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+The Project Gutenberg EBook of Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Los pazos de Ulloa
+
+Author: Emilia Pardo Bazán
+
+Release Date: March 16, 2006 [EBook #18005]
+[Last updated: January 20, 2020]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA ***
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+Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
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+Los pazos de Ulloa
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+Emilia Pardo Bazán
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+Tomo I
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+-I-
+
+
+Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus
+fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y
+mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote
+cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos
+desigualísimos de loco galope. Y era pendiente de veras aquel repecho
+del camino real de Santiago a Orense en términos que los viandantes, al
+pasarlo, sacudían la cabeza murmurando que tenía bastante más declive
+del no sé cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al
+llevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros lo
+que se pescaban, y alguna quinta de personaje político, alguna
+influencia electoral de grueso calibre debía andar cerca.
+
+Iba el jinete colorado, no como un pimiento, sino como una fresa,
+encendimiento propio de personas linfáticas. Por ser joven y de miembros
+delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un niño, a no
+desmentir la presunción sus trazas sacerdotales. Aunque cubierto de
+amarillo polvo que levantaba el trote del jaco, bien se advertía que el
+traje del mozo era de paño negro liso, cortado con la flojedad y poca
+gracia que distingue a las prendas de ropa de seglar vestidas por
+clérigos. Los guantes, despellejados ya por la tosca brida, eran
+asimismo negros y nuevecitos, igual que el hongo, que llevaba calado
+hasta las cejas, por temor a que los zarandeos de la trotada se lo
+hiciesen saltar al suelo, que sería el mayor compromiso del mundo. Bajo
+el cuello del desairado levitín asomaba un dedo de alzacuello, bordado
+de cuentas de abalorio. Demostraba el jinete escasa maestría hípica:
+inclinado sobre el arzón, con las piernas encogidas y a dos dedos de
+salir despedido por las orejas, leíase en su rostro tanto miedo al
+cuartago como si fuese algún corcel indómito rebosando fiereza y bríos.
+
+Al acabarse el repecho, volvió el jaco a la sosegada andadura habitual,
+y pudo el jinete enderezarse sobre el aparejo redondo, cuya anchura
+inconmensurable le había descoyuntado los huesos todos de la región
+sacro-ilíaca. Respiró, quitóse el sombrero y recibió en la frente
+sudorosa el aire frío de la tarde. Caían ya oblicuamente los rayos del
+sol en los zarzales y setos, y un peón caminero, en mangas de camisa,
+pues tenía su chaqueta colocada sobre un mojón de granito, daba
+lánguidos azadonazos en las hierbecillas nacidas al borde de la cuneta.
+Tiró el jinete del ramal para detener a su cabalgadura, y ésta, que se
+había dejado en la cuesta abajo las ganas de trotar, paró
+inmediatamente. El peón alzó la cabeza, y la placa dorada de su sombrero
+relució un instante.
+
+--¿Tendrá usted la bondad de decirme si falta mucho para la casa del
+señor marqués de Ulloa?
+
+--¿Para los Pazos de Ulloa?--contestó el peón repitiendo la pregunta.
+
+--Eso es.
+
+--Los Pazos de Ulloa están allí--murmuró extendiendo la mano para señalar
+a un punto en el horizonte.--Si la bestia anda bien, el camino que queda
+pronto se pasa.... Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar ¿ve? y luego
+le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano
+derecha por un atajito, hasta el crucero.... En el crucero ya no tiene
+pérdida, porque se ven los Pazos, una _costrución_ muy grandísima....
+
+--Pero..... ¿como cuánto faltará?--preguntó con inquietud el clérigo.
+
+Meneó el peón la tostada cabeza.
+
+--Un bocadito, un bocadito....
+
+Y sin más explicaciones, emprendió otra vez su desmayada faena,
+manejando el azadón lo mismo que si pesase cuatro arrobas.
+
+Se resignó el viajero a continuar ignorando las leguas de que se compone
+un _bocadito_, y taloneó al rocín. El pinar no estaba muy distante, y
+por el centro de su sombría masa serpeaba una trocha angostísima, en la
+cual se colaron montura y jinete. El sendero, sepultado en las oscuras
+profundidades del pinar, era casi impracticable; pero el jaco, que no
+desmentía las aptitudes especiales de la raza caballar gallega para
+andar por mal piso, avanzaba con suma precaución, cabizbajo, tanteando
+con el casco, para sortear cautelosamente las zanjas producidas por la
+llanta de los carros, los pedruscos, los troncos de pino cortados y
+atravesados donde hacían menos falta. Adelantaban poco a poco, y ya
+salían de las estrecheces a senda más desahogada, abierta entre pinos
+nuevos y montes poblados de aliaga, sin haber tropezado con una sola
+heredad labradía, un plantío de coles que revelase la vida humana. De
+pronto los cascos del caballo cesaron de resonar y se hundieron en
+blanda alfombra: era una camada de estiércol vegetal, tendida, según
+costumbre del país, ante la casucha de un labrador. A la puerta una
+mujer daba de mamar a una criatura. El jinete se detuvo.
+
+--Señora, ¿sabe si voy bien para la casa del marqués de Ulloa?
+
+--Va bien, va....
+
+--¿Y... falta mucho?
+
+Enarcamiento de cejas, mirada entre apática y curiosa, respuesta ambigua
+en dialecto:
+
+--La carrerita de un can....
+
+¡Estamos frescos!, pensó el viajero, que si no acertaba a calcular lo
+que anda un can en una carrera, barruntaba que debe ser bastante para un
+caballo. En fin, en llegando al crucero vería los Pazos de Ulloa..... Todo
+se le volvía buscar el atajo, a la derecha..... Ni señales. La vereda,
+ensanchándose, se internaba por tierra montañosa, salpicada de manchones
+de robledal y algún que otro castaño todavía cargado de fruta: a derecha
+e izquierda, matorrales de brezo crecían desparramados y oscuros.
+Experimentaba el jinete indefinible malestar, disculpable en quien,
+nacido y criado en un pueblo tranquilo y soñoliento, se halla por vez
+primera frente a frente con la ruda y majestuosa soledad de la
+naturaleza, y recuerda historias de viajeros robados, de gentes
+asesinadas en sitios desiertos.
+
+--¡Qué país de lobos!--dijo para sí, tétricamente impresionado.
+
+Alegrósele el alma con la vista del atajo, que a su derecha se
+columbraba, estrecho y pendiente, entre un doble vallado de piedra,
+límite de dos montes. Bajaba fiándose en la maña del jaco para evitar
+tropezones, cuando divisó casi al alcance de su mano algo que le hizo
+estremecerse: una cruz de madera, pintada de negro con filetes blancos,
+medio caída ya sobre el murallón que la sustentaba. El clérigo sabía que
+estas cruces señalan el lugar donde un hombre pereció de muerte
+violenta; y, persignándose, rezó un padrenuestro, mientras el caballo,
+sin duda por olfatear el rastro de algún zorro, temblaba levemente
+empinando las orejas, y adoptaba un trotecillo medroso que en breve le
+condujo a una encrucijada. Entre el marco que le formaban las ramas de
+un castaño colosal, erguíase el crucero.
+
+Tosco, de piedra común, tan mal labrado que a primera vista parecía
+monumento románico, por más que en realidad sólo contaba un siglo de
+fecha, siendo obra de algún cantero con pujos de escultor, el crucero,
+en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magnífico árbol,
+era poético y hermoso. El jinete, tranquilizado y lleno de devoción,
+pronunció descubriéndose: «Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, pues por
+tu Santísima Cruz redimiste al mundo», y de paso que rezaba, su mirada
+buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que debían ser aquel gran
+edificio cuadrilongo, con torres, allá en el fondo del valle. Poco duró
+la contemplación, y a punto estuvo el clérigo de besar la tierra, merced
+a la huida que pegó el rocín, con las orejas enhiestas, loco de terror.
+El caso no era para menos: a cortísima distancia habían retumbado dos
+tiros.
+
+Quedóse el jinete frío de espanto, agarrado al arzón, sin atreverse ni a
+registrar la maleza para averiguar dónde estarían ocultos los agresores;
+mas su angustia fue corta, porque ya del ribazo situado a espaldas del
+crucero descendía un grupo de tres hombres, antecedido por otros tantos
+canes perdigueros, cuya presencia bastaba para demostrar que las
+escopetas de sus amos no amenazaban sino a las alimañas monteses.
+
+El cazador que venía delante representaba veintiocho o treinta años:
+alto y bien barbado, tenía el pescuezo y rostro quemados del sol, pero
+por venir despechugado y sombrero en mano, se advertía la blancura de la
+piel no expuesta a la intemperie, en la frente y en la tabla de pecho,
+cuyos diámetros indicaban complexión robusta, supuesto que confirmaba la
+isleta de vello rizoso que dividía ambas tetillas. Protegían sus piernas
+recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre
+la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en
+el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos cañones. El
+segundo cazador parecía hombre de edad madura y condición baja, criado o
+colono: ni hebillas en las polainas, ni más morral que un saco de
+grosera estopa; el pelo cortado al rape, la escopeta de pistón,
+viejísima y atada con cuerdas; y en el rostro, afeitado y enjuto y de
+enérgicas facciones rectilíneas, una expresión de encubierta sagacidad,
+de astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo. Por lo
+que hace al tercer cazador, sorprendióse el jinete al notar que era un
+sacerdote. ¿En qué se le conocía? No ciertamente en la tonsura, borrada
+por una selva de pelo gris y cerdoso, ni tampoco en la rasuración, pues
+los duros cañones de su azulada barba contarían un mes de antigüedad;
+menos aún en el alzacuello, que no traía, ni en la ropa, que era
+semejante a la de sus compañeros de caza, con el aditamento de unas
+botas de montar, de charol de vaca muy descascaradas y cortadas por las
+arrugas. Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello
+formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno
+consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y
+posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo. No cabía duda:
+era un sacerdote.
+
+Aproximóse al grupo el jinete, y repitió la consabida pregunta:
+
+--¿Pueden ustedes decirme si voy bien para casa del señor marqués de
+Ulloa?
+
+El cazador alto se volvió hacia los demás, con familiaridad y dominio.
+
+--¡Qué casualidad!--exclamó--. Aquí tenemos al forastero..... Tú,
+Primitivo.... Pues te cayó la lotería: mañana pensaba yo enviarte a Cebre
+a buscar al señor.... Y usted, señor abad de Ulloa.... ¡ya tiene usted
+aquí quien le ayude a arreglar la parroquia!
+
+Como el jinete permanecía indeciso, el cazador añadió:
+
+--¿Supongo que es usted el recomendado de mi tío, el señor de la Lage?
+
+--Servidor y capellán...--respondió gozoso el eclesiástico, tratando de
+echar pie a tierra, ardua operación en que le auxilió el abad--. ¿Y
+usted...--exclamó, encarándose con su interlocutor--es el señor marqués?
+
+--¿Cómo queda el tío? ¿Usted... a caballo desde Cebre, eh?--repuso éste
+evasivamente, mientras el capellán le miraba con interés rayano en viva
+curiosidad. No hay duda que así, varonilmente desaliñado, húmeda la piel
+de transpiración ligera, terciada la escopeta al hombro, era un cacho de
+buen mozo el marqués; y sin embargo, despedía su arrogante persona
+cierto tufillo bravío y montaraz, y lo duro de su mirada contrastaba con
+lo afable y llano de su acogida.
+
+El capellán, muy respetuoso, se deshacía en explicaciones.
+
+--Sí, señor; justamente.... En Cebre he dejado la diligencia y me dieron
+esta caballería, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.... El
+señor de la Lage, tan bueno, y con el humor aquél de siempre.... Hace
+reír a las piedras.... Y guapote, para su edad.... Estoy reparando que si
+fuese su señor papá de usted, no se le parecería más.... Las señoritas,
+muy bien, muy contentas y muy saludables.... Del señorito, que está en
+Segovia, buenas noticias. Y antes que se me olvide....
+
+Buscó en el bolsillo interior de su levitón, y fue sacando un pañuelo
+muy planchado y doblado, un _Semanario_ chico, y por último una cartera
+de tafilete negro, cerrada con elástico, de la cual extrajo una carta
+que entregó al marqués. Los perros de caza, despeados y anhelantes de
+fatiga, se habían sentado al pie del crucero; el abad picaba con la uña
+una tagarnina para liar un pitillo, cuyo papel sostenía adherido por una
+punta al borde de los labios; Primitivo, descansando la culata de la
+escopeta en el suelo, y en el cañón de la escopeta la barba, clavaba sus
+ojuelos negros en el recién venido, con pertinacia escrutadora. El sol
+se ponía lentamente en medio de la tranquilidad otoñal del paisaje. De
+improviso el marqués soltó una carcajada. Era su risa, como suya,
+vigorosa y pujante, y, más que comunicativa, despótica.
+
+--El tío--exclamó, doblando la carta--siempre tan guasón y tan célebre....
+Dice que aquí me manda un santo para que me predique y me convierta....
+No parece sino que tiene uno pecados: ¿eh, señor abad? ¿Qué dice usted a
+esto? ¿Verdad que ni uno?
+
+--Ya se sabe, ya se sabe--masculló el abad en voz bronca.... Aquí todos
+conservamos la inocencia bautismal.
+
+Y al decirlo, miraba al recién llegado al través de sus erizadas y
+salvajinas cejas, como el veterano al inexperto recluta, sintiendo allá
+en su interior profundo desdén hacia el curita barbilindo, con cara de
+niña, donde sólo era sacerdotal la severidad del rubio entrecejo y la
+compostura ascética de las facciones.
+
+--¿Y usted se llama Julián Álvarez?--interrogó el marqués.
+
+--Para servir a usted muchos años.
+
+--¿Y no acertaba usted con los Pazos?
+
+--Me costaba trabajo el acertar. Aquí los paisanos no le sacan a uno de
+dudas, ni le dicen categóricamente las distancias. De modo que....
+
+--Pues ahora ya no se perderá usted. ¿Quiere montar otra vez?
+
+--¡Señor! No faltaba más.
+
+--Primitivo--ordenó el marqués--, coge del ramal a esa bestia.
+
+Y echó a andar, dialogando con el capellán que le seguía. Primitivo,
+obediente, se quedó rezagado, y lo mismo el abad, que encendía su
+pitillo con un misto de cartón. El cazador se arrimó al cura.
+
+--¿Y qué le parece el rapaz, diga? ¿Verdad que no mete respeto?
+
+--Boh.... Ahora se estila ordenar _miquitrefes_.... Y luego mucho de
+alzacuellitos, guantecitos, perejiles con escarola.... ¡Si yo fuera el
+arzobispo, ya les daría el demontre de los guantes!
+
+
+
+
+-II-
+
+
+Era noche cerrada, sin luna, cuando desembocaron en el soto, tras del
+cual se eleva la ancha mole de los Pazos de Ulloa. No consentía la
+oscuridad distinguir más que sus imponentes proporciones, escondiéndose
+las líneas y detalles en la negrura del ambiente. Ninguna luz brillaba
+en el vasto edificio, y la gran puerta central parecía cerrada a piedra
+y lodo. Dirigióse el marqués a un postigo lateral, muy bajo, donde al
+punto apareció una mujer corpulenta, alumbrando con un candil. Después
+de cruzar corredores sombríos, penetraron todos en una especie de sótano
+con piso terrizo y bóveda de piedra, que, a juzgar por las hileras de
+cubas adosadas a sus paredes, debía ser bodega; y desde allí llegaron
+presto a la espaciosa cocina, alumbrada por la claridad del fuego que
+ardía en el hogar, consumiendo lo que se llama arcaicamente un mediano
+monte de leña y no es sino varios gruesos cepos de roble, avivados, de
+tiempo en tiempo, con rama menuda. Adornaban la elevada campana de la
+chimenea ristras de chorizos y morcillas, con algún jamón de añadidura,
+y a un lado y a otro sendos bancos brindaban asiento cómodo para
+calentarse oyendo hervir el negro _pote_, que, pendiente de los llares,
+ofrecía a los ósculos de la llama su insensible vientre de hierro.
+
+A tiempo que la comitiva entraba en la cocina, hallábase acurrucada
+junto al pote una vieja, que sólo pudo Julián Álvarez distinguir un
+instante--con greñas blancas y rudas como cerro que le caían sobre los
+ojos, y cara rojiza al reflejo del fuego--, pues no bien advirtió que
+venía gente, levantóse más aprisa de lo que permitían sus años, y
+murmurando en voz quejumbrosa y humilde: «Buenas _nochiñas_ nos dé
+Dios», se desvaneció como una sombra, sin que nadie pudiese notar por
+dónde. El marqués se encaró con la moza.
+
+--¿No tengo dicho que no quiero aquí pendones?
+
+Y ella contestó apaciblemente, colgando el candil en la pilastra de la
+chimenea:
+
+--No hacía mal..., me ayudaba a pelar castañas.
+
+Tal vez iba el marqués a echar la casa abajo, si Primitivo, con mayor
+imperio y enojo que su amo mismo, no terciase en la cuestión,
+reprendiendo a la muchacha.
+
+--¿Qué estás _parolando_ ahí...? Mejor te fuera tener la comida lista. ¿A
+ver cómo nos la das corriendito? Menéate, despabílate.
+
+En el esconce de la cocina, una mesa de roble denegrida por el uso
+mostraba extendido un mantel grosero, manchado de vino y grasa.
+Primitivo, después de soltar en un rincón la escopeta, vaciaba su
+morral, del cual salieron dos perdigones y una liebre muerta, con los
+ojos empañados y el pelaje maculado de sangraza. Apartó la muchacha el
+botín a un lado, y fue colocando platos de peltre, cubiertos de antigua
+y maciza plata, un mollete enorme en el centro de la mesa y un jarro de
+vino proporcionado al pan; luego se dio prisa a revolver y destapar
+tarteras, y tomó del vasar una sopera magna. De nuevo la increpó
+airadamente el marqués.
+
+--¿Y los perros, vamos a ver? ¿Y los perros?
+
+Como si también los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos
+antes que nadie, acudieron desde el rincón más oscuro, y olvidando el
+cansancio, exhalaban famélicos bostezos, meneando la cola y levantando
+el partido hocico. Julián creyó al pronto que se había aumentado el
+número de canes, tres antes y cuatro ahora; pero al entrar el grupo
+canino en el círculo de viva luz que proyectaba el fuego, advirtió que
+lo que tomaba por otro perro no era sino un rapazuelo de tres a cuatro
+años, cuyo vestido, compuesto de chaquetón acastañado y calzones de
+blanca estopa, podía desde lejos equivocarse con la piel bicolor de los
+perdigueros, en quienes parecía vivir el chiquillo en la mejor
+inteligencia y más estrecha fraternidad. Primitivo y la moza disponían
+en cubetas de palo el festín de los animales, entresacado de lo mejor y
+más grueso del pote; y el marqués--que vigilaba la operación--, no dándose
+por satisfecho, escudriñó con una cuchara de hierro las profundidades
+del caldo, hasta sacar a luz tres gruesas tajadas de cerdo, que fue
+distribuyendo en las cubetas. Lanzaban los perros alaridos
+entrecortados, de interrogación y deseo, sin atreverse aún a tomar
+posesión de la pitanza; a una voz de Primitivo, sumieron de golpe el
+hocico en ella, oyéndose el batir de sus apresuradas mandíbulas y el
+chasqueo de su lengua glotona. El chiquillo gateaba por entre las patas
+de los perdigueros, que, convertidos en fieras por el primer impulso del
+hambre no saciada todavía, le miraban de reojo, regañando los dientes y
+exhalando ronquidos amenazadores: de pronto la criatura, incitada por el
+tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendió la mano
+para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanzó una feroz
+dentellada, que por fortuna sólo alcanzó la manga del chico, obligándole
+a refugiarse más que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas
+de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales. Julián, que
+empezaba a descalzarse los guantes, se compadeció del chiquillo, y,
+bajándose, le tomó en brazos, pudiendo ver que a pesar del mugre, la
+roña, el miedo y el llanto, era el más hermoso angelote del mundo.
+
+--¡Pobre!--murmuró cariñosamente--. ¿Te ha mordido la perra? ¿Te hizo
+sangre? ¿Dónde te duele, me lo dices? Calla, que vamos a reñirle a la
+perra nosotros. ¡Pícara, malvada!
+
+Reparó el capellán que estas palabras suyas produjeron singular efecto
+en el marqués. Se contrajo su fisonomía: sus cejas se fruncieron, y
+arrancándole a Julián el chiquillo, con brusco movimiento le sentó en
+sus rodillas, palpándole las manos, a ver si las tenía mordidas o
+lastimadas. Seguro ya de que sólo el chaquetón había padecido, soltó la
+risa.
+
+--¡Farsante!--gritó--. Ni siquiera te ha tocado la Chula. ¿Y tú, para qué
+vas a meterte con ella? Un día te come media nalga, y después
+lagrimitas. ¡A callarse y a reírse ahora mismo! ¿En qué se conocen los
+valientes?
+
+Diciendo así, colmaba de vino su vaso, y se lo presentaba al niño que,
+cogiéndolo sin vacilar, lo apuró de un sorbo. El marqués aplaudió:
+
+--¡Retebién! ¡Viva la gente templada!
+
+--No, lo que es el rapaz... el rapaz sale de punta--murmuró el abad de
+Ulloa.
+
+--¿Y no le hará daño tanto vino?--objetó Julián, que sería incapaz de
+bebérselo él.
+
+--¡Daño! ¡Sí, buen daño nos dé Dios!--respondió el marqués, con no sé qué
+inflexiones de orgullo en el acento--. Déle usted otros tres, y ya
+verá.... ¿Quiere usted que hagamos la prueba?
+
+--Los chupa, los chupa--afirmó el abad.
+
+--No señor; no señor.... Es capaz de morirse el pequeño.... He oído que el
+vino es un veneno para las criaturas.... Lo que tendrá será hambre.
+
+--Sabel, que coma el chiquillo--ordenó imperiosamente el marqués,
+dirigiéndose a la criada.
+
+Ésta, silenciosa e inmóvil durante la anterior escena, sacó un repleto
+cuenco de caldo, y el niño fue a sentarse en el borde del lar, para
+engullirlo sosegadamente.
+
+En la mesa, los comensales mascaban con buen ánimo. Al caldo, espeso y
+harinoso, siguió un cocido sólido, donde abundaba el puerco: los días de
+caza, el imprescindible puchero se tomaba de noche, pues al monte no
+había medio de llevarlo. Una fuente de chorizos y huevos fritos
+desencadenó la sed, ya alborotada con la sal del cerdo. El marqués dio
+al codo a Primitivo.
+
+--Tráenos un par de botellitas.... De el del año 59.
+
+Y volviéndose hacia Julián, dijo muy obsequioso:
+
+--Va usted a beber del mejor _tostado_ que por aquí se produce.... Es de
+la casa de Molende: se corre que tienen un secreto para que, sin perder
+el gusto de la pasa, empalague menos y se parezca al mejor jerez....
+Cuanto más va, más gana: no es como los de otras bodegas, que se vuelven
+azúcar.
+
+--Es cosa de gusto--aseveró el abad, rebañando con una miga de pan lo que
+restaba de yema en su plato.
+
+--Yo--declaró tímidamente Julián--poco entiendo de vinos.... Casi no bebo
+sino agua.
+
+Y al ver brillar bajo las cejas hirsutas del abad una mirada compasiva
+de puro desdeñosa, rectificó:
+
+--Es decir... con el café, ciertos días señalados, no me disgusta el
+anisete.
+
+--El vino alegra el corazón.... El que no bebe, no es hombre--pronunció el
+abad sentenciosamente.
+
+Primitivo volvía ya de su excursión, empuñando en cada mano una botella
+cubierta de polvo y telarañas. A falta de tirabuzón, se descorcharon con
+un cuchillo, y a un tiempo se llenaron los vasos chicos traídos _ad
+hoc_. Primitivo empinaba el codo con sumo desparpajo, bromeando con el
+abad y el señorito. Sabel, por su parte, a medida que el banquete se
+prolongaba y el licor calentaba las cabezas, servía con familiaridad
+mayor, apoyándose en la mesa para reír algún chiste, de los que hacían
+bajar los ojos a Julián, bisoño en materia de sobremesas de cazadores.
+Lo cierto es que Julián bajaba la vista, no tanto por lo que oía, como
+por no ver a Sabel, cuyo aspecto, desde el primer instante, le había
+desagradado de extraño modo, a pesar o quizás a causa de que Sabel era
+un buen pedazo de lozanísima carne. Sus ojos azules, húmedos y sumisos,
+su color animado, su pelo castaño que se rizaba en conchas paralelas y
+caía en dos trenzas hasta más abajo del talle, embellecían mucho a la
+muchacha y disimulaban sus defectos, lo pomuloso de su cara, lo tozudo y
+bajo de su frente, lo sensual de su respingada y abierta nariz. Por no
+mirar a Sabel, Julián se fijaba en el chiquillo, que envalentonado con
+aquella ojeada simpática, fue poco a poco deslizándose hasta llegar a
+introducirse entre las rodillas del capellán. Instalado allí, alzó su
+cara desvergonzada y risueña, y tirando a Julián del chaleco, murmuró en
+tono suplicante:
+
+--¿Me lo da?
+
+Todo el mundo se reía a carcajadas: el capellán no comprendía.
+
+--¿Qué pide?--preguntó.
+
+--¿Qué ha de pedir?--respondió el marqués festivamente--. ¡El vino, hombre!
+¡El vaso de tostado!
+
+--¡_Mama_!--exclamó el abad.
+
+Antes de que Julián se resolviese a dar al niño su vaso casi lleno, el
+marqués había aupado al mocoso, que sería realmente una preciosidad a no
+estar tan sucio. Parecíase a Sabel, y aún se le aventajaba en la
+claridad y alegría de sus ojos celestes, en lo abundante del pelo
+ensortijado, y especialmente en el correcto diseño de las facciones. Sus
+manitas, morenas y hoyosas, se tendían hacia el vino color de topacio;
+el marqués se lo acercó a la boca, divirtiéndose un rato en quitárselo
+cuando ya el rapaz creía ser dueño de él. Por fin consiguió el niño
+atrapar el vaso, y en un decir Jesús trasegó el contenido, relamiéndose.
+
+--¡Éste no se anda con requisitos!--exclamó el abad.
+
+--¡Quiá!--confirmó el marqués--. ¡Si es un veterano! ¿A que te zampas otro
+vaso, Perucho?
+
+Las pupilas del angelote rechispeaban; sus mejillas despedían lumbre, y
+dilataba la clásica naricilla con inocente concupiscencia de Baco niño.
+El abad, guiñando picarescamente el ojo izquierdo, escancióle otro vaso,
+que él tomó a dos manos y se embocó sin perder gota; en seguida soltó la
+risa; y, antes de acabar el redoble de su carcajada báquica, dejó caer
+la cabeza, muy descolorido, en el pecho del marqués.
+
+--¿Lo ven ustedes?--gritó Julián angustiadísimo--. Es muy chiquito para
+beber así, y va a ponerse malo. Estas cosas no son para criaturas.
+
+--¡Bah!--intervino Primitivo--. ¿Piensa que el rapaz no puede con lo que
+tiene dentro? ¡Con eso y con otro tanto! Y si no verá.
+
+A su vez tomó en brazos al niño y, mojando en agua fresca los dedos, se
+los pasó por las sienes. Perucho abrió los párpados y miró alrededor con
+asombro, y su cara se sonroseó.
+
+--¿Qué tal?--le preguntó Primitivo--. ¿Hay ánimos para otra _pinguita_ de
+tostado?
+
+Volvióse Perucho hacia la botella y luego, como instintivamente, dijo
+_que no_ con la cabeza, sacudiendo la poblada zalea de sus rizos. No era
+Primitivo hombre de darse por vencido tan fácilmente: sepultó la mano en
+el bolsillo del pantalón y sacó una moneda de cobre.
+
+--De ese modo...--refunfuñó el abad.
+
+--No seas bárbaro, Primitivo--murmuró el marqués entre placentero y grave.
+
+--¡Por Dios y por la Virgen!--imploró Julián--. ¡Van a matar a esa
+criatura! Hombre, no se empeñe en emborrachar al niño: es un pecado, un
+pecado tan grande como otro cualquiera. ¡No se pueden presenciar ciertas
+cosas!
+
+Al protestar, Julián se había incorporado, encendido de indignación,
+echando a un lado su mansedumbre y timidez congénita. Primitivo, de pie
+también, mas sin soltar a Perucho, miró al capellán fría y
+socarronamente, con el desdén de los tenaces por los que se exaltan un
+momento. Y metiendo en la mano del niño la moneda de cobre y entre sus
+labios la botella destapada y terciada aún de vino, la inclinó, la
+mantuvo así hasta que todo el licor pasó al estómago de Perucho.
+Retirada la botella, los ojos del niño se cerraron, se aflojaron sus
+brazos, y no ya descolorido, sino con la palidez de la muerte en el
+rostro, hubiera caído redondo sobre la mesa, a no sostenerlo Primitivo.
+El marqués, un tanto serio, empezó a inundar de agua fría la frente y
+los pulsos del niño; Sabel se acercó, y ayudó también a la aspersión;
+todo inútil: lo que es por esta vez, Perucho _la tenía_.
+
+--Como un pellejo--gruñó el abad.
+
+--Como una cuba--murmuró el marqués--. A la cama con él en seguida. Que
+duerma y mañana estará más fresco que una lechuga. Esto no es nada.
+
+Sabel se alejó cargada con el niño, cuyas piernas se balanceaban
+inertes, a cada movimiento de su madre. La cena se acabó menos
+bulliciosa de lo que empezara: Primitivo hablaba poco, y Julián había
+enmudecido por completo. Cuando terminó el convite y se pensó en dormir,
+reapareció Sabel armada de un velón de aceite, de tres mecheros, con el
+cual fue alumbrando por la ancha escalera de piedra que conducía al piso
+alto, y ascendía a la torre en rápido caracol. Era grande la habitación
+destinada a Julián, y la luz del velón apenas disipaba las tinieblas, de
+entre las cuales no se destacaba más que la blancura del lecho. A la
+puerta del cuarto se despidió el marqués, deseándole buenas noches y
+añadiendo con brusca cordialidad:
+
+--Mañana tendrá usted su equipaje.... Ya irán a Cebre por él.... Ea,
+descansar, mientras yo echo de casa al abad de Ulloa.... Está un poco....
+¿eh? ¡Dificulto que no se caiga en el camino y no pase la noche al
+abrigo de un vallado!
+
+Solo ya, sacó Julián de entre la camisa y el chaleco una estampa
+grabada, con marco de lentejuela, que representaba a la Virgen del
+Carmen, y la colocó de pie sobre la mesa donde Sabel acababa de
+depositar el velón. Arrodillóse, y rezó la media corona, contando por
+los dedos de la mano cada diez. Pero el molimiento del cuerpo le hacía
+apetecer las gruesas y frescas sábanas, y omitió la letanía, los actos
+de fe y algún padrenuestro. Desnudóse honestamente, colocando la ropa en
+una silla a medida que se la quitaba, y apagó el velón antes de echarse.
+Entonces empezaron a danzar en su fantasía los sucesos todos de la
+jornada: el caballejo que estuvo a punto de hacerle besar el suelo, la
+cruz negra que le causó escalofríos, pero sobre todo la cena, la bulla,
+el niño borracho. Juzgando a las gentes con quienes había trabado
+conocimiento en pocas horas, se le figuraba Sabel provocativa, Primitivo
+insolente, el abad de Ulloa sobrado bebedor y nimiamente amigo de la
+caza, los perros excesivamente atendidos, y en cuanto al marqués.... En
+cuanto al marqués, Julián recordaba unas palabras del señor de la Lage:
+
+--Encontrará usted a mi sobrino bastante adocenado.... La aldea, cuando se
+cría uno en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y
+embrutece.
+
+Y casi al punto mismo en que acudió a su memoria tan severo dictamen,
+arrepintióse el capellán, sintiendo cierta penosa inquietud que no podía
+vencer. ¿Quién le mandaba formar juicios temerarios? Él venía allí para
+decir misa y ayudar al marqués en la administración, no para fallar
+acerca de su conducta y su carácter.... Con que... a dormir...
+
+
+
+
+-III-
+
+
+Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño
+dorado y apacible. Mientras se vestía, examinaba la estancia con algún
+detenimiento. Era vastísima, sin cielo raso; alumbrábanla tres ventanas
+guarnecidas de anchos poyos y de vidrieras faltosas de vidrios cuanto
+abastecidas de remiendos de papel pegados con obleas. Los muebles no
+pecaban de suntuosos ni de abundantes, y en todos los rincones
+permanecían señales evidentes de los hábitos del último inquilino, hoy
+abad de Ulloa, y antes capellán del marqués: puntas de cigarros
+adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la
+mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos,
+jaulas para codornices, _gayolas_, collares de perros, una piel de
+conejo mal curtida y peor oliente. Amén de estas reliquias, entre las
+vigas pendían pálidas telarañas, y por todas partes descansaba
+tranquilamente el polvo, enseñoreado allí desde tiempo inmemorial.
+
+Miraba Julián las huellas de la incuria de su antecesor, y sin querer
+acusarle, ni tratarle en sus adentros de cochino, el caso es que tanta
+porquería y rusticidad le infundía grandes deseos de primor y limpieza,
+una aspiración a la pulcritud en la vida como a la pureza en el alma.
+Julián pertenecía a la falange de los pacatos, que tienen la virtud
+espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta. No
+habiéndose descosido jamás de las faldas de su madre sino para asistir a
+cátedra en el Seminario, sabía de la vida lo que enseñan los libros
+piadosos. Los demás seminaristas le llamaban _San Julián_, añadiendo que
+sólo le faltaba la palomita en la mano. Ignoraba cuándo pudo venirle la
+vocación; tal vez su madre, ama de llaves de los señores de la Lage,
+mujer que pasaba por beatona, le empujó suavemente, desde la más tierna
+edad, hacia la Iglesia, y él se dejó llevar de buen grado. Lo cierto es
+que de niño jugaba a cantar misa, y de grande no paró hasta conseguirlo.
+La continencia le fue fácil, casi insensible, por lo mismo que la guardó
+incólume, pues sienten los moralistas que es más hacedero no pecar una
+vez que pecar una sola. A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la
+gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su
+temperamento linfático-nervioso, puramente femenino, sin ardores ni
+rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias
+malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que
+también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado
+normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas.
+Julián, por su compostura y hábitos de pulcritud-aprendidos de su madre,
+que le sahumaba toda la ropa con espliego y le ponía entre cada par de
+calcetines una manzana camuesa--cogió fama de seminarista _pollo_, máxime
+cuando averiguaron que se lavaba mucho manos y cara. En efecto era así,
+y a no mediar ciertas ideas de devota pudicicia, él extendería las
+abluciones frecuentes al resto del cuerpo, que procuraba traer lo más
+aseado posible.
+
+El primer día de su estancia en los Pazos bien necesitaba chapuzarse un
+poco, atendido el polvo de la carretera que traía adherido a la piel;
+pero sin duda el actual abad de Ulloa consideraba artículo de lujo los
+enseres de tocador, pues no vio Julián por allí más que una palangana de
+hojalata, a la cual servía de palanganero el poyo. Ni jarra, ni tohalla,
+ni jabón, ni cubo. Quedóse parado delante de la palangana, en mangas de
+camisa y sin saber qué hacer, hasta que, convencido de la imposibilidad
+de refrescarse con agua, quiso al menos tomar un baño de aire, y abrió
+la vidriera.
+
+Lo que abarcaba la vista le dejó encantado. El valle ascendía en suave
+pendiente, extendiendo ante los Pazos toda la lozanía de su ladera más
+feraz. Viñas, castañares, campos de maíz granados o ya segados, y
+tupidas robledas, se escalonaban, subían trepando hasta un montecillo,
+cuya falda gris parecía, al sol, de un blanco plomizo. Al pie mismo de
+la torre, el huerto de los Pazos se asemejaba a verde alfombra con
+cenefas amarillentas, en cuyo centro se engastaba la luna de un gran
+espejo, que no era sino la superficie del estanque. El aire, oxigenado y
+regenerador, penetraba en los pulmones de Julián, que sintió disiparse
+inmediatamente parte del vago terror que le infundía la gran casa
+solariega y lo que de sus moradores había visto. Como para renovarlo,
+entreoyó detrás de sí rumor de pisadas cautelosas, y al volverse vio a
+Sabel, que le presentaba con una mano platillo y jícara, con la otra, en
+plato de peltre, un púlpito de agua fresca y una servilleta gorda muy
+doblada encima. Venía la moza arremangada hasta el codo, con el pelo
+alborotado, seco y volandero, del calor de la cama sin duda: y a la luz
+del día se notaba más la frescura de su tez, muy blanca y como
+infiltrada de sangre. Julián se apresuró a ponerse el levitín,
+murmurando:
+
+--Otra vez haga el favor de dar dos golpes en la puerta antes de
+entrar.... Conforme estoy a pie, pudo cuadrar que estuviese en la cama
+todavía... o vistiéndome.
+
+Miróle Sabel de hito en hito, sin turbarse, y exclamó:
+
+--Disimule, señor.... Yo no sabía.... El que no sabe, hace como el que no
+ve.
+
+--Bien, bien.... Yo quería decir misa antes de tomar el chocolate.
+
+--Hoy no podrá, porque tiene la llave de la capilla el señor abad de
+Ulloa, y Dios sabe hasta qué horas dormirá, ni si habrá quién vaya allá
+por ella.
+
+Julián contuvo un suspiro. ¡Dos días ya sin misar! Cabalmente desde que
+era presbítero se había redoblado su fervor religioso, y sentía el
+entusiasmo juvenil del nuevo misacantano, conmovido aún por la impresión
+de la augusta investidura; de suerte que celebraba el sacrificio
+esmerándose en perfilar la menor ceremonia, temblando cuando alzaba,
+anonadándose cuando consumía, siempre con recogimiento indecible. En
+fin, si no había remedio....
+
+--Ponga el chocolate ahí--dijo a Sabel.
+
+Mientras la moza ejecutaba esta orden, Julián alzaba los ojos al techo y
+los bajaba al piso, y tosía, tratando de buscar una fórmula, un modo
+discreto de explicarse.
+
+--¿Hace mucho que no duerme en este cuarto el señor abad?
+
+--Poco.... Hará dos semanas que bajó a la parroquia.
+
+--Ah.... Por eso.... Esto está algo... sucio, ¿no le parece? Sería bueno
+barrer... y pasar también la escoba por entre las vigas.
+
+Sabel se encogió de hombros.
+
+--El señor abad no me mandó nunca que le barriese el cuarto.
+
+--Pues, francamente, la limpieza es una cosa que a todo el mundo gusta.
+
+--Sí, señor, ya se sabe.... No pase cuidado, que yo lo arreglaré muy
+arregladito.
+
+Lo pronunció con tanta sumisión, que Julián a su vez quiso mostrarle un
+poco de caritativo interés.
+
+--¿Y el niño?--preguntó--. ¿No le hizo mal lo de ayer?
+
+--No, señor.... Durmió como un santiño y ya anda corriendo por la huerta.
+¿Ve? Allí está.
+
+Mirando por la abierta ventana, y haciéndose una pantalla con la mano,
+Julián divisó a Perucho, que, sin sombrero, con la cabeza al sol,
+arrojaba piedras al estanque.
+
+--Lo que no sucede en un año sucede en un día, Sabel--advirtió gravemente
+el capellán--. ¡No debe consentir que le emborrachen al chiquillo: es un
+vicio muy feo, hasta en los grandes, cuanto más en un inocente así!
+¿Para qué le aguanta a Primitivo que le dé tanta bebida? Es obligación
+de usted el impedirlo.
+
+Sabel fijaba pesadamente en Julián sus azules pupilas, siendo imposible
+discernir en ellas el menor relámpago de inteligencia o de
+convencimiento. Al fin articuló con pausa:
+
+--Yo qué quiere que le haga.... No me voy a reponer contra mi señor padre.
+
+Julián calló un momento atónito. ¡De modo que quien había embriagado a
+la criatura era su propio abuelo! No supo replicar nada oportuno, ni
+siquiera lanzar una exclamación de censura. Llevóse la taza a la boca
+para encubrir la turbación, y Sabel, creyendo terminado el coloquio, se
+retiraba despacio, cuando el capellán le dirigió una pregunta más.
+
+--¿El señor marqués anda ya levantado?
+
+--Sí, señor.... Debe estar por la huerta o por los alpendres.
+
+--Haga el favor de llevarme allí--dijo Julián levantándose y limpiándose
+apresuradamente los labios sin desdoblar la servilleta.
+
+Antes de dar con el marqués, recorrieron el capellán y su guía casi toda
+la huerta. Aquella vasta extensión de terreno debía haber sido en otro
+tiempo cultivada con primor y engalanada con los adornos de la
+jardinería simétrica y geométrica cuya moda nos vino de Francia. De todo
+lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con
+mirto en el suelo, eran ahora intrincado matorral de bojes, donde ni la
+vista más lince distinguiría rastro de los lobos, pinos, torres
+almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blasón
+de los Ulloas; y, sin embargo, persistía en la confusa masa no sé qué
+aire de cosa plantada adrede y con arte. El borde de piedra del estanque
+estaba semiderruido, y las gruesas bolas de granito que lo guarnecían
+andaban rodando por la hierba, verdosas de musgo, esparcidas aquí y
+acullá como gigantescos proyectiles en algún desierto campo de batalla.
+Obstruido por el limo, el estanque parecía charca fangosa, acrecentando
+el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer
+fueron cenadores y bancos rústicos se habían convertido en rincones
+poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de maíz, a
+cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crecían libres,
+espinosos y altísimos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a
+besar con sus ramas más altas la copa del ciruelo o peral que tenían
+enfrente. Por entre estos residuos de pasada grandeza andaba el último
+vástago de los Ulloas, con las manos en los bolsillos, silbando
+distraídamente como quien no sabe qué hacer del tiempo. La presencia de
+Julián le dio la solución del problema. Señorito y capellán emparejaron
+y alabando la hermosura del día, acabaron de visitar el huerto al
+pormenor, y aun alargaron el paseo hasta el soto y los robledales que
+limitaban, hacia la parte norte, la extensa posesión del marqués. Julián
+abría mucho los ojos, deseando que por ellos le entrase de sopetón toda
+la ciencia rústica, a fin de entender bien las explicaciones relativas a
+la calidad del terreno o el desarrollo del arbolado; pero, acostumbrado
+a la vida claustral del Seminario y de la metrópoli compostelana, la
+naturaleza le parecía difícil de comprender, y casi le infundía temor
+por la vital impetuosidad que sentía palpitar en ella, en el espesor de
+los matorrales, en el áspero vigor de los troncos, en la fertilidad de
+los frutales, en la picante pureza del aire libre. Exclamó con
+desconsuelo sincerísimo:
+
+--Yo confieso la verdad, señorito.... De estas cosas de aldea, no entiendo
+jota.
+
+--Vamos a ver la casa--indicó el señor de Ulloa--. Es la más grande del
+país--añadió con orgullo.
+
+Mudaron de rumbo, dirigiéndose al enorme caserón, donde penetraron por
+la puerta que daba al huerto, y habiendo recorrido el claustro formado
+por arcadas de sillería, cruzaron varios salones con destartalado
+mueblaje, sin vidrios en las vidrieras, cuyas descoloridas pinturas
+maltrataba la humedad, no siendo más clemente la polilla con el
+maderamen del piso. Pararon en una habitación relativamente chica, con
+ventana de reja, donde las negras vigas del techo semejaban remotísimas,
+y asombraban la vista grandes estanterías de castaño sin barnizar, que
+en vez de cristales tenían enrejado de alambre grueso. Decoraba tan
+tétrica pieza una mesa-escritorio, y sobre ella un tintero de cuerno, un
+viejísimo bade de suela, no sé cuántas plumas de ganso y una caja de
+obleas vacía.
+
+Las estanterías entreabiertas dejaban asomar legajos y protocolos en
+abundancia; por el suelo, en las dos sillas de baqueta, encima de la
+mesa, en el alféizar mismo de la enrejada ventana, había más papeles,
+más legajos, amarillentos, vetustos, carcomidos, arrugados y rotos;
+tanta papelería exhalaba un olor a humedad, a rancio, que cosquilleaba
+en la garganta desagradablemente. El marqués de Ulloa, deteniéndose en
+el umbral y con cierta expresión solemne, pronunció:
+
+--El archivo de la casa.
+
+Desocupó en seguida las sillas de cuero, y explicó muy acalorado que
+aquello estaba revueltísimo-aclaración de todo punto innecesaria--y que
+semejante desorden se debía al descuido de un fray Venancio,
+administrador de su padre, y del actual abad de Ulloa, en cuyas manos
+pecadoras había venido el archivo a parar en lo que Julián veía....
+
+--Pues así no puede seguir--exclamaba el capellán--. ¡Papeles de
+importancia tratados de este modo! Hasta es muy fácil que alguno se
+pierda.
+
+--¡Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habrán causado, y
+cómo andará todo, porque yo ni mirarlo quiero.... Esto es lo que usted
+ve: ¡un desastre, una perdición! ¡Mire usted..., mire usted lo que tiene
+ahí a sus pies! ¡Debajo de una bota!
+
+Julián levantó el pie muy asustado, y el marqués se bajó recogiendo del
+suelo un libro delgadísimo, encuadernado en badana verde, del cual
+pendía rodado sello de plomo. Tomólo Julián con respeto, y al abrirlo,
+sobre la primera hoja de vitela, se destacó una soberbia miniatura
+heráldica, de colores vivos y frescos a despecho de los años.
+
+--¡Una ejecutoria de nobleza!--declaró el señorito gravemente.
+
+Por medio de su pañuelo doblado, la limpiaba Julián del moho, tocándola
+con manos delicadas. Desde niño le había enseñado su madre a reverenciar
+la sangre ilustre, y aquel pergamino escrito con tinta roja, miniado,
+dorado, le parecía cosa muy veneranda, digna de compasión por haber sido
+pisoteada, hollada bajo la suela de sus botas. Como el señorito
+permanecía serio, de codos en la mesa, las manos cruzadas bajo la barba,
+otras palabras del señor de la Lage acudieron a la memoria del capellán:
+«Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.... Haría
+usted una obra de caridad si lo arreglase un poco». La verdad es que él
+no entendía gran cosa de papelotes, pero con buena voluntad y cachaza....
+
+--Señorito--murmuró--, ¿y por qué no nos dedicamos a ordenar esto como Dios
+manda? Entre usted y yo, mal sería que no acertásemos. Mire usted,
+primero apartamos lo moderno de lo antiguo; de lo que esté muy
+estropeado se podría hacer sacar copia; lo roto se pega con cuidadito
+con unas tiras de papel transparente....
+
+El proyecto le pareció al señorito de perlas. Convinieron en ponerse al
+trabajo desde la mañana siguiente. Quiso la desgracia que al otro día
+Primitivo descubriese en un maizal próximo un bando entero de perdices
+entretenido en comerse la espiga madura. Y el marqués se terció la
+carabina y dejó para siempre jamás amén a su capellán bregar con los
+documentos.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Y el capellán lidió con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro
+horas todas las mañanas. Primero limpió, sacudió, planchó sirviéndose de
+la palma de la mano, pegó papelitos de cigarro a fin de juntar los
+pedazos rotos de alguna escritura. Parecíale estar desempolvando,
+encolando y poniendo en orden la misma casa de Ulloa, que iba a salir de
+sus manos hecha una plata. La tarea, en apariencia fácil, no dejaba de
+ser enfadosa para el aseado presbítero: le sofocaba una atmósfera de
+mohosa humedad; cuando alzaba un montón de papeles depositado desde
+tiempo inmemorial en el suelo, caía a veces la mitad de los documentos
+hecha añicos por el diente menudo e incansable del ratón; las polillas,
+que parecen polvo organizado y volante, agitaban sus alas y se le metían
+por entre la ropa; las correderas, perseguidas en sus más secretos
+asilos, salían ciegas de furor o de miedo, obligándole, no sin gran
+repugnancia, a despachurrarlas con los tacones, tapándose los oídos para
+no percibir el ¡_chac_! estremecedor que produce el cuerpo estrujado del
+insecto; las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus
+descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente
+en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto
+estratégico. De tanto asqueroso bicho tal vez el que más repugnaba a
+Julián era una especie de lombriz o gusano de humedad, frío y negro, que
+se encontraba siempre inmóvil y hecho una rosca debajo de los papeles, y
+al tocarlo producía la sensación de un trozo de hielo blando y pegajoso.
+
+Al cabo, a fuerza de paciencia y resolución, triunfó Julián en su
+batalla con aquellas alimañas impertinentes, y en los estantes, ya
+despejados, fueron alineándose los documentos, ocupando, por efecto
+milagroso del buen orden, la mitad menos que antes, y cabiendo donde no
+cupieron jamás. Tres o cuatro ejecutorias, todas con su colgante de
+plomo, quedaron apartadas, envueltas en paños limpios. Todo estaba
+arreglado ya, excepto un tramo de la estantería donde Julián columbró
+los lomos oscuros, fileteados de oro, de algunos libros antiguos. Era la
+biblioteca de un Ulloa, un Ulloa de principios del siglo: Julián
+extendió la mano, cogió un tomo al azar, lo abrió, leyó la portada...
+«_La Henriada_, poema francés, puesto en verso español: su autor, el
+señor de Voltaire...». Volvió a su sitio el volumen, con los labios
+contraídos y los ojos bajos, como siempre que algo le hería o
+escandalizaba: no era en extremo intolerante, pero lo que es a Voltaire,
+de buena gana le haría lo que a las cucarachas; no obstante, limitóse a
+condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal paño por el lomo de los
+libros: de suerte que polillas, gusanos y arañas, acosadas en todas
+partes, hallaron refugio a la sombra del risueño Arouet y su enemigo el
+sentimental Juan Jacobo, que también dormía allí sosegadamente desde los
+años de 1816.
+
+No era tortas y pan pintado la limpieza material del archivo; sin
+embargo, la verdadera obra de romanos fue la clasificación. ¡Aquí te
+quiero! parecían decir los papelotes así que Julián intentaba
+distinguirlos. Un embrollo, una madeja sin cabo, un laberinto sin hilo
+conductor. No existía faro que pudiese guiar por el piélago insondable:
+ni libros becerros, ni estados, ni nada. Los únicos documentos que
+encontró fueron dos cuadernos mugrientos y apestando a tabaco, donde su
+antecesor, el abad de Ulloa, apuntaba los nombres de los pagadores y
+arrendatarios de la casa, y al margen, con un signo inteligible para él
+solo, o con palabras más enigmáticas aún, el balance de sus pagos. Los
+unos tenían una cruz, los otros un garabato, los de más allá una
+llamada, y los menos, las frases _no paga, pagará, va pagando, ya pagó_.
+¿Qué significaban pues el garabato y la cruz? Misterio insondable. En
+una misma página se mezclaban gastos e ingresos: aquí aparecía Fulano
+como deudor insolvente, y dos renglones más abajo, como acreedor por
+jornales. Julián sacó del libro del abad una jaqueca tremebunda. Bendijo
+la memoria de fray Venancio, que, más radical, no dejara ni rastro de
+cuentas, ni el menor comprobante de su larga gestión.
+
+Había puesto Julián manos a la obra con sumo celo, creyendo no le sería
+imposible orientarse en semejante caos de papeles. Se desojaba para
+entender la letra antigua y las enrevesadas rúbricas de las escrituras;
+quería al menos separar lo correspondiente a cada uno de los tres o
+cuatro principales partidos de renta con que contaba la casa; y se
+asombraba de que para cobrar tan poco dinero, tan mezquinas cantidades
+de centeno y trigo, se necesitase tanto fárrago de procedimientos, tanta
+documentación indigesta. Perdíase en un dédalo de foros y subforos,
+prorrateos, censos, pensiones, vinculaciones, cartas dotales, diezmos,
+tercios, pleitecillos menudos, de atrasos, y pleitazos gordos, de
+partijas. A cada paso se le confundía más en la cabeza toda aquella
+papelería trasconejada; si las obras de reparación, como poner carpetas
+de papel fuerte y blanco a las escrituras que se deshacían de puro
+viejas le eran ya fáciles, no así el conocimiento científico de los
+malditos papelotes, indescifrables para quien no tuviese lecciones y
+práctica. Ya desalentado se lo confesó al marqués.
+
+--Señorito, yo no salgo del paso.... Aquí convenía un abogado, una persona
+entendida.
+
+--Sí, sí, hace mucho tiempo que lo pienso yo también.... Es indispensable
+tomar mano en eso, porque la documentación debe andar perdida.... ¿Cómo
+la ha encontrado usted? ¿Hecha una lástima? Apuesto a que sí.
+
+Dijo esto el marqués con aquella entonación vehemente y sombría que
+adoptaba al tratar de sus propios asuntos, por insignificantes que
+fuesen; y mientras hablaba, entretenía las manos ciñendo su collar de
+cascabeles a la Chula, con la cual iba a salir a matar unas codornices.
+
+--Sí, señor...--murmuró Julián--. No está nada bien, no.... Pero la persona
+acostumbrada a estas cosas se desenreda de ellas en un soplo.... Y tiene
+que venir pronto quien sea, porque los papeles no ganan así.
+
+La verdad era que el archivo había producido en el alma de Julián la
+misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y
+amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la
+actualidad se desmoronaba a toda prisa. Era esto en Julián aprensión no
+razonada, que se transformaría en convicción si conociese bien algunos
+antecedentes de familia del marqués.
+
+Don Pedro Moscoso de Cabreira y Pardo de la Lage quedó huérfano de padre
+muy niño aún. A no ser por semejante desgracia, acaso hubiera tenido
+carrera: los Moscosos conservaban, desde el abuelo afrancesado,
+enciclopedista y francmasón que se permitía leer al _señor de Voltaire_,
+cierta tradición de cultura trasañeja, medio extinguida ya, pero
+suficiente todavía para empujar a un Moscoso a los bancos del aula. En
+los Pardos de la Lage era, al contrario, axiomático que más vale asno
+vivo que doctor muerto. Vivían entonces los Pardos en su casa solariega,
+no muy distante de la de Ulloa: al enviudar la madre de don Pedro, el
+mayorazgo de la Lage iba a casarse en Santiago con una señorita de
+distinción, trasladando sus reales al pueblo; y don Gabriel, el
+segundón, se vino a los Pazos de Ulloa, para acompañar a su hermana,
+según decía, y servirle de amparo; en realidad, afirmaban los
+maldicientes, para disfrutar a su talante las rentas del cuñado difunto.
+Lo cierto es que don Gabriel en poco tiempo asumió el mando de la casa:
+él descubrió y propuso para administrador a aquel bendito exclaustrado
+fray Venancio, medio chocho desde la exclaustración, medio idiota de
+nacimiento ya, a cuya sombra pudo manejar a su gusto la hacienda del
+sobrino, desempeñando la tutela. Una de las habilidades de don Gabriel
+fue hacer partijas con su hermana cogiéndole mañosamente casi toda su
+legítima, despojo a que asintió la pobre señora, absolutamente inepta en
+materia de negocios, hábil sólo para ahorrar el dinero que guardaba con
+sórdida avaricia, y que tuvo la imprudente niñería de ir poniendo en
+onzas de oro, de las más antiguas, de premio. Cortos eran los réditos
+del caudal de Moscoso que no se deslizaban de entre los dedos temblones
+de fray Venancio a las robustas palmas del tutor; pero si lograban pasar
+a las de doña Micaela, ya no salían de allí sino en forma de peluconas,
+camino de cierto escondrijo misterioso, acerca del cual iba poco a poco
+formándose una leyenda en el país. Mientras la madre atesoraba, don
+Gabriel educaba al sobrino a su imagen y semejanza, llevándolo consigo a
+ferias, cazatas, francachelas rústicas, y acaso distracciones menos
+inocentes, y enseñándole, como decían allí, a cazar la perdiz blanca; y
+el chico adoraba en aquel tío jovial, vigoroso y resuelto, diestro en
+los ejercicios corporales, groseramente chistoso, como todos los de la
+Lage, en las sobremesas: especie de señor feudal acatado en el país, que
+enseñaba prácticamente al heredero de los Ulloas el desprecio de la
+humanidad y el abuso de la fuerza. Un día que tío y sobrino se
+deportaban, según costumbre, a cuatro o seis leguas de distancia de los
+Pazos, habiéndose llevado consigo al criado y al mozo de cuadra, a las
+cuatro de la tarde y estando abiertas todas las puertas del caserón
+solariego, se presentó en él una gavilla de veinte hombres enmascarados
+o tiznados de carbón, que maniató y amordazó a la criada, hizo echarse
+boca abajo a fray Venancio, y apoderándose de doña Micaela, le intimó
+que enseñase el escondrijo de las onzas; y como la señora se negase,
+después de abofetearla, empezaron a mecharla con la punta de una navaja,
+mientras unos cuantos proponían que se calentase aceite para freírle los
+pies. Así que le acribillaron un brazo y un pecho, pidió compasión y
+descubrió, debajo de un arca enorme, el famoso escondrijo, trampa
+hábilmente disimulada por medio de una tabla igual a las demás del piso,
+pero que subía y bajaba a voluntad. Recogieron los ladrones las hermosas
+medallas, apoderáronse también de la plata labrada que hallaron a mano,
+y se retiraron de los Pazos a las seis, antes que anocheciese del todo.
+Algún labrador o jornalero les vio salir, pero ¿qué había de hacer? Eran
+veinte, bien armados con escopetas, pistolas y trabucos.
+
+Fray Venancio, que sólo había recibido tal cual puntapié o puñada
+despreciativa, no necesitó más pasaporte para irse al otro mundo, de
+puro miedo, en una semana; la señora se apresuró menos, pero, como suele
+decirse, no levantó cabeza, y de allí a pocos meses una apoplejía serosa
+le impidió seguir guardando onzas en un agujero mejor disimulado. Del
+robo se habló largo tiempo en el país, y corrieron rumores muy extraños:
+se afirmó que los criminales no eran bandidos de profesión, sino gentes
+conocidas y acomodadas, alguna de las cuales desempeñaba cargo público,
+y entre ellas se contaban personas relacionadas de antiguo con la
+familia de Ulloa, que por lo tanto estaban al corriente de las
+costumbres de la casa, de los días en que se quedaba sin hombres, y de
+la insaciable constancia de doña Micaela en recoger y conservar la más
+valiosa moneda de oro. Fuese lo que fuese, la justicia no descubrió a
+los autores del delito, y don Pedro quedó en breve sin otro pariente que
+su tío Gabriel. Éste buscó para el sitio de fray Venancio a un sacerdote
+brusco, gran cazador, incapaz de morirse de miedo ante los ladrones.
+Desde tiempo atrás les ayudaba en sus expediciones cinegéticas
+Primitivo, la mejor escopeta furtiva del país, la puntería más certera,
+y el padre de la moza más guapa que se encontraba en diez leguas a la
+redonda. El fallecimiento de doña Micaela permitió que hija y padre se
+instalasen en los Pazos, ella a título de criada, él a título de...
+montero mayor, diríamos hace siglos; hoy no hay nombre adecuado para el
+empleo. Don Gabriel los tenía muy a raya a entrambos, olfateando en
+Primitivo un riesgo serio para su influencia; pero tres o cuatro años
+después de la muerte de su hermana, don Gabriel sufrió ataques de gota
+que pusieron en peligro su vida, y entonces se divulgó lo que ya se
+susurraba acerca de su casamiento secreto con la hija del carcelero de
+Cebre. El hidalgo se trasladó a vivir, mejor dicho a rabiar, en la
+villita; otorgó testamento legando a tres hijos que tenía sus bienes y
+caudal, sin dejar al sobrino don Pedro ni el reloj en memoria; y
+habiéndosele subido la gota al corazón, entregó su alma a Dios de
+malísima gana, con lo cual hallóse el último de los Moscosos dueño de sí
+por completo.
+
+Gracias a todas estas vicisitudes, socaliñas y pellizcos, la casa de
+Ulloa, a pesar de poseer dos o tres decentes núcleos de renta, estaba
+enmarañada y desangrada; era lo que presumía Julián: una ruina. Dada la
+complicación de red, la subdivisión atomística que caracteriza a la
+propiedad gallega, un poco de descuido o mala administración basta para
+minar los cimientos de la más importante fortuna territorial. La
+necesidad de pagar ciertos censos atrasados y sus intereses había sido
+causa de que la casa se gravase con una hipoteca no muy cuantiosa; pero
+la hipoteca es como el cáncer: empieza atacando un punto del organismo y
+acaba por inficionarlo todo. Con motivo de los susodichos censos, el
+señorito buscó asiduamente las onzas del nuevo escondrijo de su madre;
+tiempo perdido: o la señora no había atesorado más desde el robo, o lo
+había ocultado tan bien, que no diera con ello el mismo diablo.
+
+La vista de tal hipoteca contristó a Julián, pues el buen clérigo
+empezaba a sentir la adhesión especial de los capellanes por las casas
+nobles en que entran; pero más le llenó de confusión encontrar entre los
+papelotes la documentación relativa a un pleitecillo de partijas,
+sostenido por don Alberto Moscoso, padre de don Pedro, con.... ¡el
+marqués de Ulloa!
+
+Porque ya es hora de decir que el marqués de Ulloa auténtico y legal, el
+que consta en la _Guía de forasteros_, se paseaba tranquilamente en
+carretela por la Castellana, durante el invierno de 1866 a 1867,
+mientras Julián exterminaba correderas en el archivo de los Pazos. Bien
+ajeno estaría él de que el título de nobleza por cuya carta de sucesión
+había pagado religiosamente su impuesto de _lanzas y medias anatas_, lo
+disfrutaba gratis un pariente suyo, en un rincón de Galicia. Verdad que
+al legítimo marqués de Ulloa, que era Grande de España de primera clase,
+duque de algo, marqués tres veces y conde dos lo menos, nadie le conocía
+en Madrid sino por el ducado, por aquello de que baza mayor quita menor,
+aun cuando el título de Ulloa, radicado en el claro solar de Cabreira de
+Portugal, pudiese ganar en antigüedad y estimación a los más eminentes.
+Al pasar a una rama colateral la hacienda de los Pazos de Ulloa, fue el
+marquesado a donde correspondía por rigurosa agnación; pero los
+aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de
+Ulloa diesen nombre al título, siguieron llamando marqueses a los dueños
+de la gran huronera. Los señores de los Pazos no protestaban: eran
+marqueses por derecho consuetudinario; y cuando un labrador, en un
+camino hondo, se descubría respetuosamente ante don Pedro, murmurando:
+«Vaya usía muy dichoso, señor marqués», don Pedro sentía un cosquilleo
+grato en la epidermis de la vanidad, y contestaba con voz sonora:
+«Felices tardes».
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Del famoso arreglo del archivo sacó Julián los pies fríos y la cabeza
+caliente: él bien quisiera despabilarse, aplicar prácticamente las
+nociones adquiridas acerca del estado de la casa, para empezar a ejercer
+con inteligencia sus funciones de administrador, mas no acertaba, no
+podía; su inexperiencia en cosas rurales y jurídicas se traslucía a cada
+paso. Trataba de estudiar el mecanismo interior de los Pazos: tomábase
+el trabajo de ir a los establos, a las cuadras, de enterarse de los
+cultivos, de visitar la granera, el horno, los hórreos, las eras, las
+bodegas, los alpendres, cada dependencia y cada rincón; de preguntar
+para qué servía esto y aquello y lo de más allá, y cuánto costaba y a
+cómo se vendía; labor inútil, pues olfateando por todas partes abusos y
+desórdenes, no conseguía nunca, por su carencia de malicia y de
+gramática parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos. El señorito no
+le acompañaba en semejantes excursiones: harto tenía que hacer con
+ferias, caza y visitas a gentes de Cebre o del señorío montañés, de
+suerte que el guía de Julián era Primitivo. Guía pesimista si los hay.
+Cada reforma que Julián quería plantear, la calificaba de imposible,
+encogiéndose de hombros; cada superfluidad que intentaba suprimir, la
+declaraba el cazador indispensable al buen servicio de la casa. Ante el
+celo de Julián surgían montones de dificultades menudas, impidiéndole
+realizar ninguna modificación útil. Y lo más alarmante era observar la
+encubierta, pero real omnipotencia de Primitivo. Mozos, colonos,
+jornaleros, y hasta el ganado en los establos, parecía estarle
+supeditado y propicio: el respeto adulador con que trataban al señorito,
+el saludo, mitad desdeñoso y mitad indiferente que dirigían al capellán,
+se convertían en sumisión absoluta hacia Primitivo, no manifestada por
+fórmulas exteriores, sino por el acatamiento instantáneo de su voluntad,
+indicada a veces con sólo el mirar directo y frío de sus ojuelos sin
+pestañas. Y Julián se sentía humillado en presencia de un hombre que
+mandaba allí como indiscutible autócrata, desde su ambiguo puesto de
+criado con ribetes de mayordomo. Sentía pesar sobre su alma la ojeada
+escrutadora de Primitivo que avizoraba sus menores actos, y estudiaba su
+rostro, sin duda para averiguar el lado vulnerable de aquel presbítero,
+sobrio, desinteresado, que apartaba los ojos de las jornaleras garridas.
+Tal vez la filosofía de Primitivo era que no hay hombre sin vicio, y no
+había de ser Julián la excepción.
