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+The Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Doña Luz
+
+Author: Juan Valera
+
+Release Date: December 17, 2005 [EBook #17338]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+Doña Luz
+
+Por
+
+Juan Valera
+
+Biblioteca Perojo
+
+Paris
+
+1897
+
+
+
+
+A la señora condesa de Gomar
+
+
+Estando en casa de V., en una noche del verano pasado, conté la sencilla
+historia de Doña Luz. Hallola V. bien, gracias sin duda a la indulgencia
+con que me mira, y me animó para que la escribiese. Prometí escribirla y
+dedicársela a V.; aceptó V. la promesa, y hoy con el mayor gusto la
+cumplo. Lo que me desazona es el corto valer del don en sí o su ningún
+valer, si se atiende al de la persona a quien le dedico, por su talento
+y belleza tan general y justamente encomiada. Sea, con todo, mi
+dedicatoria muestra, aunque pobre, del respetuoso cariño que V. me
+inspira.
+
+Por lo demás, aunque la novela no divierta, creo yo que vale algo por
+las muy graves y severas lecciones que contiene.
+
+Pongo a un lado las mil y quinientas que cualquier agudo crítico puede
+sacar si se empeña en elogiarme y lucirse, y me limito a la lección que
+se da, no ya sólo a los frailes, que al fin pocos hay en España ahora,
+sino por extensión a todo caballero cortesano, viejo o algo machucho,
+que se enamora con amor vicioso.
+
+El desastrado caso del P. Enrique deberá servir de escarmiento y grabar
+en la mente del cortesano viejo, como moraleja principal, aquellas
+advertencias divinas con que el ilustre Micer Pietro Bembo hermosea y
+corona el libro de _El cortesano_.
+
+Estas advertencias dicen en resumen que el cortesano «enderece su deseo
+a la hermosura sola, y cuanto más pueda la contemple en ella misma
+simple y pura, y dentro en la imaginación la forme separada de toda
+materia, y formándola así la haga amiga y familiar de su alma, y allí la
+goce, y consigo la tenga días y noches en todo tiempo y lugar sin miedo
+de jamás perdella, acordándose siempre de que el cuerpo es cosa muy
+diferente de la hermosura, y que, no solamente no la acrecienta, mas que
+le apoca su perdición. Desta manera será nuestro cortesano viejo fuera
+de todas aquellas miserias y fatigas que suelen casi siempre sentir los
+mozos, y así no sentirá celos, ni sospechas, ni desabrimientos, ni iras,
+ni desesperaciones, ni otras mil locuras llenas de rabia, con las cuales
+muchas veces llegan los enamorados locos a tanto desatino que aun a sí
+mismos quitan la vida»: como sucedió al P. Enrique, volviendo a mi
+cuento. Al cual Padre le hubiera estado mejor valerse de este amor como
+de escala para subir a más alto grado. Porque, considerando la
+estrecheza de estar siempre ocupado en contemplar la hermosura de un
+cuerpo solo, debió sentir deseo de ensancharse algo y de salir de
+término tan angosto, y para ello debió también juntar en su mente muchas
+hermosuras, y, reduciéndolas a una sola, formar aquella que sobre toda
+la naturaleza se extiende y derrama.
+
+Sabido es, por último, que, por cima de este concepto universal de la
+hermosura, hay otra excelsa, increada y de la que todas proceden. Si el
+amor llega a columbrarla, ¿de qué no se olvida? Y entonces (y toda ésta
+es doctrina de micer Pietro Bembo), se abrasa el alma en aquella llama,
+simbolizada y prefigurada en la enorme pira, donde se quemó Hércules,
+después de todos sus trabajos, allá en la cumbre del monte Oeta, o se
+remonta y traspone en el ardiente carro, en que Elías abandonó la tierra
+y se fue volando a los cielos.
+
+Yo, señora, con el peso de los años, que ya me molesta bastante, y con
+no pocas saludables desilusiones, voy propendiendo, aunque pecador, a
+subir por este último camino. Y si bien en mis novelas se notan aún
+resabios y aficiones de hombre mundano, ya hay en ellas como señales de
+que me llaman a sí otras voces muy distintas de las del mundo.
+
+Con esto, acaso perderá en amenidad lo que escribo, pero ganará en
+utilidad. Ahora que está en moda lo docente, dígame V. con franqueza si
+mi novela no enseña algo cuando esto enseña.
+
+Dele V., pues, su aprobación; acéptela y defiéndala ya que le pertenece;
+y créame su devoto servidor y amigo,
+
+JUAN VALERA.
+
+
+
+
+-I-
+
+El Marqués y su administrador
+
+
+No todas las historias que yo refiero han de ocurrir en Villabermeja.
+Hoy he de contar una muy interesante ocurrida, pocos años ha, en otro
+lugar cercano, que llamaremos Villafría, reservando para mayores cosas
+su verdadero nombre. Por lo demás, entre Villabermeja y Villafría no se
+da diferencia muy notable; pues, si bien Villabermeja posee un santo
+patrono más milagroso, Villafría goza de término más rico, de más
+población, de mejores casas, y de más pudientes hacendados.
+
+Entre éstos descollaba el Sr. D. Acisclo, así llamado desde que cumplió
+cuarenta y cinco años, y que sucesivamente había sido antes, hasta la
+edad de veintiocho a treinta, Acisclillo y tío Acisclo después. El don
+vino y se antepuso, por último, al Acisclo, en virtud del tono y de la
+importancia que aquel señor acertó a darse con los muchos dineros que
+honrada y laboriosamente había sabido adquirir.
+
+Su buena fama trascendía por toda la provincia. No le estimaban sólo
+como a persona que tiene el riñón bien cubierto, y que no se dejaría
+ahorcar por dos o tres milloncejos de reales, sino que era preconizado
+como sujeto muy cabal, formalísimo en sus tratos y seguro hasta la pared
+de enfrente, y como tan recto, devoto de María Santísima y temeroso de
+Dios, que casi, casi estaba en olor de santidad, a pesar de las malas
+lenguas, que no faltan nunca.
+
+Lo cierto es que D. Acisclo había sabido conciliar su medro con la
+probidad y la justicia. Había sido administrador del marqués de
+Villafría, durante veinte años lo menos, y se había compuesto de manera
+que todos los bienes del marquesado habían ido poco a poco pasando de
+las manos de su señoría a sus manos más ágiles y guardosas.
+
+Este pase o dislocación se había realizado natural y legítimamente. Don
+Acisclo no tenía culpa ninguna de que el marqués hubiese sido
+despilfarrado y perdulario; y más que por culpa podía y debía contarse
+por mérito que él fuese ingenioso, ahorrativo y aprovechadísimo.
+
+Siempre se condujo con la mayor lealtad en la administración. El marqués
+de Villafría habitaba en Madrid, donde gastaba mucho. Tenía necesidad de
+dinero. Enviaba a pedir. No había. Y entonces se apelaba a varios
+recursos, de algunos de los cuales hablaré aquí en breves palabras.
+
+Mandaba el marqués, que, para reunirle dos mil duros, se vendiese vino,
+aunque fuese malbaratándole: dando, por ejemplo, el fino y potable como
+de quema.
+
+Don Acisclo era muy estrecho y escrupuloso de conciencia, y se ponía a
+buscar con afán a alguien que se llevase el vino por su justo valor;
+pero no le hallaba. Nadie daba por cada arroba sino seis o siete reales
+menos de lo que valía. Entonces D. Acisclo se sacrificaba; allegaba el
+dinero, se le enviaba al marqués, y tomaba el vino para sí por una
+peseta menos en cada arroba. De esta suerte ganaba él, haciendo ganar al
+marqués tres reales en arroba por la parte más corta. Luego echaba D.
+Acisclo en madera el mencionado vino, y al cabo de un año, le ponía tan
+exquisito, que vendía cada arroba por siete u ocho pesetas más de lo que
+le había costado.
+
+En otras ocasiones, pedía el marqués, corriendo, mil duritos para salir
+de un apuro. «Tómalos de un comerciante de Málaga--escribía a D.
+Acisclo--, prometiendo pagarlos en aceite dentro de dos meses, que será
+la cosecha».
+
+Don Acisclo buscaba al punto en Málaga comerciante que se allanase a dar
+el dinero, y resultaba que nadie quería darle sino cobrándose en aceite,
+dos meses o poco más después, y tomando la arroba de dicho líquido a dos
+reales menos del precio corriente. Ésta era una usura monstruosa; era
+una usura de más del 30 por 100 al año. Don Acisclo se afligía, ponía el
+grito en el cielo, caía enfermo por la pesadumbre que le daban los
+apuros del marqués, y al fin reincidía en sacrificarse, tomando él mismo
+el líquido por un real menos de su precio corriente, y aprontando el
+dinero, del cual no venía a sacar sino a razón de 20 por 100 al año. Así
+hacía ganar al marqués otro 10 por 100.
+
+Con el trigo sucedía lo propio. El marqués mandaba que le vendiesen el
+trigo dos o tres meses antes de la cosecha. No se hallaba quien le
+pagase con anticipación sino con tres reales de descuento por fanega.
+Entonces D. Acisclo proporcionaba el dinero, y se quedaba con el trigo
+por dos reales menos, pero haciendo ganar al marqués un real en fanega.
+
+El marqués gustaba de tener una reata de ocho hermosos mulos, los cuales
+se hubieran comido una barbaridad de cebada, sin trabajar para el
+marqués sino cuatro meses a lo más cada año; pero D. Acisclo se servía
+de los mulos para los acarreos y tráficos, y así se ahorraba él de pagar
+mulero y mulos, y hacía que el marqués ahorrase sobre seis meses de
+piensos.
+
+Las tierras del marqués estaban muy necesitadas de abono. Don Acisclo
+adquirió para sí no pocas ovejas y cabras, las cuales, a trueque de
+algunas hierbas inútiles y tal vez nocivas y de algunos retoños bajos y
+viciosos, abonaban bien los mejores olivares del marqués.
+
+Necesitaba el marqués más dinero; era menester tomarle prestado; no
+había quien le diese a menos del 15 por 100. Don Acisclo hallaba a un
+pariente o a un amigo suyo que le daba al 12. Así hacía ganar al marqués
+un tres por ciento anual sobre la cantidad recibida.
+
+En resolución, y por el estilo mencionado, rindiendo cuentas
+exactísimas, y demostrando matemáticamente que hacía ganar al marqués
+tres o cuatro mil duros al año con administrar tan fiel y celosamente
+sus bienes, D. Acisclo vino a quedarse con casi todos ellos.
+
+Su señoría, sitiado por hambre, tuvo entonces que abandonar la corte, y
+se retiró a hacer penitencia en Villafría, donde murió, al año de estar,
+de unas calenturas malignas, que infundieron en su sangre la falta de
+metales y la sobra de bilis.
+
+Todo el caudal del marqués, a su muerte, podría producir, a lo sumo,
+16.000 rs. al año.
+
+Estoy tan escamado con los críticos profundos que no atino a resolver y
+declarar si el marqués era tonto o discreto. En Madrid había sido el
+marqués el encanto de la sociedad, y había pasado por la discreción en
+persona. Y, sin embargo, el marqués se había quedado pobre. Tal vez
+consista esto en que haya dos géneros de tontería: la tontería de acción
+y la tontería de palabra, las cuales están en razón inversa en cada ser
+humano. El que no dice tonterías las hace: el que no las hace las dice.
+Cuando alguien hace y dice siempre tonterías, ya es tonto de capirote y
+goza de tontería absoluta, total, una y toda, como se expresarían los
+filósofos.
+
+Por dicha no es esto lo común: lo común es ser tonto a medias. Cuando
+alguien gasta en palabras su discreción, enamora a las gentes y hace las
+delicias de las tertulias; pero, consumida toda su discreción en objetos
+de lujo, sólo tontería le queda para los negocios que debieran
+importarle. Y, por el contrario, todos o casi todos los que consumen su
+discreción en hacer su negocio, son insufribles de tontos o de zafios
+hasta que le hacen, si bien, luego que le han hecho, vuelven a brillar
+con su discreción en los discursos y conversaciones, o bien porque ya no
+tienen que emplearla en lo útil y la derivan hacia lo agradable, o bien
+por el prestigio seductor de que los circundan su éxito y su buena
+fortuna.
+
+Así me explico yo que el marqués, que buen poso haya, pasase siempre por
+discreto en la corte, y en su lugar por incapaz de sacramento.
+
+Razón tenían en su lugar, dirá quien me lea. Si el marqués no hubiera
+sido tonto, hubiera conocido que D. Acisclo le saqueaba y hubiera mudado
+de administrador. A esto importa contestar lo que el marqués contestaba,
+pues no faltó nunca quien le hiciese dichas reflexiones. Yo no trato
+aquí de sostener que el marqués tenía razón: me limito a repetir lo que
+él decía. Decía, pues, que en veinte leguas a la redonda, tomando a
+Villafría por centro del círculo o redondel, no había más honrado y
+virtuoso varón que su administrador: que el ahorro de cuatro mil duros
+al año que D. Acisclo se jactaba de haberle hecho era de la más rigurosa
+exactitud; y que por consiguiente todavía le salía deudor, en los veinte
+años que había administrado sus bienes, de algo más de 80.000 duros.
+Otro administrador cualquiera hubiera acabado con el marqués en diez
+años. El marqués, por lo tanto, creía deber a D. Acisclo diez años de
+buena y alegre vida. Otro administrador cualquiera no hubiera hecho los
+adelantos por la mitad menos, y se hubiera enriquecido más pronto, y no
+hubiera arruinado a su señor con tantos miramientos, con tanta suavidad
+y pausa, y con tan severa conciencia. El propio D. Acisclo creía, allá
+en el fondo de su alma, aunque rara vez se jactaba de ello por su
+extremada modestia, que había sido para con el marqués un dechado de
+fieles servidores. Así es que, en el año que vivió el marqués en
+Villafría, ya arruinado, D. Acisclo le sermoneó bien sobre su
+despilfarro e imprevisión, y el marqués le oyó siempre con respeto y
+hasta compungido a veces.
+
+Con estos sermones y consejos póstumos, con una amistad llena de
+veneración, que D. Acisclo mostró siempre al marqués, más aún cuando
+pobre que cuando rico, y con los cuidados con que le atendió en los
+últimos días de su vida, sin que ni remotamente entrase en todo ello la
+menor idea de desagravio, pues pensaba haberle favorecido y no ofendido,
+don Acisclo se elevó a considerable altura moral e intelectual en el
+ánimo del marqués, quien al morir le dejó confiada la joya más hermosa
+que aún poseía en este mundo.
+
+Era esta joya una niña que acababa de cumplir quince años cuando murió
+el marqués. Había sido educada por un aya inglesa que había sido
+menester despedir por falta de dinero antes de venir a Villafría; pero
+ya la niña hablaba inglés y francés con perfección y estaba muy
+instruida.
+
+En el lugar había acertado a hacerse querer de todas las gentes, en
+especial de los pobres, aunque ella también lo era y poco podía
+favorecerlos.
+
+Huérfana de madre desde que tenía dos años, había quedado sola en el
+mundo al morir el marqués. Éste, que jamás había sido casado, había
+tenido aquella hija en una mujer oscura, pero le había dado su nombre y
+la había legitimado.
+
+Don Acisclo, muerto el marqués, tuvo grande empeño en adelantar el
+dinero para la transmisión del título a la señorita; pero ésta lo supo,
+y se opuso del modo más resuelto. Aunque de tan corta edad, pensó y dijo
+con discreción que hasta era ridículo ser marquesa con tan poco dinero
+como tenía. Don Acisclo insistió en sacar el título, pero la niña se
+opuso cada vez con más ahínco. Quedose, pues, sin título. Todos en el
+lugar dejaron de llamarla la marquesita, como la llamaban en vida de su
+padre, y la llamaron doña Luz, que era su nombre de pila.
+
+Doña Luz, como buena hija, lamentó y lloró mucho la muerte del marqués;
+pero su humilde y cristiana resignación era grande.
+
+Con el tiempo quedó doña Luz tranquila y consolada. Vivía en casa de D.
+Acisclo. Conocía su triste situación, y no se atormentaba por ello. Se
+diría que había olvidado Madrid. Estaba conforme en pasar en Villafría
+la vida entera.
+
+
+
+
+-II-
+
+Antecedentes y pormenores indispensables aunque enojosos
+
+
+Desde la muerte del marqués habían transcurrido doce años.
+
+Doña Luz tenía veintisiete y estaba hermosísima: mucho mejor que de
+quince.
+
+Su buen natural, rectamente encaminado en su niñez y en su adolescencia
+por las lecciones del aya, no la había abandonado nunca. Doña Luz, sin
+sibaritismo, con la severidad de quien cumple un deber, había cuidado, y
+seguía cuidando en el lugar, de su alma y de su cuerpo.
+
+Con el mismo esmero con que procuraba no manchar su inteligencia ni su
+voluntad con ideas o con afectos indignos, atendía a la material
+limpieza y al honesto adorno de su persona. Doña Luz era en todo la
+pulcritud personificada.
+
+Tal vez por instinto, sin darse cuenta de ello, o al menos no dejándolo
+sentir ni recelar, se miraba y se complacía más en este que podemos
+llamar aseo moral y corpóreo, por lo mismo que se veía circundada de
+gente algo ruda y no muy limpia ni de cuerpo ni de alma, y como si
+tuviese el temor de contaminarse.
+
+Era tan circunspecta, que jamás dejaba traslucir este temor; y tan hábil
+sin arte, que nadie la acusaba de desdeñosa. Aunque no se bajaba al
+nivel de nadie, por una dulce, franca y generosa simpatía, procuraba
+elevar a las gentes a su nivel. Así había logrado infundir respeto y no
+odio: y las señoras y señoritas del lugar, en vez de tomarla por blanco
+de sus sátiras, solían tomarla por modelo, con lo cual los usos,
+costumbres y trato social, se habían mejorado bastante.
+
+Los mozos eran más reverentes con las mujeres, y algunas de éstas
+imitaban ya a doña Luz, no sin maña, en modales y compostura y hasta en
+el primor y atildamiento con que ella tenía los muebles y alhajas de su
+tocador, salita y alcoba.
+
+En el momento en que nos ponemos ahora con la imaginación, doña Luz era
+un sol que estaba en el zenit. Gallarda y esbelta, tenía toda la
+amplitud, robustez y majestad, que son compatibles con la elegancia de
+formas de una doncella llena de distinción aristocrática. La salud
+brillaba en sus frescas y sonrosadas mejillas; la calma, en su cándida y
+tersa frente, coronada de rubios rizos; la serenidad del espíritu, en
+sus ojos azules, donde cierto fulgor apacible de caridad y de
+sentimientos piadosos suavizaba el ingénito orgullo.
+
+Madrugadora, activa, acostumbrada a dar largos paseos, y a estar en casa
+empleada en algo útil, la ligereza y el brío de su cuerpo corrían
+parejas con su beldad y con su gracia. Cuando quería, bailaba como una
+sílfide; en el andar airoso, semejaba a la divina cazadora de Delos, y
+montaba a caballo como la reina de las amazonas.
+
+No se negaba a asistir a los bailes, tertulias y otras fiestas que en el
+lugar se daban. Había ido a las ferias de los lugares cercanos y a
+algunas romerías, y no esquivaba la conversación de las gentes, aunque
+con tan juicioso y bien templado decoro, que atinaba a desechar la
+familiaridad excesiva, sin ofender al vidrioso y sin alentar al audaz y
+confiado.
+
+Esto, en vez de perjudicarle, aumentaba y extendía su buen crédito.
+
+Cuando doña Luz iba por la calle, con Juana, su anciana criada, o cuando
+iba a la iglesia, grave, silenciosa, vestida toda de negro, con basquiña
+y mantilla, decían algunos mozos estudiantes, que había en el lugar, y
+que entendían más hondamente que los demás de estética y de otras
+doctrinas de amor y poesía, que doña Luz parecía una garza real, una
+emperatriz, una heroína de leyendas y de cuentos fantásticos; algo de
+peregrino y de fuera de lo que se usa; el hada Parabanú; la más egregia
+de las huríes.
+
+A pesar del respeto, algunos no acertaban a contenerse. Este decía:
+«¡Viva el salero!» Aquél: «¡Alabado sea Dios que tan hermosa la ha
+criado!» Otro: «¡Ahí va la gloria vivita!» y así por el estilo. En
+ocasiones, por último, no faltó quien se propasase a tender la pañosa a
+modo de alfombra o a tirar el sombrero calañés a sus plantas para que
+ella le hollara y pisoteara.
+
+Pero, ¡caso estupendo! en medio de todo este entusiasmo, doña Luz no
+tenía ni había tenido novio: no hablaba ni había hablado con nadie por
+la reja. Lo que sí había tenido era multitud de pretendientes, sin que
+ella hubiese dado esperanzas a ninguno. Los jóvenes más ricos de algunas
+leguas en contorno la consideraban ya como inexpugnable fortaleza. La
+esperanza, con todo, no se pierde jamás. Los hombres, en esto de
+conquistas amorosas, nos las prometemos, a menudo, felices. Así es que,
+si los del lugar estaban ya sosegados y desengañados, no faltaban aún
+forasteros, con tal de que fuesen sujetos de cierto fuste, que se
+alborotasen al ver a doña Luz, y propusiesen, allá en sus adentros,
+conseguir lo que otros no habían conseguido; pero pronto también se
+desengañaban.
+
+Con esta adoración resuelta, con este prurito de ser correspondidos, se
+habían hallado muchos, o simultánea o sucesivamente. Ninguno había
+llegado a explicaciones. Doña Luz se supo componer de suerte que no se
+había visto nunca en la dura necesidad de dar formales calabazas, ni de
+excitar el resentimiento que esto trae consigo. Era difícil hablar a
+solas con ella. Era difícil hacer llegar a sus manos carta o billete
+amoroso. Y si bien, merced a algunas viejas audaces, que donde quiera
+las hay de sobra, doña Luz había recibido papelitos en prosa y hasta en
+verso, constantemente los había devuelto sin abrir. En vista de estos y
+de otros desdenes, todos los enamorados desistían al fin de sus
+propósitos, sin motivo y hasta sin pretexto de queja.
+
+Y no podía haberla, porque doña Luz callaba toda razón ofensiva. No se
+sentía inclinada al matrimonio. No amaba. Nadie manda en su corazón.
+Tales eran sus razones.
+
+Alguien podría sospechar pero no probar su invencible repugnancia a todo
+lo vulgar y plebeyo, y el horror que de ella se apoderaba a la sola idea
+de poder un día tener un hijo que llevase su ilustre apellido en pos de
+otro apellido oscuro y rústico de algún ricacho villano.
+
+En suma: doña Luz, si no tenía esperanzas de casarse a su gusto, tampoco
+tenía o dejaba traslucir el menor deseo. Todo era en ella frialdad
+tranquila y contentamiento suave. En balde, el peor pensado de los
+hombres se atrevería a buscar en sus actos, en sus palabras, en sus
+ademanes y gesto, la más leve señal de que estuviese despechada.
+
+Doña Luz no lo estaba en realidad. Había tomado enérgicamente su partido
+y había trazado de antemano la senda de su vivir. Las frases burlonas de
+_quedarse para tía_ o _para vestir imágenes_ no hacían mella en su firme
+y acerado corazón, ni podían violentarla ni inclinarla a aceptar marido
+con el solo fin de no llegar a solterona.
+
+Varias parientas ricas, que tenía doña Luz en Sevilla y en Madrid, la
+habían invitado a que se fuera a vivir con ellas: pero, o bien porque
+así fuese en verdad, o porque doña Luz lo sospechaba, las invitaciones
+habían sido más que de corazón por cumplimiento. Además, doña Luz se
+consideraba muy pobre para su clase, y no quería ser gravosa, ni vivir a
+expensas de otros y en una especie de dependencia próxima a la
+servidumbre. Había, pues, rehusado todas las invitaciones. Su plan era
+vivir y morir oscuramente en Villafría.
+
+La misma impureza de su origen, el vicio de su nacimiento, la humilde
+condición de su desconocida madre, obraban por reacción en su ánimo y
+casi convertían su orgullo en fiereza. Para limpiar aquella mancha
+original, quería ser doña Luz mucho más limpia y mucho más pura.
+
+No quería pordiosear ni deber nada a nadie.
+
+Conservaba sin vender su casa solariega del lugar con sus antiguos
+muebles y dos criados. Si no vivía en ella, pensaba vivir más tarde, o
+bien porque don Acisclo podría faltar, o bien porque ya, entrada ella en
+años, nadie podría extrañar que viviese sola.
+
+Entretanto, vivía doña Luz en el caserón de don Acisclo, donde tenía
+holgada e independiente habitación, y donde había traído, para
+adornarla, sus más bonitos y preciosos muebles y sus libros mejores.
+
+En pago de esta hospitalidad, hacía aceptar a don Acisclo, por más que
+éste se había resistido, más de la mitad de sus rentas, o sea 8.000
+reales al año. Con lo restante, como era económica y arreglada, tenía lo
+suficiente para vestirse, comprar algunos libros nuevos y hacer
+limosnas.
+
+El único lujo, el único regalo de doña Luz, era un magnífico caballo
+negro, en el cual solía ella salir a paseo con D. Acisclo o con un
+criado llamado Tomás, que había envejecido en el servicio de su padre.
+
+Don Acisclo estaba viudo hacía muchísimo tiempo. Tenía dos hijos y tres
+hijas, todos casados y con casa aparte, de modo que, en la soledad
+anchurosa de aquel inmenso caserón, doña Luz y D. Acisclo se daban mutua
+compañía.
+
+Rayaba ya D. Acisclo en los setenta años; pero estaba recio y bien de
+salud. Iba derecho como un huso; era hombre ágil y enjuto de carnes; y,
+si no sabía más que leer y escribir medianamente y las cuatro reglas, y
+si jamás había leído un libro, tenía gran despejo natural, aunque burdo.
+Jamás había turbado su conciencia con sutilezas morales. Así es que no
+le remordía, como hemos dicho, de haber contribuido a la ruina del
+marqués. Si se había aprovechado de ella mejor le parecía que hubiese
+sido él que no otro. Mucho le hubiera dolido ver en manos extrañas el
+caudal de su amo. Poseíale, por lo tanto, de buena fe, con justo título,
+y hasta con y por cierto sentimiento de veneración a la memoria del
+difunto ilustre poseedor.
+
+Esta veneración se extendía, o mejor dicho, se extremaba y llegaba a su
+colmo, sin afectación ni servilismo, cuando se trataba de la señorita
+doña Luz, en quien, fascinado el viejo, creía descubrir a un ser cuyos
+arcanos pensamientos, móviles y resortes de acción, apenas entreveía; a
+una criatura rara e inusitada, de otra casta muy diferente de la suya, y
+con la cual, sin embargo, comía de diario y tenía la honra de compartir
+la vivienda.
+
+
+
+
+-III-
+
+De otras menudencias que la escrupulosidad del narrador no permite que
+pasen en silencio
+
+
+Constaba esta vivienda, como la de muchos otros ricos hacendados de
+Andalucía, de dos casas contiguas, en comunicación: la de los amos y la
+que se llama siempre casa de campo, aunque esté en el centro de la
+población.
+
+La casa de los amos no tenía más habitantes que D. Acisclo en un
+extremo, y doña Luz en otro, con su vieja criada Juana, que dormía en un
+cuarto al lado del de su señora.
+
+Había un gran comedor, otro comedor pequeño para diario y varios salones
+de respeto, que no se abrían sino en las ocasiones solemnes, y donde,
+entre otras preciosidades, D. Acisclo, sus hijos, hijas, yernos y
+nueras, todos resplandecían retratados al óleo, de tamaño más que
+natural, y casi de cuerpo entero, por un pintor ambulante que acertó a
+pasar por Villafría, y que llevó una onza de oro por cada retrato.
+Verdad es que D. Acisclo le agasajó y trató a cuerpo de rey, sentándole
+a su mesa todo el tiempo que tardó en pintarlos, lo cual fue obra de
+cinco meses, y luego, al partir, le hizo presente de mil chucherías,
+como, por ejemplo, de un pipotillo con aguardiente de doble anís, de
+orejones secos y de alfajores y piñonate. Los retratos lo merecían por
+lo parecidos. No les faltaba más que hablar. Las blondas que figuraban
+en los de las damas, estaban algo confusas al principio; pero, cediendo
+a las quejas de las damas susodichas, el pintor lo arregló con ingenioso
+artificio. Untó en albayalde un pedazo de tul, le aplicó al sitio del
+cuadro, ya seco, donde la blonda estaba representada, y resultó un
+efecto maravilloso, porque hasta los agujeritos de la blonda se veían y
+aun podían contarse.
+
+Todo esto era en el piso principal, donde había dos chimeneas, que allí
+llaman francesas, y que no se encendieron sino cuando vino el obispo, en
+pleno invierno, y por poco se ahoga S. S. I. con el humo que se armó.
+Pero en cambio había una magnífica cocina de señores, con chimenea de
+campana, de muchísimo tiro, donde ardía siempre, durante la estación
+fría, abundante leña de olivo y de encina y rica pasta de orujo; donde
+rara vez se guisaba; y donde los señores se calentaban muy a su sabor.
+En esta cocina adornaban las paredes varias jaulas de perdices, puestas
+sobre repisas, escopetas y otras armas, y algunas cabezas de ciervos,
+lobos, zorros, tejones y garduñas, muertos por D. Acisclo.
+
+En el piso bajo había casi tanta habitación como en el principal; y, si
+se contaba con el patio con toldo, había más. Allí se vivía durante el
+verano. En toda estación estaba allí el despacho de D. Acisclo, donde
+este activo labrador y ganadero trataba con chalanes, corredores,
+rabadanes, aperadores, capataces y caseros: entendiéndose por caseros,
+no el terror de los inquilinos morosos, como en Madrid, sino los que
+cuidan y guardan las caserías o viviendas de cada finca rústica.
+
+En el piso bajo, en la sala de más aparato y autoridad, que se llamaba
+la cuadra, porque era cuadrada, había también algo que daba lustre a
+aquella casa. Es de saber que en no pocos pueblos de Andalucía hay
+multitud de imágenes benditas, que se sacan en procesión en las grandes
+festividades, y singularmente en Semana Santa. El número de estas
+imágenes suele hacer que no quepan bien en los templos, por lo cual
+muchas están depositadas en casas particulares hasta el único día del
+año en que han de salir en procesión. D. Acisclo tenía en la cuadra baja
+una de estas imágenes, de cuya cofradía era hermano mayor; pero no era
+una imagen de tres al cuarto, sino la más complicada que se conocía y la
+de mayor empeño y coste, ya que en realidad no rezaba con ella aquel
+decir proverbial de:
+
+Santirulitos bonitos, baratos, Ni comen, ni beben, ni gastan zapatos.
+
+Aquella imagen o representación comía y bebía, o mejor dicho, cenaba:
+era nada menos que la _Cena_.
+
+Cristo y los doce apóstoles de bulto estaban sentados a la mesa; Cristo
+echaba la bendición, San Juan se dormía sobre el hombro de su Divino
+Maestro, y el feísimo y traicionero Judas, con enmarañado pelo rojo,
+metía la mano en el plato del centro, porque es sabido que no tenía
+pizca de educación.
+
+El Jueves Santo salía en procesión la Cena, y el Miércoles Santo por la
+noche estaba expuesta en la cuadra a la veneración de los fieles,
+quienes con tal motivo tenían entrada franca en la casa, lo cual se
+llamaba y se llama aún _visitar las insignias_, y apenas quedaba en el
+lugar quien no las visitase en la víspera de la respectiva procesión. Y
+esto si contar con los forasteros.
+
+La mesa en que Cristo y los apóstoles estaban sentados, era bastante
+capaz, y, en tan solemnes días, se cubría con preciosos manteles
+alemaniscos y se adornaba con mil lindezas, flores, viandas, dulces y
+frutas. Aunque no había en la mesa _de cuanto Dios crió_, como afirmaba
+la gente del pueblo con encarecimiento desmedido, era innegable que
+había objetos raros y costosos: uvas de corazón de cabrito como acabadas
+de coger y que por milagro se habían conservado, claveles y tempranas
+rosas de olor en grandes piñas, ramos de violetas y camelias, etc., etc.
+Las paredes de la sala donde estaba la Cena se tapizaban de damasco
+carmesí; sobre el damasco se colgaban lindas y antiguas cornucopias con
+muchas velas de cera ardiendo, y también en la sala había verdes
+plantas, y canarios en jaulas, y una enorme cruz negra de madera, con
+adornos y remates de plata fina, asida a la pared por fuertes alcayatas.
+Era la cruz que D. Acisclo, cuando mozo, había llevado al hombro en las
+procesiones durante muchos años, porque había sido y era aún _hermano de
+cruz_, aunque jubilado, y aún se vestía de _nazareno_, para ir en la
+procesión como hermano mayor delante de la Cena, con una túnica de rica
+seda morada que había costado un dineral; pero entonces no llevaba la
+cruz, sino una pértiga reluciente, signo de autoridad y mando. Su hijo
+primogénito iba delante con el estandarte de la cofradía.
+
+El gasto de la fiesta era grande, porque D. Acisclo costeaba toda la
+cera que llevaban ardiendo los que con sendas velas seguían su insignia,
+y en la noche del Jueves Santo, terminada ya la procesión, daba de cenar
+a todos los cofrades, que eran muchos, agasajándolos y hartándolos con
+potaje de habas, cornetillas picantes, cazón en ajo de pollo, bacalao
+con tomates o en albóndigas, a veces hasta _serafines_ fritos, pues,
+aunque parezca extraño, _serafines_ se llaman en aquel país los
+boquerones, y de postres deliciosos pestiños y vino añejo. Pagaba además
+con rumbo generoso a los cuarenta o cincuenta ganapanes que habían
+llevado en hombros las andas, y en las andas la mesa, con Cristo,
+Apóstoles y _cuanto Dios crió_; empresa titánica, de la cual no pocos
+quedaban derrengados y con feroces ampollas, a pesar de las
+almohadillas.
+
+Aquella noche echaba D. Acisclo el bodegón por la ventana.
+
+La gente menuda fumaba a su costa los mejores _coraceros_ que había en
+el estanco, y el señorío tomaba chocolate con hojaldres, empanadas,
+hornazos, tortas de varias clases, como por ejemplo, de polvorón y de
+aceite, y roscos de vino y de huevo.
+
+En cualquier día y a cualquier hora se mostraba en todo que D. Acisclo
+era espléndido y acaudalado.
+
+El patio de la casa era anchuroso y enlosado de mármol. En su centro
+lucía una taza de mármol también, donde caía el agua clara de un copioso
+y alto surtidor. En torno de la fuente se veían muchas macetas con
+flores y hierbas olorosas, y alrededor arriates con bojes, que formaban
+bolas y pirámides, y rosales de enredadera, jazmines y naranjos, que
+revestían el muro y trepaban por cima de los balcones del piso
+principal, tejiendo una capa o manto de flores, frutos y verdura, y
+embalsamando el ambiente, ya con el olor del azahar, ya con el más leve
+aroma de jazmines y de mosquetas.
+
+De este patio, así como de un jardín más extenso, con honores de huerta,
+que había a espaldas de la casa, cuidaba doña Luz con esmero. Hasta
+hacía venir flores y plantas, que jamás se habían conocido en Villafría,
+y solía aclimatarlas.
+
+De nada más cuidaba doña Luz, no por desidia, sino porque, según decía
+D. Acisclo, se obstinaba en sostener que estaba como de huésped, y no
+quería meterse en camisón de once varas.
+
+Quien lo gobernaba todo, la verdadera directora y ama de llaves, era la
+Sra. Petra, de edad de cincuenta años muy cumplidos. Ella entendía en el
+gasto diario, vigilaba la cocina y tenía las llaves de la despensa, de
+la repostería, de la candiotera, de las cuatro bodegas de vino, aceite,
+aguardiente y vinagre, y de los desvanes o graneros, donde siempre había
+trigo, cebada, arvejones, yeros, matalahúga y otras semillas.
+
+A las inmediatas órdenes de la Sra. Petra había cuatro criadas: dos,
+zagalonas aún, duras en el trabajo, de apretadas carnes y músculos de
+acero, las cuales eran de las que llaman por allá _de cuerpo de casa_,
+esto es, que servían para fregar, aljofifar, enjalbegar y tenerlo todo
+_saltandito_ de limpio; otra, ya más granada, aunque moza también, que
+cosía, zurcía y planchaba la ropa, y otra que guisaba los más castizos y
+sabrosos guisotes de la tierra, y que sabía hacer almíbares, cuajados,
+pastelillos, arrope y gachas de mosto.
+
+Toda esta tropa femenina habitaba y dormía en el piso principal de la
+casa de campo, donde también tenían habitación el aperador, su mujer y
+sus cuatro chiquillos; pero éstos, tan apartados, que no se veían ni se
+entendían sino cuando el amo llamaba.
+
+Había, por último un mozo, que dormía junto a la caballeriza y cuidaba
+de ella, de los patios y corrales.
+
+Tal era la servidumbre doméstica, por decirlo así. Pero ya se entiende
+que los jornaleros, el mulero, los caseros, los viñadores, los
+pisadores, los del molino y la demás gente que se empleaba en las faenas
+agrícolas, iban y venían y hacía estancia en la casa de campo, donde
+había anchura sobrada, y alambique, lagar, alfarje y prensas para la
+aceituna y la uva.
+
+Resultaba, pues, como ya queda apuntado, que en la casa de los amos sólo
+vivían D. Acisclo, doña Luz y su criada Juana.
+
+Tomás, el antiguo criado del marqués, vivía en la casa solariega con un
+mozuelo que le ayudaba a cuidarla y a cuidar también el hermoso caballo
+negro de la señorita.
+
+En la casa había dos mesas: una a la que se sentaban D. Acisclo y doña
+Luz y algún convidado si le había; otra para la _familia_ (en los
+pueblos andaluces se sigue llamando _familia_ a los criados), y en dicha
+mesa se sentaban la señora Petra presidiendo, las dos mozas de _cuerpo
+de casa_, la costurera y planchadora, la cocinera, el mozo de la
+caballeriza, Tomás y su ayudante, y la Juana, doncella de la señorita
+doña Luz.
+
+El aperador y los suyos hacían rancho aparte y tenían una cocinilla
+moruna donde guisaba la aperadora.
+
+Esto no impedía que ella, o alguno de sus hijos, o todos, incluso el
+aperador, aunque no hijo, sino padre, estuviesen convidados con
+frecuencia a la mesa de la familia, a la cual se sentaban asimismo el
+mulero y otros cuando estaban en el lugar, y a la cual la señora Petra y
+la Juana se atribuían el derecho, y no se descuidaban en ejercerle, de
+hacer las invitaciones que se les antojaban.
+
+Tal era la casa en que durante doce años había vivido doña Luz, y tal la
+gente de que estaba rodeada en mayo de 1860.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Los amigos íntimos de doña Luz
+
+
+Doña Luz, dadas las circunstancias en que se hallaba y las condiciones
+de su carácter, no podía menos de vivir como vivía.
+
+El orgullo es malo sin duda.
+
+¿Cuánto mejor y más cristiana no es la humildad? En el orgullo hay mucho
+de egoísmo, mientras que la humildad es toda devoción y abandono. Y sin
+embargo, ¿cómo negar que un orgullo bien dirigido es causa a veces de
+altas virtudes y de honrada conducta?
+
+Sea como sea, no debemos ocultar que nuestra heroína era muy orgullosa.
+
+Quien esto escribe no tiene manías o predilecciones aristocráticas. Al
+contrario, siempre se ha obstinado en creer que no vale menos la gente
+de los lugares que la más encopetada de la corte. _Mutatis mutandis_,
+todo le parece lo mismo: la mujer del alcalde es igual a una emperatriz
+o reina, la del escribano equivale a la duquesa más en moda en Madrid, y
+el majo Fulanito se le antoja más brioso, y gallardo, buen jinete,
+seductor, afable y ameno, que el más perfecto _dandy_ de cuantos ha
+conocido.
+
+Pero, mirándolo bien, esto no es espíritu democrático discreto, sino
+negro y desconsolador pesimismo. La democracia optimista y sana
+consiste, sin duda, en creer que la mejor educación desde la primera
+infancia, el buen ejemplo y nombre de padres y abuelos, la obligación de
+no deshonrar ni deslustrar este buen nombre y el vivir en medio más
+urbano y culto, deben ser escuela e incentivo eficaz para ser virtuosos
+o discretos, o seductores, o dignos o todo a la vez. En igualdad de
+índole y de luces intelectuales debe, por consiguiente, valer mucho más
+quien posee los dichos exteriores requisitos que aquel que no los posee:
+en igualdad de condiciones internas, la hija de un marqués, por ejemplo,
+aun cuando sea bastarda, debe conducirse mejor que la hija de un
+pelafustán. De entender lo contrario por espíritu democrático, se
+seguiría que lo que debemos desear es la igualdad bajando y no subiendo:
+la nivelación en la ignorancia, la abyección y la miseria, y no la
+nivelación y elevación posibles, en todos aquellos medios, en toda
+aquella acumulación de recursos hecha por las pasadas generaciones, a
+fin de que con su auxilio sigamos ascendiendo hacia el bien, hacia la
+luz y hacia la belleza.
+
+Yo comprendo como veneranda y punto menos que santa, aunque vaya por
+caminos extraviados, la intención del demagogo, demócrata y hasta
+socialista, que pugne por dar a todos los hombres educación liberal,
+recursos y cuantos elementos gozan los llamados aristócratas, si es que
+estos elementos valen, no sólo para gozar, sino para ser mejores; pero
+si sólo valen para gozar y ser más débiles, corrompidos y ruines, no me
+explico la democracia progresista, sino la democracia de Rousseau, que
+procura retrotraer a la humanidad al estado salvaje.
+
+De cualquier modo que sea, conste que yo no defiendo aquí esta o aquella
+opinión. No es lo que escribo un tratado de filosofía política. No
+intento tampoco presentar a doña Luz como un dechado de excelencias,
+sino presentarla tal como ella fue.
+
+Doña Luz sentía profundamente la dignidad humana, pero suponía que lo
+claro y distinto de este sentimiento, que había en ella más que en otras
+personas, no dependía sólo de un don natural y gratuito, sino de una
+educación superior a la de la generalidad, y mucho más esmerada. Esto,
+más bien que orgullo, parece modestia. Ella creía tener un ideal de sí
+propia que había ido realizando y como trayendo fuera, merced sin duda a
+su misma energía, pero auxiliada de circunstancias dichosas e iniciales
+que debía a la Providencia, y en que no todos, sino pocos, se hallan. Se
+juzgaba, pues, como favorecida por Dios, y por lo mismo con más
+obligaciones que cumplir. Por cada favor divino, una obligación sagrada.
+Tenía talento, estaba obligada a cultivarle; era bella y fuerte,
+necesitaba conservar su fuerza y su hermosura; había recibido un nombre
+ilustre, y, ya que no acertase a ilustrarle más, no debía mancharle.
+
+Aunque ella se considerara igual por naturaleza a los demás seres
+humanos, los juzgaba a todos marchando en busca de mayor bien y de
+superior altura más luminosa y serena. Si ella, aun cuando fuese por un
+capricho de la suerte, iba delante y se hallaba más cerca de la cumbre,
+su filantropía no podía extenderse a más que a dar la mano a los que
+estuviesen en condiciones de trepar hasta donde estaba ella, y no a
+aquellos que estaban tan bajos o tan hundidos en el lodo, que en vez de
+alzarlos, se dejaría ella arrastrar cayendo en el lodo también.
+
+Ya hemos indicado que el orgullo de doña Luz se velaba y envolvía en el
+más discreto disimulo; y esto no sólo por prudencia y por interés
+propio, sino por vivo sentimiento de caridad. Nada le dolía tanto como
+humillar al prójimo. Si tal vez se complacía en lucir alguna habilidad,
+alguna buena prenda de su espíritu, algún primor o elegancia de su
+persona, era con los capaces de sentir el estímulo de imitarla o alzarse
+hasta ella; no por el prurito de excitar estéril admiración o envidia
+dolorosa.
+
+Doña Luz, por lo mismo que tenía tanto orgullo, no tenía chispa de
+vanidad. Gustaba en todo de pagar con usura lo que recibía. No anhelaba
+que la amasen más de lo que podía amar ella. La coquetería era, pues,
+para doña Luz un vicio ignorado y casi incomprensible. Su fallo, la
+propia sentencia que ella dictaba acerca de cualquiera calidad, acto o
+virtud de su persona, la lisonjeaba y complacía mil veces más que todo
+el aplauso de cuantos la rodeaban. Así es que sólo quería agradar de
+puro bondadosa: por donde resultaban en ella una naturalidad, una
+modestia y un olvido aparente de su propio mérito, que encantaban y
+pasmaban.
+
+Otras mujeres están anhelando siempre inspirar pasiones; doña Luz huía
+de inspirarlas; y, aplicando un pronto desengaño, las mataba en todo
+corazón antes de que naciesen. ¿Para qué ser amada si no había de amar a
+quien la amase? En amor, lo mismo que en amistad, doña Luz deseaba dar
+el doble. Y no pudiendo amar en Villafría, había poco a poco apartado de
+sí a todos los mozos del lugar, y había elegido sus amigos íntimos entre
+los viejos.
+
+Si era dulce en su trato con todos, usaba tan estudiada cortesía, que
+sin que la tildasen de soberbia, evitaba la intimidad con todos, menos
+con cuatro sujetos.
+
+El primero era D. Miguel, cura de la parroquia, anciano excelente aunque
+de cortísimos alcances, con quien se confesaba todos los meses, a quien
+daba sus ahorrillos para que los repartiese en limosnas a los
+necesitados, y con quien a menudo jugaba al tute. El corazón y la mente
+de doña Luz eran para el pobre cura el libro de los siete sellos. En
+esta oscuridad, y siendo además D. Miguel poco entusiasta, quería con
+moderación a doña Luz; pero la quería con toda la fuerza de alma de que
+él podía disponer para el cariño, que era poquísima. Doña Luz, en
+cambio, idolatraba al cura de cierta manera. Se complacía en aquella
+transparencia, en aquella nitidez, en aquella bendita vaciedad de su
+espíritu, y le mimaba y agasajaba como a un niño pequeñuelo. Por medio
+de un contrabandista que iba y venía con telas de algodón, hacía traer
+de Lisboa para D. Miguel el rapé más selecto; y, procurando que no le
+hiciesen mal, le enviaba confites, bizcochos y otras golosinas, a que el
+cura era muy aficionado.
+
+Otro íntimo de más importancia, era el médico D. Anselmo. Y digo de más
+importancia, por lo que él valía, no porque doña Luz le necesitase. La
+salud de doña Luz era insolente de buena. Ni un dolor de cabeza nunca.
+
+D. Anselmo era un hombre despejadísimo, y no sólo hábil e instruido en
+su profesión, sino de variada lectura y de singular facilidad de
+palabra. No se extrañe que con tales dotes fuese médico en un lugar. O
+la fortuna no le había sonreído, o su genio indómito y arisco se había
+opuesto a que se encumbrase. Lo cierto es que, siendo persona de valer,
+se había resignado a vivir y ejercer su facultad en Villafría.
+
+Doña Luz tenía encantado a D. Anselmo y D. Anselmo a doña Luz. Para esto
+había diversas causas. Ahora que están en moda los _schemas_, podremos
+representar los espíritus del médico y de la señorita, como dos esferas
+muy excéntricas, pero tocándose y compenetrándose por un lado, donde
+formaban sendos casquetes unidos por la base; algo idéntico a la
+humanidad en el _schema_ del ser, a la _lenteja_ que los krausistas han
+hecho tan famosa. D. Anselmo y doña Luz tenían, pues, una lenteja
+espiritual mancomunada, donde se entendían a maravilla, quedando el
+resto de la esfera de cada uno desconocida e inexplorada por el otro.
+Así es que jamás llegaban a saberse de memoria; escollo en que suelen
+dar los entendimientos afines, y que a la larga engendra fastidio y
+desvío.
+
+Siempre tenían estos dos amigos campo en que hacer incursiones y
+descubrimientos, tratando de penetrar o penetrando el uno en la mente
+del otro. Nunca se hartaban de hablar, y su conversación era una eterna
+disputa. Doña Luz era creyente y espiritualista con su poco de
+misticismo; D. Anselmo, positivista feroz. D. Anselmo era además un
+parlanchín de siete suelas, y nada le encantaba más que el que le
+oyesen. Sólo se reposaban ambos en sus discusiones cuando jugaban al
+ajedrez. Solían jugar uno o dos juegos diarios.
+
+Don Anselmo, contaría ya sesenta años de edad. Estaba viudo como D.
+Acisclo, y tenía una hija de veinte, morenilla muy agraciada, pequeña de
+cuerpo, soltera aún, y llamada doña Manolita, alias _la culebrosa_. La
+llamaban así por su extraordinaria viveza y movilidad. Afirmaban en el
+pueblo que estaba hecha y como amasada de rabillos de lagartijas. Decía
+y hacía a cada momento doscientos mil graciosos disparates, aunque todos
+inocentes y nada comprometidos, por lo cual la apellidaban también _el
+trueno_; pero realmente no era trueno, sino tempestad de risas, de
+bromas alegres y de regocijados discursos, porque era no menos picotera
+que su padre. Por lo demás, el fondo de doña Manolita no podía ser más
+excelente. Era leal, afectuosa sin malicia y sin envidia, de agudo
+ingenio, y más juiciosa y reflexiva en lo importante de lo que prometía
+su exterior y superficial aturdimiento.
+
+Como doña Luz era grave y mesurada, doña Manolita le servía como para
+completar sus modos de ser. Por esto, sin duda, y por las otras
+cualidades de que hemos hablado, doña Luz hizo de ella su compañera.
+Doña Manolita era la única persona a quien doña Luz tuteaba en
+Villafría. Aún no se confiaba en ella con total abandono, porque doña
+Luz era muy reservada; pero de día en día iba ganando más doña Manolita
+en su corazón. Juntas salían a pie de paseo, juntas iban a la iglesia, y
+juntas tenían costumbre de sentarse en las tertulias. Doña Manolita
+remedaba a doña Luz en vestido y peinado, y la seguía o acudía adonde la
+llamaba. Decía doña Manolita que era ella para doña Luz lo que para los
+galanes de las comedias de capa y espada el lacayo gracioso; y
+recordando que en varias comedias de las mejores este lacayo se llamaba
+Polilla, decía a doña Luz: «Hija, yo soy tu Polilla».
+
+Respecto a D. Acisclo, pensaba doña Luz como su padre, y no guardaba al
+antiguo administrador la más ligera inquinia, porque se hubiese alzado
+con casi todo el caudal de sus mayores. Si el marqués se había empeñado
+en arruinarse, ¿qué pecaba en ello D. Acisclo? Con cierta moral
+alambicada, que don Acisclo no podía conocer, acaso hubiera salvado los
+intereses del marqués, acaso hubiera hecho durar otros cuantos años más
+el esplendor de la casa; pero pedir esto por aquellos lugares era pedir
+cotufas en el golfo. Bastaba, pues, a doña Luz, para estar profundamente
+agradecida a D. Acisclo, la firme persuasión que abrigaba, de que con
+otro cualquier administrador de por allí, la ruina de su padre hubiera
+sido diez años más pronto, y ella no se hubiera criado como una dama
+elegante, en el seno del bienestar, con aya inglesa, y con todos los
+cuidados debidos. Sabe Dios cómo se hubiera criado y lo que hubiera sido
+de ella si el marqués se arruina y muere de berrenchín, dejándola
+huérfana de edad de cinco años y no de quince.
+
+Doña Luz gustaba además de D. Acisclo. Simpatizaba con su actividad, con
+su amor al trabajo y con otras virtudes que en él resplandecían.
+
+Por el buen parecer, doña Luz había vivido, sin el menor conato de irse
+a su casa, en la casa de don Acisclo, hasta que cumplió veintidós años.
+Desde entonces en adelante, intentó varias veces irse a vivir sola a su
+casa; pero D. Acisclo la retenía suave y cariñosamente. Dábale a
+entender que sería una tristeza quedar solo, después de haberse
+acostumbrado a su compañía, y apelaba también, algo grotescamente, a qué
+dirán, sosteniendo que doña Luz era muchacha y que no debía campar por
+sus respetos como vieja solterona, que buena y severa que fuese, si
+vivía sola, habían de decir que era _una vaca sin cencerro_.
+
+Doña Luz, lejos de ofenderse, se reía de esta comparación poco galante,
+y seguía viviendo en la casa del antiguo administrador.
+
+Por otra parte, la independencia de doña Luz era perfecta.
+
+Tres o cuatro cuartos le pertenecían exclusivamente en la casa, y
+estaban amueblados con el gusto más primoroso. En ellos no entraban de
+diario sino los cuatro amigos íntimos ya referidos: Juana la criada; una
+de las de _cuerpo de casa_, que hacía la limpieza bajo la inspección de
+Juana, a fin de que no rompiese algún objeto de arte o mueble delicado;
+y, por último, otros tres seres, que eran también semi--íntimos de doña
+Luz, y que completaban o cerraban su círculo familiar. Eran estos tres
+seres Tomás el criado antiguo, y ya su escudero y acompañante, cuando
+ella salía a caballo; el tío Blas, aperador de la señorita, con quien se
+entendía para cuidar sus bienes, que ella misma administraba y que iban
+mejorando hasta el punto de que le producían cerca de 20.000 rs. en
+algunos años de buena cosecha; y el galgo Palomo, blanco, gigantesco en
+su clase, y de terrible genio para quien se le antojaba a él que
+molestaba u ofendía a su ama, con la cual era todo blandura, docilidad y
+mansedumbre.
+
+A más de esta sociedad cotidiana, no se negaba doña Luz a asistir a
+otras de más ancha base. Los hijos, hijas, nueras y yernos de D.
+Acisclo, con crecida y numerosa prole, sus consuegros y consuegras,
+compadres y comadres, formaban una caterva con quien era menester
+alternar. Todos ellos eran insignificantes y poco divertidos; no eran ni
+malos ni buenos, y doña Luz hacía milagros de diplomacia para no
+tratarlos mucho y no enojarlos tampoco.
+
+En los días de cumpleaños y del santo de cada individuo de la familia de
+D. Acisclo, había comida patriarcal en la casa, y mucho jaleo de baile.
+Doña Luz no se excusaba de asistir a tales funciones, y casi siempre
+acertaba a dejar prendados a todos de su amabilidad y alegría.
+
+
+
+
+-V-
+
+La amistad de doña Manolita
+
+
+La vida de doña Luz era, no obstante, tan regular, tan monótona, tan sin
+accidentes que diferenciasen unos días de otros días, que habían pasado
+los años, y en la memoria de ella eran como sueño fugaz, donde todo
+estaba confundido.
+
+Esto tiene para cualquiera el hechizo de la paz. Para doña Luz aún tenía
+mayor hechizo.
+
+Cuanto agitaba su mente con pensamientos, o su voluntad con deseos o
+pasiones, era extraño al mundo que la rodeaba: procedía de un mundo
+ideal, donde no hay espacio ni tiempo. Así es que, si bien doña Luz, no
+distinguiéndose en esto de los demás mortales, no pensaba ni sentía todo
+a la vez, como las causas de su pensar y de su sentir más hondo no
+tenían punto señalado en nuestro planeta, ni momento marcado en la
+cronología, los efectos se sustraían también a las leyes de la sucesión
+y del lugar y parecía que se daban en una eternidad inmóvil.
+
+Me pesará de no ser claro y trataré de explicarme con más llaneza,
+aunque peque de difuso. Doña Luz no era una soñadora mística; distaba
+infinito de vivir en continuo arrobo; veía, comprendía y apreciaba
+cuanto ocurría en torno de ella en el mundo real; pero los lances y
+sucesos de Villafría la interesaban menos, aunque los veía de cerca, que
+los lances y sucesos que las historias y novelas relataban, que la
+poesía acertaba a presentarle o que ella misma fantaseaba en ocasiones.
+No tenía tampoco doña Luz un corazón de cal y canto, sino un corazón muy
+compasivo y afectuoso; se dolía de los males y desgracias del prójimo,
+procuraba remediarlos, los consolaba a veces, y en esto consumía parte
+de su actividad. Pero como su actividad era grande, y se dilataba muy
+más allá de los límites de Villafría y aun se prolongaba de un modo
+infinito, venía a resultar que lo más íntimo y esencial de su vida, lo
+que más la afectaba no estaba en Villafría, y, por consiguiente, no
+estaba en ninguna parte. Por esto, sin ser ella soñadora, vivía como
+soñando.
+
+Por mucho que anhelemos ponderar la ternura de alguien, no iremos hasta
+afirmar que se marcan las más importantes épocas de su existencia por el
+día en que murió de viruelas el hijo del vecino de enfrente, o por la
+noche en que se prendió fuego el cortijo del labrador con quien se ha
+conversado alguna vez al ir de paseo o al salir de la iglesia. Para
+marcar dichas épocas, son necesarios casos que toquen más íntimamente a
+nuestro propio ser. Para doña Luz no había época de este orden desde la
+muerte de su padre. Verdad es que, muy al contrario de la generalidad de
+las mujeres, daba ella poco valer a multitud de cosas con que otras
+llenan la memoria, sin descuidar ni borrar los pormenores al parecer más
+insignificantes.
+
+En nada, en mi sentir, se señala más que en esto el espíritu femenino.
+Yo confieso que me quedo embobado oyendo referir a las mujeres sucesos,
+lances o conversaciones. No hay menudencia que echen en olvido. Y dijo
+éste... y relatan todo lo que dijo. Y contestó el otro... y no olvidan
+palabra de lo que contestó. Y luego replicó el de más allá... y tampoco
+se queda traspapelada una letra sola de la réplica. Imagina el oyente
+que levantan acta circunstanciada y fiel de cuanto presencian y oyen. No
+así doña Luz. Doña Luz hacía caso de muy pocos sucesos.
+
+Lo que más la entusiasmaba, deleitaba o conmovía, lo mismo era de hoy
+que de ayer, lo mismo de un año más tarde que de un año más temprano: la
+vuelta de la primavera, un cielo lleno de estrellas, la luz de la luna,
+el alba, el olor y la belleza de las flores, la música, los versos y
+cosas así que son de siempre.
+
+Hasta las relaciones amistosas de doña Luz con el médico, con el cura y
+con D. Acisclo, eran invariables: estaban siempre en el mismo ser, sin
+crecer ni menguar.
+
+Sólo en las relaciones con doña Manolita hubo variación, aumentando la
+intensidad en el afecto.
+
+Partamos, pues, del instante en que crece y llega a su colmo esta
+amistad entre doña Luz y doña Manolita.
+
+Era una mañana de mayo. Ya hemos dicho que doña Luz madrugaba. También
+madrugaba la hija del médico. A las siete de la mañana vino a ver a su
+amiga, y penetró en su saloncito, donde tenía entrada libre.
+
+Si cualquier hombre del mundo, conocedor de la vida de Madrid o de otra
+capital de Europa, y conocedor del modo de vivir de nuestros lugares de
+Andalucía, hubiera entrado allí, se hubiera sorprendido agradablemente y
+hubiera dudado de lo que veían sus ojos.
+
+El saloncito de doña Luz tenía todo el _confort_, toda la elegancia de
+un saloncito de una dama madrileña de las más _comm'il faut_, a par de
+ciertas singularidades poéticas del campo y de la aldea.
+
+Dos ventanas daban al huerto, donde se veían acacias, álamos negros,
+flores, árboles frutales, también en flor entonces, y brillante verdura.
+Dentro del saloncito había asimismo plantas y flores en vasos de
+porcelana. Una jaula grande encerraba multitud de pájaros que alegraban
+la estancia con sus trinos y gorjeos. Tenía doña Luz dos primorosos
+escritorios antiguos, con cajoncitos y columnitas, llenos de
+incrustaciones de marfil, ébano y nácar; cómodos sillones y sofás; una
+chimenea _francesa_ mejor construida que las otras que había en la casa;
+espejos, cuadros bonitos y un armario lleno de libros lujosamente
+encuadernados.
+
+Sobre su mesa de escribir se parecía el mejor cuadro, o al menos el que
+doña Luz estimaba más. Figuraba varios atributos y emblemas de la
+Pasión; clavos, corona de espinas, escalera, gallo y lanza de Longinos;
+en el centro la cruz, y en torno de la cruz muchas flores lindamente
+pintadas. No era, con todo, esta pintura lo que daba a los ojos de doña
+Luz tanto precio a aquel objeto; era lo que la pintura encubría. Se
+tocaba un resorte, se apartaba la pintura que hemos descrito, como si
+fuese una puerta, y dejábase ver otro cuadro de muy superior mérito; un
+cuadro horrible y bello a la vez. Era la figura de Cristo, de medio
+cuerpo, de admirable beldad y de un trabajo delicadísimo y prolijo. Las
+barbas y los cabellos se podían contar. La regularidad y noble simetría
+de todas las facciones infundían amor y respeto; pero las angustias del
+patíbulo, los horrores de la agonía, los tormentos todos estaban
+marcados en aquella cara flaca y macilenta, y en aquel pecho y en aquel
+costado herido por la lanza. Era un Cristo muerto: la hendidura lívida
+del clavo atravesaba su diestra que reposaba sobre el descarnado pecho;
+las llagas enconadas de las espinas, vertiendo sangre aún, se veían en
+sus sienes; la boca entreabierta; amoratados los labios; los párpados
+caídos, aunque no cerrados del todo, dejaban ver sus ojos vidriosos y
+fijos. El pintor había acertado a unir, con inspiración monstruosa, la
+imagen de una criatura próxima a disolverse, y la forma sobrehumana que
+el mismo Dios había tomado.
+
+Unos inteligentes atribuían aquel cuadro al divino Morales; otros habían
+dicho que era de un discípulo de Morales y no del propio maestro. De
+cualquier modo, el cuadro había estado vinculado en la casa y era una de
+las pocas alhajas de algún valer que el marqués no había vendido.
+
+El cuadro era tal que una mujer más delicada, menos briosa que doña Luz,
+ni le tendría en su cuarto ni le miraría con tanta frecuencia. El amor a
+la divina representación de Cristo se hubiera combinado con el miedo y
+con una compasión tremenda que tal vez la hubieran hecho caer en
+convulsiones, o producido en ella ataques de nervios y hasta delirio.
+Pero doña Luz era muy singular y hallaba extraño deleite en la larga
+contemplación de aquel cuadro, donde se cifraban el más alto misterio y
+los dos más opuestos extremos de valer de la humana naturaleza: toda la
+beatificación, toda la hermosura, todo el celeste resplandor de que es
+capaz nuestra carne, unida a un alma pura, y siendo templo y morada del
+Eterno, y los dolores, a la vez, y las miserias, y los padecimientos
+lastimosos y la corrupción nauseabunda de esa carne misma.
+
+Doña Luz halló este espantoso cuadro prudentemente cubierto por el otro,
+y así le conservó, trayéndole de la casa solariega a su habitación en
+casa de D. Acisclo. A casi nadie se le mostraba; pero ella, que tenía
+muy rara condición y muy contrarias propensiones en el espíritu activo e
+infatigable, tal vez después de trotar y galopar y dar saltos peligrosos
+en su caballo negro, durante dos o tres horas; tal vez después de haber
+limpiado, bañado y frotado con complacencia su hermoso cuerpo, que del
+valiente ejercicio había vuelto cubierto de sudor; rebosando ella salud,
+en todo el brío de la mocedad y en todo el florecimiento de la belleza
+plástica, se sentía llena de ímpetus ascéticos, y abriendo su cuadro, le
+contemplaba largo tiempo, y las lágrimas acudían a sus ojos, y acudían a
+sus rojos labios plegarias inefables que ella murmuraba y apenas
+articulaba.
+
+Aquella mañana no había en doña Luz ascetismo ninguno, o por lo menos,
+no había acudido aún el ascetismo. Estaba doña Luz vestida con una linda
+bata, y los cabellos rubios, no peinados aún, recogidos en red sutil.
+Recostada lánguidamente en una butaca, leía, ya en este, ya en otro, de
+dos libros que tenía al lado. Eran Calderón y Alfredo de Musset. Doña
+Luz andaba estudiando y comparando cómo aquellos dos autores habían
+puesto en acción dramática la misma sentencia: _No hay burlas con el
+amor_ y _On ne badine pas avec l'amour_.
+
+No la impulsaba a este estudio la mera afición especulativa a la crítica
+literaria, sino un caso práctico, que hacía poco más de dos meses que se
+había presentado y que le interesaba bastante.
+
+Pepe Güeto, hijo de un rico labrador de Villafría, de edad de treinta
+años, era el hombre más grave, mesurado y formal que se conocía en toda
+la provincia. Las locuras y regocijos algo descompuestos de doña
+Manolita le chocaban de un modo atroz y siempre los estaba censurando.
+Había llegado a decir que si doña Manolita fuese algo de él, mujer, por
+ejemplo, le había de sacar del cuerpo los rabillos de lagartijas, aunque
+fuese menester emplear una buena vara de mimbre. Doña Manolita, en
+cambio, que lo había sabido todo, decía que Pepe Güeto tenía mucho
+jarabe de pico; que era hombre culto hasta cierto punto y que jamás
+emplearía la vara con las mujeres; y que, si llegase a ser marido de
+ella, en vez de pegarle, se dejaría pegar y sería el modelo de los
+gurruminos. Añadía la hija del médico que la exagerada gravedad, sobre
+todo en los mozos, se confunde con la tontería, y que, o ella había de
+poder poco, o había de sacarle a Pepe Güeto la gravedad, como quien saca
+los diablos de un endemoniado, y que, si no era tonto, había de volverle
+loco, obligándole a hacer mil locuras.
+
+También estas amenazas llegaron a noticia de Pepe Güeto, de donde
+resultó, que donde quiera que se veían él y ella, se amenazaban de
+nuevo, y él la reprendía de desenvuelta y alborotada, y ella se reía de
+la seriedad de él y le calificaba de tonto. El furor y el encono de
+ambos crecieron de tal suerte, que ya no les bastaban para desahogarse
+los encuentros casuales, y solían buscarse para mover disputa y reñir y
+tratarse muy mal. Estas riñas terminaban, por lo común, con que dijese
+Pepe Güeto:--Si yo tuviera la desgracia de ser marido de usted, ya la
+metería en costura--, y con que doña Manolita respondiese:--Pues si yo
+incurriese en el desatino de ser mujer de hombre tan fastidioso, o le
+había de poner más alegre que unas sonajas, o me había de borrar el
+nombre que tengo.
+
+Tomaron Pepe Güeto y doña Manolita tal afición a los denuestos,
+improperios y pendencias, que cada día las armaban tres o cuatro veces.
+
+Esto había hecho pensar a doña Luz, porque quería bien a doña Manolita,
+y con esta ocasión leía las citadas comedias, después de haber releído
+otra de Shakespeare, donde se trataba el mismo asunto de manera más
+magistral.
+
+Absorta en dicha lectura se hallaba doña Luz, cuando, como ya hemos
+dicho, entró a verla doña Manolita.
+
+Se besaron, se abrazaron, se dieron los más cordiales buenos días, y
+luego habló la hija del médico:
+
+--Hija mía, tú eres la primera que ha de saberlo. Lo sabrás antes que mi
+padre. ¡Gran novedad! Mis peleas con Pepe Güeto han dejado de ser
+escaramuzas. La ira de ambos ha llegado a su colmo. Nos hemos
+comprometido en un duelo a muerte.
+
+--¿Qué me quieres significar?--dijo doña Luz.
+
+--Quiero significar--replicó su amiga--, que para ver si yo le vuelvo
+loco o si él me vuelve juiciosa, hemos resuelto casarnos. Verdad es que
+él se da por vencido por el momento, y dice que, pues se casa conmigo,
+no debe de estar en su juicio cabal, y que ya, sin casarnos, le he
+ganado la partida y la apuesta; pero, por lo mismo, añade que desea
+casarse para vengarse y desquitarse. Yo le contesto aquello de _no
+siento que mi hijo pierda, sino que se quiera desquitar_, y le aseguro
+que saldrá con las manos en la cabeza si sigue jugando, y le amenazo con
+que su derrota será mayor cuando esté casado; pero el insolente,
+atrevido, no me cobra miedo, y cierra los ojos, y arremete, y se casa.
+Hoy mismo, con más denuedo que el Cid Campeador, irá a pedir a mi señor
+padre esta blanca mano, que tomará la rienda y le obligará a salir de su
+paso de mula de canónigo y a brincar y a estar más avispado que tu
+hermoso caballo negro.
+
+Doña Luz, que no podía disimular sus sentimientos, los cuales se
+mostraban en su rostro como las blancas piedrecillas a través del agua
+transparente y mansa de un lago, más bien dejó ver pesar que alegría, al
+saber la nueva, ya prevista por ella, del casamiento de su amiga.
+
+--¿Cómo es eso?--prosiguió esta última--. ¿Te aflige que yo me case?
+¿Sientes el modo informal? ¿No lo comprendes bien, inocentona? ¿No caes
+en que ese bárbaro, egoistón, de Pepe Güeto, presume, y no sin razón, de
+ser un real mozo, y todo el furor que ha tenido y tiene aún contra mí,
+estriba en que anhelaba que yo me hubiese enamorado de él por lo triste
+y por lo serio, y me hubiese puesto a suspirar y a llorar, sin pensar
+más que en él y no en divertirme? ¿No ves que él se ha enamorado y que
+su rabia es que no me cree tan enamorada ni tan capaz de enamorarme,
+porque no hago pucheros y no aburro con lágrimas y sublimidades? ¿Y no
+calculas, por último, que yo le quiero también? Si no, ¿me casaría? Ya
+casada, vencido el natural encogimiento que debo guardar, le demostraré
+mi ternura, y le haré ver que hay un tesoro de ella en mi alma, aunque
+escondido entre burlas y alegrías; y cuando vea el tesoro, y le goce, y
+conozca que es suyo, y mejor que cuanto podía él soñar, ha de conocer
+que no es mi corazón de corcho sino de almíbar y jalea, y se ha de poner
+como jalea y como almíbar, y ha de bailar y reír de gusto, declarando y
+confesando que se compaginan bien los regocijos con el verdadero amor, y
+las risas con la ventura más seria y más grave en el fondo.
+
+Doña Luz, sonriendo y suspirando a la vez, contestó entonces:
+
+--No era la preocupación por tu suerte la causa de mi tristeza: era mi
+egoísmo que al cabo lograré vencer. Presiento que vas a ser dichosa y
+esto me alegra; pero tengo celos por tu amistad. ¿Por qué no confesarlo?
+La única persona a quien poco a poco he ido confiando mi corazón y dando
+todo mi cariño, eres tú. Tú, lo reconozco, me pagabas con usura; pero
+ahora vas a tener marido; pronto, quizá, tendrás hijos, y toda tu alma
+será para ellos. Esta pobre huérfana, sola en el mundo, quedará
+abandonada y sin un alma que la comprenda y que la ame.
+
+Doña Manolita, abrazando tiernamente a doña Luz, contestó con estas
+palabras:
+
+--Aunque no tuviese yo mil razones para alegrarme de mi boda, me
+alegraría, porque te ha excitado a declararme hoy tu amistad del modo
+más explícito y como nunca lo habías hecho. Estoy contenta y llena de
+orgullo de que tanto me estimes para amiga. No temas tú que ni Pepe
+Güeto, ni los Güetillos que puedan salir a relucir en lo venidero, te
+roben aquella gran parte del alma con que te amo. Pues qué, ¿imaginas tú
+que el compartimiento, rincón o sitio de mi alma donde está el amor de
+esposa y madre, se ha llenado o se va llenando ahora y que antes estaba
+vacío? ¿Crees tú que este amor no existía en mí antes de amar a Pepe
+Güeto? Vaya si existía. Lo que tiene es que entonces el novio o el
+marido, a quien yo le consagraba, era soñado, hecho a pedir de boca,
+relleno de perfecciones. Los chiquillos, que me fingía y me finjo aún,
+son unos querubines. Por mucho que valga Pepe Güeto, pierde cuidado que
+no valdrá, ni con cien leguas de distancia, el marido que yo soñé. Y en
+cuanto a los chiquillos, será más notable la diferencia, porque los que
+tenga, si los tengo, como espero y deseo, no han de ser impecables y
+celestiales como los imaginados, sino llorones, traviesos, sucios y
+tercos, y me han de armar al día mil perreras, y han de tener entre
+ellos mil cachetinas; todo lo cual me hará no quererlos tanto. Infiero
+yo de lo dicho que, casada ya y con hijos, te he de querer más que de
+soltera, si sigues queriéndome tú. Aunque tú te cases, ¿dejarás de
+quererme?
+
+--Nunca dejaré de quererte--respondió doña Luz--. Yo no me casaré nunca.
+
+Esta última afirmación excitó mucho la curiosidad y el interés de doña
+Manolita, y como la intimidad y la confianza habían llegado a su apogeo,
+produjeron varias confidencias y revelaciones por parte de doña Luz, en
+un coloquio que por su importancia merece capítulo aparte.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Confidencias de doña Luz
+
+
+La hija del médico provocó las confidencias, diciendo a doña Luz:
+
+--¿Y por qué no has de casarte nunca? No te lo niego: yo conozco que es
+difícil, pero no imposible. Es difícil porque no hay en estos pueblos
+novio para ti, y porque tú no has de ir en busca de novio a las grandes
+ciudades. No está en tu condición ni en tu carácter ir a buscar
+colocación, bajo el amparo de alguna tía, que ya has desdeñado, o sola e
+independiente, ahora que eres mayor de edad.
+
+--Inútil es que yo te conteste--dijo doña Luz--: tú misma contestas a la
+pregunta. Nuestra amistad, con todo, debe quedar hoy completa. Deseo
+poner en ella el sello de la verdad, no teniendo secretos para ti y
+abriéndote mi corazón. No he de recelar ni que me tengas por vana, ni
+que me rebajes en tu concepto: he de mostrarme a ti tal como soy. Te
+confesaré lo que a nadie he confesado. Ese rincón, ese pedazo de alma,
+donde dices tú que tenías amor para marido e hijos, aun antes de
+tenerlos, le tengo yo también en el alma mía; pero un orgullo que no se
+funda en razones, una repugnancia nacida de la manera con que he sido
+educada, se opone a que yo me case....
+
+--Con otro Pepe Güeto, por ejemplo--interrumpió doña Manolita.
+
+--Pepe Güeto es honrado, bueno, inteligente, es más rico que yo--replicó
+doña Luz--. Yo sería una necia si le desdeñase, fundando en algo mi
+desdén: pero esto no se razona, se siente, y es lo cierto que nadie, en
+las condiciones de Pepe Güeto, y estando en su juicio, me querrá para
+mujer propia, así como yo no le querré a él para marido. Entiéndase que
+hablo dentro de la vida ordinaria, sin nada de novela. Tal podría ser
+esta, que, no ya un hombre como Pepe Güeto, sino el último gañán pusiese
+los ojos en mí con razonable esperanza de lograrme, y yo cediese y fuese
+suya, no ya siendo hija de un marqués arruinado, sino siendo millonaria
+y princesa. Por dicha o por desgracia mía, o no hay de esos seres con
+prendas y excelencias superiores a su clase, lo cual probaría, en suma,
+que los hombres, por naturaleza, son más iguales de lo que se cree, y
+que tales prendas y excelencias son creadas por artificio, o, si hay de
+esos seres, no están reservados para mí, o yo carezco de imaginación
+para fingir en alguien, aunque no existan, todos aquellos primores que
+habrían de enamorarme. Así, pues, la energía de amor está en mí como
+dormida; pero no ha muerto. No permita Dios que mate yo en mí facultad
+alguna de las que el mismo Dios me ha dado. Duerma el amor en mi seno. A
+mi razón serena y fría toca velar para que no le despierte sino quien
+deba. Pero, hija mía, nadie acude a despertarle, y me temo que sea
+eterno su sueño.
+
+--Vamos, yo me arrepiento de una tontería que he dicho--exclamó doña
+Manolita--. ¿Qué tendría de feo ni de malo que tú fueses y te mostrases
+donde conviene para que haya quien con títulos bastantes acuda a
+despertar a ese precioso amor dormido? Casi se me antoja que no sólo
+tienes derecho, sino que estás en la obligación de hacerlo. No es justo
+que tanta hermosura (¡cuidado si eres bonita!), no es lícito que tanta
+distinción y elegancia queden sepultadas en este lugar. Es cruel que tan
+lindo amor se consuma durmiendo, envejezca, y acaso, acaso, tenga el
+infortunio de que se le apolillen las alas. De seguro que hay mil
+galanes por ahí, por esos mundos, que caerían rendidos a tus plantas, si
+llegasen a verte. De seguro que habrá uno entre ellos a quien tú debes
+amar. Pero ¿cómo han de adivinar que estás aquí? ¿Por qué has de jugar
+con ellos al escondite?
+
+--En primer lugar, porque, a fin de buscar poesía, no he de empezar yo
+destruyendo la poesía. El amor no ha de buscarse; ha de aparecer, ha de
+surgir de un modo providencial. Se busca fortuna, se buscan aventuras,
+se buscan negocios, y tú lo has dicho, se busca colocación; pero amor no
+se busca. Además, ¿adónde iré yo que no esté más fuera de mi sitio, más
+aislada que en Villafría? ¿Dónde me presentaré que no sea mirada como
+una aventurera? Casi estoy fuera de toda clase social. Mis parientes me
+humillarían si me fuese con ellos. Si me fuese sola, dirían todos como
+D. Acisclo, que yo era una _vaca sin cencerro_. Pudiera ser marquesa y
+no lo soy ni quiero serlo, porque es ridículo el título sin las rentas
+convenientes. Aquí, donde todos me conocen, soy la señorita doña Luz, la
+marquesita que conserva aún su casa solariega, y que se ha ganado la
+estimación y el respeto, porque nadie ignora su vida desde hace doce
+años. Por esos mundos sería yo una doña Luz algo misteriosa, de quien
+cada cual imaginaría mil horrores. Empezarían por afirmar una verdad,
+para inventar y poner sobre ella millón y medio de embustes. La verdad
+sería que soy hija de un marqués calavera y arruinado, y de una tal
+Antonia Gutiérrez, soltera y costurera, con quien mi padre tuvo amores.
+Créeme: en parte alguna estoy mejor que aquí, aunque no me enamore ni me
+case nunca. ¿Y por qué no enamorarme? ¿Por qué el amor ha de estar
+siempre dormido? Yo me inclino a creer que no hay varios amores, cada
+cual para su objeto, sino que el amor es uno; y aunque cambie el objeto,
+no cambia el amor. Si es así, como yo lo deseo, mi amor despertará y se
+empleará todo en la hermosura del cielo, en Dios que le ha criado, en
+las flores, en la poesía, y quién sabe si hasta en la ciencia, dado que
+en mi estrecho cerebro de mujer quepan sus grandes verdades, sus oscuros
+misterios y sus temerosos problemas.
+
+--Nada sé contestarte--dijo doña Manolita--. Veo que en mucho de lo que
+dices tienes razón; pero ya que te confías en mí y me haces ver lo más
+escondido del alma, sácame de una curiosidad: explícame, si puedes,
+ciertas cosas que me parecen rarísimas en tu existencia. Por imprevisor,
+por descuidado que fuese tu padre, por pocos amigos y relaciones que
+tuviese en el mundo, ¿no tuvo a nadie a quien dejarte confiada sino a D.
+Acisclo? ¿Tú misma, habiendo vivido en Madrid hasta la edad de catorce
+años, no dejaste allí alguna amiga? ¿No dejaste allí a nadie que se
+interesara por ti?
+
+--El descuido y la imprevisión de mi padre no podían ser mayores. Harto
+lo ha probado su ruina; pero además, bastará con que yo, enlazando los
+rotos recuerdos de mi niñez, te cuente mi modo de vivir en Madrid, para
+que entiendas que lo mejor, quizá lo único que pudo hacer mi padre, fue
+dejarme confiada a D. Acisclo. Hasta que cumplí cinco años, viví en casa
+de una señora, que parecía medianamente acomodada, y que se llamaba doña
+Francisca. He cavilado después si aquella señora sería mi verdadera
+madre; pero, sí me trataba bien y hasta con mimo y regalo, se conocía o
+se debía conocer, juzgando yo por el confuso recuerdo, que yo le era
+extraña. Me tenía en su casa por favor. No era casada. Iba a visitarla
+con frecuencia un caballero guapo, amigo de mi padre. Mi padre iba a
+verme; a veces solo, a veces con el caballero. La señora murió, y mi
+padre entonces me llevó consigo a su casa, y ya no me confió a nadie. A
+los pocos meses de estar con mi padre, donde me cuidaba una criada
+anciana, vino de Inglaterra el aya que mi padre encargó para mí y que ha
+estado conmigo hasta pocos días antes de que mi padre y yo viniésemos a
+Villafría.
+
+Doña Manolita, que era la mejor muchacha del mundo, y que amaba y
+admiraba a doña Luz, muy satisfecha de las confidencias que le hacía, y
+muy curiosa de saberlo todo, escuchaba sin pestañear, sentada enfrente
+de su amiga.
+
+Esta prosiguió:
+
+--Mi aya era el deber personificado; pero, como el deber, sin calor, sin
+entusiasmo y sin afecto. Casi estoy por afirmar que no me besó nunca,
+que nunca me hizo una caricia. En cambio me enseñó cuanto ella sabía, y
+mi padre me consideraba como un portento precoz, como una sabia
+pequeñuela.
+
+La vida de mi padre, aunque yo entonces no lo comprendía, comprendo
+ahora que era disipadísima, y todo lo contrario de ejemplar. Jugaba,
+cortejaba, estaba fuera de casa hasta las tres o las cuatro de la
+mañana. Yo era como su refugio, como el medio de su purificación, como
+su consuelo santo en los momentos de abatimiento y de tristeza. Me
+llamaba a su cuarto, y ya solo conmigo, me decía ternuras, me besaba y
+lloraba a veces. Como yo era tan niña, ni podía averiguar por mí, ni
+tratar de saber de él la causa de sus pesares.
+
+Varias veces me hizo también ir a su cuarto en ocasión en que no estaba
+solo, sino con una mujer hermosa y elegante, aunque vestida con
+descuido, y esta mujer me celebraba de bonita y graciosa, y me hacía mil
+cariños.
+
+--Esa mujer sería tu madre--interrumpió doña Manolita.
+
+--Así lo hubiera pensado yo también--prosiguió doña Luz--, si esa mujer
+hubiera sido siempre la misma; pero fueron varias. Todas se recataban de
+la gente; estaban allí con cierto misterio, y nunca el aya las vio. A mí
+misma cuando fui grandecita, cuando cumplí nueve años, jamás volvió mi
+padre a enseñarme a ninguna de dichas mujeres, que, por la impresión que
+me dejaron, se me figuraba que habían de ser señoras y no gente vulgar.
+Mi padre era un galán caballero y agradaba mucho a las damas. Entonces
+nada infería yo de esto; pero más tarde he inferido la inverosimilitud
+de que fuese yo en realidad hija de una Antonia Gutiérrez, costurera.
+¿No podría mi padre haber procurado esta madre postiza para legitimarme,
+sin comprometer a alguna dama? Aun en vida de mi padre, a pesar de mi
+corta edad, pensé alguna vez en esto; pero jamás me atreví, ni
+indirectamente, a preguntar nada a mi padre sobre el particular. Él
+esquivaba la conversación, si por acaso recaía sobre mi supuesta o
+verdadera madre Antonia Gutiérrez. Después de muerto, y después de haber
+cumplido yo veinte años, he buscado con empeño algo que me dé luz entre
+sus papeles. Él rasgaba todas las cartas de cierto interés, porque era
+descuidado y temía dejarlas en cualquier parte y que las leyesen. Lo que
+he encontrado, pues, era insignificante: ni un retrato ni una palabra
+escrita. Sólo, sobre su mismo cuerpo, se halló este medallón de oro, sin
+cifra ni signo alguno.
+
+Doña Luz sacó de su propio seno el medallón de que hablaba.
+
+--Desde entonces llevo el medallón en mi seno, como memoria de mi padre.
+Dentro, mira (y abriéndole, enseñó el contenido a doña Manolita), mira a
+través de este cristal; hay un rizo de pelo más rubio aún que el mío.
+¿Será de Antonia Gutiérrez, será de cualquiera otra mujer que fuese mi
+madre, o será de alguna enamorada de mi padre, que nada tiene que ver
+conmigo? ¿Quién ha de saberlo? Los dos criados antiguos que conservo son
+listos ambos; pero ambos entraron en casa con mucha posterioridad a mi
+nacimiento, y de fijo no saben nada. Juana vino a servirme cuando tenía
+yo diez años. Tres años después entró Tomás de ayuda de cámara de mi
+padre.
+
+--¿Y no sabes de ningún lance singular de la vida del marqués--preguntó
+doña Manolita--, por donde se aclare algo el misterio de tu nacimiento?
+
+--Hay, en efecto, en la vida de mi padre un lance singular; lance
+ocurrido a los dos años de haber nacido yo: pero lance tan misterioso
+que por él nada se aclara. Podría o no podría tener dicho lance alguna
+relación con la culpa a que debo el ser.
+
+--¿Y qué fue ese lance, si puedo saberlo?
+
+--Mi padre recibió una mañana una visita, a quien nadie vio, porque mi
+padre mismo abrió la puerta. Los criados no podían extrañar esto. Él
+solía recibir visitas así, abriendo él mismo, y encerrándose con ellas.
+Aquella mañana, a la media hora de haber recibido la visita, llamaron
+desde el cuarto de mi padre con fuertes campanillazos. La puerta del
+cuarto estaba abierta. La visita había desaparecido. Y los criados
+hallaron sobre la alfombra una espada sangrienta, y a mi padre tendido
+también, con otra espada empuñada, y el pecho atravesado por una herida
+mortal. Dicen que fue milagro de la ciencia el que se librase de la
+muerte. Jamás se pudo averiguar quién, ni por qué le había herido. Mi
+padre se limitó siempre a decir que no buscasen al culpado, que la
+herida había sido en buena lid. Raro duelo, en verdad, sin padrinos, sin
+testigos, sin nadie que haya sabido jamás de él sino aquel doloroso
+resultado.
+
+--Todo esto me hace presumir--dijo doña Manolita--que eres hija de una
+gran señora.
+
+--No sé--contestó doña Luz--. Legalmente soy hija de Antonia Gutiérrez,
+libre cuando se unió con mi padre. Más vale esto que deber la vida a un
+adulterio. ¡Ah! mejor es que mi padre no me haya revelado nada. ¿Cómo
+había de haber manchado mi mente limpia, a los quince años, con
+impurezas y delitos? Harto perturbada estaba ya mi mente con la
+vergonzosa catástrofe de Madrid antes de refugiarnos en este lugar. Hubo
+que vender los muebles que allí teníamos para acabar de pagar a los
+usureros y acreedores. Mi padre se vino aquí humillado y melancólico, y
+a poco murió. ¿Con quién querías que hubiese vuelto yo a Madrid? ¿Qué
+papel iba a hacer en Madrid la marquesita arruinada y bastarda? Lo mejor
+que pude hacer es lo que he hecho, quedarme aquí para siempre.
+
+De este modo confió doña Luz todos sus secretos a la hija del médico.
+
+La amistad de ambas jóvenes se estrechó desde entonces, y en adelante
+todo se lo confiaron.
+
+El casamiento de doña Manolita se hizo por la posta. Un mes después de
+haber dado parte a su amiga estaba ya casada.
+
+Su pronóstico de que su casamiento no enfriaría la amistad con doña Luz
+se cumplió a la letra. Doña Manolita era gran profetisa.
+
+También se cumplió cuanto con relación a Pepe Güeto había ella
+pronosticado. Ni hubo vara de mimbre, ni ella entró más en costura que
+cuando estaba soltera; pero en cambio, Pepe Güeto se reía como un loco,
+sobre todo con los chistes de su mujer, que le hacían mucha gracia, y
+con sus risas que tenían para él mucho de agradablemente contagioso.
+
+Para doña Luz pasaron entre tanto los meses, sin otra novedad que el
+cambio alternado y regular de las estaciones. Pasó la primavera, pasó el
+verano, y llegó el mes de Octubre, estación de la vendimia.
+
+Algo muy importante tendría que decir D. Acisclo a doña Luz, cuando una
+mañana, estando ya vendimiando, entró a verla y a hablarla no menos
+matinalmente que doña Manolita había entrado meses antes.
+
+El correo llegaba a Villafría a altas horas de la noche y se repartía al
+amanecer.
+
+Don Acisclo traía una carta ya abierta en la mano, y la agitaba con
+vivas muestras de satisfacción y de júbilo.
+
+
+
+
+-VII-
+
+El Padre Enrique
+
+
+--¿Qué hay? ¿Qué dice esa carta? ¿Qué grata novedad contiene? D.
+Acisclo, ¿le ha caído a V. la lotería?--preguntó doña Luz.
+
+--Mejor que eso, hija, mejor que eso--contestó el interrogado--. Lee tú
+misma y entérate--y entregó la carta a doña Luz.
+
+Esta, antes de leer, conoció la letra y vio la firma que decía:
+«Enrique». Era de un sobrino, hijo de una hermana que D. Acisclo había
+tenido, el cual sobrino era fraile dominico, residente en Filipinas.
+
+Casi todos los que se hacen ricos niegan el acaso, la fortuna, el hado o
+la suerte: éstos les parecen vanos nombres, detrás de los cuales
+procuran ocultarse la pereza, el despilfarro, el desorden y la tontería.
+De aquí que se tengan por las personas más prudentes, más razonables,
+más ingeniosas y más sabias de la tierra. Y puede que les sobre razón.
+Yo no lo niego ni lo afirmo. Digo sólo que D. Acisclo era así. Estaba
+muy contento de sí propio e imaginaba que no había merecimiento mayor
+que el suyo. Toda otra gloria se le antojaba inferior y de menos
+quilates. Sin embargo, una gloria con algo de sobrenatural y de
+ultramundano, si no en los medios en el fin, y adquirida por individuo
+de su familia, no parecía a D. Acisclo de corto valer tampoco; y tal era
+la gloria de su sobrino el P. Enrique; gloria que en cierto modo se
+reflejaba en él y en toda la parentela. Era, casi a par de los dineros
+adquiridos, timbre de nobleza para su casa.
+
+Don Acisclo idolatraba, pues, al P. Enrique, y hablaba de él con
+complaciente jactancia, diciendo:
+
+--Aquí servimos para todo; lo mismo para un fregado que para un barrido;
+yo quise ser millonario y lo soy; a Enrique le dio por la santidad y aún
+le hemos de ver en los altares--. Para demostrarlo y hacer probable el
+cumplimiento de su vaticinio, D. Acisclo refería a menudo las andanzas
+del P. Enrique: de modo que doña Luz le tenía por conocido y amigo,
+aunque hacía cerca de veinte años que él faltaba del lugar y de Europa.
+
+Todo este tiempo no le había vivido sólo en Manila. Había estado en
+diversas tierras de gentiles, difundiendo la luz del Evangelio; había
+pasado apenas creíbles trabajos; había arrostrado graves peligros, y aun
+había estado dos veces a punto de alcanzar una muerte tan cruel como
+gloriosa, no salvando la vida sino después de sufrir prolongado
+martirio.
+
+Referidas estas historias por D. Acisclo, fuerza es confesarlo,
+aparecían grotescas en los pormenores. Por dicha, el P. Enrique escribía
+a su tío tres o cuatro veces al año, y el tío se deleitaba en que doña
+Luz le leyese las cartas en alta voz. Así conoció doña Luz que el P.
+Enrique, a más de ser valiente hasta el heroísmo, y entusiasta y
+fervoroso en todos sus actos y misiones apostólicas, era sujeto de claro
+ingenio y de singular discreción y prudencia.
+
+Su constitución física distaba mucho de corresponder a sus bríos
+espirituales, y, aunque no tenía aún cuarenta años, ya en sus últimas
+cartas se quejaba dulcemente de lo quebrantado de su salud, que le
+impedía trabajar en empresas activas, y le estorbaba algo en sus
+estudios.
+
+La carta recién llegada era muy corta y traía fecha de Cádiz. Doña Luz
+leyó, y decía así:
+
+«Mi querido tío: Mis males se agravaron hasta tal extremo en Manila, que
+los médicos decidieron que yo debía venir a Europa a pasar una larga
+temporada. Con los aires del país natal aseguraban que me repondría. Mis
+compañeros me echaron de allí: hasta el mismo Sr. Arzobispo me mandó que
+me viniese. No hubo, pues, más remedio. Salí de Manila y, a Dios
+gracias, hice una dichosa navegación. Tres días ha que estoy en Cádiz,
+bastante más fuerte ya. Pasado mañana salgo de aquí en el ferro-carril
+para esa villa. Expresiones cariñosas a los primos, primas, amigos y
+demás parientes, y a su huéspeda de V. la señorita doña Luz. Le quiere a
+V. mucho y desea abrazarle, su afectísimo sobrino».
+
+Tal era la causa del júbilo de D. Acisclo; iba a abrazar al sobrino
+santo, iba a vivir con él, iba a tener el gusto de lucirle en el lugar.
+
+Doña Luz quiso en seguida mudarse a su casa y dejar su habitación en
+casa de D. Acisclo, para que el padre habitase en ella.
+
+Don Acisclo dijo:
+
+--Nada de eso, hija mía. Tú por nada del mundo te vas de mi casa a vivir
+sola en aquel caserón. Además, una mudanza tan precipitada sería un
+trastorno. Yo tengo mi plan, y, con tu permiso, le hemos de llevar a
+cabo. Enrique sé yo que gusta de la soledad para sus estudios y
+meditaciones. Permite que vaya a vivir en tu casa. En un momento le
+arreglaremos allí habitación conveniente. Tu casa está cerca. Iremos a
+cuidarle si cae enfermo en cama, y cuando no, vendrá él a almorzar, a
+comer y a charlar con nosotros todos los días.
+
+Doña Luz insistió en irse a su casa; pero D. Acisclo siguió oponiéndose,
+y fue menester que doña Luz cediera, ofreciendo gustosísima su casa para
+que en ella viviese el Padre.
+
+La estación del ferro-carril está a dos leguas muy largas de Villafría,
+y D. Acisclo dispuso que saliesen todos los parientes y amigos a recibir
+al Padre con mucha pompa. En efecto, no quedó vehículo de que no se
+dispusiese. Se emplearon tres calesas, una tartana, propiedad de D.
+Acisclo, y dos carros. Fueron de la expedición los hijos, yernos, hijas,
+nueras y nietos de D. Acisclo, el cura, el médico, doña Luz, doña
+Manolita y Pepe Güeto, y otras varias personas. Los que no cupieron en
+los vehículos de ruedas, fueron a caballo o en burro.
+
+El P. Enrique llegó bien y fue recibido con vivas por aquella turba, en
+el andén de la estación.
+
+En el lugar fue un triunfo su entrada.
+
+Para todos los primos y primas trajo regalos: para ellos puros filipinos
+en abundancia; para ellas, o pañolones bordados, que llaman en mi tierra
+de _espumilla_ y de Manila en Madrid, o abanicos chinescos de los más
+primorosos. Para D. Acisclo trajo armas japonesas, y para doña Luz un
+juego de ajedrez de marfil, prolijamente labrado.
+
+El P. Enrique se instaló muy cómoda y holgadamente en casa de los
+Marqueses de Villafría, donde Tomás se ofreció para cuidarle; pero el P.
+Enrique traía consigo un criado chino, llamado Ramón, que le cuidaba con
+el mayor esmero.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+Vida del Padre en el lugar
+
+
+Pasado el gran acontecimiento de la venida del P. Enrique; luego que no
+quedó en el pueblo nadie que no le viese, satisfaciendo así la
+curiosidad; luego que le oyeron predicar en la parroquia y no hallaron
+que sus sermones fuesen más bonitos que los de otro Padre, sino más
+fáciles, más pedestres, más sencillos y con menos latines; y luego que
+vieron que el P. Enrique ni contaba chascarrillos ni jugaba al billar ni
+a la malilla, ni era más entretenido que otro cualquiera, todo Villafría
+entró de nuevo en su estado normal.
+
+Como piedra que cae en estanque profundo, la cual hace muchos círculos y
+turba el haz del agua, y luego se desvanecen los círculos y vuelve todo
+a su primer reposo sin que nadie se acuerde de la piedra, así sucedió
+con el P. Enrique a los tres meses de estar en Villafría.
+
+Verdad es que él procuraba eclipsarse. Si hacía obras de caridad hasta
+donde sus cortos medios lo consentían, era tan sin estruendo, que nadie
+se enteraba; si, movido a ello por compasión o porque lo juzgaba
+absolutamente necesario, daba algún consejo, le daba con tal llaneza y
+con tan pocos textos y autoridades, que nadie hacía caso, y aun había
+quien supusiese que no sabía aconsejar por lo fino, acostumbrado a vivir
+entre los salvajes allá en las Indias.
+
+En suma, el P. Enrique, o no supo o no quiso hacerse popular. También en
+él se cumplió la sentencia evangélica: _Nadie es profeta en su patria_;
+también por él, si es lícito comparar lo pequeño con lo grande, pudo
+decirse que _estuvo entre los suyos y los suyos no le conocieron_.
+
+No iba al casino, no frecuentaba la tertulia del boticario, no sabía
+palabra de política, no visitaba a las señoras devotas del lugar, en
+fin, se aseguraba ya que no servía para nada.
+
+Decía su misa diaria, y casi siempre estaba encerrado en el caserón del
+marqués, que así le llamaban, donde andaba de continuo papeleando; esto
+es, bregando con libros y papeles, ora escribiendo, ora leyendo cosas
+que a nadie le importaban por allí.
+
+Como Villafría era pueblo muy liberal y avanzado en ideas, acusaban
+muchos al P. Enrique de hipócrita, de carlistón y de _neo_, y en cambio,
+los verdaderos _neos_ y carlistones, que tampoco allí faltaban, miraban
+con desdén al Padre, porque de nada les valía ni con ellos se
+espontaneaba, o más bien, no tenía de qué ni sobre qué espontanearse.
+
+Por fortuna era tan dulce el Padre que no podía mover a odio, y tan
+silencioso y modesto que no excitaba la envidia. Todo se redujo a que le
+olvidasen, viéndole; género de olvido que ocurre con frecuencia.
+
+Sólo en la mayor intimidad, en medio de pocas almas escogidas, y de
+alguna que si no lo era se dejaba llevar por el entusiasmo de las otras,
+se desanudaba suavemente la lengua del P. Enrique; y las narraciones
+amenas, los discursos elevados, los bellos pensamientos y nobles
+sentimientos brotaban de sus afluentes labios y penetraban en los
+corazones y en la mente del poco numeroso auditorio, aunque mejor sería
+decir de sus pocos interlocutores, porque el Padre evitaba, cuanto
+podía, monopolizar la palabra y prefería el diálogo en que todos
+hablasen.
+
+Sus interlocutores eran doña Luz, doña Manolita, el médico, Pepe Güeto,
+el cura alguna vez y don Acisclo siempre.
+
+Cuando venía más gente en casa de D. Acisclo, aquella franqueza
+desaparecía, y la conversación, como por ensalmo y sin poder evitarlo,
+bajaba al nivel villafriesco.
+
+Las condiciones de entendimiento y de carácter movían a esto al P.
+Enrique, no por altivez, sino por timidez. Con el humilde vulgo, allá en
+los pueblos más cercanos a la naturaleza, en donde había vivido, había
+acertado a explicarse por tan llano y persuasivo estilo que sus palabras
+sin arte, santas y sinceras, habían quedado grabadas en los corazones,
+llevando el convencimiento a las almas. Con sujetos de letras y
+doctrina, o que por gracia, por entusiasmo, por hondo sentir poético y
+por elevación de miras y de ideas, le infundían confianza y le
+inspiraban simpatías, su discurso le arrebataba fácil e insensiblemente
+a las más altas regiones; pero con ciertas gentes medianas, que presumen
+de cultas, el Padre Enrique se recogía por instinto, sentía su carencia
+de poder y de influjo, y ni era sencillo, ni era elevado, ni conmovía
+por la candorosa expresión de los afectos, ni alzaba en pos de sí las
+inteligencias, tendiendo el vuelo de águila la suya.
+
+Villafría, población muy adelantada, producía este efecto en el P.
+Enrique. Nada amilanaba su corazón, ni allí tenía que temer nada; pero
+su entendimiento estaba amilanado y reconocía su carencia de influjo.
+
+No afirmo yo que se establezcan corrientes magnéticas; pero, sin decirlo
+como verdad, puedo decirlo como imagen; entre sus paisanos y él no había
+corriente magnética alguna. La corriente magnética sólo existía entre el
+Padre y las pocas personas que hemos nombrado ya, y que, durante todo el
+invierno de 1860 a 1861, se reunían, sin faltar apenas una noche, en
+torno del hogar de D. Acisclo, en la _cocina de los señores_, que
+dejamos descrita.
+
+En esta reunión se charlaba por los codos, y nadie hacía tanto gasto de
+palabras como doña Manolita, cuyos graciosos disparates movían a risa
+hasta al Padre, a pesar de su gravedad. A veces, no obstante, sin buscar
+tema, sin el propósito preconcebido de enredar alguna discusión sobre
+las más arduas materias, la discusión venía a enredarse, y entonces don
+Acisclo, el cura, Pepe Güeto y hasta doña Manolita, callaban y oían, y
+hablaban sólo el P. Enrique, doña Luz y el médico D. Anselmo.
+
+Reinaba allí la más amplia libertad de pensamiento; y el médico, que era
+el constante impugnador del P. Enrique, decía cuanto se le antojaba;
+pero como todo corazón generoso lleva ingénitamente en su centro la
+buena crianza, aunque no se la hayan dado, D. Anselmo, ni aun en la fuga
+del más ardiente disputar, ni en la mayor violencia de sus ataques, se
+olvidaba de velar y de mitigar su rudeza con la dulzura de la forma.
+
+A través de esta forma dulce se mostraba, no obstante, la negación
+radical de toda verdad que no venga a nosotros por la experiencia
+sensible. Con fe se puede creer en lo sobrenatural; con imaginación se
+puede crear un mundo trascendente de ideas metafísicas y religiosas. La
+razón, en tanto, sólo puede saber lo que ella, en virtud de sus propias
+leyes, induce del estudio y observación de los fenómenos que llegan a su
+conocimiento por los sentidos. Esto sólo es la ciencia: lo demás será
+poesía, o como quiera llamarse. Y el principio de la ciencia para D.
+Anselmo era que hay una sustancia infinita, la cual, en virtud de la
+inexplicable agitación y del prurito, que constituye su esencia, produce
+variedad de seres, cuya perfección relativa, dentro del período en que
+vivimos, y hasta donde la memoria puede penetrar en lo pasado, y la
+prudente previsión en lo porvenir, va siendo cada vez mayor, merced a
+cierto proceso ascendente y a cierto desarrollo que nos parece que no
+termina. Cómo ello empezó y cómo habrá de acabar, sostenía D. Anselmo
+que se ignora y que se ignorará siempre. Era vano, en su sentir,
+obstinarse en ver más allá: si antes del principio de esta evolución
+hubo otra; si después volverán las cosas al reposo y a la muerte, y si
+luego se despertarán nuevo prurito y voluntad de los átomos, que los
+lleven a agruparse y a crear otro universo, y vidas nuevas, y progreso,
+y consciencia, y lo que llaman espíritu, y por último, muerte otra vez.
+Sobre todo esto, sólo podían forjarse teorías y ensueños, lanzándose en
+especulaciones aventuradas, más allá de los términos y linderos hasta
+donde la razón nos sigue.
