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+The Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Doña Luz
+
+Author: Juan Valera
+
+Release Date: December 17, 2005 [EBook #17338]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+
+Doña Luz
+
+Por
+
+Juan Valera
+
+Biblioteca Perojo
+
+Paris
+
+1897
+
+
+
+
+A la señora condesa de Gomar
+
+
+Estando en casa de V., en una noche del verano pasado, conté la sencilla
+historia de Doña Luz. Hallola V. bien, gracias sin duda a la indulgencia
+con que me mira, y me animó para que la escribiese. Prometí escribirla y
+dedicársela a V.; aceptó V. la promesa, y hoy con el mayor gusto la
+cumplo. Lo que me desazona es el corto valer del don en sí o su ningún
+valer, si se atiende al de la persona a quien le dedico, por su talento
+y belleza tan general y justamente encomiada. Sea, con todo, mi
+dedicatoria muestra, aunque pobre, del respetuoso cariño que V. me
+inspira.
+
+Por lo demás, aunque la novela no divierta, creo yo que vale algo por
+las muy graves y severas lecciones que contiene.
+
+Pongo a un lado las mil y quinientas que cualquier agudo crítico puede
+sacar si se empeña en elogiarme y lucirse, y me limito a la lección que
+se da, no ya sólo a los frailes, que al fin pocos hay en España ahora,
+sino por extensión a todo caballero cortesano, viejo o algo machucho,
+que se enamora con amor vicioso.
+
+El desastrado caso del P. Enrique deberá servir de escarmiento y grabar
+en la mente del cortesano viejo, como moraleja principal, aquellas
+advertencias divinas con que el ilustre Micer Pietro Bembo hermosea y
+corona el libro de _El cortesano_.
+
+Estas advertencias dicen en resumen que el cortesano «enderece su deseo
+a la hermosura sola, y cuanto más pueda la contemple en ella misma
+simple y pura, y dentro en la imaginación la forme separada de toda
+materia, y formándola así la haga amiga y familiar de su alma, y allí la
+goce, y consigo la tenga días y noches en todo tiempo y lugar sin miedo
+de jamás perdella, acordándose siempre de que el cuerpo es cosa muy
+diferente de la hermosura, y que, no solamente no la acrecienta, mas que
+le apoca su perdición. Desta manera será nuestro cortesano viejo fuera
+de todas aquellas miserias y fatigas que suelen casi siempre sentir los
+mozos, y así no sentirá celos, ni sospechas, ni desabrimientos, ni iras,
+ni desesperaciones, ni otras mil locuras llenas de rabia, con las cuales
+muchas veces llegan los enamorados locos a tanto desatino que aun a sí
+mismos quitan la vida»: como sucedió al P. Enrique, volviendo a mi
+cuento. Al cual Padre le hubiera estado mejor valerse de este amor como
+de escala para subir a más alto grado. Porque, considerando la
+estrecheza de estar siempre ocupado en contemplar la hermosura de un
+cuerpo solo, debió sentir deseo de ensancharse algo y de salir de
+término tan angosto, y para ello debió también juntar en su mente muchas
+hermosuras, y, reduciéndolas a una sola, formar aquella que sobre toda
+la naturaleza se extiende y derrama.
+
+Sabido es, por último, que, por cima de este concepto universal de la
+hermosura, hay otra excelsa, increada y de la que todas proceden. Si el
+amor llega a columbrarla, ¿de qué no se olvida? Y entonces (y toda ésta
+es doctrina de micer Pietro Bembo), se abrasa el alma en aquella llama,
+simbolizada y prefigurada en la enorme pira, donde se quemó Hércules,
+después de todos sus trabajos, allá en la cumbre del monte Oeta, o se
+remonta y traspone en el ardiente carro, en que Elías abandonó la tierra
+y se fue volando a los cielos.
+
+Yo, señora, con el peso de los años, que ya me molesta bastante, y con
+no pocas saludables desilusiones, voy propendiendo, aunque pecador, a
+subir por este último camino. Y si bien en mis novelas se notan aún
+resabios y aficiones de hombre mundano, ya hay en ellas como señales de
+que me llaman a sí otras voces muy distintas de las del mundo.
+
+Con esto, acaso perderá en amenidad lo que escribo, pero ganará en
+utilidad. Ahora que está en moda lo docente, dígame V. con franqueza si
+mi novela no enseña algo cuando esto enseña.
+
+Dele V., pues, su aprobación; acéptela y defiéndala ya que le pertenece;
+y créame su devoto servidor y amigo,
+
+JUAN VALERA.
+
+
+
+
+-I-
+
+El Marqués y su administrador
+
+
+No todas las historias que yo refiero han de ocurrir en Villabermeja.
+Hoy he de contar una muy interesante ocurrida, pocos años ha, en otro
+lugar cercano, que llamaremos Villafría, reservando para mayores cosas
+su verdadero nombre. Por lo demás, entre Villabermeja y Villafría no se
+da diferencia muy notable; pues, si bien Villabermeja posee un santo
+patrono más milagroso, Villafría goza de término más rico, de más
+población, de mejores casas, y de más pudientes hacendados.
+
+Entre éstos descollaba el Sr. D. Acisclo, así llamado desde que cumplió
+cuarenta y cinco años, y que sucesivamente había sido antes, hasta la
+edad de veintiocho a treinta, Acisclillo y tío Acisclo después. El don
+vino y se antepuso, por último, al Acisclo, en virtud del tono y de la
+importancia que aquel señor acertó a darse con los muchos dineros que
+honrada y laboriosamente había sabido adquirir.
+
+Su buena fama trascendía por toda la provincia. No le estimaban sólo
+como a persona que tiene el riñón bien cubierto, y que no se dejaría
+ahorcar por dos o tres milloncejos de reales, sino que era preconizado
+como sujeto muy cabal, formalísimo en sus tratos y seguro hasta la pared
+de enfrente, y como tan recto, devoto de María Santísima y temeroso de
+Dios, que casi, casi estaba en olor de santidad, a pesar de las malas
+lenguas, que no faltan nunca.
+
+Lo cierto es que D. Acisclo había sabido conciliar su medro con la
+probidad y la justicia. Había sido administrador del marqués de
+Villafría, durante veinte años lo menos, y se había compuesto de manera
+que todos los bienes del marquesado habían ido poco a poco pasando de
+las manos de su señoría a sus manos más ágiles y guardosas.
+
+Este pase o dislocación se había realizado natural y legítimamente. Don
+Acisclo no tenía culpa ninguna de que el marqués hubiese sido
+despilfarrado y perdulario; y más que por culpa podía y debía contarse
+por mérito que él fuese ingenioso, ahorrativo y aprovechadísimo.
+
+Siempre se condujo con la mayor lealtad en la administración. El marqués
+de Villafría habitaba en Madrid, donde gastaba mucho. Tenía necesidad de
+dinero. Enviaba a pedir. No había. Y entonces se apelaba a varios
+recursos, de algunos de los cuales hablaré aquí en breves palabras.
+
+Mandaba el marqués, que, para reunirle dos mil duros, se vendiese vino,
+aunque fuese malbaratándole: dando, por ejemplo, el fino y potable como
+de quema.
+
+Don Acisclo era muy estrecho y escrupuloso de conciencia, y se ponía a
+buscar con afán a alguien que se llevase el vino por su justo valor;
+pero no le hallaba. Nadie daba por cada arroba sino seis o siete reales
+menos de lo que valía. Entonces D. Acisclo se sacrificaba; allegaba el
+dinero, se le enviaba al marqués, y tomaba el vino para sí por una
+peseta menos en cada arroba. De esta suerte ganaba él, haciendo ganar al
+marqués tres reales en arroba por la parte más corta. Luego echaba D.
+Acisclo en madera el mencionado vino, y al cabo de un año, le ponía tan
+exquisito, que vendía cada arroba por siete u ocho pesetas más de lo que
+le había costado.
+
+En otras ocasiones, pedía el marqués, corriendo, mil duritos para salir
+de un apuro. «Tómalos de un comerciante de Málaga--escribía a D.
+Acisclo--, prometiendo pagarlos en aceite dentro de dos meses, que será
+la cosecha».
+
+Don Acisclo buscaba al punto en Málaga comerciante que se allanase a dar
+el dinero, y resultaba que nadie quería darle sino cobrándose en aceite,
+dos meses o poco más después, y tomando la arroba de dicho líquido a dos
+reales menos del precio corriente. Ésta era una usura monstruosa; era
+una usura de más del 30 por 100 al año. Don Acisclo se afligía, ponía el
+grito en el cielo, caía enfermo por la pesadumbre que le daban los
+apuros del marqués, y al fin reincidía en sacrificarse, tomando él mismo
+el líquido por un real menos de su precio corriente, y aprontando el
+dinero, del cual no venía a sacar sino a razón de 20 por 100 al año. Así
+hacía ganar al marqués otro 10 por 100.
+
+Con el trigo sucedía lo propio. El marqués mandaba que le vendiesen el
+trigo dos o tres meses antes de la cosecha. No se hallaba quien le
+pagase con anticipación sino con tres reales de descuento por fanega.
+Entonces D. Acisclo proporcionaba el dinero, y se quedaba con el trigo
+por dos reales menos, pero haciendo ganar al marqués un real en fanega.
+
+El marqués gustaba de tener una reata de ocho hermosos mulos, los cuales
+se hubieran comido una barbaridad de cebada, sin trabajar para el
+marqués sino cuatro meses a lo más cada año; pero D. Acisclo se servía
+de los mulos para los acarreos y tráficos, y así se ahorraba él de pagar
+mulero y mulos, y hacía que el marqués ahorrase sobre seis meses de
+piensos.
+
+Las tierras del marqués estaban muy necesitadas de abono. Don Acisclo
+adquirió para sí no pocas ovejas y cabras, las cuales, a trueque de
+algunas hierbas inútiles y tal vez nocivas y de algunos retoños bajos y
+viciosos, abonaban bien los mejores olivares del marqués.
+
+Necesitaba el marqués más dinero; era menester tomarle prestado; no
+había quien le diese a menos del 15 por 100. Don Acisclo hallaba a un
+pariente o a un amigo suyo que le daba al 12. Así hacía ganar al marqués
+un tres por ciento anual sobre la cantidad recibida.
+
+En resolución, y por el estilo mencionado, rindiendo cuentas
+exactísimas, y demostrando matemáticamente que hacía ganar al marqués
+tres o cuatro mil duros al año con administrar tan fiel y celosamente
+sus bienes, D. Acisclo vino a quedarse con casi todos ellos.
+
+Su señoría, sitiado por hambre, tuvo entonces que abandonar la corte, y
+se retiró a hacer penitencia en Villafría, donde murió, al año de estar,
+de unas calenturas malignas, que infundieron en su sangre la falta de
+metales y la sobra de bilis.
+
+Todo el caudal del marqués, a su muerte, podría producir, a lo sumo,
+16.000 rs. al año.
+
+Estoy tan escamado con los críticos profundos que no atino a resolver y
+declarar si el marqués era tonto o discreto. En Madrid había sido el
+marqués el encanto de la sociedad, y había pasado por la discreción en
+persona. Y, sin embargo, el marqués se había quedado pobre. Tal vez
+consista esto en que haya dos géneros de tontería: la tontería de acción
+y la tontería de palabra, las cuales están en razón inversa en cada ser
+humano. El que no dice tonterías las hace: el que no las hace las dice.
+Cuando alguien hace y dice siempre tonterías, ya es tonto de capirote y
+goza de tontería absoluta, total, una y toda, como se expresarían los
+filósofos.
+
+Por dicha no es esto lo común: lo común es ser tonto a medias. Cuando
+alguien gasta en palabras su discreción, enamora a las gentes y hace las
+delicias de las tertulias; pero, consumida toda su discreción en objetos
+de lujo, sólo tontería le queda para los negocios que debieran
+importarle. Y, por el contrario, todos o casi todos los que consumen su
+discreción en hacer su negocio, son insufribles de tontos o de zafios
+hasta que le hacen, si bien, luego que le han hecho, vuelven a brillar
+con su discreción en los discursos y conversaciones, o bien porque ya no
+tienen que emplearla en lo útil y la derivan hacia lo agradable, o bien
+por el prestigio seductor de que los circundan su éxito y su buena
+fortuna.
+
+Así me explico yo que el marqués, que buen poso haya, pasase siempre por
+discreto en la corte, y en su lugar por incapaz de sacramento.
+
+Razón tenían en su lugar, dirá quien me lea. Si el marqués no hubiera
+sido tonto, hubiera conocido que D. Acisclo le saqueaba y hubiera mudado
+de administrador. A esto importa contestar lo que el marqués contestaba,
+pues no faltó nunca quien le hiciese dichas reflexiones. Yo no trato
+aquí de sostener que el marqués tenía razón: me limito a repetir lo que
+él decía. Decía, pues, que en veinte leguas a la redonda, tomando a
+Villafría por centro del círculo o redondel, no había más honrado y
+virtuoso varón que su administrador: que el ahorro de cuatro mil duros
+al año que D. Acisclo se jactaba de haberle hecho era de la más rigurosa
+exactitud; y que por consiguiente todavía le salía deudor, en los veinte
+años que había administrado sus bienes, de algo más de 80.000 duros.
+Otro administrador cualquiera hubiera acabado con el marqués en diez
+años. El marqués, por lo tanto, creía deber a D. Acisclo diez años de
+buena y alegre vida. Otro administrador cualquiera no hubiera hecho los
+adelantos por la mitad menos, y se hubiera enriquecido más pronto, y no
+hubiera arruinado a su señor con tantos miramientos, con tanta suavidad
+y pausa, y con tan severa conciencia. El propio D. Acisclo creía, allá
+en el fondo de su alma, aunque rara vez se jactaba de ello por su
+extremada modestia, que había sido para con el marqués un dechado de
+fieles servidores. Así es que, en el año que vivió el marqués en
+Villafría, ya arruinado, D. Acisclo le sermoneó bien sobre su
+despilfarro e imprevisión, y el marqués le oyó siempre con respeto y
+hasta compungido a veces.
+
+Con estos sermones y consejos póstumos, con una amistad llena de
+veneración, que D. Acisclo mostró siempre al marqués, más aún cuando
+pobre que cuando rico, y con los cuidados con que le atendió en los
+últimos días de su vida, sin que ni remotamente entrase en todo ello la
+menor idea de desagravio, pues pensaba haberle favorecido y no ofendido,
+don Acisclo se elevó a considerable altura moral e intelectual en el
+ánimo del marqués, quien al morir le dejó confiada la joya más hermosa
+que aún poseía en este mundo.
+
+Era esta joya una niña que acababa de cumplir quince años cuando murió
+el marqués. Había sido educada por un aya inglesa que había sido
+menester despedir por falta de dinero antes de venir a Villafría; pero
+ya la niña hablaba inglés y francés con perfección y estaba muy
+instruida.
+
+En el lugar había acertado a hacerse querer de todas las gentes, en
+especial de los pobres, aunque ella también lo era y poco podía
+favorecerlos.
+
+Huérfana de madre desde que tenía dos años, había quedado sola en el
+mundo al morir el marqués. Éste, que jamás había sido casado, había
+tenido aquella hija en una mujer oscura, pero le había dado su nombre y
+la había legitimado.
+
+Don Acisclo, muerto el marqués, tuvo grande empeño en adelantar el
+dinero para la transmisión del título a la señorita; pero ésta lo supo,
+y se opuso del modo más resuelto. Aunque de tan corta edad, pensó y dijo
+con discreción que hasta era ridículo ser marquesa con tan poco dinero
+como tenía. Don Acisclo insistió en sacar el título, pero la niña se
+opuso cada vez con más ahínco. Quedose, pues, sin título. Todos en el
+lugar dejaron de llamarla la marquesita, como la llamaban en vida de su
+padre, y la llamaron doña Luz, que era su nombre de pila.
+
+Doña Luz, como buena hija, lamentó y lloró mucho la muerte del marqués;
+pero su humilde y cristiana resignación era grande.
+
+Con el tiempo quedó doña Luz tranquila y consolada. Vivía en casa de D.
+Acisclo. Conocía su triste situación, y no se atormentaba por ello. Se
+diría que había olvidado Madrid. Estaba conforme en pasar en Villafría
+la vida entera.
+
+
+
+
+-II-
+
+Antecedentes y pormenores indispensables aunque enojosos
+
+
+Desde la muerte del marqués habían transcurrido doce años.
+
+Doña Luz tenía veintisiete y estaba hermosísima: mucho mejor que de
+quince.
+
+Su buen natural, rectamente encaminado en su niñez y en su adolescencia
+por las lecciones del aya, no la había abandonado nunca. Doña Luz, sin
+sibaritismo, con la severidad de quien cumple un deber, había cuidado, y
+seguía cuidando en el lugar, de su alma y de su cuerpo.
+
+Con el mismo esmero con que procuraba no manchar su inteligencia ni su
+voluntad con ideas o con afectos indignos, atendía a la material
+limpieza y al honesto adorno de su persona. Doña Luz era en todo la
+pulcritud personificada.
+
+Tal vez por instinto, sin darse cuenta de ello, o al menos no dejándolo
+sentir ni recelar, se miraba y se complacía más en este que podemos
+llamar aseo moral y corpóreo, por lo mismo que se veía circundada de
+gente algo ruda y no muy limpia ni de cuerpo ni de alma, y como si
+tuviese el temor de contaminarse.
+
+Era tan circunspecta, que jamás dejaba traslucir este temor; y tan hábil
+sin arte, que nadie la acusaba de desdeñosa. Aunque no se bajaba al
+nivel de nadie, por una dulce, franca y generosa simpatía, procuraba
+elevar a las gentes a su nivel. Así había logrado infundir respeto y no
+odio: y las señoras y señoritas del lugar, en vez de tomarla por blanco
+de sus sátiras, solían tomarla por modelo, con lo cual los usos,
+costumbres y trato social, se habían mejorado bastante.
+
+Los mozos eran más reverentes con las mujeres, y algunas de éstas
+imitaban ya a doña Luz, no sin maña, en modales y compostura y hasta en
+el primor y atildamiento con que ella tenía los muebles y alhajas de su
+tocador, salita y alcoba.
+
+En el momento en que nos ponemos ahora con la imaginación, doña Luz era
+un sol que estaba en el zenit. Gallarda y esbelta, tenía toda la
+amplitud, robustez y majestad, que son compatibles con la elegancia de
+formas de una doncella llena de distinción aristocrática. La salud
+brillaba en sus frescas y sonrosadas mejillas; la calma, en su cándida y
+tersa frente, coronada de rubios rizos; la serenidad del espíritu, en
+sus ojos azules, donde cierto fulgor apacible de caridad y de
+sentimientos piadosos suavizaba el ingénito orgullo.
+
+Madrugadora, activa, acostumbrada a dar largos paseos, y a estar en casa
+empleada en algo útil, la ligereza y el brío de su cuerpo corrían
+parejas con su beldad y con su gracia. Cuando quería, bailaba como una
+sílfide; en el andar airoso, semejaba a la divina cazadora de Delos, y
+montaba a caballo como la reina de las amazonas.
+
+No se negaba a asistir a los bailes, tertulias y otras fiestas que en el
+lugar se daban. Había ido a las ferias de los lugares cercanos y a
+algunas romerías, y no esquivaba la conversación de las gentes, aunque
+con tan juicioso y bien templado decoro, que atinaba a desechar la
+familiaridad excesiva, sin ofender al vidrioso y sin alentar al audaz y
+confiado.
+
+Esto, en vez de perjudicarle, aumentaba y extendía su buen crédito.
+
+Cuando doña Luz iba por la calle, con Juana, su anciana criada, o cuando
+iba a la iglesia, grave, silenciosa, vestida toda de negro, con basquiña
+y mantilla, decían algunos mozos estudiantes, que había en el lugar, y
+que entendían más hondamente que los demás de estética y de otras
+doctrinas de amor y poesía, que doña Luz parecía una garza real, una
+emperatriz, una heroína de leyendas y de cuentos fantásticos; algo de
+peregrino y de fuera de lo que se usa; el hada Parabanú; la más egregia
+de las huríes.
+
+A pesar del respeto, algunos no acertaban a contenerse. Este decía:
+«¡Viva el salero!» Aquél: «¡Alabado sea Dios que tan hermosa la ha
+criado!» Otro: «¡Ahí va la gloria vivita!» y así por el estilo. En
+ocasiones, por último, no faltó quien se propasase a tender la pañosa a
+modo de alfombra o a tirar el sombrero calañés a sus plantas para que
+ella le hollara y pisoteara.