+
+Corría entre tanto el invierno, y el capellán se habituaba a la vida
+campestre. El aire vivo y puro le abría el apetito: no sentía ya las
+efusiones de devoción que al principio, y sí una especie de caridad
+humana que le llevaba a interesarse en lo que veía a su alrededor,
+especialmente los niños y los irracionales, con quienes desahogaba su
+instintiva ternura. Aumentábase su compasión hacia Perucho, el rapaz
+embriagado por su propio abuelo; le dolía verle revolcarse
+constantemente en el lodo del patio, pasarse el día hundido en el
+estiércol de las cuadras, jugando con los becerros, mamando del pezón de
+las vacas leche caliente o durmiendo en el pesebre, entre la hierba
+destinada al pienso de la borrica; y determinó consagrar algunas horas
+de las largas noches de invierno a enseñar al chiquillo el abecedario,
+la doctrina y los números. Para realizarlo se acomodaba en la vasta
+mesa, no lejos del fuego del hogar, cebado por Sabel con gruesos
+troncos; y cogiendo al niño en sus rodillas, a la luz del triple mechero
+del velón, le iba guiando pacientemente el dedo sobre el silabario,
+repitiendo la monótona salmodia por donde empieza el saber: _be-a bá,
+be-e bé, be-i bí_.... El chico se deshacía en bostezos enormes, en muecas
+risibles, en momos de llanto, en chillidos de estornino preso; se
+acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras
+imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al
+menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o
+volverse al tibio abrigo del establo.
+
+En aquel tiempo frío, la cocina se convertía en tertulia, casi
+exclusivamente compuesta de mujeres. Descalzas y pisando de lado, como
+recelosas, iban entrando algunas, con la cabeza resguardada por una
+especie de mandilón de picote; muchas gemían de gusto al acercarse a la
+deleitable llama; otras, tomando de la cintura el huso y el copo de
+lino, hilaban después de haberse calentado las manos, o sacando del
+bolsillo castañas, las ponían a asar entre el rescoldo; y todas,
+empezando por cuchichear bajito, acababan por charlotear como urracas.
+Era Sabel la reina de aquella pequeña corte: sofocada por la llama, con
+los brazos arremangados, los ojos húmedos, recibía el incienso de las
+adulaciones, hundía el cucharón de hierro en el pote, llenaba cuencos de
+caldo, y al punto una mujer desaparecía del círculo, refugiábase en la
+esquina o en un banco, donde se la oía mascar ansiosamente, soplar el
+hirviente bodrio y lengüetear contra la cuchara. Noches había en que no
+se daba la moza punto de reposo en colmar tazas, ni las mujeres en
+entrar, comer y marcharse para dejar a otras el sitio: allí desfilaba
+sin duda, como en mesón barato, la parroquia entera. Al salir cogían
+aparte a Sabel, y si el capellán no estuviese tan distraído con su
+rebelde alumno, vería algún trozo de tocino, pan o _lacón_ rápidamente
+escondido en un justillo, o algún chorizo cortado con prontitud de las
+ristras pendientes en la chimenea, que no menos velozmente pasaba a las
+faltriqueras. La última tertuliana que se quedaba, la que secreteaba más
+tiempo y más íntimamente con Sabel, era la vieja de las greñas de
+estopa, entrevista por Julián la noche de su llegada a los Pazos. Era
+imponente la fealdad de la bruja: tenía las cejas canas, y, de perfil,
+le sobresalían, como también las cerdas de un lunar; el fuego hacía
+resaltar la blancura del pelo, el color atezado del rostro, y el enorme
+_bocio_ o papera que deformaba su garganta del modo más repulsivo.
+Mientras hablaba con la frescachona Sabel, la fantasía de un artista
+podía evocar los cuadros de tentaciones de San Antonio en que aparecen
+juntas una asquerosa hechicera y una mujer hermosa y sensual, con pezuña
+de cabra.
+
+Sin explicarse el porqué, empezó a desagradar a Julián la tertulia y las
+familiaridades de Sabel, que se le arrimaba continuamente, a pretexto de
+buscar en el cajón de la mesa un cuchillo, una taza, cualquier objeto
+indispensable. Cuando la aldeana fijaba en él sus ojos azules, anegados
+en caliente humedad, el capellán experimentaba malestar violento,
+comparable sólo al que le causaban los de Primitivo, que a menudo
+sorprendía clavados a hurtadillas en su rostro. Ignorando en qué fundar
+sus recelos, creía Julián que meditaban alguna asechanza. Era Primitivo,
+salvo tal cual momentáneo acceso de brusca y selvática alegría, hombre
+taciturno, a cuya faz de bronce asomaban rara vez los sentimientos; y
+con todo eso, Julián se juzgaba blanco de hostilidad encubierta por
+parte del cazador; en rigor, ni hostilidad podía llamarse; más bien
+tenía algo de observación y acecho, la espera tranquila de una res, a
+quien, sin odiarla, se desea cazar cuanto antes. Semejante actitud no
+podía definirse, ni expresarse apenas. Julián se refugió en su cuarto,
+adonde hizo subir, medio arrastro, al niño, para la lección
+acostumbrada. Así como así, el invierno había pasado, y el calor de la
+_lareira_ no era apetecible ya.
+
+En su habitación pudo el capellán notar mejor que en la cocina la
+escandalosa suciedad del angelote. Media pulgada de roña le cubría la
+piel; y en cuanto al cabello, dormían en él capas geológicas,
+estratificaciones en que entraba tierra, guijarros menudos, toda suerte
+de cuerpos extraños. Julián cogió a viva fuerza al niño, lo arrastró
+hacia la palangana, que ya tenía bien abastecida de jarras, toallas y
+jabón. Empezó a frotar. ¡María Santísima y qué primer agua la que salió
+de aquella empecatada carita! Lejía pura, de la más turbia y espesa.
+Para el pelo fue preciso emplear aceite, pomada, agua a chorros, un
+batidor de gruesas púas que desbrozase la virgen selva. Al paso que
+adelantaba la faena, iban saliendo a luz las bellísimas facciones,
+dignas del cincel antiguo, coloreadas con la pátina del sol y del aire;
+y los bucles, libres de estorbos, se colocaban artísticamente como en
+una testa de Cupido, y descubrían su matiz castaño dorado, que acababa
+de entonar la figura. ¡Era pasmoso lo bonito que había hecho Dios a
+aquel muñeco!
+
+Todos los días, que gritase o que se resignase el chiquillo, Julián lo
+lavaba así antes de la lección. Por aquel respeto que profesaba a la
+carne humana no se atrevía a bañarle el cuerpo, medida bien necesaria en
+verdad. Pero con los lavatorios y el carácter bondadoso de Julián, el
+diablillo iba tomándose demasiadas confianzas, y no dejaba cosa a vida
+en el cuarto. Su desaplicación, mayor a cada instante, desesperaba al
+pobre presbítero: la tinta le servía a Perucho para meter en ella la
+mano toda y plantarla después sobre el silabario; la pluma, para
+arrancarle las barbas y romperle el pico cazando moscas en los vidrios;
+el papel, para rasgarlo en tiritas o hacer con él cucuruchos; las
+arenillas, para volcarlas sobre la mesa y figurar con ellas montes y
+collados, donde se complacía en producir cataclismos hundiendo el dedo
+de golpe. Además, revolvía la cómoda de Julián, deshacía la cama
+brincando encima, y un día llegó al extremo de prender fuego a las botas
+de su profesor, llenándolas de fósforos encendidos.
+
+Bien aguantaría Julián estas diabluras con la esperanza de sacar algo en
+limpio de semejante hereje; pero se complicaron con otra cosa bastante
+más desagradable: las idas y venidas frecuentes de Sabel por su
+habitación. Siempre encontraba la moza algún pretexto para subir: que se
+le había olvidado recoger el servicio del chocolate; que se le había
+_esquecido_ mudar la toalla. Y se endiosaba, y tardaba un buen rato en
+bajar, entreteniéndose en arreglar cosas que no estaban revueltas, o
+poniéndose de pechos en la ventana, muy risueña y campechanota,
+alardeando de una confianza que Julián, cada día más reservado, no
+autorizaba en modo alguno.
+
+Una mañana entró Sabel a la hora de costumbre con las jarras de agua
+para las abluciones del presbítero, que, al recibirlas, no pudo menos de
+reparar, en una rápida ojeada, cómo la moza venía en justillo y enaguas,
+con la camisa entreabierta, el pelo destrenzado y descalzos un pie y
+pierna blanquísimos, pues Sabel, que se calzaba siempre y no hacía más
+que la labor de cocina y ésa con mucha ayuda de criadas de campo y
+comadres, no tenía la piel curtida, ni deformados los miembros. Julián
+retrocedió, y la jarra tembló en su mano, vertiéndose un chorro de agua
+por el piso.
+
+--Cúbrase usted, mujer--murmuró con voz sofocada por la vergüenza--. No me
+traiga nunca el agua cuando esté así... no es modo de presentarse a la
+gente.
+
+--Me estaba peinando y pensé que me llamaba...--respondió ella sin
+alterarse, sin cruzar siquiera las palmas sobre el escote.
+
+--Aunque la llamase no era regular venir en ese traje.... Otra vez que se
+esté peinando que me suba el agua Cristobo o la chica del ganado... o
+cualquiera....
+
+Y al pronunciar estas palabras, volvíase de espaldas para no ver más a
+Sabel, que se retiraba lentamente.
+
+Desde aquel punto y hora, Julián se desvió de la muchacha como de un
+animal dañino e impúdico; no obstante, aún le parecía poco caritativo
+atribuir a malos fines su desaliño indecoroso, prefiriendo achacarlo a
+ignorancia y rudeza. Pero ella se había propuesto demostrar lo
+contrario. Poco tiempo iba transcurrido desde la severa reprimenda,
+cuando una tarde, mientras Julián leía tranquilamente la _Guía de
+Pecadores_, sintió entrar a Sabel y notó, sin levantar la cabeza, que
+algo arreglaba en el cuarto. De pronto oyó un golpe, como caída de
+persona contra algún mueble, y vio a la moza recostada en la cama,
+despidiendo lastimeros ayes y hondos suspiros. Se quejaba de una
+_aflición_, una cosa repentina, y Julián, turbado pero compadecido,
+acudió a empapar una toalla para humedecerle las sienes, y a fin de
+ejecutarlo se acercó a la acongojada enferma. Apenas se inclinó hacia
+ella, pudo--a pesar de su poca experiencia y ninguna malicia--convencerse
+de que el supuesto ataque no era sino bellaquería grandísima y
+sinvergüenza calificada. Una ola de sangre encendió a Julián hasta el
+cogote: sintió la cólera repentina, ciega, que rarísima vez fustigaba su
+linfa, y señalando a la puerta, exclamó:
+
+--Se me va usted de aquí ahora mismo o la echo a empellones..., ¿entiende
+usted? No me vuelve usted a cruzar esa puerta.... Todo, todo lo que
+necesite, me lo traerá Cristobo.... ¡Largo inmediatamente!
+
+Retiróse la moza cabizbaja y mohína, como quien acaba de sufrir pesado
+chasco. Julián, por su parte, quedó tembloroso, agitado, descontento de
+sí mismo, cual suelen los pacíficos cuando ceden a un arrebato de ira:
+hasta sentía dolor físico, en el epigastrio. A no dudarlo, se había
+excedido; debió dirigir a aquella mujer una exhortación fervorosa, en
+vez de palabras de menosprecio. Su obligación de sacerdote era enseñar,
+corregir, perdonar, no pisotear a la gente como a los bichos del
+archivo. Al cabo Sabel tenía un alma, redimida por la sangre de Cristo
+igual que otra cualquiera. Pero ¿quién reflexiona, quién se modera ante
+tal descaro? Hay un movimiento que llaman los escolásticos _primo
+primis_ fatal e inevitable. Así se consolaba el capellán. De todos
+modos, era triste cosa tener que vivir con aquella mala hembra, no más
+púdica que las vacas. ¿Cómo podía haber mujeres así? Julián recordaba a
+su madre, tan modosa, siempre con los ojos bajos y la voz almibarada y
+suave, con su _casabé_ abrochado hasta la nuez, sobre el cual, para
+mayor recato, caía liso, sin arrugas, un pañuelito de seda negra. ¡Qué
+mujeres! ¡Qué mujeres se encuentran por el mundo!
+
+Desde el funesto lance tuvo Julián que barrerse el cuarto y subirse el
+agua, porque ni Cristobo ni las criadas hicieron caso de sus órdenes, y
+a Sabel no quería verle ni la sombra en la puerta. Lo que más extrañeza
+y susto le causó fue observar que Primitivo, después del suceso, no se
+recataba ya para mirarle con fijeza terrible, midiéndole con una ojeada
+que equivalía a una declaración de guerra. Julián no podía dudar que
+estorbaba en los Pazos: ¿por qué? A veces meditaba en ello
+interrumpiendo la lectura de Fray Luis de Granada y de los seis libros
+de San Juan Crisóstomo sobre el sacerdocio; pero al poco rato,
+descorazonado por tanta mezquina contrariedad, desesperando de ser útil
+jamás a la casa de Ulloa, se enfrascaba nuevamente en sus páginas
+místicas.
+
+
+
+
+VI.
+
+De los párrocos de las inmediaciones, con ninguno había hecho
+Julián tan buenas migas como con don Eugenio, el de Naya. El abad de
+Ulloa, al cual veía con más frecuencia, no le era simpático, por su
+desmedida afición al jarro y a la escopeta; y al abad de Ulloa, en
+cambio, le exasperaba Julián, a quien solía apodar _mariquita_; porque
+para el abad de Ulloa, la última de las degradaciones en que podía caer
+un hombre era beber agua, lavarse con jabón de olor y cortarse las uñas:
+tratándose de un sacerdote, el abad ponía estos delitos en parangón con
+la simonía. «Afeminaciones, afeminaciones», gruñía entre dientes,
+convencidísimo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de
+presentarse bronca, montuna y cerril; aparte de que un clérigo no
+pierde, _ipso facto_, los fueros de hombre, y el hombre debe oler a
+bravío desde una legua. Con los demás curas de las parroquias cercanas
+tampoco frisaba mucho Julián; así es que, convidado a las funciones de
+iglesia, acostumbraba retirarse tan pronto como se acababan las
+ceremonias, sin aceptar jamás la comida que era su complemento
+indispensable. Pero cuando don Eugenio le invitó con alegre cordialidad
+a pasar en Naya el _día del patrón_, aceptó de buen grado,
+comprometiéndose a _no faltarle_.
+
+Según lo convenido, subió a Naya la víspera, rehusando la montura que le
+ofrecía don Pedro. ¡Para legua y media escasa! ¡Y con una tarde
+hermosísima! Apoyándose en un palo, dando tiempo a que anocheciese,
+deteniéndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tardó
+mucho en llegar al cerro que domina el caserío de Naya, tan
+oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la
+gaita, bombo y tamboril, a la luz de los _fachones_ de paja de centeno
+encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos
+patronales. Poco tardaron los bailarines en bajar hacia la rectoral,
+cantando y _atruxando_ como locos, y con ellos descendió Julián.
+
+El cura esperaba en la portalada misma: recogidas las mangas de su
+chaqueta, levantaba en alto un jarro de vino, y la criada sostenía la
+bandeja con vasos. Detúvose el grupo; el gaitero, vestido de pana azul,
+en actitud de cansancio, dejando desinflarse la gaita, cuyo _punteiro_
+caía sobre los rojos flecos del roncón, se limpiaba la frente sudorosa
+con un pañuelo de seda, y los reflejos de la paja ardiendo y de las
+luces que alumbraban la casa del cura permitían distinguir su cara
+guapota, de correctas facciones, realzada por arrogantes patillas
+castañas. Cuando le sirvieron el vino, el rústico artista dijo
+cortésmente: «¡A la salud del señor abade y la compaña!» y, después de
+echárselo al coleto, aún murmuró con mucha política, pasándose el revés
+de la mano por la boca: «De hoy en veinte años, señor abade». Las
+libaciones consecutivas no fueron acompañadas de más fórmulas de
+atención.
+
+Disfrutaba el párroco de Naya de una rectoral espaciosa, alborozada a la
+sazón con los preparativos de la fiesta y asistía impávido a los
+preliminares del saco y ruina de su despensa, bodega, leñera y huerto.
+Era don Eugenio joven y alegre como unas pascuas, y su condición, más
+que de padre de almas, de pilluelo revoltoso y ladino; pero bajo la
+corteza infantil se escondía singular don de gentes y conocimiento de la
+vida práctica. Sociable y tolerante, había logrado no tener un solo
+enemigo entre sus compañeros. Le conceptuaban un _rapaz_ inofensivo.
+
+Tras el pocillo de aromoso chocolate, dio a Julián la mejor cama y
+habitación que poseía, y le despertó cuando la gaita floreaba la
+alborada, rayando ésta apenas en los cielos. Fueron juntos los dos
+clérigos a revisar el decorado de los altares, compuestos ya para la
+misa solemne. Julián pasaba la revista con especial devoción, puesto que
+el patrón de Naya era el suyo mismo, el bienaventurado San Julián, que
+allí estaba en el altar mayor con su carita inocentona, su estática
+sonrisilla, su chupa y calzón corto, su paloma blanca en la diestra, y
+la siniestra delicadamente apoyada en la chorrera de la camisola. La
+imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin más adorno que algún
+rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de
+loza, todo excitaba en Julián tierna piedad, la efusión que le hacía
+tanto provecho, ablandándole y desentumeciéndole el espíritu. Iban
+llegando ya los curas de las inmediaciones, y en el atrio, tapizado de
+hierba, se oía al gaitero templar prolijamente el instrumento, mientras
+en la iglesia el hinojo, esparcido por las losas y pisado por los que
+iban entrando, despedía olor campestre y fresquísimo. La procesión se
+organizaba; San Julián había descendido del altar mayor; la cruz y los
+estandartes oscilaban sobre el remolino de gentes amontonadas ya en la
+estrecha nave, y los mozos, vestidos de fiesta, con su pañuelo de seda
+en la cabeza en forma de _burelete_, se ofrecían a llevar las insignias
+sacras. Después de dar dos vueltas por el atrio y de detenerse breves
+instantes frente al crucero, el santo volvió a entrar en la iglesia, y
+fue _pujado_, con sus andas, a una mesilla al lado del altar mayor muy
+engalanada, y cubierta con antigua colcha de damasco carmesí. La misa
+empezó, regocijada y rústica, en armonía con los demás festejos. Más de
+una docena de curas la cantaban a voz en cuello, y el desvencijado
+incensario iba y venía, con retintín de cadenillas viejas, soltando un
+humo espeso y aromático, entre cuya envoltura algodonosa parecía
+suavizarse el desentono del _introito_, la aspereza de las broncas
+laringes eclesiásticas. El gaitero, prodigando todos sus recursos
+artísticos, acompañaba con el _punteiro_ desmangado de la gaita y
+haciendo oficios de clarinete. Cuando tenía que sonar entera la
+orquesta, mangaba otra vez el _punteiro_ en el _fol_; así podía
+acompañar la elevación de la hostia con una solemne marcha real, y el
+postcomunio con una muñeira de las más recientes y brincadoras, que, ya
+terminada la misa, repetía en el vestíbulo, donde tandas de mozos y
+mozas se desquitaban, bailando a su sabor, de la compostura guardada por
+espacio de una hora en la iglesia. Y el baile en el atrio lleno de luz,
+el templo sembrado de hojas de hinojos y espadaña que magullaron los
+pisotones, alumbrado, más que por los cirios, por el sol que puerta y
+ventanas dejaban entrar a torrentes, los curas jadeantes, pero
+satisfechos y habladores, el santo tan currutaco y lindo, muy risueño en
+sus andas, con una pierna casi en el aire para empezar un minueto y la
+cándida palomita pronta a abrir las alas, todo era alegre, terrenal,
+nada inspiraba la augusta melancolía que suele imperar en las ceremonias
+religiosas. Julián se sentía tan muchacho y contento como el santo
+bendito, y salía ya a gozar el aire libre, acompañado de don Eugenio,
+cuando en el corro de los bailadores distinguió a Sabel, lujosamente
+vestida de domingo, girando con las demás mozas, al compás de la gaita.
+Esta vista le aguó un tanto la fiesta.
+
+Era a semejante hora la rectoral de Naya un infierno culinario, si es
+que los hay. Allí se reunían una tía y dos primas de don Eugenio--a
+quienes por ser muchachas y frescas no quería el párroco tener consigo a
+diario en la rectoral--; el ama, viejecilla llorona, estorbosa e inútil,
+que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien
+distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades
+había servido a un canónigo compostelano, y era célebre en el país por
+su destreza en batir mantequillas y asar capones. Esta fornida
+guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de ademán brioso, había
+vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barriéndola desde la
+víspera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desván los
+trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ejército de
+guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con
+rápida ojeada de general en jefe, la hidrópica despensa, atestada de
+dádivas de feligreses; cabritos, pollos, anguilas, truchas, pichones,
+ollas de vino, manteca y miel, perdices, liebres y conejos, chorizos y
+morcillas. Conocido ya el estado de las provisiones, ordenó las
+maniobras del ejército: las viejas se dedicaron a desplumar aves, las
+mozas a fregar y dejar como el oro peroles, cazos y sartenes, y un par
+de mozancones de la aldea, uno de ellos idiota de oficio, a desollar
+reses y limpiar piezas de caza.
+
+Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de
+los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida
+doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran
+cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza
+reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la
+carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas
+mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como
+ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa
+puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el
+gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su _parva_ o desayuno,
+el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país
+_mataburrillo_, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de
+rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y
+tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre
+bromas y risotadas!
+
+¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en
+la sala de la rectoral? Media docena de tablas tendidas sobre otros
+tantos cestos, ayudaban a ensanchar la mesa cuotidiana; por encima dos
+limpios manteles de lamanisco sostenían grandes jarros rebosando tinto
+añejo; y haciéndoles frente, en una esquina del aposento, esperaban
+turno ventrudas ollas henchidas del mismo líquido. La vajilla era
+mezclada, y entre el estaño y barro vidriado descollaba algún _talavera_
+legítimo, capaz de volver loco a un coleccionista, de los muchos que
+ahora se consagran a la arcana ciencia de los pucheros. Ante la mesa y
+sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando
+asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de
+preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro--la persona
+más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no
+había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del
+gentío en la misa--, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la
+ilustre casa de Ulloa.
+
+Sentóse Julián avergonzado, y su confusión subió de punto durante la
+comida. Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a
+comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas. Y la mesa estaba
+imponente. La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre
+ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el
+sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo
+de _Barbacana_, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el
+poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de
+su rival el cacique _Trampeta_, protegido por los unionistas y mal visto
+por el clero. En suma, allí se juntaba lo más granado de la comarca,
+faltando sólo el marqués de Ulloa, que vendría de fijo a los postres. La
+monumental sopa de pan rehogada en grasa, con chorizo, garbanzos y
+huevos cocidos cortados en ruedas, circulaba ya en gigantescos
+tarterones, y se comía en silencio, jugando bien las quijadas. De vez en
+cuando se atrevía algún cura a soltar frases de encomio a la habilidad
+de la guisandera; y el anfitrión, observando con disimulo quiénes de los
+convidados andaban remisos en mascar, les instaba a que se animasen,
+afirmando que era preciso aprovecharse de la sopa y del cocido, pues
+apenas había otra cosa. Creyéndolo así Julián, y no pareciéndole cortés
+desairar a su huésped, cargó la mano en la sopa y el cocido. Grande fue
+su terror cuando empezó a desfilar interminable serie de platos, los
+veintiséis tradicionales en la comida del patrón de Naya, no la más
+abundante que se servía en el arciprestazgo, pues Loiro se le aventajaba
+mucho.
+
+Para llegar al número prefijado, no había recurrido la guisandera a los
+artificios con que la cocina francesa disfraza los manjares
+bautizándolos con nombres nuevos o adornándolos con arambeles y
+engañifas. No, señor: en aquellas regiones vírgenes no se conocía, loado
+sea Dios, ninguna salsa o pebre de origen gabacho, y todo era neto,
+varonil y clásico como la olla. ¿Veintiséis platos? Pronto se hace la
+lista: pollos asados, fritos, en pepitoria, estofados, con guisantes,
+con cebollas, con patatas y con huevos; aplíquese el mismo sistema a la
+carne, al puerco, al pescado y al cabrito. Así, sin calentarse los
+cascos, presenta cualquiera veintiséis variados manjares.
+
+¡Y cómo se burlaría la guisandera si por arte de magia apareciese allí
+un cocinero francés empeñado en redactar un _menú_, en reducirse a
+cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en
+conceder honroso puesto a la legumbre! ¡Legumbres a mí!, diría el ama
+del cura de Cebre, riéndose con toda su alma y todas sus caderas
+también. ¡Legumbres el día del patrón! Son buenas para los cerdos.
+
+Ahíto y mareado, Julián no tenía fuerzas sino para rechazar con la mano
+las fuentes que no cesaban de circular pasándoselas los convidados unos
+a otros: a bien que ya le observaban menos, pues la conversación se
+calentaba. El médico de Cebre, atrabiliario, magro y disputador; el
+notario, coloradote y barbudo, osaban decir chistes, referir anécdotas;
+el sobrino del cura de Boán, estudiante de derecho, muy enamorado de
+condición, hablaba de mujeres, ponderaba la gracia de las señoritas de
+Molende y la lozanía de una panadera de Cebre, muy nombrada en el país;
+los curas al pronto no tomaron parte, y como Julián bajase la vista,
+algunos comensales, después de observarle de reojo, se hicieron los
+desentendidos. Mas duró poco la reserva; al ir vaciándose los jarros y
+desocupándose las fuentes, nadie quiso estar callado y empezaron las
+bromas a echar chispas.
+
+Máximo Juncal, el médico, recién salido de las aulas compostelanas,
+soltó varias puntadas sobre política, y también malignas pullas
+referentes al grave escándalo que a la sazón traía muy preocupados a los
+revolucionarios de provincia: Sor Patrocinio, sus manejos, su influencia
+en Palacio. Alborotáronse dos o tres curas; y el cacique _Barbacana_,
+con suma gravedad, volviendo hacia Juncal su barba florida y luenga,
+díjole desdeñosamente una verdad como un templo: que «muchos hablaban de
+lo que no entendían», a lo cual el médico replicó, vertiendo bilis por
+ojos y labios, «que pronto iba a llegar el día de la gran barredura, que
+luego se armaría el tiberio del siglo, y que los neos irían a contarlo a
+casa de su padre Judas Iscariote».
+
+Afortunadamente profirió estos tremendos vaticinios a tiempo que la
+mayor parte de los párrocos se hallaban enzarzados en la discusión
+teológica, indispensable complemento de todo convite patronal. Liados en
+ella, no prestó atención a lo que el médico decía ninguno de los que
+podían volvérselas al cuerpo: ni el bronco abad de Ulloa, ni el belicoso
+de Boán, ni el Arcipreste, que siendo más sordo que una tapia, resolvía
+las discusiones políticas a gritos, alzando el índice de la mano derecha
+como para invocar la cólera del cielo. En aquel punto y hora, mientras
+corrían las fuentes de arroz con leche, canela y azúcar, y se agotaban
+las copas de _tostado_, llegaba a su periodo álgido la disputa, y se
+entreoían argumentos, proposiciones, objeciones y silogismos.
+
+--_Nego majorem_....
+
+--_Probo minorem_.
+
+--Eh.... Boán, que con mucho disimulo me estás echando abajo la gracia....
+
+--Compadre, cuidado.... Si adelanta usted un poquito más nos vamos a
+encontrar con el libre albedrío perdido.
+
+--Cebre, mira que vas por mal camino: ¡mira que te marchas con Pelagio!
+
+--Yo a San Agustín me agarro, y no lo suelto.
+
+--Esa proposición puede admitirse _simpliciter_, pero tomándola en otro
+sentido... no cuela.
+
+--Citaré autoridades, todas las que se me pidan: ¿a que no me citas tú ni
+media docena? A ver.
+
+--Es sentir común de la Iglesia desde los primeros concilios.
+
+--Es punto opinable, ¡_quoniam_! A mí no me vengas a asustar tú con
+concilios ni concilias.
+
+--¿Querrás saber más que Santo Tomás?
+
+--¿Y tú querrás ponerte contra el Doctor de la gracia?
+
+--¡Nadie es capaz de rebatirme esto! Señores... la gracia....
+
+--¡Que nos despeñamos de vez! ¡Eso es herejía formal; es pelagianismo
+puro!
+
+--Qué entiendes tú, qué entiendes tú.... Lo que tú censures, que me lo
+claven....
+
+--Que diga el señor Arcipreste.... Vamos a aventurar algo a que no me deja
+mal el señor Arcipreste.
+
+El Arcipreste era respetado más por su edad que por su ciencia
+teológica; y se sosegó un tanto el formidable barullo cuando se
+incorporó difícilmente, con ambas manos puestas tras los oídos,
+vertiendo sangre por la cara, a fin de dirimir, si cabía lograrlo, la
+contienda. Pero un incidente distrajo los ánimos: el señorito de Ulloa
+entraba seguido de dos perros perdigueros, cuyos cascabeles acompañaban
+su aparición con jubiloso repique. Venía, según su promesa, a tomar una
+copa a los postres; y la tomó de pie, porque le aguardaba un bando de
+perdices allá en la montaña.
+
+Hízosele muy cortés recibimiento, y los que no pudieron agasajarle a él
+agasajaron a la Chula y al Turco, que iban apoyando la cabeza en todas
+las rodillas, lamiendo aquí un plato y zampándose un bizcocho allá. El
+señorito de Limioso se levantó resuelto a acompañar al de Ulloa en la
+excursión cinegética, para lo cual tenía prevenido lo necesario, pues
+rara vez salía del Pazo de Limioso sin echarse la escopeta al hombro y
+el morral a la cintura.
+
+Cuando partieron los dos hidalgos, ya se había calmado la efervescencia
+de la discusión sobre la gracia, y el médico, en voz baja, le recitaba
+al notario ciertos sonetos satírico-políticos que entonces corrían bajo
+el nombre de _belenes_. Celebrábalos el notario, particularmente cuando
+el médico recalcaba los versos esmaltados de alusiones verdes y
+picantes. La mesa, en desorden, manchada de salsas, ensangrentada de
+vino tinto, y el suelo lleno de huesos arrojados por los comensales
+menos pulcros, indicaban la terminación del festín; Julián hubiera dado
+algo bueno por poderse retirar; sentíase cansado, mortificado por la
+repugnancia que le inspiraban las cosas exclusivamente materiales; pero
+no se atrevía a interrumpir la sobremesa, y menos ahora que se
+entregaban al deleite de encender algún pitillo y murmurar de las
+personas más señaladas en el país. Se trataba del señorito de Ulloa, de
+su habilidad para _tumbar_ perdices, y sin que Julián adivinase la
+causa, se pasó inmediatamente a hablar de Sabel, a quien todos habían
+visto por la mañana en el corro de baile; se encomió su palmito, y al
+mismo tiempo se dirigieron a Julián señas y guiños, como si la
+conversación se relacionase con él. El capellán bajaba la vista según
+costumbre, y fingía doblar la servilleta; mas de improviso, sintiendo
+uno de aquellos chispazos de cólera repentina y momentánea que no era
+dueño de refrenar, tosió, miró en derredor, y soltó unas cuantas
+asperezas y severidades que hicieron enmudecer a la asamblea. Don
+Eugenio, al ver aguada la sobremesa, optó por levantarse, proponiendo a
+Julián que saliesen a tomar el fresco en la huerta: algunos clérigos se
+alzaron también, anunciando que iban a _echar completas_; otros se
+escurrieron en compañía del médico, el notario, el juez y Barbacana, a
+menear los naipes hasta la noche.
+
+Refugiáronse al huerto el cura de Naya y Julián, pasando por la cocina,
+donde la algazara de los criados, primas del cura, cocineras y músicos
+era formidable, y los jarros se evaporaban y la comilona amenazaba durar
+hasta el sol puesto. El huerto, en cambio, permanecía en su tranquilo y
+poético sosiego primaveral, con una brisa fresquita que columpiaba las
+últimas flores de los perales y cerezos, y acariciaba el recio follaje
+de las higueras, a cuya sombra, en un ribazo de mullida grama, se
+tendieron ambos presbíteros, no sin que don Eugenio, sacando un pañuelo
+de algodón a cuadros, se tapase con él la cabeza, para resguardarla de
+las importunidades de alguna mosca precoz. A Julián todavía le duraba el
+sofoco, la llamarada de indignación; pero ya le pesaba, de su corta
+paciencia, y resolvía ser más sufrido en lo venidero. Aunque bien
+mirado....
+
+--¿Quiere _escotar_ un sueño?--preguntó el de Naya al verle tan cabizbajo
+y mustio.
+
+--No; lo que yo quería, Eugenio, era pedirle que me dispensase el enfado
+que tomé allá en la mesa.... Conozco que soy a veces así... un poco
+vivo... y luego hay conversaciones que me sacan de tino, sin poderlo
+remediar. Usted póngase en mi caso.
+
+--Pongo, pongo.... Pero a mí me están embromando también a cada rato con
+las primas..., y hay que aguantar, que no lo hacen con mala intención;
+es por reírse un poco.
+
+--Hay bromas de bromas, y a mí me parecen delicadas para un sacerdote las
+que tocan a la honestidad y a la pureza. Si aguanta uno por respetos
+humanos esos dichos, acaso pensarán que ya tiene medio perdida la
+vergüenza para los hechos. Y ¿qué sé yo si alguno, no digo de los
+sacerdotes, no quiero hacerles tal ofensa, pero de los seglares, creerá
+que en efecto...?
+
+El de Naya aprobó con la cabeza como quien reconoce la fuerza de una
+observación; pero, al mismo tiempo, la sonrisa con que lucía la desigual
+dentadura era suave e irónica protesta contra tanta rigidez.
+
+--Hay que tomar el mundo según viene...--murmuró filosóficamente--. Ser
+bueno es lo que importa; porque ¿quién va a tapar las bocas de los
+demás? Cada uno habla lo que le parece, y gasta las guasas que quiere....
+En teniendo la conciencia tranquila....
+
+--No, señor; no, señor; poco a poco--replicó acaloradamente Julián--. No
+sólo estamos obligados a ser buenos, sino a parecerlo; y aún es peor en
+un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo
+pecado. Usted bien lo sabe, Eugenio; lo sabe mejor que yo, porque tiene
+cura de almas.
+
+--También usted se apura ahí por una chanza, por una tontería, lo mismo
+que si ya todo el mundo le señalase con el dedo.... Se necesita una vara
+de correa para vivir entre gentes. A este paso no le arriendo la
+ganancia, porque no va a sacar para disgustos.
+
+Caviloso y cejijunto, había cogido Julián un palito que andaba por el
+suelo, y se entretenía en clavarlo en la hierba. Levantó la cabeza de
+pronto.
+
+--Eugenio, ¿es mi amigo?
+
+--Siempre, hombre, siempre--contestó afable y sinceramente el de Naya.
+
+--Pues séame franco. Hábleme como si estuviésemos en el confesonario. ¿Se
+dice por ahí... _eso_?
+
+--¿Lo qué?
+
+--Lo de que yo... tengo algo que ver... con esa muchacha, ¿eh? Porque
+puede usted creerme, y se lo juraría si fuese lícito jurar: bien sabe
+Dios que la tal mujer hasta me es aborrecible, y que no le habré mirado
+a la cara media docena de veces desde que estoy en los Pazos.
+
+--No, pues a la cara se le puede mirar, que la tiene como una rosa.... Ea,
+sosiéguese: a mí se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel.
+El marqués no inventó la pólvora, es cierto que no, y la moza se
+distraerá con los de su clase cuanto quiera, dígalo el bailoteo en la
+gaita de hoy; pero no iba a tener la desvergüenza de pegársela en sus
+barbas, con el mismo capellán.... Hombre, no hagamos tan estúpido al
+marqués.
+
+Julián se volvió, más bien arrodillado que sentado en la grama, con los
+ojos abiertos de par en par.
+
+--Pero... el señorito..., ¿qué tiene que ver el señorito...?
+
+El cura de Naya saltó a su vez, sin que ninguna mosca le picase, y
+prorrumpió en juvenil carcajada. Julián, comprendiendo, preguntó
+nuevamente:
+
+--Luego el chiquillo... el Perucho....
+
+Tornó don Eugenio a reír hasta el extremo de tener que limpiarse los
+lagrimales con el pañuelo de cuadros.
+
+--No se ofenda...--murmuraba entre risa y llanto--. No se ofenda porque me
+río así.... Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la
+risa; un día hasta me puse malo.... Esto es como las cosqui...
+cosquillas... involuntario....
+
+Aplacado el acceso de risa, añadió:
+
+--Es que yo siempre lo tuve a usted por un bienaventurado, como nuestro
+patrón San Julián..., pero esto pasa de castaño oscuro.... ¡Vivir en los
+Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! ¿O es que quiere hacerse el
+bobo?
+
+--A fe, no sospechaba nada, nada, nada. ¿Usted piensa que iba a quedarme
+allí ni dos días, caso de averiguarlo antes? ¿Autorizar con mi presencia
+un amancebamiento? ¿Pero... usted está seguro de lo que dice?
+
+--Hombre.... ¿tiene usted gana de cuentos? ¿Es usted ciego? ¿No lo ha
+notado? Pues repárelo.
+
+--¡Qué sé yo! ¡Cuando uno no está en la malicia! Y el niño..., ¡infeliz
+criatura! El niño me da tanta compasión.... Allí se cría como un
+morito.... ¿Se comprende que haya padres tan sin entrañas?
+
+--Bah.... Esos hijos así, nacidos por detrás de la Iglesia.... Luego, si
+uno oye a los de aquí y a los de allá.... Cada cual dice lo que se le
+antoja.... La moza es alegre como unas castañuelas; todo el mundo en las
+romerías le debe dos cuartos: uno la convida a rosquillas, el otro a
+_resolio_, éste la saca a bailar, aquél la empuja.... Se cuentan mil
+enredos.... ¿Usted se ha fijado en el gaitero que tocó hoy en la misa?
+
+--¿Un buen mozo, con patillas?
+
+--Cabal. Le llaman el _Gallo_ de mote. Pues dicen si la acompaña o no por
+los caminos.... ¡Historias!
+
+Por detrás de la tapia del huerto se oyó entonces vocerío alegre y
+argentinas carcajadas.
+
+--Son las primas...--dijo don Eugenio--. Van a la gaita, que está tocando
+en el crucero ahora. ¿Quiere usted venir un ratito? A ver si se le pasa
+el disgusto.... Ahí en casa unos rezan y otros juegan.... Yo no rezo nunca
+sobre la comida.
+
+--Vamos allá--contestó Julián, que se había quedado ensimismado.
+
+--Nos sentaremos al pie del crucero.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Volvía Julián preocupado a la casa solariega, acusándose de excesiva
+simplicidad, por no haber reparado cosas de tanto bulto. Él era sencillo
+como la paloma; sólo que en este pícaro mundo también se necesita ser
+cauto como la serpiente.... Ya no podía continuar en los Pazos.... ¿Cómo
+volvía a vivir a cuestas de su madre, sin más emolumentos que la misa?
+¿Y cómo dejaba así de golpe al señorito don Pedro, que le trataba tan
+llanamente? ¿Y la casa de Ulloa, que necesitaba un restaurador celoso y
+adicto? Todo era verdad: pero, ¿y su deber de sacerdote católico?
+
+Le acongojaban estos pensamientos al cruzar un maizal, en cuyo lindero
+manzanilla y cabrifollos despedían grato aroma. Era la noche templada y
+benigna, y Julián apreciaba por primera vez la dulce paz del campo,
+aquel sosiego que derrama en nuestro combatido espíritu la madre
+naturaleza. Miró al cielo, oscuro y alto.
+
+--¡Dios sobre todo!--murmuró, suspirando al pensar que tendría que habitar
+un pueblo de calles angostas y encontrarse con gente a cada paso.
+
+Siguió andando, guiado por el ladrido lejano de los perros. Ya divisaba
+próxima la vasta mole de los Pazos. El postigo debía estar abierto.
+Julián distaba de él unos cuantos pasos no más, cuando oyó dos o tres
+gritos que le helaron la sangre: clamores inarticulados como de alimaña
+herida, a los cuales se unía el desconsolado llanto de un niño.
+
+Engolfóse el capellán en las tenebrosas profundidades de corredor y
+bodega, y llegó velozmente a la cocina. En el umbral se quedó paralizado
+de asombro ante lo que iluminaba la luz fuliginosa del candilón. Sabel,
+tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor,
+la brumaba a culatazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos
+en los ojos, sollozaba. Sin reparar lo que hacía, arrojóse Julián hacia
+el grupo, llamando al marqués con grandes voces:
+
+--¡Señor don Pedro..., señor don Pedro!
+
+Volvióse el señor de los Pazos, y se quedó inmóvil, con la escopeta
+empuñada por el cañón, jadeante, lívido de ira, los labios y las manos
+agitadas por temblor horrible; y en vez de disculpar su frenesí o de
+acudir a la víctima, balbució roncamente:
+
+--¡Perra..., perra..., condenada..., a ver si nos das pronto de cenar, o
+te deshago! ¡A levantarse... o te levanto con la escopeta!
+
+Sabel se incorporaba ayudada por el capellán, gimiendo y exhalando
+entrecortados ayes. Tenía aún el traje de fiesta con el cual la viera
+Julián danzar pocas horas antes junto al crucero y en el atrio; pero el
+_mantelo_ de rico paño se encontraba manchado de tierra; el dengue de
+grana se le caía de los hombros, y uno de sus largos zarcillos de
+filigrana de plata, abollado por un culatazo, se le había clavado en la
+carne de la nuca, por donde escurrían algunas gotas de sangre. Cinco
+verdugones rojos en la mejilla de Sabel contaban bien a las claras cómo
+había sido derribada la intrépida bailadora.
+
+--¡La cena he dicho!--repitió brutalmente don Pedro.
+
+Sin contestar, pero no sin gemir, dirigióse la muchacha hacia el rincón
+donde hipaba el niño, y le tomó en brazos, apretándole mucho. El
+angelote seguía llorando a moco y baba. Don Pedro se acercó entonces, y
+mudando de tono, preguntó:
+
+--¿Qué es eso? ¿Tiene algo Perucho?
+
+Púsole la mano en la frente y la sintió húmeda. Levantó la palma: era
+sangre. Desviando entonces los brazos, apretando los puños, soltó una
+blasfemia, que hubiera horrorizado más a Julián si no supiese, desde
+aquella tarde misma, que acaso tenía ante sí a un padre que acababa de
+herir a su hijo. Y el padre resurgía, maldiciéndose a sí propio,
+apartando los rizos del chiquillo, mojando un pañuelo en agua, y
+atándolo con cuidado indecible sobre la descalabradura.
+
+--A ver cómo lo cuidas...--gritó dirigiéndose a Sabel--. Y cómo haces la
+cena en un vuelo.... ¡Yo te enseñaré, yo te enseñaré a pasarte las horas
+en las romerías sacudiéndote, perra!
+
+Con los ojos fijos en el suelo, sin quejarse ya, Sabel permanecía
+parada, y su mano derecha tentaba suavemente su hombro izquierdo, en el
+cual debía tener alguna dolorosa contusión. En voz baja y lastimera,
+pero con suma energía, pronunció sin mirar al señorito:
+
+--Busque quien le haga la cena..., y quien esté aquí.... Yo me voy, me
+voy, me voy, me voy....
+
+Y lo repetía obstinadamente, sin entonación, como el que afirma una cosa
+natural e inevitable.
+
+--¿Qué dices, bribona?
+
+--Que me voy, que me voy.... A mi casita pobre.... ¡Quién me trajo aquí!
+¡Ay, mi madre de mi alma!
+
+Rompió la moza a llorar amarguísimamente, y el marqués, requiriendo su
+escopeta, rechinaba los dientes de cólera, dispuesto ya a hacer alguna
+barrabasada notable, cuando un nuevo personaje entró en escena. Era
+Primitivo, salido de un rincón oscuro; diríase que estaba allí oculto
+hacía rato. Su aparición modificó instantáneamente la actitud de Sabel,
+que tembló, calló y contuvo sus lágrimas.
+
+--¿No oyes lo que te dice el señorito?--preguntó sosegadamente el padre a
+la hija.
+
+--Oi-go, siii-see-ñoor, oi-go-tartamudeó la moza, comiéndose los
+sollozos.
+
+--Pues a hacer la cena en seguida. Voy a ver si volvieron ya las otras
+muchachas para que te ayuden. La Sabia está ahí fuera: te puede encender
+la lumbre.
+
+Sabel no replicó más. Remangóse la camisa y bajó de la espetera una
+sartén. Como evocada por alguna de sus compañeras en hechicerías, entró
+en la cocina entonces, pisando de lado, la vieja de las greñas blancas,
+la Sabia, que traía el enorme mandil atestado de leña. El marqués tenía
+aún la escopeta en la mano: cogiósela respetuosamente Primitivo, y la
+llevó al sitio de costumbre. Julián, renunciando a consolar al niño,
+creyó llegada la ocasión de dar un golpe diplomático.
+
+--Señor marqués..., ¿quiere que tomemos un poco el aire? Está la noche
+muy buena.... Nos pasearemos por el huerto....
+
+Y para sus adentros pensaba:
+
+«En el huerto le digo que me voy también.... No se ha hecho para mí esta
+vida, ni esta casa».
+
+Salieron al huerto. Oíase el cuarrear de las ranas en el estanque, pero
+ni una hoja de los árboles se movía, tal estaba la noche de serena. El
+capellán cobró ánimos, pues la oscuridad alienta mucho a decir cosas
+difíciles.
+
+--Señor marqués, yo siento tener que advertirle....
+
+Volvióse el marqués bruscamente.
+
+--Ya sé..., ¡chist!, no necesitamos gastar saliva. Me ha pescado usted en
+uno de esos momentos en que el hombre no es dueño de sí.... Dicen que no
+se debe pegar nunca a las mujeres.... Francamente, don Julián, según
+ellas sean.... ¡Hay mujeres de mujeres, caramba..., y ciertas cosas
+acabarían con la paciencia del santo Job que resucitase! Lo que siento
+es el golpe que le tocó al chiquillo.
+
+--Yo no me refería a eso...--murmuró Julián--. Pero si quiere que le hable
+con el corazón en la mano, como es mi deber, creo no está bien maltratar
+así a nadie.... Y por la tardanza de la cena, no merece....
+
+--¡La tardanza de la cena!--pronunció el señorito--. ¡La tardanza! A ningún
+cristiano le gusta pasarse el día en el monte comiendo frío y llegar a
+casa y no encontrar bocado caliente; ¡pero si esa mala hembra no tuviese
+otras mañas...! ¿No la ha visto usted? ¿No la ha visto usted todo el
+día, allá en Naya, bailoteando como una descosida, sin vergüenza? ¿No la
+ha encontrado usted a la vuelta, bien acompañada? ¡Ah!... ¿Usted cree
+que se vienen solitas las mozas de su calaña? ¡Ja, ja! Yo la he visto,
+con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de
+no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos
+meses!
+
+Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada
+revelación de celos feroces. Al fin calculó que se le abría camino para
+soltar lo que tenía atravesado en la garganta.
+
+--Señor marqués--murmuró--, dispénseme la libertad que me tomo.... Una
+persona de su clase no se debe rebajar a importársele por lo que haga o
+no haga la criada.... La gente es maliciosa, y pensará que usted trata
+con esa chica.... Digo _pensará_ Ya lo piensa todo el mundo.... Y el caso
+es que yo..., vamos..., no puedo permanecer en una casa donde, según la
+voz pública, vive un cristiano en concubinato.... Nos está prohibido
+severamente autorizar con nuestra presencia el escándalo y hacernos
+cómplices de él. Lo siento a par del alma, señor marqués; puede creerme
+que hace tiempo no tuve un disgusto igual.
+
+El marqués se detuvo, con las manos sepultadas en los bolsillos.
+
+--_Leria, leria_...--murmuró--. Es preciso hacerse cargo de lo que es la
+juventud y la robustez.... No me predique un sermón, no me pida
+imposibles. ¡Qué demonio!, el que más y el que menos es hombre como
+todos.
+
+--Yo soy un pecador--replicó Julián--, solamente que veo claro en este
+asunto, y por los favores que debo a usted, y el pan que le he comido,
+estoy obligado a decirle la verdad. Señor marqués, con franqueza, ¿no le
+pesa de vivir así encenagado? ¡Una cosa tan inferior a su categoría y a
+su nacimiento! ¡Una triste criada de cocina!
+
+Siguieron andando, acercándose a la linde del bosque, donde concluía el
+huerto.
+
+--¡Una bribona desorejada, que es lo peor!--exclamó el marqués después de
+un rato de silencio--. Oiga usted...--añadió arrimándose a un castaño--. A
+esa mujer, a Primitivo, a la condenada bruja de la Sabia con sus hijas y
+nietas, a toda esa gavilla que hace de mi casa merienda de negros, a la
+aldea entera que los encubre, era preciso cogerlos así (y agarraba una
+rama del castaño triturándola en menudos fragmentos) y deshacerlos. Me
+están saqueando, me comen vivo..., y cuando pienso en que esa tunanta me
+aborrece y se va de mejor gana con cualquier gañán de los que acuden
+descalzos a alquilarse para majar el centeno, ¡tengo mientes de
+aplastarle los sesos como a una culebra!
+
+Julián oía estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se
+admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes.
+
+--Pero, señor...--balbució--. Si usted mismo lo conoce y lo comprende....
+
+--¿Pues no lo he de comprender? ¿Soy estúpido acaso para no ver que esa
+desvergonzada huye de mí, y cada día tengo que cazarla como a una
+liebre? ¡Sólo está contenta entre los demás labriegos, con la hechicera
+que le trae y lleva chismes y recados a los mozos! A mí me detesta. A la
+hora menos pensada me envenenará.
+
+--Señor marqués, ¡yo me pasmo!--arguyó el capellán eficazmente--. ¡Que
+usted se apure por una cosa tan fácil de arreglar! ¿Tiene más que poner
+a semejante mujer en la calle?
+
+Como ambos interlocutores se habían acostumbrado a la oscuridad, no sólo
+vio Julián que el marqués meneaba la cabeza, sino que torcía el gesto.
+
+--Bien se habla...--pronunció sordamente--. Decir es una cosa y hacer es
+otra.... Las dificultades se tocan en la práctica. Si echo a ese enemigo,
+no encuentro quien me guise ni quien venga a servirme. Su padre....
+¿Usted no lo creerá? Su padre tiene amenazadas a todas las mozas de que
+a la que entre aquí en marchándose su hija, le mete él una perdigonada
+en los lomos.... Y saben que es hombre para hacerlo como lo dice. Un día
+cogí yo a Sabel por un brazo y la puse en la puerta de la casa: la misma
+noche se me despidieron las otras criadas, Primitivo se fingió enfermo,
+y estuve una semana comiendo en la rectoral y haciéndome la cama yo
+mismo.... Y tuve que pedirle a Sabel, de favor, que volviese....
+Desengáñese usted, pueden más que nosotros. Esa comparsa que traen
+alrededor son paniaguados suyos, que les obedecen ciegamente. ¿Piensa
+usted que yo ahorro un ochavo aquí en este desierto? ¡Quiá! Vive a mi
+cuenta toda la parroquia. Ellos se beben mi cosecha de vino, mantienen
+sus gallinas con mis frutos, mis montes y sotos les suministran leña,
+mis hórreos les surten de pan; la renta se cobra tarde, mal y arrastro;
+yo sostengo siete u ocho vacas, y la leche que bebo cabe en el hueco de
+la mano; en mis establos hay un rebaño de bueyes y terneros que jamás se
+uncen para labrar mis tierras; se compran con mi dinero, eso sí, pero
+luego se dan a parcería y no se me rinden cuentas jamás....
+
+--¿Por qué no pone otro mayordomo?
+
+--¡Ay, ay, ay! ¡Como quien no dice nada! Una de dos: o sería hechura de
+Primitivo y entonces estábamos en lo mismo, o Primitivo le largaría un
+tiro en la barriga.... Y si hemos de decir verdad, Primitivo no es
+mayordomo.... Es peor que si lo fuese, porque manda en todos, incluso en
+mí; pero yo no le he dado jamás semejante mayordomía.... Aquí el
+mayordomo fue siempre el capellán.... Ese Primitivo no sabrá casi leer ni
+escribir; pero es más listo que una centella, y ya en vida del tío
+Gabriel se echaba mano de él para todo.... Mire usted, lo cierto es que
+el día que él se cruza de brazos, se encuentra uno colgadito.... No
+hablemos ya de la caza, que para eso no tiene igual; a mí me faltarían
+los pies y las manos si me faltase Primitivo.... Pero en los demás
+asuntos es igual.... Su antecesor de usted, el abad de Ulloa, no se valía
+sin él; y usted, que también ha venido en concepto de administrador,
+séame franco: ¿ha podido usted amañarse solo?
+
+--La verdad es que no--declaró Julián humildemente--. Pero con el
+tiempo..., la práctica....
+
+--¡Bah, bah! A usted no le obedecerá ni le hará caso jamás ningún
+paisano, porque es usted un infeliz; es usted demasiado bonachón. Ellos
+necesitan gente que conozca sus máculas y les dé ciento de ventaja en
+picardía.
+
+Por depresiva que fuese para el amor propio del capellán la observación,
+hubo de reconocer su exactitud. No obstante, picado ya, se propuso
+agotar los recursos del ingenio para conseguir la victoria en lucha tan
+desigual. Y su caletre le sugirió la siguiente perogrullada:
+
+--Pero, señor marqués..., ¿por qué no sale un poco al pueblo? ¿No sería
+ése el mejor modo de desenredarse? Me admiro de que un señorito como
+usted pueda aguantar todo el año aquí, sin moverse de estas montañas
+fieras.... ¿No se aburre?
+
+El marqués miraba al suelo, aun cuando en él no había cosa digna de
+verse. La idea del capellán no le cogía de sorpresa.
+
+--¡Salir de aquí!--exclamó--. ¿Y a dónde demontre se va uno? Siquiera aquí,
+mal o bien, es uno el rey de la comarca.... El tío Gabriel me lo decía
+mil veces: las personas decentes, en las poblaciones, no se distinguen
+de los zapateros.... Un zapatero que se hace millonario metiendo y
+sacando la lesna, se sube encima de cualquier señor, de los que lo somos
+de padres a hijos.... Yo estoy muy acostumbrado a pisar tierra mía y a
+andar entre árboles que corto si se me antoja.
+
+--Pero al fin, señorito, ¡aquí le manda Primitivo!
+
+--Bah.... A Primitivo le puedo yo dar tres docenas de puntapiés, si se me
+hinchan las narices, sin que el juez me venga a empapelar.... No lo hago;
+pero duermo tranquilo con la seguridad de que lo haría si quisiese.
+¿Cree usted que Sabel irá a quejarse a la justicia de los culatazos de
+hoy?
+
+Esta lógica de la barbarie confundía a Julián.
+
+--Señor, yo no le digo que deje esto... Únicamente, que salga una
+temporadita, a ver cómo le prueba.... Apartándose usted de aquí algún
+tiempo, no sería difícil que Sabel se casase con persona de su esfera, y
+que usted también encontrase una conveniencia arreglada a su calidad,
+una esposa legítima. Cualquiera tiene un desliz, la carne es flaca; por
+eso no es bueno para el hombre vivir solo, porque se encenaga, y como
+dijo quien lo entendía, es mejor casarse que abrasarse en
+concupiscencia, señor don Pedro. ¿Por qué no se casa, señorito?--exclamó,
+juntando las manos--. ¡Hay tantas señoritas buenas y honradas!
+
+A no ser por la oscuridad, vería Julián chispear los ojos del marqués de
+Ulloa.
+
+--¿Y cree usted, santo de Dios, que no se me había ocurrido a mí? ¿Piensa
+usted que no sueño todas las noches con un chiquillo que se me parezca,
+que no sea hijo de una bribona, que continúe el nombre de la casa...,
+que herede esto cuando yo me muera... y que se llame _Pedro Moscoso_,
+como yo?
+
+Al decir esto golpeábase el marqués su fornido tronco, su pecho varonil,
+cual si de él quisiese hacer brotar fuerte y adulto ya el codiciado
+heredero. Julián, lleno de esperanza, iba a animarle en tan buenos
+propósitos; pero se estremeció de repente, pues creyó sentir a sus
+espaldas un rumor, un roce, el paso de un animal por entre la maleza.
+
+--¿Qué es eso?--exclamó volviéndose--. Parece que anda por aquí el zorro.
+
+El marqués le cogió del brazo.
+
+--Primitivo...--articuló en voz baja y ahogada de ira--. Primitivo que nos
+atisbará hace un cuarto de hora, oyendo la conversación.... Ya está usted
+fresco.... Nos hemos lucido.... ¡Me valga Dios y los santos de la corte
+celestial! También a mí se me acaba la cuerda. ¡Vale más ir a presidio
+que llevar esta vida!
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+Mientras se raía con la navaja de barba los contados pelos rubios que
+brotaban en sus carrillos, Julián maduraba un proyecto: afeitado y
+limpio que fuese, emprendería el camino de Cebre un pie tras otro, en el
+caballo de San Francisco; allí le pediría al cura una jícara de
+chocolate, y esperaría en la rectoral hasta las doce, hora en que pasa
+la diligencia de Orense a Santiago; malo sería que en interior o cupé no
+hubiese un asiento vacante. Tenía dispuesto su maletín: lo enviaría a
+buscar desde Cebre por un mozo. Y calculando así, miraba contristado el
+paisaje ameno, el huerto con su dormilón estanque, el umbrío manchón del
+soto, la verdura de los prados y maizales, la montaña, el limpio
+firmamento, y se le prendía el alma en el atractivo de aquella dulce
+soledad y silencio, tan de su gusto, que deseaba pasar allí la vida
+toda. ¡Cómo ha de ser! Dios nos lleva y trae según sus fines.... No, no
+era Dios, sino el pecado, en figura de Sabel, quien lo arrojaba del
+paraíso.... Le agitó semejante idea y se cortó dos veces la mejilla....
+Estuvo próximo a inferirse el tercer rasguño, porque le dieron una
+palmada en el hombro.
+
+Se volvió.... ¿Quién había de conocer a don Pedro, tan metamorfoseado
+como venía? Afeitado también, aunque sin detrimento de su barba, que
+brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jabón y a ropa
+limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqué blanco, hongo
+azul, y al brazo un abrigo, parecía el señor de Ulloa otro hombre nuevo
+y diferente, con veinte grados más de educación y cultura que el
+anterior. De golpe lo comprendió todo Julián... y la sangre le dio
+gozoso vuelco.
+
+--¡Señorito...!
+
+--Ea, despachar, que corre prisa.... Tiene usted que acompañarme a
+Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediodía.
+
+--¿De veras viene usted? ¡Mismo parece cosa de milagro! Yo estuve hoy
+arreglando la maleta. ¡Bendito sea Dios! Pero si usted determina que me
+quede aquí entretanto....
+
+--¡No faltaba otra cosa! Si salgo solo, se me agua la fiesta. Voy a dar
+una sorpresa al tío Manolo, y a conocer a las primas, que sólo las he
+visto cuando eran unas mocosas.... Si ahora me desanimo, no vuelvo a
+animarme en diez años. Ya he mandado a Primitivo que ensille la yegua y
+ponga el aparejo a la borrica.
+
+En aquel punto asomó por la puerta un rostro que a Julián se le antojó
+siniestro, y acaso pensó otro tanto el marqués, pues preguntó
+impaciente:
+
+--Vamos a ver, ¿qué ocurre?
+
+--La yegua--respondió Primitivo sin alzar la voz--no sirve para el camino.
+
+--¿Por qué razón? ¿Puede saberse?
+
+--Está sin una ferradura siquiera--declaró serenamente el cazador.
+
+--¡Mal rayo que te parta!--vociferó el marqués echando fuego por los
+ojos--. ¡Ahora me dices eso! ¿Pues no es cuenta tuya cuidar de que esté
+herrada? ¿O he de llevarla yo al herrador todos los días?
+
+--Como no sabía que el señorito quisiese salir hoy....
+
+--Señor--intervino Julián--, yo iré a pie. Al fin tenía determinado dar ese
+paseo. Lleve usted la burra.
+
+--Tampoco hay burra--objetó el cazador sin pestañear ni alterar un solo
+músculo de su faz broncínea.
+
+--¿Que... no... hay... bu... rraaaaa?--articuló, apretando los puños, don
+Pedro--. ¿Que no... la... hayyy? A ver, a ver.... Repíteme eso, en mi
+cara.
+
+El hombre de bronce no se inmutó al reiterar fríamente.
+
+--No hay burra.
+
+--¡Pues así Dios me salve! ¡La ha de haber y tres más, y si no por quien
+soy que os pongo a todos a cuatro patas y me lleváis a caballo hasta
+Cebre!
+
+Nada replicó Primitivo, incrustado en el quicio de la puerta.
+
+--Vamos claros, ¿cómo es que no hay burra?
+
+--Ayer, al volver del pasto, el rapaz que la cuida le encontró dos
+puñaladas.... Puede el señorito verla.
+
+Disparó don Pedro una imprecación, y bajó de dos en dos las escaleras.
+Primitivo y Julián le seguían. En la cuadra, el pastor, adolescente de
+cara estúpida y escrofulosa, confirmó la versión del cazador. Allá en el
+fondo del establo columbraron al pobre animal, que temblaba, con las
+orejas gachas y el ojo amortiguado; la sangre de sus heridas, en negro
+reguero, se había coagulado desde el anca a los cascos. Julián
+experimentaba en el establo sombrío y lleno de telarañas impresión
+análoga a la que sentiría en el teatro de un crimen. Por lo que hace al
+marqués, quedóse suspenso un instante, y de súbito, agarrando al pastor
+por los cabellos, se los mesó y refregó con furia, exclamando:
+
+--Para que otra vez dejes acuchillar a los animales..., toma..., toma...,
+toma....
+
+Rompió el chico a llorar becerrilmente, lanzando angustiosas miradas al
+impasible Primitivo. Don Pedro se volvió hacia éste.
+
+--Pilla ahora mismo mi saco y la maleta de don Julián.... Volando.... Nos
+vamos a pie hasta Cebre.... Andando bien, tenemos tiempo de coger el
+coche.
+
+Obedeció el cazador sin perder su helada calma. Bajó la maleta y el
+saco; pero en vez de cargar ambos objetos a hombros, entregó cada bulto
+a un mozo de campo, diciendo lacónicamente:
+
+--Vas con el señorito.
+
+Sorprendióse el marqués y miró a su montero con desconfianza. Jamás
+perdonaba Primitivo la ocasión de acompañarle, y extrañaba su
+retraimiento entonces. Por la imaginación de don Pedro cruzaron rápidas
+vislumbres de recelo; y como si Primitivo lo adivinase, probó a
+disiparlo.
+
+--Yo tengo ahí que atender al rareo del soto de Rendas. Están los
+castaños tan apretados, que no se ve.... Ya andan allá los leñadores....
+Pero sin mí, no se desenvuelven....
+
+Encogióse de hombros el señorito, calculando que acaso Primitivo se
+proponía ocultar en el soto la vergüenza de su derrota. No obstante,
+como creía conocerle, hacíasele duro que abandonase la partida sin
+desquite. Estuvo a punto de exclamar: «Acompáñame». Presintió
+resistencias, y pensó para su sayo: «¡Qué demonio! Más vale dejarle.
+Aunque se empeñe, no me ha de cortar el paso.... Y si cree que puede
+conmigo...».
+
+Fijó sin embargo una mirada escrutadora en las escuetas facciones del
+cazador, donde creía advertir, muy encubierta y disimulada, cierta
+contracción diabólica.
+
+--¿Qué estará rumiando este zorro?--cavilaba el señorito--. Sin alguna no
+escapamos. ¡No, pues como se desmande! Me coge hoy en punto de caramelo.
+
+Subió don Pedro a su habitación y volvió con la escopeta al hombro.
+Julián le miraba sorprendido de que tomase el arma yendo de viaje. De
+pronto el capellán recordó algo también y se dirigió a la cocina.
+
+--¡Sabel!--gritó--. ¡Sabel! ¿Dónde está el niño, mujer? Le quería dar un
+beso.
+
+Sabel salió y volvió con el chiquillo agarrado a sus sayas. Le había
+encontrado escondido en el pesebre de las vacas, su rincón favorito, y
+el diablillo traía los rizos entretejidos con hierba y flores
+silvestres. Estaba precioso. Hasta la venda de la descalabradura le
+asemejaba al Amor. Julián le levantó en peso, besándole en ambos
+carrillos.
+
+--Sabel, mujer, lávelo de vez en cuando siquiera.... Por las mañanas....
+
+--Vámonos, vámonos...--apremió el marqués desde la puerta, como si
+recelase entrar junto a la mujer y el niño--. Hace falta el tiempo.... Se
+nos va a marchar el coche.
+
+Si Sabel deseaba retener a aquel fugitivo Eneas, no dio de ello la más
+leve señal, pues se volvió con gran sosiego a sus potes y trébedes. Don
+Pedro, a pesar de la urgencia alegada para apurar a Julián, aguardó dos
+minutos en la puerta, quizás con la ilusión recóndita de ser detenido
+por la muchacha; pero al fin, encogiéndose de hombros, salió delante, y
+echó a andar por la senda abierta entre viñas que conducía al crucero.
