasta de la estatura, +del color del pelo, de la edad.</p> + +<p>Desde que empezó a hervir la olla, hubo en los Pazos mesa franca: se +veía correr a Filomena y a Sabel por los salones adelante, llevando y +trayendo bandejas con tostado jerez y bizcochos; oíase el retintín de +las cucharillas en las tazas de café y el choque de los vasos. Abajo, en +la cocina, Primitivo obsequiaba a sus gentes con vino del Borde y +tarterones de bacalao, grandes fuentes de berzas y cerdo. A menudo se +juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discutía, y se +reía y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a +azadonazos—porque no cabe nombrar el escalpelo—a Trampeta y a los de su +bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso +detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del +secretario de Cebre.</p> + +<p>—De esta vez—decía el cura de Boán, viejo terne y firme, que echaba +fuego por los ojos y gozaba fama del mejor cazador del distrito después +de Primitivo—, de esta vez los fastidiamos, ¡<i>quoniam</i>!</p> + +<p>Nucha no asistía a las sesiones del comité. Se presentaba únicamente +cuando las visitas eran tales que lo requerían; atendía a suministrar +las cosas indispensables para el perenne festín, pero huía de él. +Tampoco Julián bajaba sino rara vez a las asambleas, y en ellas apenas +descosía los labios, mereciendo por esto que el cura de Ulloa se +ratificase en su opinión de que los capellanes atildados no sirven para +nada de provecho. No obstante, apenas averiguó el comité que Julián +tenía bonita letra cursiva, y ortografía asaz correcta, se echó mano de +él para misivas de compromiso. Además, le cayó otra ocupación.</p> + +<p>Sucedió que el Arcipreste de Loiro, que había conocido y tratado mucho a +la señora doña Micaela, madre de don Pedro, quiso ver otra vez toda la +casa, y también la capilla, donde algunas veces había dicho misa en vida +de la difunta, que esté en gloria. Don Pedro se la mostró de mala gana, +y el Arcipreste se escandalizó al entrar. Estaba la capilla casi a +tejavana: la lluvia corría por el retablo abajo; las vestiduras de las +imágenes parecían harapos; todo respiraba el mayor abandono, el frío y +tristeza especial de las iglesias descuidadas. Julián ya se encontraba +cansado de soltar indirectas al marqués sobre el estado lastimoso de la +capilla, sin obtener resultado alguno; mas el asombro y las +lamentaciones del Arcipreste arañaron en la vanidad del señor de Ulloa, +y consideró que sería de buen efecto, en momentos tales, lavarle la +cara, repararla un poco. Se retejó con bastante celeridad, y con la +misma un pintor, pedido a Orense, pintó y doró el retablo y los altares +laterales, de suerte que la capilla parecía otra, y don Pedro la +enseñaba con orgullo a los curas, a los señoritos, a la caciquería +barbacanesca. Sólo faltaba ya trajear decentemente a los santos y +recoser ornatos y mantelillos. De esta faena se encargó Nucha, bajo la +dirección de Julián. Con tal motivo, refugiados en la capilla solitaria, +no llegaba hasta ellos el barullo del club electoral. Entre el capellán +y la señorita desnudaban a San Pedro, peinaban los rizos de la Purísima, +ribeteaban el sayal de San Antón, fregoteaban la aureola del Niño Jesús. +Hasta la boeta de las ánimas del Purgatorio fue cuidadosamente lavada y +barnizada de nuevo, y las ánimas en pelota, larguiruchas, acongojadas, +rodeadas de llamas de almazarrón, salieron a luz en toda su edificante +fealdad. Era semejante ocupación dulcísima para Julián: corrían las +horas sin sentir en el callado recinto, que olía a pintura fresca y a +espadaña traída por Nucha para adornar los altares; mientras armaba en +un tallo de alambre una hoja de papel plateado o pasaba un paño húmedo +por el vidrio de una urna, no necesitaba hablar: satisfacción interior y +apacible le llenaba el alma. A veces Nucha no hacía más que mandar la +maniobra, sentada en una silleta baja con su niña en brazos (no quería +apartarla de sí un instante). Julián trabajaba por dos: tenía una escala +y se encaramaba a lo más alto del retablo. No se atrevía a preguntar +nada acerca de asuntos íntimos, ni a averiguar si la señorita había +tenido con su esposo conversación decisiva respecto a Sabel; pero notaba +el aire abatido, las denegridas ojeras, el frecuente suspirar de la +esposa, y sacaba de estos indicios la natural consecuencia. Otros +síntomas percibió que le acaloraron la fantasía, dándole no poco en qué +cavilar. Nucha mostraba vehemente exaltación del cariño maternal de +algún tiempo a esta parte. Apenas se separaba de la chiquita cuando, +desasosegada e inquieta, salía a buscarla a ver qué le sucedía. En una +ocasión, no encontrándola donde presumía, comenzó a exhalar gritos +desgarradores, exclamando: «¡Me la roban!, ¡me la roban!». Por fortuna, +el ama se acercaba ya trayendo a la pequeña en brazos. A veces la besaba +con tal frenesí, que la criatura rompía en llanto. Otras se quedaba +embelesada mirándola con dulce e inefable sonrisa, y entonces Julián +recordaba siempre las imágenes de la Virgen Madre, atónita de su +milagrosa maternidad. Mas los instantes de amor tranquilo eran breves, y +continuos los de sobresalto y dolorosa ternura. No consentía a Perucho +acercarse por allí. Su fisonomía se alteraba al divisar el niño; y éste, +arrastrándose por el suelo, olvidando sus travesuras diabólicas, sus +latrocinios, su afición al establo, se emboscaba a la entrada de la +capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella +pagaba con risas de querubín, con júbilo desatinado, con el impulso de +todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse +de brazos del ama a los de Perucho.</p> + +<p>Un día notó Julián en Nucha algo más serio aún: no ya expresión de +melancolía, sino hondo decaimiento físico y moral. Sus ojos se hallaban +encendidos y abultados, como de haber llorado mucho tiempo seguido; su +voz era desmayada y fatigosa; sus labios estaban resecos, tostados por +la calentura y el insomnio. Allí no se veía ya la espina del dolor que +lentamente va hincándose, pero el puñal clavado de golpe hasta el pomo. +Semejante espectáculo dio al traste con la prudencia del capellán.</p> + +<p>—Usted está mala, señorita. A usted le pasa algo hoy.</p> + +<p>Nucha meneó la cabeza intentando sonreír.</p> + +<p>—No tengo nada.</p> + +<p>Lo doliente y debilitado del acento la desmentía.</p> + +<p>—Por Dios, señorita, no me responda que no.... ¡Si lo estoy viendo! +Señorita Marcelina.... ¡Válgame mi patrono San Julián! ¡Que no he de +poder yo servirle de algo, prestarle ayuda o consuelo! Soy una persona +humilde, inútil; pero con la intención, señorita, soy grande como una +montaña. ¡Quisiera, se lo digo con el corazón, que me mandase, que me +mandase!</p> + +<p>Hacía estas protestas esgrimiendo un paño untado de tiza contra las +sacras, cuyo cerco de metal limpiaba con denuedo, sin mirarlo.</p> + +<p>Alzó Nucha los ojos, y en ellos lució un rayo instantáneo, un impulso de +gritar, de quejarse, de pedir auxilio.... Al punto se apagó la llamarada, +y encogiéndose de hombros levemente, la señorita repitió:</p> + +<p>—No tengo nada, Julián.</p> + +<p>En el suelo había una cesta llena de hortensias y rama verde, destinada +al adorno de los floreros; Nucha empezó a colocarla con la destreza y +delicadeza graciosa que demostraba en el desempeño de todos sus +domésticos quehaceres. Julián, entre embelesado y afligido, seguía con +la vista el arreglo de las azules flores en los tarros de loza, el +movimiento de las manos enflaquecidas al través de las hojas verdes. +Notó que caía sobre ellas una gota de agua, gruesa, límpida, no +procedente de la humedad del rocío que aún bañaba las hortensias. Y casi +al tiempo mismo advirtió otra cosa, que le cuajó la sangre de horror: en +las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular, +amoratada, oscura.... Con lucidez repentina, el capellán retrocedió dos +años, escuchó de nuevo los quejidos de una mujer maltratada a culatazos, +recordó la cocina, el hombre furioso.... Completamente fuera de sí, dejó +caer las sacras y tomó las manos de Nucha para convencerse de que, en +efecto, existía la siniestra señal....</p> + +<p>Entraban a la sazón por la puerta de la capilla muchas personas: las +señoritas de Molende, el juez de Cebre, el cura de Ulloa, conducidos por +don Pedro, que los traía allí con objeto de que admirasen los trabajos +de restauración. Nucha se volvió precipitadamente; Julián, trastornado, +contestó balbuciendo al saludo de las señoritas. Primitivo, que venía a +retaguardia, clavaba en él su mirada directa y escrutadora.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXV" id="XXV"></a><a href="#capitulos">-XXV-</a></h2> + + +<p>Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro +cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los +odios enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes +promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas +incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas +sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de +los inconvenientes prácticos del sistema parlamentario estaban muy de +acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven +nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban +las caballerizas de los Pazos de Ulloa. ¡Buenas cosas pensaban ellos de +las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban +exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en +sudor!</p> + +<p>¡Pues qué diré de la mula en que Trampeta solía hacer sus excursiones a +la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como +se había puesto. Día y noche estaba el insigne cacique atravesado en la +carretera, y a cada viaje la elección de Cebre se presentaba más dudosa, +más peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del +Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar, +prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase +la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se +largaba de entre las manos.</p> + +<p>—¿Pues no decía usted—gritó un día el Gobernador con vehementes impulsos +de mandar al infierno al gran secretario—que la elección no sería muy +costosa; que los adversarios no podían gastar nada; que la Junta +carlista de Orense no soltaba un céntimo; que la casa de los Pazos no +soltaba un céntimo tampoco, porque a pesar de sus buenas rentas está +siempre a la quinta pregunta?</p> + +<p>—Ahí verá usted, señor—contestó Trampeta—. Todo eso es mucha verdad; +pero hay momentos en que el hombre..., pues... cambia sus <i>auciones</i>, +como usted me enseña (Trampeta tenía esta muletilla). El marqués de +Ulloa....</p> + +<p>—¡Qué marqués ni qué calabazas!—interrumpió con impaciencia el +Gobernador.</p> + +<p>—Bueno, es una costumbre que hay de llamarle así.... Y mire usted que +llevo un mes de <i>porclamar</i> en todos lados que no hay semejante marqués, +que el gobierno le ha sacado el título para dárselo a otro más liberal, +y que ese título de marqués quien se lo ha ofrecido es Carlos siete, +para cuando venga la Inquisición y el diezmo, como usted me enseña....</p> + +<p>—Adelante, adelante—exclamó el Gobernador, que aquel día debía estar +nervioso—. Decía usted que el marqués o lo que sea... en vista de las +circunstancias....</p> + +<p>—No reparará en un par de miles de duros más o menos, no señor.</p> + +<p>—¿Si no los tenía, los habrá pedido?</p> + +<p>—¡<i>Catá</i>! Los ha pedido a su suegro de Santiago; y como el suegro de +Santiago no tiene tampoco una peseta disponible, como usted me enseña... +héteme aquí que se los ha dado el suegro de los Pazos.</p> + +<p>—¿Se le cuentan dos suegros a ese candidato carlista?—preguntó el +gobernador, que a su pesar se divertía con los chismes del secretario.</p> + +<p>—No será el primero, como usted me enseña—dijo Trampeta riéndose de la +chuscada—. Ya entiende por quién hablo.... ¿eh?</p> + +<p>—¡Ah!, sí, la muchacha ésa que vivía en la casa antes de que Moscoso se +casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted cómo me acuerdo.</p> + +<p>—El hijo... el hijo será de quien Dios disponga, señor gobernador.... Su +madre lo sabrá..., si es que lo sabe.</p> + +<p>—Bien, eso para la elección importa un rábano.... Al grano: los recursos +de que Moscoso dispone....</p> + +<p>—Pues se los ha facilitado el mayordomo, el Primitivo, el suegro <i>de +cultis</i>.... Y usted me preguntará: ¿cómo un infeliz mayordomo tiene miles +de duros? Y yo respondo: prestando a réditos del ocho por ciento al mes, +y más los años de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le +paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro...—Y usted +dirá: ¿de dónde saca ese Primitivo o ese ladrón el dinero para +prestar?—Y yo replico: del bolsillo de su mismo amo, robándole en la +venta del fruto, dándolo a un precio y abonándoselo a otro, engañándole +en la administración y en los arriendos, pegándosela, como usted me +enseña, por activa y por pasiva...—Y usted dirá....</p> + +<p>Este modo dialogado era un recurso de la oratoria trampetil, del cual +echaba mano cuando quería persuadir al auditorio. El gobernador le +interrumpió:</p> + +<p>—Con permiso de usted lo diré yo mismo. ¿Qué cuenta le tiene a ese +galopín prestarle a su amo los miles de duros que tan trabajosamente le +ha cogido?</p> + +<p>—¡Me caso!...—votó el secretario—. Los miles de duros, como usted me +enseña, no se prestan sin hipoteca, sin garantías de una <i>clás</i> o de +otra, y el Primitivo no ha nacido en el año de los tontos. Así queda +seguro el capital y el amo sujeto.</p> + +<p>—Comprendo, comprendo—articuló con viveza el Gobernador. Queriendo dar +una muestra de su penetración, añadió:—Y le conviene sacar diputado al +señorito, para disponer de más influencia en el país y poder hacer todo +cuanto le acomode....</p> + +<p>Trampeta miró al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa ironía +que las personas de educación inferior muestran cuando oyen a las más +elevadas decir una simpleza gorda.</p> + +<p>—Como usted me enseña, señor gobernador—pronunció—, no hay nada de +eso.... Don Pedro, diputado de oposición o independiente o conforme les +dé la gana de llamarle, servirá de tanto a los suyos como la carabina de +Ambrosio.... Primitivo, arrimándose a un servidor de usted o al judío, +con perdón, de Barbacana, conseguiría lo que quisiese ¿eh?, sin +necesidad de sacar diputado al amo.... Y Primitivo, hasta que le dio la +ventolera, siempre fue de los míos.... Zorro como él no lo hay en toda la +provincia... Ése ha de acabar por envolvernos a Barbacana y a mí.</p> + +<p>—Y entonces Barbacana ¿por qué se ha declarado a favor del señorito?</p> + +<p>—Porque Barbacana va con los curas a donde lo lleven. Ya sabe lo que +hace.... Usted, un suponer, está ahí hoy y se larga mañana; pero los +curas están siempre, y lo mismo el señorío... los Limiosos, los +Méndez....</p> + +<p>Y dando suelta al torrente de su rencor, el cacique añadió apretando los +puños:</p> + +<p>—¡Me caso con Dios! Mientras no hundamos a Barbacana, no se hará nada en +Cebre.</p> + +<p>—¡Corriente! Pues facilítenos usted la manera de hundirlo. Ganas no +faltan.