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diff --git a/17338-8.txt b/17338-8.txt new file mode 100644 index 0000000..03bac1c --- /dev/null +++ b/17338-8.txt @@ -0,0 +1,6640 @@ +The Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Doña Luz + +Author: Juan Valera + +Release Date: December 17, 2005 [EBook #17338] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + +Doña Luz + +Por + +Juan Valera + +Biblioteca Perojo + +Paris + +1897 + + + + +A la señora condesa de Gomar + + +Estando en casa de V., en una noche del verano pasado, conté la sencilla +historia de Doña Luz. Hallola V. bien, gracias sin duda a la indulgencia +con que me mira, y me animó para que la escribiese. Prometí escribirla y +dedicársela a V.; aceptó V. la promesa, y hoy con el mayor gusto la +cumplo. Lo que me desazona es el corto valer del don en sí o su ningún +valer, si se atiende al de la persona a quien le dedico, por su talento +y belleza tan general y justamente encomiada. Sea, con todo, mi +dedicatoria muestra, aunque pobre, del respetuoso cariño que V. me +inspira. + +Por lo demás, aunque la novela no divierta, creo yo que vale algo por +las muy graves y severas lecciones que contiene. + +Pongo a un lado las mil y quinientas que cualquier agudo crítico puede +sacar si se empeña en elogiarme y lucirse, y me limito a la lección que +se da, no ya sólo a los frailes, que al fin pocos hay en España ahora, +sino por extensión a todo caballero cortesano, viejo o algo machucho, +que se enamora con amor vicioso. + +El desastrado caso del P. Enrique deberá servir de escarmiento y grabar +en la mente del cortesano viejo, como moraleja principal, aquellas +advertencias divinas con que el ilustre Micer Pietro Bembo hermosea y +corona el libro de _El cortesano_. + +Estas advertencias dicen en resumen que el cortesano «enderece su deseo +a la hermosura sola, y cuanto más pueda la contemple en ella misma +simple y pura, y dentro en la imaginación la forme separada de toda +materia, y formándola así la haga amiga y familiar de su alma, y allí la +goce, y consigo la tenga días y noches en todo tiempo y lugar sin miedo +de jamás perdella, acordándose siempre de que el cuerpo es cosa muy +diferente de la hermosura, y que, no solamente no la acrecienta, mas que +le apoca su perdición. Desta manera será nuestro cortesano viejo fuera +de todas aquellas miserias y fatigas que suelen casi siempre sentir los +mozos, y así no sentirá celos, ni sospechas, ni desabrimientos, ni iras, +ni desesperaciones, ni otras mil locuras llenas de rabia, con las cuales +muchas veces llegan los enamorados locos a tanto desatino que aun a sí +mismos quitan la vida»: como sucedió al P. Enrique, volviendo a mi +cuento. Al cual Padre le hubiera estado mejor valerse de este amor como +de escala para subir a más alto grado. Porque, considerando la +estrecheza de estar siempre ocupado en contemplar la hermosura de un +cuerpo solo, debió sentir deseo de ensancharse algo y de salir de +término tan angosto, y para ello debió también juntar en su mente muchas +hermosuras, y, reduciéndolas a una sola, formar aquella que sobre toda +la naturaleza se extiende y derrama. + +Sabido es, por último, que, por cima de este concepto universal de la +hermosura, hay otra excelsa, increada y de la que todas proceden. Si el +amor llega a columbrarla, ¿de qué no se olvida? Y entonces (y toda ésta +es doctrina de micer Pietro Bembo), se abrasa el alma en aquella llama, +simbolizada y prefigurada en la enorme pira, donde se quemó Hércules, +después de todos sus trabajos, allá en la cumbre del monte Oeta, o se +remonta y traspone en el ardiente carro, en que Elías abandonó la tierra +y se fue volando a los cielos. + +Yo, señora, con el peso de los años, que ya me molesta bastante, y con +no pocas saludables desilusiones, voy propendiendo, aunque pecador, a +subir por este último camino. Y si bien en mis novelas se notan aún +resabios y aficiones de hombre mundano, ya hay en ellas como señales de +que me llaman a sí otras voces muy distintas de las del mundo. + +Con esto, acaso perderá en amenidad lo que escribo, pero ganará en +utilidad. Ahora que está en moda lo docente, dígame V. con franqueza si +mi novela no enseña algo cuando esto enseña. + +Dele V., pues, su aprobación; acéptela y defiéndala ya que le pertenece; +y créame su devoto servidor y amigo, + +JUAN VALERA. + + + + +-I- + +El Marqués y su administrador + + +No todas las historias que yo refiero han de ocurrir en Villabermeja. +Hoy he de contar una muy interesante ocurrida, pocos años ha, en otro +lugar cercano, que llamaremos Villafría, reservando para mayores cosas +su verdadero nombre. Por lo demás, entre Villabermeja y Villafría no se +da diferencia muy notable; pues, si bien Villabermeja posee un santo +patrono más milagroso, Villafría goza de término más rico, de más +población, de mejores casas, y de más pudientes hacendados. + +Entre éstos descollaba el Sr. D. Acisclo, así llamado desde que cumplió +cuarenta y cinco años, y que sucesivamente había sido antes, hasta la +edad de veintiocho a treinta, Acisclillo y tío Acisclo después. El don +vino y se antepuso, por último, al Acisclo, en virtud del tono y de la +importancia que aquel señor acertó a darse con los muchos dineros que +honrada y laboriosamente había sabido adquirir. + +Su buena fama trascendía por toda la provincia. No le estimaban sólo +como a persona que tiene el riñón bien cubierto, y que no se dejaría +ahorcar por dos o tres milloncejos de reales, sino que era preconizado +como sujeto muy cabal, formalísimo en sus tratos y seguro hasta la pared +de enfrente, y como tan recto, devoto de María Santísima y temeroso de +Dios, que casi, casi estaba en olor de santidad, a pesar de las malas +lenguas, que no faltan nunca. + +Lo cierto es que D. Acisclo había sabido conciliar su medro con la +probidad y la justicia. Había sido administrador del marqués de +Villafría, durante veinte años lo menos, y se había compuesto de manera +que todos los bienes del marquesado habían ido poco a poco pasando de +las manos de su señoría a sus manos más ágiles y guardosas. + +Este pase o dislocación se había realizado natural y legítimamente. Don +Acisclo no tenía culpa ninguna de que el marqués hubiese sido +despilfarrado y perdulario; y más que por culpa podía y debía contarse +por mérito que él fuese ingenioso, ahorrativo y aprovechadísimo. + +Siempre se condujo con la mayor lealtad en la administración. El marqués +de Villafría habitaba en Madrid, donde gastaba mucho. Tenía necesidad de +dinero. Enviaba a pedir. No había. Y entonces se apelaba a varios +recursos, de algunos de los cuales hablaré aquí en breves palabras. + +Mandaba el marqués, que, para reunirle dos mil duros, se vendiese vino, +aunque fuese malbaratándole: dando, por ejemplo, el fino y potable como +de quema. + +Don Acisclo era muy estrecho y escrupuloso de conciencia, y se ponía a +buscar con afán a alguien que se llevase el vino por su justo valor; +pero no le hallaba. Nadie daba por cada arroba sino seis o siete reales +menos de lo que valía. Entonces D. Acisclo se sacrificaba; allegaba el +dinero, se le enviaba al marqués, y tomaba el vino para sí por una +peseta menos en cada arroba. De esta suerte ganaba él, haciendo ganar al +marqués tres reales en arroba por la parte más corta. Luego echaba D. +Acisclo en madera el mencionado vino, y al cabo de un año, le ponía tan +exquisito, que vendía cada arroba por siete u ocho pesetas más de lo que +le había costado. + +En otras ocasiones, pedía el marqués, corriendo, mil duritos para salir +de un apuro. «Tómalos de un comerciante de Málaga--escribía a D. +Acisclo--, prometiendo pagarlos en aceite dentro de dos meses, que será +la cosecha». + +Don Acisclo buscaba al punto en Málaga comerciante que se allanase a dar +el dinero, y resultaba que nadie quería darle sino cobrándose en aceite, +dos meses o poco más después, y tomando la arroba de dicho líquido a dos +reales menos del precio corriente. Ésta era una usura monstruosa; era +una usura de más del 30 por 100 al año. Don Acisclo se afligía, ponía el +grito en el cielo, caía enfermo por la pesadumbre que le daban los +apuros del marqués, y al fin reincidía en sacrificarse, tomando él mismo +el líquido por un real menos de su precio corriente, y aprontando el +dinero, del cual no venía a sacar sino a razón de 20 por 100 al año. Así +hacía ganar al marqués otro 10 por 100. + +Con el trigo sucedía lo propio. El marqués mandaba que le vendiesen el +trigo dos o tres meses antes de la cosecha. No se hallaba quien le +pagase con anticipación sino con tres reales de descuento por fanega. +Entonces D. Acisclo proporcionaba el dinero, y se quedaba con el trigo +por dos reales menos, pero haciendo ganar al marqués un real en fanega. + +El marqués gustaba de tener una reata de ocho hermosos mulos, los cuales +se hubieran comido una barbaridad de cebada, sin trabajar para el +marqués sino cuatro meses a lo más cada año; pero D. Acisclo se servía +de los mulos para los acarreos y tráficos, y así se ahorraba él de pagar +mulero y mulos, y hacía que el marqués ahorrase sobre seis meses de +piensos. + +Las tierras del marqués estaban muy necesitadas de abono. Don Acisclo +adquirió para sí no pocas ovejas y cabras, las cuales, a trueque de +algunas hierbas inútiles y tal vez nocivas y de algunos retoños bajos y +viciosos, abonaban bien los mejores olivares del marqués. + +Necesitaba el marqués más dinero; era menester tomarle prestado; no +había quien le diese a menos del 15 por 100. Don Acisclo hallaba a un +pariente o a un amigo suyo que le daba al 12. Así hacía ganar al marqués +un tres por ciento anual sobre la cantidad recibida. + +En resolución, y por el estilo mencionado, rindiendo cuentas +exactísimas, y demostrando matemáticamente que hacía ganar al marqués +tres o cuatro mil duros al año con administrar tan fiel y celosamente +sus bienes, D. Acisclo vino a quedarse con casi todos ellos. + +Su señoría, sitiado por hambre, tuvo entonces que abandonar la corte, y +se retiró a hacer penitencia en Villafría, donde murió, al año de estar, +de unas calenturas malignas, que infundieron en su sangre la falta de +metales y la sobra de bilis. + +Todo el caudal del marqués, a su muerte, podría producir, a lo sumo, +16.000 rs. al año. + +Estoy tan escamado con los críticos profundos que no atino a resolver y +declarar si el marqués era tonto o discreto. En Madrid había sido el +marqués el encanto de la sociedad, y había pasado por la discreción en +persona. Y, sin embargo, el marqués se había quedado pobre. Tal vez +consista esto en que haya dos géneros de tontería: la tontería de acción +y la tontería de palabra, las cuales están en razón inversa en cada ser +humano. El que no dice tonterías las hace: el que no las hace las dice. +Cuando alguien hace y dice siempre tonterías, ya es tonto de capirote y +goza de tontería absoluta, total, una y toda, como se expresarían los +filósofos. + +Por dicha no es esto lo común: lo común es ser tonto a medias. Cuando +alguien gasta en palabras su discreción, enamora a las gentes y hace las +delicias de las tertulias; pero, consumida toda su discreción en objetos +de lujo, sólo tontería le queda para los negocios que debieran +importarle. Y, por el contrario, todos o casi todos los que consumen su +discreción en hacer su negocio, son insufribles de tontos o de zafios +hasta que le hacen, si bien, luego que le han hecho, vuelven a brillar +con su discreción en los discursos y conversaciones, o bien porque ya no +tienen que emplearla en lo útil y la derivan hacia lo agradable, o bien +por el prestigio seductor de que los circundan su éxito y su buena +fortuna. + +Así me explico yo que el marqués, que buen poso haya, pasase siempre por +discreto en la corte, y en su lugar por incapaz de sacramento. + +Razón tenían en su lugar, dirá quien me lea. Si el marqués no hubiera +sido tonto, hubiera conocido que D. Acisclo le saqueaba y hubiera mudado +de administrador. A esto importa contestar lo que el marqués contestaba, +pues no faltó nunca quien le hiciese dichas reflexiones. Yo no trato +aquí de sostener que el marqués tenía razón: me limito a repetir lo que +él decía. Decía, pues, que en veinte leguas a la redonda, tomando a +Villafría por centro del círculo o redondel, no había más honrado y +virtuoso varón que su administrador: que el ahorro de cuatro mil duros +al año que D. Acisclo se jactaba de haberle hecho era de la más rigurosa +exactitud; y que por consiguiente todavía le salía deudor, en los veinte +años que había administrado sus bienes, de algo más de 80.000 duros. +Otro administrador cualquiera hubiera acabado con el marqués en diez +años. El marqués, por lo tanto, creía deber a D. Acisclo diez años de +buena y alegre vida. Otro administrador cualquiera no hubiera hecho los +adelantos por la mitad menos, y se hubiera enriquecido más pronto, y no +hubiera arruinado a su señor con tantos miramientos, con tanta suavidad +y pausa, y con tan severa conciencia. El propio D. Acisclo creía, allá +en el fondo de su alma, aunque rara vez se jactaba de ello por su +extremada modestia, que había sido para con el marqués un dechado de +fieles servidores. Así es que, en el año que vivió el marqués en +Villafría, ya arruinado, D. Acisclo le sermoneó bien sobre su +despilfarro e imprevisión, y el marqués le oyó siempre con respeto y +hasta compungido a veces. + +Con estos sermones y consejos póstumos, con una amistad llena de +veneración, que D. Acisclo mostró siempre al marqués, más aún cuando +pobre que cuando rico, y con los cuidados con que le atendió en los +últimos días de su vida, sin que ni remotamente entrase en todo ello la +menor idea de desagravio, pues pensaba haberle favorecido y no ofendido, +don Acisclo se elevó a considerable altura moral e intelectual en el +ánimo del marqués, quien al morir le dejó confiada la joya más hermosa +que aún poseía en este mundo. + +Era esta joya una niña que acababa de cumplir quince años cuando murió +el marqués. Había sido educada por un aya inglesa que había sido +menester despedir por falta de dinero antes de venir a Villafría; pero +ya la niña hablaba inglés y francés con perfección y estaba muy +instruida. + +En el lugar había acertado a hacerse querer de todas las gentes, en +especial de los pobres, aunque ella también lo era y poco podía +favorecerlos. + +Huérfana de madre desde que tenía dos años, había quedado sola en el +mundo al morir el marqués. Éste, que jamás había sido casado, había +tenido aquella hija en una mujer oscura, pero le había dado su nombre y +la había legitimado. + +Don Acisclo, muerto el marqués, tuvo grande empeño en adelantar el +dinero para la transmisión del título a la señorita; pero ésta lo supo, +y se opuso del modo más resuelto. Aunque de tan corta edad, pensó y dijo +con discreción que hasta era ridículo ser marquesa con tan poco dinero +como tenía. Don Acisclo insistió en sacar el título, pero la niña se +opuso cada vez con más ahínco. Quedose, pues, sin título. Todos en el +lugar dejaron de llamarla la marquesita, como la llamaban en vida de su +padre, y la llamaron doña Luz, que era su nombre de pila. + +Doña Luz, como buena hija, lamentó y lloró mucho la muerte del marqués; +pero su humilde y cristiana resignación era grande. + +Con el tiempo quedó doña Luz tranquila y consolada. Vivía en casa de D. +Acisclo. Conocía su triste situación, y no se atormentaba por ello. Se +diría que había olvidado Madrid. Estaba conforme en pasar en Villafría +la vida entera. + + + + +-II- + +Antecedentes y pormenores indispensables aunque enojosos + + +Desde la muerte del marqués habían transcurrido doce años. + +Doña Luz tenía veintisiete y estaba hermosísima: mucho mejor que de +quince. + +Su buen natural, rectamente encaminado en su niñez y en su adolescencia +por las lecciones del aya, no la había abandonado nunca. Doña Luz, sin +sibaritismo, con la severidad de quien cumple un deber, había cuidado, y +seguía cuidando en el lugar, de su alma y de su cuerpo. + +Con el mismo esmero con que procuraba no manchar su inteligencia ni su +voluntad con ideas o con afectos indignos, atendía a la material +limpieza y al honesto adorno de su persona. Doña Luz era en todo la +pulcritud personificada. + +Tal vez por instinto, sin darse cuenta de ello, o al menos no dejándolo +sentir ni recelar, se miraba y se complacía más en este que podemos +llamar aseo moral y corpóreo, por lo mismo que se veía circundada de +gente algo ruda y no muy limpia ni de cuerpo ni de alma, y como si +tuviese el temor de contaminarse. + +Era tan circunspecta, que jamás dejaba traslucir este temor; y tan hábil +sin arte, que nadie la acusaba de desdeñosa. Aunque no se bajaba al +nivel de nadie, por una dulce, franca y generosa simpatía, procuraba +elevar a las gentes a su nivel. Así había logrado infundir respeto y no +odio: y las señoras y señoritas del lugar, en vez de tomarla por blanco +de sus sátiras, solían tomarla por modelo, con lo cual los usos, +costumbres y trato social, se habían mejorado bastante. + +Los mozos eran más reverentes con las mujeres, y algunas de éstas +imitaban ya a doña Luz, no sin maña, en modales y compostura y hasta en +el primor y atildamiento con que ella tenía los muebles y alhajas de su +tocador, salita y alcoba. + +En el momento en que nos ponemos ahora con la imaginación, doña Luz era +un sol que estaba en el zenit. Gallarda y esbelta, tenía toda la +amplitud, robustez y majestad, que son compatibles con la elegancia de +formas de una doncella llena de distinción aristocrática. La salud +brillaba en sus frescas y sonrosadas mejillas; la calma, en su cándida y +tersa frente, coronada de rubios rizos; la serenidad del espíritu, en +sus ojos azules, donde cierto fulgor apacible de caridad y de +sentimientos piadosos suavizaba el ingénito orgullo. + +Madrugadora, activa, acostumbrada a dar largos paseos, y a estar en casa +empleada en algo útil, la ligereza y el brío de su cuerpo corrían +parejas con su beldad y con su gracia. Cuando quería, bailaba como una +sílfide; en el andar airoso, semejaba a la divina cazadora de Delos, y +montaba a caballo como la reina de las amazonas. + +No se negaba a asistir a los bailes, tertulias y otras fiestas que en el +lugar se daban. Había ido a las ferias de los lugares cercanos y a +algunas romerías, y no esquivaba la conversación de las gentes, aunque +con tan juicioso y bien templado decoro, que atinaba a desechar la +familiaridad excesiva, sin ofender al vidrioso y sin alentar al audaz y +confiado. + +Esto, en vez de perjudicarle, aumentaba y extendía su buen crédito. + +Cuando doña Luz iba por la calle, con Juana, su anciana criada, o cuando +iba a la iglesia, grave, silenciosa, vestida toda de negro, con basquiña +y mantilla, decían algunos mozos estudiantes, que había en el lugar, y +que entendían más hondamente que los demás de estética y de otras +doctrinas de amor y poesía, que doña Luz parecía una garza real, una +emperatriz, una heroína de leyendas y de cuentos fantásticos; algo de +peregrino y de fuera de lo que se usa; el hada Parabanú; la más egregia +de las huríes. + +A pesar del respeto, algunos no acertaban a contenerse. Este decía: +«¡Viva el salero!» Aquél: «¡Alabado sea Dios que tan hermosa la ha +criado!» Otro: «¡Ahí va la gloria vivita!» y así por el estilo. En +ocasiones, por último, no faltó quien se propasase a tender la pañosa a +modo de alfombra o a tirar el sombrero calañés a sus plantas para que +ella le hollara y pisoteara. + +Pero, ¡caso estupendo! en medio de todo este entusiasmo, doña Luz no +tenía ni había tenido novio: no hablaba ni había hablado con nadie por +la reja. Lo que sí había tenido era multitud de pretendientes, sin que +ella hubiese dado esperanzas a ninguno. Los jóvenes más ricos de algunas +leguas en contorno la consideraban ya como inexpugnable fortaleza. La +esperanza, con todo, no se pierde jamás. Los hombres, en esto de +conquistas amorosas, nos las prometemos, a menudo, felices. Así es que, +si los del lugar estaban ya sosegados y desengañados, no faltaban aún +forasteros, con tal de que fuesen sujetos de cierto fuste, que se +alborotasen al ver a doña Luz, y propusiesen, allá en sus adentros, +conseguir lo que otros no habían conseguido; pero pronto también se +desengañaban. + +Con esta adoración resuelta, con este prurito de ser correspondidos, se +habían hallado muchos, o simultánea o sucesivamente. Ninguno había +llegado a explicaciones. Doña Luz se supo componer de suerte que no se +había visto nunca en la dura necesidad de dar formales calabazas, ni de +excitar el resentimiento que esto trae consigo. Era difícil hablar a +solas con ella. Era difícil hacer llegar a sus manos carta o billete +amoroso. Y si bien, merced a algunas viejas audaces, que donde quiera +las hay de sobra, doña Luz había recibido papelitos en prosa y hasta en +verso, constantemente los había devuelto sin abrir. En vista de estos y +de otros desdenes, todos los enamorados desistían al fin de sus +propósitos, sin motivo y hasta sin pretexto de queja. + +Y no podía haberla, porque doña Luz callaba toda razón ofensiva. No se +sentía inclinada al matrimonio. No amaba. Nadie manda en su corazón. +Tales eran sus razones. + +Alguien podría sospechar pero no probar su invencible repugnancia a todo +lo vulgar y plebeyo, y el horror que de ella se apoderaba a la sola idea +de poder un día tener un hijo que llevase su ilustre apellido en pos de +otro apellido oscuro y rústico de algún ricacho villano. + +En suma: doña Luz, si no tenía esperanzas de casarse a su gusto, tampoco +tenía o dejaba traslucir el menor deseo. Todo era en ella frialdad +tranquila y contentamiento suave. En balde, el peor pensado de los +hombres se atrevería a buscar en sus actos, en sus palabras, en sus +ademanes y gesto, la más leve señal de que estuviese despechada. + +Doña Luz no lo estaba en realidad. Había tomado enérgicamente su partido +y había trazado de antemano la senda de su vivir. Las frases burlonas de +_quedarse para tía_ o _para vestir imágenes_ no hacían mella en su firme +y acerado corazón, ni podían violentarla ni inclinarla a aceptar marido +con el solo fin de no llegar a solterona. + +Varias parientas ricas, que tenía doña Luz en Sevilla y en Madrid, la +habían invitado a que se fuera a vivir con ellas: pero, o bien porque +así fuese en verdad, o porque doña Luz lo sospechaba, las invitaciones +habían sido más que de corazón por cumplimiento. Además, doña Luz se +consideraba muy pobre para su clase, y no quería ser gravosa, ni vivir a +expensas de otros y en una especie de dependencia próxima a la +servidumbre. Había, pues, rehusado todas las invitaciones. Su plan era +vivir y morir oscuramente en Villafría. + +La misma impureza de su origen, el vicio de su nacimiento, la humilde +condición de su desconocida madre, obraban por reacción en su ánimo y +casi convertían su orgullo en fiereza. Para limpiar aquella mancha +original, quería ser doña Luz mucho más limpia y mucho más pura. + +No quería pordiosear ni deber nada a nadie. + +Conservaba sin vender su casa solariega del lugar con sus antiguos +muebles y dos criados. Si no vivía en ella, pensaba vivir más tarde, o +bien porque don Acisclo podría faltar, o bien porque ya, entrada ella en +años, nadie podría extrañar que viviese sola. + +Entretanto, vivía doña Luz en el caserón de don Acisclo, donde tenía +holgada e independiente habitación, y donde había traído, para +adornarla, sus más bonitos y preciosos muebles y sus libros mejores. + +En pago de esta hospitalidad, hacía aceptar a don Acisclo, por más que +éste se había resistido, más de la mitad de sus rentas, o sea 8.000 +reales al año. Con lo restante, como era económica y arreglada, tenía lo +suficiente para vestirse, comprar algunos libros nuevos y hacer +limosnas. + +El único lujo, el único regalo de doña Luz, era un magnífico caballo +negro, en el cual solía ella salir a paseo con D. Acisclo o con un +criado llamado Tomás, que había envejecido en el servicio de su padre. + +Don Acisclo estaba viudo hacía muchísimo tiempo. Tenía dos hijos y tres +hijas, todos casados y con casa aparte, de modo que, en la soledad +anchurosa de aquel inmenso caserón, doña Luz y D. Acisclo se daban mutua +compañía. + +Rayaba ya D. Acisclo en los setenta años; pero estaba recio y bien de +salud. Iba derecho como un huso; era hombre ágil y enjuto de carnes; y, +si no sabía más que leer y escribir medianamente y las cuatro reglas, y +si jamás había leído un libro, tenía gran despejo natural, aunque burdo. +Jamás había turbado su conciencia con sutilezas morales. Así es que no +le remordía, como hemos dicho, de haber contribuido a la ruina del +marqués. Si se había aprovechado de ella mejor le parecía que hubiese +sido él que no otro. Mucho le hubiera dolido ver en manos extrañas el +caudal de su amo. Poseíale, por lo tanto, de buena fe, con justo título, +y hasta con y por cierto sentimiento de veneración a la memoria del +difunto ilustre poseedor. + +Esta veneración se extendía, o mejor dicho, se extremaba y llegaba a su +colmo, sin afectación ni servilismo, cuando se trataba de la señorita +doña Luz, en quien, fascinado el viejo, creía descubrir a un ser cuyos +arcanos pensamientos, móviles y resortes de acción, apenas entreveía; a +una criatura rara e inusitada, de otra casta muy diferente de la suya, y +con la cual, sin embargo, comía de diario y tenía la honra de compartir +la vivienda. + + + + +-III- + +De otras menudencias que la escrupulosidad del narrador no permite que +pasen en silencio + + +Constaba esta vivienda, como la de muchos otros ricos hacendados de +Andalucía, de dos casas contiguas, en comunicación: la de los amos y la +que se llama siempre casa de campo, aunque esté en el centro de la +población. + +La casa de los amos no tenía más habitantes que D. Acisclo en un +extremo, y doña Luz en otro, con su vieja criada Juana, que dormía en un +cuarto al lado del de su señora. + +Había un gran comedor, otro comedor pequeño para diario y varios salones +de respeto, que no se abrían sino en las ocasiones solemnes, y donde, +entre otras preciosidades, D. Acisclo, sus hijos, hijas, yernos y +nueras, todos resplandecían retratados al óleo, de tamaño más que +natural, y casi de cuerpo entero, por un pintor ambulante que acertó a +pasar por Villafría, y que llevó una onza de oro por cada retrato. +Verdad es que D. Acisclo le agasajó y trató a cuerpo de rey, sentándole +a su mesa todo el tiempo que tardó en pintarlos, lo cual fue obra de +cinco meses, y luego, al partir, le hizo presente de mil chucherías, +como, por ejemplo, de un pipotillo con aguardiente de doble anís, de +orejones secos y de alfajores y piñonate. Los retratos lo merecían por +lo parecidos. No les faltaba más que hablar. Las blondas que figuraban +en los de las damas, estaban algo confusas al principio; pero, cediendo +a las quejas de las damas susodichas, el pintor lo arregló con ingenioso +artificio. Untó en albayalde un pedazo de tul, le aplicó al sitio del +cuadro, ya seco, donde la blonda estaba representada, y resultó un +efecto maravilloso, porque hasta los agujeritos de la blonda se veían y +aun podían contarse. + +Todo esto era en el piso principal, donde había dos chimeneas, que allí +llaman francesas, y que no se encendieron sino cuando vino el obispo, en +pleno invierno, y por poco se ahoga S. S. I. con el humo que se armó. +Pero en cambio había una magnífica cocina de señores, con chimenea de +campana, de muchísimo tiro, donde ardía siempre, durante la estación +fría, abundante leña de olivo y de encina y rica pasta de orujo; donde +rara vez se guisaba; y donde los señores se calentaban muy a su sabor. +En esta cocina adornaban las paredes varias jaulas de perdices, puestas +sobre repisas, escopetas y otras armas, y algunas cabezas de ciervos, +lobos, zorros, tejones y garduñas, muertos por D. Acisclo. + +En el piso bajo había casi tanta habitación como en el principal; y, si +se contaba con el patio con toldo, había más. Allí se vivía durante el +verano. En toda estación estaba allí el despacho de D. Acisclo, donde +este activo labrador y ganadero trataba con chalanes, corredores, +rabadanes, aperadores, capataces y caseros: entendiéndose por caseros, +no el terror de los inquilinos morosos, como en Madrid, sino los que +cuidan y guardan las caserías o viviendas de cada finca rústica. + +En el piso bajo, en la sala de más aparato y autoridad, que se llamaba +la cuadra, porque era cuadrada, había también algo que daba lustre a +aquella casa. Es de saber que en no pocos pueblos de Andalucía hay +multitud de imágenes benditas, que se sacan en procesión en las grandes +festividades, y singularmente en Semana Santa. El número de estas +imágenes suele hacer que no quepan bien en los templos, por lo cual +muchas están depositadas en casas particulares hasta el único día del +año en que han de salir en procesión. D. Acisclo tenía en la cuadra baja +una de estas imágenes, de cuya cofradía era hermano mayor; pero no era +una imagen de tres al cuarto, sino la más complicada que se conocía y la +de mayor empeño y coste, ya que en realidad no rezaba con ella aquel +decir proverbial de: + +Santirulitos bonitos, baratos, Ni comen, ni beben, ni gastan zapatos. + +Aquella imagen o representación comía y bebía, o mejor dicho, cenaba: +era nada menos que la _Cena_. + +Cristo y los doce apóstoles de bulto estaban sentados a la mesa; Cristo +echaba la bendición, San Juan se dormía sobre el hombro de su Divino +Maestro, y el feísimo y traicionero Judas, con enmarañado pelo rojo, +metía la mano en el plato del centro, porque es sabido que no tenía +pizca de educación. + +El Jueves Santo salía en procesión la Cena, y el Miércoles Santo por la +noche estaba expuesta en la cuadra a la veneración de los fieles, +quienes con tal motivo tenían entrada franca en la casa, lo cual se +llamaba y se llama aún _visitar las insignias_, y apenas quedaba en el +lugar quien no las visitase en la víspera de la respectiva procesión. Y +esto si contar con los forasteros. + +La mesa en que Cristo y los apóstoles estaban sentados, era bastante +capaz, y, en tan solemnes días, se cubría con preciosos manteles +alemaniscos y se adornaba con mil lindezas, flores, viandas, dulces y +frutas. Aunque no había en la mesa _de cuanto Dios crió_, como afirmaba +la gente del pueblo con encarecimiento desmedido, era innegable que +había objetos raros y costosos: uvas de corazón de cabrito como acabadas +de coger y que por milagro se habían conservado, claveles y tempranas +rosas de olor en grandes piñas, ramos de violetas y camelias, etc., etc. +Las paredes de la sala donde estaba la Cena se tapizaban de damasco +carmesí; sobre el damasco se colgaban lindas y antiguas cornucopias con +muchas velas de cera ardiendo, y también en la sala había verdes +plantas, y canarios en jaulas, y una enorme cruz negra de madera, con +adornos y remates de plata fina, asida a la pared por fuertes alcayatas. +Era la cruz que D. Acisclo, cuando mozo, había llevado al hombro en las +procesiones durante muchos años, porque había sido y era aún _hermano de +cruz_, aunque jubilado, y aún se vestía de _nazareno_, para ir en la +procesión como hermano mayor delante de la Cena, con una túnica de rica +seda morada que había costado un dineral; pero entonces no llevaba la +cruz, sino una pértiga reluciente, signo de autoridad y mando. Su hijo +primogénito iba delante con el estandarte de la cofradía. + +El gasto de la fiesta era grande, porque D. Acisclo costeaba toda la +cera que llevaban ardiendo los que con sendas velas seguían su insignia, +y en la noche del Jueves Santo, terminada ya la procesión, daba de cenar +a todos los cofrades, que eran muchos, agasajándolos y hartándolos con +potaje de habas, cornetillas picantes, cazón en ajo de pollo, bacalao +con tomates o en albóndigas, a veces hasta _serafines_ fritos, pues, +aunque parezca extraño, _serafines_ se llaman en aquel país los +boquerones, y de postres deliciosos pestiños y vino añejo. Pagaba además +con rumbo generoso a los cuarenta o cincuenta ganapanes que habían +llevado en hombros las andas, y en las andas la mesa, con Cristo, +Apóstoles y _cuanto Dios crió_; empresa titánica, de la cual no pocos +quedaban derrengados y con feroces ampollas, a pesar de las +almohadillas. + +Aquella noche echaba D. Acisclo el bodegón por la ventana. + +La gente menuda fumaba a su costa los mejores _coraceros_ que había en +el estanco, y el señorío tomaba chocolate con hojaldres, empanadas, +hornazos, tortas de varias clases, como por ejemplo, de polvorón y de +aceite, y roscos de vino y de huevo. + +En cualquier día y a cualquier hora se mostraba en todo que D. Acisclo +era espléndido y acaudalado. + +El patio de la casa era anchuroso y enlosado de mármol. En su centro +lucía una taza de mármol también, donde caía el agua clara de un copioso +y alto surtidor. En torno de la fuente se veían muchas macetas con +flores y hierbas olorosas, y alrededor arriates con bojes, que formaban +bolas y pirámides, y rosales de enredadera, jazmines y naranjos, que +revestían el muro y trepaban por cima de los balcones del piso +principal, tejiendo una capa o manto de flores, frutos y verdura, y +embalsamando el ambiente, ya con el olor del azahar, ya con el más leve +aroma de jazmines y de mosquetas. + +De este patio, así como de un jardín más extenso, con honores de huerta, +que había a espaldas de la casa, cuidaba doña Luz con esmero. Hasta +hacía venir flores y plantas, que jamás se habían conocido en Villafría, +y solía aclimatarlas. + +De nada más cuidaba doña Luz, no por desidia, sino porque, según decía +D. Acisclo, se obstinaba en sostener que estaba como de huésped, y no +quería meterse en camisón de once varas. + +Quien lo gobernaba todo, la verdadera directora y ama de llaves, era la +Sra. Petra, de edad de cincuenta años muy cumplidos. Ella entendía en el +gasto diario, vigilaba la cocina y tenía las llaves de la despensa, de +la repostería, de la candiotera, de las cuatro bodegas de vino, aceite, +aguardiente y vinagre, y de los desvanes o graneros, donde siempre había +trigo, cebada, arvejones, yeros, matalahúga y otras semillas. + +A las inmediatas órdenes de la Sra. Petra había cuatro criadas: dos, +zagalonas aún, duras en el trabajo, de apretadas carnes y músculos de +acero, las cuales eran de las que llaman por allá _de cuerpo de casa_, +esto es, que servían para fregar, aljofifar, enjalbegar y tenerlo todo +_saltandito_ de limpio; otra, ya más granada, aunque moza también, que +cosía, zurcía y planchaba la ropa, y otra que guisaba los más castizos y +sabrosos guisotes de la tierra, y que sabía hacer almíbares, cuajados, +pastelillos, arrope y gachas de mosto. + +Toda esta tropa femenina habitaba y dormía en el piso principal de la +casa de campo, donde también tenían habitación el aperador, su mujer y +sus cuatro chiquillos; pero éstos, tan apartados, que no se veían ni se +entendían sino cuando el amo llamaba. + +Había, por último un mozo, que dormía junto a la caballeriza y cuidaba +de ella, de los patios y corrales. + +Tal era la servidumbre doméstica, por decirlo así. Pero ya se entiende +que los jornaleros, el mulero, los caseros, los viñadores, los +pisadores, los del molino y la demás gente que se empleaba en las faenas +agrícolas, iban y venían y hacía estancia en la casa de campo, donde +había anchura sobrada, y alambique, lagar, alfarje y prensas para la +aceituna y la uva. + +Resultaba, pues, como ya queda apuntado, que en la casa de los amos sólo +vivían D. Acisclo, doña Luz y su criada Juana. + +Tomás, el antiguo criado del marqués, vivía en la casa solariega con un +mozuelo que le ayudaba a cuidarla y a cuidar también el hermoso caballo +negro de la señorita. + +En la casa había dos mesas: una a la que se sentaban D. Acisclo y doña +Luz y algún convidado si le había; otra para la _familia_ (en los +pueblos andaluces se sigue llamando _familia_ a los criados), y en dicha +mesa se sentaban la señora Petra presidiendo, las dos mozas de _cuerpo +de casa_, la costurera y planchadora, la cocinera, el mozo de la +caballeriza, Tomás y su ayudante, y la Juana, doncella de la señorita +doña Luz. + +El aperador y los suyos hacían rancho aparte y tenían una cocinilla +moruna donde guisaba la aperadora. + +Esto no impedía que ella, o alguno de sus hijos, o todos, incluso el +aperador, aunque no hijo, sino padre, estuviesen convidados con +frecuencia a la mesa de la familia, a la cual se sentaban asimismo el +mulero y otros cuando estaban en el lugar, y a la cual la señora Petra y +la Juana se atribuían el derecho, y no se descuidaban en ejercerle, de +hacer las invitaciones que se les antojaban. + +Tal era la casa en que durante doce años había vivido doña Luz, y tal la +gente de que estaba rodeada en mayo de 1860. + + + + +-IV- + +Los amigos íntimos de doña Luz + + +Doña Luz, dadas las circunstancias en que se hallaba y las condiciones +de su carácter, no podía menos de vivir como vivía. + +El orgullo es malo sin duda. + +¿Cuánto mejor y más cristiana no es la humildad? En el orgullo hay mucho +de egoísmo, mientras que la humildad es toda devoción y abandono. Y sin +embargo, ¿cómo negar que un orgullo bien dirigido es causa a veces de +altas virtudes y de honrada conducta? + +Sea como sea, no debemos ocultar que nuestra heroína era muy orgullosa. + +Quien esto escribe no tiene manías o predilecciones aristocráticas. Al +contrario, siempre se ha obstinado en creer que no vale menos la gente +de los lugares que la más encopetada de la corte. _Mutatis mutandis_, +todo le parece lo mismo: la mujer del alcalde es igual a una emperatriz +o reina, la del escribano equivale a la duquesa más en moda en Madrid, y +el majo Fulanito se le antoja más brioso, y gallardo, buen jinete, +seductor, afable y ameno, que el más perfecto _dandy_ de cuantos ha +conocido. + +Pero, mirándolo bien, esto no es espíritu democrático discreto, sino +negro y desconsolador pesimismo. La democracia optimista y sana +consiste, sin duda, en creer que la mejor educación desde la primera +infancia, el buen ejemplo y nombre de padres y abuelos, la obligación de +no deshonrar ni deslustrar este buen nombre y el vivir en medio más +urbano y culto, deben ser escuela e incentivo eficaz para ser virtuosos +o discretos, o seductores, o dignos o todo a la vez. En igualdad de +índole y de luces intelectuales debe, por consiguiente, valer mucho más +quien posee los dichos exteriores requisitos que aquel que no los posee: +en igualdad de condiciones internas, la hija de un marqués, por ejemplo, +aun cuando sea bastarda, debe conducirse mejor que la hija de un +pelafustán. De entender lo contrario por espíritu democrático, se +seguiría que lo que debemos desear es la igualdad bajando y no subiendo: +la nivelación en la ignorancia, la abyección y la miseria, y no la +nivelación y elevación posibles, en todos aquellos medios, en toda +aquella acumulación de recursos hecha por las pasadas generaciones, a +fin de que con su auxilio sigamos ascendiendo hacia el bien, hacia la +luz y hacia la belleza. + +Yo comprendo como veneranda y punto menos que santa, aunque vaya por +caminos extraviados, la intención del demagogo, demócrata y hasta +socialista, que pugne por dar a todos los hombres educación liberal, +recursos y cuantos elementos gozan los llamados aristócratas, si es que +estos elementos valen, no sólo para gozar, sino para ser mejores; pero +si sólo valen para gozar y ser más débiles, corrompidos y ruines, no me +explico la democracia progresista, sino la democracia de Rousseau, que +procura retrotraer a la humanidad al estado salvaje. + +De cualquier modo que sea, conste que yo no defiendo aquí esta o aquella +opinión. No es lo que escribo un tratado de filosofía política. No +intento tampoco presentar a doña Luz como un dechado de excelencias, +sino presentarla tal como ella fue. + +Doña Luz sentía profundamente la dignidad humana, pero suponía que lo +claro y distinto de este sentimiento, que había en ella más que en otras +personas, no dependía sólo de un don natural y gratuito, sino de una +educación superior a la de la generalidad, y mucho más esmerada. Esto, +más bien que orgullo, parece modestia. Ella creía tener un ideal de sí +propia que había ido realizando y como trayendo fuera, merced sin duda a +su misma energía, pero auxiliada de circunstancias dichosas e iniciales +que debía a la Providencia, y en que no todos, sino pocos, se hallan. Se +juzgaba, pues, como favorecida por Dios, y por lo mismo con más +obligaciones que cumplir. Por cada favor divino, una obligación sagrada. +Tenía talento, estaba obligada a cultivarle; era bella y fuerte, +necesitaba conservar su fuerza y su hermosura; había recibido un nombre +ilustre, y, ya que no acertase a ilustrarle más, no debía mancharle. + +Aunque ella se considerara igual por naturaleza a los demás seres +humanos, los juzgaba a todos marchando en busca de mayor bien y de +superior altura más luminosa y serena. Si ella, aun cuando fuese por un +capricho de la suerte, iba delante y se hallaba más cerca de la cumbre, +su filantropía no podía extenderse a más que a dar la mano a los que +estuviesen en condiciones de trepar hasta donde estaba ella, y no a +aquellos que estaban tan bajos o tan hundidos en el lodo, que en vez de +alzarlos, se dejaría ella arrastrar cayendo en el lodo también. + +Ya hemos indicado que el orgullo de doña Luz se velaba y envolvía en el +más discreto disimulo; y esto no sólo por prudencia y por interés +propio, sino por vivo sentimiento de caridad. Nada le dolía tanto como +humillar al prójimo. Si tal vez se complacía en lucir alguna habilidad, +alguna buena prenda de su espíritu, algún primor o elegancia de su +persona, era con los capaces de sentir el estímulo de imitarla o alzarse +hasta ella; no por el prurito de excitar estéril admiración o envidia +dolorosa. + +Doña Luz, por lo mismo que tenía tanto orgullo, no tenía chispa de +vanidad. Gustaba en todo de pagar con usura lo que recibía. No anhelaba +que la amasen más de lo que podía amar ella. La coquetería era, pues, +para doña Luz un vicio ignorado y casi incomprensible. Su fallo, la +propia sentencia que ella dictaba acerca de cualquiera calidad, acto o +virtud de su persona, la lisonjeaba y complacía mil veces más que todo +el aplauso de cuantos la rodeaban. Así es que sólo quería agradar