+Era el paraje descubierto, aunque el terreno quebrado, y el señorito
+podía otear fácilmente a derecha e izquierda todo cuanto sucediese: ni
+una liebre brincaría por allí sin que sus ojos linces de cazador la
+avizorasen. Aunque departiendo con Julián acerca de la sorpresa que se
+le preparaba a la familia de la Lage, y de si amenazaba llover porque el
+cielo se había encapotado, no descuidaba el marqués observar algo que
+debía interesarle muchísimo. Un instante se paró, creyendo divisar la
+cabeza de un hombre allá lejos, detrás de los paredones que cerraban la
+viña. Pero a tal distancia no consiguió cerciorarse. Vigiló más atento.
+
+Acercábanse al soto de Rendas, situado antes del crucero; desde allí el
+arbolado se espesaba, y se dificultaba la precaución. Orillaron el soto,
+llegaron al pie del santo símbolo y se internaron en el camino más agrio
+y estrecho, sin ver nada que justificase temores. En la espesura oyeron
+el golpe reiterado del hacha y el ¡ham! de los leñadores, que rareaban
+los castaños. Más adelante, silencio total. El cielo se cubría de nubes
+cirrosas, y la claridad del sol apenas se abría paso, filtrándose velada
+y cárdena, presagiando tempestad. Julián recordó un detalle melancólico,
+la cruz a la cual iban a llegar en breve, que señalaba el teatro de un
+crimen, y preguntó:
+
+--¿Señorito?
+
+--¿Eh?--murmuró el marqués, hablando con los dientes apretados.
+
+--Aquí cerca mataron un hombre, ¿verdad? Donde está la cruz de madera.
+¿Por qué fue, señorito? ¿Alguna venganza?
+
+--Una pendencia entre borrachos, al volver de la feria--respondió
+secamente don Pedro, que se hacía todo ojos para inspeccionar los
+matorrales.
+
+La cruz negreaba ya sobre ellos, y Julián se puso a rezar el _Padre
+nuestro_ acostumbrado, muy bajito. Iba delante, y el señorito le pisaba
+casi los talones. Los mozos portadores del equipaje se habían adelantado
+mucho, deseosos de llegar cuanto antes a Cebre y echar un traguete en la
+taberna. Para oír el susurro que produjeron las hojas y la maleza al
+desviarse y abrir paso a un cuerpo, necesitábanse realmente sentidos de
+cazador. El señorito lo percibió, aunque tenue, clarísimo, y vio el
+cañón de la escopeta apuntado tan diestramente que de fijo no se
+perdería el disparo: el cañón no amagaba a su pecho, sino a las espaldas
+de Julián. La sorpresa estuvo a punto de paralizar a don Pedro: fue un
+segundo, menos que un segundo tal vez, un espacio de tiempo
+inapreciable, lo que tardó en reponerse, y en echarse a la cara su arma,
+apuntando a su vez al enemigo emboscado. Si el tiro de éste salía, la
+bala se cruzaría casi con otra bala justiciera. La situación duró pocos
+instantes: estaban frente a frente dos adversarios dignos de medir sus
+fuerzas. El más inteligente cedió, encontrándose descubierto. Oyó el
+marqués el roce del follaje al bajarse el cañón que amenazaba a Julián,
+y Primitivo salió del soto, blandiendo su vieja escopeta certera,
+remendada con cordeles. Julián precipitó el _Gloria Patri_ para decirle
+en tono cortés:
+
+--Hola.... ¿Se viene usted con nosotros por fin hasta Cebre?
+
+--Sí, señor--contestó Primitivo, cuyo semblante recordaba más que nunca el
+de una estatua de fundición--. Dejo dispuesto en Rendas, y voy a ver si
+de aquí a Cebre sale algo que tumbar....
+
+--Dame esa escopeta, Primitivo--ordenó don Pedro--. Estoy oyendo cantar la
+codorniz ahí, que no parece sino que me hace burla. Se me ha olvidado
+cargar mi carabina.
+
+Diciendo y haciendo, cogió la escopeta, apuntó a cualquier parte, y
+disparó. Volaron hojas y pedazos de rama de un roble próximo, aunque
+ninguna codorniz cayó herida.
+
+--¡Marró!--exclamó el señorito fingiendo gran contrariedad, mientras para
+sí discurría: «No era bala, eran postas.... Le quería meter grajea de
+plomo en el cuerpo.... ¡Claro, con bala era más escandaloso, más
+alarmante para la justicia. Es zorro fino!».
+
+Y en voz alta:
+
+--No vuelvas a cargar; hoy no se caza, que se nos viene la lluvia encima
+y tenemos que apretar el paso. Marcha delante, enséñanos el atajo hasta
+Cebre.
+
+--¿No lo sabe el señorito?
+
+--Sí tal, pero a veces me distraigo.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Como ya dos veces había repicado la campanilla y los criados no llevaban
+trazas de abrir, las señoritas de la Lage, suponiendo que a horas tan
+tempranas no vendría nadie de cumplido, bajaron en persona y en grupo a
+abrir la puerta, sin peinar, con bata y chinelas, hechas unas fachas.
+Así es que se quedaron voladas al encontrarse con un arrogante mozo, que
+les decía campechanamente:
+
+--¿A que nadie me conoce aquí?
+
+Sintieron impulsos de echar a correr; pero la tercera, la menos linda de
+todas, frisando al parecer en los veinte años, murmuró:
+
+--De fijo que es el primo Perucho Moscoso.
+
+--¡Bravo!--exclamó don Pedro--. ¡Aquí está la más lista de la familia!
+
+Y adelantándose con los brazos abiertos fue para abrazarla; pero ella,
+hurtando el cuerpo, le tendió una manecita fresca, recién lavada con
+agua y colonia. En seguida se entró por la casa gritando:
+
+--¡Papá!, ¡papá! ¡Está aquí el primo Perucho!
+
+El piso retembló bajo unos pasos elefantinos.... Apareció el señor de la
+Lage, llenando con su volumen la antesala, y don Pedro abrazó a su tío,
+que le llevó casi en volandas al salón. Julián, que por no malograr la
+sorpresa de la aparición del primo se había quedado oculto detrás de la
+puerta, salía riendo del escondite, muy embromado por las señoritas, que
+afirmaban que estaba gordísimo, y se escurría por el corredor, en busca
+de su madre.
+
+Viéndoles juntos, se observaba extraordinario parecido entre el señor de
+la Lage y su sobrino carnal: la misma estatura prócer, las mismas
+proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma
+barba fuerte y copiosa; pero lo que en el sobrino era armonía de
+complexión titánica, fortalecida por el aire libre y los ejercicios
+corporales, en el tío era exuberancia y plétora; condenado a una vida
+sedentaria, se advertía que le sobraba sangre y carne, de la cual no
+sabía qué hacer; sin ser lo que se llama obeso, su humanidad se
+desbordaba por todos lados; cada pie suyo parecía una lancha, cada mano
+un mazo de carpintero. Se ahogaba con los trajes de paseo; no cabía en
+las habitaciones reducidas; resoplaba en las butacas del teatro, y en
+misa repartía codazos para disponer de más sitio. Magnífico ejemplar de
+una raza apta para la vida guerrera y montés de las épocas feudales, se
+consumía miserablemente en el vil ocio de los pueblos, donde el que nada
+produce, nada enseña, ni nada aprende, de nada sirve y nada hace. ¡Oh
+dolor! Aquel castizo Pardo de la Lage, naciendo en el siglo XV, hubiera
+dado en qué entender a los arqueólogos e historiadores del XIX.
+
+Mostró admirarse de la buena presencia del sobrino y le habló
+llanotamente, para inspirarle confianza.
+
+--¡Muchacho, muchacho! ¿A dónde vas con tanto doblar? Cuidado que estás
+más hombre que yo.... Siempre te imitaste más a Gabriel y a mí que a tu
+madre que santa gloria haya.... Lo que es con tu padre, ni esto.... No
+saliste Moscoso, ni Cabreira, chico; saliste Pardo por los cuatro
+costados. Ya habrás visto a tus primas, ¿eh? Chiquillas, ¿qué le decís
+al primo?
+
+--¿Qué me dicen? Me han recibido como a la persona de más cumplimiento....
+A ésta le quise dar un abrazo, y ella me alargó la mano muy fina.
+
+--¡Qué borregas! ¡Marías Remilgos! A ver cómo abrazáis todas al primo,
+inmediatamente.
+
+La primera que se adelantó a cumplir la orden fue la mayor. Al
+estrecharla, don Pedro no pudo dejar de notar las bizarras proporciones
+del bello bulto humano que oprimía. ¡Una real moza, la primita mayor!
+
+--¿Tú eres Rita, si no me equivoco?--preguntó risueño--. Tengo muy mala
+memoria para nombres y puede que os confunda.
+
+--Rita, para servirte...--respondió con igual amabilidad la prima--. Y ésta
+es Manolita, y ésta es Carmen, y aquélla es Nucha....
+
+--Sttt.... Poquito a poco.... Me lo iréis repitiendo conforme os abrace.
+
+Dos primas vinieron a pagar el tributo, diciendo festivamente:
+
+--Yo soy Manolita, para servir a usted.
+
+--Yo, Carmen, para lo que usted guste mandar.
+
+Allá entre los pliegues de una cortina de damasco se escondía la
+tercera, como si quisiese esquivar la ceremonia afectuosa; pero no le
+valió la treta, antes su retraimiento incitó al primo a exclamar:
+
+--¿Doña Hucha, o como te llames?... Cuidadito conmigo..., se me debe un
+abrazo....
+
+--Me llamo Marcelina, hombre.... Pero éstas me llaman siempre Marcelinucha
+o Nucha....
+
+Costábale trabajo resolverse, y permanecía refugiada en el rojo dosel de
+la cortina, cruzando las manos sobre el peinador de percal blanco, que
+rayaban con doble y largo trazo, como de tinta, sus sueltas trenzas. El
+padre la empujó bruscamente, y la chica vino a caer contra el primo,
+toda ruborizada, recibiendo un apretón en regla, amén de un frote de
+barbas que la obligó a ocultar el rostro en la pechera del marqués.
+
+Hechas así las amistades, entablaron el señor de la Lage y su sobrino la
+imprescindible conversación referente al viaje, sus causas, incidentes y
+peripecias. No explicaba muy satisfactoriamente el sobrino su impensada
+venida: pch... ganas de _espilirse_.... Cansa estar siempre solo.... Gusta
+la variación.... No insistió el tío, pensando para su chaleco: «Ya Julián
+me lo contará _todo_».
+
+Y se frotaba las manos colosales, sonriendo a una idea que, si
+acariciaba tiempo hacía allá en su interior, jamás se le había
+presentado tan clara y halagüeña como entonces. ¡Qué mejor esposo podían
+desear sus hijas que el primo Ulloa! Entre los numerosos ejemplares del
+tipo del padre que desea _colocar_ a sus niñas, ninguno más vehemente
+que don Manuel Pardo, en cuanto a la voluntad, pero ninguno más
+reservado en el modo y forma. Porque aquel hidalgo de cepa vieja sentía
+a la vez gana ardentísima de casar a las chiquillas y un orgullo de raza
+tan exaltado, bajo engañosas apariencias de llaneza, que no sólo le
+vedaba descender a ningún ardid de los usuales en padres casamenteros,
+sino que le imponía suma rigidez y escrúpulo en la elección de sus
+relaciones y en la manera de educar a sus hijas, a quienes traía como
+encastilladas y aisladas, no llevándolas sino de pascuas a ramos a
+diversiones públicas. Las señoritas de la Lage, discurría don Manuel,
+deben casarse, y sería contrario al orden providencial que no apareciese
+tronco en que injertar dignamente los retoños de tan noble estirpe; pero
+antes se queden para vestir imágenes que unirse con cualquiera, con el
+teniente que está de guarnición, con el comerciante que medra midiendo
+paño, con el médico que toma el pulso; eso sería, ¡vive Dios!,
+profanación indigna; las señoritas de la Lage sólo pueden dar su mano a
+quien se les iguale en calidad. Así pues, don Manuel, que se desdeñaría
+de tender redes a un ricachón plebeyo, se propuso inmediatamente hacer
+cuanto estuviese en su mano para que su sobrino pasase a yerno, como el
+Sandoval de la zarzuela.
+
+¿Conformaban las primitas con las opiniones de su padre? Lo cierto es
+que, apenas el primo se sentó a platicar con don Manuel, cada niña se
+escurrió bonitamente, ya a arreglar su tocado, ya a prevenir alojamiento
+al forastero y platos selectos para la mesa. Se convino en que el primo
+se quedaba hospedado allí, y se envió por la maleta a la posada.
+
+Fue la comida alegre en extremo. Rápidamente se había establecido entre
+don Pedro y las señoritas de la Lage el género de familiaridad inherente
+al parentesco en grado prohibido pero dispensable: familiaridad que se
+diferencia de la fraternal en que la sazona y condimenta un picante
+polvito de hostilidad, germen de graciosas y galantes escaramuzas.
+Cruzábase en la mesa vivo tiroteo de bromas, piropos, que entre los dos
+sexos suele preludiar a más serios combates.
+
+--Primo, me extraña mucho que estando a mi lado no me sirvas el agua.
+
+--Los aldeanos no entendemos de política: ve enseñándome un poco, que por
+tener maestras así....
+
+--Glotón, ¿quién te da permiso para repetir?
+
+--El plato está tan rico, que supongo que es obra tuya.
+
+--¡Vaya unas ilusiones! Ha sido la cocinera. Yo no guiso para ti. Te
+fastidiaste.
+
+--Prima, esta yemecita. Por mí.
+
+--No me robes del plato, goloso. Que no te lo doy, ea. ¿No tienes ahí la
+fuente?
+
+--¿A que te lo atrapo? Cuando más descuidada estés....
+
+--¿A que no?
+
+Y la prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos,
+para evitar el hurto de un merengue o de media manzana, y el juego se
+celebraba con estrepitosas carcajadas, como si fuese el paso más
+gracioso del mundo. Las mantenedoras de este torneo eran Rita y
+Manolita, las dos mayores; en cuanto a Nucha y Carmen, se encerraban en
+los términos de una cordialidad mesurada, presenciando y riendo las
+bromas, pero sin tomar parte activa en ellas, con la diferencia de que
+en el rostro de Carmen, la más joven, se notaba una melancolía perenne,
+una preocupación dominante, y en el de Nucha se advertía tan sólo
+gravedad natural, no exenta de placidez.
+
+Hállabase don Pedro en sus glorias. Al resolverse a emprender el viaje,
+receló que las primas fuesen algunas señoritas muy cumplimenteras y
+espetadas, cosa que a él le pondría en un brete, por serle extrañas las
+fórmulas del trato ceremonioso con damas de calidad, clase de _perdices
+blancas_ que nunca había cazado; mas aquel recibimiento franco le
+devolvió al punto su aplomo. Animado, y con la cálida sangre despierta,
+consideraba a las primitas una por una, calculando a cuál arrojaría el
+pañuelo. La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos
+negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasión de ánimo, las
+cárdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba
+por romanticismos. En cuanto a la tercera, Nucha, asemejábase bastante a
+la menor, sólo que en feo: sus ojos, de magnífico tamaño, negros también
+como moras, padecían leve estrabismo convergente, lo cual daba a su
+mirar una vaguedad y pudor especiales; no era alta, ni sus facciones se
+pasaban de correctas, a excepción de la boca, que era una miniatura. En
+suma, pocos encantos físicos, al menos para los que se pagan de la
+cantidad y morbidez en esta nuestra envoltura de barro. Manolita ofrecía
+otro tipo distinto, admirándose en ella lozanas carnes y suma gracia,
+unida a un defecto que para muchos es aumento singular de perfección en
+la mujer, y a otros, verbigracia a don Pedro, les inspira repulsión: un
+carácter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba
+pasando a bigote, una prolongación del nacimiento del pelo sobre la
+oreja que, descendiendo a lo largo de la mandíbula, quería ser, más que
+suave patilla, atrevida barba. A la que no se podían poner tachas era a
+Rita, la hermana mayor. Lo que más cautivaba a su primo, en Rita, no era
+tanto la belleza del rostro como la cumplida proporción del tronco y
+miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno,
+todo cuanto en las valientes y armónicas curvas de su briosa persona
+prometía la madre fecunda y la nodriza inexhausta. ¡Soberbio vaso en
+verdad para encerrar un Moscoso legítimo, magnífico patrón donde
+injertar el heredero, el continuador del nombre! El marqués presentía en
+tan arrogante hembra, no el placer de los sentidos, sino la numerosa y
+masculina prole que debía rendir; bien como el agricultor que ante un
+terreno fértil no se prenda de las florecillas que lo esmaltan, pero
+calcula aproximadamente la cosecha que podrá rendir al terminarse el
+estío.
+
+Pasaron al salón después de la comida, para la cual las muchachas se
+habían emperejilado. Enseñaron a don Pedro infinidad de quisicosas:
+estereóscopos, álbumes de fotografías, que eran entonces objetos muy
+elegantes y nada comunes. Rita y Manolita obligaban al primo a fijarse
+en los retratos que las representaban apoyadas en una silla o en una
+columna, actitud clásica que por aquel tiempo imponían los fotógrafos; y
+Nucha, abriendo un álbum chiquito, se lo puso delante a don Pedro,
+preguntándole afanosamente:
+
+--¿Le conoces?
+
+Era un muchacho como de diecisiete años, rapado, con uniforme de alumno
+de la Academia de artillería, parecidísimo a Nucha y a Carmen cuanto
+puede parecerse un pelón a dos señoritas con buenas trenzas de pelo.
+
+--Es mi niño--afirmó Nucha muy grave.
+
+--¿Tu niño?
+
+Riéronse las otras hermanas a carcajadas, y don Pedro exclamó cayendo en
+la cuenta:
+
+--¡Bah!, ya sé. Es vuestro hermano, mi señor primo, el mayorazgo de la
+Lage, Gabrieliño.
+
+--Pues claro: ¿quién había de ser? Pero esa Nucha le quiere tanto, que
+siempre le llama su niño.
+
+Nucha, corroborando el aserto, se inclinó y besó el retrato, con tan
+apasionada ternura, que allá en Segovia el pobre alumno, víctima quizá
+de los rigores de la cruel _novatada_, debió sentir en la mejilla y el
+corazón una cosa dulce y caliente.
+
+Cuando Carmen, la tristona, vio a sus hermanas entretenidas, se
+escabulló del salón, donde ya no apareció más. Agotado todo lo que en el
+salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván
+hasta la leñera: un caserón antiguo, espacioso y destartalado, como aún
+quedan muchos en la monumental Compostela, digno hermano urbano de los
+rurales Pazos de Ulloa. En su fachada severa desafinaba una galería de
+nuevo cuño, ideada por don Manuel Pardo de la Lage, que tenía el costoso
+vicio de hacer obras. Semejante solecismo arquitectónico era el
+quitapesares de las señoritas de Pardo; allí se las encontraba siempre,
+posadas como pájaros en rama favorita, allí hacían labor, allí tenían un
+breve jardín, contenido en macetas y cajones, allí colgaban jaulas de
+canarios y jilgueros; tal vez no parasen en esto los buenos oficios de
+la galería dichosa. Lo cierto es que en ella encontraron a Carmen,
+asomada y mirando a la calle, tan absorta que no sintió llegar a sus
+hermanas. Nucha le tiró del vestido; la muchacha se volvió, pudiendo
+notarse que tenía unas vislumbres de rosa en las mejillas, descoloridas
+de ordinario. Hablóle Nucha vivamente al oído, y Carmen se apartó del
+encristalado antepecho, siempre muda y preocupada. Rita no cesaba de
+explicar al primo mil particularidades.
+
+--Desde aquí se ven las mejores calles... Ése es el Preguntoiro; por ahí
+pasa mucha gente.... Aquella torre es la de la Catedral.... ¿Y tú no has
+ido a la Catedral todavía? ¿Pero de veras no le has rezado un Credo al
+Santo Apóstol, judío?--exclamaba la chica vertiendo provocativa luz de
+sus pupilas radiantes--. Vaya, vaya.... Tengo yo que llevarte allí, para
+que conozcas al Santo y lo abraces muy apretadito.... ¿Tampoco has visto
+aún el Casino?, ¿la Alameda?, ¿la Universidad? ¡Señor! ¡Si no has visto
+nada!
+
+--No, hija.... Ya sabes que soy un pobre aldeano... y he llegado ayer al
+anochecer. No hice más que acostarme.
+
+--¿Por qué no te viniste acá en derechura, descastado?
+
+--¿A alborotaros la casa de noche? Aunque salgo de entre tojos, no soy
+tan mal criado como todo eso.
+
+--Vamos, pues hoy tienes que ver alguna notabilidad.... Y no faltar al
+paseo.... Hay chicas muy guapas.
+
+--De eso ya me he enterado, sin molestarme en ir a la Alameda--contestó el
+primo echando a Rita una miradaza que ella resistió con intrepidez
+notoria, y pagó sin esquivez alguna.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Y en efecto, le fueron enseñadas al marqués de Ulloa multitud de cosas
+que no le importaban mayormente. Nada le agradó, y experimentó mil
+decepciones, como suele acontecer a las gentes habituadas a vivir en el
+campo, que se forman del pueblo una idea exagerada. Pareciéronle, y con
+razón, estrechas, torcidas y mal empedradas las calles, fangoso el piso,
+húmedas las paredes, viejos y ennegrecidos los edificios, pequeño el
+circuito de la ciudad, postrado su comercio y solitarios casi siempre
+sus sitios públicos; y en cuanto a lo que en un pueblo antiguo puede
+enamorar a un espíritu culto, los grandes recuerdos, la eterna vida del
+arte conservada en monumentos y ruinas, de eso entendía don Pedro lo
+mismo que de griego o latín. ¡Piedras mohosas! Ya le bastaban las de los
+Pazos. Nótese cómo un hidalgo campesino de muy rancio criterio se
+hallaba al nivel de los demócratas más vandálicos y demoledores. A pesar
+de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando niño, discurría y
+fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna: calles anchas,
+mucha regularidad en las construcciones, todo nuevo y flamante, gran
+policía, ¿qué menos puede ofrecer la civilización a sus esclavos? Es
+cierto que Santiago poseía dos o tres edificios espaciosos, la Catedral,
+el Consistorio, San Martín.... Pero en ellos existían cosas muy sin razón
+ponderadas, en concepto del marqués: por ejemplo, la Gloria de la
+Catedral. ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y
+sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de
+ver a alguno de estos sabios que escudriñan el _sentido_ de un monumento
+religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el
+pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo.
+¡Simbolismo! ¡Jerigonzas! El pórtico estaba muy mal labrado, y las
+figuras parecían pasadas por tamiz. Por fuerza las artes andaban
+atrasadísimas en aquellos tiempos de maricastaña. Total, que de los
+monumentos de Santiago se atenía el marqués a uno de fábrica muy
+reciente: su prima Rita.
+
+La proximidad de la fiesta del Corpus animaba un tanto la soñolienta
+ciudad universitaria, y todas las tardes había lucido paseo bajo los
+árboles de la Alameda. Carmen y Nucha solían ir delante, y las seguían
+Rita y Manolita, acompañadas por su primo; el padre cubría la
+retaguardia conversando con algún señor mayor, de los muchos que existen
+en el pueblo compostelano, donde por ley de afinidad parece abundar más
+que en otras partes la gente provecta. A menudo se arrimaba a Manolita
+un señorito muy planchado y tieso, con cierto empaque ridículo y
+exageradas pretensiones de elegancia: llamábase don Víctor de la
+Formoseda y estudiaba derecho en la Universidad; don Manuel Pardo le
+veía gustoso acercarse a sus hijas, por ser el señorito de la Formoseda
+de muy limpio solar montañés, y no despreciable caudal. No era éste el
+único mosquito que zumbaba en torno de las señoritas de la Lage. A las
+primeras de cambio notó don Pedro que así por los tortuosos y lóbregos
+soportales de la Rúa del Villar, como por las frondosidades de la
+Alameda y la Herradura, les seguía y escoltaba un hombre joven,
+melenudo, enfundado en un gabán gris, de corte raro y antiguo. Aquel
+hombre parecía la sombra de las muchachas: no era posible volver la
+cabeza sin encontrársele: y don Pedro reparó también que al surgir
+detrás de un pilar o por entre los árboles el rondador perpetuo, la cara
+triste y ojerosa de Carmen se animaba, y brillaban sus abatidos ojos. En
+cambio don Manuel y Nucha daban señales de inquietud y desagrado.
+
+Ya sobre la pista, don Pedro siguió acechando, a fuer de cazador
+experto. Nucha no debía tener ningún adorador entre la multitud de
+estudiantes y vagos que acudían al paseo, o si lo tenía, no le hacía
+caso, pues caminaba seria e indiferente. En público, Nucha parecía
+revestirse de gravedad ajena a sus años. Respecto a Manolita, no perdía
+ripio coqueteando con el señorito de la Formoseda. Rita, siempre animada
+y provocadora, lo era mucho con su primo, y no poco con los demás, pues
+don Pedro advirtió que a las miradas y requiebros de sus admiradores
+correspondía con ojeadas vivas y flecheras. Lo cual no dejó de dar en
+qué pensar al marqués de Ulloa, el cual, tal vez por contarse en el
+número de los hombres fácilmente atraídos por las mujeres vivarachas,
+tenía de ellas opinión detestable y para sus adentros la expresaba en
+términos muy crudos.
+
+Dormían en habitaciones contiguas Julián y el marqués, pues Julián,
+desde su ordenación, había ascendido de categoría en la casa, y mientras
+la madre continuaba desempeñando las funciones de ama de llaves y dueña,
+el hijo comía con los señores, ocupaba un cuarto de importancia, y era
+tratado en suma, si no de igual a igual, pues siempre quedaban matices
+de protección, al menos con gran amabilidad y deferencia. De noche,
+antes de recogerse, el marqués se le entraba en el dormitorio a fumar un
+cigarro y charlar. La conversación ofrecía pocos lances, pues siempre
+versaba sobre el mismo proyecto. Decía don Pedro que le admiraban dos
+cosas: haberse resuelto a salir de los Pazos, y hallarse tan decidido a
+_tomar estado_, idea que antes le parecía irrealizable. Era don Pedro de
+los que juzgan muy importantes y dignas de comentarse sus propias
+acciones y mutaciones--achaque propio de egoístas--y han menester tener
+siempre cerca de sí algún inferior o subordinado a quien referirlas,
+para que les atribuya también valor extraordinario.
+
+Agradaba la plática a Julián. Aquellas proyectadas bodas entre primo y
+prima le parecían tan naturales como juntarse la vid al olmo. Las
+familias no podían ser mejores ni más para en una; las clases iguales;
+las edades no muy desproporcionadas, y el resultado dichosísimo, porque
+así redimía el marqués su alma de las garras del demonio, personificado
+en impúdicas barraganas. Solamente no le contentaba que don Pedro se
+hubiese ido a fijar en la señorita Rita: mas no se atrevía ni a
+indicarlo, no fuese a malograrse la cristiana resolución del marqués.
+
+--Rita es una gran moza...--decía éste explayándose--. Parece sana como una
+manzana, y los hijos que tenga heredarán su buena constitución. Serán
+más fuertes aún que Perucho, el de Sabel.
+
+¡Inoportuna reminiscencia! Julián se apresuraba a replicar, sin meterse
+en honduras fisiológicas:
+
+--La casta de los señores de Pardo es muy saludable, gracias a Dios....
+
+Una noche cambiaron de sesgo las confidencias, entrando en terreno
+sumamente embarazoso para Julián, siempre temeroso de que cualquier
+desliz de su lengua desbaratase los proyectos del señorito, y le echase
+a él sobre la conciencia responsabilidad gravísima.
+
+--¿Sabe usted--insinuó don Pedro--que mi prima Rita se me figura algo
+casquivana? Por el paseo va siempre entretenida en si la miran o no la
+miran, si le dicen o no le dicen... juraría que toma varas.
+
+--¿Que toma varas?--repitió el capellán, quedándose en ayunas del sentido
+de la frase grosera.
+
+--Sí, hombre..., que se deja querer, vamos.... Y para casarse, no es cosa
+de broma que la mujer las gaste con el primero que llega.
+
+--¿Quién lo duda, señorito? La prenda más esencial en la mujer es la
+honestidad y el recato. Pero no hay que fiarse de apariencias. La
+señorita Rita tiene el genio así, franco y alegre....
+
+Creíase Julián salvado con estas evasivas, cuando, a las pocas noches,
+don Pedro le apretó para que _cantase_:
+
+--Don Julián, aquí no valen misterios.... Si he de casarme, quiero al
+menos saber con quién y cómo.... Apenas se reirían si porque vengo de los
+Pazos me diesen de buenas a primeras gato por liebre. Con razón se diría
+que salí de un soto para meterme en otro. No sirve contestar que usted
+no sabe nada. Usted se ha criado en esta casa, y conoce a mis primas
+desde que nació. Rita.... Rita es mayor que usted, ¿no es verdad?
+
+--Sí, señor--respondió Julián, no teniendo por cargo de conciencia revelar
+la edad--. La señorita Rita cumplirá ahora veintisiete o veintiocho
+años.... Después viene la señorita Manolita y la señorita Marcelina, que
+son seguidas..., veintitrés y veintidós... porque en medio murieron dos
+niños varones..., y luego la señorita Carmen, veinte.... Cuando nació el
+señorito Gabriel, que andará en los diecisiete o poco más, ya no se
+pensaba que la señora volviese a tener sucesión, porque andaba delicada,
+y le probó tan mal el parto, que falleció a los pocos meses.
+
+--Pues usted debe conocer perfectamente a Rita. Cante usted, ea.
+
+--Señorito, a la verdad.... Yo me crié en esta casa, es cierto; pero sin
+manualizarme con los señores, porque mi clase era otra muy distinta.... Y
+mi madre, que era muy piadosa, no me permitió jamás juntarme con las
+señoritas para jugar ni nada... por razones de decoro.... ¡Ya usted me
+comprende! Con el señorito Gabriel sí que tuve algún trato; lo que es
+con las señoritas... buenos días y buenas noches, cuando las encontraba
+en los pasillos. Luego ya fui al Seminario....
+
+--¡Bah, bah! ¿Tiene usted gana de cuentos...? Harto estará usted de saber
+cosas de las chicas. Basta su madre de usted para enterarle. ¿Acerté? Se
+ha puesto usted colorado.... ¡Ajá! ¡Por ahí vamos bien! ¡A ver con qué
+cara me niega que su madre le ha informado de algunas cosillas...!
+
+Julián se tornó purpúreo. ¡Que si le habían contado! ¡Pues no habían de
+contarle! Desde su llegada, la venerable dueña que regía el llavero en
+casa de la Lage no había cogido a solas a su hijo un minuto sin ceder a
+la comezón de tocar ciertos asuntos, que únicamente con varones graves y
+religiosos pueden conferirse.... Misía Rosario no lo iba a charlar con
+otras comadres envidiosas, eso no; por algo comía el pan de don Manuel
+Pardo; pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don
+Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la
+más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de
+juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de
+discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que
+ella «si fuese señora» no realizaría jamás, y de oír que «personas de
+respeto» alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su
+dictamen? Que si le habían contado a Julián, ¡Dios bendito! Pero una
+cosa era que se lo hubiesen contado, y otra que él lo pudiese repetir.
+¿Cómo revelar la manía de la señorita Carmen, empeñada en casarse contra
+viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie,
+hijo de un herrador de pueblo (¡oh baldón para la preclara estirpe de
+los Pardos!), un loco de atar que la comprometía siguiéndola por todas
+partes a modo de perrito faldero, y de quien además se aseguraba que era
+un materialista, metido en sociedades secretas? ¿Cómo divulgar que la
+señorita Manolita hacía novenas a San Antonio para que don Víctor de la
+Formoseda se determinase a pedirla, llegando al extremo de escribir a
+don Víctor cartas anónimas indisponiéndole con otras señoritas cuya casa
+frecuentaba? Y sobre todo, ¿cómo indicar ni lo más somero y mínimo de
+_aquello_ de la señorita Rita, que maliciosamente interpretado tanto
+podía dañar a su honra? Antes le arrancasen la lengua.
+
+--Señorito...--balbució--. Yo creo que las señoritas son muy buenas e
+incapaces de faltar en nada; pero si lo contrario supiese, me guardaría
+bien de propalarlo, toda vez que yo..., que mi agradecimiento a esta
+familia me pondría..., vamos... como si dijéramos... una mordaza....
+
+Detúvose, comprendiendo que se empantanaba más.
+
+--No traduzca mis palabras, señorito.... Por Dios, no saque usted
+consecuencias de mi poca habilidad para explicarme.
+
+--¿Según eso--preguntó el marqués mirando de hito en hito al capellán--,
+usted juzga que no hay absolutamente nada censurable? Clarito. ¿Las
+considera usted _a todas_ unas señoritas intachables... perfectísimas...
+que me convienen para casarme? ¿Eh?
+
+Meditó Julián antes de responder.
+
+--Si usted se empeña en que le descubra cuánto uno tiene en el corazón...
+francamente, aunque las señoritas son cada una de por sí muy simpáticas,
+yo, puesto a escoger, no lo niego..., me quedaría con la señorita
+Marcelina.
+
+--¡Hombre! Es algo bizca... y flaca.... Sólo tiene buen pelo y buen genio.
+
+--Señorito, es una alhaja.
+
+--Será como las demás.
+
+--Es como ella sola. Cuando el señorito Gabriel quedó sin mamá de
+pequeñito, lo cuidó con una formalidad que tenía la gracia del mundo,
+porque ella no era mucho mayor que él. Una madre no hiciera más. De día,
+de noche, siempre con el chiquillo en brazos. Le llamaba su hijo: dicen
+que era un sainete ver aquello. Parece que el peso del chiquillo la
+rindió y por eso quedó más delicada de salud que las otras. Cuando el
+hermano marchó al colegio, estuvo malucha. Por eso la ve usted
+descolorida. Es un ángel, señorito. Todo se le vuelve aconsejar bien a
+las hermanas....
+
+--Señal de que lo necesitan--arguyó don Pedro maliciosamente.
+
+--¡Jesús! No puede uno deslizarse.... Bien sabe usted que sobre lo bueno
+está lo mejor, y la señorita Marcelina raya en perfecta. La perfección
+es dada a pocos. Señorito, la señorita Marcelina, ahí donde usted la ve,
+se confiesa y comulga tan a menudo, y es tan religiosa, que edifica a la
+gente.
+
+Quedóse don Pedro reflexionando algún rato, y aseguró después que le
+agradaba mucho, mucho, la religiosidad en las mujeres; que la
+conceptuaba indispensable para que fuesen «buenas».
+
+--Con que beatita, ¿eh?--añadió--. Ya tengo por dónde hacerla rabiar.
+
+Y tal fue en efecto el resultado inmediato de aquella conferencia donde,
+con mejor deseo que diplomacia, había intentado Julián presentar la
+candidatura de Nucha. Desde entonces el primo gastó con ella bastantes
+bromas, algunas más pesadas que divertidas. Con placer del niño
+voluntarioso cuyos dedos entreabren un capullo, gozaba en poner colorada
+a Nucha, en arañarle la epidermis del alma por medio de chanzas subidas
+e indiscretas familiaridades que ella rechazaba enérgicamente. Semejante
+juego mortificaba al capellán tanto como a la chica; las sobremesas eran
+para él largo suplicio, pues a las anécdotas y cuentos de don Manuel,
+que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes
+(costumbre inveterada en el señor de la Lage), se unían las continuas
+inconveniencias del primo con la prima. El pobre Julián, con los ojos
+fijos en el plato, el rubio entrecejo un tanto fruncido, pasaba las de
+Caín. Imaginábase él que ajar, siquiera fuese en broma, la flor de la
+modestia virginal era abominable sacrilegio. Por lo que su madre le
+había contado y por lo que en Nucha veía, la señorita le inspiraba
+religioso respeto, semejante al que infunde el camarín que contiene una
+veneranda imagen. Jamás se atrevía a llamarla por el diminutivo,
+pareciéndole _Nucha_ nombre de perro más bien que de persona; y cuando
+don Pedro se resbalaba a chanzonetas escabrosas, el capellán, juzgando
+que consolaba a la señorita Marcelina, tomaba asiento a su lado y le
+hablaba de cosas santas y apacibles, de alguna novena o función de
+iglesia, a las cuales Nucha asistía con asiduidad.
+
+No lograba el marqués vencer la irritante atracción que le llevaba hacia
+Rita; y con todo, al crecer el imperio que ejercía en sus sentidos la
+prima mayor, se fortalecía también la especie de desconfianza instintiva
+que infunden al campesino las hembras ciudadanas, cuyo refinamiento y
+coquetería suele confundir con la depravación. Vamos, no lo podía
+remediar el marqués; según frase suya, Rita _le escamaba_ terriblemente.
+¡Es que a veces ostentaba una desenvoltura! ¡Se mostraba con él tan
+incitadora; tendía la red con tan poco disimulo; se esponjaba de tal
+suerte ante los homenajes masculinos!
+
+El aldeano que llega al pueblo ha oído contar mil lances, mil jugarretas
+hechas a los bobos que allí entran desprevenidos como incautos peces.
+Lleno de recelo, mira hacia todas partes, teme que le roben en las
+tiendas, no se fía de nadie, no acierta a conciliar el sueño en la
+posada, no sea que mientras duerme le birlen el bolso. Guardada la
+distancia que separaba de un labriego al señor de Ulloa, éste era su
+estado moral en Santiago. No hería su amor propio ser dominado por
+Primitivo y vendido groseramente por Sabel en su madriguera de los
+Pazos, pero sí que le _torease_ en Compostela su artificiosa primilla.
+Además, no es lo mismo distraerse con una muchacha cualquiera que tomar
+esposa. La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y
+a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo.... Y don
+Pedro figuraba entre los que no juzgan limpia ya a la que tuvo amorosos
+tratos, aún en la más honesta y lícita forma, con otro que con su
+marido. Aún las ojeadas en calles y paseos eran pecados gordos. Entendía
+don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana, española neta,
+indulgentísima para el esposo e implacable para la esposa. Y a él que no
+le dijesen: Rita no estaba sin algún enredillo.... Acerca de Carmen y
+Manolita no necesitaba discurrir, pues bien veía lo que pasaba. Pero
+Rita....
+
+Ningún amigo íntimo tenía en Santiago don Pedro, aunque sí varios
+conocidos, ganados en el paseo, en casa de su tío o en el Casino, donde
+solía ir mañana y noche, a fuer de buen español ocioso. Allí se le
+embromaba mucho con su prima, comentándose también la desatinada pasión
+de Carmen por el estudiante y su continuo atalayar en la galería, con el
+adorador apostado enfrente. Siempre alerta, el señorito estudiaba el
+tono y acento con que nombraban a Rita. En dos o tres ocasiones le
+pareció notar unas puntas de ironía, y acaso no se equivocase; pues en
+las ciudades pequeñas, donde ningún suceso se olvida ni borra, donde
+gira perpetuamente la conversación sobre los mismos asuntos, donde se
+abulta lo nimio y lo grave adquiere proporciones épicas, a menudo tiene
+una muchacha perdida la fama antes que la honra, y ligerezas
+insignificantes, glosadas y censuradas años y años, llevan a su autora
+con palma al sepulcro. Además, las señoritas de la Lage, por su
+alcurnia, por los humos aristocráticos de su padre, y la especie de
+aureola con que pretendía rodearlas, por su belleza, eran blanco de
+bastantes envidillas y murmuraciones: cuando no se las motejaba de
+orgullosas, se recurría a tacharlas de coquetas.
+
+Lucía el Casino entre su maltratado mueblaje un caduco sofá de
+gutapercha, gala del gabinete de lectura: sofá que pudiera llamarse
+tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más
+afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de
+más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo,
+maestro en la ciencia del _mal saber_. Así como los eruditos se precian
+de no ignorar la más mínima particularidad concerniente a remotas épocas
+históricas, este sujeto se jactaba de poder decir, sin errar punto ni
+coma, lo que disfrutaban de renta, lo que comían, lo que hablaban y
+hasta lo que pensaban las veinte o treinta familias de viso que
+encerraba el recinto de Santiago. Hombre era para pronunciar con suma
+formalidad y gran reposo:
+
+--Ayer, en casa de la Lage, se han puesto en la mesa dos principios:
+croquetas y carne estofada. La ensalada fue de coliflor, y a los postres
+se sirvió carne de membrillo de las monjas.
+
+Comprobada la exactitud de tales pormenores, resultaban rigurosamente
+ciertos.
+
+Tan bien informado individuo consiguió encender más recelos en el ánimo
+del suspicaz señor de Ulloa, bastándole para ello unas cuantas
+palabritas, de ésas que tomadas al pie de la letra no llevan malicia
+alguna, pero vistas al trasluz pueden significarlo todo.... Encomiando el
+salero de Rita, y la hermosura de Rita, y la buena conformación
+anatómica del cuerpo de Rita, añadió como al descuido:
+
+--Es una muchacha de primer orden.... Y aquí difícilmente le saldría
+novio. Las chicas por el estilo de Rita siempre encuentran su media
+naranja en un forastero.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Hacía un mes que don Manuel Pardo se preguntaba a sí mismo: «¿Cuándo se
+determinará el rapaz a pedirme a Rita?».
+
+Que se la pediría, no lo dudó un momento. La situación del marqués en
+aquella casa era tácitamente la del novio aceptado. Los amigos de la
+familia de la Lage se permitían alusiones desembozadas a la próxima
+boda; los criados, en la cocina, calculaban ya a cuánto ascendería la
+propineja nupcial. Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita. A
+todas horas reían fraternalmente con el primo y una ráfaga de alegría
+juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera.
+
+Descabezaba una tarde la siesta el marqués, cuando llamaron a la puerta
+con grandes palmadas. Abrió: era Rita, en chambra, con un pañuelo de
+seda atado a lo curro, luciendo su hermosa garganta descubierta. Blandía
+en la diestra un plumero enorme, y parecía una guapísima criada de
+servir, semejanza que lejos de repeler al marqués, le hizo hervir la
+sangre con mayor ímpetu. Sofocada y risueña la muchacha echaba lumbres
+por ojos, boca y mejillas.
+
+--¿Perucho? ¿Peruchón?
+
+--¿Ritiña, Ritona?--contestó don Pedro devorándola con el mirar.
+
+--Dicen las chicas que vengas.... Estamos muy enfaenadas arreglando el
+desván, donde hay todos los trastos del tiempo del abuelo. Parece que se
+encuentran allí cosas fenomenales.
+
+--Y yo ¿para qué os sirvo? Supongo que no me mandaréis barrer.
+
+--Todo será que se nos antoje. Ven, holgazán, dormilón, marmota.
+
+Conducía al desván empinadísima escalera, y no era el sitio muy oscuro,
+pues recibía luz de tres grandes claraboyas, pero sí bastante bajo; don
+Pedro no podía estar allí de pie, y las chicas, al menor descuido, se
+pegaban coscorrones en la cabeza contra la armazón del techo.
+Guardábanse en el desván mil cachivaches arrumbados que habían servido
+en otro tiempo a la pompa, aparato y esplendor de los Pardos de la Lage,
+y hoy tenían por compañeros al polvo y la polilla; por esperanza, la
+visita de muchachas bulliciosas, que de vez en cuando lo exploraban, a
+fin de desenterrar alguna presea de antaño, que reformaban según la moda
+actual. Con las antiguallas que allí se pudrían, pudiera escribirse la
+historia de las costumbres y ocupaciones de la nobleza gallega, desde un
+par de siglos acá. Restos de sillas de manos pintadas y doradas;
+farolillos con que los pajes alumbraban a sus señoras al regresar de las
+tertulias, cuando no se conocía en Santiago el alumbrado público; un
+uniforme de maestrante de Ronda; escofietas y ridículos, bordados de
+abalorio; chupas recamadas de flores vistosas; medias caladas de seda,
+rancias ya; faldas adornadas con caireles; espadines de acero tomados de
+orín; anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la
+_dama de música_ había de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso
+representar una divertida _pitipieza_; todo andaba por allí revuelto con
+otros chirimbolos análogos, que trascendían a casacón desde mil leguas,
+y entre los cuales distinguíanse, como prendas más simbólicas y
+elocuentes, los trebejos masónicos: medalla, triángulo, mallete,
+escuadra y mandil, despojos de un abuelo afrancesado y grado 33..., y
+una lindísima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas
+en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel
+Pardo, que según costumbre de su época, autorizada por el ejemplo de la
+reina María Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar
+diestramente a horcajadas.
+
+--A buena parte me trajisteis--decía don Pedro, ahogado entre el polvo y
+contrariadísimo por no poder moverse del asiento.
+
+--Aquí te queremos--le replicaban Rita y Manolita, palmoteando
+triunfantes--, porque aunque te empeñes, no hay medio de correr tras de
+nosotras, ni de hacernos barrabasadas. Llegó la nuestra. Te vamos a
+vestir con espadín y chupa. Ya verás.
+
+--Buena gana tengo de ponerme de máscara.
+
+--Un minuto solamente. Para ver qué facha haces.
+
+--Os digo que no me visto de mamarracho.
+
+--¿Cómo que no? Se nos ha puesto a nosotras en el moño.
+
+--Mirad que os pesará. La que se me acerque ha de arrepentirse.
+
+--¿Y qué nos harás, fantasmón?
+
+--Eso no se dice hasta que se vea.
+
+La misteriosa amenaza pareció infundir temor en las primas, que se
+limitaron por entonces a inofensivas travesuras, a algún plumerazo más o
+menos. Adelantaba la limpieza del desván: Manolita, con sus brazos
+nervudos, manejaba los trastos; Rita los clasificaba; Nucha los sacudía
+y doblaba esmeradamente; Carmen tomaba poca parte en el trajín, y menos
+aún en la jarana: dos o tres veces se eclipsó, para asomarse a la
+galería sin duda. Las demás le soltaron indirectas.
+
+--¿Qué tal está el día, Carmucha? ¿Llueve o hace sol?
+
+--¿Pasa mucha gente por la calle? Contesta, mujer.
+
+--Ésa siempre está pensando en las musarañas.
+
+A medida que las prendas iban quedando limpias de polvo, las chicas se
+las probaban. A Manolita le sentaba a maravilla el uniforme de coronel,
+por su tipo hombruno. Rita era un encanto con la dulleta de seda
+verdegay de la abuela. Carmen sólo consintió en dejarse poner un
+estrafalario adorno, un penacho triple, que allá cuando se estrenó se
+llamaba _Las tres potencias_. Tocóle a Nucha la probatura de las
+mantillas de blonda. A todo esto la tarde caía, y en el telarañoso
+recinto del desván se veía muy poco. La penumbra era favorable a los
+planes de las muchachas; aprovechando la ocasión propicia, acercáronse
+disimuladamente las dos mayores a don Pedro, y mientras Rita le plantaba
+en la cabeza un sombrero de tres picos, Manolita le echaba por los
+hombros una chupa color tórtola, con guirnaldas de flores azules y
+amarillas.
+
+Fue de confusión el momento que siguió a esta diablura sosa. Don Pedro,
+medio a gatas porque de otro modo no se lo consentía la poca altura del
+desván, perseguía a sus primas, resuelto a tomar memorable venganza; y
+ellas, exhalando chillidos ratoniles, tropezando con los muebles y
+cachivaches esparcidos aquí y acullá, procuraban buscar la puertecilla
+angosta, para evitar represalias. Mientras Rita se atrincheraba tras los
+restos de una silla de manos y una desvencijada cómoda, huyeron dos
+chicas, las menos valientes; y habiendo tenido Manolita la buena
+ocurrencia de cegar momentáneamente a su primo arrojándole a la cabeza
+un chal, pudo evadirse también Rita, jefe nato del motín. Desenredarse
+del chal haciéndolo jirones, y lanzarse a la puerta y a la escalera en
+seguimiento de la fugitiva, fueron acciones simultáneas en don Pedro.
+
+Saltó impetuosamente los peldaños, precipitándose en el corredor a
+tientas, guiado por su instinto de perseguidor de alimañas ágiles, que
+oye delante de sí el apresurado trotecillo de la hermosa res. En una
+revuelta del pasillo le dio alcance. La defensa fue blanda, entrecortada
+de risas. Don Pedro, determinado a infligir el castigo ofrecido, lo
+aplicó en efecto cerca de una oreja, largo y sonoro. Parecióle que la
+víctima no se resistía entonces; mas debía ser errónea tan maliciosa
+suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de
+hostilidades para huir nuevamente, gritando:
+
+--¿A que no me coges otra vez, cobarde?
+
+Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqués echó detrás de
+la prima, que se había desvanecido ya en las negruras del pasadizo.
+Éste, irregular y tortuoso, serpeaba alrededor de parte de la casa,
+quebrándose en inesperados codos, y a veces estrechándose como longaniza
+mal rellena. Rita llevaba ventaja en sus familiares angosturas. Oyó el
+marqués chirriar puertas, indicio de que la chica se había acogido al
+sagrado de alguna habitación. No estaba don Pedro para respetar
+sagrados. Empujó la puerta tras la cual juzgaba parapetada a Rita. La
+puerta resistía como si tuviese algún obstáculo delante; mas los puños
+de don Pedro dieron cuenta fácilmente de la endeble trinchera de un par
+de sillas, que vinieron al suelo con estrépito. Penetró en un cuarto
+completamente oscuro, y por instinto alargó las manos a fin de no
+tropezar con los muebles; advirtió que algo rebullía en las tinieblas;
+tanteó el aire y palpó un bulto de mujer, que aprisionó en sus brazos
+sin decir palabra, con ánimo de repetir el castigo. ¡Oh sorpresa! La
+resistencia más tenaz y briosa, la protesta más desesperada, unas
+manitas de acero que no podía cautivar, un cuerpo nervioso que se
+sacudía rehuyendo toda presión, y al mismo tiempo varias exclamaciones
+de profunda y verdadera congoja, dos o tres gritos ahogados que
+demandaban socorro.... ¡Diantre! Aquello no se parecía a lo otro, no....
+Por ciego y exaltado que estuviese el marqués, hubo de comprender....
+Sintió una confusión insólita en él, y soltó a la chica.
+
+--Nuchiña, no llores.... Calla, mujer.... Ya te dejo; no te hago nada....
+Aguarda un instante.
+
+Registró precipitadamente sus bolsillos, rascó un fósforo, miró
+alrededor, encendió una vela puesta en un candelabro.... Nucha, viéndose
+libre, callaba; pero se mantenía a la defensiva. Volvió el marqués a
+disculparse y a consolarla.
+
+--Nucha, no seas chiquilla.... Perdona, mujer.... Dispensa, no creía que
+eras tú.
+
+Conteniendo un sollozo, exclamó Nucha:
+
+--Fuese quien fuese.... Con las señoritas no se hacen estas brutalidades.
+
+--Hija mía, tu señora hermanita me buscó..., y el que me busca, que no se
+queje si me encuentra.... Ea, no haya más, no estés así disgustada. ¿Qué
+va a decir de mí el tío? Pero ¿aún lloras, mujer? Cuidado que eres
+sensible de veras. A ver, a ver esa cara.
+
+Alzó el candelabro para alumbrar el rostro de Nucha. Estaba ésta
+encendida, demudada, y por sus mejillas corría despacio una lágrima;
+pero al darle la luz en los ojos, no pudo menos de sonreír ligeramente y
+secar el llanto con su pañuelo.
+
+--¡Hija! ¡Cualquiera se te atreve! ¡Eres una fierecita! ¡Y hasta fuerza
+en los puños descubres en esos momentos! ¡Diantre!
+
+--Vete--ordenó Nucha recobrando su seriedad--. Ésta es mi habitación, y no
+me parece decente que te estés metido en ella.
+
+Dio el marqués dos pasos para salir; y volviéndose de pronto, preguntó:
+
+--¿Quedamos amigos? ¿Se hacen las paces?
+
+--Sí, con tal que no vuelvas a las andadas--respondió con sencillez y
+firmeza Nucha.
+
+--¿Qué me harás si vuelvo?--interrogó risueño el hidalgo campesino--. Capaz
+eres de dejarme en el sitio de una manotada, chica.
+
+--No por cierto.... No tengo yo fuerzas para tanto. Haré otra cosa.
+
+--¿Cuál?
+
+--Decírselo a papá, muy clarito, para que se fije en lo que de seguro no
+se le habrá pasado por la cabeza: que no parece natural vivir tú aquí no
+siendo nuestro hermano y siendo nosotras muchachas solteras. Ya sé que
+es un atrevimiento meterme a enmendarle la plana a papá; pero él no ha
+reparado en esto, ni te cree capaz de gracias como las de hoy. En cuanto
+note algo, se le ha de ocurrir sin que yo se lo sople al oído, pues no
+soy quién para aconsejar a mi padre.
+
+--¡Caramba! Lo dices de un modo..., ¡como si fuese cuestión de vida o
+muerte!
+
+--Pues así.
+
+Marchóse con estas despachaderas el marqués, y a la hora de la cena
+estuvo taciturno y metido en sí, haciendo caso omiso de las zalamerías
+de Rita. Nucha, aunque un poco alterada la fisonomía, se mostró como
+siempre, afable, tranquila y atenta al buen servicio y orden de la mesa.
+Aquella noche el marqués no dejó dormir a Julián, entreteniéndole hasta
+las altas horas con larga y tendida plática. Los días siguientes fueron
+de tregua; don Pedro salía bastante, y se le veía mucho en el Casino,
+junto a la tribuna de los maldicientes. No perdía allí el tiempo.
+Informábase de particularidades que le importaban, por ejemplo, el
+verdadero estado de fortuna de su tío. En Santiago se decía lo que él
+sospechaba ya: don Manuel Pardo mejoraba en tercio y quinto a su
+primogénito Gabriel, que entre la mejora, su legítima y el vínculo,
+vendría a arramblar con casi toda la casa de la Lage. No restaba más
+esperanza a las primitas que la herencia de una tía soltera, doña
+Marcelina, madrina de Nucha por más señas, que residía en Orense,
+atesorando sórdidamente y viviendo como una rata en su agujero. Estas
+nuevas dieron en qué pensar a don Pedro, que desveló a Julián algunas
+noches más. Al cabo adoptó una resolución definitiva.
+
+Estremecióse de placer don Manuel Pardo viendo al sobrino entrar en su
+despacho una mañana, con la expresión indefinible que se nota en el
+rostro y continente de quien viene a tratar algo de importancia. Había
+oído don Manuel que donde hay varias hermanas, lo difícil es deshacerse
+de la primera, y después las otras se desprenden de suyo, como las
+cuentas de una sarta tras la más próxima al cabo del hilo. Colocada
+Rita, lo demás era tortas y pan pintado. Con Manolita cargaría por
+último el finchado señorito de la Formoseda; a Carmen se le quitarían de
+la cabeza ciertas locuras y siendo tan linda no le faltaría buen
+acomodo; y Nucha.... Lo que es Nucha no le hacía a él peso en casa, pues
+la gobernaba a las mil maravillas; además, a fuer de heredera presunta
+de su madrina, no necesitaba ampararse casándose. Si no hallaba marido,
+viviría con Gabriel cuando éste, acabada la carrera, se estableciese
+según conviene al mayorazgo de la Lage. Con tan gratos pensamientos, don
+Manuel abrió los oídos para mejor recibir el rocío de las palabras de su
+sobrino.... Lo que recibió fue un escopetazo.
+
+--¿Por qué se asusta usted tanto, tío?--exclamaba don Pedro gozando en sus
+adentros con la mortificación y asombro del viejo hidalgo--. ¿Hay
+impedimento? ¿Tiene Nucha otro novio?
+
+Comenzó don Manuel a poner mil objeciones, callándose algunas que no
+eran para dichas. Salió la corta edad de la muchacha, su delicada salud,
+y hasta su poca hermosura alegó el padre, sazonando la observación con
+alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no
+preferirla. Dio al sobrino manotadas en los hombros y en las rodillas;
+gastó chanzas, quiso aconsejarle como se aconseja a un niño que escoge
+entre juguetes; y por último, tras de referir varios chascarrillos
+adecuados al asunto y contados en dialecto, acabó por declarar que a las
+demás chicas les daría algo al contraer matrimonio, pero que a Nucha...
+como esperaba heredar lo de su tía.... Los tiempos estaban malos,
+_abofé_.... Luego, encarándose con el marqués, le interrogó:
+
+--¿Y qué dice esa mosquita muerta de Nucha, vamos a ver?
+
+--Usted se lo preguntará, tío.... ¡Yo no le dije cosa de sustancia...! Ya
+vamos viejos para andar haciendo cocos.
+
+¡Oh y qué marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena!
+Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre sí,
+trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que
+denunciaban ojos como puños, trastornos en las horas de comer,
+conferencias con amigos sesudos, curiosidades de dueña oficiosa que
+apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una
+cortina, todas las dramáticas menudencias que acompañan a un grave
+suceso doméstico.... Y como en provincia las paredes son de cristal, se
+murmuró en Santiago desaforadamente, glosando los _escándalos_ ocurridos
+entre las señoritas de la Lage por causa del primo. Se acusó a Rita de
+haber insultado agriamente a su hermana porque le quitaba el novio, y a
+Carmen de ayudarla, porque Nucha reprendía su ventaneo. Se censuró a
+Nucha también por falsa e hipócrita. Se le royeron los zancajos a don
+Manuel, afirmando que había dicho en toda confianza a persona que lo
+repitió en toda intimidad: «El sobrino no me había de salir de aquí sin
+una de las chicas, y como se le antojó Nucha, hubo que dársela». Se
+aseguró que las hermanas no cruzaban ya palabra alguna en la mesa, y lo
+confirmó ver a Rita en paseo sola con Carmen delante, mientras el primo
+seguía detrás con don Manuel y Nucha. Ésta iba como avergonzada,
+cabizbaja y modesta. Crecieron los comentarios cuando Rita salió para
+Orense, a acompañar una temporada a la tía Marcelina, según dijo, y don
+Pedro para una posada, por no considerarse decoroso que los novios
+viviesen bajo un mismo techo en vísperas de boda.
+
+Ésta se efectuó llegada la dispensa pontificia, hacia fines del mes de
+agosto. No faltaron los indispensables requisitos: finezas mutuas,
+regalos de amigos y parientes, cajas de dulces muy emperifolladas para
+repartir, buen ajuar de ropa blanca, las _galas_ venidas de Madrid en un
+cajón monstruo. Dos o tres días antes de la ceremonia se recibió un
+paquetito procedente de Segovia, y dentro de él un estuche. Contenía una
+sortija de oro muy sencilla, y una cartulina figurando tarjeta, que
+decía: «A mi inolvidable hermana Marcelina, su más amante hermano,
+Gabriel». La novia lloró bastante con el obsequio de _su niño_, púsolo
+en el dedo meñique de la mano izquierda, y allí se le reunió el otro
+anillo que en la iglesia le ciñeron.
+
+Casáronse al anochecer, en una parroquia solitaria. Vestía la novia de
+rico gro negro, mantilla de blonda y aderezo de brillantes. Al regresar
+hubo refresco para la familia y amigos íntimos solamente: un refresco a
+la antigua española, con almíbares, sorbetes, chocolate, vino generoso,
+bizcochos, dulces variadísimos, todo servido en macizas salvillas y
+bandejas de plata, con gran etiqueta y compostura. No adornaban la mesa
+flores, a no ser las rosas de trapo de las _tartas_ o ramilletes de
+piñonate; dos candelabros con bujías, altos como mecheros de catafalco,
+solemnizaban el comedor; y los convidados, transidos aún del miedo que
+infunde el terrible sacramento del matrimonio visto de cerca, hablaban
+bajito, lo mismo que en un duelo, esmerándose en evitar hasta el repique
+de las cucharillas en la loza de los platos. Parecía aquello la comida
+postrera de los reos de muerte. Verdad es que el señor don Nemesio
+Angulo, eclesiástico en extremo cortesano y afable, antiguo amigo y
+tertuliano de don Manuel y autor de la dicha de los cónyuges, a quienes
+acababa de bendecir, intentó soltar dos o tres cosillas festivas, en
+tono decentemente jovial, para animar un poco la asamblea; pero sus
+esfuerzos se estrellaron contra la seriedad de los concurrentes. Todos
+estaban--es la frase de cajón--_muy afectados_, incluso el señorito de la
+Formoseda, que acaso pensaba «cuando la barba de tu vecino...», y
+Julián, que viendo colmados sus deseos y votos ardentísimos, triunfante
+su candidatura, sentía no obstante en el corazón un peso raro, como si
+algún presentimiento cruel se lo abrumase.
+
+Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo; dos o tres
+veces su pulso desasentado le hizo verter el Pajarete que escanciaba al
+buen don Nemesio, colocado en sitio preferente, a su derecha. El novio
+entretanto conversaba con los hombres, y, al alzarse de la mesa,
+repartió excelentes cigarros de que tenía rellena la petaca. Nadie
+aludió al trascendental acontecimiento, ni se atrevió a decir la menor
+chanza que pudiese poner colorada a la novia; pero al despedirse los
+convidados, algunos caballeros recalcaron maliciosamente las _buenas
+noches_, mientras matronas y doncellas, besando con estrépito a la
+desposada, le chillaban al oído: «Adiós, _señora_.... Ya eres _señora_,
+ya no es posible llamarte _señorita_...», celebrando tan trivial
+observación con afectadas risas, y mirando a Nucha como para
+aprendérsela de memoria. Cuando todos fueron saliendo, don Manuel Pardo
+se acercó a su hija, y la oprimió contra el pecho colosal, sellándole la
+frente con besos muy cariñosos. Hallábase realmente conmovido el señor
+de la Lage: era la primera vez que casaba una hija; sentía desbordarse
+en su alma la paternidad, y al tomar de la mano a Nucha para conducirla
+a la cámara nupcial, alumbrándoles el camino Misia Rosario con un
+candelabro de cinco brazos cogido de la mesa del comedor, no acertaba a
+pronunciar palabra, y un poco de humedad se asomaba a sus lagrimales
+áridos, y una sonrisa de orgullo y placer entreabría al mismo tiempo su
+boca. En el umbral pudo exclamar al cabo:
+
+--¡Si levantase la cabeza tal día como hoy tu madre que en gloria esté!
+
+Ardían en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no
+menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco; y como
+no la iluminaba otra luz, ni se había soñado siquiera en el clásico
+globo de porcelana que es de rigor en todo voluptuoso camarín de novela,
+impregnaba la alcoba más misterio religioso que nupcial, completando su
+analogía con una capilla u oratorio la forma del tálamo, cuyas cortinas
+de damasco rojo franjeadas de oro se parecían exactamente a colgaduras
+de iglesia, y cuyas sábanas blanquísimas, tersas y almidonadas, con
+randas y encajes, tenían la casta lisura de los manteles de altar.
+Cuando el padre se retiraba ya, murmurando «Adiós, Nuchiña, hija
+querida», la novia le asió la diestra y se la besó humildemente, con
+labios secos, abrasados de calentura. Quedó sola. Temblaba como la hoja
+en el árbol, y al través de sus crispados nervios corría a cada instante
+el escalofrío de la _muerte chiquita_, no por miedo razonado y
+consciente, sino por cierto pavor indefinible y sagrado. Parecíale que
+aquella habitación donde reinaba tan imponente silencio, donde ardían
+tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hacía dos
+horas aún se había puesto de hinojos.... Volvió a arrodillarse, divisando
+allá en la sombra de la cabecera del lecho el antiguo Cristo de ébano y
+marfil, a quien el cortinaje formaba severo dosel. Sus labios murmuraban
+el consuetudinario rezo nocturno: «Un Padrenuestro por el alma de
+mamá...». Oyéronse en el corredor pisadas recias, crujir de botas
+flamantes, y la puerta se abrió.
+
+
+
+
+Tomo II
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Quedaban migajas, no muy añejas aún, del pan de la boda, cuando don
+Pedro celebró con Julián una conferencia, conviniendo ambos en lo
+urgente de que el capellán se adelantase a salir a los Pazos para
+adoptar varias precauciones indispensables y civilizar algo la huronera,
+mientras no iban a vivirla sus dueños. Julián aceptó la comisión, y
+entonces el señorito mostró remordimientos o escrúpulos de habérsela
+encomendado.
+
+--Mire usted--advirtió--que allí se necesitan muchas agallas.... Primitivo
+es hombre de malos hígados, capaz de darle a usted cien vueltas....
+
+--Dios delante. Matar no me matará.
+
+--No lo diga usted dos veces--insistió el señor de Ulloa, impulsado por
+voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras y
+apremiantes--. Ya le avisé a usted en otra ocasión de cómo es Primitivo:
+capaz de cualquier desafuero.... Lo que yo no creo es que vaya a cometer
+barbaridades por gusto de cometerlas, ni aun en el primer momento,
+cuando le ciega el deseo de la venganza.... Con todo....
+
+No era ésta la única vez que don Pedro manifestaba sagacidad en el
+conocimiento de caracteres y personas, don esterilizado por la falta de
+nociones de cultura moral y delicadeza, de ésas que hoy exige la
+sociedad a quien, mediante el nacimiento, la riqueza o el poder, ocupa
+en ella lugar preeminente.
+
+Prosiguió el señorito:
+
+--Primitivo no es un bárbaro.... Pero es un bribón redomado y taimadísimo,
+que no se para en barras con tal de lograr sus fines.... ¡Demontres!
+Harto estoy de saberlo.... El día que nos vinimos... si él pudiese
+detenernos soplándonos un tiro a mansalva... no doy dos cuartos por su
+pellejo de usted ni por el mío.
+
+Estremecióse Julián, y se le borraron las rosadas tintas de los pómulos.
+No era de madera de héroes, lo cual le salía a la cara. A don Pedro le
+divertía infinito el miedo del capellán. En la índole de don Pedro había
+un fondo de crueldad, sostenido por su vida grosera.