</p> + +<p>Trampeta se quedó un rato pensativo, y con la cuadrada uña del pulgar, +quemada del cigarro, se rascó la perilla.</p> + +<p>—Lo que yo cavilo es ¿qué cuenta le tendrá al raposo de Primitivo esta +diputación del amo?... Ahora se aprovecha de dos cosas: lo que le pilla +como hipoteca y lo que le mama corriendo con los gastos electorales y +presentándole luego, como usted me enseña, las cuentas del Gran +Capitán.... Pero si vencen y me hacen diputado a mi señor don Pedro, y +éste vuela para <i>Madrí</i>, y allí pide cuartos por otro lado, que sí +pedirá, y abre el ojo para ver las picardías de su mayordomo, y no se +vuelve a acordar de la moza ni del chiquillo..., entonces....</p> + +<p>Tornó a rascarse la perilla, suspenso y meditabundo, como el que +persigue la solución de un problema muy intrincado. Sus agudísimas +facultades intelectuales estaban todas en ejercicio. Pero no daba con el +cabo de la madeja.</p> + +<p>—Al caso—insistió el gobernador—. De lo que se trata es de que no nos +derroten vergonzosamente. El candidato es primo del ministro; hemos +respondido de la elección.</p> + +<p>—Contra el candidato de la Junta de Orense.</p> + +<p>—¿Piensa usted que allá admiten esas distinciones? Estamos a triunfar +contra cualquiera. No andemos con circunloquios; ¿cree usted que vamos a +salir rabo entre piernas? ¿Sí o no?</p> + +<p>Trampeta permanecía indeciso. Al cabo levantó la faz, con el orgullo de +un gran estratégico, seguro siempre de inventar algún ardid para burlar +al enemigo.</p> + +<p>—Mire usted—dijo—, hasta la fecha Barbacana no ha podido acabar con este +cura, aunque me ha jugado dos o tres buenas.... Pero a jugarlas no me +gana él ni Dios.... Sólo que a mí no se me ocurren las mejores tretas +hasta que tocan a romper el fuego.... Entonces ni el diablo discurre lo +que yo discurro. Tengo aquí—y se dio una puñada en la negruzca +frente—una cosa que rebulle, pero que aún no sale por más que hago.... +Saldrá, como usted me enseña, cuando llegue el mismísimo punto +<i>resfinado</i> de la ocasión....</p> + +<p>Y blandiendo el brazo derecho repetidas veces de arriba abajo, como un +sable, añadió en voz hueca:</p> + +<p>—Fuera miedo. ¡Se gana!</p> + +<p>Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la +provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que había +querido ir en persona a tomar noticias de cómo andaban los negocios por +Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por +<i>fusique</i> de plata, polvos de un rapé Macuba, que acaso nadie gastaba ya +sino él en toda Galicia, y que le traían de contrabando, con gran +misterio y cobrándole un dineral.</p> + +<p>El Arcipreste, a quien en Santiago conocían por el apodo de <i>Sobres de +Envelopes</i>, a causa de una candorosa pregunta en mal hora formulada en +una tienda, había sido en otro tiempo, cuando simple abad de Anles, el +mejor instrumento electoral conocido. Dijéronle una vez que iba perdida +la elección que él manejaba; gritó él furioso: «¿Perder el cura de Anles +una elección?», y, al gritar, dio el más soberano puntapié a la urna, +que era un puchero, haciéndola volar en miles de pedazos, desparramando +las cédulas y logrando, con tan sencillo expediente, que su candidato +triunfase. La hazaña le valió la gran cruz de Isabel la Católica. En el +día, obesidad, años y sordera le impedían tomar parte activa; pero +quedábale la afición y el compás, no habiendo para él cosa tan gustosa +como un electoral cotarro.</p> + +<p>Siempre que el arcipreste venía a Cebre, pasaba un ratito en el estanco +y cartería, donde se charlaba de política por los codos, se leían +papeles de Madrid, y se enmendaba la plana a todos los gobernantes y +estadistas habidos y por haber, oyéndose a menudo frases del corte +siguiente: «Yo, Presidente del Consejo de Ministros, arreglo eso de una +plumada». «Yo que Prim, no me arredro por tan poco». Y aún solía +levantarse la voz de algún tonsurado exclamando: «Pónganme a mí donde +está el Papa, y verán cómo lo resuelvo mucho mejor en un periquete».</p> + +<p>Al salir de casa de Barbacana, encontró el arcipreste en la cartería al +juez y al escribano, y a la puerta a don Eugenio, desatando su yegua de +una argolla y dispuesto a montar.</p> + +<p>—Aguárdate un poco, Naya—le dijo familiarmente, dándole, según costumbre +entre curas, el nombre de su parroquia—. Voy a ver los partes de los +periódicos, y después nos largamos juntos.</p> + +<p>—Yo tomo hacia los Pazos.</p> + +<p>—Yo también. Di allá en la posada que me traigan aquí la mula.</p> + +<p>Cumplió don Eugenio el encargo diligentemente, y a poco ambos +eclesiásticos, envueltos en cumplidos montecristos, atados los sombreros +por debajo de la barba con un pañuelo para que no se los llevase el +viento fuerte que corría, bajaban el repecho de la carretera al sosegado +paso de sus monturas. Naturalmente hablaban de la batalla próxima, del +candidato y de otras particularidades referentes a la elección. El +arcipreste lo veía todo muy de color de rosa, y estaba tan cierto de +vencer, que ya pensaba en llevar la música de Cebre a los Pazos para dar +serenata al diputado electo. Don Eugenio, aunque animado, no se las +prometía tan felices. El gobierno dispone de mucha fuerza, ¡qué +diantre!, y cuando ve la cosa mal parada recurre a la coacción, haciendo +las elecciones por medio de la Guardia Civil. Todo eso de Cortes era, +según dicho del abad de Boán, una solemnísima farsa.</p> + +<p>—Pues por esta vez—contestaba el arcipreste, manoteando y bufando para +desenredarse de la esclavina del montecristo, que el viento le envolvía +alrededor de la cara—, por esta vez, les hemos de hacer tragar saliva. +Al menos el distrito de Cebre enviará al congreso una persona decente, +hijo del país, jefe de una casa respetable y antigua, que nos conoce +mejor que esos pillastres venidos de fuera.</p> + +<p>—Eso es muy cierto—respondió don Eugenio, que rara vez contradecía de +frente a sus interlocutores—; a mí me gusta, como al que más, que la +casa de los Pazos de Ulloa represente a Cebre; y si no fuese por cosas +que todos sabemos....</p> + +<p>El arcipreste, muy grave, sorbió el <i>fusique</i> o cañuto. Amaba +entrañablemente a don Pedro, a quien, como suele decirse, había visto +nacer, y además profesaba el principio de respetar la alcurnia.</p> + +<p>—Bien, hombre, bien—gruñó—, dejémonos de murmuraciones.... +Cada uno tiene sus defectos y sus pecados, y a Dios dará cuenta +de ellos. No hay que meterse en vidas ajenas.</p> + +<p>Don Eugenio, como si no entendiese, insistió, repitiendo cuanto acaba de +oír en la cartería de Cebre, donde se bordaban con escandalosos +comentarios las noticias dadas por Trampeta al gobernador de la +provincia. Todo lo refería gritando bastante, a fin de que el punto de +sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir +lo más sustancial del discurso. El travieso y maleante clérigo gozaba lo +indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la +oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el <i>fusique</i> en +las narices. Cebre, según don Eugenio, hervía en indignación contra don +Pedro Moscoso; los aldeanos lo querían bien; pero en la villa, dominada +por gentes que protegía Trampeta, se contaban horrores de los Pazos. De +algunos días acá, justamente desde la candidatura del marqués, se había +despertado en la población de Cebre un santo odio al pecado, una +reprobación del concubinato y la bastardía, un sentimiento tan exquisito +de rectitud y moralidad, que asombraba; siendo de advertir que este +acceso de virtud se notaba únicamente en los satélites del secretario, +gente en su mayoría de la cáscara amarga y nada edificante en su +conducta. Al enterarse de tales cosas, el arcipreste se amorataba de +furor.</p> + +<p>—¡Fariseos, escribas!—rebufaba—. ¡Y luego nos llamarán a nosotros +hipócritas! ¡Miren ustedes qué recato, qué decoro y qué vergüenza les ha +entrado a los incircuncisos de Cebre! (en boca del arcipreste, +<i>incircunciso</i> era tremenda injuria). Como si el que más y el que menos +de ese atajo de tunantes no tuviese hechos méritos para ir a presidio... +y al palo, sí señor, ¡al palo!</p> + +<p>Don Eugenio no podía contener la risa.</p> + +<p>—Hace siete años, la friolera de siete años—tartamudeó el arcipreste +calmándose un poco, pero respirando trabajosamente a causa del mucho +viento—, siete añitos que en los Pazos sucede... eso que tanto les +asusta ahora.... Y maldito si se han acordado de decir esta boca es mía. +Pero con las elecciones.... ¡Qué condenado de aire! Vamos a volar, +muchacho.</p> + +<p>—Pues aún murmuran cosas peores—gritó el de Naya.</p> + +<p>—¿Eh? Si no se oye nada con este vendaval.</p> + +<p>—Que aún dicen cosas más serias—voceó don Eugenio, pegando su inquieta +yegüecilla a la reverenda mula del arcipreste.</p> + +<p>—Dirán que nos van a fusilar a todos.... Lo que es a mí, ya me amenazó el +secretario con formarme siete causas y meterme en chirona.</p> + +<p>—Qué causas ni qué.... Baje usted la cabeza.... Así.... Aunque estamos +solos no quiero gritar mucho....</p> + +<p>Agarrado don Eugenio al montecristo de su compañero, le explicó desde +cerca algo que las alas del nordeste se llevaron aprisa, con estridente +y burlón silbido.</p> + +<p>—¡Caramelos!—rugió el arcipreste, sin que se le ocurriese una sola +palabra más. Tardó aún cosa de dos minutos en recobrar la expedición de +la lengua y en poder escupir al ventarrón, cada vez más desencadenado y +furioso, una retahíla de injurias contra los infames calumniadores del +partido de Trampeta. El granuja de don Eugenio le dejó desahogar, y +luego añadió:</p> + +<p>—Aún hay más, más.</p> + +<p>—¿Y qué más puede haber? ¿Dicen también que el señorito don Pedro sale a +robar a los caminos? ¡Canalla de incircuncisos ésos, sin más Dios ni más +ley que su panza!</p> + +<p>—Aseguran que la noticia viene por persona de la misma casa.</p> + +<p>—¿Eeeeh? Cargue el diablo con el viento.</p> + +<p>—Que la noticia viene por persona de la misma casa de los Pazos.... ¿Ya +me entiende usted?—Y don Eugenio guiñó el ojo.</p> + +<p>—Ya entiendo, ya.... ¡Corazones de perro, lenguas de escorpión! Una +señorita que es la honradez en persona, de una familia tan buena, no +despreciando a nadie..., ¡y calumniarla, y para más con un ordenado de +misa! ¡Liberaluchos indecentes, de éstos de por aquí, que se venden tres +al cuarto! ¡Pero cómo está el mundo, Naya, cómo está el mundo!</p> + +<p>—Pues también añaden....</p> + +<p>—¡Caramelos! ¿Acabarás hoy? ¡Qué tormenta se prepara, María Santísima! +¡Qué viento... qué viento!</p> + +<p>—Atiéndame, que esto no lo dicen ellos, sino Barbacana. Que esa persona +de la casa—Primitivo, vamos—nos va a hacer una perrería gorda en la +elección.</p> + +<p>—¿Eeeh? ¿Tú <i>seque</i> chocheas? Para, mula, a ver si oigo mejor. ¿Que +Primitivo...?</p> + +<p>—No es seguro, no es seguro, no es seguro—vociferó el abad de Naya, que +se divertía más que en un sainete.</p> + +<p>—¡Por vida de lo que malgasto, que esto ya pasa de raya! Hazme el favor +de no volverme loco, ¿eh?, que para eso bastante tengo con el viento +maldito. ¡No quiero oír, no quiero oír más!—declaró esto en ocasión que +su montecristo se alzaba rápidamente a impulsos de una ráfaga mayor, y +se volvía todo hacia arriba, dejando al arcipreste como suelen pintar a +Venus en la concha. Así que logró remediar el percance, hizo trotar a su +mula, y no se oyó en el camino más voz que la del nordeste, que allá a +lo lejos, sacudiendo castañares y robledales, remedaba majestuosa +sinfonía.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a><a href="#capitulos">-XXVI-</a></h2> + + +<p>Amortiguada la primera impresión, no se atrevía Julián a interrogar a +Nucha sobre lo que había visto. Hasta recelaba ir al cuarto de la +señorita. Algún fundamento tenía este recelo. Aunque de suyo confiado, +creía notar el capellán que le espiaban. ¿Quién? Todo el mundo: +Primitivo, Sabel, la vieja bruja, los criados. Como sentimos de noche, +sin verla, la niebla húmeda que nos penetra y envuelve, así sentía +Julián la desconfianza, la malevolencia, la sospecha, la odiosidad que +iba espesándose en torno suyo. Era cosa indefinible, pero patente. En +dos o tres funciones a que asistió, figurósele que los curas le hablaban +con acento hostil, que el arcipreste le examinaba frunciendo el +entrecejo, y que únicamente don Eugenio le manifestaba la acostumbrada +cordialidad. Pero acaso fuesen éstas vanas cavilaciones, y quizás soñaba +también al imaginarse que, a la mesa, don Pedro seguía continuamente la +dirección de sus ojos y acechaba sus movimientos. Esto le fatigaba tanto +más cuanto que un irresistible anhelo le obligaba a mirar a Nucha muy a +menudo, reparando a hurtadillas si estaba más delgada, si comía con buen +apetito, si se notaba <i>algo</i> nuevo en sus muñecas. La señal, oscura el +primer día, fue verdeando y desapareciendo.</p> + +<p>La necesidad de ver a la niña acabó por poder más que las vacilaciones +de Julián. Arreglada ya la capilla, sólo en la habitación de su madre +podía verla, y allí fue, no bastándole el beso robado en el corredor, +cuando el ama lo cruzaba con la nena en brazos. Iba la criatura saliendo +de esa edad en que los niños parecen un lío de trapos, y sin perder la +gracia y atractivo del ser indefenso y débil, tenía el encanto de la +personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y +conciencia de sus actos. Ya adoptaba posturas de ángel de Murillo; ya +cogía un objeto y acertaba a llevarlo a la cálida boca, en la +impaciencia de la dentición retrasada; ya ejecutaba con indecible +monería ese movimiento cautivador entre todos los de los niños pequeños, +de tender no sólo los brazos, sino el cuerpo entero, con abandono +absoluto, hacia la persona que les es simpática; actitud que las +nodrizas llaman <i>irse con la gente</i>. Hacía tiempo que la pequeña +redoblaba la risa, y su carcajada melodiosa, repentina y breve, era sólo +comparable a gorjeo de pájaro. Ningún sonido articulado salía aún de su +boca, pero sabía expresar divinamente, con las onomatopeyas que según +ciertos filólogos fueron base del lenguaje primitivo, todos sus afectos +y antojos; en su cráneo, que empezaba a solidificarse, por más que en el +centro latiese aún la abierta mollera, se espesaba el pelo, de día en +día más oscuro, suave aún como piel de topo; sus piececitos se +desencorvaban, y los dedos, antes retorcidos, el pulgar vuelto hacia +arriba, los otros botoncillos de rosa hacia abajo, se habituaban a la +estación horizontal que exige el andar humano. Cada uno de estos grandes +progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para +Julián, confirmando su dedicación paternal al ser que le dispensaba el +favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones +del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche. ¡Qué no haría él por +servir de algo a la nenita idolatrada! A veces el cariño le inspiraba +ideas feroces, como agarrar un palo y moler las costillas a Primitivo; +coger un látigo y dar el mismo trato a Sabel. Pero, ¡ay! Nadie puede +usurpar el puesto del amo de casa, del jefe de la familia; y el jefe.... +Al capellán le pesaba en el alma la fundación de aquel hogar cristiano. +Recta había sido la intención, y amargo el fruto. ¡Sangre del corazón +daría él por ver a Nucha en un convento!