+
+Y lo que D. Anselmo afirmaba de la vida total del mundo, lo afirmaba tan
+bien de la vida de cada individuo. Durante dicha vida podía observarse
+el desenvolvimiento gradual, hasta que la vida acababa. Pero antes del
+nacer y después del morir, D. Anselmo sostenía que no atinaba a ver
+nada: eran dos profundidades tenebrosas, dos insondables abismos, en
+medio de los cuales se manifestaba la vida. Y las profundidades y los
+abismos se hallaban como cubiertos de la sustancia, de la materia, de
+esto que afecta nuestros sentidos, que no podemos concebir sin
+accidentes y sin formas, que no podemos concebir mudando formas y
+accidentes; pero que en lo esencial no puede ser aniquilado por la mente
+humana. La única metafísica ineludible de aquel enemigo de la metafísica
+era la eternidad de ese ser indefinido y vago. Él era el único
+inmutable. Todo lo demás, esto es, sus apariencias y cambios, pues fuera
+de él nada hay, era perpetua mudanza y fluctuación sin sosiego. Claro
+está que de tal ciencia no podía nacer moral alguna, ni deber, ni
+responsabilidad, ni libertad de nuestros actos; pero D. Anselmo, que era
+excelente sujeto, apenas se atrevía a confesar semejante diablura, ni a
+sí propio, y mucho menos a los demás; y armaba un caramillo de sutilezas
+para probar que éramos libres y que debíamos ser buenos, y que había
+algo de determinado en que la bondad consistía. De aquí que, si sobre
+las cuestiones primeras reñía con el P. Enrique bravas batallas, en
+estos puntos prácticos quedaba siempre derrotado, y se hacía un lío, con
+aplauso general de todos, y más aún de su hija doña Manolita, quien
+terminó una vez exclamando:
+
+--Vamos, papá, perdona mi desvergüenza filial, pero tú no sabes lo que
+te pescas.
+
+Verdad es que doña Manolita dio a su padre un par de cariñosos besos
+para endulzar aquella mortificación de amor propio.
+
+Hasta hubo ocasión en que D. Anselmo se sintió más mortificado y vejado.
+Entonces el propio P. Enrique tuvo que volver por él, afirmando que el
+asunto era difícil y que no merece censura, sino aplauso, el que le
+estudia con ahínco y con amor a la verdad, aunque se equivoque: que no
+deben reírse los que no saben nadar, ni se echan al agua, de los que por
+nadar se aventuran y se ahogan; y que sólo yerra el que aspira, y que
+sólo da caídas mortales el que tiene arranque y valor para encumbrarse y
+subir.
+
+De esta suerte, encontró doña Luz un poderoso aliado para sus perpetuas
+disputas con el médico, cuyo inveterado positivismo no cedía jamás ni
+daba lugar a una conversión, pero cuyo concepto del saber, de la elevada
+inteligencia y de la bondad del Padre, era mayor cada día.
+
+Si esto pensaba el adversario y el incrédulo, ¿qué no pensarían los
+creyentes, los que profesaban las mismas ideas, aquellos en cuyo favor
+el P. Enrique tan hábil y cortésmente peleaba? La veneración, el
+entusiasmo, la admiración por el P. Enrique, fueron subiendo en todas
+aquellas almas, y más que en ninguna en el alma entusiasta, solitaria y
+aislada de doña Luz.
+
+Creíale un tesoro de santidad, un dechado de todas las virtudes, y un
+pozo inagotable de ciencia. Cuando el Padre hablaba, quedábase ella
+suspensa oyéndole, y se apartaba de todo y se reconcentraba a fin de no
+perder ni un acento y de comprender el más hondo sentido de su discurso.
+Su afán de saber se despertó como nunca, comparándose con el Padre y
+notando cuán ignorante ella era: y, aunque el Padre no hacía ostentación
+de su ciencia, ella le excitaba a que hablase, con mil preguntas, a las
+que el Padre, por más que por modestia lo repugnara, tenía al fin que
+responder.
+
+La vida de las plantas, el movimiento de los astros, el sistema del
+mundo, la historia de los pueblos, de sus emigraciones, lenguas,
+creencias y leyes, todo era objeto de las preguntas de doña Luz, y a
+todo se veía obligado a responder el P. Enrique.
+
+A veces salía doña Luz de paseo con Pepe Güeto y doña Manolita, cuya
+luna de miel se prolongaba de un modo poco común, y mientras los esposos
+iban de burla o de risa, delante o detrás, y en interminable cuchicheo,
+el Padre, que los acompañaba, sostenía con doña Luz un coloquio grave,
+que a ella le parecía amenísimo, instructivo y sublime.
+
+Los médicos habían amenazado al P. Enrique hasta con la muerte si volvía
+a Filipinas antes de hallarse completamente repuesto. La permanencia,
+pues, del P. Enrique en Villafría, había de ser de dos o tres años.
+
+Él se había repuesto mucho, pero estaba aún delicado. Aunque era hombre
+de cuarenta años, sus facciones finas y algo aniñadas le hacían parecer
+más mozo. Era blanco, si bien tostado el cutis por el sol; los ojos y el
+pelo negro; delgado, de mediana estatura, y de hermosa y despejada
+frente. Su vida de peregrino y de misionero, haciéndole vencer la
+debilidad de su constitución con la energía del alma, había prestado a
+su cuerpo extraordinaria agilidad y soltura.
+
+Las mujeres son curiosísimas, y doña Luz lo era más que las otras
+mujeres. Nada excita tanto la curiosidad como cualquier merecimiento o
+habilidad que se oculta. Y como el Padre, sin afectación, por no ser
+propio de su estado, porque no gustaba de hacer alarde de cosa alguna,
+no se había mostrado nunca a sus ojos como jinete, doña Luz, sin
+malicia, empezó primero por cerciorarse de que lo era, de que había
+viajado mucho a caballo en Cochinchina y en la India, y no paró luego
+hasta que logró salir con él de paseo a caballo en compañía de D.
+Acisclo. Doña Luz se compuso de suerte que hizo galopar al Padre y hasta
+correr a todo escape, y el Padre galopó y corrió sin vanagloria de
+hacerlo bien, haciéndolo perfectamente, y sin dar el menor indicio de
+que lo hacía por complacencia galante, ni por lucirse, sino cumpliendo
+con un deber. Doña Luz se aventuró demasiado y estuvo a punto de dar una
+peligrosa caída al saltar una zanja. Su caballo no llevaba ímpetu
+bastante y hubiera caído en ella, si el Padre, conociéndolo, no hubiera
+llegado en sazón, excitando el caballo con el látigo, y con el ejemplo,
+porque saltó primero.
+
+El Padre, después del salto, con tanta dulzura y cortesía como firmeza,
+reprendió por sus locuras a doña Luz; dijo que podría ser motivo de
+escándalo el verle correr y saltar de aquel modo; prometió no volver a
+salir nunca más a caballo, y cumplió la promesa.
+
+Esta misma firmeza de voluntad encantó a doña Luz, aunque iba contra sus
+gustos y caprichos. La paz y serenidad de espíritu del Padre la tenía
+maravillada, y más aún su perspicacia. Juzgábale zahorí de corazones.
+Todos los defectillos de ella, todas las faltas, conocía doña Luz que el
+Padre las notaba, y que se las censuraba con rodeos delicadísimos; sin
+dejar por eso de advertir también cuanto en el alma de ella había de
+noble y de bueno, elogiándolo sin el menor empeño de serle grato por
+medio de la lisonja.
+
+Ella, entretanto, miraba en el alma del P. Enrique, y quería verla toda,
+como él veía la suya. Y notaba que era clara y transparente, como la mar
+que circunda a Andalucía, pero con un fondo de tal hondura, que a pesar
+de lo diáfano del agua y de la mucha luz del cielo que en ella penetra,
+iluminándola toda, la vista se desvanecía y se cegaba, y quedaba a
+inmensa distancia de los últimos senos y capas de ondas, hasta donde se
+fatigaba por sumergirse y calar.
+
+
+
+
+-IX-
+
+Homilía
+
+
+En vida tan apacible llegó, para doña Luz y para sus compañeros de
+tertulia, la primavera de 1861.
+
+Durante la Cuaresma, el P. Enrique predicó varias veces, con mediano
+éxito, no sobrepujando la fama de los otros predicadores con quienes
+alternaba. El número de los fervientes admiradores del padre apenas se
+aumentaba con alguien que no fuese de la intimidad de D. Acisclo.
+
+Aquel año, por lo mismo que su sobrino estaba en el lugar, D. Acisclo
+quiso echar el resto, en el Jueves Santo, y la cena algo profana, a que
+dio ocasión la salida en procesión de la Santa Cena, fue opípara y
+estruendosa.
+
+Doña Luz estuvo amabilísima con todos, y doña Manolita muy alegre y
+chistosa.
+
+No eran éstas, sin embargo, las reuniones que agradaban a doña Luz y a
+su amiga, sino las poco numerosas, familiares y frecuentes, donde ellas
+mismas incitaban a D. Anselmo para que provocase y contradijese al
+Padre, obligándole así a hablar sobre puntos de religión o de filosofía.
+
+En no pocas ocasiones, el P. Enrique había lucido, en sentir de sus
+oyentes, una elocuencia conmovedora; pero jamás produjo tan honda
+impresión en los ánimos como la noche del Domingo de Resurrección.
+
+Incitado D. Anselmo, después de otros menos importantes ataques, llegó a
+decir lo que sigue:
+
+--Todo es hablar de caridad y devoción, pero, bien mirado, no se ve en
+vosotros sino egoísmo. No es la piedad, no es el amor a vuestros
+semejantes quien os mueve, sino el anhelo de la salvación propia y el
+miedo del infierno.
+
+--Alambicando de esa suerte--contestó el padre Enrique--, no hay amor,
+por desinteresado que sea, cuya raíz no esté en el amor propio. Las
+palabras mismas lo declaran. ¿Qué es la compasión? No es más que cierta
+cualidad, en cuya virtud padece el alma cuando ve padecer a otra como si
+ella misma padeciera. Todo sacrificio, por consiguiente, que haga el
+alma compasiva, ya del reposo, ya de la vida corporal, ya de la
+hacienda, será considerado como egoísmo. El alma compasiva le hace para
+librarse de un padecimiento; para que el ajeno dolor no le duela como
+propio; para hallar para sí la paz y el bien que apetece. Todo acto de
+filantropía proviene de compasión: luego proviene del amor propio; luego
+nace del egoísmo. Lo más que los filántropos podréis decir en vuestro
+abono es que vuestro egoísmo es un egoísmo bien entendido, un egoísmo
+provechoso para todos.
+
+--Ya lo ven ustedes, señores--replicó D. Anselmo--, el Padre, como no
+puede ni sabe defenderse, ataca; pero sus razones no tienen fuerza
+contra mí. Yo no vacilo en concederle que la virtud humana de la
+filantropía proviene de la compasión y es por lo tanto egoísmo; pero ¿la
+virtud divina de la caridad es menos egoísmo en su raíz y fundamento? A
+fin de no padecer viendo padecer a otro, hago yo, por ejemplo, un acto
+de filantropía: le hago para ponerme bien conmigo: soy, pues, egoísta;
+pero el que hace una obra de caridad, por amor de Dios, para ponerse
+bien con Dios, de quien toda su dicha depende ¿se muestra acaso menos
+interesado? Todavía se me antoja que vale más el filántropo que el
+caritativo, porque al cabo es más noble y más bella la condición natural
+del alma descreída que siente como propias las penas extrañas, y con el
+propósito de libertarse de estas penas obra el bien, que la condición
+algo sobrenatural del alma creyente que obra el bien por temor de
+castigo o con esperanza de galardón y de premio; y no ya por amor del
+ser miserable a quien socorre y ampara, sino por amor del ser poderoso
+de quien todo lo espera.
+
+--Censurar que el alma busque siempre su bien, dijo entonces el Padre,
+sería tan absurdo como censurar que busquen los graves su centro. Ley es
+ésta indefectible, donde no hay libertad, donde no cabe ni mérito ni
+demérito. La voluntad va derecha a la beatitud, donde sólo puede
+aquietarse, como la piedra, desprendida de lo alto de la torre, cae sin
+detenerse hasta dar en el suelo; como la bala, disparada por certero
+tirador, vuela a clavarse en el blanco. Lo importante, lo libre, lo
+meritorio está en poner bien la mira, en buscar el supremo bien donde en
+realidad reside. Una vez señalado el bien, verdadero o engañoso, ¿quién
+no va a él por acto tan voluntario como necesario, ya que amar y
+apetecer el bien es la esencia misma de toda voluntad? El amor de sí
+propio es de necesidad; necesidad de quien ni el mismo Dios se sustrae.
+
+--No niego yo que sea así. Convengo en todo, Padre. Pero ¿dónde está
+entonces la libertad, la responsabilidad de nuestros actos? No habrá
+pecados ni crímenes, sino errores. La inteligencia se engañará y
+presentará a la voluntad lo que es malo como bueno.
+
+--Así sería, dijo el Padre, si fuese necesario todo error; pero el error
+no es necesario siempre. En el error puede haber libertad, y por
+consiguiente pecado. A veces las pasiones, que no queremos dominar,
+ofuscan el entendimiento y le llevan a que yerre; a veces el don
+sobrenatural de la gracia no acude a nosotros porque nos hacemos
+indignos de él, y entonces también se turba y se engaña el
+entendimiento. Pero no creo que disputamos hoy sobre el libre albedrío y
+la fatalidad, sino sobre si el alma al amar es desinteresada, porque
+busca su propio bien, aunque este propio bien estribe en el amor mismo.
+
+--Así es--dijo doña Luz.
+
+--Esa es la cuestión de hoy--añadió doña Manolita.
+
+--Figurémonos--prosiguió el padre Enrique--, a un enamorado, a un
+caballero a la antigua, que por complacer a su dama, y para darle gloria
+y contento, padece insufribles trabajos, se expone a los mayores
+peligros y lleva a feliz término las más dificultosas aventuras.
+Figurémonos que todo esto lo hace por una dama de quien recela con razón
+que jamás será amado. Y figurémonos, por último, que todo lo hace por
+servirla y sin esperanza de recompensa. Todavía según el modo de
+discurrir de D. Anselmo, podremos tildar este amor de interesado, ya que
+el alma de aquel caballero halla deleite grandísimo en hacer cuanto hace
+por la dama, aunque la dama sea ingrata; o ya que, si no halla deleite,
+halla consolación, considerándose mil veces más infeliz si nada hiciese
+de lo que hace y si no diese de su amor tan valientes y generosas
+pruebas. Pero ¿qué mucho si el mismo amor mal pagado suele ser causa de
+ventura y de gozo íntimo para el amante que prefiere amar, aun sin
+correspondencia, a que se desprenda y aparte el amor de su alma,
+dejándola solitaria, seca y vacía? Queda, pues, demostrado así que todo
+es egoísmo, si bien es fuerza convenir en que hay egoísmos sublimes y
+merecedores de perpetua alabanza.
+
+--Acepto--replicó don Anselmo--, el ejemplo de esa dama y de ese
+caballero andante de los buenos tiempos antiguos que el P. Enrique nos
+presenta; pero dudo mucho de que el caballero haga sus proezas con la
+esperanza de galardón ya perdida. La misma alta opinión en que tiene a
+la señora de sus pensamientos le persuade de que no ha de ser ingrata.
+El caballero se aventura, pues, y se afana interesadamente, esperando
+galardón; pero, supuesto el caso extraño de que no le esperase, ya no
+podría equipararse con el cristiano caritativo, en quien jamás ha de
+suponerse que la esperanza fallezca. En el concepto que tiene de su Dios
+va implícita la idea de su bondad, de su omnipotencia y de su justicia,
+y en ellas libra la seguridad de la paga. Vuelvo, pues, a mi tema. Toda
+virtud mundana será egoísmo; pero lo es más la caridad, ya que se funda
+en firme creencia y en esperanza clara y evidente de que será
+recompensada. A pesar de todo, no desdeñaría yo esta virtud, y juzgaría
+soberanamente benéficas la esperanza y la fe de que procede, si no
+dejara nunca de ser, aunque por fines interesados y egoístas, causa de
+buenas obras; pero la caridad tiene un camino, cuando se extrema, para
+lograr su objeto, no ya sirviendo, sino olvidando, desdeñando y
+menospreciando al prójimo y a cuantos seres hay en este universo
+visible. El alma que se retira dentro de sí, que se hunde en el abismo
+insondable de su propia esencia, donde se une o cree unirse con su Dios,
+¿qué vale a los hombres? ¿Qué amor les consagra? ¿Qué criatura terrenal
+podrá existir por cuya suerte se interese? El alma que así se endiosa,
+encastillada en su recogimiento soberano, lo desdeña todo, menos su
+propio centro, donde vive identificada con el eterno amante a quien
+adora y de quien recibe bienaventuranza completa.
+
+Con dulzura insinuante y con el reposo debido, a fin de hacerse entender
+bien y de poner en sus ideas orden y claridad, contestó entonces el P.
+Enrique a los argumentos de D. Anselmo; mas, a pesar del dominio que
+tenía sobre sí y sobre su palabra, la emoción que embargaba su ánimo
+venía a revelarse en su acento, en el brillo de sus ojos y en el
+encendido color de sus mejillas, pálidas de ordinario. Todo ello
+contribuía a infundir en el razonamiento que hizo aquella singular
+persuasión que cautiva los corazones y somete a blando yugo las más
+soberbias y rebeldes inteligencias.
+
+¿Cómo reproducir, sin alterarle o sin debilitar su energía y empañar su
+esplendor celestial, el sencillo e inspirado discurso que entonces
+pronunció el Padre Enrique?
+
+Lo que atine a poner aquí el profano, frío, escéptico y pobre narrador
+de esta historia, no debe mirarse, cuando más, sino como informe
+bosquejo de lo que dijo aquel hombre entusiasta y creyente. El P.
+Enrique dijo así:
+
+--A fin de dar cumplida contestación a los argumentos de D. Anselmo
+sería menester desenvolver ahora las doctrinas todas de una altísima
+ciencia. Lo que diga yo, por lo tanto, en breves palabras, no puede
+menos de ser desordenado y de pareceros oscuro. Voy a poner en cifra y
+resumen lo que requiere, para que se entienda bien, severo método y
+reposo. Supongamos, por un instante, que abstraída el alma de todo lo
+terreno, en suspensión de potencias y sentidos, en silencio maravilloso
+y quietud envidiable, goza del supremo bien, sin salir de esta vida
+mortal, y absorta y como hundida en la contemplación de su Creador, no
+cuida ya del prójimo ni de las otras criaturas. Pero antes de alcanzar
+tanta dicha, antes de subir a tanta alteza, ¿qué pruebas de bondad no
+habrá dado el alma? ¿Por qué áspera senda no habrá tenido que trepar,
+activa, atenta y persistente? Para ganarse la voluntad de su Creador
+habrá hecho obras de misericordia, consolando y amparando a los
+infelices y desvalidos, y con sus oraciones y penitencias, humildad y
+mansedumbre, habrá sido pasmoso ejemplo y provechoso estímulo a todo ser
+humano. No se conquista de otra suerte el amor de Dios. No hay otra vía
+más cómoda y llana para llegar a él. Claro está, pues, que, aun
+suponiendo que el alma es ya inútil para las otras almas al llegar a ese
+término, es utilísima mientras no llega. Y no obstante, cuando el alma
+llega, cuando se recoge en su centro, donde Dios mora, y allí le conoce
+y con él se une, ¿cómo imaginar que por eso se aniquila o se hace
+inútil? Tal vez, al anegarse en aquel abismo de luz, no ve sino
+tinieblas. Tal vez los ojos del alma no pueden resistir tanto
+resplandor. Tal vez la inteligencia limitada no comprende aquellas
+perfecciones infinitas e inenarrables. Pero si la inteligencia, en el
+alma que llega a Dios, no ve ni comprende todo su ser, bástale con
+percibir algún atributo para no quedar perdida y aniquilada en su
+ventura. Bástele ver a Dios, para ver en Dios el mundo y las criaturas
+que le llenan y hermosean, y para verlo todo, por más cabal y
+comprensiva manera que cuando lo veía con sólo los sentidos como
+apariencias fugitivas que los hieren. El alma ve entonces las cosas
+tales como son y no tales como aparecen; las ve, no en su manifestación
+transitoria, sino en su idea pura y eterna; no ya en lucha constante,
+desligadas, sin concierto, en guerra de exterminio, sino que las ve
+atadas por lazo de amor, subiendo en concorde armonía hacia la luz y
+hacia el bien, y encaminándose, por atracción suave y divina, a la
+justificación providencial de todo. Y como el alma ama a Dios y todo
+está en Dios, el alma lo ama todo amándole. Y lo ama todo, no ya
+interesadamente, como lo amaba antes, sino con desinterés, porque quien
+tiene a Dios ¿qué más quiere ni desea? Así el alma ama a las criaturas
+como Dios las ama, y quiere que todas se vuelvan a Dios y le amen, y que
+el tesoro del amor divino sea para todas ellas. Y entonces el amor del
+alma, conforme, identificado con la voluntad de Dios, abarca el universo
+y cuanta hermosura espiritual y corporal en sí contiene. Y lejos de
+quedar el alma, al unirse con Dios, inerte y como vacía y sin
+conciencia, logra conciencia más clara y distinta, y arde en amor más
+vivo que todos los amores mundanales. Y no hay excelencia en lo creado,
+cuyo valer no estime y pondere en lo justo; ni beldad en quien sin
+concupiscencia no se complazca, porque tiene ya hartura y plenitud de
+deleites purísimos; ni riquezas que no mire sin codicia, porque está
+agraciada y como heredada de los más preciosos dones; y ama sin celos al
+amor que da Dios a las criaturas, por que las comprende en su mente e
+imagina que todo el amor que vierte Dios en ellas, le recibe y le guarda
+para sí propia. ¿De qué sacrificio, de qué obra estupenda de caridad, de
+qué proeza de amor, de qué devoción, abnegación y martirio no será capaz
+el alma unida con Dios, y que se vuelve a las criaturas, y las contempla
+en Dios mismo, como si fuesen algo del ser y de la sustancia del objeto
+amado? Lejos, pues, de creer que esta unión del alma con Dios la hace
+inerte e inútil para los demás seres, creo que la habilita y alienta
+para tomar en el manantial caudaloso del amor del cielo los torrentes de
+caridad que vierte luego en la tierra. Porque, como el Verbo, que es
+Dios, dio su vida mortal y humana por la salud de los hombres, el alma,
+si se une con Dios, adquiere la virtud divina para arrostrar y sufrir
+por los hombres los tormentos y la muerte, imitando a Cristo, que es el
+Dios a quien se une.
+
+De esta suerte se expresaba el P. Enrique, hasta donde la torpe pluma y
+la lengua pecadora de quien esto escribe consigue remedar su improvisada
+homilía; ya que, en la sagrada ciencia, que él iba explicando, dijeron
+los más delgados conceptos y aclararon los más hondos misterios, no los
+que en los libros y en el estudio fueron a ilustrarse, sino los que por
+experiencia los entendían y por santidad insigne gozaron del favor
+divino.
+
+Y mientras que el Padre hablaba, D. Acisclo oía embelesado, aunque no
+penetraba el sentido de una sola palabra; y D. Anselmo se deleitaba, sin
+creer, como quien saborea la más bella composición poética; y doña Luz,
+doña Manolita y Pepe Güeto, escuchaban con fija atención y gran fervor
+religioso, lisonjeándose de que todo lo alcanzaban.
+
+Acaso no lo creyó así el Padre, allá en lo interior de su pecho, pues
+para aclarar y completar lo que había dicho, añadió de este modo:
+
+--Quiero asimilar vuestra filantropía mundana a un hermoso río, cuyos
+canales y acequias riegan y fertilizan los campos; mientras que el alma,
+que se une a Dios por amor, es como el agua que el sol rarifica y
+levanta y que sube en vapores al cielo. ¿Será esta agua menos útil que
+la del río? No, porque luego desciende en bienhechora lluvia, más
+fecundante que todo riego artificial, y aun de este mismo riego
+artificial es causa mediata, ya que la lluvia, que viene del cielo,
+cuaja y forma en la cima de los montes con apretada y cándida nieve las
+inexhaustas urnas, de donde brotan y se desatan arroyos y ríos en
+cristalinos raudales. Presuma, en buena hora, el zafio y rudo
+agricultor, cuando riega su campo, que el agua viene de la vecina
+montaña, y que se deriva por ocultos caminos del seno de la madre
+tierra. Pero ¿habría agua si el cielo no la hubiera depositado allí? De
+esta suerte, la filantropía, la virtud meramente humana, tiene su
+origen, ignorándolo tal vez los mismos que la practican, en la caridad
+divina. El amor de Dios sube al cielo; se diría que desprecia este bajo
+mundo; pero, al descender de nuevo a la tierra, como el limpio rocío de
+la aurora, viene transformado en amor acendradísimo del prójimo. En
+nuestra verdadera religión no sucede como en algunas falsas, donde el
+bien supremo implica el aniquilamiento de la conciencia. Si el discurso
+racional no llega al ápice de la mente, Dios le adorna y reviste de
+prendas sobrenaturales; en vez de destruirle, le da la fe, para que viva
+y entienda. Y a veces brota del centro del alma una luz interior que
+baña las potencias que hasta el centro no han penetrado, por donde
+nuestro ser individual, aun en el éxtasis, no se esfuma, ni se
+desvanece, ni se desmaya, sino que con más ser vive, siente, piensa,
+conoce y ama. Si para subir al enlace místico, se desnuda el alma de
+todo lo creado, si llega a entender que sólo existen Dios y ella, esta
+muerte es como la muerte natural, en la cual se desprende el alma de sus
+mortales despojos. Y así como el alma ha de revestirse de cuerpo
+glorioso, así también resucitan todas las potencias que, para llegar al
+éxtasis divino, tal vez murieron. No, no se pierde el alma de los
+místicos cristianos en la esencia suprema, como en el _nirvana_ de los
+budistas; no, no cae en sueño eterno, sino que logra la plenitud de la
+vida. El ambiente bañado y penetrado todo de rayos de sol parece luz de
+oro y sol y no aire; y el hierro, que sale candente de la fragua, no es
+oscuro y opaco, sino refulgente como el fuego de donde sale; y por igual
+manera, en cuanto la comparación material es posible, el alma que se
+unió con Dios parece Dios. Y por último, para el provecho que a los
+demás hombres puedan traer estos bienes y regalos de los espíritus
+contemplativos, quiero añadir una consideración de gran peso; a saber,
+que en ninguna creencia, en ninguna doctrina, se ensalza tanto como en
+la nuestra la dignidad humana, el ser del hombre, prescindiendo de su
+valer accidental. Los Elíseos, los Paraísos, los Empíreos de otras
+religiones sólo abren sus puertas a los magnates, a los príncipes, a los
+sabios, a los guerreros y a los ilustres; mientras que nuestro cielo es
+el cielo de los pobres, de los humildes, de los pacíficos y de los
+mansos. Y no es esto sólo para consolación, por la esperanza en otra
+vida mejor, del desdén de la fortuna y de los trabajos y miserias que en
+esta vida tienen que sufrir, sino que ejerce poderoso influjo en lo
+presente, y da precio infinito a toda alma humana, como rescatada por
+Cristo, e iguala con más verdad que toda ley democrática a unos hombres
+con otros, y reviste de majestad sagrada, y hace más que hermanas
+nuestras a todas las criaturas, a las más cuitadas, a las más viles, a
+las más abyectas y a las más pecadoras.
+
+Los oyentes del P. Enrique, que aquella noche no eran más que cuatro,
+entendiendo unos más y otros menos lo que dijo, quedaron todos
+encantados de oírle. Don Anselmo llegó a confesar que le entraban ganas
+de ser cristiano; doña Manolita y su marido se sintieron más cristianos
+que nunca; D. Acisclo halló que su sobrino tenía casi tanto
+entendimiento como él, si bien aplicado a cosas menos prácticas; y doña
+Luz, embelesada, entusiasmada, añadió acaso, con su rica imaginación
+poética, mil quilates de hermosura, de novedad y de profundidad, al
+discurso del Padre, del cual no perdió ni una sola cláusula,
+comprendiendo el más hondo sentido del conjunto y de cada sentencia.
+
+
+
+
+-X-
+
+Un ilustre candidato
+
+
+Por tal arte fueron creciendo la afición de doña Luz al trato del P.
+Enrique y la fina amistad que le profesaba.
+
+Como por rápida pendiente, aunque con suave y apenas sentido movimiento,
+se inclinó su corazón a no desear sino aquellos coloquios con un hombre
+en quien hallaba ingenio, discreción y sublimidad en el pensar y en el
+sentir, hasta entonces no descubiertos por ella en ser humano, y de que
+sólo sabía por los libros que había leído.
+
+Ningún recelo empañaba la limpieza y seguridad de esta inclinación, si
+tranquila y serena, irresistible y declarada. Doña Luz, en su orgullo,
+doña Luz, en el cristal terso e incontaminado de su conciencia, no podía
+ver peligro, ya que por leve y remoto que le viese, sería como una
+mancha. El más ligero propósito de precaverse hubiera implicado temor y
+sospecha ofensiva. Doña Luz nada sospechaba de sí. Nada tampoco
+sospechaba del Padre. Le consideraba como a un santo y empezó a amarle y
+venerarle como aman y veneran a los santos las personas piadosas.
+
+Era tal el candor de doña Luz, que hubiera dicho al Padre los
+sentimientos que le inspiraba, si no hubiera temido ofender su modestia
+o mostrarse aduladora. Pero aunque nada le decía, harto le daba a
+entender su extraordinaria predilección, atrayéndole de continuo, y no
+hallándose a placer sino cuando le tenía a su lado, le hablaba o le
+escuchaba.
+
+El P. Enrique, por su parte, no manifestaba la menor extrañeza por los
+favores que de doña Luz recibía. Y esto no porque fuese vano y se
+figurase que todo le era debido, sino porque no juzgaba nada más natural
+que aquella buena correspondencia.
+
+Era el Padre hombre de muchísimo mundo y de poquísimo mundo, según esto
+se entendiese.
+
+Conocía el corazón en general, y en cuanto está más cerca de la
+naturaleza. Para tratar, dirigir, ganar almas y someter voluntades,
+había sido maravilloso allá en los pueblos del extremo Oriente; pero
+como había salido de España muy mozo, y apenas había vivido en esta
+sociedad artificiosa y algo refinada de nuestro siglo, cuya cultura y
+usos convencionales se extienden hasta las aldeas, lo veía y estimaba
+todo con cierta sencillez selvática, interpretando las palabras y las
+acciones de diverso modo que el vulgo. Así es que, si bien notaba, y se
+sentía lisonjeado al notarlo, que doña Luz hacía de él el más alto
+aprecio, ni en ella, ni en él, ni en el público, acertaba a descubrir
+que pudiese esto ofrecer el menor inconveniente. La afición de doña Luz
+no se diferenciaba a sus ojos de la que le tuvieron estos o aquellos
+neófitos indios, chinos o anamitas, salvo en ser la afición de doña Luz
+más de estimar por la excelencia de la persona que la sentía, en quien
+el Padre hallaba un sin número de brillantes calidades: un espíritu
+cultivadísimo y capaz de elevarse a las esferas más encumbradas del
+pensamiento y un corazón lleno de afectos tiernos, nobles y puros. De sí
+propio tampoco recelaba el Padre. Amaba a doña Luz como el maestro ama a
+su discípulo; como un alma ama a otra alma, cuando ambas coinciden en
+las mismas creencias y opiniones, suben a las mismas alturas, y
+especulan y contemplan las mismas ideas.
+
+El P. Enrique se sentía atraído por doña Luz con mayor fuerza que por
+todas las demás personas que en el lugar conocía, o que antes, fuera del
+lugar, había conocido; pero esto se explicaba de la manera más razonable
+y sin malicia.
+
+¿Quién penetraba mejor que doña Luz el sentido de todos sus discursos?
+¿Quién le seguía mejor, quien se le adelantaba a veces en los vuelos y
+raptos de imaginación, cuando pugnaba por levantarse a aquellas regiones
+adonde el prosaico razonamiento no llega? Sin duda que doña Luz. Doña
+Luz era, pues, para el Padre un ser muy superior a cuanto la rodeaba, y
+digno de predilección decidida. En el agua turbia de un estanque poco
+cuidado, en el agua agitada y cenagosa de un torrente, nada se refleja;
+mientras que en el haz limpia, tersa y tranquila de un lago de agua
+pura, el cielo, los montes, los astros, la luz, las flores y toda la
+gala y la pompa del mundo se retratan con tal primor, que el cielo
+parece allí más hondo e infinito, y la luz más clara, y las flores de
+color más vivo, y los montes más gallardos, y sus perfiles y contornos
+más graciosos y mejor desvanecidos en el sumo ambiente, y la verdura del
+prado más verde y más fresca. Por lo cual, aun el que no repara en la
+hermosura propia del lago y en el encanto que tiene él de por sí, tal
+vez se recrea en lo que refleja y duplica en su seno, y gusta más de
+mirar todo aquello en el reflejo del lago que en sí y tal como es. Y por
+estilo semejante, el P. Enrique, que a penas se fijaba en la belleza y
+elegancia del cuerpo y rostro de doña Luz, ni en la distinción de sus
+modales, ni en el reposado y majestuoso continente de toda su persona,
+hundía la mirada a través de estas prendas corporales y exteriores, y
+llegaba al alma, donde resplandecía un mundo de pensamientos, que eran
+los suyos propios, pero mil veces más bellos, reflejados por doña Luz,
+que tales como ellos eran.
+
+Casi siempre las conversaciones de doña Luz y del P. Enrique eran en la
+tertulia, en presencia de don Acisclo, de D. Anselmo, de Pepe Güeto y su
+mujer y del señor cura. En ocasiones, no obstante, se encontraron en la
+casa a solas los dos, o bien hablaron sin oyentes y sin otros
+interlocutores, cuando salían de paseo con Pepe Güeto y su mujer, y
+éstos se adelantaban o se quedaban atrás, embelesados en la interminable
+y risueña luna de miel, de que seguían gozando siempre. Entonces, en
+estos diálogos a solas, sin reflexionarlo ni él ni ella, sin que fuese
+circunspección estudiada, lo cual implicaría un temor de que ambos se
+veían exentos, sino por instintiva, inocente y santa delicadez, por
+pudor inconsciente, por recato santísimo del corazón, jamás hablaban de
+sus propias personas, ni de lo íntimo de las almas, aunque fuese en
+general, sino de la pompa exterior del material universo, y de la
+armonía, riqueza y orden que le adornan, proclamando la bondad, el poder
+y la sabiduría de quien le sacó de la nada.
+
+Ella, sin embargo, había sabido inducir al Padre, cuando había
+auditorio, a que hablase de sí y a que contase sus peregrinaciones. Y el
+Padre, si bien con modestia y sobriedad, no había podido menos de dejar
+entrever y de hacer que se estimasen los peligros que había corrido y
+las penalidades y fatigas que con valor heroico había sobrellevado.
+
+Él, en cambio, había leído en la frente y en los ojos de doña Luz hasta
+sus más secretos pensamientos y sentimientos. Para esto le servía su
+costumbre de observar y estudiar a los hombres, en tantos años de
+predicador, confesor y catequista. Además, si algo hubiera quedado para
+él en cifra, su tío D. Acisclo, aunque con términos groseros, le hubiera
+dado la clave, contándole, como le contaba, la vida de doña Luz en el
+lugar, su desdén con los galanes, su orgullo y su firme resolución de no
+casarse nunca.
+
+Los hombres, por mucho que se examinen y estudien, por bien que
+escudriñen hasta los más escondidos senos de su conciencia, por
+severamente que se juzguen, y por muy alerta que estén, suelen con
+frecuencia concebir algún plan o proyecto, el cual les deleita y seduce,
+envolviéndose en tan mágica niebla, que logra ocultarse o velarse y
+disfrazarse al juicio, cuando éste interroga para fallar y condenar
+acaso, quedando patente y como desnudo a los ávidos ojos de la pasión
+que le ha creado.
+
+De este modo confuso y como entre nubes forjó sin duda el P. Enrique, a
+quien el trato de doña Luz encantaba, si no un plan, una ilusión, una
+esperanza, algo de un porvenir meramente amistoso, aunque lleno de
+ternura. Apenas se daba razón de lo que forjaba, pero ciertamente lo
+forjaba. Lo que forjaba era, por otra parte, tan sin asomo de pecado,
+que no suscitaba escrúpulos. Lo que forjaba era muy sencillo. Doña Luz
+era casi seguro que no se casaría ya; lo mejor, pues, de su inteligencia
+se emplearía en comunicar con la del Padre; su voz en hablarle; su oído
+en oírle; su más seria preocupación sería pensar en las cosas del cielo,
+según el método y forma con que él pensaba; su deleite mayor hablar con
+él de Dios y del alma y de toda verdad y de toda bondad y hermosura. En
+fin, el P. Enrique, sin confesárselo a sí mismo, vino poco a poco a
+persuadirse de que con su espíritu iba como a llenar y compenetrar el
+espíritu de doña Luz, y notó apenas que ella se enseñoreaba ya por
+entero del espíritu de él, aunque con cierta subordinación y dependencia
+de otros sentimientos e ideas de valer muy superior, los cuales
+prevalecían sobre aquella nueva y poderosa influencia.
+
+Provino de todo esto una fervorosa amistad, que se alimentaba en el
+comercio y comunicación constante de aquellas dos personas.
+
+En los lugares, ni más ni menos que en las grandes poblaciones, abundan
+las malas lenguas; pero concurrían en esta ocasión mil circunstancias
+que evitaron que la maledicencia se cebase en tan inocentes relaciones y
+las interpretase en sentido avieso.
+
+Las causas principales de que se hable en seguida, dado el motivo o el
+pretexto o la apariencia, de toda intriga amorosa, particularmente si no
+tiene por fin el matrimonio, no se presentaban aquí. Por lo común, una
+de las causas de que se hable y se murmure es el propio deseo del galán,
+quien suele desear que se diga lo que es y aun lo que no es, y a veces
+finge que disimula con tan contraria habilidad, que más bien descubre o
+hace sospechar misterios y aun venturas que quizá no ha logrado. Mujeres
+hay asimismo no menos aficionadas a que todo se sepa, particularmente
+cuando son pretendidas y desdeñan y burlan a los pretendientes. Y
+muchas, cuando los pretendientes son muy estimados y famosos, aun
+echando a rodar todo respeto, con tal de hacer rabiar a las abandonadas
+rivales, dan, como suele decirse, un cuarto al pregonero, para que
+pregone y divulgue su fragilidad y sus amoríos.
+
+Nada de esto tenía lugar entre el Padre y doña Luz. Antes bien ocurría
+lo contrario.
+
+Los mozos del lugar o forasteros que, por más guapos e importantes,
+habían osado aspirar a doña Luz y habían sido rechazados con suavidad
+antes de una declaración que los comprometiese, tenían tan alta opinión
+de doña Luz y de ellos mismos, que cada cual imaginaba que era
+inexpugnable la que a sus encantos y buenas prendas no se había rendido.
+¿Cómo creer que gustase de un fraile enfermizo y casi viejo la que había
+sido fría, insensible y desamorada con un mozo galán, robusto y
+gallardo? Esto hubiera sido monstruoso.
+
+Las mujeres son, por lo general, las que descubren o inventan las
+aventuras, caídas o deslices de sus enemigas; pero doña Luz estaba tan
+por cima y tan apartada de toda rivalidad y se había ganado de tal
+suerte el afecto de todos, que nadie le contaba los pasos ni andaba
+acechando para ver si daba alguno en falso y acusarla de ello después.
+
+Por otra parte, doña Manolita, con su charla, su desenvoltura y sus
+chistes, era el órgano más autorizado y resonante de la opinión pública
+en Villafría, y doña Manolita, no ya no habiendo el menor motivo, pero
+aunque le hubiese, no hubiera consentido jamás en que se dijese nada
+contra doña Luz; hubiera ahogado en sus burlas la voz de la murmuración
+más descocada.
+
+El concepto que del padre tenían en Villafría no se prestaba tampoco a
+que sobre el punto de que hablamos se levantasen caramillos. Los más,
+como no le hallaban divertido y como casi no le entendían, le tenían
+poco menos que olvidado, aunque si alguna vez se acordaban de él era
+para considerarle como un santo, fastidioso, valetudinario y nada ameno.
+Hombre de los que no se usan, pajarraco exótico y raro, para los
+volterianos del lugar, no hubiera sido difícil que alguien le supusiese
+conspirando en favor del restablecimiento de la Inquisición y hasta
+comiéndose los niños crudos; pero a nadie le cabía en la cabeza que
+pudiese ser galanteador y tener buenas fortunas un señor tan pálido,
+enclenque, melancólico y asendereado.
+
+Por todo lo expuesto, nadie ponía malicia, nadie comentaba de modo
+injurioso la intimidad y convivencia de doña Luz y del Padre, quienes,
+por otro lado, donde se trataban, se veían, se hablaban y aun se
+admiraban inocentemente, con el mayor abandono, era en el seno de la
+pequeña tertulia, de la cual, nada trascendía, y en la cual todo se
+explicaba santísimamente, o mejor dicho, no se explicaba, pues ni para
+D. Anselmo y su hija y yerno, ni para D. Acisclo, ni para el cura D.
+Miguel, requería aquello la menor explicación. El cura D. Miguel, sobre
+todo, y el Sr. D. Acisclo, cada cual a su manera, veían en doña Luz y en
+el Padre dos seres sobrado singulares, las dos terceras partes de cuyos
+pensamientos y palabras oían como quien oye música celestial sin
+penetrar lo que significaban. Nada, por lo tanto, más justo ni más
+preciso que el que los dos se dijesen lo que ellos solos al cabo sabían
+entender.
+
+Entre tanto, doña Manolita, que era muy observadora y burlona, había
+notado que en el ánimo de D. Acisclo se iba dando una radical
+transformación. Doña Manolita había comunicado sus impresiones a doña
+Luz y a Pepe Güeto.
+
+Según dichas impresiones, D. Acisclo estaba cada día más ancho y
+orgulloso de que su tertulia se hubiese hecho tan sabia y pareciese una
+Academia de ciencias; pero al mismo tiempo, andaba imaginativo y
+ensimismado, hablaba a solas, y se diría que en su mente se agitaba un
+enjambre de ideas, las cuales, como las abejas en la colmena, pugnaban
+por fabricar, en vez de panal melifluo, alguna resolución estupenda.
+
+--¿Qué resolución querrá tomar?--se preguntaba doña Manolita--. ¿Si
+habrá tocado su corazón el dedo del Altísimo? ¿Si el buen señor,
+edificado con las homilías del sobrino, tratará de abrazar la vida
+contemplativa y de ser santo también?
+
+Pepe Güeto y doña Luz se reían de tan inverosímil suposición; pero la
+verdad era que ellos notaban asimismo lo mucho que D. Acisclo cavilaba,
+y sentían no pequeña curiosidad por conocer el asunto de sus
+cavilaciones.
+
+Delante del P. Enrique no osaron interrogar a don Acisclo; pero el Padre
+se iba siempre a las diez de la tertulia, porque nunca cenaba, y Pepe
+Güeto y su mujer se quedaban a cenar todas las noches allí. La cena
+solía durar hasta las once, y además casi siempre permanecían de
+sobremesa los señores, mientras que cenaban los criados, siendo este el
+momento de mayor confianza y alegría.
+
+Varias noches, estando así, ya de sobremesa y no presentes las chicas
+que habían servido, doña Manolita tentó el vado, a ver si D. Acisclo
+declaraba la causa de su preocupación.
+
+Don Acisclo, aunque negaba que estuviese preocupado, lo daba a conocer
+cada vez más, si bien no confesaba la causa.
+
+Una noche, por último, D. Acisclo se mostró más preocupado, pero más
+alegre asimismo. Alguna satisfacción le rebosaba en el pecho y pugnaba
+por salir de sus labios.
+
+Doña Manolita lo conoció, y le dijo:
+
+--Vamos, Sr. D. Acisclo; no sea V. malo. No se atormente usted por el
+solo gusto de atormentarnos. Si rabia V. por decir lo que le pasa ¿por
+qué no lo dice? V. está maquinando alguna novedad que nos va a dejar
+aturdidos. La cosa va muy adelantada. Declare V. lo que es para que no
+nos coja de susto.
+
+--Ea, Sr. D. Acisclo, declárelo V.--añadió Pepe Güeto--. Mi mujer
+pretende que V. tiene comezón de ser santo como su sobrino, y que el día
+menos pensado traspone V. y nos planta y se larga a Sierra--Morena a
+hacer penitencia, metido entre matorrales o en el hueco de algún
+peñasco.
+
+--Todo menos eso--respondió D. Acisclo--. No me llama Dios por ese
+camino, y cualquier otro estado es bueno para servirle.
+
+--Eso es indudable--dijo entonces doña Luz--. Yo no he creído nunca que
+a V. le pudiese entrar la manía de imitar a los solitarios penitentes;
+pero he pensado, como mis amigos, que usted medita y prepara, desde hace
+días, un cambio en su manera de ser y de vivir.
+
+--Estas mujeres son el diablo--contestó D. Acisclo--. Nada se les
+oculta. Todo lo penetran. No quiero ni puedo ya negarlo. Voy a ser otro
+del que he sido hasta aquí. Confieso que la consideración del mérito de
+mi sobrino me ha servido de estímulo.
+
+--¿No lo decía yo?--exclamó doña Manolita--. D. Acisclo, ¿se nos va V. a
+ir a la China o a la India a convertir infieles?
+
+--Algo de eso hay--respondió el interrogado--. Infieles voy a convertir,
+pero sin salir por ahora de Villafría.
+
+--¿Y cómo va a ser eso?--dijo doña Luz.
+
+--Muy sencillamente--continuó D. Acisclo--. Ya saben ustedes que yo he
+sido y soy, dicho sea entre nosotros, desechando la modestia, un hombre
+bastante útil para mi patria. Yo hago prosperar la agricultura; aumento
+la riqueza; doy de comer a los pobres que trabajan; en fin, sirvo de
+mucho.
+
+--No es menester que V. se alabe. ¿Quién no confiesa--dijo Pepe Güeto--,
+que V. es la providencia de Villafría?
+
+--Pues bien; todo eso lo hago con el dinero que he sabido adquirir. Yo
+he tenido y tengo capacidad para adquirir dinero. Pero al ver que mi
+sobrino ha adquirido ciencia y gloria, he comprendido que el dinero no
+me bastaba, y que hay otras cosas que valen tanto casi como el dinero.
+La ciencia, por ejemplo. ¿Cómo adquirirla, sin embargo? Ya está duro el
+alcacer para zampoñas. Ya es tarde para que yo me engolfe en estudios.
+Hay otra cosa que me atrae, que me seduce, y no es tarde aún para que yo
+la adquiera.
+
+--¿Qué será? ¿Qué no será?--murmuró doña Manolita.
+
+--Adivínalo, muchacha; lúcete; muestra que ves crecer la hierba.
+
+--Confieso que soy tonta: nada adivino. Ya que no aspira usted a sabio
+ni a santo, ¿a qué aspira?
+
+--Aspiro al poder. El poder es el complemento del dinero. Quiero ser
+hombre político, personaje influyente, dueño de este distrito electoral,
+derrotando al cacique de la cabeza del distrito, que hoy lo puede aquí
+todo.
+
+--¿Quién le mete a usted en esos ruidos, Sr. D. Acisclo?--dijo entonces
+doña Luz.
+
+--Mis convicciones políticas--respondió don Acisclo con suma gravedad.
+
+--¿Sus convicciones políticas? Me pasma lo que le oigo decir. Pues ¿de
+dónde provienen esas convicciones? Yo creía que usted no había pensado
+en política en todos los días de su vida.
+
+--Entendámonos--replicó D. Acisclo--: en la política que sirve de
+pretexto o apariencia, es cierto que jamás he pensado; pero en la
+política-verdad pienso siempre.
+
+--¿Y qué es la política-verdad?
+
+--La política-verdad es que todos los que formamos la nación española
+damos al Gobierno cada año, por diferentes maneras, más de la mitad de
+lo que la tierra, nuestro trabajo y nuestro caletre producen. El
+Gobierno luego, ya en forma de pagas, ya en forma de subvenciones, ya en
+otras formas, reparte todo esto entre sus amigos. De esta suerte, lo que
+absorbe el Gobierno como contribución, se derrama de nuevo como benéfica
+lluvia. ¿No es necedad que yo pague y no cobre? ¿No es bobada que yo
+contribuya y no distribuya? ¿No sería más discreto que yo imitase a Don
+Paco, el grande elector de este distrito, que paga diez y saca ochenta?
+Pues qué, ¿no tengo yo sobrinos, hijos y ahijados a quienes dar turrón?
+¿Una gran cruz, no me vendría que ni de molde? ¿El tratamiento de
+excelencia se me despegaría? En vez de pagar mucho, como pago ahora, y
+de no recibir nada, como no recibo, ¿no me sentaría divinamente pagar
+menos, y recibir con usura lo pagado y más de lo pagado? Pues esto es la
+política, y por esto quiero meterme en la política. ¿Qué digo _quiero
+meterme_? Metido estoy ya en ella hasta los codos.
+
+Doña Luz distaba mucho de creer que la política fuese lo que por
+política entendía D. Acisclo: pero, viendo lo convencido que él estaba
+de que no era otra cosa, y notando además que Pepe Güeto y su mujer no
+distaban mucho de pensar como don Acisclo, no quiso predicar en desierto
+ni tratar de convencerlos de que el verdadero concepto de la política
+era muy diferente. También le chocó sobremanera el tortuoso giro de
+pensamientos y discursos, por donde la mente de D. Acisclo, partiendo de
+las homilías, disertaciones filosófico-cristianas y demás sublimidades
+del Padre, había venido a parar en que debía él ser hombre político, a
+fin de pagar menos contribución y de tomar mucha distribución.
+
+Sobre este último punto no pudo menos de decir doña Luz:
+
+--Aun concediendo, que ya es harto conceder, que la política sea como V.
+la entiende, todavía me pasmo, Sr. D. Acisclo, de que, en virtud de los
+razonamientos de su sobrino de V., haya venido V. a sacar como
+consecuencia la resolución de ser político y de derrotar a D. Paco,
+poniéndose en lugar suyo.
+
+--Pues mire V., señorita doña Luz--respondió don Acisclo--, no hay nada
+más llano que el camino de discurrir que yo he seguido. Enrique me ha
+dado ánimos sin él saberlo. Por él he comprendido que en mi familia hay
+brío para todo. Él es santo y sabio: hombre teórico: yo soy rico. ¿Por
+qué no he de ser también influyente, a fin de ser el hombre práctico por
+completo? ¿No hubo en lo antiguo, en una sola familia, Marta y María?
+Pues ¿por qué ahora, en otra familia, salvo la diferencia de sexo, no
+hemos de ser él María y yo Marta; él el contemplativo y yo el activo?
+
+--Bien por D. Acisclo--dijo Pepe Güeto.
+
+--Y vaya si tiene razón: ya sabe él dónde le aprieta el zapato--añadió
+doña Manolita.
+
+--No, sino pónganme el dedo en la boca--exclamó don Acisclo--, y verán
+si muerdo o no muerdo. Pues qué, ¿un hombre de mis millones, y con un
+sobrino tan notable, ha de estar toda su pícara vida humillado por ese
+tunante de D. Paco, a quien da el diputado cuanto pide y más?
+
+--Nada de eso, Sr. don Acisclo--dijo Pepe Güeto, dejándose arrebatar del
+entusiasmo--. Es menester sacudir el yugo.
+
+--¡Muera D. Paco el tirano!--gritó doña Manolita riendo.
+
+--Ya se entiende que la muerte ha de ser meramente política y no civil
+ni natural--interpuso doña Luz.
+
+--¿Y cómo se va V. a componer para matarle políticamente?--preguntó Pepe
+Güeto.
+
+--¿Cómo me voy a componer? ¿Cómo me he compuesto? es lo que debieras
+preguntar. Pues qué, ¿me duermo yo en las pajas? Ya lo tengo todo
+concertado. El ministro cuenta conmigo. Yo les he probado que no es
+natural, sino artificial, el diputado que de aquí enviamos, y, como
+ahora está en la oposición, el Gobierno le derrotará con mi auxilio en
+las nuevas elecciones, que serán pronto.
+
+--¿Y quién es el nuevo candidato del Gobierno?--preguntó doña Manolita.
+
+--Un candidato ilustre, un sujeto de inmenso porvenir, un héroe de la
+guerra de África--dijo don Acisclo muy orondo--. Yo le protejo, yo haré
+por él prodigios, yo me atraeré a los parciales de D. Paco, que se
+quedará solo, y mi hombre saldrá por inmensa mayoría.
+
+--¿Y cómo se llama su hombre de V.?--dijo Pepe Güeto.
+
+--Se llama el brigadier de caballería D. Jaime Pimentel y Moncada,
+valiente como el Cid, de noble prosapia, joven y gallardo. Ya le verán
+ustedes, ya le verán ustedes, porque pronto vendrá a visitar el
+distrito.
+
+Con este notición se puso término a la charla, así porque era ya tarde,
+como porque los aplausos y vivas de doña Manolita y de Pepe Güeto no
+consintieron que siguiera adelante aquella noche.
+
+
+
+
+-XI-
+
+Preparativos electorales
+
+
+El plan de D. Acisclo había sido meditado pausadamente y en secreto, y
+estaba tan bien trazado, combinado y preparado, que no escaseaban las
+probabilidades de que se lograse.
+
+La empresa, no obstante, era difícil; casi imposible para cualquiera
+otro que no tuviese en aquel distrito la actividad, el poder, el influjo
+y el dinero que don Acisclo poseía.
+
+Don Paco, el grande elector, era pájaro de cuenta, y contaba con un
+diputado-modelo; con un diputado tal, que no es dable que haya como él
+una docena al mismo tiempo en toda España.
+
+Según cálculos estadísticos de la mayor exactitud, los sueldos, adehalas
+y favores de varias clases, evaluados en metálico, que el diputado
+prodigaba a sus fieles del distrito, sacándolo todo del Gobierno,
+importaban veinte veces más que lo que el distrito pagaba de
+contribución directa e indirecta. Suponiendo, por un instante, que todos
+los demás diputados fuesen tan hábiles, tan mañosos, tan felices y tan
+píos como el de que hablamos, el Gobierno tendría que hacer el milagro
+de pan y peces, en inmensa escala, o tendría que producir un déficit, al
+cabo del año, de diecinueve veces el valor de todos los recursos y
+rentas del Estado, en el año mismo.
+
+De aquí que haya tan pocos diputados en España como el que don Acisclo
+se proponía vencer. Era, por excelencia, lo que se llama un diputado
+natural.
+
+El diputado, en virtud de continuos desvelos y de un arte maravilloso,
+se gana la _naturaleza_ en un distrito, repartiendo a manos llenas los
+empleos; y cerca del Gobierno, a más de su talento y de su importancia
+personal, se apoya para sacar los empleos en esa misma devoción que
+asegura y prueba que los electores le tienen y en cuya virtud es
+diputado natural y goza de distrito suyo y re-suyo.
+
+Aunque el diputado natural esté en la oposición, conserva el distrito
+por dos razones. Es la primera porque, si bien los electores le ven
+caído, guardan la esperanza de que pronto volverá a encumbrarse,
+mandarán él y los de su partido, y lloverán entonces los favores. Es la
+segunda razón, porque, el diputado natural, aun cuando no esté en el
+poder, logra que muchos de sus ahijados se sostengan en sus empleos, y
+hasta suele darlos flamantes, ya porque los fueros de diputado natural
+le habilitan para todo, ya porque le sobran amigos en los Ministerios, y
+ya porque los mismos ministros, sus contrarios, le atienden y
+consideran, esperando la reciprocidad para cuando estén ellos caídos.
+
+El diputado, contra quien iba a sublevarse don Acisclo, estaba caído en
+aquel momento; pero nadie dudaba de que pronto se volvería a encaramar
+en el poder. Habíanle dejado cesantes a no pocos de sus ahijados; pero
+aún quedaban muchos en plena posesión de sus empleos y sueldos. La fama
+que el diputado tenía de servicial, complaciente y poderoso para _sacar
+turrones_, era tan firme que hasta su mismo temporal decaimiento
+aumentaba su clientela en vez de mermarla. Los más astutos y previsores
+conocían cuán propicia ocasión de ponerse bien con él era servirle
+mientras estaba lejos del mando, lo cual da ciertos visos de desinterés
+a los servicios y es lo que llaman por allá, con frase hecha, elegante y
+propia de la poesía bucólica, _llevar pajitas al nido_. El que no lleva
+pajitas al nido rara vez moja la barba en cáliz, he oído decir con
+frecuencia al personaje más sentencioso de aquellos lugares.
+
+Presentadas así las cosas, parece una temeridad, un delirio, algo
+semejante al propósito que tuvo la serpiente de la fábula de morder la
+lima, el plan de D. Acisclo de derrotar a D. Paco y de suplantarle.
+
+Mas no hay que acoquinarse por eso ni por mucho más. D. Acisclo no se
+acoquinaba; tenía confianza en su energía propia, y estaba resuelto a
+pelear contra D. Paco, cuya tiranía se le había hecho insufrible. Lo que
+sí había considerado bien D. Acisclo, como prudente capitán, era lo
+colosal y comprometido de su empeño; y a fin de salir airoso, había
+tomado las convenientes precauciones, acumulado medios, buscado alianzas
+y allegado fuerzas y recursos de toda laya.
+
+Cada vez que un diputado o el grande elector en su nombre da un empleo,
+el agradecimiento no es seguro en quien le recibe, pues éste puede creer
+que harto ganado le tiene. En cambio los envidiosos, quejosos y
+descontentos, parece como que brotan del seno de la tierra, lo cual es
+difícil de evitar, porque por muchos empleos que saque el diputado, no
+ha de sacar uno para cada elector. Entre los empleados y agraciados
+suele haber también quejas y envidias. Fulanito se llevó un _turrón_ más
+dulce y suculento que el mío, dice Menganito; y Perenganito exclama que
+el destino de Menganito es de mucho _manejo_ y el suyo no lo es, de
+donde nace también no pequeño encono. El uno, que no es más que
+estanquero, entiende que debía ser _vista_; y el otro, que está de
+oficial ambulante de correos, siempre metido en un wagon, suspira por el
+alfolí de la sal que se dio a un tercero, que disponía en la elección de
+menos votos que él; y el que tiene como _fiel_ el alfolí se juzga
+desairado porque no le nombraron guarda-almacén, que esto y mucho más se
+merecía. El puesto de alcalde suele ser muy disputado, y casi siempre se
+pican dos o tres porque no lo son. En suma, aunque el diputado y su
+_alter-ego_ D. Paco eran casi tan avisados y prudentes como Ulises, a
+quien la propia Minerva, descendiendo _ad-hoc_ del Olimpo, inspiraba la
+más severa justicia distributiva para repartir pedazos de buey asado en
+los banquetes a los héroes de la _Ilíada_, o ya porque repartir
+_turrón_es más arduo que repartir _roastbeef_, o ya porque los electores
+de España son más descontentadizos que los semi-dioses y guerreros
+aqueos, ello es que el disgusto cundía y que había mar de fondo hasta en
+la misma capital del distrito.
+
+Nada de esto hubiera valido, todo se hubiera disipado como una nube de
+verano, si D. Acisclo, con artes maquiavélicas, no hubiera atizado la
+discordia, dándole pábulo con ingeniosos chismes, diestramente
+divulgados, y no hubiera en sazón oportuna levantado bandera de
+enganche, a cuya sombra se fueron acogiendo y alistando los que se
+creían desairados o mal pagados de sus afanes.
+
+De esta suerte vino a formar D. Acisclo una poderosa minoría electoral,
+cuyo centro y núcleo era Villafría.
+
+Entonces negoció con el Gobierno, y luego que el Gobierno le ofreció su
+apoyo, a fin de derrotar al diputado de D. Paco y elegir en lugar suyo
+al ya nombrado D. Jaime Pimentel, D. Acisclo se afanó por convertir su
+minoría en mayoría, trayendo a sí a los neutrales y vacilantes, y
+procurando, sobre todo, sacar de sus casillas y lanzar en la lucha a no
+pocos que jamás quieren votar ni mezclarse en política, tal vez porque
+no ambicionan empleos.
+
+Entre estos desdeñosos, dignos en nuestro sentir de reprobación, porque
+dejan el campo libre a los explotadores, había en el distrito un hombre
+a quien, vencida su inercia, seguiría toda una población. La población
+era la que ya conocen mis lectores con el nombre de Villabermeja. El
+Cincinato electoral, a quien anhelaba mover D. Acisclo, porque con él
+daba por indudable el triunfo, era el famoso amigo mío D. Juan Fresco,
+de cuyos labios sé esta historia, así como otras muchas no menos
+ejemplares, que contaré en lo venidero, si Dios me concede vida y salud.
+
+Don Juan Fresco estaba en buenas relaciones con D. Acisclo, el cual le
+había sido útil y le había servido en algunos negocios; pero D. Juan
+Fresco no se dejaba llevar con facilidad. Don Acisclo había montado a
+caballo e ido a verle a su lugar dos o tres veces. Le había escrito
+además cuatro o cinco cartas, tratando de convencerle. Nada había
+bastado a quebrantar su resolución ni a cambiar su inveterada conducta
+de no mezclarse en elecciones ni en política para nada.
+
+Don Acisclo rabiaba, se entristecía y se desesperaba de esta terquedad.
+Con D. Juan Fresco de su lado, su empresa era llana. Sin D. Juan Fresco,
+a pesar del auxilio del Gobierno, distaba muchísimo de estar asegurada
+la victoria.
+
+Entre tanto, preparado ya todo lo demás y próximas las elecciones, sólo
+faltaba echar a volar el nombre del candidato, guardado hasta entonces
+con el mayor sigilo por D. Acisclo y el Gobierno; pero antes quiso D.
+Acisclo probar por última vez sus fuerzas persuasivas cerca de D. Juan,
+revelándole el nombre del candidato y ponderándole sus prendas y
+merecimientos. A este fin le escribió nueva carta, lo más elocuente que
+supo. La contestación de D. Juan no se hizo aguardar más de un día, y
+fue tan impensadamente satisfactoria para D. Acisclo, que de ella
+provino el contento que mostraba cuando se animó doña Manolita a
+preguntarle la causa de él, y la facilidad y buen talante con que lo
+declaró todo a doña Luz, a Pepe Güeto y a la mencionada hija del médico.
+
+La carta de D. Juan Fresco es un documento importante que conservamos en
+nuestro poder, y del cual no estará de más dar aquí traslado.
+
+La carta es como sigue:
+
+«Apreciable amigo y dueño: Hasta ahora me he resistido a todas las
+súplicas de V., por más que le quiero bien, sin poder remediarlo. Y me
+he resistido porque mi modo de ver las cosas es contrario al de V. en
+mucho. Ambos somos más liberales que Riego; ambos somos más
+despreocupados que el autor del _Citador_, libro que V. habrá leído;
+ambos somos progresistones de lo más fino y neto, y a ambos nos hechiza
+la igualdad, con tal de que no sea más que ante la ley, y salvas las
+desigualdades, merecidas o arrebatadas por naturaleza, por gracia, por
+habilidad o por acaso, de ser unos tontos y otros listos, unos ricos y
+otros pobres. Pero por cima de esta consonancia perfecta en que estamos
+V. y yo, hay entre nosotros radicales diferencias, las cuales consisten
+en que nos hemos forjado muy distinto _ideal_. Entiéndese por _ideal_,
+palabrilla que está muy a la moda, el término de las aspiraciones de
+cada uno. Su ideal de V. es que haya un gobierno que distribuya cuanto
+hay que distribuir, que todo lo arregle, que en todo se entrometa, que
+nos enseñe lo que hemos de aprender, que nos señale lo que hemos de
+adorar, que nos haga caminos, que nos lleve las cartas, que cuide de
+nuestra salud temporal y eterna, y hasta que nos mate la langosta y la
+filoxera, nos conjure las tempestades, pedriscos, epidemias, epizootias
+y sequías, y nos ordene y suministre lluvias a tiempo y cosechas
+abundantes. A un Gobierno, a quien tales y tan múltiples encargos se le
+confían, es menester habilitarle de muchísimo dinero, que él reparte
+después entre los que han de hacernos felices, dándonos salvación,
+ciencia, riqueza, sanidad, larga vida, agua, medios de locomoción y
+cuanto constituye nuestro bienestar y conveniencia. Pero V. dice, y dice
+muy bien, desde su punto de vista, ¿por qué no he de ser yo, que no soy
+más bobo que otro cualquiera, quien, si no en todo, en parte, se
+encargue de hacer esos prodigios benéficos y providenciales, y quien
+reciba y reparta a su gusto los ochavos que para hacerlos hay que
+largar? De aquí que V. anhele, como quien no dice nada, producir un
+diputado, y sobre todo un diputado que influya, que valga y que _saque
+turrones_. Yo, en cambio, lo confieso, tengo un ideal, que, al paso que
+vamos, no se realizará, si se realiza, hasta dentro de diez o doce
+siglos; pero, amigo, es menester ir encaminándose hacia él, aunque sea a
+paso de tortuga. Mi ideal es el menos Gobierno posible; casi la negación
+del Gobierno; una anarquía mansa y compatible con el orden; un orden
+nacido armónicamente del seno de la sociedad y no de los mandones. No
+quiero que nadie me enseñe; yo aprenderé lo que mejor me parezca y me
+buscaré maestros; ni que nadie me cuide, que yo me cuidaré; ni que nadie
+me abra caminos, que yo me asociaré para abrirlos con quien se me
+antoje. Sé que esto hoy no es posible, pues dicen que no hay iniciativa
+individual y que es necesario que el Gobierno tome en todo la
+iniciativa, como si el Gobierno no estuviese compuesto de individuos. En
+suma, yo no tengo que presentar aquí todas las razones que contra mi
+_ideal_ se alegan. De sobra las saben V. y todo el mundo. Lo que deseo
+que conste es que, a pesar de todas estas razones, yo estoy enamorado de
+mi irrealizable sistema, y considero apostasía trabajar en este otro
+archi-gubernamental que hoy priva, sin duda por aquel dicho profundo de
+un sabio: «La humanidad, considerada en su vida colectiva, no ha nacido
+aún». Mientras sigue la humanidad nonata, si hemos de mirar las cosas
+por el haz y sin penetrar en el fondo, usted tiene razón que le sobra.
+Ya que se trata de contribuir y de distribuir, y ya que la contribución
+es forzosa, bueno es apoderarse de ella para hacer la distribución
+luego, máxime si se considera que, según canta el refrán, quien parte y
+reparte se lleva la mejor parte.
+
+»Pero cuando se hunde bien la mirada en el centro de este negocio,
+concretándonos a un distrito electoral, créame usted, Sr. D. Acisclo,
+hasta para lo práctico, y de hoy, sin pensar en mañana, vale más mi
+sistema que el de V. ¿Qué se logra con dar empleos a trochi-moche? El
+distrito no se enriquece por eso. Los naturales de él que salen
+empleados se gastan fuera lo que cobran. Raro es el que vuelve al
+distrito a gastarse en él lo que ahorra o garbea. A menudo los tales
+ahorros no lucen ni parecen. Se disipan y evaporan como no pocas otras
+riquezas mal y fácilmente adquiridas. Los dineros del sacristán cantando
+se vienen y cantando se van. El empleado así, por favor electoral,
+adquiere hábitos de lujo, desdeña la manera rústica y sencilla con que
+antes vivió, y se acostumbra a que el reloj gane por él el dinero,
+pasando y pasando horas y días. El mal ejemplo inficiona a todos. El
+hijo del menestral, el criado de servicio, todo el que sabe leer y
+escribir, repugna el trabajo manual, y dice para sí: ¿por qué no he de
+estar yo también empleado? ¿Por qué el diputado no me proporcionará una
+bonita colocación? El que no tiene la menor esperanza de que el diputado
+le coloque se llena de envidia y de ira, y se hace flojo y perezoso para
+no ser menos que el empleado, de cuya holganza y vida regalona se forja
+un concepto exagerado y fantástico. Imagina, sin que nadie se lo quite
+de la cabeza, por no conocer sin duda lo de tiempo que se gasta, lo de
+papel que se embadurna y lo de afanes que se producen con nuestro
+complicado expedienteo, que las horas de oficina transcurren en amenas
+pláticas, fumando los oficinistas exquisitos puros y regalándose con
+frecuentes piscolabis. Y entiende además que a cada instante se ofrecen
+_negocios de mi flor_ a todo oficinista no lerdo, el cual a menudo tiene
+algo de que incautarse y al cual no falta de vez en cuando quien le unte
+bien la mano. Con tales imaginaciones ¿cómo irá nadie con gusto a cavar
+en el tajo y cómo no ha de querer convertir el tajo en un remedo de la
+soñada, deliciosa y sibarítica oficina? Resulta de todo ello que como el
+diputado da empleos a los más activos, ágiles y despejados, quienes
+naturalmente emigran del distrito, sólo quedan en él los más tontos,
+torpes y para poco, y éstos, agraviados, lastimados en su amor propio, o
+desanimados y con poquísimas ganas de trabajar. No hay, por lo tanto, ni
+industria ni arte, ni adelantamiento, ni mejora posible. Gracias a la
+milagrosa y pródiga protección del diputado, el distrito se empobrece,
+en vez en enriquecerse, y se transforma en una nidada de holgazanes y de
+ineptos. Vea V. por lo que yo, de puro amor al distrito, no quiero darle
+diputado hábil, como el que tenemos ahora; no quiero darle diputado que
+tanto turrón busque y reparta.
+
+»Por dicha, el nombre de su candidato de V. me ha hecho pensar en que,
+favoreciéndole y dando a V. gusto, hago el bien del distrito, según lo
+entiendo yo: le quito de encima la secadora protección del diputado
+actual, que parece un fabricante de turrones, y le propino y administro
+uno que dirá a ustedes, en cuanto le elijan, si os vi no me acuerdo, y
+no les dará turrón, con lo cual quizá renazca la actividad agrícola, se
+creen industrias sanas, y desaparezca la corrupción que hoy nos pudre.
+Sí, amigo D. Acisclo, yo conozco a D. Jaime Pimentel desde que estuve en
+Madrid con mi pobre sobrina María y con aquel estrafalario de doctor
+Faustino, con quien ella se casó. D. Jaime era amigo de Faustinito. Dios
+los cría y ellos se juntan. Aunque en mucho se diferenciaban, en
+bastante se parecían. D. Jaime, muy joven entonces, era un verdadero
+ninfo. Acicalado, perfumado y siempre de veinticinco alfileres, aunque
+bizarro militar, tenía más trazas de Cupido que de Marte. No creo que
+tuviese ilusiones, ni que soñase, como su amigo el doctor. Don Jaime iba
+al grano. Buen mozo, audaz y discreto, había tenido ya varios éxitos
+ruidosos con damas elegantes, y tres o cuatro desafíos, en los que
+siempre había quedado vencedor. Entonces se pronosticaba a D. Jaime un
+brillante porvenir. El pronóstico se va cumpliendo. Aún no debe tener
+cuarenta años y ya es brigadier. Por su cuna y por sus prendas es muy
+estimado y querido. Además de su sueldo, tiene alguna rentilla, que le
+da independencia y desahogo. D. Jaime tendrá sobre dos mil duros al año.
+Para nada necesita de este distrito. No me explico qué antojo será el
+suyo de salir diputado por aquí, pudiendo salir por donde quiera. Cerca
+de este lugar posee unas sesenta aranzadas de olivar, que su padre,
+militar como él, compró con dinero ganado al juego. Este es el único
+lazo, que yo sepa, que a este distrito le une. Repito, pues, que no me
+explico su empeño en ser nuestro diputado; pero doy por evidente que,
+una vez logrado su empeño, nos volverá la espalda, nos mandará a paseo,
+y no nos dará ni pizca de turrón. Como en esto precisamente consiste mi
+sueño dorado, callándome la razón para no espantar a los secuaces de V.,
+me decido a ser uno de ellos. Cuente V., pues, conmigo para elegir
+diputado a D. Jaime Pimentel, y créame su afectísimo amigo».
+
+Tal era la carta de D. Juan Fresco que tanto alegró el corazón de D.
+Acisclo. Lo esencial era que D. Juan apoyase su empresa, fuese por lo
+que fuese. Lo que don Acisclo quería era aquella alianza, y poco le
+asustaban las enrevesadas razones y fatídicos pronósticos en que se
+fundaba y que él se guardó bien de confiar a nadie. Sólo de cuando en
+cuando, si bien haciendo desmedidos encomios de la entereza, discreción,
+honradez y sabiduría de D. Juan Fresco, afirmaba D. Acisclo que era un
+_ente_.
+
+--¿Y por qué dice V. que ese D. Juan es un _ente_?--le preguntó una vez
+doña Manolita.
+
+--¿Por qué lo he de decir?--contestó don Acisclo--; porque es un _ente_;
+porque es el bicho más raro que he conocido en mi vida.
+
+
+
+
+-XII-
+
+El triunfo
+
+
+Ente o no _ente_, D. Juan Fresco valió de mucho a D. Acisclo, el cual,
+mientras más esperanzas tenía, más se afanaba y desvelaba porque no se
+frustrasen.
+
+Los informes que le había dado D. Juan acerca de la condición poco
+servicial de D. Jaime Pimentel, no dejaban de mortificarle. Ya, sin
+embargo, no había modo de retroceder, y lo que convenía por lo pronto
+era derrotar a D. Paco, aunque para ello fuese menester valerse del
+candidato menos buscador de _turrones_, más distraído y peor cultivador
+de distritos que hubiese en todo el reino.
+
+Don Acisclo solía echar cálculos alegres, y este mismo descuido de su
+futuro diputado, que para cualquiera otro hubiera sido un mal, se
+mostraba a veces con colores risueños y brillantes a los ojos de su
+esperanza ambiciosa.
+
+«Si el diputado no hace nada--decía don Acisclo para sí--, si no cumple
+sus promesas, si no recompensa los afanes de los electores, yo tendré
+que volver por ellos, lo cual me dará motivo para entenderme por mí
+mismo con el Gobernador de la provincia y hasta con el Ministro, y ser
+yo aquí real y directamente el amo, sin ese intermedio enojoso del
+diputadito. Lo esencial, pues, es lograr la victoria con gran mayoría, y
+hacer ver que D. Paco es un trasto a mi lado».
+
+A este fin no quedó medio que D. Acisclo no emplease.
+
+Las elecciones debían ser en el otoño, y durante el verano vivió D.
+Acisclo en una fiebre de actividad. Recorrió a caballo todos los pueblos
+del distrito, que eran siete, ganando votos para su protegido y quitando
+parciales a D. Paco. Hasta a la capital del distrito fue varias veces, y
+no sin éxito, con el referido objeto.
+
+A no pocos electores de influjo, a quienes D. Paco tenía _amarrados_,
+los desamarró D. Acisclo, exponiendo gallardamente sus capitales. Por
+estar _amarrados_, se entiende en lenguaje electoral de por allí, deber
+dinero al grande elector. D. Acisclo estuvo rumboso. Lo menos repartió
+ocho mil duros al diez por ciento, sin más garantías que pagarés
+sencillos, libertando así a gentes amarradas por D. Paco, con escritura
+pública y dinero prestado al quince.
+
+Todo elector de Villafría iba antes a votar a un lugar cercano, porque
+en Villafría no había _mesa_. Don Acisclo consiguió que se quitase la
+_mesa_ de dicho lugar y que se diese a Villafría, población más céntrica
+y cómoda, según él demostró.
+
+En Villafría estaba seguro don Acisclo de que _volcaría el puchero_ en
+favor de D. Jaime.
+
+_Volcar el puchero_ significa poner o colgar todos los votos posibles al
+candidato a quien se quiere favorecer. Los votos posibles son los de
+cuantos electores están en las listas, a no hallarse a mil leguas de
+distancia o en la sepultura. Y aun ha habido ocasiones en que los
+ausentes y hasta los difuntos han votado.
+
+Cuentan las crónicas electorales de aquel distrito que, no bien supo D.
+Paco la que D. Acisclo le estaba urdiendo, empezó a trabajar en contra,
+saliendo del letargo, o mejor diremos del tranquilo y descuidado reposo
+en que su confianza y seguridad hasta allí le habían tenido. Esto,
+naturalmente, hizo que don Acisclo tuviese que redoblar cada vez más su
+actividad. Así es que no paraba. Su vida era un tejido incesante de
+conferencias, excursiones a este o al otro pueblo, tratos y cartas que
+escribir y que leer. Pepe Güeto se hizo el ayudante y el secretario de
+D. Acisclo, y también escribía, viajaba y conferenciaba.
+
+Doña Luz y doña Manolita se hacían compañía mutuamente, abandonadas por
+D. Acisclo y Pepe Güeto. Y a las dos servía también de acompañante el P.
+Enrique, único varón quizá de todo el distrito que no intervenía en el
+asunto electoral.
+
+El padre había intervenido sólo en los primeros días para tratar de
+disuadir a D. Acisclo de que se mezclase en elecciones; pero D. Acisclo
+no se dejaba convencer por nadie, y cuando lo reconoció así su sobrino,
+se retrajo, se calló, y no volvió a dar a entender ni siquiera que sabía
+en qué maremágnum andaba engolfado su tío.
+
+A éste le molestaba ya bastante la flojera y falta de formalidad del
+candidato. El candidato había prometido visitar el distrito; las
+elecciones se venían encima, y el tal D. Jaime no llegaba. Su contrario
+estaba, ya instalado en casa de D. Paco, prometiendo empleos para cuando
+volviese al poder, que sería pronto, vendiendo protección, y
+conquistando voluntades.
+
+Don Jaime, entre tanto, no sólo no venía, sino que apenas sí se dignaba
+escribir, salvo a D. Acisclo, y esto de tarde en tarde y por estilo
+lacónico y seco.
+
+Pero fuese como fuese, el lance estaba ya empeñado; para D. Acisclo era
+cuestión de amor propio; y aunque D. Jaime hubiera sido el mismo diablo,
+D. Acisclo hubiera echado el resto por sacarle triunfante.
+
+En suma, para no cansar más a mis lectores, acabaré por decir que don
+Acisclo recogió al fin el premio de sus fatigas.
+
+Las elecciones llegaron, y D. Acisclo venció en las elecciones. Don
+Jaime Pimentel salió diputado por una gran mayoría.
+
+Algunos quieren dar a entender que D. Acisclo hizo mil tramoyas y
+falsedades; pero nada se pudo probar, y por consiguiente no debemos
+creerlo.
+
+Don Jaime Pimentel, sin abandonar la corte, sin escribir apenas carta
+alguna, con el mayor sosiego, tuvo el gusto de recibir su acta, casi
+limpia, pues sólo llevaba dos protestas insignificantes y mal fundadas.
+
+El júbilo de D. Acisclo fue grande después de la victoria. ¡Qué lauro el
+suyo! ¡Qué muestra de poder la que acababa de dar! Con un candidato
+invisible, descuidado, flojo; con un enemigo tan fuerte, tan único, tan
+modelo y tan fénix entre los representantes del pueblo, había logrado
+vencer, y vencer por una gran mayoría. Después de admirarse de su propia
+capacidad para la política, sólo se reconocía deudor a D. Juan Fresco y
+a la copiosa turba de bermejinos que le siguieron en el día de la
+elección como a caudillo respetado.
+
+Durante todo este largo período electoral, las relaciones amistosas de
+doña Luz y del P. Enrique se fueron estrechando más cada día. Hasta doña
+Manolita, dejándose llevar del entusiasmo de su marido, o bien
+compartiéndole, no había pensado más que en las elecciones.
+
+Doña Luz y el padre eran sin duda las dos únicas personas de cierta
+posición en todo el distrito, que no habían pensado en éste ni en el
+otro candidato, y que no se habían afanado por el triunfo de cualquiera
+de ellos.
+
+En medio de aquella agitación política, habían hallado retraimiento
+dulcísimo en la misma casa de quien la promovía; y allí eran las
+pláticas suaves y encumbradas, y las conversaciones amenas, en que
+siempre aprendía algo doña Luz, en que siempre hallaba nuevas
+excelencias en el entendimiento y en el corazón del padre, y en que el
+padre, a su vez, no dejaba nunca de pasmarse del despejo, de la agudeza,
+de la notable discreción, de la fantasía poética y de la sensibilidad
+exquisita de su bella interlocutora.
+
+Don Anselmo había terciado en los debates, aunque ya no tanto, por
+haberle tenido también D. Acisclo muy interesado en las elecciones. Y el
+cura don Miguel había seguido yendo con constancia a la tertulia, si
+bien los diálogos sabios del Padre y de doña Luz le magnetizaban y
+embelesaban de tal suerte, que a los pocos minutos de empezar a oírlos,
+solía quedarse profundamente dormido, acompañándolos y animándolos a
+veces con una música de ronquidos interminables y sonoros.
+
+Resultaba de todo ello que la única persona, que era en verdad constante
+e inteligente testigo del mutuo afecto y de los íntimos coloquios de
+doña Luz y del Padre, era doña Manolita. Yo no quiero hacer a ésta, ni a
+ninguno de mis héroes, mejor de lo que son o de lo que fueron. Doña
+Manolita no era una paloma sin hiel; y no porque odiase a alguien, sino
+porque no dejaba de tener malicia. Más bien se podía tildar a doña
+Manolita de tenerla. Más bien se la podía acusar de que, sin envidia ni
+encono, y sólo por amor al arte, gustaba algo de la murmuración, y
+seguía demasiado, como regla para sus juicios, aquella terrible
+sentencia de _piensa mal y acertarás_. Sin embargo, merced a la
+veneración cariñosa que doña Luz le infundía, ella interpretaba siempre
+por el lado más benévolo todos sus actos y discursos. Por esto, aunque a
+la perspicacia de doña Manolita no pudo ocultarse largo tiempo aquella
+inclinación irresistible de dos almas, doña Manolita no dejó nunca de
+hacer justicia a doña Luz, y reconoció y declaró, allá en el fondo de su
+pecho, que en el de su amiga no había la más leve intención de perturbar
+el ánimo del Padre ni de atraerle con coqueterías culpadas.
+
+El respeto y el cariño de la hija del médico al P. Enrique eran grandes
+también; pero no tanto que le impidiesen por completo todo fallo algo
+contrario sobre su conducta. Doña Manolita, pues, sin pensar que doña
+Luz hubiese dado para ello ni ocasión ni motivo, empezó a sospechar que
+el Padre, más o menos confusa y vagamente, estaba enamorado. Por respeto
+a su amiga, y porque en los lugares no anda la gente con sutilezas
+etéreas o pasadas por alambique, y porque con decir ella algo hubiera
+dado pie para que se añadiese mucho, doña Manolita ni a su padre confió
+el resultado de sus observaciones. Sólo le confió a Pepe Güeto, a quien
+nada ocultaba; pero exigiéndole el más profundo sigilo.
+
+La gravedad de doña Luz y del Padre cortaba los vuelos a todas las
+audacias de doña Manolita, quien jamás se propasó a dirigir al Padre, ni
+en broma y con rodeos y perífrasis, la indirecta más oscura sobre la
+pasión que en él imaginaba. Doña Manolita siguió, no obstante,
+observando. Pepe Güeto observó también. Ambos esposos se comunicaban
+luego lo que habían observado. De esta suerte venían los dos a
+corroborarse en la idea de que el Padre, quizá sin saberlo, amaba a doña
+Luz por estilo místico y sutil, y que doña Luz se dejaba adorar sin
+presumir ningún término disgustoso, sin reflexionar en toda la
+trascendencia que aquella adoración podría tener, y sin ver en ella más
+que una amistad tierna, sencilla e impecable, como la que ella profesaba
+al convaleciente y poético misionero.
+
+Ocurrió en esto un suceso que no se esperaba ya. De pronto, y cuando D.
+Acisclo se había resignado a que su diputado fuese invisible para el
+distrito, éste le escribió anunciándole que inmediatamente venía a
+visitarle. El primer pueblo en que se presentaría había de ser
+Villafría, desde donde, a caballo, y con la pompa correspondiente, había
+de pasar a recorrer y visitar los otros pueblos.
+
+Don Acisclo se alegró mucho de esta venida, que iba a darle la mayor
+importancia; pero tuvo que afanarse para disponer bien las cosas, a fin
+de hacer a D. Jaime Pimentel una brillante recepción. Para hospedarle
+con decoro y hasta con lujo, acudió a doña Luz pidiéndole las mejores
+habitaciones de su casa solariega, no ocupadas por su sobrino; y para
+ofrecer a D. Jaime un buen caballo en que montar e ir de pueblo en
+pueblo, acudió asimismo a doña Luz, pidiéndole prestado su hermoso
+caballo negro. Doña Luz tuvo que acceder a todo.
+
+La víspera del día en que debía llegar D. Jaime, todos estaban
+alborotados en el lugar con la gran fiesta de la recepción que iba a
+haber. Hasta doña Manolita estaba más alegre que lo de costumbre y muy
+parlanchina. En la tertulia diaria sólo asistían ella, doña Luz y el
+Padre, porque los demás andaban aún ocupados en los preparativos de la
+fiesta, o descansando del ajetreo de aquel día.
+
+Entonces tuvo doña Manolita una ocurrencia algo maliciosa, y que, en su
+sentir, había de darle mucha luz en sus investigaciones. ¿Por qué no
+había de embromar a doña Luz, pronosticando que D. Jaime, de quien la
+fama decía maravillosos encomios, y que era libre y soltero, iba a
+enamorarse de ella, apenas la viese, con el gustoso asombro de hallar en
+una villa pequeña tan completo dechado de elegancia, distinción y
+hermosura? ¿Por qué, al embromar así a doña Luz, con algo que la
+halagaría, no había de dar solapadamente una broma bastante pesada al
+Padre, cuyo amor, enmarañado y turbio en el centro de la conciencia, se
+vendría a aclarar con el reactivo de los celos? Doña Manolita, al dar la
+broma, miraría al Padre, a ver si se inmutaba o si permanecía impasible,
+en apariencia al menos.
+
+Como lo pensó, lo hizo. Doña Manolita dijo a doña Luz que D. Jaime iba a
+prendarse de ella, apenas la viese; que D. Jaime no podía sospechar que,
+en un lugar tan arrinconado como Villafría, estuviese oculto tanto
+tesoro; y que, a su ver, era evidente el amor futuro de D. Jaime.
+
+--¿Qué forastero--prosiguió--, no se ha enamorado de ti, de cuantos han
+venido a Villafría, jóvenes, libres y en estado de merecer? Prepara,
+pues, el almíbar con que sueles propinar las calabazas, si es que
+también piensas dárselas a éste. Pero, ¿quién sabe? El pretendiente, que
+ya columbro, no es rústico, ni lugareño, como los que has tenido hasta
+ahora. Dicen que es la flor y nata de los elegantes de Madrid, y además
+un bizarro militar y un hombre de gran porvenir y de extraordinario
+talento. ¿Serás tan fiera que también le desdeñes?
+
+Doña Luz, sin enojarse, antes bien algo lisonjeada, contestó negando la
+validez del pronóstico, y asegurando, con modestia un poco fingida, que
+don Jaime, acostumbrado a ver en la corte tantas bellas mujeres, no
+repararía en ella ni le haría caso.
+
+--Además--dijo doña Luz--, no haya miedo de que me pretenda ese
+caballero. Yo no soy lo que se llama un buen partido. Para él se
+necesita una rica heredera, que dé alas a su ambición, y no una señorita
+pobre que le encadene y le sirva de rémora y estorbo. Créeme, Manuela;
+ya te lo he dicho mil veces: yo no me casaré nunca... ni quiero casarme.
+No hablemos de esas tonterías, ni en broma.
+
+Doña Manolita, durante estas frases que entre su amiga y ella se
+cruzaban, miró de soslayo al Padre y creyó ver que se había puesto más
+pálido que de costumbre. Por lo demás el Padre permaneció silencioso, y
+no dio su parecer ni sobre el enamoramiento posible de D. Jaime, ni
+sobre el constante propósito de doña Luz de permanecer soltera.
+
+A las diez se retiró a su casa, y las dos amigas quedaron solas.
+
+Alentada entonces doña Manolita con lo bien que su primera broma había
+sido tolerada, y tal vez agradecida como lisonja, en el fondo del alma
+de la hija del marqués, cayó en la tentación de aventurarse a dar otra
+broma bastante menos ligera.
+
+Sin reflexionarlo mucho, dijo, pues, de este modo:
+
+--¡Ay! ¡Hija! Me arrepiento de haberte dicho lo de D. Jaime.
+
+--¿Y por qué te arrepientes?--preguntó con sencillez doña Luz--. Yo no
+creo probable que ese caballero cortesano se enamore de mí, en tres o
+cuatro días que ha de estar por aquí; pero como ni eso es imposible, ni
+me ofende el que tú, estimándome en más de lo que merezco, me vaticines
+tal triunfo, no tienes para qué arrepentirte, a no ser por el temor de
+exaltar demasiado mi amor propio.
+
+--No es ese temor--replicó la hija del médico--, lo que me induce al
+arrepentimiento, sino el temor de haber lastimado un corazón sensible,
+de haberle hecho una profunda herida.
+
+--No te comprendo--dijo doña Luz--; ¿qué quieres dar a entender? ¿Qué
+corazón sensible es ese?
+
+--El del P. Enrique--respondió en mala hora doña Manolita.
+
+Doña Luz se puso roja como la grana. Toda la sangre de su cuerpo se
+diría que se le subió a la cabeza. Todo el orgullo de su casta se agolpó
+y amontonó en su corazón. No vio más que ridiculez indigna en que la
+creyesen objeto de la pasión de un fraile. Ella creía que un fraile la
+podía admirar por su talento, estimar por sus virtudes, venerar por su
+conducta intachable, y gustar de su trato y conversación, y complacerse
+en ser su amigo; pero enamorarse de ella le parecía tan absurdo, tan
+contrario a todas las conveniencias y leyes sociales y religiosas, tan
+monstruosamente feo y chocante, que no quería, ni podía, ni debía
+sospecharlo en persona del juicio, de la circunspección y hasta de la
+santidad que en el P. Enrique notaba. Doña Luz miró, pues, como una
+malicia villana y ruin el pensamiento de doña Manolita, y como una
+insolencia la expresión de dicho pensamiento por medio de la palabra.
+
+--Lo que acabas de proferir--exclamó con la voz balbuciente de cólera--,
+es un insulto, es una dura acusación contra el P. Enrique y contra mí.
+Ni el padre delira, ni yo le he dado ocasión para que delire. A fin de
+que mi limpia fama esté al abrigo de la maledicencia, me he encerrado en
+este lugar, me he apartado casi de todo trato humano, he huido de la
+juventud, mientras he sido joven; siéndolo todavía, como lo soy, no he
+admitido en mi intimidad sino a viejos de sesenta años como tu padre, el
+cura y don Acisclo, y nada de esto me ha valido. Porque yo, de cerca de
+treinta años, me he abandonado, me he confiado con gusto, lo declaro
+francamente, en la amistad honrada de un siervo de Dios, probado en mil
+fatigas, quebrantado por ellas, lleno de ciencia y de virtud, no se
+concibe esta amistad, no se explica este trato, sino por motivos viles e
+impuros. Y no son los rústicos del lugar, no son los que no me conocen,
+sino mi mejor amiga la que me sospecha y me injuria.
+
+La pobre doña Manolita se quedó aterrada: se compungió, y al cabo se le
+saltaron las lágrimas.
+
+--Pero, mujer--dijo--; no te enojes por amor de Dios. Yo, sin duda, me
+he explicado mal. Yo no digo que sea impuro el amor del Padre....
+
+--¿Qué disparates son los tuyos?--interrumpió doña Luz--. ¿Qué extravío
+de ideas? ¿Qué necias distinciones pretendes hacer? ¿Cómo cohonestar el
+amor de un fraile a una doncella honrada? Tal amor es impuro siempre; es
+infame; es sacrílego.
+
+Viendo doña Manolita que no había manera de remediar su torpeza, y
+apuradísima de haber irritado tanto a doña Luz, a quien quería de todo
+corazón, no pronunció una sola palabra más; pero lloró y sollozó como si
+le hubiese sobrevenido la más cruel desgracia.
+
+Entonces doña Luz, que tenía buen fondo, a pesar de su soberbia, sintió
+que había estado dura y áspera en demasía, y pidió perdón a doña
+Manolita, besándola y poco menos que llorando también.
+
+Las dos amigas vinieron a quedar de resultas mucho más amigas que antes.
+Doña Luz se convenció de que doña Manolita no había tenido intención de
+deslustrar en lo más mínimo la pureza de sus relaciones amistosas con el
+P. Enrique; y doña Manolita hizo por convencerse y hasta se convenció
+por el momento de que el P. Enrique, ni siquiera como Dante amó a
+Beatriz, como Petrarca amó a Laura, o como don Quijote amó a Dulcinea,
+era capaz de amar a doña Luz; porque, siendo él un fraile y ella una
+señorita muy bien educada y honestísima, tal amor, por alambicado,
+espiritual e incorpóreo que fuese, tenía un no sé qué de indecorosamente
+plebeyo y de grotescamente pecaminoso que con la condición de su bella y
+soberbia amiga se ajustaba muy mal.
+
+No bien acabadas de hacer las paces, llegó don Acisclo con Pepe Güeto,
+quienes no advirtieron las huellas de la pasada tempestad. Cenaron los
+cuatro en amistosa compañía, y con buen apetito, y se fueron luego a
+dormir.
+
+Al día siguiente se celebró con pompa y estruendo la entrada triunfal de
+D. Jaime en Villafría. Cuantos tenían caballo, y no pocos que sólo
+tenían mulo o burro, fueron de madrugada a recibirle en la estación, con
+D. Acisclo al frente, y a eso de las once volvieron todos con el
+diputado, caballero éste en el hermoso caballo negro de doña Luz.
+
+A las puertas del lugar salieron los muchachos y los hombres de a pie a
+recibir la lucida cabalgata, y todos entraron por aquellas calles al son
+de las campanas que se habían echado a vuelo, entre vivas y
+aclamaciones, y atronando el aire a tiros de cuantas escopetas estaban
+servibles en Villafría.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+Crisis
+
+
+Después de haber rechazado con tan cruel desabrimiento las palabras de
+doña Manolita y después de hechas las paces, doña Luz pensó a sus solas
+en el valor y motivo de aquellas palabras; y, como si una claridad nueva
+y extraña iluminase los más oscuros laberintos de su cerebro, creyó
+percibir la verdad de todo y reconoció que su amiga tenía algunos visos
+de razón al decir lo que dijo.
+
+Doña Luz se había enojado quizá porque su propia conciencia,
+aprovechándose de las palabras de doña Manolita, había formulado una
+acusación mucho más severa. ¿Qué diferencia radical e importante se da
+entre la amistad más tierna y exclusiva, entre la predilección más
+marcada de un hombre por una mujer y de una mujer por un hombre, ninguno
+de los dos viejo aún, y el amor más puro, más platónico y más sublime?
+Doña Luz se ponía a sí misma esta cuestión; y, no acertando a resolverla
+sino en el sentido de que no se da diferencia, o que, si se da, apenas
+es perceptible y se quiebra de puro sutil, decidía que no era absurdo ni
+insolencia suponer y afirmar que estuviese enamorado de ella el P.
+Enrique. El Padre, encadenado por el respeto, teniendo en cuenta su
+estado, sus votos y su posición, se había guardado bien de manifestar su
+cariño de un modo que hiciese sospechar ni remotamente que no era
+legítimo y sin tacha; pero, sin duda, que en el fondo de su alma le
+sentía.
+
+Luego que doña Luz dejaba esto como sentado y evidente, se preguntaba
+también: «¿Y yo qué he hecho para inspirar esta pasión? ¿Qué culpa
+adquiero de que él me ame? ¿Hasta qué punto he dado y sigo dando pábulo
+a su afecto?». La contestación que doña Luz se daba era contradictoria y
+confusa. Ora se condenaba; ora se absolvía. Se condenaba al reconocer
+que ella había disimulado mucho menos que él la complacencia con que le
+oía, el contento que su vista le causaba, el deleite que su conversación
+le traía siempre, y que ella por instinto irreflexivo, pero depravado,
+gustaba de parecer hermosa y elegante a todos, y particularmente a las
+personas a quienes quería, entre las cuales no podía menos de incluir al
+Padre.
+
+Otra serie de consideraciones acudía luego a su mente para absolverla.
+Pues qué, ¿no era lícito amar la ciencia, la virtud y el ingenio que en
+el Padre resplandecían? ¿Qué mal había en mostrarlo? Y en cuanto al
+esmero en el adorno de su persona, ¿qué ley divina ni humana podía
+imponerle la obligación de ocultar las prendas que el cielo le había
+dado y de no lucirlas hasta donde esto es compatible con el más rígido
+decoro? De esta suerte se absolvía doña Luz; pero, prosiguiendo en sus
+cavilaciones, añadía en su pensamiento: «Y si yo supongo que él me ama,
+¿por qué no ha de suponer él que le amo yo? Si yo no tengo motivo para
+suponerlo, si es mi vanidad quien lo supone, bien puede él ser tan
+vanidoso como yo y suponerlo del mismo modo. Y si yo lo supongo con
+motivo ¿el motivo que yo le he dado para que haga suposición idéntica es
+menor acaso?». Doña Luz tenía entonces que confesarse que, atendidas la
+natural reserva que deben tener las mujeres, y la modestia y timidez con
+que deben velar y mitigar los movimientos e inclinaciones del corazón,
+ella había dado mayor motivo al Padre para que él la creyese enamorada
+que el que él le había dado a ella para que de su parte lo creyese.
+
+El proverbio dice que _quien prueba mucho no prueba nada_, y esto
+ocurría a doña Luz no bien demostraba que, no sólo el Padre estaba
+enamorado de ella, sino que ella estaba enamorada del Padre. Se
+examinaba el alma, se interrogaba el corazón, y como le respondían que
+no amaban al Padre, volvía a creer que sólo su presunción podía hacerle
+imaginar que el Padre la amase a ella. Lo único que, después de tantos
+rodeos, sacaba en claro doña Luz era que en aquella convivencia e
+intimidad afectuosa y en aquellos coloquios tan sabios de ella con él,
+había algo de ocasionado a perversas interpretaciones, algo de mal
+gusto, algo de pedantesco y lugareño a la vez, que la parecía cómico, y
+cuya ridiculez se atenuaba sólo pensando que su vida en un lugar no
+podía llevarla a menos necio extravío.
+
+Doña Luz resolvió, pues, ser más cauta y menos expansiva en lo venidero,
+y no menudear tanto las discusiones filosóficas y teológicas, y las
+confianzas y el trato con el venerable sobrino del antiguo administrador
+de su casa.
+
+«Si no hay--concluía ella--mutua y peligrosa inclinación en nuestras
+almas, pudiera suponerse, y esto me ofendería, y si la hay, como la
+inclinación sería por todos estilos abominable, conviene cortarla de
+raíz».
+
+En cualquiera de ambos supuestos, reconoció doña Luz la necesidad de
+cambiar de conducta; la conveniencia, valiéndonos de una frase española,
+algo anticuada, pero gráfica, de _poner su descuido en reparo_.
+
+La llegada a Villafría del triunfante y flamante diputado D. Jaime
+Pimentel y Moncada coincidió casi con esta prudentísima, aunque algo
+tardía resolución.
+
+Doña Luz, acompañada de su benigna amiga, estaba en una ventana baja,
+aguardando la aparición de la pompa y del triunfo, que se anunciaba ya
+por el resonar de los tiros y de los vivas.
+
+Don Jaime, cabalgando en medio de D. Acisclo y Pepe Güeto, precedido de
+una turba de muchachos y de hombres a pie, y seguido de buen golpe de
+gente a caballo y aun de más gente pedestre, se mostró al cabo a los
+ojos de nuestra heroína.
+
+La fama no había mentido. Era D. Jaime todo un galán caballero. Montaba
+con gracia y firmeza. Aunque tenía cerca de cuarenta años, parecía que
+apenas tenía treinta. Su traje sencillo dejaba ver, en los pormenores
+todos, la elegancia y el buen gusto.
+
+La cabalgata se paró a la puerta de D. Acisclo, y éste, seguido de su
+ahijado y huésped, se halló pronto en la sala, donde aguardaban doña Luz
+y doña Manolita.
+
+--Aquí tiene V. a nuestro diputado el Sr. D. Jaime--dijo D. Acisclo,
+presentándole a doña Luz--; y luego añadió, dirigiéndose a D. Jaime:
+
+--La señorita doña Luz, hija del difunto marqués de Villafría.
+
+El recuerdo lejano y confuso de la alta sociedad madrileña, que doña Luz
+no había hecho sino entrever hacía más de doce años, la idea vaga de un
+medio más culto y más aristocrático, las formas y el ser soñados de
+damas y galanes, sus usos, discreteos, aventuras y amoríos, tales cuales
+ella los había fantaseado o columbrado, sin llegarlos a ver ni a gozar,
+obligada, en la aurora de su vida, a retirarse a un pueblo pequeño, todo
+acudió de súbito a la mente de doña Luz, al mirar a D. Jaime Pimentel,
+al notar la soltura y naturalidad de sus distinguidos modales, y al oír
+su acento y las pocas y atinadas palabras que le dirigió, las cuales ni
+pecaron de frías y secas, ni se extremaron por lo galantes, sino que se
+encerraron dentro de los límites de la más respetuosa discreción. Porque
+no era el inferior quien sintió doña Luz que le hablaba, ni el cortesano
+insolente tampoco, cuya superioridad se revela al través de su fingida
+cortesía, sino el hombre de la misma clase que ella, que habla como
+igual, pero con las atenciones delicadas que a una señora principal se
+deben siempre. Doña Luz lo comprendió así, se complació en ello, y lo
+agradeció todo. Harto advirtió el tono diverso que empleó don Jaime, al
+hablar con doña Manolita, no bien a ella también le presentaron.
+
+Dos días estuvo D. Jaime en Villafría, al cabo de los cuales fue
+menester proseguir la comenzada tarea de visitar todos los lugares del
+distrito.
+
+Durante estos dos días, D. Acisclo desplegó la más prodigiosa
+magnificencia. Tuvo, por decirlo así, mesa de Estado. Toda su parentela,
+el médico, su hija y su yerno, y el cura D. Miguel, almorzaron, comieron
+y hasta cenaron con él y con el agasajado D. Jaime. Éste se sentó
+siempre a la derecha de doña Luz, y tuvo siempre a doña Manolita del
+otro lado.
+
+Petra, el ama de llaves, hizo milagros en aquellos dos días. ¿Qué pavos
+rellenos, qué cocido con morcilla, chorizo, embuchados y morcones, qué
+tortillas con espárragos trigueros, qué platazos de pepitoria, qué
+menestras de cardos, morrillas y guisantes, qué jamón con huevos
+hilados, qué tortas maimones, y qué deliciosas alboronías, picantes
+salmorejos, frescos gazpachos y ensaladas, y variados arropes y
+almíbares, no condimentó o presentó en la mesa de su amo?
+
+Los cinco mejores músicos del lugar vinieron por la noche con sus
+acordes y sonoros instrumentos, y se bailó en la cuadra alta, porque la
+baja estaba como santificada por la Santa Cena.
+
+Don Jaime bailó rigodón con doña Manolita y con una de las hijas de D.
+Acisclo; y con doña Luz, no sólo bailó rigodón, sino también valsó.
+
+Con doña Luz estuvo muy fino y amable, y doña Luz asimismo lo estuvo con
+él.
+
+Los chistes urbanos, las anecdotillas picantes, sin rayar en libres, las
+pinturas de las intrigas y lances de Madrid, referidos con ligereza y
+primor por don Jaime, divirtieron mucho a doña Luz y la hicieron reír;
+cosa que le agradó y pasmó, porque no era fácil para la risa. Siempre
+que la conversación era general, cuanto decía D. Jaime encantaba al
+auditorio, y todos le aplaudían. Y doña Luz notaba que D. Jaime, sin ser
+vulgar, tenía el arte de hacerse comprender de los que lo eran, y que
+con sus discursos nadie se quedaba en ayunas, como con las reconditeces
+y los encumbramientos del Padre, el cual no dejó de asistir a todo esto,
+pero muy eclipsado y confundido entre la turba multa.