de +puro bondadosa: por donde resultaban en ella una naturalidad, una +modestia y un olvido aparente de su propio mérito, que encantaban y +pasmaban. + +Otras mujeres están anhelando siempre inspirar pasiones; doña Luz huía +de inspirarlas; y, aplicando un pronto desengaño, las mataba en todo +corazón antes de que naciesen. ¿Para qué ser amada si no había de amar a +quien la amase? En amor, lo mismo que en amistad, doña Luz deseaba dar +el doble. Y no pudiendo amar en Villafría, había poco a poco apartado de +sí a todos los mozos del lugar, y había elegido sus amigos íntimos entre +los viejos. + +Si era dulce en su trato con todos, usaba tan estudiada cortesía, que +sin que la tildasen de soberbia, evitaba la intimidad con todos, menos +con cuatro sujetos. + +El primero era D. Miguel, cura de la parroquia, anciano excelente aunque +de cortísimos alcances, con quien se confesaba todos los meses, a quien +daba sus ahorrillos para que los repartiese en limosnas a los +necesitados, y con quien a menudo jugaba al tute. El corazón y la mente +de doña Luz eran para el pobre cura el libro de los siete sellos. En +esta oscuridad, y siendo además D. Miguel poco entusiasta, quería con +moderación a doña Luz; pero la quería con toda la fuerza de alma de que +él podía disponer para el cariño, que era poquísima. Doña Luz, en +cambio, idolatraba al cura de cierta manera. Se complacía en aquella +transparencia, en aquella nitidez, en aquella bendita vaciedad de su +espíritu, y le mimaba y agasajaba como a un niño pequeñuelo. Por medio +de un contrabandista que iba y venía con telas de algodón, hacía traer +de Lisboa para D. Miguel el rapé más selecto; y, procurando que no le +hiciesen mal, le enviaba confites, bizcochos y otras golosinas, a que el +cura era muy aficionado. + +Otro íntimo de más importancia, era el médico D. Anselmo. Y digo de más +importancia, por lo que él valía, no porque doña Luz le necesitase. La +salud de doña Luz era insolente de buena. Ni un dolor de cabeza nunca. + +D. Anselmo era un hombre despejadísimo, y no sólo hábil e instruido en +su profesión, sino de variada lectura y de singular facilidad de +palabra. No se extrañe que con tales dotes fuese médico en un lugar. O +la fortuna no le había sonreído, o su genio indómito y arisco se había +opuesto a que se encumbrase. Lo cierto es que, siendo persona de valer, +se había resignado a vivir y ejercer su facultad en Villafría. + +Doña Luz tenía encantado a D. Anselmo y D. Anselmo a doña Luz. Para esto +había diversas causas. Ahora que están en moda los _schemas_, podremos +representar los espíritus del médico y de la señorita, como dos esferas +muy excéntricas, pero tocándose y compenetrándose por un lado, donde +formaban sendos casquetes unidos por la base; algo idéntico a la +humanidad en el _schema_ del ser, a la _lenteja_ que los krausistas han +hecho tan famosa. D. Anselmo y doña Luz tenían, pues, una lenteja +espiritual mancomunada, donde se entendían a maravilla, quedando el +resto de la esfera de cada uno desconocida e inexplorada por el otro. +Así es que jamás llegaban a saberse de memoria; escollo en que suelen +dar los entendimientos afines, y que a la larga engendra fastidio y +desvío. + +Siempre tenían estos dos amigos campo en que hacer incursiones y +descubrimientos, tratando de penetrar o penetrando el uno en la mente +del otro. Nunca se hartaban de hablar, y su conversación era una eterna +disputa. Doña Luz era creyente y espiritualista con su poco de +misticismo; D. Anselmo, positivista feroz. D. Anselmo era además un +parlanchín de siete suelas, y nada le encantaba más que el que le +oyesen. Sólo se reposaban ambos en sus discusiones cuando jugaban al +ajedrez. Solían jugar uno o dos juegos diarios. + +Don Anselmo, contaría ya sesenta años de edad. Estaba viudo como D. +Acisclo, y tenía una hija de veinte, morenilla muy agraciada, pequeña de +cuerpo, soltera aún, y llamada doña Manolita, alias _la culebrosa_. La +llamaban así por su extraordinaria viveza y movilidad. Afirmaban en el +pueblo que estaba hecha y como amasada de rabillos de lagartijas. Decía +y hacía a cada momento doscientos mil graciosos disparates, aunque todos +inocentes y nada comprometidos, por lo cual la apellidaban también _el +trueno_; pero realmente no era trueno, sino tempestad de risas, de +bromas alegres y de regocijados discursos, porque era no menos picotera +que su padre. Por lo demás, el fondo de doña Manolita no podía ser más +excelente. Era leal, afectuosa sin malicia y sin envidia, de agudo +ingenio, y más juiciosa y reflexiva en lo importante de lo que prometía +su exterior y superficial aturdimiento. + +Como doña Luz era grave y mesurada, doña Manolita le servía como para +completar sus modos de ser. Por esto, sin duda, y por las otras +cualidades de que hemos hablado, doña Luz hizo de ella su compañera. +Doña Manolita era la única persona a quien doña Luz tuteaba en +Villafría. Aún no se confiaba en ella con total abandono, porque doña +Luz era muy reservada; pero de día en día iba ganando más doña Manolita +en su corazón. Juntas salían a pie de paseo, juntas iban a la iglesia, y +juntas tenían costumbre de sentarse en las tertulias. Doña Manolita +remedaba a doña Luz en vestido y peinado, y la seguía o acudía adonde la +llamaba. Decía doña Manolita que era ella para doña Luz lo que para los +galanes de las comedias de capa y espada el lacayo gracioso; y +recordando que en varias comedias de las mejores este lacayo se llamaba +Polilla, decía a doña Luz: «Hija, yo soy tu Polilla». + +Respecto a D. Acisclo, pensaba doña Luz como su padre, y no guardaba al +antiguo administrador la más ligera inquinia, porque se hubiese alzado +con casi todo el caudal de sus mayores. Si el marqués se había empeñado +en arruinarse, ¿qué pecaba en ello D. Acisclo? Con cierta moral +alambicada, que don Acisclo no podía conocer, acaso hubiera salvado los +intereses del marqués, acaso hubiera hecho durar otros cuantos años más +el esplendor de la casa; pero pedir esto por aquellos lugares era pedir +cotufas en el golfo. Bastaba, pues, a doña Luz, para estar profundamente +agradecida a D. Acisclo, la firme persuasión que abrigaba, de que con +otro cualquier administrador de por allí, la ruina de su padre hubiera +sido diez años más pronto, y ella no se hubiera criado como una dama +elegante, en el seno del bienestar, con aya inglesa, y con todos los +cuidados debidos. Sabe Dios cómo se hubiera criado y lo que hubiera sido +de ella si el marqués se arruina y muere de berrenchín, dejándola +huérfana de edad de cinco años y no de quince. + +Doña Luz gustaba además de D. Acisclo. Simpatizaba con su actividad, con +su amor al trabajo y con otras virtudes que en él resplandecían. + +Por el buen parecer, doña Luz había vivido, sin el menor conato de irse +a su casa, en la casa de don Acisclo, hasta que cumplió veintidós años. +Desde entonces en adelante, intentó varias veces irse a vivir sola a su +casa; pero D. Acisclo la retenía suave y cariñosamente. Dábale a +entender que sería una tristeza quedar solo, después de haberse +acostumbrado a su compañía, y apelaba también, algo grotescamente, a qué +dirán, sosteniendo que doña Luz era muchacha y que no debía campar por +sus respetos como vieja solterona, que buena y severa que fuese, si +vivía sola, habían de decir que era _una vaca sin cencerro_. + +Doña Luz, lejos de ofenderse, se reía de esta comparación poco galante, +y seguía viviendo en la casa del antiguo administrador. + +Por otra parte, la independencia de doña Luz era perfecta. + +Tres o cuatro cuartos le pertenecían exclusivamente en la casa, y +estaban amueblados con el gusto más primoroso. En ellos no entraban de +diario sino los cuatro amigos íntimos ya referidos: Juana la criada; una +de las de _cuerpo de casa_, que hacía la limpieza bajo la inspección de +Juana, a fin de que no rompiese algún objeto de arte o mueble delicado; +y, por último, otros tres seres, que eran también semi--íntimos de doña +Luz, y que completaban o cerraban su círculo familiar. Eran estos tres +seres Tomás el criado antiguo, y ya su escudero y acompañante, cuando +ella salía a caballo; el tío Blas, aperador de la señorita, con quien se +entendía para cuidar sus bienes, que ella misma administraba y que iban +mejorando hasta el punto de que le producían cerca de 20.000 rs. en +algunos años de buena cosecha; y el galgo Palomo, blanco, gigantesco en +su clase, y de terrible genio para quien se le antojaba a él que +molestaba u ofendía a su ama, con la cual era todo blandura, docilidad y +mansedumbre. + +A más de esta sociedad cotidiana, no se negaba doña Luz a asistir a +otras de más ancha base. Los hijos, hijas, nueras y yernos de D. +Acisclo, con crecida y numerosa prole, sus consuegros y consuegras, +compadres y comadres, formaban una caterva con quien era menester +alternar. Todos ellos eran insignificantes y poco divertidos; no eran ni +malos ni buenos, y doña Luz hacía milagros de diplomacia para no +tratarlos mucho y no enojarlos tampoco. + +En los días de cumpleaños y del santo de cada individuo de la familia de +D. Acisclo, había comida patriarcal en la casa, y mucho jaleo de baile. +Doña Luz no se excusaba de asistir a tales funciones, y casi siempre +acertaba a dejar prendados a todos de su amabilidad y alegría. + + + + +-V- + +La amistad de doña Manolita + + +La vida de doña Luz era, no obstante, tan regular, tan monótona, tan sin +accidentes que diferenciasen unos días de otros días, que habían pasado +los años, y en la memoria de ella eran como sueño fugaz, donde todo +estaba confundido. + +Esto tiene para cualquiera el hechizo de la paz. Para doña Luz aún tenía +mayor hechizo. + +Cuanto agitaba su mente con pensamientos, o su voluntad con deseos o +pasiones, era extraño al mundo que la rodeaba: procedía de un mundo +ideal, donde no hay espacio ni tiempo. Así es que, si bien doña Luz, no +distinguiéndose en esto de los demás mortales, no pensaba ni sentía todo +a la vez, como las causas de su pensar y de su sentir más hondo no +tenían punto señalado en nuestro planeta, ni momento marcado en la +cronología, los efectos se sustraían también a las leyes de la sucesión +y del lugar y parecía que se daban en una eternidad inmóvil. + +Me pesará de no ser claro y trataré de explicarme con más llaneza, +aunque peque de difuso. Doña Luz no era una soñadora mística; distaba +infinito de vivir en continuo arrobo; veía, comprendía y apreciaba +cuanto ocurría en torno de ella en el mundo real; pero los lances y +sucesos de Villafría la interesaban menos, aunque los veía de cerca, que +los lances y sucesos que las historias y novelas relataban, que la +poesía acertaba a presentarle o que ella misma fantaseaba en ocasiones. +No tenía tampoco doña Luz un corazón de cal y canto, sino un corazón muy +compasivo y afectuoso; se dolía de los males y desgracias del prójimo, +procuraba remediarlos, los consolaba a veces, y en esto consumía parte +de su actividad. Pero como su actividad era grande, y se dilataba muy +más allá de los límites de Villafría y aun se prolongaba de un modo +infinito, venía a resultar que lo más íntimo y esencial de su vida, lo +que más la afectaba no estaba en Villafría, y, por consiguiente, no +estaba en ninguna parte. Por esto, sin ser ella soñadora, vivía como +soñando. + +Por mucho que anhelemos ponderar la ternura de alguien, no iremos hasta +afirmar que se marcan las más importantes épocas de su existencia por el +día en que murió de viruelas el hijo del vecino de enfrente, o por la +noche en que se prendió fuego el cortijo del labrador con quien se ha +conversado alguna vez al ir de paseo o al salir de la iglesia. Para +marcar dichas épocas, son necesarios casos que toquen más íntimamente a +nuestro propio ser. Para doña Luz no había época de este orden desde la +muerte de su padre. Verdad es que, muy al contrario de la generalidad de +las mujeres, daba ella poco valer a multitud de cosas con que otras +llenan la memoria, sin descuidar ni borrar los pormenores al parecer más +insignificantes. + +En nada, en mi sentir, se señala más que en esto el espíritu femenino. +Yo confieso que me quedo embobado oyendo referir a las mujeres sucesos, +lances o conversaciones. No hay menudencia que echen en olvido. Y dijo +éste... y relatan todo lo que dijo. Y contestó el otro... y no olvidan +palabra de lo que contestó. Y luego replicó el de más allá... y tampoco +se queda traspapelada una letra sola de la réplica. Imagina el oyente +que levantan acta circunstanciada y fiel de cuanto presencian y oyen. No +así doña Luz. Doña Luz hacía caso de muy pocos sucesos. + +Lo que más la entusiasmaba, deleitaba o conmovía, lo mismo era de hoy +que de ayer, lo mismo de un año más tarde que de un año más temprano: la +vuelta de la primavera, un cielo lleno de estrellas, la luz de la luna, +el alba, el olor y la belleza de las flores, la música, los versos y +cosas así que son de siempre. + +Hasta las relaciones amistosas de doña Luz con el médico, con el cura y +con D. Acisclo, eran invariables: estaban siempre en el mismo ser, sin +crecer ni menguar. + +Sólo en las relaciones con doña Manolita hubo variación, aumentando la +intensidad en el afecto. + +Partamos, pues, del instante en que crece y llega a su colmo esta +amistad entre doña Luz y doña Manolita. + +Era una mañana de mayo. Ya hemos dicho que doña Luz madrugaba. También +madrugaba la hija del médico. A las siete de la mañana vino a ver a su +amiga, y penetró en su saloncito, donde tenía entrada libre. + +Si cualquier hombre del mundo, conocedor de la vida de Madrid o de otra +capital de Europa, y conocedor del modo de vivir de nuestros lugares de +Andalucía, hubiera entrado allí, se hubiera sorprendido agradablemente y +hubiera dudado de lo que veían sus ojos. + +El saloncito de doña Luz tenía todo el _confort_, toda la elegancia de +un saloncito de una dama madrileña de las más _comm'il faut_, a par de +ciertas singularidades poéticas del campo y de la aldea. + +Dos ventanas daban al huerto, donde se veían acacias, álamos negros, +flores, árboles frutales, también en flor entonces, y brillante verdura. +Dentro del saloncito había asimismo plantas y flores en vasos de +porcelana. Una jaula grande encerraba multitud de pájaros que alegraban +la estancia con sus trinos y gorjeos. Tenía doña Luz dos primorosos +escritorios antiguos, con cajoncitos y columnitas, llenos de +incrustaciones de marfil, ébano y nácar; cómodos sillones y sofás; una +chimenea _francesa_ mejor construida que las otras que había en la casa; +espejos, cuadros bonitos y un armario lleno de libros lujosamente +encuadernados. + +Sobre su mesa de escribir se parecía el mejor cuadro, o al menos el que +doña Luz estimaba más. Figuraba varios atributos y emblemas de la +Pasión; clavos, corona de espinas, escalera, gallo y lanza de Longinos; +en el centro la cruz, y en torno de la cruz muchas flores lindamente +pintadas. No era, con todo, esta pintura lo que daba a los ojos de doña +Luz tanto precio a aquel objeto; era lo que la pintura encubría. Se +tocaba un resorte, se apartaba la pintura que hemos descrito, como si +fuese una puerta, y dejábase ver otro cuadro de muy superior mérito; un +cuadro horrible y bello a la vez. Era la figura de Cristo, de medio +cuerpo, de admirable beldad y de un trabajo delicadísimo y prolijo. Las +barbas y los cabellos se podían contar. La regularidad y noble simetría +de todas las facciones infundían amor y respeto; pero las angustias del +patíbulo, los horrores de la agonía, los tormentos todos estaban +marcados en aquella cara flaca y macilenta, y en aquel pecho y en aquel +costado herido por la lanza. Era un Cristo muerto: la hendidura lívida +del clavo atravesaba su diestra que reposaba sobre el descarnado pecho; +las llagas enconadas de las espinas, vertiendo sangre aún, se veían en +sus sienes; la boca entreabierta; amoratados los labios; los párpados +caídos, aunque no cerrados del todo, dejaban ver sus ojos vidriosos y +fijos. El pintor había acertado a unir, con inspiración monstruosa, la +imagen de una criatura próxima a disolverse, y la forma sobrehumana que +el mismo Dios había tomado. + +Unos inteligentes atribuían aquel cuadro al divino Morales; otros habían +dicho que era de un discípulo de Morales y no del propio maestro. De +cualquier modo, el cuadro había estado vinculado en la casa y era una de +las pocas alhajas de algún valer que el marqués no había vendido. + +El cuadro era tal que una mujer más delicada, menos briosa que doña Luz, +ni le tendría en su cuarto ni le miraría con tanta frecuencia. El amor a +la divina representación de Cristo se hubiera combinado con el miedo y +con una compasión tremenda que tal vez la hubieran hecho caer en +convulsiones, o producido en ella ataques de nervios y hasta delirio. +Pero doña Luz era muy singular y hallaba extraño deleite en la larga +contemplación de aquel cuadro, donde se cifraban el más alto misterio y +los dos más opuestos extremos de valer de la humana naturaleza: toda la +beatificación, toda la hermosura, todo el celeste resplandor de que es +capaz nuestra carne, unida a un alma pura, y siendo templo y morada del +Eterno, y los dolores, a la vez, y las miserias, y los padecimientos +lastimosos y la corrupción nauseabunda de esa carne misma. + +Doña Luz halló este espantoso cuadro prudentemente cubierto por el otro, +y así le conservó, trayéndole de la casa solariega a su habitación en +casa de D. Acisclo. A casi nadie se le mostraba; pero ella, que tenía +muy rara condición y muy contrarias propensiones en el espíritu activo e +infatigable, tal vez después de trotar y galopar y dar saltos peligrosos +en su caballo negro, durante dos o tres horas; tal vez después de haber +limpiado, bañado y frotado con complacencia su hermoso cuerpo, que del +valiente ejercicio había vuelto cubierto de sudor; rebosando ella salud, +en todo el brío de la mocedad y en todo el florecimiento de la belleza +plástica, se sentía llena de ímpetus ascéticos, y abriendo su cuadro, le +contemplaba largo tiempo, y las lágrimas acudían a sus ojos, y acudían a +sus rojos labios plegarias inefables que ella murmuraba y apenas +articulaba. + +Aquella mañana no había en doña Luz ascetismo ninguno, o por lo menos, +no había acudido aún el ascetismo. Estaba doña Luz vestida con una linda +bata, y los cabellos rubios, no peinados aún, recogidos en red sutil. +Recostada lánguidamente en una butaca, leía, ya en este, ya en otro, de +dos libros que tenía al lado. Eran Calderón y Alfredo de Musset. Doña +Luz andaba estudiando y comparando cómo aquellos dos autores habían +puesto en acción dramática la misma sentencia: _No hay burlas con el +amor_ y _On ne badine pas avec l'amour_. + +No la impulsaba a este estudio la mera afición especulativa a la crítica +literaria, sino un caso práctico, que hacía poco más de dos meses que se +había presentado y que le interesaba bastante. + +Pepe Güeto, hijo de un rico labrador de Villafría, de edad de treinta +años, era el hombre más grave, mesurado y formal que se conocía en toda +la provincia. Las locuras y regocijos algo descompuestos de doña +Manolita le chocaban de un modo atroz y siempre los estaba censurando. +Había llegado a decir que si doña Manolita fuese algo de él, mujer, por +ejemplo, le había de sacar del cuerpo los rabillos de lagartijas, aunque +fuese menester emplear una buena vara de mimbre. Doña Manolita, en +cambio, que lo había sabido todo, decía que Pepe Güeto tenía mucho +jarabe de pico; que era hombre culto hasta cierto punto y que jamás +emplearía la vara con las mujeres; y que, si llegase a ser marido de +ella, en vez de pegarle, se dejaría pegar y sería el modelo de los +gurruminos. Añadía la hija del médico que la exagerada gravedad, sobre +todo en los mozos, se confunde con la tontería, y que, o ella había de +poder poco, o había de sacarle a Pepe Güeto la gravedad, como quien saca +los diablos de un endemoniado, y que, si no era tonto, había de volverle +loco, obligándole a hacer mil locuras. + +También estas amenazas llegaron a noticia de Pepe Güeto, de donde +resultó, que donde quiera que se veían él y ella, se amenazaban de +nuevo, y él la reprendía de desenvuelta y alborotada, y ella se reía de +la seriedad de él y le calificaba de tonto. El furor y el encono de +ambos crecieron de tal suerte, que ya no les bastaban para desahogarse +los encuentros casuales, y solían buscarse para mover disputa y reñir y +tratarse muy mal. Estas riñas terminaban, por lo común, con que dijese +Pepe Güeto:--Si yo tuviera la desgracia de ser marido de usted, ya la +metería en costura--, y con que doña Manolita respondiese:--Pues si yo +incurriese en el desatino de ser mujer de hombre tan fastidioso, o le +había de poner más alegre que unas sonajas, o me había de borrar el +nombre que tengo. + +Tomaron Pepe Güeto y doña Manolita tal afición a los denuestos, +improperios y pendencias, que cada día las armaban tres o cuatro veces. + +Esto había hecho pensar a doña Luz, porque quería bien a doña Manolita, +y con esta ocasión leía las citadas comedias, después de haber releído +otra de Shakespeare, donde se trataba el mismo asunto de manera más +magistral. + +Absorta en dicha lectura se hallaba doña Luz, cuando, como ya hemos +dicho, entró a verla doña Manolita. + +Se besaron, se abrazaron, se dieron los más cordiales buenos días, y +luego habló la hija del médico: + +--Hija mía, tú eres la primera que ha de saberlo. Lo sabrás antes que mi +padre. ¡Gran novedad! Mis peleas con Pepe Güeto han dejado de ser +escaramuzas. La ira de ambos ha llegado a su colmo. Nos hemos +comprometido en un duelo a muerte. + +--¿Qué me quieres significar?--dijo doña Luz. + +--Quiero significar--replicó su amiga--, que para ver si yo le vuelvo +loco o si él me vuelve juiciosa, hemos resuelto casarnos. Verdad es que +él se da por vencido por el momento, y dice que, pues se casa conmigo, +no debe de estar en su juicio cabal, y que ya, sin casarnos, le he +ganado la partida y la apuesta; pero, por lo mismo, añade que desea +casarse para vengarse y desquitarse. Yo le contesto aquello de _no +siento que mi hijo pierda, sino que se quiera desquitar_, y le aseguro +que saldrá con las manos en la cabeza si sigue jugando, y le amenazo con +que su derrota será mayor cuando esté casado; pero el insolente, +atrevido, no me cobra miedo, y cierra los ojos, y arremete, y se casa. +Hoy mismo, con más denuedo que el Cid Campeador, irá a pedir a mi señor +padre esta blanca mano, que tomará la rienda y le obligará a salir de su +paso de mula de canónigo y a brincar y a estar más avispado que tu +hermoso caballo negro. + +Doña Luz, que no podía disimular sus sentimientos, los cuales se +mostraban en su rostro como las blancas piedrecillas a través del agua +transparente y mansa de un lago, más bien dejó ver pesar que alegría, al +saber la nueva, ya prevista por ella, del casamiento de su amiga. + +--¿Cómo es eso?--prosiguió esta última--. ¿Te aflige que yo me case? +¿Sientes el modo informal? ¿No lo comprendes bien, inocentona? ¿No caes +en que ese bárbaro, egoistón, de Pepe Güeto, presume, y no sin razón, de +ser un real mozo, y todo el furor que ha tenido y tiene aún contra mí, +estriba en que anhelaba que yo me hubiese enamorado de él por lo triste +y por lo serio, y me hubiese puesto a suspirar y a llorar, sin pensar +más que en él y no en divertirme? ¿No ves que él se ha enamorado y que +su rabia es que no me cree tan enamorada ni tan capaz de enamorarme, +porque no hago pucheros y no aburro con lágrimas y sublimidades? ¿Y no +calculas, por último, que yo le quiero también? Si no, ¿me casaría? Ya +casada, vencido el natural encogimiento que debo guardar, le demostraré +mi ternura, y le haré ver que hay un tesoro de ella en mi alma, aunque +escondido entre burlas y alegrías; y cuando vea el tesoro, y le goce, y +conozca que es suyo, y mejor que cuanto podía él soñar, ha de conocer +que no es mi corazón de corcho sino de almíbar y jalea, y se ha de poner +como jalea y como almíbar, y ha de bailar y reír de gusto, declarando y +confesando que se compaginan bien los regocijos con el verdadero amor, y +las risas con la ventura más seria y más grave en el fondo. + +Doña Luz, sonriendo y suspirando a la vez, contestó entonces: + +--No era la preocupación por tu suerte la causa de mi tristeza: era mi +egoísmo que al cabo lograré vencer. Presiento que vas a ser dichosa y +esto me alegra; pero tengo celos por tu amistad. ¿Por qué no confesarlo? +La única persona a quien poco a poco he ido confiando mi corazón y dando +todo mi cariño, eres tú. Tú, lo reconozco, me pagabas con usura; pero +ahora vas a tener marido; pronto, quizá, tendrás hijos, y toda tu alma +será para ellos. Esta pobre huérfana, sola en el mundo, quedará +abandonada y sin un alma que la comprenda y que la ame. + +Doña Manolita, abrazando tiernamente a doña Luz, contestó con estas +palabras: + +--Aunque no tuviese yo mil razones para alegrarme de mi boda, me +alegraría, porque te ha excitado a declararme hoy tu amistad del modo +más explícito y como nunca lo habías hecho. Estoy contenta y llena de +orgullo de que tanto me estimes para amiga. No temas tú que ni Pepe +Güeto, ni los Güetillos que puedan salir a relucir en lo venidero, te +roben aquella gran parte del alma con que te amo. Pues qué, ¿imaginas tú +que el compartimiento, rincón o sitio de mi alma donde está el amor de +esposa y madre, se ha llenado o se va llenando ahora y que antes estaba +vacío? ¿Crees tú que este amor no existía en mí antes de amar a Pepe +Güeto? Vaya si existía. Lo que tiene es que entonces el novio o el +marido, a quien yo le consagraba, era soñado, hecho a pedir de boca, +relleno de perfecciones. Los chiquillos, que me fingía y me finjo aún, +son unos querubines. Por mucho que valga Pepe Güeto, pierde cuidado que +no valdrá, ni con cien leguas de distancia, el marido que yo soñé. Y en +cuanto a los chiquillos, será más notable la diferencia, porque los que +tenga, si los tengo, como espero y deseo, no han de ser impecables y +celestiales como los imaginados, sino llorones, traviesos, sucios y +tercos, y me han de armar al día mil perreras, y han de tener entre +ellos mil cachetinas; todo lo cual me hará no quererlos tanto. Infiero +yo de lo dicho que, casada ya y con hijos, te he de querer más que de +soltera, si sigues queriéndome tú. Aunque tú te cases, ¿dejarás de +quererme? + +--Nunca dejaré de quererte--respondió doña Luz--. Yo no me casaré nunca. + +Esta última afirmación excitó mucho la curiosidad y el interés de doña +Manolita, y como la intimidad y la confianza habían llegado a su apogeo, +produjeron varias confidencias y revelaciones por parte de doña Luz, en +un coloquio que por su importancia merece capítulo aparte. + + + + +-VI- + +Confidencias de doña Luz + + +La hija del médico provocó las confidencias, diciendo a doña Luz: + +--¿Y por qué no has de casarte nunca? No te lo niego: yo conozco que es +difícil, pero no imposible. Es difícil porque no hay en estos pueblos +novio para ti, y porque tú no has de ir en busca de novio a las grandes +ciudades. No está en tu condición ni en tu carácter ir a buscar +colocación, bajo el amparo de alguna tía, que ya has desdeñado, o sola e +independiente, ahora que eres mayor de edad. + +--Inútil es que yo te conteste--dijo doña Luz--: tú misma contestas a la +pregunta. Nuestra amistad, con todo, debe quedar hoy completa. Deseo +poner en ella el sello de la verdad, no teniendo secretos para ti y +abriéndote mi corazón. No he de recelar ni que me tengas por vana, ni +que me rebajes en tu concepto: he de mostrarme a ti tal como soy. Te +confesaré lo que a nadie he confesado. Ese rincón, ese pedazo de alma, +donde dices tú que tenías amor para marido e hijos, aun antes de +tenerlos, le tengo yo también en el alma mía; pero un orgullo que no se +funda en razones, una repugnancia nacida de la manera con que he sido +educada, se opone a que yo me case.... + +--Con otro Pepe Güeto, por ejemplo--interrumpió doña Manolita. + +--Pepe Güeto es honrado, bueno, inteligente, es más rico que yo--replicó +doña Luz--. Yo sería una necia si le desdeñase, fundando en algo mi +desdén: pero esto no se razona, se siente, y es lo cierto que nadie, en +las condiciones de Pepe Güeto, y estando en su juicio, me querrá para +mujer propia, así como yo no le querré a él para marido. Entiéndase que +hablo dentro de la vida ordinaria, sin nada de novela. Tal podría ser +esta, que, no ya un hombre como Pepe Güeto, sino el último gañán pusiese +los ojos en mí con razonable esperanza de lograrme, y yo cediese y fuese +suya, no ya siendo hija de un marqués arruinado, sino siendo millonaria +y princesa. Por dicha o por desgracia mía, o no hay de esos seres con +prendas y excelencias superiores a su clase, lo cual probaría, en suma, +que los hombres, por naturaleza, son más iguales de lo que se cree, y +que tales prendas y excelencias son creadas por artificio, o, si hay de +esos seres, no están reservados para mí, o yo carezco de imaginación +para fingir en alguien, aunque no existan, todos aquellos primores que +habrían de enamorarme. Así, pues, la energía de amor está en mí como +dormida; pero no ha muerto. No permita Dios que mate yo en mí facultad +alguna de las que el mismo Dios me ha dado. Duerma el amor en mi seno. A +mi razón serena y fría toca velar para que no le despierte sino quien +deba. Pero, hija mía, nadie acude a despertarle, y me temo que sea +eterno su sueño. + +--Vamos, yo me arrepiento de una tontería que he dicho--exclamó doña +Manolita--. ¿Qué tendría de feo ni de malo que tú fueses y te mostrases +donde conviene para que haya quien con títulos bastantes acuda a +despertar a ese precioso amor dormido? Casi se me antoja que no sólo +tienes derecho, sino que estás en la obligación de hacerlo. No es justo +que tanta hermosura (¡cuidado si eres bonita!), no es lícito que tanta +distinción y elegancia queden sepultadas en este lugar. Es cruel que tan +lindo amor se consuma durmiendo, envejezca, y acaso, acaso, tenga el +infortunio de que se le apolillen las alas. De seguro que hay mil +galanes por ahí, por esos mundos, que caerían rendidos a tus plantas, si +llegasen a verte. De seguro que habrá uno entre ellos a quien tú debes +amar. Pero ¿cómo han de adivinar que estás aquí? ¿Por qué has de jugar +con ellos al escondite? + +--En primer lugar, porque, a fin de buscar poesía, no he de empezar yo +destruyendo la poesía. El amor no ha de buscarse; ha de aparecer, ha de +surgir de un modo providencial. Se busca fortuna, se buscan aventuras, +se buscan negocios, y tú lo has dicho, se busca colocación; pero amor no +se busca. Además, ¿adónde iré yo que no esté más fuera de mi sitio, más +aislada que en Villafría? ¿Dónde me presentaré que no sea mirada como +una aventurera? Casi estoy fuera de toda clase social. Mis parientes me +humillarían si me fuese con ellos. Si me fuese sola, dirían todos como +D. Acisclo, que yo era una _vaca sin cencerro_. Pudiera ser marquesa y +no lo soy ni quiero serlo, porque es ridículo el título sin las rentas +convenientes. Aquí, donde todos me conocen, soy la señorita doña Luz, la +marquesita que conserva aún su casa solariega, y que se ha ganado la +estimación y el respeto, porque nadie ignora su vida desde hace doce +años. Por esos mundos sería yo una doña Luz algo misteriosa, de quien +cada cual imaginaría mil horrores. Empezarían por afirmar una verdad, +para inventar y poner sobre ella millón y medio de embustes. La verdad +sería que soy hija de un marqués calavera y arruinado, y de una tal +Antonia Gutiérrez, soltera y costurera, con quien mi padre tuvo amores. +Créeme: en parte alguna estoy mejor que aquí, aunque no me enamore ni me +case nunca. ¿Y por qué no enamorarme? ¿Por qué el amor ha de estar +siempre dormido? Yo me inclino a creer que no hay varios amores, cada +cual para su objeto, sino que el amor es uno; y aunque cambie el objeto, +no cambia el amor. Si es así, como yo lo deseo, mi amor despertará y se +empleará todo en la hermosura del cielo, en Dios que le ha criado, en +las flores, en la poesía, y quién sabe si hasta en la ciencia, dado que +en mi estrecho cerebro de mujer quepan sus grandes verdades, sus oscuros +misterios y sus temerosos problemas. + +--Nada sé contestarte--dijo doña Manolita--. Veo que en mucho de lo que +dices tienes razón; pero ya que te confías en mí y me haces ver lo más +escondido del alma, sácame de una curiosidad: explícame, si puedes, +ciertas cosas que me parecen rarísimas en tu existencia. Por imprevisor, +por descuidado que fuese tu padre, por pocos amigos y relaciones que +tuviese en el mundo, ¿no tuvo a nadie a quien dejarte confiada sino a D. +Acisclo? ¿Tú misma, habiendo vivido en Madrid hasta la edad de catorce +años, no dejaste allí alguna amiga? ¿No dejaste allí a nadie que se +interesara por ti? + +--El descuido y la imprevisión de mi padre no podían ser mayores. Harto +lo ha probado su ruina; pero además, bastará con que yo, enlazando los +rotos recuerdos de mi niñez, te cuente mi modo de vivir en Madrid, para +que entiendas que lo mejor, quizá lo único que pudo hacer mi padre, fue +dejarme confiada a D. Acisclo. Hasta que cumplí cinco años, viví en casa +de una señora, que parecía medianamente acomodada, y que se llamaba doña +Francisca. He cavilado después si aquella señora sería mi verdadera +madre; pero, sí me trataba bien y hasta con mimo y regalo, se conocía o +se debía conocer, juzgando yo por el confuso recuerdo, que yo le era +extraña. Me tenía en su casa por favor. No era casada. Iba a visitarla +con frecuencia un caballero guapo, amigo de mi padre. Mi padre iba a +verme; a veces solo, a veces con el caballero. La señora murió, y mi +padre entonces me llevó consigo a su casa, y ya no me confió a nadie. A +los pocos meses de estar con mi padre, donde me cuidaba una criada +anciana, vino de Inglaterra el aya que mi padre encargó para mí y que ha +estado conmigo hasta pocos días antes de que mi padre y yo viniésemos a +Villafría. + +Doña Manolita, que era la mejor muchacha del mundo, y que amaba y +admiraba a doña Luz, muy satisfecha de las confidencias que le hacía, y +muy curiosa de saberlo todo, escuchaba sin pestañear, sentada enfrente +de su amiga. + +Esta prosiguió: + +--Mi aya era el deber personificado; pero, como el deber, sin calor, sin +entusiasmo y sin afecto. Casi estoy por afirmar que no me besó nunca, +que nunca me hizo una caricia. En cambio me enseñó cuanto ella sabía, y +mi padre me consideraba como un portento precoz, como una sabia +pequeñuela. + +La vida de mi padre, aunque yo entonces no lo comprendía, comprendo +ahora que era disipadísima, y todo lo contrario de ejemplar. Jugaba, +cortejaba, estaba fuera de casa hasta las tres o las cuatro de la +mañana. Yo era como su refugio, como el medio de su purificación, como +su consuelo santo en los momentos de abatimiento y de tristeza. Me +llamaba a su cuarto, y ya solo conmigo, me decía ternuras, me besaba y +lloraba a veces. Como yo era tan niña, ni podía averiguar por mí, ni +tratar de saber de él la causa de sus pesares. + +Varias veces me hizo también ir a su cuarto en ocasión en que no estaba +solo, sino con una mujer hermosa y elegante, aunque vestida con +descuido, y esta mujer me celebraba de bonita y graciosa, y me hacía mil +cariños. + +--Esa mujer sería tu madre--interrumpió doña Manolita. + +--Así lo hubiera pensado yo también--prosiguió doña Luz--, si esa mujer +hubiera sido siempre la misma; pero fueron varias. Todas se recataban de +la gente; estaban allí con cierto misterio, y nunca el aya las vio. A mí +misma cuando fui grandecita, cuando cumplí nueve años, jamás volvió mi +padre a enseñarme a ninguna de dichas mujeres, que, por la impresión que +me dejaron, se me figuraba que habían de ser señoras y no gente vulgar. +Mi padre era un galán caballero y agradaba mucho a las damas. Entonces +nada infería yo de esto; pero más tarde he inferido la inverosimilitud +de que fuese yo en realidad hija de una Antonia Gutiérrez, costurera. +¿No podría mi padre haber procurado esta madre postiza para legitimarme, +sin comprometer a alguna dama? Aun en vida de mi padre, a pesar de mi +corta edad, pensé alguna vez en esto; pero jamás me atreví, ni +indirectamente, a preguntar nada a mi padre sobre el particular. Él +esquivaba la conversación, si por acaso recaía sobre mi supuesta o +verdadera madre Antonia Gutiérrez. Después de muerto, y después de haber +cumplido yo veinte años, he buscado con empeño algo que me dé luz entre +sus papeles. Él rasgaba todas las cartas de cierto interés, porque era +descuidado y temía dejarlas en cualquier parte y que las leyesen. Lo que +he encontrado, pues, era insignificante: ni un retrato ni una palabra +escrita. Sólo, sobre su mismo cuerpo, se halló este medallón de oro, sin +cifra ni signo alguno. + +Doña Luz sacó de su propio seno el medallón de que hablaba. + +--Desde entonces llevo el medallón en mi seno, como memoria de mi padre. +Dentro, mira (y abriéndole, enseñó el contenido a doña Manolita), mira a +través de este cristal; hay un rizo de pelo más rubio aún que el mío. +¿Será de Antonia Gutiérrez, será de cualquiera otra mujer que fuese mi +madre, o será de alguna enamorada de mi padre, que nada tiene que ver +conmigo? ¿Quién ha de saberlo? Los dos criados antiguos que conservo son +listos ambos; pero ambos entraron en casa con mucha posterioridad a mi +nacimiento, y de fijo no saben nada. Juana vino a servirme cuando tenía +yo diez años. Tres años después entró Tomás de ayuda de cámara de mi +padre. + +--¿Y no sabes de ningún lance singular de la vida del marqués--preguntó +doña Manolita--, por donde se aclare algo el misterio de tu nacimiento? + +--Hay, en efecto, en la vida de mi padre un lance singular; lance +ocurrido a los dos años de haber nacido yo: pero lance tan misterioso +que por él nada se aclara. Podría o no podría tener dicho lance alguna +relación con la culpa a que debo el ser. + +--¿Y qué fue ese lance, si puedo saberlo? + +--Mi padre recibió una mañana una visita, a quien nadie vio, porque mi +padre mismo abrió la puerta. Los criados no podían extrañar esto. Él +solía recibir visitas así, abriendo él mismo, y encerrándose con ellas. +Aquella mañana, a la media hora de haber recibido la visita, llamaron +desde el cuarto de mi padre con fuertes campanillazos. La puerta del +cuarto estaba abierta. La visita había desaparecido. Y los criados +hallaron sobre la alfombra una espada sangrienta, y a mi padre tendido +también, con otra espada empuñada, y el pecho atravesado por una herida +mortal. Dicen que fue milagro de la ciencia el que se librase de la +muerte. Jamás se pudo averiguar quién, ni por qué le había herido. Mi +padre se limitó siempre a decir que no buscasen al culpado, que la +herida había sido en buena lid. Raro duelo, en verdad, sin padrinos, sin +testigos, sin nadie que haya sabido jamás de él sino aquel doloroso +resultado. + +--Todo esto me hace presumir--dijo doña Manolita--que eres hija de una +gran señora. + +--No sé--contestó doña Luz--. Legalmente soy hija de Antonia Gutiérrez, +libre cuando se unió con mi padre. Más vale esto que deber la vida a un +adulterio. ¡Ah! mejor es que mi padre no me haya revelado nada. ¿Cómo +había de haber manchado mi mente limpia, a los quince años, con +impurezas y delitos? Harto perturbada estaba ya mi mente con la +vergonzosa catástrofe de Madrid antes de refugiarnos en este lugar. Hubo +que vender los muebles que allí teníamos para acabar de pagar a los +usureros y acreedores. Mi padre se vino aquí humillado y melancólico, y +a poco murió. ¿Con quién querías que hubiese vuelto yo a Madrid? ¿Qué +papel iba a hacer en Madrid la marquesita arruinada y bastarda? Lo mejor +que pude hacer es lo que he hecho, quedarme aquí para siempre. + +De este modo confió doña Luz todos sus secretos a la hija del médico. + +La amistad de ambas jóvenes se estrechó desde entonces, y en adelante +todo se lo confiaron. + +El casamiento de doña Manolita se hizo por la posta. Un mes después de +haber dado parte a su amiga estaba ya casada. + +Su pronóstico de que su casamiento no enfriaría la amistad con doña Luz +se cumplió a la letra. Doña Manolita era gran profetisa. + +También se cumplió cuanto con relación a Pepe Güeto había ella +pronosticado. Ni hubo vara de mimbre, ni ella entró más en costura que +cuando estaba soltera; pero en cambio, Pepe Güeto se reía como un loco, +sobre todo con los chistes de su mujer, que le hacían mucha gracia, y +con sus risas que tenían para él mucho de agradablemente contagioso. + +Para doña Luz pasaron entre tanto los meses, sin otra novedad que el +cambio alternado y regular de las estaciones. Pasó la primavera, pasó el +verano, y llegó el mes de Octubre, estación de la vendimia. + +Algo muy importante tendría que decir D. Acisclo a doña Luz, cuando una +mañana, estando ya vendimiando, entró a verla y a hablarla no menos +matinalmente que doña Manolita había entrado meses antes. + +El correo llegaba a Villafría a altas horas de la noche y se repartía al +amanecer. + +Don Acisclo traía una carta ya abierta en la mano, y la agitaba con +vivas muestras de satisfacción y de júbilo. + + + + +-VII- + +El Padre Enrique + + +--¿Qué hay? ¿Qué dice esa carta? ¿Qué grata novedad contiene? D. +Acisclo, ¿le ha caído a V. la lotería?