</p> + +<p>¿Qué arbitrio adoptar ya? Julián presentía los inmensos inconvenientes +de su intervención directa. Seguro de la teoría, firme en el terreno del +derecho, capaz de resistir pasivamente hasta morir, faltábale la +vigorosa palanca de los actos humanos, la iniciativa. En aquella casa es +indudable que andaban muchas cosas desquiciadas, otras torcidas y fuera +de camino; el capellán asistía al drama, temía un desenlace trágico, +sobre todo desde la famosa señal en las muñecas, que no le salía de la +acalorada imaginación; mostrábase taciturno; su color sonrosado se +trocaba en amarillez de cera; rezaba más aún que de costumbre; ayunaba; +decía la misa con el alma elevada, como la diría en tiempos de martirio; +deseaba ofrecer la existencia por el bienestar de la señorita; pero, a +no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no +podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida—aunque +ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don +Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija—. +Siempre encontraba pretextos para aplazar toda acción, tan socorridos +como éste, verbigracia:</p> + +<p>—Dejemos que pasen las elecciones.</p> + +<p>Las elecciones le infundían esperanzas de que, si el señorito, elegido +diputado, salía de la huronera, de entre la gente inicua que lo prendía +en sus redes, era posible que Dios le tocase en el corazón y mudase de +conducta.</p> + +<p>Una cosa preocupaba mucho al buen capellán: ¿el señorito se iría solo a +Madrid, o llevaría a su mujer y a la pequeña? Julián ponía a Dios por +testigo de que deseaba esto último, si bien al pensar qué podía suceder +le entraba una hipocondría mortal. La idea de no ver más a nené durante +meses o años, de no tenerla en las rodillas montada a <i>caballito</i>, de +quedarse allí, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado +por una sabandija, le era intolerable. Duro le parecía que se marchase +la señorita, pero lo de la niña..., lo de la niña...</p> + +<p>«Si me la dejasen—pensaba—la cuidaría yo perfectamente».</p> + +<p>Acercábase la batalla decisiva. Los Pazos eran un jubileo, un ir y venir +de adictos y correveidiles, un entrar y salir de mensajes, de órdenes y +contraórdenes, que le daban semejanza con un cuartel general. Siempre +había en las cuadras caballos o mulas forasteras, masticando abundante +pienso, y en los anchos salones se oía crujir incesante de botas altas, +pisadas de fuertes zapatos, cuando no pateo de zuecos. Julián se +tropezaba con curas sofocados, respirando bélico ardor, que le hablaban +de <i>los trabajos</i>, pasmándose de ver que no tomaba parte en nada.... ¡En +tan solemne y crítica ocasión, el capellán de los Pazos no tenía derecho +a dormir ni a comer!</p> + +<p>Seguía reparando que algunos abades se mostraban con él así como airados +o resentidos, en especial el arcipreste, el más encariñado con la casa +de Ulloa; pues mientras el cura de Boán y aun el de Naya atendían sobre +todo al triunfo político, el arcipreste miraba principalmente al +esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos.</p> + +<p>Todo anunciaba que el señor de los Pazos se llevaría el gato al agua, a +pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno. Se +contaban los votos, se hacía un censo, se sabía que la superioridad +numérica era tal, que las mayores diabluras de Trampeta no la echarían +abajo. No disponía el gobierno en el distrito sino de lo que, +pomposamente hablando, puede llamarse el elemento oficial. Si es verdad +que éste influye mucho en Galicia, merced al carácter sumiso de los +labriegos, allí en Cebre no podía contrapesar la acción de curas y +señoritos reunidos en torno del formidable cacique Barbacana. El +arcipreste resoplaba de gozo. ¡Cosa rara! Barbacana mismo era el único +que no se las contaba felices. Preocupado y de peor humor a cada +instante, torcía el gesto cuando algún cura entraba en su despacho +frotándose las manos de gusto, a noticiarle adhesiones, caza de votos.</p> + +<p>¡Qué elecciones aquéllas, Dios eterno! ¡Qué lid reñidísima, qué disputar +el terreno pulgada a pulgada, empleando todo género de zancadillas y +ardides! Trampeta parecía haberse convertido en media docena de hombres +para trampetear a la vez en media docena de sitios. Trueques de +papeletas, retrasos y adelantos de hora, falsificaciones, amenazas, +palos, no fueron arbitrios peculiares de esta elección, por haberse +ensayado en otras muchas; pero uniéronse a las estratagemas usuales +algunos rasgos de ingenio sutil, enteramente inéditos. En un colegio, +las capas de los electores del marqués se rociaron de aguarrás y se les +prendió fuego disimuladamente por medio de un fósforo, con que los +infelices salieron dando alaridos, y no aparecieron más. En otro se +colocó la mesa electoral en un descanso de escalera; los votantes no +podían subir sino de uno en uno, y doce paniaguados de Trampeta, +haciendo fila, tuvieron interceptado el sitio durante toda la mañana, +moliendo muy a su sabor a puñadas y coces a quien intentaba el asalto. +Picardía discreta y mañosa fue la practicada en Cebre mismo.</p> + +<p>Acudían allí los curas acompañando y animando al rebaño de electores, a +fin de que no se dejasen dominar por el pánico en el momento de +depositar el voto. Para evitar que «se la jugasen», don Eugenio, +valiéndose del derecho de intervención, sentó en la mesa a un labriego +de los más adictos suyos, con orden terminante de no separar la vista un +minuto de la urna. «¿Tú entendiste, Roque? No me apartas los ojos de +ella, así se hunda el mundo». Instalóse el payo, apoyando los codos en +la mesa y las manos en los carrillos, contemplando de hito en hito la +misteriosa olla, tan fijamente como si intentase alguna experiencia de +hipnotismo. Apenas alentaba, ni se movía más que si fuese hecho de +piedra. Trampeta en persona, que daba sus vueltas por allí, llegó a +impacientarse viendo al inmóvil testigo, pues ya otra olla rellena de +papeletas, cubiertas a gusto del alcalde y del secretario de la mesa, se +escondía debajo de ésta, aguardando ocasión propicia de sustituir a la +verdadera urna. Destacó, pues, un seide encargado de seducir al +vigilante, convidándole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo +género de insinuaciones halagüeñas. Tiempo perdido: el centinela ni +siquiera miraba de reojo para ver a su interlocutor: su cabeza redonda, +peluda, sus salientes mandíbulas, sus ojos que no pestañeaban, parecían +imagen de la misma obstinación. Y era preciso sacarle de allí, porque se +acercaba la hora sacramental, las cuatro, y había que ejecutar el +escamoteo de la olla. Trampeta se agitó, hizo a sus adláteres preguntas +referentes a la biografía del vigilante, y averiguó que tenía un pleito +de tercería en la Audiencia, por el cual le habían embargado los bueyes +y los frutos. Acercóse a la mesa disimuladamente, púsole una mano en el +hombro, y gritó: «¡Fulano... ganaste el pleito!». Saltó el labriego, +electrizado. «¡Qué me dices, hombre!». «Se falló en la Audiencia ayer». +«Tú loqueas». «Lo que oyes». En este intervalo el secretario de la mesa +verificaba el trueque de pucheros: ni visto ni oído. El alcalde se +levantó con solemnidad. «¡Señores... se va a proceder al <i>discutinio</i>!». +Entra la gente en tropel: comienza la lectura de papeletas; míranse los +curas atónitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece «¿Tú te +moviste de ahí?», pregunta el abad de Naya al centinela. «No, señor», +responde éste con tal acento de sinceridad, que no consentía sospecha. +«Aquí alguien nos vende», articula el abad de Ulloa en voz bronca, +mirando desconfiadamente a don Eugenio. Trampeta, con las manos en los +bolsillos, ríe a socapa.</p> + +<p>Tales amaños mermaron de un modo notable la votación del marqués de +Ulloa, dejando cincunscrita la lucha, en el último momento, a disputarse +un corto número de votos, del cual dependía la victoria. Y llegado el +instante crítico, cuando los ulloístas se juzgaban ya dueños del campo, +inclinaron la balanza del lado del gobierno defecciones completamente +impensadas, por no decir abominables traiciones, de personas con quienes +se contaba en absoluto, habiendo respondido de ellas la misma casa de +los Pazos, por boca de su mayordomo. Golpe tan repentino y alevoso no +pudo prevenirse ni evitarse. Primitivo, desmintiendo su acostumbrada +impasibilidad, dio rienda a una cólera furiosa, desatándose en amenazas +absurdas contra los tránsfugas.</p> + +<p>Quien se mostró estoico fue Barbacana. La tarde que se supo la pérdida +definitiva de la elección, el abogado estaba en su despacho, rodeado de +tres o cuatro personas. Ahogándose como ballena encallada en una playa y +a quien el mar deja en seco, entró el arcipreste, morado de despecho y +furor. Desplomóse en un sillón de cuero; echó ambas manos a la garganta, +arrancó el alzacuello, los botones de camisa y almilla; y trémulo, con +los espejuelos torcidos y el <i>fusique</i> oprimido en el crispado puño +izquierdo, se enjugó el sudor con un pañuelo de hierbas. La serenidad +del cacique le sacó de tino.</p> + +<p>—¡Me pasmo, caramelos! ¡Me pasmo de verle con esa flema! ¿O no sabe lo +que pasa?</p> + +<p>—Yo no me apuro por cosas que están previstas. En materia de elecciones +no se me coge a mí de susto.</p> + +<p>—¿Usted se esperaba lo que ocurre?</p> + +<p>—Como si lo viera. Aquí está el abad de Naya, que puede responder de que +se lo profeticé. No atestiguo con muertos.</p> + +<p>—Verdad es—corroboró don Eugenio, harto compungido.</p> + +<p>—¿Y entonces, santo de Dios, a qué tenernos embromados?</p> + +<p>—No les íbamos a dejar el distrito por suyo sin disputárselo siquiera. +¿Les gustaría a ustedes? Legalmente, el triunfo es nuestro.</p> + +<p>—Legalmente.... ¡Toma, caramelos! ¡Legalmente sí, pero vénganos con +legalidades! ¡Y esos Judas condenados que nos faltaron cuando +precisamente pendía de ellos la cosa! ¡El herrero de Gondás, los dos +Ponlles, el albéitar...!</p> + +<p>—Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste: ésa es gente +mandada, que acata una consigna. El Judas es otro.</p> + +<p>—¿Eeeeh? Ya entiendo, ya.... ¡Hombre, si es cierta esa maldad—que no +puedo convencerme, que se me atraganta—, aún sería poco para el traidor +el castigo de Judas! Pero usted, santo, ¿por qué no le atajó? ¿Por qué +no avisó? ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo? Si el señor +marqués de Ulloa supiese que tenía en casa al traidor, con atarlo al pie +de la cama y cruzarlo a latigazos.... ¡Su propio mayordomo! No sé cómo +pudo usted estarse así con esa flema.</p> + +<p>—Se dice luego; pero mire usted: cuando la elección estriba en una +persona, y no cabe cerciorarse de si está de buena o mala fe, de poco +sirve revelar sospechas.... Hay que aguardar el golpe atado de pies y +manos..., son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe +callar y <i>guardarlas</i>....</p> + +<p>Al pronunciar la palabra <i>guardarlas</i>, el cacique se daba una puñada en +el pecho, cuya concavidad retumbó sordamente, lo mismo que debía +retumbar la de san Jerónimo cuando el santo la hería con el famoso +pedrusco.</p> + +<p>Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jerónimos de escuela +española, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y +enmarañada barba y el sombrío fuego de las pupilas negras.</p> + +<p>—De aquí no salen—añadió con torvo acento—, y aquí no pierden el tiempo, +que todavía nadie se la hizo a Barbacana sin que algún día se la pagase. +Y respecto del Judas, ¿cómo quería usted que lo pudiésemos +desenmascarar, si ahora, lo mismo que en tiempo de la pasión de Nuestro +Señor Jesucristo, tenía la bolsa en la mano? A ver, señor arcipreste, +¿quién nos ha facilitado las municiones para esta batalla?</p> + +<p>—¿Que quién las ha facilitado? En realidad de verdad, la casa de Ulloa.</p> + +<p>—¿Las tenía disponibles? ¿Sí o no? Ahí está el toque. Como esas casas no +son más que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los +cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por +ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una +sanguijuela que le está chupando cuanto posee.</p> + +<p>—Buenas cosas van a decir de nosotros los badulaques de la Junta de +Orense. Que somos unos estafermos y que no servimos para nada. ¡Perder +una elección! Es la primera vez de mi vida.</p> + +<p>—No. Que escogimos un candidato muy simple. Hablando en plata, eso es lo +que dirá la Junta de Orense.</p> + +<p>—Poco a poco—exclamó el arcipreste dispuesto a romper lanzas por su caro +señorito—. No estamos conformes....</p> + +<p>Aquí llegaban de su plática, y el auditorio, que se componía, además del +abad de Naya, del de Boán y del señorito de Limioso, guardaba el +silencio de la humillación y la derrota. De repente un espantoso +estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden +desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia. Sartenes rascadas con +tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como címbalos; +cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un +molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que tañían broncas +campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y +arrastradas por el suelo; trébedes repicados con varillas de hierro, y, +por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda +vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que +comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago. Realmente +acababan los bienaventurados músicos de agotar una redonda corambre, que +en la Casa Consistorial les había brindado la munificencia del +secretario. Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos +refinamientos, y no sabían pedir del <i>vino que hierve y hace espuma</i>, +como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del +Borde. Al través de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el +sonido de los hórridos instrumentos y descompasada gritería, vaho +vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo más que del +triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro +congestionado revelaba inquietud. El cura de Boán fruncía el cano +entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El señorito +de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproximó a la ventana, alzó un +visillo y miró.</p> + +<p>La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el +aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean; +súbitamente, de entre el alboroto grotesco se destacó un clamor que en +España siempre tiene mucho de trágico: un <i>muera</i>.</p> + +<p>—¡Muera el Terso!</p> + +<p>Un enjambre de <i>mueras</i> y <i>vivas</i> salió tras el primero.</p> + +<p>—¡Mueran los curas!</p> + +<p>—¡Muera la tiranía!</p> + +<p>—¡Viva Cebre y nuestro diputado!</p> + +<p>—¡Viva la Soberanía Nacional!</p> + +<p>—¡Muera el marqués de Ulloa!</p> + +<p>Más enérgico, más intencionado, más claro que los restantes, brotó este +grito:</p> + +<p>—¡Muera el ladrón <i>faucioso</i> Barbacana!</p> + +<p>Y el vocerío, unánime, repitió:</p> + +<p>—¡Mueraaaa!