+
+Pero, ¡caso estupendo! en medio de todo este entusiasmo, doña Luz no
+tenía ni había tenido novio: no hablaba ni había hablado con nadie por
+la reja. Lo que sí había tenido era multitud de pretendientes, sin que
+ella hubiese dado esperanzas a ninguno. Los jóvenes más ricos de algunas
+leguas en contorno la consideraban ya como inexpugnable fortaleza. La
+esperanza, con todo, no se pierde jamás. Los hombres, en esto de
+conquistas amorosas, nos las prometemos, a menudo, felices. Así es que,
+si los del lugar estaban ya sosegados y desengañados, no faltaban aún
+forasteros, con tal de que fuesen sujetos de cierto fuste, que se
+alborotasen al ver a doña Luz, y propusiesen, allá en sus adentros,
+conseguir lo que otros no habían conseguido; pero pronto también se
+desengañaban.
+
+Con esta adoración resuelta, con este prurito de ser correspondidos, se
+habían hallado muchos, o simultánea o sucesivamente. Ninguno había
+llegado a explicaciones. Doña Luz se supo componer de suerte que no se
+había visto nunca en la dura necesidad de dar formales calabazas, ni de
+excitar el resentimiento que esto trae consigo. Era difícil hablar a
+solas con ella. Era difícil hacer llegar a sus manos carta o billete
+amoroso. Y si bien, merced a algunas viejas audaces, que donde quiera
+las hay de sobra, doña Luz había recibido papelitos en prosa y hasta en
+verso, constantemente los había devuelto sin abrir. En vista de estos y
+de otros desdenes, todos los enamorados desistían al fin de sus
+propósitos, sin motivo y hasta sin pretexto de queja.
+
+Y no podía haberla, porque doña Luz callaba toda razón ofensiva. No se
+sentía inclinada al matrimonio. No amaba. Nadie manda en su corazón.
+Tales eran sus razones.
+
+Alguien podría sospechar pero no probar su invencible repugnancia a todo
+lo vulgar y plebeyo, y el horror que de ella se apoderaba a la sola idea
+de poder un día tener un hijo que llevase su ilustre apellido en pos de
+otro apellido oscuro y rústico de algún ricacho villano.
+
+En suma: doña Luz, si no tenía esperanzas de casarse a su gusto, tampoco
+tenía o dejaba traslucir el menor deseo. Todo era en ella frialdad
+tranquila y contentamiento suave. En balde, el peor pensado de los
+hombres se atrevería a buscar en sus actos, en sus palabras, en sus
+ademanes y gesto, la más leve señal de que estuviese despechada.
+
+Doña Luz no lo estaba en realidad. Había tomado enérgicamente su partido
+y había trazado de antemano la senda de su vivir. Las frases burlonas de
+_quedarse para tía_ o _para vestir imágenes_ no hacían mella en su firme
+y acerado corazón, ni podían violentarla ni inclinarla a aceptar marido
+con el solo fin de no llegar a solterona.
+
+Varias parientas ricas, que tenía doña Luz en Sevilla y en Madrid, la
+habían invitado a que se fuera a vivir con ellas: pero, o bien porque
+así fuese en verdad, o porque doña Luz lo sospechaba, las invitaciones
+habían sido más que de corazón por cumplimiento. Además, doña Luz se
+consideraba muy pobre para su clase, y no quería ser gravosa, ni vivir a
+expensas de otros y en una especie de dependencia próxima a la
+servidumbre. Había, pues, rehusado todas las invitaciones. Su plan era
+vivir y morir oscuramente en Villafría.
+
+La misma impureza de su origen, el vicio de su nacimiento, la humilde
+condición de su desconocida madre, obraban por reacción en su ánimo y
+casi convertían su orgullo en fiereza. Para limpiar aquella mancha
+original, quería ser doña Luz mucho más limpia y mucho más pura.
+
+No quería pordiosear ni deber nada a nadie.
+
+Conservaba sin vender su casa solariega del lugar con sus antiguos
+muebles y dos criados. Si no vivía en ella, pensaba vivir más tarde, o
+bien porque don Acisclo podría faltar, o bien porque ya, entrada ella en
+años, nadie podría extrañar que viviese sola.
+
+Entretanto, vivía doña Luz en el caserón de don Acisclo, donde tenía
+holgada e independiente habitación, y donde había traído, para
+adornarla, sus más bonitos y preciosos muebles y sus libros mejores.
+
+En pago de esta hospitalidad, hacía aceptar a don Acisclo, por más que
+éste se había resistido, más de la mitad de sus rentas, o sea 8.000
+reales al año. Con lo restante, como era económica y arreglada, tenía lo
+suficiente para vestirse, comprar algunos libros nuevos y hacer
+limosnas.
+
+El único lujo, el único regalo de doña Luz, era un magnífico caballo
+negro, en el cual solía ella salir a paseo con D. Acisclo o con un
+criado llamado Tomás, que había envejecido en el servicio de su padre.
+
+Don Acisclo estaba viudo hacía muchísimo tiempo. Tenía dos hijos y tres
+hijas, todos casados y con casa aparte, de modo que, en la soledad
+anchurosa de aquel inmenso caserón, doña Luz y D. Acisclo se daban mutua
+compañía.
+
+Rayaba ya D. Acisclo en los setenta años; pero estaba recio y bien de
+salud. Iba derecho como un huso; era hombre ágil y enjuto de carnes; y,
+si no sabía más que leer y escribir medianamente y las cuatro reglas, y
+si jamás había leído un libro, tenía gran despejo natural, aunque burdo.
+Jamás había turbado su conciencia con sutilezas morales. Así es que no
+le remordía, como hemos dicho, de haber contribuido a la ruina del
+marqués. Si se había aprovechado de ella mejor le parecía que hubiese
+sido él que no otro. Mucho le hubiera dolido ver en manos extrañas el
+caudal de su amo. Poseíale, por lo tanto, de buena fe, con justo título,
+y hasta con y por cierto sentimiento de veneración a la memoria del
+difunto ilustre poseedor.
+
+Esta veneración se extendía, o mejor dicho, se extremaba y llegaba a su
+colmo, sin afectación ni servilismo, cuando se trataba de la señorita
+doña Luz, en quien, fascinado el viejo, creía descubrir a un ser cuyos
+arcanos pensamientos, móviles y resortes de acción, apenas entreveía; a
+una criatura rara e inusitada, de otra casta muy diferente de la suya, y
+con la cual, sin embargo, comía de diario y tenía la honra de compartir
+la vivienda.
+
+
+
+
+-III-
+
+De otras menudencias que la escrupulosidad del narrador no permite que
+pasen en silencio
+
+
+Constaba esta vivienda, como la de muchos otros ricos hacendados de
+Andalucía, de dos casas contiguas, en comunicación: la de los amos y la
+que se llama siempre casa de campo, aunque esté en el centro de la
+población.
+
+La casa de los amos no tenía más habitantes que D. Acisclo en un
+extremo, y doña Luz en otro, con su vieja criada Juana, que dormía en un
+cuarto al lado del de su señora.
+
+Había un gran comedor, otro comedor pequeño para diario y varios salones
+de respeto, que no se abrían sino en las ocasiones solemnes, y donde,
+entre otras preciosidades, D. Acisclo, sus hijos, hijas, yernos y
+nueras, todos resplandecían retratados al óleo, de tamaño más que
+natural, y casi de cuerpo entero, por un pintor ambulante que acertó a
+pasar por Villafría, y que llevó una onza de oro por cada retrato.
+Verdad es que D. Acisclo le agasajó y trató a cuerpo de rey, sentándole
+a su mesa todo el tiempo que tardó en pintarlos, lo cual fue obra de
+cinco meses, y luego, al partir, le hizo presente de mil chucherías,
+como, por ejemplo, de un pipotillo con aguardiente de doble anís, de
+orejones secos y de alfajores y piñonate. Los retratos lo merecían por
+lo parecidos. No les faltaba más que hablar. Las blondas que figuraban
+en los de las damas, estaban algo confusas al principio; pero, cediendo
+a las quejas de las damas susodichas, el pintor lo arregló con ingenioso
+artificio. Untó en albayalde un pedazo de tul, le aplicó al sitio del
+cuadro, ya seco, donde la blonda estaba representada, y resultó un
+efecto maravilloso, porque hasta los agujeritos de la blonda se veían y
+aun podían contarse.
+
+Todo esto era en el piso principal, donde había dos chimeneas, que allí
+llaman francesas, y que no se encendieron sino cuando vino el obispo, en
+pleno invierno, y por poco se ahoga S. S. I. con el humo que se armó.
+Pero en cambio había una magnífica cocina de señores, con chimenea de
+campana, de muchísimo tiro, donde ardía siempre, durante la estación
+fría, abundante leña de olivo y de encina y rica pasta de orujo; donde
+rara vez se guisaba; y donde los señores se calentaban muy a su sabor.
+En esta cocina adornaban las paredes varias jaulas de perdices, puestas
+sobre repisas, escopetas y otras armas, y algunas cabezas de ciervos,
+lobos, zorros, tejones y garduñas, muertos por D. Acisclo.
+
+En el piso bajo había casi tanta habitación como en el principal; y, si
+se contaba con el patio con toldo, había más. Allí se vivía durante el
+verano. En toda estación estaba allí el despacho de D. Acisclo, donde
+este activo labrador y ganadero trataba con chalanes, corredores,
+rabadanes, aperadores, capataces y caseros: entendiéndose por caseros,
+no el terror de los inquilinos morosos, como en Madrid, sino los que
+cuidan y guardan las caserías o viviendas de cada finca rústica.
+
+En el piso bajo, en la sala de más aparato y autoridad, que se llamaba
+la cuadra, porque era cuadrada, había también algo que daba lustre a
+aquella casa. Es de saber que en no pocos pueblos de Andalucía hay
+multitud de imágenes benditas, que se sacan en procesión en las grandes
+festividades, y singularmente en Semana Santa. El número de estas
+imágenes suele hacer que no quepan bien en los templos, por lo cual
+muchas están depositadas en casas particulares hasta el único día del
+año en que han de salir en procesión. D. Acisclo tenía en la cuadra baja
+una de estas imágenes, de cuya cofradía era hermano mayor; pero no era
+una imagen de tres al cuarto, sino la más complicada que se conocía y la
+de mayor empeño y coste, ya que en realidad no rezaba con ella aquel
+decir proverbial de:
+
+Santirulitos bonitos, baratos, Ni comen, ni beben, ni gastan zapatos.
+
+Aquella imagen o representación comía y bebía, o mejor dicho, cenaba:
+era nada menos que la _Cena_.
+
+Cristo y los doce apóstoles de bulto estaban sentados a la mesa; Cristo
+echaba la bendición, San Juan se dormía sobre el hombro de su Divino
+Maestro, y el feísimo y traicionero Judas, con enmarañado pelo rojo,
+metía la mano en el plato del centro, porque es sabido que no tenía
+pizca de educación.
+
+El Jueves Santo salía en procesión la Cena, y el Miércoles Santo por la
+noche estaba expuesta en la cuadra a la veneración de los fieles,
+quienes con tal motivo tenían entrada franca en la casa, lo cual se
+llamaba y se llama aún _visitar las insignias_, y apenas quedaba en el
+lugar quien no las visitase en la víspera de la respectiva procesión. Y
+esto si contar con los forasteros.
+
+La mesa en que Cristo y los apóstoles estaban sentados, era bastante
+capaz, y, en tan solemnes días, se cubría con preciosos manteles
+alemaniscos y se adornaba con mil lindezas, flores, viandas, dulces y
+frutas. Aunque no había en la mesa _de cuanto Dios crió_, como afirmaba
+la gente del pueblo con encarecimiento desmedido, era innegable que
+había objetos raros y costosos: uvas de corazón de cabrito como acabadas
+de coger y que por milagro se habían conservado, claveles y tempranas
+rosas de olor en grandes piñas, ramos de violetas y camelias, etc., etc.
+Las paredes de la sala donde estaba la Cena se tapizaban de damasco
+carmesí; sobre el damasco se colgaban lindas y antiguas cornucopias con
+muchas velas de cera ardiendo, y también en la sala había verdes
+plantas, y canarios en jaulas, y una enorme cruz negra de madera, con
+adornos y remates de plata fina, asida a la pared por fuertes alcayatas.
+Era la cruz que D. Acisclo, cuando mozo, había llevado al hombro en las
+procesiones durante muchos años, porque había sido y era aún _hermano de
+cruz_, aunque jubilado, y aún se vestía de _nazareno_, para ir en la
+procesión como hermano mayor delante de la Cena, con una túnica de rica
+seda morada que había costado un dineral; pero entonces no llevaba la
+cruz, sino una pértiga reluciente, signo de autoridad y mando. Su hijo
+primogénito iba delante con el estandarte de la cofradía.
+
+El gasto de la fiesta era grande, porque D. Acisclo costeaba toda la
+cera que llevaban ardiendo los que con sendas velas seguían su insignia,
+y en la noche del Jueves Santo, terminada ya la procesión, daba de cenar
+a todos los cofrades, que eran muchos, agasajándolos y hartándolos con
+potaje de habas, cornetillas picantes, cazón en ajo de pollo, bacalao
+con tomates o en albóndigas, a veces hasta _serafines_ fritos, pues,
+aunque parezca extraño, _serafines_ se llaman en aquel país los
+boquerones, y de postres deliciosos pestiños y vino añejo. Pagaba además
+con rumbo generoso a los cuarenta o cincuenta ganapanes que habían
+llevado en hombros las andas, y en las andas la mesa, con Cristo,
+Apóstoles y _cuanto Dios crió_; empresa titánica, de la cual no pocos
+quedaban derrengados y con feroces ampollas, a pesar de las
+almohadillas.
+
+Aquella noche echaba D. Acisclo el bodegón por la ventana.
+
+La gente menuda fumaba a su costa los mejores _coraceros_ que había en
+el estanco, y el señorío tomaba chocolate con hojaldres, empanadas,
+hornazos, tortas de varias clases, como por ejemplo, de polvorón y de
+aceite, y roscos de vino y de huevo.
+
+En cualquier día y a cualquier hora se mostraba en todo que D. Acisclo
+era espléndido y acaudalado.
+
+El patio de la casa era anchuroso y enlosado de mármol. En su centro
+lucía una taza de mármol también, donde caía el agua clara de un copioso
+y alto surtidor. En torno de la fuente se veían muchas macetas con
+flores y hierbas olorosas, y alrededor arriates con bojes, que formaban
+bolas y pirámides, y rosales de enredadera, jazmines y naranjos, que
+revestían el muro y trepaban por cima de los balcones del piso
+principal, tejiendo una capa o manto de flores, frutos y verdura, y
+embalsamando el ambiente, ya con el olor del azahar, ya con el más leve
+aroma de jazmines y de mosquetas.
+
+De este patio, así como de un jardín más extenso, con honores de huerta,
+que había a espaldas de la casa, cuidaba doña Luz con esmero. Hasta
+hacía venir flores y plantas, que jamás se habían conocido en Villafría,
+y solía aclimatarlas.
+
+De nada más cuidaba doña Luz, no por desidia, sino porque, según decía
+D. Acisclo, se obstinaba en sostener que estaba como de huésped, y no
+quería meterse en camisón de once varas.
+
+Quien lo gobernaba todo, la verdadera directora y ama de llaves, era la
+Sra. Petra, de edad de cincuenta años muy cumplidos. Ella entendía en el
+gasto diario, vigilaba la cocina y tenía las llaves de la despensa, de
+la repostería, de la candiotera, de las cuatro bodegas de vino, aceite,
+aguardiente y vinagre, y de los desvanes o graneros, donde siempre había
+trigo, cebada, arvejones, yeros, matalahúga y otras semillas.
+
+A las inmediatas órdenes de la Sra. Petra había cuatro criadas: dos,
+zagalonas aún, duras en el trabajo, de apretadas carnes y músculos de
+acero, las cuales eran de las que llaman por allá _de cuerpo de casa_,
+esto es, que servían para fregar, aljofifar, enjalbegar y tenerlo todo
+_saltandito_ de limpio; otra, ya más granada, aunque moza también, que
+cosía, zurcía y planchaba la ropa, y otra que guisaba los más castizos y
+sabrosos guisotes de la tierra, y que sabía hacer almíbares, cuajados,
+pastelillos, arrope y gachas de mosto.
+
+Toda esta tropa femenina habitaba y dormía en el piso principal de la
+casa de campo, donde también tenían habitación el aperador, su mujer y
+sus cuatro chiquillos; pero éstos, tan apartados, que no se veían ni se
+entendían sino cuando el amo llamaba.
+
+Había, por último un mozo, que dormía junto a la caballeriza y cuidaba
+de ella, de los patios y corrales.
+
+Tal era la servidumbre doméstica, por decirlo así. Pero ya se entiende
+que los jornaleros, el mulero, los caseros, los viñadores, los
+pisadores, los del molino y la demás gente que se empleaba en las faenas
+agrícolas, iban y venían y hacía estancia en la casa de campo, donde
+había anchura sobrada, y alambique, lagar, alfarje y prensas para la
+aceituna y la uva.
+
+Resultaba, pues, como ya queda apuntado, que en la casa de los amos sólo
+vivían D. Acisclo, doña Luz y su criada Juana.
+
+Tomás, el antiguo criado del marqués, vivía en la casa solariega con un
+mozuelo que le ayudaba a cuidarla y a cuidar también el hermoso caballo
+negro de la señorita.
+
+En la casa había dos mesas: una a la que se sentaban D. Acisclo y doña
+Luz y algún convidado si le había; otra para la _familia_ (en los
+pueblos andaluces se sigue llamando _familia_ a los criados), y en dicha
+mesa se sentaban la señora Petra presidiendo, las dos mozas de _cuerpo
+de casa_, la costurera y planchadora, la cocinera, el mozo de la
+caballeriza, Tomás y su ayudante, y la Juana, doncella de la señorita
+doña Luz.
+
+El aperador y los suyos hacían rancho aparte y tenían una cocinilla
+moruna donde guisaba la aperadora.
+
+Esto no impedía que ella, o alguno de sus hijos, o todos, incluso el
+aperador, aunque no hijo, sino padre, estuviesen convidados con
+frecuencia a la mesa de la familia, a la cual se sentaban asimismo el
+mulero y otros cuando estaban en el lugar, y a la cual la señora Petra y
+la Juana se atribuían el derecho, y no se descuidaban en ejercerle, de
+hacer las invitaciones que se les antojaban.
+
+Tal era la casa en que durante doce años había vivido doña Luz, y tal la
+gente de que estaba rodeada en mayo de 1860.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Los amigos íntimos de doña Luz
+
+
+Doña Luz, dadas las circunstancias en que se hallaba y las condiciones
+de su carácter, no podía menos de vivir como vivía.
+
+El orgullo es malo sin duda.
+
+¿Cuánto mejor y más cristiana no es la humildad? En el orgullo hay mucho
+de egoísmo, mientras que la humildad es toda devoción y abandono. Y sin
+embargo, ¿cómo negar que un orgullo bien dirigido es causa a veces de
+altas virtudes y de honrada conducta?
+
+Sea como sea, no debemos ocultar que nuestra heroína era muy orgullosa.
+
+Quien esto escribe no tiene manías o predilecciones aristocráticas. Al
+contrario, siempre se ha obstinado en creer que no vale menos la gente
+de los lugares que la más encopetada de la corte. _Mutatis mutandis_,
+todo le parece lo mismo: la mujer del alcalde es igual a una emperatriz
+o reina, la del escribano equivale a la duquesa más en moda en Madrid, y
+el majo Fulanito se le antoja más brioso, y gallardo, buen jinete,
+seductor, afable y ameno, que el más perfecto _dandy_ de cuantos ha
+conocido.