--preguntó doña Luz. + +--Mejor que eso, hija, mejor que eso--contestó el interrogado--. Lee tú +misma y entérate--y entregó la carta a doña Luz. + +Esta, antes de leer, conoció la letra y vio la firma que decía: +«Enrique». Era de un sobrino, hijo de una hermana que D. Acisclo había +tenido, el cual sobrino era fraile dominico, residente en Filipinas. + +Casi todos los que se hacen ricos niegan el acaso, la fortuna, el hado o +la suerte: éstos les parecen vanos nombres, detrás de los cuales +procuran ocultarse la pereza, el despilfarro, el desorden y la tontería. +De aquí que se tengan por las personas más prudentes, más razonables, +más ingeniosas y más sabias de la tierra. Y puede que les sobre razón. +Yo no lo niego ni lo afirmo. Digo sólo que D. Acisclo era así. Estaba +muy contento de sí propio e imaginaba que no había merecimiento mayor +que el suyo. Toda otra gloria se le antojaba inferior y de menos +quilates. Sin embargo, una gloria con algo de sobrenatural y de +ultramundano, si no en los medios en el fin, y adquirida por individuo +de su familia, no parecía a D. Acisclo de corto valer tampoco; y tal era +la gloria de su sobrino el P. Enrique; gloria que en cierto modo se +reflejaba en él y en toda la parentela. Era, casi a par de los dineros +adquiridos, timbre de nobleza para su casa. + +Don Acisclo idolatraba, pues, al P. Enrique, y hablaba de él con +complaciente jactancia, diciendo: + +--Aquí servimos para todo; lo mismo para un fregado que para un barrido; +yo quise ser millonario y lo soy; a Enrique le dio por la santidad y aún +le hemos de ver en los altares--. Para demostrarlo y hacer probable el +cumplimiento de su vaticinio, D. Acisclo refería a menudo las andanzas +del P. Enrique: de modo que doña Luz le tenía por conocido y amigo, +aunque hacía cerca de veinte años que él faltaba del lugar y de Europa. + +Todo este tiempo no le había vivido sólo en Manila. Había estado en +diversas tierras de gentiles, difundiendo la luz del Evangelio; había +pasado apenas creíbles trabajos; había arrostrado graves peligros, y aun +había estado dos veces a punto de alcanzar una muerte tan cruel como +gloriosa, no salvando la vida sino después de sufrir prolongado +martirio. + +Referidas estas historias por D. Acisclo, fuerza es confesarlo, +aparecían grotescas en los pormenores. Por dicha, el P. Enrique escribía +a su tío tres o cuatro veces al año, y el tío se deleitaba en que doña +Luz le leyese las cartas en alta voz. Así conoció doña Luz que el P. +Enrique, a más de ser valiente hasta el heroísmo, y entusiasta y +fervoroso en todos sus actos y misiones apostólicas, era sujeto de claro +ingenio y de singular discreción y prudencia. + +Su constitución física distaba mucho de corresponder a sus bríos +espirituales, y, aunque no tenía aún cuarenta años, ya en sus últimas +cartas se quejaba dulcemente de lo quebrantado de su salud, que le +impedía trabajar en empresas activas, y le estorbaba algo en sus +estudios. + +La carta recién llegada era muy corta y traía fecha de Cádiz. Doña Luz +leyó, y decía así: + +«Mi querido tío: Mis males se agravaron hasta tal extremo en Manila, que +los médicos decidieron que yo debía venir a Europa a pasar una larga +temporada. Con los aires del país natal aseguraban que me repondría. Mis +compañeros me echaron de allí: hasta el mismo Sr. Arzobispo me mandó que +me viniese. No hubo, pues, más remedio. Salí de Manila y, a Dios +gracias, hice una dichosa navegación. Tres días ha que estoy en Cádiz, +bastante más fuerte ya. Pasado mañana salgo de aquí en el ferro-carril +para esa villa. Expresiones cariñosas a los primos, primas, amigos y +demás parientes, y a su huéspeda de V. la señorita doña Luz. Le quiere a +V. mucho y desea abrazarle, su afectísimo sobrino». + +Tal era la causa del júbilo de D. Acisclo; iba a abrazar al sobrino +santo, iba a vivir con él, iba a tener el gusto de lucirle en el lugar. + +Doña Luz quiso en seguida mudarse a su casa y dejar su habitación en +casa de D. Acisclo, para que el padre habitase en ella. + +Don Acisclo dijo: + +--Nada de eso, hija mía. Tú por nada del mundo te vas de mi casa a vivir +sola en aquel caserón. Además, una mudanza tan precipitada sería un +trastorno. Yo tengo mi plan, y, con tu permiso, le hemos de llevar a +cabo. Enrique sé yo que gusta de la soledad para sus estudios y +meditaciones. Permite que vaya a vivir en tu casa. En un momento le +arreglaremos allí habitación conveniente. Tu casa está cerca. Iremos a +cuidarle si cae enfermo en cama, y cuando no, vendrá él a almorzar, a +comer y a charlar con nosotros todos los días. + +Doña Luz insistió en irse a su casa; pero D. Acisclo siguió oponiéndose, +y fue menester que doña Luz cediera, ofreciendo gustosísima su casa para +que en ella viviese el Padre. + +La estación del ferro-carril está a dos leguas muy largas de Villafría, +y D. Acisclo dispuso que saliesen todos los parientes y amigos a recibir +al Padre con mucha pompa. En efecto, no quedó vehículo de que no se +dispusiese. Se emplearon tres calesas, una tartana, propiedad de D. +Acisclo, y dos carros. Fueron de la expedición los hijos, yernos, hijas, +nueras y nietos de D. Acisclo, el cura, el médico, doña Luz, doña +Manolita y Pepe Güeto, y otras varias personas. Los que no cupieron en +los vehículos de ruedas, fueron a caballo o en burro. + +El P. Enrique llegó bien y fue recibido con vivas por aquella turba, en +el andén de la estación. + +En el lugar fue un triunfo su entrada. + +Para todos los primos y primas trajo regalos: para ellos puros filipinos +en abundancia; para ellas, o pañolones bordados, que llaman en mi tierra +de _espumilla_ y de Manila en Madrid, o abanicos chinescos de los más +primorosos. Para D. Acisclo trajo armas japonesas, y para doña Luz un +juego de ajedrez de marfil, prolijamente labrado. + +El P. Enrique se instaló muy cómoda y holgadamente en casa de los +Marqueses de Villafría, donde Tomás se ofreció para cuidarle; pero el P. +Enrique traía consigo un criado chino, llamado Ramón, que le cuidaba con +el mayor esmero. + + + + +-VIII- + +Vida del Padre en el lugar + + +Pasado el gran acontecimiento de la venida del P. Enrique; luego que no +quedó en el pueblo nadie que no le viese, satisfaciendo así la +curiosidad; luego que le oyeron predicar en la parroquia y no hallaron +que sus sermones fuesen más bonitos que los de otro Padre, sino más +fáciles, más pedestres, más sencillos y con menos latines; y luego que +vieron que el P. Enrique ni contaba chascarrillos ni jugaba al billar ni +a la malilla, ni era más entretenido que otro cualquiera, todo Villafría +entró de nuevo en su estado normal. + +Como piedra que cae en estanque profundo, la cual hace muchos círculos y +turba el haz del agua, y luego se desvanecen los círculos y vuelve todo +a su primer reposo sin que nadie se acuerde de la piedra, así sucedió +con el P. Enrique a los tres meses de estar en Villafría. + +Verdad es que él procuraba eclipsarse. Si hacía obras de caridad hasta +donde sus cortos medios lo consentían, era tan sin estruendo, que nadie +se enteraba; si, movido a ello por compasión o porque lo juzgaba +absolutamente necesario, daba algún consejo, le daba con tal llaneza y +con tan pocos textos y autoridades, que nadie hacía caso, y aun había +quien supusiese que no sabía aconsejar por lo fino, acostumbrado a vivir +entre los salvajes allá en las Indias. + +En suma, el P. Enrique, o no supo o no quiso hacerse popular. También en +él se cumplió la sentencia evangélica: _Nadie es profeta en su patria_; +también por él, si es lícito comparar lo pequeño con lo grande, pudo +decirse que _estuvo entre los suyos y los suyos no le conocieron_. + +No iba al casino, no frecuentaba la tertulia del boticario, no sabía +palabra de política, no visitaba a las señoras devotas del lugar, en +fin, se aseguraba ya que no servía para nada. + +Decía su misa diaria, y casi siempre estaba encerrado en el caserón del +marqués, que así le llamaban, donde andaba de continuo papeleando; esto +es, bregando con libros y papeles, ora escribiendo, ora leyendo cosas +que a nadie le importaban por allí. + +Como Villafría era pueblo muy liberal y avanzado en ideas, acusaban +muchos al P. Enrique de hipócrita, de carlistón y de _neo_, y en cambio, +los verdaderos _neos_ y carlistones, que tampoco allí faltaban, miraban +con desdén al Padre, porque de nada les valía ni con ellos se +espontaneaba, o más bien, no tenía de qué ni sobre qué espontanearse. + +Por fortuna era tan dulce el Padre que no podía mover a odio, y tan +silencioso y modesto que no excitaba la envidia. Todo se redujo a que le +olvidasen, viéndole; género de olvido que ocurre con frecuencia. + +Sólo en la mayor intimidad, en medio de pocas almas escogidas, y de +alguna que si no lo era se dejaba llevar por el entusiasmo de las otras, +se desanudaba suavemente la lengua del P. Enrique; y las narraciones +amenas, los discursos elevados, los bellos pensamientos y nobles +sentimientos brotaban de sus afluentes labios y penetraban en los +corazones y en la mente del poco numeroso auditorio, aunque mejor sería +decir de sus pocos interlocutores, porque el Padre evitaba, cuanto +podía, monopolizar la palabra y prefería el diálogo en que todos +hablasen. + +Sus interlocutores eran doña Luz, doña Manolita, el médico, Pepe Güeto, +el cura alguna vez y don Acisclo siempre. + +Cuando venía más gente en casa de D. Acisclo, aquella franqueza +desaparecía, y la conversación, como por ensalmo y sin poder evitarlo, +bajaba al nivel villafriesco. + +Las condiciones de entendimiento y de carácter movían a esto al P. +Enrique, no por altivez, sino por timidez. Con el humilde vulgo, allá en +los pueblos más cercanos a la naturaleza, en donde había vivido, había +acertado a explicarse por tan llano y persuasivo estilo que sus palabras +sin arte, santas y sinceras, habían quedado grabadas en los corazones, +llevando el convencimiento a las almas. Con sujetos de letras y +doctrina, o que por gracia, por entusiasmo, por hondo sentir poético y +por elevación de miras y de ideas, le infundían confianza y le +inspiraban simpatías, su discurso le arrebataba fácil e insensiblemente +a las más altas regiones; pero con ciertas gentes medianas, que presumen +de cultas, el Padre Enrique se recogía por instinto, sentía su carencia +de poder y de influjo, y ni era sencillo, ni era elevado, ni conmovía +por la candorosa expresión de los afectos, ni alzaba en pos de sí las +inteligencias, tendiendo el vuelo de águila la suya. + +Villafría, población muy adelantada, producía este efecto en el P. +Enrique. Nada amilanaba su corazón, ni allí tenía que temer nada; pero +su entendimiento estaba amilanado y reconocía su carencia de influjo. + +No afirmo yo que se establezcan corrientes magnéticas; pero, sin decirlo +como verdad, puedo decirlo como imagen; entre sus paisanos y él no había +corriente magnética alguna. La corriente magnética sólo existía entre el +Padre y las pocas personas que hemos nombrado ya, y que, durante todo el +invierno de 1860 a 1861, se reunían, sin faltar apenas una noche, en +torno del hogar de D. Acisclo, en la _cocina de los señores_, que +dejamos descrita. + +En esta reunión se charlaba por los codos, y nadie hacía tanto gasto de +palabras como doña Manolita, cuyos graciosos disparates movían a risa +hasta al Padre, a pesar de su gravedad. A veces, no obstante, sin buscar +tema, sin el propósito preconcebido de enredar alguna discusión sobre +las más arduas materias, la discusión venía a enredarse, y entonces don +Acisclo, el cura, Pepe Güeto y hasta doña Manolita, callaban y oían, y +hablaban sólo el P. Enrique, doña Luz y el médico D. Anselmo. + +Reinaba allí la más amplia libertad de pensamiento; y el médico, que era +el constante impugnador del P. Enrique, decía cuanto se le antojaba; +pero como todo corazón generoso lleva ingénitamente en su centro la +buena crianza, aunque no se la hayan dado, D. Anselmo, ni aun en la fuga +del más ardiente disputar, ni en la mayor violencia de sus ataques, se +olvidaba de velar y de mitigar su rudeza con la dulzura de la forma. + +A través de esta forma dulce se mostraba, no obstante, la negación +radical de toda verdad que no venga a nosotros por la experiencia +sensible. Con fe se puede creer en lo sobrenatural; con imaginación se +puede crear un mundo trascendente de ideas metafísicas y religiosas. La +razón, en tanto, sólo puede saber lo que ella, en virtud de sus propias +leyes, induce del estudio y observación de los fenómenos que llegan a su +conocimiento por los sentidos. Esto sólo es la ciencia: lo demás será +poesía, o como quiera llamarse. Y el principio de la ciencia para D. +Anselmo era que hay una sustancia infinita, la cual, en virtud de la +inexplicable agitación y del prurito, que constituye su esencia, produce +variedad de seres, cuya perfección relativa, dentro del período en que +vivimos, y hasta donde la memoria puede penetrar en lo pasado, y la +prudente previsión en lo porvenir, va siendo cada vez mayor, merced a +cierto proceso ascendente y a cierto desarrollo que nos parece que no +termina. Cómo ello empezó y cómo habrá de acabar, sostenía D. Anselmo +que se ignora y que se ignorará siempre. Era vano, en su sentir, +obstinarse en ver más allá: si antes del principio de esta evolución +hubo otra; si después volverán las cosas al reposo y a la muerte, y si +luego se despertarán nuevo prurito y voluntad de los átomos, que los +lleven a agruparse y a crear otro universo, y vidas nuevas, y progreso, +y consciencia, y lo que llaman espíritu, y por último, muerte otra vez. +Sobre todo esto, sólo podían forjarse teorías y ensueños, lanzándose en +especulaciones aventuradas, más allá de los términos y linderos hasta +donde la razón nos sigue. + +Y lo que D. Anselmo afirmaba de la vida total del mundo, lo afirmaba tan +bien de la vida de cada individuo. Durante dicha vida podía observarse +el desenvolvimiento gradual, hasta que la vida acababa. Pero antes del +nacer y después del morir, D. Anselmo sostenía que no atinaba a ver +nada: eran dos profundidades tenebrosas, dos insondables abismos, en +medio de los cuales se manifestaba la vida. Y las profundidades y los +abismos se hallaban como cubiertos de la sustancia, de la materia, de +esto que afecta nuestros sentidos, que no podemos concebir sin +accidentes y sin formas, que no podemos concebir mudando formas y +accidentes; pero que en lo esencial no puede ser aniquilado por la mente +humana. La única metafísica ineludible de aquel enemigo de la metafísica +era la eternidad de ese ser indefinido y vago. Él era el único +inmutable. Todo lo demás, esto es, sus apariencias y cambios, pues fuera +de él nada hay, era perpetua mudanza y fluctuación sin sosiego. Claro +está que de tal ciencia no podía nacer moral alguna, ni deber, ni +responsabilidad, ni libertad de nuestros actos; pero D. Anselmo, que era +excelente sujeto, apenas se atrevía a confesar semejante diablura, ni a +sí propio, y mucho menos a los demás; y armaba un caramillo de sutilezas +para probar que éramos libres y que debíamos ser buenos, y que había +algo de determinado en que la bondad consistía. De aquí que, si sobre +las cuestiones primeras reñía con el P. Enrique bravas batallas, en +estos puntos prácticos quedaba siempre derrotado, y se hacía un lío, con +aplauso general de todos, y más aún de su hija doña Manolita, quien +terminó una vez exclamando: + +--Vamos, papá, perdona mi desvergüenza filial, pero tú no sabes lo que +te pescas. + +Verdad es que doña Manolita dio a su padre un par de cariñosos besos +para endulzar aquella mortificación de amor propio. + +Hasta hubo ocasión en que D. Anselmo se sintió más mortificado y vejado. +Entonces el propio P. Enrique tuvo que volver por él, afirmando que el +asunto era difícil y que no merece censura, sino aplauso, el que le +estudia con ahínco y con amor a la verdad, aunque se equivoque: que no +deben reírse los que no saben nadar, ni se echan al agua, de los que por +nadar se aventuran y se ahogan; y que sólo yerra el que aspira, y que +sólo da caídas mortales el que tiene arranque y valor para encumbrarse y +subir. + +De esta suerte, encontró doña Luz un poderoso aliado para sus perpetuas +disputas con el médico, cuyo inveterado positivismo no cedía jamás ni +daba lugar a una conversión, pero cuyo concepto del saber, de la elevada +inteligencia y de la bondad del Padre, era mayor cada día. + +Si esto pensaba el adversario y el incrédulo, ¿qué no pensarían los +creyentes, los que profesaban las mismas ideas, aquellos en cuyo favor +el P. Enrique tan hábil y cortésmente peleaba? La veneración, el +entusiasmo, la admiración por el P. Enrique, fueron subiendo en todas +aquellas almas, y más que en ninguna en el alma entusiasta, solitaria y +aislada de doña Luz. + +Creíale un tesoro de santidad, un dechado de todas las virtudes, y un +pozo inagotable de ciencia. Cuando el Padre hablaba, quedábase ella +suspensa oyéndole, y se apartaba de todo y se reconcentraba a fin de no +perder ni un acento y de comprender el más hondo sentido de su discurso. +Su afán de saber se despertó como nunca, comparándose con el Padre y +notando cuán ignorante ella era: y, aunque el Padre no hacía ostentación +de su ciencia, ella le excitaba a que hablase, con mil preguntas, a las +que el Padre, por más que por modestia lo repugnara, tenía al fin que +responder. + +La vida de las plantas, el movimiento de los astros, el sistema del +mundo, la historia de los pueblos, de sus emigraciones, lenguas, +creencias y leyes, todo era objeto de las preguntas de doña Luz, y a +todo se veía obligado a responder el P. Enrique. + +A veces salía doña Luz de paseo con Pepe Güeto y doña Manolita, cuya +luna de miel se prolongaba de un modo poco común, y mientras los esposos +iban de burla o de risa, delante o detrás, y en interminable cuchicheo, +el Padre, que los acompañaba, sostenía con doña Luz un coloquio grave, +que a ella le parecía amenísimo, instructivo y sublime. + +Los médicos habían amenazado al P. Enrique hasta con la muerte si volvía +a Filipinas antes de hallarse completamente repuesto. La permanencia, +pues, del P. Enrique en Villafría, había de ser de dos o tres años. + +Él se había repuesto mucho, pero estaba aún delicado. Aunque era hombre +de cuarenta años, sus facciones finas y algo aniñadas le hacían parecer +más mozo. Era blanco, si bien tostado el cutis por el sol; los ojos y el +pelo negro; delgado, de mediana estatura, y de hermosa y despejada +frente. Su vida de peregrino y de misionero, haciéndole vencer la +debilidad de su constitución con la energía del alma, había prestado a +su cuerpo extraordinaria agilidad y soltura. + +Las mujeres son curiosísimas, y doña Luz lo era más que las otras +mujeres. Nada excita tanto la curiosidad como cualquier merecimiento o +habilidad que se oculta. Y como el Padre, sin afectación, por no ser +propio de su estado, porque no gustaba de hacer alarde de cosa alguna, +no se había mostrado nunca a sus ojos como jinete, doña Luz, sin +malicia, empezó primero por cerciorarse de que lo era, de que había +viajado mucho a caballo en Cochinchina y en la India, y no paró luego +hasta que logró salir con él de paseo a caballo en compañía de D. +Acisclo. Doña Luz se compuso de suerte que hizo galopar al Padre y hasta +correr a todo escape, y el Padre galopó y corrió sin vanagloria de +hacerlo bien, haciéndolo perfectamente, y sin dar el menor indicio de +que lo hacía por complacencia galante, ni por lucirse, sino cumpliendo +con un deber. Doña Luz se aventuró demasiado y estuvo a punto de dar una +peligrosa caída al saltar una zanja. Su caballo no llevaba ímpetu +bastante y hubiera caído en ella, si el Padre, conociéndolo, no hubiera +llegado en sazón, excitando el caballo con el látigo, y con el ejemplo, +porque saltó primero. + +El Padre, después del salto, con tanta dulzura y cortesía como firmeza, +reprendió por sus locuras a doña Luz; dijo que podría ser motivo de +escándalo el verle correr y saltar de aquel modo; prometió no volver a +salir nunca más a caballo, y cumplió la promesa. + +Esta misma firmeza de voluntad encantó a doña Luz, aunque iba contra sus +gustos y caprichos. La paz y serenidad de espíritu del Padre la tenía +maravillada, y más aún su perspicacia. Juzgábale zahorí de corazones. +Todos los defectillos de ella, todas las faltas, conocía doña Luz que el +Padre las notaba, y que se las censuraba con rodeos delicadísimos; sin +dejar por eso de advertir también cuanto en el alma de ella había de +noble y de bueno, elogiándolo sin el menor empeño de serle grato por +medio de la lisonja. + +Ella, entretanto, miraba en el alma del P. Enrique, y quería verla toda, +como él veía la suya. Y notaba que era clara y transparente, como la mar +que circunda a Andalucía, pero con un fondo de tal hondura, que a pesar +de lo diáfano del agua y de la mucha luz del cielo que en ella penetra, +iluminándola toda, la vista se desvanecía y se cegaba, y quedaba a +inmensa distancia de los últimos senos y capas de ondas, hasta donde se +fatigaba por sumergirse y calar. + + + + +-IX- + +Homilía + + +En vida tan apacible llegó, para doña Luz y para sus compañeros de +tertulia, la primavera de 1861. + +Durante la Cuaresma, el P. Enrique predicó varias veces, con mediano +éxito, no sobrepujando la fama de los otros predicadores con quienes +alternaba. El número de los fervientes admiradores del padre apenas se +aumentaba con alguien que no fuese de la intimidad de D. Acisclo. + +Aquel año, por lo mismo que su sobrino estaba en el lugar, D. Acisclo +quiso echar el resto, en el Jueves Santo, y la cena algo profana, a que +dio ocasión la salida en procesión de la Santa Cena, fue opípara y +estruendosa. + +Doña Luz estuvo amabilísima con todos, y doña Manolita muy alegre y +chistosa. + +No eran éstas, sin embargo, las reuniones que agradaban a doña Luz y a +su amiga, sino las poco numerosas, familiares y frecuentes, donde ellas +mismas incitaban a D. Anselmo para que provocase y contradijese al +Padre, obligándole así a hablar sobre puntos de religión o de filosofía. + +En no pocas ocasiones, el P. Enrique había lucido, en sentir de sus +oyentes, una elocuencia conmovedora; pero jamás produjo tan honda +impresión en los ánimos como la noche del Domingo de Resurrección. + +Incitado D. Anselmo, después de otros menos importantes ataques, llegó a +decir lo que sigue: + +--Todo es hablar de caridad y devoción, pero, bien mirado, no se ve en +vosotros sino egoísmo. No es la piedad, no es el amor a vuestros +semejantes quien os mueve, sino el anhelo de la salvación propia y el +miedo del infierno. + +--Alambicando de esa suerte--contestó el padre Enrique--, no hay amor, +por desinteresado que sea, cuya raíz no esté en el amor propio. Las +palabras mismas lo declaran. ¿Qué es la compasión? No es más que cierta +cualidad, en cuya virtud padece el alma cuando ve padecer a otra como si +ella misma padeciera. Todo sacrificio, por consiguiente, que haga el +alma compasiva, ya del reposo, ya de la vida corporal, ya de la +hacienda, será considerado como egoísmo. El alma compasiva le hace para +librarse de un padecimiento; para que el ajeno dolor no le duela como +propio; para hallar para sí la paz y el bien que apetece. Todo acto de +filantropía proviene de compasión: luego proviene del amor propio; luego +nace del egoísmo. Lo más que los filántropos podréis decir en vuestro +abono es que vuestro egoísmo es un egoísmo bien entendido, un egoísmo +provechoso para todos. + +--Ya lo ven ustedes, señores--replicó D. Anselmo--, el Padre, como no +puede ni sabe defenderse, ataca; pero sus razones no tienen fuerza +contra mí. Yo no vacilo en concederle que la virtud humana de la +filantropía proviene de la compasión y es por lo tanto egoísmo; pero ¿la +virtud divina de la caridad es menos egoísmo en su raíz y fundamento? A +fin de no padecer viendo padecer a otro, hago yo, por ejemplo, un acto +de filantropía: le hago para ponerme bien conmigo: soy, pues, egoísta; +pero el que hace una obra de caridad, por amor de Dios, para ponerse +bien con Dios, de quien toda su dicha depende ¿se muestra acaso menos +interesado? Todavía se me antoja que vale más el filántropo que el +caritativo, porque al cabo es más noble y más bella la condición natural +del alma descreída que siente como propias las penas extrañas, y con el +propósito de libertarse de estas penas obra el bien, que la condición +algo sobrenatural del alma creyente que obra el bien por temor de +castigo o con esperanza de galardón y de premio; y no ya por amor del +ser miserable a quien socorre y ampara, sino por amor del ser poderoso +de quien todo lo espera. + +--Censurar que el alma busque siempre su bien, dijo entonces el Padre, +sería tan absurdo como censurar que busquen los graves su centro. Ley es +ésta indefectible, donde no hay libertad, donde no cabe ni mérito ni +demérito. La voluntad va derecha a la beatitud, donde sólo puede +aquietarse, como la piedra, desprendida de lo alto de la torre, cae sin +detenerse hasta dar en el suelo; como la bala, disparada por certero +tirador, vuela a clavarse en el blanco. Lo importante, lo libre, lo +meritorio está en poner bien la mira, en buscar el supremo bien donde en +realidad reside. Una vez señalado el bien, verdadero o engañoso, ¿quién +no va a él por acto tan voluntario como necesario, ya que amar y +apetecer el bien es la esencia misma de toda voluntad? El amor de sí +propio es de necesidad; necesidad de quien ni el mismo Dios se sustrae. + +--No niego yo que sea así. Convengo en todo, Padre. Pero ¿dónde está +entonces la libertad, la responsabilidad de nuestros actos? No habrá +pecados ni crímenes, sino errores. La inteligencia se engañará y +presentará a la voluntad lo que es malo como bueno. + +--Así sería, dijo el Padre, si fuese necesario todo error; pero el error +no es necesario siempre. En el error puede haber libertad, y por +consiguiente pecado. A veces las pasiones, que no queremos dominar, +ofuscan el entendimiento y le llevan a que yerre; a veces el don +sobrenatural de la gracia no acude a nosotros porque nos hacemos +indignos de él, y entonces también se turba y se engaña el +entendimiento. Pero no creo que disputamos hoy sobre el libre albedrío y +la fatalidad, sino sobre si el alma al amar es desinteresada, porque +busca su propio bien, aunque este propio bien estribe en el amor mismo. + +--Así es--dijo doña Luz. + +--Esa es la cuestión de hoy--añadió doña Manolita. + +--Figurémonos--prosiguió el padre Enrique--, a un enamorado, a un +caballero a la antigua, que por complacer a su dama, y para darle gloria +y contento, padece insufribles trabajos, se expone a los mayores +peligros y lleva a feliz término las más dificultosas aventuras. +Figurémonos que todo esto lo hace por una dama de quien recela con razón +que jamás será amado. Y figurémonos, por último, que todo lo hace por +servirla y sin esperanza de recompensa. Todavía según el modo de +discurrir de D. Anselmo, podremos tildar este amor de interesado, ya que +el alma de aquel caballero halla deleite grandísimo en hacer cuanto hace +por la dama, aunque la dama sea ingrata; o ya que, si no halla deleite, +halla consolación, considerándose mil veces más infeliz si nada hiciese +de lo que hace y si no diese de su amor tan valientes y generosas +pruebas. Pero ¿qué mucho si el mismo amor mal pagado suele ser causa de +ventura y de gozo íntimo para el amante que prefiere amar, aun sin +correspondencia, a que se desprenda y aparte el amor de su alma, +dejándola solitaria, seca y vacía? Queda, pues, demostrado así que todo +es egoísmo, si bien es fuerza convenir en que hay egoísmos sublimes y +merecedores de perpetua alabanza. + +--Acepto--replicó don Anselmo--, el ejemplo de esa dama y de ese +caballero andante de los buenos tiempos antiguos que el P. Enrique nos +presenta; pero dudo mucho de que el caballero haga sus proezas con la +esperanza de galardón ya perdida. La misma alta opinión en que tiene a +la señora de sus pensamientos le persuade de que no ha de ser ingrata. +El caballero se aventura, pues, y se afana interesadamente, esperando +galardón; pero, supuesto el caso extraño de que no le esperase, ya no +podría equipararse con el cristiano caritativo, en quien jamás ha de +suponerse que la esperanza fallezca. En el concepto que tiene de su Dios +va implícita la idea de su bondad, de su omnipotencia y de su justicia, +y en ellas libra la seguridad de la paga. Vuelvo, pues, a mi tema. Toda +virtud mundana será egoísmo; pero lo es más la caridad, ya que se funda +en firme creencia y en esperanza clara y evidente de que será +recompensada. A pesar de todo, no desdeñaría yo esta virtud, y juzgaría +soberanamente benéficas la esperanza y la fe de que procede, si no +dejara nunca de ser, aunque por fines interesados y egoístas, causa de +buenas obras; pero la caridad tiene un camino, cuando se extrema, para +lograr su objeto, no ya sirviendo, sino olvidando, desdeñando y +menospreciando al prójimo y a cuantos seres hay en este universo +visible. El alma que se retira dentro de sí, que se hunde en el abismo +insondable de su propia esencia, donde se une o cree unirse con su Dios, +¿qué vale a los hombres? ¿Qué amor les consagra? ¿Qué criatura terrenal +podrá existir por cuya suerte se interese? El alma que así se endiosa, +encastillada en su recogimiento soberano, lo desdeña todo, menos su +propio centro, donde vive identificada con el eterno amante a quien +adora y de quien recibe bienaventuranza completa. + +Con dulzura insinuante y con el reposo debido, a fin de hacerse entender +bien y de poner en sus ideas orden y claridad, contestó entonces el P. +Enrique a los argumentos de D. Anselmo; mas, a pesar del dominio que +tenía sobre sí y sobre su palabra, la emoción que embargaba su ánimo +venía a revelarse en su acento, en el brillo de sus ojos y en el +encendido color de sus mejillas, pálidas de ordinario. Todo ello +contribuía a infundir en el razonamiento que hizo aquella singular +persuasión que cautiva los corazones y somete a blando yugo las más +soberbias y rebeldes inteligencias. + +¿Cómo reproducir, sin alterarle o sin debilitar su energía y empañar su +esplendor celestial, el sencillo e inspirado discurso que entonces +pronunció el Padre Enrique? + +Lo que atine a poner aquí el profano, frío, escéptico y pobre narrador +de esta historia, no debe mirarse, cuando más, sino como informe +bosquejo de lo que dijo aquel hombre entusiasta y creyente. El P. +Enrique dijo así: + +--A fin de dar cumplida contestación a los argumentos de D. Anselmo +sería menester desenvolver ahora las doctrinas todas de una altísima +ciencia. Lo que diga yo, por lo tanto, en breves palabras, no puede +menos de ser desordenado y de pareceros oscuro. Voy a poner en cifra y +resumen lo que requiere, para que se entienda bien, severo método y +reposo. Supongamos, por un instante, que abstraída el alma de todo lo +terreno, en suspensión de potencias y sentidos, en silencio maravilloso +y quietud envidiable, goza del supremo bien, sin salir de esta vida +mortal, y absorta y como hundida en la contemplación de su Creador, no +cuida ya del prójimo ni de las otras criaturas. Pero antes de alcanzar +tanta dicha, antes de subir a tanta alteza, ¿qué pruebas de bondad no +habrá dado el alma? ¿Por qué áspera senda no habrá tenido que trepar, +activa, atenta y persistente? Para ganarse la voluntad de su Creador +habrá hecho obras de misericordia, consolando y amparando a los +infelices y desvalidos, y con sus oraciones y penitencias, humildad y +mansedumbre, habrá sido pasmoso ejemplo y provechoso estímulo a todo ser +humano. No se conquista de otra suerte el amor de Dios. No hay otra vía +más cómoda y llana para llegar a él. Claro está, pues, que, aun +suponiendo que el alma es ya inútil para las otras almas al llegar a ese +término, es utilísima mientras no llega. Y no obstante, cuando el alma +llega, cuando se recoge en su centro, donde Dios mora, y allí le conoce +y con él se une, ¿cómo imaginar que por eso se aniquila o se hace +inútil? Tal vez, al anegarse en aquel abismo de luz, no ve sino +tinieblas. Tal vez los ojos del alma no pueden resistir tanto +resplandor. Tal vez la inteligencia limitada no comprende aquellas +perfecciones infinitas e inenarrables. Pero si la inteligencia, en el +alma que llega a Dios, no ve ni comprende todo su ser, bástale con +percibir algún atributo para no quedar perdida y aniquilada en su +ventura. Bástele ver a Dios, para ver en Dios el mundo y las criaturas +que le llenan y hermosean, y para verlo todo, por más cabal y +comprensiva manera que cuando lo veía con sólo los sentidos como +apariencias fugitivas que los hieren. El alma ve entonces las cosas +tales como son y no tales como aparecen; las ve, no en su manifestación +transitoria, sino en su idea pura y eterna; no ya en lucha constante, +desligadas, sin concierto, en guerra de exterminio, sino que las ve +atadas por lazo de amor, subiendo en concorde armonía hacia la luz y +hacia el bien, y encaminándose, por atracción suave y divina, a la +justificación providencial de todo. Y como el alma ama a Dios y todo +está en Dios, el alma lo ama todo amándole. Y lo ama todo, no ya +interesadamente, como lo amaba antes, sino con desinterés, porque quien +tiene a Dios ¿qué más quiere ni desea? Así el alma ama a las criaturas +como Dios las ama, y quiere que todas se vuelvan a Dios y le amen, y que +el tesoro del amor divino sea para todas ellas. Y entonces el amor del +alma, conforme, identificado con la voluntad de Dios, abarca el universo +y cuanta hermosura espiritual y corporal en sí contiene. Y lejos de +quedar el alma, al unirse con Dios, inerte y como vacía y sin +conciencia, logra conciencia más clara y distinta, y arde en amor más +vivo que todos los amores mundanales. Y no hay excelencia en lo creado, +cuyo valer no estime y pondere en lo justo; ni beldad en quien sin +concupiscencia no se complazca, porque tiene ya hartura y plenitud de +deleites purísimos; ni riquezas que no mire sin codicia, porque está +agraciada y como heredada de los más preciosos dones; y ama sin celos al +amor que da Dios a las criaturas, por que las comprende en su mente e +imagina que todo el amor que vierte Dios en ellas, le recibe y le guarda +para sí propia. ¿De qué sacrificio, de qué obra estupenda de caridad, de +qué proeza de amor, de qué devoción, abnegación y martirio no será capaz +el alma unida con Dios, y que se vuelve a las criaturas, y las contempla +en Dios mismo, como si fuesen algo del ser y de la sustancia del objeto +amado? Lejos, pues, de creer que esta unión del alma con Dios la hace +inerte e inútil para los demás seres, creo que la habilita y alienta +para tomar en el manantial caudaloso del amor del cielo los torrentes de +caridad que vierte luego en la tierra. Porque, como el Verbo, que es +Dios, dio su vida mortal y humana por la salud de los hombres, el alma, +si se une con Dios, adquiere la virtud divina para arrostrar y sufrir +por los hombres los tormentos y la muerte, imitando a Cristo, que es el +Dios a quien se une. + +De esta suerte se expresaba el P. Enrique, hasta donde la torpe pluma y +la lengua pecadora de quien esto escribe consigue remedar su improvisada +homilía; ya que, en la sagrada ciencia, que él iba explicando, dijeron +los más delgados conceptos y aclararon los más hondos misterios, no los +que en los libros y en el estudio fueron a ilustrarse, sino los que por +experiencia los entendían y por santidad insigne gozaron del favor +divino. + +Y mientras que el Padre hablaba, D. Acisclo oía embelesado, aunque no +penetraba el sentido de una sola palabra; y D. Anselmo se deleitaba, sin +creer, como quien saborea la más bella composición poética; y doña Luz, +doña Manolita y Pepe Güeto, escuchaban con fija atención y gran fervor +religioso, lisonjeándose de que todo lo alcanzaban. + +Acaso no lo creyó así el Padre, allá en lo interior de su pecho, pues +para aclarar y completar lo que había dicho, añadió de este modo: + +--Quiero asimilar vuestra filantropía mundana a un hermoso río, cuyos +canales y acequias riegan y fertilizan los campos; mientras que el alma, +que se une a Dios por amor, es como el agua que el sol rarifica y +levanta y que sube en vapores al cielo. ¿Será esta agua menos útil que +la del río? No, porque luego desciende en bienhechora lluvia, más +fecundante que todo riego artificial, y aun de este mismo riego +artificial es causa mediata, ya que la lluvia, que viene del cielo, +cuaja y forma en la cima de los montes con apretada y cándida nieve las +inexhaustas urnas, de donde brotan y se desatan arroyos y ríos en +cristalinos raudales. Presuma, en buena hora, el zafio y rudo +agricultor, cuando riega su campo, que el agua viene de la vecina +montaña, y que se deriva por ocultos caminos del seno de la madre +tierra. Pero ¿habría agua si el cielo no la hubiera depositado allí? De +esta suerte, la filantropía, la virtud meramente humana, tiene su +origen, ignorándolo tal vez los mismos que la practican, en la caridad +divina. El amor de Dios sube al cielo; se diría que desprecia este bajo +mundo; pero, al descender de nuevo a la tierra, como el limpio rocío de +la aurora, viene transformado en amor acendradísimo del prójimo. En +nuestra verdadera religión no sucede como en algunas falsas, donde el +bien supremo implica el aniquilamiento de la conciencia. Si el discurso +racional no llega al ápice de la mente, Dios le adorna y reviste de +prendas sobrenaturales; en vez de destruirle, le da la fe, para que viva +y entienda. Y a veces brota del centro del alma una luz interior que +baña las potencias que hasta el centro no han penetrado, por donde +nuestro ser individual, aun en el éxtasis, no se esfuma, ni se +desvanece, ni se desmaya, sino que con más ser vive, siente, piensa, +conoce y ama. Si para subir al enlace místico, se desnuda el alma de +todo lo creado, si llega a entender que sólo existen Dios y ella, esta +muerte es como la muerte natural, en la cual se desprende el alma de sus +mortales despojos. Y así como el alma ha de revestirse de cuerpo +glorioso, así también resucitan todas las potencias que, para llegar al +éxtasis divino, tal vez murieron. No, no se pierde el alma de los +místicos cristianos en la esencia suprema, como en el _nirvana_ de los +budistas; no, no cae en sueño eterno, sino que logra la plenitud de la +vida. El ambiente bañado y penetrado todo de rayos de sol parece luz de +oro y sol y no aire; y el hierro, que sale candente de la fragua, no es +oscuro y opaco, sino refulgente como el fuego de donde sale; y por igual +manera, en cuanto la comparación material es posible, el alma que se +unió con Dios parece Dios. Y por último, para el provecho que a los +demás hombres puedan traer estos bienes y regalos de los espíritus +contemplativos, quiero añadir una consideración de gran peso; a saber, +que en ninguna creencia, en ninguna doctrina, se ensalza tanto como en +la nuestra la dignidad humana, el ser del hombre, prescindiendo de su +valer accidental. Los Elíseos, los Paraísos, los Empíreos de otras +religiones sólo abren sus puertas a los magnates, a los príncipes, a los +sabios, a los guerreros y a los ilustres; mientras que nuestro cielo es +el cielo de los pobres, de los humildes, de los pacíficos y de los +mansos. Y no es esto sólo para consolación, por la esperanza en otra +vida mejor, del desdén de la fortuna y de los trabajos y miserias que en +esta vida tienen que sufrir, sino que ejerce poderoso influjo en lo +presente, y da precio infinito a toda alma humana, como rescatada por +Cristo, e iguala con más verdad que toda ley democrática a unos hombres +con otros, y reviste de majestad sagrada, y hace más que hermanas +nuestras a todas las criaturas, a las más cuitadas, a las más viles, a +las más abyectas y a las más pecadoras. + +Los oyentes del P. Enrique, que aquella noche no eran más que cuatro, +entendiendo unos más y otros menos lo que dijo, quedaron todos +encantados de oírle. Don Anselmo llegó a confesar que le entraban ganas +de ser cristiano; doña Manolita y su marido se sintieron más cristianos +que nunca; D. Acisclo halló que su sobrino tenía casi tanto +entendimiento como él, si bien aplicado a cosas menos prácticas; y doña +Luz, embelesada, entusiasmada, añadió acaso, con su rica imaginación +poética, mil quilates de hermosura, de novedad y de profundidad, al +discurso del Padre, del cual no perdió ni una sola cláusula, +comprendiendo el más hondo sentido del conjunto y de cada sentencia. + + + + +-X- + +Un ilustre candidato + + +Por tal arte fueron creciendo la afición de doña Luz al trato del P. +Enrique y la fina amistad que le profesaba. + +Como por rápida pendiente, aunque con suave y apenas sentido movimiento, +se inclinó su corazón a no desear sino aquellos coloquios con un hombre +en quien hallaba ingenio, discreción y sublimidad en el pensar y en el +sentir, hasta entonces no descubiertos por ella en ser humano, y de que +sólo sabía por los libros que había leído. + +Ningún recelo empañaba la limpieza y seguridad de esta inclinación, si +tranquila y serena, irresistible y declarada. Doña Luz, en su orgullo, +doña Luz, en el cristal terso e incontaminado de su conciencia, no podía +ver peligro, ya que por leve y remoto que le viese, sería como una +mancha. El más ligero propósito de precaverse hubiera implicado temor y +sospecha ofensiva. Doña Luz nada sospechaba de sí. Nada tampoco +sospechaba del Padre. Le consideraba como a un santo y empezó a amarle y +venerarle como aman y veneran a los santos las personas piadosas. + +Era tal el candor de doña Luz, que hubiera dicho al Padre los +sentimientos que le inspiraba, si no hubiera temido ofender su modestia +o mostrarse aduladora. Pero aunque nada le decía, harto le daba a +entender su extraordinaria predilección, atrayéndole de continuo, y no +hallándose a placer sino cuando le tenía a su lado, le hablaba o le +escuchaba. + +El P. Enrique, por su parte, no manifestaba la menor extrañeza por los +favores que de doña Luz recibía. Y esto no porque fuese vano y se +figurase que todo le era debido, sino porque no juzgaba nada más natural +que aquella buena correspondencia. + +Era el Padre hombre de muchísimo mundo y de poquísimo mundo, según esto +se entendiese. + +Conocía el corazón en general, y en cuanto está más cerca de la +naturaleza. Para tratar, dirigir, ganar almas y someter voluntades, +había sido maravilloso allá en los pueblos del extremo Oriente; pero +como había salido de España muy mozo, y apenas había vivido en esta +sociedad artificiosa y algo refinada de nuestro siglo, cuya cultura y +usos convencionales se extienden hasta las aldeas, lo veía y estimaba +todo con cierta sencillez selvática, interpretando las palabras y las +acciones de diverso modo que el vulgo. Así es que, si bien notaba, y se +sentía lisonjeado al notarlo, que doña Luz hacía de él el más alto +aprecio, ni en ella, ni en él, ni en el público, acertaba a descubrir +que pudiese esto ofrecer el menor inconveniente. La afición de doña Luz +no se diferenciaba a sus ojos de la que le tuvieron estos o aquellos +neófitos indios, chinos o anamitas, salvo en ser la afición de doña Luz +más de estimar por la excelencia de la persona que la sentía, en quien +el Padre hallaba un sin número de brillantes calidades: un espíritu +cultivadísimo y capaz de elevarse a las esferas más encumbradas del +pensamiento y un corazón lleno de afectos tiernos, nobles y