</p> + +<p>Instantáneamente apareció junto a la mesa del abogado un hombre de +siniestra catadura, hasta entonces oculto en un rincón. No vestía como +los labriegos, sino como persona de baja condición en la ciudad: +chaqueta de paño negro, faja roja y hongo gris; patillas cortas, de boca +de hacha, redoblaban la dureza de su fisonomía, abultada de pómulos y +ancha de sienes. Uno de sus hundidos ojuelos verdes relucía felinamente; +el otro, inmóvil y cubierto con gruesa nube blanca, semejaba hecho de +cristal cuajado.</p> + +<p>Abriendo Barbacana el cajón de su pupitre, sacaba de él dos enormes +pistolas de arzón, prehistóricas sin duda, y las reconocía para +cerciorarse de que estaban cargadas. Mirando al aparecido fijamente, +pareció ofrecérselas con leve enarcamiento de cejas. Por toda respuesta, +el Tuerto de Castrodorna hizo asomar al borde de su faja el extremo de +una navaja de cachas amarillas, que volvió a ocultar al punto. El +arcipreste, que había perdido los bríos con la obesidad y los años, +sobresaltóse mucho.</p> + +<p>—Déjese de calaveradas, mi amigo. Por si acaso, me parece oportuno salir +por la puerta de atrás. ¿Eh? No es cosa de aguardar a que esos +incircuncisos vengan aquí a darle a uno tósigo.</p> + +<p>Mas ya el cura de Boán y el señorito de Limioso, unidos al Tuerto, +formaban un grupo lleno de decisión. El señorito de Limioso, no +desmintiendo su vieja sangre hidalga, aguardaba sosegadamente, sin +fanfarronería alguna, pero con impávido corazón; el abad de Boán, nacido +con más vocación de guerrillero que de misacantano, apretaba con júbilo +la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado +de gozo; el Tuerto, encogido y crispado como un tigre, se situaba detrás +de la puerta a fin de destripar a mansalva al primero que entrase.</p> + +<p>—No tenga miedo, señor arcipreste...—murmuró gravemente Barbacana—. +Perro que ladra no muerde. Ni a romperme un vidrio se atreverán esos +bocalanes. Pero conviene estar dispuesto, por si acaso, a enseñarles los +dientes.</p> + +<p>Resonaban nutridos y feroces los <i>mueras</i>; mas en efecto, ni una piedra +sola venía a herir los cristales. El señorito de Limioso se acercó otra +vez, levantó el visillo y llamó a don Eugenio.</p> + +<p>—Mire, Naya, mire para aquí.... Buena gana tienen de subir ni de tirar +piedras.... Están bailando.</p> + +<p>Don Eugenio se llegó a la vidriera y soltó la carcajada. Entre la +patulea de beodos, dos seides de Trampeta, carcelero el uno, el otro +alguacil, trataban de calentar a algunos de los que chillaban más +fuerte, para que atacasen la morada del abogado; señalaban a la puerta, +indicaban con ademanes elocuentes lo fácil que sería echarla abajo y +entrar. Pero los borrachos, que no por estarlo perdían la cautelosa +prudencia, el saludable temor que inspira el cacique al labriego, se +hacían los desentendidos, limitándose a berrear, a herir cazos y +sartenes con más furia. Y en el centro del corro, al compás de los +almireces y cacerolas, brincaban como locos los más tomados de la +bebida, los verdaderos pellejos.</p> + +<p>—Señores—dijo en grave y enronquecida voz Ramón Limioso—: Es siquiera +una mala vergüenza que esos pillos nos tengan aquí sitiados.... Me dan +ganas de salir y pegarles una corrida, que no paren hasta el +Ayuntamiento.</p> + +<p>—Hombre—gruñó el abad de Boán—, usted poco habla, pero bueno. Vamos a +meterles miedo, ¡<i>quoniam</i>! Estornudando solamente, espanto yo media +docena de esos pellejones.</p> + +<p>No pronunció el Tuerto palabra; únicamente su ojo verdoso se encendió +con fosfórica luz, y miró a Barbacana, como pidiéndole permiso de tomar +parte en la empresa. Barbacana hizo con la cabeza señal afirmativa, pero +le indicó al mismo tiempo que guardase la navaja.</p> + +<p>—Tiene razón—exclamó el hidalgo de Limioso, enderezando la cabeza y +dilatando las ventanillas de la nariz con altanera expresión, muy +desusada en su lánguida y triste faz—. A esa gente, a palos y latigazos +se les sacude el polvo. No ensuciar un arma que uno usa para el monte, +para las perdices y las liebres, que valen más que ellos (fuera el +alma).</p> + +<p>Y al decir <i>fuera el alma</i>, persignóse el señorito.</p> + +<p>—Tengan miramiento, hombre, tengan miramiento...—murmuraba el arcipreste +difícilmente, extendiendo las manos como para calmar los ánimos +irritados. (¡Cuán lejos estaban los tiempos belicosos en que aseguraba +una elección a puntapiés!)</p> + +<p>Barbacana no se opuso a la hazaña; al contrario, pasó a otra estancia y +volvió con un haz de junquillos, palos y bastones. El cura de Boán no +quiso más garrote que el suyo, que era formidable; Ramón Limioso, fiel a +su desdén de la grey villana, asió el látigo más delgado, un latiguillo +de montar. El Tuerto empuñó una especie de tralla, que, manejada por +diestra vigorosa, debía ser de terrible efecto.</p> + +<p>Bajaron cautelosamente la escalera, cuidando de no zapatear, previsión +que el endiablado estrépito de la cencerrada hacía de todo punto ociosa. +Tenía la puerta su tranca y los cerrojos corridos, medida de precaución +adoptada por la cocinera del abogado así que oyó estruendo de motín. El +abad de Boán los descorrió impetuosamente, el Tuerto sacó la tranca, +giró la llave en la cerradura, y clérigos y seglares se lanzaron contra +la canalla sin avisar ni dar voces, con los dientes apretados, +chispeantes los ojos, blandiendo látigos y esgrimiendo garrotes.</p> + +<p>No habrían transcurrido cinco minutos cuando Barbacana, que por detrás +de los visillos registraba el teatro del combate, sonrió +silenciosamente, o más bien regañó los labios, descubriendo la amarilla +dentadura, y apretó con nerviosa violencia la barandilla de la ventana. +En todas direcciones huían los despavoridos borrachos, chillando como si +los cargase un regimiento de caballería a galope: algunos tropezaban y +caían de bruces, y la tralla del Tuerto se les enroscaba alrededor de +los lomos, arrancándoles alaridos de dolor. Fustigaba el hidalgo de +Limioso con menos crueldad, pero con soberano desprecio, como se +fustigaría a una piara de marranos. El cura de Boán sacudía estacazo +limpio, con regularidad y energía infatigables. El de Naya, incapaz de +mantenerse dentro de los límites de su papel justiciero, insultaba, reía +y vapuleaba a un mismo tiempo a los beodos.</p> + +<p>—¡Anda, tinaja, cuba, mosquito! ¡Toma, toma, para que vuelvas otra vez, +pellejo, odre! ¡Ve a dormir la mona, cuero! ¡A la taberna con tus +huesos, <i>larpán</i>, tonel de mosto! ¡A la cárcel, borrachos, a vomitar lo +que tenéis en esas tripas!</p> + +<p>Limpia estaba la calle; más limpia ya que una patena: silencio profundo +había sustituido al vocerío, a los <i>mueras</i> y a la cencerrada feroz. Por +el suelo quedaban esparcidos despojos de la batalla: cazos, almireces, +cuernos de buey. En la escalera se oía el ruido de los vencedores, que +subían celebrando el fácil triunfo. Delante de todos entró don Eugenio, +que se echó en una butaca partiéndose a carcajadas y palmoteando. El +cura de Boán le seguía limpiándose el sudor. Ramón Limioso, serio y aún +melancólico, se limitó a entregar a Barbacana el latiguillo, sin +despegar los labios.</p> + +<p>—¡Van... buenos!—tartamudeó el abad de Naya reventando de risa.</p> + +<p>—Yo <i>mallé</i> en ellos... ¡como quien <i>malla</i> en centeno!—exclamó +respirando con placer el de Boán.</p> + +<p>—Pues yo—explicó el hidalgo—, si supiese que habían de ser tan cobardes +y echar a correr sin volvérsenos siquiera, a fe que no me tomo el +trabajo de salir.</p> + +<p>—No se fíen—observó el arcipreste—. Ahora en el Ayuntamiento los +avergüenza Trampeta, y capaz es de venir acá en persona con los +incircuncisos a darle un susto al señor Licenciado (así llamaban a +Barbacana familiarmente sus amigos). Por si acaso, es prudente que estos +señores pasen aquí la noche. Yo tengo que misar mañana en Loiro, y mi +hermana estará muerta de miedo..., que si no....</p> + +<p>—Nada de eso—replicó perentoriamente Barbacana—. Estos señores se +vuelven cada uno a su casa. No hay cuidado ninguno. A mí... me basta con +este mozo—añadió señalando al Tuerto, agazapado otra vez en su rincón.</p> + +<p>No fue posible reducir al cacique a que aceptase la guardia de honor que +le ofrecían. Por otra parte, no se notaba síntoma alguno de que hubiese +de alterarse el orden nuevamente. Ni se oían a lo lejos vociferaciones +de electores victoriosos. El soñoliento silencio de los pueblecillos +pequeños y sin vida pesaba sobre la villa de Cebre. Tres héroes de la +gran batida, y el arcipreste con ellos, salieron a caballo hacia la +montaña. No iban cabizbajos, a fuer de muñidores electorales derrotados, +sino llenos de regocijo, con gran cháchara y broma, celebrando a más y +mejor la somanta administrada a los borrachines cencerreadores. Don +Eugenio estaba inspirado, oportuno, bullanguero, ocurrentísimo en una +palabra; había que oírle remedar los aullidos y la caída de los ebrios +en el lodo de la calle, y el gesto que ponía el cura de Boán al <i>majar</i> +en ellos.</p> + +<p>Barbacana se quedó solo con el Tuerto. Si alguno de los molidos músicos +de la cencerrada se atreviese a asomar la cabeza y mirar hacia las +ventanas del cacique, vería que, por fanfarronada o por descuido, no +estaban cerradas las maderas, y podría distinguir, al través de los +visillos y destacándose sobre el fondo de la habitación alumbrada por el +quinqué, las cabezas del abogado y de su feroz defensor y seide. Sin +duda hablaban de algo importante, porque la plática fue larga. Una hora +o algo más corrió desde que encendieron la luz hasta que las maderas se +cerraron, quedando la casa silenciosa, torva y sombría como quien oculta +algún negro secreto.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a><a href="#capitulos">-XXVII-</a></h2> + + +<p>La persona en quien se notó mayor sentimiento por la pérdida de las +elecciones fue Nucha. Desde la derrota, se desmejoró más de lo que +estaba, y creció su abatimiento físico y moral. Apenas salía de su +habitación donde vivía esclava de su niña, cosida a ella día y noche. En +la mesa, mientras comía poco y sin gana, guardaba silencio, y a veces +Julián, que no apartaba los ojos de la señorita, la veía mover los +labios, cosa frecuente en las personas poseídas de una idea fija, que +hablan para sí, sin emitir la voz. Don Pedro, como nunca huraño, no se +tomaba el trabajo de intentar un asomo de conversación. Mascaba firme, +bebía seco, y tenía los ojos fijos en el plato, cuando no en las vigas +del techo; jamás en sus comensales.</p> + +<p>Tan deshecha y acabada le parecía al capellán la señorita, que un día se +atrevió, venciendo recelos inexplicables, a llamar aparte a don Pedro, +preguntándole en voz entrecortada si no sería bueno avisar al señor de +Juncal, para que viese....</p> + +<p>—¿Está usted loco?—respondió don Pedro, fulminándole una mirada +despreciativa—. ¿Llamar a Juncal..., después de lo que trabajó contra mí +en las elecciones? Máximo Juncal no atravesará más las puertas de esta +casa.</p> + +<p>No replicó el capellán, pero pocos días después, volviendo de Naya, se +tropezó con el médico. Éste detuvo su caballejo, y, sin apearse, +contestó a las preguntas de Julián.</p> + +<p>—«Puede ser grave...». Quedó muy débil del parto, y necesitaba cuidados +exquisitos.... Las mujeres nerviosas sanan del cuerpo cuando se les +tranquiliza y se les distrae el espíritu.... Mire, Julián, tendríamos que +hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz +señorita, y de esos Pazos.... Punto en boca.... Bonito diputado querían +ustedes enviar a las Cortes.... Más valdría que sus padres lo hubiesen +mandado a la escuela....</p> + +<p>Puede ser grave.... Esto principalmente se estampó en el pensamiento de +Julián. Sí que podía ser grave: ¿Y de qué medios disponía él para +conjurar la enfermedad y la muerte? De ninguno. Envidió a los médicos. +Él sólo tenía facultades para curar el espíritu: ni aun ésas le servían, +pues Nucha no se confesaba con él; y hasta la idea de que se confesase, +de ver desnuda un alma tan hermosa, le turbaba y confundía.</p> + +<p>Muchas veces había pensado en semejante probabilidad: cualquier día era +fácil que Nucha, por necesidad de desahogo y de consuelo, viniese a +echársele a los pies en el tribunal de la penitencia y a demandarle +consejos, fuerza, resignación. «¿Y quién soy yo—se decía Julián—para +guiar a una persona como la señorita Marcelina? Ni tengo edad, ni +experiencia, ni sabiduría suficiente; y lo peor es que también me falta +virtud, porque yo debía aceptar gustoso todos los padecimientos de la +señorita, creer que Dios se los envía para probarla, para acrecentar sus +méritos, para darle mayor cantidad de gloria en el otro mundo... y soy +tan malo, tan carnal, tan ciego, tan inepto, que me paso la vida dudando +de la bondad divina porque veo a esta pobre señora entre adversidades y +tribulaciones pasajeras.... Pues no ha de ser así—resolvía el capellán +con esfuerzo—. He de abrir los ojos, que para eso tengo la luz de la fe, +negada a los incrédulos, a los impíos, a los que están en pecado mortal. +Si la señorita me viene a pedir que le ayude a llevar la cruz, +enseñémosle a que la abrace amorosamente. Es necesario que comprenda +ella, y yo también, lo que significa esa cruz. Con ella se va a la +felicidad única y verdadera. Por muy dichosa que fuese la señorita aquí +en el mundo, vamos a ver, ¿cuánto tiempo y de qué manera podría serlo? +Aunque su marido la... estimase como merece, y la pusiese sobre las +niñas de sus ojos, ¿se libraría por eso de contrariedades, enfermedades, +vejez y muerte? Y cuando llega la hora de la muerte, ¿qué importa ni de +qué sirve haber pasado un poco más alegre y tranquila esta vidilla +perecedera y despreciable?».</p> + +<p>Tenía Julián a la mano siempre un ejemplar de la <i>Imitación de Cristo</i>; +era la modesta edición de la Librería religiosa, y castiza y admirable +traducción del P. Nieremberg. Al frente de la portada había un grabado, +bien ínfimo como obra de arte, que proporcionaba al capellán mucho +alivio cada vez que fijaba sus ojos en él. Representaba una colina, el +Calvario; y por el estrecho sendero que conducía al lugar del suplicio, +iba subiendo lentamente Jesús, con la cruz a cuestas, y el rostro vuelto +hacia un fraile que allá en lontananza se echaba otra cruz al hombro. +Aunque malo el dibujo y peor el desempeño, respiraba aquel grabado una +especie de resignación melancólica, adecuada a la situación moral del +presbítero. Y después de haberlo contemplado despacio, parecíale sentir +en los hombros una pesadumbre abrumadora y dulcísima a la vez, y una +calma honda, como si se encontrase—calculaba él para sí—sepultado en el +fondo del mar, y el agua le rodease por todas partes, sin ahogarle. +Entonces leía párrafos del libro de oro, que se le entraban en el alma a +manera de hierro enrojecido en la carne:</p> + +<p>«¿Por qué temes, pues, tomar la cruz, por la cual se va al reino? En la +cruz está la salud, en la cruz está la vida, en la cruz está la defensa +de los enemigos, en la cruz está la infusión de la suavidad soberana, en +la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz está el gozo del +espíritu, en la cruz está la suma virtud, en la cruz está la perfección +de la santidad.... Toma pues tu cruz, y sigue a Jesús.... Mira que todo +consiste en la cruz, y todo está en morir; y no hay otro camino para la +vida y para la verdadera paz que el de la santa cruz y continua +mortificación.... Dispón y ordena todas las cosas según tu querer, y no +hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza; y así +siempre hallarás la cruz, porque o sentirás dolor en el cuerpo, o +padecerás tribulación en el espíritu.... Cuando llegares al punto de que +la aflicción te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa entonces +que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra...».