+
+Pero, mirándolo bien, esto no es espíritu democrático discreto, sino
+negro y desconsolador pesimismo. La democracia optimista y sana
+consiste, sin duda, en creer que la mejor educación desde la primera
+infancia, el buen ejemplo y nombre de padres y abuelos, la obligación de
+no deshonrar ni deslustrar este buen nombre y el vivir en medio más
+urbano y culto, deben ser escuela e incentivo eficaz para ser virtuosos
+o discretos, o seductores, o dignos o todo a la vez. En igualdad de
+índole y de luces intelectuales debe, por consiguiente, valer mucho más
+quien posee los dichos exteriores requisitos que aquel que no los posee:
+en igualdad de condiciones internas, la hija de un marqués, por ejemplo,
+aun cuando sea bastarda, debe conducirse mejor que la hija de un
+pelafustán. De entender lo contrario por espíritu democrático, se
+seguiría que lo que debemos desear es la igualdad bajando y no subiendo:
+la nivelación en la ignorancia, la abyección y la miseria, y no la
+nivelación y elevación posibles, en todos aquellos medios, en toda
+aquella acumulación de recursos hecha por las pasadas generaciones, a
+fin de que con su auxilio sigamos ascendiendo hacia el bien, hacia la
+luz y hacia la belleza.
+
+Yo comprendo como veneranda y punto menos que santa, aunque vaya por
+caminos extraviados, la intención del demagogo, demócrata y hasta
+socialista, que pugne por dar a todos los hombres educación liberal,
+recursos y cuantos elementos gozan los llamados aristócratas, si es que
+estos elementos valen, no sólo para gozar, sino para ser mejores; pero
+si sólo valen para gozar y ser más débiles, corrompidos y ruines, no me
+explico la democracia progresista, sino la democracia de Rousseau, que
+procura retrotraer a la humanidad al estado salvaje.
+
+De cualquier modo que sea, conste que yo no defiendo aquí esta o aquella
+opinión. No es lo que escribo un tratado de filosofía política. No
+intento tampoco presentar a doña Luz como un dechado de excelencias,
+sino presentarla tal como ella fue.
+
+Doña Luz sentía profundamente la dignidad humana, pero suponía que lo
+claro y distinto de este sentimiento, que había en ella más que en otras
+personas, no dependía sólo de un don natural y gratuito, sino de una
+educación superior a la de la generalidad, y mucho más esmerada. Esto,
+más bien que orgullo, parece modestia. Ella creía tener un ideal de sí
+propia que había ido realizando y como trayendo fuera, merced sin duda a
+su misma energía, pero auxiliada de circunstancias dichosas e iniciales
+que debía a la Providencia, y en que no todos, sino pocos, se hallan. Se
+juzgaba, pues, como favorecida por Dios, y por lo mismo con más
+obligaciones que cumplir. Por cada favor divino, una obligación sagrada.
+Tenía talento, estaba obligada a cultivarle; era bella y fuerte,
+necesitaba conservar su fuerza y su hermosura; había recibido un nombre
+ilustre, y, ya que no acertase a ilustrarle más, no debía mancharle.
+
+Aunque ella se considerara igual por naturaleza a los demás seres
+humanos, los juzgaba a todos marchando en busca de mayor bien y de
+superior altura más luminosa y serena. Si ella, aun cuando fuese por un
+capricho de la suerte, iba delante y se hallaba más cerca de la cumbre,
+su filantropía no podía extenderse a más que a dar la mano a los que
+estuviesen en condiciones de trepar hasta donde estaba ella, y no a
+aquellos que estaban tan bajos o tan hundidos en el lodo, que en vez de
+alzarlos, se dejaría ella arrastrar cayendo en el lodo también.
+
+Ya hemos indicado que el orgullo de doña Luz se velaba y envolvía en el
+más discreto disimulo; y esto no sólo por prudencia y por interés
+propio, sino por vivo sentimiento de caridad. Nada le dolía tanto como
+humillar al prójimo. Si tal vez se complacía en lucir alguna habilidad,
+alguna buena prenda de su espíritu, algún primor o elegancia de su
+persona, era con los capaces de sentir el estímulo de imitarla o alzarse
+hasta ella; no por el prurito de excitar estéril admiración o envidia
+dolorosa.
+
+Doña Luz, por lo mismo que tenía tanto orgullo, no tenía chispa de
+vanidad. Gustaba en todo de pagar con usura lo que recibía. No anhelaba
+que la amasen más de lo que podía amar ella. La coquetería era, pues,
+para doña Luz un vicio ignorado y casi incomprensible. Su fallo, la
+propia sentencia que ella dictaba acerca de cualquiera calidad, acto o
+virtud de su persona, la lisonjeaba y complacía mil veces más que todo
+el aplauso de cuantos la rodeaban. Así es que sólo quería agradar de
+puro bondadosa: por donde resultaban en ella una naturalidad, una
+modestia y un olvido aparente de su propio mérito, que encantaban y
+pasmaban.
+
+Otras mujeres están anhelando siempre inspirar pasiones; doña Luz huía
+de inspirarlas; y, aplicando un pronto desengaño, las mataba en todo
+corazón antes de que naciesen. ¿Para qué ser amada si no había de amar a
+quien la amase? En amor, lo mismo que en amistad, doña Luz deseaba dar
+el doble. Y no pudiendo amar en Villafría, había poco a poco apartado de
+sí a todos los mozos del lugar, y había elegido sus amigos íntimos entre
+los viejos.
+
+Si era dulce en su trato con todos, usaba tan estudiada cortesía, que
+sin que la tildasen de soberbia, evitaba la intimidad con todos, menos
+con cuatro sujetos.
+
+El primero era D. Miguel, cura de la parroquia, anciano excelente aunque
+de cortísimos alcances, con quien se confesaba todos los meses, a quien
+daba sus ahorrillos para que los repartiese en limosnas a los
+necesitados, y con quien a menudo jugaba al tute. El corazón y la mente
+de doña Luz eran para el pobre cura el libro de los siete sellos. En
+esta oscuridad, y siendo además D. Miguel poco entusiasta, quería con
+moderación a doña Luz; pero la quería con toda la fuerza de alma de que
+él podía disponer para el cariño, que era poquísima. Doña Luz, en
+cambio, idolatraba al cura de cierta manera. Se complacía en aquella
+transparencia, en aquella nitidez, en aquella bendita vaciedad de su
+espíritu, y le mimaba y agasajaba como a un niño pequeñuelo. Por medio
+de un contrabandista que iba y venía con telas de algodón, hacía traer
+de Lisboa para D. Miguel el rapé más selecto; y, procurando que no le
+hiciesen mal, le enviaba confites, bizcochos y otras golosinas, a que el
+cura era muy aficionado.
+
+Otro íntimo de más importancia, era el médico D. Anselmo. Y digo de más
+importancia, por lo que él valía, no porque doña Luz le necesitase. La
+salud de doña Luz era insolente de buena. Ni un dolor de cabeza nunca.
+
+D. Anselmo era un hombre despejadísimo, y no sólo hábil e instruido en
+su profesión, sino de variada lectura y de singular facilidad de
+palabra. No se extrañe que con tales dotes fuese médico en un lugar. O
+la fortuna no le había sonreído, o su genio indómito y arisco se había
+opuesto a que se encumbrase. Lo cierto es que, siendo persona de valer,
+se había resignado a vivir y ejercer su facultad en Villafría.
+
+Doña Luz tenía encantado a D. Anselmo y D. Anselmo a doña Luz. Para esto
+había diversas causas. Ahora que están en moda los _schemas_, podremos
+representar los espíritus del médico y de la señorita, como dos esferas
+muy excéntricas, pero tocándose y compenetrándose por un lado, donde
+formaban sendos casquetes unidos por la base; algo idéntico a la
+humanidad en el _schema_ del ser, a la _lenteja_ que los krausistas han
+hecho tan famosa. D. Anselmo y doña Luz tenían, pues, una lenteja
+espiritual mancomunada, donde se entendían a maravilla, quedando el
+resto de la esfera de cada uno desconocida e inexplorada por el otro.
+Así es que jamás llegaban a saberse de memoria; escollo en que suelen
+dar los entendimientos afines, y que a la larga engendra fastidio y
+desvío.
+
+Siempre tenían estos dos amigos campo en que hacer incursiones y
+descubrimientos, tratando de penetrar o penetrando el uno en la mente
+del otro. Nunca se hartaban de hablar, y su conversación era una eterna
+disputa. Doña Luz era creyente y espiritualista con su poco de
+misticismo; D. Anselmo, positivista feroz. D. Anselmo era además un
+parlanchín de siete suelas, y nada le encantaba más que el que le
+oyesen. Sólo se reposaban ambos en sus discusiones cuando jugaban al
+ajedrez. Solían jugar uno o dos juegos diarios.
+
+Don Anselmo, contaría ya sesenta años de edad. Estaba viudo como D.
+Acisclo, y tenía una hija de veinte, morenilla muy agraciada, pequeña de
+cuerpo, soltera aún, y llamada doña Manolita, alias _la culebrosa_. La
+llamaban así por su extraordinaria viveza y movilidad. Afirmaban en el
+pueblo que estaba hecha y como amasada de rabillos de lagartijas. Decía
+y hacía a cada momento doscientos mil graciosos disparates, aunque todos
+inocentes y nada comprometidos, por lo cual la apellidaban también _el
+trueno_; pero realmente no era trueno, sino tempestad de risas, de
+bromas alegres y de regocijados discursos, porque era no menos picotera
+que su padre. Por lo demás, el fondo de doña Manolita no podía ser más
+excelente. Era leal, afectuosa sin malicia y sin envidia, de agudo
+ingenio, y más juiciosa y reflexiva en lo importante de lo que prometía
+su exterior y superficial aturdimiento.
+
+Como doña Luz era grave y mesurada, doña Manolita le servía como para
+completar sus modos de ser. Por esto, sin duda, y por las otras
+cualidades de que hemos hablado, doña Luz hizo de ella su compañera.
+Doña Manolita era la única persona a quien doña Luz tuteaba en
+Villafría. Aún no se confiaba en ella con total abandono, porque doña
+Luz era muy reservada; pero de día en día iba ganando más doña Manolita
+en su corazón. Juntas salían a pie de paseo, juntas iban a la iglesia, y
+juntas tenían costumbre de sentarse en las tertulias. Doña Manolita
+remedaba a doña Luz en vestido y peinado, y la seguía o acudía adonde la
+llamaba. Decía doña Manolita que era ella para doña Luz lo que para los
+galanes de las comedias de capa y espada el lacayo gracioso; y
+recordando que en varias comedias de las mejores este lacayo se llamaba
+Polilla, decía a doña Luz: «Hija, yo soy tu Polilla».
+
+Respecto a D. Acisclo, pensaba doña Luz como su padre, y no guardaba al
+antiguo administrador la más ligera inquinia, porque se hubiese alzado
+con casi todo el caudal de sus mayores. Si el marqués se había empeñado
+en arruinarse, ¿qué pecaba en ello D. Acisclo? Con cierta moral
+alambicada, que don Acisclo no podía conocer, acaso hubiera salvado los
+intereses del marqués, acaso hubiera hecho durar otros cuantos años más
+el esplendor de la casa; pero pedir esto por aquellos lugares era pedir
+cotufas en el golfo. Bastaba, pues, a doña Luz, para estar profundamente
+agradecida a D. Acisclo, la firme persuasión que abrigaba, de que con
+otro cualquier administrador de por allí, la ruina de su padre hubiera
+sido diez años más pronto, y ella no se hubiera criado como una dama
+elegante, en el seno del bienestar, con aya inglesa, y con todos los
+cuidados debidos. Sabe Dios cómo se hubiera criado y lo que hubiera sido
+de ella si el marqués se arruina y muere de berrenchín, dejándola
+huérfana de edad de cinco años y no de quince.
+
+Doña Luz gustaba además de D. Acisclo. Simpatizaba con su actividad, con
+su amor al trabajo y con otras virtudes que en él resplandecían.
+
+Por el buen parecer, doña Luz había vivido, sin el menor conato de irse
+a su casa, en la casa de don Acisclo, hasta que cumplió veintidós años.
+Desde entonces en adelante, intentó varias veces irse a vivir sola a su
+casa; pero D. Acisclo la retenía suave y cariñosamente. Dábale a
+entender que sería una tristeza quedar solo, después de haberse
+acostumbrado a su compañía, y apelaba también, algo grotescamente, a qué
+dirán, sosteniendo que doña Luz era muchacha y que no debía campar por
+sus respetos como vieja solterona, que buena y severa que fuese, si
+vivía sola, habían de decir que era _una vaca sin cencerro_.
+
+Doña Luz, lejos de ofenderse, se reía de esta comparación poco galante,
+y seguía viviendo en la casa del antiguo administrador.
+
+Por otra parte, la independencia de doña Luz era perfecta.
+
+Tres o cuatro cuartos le pertenecían exclusivamente en la casa, y
+estaban amueblados con el gusto más primoroso. En ellos no entraban de
+diario sino los cuatro amigos íntimos ya referidos: Juana la criada; una
+de las de _cuerpo de casa_, que hacía la limpieza bajo la inspección de
+Juana, a fin de que no rompiese algún objeto de arte o mueble delicado;
+y, por último, otros tres seres, que eran también semi--íntimos de doña
+Luz, y que completaban o cerraban su círculo familiar. Eran estos tres
+seres Tomás el criado antiguo, y ya su escudero y acompañante, cuando
+ella salía a caballo; el tío Blas, aperador de la señorita, con quien se
+entendía para cuidar sus bienes, que ella misma administraba y que iban
+mejorando hasta el punto de que le producían cerca de 20.000 rs. en
+algunos años de buena cosecha; y el galgo Palomo, blanco, gigantesco en
+su clase, y de terrible genio para quien se le antojaba a él que
+molestaba u ofendía a su ama, con la cual era todo blandura, docilidad y
+mansedumbre.
+
+A más de esta sociedad cotidiana, no se negaba doña Luz a asistir a
+otras de más ancha base. Los hijos, hijas, nueras y yernos de D.
+Acisclo, con crecida y numerosa prole, sus consuegros y consuegras,
+compadres y comadres, formaban una caterva con quien era menester
+alternar. Todos ellos eran insignificantes y poco divertidos; no eran ni
+malos ni buenos, y doña Luz hacía milagros de diplomacia para no
+tratarlos mucho y no enojarlos tampoco.
+
+En los días de cumpleaños y del santo de cada individuo de la familia de
+D. Acisclo, había comida patriarcal en la casa, y mucho jaleo de baile.
+Doña Luz no se excusaba de asistir a tales funciones, y casi siempre
+acertaba a dejar prendados a todos de su amabilidad y alegría.
+
+
+
+
+-V-
+
+La amistad de doña Manolita
+
+
+La vida de doña Luz era, no obstante, tan regular, tan monótona, tan sin
+accidentes que diferenciasen unos días de otros días, que habían pasado
+los años, y en la memoria de ella eran como sueño fugaz, donde todo
+estaba confundido.
+
+Esto tiene para cualquiera el hechizo de la paz. Para doña Luz aún tenía
+mayor hechizo.
+
+Cuanto agitaba su mente con pensamientos, o su voluntad con deseos o
+pasiones, era extraño al mundo que la rodeaba: procedía de un mundo
+ideal, donde no hay espacio ni tiempo. Así es que, si bien doña Luz, no
+distinguiéndose en esto de los demás mortales, no pensaba ni sentía todo
+a la vez, como las causas de su pensar y de su sentir más hondo no
+tenían punto señalado en nuestro planeta, ni momento marcado en la
+cronología, los efectos se sustraían también a las leyes de la sucesión
+y del lugar y parecía que se daban en una eternidad inmóvil.
+
+Me pesará de no ser claro y trataré de explicarme con más llaneza,
+aunque peque de difuso. Doña Luz no era una soñadora mística; distaba
+infinito de vivir en continuo arrobo; veía, comprendía y apreciaba
+cuanto ocurría en torno de ella en el mundo real; pero los lances y
+sucesos de Villafría la interesaban menos, aunque los veía de cerca, que
+los lances y sucesos que las historias y novelas relataban, que la
+poesía acertaba a presentarle o que ella misma fantaseaba en ocasiones.
+No tenía tampoco doña Luz un corazón de cal y canto, sino un corazón muy
+compasivo y afectuoso; se dolía de los males y desgracias del prójimo,
+procuraba remediarlos, los consolaba a veces, y en esto consumía parte
+de su actividad. Pero como su actividad era grande, y se dilataba muy
+más allá de los límites de Villafría y aun se prolongaba de un modo
+infinito, venía a resultar que lo más íntimo y esencial de su vida, lo
+que más la afectaba no estaba en Villafría, y, por consiguiente, no
+estaba en ninguna parte. Por esto, sin ser ella soñadora, vivía como
+soñando.
+
+Por mucho que anhelemos ponderar la ternura de alguien, no iremos hasta
+afirmar que se marcan las más importantes épocas de su existencia por el
+día en que murió de viruelas el hijo del vecino de enfrente, o por la
+noche en que se prendió fuego el cortijo del labrador con quien se ha
+conversado alguna vez al ir de paseo o al salir de la iglesia. Para
+marcar dichas épocas, son necesarios casos que toquen más íntimamente a
+nuestro propio ser. Para doña Luz no había época de este orden desde la
+muerte de su padre. Verdad es que, muy al contrario de la generalidad de
+las mujeres, daba ella poco valer a multitud de cosas con que otras
+llenan la memoria, sin descuidar ni borrar los pormenores al parecer más
+insignificantes.
+
+En nada, en mi sentir, se señala más que en esto el espíritu femenino.
+Yo confieso que me quedo embobado oyendo referir a las mujeres sucesos,
+lances o conversaciones. No hay menudencia que echen en olvido. Y dijo
+éste... y relatan todo lo que dijo. Y contestó el otro... y no olvidan
+palabra de lo que contestó. Y luego replicó el de más allá... y tampoco
+se queda traspapelada una letra sola de la réplica. Imagina el oyente
+que levantan acta circunstanciada y fiel de cuanto presencian y oyen. No
+así doña Luz. Doña Luz hacía caso de muy pocos sucesos.
+
+Lo que más la entusiasmaba, deleitaba o conmovía, lo mismo era de hoy
+que de ayer, lo mismo de un año más tarde que de un año más temprano: la
+vuelta de la primavera, un cielo lleno de estrellas, la luz de la luna,
+el alba, el olor y la belleza de las flores, la música, los versos y
+cosas así que son de siempre.
+
+Hasta las relaciones amistosas de doña Luz con el médico, con el cura y
+con D. Acisclo, eran invariables: estaban siempre en el mismo ser, sin
+crecer ni menguar.
+
+Sólo en las relaciones con doña Manolita hubo variación, aumentando la
+intensidad en el afecto.
+
+Partamos, pues, del instante en que crece y llega a su colmo esta
+amistad entre doña Luz y doña Manolita.
+
+Era una mañana de mayo. Ya hemos dicho que doña Luz madrugaba. También
+madrugaba la hija del médico. A las siete de la mañana vino a ver a su
+amiga, y penetró en su saloncito, donde tenía entrada libre.
+
+Si cualquier hombre del mundo, conocedor de la vida de Madrid o de otra
+capital de Europa, y conocedor del modo de vivir de nuestros lugares de
+Andalucía, hubiera entrado allí, se hubiera sorprendido agradablemente y
+hubiera dudado de lo que veían sus ojos.
+
+El saloncito de doña Luz tenía todo el _confort_, toda la elegancia de
+un saloncito de una dama madrileña de las más _comm'il faut_, a par de
+ciertas singularidades poéticas del campo y de la aldea.
+
+Dos ventanas daban al huerto, donde se veían acacias, álamos negros,
+flores, árboles frutales, también en flor entonces, y brillante verdura.
+Dentro del saloncito había asimismo plantas y flores en vasos de
+porcelana. Una jaula grande encerraba multitud de pájaros que alegraban
+la estancia con sus trinos y gorjeos. Tenía doña Luz dos primorosos
+escritorios antiguos, con cajoncitos y columnitas, llenos de
+incrustaciones de marfil, ébano y nácar; cómodos sillones y sofás; una
+chimenea _francesa_ mejor construida que las otras que había en la casa;
+espejos, cuadros bonitos y un armario lleno de libros lujosamente
+encuadernados.