+
+En los apartes, D. Jaime hizo mil cumplimientos a doña Luz. Como
+vulgarmente se dice, le echó muchísimas flores; pero, con tal arte, que
+la más presumida no hubiera creído al oírlas que eran nacidas de amor,
+ni negado tampoco resueltamente que de amor naciesen, porque iban
+enlazadas con miramientos tales que acaso se hubiera podido interpretar
+por temor de ofender lo que las contenía dentro de ciertos límites. La
+franqueza graciosa con que don Jaime decía piropos a doña Manolita,
+hacía resaltar todo el mérito y todo el lisonjero significado de aquella
+circunspección con que celebraba la hermosura y demás excelencias de la
+aristocrática hija del marqués de Villafría. En suma, los dos días
+pasaron como un soplo; D. Jaime se fue a recorrer el distrito con D.
+Acisclo y Pepe Güeto; y las dos amigas se quedaron como antes,
+acompañadas sólo, en las horas de la comida y de la tertulia, del P.
+Enrique y a veces del cura y de D. Anselmo.
+
+Cuando doña Manolita se vio a solas con su amiga, recordando que la
+broma de unos supuestos amores con D. Jaime no la había ofendido, no
+pudo resistir a embromarla de nuevo sobre el mismo tema. Y así,
+hallándose las dos, con todo sosiego, en la salita de doña Luz, la
+mañana misma de la partida de D. Jaime, dijo la hija del médico a la
+hija del marqués:
+
+--Vamos, confiesa que nuestro diputado no te parece saco de paja.
+
+--No me parece sino muy bien--respondió doña Luz--. Decir otra cosa
+sería hipócrita falsedad. Es elegante, discreto, buen mozo y muy amable.
+
+--Si tan buena es la impresión que en ti ha hecho--repuso doña
+Manolita--, creo que debes lisonjearte y estar muy contenta, porque él
+no apartaba un punto los ojos de ti y se conocía que te miraba y
+admiraba con entusiasmo.
+
+--No te burles, Manuela.
+
+--No me burlo. Tengo por cierto lo que te digo.
+
+--Tu deseo de que yo haga conquistas y la buena opinión que de mí tienes
+te llevan a soñar con todo eso.
+
+--Y las dulzuras y los requiebros que te ha dicho en voz baja, pues por
+el gesto y el ademán y el brillo de los ojos se mostraba que te los
+decía, ¿son sueños míos también?
+
+--No; no son sueños. ¿Cómo negarte que D. Jaime me ha requebrado? Pero,
+si bien lo ha hecho con un respeto y un tino que le honran (y no de otra
+suerte lo hubiera sufrido yo), no ha dejado ver verdadero interés por
+mí, ni un solo momento. Sus palabras expresaban estimación, denotaban
+ingenio cortesano, estaban llenas de lisonja, pero no había en ellas un
+átomo de sentimiento. Ni podía haberle. Pues qué, ¿el amor brota de
+repente, en la vida real? Eso se queda para los dramas, donde es
+menester que la acción corra a todo correr y que los hechos se condensen
+y acumulen en pocas horas y palabras.
+
+--Hija mía, en la vida real, lo mismo que en los dramas, no es tan
+inverosímil _dar flechazo_. En mujer de tus rarísimas prendas es menos
+inverosímil todavía. Yo estoy segura de ello: tú has dado flechazo a D.
+Jaime.
+
+--_Dar flechazo_ tiene tan indeterminada significación que no sé qué
+responderte. Si por _dar flechazo_ quieres significar que he parecido
+bien a D. Jaime, y que hasta se ha sorprendido un poco (y perdona que
+haga patente contigo mi vanidad) de hallar en esta villa a una mujer
+que, trasladada de súbito a un salón de la corte, estaría en él como en
+su centro, no disto mucho de creer que le he dado flechazo. Pero desde
+esto a infundir un verdadero cariño, hay mil leguas de distancia, y ni
+me alucino, ni deseo siquiera que D. Jaime haya andado ni ande esas mil
+leguas en cuarenta y ocho horas, que hace sólo desde que me conoce y
+trata.
+
+--¿Y por qué no ha de andar o por qué no ha de haber andado ya esas mil
+leguas?
+
+--Porque es harto difícil y porque a nada conduciría. Mira, Manuela,
+¿qué no te declararé yo? Confieso que he pensado en la posibilidad de
+ese amor; pero le he desechado como locura. D. Jaime es ambicioso, y
+apenas tiene para él sólo con su sueldo y sus rentas. En mí no podría
+poner la voluntad sino para casarse conmigo. ¿Y qué puedo yo llevarle?
+Mis bienes, cuidados por mí, estando yo aquí sobre ellos, producen
+20.000 rs. el año que más: si me fuese de aquí, no me producirían 10.000
+rs., o administrados o en arrendamiento. Mi boda con D. Jaime sería como
+grillos con que él ataría sus pies; sería para él una carga muy pesada.
+Claro es, pues, que D. Jaime, aunque por acaso se sintiese inclinado a
+amarme, que lo dudo, desecharía de sí el amor como una tentación insana;
+como un disparate funesto.
+
+--Luego tú--interrumpió doña Manolita--, no concibes que te quieran sino
+por cálculo. No te entiendo. Lo que lisonjea y enamora es que la quieran
+a una, aunque sea pobre, y no por ser rica.
+
+--De acuerdo--contestó doña Luz--. Yo no sé si amaría a D. Jaime, si él
+me amase; pero de seguro que no le amaría, si yo fuese rica y llegase yo
+a sospechar que por hacer un negocio él me amaba. Ve ahí por qué no me
+casaré nunca. Rica yo, recelaría siempre que no me amaban por mí, y
+pobre, recelo que no me amen hasta el extremo de que se sacrifiquen
+amándome. Como no me case con algún señorito de estos lugares, para
+quien sólo puedo ser un partido proporcionado, en que ni él se
+sacrifique, ni yo sea para él un dote y no una amada compañera de toda
+la vida, no veo novio adecuado para mí en el mundo. Mi único amor será
+este....
+
+Y alzándose de su asiento, en uno de aquellos arrebatos ascéticos que de
+vez en cuando tenía, abrió doña Luz su famoso cuadro del admirable
+Cristo muerto y puso sus rojos y frescos labios sobre los labios lívidos
+de la tremenda imagen.
+
+Doña Manolita había ya visto el cuadro otras varias veces, pero nunca le
+hizo más honda impresión que en aquel momento; cuando se unieron la
+lozanía de la mocedad, la exuberancia de la vida y la hermosura briosa
+de doña Luz con tal fiel trasunto del dolor y de la muerte.
+
+Esta y otras conversaciones que tuvo doña Luz con su amiga, y los
+propios monólogos y los constantes pensamientos que la asaltaban, fueron
+acrecentando en el alma de la soberbia dama un recelo que sublevaba su
+orgullo, y contra el cual trató de armarse de todos los bríos de su
+pecho.
+
+Don Jaime iba a volver. Don Jaime, después de la visita a todos los
+lugares, iba a pasar otros tres días en aquel pueblo. ¿Incurriría doña
+Luz en la debilidad de prendarse algo, de inclinarse un poco, y en
+balde, al diputado? Sólo de imaginarlo, de presentar en su mente la
+remota hipótesis, doña Luz se ponía encendida como la grana y se llenaba
+de vergüenza como si la ultrajasen con el desprecio.
+
+Propuso, pues, en su corazón estar serena y fría a los halagos de D.
+Jaime cuando volviese; y olvidando, con este nuevo peligro, el que podía
+haber en los diálogos íntimos, en las disertaciones sabias y en la
+atención y en la emoción con que oía al P. Enrique, volvió con más
+ternura amistosa que nunca a buscar la conversación del Padre, a
+deleitarse en ella, y a dar señales inequívocas de la predilección con
+que le miraba.
+
+Pronto se pasó de este modo una semana entera, al cabo de la cual, con
+no menor pompa y estruendo, volvió a Villafría el ilustre diputado D.
+Jaime, acompañado de D. Acisclo y de Pepe Güeto.
+
+En la casa de D. Acisclo se renovaron las comilonas, las fiestas
+espléndidas y todo el lujo de que ya se había hecho gala la primera vez.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+Solución de la crisis
+
+
+Seguía D. Jaime observando siempre la misma conducta respecto a doña
+Luz. Sus atenciones no podían ser más delicadas ni más respetuosos sus
+requiebros. En alguna ocasión creyó advertir doña Luz que D. Jaime se
+animaba demasiado, pero el orgullo de ella acudía al punto a refrenar la
+lengua del galanteador, para lo cual bastaba un leve gesto de
+impaciencia o de disgusto o una mirada severa.
+
+Así se pasaron dos días de los tres que D. Jaime tenía que estar en
+Villafría, y amaneció el día tercero y último. A la madrugada siguiente
+D. Jaime debía salir para Madrid. Eran las ocho y doña Luz estaba ya
+levantada y vestida como para ir a la calle. Aquel día, con más
+sentimientos religiosos que de ordinario, antes de ir a la iglesia
+adonde pensaba ir y oír misa, abrió el cuadro del Cristo, se arrodilló
+delante de él y se puso a rezar con devoción grandísima.
+
+Había dicho a su doncella que no entrase hasta que ella llamara. Doña
+Luz se creía completamente sola.
+
+En aquella soledad y excitada por el rezo, quién sabe qué ideas
+melancólicas atravesaron por su mente, ni qué amarga ternura hirió su
+corazón; ello es que exhaló un profundo suspiro y dos gruesas lágrimas
+brotaron de sus hermosos ojos y se deslizaron por sus frescas y
+sonrosadas mejillas.
+
+La hija del médico, única persona que podía penetrar hasta allí sin
+permiso de nadie, había entrado, sin que doña Luz, embebecida en sus
+devociones, notase su presencia.
+
+Doña Manolita contempló, pues, a todo su sabor el ferviente rezo de su
+amiga y la efusión de suspiros y de lágrimas con que hubo de terminarle.
+Entonces, sin detenerse más, se arrojó en sus brazos y enjugó con besos
+las lágrimas que humedecían su rostro.
+
+--¿Qué es esto? ¿Por qué lloras así?--dijo doña Manolita.
+
+Y sin contestar a la pregunta, preguntó a su vez doña Luz.
+
+--¿Cómo te has entrado hasta aquí? ¿Qué te trae a verme tan de mañana?
+¿Por qué me has sorprendido?
+
+--Perdona que te haya sorprendido; perdona que haya interrumpido tus
+oraciones. Ya sabes tú que yo no madrugo para ti sino cuando tengo que
+comunicar contigo algo de muy importante. Quizá desde el día en que te
+di parte de mi proyectada boda con Pepe Güeto, no he usado hasta hoy de
+la licencia que tengo de venir aquí de mañana.
+
+--Así es la verdad, pero yo no me quejo de que vengas. Yo me alegro de
+que hayas venido. Lo que hago es extrañarlo, por lo mismo que de mañana
+no vienes nunca. ¿Qué nueva, pues, no menos importante que el anuncio de
+tu boda, puede hoy moverte a visitarme tan temprano?
+
+--Vengo aquí de embajadora: te traigo un recado que arde en un candil.
+
+--¿De quién es el recado?
+
+--Del Sr. D. Jaime Pimentel--dijo doña Manolita.
+
+--El rubor coloró el semblante de doña Luz, quien no acertó a disimular
+con su amiga íntima el contento y la satisfacción de amor propio que
+aquello le causaba.
+
+--¿Qué recado, qué embajada me traes? ¿Es alguna burla tuya, o de D.
+Jaime Pimentel?
+
+--Nada de burla. Esto va de veras y muy de veras. Don Jaime te idolatra.
+
+--¿Y por qué no me lo ha declarado? ¿Tan tímidos son en el día los
+caballeros cortesanos que no se atreven a declararse ellos mismos?
+
+--No le culpes. Don Jaime no peca ciertamente por timidez. Él lo explica
+todo de un modo satisfactorio. Dice que una declaración directa de su
+parte requería mucho más tiempo; no podía ser tan brusca y repentina.
+Era menester espiar la ocasión, preparar tu ánimo sin valerse de
+precipitados galanteos que tu severidad rechaza, y en tres días, por
+bien que él los aprovechara, no cabían tantos trámites y preparaciones.
+Por esto me ha buscado a mí. Anoche, al salir de tu casa, me acompañó
+hasta la mía, y tuvo conmigo una larga conferencia. Bien te lo había yo
+pronosticado. Le diste flechazo. Está loco de amor por ti, y me pide que
+por él interceda.
+
+--¿Qué delirio es ese?--exclamó doña Luz--. ¿Lo ha reflexionado D.
+Jaime? ¿Sabe que con un corazón como el mío no se juega? ¿Ha pensado
+bien que yo no puedo ser objeto de un capricho efímero, sino de una
+pasión que decida del porvenir de la vida toda?
+
+--Si D. Jaime no lo supiera, no hubiera acudido a mí. Si no hubiese
+formado un propósito para toda la vida, propósito cuya realización de ti
+sólo depende, no vendría yo a hablarte en su nombre.
+
+--¿Sabe D. Jaime que soy pobrísima?
+
+--Conoce con exactitud los bienes que posees.
+
+--Es singular--dijo doña Luz--. Te lo confieso: yo tenía de mí misma y
+de los hombres mucha peor opinión. No me sentía capaz de inspirar amor
+tan desinteresado a quien la ambición seduce y sonríe, halaga la
+fortuna, y quieren y miman en Madrid, a lo que aseguran, las más altivas
+y bellas mujeres. No pensaba yo tampoco que así, de repente, pudiese
+enamorarse un hombre con tal desinterés.
+
+--Pues no lo dudes: don Jaime te ama de esa manera. Dime tú si le
+correspondes.
+
+--No sé qué contestar. Mi gratitud es inmensa. Antes de la gratitud,
+antes de que hubiese motivo para tenerla, ¿por qué ocultártelo? la
+elegancia de don Jaime, su discreción, su fama de valeroso soldado, la
+noble gallardía de su persona, todo me inclinaba a quererle bien y
+mucho; pero el recelo de no ser amada sublevaba mi orgullo, y mi orgullo
+ha hecho cuanto es posible para ahogar esta inclinación naciente.
+
+--Y ahora que sabes ya lo bien pagada que es tu inclinación, ¿qué
+sientes?, ¿qué piensas de D. Jaime?
+
+--Siento y pienso... que no debo dar en seguida un sí de que tal vez no
+haga él mucho aprecio si con tal facilidad le obtiene. Además, no basta
+ser amada. Es menester pensar en el término de estos amores.
+
+--¡Hija mía! ¿Qué otro término pueden tener sino el de que os case el
+cura?
+
+--Es cierto; y eso precisamente me obliga a meditar mucho. Yo soy muy
+rara de carácter. No quiero que nadie me ame por conveniencia, y me
+repugna también que alguien imagine que la conveniencia influye en el
+amor mío. Si yo me casase con D. Jaime, pobre como soy, ¿no podría
+alguien imaginar que me excitaban a este enlace el afán de salir de
+Villafría e ir a Madrid, la posición del novio, sus grandes esperanzas,
+y hasta las mismas ventajas materiales de que ya goza? Él, por otra
+parte, no es rico para nuestra clase, y preveo los apuros, las
+dificultades económicas, la horrible prosa del hogar doméstico, sin
+recursos suficientes. Esto me arredra. Y no me arredra por mí, si
+atiendo sólo al bienestar material, sino porque me sonrojo de pensar que
+pueda yo ser causa de que un hombre viva lleno de ahogos. Si él se
+quedase conmigo aquí, me sacrificaría su ambición, su carrera, su
+porvenir. Si él me llevase a Madrid en su compañía, viviríamos muy mal,
+haría yo acaso muy triste figura en las sociedades que él frecuenta, y
+¿quién sabe si esto le movería a que dejase de amarme? ¿quién sabe si
+cansado de mí acabaría hasta por cobrarme odio?
+
+--Veo que alambicas demasiado y te complaces en atormentarte y en crear
+obstáculos para lo que más deseas.
+
+--¿Y quién te afirma que lo deseo? Yo misma lo ignoro; tengo mis dudas:
+no veo claro en el fondo de mi alma. ¿Será la vanidad satisfecha, será
+el pueril contento de verme querida de persona de tanto valer, lo que me
+induce a pensar que yo también la quiero? ¿Qué es amor? ¿Es amor esto
+que siento en mi alma y que me lleva hacia ese hombre? Mira, Manuela,
+¿por qué no decírtelo todo? Todo esto es tenebroso y confuso. Hay otro
+hombre de cuyos labios estoy pendiente cuando habla, cuyo talento me
+asombra, cuya superioridad intelectual me subyuga, cuyas virtudes me
+llenan de maravilla y de entusiasmo, cuyo fondo de bondad altísima
+percibo claramente allá en las profundidades de su corazón, y ya sabes
+mi enojo, mi repugnancia a que se piense que ni un solo instante puedan
+confundirse con algo parecido al amor los sentimientos que ese hombre me
+inspira y que yo le inspiro sin duda. Con D. Jaime ocurre lo contrario;
+apenas le conozco; no sé si es bueno o si es malo; su entendimiento me
+parece de menos quilates, y sin embargo, me siento arrastrada hacia él.
+¿Amo acaso en él el amor que muestra y que tanto me lisonjea? ¿Lo que en
+el otro me repugna, lo que mata el amor es sólo el respeto a las leyes
+que le prohíben?
+
+--No te comprendo--interrumpió doña Manolita--. Ya no eres tan criatura
+que no sepas lo que es amor, ni atines a descubrirle en tu pecho. ¿No es
+brioso, bello, valiente, pulcro y discretísimo D. Jaime? ¿No es libre?
+¿No te ama? ¿No te da pruebas de amor, decidido, como está y como me ha
+dicho, a casarse contigo? ¿No es un caballero bien nacido y honrado?
+Pues entonces ¿a qué todas esas quintaesencias y marañas sutiles con que
+te devanas los sesos? Dile que sí; ámale; cásate con él y verás cuán
+dichosa eres. Da esperanzas al menos de que le amarás, si no quieres dar
+un sí completo y redondo desde el principio. Con estas esperanzas, él lo
+promete, no se irá a Madrid y permanecerá en Villafría. Buscará un
+pretexto plausible para no irse. Dirá que se queda para comprar quince
+aranzadas de olivar, que lindan con las suyas, y para cuya compra está
+ya en tratos.
+
+--Lo que me aconsejas es vulgar; perdona mi crudeza de expresión: es
+feo. Yo no debo dar esperanzas de una cosa de que yo misma no esté
+segura. Y si estoy ya segura de ello, es artificio ridículo ocultarlo y
+dar esperanzas, e ir descubriendo poco a poco mi corazón. Si no amo a D.
+Jaime, no debo engañarle con esperanzas inciertas. Preténdame él y trate
+de conquistar mi voluntad y de rendirme, sin que yo le aliente con
+esperanzas. Y si le amo, debo ser franca y decírselo luego, ya que me
+ama él. Aunque dé poca estimación a un sí tan fácil y tan pronto, debo
+darle ese sí.
+
+--Soy en todo de tu opinión. Dale ese sí: que le oiga de tu boca y será
+el más feliz de los mortales.
+
+--¿Y cuándo? ¿Y de qué suerte? No: no le digas nada. Tengo vergüenza.
+Cállate; cállate por piedad. Que se vaya y me deje tranquila en mi
+retiro.
+
+--Ea, mujer, no seas desatinada. ¿Cómo se ha de ir sin contestación,
+después del paso que ha dado?
+
+--¿Y qué le contesto, si no sé qué contestarle? ¿No crees tú que va a
+arrepentirse no bien le diga que sí? ¿Crees tú que me ama de veras, con
+todo el ser de su vida como yo necesito ser amada; como yo le amaría si
+me amase?
+
+--Vaya si lo creo. Sus palabras infunden la creencia en el entendimiento
+más inclinado a dudar. Óyele, y quedarás convencida. Quiero atreverme a
+decírtelo. Por Dios, Luz, no te enojes. No he sabido resistir a sus
+ruegos. Le he traído en mi compañía. Está aguardando en la cuadra alta.
+Voy a llamarle volando.
+
+Antes de que doña Luz consintiese, su amiga, ligera como una corza,
+había salido en busca del diputado brigadier.
+
+Doña Luz no sabía lo que le pasaba. Estaba agitadísima. Era la primera
+vez que se iba a ver a solas con un joven enamorado, en aquel púdico
+retiro, donde había vivido los más floridos años de su juventud. Todos
+los vagos ensueños de amor, todas las palabras dulces, todos los regalos
+del alma se ofrecieron de repente a su fantasía, no ya cifrados en un
+ser ideal y aéreo, creación imaginaria, sino aplicados y consagrados al
+amor de una persona real y llena de vida, cuyas excelentes prendas se
+complacía en reconocer y cuyo afecto hacia ella adulaba su orgullo.
+
+La sombra melancólica del P. Enrique cruzó por su mente,
+entristeciéndola. Miró la imagen del Cristo muerto y se le antojó que se
+parecía al P. Enrique. Era de día claro. Entraba el sol por la ventana,
+y sin embargo, sintió cierto temblor al mirar el Cristo. Acudió a él
+precipitadamente y le cubrió con el otro cuadro.
+
+Como para apartar de sí toda imagen tétrica se miró entonces al espejo.
+Se vio hermosa, gallarda, toda lozanía, juventud y elegancia, y halló
+natural, casi forzoso, que D. Jaime la amase.
+
+Después pensó de nuevo en el P. Enrique, pero de otra manera. El mismo
+amor de ella hacia D. Jaime aclararía lo que en su inclinación hacia el
+Padre podía haber de ocasionado a dudosas interpretaciones. Esto la
+impulsaba a creerse y a sentirse enamorada de D. Jaime. Amando a D.
+Jaime desaparecería a sus ojos todo lo que hubiera podido tener de raro
+su amistad con el misionero. Lo ridículo que en aquellas relaciones
+había creído entrever a veces desaparecía ya, y todo se explicaba.
+
+Esta serie de pensamientos pasó en un instante por el alma de doña Luz.
+Un instante no más fue lo que tardó D. Jaime en aparecer a la puerta del
+saloncito que doña Manolita había dejado abierta.
+
+No tuvo D. Jaime que hablar palabra para obtener el permiso de entrar en
+el saloncito. Ella le aguardaba; ella le vio venir y le recibió sin
+cumplimientos ni ceremonia.
+
+Doña Manolita se quedó fuera y D. Jaime entró solo.
+
+Llegó precipitadamente donde doña Luz estaba de pie; hincó en tierra
+ambas rodillas, y dijo con acento conmovido:
+
+--Ya lo sabe V. De V. depende mi dicha o mi desdicha. Aquí aguardo mi
+sentencia.
+
+Todo discurso más prolijo hubiera sido absurdo en aquella ocasión; toda
+arte vana; toda precaución chocante.
+
+La puerta del saloncito había quedado de par en par y D. Jaime estaba de
+rodillas a los pies de doña Luz. Se diría que se acababa de entregar a
+discreción, que todo por su parte estaba dicho, y que a ella tocaba sólo
+hablar e imponer condiciones.
+
+El orgullo de doña Luz se sentía vivamente lisonjeado. Aquel _dandy_,
+aquel valiente, aquel hombre de porvenir y de carrera, estaba allí
+postrado ante su hermosura, sin más resorte para tanto rendimiento que
+el repentino y ardiente amor que ella había sabido inspirarle.
+
+Doña Luz enmudeció: no acertó a decir palabra alguna; pero en su rostro,
+donde no cabía el disimulo y donde se reflejaban todos sus sentimientos,
+se pintaban el júbilo, la emoción afectuosa y la agradable sorpresa.
+
+Como tal vez las nieves detienen y con la misma detención prestan más
+brío a la virtud germinal de la primavera, la cual aparece de súbito y
+da razón de sí cubriendo los árboles de verdura y los campos de flores,
+así el anhelo de amar y todo el ser apasionado del virgen corazón de
+nuestra heroína despertaron de repente, reprimidos hasta entonces por la
+prudencia, y como dormidos hasta los veintiocho años. Doña Luz sintió
+nacer en su espíritu la primavera de la vida; oyó cantar las aves; vio,
+como en espejo mágico, el paraíso; aspiró el perfume embriagador de
+rosas hadadas, y pensó que se extendían por su seno el calor suave y la
+luz dorada de un sol ideal, iluminando y vivificando un mundo bellísimo,
+recién creado y oculto en su alma.
+
+Temió luego que tan rica creación se desvaneciese, que se disipase como
+si fuera soñada, y exclamó al fin con extraño candor:
+
+--¿No me engaña V.? ¿Es cierto? ¿V. me ama?
+
+--Con todo mi corazón--contestó D. Jaime tomando la linda mano de doña
+Luz y estampando en ella un beso.
+
+--No sea V. loco. Levántese V.--dijo doña Luz, retirando con suavidad su
+mano de entre las de don Jaime.
+
+--No me levantaré--replicó éste--, hasta saber si usted me corresponde.
+
+--D. Jaime, por Dios, ¿qué quiere V. que yo le diga? Yo no sé si le amo
+a V.: pero si el contento que me causa el creerme amada y el temor de
+perder esta creencia son síntomas de amor, me parece que le amo.
+
+Doña Luz se sonrojó como nunca al pronunciar tales palabras, y D. Jaime
+se levantó mostrando en su semblante la gratitud y la alegría que la
+confesión de doña Luz le causaba.
+
+Después dijo:
+
+--Deseche V. todo temor, y conserve la creencia de que la amaré siempre,
+y de que mi amor hacia V. sólo puede compararse con el respeto y la
+profunda admiración que V. merece.
+
+Llegadas a ese punto las explicaciones, y yendo por camino tan llano,
+todo quedó tácitamente concertado en aquella entrevista, que duró
+poquísimo.
+
+Doña Luz estaba turbada y confusa, pero la majestad severa de su rostro
+y ademanes hubiera contenido al amador más audaz.
+
+Don Jaime se creyó amado, y ni siquiera con otro beso en la mano de doña
+Luz se atrevió a manifestar que amaba a su vez, y que estaba agradecido.
+
+En suma, dado el modo de ser de doña Luz, y después de declarado de
+ambas partes el amor, no había trámite, ni coloquio tierno a solas, ni
+dilación que valiera. Las bodas tenían que venir a escape.
+
+Doña Luz era harto vehemente para hablar con serenidad y con frialdad de
+otro cualquiera asunto, y a solas, con el hombre a quien casi acababa de
+decir: te amo; y era tan casta y tan pura, que helaba todo deseo y
+mataba toda esperanza de obtener de ella la más inocente anticipada
+caricia o de adelantarse a hacerla sin exponerse a su enojo.
+
+De aquí el grande embarazo en que se vieron doña Luz y su amante apenas
+se dijeron que se querían. Doña Luz, sobre todo, no sabía qué hacer. Se
+sentía avergonzada de lo que había dicho, quería huir de las miradas de
+aquel hombre, y no se resolvía a huir, temerosa de que su fuga pareciese
+artificio o ridícula puerilidad impropia de una mujer de veintiocho
+años.
+
+Por fortuna, doña Manolita presintió por instinto aquella situación
+difícil, y libertó de ella pronto a su amiga, presentándose otra vez en
+el saloncito.
+
+Ya, más tarde, durante el almuerzo, en medio de los convidados, a la
+vista de D. Acisclo y del P. Enrique, y después de haberse serenado y
+repuesto de la primera emoción, doña Luz habló a D. Jaime con reposo; le
+halló dispuesto a todo, y como ella no tenía padre ni madre a quien
+consultar, ni él tampoco los tenía, ambos determinaron casarse sin ruido
+ni aparato, y lo más pronto posible.
+
+A fin de no dar parte en seguida, sin que nadie extrañase la
+prolongación de su estancia en aquel lugar, D. Jaime dijo que se quedaba
+una semana más para ver si compraba el olivar que tenía en tratos.
+
+
+
+
+-XV-
+
+Primera traza de un idilio matrimonial
+
+
+Difícil es tener nada oculto en un pueblo pequeño. Todo se sabe en
+seguida, aun cuando importe que no se sepa. La proyectada boda de D.
+Jaime y de doña Luz, que nada importaba que se supiese, no es de
+extrañar, pues, que llegara al punto a noticia de todos en Villafría.
+
+La detención de D. Jaime se atribuyó desde luego a su verdadero motivo,
+y nadie juzgó sino pretexto lo de la compra del olivar.
+
+Aquel caso de amor fulminante y sobre todo aquel tan improvisado
+consorcio, dieron muchísimo que decir, comentar y murmurar.
+
+En los lugares andaluces, nada hay que pasme tanto como una boda
+repentina. Por allí todo suele hacerse con mucha pausa. En parte alguna
+es menos aceptable el refrán inglés de que _el tiempo es dinero_. En
+parte alguna se emplea con más frecuencia y en la vida práctica la frase
+castiza y archi-española de _hacer tiempo_; esto es, de perderle, de
+gastarle, sin que nos pese y aburra su andar lento, infinito y callado.
+Pero donde más se extrema en Andalucía el _hacer tiempo_ es en los
+noviazgos. Contribuye a esto, por un lado, la prudencia que,
+reconociendo lo grave y trascendental del matrimonio, nos aconseja de
+continuo: _antes que te cases, mira lo que haces_. Y contribuye mucho
+más, por otro lado, que este _mirar lo que se hace_ es sumamente
+divertido; es el mejor modo de matar o de hacer tiempo; es una grata
+ocupación, que se proporciona quien no tiene ninguna, y que no bien se
+casa se queda sin ella.
+
+De aquí, sin duda, los interminables noviazgos de mi tierra, en los
+cuales además se dan los más bellos ejemplos de firme constancia que
+pueden registrar las historias de amor. Noviazgos hay que empiezan
+cuando el novio está con el dómine aprendiendo latín, pasan a través de
+las humanidades, de las leyes o de la medicina, y no terminan en boda
+hasta que el novio es juez de primera instancia o médico titular.
+Durante todo este tiempo, los novios se escriben cuando están ausentes;
+y cuando están en el mismo pueblo, se ven en misa por la mañana, se
+vuelven a ver dos o tres veces más durante el día, suelen pelar la pava
+durante la siesta, vuelven a verse por la tarde en el paseo, van a la
+misma tertulia desde las ocho a las once de la noche, y ya, después de
+cenar, reinciden en verse y en hablarse por la reja, y hay noches en que
+se quedan pelando la pava otra vez, y mascando hierro, hasta que
+despunta en Oriente la aurora de los dedos de rosa.
+
+En comprobación de esto se cuenta de cierto novio antequerano, que al
+fin tuvo que casarse a los ocho años de ser novio; y que, no bien se
+casó, se mostraba afligidísimo por no saber qué hacer de su tiempo. De
+otro novio, natural de Carcabuey, he oído yo también contar, como
+testimonio de lo arraigada que está la idea de que el matrimonio exige
+mucha calma antes de llevarle a cabo, que su futura suegra, considerando
+que su hija llevaba ya trece años de hablar con aquel novio, sin que
+llegase él a pedirla, y que ella se iba ajando y marchitando un poco, se
+resolvió a preguntar al novio qué intenciones traía. Y habiéndose armado
+de resolución y hecho la pregunta, el novio contestó muy sorprendido y
+un sí es no es contrariado:--¡Válgame Dios, señora! ¿Es esto puñalada de
+pícaro?
+
+Prevaleciendo y aun privando en Villafría tan sanas doctrinas acerca de
+la longevidad de los noviazgos, ya se hará cargo el lector del asombro
+que produciría aquel arrebato, aquella impremeditación con que doña Luz
+se decidió.
+
+--Esto es un escopetazo--decía uno.
+
+--Vamos--decía otro--, todo se comprende bien: si ella aseguraba que no
+pensaba en casarse, era por vanistorio, porque desdeñaba a los
+lugareños; pero, apenas llegó por aquí un currutaco de la corte, cayó
+sobre él y le atrapó, como la araña atrapa a la mosca.
+
+Los pretendientes desdeñados, que antes lo llevaban todo con
+resignación, dando por supuesto que los consolaba, que los desdenes de
+doña Luz nacían de su amor a Dios y al cielo, cuando supieron que doña
+Luz gustaba tanto de la tierra y de otro hombre como ellos, no la
+perdonaron tampoco, y censuraron su ligereza.
+
+--Se ha echado en brazos del primer venido--exclamaban--, sin amor, sin
+estimación, porque ni el amor ni la estimación nacen tan de súbito. La
+ha seducido el afán de ir a brillar en los Madriles.
+
+Hasta la gitana buñolera que se ponía a freír y a vender sus buñuelos en
+la esquina de la casa de don Acisclo, gitana muy sentenciosa, llamada la
+Filigrana, más célebre por sus sentencias que el mismísimo Pedro
+Lombardo, dijo en tono irónico:
+
+--Doña Luz es una perla oriental, y la perla no repara en el pescador,
+ni en si vale o no vale; lo que pretende es que la pesque y la lleve a
+lucir en el Olen del Oclaye.
+
+No pocas de tales murmuraciones llegaron a los oídos de doña Luz; pero
+no hacían mella en su corazón. Nada de lo que encerraban en sí hallaba
+eco en su limpia y tranquila conciencia. Doña Luz era mujer y tenía alma
+y sentía necesidad de amor. Su amor, sin objeto visible y humano, había
+estado como aletargado hasta entonces. Un objeto digno se ofreció al fin
+a sus ojos, y doña Luz le consagró al punto todo su amor. Cada día, cada
+hora que pasaba, afirmaba más a doña Luz en la creencia de que don Jaime
+lo merecía. El mismo amor de D. Jaime, la decisión con que le había
+ofrecido su mano, a ella, desvalida, huérfana y pobre, era la garantía
+mejor y más segura.
+
+En cuanto a que ella se casaba por deseo de ir a figurar en Madrid, doña
+Luz reía desdeñosamente al oírlo. Doña Luz tenía resuelto no ir a Madrid
+mientras pudiera no ir: quedarse en Villafría viviendo en su casa
+solariega; tener allí su centro, su cuartel general, su nido; cuidar
+desde allí de sus bienes e irlos mejorando y aumentando; ahogar en su
+alma toda propensión celosa; y, no ya consentir, sino impulsar a su
+marido a que fuese él solo a la capital, a brillar en el Congreso de
+Diputados, en las luchas políticas y en los negocios militares. Doña Luz
+quería imitar en esto a Vitoria Colonna, y esperar a su héroe, a su sol,
+a su amante, cuando viniese a reposar en aquel rústico asilo, que el
+amor de ella había de colmar de hechizos y de deleite. No quería, en
+suma, ser para él carga gravosa en Madrid, sino descanso, refugio,
+consolación santa y dulce, en aquella aldea.
+
+En sus amorosos coloquios con D. Jaime, doña Luz desenvolvía todo su
+plan. Quería para él gloria, poder, influjo en la corte, y esto
+entreverado de una serie de idilios en Villafría, donde ella había de
+aguardarle, como Armida benéfica, cada vez que viniese él a reposar en
+sus brazos, cubierto de frescos laureles. Don Jaime pugnaba porque doña
+Luz había de ir a Madrid con él; pero doña Luz lo repugnaba con tamaña
+obstinación, que D. Jaime tuvo que transigir, concertando que por lo
+pronto, esto es, mientras no fuesen ambos mucho más ricos, doña Luz
+continuaría residiendo en Villafría.
+
+Todo esto era tan poético que de fijo que el lector, pues lo sabe, no ha
+de censurar a doña Luz como la censuraban las gentes de su lugar, sino,
+en todo caso, por lo contrario: por sobrado rara y soberbia; porque
+prefería vivir muchos meses del año separada de su marido a ser en
+Madrid causa perpetua de dificultades prosaicas y económicas, bastantes
+a dar muerte al amor más robusto.
+
+Doña Luz, trazado así con firmeza y por su propia mano el porvenir de su
+vida, no veía en su alma sino motivos de satisfacción y de contento. Su
+ser íntimo florecía. El dulce anhelo de ser esposa y madre la conmovía
+con presentimientos de inefable ternura. Una claridad interior iluminaba
+su mente, beatificándola; y parecía que, trasminando a lo exterior,
+irradiaba en su semblante y prestaba a su hermosísimo cuerpo mayor
+beldad que nunca. Así como los campos se cubren de lozanía al llegar la
+primavera, así como el cielo se tiñe de púrpura y oro cuando el sol va a
+salir, así doña Luz se mostraba entonces más gallarda y refulgente.
+
+Su alegría era tan noble, tan generosa y tan confiada, y la expresión
+divina que esta alegría prestaba a su figura gentil era de tal suerte
+simpática, que la censura quedaba desarmada al cabo, y al mirarla,
+tenían que bendecirla todos los hombres.
+
+En su ánimo era casi todo luminoso y alegre. Sólo quedaba, allá en lo
+más hondo, un pequeño rincón, donde no penetraba bien la luz, y donde,
+de cierta manera confusa, había como un germen, como una semilla apenas
+perceptible de disgusto y de intranquilidad. Doña Luz, sin darse bien
+cuenta de ello, por instinto salvador, trataba de arrancar aquella
+semilla, de ahogar aquel germen, a fin de que no brotase de él la hierba
+ponzoñosa.
+
+Doña Luz pensaba en sus anómalas relaciones con el P. Enrique; en
+aquella amistad vivísima, en aquel afecto que siempre le había mostrado.
+Claro está que para doña Luz aquello no podía tener ni remotamente nada
+de común con el amor. Mas, por lo mismo, su afecto hacia el Padre debía
+permanecer, y las demostraciones de este afecto no debían cesar ni
+mitigarse, so pena de que ella se inclinara a creer que eran de la
+propia esencia que lo que daba de su alma al esposo futuro; que había
+procedido como veleidosa e inconstante; que había puesto en uno, no lo
+libre, lo intacto, lo jamás dado a nadie, que atesoraba solícito su
+corazón, sino algo o mucho de lo que había antes dado a otro y
+quitádoselo luego.
+
+Así, pues, doña Luz se esforzó, aunque en balde, por estar como siempre
+de afable y cariñosa con el P. Enrique. Y, como viese que no podía, como
+viese que del tocarse su alma con la del Padre, ya por la palabra, ya
+por la mirada, cuando antes parecía que brotaban calor y magnética
+lumbre, entonces se formaba hielo, se lo explicó suponiendo que no hay
+brío ni vigor en los corazones humanos para varios afectos, y que, donde
+uno impera, los otros caen y desmayan, aunque sean de muy distinta
+condición y naturaleza.
+
+El alma del Padre continuaba siempre para doña Luz clara, diáfana e
+impenetrable, como la mar profunda que ciñe y abraza las costas
+andaluzas. El sol atraviesa muchas capas de agua y todo lo llena de
+claridad; pero, allá en lo más hondo, se pierde y ofusca la mirada,
+entre iris, reflejos, tornasoles y relámpagos argentinos, y nada se
+distingue con exactitud y fijeza. El Padre no había cambiado, en
+apariencia al menos. La misma serenidad, la misma dulzura de siempre. No
+se alteraba su voz al hablar de D. Jaime ni con D. Jaime. Al hablar con
+doña Luz, mostraba el Padre la antigua afectuosa benevolencia. Ni una
+palabra donde ni remotamente se sintiese una punta de ironía, de pique o
+de despecho.
+
+«O el Padre tiene sobre sí propio un dominio inverosímil--pensaba doña
+Luz--, o no me ha amado jamás. Sería de ver que la sospecha de Manuela,
+que yo oí como injuria llena de maliciosa villanía, hubiese sido en el
+fondo una creación ridícula de mi vanidad, que, profundizando bien el
+asunto, me halagaba en vez de enojarme. No; no cabe duda: el bueno del
+P. Enrique me estima; me tiene en alto concepto, merced a su mucha
+indulgencia; me quiere como a prójimo predilecto; pero todo lo demás es
+sueño absurdo; es presumida imaginación mía. Y más vale así».
+
+Y al terminar doña Luz con estas palabras, suspiraba para desahogarse,
+como quien se quita grave peso de encima.
+
+En otras ocasiones, ansiosa de descargar más aún su conciencia, de
+declinar toda responsabilidad, aunque por los raciocinios anteriores se
+había demostrado a sí propia que no tenía nada de disgustoso de que
+salir responsable, doña Luz iba esfumando en su memoria todos los
+favores que había hecho al Padre; iba quitando todo valer y
+significación a las muestras de afecto que le había dado; y lo iba
+reduciendo todo a las mezquinas proporciones de una amistad fría y
+severa, como la que puede y debe mediar entre un discípulo y un maestro,
+ahuyentando de sí o borrando cualquier enojoso recuerdo, falso en su
+sentir, hasta de la menor coquetería inconsciente, por parte de ella.
+
+Entre tanto, pasaban los días y se aproximaba el de la boda, que había
+de ser sin ningún aparato.
+
+Don Acisclo y Pepe Güeto, no obstante, habían hecho un corto viaje a
+Sevilla para comprar regalos a la novia, cada cual según sus facultades.
+
+El de D. Acisclo fue magnífico. Consistía en unos pendientes y en un
+broche de brillantes, que le costaron dos mil duros. El de Pepe Güeto
+fue un brazalete que le costó diez mil reales.
+
+Don Jaime había encargado a Madrid algunas galas y joyas, que debían
+llegar de un día a otro.
+
+Don Jaime mostraba viva impaciencia; parecía enamoradísimo, y trataba de
+apresurar la boda.
+
+Mientras más se acercaba el suspirado día, más tiernos estaban los
+novios; sus coloquios íntimos eran interminables: juntos salían a
+caballo, doña Luz en el suyo, y D. Jaime en otro bastante bueno y
+bonito, de la propiedad de D. Acisclo; y también iban de paseo a pie, en
+compañía de doña Manolita, muy ufana de haber sido la mediadora en
+aquella feliz alianza.
+
+El P. Enrique iba siempre a comer en casa de D. Acisclo, pero alegando
+que tenía que escribir o que estudiar, se quedaba a almorzar en su casa,
+donde su criado Ramón le preparaba y servía un frugal desayuno.
+
+También de la tertulia de por la noche, o ya se retiraba más temprano
+que de costumbre, o ya se retraía el Padre: pero esto no era de
+extrañar.
+
+Don Acisclo y Pepe Güeto le dieron el ejemplo. Ciertamente que la
+conversación en voz baja de los novios y su involuntaria abstracción de
+todos los circunstantes no convidaban a otra cosa.
+
+El médico D. Anselmo iba y venía, permaneciendo poco tiempo en la
+reunión. Ya no disputaba ni sacaba a relucir sus filosofías, porque doña
+Luz no prestaba atención a nada que no fuese D. Jaime.
+
+Resultaba, pues, que la tertulia, tan bulliciosa antes, se hallaba casi
+siempre en cuadro.
+
+Don Acisclo, D. Anselmo, Pepe Güeto y el Padre se escabullían; y
+quedaban solos los novios, en su eterno palique, como decía doña
+Manolita; ésta, que se resignaba con gusto a hacer el papel de dueña; el
+galgo Palomo, que se echaba a los pies de D. Jaime, a quien había tomado
+mucho cariño por conocer instintivamente el mucho que le tenía su ama; y
+a veces el cura D. Miguel, a quien los cuchicheos de los amantes
+producían idéntico efecto que los gritos y discursos de los filósofos,
+dejándole gratamente dormido, y soñando quizá en el gran papel que le
+tocaba hacer en aquel drama regocijado, cuando echase a los novios las
+bendiciones.
+
+Huérfanos ambos novios de padre y madre, y decididos a que la boda se
+celebrase sin dar parte a nadie y sin ruido, lo concertaron todo tan
+deprisa que ya no les faltaba sino cuatro días para verse casados,
+exentos del cuidado de convidar a nadie de Madrid, y de llamar a amigos
+o a parientes para que asistiesen a la boda en aquel lugar.
+
+Al mismo D. Acisclo, agradeciéndole mucho su regalo suntuoso, y las
+intenciones que tenía de convidar a toda su parentela, y de dar una
+comilona y un baile, le suplicó doña Luz que no hiciese nada; que ella
+quería casarse, ya que no en secreto, en silencio.
+
+--A cencerros tapados--dijo D. Acisclo, que era muy aficionado a usar en
+sentido metafórico la palabra _cencerro_.
+
+--Eso es: a cencerros tapados--contestó doña Luz.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+Meditaciones
+
+
+El P. Enrique, según hemos apuntado anteriormente, no estaba ocioso: no
+limitaba la actividad de su vida a hablar en la tertulia de D. Acisclo.
+
+En la soledad de su cuarto se pasaba horas y horas leyendo y
+escribiendo.
+
+Como era modestísimo, no esperaba hacer algo que, dado al público, fuese
+de gran utilidad, y sin embargo escribía una obra extensa de la que no
+levantaba mano. Era una apología o nueva defensa del Cristianismo contra
+los ataques de los más flamantes filosóficos panteístas, positivistas y
+materialistas.
+
+El singular y simpático candor del Padre se revelaba en cada frase de
+este notable escrito. Se diría que todo él era, más que un libro de
+polémica, un monólogo, o mejor dicho un diálogo, en que alternaban dos
+voces de la misma alma. Su entendimiento frío, calculador, apartado de
+la fe, proponía cuantos argumentos, ya metafísicos, ya históricos, ya
+tomados de las ciencias de observación, pueden presentarse contra la
+revelación sobrenatural, contra la vida inmortal del espíritu y aun
+contra Dios mismo. Y su entendimiento también, ilustrado de mayor luz y
+acompañado y fortalecido por la fe, respondía a los argumentos
+susodichos, aquietándose con la victoria.
+
+Allí nada había de afectado ni de convencional. Era el ser del Padre,
+que se retrataba fielmente. Se diría que su fe, encerrada en interior y
+fuerte alcázar, peleaba contra el humano discurso, que no quería
+destruirla, pero que hacía cuantos esfuerzos son conducentes para ello,
+a fin de verla salir vencedora y triunfante de estos esfuerzos mismos.
+
+Desde la venida del diputado D. Jaime, el Padre iba cada día
+deteniéndose menos en casa de su tío, y por consiguiente quedando más
+tiempo en su estancia solitaria.
+
+La obra, con todo, no cundía ni adelantaba por eso. Antes bien, el padre
+escribía en ella menos que nunca. Se sentaba en su bufete; se colocaba
+delante el libro en blanco, donde iba vertiendo sus ideas conforme se le
+ocurrían, salvo el ponerlas más tarde en orden según un plan sabio y
+bien meditado; tomaba la pluma por último; pero todo era en balde. No se
+presentaba nada claro y concreto que decir. Un mar de pensamientos y de
+sentimientos se agitaba en su espíritu, como si viniese sobre ellos el
+más violento huracán, barajándolo y revolviéndolo todo, por donde, en
+vez de una creación armónica, brotaba el caos tenebroso.
+
+De esta suerte, después de soltar la pluma, los codos sobre la mesa, la
+diestra en la mejilla, se pasaba el Padre largas horas sin escribir y
+sin hacer nada. Otras veces andaba por el cuarto a largos pasos. Otras
+se echaba en un sillón y se cubría el rostro con las manos. Jamás se
+había sentido tan inactivo, tan incapaz y tan infecundo.
+
+Un día cerró con despecho el volumen en que iba escribiendo sus apuntes,
+y se puso a escribir en hojas sueltas. La inspiración entonces vino sin
+duda en su auxilio. La pluma corrió precipitada como si el torrente de
+ideas que tenía que verter le imprimiera un movimiento extraordinario.
+
+¿Por qué raro hechizo hallaba el Padre esta facilidad para escribir en
+hojas sueltas, cuando tan premioso estaba para escribir en el libro? El
+hechizo no estaba en el libro ni en las hojas sueltas, sino en el
+asunto.
+
+El Padre se acababa de decidir a escribir sobre otro, que singularmente
+le importaba, que le preocupaba hacía tiempo, que pesaba sobre él, y del
+que era menester desahogarse. Por esto la pluma corría.
+
+El padre estaba fijando en el papel lo más recóndito de su alma.
+
+«No basta--escribía--, ¡oh mi Dios!, que yo me confiese contigo. ¿Qué
+tinieblas no penetras Tú con tu claridad? ¿En qué abismo no se hunde tu
+mirada? Tú lo sabes todo. Nada tengo que decirte. Sólo debo pedirte
+perdón. Pero el peso de este misterio de mi alma me abruma, mientras sin
+tomar forma, sin revestirse de la palabra, vive en mi centro,
+conociéndole tú solo. Es indudable: aun prescindiendo de la virtud
+sagrada del sacramento, la confesión es un manantial de consuelos; es,
+cuando menos, un alivio. Confesar a alguien nuestra pena, nuestra
+humillación o nuestro pecado, es compartirlo todo con él. Pero ¿a qué
+semejante mío podría yo confesarme? Los amigos, los sabios directores de
+mi conciencia, aquellos en quienes yo me confiaba, están muy lejos, allá
+en los mares e islas del extremo Oriente. Es verdad que todo sacerdote
+sentado en el tribunal de la penitencia, investido por Dios mismo de la
+facultad de sentenciar y de absolver, recibe por gracia lo que a veces
+por naturaleza no ha recibido: bastante lucidez de espíritu para
+comprenderlo todo. Y sin embargo, yo no me decido a confesarme con este
+excelente y benigno D. Miguel. ¿Qué le voy a decir? ¿Tengo algo de
+terminante y de bien calificado? ¿Hay infracción clara de los
+mandamientos divinos que constituya mi culpa? Mi culpa es grave,
+gravísima, y no obstante, yo no puedo declarársela a D. Miguel sin
+referir pormenores, sin aludir a personas, sin comprometer a alguien a
+quien no tengo derecho a comprometer. Yo puedo echarme a los pies de
+este buen sacerdote, y decirle que soy soberbio, envidioso, impuro, y
+pedirle que me castigue y luego me perdone; pero lo íntimo de mi falta
+quedará por confesar: es por mil razones inenarrable para él.
+
+»¿Es por esto mi confesión imposible? En cierto modo, yo puedo aliviarme
+del peso que me fatiga, sacándole fuera de mi alma, encadenándole en la
+palabra escrita, aunque nadie la lea. La palabra es don divino, y posee,
+entre mil otras virtudes, una admirable energía consoladora. Lo que se
+fija y encierra en letras, queda allí como preso y atado, y no lastima y
+destroza tanto el corazón como lo que persiste en él inefable e informe.
+Además, para conocerme mejor, para ver mi mal, conviene presentármele de
+una manera distinta. El aspecto exterior, nuestro semblante, ¿cómo verle
+sin que en un espejo se refleje? Así el alma, así las heridas que en
+ella hay, aunque duelan, aunque aflijan, no se comprenden, no se
+perciben por completo, cuando quedan confusas en el fondo del alma
+misma, y no se expresan y declaran en el lenguaje humano. Quiero, pues,
+estudiarme con valor, romper o desatar la venda o compresa que las
+cubre, y catar yo mismo mis heridas.
+
+»Obra de Dios es la hermosura. Mas no acusemos a Dios del uso que puede
+darse a su obra. Fabrica el alfarero un vaso primoroso, y no es
+responsable del veneno que luego se deposita en él y que tal vez apura
+hasta las heces nuestro sediento labio.
+
+»Ella es hermosa de alma y de cuerpo. Sus ojos, azules como el cielo, no
+revelan sino ideas y sentimientos llenos de limpia honestidad. No puedo
+acusarla de la menor provocación, ni siquiera instintiva y por ella
+ignorada. Ni reflección traidora, ni ciego instinto hubo jamás en ella
+de perderme. Y esto fue la causa de mi perdición. Contra los efectos de
+aquella reflección o de aquel instinto de sobra hubiera yo acertado a
+precaverme. Ni siquiera hubiera yo tenido que tomar precaución alguna.
+Conocido el intento, patente a mis ojos el engaño, me hubiera disgustado
+en lugar de atraerme. Su propia inocencia, su candidez purísima ha sido,
+pues, como agudo puñal con que ella ha traspasado mi corazón. Creyéndome
+ella todo de Dios, poseedor de sus favores, vidente de sus perfecciones,
+regalado y deleitado con sus dulzuras, ni pudo recelar extravío, ni
+quiso presumir con soberbia que por ella hubiera yo de olvidarme de
+Dios. Por eso me mostró la beldad interior de su alma en toda la
+desnudez inocente y casta de quien nada teme. Me abrió su corazón, y me
+dejó entrar en lo íntimo de su conciencia, y yo me embriagué con su
+aroma.
+
+»Un plan astuto, hábilmente forjado por mi pasión, maduró en mi
+pensamiento, mostrándose como exento de pecado. Para forjar este plan,
+me apoyé en las condiciones de su carácter y en las circunstancias de
+que la rodeaba la ciega fortuna. ¿A quién había de amar ella en estos
+lugares? Si hasta los veintiocho años había vivido sin prendarse de
+hombre alguno ¿no era probable, casi evidente, que viviría ya de la
+misma manera el resto de su vida? Todo aquel brío de voluntad, todo
+aquel tesoro de amor que yo descubría en su pecho, todos aquellos
+pensamientos elevados y generosos que agitaban su mente, todas aquellas
+aspiraciones sin nombre, infinitas, divinas, que germinaban en su
+espíritu, en perenne primavera ideal, todas aquellas flores celestiales,
+nacidas en el huerto sellado de su fantasía y cultivadas con esmero por
+su recto juicio, propenso por naturaleza, educación y gracia, a lo santo
+y puro ¿a quién había ella de dedicarlos y consagrarlos? A Dios, y nada
+más que a Dios, pensé yo. Pero, con intención egoísta, confesándola
+apenas, concerté luego conmigo mismo en ser yo el medio por donde tanto
+bien volviese a Dios, de donde había provenido.
+
+»¿Quién sino yo podía comprenderla en este lugar, entre gente zafia y
+villana? ¿Quién ordenar y aclarar sus vagos ensueños? ¿Quién interpretar
+los enigmas? ¿Quién señalarle el blanco adonde importaba dirigir
+oraciones y suspiros, para que no fuesen como mal disparadas saetas que
+se pierden en el aire y acaban por dar en tierra, sin llegar a herir
+dicho blanco? ¿Quién acabar de abrir a su razón, ansiosa de verdad, el
+recinto misterioso de las más sublimes doctrinas? ¿Quién declararla el
+por qué y el cómo de las cosas, hasta donde es posible saberlo? ¿Quién
+servir de guía a su espíritu en sus vuelos audaces, cuando subía por
+cima de todo lo natural y creado, anhelante de tocar a la inaccesible,
+eterna e inexhausta fuente de donde mana? En suma, yo me lisonjeé de ser
+su maestro, su amigo, el depositario de sus ideas, el que oyese,
+moderase y avivase o templase a su placer las palpitaciones profundas de
+su corazón entusiasta. Todo el raudal de amor que de él brotaba y que
+iba a ti, Dios mío, no, jamás pensé en robártele y guardarle para mí;
+pero pensé con egoísmo en abrir cauce en mi espíritu a aquel claro,
+impetuoso y cristalino torrente, a fin de que llegara por él a su
+centro. Nunca soñé con ser el término de la carrera del raudal, sino con
+ser el camino por donde sus limpias ondas se fueran derivando,
+hermoseando el camino al paso, y reflejando en él el cielo sereno y
+todas las galas de la tierra, con más primor en el reflejo y con mil
+veces mayor hechizo que en la realidad misma.
+
+»¡Qué bien me has castigado, Dios mío! ¡Qué bien me has castigado! Pero
+si en el castigo venero y acato tu justicia, te doy gracias por tu
+misericordia. ¿Qué no merecía yo por mi delito? Mi indigno cálculo ha
+sido desbaratado; mi insano sofisma se ha vuelto contra mí: yo mismo he
+quedado envuelto en la red cautelosa que había tendido.
+
+»Harto lo reconozco ahora. La concupiscencia del espíritu es la peor de
+las concupiscencias. Repugna por anti-natural. No la atenúa la
+consideración de que nuestra sangre está viciada. No es vicio, en quien
+el vigor y la salud del cuerpo, si no hermosean, mitigan la fealdad. Es
+pecado pasado por alambique: extracto, esencia, refinamiento espantoso
+de lascivia.
+
+»¿Y cómo estaba yo tan ciego para no verlo y horrorizarme? Yo lo creía
+todo etéreo, santísimo, limpísimo. Hasta ha habido instantes de
+obcecación, en que la he culpado, en que la he tildado de inconsecuente,
+de falsa, de perjura, de infiel.... ¡Cielos santos! ¡Qué frenesí fue el
+mío! Ella no me prometió nada; ella no se ligó conmigo por lazo alguno.
+Ella me amaba antes como ahora me ama. No, no ha habido mudanza en ella.
+Si ella hubiera visto antes lo que yo tenía en el pecho, no hubiera sido
+menester que llegase D. Jaime para que se apartase de mí con horror. Yo
+mismo no lo veía antes. Ahora lo veo y me horrorizo. Abominables
+sentencias, infames propósitos, conjuros del infierno, estaban grabados
+en mi pecho, como en lámina de bronce, pero con tinta invisible, que
+sólo el reactivo de los celos ha hecho patente para mi vergüenza.
+
+»El cielo ha humillado mi soberbia. Yo me estimaba en más, en muchísimo
+más de lo que soy. Mis trabajos, mis penitencias, mis largas y
+peligrosas peregrinaciones y misiones se me figuraba que habían ganado
+para mí el favor del cielo; que habían revestido este pecho mortal de un
+escudo, de una coraza diamantina, que me había hecho invulnerable. Yo
+soñé que había ahogado en el inmenso piélago del amor divino todos los
+otros amores terrenales y caducos. Yo me figuré que ya no podría amar
+nada, ni a nadie, sino por el amor de Dios. Creí que toda beldad
+perecedera, que toda bondad de las criaturas, que toda gracia, que toda
+luz, no sería a mis ojos sino reflejo débil y frío de la beldad, de la
+bondad, de la gracia y de la luz eternas, cuyos fulgores imaginaba
+entrever, en cuyas llamas me complacía en sentir ardiendo mi corazón.
+¡Cómo me adulaba el espíritu tentador a fin de hacerme caer! ¡Cuán
+astutamente me engañaba! ¡Cuán ciega confianza fue la mía al principio!
+Así como hábil jardinero, si descubre entre malezas una planta
+nobilísima, la lleva a su jardín y la cultiva con afán para que todo
+vicio contraído entre las malezas acabe, y para que, merced a su cuidado
+prospere la planta y dé al fin lindas y aromáticas flores y sabrosos
+frutos; así yo, al hallar la bella alma de esta mujer, henchido de
+fatuidad, me propuse mejorarla, hermosearla más, purificarla de todo
+defecto y hacerla florecer y fructificar abundosamente en virtudes,
+conocimientos y perfecciones. Esto es lo que a las claras me sugería el
+infierno; esto es lo que sólo me confesaba yo a mí propio; pero, allá en
+el fondo de mi contaminado espíritu bullían otras ideas, hervían otros
+propósitos, como nido de víboras cubierto de hierbas medicinales. Hoy
+sólo me incumbe alabar a Dios por el desengaño, y agradecer a don Jaime
+que, apartando esas hierbas, haya inquietado a las víboras en su nido y
+haya hecho que yo las vea y las sienta y procure arrojarlas de mi pecho,
+aunque para ello sea menester hacerle pedazos.
+
+»Dios mío, Dios mío, si estás en mi alma, si no la has abandonado, acude
+a mi voz y consuélame y perdóname. ¿Qué vale ella, qué vale toda su
+hermosura, toda la lozanía de su mocedad, toda la noble altivez de su
+mirada, todo el ritmo de su forma, toda la gracia de sus movimientos, si
+acierto a volver de nuevo mi mente y mi voluntad hacia ti, en quien no
+hay excelencia, beldad y gracia que no se cifren y resuman?
+
+»¿Por qué pusiste, Dios mío, esta sed inextinguible de amor en el centro
+del alma? Sin duda para que en lo divino se hartara. Pero, bien lo sabes
+tú: yo te he buscado en el centro del alma, y, si por dicha te hallé,
+fue sólo entre tinieblas, vago, indeterminado, confuso. Así te he amado
+sobre todas las cosas. Así me he abrazado estrechamente contigo. Yo he
+creído ver la gloria y esplendor de tus atributos, y te he amado y
+alabado.... ¿Por qué, pues, no me mostraste con nitidez tu beldad, en la
+pura idea, allá en lo hondo del pensamiento mío? ¿Por qué esta beldad,
+reflejo tuyo, ha hecho su aparición deslumbradora, lejos de ti y fuera
+de mí, hiriendo lo profundo de mi ser, no de un modo inmediato y
+espiritual, sino por medio de los sentidos groseros?
+
+»Perdóname, Señor. Mil blasfemias brotan de mi pluma. El pecador
+indigno, que debe dar estrecha cuenta de sus acciones, quiere mover
+pleito a tu bondad y apelar de tu justicia. Pero tú sabes cuánto
+padezco, y me compadeces y tal vez me perdonas. Tú llenabas antes mi
+alma. La vi, me aluciné, y ella llenó mi alma en el lugar tuyo. Hoy,
+cuando ella me abandona, el vacío, el abismo y la soledad que siento me
+aterran.
+
+»Pensamientos impíos nacen en mí. Veo patente la inmensidad, la
+omnipotencia del amor, único fin de la vida. A ti mismo, sólo con amor y
+por amor se llega; pero la duda me desespera y atribula. Dudo de que
+pueda mi ser finito satisfacer su amor enlazándose a un ser infinito,
+que ni cabe en su entendimiento ni su razón comprende. El amor aspira a
+Dios; pero ¿cómo alcanzarle? La fe me da alas para llegar hasta ti; pero
+tengo perdida la esperanza, y las alas se rompen. Dejé de tender el
+vuelo hacia ti. Quise confundir mi alma con la de ella, para que unidas
+fuésemos ambas almas en busca tuya. Y ella me ha dejado. Mi alma está
+sola, en la tenebrosa región del éter, en el vacío insondable y frío,
+sin astro que le dé luz ni calor, lejos de todos los soles, más lejos
+aún de donde tú moras. Dios mío, Dios mío, ¿qué será de mi alma?
+
+»Hubo en mi afecto por esta mujer una serenidad y una limpieza harto
+engañosas. Me la fingí etérea, fantástica; intangible, como deben ser
+los ángeles; inasequible, durante la vida mortal, como es el cielo. Hoy,
+cuando pienso que va a caer en brazos de un hombre, en balde lucho por
+apartar de mí las imágenes que mi fantasía me traza y presenta. Antes
+creía admirarla con un sentimiento a manera del sentimiento del arte,
+desinteresado, exento de fin y de utilidad y de deleite, que en él no
+estuviera. Y hoy veo que sus labios piden besos y los van a dar, y que
+todo su gallardo cuerpo no está sólo destinado a la especulativa
+contemplación, con la inmóvil e impasible tranquilidad de la estatua,
+sino a que el alma enamorada palpite y se estremezca en todo él
+haciéndole mil veces más bello y deseable.
+
+»¡Dios mío! ¡Qué envidia! ¡Qué ira! ¡Qué tempestad de malas pasiones
+conmueve mi corazón! ¿Por qué no acabas con mi infame y miserable vida?
+¡Ay!... la muerte... la muerte... antes de que llegue el día en que se
+casen».
+
+El escritor tranquilo y crítico procura poner y cuando tiene habilidad
+pone en sus escritos lo mejor de su alma.
+
+Allí se mira él luego, y se deleita mirando su interior belleza. Por el
+contrario, el escritor apasionado se alivia escribiendo, como si lanzase
+fuera de sí la ponzoña que le corroe y mata.
+
+Escritor de esta última clase, en la presente ocasión, el P. Enrique
+depositó en el papel, con el desorden que hemos visto, sus más negros y
+envenenados pensamientos. Hizo luego un violento esfuerzo sobre sí, y se
+quedó relativa y aparentemente tranquilo.
+
+Tenía colgado de la pared un Cristo de marfil, clavado en una cruz de
+ébano, y de rodillas ante él, rezó y pidió perdón de sus pecados y de
+las blasfemias y maldades que acababa de escribir a fin de libertarse de
+ellas y de no volver a pensar en ellas, si era posible. El Padre pedía a
+Dios un milagro: olvidarla, dejar de amarla, que Dios hiciese de suerte
+que él viniese a entender que no era a doña Luz a quien había amado,
+sino a un fantasma parecido a doña Luz, cuyo bulto nebuloso se sustraía
+a todo abrazo corporal, cuyo corazón no latía más vivo al sentirse
+estrechado por otro, cuyos labios no besaban ni cedían comprimidos por
+los besos de otros labios, y cuyos pies, en suma, no tocaban este bajo
+suelo.
+
+Como quiera que fuese, o ya por dolor de que no cupiera en lo probable
+tan raro milagro, o ya por fervor religioso que suavizaba sus amargas
+penas, el P. Enrique vertió dos lágrimas que bajaron con lentitud por
+sus mejillas descarnadas.
+
+Después, como hombre acostumbrado a vencerse, con gran dominio sobre sí,
+y en extremo vergonzoso de todo acto que ofendiese la dignidad de su
+persona, el Padre se calmó, compuso su semblante, procuró darle la
+expresión habitual, y empezó desde entonces a trabajar para aparecer
+impasible y sereno hasta el mismo instante en que doña Luz y D. Jaime se
+diesen el sí al pie del altar y recibiesen la bendición del sacramento
+que para siempre había de unirlos.
+
+Lo escrito en las hojas sueltas lo guardó el Padre dentro del libro de
+la nueva apología, y lo encerró bajo llave en el cajón de su bufete.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+La boda
+
+
+Don Jaime, entre tanto, había traído para la novia un hermoso traje, y
+collar y pendientes y broche muy ricos de diamantes y perlas. Doña Luz
+no pudo menos de reprenderle por esto. Tildó su excesiva generosidad de
+desatino, de imprevisión y de censurable despilfarro. Ella misma sintió
+como remordimientos de ser causa de aquel gasto ruinoso; pero los
+remordimientos de doña Luz iban mezclados con una dulzura grandísima, al
+reconocer ella en aquel gasto la más irrefragable prueba de amor. Las
+censuras severas, que su buen juicio le dictaba, salían de sus labios
+neutralizadas ya por la sonrisa y por la blanda languidez del acento con
+que las profería, y acababan de perder todo su valor, convirtiéndose en
+apasionadas muestras de gratitud, merced a las miradas cariñosas con que
+las acompañaban sus ojos.
+
+Doña Luz distaba mucho de ser vana, y distaba más aún de ser codiciosa.
+No la movía el interés; no la deslumbraba el brillo del oro y de la
+pedrería. Lo que la encantaba era la locura misma que D. Jaime hacía por
+ella, el desprendimiento generoso y el sacrificio desmedido que
+representaba aquel regalo, en proporción a la fortuna de D. Jaime.
+
+El regalo, pues, si ya no hubiese estado doña Luz tan prendada, hubiera
+acabado de enamorar y seducir su corazón.
+
+Doña Luz, que se creía dotada de un instinto infalible para adivinar por
+el rostro la índole de las personas, había fallado desde luego que D.
+Jaime era franco y generoso. El regalo la corroboró en su buen concepto.
+
+Don Acisclo, cauteloso y prudente, no bien había sabido que doña Luz
+trataba de casarse, aunque conocía con certeza el nacimiento, la
+posición y los bienes de D. Jaime, propuso a doña Luz que él pediría
+informes acerca de la conducta del novio. En sentir de D. Acisclo, era
+menester saber si en Madrid había dejado relaciones amorosas, si era
+jugador o calavera, si tenía algún hijo natural y otros pormenores por
+el estilo.
+
+Doña Luz contestó que le indignaba tal espionaje; que su amor a don
+Jaime era la mayor garantía del valor de D. Jaime: que si ella dudase de
+él no le amaría; y que amándole, ella misma se ultrajaba, dudando de él.
+
+Don Acisclo oyó estas y otras razones que le parecieron enrevesados y
+absurdos tiquis-miquis; no hizo de ellos el menor caso; y escribió y
+pidió informes a varios sujetos muy conocedores de todo en Madrid. Los
+sujetos respondieron concordes que D. Jaime era un varón discreta y
+altamente morigerado; que no tenía ni había tenido relaciones que le
+comprometiesen; que no jugaba, o que si jugaba, no perdía; y, en cuanto
+a los hijos, que lo único que podían asegurar es que no habría ninguno
+que pidiese a don Jaime que le reconociera por tal, dándole su nombre,
+pues ya ellos, si existían, tendrían el suyo cada uno.
+
+Se guardó muy bien D. Acisclo, aunque palurdo, de referir a doña Luz, en
+todas sus cínicas menudencias, el resultado de sus investigaciones; pero
+no quiso ocultarle que las había hecho, y, lleno de júbilo, se complació
+en declarar a doña Luz que casi había venido a averiguar que D. Jaime
+era un dechado de virtudes.
+
+Llegó, por fin, el día en que se celebró la boda sin el menor aparato.
+El cura D. Miguel casó a doña Luz y a D. Jaime. Sólo fueron testigos o
+se hallaron presentes D. Anselmo, Pepe Güeto y su mujer, don Acisclo y
+dos de sus hijos, un íntimo amigo de don Jaime, venido para ello de la
+corte, coronel de caballería, y llamado D. Antonio Miranda, y los
+criados de la casa de D. Acisclo.
+
+El P. Enrique fue también testigo de la boda. Su fuerza de voluntad
+triunfó de todos los obstáculos. Estuvo impenetrable. Nadie hubiera
+podido sospechar que aquel tranquilo y alegre testigo de la boda era el
+mismo que había escrito, pocos días antes, las apasionadas palabras que
+ya hemos leído.
+
+El P. Enrique no se olvidó de nada. Habló a doña Luz con el mismo afecto
+de siempre y a D. Jaime con la más amable cordialidad.
+
+No quiso tampoco ser menos que Pepe Güeto y doña Manolita, dejando de
+hacer un presente. Sus medios no alcanzaban para comprar joyas, ni él
+las poseía; pero conservaba aún, a pesar del regalo hecho a D. Acisclo
+cuando vino de Filipinas, varias armas japonesas, chinescas e indias,
+con las cuales se podía formar una bella panoplia, y un extraño ídolo de
+bronce que representaba al dios Siva. Este fue el presente que hizo el
+padre Enrique a don Jaime para que adornase su despacho.
+
+El P. Enrique se había venido a vivir en casa de su tío la víspera de la
+boda, dejando libre la casa de doña Luz, donde ésta se fue a vivir con
+su marido en cuanto se casó.
+
+La luna de miel empezó entonces para doña Luz, no menos dulce y más por
+lo sublime que la de su amiga doña Manolita. Con el trato y la
+convivencia, lejos de menguar la estimación que tenía ella a don Jaime,
+se aumentó de continuo, descubriendo doña Luz en su marido o creyendo
+descubrir nuevas prendas de entendimiento y de carácter.
+
+Sea efecto de la educación o de la naturaleza, lo cierto es que mientras
+al hombre, por lo general, le enoja saber que su mujer, su novia o su
+querida ha tenido otros amores, a la mujer le encanta y enamora más
+saber que su marido o su amante los tuvo. Y esto por recatada que ella
+sea y por celosa que se muestre. En una mujer son las prendas que más
+las honran la honestidad y el recato; en un hombre el entendimiento y el
+valor. De aquí que hasta la doncella más religiosa y moral, lejos de
+mostrar repugnancia por su futuro cuando entrevé que ha sido hombre de
+las que llaman ahora _buenas fortunas_, se entusiasma, se encapricha o
+se apasiona más por él.
+
+Las tales _buenas fortunas_ dan testimonio para ella del mérito del
+galán que tan amado ha sido; prestan mayor valor a que el galán se haya
+enamorado de ella, pues que la ha preferido entre muchas a quienes podía
+rendir o tenía ya rendidas; y hasta parece como que da a ella una misión
+alta y moralizadora y lisonjera, a saber: la de apartar a su amante, en
+virtud de superiores y más puros atractivos, de la senda algo extraviada
+que antes seguía, de darle la jubilación en su empleo de seductor y de
+travieso, y de convertirle en inofensivo, sosegado y juicioso padre de
+familia.
+
+La buena educación, las leyes rígidas del decoro, las que se designan
+con el nombre o frase francesa de _conveniencias sociales_, no
+consienten que un galán se jacte de sus pasadas conquistas ante la mujer
+honrada a quien pretende o a quien ya enamora y posee; pero estas
+conquistas, no reveladas por él y sabidas por ella, contribuyen
+extraordinariamente a que el amor de ella suba de punto. El haber sido
+feliz en amores es y ha sido siempre para el hombre el medio más eficaz
+de seducción. Y esto desde los tiempos heroicos y primitivos hasta
+nuestros días.
+
+Cuando las citadas conveniencias sociales no lo vedaban, los galanes
+empleaban siempre, como recurso para rendir y cautivar corazones, el
+recuento de sus felices amoríos ya pasados. Homero, que lo sabía o lo
+adivinaba todo, nos refiere que hallándose Júpiter en el Gárgaro, que es
+el más alto pico del Ida, Juno fue a verle con el cinturón de Venus
+oculto, en el cual cinturón están los hechizos todos del amor, que roban
+la prudencia a los varones más circunspectos y razonables. Júpiter,
+pues, al ver a Juno, se dejó vencer por la fuerza de aquellos hechizos;
+la requirió de amores con la mayor vehemencia; y no encontró modo mejor
+de someterla a su propósito y deseo que el de citarle todas sus
+travesuras y lances galantes, asegurando que en ninguno de ellos, ni con
+Dánae, ni con Leda, ni con Europa, ni con las demás princesas y ninfas
+que había seducido, se había sentido nunca tan _emocionado_, permítaseme
+la palabrota, como en aquella ocasión. Nada, en efecto, podía lisonjear
+más a Juno que el que Júpiter la dijese que ella tenía mayor poder que
+las otras para _emocionarle_.
+
+Algo de esto, ya que el corazón es el mismo siempre, se realizaba en el
+de doña Luz, sin necesidad de que D. Jaime trajese a cuento sus pasadas
+conquistas, imitando la desvergüenza patriarcal del hijo de Saturno.
+
+Doña Luz sabía que D. Jaime había sido adorado en Madrid; y, al verle
+tan prendado, tan rendido y tan amoroso y humilde, se llenaba de
+orgullosa complacencia, juzgándose mil veces más amada que todas sus
+antiguas rivales. Para completar su satisfacción, hacía además doña Luz
+un deslinde crítico, acerca de este negocio, que rara vez dejan de hacer
+las mujeres de su condición y en sus circunstancias. El amor de D. Jaime
+por las otras mujeres había sido profano y pecaminoso; el que a ella
+tenía era virtuoso y santo; para las otras había nacido de capricho, de
+vanidad, de extravío juvenil o de otras pasiones ilegítimas; para ella
+nacía el amor de D. Jaime del manantial más elevado y puro del alma, el
+cual, con su benéfica corriente, iba purificando el corazón de su amigo,
+borrando de él toda huella y toda mancha de las pasadas culpas y
+dejándole más limpio que el oro. Toda esta santificación y limpieza
+íntima era obra poco menos que milagrosa y sobrehumana del amor de doña
+Luz y del fuego purificante de sus ojos.
+
+Apenas hay mujer, por cándida que sea, que se atreva a decir a nadie
+esto que aquí se apunta; pero las más de ellas, cuando se encuentran en
+la posición de doña Luz, lo sienten y lo creen a pies-juntillas, aunque
+se lo callan por temor de las burlas irreverentes de incrédulos y
+bellacos.
+
+Dimanaba de todo algo como embriaguez de felicidad para doña Luz. Su D.
+Jaime parecíale un Dios; pero un Dios que la adoraba a ella y que había
+de vivir siempre rendido a sus plantas.
+
+De aquí que doña Luz aniquilase y como embebiese su voluntad en la de D.
+Jaime, cediendo a todo lo que él deseaba.
+
+Doña Luz cedió en el empeño de quedarse a vivir en Villafría y consintió
+al cabo en seguir a Madrid a su amigo.
+
+Lisonjeada además y avergonzada de los ricos presentes que él le había
+hecho, quiso también hacerle uno, y entregó a su marido 30.000 reales
+que había ahorrado, a pesar de las muchas limosnas y obras de caridad
+que hacía. Con estos 30.000 rs. que D. Jaime, por más que se resistió,
+tuvo que aceptar para no ofenderla, a más de gastar parte en amueblar la
+casa, dispuso doña Luz que le sacase D. Jaime en Madrid su título de
+marquesa. Lo que nunca había querido cuando soltera lo quiso ahora para
+que su marido fuese marqués, y ella como que le sellase con su propio
+título y sello, juzgando que así le haría más suyo.
+
+Don Jaime, que hasta entonces había vivido en Madrid modestamente en un
+cuartito de soltero, no quería llevar a su mujer a una fonda, ni
+alojarla mal al principio; y, de acuerdo con doña Luz, resolvió ir a
+Madrid solo, pues además le llamaban del Congreso con urgencia; poner
+casa, si bien con economía, como doña Luz llena de juicio se lo
+recomendaba; y, luego que la tuviese puesta, volver por doña Luz a
+Villafría.
+
+Este plan era más de doña Luz que de D. Jaime. Mucho le pesaba tener que
+separarse de su marido, aunque fuese por muy breve tiempo; pero tenía
+grande encanto para ella el que D. Jaime mismo preparase a su gusto la
+casa en que había de recibirla, y donde ella se proponía vivir con
+modestia y sin frecuentar paseos, teatros y tertulias, para no ser
+gravosa gastando. Y no menos la encantaba, no por ella, que en esto no
+tenía vanidad, sino por su marido, el que, cuando ella apareciese en
+Madrid, estuviese el título sacado, y la pudiesen llamar señora
+marquesa.
+
+En suma, a los doce días de casados, durante los cuales, ciega doña Luz
+para cuanto la rodeaba, apenas vio ni habló más que a D. Jaime, éste,
+colmado de abrazos y de caricias, tratando de enjugar las tiernas
+lágrimas que derramaba doña Luz, y mostrándose él mismo muy conmovido,
+salió de Villafría para Madrid, dejando a doña Luz sola en su vetusto y
+noble caserón, donde, según queda ya indicado, había ella hecho
+trasladar todos los muebles, primores y libros, que en casa de D.
+Acisclo habían adornado su habitación antes de la boda.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+Glorioso tránsito
+
+
+Con la ausencia de D. Jaime, que no debía prolongarse más de un mes,
+quedó doña Luz algo melancólica, si bien de dulce melancolía; pero con
+el espíritu más libre y sereno para volver a sus antiguos amigos, en los
+ratos en que a solas no se recreaba con el recuerdo del dueño ausente.
+
+Doña Luz había vivido como en éxtasis, y ahora volvía en sí, y no sólo
+pensaba en su amor y saboreaba toda su ventura, retrotrayéndola
+reposadamente a la imaginación, sino que sentía, según suelen sentir las
+personas todas que se juzgan felices, la necesidad de expansión y el
+prurito de estar amable, como si quisiera hacerse perdonar el bien que
+poseía; bien, que, por ser tan poco y tan raro en la tierra, siempre
+parece que a costa de alguien se disfruta.
+
+Ello es que la tertulia de casa de D. Acisclo volvió a renacer,
+trasladándose a casa de doña Luz.
+
+Los íntimos asistían a ella todas las noches; a saber, don Acisclo, D.
+Anselmo, el cura, Pepe Güeto, su mujer y el P. Enrique.
+
+La pasada animación renació también con la tertulia. Don Anselmo,
+excitado, volvió a desenvolver sus doctrinas de positivismo, y el Padre,
+cediendo a las instancias de doña Luz y de su amiga, volvió a discutir
+con su acostumbrada dulzura, tranquilidad y sosiego.
+
+El P. Enrique ni estaba más pálido, ni más flaco, ni más caído que
+antes. En su voz no se notaba jamás la menor alteración; nada de
+violento ni de atormentado en sus ademanes ni en su gesto.
+
+Doña Luz solía mirarle, y aun examinarle, con inquietud y disimulo; y no
+descubriendo el menor síntoma de la pasión que algunas veces había
+supuesto en él, se sosegaba y alegraba, desechando todo recelo, si bien
+con una sutilísima y apenas perceptible mortificación de amor propio. Se
+diría que doña Luz procuraba taparse los oídos interiores del alma, y
+que, a pesar de esto, oía a veces una voz honda, delgada y penetrante,
+que la zahería, diciendo:
+
+«¿Es posible que hayas sido tan vana que hayas imaginado que te amaba
+este bendito siervo de Dios? ¿No es ridículo que te hayas atormentado de
+puro presuntuosa, calculando los estragos de un mal involuntario que
+suponías haber hecho? ¿No temes que el diablo se ría de ti, y que Dios
+también se ría, si en Dios cabe risa, cuando miren en lo interior de tu
+conciencia y vean cuánto te halagaba, a la par que te asustaba, la fatua
+invención de que ibas a matar de amor y de celos a este pobre fraile?
+Mira qué impasible está. Desengáñate: él piensa en sus devociones, en
+sus libros, en sus estudios, en las obras que escribe, y nada se le
+importa de que estés casada o de que estés soltera. ¡Buen castillo de
+humo levantó tu orgullo! ¡Curiosa leyenda de amores románticos y
+desesperados forjaste allá en tus adentros!».
+
+Doña Luz, al oír esta malvada voz, que era sin duda voz del infierno,
+tenía miedo a que le pesara de que el amor del P. Enrique y sus celos y
+su desesperación fuesen ilusorios.
+
+Por dicha, doña Luz era buena, y era además enérgica y briosa de
+voluntad, y pronto imponía silencio a la voz y apaciguaba en su pecho la
+turbación y alboroto que la voz causaba.
+
+Lo más sano y lo más razonable era dar por seguro que el Padre no había
+pensado en ella jamás sino como se piensa en un prójimo predilecto, y
+que de esto debía ella alegrarse de corazón, y que de esto se alegraba.
+
+Doña Luz, pues, quiso que en lo exterior, en sus relaciones con el
+Padre, en sus conversaciones y trato con él, no se introdujese novedad.
+Toda novedad le parecía acusadora de que antes había habido un
+sentimiento ilícito que ella había extirpado de su alma, y que, si aún
+existía en la del padre, era más ilícito y feo.
+
+Pudo tanto en doña Luz esta idea, que casi extremó más que nunca sus
+muestras de cariño y predilección hacia el P. Enrique. Le tomaba la
+mano, le miraba con indecible ternura, le sonreía embelesada, le
+aplaudía como sentencias punto menos que divinas todas sus frases, y
+buscaba su conversación y se hechizaba con ella.
+
+El Padre tenía el don raro y funesto de ver en el fondo de los
+corazones, y veía en el de doña Luz, y ya, advertido por el desengaño,
+conocía el ningún valor amoroso que todas aquellas demostraciones
+tenían. Pero así la dulzura de las demostraciones como el pensamiento de
+su pertinaz y mal pagado amor le destrozaban el pecho.
+
+¿Qué sabemos si esto procedía de soberbia o de virtud cristiana o de
+ambas cosas a la vez, ya que en el espíritu del hombre se mezclan y
+combinan a veces los buenos y los malos instintos, y combaten ángeles
+buenos y malos, movidos por encontradas razones, y conspirando, no
+obstante, al mismo fin? Lo cierto es, que ni en una queja, ni en un
+suspiro, ni en una mirada, ni en una palabra, por sutilmente que
+quisiera interpretarse, reveló jamás el Padre Enrique, ni dejó entrever
+a los curiosos y ávidos ojos de doña Luz la tempestad oculta en el
+centro de su alma.
+
+No acudir a la tertulia como hasta allí había acudido, e irse del lugar
+o a Filipinas o a otro país cualquiera, apenas doña Luz casada,
+parecíale al padre mísera flaqueza y confesión pública de su pasión
+criminal. Imaginaba que, retrayéndose de todo o fugándose, iba a dar
+escándalo, iba a hacer creer lo que hasta allí nadie tal vez había
+creído. El padre tenía vergüenza de que nadie, vivo él, llegase a
+adivinar su profano amor; pero de nadie tenía más vergüenza que de doña
+Luz.
+
+«Muera yo, Dios mío, muera yo--decía--, antes de que ella sepa que la he
+amado, que todavía la amo».
+
+Para lograr esto, el Padre empeñó consigo mismo la lucha más atroz. Era
+menester más dominio sobre la natural condición para vencer en esta
+lucha que el del esparciata que sin verter una lágrima y sin lanzar un
+quejido se dejó desgarrar el cuerpo por las uñas de una fiera. Ni enojo,
+ni envidia, ni celos, ni amor se propuso mostrar el P. Enrique, sino
+amistad finísima e inalterable como siempre. Y lo consiguió de tal modo,
+que doña Luz acabó por desechar toda sospecha de que el Padre la hubiese
+amado nunca. Entonces le juzgó muerto para cuantos afectos vienen a
+nuestro ser por los sentidos; le creyó inaccesible a cuanto no pasa
+directamente de Dios al espíritu. Así explicaba mejor, dejando a salvo
+su vanidad, que el Padre no la hubiese amado.
+
+Entendía también doña Luz que allá en su pensamiento había ofendido al
+Padre, imaginándosele enamorado. Y así por desagravio, como por la
+superior admiración que su impasibilidad le causaba, como por el
+convencimiento más firme cada vez de que no habría de enamorarle,
+hiciera lo que hiciera, se dejó llevar de su afición a prodigarle
+finezas y a darle las pruebas más lisonjeras de amistad profundísima.
+
+El espíritu es fuerte y lo sufre todo; pero nuestro cuerpo es débil, y
+el espíritu que encerrado en él acomete empresas inhumanas, superiores a
+las fuerzas del cuerpo, acaba por matarle.
+
+Allá en su mocedad, cuando estaba sano y robusto, el Padre había hecho
+grandes penitencias y había sido duro y terrible con su pobre cuerpo.
+Más tarde, fatigado y quebrantadísimo por sus trabajos, cedió al consejo
+y mandato de médicos y confesores, y se cuidó y no abusó. La idea de que
+los excesos de la vida ascética eran como un lento y doloroso suicidio y
+de que rayaba en perversión el deformar y destruir en nosotros la más
+hermosa obra del Todopoderoso, este ser y esta forma de que el alma se
+reviste en la tierra, y que las mismas Sagradas Escrituras llaman templo
+del Espíritu Santo, había acudido a la mente del Padre, moviéndole a
+desistir de materiales mortificaciones.
+
+El Padre desde entonces cuidaba de su cuerpo como cuida el esclavo de
+una prenda, de una máquina que su señor le confía, a fin de que
+sirviéndose de ella haga que la hacienda prospere. Lo que este modo de
+pensar pudiese tener de orgulloso lo disipaba el Padre, concediendo en
+su mente que en absoluto Dios no necesitaba de él para nada; que su ser
+no valía más que el de otro hombre cualquiera; pero que Dios le había
+creado para algo y no para que se destruyese, ya que destruirse era
+infringir una ley divina, turbar o querer turbar el armónico conjunto de
+las cosas, y distraer violentamente una fuerza viva del punto de acción
+que la naturaleza le ha marcado.
+
+Cediendo a todas estas consideraciones, el P. Enrique miraba por su
+salud y por su vida, sujetándose a un régimen ordenado y bueno.
+
+No se hería materialmente, no se atormentaba largo tiempo hacía con
+ayunos, con cilicios y con vigilias forzadas; pero en este combate
+misterioso en que se aventuró, en este silencio y disimulo, en esta
+aparente impasibilidad que adoptó, en esta dominación tiránica con que
+su espíritu angustiado quiso imponer e impuso al cuerpo que no dejase
+traslucir su dolor ni en ayes, ni en llanto, ni en una contracción
+siquiera de los músculos del rostro, ideó el padre, tal vez sin querer,
+el más espantoso de los martirios, verdadera venganza, rudo castigo de
+su culpa, si culpa hubo.
+
+El atleta en la fuga de los más briosos ejercicios, el guerrero mientras
+riñe la más brava batalla, sostenidos por el entusiasmo y por la
+excitación nerviosa, no sienten su cansancio ni llegan a postrarse. La
+postración no sobreviene sino después del triunfo. El soldado de Maratón
+no cayó muerto hasta que dio a los atenienses la nueva de la victoria.
+No de otra suerte el P. Enrique sostenía maravillosamente su papel,
+mientras que estaba en presencia de doña Luz o en presencia de otra
+persona cualquiera. Pero en el retiro de su cuarto, como si se aflojasen
+los resortes que tenían sus nervios en perpetua tensión, solía caer
+desfallecido. Mal ahogados suspiros brotaban de su pecho, en el cual
+sentía opresión dolorosa; tenía vértigos, la vista se le nublaba, se le
+dormían los dedos o notaba en ellos calambres e insólito frío; las
+imágenes y especies que guardaba su memoria se revolvían en confusión;
+le dolía la cabeza y hasta se le trababa la lengua y tartamudeaba cuando
+hablaba con Ramón, su criado.
+
+Repetidos ataques de este género tuvo el P. Enrique, siempre en la
+soledad de su estancia. El Padre tenía algunos conocimientos médicos, y
+él mismo se curaba con auxilio de su criado. Ya se hacía poner
+sinapismos, ya dar fuertes fricciones, ya se aplicaba a la nariz cierta
+hierba, por cuya virtud provocaba una ligera emisión de sangre, ya se
+cubría la cabeza con un lienzo mojado en agua fría.
+
+Cuando se aliviaba de su mal no dejaba nunca de decir a Ramón:
+
+--Esto no ha sido nada. Cállate y no digas a nadie que he estado
+enfermo.
+
+--Bien está, mi amo; contestaba el criado.
+
+Así las cosas, en una mañana, que era la del día décimo después de la
+partida de D. Jaime, el Padre Enrique tuvo un ataque más fuerte que los
+anteriores.
+
+Aquella noche, según contó después Ramón, el padre no había podido
+dormir: había estado agitadísimo. Ramón le había sentido andar a grandes
+pasos por el cuarto. Había acudido de puntillas para que no se enojase
+de que le espiara, y le había visto escribir. Después había vuelto a
+notar que andaba en el cuarto. El padre se durmió, por último, pero con
+un sueño que asustó bastante a su fiel criado; sueño fatigoso,
+acompañado de un ronquido o silbo a manera de estertor. Su rostro estaba
+demudado y más pálido y ojeroso que ordinariamente.
+
+Ramón, con todo, tal respeto tenía a las órdenes que su amo le daba, que
+no se atrevió a llamar al médico. Tampoco se atrevió a despertar al
+Padre.
+
+Este despertó por sí, pero su despertar fue tremendo. Tenía inmóviles
+los músculos de la cara; paralizada la lengua que no podía pronunciar
+palabra alguna; la mirada incierta, y las extremidades del cuerpo
+rígidas y frías como el mármol.
+
+Ramón, desolado y lleno de terror, acudió en busca de D. Anselmo y llamó
+a D. Acisclo para que acompañase a su sobrino.
+
+Don Anselmo vino pronto, y apenas vio e inspeccionó al enfermo, mostró
+en su semblante consternado el cuidado que le inspiraba.
+
+--Sea V. franco, D. Anselmo--dijo don Acisclo--: ¿qué tiene mi sobrino?
+
+--Es un caso muy grave--contestó tristemente el doctor.
+
+--¿Cómo es posible? ¿Quién lo creyera--replicó don Acisclo--, cuando
+ayer estaba tan bueno?
+
+--Usted no lo creyó porque no veía el mal que interiormente le mataba.
+Su sobrino de V. es harto sufrido y sabe disimular. ¡Ojalá no hubiera
+disimulado tanto y hubiéramos podido llegar a tiempo!
+
+--¿Qué, entiende V. que no es tiempo ya?
+
+--Señor D. Acisclo, usted quiere de corazón a su sobrino; pero usted es
+valeroso y entero de alma. ¿Para qué rodeos? Menester es que lo sepa V.
+todo. El Padre se halla en el mayor peligro.
+
+--¿Qué enfermedad es la suya?
+
+--Una enfermedad más rara que en los robustos y sanguíneos, en los
+flacos y entecos, y, por lo mismo, en éstos mucho más peligrosa. Quizás
+asiduos trabajos intelectuales, atroces disgustos, prolongadas vigilias,
+la agitación del alma duramente refrenada y el fuego comprimido de las
+pasiones, obran misteriosamente en nuestro organismo y promueven esta
+explosión: el corazón se hincha, adquiere una fuerza enfermiza e
+irregular, y de repente inunda el cerebro de sangre.
+
+--¿Qué quiere V. significar con todo eso?
+
+--Quiero significar que su sobrino de usted tiene una apoplegía
+fulminante.
+
+Don Acisclo, que amaba a su sobrino, que le consideraba como el
+complemento de la gloria de su familia, de la que él era el otro
+complemento, tuvo un sincero y hondo dolor, y estimuló con súplicas y
+lamentos el celo del médico.
+
+No necesitaba éste de estímulos. Deseaba volver la salud al Padre; pero
+conocía que su situación era desesperada, que sólo un milagro podía
+salvarle, y él no creía en milagros. Humanamente, entre tanto, hizo
+cuanto pudo y supo. No quiso sangrar al enfermo porque le encontraba
+débil en demasía, pero le dio los medicamentos más enérgicos y conocidos
+para estos casos.
+
+A fin de evitar o hacer que cediese la inflamación de las membranas de
+la cabeza, le puso un cáustico en la espalda junto a la nuca, y se valió
+de revulsivos para llamar la sangre y el calor a las extremidades.
+
+Todo, no obstante, fue en vano.
+
+La noticia de la enfermedad del Padre corrió en seguida por el lugar y
+llegó a los oídos de doña Luz, quien vino al instante a verle.
+
+¿Quién sabe los extraños y tristes pensamientos que atormentaban a doña
+Luz, cuando entró en el cuarto donde el padre estaba en cama; en el
+cuarto mismo que ella había ocupado hasta que se casó y donde había
+dormido durante más de doce años?
+
+Silenciosa y grave llegó doña Luz hasta la cabecera. Allí, con la cabeza
+levantada y sostenida por varias almohadas, estaba el Padre sin dar
+señal alguna de conocimiento. Los ojos como dormidos, entornados los
+párpados, muda la lengua. Tal vez sentía, veía y comprendía aún; pero no
+tenía medio de comunicar sus impresiones por carencia de fuerza
+muscular.
+
+Largo rato le miró doña Luz sin pronunciar palabra. Al fin rompió en
+amargo lloro. Se sentó luego en una silla en el más oscuro rincón de la
+alcoba, y permaneció callada y llorando, y procuró que olvidasen su
+presencia allí.
+
+Con la agitación de los tres asistentes del enfermo, hubo un momento en
+que dejaron sola con él a doña Luz.
+
+Ella se alzó entonces de su asiento, y volvió a mirarle con fijeza, con
+obstinación, con atracción invencible, como el viajero cuando va por el
+borde de un precipicio mira el abismo que le atrae, y ansía ver lo que
+hay en lo más hondo y tenebroso de su seno.
+
+Las lágrimas de doña Luz brotaron con mayor abundancia entonces. Creyó,
+como nunca, con más vehemencia que nunca, que aquel hombre y su Cristo
+muerto se parecían. Imaginó, o vio en efecto, que el Padre, inmóvil,
+sentía y comprendía allá en su interior, y que la miraba haciendo un
+esfuerzo para dominar aún, con el brío de la voluntad, los nervios y
+músculos inertes que ya no le obedecían. Entendió, por último, que la
+mirada del enfermo era suplicante, amorosa, tristemente dulce. Por un
+impulso irresistible, hondamente conmovida, casi sin darse cuenta, sin
+reflexionar y sin vacilar también, como no vacila ni reflexiona lo que
+se mueve impulsado por una fuerza fatal, doña Luz acercó suavemente el
+rostro al del Padre, y puso los labios en su frente macilenta, y luego
+en sus dormidos párpados, y luego en su boca, ya contraída, y los besó
+con devoción fervorosa, como quien besa reliquias.
+
+No pudo más doña Luz. Exhaló un ¡ay! agudo y cayó desmayada en el suelo.
+El padre siguió inmóvil como estaba antes.
+
+Don Anselmo, D. Acisclo y Ramón acudieron en seguida.
+
+--¡Qué disparate!--dijo don Anselmo--. ¿Cómo hemos dejado aquí sola a
+esta señora? Esta señora es muy vehemente, y no conviene que esté aquí.
+Además, el enfermo necesita soledad.
+
+Doña Luz se recobró a poco, y sin resistirse a las últimas palabras de
+D. Anselmo, que pudo oír y entendió bien, salió del cuarto del Padre.
+
+Tres horas después el P. Enrique había dejado de existir.
+
+Raro es el ser humano cuya memoria sobrevive largos años a la muerte. El
+tiempo acaba con el duelo, la tierra consume el cadáver y el olvido
+devora los recuerdos. Pero siempre o casi siempre, a poco de morir,
+sobreviene para todo hombre el momento de mayor indulgencia, afecto y
+estimación que le concede el mundo. Los que no se percataban del vivo
+por insignificante, piensan en él cuando muerto, pues con morir hace lo
+más digno de conmemoración de su vida; _realiza su esencia_, como dicen
+los filósofos a la moda: los que le envidiaban deponen la envidia; los
+que le odiaban el odio; los que estaban hartos de verle se alegran
+interiormente con que ya no le verán, y para desagraviarle de esta
+alegría, y evitar que venga por la noche, en pena, a tirarles de los
+pies, hacen de él los mayores encomios; todos sus defectos desaparecen
+por lo pronto, como si se hundiesen en el sepulcro, y sólo se ven sus
+perfecciones; en resolución, el muerto se reconcilia muriéndose con casi
+todo el género humano, por lo mismo que se va y deja siempre algo que
+heredar: cuando no quintas y palacios, un puesto al sol para pedir
+limosna.
+
+Sea como sea, con la muerte del Padre, de quien, salvo la tertulia,
+nadie hacía ya caso en Villafría, hubo en todo el lugar una
+recrudescencia de cariño y de entusiasmo hacia él. Se dieron a admirarle
+y a celebrarle mil veces más que en el día de su llegada. Por lo mismo
+que apenas le habían tratado, la imaginación vulgar pudo inventar y
+fantasear a su antojo. Se ponderaron sus virtudes. Se sacaron a relucir
+muchas obras de misericordia que en efecto había hecho. Se bordó la
+sencilla historia de su muerte con mil pormenores que tocaban en lo
+maravilloso. Hubo beatas que supusieron que el mismo Padre había
+anunciado con exactitud el día y la hora de su glorioso tránsito, y no
+pocas acreditaron que había muerto en olor de santidad y que don Acisclo
+debía tratar de canonizarle, enviando a Roma con este fin un expediente
+bien claveteado.
+
+Algunas personas incrédulas del lugar querían dar a entender que todo
+esto se decía para adular a don Acisclo, el cual lamentó de verdad la
+muerte del sobrino y le elogió en todos los tonos que él podía emplear.
+
+Por lo demás, incrédulos y crédulos, ora por hacer coro a D. Acisclo,
+ora porque así lo sintiesen, todos convenían en que el muerto había sido
+lo que se llama un bello sujeto, lleno de discreción y de bondad, y
+hasta santo, entendiendo cada cual la santidad a su manera.
+
+Nadie, sin embargo, lloró con más ternura, tuvo más honda pena por la
+muerte del P. Enrique que la persona que tenía o creía tener indicios de
+que él no había sido santo del todo. Doña Luz durante los primeros días
+estuvo desolada.
+
+Acrecentaban su pena singulares cavilaciones. Por una parte cierto
+orgullo, cuando volvía a creer que ella le había infundido una pasión
+homicida, y luego el horror que le causaba dicho orgullo; por otra parte
+la confusa sospecha y el vago remordimiento de que ella por instinto
+abominable, aunque sin reflexión, había provocado y hecho nacer aquel
+extravío en alma antes tan tranquila y dichosa; y por último la duda de
+que todo fuese sueño de su vanidad. ¿No podía doña Luz haberse forjado
+una novela? ¿Qué le había dicho el Padre para que le creyese enamorado?
+¿Se había muerto de amor o de apoplejía? La romántica, la sentimental
+era ella, que le había besado locamente cuando expiraba.
+
+«¿Si habré sido yo la liviana, la sandia y la extravagante? ¿Si habré
+estado enamorada del fraile, que no pensaba en mí sino con inocente y
+sencillo afecto paternal?».
+
+Al cavilar así doña Luz se llenaba de vergüenza y temblaba como una
+azogada y se enojaba contra sí misma, juzgándose delincuente, loca y
+hasta infiel.
+
+Mientras pasaba esto en el ánimo de doña Luz, don Acisclo repartió entre
+sus hijos o guardó para sí los pocos y pobres objetos que el Padre había
+dejado, y que más habían de conservar como sagrada memoria que por el
+escaso valer que tuviesen.
+
+En esta partición reservó D. Acisclo para doña Luz los pocos libros que
+el fraile poseía.
+
+No ignoraba D. Acisclo que el padre estaba escribiendo una obra y hasta
+pensó en que podría él darla a la estampa, aunque hubiese quedado
+incompleta. Buscó, pues, el manuscrito, le halló, y considerando que las
+dos únicas personas capaces de entender en el lugar aquello que él
+llamaba una _monserga_ eran D. Anselmo y doña Luz, y que D. Anselmo por
+ser impío no apreciaría tan bien la _monserga_ como doña Luz, que era
+creyente, no titubeó en llevar el manuscrito a doña Luz, sin abrir
+siquiera sus páginas, porque le estorbaba lo negro, como no fuesen
+cuentas en que él saliera ganando y con alcances a su favor.
+
+Doña Luz recibió con veneración el manuscrito del Padre, y no bien D.
+Acisclo la dejó sola, le abrió con ansiosa curiosidad y se puso a
+leerle. En su impaciencia hojeaba y recorría todas las páginas,
+devorando al vuelo su contenido, procurando comprender el conjunto, y
+dejando para después el leerlo todo con detenimiento.
+
+A poco de hojear, dio doña Luz con las hojas sueltas. Su vista se fijó
+en ellas. El corazón le dijo que algo de muy interesante encerraban.
+
+Entonces las leyó con pausa, con interrupciones, con muy frecuentes
+interrupciones, porque el llanto se agolpaba en sus ojos y la cegaba y
+no le consentía que leyese.
+
+En cada una de estas inevitables interrupciones, en voz baja como si
+temiera ser oída, con las palabras entrecortadas por los sollozos,
+exclamaba doña Luz:
+
+--Era cierto. Era cierto. ¡Me amaba, Dios mío! ¡Cuánto, cuánto me amaba!
+
+A lo último, más allá y después de lo que conocemos, la víspera de su
+muerte, el P. Enrique había escrito lo que sigue, que también leyó doña
+Luz:
+
+«Estas páginas, si no las rasgo o las quemo, irán indefectiblemente,
+después de morir yo, a las hermosas manos de ella. Ya entonces no me
+avergonzaré de que ella sepa mi amor. Perdona, Dios mío, mi nueva culpa.
+Quiero que ella le sepa. ¿En qué el saberlo podrá turbar la dicha y la
+paz de su noble vida? Ella me ha amado, ella me ama como un ángel ama a
+un santo, y yo la he amado como un hombre ama a una mujer. Sería yo
+hipócrita si no le revelase que no merezco su amor angelical; que yo la
+amaba como ama un pecador. Es menester para mi eterno reposo que ella me
+perdone por haber convertido en veneno el bálsamo y su afecto inocente
+en incentivo vicioso; por haber alimentado con la purísima luz de sus
+ojos este fuego del infierno que me abrasa y que mancha lo limpio de su
+imagen que llevo grabada en el alma. A pesar tuyo, Dios mío, a pesar
+tuyo y en contra tuya, la llevo grabada con rasgos indelebles. Todo el
+brío de mi voluntad, toda la fuerza del cielo, todas las penas del
+infierno no podrán arrancarla de allí. Doña Luz y el amor de doña Luz
+viven vida inmortal en mi espíritu».