</p> + +<p>—¡Cuándo llegaré yo a este estado de bienaventuranza, Señor!—murmuraba +Julián poniendo una señal en el libro—. Había oído algunas veces que +Dios concede lo que se le pide mentalmente en el acto de consagrar la +hostia, y con muchas veras le pedía llegar al punto de que su cruz.... +No, la de la pobre señorita, le fuese dulce y gustosa, como decía +Kempis....</p> + +<p>A la misa en la capilla remozada asistía siempre Nucha, oyéndola toda de +rodillas, y retirándose cuando Julián daba gracias. Sin volverse ni +distraerse en la oración, Julián conocía el instante en que se levantaba +la señorita y el ruido imperceptible de sus pisadas sobre el entarimado +nuevo. Cierta mañana no lo oyó. Este hecho tan sencillo le privó de +rezar con sosiego. Al alzarse, vio a Nucha también en pie, el índice +sobre los labios. Perucho, que ayudaba a misa con desembarazo notable, +se dedicaba a apagar los cirios, valiéndose de una luenga caña. La +mirada de la señorita decía elocuentemente:</p> + +<p>«Que se vaya ese niño».</p> + +<p>El capellán ordenó al acólito que despejase.</p> + +<p>Tardó éste algo en obedecer, deteniéndose en doblar la toalla del +lavatorio. Al fin se fue, no muy de su grado. Llenaba la capilla olor de +flores y barniz fresco; por las ventanas entraba una luz caliente, que +cernían visillos de tafetán carmesí; y las carnes de los santos del +altar adquirían apariencia de vida, y la palidez de Nucha se sonroseaba +artificialmente.</p> + +<p>—¿Julián?—preguntó con imperioso acento, extraño en ella.</p> + +<p>—Señorita...—respondió él en voz baja, por respeto al lugar sagrado. +Tembláronle los labios y las manos se le enfriaron, pues creyó llegado +el terrible momento de la confesión.</p> + +<p>—Tenemos que hablar. Y ha de ser aquí, por fuerza. En otras partes no +falta quien aceche.</p> + +<p>—Es verdad que no falta.</p> + +<p>—¿Hará usted lo que le pida?</p> + +<p>—Ya sabe que....</p> + +<p>—¿Sea lo que sea?</p> + +<p>—Yo....</p> + +<p>Su turbación crecía: el corazón le latía con sordo ruido. Se recostó en +el altar.</p> + +<p>—Es preciso—declaró Nucha sin apartar de él sus ojos, más que vagos, +extraviados ya—que me ayude usted a salir de aquí. De esta casa.</p> + +<p>—A.... A... salir...—tartamudeó Julián, aturdido.</p> + +<p>—Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para +conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con +llave. Me apartarán de la pequeña. La matarán. Sé de fijo que la +matarán.</p> + +<p>El tono, la expresión, la actitud, eran de quien no posee la plenitud de +sus facultades mentales; de mujer impulsada por excitación nerviosa que +raya en desvarío.</p> + +<p>—Señorita...—articuló el capellán, no menos alterado—, no esté de pie, +no esté de pie.... Siéntese en este banquito.... Hablemos con +tranquilidad.... Ya conozco que tiene disgustos, señorita.... Se necesita +paciencia, prudencia.... Cálmese....</p> + +<p>Nucha se dejó caer en el banco. Respiraba fatigosamente, como persona en +quien se cumplen mal las funciones pulmonares. Sus orejas, blanquecinas +y despegadas del cráneo, transparentaban la luz. Habiendo tomado +aliento, habló con cierto reposo.</p> + +<p>—¡Paciencia y prudencia! Tengo cuanta cabe en una mujer. Aquí no viene +al caso disimular: ya sabe usted cuándo empezó a clavárseme la espina; +desde aquel día me propuse averiguar la verdad, y no me costó... gran +trabajo. Digo, sí; me costó un... un combate.... En fin, eso es lo que +menos importa. Por mí no pensaría en irme, pues no estoy buena y se me +figura que... duraré poco..., pero..., ¿y la niña?</p> + +<p>—La niña....</p> + +<p>—La van a matar, Julián, esas... gentes. ¿No ve usted que les estorba? +¿Pero no lo ve usted?</p> + +<p>—Por Dios le pido que se sosiegue.... Hablemos con calma, con juicio....</p> + +<p>—¡Estoy harta de tener calma!—exclamó con enfado Nucha, como el que oye +una gran simpleza—. He rogado, he rogado.... He agotado todos los +medios.... No aguardo, no puedo aguardar más. Esperé a que se acabasen +las elecciones dichosas, porque creía que saldríamos de aquí y entonces +se me pasaría el miedo.... Yo tengo miedo en esta casa, ya lo sabe usted, +Julián; miedo horrible.... Sobre todo de noche.</p> + +<p>A la luz del sol, que tamizaban los visillos carmesíes, Julián vio las +pupilas dilatadas de la señorita, sus entreabiertos labios, sus +enarcadas cejas, la expresión de mortal terror pintada en su rostro.</p> + +<p>—Tengo mucho miedo—repitió estremeciéndose.</p> + +<p>Renegaba Julián de su sosera. ¡Cuánto daría por ser elocuente! Y no se +le ocurría nada, nada. Los consuelos místicos que tenía preparados y +atesorados, la teoría de abrazarse a la cruz..., todo se le había +borrado ante aquel dolor voluntarioso, palpitante y desbordado.</p> + +<p>—Ya desde que llegué... esta casa tan grande y tan antigua...—prosiguió +Nucha—me dio frío en la espalda.... Sólo que ahora... no son tonterías de +chiquilla mimada, no.... Me van a matar a la pequeña.... ¡Usted lo verá! +Así que la dejo con el ama, estoy en brasas.... Acabemos pronto.... Esto +se va a resolver ahora mismo. Acudo a usted, porque no puedo confiarme a +nadie más.... Usted quiere a mi niña.</p> + +<p>—Lo que es quererla...—balbució Julián, casi afónico de puro +enternecido.</p> + +<p>—Estoy sola, sola...—repitió Nucha pasándose la mano por las mejillas. +Su voz sonaba como entrecortada por lágrimas que contenía—. Pensé en +confesarme con usted, pero... buena confesión te dé Dios.... No +obedecería si usted me mandase quedarme aquí.... Ya sé que es mi +obligación: la mujer no debe apartarse del marido. Mi resolución, cuando +me casé, era....</p> + +<p>Detúvose de pronto, y careándose con Julián, le preguntó:</p> + +<p>—¿No le parece a usted como a mí que este casamiento tenía que salir +mal? Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando él me pidió.... +Sin culpa mía, quedamos reñidas Rita y yo desde entonces.... No sé cómo +fue aquello; bien sabe Dios que no puse nada de mi parte para que Pedro +se fijase en mí. Papá me aconsejó que, de todos modos, me casase con el +primo.... Yo seguí el consejo.... Me propuse ser buena, quererle mucho, +obedecerle, cuidar de mis hijos.... Dígame usted, Julián, ¿he faltado en +algo?</p> + +<p>Julián cruzó las manos. Sus rodillas se doblaban, y a punto estuvo de +hincarlas en tierra. Pronunció con entusiasmo:</p> + +<p>—Usted es un ángel, señorita Marcelina.</p> + +<p>—No...—replicó ella—, ángel no, pero no me acuerdo de haber hecho daño a +nadie. He cuidado mucho a mi hermanito Gabriel, que era delicado de +salud y no tenía madre....</p> + +<p>Al pronunciar esta frase, la ola rebosó, las lágrimas corrieron por fin; +Nucha respiró mejor, como si aquellos recuerdos de la infancia templasen +sus nervios y el llanto le diese alivio.</p> + +<p>—Y por cierto que le tomé tal cariño, que pensaba para mí: «Si tengo +hijos algún día, no es posible quererlos más que a mi hermano». Después +he visto que esto era un disparate; a los hijos se les quiere muchísimo +más aún.</p> + +<p>El cielo se nublaba lentamente, y se oscurecía la capilla. La señorita +hablaba con sosiego melancólico.</p> + +<p>—Cuando mi hermano se fue al colegio de artillería, yo no pensé más que +en dar gusto a papá, y en que se notase poco la falta de la pobre +mamá.... Mis hermanas preferían ir a paseo, porque, como son bonitas, les +gustaban las diversiones. A mí me llamaban feúcha y bizca, y me +aseguraban que no encontraría marido.</p> + +<p>—¡Ojalá!—exclamó Julián sin poder reprimirse.</p> + +<p>—Yo me reía. ¿Para qué necesitaba casarme? Tenía a papá y a Gabriel con +quien vivir siempre. Si ellos se me morían, podía entrar en un convento: +el de las Carmelitas, en que está la tía Dolores, me gustaba mucho. En +fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando papá me +enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el +novio a mi hermana, y entonces papá... me besuqueó mucho en los +carrillos, como cuando era pequeña, y... me parece que le estoy +oyendo... me respondió así: «Rita es una tonta..., cállate». Pero por +mucho que diga papá.... ¡al primo le seguía gustando más Rita!...</p> + +<p>Continuó después de algunos segundos de silencio:</p> + +<p>—Ya ve usted que no tenía mucho por qué envidiarme mi hermana.... ¡Cuánta +hiel he tragado, Julián! Cuando lo pienso se me pone un nudo aquí....</p> + +<p>El capellán pudo al fin expresar parte de sus sentimientos.</p> + +<p>—No me extraña que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo también.... +Día y noche estoy cavilando en sus males, señorita.... Cuando vi aquella +señal.... La lastimadura en la muñeca....</p> + +<p>Por primera vez durante la conversación se encendió el descolorido +rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubriéndolos la caída de las +pestañas. No respondió directamente.</p> + +<p>—Mire usted—murmuró con asomos de amarga sonrisa—que siempre me suceden +a mí desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empeñaba +en que yo le reclamase a papá la legítima de mamá, porque papá le negó +un dinero que le hacía falta para las elecciones. También se disgustó +mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo +que va a dejarle a Rita los bienes.... Yo no tengo que ver con nada de +eso.... ¿Por qué me matan? Ya sé que soy pobre: no hay necesidad de +repetírmelo.... En fin, esto es lo de menos.... Me dolió bastante más el +que mi marido me dijese que por mí se ve sin sucesión la casa de +Moscoso.... ¡Sin sucesión! ¿Y mi niña? ¡Angelito de mis entrañas!</p> + +<p>Lloraba la infeliz señora, lentamente, sin sollozar. Sus párpados tenían +ya el matiz rojizo que dan los pintores a los de las Dolorosas.</p> + +<p>—Lo mío—añadió—no me importa. Lo mío lo aguantaría hasta el último +instante. Que me... traten de un modo... o de otro, que... que la +criada... sea... ocupe mi sitio... bien..., bien, paciencia, sería +cuestión de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.... Pero está de +por medio la niña..., hay otro niño, otro hijo, un bastardo.... La niña +estorba.... ¡La matarán!...</p> + +<p>Repitió solemnemente y muy despacio:</p> + +<p>—La matarán. No me mire usted así. No estoy loca, sólo estoy excitada. +He determinado marcharme e irme a vivir con mi padre. Me parece que esto +no es ningún pecado, ni tampoco el llevarme a la pequeña. ¡Y si peco, no +me lo diga, Julianciño!... Es resolución irrevocable. Usted vendrá +conmigo, porque sola no conseguiría realizar mi plan. ¿Me acompañará?</p> + +<p>Julián quiso objetar algo; ¿qué? No lo sabía él mismo. El diminutivo +cariñoso usado por la señorita, la febril resolución con que hablaba, le +vencieron. ¿Negarse a ayudar a la desdichada? Imposible. ¿Pensar en lo +que el proyecto tenía de extraño, de inconveniente? Ni se le ocurrió un +minuto. A fuer de criatura candorosa, una fuga tan absurda le pareció +hasta fácil. ¿Oponerse a la marcha? También él había tenido y tenía a +cada instante miedo, miedo cerval, no sólo por la niña, sino por la +madre: ¿acaso no se le había ocurrido mil veces que la existencia de las +dos corría inminente peligro? Además, ¿qué cosa en el mundo dejaría él +de intentar por secar aquellos ojos puros, por sosegar aquel anheloso +pecho, por ver de nuevo a la señorita segura, honrada, respetada, +cercada de miramientos en la casa paterna?</p> + +<p>Se representaba la escena de la escapatoria. Sería al amanecer. Nucha +iría envuelta en muchos abrigos. Él cargaría con la niña, dormidita y +arropadísima también. Por si acaso llevaría en el bolsillo un tarro con +leche caliente. Andando bien llegarían a Cebre en tres horas escasas. +Allí se podían hacer sopas. La nena no pasaría hambre. Tomarían en el +coche la berlina, el sitio más cómodo. Cada vuelta de la rueda les +alejaría de los tétricos Pazos....</p> + +<p>Muy quedito, como quien se confiesa, empezaron a debatir y resolver +estos pormenores. Otro rayo de sol entreabría las nubes, y los santos, +en sus hornacinas, parecían sonreír benévolamente al grupo del +banquillo. Ni la Purísima de sueltos tirabuzones y traje blanco y azul, +ni el san Antonio que hacía fiestas a un niño Jesús regordete, ni el san +Pedro con la tiara y las llaves, ni siquiera el arcángel san Miguel, el +caballero de la ardiente espada, siempre dispuesto a rajar y hendir a +Satanás, revelaban en sus rostros pintados de fresco el más leve enojo +contra el capellán, ocupado en combinar los preliminares de un rapto en +toda regla, arrebatando una hija a su padre y una mujer a su legítimo +dueño.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a><a href="#capitulos">-XXVIII-</a></h2> + + +<p>Al llegar aquí de la narración, es preciso acudir, para completarla, a +las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginación del lindo +rapazuelo, hijo de Sabel, los sucesos de la memorable mañana en que por +última vez ayudó a misa al bonachón de don Julián (el cual, por más +señas, solía darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino).</p> + +<p>El primer recuerdo que Perucho conserva es que, al salir de la capilla, +quedóse muy triste arrimado a la puerta, porque aquel día el capellán no +le había dado cosa alguna. Chupándose el dedo y en actitud meditabunda +permaneció allí unos instantes, hasta que la misma falta de los dos +cuartos acostumbrados le descubrió un rayo de luz: ¡su abuelo le había +prometido otros dos si le avisaba cuando la señora se quedase en la +capilla después de oída la misa! Raciocinando con sorprendente rigor +matemático, calculó que pues perdía dos cuartos por un lado, era urgente +ganarlos por otro; apenas concibió tan luminosa idea, sintió que las +piernas le bailaban, y echó a correr con toda la velocidad posible en +busca de su abuelo.</p> + +<p>Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachaba +Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa +antigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum de papelotes +cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra +jorobada y escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun en +palotes. La mesa y el cuarto en general atraían a Perucho con el encanto +que posee para la niñez lo desordenado y revuelto, los sitios en que se +acumulan muchas cosas variadas, pues imaginan ellos que cada montón de +objetos es un mundo desconocido, un depósito de tesoros inestimables. +Rara vez entraba allí Perucho; su abuelo acostumbraba echarle para que +no sorprendiese ciertas operaciones financieras que el mayordomo gustaba +de realizar sin testigos. Cuando el nieto entró, la cara pulimentada y +oscura de Primitivo podía confundirse con el tono bronceado de un acervo +de calderilla o montaña de cobre, de la cual iban saliendo columnitas, +columnitas que el mayordomo alineaba en correcta formación.... Perucho se +quedó deslumbrado ante tan fabulosa riqueza. ¡Allí estaban sus dos +cuartos! ¡Menuda pepita de aquel gran criadero de metal! Lleno de +esperanza, alzó la voz cuanto pudo, y dio su recado. Que la señora +estaba en la capilla, con el señor capellán.... Que le habían despedido +de allí.