+
+--Apostemos--exclamó riéndose--que la cruz aquélla del camino va usted a
+pasarla rezando.
+
+--No digo que no--contestó Julián repuesto ya--; mas no por eso me niego a
+ir. Es mi deber; de suerte que no hago nada de extraordinario en
+cumplirlo. Dios sobre todo.... A veces no es tan fiero el león como lo
+pintan.
+
+--No le tiene cuenta ahora a Primitivo meterse en dibujos.
+
+Calló Julián. Al cabo exclamó:
+
+--Señorito, ¡si usted adoptase una buena resolución! ¡Echar a ese hombre,
+señorito, echarlo!
+
+--Calle usted, hombre, calle usted.... Le pondremos a raya.... Pero eso de
+echar.... ¿Y los perros? ¿Y la caza? ¿Y aquellas gentes, y todo aquel
+cotarro, que nadie me lo entiende sino él? Desengáñese usted: sin
+Primitivo no me arreglo yo allí.... Haga usted la prueba, sólo por gusto,
+de aquillotrarme algunas cosas de las que Primitivo maneja durmiendo....
+Además, crea usted lo que le digo, que es como el Evangelio: si echa
+usted a Primitivo por la puerta, se nos entrará por la ventana.
+¡Diantre! ¡Si sabré yo quién es Primitivo!
+
+Julián balbució:
+
+--¿Y... de lo demás...?
+
+--De lo demás.... Arréglese usted como quiera.... Lleva usted plenos
+poderes.
+
+¡Ya lo creo que los llevaba! ¡Así llevase también alguna receta eficaz
+para servirse de ellos! Investido de autoridad omnímoda, Julián sentía
+en el fondo del alma una especie de compasión por la desvergonzada
+manceba y el hijo espurio. Este último sobre todo. ¿Qué culpa tenía el
+pobre inocente de las bellaquerías maternales? Siempre parecía duro
+arrojarle de una casa donde, al fin y al cabo, el dueño era su padre.
+Julián no se hubiera encargado jamás de tan ingrata comisión a no
+parecerle que iba en ello la salvación eterna de don Pedro, y también el
+sosiego temporal de la que él seguía llamando _señorita Marcelina_,
+contra el dictamen de las convidadas a la boda.
+
+No sin aprensión cruzó de nuevo el triste país de lobos que antecedía al
+valle de los Pazos. El cazador le aguardaba en Cebre, e hicieron la
+jornada juntos; Primitivo, por más señas, se mostró tan sumiso y
+respetuoso, que Julián, quien al revés que don Pedro poseía el don de
+errar en el conocimiento práctico de las gentes, guardando los aciertos
+para el terreno especulativo y abstracto, fue poco a poco desechando la
+desconfianza, y persuadiéndose de que ya no tenía el zorro intenciones
+de morder. El rostro impasible de Primitivo no revelaba rencor ni enojo.
+Con su laconismo y seriedad habituales, hablaba del tiempo desapacible y
+metido en agua, que casi no había consentido majar, ni segar el maíz, ni
+vendimiar como Dios manda, ni cumplir en paz ninguna de las grandes
+faenas agrícolas. Estaba en efecto el camino encharcado, lleno de
+aguazales, y como había llovido por la mañana también, los pinos dejaban
+escurrir de las verdes y brillantes púas de su ramaje gotas de agua que
+se aplastaban en el sombrero de los viajeros. Julián iba perdiendo el
+miedo y un gozo muy puro le inundaba el espíritu cuando saludó al
+crucero con verdadera efusión religiosa.
+
+«Bendito seas, Dios mío--pensaba para sí--, pues me has permitido cumplir
+una obra buena, grata a tus ojos. He encontrado en los Pazos, hace un
+año, el vicio, el escándalo, la grosería y todas las malas pasiones; y
+vuelvo trayendo el matrimonio cristiano, las virtudes del hogar
+consagrado por ti. Yo, yo he sido el agente de que te has valido para
+tan santa obra.... Dios mío, gracias».
+
+Cortaron el soliloquio ladridos vehementes: era la jauría del marqués,
+que salía a recibir al montero mayor, haciendo locas demostraciones de
+regocijo, zarandeando los rabos mutilados y abriendo de una cuarta las
+fresquísimas bocas. Acariciólos Primitivo con su enjuta mano, pues era
+sumamente afectuoso para los perros; y al nieto, que en pos de los
+perros venía, le dio una especie de festivo soplamocos. Quiso Julián
+besar al niño, pero éste se puso en polvorosa antes de que pudiese
+lograrlo; y el capellán experimentó otra vez compasivos remordimientos,
+causados por la vista de la ya repudiada criatura. A Sabel la halló en
+el sitio de costumbre, entre sus pucheros, pero sin el antiguo séquito
+de aldeanas viejas y mozas, de la Sabia y su dilatada progenie. Reinaba
+en la cocina orden perfecto: todo limpio, sosegado y solitario; la
+persona más severa y amiga de censurar no encontraría qué. El capellán
+comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a
+temer que su venida lo trastornara: idea dictada por su nativa timidez.
+A la hora de cenar aumentó su sorpresa. Primitivo, más blando que un
+guante, le daba cuenta en voz reposada de lo ocurrido allí durante medio
+año, en materia de vacas paridas, obras emprendidas, rentas cobradas; y
+mientras el padre reconocía así su autoridad superior, la hija le servía
+diligente y humilde, con pegajosa dulzura de animal doméstico que
+implora caricias. No sabía Julián qué cara poner en vista de una acogida
+tan cordial.
+
+Creyó que mudarían de actitud al día siguiente, cuando, haciendo uso de
+los plenísimos poderes y facultades omnímodas de que venía investido,
+ordenó a la Agar y al Ismael de aquel patriarcado emigrar al desierto.
+¡Milagro asombroso! Tampoco se alteró entonces la mansedumbre de
+Primitivo.
+
+--Los señoritos traerán cocinera de allá, de Santiago...--explicaba
+Julián, para fundar en algo la expulsión.
+
+--Por supuesto...--respondió Primitivo con la mayor naturalidad del
+mundo--. Allá en la _vila_ guísase de otro modo.... Los señores tienen la
+boca acostumbrada.... Cuadra bien, que yo también le iba a pedir que le
+escribiese al señor marqués de traer quien cocinase.
+
+--¿Usted?--exclamó Julián, estupefacto.
+
+--Sí, señor.... La hija se me quiere casar....
+
+--¿Sabel?
+
+--Sabel, sí, señor, anda en eso.... Con el gaitero de Naya, el _Gallo_....
+Por de contado se empeña en irse para su casa, así que les echen las
+bendiciones....
+
+Sintió Julián un sofocón de pura alegría. No pudo menos de pensar que en
+todo aquel negocio de Sabel andaba visiblemente la mano de la
+Providencia. ¡Sabel casada, alejada de allí; el peligro conjurado; las
+cosas en orden, la salvación segura! Una vez más dio gracias al Dios
+bondadoso que quita los estorbos de delante cuando la mezquina previsión
+humana no cree posible removerlos siquiera.... La satisfacción que le
+rebosaba en el semblante era tal, que se avergonzó de mostrarla ante
+Primitivo, y empezó a charlar aprisa, por disimulo, felicitando al
+cazador y augurando a Sabel un porvenir de ventura en el nuevo estado.
+Aquella noche misma escribió al marqués la buena noticia.
+
+Pasaron días, siempre bonancibles. Proseguía Sabel mansa, Primitivo
+complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta. Sólo notaba Julián
+cierta resistencia pasiva en lo tocante al gobierno de los estados y
+hacienda del marqués. En este terreno le fue absolutamente imposible
+adelantar una pulgada. Primitivo sostenía su posición de verdadero
+administrador, apoderado, y, entre bastidores, autócrata: Julián
+comprendía que sus plenos poderes importaban tanto como la carabina de
+Ambrosio, y hasta pudo cerciorarse, por indicios evidentes, de que el
+influjo que ejercía el cazador en el circuito de los Pazos iba
+haciéndose extensivo a toda la comarca; a menudo venían a conferenciar
+con el mayordomo, en actitud respetuosa y servil, gentes de Cebre, de
+Castrodorna, de Boán, de puntos más distantes todavía. En cuatro leguas
+a la redonda no se movía una paja sin intervención y aquiescencia de
+Primitivo. No poseía Julián fuerzas para luchar con él, ni lo intentaba,
+pareciéndole secundario el perjuicio que a la casa de Ulloa originase la
+mala administración de Primitivo, en proporción al daño inmenso que
+estuvo a punto de causarle Sabel. Descartarse de la hija lo tenía él por
+importante; en cuanto al padre....
+
+Verdad es que la hija no se marchaba tampoco; pero se marcharía, ¡no
+faltaba más! ¿Quién duda que se marcharía? Tranquilizaba a Julián una
+señal en su concepto infalible: el haber sorprendido cierto anochecer,
+cerca del pajar, a Sabel y al gallardo gaitero entretenidos en coloquios
+más dulces que edificantes. Le ruborizó el encuentro, pero hizo la vista
+gorda reflexionando que aquello era, por decirlo así, la antesala del
+altar. Seguro de la victoria respecto a la mala hembra, transigió en lo
+relativo al mayordomo. Cuanto más que éste no rechazaba las indicaciones
+de Julián, ni le llevaba la contraria en cosa alguna. Si el capellán
+ideaba planes, censuraba abusos o insistía en la urgente necesidad de
+una reforma, Primitivo aprobaba, allanaba el camino, sugería medios, de
+palabra se entiende; al llegar a la realización, ya era harina de otro
+costal: empezaban las dificultades, las dilaciones: que hoy... que
+mañana.... No hay fuerza comparable a la inercia. Primitivo decía a
+Julián para consolarle:
+
+--Una cosa es hablar, y otra hacer....
+
+O matar a Primitivo, o entregársele a discreción: el capellán comprendía
+que no quedaba otro recurso. Fue un día a desahogar sus cuitas con don
+Eugenio, el abad de Naya, cuyos discretos pareceres le alentaban mucho.
+Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de
+confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales.
+La marina se había sublevado, echando del trono a la reina, y ésta se
+encontraba ya en Francia, y se constituía un gobierno provisional, y se
+contaba de una batalla reñidísima en el puente de Alcolea, y el ejército
+se adhería, y el diablo y su madre.... Don Eugenio andaba, de puro
+excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilación para
+saber noticias ciertas. ¡Qué dirían el señor Arcipreste y el abad de
+Boán! ¿Y Barbacana? Ahora sí que Barbacana estaba fresco: su eterno
+adversario Trampeta, amigo de los unionistas, se le montaría encima por
+los siglos de los siglos, amén. Con el embullo de estos acontecimientos,
+apenas atendió el abad de Naya a las tribulaciones de Julián.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+Transcurrido algún tiempo de vida familiar con suegro y cuñadas, don
+Pedro echó de menos su huronera. No se acostumbraba a la metrópoli
+arzobispal. Ahogábanle las altas tapias verdosas, los soportales
+angostos, los edificios de lóbrego zaguán y escalera sombría, que le
+parecían calabozos y mazmorras. Fastidiábale vivir allí donde tres gotas
+de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una
+triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas. Le incomodaba
+la perenne sinfonía de la lluvia que se deslizaba por los canalones
+abajo o retiñía en los charcos causados por la depresión de las
+baldosas. Quedábanle dos recursos no más para combatir el tedio:
+discutir con su suegro o jugar un rato en el Casino. Ambas cosas le
+produjeron en breve, no hastío, pues el verdadero hastío es enfermedad
+moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino
+irritación y sorda cólera, hija de la secreta convicción de su
+inferioridad. Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de
+educación adquirido en dilatados años de existencia ciudadana y el
+consiguiente trato de gentes, así como por aquel bien entendido orgullo
+de su nacimiento y apellido, que le salvaba de _adocenarse_ (era su
+expresión predilecta). Aparte de la manía de referir en las sobremesas y
+entre amigos de confianza mil anécdotas, no contrarias al pudor, pero sí
+a la serenidad del estómago de los oyentes, era don Manuel persona
+cortés y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir
+a una junta en la Sociedad Económica de Amigos del País, llevar el
+estandarte en una procesión, ser llamado al despacho de un gobernador en
+consulta. Si deseaba retirarse al campo, no le atraía tan sólo la
+perspectiva de dar rienda suelta a instintos selváticos, de andar sin
+corbata, de no pagar tributo a la sociedad, sino que le solicitaban
+aficiones más delicadas, de origen moderno: el deseo de tener un jardín,
+de cultivar frutales, de hacer obras de albañilería, distracción que le
+embelesaba y que en el campo es más barata que en la ciudad. Además, el
+fino trato de su mujer, la perpetua compañía de sus hijas suavizara ya
+las tradiciones rudas que por parte de los la Lage conservaba don
+Manuel: cinco hembras respetadas y queridas civilizan al hombre más
+agreste. He aquí por qué el suegro, a pesar de encontrarse
+cronológicamente una generación más atrás que su yerno, estaba
+moralmente bastantes años delante.
+
+Trataba don Manuel de descortezar a don Pedro; y no sólo fue trabajo
+perdido, sino contraproducente, pues recrudeció su soberbia y le
+infundió mayores deseos de emanciparse de todo yugo. Aspiraba el señor
+de la Lage a que su sobrino se estableciese en Santiago, levantando la
+casa de los Pazos y visitándola los veranos solamente, a fin de
+recrearse y vigilar sus fincas; y al dar tales consejos a su yerno, los
+entreveraba con indirectas y alusiones, para demostrar que nada ignoraba
+de cuanto sucedía en la vieja madriguera de los Ulloas. Este género de
+imposición y fiscalización, aunque tan disculpable, irritó a don Pedro,
+que según decía, no aguantaba ancas ni gustaba de ser manejado por nadie
+en el mundo.
+
+--Por lo mismo--declaró un día delante de su mujer--vamos a tomar soleta
+pronto. A mí nadie me trae y lleva desde que pasé de chiquillo. Si callo
+a veces, es porque estoy en casa ajena.
+
+Estar en casa ajena le exaltaba. Todo cuanto veía lo encontraba
+censurable y antipático. El decoroso fausto del señor de la Lage; sus
+bandejas y candelabros de plata; su mueblaje rico y antiguo; la
+respetabilidad de sus relaciones, compuestas de lo más selecto de la
+ciudad; su honesta tertulia nocturna de canónigos y personas formales
+que venían a hacerle la partida de tresillo; sus criados respetuosos, a
+veces descuidados, pero nunca insolentes ni entrometidos, todo se le
+figuraba a don Pedro sátira viviente del desarreglo de los Pazos, de
+aquella vida torpe, de las comidas sin mantel, de las ventanas sin
+vidrios, de la familiaridad con mozas y gañanes. Y no se le despertaba
+la saludable emulación, sino la ruin envidia y su hermano el ceñudo
+despecho. Únicamente le consolaban los desatinados amoríos de Carmen;
+celebraba la gracia, frotándose las manos, siempre que en el Casino se
+comentaba la procacidad del estudiante y el descaro de la chiquilla.
+¡Que rabiase su suegro! No bastaba tener sillas de damasco y alfombras
+para evitar escándalos.
+
+Los altercados de don Pedro con su tío iban agriándose, y vino a
+envenenarlos la discusión política, que enzarza más que ninguna otra,
+especialmente a los que discuten por impresión, sin ideas fijas y
+razonadas. Fuerza es confesar que el marqués estaba en este caso. Don
+Manuel no era ningún lince, pero afiliado platónicamente desde muchos
+años atrás al partido moderado puro, hecho a leer periódicos, conocía la
+rutina; y había tomado tan a contrapelo el chasco de González Bravo y la
+marcha de Isabel II, que se disparaba, poniéndose a dos dedos de
+ahogarse, cuando el sobrino, por molestarle, le contradecía, disculpaba
+a los revolucionarios, repetía las enormidades que la prensa y las
+lenguas de entonces propalaban contra la majestad caída, y aparentaba
+creerlas como artículo de fe. El tío le rebatía con acritud y calor,
+alzando al cielo las gigantescas manos.
+
+--Allá en las aldeas--decía--se traga todo, hasta el mayor disparate.... No
+tenéis formado el criterio, hijo, no tenéis formado el criterio, ésa es
+vuestra desgracia.... Lo miráis todo al través de un punto de vista que
+os forjáis vosotros mismos... (este tremendo disparate debía haberlo
+aprendido don Manuel en algún artículo de fondo). Hay que juzgar con la
+experiencia, con la sensatez.
+
+--¿Y usted se figura que somos tontos los que venimos de allá...? Puede
+ser que aún tengamos más pesquis, y veamos lo que ustedes no ven...
+(aludía a su prima Carmen, colgada de la galería en aquel momento).
+Créame usted, tío, en todas partes hay bobalicones que se maman el
+dedo.... ¡Vaya si los hay!
+
+La discusión tomaba carácter personal y agresivo; solía esto ocurrir a
+la hora de la sobremesa; las tazas del café chocaban furiosas contra los
+platillos; don Manuel, trémulo de coraje, vertía el anisete al llevarlo
+a la boca; tío y sobrino alzaban la voz mucho más de lo regular, y
+después de algún descompasado grito o frase dura, había instantes de
+armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y
+Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba
+muy despacio las servilletas de todos deslizándolas en las anillas. Don
+Pedro se levantaba de repente, rechazando su silla con energía, y,
+haciendo temblar el piso bajo su andar fuerte, se largaba al Casino,
+donde las mesas de tresillo funcionaban día y noche.
+
+Tampoco allí se encontraba bien. Sofocábale cierta atmósfera
+intelectual, muy propia de ciudad universitaria. Compostela es pueblo en
+que nadie quiere pasar por ignorante, y comprendía el señorito cuánto se
+mofarían de él y qué chacota se le preparaba, si se averiguase con
+certeza que no estaba fuerte en ortografía ni en otras _ías_ nombradas
+allí a menudo. Se le sublevaba su amor propio de monarca indiscutible en
+los Pazos de Ulloa al verse tenido en menos que unos catedráticos
+acatarrados y pergaminosos, y aun que unos estudiantes troneras, con las
+botas rojas y el cerebro caliente y vibrante todavía de alguna lectura
+de autor moderno, en la Biblioteca de la Universidad o en el gabinete
+del Casino. Aquella vida era sobrado activa para la cabeza del señorito,
+sobrado entumecida y sedentaria para su cuerpo; la sangre se le
+requemaba por falta de esparcimiento y ejercicio, la piel le pedía con
+mucha necesidad baños de aire y sol, duchas de lluvia, friegas de
+espinos y escajos, ¡plena inmersión en la atmósfera montés!
+
+No podía sufrir la nivelación social que impone la vida urbana; no se
+habituaba a contarse como número par en un pueblo, habiendo estado
+siempre de nones en su residencia feudal. ¿Quién era él en Santiago? Don
+Pedro Moscoso a secas; menos aún: el yerno del señor de la Lage, el
+marido de Nucha Pardo. El marquesado allí se había deshecho como la sal
+en el agua, merced a la malicia de un viejecillo, miembro del
+maldiciente triunvirato, a quien correspondía, por su acerada y
+prodigiosa memoria y años innumerables, el ramo de averiguación y
+esclarecimiento de añejos sucedidos, así como al más joven, que
+conocemos ya, tocaban las investigaciones de actualidad, viniendo a ser
+cronista el uno y analista el otro de la metrópoli. El cronista, pues,
+hizo su oficio desentrañando la genealogía entera y verdadera de las
+casas de Cabreira y Moscoso, probando ce por be que el título de Ulloa
+no correspondía ni podía corresponder sino al duque de tal y cual,
+grande de España, etc.; y demostrándolo mediante oportuna exhibición de
+la _Guía de Forasteros_. Por cierto que al instruir estas diligencias se
+hizo bastante burla de don Pedro y del señor de la Lage, a quien se
+acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de sábanas
+regalado a su hija; inocente desliz que el analista confirmó,
+especificando dónde y cómo se habían marcado las susodichas sábanas, y
+cuánto había costado el _escusón_ y el perendengue de la coronita.
+
+Impaciente ya, resolvió don Pedro la marcha antes de que pasase la
+inclemencia del invierno, a fines de un marzo muy esquivo y desapacible.
+Salía el coche para Cebre tan de madrugada, que no se veía casi; hacía
+un frío cruel, y Nucha, acurrucada en el rincón del incómodo vehículo,
+se llevaba a menudo el pañuelo a los ojos, por lo cual su marido la
+interpeló con poca blandura:
+
+--¿Parece que vienes de mala gana conmigo?
+
+--¡Qué cosas tienes!--respondió la muchacha destapando el rostro y
+sonriendo--. Es natural que sienta dejar al pobre papá y... y a las
+chicas.
+
+--Pues ellas--murmuró el señorito--me parece que no te echarán memoriales
+para que vuelvas.
+
+Nucha calló. El carruaje brincaba en los baches de la salida, y el
+mayoral, con voz ronca, animaba al tiro. Alcanzaron la carretera y rodó
+el armatoste sobre una superficie más igual. Nucha reanudó el diálogo
+preguntando a su marido pormenores relativos a los Pazos, conversación a
+que él se prestaba gustoso, ponderando hiperbólicamente la hermosura y
+salubridad del país, encareciendo la antigüedad del caserón y alabando
+la vida cómoda e independiente que allí se hacía.
+
+--No creas--decía a su mujer, alzando la voz para que no la cubriese el
+ruido de los cascabeles y el retemblar de los vidrios--, no creas que no
+hay gente fina allí.... La casa está rodeada de señorío principal: las
+señoritas de Molende, que son muy simpáticas; Ramón Limioso, un cumplido
+caballero.... También nos hará compañía el Abad de Naya.... ¡Pues y el
+nuestro, el de Ulloa, que es presentado por mí! Ése es tan mío como los
+perros que llevo a cazar.... No le mando que ladre y que porte porque no
+se me antoja. ¡Ya verás, ya verás! Allí es uno alguien y supone algo.
+
+A medida que se acercaban a Cebre, que entraba en sus dominios, se
+redoblaba la alegre locuacidad de don Pedro. Señalaba a los grupos de
+castaños, a los escuetos montes de aliaga y exclamaba regocijadísimo:
+
+--¡Foro de casa...! ¡Foro de casa...! No corre por ahí una liebre que no
+paste en tierra mía.
+
+La entrada en Cebre acrecentó su alborozo. Delante de la posada
+aguardaban Primitivo y Julián; aquél con su cara de metal, enigmática y
+dura, éste con el rostro dilatado por afectuosísima sonrisa. Nucha le
+saludó con no menor cordialidad. Bajaron los equipajes, y Primitivo se
+adelantó trayendo a don Pedro su lucia y viva yegua castaña. Iba éste a
+montar, cuando reparó en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha,
+y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de
+esos que por formar en el centro una especie de comba, más parecen
+hechos para despedir al jinete que para sustentarlo.
+
+--¿Cómo no le has traído a la señorita la borrica?--preguntó don Pedro,
+deteniéndose antes de montar, con un pie en el estribo y una mano asida
+a las crines de la yegua, y mirando al cazador con desconfianza.
+
+Primitivo articuló no sé qué de una pata coja, de un tumor frío....
+
+--¿Y no hay más borricos en el país?, ¿eh? A mí no me vengas con eso. Te
+sobraba tiempo para buscar diez pollinas.
+
+Volvióse hacia su mujer, y como para tranquilizar su conciencia,
+preguntóle:
+
+--¿Tienes miedo, chica? Tú no estarás acostumbrada a montar. ¿Has andado
+alguna vez en esta casta de aparejos? ¿Sabes tenerte en ellos?
+
+Nucha permanecía indecisa, recogiendo el vestido con la diestra, sin
+soltar de la otra el saquillo de viaje. Al cabo murmuró:
+
+--Lo que es tenerme, sé.... El año pasado, cuando estuve de baños, monté
+en mil aparejos nunca vistos.... Sólo que ahora....
+
+Soltó el traje de repente, llegóse a su marido, y le pasó un brazo
+alrededor del cuello, escondiendo la cara en su pechera como la primera
+vez que había tenido que abrazarle; y allí, en una especie de murmullo o
+secreteo dulcísimo, acabó la frase interrumpida. Pintóse en el rostro
+del marqués la sorpresa, y casi al mismo tiempo la alegría inmensa,
+radiante, el júbilo orgulloso, la exaltación de una victoria. Y
+apretando contra sí a su mujer, con amorosa protección, exclamó a
+gritos:
+
+--O no hay en tres leguas a la redonda una pollina mansa, o aunque la
+tenga el mismo Dios del cielo y no la quiera prestar, aquí vendrá para
+ti, a fe de Pedro Moscoso. Aguarda, hija, aguarda un minuto nada más....
+O mejor dicho, entra en la posada y siéntate.... A ver, un banco, una
+silla para la señorita.... Espera, _Nuchiña_, vengo volando. Primitivo,
+acompáñame tú. Abrígate, Nucha.
+
+Volando no, pero sí al cabo de media hora, volvió sin aliento. Traía del
+ronzal una oronda borriquilla, bien arreada, dócil y segura: la propia
+hacanea de la mujer del juez de Cebre. Don Pedro tomó en brazos a su
+esposa y la sentó en la albarda, arreglándole la ropa con esmero.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+Así que pudieron conferenciar reservadamente capellán y señorito,
+preguntó don Pedro, sin mirar cara a cara a Julián:
+
+--¿Y... _ésa_? ¿Está todavía por aquí? No la he visto cuando entramos.
+
+Como Julián arrugase el entrecejo, añadió:
+
+--Está, está.... Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no
+había encontrado modo de sacudírsela de encima.
+
+--Señorito, la verdad...--articuló Julián bastante disgustado--. Yo no sé
+qué decir.... Ha sido una cosa que se ha ido enredando.... Primitivo me
+juró y perjuró que la muchacha se iba a casar con el gaitero de Naya....
+
+--Ya sé quién es--dijo entre dientes don Pedro, cuyo rostro se anubló.
+
+--Pues yo... como era bastante natural, lo creí. Además tuve ocasión de
+persuadirme de que, en efecto, el gaitero y Sabel... tienen... trato.
+
+--¿Ha averiguado usted todo eso?--interrogó el marqués con ironía.
+
+--Señor, yo.... Aunque no sirvo mucho para estas cosas, quise informarme
+para no caer de inocente.... He preguntado por ahí y todo el mundo está
+conforme en que andan para casarse; hasta don Eugenio, el abad de Naya,
+me dijo que el muchacho había pedido sus papeles. Y por cierto que, a
+pretexto de no sé qué enredo o dificultad en los tales papeles dichosos,
+no se hizo la cosa todavía.
+
+Quedóse don Pedro callado, y al fin prorrumpió:
+
+--Es usted un santo. Ya podían venirme a mí con ésas.
+
+--Señor, la verdad es que si tuvieron intención de engañarme... digo que
+son unos grandísimos pillos. Y la Sabel, si no está muerta y penada por
+el gaitero, lo figura que es un asombro. Hace dos semanas fue a casa de
+don Eugenio y se le arrodilló llorando y pidiendo por Dios que se diese
+prisa a arreglarle el casamiento, porque aquel día sería el más feliz de
+su vida. Don Eugenio me lo ha contado, y don Eugenio no dice una cosa
+por otra.
+
+--¡Bribona! ¡Bribonaza!--tartamudeó el señorito, iracundo, paseándose por
+la habitación aceleradamente.
+
+Sosegóse no obstante muy luego, y agregó:
+
+--No me pasmo de nada de eso, ni digo que don Eugenio mienta; pero...
+usted... es un papanatas, un infeliz, porque aquí no se trata de Sabel,
+¿entiende usted?, sino de su padre, de su padre. Y su padre le ha
+engañado a usted como a un chino, vamos. La... mujer ésa, bien comprendo
+que rabia por largarse; mas Primitivo es abonado para matarla antes que
+tal suceda.
+
+--No, si también empezaba yo a maliciarme eso.... Mire usted que empezaba
+a maliciármelo.
+
+El señorito se encogió de hombros con desdén, y exclamó:
+
+--A buena hora.... Deje usted ya de mi cuenta este asunto.... Y por lo
+demás..., ¿qué tal, qué tal?
+
+--Muy mansos..., como corderos.... No se me han opuesto de frente a nada.
+
+--Pero habrán hecho de lado cuanto se les antoje.... Mire usted, don
+Julián, a veces me dan ganas de empapillarle a usted. Lo mismito que a
+los pichones.
+
+Julián replicó todo compungido:
+
+--Señorito, acierta usted de medio a medio. No hay forma de conseguir
+nada aquí si Primitivo se opone. Tenía usted razón cuando me lo
+aseguraba el año pasado. Y de algún tiempo acá, parece que aún le tienen
+mayor respeto, por no decir más miedo. Desde que se armó la revolución y
+andan agitadas las cosas políticas, y cada día recibimos una noticia
+gorda, creo que Primitivo se mezcla en esos enredos, y recluta satélites
+en el país.... Me lo ha asegurado don Eugenio, añadiendo que ya antes
+tenía subyugada a mucha gente prestando a réditos.
+
+Guardaba silencio don Pedro. Por fin alzó la cabeza y dijo:
+
+--¿Se acuerda usted de la burra que hubo que buscar en Cebre para mi
+mujer?
+
+--¡No me he de acordar!
+
+--Pues la señora del juez..., ríase usted un poco, hombre..., la señora
+del juez se avino a prestármela porque iba Primitivo conmigo. Si no....
+
+No hizo Julián reflexión alguna acerca de un suceso que tanto indignaba
+al marqués. Al terminar la conferencia, don Pedro le puso la mano en el
+hombro.
+
+--¿Y por qué no me da usted la enhorabuena, desatento?--exclamó con
+aquella misma irradiación que habían tenido sus pupilas en Cebre.
+
+Julián no entendía. El señorito se explicó cayéndosele la baba de gozo.
+Sí, señor, para octubre, el tiempo de las castañas..., esperaba el mundo
+un Moscoso, un Moscoso auténtico y legítimo... hermoso como un sol
+además.
+
+--¿Y no puede también ser una Moscosita?--preguntó Julián después de
+reiteradas felicitaciones.
+
+--¡Imposible!--gritó el marqués con toda su alma. Y como el capellán se
+echase a reír, añadió:--Ni de guasa me lo anuncie usted, don Julián.... Ni
+de guasa. Tiene que ser un chiquillo, porque si no le retuerzo el
+pescuezo a lo que venga. Ya le he encargado a Nucha que se libre bien de
+traerme otra cosa más que un varón. Soy capaz de romperle una costilla
+si me desobedece. Dios no me ha de jugar tan mala pasada. En mi familia
+siempre hubo sucesión masculina: Moscosos crían Moscosos, es ya
+proverbial. ¿No lo ha reparado usted cuando estuvo almorzándose el polvo
+del archivo? Pero usted es capaz de no haber reparado tampoco el estado
+de mi mujer, si no le entero yo ahora.
+
+Y era verdad. No sólo no lo había echado de ver, sino que tan natural
+contingencia no se le había pasado siquiera por las mientes. La
+veneración que por Nucha sentía y que iba acrecentándose con el trato,
+cerraba el paso a la idea de que pudiesen ocurrirle los mismos percances
+fisiológicos que a las demás hembras del mundo. Justificaba esta
+candorosa niñería el aspecto de Nucha. La total inocencia, que se
+pintaba en sus ojos vagos y como perdidos en contemplaciones de un mundo
+interior, no había menguado con el matrimonio; las mejillas, un poco más
+redondeadas, seguían tiñéndose del carmín de la vergüenza por el menor
+motivo. Si alguna variación podía observarse, algún signo revelador del
+tránsito de virgen a esposa, era quizás un aumento de pudor; pudor, por
+decirlo así, más consciente y seguro de sí mismo; instinto elevado a
+virtud. No se cansaba Julián de admirar la noble seriedad de Nucha
+cuando una chanza atrevida o una palabra malsonante hería sus oídos; la
+dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable
+que la resguardaba hasta contra las osadías del pensamiento; la bondad
+con que agradecía la atención más leve, pagándola con frases compuestas,
+pero sinceras; la serenidad de toda su persona, semejante al caer de una
+tarde apacibilísima. Parecíale a Julián que Nucha era ni más ni menos
+que el tipo ideal de la bíblica Esposa, el poético ejemplar de la Mujer
+fuerte, cuando aún no se ha borrado de su frente el nimbo del candor, y
+sin embargo ya se adivina su entereza y majestad futura. Andando el
+tiempo aquella gracia había de ser severidad, y a las oscuras trenzas
+sucederían las canas de plata, sin que en la pura frente imprimiese
+jamás una mancha el delito ni una arruga el remordimiento. ¡Cuán
+sazonada madurez prometía tan suave primavera! Al pensarlo, felicitábase
+otra vez Julián por la parte que le cabía en la acertada elección del
+señorito.
+
+Con desinteresada satisfacción se decía a sí mismo que había logrado
+contribuir al establecimiento de una cosa gratísima a Dios, e
+indispensable a la concertada marcha de la sociedad: el matrimonio
+cristiano, lazo bendito, por medio del cual la Iglesia atiende
+juntamente, con admirable sabiduría, a fines espirituales y materiales,
+santificando los segundos por medio de los primeros. «La índole de tan
+sagrada institución--discurría Julián--es opuesta a impúdicos extremos y
+arrebatos, a romancescos y necios desahogos, ardientes y roncos arrullos
+de tórtola»; por eso alguna vez que el esposo se deslizaba a
+familiaridades más despóticas que tiernas, parecíale al capellán que la
+esposa sufría mucho, herida en su cándida modestia, en su decente
+compostura; figurábasele que la caída de sus párpados, su encendimiento,
+su silencio, eran muda protesta contra libertades impropias del honesto
+trato conyugal. Si ante él sucedían tales cosas, a la mesa por ejemplo,
+Julián torcía la cara, haciéndose el distraído, o alzaba el vaso para
+beber, o fingía atender a los perros, que husmeaban por allí.
+
+Le asaltaba entonces un escrúpulo, de ésos que se quiebran de sutiles.
+Por muy perfecta casada que hiciese Nucha, su condición y virtudes la
+llamaban a otro estado más meritorio todavía, más parecido al de los
+ángeles, en que la mujer conserva como preciado tesoro su virginal
+limpieza. Sabía Julián por su madre que Nucha manifestaba a veces
+inclinación a la vida monástica, y daba en la manía de deplorar que no
+hubiese entrado en un convento. Siendo Nucha tan buena para mujer de un
+hombre, mejor sería para esposa de Cristo; y las castas nupcias dejarían
+intacta la flor de su inocencia corporal, poniéndola para siempre al
+abrigo de las tribulaciones y combates que en el mundo nunca faltan.
+
+Esto de los combates le recordaba a Sabel. ¿Quién duda que su
+permanencia en casa era ya un peligro para la tranquilidad de la esposa
+legítima? No imaginaba Julián riesgos inmediatos, pero presentía algo
+amenazador para lo porvenir. ¡Horrible familia ilegal, enraizada en el
+viejo caserón solariego como las parietarias y yedras en los derruidos
+muros! Al capellán le entraban a veces impulsos de coger una escoba, y
+barrer bien fuerte, bien fuerte, hasta que echase de allí a tan mala
+ralea. Pero cuando iba más determinado a hacerlo, tropezaba en la
+egoísta tranquilidad del señorito y en la resistencia pasiva,
+incontrastable del mayordomo. Sucedió además una cosa que aumentó la
+dificultad de la barredura: la cocinera enviada de Santiago empezó a
+malhumorarse, quejándose de que no entendía la cocina, de que la leña no
+ardía bien, del humo, de todo; Sabel, muy servicial, acudió a ayudarla;
+y a los pocos días la cocinera, cansada de aldea, se despidió con malos
+modos, y Sabel quedó en su sitio, sin que mediasen más fórmulas para el
+reemplazo que asir el mango de la sartén cuando la otra lo soltó. Julián
+no tuvo ni tiempo de protestar contra este cambio de ministerio y vuelta
+al antiguo régimen. Lo cierto es que la familia espuria se mostraba por
+entonces incomparablemente humilde: a Primitivo no se le encontraba sino
+llamándole cuando hacía falta; Sabel se eclipsaba apenas dejaba la
+comida puesta a la lumbre y confiada al cuidado de las mozas de
+fregadero; el chiquillo parecía haberse evaporado.
+
+Y con todo, al capellán no le llegaba la camisa al cuerpo. ¡Si Nucha se
+enteraba! ¿Y quién duda que se enteraría en el momento menos pensado?
+Por desgracia la nueva esposa mostraba afición suma a recorrer la casa,
+a informarse de todo, a escudriñar los sitios más recónditos y
+trasconejados, verbigracia desvanes, bodegas, lagar, palomar, hórreos,
+_tulla_, perreras, cochiqueras, gallinero, establos y _herbeiros_ o
+depósitos de forraje. No le llegaba a Julián la camisa al cuerpo,
+temblando que en alguna de estas dependencias recibiese Nucha a boca de
+jarro, por impensado incidente, la atroz revelación. Y al mismo tiempo,
+¿cómo oponerse al útil merodeo del ama de casa hacendosa por sus
+dominios? Parecía que con la joven señora entraban en cada rincón de los
+Pazos la alegría, la limpieza y el orden, y que la saludaba el rápido
+bailotear del polvo arremolinado por las escobas, la vibración del rayo
+de sol proyectado en escondrijos y zahurdas donde las espesas telarañas
+no lo habían dejado penetrar desde años antes.
+
+Seguía Julián a Nucha en sus exploraciones, a fin de vigilar y evitar,
+si cabía, cualquier suceso desgraciado. Y en efecto, su intervención fue
+provechosa cuando Nucha descubrió en el gallinero cierto pollo implume.
+El caso merece referirse despacio.
+
+Había observado Nucha que en aquella casa de bendición las gallinas no
+ponían jamás, o si ponían no se veía la postura. Afirmaba don Pedro que
+se gastaban al año bastantes _ferrados_ de centeno y mijo en el corral;
+y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de sí. Lo que es
+cacarear, cacareaban como descosidas, indicio evidente de que andaban en
+tratos de soltar el huevo; oíase el himno triunfal de las fecundas a la
+vez que el blando cloquear de las lluecas; se iba a ver el nido, se
+advertía en él suave calorcillo, se distinguía la paja prensada
+señalando en relieve la forma del huevo.... Y nada; que no se podía
+juntar ni para una mala tortilla. Nucha permanecía ojo alerta. Un día
+que acudió más diligente al cacareo delator, divisó agazapado en el
+fondo del gallinero, escondiéndose como un ratoncillo, un rapaz de pocos
+años. Sólo asomaban entre la paja de la nidadura sus descalzos pies.
+Nucha tiró de ellos y salió el cuerpo, y tras del cuerpo las manos, en
+las cuales venía ya el plato que apetecía el ama de casa, pues los
+huevos que el chico acababa de ocultar se le habían roto con la prisa, y
+la tortilla estaba allí medio hecha, batida por lo menos.
+
+--¡Ah pícaro!--exclamó Nucha cogiéndole y sacándole afuera, a la luz del
+corral--. ¡Te voy a desollar vivo, gran tunante! ¡Ya sabemos quién es el
+zorro que se come los huevos! Hoy te pongo el trasero en remojo, donde
+no lo veas.
+
+Agitábase y perneaba el ladrón en miniatura; Nucha sintió lástima,
+imaginándose que sollozaba con desconsuelo. Apenas logró verle un minuto
+la cara desviándole de ella los brazos, pudo convencerse de que el muy
+insolente no hacía sino reírse a más y a mejor, y también notar la
+extraordinaria lindeza del desharrapado chicuelo. Julián, testigo
+inquieto de esta escena, se adelantó y quiso arrebatárselo a Nucha.
+
+--Déjemelo usted, don Julián...--suplicó ella--. ¡Qué guapo!, ¡qué pelo!,
+¡qué ojos! ¿De quién es esta criatura?
+
+Nunca el timorato capellán sintió tantas ganas de mentir. No atinó, sin
+embargo.
+
+--Creo...--tartamudeó atragantándose--, creo que... de Sabel, la que guisa
+estos días.
+
+--¿De la criada? Pero.... ¿está casada esa chica?
+
+Creció la turbación de Julián. De esta vez tenía en la garganta una pera
+de ahogo.
+
+--No, señora; casada, no.... Ya sabe usted que... desgraciadamente... las
+aldeanas..., por aquí... no es común que guarden el mayor recato....
+Debilidades humanas.
+
+Sentóse Nucha en un poyo del corral que con el gallinero lindaba, sin
+soltar al chiquillo, empeñándose en verle la cara mejor. Él porfiaba en
+taparla con manos y brazos, pegando respingos de conejo montés cautivo y
+sujeto. Sólo se descubría su cabellera, el monte de rizos castaños como
+la propia castaña madura, envedijados, revueltos con briznas de paja y
+motas de barro seco, y el cuello y nuca, dorados por el sol.
+
+--Julián, ¿tiene usted ahí una pieza de dos cuartos?
+
+--Sí, señora.
+
+--Toma, _rapaciño_.... A ver si me pierdes el miedo.
+
+Fue eficaz el conjuro. Alargó el chiquillo la mano, y metió rápidamente
+en el seno la moneda. Nucha vio entonces el rostro redondeado, hoyoso,
+graciosísimo y correcto a la vez, como el de los amores de bronce que
+sostienen mecheros y lámparas. Una risa entre picaresca y celestial
+alegraba tan linda obra de la naturaleza. Nucha le plantó un beso en
+cada carrillo.
+
+--¡Qué monada! ¡Dios lo bendiga! ¿Cómo te llamas, pequeño?
+
+--Perucho--contestó el pilluelo con sumo desenfado.
+
+--¡El nombre de mi marido!--exclamó la señorita con viveza--. ¿Apostemos a
+que es su ahijado? ¿Eh?
+
+--Es su ahijado, su ahijado--se apresuró a declarar Julián, que desearía
+ponerle al chico un tapón en aquella boca risueña, de carnosos labios
+cupidinescos. No pudiendo hacerlo intentó sacar la conversación de
+terreno tan peligroso.
+
+--¿Para qué querías tú los huevos? Dilo y te doy otros dos cuartos, anda.
+
+--Los vendo--declaró Perucho concisamente.
+
+--Con que los vendes, ¿eh? Tenemos aquí un negociante.... ¿Y a quién los
+vendes?
+
+--A las mujeres de por ahí, que van a la _vila_....
+
+--Sepamos, ¿a cómo te pagan?
+
+--Dos cuartos por la _ducia_.
+
+--Pues mira--díjole Nucha cariñosamente--, de aquí en adelante me los vas a
+vender a mí, que te pagaré otro tanto. Por lo bonito que eres no quiero
+reñirte ni enfadarme contigo. ¡Quiá! Vamos a ser muy amigotes tú y yo.
+Lo primerito que te he de regalar son unos pantalones.... No andas muy
+decente que digamos.
+
+En efecto, por los desgarrones y aberturas del sucio calzón de estopa
+del chico hacían irrupción sus fresquísimas y lozanas carnes, cuya
+morbidez no alcanzaba a encubrir el fango y suciedad que les servía de
+vestidura, a falta de otra más decorosa.
+
+--¡Angelitos!--murmuró Nucha--. ¡Parece mentira que los traigan así! Yo no
+sé cómo no se matan, cómo no perecen de frío.... Julián, hay que vestir a
+este niño Jesús.
+
+--Sí, ¡buen niño Jesús está él!--gruñó Julián--. El mismísimo enemigo malo,
+¡Dios me perdone! No le tenga lástima, señorita; es un diablillo, más
+travieso que un mico.... Lo que no hice yo para enseñarle a leer y
+escribir, para acostumbrarle a que se lavase esos hocicos y esas
+patas.... ¡Ni atándolo, señorita, ni atándolo! Y está más sano que una
+manzana con la vida que trae. Ya se ha caído dos veces al estanque este
+año, y de una por poco se ahoga.
+
+--Vaya, Julián, ¿qué quiere usted que haga a su edad? No ha de ser formal
+como los mayores. Ven conmigo, rapaz, que voy a arreglarte algo para que
+te tapes esas piernecitas.... ¿No tiene calzado? Pues hay que encargarle
+unos zuecos bien fuertes, de álamo.... Y le voy a predicar un sermón a su
+madre para que me lo enjabone todos los días. Usted le va a dar lección
+otra vez. O le haremos ir a la escuela, que será lo mejor.
+
+No hubo quien apease a Nucha de su caritativo propósito. Julián estaba
+con el alma en un hilo, temiendo que de semejante aproximación resultase
+alguna catástrofe. No obstante, la bondad natural de su corazón hizo que
+se interesase nuevamente por aquella obra pía, que ya había intentado
+sin fruto. Veía en ella mayor demostración de la hermosura moral de
+Nucha. Parecíale que era providencial el que la señorita cuidase a aquel
+mal retoño de tronco ruin. Y Nucha entretanto se divertía infinito con
+su protegido; hacíale gracia su propia desvergüenza, sus instintos
+truhanescos, su afán por apandar huevos y fruta, su avidez al coger las
+monedas, su afición al vino y a los buenos bocados. Aspiraba a enderezar
+aquel arbolito tierno, civilizándole a la vez la piel y el espíritu.
+Obra de romanos, decía el capellán.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+Por entonces se dedicó el matrimonio Moscoso a pagar visitas de la
+aristocracia circunvecina. Nucha montaba la borriquilla, y su marido la
+yegua castaña; Julián los acompañaba en mula; alguno de los perros
+favoritos del marqués se incorporaba a la comitiva siempre, y dos mozos,
+vestidos con la ropa dominguera, la más bordada faja, el sombrero de
+fieltro nuevecito, empuñando varas verdes que columpiaban al andar, iban
+de espolistas, encargados de _tener mano_ de las monturas cuando se
+apeasen los jinetes.
+
+La tanda empezó por la señora jueza de Cebre. Abrió la puerta la criada
+en pernetas, que al ver a Nucha bajarse de su cabalgadura y arreglar los
+volantes del traje con el mango de la sombrilla, echó a correr
+despavorida hacia el interior de la casa, clamando como si anunciase
+fuego o ladrones:
+
+--Señora.... ¡Ay, mi señora! ¡Unos señores...!, ¡hay unos señores aquí!
+
+Ningún eco respondió a sus alaridos de consternación; pero transcurridos
+breves minutos, apareció en el zaguán el juez en persona, deshaciéndose
+en excusas por la torpeza de la muchacha: era inconcebible el trabajo
+que costaba domesticarlas; se les repetía mil veces la misma cosa, y
+nada, no aprendían a recibir a las... pues... de la manera que.... Al
+murmurar así, arqueaba el codo ofreciendo a Nucha el sostén de su brazo
+para subir la escalera; y siendo ésta tan angosta que no cabían dos
+personas de frente, la señora de Moscoso pasaba los mayores trabajos del
+mundo intentando asirse con las yemas de los dedos al brazo del buen
+señor, que subía dos escalones antes que ella todo torcido y sesgado.
+Llegados a la puerta de la sala, el juez empezó a palparse, buscando
+ansiosamente algo en los bolsillos, articulando a media voz monosílabos
+entrecortados y exclamaciones confusas. De repente exhaló una especie de
+bramido terrible.
+
+--Pepa.... ¡Pepaaaá!
+
+Se oyó el ¡_clac_! de los pies descalzos, y el juez interpeló a la
+fámula:
+
+--La llave, ¿vamos a ver? ¿Dónde Judas has metido la llave?
+
+Pepa se la alargaba ya a toda prisa, y el juez, cambiando de tono y
+pasando de la más furiosa ronquera a la más meliflua dulzura, empujó la
+puerta y dijo a Nucha:
+
+--Por aquí, señora mía, por aquí..., tenga usted la bondad....
+
+La sala estaba completamente a oscuras. Nucha tropezó con una mesa, a
+tiempo que el juez repetía:
+
+--Tenga usted la bondad de sentarse, señora mía.... Usted dispense....
+
+La claridad que bañó la habitación, una vez abiertas las maderas de la
+ventana, permitió a Nucha distinguir al fin el sofá de _repis_ azul, los
+dos sillones haciendo juego, el velador de caoba, la alfombra tendida a
+los pies del sofá y que representaba un ferocísimo tigre de Bengala,
+color de canela fina. Al juez todo se le volvía acomodar a los
+visitadores, insistiendo mucho en si al marqués de Ulloa le convenía la
+luz de frente o estaría mejor de espaldas a la vidriera; al mismo tiempo
+lanzaba ojeadas de sobresalto en derredor, porque le iba sabiendo mal la
+tardanza de su mujer en presentarse. Esforzábase en sostener la
+conversación, pero su sonrisa tenía la contracción de una mueca, y su
+ojo severo se volvía hacia la puerta muy a menudo. Al cabo se oyó en el
+corredor crujido de enaguas almidonadas: la señora jueza entró, sofocada
+y compuesta de fresco, según claramente se veía en todos los pormenores
+de su tocado; acababa de embutir su respetable humanidad en el corsé, y
+sin embargo no había logrado abrochar los últimos botones del corpiño de
+seda; el moño postizo, colocado a escape, se torcía inclinándose hacia
+la oreja izquierda; traía un pendiente desabrochado, y no habiéndole
+llegado el tiempo para calzarse, escondía con mil trabajos, entre los
+volantes pomposos de la falda de seda, las babuchas de orillo.
+
+Aunque Nucha no pecaba de burlona, no pudo menos de hacerle gracia el
+atavío de la jueza, que pasaba por el figurín vivo de Cebre, y a
+hurtadillas sonrió a Julián mostrándole con imperceptible guiño los
+collares, dijes y broches que lucía en el cuello la señora, mientras
+ésta a su vez devoraba e inventariaba el sencillo adorno de la recién
+casada santiaguesa. La visita fue corta, porque el marqués deseaba
+_cumplir_ aquel mismo día con el Arcipreste, y la parroquia de Loiro
+distaba una legua por lo menos de la villita de Cebre. Se despidieron de
+la autoridad judicial tan ceremoniosamente como habían entrado, con los
+mismos requilorios de brazo y acompañamiento y muchos ofrecimientos de
+casa y persona.
+
+Era preciso para ir a Loiro internarse bastante en la montaña, y seguir
+una senda llena de despeñaderos y precipicios, que sólo se hacía
+practicable al acercarse a los dominios del arciprestazgo, vastos y
+ricos algún día, hoy casi anulados por la desamortización. La rectoral
+daba señales de su esplendor pasado; su aspecto era conventual; al
+entrar y apearse en el zaguán, los señores de Ulloa sintieron la
+impresión del frío subterráneo de una ancha cripta abovedada, donde la
+voz humana retumbaba de un modo extraño y solemne. Por la escalera de
+anchos peldaños y monumental balaústre de piedra bajaba
+dificultosamente, con la lentitud y el balanceo con que caminan los osos
+puestos en dos pies, una pareja de seres humanos monstruosa, deforme,
+que lo parecía más viéndola así reunida: el Arcipreste y su hermana.
+Ambos jadeaban: su dificultosa respiración parecía el resuello de un
+accidentado; las triples roscas de la papada y el rollo del pestorejo
+aureolaban con formidable nimbo de carne las faces moradas de puro
+inyectadas de sangre espesa; y cuando se volvían de espaldas, en el
+mismo sitio en que el Arcipreste lucía la tonsura ostentaba su hermana
+un moñito de pelo gris, análogo al que gastan los toreros. Nucha, a
+quien el recibimiento del juez y el tocado de su señora habían puesto de
+buen humor, volvió a sonreír disimuladamente, sobre todo al notar los
+_quidproquos_ de la conversación, producidos por la sordera de los dos
+respetables hermanos. No desmintiendo éstos la hospitalaria tradición
+campesina, hicieron pasar a los visitadores, quieras no quieras, al
+comedor, donde un mármol se hubiera reído también observando cómo la
+mesa del refresco, la misma en que comían a diario los dueños de casa,
+tenía dos escotaduras, una frente a otra, sin duda destinadas a alojar
+desahogadamente la rotundidad de un par de abdómenes gigantescos.
+
+El regreso a los Pazos fue animado por comentarios y bromas acerca de
+las visitas: hasta Julián dio de mano a su formalidad y a su indulgencia
+acostumbrada para divertirse a cuenta de la mesa escotada y del almacén
+de quincalla que la señora jueza lucía en el pescuezo y seno. Pensaban
+con regocijo en que al día siguiente se les preparaba otra excursión del
+mismo género, sin duda igualmente divertida: tocábales ver a las
+señoritas de Molende y a los señores de Limioso.
+
+Salieron de los Pazos tempranito, porque bien necesitaban toda la larga
+tarde de verano para cumplir el programa; y acaso no les alcanzaría, si
+no fuese porque a las señoritas de Molende no las encontraron en casa;
+una mocetona que pasaba cargada con un haz de hierba explicó
+difícilmente que las señoritas _iban en_ la feria de Vilamorta, y sabe
+Dios cuándo volverían de allá. Le pesó a Nucha, porque las señoritas,
+que habían estado en los Pazos a verla, le agradaban, y eran los únicos
+rostros juveniles, las únicas personas en quienes encontraba
+reminiscencias de la cháchara alegre y del fresco pico de sus hermanas,
+a las cuales no podía olvidar. Dejaron un recado de atención a cargo de
+la mocetona y torcieron monte arriba, camino del Pazo de Limioso.
+
+El camino era difícil y se retorcía en espiral alrededor de la montaña;
+a uno y otro lado, las cepas de viña, cargadas de follaje, se inclinaban
+sobre él como para borrarlo. En la cumbre amarilleaba a la luz del sol
+poniente un edificio prolongado, con torre a la izquierda, y a la
+derecha un palomar derruido, sin techo ya. Era la señorial mansión de
+Limioso, un tiempo castillo roquero, nido de azor colgado en la
+escarpada umbría del montecillo solitario, tras del cual, en el
+horizonte, se alzaba la cúspide majestuosa del inaccesible Pico Leiro.
+No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa
+infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los
+labriegos con acento más respetuoso el calificativo de _Pazo_,
+_palacio_, reservado a las moradas hidalgas.
+
+Desde bastante cerca, el Pazo de Limioso parecía deshabitado, lo cual
+aumentaba la impresión melancólica que producía su desmantelado palomar.
+Por todas partes indicios de abandono y ruina: las ortigas obstruían la
+especie de plazoleta o patio de la casa; no faltaban vidrios en las
+vidrieras, por la razón plausible de que tales vidrieras no existían, y
+aun alguna madera, arrancada de sus goznes, pendía torcida, como un
+jirón en un traje usado. Hasta las rejas de la planta baja, devoradas de
+orín, subían las plantas parásitas, y festones de yedra seca y raquítica
+corrían por entre las junturas desquiciadas de las piedras. Estaba el
+portón abierto de par en par, como puerta de quien no teme a ladrones;
+pero al sonido mate de los cascos de las monturas en el piso herboso del
+patio, respondieron asmáticos ladridos y un mastín y dos perdigueros se
+abalanzaron contra los visitantes, desperdiciando por las fauces el poco
+brío que les quedaba, pues ninguno de aquellos bichos tenía más que un
+erizado pelaje sobre una armazón de huesos prontos a agujerearlo al
+menor descuido. El mastín no podía, literalmente, ejecutar el esfuerzo
+del ladrido: temblábanle las patas, y la lengua le salía de un palmo
+entre los dientes, amarillos y roídos por la edad. Apaciguáronse los
+perdigueros a la voz del señor de Ulloa, con quien habían cazado mil
+veces; no así el mastín, resuelto sin duda a morir en la demanda, y a
+quien sólo acalló la aparición de su amo el señorito de Limioso.
+
+¿Quién no conoce en la montaña al directo descendiente de los paladines
+y ricohombres gallegos, al infatigable cazador, al acérrimo
+tradicionalista? _Ramonciño_ Limioso contaría a la sazón poco más de
+veintiséis años, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus
+facciones todas tenían una gravedad melancólica y dignidad algún tanto
+burlesca para quien por primera vez lo veía. Su entristecido arqueo de
+cejas le prestaba vaga semejanza con los retratos de Quevedo; su
+pescuezo, flaco, pedía a voces la golilla, y en vez de la vara que tenía
+en la mano, la imaginación le otorgaba una espada de cazoleta. Donde
+quiera que se encontrase aquel cuerpo larguirucho, aquel gabán raído,
+aquellos pantalones con rodilleras y tal cual remiendo, no se podía
+dudar que, con sus pobres trazas, Ramón Limioso era un verdadero _señor
+desde sus principios_--así decían los aldeanos--y no _hecho a puñetazos_,
+como otros.
+
+Lo era hasta en el modo de ayudar a Nucha a bajarse de la borrica, en la
+naturalidad galante con que le ofreció no el brazo, sino, a la antigua
+usanza, dos dedos de la mano izquierda para que en ellos apoyase la
+palma de su diestra la señora de Ulloa. Y con el decoro propio de un
+paso de minueto, la pareja entró por el Pazo de Limioso adelante,
+subiendo la escalera exterior que conducía al claustro, no sin peligro
+de rodar por ella: tales estaban de carcomidos los venerables escalones.
+El tejado del claustro era un puro calado; veíanse, al través de las
+tejas y las vigas, innumerables retales de terciopelo azul celeste; la
+cría de las golondrinas piaba dulcemente en sus nidos, cobijados en el
+sitio más favorable, tras el blasón de los Limiosos, repetido en el
+capitel de cada pilar en tosca escultura--tres peces bogando en un lago,
+un león sosteniendo una cruz--. Fue peor cuando entraron en la antesala.
+Muchos años hacía que la polilla y la vetustez habían dado cuenta de la
+tablazón del piso; y no alcanzando, sin duda, los medios de los Limiosos
+a echar piso nuevo, se habían contentado con arrojar algunas tablas
+sueltas sobre los pontones y las vigas, y por tan peligroso camino cruzó
+tranquilamente el señorito, sin dejar de ofrecer los dedos a Nucha, y
+sin que ésta se atreviese a solicitar más firme apoyo. Cada tablón en
+que sentaban el pie se alzaba y blandía, descubriendo abajo la negra
+profundidad de la bodega, con sus cubas vestidas de telarañas.
+Atravesaron impávidos el abismo y penetraron en la sala, que al menos
+poseía un piso clavado, aunque en muchos sitios roto y en todos casi
+reducido a polvo sutil por el taladro de los insectos.
+
+Nucha se quedó inmóvil de sorpresa. En un ángulo de la sala medio
+desaparecía bajo un gran acervo de trigo un mueble soberbio, un vargueño
+incrustado de concha y marfil; en las paredes, del betún de los cuadros
+viejos y ahumados se destacaba a lo mejor una pierna de santo
+martirizado, toda contraída, o el anca de un caballo, o una cabeza
+carrilluda de angelote; frente a la esquina del trigo, se alzaba un
+estrado revestido de cuero de Córdoba, que aún conservaba su rica
+coloración y sus oros intensos; ante el estrado, en semicírculo,
+magníficos sitiales escultados, con asiento de cuero también; y entre el
+trigo y el estrado, sentadas en _tallos_ (asientos de tronco de roble
+bruto, como los que usan los labriegos más pobres), dos viejas secas,
+pálidas, derechas, vestidas de hábito del Carmen, ¡hilaban!
+
+Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las
+novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular
+efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales
+parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa, manejando el
+huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella
+entró. En nombre de las dos estatuas--que eran las tías paternas del
+señorito de Limioso--había visitado éste a Nucha; vivía también en el
+Pazo el padre, paralítico y encamado, pero a éste nadie le echaba la
+vista encima; su existencia era como un mito, una leyenda de la montaña.
+Las dos ancianas se irguieron y tendieron a Nucha los brazos con
+movimiento tan simultáneo que no supo a cuál de ellas atender, y a la
+vez y en las dos mejillas sintió un beso de hielo, un beso dado sin
+labios y acompañado del roce de una piel inerte. Sintió también que le
+asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y
+momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían
+uno de los sitiales, y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror
+que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo
+del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de
+la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda del
+esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre....
+
+Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía, y sin que se lo
+comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello,
+callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de
+las cosas que se van.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+Debía el sucesor de los Moscosos andar ya cerca de este mundo, porque
+Nucha cosía sin descanso prendas menudas semejantes a ropa de muñecas. A
+pesar de la asiduidad en la labor, no se desmejoraba, al contrario,
+parecía que cada pasito de la criatura hacia la luz del día era en
+beneficio de su madre. No podía decirse que Nucha hubiese engruesado,
+pero sus formas se llenaban, volviéndose suaves curvas lo que antes eran
+ángulos y planicies. Sus mejillas se sonroseaban, aunque le velaba
+frente y sienes esa ligera nube oscura conocida por _paño_. Su pelo
+negro parecía más brillante y copioso; sus ojos, menos vagos y más
+húmedos; su boca, más fresca y roja. Su voz se había timbrado con notas
+graves. En cuanto al natural aumento de su persona, no era mucho ni la
+afeaba, prestando solamente a su cuerpo la dulce pesadez que se nota en
+el de la Virgen en los cuadros que representan la Visitación. La
+colocación de sus manos, extendidas sobre el vientre como para
+protegerlo, completaba la analogía con las pinturas de tan tierno
+asunto.
+
+Hay que reconocer que don Pedro se portaba bien con su esposa durante
+aquella temporada de expectación. Olvidando sus acostumbradas correrías
+por montes y riscos, la sacaba todas las tardes, sin faltar una, a dar
+paseítos higiénicos, que crecían gradualmente; y Nucha, apoyada en su
+brazo, recorría el valle en que los Pazos de Ulloa se esconden,
+sentándose en los murallones y en los ribazos al sentirse muy fatigada.
+Don Pedro atendía a satisfacer sus menores deseos: en ocasiones se
+mostraba hasta galante, trayéndole las flores silvestres que le llamaban
+la atención, o ramas de madroño y zarzamora cuajadas de fruto. Como a
+Nucha le causaban fuerte sacudimiento nervioso los tiros, no llevaba
+jamás el señorito su escopeta, y había prohibido expresamente a
+Primitivo cazar por allí. Parecía que la leñosa corteza se le iba
+cayendo, poco a poco, al marqués, y que su corazón bravío y egoísta se
+inmutaba, dejando asomar, como entre las grietas de la pared,
+florecillas parásitas, blandos afectos de esposo y padre. Si aquello no
+era el matrimonio cristiano soñado por el excelente capellán, viven los
+cielos que debía asemejársele mucho.
+
+Julián bendecía a Dios todos los días. Su devoción había vuelto, no a
+renacer, pues no muriera nunca, pero sí a reavivarse y encenderse. A
+medida que se acercaba la hora crítica para Nucha, el capellán
+permanecía más tiempo de rodillas dando gracias al terminar la misa;
+prolongaba más las letanías y el rosario; ponía más alma y fervor en el
+cuotidiano rezo. Y no entran en la cuenta dos novenas devotísimas, una a
+la Virgen de Agosto, otra a la Virgen de Septiembre. Figurábasele este
+culto mariano muy adecuado a las circunstancias, por la convicción cada
+vez más firme de que Nucha era viva imagen de Nuestra Señora, en cuanto
+una mujer concebida en pecado puede serlo.
+
+Al oscurecer de una tarde de octubre estaba Julián sentado en el poyo de
+su ventana, engolfado en la lectura del P. Nieremberg. Sintió pasos
+precipitados en la escalera. Conoció el modo de pisar de don Pedro. El
+rostro del señor de Ulloa derramaba satisfacción.
+
+--¿Hay novedades?--preguntó Julián soltando el libro.
+
+--¡Ya lo creo! Nos hemos tenido que volver del paseo a escape.
+
+--¿Y han ido a Cebre por el médico?
+
+--Va allá Primitivo.
+
+Julián torció el gesto.
+
+--No hay que asustarse.... Detrás de él van a salir ahora mismo otros dos
+propios. Quería ir yo en persona, pero Nucha dice que no se queda ahora
+sin mí.
+
+--Lo mejor sería ir yo también por si acaso--exclamó Julián--. Aunque sea a
+pie y de noche....
+
+Lanzó don Pedro una de sus terribles y mofadoras carcajadas.
+
+--¡Usted!--clamó sin cesar de reír--. ¡Vaya una ocurrencia, don Julián!
+
+El capellán bajó los ojos y frunció el rubio ceño. Sentía cierta
+vergüenza de su sotana, que le inutilizaba para prestar el menor
+servicio en tan apretado trance. Y al par que sacerdote era hombre, de
+modo que tampoco podía penetrar en la cámara donde se cumplía el
+misterio. Sólo tenían derecho a ello dos varones: el esposo y el _otro_,
+el que Primitivo iba a buscar, el representante de la ciencia humana.
+Acongojóse el espíritu de Julián pensando en que el recato de Nucha iba
+a ser profanado, y su cuerpo puro tratado quizás como se trata a los
+cadáveres en la mesa de anatomía: como materia inerte, donde no se
+cobija ya un alma. Comprendió que se apocaba y afligía.
+
+--Llámeme usted si para algo me necesita, señor marqués--murmuró con
+desmayada voz.
+
+--Mil gracias, hombre.... Venía únicamente a darle a usted la buena
+noticia.