+
+Al terminar la lectura, el dolor de doña Luz se hizo más agudo; las
+lágrimas acudieron más abundantes a sus ojos; los sollozos parecía que
+iban a ahogarla; pero, como luce el iris entre las nubes negras, una
+dulce sonrisa de triunfo y de gratitud por aquel amor, que sólo perdón
+solicitaba, brilló en los rojos y frescos labios de la gentil señora.
+
+
+
+
+-XIX-
+
+La embajada de D. Gregorio
+
+
+La tristeza de doña Luz, pasados algunos días, tuvo más de dulce que de
+amarga: aunque no dejaba de ser tristeza, estaba mitigada por la
+satisfacción que sentía doña Luz de haber inspirado tan viva simpatía;
+por la declaración, hecha por el mismo Padre, de que ella no había sido
+coqueta, y por la absolución, que ella misma se daba, después de hacer
+un examen de conciencia muy rigoroso.
+
+Doña Luz no tenía la culpa de aquel amor que agradecía, ni de aquella
+muerte que lamentaba.
+
+Su amistad, admiración y veneración al Padre no podían haber sido
+mayores.
+
+Si el Padre le hubiera inspirado otro más vivo sentimiento, ella hubiera
+pecado contra Dios, contra el mundo, contra su honra y contra su decoro.
+
+En cambio, su amor a D. Jaime era legítimo, correcto, conforme a la
+clase y posición de ella, y fundado, por último, en causas no menos
+poéticas que el amor que por el P. Enrique, si hubiese sido lícito,
+hubiera ella podido sentir.
+
+A fin de fortalecer y magnificar las causas poéticas del amor que tenía
+a D. Jaime, doña Luz estimó muy alto el de D. Jaime hacia ella. Su
+desinterés era evidente. Él hubiera hallado a cientos los partidos
+mejores en Madrid. Hubiera tenido con facilidad mujer con título y con
+rentas, a poco que la hubiera buscado. Don Jaime había sin duda
+desdeñado por ella las más brillantes bodas. Luego la adoraba don Jaime.
+Y D. Jaime, elegantísimo, de noble familia, lleno de porvenir, honrado y
+respetado ya como hábil capitán y soldado valeroso, podía enorgullecer a
+cualquiera mujer a quien diese su nombre y su mano. D. Jaime, además,
+era joven aún, gallardo y arrogante de figura, discreto y ameno. Las
+cartas que escribía doña Luz desde Madrid mostraban bien su amor por lo
+tiernas y cariñosas, y su ingenio y su chiste, por lo bien escritas y
+por las gracias y lances que contenían.
+
+Doña Luz, pues, en vista de todo lo expuesto, convino consigo misma en
+que estaba enamoradísima de su marido, en que tenía razón para estarlo y
+para haberse casado con él, y en que su amistosa ternura por el Padre y
+las lágrimas que vertía por su muerte, y hasta los besos que le había
+dado, eran de orden tan distinto, que en nada se oponían ni alteraban,
+ni modificaban en un ápice, ni aflojaban en un solo punto el lazo
+amoroso y matrimonial que a D. Jaime la ligaba.
+
+Pocos días faltaban ya para que D. Jaime volviese por ella. Ya había él
+tomado casa a propósito, y casi la tenía amueblada. Ya había sacado el
+título. Ya podían ambos esposos llamarse los marqueses de Villafría. D.
+Jaime iba a llegar dentro de aquella misma semana, y era ya miércoles.
+
+Doña Luz estaba en su cuarto, acababa de volver de misa, y había rezado
+con fervor por el alma del P. Enrique, en quien de continuo y tierna y
+melancólicamente pensaba, cuando entró Juana, la doncella, y dijo:
+
+--Señora, un forastero quiere hablar con usía.
+
+--¿Su nombre?
+
+--Don Gregorio Salinas.
+
+--No le conozco. ¿Qué facha tiene?
+
+--Más bien buena que mala. Viene muy decentemente vestido, aunque de
+viaje. Se conoce que acaba de llegar. Es chiquitín, regordete, colorado
+como una remolacha, y se sonríe como si estuviese contento. Está, sin
+embargo, de luto.
+
+--Mira, Juana, yo no tengo gana de recibir visitas. Dile que me duele la
+cabeza, que vuelva otra vez si tiene algo importante que decirme, que
+hoy no recibo.
+
+Juana salió a dar el recado, y volvió en seguida con una carta que puso
+en manos de doña Luz.
+
+--Don Gregorio Salinas--dijo Juana--, me acaba de entregar esta carta,
+asegurando que será admitido en cuanto usía la lea. Dice que la carta es
+su credencial.
+
+Doña Luz, no bien tomó la carta y miró el sobrescrito, se quedó
+maravillada. Reconoció la letra de su padre.
+
+La abrió precipitadamente, y miró la firma. Era de su padre también.
+
+Leyó enseguida la fecha y vio que la carta estaba escrita hacía más de
+quince años.
+
+La carta era lacónica. No contenía más que estas palabras:
+
+«Querida hija: El portador de esta carta será don Gregorio Salinas,
+escribano de Madrid, persona de toda mi confianza. Da entero crédito a
+cuanto te diga; óyele y atiéndele; y acepta y recibe sin el menor
+escrúpulo lo que te ofrezca y entregue».
+
+--Que pase adelante ese caballero--dijo doña Luz.
+
+Juana fue a buscarle, y D. Gregorio entró en la salita en que doña Luz
+estaba.
+
+Después de los cumplimientos de costumbre, sentados doña Luz y su hasta
+entonces desconocido huésped en cómodas butacas, habló éste, con reposo
+y como quien tiene mucho que decir, de la manera siguiente:
+
+--Ya sabe usía que me llamo Gregorio Salinas. Ahora soy escribano y no
+estoy mal de bienes de fortuna. Hace ventiocho años era yo un pobre
+estudiante, sin una peseta en el bolsillo; pero, en cambio, ni estaba
+gordo, ni tenía canas, ni calva, ni arrugas, y las gentes afirmaban,
+perdone usía la inmodestia con que lo recuerdo, que era yo un bonito
+muchacho, listo y gracioso. Nada tiene de extraño, por consiguiente, que
+se enamorase de mí una mujer del sobresaliente mérito de mi Joaquina.
+Esta Joaquina es mi esposa, para servir a usía. Quiere mucho a usía y le
+manda conmigo mil respetuosas y cariñosas expresiones.
+
+--Mil gracias--dijo doña Luz, interrumpiendo a don Gregorio--. Deje V.
+el tratamiento y llámeme de usted, y perdóneme además si le digo con
+franqueza que aligere su cuento porque me muero de curiosidad.
+
+--Tenga V. calma, señora marquesa; tenga V. calma. Yo le prometo no ser
+prolijo ni enojoso. Iré al grano. No crea usted que nada de lo que digo
+es a humo de pajas. Todo se necesita para que V. se entere.
+
+--Vamos, siga V., y le repito que perdone mi interrupción.
+
+--Pues, como iba diciendo--prosiguió D. Gregorio--, mi esposa es ahora
+una matronaza fresca y guapetona todavía, si bien los años no pasan en
+balde. Cinco hijos me ha dado como cinco soles. Todos están a las
+órdenes de V., señora marquesa. En aquel entonces, cuando el noviazgo,
+era mi Joaquina una moza de lo más selecto que se paseaba por Madrid, y
+servía de doncella a cierta dama de las más encopetadas, cuya privanza
+tenía por completo y todos cuyos secretos más íntimos poseía.
+
+--¿Y cómo se llamaba esa dama?
+
+--La Exma. Sra. Condesa de Fajalauza.
+
+Doña Luz, como quien oye un nombre que por vez primera suena en sus
+oídos, se encogió de hombros y se calló. D. Gregorio siguió hablando:
+
+--Mucho debemos mi esposa y yo a esta señora. Ella nos casó, ella nos
+protegió, y ella nos dio los medios conducentes para llegar al punto de
+bienestar y prosperidad a que hemos llegado. Dios se lo pague y se lo
+aumente de gloria. Bien se lo merece, porque, al fin, si alguna falta
+cometió, tuvo en este pícaro mundo su purgatorio. La Condesa estaba
+casada con el señor más terrible que se ha conocido en nuestros días.
+Todos le temblaban, empezando por su mujer. Había tenido varios lances
+de los que llaman de honor, y pesaban tres muertes y varias heridas
+sobre su conciencia. Tenía fama de tan diestro, que se le creía capaz de
+matar de un pistoletazo un mosquito que pasase volando a cincuenta varas
+de distancia, y de atravesar de una estocada al propio diablo que se
+pusiese a reñir con él. Añádase a esto que el Conde era celoso como un
+turco, y no porque amase mucho a la Condesa, sino por otros motivos. La
+pobrecita Condesa no le había dado ninguno durante ocho años de
+matrimonio. Aquella señora era una santa; muy sufrida, muy prudente y
+muy buena cristiana.
+
+Doña Luz empezó a dar visibles muestras de interesarse en la narración.
+Don Gregorio siguió diciendo:
+
+--La Condesa aportó al matrimonio cuantiosos bienes. Malas lenguas han
+dado en propalar que el Conde, al casarse con ella, no tuvo en cuenta
+sino su negocio. Nada de amor. La condesa se casó casi niña, excitada a
+ello por su madre, y sin comprender toda la trascendencia de aquel paso.
+A poco murió su madre, y la huérfana, sin hermanos ni parientes
+próximos, se vio sola en el mundo, frente a frente de aquel tirano, que
+más debiera llamarse tal que no esposo y compañero.
+
+No tenía la Condesa razón alguna para amar ni respetar a su marido; pero
+amaba la limpieza de su fama, y temía a Dios y veneraba los preceptos
+morales y religiosos. Nada, como he dicho, hubo que censurar en ella en
+los primeros ocho años de matrimonio. Vivió resignada como una mártir.
+Ni siquiera tuvo el consuelo y el refugio que tienen otras mujeres,
+consagrando su corazón al amor maternal. El maldito enlace fue estéril.
+Los condes de Fajalauza no tuvieron hijos.
+
+Un asunto de grande interés reclamó por aquel tiempo la presencia del
+Conde en Lima. No convenía confiar a nadie el asunto que allí tenía y
+que importaba una suma archi-respetable. La condesa se hallaba muy
+delicada de salud y no podía acompañar a su marido en tan larga
+navegación. El Conde, después de muchas vacilaciones, resolvió ir solo.
+Fue, pues, y estuvo en el Perú cerca de año y medio.
+
+Durante la ausencia del Conde no se presentó la Condesa en reuniones ni
+en teatros; vivió bastante retirada, pero no faltaron galanes y
+pretendientes que procurasen hacerse amar de ella. La Condesa los
+desdeñó a todos. Hubo uno, sin embargo, dotado de prendas tan raras y
+brillantes, tan enamorado o fingiendo con tanto arte que lo estaba, tan
+discreto, buen mozo y seductor, que acertó a cautivar el alma de la
+desdichada Condesa. Contribuyó mucho a este resultado, como sucede
+siempre, la fama de conquistador que ya tenía el galán. Nada puede tanto
+con las mujeres como el considerar que aquel que las pretende desdeña
+por su amor el de otras mujeres a la moda, jóvenes, hermosas, ricas y
+distinguidas.
+
+En suma, y como quiera que ello sea, la Condesa amó al galán, y fue tal
+su pasión que se dejó vencer a pesar de sus severos principios.
+
+Estas relaciones estuvieron envueltas en el misterio más impenetrable.
+Sólo mi Joaquina tuvo noticia de ellas. La Condesa era una mujer
+singular. Arrastrada por la violencia irresistible de su afecto, veía a
+solas a su amigo, y luego lloraba como la Magdalena, rezaba, abominaba
+de sí misma como si se creyese el ser más abyecto y vil, y desesperaba
+hasta de que Dios la perdonase.
+
+En esta refriega espiritual, entre la culpa y el arrepentimiento, estuvo
+ella hasta que volvió su marido.
+
+El secreto había sido tal, que nadie había dicho ni sospechado lo más
+mínimo.
+
+El Conde, a pesar de todo, era suspicaz y receloso, y sospechó algo
+desde el día de su vuelta. Tal vez la agitación de su mujer; la
+repugnancia en que ella trocó la frialdad con que antes le recibía;
+algunas palabras, algunos suspiros, algún ¡ay! delator que le oyó en
+sueños, bastaron a ponerle sobre la pista.
+
+Una noche, mientras dormía la condesa, su marido se apoderó de la llave
+del escritorio de su mujer y registró detenidamente cuanto en él
+encerraba. La Condesa había cometido la imprudencia de conservar las
+primeras cartas que le escribió su amante y el Conde pudo leerlas. Por
+dicha, estas cartas no probaban la completa complicidad de la Condesa.
+Hasta podía ella haberlas conservado, no por amor a quien las escribió,
+sino por vanidad y como testimonio de haber sido tan amada. Las cartas
+bastaron, no obstante, para que el Conde tuviera escenas espantosas con
+su mujer. Si las cartas le hubiesen probado su culpa, el Conde la
+hubiera asesinado. Como las cartas no eran más que un indicio, el Conde
+se limitó a atormentar a su mujer y a desconfiar de ella y a vigilarla.
+Con un pretexto plausible se trajo a vivir en su casa a una hermana
+solterona que tenía, la cual era una furia del infierno. Esta mujer fue
+desde entonces la espía, la acompañante, la dueña, la negra sombra de la
+Condesa.
+
+En cuanto al galán, cuyo nombre descubrió el conde por las cartas,
+también las cartas le costaron caras. El Conde, a fin de que nadie se
+enterase y procurase inquirir el motivo, buscó al galán y le obligó a
+reñir con él a la espada, sin ninguno de los trámites y formalidades del
+duelo. El galán quedó mortalmente herido en su propia casa, y sólo por
+un milagro de la cirugía pudo salvar la existencia.
+
+--Sabía ese lance de mi padre--dijo doña Luz--, pero ignoraba quien fue
+su adversario y la causa del lance. Prosiga V., Sr. D. Gregorio.
+
+--Ya que sabe V. que el galán era el señor Marqués, su padre de V.,
+seguiré este relato designándole con su nombre. Si alguna frase se me
+escapa que pueda lastimar, aunque sea levemente, la memoria del señor
+Marqués, doy a V. desde luego un millón de excusas.
+
+Doña Luz hizo un gesto y movió la cabeza como si quisiera indicar que
+las excusas estaban aceptadas de antemano.
+
+D. Gregorio continuó:
+
+--El terror que le inspiraba su marido, la vigilancia del argos con
+faldas que tenía en su cuñada y su propio arrepentimiento, hicieron que
+la Condesa no volviese a ver en secreto al Marqués. Este desechó de su
+alma, con el andar del tiempo, amor tan peligroso y ya imposible o casi
+imposible de satisfacer, y se distrajo con más fáciles amores.
+
+Todo lazo se hubiera roto, toda relación y comunicación entre el Marqués
+y la Condesa hubieran dejado de ser para siempre, si el cielo no hubiera
+dispuesto que quedase un recuerdo vivo del amor y de la culpa de ambos;
+un ser que los unía y por cuyo destino y porvenir ambos debían velar
+igualmente.
+
+--Y mi madre--exclamó entonces doña Luz--, ¿no pudo nunca volver a verme
+desde que volvió de Lima su marido?
+
+--Pudo volver a ver a V. de lejos, pero nunca abrazarla ni besarla ni
+hablarla. Su pensamiento, sin embargo, estaba siempre con V.
+
+--¡Infeliz madre mía!
+
+--La Condesa sabía de V. por mi Joaquina. Por mi Joaquina se entendía
+también con el Conde en todo aquello que a V. importaba, único asunto
+que ya se trataba entre el Marqués y la Condesa.
+
+Usted, señora Marquesa, vivió primero en mi casa, cuidada por mi
+Joaquina. Nuestra costurera, una tal Antonia Gutiérrez, que había tenido
+un desliz y cuyo hijo había muerto, fue nodriza de V. Después murió
+también la costurera, y yo arreglé de modo, con la venia de los
+parientes de la chica, que V. pasase por su hija, a fin de hacer la
+legitimación. En todo esto, por conducto de mi Joaquina, intervenía la
+señora Condesa, que estaba hasta cierto punto contenta al considerar que
+V. iba a llevar el nombre y el título del Marqués y a heredar sus
+bienes.
+
+A poco de volver el Conde a Madrid y después del duelo, nos entró a
+todos mucho terror de que el Conde llegase a entender que existía V. y
+quién V. era; y el Marqués, no bien se restableció de la herida, la sacó
+a V. de mi casa con harto dolor nuestro y mayor aún de la Condesa, y
+puso a V. en casa de una señora de situación algo equívoca. Mientras
+estuvo V. en aquella casa, la Condesa estuvo muy incómoda. Sólo sosegó
+cuando a puras súplicas suyas, interpuestas por Joaquina, el Marqués se
+la llevó a V. a su casa, primero bajo el cuidado de una buena mujer, y
+más tarde con un aya inglesa, la cual vino porque la condesa se empeñó
+en que viniese.
+
+El Marqués, entre tanto, lejos de sentar con los años, no hacía el menor
+caso de aquellos sabios refranes que dicen: _--quien quisiere ser mucho
+tiempo viejo, comiéncelo presto, y el viejo que se cura cien años dura_.
+Lejos de rezar con él estos refranes, más bien podía aplicársele aquel
+otro, y perdone V. señora Marquesa que se le aplique, pero casi lo pide
+a voces la narración: _mientras más viejo más pellejo_. Pretendo
+significar con esto que el señor Marqués, en vez de enmendarse con la
+edad, se hizo más cortejante, jugador y amigo de jaleos de toda laya, lo
+cual mortificaba mucho a la señora Condesa. El amor, por el cual ella
+había sacrificado tanto, honra, reposo y bienestar, sólo había sido para
+el Marqués un episodio, una aventura, un lance más o menos agradable o
+divertido, entre los muchos de su vida. Esto dolía en extremo y
+atormentaba a la Condesa. Pero había otra consideración que le dolía
+más, que la tenía llena de sobresalto, y que, agravándose cada día,
+llegó a ser para la Condesa un tormento continuo.
+
+El Marqués caminaba precipitadamente a su total ruina: estaba empeñado
+hasta los ojos; la usura consumía ya lo mejor de sus rentas. Era seguro
+que el Marqués acabaría su vida en la miseria. ¿Qué sería entonces de su
+hija doña Luz, huérfana, sin amparo y sin recursos?
+
+Lo peor era que la Condesa no podía socorrer a su hija mientras su
+marido viviese. Antes de que el Conde hubiese tenido el más leve indicio
+de su culpa, la Condesa había gozado de un asomo de independencia y
+libertad. Después la Condesa, más que esposa, vino a ser esclava. Un
+grito, una palabra dura, un gesto amenazador de su marido bastaban a
+aterrarla.
+
+El Conde, a más de ser celoso, era avaro, y la Condesa no podía disponer
+de un real sin dar estrecha cuenta de todo, justificando la inversión
+hasta de la más pequeña suma.
+
+La viveza cruel de su imaginación le representaba del modo más exagerado
+el infortunio que presentía. Soñaba que su hija estaba en la desnudez,
+sin hogar, humillada y empleada en los más viles menesteres, y ella
+nadando en la opulencia y sin poder acudir en su auxilio.
+
+¿Cómo darle algo sin que lo supiese el Conde? Y con saberlo el Conde,
+sabría su delito y su oprobio, y se presentaría como juez severo e
+irritado, y con una sola palabra de desprecio la mataría.
+
+La Condesa, atormentada por su conciencia a par que anonadada por el
+miedo que tenía al Conde, deseaba la muerte para descansar, y sin
+embargo, ansiaba vivir, y singularmente sobrevivir a su marido.
+
+Mientras él viviese, la Condesa conocía que no tendría valor para hacer
+nada en favor de su hija. Ni por donación, ni por testamento, en la hora
+de su muerte, hallaba medio para compartir con la que era su propia
+sangre o para legarle al menos bienes que eran suyos y no del tirano que
+la atormentaba.
+
+La Condesa, pues, se sometió a la voluntad del Altísimo y esperó
+tranquila, y esforzándose por no desearla, la muerte de su marido, antes
+que la suya llegase. Para el caso de que así sucediera, formó la firme
+resolución de dejar por testamento a los parientes de su marido, en
+fincas y alhajas, todo aquello en cuya adquisición y dominio pudiera
+suponer la conciencia más escrupulosa que el Conde había sido parte;
+dejar algunas mandas importantes a personas que la hubiesen servido
+bien, como, por ejemplo, a mi Joaquina; y el remanente de sus bienes, en
+fondos públicos todos, cuyos títulos estaban y están aún en varios
+Bancos y casas de comercio, dejárselo por entero a su hija.
+
+El Marqués supo por Joaquina esta resolución de la Condesa; y, cuando
+acosado por los acreedores, embargado y vendido cuanto poseía a fin de
+pagar sus deudas, tuvo que retirarse a este lugar, me dejó escrita la
+carta que he hecho entregar a V. para que me sirviera de introducción.
+La carta, hasta que ocurriese el caso hipotético que se preveía, había
+de estar en mi poder sin que nadie lo supiese. Y así ha estado la carta.
+
+Muerto el Marqués, no existían en el mundo sino tres personas sabedoras
+del propósito de la Condesa de dejar a V. por heredera.
+
+--¿Y quiénes eran esas tres personas?--preguntó doña Luz con el mayor
+interés.
+
+--La misma Condesa, mi mujer, que es sigilosa hasta lo sumo, y un
+servidor de V., señora Marquesa.
+
+--¿Y nadie más?
+
+--Nadie más.
+
+--¿Está V. seguro?
+
+--Lo estoy.
+
+Don Gregorio continuó luego su narración en estos términos:
+
+--El cielo quiso que se cumplieran, no diré los deseos, los planes de
+nuestra bienhechora. El Conde murió hace poco más de mes y medio. Cosa
+de milagro parece el que la Condesa, tan padecida y acabada como se
+hallaba, pudiese sobrevivirle. La fuerza de voluntad vale mucho. La
+Condesa sobrevivió, se diría que expresamente para cumplir su resolución
+y morir también luego.
+
+--¿Ha muerto mi madre?--exclamó doña Luz con lágrimas en los ojos.
+
+--Ha muerto.
+
+--¡Y sin llamarme a sí, sin verme, sin darme un abrazo!...
+
+--La Condesa lo ansiaba, pero al propio tiempo lo temía. Se avergonzaba
+de llamar a sí a quien al presentarse como madre tenía que declarar su
+culpa, y, ella lo decía, su deshonra. Dudaba de que una hija, a quien,
+fuese por lo que fuese, ni había criado, ni visto, ni acariciado nunca,
+la pudiese querer. Recelaba hallar frialdad, tibieza al menos, en su
+hija. No creía en la misteriosa fuerza de la sangre. En ella sí, porque
+sabía que su Luz vivía, porque la había estado amando durante tantos
+años; pero en su Luz, a quien se le revelase de repente que tenía madre
+en Madrid, ¿qué cariño súbito, qué ternura podía esperar? Esto, al
+menos, pensaba la señora Condesa. Y sobre todo, por lo mismo que amaba a
+su hija, tenía vergüenza, le causaba sonrojo la idea sólo de presentarse
+a ella. El qué dirán, el temor de que la gente se enterase, era también
+rémora de su deseo. Por último, la Condesa, a poco de muerto su esposo,
+cayó en cama con una grave enfermedad, y apenas tuvo tiempo para tomar
+sus disposiciones y cumplir lo prometido. Después vivió algunas semanas,
+pero trastornada, sin pleno conocimiento ni memoria de las cosas y de
+las personas. Luego murió.
+
+Doña Luz dio muestras de verdadero dolor y de emoción profunda. Don
+Gregorio permaneció algunos minutos en silencio religioso, y respetando
+aquel tributo de pena dado por una hija a la memoria de una mujer, a la
+cual (si bien no la había conocido) debía la vida.
+
+Después dijo D. Gregorio, tomando ya la entonación fría del hombre de
+negocios:
+
+--Señora Marquesa, yo soy albacea de la difunta y fideicomisario con
+expreso fideicomiso en favor de usted. Todo está ya en regla, porque yo
+no me duermo. Todo se va ordenando del modo más a propósito para que se
+hable, se comente y se murmure lo menos posible. Las mandas están
+repartidas; mi mujer ha tomado una linda suma: los parientes del Marqués
+han recibido joyas, dinero y fincas. Queda aún por entregar lo mejor de
+la herencia. Tengo en mi poder los papeles y documentos que acreditarán
+a V. como propietaria de los fondos públicos que tenía la Condesa en
+diferentes casas de banco de París, Londres y Francfort. Todo ello
+importa no recuerdo cuánto en valor nominal, pero en efectivo asciende a
+la friolera de diez y siete millones de reales vellón y un piquillo.
+Cuando la señora Marquesa guste, le haré la entrega y se enterará de
+todo por menudo.
+
+--Señor D. Gregorio, ya V. sabrá que estoy casada. Aguardaremos a que
+venga mi marido para aceptar la herencia. Él se entregará de todo como
+dueño y señor. Dentro de tres o cuatro días vendrá de Madrid. Entre
+tanto, esta casa es bastante grande para que V. se hospede en ella.
+
+El Sr. D. Gregorio Salinas aceptó la invitación, juzgándose muy honrado,
+y trasladó a un cuarto, que le prepararon en el caserón de doña Luz, la
+maleta que había dejado en la detestable posada del lugar.
+
+Doña Luz, en tanto, aunque triste por la muerte de su madre y por la
+historia melancólica que había oído contar, cedía a la flaca condición
+humana, y se alegraba de verse tan rica. Y lo que más la complacía era
+pensar en todos aquellos millones como en un espléndido presente, poco
+menos que llovido del cielo, que ella iba a hacer a su D. Jaime, cual
+merecido premio del amor desinteresadísimo con que él le había dado su
+mano y su nombre.
+
+
+
+
+-XX-
+
+La carta misteriosa
+
+
+La llegada de un forastero, con especialidad si el forastero gasta
+levita y _colmena_, esto es, sombrero de copa alta, es siempre un
+acontecimiento extraordinario en todo lugar de tierra adentro en
+Andalucía. La curiosidad se excita vivamente, y no hay nadie que no
+pregunte: «¿A qué habrá venido por aquí este señor?».
+
+Esto preguntaban los _villafrianos_ o _villafriescos_ apenas vieron a D.
+Gregorio. Y la curiosidad se decupló, o poco menos, cuando se supo que
+el tal don Gregorio había ido a albergarse en casa de doña Luz.
+
+A más de la curiosidad, siempre se despiertan en las poblaciones
+pequeñas otros sentimientos más nobles con la llegada de cualquier
+forastero: el de la sociabilidad y el de la cortesía.
+
+Los señores del pueblo se apresuran a visitar al forastero y a ponerse a
+sus órdenes; y así lo hicieron con D. Gregorio los principales magnates
+o próceres de Villafría.
+
+Claro está que la visita, aunque por cortesía se haga, no es menester
+que se encierre dentro de los límites de la mera cortesía. _Lo cortés no
+quita lo valiente_; y, por lo tanto, se dirigen al recién venido cuantas
+preguntas importan para indagar quién es, a qué viene y qué se propone.
+
+En cambio, se suele informar al forastero, aunque nada pregunte, de
+cuanto ocurre en el lugar, exagerando por fachenda la riqueza y
+prosperidad de sus habitantes.
+
+De esto último estaban muy curados y escarmentados en Villafría, porque
+hacía poco tiempo que habían recibido una durísima lección.
+
+Vino al pueblo cierto forastero, que en el camino trabó conocimiento con
+el hijo de uno de los más pudientes hacendados, el cual también venía de
+viaje. Este señorito llevó al forastero de visita en casa de su padre,
+que era el que más escupía por el colmillo en Villafría en punto a
+hablar de onzas de oro, y a ponderar la abundancia y grandeza con que
+vivía. A las pocas preguntas del forastero, el hacendado le dijo todo lo
+rico que era, triplicando sus facultades. Tenía un alambique que andaba
+durante cuatro meses, y le dijo que tenía dos que andaban todo el año, y
+con frecuencia de día y de noche. Tenía un molino aceitero con una
+prensa hidráulica, y le aseguró que tenía tres con otras tantas prensas.
+Había cogido cinco mil arrobas de vino, y le dijo que había cogido doce
+mil. Había molido dos mil fanegas de aceituna, y le aseguró que eran
+seis mil y pico las que había molido. No queriendo quedarse muy atrás,
+los otros hacendados ponderaron también al forastero sus provechos,
+cosechas e industrias. El forastero se llegó a persuadir de que estaba
+en Jauja, y entonces descubrió que era un inspector del Gobierno, que
+venía a ver las ocultaciones de riqueza que había en los pueblos, sobre
+todo en lo tocante a subsidio industrial.
+
+El pánico en Villafría fue espantoso. El comisionado dijo que se veía en
+la dura necesidad de poner en noticia de la superioridad los tesoros que
+allí se ocultaban; y aterrados los mayores contribuyentes, se reunieron
+al punto en las Casas Consistoriales, y, llamando al comisionado, le
+rogaron que no los perdiese; que eran pobrísimos, y mentira y vanidad
+las tres quintas partes de lo que habían confesado poseer. El
+comisionado contestó que tal vez habría alguna exageración jactanciosa,
+pero que, en verdad, eran más ricos e industriosos que lo que constaba
+de una manera oficial, y que él tenía que enterarse bien de todo para
+dar su informe, cumpliendo religiosamente con su deber. Los señores
+contribuyentes le suplicaron que no se metiese en tales barahúndas, que
+se iba a calentar demasiado la cabeza, y nadie se lo había de agradecer;
+y, al fin, para acabar de convencerle, echaron entre todos una manga y
+le dieron ocho mil realetes, como ayuda de costas y consuelo en los
+trabajos de su peregrinación, con lo cual se fue bendito de Dios con la
+música o dígase con la estadística a otra parte.
+
+Desde que tuvo lugar esta ocurrencia, la gente de Villafría había
+depuesto la jactancia y se complacía en ser humilde. La franqueza y la
+sinceridad les parecían asimismo prendas muy necias y que nunca deben
+emplearse con los curiosos, comprendiendo toda la práctica sabiduría del
+proverbio que dice: _A quien quiere saber, mentiras en él_.
+
+Procedía de aquí la prudente desconfianza y el hábil disimulo con que
+los villafriescos hablaban con todo forastero; mas esto no impedía que
+procurasen saber de él cuanto había que saber.
+
+No fue necesario mucho ingenio para mover a don Gregorio a que dijese el
+objeto de su viaje. Ya no había en esto secreto alguno, y D. Gregorio lo
+dijo todo.
+
+El pasmo y la estupefacción se extendieron al instante por todos los
+ámbitos de Villafría, con la nueva de que doña Luz era millonaria:
+heredera de una fortuna enorme.
+
+Para D. Acisclo fue la sorpresa no inferior a la de todos su
+compatricios.
+
+Nada distaba más de su mente que la herencia de doña Luz; pero D.
+Acisclo sabía y aguardaba la venida de D. Gregorio, aunque ignorando a
+qué venía.
+
+Poco antes de morir el Marqués, teniendo aún a la cabecera de la cama al
+cura D. Miguel, con quien acababa de confesarse, había hecho venir a su
+presencia al bueno de don Acisclo; y a solas con él y con el cura,
+exigió de D. Acisclo, bajo juramento de guardar el más profundo secreto,
+que cumpliría a su tiempo una comisión que iba a darle.
+
+Don Acisclo prometió y juró ser muy sigiloso, y el Marqués dijo al cura
+que abriese un cajón de su bufete, donde encontraría una carta cerrada y
+sellada, que decía en el sobrescrito: _A mi hija Luz_.
+
+El cura encontró luego la carta, y entonces, exigiendo también del cura
+que no hablase de aquella carta con nadie, considerándola como secreto
+de confesión, el Marqués le recomendó que la custodiase y no la
+entregase sino a D. Acisclo, el cual no había de pedírsela hasta que
+viniese a Villafría un señor llamado D. Gregorio Salinas, o hasta que
+pasasen dos meses de la muerte de una señora que vivía en Madrid,
+llamada la Condesa de Fajalauza. Para esto, D. Acisclo debía tener con
+cautela y discreción a algún sujeto en Madrid encargado de avisarle
+cuando muriese la Condesa, y no bien cumplida cualquiera de las dos
+condiciones, D. Acisclo había de tomar la carta y llevársela a doña Luz.
+Caso del fallecimiento del cura, la carta debía pasar a poder de D.
+Acisclo, y caso de fallecer éste, él mismo debía designar a persona que
+le sustituyera en el encargo de entregar la carta misteriosa.
+
+Don Acisclo tenía, aunque envuelta en el debido respeto, tan mala
+opinión del juicio de su pobre y arruinado amo, que, a pesar de toda la
+solemnidad de lo que le encargaba, no quiso darle importancia alguna, y
+lo que menos le pasó por la cabeza fue que aquella carta pudiese tener
+relación con algo que se pareciese a dinero. Don Acisclo dio por
+evidente que tal carta sería una nueva tontería del Marqués.
+
+Sin embargo, según queda dicho ya varias veces, don Acisclo era un varón
+recto y temeroso de Dios; jamás faltaba a la probidad ni a la justicia,
+tratando de conciliarlas con su medro; y cumplía fielmente los encargos
+cuando el cumplirlos costaba poco o nada.
+
+Así fue que guardó el secreto de la carta durante años y años, y tuvo
+siempre encomendado a un amigo de Madrid que le notificase la muerte de
+la Condesa.
+
+Ya hacía más de dos semanas que D. Acisclo había recibido noticia de
+dicha muerte, y estaba aguardando el término de los dos meses o la
+venida de don Gregorio.
+
+Esta, como hemos visto, ocurrió mucho antes de que dicho término se
+cumpliera.
+
+Don Acisclo fue, pues, a pedir la carta al cura don Miguel, quien se la
+entregó sin dificultad, visto que las condiciones se habían cumplido.
+
+Don Acisclo, sabedor ya de los muchos millones que heredaba doña Luz, y
+comprendiendo a las claras que la carta había de tener relación con los
+tales millones, lejos de despreciarla, la consideró como importantísima
+y trascendente, y se apresuró a llevarla a la persona a quien iba
+dirigida.
+
+Mientras la carta permaneció cerrada en manos ya de D. Acisclo, y sin
+llegar a las de doña Luz, aunque transcurrió poquísimo tiempo, D.
+Acisclo le tuvo de sobra para cavilar y forjar una risueña hipótesis
+acerca de su contenido.
+
+El Marqués, aunque al morir dejaba a su hija muy niña aún, no lo
+bastante para que no conociese su soberbia, y como también conocía que
+la dejaba pobrísima, había de haber presumido que su hija se quedaría
+soltera. ¿Cómo, pues, iba doña Luz a manejarse con tantos millones, sin
+tener a su lado a un hombre entendido y de toda confianza? ¿Y quién, en
+la mente del Marqués, podía ser este hombre sino el propio D. Acisclo,
+que con tanta habilidad y lealtad había administrado sus bienes? D.
+Acisclo tuvo, pues, por cierto que el contenido de la carta era
+recomendar a doña Luz con el mayor encarecimiento que hiciese de él su
+nuevo administrador.
+
+Ya sabía D. Acisclo, por boca de D. Gregorio, que los millones de doña
+Luz estaban en fondos públicos extranjeros, y que ganaban a lo más un
+seis o un siete por ciento anual. Esto le tenía indignado. Como buen
+español y buen católico, se dolía de que explotasen aquel hermoso
+capital, pagando tan mezquinos réditos, gentes de _extranjis_, herejes o
+judíos de seguro. ¿Cuánto mejor empleado no estaría aquel dinero en
+España, y sobre todo en Villafría y los pueblos cercanos? Era
+indispensable traer a España aquel dinero. Don Acisclo, con arreglo a
+sus doctrinas de hacer ganar a su amo ganando él, trazaba ya el plan
+económico para el manejo de los millones. En vez del seis o del siete,
+haría ganar a doña Luz el nueve o el diez por ciento sobre el capital;
+tres por ciento de ventaja; pero, como él hallaría modo de colocar el
+dinero al doce y hasta al quince, sobre buenas hipotecas o con escritura
+de depósito o con otros medios conminatorios para la seguridad, por
+aquello de que _el miedo guarda la viña_, D. Acisclo se veía ya
+convertido en algo como director de un banco hipotecario, de un
+artilugio ingenioso, de una bomba absorbente, para quedarse con todas
+las tierras y ochavos de la provincia, haciendo ganar a doña Luz
+muchísimo más de lo que su capital antes ganaba.
+
+Don Jaime era desprendido, se ocupaba en cosas de ambición y de política
+y no en negocios de dinero; el dinero le importaba poco, pues se había
+casado con doña Luz siendo ella pobre; y sin duda encontraría muy
+razonable que D. Acisclo administrase los millones e hiciese con ellos
+la felicidad de Villafría, fomentando su industria y su agricultura.
+
+Revolviendo en su mente estos alegres pensamientos, llegó D. Acisclo a
+casa de doña Luz, entró en su cuarto y acertó a encontrarla sola como
+deseaba.
+
+Después de felicitar a doña Luz porque Dios había mejorado sus horas de
+modo tan estupendo e imprevisto, refirió el encargo que tenía y las
+circunstancias y solemnidades que hubo cuando se le hicieron.
+
+--Venga esa carta de mi padre--dijo doña Luz con visible emoción.
+
+Don Acisclo entregó la carta.
+
+Ella rompió el sello, la sacó del sobre, y sin decir una palabra más se
+puso a leer.
+
+No iría mediada aún la lectura, cuando doña Luz, que comenzó a leer
+sentada, se puso de pie manifestando intranquilidad.
+
+Don Acisclo, que lo observaba todo, receló algo malo al ver aquello, y
+dijo para sí:
+
+«¡Diantre! Este marqués tenía el don de errar. ¿Si se habrá compuesto de
+suerte que todo lo de la herencia venga a deshacerse como la sal en el
+agua? ¿Si encargará a su hija que traspase los millones a otro sujeto?».
+
+Mientras que D. Acisclo cavilaba, doña Luz, suspendida por un instante
+la lectura, cavilaba también.
+
+Una sonrisa arqueó suavemente los labios de doña Luz. Era el resultado
+de sus cavilaciones. Don Acisclo lo tuvo por buen agüero.
+
+Después doña Luz siguió leyendo la carta.
+
+La sonrisa se fue acentuando cada vez más. Al cabo vino a convertirse en
+risa algo burlona.
+
+«Es curioso--pensó don Acisclo--. ¿Con qué chistes se descolgará ahora
+su papá, a los doce o trece años de muerto, para que ella se ría tan
+fuera de sazón?».
+
+En esto, doña Luz acabó de leer la carta. Volvió a cavilar en silencio,
+que D. Acisclo no se atrevió a interrumpir, y volvió a reírse un si es
+no es descompuestamente.
+
+Como doña Luz era la compostura personificada, D. Acisclo se aturdió con
+tan insólita risa.
+
+Hubo un instante en que cruzó por el pensamiento de D. Acisclo que doña
+Luz se reía sin duda de que su padre le recomendase que le tomara a él
+por administrador. Don Acisclo se enojó y se enfurruñó un poco.
+
+Doña Luz, sin embargo, en vez de enmendarse, siguió riendo, y terminó
+por prorrumpir en sonoras carcajadas.
+
+--¿Qué pasa? ¿Qué hay de tan gracioso para reír así?--dijo D. Acisclo.
+
+Doña Luz no contestó, y rió con más violencia.
+
+Su risa vino a tener muy alarmantes condiciones. Se conocía que era ya
+independiente de su voluntad: nerviosa, insana.
+
+Ella se había guardado la carta en el seno.
+
+Lo que pensaba, lo que infería de la carta era lo que la hacía reír.
+
+Por último, D. Acisclo, viendo que la risa continuaba, empezó a
+asustarse.
+
+El rostro de doña Luz se trastornó. Un paroxismo histérico bien marcado
+se apoderó de ella.
+
+Los sollozos se mezclaron pronto con la risa, y por último, doña Luz
+cayó al suelo como desplomada, y allí se agitó en fuertes convulsiones.
+
+Don Acisclo tocó entonces la campanilla, llamó a voces a la gente de
+casa, y acudieron D. Gregorio, Juana, Tomás y otros criados.
+
+Todos se aterraron.
+
+Las convulsiones seguían.
+
+Juana mandó llamar al médico D. Anselmo.
+
+Este, con los recursos de su arte, y obrando también la naturaleza,
+logró volver la calma a doña Luz, la cual quedó muy postrada.
+
+Don Acisclo y todos los allí presentes se quedaron con el deseo de
+averiguar la causa moral, como sin duda la hubo, de aquel ataque
+repentino, tan ajeno a la robustez y condición sana de la marquesa de
+Villafría.
+
+Doña Manolita vino a ver a la enferma, y doña Luz tampoco le confió
+nada.
+
+
+
+
+Conclusión
+
+Habían pasado cuatro meses desde que ocurrió el ya referido ataque.
+
+
+En este tiempo habían sucedido cosas singularísimas, que nadie acertaba
+a explicar en Villafría.
+
+Al día siguiente del ataque había llegado D. Jaime, a quien llamaremos
+el Marqués, pues ya lo era.
+
+El Marqués aceptó y recogió la magnífica herencia de doña Luz.
+
+Don Gregorio se volvió a Madrid en seguida.
+
+Todo esto era naturalísimo. Lo que no lo era, porque venía a contrariar
+planes anteriores, conocidos ya de todos, era que el Marqués, en vez de
+llevarse a doña Luz a la corte, se volvió solo a los cuatro días de
+estar en el lugar, y se dejó en él a doña Luz, bastante delicada e
+indispuesta.
+
+Los que vieron partir al Marqués aseguraban que llevaba el rostro muy
+fosco, y que parecía estar de un humor de todos los diablos.
+
+Doña Luz, desde la partida del Marqués, había estado encerrada siempre.
+Ni para ir a misa salía a la calle. Estaba enferma o pretextaba estarlo.
+
+Así se pasaron, según queda dicho, cuatro largos meses.
+
+No había ya tertulia.
+
+Doña Luz sólo recibía a D. Anselmo, a quien ni como a médico consultaba
+cosa alguna, y a doña Manolita, con quien esquivaba toda conversación
+sobre su marido, sobre su herencia y sobre la repentina enfermedad que
+ella había padecido.
+
+La índole de doña Luz parecía muy cambiada.
+
+Andaba siempre melancólica y taciturna.
+
+Doña Manolita notaba, cuando iba a verla, que tenía los ojos fatigados y
+rojos de llorar. A veces, doña Luz no podía reprimir el llanto, y en
+presencia de doña Manolita lloraba.
+
+Durante algún tiempo, la tristeza de doña Luz había sido sombría,
+reconcentrada y feroz. Su amiga íntima no se había atrevido a
+preguntarle la menor cosa ni a quejarse de su silencio.
+
+En los días, no obstante, a que hemos traído nuestra narración, la
+tristeza de doña Luz se modificó visiblemente. Se hizo más tierna y más
+expansiva.
+
+Doña Luz no se limitaba a recibir a su amiga cuando ésta iba a verla,
+sino que a menudo la mandaba llamar.
+
+Lloraba, suspiraba más, pero estaba menos sombría. A veces cruzaba una
+dulce sonrisa por entre sus lágrimas, como rayo de sol entre nubes.
+
+Una mañana, por último, doña Luz escribió a doña Manolita el siguiente
+billete:
+
+«Querida amiga mía: No puedo callar más tiempo. Mi infortunio me ahoga,
+me mata, y quiero vivir. Soy muy desgraciada y hay una esperanza que me
+sonríe. Necesito conservar la vida. Temo que este oculto dolor me
+asesine. Es menester que te le confiese; que me desahogue contigo; que
+tu compasión y tu amistad me salven. Ven a verme al punto. Te quiere tu
+Luz».
+
+No hay que decir que doña Manolita estuvo a los pocos minutos en el
+cuarto de doña Luz, la cual se echó en sus brazos, llorando con mucha
+ternura y besándola y llamándola su único consuelo.
+
+--Todo lo vas a saber--le dijo--. Me moriría si no me consolase
+diciéndotelo. Tú eres buena y sigilosa. ¿Prometes callarte?
+
+--Lo prometo--contestó la hija del médico.
+
+--Ni a Pepe Güeto, ¿entiendes? Ni a Pepe Güeto dirás nada.
+
+--No diré nada ni a Pepe Güeto.
+
+--Pues bien--exclamó doña Luz en voz muy baja, pero con extraordinaria
+vehemencia--, la causa de mi mal es que he descubierto, a los quince
+días de casada, que el hombre que yo imaginé tan noble, tan generoso,
+tan enamorado de mí, tan digno en todos conceptos de que yo le amara, y
+a quien di mi corazón y mi mano, y a quien entregué mi ser y mi vida, es
+un miserable sin alma.
+
+--¿Estás loca, Luz? ¿Qué motivos tienes para decir palabras tan
+espantosas?
+
+--¿Qué motivos tengo? Mi padre, sin querer, me lo ha revelado todo en la
+carta que me entregó D. Acisclo. ¡Fue notable exceso de precaución!
+
+Y doña Luz empezó a reír con la risa nerviosa que tuvo cuando el ataque.
+
+--Vamos, cálmate, vida mía. Cálmate y habla con reposo--dijo doña
+Manolita.
+
+Doña Luz logró tranquilizarse y continuó hablando:
+
+--Por temor de que, en el caso de que la condesa de Fajalauza me dejase
+por heredera, D. Gregorio no cumpliese bien su comisión, mi padre, que
+toda su vida fue descuidadísimo, quiso en esta sola ocasión pecar de
+cuidadoso. Mi padre confió, quizá también por vanidad, toda la historia
+de sus amores a un antiguo amigo suyo, le entregó papeles que podían
+obligar y comprometer a D. Gregorio, si éste no se conducía bien como
+fideicomisario, y le encargó que lo callase y reservase todo como no
+fuera menester descubrirlo en su día. Para el caso de que muriese este
+amigo de mi padre antes de la muerte de la Condesa, tuvo autorización
+dicho amigo de confiar a su hijo el secreto y de transmitirle la
+comisión. Dicho amigo se llamaba D. Diego Pimentel. Su hijo es mi marido
+D. Jaime. Muchos años hacía que él sabía que yo podía ser poderosa, pero
+no le bastó conocer la posibilidad. Necesitó de la certidumbre para
+enamorarse de mí. Sin la certidumbre, jamás le hubiera yo dado
+_flechazo_. ¿Te acuerdas cuando tú me decías que le había yo dado
+_flechazo_? Ya sabes cuál fue la flecha de oro de que se valió amor para
+hacer tamaño prodigio. Don Jaime no tuvo necesidad de verme para
+sentirse atravesado de la flecha. Ya la traía en el corazón cuando vino
+de Madrid, con pretexto de visitar a sus electores. Ya sabía él la
+muerte del Conde y que la Condesa estaba moribunda. Mientras vivía el
+Conde, mientras la condesa pudo morir antes de que el Conde muriese, se
+guardó bien don Jaime de enamorarse de mí. Mira, pues, en lo que viene a
+parar todo el poema de amor que yo había compuesto. El amor
+desinteresadísimo que en don Jaime me enamoró, fue un cálculo seguro de
+alzarse sin trabajo con diez y siete millones. Don Jaime calculó bien, y
+no quiso aventurar nada. Me ha engañado vilmente, porque tampoco creyó
+tan precavido a mi padre para que me hubiese escrito la carta que me
+entregó D. Acisclo. Don Jaime presumía ¿qué digo presumía? juzgaba tener
+seguridad de que yo no sabría jamás que él estaba en el secreto de mi
+herencia. Ahora mi amor se ha convertido en odio y en desprecio. Y no le
+desprecio y le odio a él sólo, sino también al amor liviano que logró
+inspirarme. ¿Por qué me enamoré de él? ¿Por qué cedí tan pronto? Por
+vanidad de creerme amada; por ligereza; por deslumbrarme como una
+rústica lugareña de sus cortesanas elegancias. Apenas vale el amor que
+le tuve un quilate más que el amor que él fingía tenerme. No; no se
+fundó mi amor en la estimación de las prendas de su alma que yo
+desconocía, sino en vana soberbia satisfecha, y en ciegos instintos, en
+groseros estímulos acaso, al verle gallardo y bello de cuerpo. Me
+avergüenzo de haber sido suya, y de la inclinación que me llevó a ser
+suya. La estancia en que le recibí en mis brazos, después de las
+bendiciones nupciales, me causa ahora rubor, como al afrentado le causa
+rubor el sitio en que sufrió la afrenta. La explicación que tuve con él,
+cuando él volvió de Madrid y yo le rechacé al ir él a abrazarme, fue
+horrible... horrible.... Sus infames disculpas, sus burlas cínicas
+cuando le arranqué la máscara, el desdén con que me dijo que yo no sabía
+vivir y que me había forjado del mundo una idea fantástica, y la
+insolencia con que acabó por calificarme de loca y de insensata, me han
+afirmado en mi decidido propósito de una eterna separación. Al morir a
+manos del desengaño este amor efímero, al convertirse en hiel esta
+liviandad legalizada y consagrada que me echó en brazos de D. Jaime, ha
+revivido en mí otro amor espiritual y con objeto digno; otro amor, de
+que yo neciamente me sonrojaba; otro amor que he querido ahogar, que he
+querido ocultarme a mí propia, y que ahora reaparece inmaculado y puro,
+aunque sin esperanza en esta vida. Por esto he deseado la muerte. ¡Qué
+diferencia, Manuela! Aquél... ¿no lo sabes?... aquél murió de amor por
+mí. Para éste soy un juguete, medio de poseer una fortuna. Este no
+comprende siquiera el amor. Le escarnece. Me ha llamado necia y
+disparatada porque me pesaba de que no me amase de amor cuando se casó
+conmigo; porque le dije que ha profanado y envilecido mi amor
+haciéndomele sentir sin él sentirle. ¿Te parece todo esto pequeño motivo
+para mi desesperación?
+
+Doña Manolita estaba atolondrada, llena de dolor al ver tan infeliz a su
+amiga, pero sin saber qué decirle.
+
+Doña Manolita suspiraba, acariciaba a doña Luz, la miraba compasiva, la
+escuchaba muy atenta, y se callaba.
+
+Por último, se le ocurrió decir:
+
+--Pero ¿qué desesperación es la tuya? ¿No ponías en tu billete que
+deseabas la vida? ¿No me hablabas de una esperanza?
+
+--Sí: la tengo--contestó doña Luz--. Por ella, sólo por ella no me he
+muerto.
+
+Y asiendo doña Luz ambas manos de doña Manolita, las puso sobre su
+regazo, reteniéndolas allí por algunos instantes.
+
+--¿Lo has sentido? ¿Lo has sentido?--exclamó entonces doña Luz--. Salta
+en mi seno. Vive en mis entrañas. Yo viviré por él y para él. No quiero
+creer que una material impresión haya dejado aquí la imagen del hombre
+que desprecio. Mi espíritu concibe este ser. Mi pensamiento y mi
+voluntad, durante largos meses, le han prestado y le prestarán forma, y
+le han dado y le darán alma semejante a la de aquel que me la dio toda.
+En los besos que estampé en su noble rostro, cuando moría, hubo más
+verdadero amor que en todos los abrazos que al otro prodigué alucinada.
+
+De esta suerte, doña Luz hizo a su amiga sus más íntimas confidencias.
+
+Hasta hoy, doña Luz cumple su propósito.
+
+No ha vuelto, y bien se puede afirmar que no volverá nunca, a reunirse
+con D. Jaime.
+
+Doña Luz sigue viviendo en Villafría, muy retirada de todo trato y
+conversación.
+
+Mientras su marido brilla sobremanera en la corte, ella cuida de un hijo
+muy hermoso y muy inteligente que Dios le ha dado, y cuyo nombre de pila
+es Enrique.
+
+
+
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ ***
+
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+
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Doña Luz
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+Produced by Chuck Greif
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+<h3>Cap&iacute;tulos:</h3>
+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<a href="#A_la_senora_condesa_de_Gomar"><b>A la se&ntilde;ora condesa de Gomar</b></a><br />
+<a href="#I"><b>-I-</b></a>
+<a href="#II"><b>-II-</b></a>
+<a href="#III"><b>-III-</b></a>
+<a href="#IV"><b>-IV-</b></a>
+<a href="#V"><b>-V-</b></a>
+<a href="#VI"><b>-VI-</b></a>
+<a href="#VII"><b>-VII-</b></a>
+<a href="#VIII"><b>-VIII-</b></a>
+<a href="#IX"><b>-IX-</b></a>
+<a href="#X"><b>-X-</b></a>
+<a href="#XI"><b>-XI-</b></a>
+<a href="#XII"><b>-XII-</b></a>
+<a href="#XIII"><b>-XIII-</b></a>
+<a href="#XIV"><b>-XIV-</b></a>
+<a href="#XV"><b>-XV-</b></a>
+<a href="#XVI"><b>-XVI-</b></a>
+<a href="#XVII"><b>-XVII-</b></a>
+<a href="#XVIII"><b>-XVIII-</b></a>
+<a href="#XIX"><b>-XIX-</b></a>
+<a href="#XX"><b>-XX-</b></a><br />
+<a href="#Conclusion"><b>Conclusi&oacute;n</b></a><br />
+</td></tr>
+</table>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="A_la_senora_condesa_de_Gomar" id="A_la_senora_condesa_de_Gomar"></a>A la se&ntilde;ora condesa de Gomar</h2>
+
+
+<p>Estando en casa de V., en una noche del verano pasado, cont&eacute; la sencilla
+historia de Do&ntilde;a Luz. Hallola V. bien, gracias sin duda a la indulgencia
+con que me mira, y me anim&oacute; para que la escribiese. Promet&iacute; escribirla y
+dedic&aacute;rsela a V.; acept&oacute; V. la promesa, y hoy con el mayor gusto la
+cumplo. Lo que me desazona es el corto valer del don en s&iacute; o su ning&uacute;n
+valer, si se atiende al de la persona a quien le dedico, por su talento
+y belleza tan general y justamente encomiada. Sea, con todo, mi
+dedicatoria muestra, aunque pobre, del respetuoso cari&ntilde;o que V. me
+inspira.</p>
+
+<p>Por lo dem&aacute;s, aunque la novela no divierta, creo yo que vale algo por
+las muy graves y severas lecciones que contiene.</p>
+
+<p>Pongo a un lado las mil y quinientas que cualquier agudo cr&iacute;tico puede
+sacar si se empe&ntilde;a en elogiarme y lucirse, y me limito a la lecci&oacute;n que
+se da, no ya s&oacute;lo a los frailes, que al fin pocos hay en Espa&ntilde;a ahora,
+sino por extensi&oacute;n a todo caballero cortesano, viejo o algo machucho,
+que se enamora con amor vicioso.</p>
+
+<p>El desastrado caso del P. Enrique deber&aacute; servir de escarmiento y grabar
+en la mente del cortesano viejo, como moraleja principal, aquellas
+advertencias divinas con que el ilustre Micer Pietro Bembo hermosea y
+corona el libro de <i>El cortesano</i>.</p>
+
+<p>Estas advertencias dicen en resumen que el cortesano &laquo;enderece su deseo
+a la hermosura sola, y cuanto m&aacute;s pueda la contemple en ella misma
+simple y pura, y dentro en la imaginaci&oacute;n la forme separada de toda
+materia, y form&aacute;ndola as&iacute; la haga amiga y familiar de su alma, y all&iacute; la
+goce, y consigo la tenga d&iacute;as y noches en todo tiempo y lugar sin miedo
+de jam&aacute;s perdella, acord&aacute;ndose siempre de que el cuerpo es cosa muy
+diferente de la hermosura, y que, no solamente no la acrecienta, mas que
+le apoca su perdici&oacute;n. Desta manera ser&aacute; nuestro cortesano viejo fuera
+de todas aquellas miserias y fatigas que suelen casi siempre sentir los
+mozos, y as&iacute; no sentir&aacute; celos, ni sospechas, ni desabrimientos, ni iras,
+ni desesperaciones, ni otras mil locuras llenas de rabia, con las cuales
+muchas veces llegan los enamorados locos a tanto desatino que aun a s&iacute;
+mismos quitan la vida&raquo;: como sucedi&oacute; al P. Enrique, volviendo a mi
+cuento. Al cual Padre le hubiera estado mejor valerse de este amor como
+de escala para subir a m&aacute;s alto grado. Porque, considerando la
+estrecheza de estar siempre ocupado en contemplar la hermosura de un
+cuerpo solo, debi&oacute; sentir deseo de ensancharse algo y de salir de
+t&eacute;rmino tan angosto, y para ello debi&oacute; tambi&eacute;n juntar en su mente muchas
+hermosuras, y, reduci&eacute;ndolas a una sola, formar aquella que sobre toda
+la naturaleza se extiende y derrama.</p>
+
+<p>Sabido es, por &uacute;ltimo, que, por cima de este concepto universal de la
+hermosura, hay otra excelsa, increada y de la que todas proceden. Si el
+amor llega a columbrarla, &iquest;de qu&eacute; no se olvida? Y entonces (y toda &eacute;sta
+es doctrina de micer Pietro Bembo), se abrasa el alma en aquella llama,
+simbolizada y prefigurada en la enorme pira, donde se quem&oacute; H&eacute;rcules,
+despu&eacute;s de todos sus trabajos, all&aacute; en la cumbre del monte Oeta, o se
+remonta y traspone en el ardiente carro, en que El&iacute;as abandon&oacute; la tierra
+y se fue volando a los cielos.</p>
+
+<p>Yo, se&ntilde;ora, con el peso de los a&ntilde;os, que ya me molesta bastante, y con
+no pocas saludables desilusiones, voy propendiendo, aunque pecador, a
+subir por este &uacute;ltimo camino. Y si bien en mis novelas se notan a&uacute;n
+resabios y aficiones de hombre mundano, ya hay en ellas como se&ntilde;ales de
+que me llaman a s&iacute; otras voces muy distintas de las del mundo.</p>
+
+<p>Con esto, acaso perder&aacute; en amenidad lo que escribo, pero ganar&aacute; en
+utilidad. Ahora que est&aacute; en moda lo docente, d&iacute;game V. con franqueza si
+mi novela no ense&ntilde;a algo cuando esto ense&ntilde;a.</p>
+
+<p>Dele V., pues, su aprobaci&oacute;n; ac&eacute;ptela y defi&eacute;ndala ya que le pertenece;
+y cr&eacute;ame su devoto servidor y amigo,</p>
+
+<p class="derecha"><b>JUAN VALERA</b>.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2>
+
+<h3>El Marqu&eacute;s y su administrador</h3>
+
+
+<p>No todas las historias que yo refiero han de ocurrir en Villabermeja.
+Hoy he de contar una muy interesante ocurrida, pocos a&ntilde;os ha, en otro
+lugar cercano, que llamaremos Villafr&iacute;a, reservando para mayores cosas
+su verdadero nombre. Por lo dem&aacute;s, entre Villabermeja y Villafr&iacute;a no se
+da diferencia muy notable; pues, si bien Villabermeja posee un santo
+patrono m&aacute;s milagroso, Villafr&iacute;a goza de t&eacute;rmino m&aacute;s rico, de m&aacute;s
+poblaci&oacute;n, de mejores casas, y de m&aacute;s pudientes hacendados.</p>
+
+<p>Entre &eacute;stos descollaba el Sr. D. Acisclo, as&iacute; llamado desde que cumpli&oacute;
+cuarenta y cinco a&ntilde;os, y que sucesivamente hab&iacute;a sido antes, hasta la
+edad de veintiocho a treinta, Acisclillo y t&iacute;o Acisclo despu&eacute;s. El don
+vino y se antepuso, por &uacute;ltimo, al Acisclo, en virtud del tono y de la
+importancia que aquel se&ntilde;or acert&oacute; a darse con los muchos dineros que
+honrada y laboriosamente hab&iacute;a sabido adquirir.</p>
+
+<p>Su buena fama trascend&iacute;a por toda la provincia. No le estimaban s&oacute;lo
+como a persona que tiene el ri&ntilde;&oacute;n bien cubierto, y que no se dejar&iacute;a
+ahorcar por dos o tres milloncejos de reales, sino que era preconizado
+como sujeto muy cabal, formal&iacute;simo en sus tratos y seguro hasta la pared
+de enfrente, y como tan recto, devoto de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima y temeroso de
+Dios, que casi, casi estaba en olor de santidad, a pesar de las malas
+lenguas, que no faltan nunca.</p>
+
+<p>Lo cierto es que D. Acisclo hab&iacute;a sabido conciliar su medro con la
+probidad y la justicia. Hab&iacute;a sido administrador del marqu&eacute;s de
+Villafr&iacute;a, durante veinte a&ntilde;os lo menos, y se hab&iacute;a compuesto de manera
+que todos los bienes del marquesado hab&iacute;an ido poco a poco pasando de
+las manos de su se&ntilde;or&iacute;a a sus manos m&aacute;s &aacute;giles y guardosas.</p>
+
+<p>Este pase o dislocaci&oacute;n se hab&iacute;a realizado natural y leg&iacute;timamente. Don
+Acisclo no ten&iacute;a culpa ninguna de que el marqu&eacute;s hubiese sido
+despilfarrado y perdulario; y m&aacute;s que por culpa pod&iacute;a y deb&iacute;a contarse
+por m&eacute;rito que &eacute;l fuese ingenioso, ahorrativo y aprovechad&iacute;simo.</p>
+
+<p>Siempre se condujo con la mayor lealtad en la administraci&oacute;n. El marqu&eacute;s
+de Villafr&iacute;a habitaba en Madrid, donde gastaba mucho. Ten&iacute;a necesidad de
+dinero. Enviaba a pedir. No hab&iacute;a. Y entonces se apelaba a varios
+recursos, de algunos de los cuales hablar&eacute; aqu&iacute; en breves palabras.</p>
+
+<p>Mandaba el marqu&eacute;s, que, para reunirle dos mil duros, se vendiese vino,
+aunque fuese malbarat&aacute;ndole: dando, por ejemplo, el fino y potable como
+de quema.</p>
+
+<p>Don Acisclo era muy estrecho y escrupuloso de conciencia, y se pon&iacute;a a
+buscar con af&aacute;n a alguien que se llevase el vino por su justo valor;
+pero no le hallaba. Nadie daba por cada arroba sino seis o siete reales
+menos de lo que val&iacute;a. Entonces D. Acisclo se sacrificaba; allegaba el
+dinero, se le enviaba al marqu&eacute;s, y tomaba el vino para s&iacute; por una
+peseta menos en cada arroba. De esta suerte ganaba &eacute;l, haciendo ganar al
+marqu&eacute;s tres reales en arroba por la parte m&aacute;s corta. Luego echaba D.
+Acisclo en madera el mencionado vino, y al cabo de un a&ntilde;o, le pon&iacute;a tan
+exquisito, que vend&iacute;a cada arroba por siete u ocho pesetas m&aacute;s de lo que
+le hab&iacute;a costado.</p>
+
+<p>En otras ocasiones, ped&iacute;a el marqu&eacute;s, corriendo, mil duritos para salir
+de un apuro. &laquo;T&oacute;malos de un comerciante de M&aacute;laga&mdash;escrib&iacute;a a D.
+Acisclo&mdash;, prometiendo pagarlos en aceite dentro de dos meses, que ser&aacute;
+la cosecha&raquo;.</p>
+
+<p>Don Acisclo buscaba al punto en M&aacute;laga comerciante que se allanase a dar
+el dinero, y resultaba que nadie quer&iacute;a darle sino cobr&aacute;ndose en aceite,
+dos meses o poco m&aacute;s despu&eacute;s, y tomando la arroba de dicho l&iacute;quido a dos
+reales menos del precio corriente. &Eacute;sta era una usura monstruosa; era
+una usura de m&aacute;s del 30 por 100 al a&ntilde;o. Don Acisclo se aflig&iacute;a, pon&iacute;a el
+grito en el cielo, ca&iacute;a enfermo por la pesadumbre que le daban los
+apuros del marqu&eacute;s, y al fin reincid&iacute;a en sacrificarse, tomando &eacute;l mismo
+el l&iacute;quido por un real menos de su precio corriente, y aprontando el
+dinero, del cual no ven&iacute;a a sacar sino a raz&oacute;n de 20 por 100 al a&ntilde;o. As&iacute;
+hac&iacute;a ganar al marqu&eacute;s otro 10 por 100.</p>
+
+<p>Con el trigo suced&iacute;a lo propio. El marqu&eacute;s mandaba que le vendiesen el
+trigo dos o tres meses antes de la cosecha. No se hallaba quien le
+pagase con anticipaci&oacute;n sino con tres reales de descuento por fanega.
+Entonces D. Acisclo proporcionaba el dinero, y se quedaba con el trigo
+por dos reales menos, pero haciendo ganar al marqu&eacute;s un real en fanega.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s gustaba de tener una reata de ocho hermosos mulos, los cuales
+se hubieran comido una barbaridad de cebada, sin trabajar para el
+marqu&eacute;s sino cuatro meses a lo m&aacute;s cada a&ntilde;o; pero D. Acisclo se serv&iacute;a
+de los mulos para los acarreos y tr&aacute;ficos, y as&iacute; se ahorraba &eacute;l de pagar
+mulero y mulos, y hac&iacute;a que el marqu&eacute;s ahorrase sobre seis meses de
+piensos.</p>
+
+<p>Las tierras del marqu&eacute;s estaban muy necesitadas de abono. Don Acisclo
+adquiri&oacute; para s&iacute; no pocas ovejas y cabras, las cuales, a trueque de
+algunas hierbas in&uacute;tiles y tal vez nocivas y de algunos reto&ntilde;os bajos y
+viciosos, abonaban bien los mejores olivares del marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>Necesitaba el marqu&eacute;s m&aacute;s dinero; era menester tomarle prestado; no
+hab&iacute;a quien le diese a menos del 15 por 100. Don Acisclo hallaba a un
+pariente o a un amigo suyo que le daba al 12. As&iacute; hac&iacute;a ganar al marqu&eacute;s
+un tres por ciento anual sobre la cantidad recibida.</p>
+
+<p>En resoluci&oacute;n, y por el estilo mencionado, rindiendo cuentas
+exact&iacute;simas, y demostrando matem&aacute;ticamente que hac&iacute;a ganar al marqu&eacute;s
+tres o cuatro mil duros al a&ntilde;o con administrar tan fiel y celosamente
+sus bienes, D. Acisclo vino a quedarse con casi todos ellos.</p>
+
+<p>Su se&ntilde;or&iacute;a, sitiado por hambre, tuvo entonces que abandonar la corte, y
+se retir&oacute; a hacer penitencia en Villafr&iacute;a, donde muri&oacute;, al a&ntilde;o de estar,
+de unas calenturas malignas, que infundieron en su sangre la falta de
+metales y la sobra de bilis.</p>
+
+<p>Todo el caudal del marqu&eacute;s, a su muerte, podr&iacute;a producir, a lo sumo,
+16.000 rs. al a&ntilde;o.</p>
+
+<p>Estoy tan escamado con los cr&iacute;ticos profundos que no atino a resolver y
+declarar si el marqu&eacute;s era tonto o discreto. En Madrid hab&iacute;a sido el
+marqu&eacute;s el encanto de la sociedad, y hab&iacute;a pasado por la discreci&oacute;n en
+persona. Y, sin embargo, el marqu&eacute;s se hab&iacute;a quedado pobre. Tal vez
+consista esto en que haya dos g&eacute;neros de tonter&iacute;a: la tonter&iacute;a de acci&oacute;n
+y la tonter&iacute;a de palabra, las cuales est&aacute;n en raz&oacute;n inversa en cada ser
+humano. El que no dice tonter&iacute;as las hace: el que no las hace las dice.
+Cuando alguien hace y dice siempre tonter&iacute;as, ya es tonto de capirote y
+goza de tonter&iacute;a absoluta, total, una y toda, como se expresar&iacute;an los
+fil&oacute;sofos.</p>
+
+<p>Por dicha no es esto lo com&uacute;n: lo com&uacute;n es ser tonto a medias. Cuando
+alguien gasta en palabras su discreci&oacute;n, enamora a las gentes y hace las
+delicias de las tertulias; pero, consumida toda su discreci&oacute;n en objetos
+de lujo, s&oacute;lo tonter&iacute;a le queda para los negocios que debieran
+importarle. Y, por el contrario, todos o casi todos los que consumen su
+discreci&oacute;n en hacer su negocio, son insufribles de tontos o de zafios
+hasta que le hacen, si bien, luego que le han hecho, vuelven a brillar
+con su discreci&oacute;n en los discursos y conversaciones, o bien porque ya no
+tienen que emplearla en lo &uacute;til y la derivan hacia lo agradable, o bien
+por el prestigio seductor de que los circundan su &eacute;xito y su buena
+fortuna.</p>
+
+<p>As&iacute; me explico yo que el marqu&eacute;s, que buen poso haya, pasase siempre por
+discreto en la corte, y en su lugar por incapaz de sacramento.</p>
+
+<p>Raz&oacute;n ten&iacute;an en su lugar, dir&aacute; quien me lea. Si el marqu&eacute;s no hubiera
+sido tonto, hubiera conocido que D. Acisclo le saqueaba y hubiera mudado
+de administrador. A esto importa contestar lo que el marqu&eacute;s contestaba,
+pues no falt&oacute; nunca quien le hiciese dichas reflexiones. Yo no trato
+aqu&iacute; de sostener que el marqu&eacute;s ten&iacute;a raz&oacute;n: me limito a repetir lo que
+&eacute;l dec&iacute;a. Dec&iacute;a, pues, que en veinte leguas a la redonda, tomando a
+Villafr&iacute;a por centro del c&iacute;rculo o redondel, no hab&iacute;a m&aacute;s honrado y
+virtuoso var&oacute;n que su administrador: que el ahorro de cuatro mil duros
+al a&ntilde;o que D. Acisclo se jactaba de haberle hecho era de la m&aacute;s rigurosa
+exactitud; y que por consiguiente todav&iacute;a le sal&iacute;a deudor, en los veinte
+a&ntilde;os que hab&iacute;a administrado sus bienes, de algo m&aacute;s de 80.000 duros.
+Otro administrador cualquiera hubiera acabado con el marqu&eacute;s en diez
+a&ntilde;os. El marqu&eacute;s, por lo tanto, cre&iacute;a deber a D. Acisclo diez a&ntilde;os de
+buena y alegre vida. Otro administrador cualquiera no hubiera hecho los
+adelantos por la mitad menos, y se hubiera enriquecido m&aacute;s pronto, y no
+hubiera arruinado a su se&ntilde;or con tantos miramientos, con tanta suavidad
+y pausa, y con tan severa conciencia. El propio D. Acisclo cre&iacute;a, all&aacute;
+en el fondo de su alma, aunque rara vez se jactaba de ello por su
+extremada modestia, que hab&iacute;a sido para con el marqu&eacute;s un dechado de
+fieles servidores. As&iacute; es que, en el a&ntilde;o que vivi&oacute; el marqu&eacute;s en
+Villafr&iacute;a, ya arruinado, D. Acisclo le sermone&oacute; bien sobre su
+despilfarro e imprevisi&oacute;n, y el marqu&eacute;s le oy&oacute; siempre con respeto y
+hasta compungido a veces.</p>
+
+<p>Con estos sermones y consejos p&oacute;stumos, con una amistad llena de
+veneraci&oacute;n, que D. Acisclo mostr&oacute; siempre al marqu&eacute;s, m&aacute;s a&uacute;n cuando
+pobre que cuando rico, y con los cuidados con que le atendi&oacute; en los
+&uacute;ltimos d&iacute;as de su vida, sin que ni remotamente entrase en todo ello la
+menor idea de desagravio, pues pensaba haberle favorecido y no ofendido,
+don Acisclo se elev&oacute; a considerable altura moral e intelectual en el
+&aacute;nimo del marqu&eacute;s, quien al morir le dej&oacute; confiada la joya m&aacute;s hermosa
+que a&uacute;n pose&iacute;a en este mundo.</p>
+
+<p>Era esta joya una ni&ntilde;a que acababa de cumplir quince a&ntilde;os cuando muri&oacute;
+el marqu&eacute;s. Hab&iacute;a sido educada por un aya inglesa que hab&iacute;a sido
+menester despedir por falta de dinero antes de venir a Villafr&iacute;a; pero
+ya la ni&ntilde;a hablaba ingl&eacute;s y franc&eacute;s con perfecci&oacute;n y estaba muy
+instruida.</p>
+
+<p>En el lugar hab&iacute;a acertado a hacerse querer de todas las gentes, en
+especial de los pobres, aunque ella tambi&eacute;n lo era y poco pod&iacute;a
+favorecerlos.</p>
+
+<p>Hu&eacute;rfana de madre desde que ten&iacute;a dos a&ntilde;os, hab&iacute;a quedado sola en el
+mundo al morir el marqu&eacute;s. &Eacute;ste, que jam&aacute;s hab&iacute;a sido casado, hab&iacute;a
+tenido aquella hija en una mujer oscura, pero le hab&iacute;a dado su nombre y
+la hab&iacute;a legitimado.</p>
+
+<p>Don Acisclo, muerto el marqu&eacute;s, tuvo grande empe&ntilde;o en adelantar el
+dinero para la transmisi&oacute;n del t&iacute;tulo a la se&ntilde;orita; pero &eacute;sta lo supo,
+y se opuso del modo m&aacute;s resuelto. Aunque de tan corta edad, pens&oacute; y dijo
+con discreci&oacute;n que hasta era rid&iacute;culo ser marquesa con tan poco dinero
+como ten&iacute;a. Don Acisclo insisti&oacute; en sacar el t&iacute;tulo, pero la ni&ntilde;a se
+opuso cada vez con m&aacute;s ah&iacute;nco. Quedose, pues, sin t&iacute;tulo. Todos en el
+lugar dejaron de llamarla la marquesita, como la llamaban en vida de su
+padre, y la llamaron do&ntilde;a Luz, que era su nombre de pila.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, como buena hija, lament&oacute; y llor&oacute; mucho la muerte del marqu&eacute;s;
+pero su humilde y cristiana resignaci&oacute;n era grande.</p>
+
+<p>Con el tiempo qued&oacute; do&ntilde;a Luz tranquila y consolada. Viv&iacute;a en casa de D.
+Acisclo. Conoc&iacute;a su triste situaci&oacute;n, y no se atormentaba por ello. Se
+dir&iacute;a que hab&iacute;a olvidado Madrid. Estaba conforme en pasar en Villafr&iacute;a
+la vida entera.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2>
+
+<h3>Antecedentes y pormenores indispensables aunque enojosos</h3>
+
+
+<p>Desde la muerte del marqu&eacute;s hab&iacute;an transcurrido doce a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz ten&iacute;a veintisiete y estaba hermos&iacute;sima: mucho mejor que de
+quince.</p>
+
+<p>Su buen natural, rectamente encaminado en su ni&ntilde;ez y en su adolescencia
+por las lecciones del aya, no la hab&iacute;a abandonado nunca. Do&ntilde;a Luz, sin
+sibaritismo, con la severidad de quien cumple un deber, hab&iacute;a cuidado, y
+segu&iacute;a cuidando en el lugar, de su alma y de su cuerpo.</p>
+
+<p>Con el mismo esmero con que procuraba no manchar su inteligencia ni su
+voluntad con ideas o con afectos indignos, atend&iacute;a a la material
+limpieza y al honesto adorno de su persona. Do&ntilde;a Luz era en todo la
+pulcritud personificada.</p>
+
+<p>Tal vez por instinto, sin darse cuenta de ello, o al menos no dej&aacute;ndolo
+sentir ni recelar, se miraba y se complac&iacute;a m&aacute;s en este que podemos
+llamar aseo moral y corp&oacute;reo, por lo mismo que se ve&iacute;a circundada de
+gente algo ruda y no muy limpia ni de cuerpo ni de alma, y como si
+tuviese el temor de contaminarse.</p>
+
+<p>Era tan circunspecta, que jam&aacute;s dejaba traslucir este temor; y tan h&aacute;bil
+sin arte, que nadie la acusaba de desde&ntilde;osa. Aunque no se bajaba al
+nivel de nadie, por una dulce, franca y generosa simpat&iacute;a, procuraba
+elevar a las gentes a su nivel. As&iacute; hab&iacute;a logrado infundir respeto y no
+odio: y las se&ntilde;oras y se&ntilde;oritas del lugar, en vez de tomarla por blanco
+de sus s&aacute;tiras, sol&iacute;an tomarla por modelo, con lo cual los usos,
+costumbres y trato social, se hab&iacute;an mejorado bastante.</p>
+
+<p>Los mozos eran m&aacute;s reverentes con las mujeres, y algunas de &eacute;stas
+imitaban ya a do&ntilde;a Luz, no sin ma&ntilde;a, en modales y compostura y hasta en
+el primor y atildamiento con que ella ten&iacute;a los muebles y alhajas de su
+tocador, salita y alcoba.</p>
+
+<p>En el momento en que nos ponemos ahora con la imaginaci&oacute;n, do&ntilde;a Luz era
+un sol que estaba en el zenit. Gallarda y esbelta, ten&iacute;a toda la
+amplitud, robustez y majestad, que son compatibles con la elegancia de
+formas de una doncella llena de distinci&oacute;n aristocr&aacute;tica. La salud
+brillaba en sus frescas y sonrosadas mejillas; la calma, en su c&aacute;ndida y
+tersa frente, coronada de rubios rizos; la serenidad del esp&iacute;ritu, en
+sus ojos azules, donde cierto fulgor apacible de caridad y de
+sentimientos piadosos suavizaba el ing&eacute;nito orgullo.</p>
+
+<p>Madrugadora, activa, acostumbrada a dar largos paseos, y a estar en casa
+empleada en algo &uacute;til, la ligereza y el br&iacute;o de su cuerpo corr&iacute;an
+parejas con su beldad y con su gracia. Cuando quer&iacute;a, bailaba como una
+s&iacute;lfide; en el andar airoso, semejaba a la divina cazadora de Delos, y
+montaba a caballo como la reina de las amazonas.</p>
+
+<p>No se negaba a asistir a los bailes, tertulias y otras fiestas que en el
+lugar se daban. Hab&iacute;a ido a las ferias de los lugares cercanos y a
+algunas romer&iacute;as, y no esquivaba la conversaci&oacute;n de las gentes, aunque
+con tan juicioso y bien templado decoro, que atinaba a desechar la
+familiaridad excesiva, sin ofender al vidrioso y sin alentar al audaz y
+confiado.</p>
+
+<p>Esto, en vez de perjudicarle, aumentaba y extend&iacute;a su buen cr&eacute;dito.</p>
+
+<p>Cuando do&ntilde;a Luz iba por la calle, con Juana, su anciana criada, o cuando
+iba a la iglesia, grave, silenciosa, vestida toda de negro, con basqui&ntilde;a
+y mantilla, dec&iacute;an algunos mozos estudiantes, que hab&iacute;a en el lugar, y
+que entend&iacute;an m&aacute;s hondamente que los dem&aacute;s de est&eacute;tica y de otras
+doctrinas de amor y poes&iacute;a, que do&ntilde;a Luz parec&iacute;a una garza real, una
+emperatriz, una hero&iacute;na de leyendas y de cuentos fant&aacute;sticos; algo de
+peregrino y de fuera de lo que se usa; el hada Paraban&uacute;; la m&aacute;s egregia
+de las hur&iacute;es.</p>
+
+<p>A pesar del respeto, algunos no acertaban a contenerse. Este dec&iacute;a:
+&laquo;&iexcl;Viva el salero!&raquo; Aqu&eacute;l: &laquo;&iexcl;Alabado sea Dios que tan hermosa la ha
+criado!&raquo; Otro: &laquo;&iexcl;Ah&iacute; va la gloria vivita!&raquo; y as&iacute; por el estilo. En
+ocasiones, por &uacute;ltimo, no falt&oacute; quien se propasase a tender la pa&ntilde;osa a
+modo de alfombra o a tirar el sombrero cala&ntilde;&eacute;s a sus plantas para que
+ella le hollara y pisoteara.</p>
+
+<p>Pero, &iexcl;caso estupendo! en medio de todo este entusiasmo, do&ntilde;a Luz no
+ten&iacute;a ni hab&iacute;a tenido novio: no hablaba ni hab&iacute;a hablado con nadie por
+la reja. Lo que s&iacute; hab&iacute;a tenido era multitud de pretendientes, sin que
+ella hubiese dado esperanzas a ninguno. Los j&oacute;venes m&aacute;s ricos de algunas
+leguas en contorno la consideraban ya como inexpugnable fortaleza. La
+esperanza, con todo, no se pierde jam&aacute;s. Los hombres, en esto de
+conquistas amorosas, nos las prometemos, a menudo, felices. As&iacute; es que,
+si los del lugar estaban ya sosegados y desenga&ntilde;ados, no faltaban a&uacute;n
+forasteros, con tal de que fuesen sujetos de cierto fuste, que se
+alborotasen al ver a do&ntilde;a Luz, y propusiesen, all&aacute; en sus adentros,
+conseguir lo que otros no hab&iacute;an conseguido; pero pronto tambi&eacute;n se
+desenga&ntilde;aban.</p>
+
+<p>Con esta adoraci&oacute;n resuelta, con este prurito de ser correspondidos, se
+hab&iacute;an hallado muchos, o simult&aacute;nea o sucesivamente. Ninguno hab&iacute;a
+llegado a explicaciones. Do&ntilde;a Luz se supo componer de suerte que no se
+hab&iacute;a visto nunca en la dura necesidad de dar formales calabazas, ni de
+excitar el resentimiento que esto trae consigo. Era dif&iacute;cil hablar a
+solas con ella. Era dif&iacute;cil hacer llegar a sus manos carta o billete
+amoroso. Y si bien, merced a algunas viejas audaces, que donde quiera
+las hay de sobra, do&ntilde;a Luz hab&iacute;a recibido papelitos en prosa y hasta en
+verso, constantemente los hab&iacute;a devuelto sin abrir. En vista de estos y
+de otros desdenes, todos los enamorados desist&iacute;an al fin de sus
+prop&oacute;sitos, sin motivo y hasta sin pretexto de queja.</p>
+
+<p>Y no pod&iacute;a haberla, porque do&ntilde;a Luz callaba toda raz&oacute;n ofensiva. No se
+sent&iacute;a inclinada al matrimonio. No amaba. Nadie manda en su coraz&oacute;n.
+Tales eran sus razones.</p>
+
+<p>Alguien podr&iacute;a sospechar pero no probar su invencible repugnancia a todo
+lo vulgar y plebeyo, y el horror que de ella se apoderaba a la sola idea
+de poder un d&iacute;a tener un hijo que llevase su ilustre apellido en pos de
+otro apellido oscuro y r&uacute;stico de alg&uacute;n ricacho villano.</p>
+
+<p>En suma: do&ntilde;a Luz, si no ten&iacute;a esperanzas de casarse a su gusto, tampoco
+ten&iacute;a o dejaba traslucir el menor deseo. Todo era en ella frialdad
+tranquila y contentamiento suave. En balde, el peor pensado de los
+hombres se atrever&iacute;a a buscar en sus actos, en sus palabras, en sus
+ademanes y gesto, la m&aacute;s leve se&ntilde;al de que estuviese despechada.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz no lo estaba en realidad. Hab&iacute;a tomado en&eacute;rgicamente su partido
+y hab&iacute;a trazado de antemano la senda de su vivir. Las frases burlonas de
+<i>quedarse para t&iacute;a</i> o <i>para vestir im&aacute;genes</i> no hac&iacute;an mella en su firme
+y acerado coraz&oacute;n, ni pod&iacute;an violentarla ni inclinarla a aceptar marido
+con el solo fin de no llegar a solterona.</p>
+
+<p>Varias parientas ricas, que ten&iacute;a do&ntilde;a Luz en Sevilla y en Madrid, la
+hab&iacute;an invitado a que se fuera a vivir con ellas: pero, o bien porque
+as&iacute; fuese en verdad, o porque do&ntilde;a Luz lo sospechaba, las invitaciones
+hab&iacute;an sido m&aacute;s que de coraz&oacute;n por cumplimiento. Adem&aacute;s, do&ntilde;a Luz se
+consideraba muy pobre para su clase, y no quer&iacute;a ser gravosa, ni vivir a
+expensas de otros y en una especie de dependencia pr&oacute;xima a la
+servidumbre. Hab&iacute;a, pues, rehusado todas las invitaciones. Su plan era
+vivir y morir oscuramente en Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>La misma impureza de su origen, el vicio de su nacimiento, la humilde
+condici&oacute;n de su desconocida madre, obraban por reacci&oacute;n en su &aacute;nimo y
+casi convert&iacute;an su orgullo en fiereza. Para limpiar aquella mancha
+original, quer&iacute;a ser do&ntilde;a Luz mucho m&aacute;s limpia y mucho m&aacute;s pura.</p>
+
+<p>No quer&iacute;a pordiosear ni deber nada a nadie.</p>
+
+<p>Conservaba sin vender su casa solariega del lugar con sus antiguos
+muebles y dos criados. Si no viv&iacute;a en ella, pensaba vivir m&aacute;s tarde, o
+bien porque don Acisclo podr&iacute;a faltar, o bien porque ya, entrada ella en
+a&ntilde;os, nadie podr&iacute;a extra&ntilde;ar que viviese sola.</p>
+
+<p>Entretanto, viv&iacute;a do&ntilde;a Luz en el caser&oacute;n de don Acisclo, donde ten&iacute;a
+holgada e independiente habitaci&oacute;n, y donde hab&iacute;a tra&iacute;do, para
+adornarla, sus m&aacute;s bonitos y preciosos muebles y sus libros mejores.</p>
+
+<p>En pago de esta hospitalidad, hac&iacute;a aceptar a don Acisclo, por m&aacute;s que
+&eacute;ste se hab&iacute;a resistido, m&aacute;s de la mitad de sus rentas, o sea 8.000
+reales al a&ntilde;o. Con lo restante, como era econ&oacute;mica y arreglada, ten&iacute;a lo
+suficiente para vestirse, comprar algunos libros nuevos y hacer
+limosnas.</p>
+
+<p>El &uacute;nico lujo, el &uacute;nico regalo de do&ntilde;a Luz, era un magn&iacute;fico caballo
+negro, en el cual sol&iacute;a ella salir a paseo con D. Acisclo o con un
+criado llamado Tom&aacute;s, que hab&iacute;a envejecido en el servicio de su padre.</p>
+
+<p>Don Acisclo estaba viudo hac&iacute;a much&iacute;simo tiempo. Ten&iacute;a dos hijos y tres
+hijas, todos casados y con casa aparte, de modo que, en la soledad
+anchurosa de aquel inmenso caser&oacute;n, do&ntilde;a Luz y D. Acisclo se daban mutua
+compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>Rayaba ya D. Acisclo en los setenta a&ntilde;os; pero estaba recio y bien de
+salud. Iba derecho como un huso; era hombre &aacute;gil y enjuto de carnes; y,
+si no sab&iacute;a m&aacute;s que leer y escribir medianamente y las cuatro reglas, y
+si jam&aacute;s hab&iacute;a le&iacute;do un libro, ten&iacute;a gran despejo natural, aunque burdo.
+Jam&aacute;s hab&iacute;a turbado su conciencia con sutilezas morales. As&iacute; es que no
+le remord&iacute;a, como hemos dicho, de haber contribuido a la ruina del
+marqu&eacute;s. Si se hab&iacute;a aprovechado de ella mejor le parec&iacute;a que hubiese
+sido &eacute;l que no otro. Mucho le hubiera dolido ver en manos extra&ntilde;as el
+caudal de su amo. Pose&iacute;ale, por lo tanto, de buena fe, con justo t&iacute;tulo,
+y hasta con y por cierto sentimiento de veneraci&oacute;n a la memoria del
+difunto ilustre poseedor.</p>
+
+<p>Esta veneraci&oacute;n se extend&iacute;a, o mejor dicho, se extremaba y llegaba a su
+colmo, sin afectaci&oacute;n ni servilismo, cuando se trataba de la se&ntilde;orita
+do&ntilde;a Luz, en quien, fascinado el viejo, cre&iacute;a descubrir a un ser cuyos
+arcanos pensamientos, m&oacute;viles y resortes de acci&oacute;n, apenas entreve&iacute;a; a
+una criatura rara e inusitada, de otra casta muy diferente de la suya, y
+con la cual, sin embargo, com&iacute;a de diario y ten&iacute;a la honra de compartir
+la vivienda.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2>
+
+<h3>De otras menudencias que la escrupulosidad del narrador no permite que
+pasen en silencio</h3>
+
+
+<p>Constaba esta vivienda, como la de muchos otros ricos hacendados de
+Andaluc&iacute;a, de dos casas contiguas, en comunicaci&oacute;n: la de los amos y la
+que se llama siempre casa de campo, aunque est&eacute; en el centro de la
+poblaci&oacute;n.</p>
+
+<p>La casa de los amos no ten&iacute;a m&aacute;s habitantes que D. Acisclo en un
+extremo, y do&ntilde;a Luz en otro, con su vieja criada Juana, que dorm&iacute;a en un
+cuarto al lado del de su se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a un gran comedor, otro comedor peque&ntilde;o para diario y varios salones
+de respeto, que no se abr&iacute;an sino en las ocasiones solemnes, y donde,
+entre otras preciosidades, D. Acisclo, sus hijos, hijas, yernos y
+nueras, todos resplandec&iacute;an retratados al &oacute;leo, de tama&ntilde;o m&aacute;s que
+natural, y casi de cuerpo entero, por un pintor ambulante que acert&oacute; a
+pasar por Villafr&iacute;a, y que llev&oacute; una onza de oro por cada retrato.
+Verdad es que D. Acisclo le agasaj&oacute; y trat&oacute; a cuerpo de rey, sent&aacute;ndole
+a su mesa todo el tiempo que tard&oacute; en pintarlos, lo cual fue obra de
+cinco meses, y luego, al partir, le hizo presente de mil chucher&iacute;as,
+como, por ejemplo, de un pipotillo con aguardiente de doble an&iacute;s, de
+orejones secos y de alfajores y pi&ntilde;onate. Los retratos lo merec&iacute;an por
+lo parecidos. No les faltaba m&aacute;s que hablar. Las blondas que figuraban
+en los de las damas, estaban algo confusas al principio; pero, cediendo
+a las quejas de las damas susodichas, el pintor lo arregl&oacute; con ingenioso
+artificio. Unt&oacute; en albayalde un pedazo de tul, le aplic&oacute; al sitio del
+cuadro, ya seco, donde la blonda estaba representada, y result&oacute; un
+efecto maravilloso, porque hasta los agujeritos de la blonda se ve&iacute;an y
+aun pod&iacute;an contarse.</p>
+
+<p>Todo esto era en el piso principal, donde hab&iacute;a dos chimeneas, que all&iacute;
+llaman francesas, y que no se encendieron sino cuando vino el obispo, en
+pleno invierno, y por poco se ahoga S. S. I. con el humo que se arm&oacute;.
+Pero en cambio hab&iacute;a una magn&iacute;fica cocina de se&ntilde;ores, con chimenea de
+campana, de much&iacute;simo tiro, donde ard&iacute;a siempre, durante la estaci&oacute;n
+fr&iacute;a, abundante le&ntilde;a de olivo y de encina y rica pasta de orujo; donde
+rara vez se guisaba; y donde los se&ntilde;ores se calentaban muy a su sabor.
+En esta cocina adornaban las paredes varias jaulas de perdices, puestas
+sobre repisas, escopetas y otras armas, y algunas cabezas de ciervos,
+lobos, zorros, tejones y gardu&ntilde;as, muertos por D. Acisclo.</p>
+
+<p>En el piso bajo hab&iacute;a casi tanta habitaci&oacute;n como en el principal; y, si
+se contaba con el patio con toldo, hab&iacute;a m&aacute;s. All&iacute; se viv&iacute;a durante el
+verano. En toda estaci&oacute;n estaba all&iacute; el despacho de D. Acisclo, donde
+este activo labrador y ganadero trataba con chalanes, corredores,
+rabadanes, aperadores, capataces y caseros: entendi&eacute;ndose por caseros,
+no el terror de los inquilinos morosos, como en Madrid, sino los que
+cuidan y guardan las caser&iacute;as o viviendas de cada finca r&uacute;stica.</p>
+
+<p>En el piso bajo, en la sala de m&aacute;s aparato y autoridad, que se llamaba
+la cuadra, porque era cuadrada, hab&iacute;a tambi&eacute;n algo que daba lustre a
+aquella casa. Es de saber que en no pocos pueblos de Andaluc&iacute;a hay
+multitud de im&aacute;genes benditas, que se sacan en procesi&oacute;n en las grandes
+festividades, y singularmente en Semana Santa. El n&uacute;mero de estas
+im&aacute;genes suele hacer que no quepan bien en los templos, por lo cual
+muchas est&aacute;n depositadas en casas particulares hasta el &uacute;nico d&iacute;a del
+a&ntilde;o en que han de salir en procesi&oacute;n. D. Acisclo ten&iacute;a en la cuadra baja
+una de estas im&aacute;genes, de cuya cofrad&iacute;a era hermano mayor; pero no era
+una imagen de tres al cuarto, sino la m&aacute;s complicada que se conoc&iacute;a y la
+de mayor empe&ntilde;o y coste, ya que en realidad no rezaba con ella aquel
+decir proverbial de:</p>
+
+<p>Santirulitos bonitos, baratos, Ni comen, ni beben, ni gastan zapatos.</p>
+
+<p>Aquella imagen o representaci&oacute;n com&iacute;a y beb&iacute;a, o mejor dicho, cenaba:
+era nada menos que la <i>Cena</i>.</p>
+
+<p>Cristo y los doce ap&oacute;stoles de bulto estaban sentados a la mesa; Cristo
+echaba la bendici&oacute;n, San Juan se dorm&iacute;a sobre el hombro de su Divino
+Maestro, y el fe&iacute;simo y traicionero Judas, con enmara&ntilde;ado pelo rojo,
+met&iacute;a la mano en el plato del centro, porque es sabido que no ten&iacute;a
+pizca de educaci&oacute;n.</p>
+
+<p>El Jueves Santo sal&iacute;a en procesi&oacute;n la Cena, y el Mi&eacute;rcoles Santo por la
+noche estaba expuesta en la cuadra a la veneraci&oacute;n de los fieles,
+quienes con tal motivo ten&iacute;an entrada franca en la casa, lo cual se
+llamaba y se llama a&uacute;n <i>visitar las insignias</i>, y apenas quedaba en el
+lugar quien no las visitase en la v&iacute;spera de la respectiva procesi&oacute;n. Y
+esto si contar con los forasteros.</p>
+
+<p>La mesa en que Cristo y los ap&oacute;stoles estaban sentados, era bastante
+capaz, y, en tan solemnes d&iacute;as, se cubr&iacute;a con preciosos manteles
+alemaniscos y se adornaba con mil lindezas, flores, viandas, dulces y
+frutas. Aunque no hab&iacute;a en la mesa <i>de cuanto Dios cri&oacute;</i>, como afirmaba
+la gente del pueblo con encarecimiento desmedido, era innegable que
+hab&iacute;a objetos raros y costosos: uvas de coraz&oacute;n de cabrito como acabadas
+de coger y que por milagro se hab&iacute;an conservado, claveles y tempranas
+rosas de olor en grandes pi&ntilde;as, ramos de violetas y camelias, etc., etc.
+Las paredes de la sala donde estaba la Cena se tapizaban de damasco
+carmes&iacute;; sobre el damasco se colgaban lindas y antiguas cornucopias con
+muchas velas de cera ardiendo, y tambi&eacute;n en la sala hab&iacute;a verdes
+plantas, y canarios en jaulas, y una enorme cruz negra de madera, con
+adornos y remates de plata fina, asida a la pared por fuertes alcayatas.
+Era la cruz que D. Acisclo, cuando mozo, hab&iacute;a llevado al hombro en las
+procesiones durante muchos a&ntilde;os, porque hab&iacute;a sido y era a&uacute;n <i>hermano de
+cruz</i>, aunque jubilado, y a&uacute;n se vest&iacute;a de <i>nazareno</i>, para ir en la
+procesi&oacute;n como hermano mayor delante de la Cena, con una t&uacute;nica de rica
+seda morada que hab&iacute;a costado un dineral; pero entonces no llevaba la
+cruz, sino una p&eacute;rtiga reluciente, signo de autoridad y mando. Su hijo
+primog&eacute;nito iba delante con el estandarte de la cofrad&iacute;a.</p>
+
+<p>El gasto de la fiesta era grande, porque D. Acisclo costeaba toda la
+cera que llevaban ardiendo los que con sendas velas segu&iacute;an su insignia,
+y en la noche del Jueves Santo, terminada ya la procesi&oacute;n, daba de cenar
+a todos los cofrades, que eran muchos, agasaj&aacute;ndolos y hart&aacute;ndolos con
+potaje de habas, cornetillas picantes, caz&oacute;n en ajo de pollo, bacalao
+con tomates o en alb&oacute;ndigas, a veces hasta <i>serafines</i> fritos, pues,
+aunque parezca extra&ntilde;o, <i>serafines</i> se llaman en aquel pa&iacute;s los
+boquerones, y de postres deliciosos pesti&ntilde;os y vino a&ntilde;ejo. Pagaba adem&aacute;s
+con rumbo generoso a los cuarenta o cincuenta ganapanes que hab&iacute;an
+llevado en hombros las andas, y en las andas la mesa, con Cristo,
+Ap&oacute;stoles y <i>cuanto Dios cri&oacute;</i>; empresa tit&aacute;nica, de la cual no pocos
+quedaban derrengados y con feroces ampollas, a pesar de las
+almohadillas.</p>
+
+<p>Aquella noche echaba D. Acisclo el bodeg&oacute;n por la ventana.</p>
+
+<p>La gente menuda fumaba a su costa los mejores <i>coraceros</i> que hab&iacute;a en
+el estanco, y el se&ntilde;or&iacute;o tomaba chocolate con hojaldres, empanadas,
+hornazos, tortas de varias clases, como por ejemplo, de polvor&oacute;n y de
+aceite, y roscos de vino y de huevo.</p>
+
+<p>En cualquier d&iacute;a y a cualquier hora se mostraba en todo que D. Acisclo
+era espl&eacute;ndido y acaudalado.</p>
+
+<p>El patio de la casa era anchuroso y enlosado de m&aacute;rmol. En su centro
+luc&iacute;a una taza de m&aacute;rmol tambi&eacute;n, donde ca&iacute;a el agua clara de un copioso
+y alto surtidor. En torno de la fuente se ve&iacute;an muchas macetas con
+flores y hierbas olorosas, y alrededor arriates con bojes, que formaban
+bolas y pir&aacute;mides, y rosales de enredadera, jazmines y naranjos, que
+revest&iacute;an el muro y trepaban por cima de los balcones del piso
+principal, tejiendo una capa o manto de flores, frutos y verdura, y
+embalsamando el ambiente, ya con el olor del azahar, ya con el m&aacute;s leve
+aroma de jazmines y de mosquetas.</p>
+
+<p>De este patio, as&iacute; como de un jard&iacute;n m&aacute;s extenso, con honores de huerta,
+que hab&iacute;a a espaldas de la casa, cuidaba do&ntilde;a Luz con esmero. Hasta
+hac&iacute;a venir flores y plantas, que jam&aacute;s se hab&iacute;an conocido en Villafr&iacute;a,
+y sol&iacute;a aclimatarlas.</p>
+
+<p>De nada m&aacute;s cuidaba do&ntilde;a Luz, no por desidia, sino porque, seg&uacute;n dec&iacute;a
+D. Acisclo, se obstinaba en sostener que estaba como de hu&eacute;sped, y no
+quer&iacute;a meterse en camis&oacute;n de once varas.</p>
+
+<p>Quien lo gobernaba todo, la verdadera directora y ama de llaves, era la
+Sra. Petra, de edad de cincuenta a&ntilde;os muy cumplidos. Ella entend&iacute;a en el
+gasto diario, vigilaba la cocina y ten&iacute;a las llaves de la despensa, de
+la reposter&iacute;a, de la candiotera, de las cuatro bodegas de vino, aceite,
+aguardiente y vinagre, y de los desvanes o graneros, donde siempre hab&iacute;a
+trigo, cebada, arvejones, yeros, matalah&uacute;ga y otras semillas.</p>
+
+<p>A las inmediatas &oacute;rdenes de la Sra. Petra hab&iacute;a cuatro criadas: dos,
+zagalonas a&uacute;n, duras en el trabajo, de apretadas carnes y m&uacute;sculos de
+acero, las cuales eran de las que llaman por all&aacute; <i>de cuerpo de casa</i>,
+esto es, que serv&iacute;an para fregar, aljofifar, enjalbegar y tenerlo todo
+<i>saltandito</i> de limpio; otra, ya m&aacute;s granada, aunque moza tambi&eacute;n, que
+cos&iacute;a, zurc&iacute;a y planchaba la ropa, y otra que guisaba los m&aacute;s castizos y
+sabrosos guisotes de la tierra, y que sab&iacute;a hacer alm&iacute;bares, cuajados,
+pastelillos, arrope y gachas de mosto.</p>
+
+<p>Toda esta tropa femenina habitaba y dorm&iacute;a en el piso principal de la
+casa de campo, donde tambi&eacute;n ten&iacute;an habitaci&oacute;n el aperador, su mujer y
+sus cuatro chiquillos; pero &eacute;stos, tan apartados, que no se ve&iacute;an ni se
+entend&iacute;an sino cuando el amo llamaba.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a, por &uacute;ltimo un mozo, que dorm&iacute;a junto a la caballeriza y cuidaba
+de ella, de los patios y corrales.</p>
+
+<p>Tal era la servidumbre dom&eacute;stica, por decirlo as&iacute;. Pero ya se entiende
+que los jornaleros, el mulero, los caseros, los vi&ntilde;adores, los
+pisadores, los del molino y la dem&aacute;s gente que se empleaba en las faenas
+agr&iacute;colas, iban y ven&iacute;an y hac&iacute;a estancia en la casa de campo, donde
+hab&iacute;a anchura sobrada, y alambique, lagar, alfarje y prensas para la
+aceituna y la uva.</p>
+
+<p>Resultaba, pues, como ya queda apuntado, que en la casa de los amos s&oacute;lo
+viv&iacute;an D. Acisclo, do&ntilde;a Luz y su criada Juana.</p>
+
+<p>Tom&aacute;s, el antiguo criado del marqu&eacute;s, viv&iacute;a en la casa solariega con un
+mozuelo que le ayudaba a cuidarla y a cuidar tambi&eacute;n el hermoso caballo
+negro de la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>En la casa hab&iacute;a dos mesas: una a la que se sentaban D. Acisclo y do&ntilde;a
+Luz y alg&uacute;n convidado si le hab&iacute;a; otra para la <i>familia</i> (en los
+pueblos andaluces se sigue llamando <i>familia</i> a los criados), y en dicha
+mesa se sentaban la se&ntilde;ora Petra presidiendo, las dos mozas de <i>cuerpo
+de casa</i>, la costurera y planchadora, la cocinera, el mozo de la
+caballeriza, Tom&aacute;s y su ayudante, y la Juana, doncella de la se&ntilde;orita
+do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>El aperador y los suyos hac&iacute;an rancho aparte y ten&iacute;an una cocinilla
+moruna donde guisaba la aperadora.</p>
+
+<p>Esto no imped&iacute;a que ella, o alguno de sus hijos, o todos, incluso el
+aperador, aunque no hijo, sino padre, estuviesen convidados con
+frecuencia a la mesa de la familia, a la cual se sentaban asimismo el
+mulero y otros cuando estaban en el lugar, y a la cual la se&ntilde;ora Petra y
+la Juana se atribu&iacute;an el derecho, y no se descuidaban en ejercerle, de
+hacer las invitaciones que se les antojaban.</p>
+
+<p>Tal era la casa en que durante doce a&ntilde;os hab&iacute;a vivido do&ntilde;a Luz, y tal la
+gente de que estaba rodeada en mayo de 1860.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2>
+
+<h3>Los amigos &iacute;ntimos de do&ntilde;a Luz</h3>
+
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, dadas las circunstancias en que se hallaba y las condiciones
+de su car&aacute;cter, no pod&iacute;a menos de vivir como viv&iacute;a.</p>
+
+<p>El orgullo es malo sin duda.</p>
+
+<p>&iquest;Cu&aacute;nto mejor y m&aacute;s cristiana no es la humildad? En el orgullo hay mucho
+de ego&iacute;smo, mientras que la humildad es toda devoci&oacute;n y abandono. Y sin
+embargo, &iquest;c&oacute;mo negar que un orgullo bien dirigido es causa a veces de
+altas virtudes y de honrada conducta?</p>
+
+<p>Sea como sea, no debemos ocultar que nuestra hero&iacute;na era muy orgullosa.</p>
+
+<p>Quien esto escribe no tiene man&iacute;as o predilecciones aristocr&aacute;ticas. Al
+contrario, siempre se ha obstinado en creer que no vale menos la gente
+de los lugares que la m&aacute;s encopetada de la corte. <i>Mutatis mutandis</i>,
+todo le parece lo mismo: la mujer del alcalde es igual a una emperatriz
+o reina, la del escribano equivale a la duquesa m&aacute;s en moda en Madrid, y
+el majo Fulanito se le antoja m&aacute;s brioso, y gallardo, buen jinete,
+seductor, afable y ameno, que el m&aacute;s perfecto <i>dandy</i> de cuantos ha
+conocido.</p>
+
+<p>Pero, mir&aacute;ndolo bien, esto no es esp&iacute;ritu democr&aacute;tico discreto, sino
+negro y desconsolador pesimismo. La democracia optimista y sana
+consiste, sin duda, en creer que la mejor educaci&oacute;n desde la primera
+infancia, el buen ejemplo y nombre de padres y abuelos, la obligaci&oacute;n de
+no deshonrar ni deslustrar este buen nombre y el vivir en medio m&aacute;s
+urbano y culto, deben ser escuela e incentivo eficaz para ser virtuosos
+o discretos, o seductores, o dignos o todo a la vez. En igualdad de
+&iacute;ndole y de luces intelectuales debe, por consiguiente, valer mucho m&aacute;s
+quien posee los dichos exteriores requisitos que aquel que no los posee:
+en igualdad de condiciones internas, la hija de un marqu&eacute;s, por ejemplo,
+aun cuando sea bastarda, debe conducirse mejor que la hija de un
+pelafust&aacute;n. De entender lo contrario por esp&iacute;ritu democr&aacute;tico, se
+seguir&iacute;a que lo que debemos desear es la igualdad bajando y no subiendo:
+la nivelaci&oacute;n en la ignorancia, la abyecci&oacute;n y la miseria, y no la
+nivelaci&oacute;n y elevaci&oacute;n posibles, en todos aquellos medios, en toda
+aquella acumulaci&oacute;n de recursos hecha por las pasadas generaciones, a
+fin de que con su auxilio sigamos ascendiendo hacia el bien, hacia la
+luz y hacia la belleza.</p>
+
+<p>Yo comprendo como veneranda y punto menos que santa, aunque vaya por
+caminos extraviados, la intenci&oacute;n del demagogo, dem&oacute;crata y hasta
+socialista, que pugne por dar a todos los hombres educaci&oacute;n liberal,
+recursos y cuantos elementos gozan los llamados arist&oacute;cratas, si es que
+estos elementos valen, no s&oacute;lo para gozar, sino para ser mejores; pero
+si s&oacute;lo valen para gozar y ser m&aacute;s d&eacute;biles, corrompidos y ruines, no me
+explico la democracia progresista, sino la democracia de Rousseau, que
+procura retrotraer a la humanidad al estado salvaje.</p>
+
+<p>De cualquier modo que sea, conste que yo no defiendo aqu&iacute; esta o aquella
+opini&oacute;n. No es lo que escribo un tratado de filosof&iacute;a pol&iacute;tica. No
+intento tampoco presentar a do&ntilde;a Luz como un dechado de excelencias,
+sino presentarla tal como ella fue.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz sent&iacute;a profundamente la dignidad humana, pero supon&iacute;a que lo
+claro y distinto de este sentimiento, que hab&iacute;a en ella m&aacute;s que en otras
+personas, no depend&iacute;a s&oacute;lo de un don natural y gratuito, sino de una
+educaci&oacute;n superior a la de la generalidad, y mucho m&aacute;s esmerada. Esto,
+m&aacute;s bien que orgullo, parece modestia. Ella cre&iacute;a tener un ideal de s&iacute;
+propia que hab&iacute;a ido realizando y como trayendo fuera, merced sin duda a
+su misma energ&iacute;a, pero auxiliada de circunstancias dichosas e iniciales
+que deb&iacute;a a la Providencia, y en que no todos, sino pocos, se hallan. Se
+juzgaba, pues, como favorecida por Dios, y por lo mismo con m&aacute;s
+obligaciones que cumplir. Por cada favor divino, una obligaci&oacute;n sagrada.