</p> + +<p>Iba a añadir: «Y que se me deben dos cuartos por la noticia» o cosa +análoga, pero no le dio lugar a ello su abuelo, alzándose del sillón con +la agilidad de bicho montés que caracterizaba sus movimientos todos, no +sin que al hacerlo produjese un tempestuoso remolino en el mar de +calderilla, y la caída de algunas torres que, con sonoro estrépito, se +rindieron a la gran pesadumbre. Primitivo salió corriendo hacia el +interior de la casa. El chiquillo se quedó allí, solicitado por las dos +tentaciones más fuertes que en su vida había sufrido. Era una la de +comerse las obleas, que con su provocativa blancura y encendido rojo le +estaban convidando desde un bote de hojalata, y aun cuando sería más +glorioso para nuestro héroe vencer el goloso capricho, la sinceridad +obliga a declarar que alargó el dedo humedecido en saliva, y fue +pescando una, dos, tres, hasta zamparse cuantas encerraba el bote. +Satisfecha esta concupiscencia, le apremió la otra, incitándole nada +menos que a cobrarse por su mano de los dos cuartos prometidos, +tomándolos del montón que tenía allí delante, a su disposición y +albedrío. No sólo apetecía cobrarse del debido salario, sino que le +seducían principalmente unos ochavos roñosos llamados de <i>la fortuna</i> en +el país, y que, merced a consideraciones muy lógicas en su mente +infantil, le parecían preferibles a las piezas gordas. Las adquisiciones +y placeres de Perucho los representaba generalmente un ochavo. Por un +ochavo le daba la rosquillera, en ferias y romerías, caramelos de +alfeñique o rosquillas bastantes; por un ochavo le vendían bramante +suficiente para el trompo, y le surtía el cohetero de pólvora en +cantidad con que hacer regueritos; por un ochavo se procuraba tiras de +mistos de cartón, groseras aleluyas impresas en papel amarillo, gallos +de barro con un pito en parte no muy decorosa. Y todo esto lo tenía al +alcance de su mano, como las obleas; ¡y nadie le veía ni podía +delatarle! El angelote se empinó en la punta de los pies para alcanzar +mejor el dinero, alargó a la vez ambas palmas, y las sumergió en el mar +de cobre.... Las paseó mucho rato por la superficie sin osar cerrarlas.... +Por fin hizo presa en un puñado de ochavos, y entonces apretó el puño +fortísimamente, con la intensidad propia de los niños, que temen siempre +se les escape la dicha por la mano abierta. Y así se mantuvo inmóvil, +sin atreverse a retraer aquella diestra pecadora y cargada de botín al +seguro rincón del seno, donde almacenaba siempre sus latrocinios. Porque +es de advertir que Perucho tenía bastante de caco, y con la mayor +frescura se apropiaba huevos, fruta, y, en general, cuantos objetos +codiciaba; pero, con respeto supersticioso de aldeano, que sólo juzga +propiedad ajena el dinero, jamás había tocado a una moneda. En el alma +de Perucho se verificaba una de esas encarnizadas luchas entre el deber +y la pasión, cantadas por la musa dramática: el ángel malo y el bueno le +tiraban cada uno de una oreja, y no sabía a cuál atender. ¡Tremendo +conflicto! Pero regocíjense el cielo y los hombres, pues venció el +espíritu de luz. ¿Fue el primer despertar de ese sentimiento de honor +que dicta al hombre heroicos sacrificios? ¿Fue una gota de la sangre de +Moscoso, que realmente corría por sus venas y que, con la misteriosa +energía de la transmisión hereditaria, le guió la voluntad como por +medio de una rienda? ¿Fue temprano fruto de las lecciones de Julián y +Nucha? Lo cierto es que el rapaz abrió la mano, separando mucho los +dedos, y los ochavos apresados cayeron entre los restantes, con metálico +retintín.</p> + +<p>No por eso hay que figurarse que Perucho renunciaba a sus dos cuartos, +los ganados honradamente con la agilidad de sus piernas. ¡Renunciar! ¡A +buena parte! Aquel mismo embrión de conciencia que en el fondo de su +ser, donde todos tenemos escrita desde <i>ab initio</i> gran parte del +Decálogo, le gritaba: «no hurtarás», le dijo con no menor energía: +«tienes derecho a reclamar lo que te ofrecieron». Y, obedeciendo a la +impulsión, la criatura echó a correr en la misma dirección que su +abuelo.</p> + +<p>Casualmente tropezó con él en la cocina, donde preguntaba algo a Sabel +en queda voz. Acercósele Perucho, y asiéndole de la chaqueta exclamó:</p> + +<p>—¿Mis dos cuartos?</p> + +<p>No hizo caso Primitivo. Dialogaba con su hija, y, a lo que Perucho pudo +comprender, ésta explicaba que el señorito había salido de madrugada a +tirar a los pollos de perdiz, y suponía que anduviese hacia la parte del +camino de Cebre. El abuelo soltó un juramento que usaba a menudo y que +Perucho solía repetir por fanfarronada, y, sin más conversación, se +alejó.</p> + +<p>Aseguró Perucho después que le había llamado la atención ver al abuelo +salir sin tomar la escopeta y el sombrerón de alas anchas, prendas que +no soltaba nunca. Semejante idea debió ocurrírsele al chiquillo más +tarde, en vista de los sucesos. Al pronto sólo pensó en alcanzar a +Primitivo, y lo logró en lo alto del camino que baja a los Pazos. Aunque +el cazador iba como el pensamiento, el rapaz corría en regla también.</p> + +<p>—¡Anda al demonio! ¿Qué se te ofrece?—gruñó Primitivo al conocer a su +nieto.</p> + +<p>—¡Mis dos cuartos!</p> + +<p>—Te doy cuatro en casa si me ayudas a buscar por el monte al señorito y +le dices, en cuanto lo veas, lo que me dijiste a mí, ¿entiendes? Que el +capellán está con la señora encerrado en la capilla y que te echaron de +allí para quedar solos.</p> + +<p>El angelón fijó sus pupilas límpidas en los fascinadores ojuelos de +víbora de su abuelo; y, sin esperar más instrucciones, abriendo mucho la +boca, salió a galope hacia donde por instinto juzgaba él que el señorito +debía encontrarse. Volaba, con los puños apretados, haciendo saltar +guijarros y tierra al golpe de sus piececillos encallecidos por la +planta. Cruzaba por cima de los tojos sin sentir las espinas, hollando +las flores del rosado brezo, salvando matorrales casi tan altos como su +persona, espantando la liebre oculta detrás de un madroñero o la pega +posada en las ramas bajas del pino. De repente oyó el andar de una +persona y vio al señorito salir de entre el robledal.... Loco de júbilo +se acercó a darle su recado, del cual esperaba albricias. Éstas fueron +la misma palabrota inmunda y atroz que había expectorado su abuelo en la +cocina; y el señorito salió disparado en dirección de los Pazos, como si +un torbellino lo arrebatase.</p> + +<p>Perucho se quedó algunos instantes suspenso y confuso; él afirma que al +poco rato volvió a embargar su ánimo el deseo de los cuartos ofrecidos, +que ya ascendían a la respetable suma de cuatro. Para obtenerlos era +menester buscar a su abuelo, y avisarle del encuentro con el señorito; +no lo tuvo por difícil, pues recordaba aproximadamente el punto del +bosque donde Primitivo quedaba; y por atajos y vericuetos sólo +practicables para los conejos y para él, Perucho se lanzó tras la pista +de su abuelo. Trepaba por un murallón medio deshecho ya, amparo de un +viñedo colgado, por decirlo así, en la falda abrupta del monte, cuando +del otro lado del baluarte que escalaba creyó sentir rumor de pisadas, +que la finura de su oído no confundió con las del cazador; y con el +instinto cauteloso de los niños hijos de la naturaleza y entregados a sí +mismos, se agachó, quedando encubierto por el murallón de modo que sólo +rebasase la frente. No podía dudarlo; eran pisadas humanas, bien +distintas de la corrida de la liebre por entre las hojas, o de los +golpecitos secos y reiterados que sacuden las patas unguladas del zorro +o del perro. Pisadas humanas eran, aunque sí muy recelosas, apagadas y +lentísimas. Parecían de alguien que procuraba emboscarse. Y, en efecto, +poco tardó el niño en ver asomar, gateando entre los matorrales, a un +hombre cuya descripción acaso había oído mil veces en las veladas, en +las deshojas, acompañada de exclamaciones de terror. El hongo gris, la +faja roja, las recortadas patillas destacándose sobre el rostro color de +sebo, y sobre todo el ojo blanco, sin vista, frío como un pedazo de +cuarzo de la carretera, en suma, la desapacible catadura del Tuerto de +Castrodorna dejaron absorto al chiquillo. Apretaba el Tuerto contra su +pecho corto y ancho trabuco, y, después de girar hacia todas partes el +único lucero de su fea cara, de aguzar el oído, de olfatear, por decirlo +así, el aire, arrimóse al murallón, medio arrodillándose tras de un seto +de zarzas y brezo que lo guarnecía. Perucho, cuyos pies descansaban en +las anfractuosidades del muro, se quedó como incrustado en él, sin osar +respirar, ni bajarse, ni moverse, porque aquel hombre desconocido, mal +encarado y en acecho, le infundía el pavor irracional de los niños, que +adivinan peligros cuya extensión ignoran. Por mucho que le aguijonease +el deseo de sus cuatro cuartos, no se atrevía a descolgarse del +murallón, temiendo hacer ruido y que le apuntasen con el cañón de aquel +arma, cuya ancha boca debía, de seguro, vomitar fuego y muerte.... Así +transcurrieron diez segundos de angustia para el angelote. Antes que +pudiera entrar a cuentas con el miedo, ocurrió un nuevo incidente. +Sintió otra vez pasos, no recelosos, como de quien se oculta, sino +precipitados, como de quien va a donde le importa llegar presto; y por +el camino hondo que limitaba el murallón divisó a su abuelo que avanzaba +en dirección de los Pazos; sin duda, con su vista de águila había +distinguido al señorito, y le seguía intentando darle alcance. Iba +Primitivo distraído, con el propósito de reunirse a don Pedro, y no +miraba a parte alguna. Llegó a atravesar por delante del muro. El niño +entonces vio una cosa terrible, una cosa que recordó años después y aun +toda su vida: el hombre emboscado se incorporaba, con su único ojo +centelleante y fiero; se echaba a la cara la formidable tercerola; se +oía un espantoso trueno, voz de la bocaza negra; flotaba un borrón de +humo, que el aire disipó instantáneamente, y al través de sus últimos +tules grises el abuelo giraba sobre sí mismo como una peonza, y caía +boca abajo, mordiendo sin duda, en suprema convulsión, la hierba y el +lodo del camino.</p> + +<p>Asegura Perucho que no ha sabido jamás si fue el miedo o su propia +voluntad lo que le obligó a descolgarse del murallón y descender, más +bien que a saltos, rodando, los atajos conocidos, magullándose el +cuerpo, poniéndose en trizas la ropa, sin hacer caso de lo uno ni de lo +otro. Rebotó como un pelota por entre las nudosas cepas; brincó por cima +de los muros de piedra que las sostenían; salvó como una flecha +sembrados de maíz; metióse de patas en los regatos, mojándose hasta la +cintura, por no detenerse a seguir las pasaderas de piedra; salvó +vallados tres veces más altos que su cuerpo; cruzó setos, saltó +hondonadas y zanjas, no comprendió por dónde ni cómo, pero el caso es +que, arañado, ensangrentado, sudoroso, jadeante, se encontró en los +Pazos, y maquinalmente volvió al punto de partida, la capilla, donde +entró, enteramente olvidado de los cuatro cuartos, primer móvil de sus +aventuras todas.</p> + +<p>Estaba escrito que aquella mañana había de ser fecunda en +extraordinarias sorpresas. En la capilla acostumbraba Perucho notar que +se hablaba bajito, se andaba despacio, se contenía hasta la respiración: +el menor desliz en tal materia solía costarle un severo regaño de don +Julián; de modo que, sobreponiéndose el instinto y el hábito al +azoramiento y trastorno, penetró en el sagrado lugar con actitud +respetuosa. En él sucedía algo que le causó un asombro casi mayor que el +de la catástrofe de su abuelo. Recostada en el altar se encontraba la +señora de Moscoso, con un color como una muerta, los ojos cerrados, las +cejas fruncidas, temblando con todo su cuerpo; frente a ella, el +señorito vociferaba, muy deprisa y en ademán amenazador, cosas que no +entendió el niño; mientras el capellán, con las manos cruzadas y la +fisonomía revelando un espanto y dolor tales que nunca había visto +Perucho en rostro humano expresión parecida, imploraba, imploraba al +señorito, a la señorita, al altar, a los santos..., y de repente, +renunciando a la súplica, se colocaba, encendido y con los ojos +chispeantes, dando cara al marqués, como desafiándole.... Y Perucho +comprendía a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde +se desbordaba la cólera, el furor, la indignación, la ira, el insulto; +y, sin saber la causa de alboroto semejante, deducía que el señorito +estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la señorita, a matarla +quizás, a deshacer a don Julián, a echar abajo los altares, a quemar tal +vez la capilla....</p> + +<p>El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la +cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él: el señorito tenía +entonces la misma cara, idéntico tono de voz. Y en medio de la confusión +de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una +idea, superior a todas, se levantó triunfante. No cabía duda que el +señorito se disponía a acogotar a su esposa y al capellán; también +acababan de matar a su abuelo en el monte; aquel día, según indicios, +debía ser el de la general matanza. ¿Quién sabe si, luego que acabase +con su mujer y con don Julián, se le ocurriría al señorito quitar la +vida a la nené? Semejante pensamiento devolvió a Perucho toda la +actividad y energía que acostumbraba desplegar para el logro de sus +azarosas empresas en corrales, gallineros y establos.</p> + +<p>Escurrióse bonitamente de la capilla, resuelto a salvar a toda costa la +vida de la heredera de Moscoso. ¿Cómo haría? Faltábale tiempo de madurar +el plan: lo que importaba era obrar con celeridad y no arredrarse ante +obstáculo alguno. Se deslizó sin ser visto por la cocina, y subió la +escalera a escape. Llegado que hubo a las habitaciones altas, residencia +de los señores, de tal manera supo amortiguar el ruido de sus pisadas, +que el oído más fino lo confundiría con el susurro del aire al agitar +una cortina. Lo que él temía era encontrar cerrada la puerta del +dormitorio de Nucha. El corazón le dio un brinco de alegría al verla +entornada.</p> + +<p>La empujó con suavidad de gato que esconde las uñas.... Tenía la maldita +puerta el vicio de rechinar; pero tan sutil fue el empuje, que apenas +gimió sordamente. Perucho se coló en la habitación, ocultándose tras del +biombo. Por uno de los muchos agujeros que éste lucía, miró al otro +lado, hacia donde estaba la cuna. Vio a la niña dormida, y al ama, de +bruces sobre el lecho de Nucha, roncando sordamente. No era de temer que +se despabilase la marmota: el rapaz podía a mansalva realizar sus +propósitos.