+
+Sobre su mesa de escribir se parecía el mejor cuadro, o al menos el que
+doña Luz estimaba más. Figuraba varios atributos y emblemas de la
+Pasión; clavos, corona de espinas, escalera, gallo y lanza de Longinos;
+en el centro la cruz, y en torno de la cruz muchas flores lindamente
+pintadas. No era, con todo, esta pintura lo que daba a los ojos de doña
+Luz tanto precio a aquel objeto; era lo que la pintura encubría. Se
+tocaba un resorte, se apartaba la pintura que hemos descrito, como si
+fuese una puerta, y dejábase ver otro cuadro de muy superior mérito; un
+cuadro horrible y bello a la vez. Era la figura de Cristo, de medio
+cuerpo, de admirable beldad y de un trabajo delicadísimo y prolijo. Las
+barbas y los cabellos se podían contar. La regularidad y noble simetría
+de todas las facciones infundían amor y respeto; pero las angustias del
+patíbulo, los horrores de la agonía, los tormentos todos estaban
+marcados en aquella cara flaca y macilenta, y en aquel pecho y en aquel
+costado herido por la lanza. Era un Cristo muerto: la hendidura lívida
+del clavo atravesaba su diestra que reposaba sobre el descarnado pecho;
+las llagas enconadas de las espinas, vertiendo sangre aún, se veían en
+sus sienes; la boca entreabierta; amoratados los labios; los párpados
+caídos, aunque no cerrados del todo, dejaban ver sus ojos vidriosos y
+fijos. El pintor había acertado a unir, con inspiración monstruosa, la
+imagen de una criatura próxima a disolverse, y la forma sobrehumana que
+el mismo Dios había tomado.
+
+Unos inteligentes atribuían aquel cuadro al divino Morales; otros habían
+dicho que era de un discípulo de Morales y no del propio maestro. De
+cualquier modo, el cuadro había estado vinculado en la casa y era una de
+las pocas alhajas de algún valer que el marqués no había vendido.
+
+El cuadro era tal que una mujer más delicada, menos briosa que doña Luz,
+ni le tendría en su cuarto ni le miraría con tanta frecuencia. El amor a
+la divina representación de Cristo se hubiera combinado con el miedo y
+con una compasión tremenda que tal vez la hubieran hecho caer en
+convulsiones, o producido en ella ataques de nervios y hasta delirio.
+Pero doña Luz era muy singular y hallaba extraño deleite en la larga
+contemplación de aquel cuadro, donde se cifraban el más alto misterio y
+los dos más opuestos extremos de valer de la humana naturaleza: toda la
+beatificación, toda la hermosura, todo el celeste resplandor de que es
+capaz nuestra carne, unida a un alma pura, y siendo templo y morada del
+Eterno, y los dolores, a la vez, y las miserias, y los padecimientos
+lastimosos y la corrupción nauseabunda de esa carne misma.
+
+Doña Luz halló este espantoso cuadro prudentemente cubierto por el otro,
+y así le conservó, trayéndole de la casa solariega a su habitación en
+casa de D. Acisclo. A casi nadie se le mostraba; pero ella, que tenía
+muy rara condición y muy contrarias propensiones en el espíritu activo e
+infatigable, tal vez después de trotar y galopar y dar saltos peligrosos
+en su caballo negro, durante dos o tres horas; tal vez después de haber
+limpiado, bañado y frotado con complacencia su hermoso cuerpo, que del
+valiente ejercicio había vuelto cubierto de sudor; rebosando ella salud,
+en todo el brío de la mocedad y en todo el florecimiento de la belleza
+plástica, se sentía llena de ímpetus ascéticos, y abriendo su cuadro, le
+contemplaba largo tiempo, y las lágrimas acudían a sus ojos, y acudían a
+sus rojos labios plegarias inefables que ella murmuraba y apenas
+articulaba.
+
+Aquella mañana no había en doña Luz ascetismo ninguno, o por lo menos,
+no había acudido aún el ascetismo. Estaba doña Luz vestida con una linda
+bata, y los cabellos rubios, no peinados aún, recogidos en red sutil.
+Recostada lánguidamente en una butaca, leía, ya en este, ya en otro, de
+dos libros que tenía al lado. Eran Calderón y Alfredo de Musset. Doña
+Luz andaba estudiando y comparando cómo aquellos dos autores habían
+puesto en acción dramática la misma sentencia: _No hay burlas con el
+amor_ y _On ne badine pas avec l'amour_.
+
+No la impulsaba a este estudio la mera afición especulativa a la crítica
+literaria, sino un caso práctico, que hacía poco más de dos meses que se
+había presentado y que le interesaba bastante.
+
+Pepe Güeto, hijo de un rico labrador de Villafría, de edad de treinta
+años, era el hombre más grave, mesurado y formal que se conocía en toda
+la provincia. Las locuras y regocijos algo descompuestos de doña
+Manolita le chocaban de un modo atroz y siempre los estaba censurando.
+Había llegado a decir que si doña Manolita fuese algo de él, mujer, por
+ejemplo, le había de sacar del cuerpo los rabillos de lagartijas, aunque
+fuese menester emplear una buena vara de mimbre. Doña Manolita, en
+cambio, que lo había sabido todo, decía que Pepe Güeto tenía mucho
+jarabe de pico; que era hombre culto hasta cierto punto y que jamás
+emplearía la vara con las mujeres; y que, si llegase a ser marido de
+ella, en vez de pegarle, se dejaría pegar y sería el modelo de los
+gurruminos. Añadía la hija del médico que la exagerada gravedad, sobre
+todo en los mozos, se confunde con la tontería, y que, o ella había de
+poder poco, o había de sacarle a Pepe Güeto la gravedad, como quien saca
+los diablos de un endemoniado, y que, si no era tonto, había de volverle
+loco, obligándole a hacer mil locuras.
+
+También estas amenazas llegaron a noticia de Pepe Güeto, de donde
+resultó, que donde quiera que se veían él y ella, se amenazaban de
+nuevo, y él la reprendía de desenvuelta y alborotada, y ella se reía de
+la seriedad de él y le calificaba de tonto. El furor y el encono de
+ambos crecieron de tal suerte, que ya no les bastaban para desahogarse
+los encuentros casuales, y solían buscarse para mover disputa y reñir y
+tratarse muy mal. Estas riñas terminaban, por lo común, con que dijese
+Pepe Güeto:--Si yo tuviera la desgracia de ser marido de usted, ya la
+metería en costura--, y con que doña Manolita respondiese:--Pues si yo
+incurriese en el desatino de ser mujer de hombre tan fastidioso, o le
+había de poner más alegre que unas sonajas, o me había de borrar el
+nombre que tengo.
+
+Tomaron Pepe Güeto y doña Manolita tal afición a los denuestos,
+improperios y pendencias, que cada día las armaban tres o cuatro veces.
+
+Esto había hecho pensar a doña Luz, porque quería bien a doña Manolita,
+y con esta ocasión leía las citadas comedias, después de haber releído
+otra de Shakespeare, donde se trataba el mismo asunto de manera más
+magistral.
+
+Absorta en dicha lectura se hallaba doña Luz, cuando, como ya hemos
+dicho, entró a verla doña Manolita.
+
+Se besaron, se abrazaron, se dieron los más cordiales buenos días, y
+luego habló la hija del médico:
+
+--Hija mía, tú eres la primera que ha de saberlo. Lo sabrás antes que mi
+padre. ¡Gran novedad! Mis peleas con Pepe Güeto han dejado de ser
+escaramuzas. La ira de ambos ha llegado a su colmo. Nos hemos
+comprometido en un duelo a muerte.
+
+--¿Qué me quieres significar?--dijo doña Luz.
+
+--Quiero significar--replicó su amiga--, que para ver si yo le vuelvo
+loco o si él me vuelve juiciosa, hemos resuelto casarnos. Verdad es que
+él se da por vencido por el momento, y dice que, pues se casa conmigo,
+no debe de estar en su juicio cabal, y que ya, sin casarnos, le he
+ganado la partida y la apuesta; pero, por lo mismo, añade que desea
+casarse para vengarse y desquitarse. Yo le contesto aquello de _no
+siento que mi hijo pierda, sino que se quiera desquitar_, y le aseguro
+que saldrá con las manos en la cabeza si sigue jugando, y le amenazo con
+que su derrota será mayor cuando esté casado; pero el insolente,
+atrevido, no me cobra miedo, y cierra los ojos, y arremete, y se casa.
+Hoy mismo, con más denuedo que el Cid Campeador, irá a pedir a mi señor
+padre esta blanca mano, que tomará la rienda y le obligará a salir de su
+paso de mula de canónigo y a brincar y a estar más avispado que tu
+hermoso caballo negro.
+
+Doña Luz, que no podía disimular sus sentimientos, los cuales se
+mostraban en su rostro como las blancas piedrecillas a través del agua
+transparente y mansa de un lago, más bien dejó ver pesar que alegría, al
+saber la nueva, ya prevista por ella, del casamiento de su amiga.
+
+--¿Cómo es eso?--prosiguió esta última--. ¿Te aflige que yo me case?
+¿Sientes el modo informal? ¿No lo comprendes bien, inocentona? ¿No caes
+en que ese bárbaro, egoistón, de Pepe Güeto, presume, y no sin razón, de
+ser un real mozo, y todo el furor que ha tenido y tiene aún contra mí,
+estriba en que anhelaba que yo me hubiese enamorado de él por lo triste
+y por lo serio, y me hubiese puesto a suspirar y a llorar, sin pensar
+más que en él y no en divertirme? ¿No ves que él se ha enamorado y que
+su rabia es que no me cree tan enamorada ni tan capaz de enamorarme,
+porque no hago pucheros y no aburro con lágrimas y sublimidades? ¿Y no
+calculas, por último, que yo le quiero también? Si no, ¿me casaría? Ya
+casada, vencido el natural encogimiento que debo guardar, le demostraré
+mi ternura, y le haré ver que hay un tesoro de ella en mi alma, aunque
+escondido entre burlas y alegrías; y cuando vea el tesoro, y le goce, y
+conozca que es suyo, y mejor que cuanto podía él soñar, ha de conocer
+que no es mi corazón de corcho sino de almíbar y jalea, y se ha de poner
+como jalea y como almíbar, y ha de bailar y reír de gusto, declarando y
+confesando que se compaginan bien los regocijos con el verdadero amor, y
+las risas con la ventura más seria y más grave en el fondo.
+
+Doña Luz, sonriendo y suspirando a la vez, contestó entonces:
+
+--No era la preocupación por tu suerte la causa de mi tristeza: era mi
+egoísmo que al cabo lograré vencer. Presiento que vas a ser dichosa y
+esto me alegra; pero tengo celos por tu amistad. ¿Por qué no confesarlo?
+La única persona a quien poco a poco he ido confiando mi corazón y dando
+todo mi cariño, eres tú. Tú, lo reconozco, me pagabas con usura; pero
+ahora vas a tener marido; pronto, quizá, tendrás hijos, y toda tu alma
+será para ellos. Esta pobre huérfana, sola en el mundo, quedará
+abandonada y sin un alma que la comprenda y que la ame.
+
+Doña Manolita, abrazando tiernamente a doña Luz, contestó con estas
+palabras:
+
+--Aunque no tuviese yo mil razones para alegrarme de mi boda, me
+alegraría, porque te ha excitado a declararme hoy tu amistad del modo
+más explícito y como nunca lo habías hecho. Estoy contenta y llena de
+orgullo de que tanto me estimes para amiga. No temas tú que ni Pepe
+Güeto, ni los Güetillos que puedan salir a relucir en lo venidero, te
+roben aquella gran parte del alma con que te amo. Pues qué, ¿imaginas tú
+que el compartimiento, rincón o sitio de mi alma donde está el amor de
+esposa y madre, se ha llenado o se va llenando ahora y que antes estaba
+vacío? ¿Crees tú que este amor no existía en mí antes de amar a Pepe
+Güeto? Vaya si existía. Lo que tiene es que entonces el novio o el
+marido, a quien yo le consagraba, era soñado, hecho a pedir de boca,
+relleno de perfecciones. Los chiquillos, que me fingía y me finjo aún,
+son unos querubines. Por mucho que valga Pepe Güeto, pierde cuidado que
+no valdrá, ni con cien leguas de distancia, el marido que yo soñé. Y en
+cuanto a los chiquillos, será más notable la diferencia, porque los que
+tenga, si los tengo, como espero y deseo, no han de ser impecables y
+celestiales como los imaginados, sino llorones, traviesos, sucios y
+tercos, y me han de armar al día mil perreras, y han de tener entre
+ellos mil cachetinas; todo lo cual me hará no quererlos tanto. Infiero
+yo de lo dicho que, casada ya y con hijos, te he de querer más que de
+soltera, si sigues queriéndome tú. Aunque tú te cases, ¿dejarás de
+quererme?
+
+--Nunca dejaré de quererte--respondió doña Luz--. Yo no me casaré nunca.
+
+Esta última afirmación excitó mucho la curiosidad y el interés de doña
+Manolita, y como la intimidad y la confianza habían llegado a su apogeo,
+produjeron varias confidencias y revelaciones por parte de doña Luz, en
+un coloquio que por su importancia merece capítulo aparte.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Confidencias de doña Luz
+
+
+La hija del médico provocó las confidencias, diciendo a doña Luz:
+
+--¿Y por qué no has de casarte nunca? No te lo niego: yo conozco que es
+difícil, pero no imposible. Es difícil porque no hay en estos pueblos
+novio para ti, y porque tú no has de ir en busca de novio a las grandes
+ciudades. No está en tu condición ni en tu carácter ir a buscar
+colocación, bajo el amparo de alguna tía, que ya has desdeñado, o sola e
+independiente, ahora que eres mayor de edad.
+
+--Inútil es que yo te conteste--dijo doña Luz--: tú misma contestas a la
+pregunta. Nuestra amistad, con todo, debe quedar hoy completa. Deseo
+poner en ella el sello de la verdad, no teniendo secretos para ti y
+abriéndote mi corazón. No he de recelar ni que me tengas por vana, ni
+que me rebajes en tu concepto: he de mostrarme a ti tal como soy. Te
+confesaré lo que a nadie he confesado. Ese rincón, ese pedazo de alma,
+donde dices tú que tenías amor para marido e hijos, aun antes de
+tenerlos, le tengo yo también en el alma mía; pero un orgullo que no se
+funda en razones, una repugnancia nacida de la manera con que he sido
+educada, se opone a que yo me case....
+
+--Con otro Pepe Güeto, por ejemplo--interrumpió doña Manolita.
+
+--Pepe Güeto es honrado, bueno, inteligente, es más rico que yo--replicó
+doña Luz--. Yo sería una necia si le desdeñase, fundando en algo mi
+desdén: pero esto no se razona, se siente, y es lo cierto que nadie, en
+las condiciones de Pepe Güeto, y estando en su juicio, me querrá para
+mujer propia, así como yo no le querré a él para marido. Entiéndase que
+hablo dentro de la vida ordinaria, sin nada de novela. Tal podría ser
+esta, que, no ya un hombre como Pepe Güeto, sino el último gañán pusiese
+los ojos en mí con razonable esperanza de lograrme, y yo cediese y fuese
+suya, no ya siendo hija de un marqués arruinado, sino siendo millonaria
+y princesa. Por dicha o por desgracia mía, o no hay de esos seres con
+prendas y excelencias superiores a su clase, lo cual probaría, en suma,
+que los hombres, por naturaleza, son más iguales de lo que se cree, y
+que tales prendas y excelencias son creadas por artificio, o, si hay de
+esos seres, no están reservados para mí, o yo carezco de imaginación
+para fingir en alguien, aunque no existan, todos aquellos primores que
+habrían de enamorarme. Así, pues, la energía de amor está en mí como
+dormida; pero no ha muerto. No permita Dios que mate yo en mí facultad
+alguna de las que el mismo Dios me ha dado. Duerma el amor en mi seno. A
+mi razón serena y fría toca velar para que no le despierte sino quien
+deba. Pero, hija mía, nadie acude a despertarle, y me temo que sea
+eterno su sueño.
+
+--Vamos, yo me arrepiento de una tontería que he dicho--exclamó doña
+Manolita--. ¿Qué tendría de feo ni de malo que tú fueses y te mostrases
+donde conviene para que haya quien con títulos bastantes acuda a
+despertar a ese precioso amor dormido? Casi se me antoja que no sólo
+tienes derecho, sino que estás en la obligación de hacerlo. No es justo
+que tanta hermosura (¡cuidado si eres bonita!), no es lícito que tanta
+distinción y elegancia queden sepultadas en este lugar. Es cruel que tan
+lindo amor se consuma durmiendo, envejezca, y acaso, acaso, tenga el
+infortunio de que se le apolillen las alas. De seguro que hay mil
+galanes por ahí, por esos mundos, que caerían rendidos a tus plantas, si
+llegasen a verte. De seguro que habrá uno entre ellos a quien tú debes
+amar. Pero ¿cómo han de adivinar que estás aquí? ¿Por qué has de jugar
+con ellos al escondite?
+
+--En primer lugar, porque, a fin de buscar poesía, no he de empezar yo
+destruyendo la poesía. El amor no ha de buscarse; ha de aparecer, ha de
+surgir de un modo providencial. Se busca fortuna, se buscan aventuras,
+se buscan negocios, y tú lo has dicho, se busca colocación; pero amor no
+se busca. Además, ¿adónde iré yo que no esté más fuera de mi sitio, más
+aislada que en Villafría? ¿Dónde me presentaré que no sea mirada como
+una aventurera? Casi estoy fuera de toda clase social. Mis parientes me
+humillarían si me fuese con ellos. Si me fuese sola, dirían todos como
+D. Acisclo, que yo era una _vaca sin cencerro_. Pudiera ser marquesa y
+no lo soy ni quiero serlo, porque es ridículo el título sin las rentas
+convenientes. Aquí, donde todos me conocen, soy la señorita doña Luz, la
+marquesita que conserva aún su casa solariega, y que se ha ganado la
+estimación y el respeto, porque nadie ignora su vida desde hace doce
+años. Por esos mundos sería yo una doña Luz algo misteriosa, de quien
+cada cual imaginaría mil horrores. Empezarían por afirmar una verdad,
+para inventar y poner sobre ella millón y medio de embustes. La verdad
+sería que soy hija de un marqués calavera y arruinado, y de una tal
+Antonia Gutiérrez, soltera y costurera, con quien mi padre tuvo amores.
+Créeme: en parte alguna estoy mejor que aquí, aunque no me enamore ni me
+case nunca. ¿Y por qué no enamorarme? ¿Por qué el amor ha de estar
+siempre dormido? Yo me inclino a creer que no hay varios amores, cada
+cual para su objeto, sino que el amor es uno; y aunque cambie el objeto,
+no cambia el amor. Si es así, como yo lo deseo, mi amor despertará y se
+empleará todo en la hermosura del cielo, en Dios que le ha criado, en
+las flores, en la poesía, y quién sabe si hasta en la ciencia, dado que
+en mi estrecho cerebro de mujer quepan sus grandes verdades, sus oscuros
+misterios y sus temerosos problemas.
+
+--Nada sé contestarte--dijo doña Manolita--. Veo que en mucho de lo que
+dices tienes razón; pero ya que te confías en mí y me haces ver lo más
+escondido del alma, sácame de una curiosidad: explícame, si puedes,
+ciertas cosas que me parecen rarísimas en tu existencia. Por imprevisor,
+por descuidado que fuese tu padre, por pocos amigos y relaciones que
+tuviese en el mundo, ¿no tuvo a nadie a quien dejarte confiada sino a D.
+Acisclo? ¿Tú misma, habiendo vivido en Madrid hasta la edad de catorce
+años, no dejaste allí alguna amiga? ¿No dejaste allí a nadie que se
+interesara por ti?
+
+--El descuido y la imprevisión de mi padre no podían ser mayores. Harto
+lo ha probado su ruina; pero además, bastará con que yo, enlazando los
+rotos recuerdos de mi niñez, te cuente mi modo de vivir en Madrid, para
+que entiendas que lo mejor, quizá lo único que pudo hacer mi padre, fue
+dejarme confiada a D. Acisclo. Hasta que cumplí cinco años, viví en casa
+de una señora, que parecía medianamente acomodada, y que se llamaba doña
+Francisca. He cavilado después si aquella señora sería mi verdadera
+madre; pero, sí me trataba bien y hasta con mimo y regalo, se conocía o
+se debía conocer, juzgando yo por el confuso recuerdo, que yo le era
+extraña. Me tenía en su casa por favor. No era casada. Iba a visitarla
+con frecuencia un caballero guapo, amigo de mi padre. Mi padre iba a
+verme; a veces solo, a veces con el caballero. La señora murió, y mi
+padre entonces me llevó consigo a su casa, y ya no me confió a nadie. A
+los pocos meses de estar con mi padre, donde me cuidaba una criada
+anciana, vino de Inglaterra el aya que mi padre encargó para mí y que ha
+estado conmigo hasta pocos días antes de que mi padre y yo viniésemos a
+Villafría.