+Ten&iacute;a talento, estaba obligada a cultivarle; era bella y fuerte,
+necesitaba conservar su fuerza y su hermosura; hab&iacute;a recibido un nombre
+ilustre, y, ya que no acertase a ilustrarle m&aacute;s, no deb&iacute;a mancharle.</p>
+
+<p>Aunque ella se considerara igual por naturaleza a los dem&aacute;s seres
+humanos, los juzgaba a todos marchando en busca de mayor bien y de
+superior altura m&aacute;s luminosa y serena. Si ella, aun cuando fuese por un
+capricho de la suerte, iba delante y se hallaba m&aacute;s cerca de la cumbre,
+su filantrop&iacute;a no pod&iacute;a extenderse a m&aacute;s que a dar la mano a los que
+estuviesen en condiciones de trepar hasta donde estaba ella, y no a
+aquellos que estaban tan bajos o tan hundidos en el lodo, que en vez de
+alzarlos, se dejar&iacute;a ella arrastrar cayendo en el lodo tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Ya hemos indicado que el orgullo de do&ntilde;a Luz se velaba y envolv&iacute;a en el
+m&aacute;s discreto disimulo; y esto no s&oacute;lo por prudencia y por inter&eacute;s
+propio, sino por vivo sentimiento de caridad. Nada le dol&iacute;a tanto como
+humillar al pr&oacute;jimo. Si tal vez se complac&iacute;a en lucir alguna habilidad,
+alguna buena prenda de su esp&iacute;ritu, alg&uacute;n primor o elegancia de su
+persona, era con los capaces de sentir el est&iacute;mulo de imitarla o alzarse
+hasta ella; no por el prurito de excitar est&eacute;ril admiraci&oacute;n o envidia
+dolorosa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, por lo mismo que ten&iacute;a tanto orgullo, no ten&iacute;a chispa de
+vanidad. Gustaba en todo de pagar con usura lo que recib&iacute;a. No anhelaba
+que la amasen m&aacute;s de lo que pod&iacute;a amar ella. La coqueter&iacute;a era, pues,
+para do&ntilde;a Luz un vicio ignorado y casi incomprensible. Su fallo, la
+propia sentencia que ella dictaba acerca de cualquiera calidad, acto o
+virtud de su persona, la lisonjeaba y complac&iacute;a mil veces m&aacute;s que todo
+el aplauso de cuantos la rodeaban. As&iacute; es que s&oacute;lo quer&iacute;a agradar de
+puro bondadosa: por donde resultaban en ella una naturalidad, una
+modestia y un olvido aparente de su propio m&eacute;rito, que encantaban y
+pasmaban.</p>
+
+<p>Otras mujeres est&aacute;n anhelando siempre inspirar pasiones; do&ntilde;a Luz hu&iacute;a
+de inspirarlas; y, aplicando un pronto desenga&ntilde;o, las mataba en todo
+coraz&oacute;n antes de que naciesen. &iquest;Para qu&eacute; ser amada si no hab&iacute;a de amar a
+quien la amase? En amor, lo mismo que en amistad, do&ntilde;a Luz deseaba dar
+el doble. Y no pudiendo amar en Villafr&iacute;a, hab&iacute;a poco a poco apartado de
+s&iacute; a todos los mozos del lugar, y hab&iacute;a elegido sus amigos &iacute;ntimos entre
+los viejos.</p>
+
+<p>Si era dulce en su trato con todos, usaba tan estudiada cortes&iacute;a, que
+sin que la tildasen de soberbia, evitaba la intimidad con todos, menos
+con cuatro sujetos.</p>
+
+<p>El primero era D. Miguel, cura de la parroquia, anciano excelente aunque
+de cort&iacute;simos alcances, con quien se confesaba todos los meses, a quien
+daba sus ahorrillos para que los repartiese en limosnas a los
+necesitados, y con quien a menudo jugaba al tute. El coraz&oacute;n y la mente
+de do&ntilde;a Luz eran para el pobre cura el libro de los siete sellos. En
+esta oscuridad, y siendo adem&aacute;s D. Miguel poco entusiasta, quer&iacute;a con
+moderaci&oacute;n a do&ntilde;a Luz; pero la quer&iacute;a con toda la fuerza de alma de que
+&eacute;l pod&iacute;a disponer para el cari&ntilde;o, que era poqu&iacute;sima. Do&ntilde;a Luz, en
+cambio, idolatraba al cura de cierta manera. Se complac&iacute;a en aquella
+transparencia, en aquella nitidez, en aquella bendita vaciedad de su
+esp&iacute;ritu, y le mimaba y agasajaba como a un ni&ntilde;o peque&ntilde;uelo. Por medio
+de un contrabandista que iba y ven&iacute;a con telas de algod&oacute;n, hac&iacute;a traer
+de Lisboa para D. Miguel el rap&eacute; m&aacute;s selecto; y, procurando que no le
+hiciesen mal, le enviaba confites, bizcochos y otras golosinas, a que el
+cura era muy aficionado.</p>
+
+<p>Otro &iacute;ntimo de m&aacute;s importancia, era el m&eacute;dico D. Anselmo. Y digo de m&aacute;s
+importancia, por lo que &eacute;l val&iacute;a, no porque do&ntilde;a Luz le necesitase. La
+salud de do&ntilde;a Luz era insolente de buena. Ni un dolor de cabeza nunca.</p>
+
+<p>D. Anselmo era un hombre despejad&iacute;simo, y no s&oacute;lo h&aacute;bil e instruido en
+su profesi&oacute;n, sino de variada lectura y de singular facilidad de
+palabra. No se extra&ntilde;e que con tales dotes fuese m&eacute;dico en un lugar. O
+la fortuna no le hab&iacute;a sonre&iacute;do, o su genio ind&oacute;mito y arisco se hab&iacute;a
+opuesto a que se encumbrase. Lo cierto es que, siendo persona de valer,
+se hab&iacute;a resignado a vivir y ejercer su facultad en Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz ten&iacute;a encantado a D. Anselmo y D. Anselmo a do&ntilde;a Luz. Para esto
+hab&iacute;a diversas causas. Ahora que est&aacute;n en moda los <i>schemas</i>, podremos
+representar los esp&iacute;ritus del m&eacute;dico y de la se&ntilde;orita, como dos esferas
+muy exc&eacute;ntricas, pero toc&aacute;ndose y compenetr&aacute;ndose por un lado, donde
+formaban sendos casquetes unidos por la base; algo id&eacute;ntico a la
+humanidad en el <i>schema</i> del ser, a la <i>lenteja</i> que los krausistas han
+hecho tan famosa. D. Anselmo y do&ntilde;a Luz ten&iacute;an, pues, una lenteja
+espiritual mancomunada, donde se entend&iacute;an a maravilla, quedando el
+resto de la esfera de cada uno desconocida e inexplorada por el otro.
+As&iacute; es que jam&aacute;s llegaban a saberse de memoria; escollo en que suelen
+dar los entendimientos afines, y que a la larga engendra fastidio y
+desv&iacute;o.</p>
+
+<p>Siempre ten&iacute;an estos dos amigos campo en que hacer incursiones y
+descubrimientos, tratando de penetrar o penetrando el uno en la mente
+del otro. Nunca se hartaban de hablar, y su conversaci&oacute;n era una eterna
+disputa. Do&ntilde;a Luz era creyente y espiritualista con su poco de
+misticismo; D. Anselmo, positivista feroz. D. Anselmo era adem&aacute;s un
+parlanch&iacute;n de siete suelas, y nada le encantaba m&aacute;s que el que le
+oyesen. S&oacute;lo se reposaban ambos en sus discusiones cuando jugaban al
+ajedrez. Sol&iacute;an jugar uno o dos juegos diarios.</p>
+
+<p>Don Anselmo, contar&iacute;a ya sesenta a&ntilde;os de edad. Estaba viudo como D.
+Acisclo, y ten&iacute;a una hija de veinte, morenilla muy agraciada, peque&ntilde;a de
+cuerpo, soltera a&uacute;n, y llamada do&ntilde;a Manolita, alias <i>la culebrosa</i>. La
+llamaban as&iacute; por su extraordinaria viveza y movilidad. Afirmaban en el
+pueblo que estaba hecha y como amasada de rabillos de lagartijas. Dec&iacute;a
+y hac&iacute;a a cada momento doscientos mil graciosos disparates, aunque todos
+inocentes y nada comprometidos, por lo cual la apellidaban tambi&eacute;n <i>el
+trueno</i>; pero realmente no era trueno, sino tempestad de risas, de
+bromas alegres y de regocijados discursos, porque era no menos picotera
+que su padre. Por lo dem&aacute;s, el fondo de do&ntilde;a Manolita no pod&iacute;a ser m&aacute;s
+excelente. Era leal, afectuosa sin malicia y sin envidia, de agudo
+ingenio, y m&aacute;s juiciosa y reflexiva en lo importante de lo que promet&iacute;a
+su exterior y superficial aturdimiento.</p>
+
+<p>Como do&ntilde;a Luz era grave y mesurada, do&ntilde;a Manolita le serv&iacute;a como para
+completar sus modos de ser. Por esto, sin duda, y por las otras
+cualidades de que hemos hablado, do&ntilde;a Luz hizo de ella su compa&ntilde;era.
+Do&ntilde;a Manolita era la &uacute;nica persona a quien do&ntilde;a Luz tuteaba en
+Villafr&iacute;a. A&uacute;n no se confiaba en ella con total abandono, porque do&ntilde;a
+Luz era muy reservada; pero de d&iacute;a en d&iacute;a iba ganando m&aacute;s do&ntilde;a Manolita
+en su coraz&oacute;n. Juntas sal&iacute;an a pie de paseo, juntas iban a la iglesia, y
+juntas ten&iacute;an costumbre de sentarse en las tertulias. Do&ntilde;a Manolita
+remedaba a do&ntilde;a Luz en vestido y peinado, y la segu&iacute;a o acud&iacute;a adonde la
+llamaba. Dec&iacute;a do&ntilde;a Manolita que era ella para do&ntilde;a Luz lo que para los
+galanes de las comedias de capa y espada el lacayo gracioso; y
+recordando que en varias comedias de las mejores este lacayo se llamaba
+Polilla, dec&iacute;a a do&ntilde;a Luz: &laquo;Hija, yo soy tu Polilla&raquo;.</p>
+
+<p>Respecto a D. Acisclo, pensaba do&ntilde;a Luz como su padre, y no guardaba al
+antiguo administrador la m&aacute;s ligera inquinia, porque se hubiese alzado
+con casi todo el caudal de sus mayores. Si el marqu&eacute;s se hab&iacute;a empe&ntilde;ado
+en arruinarse, &iquest;qu&eacute; pecaba en ello D. Acisclo? Con cierta moral
+alambicada, que don Acisclo no pod&iacute;a conocer, acaso hubiera salvado los
+intereses del marqu&eacute;s, acaso hubiera hecho durar otros cuantos a&ntilde;os m&aacute;s
+el esplendor de la casa; pero pedir esto por aquellos lugares era pedir
+cotufas en el golfo. Bastaba, pues, a do&ntilde;a Luz, para estar profundamente
+agradecida a D. Acisclo, la firme persuasi&oacute;n que abrigaba, de que con
+otro cualquier administrador de por all&iacute;, la ruina de su padre hubiera
+sido diez a&ntilde;os m&aacute;s pronto, y ella no se hubiera criado como una dama
+elegante, en el seno del bienestar, con aya inglesa, y con todos los
+cuidados debidos. Sabe Dios c&oacute;mo se hubiera criado y lo que hubiera sido
+de ella si el marqu&eacute;s se arruina y muere de berrench&iacute;n, dej&aacute;ndola
+hu&eacute;rfana de edad de cinco a&ntilde;os y no de quince.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz gustaba adem&aacute;s de D. Acisclo. Simpatizaba con su actividad, con
+su amor al trabajo y con otras virtudes que en &eacute;l resplandec&iacute;an.</p>
+
+<p>Por el buen parecer, do&ntilde;a Luz hab&iacute;a vivido, sin el menor conato de irse
+a su casa, en la casa de don Acisclo, hasta que cumpli&oacute; veintid&oacute;s a&ntilde;os.
+Desde entonces en adelante, intent&oacute; varias veces irse a vivir sola a su
+casa; pero D. Acisclo la reten&iacute;a suave y cari&ntilde;osamente. D&aacute;bale a
+entender que ser&iacute;a una tristeza quedar solo, despu&eacute;s de haberse
+acostumbrado a su compa&ntilde;&iacute;a, y apelaba tambi&eacute;n, algo grotescamente, a qu&eacute;
+dir&aacute;n, sosteniendo que do&ntilde;a Luz era muchacha y que no deb&iacute;a campar por
+sus respetos como vieja solterona, que buena y severa que fuese, si
+viv&iacute;a sola, hab&iacute;an de decir que era <i>una vaca sin cencerro</i>.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, lejos de ofenderse, se re&iacute;a de esta comparaci&oacute;n poco galante,
+y segu&iacute;a viviendo en la casa del antiguo administrador.</p>
+
+<p>Por otra parte, la independencia de do&ntilde;a Luz era perfecta.</p>
+
+<p>Tres o cuatro cuartos le pertenec&iacute;an exclusivamente en la casa, y
+estaban amueblados con el gusto m&aacute;s primoroso. En ellos no entraban de
+diario sino los cuatro amigos &iacute;ntimos ya referidos: Juana la criada; una
+de las de <i>cuerpo de casa</i>, que hac&iacute;a la limpieza bajo la inspecci&oacute;n de
+Juana, a fin de que no rompiese alg&uacute;n objeto de arte o mueble delicado;
+y, por &uacute;ltimo, otros tres seres, que eran tambi&eacute;n semi&mdash;&iacute;ntimos de do&ntilde;a
+Luz, y que completaban o cerraban su c&iacute;rculo familiar. Eran estos tres
+seres Tom&aacute;s el criado antiguo, y ya su escudero y acompa&ntilde;ante, cuando
+ella sal&iacute;a a caballo; el t&iacute;o Blas, aperador de la se&ntilde;orita, con quien se
+entend&iacute;a para cuidar sus bienes, que ella misma administraba y que iban
+mejorando hasta el punto de que le produc&iacute;an cerca de 20.000 rs. en
+algunos a&ntilde;os de buena cosecha; y el galgo Palomo, blanco, gigantesco en
+su clase, y de terrible genio para quien se le antojaba a &eacute;l que
+molestaba u ofend&iacute;a a su ama, con la cual era todo blandura, docilidad y
+mansedumbre.</p>
+
+<p>A m&aacute;s de esta sociedad cotidiana, no se negaba do&ntilde;a Luz a asistir a
+otras de m&aacute;s ancha base. Los hijos, hijas, nueras y yernos de D.
+Acisclo, con crecida y numerosa prole, sus consuegros y consuegras,
+compadres y comadres, formaban una caterva con quien era menester
+alternar. Todos ellos eran insignificantes y poco divertidos; no eran ni
+malos ni buenos, y do&ntilde;a Luz hac&iacute;a milagros de diplomacia para no
+tratarlos mucho y no enojarlos tampoco.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as de cumplea&ntilde;os y del santo de cada individuo de la familia de
+D. Acisclo, hab&iacute;a comida patriarcal en la casa, y mucho jaleo de baile.
+Do&ntilde;a Luz no se excusaba de asistir a tales funciones, y casi siempre
+acertaba a dejar prendados a todos de su amabilidad y alegr&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2>
+
+<h3>La amistad de do&ntilde;a Manolita</h3>
+
+
+<p>La vida de do&ntilde;a Luz era, no obstante, tan regular, tan mon&oacute;tona, tan sin
+accidentes que diferenciasen unos d&iacute;as de otros d&iacute;as, que hab&iacute;an pasado
+los a&ntilde;os, y en la memoria de ella eran como sue&ntilde;o fugaz, donde todo
+estaba confundido.</p>
+
+<p>Esto tiene para cualquiera el hechizo de la paz. Para do&ntilde;a Luz a&uacute;n ten&iacute;a
+mayor hechizo.</p>
+
+<p>Cuanto agitaba su mente con pensamientos, o su voluntad con deseos o
+pasiones, era extra&ntilde;o al mundo que la rodeaba: proced&iacute;a de un mundo
+ideal, donde no hay espacio ni tiempo. As&iacute; es que, si bien do&ntilde;a Luz, no
+distingui&eacute;ndose en esto de los dem&aacute;s mortales, no pensaba ni sent&iacute;a todo
+a la vez, como las causas de su pensar y de su sentir m&aacute;s hondo no
+ten&iacute;an punto se&ntilde;alado en nuestro planeta, ni momento marcado en la
+cronolog&iacute;a, los efectos se sustra&iacute;an tambi&eacute;n a las leyes de la sucesi&oacute;n
+y del lugar y parec&iacute;a que se daban en una eternidad inm&oacute;vil.</p>
+
+<p>Me pesar&aacute; de no ser claro y tratar&eacute; de explicarme con m&aacute;s llaneza,
+aunque peque de difuso. Do&ntilde;a Luz no era una so&ntilde;adora m&iacute;stica; distaba
+infinito de vivir en continuo arrobo; ve&iacute;a, comprend&iacute;a y apreciaba
+cuanto ocurr&iacute;a en torno de ella en el mundo real; pero los lances y
+sucesos de Villafr&iacute;a la interesaban menos, aunque los ve&iacute;a de cerca, que
+los lances y sucesos que las historias y novelas relataban, que la
+poes&iacute;a acertaba a presentarle o que ella misma fantaseaba en ocasiones.
+No ten&iacute;a tampoco do&ntilde;a Luz un coraz&oacute;n de cal y canto, sino un coraz&oacute;n muy
+compasivo y afectuoso; se dol&iacute;a de los males y desgracias del pr&oacute;jimo,
+procuraba remediarlos, los consolaba a veces, y en esto consum&iacute;a parte
+de su actividad. Pero como su actividad era grande, y se dilataba muy
+m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de Villafr&iacute;a y aun se prolongaba de un modo
+infinito, ven&iacute;a a resultar que lo m&aacute;s &iacute;ntimo y esencial de su vida, lo
+que m&aacute;s la afectaba no estaba en Villafr&iacute;a, y, por consiguiente, no
+estaba en ninguna parte. Por esto, sin ser ella so&ntilde;adora, viv&iacute;a como
+so&ntilde;ando.</p>
+
+<p>Por mucho que anhelemos ponderar la ternura de alguien, no iremos hasta
+afirmar que se marcan las m&aacute;s importantes &eacute;pocas de su existencia por el
+d&iacute;a en que muri&oacute; de viruelas el hijo del vecino de enfrente, o por la
+noche en que se prendi&oacute; fuego el cortijo del labrador con quien se ha
+conversado alguna vez al ir de paseo o al salir de la iglesia. Para
+marcar dichas &eacute;pocas, son necesarios casos que toquen m&aacute;s &iacute;ntimamente a
+nuestro propio ser. Para do&ntilde;a Luz no hab&iacute;a &eacute;poca de este orden desde la
+muerte de su padre. Verdad es que, muy al contrario de la generalidad de
+las mujeres, daba ella poco valer a multitud de cosas con que otras
+llenan la memoria, sin descuidar ni borrar los pormenores al parecer m&aacute;s
+insignificantes.</p>
+
+<p>En nada, en mi sentir, se se&ntilde;ala m&aacute;s que en esto el esp&iacute;ritu femenino.
+Yo confieso que me quedo embobado oyendo referir a las mujeres sucesos,
+lances o conversaciones. No hay menudencia que echen en olvido. Y dijo
+&eacute;ste... y relatan todo lo que dijo. Y contest&oacute; el otro... y no olvidan
+palabra de lo que contest&oacute;. Y luego replic&oacute; el de m&aacute;s all&aacute;... y tampoco
+se queda traspapelada una letra sola de la r&eacute;plica. Imagina el oyente
+que levantan acta circunstanciada y fiel de cuanto presencian y oyen. No
+as&iacute; do&ntilde;a Luz. Do&ntilde;a Luz hac&iacute;a caso de muy pocos sucesos.</p>
+
+<p>Lo que m&aacute;s la entusiasmaba, deleitaba o conmov&iacute;a, lo mismo era de hoy
+que de ayer, lo mismo de un a&ntilde;o m&aacute;s tarde que de un a&ntilde;o m&aacute;s temprano: la
+vuelta de la primavera, un cielo lleno de estrellas, la luz de la luna,
+el alba, el olor y la belleza de las flores, la m&uacute;sica, los versos y
+cosas as&iacute; que son de siempre.</p>
+
+<p>Hasta las relaciones amistosas de do&ntilde;a Luz con el m&eacute;dico, con el cura y
+con D. Acisclo, eran invariables: estaban siempre en el mismo ser, sin
+crecer ni menguar.</p>
+
+<p>S&oacute;lo en las relaciones con do&ntilde;a Manolita hubo variaci&oacute;n, aumentando la
+intensidad en el afecto.</p>
+
+<p>Partamos, pues, del instante en que crece y llega a su colmo esta
+amistad entre do&ntilde;a Luz y do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>Era una ma&ntilde;ana de mayo. Ya hemos dicho que do&ntilde;a Luz madrugaba. Tambi&eacute;n
+madrugaba la hija del m&eacute;dico. A las siete de la ma&ntilde;ana vino a ver a su
+amiga, y penetr&oacute; en su saloncito, donde ten&iacute;a entrada libre.</p>
+
+<p>Si cualquier hombre del mundo, conocedor de la vida de Madrid o de otra
+capital de Europa, y conocedor del modo de vivir de nuestros lugares de
+Andaluc&iacute;a, hubiera entrado all&iacute;, se hubiera sorprendido agradablemente y
+hubiera dudado de lo que ve&iacute;an sus ojos.</p>
+
+<p>El saloncito de do&ntilde;a Luz ten&iacute;a todo el <i>confort</i>, toda la elegancia de
+un saloncito de una dama madrile&ntilde;a de las m&aacute;s <i>comm'il faut</i>, a par de
+ciertas singularidades po&eacute;ticas del campo y de la aldea.</p>
+
+<p>Dos ventanas daban al huerto, donde se ve&iacute;an acacias, &aacute;lamos negros,
+flores, &aacute;rboles frutales, tambi&eacute;n en flor entonces, y brillante verdura.
+Dentro del saloncito hab&iacute;a asimismo plantas y flores en vasos de
+porcelana. Una jaula grande encerraba multitud de p&aacute;jaros que alegraban
+la estancia con sus trinos y gorjeos. Ten&iacute;a do&ntilde;a Luz dos primorosos
+escritorios antiguos, con cajoncitos y columnitas, llenos de
+incrustaciones de marfil, &eacute;bano y n&aacute;car; c&oacute;modos sillones y sof&aacute;s; una
+chimenea <i>francesa</i> mejor construida que las otras que hab&iacute;a en la casa;
+espejos, cuadros bonitos y un armario lleno de libros lujosamente
+encuadernados.</p>
+
+<p>Sobre su mesa de escribir se parec&iacute;a el mejor cuadro, o al menos el que
+do&ntilde;a Luz estimaba m&aacute;s. Figuraba varios atributos y emblemas de la
+Pasi&oacute;n; clavos, corona de espinas, escalera, gallo y lanza de Longinos;
+en el centro la cruz, y en torno de la cruz muchas flores lindamente
+pintadas. No era, con todo, esta pintura lo que daba a los ojos de do&ntilde;a
+Luz tanto precio a aquel objeto; era lo que la pintura encubr&iacute;a. Se
+tocaba un resorte, se apartaba la pintura que hemos descrito, como si
+fuese una puerta, y dej&aacute;base ver otro cuadro de muy superior m&eacute;rito; un
+cuadro horrible y bello a la vez. Era la figura de Cristo, de medio
+cuerpo, de admirable beldad y de un trabajo delicad&iacute;simo y prolijo. Las
+barbas y los cabellos se pod&iacute;an contar. La regularidad y noble simetr&iacute;a
+de todas las facciones infund&iacute;an amor y respeto; pero las angustias del
+pat&iacute;bulo, los horrores de la agon&iacute;a, los tormentos todos estaban
+marcados en aquella cara flaca y macilenta, y en aquel pecho y en aquel
+costado herido por la lanza. Era un Cristo muerto: la hendidura l&iacute;vida
+del clavo atravesaba su diestra que reposaba sobre el descarnado pecho;
+las llagas enconadas de las espinas, vertiendo sangre a&uacute;n, se ve&iacute;an en
+sus sienes; la boca entreabierta; amoratados los labios; los p&aacute;rpados
+ca&iacute;dos, aunque no cerrados del todo, dejaban ver sus ojos vidriosos y
+fijos. El pintor hab&iacute;a acertado a unir, con inspiraci&oacute;n monstruosa, la
+imagen de una criatura pr&oacute;xima a disolverse, y la forma sobrehumana que
+el mismo Dios hab&iacute;a tomado.</p>
+
+<p>Unos inteligentes atribu&iacute;an aquel cuadro al divino Morales; otros hab&iacute;an
+dicho que era de un disc&iacute;pulo de Morales y no del propio maestro. De
+cualquier modo, el cuadro hab&iacute;a estado vinculado en la casa y era una de
+las pocas alhajas de alg&uacute;n valer que el marqu&eacute;s no hab&iacute;a vendido.</p>
+
+<p>El cuadro era tal que una mujer m&aacute;s delicada, menos briosa que do&ntilde;a Luz,
+ni le tendr&iacute;a en su cuarto ni le mirar&iacute;a con tanta frecuencia. El amor a
+la divina representaci&oacute;n de Cristo se hubiera combinado con el miedo y
+con una compasi&oacute;n tremenda que tal vez la hubieran hecho caer en
+convulsiones, o producido en ella ataques de nervios y hasta delirio.
+Pero do&ntilde;a Luz era muy singular y hallaba extra&ntilde;o deleite en la larga
+contemplaci&oacute;n de aquel cuadro, donde se cifraban el m&aacute;s alto misterio y
+los dos m&aacute;s opuestos extremos de valer de la humana naturaleza: toda la
+beatificaci&oacute;n, toda la hermosura, todo el celeste resplandor de que es
+capaz nuestra carne, unida a un alma pura, y siendo templo y morada del
+Eterno, y los dolores, a la vez, y las miserias, y los padecimientos
+lastimosos y la corrupci&oacute;n nauseabunda de esa carne misma.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz hall&oacute; este espantoso cuadro prudentemente cubierto por el otro,
+y as&iacute; le conserv&oacute;, tray&eacute;ndole de la casa solariega a su habitaci&oacute;n en
+casa de D. Acisclo. A casi nadie se le mostraba; pero ella, que ten&iacute;a
+muy rara condici&oacute;n y muy contrarias propensiones en el esp&iacute;ritu activo e
+infatigable, tal vez despu&eacute;s de trotar y galopar y dar saltos peligrosos
+en su caballo negro, durante dos o tres horas; tal vez despu&eacute;s de haber
+limpiado, ba&ntilde;ado y frotado con complacencia su hermoso cuerpo, que del
+valiente ejercicio hab&iacute;a vuelto cubierto de sudor; rebosando ella salud,
+en todo el br&iacute;o de la mocedad y en todo el florecimiento de la belleza
+pl&aacute;stica, se sent&iacute;a llena de &iacute;mpetus asc&eacute;ticos, y abriendo su cuadro, le
+contemplaba largo tiempo, y las l&aacute;grimas acud&iacute;an a sus ojos, y acud&iacute;an a
+sus rojos labios plegarias inefables que ella murmuraba y apenas
+articulaba.</p>
+
+<p>Aquella ma&ntilde;ana no hab&iacute;a en do&ntilde;a Luz ascetismo ninguno, o por lo menos,
+no hab&iacute;a acudido a&uacute;n el ascetismo. Estaba do&ntilde;a Luz vestida con una linda
+bata, y los cabellos rubios, no peinados a&uacute;n, recogidos en red sutil.
+Recostada l&aacute;nguidamente en una butaca, le&iacute;a, ya en este, ya en otro, de
+dos libros que ten&iacute;a al lado. Eran Calder&oacute;n y Alfredo de Musset. Do&ntilde;a
+Luz andaba estudiando y comparando c&oacute;mo aquellos dos autores hab&iacute;an
+puesto en acci&oacute;n dram&aacute;tica la misma sentencia: <i>No hay burlas con el
+amor</i> y <i>On ne badine pas avec l'amour</i>.</p>
+
+<p>No la impulsaba a este estudio la mera afici&oacute;n especulativa a la cr&iacute;tica
+literaria, sino un caso pr&aacute;ctico, que hac&iacute;a poco m&aacute;s de dos meses que se
+hab&iacute;a presentado y que le interesaba bastante.</p>
+
+<p>Pepe G&uuml;eto, hijo de un rico labrador de Villafr&iacute;a, de edad de treinta
+a&ntilde;os, era el hombre m&aacute;s grave, mesurado y formal que se conoc&iacute;a en toda
+la provincia. Las locuras y regocijos algo descompuestos de do&ntilde;a
+Manolita le chocaban de un modo atroz y siempre los estaba censurando.
+Hab&iacute;a llegado a decir que si do&ntilde;a Manolita fuese algo de &eacute;l, mujer, por
+ejemplo, le hab&iacute;a de sacar del cuerpo los rabillos de lagartijas, aunque
+fuese menester emplear una buena vara de mimbre. Do&ntilde;a Manolita, en
+cambio, que lo hab&iacute;a sabido todo, dec&iacute;a que Pepe G&uuml;eto ten&iacute;a mucho
+jarabe de pico; que era hombre culto hasta cierto punto y que jam&aacute;s
+emplear&iacute;a la vara con las mujeres; y que, si llegase a ser marido de
+ella, en vez de pegarle, se dejar&iacute;a pegar y ser&iacute;a el modelo de los
+gurruminos. A&ntilde;ad&iacute;a la hija del m&eacute;dico que la exagerada gravedad, sobre
+todo en los mozos, se confunde con la tonter&iacute;a, y que, o ella hab&iacute;a de
+poder poco, o hab&iacute;a de sacarle a Pepe G&uuml;eto la gravedad, como quien saca
+los diablos de un endemoniado, y que, si no era tonto, hab&iacute;a de volverle
+loco, oblig&aacute;ndole a hacer mil locuras.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n estas amenazas llegaron a noticia de Pepe G&uuml;eto, de donde
+result&oacute;, que donde quiera que se ve&iacute;an &eacute;l y ella, se amenazaban de
+nuevo, y &eacute;l la reprend&iacute;a de desenvuelta y alborotada, y ella se re&iacute;a de
+la seriedad de &eacute;l y le calificaba de tonto. El furor y el encono de
+ambos crecieron de tal suerte, que ya no les bastaban para desahogarse
+los encuentros casuales, y sol&iacute;an buscarse para mover disputa y re&ntilde;ir y
+tratarse muy mal. Estas ri&ntilde;as terminaban, por lo com&uacute;n, con que dijese
+Pepe G&uuml;eto:&mdash;Si yo tuviera la desgracia de ser marido de usted, ya la
+meter&iacute;a en costura&mdash;, y con que do&ntilde;a Manolita respondiese:&mdash;Pues si yo
+incurriese en el desatino de ser mujer de hombre tan fastidioso, o le
+hab&iacute;a de poner m&aacute;s alegre que unas sonajas, o me hab&iacute;a de borrar el
+nombre que tengo.</p>
+
+<p>Tomaron Pepe G&uuml;eto y do&ntilde;a Manolita tal afici&oacute;n a los denuestos,
+improperios y pendencias, que cada d&iacute;a las armaban tres o cuatro veces.</p>
+
+<p>Esto hab&iacute;a hecho pensar a do&ntilde;a Luz, porque quer&iacute;a bien a do&ntilde;a Manolita,
+y con esta ocasi&oacute;n le&iacute;a las citadas comedias, despu&eacute;s de haber rele&iacute;do
+otra de Shakespeare, donde se trataba el mismo asunto de manera m&aacute;s
+magistral.</p>
+
+<p>Absorta en dicha lectura se hallaba do&ntilde;a Luz, cuando, como ya hemos
+dicho, entr&oacute; a verla do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>Se besaron, se abrazaron, se dieron los m&aacute;s cordiales buenos d&iacute;as, y
+luego habl&oacute; la hija del m&eacute;dico:</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a, t&uacute; eres la primera que ha de saberlo. Lo sabr&aacute;s antes que mi
+padre. &iexcl;Gran novedad! Mis peleas con Pepe G&uuml;eto han dejado de ser
+escaramuzas. La ira de ambos ha llegado a su colmo. Nos hemos
+comprometido en un duelo a muerte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me quieres significar?&mdash;dijo do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero significar&mdash;replic&oacute; su amiga&mdash;, que para ver si yo le vuelvo
+loco o si &eacute;l me vuelve juiciosa, hemos resuelto casarnos. Verdad es que
+&eacute;l se da por vencido por el momento, y dice que, pues se casa conmigo,
+no debe de estar en su juicio cabal, y que ya, sin casarnos, le he
+ganado la partida y la apuesta; pero, por lo mismo, a&ntilde;ade que desea
+casarse para vengarse y desquitarse. Yo le contesto aquello de <i>no
+siento que mi hijo pierda, sino que se quiera desquitar</i>, y le aseguro
+que saldr&aacute; con las manos en la cabeza si sigue jugando, y le amenazo con
+que su derrota ser&aacute; mayor cuando est&eacute; casado; pero el insolente,
+atrevido, no me cobra miedo, y cierra los ojos, y arremete, y se casa.
+Hoy mismo, con m&aacute;s denuedo que el Cid Campeador, ir&aacute; a pedir a mi se&ntilde;or
+padre esta blanca mano, que tomar&aacute; la rienda y le obligar&aacute; a salir de su
+paso de mula de can&oacute;nigo y a brincar y a estar m&aacute;s avispado que tu
+hermoso caballo negro.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, que no pod&iacute;a disimular sus sentimientos, los cuales se
+mostraban en su rostro como las blancas piedrecillas a trav&eacute;s del agua
+transparente y mansa de un lago, m&aacute;s bien dej&oacute; ver pesar que alegr&iacute;a, al
+saber la nueva, ya prevista por ella, del casamiento de su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es eso?&mdash;prosigui&oacute; esta &uacute;ltima&mdash;. &iquest;Te aflige que yo me case?
+&iquest;Sientes el modo informal? &iquest;No lo comprendes bien, inocentona? &iquest;No caes
+en que ese b&aacute;rbaro, egoist&oacute;n, de Pepe G&uuml;eto, presume, y no sin raz&oacute;n, de
+ser un real mozo, y todo el furor que ha tenido y tiene a&uacute;n contra m&iacute;,
+estriba en que anhelaba que yo me hubiese enamorado de &eacute;l por lo triste
+y por lo serio, y me hubiese puesto a suspirar y a llorar, sin pensar
+m&aacute;s que en &eacute;l y no en divertirme? &iquest;No ves que &eacute;l se ha enamorado y que
+su rabia es que no me cree tan enamorada ni tan capaz de enamorarme,
+porque no hago pucheros y no aburro con l&aacute;grimas y sublimidades? &iquest;Y no
+calculas, por &uacute;ltimo, que yo le quiero tambi&eacute;n? Si no, &iquest;me casar&iacute;a? Ya
+casada, vencido el natural encogimiento que debo guardar, le demostrar&eacute;
+mi ternura, y le har&eacute; ver que hay un tesoro de ella en mi alma, aunque
+escondido entre burlas y alegr&iacute;as; y cuando vea el tesoro, y le goce, y
+conozca que es suyo, y mejor que cuanto pod&iacute;a &eacute;l so&ntilde;ar, ha de conocer
+que no es mi coraz&oacute;n de corcho sino de alm&iacute;bar y jalea, y se ha de poner
+como jalea y como alm&iacute;bar, y ha de bailar y re&iacute;r de gusto, declarando y
+confesando que se compaginan bien los regocijos con el verdadero amor, y
+las risas con la ventura m&aacute;s seria y m&aacute;s grave en el fondo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, sonriendo y suspirando a la vez, contest&oacute; entonces:</p>
+
+<p>&mdash;No era la preocupaci&oacute;n por tu suerte la causa de mi tristeza: era mi
+ego&iacute;smo que al cabo lograr&eacute; vencer. Presiento que vas a ser dichosa y
+esto me alegra; pero tengo celos por tu amistad. &iquest;Por qu&eacute; no confesarlo?
+La &uacute;nica persona a quien poco a poco he ido confiando mi coraz&oacute;n y dando
+todo mi cari&ntilde;o, eres t&uacute;. T&uacute;, lo reconozco, me pagabas con usura; pero
+ahora vas a tener marido; pronto, quiz&aacute;, tendr&aacute;s hijos, y toda tu alma
+ser&aacute; para ellos. Esta pobre hu&eacute;rfana, sola en el mundo, quedar&aacute;
+abandonada y sin un alma que la comprenda y que la ame.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita, abrazando tiernamente a do&ntilde;a Luz, contest&oacute; con estas
+palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Aunque no tuviese yo mil razones para alegrarme de mi boda, me
+alegrar&iacute;a, porque te ha excitado a declararme hoy tu amistad del modo
+m&aacute;s expl&iacute;cito y como nunca lo hab&iacute;as hecho. Estoy contenta y llena de
+orgullo de que tanto me estimes para amiga. No temas t&uacute; que ni Pepe
+G&uuml;eto, ni los G&uuml;etillos que puedan salir a relucir en lo venidero, te
+roben aquella gran parte del alma con que te amo. Pues qu&eacute;, &iquest;imaginas t&uacute;
+que el compartimiento, rinc&oacute;n o sitio de mi alma donde est&aacute; el amor de
+esposa y madre, se ha llenado o se va llenando ahora y que antes estaba
+vac&iacute;o? &iquest;Crees t&uacute; que este amor no exist&iacute;a en m&iacute; antes de amar a Pepe
+G&uuml;eto? Vaya si exist&iacute;a. Lo que tiene es que entonces el novio o el
+marido, a quien yo le consagraba, era so&ntilde;ado, hecho a pedir de boca,
+relleno de perfecciones. Los chiquillos, que me fing&iacute;a y me finjo a&uacute;n,
+son unos querubines. Por mucho que valga Pepe G&uuml;eto, pierde cuidado que
+no valdr&aacute;, ni con cien leguas de distancia, el marido que yo so&ntilde;&eacute;. Y en
+cuanto a los chiquillos, ser&aacute; m&aacute;s notable la diferencia, porque los que
+tenga, si los tengo, como espero y deseo, no han de ser impecables y
+celestiales como los imaginados, sino llorones, traviesos, sucios y
+tercos, y me han de armar al d&iacute;a mil perreras, y han de tener entre
+ellos mil cachetinas; todo lo cual me har&aacute; no quererlos tanto. Infiero
+yo de lo dicho que, casada ya y con hijos, te he de querer m&aacute;s que de
+soltera, si sigues queri&eacute;ndome t&uacute;. Aunque t&uacute; te cases, &iquest;dejar&aacute;s de
+quererme?</p>
+
+<p>&mdash;Nunca dejar&eacute; de quererte&mdash;respondi&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. Yo no me casar&eacute; nunca.</p>
+
+<p>Esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n excit&oacute; mucho la curiosidad y el inter&eacute;s de do&ntilde;a
+Manolita, y como la intimidad y la confianza hab&iacute;an llegado a su apogeo,
+produjeron varias confidencias y revelaciones por parte de do&ntilde;a Luz, en
+un coloquio que por su importancia merece cap&iacute;tulo aparte.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2>
+
+<h3>Confidencias de do&ntilde;a Luz</h3>
+
+
+<p>La hija del m&eacute;dico provoc&oacute; las confidencias, diciendo a do&ntilde;a Luz:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no has de casarte nunca? No te lo niego: yo conozco que es
+dif&iacute;cil, pero no imposible. Es dif&iacute;cil porque no hay en estos pueblos
+novio para ti, y porque t&uacute; no has de ir en busca de novio a las grandes
+ciudades. No est&aacute; en tu condici&oacute;n ni en tu car&aacute;cter ir a buscar
+colocaci&oacute;n, bajo el amparo de alguna t&iacute;a, que ya has desde&ntilde;ado, o sola e
+independiente, ahora que eres mayor de edad.</p>
+
+<p>&mdash;In&uacute;til es que yo te conteste&mdash;dijo do&ntilde;a Luz&mdash;: t&uacute; misma contestas a la
+pregunta. Nuestra amistad, con todo, debe quedar hoy completa. Deseo
+poner en ella el sello de la verdad, no teniendo secretos para ti y
+abri&eacute;ndote mi coraz&oacute;n. No he de recelar ni que me tengas por vana, ni
+que me rebajes en tu concepto: he de mostrarme a ti tal como soy. Te
+confesar&eacute; lo que a nadie he confesado. Ese rinc&oacute;n, ese pedazo de alma,
+donde dices t&uacute; que ten&iacute;as amor para marido e hijos, aun antes de
+tenerlos, le tengo yo tambi&eacute;n en el alma m&iacute;a; pero un orgullo que no se
+funda en razones, una repugnancia nacida de la manera con que he sido
+educada, se opone a que yo me case....</p>
+
+<p>&mdash;Con otro Pepe G&uuml;eto, por ejemplo&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;Pepe G&uuml;eto es honrado, bueno, inteligente, es m&aacute;s rico que yo&mdash;replic&oacute;
+do&ntilde;a Luz&mdash;. Yo ser&iacute;a una necia si le desde&ntilde;ase, fundando en algo mi
+desd&eacute;n: pero esto no se razona, se siente, y es lo cierto que nadie, en
+las condiciones de Pepe G&uuml;eto, y estando en su juicio, me querr&aacute; para
+mujer propia, as&iacute; como yo no le querr&eacute; a &eacute;l para marido. Enti&eacute;ndase que
+hablo dentro de la vida ordinaria, sin nada de novela. Tal podr&iacute;a ser
+esta, que, no ya un hombre como Pepe G&uuml;eto, sino el &uacute;ltimo ga&ntilde;&aacute;n pusiese
+los ojos en m&iacute; con razonable esperanza de lograrme, y yo cediese y fuese
+suya, no ya siendo hija de un marqu&eacute;s arruinado, sino siendo millonaria
+y princesa. Por dicha o por desgracia m&iacute;a, o no hay de esos seres con
+prendas y excelencias superiores a su clase, lo cual probar&iacute;a, en suma,
+que los hombres, por naturaleza, son m&aacute;s iguales de lo que se cree, y
+que tales prendas y excelencias son creadas por artificio, o, si hay de
+esos seres, no est&aacute;n reservados para m&iacute;, o yo carezco de imaginaci&oacute;n
+para fingir en alguien, aunque no existan, todos aquellos primores que
+habr&iacute;an de enamorarme. As&iacute;, pues, la energ&iacute;a de amor est&aacute; en m&iacute; como
+dormida; pero no ha muerto. No permita Dios que mate yo en m&iacute; facultad
+alguna de las que el mismo Dios me ha dado. Duerma el amor en mi seno. A
+mi raz&oacute;n serena y fr&iacute;a toca velar para que no le despierte sino quien
+deba. Pero, hija m&iacute;a, nadie acude a despertarle, y me temo que sea
+eterno su sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, yo me arrepiento de una tonter&iacute;a que he dicho&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a
+Manolita&mdash;. &iquest;Qu&eacute; tendr&iacute;a de feo ni de malo que t&uacute; fueses y te mostrases
+donde conviene para que haya quien con t&iacute;tulos bastantes acuda a
+despertar a ese precioso amor dormido? Casi se me antoja que no s&oacute;lo
+tienes derecho, sino que est&aacute;s en la obligaci&oacute;n de hacerlo. No es justo
+que tanta hermosura (&iexcl;cuidado si eres bonita!), no es l&iacute;cito que tanta
+distinci&oacute;n y elegancia queden sepultadas en este lugar. Es cruel que tan
+lindo amor se consuma durmiendo, envejezca, y acaso, acaso, tenga el
+infortunio de que se le apolillen las alas. De seguro que hay mil
+galanes por ah&iacute;, por esos mundos, que caer&iacute;an rendidos a tus plantas, si
+llegasen a verte. De seguro que habr&aacute; uno entre ellos a quien t&uacute; debes
+amar. Pero &iquest;c&oacute;mo han de adivinar que est&aacute;s aqu&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; has de jugar
+con ellos al escondite?</p>
+
+<p>&mdash;En primer lugar, porque, a fin de buscar poes&iacute;a, no he de empezar yo
+destruyendo la poes&iacute;a. El amor no ha de buscarse; ha de aparecer, ha de
+surgir de un modo providencial. Se busca fortuna, se buscan aventuras,
+se buscan negocios, y t&uacute; lo has dicho, se busca colocaci&oacute;n; pero amor no
+se busca. Adem&aacute;s, &iquest;ad&oacute;nde ir&eacute; yo que no est&eacute; m&aacute;s fuera de mi sitio, m&aacute;s
+aislada que en Villafr&iacute;a? &iquest;D&oacute;nde me presentar&eacute; que no sea mirada como
+una aventurera? Casi estoy fuera de toda clase social. Mis parientes me
+humillar&iacute;an si me fuese con ellos. Si me fuese sola, dir&iacute;an todos como
+D. Acisclo, que yo era una <i>vaca sin cencerro</i>. Pudiera ser marquesa y
+no lo soy ni quiero serlo, porque es rid&iacute;culo el t&iacute;tulo sin las rentas
+convenientes. Aqu&iacute;, donde todos me conocen, soy la se&ntilde;orita do&ntilde;a Luz, la
+marquesita que conserva a&uacute;n su casa solariega, y que se ha ganado la
+estimaci&oacute;n y el respeto, porque nadie ignora su vida desde hace doce
+a&ntilde;os. Por esos mundos ser&iacute;a yo una do&ntilde;a Luz algo misteriosa, de quien
+cada cual imaginar&iacute;a mil horrores. Empezar&iacute;an por afirmar una verdad,
+para inventar y poner sobre ella mill&oacute;n y medio de embustes. La verdad
+ser&iacute;a que soy hija de un marqu&eacute;s calavera y arruinado, y de una tal
+Antonia Guti&eacute;rrez, soltera y costurera, con quien mi padre tuvo amores.
+Cr&eacute;eme: en parte alguna estoy mejor que aqu&iacute;, aunque no me enamore ni me
+case nunca. &iquest;Y por qu&eacute; no enamorarme? &iquest;Por qu&eacute; el amor ha de estar
+siempre dormido? Yo me inclino a creer que no hay varios amores, cada
+cual para su objeto, sino que el amor es uno; y aunque cambie el objeto,
+no cambia el amor. Si es as&iacute;, como yo lo deseo, mi amor despertar&aacute; y se
+emplear&aacute; todo en la hermosura del cielo, en Dios que le ha criado, en
+las flores, en la poes&iacute;a, y qui&eacute;n sabe si hasta en la ciencia, dado que
+en mi estrecho cerebro de mujer quepan sus grandes verdades, sus oscuros
+misterios y sus temerosos problemas.</p>
+
+<p>&mdash;Nada s&eacute; contestarte&mdash;dijo do&ntilde;a Manolita&mdash;. Veo que en mucho de lo que
+dices tienes raz&oacute;n; pero ya que te conf&iacute;as en m&iacute; y me haces ver lo m&aacute;s
+escondido del alma, s&aacute;came de una curiosidad: expl&iacute;came, si puedes,
+ciertas cosas que me parecen rar&iacute;simas en tu existencia. Por imprevisor,
+por descuidado que fuese tu padre, por pocos amigos y relaciones que
+tuviese en el mundo, &iquest;no tuvo a nadie a quien dejarte confiada sino a D.
+Acisclo? &iquest;T&uacute; misma, habiendo vivido en Madrid hasta la edad de catorce
+a&ntilde;os, no dejaste all&iacute; alguna amiga? &iquest;No dejaste all&iacute; a nadie que se
+interesara por ti?</p>
+
+<p>&mdash;El descuido y la imprevisi&oacute;n de mi padre no pod&iacute;an ser mayores. Harto
+lo ha probado su ruina; pero adem&aacute;s, bastar&aacute; con que yo, enlazando los
+rotos recuerdos de mi ni&ntilde;ez, te cuente mi modo de vivir en Madrid, para
+que entiendas que lo mejor, quiz&aacute; lo &uacute;nico que pudo hacer mi padre, fue
+dejarme confiada a D. Acisclo. Hasta que cumpl&iacute; cinco a&ntilde;os, viv&iacute; en casa
+de una se&ntilde;ora, que parec&iacute;a medianamente acomodada, y que se llamaba do&ntilde;a
+Francisca. He cavilado despu&eacute;s si aquella se&ntilde;ora ser&iacute;a mi verdadera
+madre; pero, s&iacute; me trataba bien y hasta con mimo y regalo, se conoc&iacute;a o
+se deb&iacute;a conocer, juzgando yo por el confuso recuerdo, que yo le era
+extra&ntilde;a. Me ten&iacute;a en su casa por favor. No era casada. Iba a visitarla
+con frecuencia un caballero guapo, amigo de mi padre. Mi padre iba a
+verme; a veces solo, a veces con el caballero. La se&ntilde;ora muri&oacute;, y mi
+padre entonces me llev&oacute; consigo a su casa, y ya no me confi&oacute; a nadie. A
+los pocos meses de estar con mi padre, donde me cuidaba una criada
+anciana, vino de Inglaterra el aya que mi padre encarg&oacute; para m&iacute; y que ha
+estado conmigo hasta pocos d&iacute;as antes de que mi padre y yo vini&eacute;semos a
+Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita, que era la mejor muchacha del mundo, y que amaba y
+admiraba a do&ntilde;a Luz, muy satisfecha de las confidencias que le hac&iacute;a, y
+muy curiosa de saberlo todo, escuchaba sin pesta&ntilde;ear, sentada enfrente
+de su amiga.</p>
+
+<p>Esta prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Mi aya era el deber personificado; pero, como el deber, sin calor, sin
+entusiasmo y sin afecto. Casi estoy por afirmar que no me bes&oacute; nunca,
+que nunca me hizo una caricia. En cambio me ense&ntilde;&oacute; cuanto ella sab&iacute;a, y
+mi padre me consideraba como un portento precoz, como una sabia
+peque&ntilde;uela.</p>
+
+<p>La vida de mi padre, aunque yo entonces no lo comprend&iacute;a, comprendo
+ahora que era disipad&iacute;sima, y todo lo contrario de ejemplar. Jugaba,
+cortejaba, estaba fuera de casa hasta las tres o las cuatro de la
+ma&ntilde;ana. Yo era como su refugio, como el medio de su purificaci&oacute;n, como
+su consuelo santo en los momentos de abatimiento y de tristeza. Me
+llamaba a su cuarto, y ya solo conmigo, me dec&iacute;a ternuras, me besaba y
+lloraba a veces. Como yo era tan ni&ntilde;a, ni pod&iacute;a averiguar por m&iacute;, ni
+tratar de saber de &eacute;l la causa de sus pesares.</p>
+
+<p>Varias veces me hizo tambi&eacute;n ir a su cuarto en ocasi&oacute;n en que no estaba
+solo, sino con una mujer hermosa y elegante, aunque vestida con
+descuido, y esta mujer me celebraba de bonita y graciosa, y me hac&iacute;a mil
+cari&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Esa mujer ser&iacute;a tu madre&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; lo hubiera pensado yo tambi&eacute;n&mdash;prosigui&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;, si esa mujer
+hubiera sido siempre la misma; pero fueron varias. Todas se recataban de
+la gente; estaban all&iacute; con cierto misterio, y nunca el aya las vio. A m&iacute;
+misma cuando fui grandecita, cuando cumpl&iacute; nueve a&ntilde;os, jam&aacute;s volvi&oacute; mi
+padre a ense&ntilde;arme a ninguna de dichas mujeres, que, por la impresi&oacute;n que
+me dejaron, se me figuraba que hab&iacute;an de ser se&ntilde;oras y no gente vulgar.
+Mi padre era un gal&aacute;n caballero y agradaba mucho a las damas. Entonces
+nada infer&iacute;a yo de esto; pero m&aacute;s tarde he inferido la inverosimilitud
+de que fuese yo en realidad hija de una Antonia Guti&eacute;rrez, costurera.
+&iquest;No podr&iacute;a mi padre haber procurado esta madre postiza para legitimarme,
+sin comprometer a alguna dama? Aun en vida de mi padre, a pesar de mi
+corta edad, pens&eacute; alguna vez en esto; pero jam&aacute;s me atrev&iacute;, ni
+indirectamente, a preguntar nada a mi padre sobre el particular. &Eacute;l
+esquivaba la conversaci&oacute;n, si por acaso reca&iacute;a sobre mi supuesta o
+verdadera madre Antonia Guti&eacute;rrez. Despu&eacute;s de muerto, y despu&eacute;s de haber
+cumplido yo veinte a&ntilde;os, he buscado con empe&ntilde;o algo que me d&eacute; luz entre
+sus papeles. &Eacute;l rasgaba todas las cartas de cierto inter&eacute;s, porque era
+descuidado y tem&iacute;a dejarlas en cualquier parte y que las leyesen. Lo que
+he encontrado, pues, era insignificante: ni un retrato ni una palabra
+escrita. S&oacute;lo, sobre su mismo cuerpo, se hall&oacute; este medall&oacute;n de oro, sin
+cifra ni signo alguno.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz sac&oacute; de su propio seno el medall&oacute;n de que hablaba.</p>
+
+<p>&mdash;Desde entonces llevo el medall&oacute;n en mi seno, como memoria de mi padre.
+Dentro, mira (y abri&eacute;ndole, ense&ntilde;&oacute; el contenido a do&ntilde;a Manolita), mira a
+trav&eacute;s de este cristal; hay un rizo de pelo m&aacute;s rubio a&uacute;n que el m&iacute;o.
+&iquest;Ser&aacute; de Antonia Guti&eacute;rrez, ser&aacute; de cualquiera otra mujer que fuese mi
+madre, o ser&aacute; de alguna enamorada de mi padre, que nada tiene que ver
+conmigo? &iquest;Qui&eacute;n ha de saberlo? Los dos criados antiguos que conservo son
+listos ambos; pero ambos entraron en casa con mucha posterioridad a mi
+nacimiento, y de fijo no saben nada. Juana vino a servirme cuando ten&iacute;a
+yo diez a&ntilde;os. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s entr&oacute; Tom&aacute;s de ayuda de c&aacute;mara de mi
+padre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no sabes de ning&uacute;n lance singular de la vida del marqu&eacute;s&mdash;pregunt&oacute;
+do&ntilde;a Manolita&mdash;, por donde se aclare algo el misterio de tu nacimiento?</p>
+
+<p>&mdash;Hay, en efecto, en la vida de mi padre un lance singular; lance
+ocurrido a los dos a&ntilde;os de haber nacido yo: pero lance tan misterioso
+que por &eacute;l nada se aclara. Podr&iacute;a o no podr&iacute;a tener dicho lance alguna
+relaci&oacute;n con la culpa a que debo el ser.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; fue ese lance, si puedo saberlo?</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre recibi&oacute; una ma&ntilde;ana una visita, a quien nadie vio, porque mi
+padre mismo abri&oacute; la puerta. Los criados no pod&iacute;an extra&ntilde;ar esto. &Eacute;l
+sol&iacute;a recibir visitas as&iacute;, abriendo &eacute;l mismo, y encerr&aacute;ndose con ellas.
+Aquella ma&ntilde;ana, a la media hora de haber recibido la visita, llamaron
+desde el cuarto de mi padre con fuertes campanillazos. La puerta del
+cuarto estaba abierta. La visita hab&iacute;a desaparecido. Y los criados
+hallaron sobre la alfombra una espada sangrienta, y a mi padre tendido
+tambi&eacute;n, con otra espada empu&ntilde;ada, y el pecho atravesado por una herida
+mortal. Dicen que fue milagro de la ciencia el que se librase de la
+muerte. Jam&aacute;s se pudo averiguar qui&eacute;n, ni por qu&eacute; le hab&iacute;a herido. Mi
+padre se limit&oacute; siempre a decir que no buscasen al culpado, que la
+herida hab&iacute;a sido en buena lid. Raro duelo, en verdad, sin padrinos, sin
+testigos, sin nadie que haya sabido jam&aacute;s de &eacute;l sino aquel doloroso
+resultado.</p>
+
+<p>&mdash;Todo esto me hace presumir&mdash;dijo do&ntilde;a Manolita&mdash;que eres hija de una
+gran se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;&mdash;contest&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. Legalmente soy hija de Antonia Guti&eacute;rrez,
+libre cuando se uni&oacute; con mi padre. M&aacute;s vale esto que deber la vida a un
+adulterio. &iexcl;Ah! mejor es que mi padre no me haya revelado nada. &iquest;C&oacute;mo
+hab&iacute;a de haber manchado mi mente limpia, a los quince a&ntilde;os, con
+impurezas y delitos? Harto perturbada estaba ya mi mente con la
+vergonzosa cat&aacute;strofe de Madrid antes de refugiarnos en este lugar. Hubo
+que vender los muebles que all&iacute; ten&iacute;amos para acabar de pagar a los
+usureros y acreedores. Mi padre se vino aqu&iacute; humillado y melanc&oacute;lico, y
+a poco muri&oacute;. &iquest;Con qui&eacute;n quer&iacute;as que hubiese vuelto yo a Madrid? &iquest;Qu&eacute;
+papel iba a hacer en Madrid la marquesita arruinada y bastarda? Lo mejor
+que pude hacer es lo que he hecho, quedarme aqu&iacute; para siempre.</p>
+
+<p>De este modo confi&oacute; do&ntilde;a Luz todos sus secretos a la hija del m&eacute;dico.</p>
+
+<p>La amistad de ambas j&oacute;venes se estrech&oacute; desde entonces, y en adelante
+todo se lo confiaron.</p>
+
+<p>El casamiento de do&ntilde;a Manolita se hizo por la posta. Un mes despu&eacute;s de
+haber dado parte a su amiga estaba ya casada.</p>
+
+<p>Su pron&oacute;stico de que su casamiento no enfriar&iacute;a la amistad con do&ntilde;a Luz
+se cumpli&oacute; a la letra. Do&ntilde;a Manolita era gran profetisa.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n se cumpli&oacute; cuanto con relaci&oacute;n a Pepe G&uuml;eto hab&iacute;a ella
+pronosticado. Ni hubo vara de mimbre, ni ella entr&oacute; m&aacute;s en costura que
+cuando estaba soltera; pero en cambio, Pepe G&uuml;eto se re&iacute;a como un loco,
+sobre todo con los chistes de su mujer, que le hac&iacute;an mucha gracia, y
+con sus risas que ten&iacute;an para &eacute;l mucho de agradablemente contagioso.</p>
+
+<p>Para do&ntilde;a Luz pasaron entre tanto los meses, sin otra novedad que el
+cambio alternado y regular de las estaciones. Pas&oacute; la primavera, pas&oacute; el
+verano, y lleg&oacute; el mes de Octubre, estaci&oacute;n de la vendimia.</p>
+
+<p>Algo muy importante tendr&iacute;a que decir D. Acisclo a do&ntilde;a Luz, cuando una
+ma&ntilde;ana, estando ya vendimiando, entr&oacute; a verla y a hablarla no menos
+matinalmente que do&ntilde;a Manolita hab&iacute;a entrado meses antes.</p>
+
+<p>El correo llegaba a Villafr&iacute;a a altas horas de la noche y se repart&iacute;a al
+amanecer.</p>
+
+<p>Don Acisclo tra&iacute;a una carta ya abierta en la mano, y la agitaba con
+vivas muestras de satisfacci&oacute;n y de j&uacute;bilo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2>
+
+<h3>El Padre Enrique</h3>
+
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay? &iquest;Qu&eacute; dice esa carta? &iquest;Qu&eacute; grata novedad contiene? D.
+Acisclo, &iquest;le ha ca&iacute;do a V. la loter&iacute;a?&mdash;pregunt&oacute; do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor que eso, hija, mejor que eso&mdash;contest&oacute; el interrogado&mdash;. Lee t&uacute;
+misma y ent&eacute;rate&mdash;y entreg&oacute; la carta a do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>Esta, antes de leer, conoci&oacute; la letra y vio la firma que dec&iacute;a:
+&laquo;Enrique&raquo;. Era de un sobrino, hijo de una hermana que D. Acisclo hab&iacute;a
+tenido, el cual sobrino era fraile dominico, residente en Filipinas.</p>
+
+<p>Casi todos los que se hacen ricos niegan el acaso, la fortuna, el hado o
+la suerte: &eacute;stos les parecen vanos nombres, detr&aacute;s de los cuales
+procuran ocultarse la pereza, el despilfarro, el desorden y la tonter&iacute;a.
+De aqu&iacute; que se tengan por las personas m&aacute;s prudentes, m&aacute;s razonables,
+m&aacute;s ingeniosas y m&aacute;s sabias de la tierra. Y puede que les sobre raz&oacute;n.
+Yo no lo niego ni lo afirmo. Digo s&oacute;lo que D. Acisclo era as&iacute;. Estaba
+muy contento de s&iacute; propio e imaginaba que no hab&iacute;a merecimiento mayor
+que el suyo. Toda otra gloria se le antojaba inferior y de menos
+quilates. Sin embargo, una gloria con algo de sobrenatural y de
+ultramundano, si no en los medios en el fin, y adquirida por individuo
+de su familia, no parec&iacute;a a D. Acisclo de corto valer tampoco; y tal era
+la gloria de su sobrino el P. Enrique; gloria que en cierto modo se
+reflejaba en &eacute;l y en toda la parentela. Era, casi a par de los dineros
+adquiridos, timbre de nobleza para su casa.</p>
+
+<p>Don Acisclo idolatraba, pues, al P. Enrique, y hablaba de &eacute;l con
+complaciente jactancia, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; servimos para todo; lo mismo para un fregado que para un barrido;
+yo quise ser millonario y lo soy; a Enrique le dio por la santidad y a&uacute;n
+le hemos de ver en los altares&mdash;. Para demostrarlo y hacer probable el
+cumplimiento de su vaticinio, D. Acisclo refer&iacute;a a menudo las andanzas
+del P. Enrique: de modo que do&ntilde;a Luz le ten&iacute;a por conocido y amigo,
+aunque hac&iacute;a cerca de veinte a&ntilde;os que &eacute;l faltaba del lugar y de Europa.</p>
+
+<p>Todo este tiempo no le hab&iacute;a vivido s&oacute;lo en Manila. Hab&iacute;a estado en
+diversas tierras de gentiles, difundiendo la luz del Evangelio; hab&iacute;a
+pasado apenas cre&iacute;bles trabajos; hab&iacute;a arrostrado graves peligros, y aun
+hab&iacute;a estado dos veces a punto de alcanzar una muerte tan cruel como
+gloriosa, no salvando la vida sino despu&eacute;s de sufrir prolongado
+martirio.</p>
+
+<p>Referidas estas historias por D. Acisclo, fuerza es confesarlo,
+aparec&iacute;an grotescas en los pormenores. Por dicha, el P. Enrique escrib&iacute;a
+a su t&iacute;o tres o cuatro veces al a&ntilde;o, y el t&iacute;o se deleitaba en que do&ntilde;a
+Luz le leyese las cartas en alta voz. As&iacute; conoci&oacute; do&ntilde;a Luz que el P.
+Enrique, a m&aacute;s de ser valiente hasta el hero&iacute;smo, y entusiasta y
+fervoroso en todos sus actos y misiones apost&oacute;licas, era sujeto de claro
+ingenio y de singular discreci&oacute;n y prudencia.</p>
+
+<p>Su constituci&oacute;n f&iacute;sica distaba mucho de corresponder a sus br&iacute;os
+espirituales, y, aunque no ten&iacute;a a&uacute;n cuarenta a&ntilde;os, ya en sus &uacute;ltimas
+cartas se quejaba dulcemente de lo quebrantado de su salud, que le
+imped&iacute;a trabajar en empresas activas, y le estorbaba algo en sus
+estudios.</p>
+
+<p>La carta reci&eacute;n llegada era muy corta y tra&iacute;a fecha de C&aacute;diz. Do&ntilde;a Luz
+ley&oacute;, y dec&iacute;a as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Mi querido t&iacute;o: Mis males se agravaron hasta tal extremo en Manila, que
+los m&eacute;dicos decidieron que yo deb&iacute;a venir a Europa a pasar una larga
+temporada. Con los aires del pa&iacute;s natal aseguraban que me repondr&iacute;a. Mis
+compa&ntilde;eros me echaron de all&iacute;: hasta el mismo Sr. Arzobispo me mand&oacute; que
+me viniese. No hubo, pues, m&aacute;s remedio. Sal&iacute; de Manila y, a Dios
+gracias, hice una dichosa navegaci&oacute;n. Tres d&iacute;as ha que estoy en C&aacute;diz,
+bastante m&aacute;s fuerte ya. Pasado ma&ntilde;ana salgo de aqu&iacute; en el ferro-carril
+para esa villa. Expresiones cari&ntilde;osas a los primos, primas, amigos y
+dem&aacute;s parientes, y a su hu&eacute;speda de V. la se&ntilde;orita do&ntilde;a Luz. Le quiere a
+V. mucho y desea abrazarle, su afect&iacute;simo sobrino&raquo;.</p>
+
+<p>Tal era la causa del j&uacute;bilo de D. Acisclo; iba a abrazar al sobrino
+santo, iba a vivir con &eacute;l, iba a tener el gusto de lucirle en el lugar.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz quiso en seguida mudarse a su casa y dejar su habitaci&oacute;n en
+casa de D. Acisclo, para que el padre habitase en ella.</p>
+
+<p>Don Acisclo dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, hija m&iacute;a. T&uacute; por nada del mundo te vas de mi casa a vivir
+sola en aquel caser&oacute;n. Adem&aacute;s, una mudanza tan precipitada ser&iacute;a un
+trastorno. Yo tengo mi plan, y, con tu permiso, le hemos de llevar a
+cabo. Enrique s&eacute; yo que gusta de la soledad para sus estudios y
+meditaciones. Permite que vaya a vivir en tu casa. En un momento le
+arreglaremos all&iacute; habitaci&oacute;n conveniente. Tu casa est&aacute; cerca. Iremos a
+cuidarle si cae enfermo en cama, y cuando no, vendr&aacute; &eacute;l a almorzar, a
+comer y a charlar con nosotros todos los d&iacute;as.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz insisti&oacute; en irse a su casa; pero D. Acisclo sigui&oacute; oponi&eacute;ndose,
+y fue menester que do&ntilde;a Luz cediera, ofreciendo gustos&iacute;sima su casa para
+que en ella viviese el Padre.</p>
+
+<p>La estaci&oacute;n del ferro-carril est&aacute; a dos leguas muy largas de Villafr&iacute;a,
+y D. Acisclo dispuso que saliesen todos los parientes y amigos a recibir
+al Padre con mucha pompa. En efecto, no qued&oacute; veh&iacute;culo de que no se
+dispusiese. Se emplearon tres calesas, una tartana, propiedad de D.
+Acisclo, y dos carros. Fueron de la expedici&oacute;n los hijos, yernos, hijas,
+nueras y nietos de D. Acisclo, el cura, el m&eacute;dico, do&ntilde;a Luz, do&ntilde;a
+Manolita y Pepe G&uuml;eto, y otras varias personas. Los que no cupieron en
+los veh&iacute;culos de ruedas, fueron a caballo o en burro.</p>
+
+<p>El P. Enrique lleg&oacute; bien y fue recibido con vivas por aquella turba, en
+el and&eacute;n de la estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>En el lugar fue un triunfo su entrada.</p>
+
+<p>Para todos los primos y primas trajo regalos: para ellos puros filipinos
+en abundancia; para ellas, o pa&ntilde;olones bordados, que llaman en mi tierra
+de <i>espumilla</i> y de Manila en Madrid, o abanicos chinescos de los m&aacute;s
+primorosos. Para D. Acisclo trajo armas japonesas, y para do&ntilde;a Luz un
+juego de ajedrez de marfil, prolijamente labrado.</p>
+
+<p>El P. Enrique se instal&oacute; muy c&oacute;moda y holgadamente en casa de los
+Marqueses de Villafr&iacute;a, donde Tom&aacute;s se ofreci&oacute; para cuidarle; pero el P.
+Enrique tra&iacute;a consigo un criado chino, llamado Ram&oacute;n, que le cuidaba con
+el mayor esmero.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2>
+
+<h3>Vida del Padre en el lugar</h3>
+
+
+<p>Pasado el gran acontecimiento de la venida del P. Enrique; luego que no
+qued&oacute; en el pueblo nadie que no le viese, satisfaciendo as&iacute; la
+curiosidad; luego que le oyeron predicar en la parroquia y no hallaron
+que sus sermones fuesen m&aacute;s bonitos que los de otro Padre, sino m&aacute;s
+f&aacute;ciles, m&aacute;s pedestres, m&aacute;s sencillos y con menos latines; y luego que
+vieron que el P. Enrique ni contaba chascarrillos ni jugaba al billar ni
+a la malilla, ni era m&aacute;s entretenido que otro cualquiera, todo Villafr&iacute;a
+entr&oacute; de nuevo en su estado normal.</p>
+
+<p>Como piedra que cae en estanque profundo, la cual hace muchos c&iacute;rculos y
+turba el haz del agua, y luego se desvanecen los c&iacute;rculos y vuelve todo
+a su primer reposo sin que nadie se acuerde de la piedra, as&iacute; sucedi&oacute;
+con el P. Enrique a los tres meses de estar en Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Verdad es que &eacute;l procuraba eclipsarse. Si hac&iacute;a obras de caridad hasta
+donde sus cortos medios lo consent&iacute;an, era tan sin estruendo, que nadie
+se enteraba; si, movido a ello por compasi&oacute;n o porque lo juzgaba
+absolutamente necesario, daba alg&uacute;n consejo, le daba con tal llaneza y
+con tan pocos textos y autoridades, que nadie hac&iacute;a caso, y aun hab&iacute;a
+quien supusiese que no sab&iacute;a aconsejar por lo fino, acostumbrado a vivir
+entre los salvajes all&aacute; en las Indias.</p>
+
+<p>En suma, el P. Enrique, o no supo o no quiso hacerse popular. Tambi&eacute;n en
+&eacute;l se cumpli&oacute; la sentencia evang&eacute;lica: <i>Nadie es profeta en su patria</i>;
+tambi&eacute;n por &eacute;l, si es l&iacute;cito comparar lo peque&ntilde;o con lo grande, pudo
+decirse que <i>estuvo entre los suyos y los suyos no le conocieron</i>.</p>
+
+<p>No iba al casino, no frecuentaba la tertulia del boticario, no sab&iacute;a
+palabra de pol&iacute;tica, no visitaba a las se&ntilde;oras devotas del lugar, en
+fin, se aseguraba ya que no serv&iacute;a para nada.</p>
+
+<p>Dec&iacute;a su misa diaria, y casi siempre estaba encerrado en el caser&oacute;n del
+marqu&eacute;s, que as&iacute; le llamaban, donde andaba de continuo papeleando; esto
+es, bregando con libros y papeles, ora escribiendo, ora leyendo cosas
+que a nadie le importaban por all&iacute;.</p>
+
+<p>Como Villafr&iacute;a era pueblo muy liberal y avanzado en ideas, acusaban
+muchos al P. Enrique de hip&oacute;crita, de carlist&oacute;n y de <i>neo</i>, y en cambio,
+los verdaderos <i>neos</i> y carlistones, que tampoco all&iacute; faltaban, miraban
+con desd&eacute;n al Padre, porque de nada les val&iacute;a ni con ellos se
+espontaneaba, o m&aacute;s bien, no ten&iacute;a de qu&eacute; ni sobre qu&eacute; espontanearse.</p>
+
+<p>Por fortuna era tan dulce el Padre que no pod&iacute;a mover a odio, y tan
+silencioso y modesto que no excitaba la envidia. Todo se redujo a que le
+olvidasen, vi&eacute;ndole; g&eacute;nero de olvido que ocurre con frecuencia.</p>
+
+<p>S&oacute;lo en la mayor intimidad, en medio de pocas almas escogidas, y de
+alguna que si no lo era se dejaba llevar por el entusiasmo de las otras,
+se desanudaba suavemente la lengua del P. Enrique; y las narraciones
+amenas, los discursos elevados, los bellos pensamientos y nobles
+sentimientos brotaban de sus afluentes labios y penetraban en los
+corazones y en la mente del poco numeroso auditorio, aunque mejor ser&iacute;a
+decir de sus pocos interlocutores, porque el Padre evitaba, cuanto
+pod&iacute;a, monopolizar la palabra y prefer&iacute;a el di&aacute;logo en que todos
+hablasen.</p>
+
+<p>Sus interlocutores eran do&ntilde;a Luz, do&ntilde;a Manolita, el m&eacute;dico, Pepe G&uuml;eto,
+el cura alguna vez y don Acisclo siempre.</p>
+
+<p>Cuando ven&iacute;a m&aacute;s gente en casa de D. Acisclo, aquella franqueza
+desaparec&iacute;a, y la conversaci&oacute;n, como por ensalmo y sin poder evitarlo,
+bajaba al nivel villafriesco.</p>
+
+<p>Las condiciones de entendimiento y de car&aacute;cter mov&iacute;an a esto al P.
+Enrique, no por altivez, sino por timidez. Con el humilde vulgo, all&aacute; en
+los pueblos m&aacute;s cercanos a la naturaleza, en donde hab&iacute;a vivido, hab&iacute;a
+acertado a explicarse por tan llano y persuasivo estilo que sus palabras
+sin arte, santas y sinceras, hab&iacute;an quedado grabadas en los corazones,
+llevando el convencimiento a las almas. Con sujetos de letras y
+doctrina, o que por gracia, por entusiasmo, por hondo sentir po&eacute;tico y
+por elevaci&oacute;n de miras y de ideas, le infund&iacute;an confianza y le
+inspiraban simpat&iacute;as, su discurso le arrebataba f&aacute;cil e insensiblemente
+a las m&aacute;s altas regiones; pero con ciertas gentes medianas, que presumen
+de cultas, el Padre Enrique se recog&iacute;a por instinto, sent&iacute;a su carencia
+de poder y de influjo, y ni era sencillo, ni era elevado, ni conmov&iacute;a
+por la candorosa expresi&oacute;n de los afectos, ni alzaba en pos de s&iacute; las
+inteligencias, tendiendo el vuelo de &aacute;guila la suya.</p>
+
+<p>Villafr&iacute;a, poblaci&oacute;n muy adelantada, produc&iacute;a este efecto en el P.
+Enrique. Nada amilanaba su coraz&oacute;n, ni all&iacute; ten&iacute;a que temer nada; pero
+su entendimiento estaba amilanado y reconoc&iacute;a su carencia de influjo.</p>
+
+<p>No afirmo yo que se establezcan corrientes magn&eacute;ticas; pero, sin decirlo
+como verdad, puedo decirlo como imagen; entre sus paisanos y &eacute;l no hab&iacute;a
+corriente magn&eacute;tica alguna. La corriente magn&eacute;tica s&oacute;lo exist&iacute;a entre el
+Padre y las pocas personas que hemos nombrado ya, y que, durante todo el
+invierno de 1860 a 1861, se reun&iacute;an, sin faltar apenas una noche, en
+torno del hogar de D. Acisclo, en la <i>cocina de los se&ntilde;ores</i>, que
+dejamos descrita.</p>
+
+<p>En esta reuni&oacute;n se charlaba por los codos, y nadie hac&iacute;a tanto gasto de
+palabras como do&ntilde;a Manolita, cuyos graciosos disparates mov&iacute;an a risa
+hasta al Padre, a pesar de su gravedad. A veces, no obstante, sin buscar
+tema, sin el prop&oacute;sito preconcebido de enredar alguna discusi&oacute;n sobre
+las m&aacute;s arduas materias, la discusi&oacute;n ven&iacute;a a enredarse, y entonces don
+Acisclo, el cura, Pepe G&uuml;eto y hasta do&ntilde;a Manolita, callaban y o&iacute;an, y
+hablaban s&oacute;lo el P. Enrique, do&ntilde;a Luz y el m&eacute;dico D. Anselmo.</p>
+
+<p>Reinaba all&iacute; la m&aacute;s amplia libertad de pensamiento; y el m&eacute;dico, que era
+el constante impugnador del P. Enrique, dec&iacute;a cuanto se le antojaba;
+pero como todo coraz&oacute;n generoso lleva ing&eacute;nitamente en su centro la
+buena crianza, aunque no se la hayan dado, D. Anselmo, ni aun en la fuga
+del m&aacute;s ardiente disputar, ni en la mayor violencia de sus ataques, se
+olvidaba de velar y de mitigar su rudeza con la dulzura de la forma.</p>
+
+<p>A trav&eacute;s de esta forma dulce se mostraba, no obstante, la negaci&oacute;n
+radical de toda verdad que no venga a nosotros por la experiencia
+sensible. Con fe se puede creer en lo sobrenatural; con imaginaci&oacute;n se
+puede crear un mundo trascendente de ideas metaf&iacute;sicas y religiosas. La
+raz&oacute;n, en tanto, s&oacute;lo puede saber lo que ella, en virtud de sus propias
+leyes, induce del estudio y observaci&oacute;n de los fen&oacute;menos que llegan a su
+conocimiento por los sentidos. Esto s&oacute;lo es la ciencia: lo dem&aacute;s ser&aacute;
+poes&iacute;a, o como quiera llamarse. Y el principio de la ciencia para D.
+Anselmo era que hay una sustancia infinita, la cual, en virtud de la
+inexplicable agitaci&oacute;n y del prurito, que constituye su esencia, produce
+variedad de seres, cuya perfecci&oacute;n relativa, dentro del per&iacute;odo en que
+vivimos, y hasta donde la memoria puede penetrar en lo pasado, y la
+prudente previsi&oacute;n en lo porvenir, va siendo cada vez mayor, merced a
+cierto proceso ascendente y a cierto desarrollo que nos parece que no
+termina. C&oacute;mo ello empez&oacute; y c&oacute;mo habr&aacute; de acabar, sosten&iacute;a D. Anselmo
+que se ignora y que se ignorar&aacute; siempre. Era vano, en su sentir,
+obstinarse en ver m&aacute;s all&aacute;: si antes del principio de esta evoluci&oacute;n
+hubo otra; si despu&eacute;s volver&aacute;n las cosas al reposo y a la muerte, y si
+luego se despertar&aacute;n nuevo prurito y voluntad de los &aacute;tomos, que los
+lleven a agruparse y a crear otro universo, y vidas nuevas, y progreso,
+y consciencia, y lo que llaman esp&iacute;ritu, y por &uacute;ltimo, muerte otra vez.
+Sobre todo esto, s&oacute;lo pod&iacute;an forjarse teor&iacute;as y ensue&ntilde;os, lanz&aacute;ndose en
+especulaciones aventuradas, m&aacute;s all&aacute; de los t&eacute;rminos y linderos hasta
+donde la raz&oacute;n nos sigue.</p>
+
+<p>Y lo que D. Anselmo afirmaba de la vida total del mundo, lo afirmaba tan
+bien de la vida de cada individuo. Durante dicha vida pod&iacute;a observarse
+el desenvolvimiento gradual, hasta que la vida acababa. Pero antes del
+nacer y despu&eacute;s del morir, D. Anselmo sosten&iacute;a que no atinaba a ver
+nada: eran dos profundidades tenebrosas, dos insondables abismos, en
+medio de los cuales se manifestaba la vida. Y las profundidades y los
+abismos se hallaban como cubiertos de la sustancia, de la materia, de
+esto que afecta nuestros sentidos, que no podemos concebir sin
+accidentes y sin formas, que no podemos concebir mudando formas y
+accidentes; pero que en lo esencial no puede ser aniquilado por la mente
+humana. La &uacute;nica metaf&iacute;sica ineludible de aquel enemigo de la metaf&iacute;sica
+era la eternidad de ese ser indefinido y vago. &Eacute;l era el &uacute;nico
+inmutable. Todo lo dem&aacute;s, esto es, sus apariencias y cambios, pues fuera
+de &eacute;l nada hay, era perpetua mudanza y fluctuaci&oacute;n sin sosiego. Claro
+est&aacute; que de tal ciencia no pod&iacute;a nacer moral alguna, ni deber, ni
+responsabilidad, ni libertad de nuestros actos; pero D. Anselmo, que era
+excelente sujeto, apenas se atrev&iacute;a a confesar semejante diablura, ni a
+s&iacute; propio, y mucho menos a los dem&aacute;s; y armaba un caramillo de sutilezas
+para probar que &eacute;ramos libres y que deb&iacute;amos ser buenos, y que hab&iacute;a
+algo de determinado en que la bondad consist&iacute;a. De aqu&iacute; que, si sobre
+las cuestiones primeras re&ntilde;&iacute;a con el P. Enrique bravas batallas, en
+estos puntos pr&aacute;cticos quedaba siempre derrotado, y se hac&iacute;a un l&iacute;o, con
+aplauso general de todos, y m&aacute;s a&uacute;n de su hija do&ntilde;a Manolita, quien
+termin&oacute; una vez exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, pap&aacute;, perdona mi desverg&uuml;enza filial, pero t&uacute; no sabes lo que
+te pescas.</p>
+
+<p>Verdad es que do&ntilde;a Manolita dio a su padre un par de cari&ntilde;osos besos
+para endulzar aquella mortificaci&oacute;n de amor propio.</p>
+
+<p>Hasta hubo ocasi&oacute;n en que D. Anselmo se sinti&oacute; m&aacute;s mortificado y vejado.
+Entonces el propio P. Enrique tuvo que volver por &eacute;l, afirmando que el
+asunto era dif&iacute;cil y que no merece censura, sino aplauso, el que le
+estudia con ah&iacute;nco y con amor a la verdad, aunque se equivoque: que no
+deben re&iacute;rse los que no saben nadar, ni se echan al agua, de los que por
+nadar se aventuran y se ahogan; y que s&oacute;lo yerra el que aspira, y que
+s&oacute;lo da ca&iacute;das mortales el que tiene arranque y valor para encumbrarse y
+subir.</p>
+
+<p>De esta suerte, encontr&oacute; do&ntilde;a Luz un poderoso aliado para sus perpetuas
+disputas con el m&eacute;dico, cuyo inveterado positivismo no ced&iacute;a jam&aacute;s ni
+daba lugar a una conversi&oacute;n, pero cuyo concepto del saber, de la elevada
+inteligencia y de la bondad del Padre, era mayor cada d&iacute;a.</p>
+
+<p>Si esto pensaba el adversario y el incr&eacute;dulo, &iquest;qu&eacute; no pensar&iacute;an los
+creyentes, los que profesaban las mismas ideas, aquellos en cuyo favor
+el P. Enrique tan h&aacute;bil y cort&eacute;smente peleaba? La veneraci&oacute;n, el
+entusiasmo, la admiraci&oacute;n por el P. Enrique, fueron subiendo en todas
+aquellas almas, y m&aacute;s que en ninguna en el alma entusiasta, solitaria y
+aislada de do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>Cre&iacute;ale un tesoro de santidad, un dechado de todas las virtudes, y un
+pozo inagotable de ciencia. Cuando el Padre hablaba, qued&aacute;base ella
+suspensa oy&eacute;ndole, y se apartaba de todo y se reconcentraba a fin de no
+perder ni un acento y de comprender el m&aacute;s hondo sentido de su discurso.
+Su af&aacute;n de saber se despert&oacute; como nunca, compar&aacute;ndose con el Padre y
+notando cu&aacute;n ignorante ella era: y, aunque el Padre no hac&iacute;a ostentaci&oacute;n
+de su ciencia, ella le excitaba a que hablase, con mil preguntas, a las
+que el Padre, por m&aacute;s que por modestia lo repugnara, ten&iacute;a al fin que
+responder.</p>
+
+<p>La vida de las plantas, el movimiento de los astros, el sistema del
+mundo, la historia de los pueblos, de sus emigraciones, lenguas,
+creencias y leyes, todo era objeto de las preguntas de do&ntilde;a Luz, y a
+todo se ve&iacute;a obligado a responder el P. Enrique.</p>
+
+<p>A veces sal&iacute;a do&ntilde;a Luz de paseo con Pepe G&uuml;eto y do&ntilde;a Manolita, cuya
+luna de miel se prolongaba de un modo poco com&uacute;n, y mientras los esposos
+iban de burla o de risa, delante o detr&aacute;s, y en interminable cuchicheo,
+el Padre, que los acompa&ntilde;aba, sosten&iacute;a con do&ntilde;a Luz un coloquio grave,
+que a ella le parec&iacute;a amen&iacute;simo, instructivo y sublime.</p>
+
+<p>Los m&eacute;dicos hab&iacute;an amenazado al P. Enrique hasta con la muerte si volv&iacute;a
+a Filipinas antes de hallarse completamente repuesto. La permanencia,
+pues, del P. Enrique en Villafr&iacute;a, hab&iacute;a de ser de dos o tres a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&Eacute;l se hab&iacute;a repuesto mucho, pero estaba a&uacute;n delicado. Aunque era hombre
+de cuarenta a&ntilde;os, sus facciones finas y algo ani&ntilde;adas le hac&iacute;an parecer
+m&aacute;s mozo. Era blanco, si bien tostado el cutis por el sol; los ojos y el
+pelo negro; delgado, de mediana estatura, y de hermosa y despejada
+frente. Su vida de peregrino y de misionero, haci&eacute;ndole vencer la
+debilidad de su constituci&oacute;n con la energ&iacute;a del alma, hab&iacute;a prestado a
+su cuerpo extraordinaria agilidad y soltura.</p>
+
+<p>Las mujeres son curios&iacute;simas, y do&ntilde;a Luz lo era m&aacute;s que las otras
+mujeres. Nada excita tanto la curiosidad como cualquier merecimiento o
+habilidad que se oculta. Y como el Padre, sin afectaci&oacute;n, por no ser
+propio de su estado, porque no gustaba de hacer alarde de cosa alguna,
+no se hab&iacute;a mostrado nunca a sus ojos como jinete, do&ntilde;a Luz, sin
+malicia, empez&oacute; primero por cerciorarse de que lo era, de que hab&iacute;a
+viajado mucho a caballo en Cochinchina y en la India, y no par&oacute; luego
+hasta que logr&oacute; salir con &eacute;l de paseo a caballo en compa&ntilde;&iacute;a de D.
+Acisclo. Do&ntilde;a Luz se compuso de suerte que hizo galopar al Padre y hasta
+correr a todo escape, y el Padre galop&oacute; y corri&oacute; sin vanagloria de
+hacerlo bien, haci&eacute;ndolo perfectamente, y sin dar el menor indicio de
+que lo hac&iacute;a por complacencia galante, ni por lucirse, sino cumpliendo
+con un deber. Do&ntilde;a Luz se aventur&oacute; demasiado y estuvo a punto de dar una
+peligrosa ca&iacute;da al saltar una zanja. Su caballo no llevaba &iacute;mpetu
+bastante y hubiera ca&iacute;do en ella, si el Padre, conoci&eacute;ndolo, no hubiera
+llegado en saz&oacute;n, excitando el caballo con el l&aacute;tigo, y con el ejemplo,
+porque salt&oacute; primero.</p>
+
+<p>El Padre, despu&eacute;s del salto, con tanta dulzura y cortes&iacute;a como firmeza,
+reprendi&oacute; por sus locuras a do&ntilde;a Luz; dijo que podr&iacute;a ser motivo de
+esc&aacute;ndalo el verle correr y saltar de aquel modo; prometi&oacute; no volver a
+salir nunca m&aacute;s a caballo, y cumpli&oacute; la promesa.</p>
+
+<p>Esta misma firmeza de voluntad encant&oacute; a do&ntilde;a Luz, aunque iba contra sus
+gustos y caprichos. La paz y serenidad de esp&iacute;ritu del Padre la ten&iacute;a
+maravillada, y m&aacute;s a&uacute;n su perspicacia. Juzg&aacute;bale zahor&iacute; de corazones.
+Todos los defectillos de ella, todas las faltas, conoc&iacute;a do&ntilde;a Luz que el
+Padre las notaba, y que se las censuraba con rodeos delicad&iacute;simos; sin
+dejar por eso de advertir tambi&eacute;n cuanto en el alma de ella hab&iacute;a de
+noble y de bueno, elogi&aacute;ndolo sin el menor empe&ntilde;o de serle grato por
+medio de la lisonja.</p>
+
+<p>Ella, entretanto, miraba en el alma del P. Enrique, y quer&iacute;a verla toda,
+como &eacute;l ve&iacute;a la suya. Y notaba que era clara y transparente, como la mar
+que circunda a Andaluc&iacute;a, pero con un fondo de tal hondura, que a pesar
+de lo di&aacute;fano del agua y de la mucha luz del cielo que en ella penetra,
+ilumin&aacute;ndola toda, la vista se desvanec&iacute;a y se cegaba, y quedaba a
+inmensa distancia de los &uacute;ltimos senos y capas de ondas, hasta donde se
+fatigaba por sumergirse y calar.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2>
+
+<h3>Homil&iacute;a</h3>
+
+
+<p>En vida tan apacible lleg&oacute;, para do&ntilde;a Luz y para sus compa&ntilde;eros de
+tertulia, la primavera de 1861.</p>
+
+<p>Durante la Cuaresma, el P. Enrique predic&oacute; varias veces, con mediano
+&eacute;xito, no sobrepujando la fama de los otros predicadores con quienes
+alternaba. El n&uacute;mero de los fervientes admiradores del padre apenas se
+aumentaba con alguien que no fuese de la intimidad de D. Acisclo.</p>
+
+<p>Aquel a&ntilde;o, por lo mismo que su sobrino estaba en el lugar, D. Acisclo
+quiso echar el resto, en el Jueves Santo, y la cena algo profana, a que
+dio ocasi&oacute;n la salida en procesi&oacute;n de la Santa Cena, fue op&iacute;para y
+estruendosa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz estuvo amabil&iacute;sima con todos, y do&ntilde;a Manolita muy alegre y
+chistosa.</p>
+
+<p>No eran &eacute;stas, sin embargo, las reuniones que agradaban a do&ntilde;a Luz y a
+su amiga, sino las poco numerosas, familiares y frecuentes, donde ellas
+mismas incitaban a D. Anselmo para que provocase y contradijese al
+Padre, oblig&aacute;ndole as&iacute; a hablar sobre puntos de religi&oacute;n o de filosof&iacute;a.</p>
+
+<p>En no pocas ocasiones, el P. Enrique hab&iacute;a lucido, en sentir de sus
+oyentes, una elocuencia conmovedora; pero jam&aacute;s produjo tan honda
+impresi&oacute;n en los &aacute;nimos como la noche del Domingo de Resurrecci&oacute;n.</p>
+
+<p>Incitado D. Anselmo, despu&eacute;s de otros menos importantes ataques, lleg&oacute; a
+decir lo que sigue:</p>
+
+<p>&mdash;Todo es hablar de caridad y devoci&oacute;n, pero, bien mirado, no se ve en
+vosotros sino ego&iacute;smo. No es la piedad, no es el amor a vuestros
+semejantes quien os mueve, sino el anhelo de la salvaci&oacute;n propia y el
+miedo del infierno.</p>
+
+<p>&mdash;Alambicando de esa suerte&mdash;contest&oacute; el padre Enrique&mdash;, no hay amor,
+por desinteresado que sea, cuya ra&iacute;z no est&eacute; en el amor propio. Las
+palabras mismas lo declaran. &iquest;Qu&eacute; es la compasi&oacute;n? No es m&aacute;s que cierta
+cualidad, en cuya virtud padece el alma cuando ve padecer a otra como si
+ella misma padeciera. Todo sacrificio, por consiguiente, que haga el
+alma compasiva, ya del reposo, ya de la vida corporal, ya de la
+hacienda, ser&aacute; considerado como ego&iacute;smo. El alma compasiva le hace para
+librarse de un padecimiento; para que el ajeno dolor no le duela como
+propio; para hallar para s&iacute; la paz y el bien que apetece. Todo acto de
+filantrop&iacute;a proviene de compasi&oacute;n: luego proviene del amor propio; luego
+nace del ego&iacute;smo. Lo m&aacute;s que los fil&aacute;ntropos podr&eacute;is decir en vuestro
+abono es que vuestro ego&iacute;smo es un ego&iacute;smo bien entendido, un ego&iacute;smo
+provechoso para todos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo ven ustedes, se&ntilde;ores&mdash;replic&oacute; D. Anselmo&mdash;, el Padre, como no
+puede ni sabe defenderse, ataca; pero sus razones no tienen fuerza
+contra m&iacute;. Yo no vacilo en concederle que la virtud humana de la
+filantrop&iacute;a proviene de la compasi&oacute;n y es por lo tanto ego&iacute;smo; pero &iquest;la
+virtud divina de la caridad es menos ego&iacute;smo en su ra&iacute;z y fundamento? A
+fin de no padecer viendo padecer a otro, hago yo, por ejemplo, un acto
+de filantrop&iacute;a: le hago para ponerme bien conmigo: soy, pues, ego&iacute;sta;
+pero el que hace una obra de caridad, por amor de Dios, para ponerse
+bien con Dios, de quien toda su dicha depende &iquest;se muestra acaso menos
+interesado? Todav&iacute;a se me antoja que vale m&aacute;s el fil&aacute;ntropo que el
+caritativo, porque al cabo es m&aacute;s noble y m&aacute;s bella la condici&oacute;n natural
+del alma descre&iacute;da que siente como propias las penas extra&ntilde;as, y con el
+prop&oacute;sito de libertarse de estas penas obra el bien, que la condici&oacute;n
+algo sobrenatural del alma creyente que obra el bien por temor de
+castigo o con esperanza de galard&oacute;n y de premio; y no ya por amor del
+ser miserable a quien socorre y ampara, sino por amor del ser poderoso
+de quien todo lo espera.</p>
+
+<p>&mdash;Censurar que el alma busque siempre su bien, dijo entonces el Padre,
+ser&iacute;a tan absurdo como censurar que busquen los graves su centro. Ley es
+&eacute;sta indefectible, donde no hay libertad, donde no cabe ni m&eacute;rito ni
+dem&eacute;rito. La voluntad va derecha a la beatitud, donde s&oacute;lo puede
+aquietarse, como la piedra, desprendida de lo alto de la torre, cae sin
+detenerse hasta dar en el suelo; como la bala, disparada por certero
+tirador, vuela a clavarse en el blanco. Lo importante, lo libre, lo
+meritorio est&aacute; en poner bien la mira, en buscar el supremo bien donde en
+realidad reside. Una vez se&ntilde;alado el bien, verdadero o enga&ntilde;oso, &iquest;qui&eacute;n
+no va a &eacute;l por acto tan voluntario como necesario, ya que amar y
+apetecer el bien es la esencia misma de toda voluntad? El amor de s&iacute;
+propio es de necesidad; necesidad de quien ni el mismo Dios se sustrae.</p>
+
+<p>&mdash;No niego yo que sea as&iacute;. Convengo en todo, Padre. Pero &iquest;d&oacute;nde est&aacute;
+entonces la libertad, la responsabilidad de nuestros actos? No habr&aacute;
+pecados ni cr&iacute;menes, sino errores. La inteligencia se enga&ntilde;ar&aacute; y
+presentar&aacute; a la voluntad lo que es malo como bueno.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; ser&iacute;a, dijo el Padre, si fuese necesario todo error; pero el error
+no es necesario siempre. En el error puede haber libertad, y por
+consiguiente pecado. A veces las pasiones, que no queremos dominar,
+ofuscan el entendimiento y le llevan a que yerre; a veces el don
+sobrenatural de la gracia no acude a nosotros porque nos hacemos
+indignos de &eacute;l, y entonces tambi&eacute;n se turba y se enga&ntilde;a el
+entendimiento. Pero no creo que disputamos hoy sobre el libre albedr&iacute;o y
+la fatalidad, sino sobre si el alma al amar es desinteresada, porque
+busca su propio bien, aunque este propio bien estribe en el amor mismo.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es&mdash;dijo do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Esa es la cuesti&oacute;n de hoy&mdash;a&ntilde;adi&oacute; do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;Figur&eacute;monos&mdash;prosigui&oacute; el padre Enrique&mdash;, a un enamorado, a un
+caballero a la antigua, que por complacer a su dama, y para darle gloria
+y contento, padece insufribles trabajos, se expone a los mayores
+peligros y lleva a feliz t&eacute;rmino las m&aacute;s dificultosas aventuras.
+Figur&eacute;monos que todo esto lo hace por una dama de quien recela con raz&oacute;n
+que jam&aacute;s ser&aacute; amado. Y figur&eacute;monos, por &uacute;ltimo, que todo lo hace por
+servirla y sin esperanza de recompensa. Todav&iacute;a seg&uacute;n el modo de
+discurrir de D. Anselmo, podremos tildar este amor de interesado, ya que
+el alma de aquel caballero halla deleite grand&iacute;simo en hacer cuanto hace
+por la dama, aunque la dama sea ingrata; o ya que, si no halla deleite,
+halla consolaci&oacute;n, consider&aacute;ndose mil veces m&aacute;s infeliz si nada hiciese
+de lo que hace y si no diese de su amor tan valientes y generosas
+pruebas. Pero &iquest;qu&eacute; mucho si el mismo amor mal pagado suele ser causa de
+ventura y de gozo &iacute;ntimo para el amante que prefiere amar, aun sin
+correspondencia, a que se desprenda y aparte el amor de su alma,
+dej&aacute;ndola solitaria, seca y vac&iacute;a? Queda, pues, demostrado as&iacute; que todo
+es ego&iacute;smo, si bien es fuerza convenir en que hay ego&iacute;smos sublimes y
+merecedores de perpetua alabanza.</p>
+
+<p>&mdash;Acepto&mdash;replic&oacute; don Anselmo&mdash;, el ejemplo de esa dama y de ese
+caballero andante de los buenos tiempos antiguos que el P. Enrique nos
+presenta; pero dudo mucho de que el caballero haga sus proezas con la
+esperanza de galard&oacute;n ya perdida. La misma alta opini&oacute;n en que tiene a
+la se&ntilde;ora de sus pensamientos le persuade de que no ha de ser ingrata.
+El caballero se aventura, pues, y se afana interesadamente, esperando
+galard&oacute;n; pero, supuesto el caso extra&ntilde;o de que no le esperase, ya no
+podr&iacute;a equipararse con el cristiano caritativo, en quien jam&aacute;s ha de
+suponerse que la esperanza fallezca. En el concepto que tiene de su Dios
+va impl&iacute;cita la idea de su bondad, de su omnipotencia y de su justicia,
+y en ellas libra la seguridad de la paga. Vuelvo, pues, a mi tema. Toda
+virtud mundana ser&aacute; ego&iacute;smo; pero lo es m&aacute;s la caridad, ya que se funda
+en firme creencia y en esperanza clara y evidente de que ser&aacute;
+recompensada. A pesar de todo, no desde&ntilde;ar&iacute;a yo esta virtud, y juzgar&iacute;a
+soberanamente ben&eacute;ficas la esperanza y la fe de que procede, si no
+dejara nunca de ser, aunque por fines interesados y ego&iacute;stas, causa de
+buenas obras; pero la caridad tiene un camino, cuando se extrema, para
+lograr su objeto, no ya sirviendo, sino olvidando, desde&ntilde;ando y
+menospreciando al pr&oacute;jimo y a cuantos seres hay en este universo
+visible. El alma que se retira dentro de s&iacute;, que se hunde en el abismo
+insondable de su propia esencia, donde se une o cree unirse con su Dios,
+&iquest;qu&eacute; vale a los hombres? &iquest;Qu&eacute; amor les consagra? &iquest;Qu&eacute; criatura terrenal
+podr&aacute; existir por cuya suerte se interese? El alma que as&iacute; se endiosa,
+encastillada en su recogimiento soberano, lo desde&ntilde;a todo, menos su
+propio centro, donde vive identificada con el eterno amante a quien
+adora y de quien recibe bienaventuranza completa.</p>
+
+<p>Con dulzura insinuante y con el reposo debido, a fin de hacerse entender
+bien y de poner en sus ideas orden y claridad, contest&oacute; entonces el P.