</p> + +<p>Sin embargo, convenía que no despertase la chiquilla, no fuese a +alborotar la casa lloriqueando. Perucho la tomó como quien toma un +muñeco de cristal, muy rompedizo y precioso: sus palmas llenas de callos +y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar puñetazos +en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y +la nené, envuelta en el pañolón de calceta, no gruñó siguiera al trocar +la cama por los brazos de su precoz raptor. Éste, conteniendo hasta el +respirar, andando con paso furtivo, rápido y cauteloso—el andar de la +gata que lleva a sus cachorros entre los dientes, colgados de la piel +del pescuezo—, se dirigió a buscar la salida por el claustro, pues de +cruzar la cocina era probable una sorpresa.</p> + +<p>En el claustro se paró obra de diez segundos, para meditar. ¿Dónde +escondería su tesoro? ¿En el pajar, en el <i>herbeiro</i>, en el hórreo, en +el establo? Optó por el hórreo—el lugar menos frecuentado y más oscuro—. +Bajaría la escalera, se enhebraría por el claustro, se colaría por las +cuadras, salvaría la era, y después nada más sencillo que ocultarse en +el escondrijo. Dicho y hecho.</p> + +<p>Arrimada al hórreo estaba la escala. Perucho comenzó a subir, operación +bastante difícil atendido el estorbo que le hacía la chiquilla. Lo +estrecho y vertical de los travesaños imponía la necesidad de agarrarse +con manos y pies al ir ascendiendo: Perucho no disponía de las manos; la +energía de la voluntad se le comunicó al dedo gordo del pie, que +semejaba casi prensil a fuerza de adaptarse y adherirse a las barras de +palo, bruñidas ya con el uso. En mitad de la ascensión pensó que rodaba +al pie del hórreo, y apretó contra el pecho a la niña, que, +despertándose, rompió en llanto.... ¡Que llorase! Allí no la oía alma +viviente; por la era sólo vagaba media docena de gallinas, disputando a +dos gorrinos las hojas de una col. Perucho entró triunfante por la +puerta del hórreo....</p> + +<p>Las espigas de maíz no lo llenaban hasta el techo, dejando algún espacio +suficiente para que dos personas minúsculas, como Perucho y su +protegida, pudiesen acomodarse y revolverse. El rapaz se sentó sin +soltar a la nena, diciéndole mil chuscadas y zalamerías a fin de +acallarla, abusando del diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en +labios del aldeano.</p> + +<p>—Reiniña, mona, <i>ruliña</i>, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas, +bunitas, bunitiñas.... ¡Si no callas, viene un cocón y te come! ¡<i>Velo</i> +ahí viene! ¡Calla, soliño, paloma blanca, rosita!</p> + +<p>No por virtud de las exhortaciones, pero sí por haber conocido a su +amigo predilecto, la niña callaba ya. Mirábale, y, sonriendo +regocijadamente, le pasaba las manos por la cara, gorjeaba, se bababa, y +miraba con curiosidad alrededor. Extrañaba el sitio. Enfrente, +alrededor, debajo, por todos lados, la rodeaba un mar de espigas de oro, +que al menor movimiento de Perucho se derrumbaban en suaves cascadas, y +donde el sol, penetrando por los intersticios del enrejado del hórreo, +tendía galones más claros, movibles listas de luz. Perucho comprendió +que poseía en las espigas un recurso inestimable para divertir a la +pequeña. Tan pronto le daba una en la mano, como alzaba con muchas una +especie de pirámide; la nené se entretenía en derribarla o forjarse la +ilusión de que la derribaba, pues realmente una patada de Perucho hacía +el milagro. Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por +señas, que le renovasen el juego.</p> + +<p>Pronto se cansó de él. Con todo, estaba de buen humor, gracias a la +compañía de Perucho. Su mirada risueña y dulce, fija en la de su +compañero, parecía decirle: «¿Qué mejor juego que estar juntos? +Disfrutemos de este bien que siempre nos han dado con tasa». En vista de +tan cariñosas disposiciones, Perucho se entregó al placer de halagarla a +su sabor. Ya le apoyaba un dedo en el carrillo, para provocarla a risa; +ya remedaba a un lagarto, arrastrando la mano por el cuerpo de la nené +arriba, e imitando los culebreos del rabo; ya se fingía encolerizado, +espantaba los ojos, hinchaba los carrillos, cerraba los puños y +resoplaba fieramente; ya, tomando a la nena en peso, la subía en alto y +figuraba dejarla caer de golpe sobre las espigas. Por último, recelando +cansarla, la cogió en brazos, se sentó a la turca, y comenzó a mecerla y +arrullarla blandamente, con tanta suavidad, precaución y ternura como +pudiera su propia madre.</p> + +<p>¡Qué ganas, qué violentos antojos se le pasaban!... ¿De qué? En las +veces que fue admitido a la intimidad de la habitación de Nucha y se le +consintió aproximarse a la nené y vivir su vida, jamás osara hacerlo.... +Miedo de que le riñesen o echasen; vago respeto religioso que se imponía +a su alma de pilluelo diabólico; vergüenza; falta de costumbre de sus +labios, que a nadie besaban; todo se unía para impedirle satisfacer una +aspiración que él juzgaba ambiciosa y punto menos que sacrílega.... Pero +ahora era dueño del tesoro; ahora la nené le pertenecía; la había ganado +en buena lid, la poseía por derecho de conquista, ¡ese derecho que +comprenden los mismos salvajes! Adelantó mucho el hocico, igual que si +fuese a catar alguna golosina, y tocó la frente y los ojos de la +pequeña.... Después desenvolvió lentamente los pliegues del mantón, y +descubrió las piernas, calentitas como chicharrones, que apenas se +vieron libres del envoltorio comenzaron a bailar, sacudiendo sus +favoritas patadas de júbilo. Perucho alzó hasta la boca un pie, luego +otro, y así alternando se pasó un rato regular; sus besos hacían +cosquillas a la niña, que soltaba repentinas carcajadas y se quedaba +luego muy seria; pero que en breve empezó a sentir el frío, y con la +rapidez que revisten en los niños muy chicos los cambios de temperatura, +los piececillos se le quedaron casi helados. Al punto lo advirtió +Perucho, y echándoles repetidas veces el aliento, como había visto hacer +a la vaca con sus recentales, los envolvió en mantillas y pañolón, y +nuevamente llegó a sí a la criatura, meciéndola.</p> + +<p>El más glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacción a +Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que había salvado a +la nené de la degollación segura y puéstola a buen recaudo, donde nadie +daría con ella. Ni un minuto recordó al duro y bronceado abuelo tendido +allá junto al paredón.... A menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al +pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de +dulces; quizás vuelvan más adelante la tristeza y el recuerdo, pero la +impresión capital del dolor ya se ha borrado para siempre. Así Perucho. +La ventura de poseer a su nené adorada, la prez de defender su vida, le +distraían de los trágicos acontecimientos recientes. No se acordaba del +abuelo, no, ni del trabucazo que lo había <i>tumbado</i> como él tumbaba las +perdices.</p> + +<p>Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según +el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si +ella pudiese comprender lo que le hablaban. ¿De dónde procedía este +cuento, variante de la leyenda del ogro? ¿Lo oiría Perucho en alguna +velada junto al <i>lar</i>, mientras hilaban las viejas y pelaban castañas +las mozas? ¿Sería creación de su mente excitada por los terrores de un +día tan excepcional? «Una <i>ves</i>—empezaba el cuento—era un rey muy malo, +muy galopín, que se comía la gente y las <i>presonas</i> vivas.... Este rey +tenía una nené bunita bunita, como la <i>frol</i> de mayo... y pequeñita +pequeñita como un grano de <i>millo</i> (maíz quería decir Perucho). Y el +malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara +más fea, más fea que la del <i>diaño</i>... (Perucho hacía horribles muecas a +fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey). Y una noche dijo él, +dice: 'Heme de comer mañana por la mañanita <i>trempano</i> a la nené... así, +así'. (Abría y cerraba la boca haciendo chocar las mandíbulas, como los +papamoscas de las catedrales). Y había un <i>pagarito</i> sobre un <i>árbole</i>, +y oyó al rey, y dijo, dice: 'Comer no la has de comer, coco feo.' ¿Y va +y qué hace el <i>pagarito</i>? Entra por la ventanita... y el rey estaba +durmiendo. (Recostaba la cabeza en las espigas de maíz y roncaba +estrepitosamente para representar el sueño del rey). Y va el <i>pagarito</i> +y con el <i>bico</i> le saca un ojo, y el rey queda <i>chosco</i>. (Guiñaba el ojo +izquierdo, mostrando cómo el rey se halló tuerto). Y el rey a despertar +y a llorar, llorar, llorar (imitación de llanto) por su ojo, y el +<i>pagarito</i> a se reír muy puesto en el <i>árbole</i>.... Y va y salta y dijo, +dice: 'Si no comes a la nené y me la regalas, te doy el ojo...' Y va el +rey y dice: 'Bueno...' Y va el <i>pagarito</i> y se casó con la nené, y +estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita... +(solo de este instrumento), y entré por una <i>porta</i> y salí por otra, ¡y +manda el rey que te lo cuente otra vez!».</p> + +<p>La nené no oyó el final del cuento.... La música de las palabras, que no +le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma +satisfacción de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el +sueño anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando +terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados.... Acomodó +lo mejor que pudo el lecho de espigas; llególe el mantón al rostro, como +hacía Nucha, para que no se le enfriase el hociquito, y muy denodado y +resuelto a hacer centinela, se arrimó a la puerta del hórreo, en una +esquina, reclinándose en un montón de maíz. Pero fuese la inmovilidad, o +el cansancio, o la reacción de tantas emociones consecutivas, también a +él la cabeza le pesaba y se le entornaban los párpados. Se los frotó con +los dedos, bostezó, luchó algunos minutos con el sueño invasor... Éste +venció al cabo. Los dos ángeles refugiados en el hórreo dormían en paz.</p> + +<p>Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que +agitaba a Perucho, veía el muchacho un animalazo de desmesurado grandor, +bestión fiero que se acercaba a él rugiendo, bramando y dispuesto a +zampárselo de un bocado o a deshacerlo de una uñada.... Se le erizó el +cabello, le temblaron las carnes, y un sudor frío le empapó la sien.... +¡Qué monstruo tan espantoso! Ya se acerca..., ya cae sobre Perucho..., +sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le +cae encima lo mismo que una roca inmensa.... El chiquillo abre los +ojos....</p> + +<p>Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndolo a su sabor a pescozones y +cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más +enorme, más brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo +como un héroe. Bajando la cabeza, se atravesó en la entrada del hórreo, +y por espacio de algunos minutos defendió su presa haciéndole muralla +con el cuerpo.... Pero el enorme volumen del ama pesó sobre él y lo +redujo a la inacción, comprimiéndolo y paralizándolo. Cuando el mísero +chiquillo, medio ahogado, se sintió libre de aquella estatua de plomo +que a poco más le convierte en oblea, miró hacia atrás.... La niña había +desaparecido. Perucho no olvidará nunca el desesperado llanto que +derramó por más de media hora revolcándose entre las espigas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a><a href="#capitulos">-XXIX-</a></h2> + + +<p>Tampoco Julián olvidará el día en que ocurrieron acontecimientos tan +extraordinarios; día dramático entre todos los de su existencia, en que +le sucedió lo que no pudo imaginar jamás: verse acusado, por un marido, +de inteligencias culpables con su mujer, por un marido que se quejaba de +ultrajes mortales, que le amenazaba, que le expulsaba de su casa +ignominiosamente y para siempre; y ver a la infeliz señorita, a la +verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la ridícula y +horrenda calumnia. ¿Y qué sería si hubiesen realizado su plan de fuga al +día siguiente? ¡Entonces sí que tendrían que bajar la cabeza, darse por +convictos!... ¡Y decir que cinco minutos antes no se les prevenía +siquiera la posibilidad de que don Pedro y el mundo lo interpretasen +así!</p> + +<p>No, no lo olvidará Julián. No olvidará aquellas inesperadas +tribulaciones, el valor repentino y ni aun de él mismo sospechado que +desplegó en momentos tan críticos para arrojar a la faz del marido +cuanto le hervía en el alma, la reprobación, la indignación contenida +por su habitual timidez; el reto provocado por el bárbaro insulto; los +calificativos terribles que acudían por vez primera a su boca, avezada +únicamente a palabras de paz; el emplazamiento <i>de hombre a hombre</i> que +lanzó al salir de la capilla.... No olvidará, no, la escena terrible, por +muchos años que pesen sobre sus hombros y por muchas canas que le +enfríen las sienes. Ni olvidará tampoco su partida precipitada, sin dar +tiempo a recoger el equipaje; cómo ensilló con sus propias inexpertas +manos la yegua; cómo, desplegando una maestría debida a la urgencia, +había montado, espoleado, salido a galope, ejecutando todos estos actos +mecánicamente, cual entre sueños, sin aguardar a que se disipase el +corto hervor de la sangre, sin querer ver a la niña ni darle un beso, +porque comprendía, estaba seguro de que, si lo hiciera, sería capaz de +postrarse a los pies del señorito, rogándole humildemente que le +permitiese quedarse allí en los Pazos, aunque fuese de pastor de ganado +o jornalero....</p> + +<p>No olvidará tampoco la salida de la casa solariega, la ascensión por el +camino que el día de su llegada le pareció tan triste y lúgubre.... El +cielo está nublado; ciernen la claridad del sol pardos crespones cada +vez más densos; los pinos, juntando sus copas, susurran de un modo +penetrante, prolongado y cariñoso; las ráfagas del aire traen el olor +sano de la resina y el aroma de miel de los retamares. El crucero, a +poca distancia, levanta sus brazos de piedra manchados por el oro viejo +del liquen.... La yegua, de improviso, respinga, tiembla, se encabrita.... +Julián se agarra instintivamente a las crines, soltando la rienda.... En +el suelo hay un bulto, un hombre, un cadáver; la hierba, en derredor +suyo, se baña en sangre que empieza ya a cuajarse y ennegrecerse. Julián +permanece allí, clavado, sin fuerzas, anonadado por una mezcla de +asombro y gratitud a la Providencia, que no puede razonar, pero le +subyuga.... El cadáver tiene la faz contra tierra; no importa: Julián ha +reconocido a Primitivo; es él mismo. El capellán no vacila, no discurre +quién le habrá matado. ¡Cualquiera que sea el instrumento, lo dirige la +mano de Dios! Desvía la yegua, se persigna, se aparta, se aleja +definitivamente, volviendo de cuando en cuando la cabeza para ver el +negro bulto, sobre el fondo verde de la hierba y la blancura gris del +paredón....