+
+Doña Manolita, que era la mejor muchacha del mundo, y que amaba y
+admiraba a doña Luz, muy satisfecha de las confidencias que le hacía, y
+muy curiosa de saberlo todo, escuchaba sin pestañear, sentada enfrente
+de su amiga.
+
+Esta prosiguió:
+
+--Mi aya era el deber personificado; pero, como el deber, sin calor, sin
+entusiasmo y sin afecto. Casi estoy por afirmar que no me besó nunca,
+que nunca me hizo una caricia. En cambio me enseñó cuanto ella sabía, y
+mi padre me consideraba como un portento precoz, como una sabia
+pequeñuela.
+
+La vida de mi padre, aunque yo entonces no lo comprendía, comprendo
+ahora que era disipadísima, y todo lo contrario de ejemplar. Jugaba,
+cortejaba, estaba fuera de casa hasta las tres o las cuatro de la
+mañana. Yo era como su refugio, como el medio de su purificación, como
+su consuelo santo en los momentos de abatimiento y de tristeza. Me
+llamaba a su cuarto, y ya solo conmigo, me decía ternuras, me besaba y
+lloraba a veces. Como yo era tan niña, ni podía averiguar por mí, ni
+tratar de saber de él la causa de sus pesares.
+
+Varias veces me hizo también ir a su cuarto en ocasión en que no estaba
+solo, sino con una mujer hermosa y elegante, aunque vestida con
+descuido, y esta mujer me celebraba de bonita y graciosa, y me hacía mil
+cariños.
+
+--Esa mujer sería tu madre--interrumpió doña Manolita.
+
+--Así lo hubiera pensado yo también--prosiguió doña Luz--, si esa mujer
+hubiera sido siempre la misma; pero fueron varias. Todas se recataban de
+la gente; estaban allí con cierto misterio, y nunca el aya las vio. A mí
+misma cuando fui grandecita, cuando cumplí nueve años, jamás volvió mi
+padre a enseñarme a ninguna de dichas mujeres, que, por la impresión que
+me dejaron, se me figuraba que habían de ser señoras y no gente vulgar.
+Mi padre era un galán caballero y agradaba mucho a las damas. Entonces
+nada infería yo de esto; pero más tarde he inferido la inverosimilitud
+de que fuese yo en realidad hija de una Antonia Gutiérrez, costurera.
+¿No podría mi padre haber procurado esta madre postiza para legitimarme,
+sin comprometer a alguna dama? Aun en vida de mi padre, a pesar de mi
+corta edad, pensé alguna vez en esto; pero jamás me atreví, ni
+indirectamente, a preguntar nada a mi padre sobre el particular. Él
+esquivaba la conversación, si por acaso recaía sobre mi supuesta o
+verdadera madre Antonia Gutiérrez. Después de muerto, y después de haber
+cumplido yo veinte años, he buscado con empeño algo que me dé luz entre
+sus papeles. Él rasgaba todas las cartas de cierto interés, porque era
+descuidado y temía dejarlas en cualquier parte y que las leyesen. Lo que
+he encontrado, pues, era insignificante: ni un retrato ni una palabra
+escrita. Sólo, sobre su mismo cuerpo, se halló este medallón de oro, sin
+cifra ni signo alguno.
+
+Doña Luz sacó de su propio seno el medallón de que hablaba.
+
+--Desde entonces llevo el medallón en mi seno, como memoria de mi padre.
+Dentro, mira (y abriéndole, enseñó el contenido a doña Manolita), mira a
+través de este cristal; hay un rizo de pelo más rubio aún que el mío.
+¿Será de Antonia Gutiérrez, será de cualquiera otra mujer que fuese mi
+madre, o será de alguna enamorada de mi padre, que nada tiene que ver
+conmigo? ¿Quién ha de saberlo? Los dos criados antiguos que conservo son
+listos ambos; pero ambos entraron en casa con mucha posterioridad a mi
+nacimiento, y de fijo no saben nada. Juana vino a servirme cuando tenía
+yo diez años. Tres años después entró Tomás de ayuda de cámara de mi
+padre.
+
+--¿Y no sabes de ningún lance singular de la vida del marqués--preguntó
+doña Manolita--, por donde se aclare algo el misterio de tu nacimiento?
+
+--Hay, en efecto, en la vida de mi padre un lance singular; lance
+ocurrido a los dos años de haber nacido yo: pero lance tan misterioso
+que por él nada se aclara. Podría o no podría tener dicho lance alguna
+relación con la culpa a que debo el ser.
+
+--¿Y qué fue ese lance, si puedo saberlo?
+
+--Mi padre recibió una mañana una visita, a quien nadie vio, porque mi
+padre mismo abrió la puerta. Los criados no podían extrañar esto. Él
+solía recibir visitas así, abriendo él mismo, y encerrándose con ellas.
+Aquella mañana, a la media hora de haber recibido la visita, llamaron
+desde el cuarto de mi padre con fuertes campanillazos. La puerta del
+cuarto estaba abierta. La visita había desaparecido. Y los criados
+hallaron sobre la alfombra una espada sangrienta, y a mi padre tendido
+también, con otra espada empuñada, y el pecho atravesado por una herida
+mortal. Dicen que fue milagro de la ciencia el que se librase de la
+muerte. Jamás se pudo averiguar quién, ni por qué le había herido. Mi
+padre se limitó siempre a decir que no buscasen al culpado, que la
+herida había sido en buena lid. Raro duelo, en verdad, sin padrinos, sin
+testigos, sin nadie que haya sabido jamás de él sino aquel doloroso
+resultado.
+
+--Todo esto me hace presumir--dijo doña Manolita--que eres hija de una
+gran señora.
+
+--No sé--contestó doña Luz--. Legalmente soy hija de Antonia Gutiérrez,
+libre cuando se unió con mi padre. Más vale esto que deber la vida a un
+adulterio. ¡Ah! mejor es que mi padre no me haya revelado nada. ¿Cómo
+había de haber manchado mi mente limpia, a los quince años, con
+impurezas y delitos? Harto perturbada estaba ya mi mente con la
+vergonzosa catástrofe de Madrid antes de refugiarnos en este lugar. Hubo
+que vender los muebles que allí teníamos para acabar de pagar a los
+usureros y acreedores. Mi padre se vino aquí humillado y melancólico, y
+a poco murió. ¿Con quién querías que hubiese vuelto yo a Madrid? ¿Qué
+papel iba a hacer en Madrid la marquesita arruinada y bastarda? Lo mejor
+que pude hacer es lo que he hecho, quedarme aquí para siempre.
+
+De este modo confió doña Luz todos sus secretos a la hija del médico.
+
+La amistad de ambas jóvenes se estrechó desde entonces, y en adelante
+todo se lo confiaron.
+
+El casamiento de doña Manolita se hizo por la posta. Un mes después de
+haber dado parte a su amiga estaba ya casada.
+
+Su pronóstico de que su casamiento no enfriaría la amistad con doña Luz
+se cumplió a la letra. Doña Manolita era gran profetisa.
+
+También se cumplió cuanto con relación a Pepe Güeto había ella
+pronosticado. Ni hubo vara de mimbre, ni ella entró más en costura que
+cuando estaba soltera; pero en cambio, Pepe Güeto se reía como un loco,
+sobre todo con los chistes de su mujer, que le hacían mucha gracia, y
+con sus risas que tenían para él mucho de agradablemente contagioso.
+
+Para doña Luz pasaron entre tanto los meses, sin otra novedad que el
+cambio alternado y regular de las estaciones. Pasó la primavera, pasó el
+verano, y llegó el mes de Octubre, estación de la vendimia.
+
+Algo muy importante tendría que decir D. Acisclo a doña Luz, cuando una
+mañana, estando ya vendimiando, entró a verla y a hablarla no menos
+matinalmente que doña Manolita había entrado meses antes.
+
+El correo llegaba a Villafría a altas horas de la noche y se repartía al
+amanecer.
+
+Don Acisclo traía una carta ya abierta en la mano, y la agitaba con
+vivas muestras de satisfacción y de júbilo.
+
+
+
+
+-VII-
+
+El Padre Enrique
+
+
+--¿Qué hay? ¿Qué dice esa carta? ¿Qué grata novedad contiene? D.
+Acisclo, ¿le ha caído a V. la lotería?--preguntó doña Luz.
+
+--Mejor que eso, hija, mejor que eso--contestó el interrogado--. Lee tú
+misma y entérate--y entregó la carta a doña Luz.
+
+Esta, antes de leer, conoció la letra y vio la firma que decía:
+«Enrique». Era de un sobrino, hijo de una hermana que D. Acisclo había
+tenido, el cual sobrino era fraile dominico, residente en Filipinas.
+
+Casi todos los que se hacen ricos niegan el acaso, la fortuna, el hado o
+la suerte: éstos les parecen vanos nombres, detrás de los cuales
+procuran ocultarse la pereza, el despilfarro, el desorden y la tontería.
+De aquí que se tengan por las personas más prudentes, más razonables,
+más ingeniosas y más sabias de la tierra. Y puede que les sobre razón.
+Yo no lo niego ni lo afirmo. Digo sólo que D. Acisclo era así. Estaba
+muy contento de sí propio e imaginaba que no había merecimiento mayor
+que el suyo. Toda otra gloria se le antojaba inferior y de menos
+quilates. Sin embargo, una gloria con algo de sobrenatural y de
+ultramundano, si no en los medios en el fin, y adquirida por individuo
+de su familia, no parecía a D. Acisclo de corto valer tampoco; y tal era
+la gloria de su sobrino el P. Enrique; gloria que en cierto modo se
+reflejaba en él y en toda la parentela. Era, casi a par de los dineros
+adquiridos, timbre de nobleza para su casa.
+
+Don Acisclo idolatraba, pues, al P. Enrique, y hablaba de él con
+complaciente jactancia, diciendo:
+
+--Aquí servimos para todo; lo mismo para un fregado que para un barrido;
+yo quise ser millonario y lo soy; a Enrique le dio por la santidad y aún
+le hemos de ver en los altares--. Para demostrarlo y hacer probable el
+cumplimiento de su vaticinio, D. Acisclo refería a menudo las andanzas
+del P. Enrique: de modo que doña Luz le tenía por conocido y amigo,
+aunque hacía cerca de veinte años que él faltaba del lugar y de Europa.
+
+Todo este tiempo no le había vivido sólo en Manila. Había estado en
+diversas tierras de gentiles, difundiendo la luz del Evangelio; había
+pasado apenas creíbles trabajos; había arrostrado graves peligros, y aun
+había estado dos veces a punto de alcanzar una muerte tan cruel como
+gloriosa, no salvando la vida sino después de sufrir prolongado
+martirio.
+
+Referidas estas historias por D. Acisclo, fuerza es confesarlo,
+aparecían grotescas en los pormenores. Por dicha, el P. Enrique escribía
+a su tío tres o cuatro veces al año, y el tío se deleitaba en que doña
+Luz le leyese las cartas en alta voz. Así conoció doña Luz que el P.
+Enrique, a más de ser valiente hasta el heroísmo, y entusiasta y
+fervoroso en todos sus actos y misiones apostólicas, era sujeto de claro
+ingenio y de singular discreción y prudencia.
+
+Su constitución física distaba mucho de corresponder a sus bríos
+espirituales, y, aunque no tenía aún cuarenta años, ya en sus últimas
+cartas se quejaba dulcemente de lo quebrantado de su salud, que le
+impedía trabajar en empresas activas, y le estorbaba algo en sus
+estudios.
+
+La carta recién llegada era muy corta y traía fecha de Cádiz. Doña Luz
+leyó, y decía así:
+
+«Mi querido tío: Mis males se agravaron hasta tal extremo en Manila, que
+los médicos decidieron que yo debía venir a Europa a pasar una larga
+temporada. Con los aires del país natal aseguraban que me repondría. Mis
+compañeros me echaron de allí: hasta el mismo Sr. Arzobispo me mandó que
+me viniese. No hubo, pues, más remedio. Salí de Manila y, a Dios
+gracias, hice una dichosa navegación. Tres días ha que estoy en Cádiz,
+bastante más fuerte ya. Pasado mañana salgo de aquí en el ferro-carril
+para esa villa. Expresiones cariñosas a los primos, primas, amigos y
+demás parientes, y a su huéspeda de V. la señorita doña Luz. Le quiere a
+V. mucho y desea abrazarle, su afectísimo sobrino».
+
+Tal era la causa del júbilo de D. Acisclo; iba a abrazar al sobrino
+santo, iba a vivir con él, iba a tener el gusto de lucirle en el lugar.
+
+Doña Luz quiso en seguida mudarse a su casa y dejar su habitación en
+casa de D. Acisclo, para que el padre habitase en ella.
+
+Don Acisclo dijo:
+
+--Nada de eso, hija mía. Tú por nada del mundo te vas de mi casa a vivir
+sola en aquel caserón. Además, una mudanza tan precipitada sería un
+trastorno. Yo tengo mi plan, y, con tu permiso, le hemos de llevar a
+cabo. Enrique sé yo que gusta de la soledad para sus estudios y
+meditaciones. Permite que vaya a vivir en tu casa. En un momento le
+arreglaremos allí habitación conveniente. Tu casa está cerca. Iremos a
+cuidarle si cae enfermo en cama, y cuando no, vendrá él a almorzar, a
+comer y a charlar con nosotros todos los días.
+
+Doña Luz insistió en irse a su casa; pero D. Acisclo siguió oponiéndose,
+y fue menester que doña Luz cediera, ofreciendo gustosísima su casa para
+que en ella viviese el Padre.
+
+La estación del ferro-carril está a dos leguas muy largas de Villafría,
+y D. Acisclo dispuso que saliesen todos los parientes y amigos a recibir
+al Padre con mucha pompa. En efecto, no quedó vehículo de que no se
+dispusiese. Se emplearon tres calesas, una tartana, propiedad de D.
+Acisclo, y dos carros. Fueron de la expedición los hijos, yernos, hijas,
+nueras y nietos de D. Acisclo, el cura, el médico, doña Luz, doña
+Manolita y Pepe Güeto, y otras varias personas. Los que no cupieron en
+los vehículos de ruedas, fueron a caballo o en burro.
+
+El P. Enrique llegó bien y fue recibido con vivas por aquella turba, en
+el andén de la estación.
+
+En el lugar fue un triunfo su entrada.
+
+Para todos los primos y primas trajo regalos: para ellos puros filipinos
+en abundancia; para ellas, o pañolones bordados, que llaman en mi tierra
+de _espumilla_ y de Manila en Madrid, o abanicos chinescos de los más
+primorosos. Para D. Acisclo trajo armas japonesas, y para doña Luz un
+juego de ajedrez de marfil, prolijamente labrado.
+
+El P. Enrique se instaló muy cómoda y holgadamente en casa de los
+Marqueses de Villafría, donde Tomás se ofreció para cuidarle; pero el P.
+Enrique traía consigo un criado chino, llamado Ramón, que le cuidaba con
+el mayor esmero.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+Vida del Padre en el lugar
+
+
+Pasado el gran acontecimiento de la venida del P. Enrique; luego que no
+quedó en el pueblo nadie que no le viese, satisfaciendo así la
+curiosidad; luego que le oyeron predicar en la parroquia y no hallaron
+que sus sermones fuesen más bonitos que los de otro Padre, sino más
+fáciles, más pedestres, más sencillos y con menos latines; y luego que
+vieron que el P. Enrique ni contaba chascarrillos ni jugaba al billar ni
+a la malilla, ni era más entretenido que otro cualquiera, todo Villafría
+entró de nuevo en su estado normal.
+
+Como piedra que cae en estanque profundo, la cual hace muchos círculos y
+turba el haz del agua, y luego se desvanecen los círculos y vuelve todo
+a su primer reposo sin que nadie se acuerde de la piedra, así sucedió
+con el P. Enrique a los tres meses de estar en Villafría.
+
+Verdad es que él procuraba eclipsarse. Si hacía obras de caridad hasta
+donde sus cortos medios lo consentían, era tan sin estruendo, que nadie
+se enteraba; si, movido a ello por compasión o porque lo juzgaba
+absolutamente necesario, daba algún consejo, le daba con tal llaneza y
+con tan pocos textos y autoridades, que nadie hacía caso, y aun había
+quien supusiese que no sabía aconsejar por lo fino, acostumbrado a vivir
+entre los salvajes allá en las Indias.
+
+En suma, el P. Enrique, o no supo o no quiso hacerse popular. También en
+él se cumplió la sentencia evangélica: _Nadie es profeta en su patria_;
+también por él, si es lícito comparar lo pequeño con lo grande, pudo
+decirse que _estuvo entre los suyos y los suyos no le conocieron_.
+
+No iba al casino, no frecuentaba la tertulia del boticario, no sabía
+palabra de política, no visitaba a las señoras devotas del lugar, en
+fin, se aseguraba ya que no servía para nada.
+
+Decía su misa diaria, y casi siempre estaba encerrado en el caserón del
+marqués, que así le llamaban, donde andaba de continuo papeleando; esto
+es, bregando con libros y papeles, ora escribiendo, ora leyendo cosas
+que a nadie le importaban por allí.
+
+Como Villafría era pueblo muy liberal y avanzado en ideas, acusaban
+muchos al P. Enrique de hipócrita, de carlistón y de _neo_, y en cambio,
+los verdaderos _neos_ y carlistones, que tampoco allí faltaban, miraban
+con desdén al Padre, porque de nada les valía ni con ellos se
+espontaneaba, o más bien, no tenía de qué ni sobre qué espontanearse.
+
+Por fortuna era tan dulce el Padre que no podía mover a odio, y tan
+silencioso y modesto que no excitaba la envidia. Todo se redujo a que le
+olvidasen, viéndole; género de olvido que ocurre con frecuencia.
+
+Sólo en la mayor intimidad, en medio de pocas almas escogidas, y de
+alguna que si no lo era se dejaba llevar por el entusiasmo de las otras,
+se desanudaba suavemente la lengua del P. Enrique; y las narraciones
+amenas, los discursos elevados, los bellos pensamientos y nobles
+sentimientos brotaban de sus afluentes labios y penetraban en los
+corazones y en la mente del poco numeroso auditorio, aunque mejor sería
+decir de sus pocos interlocutores, porque el Padre evitaba, cuanto
+podía, monopolizar la palabra y prefería el diálogo en que todos
+hablasen.
+
+Sus interlocutores eran doña Luz, doña Manolita, el médico, Pepe Güeto,
+el cura alguna vez y don Acisclo siempre.
+
+Cuando venía más gente en casa de D. Acisclo, aquella franqueza
+desaparecía, y la conversación, como por ensalmo y sin poder evitarlo,
+bajaba al nivel villafriesco.
+
+Las condiciones de entendimiento y de carácter movían a esto al P.
+Enrique, no por altivez, sino por timidez. Con el humilde vulgo, allá en
+los pueblos más cercanos a la naturaleza, en donde había vivido, había
+acertado a explicarse por tan llano y persuasivo estilo que sus palabras
+sin arte, santas y sinceras, habían quedado grabadas en los corazones,
+llevando el convencimiento a las almas. Con sujetos de letras y
+doctrina, o que por gracia, por entusiasmo, por hondo sentir poético y
+por elevación de miras y de ideas, le infundían confianza y le
+inspiraban simpatías, su discurso le arrebataba fácil e insensiblemente
+a las más altas regiones; pero con ciertas gentes medianas, que presumen
+de cultas, el Padre Enrique se recogía por instinto, sentía su carencia
+de poder y de influjo, y ni era sencillo, ni era elevado, ni conmovía
+por la candorosa expresión de los afectos, ni alzaba en pos de sí las
+inteligencias, tendiendo el vuelo de águila la suya.
+
+Villafría, población muy adelantada, producía este efecto en el P.
+Enrique. Nada amilanaba su corazón, ni allí tenía que temer nada; pero
+su entendimiento estaba amilanado y reconocía su carencia de influjo.
+
+No afirmo yo que se establezcan corrientes magnéticas; pero, sin decirlo
+como verdad, puedo decirlo como imagen; entre sus paisanos y él no había
+corriente magnética alguna. La corriente magnética sólo existía entre el
+Padre y las pocas personas que hemos nombrado ya, y que, durante todo el
+invierno de 1860 a 1861, se reunían, sin faltar apenas una noche, en
+torno del hogar de D. Acisclo, en la _cocina de los señores_, que
+dejamos descrita.