puros. De sí +propio tampoco recelaba el Padre. Amaba a doña Luz como el maestro ama a +su discípulo; como un alma ama a otra alma, cuando ambas coinciden en +las mismas creencias y opiniones, suben a las mismas alturas, y +especulan y contemplan las mismas ideas. + +El P. Enrique se sentía atraído por doña Luz con mayor fuerza que por +todas las demás personas que en el lugar conocía, o que antes, fuera del +lugar, había conocido; pero esto se explicaba de la manera más razonable +y sin malicia. + +¿Quién penetraba mejor que doña Luz el sentido de todos sus discursos? +¿Quién le seguía mejor, quien se le adelantaba a veces en los vuelos y +raptos de imaginación, cuando pugnaba por levantarse a aquellas regiones +adonde el prosaico razonamiento no llega? Sin duda que doña Luz. Doña +Luz era, pues, para el Padre un ser muy superior a cuanto la rodeaba, y +digno de predilección decidida. En el agua turbia de un estanque poco +cuidado, en el agua agitada y cenagosa de un torrente, nada se refleja; +mientras que en el haz limpia, tersa y tranquila de un lago de agua +pura, el cielo, los montes, los astros, la luz, las flores y toda la +gala y la pompa del mundo se retratan con tal primor, que el cielo +parece allí más hondo e infinito, y la luz más clara, y las flores de +color más vivo, y los montes más gallardos, y sus perfiles y contornos +más graciosos y mejor desvanecidos en el sumo ambiente, y la verdura del +prado más verde y más fresca. Por lo cual, aun el que no repara en la +hermosura propia del lago y en el encanto que tiene él de por sí, tal +vez se recrea en lo que refleja y duplica en su seno, y gusta más de +mirar todo aquello en el reflejo del lago que en sí y tal como es. Y por +estilo semejante, el P. Enrique, que a penas se fijaba en la belleza y +elegancia del cuerpo y rostro de doña Luz, ni en la distinción de sus +modales, ni en el reposado y majestuoso continente de toda su persona, +hundía la mirada a través de estas prendas corporales y exteriores, y +llegaba al alma, donde resplandecía un mundo de pensamientos, que eran +los suyos propios, pero mil veces más bellos, reflejados por doña Luz, +que tales como ellos eran. + +Casi siempre las conversaciones de doña Luz y del P. Enrique eran en la +tertulia, en presencia de don Acisclo, de D. Anselmo, de Pepe Güeto y su +mujer y del señor cura. En ocasiones, no obstante, se encontraron en la +casa a solas los dos, o bien hablaron sin oyentes y sin otros +interlocutores, cuando salían de paseo con Pepe Güeto y su mujer, y +éstos se adelantaban o se quedaban atrás, embelesados en la interminable +y risueña luna de miel, de que seguían gozando siempre. Entonces, en +estos diálogos a solas, sin reflexionarlo ni él ni ella, sin que fuese +circunspección estudiada, lo cual implicaría un temor de que ambos se +veían exentos, sino por instintiva, inocente y santa delicadez, por +pudor inconsciente, por recato santísimo del corazón, jamás hablaban de +sus propias personas, ni de lo íntimo de las almas, aunque fuese en +general, sino de la pompa exterior del material universo, y de la +armonía, riqueza y orden que le adornan, proclamando la bondad, el poder +y la sabiduría de quien le sacó de la nada. + +Ella, sin embargo, había sabido inducir al Padre, cuando había +auditorio, a que hablase de sí y a que contase sus peregrinaciones. Y el +Padre, si bien con modestia y sobriedad, no había podido menos de dejar +entrever y de hacer que se estimasen los peligros que había corrido y +las penalidades y fatigas que con valor heroico había sobrellevado. + +Él, en cambio, había leído en la frente y en los ojos de doña Luz hasta +sus más secretos pensamientos y sentimientos. Para esto le servía su +costumbre de observar y estudiar a los hombres, en tantos años de +predicador, confesor y catequista. Además, si algo hubiera quedado para +él en cifra, su tío D. Acisclo, aunque con términos groseros, le hubiera +dado la clave, contándole, como le contaba, la vida de doña Luz en el +lugar, su desdén con los galanes, su orgullo y su firme resolución de no +casarse nunca. + +Los hombres, por mucho que se examinen y estudien, por bien que +escudriñen hasta los más escondidos senos de su conciencia, por +severamente que se juzguen, y por muy alerta que estén, suelen con +frecuencia concebir algún plan o proyecto, el cual les deleita y seduce, +envolviéndose en tan mágica niebla, que logra ocultarse o velarse y +disfrazarse al juicio, cuando éste interroga para fallar y condenar +acaso, quedando patente y como desnudo a los ávidos ojos de la pasión +que le ha creado. + +De este modo confuso y como entre nubes forjó sin duda el P. Enrique, a +quien el trato de doña Luz encantaba, si no un plan, una ilusión, una +esperanza, algo de un porvenir meramente amistoso, aunque lleno de +ternura. Apenas se daba razón de lo que forjaba, pero ciertamente lo +forjaba. Lo que forjaba era, por otra parte, tan sin asomo de pecado, +que no suscitaba escrúpulos. Lo que forjaba era muy sencillo. Doña Luz +era casi seguro que no se casaría ya; lo mejor, pues, de su inteligencia +se emplearía en comunicar con la del Padre; su voz en hablarle; su oído +en oírle; su más seria preocupación sería pensar en las cosas del cielo, +según el método y forma con que él pensaba; su deleite mayor hablar con +él de Dios y del alma y de toda verdad y de toda bondad y hermosura. En +fin, el P. Enrique, sin confesárselo a sí mismo, vino poco a poco a +persuadirse de que con su espíritu iba como a llenar y compenetrar el +espíritu de doña Luz, y notó apenas que ella se enseñoreaba ya por +entero del espíritu de él, aunque con cierta subordinación y dependencia +de otros sentimientos e ideas de valer muy superior, los cuales +prevalecían sobre aquella nueva y poderosa influencia. + +Provino de todo esto una fervorosa amistad, que se alimentaba en el +comercio y comunicación constante de aquellas dos personas. + +En los lugares, ni más ni menos que en las grandes poblaciones, abundan +las malas lenguas; pero concurrían en esta ocasión mil circunstancias +que evitaron que la maledicencia se cebase en tan inocentes relaciones y +las interpretase en sentido avieso. + +Las causas principales de que se hable en seguida, dado el motivo o el +pretexto o la apariencia, de toda intriga amorosa, particularmente si no +tiene por fin el matrimonio, no se presentaban aquí. Por lo común, una +de las causas de que se hable y se murmure es el propio deseo del galán, +quien suele desear que se diga lo que es y aun lo que no es, y a veces +finge que disimula con tan contraria habilidad, que más bien descubre o +hace sospechar misterios y aun venturas que quizá no ha logrado. Mujeres +hay asimismo no menos aficionadas a que todo se sepa, particularmente +cuando son pretendidas y desdeñan y burlan a los pretendientes. Y +muchas, cuando los pretendientes son muy estimados y famosos, aun +echando a rodar todo respeto, con tal de hacer rabiar a las abandonadas +rivales, dan, como suele decirse, un cuarto al pregonero, para que +pregone y divulgue su fragilidad y sus amoríos. + +Nada de esto tenía lugar entre el Padre y doña Luz. Antes bien ocurría +lo contrario. + +Los mozos del lugar o forasteros que, por más guapos e importantes, +habían osado aspirar a doña Luz y habían sido rechazados con suavidad +antes de una declaración que los comprometiese, tenían tan alta opinión +de doña Luz y de ellos mismos, que cada cual imaginaba que era +inexpugnable la que a sus encantos y buenas prendas no se había rendido. +¿Cómo creer que gustase de un fraile enfermizo y casi viejo la que había +sido fría, insensible y desamorada con un mozo galán, robusto y +gallardo? Esto hubiera sido monstruoso. + +Las mujeres son, por lo general, las que descubren o inventan las +aventuras, caídas o deslices de sus enemigas; pero doña Luz estaba tan +por cima y tan apartada de toda rivalidad y se había ganado de tal +suerte el afecto de todos, que nadie le contaba los pasos ni andaba +acechando para ver si daba alguno en falso y acusarla de ello después. + +Por otra parte, doña Manolita, con su charla, su desenvoltura y sus +chistes, era el órgano más autorizado y resonante de la opinión pública +en Villafría, y doña Manolita, no ya no habiendo el menor motivo, pero +aunque le hubiese, no hubiera consentido jamás en que se dijese nada +contra doña Luz; hubiera ahogado en sus burlas la voz de la murmuración +más descocada. + +El concepto que del padre tenían en Villafría no se prestaba tampoco a +que sobre el punto de que hablamos se levantasen caramillos. Los más, +como no le hallaban divertido y como casi no le entendían, le tenían +poco menos que olvidado, aunque si alguna vez se acordaban de él era +para considerarle como un santo, fastidioso, valetudinario y nada ameno. +Hombre de los que no se usan, pajarraco exótico y raro, para los +volterianos del lugar, no hubiera sido difícil que alguien le supusiese +conspirando en favor del restablecimiento de la Inquisición y hasta +comiéndose los niños crudos; pero a nadie le cabía en la cabeza que +pudiese ser galanteador y tener buenas fortunas un señor tan pálido, +enclenque, melancólico y asendereado. + +Por todo lo expuesto, nadie ponía malicia, nadie comentaba de modo +injurioso la intimidad y convivencia de doña Luz y del Padre, quienes, +por otro lado, donde se trataban, se veían, se hablaban y aun se +admiraban inocentemente, con el mayor abandono, era en el seno de la +pequeña tertulia, de la cual, nada trascendía, y en la cual todo se +explicaba santísimamente, o mejor dicho, no se explicaba, pues ni para +D. Anselmo y su hija y yerno, ni para D. Acisclo, ni para el cura D. +Miguel, requería aquello la menor explicación. El cura D. Miguel, sobre +todo, y el Sr. D. Acisclo, cada cual a su manera, veían en doña Luz y en +el Padre dos seres sobrado singulares, las dos terceras partes de cuyos +pensamientos y palabras oían como quien oye música celestial sin +penetrar lo que significaban. Nada, por lo tanto, más justo ni más +preciso que el que los dos se dijesen lo que ellos solos al cabo sabían +entender. + +Entre tanto, doña Manolita, que era muy observadora y burlona, había +notado que en el ánimo de D. Acisclo se iba dando una radical +transformación. Doña Manolita había comunicado sus impresiones a doña +Luz y a Pepe Güeto. + +Según dichas impresiones, D. Acisclo estaba cada día más ancho y +orgulloso de que su tertulia se hubiese hecho tan sabia y pareciese una +Academia de ciencias; pero al mismo tiempo, andaba imaginativo y +ensimismado, hablaba a solas, y se diría que en su mente se agitaba un +enjambre de ideas, las cuales, como las abejas en la colmena, pugnaban +por fabricar, en vez de panal melifluo, alguna resolución estupenda. + +--¿Qué resolución querrá tomar?--se preguntaba doña Manolita--. ¿Si +habrá tocado su corazón el dedo del Altísimo? ¿Si el buen señor, +edificado con las homilías del sobrino, tratará de abrazar la vida +contemplativa y de ser santo también? + +Pepe Güeto y doña Luz se reían de tan inverosímil suposición; pero la +verdad era que ellos notaban asimismo lo mucho que D. Acisclo cavilaba, +y sentían no pequeña curiosidad por conocer el asunto de sus +cavilaciones. + +Delante del P. Enrique no osaron interrogar a don Acisclo; pero el Padre +se iba siempre a las diez de la tertulia, porque nunca cenaba, y Pepe +Güeto y su mujer se quedaban a cenar todas las noches allí. La cena +solía durar hasta las once, y además casi siempre permanecían de +sobremesa los señores, mientras que cenaban los criados, siendo este el +momento de mayor confianza y alegría. + +Varias noches, estando así, ya de sobremesa y no presentes las chicas +que habían servido, doña Manolita tentó el vado, a ver si D. Acisclo +declaraba la causa de su preocupación. + +Don Acisclo, aunque negaba que estuviese preocupado, lo daba a conocer +cada vez más, si bien no confesaba la causa. + +Una noche, por último, D. Acisclo se mostró más preocupado, pero más +alegre asimismo. Alguna satisfacción le rebosaba en el pecho y pugnaba +por salir de sus labios. + +Doña Manolita lo conoció, y le dijo: + +--Vamos, Sr. D. Acisclo; no sea V. malo. No se atormente usted por el +solo gusto de atormentarnos. Si rabia V. por decir lo que le pasa ¿por +qué no lo dice? V. está maquinando alguna novedad que nos va a dejar +aturdidos. La cosa va muy adelantada. Declare V. lo que es para que no +nos coja de susto. + +--Ea, Sr. D. Acisclo, declárelo V.--añadió Pepe Güeto--. Mi mujer +pretende que V. tiene comezón de ser santo como su sobrino, y que el día +menos pensado traspone V. y nos planta y se larga a Sierra--Morena a +hacer penitencia, metido entre matorrales o en el hueco de algún +peñasco. + +--Todo menos eso--respondió D. Acisclo--. No me llama Dios por ese +camino, y cualquier otro estado es bueno para servirle. + +--Eso es indudable--dijo entonces doña Luz--. Yo no he creído nunca que +a V. le pudiese entrar la manía de imitar a los solitarios penitentes; +pero he pensado, como mis amigos, que usted medita y prepara, desde hace +días, un cambio en su manera de ser y de vivir. + +--Estas mujeres son el diablo--contestó D. Acisclo--. Nada se les +oculta. Todo lo penetran. No quiero ni puedo ya negarlo. Voy a ser otro +del que he sido hasta aquí. Confieso que la consideración del mérito de +mi sobrino me ha servido de estímulo. + +--¿No lo decía yo?--exclamó doña Manolita--. D. Acisclo, ¿se nos va V. a +ir a la China o a la India a convertir infieles? + +--Algo de eso hay--respondió el interrogado--. Infieles voy a convertir, +pero sin salir por ahora de Villafría. + +--¿Y cómo va a ser eso?--dijo doña Luz. + +--Muy sencillamente--continuó D. Acisclo--. Ya saben ustedes que yo he +sido y soy, dicho sea entre nosotros, desechando la modestia, un hombre +bastante útil para mi patria. Yo hago prosperar la agricultura; aumento +la riqueza; doy de comer a los pobres que trabajan; en fin, sirvo de +mucho. + +--No es menester que V. se alabe. ¿Quién no confiesa--dijo Pepe Güeto--, +que V. es la providencia de Villafría? + +--Pues bien; todo eso lo hago con el dinero que he sabido adquirir. Yo +he tenido y tengo capacidad para adquirir dinero. Pero al ver que mi +sobrino ha adquirido ciencia y gloria, he comprendido que el dinero no +me bastaba, y que hay otras cosas que valen tanto casi como el dinero. +La ciencia, por ejemplo. ¿Cómo adquirirla, sin embargo? Ya está duro el +alcacer para zampoñas. Ya es tarde para que yo me engolfe en estudios. +Hay otra cosa que me atrae, que me seduce, y no es tarde aún para que yo +la adquiera. + +--¿Qué será? ¿Qué no será?--murmuró doña Manolita. + +--Adivínalo, muchacha; lúcete; muestra que ves crecer la hierba. + +--Confieso que soy tonta: nada adivino. Ya que no aspira usted a sabio +ni a santo, ¿a qué aspira? + +--Aspiro al poder. El poder es el complemento del dinero. Quiero ser +hombre político, personaje influyente, dueño de este distrito electoral, +derrotando al cacique de la cabeza del distrito, que hoy lo puede aquí +todo. + +--¿Quién le mete a usted en esos ruidos, Sr. D. Acisclo?--dijo entonces +doña Luz. + +--Mis convicciones políticas--respondió don Acisclo con suma gravedad. + +--¿Sus convicciones políticas? Me pasma lo que le oigo decir. Pues ¿de +dónde provienen esas convicciones? Yo creía que usted no había pensado +en política en todos los días de su vida. + +--Entendámonos--replicó D. Acisclo--: en la política que sirve de +pretexto o apariencia, es cierto que jamás he pensado; pero en la +política-verdad pienso siempre. + +--¿Y qué es la política-verdad? + +--La política-verdad es que todos los que formamos la nación española +damos al Gobierno cada año, por diferentes maneras, más de la mitad de +lo que la tierra, nuestro trabajo y nuestro caletre producen. El +Gobierno luego, ya en forma de pagas, ya en forma de subvenciones, ya en +otras formas, reparte todo esto entre sus amigos. De esta suerte, lo que +absorbe el Gobierno como contribución, se derrama de nuevo como benéfica +lluvia. ¿No es necedad que yo pague y no cobre? ¿No es bobada que yo +contribuya y no distribuya? ¿No sería más discreto que yo imitase a Don +Paco, el grande elector de este distrito, que paga diez y saca ochenta? +Pues qué, ¿no tengo yo sobrinos, hijos y ahijados a quienes dar turrón? +¿Una gran cruz, no me vendría que ni de molde? ¿El tratamiento de +excelencia se me despegaría? En vez de pagar mucho, como pago ahora, y +de no recibir nada, como no recibo, ¿no me sentaría divinamente pagar +menos, y recibir con usura lo pagado y más de lo pagado? Pues esto es la +política, y por esto quiero meterme en la política. ¿Qué digo _quiero +meterme_? Metido estoy ya en ella hasta los codos. + +Doña Luz distaba mucho de creer que la política fuese lo que por +política entendía D. Acisclo: pero, viendo lo convencido que él estaba +de que no era otra cosa, y notando además que Pepe Güeto y su mujer no +distaban mucho de pensar como don Acisclo, no quiso predicar en desierto +ni tratar de convencerlos de que el verdadero concepto de la política +era muy diferente. También le chocó sobremanera el tortuoso giro de +pensamientos y discursos, por donde la mente de D. Acisclo, partiendo de +las homilías, disertaciones filosófico-cristianas y demás sublimidades +del Padre, había venido a parar en que debía él ser hombre político, a +fin de pagar menos contribución y de tomar mucha distribución. + +Sobre este último punto no pudo menos de decir doña Luz: + +--Aun concediendo, que ya es harto conceder, que la política sea como V. +la entiende, todavía me pasmo, Sr. D. Acisclo, de que, en virtud de los +razonamientos de su sobrino de V., haya venido V. a sacar como +consecuencia la resolución de ser político y de derrotar a D. Paco, +poniéndose en lugar suyo. + +--Pues mire V., señorita doña Luz--respondió don Acisclo--, no hay nada +más llano que el camino de discurrir que yo he seguido. Enrique me ha +dado ánimos sin él saberlo. Por él he comprendido que en mi familia hay +brío para todo. Él es santo y sabio: hombre teórico: yo soy rico. ¿Por +qué no he de ser también influyente, a fin de ser el hombre práctico por +completo? ¿No hubo en lo antiguo, en una sola familia, Marta y María? +Pues ¿por qué ahora, en otra familia, salvo la diferencia de sexo, no +hemos de ser él María y yo Marta; él el contemplativo y yo el activo? + +--Bien por D. Acisclo--dijo Pepe Güeto. + +--Y vaya si tiene razón: ya sabe él dónde le aprieta el zapato--añadió +doña Manolita. + +--No, sino pónganme el dedo en la boca--exclamó don Acisclo--, y verán +si muerdo o no muerdo. Pues qué, ¿un hombre de mis millones, y con un +sobrino tan notable, ha de estar toda su pícara vida humillado por ese +tunante de D. Paco, a quien da el diputado cuanto pide y más? + +--Nada de eso, Sr. don Acisclo--dijo Pepe Güeto, dejándose arrebatar del +entusiasmo--. Es menester sacudir el yugo. + +--¡Muera D. Paco el tirano!--gritó doña Manolita riendo. + +--Ya se entiende que la muerte ha de ser meramente política y no civil +ni natural--interpuso doña Luz. + +--¿Y cómo se va V. a componer para matarle políticamente?--preguntó Pepe +Güeto. + +--¿Cómo me voy a componer? ¿Cómo me he compuesto? es lo que debieras +preguntar. Pues qué, ¿me duermo yo en las pajas? Ya lo tengo todo +concertado. El ministro cuenta conmigo. Yo les he probado que no es +natural, sino artificial, el diputado que de aquí enviamos, y, como +ahora está en la oposición, el Gobierno le derrotará con mi auxilio en +las nuevas elecciones, que serán pronto. + +--¿Y quién es el nuevo candidato del Gobierno?--preguntó doña Manolita. + +--Un candidato ilustre, un sujeto de inmenso porvenir, un héroe de la +guerra de África--dijo don Acisclo muy orondo--. Yo le protejo, yo haré +por él prodigios, yo me atraeré a los parciales de D. Paco, que se +quedará solo, y mi hombre saldrá por inmensa mayoría. + +--¿Y cómo se llama su hombre de V.?--dijo Pepe Güeto. + +--Se llama el brigadier de caballería D. Jaime Pimentel y Moncada, +valiente como el Cid, de noble prosapia, joven y gallardo. Ya le verán +ustedes, ya le verán ustedes, porque pronto vendrá a visitar el +distrito. + +Con este notición se puso término a la charla, así porque era ya tarde, +como porque los aplausos y vivas de doña Manolita y de Pepe Güeto no +consintieron que siguiera adelante aquella noche. + + + + +-XI- + +Preparativos electorales + + +El plan de D. Acisclo había sido meditado pausadamente y en secreto, y +estaba tan bien trazado, combinado y preparado, que no escaseaban las +probabilidades de que se lograse. + +La empresa, no obstante, era difícil; casi imposible para cualquiera +otro que no tuviese en aquel distrito la actividad, el poder, el influjo +y el dinero que don Acisclo poseía. + +Don Paco, el grande elector, era pájaro de cuenta, y contaba con un +diputado-modelo; con un diputado tal, que no es dable que haya como él +una docena al mismo tiempo en toda España. + +Según cálculos estadísticos de la mayor exactitud, los sueldos, adehalas +y favores de varias clases, evaluados en metálico, que el diputado +prodigaba a sus fieles del distrito, sacándolo todo del Gobierno, +importaban veinte veces más que lo que el distrito pagaba de +contribución directa e indirecta. Suponiendo, por un instante, que todos +los demás diputados fuesen tan hábiles, tan mañosos, tan felices y tan +píos como el de que hablamos, el Gobierno tendría que hacer el milagro +de pan y peces, en inmensa escala, o tendría que producir un déficit, al +cabo del año, de diecinueve veces el valor de todos los recursos y +rentas del Estado, en el año mismo. + +De aquí que haya tan pocos diputados en España como el que don Acisclo +se proponía vencer. Era, por excelencia, lo que se llama un diputado +natural. + +El diputado, en virtud de continuos desvelos y de un arte maravilloso, +se gana la _naturaleza_ en un distrito, repartiendo a manos llenas los +empleos; y cerca del Gobierno, a más de su talento y de su importancia +personal, se apoya para sacar los empleos en esa misma devoción que +asegura y prueba que los electores le tienen y en cuya virtud es +diputado natural y goza de distrito suyo y re-suyo. + +Aunque el diputado natural esté en la oposición, conserva el distrito +por dos razones. Es la primera porque, si bien los electores le ven +caído, guardan la esperanza de que pronto volverá a encumbrarse, +mandarán él y los de su partido, y lloverán entonces los favores. Es la +segunda razón, porque, el diputado natural, aun cuando no esté en el +poder, logra que muchos de sus ahijados se sostengan en sus empleos, y +hasta suele darlos flamantes, ya porque los fueros de diputado natural +le habilitan para todo, ya porque le sobran amigos en los Ministerios, y +ya porque los mismos ministros, sus contrarios, le atienden y +consideran, esperando la reciprocidad para cuando estén ellos caídos. + +El diputado, contra quien iba a sublevarse don Acisclo, estaba caído en +aquel momento; pero nadie dudaba de que pronto se volvería a encaramar +en el poder. Habíanle dejado cesantes a no pocos de sus ahijados; pero +aún quedaban muchos en plena posesión de sus empleos y sueldos. La fama +que el diputado tenía de servicial, complaciente y poderoso para _sacar +turrones_, era tan firme que hasta su mismo temporal decaimiento +aumentaba su clientela en vez de mermarla. Los más astutos y previsores +conocían cuán propicia ocasión de ponerse bien con él era servirle +mientras estaba lejos del mando, lo cual da ciertos visos de desinterés +a los servicios y es lo que llaman por allá, con frase hecha, elegante y +propia de la poesía bucólica, _llevar pajitas al nido_. El que no lleva +pajitas al nido rara vez moja la barba en cáliz, he oído decir con +frecuencia al personaje más sentencioso de aquellos lugares. + +Presentadas así las cosas, parece una temeridad, un delirio, algo +semejante al propósito que tuvo la serpiente de la fábula de morder la +lima, el plan de D. Acisclo de derrotar a D. Paco y de suplantarle. + +Mas no hay que acoquinarse por eso ni por mucho más. D. Acisclo no se +acoquinaba; tenía confianza en su energía propia, y estaba resuelto a +pelear contra D. Paco, cuya tiranía se le había hecho insufrible. Lo que +sí había considerado bien D. Acisclo, como prudente capitán, era lo +colosal y comprometido de su empeño; y a fin de salir airoso, había +tomado las convenientes precauciones, acumulado medios, buscado alianzas +y allegado fuerzas y recursos de toda laya. + +Cada vez que un diputado o el grande elector en su nombre da un empleo, +el agradecimiento no es seguro en quien le recibe, pues éste puede creer +que harto ganado le tiene. En cambio los envidiosos, quejosos y +descontentos, parece como que brotan del seno de la tierra, lo cual es +difícil de evitar, porque por muchos empleos que saque el diputado, no +ha de sacar uno para cada elector. Entre los empleados y agraciados +suele haber también quejas y envidias. Fulanito se llevó un _turrón_ más +dulce y suculento que el mío, dice Menganito; y Perenganito exclama que +el destino de Menganito es de mucho _manejo_ y el suyo no lo es, de +donde nace también no pequeño encono. El uno, que no es más que +estanquero, entiende que debía ser _vista_; y el otro, que está de +oficial ambulante de correos, siempre metido en un wagon, suspira por el +alfolí de la sal que se dio a un tercero, que disponía en la elección de +menos votos que él; y el que tiene como _fiel_ el alfolí se juzga +desairado porque no le nombraron guarda-almacén, que esto y mucho más se +merecía. El puesto de alcalde suele ser muy disputado, y casi siempre se +pican dos o tres porque no lo son. En suma, aunque el diputado y su +_alter-ego_ D. Paco eran casi tan avisados y prudentes como Ulises, a +quien la propia Minerva, descendiendo _ad-hoc_ del Olimpo, inspiraba la +más severa justicia distributiva para repartir pedazos de buey asado en +los banquetes a los héroes de la _Ilíada_, o ya porque repartir +_turrón_es más arduo que repartir _roastbeef_, o ya porque los electores +de España son más descontentadizos que los semi-dioses y guerreros +aqueos, ello es que el disgusto cundía y que había mar de fondo hasta en +la misma capital del distrito. + +Nada de esto hubiera valido, todo se hubiera disipado como una nube de +verano, si D. Acisclo, con artes maquiavélicas, no hubiera atizado la +discordia, dándole pábulo con ingeniosos chismes, diestramente +divulgados, y no hubiera en sazón oportuna levantado bandera de +enganche, a cuya sombra se fueron acogiendo y alistando los que se +creían desairados o mal pagados de sus afanes. + +De esta suerte vino a formar D. Acisclo una poderosa minoría electoral, +cuyo centro y núcleo era Villafría. + +Entonces negoció con el Gobierno, y luego que el Gobierno le ofreció su +apoyo, a fin de derrotar al diputado de D. Paco y elegir en lugar suyo +al ya nombrado D. Jaime Pimentel, D. Acisclo se afanó por convertir su +minoría en mayoría, trayendo a sí a los neutrales y vacilantes, y +procurando, sobre todo, sacar de sus casillas y lanzar en la lucha a no +pocos que jamás quieren votar ni mezclarse en política, tal vez porque +no ambicionan empleos. + +Entre estos desdeñosos, dignos en nuestro sentir de reprobación, porque +dejan el campo libre a los explotadores, había en el distrito un hombre +a quien, vencida su inercia, seguiría toda una población. La población +era la que ya conocen mis lectores con el nombre de Villabermeja. El +Cincinato electoral, a quien anhelaba mover D. Acisclo, porque con él +daba por indudable el triunfo, era el famoso amigo mío D. Juan Fresco, +de cuyos labios sé esta historia, así como otras muchas no menos +ejemplares, que contaré en lo venidero, si Dios me concede vida y salud. + +Don Juan Fresco estaba en buenas relaciones con D. Acisclo, el cual le +había sido útil y le había servido en algunos negocios; pero D. Juan +Fresco no se dejaba llevar con facilidad. Don Acisclo había montado a +caballo e ido a verle a su lugar dos o tres veces. Le había escrito +además cuatro o cinco cartas, tratando de convencerle. Nada había +bastado a quebrantar su resolución ni a cambiar su inveterada conducta +de no mezclarse en elecciones ni en política para nada. + +Don Acisclo rabiaba, se entristecía y se desesperaba de esta terquedad. +Con D. Juan Fresco de su lado, su empresa era llana. Sin D. Juan Fresco, +a pesar del auxilio del Gobierno, distaba muchísimo de estar asegurada +la victoria. + +Entre tanto, preparado ya todo lo demás y próximas las elecciones, sólo +faltaba echar a volar el nombre del candidato, guardado hasta entonces +con el mayor sigilo por D. Acisclo y el Gobierno; pero antes quiso D. +Acisclo probar por última vez sus fuerzas persuasivas cerca de D. Juan, +revelándole el nombre del candidato y ponderándole sus prendas y +merecimientos. A este fin le escribió nueva carta, lo más elocuente que +supo. La contestación de D. Juan no se hizo aguardar más de un día, y +fue tan impensadamente satisfactoria para D. Acisclo, que de ella +provino el contento que mostraba cuando se animó doña Manolita a +preguntarle la causa de él, y la facilidad y buen talante con que lo +declaró todo a doña Luz, a Pepe Güeto y a la mencionada hija del médico. + +La carta de D. Juan Fresco es un documento importante que conservamos en +nuestro poder, y del cual no estará de más dar aquí traslado. + +La carta es como sigue: + +«Apreciable amigo y dueño: Hasta ahora me he resistido a todas las +súplicas de V., por más que le quiero bien, sin poder remediarlo. Y me +he resistido porque mi modo de ver las cosas es contrario al de V. en +mucho. Ambos somos más liberales que Riego; ambos somos más +despreocupados que el autor del _Citador_, libro que V. habrá leído; +ambos somos progresistones de lo más fino y neto, y a ambos nos hechiza +la igualdad, con tal de que no sea más que ante la ley, y salvas las +desigualdades, merecidas o arrebatadas por naturaleza, por gracia, por +habilidad o por acaso, de ser unos tontos y otros listos, unos ricos y +otros pobres. Pero por cima de esta consonancia perfecta en que estamos +V. y yo, hay entre nosotros radicales diferencias, las cuales consisten +en que nos hemos forjado muy distinto _ideal_. Entiéndese por _ideal_, +palabrilla que está muy a la moda, el término de las aspiraciones de +cada uno. Su ideal de V. es que haya un gobierno que distribuya cuanto +hay que distribuir, que todo lo arregle, que en todo se entrometa, que +nos enseñe lo que hemos de aprender, que nos señale lo que hemos de +adorar, que nos haga caminos, que nos lleve las cartas, que cuide de +nuestra salud temporal y eterna, y hasta que nos mate la langosta y la +filoxera, nos conjure las tempestades, pedriscos, epidemias, epizootias +y sequías, y nos ordene y suministre lluvias a tiempo y cosechas +abundantes. A un Gobierno, a quien tales y tan múltiples encargos se le +confían, es menester habilitarle de muchísimo dinero, que él reparte +después entre los que han de hacernos felices, dándonos salvación, +ciencia, riqueza, sanidad, larga vida, agua, medios de locomoción y +cuanto constituye nuestro bienestar y conveniencia. Pero V. dice, y dice +muy bien, desde su punto de vista, ¿por qué no he de ser yo, que no soy +más bobo que otro cualquiera, quien, si no en todo, en parte, se +encargue de hacer esos prodigios benéficos y providenciales, y quien +reciba y reparta a su gusto los ochavos que para hacerlos hay que +largar? De aquí que V. anhele, como quien no dice nada, producir un +diputado, y sobre todo un diputado que influya, que valga y que _saque +turrones_. Yo, en cambio, lo confieso, tengo un ideal, que, al paso que +vamos, no se realizará, si se realiza, hasta dentro de diez o doce +siglos; pero, amigo, es menester ir encaminándose hacia él, aunque sea a +paso de tortuga. Mi ideal es el menos Gobierno posible; casi la negación +del Gobierno; una anarquía mansa y compatible con el orden; un orden +nacido armónicamente del seno de la sociedad y no de los mandones. No +quiero que nadie me enseñe; yo aprenderé lo que mejor me parezca y me +buscaré maestros; ni que nadie me cuide, que yo me cuidaré; ni que nadie +me abra caminos, que yo me asociaré para abrirlos con quien se me +antoje. Sé que esto hoy no es posible, pues dicen que no hay iniciativa +individual y que es necesario que el Gobierno tome en todo la +iniciativa, como si el Gobierno no estuviese compuesto de individuos. En +suma, yo no tengo que presentar aquí todas las razones que contra mi +_ideal_ se alegan. De sobra las saben V. y todo el mundo. Lo que deseo +que conste es que, a pesar de todas estas razones, yo estoy enamorado de +mi irrealizable sistema, y considero apostasía trabajar en este otro +archi-gubernamental que hoy priva, sin duda por aquel dicho profundo de +un sabio: «La humanidad, considerada en su vida colectiva, no ha nacido +aún». Mientras sigue la humanidad nonata, si hemos de mirar las cosas +por el haz y sin penetrar en el fondo, usted tiene razón que le sobra. +Ya que se trata de contribuir y de distribuir, y ya que la contribución +es forzosa, bueno es apoderarse de ella para hacer la distribución +luego, máxime si se considera que, según canta el refrán, quien parte y +reparte se lleva la mejor parte. + +»Pero cuando se hunde bien la mirada en el centro de este negocio, +concretándonos a un distrito electoral, créame usted, Sr. D. Acisclo, +hasta para lo práctico, y de hoy, sin pensar en mañana, vale más mi +sistema que el de V. ¿Qué se logra con dar empleos a trochi-moche? El +distrito no se enriquece por eso. Los naturales de él que salen +empleados se gastan fuera lo que cobran. Raro es el que vuelve al +distrito a gastarse en él lo que ahorra o garbea. A menudo los tales +ahorros no lucen ni parecen. Se disipan y evaporan como no pocas otras +riquezas mal y fácilmente adquiridas. Los dineros del sacristán cantando +se vienen y cantando se van. El empleado así, por favor electoral, +adquiere hábitos de lujo, desdeña la manera rústica y sencilla con que +antes vivió, y se acostumbra a que el reloj gane por él el dinero, +pasando y pasando horas y días. El mal ejemplo inficiona a todos. El +hijo del menestral, el criado de servicio, todo el que sabe leer y +escribir, repugna el trabajo manual, y dice para sí: ¿por qué no he de +estar yo también empleado? ¿Por qué el diputado no me proporcionará una +bonita colocación? El que no tiene la menor esperanza de que el diputado +le coloque se llena de envidia y de ira, y se hace flojo y perezoso para +no ser menos que el empleado, de cuya holganza y vida regalona se forja +un concepto exagerado y fantástico. Imagina, sin que nadie se lo quite +de la cabeza, por no conocer sin duda lo de tiempo que se gasta, lo de +papel que se embadurna y lo de afanes que se producen con nuestro +complicado expedienteo, que las horas de oficina transcurren en amenas +pláticas, fumando los oficinistas exquisitos puros y regalándose con +frecuentes piscolabis. Y entiende además que a cada instante se ofrecen +_negocios de mi flor_ a todo oficinista no lerdo, el cual a menudo tiene +algo de que incautarse y al cual no falta de vez en cuando quien le unte +bien la mano. Con tales imaginaciones ¿cómo irá nadie con gusto a cavar +en el tajo y cómo no ha de querer convertir el tajo en un remedo de la +soñada, deliciosa y sibarítica oficina? Resulta de todo ello que como el +diputado da empleos a los más activos, ágiles y despejados, quienes +naturalmente emigran del distrito, sólo quedan en él los más tontos, +torpes y para poco, y éstos, agraviados, lastimados en su amor propio, o +desanimados y con poquísimas ganas de trabajar. No hay, por lo tanto, ni +industria ni arte, ni adelantamiento, ni mejora posible. Gracias a la +milagrosa y pródiga protección del diputado, el distrito se empobrece, +en vez en enriquecerse, y se transforma en una nidada de holgazanes y de +ineptos. Vea V. por lo que yo, de puro amor al distrito, no quiero darle +diputado hábil, como el que tenemos ahora; no quiero darle diputado que +tanto turrón busque y reparta. + +»Por dicha, el nombre de su candidato de V. me ha hecho pensar en que, +favoreciéndole y dando a V. gusto, hago el bien del distrito, según lo +entiendo yo: le quito de encima la secadora protección del diputado +actual, que parece un fabricante de turrones, y le propino y administro +uno que dirá a ustedes, en cuanto le elijan, si os vi no me acuerdo, y +no les dará turrón, con lo cual quizá renazca la actividad agrícola, se +creen industrias sanas, y desaparezca la corrupción que hoy nos pudre. +Sí, amigo D. Acisclo, yo conozco a D. Jaime Pimentel desde que estuve en +Madrid con mi pobre sobrina María y con aquel estrafalario de doctor +Faustino, con quien ella se casó. D. Jaime era amigo de Faustinito. Dios +los cría y ellos se juntan. Aunque en mucho se diferenciaban, en +bastante se parecían. D. Jaime, muy joven entonces, era un verdadero +ninfo. Acicalado, perfumado y siempre de veinticinco alfileres, aunque +bizarro militar, tenía más trazas de Cupido que de Marte. No creo que +tuviese ilusiones, ni que soñase, como su amigo el doctor. Don Jaime iba +al grano. Buen mozo, audaz y discreto, había tenido ya varios éxitos +ruidosos con damas elegantes, y tres o cuatro desafíos, en los que +siempre había quedado vencedor. Entonces se pronosticaba a D. Jaime un +brillante porvenir. El pronóstico se va cumpliendo. Aún no debe tener +cuarenta años y ya es brigadier. Por su cuna y por sus prendas es muy +estimado y querido. Además de su sueldo, tiene alguna rentilla, que le +da independencia y desahogo. D. Jaime tendrá sobre dos mil duros al año. +Para nada necesita de este distrito. No me explico qué antojo será el +suyo de salir diputado por aquí, pudiendo salir por donde quiera. Cerca +de este lugar posee unas sesenta aranzadas de olivar, que su padre, +militar como él, compró con dinero ganado al juego. Este es el único +lazo, que yo sepa, que a este distrito le une. Repito, pues, que no me +explico su empeño en ser nuestro diputado; pero doy por evidente que, +una vez logrado su empeño, nos volverá la espalda, nos mandará a paseo, +y no nos dará ni pizca de turrón. Como en esto precisamente consiste mi +sueño dorado, callándome la razón para no espantar a los secuaces de V., +me decido a ser uno de ellos. Cuente V., pues, conmigo para elegir +diputado a D. Jaime Pimentel, y créame su afectísimo amigo». + +Tal era la carta de D. Juan Fresco que tanto alegró el corazón de D. +Acisclo. Lo esencial era que D. Juan apoyase su empresa, fuese por lo +que fuese. Lo que don Acisclo quería era aquella alianza, y poco le +asustaban las enrevesadas razones y fatídicos pronósticos en que se +fundaba y que él se guardó bien de confiar a nadie. Sólo de cuando en +cuando, si bien haciendo desmedidos encomios de la entereza, discreción, +honradez y sabiduría de D. Juan Fresco, afirmaba D. Acisclo que era un +_ente_. + +--¿Y por qué dice V. que ese D. Juan es un _ente_?--le preguntó una vez +doña Manolita. + +--¿Por qué lo he de decir?