+Enrique a los argumentos de D. Anselmo; mas, a pesar del dominio que
+ten&iacute;a sobre s&iacute; y sobre su palabra, la emoci&oacute;n que embargaba su &aacute;nimo
+ven&iacute;a a revelarse en su acento, en el brillo de sus ojos y en el
+encendido color de sus mejillas, p&aacute;lidas de ordinario. Todo ello
+contribu&iacute;a a infundir en el razonamiento que hizo aquella singular
+persuasi&oacute;n que cautiva los corazones y somete a blando yugo las m&aacute;s
+soberbias y rebeldes inteligencias.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo reproducir, sin alterarle o sin debilitar su energ&iacute;a y empa&ntilde;ar su
+esplendor celestial, el sencillo e inspirado discurso que entonces
+pronunci&oacute; el Padre Enrique?</p>
+
+<p>Lo que atine a poner aqu&iacute; el profano, fr&iacute;o, esc&eacute;ptico y pobre narrador
+de esta historia, no debe mirarse, cuando m&aacute;s, sino como informe
+bosquejo de lo que dijo aquel hombre entusiasta y creyente. El P.
+Enrique dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;A fin de dar cumplida contestaci&oacute;n a los argumentos de D. Anselmo
+ser&iacute;a menester desenvolver ahora las doctrinas todas de una alt&iacute;sima
+ciencia. Lo que diga yo, por lo tanto, en breves palabras, no puede
+menos de ser desordenado y de pareceros oscuro. Voy a poner en cifra y
+resumen lo que requiere, para que se entienda bien, severo m&eacute;todo y
+reposo. Supongamos, por un instante, que abstra&iacute;da el alma de todo lo
+terreno, en suspensi&oacute;n de potencias y sentidos, en silencio maravilloso
+y quietud envidiable, goza del supremo bien, sin salir de esta vida
+mortal, y absorta y como hundida en la contemplaci&oacute;n de su Creador, no
+cuida ya del pr&oacute;jimo ni de las otras criaturas. Pero antes de alcanzar
+tanta dicha, antes de subir a tanta alteza, &iquest;qu&eacute; pruebas de bondad no
+habr&aacute; dado el alma? &iquest;Por qu&eacute; &aacute;spera senda no habr&aacute; tenido que trepar,
+activa, atenta y persistente? Para ganarse la voluntad de su Creador
+habr&aacute; hecho obras de misericordia, consolando y amparando a los
+infelices y desvalidos, y con sus oraciones y penitencias, humildad y
+mansedumbre, habr&aacute; sido pasmoso ejemplo y provechoso est&iacute;mulo a todo ser
+humano. No se conquista de otra suerte el amor de Dios. No hay otra v&iacute;a
+m&aacute;s c&oacute;moda y llana para llegar a &eacute;l. Claro est&aacute;, pues, que, aun
+suponiendo que el alma es ya in&uacute;til para las otras almas al llegar a ese
+t&eacute;rmino, es util&iacute;sima mientras no llega. Y no obstante, cuando el alma
+llega, cuando se recoge en su centro, donde Dios mora, y all&iacute; le conoce
+y con &eacute;l se une, &iquest;c&oacute;mo imaginar que por eso se aniquila o se hace
+in&uacute;til? Tal vez, al anegarse en aquel abismo de luz, no ve sino
+tinieblas. Tal vez los ojos del alma no pueden resistir tanto
+resplandor. Tal vez la inteligencia limitada no comprende aquellas
+perfecciones infinitas e inenarrables. Pero si la inteligencia, en el
+alma que llega a Dios, no ve ni comprende todo su ser, b&aacute;stale con
+percibir alg&uacute;n atributo para no quedar perdida y aniquilada en su
+ventura. B&aacute;stele ver a Dios, para ver en Dios el mundo y las criaturas
+que le llenan y hermosean, y para verlo todo, por m&aacute;s cabal y
+comprensiva manera que cuando lo ve&iacute;a con s&oacute;lo los sentidos como
+apariencias fugitivas que los hieren. El alma ve entonces las cosas
+tales como son y no tales como aparecen; las ve, no en su manifestaci&oacute;n
+transitoria, sino en su idea pura y eterna; no ya en lucha constante,
+desligadas, sin concierto, en guerra de exterminio, sino que las ve
+atadas por lazo de amor, subiendo en concorde armon&iacute;a hacia la luz y
+hacia el bien, y encamin&aacute;ndose, por atracci&oacute;n suave y divina, a la
+justificaci&oacute;n providencial de todo. Y como el alma ama a Dios y todo
+est&aacute; en Dios, el alma lo ama todo am&aacute;ndole. Y lo ama todo, no ya
+interesadamente, como lo amaba antes, sino con desinter&eacute;s, porque quien
+tiene a Dios &iquest;qu&eacute; m&aacute;s quiere ni desea? As&iacute; el alma ama a las criaturas
+como Dios las ama, y quiere que todas se vuelvan a Dios y le amen, y que
+el tesoro del amor divino sea para todas ellas. Y entonces el amor del
+alma, conforme, identificado con la voluntad de Dios, abarca el universo
+y cuanta hermosura espiritual y corporal en s&iacute; contiene. Y lejos de
+quedar el alma, al unirse con Dios, inerte y como vac&iacute;a y sin
+conciencia, logra conciencia m&aacute;s clara y distinta, y arde en amor m&aacute;s
+vivo que todos los amores mundanales. Y no hay excelencia en lo creado,
+cuyo valer no estime y pondere en lo justo; ni beldad en quien sin
+concupiscencia no se complazca, porque tiene ya hartura y plenitud de
+deleites pur&iacute;simos; ni riquezas que no mire sin codicia, porque est&aacute;
+agraciada y como heredada de los m&aacute;s preciosos dones; y ama sin celos al
+amor que da Dios a las criaturas, por que las comprende en su mente e
+imagina que todo el amor que vierte Dios en ellas, le recibe y le guarda
+para s&iacute; propia. &iquest;De qu&eacute; sacrificio, de qu&eacute; obra estupenda de caridad, de
+qu&eacute; proeza de amor, de qu&eacute; devoci&oacute;n, abnegaci&oacute;n y martirio no ser&aacute; capaz
+el alma unida con Dios, y que se vuelve a las criaturas, y las contempla
+en Dios mismo, como si fuesen algo del ser y de la sustancia del objeto
+amado? Lejos, pues, de creer que esta uni&oacute;n del alma con Dios la hace
+inerte e in&uacute;til para los dem&aacute;s seres, creo que la habilita y alienta
+para tomar en el manantial caudaloso del amor del cielo los torrentes de
+caridad que vierte luego en la tierra. Porque, como el Verbo, que es
+Dios, dio su vida mortal y humana por la salud de los hombres, el alma,
+si se une con Dios, adquiere la virtud divina para arrostrar y sufrir
+por los hombres los tormentos y la muerte, imitando a Cristo, que es el
+Dios a quien se une.</p>
+
+<p>De esta suerte se expresaba el P. Enrique, hasta donde la torpe pluma y
+la lengua pecadora de quien esto escribe consigue remedar su improvisada
+homil&iacute;a; ya que, en la sagrada ciencia, que &eacute;l iba explicando, dijeron
+los m&aacute;s delgados conceptos y aclararon los m&aacute;s hondos misterios, no los
+que en los libros y en el estudio fueron a ilustrarse, sino los que por
+experiencia los entend&iacute;an y por santidad insigne gozaron del favor
+divino.</p>
+
+<p>Y mientras que el Padre hablaba, D. Acisclo o&iacute;a embelesado, aunque no
+penetraba el sentido de una sola palabra; y D. Anselmo se deleitaba, sin
+creer, como quien saborea la m&aacute;s bella composici&oacute;n po&eacute;tica; y do&ntilde;a Luz,
+do&ntilde;a Manolita y Pepe G&uuml;eto, escuchaban con fija atenci&oacute;n y gran fervor
+religioso, lisonje&aacute;ndose de que todo lo alcanzaban.</p>
+
+<p>Acaso no lo crey&oacute; as&iacute; el Padre, all&aacute; en lo interior de su pecho, pues
+para aclarar y completar lo que hab&iacute;a dicho, a&ntilde;adi&oacute; de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero asimilar vuestra filantrop&iacute;a mundana a un hermoso r&iacute;o, cuyos
+canales y acequias riegan y fertilizan los campos; mientras que el alma,
+que se une a Dios por amor, es como el agua que el sol rarifica y
+levanta y que sube en vapores al cielo. &iquest;Ser&aacute; esta agua menos &uacute;til que
+la del r&iacute;o? No, porque luego desciende en bienhechora lluvia, m&aacute;s
+fecundante que todo riego artificial, y aun de este mismo riego
+artificial es causa mediata, ya que la lluvia, que viene del cielo,
+cuaja y forma en la cima de los montes con apretada y c&aacute;ndida nieve las
+inexhaustas urnas, de donde brotan y se desatan arroyos y r&iacute;os en
+cristalinos raudales. Presuma, en buena hora, el zafio y rudo
+agricultor, cuando riega su campo, que el agua viene de la vecina
+monta&ntilde;a, y que se deriva por ocultos caminos del seno de la madre
+tierra. Pero &iquest;habr&iacute;a agua si el cielo no la hubiera depositado all&iacute;? De
+esta suerte, la filantrop&iacute;a, la virtud meramente humana, tiene su
+origen, ignor&aacute;ndolo tal vez los mismos que la practican, en la caridad
+divina. El amor de Dios sube al cielo; se dir&iacute;a que desprecia este bajo
+mundo; pero, al descender de nuevo a la tierra, como el limpio roc&iacute;o de
+la aurora, viene transformado en amor acendrad&iacute;simo del pr&oacute;jimo. En
+nuestra verdadera religi&oacute;n no sucede como en algunas falsas, donde el
+bien supremo implica el aniquilamiento de la conciencia. Si el discurso
+racional no llega al &aacute;pice de la mente, Dios le adorna y reviste de
+prendas sobrenaturales; en vez de destruirle, le da la fe, para que viva
+y entienda. Y a veces brota del centro del alma una luz interior que
+ba&ntilde;a las potencias que hasta el centro no han penetrado, por donde
+nuestro ser individual, aun en el &eacute;xtasis, no se esfuma, ni se
+desvanece, ni se desmaya, sino que con m&aacute;s ser vive, siente, piensa,
+conoce y ama. Si para subir al enlace m&iacute;stico, se desnuda el alma de
+todo lo creado, si llega a entender que s&oacute;lo existen Dios y ella, esta
+muerte es como la muerte natural, en la cual se desprende el alma de sus
+mortales despojos. Y as&iacute; como el alma ha de revestirse de cuerpo
+glorioso, as&iacute; tambi&eacute;n resucitan todas las potencias que, para llegar al
+&eacute;xtasis divino, tal vez murieron. No, no se pierde el alma de los
+m&iacute;sticos cristianos en la esencia suprema, como en el <i>nirvana</i> de los
+budistas; no, no cae en sue&ntilde;o eterno, sino que logra la plenitud de la
+vida. El ambiente ba&ntilde;ado y penetrado todo de rayos de sol parece luz de
+oro y sol y no aire; y el hierro, que sale candente de la fragua, no es
+oscuro y opaco, sino refulgente como el fuego de donde sale; y por igual
+manera, en cuanto la comparaci&oacute;n material es posible, el alma que se
+uni&oacute; con Dios parece Dios. Y por &uacute;ltimo, para el provecho que a los
+dem&aacute;s hombres puedan traer estos bienes y regalos de los esp&iacute;ritus
+contemplativos, quiero a&ntilde;adir una consideraci&oacute;n de gran peso; a saber,
+que en ninguna creencia, en ninguna doctrina, se ensalza tanto como en
+la nuestra la dignidad humana, el ser del hombre, prescindiendo de su
+valer accidental. Los El&iacute;seos, los Para&iacute;sos, los Emp&iacute;reos de otras
+religiones s&oacute;lo abren sus puertas a los magnates, a los pr&iacute;ncipes, a los
+sabios, a los guerreros y a los ilustres; mientras que nuestro cielo es
+el cielo de los pobres, de los humildes, de los pac&iacute;ficos y de los
+mansos. Y no es esto s&oacute;lo para consolaci&oacute;n, por la esperanza en otra
+vida mejor, del desd&eacute;n de la fortuna y de los trabajos y miserias que en
+esta vida tienen que sufrir, sino que ejerce poderoso influjo en lo
+presente, y da precio infinito a toda alma humana, como rescatada por
+Cristo, e iguala con m&aacute;s verdad que toda ley democr&aacute;tica a unos hombres
+con otros, y reviste de majestad sagrada, y hace m&aacute;s que hermanas
+nuestras a todas las criaturas, a las m&aacute;s cuitadas, a las m&aacute;s viles, a
+las m&aacute;s abyectas y a las m&aacute;s pecadoras.</p>
+
+<p>Los oyentes del P. Enrique, que aquella noche no eran m&aacute;s que cuatro,
+entendiendo unos m&aacute;s y otros menos lo que dijo, quedaron todos
+encantados de o&iacute;rle. Don Anselmo lleg&oacute; a confesar que le entraban ganas
+de ser cristiano; do&ntilde;a Manolita y su marido se sintieron m&aacute;s cristianos
+que nunca; D. Acisclo hall&oacute; que su sobrino ten&iacute;a casi tanto
+entendimiento como &eacute;l, si bien aplicado a cosas menos pr&aacute;cticas; y do&ntilde;a
+Luz, embelesada, entusiasmada, a&ntilde;adi&oacute; acaso, con su rica imaginaci&oacute;n
+po&eacute;tica, mil quilates de hermosura, de novedad y de profundidad, al
+discurso del Padre, del cual no perdi&oacute; ni una sola cl&aacute;usula,
+comprendiendo el m&aacute;s hondo sentido del conjunto y de cada sentencia.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2>
+
+<h3>Un ilustre candidato</h3>
+
+
+<p>Por tal arte fueron creciendo la afici&oacute;n de do&ntilde;a Luz al trato del P.
+Enrique y la fina amistad que le profesaba.</p>
+
+<p>Como por r&aacute;pida pendiente, aunque con suave y apenas sentido movimiento,
+se inclin&oacute; su coraz&oacute;n a no desear sino aquellos coloquios con un hombre
+en quien hallaba ingenio, discreci&oacute;n y sublimidad en el pensar y en el
+sentir, hasta entonces no descubiertos por ella en ser humano, y de que
+s&oacute;lo sab&iacute;a por los libros que hab&iacute;a le&iacute;do.</p>
+
+<p>Ning&uacute;n recelo empa&ntilde;aba la limpieza y seguridad de esta inclinaci&oacute;n, si
+tranquila y serena, irresistible y declarada. Do&ntilde;a Luz, en su orgullo,
+do&ntilde;a Luz, en el cristal terso e incontaminado de su conciencia, no pod&iacute;a
+ver peligro, ya que por leve y remoto que le viese, ser&iacute;a como una
+mancha. El m&aacute;s ligero prop&oacute;sito de precaverse hubiera implicado temor y
+sospecha ofensiva. Do&ntilde;a Luz nada sospechaba de s&iacute;. Nada tampoco
+sospechaba del Padre. Le consideraba como a un santo y empez&oacute; a amarle y
+venerarle como aman y veneran a los santos las personas piadosas.</p>
+
+<p>Era tal el candor de do&ntilde;a Luz, que hubiera dicho al Padre los
+sentimientos que le inspiraba, si no hubiera temido ofender su modestia
+o mostrarse aduladora. Pero aunque nada le dec&iacute;a, harto le daba a
+entender su extraordinaria predilecci&oacute;n, atray&eacute;ndole de continuo, y no
+hall&aacute;ndose a placer sino cuando le ten&iacute;a a su lado, le hablaba o le
+escuchaba.</p>
+
+<p>El P. Enrique, por su parte, no manifestaba la menor extra&ntilde;eza por los
+favores que de do&ntilde;a Luz recib&iacute;a. Y esto no porque fuese vano y se
+figurase que todo le era debido, sino porque no juzgaba nada m&aacute;s natural
+que aquella buena correspondencia.</p>
+
+<p>Era el Padre hombre de much&iacute;simo mundo y de poqu&iacute;simo mundo, seg&uacute;n esto
+se entendiese.</p>
+
+<p>Conoc&iacute;a el coraz&oacute;n en general, y en cuanto est&aacute; m&aacute;s cerca de la
+naturaleza. Para tratar, dirigir, ganar almas y someter voluntades,
+hab&iacute;a sido maravilloso all&aacute; en los pueblos del extremo Oriente; pero
+como hab&iacute;a salido de Espa&ntilde;a muy mozo, y apenas hab&iacute;a vivido en esta
+sociedad artificiosa y algo refinada de nuestro siglo, cuya cultura y
+usos convencionales se extienden hasta las aldeas, lo ve&iacute;a y estimaba
+todo con cierta sencillez selv&aacute;tica, interpretando las palabras y las
+acciones de diverso modo que el vulgo. As&iacute; es que, si bien notaba, y se
+sent&iacute;a lisonjeado al notarlo, que do&ntilde;a Luz hac&iacute;a de &eacute;l el m&aacute;s alto
+aprecio, ni en ella, ni en &eacute;l, ni en el p&uacute;blico, acertaba a descubrir
+que pudiese esto ofrecer el menor inconveniente. La afici&oacute;n de do&ntilde;a Luz
+no se diferenciaba a sus ojos de la que le tuvieron estos o aquellos
+ne&oacute;fitos indios, chinos o anamitas, salvo en ser la afici&oacute;n de do&ntilde;a Luz
+m&aacute;s de estimar por la excelencia de la persona que la sent&iacute;a, en quien
+el Padre hallaba un sin n&uacute;mero de brillantes calidades: un esp&iacute;ritu
+cultivad&iacute;simo y capaz de elevarse a las esferas m&aacute;s encumbradas del
+pensamiento y un coraz&oacute;n lleno de afectos tiernos, nobles y puros. De s&iacute;
+propio tampoco recelaba el Padre. Amaba a do&ntilde;a Luz como el maestro ama a
+su disc&iacute;pulo; como un alma ama a otra alma, cuando ambas coinciden en
+las mismas creencias y opiniones, suben a las mismas alturas, y
+especulan y contemplan las mismas ideas.</p>
+
+<p>El P. Enrique se sent&iacute;a atra&iacute;do por do&ntilde;a Luz con mayor fuerza que por
+todas las dem&aacute;s personas que en el lugar conoc&iacute;a, o que antes, fuera del
+lugar, hab&iacute;a conocido; pero esto se explicaba de la manera m&aacute;s razonable
+y sin malicia.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n penetraba mejor que do&ntilde;a Luz el sentido de todos sus discursos?
+&iquest;Qui&eacute;n le segu&iacute;a mejor, quien se le adelantaba a veces en los vuelos y
+raptos de imaginaci&oacute;n, cuando pugnaba por levantarse a aquellas regiones
+adonde el prosaico razonamiento no llega? Sin duda que do&ntilde;a Luz. Do&ntilde;a
+Luz era, pues, para el Padre un ser muy superior a cuanto la rodeaba, y
+digno de predilecci&oacute;n decidida. En el agua turbia de un estanque poco
+cuidado, en el agua agitada y cenagosa de un torrente, nada se refleja;
+mientras que en el haz limpia, tersa y tranquila de un lago de agua
+pura, el cielo, los montes, los astros, la luz, las flores y toda la
+gala y la pompa del mundo se retratan con tal primor, que el cielo
+parece all&iacute; m&aacute;s hondo e infinito, y la luz m&aacute;s clara, y las flores de
+color m&aacute;s vivo, y los montes m&aacute;s gallardos, y sus perfiles y contornos
+m&aacute;s graciosos y mejor desvanecidos en el sumo ambiente, y la verdura del
+prado m&aacute;s verde y m&aacute;s fresca. Por lo cual, aun el que no repara en la
+hermosura propia del lago y en el encanto que tiene &eacute;l de por s&iacute;, tal
+vez se recrea en lo que refleja y duplica en su seno, y gusta m&aacute;s de
+mirar todo aquello en el reflejo del lago que en s&iacute; y tal como es. Y por
+estilo semejante, el P. Enrique, que a penas se fijaba en la belleza y
+elegancia del cuerpo y rostro de do&ntilde;a Luz, ni en la distinci&oacute;n de sus
+modales, ni en el reposado y majestuoso continente de toda su persona,
+hund&iacute;a la mirada a trav&eacute;s de estas prendas corporales y exteriores, y
+llegaba al alma, donde resplandec&iacute;a un mundo de pensamientos, que eran
+los suyos propios, pero mil veces m&aacute;s bellos, reflejados por do&ntilde;a Luz,
+que tales como ellos eran.</p>
+
+<p>Casi siempre las conversaciones de do&ntilde;a Luz y del P. Enrique eran en la
+tertulia, en presencia de don Acisclo, de D. Anselmo, de Pepe G&uuml;eto y su
+mujer y del se&ntilde;or cura. En ocasiones, no obstante, se encontraron en la
+casa a solas los dos, o bien hablaron sin oyentes y sin otros
+interlocutores, cuando sal&iacute;an de paseo con Pepe G&uuml;eto y su mujer, y
+&eacute;stos se adelantaban o se quedaban atr&aacute;s, embelesados en la interminable
+y risue&ntilde;a luna de miel, de que segu&iacute;an gozando siempre. Entonces, en
+estos di&aacute;logos a solas, sin reflexionarlo ni &eacute;l ni ella, sin que fuese
+circunspecci&oacute;n estudiada, lo cual implicar&iacute;a un temor de que ambos se
+ve&iacute;an exentos, sino por instintiva, inocente y santa delicadez, por
+pudor inconsciente, por recato sant&iacute;simo del coraz&oacute;n, jam&aacute;s hablaban de
+sus propias personas, ni de lo &iacute;ntimo de las almas, aunque fuese en
+general, sino de la pompa exterior del material universo, y de la
+armon&iacute;a, riqueza y orden que le adornan, proclamando la bondad, el poder
+y la sabidur&iacute;a de quien le sac&oacute; de la nada.</p>
+
+<p>Ella, sin embargo, hab&iacute;a sabido inducir al Padre, cuando hab&iacute;a
+auditorio, a que hablase de s&iacute; y a que contase sus peregrinaciones. Y el
+Padre, si bien con modestia y sobriedad, no hab&iacute;a podido menos de dejar
+entrever y de hacer que se estimasen los peligros que hab&iacute;a corrido y
+las penalidades y fatigas que con valor heroico hab&iacute;a sobrellevado.</p>
+
+<p>&Eacute;l, en cambio, hab&iacute;a le&iacute;do en la frente y en los ojos de do&ntilde;a Luz hasta
+sus m&aacute;s secretos pensamientos y sentimientos. Para esto le serv&iacute;a su
+costumbre de observar y estudiar a los hombres, en tantos a&ntilde;os de
+predicador, confesor y catequista. Adem&aacute;s, si algo hubiera quedado para
+&eacute;l en cifra, su t&iacute;o D. Acisclo, aunque con t&eacute;rminos groseros, le hubiera
+dado la clave, cont&aacute;ndole, como le contaba, la vida de do&ntilde;a Luz en el
+lugar, su desd&eacute;n con los galanes, su orgullo y su firme resoluci&oacute;n de no
+casarse nunca.</p>
+
+<p>Los hombres, por mucho que se examinen y estudien, por bien que
+escudri&ntilde;en hasta los m&aacute;s escondidos senos de su conciencia, por
+severamente que se juzguen, y por muy alerta que est&eacute;n, suelen con
+frecuencia concebir alg&uacute;n plan o proyecto, el cual les deleita y seduce,
+envolvi&eacute;ndose en tan m&aacute;gica niebla, que logra ocultarse o velarse y
+disfrazarse al juicio, cuando &eacute;ste interroga para fallar y condenar
+acaso, quedando patente y como desnudo a los &aacute;vidos ojos de la pasi&oacute;n
+que le ha creado.</p>
+
+<p>De este modo confuso y como entre nubes forj&oacute; sin duda el P. Enrique, a
+quien el trato de do&ntilde;a Luz encantaba, si no un plan, una ilusi&oacute;n, una
+esperanza, algo de un porvenir meramente amistoso, aunque lleno de
+ternura. Apenas se daba raz&oacute;n de lo que forjaba, pero ciertamente lo
+forjaba. Lo que forjaba era, por otra parte, tan sin asomo de pecado,
+que no suscitaba escr&uacute;pulos. Lo que forjaba era muy sencillo. Do&ntilde;a Luz
+era casi seguro que no se casar&iacute;a ya; lo mejor, pues, de su inteligencia
+se emplear&iacute;a en comunicar con la del Padre; su voz en hablarle; su o&iacute;do
+en o&iacute;rle; su m&aacute;s seria preocupaci&oacute;n ser&iacute;a pensar en las cosas del cielo,
+seg&uacute;n el m&eacute;todo y forma con que &eacute;l pensaba; su deleite mayor hablar con
+&eacute;l de Dios y del alma y de toda verdad y de toda bondad y hermosura. En
+fin, el P. Enrique, sin confes&aacute;rselo a s&iacute; mismo, vino poco a poco a
+persuadirse de que con su esp&iacute;ritu iba como a llenar y compenetrar el
+esp&iacute;ritu de do&ntilde;a Luz, y not&oacute; apenas que ella se ense&ntilde;oreaba ya por
+entero del esp&iacute;ritu de &eacute;l, aunque con cierta subordinaci&oacute;n y dependencia
+de otros sentimientos e ideas de valer muy superior, los cuales
+prevalec&iacute;an sobre aquella nueva y poderosa influencia.</p>
+
+<p>Provino de todo esto una fervorosa amistad, que se alimentaba en el
+comercio y comunicaci&oacute;n constante de aquellas dos personas.</p>
+
+<p>En los lugares, ni m&aacute;s ni menos que en las grandes poblaciones, abundan
+las malas lenguas; pero concurr&iacute;an en esta ocasi&oacute;n mil circunstancias
+que evitaron que la maledicencia se cebase en tan inocentes relaciones y
+las interpretase en sentido avieso.</p>
+
+<p>Las causas principales de que se hable en seguida, dado el motivo o el
+pretexto o la apariencia, de toda intriga amorosa, particularmente si no
+tiene por fin el matrimonio, no se presentaban aqu&iacute;. Por lo com&uacute;n, una
+de las causas de que se hable y se murmure es el propio deseo del gal&aacute;n,
+quien suele desear que se diga lo que es y aun lo que no es, y a veces
+finge que disimula con tan contraria habilidad, que m&aacute;s bien descubre o
+hace sospechar misterios y aun venturas que quiz&aacute; no ha logrado. Mujeres
+hay asimismo no menos aficionadas a que todo se sepa, particularmente
+cuando son pretendidas y desde&ntilde;an y burlan a los pretendientes. Y
+muchas, cuando los pretendientes son muy estimados y famosos, aun
+echando a rodar todo respeto, con tal de hacer rabiar a las abandonadas
+rivales, dan, como suele decirse, un cuarto al pregonero, para que
+pregone y divulgue su fragilidad y sus amor&iacute;os.</p>
+
+<p>Nada de esto ten&iacute;a lugar entre el Padre y do&ntilde;a Luz. Antes bien ocurr&iacute;a
+lo contrario.</p>
+
+<p>Los mozos del lugar o forasteros que, por m&aacute;s guapos e importantes,
+hab&iacute;an osado aspirar a do&ntilde;a Luz y hab&iacute;an sido rechazados con suavidad
+antes de una declaraci&oacute;n que los comprometiese, ten&iacute;an tan alta opini&oacute;n
+de do&ntilde;a Luz y de ellos mismos, que cada cual imaginaba que era
+inexpugnable la que a sus encantos y buenas prendas no se hab&iacute;a rendido.
+&iquest;C&oacute;mo creer que gustase de un fraile enfermizo y casi viejo la que hab&iacute;a
+sido fr&iacute;a, insensible y desamorada con un mozo gal&aacute;n, robusto y
+gallardo? Esto hubiera sido monstruoso.</p>
+
+<p>Las mujeres son, por lo general, las que descubren o inventan las
+aventuras, ca&iacute;das o deslices de sus enemigas; pero do&ntilde;a Luz estaba tan
+por cima y tan apartada de toda rivalidad y se hab&iacute;a ganado de tal
+suerte el afecto de todos, que nadie le contaba los pasos ni andaba
+acechando para ver si daba alguno en falso y acusarla de ello despu&eacute;s.</p>
+
+<p>Por otra parte, do&ntilde;a Manolita, con su charla, su desenvoltura y sus
+chistes, era el &oacute;rgano m&aacute;s autorizado y resonante de la opini&oacute;n p&uacute;blica
+en Villafr&iacute;a, y do&ntilde;a Manolita, no ya no habiendo el menor motivo, pero
+aunque le hubiese, no hubiera consentido jam&aacute;s en que se dijese nada
+contra do&ntilde;a Luz; hubiera ahogado en sus burlas la voz de la murmuraci&oacute;n
+m&aacute;s descocada.</p>
+
+<p>El concepto que del padre ten&iacute;an en Villafr&iacute;a no se prestaba tampoco a
+que sobre el punto de que hablamos se levantasen caramillos. Los m&aacute;s,
+como no le hallaban divertido y como casi no le entend&iacute;an, le ten&iacute;an
+poco menos que olvidado, aunque si alguna vez se acordaban de &eacute;l era
+para considerarle como un santo, fastidioso, valetudinario y nada ameno.
+Hombre de los que no se usan, pajarraco ex&oacute;tico y raro, para los
+volterianos del lugar, no hubiera sido dif&iacute;cil que alguien le supusiese
+conspirando en favor del restablecimiento de la Inquisici&oacute;n y hasta
+comi&eacute;ndose los ni&ntilde;os crudos; pero a nadie le cab&iacute;a en la cabeza que
+pudiese ser galanteador y tener buenas fortunas un se&ntilde;or tan p&aacute;lido,
+enclenque, melanc&oacute;lico y asendereado.</p>
+
+<p>Por todo lo expuesto, nadie pon&iacute;a malicia, nadie comentaba de modo
+injurioso la intimidad y convivencia de do&ntilde;a Luz y del Padre, quienes,
+por otro lado, donde se trataban, se ve&iacute;an, se hablaban y aun se
+admiraban inocentemente, con el mayor abandono, era en el seno de la
+peque&ntilde;a tertulia, de la cual, nada trascend&iacute;a, y en la cual todo se
+explicaba sant&iacute;simamente, o mejor dicho, no se explicaba, pues ni para
+D. Anselmo y su hija y yerno, ni para D. Acisclo, ni para el cura D.
+Miguel, requer&iacute;a aquello la menor explicaci&oacute;n. El cura D. Miguel, sobre
+todo, y el Sr. D. Acisclo, cada cual a su manera, ve&iacute;an en do&ntilde;a Luz y en
+el Padre dos seres sobrado singulares, las dos terceras partes de cuyos
+pensamientos y palabras o&iacute;an como quien oye m&uacute;sica celestial sin
+penetrar lo que significaban. Nada, por lo tanto, m&aacute;s justo ni m&aacute;s
+preciso que el que los dos se dijesen lo que ellos solos al cabo sab&iacute;an
+entender.</p>
+
+<p>Entre tanto, do&ntilde;a Manolita, que era muy observadora y burlona, hab&iacute;a
+notado que en el &aacute;nimo de D. Acisclo se iba dando una radical
+transformaci&oacute;n. Do&ntilde;a Manolita hab&iacute;a comunicado sus impresiones a do&ntilde;a
+Luz y a Pepe G&uuml;eto.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n dichas impresiones, D. Acisclo estaba cada d&iacute;a m&aacute;s ancho y
+orgulloso de que su tertulia se hubiese hecho tan sabia y pareciese una
+Academia de ciencias; pero al mismo tiempo, andaba imaginativo y
+ensimismado, hablaba a solas, y se dir&iacute;a que en su mente se agitaba un
+enjambre de ideas, las cuales, como las abejas en la colmena, pugnaban
+por fabricar, en vez de panal melifluo, alguna resoluci&oacute;n estupenda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; resoluci&oacute;n querr&aacute; tomar?&mdash;se preguntaba do&ntilde;a Manolita&mdash;. &iquest;Si
+habr&aacute; tocado su coraz&oacute;n el dedo del Alt&iacute;simo? &iquest;Si el buen se&ntilde;or,
+edificado con las homil&iacute;as del sobrino, tratar&aacute; de abrazar la vida
+contemplativa y de ser santo tambi&eacute;n?</p>
+
+<p>Pepe G&uuml;eto y do&ntilde;a Luz se re&iacute;an de tan inveros&iacute;mil suposici&oacute;n; pero la
+verdad era que ellos notaban asimismo lo mucho que D. Acisclo cavilaba,
+y sent&iacute;an no peque&ntilde;a curiosidad por conocer el asunto de sus
+cavilaciones.</p>
+
+<p>Delante del P. Enrique no osaron interrogar a don Acisclo; pero el Padre
+se iba siempre a las diez de la tertulia, porque nunca cenaba, y Pepe
+G&uuml;eto y su mujer se quedaban a cenar todas las noches all&iacute;. La cena
+sol&iacute;a durar hasta las once, y adem&aacute;s casi siempre permanec&iacute;an de
+sobremesa los se&ntilde;ores, mientras que cenaban los criados, siendo este el
+momento de mayor confianza y alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Varias noches, estando as&iacute;, ya de sobremesa y no presentes las chicas
+que hab&iacute;an servido, do&ntilde;a Manolita tent&oacute; el vado, a ver si D. Acisclo
+declaraba la causa de su preocupaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Don Acisclo, aunque negaba que estuviese preocupado, lo daba a conocer
+cada vez m&aacute;s, si bien no confesaba la causa.</p>
+
+<p>Una noche, por &uacute;ltimo, D. Acisclo se mostr&oacute; m&aacute;s preocupado, pero m&aacute;s
+alegre asimismo. Alguna satisfacci&oacute;n le rebosaba en el pecho y pugnaba
+por salir de sus labios.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita lo conoci&oacute;, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Sr. D. Acisclo; no sea V. malo. No se atormente usted por el
+solo gusto de atormentarnos. Si rabia V. por decir lo que le pasa &iquest;por
+qu&eacute; no lo dice? V. est&aacute; maquinando alguna novedad que nos va a dejar
+aturdidos. La cosa va muy adelantada. Declare V. lo que es para que no
+nos coja de susto.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, Sr. D. Acisclo, decl&aacute;relo V.&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Pepe G&uuml;eto&mdash;. Mi mujer
+pretende que V. tiene comez&oacute;n de ser santo como su sobrino, y que el d&iacute;a
+menos pensado traspone V. y nos planta y se larga a Sierra&mdash;Morena a
+hacer penitencia, metido entre matorrales o en el hueco de alg&uacute;n
+pe&ntilde;asco.</p>
+
+<p>&mdash;Todo menos eso&mdash;respondi&oacute; D. Acisclo&mdash;. No me llama Dios por ese
+camino, y cualquier otro estado es bueno para servirle.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es indudable&mdash;dijo entonces do&ntilde;a Luz&mdash;. Yo no he cre&iacute;do nunca que
+a V. le pudiese entrar la man&iacute;a de imitar a los solitarios penitentes;
+pero he pensado, como mis amigos, que usted medita y prepara, desde hace
+d&iacute;as, un cambio en su manera de ser y de vivir.</p>
+
+<p>&mdash;Estas mujeres son el diablo&mdash;contest&oacute; D. Acisclo&mdash;. Nada se les
+oculta. Todo lo penetran. No quiero ni puedo ya negarlo. Voy a ser otro
+del que he sido hasta aqu&iacute;. Confieso que la consideraci&oacute;n del m&eacute;rito de
+mi sobrino me ha servido de est&iacute;mulo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No lo dec&iacute;a yo?&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Manolita&mdash;. D. Acisclo, &iquest;se nos va V. a
+ir a la China o a la India a convertir infieles?</p>
+
+<p>&mdash;Algo de eso hay&mdash;respondi&oacute; el interrogado&mdash;. Infieles voy a convertir,
+pero sin salir por ahora de Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo va a ser eso?&mdash;dijo do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Muy sencillamente&mdash;continu&oacute; D. Acisclo&mdash;. Ya saben ustedes que yo he
+sido y soy, dicho sea entre nosotros, desechando la modestia, un hombre
+bastante &uacute;til para mi patria. Yo hago prosperar la agricultura; aumento
+la riqueza; doy de comer a los pobres que trabajan; en fin, sirvo de
+mucho.</p>
+
+<p>&mdash;No es menester que V. se alabe. &iquest;Qui&eacute;n no confiesa&mdash;dijo Pepe G&uuml;eto&mdash;,
+que V. es la providencia de Villafr&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien; todo eso lo hago con el dinero que he sabido adquirir. Yo
+he tenido y tengo capacidad para adquirir dinero. Pero al ver que mi
+sobrino ha adquirido ciencia y gloria, he comprendido que el dinero no
+me bastaba, y que hay otras cosas que valen tanto casi como el dinero.
+La ciencia, por ejemplo. &iquest;C&oacute;mo adquirirla, sin embargo? Ya est&aacute; duro el
+alcacer para zampo&ntilde;as. Ya es tarde para que yo me engolfe en estudios.
+Hay otra cosa que me atrae, que me seduce, y no es tarde a&uacute;n para que yo
+la adquiera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ser&aacute;? &iquest;Qu&eacute; no ser&aacute;?&mdash;murmur&oacute; do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;Adiv&iacute;nalo, muchacha; l&uacute;cete; muestra que ves crecer la hierba.</p>
+
+<p>&mdash;Confieso que soy tonta: nada adivino. Ya que no aspira usted a sabio
+ni a santo, &iquest;a qu&eacute; aspira?</p>
+
+<p>&mdash;Aspiro al poder. El poder es el complemento del dinero. Quiero ser
+hombre pol&iacute;tico, personaje influyente, due&ntilde;o de este distrito electoral,
+derrotando al cacique de la cabeza del distrito, que hoy lo puede aqu&iacute;
+todo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n le mete a usted en esos ruidos, Sr. D. Acisclo?&mdash;dijo entonces
+do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Mis convicciones pol&iacute;ticas&mdash;respondi&oacute; don Acisclo con suma gravedad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sus convicciones pol&iacute;ticas? Me pasma lo que le oigo decir. Pues &iquest;de
+d&oacute;nde provienen esas convicciones? Yo cre&iacute;a que usted no hab&iacute;a pensado
+en pol&iacute;tica en todos los d&iacute;as de su vida.</p>
+
+<p>&mdash;Entend&aacute;monos&mdash;replic&oacute; D. Acisclo&mdash;: en la pol&iacute;tica que sirve de
+pretexto o apariencia, es cierto que jam&aacute;s he pensado; pero en la
+pol&iacute;tica-verdad pienso siempre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es la pol&iacute;tica-verdad?</p>
+
+<p>&mdash;La pol&iacute;tica-verdad es que todos los que formamos la naci&oacute;n espa&ntilde;ola
+damos al Gobierno cada a&ntilde;o, por diferentes maneras, m&aacute;s de la mitad de
+lo que la tierra, nuestro trabajo y nuestro caletre producen. El
+Gobierno luego, ya en forma de pagas, ya en forma de subvenciones, ya en
+otras formas, reparte todo esto entre sus amigos. De esta suerte, lo que
+absorbe el Gobierno como contribuci&oacute;n, se derrama de nuevo como ben&eacute;fica
+lluvia. &iquest;No es necedad que yo pague y no cobre? &iquest;No es bobada que yo
+contribuya y no distribuya? &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s discreto que yo imitase a Don
+Paco, el grande elector de este distrito, que paga diez y saca ochenta?
+Pues qu&eacute;, &iquest;no tengo yo sobrinos, hijos y ahijados a quienes dar turr&oacute;n?
+&iquest;Una gran cruz, no me vendr&iacute;a que ni de molde? &iquest;El tratamiento de
+excelencia se me despegar&iacute;a? En vez de pagar mucho, como pago ahora, y
+de no recibir nada, como no recibo, &iquest;no me sentar&iacute;a divinamente pagar
+menos, y recibir con usura lo pagado y m&aacute;s de lo pagado? Pues esto es la
+pol&iacute;tica, y por esto quiero meterme en la pol&iacute;tica. &iquest;Qu&eacute; digo <i>quiero
+meterme</i>? Metido estoy ya en ella hasta los codos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz distaba mucho de creer que la pol&iacute;tica fuese lo que por
+pol&iacute;tica entend&iacute;a D. Acisclo: pero, viendo lo convencido que &eacute;l estaba
+de que no era otra cosa, y notando adem&aacute;s que Pepe G&uuml;eto y su mujer no
+distaban mucho de pensar como don Acisclo, no quiso predicar en desierto
+ni tratar de convencerlos de que el verdadero concepto de la pol&iacute;tica
+era muy diferente. Tambi&eacute;n le choc&oacute; sobremanera el tortuoso giro de
+pensamientos y discursos, por donde la mente de D. Acisclo, partiendo de
+las homil&iacute;as, disertaciones filos&oacute;fico-cristianas y dem&aacute;s sublimidades
+del Padre, hab&iacute;a venido a parar en que deb&iacute;a &eacute;l ser hombre pol&iacute;tico, a
+fin de pagar menos contribuci&oacute;n y de tomar mucha distribuci&oacute;n.</p>
+
+<p>Sobre este &uacute;ltimo punto no pudo menos de decir do&ntilde;a Luz:</p>
+
+<p>&mdash;Aun concediendo, que ya es harto conceder, que la pol&iacute;tica sea como V.
+la entiende, todav&iacute;a me pasmo, Sr. D. Acisclo, de que, en virtud de los
+razonamientos de su sobrino de V., haya venido V. a sacar como
+consecuencia la resoluci&oacute;n de ser pol&iacute;tico y de derrotar a D. Paco,
+poni&eacute;ndose en lugar suyo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mire V., se&ntilde;orita do&ntilde;a Luz&mdash;respondi&oacute; don Acisclo&mdash;, no hay nada
+m&aacute;s llano que el camino de discurrir que yo he seguido. Enrique me ha
+dado &aacute;nimos sin &eacute;l saberlo. Por &eacute;l he comprendido que en mi familia hay
+br&iacute;o para todo. &Eacute;l es santo y sabio: hombre te&oacute;rico: yo soy rico. &iquest;Por
+qu&eacute; no he de ser tambi&eacute;n influyente, a fin de ser el hombre pr&aacute;ctico por
+completo? &iquest;No hubo en lo antiguo, en una sola familia, Marta y Mar&iacute;a?
+Pues &iquest;por qu&eacute; ahora, en otra familia, salvo la diferencia de sexo, no
+hemos de ser &eacute;l Mar&iacute;a y yo Marta; &eacute;l el contemplativo y yo el activo?</p>
+
+<p>&mdash;Bien por D. Acisclo&mdash;dijo Pepe G&uuml;eto.</p>
+
+<p>&mdash;Y vaya si tiene raz&oacute;n: ya sabe &eacute;l d&oacute;nde le aprieta el zapato&mdash;a&ntilde;adi&oacute;
+do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;No, sino p&oacute;nganme el dedo en la boca&mdash;exclam&oacute; don Acisclo&mdash;, y ver&aacute;n
+si muerdo o no muerdo. Pues qu&eacute;, &iquest;un hombre de mis millones, y con un
+sobrino tan notable, ha de estar toda su p&iacute;cara vida humillado por ese
+tunante de D. Paco, a quien da el diputado cuanto pide y m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, Sr. don Acisclo&mdash;dijo Pepe G&uuml;eto, dej&aacute;ndose arrebatar del
+entusiasmo&mdash;. Es menester sacudir el yugo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muera D. Paco el tirano!&mdash;grit&oacute; do&ntilde;a Manolita riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se entiende que la muerte ha de ser meramente pol&iacute;tica y no civil
+ni natural&mdash;interpuso do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se va V. a componer para matarle pol&iacute;ticamente?&mdash;pregunt&oacute; Pepe
+G&uuml;eto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo me voy a componer? &iquest;C&oacute;mo me he compuesto? es lo que debieras
+preguntar. Pues qu&eacute;, &iquest;me duermo yo en las pajas? Ya lo tengo todo
+concertado. El ministro cuenta conmigo. Yo les he probado que no es
+natural, sino artificial, el diputado que de aqu&iacute; enviamos, y, como
+ahora est&aacute; en la oposici&oacute;n, el Gobierno le derrotar&aacute; con mi auxilio en
+las nuevas elecciones, que ser&aacute;n pronto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n es el nuevo candidato del Gobierno?&mdash;pregunt&oacute; do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;Un candidato ilustre, un sujeto de inmenso porvenir, un h&eacute;roe de la
+guerra de &Aacute;frica&mdash;dijo don Acisclo muy orondo&mdash;. Yo le protejo, yo har&eacute;
+por &eacute;l prodigios, yo me atraer&eacute; a los parciales de D. Paco, que se
+quedar&aacute; solo, y mi hombre saldr&aacute; por inmensa mayor&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se llama su hombre de V.?&mdash;dijo Pepe G&uuml;eto.</p>
+
+<p>&mdash;Se llama el brigadier de caballer&iacute;a D. Jaime Pimentel y Moncada,
+valiente como el Cid, de noble prosapia, joven y gallardo. Ya le ver&aacute;n
+ustedes, ya le ver&aacute;n ustedes, porque pronto vendr&aacute; a visitar el
+distrito.</p>
+
+<p>Con este notici&oacute;n se puso t&eacute;rmino a la charla, as&iacute; porque era ya tarde,
+como porque los aplausos y vivas de do&ntilde;a Manolita y de Pepe G&uuml;eto no
+consintieron que siguiera adelante aquella noche.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2>
+
+<h3>Preparativos electorales</h3>
+
+
+<p>El plan de D. Acisclo hab&iacute;a sido meditado pausadamente y en secreto, y
+estaba tan bien trazado, combinado y preparado, que no escaseaban las
+probabilidades de que se lograse.</p>
+
+<p>La empresa, no obstante, era dif&iacute;cil; casi imposible para cualquiera
+otro que no tuviese en aquel distrito la actividad, el poder, el influjo
+y el dinero que don Acisclo pose&iacute;a.</p>
+
+<p>Don Paco, el grande elector, era p&aacute;jaro de cuenta, y contaba con un
+diputado-modelo; con un diputado tal, que no es dable que haya como &eacute;l
+una docena al mismo tiempo en toda Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n c&aacute;lculos estad&iacute;sticos de la mayor exactitud, los sueldos, adehalas
+y favores de varias clases, evaluados en met&aacute;lico, que el diputado
+prodigaba a sus fieles del distrito, sac&aacute;ndolo todo del Gobierno,
+importaban veinte veces m&aacute;s que lo que el distrito pagaba de
+contribuci&oacute;n directa e indirecta. Suponiendo, por un instante, que todos
+los dem&aacute;s diputados fuesen tan h&aacute;biles, tan ma&ntilde;osos, tan felices y tan
+p&iacute;os como el de que hablamos, el Gobierno tendr&iacute;a que hacer el milagro
+de pan y peces, en inmensa escala, o tendr&iacute;a que producir un d&eacute;ficit, al
+cabo del a&ntilde;o, de diecinueve veces el valor de todos los recursos y
+rentas del Estado, en el a&ntilde;o mismo.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; que haya tan pocos diputados en Espa&ntilde;a como el que don Acisclo
+se propon&iacute;a vencer. Era, por excelencia, lo que se llama un diputado
+natural.</p>
+
+<p>El diputado, en virtud de continuos desvelos y de un arte maravilloso,
+se gana la <i>naturaleza</i> en un distrito, repartiendo a manos llenas los
+empleos; y cerca del Gobierno, a m&aacute;s de su talento y de su importancia
+personal, se apoya para sacar los empleos en esa misma devoci&oacute;n que
+asegura y prueba que los electores le tienen y en cuya virtud es
+diputado natural y goza de distrito suyo y re-suyo.</p>
+
+<p>Aunque el diputado natural est&eacute; en la oposici&oacute;n, conserva el distrito
+por dos razones. Es la primera porque, si bien los electores le ven
+ca&iacute;do, guardan la esperanza de que pronto volver&aacute; a encumbrarse,
+mandar&aacute;n &eacute;l y los de su partido, y llover&aacute;n entonces los favores. Es la
+segunda raz&oacute;n, porque, el diputado natural, aun cuando no est&eacute; en el
+poder, logra que muchos de sus ahijados se sostengan en sus empleos, y
+hasta suele darlos flamantes, ya porque los fueros de diputado natural
+le habilitan para todo, ya porque le sobran amigos en los Ministerios, y
+ya porque los mismos ministros, sus contrarios, le atienden y
+consideran, esperando la reciprocidad para cuando est&eacute;n ellos ca&iacute;dos.</p>
+
+<p>El diputado, contra quien iba a sublevarse don Acisclo, estaba ca&iacute;do en
+aquel momento; pero nadie dudaba de que pronto se volver&iacute;a a encaramar
+en el poder. Hab&iacute;anle dejado cesantes a no pocos de sus ahijados; pero
+a&uacute;n quedaban muchos en plena posesi&oacute;n de sus empleos y sueldos. La fama
+que el diputado ten&iacute;a de servicial, complaciente y poderoso para <i>sacar
+turrones</i>, era tan firme que hasta su mismo temporal decaimiento
+aumentaba su clientela en vez de mermarla. Los m&aacute;s astutos y previsores
+conoc&iacute;an cu&aacute;n propicia ocasi&oacute;n de ponerse bien con &eacute;l era servirle
+mientras estaba lejos del mando, lo cual da ciertos visos de desinter&eacute;s
+a los servicios y es lo que llaman por all&aacute;, con frase hecha, elegante y
+propia de la poes&iacute;a buc&oacute;lica, <i>llevar pajitas al nido</i>. El que no lleva
+pajitas al nido rara vez moja la barba en c&aacute;liz, he o&iacute;do decir con
+frecuencia al personaje m&aacute;s sentencioso de aquellos lugares.</p>
+
+<p>Presentadas as&iacute; las cosas, parece una temeridad, un delirio, algo
+semejante al prop&oacute;sito que tuvo la serpiente de la f&aacute;bula de morder la
+lima, el plan de D. Acisclo de derrotar a D. Paco y de suplantarle.</p>
+
+<p>Mas no hay que acoquinarse por eso ni por mucho m&aacute;s. D. Acisclo no se
+acoquinaba; ten&iacute;a confianza en su energ&iacute;a propia, y estaba resuelto a
+pelear contra D. Paco, cuya tiran&iacute;a se le hab&iacute;a hecho insufrible. Lo que
+s&iacute; hab&iacute;a considerado bien D. Acisclo, como prudente capit&aacute;n, era lo
+colosal y comprometido de su empe&ntilde;o; y a fin de salir airoso, hab&iacute;a
+tomado las convenientes precauciones, acumulado medios, buscado alianzas
+y allegado fuerzas y recursos de toda laya.</p>
+
+<p>Cada vez que un diputado o el grande elector en su nombre da un empleo,
+el agradecimiento no es seguro en quien le recibe, pues &eacute;ste puede creer
+que harto ganado le tiene. En cambio los envidiosos, quejosos y
+descontentos, parece como que brotan del seno de la tierra, lo cual es
+dif&iacute;cil de evitar, porque por muchos empleos que saque el diputado, no
+ha de sacar uno para cada elector. Entre los empleados y agraciados
+suele haber tambi&eacute;n quejas y envidias. Fulanito se llev&oacute; un <i>turr&oacute;n</i> m&aacute;s
+dulce y suculento que el m&iacute;o, dice Menganito; y Perenganito exclama que
+el destino de Menganito es de mucho <i>manejo</i> y el suyo no lo es, de
+donde nace tambi&eacute;n no peque&ntilde;o encono. El uno, que no es m&aacute;s que
+estanquero, entiende que deb&iacute;a ser <i>vista</i>; y el otro, que est&aacute; de
+oficial ambulante de correos, siempre metido en un wagon, suspira por el
+alfol&iacute; de la sal que se dio a un tercero, que dispon&iacute;a en la elecci&oacute;n de
+menos votos que &eacute;l; y el que tiene como <i>fiel</i> el alfol&iacute; se juzga
+desairado porque no le nombraron guarda-almac&eacute;n, que esto y mucho m&aacute;s se
+merec&iacute;a. El puesto de alcalde suele ser muy disputado, y casi siempre se
+pican dos o tres porque no lo son. En suma, aunque el diputado y su
+<i>alter-ego</i> D. Paco eran casi tan avisados y prudentes como Ulises, a
+quien la propia Minerva, descendiendo <i>ad-hoc</i> del Olimpo, inspiraba la
+m&aacute;s severa justicia distributiva para repartir pedazos de buey asado en
+los banquetes a los h&eacute;roes de la <i>Il&iacute;ada</i>, o ya porque repartir
+<i>turr&oacute;n</i>es m&aacute;s arduo que repartir <i>roastbeef</i>, o ya porque los electores
+de Espa&ntilde;a son m&aacute;s descontentadizos que los semi-dioses y guerreros
+aqueos, ello es que el disgusto cund&iacute;a y que hab&iacute;a mar de fondo hasta en
+la misma capital del distrito.</p>
+
+<p>Nada de esto hubiera valido, todo se hubiera disipado como una nube de
+verano, si D. Acisclo, con artes maquiav&eacute;licas, no hubiera atizado la
+discordia, d&aacute;ndole p&aacute;bulo con ingeniosos chismes, diestramente
+divulgados, y no hubiera en saz&oacute;n oportuna levantado bandera de
+enganche, a cuya sombra se fueron acogiendo y alistando los que se
+cre&iacute;an desairados o mal pagados de sus afanes.</p>
+
+<p>De esta suerte vino a formar D. Acisclo una poderosa minor&iacute;a electoral,
+cuyo centro y n&uacute;cleo era Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Entonces negoci&oacute; con el Gobierno, y luego que el Gobierno le ofreci&oacute; su
+apoyo, a fin de derrotar al diputado de D. Paco y elegir en lugar suyo
+al ya nombrado D. Jaime Pimentel, D. Acisclo se afan&oacute; por convertir su
+minor&iacute;a en mayor&iacute;a, trayendo a s&iacute; a los neutrales y vacilantes, y
+procurando, sobre todo, sacar de sus casillas y lanzar en la lucha a no
+pocos que jam&aacute;s quieren votar ni mezclarse en pol&iacute;tica, tal vez porque
+no ambicionan empleos.</p>
+
+<p>Entre estos desde&ntilde;osos, dignos en nuestro sentir de reprobaci&oacute;n, porque
+dejan el campo libre a los explotadores, hab&iacute;a en el distrito un hombre
+a quien, vencida su inercia, seguir&iacute;a toda una poblaci&oacute;n. La poblaci&oacute;n
+era la que ya conocen mis lectores con el nombre de Villabermeja. El
+Cincinato electoral, a quien anhelaba mover D. Acisclo, porque con &eacute;l
+daba por indudable el triunfo, era el famoso amigo m&iacute;o D. Juan Fresco,
+de cuyos labios s&eacute; esta historia, as&iacute; como otras muchas no menos
+ejemplares, que contar&eacute; en lo venidero, si Dios me concede vida y salud.</p>
+
+<p>Don Juan Fresco estaba en buenas relaciones con D. Acisclo, el cual le
+hab&iacute;a sido &uacute;til y le hab&iacute;a servido en algunos negocios; pero D. Juan
+Fresco no se dejaba llevar con facilidad. Don Acisclo hab&iacute;a montado a
+caballo e ido a verle a su lugar dos o tres veces. Le hab&iacute;a escrito
+adem&aacute;s cuatro o cinco cartas, tratando de convencerle. Nada hab&iacute;a
+bastado a quebrantar su resoluci&oacute;n ni a cambiar su inveterada conducta
+de no mezclarse en elecciones ni en pol&iacute;tica para nada.</p>
+
+<p>Don Acisclo rabiaba, se entristec&iacute;a y se desesperaba de esta terquedad.
+Con D. Juan Fresco de su lado, su empresa era llana. Sin D. Juan Fresco,
+a pesar del auxilio del Gobierno, distaba much&iacute;simo de estar asegurada
+la victoria.</p>
+
+<p>Entre tanto, preparado ya todo lo dem&aacute;s y pr&oacute;ximas las elecciones, s&oacute;lo
+faltaba echar a volar el nombre del candidato, guardado hasta entonces
+con el mayor sigilo por D. Acisclo y el Gobierno; pero antes quiso D.
+Acisclo probar por &uacute;ltima vez sus fuerzas persuasivas cerca de D. Juan,
+revel&aacute;ndole el nombre del candidato y ponder&aacute;ndole sus prendas y
+merecimientos. A este fin le escribi&oacute; nueva carta, lo m&aacute;s elocuente que
+supo. La contestaci&oacute;n de D. Juan no se hizo aguardar m&aacute;s de un d&iacute;a, y
+fue tan impensadamente satisfactoria para D. Acisclo, que de ella
+provino el contento que mostraba cuando se anim&oacute; do&ntilde;a Manolita a
+preguntarle la causa de &eacute;l, y la facilidad y buen talante con que lo
+declar&oacute; todo a do&ntilde;a Luz, a Pepe G&uuml;eto y a la mencionada hija del m&eacute;dico.</p>
+
+<p>La carta de D. Juan Fresco es un documento importante que conservamos en
+nuestro poder, y del cual no estar&aacute; de m&aacute;s dar aqu&iacute; traslado.</p>
+
+<p>La carta es como sigue:</p>
+
+<p>&laquo;Apreciable amigo y due&ntilde;o: Hasta ahora me he resistido a todas las
+s&uacute;plicas de V., por m&aacute;s que le quiero bien, sin poder remediarlo. Y me
+he resistido porque mi modo de ver las cosas es contrario al de V. en
+mucho. Ambos somos m&aacute;s liberales que Riego; ambos somos m&aacute;s
+despreocupados que el autor del <i>Citador</i>, libro que V. habr&aacute; le&iacute;do;
+ambos somos progresistones de lo m&aacute;s fino y neto, y a ambos nos hechiza
+la igualdad, con tal de que no sea m&aacute;s que ante la ley, y salvas las
+desigualdades, merecidas o arrebatadas por naturaleza, por gracia, por
+habilidad o por acaso, de ser unos tontos y otros listos, unos ricos y
+otros pobres. Pero por cima de esta consonancia perfecta en que estamos
+V. y yo, hay entre nosotros radicales diferencias, las cuales consisten
+en que nos hemos forjado muy distinto <i>ideal</i>. Enti&eacute;ndese por <i>ideal</i>,
+palabrilla que est&aacute; muy a la moda, el t&eacute;rmino de las aspiraciones de
+cada uno. Su ideal de V. es que haya un gobierno que distribuya cuanto
+hay que distribuir, que todo lo arregle, que en todo se entrometa, que
+nos ense&ntilde;e lo que hemos de aprender, que nos se&ntilde;ale lo que hemos de
+adorar, que nos haga caminos, que nos lleve las cartas, que cuide de
+nuestra salud temporal y eterna, y hasta que nos mate la langosta y la
+filoxera, nos conjure las tempestades, pedriscos, epidemias, epizootias
+y sequ&iacute;as, y nos ordene y suministre lluvias a tiempo y cosechas
+abundantes. A un Gobierno, a quien tales y tan m&uacute;ltiples encargos se le
+conf&iacute;an, es menester habilitarle de much&iacute;simo dinero, que &eacute;l reparte
+despu&eacute;s entre los que han de hacernos felices, d&aacute;ndonos salvaci&oacute;n,
+ciencia, riqueza, sanidad, larga vida, agua, medios de locomoci&oacute;n y
+cuanto constituye nuestro bienestar y conveniencia. Pero V. dice, y dice
+muy bien, desde su punto de vista, &iquest;por qu&eacute; no he de ser yo, que no soy
+m&aacute;s bobo que otro cualquiera, quien, si no en todo, en parte, se
+encargue de hacer esos prodigios ben&eacute;ficos y providenciales, y quien
+reciba y reparta a su gusto los ochavos que para hacerlos hay que
+largar? De aqu&iacute; que V. anhele, como quien no dice nada, producir un
+diputado, y sobre todo un diputado que influya, que valga y que <i>saque
+turrones</i>. Yo, en cambio, lo confieso, tengo un ideal, que, al paso que
+vamos, no se realizar&aacute;, si se realiza, hasta dentro de diez o doce
+siglos; pero, amigo, es menester ir encamin&aacute;ndose hacia &eacute;l, aunque sea a
+paso de tortuga. Mi ideal es el menos Gobierno posible; casi la negaci&oacute;n
+del Gobierno; una anarqu&iacute;a mansa y compatible con el orden; un orden
+nacido arm&oacute;nicamente del seno de la sociedad y no de los mandones. No
+quiero que nadie me ense&ntilde;e; yo aprender&eacute; lo que mejor me parezca y me
+buscar&eacute; maestros; ni que nadie me cuide, que yo me cuidar&eacute;; ni que nadie
+me abra caminos, que yo me asociar&eacute; para abrirlos con quien se me
+antoje. S&eacute; que esto hoy no es posible, pues dicen que no hay iniciativa
+individual y que es necesario que el Gobierno tome en todo la
+iniciativa, como si el Gobierno no estuviese compuesto de individuos. En
+suma, yo no tengo que presentar aqu&iacute; todas las razones que contra mi
+<i>ideal</i> se alegan. De sobra las saben V. y todo el mundo. Lo que deseo
+que conste es que, a pesar de todas estas razones, yo estoy enamorado de
+mi irrealizable sistema, y considero apostas&iacute;a trabajar en este otro
+archi-gubernamental que hoy priva, sin duda por aquel dicho profundo de
+un sabio: &laquo;La humanidad, considerada en su vida colectiva, no ha nacido
+a&uacute;n&raquo;. Mientras sigue la humanidad nonata, si hemos de mirar las cosas
+por el haz y sin penetrar en el fondo, usted tiene raz&oacute;n que le sobra.
+Ya que se trata de contribuir y de distribuir, y ya que la contribuci&oacute;n
+es forzosa, bueno es apoderarse de ella para hacer la distribuci&oacute;n
+luego, m&aacute;xime si se considera que, seg&uacute;n canta el refr&aacute;n, quien parte y
+reparte se lleva la mejor parte.</p>
+
+<p>&raquo;Pero cuando se hunde bien la mirada en el centro de este negocio,
+concret&aacute;ndonos a un distrito electoral, cr&eacute;ame usted, Sr. D. Acisclo,
+hasta para lo pr&aacute;ctico, y de hoy, sin pensar en ma&ntilde;ana, vale m&aacute;s mi
+sistema que el de V. &iquest;Qu&eacute; se logra con dar empleos a trochi-moche? El
+distrito no se enriquece por eso. Los naturales de &eacute;l que salen
+empleados se gastan fuera lo que cobran. Raro es el que vuelve al
+distrito a gastarse en &eacute;l lo que ahorra o garbea. A menudo los tales
+ahorros no lucen ni parecen. Se disipan y evaporan como no pocas otras
+riquezas mal y f&aacute;cilmente adquiridas. Los dineros del sacrist&aacute;n cantando
+se vienen y cantando se van. El empleado as&iacute;, por favor electoral,
+adquiere h&aacute;bitos de lujo, desde&ntilde;a la manera r&uacute;stica y sencilla con que
+antes vivi&oacute;, y se acostumbra a que el reloj gane por &eacute;l el dinero,
+pasando y pasando horas y d&iacute;as. El mal ejemplo inficiona a todos. El
+hijo del menestral, el criado de servicio, todo el que sabe leer y
+escribir, repugna el trabajo manual, y dice para s&iacute;: &iquest;por qu&eacute; no he de
+estar yo tambi&eacute;n empleado? &iquest;Por qu&eacute; el diputado no me proporcionar&aacute; una
+bonita colocaci&oacute;n? El que no tiene la menor esperanza de que el diputado
+le coloque se llena de envidia y de ira, y se hace flojo y perezoso para
+no ser menos que el empleado, de cuya holganza y vida regalona se forja
+un concepto exagerado y fant&aacute;stico. Imagina, sin que nadie se lo quite
+de la cabeza, por no conocer sin duda lo de tiempo que se gasta, lo de
+papel que se embadurna y lo de afanes que se producen con nuestro
+complicado expedienteo, que las horas de oficina transcurren en amenas
+pl&aacute;ticas, fumando los oficinistas exquisitos puros y regal&aacute;ndose con
+frecuentes piscolabis. Y entiende adem&aacute;s que a cada instante se ofrecen
+<i>negocios de mi flor</i> a todo oficinista no lerdo, el cual a menudo tiene
+algo de que incautarse y al cual no falta de vez en cuando quien le unte
+bien la mano. Con tales imaginaciones &iquest;c&oacute;mo ir&aacute; nadie con gusto a cavar
+en el tajo y c&oacute;mo no ha de querer convertir el tajo en un remedo de la
+so&ntilde;ada, deliciosa y sibar&iacute;tica oficina? Resulta de todo ello que como el
+diputado da empleos a los m&aacute;s activos, &aacute;giles y despejados, quienes
+naturalmente emigran del distrito, s&oacute;lo quedan en &eacute;l los m&aacute;s tontos,
+torpes y para poco, y &eacute;stos, agraviados, lastimados en su amor propio, o
+desanimados y con poqu&iacute;simas ganas de trabajar. No hay, por lo tanto, ni
+industria ni arte, ni adelantamiento, ni mejora posible. Gracias a la
+milagrosa y pr&oacute;diga protecci&oacute;n del diputado, el distrito se empobrece,
+en vez en enriquecerse, y se transforma en una nidada de holgazanes y de
+ineptos. Vea V. por lo que yo, de puro amor al distrito, no quiero darle
+diputado h&aacute;bil, como el que tenemos ahora; no quiero darle diputado que
+tanto turr&oacute;n busque y reparta.</p>
+
+<p>&raquo;Por dicha, el nombre de su candidato de V. me ha hecho pensar en que,
+favoreci&eacute;ndole y dando a V. gusto, hago el bien del distrito, seg&uacute;n lo
+entiendo yo: le quito de encima la secadora protecci&oacute;n del diputado
+actual, que parece un fabricante de turrones, y le propino y administro
+uno que dir&aacute; a ustedes, en cuanto le elijan, si os vi no me acuerdo, y
+no les dar&aacute; turr&oacute;n, con lo cual quiz&aacute; renazca la actividad agr&iacute;cola, se
+creen industrias sanas, y desaparezca la corrupci&oacute;n que hoy nos pudre.
+S&iacute;, amigo D. Acisclo, yo conozco a D. Jaime Pimentel desde que estuve en
+Madrid con mi pobre sobrina Mar&iacute;a y con aquel estrafalario de doctor
+Faustino, con quien ella se cas&oacute;. D. Jaime era amigo de Faustinito. Dios
+los cr&iacute;a y ellos se juntan. Aunque en mucho se diferenciaban, en
+bastante se parec&iacute;an. D. Jaime, muy joven entonces, era un verdadero
+ninfo. Acicalado, perfumado y siempre de veinticinco alfileres, aunque
+bizarro militar, ten&iacute;a m&aacute;s trazas de Cupido que de Marte. No creo que
+tuviese ilusiones, ni que so&ntilde;ase, como su amigo el doctor. Don Jaime iba
+al grano. Buen mozo, audaz y discreto, hab&iacute;a tenido ya varios &eacute;xitos
+ruidosos con damas elegantes, y tres o cuatro desaf&iacute;os, en los que
+siempre hab&iacute;a quedado vencedor. Entonces se pronosticaba a D. Jaime un
+brillante porvenir. El pron&oacute;stico se va cumpliendo. A&uacute;n no debe tener
+cuarenta a&ntilde;os y ya es brigadier. Por su cuna y por sus prendas es muy
+estimado y querido. Adem&aacute;s de su sueldo, tiene alguna rentilla, que le
+da independencia y desahogo. D. Jaime tendr&aacute; sobre dos mil duros al a&ntilde;o.
+Para nada necesita de este distrito. No me explico qu&eacute; antojo ser&aacute; el
+suyo de salir diputado por aqu&iacute;, pudiendo salir por donde quiera. Cerca
+de este lugar posee unas sesenta aranzadas de olivar, que su padre,
+militar como &eacute;l, compr&oacute; con dinero ganado al juego. Este es el &uacute;nico
+lazo, que yo sepa, que a este distrito le une. Repito, pues, que no me
+explico su empe&ntilde;o en ser nuestro diputado; pero doy por evidente que,
+una vez logrado su empe&ntilde;o, nos volver&aacute; la espalda, nos mandar&aacute; a paseo,
+y no nos dar&aacute; ni pizca de turr&oacute;n. Como en esto precisamente consiste mi
+sue&ntilde;o dorado, call&aacute;ndome la raz&oacute;n para no espantar a los secuaces de V.,
+me decido a ser uno de ellos. Cuente V., pues, conmigo para elegir
+diputado a D. Jaime Pimentel, y cr&eacute;ame su afect&iacute;simo amigo&raquo;.</p>
+
+<p>Tal era la carta de D. Juan Fresco que tanto alegr&oacute; el coraz&oacute;n de D.
+Acisclo. Lo esencial era que D. Juan apoyase su empresa, fuese por lo
+que fuese. Lo que don Acisclo quer&iacute;a era aquella alianza, y poco le
+asustaban las enrevesadas razones y fat&iacute;dicos pron&oacute;sticos en que se
+fundaba y que &eacute;l se guard&oacute; bien de confiar a nadie. S&oacute;lo de cuando en
+cuando, si bien haciendo desmedidos encomios de la entereza, discreci&oacute;n,
+honradez y sabidur&iacute;a de D. Juan Fresco, afirmaba D. Acisclo que era un
+<i>ente</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; dice V. que ese D. Juan es un <i>ente</i>?&mdash;le pregunt&oacute; una vez
+do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lo he de decir?&mdash;contest&oacute; don Acisclo&mdash;; porque es un <i>ente</i>;
+porque es el bicho m&aacute;s raro que he conocido en mi vida.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2>
+
+<h3>El triunfo</h3>
+
+
+<p>Ente o no <i>ente</i>, D. Juan Fresco vali&oacute; de mucho a D. Acisclo, el cual,
+mientras m&aacute;s esperanzas ten&iacute;a, m&aacute;s se afanaba y desvelaba porque no se
+frustrasen.</p>
+
+<p>Los informes que le hab&iacute;a dado D. Juan acerca de la condici&oacute;n poco
+servicial de D. Jaime Pimentel, no dejaban de mortificarle. Ya, sin
+embargo, no hab&iacute;a modo de retroceder, y lo que conven&iacute;a por lo pronto
+era derrotar a D. Paco, aunque para ello fuese menester valerse del
+candidato menos buscador de <i>turrones</i>, m&aacute;s distra&iacute;do y peor cultivador
+de distritos que hubiese en todo el reino.</p>
+
+<p>Don Acisclo sol&iacute;a echar c&aacute;lculos alegres, y este mismo descuido de su
+futuro diputado, que para cualquiera otro hubiera sido un mal, se
+mostraba a veces con colores risue&ntilde;os y brillantes a los ojos de su
+esperanza ambiciosa.</p>
+
+<p>&laquo;Si el diputado no hace nada&mdash;dec&iacute;a don Acisclo para s&iacute;&mdash;, si no cumple
+sus promesas, si no recompensa los afanes de los electores, yo tendr&eacute;
+que volver por ellos, lo cual me dar&aacute; motivo para entenderme por m&iacute;
+mismo con el Gobernador de la provincia y hasta con el Ministro, y ser
+yo aqu&iacute; real y directamente el amo, sin ese intermedio enojoso del
+diputadito. Lo esencial, pues, es lograr la victoria con gran mayor&iacute;a, y
+hacer ver que D. Paco es un trasto a mi lado&raquo;.</p>
+
+<p>A este fin no qued&oacute; medio que D. Acisclo no emplease.</p>
+
+<p>Las elecciones deb&iacute;an ser en el oto&ntilde;o, y durante el verano vivi&oacute; D.
+Acisclo en una fiebre de actividad. Recorri&oacute; a caballo todos los pueblos
+del distrito, que eran siete, ganando votos para su protegido y quitando
+parciales a D. Paco. Hasta a la capital del distrito fue varias veces, y
+no sin &eacute;xito, con el referido objeto.</p>
+
+<p>A no pocos electores de influjo, a quienes D. Paco ten&iacute;a <i>amarrados</i>,
+los desamarr&oacute; D. Acisclo, exponiendo gallardamente sus capitales. Por
+estar <i>amarrados</i>, se entiende en lenguaje electoral de por all&iacute;, deber
+dinero al grande elector. D. Acisclo estuvo rumboso. Lo menos reparti&oacute;
+ocho mil duros al diez por ciento, sin m&aacute;s garant&iacute;as que pagar&eacute;s
+sencillos, libertando as&iacute; a gentes amarradas por D. Paco, con escritura
+p&uacute;blica y dinero prestado al quince.</p>
+
+<p>Todo elector de Villafr&iacute;a iba antes a votar a un lugar cercano, porque
+en Villafr&iacute;a no hab&iacute;a <i>mesa</i>. Don Acisclo consigui&oacute; que se quitase la
+<i>mesa</i> de dicho lugar y que se diese a Villafr&iacute;a, poblaci&oacute;n m&aacute;s c&eacute;ntrica
+y c&oacute;moda, seg&uacute;n &eacute;l demostr&oacute;.</p>
+
+<p>En Villafr&iacute;a estaba seguro don Acisclo de que <i>volcar&iacute;a el puchero</i> en
+favor de D. Jaime.</p>
+
+<p><i>Volcar el puchero</i> significa poner o colgar todos los votos posibles al
+candidato a quien se quiere favorecer. Los votos posibles son los de
+cuantos electores est&aacute;n en las listas, a no hallarse a mil leguas de
+distancia o en la sepultura. Y aun ha habido ocasiones en que los
+ausentes y hasta los difuntos han votado.</p>
+
+<p>Cuentan las cr&oacute;nicas electorales de aquel distrito que, no bien supo D.
+Paco la que D. Acisclo le estaba urdiendo, empez&oacute; a trabajar en contra,
+saliendo del letargo, o mejor diremos del tranquilo y descuidado reposo
+en que su confianza y seguridad hasta all&iacute; le hab&iacute;an tenido. Esto,
+naturalmente, hizo que don Acisclo tuviese que redoblar cada vez m&aacute;s su
+actividad. As&iacute; es que no paraba. Su vida era un tejido incesante de
+conferencias, excursiones a este o al otro pueblo, tratos y cartas que
+escribir y que leer. Pepe G&uuml;eto se hizo el ayudante y el secretario de
+D. Acisclo, y tambi&eacute;n escrib&iacute;a, viajaba y conferenciaba.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz y do&ntilde;a Manolita se hac&iacute;an compa&ntilde;&iacute;a mutuamente, abandonadas por
+D. Acisclo y Pepe G&uuml;eto. Y a las dos serv&iacute;a tambi&eacute;n de acompa&ntilde;ante el P.
+Enrique, &uacute;nico var&oacute;n quiz&aacute; de todo el distrito que no interven&iacute;a en el
+asunto electoral.</p>
+
+<p>El padre hab&iacute;a intervenido s&oacute;lo en los primeros d&iacute;as para tratar de
+disuadir a D. Acisclo de que se mezclase en elecciones; pero D. Acisclo
+no se dejaba convencer por nadie, y cuando lo reconoci&oacute; as&iacute; su sobrino,
+se retrajo, se call&oacute;, y no volvi&oacute; a dar a entender ni siquiera que sab&iacute;a
+en qu&eacute; marem&aacute;gnum andaba engolfado su t&iacute;o.</p>
+
+<p>A &eacute;ste le molestaba ya bastante la flojera y falta de formalidad del
+candidato. El candidato hab&iacute;a prometido visitar el distrito; las
+elecciones se ven&iacute;an encima, y el tal D. Jaime no llegaba. Su contrario
+estaba, ya instalado en casa de D. Paco, prometiendo empleos para cuando
+volviese al poder, que ser&iacute;a pronto, vendiendo protecci&oacute;n, y
+conquistando voluntades.</p>
+
+<p>Don Jaime, entre tanto, no s&oacute;lo no ven&iacute;a, sino que apenas s&iacute; se dignaba
+escribir, salvo a D. Acisclo, y esto de tarde en tarde y por estilo
+lac&oacute;nico y seco.</p>
+
+<p>Pero fuese como fuese, el lance estaba ya empe&ntilde;ado; para D. Acisclo era
+cuesti&oacute;n de amor propio; y aunque D. Jaime hubiera sido el mismo diablo,
+D. Acisclo hubiera echado el resto por sacarle triunfante.</p>
+
+<p>En suma, para no cansar m&aacute;s a mis lectores, acabar&eacute; por decir que don
+Acisclo recogi&oacute; al fin el premio de sus fatigas.</p>
+
+<p>Las elecciones llegaron, y D. Acisclo venci&oacute; en las elecciones. Don
+Jaime Pimentel sali&oacute; diputado por una gran mayor&iacute;a.</p>
+
+<p>Algunos quieren dar a entender que D. Acisclo hizo mil tramoyas y
+falsedades; pero nada se pudo probar, y por consiguiente no debemos
+creerlo.</p>
+
+<p>Don Jaime Pimentel, sin abandonar la corte, sin escribir apenas carta
+alguna, con el mayor sosiego, tuvo el gusto de recibir su acta, casi
+limpia, pues s&oacute;lo llevaba dos protestas insignificantes y mal fundadas.</p>
+
+<p>El j&uacute;bilo de D. Acisclo fue grande despu&eacute;s de la victoria. &iexcl;Qu&eacute; lauro el
+suyo! &iexcl;Qu&eacute; muestra de poder la que acababa de dar! Con un candidato
+invisible, descuidado, flojo; con un enemigo tan fuerte, tan &uacute;nico, tan
+modelo y tan f&eacute;nix entre los representantes del pueblo, hab&iacute;a logrado
+vencer, y vencer por una gran mayor&iacute;a. Despu&eacute;s de admirarse de su propia
+capacidad para la pol&iacute;tica, s&oacute;lo se reconoc&iacute;a deudor a D. Juan Fresco y
+a la copiosa turba de bermejinos que le siguieron en el d&iacute;a de la
+elecci&oacute;n como a caudillo respetado.</p>
+
+<p>Durante todo este largo per&iacute;odo electoral, las relaciones amistosas de
+do&ntilde;a Luz y del P. Enrique se fueron estrechando m&aacute;s cada d&iacute;a. Hasta do&ntilde;a
+Manolita, dej&aacute;ndose llevar del entusiasmo de su marido, o bien
+comparti&eacute;ndole, no hab&iacute;a pensado m&aacute;s que en las elecciones.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz y el padre eran sin duda las dos &uacute;nicas personas de cierta
+posici&oacute;n en todo el distrito, que no hab&iacute;an pensado en &eacute;ste ni en el
+otro candidato, y que no se hab&iacute;an afanado por el triunfo de cualquiera
+de ellos.</p>
+
+<p>En medio de aquella agitaci&oacute;n pol&iacute;tica, hab&iacute;an hallado retraimiento
+dulc&iacute;simo en la misma casa de quien la promov&iacute;a; y all&iacute; eran las
+pl&aacute;ticas suaves y encumbradas, y las conversaciones amenas, en que
+siempre aprend&iacute;a algo do&ntilde;a Luz, en que siempre hallaba nuevas
+excelencias en el entendimiento y en el coraz&oacute;n del padre, y en que el
+padre, a su vez, no dejaba nunca de pasmarse del despejo, de la agudeza,
+de la notable discreci&oacute;n, de la fantas&iacute;a po&eacute;tica y de la sensibilidad
+exquisita de su bella interlocutora.</p>
+
+<p>Don Anselmo hab&iacute;a terciado en los debates, aunque ya no tanto, por
+haberle tenido tambi&eacute;n D. Acisclo muy interesado en las elecciones. Y el
+cura don Miguel hab&iacute;a seguido yendo con constancia a la tertulia, si
+bien los di&aacute;logos sabios del Padre y de do&ntilde;a Luz le magnetizaban y
+embelesaban de tal suerte, que a los pocos minutos de empezar a o&iacute;rlos,
+sol&iacute;a quedarse profundamente dormido, acompa&ntilde;&aacute;ndolos y anim&aacute;ndolos a
+veces con una m&uacute;sica de ronquidos interminables y sonoros.</p>
+
+<p>Resultaba de todo ello que la &uacute;nica persona, que era en verdad constante
+e inteligente testigo del mutuo afecto y de los &iacute;ntimos coloquios de
+do&ntilde;a Luz y del Padre, era do&ntilde;a Manolita. Yo no quiero hacer a &eacute;sta, ni a
+ninguno de mis h&eacute;roes, mejor de lo que son o de lo que fueron. Do&ntilde;a
+Manolita no era una paloma sin hiel; y no porque odiase a alguien, sino
+porque no dejaba de tener malicia. M&aacute;s bien se pod&iacute;a tildar a do&ntilde;a
+Manolita de tenerla. M&aacute;s bien se la pod&iacute;a acusar de que, sin envidia ni
+encono, y s&oacute;lo por amor al arte, gustaba algo de la murmuraci&oacute;n, y
+segu&iacute;a demasiado, como regla para sus juicios, aquella terrible
+sentencia de <i>piensa mal y acertar&aacute;s</i>. Sin embargo, merced a la
+veneraci&oacute;n cari&ntilde;osa que do&ntilde;a Luz le infund&iacute;a, ella interpretaba siempre
+por el lado m&aacute;s ben&eacute;volo todos sus actos y discursos. Por esto, aunque a
+la perspicacia de do&ntilde;a Manolita no pudo ocultarse largo tiempo aquella
+inclinaci&oacute;n irresistible de dos almas, do&ntilde;a Manolita no dej&oacute; nunca de
+hacer justicia a do&ntilde;a Luz, y reconoci&oacute; y declar&oacute;, all&aacute; en el fondo de su
+pecho, que en el de su amiga no hab&iacute;a la m&aacute;s leve intenci&oacute;n de perturbar
+el &aacute;nimo del Padre ni de atraerle con coqueter&iacute;as culpadas.</p>
+
+<p>El respeto y el cari&ntilde;o de la hija del m&eacute;dico al P. Enrique eran grandes
+tambi&eacute;n; pero no tanto que le impidiesen por completo todo fallo algo
+contrario sobre su conducta. Do&ntilde;a Manolita, pues, sin pensar que do&ntilde;a
+Luz hubiese dado para ello ni ocasi&oacute;n ni motivo, empez&oacute; a sospechar que
+el Padre, m&aacute;s o menos confusa y vagamente, estaba enamorado. Por respeto
+a su amiga, y porque en los lugares no anda la gente con sutilezas
+et&eacute;reas o pasadas por alambique, y porque con decir ella algo hubiera
+dado pie para que se a&ntilde;adiese mucho, do&ntilde;a Manolita ni a su padre confi&oacute;
+el resultado de sus observaciones. S&oacute;lo le confi&oacute; a Pepe G&uuml;eto, a quien
+nada ocultaba; pero exigi&eacute;ndole el m&aacute;s profundo sigilo.</p>
+
+<p>La gravedad de do&ntilde;a Luz y del Padre cortaba los vuelos a todas las
+audacias de do&ntilde;a Manolita, quien jam&aacute;s se propas&oacute; a dirigir al Padre, ni
+en broma y con rodeos y per&iacute;frasis, la indirecta m&aacute;s oscura sobre la
+pasi&oacute;n que en &eacute;l imaginaba. Do&ntilde;a Manolita sigui&oacute;, no obstante,
+observando. Pepe G&uuml;eto observ&oacute; tambi&eacute;n. Ambos esposos se comunicaban
+luego lo que hab&iacute;an observado. De esta suerte ven&iacute;an los dos a
+corroborarse en la idea de que el Padre, quiz&aacute; sin saberlo, amaba a do&ntilde;a
+Luz por estilo m&iacute;stico y sutil, y que do&ntilde;a Luz se dejaba adorar sin
+presumir ning&uacute;n t&eacute;rmino disgustoso, sin reflexionar en toda la
+trascendencia que aquella adoraci&oacute;n podr&iacute;a tener, y sin ver en ella m&aacute;s
+que una amistad tierna, sencilla e impecable, como la que ella profesaba
+al convaleciente y po&eacute;tico misionero.</p>
+
+<p>Ocurri&oacute; en esto un suceso que no se esperaba ya. De pronto, y cuando D.
+Acisclo se hab&iacute;a resignado a que su diputado fuese invisible para el
+distrito, &eacute;ste le escribi&oacute; anunci&aacute;ndole que inmediatamente ven&iacute;a a
+visitarle. El primer pueblo en que se presentar&iacute;a hab&iacute;a de ser
+Villafr&iacute;a, desde donde, a caballo, y con la pompa correspondiente, hab&iacute;a
+de pasar a recorrer y visitar los otros pueblos.</p>
+
+<p>Don Acisclo se alegr&oacute; mucho de esta venida, que iba a darle la mayor
+importancia; pero tuvo que afanarse para disponer bien las cosas, a fin
+de hacer a D. Jaime Pimentel una brillante recepci&oacute;n. Para hospedarle
+con decoro y hasta con lujo, acudi&oacute; a do&ntilde;a Luz pidi&eacute;ndole las mejores
+habitaciones de su casa solariega, no ocupadas por su sobrino; y para
+ofrecer a D. Jaime un buen caballo en que montar e ir de pueblo en
+pueblo, acudi&oacute; asimismo a do&ntilde;a Luz, pidi&eacute;ndole prestado su hermoso
+caballo negro. Do&ntilde;a Luz tuvo que acceder a todo.</p>
+
+<p>La v&iacute;spera del d&iacute;a en que deb&iacute;a llegar D. Jaime, todos estaban
+alborotados en el lugar con la gran fiesta de la recepci&oacute;n que iba a
+haber. Hasta do&ntilde;a Manolita estaba m&aacute;s alegre que lo de costumbre y muy
+parlanchina. En la tertulia diaria s&oacute;lo asist&iacute;an ella, do&ntilde;a Luz y el
+Padre, porque los dem&aacute;s andaban a&uacute;n ocupados en los preparativos de la
+fiesta, o descansando del ajetreo de aquel d&iacute;a.</p>
+
+<p>Entonces tuvo do&ntilde;a Manolita una ocurrencia algo maliciosa, y que, en su
+sentir, hab&iacute;a de darle mucha luz en sus investigaciones. &iquest;Por qu&eacute; no
+hab&iacute;a de embromar a do&ntilde;a Luz, pronosticando que D. Jaime, de quien la
+fama dec&iacute;a maravillosos encomios, y que era libre y soltero, iba a
+enamorarse de ella, apenas la viese, con el gustoso asombro de hallar en
+una villa peque&ntilde;a tan completo dechado de elegancia, distinci&oacute;n y
+hermosura? &iquest;Por qu&eacute;, al embromar as&iacute; a do&ntilde;a Luz, con algo que la
+halagar&iacute;a, no hab&iacute;a de dar solapadamente una broma bastante pesada al
+Padre, cuyo amor, enmara&ntilde;ado y turbio en el centro de la conciencia, se
+vendr&iacute;a a aclarar con el reactivo de los celos? Do&ntilde;a Manolita, al dar la
+broma, mirar&iacute;a al Padre, a ver si se inmutaba o si permanec&iacute;a impasible,
+en apariencia al menos.</p>
+
+<p>Como lo pens&oacute;, lo hizo. Do&ntilde;a Manolita dijo a do&ntilde;a Luz que D. Jaime iba a
+prendarse de ella, apenas la viese; que D. Jaime no pod&iacute;a sospechar que,
+en un lugar tan arrinconado como Villafr&iacute;a, estuviese oculto tanto
+tesoro; y que, a su ver, era evidente el amor futuro de D. Jaime.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; forastero&mdash;prosigui&oacute;&mdash;, no se ha enamorado de ti, de cuantos han
+venido a Villafr&iacute;a, j&oacute;venes, libres y en estado de merecer? Prepara,
+pues, el alm&iacute;bar con que sueles propinar las calabazas, si es que
+tambi&eacute;n piensas d&aacute;rselas a &eacute;ste. Pero, &iquest;qui&eacute;n sabe? El pretendiente, que
+ya columbro, no es r&uacute;stico, ni lugare&ntilde;o, como los que has tenido hasta
+ahora. Dicen que es la flor y nata de los elegantes de Madrid, y adem&aacute;s
+un bizarro militar y un hombre de gran porvenir y de extraordinario
+talento. &iquest;Ser&aacute;s tan fiera que tambi&eacute;n le desde&ntilde;es?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, sin enojarse, antes bien algo lisonjeada, contest&oacute; negando la
+validez del pron&oacute;stico, y asegurando, con modestia un poco fingida, que
+don Jaime, acostumbrado a ver en la corte tantas bellas mujeres, no
+reparar&iacute;a en ella ni le har&iacute;a caso.</p>
+
+<p>&mdash;Adem&aacute;s&mdash;dijo do&ntilde;a Luz&mdash;, no haya miedo de que me pretenda ese
+caballero. Yo no soy lo que se llama un buen partido. Para &eacute;l se
+necesita una rica heredera, que d&eacute; alas a su ambici&oacute;n, y no una se&ntilde;orita
+pobre que le encadene y le sirva de r&eacute;mora y estorbo. Cr&eacute;eme, Manuela;
+ya te lo he dicho mil veces: yo no me casar&eacute; nunca... ni quiero casarme.
+No hablemos de esas tonter&iacute;as, ni en broma.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita, durante estas frases que entre su amiga y ella se
+cruzaban, mir&oacute; de soslayo al Padre y crey&oacute; ver que se hab&iacute;a puesto m&aacute;s
+p&aacute;lido que de costumbre. Por lo dem&aacute;s el Padre permaneci&oacute; silencioso, y
+no dio su parecer ni sobre el enamoramiento posible de D. Jaime, ni
+sobre el constante prop&oacute;sito de do&ntilde;a Luz de permanecer soltera.</p>
+
+<p>A las diez se retir&oacute; a su casa, y las dos amigas quedaron solas.</p>
+
+<p>Alentada entonces do&ntilde;a Manolita con lo bien que su primera broma hab&iacute;a
+sido tolerada, y tal vez agradecida como lisonja, en el fondo del alma
+de la hija del marqu&eacute;s, cay&oacute; en la tentaci&oacute;n de aventurarse a dar otra
+broma bastante menos ligera.</p>
+
+<p>Sin reflexionarlo mucho, dijo, pues, de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! &iexcl;Hija! Me arrepiento de haberte dicho lo de D. Jaime.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; te arrepientes?&mdash;pregunt&oacute; con sencillez do&ntilde;a Luz&mdash;. Yo no
+creo probable que ese caballero cortesano se enamore de m&iacute;, en tres o
+cuatro d&iacute;as que ha de estar por aqu&iacute;; pero como ni eso es imposible, ni
+me ofende el que t&uacute;, estim&aacute;ndome en m&aacute;s de lo que merezco, me vaticines
+tal triunfo, no tienes para qu&eacute; arrepentirte, a no ser por el temor de
+exaltar demasiado mi amor propio.</p>
+
+<p>&mdash;No es ese temor&mdash;replic&oacute; la hija del m&eacute;dico&mdash;, lo que me induce al
+arrepentimiento, sino el temor de haber lastimado un coraz&oacute;n sensible,
+de haberle hecho una profunda herida.</p>
+
+<p>&mdash;No te comprendo&mdash;dijo do&ntilde;a Luz&mdash;; &iquest;qu&eacute; quieres dar a entender? &iquest;Qu&eacute;
+coraz&oacute;n sensible es ese?</p>
+
+<p>&mdash;El del P. Enrique&mdash;respondi&oacute; en mala hora do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz se puso roja como la grana. Toda la sangre de su cuerpo se
+dir&iacute;a que se le subi&oacute; a la cabeza. Todo el orgullo de su casta se agolp&oacute;
+y amonton&oacute; en su coraz&oacute;n. No vio m&aacute;s que ridiculez indigna en que la
+creyesen objeto de la pasi&oacute;n de un fraile. Ella cre&iacute;a que un fraile la
+pod&iacute;a admirar por su talento, estimar por sus virtudes, venerar por su
+conducta intachable, y gustar de su trato y conversaci&oacute;n, y complacerse
+en ser su amigo; pero enamorarse de ella le parec&iacute;a tan absurdo, tan
+contrario a todas las conveniencias y leyes sociales y religiosas, tan
+monstruosamente feo y chocante, que no quer&iacute;a, ni pod&iacute;a, ni deb&iacute;a
+sospecharlo en persona del juicio, de la circunspecci&oacute;n y hasta de la
+santidad que en el P. Enrique notaba. Do&ntilde;a Luz mir&oacute;, pues, como una
+malicia villana y ruin el pensamiento de do&ntilde;a Manolita, y como una
+insolencia la expresi&oacute;n de dicho pensamiento por medio de la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que acabas de proferir&mdash;exclam&oacute; con la voz balbuciente de c&oacute;lera&mdash;,
+es un insulto, es una dura acusaci&oacute;n contra el P. Enrique y contra m&iacute;.
+Ni el padre delira, ni yo le he dado ocasi&oacute;n para que delire. A fin de
+que mi limpia fama est&eacute; al abrigo de la maledicencia, me he encerrado en
+este lugar, me he apartado casi de todo trato humano, he huido de la
+juventud, mientras he sido joven; si&eacute;ndolo todav&iacute;a, como lo soy, no he
+admitido en mi intimidad sino a viejos de sesenta a&ntilde;os como tu padre, el
+cura y don Acisclo, y nada de esto me ha valido. Porque yo, de cerca de
+treinta a&ntilde;os, me he abandonado, me he confiado con gusto, lo declaro
+francamente, en la amistad honrada de un siervo de Dios, probado en mil
+fatigas, quebrantado por ellas, lleno de ciencia y de virtud, no se
+concibe esta amistad, no se explica este trato, sino por motivos viles e
+impuros. Y no son los r&uacute;sticos del lugar, no son los que no me conocen,
+sino mi mejor amiga la que me sospecha y me injuria.</p>
+
+<p>La pobre do&ntilde;a Manolita se qued&oacute; aterrada: se compungi&oacute;, y al cabo se le
+saltaron las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer&mdash;dijo&mdash;; no te enojes por amor de Dios. Yo, sin duda, me
+he explicado mal. Yo no digo que sea impuro el amor del Padre....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; disparates son los tuyos?&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. &iquest;Qu&eacute; extrav&iacute;o
+de ideas? &iquest;Qu&eacute; necias distinciones pretendes hacer? &iquest;C&oacute;mo cohonestar el
+amor de un fraile a una doncella honrada? Tal amor es impuro siempre; es
+infame; es sacr&iacute;lego.</p>
+
+<p>Viendo do&ntilde;a Manolita que no hab&iacute;a manera de remediar su torpeza, y
+apurad&iacute;sima de haber irritado tanto a do&ntilde;a Luz, a quien quer&iacute;a de todo
+coraz&oacute;n, no pronunci&oacute; una sola palabra m&aacute;s; pero llor&oacute; y solloz&oacute; como si
+le hubiese sobrevenido la m&aacute;s cruel desgracia.</p>
+
+<p>Entonces do&ntilde;a Luz, que ten&iacute;a buen fondo, a pesar de su soberbia, sinti&oacute;
+que hab&iacute;a estado dura y &aacute;spera en demas&iacute;a, y pidi&oacute; perd&oacute;n a do&ntilde;a
+Manolita, bes&aacute;ndola y poco menos que llorando tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Las dos amigas vinieron a quedar de resultas mucho m&aacute;s amigas que antes.
+Do&ntilde;a Luz se convenci&oacute; de que do&ntilde;a Manolita no hab&iacute;a tenido intenci&oacute;n de
+deslustrar en lo m&aacute;s m&iacute;nimo la pureza de sus relaciones amistosas con el
+P. Enrique; y do&ntilde;a Manolita hizo por convencerse y hasta se convenci&oacute;
+por el momento de que el P. Enrique, ni siquiera como Dante am&oacute; a
+Beatriz, como Petrarca am&oacute; a Laura, o como don Quijote am&oacute; a Dulcinea,
+era capaz de amar a do&ntilde;a Luz; porque, siendo &eacute;l un fraile y ella una
+se&ntilde;orita muy bien educada y honest&iacute;sima, tal amor, por alambicado,
+espiritual e incorp&oacute;reo que fuese, ten&iacute;a un no s&eacute; qu&eacute; de indecorosamente
+plebeyo y de grotescamente pecaminoso que con la condici&oacute;n de su bella y
+soberbia amiga se ajustaba muy mal.</p>
+
+<p>No bien acabadas de hacer las paces, lleg&oacute; don Acisclo con Pepe G&uuml;eto,
+quienes no advirtieron las huellas de la pasada tempestad. Cenaron los
+cuatro en amistosa compa&ntilde;&iacute;a, y con buen apetito, y se fueron luego a
+dormir.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente se celebr&oacute; con pompa y estruendo la entrada triunfal de
+D. Jaime en Villafr&iacute;a. Cuantos ten&iacute;an caballo, y no pocos que s&oacute;lo
+ten&iacute;an mulo o burro, fueron de madrugada a recibirle en la estaci&oacute;n, con
+D. Acisclo al frente, y a eso de las once volvieron todos con el
+diputado, caballero &eacute;ste en el hermoso caballo negro de do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>A las puertas del lugar salieron los muchachos y los hombres de a pie a
+recibir la lucida cabalgata, y todos entraron por aquellas calles al son
+de las campanas que se hab&iacute;an echado a vuelo, entre vivas y
+aclamaciones, y atronando el aire a tiros de cuantas escopetas estaban
+servibles en Villafr&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2>
+
+<h3>Crisis</h3>
+
+
+<p>Despu&eacute;s de haber rechazado con tan cruel desabrimiento las palabras de
+do&ntilde;a Manolita y despu&eacute;s de hechas las paces, do&ntilde;a Luz pens&oacute; a sus solas
+en el valor y motivo de aquellas palabras; y, como si una claridad nueva
+y extra&ntilde;a iluminase los m&aacute;s oscuros laberintos de su cerebro, crey&oacute;
+percibir la verdad de todo y reconoci&oacute; que su amiga ten&iacute;a algunos visos
+de raz&oacute;n al decir lo que dijo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz se hab&iacute;a enojado quiz&aacute; porque su propia conciencia,
+aprovech&aacute;ndose de las palabras de do&ntilde;a Manolita, hab&iacute;a formulado una
+acusaci&oacute;n mucho m&aacute;s severa. &iquest;Qu&eacute; diferencia radical e importante se da
+entre la amistad m&aacute;s tierna y exclusiva, entre la predilecci&oacute;n m&aacute;s
+marcada de un hombre por una mujer y de una mujer por un hombre, ninguno
+de los dos viejo a&uacute;n, y el amor m&aacute;s puro, m&aacute;s plat&oacute;nico y m&aacute;s sublime?
+Do&ntilde;a Luz se pon&iacute;a a s&iacute; misma esta cuesti&oacute;n; y, no acertando a resolverla
+sino en el sentido de que no se da diferencia, o que, si se da, apenas
+es perceptible y se quiebra de puro sutil, decid&iacute;a que no era absurdo ni
+insolencia suponer y afirmar que estuviese enamorado de ella el P.
+Enrique. El Padre, encadenado por el respeto, teniendo en cuenta su
+estado, sus votos y su posici&oacute;n, se hab&iacute;a guardado bien de manifestar su
+cari&ntilde;o de un modo que hiciese sospechar ni remotamente que no era
+leg&iacute;timo y sin tacha; pero, sin duda, que en el fondo de su alma le
+sent&iacute;a.</p>
+
+<p>Luego que do&ntilde;a Luz dejaba esto como sentado y evidente, se preguntaba
+tambi&eacute;n: &laquo;&iquest;Y yo qu&eacute; he hecho para inspirar esta pasi&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; culpa
+adquiero de que &eacute;l me ame? &iquest;Hasta qu&eacute; punto he dado y sigo dando p&aacute;bulo
+a su afecto?&raquo;. La contestaci&oacute;n que do&ntilde;a Luz se daba era contradictoria y
+confusa. Ora se condenaba; ora se absolv&iacute;a. Se condenaba al reconocer
+que ella hab&iacute;a disimulado mucho menos que &eacute;l la complacencia con que le
+o&iacute;a, el contento que su vista le causaba, el deleite que su conversaci&oacute;n
+le tra&iacute;a siempre, y que ella por instinto irreflexivo, pero depravado,
+gustaba de parecer hermosa y elegante a todos, y particularmente a las
+personas a quienes quer&iacute;a, entre las cuales no pod&iacute;a menos de incluir al
+Padre.</p>
+
+<p>Otra serie de consideraciones acud&iacute;a luego a su mente para absolverla.