+
+Don Pedro volvió a bajar la escalera rápidamente silbando una
+_riveirana_, y el capellán, al pronto, se quedó inmóvil. Pasóse luego la
+mano por la frente, donde rezumaba un sudorcillo. Miró a la pared. Entre
+varias estampitas pendientes del muro y encuadradas en marcos de briche
+y lentejuelas, escogió dos: una de San Ramón Nonnato y otra de Nuestra
+Señora de la Angustia, sosteniendo en el regazo a su Hijo muerto. Él la
+hubiera preferido de la Leche y Buen Parto, pero no la tenía, ni se
+había acordado mucho de tal advocación hasta aquel instante. Desembarazó
+la cómoda de los cachivaches que la obstruían y puso encima, de pie, las
+estampas. Abrió después el cajón, donde guardaba algunas velas de cera
+destinadas a la capilla; tomó un par, las acomodó en candeleros de
+latón, y armó su _altarito_. Así que la luz amarillenta de los cirios se
+reflejó en los adornos y cristal de los cuadros, el alma de Julián
+sintió consuelo inefable. Lleno de esperanza, el capellán se reprendió a
+sí mismo por haberse juzgado inútil en momentos semejantes. ¡Él inútil!
+Cabalmente le incumbía lo más importante y preciso, que es impetrar la
+protección del cielo. Y arrodillándose henchido de fe, dio principio a
+sus oraciones.
+
+El tiempo corría sin interrumpirlas. De abajo no llegaba noticia alguna.
+A eso de las diez reconoció Julián que sus rodillas hormigueaban con
+insufrible hormigueo, que se apoderaba de sus miembros dolorosa lasitud,
+que se le desvanecía la cabeza. Hizo un esfuerzo y se incorporó
+tambaleándose. Una persona entró. Era Sabel, a quien el capellán miró
+con sorpresa, pues hacía bastante tiempo que no se presentaba allí.
+
+--De parte del señorito, que baje a cenar.
+
+--¿Ha venido su padre de usted? ¿Ha llegado el médico?--interrogó
+ansiosamente Julián, no atreviéndose a preguntar otra cosa.
+
+--No, señor.... De aquí a Cebre hay un bocadito.
+
+En el comedor encontró Julián al marqués cenando con apetito formidable,
+como hombre a quien se le ha retrasado la pitanza dos horas más que de
+costumbre. Julián trató de imitar aquel sosiego, sentándose y
+extendiendo la servilleta.
+
+--¿Y la señorita?--preguntó con afán.
+
+--¡Pss!... Ya puede usted suponer que no muy a gusto.
+
+--¿Necesitará algo mientras usted está aquí?
+
+--No. Tiene allá a su doncella, la Filomena. Sabel también ayuda para
+cuanto se precise.
+
+Julián no contestó. Sus reflexiones valían más para calladas que para
+dichas. Era una monstruosidad que Sabel asistiese a la legítima esposa;
+pero si no se le ocurría al marido, ¿quién tenía valor para
+insinuárselo? Por otra parte, Sabel, en realidad, no carecía de
+experiencia doméstica, ni dejaría de ser útil. Notó Julián que el
+marqués, a diferencia de algunas horas antes, parecía malhumorado e
+impaciente. Recelaba el capellán interrogarle. Determinóse al fin.
+
+--¿Y... dará tiempo a que llegue el médico?
+
+--¿Que si da tiempo?--respondió el señorito embaulando y mascando con
+colérica avidez--. ¡Como no lo dé de más! Estas señoritas finas son muy
+delicadas y difíciles para todo.... Y cuando no hay un gran físico.... Si
+fuese por el estilo de su hermana Rita....
+
+Descargó un porrazo con el vaso en la mesa, y añadió sentenciosamente:
+
+--Son una calamidad las mujeres de los pueblos.... Hechas de alfeñique....
+Le aseguro a usted que tiene una debilidad, y una tendencia a las
+convulsiones y a los síncopes, que.... ¡Melindres, diantre! ¡Melindres a
+que las acostumbran desde pequeñas!
+
+Pegó otro trompis y se levantó, dejando solo en el comedor a Julián. No
+sabía éste qué hacer de su persona, y pensó que lo mejor era emprender
+de nuevo plática con los santos. Subió. Las velas seguían ardiendo, y el
+capellán volvió a arrodillarse. Las horas pasaban y pasaban, y no se
+oían más ruidos que el viento de la noche al gemir en los castaños, y el
+hondo sollozo del agua en la represa del cercano molino. Sentía Julián
+cosquilleo y agujetas en los muslos, frío en los huesos y pesadez en la
+cabeza. Dos o tres veces miró hacia su cama, y otras tantas el recuerdo
+de la pobrecita, que sufría allá abajo, le detuvo. Dábale vergüenza
+ceder a la tentación. Mas sus ojos se cerraban, su cabeza, ebria de
+sueño, caía sobre el pecho. Se tendió vestido, prometiéndose
+despabilarse al punto. Despertó cuando ya era de día.
+
+Al encontrarse vestido, se acordó, y tratándose mentalmente de marmota y
+leño, pensó si ya estaría en el mundo el nuevo Moscoso. Bajó apresurado,
+frotándose los párpados, medio aturdido aún. En la antesala de la cocina
+se dio de manos a boca con Máximo Juncal, el médico de Cebre, con
+bufanda de lana gris arrollada al cuello, chaquetón de paño pardo, botas
+y espuelas.
+
+--¿Llega usted ahora mismo?--preguntó asombrado el capellán.
+
+--Sí, señor.... Primitivo dice que estuvieron llamando anoche a mi puerta
+él y otros dos, pero que no les abrió nadie.... Verdad que mi criada es
+algo sorda; mas con todo..., si llamasen como Dios manda.... En fin, que
+hasta el amanecer no me llegó el aviso. De cualquier manera parece que
+vengo muy a tiempo todavía.... Primeriza al fin y al cabo.... Estas
+batallas acostumbran durar bastante.... Allá voy a ver qué ocurre....
+
+Precedido de don Pedro, echó a andar látigo en mano y resonándole las
+espuelas, de modo que la imagen bélica que acababa de emplear parecía
+exacta, y cualquiera le tomaría por el general que acude a decidir con
+su presencia y sus órdenes la victoria. Su continente resuelto infundía
+confianza. Reapareció a poco pidiendo una taza de café bien caliente,
+pues con la prisa de venir se encontraba en ayunas. Al señorito le
+sirvieron chocolate. Emitió el médico su dictamen facultativo: armarse
+de paciencia, porque el negocio iba largo.
+
+Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el
+insomnio, quiso a toda costa saber si había peligro.
+
+--No, señor; no, señor--contestó Máximo desliendo el azúcar con la
+cucharilla y echando ron en el café--. Si se presentan dificultades,
+estamos aquí.... Tú, Sabel: una copita pequeña.
+
+En la copita pequeña escanció también ron, que paladeó mientras el café
+se enfriaba. El marqués le tendió la petaca llena.
+
+--Muchas gracias...--pronunció el médico encendiendo un habano--. Por ahora
+estamos a ver venir. La señora es novicia, y no muy fuerte.... A las
+mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica: corsé
+para volver angosto lo que debe ser vasto; encierro para producir la
+clorosis y la anemia; vida sedentaria, para ingurgitarlas y criar linfa
+a expensas de la sangre.... Mil veces mejor preparadas están las aldeanas
+para el gran combate de la gestación y alumbramiento, que al cabo es la
+verdadera función femenina.
+
+Siguió explanando su teoría, queriendo manifestar que no ignoraba las
+más recientes y osadas hipótesis científicas, alardeando de materialismo
+higiénico, ponderando mucho la acción bienhechora de la madre
+naturaleza. Veíase que era mozo inteligente, de bastante lectura y
+determinado a lidiar con las enfermedades ajenas; mas la amarillez
+biliosa de su rostro, la lividez y secura de sus delgados labios, no
+prometían salud robusta. Aquel fanático de la higiene no predicaba con
+el ejemplo. Asegurábase que tenía la culpa el ron y una panadera de
+Cebre, con salud para vender y regalar cuatro doctores higienistas.
+
+Don Pedro chupaba también con ensañamiento su cigarro y rumiaba las
+palabras del médico, que por extraño caso, atendida la diferencia entre
+un pensamiento relleno de ciencia novísima y otro virgen hasta de
+lectura, conformaban en todo con su sentir. También el hidalgo rancio
+pensaba que la mujer debe ser principalmente muy apta para la
+propagación de la especie. Lo contrario le parecía un crimen. Acordábase
+mucho, mucho, con extraños remordimientos casi incestuosos, del robusto
+tronco de su cuñada Rita. También recordó el nacimiento de Perucho, un
+día que Sabel estaba amasando. Por cierto que la borona que amasaba no
+hubiera tenido tiempo de cocerse cuando el chiquillo berreaba ya
+diciendo a su modo que él era de Dios como los demás y necesitaba el
+sustento. Estas memorias le despertaron una idea muy importante.
+
+--Diga, Máximo.... ¿le parece que mi mujer podrá criar?
+
+Máximo se echó a reír, saboreando el ron.
+
+--No pedir gollerías, señor don Pedro.... ¡Criar! Esa función augusta
+exige complexión muy vigorosa y predominio del temperamento sanguíneo....
+No puede criar la señora.
+
+--Ella es la que se empeña en eso--dijo con despecho el marqués--; yo bien
+me figuré que era un disparate... por más que no creí a mi mujer tan
+endeble.... En fin, ahora tratamos de que no nazca el niño para rabiar de
+hambre. ¿Tendré tiempo de ir a Castrodorna? La hija de Felipe el casero,
+aquella mocetona, ¿no sabe usted?...
+
+--¿Pues no he de saber? ¡Gran vaca! Tiene usted ojo médico.... Y está
+parida de dos meses. Lo que no sé es si los padres la dejarán venir.
+Creo que son gente honrada en su clase y no quieren divulgar lo de la
+hija.
+
+--¡Música celestial! Si hace ascos la traigo arrastrando por la trenza....
+A mí no me levanta la voz un casero mío. ¿Hay tiempo o no de ir allá?
+
+--Tiempo, sí. Ojalá acabásemos antes; pero no lleva trazas.
+
+Cuando el señorito salió, Máximo se sirvió otra copa de ron y dijo en
+confianza al capellán:
+
+--Si yo estuviese en el pellejo del Felipe... ya le quiero un recado a
+don Pedro. ¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es
+un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de
+libertad, de derechos individuales.... ¡Y al fin, por todas partes la
+tiranía, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, ¿qué es esto
+sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquidades de la
+servidumbre? Que yo necesito tu hija, ¡zas!, pues contra tu voluntad te
+la cojo. Que me hace falta leche, una vaca humana, ¡zas!, si no quieres
+dar de mamar de grado a mi chiquillo, le darás por fuerza. Pero le estoy
+escandalizando a usted. Usted no piensa como yo, de seguro, en
+cuestiones sociales.
+
+--No señor; no me escandalizo--contestó apaciblemente Julián--. Al
+contrario.... Me dan ganas de reír porque me hace gracia verle a usted
+tan sofocado. Mire usted qué más querrá la hija de Felipe que servir de
+ama de cría en esta casa. Bien mantenida, bien regalada, sin trabajar....
+Figúrese.
+
+--¿Y el albedrío? ¿Quiere usted coartar el albedrío, los derechos
+individuales? Supóngase que la muchacha se encuentre mejor avenida con
+su honrada pobreza que con todos esos beneficios y ventajas que usted
+dice.... ¿No es un acto abusivo traerla aquí de la trenza, porque es hija
+de un casero? Naturalmente que a usted no se lo parece; claro está.
+Vistiéndose por la cabeza, no se puede pensar de otro modo; usted tiene
+que estar por el feudalismo y la teocracia. ¿Acerté? No me diga usted
+que no.
+
+--Yo no tengo ideas políticas--aseveró Julián sosegadamente; y de pronto,
+como recordando, añadió:--¿Y no sería bien dar una vuelta a ver cómo lo
+pasa la señorita?
+
+--¡Pchs!... No hago por ahora gran falta allá, pero voy a ver. Que no se
+lleven la botella del ron, ¿eh? Hasta dentro de un instante.
+
+Volvió en breve, e instalándose ante la copa mostró querer reanudar la
+conversación política, a la cual profesaba desmedida afición,
+prefiriendo, en su interior, que le contradijesen, pues entonces se
+encendía y exaltaba, encontrando inesperados argumentos. Las violentas
+discusiones en que se llegaba a vociferar y a injuriarse le esparcían la
+estancada bilis, y la función digestiva y respiratoria se le activaba,
+produciéndole gran bienestar. Disputaba por higiene: aquella gimnasia de
+la laringe y del cerebro le desinfartaba el hígado.
+
+--¿Con que usted no tiene ideas políticas? A otro perro con ese hueso,
+padre Julián.... Todos los pájaros de pluma negra vuelan hacia atrás, no
+andemos con cuentos. Y si no, a ver, hagamos la prueba: ¿qué piensa
+usted de la revolución? ¿Está usted conforme con la libertad de cultos?
+Aquí te quiero, escopeta. ¿Está usted de acuerdo con Suñer?
+
+--¡Vaya unas cosas que tiene el señor don Máximo! ¿Cómo he de estar de
+acuerdo con Suñer? ¿No es ése que dijo en el Congreso blasfemias
+horrorosas? ¡Dios le alumbre!
+
+--Hable claro: ¿usted piensa como el abad de San Clemente de Boán? Ése
+dice que a Suñer y a los revolucionarios no se les convence con razones,
+sino a trabucazo limpio y palo seco. ¿Usted qué opina?
+
+--Son dichos de acaloramiento.... Un sacerdote es hombre como todos y
+puede enfadarse en una disputa y echar venablos por la boca.
+
+--Ya lo creo; y por lo mismo que es hombre como todos puede tener
+intereses bastardos, puede querer vivir holgazanamente explotando la
+tontería del prójimo, puede darse buena vida con los capones y cabritos
+de los feligreses.... No me negará usted esto.
+
+--Todos somos pecadores, don Máximo.
+
+--Y aún puede hacer cosas peores, que... se sobrentienden..., ¿eh? No
+sofocarse.
+
+--Sí, señor. Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo. Si
+tuviésemos privilegio para no pecar, estábamos bien; nos habíamos
+salvado en el momento mismo de la ordenación, que no era floja ganga.
+Cabalmente, la ordenación nos impone deberes más estrechos que a los
+demás cristianos, y es doblemente difícil que uno de nosotros sea bueno.
+Y para serlo del modo que requeriría el camino de perfección en que
+debemos entrar al ordenarnos de sacerdotes, se necesita, aparte de
+nuestros esfuerzos, que la gracia de Dios nos ayude. Ahí es nada.
+
+Díjolo en tono tan sincero y sencillo, que el médico amainó por algunos
+instantes.
+
+--Si todos fuesen como usted, don Julián....
+
+--Yo soy el último, el peor. No se fíe usted en apariencias.
+
+--¡Quiá! Los demás son buenas piezas, buenas..., y ni con la revolución
+hemos conseguido minarles el terreno.... Le parecerá a usted mentira lo
+que amañaron estos días para dar gusto a ese bandido de Barbacana....
+
+No hallándose en antecedentes, Julián guardaba silencio.
+
+--Figúrese usted--refirió el médico--que Barbacana tiene a sus órdenes otro
+facineroso, un paisano de Castrodorna, conocido por el Tuerto, que va y
+viene a Portugal a salto de mata, porque una noche cosió a puñaladas a
+su mujer y al amante.... Hace poco parece que le echó mano la justicia,
+pero Barbacana se empeñó en librarlo, y tanto sudaron él y los curas,
+que el hombre salió bajo fianza, y se pasea por ahí.... De modo que, a
+pesar de los pesares, nos tiene usted como siempre, mandados por el
+infame Barbacana.
+
+--Pero--objetó Julián--yo he oído que aquí, cuando no reina Barbacana,
+reina otro cacique peor, que le llaman Trampeta, por los enredos y
+diabluras que arma a los pobres paisanos chupándoles el tuétano.... Con
+que por fas o por nefas.
+
+--Eso.... Eso tiene algo de verdad..., pero mire usted, al menos Trampeta
+no se propone levantar partidas.... Con Barbacana es preciso concluir,
+pues corresponde con las juntas carlistas de la provincia para llevar el
+país a fuego y sangre.... ¿Es usted partidario del niño Terso?
+
+--Ya le dije que no tengo opiniones.
+
+--Es que no le da la gana de disputar.
+
+--Francamente, don Máximo, acierta usted. Estoy pendiente de esa pobre
+señorita... pensando en lo que puede sucederle. Y no entiendo de
+política...; no se ría usted..., no entiendo. Sólo entiendo de decir
+misa; y el caso es que no la he dicho hoy todavía, y mientras no la diga
+no me desayuno, y el estómago se me va.... Aplicaré la misa por la
+necesidad presente. Yo no puedo--añadió con cierta melancolía--prestarle a
+la señorita otro auxilio.
+
+Marchóse, dejando al médico sorprendido de encontrar un cura que rehuía
+entrar en políticas discusiones, que por aquellos días reemplazaban a
+las teológicas en todas las sobremesas patronales, y celebró su misa con
+gran atención y minuciosidad en las ceremonias. El repique de la
+campanilla del acólito resonaba claro y argentino en la vetusta capilla
+vacía. Oíanse fuera gorjeos de pájaros en los árboles del huerto, lejano
+chirrido de carros que salían al trabajo, rumores campestres gratos,
+calmantes, bienhechores. Era la misa de San Ramón Nonnato, elegida para
+la circunstancia; y cuando el celebrante pronunció «_ejus nobis
+intercessione concede, ut a peccatorum vinculis absoluti_...», parecióle
+que las cadenas de dolor que ligaban a la pobre virgencita--que aún
+entonces se la representaba como tal el capellán--se rompían de golpe,
+dejándola libre, gozosa y radiante, con la más feliz maternidad.
+
+Sin embargo, cuando regresó a la casa no había indicios de la susodicha
+ruptura de cadenas. En vez de las apresuradas idas y venidas de criados
+que siempre indican algún acontecimiento trascendental, notó una calma
+de mal agüero. El señorito no volvía: verdad es que Castrodorna distaba
+bastante de los Pazos. Fue preciso sentarse a la mesa sin él. El médico
+no intentó disputar más, porque a su vez empezaba a hallarse preocupado
+con la flema del heredero de los Moscosos. Hay que decir, en abono del
+discutidor higienista, que tomaba su profesión por lo serio, y la
+respetaba tanto como Julián la suya. Probábalo su misma manía de la
+higiene y su culto de la salud, culto infundido por librotes modernos
+que sustituyen al Dios del Sinaí con la diosa Higia. Para Máximo Juncal,
+inmoralidad era sinónimo de escrofulosis, y el deber se parecía bastante
+a una perfecta oxidación de los elementos asimilables. Disculpábase a sí
+propio ciertos extravíos, por tener un tanto obstruidas las vías
+hepáticas.
+
+En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su
+instinto de lucha contra los males positivos de la tierra: el dolor, la
+enfermedad, la muerte. Comió distraídamente, y sólo bebió dos copas de
+ron. Julián apenas pasó bocado; preguntaba de tiempo en tiempo:
+
+--¿Qué ocurrirá por allí, don Máximo?
+
+Cesó de preguntar cuando el médico le hubo dado, a media voz, algunos
+detalles, empleando términos técnicos. La noche caía. Máximo apenas
+salía del cuarto de la paciente. Sintióse Julián tan triste y solo, que
+ya se disponía a subir y encender su altar, para disfrutar al menos la
+compañía de las velas y los cuadritos. Pero don Pedro entró
+impetuosamente, como una ráfaga de viento huracanado. Traía de la mano
+una muchachona color de tierra, un castillo de carne: el tipo clásico de
+la vaca humana.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+
+Que Máximo Juncal, ya que es su oficio, reconozca detenidamente la
+cuenca del río lácteo de la poderosa bestiaza, conducida por el marqués
+de Ulloa, no sin asombro de las gentes, en el borrén delantero de la
+silla de su yegua, por no haber en Castrodorna otros medios de
+transporte, y no permitir la impaciencia de don Pedro que el ama viniese
+a pie. La yegua recordará toda la vida, con temblor general de su
+cuerpo, aquella jornada memorable en que tuvo que sufrir a la vez el
+peso del actual representante de los Moscosos y el de la nodriza del
+Moscoso futuro.
+
+Cayéronsele a don Pedro las alas del corazón cuando vio que su heredero
+no había llegado todavía. En aquel momento le pareció que un suceso tan
+próximo no se verificaría jamás. Apuró a Sabel reclamando la cena, pues
+traía un hambre feroz. Sabel la sirvió en persona, por hallarse aquel
+día muy ocupada Filomena, la doncella, que acostumbraba atender al
+comedor. Estaba Sabel fresca y apetecible como nunca, y las floridas
+carnes de su arremangado brazo, el brillo cobrizo de las conchas de su
+pelo, la melosa ternura y sensualidad de sus ojos azules, parecían
+contrastar con la situación, con la mujer que sufría atroces tormentos,
+medio agonizando, a corta distancia de allí. Hacía tiempo que el marqués
+no veía de cerca a Sabel. Más que mirarla, se puede decir que la examinó
+despacio durante algunos minutos. Reparó que la moza no llevaba
+pendientes y que tenía una oreja rota; entonces recordó habérsela
+partido él mismo, al aplastar con la culata de su escopeta el zarcillo
+de filigrana, en un arrebato de brutales celos. La herida se había
+curado, pero la oreja tenía ahora dos lóbulos en vez de uno.
+
+--¿No duerme nada la señorita?--preguntaba Julián al médico.
+
+--A ratos, entre dolor y dolor.... Precisamente me gusta a mí bien poco
+ese sopor en que cae. Esto no adelanta ni se gradúa, y lo peor es que
+pierde fuerzas. Cada vez se me pone más débil. Puede decirse que lleva
+cuarenta y ocho horas sin probar alimento, pues me confesó que antes de
+avisar a su marido, mucho antes, ya se sintió mal y no pudo comer....
+Esto de los sueñecitos no me hace tilín. Para mí, más que modorra, son
+verdaderos síncopes.
+
+Don Pedro apoyaba con desaliento la cabeza en el cerrado puño.
+
+--Estoy convencido--dijo enfáticamente--de que semejantes cosas sólo les
+pasan a las señoritas educadas en el pueblo y con ciertas impertinencias
+y repulgos.... Que les vengan a las mozas de por aquí con síncopes y
+desmayos.... Se atizan al cuerpo media olla de vino y despachan esta
+faena cantando.
+
+--No, señor, hay de todo.... Las linfático-nerviosas se aplanan.... Yo he
+tenido casos....
+
+Explicó detenidamente varias lides, no muchas aún, porque empezaba a
+asistir, como quien dice. Él estaba por la expectativa: el mejor
+comadrón es el que más sabe aguardar. Sin embargo, se llega a un grado
+en que perder un segundo es perderlo todo. Al aseverar esto, paladeaba
+sorbos de ron.
+
+--¿Sabel?--llamó de repente.
+
+--¿Qué quiere, señorito Máximo?--contestó la moza con solicitud.
+
+--¿Dónde me han puesto una caja que traje?
+
+--En su cuarto, sobre la cama.
+
+--¡Ah!, bueno.
+
+Don Pedro miró al médico, comprendiendo de qué se trataba. No así
+Julián, que asustado por el hondo silencio que siguió al diálogo de
+Máximo y Sabel, interrogó indirectamente para saber qué encerraba la
+caja misteriosa.
+
+--Instrumentos--declaró el médico secamente.
+
+--¿Instrumentos..., para qué?--preguntó el capellán, sintiendo un sudor
+que le rezumaba por la raíz del cabello.
+
+--Para operarla, ¡qué demonio! Si aquí se pudiese celebrar junta de
+médicos, yo dejaría quizás que la cosa marchase por sus pasos contados;
+pero recae sobre mí exclusivamente la responsabilidad de cuanto ocurra.
+No me he de cruzar de brazos, ni dejarme sorprender como un bolonio. Si
+al amanecer ha aumentado la postración y no veo yo síntomas claros de
+que esto se desenrede... hay que determinarse. Ya puede usted ir rezando
+al bendito San Ramón, señor capellán.
+
+--¡Si por rezar fuese!--exclamó ingenuamente Julián--. ¡Apenas llevo rezado
+desde ayer!
+
+De tan sencilla confesión tomó pie el médico para contar mil graciosas
+historietas, donde se mezclaban donosamente la devoción y la obstetricia
+y desempeñaba San Ramón papel muy principal. Refirió de su profesor en
+la clínica de Santiago, que al entrar en el cuarto de las parturientas y
+ver la estampa del santo con sus correspondientes candelicas, solía
+gritar furioso: «Señores, o sobro yo o sobra el santo.... Porque si me
+desgracio me echarán la culpa, y si salimos bien dirán que fue milagro
+suyo...». Contó también algo bastante grotesco sobre rosas de Jericó,
+cintas de la Virgen de Tortosa, y otros piadosos talismanes usados en
+ocasiones críticas. Al fin cesó en su cháchara, porque le rendía el
+sueño, ayudado por el ron. A fin de no aletargarse del todo en la
+comodidad del lecho, tendióse en el banco del comedor, poniendo por
+almohada una cesta. El señorito, cruzando sobre la mesa ambos brazos,
+había dejado caer la frente sobre ellos y un silbido ahogado, preludio
+de ronquido, anunciaba que también le salteaba la gana de dormir. El
+alto reloj de pesas dio, con fatigado son, la medianoche.
+
+Julián era el único despierto; sentía frío en las médulas y en los
+pómulos ardor de calentura. Subió a su cuarto, y empapando la toalla en
+agua fresca, se la aplicó a las sienes. Las velas del altar estaban
+consumidas; las renovó, y colocó una almohada en el suelo para
+arrodillarse en ella, pues lo más molesto siempre era el dichoso
+hormigueo. Y empezó a subir con buen ánimo la cuesta arriba de la
+oración. A veces desmayaba, y su cuerpo juvenil, envuelto en las nieblas
+grises del sueño, apetecía la limpia cama. Entonces cruzaba las manos,
+clavándose las uñas de una en el dorso de otra, para despabilarse.
+Quería rezar con devoción, tener conciencia de lo que pedía a Dios: no
+hablar de memoria. Sin embargo, desfallecía. Acordóse de la oración del
+Huerto y de aquella diferencia tan acertadamente establecida entre la
+decisión del espíritu y la de la carne. También recordó un pasaje
+bíblico: Moisés orando con los brazos levantados, porque, de bajarlos,
+sería vencido Israel. Entonces se le ocurrió realizar algo que le
+flotaba en la imaginación. Quitó la almohada, quedándose con las rótulas
+apoyadas en el santo suelo; alzó los ojos, buscando a Dios más allá de
+las estampas y de las vigas del techo; y abriendo los brazos en cruz,
+comenzó a orar fervorosamente en tal postura.
+
+El ambiente se volvió glacial; una tenue claridad, más lívida y opaca
+que la de la luna, asomó por detrás de la montaña. Dos o tres pájaros
+gorjearon en el huerto; el rumor de la presa del molino se hizo menos
+profundo y sollozante. La aurora, que sólo tenía apoyado uno de sus
+rosados dedos en aquel rincón del orbe, se atrevió a alargar toda la
+manecita, y un resplandor alegre, puro, bañó las rocas pizarrosas,
+haciéndolas rebrillar cual bruñida plancha de acero, y entró en el
+cuarto del capellán, comiéndose la luz amarilla de los cirios. Mas
+Julián no veía el alba, no veía cosa ninguna.... Es decir, sí veía esas
+luces que enciende en nuestro cerebro la alteración de la sangre, esas
+estrellitas violadas, verdosas, carmesíes, color de azufre, que vibran
+sin alumbrar; que percibimos confundidas con el zumbar de los oídos y el
+ruido de péndulo gigante de las arterias, próximas a romperse....
+Sentíase desvanecer y morir; sus labios no pronunciaban ya frases, sino
+un murmullo, que todavía conservaba tonillo de oración. En medio de su
+doloroso vértigo oyó una voz que le pareció resonante como toque de
+clarín.... La voz decía algo. Julián entendió únicamente dos palabras:
+
+--Una niña.
+
+Quiso incorporarse, exhalando un gran suspiro, y lo hizo, ayudado por la
+persona que había entrado y no era otra sino Primitivo; pero apenas
+estuvo en pie, un atroz dolor en las articulaciones, una sensación de
+mazazo en el cráneo le echaron a tierra nuevamente. Desmayóse.
+
+Abajo, Máximo Juncal se lavaba las manos en la palangana de peltre
+sostenida por Sabel. En su cara lucía el júbilo del triunfo mezclado con
+el sudor de la lucha, que corría a gotas medio congeladas ya por el frío
+del amanecer. El marqués se paseaba por la habitación ceñudo, contraído,
+hosco, con esa expresión torva y estúpida a la vez que da la falta de
+sueño a las personas vigorosas, muy sometidas a la ley de la materia.
+
+--Ahora alegrarse, don Pedro--dijo el médico--. Lo peor está pasado. Se ha
+conseguido lo que usted tanto deseaba.... ¿No quería usted que la
+criatura saliese toda viva y sin daño? Pues ahí la tenemos, sana y
+salva. Ha costado trabajillo..., pero al fin....
+
+Encogióse despreciativamente de hombros el marqués, como amenguando el
+mérito del facultativo, y murmuró no sé qué entre dientes, prosiguiendo
+en su paseo de arriba abajo y de abajo arriba, con las manos metidas en
+los bolsillos, el pantalón tirante cual lo estaba el espíritu de su
+dueño.
+
+--Es un angelito, como dicen las viejas--añadió maliciosamente Juncal, que
+parecía gozarse en la cólera del hidalgo--; sólo que angelito hembra. A
+estas cosas hay que resignarse; no se inventó el modo de escribir al
+cielo encargando y explicando bien el sexo que se desea....
+
+Otro espumarajo de rabia y grosería brotó de los labios de don Pedro.
+Juncal rompió a reír, secándose con la toalla.
+
+--La mitad de la culpa por lo menos la tendrá usted, señor
+marqués--exclamó--. ¿Quiere usted hacerme favor de un cigarrito?
+
+Al ofrecer la petaca abierta, don Pedro hizo una pregunta. Máximo
+recobró la seriedad para contestarla.
+
+--Yo no he dicho tanto como eso.... Me parece que no. Cierto que cuando
+las batallas son muy porfiadas y reñidas puede suceder que el
+combatiente quede inválido; pero la naturaleza, que es muy sabia, al
+someter a la mujer a tan rudas pruebas, le ofrece también las más
+impensadas reparaciones.... Ahora no es ocasión de pensar en eso, sino en
+que la madre se restablezca y la chiquita se críe. Temo algún percance
+inmediato.... Voy a ver.... La señora se ha quedado tan abatida....
+
+Entró Primitivo, y sin mostrar alteración ni susto dijo «que subiese don
+Máximo, que al capellán le había dado algo; que estaba como difunto».
+
+--Vamos allá, hombre, vamos allá. Esto no estaba en el programa--murmuró
+Juncal.
+
+--¡Qué trazas de mujercita tiene ese cura! ¡Qué poquito _estuche_! Lo que
+es éste no cogerá el trabuco, aunque lleguen a levantarse las partidas
+con que anda soñando el jabalí del abad de Boán.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+
+Largos días estuvo Nucha detenida ante esas lóbregas puertas que llaman
+de la muerte, con un pie en el umbral, como diciendo: «¿Entraré? ¿No
+entraré?». Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que
+habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su
+cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de
+no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de
+su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible.
+Pero la solicitaban hacia fuera la juventud, el ansia de existir que
+estimula a todo organismo, la ciencia del gran higienista Juncal, y
+particularmente una manita pequeña, coloradilla, blanda, un puñito
+cerrado que asomaba entre los encajes de una chambra y los dobleces de
+un mantón.
+
+El primer día que Julián pudo ver a la enferma, no hacía muchos que se
+levantaba, para tenderse, envuelta en mantas y abrigos, sobre vetusto y
+ancho canapé. No le era lícito incorporarse aún, y su cabeza reposaba en
+almohadones doblados al medio. Su rostro enflaquecido y exangüe
+amarilleaba como una faz de imagen de marfil, entre el marco del negro
+cabello reluciente. Bizcaba más, por habérsele debilitado mucho aquellos
+días el nervio óptico. Sonrió con dulzura al capellán, y le señaló una
+silla. Julián clavaba en ella esa mirada donde rebosaba la compasión,
+mirada delatora que en vano queremos sujetar y apagar cuando nos
+aproximamos a un enfermo grave.
+
+--La encuentro a usted con muy buen semblante, señorita--dijo el capellán
+mintiendo como un bellaco.
+
+--Pues usted--respondió ella lánguidamente--está algo desmejorado.
+
+Confesó que, en efecto, no andaba bueno desde que..., desde que se había
+acatarrado un poco. Le daba vergüenza referir lo de la noche en vela, el
+desmayo, la fuerte impresión moral y física sufrida con tal motivo.
+Nucha empezó a hablarle de algunas cosas indiferentes, y pasó sin
+transición a preguntarle:
+
+--¿Ha visto usted la pequeñita?
+
+--Sí, señora.... El día del bautizo. ¡Angelito! Lloró bien cuando le
+pusieron la sal y cuando sintió el agua fría....
+
+--¡Ah! Desde entonces ha crecido una cuarta lo menos y se ha vuelto
+hermosísima. Y alzando la voz y esforzándose, añadió:--¡Ama, ama! Traiga
+la niña.
+
+Oyéronse pasos como de estatua colosal que anda, y entró la mocetona
+color de tierra, muy oronda con su vestido nuevo de merino azul
+ribeteado de negro terciopelo de tira, con el cual se asemejaba a la
+gigantona tradicional de la catedral de Santiago, llamada la _Coca_. A
+manera de pajarito posado en grueso tronco, venía la inocente criatura
+recostada en el magno seno que la nutría. Estaba dormida, y tenía la
+calma, el dulce e insensible respirar que hace sagrado el sueño de los
+niños. Julián no se cansaba de mirarla así.
+
+--¡Santita de Dios!--murmuró apoyando los labios muy quedamente en la
+gorra, por no atreverse a la frente.
+
+--Cójala usted, Julián.... Ya verá lo que pesa. Ama, déle la niña....
+
+No pesaba más que un ramo de flores, pero el capellán juró y perjuró que
+parecía hecha de plomo. Aguardaba el ama en pie, y él se había sentado
+con la chiquilla en brazos.
+
+--Déjemela un poquito...--suplicó--. Ahora, mientras duerme.... No
+despertará de seguro en mucho tiempo.
+
+--Ya la llamaré cuando haga falta. Ama, váyase.
+
+La conversación giró sobre un tema muy socorrido y muy del gusto de
+Nucha: las gracias de la pequeña.... Tenía muchísimas, sí señor, y el que
+lo dudase sería un gran majadero. Por ejemplo: abría los ojos con
+travesura incomparable; estornudaba con redomada picardía; apretaba con
+su manita el dedo de cualquiera, tan fuerte, que se requería el vigor de
+un Hércules para desasirse; y aún hacía otros donaires, mejores para
+callados que para archivados por la crónica. Al referirlos, el rostro
+exangüe de Nucha se animaba, sus ojos brillaban, y la risa dilató sus
+labios dos o tres veces. Mas de pronto se nubló su cara, hasta el punto
+de que entre las pestañas le bailaron lágrimas, a las cuales no dio
+salida.
+
+--No me han dejado criarla, Julián.... Manías del señor de Juncal, que
+aplica la higiene a todo, y vuelta con la higiene, y dale con la
+higiene.... Me parece a mí que no iba a morirme por intentarlo dos meses,
+dos meses nada más. Puede que me encontrase mejor de lo que estoy, y no
+tuviese que pasar un siglo clavada en este sofá, con el cuerpo sujeto y
+la imaginación loca y suelta por esos mundos de Dios.... Porque así, no
+gozo descanso: siempre se me figura que el ama me ahoga la niña, o me la
+deja caer. Ahora estoy contenta, teniéndola aquí cerquita.
+
+Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió:
+
+--¿No le encuentra usted parecido...?
+
+--¿Con usted?
+
+--¡Con su padre!... Es todito él en el corte de la frente....
+
+No manifestó el capellán su opinión. Mudó de asunto y continuó aquel día
+y los siguientes cumpliendo la obra de caridad de visitar al enfermo. En
+la lenta convalecencia y total soledad de Nucha, falta le hacía que
+alguien se consagrase a tan piadoso oficio. Máximo Juncal venía un día
+sí y otro no; pero casi siempre de prisa, porque iba teniendo extensa
+clientela: le llamaban hasta de Vilamorta. El médico hablaba de política
+exhalando un aliento de vaho de ron, tratando de pinchar y amoscar a
+Julián; y, en realidad, si Julián fuese capaz de amostazarse, habría de
+qué con las noticias que traía Máximo. Todo eran iglesias derribadas,
+escándalos antirreligiosos, capillitas protestantes establecidas aquí o
+acullá, libertades de enseñanza, de cultos, de esto y de lo otro....
+Julián se limitaba a deplorar tamaños excesos, y a desear que las cosas
+se arreglasen, lo cual no daba tela a Máximo para armar una de sus
+trifulcas favoritas, tan provechosas al esparcimiento de su bilis y tan
+fecundas en peripecias cuando tropezaba con curas ternes y carlistas,
+como el de Boán o el Arcipreste.
+
+Mientras el belicoso médico no venía, todo era paz y sosiego en la
+habitación de la enferma. Únicamente lo turbaba el llanto, prontamente
+acallado, de la niña. El capellán leía el _Año cristiano_ en alta voz, y
+poblábase el ambiente de historias con sabor novelesco y poético:
+«Cecilia, hermosísima joven e ilustre dama romana, consagró su cuerpo a
+Jesucristo; desposáronla sus padres con un caballero llamado Valeriano y
+se efectuó la boda con muchas fiestas, regocijos y bailes.... Sólo el
+corazón de Cecilia estaba triste...». Seguía el relato de la mística
+noche nupcial, de la conversión de Valeriano, del ángel que velaba a
+Cecilia para guardar su pureza, con el desenlace glorioso y épico del
+martirio. Otras veces era un soldado, como San Menna; un obispo, como
+San Severo.... La narración, detallada y dramática, refería el
+interrogatorio del juez, las respuestas briosas y libres de los
+mártires, los tormentos, la flagelación con nervios de buey, el ecúleo,
+las uñas de hierro, las hachas encendidas aplicadas al costado... «Y el
+caballero de Cristo estaba con un corazón esforzado y quieto, con
+semblante sereno, con una boca llena de risa (como si no fuera él sino
+otro el que padecía), haciendo burla de sus tormentos y pidiendo que se
+los acrecentasen...». Tales lecturas eran de fantástico efecto,
+particularmente al caer de las adustas tardes invernales, cuando la hoja
+seca de los árboles se arremolinaba danzando, y las nubes densas y
+algodonáceas pasaban lentamente ante los cristales de la ventana
+profunda. Allá a lo lejos se oía el perpetuo sollozo de la represa, y
+chirriaban los carros cargados de tallos de maíz o ramaje de pino. Nucha
+escuchaba con atención, apoyada la barba en la mano. De tiempo en tiempo
+su seno se alzaba para suspirar.
+
+No era la primera vez que observaba Julián, desde el parto, gran
+tristeza en la señorita. El capellán había recibido una carta de su
+madre que encerraba quizás la clave de los disgustos de Nucha. Parece
+que la señorita Rita había engatusado de tal manera a la tía vieja de
+Orense, que ésta la dejaba por heredera universal, desheredando a su
+ahijada. Además, la señorita Carmen estaba cada día más chocha por su
+estudiante, y se creía en el pueblo que, si don Manuel Pardo negaba el
+consentimiento, la chica saldría depositada. También pasaban cosas
+terribles con la señorita Manolita: don Víctor de la Formoseda la
+plantaba por una artesana, sobrina de un canónigo. En fin, misia Rosario
+pedía a Dios paciencia para tantas tribulaciones (las de la casa de
+Pardo eran para misia Rosario como propias). Si todo esto había llegado
+a oídos de Nucha por conducto de su marido o de su padre, no tenía nada
+de extraño que suspirase así. Por otra parte, ¡el decaimiento físico era
+tan visible! Ya no se parecía Nucha a más Virgen que a la demacrada
+imagen de la Soledad. Juncal la pulsaba atentamente, le ordenaba
+alimentos muy nutritivos, la miraba con alarmante insistencia.
+
+Atendiendo a la niña, Nucha se reanimaba. Cuidábala con febril
+actividad. Todo se lo quería hacer ella, sin ceder al ama más que la
+parte material de la cría. El ama, decía ella, era un tonel lleno de
+leche que estaba allí para aplicarle la espita cuando fuese necesario y
+soltar el chorro: ni más ni menos. La comparación del tonel es
+exactísima: el ama tenía hechura, color e inteligencia de tonel. Poseía
+también, como los toneles, un vientre magno. Daba gozo verla comer,
+mejor dicho, engullir: en la cocina, Sabel se entretenía en llenarle el
+plato o la taza a reverter, en ponerle delante medio pan, cebándola
+igual que a los pavos. Con semejante mostrenco Sabel se la echaba de
+principesa, modelo de delicados gustos y selectas aficiones. Como todo
+es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa
+solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y ridículo, y se
+reían tanto más con sus patochadas cuanto más fácilmente podían incurrir
+ellos en otras mayores. Realmente era el ama objeto curioso, no sólo
+para los payos, sino por distintas razones, para un etnógrafo
+investigador. Máximo Juncal refirió a Julián pormenores interesantes. En
+el valle donde se asienta la parroquia de que el ama procedía--valle
+situado en los últimos confines de Galicia, lindando con Portugal--las
+mujeres se distinguen por sus condiciones físicas y modo de vivir: son
+una especie de amazonas, resto de las guerreras galaicas de que hablan
+los geógrafos latinos; que si hoy no pueden hacer la guerra sino a sus
+maridos, destripan terrones con la misma furia que antes combatían;
+andan medio en cueros, luciendo sus fornidas y recias carnazas; aran,
+cavan, siegan, cargan carros de rama y esquilmo, soportan en sus hombros
+de cariátide enormes pesos y viven, ya que no sin obra, por lo menos sin
+auxilio de varón, pues los del valle suelen emigrar a Lisboa en busca de
+colocaciones desde los catorce años, volviendo sólo al país un par de
+meses, para casarse y propagar la raza, y huyendo apenas cumplido su
+oficio de machos de colmena. A veces, en Portugal, reciben nuevas de
+infidelidades conyugales, y, pasando la frontera una noche, acuchillan a
+los amantes dormidos: éste fue el crimen del Tuerto protegido por
+Barbacana, cuya historia había contado también Juncal. No obstante, las
+hembras de Castrodorna suelen ser tan honestas como selváticas. El ama
+no desmentía su raza por la anchura desmesurada de las caderas y
+redondez de los rudos miembros. Costó un triunfo a Nucha vestirla
+racionalmente, y hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le
+cubría la desnuda pantorrilla, por otra más cumplida y decorosa,
+consintiéndole únicamente el justillo, prenda clásica de ama de cría,
+que deja rebosar las repletas ubres, y los característicos pendientes de
+enorme argolla, el _torquis_ romano conservado desde tiempo inmemorial
+en el valle. Fue una lid obligarle a poner los zapatos a diario, porque
+todas sus congéneres los reservan para las fiestas repicadas; fue una
+penitencia enseñarle el nombre y uso de cada objeto, aún de los más
+sencillos y corrientes; fue pensar en lo excusado convencerla de que la
+niña que criaba era un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal
+envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de
+helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del
+sol y de la lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna; y
+Máximo Juncal, que aunque gran apologista de los artificios higiénicos
+lo era también de las milagrosas virtudes de la naturaleza, hallaba
+alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y salía del paso apelando
+a su lectura más reciente, _El origen de las especies_, por Darwin, y
+aplicando ciertas leyes de adaptación al medio, herencia, etcétera, que
+le permitían afirmar que el método del ama, si no hacía reventar como un
+triquitraque a la criatura, la fortalecería admirablemente.
+
+Por si acaso, Nucha no se atrevió a intentar la prueba, y dedicóse a
+cuidar en persona su tesoro, llevando la existencia atareada y minuciosa
+de las madres, en la cual es un acontecimiento que estén ahumadas las
+sopas, y un fracaso que se apague el brasero. Ella lavaba a su hijita,
+la vestía, la fajaba, la velaba dormida y la entretenía despierta. La
+vida corría monótona, ocupadísima, sin embargo. El bueno de Julián,
+testigo de estas faenas, iba enterándose poco a poco de los para él
+arcanos misteriosos del aseo y tocado de una criatura, llegando a
+familiarizarse con los múltiples objetos que componen el complicado
+ajuar de los recienes: gorras, ombligueros, culeros, pañales, fajas,
+microscópicos zapatos de crochet, capillos y baberos. Tales prendas,
+blanquísimas, adornadas con bordados y encajes, zahumadas con espliego,
+templaditas al sano calor de la camilla--calor doméstico si los hay--las
+tenía el capellán muchas veces en el regazo, mientras la madre, con la
+niña tendida boca abajo sobre su delantal de hule, pasaba y repasaba la
+esponja por las carnes de tafetán, escocidas y medio desolladas por la
+excesiva finura de su tierna epidermis, las rociaba con refrescantes
+polvos de almidón y, apretando las nalgas con los dedos para que
+hiciesen hoyos, se las mostraba a Julián exclamando con júbilo:
+
+--¡Mire usted qué monada..., qué llenita se va poniendo!
+
+En materia de desnudeces infantiles, Julián no era voto, pues sólo
+conocía las de los angelotes de los retablos; pero cavilaba para sus
+adentros que, a pesar de haber el pecado original corrompido toda carne,
+aquélla que le estaban enseñando era la cosa más pura y santa del mundo:
+un lirio, una azucena de candor. La cabezuela blanda, cubierta de
+lanúgine rubia y suave por cima de las costras de la leche, tenía el
+olor especial que se nota en los nidos de paloma, donde hay pichones
+implumes todavía; y las manitas, cuyo pellejo rellenaba ya suave grasa,
+y cuyos dedos se redondeaban como los del niño Dios cuando bendice; la
+faz, esculpida en cera color rosa; la boca, desdentada y húmeda como
+coral pálido recién salido del mar; los piececillos, encendidos por el
+talón a fuerza de agitarse en gracioso pataleo, eran otras tantas
+menudencias provocadoras de ese sentimiento mixto que despiertan los
+niños muy pequeños hasta en el alma más empedernida: sentimiento
+complejo y humorístico, en que entra la compasión, la abnegación, un
+poco de respeto y un mucho de dulce burla, sin hiel de sátira.
+
+En Nucha, el espectáculo producía las hondas impresiones de la luna de
+miel maternal, exaltadas por un temperamento nervioso y una sensibilidad
+ya enfermiza. A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la
+inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia
+de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía
+sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en
+su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas
+oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los
+dichos y hechos del ama. «Delirios impuestos por la naturaleza con muy
+sabios fines», explicaba Juncal. ¡Qué fue el primer día en que una
+sonrisa borró la grave y cómica seriedad de la diminuta cara y
+entreabrió con celeste expresión el estrecho filete de los labios! No
+era posible dejar de recordar el tan traído como llevado símil de la luz
+de la aurora disipando las tinieblas. La madre pensó chochear de
+alegría.
+
+--¡Otra vez, otra vez!--exclamaba--. ¡Encanto, cielo, cielito, monadita
+mía, ríete, ríete!
+
+Por entonces la sonrisa no se dignó presentarse más. La zopenca del ama
+negaba el hecho, cosa que enfurecía a la madre. Al otro día cupo a
+Julián la honra de encender la efímera lucecilla de la inteligencia
+naciente en la criatura, paseándole no sé qué baratijas relucientes
+delante de los ojos. Julián iba perdiendo el miedo a la nena, que al
+principio creía fácil de deshacer entre los dedos como merengue; y
+mientras la madre enrollaba la faja o calentaba el pañal, solía tenerla
+en el regazo.
+
+--Más me fío en usted que en el ama--decíale Nucha confidencialmente,
+desahogando unos secretos celos maternales--. El ama es incapaz de
+sacramentos.... Figúrese usted que para hacerse la raya al peinarse apoya
+el peine en la barbilla y lo va subiendo por la boca y la nariz hasta
+que acierta con la mitad de la frente; de otro modo no sabe.... Me he
+empeñado en que no coma con los dedos, y ¿qué conseguí? Ahora come la
+carne asada con cuchara.... Es un entremés, Julián. Cualquier día me
+estropea la chiquilla.
+
+El capellán perfeccionaba sus nociones del arte de tener un chico en
+brazos sin que llore ni rabie. Consolidó su amistad con la pequeñuela un
+suceso que casi debería pasarse en silencio: cierto húmedo calorcillo
+que un día sintió Julián penetrar al través de los pantalones.... ¡Qué
+acontecimiento! Nucha y él lo celebraron con algazara y risa, como si
+fuese lo más entretenido y chusco. Julián brincaba de contento y se
+cogía la cintura, que le dolía con tantas carcajadas. La madre le
+ofreció su delantal de hule, que él rehusó; ya tenía un pantalón viejo,
+destinado a perecer en la demanda, y por nada del mundo renunciaría a
+sentir aquella onda tibia.... Su contacto derretía no sé qué nieve de
+austeridad, cuajada sobre un corazón afeminado y virgen allá desde los
+tiempos del seminario, desde que se había propuesto renunciar a toda
+familia y todo hogar en la tierra entrando en el sacerdocio; y al par
+encendía en él misterioso fuego, ternura humana, expansiva y dulce; el
+presbítero empezaba a querer a la niña con ceguera, a figurarse que, si
+la viese morir, se moriría él también, y otros muchos dislates por el
+estilo, que cohonestaba con la idea de que, al fin, la chiquita era un
+ángel. No se cansaba de admirarla, de devorarla con los ojos, de
+considerar sus pupilas líquidas y misteriosas, como anegadas en leche,
+en cuyo fondo parecía reposar la serenidad misma.
+
+Una penosa idea le acudía de vez en cuando. Acordábase de que había
+soñado con instituir en aquella casa el matrimonio cristiano cortado por
+el patrón de la Sacra Familia. Pues bien, el santo grupo estaba
+disuelto: allí faltaba San José o lo sustituía un clérigo, que era peor.
+No se veía al marqués casi nunca; desde el nacimiento de la niña, en vez
+de mostrarse más casero y sociable, volvía a las andadas, a su vida de
+cacerías, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían
+buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos. Pasábase a
+veces una semana fuera de los Pazos de Ulloa. Su hablar era más áspero,
+su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban
+en forma más dura. Y aún notaba Julián más alarmantes indicios. Le
+inquietaba ver que Sabel recibía otra vez su antigua corte de sultana
+favorita, y que la Sabia y su progenie, con todas las parleras comadres
+y astrosos mendigos de la parroquia, pululaban allí, huyendo a escape
+cuando él se acercaba, llevando en el seno o bajo el mandil bultos
+sospechosos. Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas
+partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser
+y estado que tuvieron antes.
+
+Trataba el bueno del capellán de comulgarse a sí propio con ruedas de
+molino, diciéndose que aquello no significaba _nada_; pero la maldita
+casualidad se empeñó en abrirle los ojos cuando no quisiera. Una mañana
+que madrugó más de lo acostumbrado para decir su misa, resolvió advertir
+a Sabel que le tuviese dispuesto el chocolate dentro de media hora.
+Inútilmente llamó a su cuarto, situado cerca de la torre en que Julián
+dormía. Bajó con esperanzas de encontrarla en la cocina, y al pasar ante
+la puerta del gran despacho próximo al archivo, donde se había instalado
+don Pedro desde el nacimiento de su hija, vio salir de allí a la moza,
+en descuidado traje y soñolienta. Las reglas psicológicas aplicables a
+las conciencias culpadas exigían que Sabel se turbase: quien se turbó
+fue Julián. No sólo se turbó, pero subió de nuevo a su dormitorio,
+notando una sensación extraña, como si le hubiesen descargado un fuerte
+golpe en las piernas quebrándoselas. Al entrar en su habitación, pensaba
+esto o algo análogo:
+
+«Vamos a ver, ¿quién es el guapo que dice misa hoy?».
+
+
+
+
+-XIX-
+
+
+No, ese guapo no era él. ¡Buena misa sería la que dijese, con la cabeza
+hecha una olla de grillos! Hasta reprimir los amotinados pensamientos
+que le acuciaban, hasta adoptar una resolución firme y valedera, Julián
+no se atrevía ni a pensar en el santo sacrificio.
+
+La cosa era bien clara. Situación: la misma del año penúltimo. Tenía que
+marcharse de aquella casa echado por el feo vicio, por el delito infame.
+No le era lícito permanecer allí ni un instante más. Salvo el debido
+respeto, se había llevado la trampa el matrimonio cristiano, en cierto
+modo obra suya, y ya no quedaba rastro de hogar, sino una sentina de
+corrupción y pecado. A otra parte, pues, con la música.
+
+Sólo que.... Vaya, hay cosas más fáciles de pensar que de hacer en este
+mundo. Todo era una montaña: encontrar pretexto, despedirse, preparar el
+equipaje.... La primera vez que pensó en irse de allí ya le costaba algún
+esfuerzo; hoy, la idea sola de marchar le producía el mismo efecto que
+si le echasen sobre el alma un paño mojado en agua fría. ¿Por qué le
+disgustaba tanto la perspectiva de salir de los Pazos? Bien mirado, él
+era un extraño en aquella casa.
+
+Es decir, eso de extraño.... Extraño no, pues vivía unido espiritualmente
+a la familia por el respeto, por la adhesión, por la costumbre. Sobre
+todo, la niña, la niña. El acordarse de la niña le dejó como embobado.
+No podía explicarse a sí mismo el gran sacudimiento interior que le
+causaba pensar que no volvería a cogerla en brazos. ¡Mire usted que
+estaba encariñado con la tal muñeca! Se le llenaron de lágrimas los
+ojos.
+
+«Bien decían en el Seminario--murmuró con despecho--que soy muy apocado y
+muy... así..., como las mujeres, que por todo se afectan. ¡Vaya un
+sacerdote ordenado de misa! Si tengo tal afición a chiquillos, no debí
+abrazar la carrera que abracé. No, no; esto que voy diciendo es un
+desatino mayor todavía.... Si me gustan los chiquillos y tengo vocación
+de ayo o niñero, ¿quién me priva de cuidar a los que andan descalzos por
+las carreteras, pidiendo limosna? Son hijos de Dios lo mismo que esta
+pobre pequeña de aquí.... Hice mal, muy mal en tomarle tanta afición....
+Pero es que sólo un perro, ¡qué!, ni un perro...: sólo una fiera puede
+besar a un angelito y no quererlo bien».
+
+Resumiendo después sus cavilaciones, añadió para sí:
+
+«Soy un majadero, un Juan Lanas. No sé a qué he venido aquí la vez
+segunda. No debí volver. Estaba visto que el señorito tenía que parar en
+esto. Mi poca energía tiene la culpa. Con riesgo de la vida debí barrer
+esa canalla, si no por buenas, a latigazos. Pero yo no tengo agallas,
+como dice muy bien el señorito, y ellos pueden y saben más que yo, a
+pesar de ser unos brutos. Me han engañado, me han embaucado, no he
+puesto en la calle a esa moza desvergonzada, se han reído de mí y ha
+triunfado el infierno».
+
+Mientras sostenía este monólogo, iba sacando de un cajón de la cómoda
+prendas de ropa blanca, a fin de hacer su equipaje, pues como todas las
+personas irresolutas, solía precipitarse en los primeros momentos y
+adoptar medidas que le ayudaban a engañarse a sí propio. Al paso que
+rellenaba la maleta, razonaba para consigo:
+
+«¿Señor, Señor, por qué ha de haber tanta maldad y tanta estupidez en la
+tierra? ¿Por qué el hombre ha de dejar que lo pesque el diablo con tan
+tosco anzuelo y cebo tan ruin? (diciendo esto alineaba en el baúl
+calcetines). Poseyendo la perla de las mujeres, el verdadero trasunto de
+la mujer fuerte, una esposa castísima (este superlativo se le ocurrió al
+doblar cuidadosamente la sotana nueva), ¡ir a caer precisamente con una
+vil mozuela, una sirviente, una fregona, una desvergonzada que se va a
+picos pardos con el primer labriego que encuentra!».
+
+Llegaba aquí del soliloquio cuando trataba sin éxito de acomodar el
+sombrero de canal de modo que la cubierta de la maleta no lo abollase.
+
+El ruido que hizo la tapa al descender, el gemido armonioso del cuero,
+parecióle una voz irónica que le respondía:
+
+«Por eso, por eso mismo».
+
+«¡Será posible!--murmuró el bueno del capellán--. ¡Será posible que la
+abyección, que la indignidad, que la inmundicia misma del pecado
+atraiga, estimule, sea un aperitivo, como las guindillas rabiosas, para
+el paladar estragado de los esclavos del vicio! Y que en esto caigan, no
+personas de poco más o menos, sino señores de nacimiento, de rango,
+señores que...».
+
+Detúvose y, reflexivo, contó un montículo de pañuelos de narices que
+sobre la cómoda reposaba.
+
+«Cuatro, seis, siete.... Pues yo tenía una docena, todos marcados....
+Pierden aquí la ropa bastante...».
+
+Volvió a contar.
+
+«Seis, siete.... Y uno en el bolsillo, ocho.... Puede que haya otro en la
+lavandera...».
+
+Dejólos caer de golpe. Acababa de recordar que uno de aquellos pañuelos
+se lo había atado él a la niñita debajo de la barba, para impedir que la
+baba le rozase el cuello. Suspiró hondamente, y abriendo otra vez el
+maletín, notó que la seda del sombrero de canal se estropeaba con la
+tapa. «No cabe», pensó, y parecióle enorme dificultad para su viaje no
+poder acomodar la canaleja. Miró el reloj: señalaba las diez. A las diez
+o poco más comía la chiquita su sopa y era la risa del mundo verla con
+el hocico embadurnado de puches, empeñada en coger la cuchara y sin
+acertar a lograrlo. ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar; al día siguiente
+le sería fácil colocar mejor su sombrero y resolver la marcha. Por
+veinticuatro horas más o menos....
+
+Este medicamento emoliente de la espera equivale, para la mayor parte de
+los caracteres, a infalible específico. No hay que vituperar su empleo,
+en atención a lo que consuela: en rigor, la vida es serie de
+aplazamientos, y sólo hay un desenlace definitivo, el último. Así que
+Julián concibió la luminosa idea de aguardar un poco, sintióse
+tranquilo; aun más: contento. No era su carácter muy jovial,
+propendiendo a una especie de morosidad soñadora y mórbida, como la de
+las doncellas anémicas; pero en aquel punto respiraba con tal desahogo
+por haber encontrado una solución, que sus manos temblaban, deshaciendo
+con alegre presteza el embutido de calcetines y ropa blanca y dando
+amable libertad al canal y manteo. Después se lanzó por las escaleras,
+dirigiéndose a la habitación de Nucha.
+
+Nada aconteció aquel día que lo diferenciase de los demás, pues allí la
+única variante solía ser el mayor o menor número de veces que mamaba la
+chiquitina, o la cantidad de pañales puestos a secar. Sin embargo, en
+tan pacífico interior veía el capellán desarrollarse un drama mudo y
+terrible. Ya se explicaba perfectamente las melancolías, los suspiros
+ahogados de Nucha. Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con
+la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída
+siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por
+fuerza, debía _saberlo todo_, y una lástima profunda le inundaba el
+alma. Reprendióse a sí mismo por haber pensado siquiera en marcharse. Si
+la señorita necesitaba un amigo, un defensor, ¿en quién lo encontraría
+más que en él? Y lo necesitaría de fijo.
+
+La misma noche, antes de acostarse, presenció el capellán una escena
+extraña, que le sepultó en mayores confusiones. Como se le hubiese
+acabado el aceite a su velón de tres mecheros y no pudiese rezar ni
+leer, bajó a la cocina en demanda de combustible. Halló muy concurrido
+el sarao de Sabel. En los bancos que rodeaban el fuego no cabía más
+gente: mozas que hilaban, otras que mondaban patatas, oyendo las
+chuscadas y chocarrerías del tío Pepe de Naya, vejete que era un puro
+costal de malicias, y que, viniendo a moler un saco de trigo al molino
+de Ulloa, donde pensaba pasar la noche, no encontraba malo refocilarse
+en los Pazos con el cuenco de caldo de unto y tajadas de cerdo que la
+hospitalaria Sabel le ofrecía. Mientras él pagaba el escote contando
+chascarrillos, en la gran mesa de la cocina, que desde el casamiento de
+don Pedro no usaban los amos, se veían, no lejos de la turbia luz de
+aceite, relieves de un festín más suculento: restos de carne en platos
+engrasados, una botella de vino descorchada, una media tetilla, todo
+amontonado en un rincón, como barrido despreciativamente por el
+hartazgo; y en el espacio libre de la mesa, tendidos en hilera, había
+hasta doce naipes, que si no recortados en forma ovada por exceso de
+uso, como aquellos de que se sirvieron Rinconete y Cortadillo, no les
+cedían en lo pringosos y sucios. En pie, delante de ellos, la señora
+María la Sabia, extendiendo el dedo negro y nudoso cual seca rama de
+árbol, los consultaba con ademán reflexivo. Encorvada la horrenda
+sibila, alumbrada por el vivo fuego del hogar y la luz de la lámpara,
+ponía miedo su estoposa pelambrera, su catadura de bruja en aquelarre,
+más monstruosa por el bocio enorme, ya que le desfiguraba el cuello y
+remedaba un segundo rostro, rostro de visión infernal, sin ojos ni
+labios, liso y reluciente a modo de manzana cocida. Julián se detuvo en
+lo alto de la escalera, contemplando las prácticas supersticiosas, que
+se interrumpirían de seguro si sus zapatillas hiciesen ruido y delatasen
+su presencia.
+
+Si él conociese a fondo la tenebrosísima y aún no desacreditada ciencia
+de la cartomancia, ¡cuánto más interesante le parecería el espectáculo!
+Entonces podría ver reunidos allí, como en el reparto de un drama, los
+personajes todos que jugaban en su vida y ocupaban su imaginación. Aquel
+rey de bastos, con hopalanda azul ribeteada de colorado, los pies
+simétricamente dispuestos, la gran maza verde al hombro, se le figuraría
+bastante temible si supiese que representaba un hombre moreno casado--don
+Pedro--. La sota del mismo palo se le antojaría menos fea si comprendiese
+que era símbolo de una señorita morena también--Nucha--. A la de copas le
+daría un puntapié por insolente y borracha, atendido que personificaba a
+Sabel, una moza rubia y soltera. Lo más grave sería verse a sí mismo--un
+joven rubio--significado por el caballo de copas, azul por más señas,
+aunque ya todos estos colorines los había borrado la mugre.
+
+¡Pues qué sucedería si después, cuando la vieja barajó los naipes y,
+repartiéndolos en cuatro montones, empezó a interpretar su sentido
+fatídico, pudiese él oír distintamente todas las palabras que salían del
+antro espantable de su boca! Había allí concordancias de la sota de
+bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores
+secretos de mucha duración; apariciones del ocho de bastos, que
+vaticinaban riñas entre cónyuges; reuniones de la sota de espadas con la
+de copas patas arriba, que encerraban tétricos augurios de viudez por
+muerte de la esposa. A bien que el cinco del mismo palo profetizaba
+después unión feliz. Todo esto, dicho por la sibila en voz baja y
+cavernosa, lo escuchaba solamente la bella fregatriz Sabel, que con los
+brazos cruzados tras la espalda, el color arrebatado, se inclinaba sobre
+el oráculo, que más parecía provocarla a curiosidad que a regocijo. La
+jarana con que en el hogar se celebraban los chistes del señor Pepe
+impedía que nadie atendiese al silabeo de la vieja. Merced a la
+situación de la escalera, dominaba Julián la mesa, trípode y ara del
+temeroso rito, y sin ser visto podía ver y entreoír algo. Escuchaba,
+tratando de entender mejor lo que sólo confusamente percibía, y como al
+hacerlo cargase sobre el barandal de la escalera, éste crujió levemente,
+y la bruja alzó su horrible carátula. En un santiamén recogió los
+naipes, y el capellán bajó, algo confuso de su espionaje involuntario,
+pero tan preocupado con lo que creía haber sorprendido, que ni se le
+ocurrió censurar el ejercicio de la hechicería. La bruja, empleando el
+tono humilde y servil de siempre, se apresuró a explicarle que aquello
+era mero pasatiempo, «por se reír un poco».
+
+Volvió Julián a su cuarto agitadísimo. Ni él mismo sabía lo que le
+correteaba por el magín. Bien presumía antes a cuántos riesgos se
+exponían Nucha y su hija viviendo en los Pazos: ahora..., ahora los
+divisaba inminentes, clarísimos. ¡Tremenda situación! El capellán le
+daba vueltas en su cerebro excitado: a la niña la robarían para matarla
+de hambre; a Nucha la envenenarían tal vez.... Intentaba serenarse. ¡Bah!
+No abundan tanto los crímenes por esos mundos, a Dios gracias. Hay
+jueces, hay magistrados, hay verdugos. Aquel hato de bribones se
+contentaría con explotar al señorito y a la casa, con hacer rancho de
+ella, con mandar anulando en su dignidad y poderío doméstico a la
+señorita. Pero..., ¿si no se contentaba?