--contestó don Acisclo--; porque es un _ente_; +porque es el bicho más raro que he conocido en mi vida. + + + + +-XII- + +El triunfo + + +Ente o no _ente_, D. Juan Fresco valió de mucho a D. Acisclo, el cual, +mientras más esperanzas tenía, más se afanaba y desvelaba porque no se +frustrasen. + +Los informes que le había dado D. Juan acerca de la condición poco +servicial de D. Jaime Pimentel, no dejaban de mortificarle. Ya, sin +embargo, no había modo de retroceder, y lo que convenía por lo pronto +era derrotar a D. Paco, aunque para ello fuese menester valerse del +candidato menos buscador de _turrones_, más distraído y peor cultivador +de distritos que hubiese en todo el reino. + +Don Acisclo solía echar cálculos alegres, y este mismo descuido de su +futuro diputado, que para cualquiera otro hubiera sido un mal, se +mostraba a veces con colores risueños y brillantes a los ojos de su +esperanza ambiciosa. + +«Si el diputado no hace nada--decía don Acisclo para sí--, si no cumple +sus promesas, si no recompensa los afanes de los electores, yo tendré +que volver por ellos, lo cual me dará motivo para entenderme por mí +mismo con el Gobernador de la provincia y hasta con el Ministro, y ser +yo aquí real y directamente el amo, sin ese intermedio enojoso del +diputadito. Lo esencial, pues, es lograr la victoria con gran mayoría, y +hacer ver que D. Paco es un trasto a mi lado». + +A este fin no quedó medio que D. Acisclo no emplease. + +Las elecciones debían ser en el otoño, y durante el verano vivió D. +Acisclo en una fiebre de actividad. Recorrió a caballo todos los pueblos +del distrito, que eran siete, ganando votos para su protegido y quitando +parciales a D. Paco. Hasta a la capital del distrito fue varias veces, y +no sin éxito, con el referido objeto. + +A no pocos electores de influjo, a quienes D. Paco tenía _amarrados_, +los desamarró D. Acisclo, exponiendo gallardamente sus capitales. Por +estar _amarrados_, se entiende en lenguaje electoral de por allí, deber +dinero al grande elector. D. Acisclo estuvo rumboso. Lo menos repartió +ocho mil duros al diez por ciento, sin más garantías que pagarés +sencillos, libertando así a gentes amarradas por D. Paco, con escritura +pública y dinero prestado al quince. + +Todo elector de Villafría iba antes a votar a un lugar cercano, porque +en Villafría no había _mesa_. Don Acisclo consiguió que se quitase la +_mesa_ de dicho lugar y que se diese a Villafría, población más céntrica +y cómoda, según él demostró. + +En Villafría estaba seguro don Acisclo de que _volcaría el puchero_ en +favor de D. Jaime. + +_Volcar el puchero_ significa poner o colgar todos los votos posibles al +candidato a quien se quiere favorecer. Los votos posibles son los de +cuantos electores están en las listas, a no hallarse a mil leguas de +distancia o en la sepultura. Y aun ha habido ocasiones en que los +ausentes y hasta los difuntos han votado. + +Cuentan las crónicas electorales de aquel distrito que, no bien supo D. +Paco la que D. Acisclo le estaba urdiendo, empezó a trabajar en contra, +saliendo del letargo, o mejor diremos del tranquilo y descuidado reposo +en que su confianza y seguridad hasta allí le habían tenido. Esto, +naturalmente, hizo que don Acisclo tuviese que redoblar cada vez más su +actividad. Así es que no paraba. Su vida era un tejido incesante de +conferencias, excursiones a este o al otro pueblo, tratos y cartas que +escribir y que leer. Pepe Güeto se hizo el ayudante y el secretario de +D. Acisclo, y también escribía, viajaba y conferenciaba. + +Doña Luz y doña Manolita se hacían compañía mutuamente, abandonadas por +D. Acisclo y Pepe Güeto. Y a las dos servía también de acompañante el P. +Enrique, único varón quizá de todo el distrito que no intervenía en el +asunto electoral. + +El padre había intervenido sólo en los primeros días para tratar de +disuadir a D. Acisclo de que se mezclase en elecciones; pero D. Acisclo +no se dejaba convencer por nadie, y cuando lo reconoció así su sobrino, +se retrajo, se calló, y no volvió a dar a entender ni siquiera que sabía +en qué maremágnum andaba engolfado su tío. + +A éste le molestaba ya bastante la flojera y falta de formalidad del +candidato. El candidato había prometido visitar el distrito; las +elecciones se venían encima, y el tal D. Jaime no llegaba. Su contrario +estaba, ya instalado en casa de D. Paco, prometiendo empleos para cuando +volviese al poder, que sería pronto, vendiendo protección, y +conquistando voluntades. + +Don Jaime, entre tanto, no sólo no venía, sino que apenas sí se dignaba +escribir, salvo a D. Acisclo, y esto de tarde en tarde y por estilo +lacónico y seco. + +Pero fuese como fuese, el lance estaba ya empeñado; para D. Acisclo era +cuestión de amor propio; y aunque D. Jaime hubiera sido el mismo diablo, +D. Acisclo hubiera echado el resto por sacarle triunfante. + +En suma, para no cansar más a mis lectores, acabaré por decir que don +Acisclo recogió al fin el premio de sus fatigas. + +Las elecciones llegaron, y D. Acisclo venció en las elecciones. Don +Jaime Pimentel salió diputado por una gran mayoría. + +Algunos quieren dar a entender que D. Acisclo hizo mil tramoyas y +falsedades; pero nada se pudo probar, y por consiguiente no debemos +creerlo. + +Don Jaime Pimentel, sin abandonar la corte, sin escribir apenas carta +alguna, con el mayor sosiego, tuvo el gusto de recibir su acta, casi +limpia, pues sólo llevaba dos protestas insignificantes y mal fundadas. + +El júbilo de D. Acisclo fue grande después de la victoria. ¡Qué lauro el +suyo! ¡Qué muestra de poder la que acababa de dar! Con un candidato +invisible, descuidado, flojo; con un enemigo tan fuerte, tan único, tan +modelo y tan fénix entre los representantes del pueblo, había logrado +vencer, y vencer por una gran mayoría. Después de admirarse de su propia +capacidad para la política, sólo se reconocía deudor a D. Juan Fresco y +a la copiosa turba de bermejinos que le siguieron en el día de la +elección como a caudillo respetado. + +Durante todo este largo período electoral, las relaciones amistosas de +doña Luz y del P. Enrique se fueron estrechando más cada día. Hasta doña +Manolita, dejándose llevar del entusiasmo de su marido, o bien +compartiéndole, no había pensado más que en las elecciones. + +Doña Luz y el padre eran sin duda las dos únicas personas de cierta +posición en todo el distrito, que no habían pensado en éste ni en el +otro candidato, y que no se habían afanado por el triunfo de cualquiera +de ellos. + +En medio de aquella agitación política, habían hallado retraimiento +dulcísimo en la misma casa de quien la promovía; y allí eran las +pláticas suaves y encumbradas, y las conversaciones amenas, en que +siempre aprendía algo doña Luz, en que siempre hallaba nuevas +excelencias en el entendimiento y en el corazón del padre, y en que el +padre, a su vez, no dejaba nunca de pasmarse del despejo, de la agudeza, +de la notable discreción, de la fantasía poética y de la sensibilidad +exquisita de su bella interlocutora. + +Don Anselmo había terciado en los debates, aunque ya no tanto, por +haberle tenido también D. Acisclo muy interesado en las elecciones. Y el +cura don Miguel había seguido yendo con constancia a la tertulia, si +bien los diálogos sabios del Padre y de doña Luz le magnetizaban y +embelesaban de tal suerte, que a los pocos minutos de empezar a oírlos, +solía quedarse profundamente dormido, acompañándolos y animándolos a +veces con una música de ronquidos interminables y sonoros. + +Resultaba de todo ello que la única persona, que era en verdad constante +e inteligente testigo del mutuo afecto y de los íntimos coloquios de +doña Luz y del Padre, era doña Manolita. Yo no quiero hacer a ésta, ni a +ninguno de mis héroes, mejor de lo que son o de lo que fueron. Doña +Manolita no era una paloma sin hiel; y no porque odiase a alguien, sino +porque no dejaba de tener malicia. Más bien se podía tildar a doña +Manolita de tenerla. Más bien se la podía acusar de que, sin envidia ni +encono, y sólo por amor al arte, gustaba algo de la murmuración, y +seguía demasiado, como regla para sus juicios, aquella terrible +sentencia de _piensa mal y acertarás_. Sin embargo, merced a la +veneración cariñosa que doña Luz le infundía, ella interpretaba siempre +por el lado más benévolo todos sus actos y discursos. Por esto, aunque a +la perspicacia de doña Manolita no pudo ocultarse largo tiempo aquella +inclinación irresistible de dos almas, doña Manolita no dejó nunca de +hacer justicia a doña Luz, y reconoció y declaró, allá en el fondo de su +pecho, que en el de su amiga no había la más leve intención de perturbar +el ánimo del Padre ni de atraerle con coqueterías culpadas. + +El respeto y el cariño de la hija del médico al P. Enrique eran grandes +también; pero no tanto que le impidiesen por completo todo fallo algo +contrario sobre su conducta. Doña Manolita, pues, sin pensar que doña +Luz hubiese dado para ello ni ocasión ni motivo, empezó a sospechar que +el Padre, más o menos confusa y vagamente, estaba enamorado. Por respeto +a su amiga, y porque en los lugares no anda la gente con sutilezas +etéreas o pasadas por alambique, y porque con decir ella algo hubiera +dado pie para que se añadiese mucho, doña Manolita ni a su padre confió +el resultado de sus observaciones. Sólo le confió a Pepe Güeto, a quien +nada ocultaba; pero exigiéndole el más profundo sigilo. + +La gravedad de doña Luz y del Padre cortaba los vuelos a todas las +audacias de doña Manolita, quien jamás se propasó a dirigir al Padre, ni +en broma y con rodeos y perífrasis, la indirecta más oscura sobre la +pasión que en él imaginaba. Doña Manolita siguió, no obstante, +observando. Pepe Güeto observó también. Ambos esposos se comunicaban +luego lo que habían observado. De esta suerte venían los dos a +corroborarse en la idea de que el Padre, quizá sin saberlo, amaba a doña +Luz por estilo místico y sutil, y que doña Luz se dejaba adorar sin +presumir ningún término disgustoso, sin reflexionar en toda la +trascendencia que aquella adoración podría tener, y sin ver en ella más +que una amistad tierna, sencilla e impecable, como la que ella profesaba +al convaleciente y poético misionero. + +Ocurrió en esto un suceso que no se esperaba ya. De pronto, y cuando D. +Acisclo se había resignado a que su diputado fuese invisible para el +distrito, éste le escribió anunciándole que inmediatamente venía a +visitarle. El primer pueblo en que se presentaría había de ser +Villafría, desde donde, a caballo, y con la pompa correspondiente, había +de pasar a recorrer y visitar los otros pueblos. + +Don Acisclo se alegró mucho de esta venida, que iba a darle la mayor +importancia; pero tuvo que afanarse para disponer bien las cosas, a fin +de hacer a D. Jaime Pimentel una brillante recepción. Para hospedarle +con decoro y hasta con lujo, acudió a doña Luz pidiéndole las mejores +habitaciones de su casa solariega, no ocupadas por su sobrino; y para +ofrecer a D. Jaime un buen caballo en que montar e ir de pueblo en +pueblo, acudió asimismo a doña Luz, pidiéndole prestado su hermoso +caballo negro. Doña Luz tuvo que acceder a todo. + +La víspera del día en que debía llegar D. Jaime, todos estaban +alborotados en el lugar con la gran fiesta de la recepción que iba a +haber. Hasta doña Manolita estaba más alegre que lo de costumbre y muy +parlanchina. En la tertulia diaria sólo asistían ella, doña Luz y el +Padre, porque los demás andaban aún ocupados en los preparativos de la +fiesta, o descansando del ajetreo de aquel día. + +Entonces tuvo doña Manolita una ocurrencia algo maliciosa, y que, en su +sentir, había de darle mucha luz en sus investigaciones. ¿Por qué no +había de embromar a doña Luz, pronosticando que D. Jaime, de quien la +fama decía maravillosos encomios, y que era libre y soltero, iba a +enamorarse de ella, apenas la viese, con el gustoso asombro de hallar en +una villa pequeña tan completo dechado de elegancia, distinción y +hermosura? ¿Por qué, al embromar así a doña Luz, con algo que la +halagaría, no había de dar solapadamente una broma bastante pesada al +Padre, cuyo amor, enmarañado y turbio en el centro de la conciencia, se +vendría a aclarar con el reactivo de los celos? Doña Manolita, al dar la +broma, miraría al Padre, a ver si se inmutaba o si permanecía impasible, +en apariencia al menos. + +Como lo pensó, lo hizo. Doña Manolita dijo a doña Luz que D. Jaime iba a +prendarse de ella, apenas la viese; que D. Jaime no podía sospechar que, +en un lugar tan arrinconado como Villafría, estuviese oculto tanto +tesoro; y que, a su ver, era evidente el amor futuro de D. Jaime. + +--¿Qué forastero--prosiguió--, no se ha enamorado de ti, de cuantos han +venido a Villafría, jóvenes, libres y en estado de merecer? Prepara, +pues, el almíbar con que sueles propinar las calabazas, si es que +también piensas dárselas a éste. Pero, ¿quién sabe? El pretendiente, que +ya columbro, no es rústico, ni lugareño, como los que has tenido hasta +ahora. Dicen que es la flor y nata de los elegantes de Madrid, y además +un bizarro militar y un hombre de gran porvenir y de extraordinario +talento. ¿Serás tan fiera que también le desdeñes? + +Doña Luz, sin enojarse, antes bien algo lisonjeada, contestó negando la +validez del pronóstico, y asegurando, con modestia un poco fingida, que +don Jaime, acostumbrado a ver en la corte tantas bellas mujeres, no +repararía en ella ni le haría caso. + +--Además--dijo doña Luz--, no haya miedo de que me pretenda ese +caballero. Yo no soy lo que se llama un buen partido. Para él se +necesita una rica heredera, que dé alas a su ambición, y no una señorita +pobre que le encadene y le sirva de rémora y estorbo. Créeme, Manuela; +ya te lo he dicho mil veces: yo no me casaré nunca... ni quiero casarme. +No hablemos de esas tonterías, ni en broma. + +Doña Manolita, durante estas frases que entre su amiga y ella se +cruzaban, miró de soslayo al Padre y creyó ver que se había puesto más +pálido que de costumbre. Por lo demás el Padre permaneció silencioso, y +no dio su parecer ni sobre el enamoramiento posible de D. Jaime, ni +sobre el constante propósito de doña Luz de permanecer soltera. + +A las diez se retiró a su casa, y las dos amigas quedaron solas. + +Alentada entonces doña Manolita con lo bien que su primera broma había +sido tolerada, y tal vez agradecida como lisonja, en el fondo del alma +de la hija del marqués, cayó en la tentación de aventurarse a dar otra +broma bastante menos ligera. + +Sin reflexionarlo mucho, dijo, pues, de este modo: + +--¡Ay! ¡Hija! Me arrepiento de haberte dicho lo de D. Jaime. + +--¿Y por qué te arrepientes?--preguntó con sencillez doña Luz--. Yo no +creo probable que ese caballero cortesano se enamore de mí, en tres o +cuatro días que ha de estar por aquí; pero como ni eso es imposible, ni +me ofende el que tú, estimándome en más de lo que merezco, me vaticines +tal triunfo, no tienes para qué arrepentirte, a no ser por el temor de +exaltar demasiado mi amor propio. + +--No es ese temor--replicó la hija del médico--, lo que me induce al +arrepentimiento, sino el temor de haber lastimado un corazón sensible, +de haberle hecho una profunda herida. + +--No te comprendo--dijo doña Luz--; ¿qué quieres dar a entender? ¿Qué +corazón sensible es ese? + +--El del P. Enrique--respondió en mala hora doña Manolita. + +Doña Luz se puso roja como la grana. Toda la sangre de su cuerpo se +diría que se le subió a la cabeza. Todo el orgullo de su casta se agolpó +y amontonó en su corazón. No vio más que ridiculez indigna en que la +creyesen objeto de la pasión de un fraile. Ella creía que un fraile la +podía admirar por su talento, estimar por sus virtudes, venerar por su +conducta intachable, y gustar de su trato y conversación, y complacerse +en ser su amigo; pero enamorarse de ella le parecía tan absurdo, tan +contrario a todas las conveniencias y leyes sociales y religiosas, tan +monstruosamente feo y chocante, que no quería, ni podía, ni debía +sospecharlo en persona del juicio, de la circunspección y hasta de la +santidad que en el P. Enrique notaba. Doña Luz miró, pues, como una +malicia villana y ruin el pensamiento de doña Manolita, y como una +insolencia la expresión de dicho pensamiento por medio de la palabra. + +--Lo que acabas de proferir--exclamó con la voz balbuciente de cólera--, +es un insulto, es una dura acusación contra el P. Enrique y contra mí. +Ni el padre delira, ni yo le he dado ocasión para que delire. A fin de +que mi limpia fama esté al abrigo de la maledicencia, me he encerrado en +este lugar, me he apartado casi de todo trato humano, he huido de la +juventud, mientras he sido joven; siéndolo todavía, como lo soy, no he +admitido en mi intimidad sino a viejos de sesenta años como tu padre, el +cura y don Acisclo, y nada de esto me ha valido. Porque yo, de cerca de +treinta años, me he abandonado, me he confiado con gusto, lo declaro +francamente, en la amistad honrada de un siervo de Dios, probado en mil +fatigas, quebrantado por ellas, lleno de ciencia y de virtud, no se +concibe esta amistad, no se explica este trato, sino por motivos viles e +impuros. Y no son los rústicos del lugar, no son los que no me conocen, +sino mi mejor amiga la que me sospecha y me injuria. + +La pobre doña Manolita se quedó aterrada: se compungió, y al cabo se le +saltaron las lágrimas. + +--Pero, mujer--dijo--; no te enojes por amor de Dios. Yo, sin duda, me +he explicado mal. Yo no digo que sea impuro el amor del Padre.... + +--¿Qué disparates son los tuyos?--interrumpió doña Luz--. ¿Qué extravío +de ideas? ¿Qué necias distinciones pretendes hacer? ¿Cómo cohonestar el +amor de un fraile a una doncella honrada? Tal amor es impuro siempre; es +infame; es sacrílego. + +Viendo doña Manolita que no había manera de remediar su torpeza, y +apuradísima de haber irritado tanto a doña Luz, a quien quería de todo +corazón, no pronunció una sola palabra más; pero lloró y sollozó como si +le hubiese sobrevenido la más cruel desgracia. + +Entonces doña Luz, que tenía buen fondo, a pesar de su soberbia, sintió +que había estado dura y áspera en demasía, y pidió perdón a doña +Manolita, besándola y poco menos que llorando también. + +Las dos amigas vinieron a quedar de resultas mucho más amigas que antes. +Doña Luz se convenció de que doña Manolita no había tenido intención de +deslustrar en lo más mínimo la pureza de sus relaciones amistosas con el +P. Enrique; y doña Manolita hizo por convencerse y hasta se convenció +por el momento de que el P. Enrique, ni siquiera como Dante amó a +Beatriz, como Petrarca amó a Laura, o como don Quijote amó a Dulcinea, +era capaz de amar a doña Luz; porque, siendo él un fraile y ella una +señorita muy bien educada y honestísima, tal amor, por alambicado, +espiritual e incorpóreo que fuese, tenía un no sé qué de indecorosamente +plebeyo y de grotescamente pecaminoso que con la condición de su bella y +soberbia amiga se ajustaba muy mal. + +No bien acabadas de hacer las paces, llegó don Acisclo con Pepe Güeto, +quienes no advirtieron las huellas de la pasada tempestad. Cenaron los +cuatro en amistosa compañía, y con buen apetito, y se fueron luego a +dormir. + +Al día siguiente se celebró con pompa y estruendo la entrada triunfal de +D. Jaime en Villafría. Cuantos tenían caballo, y no pocos que sólo +tenían mulo o burro, fueron de madrugada a recibirle en la estación, con +D. Acisclo al frente, y a eso de las once volvieron todos con el +diputado, caballero éste en el hermoso caballo negro de doña Luz. + +A las puertas del lugar salieron los muchachos y los hombres de a pie a +recibir la lucida cabalgata, y todos entraron por aquellas calles al son +de las campanas que se habían echado a vuelo, entre vivas y +aclamaciones, y atronando el aire a tiros de cuantas escopetas estaban +servibles en Villafría. + + + + +-XIII- + +Crisis + + +Después de haber rechazado con tan cruel desabrimiento las palabras de +doña Manolita y después de hechas las paces, doña Luz pensó a sus solas +en el valor y motivo de aquellas palabras; y, como si una claridad nueva +y extraña iluminase los más oscuros laberintos de su cerebro, creyó +percibir la verdad de todo y reconoció que su amiga tenía algunos visos +de razón al decir lo que dijo. + +Doña Luz se había enojado quizá porque su propia conciencia, +aprovechándose de las palabras de doña Manolita, había formulado una +acusación mucho más severa. ¿Qué diferencia radical e importante se da +entre la amistad más tierna y exclusiva, entre la predilección más +marcada de un hombre por una mujer y de una mujer por un hombre, ninguno +de los dos viejo aún, y el amor más puro, más platónico y más sublime? +Doña Luz se ponía a sí misma esta cuestión; y, no acertando a resolverla +sino en el sentido de que no se da diferencia, o que, si se da, apenas +es perceptible y se quiebra de puro sutil, decidía que no era absurdo ni +insolencia suponer y afirmar que estuviese enamorado de ella el P. +Enrique. El Padre, encadenado por el respeto, teniendo en cuenta su +estado, sus votos y su posición, se había guardado bien de manifestar su +cariño de un modo que hiciese sospechar ni remotamente que no era +legítimo y sin tacha; pero, sin duda, que en el fondo de su alma le +sentía. + +Luego que doña Luz dejaba esto como sentado y evidente, se preguntaba +también: «¿Y yo qué he hecho para inspirar esta pasión? ¿Qué culpa +adquiero de que él me ame? ¿Hasta qué punto he dado y sigo dando pábulo +a su afecto?». La contestación que doña Luz se daba era contradictoria y +confusa. Ora se condenaba; ora se absolvía. Se condenaba al reconocer +que ella había disimulado mucho menos que él la complacencia con que le +oía, el contento que su vista le causaba, el deleite que su conversación +le traía siempre, y que ella por instinto irreflexivo, pero depravado, +gustaba de parecer hermosa y elegante a todos, y particularmente a las +personas a quienes quería, entre las cuales no podía menos de incluir al +Padre. + +Otra serie de consideraciones acudía luego a su mente para absolverla. +Pues qué, ¿no era lícito amar la ciencia, la virtud y el ingenio que en +el Padre resplandecían? ¿Qué mal había en mostrarlo? Y en cuanto al +esmero en el adorno de su persona, ¿qué ley divina ni humana podía +imponerle la obligación de ocultar las prendas que el cielo le había +dado y de no lucirlas hasta donde esto es compatible con el más rígido +decoro? De esta suerte se absolvía doña Luz; pero, prosiguiendo en sus +cavilaciones, añadía en su pensamiento: «Y si yo supongo que él me ama, +¿por qué no ha de suponer él que le amo yo? Si yo no tengo motivo para +suponerlo, si es mi vanidad quien lo supone, bien puede él ser tan +vanidoso como yo y suponerlo del mismo modo. Y si yo lo supongo con +motivo ¿el motivo que yo le he dado para que haga suposición idéntica es +menor acaso?». Doña Luz tenía entonces que confesarse que, atendidas la +natural reserva que deben tener las mujeres, y la modestia y timidez con +que deben velar y mitigar los movimientos e inclinaciones del corazón, +ella había dado mayor motivo al Padre para que él la creyese enamorada +que el que él le había dado a ella para que de su parte lo creyese. + +El proverbio dice que _quien prueba mucho no prueba nada_, y esto +ocurría a doña Luz no bien demostraba que, no sólo el Padre estaba +enamorado de ella, sino que ella estaba enamorada del Padre. Se +examinaba el alma, se interrogaba el corazón, y como le respondían que +no amaban al Padre, volvía a creer que sólo su presunción podía hacerle +imaginar que el Padre la amase a ella. Lo único que, después de tantos +rodeos, sacaba en claro doña Luz era que en aquella convivencia e +intimidad afectuosa y en aquellos coloquios tan sabios de ella con él, +había algo de ocasionado a perversas interpretaciones, algo de mal +gusto, algo de pedantesco y lugareño a la vez, que la parecía cómico, y +cuya ridiculez se atenuaba sólo pensando que su vida en un lugar no +podía llevarla a menos necio extravío. + +Doña Luz resolvió, pues, ser más cauta y menos expansiva en lo venidero, +y no menudear tanto las discusiones filosóficas y teológicas, y las +confianzas y el trato con el venerable sobrino del antiguo administrador +de su casa. + +«Si no hay--concluía ella--mutua y peligrosa inclinación en nuestras +almas, pudiera suponerse, y esto me ofendería, y si la hay, como la +inclinación sería por todos estilos abominable, conviene cortarla de +raíz». + +En cualquiera de ambos supuestos, reconoció doña Luz la necesidad de +cambiar de conducta; la conveniencia, valiéndonos de una frase española, +algo anticuada, pero gráfica, de _poner su descuido en reparo_. + +La llegada a Villafría del triunfante y flamante diputado D. Jaime +Pimentel y Moncada coincidió casi con esta prudentísima, aunque algo +tardía resolución. + +Doña Luz, acompañada de su benigna amiga, estaba en una ventana baja, +aguardando la aparición de la pompa y del triunfo, que se anunciaba ya +por el resonar de los tiros y de los vivas. + +Don Jaime, cabalgando en medio de D. Acisclo y Pepe Güeto, precedido de +una turba de muchachos y de hombres a pie, y seguido de buen golpe de +gente a caballo y aun de más gente pedestre, se mostró al cabo a los +ojos de nuestra heroína. + +La fama no había mentido. Era D. Jaime todo un galán caballero. Montaba +con gracia y firmeza. Aunque tenía cerca de cuarenta años, parecía que +apenas tenía treinta. Su traje sencillo dejaba ver, en los pormenores +todos, la elegancia y el buen gusto. + +La cabalgata se paró a la puerta de D. Acisclo, y éste, seguido de su +ahijado y huésped, se halló pronto en la sala, donde aguardaban doña Luz +y doña Manolita. + +--Aquí tiene V. a nuestro diputado el Sr. D. Jaime--dijo D. Acisclo, +presentándole a doña Luz--; y luego añadió, dirigiéndose a D. Jaime: + +--La señorita doña Luz, hija del difunto marqués de Villafría. + +El recuerdo lejano y confuso de la alta sociedad madrileña, que doña Luz +no había hecho sino entrever hacía más de doce años, la idea vaga de un +medio más culto y más aristocrático, las formas y el ser soñados de +damas y galanes, sus usos, discreteos, aventuras y amoríos, tales cuales +ella los había fantaseado o columbrado, sin llegarlos a ver ni a gozar, +obligada, en la aurora de su vida, a retirarse a un pueblo pequeño, todo +acudió de súbito a la mente de doña Luz, al mirar a D. Jaime Pimentel, +al notar la soltura y naturalidad de sus distinguidos modales, y al oír +su acento y las pocas y atinadas palabras que le dirigió, las cuales ni +pecaron de frías y secas, ni se extremaron por lo galantes, sino que se +encerraron dentro de los límites de la más respetuosa discreción. Porque +no era el inferior quien sintió doña Luz que le hablaba, ni el cortesano +insolente tampoco, cuya superioridad se revela al través de su fingida +cortesía, sino el hombre de la misma clase que ella, que habla como +igual, pero con las atenciones delicadas que a una señora principal se +deben siempre. Doña Luz lo comprendió así, se complació en ello, y lo +agradeció todo. Harto advirtió el tono diverso que empleó don Jaime, al +hablar con doña Manolita, no bien a ella también le presentaron. + +Dos días estuvo D. Jaime en Villafría, al cabo de los cuales fue +menester proseguir la comenzada tarea de visitar todos los lugares del +distrito. + +Durante estos dos días, D. Acisclo desplegó la más prodigiosa +magnificencia. Tuvo, por decirlo así, mesa de Estado. Toda su parentela, +el médico, su hija y su yerno, y el cura D. Miguel, almorzaron, comieron +y hasta cenaron con él y con el agasajado D. Jaime. Éste se sentó +siempre a la derecha de doña Luz, y tuvo siempre a doña Manolita del +otro lado. + +Petra, el ama de llaves, hizo milagros en aquellos dos días. ¿Qué pavos +rellenos, qué cocido con morcilla, chorizo, embuchados y morcones, qué +tortillas con espárragos trigueros, qué platazos de pepitoria, qué +menestras de cardos, morrillas y guisantes, qué jamón con huevos +hilados, qué tortas maimones, y qué deliciosas alboronías, picantes +salmorejos, frescos gazpachos y ensaladas, y variados arropes y +almíbares, no condimentó o presentó en la mesa de su amo? + +Los cinco mejores músicos del lugar vinieron por la noche con sus +acordes y sonoros instrumentos, y se bailó en la cuadra alta, porque la +baja estaba como santificada por la Santa Cena. + +Don Jaime bailó rigodón con doña Manolita y con una de las hijas de D. +Acisclo; y con doña Luz, no sólo bailó rigodón, sino también valsó. + +Con doña Luz estuvo muy fino y amable, y doña Luz asimismo lo estuvo con +él. + +Los chistes urbanos, las anecdotillas picantes, sin rayar en libres, las +pinturas de las intrigas y lances de Madrid, referidos con ligereza y +primor por don Jaime, divirtieron mucho a doña Luz y la hicieron reír; +cosa que le agradó y pasmó, porque no era fácil para la risa. Siempre +que la conversación era general, cuanto decía D. Jaime encantaba al +auditorio, y todos le aplaudían. Y doña Luz notaba que D. Jaime, sin ser +vulgar, tenía el arte de hacerse comprender de los que lo eran, y que +con sus discursos nadie se quedaba en ayunas, como con las reconditeces +y los encumbramientos del Padre, el cual no dejó de asistir a todo esto, +pero muy eclipsado y confundido entre la turba multa. + +En los apartes, D. Jaime hizo mil cumplimientos a doña Luz. Como +vulgarmente se dice, le echó muchísimas flores; pero, con tal arte, que +la más presumida no hubiera creído al oírlas que eran nacidas de amor, +ni negado tampoco resueltamente que de amor naciesen, porque iban +enlazadas con miramientos tales que acaso se hubiera podido interpretar +por temor de ofender lo que las contenía dentro de ciertos límites. La +franqueza graciosa con que don Jaime decía piropos a doña Manolita, +hacía resaltar todo el mérito y todo el lisonjero significado de aquella +circunspección con que celebraba la hermosura y demás excelencias de la +aristocrática hija del marqués de Villafría. En suma, los dos días +pasaron como un soplo; D. Jaime se fue a recorrer el distrito con D. +Acisclo y Pepe Güeto; y las dos amigas se quedaron como antes, +acompañadas sólo, en las horas de la comida y de la tertulia, del P. +Enrique y a veces del cura y de D. Anselmo. + +Cuando doña Manolita se vio a solas con su amiga, recordando que la +broma de unos supuestos amores con D. Jaime no la había ofendido, no +pudo resistir a embromarla de nuevo sobre el mismo tema. Y así, +hallándose las dos, con todo sosiego, en la salita de doña Luz, la +mañana misma de la partida de D. Jaime, dijo la hija del médico a la +hija del marqués: + +--Vamos, confiesa que nuestro diputado no te parece saco de paja. + +--No me parece sino muy bien--respondió doña Luz--. Decir otra cosa +sería hipócrita falsedad. Es elegante, discreto, buen mozo y muy amable. + +--Si tan buena es la impresión que en ti ha hecho--repuso doña +Manolita--, creo que debes lisonjearte y estar muy contenta, porque él +no apartaba un punto los ojos de ti y se conocía que te miraba y +admiraba con entusiasmo. + +--No te burles, Manuela. + +--No me burlo. Tengo por cierto lo que te digo. + +--Tu deseo de que yo haga conquistas y la buena opinión que de mí tienes +te llevan a soñar con todo eso. + +--Y las dulzuras y los requiebros que te ha dicho en voz baja, pues por +el gesto y el ademán y el brillo de los ojos se mostraba que te los +decía, ¿son sueños míos también? + +--No; no son sueños. ¿Cómo negarte que D. Jaime me ha requebrado? Pero, +si bien lo ha hecho con un respeto y un tino que le honran (y no de otra +suerte lo hubiera sufrido yo), no ha dejado ver verdadero interés por +mí, ni un solo momento. Sus palabras expresaban estimación, denotaban +ingenio cortesano, estaban llenas de lisonja, pero no había en ellas un +átomo de sentimiento. Ni podía haberle. Pues qué, ¿el amor brota de +repente, en la vida real? Eso se queda para los dramas, donde es +menester que la acción corra a todo correr y que los hechos se condensen +y acumulen en pocas horas y palabras. + +--Hija mía, en la vida real, lo mismo que en los dramas, no es tan +inverosímil _dar flechazo_. En mujer de tus rarísimas prendas es menos +inverosímil todavía. Yo estoy segura de ello: tú has dado flechazo a D. +Jaime. + +--_Dar flechazo_ tiene tan indeterminada significación que no sé qué +responderte. Si por _dar flechazo_ quieres significar que he parecido +bien a D. Jaime, y que hasta se ha sorprendido un poco (y perdona que +haga patente contigo mi vanidad) de hallar en esta villa a una mujer +que, trasladada de súbito a un salón de la corte, estaría en él como en +su centro, no disto mucho de creer que le he dado flechazo. Pero desde +esto a infundir un verdadero cariño, hay mil leguas de distancia, y ni +me alucino, ni deseo siquiera que D. Jaime haya andado ni ande esas mil +leguas en cuarenta y ocho horas, que hace sólo desde que me conoce y +trata. + +--¿Y por qué no ha de andar o por qué no ha de haber andado ya esas mil +leguas? + +--Porque es harto difícil y porque a nada conduciría. Mira, Manuela, +¿qué no te declararé yo? Confieso que he pensado en la posibilidad de +ese amor; pero le he desechado como locura. D. Jaime es ambicioso, y +apenas tiene para él sólo con su sueldo y sus rentas. En mí no podría +poner la voluntad sino para casarse conmigo. ¿Y qué puedo yo llevarle? +Mis bienes, cuidados por mí, estando yo aquí sobre ellos, producen +20.000 rs. el año que más: si me fuese de aquí, no me producirían 10.000 +rs., o administrados o en arrendamiento. Mi boda con D. Jaime sería como +grillos con que él ataría sus pies; sería para él una carga muy pesada. +Claro es, pues, que D. Jaime, aunque por acaso se sintiese inclinado a +amarme, que lo dudo, desecharía de sí el amor como una tentación insana; +como un disparate funesto. + +--Luego tú--interrumpió doña Manolita--, no concibes que te quieran sino +por cálculo. No te entiendo. Lo que lisonjea y enamora es que la quieran +a una, aunque sea pobre, y no por ser rica. + +--De acuerdo--contestó doña Luz--. Yo no sé si amaría a D. Jaime, si él +me amase; pero de seguro que no le amaría, si yo fuese rica y llegase yo +a sospechar que por hacer un negocio él me amaba. Ve ahí por qué no me +casaré nunca. Rica yo, recelaría siempre que no me amaban por mí, y +pobre, recelo que no me amen hasta el extremo de que se sacrifiquen +amándome. Como no me case con algún señorito de estos lugares, para +quien sólo puedo ser un partido proporcionado, en que ni él se +sacrifique, ni yo sea para él un dote y no una amada compañera de toda +la vida, no veo novio adecuado para mí en el mundo. Mi único amor será +este.... + +Y alzándose de su asiento, en uno de aquellos arrebatos ascéticos que de +vez en cuando tenía, abrió doña Luz su famoso cuadro del admirable +Cristo muerto y puso sus rojos y frescos labios sobre los labios lívidos +de la tremenda imagen. + +Doña Manolita había ya visto el cuadro otras varias veces, pero nunca le +hizo más honda impresión que en aquel momento; cuando se unieron la +lozanía de la mocedad, la exuberancia de la vida y la hermosura briosa +de doña Luz con tal fiel trasunto del dolor y de la muerte. + +Esta y otras conversaciones que tuvo doña Luz con su amiga, y los +propios monólogos y los constantes pensamientos que la asaltaban, fueron +acrecentando en el alma de la soberbia dama un recelo que sublevaba su +orgullo, y contra el cual trató de armarse de todos los bríos de su +pecho. + +Don Jaime iba a volver. Don Jaime, después de la visita a todos los +lugares, iba a pasar otros tres días en aquel pueblo. ¿Incurriría doña +Luz en la debilidad de prendarse algo, de inclinarse un poco, y en +balde, al diputado? Sólo de imaginarlo, de presentar en su mente la +remota hipótesis, doña Luz se ponía encendida como la grana y se llenaba +de vergüenza como si la ultrajasen con el desprecio. + +Propuso, pues, en su corazón estar serena y fría a los halagos de D. +Jaime cuando volviese; y olvidando, con este nuevo peligro, el que podía +haber en los diálogos íntimos, en las disertaciones sabias y en la +atención y en la emoción con que oía al P. Enrique, volvió con más +ternura amistosa que nunca a buscar la conversación del Padre, a +deleitarse en ella, y a dar señales inequívocas de la predilección con +que le miraba. + +Pronto se pasó de este modo una semana entera, al cabo de la cual, con +no menor pompa y estruendo, volvió a Villafría el ilustre diputado D. +Jaime, acompañado de D. Acisclo y de Pepe Güeto. + +En la casa de D. Acisclo se renovaron las comilonas, las fiestas +espléndidas y todo el lujo de que ya se había hecho gala la primera vez. + + + + +-XIV- + +Solución de la crisis + + +Seguía D. Jaime observando siempre la misma conducta respecto a doña +Luz. Sus atenciones no podían ser más delicadas ni más respetuosos sus +requiebros. En alguna ocasión creyó advertir doña Luz que D. Jaime se +animaba demasiado, pero el orgullo de ella acudía al punto a refrenar la +lengua del galanteador, para lo cual bastaba un leve gesto de +impaciencia o de disgusto o una mirada severa. + +Así se pasaron dos días de los tres que D. Jaime tenía que estar en +Villafría, y amaneció el día tercero y último. A la madrugada siguiente +D. Jaime debía salir para Madrid. Eran las ocho y doña Luz estaba ya +levantada y vestida como para ir a la calle. Aquel día, con más +sentimientos religiosos que de ordinario, antes de ir a la iglesia +adonde pensaba ir y oír misa, abrió el cuadro del Cristo, se arrodilló +delante de él y se puso a rezar con devoción grandísima. + +Había dicho a su doncella que no entrase hasta que ella llamara. Doña +Luz se creía completamente sola. + +En aquella soledad y excitada por el rezo, quién sabe qué ideas +melancólicas atravesaron por su mente, ni qué amarga ternura hirió su +corazón; ello es que exhaló un profundo suspiro y dos gruesas lágrimas +brotaron de sus hermosos ojos y se deslizaron por sus frescas y +sonrosadas mejillas. + +La hija del médico, única persona que podía penetrar hasta allí sin +permiso de nadie, había entrado, sin que doña Luz, embebecida en sus +devociones, notase su presencia. + +Doña Manolita contempló, pues, a todo su sabor el ferviente rezo de su +amiga y la efusión de suspiros y de lágrimas con que hubo de terminarle. +Entonces, sin detenerse más, se arrojó en sus brazos y enjugó con besos +las lágrimas que humedecían su rostro. + +--¿Qué es esto? ¿Por qué lloras así?--dijo doña Manolita. + +Y sin contestar a la pregunta, preguntó a su vez doña Luz. + +--¿Cómo te has entrado hasta aquí? ¿Qué te trae a verme tan de mañana? +¿Por qué me has sorprendido? + +--Perdona que te haya sorprendido; perdona que haya interrumpido tus +oraciones. Ya sabes tú que yo no madrugo para ti sino cuando tengo que +comunicar contigo algo de muy importante. Quizá desde el día en que te +di parte de mi proyectada boda con Pepe Güeto, no he usado hasta hoy de +la licencia que tengo de venir aquí de mañana. + +--Así es la verdad, pero yo no me quejo de que vengas. Yo me alegro de +que hayas venido. Lo que hago es extrañarlo, por lo mismo que de mañana +no vienes nunca. ¿Qué nueva, pues, no menos importante que el anuncio de +tu boda, puede hoy moverte a visitarme tan temprano? + +--Vengo aquí de embajadora: te traigo un recado que arde en un candil. + +--¿De quién es el recado? + +--Del Sr. D. Jaime Pimentel--dijo doña Manolita. + +--El rubor coloró el semblante de doña Luz, quien no acertó a disimular +con su amiga íntima el contento y la satisfacción de amor propio que +aquello le causaba. + +--¿Qué recado, qué embajada me traes? ¿Es alguna burla tuya, o de D. +Jaime Pimentel? + +--Nada de burla. Esto va de veras y muy de veras. Don Jaime te idolatra. + +--¿Y por qué no me lo ha declarado? ¿Tan tímidos son en el día los +caballeros cortesanos que no se atreven a declararse ellos mismos? + +--No le culpes. Don Jaime no peca ciertamente por timidez. Él lo explica +todo de un modo satisfactorio. Dice que una declaración directa de su +parte requería mucho más tiempo; no podía ser tan brusca y repentina. +Era menester espiar la ocasión, preparar tu ánimo sin valerse de +precipitados galanteos que tu severidad rechaza, y en tres días, por +bien que él los aprovechara, no cabían tantos trámites y preparaciones. +Por esto me ha buscado a mí. Anoche, al salir de tu casa, me acompañó +hasta la mía, y tuvo conmigo una larga conferencia. Bien te lo había yo +pronosticado. Le diste flechazo. Está loco de amor por ti, y me pide que +por él interceda. + +--¿Qué delirio es ese?