+Pues qu&eacute;, &iquest;no era l&iacute;cito amar la ciencia, la virtud y el ingenio que en
+el Padre resplandec&iacute;an? &iquest;Qu&eacute; mal hab&iacute;a en mostrarlo? Y en cuanto al
+esmero en el adorno de su persona, &iquest;qu&eacute; ley divina ni humana pod&iacute;a
+imponerle la obligaci&oacute;n de ocultar las prendas que el cielo le hab&iacute;a
+dado y de no lucirlas hasta donde esto es compatible con el m&aacute;s r&iacute;gido
+decoro? De esta suerte se absolv&iacute;a do&ntilde;a Luz; pero, prosiguiendo en sus
+cavilaciones, a&ntilde;ad&iacute;a en su pensamiento: &laquo;Y si yo supongo que &eacute;l me ama,
+&iquest;por qu&eacute; no ha de suponer &eacute;l que le amo yo? Si yo no tengo motivo para
+suponerlo, si es mi vanidad quien lo supone, bien puede &eacute;l ser tan
+vanidoso como yo y suponerlo del mismo modo. Y si yo lo supongo con
+motivo &iquest;el motivo que yo le he dado para que haga suposici&oacute;n id&eacute;ntica es
+menor acaso?&raquo;. Do&ntilde;a Luz ten&iacute;a entonces que confesarse que, atendidas la
+natural reserva que deben tener las mujeres, y la modestia y timidez con
+que deben velar y mitigar los movimientos e inclinaciones del coraz&oacute;n,
+ella hab&iacute;a dado mayor motivo al Padre para que &eacute;l la creyese enamorada
+que el que &eacute;l le hab&iacute;a dado a ella para que de su parte lo creyese.</p>
+
+<p>El proverbio dice que <i>quien prueba mucho no prueba nada</i>, y esto
+ocurr&iacute;a a do&ntilde;a Luz no bien demostraba que, no s&oacute;lo el Padre estaba
+enamorado de ella, sino que ella estaba enamorada del Padre. Se
+examinaba el alma, se interrogaba el coraz&oacute;n, y como le respond&iacute;an que
+no amaban al Padre, volv&iacute;a a creer que s&oacute;lo su presunci&oacute;n pod&iacute;a hacerle
+imaginar que el Padre la amase a ella. Lo &uacute;nico que, despu&eacute;s de tantos
+rodeos, sacaba en claro do&ntilde;a Luz era que en aquella convivencia e
+intimidad afectuosa y en aquellos coloquios tan sabios de ella con &eacute;l,
+hab&iacute;a algo de ocasionado a perversas interpretaciones, algo de mal
+gusto, algo de pedantesco y lugare&ntilde;o a la vez, que la parec&iacute;a c&oacute;mico, y
+cuya ridiculez se atenuaba s&oacute;lo pensando que su vida en un lugar no
+pod&iacute;a llevarla a menos necio extrav&iacute;o.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz resolvi&oacute;, pues, ser m&aacute;s cauta y menos expansiva en lo venidero,
+y no menudear tanto las discusiones filos&oacute;ficas y teol&oacute;gicas, y las
+confianzas y el trato con el venerable sobrino del antiguo administrador
+de su casa.</p>
+
+<p>&laquo;Si no hay&mdash;conclu&iacute;a ella&mdash;mutua y peligrosa inclinaci&oacute;n en nuestras
+almas, pudiera suponerse, y esto me ofender&iacute;a, y si la hay, como la
+inclinaci&oacute;n ser&iacute;a por todos estilos abominable, conviene cortarla de
+ra&iacute;z&raquo;.</p>
+
+<p>En cualquiera de ambos supuestos, reconoci&oacute; do&ntilde;a Luz la necesidad de
+cambiar de conducta; la conveniencia, vali&eacute;ndonos de una frase espa&ntilde;ola,
+algo anticuada, pero gr&aacute;fica, de <i>poner su descuido en reparo</i>.</p>
+
+<p>La llegada a Villafr&iacute;a del triunfante y flamante diputado D. Jaime
+Pimentel y Moncada coincidi&oacute; casi con esta prudent&iacute;sima, aunque algo
+tard&iacute;a resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, acompa&ntilde;ada de su benigna amiga, estaba en una ventana baja,
+aguardando la aparici&oacute;n de la pompa y del triunfo, que se anunciaba ya
+por el resonar de los tiros y de los vivas.</p>
+
+<p>Don Jaime, cabalgando en medio de D. Acisclo y Pepe G&uuml;eto, precedido de
+una turba de muchachos y de hombres a pie, y seguido de buen golpe de
+gente a caballo y aun de m&aacute;s gente pedestre, se mostr&oacute; al cabo a los
+ojos de nuestra hero&iacute;na.</p>
+
+<p>La fama no hab&iacute;a mentido. Era D. Jaime todo un gal&aacute;n caballero. Montaba
+con gracia y firmeza. Aunque ten&iacute;a cerca de cuarenta a&ntilde;os, parec&iacute;a que
+apenas ten&iacute;a treinta. Su traje sencillo dejaba ver, en los pormenores
+todos, la elegancia y el buen gusto.</p>
+
+<p>La cabalgata se par&oacute; a la puerta de D. Acisclo, y &eacute;ste, seguido de su
+ahijado y hu&eacute;sped, se hall&oacute; pronto en la sala, donde aguardaban do&ntilde;a Luz
+y do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; tiene V. a nuestro diputado el Sr. D. Jaime&mdash;dijo D. Acisclo,
+present&aacute;ndole a do&ntilde;a Luz&mdash;; y luego a&ntilde;adi&oacute;, dirigi&eacute;ndose a D. Jaime:</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;orita do&ntilde;a Luz, hija del difunto marqu&eacute;s de Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>El recuerdo lejano y confuso de la alta sociedad madrile&ntilde;a, que do&ntilde;a Luz
+no hab&iacute;a hecho sino entrever hac&iacute;a m&aacute;s de doce a&ntilde;os, la idea vaga de un
+medio m&aacute;s culto y m&aacute;s aristocr&aacute;tico, las formas y el ser so&ntilde;ados de
+damas y galanes, sus usos, discreteos, aventuras y amor&iacute;os, tales cuales
+ella los hab&iacute;a fantaseado o columbrado, sin llegarlos a ver ni a gozar,
+obligada, en la aurora de su vida, a retirarse a un pueblo peque&ntilde;o, todo
+acudi&oacute; de s&uacute;bito a la mente de do&ntilde;a Luz, al mirar a D. Jaime Pimentel,
+al notar la soltura y naturalidad de sus distinguidos modales, y al o&iacute;r
+su acento y las pocas y atinadas palabras que le dirigi&oacute;, las cuales ni
+pecaron de fr&iacute;as y secas, ni se extremaron por lo galantes, sino que se
+encerraron dentro de los l&iacute;mites de la m&aacute;s respetuosa discreci&oacute;n. Porque
+no era el inferior quien sinti&oacute; do&ntilde;a Luz que le hablaba, ni el cortesano
+insolente tampoco, cuya superioridad se revela al trav&eacute;s de su fingida
+cortes&iacute;a, sino el hombre de la misma clase que ella, que habla como
+igual, pero con las atenciones delicadas que a una se&ntilde;ora principal se
+deben siempre. Do&ntilde;a Luz lo comprendi&oacute; as&iacute;, se complaci&oacute; en ello, y lo
+agradeci&oacute; todo. Harto advirti&oacute; el tono diverso que emple&oacute; don Jaime, al
+hablar con do&ntilde;a Manolita, no bien a ella tambi&eacute;n le presentaron.</p>
+
+<p>Dos d&iacute;as estuvo D. Jaime en Villafr&iacute;a, al cabo de los cuales fue
+menester proseguir la comenzada tarea de visitar todos los lugares del
+distrito.</p>
+
+<p>Durante estos dos d&iacute;as, D. Acisclo despleg&oacute; la m&aacute;s prodigiosa
+magnificencia. Tuvo, por decirlo as&iacute;, mesa de Estado. Toda su parentela,
+el m&eacute;dico, su hija y su yerno, y el cura D. Miguel, almorzaron, comieron
+y hasta cenaron con &eacute;l y con el agasajado D. Jaime. &Eacute;ste se sent&oacute;
+siempre a la derecha de do&ntilde;a Luz, y tuvo siempre a do&ntilde;a Manolita del
+otro lado.</p>
+
+<p>Petra, el ama de llaves, hizo milagros en aquellos dos d&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; pavos
+rellenos, qu&eacute; cocido con morcilla, chorizo, embuchados y morcones, qu&eacute;
+tortillas con esp&aacute;rragos trigueros, qu&eacute; platazos de pepitoria, qu&eacute;
+menestras de cardos, morrillas y guisantes, qu&eacute; jam&oacute;n con huevos
+hilados, qu&eacute; tortas maimones, y qu&eacute; deliciosas alboron&iacute;as, picantes
+salmorejos, frescos gazpachos y ensaladas, y variados arropes y
+alm&iacute;bares, no condiment&oacute; o present&oacute; en la mesa de su amo?</p>
+
+<p>Los cinco mejores m&uacute;sicos del lugar vinieron por la noche con sus
+acordes y sonoros instrumentos, y se bail&oacute; en la cuadra alta, porque la
+baja estaba como santificada por la Santa Cena.</p>
+
+<p>Don Jaime bail&oacute; rigod&oacute;n con do&ntilde;a Manolita y con una de las hijas de D.
+Acisclo; y con do&ntilde;a Luz, no s&oacute;lo bail&oacute; rigod&oacute;n, sino tambi&eacute;n vals&oacute;.</p>
+
+<p>Con do&ntilde;a Luz estuvo muy fino y amable, y do&ntilde;a Luz asimismo lo estuvo con
+&eacute;l.</p>
+
+<p>Los chistes urbanos, las anecdotillas picantes, sin rayar en libres, las
+pinturas de las intrigas y lances de Madrid, referidos con ligereza y
+primor por don Jaime, divirtieron mucho a do&ntilde;a Luz y la hicieron re&iacute;r;
+cosa que le agrad&oacute; y pasm&oacute;, porque no era f&aacute;cil para la risa. Siempre
+que la conversaci&oacute;n era general, cuanto dec&iacute;a D. Jaime encantaba al
+auditorio, y todos le aplaud&iacute;an. Y do&ntilde;a Luz notaba que D. Jaime, sin ser
+vulgar, ten&iacute;a el arte de hacerse comprender de los que lo eran, y que
+con sus discursos nadie se quedaba en ayunas, como con las reconditeces
+y los encumbramientos del Padre, el cual no dej&oacute; de asistir a todo esto,
+pero muy eclipsado y confundido entre la turba multa.</p>
+
+<p>En los apartes, D. Jaime hizo mil cumplimientos a do&ntilde;a Luz. Como
+vulgarmente se dice, le ech&oacute; much&iacute;simas flores; pero, con tal arte, que
+la m&aacute;s presumida no hubiera cre&iacute;do al o&iacute;rlas que eran nacidas de amor,
+ni negado tampoco resueltamente que de amor naciesen, porque iban
+enlazadas con miramientos tales que acaso se hubiera podido interpretar
+por temor de ofender lo que las conten&iacute;a dentro de ciertos l&iacute;mites. La
+franqueza graciosa con que don Jaime dec&iacute;a piropos a do&ntilde;a Manolita,
+hac&iacute;a resaltar todo el m&eacute;rito y todo el lisonjero significado de aquella
+circunspecci&oacute;n con que celebraba la hermosura y dem&aacute;s excelencias de la
+aristocr&aacute;tica hija del marqu&eacute;s de Villafr&iacute;a. En suma, los dos d&iacute;as
+pasaron como un soplo; D. Jaime se fue a recorrer el distrito con D.
+Acisclo y Pepe G&uuml;eto; y las dos amigas se quedaron como antes,
+acompa&ntilde;adas s&oacute;lo, en las horas de la comida y de la tertulia, del P.
+Enrique y a veces del cura y de D. Anselmo.</p>
+
+<p>Cuando do&ntilde;a Manolita se vio a solas con su amiga, recordando que la
+broma de unos supuestos amores con D. Jaime no la hab&iacute;a ofendido, no
+pudo resistir a embromarla de nuevo sobre el mismo tema. Y as&iacute;,
+hall&aacute;ndose las dos, con todo sosiego, en la salita de do&ntilde;a Luz, la
+ma&ntilde;ana misma de la partida de D. Jaime, dijo la hija del m&eacute;dico a la
+hija del marqu&eacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, confiesa que nuestro diputado no te parece saco de paja.</p>
+
+<p>&mdash;No me parece sino muy bien&mdash;respondi&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. Decir otra cosa
+ser&iacute;a hip&oacute;crita falsedad. Es elegante, discreto, buen mozo y muy amable.</p>
+
+<p>&mdash;Si tan buena es la impresi&oacute;n que en ti ha hecho&mdash;repuso do&ntilde;a
+Manolita&mdash;, creo que debes lisonjearte y estar muy contenta, porque &eacute;l
+no apartaba un punto los ojos de ti y se conoc&iacute;a que te miraba y
+admiraba con entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;No te burles, Manuela.</p>
+
+<p>&mdash;No me burlo. Tengo por cierto lo que te digo.</p>
+
+<p>&mdash;Tu deseo de que yo haga conquistas y la buena opini&oacute;n que de m&iacute; tienes
+te llevan a so&ntilde;ar con todo eso.</p>
+
+<p>&mdash;Y las dulzuras y los requiebros que te ha dicho en voz baja, pues por
+el gesto y el adem&aacute;n y el brillo de los ojos se mostraba que te los
+dec&iacute;a, &iquest;son sue&ntilde;os m&iacute;os tambi&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;No; no son sue&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo negarte que D. Jaime me ha requebrado? Pero,
+si bien lo ha hecho con un respeto y un tino que le honran (y no de otra
+suerte lo hubiera sufrido yo), no ha dejado ver verdadero inter&eacute;s por
+m&iacute;, ni un solo momento. Sus palabras expresaban estimaci&oacute;n, denotaban
+ingenio cortesano, estaban llenas de lisonja, pero no hab&iacute;a en ellas un
+&aacute;tomo de sentimiento. Ni pod&iacute;a haberle. Pues qu&eacute;, &iquest;el amor brota de
+repente, en la vida real? Eso se queda para los dramas, donde es
+menester que la acci&oacute;n corra a todo correr y que los hechos se condensen
+y acumulen en pocas horas y palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Hija m&iacute;a, en la vida real, lo mismo que en los dramas, no es tan
+inveros&iacute;mil <i>dar flechazo</i>. En mujer de tus rar&iacute;simas prendas es menos
+inveros&iacute;mil todav&iacute;a. Yo estoy segura de ello: t&uacute; has dado flechazo a D.
+Jaime.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Dar flechazo</i> tiene tan indeterminada significaci&oacute;n que no s&eacute; qu&eacute;
+responderte. Si por <i>dar flechazo</i> quieres significar que he parecido
+bien a D. Jaime, y que hasta se ha sorprendido un poco (y perdona que
+haga patente contigo mi vanidad) de hallar en esta villa a una mujer
+que, trasladada de s&uacute;bito a un sal&oacute;n de la corte, estar&iacute;a en &eacute;l como en
+su centro, no disto mucho de creer que le he dado flechazo. Pero desde
+esto a infundir un verdadero cari&ntilde;o, hay mil leguas de distancia, y ni
+me alucino, ni deseo siquiera que D. Jaime haya andado ni ande esas mil
+leguas en cuarenta y ocho horas, que hace s&oacute;lo desde que me conoce y
+trata.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no ha de andar o por qu&eacute; no ha de haber andado ya esas mil
+leguas?</p>
+
+<p>&mdash;Porque es harto dif&iacute;cil y porque a nada conducir&iacute;a. Mira, Manuela,
+&iquest;qu&eacute; no te declarar&eacute; yo? Confieso que he pensado en la posibilidad de
+ese amor; pero le he desechado como locura. D. Jaime es ambicioso, y
+apenas tiene para &eacute;l s&oacute;lo con su sueldo y sus rentas. En m&iacute; no podr&iacute;a
+poner la voluntad sino para casarse conmigo. &iquest;Y qu&eacute; puedo yo llevarle?
+Mis bienes, cuidados por m&iacute;, estando yo aqu&iacute; sobre ellos, producen
+20.000 rs. el a&ntilde;o que m&aacute;s: si me fuese de aqu&iacute;, no me producir&iacute;an 10.000
+rs., o administrados o en arrendamiento. Mi boda con D. Jaime ser&iacute;a como
+grillos con que &eacute;l atar&iacute;a sus pies; ser&iacute;a para &eacute;l una carga muy pesada.
+Claro es, pues, que D. Jaime, aunque por acaso se sintiese inclinado a
+amarme, que lo dudo, desechar&iacute;a de s&iacute; el amor como una tentaci&oacute;n insana;
+como un disparate funesto.</p>
+
+<p>&mdash;Luego t&uacute;&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a Manolita&mdash;, no concibes que te quieran sino
+por c&aacute;lculo. No te entiendo. Lo que lisonjea y enamora es que la quieran
+a una, aunque sea pobre, y no por ser rica.</p>
+
+<p>&mdash;De acuerdo&mdash;contest&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. Yo no s&eacute; si amar&iacute;a a D. Jaime, si &eacute;l
+me amase; pero de seguro que no le amar&iacute;a, si yo fuese rica y llegase yo
+a sospechar que por hacer un negocio &eacute;l me amaba. Ve ah&iacute; por qu&eacute; no me
+casar&eacute; nunca. Rica yo, recelar&iacute;a siempre que no me amaban por m&iacute;, y
+pobre, recelo que no me amen hasta el extremo de que se sacrifiquen
+am&aacute;ndome. Como no me case con alg&uacute;n se&ntilde;orito de estos lugares, para
+quien s&oacute;lo puedo ser un partido proporcionado, en que ni &eacute;l se
+sacrifique, ni yo sea para &eacute;l un dote y no una amada compa&ntilde;era de toda
+la vida, no veo novio adecuado para m&iacute; en el mundo. Mi &uacute;nico amor ser&aacute;
+este....</p>
+
+<p>Y alz&aacute;ndose de su asiento, en uno de aquellos arrebatos asc&eacute;ticos que de
+vez en cuando ten&iacute;a, abri&oacute; do&ntilde;a Luz su famoso cuadro del admirable
+Cristo muerto y puso sus rojos y frescos labios sobre los labios l&iacute;vidos
+de la tremenda imagen.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita hab&iacute;a ya visto el cuadro otras varias veces, pero nunca le
+hizo m&aacute;s honda impresi&oacute;n que en aquel momento; cuando se unieron la
+lozan&iacute;a de la mocedad, la exuberancia de la vida y la hermosura briosa
+de do&ntilde;a Luz con tal fiel trasunto del dolor y de la muerte.</p>
+
+<p>Esta y otras conversaciones que tuvo do&ntilde;a Luz con su amiga, y los
+propios mon&oacute;logos y los constantes pensamientos que la asaltaban, fueron
+acrecentando en el alma de la soberbia dama un recelo que sublevaba su
+orgullo, y contra el cual trat&oacute; de armarse de todos los br&iacute;os de su
+pecho.</p>
+
+<p>Don Jaime iba a volver. Don Jaime, despu&eacute;s de la visita a todos los
+lugares, iba a pasar otros tres d&iacute;as en aquel pueblo. &iquest;Incurrir&iacute;a do&ntilde;a
+Luz en la debilidad de prendarse algo, de inclinarse un poco, y en
+balde, al diputado? S&oacute;lo de imaginarlo, de presentar en su mente la
+remota hip&oacute;tesis, do&ntilde;a Luz se pon&iacute;a encendida como la grana y se llenaba
+de verg&uuml;enza como si la ultrajasen con el desprecio.</p>
+
+<p>Propuso, pues, en su coraz&oacute;n estar serena y fr&iacute;a a los halagos de D.
+Jaime cuando volviese; y olvidando, con este nuevo peligro, el que pod&iacute;a
+haber en los di&aacute;logos &iacute;ntimos, en las disertaciones sabias y en la
+atenci&oacute;n y en la emoci&oacute;n con que o&iacute;a al P. Enrique, volvi&oacute; con m&aacute;s
+ternura amistosa que nunca a buscar la conversaci&oacute;n del Padre, a
+deleitarse en ella, y a dar se&ntilde;ales inequ&iacute;vocas de la predilecci&oacute;n con
+que le miraba.</p>
+
+<p>Pronto se pas&oacute; de este modo una semana entera, al cabo de la cual, con
+no menor pompa y estruendo, volvi&oacute; a Villafr&iacute;a el ilustre diputado D.
+Jaime, acompa&ntilde;ado de D. Acisclo y de Pepe G&uuml;eto.</p>
+
+<p>En la casa de D. Acisclo se renovaron las comilonas, las fiestas
+espl&eacute;ndidas y todo el lujo de que ya se hab&iacute;a hecho gala la primera vez.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2>
+
+<h3>Soluci&oacute;n de la crisis</h3>
+
+
+<p>Segu&iacute;a D. Jaime observando siempre la misma conducta respecto a do&ntilde;a
+Luz. Sus atenciones no pod&iacute;an ser m&aacute;s delicadas ni m&aacute;s respetuosos sus
+requiebros. En alguna ocasi&oacute;n crey&oacute; advertir do&ntilde;a Luz que D. Jaime se
+animaba demasiado, pero el orgullo de ella acud&iacute;a al punto a refrenar la
+lengua del galanteador, para lo cual bastaba un leve gesto de
+impaciencia o de disgusto o una mirada severa.</p>
+
+<p>As&iacute; se pasaron dos d&iacute;as de los tres que D. Jaime ten&iacute;a que estar en
+Villafr&iacute;a, y amaneci&oacute; el d&iacute;a tercero y &uacute;ltimo. A la madrugada siguiente
+D. Jaime deb&iacute;a salir para Madrid. Eran las ocho y do&ntilde;a Luz estaba ya
+levantada y vestida como para ir a la calle. Aquel d&iacute;a, con m&aacute;s
+sentimientos religiosos que de ordinario, antes de ir a la iglesia
+adonde pensaba ir y o&iacute;r misa, abri&oacute; el cuadro del Cristo, se arrodill&oacute;
+delante de &eacute;l y se puso a rezar con devoci&oacute;n grand&iacute;sima.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a dicho a su doncella que no entrase hasta que ella llamara. Do&ntilde;a
+Luz se cre&iacute;a completamente sola.</p>
+
+<p>En aquella soledad y excitada por el rezo, qui&eacute;n sabe qu&eacute; ideas
+melanc&oacute;licas atravesaron por su mente, ni qu&eacute; amarga ternura hiri&oacute; su
+coraz&oacute;n; ello es que exhal&oacute; un profundo suspiro y dos gruesas l&aacute;grimas
+brotaron de sus hermosos ojos y se deslizaron por sus frescas y
+sonrosadas mejillas.</p>
+
+<p>La hija del m&eacute;dico, &uacute;nica persona que pod&iacute;a penetrar hasta all&iacute; sin
+permiso de nadie, hab&iacute;a entrado, sin que do&ntilde;a Luz, embebecida en sus
+devociones, notase su presencia.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita contempl&oacute;, pues, a todo su sabor el ferviente rezo de su
+amiga y la efusi&oacute;n de suspiros y de l&aacute;grimas con que hubo de terminarle.
+Entonces, sin detenerse m&aacute;s, se arroj&oacute; en sus brazos y enjug&oacute; con besos
+las l&aacute;grimas que humedec&iacute;an su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es esto? &iquest;Por qu&eacute; lloras as&iacute;?&mdash;dijo do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>Y sin contestar a la pregunta, pregunt&oacute; a su vez do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te has entrado hasta aqu&iacute;? &iquest;Qu&eacute; te trae a verme tan de ma&ntilde;ana?
+&iquest;Por qu&eacute; me has sorprendido?</p>
+
+<p>&mdash;Perdona que te haya sorprendido; perdona que haya interrumpido tus
+oraciones. Ya sabes t&uacute; que yo no madrugo para ti sino cuando tengo que
+comunicar contigo algo de muy importante. Quiz&aacute; desde el d&iacute;a en que te
+di parte de mi proyectada boda con Pepe G&uuml;eto, no he usado hasta hoy de
+la licencia que tengo de venir aqu&iacute; de ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es la verdad, pero yo no me quejo de que vengas. Yo me alegro de
+que hayas venido. Lo que hago es extra&ntilde;arlo, por lo mismo que de ma&ntilde;ana
+no vienes nunca. &iquest;Qu&eacute; nueva, pues, no menos importante que el anuncio de
+tu boda, puede hoy moverte a visitarme tan temprano?</p>
+
+<p>&mdash;Vengo aqu&iacute; de embajadora: te traigo un recado que arde en un candil.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qui&eacute;n es el recado?</p>
+
+<p>&mdash;Del Sr. D. Jaime Pimentel&mdash;dijo do&ntilde;a Manolita.</p>
+
+<p>&mdash;El rubor color&oacute; el semblante de do&ntilde;a Luz, quien no acert&oacute; a disimular
+con su amiga &iacute;ntima el contento y la satisfacci&oacute;n de amor propio que
+aquello le causaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; recado, qu&eacute; embajada me traes? &iquest;Es alguna burla tuya, o de D.
+Jaime Pimentel?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de burla. Esto va de veras y muy de veras. Don Jaime te idolatra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no me lo ha declarado? &iquest;Tan t&iacute;midos son en el d&iacute;a los
+caballeros cortesanos que no se atreven a declararse ellos mismos?</p>
+
+<p>&mdash;No le culpes. Don Jaime no peca ciertamente por timidez. &Eacute;l lo explica
+todo de un modo satisfactorio. Dice que una declaraci&oacute;n directa de su
+parte requer&iacute;a mucho m&aacute;s tiempo; no pod&iacute;a ser tan brusca y repentina.
+Era menester espiar la ocasi&oacute;n, preparar tu &aacute;nimo sin valerse de
+precipitados galanteos que tu severidad rechaza, y en tres d&iacute;as, por
+bien que &eacute;l los aprovechara, no cab&iacute;an tantos tr&aacute;mites y preparaciones.
+Por esto me ha buscado a m&iacute;. Anoche, al salir de tu casa, me acompa&ntilde;&oacute;
+hasta la m&iacute;a, y tuvo conmigo una larga conferencia. Bien te lo hab&iacute;a yo
+pronosticado. Le diste flechazo. Est&aacute; loco de amor por ti, y me pide que
+por &eacute;l interceda.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; delirio es ese?&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. &iquest;Lo ha reflexionado D.
+Jaime? &iquest;Sabe que con un coraz&oacute;n como el m&iacute;o no se juega? &iquest;Ha pensado
+bien que yo no puedo ser objeto de un capricho ef&iacute;mero, sino de una
+pasi&oacute;n que decida del porvenir de la vida toda?</p>
+
+<p>&mdash;Si D. Jaime no lo supiera, no hubiera acudido a m&iacute;. Si no hubiese
+formado un prop&oacute;sito para toda la vida, prop&oacute;sito cuya realizaci&oacute;n de ti
+s&oacute;lo depende, no vendr&iacute;a yo a hablarte en su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe D. Jaime que soy pobr&iacute;sima?</p>
+
+<p>&mdash;Conoce con exactitud los bienes que posees.</p>
+
+<p>&mdash;Es singular&mdash;dijo do&ntilde;a Luz&mdash;. Te lo confieso: yo ten&iacute;a de m&iacute; misma y
+de los hombres mucha peor opini&oacute;n. No me sent&iacute;a capaz de inspirar amor
+tan desinteresado a quien la ambici&oacute;n seduce y sonr&iacute;e, halaga la
+fortuna, y quieren y miman en Madrid, a lo que aseguran, las m&aacute;s altivas
+y bellas mujeres. No pensaba yo tampoco que as&iacute;, de repente, pudiese
+enamorarse un hombre con tal desinter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo dudes: don Jaime te ama de esa manera. Dime t&uacute; si le
+correspondes.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; contestar. Mi gratitud es inmensa. Antes de la gratitud,
+antes de que hubiese motivo para tenerla, &iquest;por qu&eacute; ocult&aacute;rtelo? la
+elegancia de don Jaime, su discreci&oacute;n, su fama de valeroso soldado, la
+noble gallard&iacute;a de su persona, todo me inclinaba a quererle bien y
+mucho; pero el recelo de no ser amada sublevaba mi orgullo, y mi orgullo
+ha hecho cuanto es posible para ahogar esta inclinaci&oacute;n naciente.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora que sabes ya lo bien pagada que es tu inclinaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute;
+sientes?, &iquest;qu&eacute; piensas de D. Jaime?</p>
+
+<p>&mdash;Siento y pienso... que no debo dar en seguida un s&iacute; de que tal vez no
+haga &eacute;l mucho aprecio si con tal facilidad le obtiene. Adem&aacute;s, no basta
+ser amada. Es menester pensar en el t&eacute;rmino de estos amores.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hija m&iacute;a! &iquest;Qu&eacute; otro t&eacute;rmino pueden tener sino el de que os case el
+cura?</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto; y eso precisamente me obliga a meditar mucho. Yo soy muy
+rara de car&aacute;cter. No quiero que nadie me ame por conveniencia, y me
+repugna tambi&eacute;n que alguien imagine que la conveniencia influye en el
+amor m&iacute;o. Si yo me casase con D. Jaime, pobre como soy, &iquest;no podr&iacute;a
+alguien imaginar que me excitaban a este enlace el af&aacute;n de salir de
+Villafr&iacute;a e ir a Madrid, la posici&oacute;n del novio, sus grandes esperanzas,
+y hasta las mismas ventajas materiales de que ya goza? &Eacute;l, por otra
+parte, no es rico para nuestra clase, y preveo los apuros, las
+dificultades econ&oacute;micas, la horrible prosa del hogar dom&eacute;stico, sin
+recursos suficientes. Esto me arredra. Y no me arredra por m&iacute;, si
+atiendo s&oacute;lo al bienestar material, sino porque me sonrojo de pensar que
+pueda yo ser causa de que un hombre viva lleno de ahogos. Si &eacute;l se
+quedase conmigo aqu&iacute;, me sacrificar&iacute;a su ambici&oacute;n, su carrera, su
+porvenir. Si &eacute;l me llevase a Madrid en su compa&ntilde;&iacute;a, vivir&iacute;amos muy mal,
+har&iacute;a yo acaso muy triste figura en las sociedades que &eacute;l frecuenta, y
+&iquest;qui&eacute;n sabe si esto le mover&iacute;a a que dejase de amarme? &iquest;qui&eacute;n sabe si
+cansado de m&iacute; acabar&iacute;a hasta por cobrarme odio?</p>
+
+<p>&mdash;Veo que alambicas demasiado y te complaces en atormentarte y en crear
+obst&aacute;culos para lo que m&aacute;s deseas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n te afirma que lo deseo? Yo misma lo ignoro; tengo mis dudas:
+no veo claro en el fondo de mi alma. &iquest;Ser&aacute; la vanidad satisfecha, ser&aacute;
+el pueril contento de verme querida de persona de tanto valer, lo que me
+induce a pensar que yo tambi&eacute;n la quiero? &iquest;Qu&eacute; es amor? &iquest;Es amor esto
+que siento en mi alma y que me lleva hacia ese hombre? Mira, Manuela,
+&iquest;por qu&eacute; no dec&iacute;rtelo todo? Todo esto es tenebroso y confuso. Hay otro
+hombre de cuyos labios estoy pendiente cuando habla, cuyo talento me
+asombra, cuya superioridad intelectual me subyuga, cuyas virtudes me
+llenan de maravilla y de entusiasmo, cuyo fondo de bondad alt&iacute;sima
+percibo claramente all&aacute; en las profundidades de su coraz&oacute;n, y ya sabes
+mi enojo, mi repugnancia a que se piense que ni un solo instante puedan
+confundirse con algo parecido al amor los sentimientos que ese hombre me
+inspira y que yo le inspiro sin duda. Con D. Jaime ocurre lo contrario;
+apenas le conozco; no s&eacute; si es bueno o si es malo; su entendimiento me
+parece de menos quilates, y sin embargo, me siento arrastrada hacia &eacute;l.
+&iquest;Amo acaso en &eacute;l el amor que muestra y que tanto me lisonjea? &iquest;Lo que en
+el otro me repugna, lo que mata el amor es s&oacute;lo el respeto a las leyes
+que le proh&iacute;ben?</p>
+
+<p>&mdash;No te comprendo&mdash;interrumpi&oacute; do&ntilde;a Manolita&mdash;. Ya no eres tan criatura
+que no sepas lo que es amor, ni atines a descubrirle en tu pecho. &iquest;No es
+brioso, bello, valiente, pulcro y discret&iacute;simo D. Jaime? &iquest;No es libre?
+&iquest;No te ama? &iquest;No te da pruebas de amor, decidido, como est&aacute; y como me ha
+dicho, a casarse contigo? &iquest;No es un caballero bien nacido y honrado?
+Pues entonces &iquest;a qu&eacute; todas esas quintaesencias y mara&ntilde;as sutiles con que
+te devanas los sesos? Dile que s&iacute;; &aacute;male; c&aacute;sate con &eacute;l y ver&aacute;s cu&aacute;n
+dichosa eres. Da esperanzas al menos de que le amar&aacute;s, si no quieres dar
+un s&iacute; completo y redondo desde el principio. Con estas esperanzas, &eacute;l lo
+promete, no se ir&aacute; a Madrid y permanecer&aacute; en Villafr&iacute;a. Buscar&aacute; un
+pretexto plausible para no irse. Dir&aacute; que se queda para comprar quince
+aranzadas de olivar, que lindan con las suyas, y para cuya compra est&aacute;
+ya en tratos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que me aconsejas es vulgar; perdona mi crudeza de expresi&oacute;n: es
+feo. Yo no debo dar esperanzas de una cosa de que yo misma no est&eacute;
+segura. Y si estoy ya segura de ello, es artificio rid&iacute;culo ocultarlo y
+dar esperanzas, e ir descubriendo poco a poco mi coraz&oacute;n. Si no amo a D.
+Jaime, no debo enga&ntilde;arle con esperanzas inciertas. Pret&eacute;ndame &eacute;l y trate
+de conquistar mi voluntad y de rendirme, sin que yo le aliente con
+esperanzas. Y si le amo, debo ser franca y dec&iacute;rselo luego, ya que me
+ama &eacute;l. Aunque d&eacute; poca estimaci&oacute;n a un s&iacute; tan f&aacute;cil y tan pronto, debo
+darle ese s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Soy en todo de tu opini&oacute;n. Dale ese s&iacute;: que le oiga de tu boca y ser&aacute;
+el m&aacute;s feliz de los mortales.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;ndo? &iquest;Y de qu&eacute; suerte? No: no le digas nada. Tengo verg&uuml;enza.
+C&aacute;llate; c&aacute;llate por piedad. Que se vaya y me deje tranquila en mi
+retiro.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, mujer, no seas desatinada. &iquest;C&oacute;mo se ha de ir sin contestaci&oacute;n,
+despu&eacute;s del paso que ha dado?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; le contesto, si no s&eacute; qu&eacute; contestarle? &iquest;No crees t&uacute; que va a
+arrepentirse no bien le diga que s&iacute;? &iquest;Crees t&uacute; que me ama de veras, con
+todo el ser de su vida como yo necesito ser amada; como yo le amar&iacute;a si
+me amase?</p>
+
+<p>&mdash;Vaya si lo creo. Sus palabras infunden la creencia en el entendimiento
+m&aacute;s inclinado a dudar. &Oacute;yele, y quedar&aacute;s convencida. Quiero atreverme a
+dec&iacute;rtelo. Por Dios, Luz, no te enojes. No he sabido resistir a sus
+ruegos. Le he tra&iacute;do en mi compa&ntilde;&iacute;a. Est&aacute; aguardando en la cuadra alta.
+Voy a llamarle volando.</p>
+
+<p>Antes de que do&ntilde;a Luz consintiese, su amiga, ligera como una corza,
+hab&iacute;a salido en busca del diputado brigadier.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz no sab&iacute;a lo que le pasaba. Estaba agitad&iacute;sima. Era la primera
+vez que se iba a ver a solas con un joven enamorado, en aquel p&uacute;dico
+retiro, donde hab&iacute;a vivido los m&aacute;s floridos a&ntilde;os de su juventud. Todos
+los vagos ensue&ntilde;os de amor, todas las palabras dulces, todos los regalos
+del alma se ofrecieron de repente a su fantas&iacute;a, no ya cifrados en un
+ser ideal y a&eacute;reo, creaci&oacute;n imaginaria, sino aplicados y consagrados al
+amor de una persona real y llena de vida, cuyas excelentes prendas se
+complac&iacute;a en reconocer y cuyo afecto hacia ella adulaba su orgullo.</p>
+
+<p>La sombra melanc&oacute;lica del P. Enrique cruz&oacute; por su mente,
+entristeci&eacute;ndola. Mir&oacute; la imagen del Cristo muerto y se le antoj&oacute; que se
+parec&iacute;a al P. Enrique. Era de d&iacute;a claro. Entraba el sol por la ventana,
+y sin embargo, sinti&oacute; cierto temblor al mirar el Cristo. Acudi&oacute; a &eacute;l
+precipitadamente y le cubri&oacute; con el otro cuadro.</p>
+
+<p>Como para apartar de s&iacute; toda imagen t&eacute;trica se mir&oacute; entonces al espejo.
+Se vio hermosa, gallarda, toda lozan&iacute;a, juventud y elegancia, y hall&oacute;
+natural, casi forzoso, que D. Jaime la amase.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s pens&oacute; de nuevo en el P. Enrique, pero de otra manera. El mismo
+amor de ella hacia D. Jaime aclarar&iacute;a lo que en su inclinaci&oacute;n hacia el
+Padre pod&iacute;a haber de ocasionado a dudosas interpretaciones. Esto la
+impulsaba a creerse y a sentirse enamorada de D. Jaime. Amando a D.
+Jaime desaparecer&iacute;a a sus ojos todo lo que hubiera podido tener de raro
+su amistad con el misionero. Lo rid&iacute;culo que en aquellas relaciones
+hab&iacute;a cre&iacute;do entrever a veces desaparec&iacute;a ya, y todo se explicaba.</p>
+
+<p>Esta serie de pensamientos pas&oacute; en un instante por el alma de do&ntilde;a Luz.
+Un instante no m&aacute;s fue lo que tard&oacute; D. Jaime en aparecer a la puerta del
+saloncito que do&ntilde;a Manolita hab&iacute;a dejado abierta.</p>
+
+<p>No tuvo D. Jaime que hablar palabra para obtener el permiso de entrar en
+el saloncito. Ella le aguardaba; ella le vio venir y le recibi&oacute; sin
+cumplimientos ni ceremonia.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita se qued&oacute; fuera y D. Jaime entr&oacute; solo.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; precipitadamente donde do&ntilde;a Luz estaba de pie; hinc&oacute; en tierra
+ambas rodillas, y dijo con acento conmovido:</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sabe V. De V. depende mi dicha o mi desdicha. Aqu&iacute; aguardo mi
+sentencia.</p>
+
+<p>Todo discurso m&aacute;s prolijo hubiera sido absurdo en aquella ocasi&oacute;n; toda
+arte vana; toda precauci&oacute;n chocante.</p>
+
+<p>La puerta del saloncito hab&iacute;a quedado de par en par y D. Jaime estaba de
+rodillas a los pies de do&ntilde;a Luz. Se dir&iacute;a que se acababa de entregar a
+discreci&oacute;n, que todo por su parte estaba dicho, y que a ella tocaba s&oacute;lo
+hablar e imponer condiciones.</p>
+
+<p>El orgullo de do&ntilde;a Luz se sent&iacute;a vivamente lisonjeado. Aquel <i>dandy</i>,
+aquel valiente, aquel hombre de porvenir y de carrera, estaba all&iacute;
+postrado ante su hermosura, sin m&aacute;s resorte para tanto rendimiento que
+el repentino y ardiente amor que ella hab&iacute;a sabido inspirarle.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz enmudeci&oacute;: no acert&oacute; a decir palabra alguna; pero en su rostro,
+donde no cab&iacute;a el disimulo y donde se reflejaban todos sus sentimientos,
+se pintaban el j&uacute;bilo, la emoci&oacute;n afectuosa y la agradable sorpresa.</p>
+
+<p>Como tal vez las nieves detienen y con la misma detenci&oacute;n prestan m&aacute;s
+br&iacute;o a la virtud germinal de la primavera, la cual aparece de s&uacute;bito y
+da raz&oacute;n de s&iacute; cubriendo los &aacute;rboles de verdura y los campos de flores,
+as&iacute; el anhelo de amar y todo el ser apasionado del virgen coraz&oacute;n de
+nuestra hero&iacute;na despertaron de repente, reprimidos hasta entonces por la
+prudencia, y como dormidos hasta los veintiocho a&ntilde;os. Do&ntilde;a Luz sinti&oacute;
+nacer en su esp&iacute;ritu la primavera de la vida; oy&oacute; cantar las aves; vio,
+como en espejo m&aacute;gico, el para&iacute;so; aspir&oacute; el perfume embriagador de
+rosas hadadas, y pens&oacute; que se extend&iacute;an por su seno el calor suave y la
+luz dorada de un sol ideal, iluminando y vivificando un mundo bell&iacute;simo,
+reci&eacute;n creado y oculto en su alma.</p>
+
+<p>Temi&oacute; luego que tan rica creaci&oacute;n se desvaneciese, que se disipase como
+si fuera so&ntilde;ada, y exclam&oacute; al fin con extra&ntilde;o candor:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me enga&ntilde;a V.? &iquest;Es cierto? &iquest;V. me ama?</p>
+
+<p>&mdash;Con todo mi coraz&oacute;n&mdash;contest&oacute; D. Jaime tomando la linda mano de do&ntilde;a
+Luz y estampando en ella un beso.</p>
+
+<p>&mdash;No sea V. loco. Lev&aacute;ntese V.&mdash;dijo do&ntilde;a Luz, retirando con suavidad su
+mano de entre las de don Jaime.</p>
+
+<p>&mdash;No me levantar&eacute;&mdash;replic&oacute; &eacute;ste&mdash;, hasta saber si usted me corresponde.</p>
+
+<p>&mdash;D. Jaime, por Dios, &iquest;qu&eacute; quiere V. que yo le diga? Yo no s&eacute; si le amo
+a V.: pero si el contento que me causa el creerme amada y el temor de
+perder esta creencia son s&iacute;ntomas de amor, me parece que le amo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz se sonroj&oacute; como nunca al pronunciar tales palabras, y D. Jaime
+se levant&oacute; mostrando en su semblante la gratitud y la alegr&iacute;a que la
+confesi&oacute;n de do&ntilde;a Luz le causaba.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Deseche V. todo temor, y conserve la creencia de que la amar&eacute; siempre,
+y de que mi amor hacia V. s&oacute;lo puede compararse con el respeto y la
+profunda admiraci&oacute;n que V. merece.</p>
+
+<p>Llegadas a ese punto las explicaciones, y yendo por camino tan llano,
+todo qued&oacute; t&aacute;citamente concertado en aquella entrevista, que dur&oacute;
+poqu&iacute;simo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz estaba turbada y confusa, pero la majestad severa de su rostro
+y ademanes hubiera contenido al amador m&aacute;s audaz.</p>
+
+<p>Don Jaime se crey&oacute; amado, y ni siquiera con otro beso en la mano de do&ntilde;a
+Luz se atrevi&oacute; a manifestar que amaba a su vez, y que estaba agradecido.</p>
+
+<p>En suma, dado el modo de ser de do&ntilde;a Luz, y despu&eacute;s de declarado de
+ambas partes el amor, no hab&iacute;a tr&aacute;mite, ni coloquio tierno a solas, ni
+dilaci&oacute;n que valiera. Las bodas ten&iacute;an que venir a escape.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz era harto vehemente para hablar con serenidad y con frialdad de
+otro cualquiera asunto, y a solas, con el hombre a quien casi acababa de
+decir: te amo; y era tan casta y tan pura, que helaba todo deseo y
+mataba toda esperanza de obtener de ella la m&aacute;s inocente anticipada
+caricia o de adelantarse a hacerla sin exponerse a su enojo.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; el grande embarazo en que se vieron do&ntilde;a Luz y su amante apenas
+se dijeron que se quer&iacute;an. Do&ntilde;a Luz, sobre todo, no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. Se
+sent&iacute;a avergonzada de lo que hab&iacute;a dicho, quer&iacute;a huir de las miradas de
+aquel hombre, y no se resolv&iacute;a a huir, temerosa de que su fuga pareciese
+artificio o rid&iacute;cula puerilidad impropia de una mujer de veintiocho
+a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Por fortuna, do&ntilde;a Manolita presinti&oacute; por instinto aquella situaci&oacute;n
+dif&iacute;cil, y libert&oacute; de ella pronto a su amiga, present&aacute;ndose otra vez en
+el saloncito.</p>
+
+<p>Ya, m&aacute;s tarde, durante el almuerzo, en medio de los convidados, a la
+vista de D. Acisclo y del P. Enrique, y despu&eacute;s de haberse serenado y
+repuesto de la primera emoci&oacute;n, do&ntilde;a Luz habl&oacute; a D. Jaime con reposo; le
+hall&oacute; dispuesto a todo, y como ella no ten&iacute;a padre ni madre a quien
+consultar, ni &eacute;l tampoco los ten&iacute;a, ambos determinaron casarse sin ruido
+ni aparato, y lo m&aacute;s pronto posible.</p>
+
+<p>A fin de no dar parte en seguida, sin que nadie extra&ntilde;ase la
+prolongaci&oacute;n de su estancia en aquel lugar, D. Jaime dijo que se quedaba
+una semana m&aacute;s para ver si compraba el olivar que ten&iacute;a en tratos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a>-XV-</h2>
+
+<h3>Primera traza de un idilio matrimonial</h3>
+
+
+<p>Dif&iacute;cil es tener nada oculto en un pueblo peque&ntilde;o. Todo se sabe en
+seguida, aun cuando importe que no se sepa. La proyectada boda de D.
+Jaime y de do&ntilde;a Luz, que nada importaba que se supiese, no es de
+extra&ntilde;ar, pues, que llegara al punto a noticia de todos en Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>La detenci&oacute;n de D. Jaime se atribuy&oacute; desde luego a su verdadero motivo,
+y nadie juzg&oacute; sino pretexto lo de la compra del olivar.</p>
+
+<p>Aquel caso de amor fulminante y sobre todo aquel tan improvisado
+consorcio, dieron much&iacute;simo que decir, comentar y murmurar.</p>
+
+<p>En los lugares andaluces, nada hay que pasme tanto como una boda
+repentina. Por all&iacute; todo suele hacerse con mucha pausa. En parte alguna
+es menos aceptable el refr&aacute;n ingl&eacute;s de que <i>el tiempo es dinero</i>. En
+parte alguna se emplea con m&aacute;s frecuencia y en la vida pr&aacute;ctica la frase
+castiza y archi-espa&ntilde;ola de <i>hacer tiempo</i>; esto es, de perderle, de
+gastarle, sin que nos pese y aburra su andar lento, infinito y callado.
+Pero donde m&aacute;s se extrema en Andaluc&iacute;a el <i>hacer tiempo</i> es en los
+noviazgos. Contribuye a esto, por un lado, la prudencia que,
+reconociendo lo grave y trascendental del matrimonio, nos aconseja de
+continuo: <i>antes que te cases, mira lo que haces</i>. Y contribuye mucho
+m&aacute;s, por otro lado, que este <i>mirar lo que se hace</i> es sumamente
+divertido; es el mejor modo de matar o de hacer tiempo; es una grata
+ocupaci&oacute;n, que se proporciona quien no tiene ninguna, y que no bien se
+casa se queda sin ella.</p>
+
+<p>De aqu&iacute;, sin duda, los interminables noviazgos de mi tierra, en los
+cuales adem&aacute;s se dan los m&aacute;s bellos ejemplos de firme constancia que
+pueden registrar las historias de amor. Noviazgos hay que empiezan
+cuando el novio est&aacute; con el d&oacute;mine aprendiendo lat&iacute;n, pasan a trav&eacute;s de
+las humanidades, de las leyes o de la medicina, y no terminan en boda
+hasta que el novio es juez de primera instancia o m&eacute;dico titular.
+Durante todo este tiempo, los novios se escriben cuando est&aacute;n ausentes;
+y cuando est&aacute;n en el mismo pueblo, se ven en misa por la ma&ntilde;ana, se
+vuelven a ver dos o tres veces m&aacute;s durante el d&iacute;a, suelen pelar la pava
+durante la siesta, vuelven a verse por la tarde en el paseo, van a la
+misma tertulia desde las ocho a las once de la noche, y ya, despu&eacute;s de
+cenar, reinciden en verse y en hablarse por la reja, y hay noches en que
+se quedan pelando la pava otra vez, y mascando hierro, hasta que
+despunta en Oriente la aurora de los dedos de rosa.</p>
+
+<p>En comprobaci&oacute;n de esto se cuenta de cierto novio antequerano, que al
+fin tuvo que casarse a los ocho a&ntilde;os de ser novio; y que, no bien se
+cas&oacute;, se mostraba afligid&iacute;simo por no saber qu&eacute; hacer de su tiempo. De
+otro novio, natural de Carcabuey, he o&iacute;do yo tambi&eacute;n contar, como
+testimonio de lo arraigada que est&aacute; la idea de que el matrimonio exige
+mucha calma antes de llevarle a cabo, que su futura suegra, considerando
+que su hija llevaba ya trece a&ntilde;os de hablar con aquel novio, sin que
+llegase &eacute;l a pedirla, y que ella se iba ajando y marchitando un poco, se
+resolvi&oacute; a preguntar al novio qu&eacute; intenciones tra&iacute;a. Y habi&eacute;ndose armado
+de resoluci&oacute;n y hecho la pregunta, el novio contest&oacute; muy sorprendido y
+un s&iacute; es no es contrariado:&mdash;&iexcl;V&aacute;lgame Dios, se&ntilde;ora! &iquest;Es esto pu&ntilde;alada de
+p&iacute;caro?</p>
+
+<p>Prevaleciendo y aun privando en Villafr&iacute;a tan sanas doctrinas acerca de
+la longevidad de los noviazgos, ya se har&aacute; cargo el lector del asombro
+que producir&iacute;a aquel arrebato, aquella impremeditaci&oacute;n con que do&ntilde;a Luz
+se decidi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es un escopetazo&mdash;dec&iacute;a uno.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;dec&iacute;a otro&mdash;, todo se comprende bien: si ella aseguraba que no
+pensaba en casarse, era por vanistorio, porque desde&ntilde;aba a los
+lugare&ntilde;os; pero, apenas lleg&oacute; por aqu&iacute; un currutaco de la corte, cay&oacute;
+sobre &eacute;l y le atrap&oacute;, como la ara&ntilde;a atrapa a la mosca.</p>
+
+<p>Los pretendientes desde&ntilde;ados, que antes lo llevaban todo con
+resignaci&oacute;n, dando por supuesto que los consolaba, que los desdenes de
+do&ntilde;a Luz nac&iacute;an de su amor a Dios y al cielo, cuando supieron que do&ntilde;a
+Luz gustaba tanto de la tierra y de otro hombre como ellos, no la
+perdonaron tampoco, y censuraron su ligereza.</p>
+
+<p>&mdash;Se ha echado en brazos del primer venido&mdash;exclamaban&mdash;, sin amor, sin
+estimaci&oacute;n, porque ni el amor ni la estimaci&oacute;n nacen tan de s&uacute;bito. La
+ha seducido el af&aacute;n de ir a brillar en los Madriles.</p>
+
+<p>Hasta la gitana bu&ntilde;olera que se pon&iacute;a a fre&iacute;r y a vender sus bu&ntilde;uelos en
+la esquina de la casa de don Acisclo, gitana muy sentenciosa, llamada la
+Filigrana, m&aacute;s c&eacute;lebre por sus sentencias que el mism&iacute;simo Pedro
+Lombardo, dijo en tono ir&oacute;nico:</p>
+
+<p>&mdash;Do&ntilde;a Luz es una perla oriental, y la perla no repara en el pescador,
+ni en si vale o no vale; lo que pretende es que la pesque y la lleve a
+lucir en el Olen del Oclaye.</p>
+
+<p>No pocas de tales murmuraciones llegaron a los o&iacute;dos de do&ntilde;a Luz; pero
+no hac&iacute;an mella en su coraz&oacute;n. Nada de lo que encerraban en s&iacute; hallaba
+eco en su limpia y tranquila conciencia. Do&ntilde;a Luz era mujer y ten&iacute;a alma
+y sent&iacute;a necesidad de amor. Su amor, sin objeto visible y humano, hab&iacute;a
+estado como aletargado hasta entonces. Un objeto digno se ofreci&oacute; al fin
+a sus ojos, y do&ntilde;a Luz le consagr&oacute; al punto todo su amor. Cada d&iacute;a, cada
+hora que pasaba, afirmaba m&aacute;s a do&ntilde;a Luz en la creencia de que don Jaime
+lo merec&iacute;a. El mismo amor de D. Jaime, la decisi&oacute;n con que le hab&iacute;a
+ofrecido su mano, a ella, desvalida, hu&eacute;rfana y pobre, era la garant&iacute;a
+mejor y m&aacute;s segura.</p>
+
+<p>En cuanto a que ella se casaba por deseo de ir a figurar en Madrid, do&ntilde;a
+Luz re&iacute;a desde&ntilde;osamente al o&iacute;rlo. Do&ntilde;a Luz ten&iacute;a resuelto no ir a Madrid
+mientras pudiera no ir: quedarse en Villafr&iacute;a viviendo en su casa
+solariega; tener all&iacute; su centro, su cuartel general, su nido; cuidar
+desde all&iacute; de sus bienes e irlos mejorando y aumentando; ahogar en su
+alma toda propensi&oacute;n celosa; y, no ya consentir, sino impulsar a su
+marido a que fuese &eacute;l solo a la capital, a brillar en el Congreso de
+Diputados, en las luchas pol&iacute;ticas y en los negocios militares. Do&ntilde;a Luz
+quer&iacute;a imitar en esto a Vitoria Colonna, y esperar a su h&eacute;roe, a su sol,
+a su amante, cuando viniese a reposar en aquel r&uacute;stico asilo, que el
+amor de ella hab&iacute;a de colmar de hechizos y de deleite. No quer&iacute;a, en
+suma, ser para &eacute;l carga gravosa en Madrid, sino descanso, refugio,
+consolaci&oacute;n santa y dulce, en aquella aldea.</p>
+
+<p>En sus amorosos coloquios con D. Jaime, do&ntilde;a Luz desenvolv&iacute;a todo su
+plan. Quer&iacute;a para &eacute;l gloria, poder, influjo en la corte, y esto
+entreverado de una serie de idilios en Villafr&iacute;a, donde ella hab&iacute;a de
+aguardarle, como Armida ben&eacute;fica, cada vez que viniese &eacute;l a reposar en
+sus brazos, cubierto de frescos laureles. Don Jaime pugnaba porque do&ntilde;a
+Luz hab&iacute;a de ir a Madrid con &eacute;l; pero do&ntilde;a Luz lo repugnaba con tama&ntilde;a
+obstinaci&oacute;n, que D. Jaime tuvo que transigir, concertando que por lo
+pronto, esto es, mientras no fuesen ambos mucho m&aacute;s ricos, do&ntilde;a Luz
+continuar&iacute;a residiendo en Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Todo esto era tan po&eacute;tico que de fijo que el lector, pues lo sabe, no ha
+de censurar a do&ntilde;a Luz como la censuraban las gentes de su lugar, sino,
+en todo caso, por lo contrario: por sobrado rara y soberbia; porque
+prefer&iacute;a vivir muchos meses del a&ntilde;o separada de su marido a ser en
+Madrid causa perpetua de dificultades prosaicas y econ&oacute;micas, bastantes
+a dar muerte al amor m&aacute;s robusto.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, trazado as&iacute; con firmeza y por su propia mano el porvenir de su
+vida, no ve&iacute;a en su alma sino motivos de satisfacci&oacute;n y de contento. Su
+ser &iacute;ntimo florec&iacute;a. El dulce anhelo de ser esposa y madre la conmov&iacute;a
+con presentimientos de inefable ternura. Una claridad interior iluminaba
+su mente, beatific&aacute;ndola; y parec&iacute;a que, trasminando a lo exterior,
+irradiaba en su semblante y prestaba a su hermos&iacute;simo cuerpo mayor
+beldad que nunca. As&iacute; como los campos se cubren de lozan&iacute;a al llegar la
+primavera, as&iacute; como el cielo se ti&ntilde;e de p&uacute;rpura y oro cuando el sol va a
+salir, as&iacute; do&ntilde;a Luz se mostraba entonces m&aacute;s gallarda y refulgente.</p>
+
+<p>Su alegr&iacute;a era tan noble, tan generosa y tan confiada, y la expresi&oacute;n
+divina que esta alegr&iacute;a prestaba a su figura gentil era de tal suerte
+simp&aacute;tica, que la censura quedaba desarmada al cabo, y al mirarla,
+ten&iacute;an que bendecirla todos los hombres.</p>
+
+<p>En su &aacute;nimo era casi todo luminoso y alegre. S&oacute;lo quedaba, all&aacute; en lo
+m&aacute;s hondo, un peque&ntilde;o rinc&oacute;n, donde no penetraba bien la luz, y donde,
+de cierta manera confusa, hab&iacute;a como un germen, como una semilla apenas
+perceptible de disgusto y de intranquilidad. Do&ntilde;a Luz, sin darse bien
+cuenta de ello, por instinto salvador, trataba de arrancar aquella
+semilla, de ahogar aquel germen, a fin de que no brotase de &eacute;l la hierba
+ponzo&ntilde;osa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz pensaba en sus an&oacute;malas relaciones con el P. Enrique; en
+aquella amistad viv&iacute;sima, en aquel afecto que siempre le hab&iacute;a mostrado.
+Claro est&aacute; que para do&ntilde;a Luz aquello no pod&iacute;a tener ni remotamente nada
+de com&uacute;n con el amor. Mas, por lo mismo, su afecto hacia el Padre deb&iacute;a
+permanecer, y las demostraciones de este afecto no deb&iacute;an cesar ni
+mitigarse, so pena de que ella se inclinara a creer que eran de la
+propia esencia que lo que daba de su alma al esposo futuro; que hab&iacute;a
+procedido como veleidosa e inconstante; que hab&iacute;a puesto en uno, no lo
+libre, lo intacto, lo jam&aacute;s dado a nadie, que atesoraba sol&iacute;cito su
+coraz&oacute;n, sino algo o mucho de lo que hab&iacute;a antes dado a otro y
+quit&aacute;doselo luego.</p>
+
+<p>As&iacute;, pues, do&ntilde;a Luz se esforz&oacute;, aunque en balde, por estar como siempre
+de afable y cari&ntilde;osa con el P. Enrique. Y, como viese que no pod&iacute;a, como
+viese que del tocarse su alma con la del Padre, ya por la palabra, ya
+por la mirada, cuando antes parec&iacute;a que brotaban calor y magn&eacute;tica
+lumbre, entonces se formaba hielo, se lo explic&oacute; suponiendo que no hay
+br&iacute;o ni vigor en los corazones humanos para varios afectos, y que, donde
+uno impera, los otros caen y desmayan, aunque sean de muy distinta
+condici&oacute;n y naturaleza.</p>
+
+<p>El alma del Padre continuaba siempre para do&ntilde;a Luz clara, di&aacute;fana e
+impenetrable, como la mar profunda que ci&ntilde;e y abraza las costas
+andaluzas. El sol atraviesa muchas capas de agua y todo lo llena de
+claridad; pero, all&aacute; en lo m&aacute;s hondo, se pierde y ofusca la mirada,
+entre iris, reflejos, tornasoles y rel&aacute;mpagos argentinos, y nada se
+distingue con exactitud y fijeza. El Padre no hab&iacute;a cambiado, en
+apariencia al menos. La misma serenidad, la misma dulzura de siempre. No
+se alteraba su voz al hablar de D. Jaime ni con D. Jaime. Al hablar con
+do&ntilde;a Luz, mostraba el Padre la antigua afectuosa benevolencia. Ni una
+palabra donde ni remotamente se sintiese una punta de iron&iacute;a, de pique o
+de despecho.</p>
+
+<p>&laquo;O el Padre tiene sobre s&iacute; propio un dominio inveros&iacute;mil&mdash;pensaba do&ntilde;a
+Luz&mdash;, o no me ha amado jam&aacute;s. Ser&iacute;a de ver que la sospecha de Manuela,
+que yo o&iacute; como injuria llena de maliciosa villan&iacute;a, hubiese sido en el
+fondo una creaci&oacute;n rid&iacute;cula de mi vanidad, que, profundizando bien el
+asunto, me halagaba en vez de enojarme. No; no cabe duda: el bueno del
+P. Enrique me estima; me tiene en alto concepto, merced a su mucha
+indulgencia; me quiere como a pr&oacute;jimo predilecto; pero todo lo dem&aacute;s es
+sue&ntilde;o absurdo; es presumida imaginaci&oacute;n m&iacute;a. Y m&aacute;s vale as&iacute;&raquo;.</p>
+
+<p>Y al terminar do&ntilde;a Luz con estas palabras, suspiraba para desahogarse,
+como quien se quita grave peso de encima.</p>
+
+<p>En otras ocasiones, ansiosa de descargar m&aacute;s a&uacute;n su conciencia, de
+declinar toda responsabilidad, aunque por los raciocinios anteriores se
+hab&iacute;a demostrado a s&iacute; propia que no ten&iacute;a nada de disgustoso de que
+salir responsable, do&ntilde;a Luz iba esfumando en su memoria todos los
+favores que hab&iacute;a hecho al Padre; iba quitando todo valer y
+significaci&oacute;n a las muestras de afecto que le hab&iacute;a dado; y lo iba
+reduciendo todo a las mezquinas proporciones de una amistad fr&iacute;a y
+severa, como la que puede y debe mediar entre un disc&iacute;pulo y un maestro,
+ahuyentando de s&iacute; o borrando cualquier enojoso recuerdo, falso en su
+sentir, hasta de la menor coqueter&iacute;a inconsciente, por parte de ella.</p>
+
+<p>Entre tanto, pasaban los d&iacute;as y se aproximaba el de la boda, que hab&iacute;a
+de ser sin ning&uacute;n aparato.</p>
+
+<p>Don Acisclo y Pepe G&uuml;eto, no obstante, hab&iacute;an hecho un corto viaje a
+Sevilla para comprar regalos a la novia, cada cual seg&uacute;n sus facultades.</p>
+
+<p>El de D. Acisclo fue magn&iacute;fico. Consist&iacute;a en unos pendientes y en un
+broche de brillantes, que le costaron dos mil duros. El de Pepe G&uuml;eto
+fue un brazalete que le cost&oacute; diez mil reales.</p>
+
+<p>Don Jaime hab&iacute;a encargado a Madrid algunas galas y joyas, que deb&iacute;an
+llegar de un d&iacute;a a otro.</p>
+
+<p>Don Jaime mostraba viva impaciencia; parec&iacute;a enamorad&iacute;simo, y trataba de
+apresurar la boda.</p>
+
+<p>Mientras m&aacute;s se acercaba el suspirado d&iacute;a, m&aacute;s tiernos estaban los
+novios; sus coloquios &iacute;ntimos eran interminables: juntos sal&iacute;an a
+caballo, do&ntilde;a Luz en el suyo, y D. Jaime en otro bastante bueno y
+bonito, de la propiedad de D. Acisclo; y tambi&eacute;n iban de paseo a pie, en
+compa&ntilde;&iacute;a de do&ntilde;a Manolita, muy ufana de haber sido la mediadora en
+aquella feliz alianza.</p>
+
+<p>El P. Enrique iba siempre a comer en casa de D. Acisclo, pero alegando
+que ten&iacute;a que escribir o que estudiar, se quedaba a almorzar en su casa,
+donde su criado Ram&oacute;n le preparaba y serv&iacute;a un frugal desayuno.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n de la tertulia de por la noche, o ya se retiraba m&aacute;s temprano
+que de costumbre, o ya se retra&iacute;a el Padre: pero esto no era de
+extra&ntilde;ar.</p>
+
+<p>Don Acisclo y Pepe G&uuml;eto le dieron el ejemplo. Ciertamente que la
+conversaci&oacute;n en voz baja de los novios y su involuntaria abstracci&oacute;n de
+todos los circunstantes no convidaban a otra cosa.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico D. Anselmo iba y ven&iacute;a, permaneciendo poco tiempo en la
+reuni&oacute;n. Ya no disputaba ni sacaba a relucir sus filosof&iacute;as, porque do&ntilde;a
+Luz no prestaba atenci&oacute;n a nada que no fuese D. Jaime.</p>
+
+<p>Resultaba, pues, que la tertulia, tan bulliciosa antes, se hallaba casi
+siempre en cuadro.</p>
+
+<p>Don Acisclo, D. Anselmo, Pepe G&uuml;eto y el Padre se escabull&iacute;an; y
+quedaban solos los novios, en su eterno palique, como dec&iacute;a do&ntilde;a
+Manolita; &eacute;sta, que se resignaba con gusto a hacer el papel de due&ntilde;a; el
+galgo Palomo, que se echaba a los pies de D. Jaime, a quien hab&iacute;a tomado
+mucho cari&ntilde;o por conocer instintivamente el mucho que le ten&iacute;a su ama; y
+a veces el cura D. Miguel, a quien los cuchicheos de los amantes
+produc&iacute;an id&eacute;ntico efecto que los gritos y discursos de los fil&oacute;sofos,
+dej&aacute;ndole gratamente dormido, y so&ntilde;ando quiz&aacute; en el gran papel que le
+tocaba hacer en aquel drama regocijado, cuando echase a los novios las
+bendiciones.</p>
+
+<p>Hu&eacute;rfanos ambos novios de padre y madre, y decididos a que la boda se
+celebrase sin dar parte a nadie y sin ruido, lo concertaron todo tan
+deprisa que ya no les faltaba sino cuatro d&iacute;as para verse casados,
+exentos del cuidado de convidar a nadie de Madrid, y de llamar a amigos
+o a parientes para que asistiesen a la boda en aquel lugar.</p>
+
+<p>Al mismo D. Acisclo, agradeci&eacute;ndole mucho su regalo suntuoso, y las
+intenciones que ten&iacute;a de convidar a toda su parentela, y de dar una
+comilona y un baile, le suplic&oacute; do&ntilde;a Luz que no hiciese nada; que ella
+quer&iacute;a casarse, ya que no en secreto, en silencio.</p>
+
+<p>&mdash;A cencerros tapados&mdash;dijo D. Acisclo, que era muy aficionado a usar en
+sentido metaf&oacute;rico la palabra <i>cencerro</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es: a cencerros tapados&mdash;contest&oacute; do&ntilde;a Luz.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>-XVI-</h2>
+
+<h3>Meditaciones</h3>
+
+
+<p>El P. Enrique, seg&uacute;n hemos apuntado anteriormente, no estaba ocioso: no
+limitaba la actividad de su vida a hablar en la tertulia de D. Acisclo.</p>
+
+<p>En la soledad de su cuarto se pasaba horas y horas leyendo y
+escribiendo.</p>
+
+<p>Como era modest&iacute;simo, no esperaba hacer algo que, dado al p&uacute;blico, fuese
+de gran utilidad, y sin embargo escrib&iacute;a una obra extensa de la que no
+levantaba mano. Era una apolog&iacute;a o nueva defensa del Cristianismo contra
+los ataques de los m&aacute;s flamantes filos&oacute;ficos pante&iacute;stas, positivistas y
+materialistas.</p>
+
+<p>El singular y simp&aacute;tico candor del Padre se revelaba en cada frase de
+este notable escrito. Se dir&iacute;a que todo &eacute;l era, m&aacute;s que un libro de
+pol&eacute;mica, un mon&oacute;logo, o mejor dicho un di&aacute;logo, en que alternaban dos
+voces de la misma alma. Su entendimiento fr&iacute;o, calculador, apartado de
+la fe, propon&iacute;a cuantos argumentos, ya metaf&iacute;sicos, ya hist&oacute;ricos, ya
+tomados de las ciencias de observaci&oacute;n, pueden presentarse contra la
+revelaci&oacute;n sobrenatural, contra la vida inmortal del esp&iacute;ritu y aun
+contra Dios mismo. Y su entendimiento tambi&eacute;n, ilustrado de mayor luz y
+acompa&ntilde;ado y fortalecido por la fe, respond&iacute;a a los argumentos
+susodichos, aquiet&aacute;ndose con la victoria.</p>
+
+<p>All&iacute; nada hab&iacute;a de afectado ni de convencional. Era el ser del Padre,
+que se retrataba fielmente. Se dir&iacute;a que su fe, encerrada en interior y
+fuerte alc&aacute;zar, peleaba contra el humano discurso, que no quer&iacute;a
+destruirla, pero que hac&iacute;a cuantos esfuerzos son conducentes para ello,
+a fin de verla salir vencedora y triunfante de estos esfuerzos mismos.</p>
+
+<p>Desde la venida del diputado D. Jaime, el Padre iba cada d&iacute;a
+deteni&eacute;ndose menos en casa de su t&iacute;o, y por consiguiente quedando m&aacute;s
+tiempo en su estancia solitaria.</p>
+
+<p>La obra, con todo, no cund&iacute;a ni adelantaba por eso. Antes bien, el padre
+escrib&iacute;a en ella menos que nunca. Se sentaba en su bufete; se colocaba
+delante el libro en blanco, donde iba vertiendo sus ideas conforme se le
+ocurr&iacute;an, salvo el ponerlas m&aacute;s tarde en orden seg&uacute;n un plan sabio y
+bien meditado; tomaba la pluma por &uacute;ltimo; pero todo era en balde. No se
+presentaba nada claro y concreto que decir. Un mar de pensamientos y de
+sentimientos se agitaba en su esp&iacute;ritu, como si viniese sobre ellos el
+m&aacute;s violento hurac&aacute;n, baraj&aacute;ndolo y revolvi&eacute;ndolo todo, por donde, en
+vez de una creaci&oacute;n arm&oacute;nica, brotaba el caos tenebroso.</p>
+
+<p>De esta suerte, despu&eacute;s de soltar la pluma, los codos sobre la mesa, la
+diestra en la mejilla, se pasaba el Padre largas horas sin escribir y
+sin hacer nada. Otras veces andaba por el cuarto a largos pasos. Otras
+se echaba en un sill&oacute;n y se cubr&iacute;a el rostro con las manos. Jam&aacute;s se
+hab&iacute;a sentido tan inactivo, tan incapaz y tan infecundo.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a cerr&oacute; con despecho el volumen en que iba escribiendo sus apuntes,
+y se puso a escribir en hojas sueltas. La inspiraci&oacute;n entonces vino sin
+duda en su auxilio. La pluma corri&oacute; precipitada como si el torrente de
+ideas que ten&iacute;a que verter le imprimiera un movimiento extraordinario.</p>
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute; raro hechizo hallaba el Padre esta facilidad para escribir en
+hojas sueltas, cuando tan premioso estaba para escribir en el libro? El
+hechizo no estaba en el libro ni en las hojas sueltas, sino en el
+asunto.</p>
+
+<p>El Padre se acababa de decidir a escribir sobre otro, que singularmente
+le importaba, que le preocupaba hac&iacute;a tiempo, que pesaba sobre &eacute;l, y del
+que era menester desahogarse. Por esto la pluma corr&iacute;a.</p>
+
+<p>El padre estaba fijando en el papel lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de su alma.</p>
+
+<p>&laquo;No basta&mdash;escrib&iacute;a&mdash;, &iexcl;oh mi Dios!, que yo me confiese contigo. &iquest;Qu&eacute;
+tinieblas no penetras T&uacute; con tu claridad? &iquest;En qu&eacute; abismo no se hunde tu
+mirada? T&uacute; lo sabes todo. Nada tengo que decirte. S&oacute;lo debo pedirte
+perd&oacute;n. Pero el peso de este misterio de mi alma me abruma, mientras sin
+tomar forma, sin revestirse de la palabra, vive en mi centro,
+conoci&eacute;ndole t&uacute; solo. Es indudable: aun prescindiendo de la virtud
+sagrada del sacramento, la confesi&oacute;n es un manantial de consuelos; es,
+cuando menos, un alivio. Confesar a alguien nuestra pena, nuestra
+humillaci&oacute;n o nuestro pecado, es compartirlo todo con &eacute;l. Pero &iquest;a qu&eacute;
+semejante m&iacute;o podr&iacute;a yo confesarme? Los amigos, los sabios directores de
+mi conciencia, aquellos en quienes yo me confiaba, est&aacute;n muy lejos, all&aacute;
+en los mares e islas del extremo Oriente. Es verdad que todo sacerdote
+sentado en el tribunal de la penitencia, investido por Dios mismo de la
+facultad de sentenciar y de absolver, recibe por gracia lo que a veces
+por naturaleza no ha recibido: bastante lucidez de esp&iacute;ritu para
+comprenderlo todo. Y sin embargo, yo no me decido a confesarme con este
+excelente y benigno D. Miguel. &iquest;Qu&eacute; le voy a decir? &iquest;Tengo algo de
+terminante y de bien calificado? &iquest;Hay infracci&oacute;n clara de los
+mandamientos divinos que constituya mi culpa? Mi culpa es grave,
+grav&iacute;sima, y no obstante, yo no puedo declar&aacute;rsela a D. Miguel sin
+referir pormenores, sin aludir a personas, sin comprometer a alguien a
+quien no tengo derecho a comprometer. Yo puedo echarme a los pies de
+este buen sacerdote, y decirle que soy soberbio, envidioso, impuro, y
+pedirle que me castigue y luego me perdone; pero lo &iacute;ntimo de mi falta
+quedar&aacute; por confesar: es por mil razones inenarrable para &eacute;l.</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Es por esto mi confesi&oacute;n imposible? En cierto modo, yo puedo aliviarme
+del peso que me fatiga, sac&aacute;ndole fuera de mi alma, encaden&aacute;ndole en la
+palabra escrita, aunque nadie la lea. La palabra es don divino, y posee,
+entre mil otras virtudes, una admirable energ&iacute;a consoladora. Lo que se
+fija y encierra en letras, queda all&iacute; como preso y atado, y no lastima y
+destroza tanto el coraz&oacute;n como lo que persiste en &eacute;l inefable e informe.
+Adem&aacute;s, para conocerme mejor, para ver mi mal, conviene present&aacute;rmele de
+una manera distinta. El aspecto exterior, nuestro semblante, &iquest;c&oacute;mo verle
+sin que en un espejo se refleje? As&iacute; el alma, as&iacute; las heridas que en
+ella hay, aunque duelan, aunque aflijan, no se comprenden, no se
+perciben por completo, cuando quedan confusas en el fondo del alma
+misma, y no se expresan y declaran en el lenguaje humano. Quiero, pues,
+estudiarme con valor, romper o desatar la venda o compresa que las
+cubre, y catar yo mismo mis heridas.</p>
+
+<p>&raquo;Obra de Dios es la hermosura. Mas no acusemos a Dios del uso que puede
+darse a su obra. Fabrica el alfarero un vaso primoroso, y no es
+responsable del veneno que luego se deposita en &eacute;l y que tal vez apura
+hasta las heces nuestro sediento labio.</p>
+
+<p>&raquo;Ella es hermosa de alma y de cuerpo. Sus ojos, azules como el cielo, no
+revelan sino ideas y sentimientos llenos de limpia honestidad. No puedo
+acusarla de la menor provocaci&oacute;n, ni siquiera instintiva y por ella
+ignorada. Ni reflecci&oacute;n traidora, ni ciego instinto hubo jam&aacute;s en ella
+de perderme. Y esto fue la causa de mi perdici&oacute;n. Contra los efectos de
+aquella reflecci&oacute;n o de aquel instinto de sobra hubiera yo acertado a
+precaverme. Ni siquiera hubiera yo tenido que tomar precauci&oacute;n alguna.
+Conocido el intento, patente a mis ojos el enga&ntilde;o, me hubiera disgustado
+en lugar de atraerme. Su propia inocencia, su candidez pur&iacute;sima ha sido,
+pues, como agudo pu&ntilde;al con que ella ha traspasado mi coraz&oacute;n. Crey&eacute;ndome
+ella todo de Dios, poseedor de sus favores, vidente de sus perfecciones,
+regalado y deleitado con sus dulzuras, ni pudo recelar extrav&iacute;o, ni
+quiso presumir con soberbia que por ella hubiera yo de olvidarme de
+Dios. Por eso me mostr&oacute; la beldad interior de su alma en toda la
+desnudez inocente y casta de quien nada teme. Me abri&oacute; su coraz&oacute;n, y me
+dej&oacute; entrar en lo &iacute;ntimo de su conciencia, y yo me embriagu&eacute; con su
+aroma.</p>
+
+<p>&raquo;Un plan astuto, h&aacute;bilmente forjado por mi pasi&oacute;n, madur&oacute; en mi
+pensamiento, mostr&aacute;ndose como exento de pecado. Para forjar este plan,
+me apoy&eacute; en las condiciones de su car&aacute;cter y en las circunstancias de
+que la rodeaba la ciega fortuna. &iquest;A qui&eacute;n hab&iacute;a de amar ella en estos
+lugares? Si hasta los veintiocho a&ntilde;os hab&iacute;a vivido sin prendarse de
+hombre alguno &iquest;no era probable, casi evidente, que vivir&iacute;a ya de la
+misma manera el resto de su vida? Todo aquel br&iacute;o de voluntad, todo
+aquel tesoro de amor que yo descubr&iacute;a en su pecho, todos aquellos
+pensamientos elevados y generosos que agitaban su mente, todas aquellas
+aspiraciones sin nombre, infinitas, divinas, que germinaban en su
+esp&iacute;ritu, en perenne primavera ideal, todas aquellas flores celestiales,
+nacidas en el huerto sellado de su fantas&iacute;a y cultivadas con esmero por
+su recto juicio, propenso por naturaleza, educaci&oacute;n y gracia, a lo santo
+y puro &iquest;a qui&eacute;n hab&iacute;a ella de dedicarlos y consagrarlos? A Dios, y nada
+m&aacute;s que a Dios, pens&eacute; yo. Pero, con intenci&oacute;n ego&iacute;sta, confes&aacute;ndola
+apenas, concert&eacute; luego conmigo mismo en ser yo el medio por donde tanto
+bien volviese a Dios, de donde hab&iacute;a provenido.</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Qui&eacute;n sino yo pod&iacute;a comprenderla en este lugar, entre gente zafia y
+villana? &iquest;Qui&eacute;n ordenar y aclarar sus vagos ensue&ntilde;os? &iquest;Qui&eacute;n interpretar
+los enigmas? &iquest;Qui&eacute;n se&ntilde;alarle el blanco adonde importaba dirigir
+oraciones y suspiros, para que no fuesen como mal disparadas saetas que
+se pierden en el aire y acaban por dar en tierra, sin llegar a herir
+dicho blanco? &iquest;Qui&eacute;n acabar de abrir a su raz&oacute;n, ansiosa de verdad, el
+recinto misterioso de las m&aacute;s sublimes doctrinas? &iquest;Qui&eacute;n declararla el
+por qu&eacute; y el c&oacute;mo de las cosas, hasta donde es posible saberlo? &iquest;Qui&eacute;n
+servir de gu&iacute;a a su esp&iacute;ritu en sus vuelos audaces, cuando sub&iacute;a por
+cima de todo lo natural y creado, anhelante de tocar a la inaccesible,
+eterna e inexhausta fuente de donde mana? En suma, yo me lisonje&eacute; de ser
+su maestro, su amigo, el depositario de sus ideas, el que oyese,
+moderase y avivase o templase a su placer las palpitaciones profundas de
+su coraz&oacute;n entusiasta. Todo el raudal de amor que de &eacute;l brotaba y que
+iba a ti, Dios m&iacute;o, no, jam&aacute;s pens&eacute; en rob&aacute;rtele y guardarle para m&iacute;;
+pero pens&eacute; con ego&iacute;smo en abrir cauce en mi esp&iacute;ritu a aquel claro,
+impetuoso y cristalino torrente, a fin de que llegara por &eacute;l a su
+centro. Nunca so&ntilde;&eacute; con ser el t&eacute;rmino de la carrera del raudal, sino con
+ser el camino por donde sus limpias ondas se fueran derivando,
+hermoseando el camino al paso, y reflejando en &eacute;l el cielo sereno y
+todas las galas de la tierra, con m&aacute;s primor en el reflejo y con mil
+veces mayor hechizo que en la realidad misma.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Qu&eacute; bien me has castigado, Dios m&iacute;o! &iexcl;Qu&eacute; bien me has castigado! Pero
+si en el castigo venero y acato tu justicia, te doy gracias por tu
+misericordia. &iquest;Qu&eacute; no merec&iacute;a yo por mi delito? Mi indigno c&aacute;lculo ha
+sido desbaratado; mi insano sofisma se ha vuelto contra m&iacute;: yo mismo he
+quedado envuelto en la red cautelosa que hab&iacute;a tendido.</p>
+
+<p>&raquo;Harto lo reconozco ahora. La concupiscencia del esp&iacute;ritu es la peor de
+las concupiscencias. Repugna por anti-natural. No la aten&uacute;a la
+consideraci&oacute;n de que nuestra sangre est&aacute; viciada. No es vicio, en quien
+el vigor y la salud del cuerpo, si no hermosean, mitigan la fealdad. Es
+pecado pasado por alambique: extracto, esencia, refinamiento espantoso
+de lascivia.</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Y c&oacute;mo estaba yo tan ciego para no verlo y horrorizarme? Yo lo cre&iacute;a
+todo et&eacute;reo, sant&iacute;simo, limp&iacute;simo. Hasta ha habido instantes de
+obcecaci&oacute;n, en que la he culpado, en que la he tildado de inconsecuente,
+de falsa, de perjura, de infiel.... &iexcl;Cielos santos! &iexcl;Qu&eacute; frenes&iacute; fue el
+m&iacute;o! Ella no me prometi&oacute; nada; ella no se lig&oacute; conmigo por lazo alguno.
+Ella me amaba antes como ahora me ama. No, no ha habido mudanza en ella.
+Si ella hubiera visto antes lo que yo ten&iacute;a en el pecho, no hubiera sido
+menester que llegase D. Jaime para que se apartase de m&iacute; con horror. Yo
+mismo no lo ve&iacute;a antes. Ahora lo veo y me horrorizo. Abominables
+sentencias, infames prop&oacute;sitos, conjuros del infierno, estaban grabados
+en mi pecho, como en l&aacute;mina de bronce, pero con tinta invisible, que
+s&oacute;lo el reactivo de los celos ha hecho patente para mi verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>&raquo;El cielo ha humillado mi soberbia. Yo me estimaba en m&aacute;s, en much&iacute;simo
+m&aacute;s de lo que soy. Mis trabajos, mis penitencias, mis largas y
+peligrosas peregrinaciones y misiones se me figuraba que hab&iacute;an ganado
+para m&iacute; el favor del cielo; que hab&iacute;an revestido este pecho mortal de un
+escudo, de una coraza diamantina, que me hab&iacute;a hecho invulnerable. Yo
+so&ntilde;&eacute; que hab&iacute;a ahogado en el inmenso pi&eacute;lago del amor divino todos los
+otros amores terrenales y caducos. Yo me figur&eacute; que ya no podr&iacute;a amar
+nada, ni a nadie, sino por el amor de Dios. Cre&iacute; que toda beldad
+perecedera, que toda bondad de las criaturas, que toda gracia, que toda
+luz, no ser&iacute;a a mis ojos sino reflejo d&eacute;bil y fr&iacute;o de la beldad, de la
+bondad, de la gracia y de la luz eternas, cuyos fulgores imaginaba
+entrever, en cuyas llamas me complac&iacute;a en sentir ardiendo mi coraz&oacute;n.
+&iexcl;C&oacute;mo me adulaba el esp&iacute;ritu tentador a fin de hacerme caer! &iexcl;Cu&aacute;n
+astutamente me enga&ntilde;aba! &iexcl;Cu&aacute;n ciega confianza fue la m&iacute;a al principio!
+As&iacute; como h&aacute;bil jardinero, si descubre entre malezas una planta
+nobil&iacute;sima, la lleva a su jard&iacute;n y la cultiva con af&aacute;n para que todo
+vicio contra&iacute;do entre las malezas acabe, y para que, merced a su cuidado
+prospere la planta y d&eacute; al fin lindas y arom&aacute;ticas flores y sabrosos
+frutos; as&iacute; yo, al hallar la bella alma de esta mujer, henchido de
+fatuidad, me propuse mejorarla, hermosearla m&aacute;s, purificarla de todo
+defecto y hacerla florecer y fructificar abundosamente en virtudes,
+conocimientos y perfecciones. Esto es lo que a las claras me suger&iacute;a el
+infierno; esto es lo que s&oacute;lo me confesaba yo a m&iacute; propio; pero, all&aacute; en
+el fondo de mi contaminado esp&iacute;ritu bull&iacute;an otras ideas, herv&iacute;an otros
+prop&oacute;sitos, como nido de v&iacute;boras cubierto de hierbas medicinales. Hoy
+s&oacute;lo me incumbe alabar a Dios por el desenga&ntilde;o, y agradecer a don Jaime
+que, apartando esas hierbas, haya inquietado a las v&iacute;boras en su nido y
+haya hecho que yo las vea y las sienta y procure arrojarlas de mi pecho,
+aunque para ello sea menester hacerle pedazos.</p>
+
+<p>&raquo;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, si est&aacute;s en mi alma, si no la has abandonado, acude
+a mi voz y consu&eacute;lame y perd&oacute;name. &iquest;Qu&eacute; vale ella, qu&eacute; vale toda su
+hermosura, toda la lozan&iacute;a de su mocedad, toda la noble altivez de su
+mirada, todo el ritmo de su forma, toda la gracia de sus movimientos, si
+acierto a volver de nuevo mi mente y mi voluntad hacia ti, en quien no
+hay excelencia, beldad y gracia que no se cifren y resuman?</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;Por qu&eacute; pusiste, Dios m&iacute;o, esta sed inextinguible de amor en el centro
+del alma? Sin duda para que en lo divino se hartara. Pero, bien lo sabes
+t&uacute;: yo te he buscado en el centro del alma, y, si por dicha te hall&eacute;,
+fue s&oacute;lo entre tinieblas, vago, indeterminado, confuso. As&iacute; te he amado
+sobre todas las cosas. As&iacute; me he abrazado estrechamente contigo. Yo he
+cre&iacute;do ver la gloria y esplendor de tus atributos, y te he amado y
+alabado.... &iquest;Por qu&eacute;, pues, no me mostraste con nitidez tu beldad, en la
+pura idea, all&aacute; en lo hondo del pensamiento m&iacute;o? &iquest;Por qu&eacute; esta beldad,
+reflejo tuyo, ha hecho su aparici&oacute;n deslumbradora, lejos de ti y fuera
+de m&iacute;, hiriendo lo profundo de mi ser, no de un modo inmediato y
+espiritual, sino por medio de los sentidos groseros?</p>
+
+<p>&raquo;Perd&oacute;name, Se&ntilde;or. Mil blasfemias brotan de mi pluma. El pecador
+indigno, que debe dar estrecha cuenta de sus acciones, quiere mover
+pleito a tu bondad y apelar de tu justicia. Pero t&uacute; sabes cu&aacute;nto
+padezco, y me compadeces y tal vez me perdonas. T&uacute; llenabas antes mi
+alma. La vi, me alucin&eacute;, y ella llen&oacute; mi alma en el lugar tuyo. Hoy,
+cuando ella me abandona, el vac&iacute;o, el abismo y la soledad que siento me
+aterran.</p>
+
+<p>&raquo;Pensamientos imp&iacute;os nacen en m&iacute;. Veo patente la inmensidad, la
+omnipotencia del amor, &uacute;nico fin de la vida. A ti mismo, s&oacute;lo con amor y
+por amor se llega; pero la duda me desespera y atribula. Dudo de que
+pueda mi ser finito satisfacer su amor enlaz&aacute;ndose a un ser infinito,
+que ni cabe en su entendimiento ni su raz&oacute;n comprende. El amor aspira a
+Dios; pero &iquest;c&oacute;mo alcanzarle? La fe me da alas para llegar hasta ti; pero
+tengo perdida la esperanza, y las alas se rompen. Dej&eacute; de tender el
+vuelo hacia ti. Quise confundir mi alma con la de ella, para que unidas
+fu&eacute;semos ambas almas en busca tuya. Y ella me ha dejado. Mi alma est&aacute;
+sola, en la tenebrosa regi&oacute;n del &eacute;ter, en el vac&iacute;o insondable y fr&iacute;o,
+sin astro que le d&eacute; luz ni calor, lejos de todos los soles, m&aacute;s lejos
+a&uacute;n de donde t&uacute; moras. Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; ser&aacute; de mi alma?</p>
+
+<p>&raquo;Hubo en mi afecto por esta mujer una serenidad y una limpieza harto
+enga&ntilde;osas. Me la fing&iacute; et&eacute;rea, fant&aacute;stica; intangible, como deben ser
+los &aacute;ngeles; inasequible, durante la vida mortal, como es el cielo. Hoy,
+cuando pienso que va a caer en brazos de un hombre, en balde lucho por
+apartar de m&iacute; las im&aacute;genes que mi fantas&iacute;a me traza y presenta. Antes
+cre&iacute;a admirarla con un sentimiento a manera del sentimiento del arte,
+desinteresado, exento de fin y de utilidad y de deleite, que en &eacute;l no
+estuviera. Y hoy veo que sus labios piden besos y los van a dar, y que
+todo su gallardo cuerpo no est&aacute; s&oacute;lo destinado a la especulativa
+contemplaci&oacute;n, con la inm&oacute;vil e impasible tranquilidad de la estatua,
+sino a que el alma enamorada palpite y se estremezca en todo &eacute;l
+haci&eacute;ndole mil veces m&aacute;s bello y deseable.</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Qu&eacute; envidia! &iexcl;Qu&eacute; ira! &iexcl;Qu&eacute; tempestad de malas pasiones
+conmueve mi coraz&oacute;n! &iquest;Por qu&eacute; no acabas con mi infame y miserable vida?
+&iexcl;Ay!... la muerte... la muerte... antes de que llegue el d&iacute;a en que se
+casen&raquo;.</p>
+
+<p>El escritor tranquilo y cr&iacute;tico procura poner y cuando tiene habilidad
+pone en sus escritos lo mejor de su alma.</p>
+
+<p>All&iacute; se mira &eacute;l luego, y se deleita mirando su interior belleza. Por el
+contrario, el escritor apasionado se alivia escribiendo, como si lanzase
+fuera de s&iacute; la ponzo&ntilde;a que le corroe y mata.</p>
+
+<p>Escritor de esta &uacute;ltima clase, en la presente ocasi&oacute;n, el P. Enrique
+deposit&oacute; en el papel, con el desorden que hemos visto, sus m&aacute;s negros y
+envenenados pensamientos. Hizo luego un violento esfuerzo sobre s&iacute;, y se
+qued&oacute; relativa y aparentemente tranquilo.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a colgado de la pared un Cristo de marfil, clavado en una cruz de
+&eacute;bano, y de rodillas ante &eacute;l, rez&oacute; y pidi&oacute; perd&oacute;n de sus pecados y de
+las blasfemias y maldades que acababa de escribir a fin de libertarse de
+ellas y de no volver a pensar en ellas, si era posible. El Padre ped&iacute;a a
+Dios un milagro: olvidarla, dejar de amarla, que Dios hiciese de suerte
+que &eacute;l viniese a entender que no era a do&ntilde;a Luz a quien hab&iacute;a amado,
+sino a un fantasma parecido a do&ntilde;a Luz, cuyo bulto nebuloso se sustra&iacute;a
+a todo abrazo corporal, cuyo coraz&oacute;n no lat&iacute;a m&aacute;s vivo al sentirse
+estrechado por otro, cuyos labios no besaban ni ced&iacute;an comprimidos por
+los besos de otros labios, y cuyos pies, en suma, no tocaban este bajo
+suelo.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, o ya por dolor de que no cupiera en lo probable
+tan raro milagro, o ya por fervor religioso que suavizaba sus amargas
+penas, el P. Enrique verti&oacute; dos l&aacute;grimas que bajaron con lentitud por
+sus mejillas descarnadas.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, como hombre acostumbrado a vencerse, con gran dominio sobre s&iacute;,
+y en extremo vergonzoso de todo acto que ofendiese la dignidad de su
+persona, el Padre se calm&oacute;, compuso su semblante, procur&oacute; darle la
+expresi&oacute;n habitual, y empez&oacute; desde entonces a trabajar para aparecer
+impasible y sereno hasta el mismo instante en que do&ntilde;a Luz y D. Jaime se
+diesen el s&iacute; al pie del altar y recibiesen la bendici&oacute;n del sacramento
+que para siempre hab&iacute;a de unirlos.</p>
+
+<p>Lo escrito en las hojas sueltas lo guard&oacute; el Padre dentro del libro de
+la nueva apolog&iacute;a, y lo encerr&oacute; bajo llave en el caj&oacute;n de su bufete.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>-XVII-</h2>
+
+<h3>La boda</h3>
+
+
+<p>Don Jaime, entre tanto, hab&iacute;a tra&iacute;do para la novia un hermoso traje, y
+collar y pendientes y broche muy ricos de diamantes y perlas. Do&ntilde;a Luz
+no pudo menos de reprenderle por esto. Tild&oacute; su excesiva generosidad de
+desatino, de imprevisi&oacute;n y de censurable despilfarro. Ella misma sinti&oacute;
+como remordimientos de ser causa de aquel gasto ruinoso; pero los
+remordimientos de do&ntilde;a Luz iban mezclados con una dulzura grand&iacute;sima, al
+reconocer ella en aquel gasto la m&aacute;s irrefragable prueba de amor. Las
+censuras severas, que su buen juicio le dictaba, sal&iacute;an de sus labios
+neutralizadas ya por la sonrisa y por la blanda languidez del acento con
+que las profer&iacute;a, y acababan de perder todo su valor, convirti&eacute;ndose en
+apasionadas muestras de gratitud, merced a las miradas cari&ntilde;osas con que
+las acompa&ntilde;aban sus ojos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz distaba mucho de ser vana, y distaba m&aacute;s a&uacute;n de ser codiciosa.
+No la mov&iacute;a el inter&eacute;s; no la deslumbraba el brillo del oro y de la
+pedrer&iacute;a. Lo que la encantaba era la locura misma que D. Jaime hac&iacute;a por
+ella, el desprendimiento generoso y el sacrificio desmedido que
+representaba aquel regalo, en proporci&oacute;n a la fortuna de D. Jaime.</p>
+
+<p>El regalo, pues, si ya no hubiese estado do&ntilde;a Luz tan prendada, hubiera
+acabado de enamorar y seducir su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, que se cre&iacute;a dotada de un instinto infalible para adivinar por
+el rostro la &iacute;ndole de las personas, hab&iacute;a fallado desde luego que D.
+Jaime era franco y generoso. El regalo la corrobor&oacute; en su buen concepto.</p>
+
+<p>Don Acisclo, cauteloso y prudente, no bien hab&iacute;a sabido que do&ntilde;a Luz
+trataba de casarse, aunque conoc&iacute;a con certeza el nacimiento, la
+posici&oacute;n y los bienes de D. Jaime, propuso a do&ntilde;a Luz que &eacute;l pedir&iacute;a
+informes acerca de la conducta del novio. En sentir de D. Acisclo, era
+menester saber si en Madrid hab&iacute;a dejado relaciones amorosas, si era
+jugador o calavera, si ten&iacute;a alg&uacute;n hijo natural y otros pormenores por
+el estilo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz contest&oacute; que le indignaba tal espionaje; que su amor a don
+Jaime era la mayor garant&iacute;a del valor de D. Jaime: que si ella dudase de
+&eacute;l no le amar&iacute;a; y que am&aacute;ndole, ella misma se ultrajaba, dudando de &eacute;l.</p>
+
+<p>Don Acisclo oy&oacute; estas y otras razones que le parecieron enrevesados y
+absurdos tiquis-miquis; no hizo de ellos el menor caso; y escribi&oacute; y
+pidi&oacute; informes a varios sujetos muy conocedores de todo en Madrid. Los
+sujetos respondieron concordes que D. Jaime era un var&oacute;n discreta y
+altamente morigerado; que no ten&iacute;a ni hab&iacute;a tenido relaciones que le
+comprometiesen; que no jugaba, o que si jugaba, no perd&iacute;a; y, en cuanto
+a los hijos, que lo &uacute;nico que pod&iacute;an asegurar es que no habr&iacute;a ninguno
+que pidiese a don Jaime que le reconociera por tal, d&aacute;ndole su nombre,
+pues ya ellos, si exist&iacute;an, tendr&iacute;an el suyo cada uno.</p>
+
+<p>Se guard&oacute; muy bien D. Acisclo, aunque palurdo, de referir a do&ntilde;a Luz, en
+todas sus c&iacute;nicas menudencias, el resultado de sus investigaciones; pero
+no quiso ocultarle que las hab&iacute;a hecho, y, lleno de j&uacute;bilo, se complaci&oacute;
+en declarar a do&ntilde;a Luz que casi hab&iacute;a venido a averiguar que D. Jaime
+era un dechado de virtudes.</p>
+
+<p>Lleg&oacute;, por fin, el d&iacute;a en que se celebr&oacute; la boda sin el menor aparato.
+El cura D. Miguel cas&oacute; a do&ntilde;a Luz y a D. Jaime. S&oacute;lo fueron testigos o
+se hallaron presentes D. Anselmo, Pepe G&uuml;eto y su mujer, don Acisclo y
+dos de sus hijos, un &iacute;ntimo amigo de don Jaime, venido para ello de la
+corte, coronel de caballer&iacute;a, y llamado D. Antonio Miranda, y los
+criados de la casa de D. Acisclo.</p>
+
+<p>El P. Enrique fue tambi&eacute;n testigo de la boda. Su fuerza de voluntad
+triunf&oacute; de todos los obst&aacute;culos. Estuvo impenetrable. Nadie hubiera
+podido sospechar que aquel tranquilo y alegre testigo de la boda era el
+mismo que hab&iacute;a escrito, pocos d&iacute;as antes, las apasionadas palabras que
+ya hemos le&iacute;do.</p>
+
+<p>El P. Enrique no se olvid&oacute; de nada. Habl&oacute; a do&ntilde;a Luz con el mismo afecto
+de siempre y a D. Jaime con la m&aacute;s amable cordialidad.</p>
+
+<p>No quiso tampoco ser menos que Pepe G&uuml;eto y do&ntilde;a Manolita, dejando de
+hacer un presente. Sus medios no alcanzaban para comprar joyas, ni &eacute;l
+las pose&iacute;a; pero conservaba a&uacute;n, a pesar del regalo hecho a D. Acisclo
+cuando vino de Filipinas, varias armas japonesas, chinescas e indias,
+con las cuales se pod&iacute;a formar una bella panoplia, y un extra&ntilde;o &iacute;dolo de
+bronce que representaba al dios Siva. Este fue el presente que hizo el
+padre Enrique a don Jaime para que adornase su despacho.</p>
+
+<p>El P. Enrique se hab&iacute;a venido a vivir en casa de su t&iacute;o la v&iacute;spera de la
+boda, dejando libre la casa de do&ntilde;a Luz, donde &eacute;sta se fue a vivir con
+su marido en cuanto se cas&oacute;.</p>
+
+<p>La luna de miel empez&oacute; entonces para do&ntilde;a Luz, no menos dulce y m&aacute;s por
+lo sublime que la de su amiga do&ntilde;a Manolita. Con el trato y la
+convivencia, lejos de menguar la estimaci&oacute;n que ten&iacute;a ella a don Jaime,
+se aument&oacute; de continuo, descubriendo do&ntilde;a Luz en su marido o creyendo
+descubrir nuevas prendas de entendimiento y de car&aacute;cter.</p>
+
+<p>Sea efecto de la educaci&oacute;n o de la naturaleza, lo cierto es que mientras
+al hombre, por lo general, le enoja saber que su mujer, su novia o su
+querida ha tenido otros amores, a la mujer le encanta y enamora m&aacute;s
+saber que su marido o su amante los tuvo. Y esto por recatada que ella
+sea y por celosa que se muestre. En una mujer son las prendas que m&aacute;s
+las honran la honestidad y el recato; en un hombre el entendimiento y el
+valor. De aqu&iacute; que hasta la doncella m&aacute;s religiosa y moral, lejos de
+mostrar repugnancia por su futuro cuando entrev&eacute; que ha sido hombre de
+las que llaman ahora <i>buenas fortunas</i>, se entusiasma, se encapricha o
+se apasiona m&aacute;s por &eacute;l.</p>
+
+<p>Las tales <i>buenas fortunas</i> dan testimonio para ella del m&eacute;rito del
+gal&aacute;n que tan amado ha sido; prestan mayor valor a que el gal&aacute;n se haya
+enamorado de ella, pues que la ha preferido entre muchas a quienes pod&iacute;a
+rendir o ten&iacute;a ya rendidas; y hasta parece como que da a ella una misi&oacute;n
+alta y moralizadora y lisonjera, a saber: la de apartar a su amante, en
+virtud de superiores y m&aacute;s puros atractivos, de la senda algo extraviada
+que antes segu&iacute;a, de darle la jubilaci&oacute;n en su empleo de seductor y de
+travieso, y de convertirle en inofensivo, sosegado y juicioso padre de
+familia.</p>
+
+<p>La buena educaci&oacute;n, las leyes r&iacute;gidas del decoro, las que se designan
+con el nombre o frase francesa de <i>conveniencias sociales</i>, no
+consienten que un gal&aacute;n se jacte de sus pasadas conquistas ante la mujer
+honrada a quien pretende o a quien ya enamora y posee; pero estas
+conquistas, no reveladas por &eacute;l y sabidas por ella, contribuyen
+extraordinariamente a que el amor de ella suba de punto. El haber sido
+feliz en amores es y ha sido siempre para el hombre el medio m&aacute;s eficaz
+de seducci&oacute;n. Y esto desde los tiempos heroicos y primitivos hasta
+nuestros d&iacute;as.</p>
+
+<p>Cuando las citadas conveniencias sociales no lo vedaban, los galanes
+empleaban siempre, como recurso para rendir y cautivar corazones, el
+recuento de sus felices amor&iacute;os ya pasados. Homero, que lo sab&iacute;a o lo
+adivinaba todo, nos refiere que hall&aacute;ndose J&uacute;piter en el G&aacute;rgaro, que es
+el m&aacute;s alto pico del Ida, Juno fue a verle con el cintur&oacute;n de Venus
+oculto, en el cual cintur&oacute;n est&aacute;n los hechizos todos del amor, que roban
+la prudencia a los varones m&aacute;s circunspectos y razonables. J&uacute;piter,
+pues, al ver a Juno, se dej&oacute; vencer por la fuerza de aquellos hechizos;
+la requiri&oacute; de amores con la mayor vehemencia; y no encontr&oacute; modo mejor
+de someterla a su prop&oacute;sito y deseo que el de citarle todas sus
+travesuras y lances galantes, asegurando que en ninguno de ellos, ni con
+D&aacute;nae, ni con Leda, ni con Europa, ni con las dem&aacute;s princesas y ninfas
+que hab&iacute;a seducido, se hab&iacute;a sentido nunca tan <i>emocionado</i>, perm&iacute;taseme
+la palabrota, como en aquella ocasi&oacute;n. Nada, en efecto, pod&iacute;a lisonjear
+m&aacute;s a Juno que el que J&uacute;piter la dijese que ella ten&iacute;a mayor poder que
+las otras para <i>emocionarle</i>.</p>
+
+<p>Algo de esto, ya que el coraz&oacute;n es el mismo siempre, se realizaba en el
+de do&ntilde;a Luz, sin necesidad de que D. Jaime trajese a cuento sus pasadas
+conquistas, imitando la desverg&uuml;enza patriarcal del hijo de Saturno.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz sab&iacute;a que D. Jaime hab&iacute;a sido adorado en Madrid; y, al verle
+tan prendado, tan rendido y tan amoroso y humilde, se llenaba de
+orgullosa complacencia, juzg&aacute;ndose mil veces m&aacute;s amada que todas sus
+antiguas rivales. Para completar su satisfacci&oacute;n, hac&iacute;a adem&aacute;s do&ntilde;a Luz
+un deslinde cr&iacute;tico, acerca de este negocio, que rara vez dejan de hacer
+las mujeres de su condici&oacute;n y en sus circunstancias. El amor de D. Jaime
+por las otras mujeres hab&iacute;a sido profano y pecaminoso; el que a ella
+ten&iacute;a era virtuoso y santo; para las otras hab&iacute;a nacido de capricho, de
+vanidad, de extrav&iacute;o juvenil o de otras pasiones ileg&iacute;timas; para ella
+nac&iacute;a el amor de D. Jaime del manantial m&aacute;s elevado y puro del alma, el
+cual, con su ben&eacute;fica corriente, iba purificando el coraz&oacute;n de su amigo,
+borrando de &eacute;l toda huella y toda mancha de las pasadas culpas y
+dej&aacute;ndole m&aacute;s limpio que el oro. Toda esta santificaci&oacute;n y limpieza
+&iacute;ntima era obra poco menos que milagrosa y sobrehumana del amor de do&ntilde;a
+Luz y del fuego purificante de sus ojos.</p>
+
+<p>Apenas hay mujer, por c&aacute;ndida que sea, que se atreva a decir a nadie
+esto que aqu&iacute; se apunta; pero las m&aacute;s de ellas, cuando se encuentran en
+la posici&oacute;n de do&ntilde;a Luz, lo sienten y lo creen a pies-juntillas, aunque
+se lo callan por temor de las burlas irreverentes de incr&eacute;dulos y
+bellacos.</p>
+
+<p>Dimanaba de todo algo como embriaguez de felicidad para do&ntilde;a Luz. Su D.
+Jaime parec&iacute;ale un Dios; pero un Dios que la adoraba a ella y que hab&iacute;a
+de vivir siempre rendido a sus plantas.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; que do&ntilde;a Luz aniquilase y como embebiese su voluntad en la de D.