+
+Dio cuerda a su velón, y apoyando los codos sobre la mesa intentó leer
+en las obras de Balmes, que le había prestado el cura de Naya, y en cuya
+lectura encontraba grato solaz su espíritu, prefiriendo el trato con tan
+simpática y persuasiva inteligencia a las honduras escolásticas de
+Prisco y San Severino. Mas a la sazón no podía entender una sola línea
+del filósofo, y sólo oía los tristes ruidos exteriores, el quejido
+constante de la presa, el gemir del viento en los árboles. Su acalorada
+fantasía le fingió entre aquellos rumores quejumbrosos otro más
+lamentable aún, porque era personal: un grito humano. ¡Qué disparatada
+idea! No hizo caso y siguió leyendo. Pero creyó escuchar de nuevo el
+_ay_ tristísimo. ¿Serían los perros? Asomóse a la ventana: la luna
+bogaba en un cielo nebuloso, y allá a lo lejos se oía el aullar de un
+perro, ese aullar lúgubre que los aldeanos llaman _ventar la muerte_ y
+juzgan anuncio seguro del próximo fallecimiento de una persona. Julián
+cerró la ventana estremeciéndose. No despuntaba por valentón, y sus
+temores instintivos se aumentaban en la casa solariega, que le producía
+nuevamente la dolorosa impresión de los primeros días. Su temperamento
+linfático no poseía el secreto de ciertas saludables reacciones, con las
+cuales se desecha todo vano miedo, todo fantasma de la imaginación. Era
+capaz, y demostrado lo tenía, de arrostrar cualquier riesgo grave, si
+creía que se lo ordenaba su deber; pero no de hacerlo con ánimo sereno,
+con el hermoso desdén del peligro, con el buen humor heroico que sólo
+cabe en personas de rica y roja sangre y firmes músculos. El valor
+propio de Julián era valor temblón, por decirlo así; el breve arranque
+nervioso de las mujeres.
+
+Volvía a su conferencia con Balmes cuando.... ¡Jesús nos valga! ¡Ahora
+sí, ahora sí que no cabía duda! Un chillido sobreagudo de terror había
+subido por el oscuro caracol y entrado por la puerta entornada. ¡Qué
+chillido! El velón le bailaba en las manos a Julián.... Bajaba, sin
+embargo, muy aprisa, sin sentir sus propios movimientos, como en las
+espantosas caídas que damos soñando. Y volaba por los salones
+recorriendo la larga crujía para llegar hacia la parte del archivo,
+donde había sonado el grito horrible.... El velón, oscilando más y más en
+su diestra trémula, proyectaba en las paredes caleadas extravagantes
+manchones de sombra.... Iba a dar la vuelta al pasillo que dividía el
+archivo del cuarto de don Pedro, cuando vio.... ¡Dios santo! Sí, era la
+escena misma, tal cual se la había figurado él.... Nucha de pie, pero
+arrimada a la pared, con el rostro desencajado de espanto, los ojos no
+ya vagos sino llenos de extravío mortal; enfrente su marido, blandiendo
+un arma enorme.... Julián se arrojó entre los dos.... Nucha volvió a
+chillar....
+
+--¡Ay!, ¡ay! ¡Qué hace usted! ¡Que se escapa... que se escapa!
+
+Comprendió entonces el alucinado capellán lo que ocurría, con no poca
+vergüenza y confusión suya.... Por la pared trepaba aceleradamente,
+deseando huir de la luz, una araña de desmesurado grandor, un monstruoso
+vientre columpiado en ocho velludos zancos. Su carrera era tan rápida,
+que inútilmente trataba el señorito de alcanzarla con la bota; de
+repente Nucha se adelantó, y con voz entre grave y medrosa repitió
+ingenuamente lo que había dicho mil veces en su niñez:
+
+--¡San Jorge... para la araña!
+
+El feo insecto se detuvo a la entrada de la zona de sombra: la bota cayó
+sobre él. Julián, por reacción natural del miedo disipado, que se trueca
+en inexplicable gozo, iba a reírse del suceso; pero notó que Nucha,
+cerrando los ojos y apoyándose en la pared, se cubría la cara con el
+pañuelo.
+
+--No es nada, no es nada...--murmuraba.
+
+--Un poco de llanto nervioso.... Ya pasará.... Estoy aún algo débil....
+
+--¡Valiente cosa para tanto alboroto!--exclamó el marido encogiéndose de
+hombros--. ¡Os crían con más mimo! En mi vida he visto tal. Don Julián,
+¿usted creyó que la casa se venía abajo? ¡Ea, a recogerse! Buenas
+noches.
+
+Tardó bastante el capellán en dormirse. Recapacitaba en sus terrores y
+concedía su ridiculez; prometíase vencer aquella pusilanimidad suya;
+pero duraba aún el desasosiego: la impulsión estaba comunicada y
+almacenada en sinuosidades cerebrales muy hondas. Apenas le otorgó sus
+favores el sueño, vino con él una legión de pesadillas a cual más negra
+y opresora. Empezó a soñar con los Pazos, con el gran caserón; mas, por
+extraña anomalía propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones
+de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al anárquico
+influjo de la imaginación, no veía la huronera tal cual la había visto
+siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho
+portalón inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcción
+del siglo XVIII; sino que, sin dejar de ser la misma, había mudado de
+forma; el huerto con bojes y estanque era ahora ancho y profundo foso;
+las macizas murallas se poblaban de saeteras, se coronaban de almenas;
+el portalón se volvía puente levadizo, con cadenas rechinantes; en suma:
+era un castillote feudal hecho y derecho, sin que le faltase ni el
+romántico aditamento del pendón de los Moscosos flotando en la torre del
+homenaje; indudablemente, Julián había visto alguna pintura o leído
+alguna medrosa descripción de esos espantajos del pasado que nuestro
+siglo restaura con tanto cariño. Lo único que en el castillo recordaba
+los Pazos actuales era el majestuoso escudo de armas; pero aun en este
+mismo existía diferencia notable, pues Julián distinguía claramente que
+se habían animado los emblemas de piedra, y el pino era un árbol verde
+en cuya copa gemía el viento, y los dos lobos rapantes movían las
+cabezas exhalando aullidos lúgubres. Miraba Julián fascinado hacia lo
+alto de la torre, cuando vio en ella alarmante figurón: un caballero con
+visera calada, todo cubierto de hierro; y aunque ni un dedo de la mano
+se le descubría, con el don adivinatorio que se adquiere soñando, Julián
+percibía al través de la celada la cara de don Pedro. Furioso,
+amenazador, enarbolaba don Pedro un arma extraña, una bota de acero, que
+se disponía a dejar caer sobre la cabeza del capellán. Éste no hacía
+movimiento alguno para desviarse, y la bota tampoco acababa de caer; era
+una angustia intolerable, una agonía sin término; de repente sintió que
+se le posaba en el hombro una lechuza feísima, con greñas blancas. Quiso
+gritar: en sueños el grito se queda siempre helado en la garganta. La
+lechuza reía silenciosamente. Para huir de ella, saltaba el foso; mas
+éste ya no era foso, sino la represa del molino; el castillo feudal
+también mudaba de hechura sin saberse cómo; ahora se parecía a la
+clásica torre que tienen en las manos las imágenes de Santa Bárbara; una
+construcción de cartón pintado, hecha de sillares muy cuadraditos, y a
+cuya ventana asomaba un rostro de mujer pálido, descompuesto.... Aquella
+mujer sacó un pie, luego otro... fue descolgándose por la ventana
+abajo.... ¡Qué asombro! ¡Era la sota de bastos, la mismísima sota de
+bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo
+de espadas, una rara alimaña azul, con la cola rayada de negro. Mas a
+poco Julián reconoció su error: ¡qué caballo de espadas! No era sino San
+Jorge en persona, el valeroso caballero andante de las celestiales
+milicias, con su dragón debajo, un dragón que parecía araña, en cuya
+tenazuda boca hundía la lanza con denuedo.... Brillante y aguda, la lanza
+descendía, se hincaba, se hincaba.... Lo sorprendente es que el lanzazo
+lo sentía Julián en su propio costado.... Lloraba muy bajito, queriendo
+hablar y pedir misericordia; nadie acudía en su auxilio, y la lanza le
+tenía ya atravesado de parte a parte.... Despertó repentinamente,
+resintiéndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual
+había gravitado el peso del cuerpo todo, al acostarse del lado
+izquierdo, posición favorable a las pesadillas.
+
+
+
+
+-XX-
+
+
+Los sueños de las noches de terror suelen parecer risibles apenas
+despunta la claridad del nuevo día; pero Julián, al saltar de la cama,
+no consiguió vencer la impresión del suyo. Proseguía el hervor de la
+imaginación sobrexcitada: miró por la ventana, y el paisaje le pareció
+tétrico y siniestro; verdad es que entoldaban la bóveda celeste
+nubarrones de plomo con reflejos lívidos, y que el viento, sordo unas
+veces y sibilante otras, doblaba los árboles con ráfagas repentinas. El
+capellán bajó la escalera de caracol con ánimo de decir su misa, que a
+causa del mal estado de la capilla señorial acostumbraba celebrar en la
+parroquia. Al regresar y acercarse a la entrada de los Pazos, un
+remolino de hojas secas le envolvió los pies, una atmósfera fría le
+sobrecogió, y la gran huronera de piedra se le presentó imponente,
+ceñuda y terrible, con aspecto de prisión, como el castillo que había
+visto soñando. El edificio, bajo su toldo de negras nubes, con el ruido
+temeroso del cierzo que lo fustigaba, era amenazador y siniestro. Julián
+penetró en él con el alma en un puño. Cruzó rápidamente el helado
+zaguán, la cavernosa cocina, y, atravesando los salones solitarios, se
+apresuró a refugiarse en la habitación de Nucha, donde acostumbraban
+servirle el chocolate por orden de la señorita.
+
+Encontró a ésta algo más desemblantada que de costumbre. Al abatimiento
+que de ordinario se revelaba en su rostro afilado, se agregaba una
+contracción y un azoramiento, indicios de gran tirantez nerviosa. Tenía
+a la niña en brazos, y al ver llegar a Julián le hizo rápidamente seña
+de que ni chistase ni se menease, que el angelito andaba en tratos de
+aletargarse al calor del seno maternal. Inclinada sobre la criatura,
+Nucha le echaba el aliento para mejor adormecerla, y arreglaba con
+febriles movimientos el pañolón calcetado que envolvía, como el capullo
+a la oruga, aquella vida naciente. Pestañeó la niña dos o tres veces, y
+luego cerró los ojitos, mientras su madre no cesaba de arrullarla con
+una _nana_ aprendida del ama, una especie de gemido cuya base era el
+triste, ¡_lai... lai_!, la queja lenta y larga de todas las canciones
+populares en Galicia. El canto fue descendiendo, hasta concluir en la
+pronunciación melancólica y cariñosa de una sola letra, la _e_
+prolongada; y levantándose en puntas de pie, Nucha depositó a su hija en
+la cuna muy delicada y cuidadosamente, pues la chiquilla era tan
+lista--en opinión de su madre--que distinguía al punto la cuna del brazo,
+y era capaz de despertar del sopor más profundo si se enteraba de la
+sustitución.
+
+Por lo mismo Julián y Nucha se hablaron muy de quedo, mientras la
+señorita manejaba la aguja de _crochet_ calcetando unos zapatitos que
+parecían bolsas. Julián empezó por preguntar si se le había quitado el
+susto de la noche anterior.
+
+--Sí, pero todavía estoy no sé cómo.
+
+--Yo tampoco les tengo afición a esos bichos asquerosos.... No los había
+visto tan gordos hasta que vine a la aldea. En el pueblo apenas los hay.
+
+--Pues yo--contestó Nucha--era antes muy valiente; pero desde... que nació
+la pequeña, no sé qué me pasa; parece que me he vuelto medio tonta, que
+tengo miedo a todo....
+
+Interrumpió la labor, y alzó la cara; sus grandes ojos estaban
+dilatados; sus labios, ligeramente trémulos.
+
+--Es una enfermedad, es una manía; ya lo conozco, pero no lo puedo
+remediar, por más que hago. Tengo la cabeza debilitada; no pienso sino
+en cosas de susto, en espantos.... ¿Ve usted qué chillidos di ayer por la
+dichosa araña? Pues de noche, cuando me quedo sola con la niña...--porque
+el ama durmiendo es lo mismo que si estuviese muerta; aunque le disparen
+al oído un cañón de a ocho no se mueve--haría a cada paso escenas por el
+estilo si no me dominase. No se lo digo a Juncal por vergüenza; pero veo
+cosas muy raras. La ropa que cuelgo me representa siempre hombres
+ahorcados, o difuntos que salen del ataúd con la mortaja puesta; no
+importa que mientras está el quinqué encendido, antes de acostarme, la
+arregle así o asá; al fin toma esas hechuras extravagantes aun no bien
+apago la luz y enciendo la lamparilla. Hay veces que distingo personas
+sin cabeza; otras, al contrario, les veo la cara con todas sus
+facciones, la boca muy abierta y haciendo muecas.... Esos mamarrachos que
+hay pintados en el biombo se mueven; y cuando crujen las ventanas con el
+viento, como esta noche, me pongo a cavilar si son almas del otro mundo
+que se quejan....
+
+--¡Señorita!--exclamó dolorosamente Julián--. ¡Eso es contra la fe! No
+debemos creer en aparecidos ni en brujerías.
+
+--¡Si yo no creo!--repuso la señorita riendo nerviosamente--. ¿Usted se
+figura que soy como el ama, que dice que ha visto en realidad la
+_Compaña_, con su procesión de luces allá a las altas horas? En mi vida
+he dado crédito a paparruchas semejantes; por eso digo que debo de estar
+enferma, cuando me persiguen visiones y vestiglos.... Lo que siempre me
+porfía el señor de Juncal: fortalecerse, criar sangre.... Lástima que la
+sangre no se compre en la tienda.... ¿no le parece a usted?
+
+--O que... los sanos no se la podamos regalar a... los que... la
+necesitan....
+
+Dijo esto el presbítero titubeando, poniéndose encendido hasta la nuca,
+porque su impulso primero había sido exclamar: «Señorita Marcelina, aquí
+está mi sangre a la disposición de usted».
+
+El silencio producido por arranque tan vivo duró algunos segundos,
+durante los cuales ambos interlocutores miraron fijamente, distraídos y
+ensimismados, el paisaje que se alcanzaba desde la ancha y honda ventana
+fronteriza. Al pronto no lo vieron; luego su efecto sombrío les fue
+entrando, mal de su grado, por los ojos hasta el alma. Eran las montañas
+negras, duras, macizas en apariencia, bajo la oscurísima techumbre del
+cielo tormentoso; era el valle alumbrado por las claridades pálidas de
+un angustiado sol; era el grupo de castaños, inmóvil unas veces, otras
+violentamente sacudido por la racha del ventarrón furioso y
+desencadenado.... A un mismo tiempo exclamaron los dos, capellán y
+señorita:
+
+--¡Qué día tan triste!
+
+Julián reflexionaba en la rara coincidencia de los terrores de Nucha y
+los suyos propios; y, pensando alto, prorrumpía:
+
+--Señorita, también esta casa..., vamos, no es por decir mal de ella,
+pero... es un poco _miedosa_. ¿No le parece?
+
+Los ojos de Nucha se animaron, como si el capellán le hubiese adivinado
+un sentimiento que no se atrevía a manifestar.
+
+--Desde que ha venido el invierno--murmuró hablando consigo misma--no sé
+qué tiene ni qué trazas saca... que no me parece la misma.... Hasta las
+murallas se han vuelto más gordas y la piedra más oscura.... Será una
+tontería, ¡ya sé que lo será!, pero no me atrevo a salir de mi
+habitación, yo que antes revolvía todos los rincones y andaba por todas
+partes.... Y no tengo remedio sino dar una vuelta por ella.... Necesito
+ver si hay abajo, en el sótano, arcones para la ropa blanca.... Hágame el
+favor de venir, Julián, ahora que la niña duerme.... Quiero quitarme de
+la cabeza estas aprensiones y estas tontunas.
+
+Intentó el capellán disuadirla: temía que se cansase, que se enfriase al
+atravesar los salones, al bajar al claustro. La señorita no dio más
+respuesta que dejar la labor, envolverse en su mantón y echar a andar.
+Cruzaron a buen paso la fila de habitaciones extensas, desamuebladas,
+casi vacías, donde las pisadas retumbaban sordamente. De tiempo en
+tiempo, Nucha volvía la cabeza atrás a ver si la seguía su acompañante,
+y el ademán de volverla revelaba alteración y zozobra. En la diestra
+columpiaba un manojo de llaves. Salieron al claustro superior, y por una
+escalerilla muy pendiente descendieron al inferior, cuyas arcadas eran
+de piedra.
+
+Llegados al patín que cerraba el grave claustro, Nucha señaló a un pilar
+que tenía incrustada una argolla de hierro, de la cual colgaba aún un
+eslabón comido de orín.
+
+--¿Sabe usted qué era esto?--murmuró con apagada voz.
+
+--No sé--respondió Julián.
+
+--Dice Pedro--explicó la señorita--que estuvo ahí la cadena con que tenían
+sujeto sus abuelos a un negro esclavo.... ¿No parece mentira que se
+hiciesen semejantes crueldades? ¡Qué tiempos tan malos, Julián!
+
+--Señorita..., a don Máximo Juncal, que no piensa más que en política,
+todo se le vuelve hablar de eso; pero mire usted, en cada tiempo hay su
+legua de mal camino.... Bastantes barbaridades hacen hoy en día, y la
+religión anda perdida desde estas grescas.
+
+--Pero como aquí--observó Nucha, formulando sencillamente una observación
+histórico-filosófica de bastante alcance--no ve uno sino las atrocidades
+de los señores de otro tiempo..., parece que son las únicas que le dan
+en qué pensar.... ¿Por qué serán tan malos cristianos los hombres?--añadió
+entreabriendo los labios con cándido asombro.
+
+El cielo se oscureció más en el momento de expresarse así Nucha; un
+relámpago alumbró súbitamente las profundidades de las arcadas del
+claustro y el rostro de la señorita, que adquirió a la luz verdosa el
+aspecto trágico de una faz de imagen.
+
+--¡Santa Bárbara bendita!--articuló piadosamente el capellán,
+estremeciéndose--. Volvámonos arriba, señorita.... Está tronando. Como
+este año no tuvimos _cordonazo de San Francisco_..., ya se ve, el
+equinoccio no quiere pasar sin esto.... ¿Subimos?
+
+--No--resolvió Nucha, empeñada en combatir sus propios terrores--. Ésta es
+la puerta del sótano.... ¿Cuál será la llave?
+
+La buscó algún tiempo en el manojo. Al introducirla en la cerradura y
+empujar la puerta, otro relámpago bañó de claridad fantasmagórica el
+sitio en que iba a penetrar; rodó el carro del trueno, pausado al
+principio, después ronco y formidable, como una voz hinchada por la
+cólera, y Nucha retrocedió con espanto.
+
+--¿Qué sucede, señorita querida? ¿Qué sucede?--gritó el capellán.
+
+--¡Nada... nada!--tartamudeó la señora de Ulloa--. Se me figuró al abrir
+que estaba ahí dentro un perro muy grande, sentado, y que se levantaba y
+se me echaba para morderme.... ¿Si no los tendré cabales? Pues mire usted
+que juraría haberlo visto.
+
+--¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es
+que es una locura andar ahora revolviendo en los sótanos.... Retírese
+usted; yo buscaré lo que haga falta.
+
+--No--replicó Nucha con energía--. Ya me carga de veras ser tan boba....
+Quiero entrar antes, para que vea usted si comprendo perfectamente que
+todas son necedades.... ¿Trae usted la cerilla?--gritó ya desde dentro.
+
+El capellán la encendió, y a su luz menos que dudosa vieron el sótano,
+mejor dicho, entrevieron las paredes destilando humedad; el confuso
+montón de objetos retirados allí por inservibles y pudriéndose en los
+rincones; el conjunto de cosas informes y, por lo mismo, temerosas y
+vagas. En la penumbra de aquel lugar casi subterráneo, en el
+hacinamiento de vejestorios retirados por inservibles y entregados a las
+ratas, la pata de una mesa parecía un brazo momificado, la esfera de un
+reloj era la faz blanquecina de un muerto, y unas botas de montar
+carcomidas, asomando por entre papeles y trapos, despertaban en la
+fantasía la idea de un hombre asesinado y oculto allí. No obstante,
+Nucha, con paso resuelto, fue derecha al caos húmedo y medroso, y, con
+la voz ahogada y conmovida de los que acaban de obtener un gran triunfo
+sobre sí mismos, gritó:
+
+--Aquí está el arcón.... Que me lo suban después....
+
+Salió muy animada, satisfecha de su resolución, vencedora en la lucha
+cuerpo a cuerpo con el caserón que la asustaba. Al subir otra vez por la
+escalerilla, volvió a sobrecogerla el fragor de un trueno más hondo,
+poderoso y cercano que los anteriores. ¡Era preciso encender la vela del
+Santísimo y rezar el Trisagio!
+
+Así lo hicieron al punto. La vela fue colocada sobre la cómoda de Nucha:
+un cirio bastante largo aún, de cera color de naranja, con muchas
+lágrimas y un pábilo que chisporroteaba y no acababa de arder. Antes de
+arrodillarse, cerraron las maderas de la ventana, para evitar que la
+ojeada fulgurante del relámpago les deslumbrase a cada minuto. Rugía con
+creciente ira el viento, y la tronada se había situado sobre los Pazos,
+oyéndose su estruendo lo mismo que si corriese por el tejado un
+escuadrón de caballos a galope o si un gigante se entretuviese en
+arrastrar un peñasco y llevarlo a tumbos por encima de las tejas. ¡Con
+cuánto fervor empezó el capellán a guiar el Trisagio misterioso!
+Anonadándose ante la cólera divina, cuya violencia sacudía y hacía
+retemblar a los Pazos como si fuesen una choza, pronunciaba:
+
+De la subitánea muerte del rayo y de la centella libra este Trisagio, y
+sella a quien lo reza: y advierte....
+
+Nucha, de repente, se incorporaba lanzando un chillido, y corría al
+sofá, donde se reclinaba lanzando interrumpidas carcajadas histéricas,
+que sonaban a llanto. Sus manos crispadas arrancaban los corchetes de su
+traje, o comprimían sus sienes, o se clavaban en los almohadones del
+sofá, arañándolos con furor.... Aunque tan inexperto, Julián comprendió
+lo que ocurría: el espasmo inevitable, la explosión del terror
+reprimido, el pago del alarde de valentía de la pobre Nucha....
+
+--¡Filomena, Filomena! Aquí, mujer, aquí.... Agua, vinagre..., el
+frasquito aquél.... ¿Dónde está el frasco que vino de la botica de Cebre?
+Aflójele el vestido.... Ya me vuelvo de espaldas, mujer, no necesitaba
+avisármelo.... Unos pañitos fríos en las sienes.... ¡Si truena, que
+truene! Deje tronar.... Acuda a la señorita.... Déle aire con este papel
+aunque sea.... ¿Ya está cubierta y floja? Se lo daré yo, poquito a
+poco.... Que respire bien el vinagre...
+
+
+
+
+-XXI-
+
+
+Notóse días después alguna mejoría en el estado general de la señora de
+Ulloa, con lo cual el capellán revivió y se le animó también el marchito
+semblante. El marqués andaba en extremo distraído, organizando una
+cazata a los lejanos montes de Castrodorna, más allá del río; el tiempo
+se aseguraba; las noches eran de helada, claras y glaciales; acercábase
+el plenilunio, y todo prometía feliz éxito. La víspera de la salida al
+cazadero vinieron a dormir a los Pazos el notario de Cebre, el señorito
+de Limioso, el cura de Boán, el de Naya, y un cazador furtivo, escopeta
+negra infalible, conocida en el país por el alias de _Bico de rato_
+(hocico de ratón), mote apropiadísimo a la color tiznada de su cara,
+donde giraban dos ojuelos vivarachos. Llenóse la casa de ruido, de
+tilinteo de cascabeles, de cadencia de uñas de perros sobre los pisos de
+madera, de voces sonoras y de órdenes para tener en punto al amanecer
+todos los arreos de caza. La cena fue regocijada y ruidosa: se bromeó,
+se contaron de antemano las perdices que habían de sucumbir, se
+saborearon por adelantado las provisiones que se llevaban al monte, y se
+remojó previamente el gaznate con jarros de un tinto añejo que daba
+gloria. A la hora de los postres y del café, habiéndose retirado Nucha,
+que por el ansia de su niña se recogía temprano, subieron de la cocina
+Primitivo y el ratón, y los futuros compañeros de glorias y fatigas
+comenzaron a fraternizar fumando y trincando a competencia. Era el
+momento más sabroso, el verdadero instante de felicidad espiritual para
+un cazador de raza: era el minuto de las anécdotas cinegéticas y, sobre
+todo, de los embustes.
+
+Para éstos se establecía turno pacífico, pues nadie renunciaba a soltar
+su correspondiente bola, y crecían en magnitud conforme se enredaba la
+plática. Formaban círculo los cazadores, y a sus pies dormían enroscados
+los perros, con un ojo cerrado y otro entreabierto y de párpado
+convulso; a veces, cuando se aplacaban las risotadas y las frases
+chistosas, se oía a los canes _tocar la guitarra_, espulgarse a toda
+orquesta, ladrar por sueños, sacudir las orejas y suspirar con
+resignación. Nadie les hacía caso.
+
+El hocico de ratón tiene la palabra:
+
+--¡Pueda que no me lo crean y es tan cierto como que habemos de morir y
+la tierra nos ha de comer! Para más verdá fue un día de San Silvestre....
+
+--Andarían las brujas sueltas--interrumpió el cura de Boán.
+
+--Si eran _meigas_ o era el _trasno_, yo no lo sé: pero lo mismo que
+habemos de dar cuenta a Dios nuestro Señor de nuestras _auciones_, me
+pasó lo que les voy a contar. Andaba yo tras de una perdiz agachadito,
+agachadito y el ratón se agachaba en efecto, siguiendo su inveterada
+costumbre de representar cuanto hablaba, porque no llevaba perro ni
+diaño que lo valiese, y estaba, con perdón de las barbas honradas que me
+escuchan, para montar a caballo de un vallado, cuando oigo ¡tras tris,
+tras tras!, ¡tipirí, tipirá!, el andar de una liebre; ¡más lista
+venía... que las _zantellas_! Pues señor... _viro_ la cabeza mismo
+así..., ¡con perdón de las barbas!, con mi escopeta más agarrada que la
+Bula..., y de repente, ¡pan!, me pasa una cosa del otro mundo por encima
+de la cabeza, y me caigo del vallado abajo....
+
+Explosión de preguntas, de risas, de protestas.
+
+--¿Una cosa del otro mundo?
+
+--¿Un ánima del Purgatorio?
+
+--¿Pero él era persona o animal o qué mil rayos era?
+
+--Abrir la puerta, que esta mentira no cabe en la habitación.
+
+--¡Así Dios me salve y me dé la gloria como es verdad!--clamó el hocico de
+ratón, poniendo el semblante más compungido del mundo--. ¡Era, con
+perdón, la descarada de la liebre, que brincó por _riba_ de mí y me tiró
+patas arriba!
+
+La aclaración produjo verdadero delirio. Don Eugenio, el abad de Naya,
+se abría literalmente de risa, apretándose las caderas con ambas manos,
+quejándose y derramando lágrimas; el marqués de Ulloa lanzaba carcajadas
+poderosas; hasta Primitivo modulaba una risa opaca y turbia. El bueno
+del ratón no podía ya entreabrir los labios para hablar sin que la
+hilaridad se desatase. En toda reunión de cazadores (gente amiga de
+bromas pesadas) hay un bufón, un juglar, un gracioso obligado, y este
+papel correspondía de derecho a la escopeta negra, que se prestaba a
+desempeñarlo de bonísima gana. Acostumbrado a pasarse los días y las
+noches al sereno, en espera de la liebre, del conejo o de la perdiz;
+hecho a apretarse la cintura con una cuerda, a la manera de los
+salvajes, en las muchas ocasiones en que le faltaba un mendrugo de pan
+que roer, el mísero ratoncillo era dichoso cuando le tocaba cazar con
+gente de pro, de la que se lleva al cazadero botas henchidas de lo
+añejo, _lacones_ cocidos y cigarros; ufanábase cuando le celebraban sus
+patrañas: las narraba cada día con mayor seriedad, convicción y tono
+ingenuo, y a todas las chanzas respondía invocando a Dios y a los santos
+de la corte celestial en apoyo de sus aseveraciones estrambóticas.
+
+De pie, con las manos en los bolsillos del pantalón, mapamundi de
+remiendos, y moviendo con risible rapidez nariz y boca, que tenía de
+color de unto rancio, aguardaba a que le pidiesen algún nuevo episodio
+tan verosímil como el de la liebre; pero ahora el turno le correspondía
+a don Eugenio.
+
+--¿Saben--decía medio llorando y salivando aún de risa--un caso que pasó
+entre el canónigo Castrelo y un señor muy chistoso, Ramírez de Orense?
+
+--¡El canónigo Castrelo!--exclamaron el cura de Boán y el marqués--. ¡Qué
+apunte! ¡De órdago! Ése las suelta... como la torre de la Catedral.
+
+--Pues verán, verán cómo encontró con la horma de su zapato donde menos
+se lo pensaba. Era una noche en el Casino, y estaban jugando al
+tresillo. Castrelo se puso, como de costumbre, a espetar cuentos de
+caza..., ¡mentira todos! Después de que se hartó, quiso encajar uno
+descomunal y dijo así muy serio: «Sabrán ustedes que una mañana salí yo
+al monte, y entre unas matas oí así... un ruido sospechoso. Me acerco
+muy despacito... el ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más..., y
+ya no me cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo, apunto,
+disparo..., ¡pum, pum! ¿Y qué creerán ustedes que maté, señores?». Todo
+el mundo a nombrar animales diferentes: que lobo, que zorro, que jabalí,
+y hasta hubo quien nombró a un oso.... Castrelo a decir que no con la
+cabeza..., hasta que por último saltó: «Pues ni zorro, ni lobo, ni
+jabalí.... Lo que maté era.... ¡un tigre de Bengala!».
+
+--Hombre, don Eugenio.... ¡No fastidiar!--gritaron unánimemente los
+cazadores--. ¿Había de atreverse Castrelo?... ¿Cómo no le deshicieron el
+morro de una bofetada allí mismo?
+
+Don Eugenio, no consiguiendo que le oyesen, hacía con la mano señas de
+que faltaba lo mejor del cuento.
+
+--¡Paciencia!--exclamó por fin--. Tengan paciencia, que no se acabó. Pues,
+señor, ya ustedes comprenderán que en el Casino se armó una gresca.
+Empezaron a insultar a Castrelo y a tratarlo de mentiroso en su cara.
+Sólo el señor de Ramírez estaba muy formal, y apaciguaba a los
+alborotadores. «No hay que asombrarse, no hay que asombrarse; yo les
+contaré a ustedes una cosa que me pasó a mí cazando, que es más rara
+todavía que la del señor de Castrelo». El canónigo empieza a escamarse y
+la gente a atender. «Sabrán ustedes que una mañana salí yo al monte, y,
+entre unas matas, oí así... un ruido sospechoso. Me acerco muy
+despacito.... El ruido seguía, dale que tienes. Me acerco más.... Ya no me
+cabe duda de que hay allí escondida una pieza. Armo..., apunto...,
+disparo.... ¡Pum, pum!... ¿Y qué creerá usted que maté, señor canónigo?».
+«¿Cómo demonios lo he de saber? Sería... un león». «¡Ca!». «Pues
+sería... un elefante». «¡Caaa!». «Sería... lo que usted guste, caramba».
+«¡Una sota de bastos, señor de Castrelo! ¡Era una sota de bastos!».
+
+Minutos de no entenderse. El ratón reía con una especie de hipo agudo;
+el señorito de Limioso, ronca y gravemente; el cura de Boán, no sabiendo
+cómo desahogar el regocijo, pateaba en el suelo y abofeteaba a la mesa.
+
+--¡Ey!--gritó don Eugenio--. _Bico-de-rato_, ¿no te has tropezado tú nunca
+con ningún tigre? Echa un vasito y cuéntanos si te encontraste alguno
+por ahí, _hom_.
+
+Atizóse el ratón su medio cuartillo; brilláronle los ojuelos, limpió el
+labio con la bocamanga de la mugrienta chaqueta, y declaró con acento
+sincero y candoroso:
+
+--Lo que es _trigues_..., por estos montes no debe de los haber, que si
+no, ya los tendría matados; pero les diré lo que me pasó un día de la
+Virgen de Agosto....
+
+--¿A las tres y diez minutos de la tarde?--preguntó don Eugenio.
+
+--No..., habían de ser las once de la mañana, y puede que aún no las
+fuesen. ¡Pero créanme, como que esa luz nos está alumbrando! Venía yo de
+tirar a las tórtolas en un sembrado, y me encontré a la chiquilla del
+tío Pepe de Naya, que traía la vaca mismo cogida así y hacía ademán de
+arrollarse una cuerda a la muñeca. «Buenos días». «Santos y buenos».
+«¿Me da las _rulas_?». «¿Y qué me das por ellas, rapaza?». «No tengo un
+_ichavo_ triste». «Pues déjame mamar de la vaquiña, que rabio de sed».
+«Mame luego, pero no lo chupe todo». Me arrodillo así el ratón medio se
+hincó de hinojos ante el abad de Naya, y ordeñando en la palma de la
+mano, con perdón, zampo la leche. ¡Qué fresca! «Vaya, rapaza.... ¡San
+Antón te guarde la vaca!». Ando, ando, ando, ando, y al cuarto de legua
+de allí me entra un sueño por todo el cuerpo..., como que me voy
+quedando tonto. ¡A escotar! Me meto por el monte arriba, y llegando a
+donde hay unos tojos más altos que un cristiano, me tumbo así (con
+perdón) y saco el sombrero, y lo dejo de esta manera (reparen bien)
+sobre la yerba. Sueño fue, que hasta de allí a hora y media no volví en
+mi acuerdo. Voy a apañar mi sombrero para largar.... Lo mismo que todos
+nos habemos de morir y resucitar en la gloria del día del Juicio, me veo
+debajo una culebra más gorda que mi brazo _drecho_..., ¡con perdón!
+
+--¿Pero no que el izquierdo?--interrumpió don Eugenio picarescamente.
+
+--¡Muchísimo más gorda!--continuó el ratón imperturbable--, y toda rollada,
+rollada, rollada, que cabía allí debajo..., ¡y durmiendo como una santa
+de Dios!
+
+--¿Pero roncar, no roncaba?
+
+--La condenada acudía al olor de la leche..., y valió que le dio idea de
+esconderse en el chapeo..., que las intenciones bien se las conocí....
+¡eran de metérseme por la boca, con perdón de las barbas honradas!
+
+Aunque se armó gran algazara, la moderó algún tanto el cura de Boán
+recordando las diversas ocasiones en que se oían contar casos análogos:
+culebras que se encontraban en los establos mamando del pezón de las
+vacas, otras que se deslizaban en la cuna de los niños para beberles la
+leche en el estómago....
+
+Asistía Julián a la velada, entretenido y contento, porque la alegría y
+el humor de los cazadores le disipaba las ideas congojosas de algunos
+días atrás, el miedo a la Sabia, a Primitivo, a los Pazos, los lúgubres
+presentimientos acrecentados por la comunicación de los terrores
+nerviosos de Nucha. Don Eugenio, viéndole animado, le porfiaba para que
+fuese a hacerles una visita al cazadero; negábase Julián, pretextando la
+necesidad de decir misa, de rezar las horas canónicas: en realidad, era
+que no quería dejar enteramente sola a la señorita. Al cabo, tanto
+insistió don Eugenio, que hubo de prometer, aplazando para el último
+día.
+
+--No ha de haber nada de eso-exclamó el bullicioso párroco--. Mañana por
+la mañanita nos lo llevamos con nosotros.... Se vuelve de allá pasado
+mañana temprano.
+
+Toda resistencia hubiera sido inútil, y más en tal momento, cuando la
+jarana crecía y el vino menguaba en los jarros. Julián sabía que aquella
+gente maleante y retozona era capaz de llevarlo por fuerza, si se negaba
+a ir de grado.
+
+
+
+
+-XXII-
+
+
+Tuvo, pues, que salir al romper el alba, dando diente con diente,
+caballero en la mansa pollinita, y siendo blanco de las bromas de los
+cazadores, porque iba vestido de modo asaz impropio para la ocasión, sin
+zamarra, ni polainas de cuero, ni sombrerazo, ni armas ofensivas o
+defensivas de ninguna especie. El día asomaba despejado y magnífico: en
+las hierbas resplandecían las cristalizaciones de la escarcha; la tierra
+se estremecía de frío y humeaba levemente a la primera caricia del sol;
+el paso animado y gimnástico de los cazadores resonaba militarmente
+sobre el terreno endurecido por la helada.
+
+Desde el cazadero, adonde llegaron a cosa de las nueve, desparramáronse
+por el monte. Julián, no sabiendo qué hacer de su persona, quedóse
+pegado a don Eugenio, y le vio realizar dos proezas cinegéticas y meter
+en el morral dos pollitos de perdiz, tibios aún de la recién arrancada
+vida. Es de advertir que don Eugenio no gozaba fama de diestro tirador,
+por lo cual, al reunirse los cazadores a mediodía para comer en un
+repuesto encinar, el párroco de Naya invocó el testimonio de Julián para
+que asegurase que se las había visto tirar al vuelo.
+
+--¿Y qué es tirar al vuelo, don Julián?--le preguntaron todos.
+
+Como el capellán se quedó parado al hacerle tan insidiosa pregunta,
+ocurrióseles a los cazadores que sería cosa muy divertida darle a Julián
+una escopeta y un perro y que intentase cazar algo. Quieras que no
+quieras, fue preciso conformarse. Se le destinó el _Chonito_, perdiguero
+infatigable, recastado, de hocico partido, el más ardiente y seguro de
+cuantos canes iban allí.
+
+--En cuanto vea que el perro se para--explicábale don Eugenio al novel
+cazador, que apenas sabía por dónde coger el arma mortífera--, se prepara
+usted y le anima para que entre..., y al salir las perdices, les apunta
+y hace fuego cuando se tiendan.... Si es la cosa más fácil del mundo....
+
+Chonito caminaba con la nariz pegada al suelo, sus ijares se estremecían
+de impaciencia, de cuando en cuando se volvía para cerciorarse de que le
+acompañaba el cazador. De pronto tomó el trote hacia un matorral de
+u[r]ces, y repentinamente se quedó parado, en actitud escultural, tenso
+e inmóvil como si lo hubiesen fundido en bronce para colocar en un
+zócalo.
+
+--¡Ahora!--exclamó el de Naya--. Eh, Julián, mándele que entre....
+
+--Entra, Chonito, entra--murmuró lánguidamente el capellán.
+
+El perro, sorprendido por el tono suave de la orden, vaciló; por fin se
+lanzó entre las urces, y al punto mismo se oyó un revoloteo, y el bando
+salió en todas direcciones.
+
+--¡Ahora, condenado, ahora! ¡Ese tiro!--gritó don Eugenio.
+
+Julián apretó el gatillo.... Las aves volaron raudamente y se perdieron
+de vista en un segundo. Chonito, confuso, miraba al que había disparado,
+a la escopeta y al suelo: el hidalgo animal parecía preguntar con los
+ojos dónde se encontraba la perdiz herida, para portarla.
+
+Media hora después se repitió la escena, y el desengaño de Chonito. Ni
+fue el último, porque más adelante, en un sembrado, aún levantó el can
+un bando tan numeroso, tan próximo, y que salía tan a tiro, que era casi
+imposible no _tumbar_ dos o tres perdices disparando a bulto. Otra vez
+hizo fuego Julián. El perdiguero ladraba de entusiasmo y de gozo.... Mas
+ninguna perdiz cayó. Entonces Chonito, clavando en el capellán una
+mirada casi humana, llena de desprecio, volvió grupas y se alejó
+corriendo a todo correr, sin dignarse oír las imperativas voces con que
+lo llamaban....
+
+No hay cómo encarecer lo que se celebró este rasgo de inteligencia a la
+hora de la cena. Se hizo chacota de Julián, y, en penitencia de su
+torpeza, se le condenó a asistir inmediatamente, cansado y todo, a la
+espera de las liebres.
+
+La luna de aquella noche de diciembre semejaba disco de plata bruñida
+colgado de una cúpula de cristal azul oscuro; el cielo se ensanchaba y
+se elevaba por virtud de la serenidad y transparencia casi boreales de
+la atmósfera.
+
+Caía helada, y en el aire parecía que se cruzaban millares de finísimas
+agujas, que apretaban las carnes y reconcentraban el calor vital en el
+corazón. Pero para la liebre, vestida con su abrigado manto de suave y
+tupido pelo, era noche de festín, noche de pacer los tiernos retoños de
+los pinos, la fresca hierba impregnada de rocío, las aromáticas plantas
+de la selva; y noche también de amor, noche de seguir a la tímida
+doncella de luengas orejas y breve rabo, sorprenderla, conmoverla y
+arrastrarla a las sombrías profundidades del pinar....
+
+Tras de los pinos y matorrales se emboscaban en noches así los
+cazadores. Tendidos boca abajo, cubierto con un papel el cañón de la
+carabina a fin de que el olor de la pólvora no llegue a los finos
+órganos olfativos de la liebre, aplican el oído al suelo, y así se pasan
+a veces horas enteras. Sobre el piso endurecido por el hielo resuena
+claramente el trotecillo irregular de la caza; entonces el cazador se
+estremece, se endereza, afianza en tierra la rodilla, apoya la escopeta
+en el hombro derecho, inclina el rostro y palpa nerviosamente el gatillo
+antes de apretarlo. A la claridad lunar divisa por fin un monstruo de
+fantástico aspecto, pegando brincos prodigiosos, apareciendo y
+desapareciendo como una visión: la alternativa de la oscuridad de los
+árboles y de los rayos espectrales y oblicuos de la luna hace parecer
+enorme a la inofensiva liebre, agiganta sus orejas, presta a sus saltos
+algo de funambulesco y temeroso, a sus rápidos movimientos una velocidad
+que deslumbra. Pero el cazador, con el dedo ya en el gatillo, se
+contiene y no dispara. Sabe que el fantasma que acaba de cruzar al
+alcance de sus perdigones es la hembra, la Dulcinea perseguida y
+recuestada por innumerables galanes en la época del celo, a quien el
+pudor obliga a ocultarse de día en su gazapera, que sale de noche,
+hambrienta y cansada, a descabezar cogollos de pino, y tras de la cual,
+desalados y hechos almíbar, corren por lo menos tres o cuatro machos,
+deseosos de románticas aventuras. Y si se deja pasar delante a la dama,
+ninguno de los nocturnos rondadores se detendrá en su carrera loca,
+aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el
+camino su ensangrentado cadáver, aunque el tufo de la pólvora le diga:
+«¡Al final de tu idilio está la muerte!».
+
+No, no se pararán. Acaso el instinto de cobardía propio de su raza les
+moverá a agazaparse breves minutos detrás de un arbusto o de una peña;
+pero al primer imperceptible efluvio amoroso que les traiga la cortante
+brisa; al primer hálito de la hembra que se destaque del olor de la
+resina exhalado por los pinares, los fogosos perseguidores se lanzarán
+de nuevo y con más brío, ciegos de amor, convulsos de deseo, y el
+cazador que los acecha los irá tendiendo uno por uno a sus pies, sobre
+la hierba en que soñaron tener lecho nupcial.
+
+
+
+
+-XXIII-
+
+
+En el corazón de la tierna heredera de los Ulloas tenía el capellán,
+desde hacía algún tiempo, un rival completamente feliz y victorioso:
+Perucho.
+
+Le bastó presentarse para triunfar. Entró un día en la punta de los
+pies, y sin ser sentido fue arrimándose a la cuna. Nucha le ofrecía de
+vez en cuando golosinas y calderilla, y el rapaz, como suele suceder a
+las fieras domesticadas, contrajo excesiva familiaridad y apego, y
+costaba trabajo echarle de allí, encontrándosele por todas partes, donde
+menos se pensaba, a manera de gatito pequeño viciado en el mimo y la
+compañía.
+
+Muchísimo le llamó la atención la chiquitina al pronto. Ni los pollos
+nuevos cuando rompían el cascarón, ni los cachorros de la Linda, ni los
+recentales de la vaca, consiguieron nunca fijar así las miradas atónitas
+de Perucho. No podía él darse cuenta de cómo ni por dónde había venido
+tan gran novedad; sobre este tema, se perdía en reflexiones. Rondaba la
+cuna incesantemente, poniéndose en riesgo notorio de recibir algún
+pescozón del ama, y, como no le expulsasen, se estaba buena pieza con el
+dedito en la boca, absorto y embelesado, más parecido que nunca a los
+amorcillos de los jardines que dicen con su actitud: «Silencio». Jamás
+se le había visto quieto tantas horas seguidas. Así que la niña empezó a
+tener asomos de conciencia de la vida exterior, dio claras muestras de
+que si ella le interesaba a Perucho, no le importaba menos Perucho a
+ella. Ambos personajes reconocieron en seguida su mutua importancia, y a
+este reconocimiento siguieron evidentes señales de concordia y regocijo.
+Apenas veía la chiquilla a Perucho, brillaban sus ojuelos, y de su boca
+entreabierta salía, unido a la cristalina y caliente baba de la
+dentición, un amorosísimo gorjeo. Tendía ansiosamente las manos, y
+Perucho, comprendiendo la orden, acercaba la cabeza cerrando los
+párpados; entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del
+pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz,
+todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría
+cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.
+
+Pasados los dos o tres primeros meses de lactancia, el genio de los
+niños se agria, y sus llantos y rabietas son frecuentes, porque empiezan
+los fenómenos precursores de la dentición a molestarles. Cuando tal
+sucedía a su niña, Nucha solía emplear con buen resultado el talismán de
+la presencia de Perucho. Un día que el berrenchín no cesaba, fue preciso
+acudir a expedientes más heroicos: sentar a Perucho en una silleta baja
+y ponerle en brazos a la chiquitina. Él se estaba quieto, inmóvil, con
+los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban
+ganas de comérselo. La chiquita, sin transición, había pasado de la
+furia a la bonanza, y reía abriendo un palmo de desdentada boca; reía
+con los labios, con el mirar, con los pies bailarines, que descargaban
+pataditas menudas en el muslo de Perucho. No se atrevía el rapaz ni a
+volver la cabeza, de puro encantado.
+
+A medida que la chiquilla atendía más, Perucho se ingeniaba en traerle
+juguetes inventados por él, que la divertían infinito. No se sabe lo que
+aquel galopín discurría para encontrar a cada paso cosas nuevas, ya
+fuesen flores, ya pajaritos vivos, ya ballestas de caña, ya todo género
+de porquerías, que era lo que más entusiasmaba a la pequeña.
+Presentábase a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en
+grotescas contorsiones, o llegaba ufanísimo con un ratón acabadito de
+nacer, tan chico y asustado, que daba lástima. Tenía aquel cachidiablo
+la especialidad de los juguetes animados. En su _pucho_ roto y
+agujereado almacenaba lagartijas, mariposas y _mariquitas de Dios_; en
+sus bolsillos y seno, nidos, frutos y gusanos. La señorita le tiraba
+bondadosamente de las orejas.
+
+--Como vuelvas a traer aquí tales ascos..., verás, verás. Te he de colgar
+de la chimenea como a los chorizos, para que te ahúmes.
+
+Julián transigía con estas intimidades, mientras no sorprendió el
+secreto de otras harto menos inocentes. Desde que madrugando había visto
+a Sabel salir del cuarto de don Pedro, dábale un vuelco la sangre cada
+vez que tropezaba al chiquillo y notaba el afecto con que lo trataba
+Nucha a veces.
+
+Cierto día entró el capellán en la habitación de la señorita y encontró
+un inesperado espectáculo. En el centro de la cámara humeaba un colosal
+barreñón de loza, lleno de agua templada, y estrechamente abrazados y en
+cueros, el chiquillo sosteniendo en brazos a la niña, estaban Perucho y
+la heredera de Ulloa en el baño. Nucha, en cuclillas, vigilaba el grupo.
+
+--No hubo otro medio de reducirla a bañarse--exclamó al advertir la
+admiración de Julián--; y como don Máximo dice que el baño le conviene....
+
+--No me pasmo yo de ella--respondió el capellán--, sino de él, que le teme
+más al agua que al fuego.
+
+--A trueque de estar con la nena--replicó Nucha--, se deja él bañar aunque
+sea en pez hirviendo. Ahí los tiene usted en sus glorias. ¿No parecen un
+par de hermanitos?
+
+Al pronunciar sin intención la frase, Nucha, desde el suelo, alzaba la
+mirada hacia Julián. La descomposición de la cara de éste fue tan
+instantánea, tan reveladora, tan elocuente, tan profunda, que la señora
+de Moscoso, apoyándose en una mano, se irguió de pronto, quedándose en
+pie frente a él. En aquel rostro consumido por la larga enfermedad, y
+bajo cuya piel fina se traslucía la ramificación venosa; en aquellos
+ojos vagos, de ancha pupila y córnea húmeda, cercados de azulada ojera,
+vio Julián encenderse y fulgurar tras las negras pestañas una luz
+horrible, donde ardían la certeza, el asombro y el espanto. Calló. No
+tuvo ánimos para pronunciar una sola frase, ni disimulo para componer
+sus facciones alteradas.
+
+La niña, en el tibio bienestar del baño, sonreía, y Perucho,
+sosteniéndola por los sobacos, hablándola con tierna algarabía de
+diminutivos cariñosos, la columpiaba en el líquido transparente, le
+abría los muslos para que recibiese en todas partes la frescura del
+agua, imitando con religioso esmero lo que había visto practicar a
+Nucha. Ocurría la escena en un salón de los más chicos de la casa,
+dividido en dos por descomunal y maltratadísimo biombo del siglo pasado,
+pintado harto fantásticamente con paisajes inverosímiles: árboles
+picudos en fila que parecían lechugas, montañas semejantes a quesos de
+San Simón, nubarrones de hechura de panecillos, y casas con techo
+colorado, dos ventanas y una puerta, siempre de frente al espectador.
+Ocultaba el biombo la cama de Nucha, de copete dorado y columnas
+salomónicas, y la cunita de la niña. Inmóvil por espacio de algunos
+segundos, la señorita recobró de improviso la acción. Se inclinó hacia
+el barreño y arrancó de golpe a su hija de brazos de Perucho.
+
+La criatura, sorprendida y asustada por el brusco movimiento,
+interrumpida en su diversión, rompió en llanto desconsolado y repentino;
+y su madre, sin hacerle caso, entró corriendo tras el biombo, la echó en
+la cuna, y medio la arropó, volviendo a salir inmediatamente. Aún
+permanecía Perucho en el agua, asaz asombrado; la señorita le asió de
+los hombros, del pelo, de todas partes, y empujándole cruelmente,
+desnudo como estaba, le persiguió por el salón hasta expulsarle a
+empellones.
+
+--¡Largo de aquí!--decía más pálida que nunca y con los ojos llameantes--.
+¡Que no te vea yo entrar!... Como vuelvas te azoto, ¿entiendes?, ¡te
+azoto!
+
+Pasó tras el biombo otra vez, y Julián la siguió aturdido, sin saber lo
+que le sucedía. Con la cabeza baja, los labios temblones, la señora de
+Moscoso arreglaba, sin disimular el desatiento de las manos, los pañales
+de su hija, cuyo llorar tenía ya inflexiones de pena como de persona
+mayor.
+
+--Llame usted al ama--ordenó secamente Nucha.
+
+Corrió Julián a obedecer. A la puerta del salón le cerraba el paso una
+cosa tendida en el suelo; alzó el pie; era Perucho, en cueros,
+acurrucado. No se le oía el llanto: veíase únicamente el brillo de los
+gruesos lagrimones, y el vaivén del acongojado pecho. Compadecido el
+capellán, levantó a la criatura. Sus carnes, mojadas aún, estaban
+amoratadas y yertas.
+
+--Ven por tu ropa--le dijo--. Llévala a tu madre para que te vista. Calla.
+
+Insensible como un espartano al mal físico, Perucho sólo pensaba en la
+injusticia cometida con él.
+
+--No hacía mal...--balbució, ahogándose--. No-ha-cí--a-mal...
+ningu... no....
+
+Volvió Julián con el ama, pero la criatura tardó bastante en consolarse
+al pecho. Ponía la boquita en el pezón, y de repente torcía la cara,
+hacía pucheros, iniciaba un llanto quejumbroso. Nucha, con andar
+automático, salió del retrete formado por el biombo y se acercó a la
+ventana, haciendo seña a Julián de que la siguiese. Y, demudados ambos,
+se contemplaron algunos minutos silenciosamente, ella preguntando con
+imperiosa ojeada, él resuelto ya a engañar, a mentir. Hay problemas que
+sólo lo son planteados a sangre fría; en momentos de apuro, los resuelve
+el instinto con seguridad maravillosa. Julián estaba determinado a
+faltar a la verdad sin escrúpulos.
+
+Al cabo Nucha pronunció con sordo acento:
+
+--No crea que es la primera vez que se me ocurre que ese... chiquillo
+es... hijo de mi marido. Lo he pensado ya; sólo que fue como un
+relámpago, de esas cosas que desecha uno apenas las concibe. Ahora ya...
+ya estamos en otro caso. Sólo con ver su cara de usted....
+
+--¡Jesús!, ¡señorita Marcelina! ¿Qué tiene que ver mi cara?... No se
+acalore, le ruego que no se acalore.... ¡Por fuerza esto es cosa del
+demonio! ¡Jesús mil veces!
+
+--No, no me acaloro-exclamó ella, respirando fuerte y pasándose por la
+frente la palma extendida.
+
+--¡Válgame Dios! Señorita, a usted le va mal. Se le ha vuelto un color....
+Estoy viendo que le da el ataque. ¿Quiere la cucharadita?
+
+--No, no y no; esto no es nada: un poco de ahogo en la garganta. Esto
+lo... noto muchas veces; es como una bola que se me forma allí.... Al
+mismo tiempo parece que me barrenan la sien.... Al caso, al caso.
+Decláreme usted lo que sabe. No calle nada.
+
+--Señorita...--Julián resolvió entonces, en su interior, apelar a eso que
+llaman subterfugio jesuítico, y no es sino natural recurso de cuantos,
+detestando la mentira, se ven compelidos a temer la verdad--. Señorita....
+Reniego de mi cara. ¡Lo que se le ha ido a ocurrir! Yo no pensaba en
+semejante cosa. No, señora, no.
+
+La esposa hincó más sus ojos en los del capellán e hizo dos o tres
+interrogaciones concretas, terminantes. Aquí del jesuitismo, mejor
+dicho, de la verdad cogida por donde no pincha ni corta.
+
+--Me puede creer; ya ve que no había de tener gusto en decir una cosa por
+otra: no sé de quién es el chiquillo. Nadie lo sabe de cierto. Parece
+natural que sea del querido de la muchacha.
+
+--¿Usted está seguro de que tiene... querido?
+
+--Como de que ahora es de día.
+
+--¿Y de que el querido es un mozo aldeano?
+
+--Sí señora: un rapaz guapo por cierto; el que toca la gaita en las
+fiestas de Naya y en todas partes. Le he visto venir aquí mil veces, el
+año pasado, y... andaban juntos. Es más: me consta que trataban de sacar
+los papeles para casarse. Sí señora: me consta. Ya ve usted que....
+
+Nucha respiró de nuevo, llevándose la diestra a la garganta, que sin
+duda le oprimía el consabido ahogo. Sus facciones se serenaron un tanto,
+sin recobrar su habitual compostura y apacibilidad encantadora:
+persistía la arruga en el entrecejo, el extravío en el mirar.
+
+--¡Mi niña...--articuló en voz baja--, mi niña abrazada con él! Aunque
+usted diga y jure y perjure.... Julián, esto hay que remediarlo. ¿Cómo
+voy a vivir de esta manera? ¡Ya me debía usted avisar antes! Si el
+chiquillo y la mujer no salen de aquí, yo me volveré loca. Estoy
+enferma; estas cosas me hacen daño..., daño.
+
+Sonrió con amargura y añadió:
+
+--Tengo poca suerte.... No he hecho mal a nadie, me he casado a gusto de
+papá, y mire usted ¡cómo se me arreglan las cosas!
+
+--Señorita....
+
+--No me engañe usted también recalcó el _también_. Usted se ha criado en
+mi casa, Julián, y para mí es usted como de la familia. Aquí no cuento
+con otro amigo. Aconséjeme.
+
+--Señorita--exclamó el capellán con fuego--, quisiera librarla de todos los
+disgustos que pueda tener en el mundo, aunque me costase sangre de las
+venas.
+
+--O esa mujer se casa y se va--pronunció Nucha--, o....
+
+Interrumpió aquí la frase. Hay momentos críticos en que la mente
+acaricia dos o tres soluciones violentísimas, extremas, y la lengua, más
+cobarde, no se atreve a formularlas.
+
+--Pero, señorita Marcelina, no se mate así--porfió Julián--. Son
+figuraciones, señorita, figuraciones.
+
+Ella le tomó las manos entre las suyas, que ardían.
+
+--Dígale usted a mi marido que la eche, Julián. ¡Por amor de Dios y su
+madre santísima!
+
+El contacto de aquellas palmas febriles, la súplica, turbaron al
+capellán de un modo inexplicable, y sin reflexionar exclamó:
+
+--¡Tantas veces se lo he dicho!
+
+--¡Ve usted!--repuso ella, sacudiendo la cabeza y cruzando las manos.
+
+Enmudecieron. En la campiña se oía el ronco graznido de los cuervos;
+tras el biombo, la niña lloriqueaba, inconsolable. Nucha se estremeció
+dos o tres veces. Por último articuló dando con los nudillos en los
+vidrios de la ventana:
+
+--Entonces seré yo....
+
+El capellán murmuró como si rezase:
+
+--Señorita.... Por Dios.... No se revuelva la cabeza.... Déjese de eso....
+
+La señora de Moscoso cerró los ojos y apoyó la faz en los vidrios de la
+ventana. Procuraba contenerse: la energía y serenidad de su carácter
+querían salir a flote en tan deshecha tempestad. Pero agitaba sus
+hombros un temblor, que delataba la tiranía del sistema nervioso sobre
+su debilitado organismo. El temblor, por fin, fue disminuyendo y
+cesando.... Nucha se volvió, con los ojos secos y los nervios domados ya.
+
+
+
+
+-XXIV-
+
+
+Poco después sufrió una metamorfosis el vivir entumecido y soñoliento de
+los Pazos. Entró allí cierta hechicera más poderosa que la señora María
+la Sabia: la política, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y
+miserias que en las aldeas lo recibe. Por todas partes cubre el manto de
+la política intereses egoístas y bastardos, apostasías y vilezas; pero,
+al menos, en las capitales populosas, la superficie, el aspecto, y a
+veces los empeños de la lid, presentan carácter de grandiosidad.
+Ennoblece la lucha la magnitud del palenque; asciende a ambición la
+codicia, y el fin material se sacrifica, en ocasiones, al fin ideal de
+la victoria por la victoria. En el campo, ni aun por hipocresía o
+histrionismo se aparenta el menor propósito elevado y general. Las ideas
+no entran en juego, sino solamente las personas, y en el terreno más
+mezquino: rencores, odios, rencillas, lucro miserable, vanidad
+microbiológica. Un combate naval en una charca.
+
+Forzoso es reconocer, no obstante, que en la época de la revolución, la
+exaltación política, la fe en las teorías llevada al fanatismo, lograba
+infiltrarse doquiera, saneando con ráfagas de huracán el mefítico
+ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas. Vivía entonces
+España pendiente de una discusión de Cortes, de un grito que se daba
+aquí o acullá, en los talleres de un arsenal o en los vericuetos de una
+montaña; y cada quince días o cada mes, se agitaban, se debatían, se
+querían resolver definitivamente cuestiones hondas, problemas que el
+legislador, el estadista y el sociólogo necesitan madurar lentamente,
+meditar quizás años enteros antes de descifrarlos, y que una multitud en
+revolución decide en pocas horas, mediante una acalorada discusión
+parlamentaria, o una manifestación clamorosa y callejera. Entre el
+almuerzo y la comida se reformaba, se innovaba una sociedad; fumando un
+cigarro se descubrían nuevos principios, y en el fondo de la vorágine
+batallaban las dos grandes soluciones de raza, ambas fuertes porque se
+apoyaban en _algo_ secular, lentamente sazonado al calor de la historia:
+la monarquía absoluta y la constitucional, por entonces disfrazada de
+monarquía democrática.
+
+La conmoción del choque llegaba a todos lados, sin exceptuar las fieras
+montañas que cercaban a los Pazos de Ulloa. También allí se
+politiqueaba. En las tabernas de Cebre, el día de la feria, se oía
+hablar de libertad de cultos, de derechos individuales, de abolición de
+quintas, de federación, de plebiscito-pronunciación no garantizada, por
+supuesto--. Los curas, al terminar las funciones, entierros y misas
+solemnes, se demoraban en el atrio, discutiendo con calor algunos
+síntomas recientes y elocuentísimos, la primer salida de aquellos
+famosos _cuatro sacristanes_, y otras menudencias. El señorito de
+Limioso, tradicionalista inveterado, como su padre y abuelo, había hecho
+dos o tres misteriosas excursiones hacia la parte del Miño, cruzando la
+frontera de Portugal, y susurrábase que celebraba entrevistas en Tuy con
+ciertos pájaros; afirmábase también que las señoritas de Molende estaban
+ocupadísimas construyendo cartucheras y no sé qué más arreos bélicos, y
+a cada paso recibían secretos avisos de que se iba a practicar un
+registro en su casa.
+
+Sin embargo, los entendidos y prácticos en la materia comprendían que
+cualquier intentona a mano armada en territorio gallego se quedaría en
+agua de cerrajas, y que por más rumores que corriesen acerca de
+armamentos y organización en Portugal, venidas de tropa, nombramientos
+de oficialidad, etc., la verdadera batalla que allí se librase no sería
+en los campos, sino en las urnas; no por eso más incruenta. Gobernaban a
+la sazón el país los dos formidables caciques, abogado el uno y
+secretario el otro del ayuntamiento de Cebre; esta villita y su región
+comarcana temblaban bajo el poder de entrambos. Antagonistas perpetuos,
+su lucha, como la de los dictadores romanos, no debía terminarse sino
+con la pérdida y muerte del uno. Escribir la crónica de sus hazañas, de
+sus venganzas, de sus manejos, fuera cuento de nunca acabar. Para que
+nadie piense que sus proezas eran cosa de risa, importa advertir que
+algunas de las cruces que encontraba el viajante por los senderos, algún
+techo carbonizado, algún hombre sepultado en presidio para toda su vida,
+podían dar razón de tan encarnizado antagonismo.
+
+Conviene saber que ninguno de los dos adversarios tenía ideas políticas,
+dándoseles un bledo de cuanto entonces se debatía en España; mas, por
+necesidad estratégica, representaba y encarnaba cada cual una tendencia
+y un partido: Barbacana, moderado antes de la Revolución, se declaraba
+ahora carlista; Trampeta, unionista bajo O'Donnell, avanzaba hacia el
+último confín del liberalismo vencedor.
+
+Barbacana era más grave, más autoritario, más obstinado e implacable en
+la venganza personal, más certero en asestar el golpe, más ávido e
+hipócrita, encubriendo mejor sus alevosas trazas para desmantecar al
+desventurado colono; era además hombre que prefería servirse de medios
+legales y manejar el código, diciendo que no hay tan seguro modo de
+acabar con un enemigo como empapelarlo: si no guarnecían tantas cruces
+los caminos por culpa de Barbacana, las cárceles hediondas del distrito
+antaño, y hogaño las murallas de Ceuta y Melilla, podían revelar hasta
+dónde se extendía su influencia. En cambio Trampeta, si justificando su
+apodo no desdeñaba los enredos jurídicos, solía proceder con más
+precipitación y violencia que Barbacana, asegurando la retirada menos
+hábilmente; así es que su adversario le tuvo varias veces cogido entre
+puertas, y por punto no le aniquiló. Trampeta poseía en desquite gran
+fertilidad de ingenio, suma audacia, expedientes impensados con que
+salir de los más graves compromisos. Barbacana servía mejor para
+preparar desde su habitación una emboscada, hurtando el cuerpo después;
+Trampeta, para ejecutarla en persona y con fortuna. La comarca aborrecía
+a entrambos, pero Barbacana inspiraba más terror por su genio sombrío.
+En aquella ocasión Trampeta, encargado de representar las ideas
+dominantes y oficiales, se creía seguro de la impunidad, aunque quemase
+a medio Cebre y apalease, encausase y embargase al otro medio.
+Barbacana, con la superioridad de su inteligencia, y aun de su
+instrucción, comprendía dos cosas: primera, que se había arrimado a
+pared más sólida, a gente que no desampara a sus amigos; segunda, que
+cuando se le antojase pasarse con armas y bagajes al campo opuesto,
+conseguiría siempre hundir a Trampeta. Ya había tirado sus líneas para
+el caso próximo de la elección de diputados.
+
+Trampeta, con actividad vertiginosa, _hacía la cama_ al candidato del
+gobierno. Muy a menudo iba a la capital de provincia, a conferenciar con
+el gobernador. En tales ocasiones, el secretario, calculando que hombre
+prevenido vale por dos, ni olvidaba las pistolas, ni omitía hacerse
+escoltar por sus seides más resueltos, pues no ignoraba que Barbacana
+tenía a sus órdenes mozos de pelo en pecho, verbigracia el temible
+Tuerto de Castrodorna. Cada viaje era una viña para el bueno del
+secretario, y muy beneficioso para los suyos: poco a poco las hechuras
+de Barbacana iban cayendo, y estancos, alguacilatos, guardianía de la
+cárcel, peones camineros, toda la plantilla oficial de Cebre, quedando a
+gusto de Trampeta. Sólo no pudo meterle el diente al juez, protegido en
+altas regiones por un pariente de la señora jueza, persona de viso.