+
+En esta reunión se charlaba por los codos, y nadie hacía tanto gasto de
+palabras como doña Manolita, cuyos graciosos disparates movían a risa
+hasta al Padre, a pesar de su gravedad. A veces, no obstante, sin buscar
+tema, sin el propósito preconcebido de enredar alguna discusión sobre
+las más arduas materias, la discusión venía a enredarse, y entonces don
+Acisclo, el cura, Pepe Güeto y hasta doña Manolita, callaban y oían, y
+hablaban sólo el P. Enrique, doña Luz y el médico D. Anselmo.
+
+Reinaba allí la más amplia libertad de pensamiento; y el médico, que era
+el constante impugnador del P. Enrique, decía cuanto se le antojaba;
+pero como todo corazón generoso lleva ingénitamente en su centro la
+buena crianza, aunque no se la hayan dado, D. Anselmo, ni aun en la fuga
+del más ardiente disputar, ni en la mayor violencia de sus ataques, se
+olvidaba de velar y de mitigar su rudeza con la dulzura de la forma.
+
+A través de esta forma dulce se mostraba, no obstante, la negación
+radical de toda verdad que no venga a nosotros por la experiencia
+sensible. Con fe se puede creer en lo sobrenatural; con imaginación se
+puede crear un mundo trascendente de ideas metafísicas y religiosas. La
+razón, en tanto, sólo puede saber lo que ella, en virtud de sus propias
+leyes, induce del estudio y observación de los fenómenos que llegan a su
+conocimiento por los sentidos. Esto sólo es la ciencia: lo demás será
+poesía, o como quiera llamarse. Y el principio de la ciencia para D.
+Anselmo era que hay una sustancia infinita, la cual, en virtud de la
+inexplicable agitación y del prurito, que constituye su esencia, produce
+variedad de seres, cuya perfección relativa, dentro del período en que
+vivimos, y hasta donde la memoria puede penetrar en lo pasado, y la
+prudente previsión en lo porvenir, va siendo cada vez mayor, merced a
+cierto proceso ascendente y a cierto desarrollo que nos parece que no
+termina. Cómo ello empezó y cómo habrá de acabar, sostenía D. Anselmo
+que se ignora y que se ignorará siempre. Era vano, en su sentir,
+obstinarse en ver más allá: si antes del principio de esta evolución
+hubo otra; si después volverán las cosas al reposo y a la muerte, y si
+luego se despertarán nuevo prurito y voluntad de los átomos, que los
+lleven a agruparse y a crear otro universo, y vidas nuevas, y progreso,
+y consciencia, y lo que llaman espíritu, y por último, muerte otra vez.
+Sobre todo esto, sólo podían forjarse teorías y ensueños, lanzándose en
+especulaciones aventuradas, más allá de los términos y linderos hasta
+donde la razón nos sigue.
+
+Y lo que D. Anselmo afirmaba de la vida total del mundo, lo afirmaba tan
+bien de la vida de cada individuo. Durante dicha vida podía observarse
+el desenvolvimiento gradual, hasta que la vida acababa. Pero antes del
+nacer y después del morir, D. Anselmo sostenía que no atinaba a ver
+nada: eran dos profundidades tenebrosas, dos insondables abismos, en
+medio de los cuales se manifestaba la vida. Y las profundidades y los
+abismos se hallaban como cubiertos de la sustancia, de la materia, de
+esto que afecta nuestros sentidos, que no podemos concebir sin
+accidentes y sin formas, que no podemos concebir mudando formas y
+accidentes; pero que en lo esencial no puede ser aniquilado por la mente
+humana. La única metafísica ineludible de aquel enemigo de la metafísica
+era la eternidad de ese ser indefinido y vago. Él era el único
+inmutable. Todo lo demás, esto es, sus apariencias y cambios, pues fuera
+de él nada hay, era perpetua mudanza y fluctuación sin sosiego. Claro
+está que de tal ciencia no podía nacer moral alguna, ni deber, ni
+responsabilidad, ni libertad de nuestros actos; pero D. Anselmo, que era
+excelente sujeto, apenas se atrevía a confesar semejante diablura, ni a
+sí propio, y mucho menos a los demás; y armaba un caramillo de sutilezas
+para probar que éramos libres y que debíamos ser buenos, y que había
+algo de determinado en que la bondad consistía. De aquí que, si sobre
+las cuestiones primeras reñía con el P. Enrique bravas batallas, en
+estos puntos prácticos quedaba siempre derrotado, y se hacía un lío, con
+aplauso general de todos, y más aún de su hija doña Manolita, quien
+terminó una vez exclamando:
+
+--Vamos, papá, perdona mi desvergüenza filial, pero tú no sabes lo que
+te pescas.
+
+Verdad es que doña Manolita dio a su padre un par de cariñosos besos
+para endulzar aquella mortificación de amor propio.
+
+Hasta hubo ocasión en que D. Anselmo se sintió más mortificado y vejado.
+Entonces el propio P. Enrique tuvo que volver por él, afirmando que el
+asunto era difícil y que no merece censura, sino aplauso, el que le
+estudia con ahínco y con amor a la verdad, aunque se equivoque: que no
+deben reírse los que no saben nadar, ni se echan al agua, de los que por
+nadar se aventuran y se ahogan; y que sólo yerra el que aspira, y que
+sólo da caídas mortales el que tiene arranque y valor para encumbrarse y
+subir.
+
+De esta suerte, encontró doña Luz un poderoso aliado para sus perpetuas
+disputas con el médico, cuyo inveterado positivismo no cedía jamás ni
+daba lugar a una conversión, pero cuyo concepto del saber, de la elevada
+inteligencia y de la bondad del Padre, era mayor cada día.
+
+Si esto pensaba el adversario y el incrédulo, ¿qué no pensarían los
+creyentes, los que profesaban las mismas ideas, aquellos en cuyo favor
+el P. Enrique tan hábil y cortésmente peleaba? La veneración, el
+entusiasmo, la admiración por el P. Enrique, fueron subiendo en todas
+aquellas almas, y más que en ninguna en el alma entusiasta, solitaria y
+aislada de doña Luz.
+
+Creíale un tesoro de santidad, un dechado de todas las virtudes, y un
+pozo inagotable de ciencia. Cuando el Padre hablaba, quedábase ella
+suspensa oyéndole, y se apartaba de todo y se reconcentraba a fin de no
+perder ni un acento y de comprender el más hondo sentido de su discurso.
+Su afán de saber se despertó como nunca, comparándose con el Padre y
+notando cuán ignorante ella era: y, aunque el Padre no hacía ostentación
+de su ciencia, ella le excitaba a que hablase, con mil preguntas, a las
+que el Padre, por más que por modestia lo repugnara, tenía al fin que
+responder.
+
+La vida de las plantas, el movimiento de los astros, el sistema del
+mundo, la historia de los pueblos, de sus emigraciones, lenguas,
+creencias y leyes, todo era objeto de las preguntas de doña Luz, y a
+todo se veía obligado a responder el P. Enrique.
+
+A veces salía doña Luz de paseo con Pepe Güeto y doña Manolita, cuya
+luna de miel se prolongaba de un modo poco común, y mientras los esposos
+iban de burla o de risa, delante o detrás, y en interminable cuchicheo,
+el Padre, que los acompañaba, sostenía con doña Luz un coloquio grave,
+que a ella le parecía amenísimo, instructivo y sublime.
+
+Los médicos habían amenazado al P. Enrique hasta con la muerte si volvía
+a Filipinas antes de hallarse completamente repuesto. La permanencia,
+pues, del P. Enrique en Villafría, había de ser de dos o tres años.
+
+Él se había repuesto mucho, pero estaba aún delicado. Aunque era hombre
+de cuarenta años, sus facciones finas y algo aniñadas le hacían parecer
+más mozo. Era blanco, si bien tostado el cutis por el sol; los ojos y el
+pelo negro; delgado, de mediana estatura, y de hermosa y despejada
+frente. Su vida de peregrino y de misionero, haciéndole vencer la
+debilidad de su constitución con la energía del alma, había prestado a
+su cuerpo extraordinaria agilidad y soltura.
+
+Las mujeres son curiosísimas, y doña Luz lo era más que las otras
+mujeres. Nada excita tanto la curiosidad como cualquier merecimiento o
+habilidad que se oculta. Y como el Padre, sin afectación, por no ser
+propio de su estado, porque no gustaba de hacer alarde de cosa alguna,
+no se había mostrado nunca a sus ojos como jinete, doña Luz, sin
+malicia, empezó primero por cerciorarse de que lo era, de que había
+viajado mucho a caballo en Cochinchina y en la India, y no paró luego
+hasta que logró salir con él de paseo a caballo en compañía de D.
+Acisclo. Doña Luz se compuso de suerte que hizo galopar al Padre y hasta
+correr a todo escape, y el Padre galopó y corrió sin vanagloria de
+hacerlo bien, haciéndolo perfectamente, y sin dar el menor indicio de
+que lo hacía por complacencia galante, ni por lucirse, sino cumpliendo
+con un deber. Doña Luz se aventuró demasiado y estuvo a punto de dar una
+peligrosa caída al saltar una zanja. Su caballo no llevaba ímpetu
+bastante y hubiera caído en ella, si el Padre, conociéndolo, no hubiera
+llegado en sazón, excitando el caballo con el látigo, y con el ejemplo,
+porque saltó primero.
+
+El Padre, después del salto, con tanta dulzura y cortesía como firmeza,
+reprendió por sus locuras a doña Luz; dijo que podría ser motivo de
+escándalo el verle correr y saltar de aquel modo; prometió no volver a
+salir nunca más a caballo, y cumplió la promesa.
+
+Esta misma firmeza de voluntad encantó a doña Luz, aunque iba contra sus
+gustos y caprichos. La paz y serenidad de espíritu del Padre la tenía
+maravillada, y más aún su perspicacia. Juzgábale zahorí de corazones.
+Todos los defectillos de ella, todas las faltas, conocía doña Luz que el
+Padre las notaba, y que se las censuraba con rodeos delicadísimos; sin
+dejar por eso de advertir también cuanto en el alma de ella había de
+noble y de bueno, elogiándolo sin el menor empeño de serle grato por
+medio de la lisonja.
+
+Ella, entretanto, miraba en el alma del P. Enrique, y quería verla toda,
+como él veía la suya. Y notaba que era clara y transparente, como la mar
+que circunda a Andalucía, pero con un fondo de tal hondura, que a pesar
+de lo diáfano del agua y de la mucha luz del cielo que en ella penetra,
+iluminándola toda, la vista se desvanecía y se cegaba, y quedaba a
+inmensa distancia de los últimos senos y capas de ondas, hasta donde se
+fatigaba por sumergirse y calar.
+
+
+
+
+-IX-
+
+Homilía
+
+
+En vida tan apacible llegó, para doña Luz y para sus compañeros de
+tertulia, la primavera de 1861.
+
+Durante la Cuaresma, el P. Enrique predicó varias veces, con mediano
+éxito, no sobrepujando la fama de los otros predicadores con quienes
+alternaba. El número de los fervientes admiradores del padre apenas se
+aumentaba con alguien que no fuese de la intimidad de D. Acisclo.
+
+Aquel año, por lo mismo que su sobrino estaba en el lugar, D. Acisclo
+quiso echar el resto, en el Jueves Santo, y la cena algo profana, a que
+dio ocasión la salida en procesión de la Santa Cena, fue opípara y
+estruendosa.
+
+Doña Luz estuvo amabilísima con todos, y doña Manolita muy alegre y
+chistosa.
+
+No eran éstas, sin embargo, las reuniones que agradaban a doña Luz y a
+su amiga, sino las poco numerosas, familiares y frecuentes, donde ellas
+mismas incitaban a D. Anselmo para que provocase y contradijese al
+Padre, obligándole así a hablar sobre puntos de religión o de filosofía.
+
+En no pocas ocasiones, el P. Enrique había lucido, en sentir de sus
+oyentes, una elocuencia conmovedora; pero jamás produjo tan honda
+impresión en los ánimos como la noche del Domingo de Resurrección.
+
+Incitado D. Anselmo, después de otros menos importantes ataques, llegó a
+decir lo que sigue:
+
+--Todo es hablar de caridad y devoción, pero, bien mirado, no se ve en
+vosotros sino egoísmo. No es la piedad, no es el amor a vuestros
+semejantes quien os mueve, sino el anhelo de la salvación propia y el
+miedo del infierno.
+
+--Alambicando de esa suerte--contestó el padre Enrique--, no hay amor,
+por desinteresado que sea, cuya raíz no esté en el amor propio. Las
+palabras mismas lo declaran. ¿Qué es la compasión? No es más que cierta
+cualidad, en cuya virtud padece el alma cuando ve padecer a otra como si
+ella misma padeciera. Todo sacrificio, por consiguiente, que haga el
+alma compasiva, ya del reposo, ya de la vida corporal, ya de la
+hacienda, será considerado como egoísmo. El alma compasiva le hace para
+librarse de un padecimiento; para que el ajeno dolor no le duela como
+propio; para hallar para sí la paz y el bien que apetece. Todo acto de
+filantropía proviene de compasión: luego proviene del amor propio; luego
+nace del egoísmo. Lo más que los filántropos podréis decir en vuestro
+abono es que vuestro egoísmo es un egoísmo bien entendido, un egoísmo
+provechoso para todos.
+
+--Ya lo ven ustedes, señores--replicó D. Anselmo--, el Padre, como no
+puede ni sabe defenderse, ataca; pero sus razones no tienen fuerza
+contra mí. Yo no vacilo en concederle que la virtud humana de la
+filantropía proviene de la compasión y es por lo tanto egoísmo; pero ¿la
+virtud divina de la caridad es menos egoísmo en su raíz y fundamento? A
+fin de no padecer viendo padecer a otro, hago yo, por ejemplo, un acto
+de filantropía: le hago para ponerme bien conmigo: soy, pues, egoísta;
+pero el que hace una obra de caridad, por amor de Dios, para ponerse
+bien con Dios, de quien toda su dicha depende ¿se muestra acaso menos
+interesado? Todavía se me antoja que vale más el filántropo que el
+caritativo, porque al cabo es más noble y más bella la condición natural
+del alma descreída que siente como propias las penas extrañas, y con el
+propósito de libertarse de estas penas obra el bien, que la condición
+algo sobrenatural del alma creyente que obra el bien por temor de
+castigo o con esperanza de galardón y de premio; y no ya por amor del
+ser miserable a quien socorre y ampara, sino por amor del ser poderoso
+de quien todo lo espera.
+
+--Censurar que el alma busque siempre su bien, dijo entonces el Padre,
+sería tan absurdo como censurar que busquen los graves su centro. Ley es
+ésta indefectible, donde no hay libertad, donde no cabe ni mérito ni
+demérito. La voluntad va derecha a la beatitud, donde sólo puede
+aquietarse, como la piedra, desprendida de lo alto de la torre, cae sin
+detenerse hasta dar en el suelo; como la bala, disparada por certero
+tirador, vuela a clavarse en el blanco. Lo importante, lo libre, lo
+meritorio está en poner bien la mira, en buscar el supremo bien donde en
+realidad reside. Una vez señalado el bien, verdadero o engañoso, ¿quién
+no va a él por acto tan voluntario como necesario, ya que amar y
+apetecer el bien es la esencia misma de toda voluntad? El amor de sí
+propio es de necesidad; necesidad de quien ni el mismo Dios se sustrae.
+
+--No niego yo que sea así. Convengo en todo, Padre. Pero ¿dónde está
+entonces la libertad, la responsabilidad de nuestros actos? No habrá
+pecados ni crímenes, sino errores. La inteligencia se engañará y
+presentará a la voluntad lo que es malo como bueno.
+
+--Así sería, dijo el Padre, si fuese necesario todo error; pero el error
+no es necesario siempre. En el error puede haber libertad, y por
+consiguiente pecado. A veces las pasiones, que no queremos dominar,
+ofuscan el entendimiento y le llevan a que yerre; a veces el don
+sobrenatural de la gracia no acude a nosotros porque nos hacemos
+indignos de él, y entonces también se turba y se engaña el
+entendimiento. Pero no creo que disputamos hoy sobre el libre albedrío y
+la fatalidad, sino sobre si el alma al amar es desinteresada, porque
+busca su propio bien, aunque este propio bien estribe en el amor mismo.
+
+--Así es--dijo doña Luz.
+
+--Esa es la cuestión de hoy--añadió doña Manolita.
+
+--Figurémonos--prosiguió el padre Enrique--, a un enamorado, a un
+caballero a la antigua, que por complacer a su dama, y para darle gloria
+y contento, padece insufribles trabajos, se expone a los mayores
+peligros y lleva a feliz término las más dificultosas aventuras.
+Figurémonos que todo esto lo hace por una dama de quien recela con razón
+que jamás será amado. Y figurémonos, por último, que todo lo hace por
+servirla y sin esperanza de recompensa. Todavía según el modo de
+discurrir de D. Anselmo, podremos tildar este amor de interesado, ya que
+el alma de aquel caballero halla deleite grandísimo en hacer cuanto hace
+por la dama, aunque la dama sea ingrata; o ya que, si no halla deleite,
+halla consolación, considerándose mil veces más infeliz si nada hiciese
+de lo que hace y si no diese de su amor tan valientes y generosas
+pruebas. Pero ¿qué mucho si el mismo amor mal pagado suele ser causa de
+ventura y de gozo íntimo para el amante que prefiere amar, aun sin
+correspondencia, a que se desprenda y aparte el amor de su alma,
+dejándola solitaria, seca y vacía? Queda, pues, demostrado así que todo
+es egoísmo, si bien es fuerza convenir en que hay egoísmos sublimes y
+merecedores de perpetua alabanza.
+
+--Acepto--replicó don Anselmo--, el ejemplo de esa dama y de ese
+caballero andante de los buenos tiempos antiguos que el P. Enrique nos
+presenta; pero dudo mucho de que el caballero haga sus proezas con la
+esperanza de galardón ya perdida. La misma alta opinión en que tiene a
+la señora de sus pensamientos le persuade de que no ha de ser ingrata.
+El caballero se aventura, pues, y se afana interesadamente, esperando
+galardón; pero, supuesto el caso extraño de que no le esperase, ya no
+podría equipararse con el cristiano caritativo, en quien jamás ha de
+suponerse que la esperanza fallezca. En el concepto que tiene de su Dios
+va implícita la idea de su bondad, de su omnipotencia y de su justicia,
+y en ellas libra la seguridad de la paga. Vuelvo, pues, a mi tema. Toda
+virtud mundana será egoísmo; pero lo es más la caridad, ya que se funda
+en firme creencia y en esperanza clara y evidente de que será
+recompensada. A pesar de todo, no desdeñaría yo esta virtud, y juzgaría
+soberanamente benéficas la esperanza y la fe de que procede, si no
+dejara nunca de ser, aunque por fines interesados y egoístas, causa de
+buenas obras; pero la caridad tiene un camino, cuando se extrema, para
+lograr su objeto, no ya sirviendo, sino olvidando, desdeñando y
+menospreciando al prójimo y a cuantos seres hay en este universo
+visible. El alma que se retira dentro de sí, que se hunde en el abismo
+insondable de su propia esencia, donde se une o cree unirse con su Dios,
+¿qué vale a los hombres? ¿Qué amor les consagra? ¿Qué criatura terrenal
+podrá existir por cuya suerte se interese? El alma que así se endiosa,
+encastillada en su recogimiento soberano, lo desdeña todo, menos su
+propio centro, donde vive identificada con el eterno amante a quien
+adora y de quien recibe bienaventuranza completa.
+
+Con dulzura insinuante y con el reposo debido, a fin de hacerse entender
+bien y de poner en sus ideas orden y claridad, contestó entonces el P.
+Enrique a los argumentos de D. Anselmo; mas, a pesar del dominio que
+tenía sobre sí y sobre su palabra, la emoción que embargaba su ánimo
+venía a revelarse en su acento, en el brillo de sus ojos y en el
+encendido color de sus mejillas, pálidas de ordinario. Todo ello
+contribuía a infundir en el razonamiento que hizo aquella singular
+persuasión que cautiva los corazones y somete a blando yugo las más
+soberbias y rebeldes inteligencias.