+Jaime, cediendo a todo lo que &eacute;l deseaba.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz cedi&oacute; en el empe&ntilde;o de quedarse a vivir en Villafr&iacute;a y consinti&oacute;
+al cabo en seguir a Madrid a su amigo.</p>
+
+<p>Lisonjeada adem&aacute;s y avergonzada de los ricos presentes que &eacute;l le hab&iacute;a
+hecho, quiso tambi&eacute;n hacerle uno, y entreg&oacute; a su marido 30.000 reales
+que hab&iacute;a ahorrado, a pesar de las muchas limosnas y obras de caridad
+que hac&iacute;a. Con estos 30.000 rs. que D. Jaime, por m&aacute;s que se resisti&oacute;,
+tuvo que aceptar para no ofenderla, a m&aacute;s de gastar parte en amueblar la
+casa, dispuso do&ntilde;a Luz que le sacase D. Jaime en Madrid su t&iacute;tulo de
+marquesa. Lo que nunca hab&iacute;a querido cuando soltera lo quiso ahora para
+que su marido fuese marqu&eacute;s, y ella como que le sellase con su propio
+t&iacute;tulo y sello, juzgando que as&iacute; le har&iacute;a m&aacute;s suyo.</p>
+
+<p>Don Jaime, que hasta entonces hab&iacute;a vivido en Madrid modestamente en un
+cuartito de soltero, no quer&iacute;a llevar a su mujer a una fonda, ni
+alojarla mal al principio; y, de acuerdo con do&ntilde;a Luz, resolvi&oacute; ir a
+Madrid solo, pues adem&aacute;s le llamaban del Congreso con urgencia; poner
+casa, si bien con econom&iacute;a, como do&ntilde;a Luz llena de juicio se lo
+recomendaba; y, luego que la tuviese puesta, volver por do&ntilde;a Luz a
+Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Este plan era m&aacute;s de do&ntilde;a Luz que de D. Jaime. Mucho le pesaba tener que
+separarse de su marido, aunque fuese por muy breve tiempo; pero ten&iacute;a
+grande encanto para ella el que D. Jaime mismo preparase a su gusto la
+casa en que hab&iacute;a de recibirla, y donde ella se propon&iacute;a vivir con
+modestia y sin frecuentar paseos, teatros y tertulias, para no ser
+gravosa gastando. Y no menos la encantaba, no por ella, que en esto no
+ten&iacute;a vanidad, sino por su marido, el que, cuando ella apareciese en
+Madrid, estuviese el t&iacute;tulo sacado, y la pudiesen llamar se&ntilde;ora
+marquesa.</p>
+
+<p>En suma, a los doce d&iacute;as de casados, durante los cuales, ciega do&ntilde;a Luz
+para cuanto la rodeaba, apenas vio ni habl&oacute; m&aacute;s que a D. Jaime, &eacute;ste,
+colmado de abrazos y de caricias, tratando de enjugar las tiernas
+l&aacute;grimas que derramaba do&ntilde;a Luz, y mostr&aacute;ndose &eacute;l mismo muy conmovido,
+sali&oacute; de Villafr&iacute;a para Madrid, dejando a do&ntilde;a Luz sola en su vetusto y
+noble caser&oacute;n, donde, seg&uacute;n queda ya indicado, hab&iacute;a ella hecho
+trasladar todos los muebles, primores y libros, que en casa de D.
+Acisclo hab&iacute;an adornado su habitaci&oacute;n antes de la boda.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>-XVIII-</h2>
+
+<h3>Glorioso tr&aacute;nsito</h3>
+
+
+<p>Con la ausencia de D. Jaime, que no deb&iacute;a prolongarse m&aacute;s de un mes,
+qued&oacute; do&ntilde;a Luz algo melanc&oacute;lica, si bien de dulce melancol&iacute;a; pero con
+el esp&iacute;ritu m&aacute;s libre y sereno para volver a sus antiguos amigos, en los
+ratos en que a solas no se recreaba con el recuerdo del due&ntilde;o ausente.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz hab&iacute;a vivido como en &eacute;xtasis, y ahora volv&iacute;a en s&iacute;, y no s&oacute;lo
+pensaba en su amor y saboreaba toda su ventura, retrotray&eacute;ndola
+reposadamente a la imaginaci&oacute;n, sino que sent&iacute;a, seg&uacute;n suelen sentir las
+personas todas que se juzgan felices, la necesidad de expansi&oacute;n y el
+prurito de estar amable, como si quisiera hacerse perdonar el bien que
+pose&iacute;a; bien, que, por ser tan poco y tan raro en la tierra, siempre
+parece que a costa de alguien se disfruta.</p>
+
+<p>Ello es que la tertulia de casa de D. Acisclo volvi&oacute; a renacer,
+traslad&aacute;ndose a casa de do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>Los &iacute;ntimos asist&iacute;an a ella todas las noches; a saber, don Acisclo, D.
+Anselmo, el cura, Pepe G&uuml;eto, su mujer y el P. Enrique.</p>
+
+<p>La pasada animaci&oacute;n renaci&oacute; tambi&eacute;n con la tertulia. Don Anselmo,
+excitado, volvi&oacute; a desenvolver sus doctrinas de positivismo, y el Padre,
+cediendo a las instancias de do&ntilde;a Luz y de su amiga, volvi&oacute; a discutir
+con su acostumbrada dulzura, tranquilidad y sosiego.</p>
+
+<p>El P. Enrique ni estaba m&aacute;s p&aacute;lido, ni m&aacute;s flaco, ni m&aacute;s ca&iacute;do que
+antes. En su voz no se notaba jam&aacute;s la menor alteraci&oacute;n; nada de
+violento ni de atormentado en sus ademanes ni en su gesto.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz sol&iacute;a mirarle, y aun examinarle, con inquietud y disimulo; y no
+descubriendo el menor s&iacute;ntoma de la pasi&oacute;n que algunas veces hab&iacute;a
+supuesto en &eacute;l, se sosegaba y alegraba, desechando todo recelo, si bien
+con una sutil&iacute;sima y apenas perceptible mortificaci&oacute;n de amor propio. Se
+dir&iacute;a que do&ntilde;a Luz procuraba taparse los o&iacute;dos interiores del alma, y
+que, a pesar de esto, o&iacute;a a veces una voz honda, delgada y penetrante,
+que la zaher&iacute;a, diciendo:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Es posible que hayas sido tan vana que hayas imaginado que te amaba
+este bendito siervo de Dios? &iquest;No es rid&iacute;culo que te hayas atormentado de
+puro presuntuosa, calculando los estragos de un mal involuntario que
+supon&iacute;as haber hecho? &iquest;No temes que el diablo se r&iacute;a de ti, y que Dios
+tambi&eacute;n se r&iacute;a, si en Dios cabe risa, cuando miren en lo interior de tu
+conciencia y vean cu&aacute;nto te halagaba, a la par que te asustaba, la fatua
+invenci&oacute;n de que ibas a matar de amor y de celos a este pobre fraile?
+Mira qu&eacute; impasible est&aacute;. Deseng&aacute;&ntilde;ate: &eacute;l piensa en sus devociones, en
+sus libros, en sus estudios, en las obras que escribe, y nada se le
+importa de que est&eacute;s casada o de que est&eacute;s soltera. &iexcl;Buen castillo de
+humo levant&oacute; tu orgullo! &iexcl;Curiosa leyenda de amores rom&aacute;nticos y
+desesperados forjaste all&aacute; en tus adentros!&raquo;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, al o&iacute;r esta malvada voz, que era sin duda voz del infierno,
+ten&iacute;a miedo a que le pesara de que el amor del P. Enrique y sus celos y
+su desesperaci&oacute;n fuesen ilusorios.</p>
+
+<p>Por dicha, do&ntilde;a Luz era buena, y era adem&aacute;s en&eacute;rgica y briosa de
+voluntad, y pronto impon&iacute;a silencio a la voz y apaciguaba en su pecho la
+turbaci&oacute;n y alboroto que la voz causaba.</p>
+
+<p>Lo m&aacute;s sano y lo m&aacute;s razonable era dar por seguro que el Padre no hab&iacute;a
+pensado en ella jam&aacute;s sino como se piensa en un pr&oacute;jimo predilecto, y
+que de esto deb&iacute;a ella alegrarse de coraz&oacute;n, y que de esto se alegraba.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, pues, quiso que en lo exterior, en sus relaciones con el
+Padre, en sus conversaciones y trato con &eacute;l, no se introdujese novedad.
+Toda novedad le parec&iacute;a acusadora de que antes hab&iacute;a habido un
+sentimiento il&iacute;cito que ella hab&iacute;a extirpado de su alma, y que, si a&uacute;n
+exist&iacute;a en la del padre, era m&aacute;s il&iacute;cito y feo.</p>
+
+<p>Pudo tanto en do&ntilde;a Luz esta idea, que casi extrem&oacute; m&aacute;s que nunca sus
+muestras de cari&ntilde;o y predilecci&oacute;n hacia el P. Enrique. Le tomaba la
+mano, le miraba con indecible ternura, le sonre&iacute;a embelesada, le
+aplaud&iacute;a como sentencias punto menos que divinas todas sus frases, y
+buscaba su conversaci&oacute;n y se hechizaba con ella.</p>
+
+<p>El Padre ten&iacute;a el don raro y funesto de ver en el fondo de los
+corazones, y ve&iacute;a en el de do&ntilde;a Luz, y ya, advertido por el desenga&ntilde;o,
+conoc&iacute;a el ning&uacute;n valor amoroso que todas aquellas demostraciones
+ten&iacute;an. Pero as&iacute; la dulzura de las demostraciones como el pensamiento de
+su pertinaz y mal pagado amor le destrozaban el pecho.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; sabemos si esto proced&iacute;a de soberbia o de virtud cristiana o de
+ambas cosas a la vez, ya que en el esp&iacute;ritu del hombre se mezclan y
+combinan a veces los buenos y los malos instintos, y combaten &aacute;ngeles
+buenos y malos, movidos por encontradas razones, y conspirando, no
+obstante, al mismo fin? Lo cierto es, que ni en una queja, ni en un
+suspiro, ni en una mirada, ni en una palabra, por sutilmente que
+quisiera interpretarse, revel&oacute; jam&aacute;s el Padre Enrique, ni dej&oacute; entrever
+a los curiosos y &aacute;vidos ojos de do&ntilde;a Luz la tempestad oculta en el
+centro de su alma.</p>
+
+<p>No acudir a la tertulia como hasta all&iacute; hab&iacute;a acudido, e irse del lugar
+o a Filipinas o a otro pa&iacute;s cualquiera, apenas do&ntilde;a Luz casada,
+parec&iacute;ale al padre m&iacute;sera flaqueza y confesi&oacute;n p&uacute;blica de su pasi&oacute;n
+criminal. Imaginaba que, retray&eacute;ndose de todo o fug&aacute;ndose, iba a dar
+esc&aacute;ndalo, iba a hacer creer lo que hasta all&iacute; nadie tal vez hab&iacute;a
+cre&iacute;do. El padre ten&iacute;a verg&uuml;enza de que nadie, vivo &eacute;l, llegase a
+adivinar su profano amor; pero de nadie ten&iacute;a m&aacute;s verg&uuml;enza que de do&ntilde;a
+Luz.</p>
+
+<p>&laquo;Muera yo, Dios m&iacute;o, muera yo&mdash;dec&iacute;a&mdash;, antes de que ella sepa que la he
+amado, que todav&iacute;a la amo&raquo;.</p>
+
+<p>Para lograr esto, el Padre empe&ntilde;&oacute; consigo mismo la lucha m&aacute;s atroz. Era
+menester m&aacute;s dominio sobre la natural condici&oacute;n para vencer en esta
+lucha que el del esparciata que sin verter una l&aacute;grima y sin lanzar un
+quejido se dej&oacute; desgarrar el cuerpo por las u&ntilde;as de una fiera. Ni enojo,
+ni envidia, ni celos, ni amor se propuso mostrar el P. Enrique, sino
+amistad fin&iacute;sima e inalterable como siempre. Y lo consigui&oacute; de tal modo,
+que do&ntilde;a Luz acab&oacute; por desechar toda sospecha de que el Padre la hubiese
+amado nunca. Entonces le juzg&oacute; muerto para cuantos afectos vienen a
+nuestro ser por los sentidos; le crey&oacute; inaccesible a cuanto no pasa
+directamente de Dios al esp&iacute;ritu. As&iacute; explicaba mejor, dejando a salvo
+su vanidad, que el Padre no la hubiese amado.</p>
+
+<p>Entend&iacute;a tambi&eacute;n do&ntilde;a Luz que all&aacute; en su pensamiento hab&iacute;a ofendido al
+Padre, imagin&aacute;ndosele enamorado. Y as&iacute; por desagravio, como por la
+superior admiraci&oacute;n que su impasibilidad le causaba, como por el
+convencimiento m&aacute;s firme cada vez de que no habr&iacute;a de enamorarle,
+hiciera lo que hiciera, se dej&oacute; llevar de su afici&oacute;n a prodigarle
+finezas y a darle las pruebas m&aacute;s lisonjeras de amistad profund&iacute;sima.</p>
+
+<p>El esp&iacute;ritu es fuerte y lo sufre todo; pero nuestro cuerpo es d&eacute;bil, y
+el esp&iacute;ritu que encerrado en &eacute;l acomete empresas inhumanas, superiores a
+las fuerzas del cuerpo, acaba por matarle.</p>
+
+<p>All&aacute; en su mocedad, cuando estaba sano y robusto, el Padre hab&iacute;a hecho
+grandes penitencias y hab&iacute;a sido duro y terrible con su pobre cuerpo.
+M&aacute;s tarde, fatigado y quebrantad&iacute;simo por sus trabajos, cedi&oacute; al consejo
+y mandato de m&eacute;dicos y confesores, y se cuid&oacute; y no abus&oacute;. La idea de que
+los excesos de la vida asc&eacute;tica eran como un lento y doloroso suicidio y
+de que rayaba en perversi&oacute;n el deformar y destruir en nosotros la m&aacute;s
+hermosa obra del Todopoderoso, este ser y esta forma de que el alma se
+reviste en la tierra, y que las mismas Sagradas Escrituras llaman templo
+del Esp&iacute;ritu Santo, hab&iacute;a acudido a la mente del Padre, movi&eacute;ndole a
+desistir de materiales mortificaciones.</p>
+
+<p>El Padre desde entonces cuidaba de su cuerpo como cuida el esclavo de
+una prenda, de una m&aacute;quina que su se&ntilde;or le conf&iacute;a, a fin de que
+sirvi&eacute;ndose de ella haga que la hacienda prospere. Lo que este modo de
+pensar pudiese tener de orgulloso lo disipaba el Padre, concediendo en
+su mente que en absoluto Dios no necesitaba de &eacute;l para nada; que su ser
+no val&iacute;a m&aacute;s que el de otro hombre cualquiera; pero que Dios le hab&iacute;a
+creado para algo y no para que se destruyese, ya que destruirse era
+infringir una ley divina, turbar o querer turbar el arm&oacute;nico conjunto de
+las cosas, y distraer violentamente una fuerza viva del punto de acci&oacute;n
+que la naturaleza le ha marcado.</p>
+
+<p>Cediendo a todas estas consideraciones, el P. Enrique miraba por su
+salud y por su vida, sujet&aacute;ndose a un r&eacute;gimen ordenado y bueno.</p>
+
+<p>No se her&iacute;a materialmente, no se atormentaba largo tiempo hac&iacute;a con
+ayunos, con cilicios y con vigilias forzadas; pero en este combate
+misterioso en que se aventur&oacute;, en este silencio y disimulo, en esta
+aparente impasibilidad que adopt&oacute;, en esta dominaci&oacute;n tir&aacute;nica con que
+su esp&iacute;ritu angustiado quiso imponer e impuso al cuerpo que no dejase
+traslucir su dolor ni en ayes, ni en llanto, ni en una contracci&oacute;n
+siquiera de los m&uacute;sculos del rostro, ide&oacute; el padre, tal vez sin querer,
+el m&aacute;s espantoso de los martirios, verdadera venganza, rudo castigo de
+su culpa, si culpa hubo.</p>
+
+<p>El atleta en la fuga de los m&aacute;s briosos ejercicios, el guerrero mientras
+ri&ntilde;e la m&aacute;s brava batalla, sostenidos por el entusiasmo y por la
+excitaci&oacute;n nerviosa, no sienten su cansancio ni llegan a postrarse. La
+postraci&oacute;n no sobreviene sino despu&eacute;s del triunfo. El soldado de Marat&oacute;n
+no cay&oacute; muerto hasta que dio a los atenienses la nueva de la victoria.
+No de otra suerte el P. Enrique sosten&iacute;a maravillosamente su papel,
+mientras que estaba en presencia de do&ntilde;a Luz o en presencia de otra
+persona cualquiera. Pero en el retiro de su cuarto, como si se aflojasen
+los resortes que ten&iacute;an sus nervios en perpetua tensi&oacute;n, sol&iacute;a caer
+desfallecido. Mal ahogados suspiros brotaban de su pecho, en el cual
+sent&iacute;a opresi&oacute;n dolorosa; ten&iacute;a v&eacute;rtigos, la vista se le nublaba, se le
+dorm&iacute;an los dedos o notaba en ellos calambres e ins&oacute;lito fr&iacute;o; las
+im&aacute;genes y especies que guardaba su memoria se revolv&iacute;an en confusi&oacute;n;
+le dol&iacute;a la cabeza y hasta se le trababa la lengua y tartamudeaba cuando
+hablaba con Ram&oacute;n, su criado.</p>
+
+<p>Repetidos ataques de este g&eacute;nero tuvo el P. Enrique, siempre en la
+soledad de su estancia. El Padre ten&iacute;a algunos conocimientos m&eacute;dicos, y
+&eacute;l mismo se curaba con auxilio de su criado. Ya se hac&iacute;a poner
+sinapismos, ya dar fuertes fricciones, ya se aplicaba a la nariz cierta
+hierba, por cuya virtud provocaba una ligera emisi&oacute;n de sangre, ya se
+cubr&iacute;a la cabeza con un lienzo mojado en agua fr&iacute;a.</p>
+
+<p>Cuando se aliviaba de su mal no dejaba nunca de decir a Ram&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Esto no ha sido nada. C&aacute;llate y no digas a nadie que he estado
+enfermo.</p>
+
+<p>&mdash;Bien est&aacute;, mi amo; contestaba el criado.</p>
+
+<p>As&iacute; las cosas, en una ma&ntilde;ana, que era la del d&iacute;a d&eacute;cimo despu&eacute;s de la
+partida de D. Jaime, el Padre Enrique tuvo un ataque m&aacute;s fuerte que los
+anteriores.</p>
+
+<p>Aquella noche, seg&uacute;n cont&oacute; despu&eacute;s Ram&oacute;n, el padre no hab&iacute;a podido
+dormir: hab&iacute;a estado agitad&iacute;simo. Ram&oacute;n le hab&iacute;a sentido andar a grandes
+pasos por el cuarto. Hab&iacute;a acudido de puntillas para que no se enojase
+de que le espiara, y le hab&iacute;a visto escribir. Despu&eacute;s hab&iacute;a vuelto a
+notar que andaba en el cuarto. El padre se durmi&oacute;, por &uacute;ltimo, pero con
+un sue&ntilde;o que asust&oacute; bastante a su fiel criado; sue&ntilde;o fatigoso,
+acompa&ntilde;ado de un ronquido o silbo a manera de estertor. Su rostro estaba
+demudado y m&aacute;s p&aacute;lido y ojeroso que ordinariamente.</p>
+
+<p>Ram&oacute;n, con todo, tal respeto ten&iacute;a a las &oacute;rdenes que su amo le daba, que
+no se atrevi&oacute; a llamar al m&eacute;dico. Tampoco se atrevi&oacute; a despertar al
+Padre.</p>
+
+<p>Este despert&oacute; por s&iacute;, pero su despertar fue tremendo. Ten&iacute;a inm&oacute;viles
+los m&uacute;sculos de la cara; paralizada la lengua que no pod&iacute;a pronunciar
+palabra alguna; la mirada incierta, y las extremidades del cuerpo
+r&iacute;gidas y fr&iacute;as como el m&aacute;rmol.</p>
+
+<p>Ram&oacute;n, desolado y lleno de terror, acudi&oacute; en busca de D. Anselmo y llam&oacute;
+a D. Acisclo para que acompa&ntilde;ase a su sobrino.</p>
+
+<p>Don Anselmo vino pronto, y apenas vio e inspeccion&oacute; al enfermo, mostr&oacute;
+en su semblante consternado el cuidado que le inspiraba.</p>
+
+<p>&mdash;Sea V. franco, D. Anselmo&mdash;dijo don Acisclo&mdash;: &iquest;qu&eacute; tiene mi sobrino?</p>
+
+<p>&mdash;Es un caso muy grave&mdash;contest&oacute; tristemente el doctor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es posible? &iquest;Qui&eacute;n lo creyera&mdash;replic&oacute; don Acisclo&mdash;, cuando
+ayer estaba tan bueno?</p>
+
+<p>&mdash;Usted no lo crey&oacute; porque no ve&iacute;a el mal que interiormente le mataba.
+Su sobrino de V. es harto sufrido y sabe disimular. &iexcl;Ojal&aacute; no hubiera
+disimulado tanto y hubi&eacute;ramos podido llegar a tiempo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;, entiende V. que no es tiempo ya?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or D. Acisclo, usted quiere de coraz&oacute;n a su sobrino; pero usted es
+valeroso y entero de alma. &iquest;Para qu&eacute; rodeos? Menester es que lo sepa V.
+todo. El Padre se halla en el mayor peligro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; enfermedad es la suya?</p>
+
+<p>&mdash;Una enfermedad m&aacute;s rara que en los robustos y sangu&iacute;neos, en los
+flacos y entecos, y, por lo mismo, en &eacute;stos mucho m&aacute;s peligrosa. Quiz&aacute;s
+asiduos trabajos intelectuales, atroces disgustos, prolongadas vigilias,
+la agitaci&oacute;n del alma duramente refrenada y el fuego comprimido de las
+pasiones, obran misteriosamente en nuestro organismo y promueven esta
+explosi&oacute;n: el coraz&oacute;n se hincha, adquiere una fuerza enfermiza e
+irregular, y de repente inunda el cerebro de sangre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiere V. significar con todo eso?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero significar que su sobrino de usted tiene una apopleg&iacute;a
+fulminante.</p>
+
+<p>Don Acisclo, que amaba a su sobrino, que le consideraba como el
+complemento de la gloria de su familia, de la que &eacute;l era el otro
+complemento, tuvo un sincero y hondo dolor, y estimul&oacute; con s&uacute;plicas y
+lamentos el celo del m&eacute;dico.</p>
+
+<p>No necesitaba &eacute;ste de est&iacute;mulos. Deseaba volver la salud al Padre; pero
+conoc&iacute;a que su situaci&oacute;n era desesperada, que s&oacute;lo un milagro pod&iacute;a
+salvarle, y &eacute;l no cre&iacute;a en milagros. Humanamente, entre tanto, hizo
+cuanto pudo y supo. No quiso sangrar al enfermo porque le encontraba
+d&eacute;bil en demas&iacute;a, pero le dio los medicamentos m&aacute;s en&eacute;rgicos y conocidos
+para estos casos.</p>
+
+<p>A fin de evitar o hacer que cediese la inflamaci&oacute;n de las membranas de
+la cabeza, le puso un c&aacute;ustico en la espalda junto a la nuca, y se vali&oacute;
+de revulsivos para llamar la sangre y el calor a las extremidades.</p>
+
+<p>Todo, no obstante, fue en vano.</p>
+
+<p>La noticia de la enfermedad del Padre corri&oacute; en seguida por el lugar y
+lleg&oacute; a los o&iacute;dos de do&ntilde;a Luz, quien vino al instante a verle.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n sabe los extra&ntilde;os y tristes pensamientos que atormentaban a do&ntilde;a
+Luz, cuando entr&oacute; en el cuarto donde el padre estaba en cama; en el
+cuarto mismo que ella hab&iacute;a ocupado hasta que se cas&oacute; y donde hab&iacute;a
+dormido durante m&aacute;s de doce a&ntilde;os?</p>
+
+<p>Silenciosa y grave lleg&oacute; do&ntilde;a Luz hasta la cabecera. All&iacute;, con la cabeza
+levantada y sostenida por varias almohadas, estaba el Padre sin dar
+se&ntilde;al alguna de conocimiento. Los ojos como dormidos, entornados los
+p&aacute;rpados, muda la lengua. Tal vez sent&iacute;a, ve&iacute;a y comprend&iacute;a a&uacute;n; pero no
+ten&iacute;a medio de comunicar sus impresiones por carencia de fuerza
+muscular.</p>
+
+<p>Largo rato le mir&oacute; do&ntilde;a Luz sin pronunciar palabra. Al fin rompi&oacute; en
+amargo lloro. Se sent&oacute; luego en una silla en el m&aacute;s oscuro rinc&oacute;n de la
+alcoba, y permaneci&oacute; callada y llorando, y procur&oacute; que olvidasen su
+presencia all&iacute;.</p>
+
+<p>Con la agitaci&oacute;n de los tres asistentes del enfermo, hubo un momento en
+que dejaron sola con &eacute;l a do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>Ella se alz&oacute; entonces de su asiento, y volvi&oacute; a mirarle con fijeza, con
+obstinaci&oacute;n, con atracci&oacute;n invencible, como el viajero cuando va por el
+borde de un precipicio mira el abismo que le atrae, y ans&iacute;a ver lo que
+hay en lo m&aacute;s hondo y tenebroso de su seno.</p>
+
+<p>Las l&aacute;grimas de do&ntilde;a Luz brotaron con mayor abundancia entonces. Crey&oacute;,
+como nunca, con m&aacute;s vehemencia que nunca, que aquel hombre y su Cristo
+muerto se parec&iacute;an. Imagin&oacute;, o vio en efecto, que el Padre, inm&oacute;vil,
+sent&iacute;a y comprend&iacute;a all&aacute; en su interior, y que la miraba haciendo un
+esfuerzo para dominar a&uacute;n, con el br&iacute;o de la voluntad, los nervios y
+m&uacute;sculos inertes que ya no le obedec&iacute;an. Entendi&oacute;, por &uacute;ltimo, que la
+mirada del enfermo era suplicante, amorosa, tristemente dulce. Por un
+impulso irresistible, hondamente conmovida, casi sin darse cuenta, sin
+reflexionar y sin vacilar tambi&eacute;n, como no vacila ni reflexiona lo que
+se mueve impulsado por una fuerza fatal, do&ntilde;a Luz acerc&oacute; suavemente el
+rostro al del Padre, y puso los labios en su frente macilenta, y luego
+en sus dormidos p&aacute;rpados, y luego en su boca, ya contra&iacute;da, y los bes&oacute;
+con devoci&oacute;n fervorosa, como quien besa reliquias.</p>
+
+<p>No pudo m&aacute;s do&ntilde;a Luz. Exhal&oacute; un &iexcl;ay! agudo y cay&oacute; desmayada en el suelo.
+El padre sigui&oacute; inm&oacute;vil como estaba antes.</p>
+
+<p>Don Anselmo, D. Acisclo y Ram&oacute;n acudieron en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; disparate!&mdash;dijo don Anselmo&mdash;. &iquest;C&oacute;mo hemos dejado aqu&iacute; sola a
+esta se&ntilde;ora? Esta se&ntilde;ora es muy vehemente, y no conviene que est&eacute; aqu&iacute;.
+Adem&aacute;s, el enfermo necesita soledad.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz se recobr&oacute; a poco, y sin resistirse a las &uacute;ltimas palabras de
+D. Anselmo, que pudo o&iacute;r y entendi&oacute; bien, sali&oacute; del cuarto del Padre.</p>
+
+<p>Tres horas despu&eacute;s el P. Enrique hab&iacute;a dejado de existir.</p>
+
+<p>Raro es el ser humano cuya memoria sobrevive largos a&ntilde;os a la muerte. El
+tiempo acaba con el duelo, la tierra consume el cad&aacute;ver y el olvido
+devora los recuerdos. Pero siempre o casi siempre, a poco de morir,
+sobreviene para todo hombre el momento de mayor indulgencia, afecto y
+estimaci&oacute;n que le concede el mundo. Los que no se percataban del vivo
+por insignificante, piensan en &eacute;l cuando muerto, pues con morir hace lo
+m&aacute;s digno de conmemoraci&oacute;n de su vida; <i>realiza su esencia</i>, como dicen
+los fil&oacute;sofos a la moda: los que le envidiaban deponen la envidia; los
+que le odiaban el odio; los que estaban hartos de verle se alegran
+interiormente con que ya no le ver&aacute;n, y para desagraviarle de esta
+alegr&iacute;a, y evitar que venga por la noche, en pena, a tirarles de los
+pies, hacen de &eacute;l los mayores encomios; todos sus defectos desaparecen
+por lo pronto, como si se hundiesen en el sepulcro, y s&oacute;lo se ven sus
+perfecciones; en resoluci&oacute;n, el muerto se reconcilia muri&eacute;ndose con casi
+todo el g&eacute;nero humano, por lo mismo que se va y deja siempre algo que
+heredar: cuando no quintas y palacios, un puesto al sol para pedir
+limosna.</p>
+
+<p>Sea como sea, con la muerte del Padre, de quien, salvo la tertulia,
+nadie hac&iacute;a ya caso en Villafr&iacute;a, hubo en todo el lugar una
+recrudescencia de cari&ntilde;o y de entusiasmo hacia &eacute;l. Se dieron a admirarle
+y a celebrarle mil veces m&aacute;s que en el d&iacute;a de su llegada. Por lo mismo
+que apenas le hab&iacute;an tratado, la imaginaci&oacute;n vulgar pudo inventar y
+fantasear a su antojo. Se ponderaron sus virtudes. Se sacaron a relucir
+muchas obras de misericordia que en efecto hab&iacute;a hecho. Se bord&oacute; la
+sencilla historia de su muerte con mil pormenores que tocaban en lo
+maravilloso. Hubo beatas que supusieron que el mismo Padre hab&iacute;a
+anunciado con exactitud el d&iacute;a y la hora de su glorioso tr&aacute;nsito, y no
+pocas acreditaron que hab&iacute;a muerto en olor de santidad y que don Acisclo
+deb&iacute;a tratar de canonizarle, enviando a Roma con este fin un expediente
+bien claveteado.</p>
+
+<p>Algunas personas incr&eacute;dulas del lugar quer&iacute;an dar a entender que todo
+esto se dec&iacute;a para adular a don Acisclo, el cual lament&oacute; de verdad la
+muerte del sobrino y le elogi&oacute; en todos los tonos que &eacute;l pod&iacute;a emplear.</p>
+
+<p>Por lo dem&aacute;s, incr&eacute;dulos y cr&eacute;dulos, ora por hacer coro a D. Acisclo,
+ora porque as&iacute; lo sintiesen, todos conven&iacute;an en que el muerto hab&iacute;a sido
+lo que se llama un bello sujeto, lleno de discreci&oacute;n y de bondad, y
+hasta santo, entendiendo cada cual la santidad a su manera.</p>
+
+<p>Nadie, sin embargo, llor&oacute; con m&aacute;s ternura, tuvo m&aacute;s honda pena por la
+muerte del P. Enrique que la persona que ten&iacute;a o cre&iacute;a tener indicios de
+que &eacute;l no hab&iacute;a sido santo del todo. Do&ntilde;a Luz durante los primeros d&iacute;as
+estuvo desolada.</p>
+
+<p>Acrecentaban su pena singulares cavilaciones. Por una parte cierto
+orgullo, cuando volv&iacute;a a creer que ella le hab&iacute;a infundido una pasi&oacute;n
+homicida, y luego el horror que le causaba dicho orgullo; por otra parte
+la confusa sospecha y el vago remordimiento de que ella por instinto
+abominable, aunque sin reflexi&oacute;n, hab&iacute;a provocado y hecho nacer aquel
+extrav&iacute;o en alma antes tan tranquila y dichosa; y por &uacute;ltimo la duda de
+que todo fuese sue&ntilde;o de su vanidad. &iquest;No pod&iacute;a do&ntilde;a Luz haberse forjado
+una novela? &iquest;Qu&eacute; le hab&iacute;a dicho el Padre para que le creyese enamorado?
+&iquest;Se hab&iacute;a muerto de amor o de apoplej&iacute;a? La rom&aacute;ntica, la sentimental
+era ella, que le hab&iacute;a besado locamente cuando expiraba.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Si habr&eacute; sido yo la liviana, la sandia y la extravagante? &iquest;Si habr&eacute;
+estado enamorada del fraile, que no pensaba en m&iacute; sino con inocente y
+sencillo afecto paternal?&raquo;.</p>
+
+<p>Al cavilar as&iacute; do&ntilde;a Luz se llenaba de verg&uuml;enza y temblaba como una
+azogada y se enojaba contra s&iacute; misma, juzg&aacute;ndose delincuente, loca y
+hasta infiel.</p>
+
+<p>Mientras pasaba esto en el &aacute;nimo de do&ntilde;a Luz, don Acisclo reparti&oacute; entre
+sus hijos o guard&oacute; para s&iacute; los pocos y pobres objetos que el Padre hab&iacute;a
+dejado, y que m&aacute;s hab&iacute;an de conservar como sagrada memoria que por el
+escaso valer que tuviesen.</p>
+
+<p>En esta partici&oacute;n reserv&oacute; D. Acisclo para do&ntilde;a Luz los pocos libros que
+el fraile pose&iacute;a.</p>
+
+<p>No ignoraba D. Acisclo que el padre estaba escribiendo una obra y hasta
+pens&oacute; en que podr&iacute;a &eacute;l darla a la estampa, aunque hubiese quedado
+incompleta. Busc&oacute;, pues, el manuscrito, le hall&oacute;, y considerando que las
+dos &uacute;nicas personas capaces de entender en el lugar aquello que &eacute;l
+llamaba una <i>monserga</i> eran D. Anselmo y do&ntilde;a Luz, y que D. Anselmo por
+ser imp&iacute;o no apreciar&iacute;a tan bien la <i>monserga</i> como do&ntilde;a Luz, que era
+creyente, no titube&oacute; en llevar el manuscrito a do&ntilde;a Luz, sin abrir
+siquiera sus p&aacute;ginas, porque le estorbaba lo negro, como no fuesen
+cuentas en que &eacute;l saliera ganando y con alcances a su favor.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz recibi&oacute; con veneraci&oacute;n el manuscrito del Padre, y no bien D.
+Acisclo la dej&oacute; sola, le abri&oacute; con ansiosa curiosidad y se puso a
+leerle. En su impaciencia hojeaba y recorr&iacute;a todas las p&aacute;ginas,
+devorando al vuelo su contenido, procurando comprender el conjunto, y
+dejando para despu&eacute;s el leerlo todo con detenimiento.</p>
+
+<p>A poco de hojear, dio do&ntilde;a Luz con las hojas sueltas. Su vista se fij&oacute;
+en ellas. El coraz&oacute;n le dijo que algo de muy interesante encerraban.</p>
+
+<p>Entonces las ley&oacute; con pausa, con interrupciones, con muy frecuentes
+interrupciones, porque el llanto se agolpaba en sus ojos y la cegaba y
+no le consent&iacute;a que leyese.</p>
+
+<p>En cada una de estas inevitables interrupciones, en voz baja como si
+temiera ser o&iacute;da, con las palabras entrecortadas por los sollozos,
+exclamaba do&ntilde;a Luz:</p>
+
+<p>&mdash;Era cierto. Era cierto. &iexcl;Me amaba, Dios m&iacute;o! &iexcl;Cu&aacute;nto, cu&aacute;nto me amaba!</p>
+
+<p>A lo &uacute;ltimo, m&aacute;s all&aacute; y despu&eacute;s de lo que conocemos, la v&iacute;spera de su
+muerte, el P. Enrique hab&iacute;a escrito lo que sigue, que tambi&eacute;n ley&oacute; do&ntilde;a
+Luz:</p>
+
+<p>&laquo;Estas p&aacute;ginas, si no las rasgo o las quemo, ir&aacute;n indefectiblemente,
+despu&eacute;s de morir yo, a las hermosas manos de ella. Ya entonces no me
+avergonzar&eacute; de que ella sepa mi amor. Perdona, Dios m&iacute;o, mi nueva culpa.
+Quiero que ella le sepa. &iquest;En qu&eacute; el saberlo podr&aacute; turbar la dicha y la
+paz de su noble vida? Ella me ha amado, ella me ama como un &aacute;ngel ama a
+un santo, y yo la he amado como un hombre ama a una mujer. Ser&iacute;a yo
+hip&oacute;crita si no le revelase que no merezco su amor angelical; que yo la
+amaba como ama un pecador. Es menester para mi eterno reposo que ella me
+perdone por haber convertido en veneno el b&aacute;lsamo y su afecto inocente
+en incentivo vicioso; por haber alimentado con la pur&iacute;sima luz de sus
+ojos este fuego del infierno que me abrasa y que mancha lo limpio de su
+imagen que llevo grabada en el alma. A pesar tuyo, Dios m&iacute;o, a pesar
+tuyo y en contra tuya, la llevo grabada con rasgos indelebles. Todo el
+br&iacute;o de mi voluntad, toda la fuerza del cielo, todas las penas del
+infierno no podr&aacute;n arrancarla de all&iacute;. Do&ntilde;a Luz y el amor de do&ntilde;a Luz
+viven vida inmortal en mi esp&iacute;ritu&raquo;.</p>
+
+<p>Al terminar la lectura, el dolor de do&ntilde;a Luz se hizo m&aacute;s agudo; las
+l&aacute;grimas acudieron m&aacute;s abundantes a sus ojos; los sollozos parec&iacute;a que
+iban a ahogarla; pero, como luce el iris entre las nubes negras, una
+dulce sonrisa de triunfo y de gratitud por aquel amor, que s&oacute;lo perd&oacute;n
+solicitaba, brill&oacute; en los rojos y frescos labios de la gentil se&ntilde;ora.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>-XIX-</h2>
+
+<h3>La embajada de D. Gregorio</h3>
+
+
+<p>La tristeza de do&ntilde;a Luz, pasados algunos d&iacute;as, tuvo m&aacute;s de dulce que de
+amarga: aunque no dejaba de ser tristeza, estaba mitigada por la
+satisfacci&oacute;n que sent&iacute;a do&ntilde;a Luz de haber inspirado tan viva simpat&iacute;a;
+por la declaraci&oacute;n, hecha por el mismo Padre, de que ella no hab&iacute;a sido
+coqueta, y por la absoluci&oacute;n, que ella misma se daba, despu&eacute;s de hacer
+un examen de conciencia muy rigoroso.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz no ten&iacute;a la culpa de aquel amor que agradec&iacute;a, ni de aquella
+muerte que lamentaba.</p>
+
+<p>Su amistad, admiraci&oacute;n y veneraci&oacute;n al Padre no pod&iacute;an haber sido
+mayores.</p>
+
+<p>Si el Padre le hubiera inspirado otro m&aacute;s vivo sentimiento, ella hubiera
+pecado contra Dios, contra el mundo, contra su honra y contra su decoro.</p>
+
+<p>En cambio, su amor a D. Jaime era leg&iacute;timo, correcto, conforme a la
+clase y posici&oacute;n de ella, y fundado, por &uacute;ltimo, en causas no menos
+po&eacute;ticas que el amor que por el P. Enrique, si hubiese sido l&iacute;cito,
+hubiera ella podido sentir.</p>
+
+<p>A fin de fortalecer y magnificar las causas po&eacute;ticas del amor que ten&iacute;a
+a D. Jaime, do&ntilde;a Luz estim&oacute; muy alto el de D. Jaime hacia ella. Su
+desinter&eacute;s era evidente. &Eacute;l hubiera hallado a cientos los partidos
+mejores en Madrid. Hubiera tenido con facilidad mujer con t&iacute;tulo y con
+rentas, a poco que la hubiera buscado. Don Jaime hab&iacute;a sin duda
+desde&ntilde;ado por ella las m&aacute;s brillantes bodas. Luego la adoraba don Jaime.
+Y D. Jaime, elegant&iacute;simo, de noble familia, lleno de porvenir, honrado y
+respetado ya como h&aacute;bil capit&aacute;n y soldado valeroso, pod&iacute;a enorgullecer a
+cualquiera mujer a quien diese su nombre y su mano. D. Jaime, adem&aacute;s,
+era joven a&uacute;n, gallardo y arrogante de figura, discreto y ameno. Las
+cartas que escrib&iacute;a do&ntilde;a Luz desde Madrid mostraban bien su amor por lo
+tiernas y cari&ntilde;osas, y su ingenio y su chiste, por lo bien escritas y
+por las gracias y lances que conten&iacute;an.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, pues, en vista de todo lo expuesto, convino consigo misma en
+que estaba enamorad&iacute;sima de su marido, en que ten&iacute;a raz&oacute;n para estarlo y
+para haberse casado con &eacute;l, y en que su amistosa ternura por el Padre y
+las l&aacute;grimas que vert&iacute;a por su muerte, y hasta los besos que le hab&iacute;a
+dado, eran de orden tan distinto, que en nada se opon&iacute;an ni alteraban,
+ni modificaban en un &aacute;pice, ni aflojaban en un solo punto el lazo
+amoroso y matrimonial que a D. Jaime la ligaba.</p>
+
+<p>Pocos d&iacute;as faltaban ya para que D. Jaime volviese por ella. Ya hab&iacute;a &eacute;l
+tomado casa a prop&oacute;sito, y casi la ten&iacute;a amueblada. Ya hab&iacute;a sacado el
+t&iacute;tulo. Ya pod&iacute;an ambos esposos llamarse los marqueses de Villafr&iacute;a. D.
+Jaime iba a llegar dentro de aquella misma semana, y era ya mi&eacute;rcoles.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz estaba en su cuarto, acababa de volver de misa, y hab&iacute;a rezado
+con fervor por el alma del P. Enrique, en quien de continuo y tierna y
+melanc&oacute;licamente pensaba, cuando entr&oacute; Juana, la doncella, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, un forastero quiere hablar con us&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Su nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Don Gregorio Salinas.</p>
+
+<p>&mdash;No le conozco. &iquest;Qu&eacute; facha tiene?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s bien buena que mala. Viene muy decentemente vestido, aunque de
+viaje. Se conoce que acaba de llegar. Es chiquit&iacute;n, regordete, colorado
+como una remolacha, y se sonr&iacute;e como si estuviese contento. Est&aacute;, sin
+embargo, de luto.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Juana, yo no tengo gana de recibir visitas. Dile que me duele la
+cabeza, que vuelva otra vez si tiene algo importante que decirme, que
+hoy no recibo.</p>
+
+<p>Juana sali&oacute; a dar el recado, y volvi&oacute; en seguida con una carta que puso
+en manos de do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>&mdash;Don Gregorio Salinas&mdash;dijo Juana&mdash;, me acaba de entregar esta carta,
+asegurando que ser&aacute; admitido en cuanto us&iacute;a la lea. Dice que la carta es
+su credencial.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, no bien tom&oacute; la carta y mir&oacute; el sobrescrito, se qued&oacute;
+maravillada. Reconoci&oacute; la letra de su padre.</p>
+
+<p>La abri&oacute; precipitadamente, y mir&oacute; la firma. Era de su padre tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Ley&oacute; enseguida la fecha y vio que la carta estaba escrita hac&iacute;a m&aacute;s de
+quince a&ntilde;os.</p>
+
+<p>La carta era lac&oacute;nica. No conten&iacute;a m&aacute;s que estas palabras:</p>
+
+<p>&laquo;Querida hija: El portador de esta carta ser&aacute; don Gregorio Salinas,
+escribano de Madrid, persona de toda mi confianza. Da entero cr&eacute;dito a
+cuanto te diga; &oacute;yele y ati&eacute;ndele; y acepta y recibe sin el menor
+escr&uacute;pulo lo que te ofrezca y entregue&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Que pase adelante ese caballero&mdash;dijo do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>Juana fue a buscarle, y D. Gregorio entr&oacute; en la salita en que do&ntilde;a Luz
+estaba.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de los cumplimientos de costumbre, sentados do&ntilde;a Luz y su hasta
+entonces desconocido hu&eacute;sped en c&oacute;modas butacas, habl&oacute; &eacute;ste, con reposo
+y como quien tiene mucho que decir, de la manera siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabe us&iacute;a que me llamo Gregorio Salinas. Ahora soy escribano y no
+estoy mal de bienes de fortuna. Hace ventiocho a&ntilde;os era yo un pobre
+estudiante, sin una peseta en el bolsillo; pero, en cambio, ni estaba
+gordo, ni ten&iacute;a canas, ni calva, ni arrugas, y las gentes afirmaban,
+perdone us&iacute;a la inmodestia con que lo recuerdo, que era yo un bonito
+muchacho, listo y gracioso. Nada tiene de extra&ntilde;o, por consiguiente, que
+se enamorase de m&iacute; una mujer del sobresaliente m&eacute;rito de mi Joaquina.
+Esta Joaquina es mi esposa, para servir a us&iacute;a. Quiere mucho a us&iacute;a y le
+manda conmigo mil respetuosas y cari&ntilde;osas expresiones.</p>
+
+<p>&mdash;Mil gracias&mdash;dijo do&ntilde;a Luz, interrumpiendo a don Gregorio&mdash;. Deje V.
+el tratamiento y ll&aacute;meme de usted, y perd&oacute;neme adem&aacute;s si le digo con
+franqueza que aligere su cuento porque me muero de curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;Tenga V. calma, se&ntilde;ora marquesa; tenga V. calma. Yo le prometo no ser
+prolijo ni enojoso. Ir&eacute; al grano. No crea usted que nada de lo que digo
+es a humo de pajas. Todo se necesita para que V. se entere.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, siga V., y le repito que perdone mi interrupci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, como iba diciendo&mdash;prosigui&oacute; D. Gregorio&mdash;, mi esposa es ahora
+una matronaza fresca y guapetona todav&iacute;a, si bien los a&ntilde;os no pasan en
+balde. Cinco hijos me ha dado como cinco soles. Todos est&aacute;n a las
+&oacute;rdenes de V., se&ntilde;ora marquesa. En aquel entonces, cuando el noviazgo,
+era mi Joaquina una moza de lo m&aacute;s selecto que se paseaba por Madrid, y
+serv&iacute;a de doncella a cierta dama de las m&aacute;s encopetadas, cuya privanza
+ten&iacute;a por completo y todos cuyos secretos m&aacute;s &iacute;ntimos pose&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se llamaba esa dama?</p>
+
+<p>&mdash;La Exma. Sra. Condesa de Fajalauza.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, como quien oye un nombre que por vez primera suena en sus
+o&iacute;dos, se encogi&oacute; de hombros y se call&oacute;. D. Gregorio sigui&oacute; hablando:</p>
+
+<p>&mdash;Mucho debemos mi esposa y yo a esta se&ntilde;ora. Ella nos cas&oacute;, ella nos
+protegi&oacute;, y ella nos dio los medios conducentes para llegar al punto de
+bienestar y prosperidad a que hemos llegado. Dios se lo pague y se lo
+aumente de gloria. Bien se lo merece, porque, al fin, si alguna falta
+cometi&oacute;, tuvo en este p&iacute;caro mundo su purgatorio. La Condesa estaba
+casada con el se&ntilde;or m&aacute;s terrible que se ha conocido en nuestros d&iacute;as.
+Todos le temblaban, empezando por su mujer. Hab&iacute;a tenido varios lances
+de los que llaman de honor, y pesaban tres muertes y varias heridas
+sobre su conciencia. Ten&iacute;a fama de tan diestro, que se le cre&iacute;a capaz de
+matar de un pistoletazo un mosquito que pasase volando a cincuenta varas
+de distancia, y de atravesar de una estocada al propio diablo que se
+pusiese a re&ntilde;ir con &eacute;l. A&ntilde;&aacute;dase a esto que el Conde era celoso como un
+turco, y no porque amase mucho a la Condesa, sino por otros motivos. La
+pobrecita Condesa no le hab&iacute;a dado ninguno durante ocho a&ntilde;os de
+matrimonio. Aquella se&ntilde;ora era una santa; muy sufrida, muy prudente y
+muy buena cristiana.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz empez&oacute; a dar visibles muestras de interesarse en la narraci&oacute;n.
+Don Gregorio sigui&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;La Condesa aport&oacute; al matrimonio cuantiosos bienes. Malas lenguas han
+dado en propalar que el Conde, al casarse con ella, no tuvo en cuenta
+sino su negocio. Nada de amor. La condesa se cas&oacute; casi ni&ntilde;a, excitada a
+ello por su madre, y sin comprender toda la trascendencia de aquel paso.
+A poco muri&oacute; su madre, y la hu&eacute;rfana, sin hermanos ni parientes
+pr&oacute;ximos, se vio sola en el mundo, frente a frente de aquel tirano, que
+m&aacute;s debiera llamarse tal que no esposo y compa&ntilde;ero.</p>
+
+<p>No ten&iacute;a la Condesa raz&oacute;n alguna para amar ni respetar a su marido; pero
+amaba la limpieza de su fama, y tem&iacute;a a Dios y veneraba los preceptos
+morales y religiosos. Nada, como he dicho, hubo que censurar en ella en
+los primeros ocho a&ntilde;os de matrimonio. Vivi&oacute; resignada como una m&aacute;rtir.
+Ni siquiera tuvo el consuelo y el refugio que tienen otras mujeres,
+consagrando su coraz&oacute;n al amor maternal. El maldito enlace fue est&eacute;ril.
+Los condes de Fajalauza no tuvieron hijos.</p>
+
+<p>Un asunto de grande inter&eacute;s reclam&oacute; por aquel tiempo la presencia del
+Conde en Lima. No conven&iacute;a confiar a nadie el asunto que all&iacute; ten&iacute;a y
+que importaba una suma archi-respetable. La condesa se hallaba muy
+delicada de salud y no pod&iacute;a acompa&ntilde;ar a su marido en tan larga
+navegaci&oacute;n. El Conde, despu&eacute;s de muchas vacilaciones, resolvi&oacute; ir solo.
+Fue, pues, y estuvo en el Per&uacute; cerca de a&ntilde;o y medio.</p>
+
+<p>Durante la ausencia del Conde no se present&oacute; la Condesa en reuniones ni
+en teatros; vivi&oacute; bastante retirada, pero no faltaron galanes y
+pretendientes que procurasen hacerse amar de ella. La Condesa los
+desde&ntilde;&oacute; a todos. Hubo uno, sin embargo, dotado de prendas tan raras y
+brillantes, tan enamorado o fingiendo con tanto arte que lo estaba, tan
+discreto, buen mozo y seductor, que acert&oacute; a cautivar el alma de la
+desdichada Condesa. Contribuy&oacute; mucho a este resultado, como sucede
+siempre, la fama de conquistador que ya ten&iacute;a el gal&aacute;n. Nada puede tanto
+con las mujeres como el considerar que aquel que las pretende desde&ntilde;a
+por su amor el de otras mujeres a la moda, j&oacute;venes, hermosas, ricas y
+distinguidas.</p>
+
+<p>En suma, y como quiera que ello sea, la Condesa am&oacute; al gal&aacute;n, y fue tal
+su pasi&oacute;n que se dej&oacute; vencer a pesar de sus severos principios.</p>
+
+<p>Estas relaciones estuvieron envueltas en el misterio m&aacute;s impenetrable.
+S&oacute;lo mi Joaquina tuvo noticia de ellas. La Condesa era una mujer
+singular. Arrastrada por la violencia irresistible de su afecto, ve&iacute;a a
+solas a su amigo, y luego lloraba como la Magdalena, rezaba, abominaba
+de s&iacute; misma como si se creyese el ser m&aacute;s abyecto y vil, y desesperaba
+hasta de que Dios la perdonase.</p>
+
+<p>En esta refriega espiritual, entre la culpa y el arrepentimiento, estuvo
+ella hasta que volvi&oacute; su marido.</p>
+
+<p>El secreto hab&iacute;a sido tal, que nadie hab&iacute;a dicho ni sospechado lo m&aacute;s
+m&iacute;nimo.</p>
+
+<p>El Conde, a pesar de todo, era suspicaz y receloso, y sospech&oacute; algo
+desde el d&iacute;a de su vuelta. Tal vez la agitaci&oacute;n de su mujer; la
+repugnancia en que ella troc&oacute; la frialdad con que antes le recib&iacute;a;
+algunas palabras, algunos suspiros, alg&uacute;n &iexcl;ay! delator que le oy&oacute; en
+sue&ntilde;os, bastaron a ponerle sobre la pista.</p>
+
+<p>Una noche, mientras dorm&iacute;a la condesa, su marido se apoder&oacute; de la llave
+del escritorio de su mujer y registr&oacute; detenidamente cuanto en &eacute;l
+encerraba. La Condesa hab&iacute;a cometido la imprudencia de conservar las
+primeras cartas que le escribi&oacute; su amante y el Conde pudo leerlas. Por
+dicha, estas cartas no probaban la completa complicidad de la Condesa.
+Hasta pod&iacute;a ella haberlas conservado, no por amor a quien las escribi&oacute;,
+sino por vanidad y como testimonio de haber sido tan amada. Las cartas
+bastaron, no obstante, para que el Conde tuviera escenas espantosas con
+su mujer. Si las cartas le hubiesen probado su culpa, el Conde la
+hubiera asesinado. Como las cartas no eran m&aacute;s que un indicio, el Conde
+se limit&oacute; a atormentar a su mujer y a desconfiar de ella y a vigilarla.
+Con un pretexto plausible se trajo a vivir en su casa a una hermana
+solterona que ten&iacute;a, la cual era una furia del infierno. Esta mujer fue
+desde entonces la esp&iacute;a, la acompa&ntilde;ante, la due&ntilde;a, la negra sombra de la
+Condesa.</p>
+
+<p>En cuanto al gal&aacute;n, cuyo nombre descubri&oacute; el conde por las cartas,
+tambi&eacute;n las cartas le costaron caras. El Conde, a fin de que nadie se
+enterase y procurase inquirir el motivo, busc&oacute; al gal&aacute;n y le oblig&oacute; a
+re&ntilde;ir con &eacute;l a la espada, sin ninguno de los tr&aacute;mites y formalidades del
+duelo. El gal&aacute;n qued&oacute; mortalmente herido en su propia casa, y s&oacute;lo por
+un milagro de la cirug&iacute;a pudo salvar la existencia.</p>
+
+<p>&mdash;Sab&iacute;a ese lance de mi padre&mdash;dijo do&ntilde;a Luz&mdash;, pero ignoraba quien fue
+su adversario y la causa del lance. Prosiga V., Sr. D. Gregorio.</p>
+
+<p>&mdash;Ya que sabe V. que el gal&aacute;n era el se&ntilde;or Marqu&eacute;s, su padre de V.,
+seguir&eacute; este relato design&aacute;ndole con su nombre. Si alguna frase se me
+escapa que pueda lastimar, aunque sea levemente, la memoria del se&ntilde;or
+Marqu&eacute;s, doy a V. desde luego un mill&oacute;n de excusas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz hizo un gesto y movi&oacute; la cabeza como si quisiera indicar que
+las excusas estaban aceptadas de antemano.</p>
+
+<p>D. Gregorio continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;El terror que le inspiraba su marido, la vigilancia del argos con
+faldas que ten&iacute;a en su cu&ntilde;ada y su propio arrepentimiento, hicieron que
+la Condesa no volviese a ver en secreto al Marqu&eacute;s. Este desech&oacute; de su
+alma, con el andar del tiempo, amor tan peligroso y ya imposible o casi
+imposible de satisfacer, y se distrajo con m&aacute;s f&aacute;ciles amores.</p>
+
+<p>Todo lazo se hubiera roto, toda relaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n entre el Marqu&eacute;s
+y la Condesa hubieran dejado de ser para siempre, si el cielo no hubiera
+dispuesto que quedase un recuerdo vivo del amor y de la culpa de ambos;
+un ser que los un&iacute;a y por cuyo destino y porvenir ambos deb&iacute;an velar
+igualmente.</p>
+
+<p>&mdash;Y mi madre&mdash;exclam&oacute; entonces do&ntilde;a Luz&mdash;, &iquest;no pudo nunca volver a verme
+desde que volvi&oacute; de Lima su marido?</p>
+
+<p>&mdash;Pudo volver a ver a V. de lejos, pero nunca abrazarla ni besarla ni
+hablarla. Su pensamiento, sin embargo, estaba siempre con V.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Infeliz madre m&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;La Condesa sab&iacute;a de V. por mi Joaquina. Por mi Joaquina se entend&iacute;a
+tambi&eacute;n con el Conde en todo aquello que a V. importaba, &uacute;nico asunto
+que ya se trataba entre el Marqu&eacute;s y la Condesa.</p>
+
+<p>Usted, se&ntilde;ora Marquesa, vivi&oacute; primero en mi casa, cuidada por mi
+Joaquina. Nuestra costurera, una tal Antonia Guti&eacute;rrez, que hab&iacute;a tenido
+un desliz y cuyo hijo hab&iacute;a muerto, fue nodriza de V. Despu&eacute;s muri&oacute;
+tambi&eacute;n la costurera, y yo arregl&eacute; de modo, con la venia de los
+parientes de la chica, que V. pasase por su hija, a fin de hacer la
+legitimaci&oacute;n. En todo esto, por conducto de mi Joaquina, interven&iacute;a la
+se&ntilde;ora Condesa, que estaba hasta cierto punto contenta al considerar que
+V. iba a llevar el nombre y el t&iacute;tulo del Marqu&eacute;s y a heredar sus
+bienes.</p>
+
+<p>A poco de volver el Conde a Madrid y despu&eacute;s del duelo, nos entr&oacute; a
+todos mucho terror de que el Conde llegase a entender que exist&iacute;a V. y
+qui&eacute;n V. era; y el Marqu&eacute;s, no bien se restableci&oacute; de la herida, la sac&oacute;
+a V. de mi casa con harto dolor nuestro y mayor a&uacute;n de la Condesa, y
+puso a V. en casa de una se&ntilde;ora de situaci&oacute;n algo equ&iacute;voca. Mientras
+estuvo V. en aquella casa, la Condesa estuvo muy inc&oacute;moda. S&oacute;lo soseg&oacute;
+cuando a puras s&uacute;plicas suyas, interpuestas por Joaquina, el Marqu&eacute;s se
+la llev&oacute; a V. a su casa, primero bajo el cuidado de una buena mujer, y
+m&aacute;s tarde con un aya inglesa, la cual vino porque la condesa se empe&ntilde;&oacute;
+en que viniese.</p>
+
+<p>El Marqu&eacute;s, entre tanto, lejos de sentar con los a&ntilde;os, no hac&iacute;a el menor
+caso de aquellos sabios refranes que dicen: <i>&mdash;quien quisiere ser mucho
+tiempo viejo, comi&eacute;ncelo presto, y el viejo que se cura cien a&ntilde;os dura</i>.
+Lejos de rezar con &eacute;l estos refranes, m&aacute;s bien pod&iacute;a aplic&aacute;rsele aquel
+otro, y perdone V. se&ntilde;ora Marquesa que se le aplique, pero casi lo pide
+a voces la narraci&oacute;n: <i>mientras m&aacute;s viejo m&aacute;s pellejo</i>. Pretendo
+significar con esto que el se&ntilde;or Marqu&eacute;s, en vez de enmendarse con la
+edad, se hizo m&aacute;s cortejante, jugador y amigo de jaleos de toda laya, lo
+cual mortificaba mucho a la se&ntilde;ora Condesa. El amor, por el cual ella
+hab&iacute;a sacrificado tanto, honra, reposo y bienestar, s&oacute;lo hab&iacute;a sido para
+el Marqu&eacute;s un episodio, una aventura, un lance m&aacute;s o menos agradable o
+divertido, entre los muchos de su vida. Esto dol&iacute;a en extremo y
+atormentaba a la Condesa. Pero hab&iacute;a otra consideraci&oacute;n que le dol&iacute;a
+m&aacute;s, que la ten&iacute;a llena de sobresalto, y que, agrav&aacute;ndose cada d&iacute;a,
+lleg&oacute; a ser para la Condesa un tormento continuo.</p>
+
+<p>El Marqu&eacute;s caminaba precipitadamente a su total ruina: estaba empe&ntilde;ado
+hasta los ojos; la usura consum&iacute;a ya lo mejor de sus rentas. Era seguro
+que el Marqu&eacute;s acabar&iacute;a su vida en la miseria. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a entonces de su
+hija do&ntilde;a Luz, hu&eacute;rfana, sin amparo y sin recursos?</p>
+
+<p>Lo peor era que la Condesa no pod&iacute;a socorrer a su hija mientras su
+marido viviese. Antes de que el Conde hubiese tenido el m&aacute;s leve indicio
+de su culpa, la Condesa hab&iacute;a gozado de un asomo de independencia y
+libertad. Despu&eacute;s la Condesa, m&aacute;s que esposa, vino a ser esclava. Un
+grito, una palabra dura, un gesto amenazador de su marido bastaban a
+aterrarla.</p>
+
+<p>El Conde, a m&aacute;s de ser celoso, era avaro, y la Condesa no pod&iacute;a disponer
+de un real sin dar estrecha cuenta de todo, justificando la inversi&oacute;n
+hasta de la m&aacute;s peque&ntilde;a suma.</p>
+
+<p>La viveza cruel de su imaginaci&oacute;n le representaba del modo m&aacute;s exagerado
+el infortunio que present&iacute;a. So&ntilde;aba que su hija estaba en la desnudez,
+sin hogar, humillada y empleada en los m&aacute;s viles menesteres, y ella
+nadando en la opulencia y sin poder acudir en su auxilio.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo darle algo sin que lo supiese el Conde? Y con saberlo el Conde,
+sabr&iacute;a su delito y su oprobio, y se presentar&iacute;a como juez severo e
+irritado, y con una sola palabra de desprecio la matar&iacute;a.</p>
+
+<p>La Condesa, atormentada por su conciencia a par que anonadada por el
+miedo que ten&iacute;a al Conde, deseaba la muerte para descansar, y sin
+embargo, ansiaba vivir, y singularmente sobrevivir a su marido.</p>
+
+<p>Mientras &eacute;l viviese, la Condesa conoc&iacute;a que no tendr&iacute;a valor para hacer
+nada en favor de su hija. Ni por donaci&oacute;n, ni por testamento, en la hora
+de su muerte, hallaba medio para compartir con la que era su propia
+sangre o para legarle al menos bienes que eran suyos y no del tirano que
+la atormentaba.</p>
+
+<p>La Condesa, pues, se someti&oacute; a la voluntad del Alt&iacute;simo y esper&oacute;
+tranquila, y esforz&aacute;ndose por no desearla, la muerte de su marido, antes
+que la suya llegase. Para el caso de que as&iacute; sucediera, form&oacute; la firme
+resoluci&oacute;n de dejar por testamento a los parientes de su marido, en
+fincas y alhajas, todo aquello en cuya adquisici&oacute;n y dominio pudiera
+suponer la conciencia m&aacute;s escrupulosa que el Conde hab&iacute;a sido parte;
+dejar algunas mandas importantes a personas que la hubiesen servido
+bien, como, por ejemplo, a mi Joaquina; y el remanente de sus bienes, en
+fondos p&uacute;blicos todos, cuyos t&iacute;tulos estaban y est&aacute;n a&uacute;n en varios
+Bancos y casas de comercio, dej&aacute;rselo por entero a su hija.</p>
+
+<p>El Marqu&eacute;s supo por Joaquina esta resoluci&oacute;n de la Condesa; y, cuando
+acosado por los acreedores, embargado y vendido cuanto pose&iacute;a a fin de
+pagar sus deudas, tuvo que retirarse a este lugar, me dej&oacute; escrita la
+carta que he hecho entregar a V. para que me sirviera de introducci&oacute;n.
+La carta, hasta que ocurriese el caso hipot&eacute;tico que se preve&iacute;a, hab&iacute;a
+de estar en mi poder sin que nadie lo supiese. Y as&iacute; ha estado la carta.</p>
+
+<p>Muerto el Marqu&eacute;s, no exist&iacute;an en el mundo sino tres personas sabedoras
+del prop&oacute;sito de la Condesa de dejar a V. por heredera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;nes eran esas tres personas?&mdash;pregunt&oacute; do&ntilde;a Luz con el mayor
+inter&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;La misma Condesa, mi mujer, que es sigilosa hasta lo sumo, y un
+servidor de V., se&ntilde;ora Marquesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y nadie m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; V. seguro?</p>
+
+<p>&mdash;Lo estoy.</p>
+
+<p>Don Gregorio continu&oacute; luego su narraci&oacute;n en estos t&eacute;rminos:</p>
+
+<p>&mdash;El cielo quiso que se cumplieran, no dir&eacute; los deseos, los planes de
+nuestra bienhechora. El Conde muri&oacute; hace poco m&aacute;s de mes y medio. Cosa
+de milagro parece el que la Condesa, tan padecida y acabada como se
+hallaba, pudiese sobrevivirle. La fuerza de voluntad vale mucho. La
+Condesa sobrevivi&oacute;, se dir&iacute;a que expresamente para cumplir su resoluci&oacute;n
+y morir tambi&eacute;n luego.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha muerto mi madre?&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Luz con l&aacute;grimas en los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Ha muerto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y sin llamarme a s&iacute;, sin verme, sin darme un abrazo!...</p>
+
+<p>&mdash;La Condesa lo ansiaba, pero al propio tiempo lo tem&iacute;a. Se avergonzaba
+de llamar a s&iacute; a quien al presentarse como madre ten&iacute;a que declarar su
+culpa, y, ella lo dec&iacute;a, su deshonra. Dudaba de que una hija, a quien,
+fuese por lo que fuese, ni hab&iacute;a criado, ni visto, ni acariciado nunca,
+la pudiese querer. Recelaba hallar frialdad, tibieza al menos, en su
+hija. No cre&iacute;a en la misteriosa fuerza de la sangre. En ella s&iacute;, porque
+sab&iacute;a que su Luz viv&iacute;a, porque la hab&iacute;a estado amando durante tantos
+a&ntilde;os; pero en su Luz, a quien se le revelase de repente que ten&iacute;a madre
+en Madrid, &iquest;qu&eacute; cari&ntilde;o s&uacute;bito, qu&eacute; ternura pod&iacute;a esperar? Esto, al
+menos, pensaba la se&ntilde;ora Condesa. Y sobre todo, por lo mismo que amaba a
+su hija, ten&iacute;a verg&uuml;enza, le causaba sonrojo la idea s&oacute;lo de presentarse
+a ella. El qu&eacute; dir&aacute;n, el temor de que la gente se enterase, era tambi&eacute;n
+r&eacute;mora de su deseo. Por &uacute;ltimo, la Condesa, a poco de muerto su esposo,
+cay&oacute; en cama con una grave enfermedad, y apenas tuvo tiempo para tomar
+sus disposiciones y cumplir lo prometido. Despu&eacute;s vivi&oacute; algunas semanas,
+pero trastornada, sin pleno conocimiento ni memoria de las cosas y de
+las personas. Luego muri&oacute;.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz dio muestras de verdadero dolor y de emoci&oacute;n profunda. Don
+Gregorio permaneci&oacute; algunos minutos en silencio religioso, y respetando
+aquel tributo de pena dado por una hija a la memoria de una mujer, a la
+cual (si bien no la hab&iacute;a conocido) deb&iacute;a la vida.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s dijo D. Gregorio, tomando ya la entonaci&oacute;n fr&iacute;a del hombre de
+negocios:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Marquesa, yo soy albacea de la difunta y fideicomisario con
+expreso fideicomiso en favor de usted. Todo est&aacute; ya en regla, porque yo
+no me duermo. Todo se va ordenando del modo m&aacute;s a prop&oacute;sito para que se
+hable, se comente y se murmure lo menos posible. Las mandas est&aacute;n
+repartidas; mi mujer ha tomado una linda suma: los parientes del Marqu&eacute;s
+han recibido joyas, dinero y fincas. Queda a&uacute;n por entregar lo mejor de
+la herencia. Tengo en mi poder los papeles y documentos que acreditar&aacute;n
+a V. como propietaria de los fondos p&uacute;blicos que ten&iacute;a la Condesa en
+diferentes casas de banco de Par&iacute;s, Londres y Francfort. Todo ello
+importa no recuerdo cu&aacute;nto en valor nominal, pero en efectivo asciende a
+la friolera de diez y siete millones de reales vell&oacute;n y un piquillo.
+Cuando la se&ntilde;ora Marquesa guste, le har&eacute; la entrega y se enterar&aacute; de
+todo por menudo.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or D. Gregorio, ya V. sabr&aacute; que estoy casada. Aguardaremos a que
+venga mi marido para aceptar la herencia. &Eacute;l se entregar&aacute; de todo como
+due&ntilde;o y se&ntilde;or. Dentro de tres o cuatro d&iacute;as vendr&aacute; de Madrid. Entre
+tanto, esta casa es bastante grande para que V. se hospede en ella.</p>
+
+<p>El Sr. D. Gregorio Salinas acept&oacute; la invitaci&oacute;n, juzg&aacute;ndose muy honrado,
+y traslad&oacute; a un cuarto, que le prepararon en el caser&oacute;n de do&ntilde;a Luz, la
+maleta que hab&iacute;a dejado en la detestable posada del lugar.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, en tanto, aunque triste por la muerte de su madre y por la
+historia melanc&oacute;lica que hab&iacute;a o&iacute;do contar, ced&iacute;a a la flaca condici&oacute;n
+humana, y se alegraba de verse tan rica. Y lo que m&aacute;s la complac&iacute;a era
+pensar en todos aquellos millones como en un espl&eacute;ndido presente, poco
+menos que llovido del cielo, que ella iba a hacer a su D. Jaime, cual
+merecido premio del amor desinteresad&iacute;simo con que &eacute;l le hab&iacute;a dado su
+mano y su nombre.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a>-XX-</h2>
+
+<h3>La carta misteriosa</h3>
+
+
+<p>La llegada de un forastero, con especialidad si el forastero gasta
+levita y <i>colmena</i>, esto es, sombrero de copa alta, es siempre un
+acontecimiento extraordinario en todo lugar de tierra adentro en
+Andaluc&iacute;a. La curiosidad se excita vivamente, y no hay nadie que no
+pregunte: &laquo;&iquest;A qu&eacute; habr&aacute; venido por aqu&iacute; este se&ntilde;or?&raquo;.</p>
+
+<p>Esto preguntaban los <i>villafrianos</i> o <i>villafriescos</i> apenas vieron a D.
+Gregorio. Y la curiosidad se decupl&oacute;, o poco menos, cuando se supo que
+el tal don Gregorio hab&iacute;a ido a albergarse en casa de do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>A m&aacute;s de la curiosidad, siempre se despiertan en las poblaciones
+peque&ntilde;as otros sentimientos m&aacute;s nobles con la llegada de cualquier
+forastero: el de la sociabilidad y el de la cortes&iacute;a.</p>
+
+<p>Los se&ntilde;ores del pueblo se apresuran a visitar al forastero y a ponerse a
+sus &oacute;rdenes; y as&iacute; lo hicieron con D. Gregorio los principales magnates
+o pr&oacute;ceres de Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Claro est&aacute; que la visita, aunque por cortes&iacute;a se haga, no es menester
+que se encierre dentro de los l&iacute;mites de la mera cortes&iacute;a. <i>Lo cort&eacute;s no
+quita lo valiente</i>; y, por lo tanto, se dirigen al reci&eacute;n venido cuantas
+preguntas importan para indagar qui&eacute;n es, a qu&eacute; viene y qu&eacute; se propone.</p>
+
+<p>En cambio, se suele informar al forastero, aunque nada pregunte, de
+cuanto ocurre en el lugar, exagerando por fachenda la riqueza y
+prosperidad de sus habitantes.</p>
+
+<p>De esto &uacute;ltimo estaban muy curados y escarmentados en Villafr&iacute;a, porque
+hac&iacute;a poco tiempo que hab&iacute;an recibido una dur&iacute;sima lecci&oacute;n.</p>
+
+<p>Vino al pueblo cierto forastero, que en el camino trab&oacute; conocimiento con
+el hijo de uno de los m&aacute;s pudientes hacendados, el cual tambi&eacute;n ven&iacute;a de
+viaje. Este se&ntilde;orito llev&oacute; al forastero de visita en casa de su padre,
+que era el que m&aacute;s escup&iacute;a por el colmillo en Villafr&iacute;a en punto a
+hablar de onzas de oro, y a ponderar la abundancia y grandeza con que
+viv&iacute;a. A las pocas preguntas del forastero, el hacendado le dijo todo lo
+rico que era, triplicando sus facultades. Ten&iacute;a un alambique que andaba
+durante cuatro meses, y le dijo que ten&iacute;a dos que andaban todo el a&ntilde;o, y
+con frecuencia de d&iacute;a y de noche. Ten&iacute;a un molino aceitero con una
+prensa hidr&aacute;ulica, y le asegur&oacute; que ten&iacute;a tres con otras tantas prensas.
+Hab&iacute;a cogido cinco mil arrobas de vino, y le dijo que hab&iacute;a cogido doce
+mil. Hab&iacute;a molido dos mil fanegas de aceituna, y le asegur&oacute; que eran
+seis mil y pico las que hab&iacute;a molido. No queriendo quedarse muy atr&aacute;s,
+los otros hacendados ponderaron tambi&eacute;n al forastero sus provechos,
+cosechas e industrias. El forastero se lleg&oacute; a persuadir de que estaba
+en Jauja, y entonces descubri&oacute; que era un inspector del Gobierno, que
+ven&iacute;a a ver las ocultaciones de riqueza que hab&iacute;a en los pueblos, sobre
+todo en lo tocante a subsidio industrial.</p>
+
+<p>El p&aacute;nico en Villafr&iacute;a fue espantoso. El comisionado dijo que se ve&iacute;a en
+la dura necesidad de poner en noticia de la superioridad los tesoros que
+all&iacute; se ocultaban; y aterrados los mayores contribuyentes, se reunieron
+al punto en las Casas Consistoriales, y, llamando al comisionado, le
+rogaron que no los perdiese; que eran pobr&iacute;simos, y mentira y vanidad
+las tres quintas partes de lo que hab&iacute;an confesado poseer. El
+comisionado contest&oacute; que tal vez habr&iacute;a alguna exageraci&oacute;n jactanciosa,
+pero que, en verdad, eran m&aacute;s ricos e industriosos que lo que constaba
+de una manera oficial, y que &eacute;l ten&iacute;a que enterarse bien de todo para
+dar su informe, cumpliendo religiosamente con su deber. Los se&ntilde;ores
+contribuyentes le suplicaron que no se metiese en tales barah&uacute;ndas, que
+se iba a calentar demasiado la cabeza, y nadie se lo hab&iacute;a de agradecer;
+y, al fin, para acabar de convencerle, echaron entre todos una manga y
+le dieron ocho mil realetes, como ayuda de costas y consuelo en los
+trabajos de su peregrinaci&oacute;n, con lo cual se fue bendito de Dios con la
+m&uacute;sica o d&iacute;gase con la estad&iacute;stica a otra parte.</p>
+
+<p>Desde que tuvo lugar esta ocurrencia, la gente de Villafr&iacute;a hab&iacute;a
+depuesto la jactancia y se complac&iacute;a en ser humilde. La franqueza y la
+sinceridad les parec&iacute;an asimismo prendas muy necias y que nunca deben
+emplearse con los curiosos, comprendiendo toda la pr&aacute;ctica sabidur&iacute;a del
+proverbio que dice: <i>A quien quiere saber, mentiras en &eacute;l</i>.</p>
+
+<p>Proced&iacute;a de aqu&iacute; la prudente desconfianza y el h&aacute;bil disimulo con que
+los villafriescos hablaban con todo forastero; mas esto no imped&iacute;a que
+procurasen saber de &eacute;l cuanto hab&iacute;a que saber.</p>
+
+<p>No fue necesario mucho ingenio para mover a don Gregorio a que dijese el
+objeto de su viaje. Ya no hab&iacute;a en esto secreto alguno, y D. Gregorio lo
+dijo todo.</p>
+
+<p>El pasmo y la estupefacci&oacute;n se extendieron al instante por todos los
+&aacute;mbitos de Villafr&iacute;a, con la nueva de que do&ntilde;a Luz era millonaria:
+heredera de una fortuna enorme.</p>
+
+<p>Para D. Acisclo fue la sorpresa no inferior a la de todos su
+compatricios.</p>
+
+<p>Nada distaba m&aacute;s de su mente que la herencia de do&ntilde;a Luz; pero D.
+Acisclo sab&iacute;a y aguardaba la venida de D. Gregorio, aunque ignorando a
+qu&eacute; ven&iacute;a.</p>
+
+<p>Poco antes de morir el Marqu&eacute;s, teniendo a&uacute;n a la cabecera de la cama al
+cura D. Miguel, con quien acababa de confesarse, hab&iacute;a hecho venir a su
+presencia al bueno de don Acisclo; y a solas con &eacute;l y con el cura,
+exigi&oacute; de D. Acisclo, bajo juramento de guardar el m&aacute;s profundo secreto,
+que cumplir&iacute;a a su tiempo una comisi&oacute;n que iba a darle.</p>
+
+<p>Don Acisclo prometi&oacute; y jur&oacute; ser muy sigiloso, y el Marqu&eacute;s dijo al cura
+que abriese un caj&oacute;n de su bufete, donde encontrar&iacute;a una carta cerrada y
+sellada, que dec&iacute;a en el sobrescrito: <i>A mi hija Luz</i>.</p>
+
+<p>El cura encontr&oacute; luego la carta, y entonces, exigiendo tambi&eacute;n del cura
+que no hablase de aquella carta con nadie, consider&aacute;ndola como secreto
+de confesi&oacute;n, el Marqu&eacute;s le recomend&oacute; que la custodiase y no la
+entregase sino a D. Acisclo, el cual no hab&iacute;a de ped&iacute;rsela hasta que
+viniese a Villafr&iacute;a un se&ntilde;or llamado D. Gregorio Salinas, o hasta que
+pasasen dos meses de la muerte de una se&ntilde;ora que viv&iacute;a en Madrid,
+llamada la Condesa de Fajalauza. Para esto, D. Acisclo deb&iacute;a tener con
+cautela y discreci&oacute;n a alg&uacute;n sujeto en Madrid encargado de avisarle
+cuando muriese la Condesa, y no bien cumplida cualquiera de las dos
+condiciones, D. Acisclo hab&iacute;a de tomar la carta y llev&aacute;rsela a do&ntilde;a Luz.
+Caso del fallecimiento del cura, la carta deb&iacute;a pasar a poder de D.
+Acisclo, y caso de fallecer &eacute;ste, &eacute;l mismo deb&iacute;a designar a persona que
+le sustituyera en el encargo de entregar la carta misteriosa.</p>
+
+<p>Don Acisclo ten&iacute;a, aunque envuelta en el debido respeto, tan mala
+opini&oacute;n del juicio de su pobre y arruinado amo, que, a pesar de toda la
+solemnidad de lo que le encargaba, no quiso darle importancia alguna, y
+lo que menos le pas&oacute; por la cabeza fue que aquella carta pudiese tener
+relaci&oacute;n con algo que se pareciese a dinero. Don Acisclo dio por
+evidente que tal carta ser&iacute;a una nueva tonter&iacute;a del Marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>Sin embargo, seg&uacute;n queda dicho ya varias veces, don Acisclo era un var&oacute;n
+recto y temeroso de Dios; jam&aacute;s faltaba a la probidad ni a la justicia,
+tratando de conciliarlas con su medro; y cumpl&iacute;a fielmente los encargos
+cuando el cumplirlos costaba poco o nada.</p>
+
+<p>As&iacute; fue que guard&oacute; el secreto de la carta durante a&ntilde;os y a&ntilde;os, y tuvo
+siempre encomendado a un amigo de Madrid que le notificase la muerte de
+la Condesa.</p>
+
+<p>Ya hac&iacute;a m&aacute;s de dos semanas que D. Acisclo hab&iacute;a recibido noticia de
+dicha muerte, y estaba aguardando el t&eacute;rmino de los dos meses o la
+venida de don Gregorio.</p>
+
+<p>Esta, como hemos visto, ocurri&oacute; mucho antes de que dicho t&eacute;rmino se
+cumpliera.</p>
+
+<p>Don Acisclo fue, pues, a pedir la carta al cura don Miguel, quien se la
+entreg&oacute; sin dificultad, visto que las condiciones se hab&iacute;an cumplido.</p>
+
+<p>Don Acisclo, sabedor ya de los muchos millones que heredaba do&ntilde;a Luz, y
+comprendiendo a las claras que la carta hab&iacute;a de tener relaci&oacute;n con los
+tales millones, lejos de despreciarla, la consider&oacute; como important&iacute;sima
+y trascendente, y se apresur&oacute; a llevarla a la persona a quien iba
+dirigida.</p>
+
+<p>Mientras la carta permaneci&oacute; cerrada en manos ya de D. Acisclo, y sin
+llegar a las de do&ntilde;a Luz, aunque transcurri&oacute; poqu&iacute;simo tiempo, D.
+Acisclo le tuvo de sobra para cavilar y forjar una risue&ntilde;a hip&oacute;tesis
+acerca de su contenido.</p>
+
+<p>El Marqu&eacute;s, aunque al morir dejaba a su hija muy ni&ntilde;a a&uacute;n, no lo
+bastante para que no conociese su soberbia, y como tambi&eacute;n conoc&iacute;a que
+la dejaba pobr&iacute;sima, hab&iacute;a de haber presumido que su hija se quedar&iacute;a
+soltera. &iquest;C&oacute;mo, pues, iba do&ntilde;a Luz a manejarse con tantos millones, sin
+tener a su lado a un hombre entendido y de toda confianza? &iquest;Y qui&eacute;n, en
+la mente del Marqu&eacute;s, pod&iacute;a ser este hombre sino el propio D. Acisclo,
+que con tanta habilidad y lealtad hab&iacute;a administrado sus bienes? D.
+Acisclo tuvo, pues, por cierto que el contenido de la carta era
+recomendar a do&ntilde;a Luz con el mayor encarecimiento que hiciese de &eacute;l su
+nuevo administrador.</p>
+
+<p>Ya sab&iacute;a D. Acisclo, por boca de D. Gregorio, que los millones de do&ntilde;a
+Luz estaban en fondos p&uacute;blicos extranjeros, y que ganaban a lo m&aacute;s un
+seis o un siete por ciento anual. Esto le ten&iacute;a indignado. Como buen
+espa&ntilde;ol y buen cat&oacute;lico, se dol&iacute;a de que explotasen aquel hermoso
+capital, pagando tan mezquinos r&eacute;ditos, gentes de <i>extranjis</i>, herejes o
+jud&iacute;os de seguro. &iquest;Cu&aacute;nto mejor empleado no estar&iacute;a aquel dinero en
+Espa&ntilde;a, y sobre todo en Villafr&iacute;a y los pueblos cercanos? Era
+indispensable traer a Espa&ntilde;a aquel dinero. Don Acisclo, con arreglo a
+sus doctrinas de hacer ganar a su amo ganando &eacute;l, trazaba ya el plan
+econ&oacute;mico para el manejo de los millones. En vez del seis o del siete,
+har&iacute;a ganar a do&ntilde;a Luz el nueve o el diez por ciento sobre el capital;
+tres por ciento de ventaja; pero, como &eacute;l hallar&iacute;a modo de colocar el
+dinero al doce y hasta al quince, sobre buenas hipotecas o con escritura
+de dep&oacute;sito o con otros medios conminatorios para la seguridad, por
+aquello de que <i>el miedo guarda la vi&ntilde;a</i>, D. Acisclo se ve&iacute;a ya
+convertido en algo como director de un banco hipotecario, de un
+artilugio ingenioso, de una bomba absorbente, para quedarse con todas
+las tierras y ochavos de la provincia, haciendo ganar a do&ntilde;a Luz
+much&iacute;simo m&aacute;s de lo que su capital antes ganaba.</p>
+
+<p>Don Jaime era desprendido, se ocupaba en cosas de ambici&oacute;n y de pol&iacute;tica
+y no en negocios de dinero; el dinero le importaba poco, pues se hab&iacute;a
+casado con do&ntilde;a Luz siendo ella pobre; y sin duda encontrar&iacute;a muy
+razonable que D. Acisclo administrase los millones e hiciese con ellos
+la felicidad de Villafr&iacute;a, fomentando su industria y su agricultura.</p>
+
+<p>Revolviendo en su mente estos alegres pensamientos, lleg&oacute; D. Acisclo a
+casa de do&ntilde;a Luz, entr&oacute; en su cuarto y acert&oacute; a encontrarla sola como
+deseaba.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de felicitar a do&ntilde;a Luz porque Dios hab&iacute;a mejorado sus horas de
+modo tan estupendo e imprevisto, refiri&oacute; el encargo que ten&iacute;a y las
+circunstancias y solemnidades que hubo cuando se le hicieron.</p>
+
+<p>&mdash;Venga esa carta de mi padre&mdash;dijo do&ntilde;a Luz con visible emoci&oacute;n.</p>
+
+<p>Don Acisclo entreg&oacute; la carta.</p>
+
+<p>Ella rompi&oacute; el sello, la sac&oacute; del sobre, y sin decir una palabra m&aacute;s se
+puso a leer.</p>
+
+<p>No ir&iacute;a mediada a&uacute;n la lectura, cuando do&ntilde;a Luz, que comenz&oacute; a leer
+sentada, se puso de pie manifestando intranquilidad.</p>
+
+<p>Don Acisclo, que lo observaba todo, recel&oacute; algo malo al ver aquello, y
+dijo para s&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Diantre! Este marqu&eacute;s ten&iacute;a el don de errar. &iquest;Si se habr&aacute; compuesto de
+suerte que todo lo de la herencia venga a deshacerse como la sal en el
+agua? &iquest;Si encargar&aacute; a su hija que traspase los millones a otro sujeto?&raquo;.</p>
+
+<p>Mientras que D. Acisclo cavilaba, do&ntilde;a Luz, suspendida por un instante
+la lectura, cavilaba tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Una sonrisa arque&oacute; suavemente los labios de do&ntilde;a Luz. Era el resultado
+de sus cavilaciones. Don Acisclo lo tuvo por buen ag&uuml;ero.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s do&ntilde;a Luz sigui&oacute; leyendo la carta.</p>
+
+<p>La sonrisa se fue acentuando cada vez m&aacute;s. Al cabo vino a convertirse en
+risa algo burlona.</p>
+
+<p>&laquo;Es curioso&mdash;pens&oacute; don Acisclo&mdash;. &iquest;Con qu&eacute; chistes se descolgar&aacute; ahora
+su pap&aacute;, a los doce o trece a&ntilde;os de muerto, para que ella se r&iacute;a tan
+fuera de saz&oacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>En esto, do&ntilde;a Luz acab&oacute; de leer la carta. Volvi&oacute; a cavilar en silencio,
+que D. Acisclo no se atrevi&oacute; a interrumpir, y volvi&oacute; a re&iacute;rse un si es
+no es descompuestamente.</p>
+
+<p>Como do&ntilde;a Luz era la compostura personificada, D. Acisclo se aturdi&oacute; con
+tan ins&oacute;lita risa.</p>
+
+<p>Hubo un instante en que cruz&oacute; por el pensamiento de D. Acisclo que do&ntilde;a
+Luz se re&iacute;a sin duda de que su padre le recomendase que le tomara a &eacute;l
+por administrador. Don Acisclo se enoj&oacute; y se enfurru&ntilde;&oacute; un poco.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, sin embargo, en vez de enmendarse, sigui&oacute; riendo, y termin&oacute;
+por prorrumpir en sonoras carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa? &iquest;Qu&eacute; hay de tan gracioso para re&iacute;r as&iacute;?&mdash;dijo D. Acisclo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz no contest&oacute;, y ri&oacute; con m&aacute;s violencia.</p>
+
+<p>Su risa vino a tener muy alarmantes condiciones. Se conoc&iacute;a que era ya
+independiente de su voluntad: nerviosa, insana.</p>
+
+<p>Ella se hab&iacute;a guardado la carta en el seno.</p>
+
+<p>Lo que pensaba, lo que infer&iacute;a de la carta era lo que la hac&iacute;a re&iacute;r.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, D. Acisclo, viendo que la risa continuaba, empez&oacute; a
+asustarse.</p>
+
+<p>El rostro de do&ntilde;a Luz se trastorn&oacute;. Un paroxismo hist&eacute;rico bien marcado
+se apoder&oacute; de ella.</p>
+
+<p>Los sollozos se mezclaron pronto con la risa, y por &uacute;ltimo, do&ntilde;a Luz
+cay&oacute; al suelo como desplomada, y all&iacute; se agit&oacute; en fuertes convulsiones.</p>
+
+<p>Don Acisclo toc&oacute; entonces la campanilla, llam&oacute; a voces a la gente de
+casa, y acudieron D. Gregorio, Juana, Tom&aacute;s y otros criados.</p>
+
+<p>Todos se aterraron.</p>
+
+<p>Las convulsiones segu&iacute;an.</p>
+
+<p>Juana mand&oacute; llamar al m&eacute;dico D. Anselmo.</p>
+
+<p>Este, con los recursos de su arte, y obrando tambi&eacute;n la naturaleza,
+logr&oacute; volver la calma a do&ntilde;a Luz, la cual qued&oacute; muy postrada.</p>
+
+<p>Don Acisclo y todos los all&iacute; presentes se quedaron con el deseo de
+averiguar la causa moral, como sin duda la hubo, de aquel ataque
+repentino, tan ajeno a la robustez y condici&oacute;n sana de la marquesa de
+Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita vino a ver a la enferma, y do&ntilde;a Luz tampoco le confi&oacute;
+nada.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Conclusion" id="Conclusion"></a>Conclusi&oacute;n</h2>
+
+<p>Hab&iacute;an pasado cuatro meses desde que ocurri&oacute; el ya referido ataque.</p>
+
+
+<p>En este tiempo hab&iacute;an sucedido cosas singular&iacute;simas, que nadie acertaba
+a explicar en Villafr&iacute;a.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente del ataque hab&iacute;a llegado D. Jaime, a quien llamaremos
+el Marqu&eacute;s, pues ya lo era.</p>
+
+<p>El Marqu&eacute;s acept&oacute; y recogi&oacute; la magn&iacute;fica herencia de do&ntilde;a Luz.</p>
+
+<p>Don Gregorio se volvi&oacute; a Madrid en seguida.</p>
+
+<p>Todo esto era natural&iacute;simo. Lo que no lo era, porque ven&iacute;a a contrariar
+planes anteriores, conocidos ya de todos, era que el Marqu&eacute;s, en vez de
+llevarse a do&ntilde;a Luz a la corte, se volvi&oacute; solo a los cuatro d&iacute;as de
+estar en el lugar, y se dej&oacute; en &eacute;l a do&ntilde;a Luz, bastante delicada e
+indispuesta.</p>
+
+<p>Los que vieron partir al Marqu&eacute;s aseguraban que llevaba el rostro muy
+fosco, y que parec&iacute;a estar de un humor de todos los diablos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz, desde la partida del Marqu&eacute;s, hab&iacute;a estado encerrada siempre.
+Ni para ir a misa sal&iacute;a a la calle. Estaba enferma o pretextaba estarlo.</p>
+
+<p>As&iacute; se pasaron, seg&uacute;n queda dicho, cuatro largos meses.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a ya tertulia.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz s&oacute;lo recib&iacute;a a D. Anselmo, a quien ni como a m&eacute;dico consultaba
+cosa alguna, y a do&ntilde;a Manolita, con quien esquivaba toda conversaci&oacute;n
+sobre su marido, sobre su herencia y sobre la repentina enfermedad que
+ella hab&iacute;a padecido.</p>
+
+<p>La &iacute;ndole de do&ntilde;a Luz parec&iacute;a muy cambiada.</p>
+
+<p>Andaba siempre melanc&oacute;lica y taciturna.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita notaba, cuando iba a verla, que ten&iacute;a los ojos fatigados y
+rojos de llorar. A veces, do&ntilde;a Luz no pod&iacute;a reprimir el llanto, y en
+presencia de do&ntilde;a Manolita lloraba.</p>
+
+<p>Durante alg&uacute;n tiempo, la tristeza de do&ntilde;a Luz hab&iacute;a sido sombr&iacute;a,
+reconcentrada y feroz. Su amiga &iacute;ntima no se hab&iacute;a atrevido a
+preguntarle la menor cosa ni a quejarse de su silencio.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as, no obstante, a que hemos tra&iacute;do nuestra narraci&oacute;n, la
+tristeza de do&ntilde;a Luz se modific&oacute; visiblemente. Se hizo m&aacute;s tierna y m&aacute;s
+expansiva.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz no se limitaba a recibir a su amiga cuando &eacute;sta iba a verla,
+sino que a menudo la mandaba llamar.</p>
+
+<p>Lloraba, suspiraba m&aacute;s, pero estaba menos sombr&iacute;a. A veces cruzaba una
+dulce sonrisa por entre sus l&aacute;grimas, como rayo de sol entre nubes.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, por &uacute;ltimo, do&ntilde;a Luz escribi&oacute; a do&ntilde;a Manolita el siguiente
+billete:</p>
+
+<p>&laquo;Querida amiga m&iacute;a: No puedo callar m&aacute;s tiempo. Mi infortunio me ahoga,
+me mata, y quiero vivir. Soy muy desgraciada y hay una esperanza que me
+sonr&iacute;e. Necesito conservar la vida. Temo que este oculto dolor me
+asesine. Es menester que te le confiese; que me desahogue contigo; que
+tu compasi&oacute;n y tu amistad me salven. Ven a verme al punto. Te quiere tu
+Luz&raquo;.</p>
+
+<p>No hay que decir que do&ntilde;a Manolita estuvo a los pocos minutos en el
+cuarto de do&ntilde;a Luz, la cual se ech&oacute; en sus brazos, llorando con mucha
+ternura y bes&aacute;ndola y llam&aacute;ndola su &uacute;nico consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo vas a saber&mdash;le dijo&mdash;. Me morir&iacute;a si no me consolase
+dici&eacute;ndotelo. T&uacute; eres buena y sigilosa. &iquest;Prometes callarte?</p>
+
+<p>&mdash;Lo prometo&mdash;contest&oacute; la hija del m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;Ni a Pepe G&uuml;eto, &iquest;entiendes? Ni a Pepe G&uuml;eto dir&aacute;s nada.</p>
+
+<p>&mdash;No dir&eacute; nada ni a Pepe G&uuml;eto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Luz en voz muy baja, pero con extraordinaria
+vehemencia&mdash;, la causa de mi mal es que he descubierto, a los quince
+d&iacute;as de casada, que el hombre que yo imagin&eacute; tan noble, tan generoso,
+tan enamorado de m&iacute;, tan digno en todos conceptos de que yo le amara, y
+a quien di mi coraz&oacute;n y mi mano, y a quien entregu&eacute; mi ser y mi vida, es
+un miserable sin alma.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s loca, Luz? &iquest;Qu&eacute; motivos tienes para decir palabras tan
+espantosas?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; motivos tengo? Mi padre, sin querer, me lo ha revelado todo en la
+carta que me entreg&oacute; D. Acisclo. &iexcl;Fue notable exceso de precauci&oacute;n!</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Luz empez&oacute; a re&iacute;r con la risa nerviosa que tuvo cuando el ataque.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, c&aacute;lmate, vida m&iacute;a. C&aacute;lmate y habla con reposo&mdash;dijo do&ntilde;a
+Manolita.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz logr&oacute; tranquilizarse y continu&oacute; hablando:</p>
+
+<p>&mdash;Por temor de que, en el caso de que la condesa de Fajalauza me dejase
+por heredera, D. Gregorio no cumpliese bien su comisi&oacute;n, mi padre, que
+toda su vida fue descuidad&iacute;simo, quiso en esta sola ocasi&oacute;n pecar de
+cuidadoso. Mi padre confi&oacute;, quiz&aacute; tambi&eacute;n por vanidad, toda la historia
+de sus amores a un antiguo amigo suyo, le entreg&oacute; papeles que pod&iacute;an
+obligar y comprometer a D. Gregorio, si &eacute;ste no se conduc&iacute;a bien como
+fideicomisario, y le encarg&oacute; que lo callase y reservase todo como no
+fuera menester descubrirlo en su d&iacute;a. Para el caso de que muriese este
+amigo de mi padre antes de la muerte de la Condesa, tuvo autorizaci&oacute;n
+dicho amigo de confiar a su hijo el secreto y de transmitirle la
+comisi&oacute;n. Dicho amigo se llamaba D. Diego Pimentel. Su hijo es mi marido
+D. Jaime. Muchos a&ntilde;os hac&iacute;a que &eacute;l sab&iacute;a que yo pod&iacute;a ser poderosa, pero
+no le bast&oacute; conocer la posibilidad. Necesit&oacute; de la certidumbre para
+enamorarse de m&iacute;. Sin la certidumbre, jam&aacute;s le hubiera yo dado
+<i>flechazo</i>. &iquest;Te acuerdas cuando t&uacute; me dec&iacute;as que le hab&iacute;a yo dado
+<i>flechazo</i>? Ya sabes cu&aacute;l fue la flecha de oro de que se vali&oacute; amor para
+hacer tama&ntilde;o prodigio. Don Jaime no tuvo necesidad de verme para
+sentirse atravesado de la flecha. Ya la tra&iacute;a en el coraz&oacute;n cuando vino
+de Madrid, con pretexto de visitar a sus electores. Ya sab&iacute;a &eacute;l la
+muerte del Conde y que la Condesa estaba moribunda. Mientras viv&iacute;a el
+Conde, mientras la condesa pudo morir antes de que el Conde muriese, se
+guard&oacute; bien don Jaime de enamorarse de m&iacute;. Mira, pues, en lo que viene a
+parar todo el poema de amor que yo hab&iacute;a compuesto. El amor
+desinteresad&iacute;simo que en don Jaime me enamor&oacute;, fue un c&aacute;lculo seguro de
+alzarse sin trabajo con diez y siete millones. Don Jaime calcul&oacute; bien, y
+no quiso aventurar nada. Me ha enga&ntilde;ado vilmente, porque tampoco crey&oacute;
+tan precavido a mi padre para que me hubiese escrito la carta que me
+entreg&oacute; D. Acisclo. Don Jaime presum&iacute;a &iquest;qu&eacute; digo presum&iacute;a? juzgaba tener
+seguridad de que yo no sabr&iacute;a jam&aacute;s que &eacute;l estaba en el secreto de mi
+herencia. Ahora mi amor se ha convertido en odio y en desprecio. Y no le
+desprecio y le odio a &eacute;l s&oacute;lo, sino tambi&eacute;n al amor liviano que logr&oacute;
+inspirarme. &iquest;Por qu&eacute; me enamor&eacute; de &eacute;l? &iquest;Por qu&eacute; ced&iacute; tan pronto? Por
+vanidad de creerme amada; por ligereza; por deslumbrarme como una
+r&uacute;stica lugare&ntilde;a de sus cortesanas elegancias. Apenas vale el amor que
+le tuve un quilate m&aacute;s que el amor que &eacute;l fing&iacute;a tenerme. No; no se
+fund&oacute; mi amor en la estimaci&oacute;n de las prendas de su alma que yo
+desconoc&iacute;a, sino en vana soberbia satisfecha, y en ciegos instintos, en
+groseros est&iacute;mulos acaso, al verle gallardo y bello de cuerpo. Me
+averg&uuml;enzo de haber sido suya, y de la inclinaci&oacute;n que me llev&oacute; a ser
+suya. La estancia en que le recib&iacute; en mis brazos, despu&eacute;s de las
+bendiciones nupciales, me causa ahora rubor, como al afrentado le causa
+rubor el sitio en que sufri&oacute; la afrenta. La explicaci&oacute;n que tuve con &eacute;l,
+cuando &eacute;l volvi&oacute; de Madrid y yo le rechac&eacute; al ir &eacute;l a abrazarme, fue
+horrible... horrible.... Sus infames disculpas, sus burlas c&iacute;nicas
+cuando le arranqu&eacute; la m&aacute;scara, el desd&eacute;n con que me dijo que yo no sab&iacute;a
+vivir y que me hab&iacute;a forjado del mundo una idea fant&aacute;stica, y la
+insolencia con que acab&oacute; por calificarme de loca y de insensata, me han
+afirmado en mi decidido prop&oacute;sito de una eterna separaci&oacute;n. Al morir a
+manos del desenga&ntilde;o este amor ef&iacute;mero, al convertirse en hiel esta
+liviandad legalizada y consagrada que me ech&oacute; en brazos de D. Jaime, ha
+revivido en m&iacute; otro amor espiritual y con objeto digno; otro amor, de
+que yo neciamente me sonrojaba; otro amor que he querido ahogar, que he
+querido ocultarme a m&iacute; propia, y que ahora reaparece inmaculado y puro,
+aunque sin esperanza en esta vida. Por esto he deseado la muerte. &iexcl;Qu&eacute;
+diferencia, Manuela! Aqu&eacute;l... &iquest;no lo sabes?... aqu&eacute;l muri&oacute; de amor por
+m&iacute;. Para &eacute;ste soy un juguete, medio de poseer una fortuna. Este no
+comprende siquiera el amor. Le escarnece. Me ha llamado necia y
+disparatada porque me pesaba de que no me amase de amor cuando se cas&oacute;
+conmigo; porque le dije que ha profanado y envilecido mi amor
+haci&eacute;ndomele sentir sin &eacute;l sentirle. &iquest;Te parece todo esto peque&ntilde;o motivo
+para mi desesperaci&oacute;n?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita estaba atolondrada, llena de dolor al ver tan infeliz a su
+amiga, pero sin saber qu&eacute; decirle.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manolita suspiraba, acariciaba a do&ntilde;a Luz, la miraba compasiva, la
+escuchaba muy atenta, y se callaba.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, se le ocurri&oacute; decir:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; desesperaci&oacute;n es la tuya? &iquest;No pon&iacute;as en tu billete que
+deseabas la vida? &iquest;No me hablabas de una esperanza?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;: la tengo&mdash;contest&oacute; do&ntilde;a Luz&mdash;. Por ella, s&oacute;lo por ella no me he
+muerto.</p>
+
+<p>Y asiendo do&ntilde;a Luz ambas manos de do&ntilde;a Manolita, las puso sobre su
+regazo, reteni&eacute;ndolas all&iacute; por algunos instantes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo has sentido? &iquest;Lo has sentido?&mdash;exclam&oacute; entonces do&ntilde;a Luz&mdash;. Salta
+en mi seno. Vive en mis entra&ntilde;as. Yo vivir&eacute; por &eacute;l y para &eacute;l. No quiero
+creer que una material impresi&oacute;n haya dejado aqu&iacute; la imagen del hombre
+que desprecio. Mi esp&iacute;ritu concibe este ser. Mi pensamiento y mi
+voluntad, durante largos meses, le han prestado y le prestar&aacute;n forma, y
+le han dado y le dar&aacute;n alma semejante a la de aquel que me la dio toda.
+En los besos que estamp&eacute; en su noble rostro, cuando mor&iacute;a, hubo m&aacute;s
+verdadero amor que en todos los abrazos que al otro prodigu&eacute; alucinada.</p>
+
+<p>De esta suerte, do&ntilde;a Luz hizo a su amiga sus m&aacute;s &iacute;ntimas confidencias.</p>
+
+<p>Hasta hoy, do&ntilde;a Luz cumple su prop&oacute;sito.</p>
+
+<p>No ha vuelto, y bien se puede afirmar que no volver&aacute; nunca, a reunirse
+con D. Jaime.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Luz sigue viviendo en Villafr&iacute;a, muy retirada de todo trato y
+conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Mientras su marido brilla sobremanera en la corte, ella cuida de un hijo
+muy hermoso y muy inteligente que Dios le ha dado, y cuyo nombre de pila
+es Enrique.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>FIN</h2>
+
+
+
+
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+End of the Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera
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+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ ***
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+***** This file should be named 17338-h.htm or 17338-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/1/7/3/3/17338/
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+Produced by Chuck Greif
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+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
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+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
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+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
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+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
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+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
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+
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+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
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+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
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+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
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+
+1.F.
+
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+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
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