+Obtuvo también que se hiciese la vista gorda en muchas cosas, que se
+cerrasen los ojos en otras, y que respecto a algunas sobreviniese
+ceguera total; y con esto y con las facultades latas de que se hallaba
+investido, declaró, puesta la mano en el pecho, que respondía de la
+elección de Cebre.
+
+Durante este periodo, Barbacana se hacía el muerto, limitándose a apoyar
+débilmente, como por compromiso, al candidato propuesto por la Junta
+carlista orensana, y recomendado por el Arcipreste de Loiro y los curas
+más activos, como el de Boán, el de Naya, el de Ulloa. Bien se dejaba
+comprender que Barbacana no tenía fe en el éxito. El candidato era una
+excelente persona de Orense, instruido, consecuentísimo tradicionalista,
+pero sin arraigo en el país y con fama de poca malicia política. Sus
+mismos correligionarios no estaban a bien con él, por conceptuarle más
+hombre de bufete que de acción e intriga.
+
+Así las cosas, empezó a notarse que Primitivo, el montero mayor de los
+Pazos, venía a Cebre muy a menudo; y como allí se repara todo, se
+observó también que, además de las acostumbradas estaciones en las
+tabernas, Primitivo se pasaba largas horas en casa de Barbacana. Éste
+vivía casi bloqueado en su domicilio, porque Trampeta, envalentonado con
+la embriaguez del poder, profería amenazas, asegurando que Barbacana
+recibiría su pago en una _corredoira_ (camino hondo). No obstante, el
+abogado se arriesgó a salir en compañía de Primitivo, y viéronse ir y
+venir curas influyentes y caciques subalternos, muchos de los cuales
+fueron también a los Pazos: unos a comer, otros por la tarde. Y como no
+hay secreto bien guardado entre tres, y menos entre tres docenas, el
+país y el gobierno supieron pronto la gran noticia: el candidato de la
+Junta se retiraba de buen grado, y en su lugar Barbacana apoyaba, con el
+nombre de independiente, a don Pedro Moscoso, conocido por marqués de
+Ulloa.
+
+Desde que se enteró del complot, Trampeta pareció atacado del baile de
+San Vito. Menudeó viajes a la capital: eran de oír sus explicaciones y
+comentarios en el despacho del gobernador.
+
+--Todo lo arma--decía él--ese cerdo cebado del Arcipreste, unido al
+faccioso del cura de Boán e instigando al usurero del mayordomo de los
+Pazos, el cual a su vez mete en danza al malcriado del señorito, que
+está enredado con su hija. ¡Vaya un candidato!--exclamaba frenético--,
+¡vaya un candidato que los neos escogen! ¡Siquiera el otro era persona
+honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez.
+
+Viendo el gobernador que el cacique perdía absolutamente la sangre fría,
+comprendió que el negocio andaba mal parado, y le preguntó severamente:
+
+--¿No ha respondido usted de la elección, con cualquier candidato que se
+presentase?
+
+--Sí señor, sí señor...--repuso apresuradamente Trampeta--. Sino que
+considérese: ¿quién contaba con semejante cosa del otro mundo?
+
+Atropellándose al hablar, de pura rabia y despecho, insistió en que
+nadie imaginaría que el marqués de Ulloa, un señorito que sólo pensaba
+en cazar, se echase a político; que, a pesar de la gran influencia de la
+casa y de ejercer su nombre bastante prestigio entre los paisanos, la
+aristocracia montañesa y los curas, la tentativa importaría un comino si
+no la hubiese tomado de su cuenta Barbacana y no le ayudase un poderoso
+cacique subalterno, que antes fluctuaba entre el partido de Barbacana y
+el de Trampeta, pero en esta ocasión se había decidido, y era el mismo
+mayordomo de los Pazos, hombre resuelto y sutil como un zorro, que
+disponía de numerosos votos seguros, pues muchísima gente le debía
+cuartos que tenía esquilmada la casa de Ulloa a cuyas expensas se
+enriquecía con disimulo y que este solemne bribón, al arrimo del gran
+encausador Barbacana, se alzaría con el distrito, si no se llevaba el
+asunto a rajatabla y sin contemplaciones.
+
+Quien conozca poco o mucho el mecanismo electoral no dudará que el
+gobernador hizo jugar el telégrafo para que sin pérdida de tiempo, y por
+más influencias que se atravesasen, fuese removido el juez de Cebre y
+las pocas hechuras de Barbacana que en el distrito restaban ya. Deseaba
+el gobernador triunfar en Cebre sin apelar a recursos extraordinarios y
+arbitrariedades de monta, pues sabía que, si no era probable que jamás
+se levantasen allí partidas, en cambio la sangre humana manchaba a
+menudo mesas y urnas electorales; pero la nueva combinación le obligaba
+a no reparar en medios y conferir al insigne Trampeta poderes
+ilimitados....
+
+Mientras el secretario se prevenía, el abogado no se dormía en las
+pajas. La aceptación del señorito, al pronto, le había vuelto loco de
+contento. No tenía don Pedro ideas políticas, aun cuando se inclinaba al
+absolutismo, creyendo inocentemente que con él vendría el
+restablecimiento de cosas que lisonjeaban su orgullo de raza, como por
+ejemplo, los vínculos y mayorazgos; fuera de esto, inclinábase al
+escepticismo indiferente de los labriegos, y era incapaz de soñar, como
+el caballeresco hidalgo de Limioso, en la quijotada de entrar por la
+frontera del Miño a la cabeza de doscientos hombres. Mas a falta de
+pasión política, le impulsó a aceptar la diputación su vanidad. Él era
+la primera persona del país, la más importante, la de origen más
+ilustre: su familia, desde tiempo inmemorial, figuraba al frente de la
+nobleza comarcana; en esto hizo hincapié el Arcipreste de Loiro para
+convencerle de que le correspondía la representación del distrito.
+Primitivo no desarrolló mucha elocuencia para apoyar la demostración del
+Arcipreste: limitóse a decir, empleando un expresivo plural y cerrando
+el puño:
+
+--Tenemos al país así.
+
+Desde que corrió la noticia comenzó el señorito a sentirse halagado por
+la especie de pleito-homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de
+personas, todo el señorío de los contornos, el clero casi unánime, y los
+muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo.
+A don Pedro se le ensanchaba el pulmón. Bien entendía que Primitivo
+estaba entre bastidores; pero al fin y al cabo, el incensado era él.
+Mostró aquellos días gran cordialidad y humor excelente y campechano.
+Hizo caricias a su hija y ordenó se le pusiese un traje nuevo, con
+bordados, para que la viesen así las señoritas de Molende, que se
+proponían no contribuir con menos de cien votos al triunfo del
+representante de la aristocracia montañesa. Él también--porque los
+candidatos noveles tienen su época de cortejos en que rondan la
+diputación como se ronda a las muchachas, y se afeitan con esmero y
+tratan de lucir sus prendas físicas--cuidó algo más de su persona,
+lamentablemente desatendida desde el regreso a los Pazos, y como estaba
+entonces en el apogeo de su belleza, más bien masculina que varonil, las
+muñidoras electorales se ufanaban de enviar tan guapo mozo al Congreso.
+Por entonces, la pasión política sacaba partido hasta de la estatura,
+del color del pelo, de la edad.
+
+Desde que empezó a hervir la olla, hubo en los Pazos mesa franca: se
+veía correr a Filomena y a Sabel por los salones adelante, llevando y
+trayendo bandejas con tostado jerez y bizcochos; oíase el retintín de
+las cucharillas en las tazas de café y el choque de los vasos. Abajo, en
+la cocina, Primitivo obsequiaba a sus gentes con vino del Borde y
+tarterones de bacalao, grandes fuentes de berzas y cerdo. A menudo se
+juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discutía, y se
+reía y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a
+azadonazos--porque no cabe nombrar el escalpelo--a Trampeta y a los de su
+bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso
+detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del
+secretario de Cebre.
+
+--De esta vez--decía el cura de Boán, viejo terne y firme, que echaba
+fuego por los ojos y gozaba fama del mejor cazador del distrito después
+de Primitivo--, de esta vez los fastidiamos, ¡_quoniam_!
+
+Nucha no asistía a las sesiones del comité. Se presentaba únicamente
+cuando las visitas eran tales que lo requerían; atendía a suministrar
+las cosas indispensables para el perenne festín, pero huía de él.
+Tampoco Julián bajaba sino rara vez a las asambleas, y en ellas apenas
+descosía los labios, mereciendo por esto que el cura de Ulloa se
+ratificase en su opinión de que los capellanes atildados no sirven para
+nada de provecho. No obstante, apenas averiguó el comité que Julián
+tenía bonita letra cursiva, y ortografía asaz correcta, se echó mano de
+él para misivas de compromiso. Además, le cayó otra ocupación.
+
+Sucedió que el Arcipreste de Loiro, que había conocido y tratado mucho a
+la señora doña Micaela, madre de don Pedro, quiso ver otra vez toda la
+casa, y también la capilla, donde algunas veces había dicho misa en vida
+de la difunta, que esté en gloria. Don Pedro se la mostró de mala gana,
+y el Arcipreste se escandalizó al entrar. Estaba la capilla casi a
+tejavana: la lluvia corría por el retablo abajo; las vestiduras de las
+imágenes parecían harapos; todo respiraba el mayor abandono, el frío y
+tristeza especial de las iglesias descuidadas. Julián ya se encontraba
+cansado de soltar indirectas al marqués sobre el estado lastimoso de la
+capilla, sin obtener resultado alguno; mas el asombro y las
+lamentaciones del Arcipreste arañaron en la vanidad del señor de Ulloa,
+y consideró que sería de buen efecto, en momentos tales, lavarle la
+cara, repararla un poco. Se retejó con bastante celeridad, y con la
+misma un pintor, pedido a Orense, pintó y doró el retablo y los altares
+laterales, de suerte que la capilla parecía otra, y don Pedro la
+enseñaba con orgullo a los curas, a los señoritos, a la caciquería
+barbacanesca. Sólo faltaba ya trajear decentemente a los santos y
+recoser ornatos y mantelillos. De esta faena se encargó Nucha, bajo la
+dirección de Julián. Con tal motivo, refugiados en la capilla solitaria,
+no llegaba hasta ellos el barullo del club electoral. Entre el capellán
+y la señorita desnudaban a San Pedro, peinaban los rizos de la Purísima,
+ribeteaban el sayal de San Antón, fregoteaban la aureola del Niño Jesús.
+Hasta la boeta de las ánimas del Purgatorio fue cuidadosamente lavada y
+barnizada de nuevo, y las ánimas en pelota, larguiruchas, acongojadas,
+rodeadas de llamas de almazarrón, salieron a luz en toda su edificante
+fealdad. Era semejante ocupación dulcísima para Julián: corrían las
+horas sin sentir en el callado recinto, que olía a pintura fresca y a
+espadaña traída por Nucha para adornar los altares; mientras armaba en
+un tallo de alambre una hoja de papel plateado o pasaba un paño húmedo
+por el vidrio de una urna, no necesitaba hablar: satisfacción interior y
+apacible le llenaba el alma. A veces Nucha no hacía más que mandar la
+maniobra, sentada en una silleta baja con su niña en brazos (no quería
+apartarla de sí un instante). Julián trabajaba por dos: tenía una escala
+y se encaramaba a lo más alto del retablo. No se atrevía a preguntar
+nada acerca de asuntos íntimos, ni a averiguar si la señorita había
+tenido con su esposo conversación decisiva respecto a Sabel; pero notaba
+el aire abatido, las denegridas ojeras, el frecuente suspirar de la
+esposa, y sacaba de estos indicios la natural consecuencia. Otros
+síntomas percibió que le acaloraron la fantasía, dándole no poco en qué
+cavilar. Nucha mostraba vehemente exaltación del cariño maternal de
+algún tiempo a esta parte. Apenas se separaba de la chiquita cuando,
+desasosegada e inquieta, salía a buscarla a ver qué le sucedía. En una
+ocasión, no encontrándola donde presumía, comenzó a exhalar gritos
+desgarradores, exclamando: «¡Me la roban!, ¡me la roban!». Por fortuna,
+el ama se acercaba ya trayendo a la pequeña en brazos. A veces la besaba
+con tal frenesí, que la criatura rompía en llanto. Otras se quedaba
+embelesada mirándola con dulce e inefable sonrisa, y entonces Julián
+recordaba siempre las imágenes de la Virgen Madre, atónita de su
+milagrosa maternidad. Mas los instantes de amor tranquilo eran breves, y
+continuos los de sobresalto y dolorosa ternura. No consentía a Perucho
+acercarse por allí. Su fisonomía se alteraba al divisar el niño; y éste,
+arrastrándose por el suelo, olvidando sus travesuras diabólicas, sus
+latrocinios, su afición al establo, se emboscaba a la entrada de la
+capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella
+pagaba con risas de querubín, con júbilo desatinado, con el impulso de
+todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse
+de brazos del ama a los de Perucho.
+
+Un día notó Julián en Nucha algo más serio aún: no ya expresión de
+melancolía, sino hondo decaimiento físico y moral. Sus ojos se hallaban
+encendidos y abultados, como de haber llorado mucho tiempo seguido; su
+voz era desmayada y fatigosa; sus labios estaban resecos, tostados por
+la calentura y el insomnio. Allí no se veía ya la espina del dolor que
+lentamente va hincándose, pero el puñal clavado de golpe hasta el pomo.
+Semejante espectáculo dio al traste con la prudencia del capellán.
+
+--Usted está mala, señorita. A usted le pasa algo hoy.
+
+Nucha meneó la cabeza intentando sonreír.
+
+--No tengo nada.
+
+Lo doliente y debilitado del acento la desmentía.
+
+--Por Dios, señorita, no me responda que no.... ¡Si lo estoy viendo!
+Señorita Marcelina.... ¡Válgame mi patrono San Julián! ¡Que no he de
+poder yo servirle de algo, prestarle ayuda o consuelo! Soy una persona
+humilde, inútil; pero con la intención, señorita, soy grande como una
+montaña. ¡Quisiera, se lo digo con el corazón, que me mandase, que me
+mandase!
+
+Hacía estas protestas esgrimiendo un paño untado de tiza contra las
+sacras, cuyo cerco de metal limpiaba con denuedo, sin mirarlo.
+
+Alzó Nucha los ojos, y en ellos lució un rayo instantáneo, un impulso de
+gritar, de quejarse, de pedir auxilio.... Al punto se apagó la llamarada,
+y encogiéndose de hombros levemente, la señorita repitió:
+
+--No tengo nada, Julián.
+
+En el suelo había una cesta llena de hortensias y rama verde, destinada
+al adorno de los floreros; Nucha empezó a colocarla con la destreza y
+delicadeza graciosa que demostraba en el desempeño de todos sus
+domésticos quehaceres. Julián, entre embelesado y afligido, seguía con
+la vista el arreglo de las azules flores en los tarros de loza, el
+movimiento de las manos enflaquecidas al través de las hojas verdes.
+Notó que caía sobre ellas una gota de agua, gruesa, límpida, no
+procedente de la humedad del rocío que aún bañaba las hortensias. Y casi
+al tiempo mismo advirtió otra cosa, que le cuajó la sangre de horror: en
+las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular,
+amoratada, oscura.... Con lucidez repentina, el capellán retrocedió dos
+años, escuchó de nuevo los quejidos de una mujer maltratada a culatazos,
+recordó la cocina, el hombre furioso.... Completamente fuera de sí, dejó
+caer las sacras y tomó las manos de Nucha para convencerse de que, en
+efecto, existía la siniestra señal....
+
+Entraban a la sazón por la puerta de la capilla muchas personas: las
+señoritas de Molende, el juez de Cebre, el cura de Ulloa, conducidos por
+don Pedro, que los traía allí con objeto de que admirasen los trabajos
+de restauración. Nucha se volvió precipitadamente; Julián, trastornado,
+contestó balbuciendo al saludo de las señoritas. Primitivo, que venía a
+retaguardia, clavaba en él su mirada directa y escrutadora.
+
+
+
+
+-XXV-
+
+
+Si unas elecciones durasen mucho, acabarían con quien las maneja, a puro
+cansancio, molimiento y tensión del cuerpo y del espíritu, pues los
+odios enconados, la perpetua sospecha de traición, las ardientes
+promesas, las amenazas, las murmuraciones, las correrías y cartas
+incesantes, los mensajes, las intrigas, la falta de sueño, las comidas
+sin orden, componen una existencia vertiginosa e inaguantable. Acerca de
+los inconvenientes prácticos del sistema parlamentario estaban muy de
+acuerdo la yegua y la borrica que, con un caballo recio y joven
+nuevamente adquirido por el mayordomo para su uso privado, completaban
+las caballerizas de los Pazos de Ulloa. ¡Buenas cosas pensaban ellos de
+las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban
+exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en
+sudor!
+
+¡Pues qué diré de la mula en que Trampeta solía hacer sus excursiones a
+la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como
+se había puesto. Día y noche estaba el insigne cacique atravesado en la
+carretera, y a cada viaje la elección de Cebre se presentaba más dudosa,
+más peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del
+Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar,
+prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase
+la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se
+largaba de entre las manos.
+
+--¿Pues no decía usted--gritó un día el Gobernador con vehementes impulsos
+de mandar al infierno al gran secretario--que la elección no sería muy
+costosa; que los adversarios no podían gastar nada; que la Junta
+carlista de Orense no soltaba un céntimo; que la casa de los Pazos no
+soltaba un céntimo tampoco, porque a pesar de sus buenas rentas está
+siempre a la quinta pregunta?
+
+--Ahí verá usted, señor--contestó Trampeta--. Todo eso es mucha verdad;
+pero hay momentos en que el hombre..., pues... cambia sus _auciones_,
+como usted me enseña (Trampeta tenía esta muletilla). El marqués de
+Ulloa....
+
+--¡Qué marqués ni qué calabazas!--interrumpió con impaciencia el
+Gobernador.
+
+--Bueno, es una costumbre que hay de llamarle así.... Y mire usted que
+llevo un mes de _porclamar_ en todos lados que no hay semejante marqués,
+que el gobierno le ha sacado el título para dárselo a otro más liberal,
+y que ese título de marqués quien se lo ha ofrecido es Carlos siete,
+para cuando venga la Inquisición y el diezmo, como usted me enseña....
+
+--Adelante, adelante--exclamó el Gobernador, que aquel día debía estar
+nervioso--. Decía usted que el marqués o lo que sea... en vista de las
+circunstancias....
+
+--No reparará en un par de miles de duros más o menos, no señor.
+
+--¿Si no los tenía, los habrá pedido?
+
+--¡_Catá_! Los ha pedido a su suegro de Santiago; y como el suegro de
+Santiago no tiene tampoco una peseta disponible, como usted me enseña...
+héteme aquí que se los ha dado el suegro de los Pazos.
+
+--¿Se le cuentan dos suegros a ese candidato carlista?--preguntó el
+gobernador, que a su pesar se divertía con los chismes del secretario.
+
+--No será el primero, como usted me enseña--dijo Trampeta riéndose de la
+chuscada--. Ya entiende por quién hablo.... ¿eh?
+
+--¡Ah!, sí, la muchacha ésa que vivía en la casa antes de que Moscoso se
+casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted cómo me acuerdo.
+
+--El hijo... el hijo será de quien Dios disponga, señor gobernador.... Su
+madre lo sabrá..., si es que lo sabe.
+
+--Bien, eso para la elección importa un rábano.... Al grano: los recursos
+de que Moscoso dispone....
+
+--Pues se los ha facilitado el mayordomo, el Primitivo, el suegro _de
+cultis_.... Y usted me preguntará: ¿cómo un infeliz mayordomo tiene miles
+de duros? Y yo respondo: prestando a réditos del ocho por ciento al mes,
+y más los años de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le
+paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro...--Y usted
+dirá: ¿de dónde saca ese Primitivo o ese ladrón el dinero para
+prestar?--Y yo replico: del bolsillo de su mismo amo, robándole en la
+venta del fruto, dándolo a un precio y abonándoselo a otro, engañándole
+en la administración y en los arriendos, pegándosela, como usted me
+enseña, por activa y por pasiva...--Y usted dirá....
+
+Este modo dialogado era un recurso de la oratoria trampetil, del cual
+echaba mano cuando quería persuadir al auditorio. El gobernador le
+interrumpió:
+
+--Con permiso de usted lo diré yo mismo. ¿Qué cuenta le tiene a ese
+galopín prestarle a su amo los miles de duros que tan trabajosamente le
+ha cogido?
+
+--¡Me caso!...--votó el secretario--. Los miles de duros, como usted me
+enseña, no se prestan sin hipoteca, sin garantías de una _clás_ o de
+otra, y el Primitivo no ha nacido en el año de los tontos. Así queda
+seguro el capital y el amo sujeto.
+
+--Comprendo, comprendo--articuló con viveza el Gobernador. Queriendo dar
+una muestra de su penetración, añadió:--Y le conviene sacar diputado al
+señorito, para disponer de más influencia en el país y poder hacer todo
+cuanto le acomode....
+
+Trampeta miró al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa ironía
+que las personas de educación inferior muestran cuando oyen a las más
+elevadas decir una simpleza gorda.
+
+--Como usted me enseña, señor gobernador--pronunció--, no hay nada de
+eso.... Don Pedro, diputado de oposición o independiente o conforme les
+dé la gana de llamarle, servirá de tanto a los suyos como la carabina de
+Ambrosio.... Primitivo, arrimándose a un servidor de usted o al judío,
+con perdón, de Barbacana, conseguiría lo que quisiese ¿eh?, sin
+necesidad de sacar diputado al amo.... Y Primitivo, hasta que le dio la
+ventolera, siempre fue de los míos.... Zorro como él no lo hay en toda la
+provincia... Ése ha de acabar por envolvernos a Barbacana y a mí.
+
+--Y entonces Barbacana ¿por qué se ha declarado a favor del señorito?
+
+--Porque Barbacana va con los curas a donde lo lleven. Ya sabe lo que
+hace.... Usted, un suponer, está ahí hoy y se larga mañana; pero los
+curas están siempre, y lo mismo el señorío... los Limiosos, los
+Méndez....
+
+Y dando suelta al torrente de su rencor, el cacique añadió apretando los
+puños:
+
+--¡Me caso con Dios! Mientras no hundamos a Barbacana, no se hará nada en
+Cebre.
+
+--¡Corriente! Pues facilítenos usted la manera de hundirlo. Ganas no
+faltan.
+
+Trampeta se quedó un rato pensativo, y con la cuadrada uña del pulgar,
+quemada del cigarro, se rascó la perilla.
+
+--Lo que yo cavilo es ¿qué cuenta le tendrá al raposo de Primitivo esta
+diputación del amo?... Ahora se aprovecha de dos cosas: lo que le pilla
+como hipoteca y lo que le mama corriendo con los gastos electorales y
+presentándole luego, como usted me enseña, las cuentas del Gran
+Capitán.... Pero si vencen y me hacen diputado a mi señor don Pedro, y
+éste vuela para _Madrí_, y allí pide cuartos por otro lado, que sí
+pedirá, y abre el ojo para ver las picardías de su mayordomo, y no se
+vuelve a acordar de la moza ni del chiquillo..., entonces....
+
+Tornó a rascarse la perilla, suspenso y meditabundo, como el que
+persigue la solución de un problema muy intrincado. Sus agudísimas
+facultades intelectuales estaban todas en ejercicio. Pero no daba con el
+cabo de la madeja.
+
+--Al caso--insistió el gobernador--. De lo que se trata es de que no nos
+derroten vergonzosamente. El candidato es primo del ministro; hemos
+respondido de la elección.
+
+--Contra el candidato de la Junta de Orense.
+
+--¿Piensa usted que allá admiten esas distinciones? Estamos a triunfar
+contra cualquiera. No andemos con circunloquios; ¿cree usted que vamos a
+salir rabo entre piernas? ¿Sí o no?
+
+Trampeta permanecía indeciso. Al cabo levantó la faz, con el orgullo de
+un gran estratégico, seguro siempre de inventar algún ardid para burlar
+al enemigo.
+
+--Mire usted--dijo--, hasta la fecha Barbacana no ha podido acabar con este
+cura, aunque me ha jugado dos o tres buenas.... Pero a jugarlas no me
+gana él ni Dios.... Sólo que a mí no se me ocurren las mejores tretas
+hasta que tocan a romper el fuego.... Entonces ni el diablo discurre lo
+que yo discurro. Tengo aquí--y se dio una puñada en la negruzca
+frente--una cosa que rebulle, pero que aún no sale por más que hago....
+Saldrá, como usted me enseña, cuando llegue el mismísimo punto
+_resfinado_ de la ocasión....
+
+Y blandiendo el brazo derecho repetidas veces de arriba abajo, como un
+sable, añadió en voz hueca:
+
+--Fuera miedo. ¡Se gana!
+
+Mientras el secretario cabildeaba con la primera autoridad civil de la
+provincia, Barbacana daba audiencia al Arcipreste de Loiro, que había
+querido ir en persona a tomar noticias de cómo andaban los negocios por
+Cebre, y se arrellanaba en el despacho del abogado, sorbiendo, por
+_fusique_ de plata, polvos de un rapé Macuba, que acaso nadie gastaba ya
+sino él en toda Galicia, y que le traían de contrabando, con gran
+misterio y cobrándole un dineral.
+
+El Arcipreste, a quien en Santiago conocían por el apodo de _Sobres de
+Envelopes_, a causa de una candorosa pregunta en mal hora formulada en
+una tienda, había sido en otro tiempo, cuando simple abad de Anles, el
+mejor instrumento electoral conocido. Dijéronle una vez que iba perdida
+la elección que él manejaba; gritó él furioso: «¿Perder el cura de Anles
+una elección?», y, al gritar, dio el más soberano puntapié a la urna,
+que era un puchero, haciéndola volar en miles de pedazos, desparramando
+las cédulas y logrando, con tan sencillo expediente, que su candidato
+triunfase. La hazaña le valió la gran cruz de Isabel la Católica. En el
+día, obesidad, años y sordera le impedían tomar parte activa; pero
+quedábale la afición y el compás, no habiendo para él cosa tan gustosa
+como un electoral cotarro.
+
+Siempre que el arcipreste venía a Cebre, pasaba un ratito en el estanco
+y cartería, donde se charlaba de política por los codos, se leían
+papeles de Madrid, y se enmendaba la plana a todos los gobernantes y
+estadistas habidos y por haber, oyéndose a menudo frases del corte
+siguiente: «Yo, Presidente del Consejo de Ministros, arreglo eso de una
+plumada». «Yo que Prim, no me arredro por tan poco». Y aún solía
+levantarse la voz de algún tonsurado exclamando: «Pónganme a mí donde
+está el Papa, y verán cómo lo resuelvo mucho mejor en un periquete».
+
+Al salir de casa de Barbacana, encontró el arcipreste en la cartería al
+juez y al escribano, y a la puerta a don Eugenio, desatando su yegua de
+una argolla y dispuesto a montar.
+
+--Aguárdate un poco, Naya--le dijo familiarmente, dándole, según costumbre
+entre curas, el nombre de su parroquia--. Voy a ver los partes de los
+periódicos, y después nos largamos juntos.
+
+--Yo tomo hacia los Pazos.
+
+--Yo también. Di allá en la posada que me traigan aquí la mula.
+
+Cumplió don Eugenio el encargo diligentemente, y a poco ambos
+eclesiásticos, envueltos en cumplidos montecristos, atados los sombreros
+por debajo de la barba con un pañuelo para que no se los llevase el
+viento fuerte que corría, bajaban el repecho de la carretera al sosegado
+paso de sus monturas. Naturalmente hablaban de la batalla próxima, del
+candidato y de otras particularidades referentes a la elección. El
+arcipreste lo veía todo muy de color de rosa, y estaba tan cierto de
+vencer, que ya pensaba en llevar la música de Cebre a los Pazos para dar
+serenata al diputado electo. Don Eugenio, aunque animado, no se las
+prometía tan felices. El gobierno dispone de mucha fuerza, ¡qué
+diantre!, y cuando ve la cosa mal parada recurre a la coacción, haciendo
+las elecciones por medio de la Guardia Civil. Todo eso de Cortes era,
+según dicho del abad de Boán, una solemnísima farsa.
+
+--Pues por esta vez--contestaba el arcipreste, manoteando y bufando para
+desenredarse de la esclavina del montecristo, que el viento le envolvía
+alrededor de la cara--, por esta vez, les hemos de hacer tragar saliva.
+Al menos el distrito de Cebre enviará al congreso una persona decente,
+hijo del país, jefe de una casa respetable y antigua, que nos conoce
+mejor que esos pillastres venidos de fuera.
+
+--Eso es muy cierto--respondió don Eugenio, que rara vez contradecía de
+frente a sus interlocutores--; a mí me gusta, como al que más, que la
+casa de los Pazos de Ulloa represente a Cebre; y si no fuese por cosas
+que todos sabemos....
+
+El arcipreste, muy grave, sorbió el _fusique_ o cañuto. Amaba
+entrañablemente a don Pedro, a quien, como suele decirse, había visto
+nacer, y además profesaba el principio de respetar la alcurnia.
+
+--Bien, hombre, bien--gruñó--, dejémonos de murmuraciones....
+Cada uno tiene sus defectos y sus pecados, y a Dios dará cuenta
+de ellos. No hay que meterse en vidas ajenas.
+
+Don Eugenio, como si no entendiese, insistió, repitiendo cuanto acaba de
+oír en la cartería de Cebre, donde se bordaban con escandalosos
+comentarios las noticias dadas por Trampeta al gobernador de la
+provincia. Todo lo refería gritando bastante, a fin de que el punto de
+sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir
+lo más sustancial del discurso. El travieso y maleante clérigo gozaba lo
+indecible viendo al arcipreste sofocado, abotargado, con la mano en la
+oreja a guisa de embudo, o introduciendo rabiosamente el _fusique_ en
+las narices. Cebre, según don Eugenio, hervía en indignación contra don
+Pedro Moscoso; los aldeanos lo querían bien; pero en la villa, dominada
+por gentes que protegía Trampeta, se contaban horrores de los Pazos. De
+algunos días acá, justamente desde la candidatura del marqués, se había
+despertado en la población de Cebre un santo odio al pecado, una
+reprobación del concubinato y la bastardía, un sentimiento tan exquisito
+de rectitud y moralidad, que asombraba; siendo de advertir que este
+acceso de virtud se notaba únicamente en los satélites del secretario,
+gente en su mayoría de la cáscara amarga y nada edificante en su
+conducta. Al enterarse de tales cosas, el arcipreste se amorataba de
+furor.
+
+--¡Fariseos, escribas!--rebufaba--. ¡Y luego nos llamarán a nosotros
+hipócritas! ¡Miren ustedes qué recato, qué decoro y qué vergüenza les ha
+entrado a los incircuncisos de Cebre! (en boca del arcipreste,
+_incircunciso_ era tremenda injuria). Como si el que más y el que menos
+de ese atajo de tunantes no tuviese hechos méritos para ir a presidio...
+y al palo, sí señor, ¡al palo!
+
+Don Eugenio no podía contener la risa.
+
+--Hace siete años, la friolera de siete años--tartamudeó el arcipreste
+calmándose un poco, pero respirando trabajosamente a causa del mucho
+viento--, siete añitos que en los Pazos sucede... eso que tanto les
+asusta ahora.... Y maldito si se han acordado de decir esta boca es mía.
+Pero con las elecciones.... ¡Qué condenado de aire! Vamos a volar,
+muchacho.
+
+--Pues aún murmuran cosas peores--gritó el de Naya.
+
+--¿Eh? Si no se oye nada con este vendaval.
+
+--Que aún dicen cosas más serias--voceó don Eugenio, pegando su inquieta
+yegüecilla a la reverenda mula del arcipreste.
+
+--Dirán que nos van a fusilar a todos.... Lo que es a mí, ya me amenazó el
+secretario con formarme siete causas y meterme en chirona.
+
+--Qué causas ni qué.... Baje usted la cabeza.... Así.... Aunque estamos
+solos no quiero gritar mucho....
+
+Agarrado don Eugenio al montecristo de su compañero, le explicó desde
+cerca algo que las alas del nordeste se llevaron aprisa, con estridente
+y burlón silbido.
+
+--¡Caramelos!--rugió el arcipreste, sin que se le ocurriese una sola
+palabra más. Tardó aún cosa de dos minutos en recobrar la expedición de
+la lengua y en poder escupir al ventarrón, cada vez más desencadenado y
+furioso, una retahíla de injurias contra los infames calumniadores del
+partido de Trampeta. El granuja de don Eugenio le dejó desahogar, y
+luego añadió:
+
+--Aún hay más, más.
+
+--¿Y qué más puede haber? ¿Dicen también que el señorito don Pedro sale a
+robar a los caminos? ¡Canalla de incircuncisos ésos, sin más Dios ni más
+ley que su panza!
+
+--Aseguran que la noticia viene por persona de la misma casa.
+
+--¿Eeeeh? Cargue el diablo con el viento.
+
+--Que la noticia viene por persona de la misma casa de los Pazos.... ¿Ya
+me entiende usted?--Y don Eugenio guiñó el ojo.
+
+--Ya entiendo, ya.... ¡Corazones de perro, lenguas de escorpión! Una
+señorita que es la honradez en persona, de una familia tan buena, no
+despreciando a nadie..., ¡y calumniarla, y para más con un ordenado de
+misa! ¡Liberaluchos indecentes, de éstos de por aquí, que se venden tres
+al cuarto! ¡Pero cómo está el mundo, Naya, cómo está el mundo!
+
+--Pues también añaden....
+
+--¡Caramelos! ¿Acabarás hoy? ¡Qué tormenta se prepara, María Santísima!
+¡Qué viento... qué viento!
+
+--Atiéndame, que esto no lo dicen ellos, sino Barbacana. Que esa persona
+de la casa--Primitivo, vamos--nos va a hacer una perrería gorda en la
+elección.
+
+--¿Eeeh? ¿Tú _seque_ chocheas? Para, mula, a ver si oigo mejor. ¿Que
+Primitivo...?
+
+--No es seguro, no es seguro, no es seguro--vociferó el abad de Naya, que
+se divertía más que en un sainete.
+
+--¡Por vida de lo que malgasto, que esto ya pasa de raya! Hazme el favor
+de no volverme loco, ¿eh?, que para eso bastante tengo con el viento
+maldito. ¡No quiero oír, no quiero oír más!--declaró esto en ocasión que
+su montecristo se alzaba rápidamente a impulsos de una ráfaga mayor, y
+se volvía todo hacia arriba, dejando al arcipreste como suelen pintar a
+Venus en la concha. Así que logró remediar el percance, hizo trotar a su
+mula, y no se oyó en el camino más voz que la del nordeste, que allá a
+lo lejos, sacudiendo castañares y robledales, remedaba majestuosa
+sinfonía.
+
+
+
+
+-XXVI-
+
+
+Amortiguada la primera impresión, no se atrevía Julián a interrogar a
+Nucha sobre lo que había visto. Hasta recelaba ir al cuarto de la
+señorita. Algún fundamento tenía este recelo. Aunque de suyo confiado,
+creía notar el capellán que le espiaban. ¿Quién? Todo el mundo:
+Primitivo, Sabel, la vieja bruja, los criados. Como sentimos de noche,
+sin verla, la niebla húmeda que nos penetra y envuelve, así sentía
+Julián la desconfianza, la malevolencia, la sospecha, la odiosidad que
+iba espesándose en torno suyo. Era cosa indefinible, pero patente. En
+dos o tres funciones a que asistió, figurósele que los curas le hablaban
+con acento hostil, que el arcipreste le examinaba frunciendo el
+entrecejo, y que únicamente don Eugenio le manifestaba la acostumbrada
+cordialidad. Pero acaso fuesen éstas vanas cavilaciones, y quizás soñaba
+también al imaginarse que, a la mesa, don Pedro seguía continuamente la
+dirección de sus ojos y acechaba sus movimientos. Esto le fatigaba tanto
+más cuanto que un irresistible anhelo le obligaba a mirar a Nucha muy a
+menudo, reparando a hurtadillas si estaba más delgada, si comía con buen
+apetito, si se notaba _algo_ nuevo en sus muñecas. La señal, oscura el
+primer día, fue verdeando y desapareciendo.
+
+La necesidad de ver a la niña acabó por poder más que las vacilaciones
+de Julián. Arreglada ya la capilla, sólo en la habitación de su madre
+podía verla, y allí fue, no bastándole el beso robado en el corredor,
+cuando el ama lo cruzaba con la nena en brazos. Iba la criatura saliendo
+de esa edad en que los niños parecen un lío de trapos, y sin perder la
+gracia y atractivo del ser indefenso y débil, tenía el encanto de la
+personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y
+conciencia de sus actos. Ya adoptaba posturas de ángel de Murillo; ya
+cogía un objeto y acertaba a llevarlo a la cálida boca, en la
+impaciencia de la dentición retrasada; ya ejecutaba con indecible
+monería ese movimiento cautivador entre todos los de los niños pequeños,
+de tender no sólo los brazos, sino el cuerpo entero, con abandono
+absoluto, hacia la persona que les es simpática; actitud que las
+nodrizas llaman _irse con la gente_. Hacía tiempo que la pequeña
+redoblaba la risa, y su carcajada melodiosa, repentina y breve, era sólo
+comparable a gorjeo de pájaro. Ningún sonido articulado salía aún de su
+boca, pero sabía expresar divinamente, con las onomatopeyas que según
+ciertos filólogos fueron base del lenguaje primitivo, todos sus afectos
+y antojos; en su cráneo, que empezaba a solidificarse, por más que en el
+centro latiese aún la abierta mollera, se espesaba el pelo, de día en
+día más oscuro, suave aún como piel de topo; sus piececitos se
+desencorvaban, y los dedos, antes retorcidos, el pulgar vuelto hacia
+arriba, los otros botoncillos de rosa hacia abajo, se habituaban a la
+estación horizontal que exige el andar humano. Cada uno de estos grandes
+progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para
+Julián, confirmando su dedicación paternal al ser que le dispensaba el
+favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones
+del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche. ¡Qué no haría él por
+servir de algo a la nenita idolatrada! A veces el cariño le inspiraba
+ideas feroces, como agarrar un palo y moler las costillas a Primitivo;
+coger un látigo y dar el mismo trato a Sabel. Pero, ¡ay! Nadie puede
+usurpar el puesto del amo de casa, del jefe de la familia; y el jefe....
+Al capellán le pesaba en el alma la fundación de aquel hogar cristiano.
+Recta había sido la intención, y amargo el fruto. ¡Sangre del corazón
+daría él por ver a Nucha en un convento!
+
+¿Qué arbitrio adoptar ya? Julián presentía los inmensos inconvenientes
+de su intervención directa. Seguro de la teoría, firme en el terreno del
+derecho, capaz de resistir pasivamente hasta morir, faltábale la
+vigorosa palanca de los actos humanos, la iniciativa. En aquella casa es
+indudable que andaban muchas cosas desquiciadas, otras torcidas y fuera
+de camino; el capellán asistía al drama, temía un desenlace trágico,
+sobre todo desde la famosa señal en las muñecas, que no le salía de la
+acalorada imaginación; mostrábase taciturno; su color sonrosado se
+trocaba en amarillez de cera; rezaba más aún que de costumbre; ayunaba;
+decía la misa con el alma elevada, como la diría en tiempos de martirio;
+deseaba ofrecer la existencia por el bienestar de la señorita; pero, a
+no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no
+podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida--aunque
+ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don
+Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija--.
+Siempre encontraba pretextos para aplazar toda acción, tan socorridos
+como éste, verbigracia:
+
+--Dejemos que pasen las elecciones.
+
+Las elecciones le infundían esperanzas de que, si el señorito, elegido
+diputado, salía de la huronera, de entre la gente inicua que lo prendía
+en sus redes, era posible que Dios le tocase en el corazón y mudase de
+conducta.
+
+Una cosa preocupaba mucho al buen capellán: ¿el señorito se iría solo a
+Madrid, o llevaría a su mujer y a la pequeña? Julián ponía a Dios por
+testigo de que deseaba esto último, si bien al pensar qué podía suceder
+le entraba una hipocondría mortal. La idea de no ver más a nené durante
+meses o años, de no tenerla en las rodillas montada a _caballito_, de
+quedarse allí, frente a frente con Sabel, como en oscuro pozo habitado
+por una sabandija, le era intolerable. Duro le parecía que se marchase
+la señorita, pero lo de la niña..., lo de la niña...
+
+«Si me la dejasen--pensaba--la cuidaría yo perfectamente».
+
+Acercábase la batalla decisiva. Los Pazos eran un jubileo, un ir y venir
+de adictos y correveidiles, un entrar y salir de mensajes, de órdenes y
+contraórdenes, que le daban semejanza con un cuartel general. Siempre
+había en las cuadras caballos o mulas forasteras, masticando abundante
+pienso, y en los anchos salones se oía crujir incesante de botas altas,
+pisadas de fuertes zapatos, cuando no pateo de zuecos. Julián se
+tropezaba con curas sofocados, respirando bélico ardor, que le hablaban
+de _los trabajos_, pasmándose de ver que no tomaba parte en nada.... ¡En
+tan solemne y crítica ocasión, el capellán de los Pazos no tenía derecho
+a dormir ni a comer!
+
+Seguía reparando que algunos abades se mostraban con él así como airados
+o resentidos, en especial el arcipreste, el más encariñado con la casa
+de Ulloa; pues mientras el cura de Boán y aun el de Naya atendían sobre
+todo al triunfo político, el arcipreste miraba principalmente al
+esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos.
+
+Todo anunciaba que el señor de los Pazos se llevaría el gato al agua, a
+pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno. Se
+contaban los votos, se hacía un censo, se sabía que la superioridad
+numérica era tal, que las mayores diabluras de Trampeta no la echarían
+abajo. No disponía el gobierno en el distrito sino de lo que,
+pomposamente hablando, puede llamarse el elemento oficial. Si es verdad
+que éste influye mucho en Galicia, merced al carácter sumiso de los
+labriegos, allí en Cebre no podía contrapesar la acción de curas y
+señoritos reunidos en torno del formidable cacique Barbacana. El
+arcipreste resoplaba de gozo. ¡Cosa rara! Barbacana mismo era el único
+que no se las contaba felices. Preocupado y de peor humor a cada
+instante, torcía el gesto cuando algún cura entraba en su despacho
+frotándose las manos de gusto, a noticiarle adhesiones, caza de votos.
+
+¡Qué elecciones aquéllas, Dios eterno! ¡Qué lid reñidísima, qué disputar
+el terreno pulgada a pulgada, empleando todo género de zancadillas y
+ardides! Trampeta parecía haberse convertido en media docena de hombres
+para trampetear a la vez en media docena de sitios. Trueques de
+papeletas, retrasos y adelantos de hora, falsificaciones, amenazas,
+palos, no fueron arbitrios peculiares de esta elección, por haberse
+ensayado en otras muchas; pero uniéronse a las estratagemas usuales
+algunos rasgos de ingenio sutil, enteramente inéditos. En un colegio,
+las capas de los electores del marqués se rociaron de aguarrás y se les
+prendió fuego disimuladamente por medio de un fósforo, con que los
+infelices salieron dando alaridos, y no aparecieron más. En otro se
+colocó la mesa electoral en un descanso de escalera; los votantes no
+podían subir sino de uno en uno, y doce paniaguados de Trampeta,
+haciendo fila, tuvieron interceptado el sitio durante toda la mañana,
+moliendo muy a su sabor a puñadas y coces a quien intentaba el asalto.
+Picardía discreta y mañosa fue la practicada en Cebre mismo.
+
+Acudían allí los curas acompañando y animando al rebaño de electores, a
+fin de que no se dejasen dominar por el pánico en el momento de
+depositar el voto. Para evitar que «se la jugasen», don Eugenio,
+valiéndose del derecho de intervención, sentó en la mesa a un labriego
+de los más adictos suyos, con orden terminante de no separar la vista un
+minuto de la urna. «¿Tú entendiste, Roque? No me apartas los ojos de
+ella, así se hunda el mundo». Instalóse el payo, apoyando los codos en
+la mesa y las manos en los carrillos, contemplando de hito en hito la
+misteriosa olla, tan fijamente como si intentase alguna experiencia de
+hipnotismo. Apenas alentaba, ni se movía más que si fuese hecho de
+piedra. Trampeta en persona, que daba sus vueltas por allí, llegó a
+impacientarse viendo al inmóvil testigo, pues ya otra olla rellena de
+papeletas, cubiertas a gusto del alcalde y del secretario de la mesa, se
+escondía debajo de ésta, aguardando ocasión propicia de sustituir a la
+verdadera urna. Destacó, pues, un seide encargado de seducir al
+vigilante, convidándole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo
+género de insinuaciones halagüeñas. Tiempo perdido: el centinela ni
+siquiera miraba de reojo para ver a su interlocutor: su cabeza redonda,
+peluda, sus salientes mandíbulas, sus ojos que no pestañeaban, parecían
+imagen de la misma obstinación. Y era preciso sacarle de allí, porque se
+acercaba la hora sacramental, las cuatro, y había que ejecutar el
+escamoteo de la olla. Trampeta se agitó, hizo a sus adláteres preguntas
+referentes a la biografía del vigilante, y averiguó que tenía un pleito
+de tercería en la Audiencia, por el cual le habían embargado los bueyes
+y los frutos. Acercóse a la mesa disimuladamente, púsole una mano en el
+hombro, y gritó: «¡Fulano... ganaste el pleito!». Saltó el labriego,
+electrizado. «¡Qué me dices, hombre!». «Se falló en la Audiencia ayer».
+«Tú loqueas». «Lo que oyes». En este intervalo el secretario de la mesa
+verificaba el trueque de pucheros: ni visto ni oído. El alcalde se
+levantó con solemnidad. «¡Señores... se va a proceder al _discutinio_!».
+Entra la gente en tropel: comienza la lectura de papeletas; míranse los
+curas atónitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece «¿Tú te
+moviste de ahí?», pregunta el abad de Naya al centinela. «No, señor»,
+responde éste con tal acento de sinceridad, que no consentía sospecha.
+«Aquí alguien nos vende», articula el abad de Ulloa en voz bronca,
+mirando desconfiadamente a don Eugenio. Trampeta, con las manos en los
+bolsillos, ríe a socapa.
+
+Tales amaños mermaron de un modo notable la votación del marqués de
+Ulloa, dejando cincunscrita la lucha, en el último momento, a disputarse
+un corto número de votos, del cual dependía la victoria. Y llegado el
+instante crítico, cuando los ulloístas se juzgaban ya dueños del campo,
+inclinaron la balanza del lado del gobierno defecciones completamente
+impensadas, por no decir abominables traiciones, de personas con quienes
+se contaba en absoluto, habiendo respondido de ellas la misma casa de
+los Pazos, por boca de su mayordomo. Golpe tan repentino y alevoso no
+pudo prevenirse ni evitarse. Primitivo, desmintiendo su acostumbrada
+impasibilidad, dio rienda a una cólera furiosa, desatándose en amenazas
+absurdas contra los tránsfugas.
+
+Quien se mostró estoico fue Barbacana. La tarde que se supo la pérdida
+definitiva de la elección, el abogado estaba en su despacho, rodeado de
+tres o cuatro personas. Ahogándose como ballena encallada en una playa y
+a quien el mar deja en seco, entró el arcipreste, morado de despecho y
+furor. Desplomóse en un sillón de cuero; echó ambas manos a la garganta,
+arrancó el alzacuello, los botones de camisa y almilla; y trémulo, con
+los espejuelos torcidos y el _fusique_ oprimido en el crispado puño
+izquierdo, se enjugó el sudor con un pañuelo de hierbas. La serenidad
+del cacique le sacó de tino.
+
+--¡Me pasmo, caramelos! ¡Me pasmo de verle con esa flema! ¿O no sabe lo
+que pasa?
+
+--Yo no me apuro por cosas que están previstas. En materia de elecciones
+no se me coge a mí de susto.
+
+--¿Usted se esperaba lo que ocurre?
+
+--Como si lo viera. Aquí está el abad de Naya, que puede responder de que
+se lo profeticé. No atestiguo con muertos.
+
+--Verdad es--corroboró don Eugenio, harto compungido.
+
+--¿Y entonces, santo de Dios, a qué tenernos embromados?
+
+--No les íbamos a dejar el distrito por suyo sin disputárselo siquiera.
+¿Les gustaría a ustedes? Legalmente, el triunfo es nuestro.
+
+--Legalmente.... ¡Toma, caramelos! ¡Legalmente sí, pero vénganos con
+legalidades! ¡Y esos Judas condenados que nos faltaron cuando
+precisamente pendía de ellos la cosa! ¡El herrero de Gondás, los dos
+Ponlles, el albéitar...!
+
+--Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste: ésa es gente
+mandada, que acata una consigna. El Judas es otro.
+
+--¿Eeeeh? Ya entiendo, ya.... ¡Hombre, si es cierta esa maldad--que no
+puedo convencerme, que se me atraganta--, aún sería poco para el traidor
+el castigo de Judas! Pero usted, santo, ¿por qué no le atajó? ¿Por qué
+no avisó? ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo? Si el señor
+marqués de Ulloa supiese que tenía en casa al traidor, con atarlo al pie
+de la cama y cruzarlo a latigazos.... ¡Su propio mayordomo! No sé cómo
+pudo usted estarse así con esa flema.
+
+--Se dice luego; pero mire usted: cuando la elección estriba en una
+persona, y no cabe cerciorarse de si está de buena o mala fe, de poco
+sirve revelar sospechas.... Hay que aguardar el golpe atado de pies y
+manos..., son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe
+callar y _guardarlas_....
+
+Al pronunciar la palabra _guardarlas_, el cacique se daba una puñada en
+el pecho, cuya concavidad retumbó sordamente, lo mismo que debía
+retumbar la de san Jerónimo cuando el santo la hería con el famoso
+pedrusco.
+
+Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jerónimos de escuela
+española, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y
+enmarañada barba y el sombrío fuego de las pupilas negras.
+
+--De aquí no salen--añadió con torvo acento--, y aquí no pierden el tiempo,
+que todavía nadie se la hizo a Barbacana sin que algún día se la pagase.
+Y respecto del Judas, ¿cómo quería usted que lo pudiésemos
+desenmascarar, si ahora, lo mismo que en tiempo de la pasión de Nuestro
+Señor Jesucristo, tenía la bolsa en la mano? A ver, señor arcipreste,
+¿quién nos ha facilitado las municiones para esta batalla?
+
+--¿Que quién las ha facilitado? En realidad de verdad, la casa de Ulloa.
+
+--¿Las tenía disponibles? ¿Sí o no? Ahí está el toque. Como esas casas no
+son más que vanidad y vanidad, por no confesar que le faltaban los
+cuartos y no pedirlos a una persona de conocida honradez, pongo por
+ejemplo, un servidor, va y los recibe de un pillastre, de una
+sanguijuela que le está chupando cuanto posee.
+
+--Buenas cosas van a decir de nosotros los badulaques de la Junta de
+Orense. Que somos unos estafermos y que no servimos para nada. ¡Perder
+una elección! Es la primera vez de mi vida.
+
+--No. Que escogimos un candidato muy simple. Hablando en plata, eso es lo
+que dirá la Junta de Orense.
+
+--Poco a poco--exclamó el arcipreste dispuesto a romper lanzas por su caro
+señorito--. No estamos conformes....
+
+Aquí llegaban de su plática, y el auditorio, que se componía, además del
+abad de Naya, del de Boán y del señorito de Limioso, guardaba el
+silencio de la humillación y la derrota. De repente un espantoso
+estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden
+desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia. Sartenes rascadas con
+tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como címbalos;
+cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un
+molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que tañían broncas
+campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y
+arrastradas por el suelo; trébedes repicados con varillas de hierro, y,
+por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda
+vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que
+comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago. Realmente
+acababan los bienaventurados músicos de agotar una redonda corambre, que
+en la Casa Consistorial les había brindado la munificencia del
+secretario. Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos
+refinamientos, y no sabían pedir del _vino que hierve y hace espuma_,
+como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del
+Borde. Al través de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el
+sonido de los hórridos instrumentos y descompasada gritería, vaho
+vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo más que del
+triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro
+congestionado revelaba inquietud. El cura de Boán fruncía el cano
+entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El señorito
+de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproximó a la ventana, alzó un
+visillo y miró.
+
+La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el
+aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean;
+súbitamente, de entre el alboroto grotesco se destacó un clamor que en
+España siempre tiene mucho de trágico: un _muera_.
+
+--¡Muera el Terso!
+
+Un enjambre de _mueras_ y _vivas_ salió tras el primero.
+
+--¡Mueran los curas!
+
+--¡Muera la tiranía!
+
+--¡Viva Cebre y nuestro diputado!
+
+--¡Viva la Soberanía Nacional!
+
+--¡Muera el marqués de Ulloa!
+
+Más enérgico, más intencionado, más claro que los restantes, brotó este
+grito:
+
+--¡Muera el ladrón _faucioso_ Barbacana!
+
+Y el vocerío, unánime, repitió:
+
+--¡Mueraaaa!
+
+Instantáneamente apareció junto a la mesa del abogado un hombre de
+siniestra catadura, hasta entonces oculto en un rincón. No vestía como
+los labriegos, sino como persona de baja condición en la ciudad:
+chaqueta de paño negro, faja roja y hongo gris; patillas cortas, de boca
+de hacha, redoblaban la dureza de su fisonomía, abultada de pómulos y
+ancha de sienes. Uno de sus hundidos ojuelos verdes relucía felinamente;
+el otro, inmóvil y cubierto con gruesa nube blanca, semejaba hecho de
+cristal cuajado.
+
+Abriendo Barbacana el cajón de su pupitre, sacaba de él dos enormes
+pistolas de arzón, prehistóricas sin duda, y las reconocía para
+cerciorarse de que estaban cargadas. Mirando al aparecido fijamente,
+pareció ofrecérselas con leve enarcamiento de cejas. Por toda respuesta,
+el Tuerto de Castrodorna hizo asomar al borde de su faja el extremo de
+una navaja de cachas amarillas, que volvió a ocultar al punto. El
+arcipreste, que había perdido los bríos con la obesidad y los años,
+sobresaltóse mucho.
+
+--Déjese de calaveradas, mi amigo. Por si acaso, me parece oportuno salir
+por la puerta de atrás. ¿Eh? No es cosa de aguardar a que esos
+incircuncisos vengan aquí a darle a uno tósigo.
+
+Mas ya el cura de Boán y el señorito de Limioso, unidos al Tuerto,
+formaban un grupo lleno de decisión. El señorito de Limioso, no
+desmintiendo su vieja sangre hidalga, aguardaba sosegadamente, sin
+fanfarronería alguna, pero con impávido corazón; el abad de Boán, nacido
+con más vocación de guerrillero que de misacantano, apretaba con júbilo
+la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado
+de gozo; el Tuerto, encogido y crispado como un tigre, se situaba detrás
+de la puerta a fin de destripar a mansalva al primero que entrase.
+
+--No tenga miedo, señor arcipreste...--murmuró gravemente Barbacana--.
+Perro que ladra no muerde. Ni a romperme un vidrio se atreverán esos
+bocalanes. Pero conviene estar dispuesto, por si acaso, a enseñarles los
+dientes.
+
+Resonaban nutridos y feroces los _mueras_; mas en efecto, ni una piedra
+sola venía a herir los cristales. El señorito de Limioso se acercó otra
+vez, levantó el visillo y llamó a don Eugenio.
+
+--Mire, Naya, mire para aquí.... Buena gana tienen de subir ni de tirar
+piedras.... Están bailando.
+
+Don Eugenio se llegó a la vidriera y soltó la carcajada. Entre la
+patulea de beodos, dos seides de Trampeta, carcelero el uno, el otro
+alguacil, trataban de calentar a algunos de los que chillaban más
+fuerte, para que atacasen la morada del abogado; señalaban a la puerta,
+indicaban con ademanes elocuentes lo fácil que sería echarla abajo y
+entrar. Pero los borrachos, que no por estarlo perdían la cautelosa
+prudencia, el saludable temor que inspira el cacique al labriego, se
+hacían los desentendidos, limitándose a berrear, a herir cazos y
+sartenes con más furia. Y en el centro del corro, al compás de los
+almireces y cacerolas, brincaban como locos los más tomados de la
+bebida, los verdaderos pellejos.
+
+--Señores--dijo en grave y enronquecida voz Ramón Limioso--: Es siquiera
+una mala vergüenza que esos pillos nos tengan aquí sitiados.... Me dan
+ganas de salir y pegarles una corrida, que no paren hasta el
+Ayuntamiento.
+
+--Hombre--gruñó el abad de Boán--, usted poco habla, pero bueno. Vamos a
+meterles miedo, ¡_quoniam_! Estornudando solamente, espanto yo media
+docena de esos pellejones.
+
+No pronunció el Tuerto palabra; únicamente su ojo verdoso se encendió
+con fosfórica luz, y miró a Barbacana, como pidiéndole permiso de tomar
+parte en la empresa. Barbacana hizo con la cabeza señal afirmativa, pero
+le indicó al mismo tiempo que guardase la navaja.
+
+--Tiene razón--exclamó el hidalgo de Limioso, enderezando la cabeza y
+dilatando las ventanillas de la nariz con altanera expresión, muy
+desusada en su lánguida y triste faz--. A esa gente, a palos y latigazos
+se les sacude el polvo. No ensuciar un arma que uno usa para el monte,
+para las perdices y las liebres, que valen más que ellos (fuera el
+alma).
+
+Y al decir _fuera el alma_, persignóse el señorito.
+
+--Tengan miramiento, hombre, tengan miramiento...--murmuraba el arcipreste
+difícilmente, extendiendo las manos como para calmar los ánimos
+irritados. (¡Cuán lejos estaban los tiempos belicosos en que aseguraba
+una elección a puntapiés!)
+
+Barbacana no se opuso a la hazaña; al contrario, pasó a otra estancia y
+volvió con un haz de junquillos, palos y bastones. El cura de Boán no
+quiso más garrote que el suyo, que era formidable; Ramón Limioso, fiel a
+su desdén de la grey villana, asió el látigo más delgado, un latiguillo
+de montar. El Tuerto empuñó una especie de tralla, que, manejada por
+diestra vigorosa, debía ser de terrible efecto.
+
+Bajaron cautelosamente la escalera, cuidando de no zapatear, previsión
+que el endiablado estrépito de la cencerrada hacía de todo punto ociosa.
+Tenía la puerta su tranca y los cerrojos corridos, medida de precaución
+adoptada por la cocinera del abogado así que oyó estruendo de motín. El
+abad de Boán los descorrió impetuosamente, el Tuerto sacó la tranca,
+giró la llave en la cerradura, y clérigos y seglares se lanzaron contra
+la canalla sin avisar ni dar voces, con los dientes apretados,
+chispeantes los ojos, blandiendo látigos y esgrimiendo garrotes.
+
+No habrían transcurrido cinco minutos cuando Barbacana, que por detrás
+de los visillos registraba el teatro del combate, sonrió
+silenciosamente, o más bien regañó los labios, descubriendo la amarilla
+dentadura, y apretó con nerviosa violencia la barandilla de la ventana.
+En todas direcciones huían los despavoridos borrachos, chillando como si
+los cargase un regimiento de caballería a galope: algunos tropezaban y
+caían de bruces, y la tralla del Tuerto se les enroscaba alrededor de
+los lomos, arrancándoles alaridos de dolor. Fustigaba el hidalgo de
+Limioso con menos crueldad, pero con soberano desprecio, como se
+fustigaría a una piara de marranos. El cura de Boán sacudía estacazo
+limpio, con regularidad y energía infatigables. El de Naya, incapaz de
+mantenerse dentro de los límites de su papel justiciero, insultaba, reía
+y vapuleaba a un mismo tiempo a los beodos.
+
+--¡Anda, tinaja, cuba, mosquito! ¡Toma, toma, para que vuelvas otra vez,
+pellejo, odre! ¡Ve a dormir la mona, cuero! ¡A la taberna con tus
+huesos, _larpán_, tonel de mosto! ¡A la cárcel, borrachos, a vomitar lo
+que tenéis en esas tripas!
+
+Limpia estaba la calle; más limpia ya que una patena: silencio profundo
+había sustituido al vocerío, a los _mueras_ y a la cencerrada feroz. Por
+el suelo quedaban esparcidos despojos de la batalla: cazos, almireces,
+cuernos de buey. En la escalera se oía el ruido de los vencedores, que
+subían celebrando el fácil triunfo. Delante de todos entró don Eugenio,
+que se echó en una butaca partiéndose a carcajadas y palmoteando. El
+cura de Boán le seguía limpiándose el sudor. Ramón Limioso, serio y aún
+melancólico, se limitó a entregar a Barbacana el latiguillo, sin
+despegar los labios.
+
+--¡Van... buenos!--tartamudeó el abad de Naya reventando de risa.
+
+--Yo _mallé_ en ellos... ¡como quien _malla_ en centeno!--exclamó
+respirando con placer el de Boán.
+
+--Pues yo--explicó el hidalgo--, si supiese que habían de ser tan cobardes
+y echar a correr sin volvérsenos siquiera, a fe que no me tomo el
+trabajo de salir.
+
+--No se fíen--observó el arcipreste--. Ahora en el Ayuntamiento los
+avergüenza Trampeta, y capaz es de venir acá en persona con los
+incircuncisos a darle un susto al señor Licenciado (así llamaban a
+Barbacana familiarmente sus amigos). Por si acaso, es prudente que estos
+señores pasen aquí la noche. Yo tengo que misar mañana en Loiro, y mi
+hermana estará muerta de miedo..., que si no....
+
+--Nada de eso--replicó perentoriamente Barbacana--. Estos señores se
+vuelven cada uno a su casa. No hay cuidado ninguno. A mí... me basta con
+este mozo--añadió señalando al Tuerto, agazapado otra vez en su rincón.
+
+No fue posible reducir al cacique a que aceptase la guardia de honor que
+le ofrecían. Por otra parte, no se notaba síntoma alguno de que hubiese
+de alterarse el orden nuevamente. Ni se oían a lo lejos vociferaciones
+de electores victoriosos. El soñoliento silencio de los pueblecillos
+pequeños y sin vida pesaba sobre la villa de Cebre. Tres héroes de la
+gran batida, y el arcipreste con ellos, salieron a caballo hacia la
+montaña. No iban cabizbajos, a fuer de muñidores electorales derrotados,
+sino llenos de regocijo, con gran cháchara y broma, celebrando a más y
+mejor la somanta administrada a los borrachines cencerreadores. Don
+Eugenio estaba inspirado, oportuno, bullanguero, ocurrentísimo en una
+palabra; había que oírle remedar los aullidos y la caída de los ebrios
+en el lodo de la calle, y el gesto que ponía el cura de Boán al _majar_
+en ellos.
+
+Barbacana se quedó solo con el Tuerto. Si alguno de los molidos músicos
+de la cencerrada se atreviese a asomar la cabeza y mirar hacia las
+ventanas del cacique, vería que, por fanfarronada o por descuido, no
+estaban cerradas las maderas, y podría distinguir, al través de los
+visillos y destacándose sobre el fondo de la habitación alumbrada por el
+quinqué, las cabezas del abogado y de su feroz defensor y seide. Sin
+duda hablaban de algo importante, porque la plática fue larga. Una hora
+o algo más corrió desde que encendieron la luz hasta que las maderas se
+cerraron, quedando la casa silenciosa, torva y sombría como quien oculta
+algún negro secreto.
+
+
+
+
+-XXVII-
+
+
+La persona en quien se notó mayor sentimiento por la pérdida de las
+elecciones fue Nucha. Desde la derrota, se desmejoró más de lo que
+estaba, y creció su abatimiento físico y moral. Apenas salía de su
+habitación donde vivía esclava de su niña, cosida a ella día y noche. En
+la mesa, mientras comía poco y sin gana, guardaba silencio, y a veces
+Julián, que no apartaba los ojos de la señorita, la veía mover los
+labios, cosa frecuente en las personas poseídas de una idea fija, que
+hablan para sí, sin emitir la voz. Don Pedro, como nunca huraño, no se
+tomaba el trabajo de intentar un asomo de conversación. Mascaba firme,
+bebía seco, y tenía los ojos fijos en el plato, cuando no en las vigas
+del techo; jamás en sus comensales.
+
+Tan deshecha y acabada le parecía al capellán la señorita, que un día se
+atrevió, venciendo recelos inexplicables, a llamar aparte a don Pedro,
+preguntándole en voz entrecortada si no sería bueno avisar al señor de
+Juncal, para que viese....
+
+--¿Está usted loco?--respondió don Pedro, fulminándole una mirada
+despreciativa--. ¿Llamar a Juncal..., después de lo que trabajó contra mí
+en las elecciones? Máximo Juncal no atravesará más las puertas de esta
+casa.
+
+No replicó el capellán, pero pocos días después, volviendo de Naya, se
+tropezó con el médico. Éste detuvo su caballejo, y, sin apearse,
+contestó a las preguntas de Julián.
+
+--«Puede ser grave...». Quedó muy débil del parto, y necesitaba cuidados
+exquisitos.... Las mujeres nerviosas sanan del cuerpo cuando se les
+tranquiliza y se les distrae el espíritu.... Mire, Julián, tendríamos que
+hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz
+señorita, y de esos Pazos.... Punto en boca.... Bonito diputado querían
+ustedes enviar a las Cortes.... Más valdría que sus padres lo hubiesen
+mandado a la escuela....