--exclamó doña Luz--. ¿Lo ha reflexionado D. +Jaime? ¿Sabe que con un corazón como el mío no se juega? ¿Ha pensado +bien que yo no puedo ser objeto de un capricho efímero, sino de una +pasión que decida del porvenir de la vida toda? + +--Si D. Jaime no lo supiera, no hubiera acudido a mí. Si no hubiese +formado un propósito para toda la vida, propósito cuya realización de ti +sólo depende, no vendría yo a hablarte en su nombre. + +--¿Sabe D. Jaime que soy pobrísima? + +--Conoce con exactitud los bienes que posees. + +--Es singular--dijo doña Luz--. Te lo confieso: yo tenía de mí misma y +de los hombres mucha peor opinión. No me sentía capaz de inspirar amor +tan desinteresado a quien la ambición seduce y sonríe, halaga la +fortuna, y quieren y miman en Madrid, a lo que aseguran, las más altivas +y bellas mujeres. No pensaba yo tampoco que así, de repente, pudiese +enamorarse un hombre con tal desinterés. + +--Pues no lo dudes: don Jaime te ama de esa manera. Dime tú si le +correspondes. + +--No sé qué contestar. Mi gratitud es inmensa. Antes de la gratitud, +antes de que hubiese motivo para tenerla, ¿por qué ocultártelo? la +elegancia de don Jaime, su discreción, su fama de valeroso soldado, la +noble gallardía de su persona, todo me inclinaba a quererle bien y +mucho; pero el recelo de no ser amada sublevaba mi orgullo, y mi orgullo +ha hecho cuanto es posible para ahogar esta inclinación naciente. + +--Y ahora que sabes ya lo bien pagada que es tu inclinación, ¿qué +sientes?, ¿qué piensas de D. Jaime? + +--Siento y pienso... que no debo dar en seguida un sí de que tal vez no +haga él mucho aprecio si con tal facilidad le obtiene. Además, no basta +ser amada. Es menester pensar en el término de estos amores. + +--¡Hija mía! ¿Qué otro término pueden tener sino el de que os case el +cura? + +--Es cierto; y eso precisamente me obliga a meditar mucho. Yo soy muy +rara de carácter. No quiero que nadie me ame por conveniencia, y me +repugna también que alguien imagine que la conveniencia influye en el +amor mío. Si yo me casase con D. Jaime, pobre como soy, ¿no podría +alguien imaginar que me excitaban a este enlace el afán de salir de +Villafría e ir a Madrid, la posición del novio, sus grandes esperanzas, +y hasta las mismas ventajas materiales de que ya goza? Él, por otra +parte, no es rico para nuestra clase, y preveo los apuros, las +dificultades económicas, la horrible prosa del hogar doméstico, sin +recursos suficientes. Esto me arredra. Y no me arredra por mí, si +atiendo sólo al bienestar material, sino porque me sonrojo de pensar que +pueda yo ser causa de que un hombre viva lleno de ahogos. Si él se +quedase conmigo aquí, me sacrificaría su ambición, su carrera, su +porvenir. Si él me llevase a Madrid en su compañía, viviríamos muy mal, +haría yo acaso muy triste figura en las sociedades que él frecuenta, y +¿quién sabe si esto le movería a que dejase de amarme? ¿quién sabe si +cansado de mí acabaría hasta por cobrarme odio? + +--Veo que alambicas demasiado y te complaces en atormentarte y en crear +obstáculos para lo que más deseas. + +--¿Y quién te afirma que lo deseo? Yo misma lo ignoro; tengo mis dudas: +no veo claro en el fondo de mi alma. ¿Será la vanidad satisfecha, será +el pueril contento de verme querida de persona de tanto valer, lo que me +induce a pensar que yo también la quiero? ¿Qué es amor? ¿Es amor esto +que siento en mi alma y que me lleva hacia ese hombre? Mira, Manuela, +¿por qué no decírtelo todo? Todo esto es tenebroso y confuso. Hay otro +hombre de cuyos labios estoy pendiente cuando habla, cuyo talento me +asombra, cuya superioridad intelectual me subyuga, cuyas virtudes me +llenan de maravilla y de entusiasmo, cuyo fondo de bondad altísima +percibo claramente allá en las profundidades de su corazón, y ya sabes +mi enojo, mi repugnancia a que se piense que ni un solo instante puedan +confundirse con algo parecido al amor los sentimientos que ese hombre me +inspira y que yo le inspiro sin duda. Con D. Jaime ocurre lo contrario; +apenas le conozco; no sé si es bueno o si es malo; su entendimiento me +parece de menos quilates, y sin embargo, me siento arrastrada hacia él. +¿Amo acaso en él el amor que muestra y que tanto me lisonjea? ¿Lo que en +el otro me repugna, lo que mata el amor es sólo el respeto a las leyes +que le prohíben? + +--No te comprendo--interrumpió doña Manolita--. Ya no eres tan criatura +que no sepas lo que es amor, ni atines a descubrirle en tu pecho. ¿No es +brioso, bello, valiente, pulcro y discretísimo D. Jaime? ¿No es libre? +¿No te ama? ¿No te da pruebas de amor, decidido, como está y como me ha +dicho, a casarse contigo? ¿No es un caballero bien nacido y honrado? +Pues entonces ¿a qué todas esas quintaesencias y marañas sutiles con que +te devanas los sesos? Dile que sí; ámale; cásate con él y verás cuán +dichosa eres. Da esperanzas al menos de que le amarás, si no quieres dar +un sí completo y redondo desde el principio. Con estas esperanzas, él lo +promete, no se irá a Madrid y permanecerá en Villafría. Buscará un +pretexto plausible para no irse. Dirá que se queda para comprar quince +aranzadas de olivar, que lindan con las suyas, y para cuya compra está +ya en tratos. + +--Lo que me aconsejas es vulgar; perdona mi crudeza de expresión: es +feo. Yo no debo dar esperanzas de una cosa de que yo misma no esté +segura. Y si estoy ya segura de ello, es artificio ridículo ocultarlo y +dar esperanzas, e ir descubriendo poco a poco mi corazón. Si no amo a D. +Jaime, no debo engañarle con esperanzas inciertas. Preténdame él y trate +de conquistar mi voluntad y de rendirme, sin que yo le aliente con +esperanzas. Y si le amo, debo ser franca y decírselo luego, ya que me +ama él. Aunque dé poca estimación a un sí tan fácil y tan pronto, debo +darle ese sí. + +--Soy en todo de tu opinión. Dale ese sí: que le oiga de tu boca y será +el más feliz de los mortales. + +--¿Y cuándo? ¿Y de qué suerte? No: no le digas nada. Tengo vergüenza. +Cállate; cállate por piedad. Que se vaya y me deje tranquila en mi +retiro. + +--Ea, mujer, no seas desatinada. ¿Cómo se ha de ir sin contestación, +después del paso que ha dado? + +--¿Y qué le contesto, si no sé qué contestarle? ¿No crees tú que va a +arrepentirse no bien le diga que sí? ¿Crees tú que me ama de veras, con +todo el ser de su vida como yo necesito ser amada; como yo le amaría si +me amase? + +--Vaya si lo creo. Sus palabras infunden la creencia en el entendimiento +más inclinado a dudar. Óyele, y quedarás convencida. Quiero atreverme a +decírtelo. Por Dios, Luz, no te enojes. No he sabido resistir a sus +ruegos. Le he traído en mi compañía. Está aguardando en la cuadra alta. +Voy a llamarle volando. + +Antes de que doña Luz consintiese, su amiga, ligera como una corza, +había salido en busca del diputado brigadier. + +Doña Luz no sabía lo que le pasaba. Estaba agitadísima. Era la primera +vez que se iba a ver a solas con un joven enamorado, en aquel púdico +retiro, donde había vivido los más floridos años de su juventud. Todos +los vagos ensueños de amor, todas las palabras dulces, todos los regalos +del alma se ofrecieron de repente a su fantasía, no ya cifrados en un +ser ideal y aéreo, creación imaginaria, sino aplicados y consagrados al +amor de una persona real y llena de vida, cuyas excelentes prendas se +complacía en reconocer y cuyo afecto hacia ella adulaba su orgullo. + +La sombra melancólica del P. Enrique cruzó por su mente, +entristeciéndola. Miró la imagen del Cristo muerto y se le antojó que se +parecía al P. Enrique. Era de día claro. Entraba el sol por la ventana, +y sin embargo, sintió cierto temblor al mirar el Cristo. Acudió a él +precipitadamente y le cubrió con el otro cuadro. + +Como para apartar de sí toda imagen tétrica se miró entonces al espejo. +Se vio hermosa, gallarda, toda lozanía, juventud y elegancia, y halló +natural, casi forzoso, que D. Jaime la amase. + +Después pensó de nuevo en el P. Enrique, pero de otra manera. El mismo +amor de ella hacia D. Jaime aclararía lo que en su inclinación hacia el +Padre podía haber de ocasionado a dudosas interpretaciones. Esto la +impulsaba a creerse y a sentirse enamorada de D. Jaime. Amando a D. +Jaime desaparecería a sus ojos todo lo que hubiera podido tener de raro +su amistad con el misionero. Lo ridículo que en aquellas relaciones +había creído entrever a veces desaparecía ya, y todo se explicaba. + +Esta serie de pensamientos pasó en un instante por el alma de doña Luz. +Un instante no más fue lo que tardó D. Jaime en aparecer a la puerta del +saloncito que doña Manolita había dejado abierta. + +No tuvo D. Jaime que hablar palabra para obtener el permiso de entrar en +el saloncito. Ella le aguardaba; ella le vio venir y le recibió sin +cumplimientos ni ceremonia. + +Doña Manolita se quedó fuera y D. Jaime entró solo. + +Llegó precipitadamente donde doña Luz estaba de pie; hincó en tierra +ambas rodillas, y dijo con acento conmovido: + +--Ya lo sabe V. De V. depende mi dicha o mi desdicha. Aquí aguardo mi +sentencia. + +Todo discurso más prolijo hubiera sido absurdo en aquella ocasión; toda +arte vana; toda precaución chocante. + +La puerta del saloncito había quedado de par en par y D. Jaime estaba de +rodillas a los pies de doña Luz. Se diría que se acababa de entregar a +discreción, que todo por su parte estaba dicho, y que a ella tocaba sólo +hablar e imponer condiciones. + +El orgullo de doña Luz se sentía vivamente lisonjeado. Aquel _dandy_, +aquel valiente, aquel hombre de porvenir y de carrera, estaba allí +postrado ante su hermosura, sin más resorte para tanto rendimiento que +el repentino y ardiente amor que ella había sabido inspirarle. + +Doña Luz enmudeció: no acertó a decir palabra alguna; pero en su rostro, +donde no cabía el disimulo y donde se reflejaban todos sus sentimientos, +se pintaban el júbilo, la emoción afectuosa y la agradable sorpresa. + +Como tal vez las nieves detienen y con la misma detención prestan más +brío a la virtud germinal de la primavera, la cual aparece de súbito y +da razón de sí cubriendo los árboles de verdura y los campos de flores, +así el anhelo de amar y todo el ser apasionado del virgen corazón de +nuestra heroína despertaron de repente, reprimidos hasta entonces por la +prudencia, y como dormidos hasta los veintiocho años. Doña Luz sintió +nacer en su espíritu la primavera de la vida; oyó cantar las aves; vio, +como en espejo mágico, el paraíso; aspiró el perfume embriagador de +rosas hadadas, y pensó que se extendían por su seno el calor suave y la +luz dorada de un sol ideal, iluminando y vivificando un mundo bellísimo, +recién creado y oculto en su alma. + +Temió luego que tan rica creación se desvaneciese, que se disipase como +si fuera soñada, y exclamó al fin con extraño candor: + +--¿No me engaña V.? ¿Es cierto? ¿V. me ama? + +--Con todo mi corazón--contestó D. Jaime tomando la linda mano de doña +Luz y estampando en ella un beso. + +--No sea V. loco. Levántese V.--dijo doña Luz, retirando con suavidad su +mano de entre las de don Jaime. + +--No me levantaré--replicó éste--, hasta saber si usted me corresponde. + +--D. Jaime, por Dios, ¿qué quiere V. que yo le diga? Yo no sé si le amo +a V.: pero si el contento que me causa el creerme amada y el temor de +perder esta creencia son síntomas de amor, me parece que le amo. + +Doña Luz se sonrojó como nunca al pronunciar tales palabras, y D. Jaime +se levantó mostrando en su semblante la gratitud y la alegría que la +confesión de doña Luz le causaba. + +Después dijo: + +--Deseche V. todo temor, y conserve la creencia de que la amaré siempre, +y de que mi amor hacia V. sólo puede compararse con el respeto y la +profunda admiración que V. merece. + +Llegadas a ese punto las explicaciones, y yendo por camino tan llano, +todo quedó tácitamente concertado en aquella entrevista, que duró +poquísimo. + +Doña Luz estaba turbada y confusa, pero la majestad severa de su rostro +y ademanes hubiera contenido al amador más audaz. + +Don Jaime se creyó amado, y ni siquiera con otro beso en la mano de doña +Luz se atrevió a manifestar que amaba a su vez, y que estaba agradecido. + +En suma, dado el modo de ser de doña Luz, y después de declarado de +ambas partes el amor, no había trámite, ni coloquio tierno a solas, ni +dilación que valiera. Las bodas tenían que venir a escape. + +Doña Luz era harto vehemente para hablar con serenidad y con frialdad de +otro cualquiera asunto, y a solas, con el hombre a quien casi acababa de +decir: te amo; y era tan casta y tan pura, que helaba todo deseo y +mataba toda esperanza de obtener de ella la más inocente anticipada +caricia o de adelantarse a hacerla sin exponerse a su enojo. + +De aquí el grande embarazo en que se vieron doña Luz y su amante apenas +se dijeron que se querían. Doña Luz, sobre todo, no sabía qué hacer. Se +sentía avergonzada de lo que había dicho, quería huir de las miradas de +aquel hombre, y no se resolvía a huir, temerosa de que su fuga pareciese +artificio o ridícula puerilidad impropia de una mujer de veintiocho +años. + +Por fortuna, doña Manolita presintió por instinto aquella situación +difícil, y libertó de ella pronto a su amiga, presentándose otra vez en +el saloncito. + +Ya, más tarde, durante el almuerzo, en medio de los convidados, a la +vista de D. Acisclo y del P. Enrique, y después de haberse serenado y +repuesto de la primera emoción, doña Luz habló a D. Jaime con reposo; le +halló dispuesto a todo, y como ella no tenía padre ni madre a quien +consultar, ni él tampoco los tenía, ambos determinaron casarse sin ruido +ni aparato, y lo más pronto posible. + +A fin de no dar parte en seguida, sin que nadie extrañase la +prolongación de su estancia en aquel lugar, D. Jaime dijo que se quedaba +una semana más para ver si compraba el olivar que tenía en tratos. + + + + +-XV- + +Primera traza de un idilio matrimonial + + +Difícil es tener nada oculto en un pueblo pequeño. Todo se sabe en +seguida, aun cuando importe que no se sepa. La proyectada boda de D. +Jaime y de doña Luz, que nada importaba que se supiese, no es de +extrañar, pues, que llegara al punto a noticia de todos en Villafría. + +La detención de D. Jaime se atribuyó desde luego a su verdadero motivo, +y nadie juzgó sino pretexto lo de la compra del olivar. + +Aquel caso de amor fulminante y sobre todo aquel tan improvisado +consorcio, dieron muchísimo que decir, comentar y murmurar. + +En los lugares andaluces, nada hay que pasme tanto como una boda +repentina. Por allí todo suele hacerse con mucha pausa. En parte alguna +es menos aceptable el refrán inglés de que _el tiempo es dinero_. En +parte alguna se emplea con más frecuencia y en la vida práctica la frase +castiza y archi-española de _hacer tiempo_; esto es, de perderle, de +gastarle, sin que nos pese y aburra su andar lento, infinito y callado. +Pero donde más se extrema en Andalucía el _hacer tiempo_ es en los +noviazgos. Contribuye a esto, por un lado, la prudencia que, +reconociendo lo grave y trascendental del matrimonio, nos aconseja de +continuo: _antes que te cases, mira lo que haces_. Y contribuye mucho +más, por otro lado, que este _mirar lo que se hace_ es sumamente +divertido; es el mejor modo de matar o de hacer tiempo; es una grata +ocupación, que se proporciona quien no tiene ninguna, y que no bien se +casa se queda sin ella. + +De aquí, sin duda, los interminables noviazgos de mi tierra, en los +cuales además se dan los más bellos ejemplos de firme constancia que +pueden registrar las historias de amor. Noviazgos hay que empiezan +cuando el novio está con el dómine aprendiendo latín, pasan a través de +las humanidades, de las leyes o de la medicina, y no terminan en boda +hasta que el novio es juez de primera instancia o médico titular. +Durante todo este tiempo, los novios se escriben cuando están ausentes; +y cuando están en el mismo pueblo, se ven en misa por la mañana, se +vuelven a ver dos o tres veces más durante el día, suelen pelar la pava +durante la siesta, vuelven a verse por la tarde en el paseo, van a la +misma tertulia desde las ocho a las once de la noche, y ya, después de +cenar, reinciden en verse y en hablarse por la reja, y hay noches en que +se quedan pelando la pava otra vez, y mascando hierro, hasta que +despunta en Oriente la aurora de los dedos de rosa. + +En comprobación de esto se cuenta de cierto novio antequerano, que al +fin tuvo que casarse a los ocho años de ser novio; y que, no bien se +casó, se mostraba afligidísimo por no saber qué hacer de su tiempo. De +otro novio, natural de Carcabuey, he oído yo también contar, como +testimonio de lo arraigada que está la idea de que el matrimonio exige +mucha calma antes de llevarle a cabo, que su futura suegra, considerando +que su hija llevaba ya trece años de hablar con aquel novio, sin que +llegase él a pedirla, y que ella se iba ajando y marchitando un poco, se +resolvió a preguntar al novio qué intenciones traía. Y habiéndose armado +de resolución y hecho la pregunta, el novio contestó muy sorprendido y +un sí es no es contrariado:--¡Válgame Dios, señora! ¿Es esto puñalada de +pícaro? + +Prevaleciendo y aun privando en Villafría tan sanas doctrinas acerca de +la longevidad de los noviazgos, ya se hará cargo el lector del asombro +que produciría aquel arrebato, aquella impremeditación con que doña Luz +se decidió. + +--Esto es un escopetazo--decía uno. + +--Vamos--decía otro--, todo se comprende bien: si ella aseguraba que no +pensaba en casarse, era por vanistorio, porque desdeñaba a los +lugareños; pero, apenas llegó por aquí un currutaco de la corte, cayó +sobre él y le atrapó, como la araña atrapa a la mosca. + +Los pretendientes desdeñados, que antes lo llevaban todo con +resignación, dando por supuesto que los consolaba, que los desdenes de +doña Luz nacían de su amor a Dios y al cielo, cuando supieron que doña +Luz gustaba tanto de la tierra y de otro hombre como ellos, no la +perdonaron tampoco, y censuraron su ligereza. + +--Se ha echado en brazos del primer venido--exclamaban--, sin amor, sin +estimación, porque ni el amor ni la estimación nacen tan de súbito. La +ha seducido el afán de ir a brillar en los Madriles. + +Hasta la gitana buñolera que se ponía a freír y a vender sus buñuelos en +la esquina de la casa de don Acisclo, gitana muy sentenciosa, llamada la +Filigrana, más célebre por sus sentencias que el mismísimo Pedro +Lombardo, dijo en tono irónico: + +--Doña Luz es una perla oriental, y la perla no repara en el pescador, +ni en si vale o no vale; lo que pretende es que la pesque y la lleve a +lucir en el Olen del Oclaye. + +No pocas de tales murmuraciones llegaron a los oídos de doña Luz; pero +no hacían mella en su corazón. Nada de lo que encerraban en sí hallaba +eco en su limpia y tranquila conciencia. Doña Luz era mujer y tenía alma +y sentía necesidad de amor. Su amor, sin objeto visible y humano, había +estado como aletargado hasta entonces. Un objeto digno se ofreció al fin +a sus ojos, y doña Luz le consagró al punto todo su amor. Cada día, cada +hora que pasaba, afirmaba más a doña Luz en la creencia de que don Jaime +lo merecía. El mismo amor de D. Jaime, la decisión con que le había +ofrecido su mano, a ella, desvalida, huérfana y pobre, era la garantía +mejor y más segura. + +En cuanto a que ella se casaba por deseo de ir a figurar en Madrid, doña +Luz reía desdeñosamente al oírlo. Doña Luz tenía resuelto no ir a Madrid +mientras pudiera no ir: quedarse en Villafría viviendo en su casa +solariega; tener allí su centro, su cuartel general, su nido; cuidar +desde allí de sus bienes e irlos mejorando y aumentando; ahogar en su +alma toda propensión celosa; y, no ya consentir, sino impulsar a su +marido a que fuese él solo a la capital, a brillar en el Congreso de +Diputados, en las luchas políticas y en los negocios militares. Doña Luz +quería imitar en esto a Vitoria Colonna, y esperar a su héroe, a su sol, +a su amante, cuando viniese a reposar en aquel rústico asilo, que el +amor de ella había de colmar de hechizos y de deleite. No quería, en +suma, ser para él carga gravosa en Madrid, sino descanso, refugio, +consolación santa y dulce, en aquella aldea. + +En sus amorosos coloquios con D. Jaime, doña Luz desenvolvía todo su +plan. Quería para él gloria, poder, influjo en la corte, y esto +entreverado de una serie de idilios en Villafría, donde ella había de +aguardarle, como Armida benéfica, cada vez que viniese él a reposar en +sus brazos, cubierto de frescos laureles. Don Jaime pugnaba porque doña +Luz había de ir a Madrid con él; pero doña Luz lo repugnaba con tamaña +obstinación, que D. Jaime tuvo que transigir, concertando que por lo +pronto, esto es, mientras no fuesen ambos mucho más ricos, doña Luz +continuaría residiendo en Villafría. + +Todo esto era tan poético que de fijo que el lector, pues lo sabe, no ha +de censurar a doña Luz como la censuraban las gentes de su lugar, sino, +en todo caso, por lo contrario: por sobrado rara y soberbia; porque +prefería vivir muchos meses del año separada de su marido a ser en +Madrid causa perpetua de dificultades prosaicas y económicas, bastantes +a dar muerte al amor más robusto. + +Doña Luz, trazado así con firmeza y por su propia mano el porvenir de su +vida, no veía en su alma sino motivos de satisfacción y de contento. Su +ser íntimo florecía. El dulce anhelo de ser esposa y madre la conmovía +con presentimientos de inefable ternura. Una claridad interior iluminaba +su mente, beatificándola; y parecía que, trasminando a lo exterior, +irradiaba en su semblante y prestaba a su hermosísimo cuerpo mayor +beldad que nunca. Así como los campos se cubren de lozanía al llegar la +primavera, así como el cielo se tiñe de púrpura y oro cuando el sol va a +salir, así doña Luz se mostraba entonces más gallarda y refulgente. + +Su alegría era tan noble, tan generosa y tan confiada, y la expresión +divina que esta alegría prestaba a su figura gentil era de tal suerte +simpática, que la censura quedaba desarmada al cabo, y al mirarla, +tenían que bendecirla todos los hombres. + +En su ánimo era casi todo luminoso y alegre. Sólo quedaba, allá en lo +más hondo, un pequeño rincón, donde no penetraba bien la luz, y donde, +de cierta manera confusa, había como un germen, como una semilla apenas +perceptible de disgusto y de intranquilidad. Doña Luz, sin darse bien +cuenta de ello, por instinto salvador, trataba de arrancar aquella +semilla, de ahogar aquel germen, a fin de que no brotase de él la hierba +ponzoñosa. + +Doña Luz pensaba en sus anómalas relaciones con el P. Enrique; en +aquella amistad vivísima, en aquel afecto que siempre le había mostrado. +Claro está que para doña Luz aquello no podía tener ni remotamente nada +de común con el amor. Mas, por lo mismo, su afecto hacia el Padre debía +permanecer, y las demostraciones de este afecto no debían cesar ni +mitigarse, so pena de que ella se inclinara a creer que eran de la +propia esencia que lo que daba de su alma al esposo futuro; que había +procedido como veleidosa e inconstante; que había puesto en uno, no lo +libre, lo intacto, lo jamás dado a nadie, que atesoraba solícito su +corazón, sino algo o mucho de lo que había antes dado a otro y +quitádoselo luego. + +Así, pues, doña Luz se esforzó, aunque en balde, por estar como siempre +de afable y cariñosa con el P. Enrique. Y, como viese que no podía, como +viese que del tocarse su alma con la del Padre, ya por la palabra, ya +por la mirada, cuando antes parecía que brotaban calor y magnética +lumbre, entonces se formaba hielo, se lo explicó suponiendo que no hay +brío ni vigor en los corazones humanos para varios afectos, y que, donde +uno impera, los otros caen y desmayan, aunque sean de muy distinta +condición y naturaleza. + +El alma del Padre continuaba siempre para doña Luz clara, diáfana e +impenetrable, como la mar profunda que ciñe y abraza las costas +andaluzas. El sol atraviesa muchas capas de agua y todo lo llena de +claridad; pero, allá en lo más hondo, se pierde y ofusca la mirada, +entre iris, reflejos, tornasoles y relámpagos argentinos, y nada se +distingue con exactitud y fijeza. El Padre no había cambiado, en +apariencia al menos. La misma serenidad, la misma dulzura de siempre. No +se alteraba su voz al hablar de D. Jaime ni con D. Jaime. Al hablar con +doña Luz, mostraba el Padre la antigua afectuosa benevolencia. Ni una +palabra donde ni remotamente se sintiese una punta de ironía, de pique o +de despecho. + +«O el Padre tiene sobre sí propio un dominio inverosímil--pensaba doña +Luz--, o no me ha amado jamás. Sería de ver que la sospecha de Manuela, +que yo oí como injuria llena de maliciosa villanía, hubiese sido en el +fondo una creación ridícula de mi vanidad, que, profundizando bien el +asunto, me halagaba en vez de enojarme. No; no cabe duda: el bueno del +P. Enrique me estima; me tiene en alto concepto, merced a su mucha +indulgencia; me quiere como a prójimo predilecto; pero todo lo demás es +sueño absurdo; es presumida imaginación mía. Y más vale así». + +Y al terminar doña Luz con estas palabras, suspiraba para desahogarse, +como quien se quita grave peso de encima. + +En otras ocasiones, ansiosa de descargar más aún su conciencia, de +declinar toda responsabilidad, aunque por los raciocinios anteriores se +había demostrado a sí propia que no tenía nada de disgustoso de que +salir responsable, doña Luz iba esfumando en su memoria todos los +favores que había hecho al Padre; iba quitando todo valer y +significación a las muestras de afecto que le había dado; y lo iba +reduciendo todo a las mezquinas proporciones de una amistad fría y +severa, como la que puede y debe mediar entre un discípulo y un maestro, +ahuyentando de sí o borrando cualquier enojoso recuerdo, falso en su +sentir, hasta de la menor coquetería inconsciente, por parte de ella. + +Entre tanto, pasaban los días y se aproximaba el de la boda, que había +de ser sin ningún aparato. + +Don Acisclo y Pepe Güeto, no obstante, habían hecho un corto viaje a +Sevilla para comprar regalos a la novia, cada cual según sus facultades. + +El de D. Acisclo fue magnífico. Consistía en unos pendientes y en un +broche de brillantes, que le costaron dos mil duros. El de Pepe Güeto +fue un brazalete que le costó diez mil reales. + +Don Jaime había encargado a Madrid algunas galas y joyas, que debían +llegar de un día a otro. + +Don Jaime mostraba viva impaciencia; parecía enamoradísimo, y trataba de +apresurar la boda. + +Mientras más se acercaba el suspirado día, más tiernos estaban los +novios; sus coloquios íntimos eran interminables: juntos salían a +caballo, doña Luz en el suyo, y D. Jaime en otro bastante bueno y +bonito, de la propiedad de D. Acisclo; y también iban de paseo a pie, en +compañía de doña Manolita, muy ufana de haber sido la mediadora en +aquella feliz alianza. + +El P. Enrique iba siempre a comer en casa de D. Acisclo, pero alegando +que tenía que escribir o que estudiar, se quedaba a almorzar en su casa, +donde su criado Ramón le preparaba y servía un frugal desayuno. + +También de la tertulia de por la noche, o ya se retiraba más temprano +que de costumbre, o ya se retraía el Padre: pero esto no era de +extrañar. + +Don Acisclo y Pepe Güeto le dieron el ejemplo. Ciertamente que la +conversación en voz baja de los novios y su involuntaria abstracción de +todos los circunstantes no convidaban a otra cosa. + +El médico D. Anselmo iba y venía, permaneciendo poco tiempo en la +reunión. Ya no disputaba ni sacaba a relucir sus filosofías, porque doña +Luz no prestaba atención a nada que no fuese D. Jaime. + +Resultaba, pues, que la tertulia, tan bulliciosa antes, se hallaba casi +siempre en cuadro. + +Don Acisclo, D. Anselmo, Pepe Güeto y el Padre se escabullían; y +quedaban solos los novios, en su eterno palique, como decía doña +Manolita; ésta, que se resignaba con gusto a hacer el papel de dueña; el +galgo Palomo, que se echaba a los pies de D. Jaime, a quien había tomado +mucho cariño por conocer instintivamente el mucho que le tenía su ama; y +a veces el cura D. Miguel, a quien los cuchicheos de los amantes +producían idéntico efecto que los gritos y discursos de los filósofos, +dejándole gratamente dormido, y soñando quizá en el gran papel que le +tocaba hacer en aquel drama regocijado, cuando echase a los novios las +bendiciones. + +Huérfanos ambos novios de padre y madre, y decididos a que la boda se +celebrase sin dar parte a nadie y sin ruido, lo concertaron todo tan +deprisa que ya no les faltaba sino cuatro días para verse casados, +exentos del cuidado de convidar a nadie de Madrid, y de llamar a amigos +o a parientes para que asistiesen a la boda en aquel lugar. + +Al mismo D. Acisclo, agradeciéndole mucho su regalo suntuoso, y las +intenciones que tenía de convidar a toda su parentela, y de dar una +comilona y un baile, le suplicó doña Luz que no hiciese nada; que ella +quería casarse, ya que no en secreto, en silencio. + +--A cencerros tapados--dijo D. Acisclo, que era muy aficionado a usar en +sentido metafórico la palabra _cencerro_. + +--Eso es: a cencerros tapados--contestó doña Luz. + + + + +-XVI- + +Meditaciones + + +El P. Enrique, según hemos apuntado anteriormente, no estaba ocioso: no +limitaba la actividad de su vida a hablar en la tertulia de D. Acisclo. + +En la soledad de su cuarto se pasaba horas y horas leyendo y +escribiendo. + +Como era modestísimo, no esperaba hacer algo que, dado al público, fuese +de gran utilidad, y sin embargo escribía una obra extensa de la que no +levantaba mano. Era una apología o nueva defensa del Cristianismo contra +los ataques de los más flamantes filosóficos panteístas, positivistas y +materialistas. + +El singular y simpático candor del Padre se revelaba en cada frase de +este notable escrito. Se diría que todo él era, más que un libro de +polémica, un monólogo, o mejor dicho un diálogo, en que alternaban dos +voces de la misma alma. Su entendimiento frío, calculador, apartado de +la fe, proponía cuantos argumentos, ya metafísicos, ya históricos, ya +tomados de las ciencias de observación, pueden presentarse contra la +revelación sobrenatural, contra la vida inmortal del espíritu y aun +contra Dios mismo. Y su entendimiento también, ilustrado de mayor luz y +acompañado y fortalecido por la fe, respondía a los argumentos +susodichos, aquietándose con la victoria. + +Allí nada había de afectado ni de convencional. Era el ser del Padre, +que se retrataba fielmente. Se diría que su fe, encerrada en interior y +fuerte alcázar, peleaba contra el humano discurso, que no quería +destruirla, pero que hacía cuantos esfuerzos son conducentes para ello, +a fin de verla salir vencedora y triunfante de estos esfuerzos mismos. + +Desde la venida del diputado D. Jaime, el Padre iba cada día +deteniéndose menos en casa de su tío, y por consiguiente quedando más +tiempo en su estancia solitaria. + +La obra, con todo, no cundía ni adelantaba por eso. Antes bien, el padre +escribía en ella menos que nunca. Se sentaba en su bufete; se colocaba +delante el libro en blanco, donde iba vertiendo sus ideas conforme se le +ocurrían, salvo el ponerlas más tarde en orden según un plan sabio y +bien meditado; tomaba la pluma por último; pero todo era en balde. No se +presentaba nada claro y concreto que decir. Un mar de pensamientos y de +sentimientos se agitaba en su espíritu, como si viniese sobre ellos el +más violento huracán, barajándolo y revolviéndolo todo, por donde, en +vez de una creación armónica, brotaba el caos tenebroso. + +De esta suerte, después de soltar la pluma, los codos sobre la mesa, la +diestra en la mejilla, se pasaba el Padre largas horas sin escribir y +sin hacer nada. Otras veces andaba por el cuarto a largos pasos. Otras +se echaba en un sillón y se cubría el rostro con las manos. Jamás se +había sentido tan inactivo, tan incapaz y tan infecundo. + +Un día cerró con despecho el volumen en que iba escribiendo sus apuntes, +y se puso a escribir en hojas sueltas. La inspiración entonces vino sin +duda en su auxilio. La pluma corrió precipitada como si el torrente de +ideas que tenía que verter le imprimiera un movimiento extraordinario. + +¿Por qué raro hechizo hallaba el Padre esta facilidad para escribir en +hojas sueltas, cuando tan premioso estaba para escribir en el libro? El +hechizo no estaba en el libro ni en las hojas sueltas, sino en el +asunto. + +El Padre se acababa de decidir a escribir sobre otro, que singularmente +le importaba, que le preocupaba hacía tiempo, que pesaba sobre él, y del +que era menester desahogarse. Por esto la pluma corría. + +El padre estaba fijando en el papel lo más recóndito de su alma. + +«No basta--escribía--, ¡oh mi Dios!, que yo me confiese contigo. ¿Qué +tinieblas no penetras Tú con tu claridad? ¿En qué abismo no se hunde tu +mirada? Tú lo sabes todo. Nada tengo que decirte. Sólo debo pedirte +perdón. Pero el peso de este misterio de mi alma me abruma, mientras sin +tomar forma, sin revestirse de la palabra, vive en mi centro, +conociéndole tú solo. Es indudable: aun prescindiendo de la virtud +sagrada del sacramento, la confesión es un manantial de consuelos; es, +cuando menos, un alivio. Confesar a alguien nuestra pena, nuestra +humillación o nuestro pecado, es compartirlo todo con él. Pero ¿a qué +semejante mío podría yo confesarme? Los amigos, los sabios directores de +mi conciencia, aquellos en quienes yo me confiaba, están muy lejos, allá +en los mares e islas del extremo Oriente. Es verdad que todo sacerdote +sentado en el tribunal de la penitencia, investido por Dios mismo de la +facultad de sentenciar y de absolver, recibe por gracia lo que a veces +por naturaleza no ha recibido: bastante lucidez de espíritu para +comprenderlo todo. Y sin embargo, yo no me decido a confesarme con este +excelente y benigno D. Miguel. ¿Qué le voy a decir? ¿Tengo algo de +terminante y de bien calificado? ¿Hay infracción clara de los +mandamientos divinos que constituya mi culpa? Mi culpa es grave, +gravísima, y no obstante, yo no puedo declarársela a D. Miguel sin +referir pormenores, sin aludir a personas, sin comprometer a alguien a +quien no tengo derecho a comprometer. Yo puedo echarme a los pies de +este buen sacerdote, y decirle que soy soberbio, envidioso, impuro, y +pedirle que me castigue y luego me perdone; pero lo íntimo de mi falta +quedará por confesar: es por mil razones inenarrable para él. + +»¿Es por esto mi confesión imposible? En cierto modo, yo puedo aliviarme +del peso que me fatiga, sacándole fuera de mi alma, encadenándole en la +palabra escrita, aunque nadie la lea. La palabra es don divino, y posee, +entre mil otras virtudes, una admirable energía consoladora. Lo que se +fija y encierra en letras, queda allí como preso y atado, y no lastima y +destroza tanto el corazón como lo que persiste en él inefable e informe. +Además, para conocerme mejor, para ver mi mal, conviene presentármele de +una manera distinta. El aspecto exterior, nuestro semblante, ¿cómo verle +sin que en un espejo se refleje? Así el alma, así las heridas que en +ella hay, aunque duelan, aunque aflijan, no se comprenden, no se +perciben por completo, cuando quedan confusas en el fondo del alma +misma, y no se expresan y declaran en el lenguaje humano. Quiero, pues, +estudiarme con valor, romper o desatar la venda o compresa que las +cubre, y catar yo mismo mis heridas. + +»Obra de Dios es la hermosura. Mas no acusemos a Dios del uso que puede +darse a su obra. Fabrica el alfarero un vaso primoroso, y no es +responsable del veneno que luego se deposita en él y que tal vez apura +hasta las heces nuestro sediento labio. + +»Ella es hermosa de alma y de cuerpo. Sus ojos, azules como el cielo, no +revelan sino ideas y sentimientos llenos de limpia honestidad. No puedo +acusarla de la menor provocación, ni siquiera instintiva y por ella +ignorada. Ni reflección traidora, ni ciego instinto hubo jamás en ella +de perderme. Y esto fue la causa de mi perdición. Contra los efectos de +aquella reflección o de aquel instinto de sobra hubiera yo acertado a +precaverme. Ni siquiera hubiera yo tenido que tomar precaución alguna. +Conocido el intento, patente a mis ojos el engaño, me hubiera disgustado +en lugar de atraerme. Su propia inocencia, su candidez purísima ha sido, +pues, como agudo puñal con que ella ha traspasado mi corazón. Creyéndome +ella todo de Dios, poseedor de sus favores, vidente de sus perfecciones, +regalado y deleitado con sus dulzuras, ni pudo recelar extravío, ni +quiso presumir con soberbia que por ella hubiera yo de olvidarme de +Dios. Por eso me mostró la beldad interior de su alma en toda la +desnudez inocente y casta de quien nada teme. Me abrió su corazón, y me +dejó entrar en lo íntimo de su conciencia, y yo me embriagué con su +aroma. + +»Un plan astuto, hábilmente forjado por mi pasión, maduró en mi +pensamiento, mostrándose como exento de pecado. Para forjar este plan, +me apoyé en las condiciones de su carácter y en las circunstancias de +que la rodeaba la ciega fortuna. ¿A quién había de amar ella en estos +lugares? Si hasta los veintiocho años había vivido sin prendarse de +hombre alguno ¿no era probable, casi evidente, que viviría ya de la +misma manera el resto de su vida? Todo aquel brío de voluntad, todo +aquel tesoro de amor que yo descubría en su pecho, todos aquellos +pensamientos elevados y generosos que agitaban su mente, todas aquellas +aspiraciones sin nombre, infinitas, divinas, que germinaban en su +espíritu, en perenne primavera ideal, todas aquellas flores celestiales, +nacidas en el huerto sellado de su fantasía y cultivadas con esmero por +su recto juicio, propenso por naturaleza, educación y gracia, a lo santo +y puro ¿a quién había ella de dedicarlos y consagrarlos? A Dios, y nada +más que a Dios, pensé yo. Pero, con intención egoísta, confesándola +apenas, concerté luego conmigo mismo en ser yo el medio por donde tanto +bien volviese a Dios, de donde había provenido. + +»¿Quién sino yo podía comprenderla en este lugar, entre gente zafia y +villana? ¿Quién ordenar y aclarar sus vagos ensueños? ¿Quién interpretar +los enigmas? ¿Quién señalarle el blanco adonde importaba dirigir +oraciones y suspiros, para que no fuesen como mal disparadas saetas que +se pierden en el aire y acaban por dar en tierra, sin llegar a herir +dicho blanco? ¿Quién acabar de abrir a su razón, ansiosa de verdad, el +recinto misterioso de las más sublimes doctrinas? ¿Quién declararla el +por qué y el cómo de las cosas, hasta donde es posible saberlo? ¿Quién +servir de guía a su espíritu en sus vuelos audaces, cuando subía por +cima de todo lo natural y creado, anhelante de tocar a la inaccesible, +eterna e inexhausta fuente de donde mana? En suma, yo me lisonjeé de ser +su maestro, su amigo, el depositario de sus ideas, el que oyese, +moderase y avivase o templase a su placer las palpitaciones profundas de +su corazón entusiasta. Todo el raudal de amor que de él brotaba y que +iba a ti, Dios mío, no, jamás pensé en robártele y guardarle para mí; +pero pensé con egoísmo en abrir cauce en mi espíritu a aquel claro, +impetuoso y cristalino torrente, a fin de que llegara por él a su +centro. Nunca soñé con ser el término de la carrera del raudal, sino con +ser el camino por donde sus limpias ondas se fueran derivando, +hermoseando el camino al paso, y reflejando en él el cielo sereno y +todas las galas de la tierra, con más primor en el reflejo y con mil +veces mayor hechizo que en la realidad misma. + +»¡Qué bien me has castigado, Dios mío! ¡Qué bien me has castigado! Pero +si en el castigo venero y acato tu justicia, te doy gracias por tu +misericordia. ¿Qué no merecía yo por mi delito? Mi indigno cálculo ha +sido desbaratado; mi insano sofisma se ha vuelto contra mí: yo mismo he +quedado envuelto en la red cautelosa que había tendido. + +»Harto lo reconozco ahora. La concupiscencia del espíritu es la peor de +las concupiscencias. Repugna por anti-natural. No la atenúa la +consideración de que nuestra sangre está viciada. No es vicio, en quien +el vigor y la salud del cuerpo, si no hermosean, mitigan la fealdad. Es +pecado pasado por alambique: extracto, esencia, refinamiento espantoso +de lascivia. + +»¿Y cómo estaba yo tan ciego para no verlo y horrorizarme? Yo lo creía +todo etéreo, santísimo, limpísimo. Hasta ha habido instantes de +obcecación, en que la he culpado, en que la he tildado de inconsecuente, +de falsa, de perjura, de infiel.... ¡Cielos santos! ¡Qué frenesí fue el +mío! Ella no me prometió nada; ella no se ligó conmigo por lazo alguno. +Ella me amaba antes como ahora me ama. No, no ha habido mudanza en ella. +Si ella hubiera visto antes lo que yo tenía en el pecho, no hubiera sido +menester que llegase D. Jaime para que se apartase de mí con horror. Yo +mismo no lo veía antes. Ahora lo veo y me horrorizo. Abominables +sentencias, infames propósitos, conjuros del infierno, estaban grabados +en mi pecho, como en lámina de bronce, pero con tinta invisible, que +sólo el reactivo de los celos ha hecho patente para mi vergüenza. + +»El cielo ha humillado mi soberbia. Yo me estimaba en más, en muchísimo +más de lo que soy. Mis trabajos, mis penitencias, mis largas y +peligrosas peregrinaciones y misiones se me figuraba que habían ganado +para mí el favor del cielo; que habían revestido este pecho mortal de un +escudo, de una coraza diamantina, que me había hecho invulnerable. Yo +soñé que había ahogado en el inmenso piélago del amor divino todos los +otros amores terrenales y caducos. Yo me figuré que ya no podría amar +nada, ni a nadie, sino por el amor de Dios. Creí que toda beldad +perecedera, que toda bondad de las criaturas, que toda gracia, que toda +luz, no sería a mis ojos sino reflejo débil y frío de la beldad, de la +bondad, de la gracia y de la luz eternas, cuyos fulgores imaginaba +entrever, en cuyas llamas me complacía en sentir ardiendo mi corazón. +¡Cómo me adulaba el espíritu tentador a fin de hacerme caer! ¡Cuán +astutamente me engañaba! ¡Cuán ciega confianza fue la mía al principio! +Así como hábil jardinero, si descubre entre malezas una planta +nobilísima, la lleva a su jardín y la cultiva con afán para que todo +vicio contraído entre las malezas acabe, y para que, merced a su cuidado +prospere la planta y dé al fin lindas y aromáticas flores y sabrosos +frutos; así yo, al hallar la bella alma de esta mujer, henchido de +fatuidad, me propuse mejorarla, hermosearla más, purificarla de todo +defecto y hacerla florecer y fructificar abundosamente en virtudes, +conocimientos y perfecciones. Esto es lo que a las claras me sugería el +infierno; esto es lo que sólo me confesaba yo a mí propio; pero, allá en +el fondo de mi contaminado espíritu bullían otras ideas, hervían otros +propósitos, como nido de víboras cubierto de hierbas medicinales. Hoy +sólo me incumbe alabar a Dios por el desengaño, y agradecer a don Jaime +que, apartando esas hierbas, haya inquietado a las víboras en su nido y +haya hecho que yo las vea y las sienta y procure arrojarlas de mi pecho, +aunque para ello sea menester hacerle pedazos. + +»Dios mío, Dios mío, si estás en mi alma, si no la has abandonado, acude +a mi voz y consuélame y perdóname. ¿Qué vale ella, qué vale toda su +hermosura, toda la lozanía de su mocedad, toda la noble altivez de su +mirada, todo el ritmo de su forma, toda la gracia de sus movimientos, si +acierto a volver de nuevo mi mente y mi voluntad hacia ti, en quien no +hay excelencia, beldad y gracia que no se cifren y resuman? + +»¿Por qué pusiste, Dios mío, esta sed inextinguible de amor en el centro +del alma? Sin duda para que en lo divino se hartara. Pero, bien lo sabes +tú: yo te he buscado en el centro del alma, y, si por dicha te hallé, +fue sólo entre tinieblas, vago, indeterminado, confuso. Así te he amado +sobre todas las cosas. Así me he abrazado estrechamente contigo. Yo he +creído ver la gloria y esplendor de tus atributos, y te he amado y +alabado.... ¿Por qué, pues, no me mostraste con nitidez tu beldad, en la +pura idea, allá en lo hondo del pensamiento mío? ¿Por qué esta beldad, +reflejo tuyo, ha hecho su aparición deslumbradora, lejos de ti y fuera +de mí, hiriendo lo profundo de mi ser, no de un modo inmediato y +espiritual, sino por medio de los sentidos groseros? + +»Perdóname, Señor. Mil blasfemias brotan de mi pluma. El pecador +indigno, que debe dar estrecha cuenta de sus acciones, quiere mover +pleito a tu bondad y apelar de tu justicia. Pero tú sabes cuánto +padezco, y me compadeces y tal vez me perdonas. Tú llenabas antes mi +alma. La vi, me aluciné, y ella llenó mi alma en el lugar tuyo. Hoy, +cuando ella me abandona, el vacío, el abismo y la soledad que siento me +aterran. + +»Pensamientos impíos nacen en mí. Veo patente la inmensidad, la +omnipotencia del amor, único fin de la vida. A ti mismo, sólo con amor y +por amor se llega; pero la duda me desespera y atribula. Dudo de que +pueda mi ser finito satisfacer su amor enlazándose a un ser infinito, +que ni cabe en su entendimiento ni su razón comprende. El amor aspira a +Dios; pero ¿cómo alcanzarle? La fe me da alas para llegar hasta ti; pero +tengo perdida la esperanza, y las alas se rompen. Dejé de tender el +vuelo hacia ti. Quise confundir mi alma con la de ella, para que unidas +fuésemos ambas almas en busca tuya. Y ella me ha dejado. Mi alma está +sola, en la tenebrosa región del éter, en el vacío insondable y frío, +sin astro que le dé luz ni calor, lejos de todos los soles, más lejos +aún de donde tú moras. Dios mío, Dios mío, ¿qué será de mi alma? + +»Hubo en mi afecto por esta mujer una serenidad y una limpieza harto +engañosas. Me la fingí etérea, fantástica; intangible, como deben ser +los ángeles; inasequible, durante la vida mortal, como es el cielo. Hoy, +cuando pienso que va a caer en brazos de un hombre, en balde lucho por +apartar de mí las imágenes que mi fantasía me traza y presenta. Antes +creía admirarla con un sentimiento a manera del sentimiento del arte, +desinteresado, exento de fin y de utilidad y de deleite, que en él no +estuviera. Y hoy veo que sus labios piden besos y los van a dar, y que +todo su gallardo cuerpo no está sólo destinado a la especulativa +contemplación, con la inmóvil e impasible tranquilidad de la estatua, +sino a que el alma enamorada palpite y se estremezca en todo él +haciéndole mil veces más bello y deseable. + +»¡Dios mío! ¡Qué envidia! ¡Qué ira! ¡Qué tempestad de malas pasiones +conmueve mi corazón! ¿Por qué no acabas con mi infame y miserable vida? +¡Ay!... la muerte... la muerte... antes de que llegue el día en que se +casen». + +El escritor tranquilo y crítico procura poner y cuando tiene habilidad +pone en sus escritos lo mejor de su alma. + +Allí se mira él luego, y se deleita mirando su interior belleza. Por el +contrario, el escritor apasionado se alivia escribiendo, como si lanzase +fuera de sí la ponzoña que le corroe y mata. + +Escritor de esta última clase, en la presente ocasión, el P. Enrique +depositó en el papel, con el desorden que hemos visto, sus más negros y +envenenados pensamientos. Hizo luego un violento esfuerzo sobre sí, y se +quedó relativa y aparentemente tranquilo. + +Tenía colgado de la pared un Cristo de marfil, clavado en una cruz de +ébano, y de rodillas ante él, rezó y pidió perdón de sus pecados y de +las blasfemias y maldades que acababa de escribir a fin de libertarse de +ellas y de no volver a pensar en ellas, si era posible. El Padre pedía a +Dios un milagro: olvidarla, dejar de amarla, que Dios hiciese de suerte +que él viniese a entender que no era a doña Luz a quien había amado, +sino a un fantasma parecido a doña Luz, cuyo