+
+¿Cómo reproducir, sin alterarle o sin debilitar su energía y empañar su
+esplendor celestial, el sencillo e inspirado discurso que entonces
+pronunció el Padre Enrique?
+
+Lo que atine a poner aquí el profano, frío, escéptico y pobre narrador
+de esta historia, no debe mirarse, cuando más, sino como informe
+bosquejo de lo que dijo aquel hombre entusiasta y creyente. El P.
+Enrique dijo así:
+
+--A fin de dar cumplida contestación a los argumentos de D. Anselmo
+sería menester desenvolver ahora las doctrinas todas de una altísima
+ciencia. Lo que diga yo, por lo tanto, en breves palabras, no puede
+menos de ser desordenado y de pareceros oscuro. Voy a poner en cifra y
+resumen lo que requiere, para que se entienda bien, severo método y
+reposo. Supongamos, por un instante, que abstraída el alma de todo lo
+terreno, en suspensión de potencias y sentidos, en silencio maravilloso
+y quietud envidiable, goza del supremo bien, sin salir de esta vida
+mortal, y absorta y como hundida en la contemplación de su Creador, no
+cuida ya del prójimo ni de las otras criaturas. Pero antes de alcanzar
+tanta dicha, antes de subir a tanta alteza, ¿qué pruebas de bondad no
+habrá dado el alma? ¿Por qué áspera senda no habrá tenido que trepar,
+activa, atenta y persistente? Para ganarse la voluntad de su Creador
+habrá hecho obras de misericordia, consolando y amparando a los
+infelices y desvalidos, y con sus oraciones y penitencias, humildad y
+mansedumbre, habrá sido pasmoso ejemplo y provechoso estímulo a todo ser
+humano. No se conquista de otra suerte el amor de Dios. No hay otra vía
+más cómoda y llana para llegar a él. Claro está, pues, que, aun
+suponiendo que el alma es ya inútil para las otras almas al llegar a ese
+término, es utilísima mientras no llega. Y no obstante, cuando el alma
+llega, cuando se recoge en su centro, donde Dios mora, y allí le conoce
+y con él se une, ¿cómo imaginar que por eso se aniquila o se hace
+inútil? Tal vez, al anegarse en aquel abismo de luz, no ve sino
+tinieblas. Tal vez los ojos del alma no pueden resistir tanto
+resplandor. Tal vez la inteligencia limitada no comprende aquellas
+perfecciones infinitas e inenarrables. Pero si la inteligencia, en el
+alma que llega a Dios, no ve ni comprende todo su ser, bástale con
+percibir algún atributo para no quedar perdida y aniquilada en su
+ventura. Bástele ver a Dios, para ver en Dios el mundo y las criaturas
+que le llenan y hermosean, y para verlo todo, por más cabal y
+comprensiva manera que cuando lo veía con sólo los sentidos como
+apariencias fugitivas que los hieren. El alma ve entonces las cosas
+tales como son y no tales como aparecen; las ve, no en su manifestación
+transitoria, sino en su idea pura y eterna; no ya en lucha constante,
+desligadas, sin concierto, en guerra de exterminio, sino que las ve
+atadas por lazo de amor, subiendo en concorde armonía hacia la luz y
+hacia el bien, y encaminándose, por atracción suave y divina, a la
+justificación providencial de todo. Y como el alma ama a Dios y todo
+está en Dios, el alma lo ama todo amándole. Y lo ama todo, no ya
+interesadamente, como lo amaba antes, sino con desinterés, porque quien
+tiene a Dios ¿qué más quiere ni desea? Así el alma ama a las criaturas
+como Dios las ama, y quiere que todas se vuelvan a Dios y le amen, y que
+el tesoro del amor divino sea para todas ellas. Y entonces el amor del
+alma, conforme, identificado con la voluntad de Dios, abarca el universo
+y cuanta hermosura espiritual y corporal en sí contiene. Y lejos de
+quedar el alma, al unirse con Dios, inerte y como vacía y sin
+conciencia, logra conciencia más clara y distinta, y arde en amor más
+vivo que todos los amores mundanales. Y no hay excelencia en lo creado,
+cuyo valer no estime y pondere en lo justo; ni beldad en quien sin
+concupiscencia no se complazca, porque tiene ya hartura y plenitud de
+deleites purísimos; ni riquezas que no mire sin codicia, porque está
+agraciada y como heredada de los más preciosos dones; y ama sin celos al
+amor que da Dios a las criaturas, por que las comprende en su mente e
+imagina que todo el amor que vierte Dios en ellas, le recibe y le guarda
+para sí propia. ¿De qué sacrificio, de qué obra estupenda de caridad, de
+qué proeza de amor, de qué devoción, abnegación y martirio no será capaz
+el alma unida con Dios, y que se vuelve a las criaturas, y las contempla
+en Dios mismo, como si fuesen algo del ser y de la sustancia del objeto
+amado? Lejos, pues, de creer que esta unión del alma con Dios la hace
+inerte e inútil para los demás seres, creo que la habilita y alienta
+para tomar en el manantial caudaloso del amor del cielo los torrentes de
+caridad que vierte luego en la tierra. Porque, como el Verbo, que es
+Dios, dio su vida mortal y humana por la salud de los hombres, el alma,
+si se une con Dios, adquiere la virtud divina para arrostrar y sufrir
+por los hombres los tormentos y la muerte, imitando a Cristo, que es el
+Dios a quien se une.
+
+De esta suerte se expresaba el P. Enrique, hasta donde la torpe pluma y
+la lengua pecadora de quien esto escribe consigue remedar su improvisada
+homilía; ya que, en la sagrada ciencia, que él iba explicando, dijeron
+los más delgados conceptos y aclararon los más hondos misterios, no los
+que en los libros y en el estudio fueron a ilustrarse, sino los que por
+experiencia los entendían y por santidad insigne gozaron del favor
+divino.
+
+Y mientras que el Padre hablaba, D. Acisclo oía embelesado, aunque no
+penetraba el sentido de una sola palabra; y D. Anselmo se deleitaba, sin
+creer, como quien saborea la más bella composición poética; y doña Luz,
+doña Manolita y Pepe Güeto, escuchaban con fija atención y gran fervor
+religioso, lisonjeándose de que todo lo alcanzaban.
+
+Acaso no lo creyó así el Padre, allá en lo interior de su pecho, pues
+para aclarar y completar lo que había dicho, añadió de este modo:
+
+--Quiero asimilar vuestra filantropía mundana a un hermoso río, cuyos
+canales y acequias riegan y fertilizan los campos; mientras que el alma,
+que se une a Dios por amor, es como el agua que el sol rarifica y
+levanta y que sube en vapores al cielo. ¿Será esta agua menos útil que
+la del río? No, porque luego desciende en bienhechora lluvia, más
+fecundante que todo riego artificial, y aun de este mismo riego
+artificial es causa mediata, ya que la lluvia, que viene del cielo,
+cuaja y forma en la cima de los montes con apretada y cándida nieve las
+inexhaustas urnas, de donde brotan y se desatan arroyos y ríos en
+cristalinos raudales. Presuma, en buena hora, el zafio y rudo
+agricultor, cuando riega su campo, que el agua viene de la vecina
+montaña, y que se deriva por ocultos caminos del seno de la madre
+tierra. Pero ¿habría agua si el cielo no la hubiera depositado allí? De
+esta suerte, la filantropía, la virtud meramente humana, tiene su
+origen, ignorándolo tal vez los mismos que la practican, en la caridad
+divina. El amor de Dios sube al cielo; se diría que desprecia este bajo
+mundo; pero, al descender de nuevo a la tierra, como el limpio rocío de
+la aurora, viene transformado en amor acendradísimo del prójimo. En
+nuestra verdadera religión no sucede como en algunas falsas, donde el
+bien supremo implica el aniquilamiento de la conciencia. Si el discurso
+racional no llega al ápice de la mente, Dios le adorna y reviste de
+prendas sobrenaturales; en vez de destruirle, le da la fe, para que viva
+y entienda. Y a veces brota del centro del alma una luz interior que
+baña las potencias que hasta el centro no han penetrado, por donde
+nuestro ser individual, aun en el éxtasis, no se esfuma, ni se
+desvanece, ni se desmaya, sino que con más ser vive, siente, piensa,
+conoce y ama. Si para subir al enlace místico, se desnuda el alma de
+todo lo creado, si llega a entender que sólo existen Dios y ella, esta
+muerte es como la muerte natural, en la cual se desprende el alma de sus
+mortales despojos. Y así como el alma ha de revestirse de cuerpo
+glorioso, así también resucitan todas las potencias que, para llegar al
+éxtasis divino, tal vez murieron. No, no se pierde el alma de los
+místicos cristianos en la esencia suprema, como en el _nirvana_ de los
+budistas; no, no cae en sueño eterno, sino que logra la plenitud de la
+vida. El ambiente bañado y penetrado todo de rayos de sol parece luz de
+oro y sol y no aire; y el hierro, que sale candente de la fragua, no es
+oscuro y opaco, sino refulgente como el fuego de donde sale; y por igual
+manera, en cuanto la comparación material es posible, el alma que se
+unió con Dios parece Dios. Y por último, para el provecho que a los
+demás hombres puedan traer estos bienes y regalos de los espíritus
+contemplativos, quiero añadir una consideración de gran peso; a saber,
+que en ninguna creencia, en ninguna doctrina, se ensalza tanto como en
+la nuestra la dignidad humana, el ser del hombre, prescindiendo de su
+valer accidental. Los Elíseos, los Paraísos, los Empíreos de otras
+religiones sólo abren sus puertas a los magnates, a los príncipes, a los
+sabios, a los guerreros y a los ilustres; mientras que nuestro cielo es
+el cielo de los pobres, de los humildes, de los pacíficos y de los
+mansos. Y no es esto sólo para consolación, por la esperanza en otra
+vida mejor, del desdén de la fortuna y de los trabajos y miserias que en
+esta vida tienen que sufrir, sino que ejerce poderoso influjo en lo
+presente, y da precio infinito a toda alma humana, como rescatada por
+Cristo, e iguala con más verdad que toda ley democrática a unos hombres
+con otros, y reviste de majestad sagrada, y hace más que hermanas
+nuestras a todas las criaturas, a las más cuitadas, a las más viles, a
+las más abyectas y a las más pecadoras.
+
+Los oyentes del P. Enrique, que aquella noche no eran más que cuatro,
+entendiendo unos más y otros menos lo que dijo, quedaron todos
+encantados de oírle. Don Anselmo llegó a confesar que le entraban ganas
+de ser cristiano; doña Manolita y su marido se sintieron más cristianos
+que nunca; D. Acisclo halló que su sobrino tenía casi tanto
+entendimiento como él, si bien aplicado a cosas menos prácticas; y doña
+Luz, embelesada, entusiasmada, añadió acaso, con su rica imaginación
+poética, mil quilates de hermosura, de novedad y de profundidad, al
+discurso del Padre, del cual no perdió ni una sola cláusula,
+comprendiendo el más hondo sentido del conjunto y de cada sentencia.
+
+
+
+
+-X-
+
+Un ilustre candidato
+
+
+Por tal arte fueron creciendo la afición de doña Luz al trato del P.
+Enrique y la fina amistad que le profesaba.
+
+Como por rápida pendiente, aunque con suave y apenas sentido movimiento,
+se inclinó su corazón a no desear sino aquellos coloquios con un hombre
+en quien hallaba ingenio, discreción y sublimidad en el pensar y en el
+sentir, hasta entonces no descubiertos por ella en ser humano, y de que
+sólo sabía por los libros que había leído.
+
+Ningún recelo empañaba la limpieza y seguridad de esta inclinación, si
+tranquila y serena, irresistible y declarada. Doña Luz, en su orgullo,
+doña Luz, en el cristal terso e incontaminado de su conciencia, no podía
+ver peligro, ya que por leve y remoto que le viese, sería como una
+mancha. El más ligero propósito de precaverse hubiera implicado temor y
+sospecha ofensiva. Doña Luz nada sospechaba de sí. Nada tampoco
+sospechaba del Padre. Le consideraba como a un santo y empezó a amarle y
+venerarle como aman y veneran a los santos las personas piadosas.
+
+Era tal el candor de doña Luz, que hubiera dicho al Padre los
+sentimientos que le inspiraba, si no hubiera temido ofender su modestia
+o mostrarse aduladora. Pero aunque nada le decía, harto le daba a
+entender su extraordinaria predilección, atrayéndole de continuo, y no
+hallándose a placer sino cuando le tenía a su lado, le hablaba o le
+escuchaba.
+
+El P. Enrique, por su parte, no manifestaba la menor extrañeza por los
+favores que de doña Luz recibía. Y esto no porque fuese vano y se
+figurase que todo le era debido, sino porque no juzgaba nada más natural
+que aquella buena correspondencia.
+
+Era el Padre hombre de muchísimo mundo y de poquísimo mundo, según esto
+se entendiese.
+
+Conocía el corazón en general, y en cuanto está más cerca de la
+naturaleza. Para tratar, dirigir, ganar almas y someter voluntades,
+había sido maravilloso allá en los pueblos del extremo Oriente; pero
+como había salido de España muy mozo, y apenas había vivido en esta
+sociedad artificiosa y algo refinada de nuestro siglo, cuya cultura y
+usos convencionales se extienden hasta las aldeas, lo veía y estimaba
+todo con cierta sencillez selvática, interpretando las palabras y las
+acciones de diverso modo que el vulgo. Así es que, si bien notaba, y se
+sentía lisonjeado al notarlo, que doña Luz hacía de él el más alto
+aprecio, ni en ella, ni en él, ni en el público, acertaba a descubrir
+que pudiese esto ofrecer el menor inconveniente. La afición de doña Luz
+no se diferenciaba a sus ojos de la que le tuvieron estos o aquellos
+neófitos indios, chinos o anamitas, salvo en ser la afición de doña Luz
+más de estimar por la excelencia de la persona que la sentía, en quien
+el Padre hallaba un sin número de brillantes calidades: un espíritu
+cultivadísimo y capaz de elevarse a las esferas más encumbradas del
+pensamiento y un corazón lleno de afectos tiernos, nobles y puros. De sí
+propio tampoco recelaba el Padre. Amaba a doña Luz como el maestro ama a
+su discípulo; como un alma ama a otra alma, cuando ambas coinciden en
+las mismas creencias y opiniones, suben a las mismas alturas, y
+especulan y contemplan las mismas ideas.
+
+El P. Enrique se sentía atraído por doña Luz con mayor fuerza que por
+todas las demás personas que en el lugar conocía, o que antes, fuera del
+lugar, había conocido; pero esto se explicaba de la manera más razonable
+y sin malicia.
+
+¿Quién penetraba mejor que doña Luz el sentido de todos sus discursos?
+¿Quién le seguía mejor, quien se le adelantaba a veces en los vuelos y
+raptos de imaginación, cuando pugnaba por levantarse a aquellas regiones
+adonde el prosaico razonamiento no llega? Sin duda que doña Luz. Doña
+Luz era, pues, para el Padre un ser muy superior a cuanto la rodeaba, y
+digno de predilección decidida. En el agua turbia de un estanque poco
+cuidado, en el agua agitada y cenagosa de un torrente, nada se refleja;
+mientras que en el haz limpia, tersa y tranquila de un lago de agua
+pura, el cielo, los montes, los astros, la luz, las flores y toda la
+gala y la pompa del mundo se retratan con tal primor, que el cielo
+parece allí más hondo e infinito, y la luz más clara, y las flores de
+color más vivo, y los montes más gallardos, y sus perfiles y contornos
+más graciosos y mejor desvanecidos en el sumo ambiente, y la verdura del
+prado más verde y más fresca. Por lo cual, aun el que no repara en la
+hermosura propia del lago y en el encanto que tiene él de por sí, tal
+vez se recrea en lo que refleja y duplica en su seno, y gusta más de
+mirar todo aquello en el reflejo del lago que en sí y tal como es. Y por
+estilo semejante, el P. Enrique, que a penas se fijaba en la belleza y
+elegancia del cuerpo y rostro de doña Luz, ni en la distinción de sus
+modales, ni en el reposado y majestuoso continente de toda su persona,
+hundía la mirada a través de estas prendas corporales y exteriores, y
+llegaba al alma, donde resplandecía un mundo de pensamientos, que eran
+los suyos propios, pero mil veces más bellos, reflejados por doña Luz,
+que tales como ellos eran.
+
+Casi siempre las conversaciones de doña Luz y del P. Enrique eran en la
+tertulia, en presencia de don Acisclo, de D. Anselmo, de Pepe Güeto y su
+mujer y del señor cura. En ocasiones, no obstante, se encontraron en la
+casa a solas los dos, o bien hablaron sin oyentes y sin otros
+interlocutores, cuando salían de paseo con Pepe Güeto y su mujer, y
+éstos se adelantaban o se quedaban atrás, embelesados en la interminable
+y risueña luna de miel, de que seguían gozando siempre. Entonces, en
+estos diálogos a solas, sin reflexionarlo ni él ni ella, sin que fuese
+circunspección estudiada, lo cual implicaría un temor de que ambos se
+veían exentos, sino por instintiva, inocente y santa delicadez, por
+pudor inconsciente, por recato santísimo del corazón, jamás hablaban de
+sus propias personas, ni de lo íntimo de las almas, aunque fuese en
+general, sino de la pompa exterior del material universo, y de la
+armonía, riqueza y orden que le adornan, proclamando la bondad, el poder
+y la sabiduría de quien le sacó de la nada.
+
+Ella, sin embargo, había sabido inducir al Padre, cuando había
+auditorio, a que hablase de sí y a que contase sus peregrinaciones. Y el
+Padre, si bien con modestia y sobriedad, no había podido menos de dejar
+entrever y de hacer que se estimasen los peligros que había corrido y
+las penalidades y fatigas que con valor heroico había sobrellevado.
+
+Él, en cambio, había leído en la frente y en los ojos de doña Luz hasta
+sus más secretos pensamientos y sentimientos. Para esto le servía su
+costumbre de observar y estudiar a los hombres, en tantos años de
+predicador, confesor y catequista. Además, si algo hubiera quedado para
+él en cifra, su tío D. Acisclo, aunque con términos groseros, le hubiera
+dado la clave, contándole, como le contaba, la vida de doña Luz en el
+lugar, su desdén con los galanes, su orgullo y su firme resolución de no
+casarse nunca.
+
+Los hombres, por mucho que se examinen y estudien, por bien que
+escudriñen hasta los más escondidos senos de su conciencia, por
+severamente que se juzguen, y por muy alerta que estén, suelen con
+frecuencia concebir algún plan o proyecto, el cual les deleita y seduce,
+envolviéndose en tan mágica niebla, que logra ocultarse o velarse y
+disfrazarse al juicio, cuando éste interroga para fallar y condenar
+acaso, quedando patente y como desnudo a los ávidos ojos de la pasión
+que le ha creado.
+
+De este modo confuso y como entre nubes forjó sin duda el P. Enrique, a
+quien el trato de doña Luz encantaba, si no un plan, una ilusión, una
+esperanza, algo de un porvenir meramente amistoso, aunque lleno de
+ternura. Apenas se daba razón de lo que forjaba, pero ciertamente lo
+forjaba. Lo que forjaba era, por otra parte, tan sin asomo de pecado,
+que no suscitaba escrúpulos. Lo que forjaba era muy sencillo. Doña Luz
+era casi seguro que no se casaría ya; lo mejor, pues, de su inteligencia
+se emplearía en comunicar con la del Padre; su voz en hablarle; su oído
+en oírle; su más seria preocupación sería pensar en las cosas del cielo,
+según el método y forma con que él pensaba; su deleite mayor hablar con
+él de Dios y del alma y de toda verdad y de toda bondad y hermosura. En
+fin, el P. Enrique, sin confesárselo a sí mismo, vino poco a poco a
+persuadirse de que con su espíritu iba como a llenar y compenetrar el
+espíritu de doña Luz, y notó apenas que ella se enseñoreaba ya por
+entero del espíritu de él, aunque con cierta subordinación y dependencia
+de otros sentimientos e ideas de valer muy superior, los cuales
+prevalecían sobre aquella nueva y poderosa influencia.
+
+Provino de todo esto una fervorosa amistad, que se alimentaba en el
+comercio y comunicación constante de aquellas dos personas.