</p> + +<p>¡Ah! No, no olvida nada Julián. No olvida en Santiago, donde su llegada +se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones +leyendarias, donde el éxito de las elecciones, la partida del capellán, +el asesinato del mayordomo, se comentan, se adornan, entretienen al +pueblo casi todo un mes, y donde las gentes le paran en la calle +preguntándole qué ocurre por allá, qué sucede con Nucha Pardo, si es +cierto que su marido la maltrata y que está muy enferma, y que las +elecciones de Cebre han sido un escándalo gordo. No olvida cuando el +arzobispo le llama a su cámara, a fin de inquirir qué hay de verdad en +todo lo ocurrido, y él, después de arrodillarse, lo cuenta sin poner ni +quitar una sílaba, encontrando en la sincera confesión inexplicable +alivio, y besando, con el corazón desahogado ya, la amatista que brilla +sobre el anular del prelado. No olvida cuando éste dispone enviarle a +una parroquia apartadísima, especie de destierro, donde vivirá +completamente alejado del mundo.</p> + +<p>Es una parroquia de montaña, más montaña que los Pazos, al pie de una +sierra fragosa, en el corazón de Galicia. No hay en toda ella, ni en +cuatro leguas a la redonda, una sola casa señorial; en otro tiempo, en +épocas feudales, se alzó, fundado en peñasco vivo, un castillo roquero, +hoy ruina comida por la hiedra y habitada por murciélagos y lagartos. +Los feligreses de Julián son pobres pastores: en vísperas de fiesta y +tiempo de oblata le obsequian con leche de cabra, queso de oveja, +manteca en orzas de barro. Hablan dialecto cerradísimo, arduo de +comprender; visten de somonte y usan greñas largas, cortadas sobre la +frente a la manera de los antiguos siervos. En invierno cae la nieve y +aúllan los lobos en las inmediaciones de la rectoral; cuando Julián +tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los +sacramentos a algún moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de +paja y a calzar zuecos de palo; el sacristán va delante, alumbrando con +un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen +fantasmas....</p> + +<p>Pasadas dos estaciones recibe una esquela, una papeleta orlada de negro; +la lee sin entenderla al pronto; después se entera bien del contenido, y +sin embargo no llora, no da señal alguna de pena.... Al contrario, aquel +día y los siguientes experimenta como un sentirmento de consuelo, de +bienestar y de alegría, porque la señorita Nucha, en el cielo, estará +desquitándose de lo sufrido en esta tierra miserable, donde sólo +martirios aguardan a un alma como la suya.... La doctrina resignada de la +<i>Imitación</i> ha vuelto a reinar en su espíritu. Hasta el efecto de la +noticia se borra pronto, y una especie de insensibilidad apacible va +cauterizando el espíritu de Julián: piensa más en lo que le rodea, se +interesa por la iglesia desmantelada, trata de enseñar a leer a los +salvajes chiquillos de la parroquia, funda una congregación de hijas de +María para que las mozas no bailen los domingos.... Y así pasa el tiempo, +uniformemente, sin dichas ni amarguras, y la placidez de la naturaleza +penetra en el alma de Julián, y se acostumbra a vivir como los paisanos, +pendiente de la cosecha, deseando la lluvia o el buen tiempo como el +mayor beneficio que Dios puede otorgar al hombre, calentándose en el +<i>lar</i>, diciendo misa muy temprano y acostándose antes de encender luz, +conociendo por las estrellas si se prepara agua o sol, recogiendo +castaña y patata, entrando en el ritmo acompasado, narcótico y perenne +de la vida agrícola, tan inflexible como la vuelta de las golondrinas en +primavera y el girar eterno de nuestro globo, describiendo la misma +elipse, al través del espacio....</p> + +<p>Y, sin embargo, no olvida. Y en aquel rincón viene a sorprenderle el +ascenso, la traslación a la parroquia de Ulloa, especie de desagravio +del arzobispo. La mitra alternaba con los señores de Ulloa en la +presentación del curato, y el arzobispo había querido manifestar así al +humilde párroco, enterrado diez años hacía en la montaña más fiera de la +diócesis, que la calumnia puede empañar el cristal de la honra, no +mancharlo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXX" id="XXX"></a><a href="#capitulos">-XXX-</a></h2> + + +<p>Diez años son una etapa, no sólo en la vida del individuo, sino en la de +las naciones. Diez años comprenden un periodo de renovación: diez años +rara vez corren en balde, y el que mira hacia atrás suele sorprenderse +del camino que se anda en una década. Mas así como hay personas, hay +lugares para los cuales es insensible el paso de una décima parte de +siglo. Ahí están los Pazos de Ulloa, que no me dejarán mentir. La gran +huronera, desafiando al tiempo, permanece tan pesada, tan sombría, tan +adusta como siempre. Ninguna innovación útil o bella se nota en su +mueblaje, en su huerto, en sus tierras de cultivo. Los lobos del escudo +de armas no se han amansado; el pino no echa renuevos; las mismas ondas +simétricas de agua petrificada bañan los estribos de la puente señorial.</p> + +<p>En cambio la villita de Cebre, rindiendo culto al progreso, ha atendido +a las mejoras morales y materiales, según frase de un cebreño ilustrado, +que envía correspondencias a los diarios de Pontevedra y Orense. No se +charla ya de política solamente en el estanco: para eso se ha fundado un +Círculo de Instrucción y Recreo, Artes y Ciencias (lo reza su +reglamento) y se han establecido algunas tiendecillas que el cebreño +susodicho denomina <i>bazares</i>. Verdad es que los dos caciques aún +continúan disputándose el mero y mixto imperio; mas ya parece seguro que +Barbacana, representante de la reacción y la tradición, cede ante +Trampeta, encarnación viviente de las ideas avanzadas y de la nueva +edad.</p> + +<p>Dicen algunos maliciosos que el secreto del triunfo del cacique liberal +está en que su adversario, hoy canovista, se encuentra ya extremadamente +viejo y achacoso, habiendo perdido mucha parte de sus bríos e indómito +al par que traicionero carácter. Sea como quiera, el caso es que la +influencia barbacanesca anda maltrecha y mermada.</p> + +<p>Quien ha envejecido bastante, de un modo prematuro, es el antiguo +capellán de los Pazos. Su pelo está estriado de rayitas argentadas; su +boca se sume; sus ojos se empañan; se encorvan sus lomos. Avanza +despaciosamente por el <i>carrero</i> angosto que serpea entre viñedos y +matorrales conduciendo a la iglesia de Ulloa.</p> + +<p>¡Qué iglesia tan pobre! Más bien parece la casuca de un aldeano, +conociéndose únicamente su sagrado destino en la cruz que corona el +tejadillo del pórtico. La impresión es de melancolía y humedad, el atrio +herboso está a todas horas, aun a las meridianas, muy salpicado y como +empapado de rocío. La tierra del atrio sube más alto que el peristilo de +la iglesia, y ésta se hunde, se sepulta entre el terruño que lentamente +va desprendiéndose del collado próximo. En una esquina del atrio, un +pequeño campanario aislado sostiene el rajado esquilón; en el centro, +una cruz baja, sobre tres gradas de piedra, da al cuadro un toque +poético, pensativo. Allí, en aquel rincón del universo, vive +Jesucristo.... ¡pero cuán solo!, ¡cuán olvidado!</p> + +<p>Julián se detuvo ante la cruz. Estaba viejo realmente, y también más +varonil: algunos rasgos de su fisonomía delicada se marcaban, se +delineaban con mayor firmeza; sus labios, contraídos y palidecidos, +revelaban la severidad del hombre acostumbrado a dominar todo arranque +pasional, todo impulso esencialmente terrestre. La edad viril le había +enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del +sacerdote puro. Habíase vuelto muy indulgente con los demás, al par que +severo consigo mismo.</p> + +<p>Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresión singularísima. Parecíale +que alguna persona muy querida, muy querida para él, andaba por allí, +resucitada, viviente, envolviéndole en su presencia, calentándole con su +aliento. ¿Y quién podía ser esa persona? ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba +ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de +haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda, +causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros. +¡La muerte de la señora de Moscoso! Nada más fácil que cerciorarse de +ella.... Allí estaba el cementerio. Acercarse a un muro coronado de +hiedra, empujar una puerta de madera, y penetrar en su recinto.</p> + +<p>Era un lugar sombrío, aunque le faltasen los lánguidos sauces y cipreses +que tan bien acompañan con sus actitudes teatrales y majestuosas la +solemnidad de los camposantos. Limitábanlo, de una parte, las tapias de +la iglesia; de otra, tres murallones revestidos de hiedra y plantas +parásitas; y la puerta, fronteriza a la de entrada por el atrio, la +formaba un enverjado de madera, al través del cual se veía diáfano y +remoto horizonte de montañas, a la sazón color de violeta, por la hora, +que era aquella en que el sol, sin calentar mucho todavía, empieza a +subir hacia su zenit, y en que la naturaleza se despierta como saliendo +de un baño, estremecida de frescura y frío matinal. Sobre la verja se +inclinaba añoso olivo, donde nidaban mil gorriones alborotadores, que a +veces azotaban y sacudían el ramaje con su voleteo apresurado; y hacíale +frente una enorme mata de hortensia, mustia y doblegada por las lluvias +de la estación, graciosamente enfermiza, con sus mazorcas de desmayadas +flores azules y amarillentas. A esto se reducía todo el ornato del +cementerio, mas no su vegetación, que por lo exuberante y viciosa ponía +en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si +en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en +aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos pétalos +ostentaban matices flavos de cirio, se habrían encarnado, por misteriosa +transmigración, las almas, vegetativas también en cierto modo, de los +que allí dormían para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin +haber palpitado jamás por ninguna idea elevada, generosa, puramente +espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y +del artista. Parecía que era sustancia humana—pero de una humanidad +ruda, primitiva, inferior, hundida hasta el cuello en la ignorancia y en +la materia—la que nutría y hacía brotar con tan enérgica pujanza y savia +tan copiosa aquella flora lúgubre por su misma lozanía. Y en efecto, en +el terreno, repujado de pequeñas eminencias que contrastaban con la lisa +planicie del atrio, advertía a veces el pie durezas de ataúdes mal +cubiertos y blanduras y molicies que infundían grima y espanto, como si +se pisaran miembros flácidos de cadáver. Un soplo helado, un olor +peculiar de moho y podredumbre, un verdadero ambiente sepulcral se +alzaba del suelo lleno de altibajos, rehenchido de difuntos amontonados +unos encima de otros; y entre la verdura húmeda, surcada del surco +brillante que dejan tras sí el caracol y la babosa, torcíanse las cruces +de madera negra fileteadas de blanco, con rótulos curiosos, cuajados de +faltas de ortografía y peregrinos disparates. Julián, que sufría la +inquietud, el hormigueo en la planta de los pies que nos causa la +sensación de hollar algo blando, algo viviente, o que por lo menos +estuvo dotado de sensibilidad y vida, experimentó de pronto gran +turbación: una de las cruces, más alta que las demás, tenía escrito en +letras blancas un nombre. Acercóse y descifró la inscripción, sin +pararse en deslices ortográficos: <i>«Aquí hacen las cenizas de Primitibo +Suarez, sus parientes y amijos ruegen a Dios por su alma»</i>.... El +terreno, en aquel sitio, estaba turgente, formando una eminencia. Julián +murmuró una oración, desvióse aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas +el cuerpo de bronce de su formidable enemigo. Al punto mismo se alzó de +la cruz una mariposilla blanca, de esas últimas mariposas del año que +vuelan despacio, como encogidas por la frialdad de la atmósfera, y se +paran en seguida en el primer sitio favorable que encuentran. La siguió +el nuevo cura de Ulloa y la vio posarse en un mezquino mausoleo, +arrinconado entre la esquina de la tapia y el ángulo entrante que +formaba la pared de la iglesia.</p> + +<p>Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón +palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después +de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de +una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido +explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser +y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos, +atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los +sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma +porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen. No echó de ver +siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal, +decorado con calaveras, huesos y otros emblemas fúnebres por la +inexperta mano de algún embadurnador de aldea; no necesitó deletrear la +inscripción, porque sabía de seguro que donde se había detenido la +mariposa, allí descansaba Nucha, la señorita Marcelina, la santa, la +víctima, la virgencita siempre cándida y celeste. Allí estaba, sola, +abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las muñecas heridas por +mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el +dolor.... Pensando en esto, la oración se interrumpió en labios de +Julián, la corriente del existir retrocedió diez años, y en un +transporte de los que en él eran poco frecuentes, pero súbitos e +irresistibles, cayó de hinojos, abrió los brazos, besó ardientemente la +pared del nicho, sollozando como niño o mujer, frotando las mejillas +contra la fría superficie, clavando las uñas en la cal, hasta +arrancarla....</p> + +<p>Oyó risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasión. +Se volvió y se incorporó confuso. Tenía delante una pareja hechicera, +iluminada por el sol que ya ascendía aproximándose a la mitad del cielo. +Era el muchacho el más guapo adolescente que puede soñar la fantasía; y +si de chiquitín se parecía al Amor antiguo, la prolongación de líneas +que distingue a la pubertad de la infancia le daba ahora semejanza +notable con los arcángeles y ángeles viajeros de los grabados bíblicos, +que unen a la lindeza femenina y a los rizados bucles asomos de graciosa +severidad varonil. En cuanto a la niña, espigadita para sus once años, +hería el corazón de Julián por el sorprendente parecido con su pobre +madre a la misma edad: idénticas largas trenzas negras, idéntico rostro +pálido, pero más mate, más moreno, de óvalo más puro, de ojos más +luminosos y mirada más firme. ¡Vaya si conocía Julián a la pareja! +¡Cuántas veces la había tenido en su regazo!</p> + +<p>Sólo una circunstancia le hizo dudar de si aquellos dos muchachos +encantadores eran en realidad el bastardo y la heredera legítima de +Moscoso. Mientras el hijo de Sabel vestía ropa de buen paño, de hechura +como entre aldeano acomodado y señorito, la hija de Nucha, cubierta con +un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede +decirse que iba descalza.</p> + +<p>París, Marzo de 1886.</p> +<hr style="width: 65%;" /> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of Project Gutenberg's Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA *** + +***** This file should be named 18005-h.htm or 18005-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/8/0/0/18005/ + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + +*** END: FULL LICENSE *** + + + +</pre> + +</body> +</html> + diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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