bulto nebuloso se sustraía +a todo abrazo corporal, cuyo corazón no latía más vivo al sentirse +estrechado por otro, cuyos labios no besaban ni cedían comprimidos por +los besos de otros labios, y cuyos pies, en suma, no tocaban este bajo +suelo. + +Como quiera que fuese, o ya por dolor de que no cupiera en lo probable +tan raro milagro, o ya por fervor religioso que suavizaba sus amargas +penas, el P. Enrique vertió dos lágrimas que bajaron con lentitud por +sus mejillas descarnadas. + +Después, como hombre acostumbrado a vencerse, con gran dominio sobre sí, +y en extremo vergonzoso de todo acto que ofendiese la dignidad de su +persona, el Padre se calmó, compuso su semblante, procuró darle la +expresión habitual, y empezó desde entonces a trabajar para aparecer +impasible y sereno hasta el mismo instante en que doña Luz y D. Jaime se +diesen el sí al pie del altar y recibiesen la bendición del sacramento +que para siempre había de unirlos. + +Lo escrito en las hojas sueltas lo guardó el Padre dentro del libro de +la nueva apología, y lo encerró bajo llave en el cajón de su bufete. + + + + +-XVII- + +La boda + + +Don Jaime, entre tanto, había traído para la novia un hermoso traje, y +collar y pendientes y broche muy ricos de diamantes y perlas. Doña Luz +no pudo menos de reprenderle por esto. Tildó su excesiva generosidad de +desatino, de imprevisión y de censurable despilfarro. Ella misma sintió +como remordimientos de ser causa de aquel gasto ruinoso; pero los +remordimientos de doña Luz iban mezclados con una dulzura grandísima, al +reconocer ella en aquel gasto la más irrefragable prueba de amor. Las +censuras severas, que su buen juicio le dictaba, salían de sus labios +neutralizadas ya por la sonrisa y por la blanda languidez del acento con +que las profería, y acababan de perder todo su valor, convirtiéndose en +apasionadas muestras de gratitud, merced a las miradas cariñosas con que +las acompañaban sus ojos. + +Doña Luz distaba mucho de ser vana, y distaba más aún de ser codiciosa. +No la movía el interés; no la deslumbraba el brillo del oro y de la +pedrería. Lo que la encantaba era la locura misma que D. Jaime hacía por +ella, el desprendimiento generoso y el sacrificio desmedido que +representaba aquel regalo, en proporción a la fortuna de D. Jaime. + +El regalo, pues, si ya no hubiese estado doña Luz tan prendada, hubiera +acabado de enamorar y seducir su corazón. + +Doña Luz, que se creía dotada de un instinto infalible para adivinar por +el rostro la índole de las personas, había fallado desde luego que D. +Jaime era franco y generoso. El regalo la corroboró en su buen concepto. + +Don Acisclo, cauteloso y prudente, no bien había sabido que doña Luz +trataba de casarse, aunque conocía con certeza el nacimiento, la +posición y los bienes de D. Jaime, propuso a doña Luz que él pediría +informes acerca de la conducta del novio. En sentir de D. Acisclo, era +menester saber si en Madrid había dejado relaciones amorosas, si era +jugador o calavera, si tenía algún hijo natural y otros pormenores por +el estilo. + +Doña Luz contestó que le indignaba tal espionaje; que su amor a don +Jaime era la mayor garantía del valor de D. Jaime: que si ella dudase de +él no le amaría; y que amándole, ella misma se ultrajaba, dudando de él. + +Don Acisclo oyó estas y otras razones que le parecieron enrevesados y +absurdos tiquis-miquis; no hizo de ellos el menor caso; y escribió y +pidió informes a varios sujetos muy conocedores de todo en Madrid. Los +sujetos respondieron concordes que D. Jaime era un varón discreta y +altamente morigerado; que no tenía ni había tenido relaciones que le +comprometiesen; que no jugaba, o que si jugaba, no perdía; y, en cuanto +a los hijos, que lo único que podían asegurar es que no habría ninguno +que pidiese a don Jaime que le reconociera por tal, dándole su nombre, +pues ya ellos, si existían, tendrían el suyo cada uno. + +Se guardó muy bien D. Acisclo, aunque palurdo, de referir a doña Luz, en +todas sus cínicas menudencias, el resultado de sus investigaciones; pero +no quiso ocultarle que las había hecho, y, lleno de júbilo, se complació +en declarar a doña Luz que casi había venido a averiguar que D. Jaime +era un dechado de virtudes. + +Llegó, por fin, el día en que se celebró la boda sin el menor aparato. +El cura D. Miguel casó a doña Luz y a D. Jaime. Sólo fueron testigos o +se hallaron presentes D. Anselmo, Pepe Güeto y su mujer, don Acisclo y +dos de sus hijos, un íntimo amigo de don Jaime, venido para ello de la +corte, coronel de caballería, y llamado D. Antonio Miranda, y los +criados de la casa de D. Acisclo. + +El P. Enrique fue también testigo de la boda. Su fuerza de voluntad +triunfó de todos los obstáculos. Estuvo impenetrable. Nadie hubiera +podido sospechar que aquel tranquilo y alegre testigo de la boda era el +mismo que había escrito, pocos días antes, las apasionadas palabras que +ya hemos leído. + +El P. Enrique no se olvidó de nada. Habló a doña Luz con el mismo afecto +de siempre y a D. Jaime con la más amable cordialidad. + +No quiso tampoco ser menos que Pepe Güeto y doña Manolita, dejando de +hacer un presente. Sus medios no alcanzaban para comprar joyas, ni él +las poseía; pero conservaba aún, a pesar del regalo hecho a D. Acisclo +cuando vino de Filipinas, varias armas japonesas, chinescas e indias, +con las cuales se podía formar una bella panoplia, y un extraño ídolo de +bronce que representaba al dios Siva. Este fue el presente que hizo el +padre Enrique a don Jaime para que adornase su despacho. + +El P. Enrique se había venido a vivir en casa de su tío la víspera de la +boda, dejando libre la casa de doña Luz, donde ésta se fue a vivir con +su marido en cuanto se casó. + +La luna de miel empezó entonces para doña Luz, no menos dulce y más por +lo sublime que la de su amiga doña Manolita. Con el trato y la +convivencia, lejos de menguar la estimación que tenía ella a don Jaime, +se aumentó de continuo, descubriendo doña Luz en su marido o creyendo +descubrir nuevas prendas de entendimiento y de carácter. + +Sea efecto de la educación o de la naturaleza, lo cierto es que mientras +al hombre, por lo general, le enoja saber que su mujer, su novia o su +querida ha tenido otros amores, a la mujer le encanta y enamora más +saber que su marido o su amante los tuvo. Y esto por recatada que ella +sea y por celosa que se muestre. En una mujer son las prendas que más +las honran la honestidad y el recato; en un hombre el entendimiento y el +valor. De aquí que hasta la doncella más religiosa y moral, lejos de +mostrar repugnancia por su futuro cuando entrevé que ha sido hombre de +las que llaman ahora _buenas fortunas_, se entusiasma, se encapricha o +se apasiona más por él. + +Las tales _buenas fortunas_ dan testimonio para ella del mérito del +galán que tan amado ha sido; prestan mayor valor a que el galán se haya +enamorado de ella, pues que la ha preferido entre muchas a quienes podía +rendir o tenía ya rendidas; y hasta parece como que da a ella una misión +alta y moralizadora y lisonjera, a saber: la de apartar a su amante, en +virtud de superiores y más puros atractivos, de la senda algo extraviada +que antes seguía, de darle la jubilación en su empleo de seductor y de +travieso, y de convertirle en inofensivo, sosegado y juicioso padre de +familia. + +La buena educación, las leyes rígidas del decoro, las que se designan +con el nombre o frase francesa de _conveniencias sociales_, no +consienten que un galán se jacte de sus pasadas conquistas ante la mujer +honrada a quien pretende o a quien ya enamora y posee; pero estas +conquistas, no reveladas por él y sabidas por ella, contribuyen +extraordinariamente a que el amor de ella suba de punto. El haber sido +feliz en amores es y ha sido siempre para el hombre el medio más eficaz +de seducción. Y esto desde los tiempos heroicos y primitivos hasta +nuestros días. + +Cuando las citadas conveniencias sociales no lo vedaban, los galanes +empleaban siempre, como recurso para rendir y cautivar corazones, el +recuento de sus felices amoríos ya pasados. Homero, que lo sabía o lo +adivinaba todo, nos refiere que hallándose Júpiter en el Gárgaro, que es +el más alto pico del Ida, Juno fue a verle con el cinturón de Venus +oculto, en el cual cinturón están los hechizos todos del amor, que roban +la prudencia a los varones más circunspectos y razonables. Júpiter, +pues, al ver a Juno, se dejó vencer por la fuerza de aquellos hechizos; +la requirió de amores con la mayor vehemencia; y no encontró modo mejor +de someterla a su propósito y deseo que el de citarle todas sus +travesuras y lances galantes, asegurando que en ninguno de ellos, ni con +Dánae, ni con Leda, ni con Europa, ni con las demás princesas y ninfas +que había seducido, se había sentido nunca tan _emocionado_, permítaseme +la palabrota, como en aquella ocasión. Nada, en efecto, podía lisonjear +más a Juno que el que Júpiter la dijese que ella tenía mayor poder que +las otras para _emocionarle_. + +Algo de esto, ya que el corazón es el mismo siempre, se realizaba en el +de doña Luz, sin necesidad de que D. Jaime trajese a cuento sus pasadas +conquistas, imitando la desvergüenza patriarcal del hijo de Saturno. + +Doña Luz sabía que D. Jaime había sido adorado en Madrid; y, al verle +tan prendado, tan rendido y tan amoroso y humilde, se llenaba de +orgullosa complacencia, juzgándose mil veces más amada que todas sus +antiguas rivales. Para completar su satisfacción, hacía además doña Luz +un deslinde crítico, acerca de este negocio, que rara vez dejan de hacer +las mujeres de su condición y en sus circunstancias. El amor de D. Jaime +por las otras mujeres había sido profano y pecaminoso; el que a ella +tenía era virtuoso y santo; para las otras había nacido de capricho, de +vanidad, de extravío juvenil o de otras pasiones ilegítimas; para ella +nacía el amor de D. Jaime del manantial más elevado y puro del alma, el +cual, con su benéfica corriente, iba purificando el corazón de su amigo, +borrando de él toda huella y toda mancha de las pasadas culpas y +dejándole más limpio que el oro. Toda esta santificación y limpieza +íntima era obra poco menos que milagrosa y sobrehumana del amor de doña +Luz y del fuego purificante de sus ojos. + +Apenas hay mujer, por cándida que sea, que se atreva a decir a nadie +esto que aquí se apunta; pero las más de ellas, cuando se encuentran en +la posición de doña Luz, lo sienten y lo creen a pies-juntillas, aunque +se lo callan por temor de las burlas irreverentes de incrédulos y +bellacos. + +Dimanaba de todo algo como embriaguez de felicidad para doña Luz. Su D. +Jaime parecíale un Dios; pero un Dios que la adoraba a ella y que había +de vivir siempre rendido a sus plantas. + +De aquí que doña Luz aniquilase y como embebiese su voluntad en la de D. +Jaime, cediendo a todo lo que él deseaba. + +Doña Luz cedió en el empeño de quedarse a vivir en Villafría y consintió +al cabo en seguir a Madrid a su amigo. + +Lisonjeada además y avergonzada de los ricos presentes que él le había +hecho, quiso también hacerle uno, y entregó a su marido 30.000 reales +que había ahorrado, a pesar de las muchas limosnas y obras de caridad +que hacía. Con estos 30.000 rs. que D. Jaime, por más que se resistió, +tuvo que aceptar para no ofenderla, a más de gastar parte en amueblar la +casa, dispuso doña Luz que le sacase D. Jaime en Madrid su título de +marquesa. Lo que nunca había querido cuando soltera lo quiso ahora para +que su marido fuese marqués, y ella como que le sellase con su propio +título y sello, juzgando que así le haría más suyo. + +Don Jaime, que hasta entonces había vivido en Madrid modestamente en un +cuartito de soltero, no quería llevar a su mujer a una fonda, ni +alojarla mal al principio; y, de acuerdo con doña Luz, resolvió ir a +Madrid solo, pues además le llamaban del Congreso con urgencia; poner +casa, si bien con economía, como doña Luz llena de juicio se lo +recomendaba; y, luego que la tuviese puesta, volver por doña Luz a +Villafría. + +Este plan era más de doña Luz que de D. Jaime. Mucho le pesaba tener que +separarse de su marido, aunque fuese por muy breve tiempo; pero tenía +grande encanto para ella el que D. Jaime mismo preparase a su gusto la +casa en que había de recibirla, y donde ella se proponía vivir con +modestia y sin frecuentar paseos, teatros y tertulias, para no ser +gravosa gastando. Y no menos la encantaba, no por ella, que en esto no +tenía vanidad, sino por su marido, el que, cuando ella apareciese en +Madrid, estuviese el título sacado, y la pudiesen llamar señora +marquesa. + +En suma, a los doce días de casados, durante los cuales, ciega doña Luz +para cuanto la rodeaba, apenas vio ni habló más que a D. Jaime, éste, +colmado de abrazos y de caricias, tratando de enjugar las tiernas +lágrimas que derramaba doña Luz, y mostrándose él mismo muy conmovido, +salió de Villafría para Madrid, dejando a doña Luz sola en su vetusto y +noble caserón, donde, según queda ya indicado, había ella hecho +trasladar todos los muebles, primores y libros, que en casa de D. +Acisclo habían adornado su habitación antes de la boda. + + + + +-XVIII- + +Glorioso tránsito + + +Con la ausencia de D. Jaime, que no debía prolongarse más de un mes, +quedó doña Luz algo melancólica, si bien de dulce melancolía; pero con +el espíritu más libre y sereno para volver a sus antiguos amigos, en los +ratos en que a solas no se recreaba con el recuerdo del dueño ausente. + +Doña Luz había vivido como en éxtasis, y ahora volvía en sí, y no sólo +pensaba en su amor y saboreaba toda su ventura, retrotrayéndola +reposadamente a la imaginación, sino que sentía, según suelen sentir las +personas todas que se juzgan felices, la necesidad de expansión y el +prurito de estar amable, como si quisiera hacerse perdonar el bien que +poseía; bien, que, por ser tan poco y tan raro en la tierra, siempre +parece que a costa de alguien se disfruta. + +Ello es que la tertulia de casa de D. Acisclo volvió a renacer, +trasladándose a casa de doña Luz. + +Los íntimos asistían a ella todas las noches; a saber, don Acisclo, D. +Anselmo, el cura, Pepe Güeto, su mujer y el P. Enrique. + +La pasada animación renació también con la tertulia. Don Anselmo, +excitado, volvió a desenvolver sus doctrinas de positivismo, y el Padre, +cediendo a las instancias de doña Luz y de su amiga, volvió a discutir +con su acostumbrada dulzura, tranquilidad y sosiego. + +El P. Enrique ni estaba más pálido, ni más flaco, ni más caído que +antes. En su voz no se notaba jamás la menor alteración; nada de +violento ni de atormentado en sus ademanes ni en su gesto. + +Doña Luz solía mirarle, y aun examinarle, con inquietud y disimulo; y no +descubriendo el menor síntoma de la pasión que algunas veces había +supuesto en él, se sosegaba y alegraba, desechando todo recelo, si bien +con una sutilísima y apenas perceptible mortificación de amor propio. Se +diría que doña Luz procuraba taparse los oídos interiores del alma, y +que, a pesar de esto, oía a veces una voz honda, delgada y penetrante, +que la zahería, diciendo: + +«¿Es posible que hayas sido tan vana que hayas imaginado que te amaba +este bendito siervo de Dios? ¿No es ridículo que te hayas atormentado de +puro presuntuosa, calculando los estragos de un mal involuntario que +suponías haber hecho? ¿No temes que el diablo se ría de ti, y que Dios +también se ría, si en Dios cabe risa, cuando miren en lo interior de tu +conciencia y vean cuánto te halagaba, a la par que te asustaba, la fatua +invención de que ibas a matar de amor y de celos a este pobre fraile? +Mira qué impasible está. Desengáñate: él piensa en sus devociones, en +sus libros, en sus estudios, en las obras que escribe, y nada se le +importa de que estés casada o de que estés soltera. ¡Buen castillo de +humo levantó tu orgullo! ¡Curiosa leyenda de amores románticos y +desesperados forjaste allá en tus adentros!». + +Doña Luz, al oír esta malvada voz, que era sin duda voz del infierno, +tenía miedo a que le pesara de que el amor del P. Enrique y sus celos y +su desesperación fuesen ilusorios. + +Por dicha, doña Luz era buena, y era además enérgica y briosa de +voluntad, y pronto imponía silencio a la voz y apaciguaba en su pecho la +turbación y alboroto que la voz causaba. + +Lo más sano y lo más razonable era dar por seguro que el Padre no había +pensado en ella jamás sino como se piensa en un prójimo predilecto, y +que de esto debía ella alegrarse de corazón, y que de esto se alegraba. + +Doña Luz, pues, quiso que en lo exterior, en sus relaciones con el +Padre, en sus conversaciones y trato con él, no se introdujese novedad. +Toda novedad le parecía acusadora de que antes había habido un +sentimiento ilícito que ella había extirpado de su alma, y que, si aún +existía en la del padre, era más ilícito y feo. + +Pudo tanto en doña Luz esta idea, que casi extremó más que nunca sus +muestras de cariño y predilección hacia el P. Enrique. Le tomaba la +mano, le miraba con indecible ternura, le sonreía embelesada, le +aplaudía como sentencias punto menos que divinas todas sus frases, y +buscaba su conversación y se hechizaba con ella. + +El Padre tenía el don raro y funesto de ver en el fondo de los +corazones, y veía en el de doña Luz, y ya, advertido por el desengaño, +conocía el ningún valor amoroso que todas aquellas demostraciones +tenían. Pero así la dulzura de las demostraciones como el pensamiento de +su pertinaz y mal pagado amor le destrozaban el pecho. + +¿Qué sabemos si esto procedía de soberbia o de virtud cristiana o de +ambas cosas a la vez, ya que en el espíritu del hombre se mezclan y +combinan a veces los buenos y los malos instintos, y combaten ángeles +buenos y malos, movidos por encontradas razones, y conspirando, no +obstante, al mismo fin? Lo cierto es, que ni en una queja, ni en un +suspiro, ni en una mirada, ni en una palabra, por sutilmente que +quisiera interpretarse, reveló jamás el Padre Enrique, ni dejó entrever +a los curiosos y ávidos ojos de doña Luz la tempestad oculta en el +centro de su alma. + +No acudir a la tertulia como hasta allí había acudido, e irse del lugar +o a Filipinas o a otro país cualquiera, apenas doña Luz casada, +parecíale al padre mísera flaqueza y confesión pública de su pasión +criminal. Imaginaba que, retrayéndose de todo o fugándose, iba a dar +escándalo, iba a hacer creer lo que hasta allí nadie tal vez había +creído. El padre tenía vergüenza de que nadie, vivo él, llegase a +adivinar su profano amor; pero de nadie tenía más vergüenza que de doña +Luz. + +«Muera yo, Dios mío, muera yo--decía--, antes de que ella sepa que la he +amado, que todavía la amo». + +Para lograr esto, el Padre empeñó consigo mismo la lucha más atroz. Era +menester más dominio sobre la natural condición para vencer en esta +lucha que el del esparciata que sin verter una lágrima y sin lanzar un +quejido se dejó desgarrar el cuerpo por las uñas de una fiera. Ni enojo, +ni envidia, ni celos, ni amor se propuso mostrar el P. Enrique, sino +amistad finísima e inalterable como siempre. Y lo consiguió de tal modo, +que doña Luz acabó por desechar toda sospecha de que el Padre la hubiese +amado nunca. Entonces le juzgó muerto para cuantos afectos vienen a +nuestro ser por los sentidos; le creyó inaccesible a cuanto no pasa +directamente de Dios al espíritu. Así explicaba mejor, dejando a salvo +su vanidad, que el Padre no la hubiese amado. + +Entendía también doña Luz que allá en su pensamiento había ofendido al +Padre, imaginándosele enamorado. Y así por desagravio, como por la +superior admiración que su impasibilidad le causaba, como por el +convencimiento más firme cada vez de que no habría de enamorarle, +hiciera lo que hiciera, se dejó llevar de su afición a prodigarle +finezas y a darle las pruebas más lisonjeras de amistad profundísima. + +El espíritu es fuerte y lo sufre todo; pero nuestro cuerpo es débil, y +el espíritu que encerrado en él acomete empresas inhumanas, superiores a +las fuerzas del cuerpo, acaba por matarle. + +Allá en su mocedad, cuando estaba sano y robusto, el Padre había hecho +grandes penitencias y había sido duro y terrible con su pobre cuerpo. +Más tarde, fatigado y quebrantadísimo por sus trabajos, cedió al consejo +y mandato de médicos y confesores, y se cuidó y no abusó. La idea de que +los excesos de la vida ascética eran como un lento y doloroso suicidio y +de que rayaba en perversión el deformar y destruir en nosotros la más +hermosa obra del Todopoderoso, este ser y esta forma de que el alma se +reviste en la tierra, y que las mismas Sagradas Escrituras llaman templo +del Espíritu Santo, había acudido a la mente del Padre, moviéndole a +desistir de materiales mortificaciones. + +El Padre desde entonces cuidaba de su cuerpo como cuida el esclavo de +una prenda, de una máquina que su señor le confía, a fin de que +sirviéndose de ella haga que la hacienda prospere. Lo que este modo de +pensar pudiese tener de orgulloso lo disipaba el Padre, concediendo en +su mente que en absoluto Dios no necesitaba de él para nada; que su ser +no valía más que el de otro hombre cualquiera; pero que Dios le había +creado para algo y no para que se destruyese, ya que destruirse era +infringir una ley divina, turbar o querer turbar el armónico conjunto de +las cosas, y distraer violentamente una fuerza viva del punto de acción +que la naturaleza le ha marcado. + +Cediendo a todas estas consideraciones, el P. Enrique miraba por su +salud y por su vida, sujetándose a un régimen ordenado y bueno. + +No se hería materialmente, no se atormentaba largo tiempo hacía con +ayunos, con cilicios y con vigilias forzadas; pero en este combate +misterioso en que se aventuró, en este silencio y disimulo, en esta +aparente impasibilidad que adoptó, en esta dominación tiránica con que +su espíritu angustiado quiso imponer e impuso al cuerpo que no dejase +traslucir su dolor ni en ayes, ni en llanto, ni en una contracción +siquiera de los músculos del rostro, ideó el padre, tal vez sin querer, +el más espantoso de los martirios, verdadera venganza, rudo castigo de +su culpa, si culpa hubo. + +El atleta en la fuga de los más briosos ejercicios, el guerrero mientras +riñe la más brava batalla, sostenidos por el entusiasmo y por la +excitación nerviosa, no sienten su cansancio ni llegan a postrarse. La +postración no sobreviene sino después del triunfo. El soldado de Maratón +no cayó muerto hasta que dio a los atenienses la nueva de la victoria. +No de otra suerte el P. Enrique sostenía maravillosamente su papel, +mientras que estaba en presencia de doña Luz o en presencia de otra +persona cualquiera. Pero en el retiro de su cuarto, como si se aflojasen +los resortes que tenían sus nervios en perpetua tensión, solía caer +desfallecido. Mal ahogados suspiros brotaban de su pecho, en el cual +sentía opresión dolorosa; tenía vértigos, la vista se le nublaba, se le +dormían los dedos o notaba en ellos calambres e insólito frío; las +imágenes y especies que guardaba su memoria se revolvían en confusión; +le dolía la cabeza y hasta se le trababa la lengua y tartamudeaba cuando +hablaba con Ramón, su criado. + +Repetidos ataques de este género tuvo el P. Enrique, siempre en la +soledad de su estancia. El Padre tenía algunos conocimientos médicos, y +él mismo se curaba con auxilio de su criado. Ya se hacía poner +sinapismos, ya dar fuertes fricciones, ya se aplicaba a la nariz cierta +hierba, por cuya virtud provocaba una ligera emisión de sangre, ya se +cubría la cabeza con un lienzo mojado en agua fría. + +Cuando se aliviaba de su mal no dejaba nunca de decir a Ramón: + +--Esto no ha sido nada. Cállate y no digas a nadie que he estado +enfermo. + +--Bien está, mi amo; contestaba el criado. + +Así las cosas, en una mañana, que era la del día décimo después de la +partida de D. Jaime, el Padre Enrique tuvo un ataque más fuerte que los +anteriores. + +Aquella noche, según contó después Ramón, el padre no había podido +dormir: había estado agitadísimo. Ramón le había sentido andar a grandes +pasos por el cuarto. Había acudido de puntillas para que no se enojase +de que le espiara, y le había visto escribir. Después había vuelto a +notar que andaba en el cuarto. El padre se durmió, por último, pero con +un sueño que asustó bastante a su fiel criado; sueño fatigoso, +acompañado de un ronquido o silbo a manera de estertor. Su rostro estaba +demudado y más pálido y ojeroso que ordinariamente. + +Ramón, con todo, tal respeto tenía a las órdenes que su amo le daba, que +no se atrevió a llamar al médico. Tampoco se atrevió a despertar al +Padre. + +Este despertó por sí, pero su despertar fue tremendo. Tenía inmóviles +los músculos de la cara; paralizada la lengua que no podía pronunciar +palabra alguna; la mirada incierta, y las extremidades del cuerpo +rígidas y frías como el mármol. + +Ramón, desolado y lleno de terror, acudió en busca de D. Anselmo y llamó +a D. Acisclo para que acompañase a su sobrino. + +Don Anselmo vino pronto, y apenas vio e inspeccionó al enfermo, mostró +en su semblante consternado el cuidado que le inspiraba. + +--Sea V. franco, D. Anselmo--dijo don Acisclo--: ¿qué tiene mi sobrino? + +--Es un caso muy grave--contestó tristemente el doctor. + +--¿Cómo es posible? ¿Quién lo creyera--replicó don Acisclo--, cuando +ayer estaba tan bueno? + +--Usted no lo creyó porque no veía el mal que interiormente le mataba. +Su sobrino de V. es harto sufrido y sabe disimular. ¡Ojalá no hubiera +disimulado tanto y hubiéramos podido llegar a tiempo! + +--¿Qué, entiende V. que no es tiempo ya? + +--Señor D. Acisclo, usted quiere de corazón a su sobrino; pero usted es +valeroso y entero de alma. ¿Para qué rodeos? Menester es que lo sepa V. +todo. El Padre se halla en el mayor peligro. + +--¿Qué enfermedad es la suya? + +--Una enfermedad más rara que en los robustos y sanguíneos, en los +flacos y entecos, y, por lo mismo, en éstos mucho más peligrosa. Quizás +asiduos trabajos intelectuales, atroces disgustos, prolongadas vigilias, +la agitación del alma duramente refrenada y el fuego comprimido de las +pasiones, obran misteriosamente en nuestro organismo y promueven esta +explosión: el corazón se hincha, adquiere una fuerza enfermiza e +irregular, y de repente inunda el cerebro de sangre. + +--¿Qué quiere V. significar con todo eso? + +--Quiero significar que su sobrino de usted tiene una apoplegía +fulminante. + +Don Acisclo, que amaba a su sobrino, que le consideraba como el +complemento de la gloria de su familia, de la que él era el otro +complemento, tuvo un sincero y hondo dolor, y estimuló con súplicas y +lamentos el celo del médico. + +No necesitaba éste de estímulos. Deseaba volver la salud al Padre; pero +conocía que su situación era desesperada, que sólo un milagro podía +salvarle, y él no creía en milagros. Humanamente, entre tanto, hizo +cuanto pudo y supo. No quiso sangrar al enfermo porque le encontraba +débil en demasía, pero le dio los medicamentos más enérgicos y conocidos +para estos casos. + +A fin de evitar o hacer que cediese la inflamación de las membranas de +la cabeza, le puso un cáustico en la espalda junto a la nuca, y se valió +de revulsivos para llamar la sangre y el calor a las extremidades. + +Todo, no obstante, fue en vano. + +La noticia de la enfermedad del Padre corrió en seguida por el lugar y +llegó a los oídos de doña Luz, quien vino al instante a verle. + +¿Quién sabe los extraños y tristes pensamientos que atormentaban a doña +Luz, cuando entró en el cuarto donde el padre estaba en cama; en el +cuarto mismo que ella había ocupado hasta que se casó y donde había +dormido durante más de doce años? + +Silenciosa y grave llegó doña Luz hasta la cabecera. Allí, con la cabeza +levantada y sostenida por varias almohadas, estaba el Padre sin dar +señal alguna de conocimiento. Los ojos como dormidos, entornados los +párpados, muda la lengua. Tal vez sentía, veía y comprendía aún; pero no +tenía medio de comunicar sus impresiones por carencia de fuerza +muscular. + +Largo rato le miró doña Luz sin pronunciar palabra. Al fin rompió en +amargo lloro. Se sentó luego en una silla en el más oscuro rincón de la +alcoba, y permaneció callada y llorando, y procuró que olvidasen su +presencia allí. + +Con la agitación de los tres asistentes del enfermo, hubo un momento en +que dejaron sola con él a doña Luz. + +Ella se alzó entonces de su asiento, y volvió a mirarle con fijeza, con +obstinación, con atracción invencible, como el viajero cuando va por el +borde de un precipicio mira el abismo que le atrae, y ansía ver lo que +hay en lo más hondo y tenebroso de su seno. + +Las lágrimas de doña Luz brotaron con mayor abundancia entonces. Creyó, +como nunca, con más vehemencia que nunca, que aquel hombre y su Cristo +muerto se parecían. Imaginó, o vio en efecto, que el Padre, inmóvil, +sentía y comprendía allá en su interior, y que la miraba haciendo un +esfuerzo para dominar aún, con el brío de la voluntad, los nervios y +músculos inertes que ya no le obedecían. Entendió, por último, que la +mirada del enfermo era suplicante, amorosa, tristemente dulce. Por un +impulso irresistible, hondamente conmovida, casi sin darse cuenta, sin +reflexionar y sin vacilar también, como no vacila ni reflexiona lo que +se mueve impulsado por una fuerza fatal, doña Luz acercó suavemente el +rostro al del Padre, y puso los labios en su frente macilenta, y luego +en sus dormidos párpados, y luego en su boca, ya contraída, y los besó +con devoción fervorosa, como quien besa reliquias. + +No pudo más doña Luz. Exhaló un ¡ay! agudo y cayó desmayada en el suelo. +El padre siguió inmóvil como estaba antes. + +Don Anselmo, D. Acisclo y Ramón acudieron en seguida. + +--¡Qué disparate!--dijo don Anselmo--. ¿Cómo hemos dejado aquí sola a +esta señora? Esta señora es muy vehemente, y no conviene que esté aquí. +Además, el enfermo necesita soledad. + +Doña Luz se recobró a poco, y sin resistirse a las últimas palabras de +D. Anselmo, que pudo oír y entendió bien, salió del cuarto del Padre. + +Tres horas después el P. Enrique había dejado de existir. + +Raro es el ser humano cuya memoria sobrevive largos años a la muerte. El +tiempo acaba con el duelo, la tierra consume el cadáver y el olvido +devora los recuerdos. Pero siempre o casi siempre, a poco de morir, +sobreviene para todo hombre el momento de mayor indulgencia, afecto y +estimación que le concede el mundo. Los que no se percataban del vivo +por insignificante, piensan en él cuando muerto, pues con morir hace lo +más digno de conmemoración de su vida; _realiza su esencia_, como dicen +los filósofos a la moda: los que le envidiaban deponen la envidia; los +que le odiaban el odio; los que estaban hartos de verle se alegran +interiormente con que ya no le verán, y para desagraviarle de esta +alegría, y evitar que venga por la noche, en pena, a tirarles de los +pies, hacen de él los mayores encomios; todos sus defectos desaparecen +por lo pronto, como si se hundiesen en el sepulcro, y sólo se ven sus +perfecciones; en resolución, el muerto se reconcilia muriéndose con casi +todo el género humano, por lo mismo que se va y deja siempre algo que +heredar: cuando no quintas y palacios, un puesto al sol para pedir +limosna. + +Sea como sea, con la muerte del Padre, de quien, salvo la tertulia, +nadie hacía ya caso en Villafría, hubo en todo el lugar una +recrudescencia de cariño y de entusiasmo hacia él. Se dieron a admirarle +y a celebrarle mil veces más que en el día de su llegada. Por lo mismo +que apenas le habían tratado, la imaginación vulgar pudo inventar y +fantasear a su antojo. Se ponderaron sus virtudes. Se sacaron a relucir +muchas obras de misericordia que en efecto había hecho. Se bordó la +sencilla historia de su muerte con mil pormenores que tocaban en lo +maravilloso. Hubo beatas que supusieron que el mismo Padre había +anunciado con exactitud el día y la hora de su glorioso tránsito, y no +pocas acreditaron que había muerto en olor de santidad y que don Acisclo +debía tratar de canonizarle, enviando a Roma con este fin un expediente +bien claveteado. + +Algunas personas incrédulas del lugar querían dar a entender que todo +esto se decía para adular a don Acisclo, el cual lamentó de verdad la +muerte del sobrino y le elogió en todos los tonos que él podía emplear. + +Por lo demás, incrédulos y crédulos, ora por hacer coro a D. Acisclo, +ora porque así lo sintiesen, todos convenían en que el muerto había sido +lo que se llama un bello sujeto, lleno de discreción y de bondad, y +hasta santo, entendiendo cada cual la santidad a su manera. + +Nadie, sin embargo, lloró con más ternura, tuvo más honda pena por la +muerte del P. Enrique que la persona que tenía o creía tener indicios de +que él no había sido santo del todo. Doña Luz durante los primeros días +estuvo desolada. + +Acrecentaban su pena singulares cavilaciones. Por una parte cierto +orgullo, cuando volvía a creer que ella le había infundido una pasión +homicida, y luego el horror que le causaba dicho orgullo; por otra parte +la confusa sospecha y el vago remordimiento de que ella por instinto +abominable, aunque sin reflexión, había provocado y hecho nacer aquel +extravío en alma antes tan tranquila y dichosa; y por último la duda de +que todo fuese sueño de su vanidad. ¿No podía doña Luz haberse forjado +una novela? ¿Qué le había dicho el Padre para que le creyese enamorado? +¿Se había muerto de amor o de apoplejía? La romántica, la sentimental +era ella, que le había besado locamente cuando expiraba. + +«¿Si habré sido yo la liviana, la sandia y la extravagante? ¿Si habré +estado enamorada del fraile, que no pensaba en mí sino con inocente y +sencillo afecto paternal?». + +Al cavilar así doña Luz se llenaba de vergüenza y temblaba como una +azogada y se enojaba contra sí misma, juzgándose delincuente, loca y +hasta infiel. + +Mientras pasaba esto en el ánimo de doña Luz, don Acisclo repartió entre +sus hijos o guardó para sí los pocos y pobres objetos que el Padre había +dejado, y que más habían de conservar como sagrada memoria que por el +escaso valer que tuviesen. + +En esta partición reservó D. Acisclo para doña Luz los pocos libros que +el fraile poseía. + +No ignoraba D. Acisclo que el padre estaba escribiendo una obra y hasta +pensó en que podría él darla a la estampa, aunque hubiese quedado +incompleta. Buscó, pues, el manuscrito, le halló, y considerando que las +dos únicas personas capaces de entender en el lugar aquello que él +llamaba una _monserga_ eran D. Anselmo y doña Luz, y que D. Anselmo por +ser impío no apreciaría tan bien la _monserga_ como doña Luz, que era +creyente, no titubeó en llevar el manuscrito a doña Luz, sin abrir +siquiera sus páginas, porque le estorbaba lo negro, como no fuesen +cuentas en que él saliera ganando y con alcances a su favor. + +Doña Luz recibió con veneración el manuscrito del Padre, y no bien D. +Acisclo la dejó sola, le abrió con ansiosa curiosidad y se puso a +leerle. En su impaciencia hojeaba y recorría todas las páginas, +devorando al vuelo su contenido, procurando comprender el conjunto, y +dejando para después el leerlo todo con detenimiento. + +A poco de hojear, dio doña Luz con las hojas sueltas. Su vista se fijó +en ellas. El corazón le dijo que algo de muy interesante encerraban. + +Entonces las leyó con pausa, con interrupciones, con muy frecuentes +interrupciones, porque el llanto se agolpaba en sus ojos y la cegaba y +no le consentía que leyese. + +En cada una de estas inevitables interrupciones, en voz baja como si +temiera ser oída, con las palabras entrecortadas por los sollozos, +exclamaba doña Luz: + +--Era cierto. Era cierto. ¡Me amaba, Dios mío! ¡Cuánto, cuánto me amaba! + +A lo último, más allá y después de lo que conocemos, la víspera de su +muerte, el P. Enrique había escrito lo que sigue, que también leyó doña +Luz: + +«Estas páginas, si no las rasgo o las quemo, irán indefectiblemente, +después de morir yo, a las hermosas manos de ella. Ya entonces no me +avergonzaré de que ella sepa mi amor. Perdona, Dios mío, mi nueva culpa. +Quiero que ella le sepa. ¿En qué el saberlo podrá turbar la dicha y la +paz de su noble vida? Ella me ha amado, ella me ama como un ángel ama a +un santo, y yo la he amado como un hombre ama a una mujer. Sería yo +hipócrita si no le revelase que no merezco su amor angelical; que yo la +amaba como ama un pecador. Es menester para mi eterno reposo que ella me +perdone por haber convertido en veneno el bálsamo y su afecto inocente +en incentivo vicioso; por haber alimentado con la purísima luz de sus +ojos este fuego del infierno que me abrasa y que mancha lo limpio de su +imagen que llevo grabada en el alma. A pesar tuyo, Dios mío, a pesar +tuyo y en contra tuya, la llevo grabada con rasgos indelebles. Todo el +brío de mi voluntad, toda la fuerza del cielo, todas las penas del +infierno no podrán arrancarla de allí. Doña Luz y el amor de doña Luz +viven vida inmortal en mi espíritu». + +Al terminar la lectura, el dolor de doña Luz se hizo más agudo; las +lágrimas acudieron más abundantes a sus ojos; los sollozos parecía que +iban a ahogarla; pero, como luce el iris entre las nubes negras, una +dulce sonrisa de triunfo y de gratitud por aquel amor, que sólo perdón +solicitaba, brilló en los rojos y frescos labios de la gentil señora. + + + + +-XIX- + +La embajada de D. Gregorio + + +La tristeza de doña Luz, pasados algunos días, tuvo más de dulce que de +amarga: aunque no dejaba de ser tristeza, estaba mitigada por la +satisfacción que sentía doña Luz de haber inspirado tan viva simpatía; +por la declaración, hecha por el mismo Padre, de que ella no había sido +coqueta, y por la absolución, que ella misma se daba, después de hacer +un examen de conciencia muy rigoroso. + +Doña Luz no tenía la culpa de aquel amor que agradecía, ni de aquella +muerte que lamentaba. + +Su amistad, admiración y veneración al Padre no podían haber sido +mayores. + +Si el Padre le hubiera inspirado otro más vivo sentimiento, ella hubiera +pecado contra Dios, contra el mundo, contra su honra y contra su decoro. + +En cambio, su amor a D. Jaime era legítimo, correcto, conforme a la +clase y posición de ella, y fundado, por último, en causas no menos +poéticas que el amor que por el P. Enrique, si hubiese sido lícito, +hubiera ella podido sentir. + +A fin de fortalecer y magnificar las causas poéticas del amor que tenía +a D. Jaime, doña Luz estimó muy alto el de D. Jaime hacia ella. Su +desinterés era evidente. Él hubiera hallado a cientos los partidos +mejores en Madrid. Hubiera tenido con facilidad mujer con título y con +rentas, a poco que la hubiera buscado. Don Jaime había sin duda +desdeñado por ella las más brillantes bodas. Luego la adoraba don Jaime. +Y D. Jaime, elegantísimo, de noble familia, lleno de porvenir, honrado y +respetado ya como hábil capitán y soldado valeroso, podía enorgullecer a +cualquiera mujer a quien diese su nombre y su mano. D. Jaime, además, +era joven aún, gallardo y arrogante de figura, discreto y ameno. Las +cartas que escribía doña Luz desde Madrid mostraban bien su amor por lo +tiernas y cariñosas, y su ingenio y su chiste, por lo bien escritas y +por las gracias y lances que contenían. + +Doña Luz, pues, en vista de todo lo expuesto, convino consigo misma en +que estaba enamoradísima de su marido, en que tenía razón para estarlo y +para haberse casado con él, y en que su amistosa ternura por el Padre y +las lágrimas que vertía por su muerte, y hasta los besos que le había +dado, eran de orden tan distinto, que en nada se oponían ni alteraban, +ni modificaban en un ápice, ni aflojaban en un solo punto el lazo +amoroso y matrimonial que a D. Jaime la ligaba. + +Pocos días faltaban ya para que D. Jaime volviese por ella. Ya había él +tomado casa a propósito, y casi la tenía amueblada. Ya había sacado el +título. Ya podían ambos esposos llamarse los marqueses de Villafría. D. +Jaime iba a llegar dentro de aquella misma semana, y era ya miércoles. + +Doña Luz estaba en su cuarto, acababa de volver de misa, y había rezado +con fervor por el alma del P. Enrique, en quien de continuo y tierna y +melancólicamente pensaba, cuando entró Juana, la doncella, y dijo: + +--Señora, un forastero quiere hablar con usía. + +--¿Su nombre? + +--Don Gregorio Salinas. + +--No le conozco. ¿Qué facha tiene? + +--Más bien buena que mala. Viene muy decentemente vestido, aunque de +viaje. Se conoce que acaba de llegar. Es chiquitín, regordete, colorado +como una remolacha, y se sonríe como si estuviese contento. Está, sin +embargo, de luto. + +--Mira, Juana, yo no tengo gana de recibir visitas. Dile que me duele la +cabeza, que vuelva otra vez si tiene algo importante que decirme, que +hoy no recibo. + +Juana salió a dar el recado, y volvió en seguida con una carta que puso +en manos de doña Luz. + +--Don Gregorio Salinas--dijo Juana--, me acaba de entregar esta carta, +asegurando que será admitido en cuanto usía la lea. Dice que la carta es +su credencial. + +Doña Luz, no bien tomó la carta y miró el sobrescrito, se quedó +maravillada. Reconoció la letra de su padre. + +La abrió precipitadamente, y miró la firma. Era de su padre también. + +Leyó enseguida la fecha y vio que la carta estaba escrita hacía más de +quince años. + +La carta era lacónica. No contenía más que estas palabras: + +«Querida hija: El portador de esta carta será don Gregorio Salinas, +escribano de Madrid, persona de toda mi confianza. Da entero crédito a +cuanto te diga; óyele y atiéndele; y acepta y recibe sin el menor +escrúpulo lo que te ofrezca y entregue». + +--Que pase adelante ese caballero--dijo doña Luz. + +Juana fue a buscarle, y D. Gregorio entró en la salita en que doña Luz +estaba. + +Después de los cumplimientos de costumbre, sentados doña Luz y su hasta +entonces desconocido huésped en cómodas butacas, habló éste, con reposo +y como quien tiene mucho que decir, de la manera siguiente: + +--Ya sabe usía que me llamo Gregorio Salinas. Ahora soy escribano y no +estoy mal de bienes de fortuna. Hace ventiocho años era yo un pobre +estudiante, sin una peseta en el bolsillo; pero, en cambio, ni estaba +gordo, ni tenía canas, ni calva, ni arrugas, y las gentes afirmaban, +perdone usía la inmodestia con que lo recuerdo, que era yo un bonito +muchacho, listo y gracioso. Nada tiene de extraño, por consiguiente, que +se enamorase de mí una