+
+Puede ser grave.... Esto principalmente se estampó en el pensamiento de
+Julián. Sí que podía ser grave: ¿Y de qué medios disponía él para
+conjurar la enfermedad y la muerte? De ninguno. Envidió a los médicos.
+Él sólo tenía facultades para curar el espíritu: ni aun ésas le servían,
+pues Nucha no se confesaba con él; y hasta la idea de que se confesase,
+de ver desnuda un alma tan hermosa, le turbaba y confundía.
+
+Muchas veces había pensado en semejante probabilidad: cualquier día era
+fácil que Nucha, por necesidad de desahogo y de consuelo, viniese a
+echársele a los pies en el tribunal de la penitencia y a demandarle
+consejos, fuerza, resignación. «¿Y quién soy yo--se decía Julián--para
+guiar a una persona como la señorita Marcelina? Ni tengo edad, ni
+experiencia, ni sabiduría suficiente; y lo peor es que también me falta
+virtud, porque yo debía aceptar gustoso todos los padecimientos de la
+señorita, creer que Dios se los envía para probarla, para acrecentar sus
+méritos, para darle mayor cantidad de gloria en el otro mundo... y soy
+tan malo, tan carnal, tan ciego, tan inepto, que me paso la vida dudando
+de la bondad divina porque veo a esta pobre señora entre adversidades y
+tribulaciones pasajeras.... Pues no ha de ser así--resolvía el capellán
+con esfuerzo--. He de abrir los ojos, que para eso tengo la luz de la fe,
+negada a los incrédulos, a los impíos, a los que están en pecado mortal.
+Si la señorita me viene a pedir que le ayude a llevar la cruz,
+enseñémosle a que la abrace amorosamente. Es necesario que comprenda
+ella, y yo también, lo que significa esa cruz. Con ella se va a la
+felicidad única y verdadera. Por muy dichosa que fuese la señorita aquí
+en el mundo, vamos a ver, ¿cuánto tiempo y de qué manera podría serlo?
+Aunque su marido la... estimase como merece, y la pusiese sobre las
+niñas de sus ojos, ¿se libraría por eso de contrariedades, enfermedades,
+vejez y muerte? Y cuando llega la hora de la muerte, ¿qué importa ni de
+qué sirve haber pasado un poco más alegre y tranquila esta vidilla
+perecedera y despreciable?».
+
+Tenía Julián a la mano siempre un ejemplar de la _Imitación de Cristo_;
+era la modesta edición de la Librería religiosa, y castiza y admirable
+traducción del P. Nieremberg. Al frente de la portada había un grabado,
+bien ínfimo como obra de arte, que proporcionaba al capellán mucho
+alivio cada vez que fijaba sus ojos en él. Representaba una colina, el
+Calvario; y por el estrecho sendero que conducía al lugar del suplicio,
+iba subiendo lentamente Jesús, con la cruz a cuestas, y el rostro vuelto
+hacia un fraile que allá en lontananza se echaba otra cruz al hombro.
+Aunque malo el dibujo y peor el desempeño, respiraba aquel grabado una
+especie de resignación melancólica, adecuada a la situación moral del
+presbítero. Y después de haberlo contemplado despacio, parecíale sentir
+en los hombros una pesadumbre abrumadora y dulcísima a la vez, y una
+calma honda, como si se encontrase--calculaba él para sí--sepultado en el
+fondo del mar, y el agua le rodease por todas partes, sin ahogarle.
+Entonces leía párrafos del libro de oro, que se le entraban en el alma a
+manera de hierro enrojecido en la carne:
+
+«¿Por qué temes, pues, tomar la cruz, por la cual se va al reino? En la
+cruz está la salud, en la cruz está la vida, en la cruz está la defensa
+de los enemigos, en la cruz está la infusión de la suavidad soberana, en
+la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz está el gozo del
+espíritu, en la cruz está la suma virtud, en la cruz está la perfección
+de la santidad.... Toma pues tu cruz, y sigue a Jesús.... Mira que todo
+consiste en la cruz, y todo está en morir; y no hay otro camino para la
+vida y para la verdadera paz que el de la santa cruz y continua
+mortificación.... Dispón y ordena todas las cosas según tu querer, y no
+hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza; y así
+siempre hallarás la cruz, porque o sentirás dolor en el cuerpo, o
+padecerás tribulación en el espíritu.... Cuando llegares al punto de que
+la aflicción te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa entonces
+que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra...».
+
+--¡Cuándo llegaré yo a este estado de bienaventuranza, Señor!--murmuraba
+Julián poniendo una señal en el libro--. Había oído algunas veces que
+Dios concede lo que se le pide mentalmente en el acto de consagrar la
+hostia, y con muchas veras le pedía llegar al punto de que su cruz....
+No, la de la pobre señorita, le fuese dulce y gustosa, como decía
+Kempis....
+
+A la misa en la capilla remozada asistía siempre Nucha, oyéndola toda de
+rodillas, y retirándose cuando Julián daba gracias. Sin volverse ni
+distraerse en la oración, Julián conocía el instante en que se levantaba
+la señorita y el ruido imperceptible de sus pisadas sobre el entarimado
+nuevo. Cierta mañana no lo oyó. Este hecho tan sencillo le privó de
+rezar con sosiego. Al alzarse, vio a Nucha también en pie, el índice
+sobre los labios. Perucho, que ayudaba a misa con desembarazo notable,
+se dedicaba a apagar los cirios, valiéndose de una luenga caña. La
+mirada de la señorita decía elocuentemente:
+
+«Que se vaya ese niño».
+
+El capellán ordenó al acólito que despejase.
+
+Tardó éste algo en obedecer, deteniéndose en doblar la toalla del
+lavatorio. Al fin se fue, no muy de su grado. Llenaba la capilla olor de
+flores y barniz fresco; por las ventanas entraba una luz caliente, que
+cernían visillos de tafetán carmesí; y las carnes de los santos del
+altar adquirían apariencia de vida, y la palidez de Nucha se sonroseaba
+artificialmente.
+
+--¿Julián?--preguntó con imperioso acento, extraño en ella.
+
+--Señorita...--respondió él en voz baja, por respeto al lugar sagrado.
+Tembláronle los labios y las manos se le enfriaron, pues creyó llegado
+el terrible momento de la confesión.
+
+--Tenemos que hablar. Y ha de ser aquí, por fuerza. En otras partes no
+falta quien aceche.
+
+--Es verdad que no falta.
+
+--¿Hará usted lo que le pida?
+
+--Ya sabe que....
+
+--¿Sea lo que sea?
+
+--Yo....
+
+Su turbación crecía: el corazón le latía con sordo ruido. Se recostó en
+el altar.
+
+--Es preciso--declaró Nucha sin apartar de él sus ojos, más que vagos,
+extraviados ya--que me ayude usted a salir de aquí. De esta casa.
+
+--A.... A... salir...--tartamudeó Julián, aturdido.
+
+--Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para
+conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con
+llave. Me apartarán de la pequeña. La matarán. Sé de fijo que la
+matarán.
+
+El tono, la expresión, la actitud, eran de quien no posee la plenitud de
+sus facultades mentales; de mujer impulsada por excitación nerviosa que
+raya en desvarío.
+
+--Señorita...--articuló el capellán, no menos alterado--, no esté de pie,
+no esté de pie.... Siéntese en este banquito.... Hablemos con
+tranquilidad.... Ya conozco que tiene disgustos, señorita.... Se necesita
+paciencia, prudencia.... Cálmese....
+
+Nucha se dejó caer en el banco. Respiraba fatigosamente, como persona en
+quien se cumplen mal las funciones pulmonares. Sus orejas, blanquecinas
+y despegadas del cráneo, transparentaban la luz. Habiendo tomado
+aliento, habló con cierto reposo.
+
+--¡Paciencia y prudencia! Tengo cuanta cabe en una mujer. Aquí no viene
+al caso disimular: ya sabe usted cuándo empezó a clavárseme la espina;
+desde aquel día me propuse averiguar la verdad, y no me costó... gran
+trabajo. Digo, sí; me costó un... un combate.... En fin, eso es lo que
+menos importa. Por mí no pensaría en irme, pues no estoy buena y se me
+figura que... duraré poco..., pero..., ¿y la niña?
+
+--La niña....
+
+--La van a matar, Julián, esas... gentes. ¿No ve usted que les estorba?
+¿Pero no lo ve usted?
+
+--Por Dios le pido que se sosiegue.... Hablemos con calma, con juicio....
+
+--¡Estoy harta de tener calma!--exclamó con enfado Nucha, como el que oye
+una gran simpleza--. He rogado, he rogado.... He agotado todos los
+medios.... No aguardo, no puedo aguardar más. Esperé a que se acabasen
+las elecciones dichosas, porque creía que saldríamos de aquí y entonces
+se me pasaría el miedo.... Yo tengo miedo en esta casa, ya lo sabe usted,
+Julián; miedo horrible.... Sobre todo de noche.
+
+A la luz del sol, que tamizaban los visillos carmesíes, Julián vio las
+pupilas dilatadas de la señorita, sus entreabiertos labios, sus
+enarcadas cejas, la expresión de mortal terror pintada en su rostro.
+
+--Tengo mucho miedo--repitió estremeciéndose.
+
+Renegaba Julián de su sosera. ¡Cuánto daría por ser elocuente! Y no se
+le ocurría nada, nada. Los consuelos místicos que tenía preparados y
+atesorados, la teoría de abrazarse a la cruz..., todo se le había
+borrado ante aquel dolor voluntarioso, palpitante y desbordado.
+
+--Ya desde que llegué... esta casa tan grande y tan antigua...--prosiguió
+Nucha--me dio frío en la espalda.... Sólo que ahora... no son tonterías de
+chiquilla mimada, no.... Me van a matar a la pequeña.... ¡Usted lo verá!
+Así que la dejo con el ama, estoy en brasas.... Acabemos pronto.... Esto
+se va a resolver ahora mismo. Acudo a usted, porque no puedo confiarme a
+nadie más.... Usted quiere a mi niña.
+
+--Lo que es quererla...--balbució Julián, casi afónico de puro
+enternecido.
+
+--Estoy sola, sola...--repitió Nucha pasándose la mano por las mejillas.
+Su voz sonaba como entrecortada por lágrimas que contenía--. Pensé en
+confesarme con usted, pero... buena confesión te dé Dios.... No
+obedecería si usted me mandase quedarme aquí.... Ya sé que es mi
+obligación: la mujer no debe apartarse del marido. Mi resolución, cuando
+me casé, era....
+
+Detúvose de pronto, y careándose con Julián, le preguntó:
+
+--¿No le parece a usted como a mí que este casamiento tenía que salir
+mal? Mi hermana Rita ya era casi novia del primo cuando él me pidió....
+Sin culpa mía, quedamos reñidas Rita y yo desde entonces.... No sé cómo
+fue aquello; bien sabe Dios que no puse nada de mi parte para que Pedro
+se fijase en mí. Papá me aconsejó que, de todos modos, me casase con el
+primo.... Yo seguí el consejo.... Me propuse ser buena, quererle mucho,
+obedecerle, cuidar de mis hijos.... Dígame usted, Julián, ¿he faltado en
+algo?
+
+Julián cruzó las manos. Sus rodillas se doblaban, y a punto estuvo de
+hincarlas en tierra. Pronunció con entusiasmo:
+
+--Usted es un ángel, señorita Marcelina.
+
+--No...--replicó ella--, ángel no, pero no me acuerdo de haber hecho daño a
+nadie. He cuidado mucho a mi hermanito Gabriel, que era delicado de
+salud y no tenía madre....
+
+Al pronunciar esta frase, la ola rebosó, las lágrimas corrieron por fin;
+Nucha respiró mejor, como si aquellos recuerdos de la infancia templasen
+sus nervios y el llanto le diese alivio.
+
+--Y por cierto que le tomé tal cariño, que pensaba para mí: «Si tengo
+hijos algún día, no es posible quererlos más que a mi hermano». Después
+he visto que esto era un disparate; a los hijos se les quiere muchísimo
+más aún.
+
+El cielo se nublaba lentamente, y se oscurecía la capilla. La señorita
+hablaba con sosiego melancólico.
+
+--Cuando mi hermano se fue al colegio de artillería, yo no pensé más que
+en dar gusto a papá, y en que se notase poco la falta de la pobre
+mamá.... Mis hermanas preferían ir a paseo, porque, como son bonitas, les
+gustaban las diversiones. A mí me llamaban feúcha y bizca, y me
+aseguraban que no encontraría marido.
+
+--¡Ojalá!--exclamó Julián sin poder reprimirse.
+
+--Yo me reía. ¿Para qué necesitaba casarme? Tenía a papá y a Gabriel con
+quien vivir siempre. Si ellos se me morían, podía entrar en un convento:
+el de las Carmelitas, en que está la tía Dolores, me gustaba mucho. En
+fin, no he tenido culpa ninguna del disgusto de Rita. Cuando papá me
+enteró de las intenciones del primo, le dije que no quería sacarle el
+novio a mi hermana, y entonces papá... me besuqueó mucho en los
+carrillos, como cuando era pequeña, y... me parece que le estoy
+oyendo... me respondió así: «Rita es una tonta..., cállate». Pero por
+mucho que diga papá.... ¡al primo le seguía gustando más Rita!...
+
+Continuó después de algunos segundos de silencio:
+
+--Ya ve usted que no tenía mucho por qué envidiarme mi hermana.... ¡Cuánta
+hiel he tragado, Julián! Cuando lo pienso se me pone un nudo aquí....
+
+El capellán pudo al fin expresar parte de sus sentimientos.
+
+--No me extraña que se le ponga ese nudo.... Soy yo y lo tengo también....
+Día y noche estoy cavilando en sus males, señorita.... Cuando vi aquella
+señal.... La lastimadura en la muñeca....
+
+Por primera vez durante la conversación se encendió el descolorido
+rostro de Nucha, y sus ojos se velaron, cubriéndolos la caída de las
+pestañas. No respondió directamente.
+
+--Mire usted--murmuró con asomos de amarga sonrisa--que siempre me suceden
+a mí desgracias por cosas de que no tengo la culpa.... Pedro se empeñaba
+en que yo le reclamase a papá la legítima de mamá, porque papá le negó
+un dinero que le hacía falta para las elecciones. También se disgustó
+mucho porque la tía Marcelina, que pensaba instituirme heredera, creo
+que va a dejarle a Rita los bienes.... Yo no tengo que ver con nada de
+eso.... ¿Por qué me matan? Ya sé que soy pobre: no hay necesidad de
+repetírmelo.... En fin, esto es lo de menos.... Me dolió bastante más el
+que mi marido me dijese que por mí se ve sin sucesión la casa de
+Moscoso.... ¡Sin sucesión! ¿Y mi niña? ¡Angelito de mis entrañas!
+
+Lloraba la infeliz señora, lentamente, sin sollozar. Sus párpados tenían
+ya el matiz rojizo que dan los pintores a los de las Dolorosas.
+
+--Lo mío--añadió--no me importa. Lo mío lo aguantaría hasta el último
+instante. Que me... traten de un modo... o de otro, que... que la
+criada... sea... ocupe mi sitio... bien..., bien, paciencia, sería
+cuestión de tener paciencia, de sufrir, de dejarse morir.... Pero está de
+por medio la niña..., hay otro niño, otro hijo, un bastardo.... La niña
+estorba.... ¡La matarán!...
+
+Repitió solemnemente y muy despacio:
+
+--La matarán. No me mire usted así. No estoy loca, sólo estoy excitada.
+He determinado marcharme e irme a vivir con mi padre. Me parece que esto
+no es ningún pecado, ni tampoco el llevarme a la pequeña. ¡Y si peco, no
+me lo diga, Julianciño!... Es resolución irrevocable. Usted vendrá
+conmigo, porque sola no conseguiría realizar mi plan. ¿Me acompañará?
+
+Julián quiso objetar algo; ¿qué? No lo sabía él mismo. El diminutivo
+cariñoso usado por la señorita, la febril resolución con que hablaba, le
+vencieron. ¿Negarse a ayudar a la desdichada? Imposible. ¿Pensar en lo
+que el proyecto tenía de extraño, de inconveniente? Ni se le ocurrió un
+minuto. A fuer de criatura candorosa, una fuga tan absurda le pareció
+hasta fácil. ¿Oponerse a la marcha? También él había tenido y tenía a
+cada instante miedo, miedo cerval, no sólo por la niña, sino por la
+madre: ¿acaso no se le había ocurrido mil veces que la existencia de las
+dos corría inminente peligro? Además, ¿qué cosa en el mundo dejaría él
+de intentar por secar aquellos ojos puros, por sosegar aquel anheloso
+pecho, por ver de nuevo a la señorita segura, honrada, respetada,
+cercada de miramientos en la casa paterna?
+
+Se representaba la escena de la escapatoria. Sería al amanecer. Nucha
+iría envuelta en muchos abrigos. Él cargaría con la niña, dormidita y
+arropadísima también. Por si acaso llevaría en el bolsillo un tarro con
+leche caliente. Andando bien llegarían a Cebre en tres horas escasas.
+Allí se podían hacer sopas. La nena no pasaría hambre. Tomarían en el
+coche la berlina, el sitio más cómodo. Cada vuelta de la rueda les
+alejaría de los tétricos Pazos....
+
+Muy quedito, como quien se confiesa, empezaron a debatir y resolver
+estos pormenores. Otro rayo de sol entreabría las nubes, y los santos,
+en sus hornacinas, parecían sonreír benévolamente al grupo del
+banquillo. Ni la Purísima de sueltos tirabuzones y traje blanco y azul,
+ni el san Antonio que hacía fiestas a un niño Jesús regordete, ni el san
+Pedro con la tiara y las llaves, ni siquiera el arcángel san Miguel, el
+caballero de la ardiente espada, siempre dispuesto a rajar y hendir a
+Satanás, revelaban en sus rostros pintados de fresco el más leve enojo
+contra el capellán, ocupado en combinar los preliminares de un rapto en
+toda regla, arrebatando una hija a su padre y una mujer a su legítimo
+dueño.
+
+
+
+
+-XXVIII-
+
+
+Al llegar aquí de la narración, es preciso acudir, para completarla, a
+las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginación del lindo
+rapazuelo, hijo de Sabel, los sucesos de la memorable mañana en que por
+última vez ayudó a misa al bonachón de don Julián (el cual, por más
+señas, solía darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino).
+
+El primer recuerdo que Perucho conserva es que, al salir de la capilla,
+quedóse muy triste arrimado a la puerta, porque aquel día el capellán no
+le había dado cosa alguna. Chupándose el dedo y en actitud meditabunda
+permaneció allí unos instantes, hasta que la misma falta de los dos
+cuartos acostumbrados le descubrió un rayo de luz: ¡su abuelo le había
+prometido otros dos si le avisaba cuando la señora se quedase en la
+capilla después de oída la misa! Raciocinando con sorprendente rigor
+matemático, calculó que pues perdía dos cuartos por un lado, era urgente
+ganarlos por otro; apenas concibió tan luminosa idea, sintió que las
+piernas le bailaban, y echó a correr con toda la velocidad posible en
+busca de su abuelo.
+
+Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachaba
+Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa
+antigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum de papelotes
+cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra
+jorobada y escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun en
+palotes. La mesa y el cuarto en general atraían a Perucho con el encanto
+que posee para la niñez lo desordenado y revuelto, los sitios en que se
+acumulan muchas cosas variadas, pues imaginan ellos que cada montón de
+objetos es un mundo desconocido, un depósito de tesoros inestimables.
+Rara vez entraba allí Perucho; su abuelo acostumbraba echarle para que
+no sorprendiese ciertas operaciones financieras que el mayordomo gustaba
+de realizar sin testigos. Cuando el nieto entró, la cara pulimentada y
+oscura de Primitivo podía confundirse con el tono bronceado de un acervo
+de calderilla o montaña de cobre, de la cual iban saliendo columnitas,
+columnitas que el mayordomo alineaba en correcta formación.... Perucho se
+quedó deslumbrado ante tan fabulosa riqueza. ¡Allí estaban sus dos
+cuartos! ¡Menuda pepita de aquel gran criadero de metal! Lleno de
+esperanza, alzó la voz cuanto pudo, y dio su recado. Que la señora
+estaba en la capilla, con el señor capellán.... Que le habían despedido
+de allí.
+
+Iba a añadir: «Y que se me deben dos cuartos por la noticia» o cosa
+análoga, pero no le dio lugar a ello su abuelo, alzándose del sillón con
+la agilidad de bicho montés que caracterizaba sus movimientos todos, no
+sin que al hacerlo produjese un tempestuoso remolino en el mar de
+calderilla, y la caída de algunas torres que, con sonoro estrépito, se
+rindieron a la gran pesadumbre. Primitivo salió corriendo hacia el
+interior de la casa. El chiquillo se quedó allí, solicitado por las dos
+tentaciones más fuertes que en su vida había sufrido. Era una la de
+comerse las obleas, que con su provocativa blancura y encendido rojo le
+estaban convidando desde un bote de hojalata, y aun cuando sería más
+glorioso para nuestro héroe vencer el goloso capricho, la sinceridad
+obliga a declarar que alargó el dedo humedecido en saliva, y fue
+pescando una, dos, tres, hasta zamparse cuantas encerraba el bote.
+Satisfecha esta concupiscencia, le apremió la otra, incitándole nada
+menos que a cobrarse por su mano de los dos cuartos prometidos,
+tomándolos del montón que tenía allí delante, a su disposición y
+albedrío. No sólo apetecía cobrarse del debido salario, sino que le
+seducían principalmente unos ochavos roñosos llamados de _la fortuna_ en
+el país, y que, merced a consideraciones muy lógicas en su mente
+infantil, le parecían preferibles a las piezas gordas. Las adquisiciones
+y placeres de Perucho los representaba generalmente un ochavo. Por un
+ochavo le daba la rosquillera, en ferias y romerías, caramelos de
+alfeñique o rosquillas bastantes; por un ochavo le vendían bramante
+suficiente para el trompo, y le surtía el cohetero de pólvora en
+cantidad con que hacer regueritos; por un ochavo se procuraba tiras de
+mistos de cartón, groseras aleluyas impresas en papel amarillo, gallos
+de barro con un pito en parte no muy decorosa. Y todo esto lo tenía al
+alcance de su mano, como las obleas; ¡y nadie le veía ni podía
+delatarle! El angelote se empinó en la punta de los pies para alcanzar
+mejor el dinero, alargó a la vez ambas palmas, y las sumergió en el mar
+de cobre.... Las paseó mucho rato por la superficie sin osar cerrarlas....
+Por fin hizo presa en un puñado de ochavos, y entonces apretó el puño
+fortísimamente, con la intensidad propia de los niños, que temen siempre
+se les escape la dicha por la mano abierta. Y así se mantuvo inmóvil,
+sin atreverse a retraer aquella diestra pecadora y cargada de botín al
+seguro rincón del seno, donde almacenaba siempre sus latrocinios. Porque
+es de advertir que Perucho tenía bastante de caco, y con la mayor
+frescura se apropiaba huevos, fruta, y, en general, cuantos objetos
+codiciaba; pero, con respeto supersticioso de aldeano, que sólo juzga
+propiedad ajena el dinero, jamás había tocado a una moneda. En el alma
+de Perucho se verificaba una de esas encarnizadas luchas entre el deber
+y la pasión, cantadas por la musa dramática: el ángel malo y el bueno le
+tiraban cada uno de una oreja, y no sabía a cuál atender. ¡Tremendo
+conflicto! Pero regocíjense el cielo y los hombres, pues venció el
+espíritu de luz. ¿Fue el primer despertar de ese sentimiento de honor
+que dicta al hombre heroicos sacrificios? ¿Fue una gota de la sangre de
+Moscoso, que realmente corría por sus venas y que, con la misteriosa
+energía de la transmisión hereditaria, le guió la voluntad como por
+medio de una rienda? ¿Fue temprano fruto de las lecciones de Julián y
+Nucha? Lo cierto es que el rapaz abrió la mano, separando mucho los
+dedos, y los ochavos apresados cayeron entre los restantes, con metálico
+retintín.
+
+No por eso hay que figurarse que Perucho renunciaba a sus dos cuartos,
+los ganados honradamente con la agilidad de sus piernas. ¡Renunciar! ¡A
+buena parte! Aquel mismo embrión de conciencia que en el fondo de su
+ser, donde todos tenemos escrita desde _ab initio_ gran parte del
+Decálogo, le gritaba: «no hurtarás», le dijo con no menor energía:
+«tienes derecho a reclamar lo que te ofrecieron». Y, obedeciendo a la
+impulsión, la criatura echó a correr en la misma dirección que su
+abuelo.
+
+Casualmente tropezó con él en la cocina, donde preguntaba algo a Sabel
+en queda voz. Acercósele Perucho, y asiéndole de la chaqueta exclamó:
+
+--¿Mis dos cuartos?
+
+No hizo caso Primitivo. Dialogaba con su hija, y, a lo que Perucho pudo
+comprender, ésta explicaba que el señorito había salido de madrugada a
+tirar a los pollos de perdiz, y suponía que anduviese hacia la parte del
+camino de Cebre. El abuelo soltó un juramento que usaba a menudo y que
+Perucho solía repetir por fanfarronada, y, sin más conversación, se
+alejó.
+
+Aseguró Perucho después que le había llamado la atención ver al abuelo
+salir sin tomar la escopeta y el sombrerón de alas anchas, prendas que
+no soltaba nunca. Semejante idea debió ocurrírsele al chiquillo más
+tarde, en vista de los sucesos. Al pronto sólo pensó en alcanzar a
+Primitivo, y lo logró en lo alto del camino que baja a los Pazos. Aunque
+el cazador iba como el pensamiento, el rapaz corría en regla también.
+
+--¡Anda al demonio! ¿Qué se te ofrece?--gruñó Primitivo al conocer a su
+nieto.
+
+--¡Mis dos cuartos!
+
+--Te doy cuatro en casa si me ayudas a buscar por el monte al señorito y
+le dices, en cuanto lo veas, lo que me dijiste a mí, ¿entiendes? Que el
+capellán está con la señora encerrado en la capilla y que te echaron de
+allí para quedar solos.
+
+El angelón fijó sus pupilas límpidas en los fascinadores ojuelos de
+víbora de su abuelo; y, sin esperar más instrucciones, abriendo mucho la
+boca, salió a galope hacia donde por instinto juzgaba él que el señorito
+debía encontrarse. Volaba, con los puños apretados, haciendo saltar
+guijarros y tierra al golpe de sus piececillos encallecidos por la
+planta. Cruzaba por cima de los tojos sin sentir las espinas, hollando
+las flores del rosado brezo, salvando matorrales casi tan altos como su
+persona, espantando la liebre oculta detrás de un madroñero o la pega
+posada en las ramas bajas del pino. De repente oyó el andar de una
+persona y vio al señorito salir de entre el robledal.... Loco de júbilo
+se acercó a darle su recado, del cual esperaba albricias. Éstas fueron
+la misma palabrota inmunda y atroz que había expectorado su abuelo en la
+cocina; y el señorito salió disparado en dirección de los Pazos, como si
+un torbellino lo arrebatase.
+
+Perucho se quedó algunos instantes suspenso y confuso; él afirma que al
+poco rato volvió a embargar su ánimo el deseo de los cuartos ofrecidos,
+que ya ascendían a la respetable suma de cuatro. Para obtenerlos era
+menester buscar a su abuelo, y avisarle del encuentro con el señorito;
+no lo tuvo por difícil, pues recordaba aproximadamente el punto del
+bosque donde Primitivo quedaba; y por atajos y vericuetos sólo
+practicables para los conejos y para él, Perucho se lanzó tras la pista
+de su abuelo. Trepaba por un murallón medio deshecho ya, amparo de un
+viñedo colgado, por decirlo así, en la falda abrupta del monte, cuando
+del otro lado del baluarte que escalaba creyó sentir rumor de pisadas,
+que la finura de su oído no confundió con las del cazador; y con el
+instinto cauteloso de los niños hijos de la naturaleza y entregados a sí
+mismos, se agachó, quedando encubierto por el murallón de modo que sólo
+rebasase la frente. No podía dudarlo; eran pisadas humanas, bien
+distintas de la corrida de la liebre por entre las hojas, o de los
+golpecitos secos y reiterados que sacuden las patas unguladas del zorro
+o del perro. Pisadas humanas eran, aunque sí muy recelosas, apagadas y
+lentísimas. Parecían de alguien que procuraba emboscarse. Y, en efecto,
+poco tardó el niño en ver asomar, gateando entre los matorrales, a un
+hombre cuya descripción acaso había oído mil veces en las veladas, en
+las deshojas, acompañada de exclamaciones de terror. El hongo gris, la
+faja roja, las recortadas patillas destacándose sobre el rostro color de
+sebo, y sobre todo el ojo blanco, sin vista, frío como un pedazo de
+cuarzo de la carretera, en suma, la desapacible catadura del Tuerto de
+Castrodorna dejaron absorto al chiquillo. Apretaba el Tuerto contra su
+pecho corto y ancho trabuco, y, después de girar hacia todas partes el
+único lucero de su fea cara, de aguzar el oído, de olfatear, por decirlo
+así, el aire, arrimóse al murallón, medio arrodillándose tras de un seto
+de zarzas y brezo que lo guarnecía. Perucho, cuyos pies descansaban en
+las anfractuosidades del muro, se quedó como incrustado en él, sin osar
+respirar, ni bajarse, ni moverse, porque aquel hombre desconocido, mal
+encarado y en acecho, le infundía el pavor irracional de los niños, que
+adivinan peligros cuya extensión ignoran. Por mucho que le aguijonease
+el deseo de sus cuatro cuartos, no se atrevía a descolgarse del
+murallón, temiendo hacer ruido y que le apuntasen con el cañón de aquel
+arma, cuya ancha boca debía, de seguro, vomitar fuego y muerte.... Así
+transcurrieron diez segundos de angustia para el angelote. Antes que
+pudiera entrar a cuentas con el miedo, ocurrió un nuevo incidente.
+Sintió otra vez pasos, no recelosos, como de quien se oculta, sino
+precipitados, como de quien va a donde le importa llegar presto; y por
+el camino hondo que limitaba el murallón divisó a su abuelo que avanzaba
+en dirección de los Pazos; sin duda, con su vista de águila había
+distinguido al señorito, y le seguía intentando darle alcance. Iba
+Primitivo distraído, con el propósito de reunirse a don Pedro, y no
+miraba a parte alguna. Llegó a atravesar por delante del muro. El niño
+entonces vio una cosa terrible, una cosa que recordó años después y aun
+toda su vida: el hombre emboscado se incorporaba, con su único ojo
+centelleante y fiero; se echaba a la cara la formidable tercerola; se
+oía un espantoso trueno, voz de la bocaza negra; flotaba un borrón de
+humo, que el aire disipó instantáneamente, y al través de sus últimos
+tules grises el abuelo giraba sobre sí mismo como una peonza, y caía
+boca abajo, mordiendo sin duda, en suprema convulsión, la hierba y el
+lodo del camino.
+
+Asegura Perucho que no ha sabido jamás si fue el miedo o su propia
+voluntad lo que le obligó a descolgarse del murallón y descender, más
+bien que a saltos, rodando, los atajos conocidos, magullándose el
+cuerpo, poniéndose en trizas la ropa, sin hacer caso de lo uno ni de lo
+otro. Rebotó como un pelota por entre las nudosas cepas; brincó por cima
+de los muros de piedra que las sostenían; salvó como una flecha
+sembrados de maíz; metióse de patas en los regatos, mojándose hasta la
+cintura, por no detenerse a seguir las pasaderas de piedra; salvó
+vallados tres veces más altos que su cuerpo; cruzó setos, saltó
+hondonadas y zanjas, no comprendió por dónde ni cómo, pero el caso es
+que, arañado, ensangrentado, sudoroso, jadeante, se encontró en los
+Pazos, y maquinalmente volvió al punto de partida, la capilla, donde
+entró, enteramente olvidado de los cuatro cuartos, primer móvil de sus
+aventuras todas.
+
+Estaba escrito que aquella mañana había de ser fecunda en
+extraordinarias sorpresas. En la capilla acostumbraba Perucho notar que
+se hablaba bajito, se andaba despacio, se contenía hasta la respiración:
+el menor desliz en tal materia solía costarle un severo regaño de don
+Julián; de modo que, sobreponiéndose el instinto y el hábito al
+azoramiento y trastorno, penetró en el sagrado lugar con actitud
+respetuosa. En él sucedía algo que le causó un asombro casi mayor que el
+de la catástrofe de su abuelo. Recostada en el altar se encontraba la
+señora de Moscoso, con un color como una muerta, los ojos cerrados, las
+cejas fruncidas, temblando con todo su cuerpo; frente a ella, el
+señorito vociferaba, muy deprisa y en ademán amenazador, cosas que no
+entendió el niño; mientras el capellán, con las manos cruzadas y la
+fisonomía revelando un espanto y dolor tales que nunca había visto
+Perucho en rostro humano expresión parecida, imploraba, imploraba al
+señorito, a la señorita, al altar, a los santos..., y de repente,
+renunciando a la súplica, se colocaba, encendido y con los ojos
+chispeantes, dando cara al marqués, como desafiándole.... Y Perucho
+comprendía a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde
+se desbordaba la cólera, el furor, la indignación, la ira, el insulto;
+y, sin saber la causa de alboroto semejante, deducía que el señorito
+estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la señorita, a matarla
+quizás, a deshacer a don Julián, a echar abajo los altares, a quemar tal
+vez la capilla....
+
+El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la
+cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él: el señorito tenía
+entonces la misma cara, idéntico tono de voz. Y en medio de la confusión
+de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una
+idea, superior a todas, se levantó triunfante. No cabía duda que el
+señorito se disponía a acogotar a su esposa y al capellán; también
+acababan de matar a su abuelo en el monte; aquel día, según indicios,
+debía ser el de la general matanza. ¿Quién sabe si, luego que acabase
+con su mujer y con don Julián, se le ocurriría al señorito quitar la
+vida a la nené? Semejante pensamiento devolvió a Perucho toda la
+actividad y energía que acostumbraba desplegar para el logro de sus
+azarosas empresas en corrales, gallineros y establos.
+
+Escurrióse bonitamente de la capilla, resuelto a salvar a toda costa la
+vida de la heredera de Moscoso. ¿Cómo haría? Faltábale tiempo de madurar
+el plan: lo que importaba era obrar con celeridad y no arredrarse ante
+obstáculo alguno. Se deslizó sin ser visto por la cocina, y subió la
+escalera a escape. Llegado que hubo a las habitaciones altas, residencia
+de los señores, de tal manera supo amortiguar el ruido de sus pisadas,
+que el oído más fino lo confundiría con el susurro del aire al agitar
+una cortina. Lo que él temía era encontrar cerrada la puerta del
+dormitorio de Nucha. El corazón le dio un brinco de alegría al verla
+entornada.
+
+La empujó con suavidad de gato que esconde las uñas.... Tenía la maldita
+puerta el vicio de rechinar; pero tan sutil fue el empuje, que apenas
+gimió sordamente. Perucho se coló en la habitación, ocultándose tras del
+biombo. Por uno de los muchos agujeros que éste lucía, miró al otro
+lado, hacia donde estaba la cuna. Vio a la niña dormida, y al ama, de
+bruces sobre el lecho de Nucha, roncando sordamente. No era de temer que
+se despabilase la marmota: el rapaz podía a mansalva realizar sus
+propósitos.
+
+Sin embargo, convenía que no despertase la chiquilla, no fuese a
+alborotar la casa lloriqueando. Perucho la tomó como quien toma un
+muñeco de cristal, muy rompedizo y precioso: sus palmas llenas de callos
+y sus brazos hechos a disparar certeras pedradas y a descargar puñetazos
+en el testuz de los bueyes adquirieron de golpe delicadeza exquisita, y
+la nené, envuelta en el pañolón de calceta, no gruñó siguiera al trocar
+la cama por los brazos de su precoz raptor. Éste, conteniendo hasta el
+respirar, andando con paso furtivo, rápido y cauteloso--el andar de la
+gata que lleva a sus cachorros entre los dientes, colgados de la piel
+del pescuezo--, se dirigió a buscar la salida por el claustro, pues de
+cruzar la cocina era probable una sorpresa.
+
+En el claustro se paró obra de diez segundos, para meditar. ¿Dónde
+escondería su tesoro? ¿En el pajar, en el _herbeiro_, en el hórreo, en
+el establo? Optó por el hórreo--el lugar menos frecuentado y más oscuro--.
+Bajaría la escalera, se enhebraría por el claustro, se colaría por las
+cuadras, salvaría la era, y después nada más sencillo que ocultarse en
+el escondrijo. Dicho y hecho.
+
+Arrimada al hórreo estaba la escala. Perucho comenzó a subir, operación
+bastante difícil atendido el estorbo que le hacía la chiquilla. Lo
+estrecho y vertical de los travesaños imponía la necesidad de agarrarse
+con manos y pies al ir ascendiendo: Perucho no disponía de las manos; la
+energía de la voluntad se le comunicó al dedo gordo del pie, que
+semejaba casi prensil a fuerza de adaptarse y adherirse a las barras de
+palo, bruñidas ya con el uso. En mitad de la ascensión pensó que rodaba
+al pie del hórreo, y apretó contra el pecho a la niña, que,
+despertándose, rompió en llanto.... ¡Que llorase! Allí no la oía alma
+viviente; por la era sólo vagaba media docena de gallinas, disputando a
+dos gorrinos las hojas de una col. Perucho entró triunfante por la
+puerta del hórreo....
+
+Las espigas de maíz no lo llenaban hasta el techo, dejando algún espacio
+suficiente para que dos personas minúsculas, como Perucho y su
+protegida, pudiesen acomodarse y revolverse. El rapaz se sentó sin
+soltar a la nena, diciéndole mil chuscadas y zalamerías a fin de
+acallarla, abusando del diminutivo que tan cariñosa gracia adquiere en
+labios del aldeano.
+
+--Reiniña, mona, _ruliña_, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas,
+bunitas, bunitiñas.... ¡Si no callas, viene un cocón y te come! ¡_Velo_
+ahí viene! ¡Calla, soliño, paloma blanca, rosita!
+
+No por virtud de las exhortaciones, pero sí por haber conocido a su
+amigo predilecto, la niña callaba ya. Mirábale, y, sonriendo
+regocijadamente, le pasaba las manos por la cara, gorjeaba, se bababa, y
+miraba con curiosidad alrededor. Extrañaba el sitio. Enfrente,
+alrededor, debajo, por todos lados, la rodeaba un mar de espigas de oro,
+que al menor movimiento de Perucho se derrumbaban en suaves cascadas, y
+donde el sol, penetrando por los intersticios del enrejado del hórreo,
+tendía galones más claros, movibles listas de luz. Perucho comprendió
+que poseía en las espigas un recurso inestimable para divertir a la
+pequeña. Tan pronto le daba una en la mano, como alzaba con muchas una
+especie de pirámide; la nené se entretenía en derribarla o forjarse la
+ilusión de que la derribaba, pues realmente una patada de Perucho hacía
+el milagro. Reía ella lo mismo que una loca, y pedía impaciente, por
+señas, que le renovasen el juego.
+
+Pronto se cansó de él. Con todo, estaba de buen humor, gracias a la
+compañía de Perucho. Su mirada risueña y dulce, fija en la de su
+compañero, parecía decirle: «¿Qué mejor juego que estar juntos?
+Disfrutemos de este bien que siempre nos han dado con tasa». En vista de
+tan cariñosas disposiciones, Perucho se entregó al placer de halagarla a
+su sabor. Ya le apoyaba un dedo en el carrillo, para provocarla a risa;
+ya remedaba a un lagarto, arrastrando la mano por el cuerpo de la nené
+arriba, e imitando los culebreos del rabo; ya se fingía encolerizado,
+espantaba los ojos, hinchaba los carrillos, cerraba los puños y
+resoplaba fieramente; ya, tomando a la nena en peso, la subía en alto y
+figuraba dejarla caer de golpe sobre las espigas. Por último, recelando
+cansarla, la cogió en brazos, se sentó a la turca, y comenzó a mecerla y
+arrullarla blandamente, con tanta suavidad, precaución y ternura como
+pudiera su propia madre.
+
+¡Qué ganas, qué violentos antojos se le pasaban!... ¿De qué? En las
+veces que fue admitido a la intimidad de la habitación de Nucha y se le
+consintió aproximarse a la nené y vivir su vida, jamás osara hacerlo....
+Miedo de que le riñesen o echasen; vago respeto religioso que se imponía
+a su alma de pilluelo diabólico; vergüenza; falta de costumbre de sus
+labios, que a nadie besaban; todo se unía para impedirle satisfacer una
+aspiración que él juzgaba ambiciosa y punto menos que sacrílega.... Pero
+ahora era dueño del tesoro; ahora la nené le pertenecía; la había ganado
+en buena lid, la poseía por derecho de conquista, ¡ese derecho que
+comprenden los mismos salvajes! Adelantó mucho el hocico, igual que si
+fuese a catar alguna golosina, y tocó la frente y los ojos de la
+pequeña.... Después desenvolvió lentamente los pliegues del mantón, y
+descubrió las piernas, calentitas como chicharrones, que apenas se
+vieron libres del envoltorio comenzaron a bailar, sacudiendo sus
+favoritas patadas de júbilo. Perucho alzó hasta la boca un pie, luego
+otro, y así alternando se pasó un rato regular; sus besos hacían
+cosquillas a la niña, que soltaba repentinas carcajadas y se quedaba
+luego muy seria; pero que en breve empezó a sentir el frío, y con la
+rapidez que revisten en los niños muy chicos los cambios de temperatura,
+los piececillos se le quedaron casi helados. Al punto lo advirtió
+Perucho, y echándoles repetidas veces el aliento, como había visto hacer
+a la vaca con sus recentales, los envolvió en mantillas y pañolón, y
+nuevamente llegó a sí a la criatura, meciéndola.
+
+El más glorioso conquistador no aventajaba en orgullo y satisfacción a
+Perucho en tales momentos, cuando juzgaba evidente que había salvado a
+la nené de la degollación segura y puéstola a buen recaudo, donde nadie
+daría con ella. Ni un minuto recordó al duro y bronceado abuelo tendido
+allá junto al paredón.... A menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al
+pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de
+dulces; quizás vuelvan más adelante la tristeza y el recuerdo, pero la
+impresión capital del dolor ya se ha borrado para siempre. Así Perucho.
+La ventura de poseer a su nené adorada, la prez de defender su vida, le
+distraían de los trágicos acontecimientos recientes. No se acordaba del
+abuelo, no, ni del trabucazo que lo había _tumbado_ como él tumbaba las
+perdices.
+
+Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según
+el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si
+ella pudiese comprender lo que le hablaban. ¿De dónde procedía este
+cuento, variante de la leyenda del ogro? ¿Lo oiría Perucho en alguna
+velada junto al _lar_, mientras hilaban las viejas y pelaban castañas
+las mozas? ¿Sería creación de su mente excitada por los terrores de un
+día tan excepcional? «Una _ves_--empezaba el cuento--era un rey muy malo,
+muy galopín, que se comía la gente y las _presonas_ vivas.... Este rey
+tenía una nené bunita bunita, como la _frol_ de mayo... y pequeñita
+pequeñita como un grano de _millo_ (maíz quería decir Perucho). Y el
+malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara
+más fea, más fea que la del _diaño_... (Perucho hacía horribles muecas a
+fin de expresar la fealdad extraordinaria del rey). Y una noche dijo él,
+dice: 'Heme de comer mañana por la mañanita _trempano_ a la nené... así,
+así'. (Abría y cerraba la boca haciendo chocar las mandíbulas, como los
+papamoscas de las catedrales). Y había un _pagarito_ sobre un _árbole_,
+y oyó al rey, y dijo, dice: 'Comer no la has de comer, coco feo.' ¿Y va
+y qué hace el _pagarito_? Entra por la ventanita... y el rey estaba
+durmiendo. (Recostaba la cabeza en las espigas de maíz y roncaba
+estrepitosamente para representar el sueño del rey). Y va el _pagarito_
+y con el _bico_ le saca un ojo, y el rey queda _chosco_. (Guiñaba el ojo
+izquierdo, mostrando cómo el rey se halló tuerto). Y el rey a despertar
+y a llorar, llorar, llorar (imitación de llanto) por su ojo, y el
+_pagarito_ a se reír muy puesto en el _árbole_.... Y va y salta y dijo,
+dice: 'Si no comes a la nené y me la regalas, te doy el ojo...' Y va el
+rey y dice: 'Bueno...' Y va el _pagarito_ y se casó con la nené, y
+estaba siempre cantando unas cosas muy preciosas, y tocando la gaita...
+(solo de este instrumento), y entré por una _porta_ y salí por otra, ¡y
+manda el rey que te lo cuente otra vez!».
+
+La nené no oyó el final del cuento.... La música de las palabras, que no
+le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma
+satisfacción de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el
+sueño anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando
+terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados.... Acomodó
+lo mejor que pudo el lecho de espigas; llególe el mantón al rostro, como
+hacía Nucha, para que no se le enfriase el hociquito, y muy denodado y
+resuelto a hacer centinela, se arrimó a la puerta del hórreo, en una
+esquina, reclinándose en un montón de maíz. Pero fuese la inmovilidad, o
+el cansancio, o la reacción de tantas emociones consecutivas, también a
+él la cabeza le pesaba y se le entornaban los párpados. Se los frotó con
+los dedos, bostezó, luchó algunos minutos con el sueño invasor... Éste
+venció al cabo. Los dos ángeles refugiados en el hórreo dormían en paz.
+
+Entre las representaciones de una especie de pesadilla angustiosa que
+agitaba a Perucho, veía el muchacho un animalazo de desmesurado grandor,
+bestión fiero que se acercaba a él rugiendo, bramando y dispuesto a
+zampárselo de un bocado o a deshacerlo de una uñada.... Se le erizó el
+cabello, le temblaron las carnes, y un sudor frío le empapó la sien....
+¡Qué monstruo tan espantoso! Ya se acerca..., ya cae sobre Perucho...,
+sus garras se hincan en las carnes del rapaz, su cuerpo descomunal le
+cae encima lo mismo que una roca inmensa.... El chiquillo abre los
+ojos....
+
+Sofocada y furiosa, vociferando, moliéndolo a su sabor a pescozones y
+cachetes, arrancándole el rizado pelo y pateándolo, estaba el ama, más
+enorme, más brutal que nunca. No hay que omitir que Perucho se condujo
+como un héroe. Bajando la cabeza, se atravesó en la entrada del hórreo,
+y por espacio de algunos minutos defendió su presa haciéndole muralla
+con el cuerpo.... Pero el enorme volumen del ama pesó sobre él y lo
+redujo a la inacción, comprimiéndolo y paralizándolo. Cuando el mísero
+chiquillo, medio ahogado, se sintió libre de aquella estatua de plomo
+que a poco más le convierte en oblea, miró hacia atrás.... La niña había
+desaparecido. Perucho no olvidará nunca el desesperado llanto que
+derramó por más de media hora revolcándose entre las espigas.
+
+
+
+
+-XXIX-
+
+
+Tampoco Julián olvidará el día en que ocurrieron acontecimientos tan
+extraordinarios; día dramático entre todos los de su existencia, en que
+le sucedió lo que no pudo imaginar jamás: verse acusado, por un marido,
+de inteligencias culpables con su mujer, por un marido que se quejaba de
+ultrajes mortales, que le amenazaba, que le expulsaba de su casa
+ignominiosamente y para siempre; y ver a la infeliz señorita, a la
+verdaderamente ofendida esposa, impotente para desmentir la ridícula y
+horrenda calumnia. ¿Y qué sería si hubiesen realizado su plan de fuga al
+día siguiente? ¡Entonces sí que tendrían que bajar la cabeza, darse por
+convictos!... ¡Y decir que cinco minutos antes no se les prevenía
+siquiera la posibilidad de que don Pedro y el mundo lo interpretasen
+así!
+
+No, no lo olvidará Julián. No olvidará aquellas inesperadas
+tribulaciones, el valor repentino y ni aun de él mismo sospechado que
+desplegó en momentos tan críticos para arrojar a la faz del marido
+cuanto le hervía en el alma, la reprobación, la indignación contenida
+por su habitual timidez; el reto provocado por el bárbaro insulto; los
+calificativos terribles que acudían por vez primera a su boca, avezada
+únicamente a palabras de paz; el emplazamiento _de hombre a hombre_ que
+lanzó al salir de la capilla.... No olvidará, no, la escena terrible, por
+muchos años que pesen sobre sus hombros y por muchas canas que le
+enfríen las sienes. Ni olvidará tampoco su partida precipitada, sin dar
+tiempo a recoger el equipaje; cómo ensilló con sus propias inexpertas
+manos la yegua; cómo, desplegando una maestría debida a la urgencia,
+había montado, espoleado, salido a galope, ejecutando todos estos actos
+mecánicamente, cual entre sueños, sin aguardar a que se disipase el
+corto hervor de la sangre, sin querer ver a la niña ni darle un beso,
+porque comprendía, estaba seguro de que, si lo hiciera, sería capaz de
+postrarse a los pies del señorito, rogándole humildemente que le
+permitiese quedarse allí en los Pazos, aunque fuese de pastor de ganado
+o jornalero....
+
+No olvidará tampoco la salida de la casa solariega, la ascensión por el
+camino que el día de su llegada le pareció tan triste y lúgubre.... El
+cielo está nublado; ciernen la claridad del sol pardos crespones cada
+vez más densos; los pinos, juntando sus copas, susurran de un modo
+penetrante, prolongado y cariñoso; las ráfagas del aire traen el olor
+sano de la resina y el aroma de miel de los retamares. El crucero, a
+poca distancia, levanta sus brazos de piedra manchados por el oro viejo
+del liquen.... La yegua, de improviso, respinga, tiembla, se encabrita....
+Julián se agarra instintivamente a las crines, soltando la rienda.... En
+el suelo hay un bulto, un hombre, un cadáver; la hierba, en derredor
+suyo, se baña en sangre que empieza ya a cuajarse y ennegrecerse. Julián
+permanece allí, clavado, sin fuerzas, anonadado por una mezcla de
+asombro y gratitud a la Providencia, que no puede razonar, pero le
+subyuga.... El cadáver tiene la faz contra tierra; no importa: Julián ha
+reconocido a Primitivo; es él mismo. El capellán no vacila, no discurre
+quién le habrá matado. ¡Cualquiera que sea el instrumento, lo dirige la
+mano de Dios! Desvía la yegua, se persigna, se aparta, se aleja
+definitivamente, volviendo de cuando en cuando la cabeza para ver el
+negro bulto, sobre el fondo verde de la hierba y la blancura gris del
+paredón....
+
+¡Ah! No, no olvida nada Julián. No olvida en Santiago, donde su llegada
+se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones
+leyendarias, donde el éxito de las elecciones, la partida del capellán,
+el asesinato del mayordomo, se comentan, se adornan, entretienen al
+pueblo casi todo un mes, y donde las gentes le paran en la calle
+preguntándole qué ocurre por allá, qué sucede con Nucha Pardo, si es
+cierto que su marido la maltrata y que está muy enferma, y que las
+elecciones de Cebre han sido un escándalo gordo. No olvida cuando el
+arzobispo le llama a su cámara, a fin de inquirir qué hay de verdad en
+todo lo ocurrido, y él, después de arrodillarse, lo cuenta sin poner ni
+quitar una sílaba, encontrando en la sincera confesión inexplicable
+alivio, y besando, con el corazón desahogado ya, la amatista que brilla
+sobre el anular del prelado. No olvida cuando éste dispone enviarle a
+una parroquia apartadísima, especie de destierro, donde vivirá
+completamente alejado del mundo.
+
+Es una parroquia de montaña, más montaña que los Pazos, al pie de una
+sierra fragosa, en el corazón de Galicia. No hay en toda ella, ni en
+cuatro leguas a la redonda, una sola casa señorial; en otro tiempo, en
+épocas feudales, se alzó, fundado en peñasco vivo, un castillo roquero,
+hoy ruina comida por la hiedra y habitada por murciélagos y lagartos.
+Los feligreses de Julián son pobres pastores: en vísperas de fiesta y
+tiempo de oblata le obsequian con leche de cabra, queso de oveja,
+manteca en orzas de barro. Hablan dialecto cerradísimo, arduo de
+comprender; visten de somonte y usan greñas largas, cortadas sobre la
+frente a la manera de los antiguos siervos. En invierno cae la nieve y
+aúllan los lobos en las inmediaciones de la rectoral; cuando Julián
+tiene que salir a las altas horas de la noche para llevar los
+sacramentos a algún moribundo, se ve obligado a cubrirse con coroza de
+paja y a calzar zuecos de palo; el sacristán va delante, alumbrando con
+un farol, y entre la oscuridad nocturna, las encinas parecen
+fantasmas....
+
+Pasadas dos estaciones recibe una esquela, una papeleta orlada de negro;
+la lee sin entenderla al pronto; después se entera bien del contenido, y
+sin embargo no llora, no da señal alguna de pena.... Al contrario, aquel
+día y los siguientes experimenta como un sentirmento de consuelo, de
+bienestar y de alegría, porque la señorita Nucha, en el cielo, estará
+desquitándose de lo sufrido en esta tierra miserable, donde sólo
+martirios aguardan a un alma como la suya.... La doctrina resignada de la
+_Imitación_ ha vuelto a reinar en su espíritu. Hasta el efecto de la
+noticia se borra pronto, y una especie de insensibilidad apacible va
+cauterizando el espíritu de Julián: piensa más en lo que le rodea, se
+interesa por la iglesia desmantelada, trata de enseñar a leer a los
+salvajes chiquillos de la parroquia, funda una congregación de hijas de
+María para que las mozas no bailen los domingos.... Y así pasa el tiempo,
+uniformemente, sin dichas ni amarguras, y la placidez de la naturaleza
+penetra en el alma de Julián, y se acostumbra a vivir como los paisanos,
+pendiente de la cosecha, deseando la lluvia o el buen tiempo como el
+mayor beneficio que Dios puede otorgar al hombre, calentándose en el
+_lar_, diciendo misa muy temprano y acostándose antes de encender luz,
+conociendo por las estrellas si se prepara agua o sol, recogiendo
+castaña y patata, entrando en el ritmo acompasado, narcótico y perenne
+de la vida agrícola, tan inflexible como la vuelta de las golondrinas en
+primavera y el girar eterno de nuestro globo, describiendo la misma
+elipse, al través del espacio....
+
+Y, sin embargo, no olvida. Y en aquel rincón viene a sorprenderle el
+ascenso, la traslación a la parroquia de Ulloa, especie de desagravio
+del arzobispo. La mitra alternaba con los señores de Ulloa en la
+presentación del curato, y el arzobispo había querido manifestar así al
+humilde párroco, enterrado diez años hacía en la montaña más fiera de la
+diócesis, que la calumnia puede empañar el cristal de la honra, no
+mancharlo.
+
+
+
+
+-XXX-
+
+
+Diez años son una etapa, no sólo en la vida del individuo, sino en la de
+las naciones. Diez años comprenden un periodo de renovación: diez años
+rara vez corren en balde, y el que mira hacia atrás suele sorprenderse
+del camino que se anda en una década. Mas así como hay personas, hay
+lugares para los cuales es insensible el paso de una décima parte de
+siglo. Ahí están los Pazos de Ulloa, que no me dejarán mentir. La gran
+huronera, desafiando al tiempo, permanece tan pesada, tan sombría, tan
+adusta como siempre. Ninguna innovación útil o bella se nota en su
+mueblaje, en su huerto, en sus tierras de cultivo. Los lobos del escudo
+de armas no se han amansado; el pino no echa renuevos; las mismas ondas
+simétricas de agua petrificada bañan los estribos de la puente señorial.
+
+En cambio la villita de Cebre, rindiendo culto al progreso, ha atendido
+a las mejoras morales y materiales, según frase de un cebreño ilustrado,
+que envía correspondencias a los diarios de Pontevedra y Orense. No se
+charla ya de política solamente en el estanco: para eso se ha fundado un
+Círculo de Instrucción y Recreo, Artes y Ciencias (lo reza su
+reglamento) y se han establecido algunas tiendecillas que el cebreño
+susodicho denomina _bazares_. Verdad es que los dos caciques aún
+continúan disputándose el mero y mixto imperio; mas ya parece seguro que
+Barbacana, representante de la reacción y la tradición, cede ante
+Trampeta, encarnación viviente de las ideas avanzadas y de la nueva
+edad.
+
+Dicen algunos maliciosos que el secreto del triunfo del cacique liberal
+está en que su adversario, hoy canovista, se encuentra ya extremadamente
+viejo y achacoso, habiendo perdido mucha parte de sus bríos e indómito
+al par que traicionero carácter. Sea como quiera, el caso es que la
+influencia barbacanesca anda maltrecha y mermada.
+
+Quien ha envejecido bastante, de un modo prematuro, es el antiguo
+capellán de los Pazos. Su pelo está estriado de rayitas argentadas; su
+boca se sume; sus ojos se empañan; se encorvan sus lomos. Avanza
+despaciosamente por el _carrero_ angosto que serpea entre viñedos y
+matorrales conduciendo a la iglesia de Ulloa.
+
+¡Qué iglesia tan pobre! Más bien parece la casuca de un aldeano,
+conociéndose únicamente su sagrado destino en la cruz que corona el
+tejadillo del pórtico. La impresión es de melancolía y humedad, el atrio
+herboso está a todas horas, aun a las meridianas, muy salpicado y como
+empapado de rocío. La tierra del atrio sube más alto que el peristilo de
+la iglesia, y ésta se hunde, se sepulta entre el terruño que lentamente
+va desprendiéndose del collado próximo. En una esquina del atrio, un
+pequeño campanario aislado sostiene el rajado esquilón; en el centro,
+una cruz baja, sobre tres gradas de piedra, da al cuadro un toque
+poético, pensativo. Allí, en aquel rincón del universo, vive
+Jesucristo.... ¡pero cuán solo!, ¡cuán olvidado!
+
+Julián se detuvo ante la cruz. Estaba viejo realmente, y también más
+varonil: algunos rasgos de su fisonomía delicada se marcaban, se
+delineaban con mayor firmeza; sus labios, contraídos y palidecidos,
+revelaban la severidad del hombre acostumbrado a dominar todo arranque
+pasional, todo impulso esencialmente terrestre. La edad viril le había
+enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del
+sacerdote puro. Habíase vuelto muy indulgente con los demás, al par que
+severo consigo mismo.
+
+Al pisar el atrio de Ulloa notaba una impresión singularísima. Parecíale
+que alguna persona muy querida, muy querida para él, andaba por allí,
+resucitada, viviente, envolviéndole en su presencia, calentándole con su
+aliento. ¿Y quién podía ser esa persona? ¡Válgame Dios! ¡Pues no daba
+ahora en el dislate de creer que la señora de Moscoso vivía, a pesar de
+haber leído su esquela de defunción! Tan rara alucinación era, sin duda,
+causada por la vuelta a Ulloa, después de un paréntesis de dos lustros.
+¡La muerte de la señora de Moscoso! Nada más fácil que cerciorarse de
+ella.... Allí estaba el cementerio. Acercarse a un muro coronado de
+hiedra, empujar una puerta de madera, y penetrar en su recinto.
+
+Era un lugar sombrío, aunque le faltasen los lánguidos sauces y cipreses
+que tan bien acompañan con sus actitudes teatrales y majestuosas la
+solemnidad de los camposantos. Limitábanlo, de una parte, las tapias de
+la iglesia; de otra, tres murallones revestidos de hiedra y plantas
+parásitas; y la puerta, fronteriza a la de entrada por el atrio, la
+formaba un enverjado de madera, al través del cual se veía diáfano y
+remoto horizonte de montañas, a la sazón color de violeta, por la hora,
+que era aquella en que el sol, sin calentar mucho todavía, empieza a
+subir hacia su zenit, y en que la naturaleza se despierta como saliendo
+de un baño, estremecida de frescura y frío matinal. Sobre la verja se
+inclinaba añoso olivo, donde nidaban mil gorriones alborotadores, que a
+veces azotaban y sacudían el ramaje con su voleteo apresurado; y hacíale
+frente una enorme mata de hortensia, mustia y doblegada por las lluvias
+de la estación, graciosamente enfermiza, con sus mazorcas de desmayadas
+flores azules y amarillentas. A esto se reducía todo el ornato del
+cementerio, mas no su vegetación, que por lo exuberante y viciosa ponía
+en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si
+en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en
+aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos pétalos
+ostentaban matices flavos de cirio, se habrían encarnado, por misteriosa
+transmigración, las almas, vegetativas también en cierto modo, de los
+que allí dormían para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin
+haber palpitado jamás por ninguna idea elevada, generosa, puramente
+espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y
+del artista. Parecía que era sustancia humana--pero de una humanidad
+ruda, primitiva, inferior, hundida hasta el cuello en la ignorancia y en
+la materia--la que nutría y hacía brotar con tan enérgica pujanza y savia
+tan copiosa aquella flora lúgubre por su misma lozanía. Y en efecto, en
+el terreno, repujado de pequeñas eminencias que contrastaban con la lisa
+planicie del atrio, advertía a veces el pie durezas de ataúdes mal
+cubiertos y blanduras y molicies que infundían grima y espanto, como si
+se pisaran miembros flácidos de cadáver. Un soplo helado, un olor
+peculiar de moho y podredumbre, un verdadero ambiente sepulcral se
+alzaba del suelo lleno de altibajos, rehenchido de difuntos amontonados
+unos encima de otros; y entre la verdura húmeda, surcada del surco
+brillante que dejan tras sí el caracol y la babosa, torcíanse las cruces
+de madera negra fileteadas de blanco, con rótulos curiosos, cuajados de
+faltas de ortografía y peregrinos disparates. Julián, que sufría la
+inquietud, el hormigueo en la planta de los pies que nos causa la
+sensación de hollar algo blando, algo viviente, o que por lo menos
+estuvo dotado de sensibilidad y vida, experimentó de pronto gran
+turbación: una de las cruces, más alta que las demás, tenía escrito en
+letras blancas un nombre. Acercóse y descifró la inscripción, sin
+pararse en deslices ortográficos: _«Aquí hacen las cenizas de Primitibo
+Suarez, sus parientes y amijos ruegen a Dios por su alma»_.... El
+terreno, en aquel sitio, estaba turgente, formando una eminencia. Julián
+murmuró una oración, desvióse aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas
+el cuerpo de bronce de su formidable enemigo. Al punto mismo se alzó de
+la cruz una mariposilla blanca, de esas últimas mariposas del año que
+vuelan despacio, como encogidas por la frialdad de la atmósfera, y se
+paran en seguida en el primer sitio favorable que encuentran. La siguió
+el nuevo cura de Ulloa y la vio posarse en un mezquino mausoleo,
+arrinconado entre la esquina de la tapia y el ángulo entrante que
+formaba la pared de la iglesia.
+
+Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón
+palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después
+de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de
+una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido
+explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser
+y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos,
+atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los
+sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma
+porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen. No echó de ver
+siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal,
+decorado con calaveras, huesos y otros emblemas fúnebres por la
+inexperta mano de algún embadurnador de aldea; no necesitó deletrear la
+inscripción, porque sabía de seguro que donde se había detenido la
+mariposa, allí descansaba Nucha, la señorita Marcelina, la santa, la
+víctima, la virgencita siempre cándida y celeste. Allí estaba, sola,
+abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las muñecas heridas por
+mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el
+dolor.... Pensando en esto, la oración se interrumpió en labios de
+Julián, la corriente del existir retrocedió diez años, y en un
+transporte de los que en él eran poco frecuentes, pero súbitos e
+irresistibles, cayó de hinojos, abrió los brazos, besó ardientemente la
+pared del nicho, sollozando como niño o mujer, frotando las mejillas
+contra la fría superficie, clavando las uñas en la cal, hasta
+arrancarla....
+
+Oyó risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasión.
+Se volvió y se incorporó confuso. Tenía delante una pareja hechicera,
+iluminada por el sol que ya ascendía aproximándose a la mitad del cielo.
+Era el muchacho el más guapo adolescente que puede soñar la fantasía; y
+si de chiquitín se parecía al Amor antiguo, la prolongación de líneas
+que distingue a la pubertad de la infancia le daba ahora semejanza
+notable con los arcángeles y ángeles viajeros de los grabados bíblicos,
+que unen a la lindeza femenina y a los rizados bucles asomos de graciosa
+severidad varonil. En cuanto a la niña, espigadita para sus once años,
+hería el corazón de Julián por el sorprendente parecido con su pobre
+madre a la misma edad: idénticas largas trenzas negras, idéntico rostro
+pálido, pero más mate, más moreno, de óvalo más puro, de ojos más
+luminosos y mirada más firme. ¡Vaya si conocía Julián a la pareja!
+¡Cuántas veces la había tenido en su regazo!
+
+Sólo una circunstancia le hizo dudar de si aquellos dos muchachos
+encantadores eran en realidad el bastardo y la heredera legítima de
+Moscoso. Mientras el hijo de Sabel vestía ropa de buen paño, de hechura
+como entre aldeano acomodado y señorito, la hija de Nucha, cubierta con
+un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede
+decirse que iba descalza.
+
+París, Marzo de 1886.
+
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Los pazos de Ulloa, by Emilia Pardo Bazán
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS PAZOS DE ULLOA ***
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
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+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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+*** END: FULL LICENSE ***
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