mujer del sobresaliente mérito de mi Joaquina. +Esta Joaquina es mi esposa, para servir a usía. Quiere mucho a usía y le +manda conmigo mil respetuosas y cariñosas expresiones. + +--Mil gracias--dijo doña Luz, interrumpiendo a don Gregorio--. Deje V. +el tratamiento y llámeme de usted, y perdóneme además si le digo con +franqueza que aligere su cuento porque me muero de curiosidad. + +--Tenga V. calma, señora marquesa; tenga V. calma. Yo le prometo no ser +prolijo ni enojoso. Iré al grano. No crea usted que nada de lo que digo +es a humo de pajas. Todo se necesita para que V. se entere. + +--Vamos, siga V., y le repito que perdone mi interrupción. + +--Pues, como iba diciendo--prosiguió D. Gregorio--, mi esposa es ahora +una matronaza fresca y guapetona todavía, si bien los años no pasan en +balde. Cinco hijos me ha dado como cinco soles. Todos están a las +órdenes de V., señora marquesa. En aquel entonces, cuando el noviazgo, +era mi Joaquina una moza de lo más selecto que se paseaba por Madrid, y +servía de doncella a cierta dama de las más encopetadas, cuya privanza +tenía por completo y todos cuyos secretos más íntimos poseía. + +--¿Y cómo se llamaba esa dama? + +--La Exma. Sra. Condesa de Fajalauza. + +Doña Luz, como quien oye un nombre que por vez primera suena en sus +oídos, se encogió de hombros y se calló. D. Gregorio siguió hablando: + +--Mucho debemos mi esposa y yo a esta señora. Ella nos casó, ella nos +protegió, y ella nos dio los medios conducentes para llegar al punto de +bienestar y prosperidad a que hemos llegado. Dios se lo pague y se lo +aumente de gloria. Bien se lo merece, porque, al fin, si alguna falta +cometió, tuvo en este pícaro mundo su purgatorio. La Condesa estaba +casada con el señor más terrible que se ha conocido en nuestros días. +Todos le temblaban, empezando por su mujer. Había tenido varios lances +de los que llaman de honor, y pesaban tres muertes y varias heridas +sobre su conciencia. Tenía fama de tan diestro, que se le creía capaz de +matar de un pistoletazo un mosquito que pasase volando a cincuenta varas +de distancia, y de atravesar de una estocada al propio diablo que se +pusiese a reñir con él. Añádase a esto que el Conde era celoso como un +turco, y no porque amase mucho a la Condesa, sino por otros motivos. La +pobrecita Condesa no le había dado ninguno durante ocho años de +matrimonio. Aquella señora era una santa; muy sufrida, muy prudente y +muy buena cristiana. + +Doña Luz empezó a dar visibles muestras de interesarse en la narración. +Don Gregorio siguió diciendo: + +--La Condesa aportó al matrimonio cuantiosos bienes. Malas lenguas han +dado en propalar que el Conde, al casarse con ella, no tuvo en cuenta +sino su negocio. Nada de amor. La condesa se casó casi niña, excitada a +ello por su madre, y sin comprender toda la trascendencia de aquel paso. +A poco murió su madre, y la huérfana, sin hermanos ni parientes +próximos, se vio sola en el mundo, frente a frente de aquel tirano, que +más debiera llamarse tal que no esposo y compañero. + +No tenía la Condesa razón alguna para amar ni respetar a su marido; pero +amaba la limpieza de su fama, y temía a Dios y veneraba los preceptos +morales y religiosos. Nada, como he dicho, hubo que censurar en ella en +los primeros ocho años de matrimonio. Vivió resignada como una mártir. +Ni siquiera tuvo el consuelo y el refugio que tienen otras mujeres, +consagrando su corazón al amor maternal. El maldito enlace fue estéril. +Los condes de Fajalauza no tuvieron hijos. + +Un asunto de grande interés reclamó por aquel tiempo la presencia del +Conde en Lima. No convenía confiar a nadie el asunto que allí tenía y +que importaba una suma archi-respetable. La condesa se hallaba muy +delicada de salud y no podía acompañar a su marido en tan larga +navegación. El Conde, después de muchas vacilaciones, resolvió ir solo. +Fue, pues, y estuvo en el Perú cerca de año y medio. + +Durante la ausencia del Conde no se presentó la Condesa en reuniones ni +en teatros; vivió bastante retirada, pero no faltaron galanes y +pretendientes que procurasen hacerse amar de ella. La Condesa los +desdeñó a todos. Hubo uno, sin embargo, dotado de prendas tan raras y +brillantes, tan enamorado o fingiendo con tanto arte que lo estaba, tan +discreto, buen mozo y seductor, que acertó a cautivar el alma de la +desdichada Condesa. Contribuyó mucho a este resultado, como sucede +siempre, la fama de conquistador que ya tenía el galán. Nada puede tanto +con las mujeres como el considerar que aquel que las pretende desdeña +por su amor el de otras mujeres a la moda, jóvenes, hermosas, ricas y +distinguidas. + +En suma, y como quiera que ello sea, la Condesa amó al galán, y fue tal +su pasión que se dejó vencer a pesar de sus severos principios. + +Estas relaciones estuvieron envueltas en el misterio más impenetrable. +Sólo mi Joaquina tuvo noticia de ellas. La Condesa era una mujer +singular. Arrastrada por la violencia irresistible de su afecto, veía a +solas a su amigo, y luego lloraba como la Magdalena, rezaba, abominaba +de sí misma como si se creyese el ser más abyecto y vil, y desesperaba +hasta de que Dios la perdonase. + +En esta refriega espiritual, entre la culpa y el arrepentimiento, estuvo +ella hasta que volvió su marido. + +El secreto había sido tal, que nadie había dicho ni sospechado lo más +mínimo. + +El Conde, a pesar de todo, era suspicaz y receloso, y sospechó algo +desde el día de su vuelta. Tal vez la agitación de su mujer; la +repugnancia en que ella trocó la frialdad con que antes le recibía; +algunas palabras, algunos suspiros, algún ¡ay! delator que le oyó en +sueños, bastaron a ponerle sobre la pista. + +Una noche, mientras dormía la condesa, su marido se apoderó de la llave +del escritorio de su mujer y registró detenidamente cuanto en él +encerraba. La Condesa había cometido la imprudencia de conservar las +primeras cartas que le escribió su amante y el Conde pudo leerlas. Por +dicha, estas cartas no probaban la completa complicidad de la Condesa. +Hasta podía ella haberlas conservado, no por amor a quien las escribió, +sino por vanidad y como testimonio de haber sido tan amada. Las cartas +bastaron, no obstante, para que el Conde tuviera escenas espantosas con +su mujer. Si las cartas le hubiesen probado su culpa, el Conde la +hubiera asesinado. Como las cartas no eran más que un indicio, el Conde +se limitó a atormentar a su mujer y a desconfiar de ella y a vigilarla. +Con un pretexto plausible se trajo a vivir en su casa a una hermana +solterona que tenía, la cual era una furia del infierno. Esta mujer fue +desde entonces la espía, la acompañante, la dueña, la negra sombra de la +Condesa. + +En cuanto al galán, cuyo nombre descubrió el conde por las cartas, +también las cartas le costaron caras. El Conde, a fin de que nadie se +enterase y procurase inquirir el motivo, buscó al galán y le obligó a +reñir con él a la espada, sin ninguno de los trámites y formalidades del +duelo. El galán quedó mortalmente herido en su propia casa, y sólo por +un milagro de la cirugía pudo salvar la existencia. + +--Sabía ese lance de mi padre--dijo doña Luz--, pero ignoraba quien fue +su adversario y la causa del lance. Prosiga V., Sr. D. Gregorio. + +--Ya que sabe V. que el galán era el señor Marqués, su padre de V., +seguiré este relato designándole con su nombre. Si alguna frase se me +escapa que pueda lastimar, aunque sea levemente, la memoria del señor +Marqués, doy a V. desde luego un millón de excusas. + +Doña Luz hizo un gesto y movió la cabeza como si quisiera indicar que +las excusas estaban aceptadas de antemano. + +D. Gregorio continuó: + +--El terror que le inspiraba su marido, la vigilancia del argos con +faldas que tenía en su cuñada y su propio arrepentimiento, hicieron que +la Condesa no volviese a ver en secreto al Marqués. Este desechó de su +alma, con el andar del tiempo, amor tan peligroso y ya imposible o casi +imposible de satisfacer, y se distrajo con más fáciles amores. + +Todo lazo se hubiera roto, toda relación y comunicación entre el Marqués +y la Condesa hubieran dejado de ser para siempre, si el cielo no hubiera +dispuesto que quedase un recuerdo vivo del amor y de la culpa de ambos; +un ser que los unía y por cuyo destino y porvenir ambos debían velar +igualmente. + +--Y mi madre--exclamó entonces doña Luz--, ¿no pudo nunca volver a verme +desde que volvió de Lima su marido? + +--Pudo volver a ver a V. de lejos, pero nunca abrazarla ni besarla ni +hablarla. Su pensamiento, sin embargo, estaba siempre con V. + +--¡Infeliz madre mía! + +--La Condesa sabía de V. por mi Joaquina. Por mi Joaquina se entendía +también con el Conde en todo aquello que a V. importaba, único asunto +que ya se trataba entre el Marqués y la Condesa. + +Usted, señora Marquesa, vivió primero en mi casa, cuidada por mi +Joaquina. Nuestra costurera, una tal Antonia Gutiérrez, que había tenido +un desliz y cuyo hijo había muerto, fue nodriza de V. Después murió +también la costurera, y yo arreglé de modo, con la venia de los +parientes de la chica, que V. pasase por su hija, a fin de hacer la +legitimación. En todo esto, por conducto de mi Joaquina, intervenía la +señora Condesa, que estaba hasta cierto punto contenta al considerar que +V. iba a llevar el nombre y el título del Marqués y a heredar sus +bienes. + +A poco de volver el Conde a Madrid y después del duelo, nos entró a +todos mucho terror de que el Conde llegase a entender que existía V. y +quién V. era; y el Marqués, no bien se restableció de la herida, la sacó +a V. de mi casa con harto dolor nuestro y mayor aún de la Condesa, y +puso a V. en casa de una señora de situación algo equívoca. Mientras +estuvo V. en aquella casa, la Condesa estuvo muy incómoda. Sólo sosegó +cuando a puras súplicas suyas, interpuestas por Joaquina, el Marqués se +la llevó a V. a su casa, primero bajo el cuidado de una buena mujer, y +más tarde con un aya inglesa, la cual vino porque la condesa se empeñó +en que viniese. + +El Marqués, entre tanto, lejos de sentar con los años, no hacía el menor +caso de aquellos sabios refranes que dicen: _--quien quisiere ser mucho +tiempo viejo, comiéncelo presto, y el viejo que se cura cien años dura_. +Lejos de rezar con él estos refranes, más bien podía aplicársele aquel +otro, y perdone V. señora Marquesa que se le aplique, pero casi lo pide +a voces la narración: _mientras más viejo más pellejo_. Pretendo +significar con esto que el señor Marqués, en vez de enmendarse con la +edad, se hizo más cortejante, jugador y amigo de jaleos de toda laya, lo +cual mortificaba mucho a la señora Condesa. El amor, por el cual ella +había sacrificado tanto, honra, reposo y bienestar, sólo había sido para +el Marqués un episodio, una aventura, un lance más o menos agradable o +divertido, entre los muchos de su vida. Esto dolía en extremo y +atormentaba a la Condesa. Pero había otra consideración que le dolía +más, que la tenía llena de sobresalto, y que, agravándose cada día, +llegó a ser para la Condesa un tormento continuo. + +El Marqués caminaba precipitadamente a su total ruina: estaba empeñado +hasta los ojos; la usura consumía ya lo mejor de sus rentas. Era seguro +que el Marqués acabaría su vida en la miseria. ¿Qué sería entonces de su +hija doña Luz, huérfana, sin amparo y sin recursos? + +Lo peor era que la Condesa no podía socorrer a su hija mientras su +marido viviese. Antes de que el Conde hubiese tenido el más leve indicio +de su culpa, la Condesa había gozado de un asomo de independencia y +libertad. Después la Condesa, más que esposa, vino a ser esclava. Un +grito, una palabra dura, un gesto amenazador de su marido bastaban a +aterrarla. + +El Conde, a más de ser celoso, era avaro, y la Condesa no podía disponer +de un real sin dar estrecha cuenta de todo, justificando la inversión +hasta de la más pequeña suma. + +La viveza cruel de su imaginación le representaba del modo más exagerado +el infortunio que presentía. Soñaba que su hija estaba en la desnudez, +sin hogar, humillada y empleada en los más viles menesteres, y ella +nadando en la opulencia y sin poder acudir en su auxilio. + +¿Cómo darle algo sin que lo supiese el Conde? Y con saberlo el Conde, +sabría su delito y su oprobio, y se presentaría como juez severo e +irritado, y con una sola palabra de desprecio la mataría. + +La Condesa, atormentada por su conciencia a par que anonadada por el +miedo que tenía al Conde, deseaba la muerte para descansar, y sin +embargo, ansiaba vivir, y singularmente sobrevivir a su marido. + +Mientras él viviese, la Condesa conocía que no tendría valor para hacer +nada en favor de su hija. Ni por donación, ni por testamento, en la hora +de su muerte, hallaba medio para compartir con la que era su propia +sangre o para legarle al menos bienes que eran suyos y no del tirano que +la atormentaba. + +La Condesa, pues, se sometió a la voluntad del Altísimo y esperó +tranquila, y esforzándose por no desearla, la muerte de su marido, antes +que la suya llegase. Para el caso de que así sucediera, formó la firme +resolución de dejar por testamento a los parientes de su marido, en +fincas y alhajas, todo aquello en cuya adquisición y dominio pudiera +suponer la conciencia más escrupulosa que el Conde había sido parte; +dejar algunas mandas importantes a personas que la hubiesen servido +bien, como, por ejemplo, a mi Joaquina; y el remanente de sus bienes, en +fondos públicos todos, cuyos títulos estaban y están aún en varios +Bancos y casas de comercio, dejárselo por entero a su hija. + +El Marqués supo por Joaquina esta resolución de la Condesa; y, cuando +acosado por los acreedores, embargado y vendido cuanto poseía a fin de +pagar sus deudas, tuvo que retirarse a este lugar, me dejó escrita la +carta que he hecho entregar a V. para que me sirviera de introducción. +La carta, hasta que ocurriese el caso hipotético que se preveía, había +de estar en mi poder sin que nadie lo supiese. Y así ha estado la carta. + +Muerto el Marqués, no existían en el mundo sino tres personas sabedoras +del propósito de la Condesa de dejar a V. por heredera. + +--¿Y quiénes eran esas tres personas?--preguntó doña Luz con el mayor +interés. + +--La misma Condesa, mi mujer, que es sigilosa hasta lo sumo, y un +servidor de V., señora Marquesa. + +--¿Y nadie más? + +--Nadie más. + +--¿Está V. seguro? + +--Lo estoy. + +Don Gregorio continuó luego su narración en estos términos: + +--El cielo quiso que se cumplieran, no diré los deseos, los planes de +nuestra bienhechora. El Conde murió hace poco más de mes y medio. Cosa +de milagro parece el que la Condesa, tan padecida y acabada como se +hallaba, pudiese sobrevivirle. La fuerza de voluntad vale mucho. La +Condesa sobrevivió, se diría que expresamente para cumplir su resolución +y morir también luego. + +--¿Ha muerto mi madre?--exclamó doña Luz con lágrimas en los ojos. + +--Ha muerto. + +--¡Y sin llamarme a sí, sin verme, sin darme un abrazo!... + +--La Condesa lo ansiaba, pero al propio tiempo lo temía. Se avergonzaba +de llamar a sí a quien al presentarse como madre tenía que declarar su +culpa, y, ella lo decía, su deshonra. Dudaba de que una hija, a quien, +fuese por lo que fuese, ni había criado, ni visto, ni acariciado nunca, +la pudiese querer. Recelaba hallar frialdad, tibieza al menos, en su +hija. No creía en la misteriosa fuerza de la sangre. En ella sí, porque +sabía que su Luz vivía, porque la había estado amando durante tantos +años; pero en su Luz, a quien se le revelase de repente que tenía madre +en Madrid, ¿qué cariño súbito, qué ternura podía esperar? Esto, al +menos, pensaba la señora Condesa. Y sobre todo, por lo mismo que amaba a +su hija, tenía vergüenza, le causaba sonrojo la idea sólo de presentarse +a ella. El qué dirán, el temor de que la gente se enterase, era también +rémora de su deseo. Por último, la Condesa, a poco de muerto su esposo, +cayó en cama con una grave enfermedad, y apenas tuvo tiempo para tomar +sus disposiciones y cumplir lo prometido. Después vivió algunas semanas, +pero trastornada, sin pleno conocimiento ni memoria de las cosas y de +las personas. Luego murió. + +Doña Luz dio muestras de verdadero dolor y de emoción profunda. Don +Gregorio permaneció algunos minutos en silencio religioso, y respetando +aquel tributo de pena dado por una hija a la memoria de una mujer, a la +cual (si bien no la había conocido) debía la vida. + +Después dijo D. Gregorio, tomando ya la entonación fría del hombre de +negocios: + +--Señora Marquesa, yo soy albacea de la difunta y fideicomisario con +expreso fideicomiso en favor de usted. Todo está ya en regla, porque yo +no me duermo. Todo se va ordenando del modo más a propósito para que se +hable, se comente y se murmure lo menos posible. Las mandas están +repartidas; mi mujer ha tomado una linda suma: los parientes del Marqués +han recibido joyas, dinero y fincas. Queda aún por entregar lo mejor de +la herencia. Tengo en mi poder los papeles y documentos que acreditarán +a V. como propietaria de los fondos públicos que tenía la Condesa en +diferentes casas de banco de París, Londres y Francfort. Todo ello +importa no recuerdo cuánto en valor nominal, pero en efectivo asciende a +la friolera de diez y siete millones de reales vellón y un piquillo. +Cuando la señora Marquesa guste, le haré la entrega y se enterará de +todo por menudo. + +--Señor D. Gregorio, ya V. sabrá que estoy casada. Aguardaremos a que +venga mi marido para aceptar la herencia. Él se entregará de todo como +dueño y señor. Dentro de tres o cuatro días vendrá de Madrid. Entre +tanto, esta casa es bastante grande para que V. se hospede en ella. + +El Sr. D. Gregorio Salinas aceptó la invitación, juzgándose muy honrado, +y trasladó a un cuarto, que le prepararon en el caserón de doña Luz, la +maleta que había dejado en la detestable posada del lugar. + +Doña Luz, en tanto, aunque triste por la muerte de su madre y por la +historia melancólica que había oído contar, cedía a la flaca condición +humana, y se alegraba de verse tan rica. Y lo que más la complacía era +pensar en todos aquellos millones como en un espléndido presente, poco +menos que llovido del cielo, que ella iba a hacer a su D. Jaime, cual +merecido premio del amor desinteresadísimo con que él le había dado su +mano y su nombre. + + + + +-XX- + +La carta misteriosa + + +La llegada de un forastero, con especialidad si el forastero gasta +levita y _colmena_, esto es, sombrero de copa alta, es siempre un +acontecimiento extraordinario en todo lugar de tierra adentro en +Andalucía. La curiosidad se excita vivamente, y no hay nadie que no +pregunte: «¿A qué habrá venido por aquí este señor?». + +Esto preguntaban los _villafrianos_ o _villafriescos_ apenas vieron a D. +Gregorio. Y la curiosidad se decupló, o poco menos, cuando se supo que +el tal don Gregorio había ido a albergarse en casa de doña Luz. + +A más de la curiosidad, siempre se despiertan en las poblaciones +pequeñas otros sentimientos más nobles con la llegada de cualquier +forastero: el de la sociabilidad y el de la cortesía. + +Los señores del pueblo se apresuran a visitar al forastero y a ponerse a +sus órdenes; y así lo hicieron con D. Gregorio los principales magnates +o próceres de Villafría. + +Claro está que la visita, aunque por cortesía se haga, no es menester +que se encierre dentro de los límites de la mera cortesía. _Lo cortés no +quita lo valiente_; y, por lo tanto, se dirigen al recién venido cuantas +preguntas importan para indagar quién es, a qué viene y qué se propone. + +En cambio, se suele informar al forastero, aunque nada pregunte, de +cuanto ocurre en el lugar, exagerando por fachenda la riqueza y +prosperidad de sus habitantes. + +De esto último estaban muy curados y escarmentados en Villafría, porque +hacía poco tiempo que habían recibido una durísima lección. + +Vino al pueblo cierto forastero, que en el camino trabó conocimiento con +el hijo de uno de los más pudientes hacendados, el cual también venía de +viaje. Este señorito llevó al forastero de visita en casa de su padre, +que era el que más escupía por el colmillo en Villafría en punto a +hablar de onzas de oro, y a ponderar la abundancia y grandeza con que +vivía. A las pocas preguntas del forastero, el hacendado le dijo todo lo +rico que era, triplicando sus facultades. Tenía un alambique que andaba +durante cuatro meses, y le dijo que tenía dos que andaban todo el año, y +con frecuencia de día y de noche. Tenía un molino aceitero con una +prensa hidráulica, y le aseguró que tenía tres con otras tantas prensas. +Había cogido cinco mil arrobas de vino, y le dijo que había cogido doce +mil. Había molido dos mil fanegas de aceituna, y le aseguró que eran +seis mil y pico las que había molido. No queriendo quedarse muy atrás, +los otros hacendados ponderaron también al forastero sus provechos, +cosechas e industrias. El forastero se llegó a persuadir de que estaba +en Jauja, y entonces descubrió que era un inspector del Gobierno, que +venía a ver las ocultaciones de riqueza que había en los pueblos, sobre +todo en lo tocante a subsidio industrial. + +El pánico en Villafría fue espantoso. El comisionado dijo que se veía en +la dura necesidad de poner en noticia de la superioridad los tesoros que +allí se ocultaban; y aterrados los mayores contribuyentes, se reunieron +al punto en las Casas Consistoriales, y, llamando al comisionado, le +rogaron que no los perdiese; que eran pobrísimos, y mentira y vanidad +las tres quintas partes de lo que habían confesado poseer. El +comisionado contestó que tal vez habría alguna exageración jactanciosa, +pero que, en verdad, eran más ricos e industriosos que lo que constaba +de una manera oficial, y que él tenía que enterarse bien de todo para +dar su informe, cumpliendo religiosamente con su deber. Los señores +contribuyentes le suplicaron que no se metiese en tales barahúndas, que +se iba a calentar demasiado la cabeza, y nadie se lo había de agradecer; +y, al fin, para acabar de convencerle, echaron entre todos una manga y +le dieron ocho mil realetes, como ayuda de costas y consuelo en los +trabajos de su peregrinación, con lo cual se fue bendito de Dios con la +música o dígase con la estadística a otra parte. + +Desde que tuvo lugar esta ocurrencia, la gente de Villafría había +depuesto la jactancia y se complacía en ser humilde. La franqueza y la +sinceridad les parecían asimismo prendas muy necias y que nunca deben +emplearse con los curiosos, comprendiendo toda la práctica sabiduría del +proverbio que dice: _A quien quiere saber, mentiras en él_. + +Procedía de aquí la prudente desconfianza y el hábil disimulo con que +los villafriescos hablaban con todo forastero; mas esto no impedía que +procurasen saber de él cuanto había que saber. + +No fue necesario mucho ingenio para mover a don Gregorio a que dijese el +objeto de su viaje. Ya no había en esto secreto alguno, y D. Gregorio lo +dijo todo. + +El pasmo y la estupefacción se extendieron al instante por todos los +ámbitos de Villafría, con la nueva de que doña Luz era millonaria: +heredera de una fortuna enorme. + +Para D. Acisclo fue la sorpresa no inferior a la de todos su +compatricios. + +Nada distaba más de su mente que la herencia de doña Luz; pero D. +Acisclo sabía y aguardaba la venida de D. Gregorio, aunque ignorando a +qué venía. + +Poco antes de morir el Marqués, teniendo aún a la cabecera de la cama al +cura D. Miguel, con quien acababa de confesarse, había hecho venir a su +presencia al bueno de don Acisclo; y a solas con él y con el cura, +exigió de D. Acisclo, bajo juramento de guardar el más profundo secreto, +que cumpliría a su tiempo una comisión que iba a darle. + +Don Acisclo prometió y juró ser muy sigiloso, y el Marqués dijo al cura +que abriese un cajón de su bufete, donde encontraría una carta cerrada y +sellada, que decía en el sobrescrito: _A mi hija Luz_. + +El cura encontró luego la carta, y entonces, exigiendo también del cura +que no hablase de aquella carta con nadie, considerándola como secreto +de confesión, el Marqués le recomendó que la custodiase y no la +entregase sino a D. Acisclo, el cual no había de pedírsela hasta que +viniese a Villafría un señor llamado D. Gregorio Salinas, o hasta que +pasasen dos meses de la muerte de una señora que vivía en Madrid, +llamada la Condesa de Fajalauza. Para esto, D. Acisclo debía tener con +cautela y discreción a algún sujeto en Madrid encargado de avisarle +cuando muriese la Condesa, y no bien cumplida cualquiera de las dos +condiciones, D. Acisclo había de tomar la carta y llevársela a doña Luz. +Caso del fallecimiento del cura, la carta debía pasar a poder de D. +Acisclo, y caso de fallecer éste, él mismo debía designar a persona que +le sustituyera en el encargo de entregar la carta misteriosa. + +Don Acisclo tenía, aunque envuelta en el debido respeto, tan mala +opinión del juicio de su pobre y arruinado amo, que, a pesar de toda la +solemnidad de lo que le encargaba, no quiso darle importancia alguna, y +lo que menos le pasó por la cabeza fue que aquella carta pudiese tener +relación con algo que se pareciese a dinero. Don Acisclo dio por +evidente que tal carta sería una nueva tontería del Marqués. + +Sin embargo, según queda dicho ya varias veces, don Acisclo era un varón +recto y temeroso de Dios; jamás faltaba a la probidad ni a la justicia, +tratando de conciliarlas con su medro; y cumplía fielmente los encargos +cuando el cumplirlos costaba poco o nada. + +Así fue que guardó el secreto de la carta durante años y años, y tuvo +siempre encomendado a un amigo de Madrid que le notificase la muerte de +la Condesa. + +Ya hacía más de dos semanas que D. Acisclo había recibido noticia de +dicha muerte, y estaba aguardando el término de los dos meses o la +venida de don Gregorio. + +Esta, como hemos visto, ocurrió mucho antes de que dicho término se +cumpliera. + +Don Acisclo fue, pues, a pedir la carta al cura don Miguel, quien se la +entregó sin dificultad, visto que las condiciones se habían cumplido. + +Don Acisclo, sabedor ya de los muchos millones que heredaba doña Luz, y +comprendiendo a las claras que la carta había de tener relación con los +tales millones, lejos de despreciarla, la consideró como importantísima +y trascendente, y se apresuró a llevarla a la persona a quien iba +dirigida. + +Mientras la carta permaneció cerrada en manos ya de D. Acisclo, y sin +llegar a las de doña Luz, aunque transcurrió poquísimo tiempo, D. +Acisclo le tuvo de sobra para cavilar y forjar una risueña hipótesis +acerca de su contenido. + +El Marqués, aunque al morir dejaba a su hija muy niña aún, no lo +bastante para que no conociese su soberbia, y como también conocía que +la dejaba pobrísima, había de haber presumido que su hija se quedaría +soltera. ¿Cómo, pues, iba doña Luz a manejarse con tantos millones, sin +tener a su lado a un hombre entendido y de toda confianza? ¿Y quién, en +la mente del Marqués, podía ser este hombre sino el propio D. Acisclo, +que con tanta habilidad y lealtad había administrado sus bienes? D. +Acisclo tuvo, pues, por cierto que el contenido de la carta era +recomendar a doña Luz con el mayor encarecimiento que hiciese de él su +nuevo administrador. + +Ya sabía D. Acisclo, por boca de D. Gregorio, que los millones de doña +Luz estaban en fondos públicos extranjeros, y que ganaban a lo más un +seis o un siete por ciento anual. Esto le tenía indignado. Como buen +español y buen católico, se dolía de que explotasen aquel hermoso +capital, pagando tan mezquinos réditos, gentes de _extranjis_, herejes o +judíos de seguro. ¿Cuánto mejor empleado no estaría aquel dinero en +España, y sobre todo en Villafría y los pueblos cercanos? Era +indispensable traer a España aquel dinero. Don Acisclo, con arreglo a +sus doctrinas de hacer ganar a su amo ganando él, trazaba ya el plan +económico para el manejo de los millones. En vez del seis o del siete, +haría ganar a doña Luz el nueve o el diez por ciento sobre el capital; +tres por ciento de ventaja; pero, como él hallaría modo de colocar el +dinero al doce y hasta al quince, sobre buenas hipotecas o con escritura +de depósito o con otros medios conminatorios para la seguridad, por +aquello de que _el miedo guarda la viña_, D. Acisclo se veía ya +convertido en algo como director de un banco hipotecario, de un +artilugio ingenioso, de una bomba absorbente, para quedarse con todas +las tierras y ochavos de la provincia, haciendo ganar a doña Luz +muchísimo más de lo que su capital antes ganaba. + +Don Jaime era desprendido, se ocupaba en cosas de ambición y de política +y no en negocios de dinero; el dinero le importaba poco, pues se había +casado con doña Luz siendo ella pobre; y sin duda encontraría muy +razonable que D. Acisclo administrase los millones e hiciese con ellos +la felicidad de Villafría, fomentando su industria y su agricultura. + +Revolviendo en su mente estos alegres pensamientos, llegó D. Acisclo a +casa de doña Luz, entró en su cuarto y acertó a encontrarla sola como +deseaba. + +Después de felicitar a doña Luz porque Dios había mejorado sus horas de +modo tan estupendo e imprevisto, refirió el encargo que tenía y las +circunstancias y solemnidades que hubo cuando se le hicieron. + +--Venga esa carta de mi padre--dijo doña Luz con visible emoción. + +Don Acisclo entregó la carta. + +Ella rompió el sello, la sacó del sobre, y sin decir una palabra más se +puso a leer. + +No iría mediada aún la lectura, cuando doña Luz, que comenzó a leer +sentada, se puso de pie manifestando intranquilidad. + +Don Acisclo, que lo observaba todo, receló algo malo al ver aquello, y +dijo para sí: + +«¡Diantre! Este marqués tenía el don de errar. ¿Si se habrá compuesto de +suerte que todo lo de la herencia venga a deshacerse como la sal en el +agua? ¿Si encargará a su hija que traspase los millones a otro sujeto?». + +Mientras que D. Acisclo cavilaba, doña Luz, suspendida por un instante +la lectura, cavilaba también. + +Una sonrisa arqueó suavemente los labios de doña Luz. Era el resultado +de sus cavilaciones. Don Acisclo lo tuvo por buen agüero. + +Después doña Luz siguió leyendo la carta. + +La sonrisa se fue acentuando cada vez más. Al cabo vino a convertirse en +risa algo burlona. + +«Es curioso--pensó don Acisclo--. ¿Con qué chistes se descolgará ahora +su papá, a los doce o trece años de muerto, para que ella se ría tan +fuera de sazón?». + +En esto, doña Luz acabó de leer la carta. Volvió a cavilar en silencio, +que D. Acisclo no se atrevió a interrumpir, y volvió a reírse un si es +no es descompuestamente. + +Como doña Luz era la compostura personificada, D. Acisclo se aturdió con +tan insólita risa. + +Hubo un instante en que cruzó por el pensamiento de D. Acisclo que doña +Luz se reía sin duda de que su padre le recomendase que le tomara a él +por administrador. Don Acisclo se enojó y se enfurruñó un poco. + +Doña Luz, sin embargo, en vez de enmendarse, siguió riendo, y terminó +por prorrumpir en sonoras carcajadas. + +--¿Qué pasa? ¿Qué hay de tan gracioso para reír así?--dijo D. Acisclo. + +Doña Luz no contestó, y rió con más violencia. + +Su risa vino a tener muy alarmantes condiciones. Se conocía que era ya +independiente de su voluntad: nerviosa, insana. + +Ella se había guardado la carta en el seno. + +Lo que pensaba, lo que infería de la carta era lo que la hacía reír. + +Por último, D. Acisclo, viendo que la risa continuaba, empezó a +asustarse. + +El rostro de doña Luz se trastornó. Un paroxismo histérico bien marcado +se apoderó de ella. + +Los sollozos se mezclaron pronto con la risa, y por último, doña Luz +cayó al suelo como desplomada, y allí se agitó en fuertes convulsiones. + +Don Acisclo tocó entonces la campanilla, llamó a voces a la gente de +casa, y acudieron D. Gregorio, Juana, Tomás y otros criados. + +Todos se aterraron. + +Las convulsiones seguían. + +Juana mandó llamar al médico D. Anselmo. + +Este, con los recursos de su arte, y obrando también la naturaleza, +logró volver la calma a doña Luz, la cual quedó muy postrada. + +Don Acisclo y todos los allí presentes se quedaron con el deseo de +averiguar la causa moral, como sin duda la hubo, de aquel ataque +repentino, tan ajeno a la robustez y condición sana de la marquesa de +Villafría. + +Doña Manolita vino a ver a la enferma, y doña Luz tampoco le confió +nada. + + + + +Conclusión + +Habían pasado cuatro meses desde que ocurrió el ya referido ataque. + + +En este tiempo habían sucedido cosas singularísimas, que nadie acertaba +a explicar en Villafría. + +Al día siguiente del ataque había llegado D. Jaime, a quien llamaremos +el Marqués, pues ya lo era. + +El Marqués aceptó y recogió la magnífica herencia de doña Luz. + +Don Gregorio se volvió a Madrid en seguida. + +Todo esto era naturalísimo. Lo que no lo era, porque venía a contrariar +planes anteriores, conocidos ya de todos, era que el Marqués, en vez de +llevarse a doña Luz a la corte, se volvió solo a los cuatro días de +estar en el lugar, y se dejó en él a doña Luz, bastante delicada e +indispuesta. + +Los que vieron partir al Marqués aseguraban que llevaba el rostro muy +fosco, y que parecía estar de un humor de todos los diablos. + +Doña Luz, desde la partida del Marqués, había estado encerrada siempre. +Ni para ir a misa salía a la calle. Estaba enferma o pretextaba estarlo. + +Así se pasaron, según queda dicho, cuatro largos meses. + +No había ya tertulia. + +Doña Luz sólo recibía a D. Anselmo, a quien ni como a médico consultaba +cosa alguna, y a doña Manolita, con quien esquivaba toda conversación +sobre su marido, sobre su herencia y sobre la repentina enfermedad que +ella había padecido. + +La índole de doña Luz parecía muy cambiada. + +Andaba siempre melancólica y taciturna. + +Doña Manolita notaba, cuando iba a verla, que tenía los ojos fatigados y +rojos de llorar. A veces, doña Luz no podía reprimir el llanto, y en +presencia de doña Manolita lloraba. + +Durante algún tiempo, la tristeza de doña Luz había sido sombría, +reconcentrada y feroz. Su amiga íntima no se había atrevido a +preguntarle la menor cosa ni a quejarse de su silencio. + +En los días, no obstante, a que hemos traído nuestra narración, la +tristeza de doña Luz se modificó visiblemente. Se hizo más tierna y más +expansiva. + +Doña Luz no se limitaba a recibir a su amiga cuando ésta iba a verla, +sino que a menudo la mandaba llamar. + +Lloraba, suspiraba más, pero estaba menos sombría. A veces cruzaba una +dulce sonrisa por entre sus lágrimas, como rayo de sol entre nubes. + +Una mañana, por último, doña Luz escribió a doña Manolita el siguiente +billete: + +«Querida amiga mía: No puedo callar más tiempo. Mi infortunio me ahoga, +me mata, y quiero vivir. Soy muy desgraciada y hay una esperanza que me +sonríe. Necesito conservar la vida. Temo que este oculto dolor me +asesine. Es menester que te le confiese; que me desahogue contigo; que +tu compasión y tu amistad me salven. Ven a verme al punto. Te quiere tu +Luz». + +No hay que decir que doña Manolita estuvo a los pocos minutos en el +cuarto de doña Luz, la cual se echó en sus brazos, llorando con mucha +ternura y besándola y llamándola su único consuelo. + +--Todo lo vas a saber--le dijo--. Me moriría si no me consolase +diciéndotelo. Tú eres buena y sigilosa. ¿Prometes callarte? + +--Lo prometo--contestó la hija del médico. + +--Ni a Pepe Güeto, ¿entiendes? Ni a Pepe Güeto dirás nada. + +--No diré nada ni a Pepe Güeto. + +--Pues bien--exclamó doña Luz en voz muy baja, pero con extraordinaria +vehemencia--, la causa de mi mal es que he descubierto, a los quince +días de casada, que el hombre que yo imaginé tan noble, tan generoso, +tan enamorado de mí, tan digno en todos conceptos de que yo le amara, y +a quien di mi corazón y mi mano, y a quien entregué mi ser y mi vida, es +un miserable sin alma. + +--¿Estás loca, Luz? ¿Qué motivos tienes para decir palabras tan +espantosas? + +--¿Qué motivos tengo? Mi padre, sin querer, me lo ha revelado todo en la +carta que me entregó D. Acisclo. ¡Fue notable exceso de precaución! + +Y doña Luz empezó a reír con la risa nerviosa que tuvo cuando el ataque. + +--Vamos, cálmate, vida mía. Cálmate y habla con reposo--dijo doña +Manolita. + +Doña Luz logró tranquilizarse y continuó hablando: + +--Por temor de que, en el caso de que la condesa de Fajalauza me dejase +por heredera, D. Gregorio no cumpliese bien su comisión, mi padre, que +toda su vida fue descuidadísimo, quiso en esta sola ocasión pecar de +cuidadoso. Mi padre confió, quizá también por vanidad, toda la historia +de sus amores a un antiguo amigo suyo, le entregó papeles que podían +obligar y comprometer a D. Gregorio, si éste no se conducía bien como +fideicomisario, y le encargó que lo callase y reservase todo como no +fuera menester descubrirlo en su día. Para el caso de que muriese este +amigo de mi padre antes de la muerte de la Condesa, tuvo autorización +dicho amigo de confiar a su hijo el secreto y de transmitirle la +comisión. Dicho amigo se llamaba D. Diego Pimentel. Su hijo es mi marido +D. Jaime. Muchos años hacía que él sabía que yo podía ser poderosa, pero +no le bastó conocer la posibilidad. Necesitó de la certidumbre para +enamorarse de mí. Sin la certidumbre, jamás le hubiera yo dado +_flechazo_. ¿Te acuerdas cuando tú me decías que le había yo dado +_flechazo_? Ya sabes cuál fue la flecha de oro de que se valió amor para +hacer tamaño prodigio. Don Jaime no tuvo necesidad de verme para +sentirse atravesado de la flecha. Ya la traía en el corazón cuando vino +de Madrid, con pretexto de visitar a sus electores. Ya sabía él la +muerte del Conde y que la Condesa estaba moribunda. Mientras vivía el +Conde, mientras la condesa pudo morir antes de que el Conde muriese, se +guardó bien don Jaime de enamorarse de mí. Mira, pues, en lo que viene a +parar todo el poema de amor que yo había compuesto. El amor +desinteresadísimo que en don Jaime me enamoró, fue un cálculo seguro de +alzarse sin trabajo con diez y siete millones. Don Jaime calculó bien, y +no quiso aventurar nada. Me ha engañado vilmente, porque tampoco creyó +tan precavido a mi padre para que me hubiese escrito la carta que me +entregó D. Acisclo. Don Jaime presumía ¿qué digo presumía? juzgaba tener +seguridad de que yo no sabría jamás que él estaba en el secreto de mi +herencia. Ahora mi amor se ha convertido en odio y en desprecio. Y no le +desprecio y le odio a él sólo, sino también al amor liviano que logró +inspirarme. ¿Por qué me enamoré de él? ¿Por qué cedí tan pronto? Por +vanidad de creerme amada; por ligereza; por deslumbrarme como una +rústica lugareña de sus cortesanas elegancias. Apenas vale el amor que +le tuve un quilate más que el amor que él fingía tenerme. No; no se +fundó mi amor en la estimación de las prendas de su alma que yo +desconocía, sino en vana soberbia satisfecha, y en ciegos instintos, en +groseros estímulos acaso, al verle gallardo y bello de cuerpo. Me +avergüenzo de haber sido suya, y de la inclinación que me llevó a ser +suya. La estancia en que le recibí en mis brazos, después de las +bendiciones nupciales, me causa ahora rubor, como al afrentado le causa +rubor el sitio en que sufrió la afrenta. La explicación que tuve con él, +cuando él volvió de Madrid y yo le rechacé al ir él a abrazarme, fue +horrible... horrible.... Sus infames disculpas, sus burlas cínicas +cuando le arranqué la máscara, el desdén con que me dijo que yo no sabía +vivir y que me había forjado del mundo una idea fantástica, y la +insolencia con que acabó por calificarme de loca y de insensata, me han +afirmado en mi decidido propósito de una eterna separación. Al morir a +manos del desengaño este amor efímero, al convertirse en hiel esta +liviandad legalizada y consagrada que me echó en brazos de D. Jaime, ha +revivido en mí otro amor espiritual y con objeto digno; otro amor, de +que yo neciamente me sonrojaba; otro amor que he querido ahogar, que he +querido ocultarme a mí propia, y que ahora reaparece inmaculado y puro, +aunque sin esperanza en esta vida. Por esto he deseado la muerte. ¡Qué +diferencia, Manuela! Aquél... ¿no lo sabes?... aquél murió de amor por +mí. Para éste soy un juguete, medio de poseer una fortuna. Este no +comprende siquiera el amor. Le escarnece. Me ha llamado necia y +disparatada porque me pesaba de que no me amase de amor cuando se casó +conmigo; porque le dije que ha profanado y envilecido mi amor +haciéndomele sentir sin él sentirle. ¿Te parece todo esto pequeño motivo +para mi desesperación? + +Doña Manolita estaba atolondrada, llena de dolor al ver tan infeliz a su +amiga, pero sin saber qué decirle. + +Doña Manolita suspiraba, acariciaba a doña Luz, la miraba compasiva, la +escuchaba muy atenta, y se callaba. + +Por último, se le ocurrió decir: + +--Pero ¿qué desesperación es la tuya? ¿No ponías en tu billete que +deseabas la vida? ¿No me hablabas de una esperanza? + +--Sí: la tengo--contestó doña Luz--. Por ella, sólo por ella no me he +muerto. + +Y asiendo doña Luz ambas manos de doña Manolita, las puso sobre su +regazo, reteniéndolas allí por algunos instantes. + +--¿Lo has sentido? ¿Lo has sentido?--exclamó entonces doña Luz--. Salta +en mi seno. Vive en mis entrañas. Yo viviré por él y para él. No quiero +creer que una material impresión haya dejado aquí la imagen del hombre +que desprecio. Mi espíritu concibe este ser. Mi pensamiento y mi +voluntad, durante largos meses, le han prestado y le prestarán forma, y +le han dado y le darán alma semejante a la de aquel que me la dio toda. +En los besos que estampé en su noble rostro, cuando moría, hubo más +verdadero amor que en todos los abrazos que al otro prodigué alucinada. + +De esta suerte, doña Luz hizo a su amiga sus más íntimas confidencias. + +Hasta hoy, doña Luz cumple su propósito. + +No ha vuelto, y bien se puede afirmar que no volverá nunca, a reunirse +con D. Jaime. + +Doña Luz sigue viviendo en Villafría, muy retirada de todo trato y +conversación. + +Mientras su marido brilla sobremanera en la corte, ella cuida de un hijo +muy hermoso y muy inteligente que Dios le ha dado, y cuyo nombre de pila +es Enrique. + + + + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ *** + +***** This file should be named 17338-8.txt or 17338-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/7/3/3/17338/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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