+
+En los lugares, ni más ni menos que en las grandes poblaciones, abundan
+las malas lenguas; pero concurrían en esta ocasión mil circunstancias
+que evitaron que la maledicencia se cebase en tan inocentes relaciones y
+las interpretase en sentido avieso.
+
+Las causas principales de que se hable en seguida, dado el motivo o el
+pretexto o la apariencia, de toda intriga amorosa, particularmente si no
+tiene por fin el matrimonio, no se presentaban aquí. Por lo común, una
+de las causas de que se hable y se murmure es el propio deseo del galán,
+quien suele desear que se diga lo que es y aun lo que no es, y a veces
+finge que disimula con tan contraria habilidad, que más bien descubre o
+hace sospechar misterios y aun venturas que quizá no ha logrado. Mujeres
+hay asimismo no menos aficionadas a que todo se sepa, particularmente
+cuando son pretendidas y desdeñan y burlan a los pretendientes. Y
+muchas, cuando los pretendientes son muy estimados y famosos, aun
+echando a rodar todo respeto, con tal de hacer rabiar a las abandonadas
+rivales, dan, como suele decirse, un cuarto al pregonero, para que
+pregone y divulgue su fragilidad y sus amoríos.
+
+Nada de esto tenía lugar entre el Padre y doña Luz. Antes bien ocurría
+lo contrario.
+
+Los mozos del lugar o forasteros que, por más guapos e importantes,
+habían osado aspirar a doña Luz y habían sido rechazados con suavidad
+antes de una declaración que los comprometiese, tenían tan alta opinión
+de doña Luz y de ellos mismos, que cada cual imaginaba que era
+inexpugnable la que a sus encantos y buenas prendas no se había rendido.
+¿Cómo creer que gustase de un fraile enfermizo y casi viejo la que había
+sido fría, insensible y desamorada con un mozo galán, robusto y
+gallardo? Esto hubiera sido monstruoso.
+
+Las mujeres son, por lo general, las que descubren o inventan las
+aventuras, caídas o deslices de sus enemigas; pero doña Luz estaba tan
+por cima y tan apartada de toda rivalidad y se había ganado de tal
+suerte el afecto de todos, que nadie le contaba los pasos ni andaba
+acechando para ver si daba alguno en falso y acusarla de ello después.
+
+Por otra parte, doña Manolita, con su charla, su desenvoltura y sus
+chistes, era el órgano más autorizado y resonante de la opinión pública
+en Villafría, y doña Manolita, no ya no habiendo el menor motivo, pero
+aunque le hubiese, no hubiera consentido jamás en que se dijese nada
+contra doña Luz; hubiera ahogado en sus burlas la voz de la murmuración
+más descocada.
+
+El concepto que del padre tenían en Villafría no se prestaba tampoco a
+que sobre el punto de que hablamos se levantasen caramillos. Los más,
+como no le hallaban divertido y como casi no le entendían, le tenían
+poco menos que olvidado, aunque si alguna vez se acordaban de él era
+para considerarle como un santo, fastidioso, valetudinario y nada ameno.
+Hombre de los que no se usan, pajarraco exótico y raro, para los
+volterianos del lugar, no hubiera sido difícil que alguien le supusiese
+conspirando en favor del restablecimiento de la Inquisición y hasta
+comiéndose los niños crudos; pero a nadie le cabía en la cabeza que
+pudiese ser galanteador y tener buenas fortunas un señor tan pálido,
+enclenque, melancólico y asendereado.
+
+Por todo lo expuesto, nadie ponía malicia, nadie comentaba de modo
+injurioso la intimidad y convivencia de doña Luz y del Padre, quienes,
+por otro lado, donde se trataban, se veían, se hablaban y aun se
+admiraban inocentemente, con el mayor abandono, era en el seno de la
+pequeña tertulia, de la cual, nada trascendía, y en la cual todo se
+explicaba santísimamente, o mejor dicho, no se explicaba, pues ni para
+D. Anselmo y su hija y yerno, ni para D. Acisclo, ni para el cura D.
+Miguel, requería aquello la menor explicación. El cura D. Miguel, sobre
+todo, y el Sr. D. Acisclo, cada cual a su manera, veían en doña Luz y en
+el Padre dos seres sobrado singulares, las dos terceras partes de cuyos
+pensamientos y palabras oían como quien oye música celestial sin
+penetrar lo que significaban. Nada, por lo tanto, más justo ni más
+preciso que el que los dos se dijesen lo que ellos solos al cabo sabían
+entender.
+
+Entre tanto, doña Manolita, que era muy observadora y burlona, había
+notado que en el ánimo de D. Acisclo se iba dando una radical
+transformación. Doña Manolita había comunicado sus impresiones a doña
+Luz y a Pepe Güeto.
+
+Según dichas impresiones, D. Acisclo estaba cada día más ancho y
+orgulloso de que su tertulia se hubiese hecho tan sabia y pareciese una
+Academia de ciencias; pero al mismo tiempo, andaba imaginativo y
+ensimismado, hablaba a solas, y se diría que en su mente se agitaba un
+enjambre de ideas, las cuales, como las abejas en la colmena, pugnaban
+por fabricar, en vez de panal melifluo, alguna resolución estupenda.
+
+--¿Qué resolución querrá tomar?--se preguntaba doña Manolita--. ¿Si
+habrá tocado su corazón el dedo del Altísimo? ¿Si el buen señor,
+edificado con las homilías del sobrino, tratará de abrazar la vida
+contemplativa y de ser santo también?
+
+Pepe Güeto y doña Luz se reían de tan inverosímil suposición; pero la
+verdad era que ellos notaban asimismo lo mucho que D. Acisclo cavilaba,
+y sentían no pequeña curiosidad por conocer el asunto de sus
+cavilaciones.
+
+Delante del P. Enrique no osaron interrogar a don Acisclo; pero el Padre
+se iba siempre a las diez de la tertulia, porque nunca cenaba, y Pepe
+Güeto y su mujer se quedaban a cenar todas las noches allí. La cena
+solía durar hasta las once, y además casi siempre permanecían de
+sobremesa los señores, mientras que cenaban los criados, siendo este el
+momento de mayor confianza y alegría.
+
+Varias noches, estando así, ya de sobremesa y no presentes las chicas
+que habían servido, doña Manolita tentó el vado, a ver si D. Acisclo
+declaraba la causa de su preocupación.
+
+Don Acisclo, aunque negaba que estuviese preocupado, lo daba a conocer
+cada vez más, si bien no confesaba la causa.
+
+Una noche, por último, D. Acisclo se mostró más preocupado, pero más
+alegre asimismo. Alguna satisfacción le rebosaba en el pecho y pugnaba
+por salir de sus labios.
+
+Doña Manolita lo conoció, y le dijo:
+
+--Vamos, Sr. D. Acisclo; no sea V. malo. No se atormente usted por el
+solo gusto de atormentarnos. Si rabia V. por decir lo que le pasa ¿por
+qué no lo dice? V. está maquinando alguna novedad que nos va a dejar
+aturdidos. La cosa va muy adelantada. Declare V. lo que es para que no
+nos coja de susto.
+
+--Ea, Sr. D. Acisclo, declárelo V.--añadió Pepe Güeto--. Mi mujer
+pretende que V. tiene comezón de ser santo como su sobrino, y que el día
+menos pensado traspone V. y nos planta y se larga a Sierra--Morena a
+hacer penitencia, metido entre matorrales o en el hueco de algún
+peñasco.
+
+--Todo menos eso--respondió D. Acisclo--. No me llama Dios por ese
+camino, y cualquier otro estado es bueno para servirle.
+
+--Eso es indudable--dijo entonces doña Luz--. Yo no he creído nunca que
+a V. le pudiese entrar la manía de imitar a los solitarios penitentes;
+pero he pensado, como mis amigos, que usted medita y prepara, desde hace
+días, un cambio en su manera de ser y de vivir.
+
+--Estas mujeres son el diablo--contestó D. Acisclo--. Nada se les
+oculta. Todo lo penetran. No quiero ni puedo ya negarlo. Voy a ser otro
+del que he sido hasta aquí. Confieso que la consideración del mérito de
+mi sobrino me ha servido de estímulo.
+
+--¿No lo decía yo?--exclamó doña Manolita--. D. Acisclo, ¿se nos va V. a
+ir a la China o a la India a convertir infieles?
+
+--Algo de eso hay--respondió el interrogado--. Infieles voy a convertir,
+pero sin salir por ahora de Villafría.
+
+--¿Y cómo va a ser eso?--dijo doña Luz.
+
+--Muy sencillamente--continuó D. Acisclo--. Ya saben ustedes que yo he
+sido y soy, dicho sea entre nosotros, desechando la modestia, un hombre
+bastante útil para mi patria. Yo hago prosperar la agricultura; aumento
+la riqueza; doy de comer a los pobres que trabajan; en fin, sirvo de
+mucho.
+
+--No es menester que V. se alabe. ¿Quién no confiesa--dijo Pepe Güeto--,
+que V. es la providencia de Villafría?
+
+--Pues bien; todo eso lo hago con el dinero que he sabido adquirir. Yo
+he tenido y tengo capacidad para adquirir dinero. Pero al ver que mi
+sobrino ha adquirido ciencia y gloria, he comprendido que el dinero no
+me bastaba, y que hay otras cosas que valen tanto casi como el dinero.
+La ciencia, por ejemplo. ¿Cómo adquirirla, sin embargo? Ya está duro el
+alcacer para zampoñas. Ya es tarde para que yo me engolfe en estudios.
+Hay otra cosa que me atrae, que me seduce, y no es tarde aún para que yo
+la adquiera.
+
+--¿Qué será? ¿Qué no será?--murmuró doña Manolita.
+
+--Adivínalo, muchacha; lúcete; muestra que ves crecer la hierba.
+
+--Confieso que soy tonta: nada adivino. Ya que no aspira usted a sabio
+ni a santo, ¿a qué aspira?
+
+--Aspiro al poder. El poder es el complemento del dinero. Quiero ser
+hombre político, personaje influyente, dueño de este distrito electoral,
+derrotando al cacique de la cabeza del distrito, que hoy lo puede aquí
+todo.
+
+--¿Quién le mete a usted en esos ruidos, Sr. D. Acisclo?--dijo entonces
+doña Luz.
+
+--Mis convicciones políticas--respondió don Acisclo con suma gravedad.
+
+--¿Sus convicciones políticas? Me pasma lo que le oigo decir. Pues ¿de
+dónde provienen esas convicciones? Yo creía que usted no había pensado
+en política en todos los días de su vida.
+
+--Entendámonos--replicó D. Acisclo--: en la política que sirve de
+pretexto o apariencia, es cierto que jamás he pensado; pero en la
+política-verdad pienso siempre.
+
+--¿Y qué es la política-verdad?
+
+--La política-verdad es que todos los que formamos la nación española
+damos al Gobierno cada año, por diferentes maneras, más de la mitad de
+lo que la tierra, nuestro trabajo y nuestro caletre producen. El
+Gobierno luego, ya en forma de pagas, ya en forma de subvenciones, ya en
+otras formas, reparte todo esto entre sus amigos. De esta suerte, lo que
+absorbe el Gobierno como contribución, se derrama de nuevo como benéfica
+lluvia. ¿No es necedad que yo pague y no cobre? ¿No es bobada que yo
+contribuya y no distribuya? ¿No sería más discreto que yo imitase a Don
+Paco, el grande elector de este distrito, que paga diez y saca ochenta?
+Pues qué, ¿no tengo yo sobrinos, hijos y ahijados a quienes dar turrón?
+¿Una gran cruz, no me vendría que ni de molde? ¿El tratamiento de
+excelencia se me despegaría? En vez de pagar mucho, como pago ahora, y
+de no recibir nada, como no recibo, ¿no me sentaría divinamente pagar
+menos, y recibir con usura lo pagado y más de lo pagado? Pues esto es la
+política, y por esto quiero meterme en la política. ¿Qué digo _quiero
+meterme_? Metido estoy ya en ella hasta los codos.
+
+Doña Luz distaba mucho de creer que la política fuese lo que por
+política entendía D. Acisclo: pero, viendo lo convencido que él estaba
+de que no era otra cosa, y notando además que Pepe Güeto y su mujer no
+distaban mucho de pensar como don Acisclo, no quiso predicar en desierto
+ni tratar de convencerlos de que el verdadero concepto de la política
+era muy diferente. También le chocó sobremanera el tortuoso giro de
+pensamientos y discursos, por donde la mente de D. Acisclo, partiendo de
+las homilías, disertaciones filosófico-cristianas y demás sublimidades
+del Padre, había venido a parar en que debía él ser hombre político, a
+fin de pagar menos contribución y de tomar mucha distribución.
+
+Sobre este último punto no pudo menos de decir doña Luz:
+
+--Aun concediendo, que ya es harto conceder, que la política sea como V.
+la entiende, todavía me pasmo, Sr. D. Acisclo, de que, en virtud de los
+razonamientos de su sobrino de V., haya venido V. a sacar como
+consecuencia la resolución de ser político y de derrotar a D. Paco,
+poniéndose en lugar suyo.
+
+--Pues mire V., señorita doña Luz--respondió don Acisclo--, no hay nada
+más llano que el camino de discurrir que yo he seguido. Enrique me ha
+dado ánimos sin él saberlo. Por él he comprendido que en mi familia hay
+brío para todo. Él es santo y sabio: hombre teórico: yo soy rico. ¿Por
+qué no he de ser también influyente, a fin de ser el hombre práctico por
+completo? ¿No hubo en lo antiguo, en una sola familia, Marta y María?
+Pues ¿por qué ahora, en otra familia, salvo la diferencia de sexo, no
+hemos de ser él María y yo Marta; él el contemplativo y yo el activo?
+
+--Bien por D. Acisclo--dijo Pepe Güeto.
+
+--Y vaya si tiene razón: ya sabe él dónde le aprieta el zapato--añadió
+doña Manolita.
+
+--No, sino pónganme el dedo en la boca--exclamó don Acisclo--, y verán
+si muerdo o no muerdo. Pues qué, ¿un hombre de mis millones, y con un
+sobrino tan notable, ha de estar toda su pícara vida humillado por ese
+tunante de D. Paco, a quien da el diputado cuanto pide y más?
+
+--Nada de eso, Sr. don Acisclo--dijo Pepe Güeto, dejándose arrebatar del
+entusiasmo--. Es menester sacudir el yugo.
+
+--¡Muera D. Paco el tirano!--gritó doña Manolita riendo.
+
+--Ya se entiende que la muerte ha de ser meramente política y no civil
+ni natural--interpuso doña Luz.
+
+--¿Y cómo se va V. a componer para matarle políticamente?--preguntó Pepe
+Güeto.
+
+--¿Cómo me voy a componer? ¿Cómo me he compuesto? es lo que debieras
+preguntar. Pues qué, ¿me duermo yo en las pajas? Ya lo tengo todo
+concertado. El ministro cuenta conmigo. Yo les he probado que no es
+natural, sino artificial, el diputado que de aquí enviamos, y, como
+ahora está en la oposición, el Gobierno le derrotará con mi auxilio en
+las nuevas elecciones, que serán pronto.
+
+--¿Y quién es el nuevo candidato del Gobierno?--preguntó doña Manolita.
+
+--Un candidato ilustre, un sujeto de inmenso porvenir, un héroe de la
+guerra de África--dijo don Acisclo muy orondo--. Yo le protejo, yo haré
+por él prodigios, yo me atraeré a los parciales de D. Paco, que se
+quedará solo, y mi hombre saldrá por inmensa mayoría.
+
+--¿Y cómo se llama su hombre de V.?--dijo Pepe Güeto.
+
+--Se llama el brigadier de caballería D. Jaime Pimentel y Moncada,
+valiente como el Cid, de noble prosapia, joven y gallardo. Ya le verán
+ustedes, ya le verán ustedes, porque pronto vendrá a visitar el
+distrito.
+
+Con este notición se puso término a la charla, así porque era ya tarde,
+como porque los aplausos y vivas de doña Manolita y de Pepe Güeto no
+consintieron que siguiera adelante aquella noche.
+
+
+
+
+-XI-
+
+Preparativos electorales
+
+
+El plan de D. Acisclo había sido meditado pausadamente y en secreto, y
+estaba tan bien trazado, combinado y preparado, que no escaseaban las
+probabilidades de que se lograse.
+
+La empresa, no obstante, era difícil; casi imposible para cualquiera
+otro que no tuviese en aquel distrito la actividad, el poder, el influjo
+y el dinero que don Acisclo poseía.
+
+Don Paco, el grande elector, era pájaro de cuenta, y contaba con un
+diputado-modelo; con un diputado tal, que no es dable que haya como él
+una docena al mismo tiempo en toda España.
+
+Según cálculos estadísticos de la mayor exactitud, los sueldos, adehalas
+y favores de varias clases, evaluados en metálico, que el diputado
+prodigaba a sus fieles del distrito, sacándolo todo del Gobierno,
+importaban veinte veces más que lo que el distrito pagaba de
+contribución directa e indirecta. Suponiendo, por un instante, que todos
+los demás diputados fuesen tan hábiles, tan mañosos, tan felices y tan
+píos como el de que hablamos, el Gobierno tendría que hacer el milagro
+de pan y peces, en inmensa escala, o tendría que producir un déficit, al
+cabo del año, de diecinueve veces el valor de todos los recursos y
+rentas del Estado, en el año mismo.
+
+De aquí que haya tan pocos diputados en España como el que don Acisclo
+se proponía vencer. Era, por excelencia, lo que se llama un diputado
+natural.
+
+El diputado, en virtud de continuos desvelos y de un arte maravilloso,
+se gana la _naturaleza_ en un distrito, repartiendo a manos llenas los
+empleos; y cerca del Gobierno, a más de su talento y de su importancia
+personal, se apoya para sacar los empleos en esa misma devoción que
+asegura y prueba que los electores le tienen y en cuya virtud es
+diputado natural y goza de distrito suyo y re-suyo.
+
+Aunque el diputado natural esté en la oposición, conserva el distrito
+por dos razones. Es la primera porque, si bien los electores le ven
+caído, guardan la esperanza de que pronto volverá a encumbrarse,
+mandarán él y los de su partido, y lloverán entonces los favores. Es la
+segunda razón, porque, el diputado natural, aun cuando no esté en el
+poder, logra que muchos de sus ahijados se sostengan en sus empleos, y
+hasta suele darlos flamantes, ya porque los fueros de diputado natural
+le habilitan para todo, ya porque le sobran amigos en los Ministerios, y
+ya porque los mismos ministros, sus contrarios, le atienden y
+consideran, esperando la reciprocidad para cuando estén ellos caídos.
+
+El diputado, contra quien iba a sublevarse don Acisclo, estaba caído en
+aquel momento; pero nadie dudaba de que pronto se volvería a encaramar
+en el poder. Habíanle dejado cesantes a no pocos de sus ahijados; pero
+aún quedaban muchos en plena posesión de sus empleos y sueldos. La fama
+que el diputado tenía de servicial, complaciente y poderoso para _sacar
+turrones_, era tan firme que hasta su mismo temporal decaimiento
+aumentaba su clientela en vez de mermarla. Los más astutos y previsores
+conocían cuán propicia ocasión de ponerse bien con él era servirle
+mientras estaba lejos del mando, lo cual da ciertos visos de desinterés
+a los servicios y es lo que llaman por allá, con frase hecha, elegante y
+propia de la poesía bucólica, _llevar pajitas al nido_. El que no lleva
+pajitas al nido rara vez moja la barba en cáliz, he oído decir con
+frecuencia al personaje más sentencioso de aquellos lugares.
+
+Presentadas así las cosas, parece una temeridad, un delirio, algo
+semejante al propósito que tuvo la serpiente de la fábula de morder la
+lima, el plan de D. Acisclo de derrotar a D. Paco y de suplantarle.
+
+Mas no hay que acoquinarse por eso ni por mucho más. D. Acisclo no se
+acoquinaba; tenía confianza en su energía propia, y estaba resuelto a
+pelear contra D. Paco, cuya tiranía se le había hecho insufrible. Lo que
+sí había considerado bien D. Acisclo, como prudente capitán, era lo
+colosal y comprometido de su empeño; y a fin de salir airoso, había
+tomado las convenientes precauciones, acumulado medios, buscado alianzas
+y allegado fuerzas y recursos de toda laya.
+
+Cada vez que un diputado o el grande elector en su nombre da un empleo,
+el agradecimiento no es seguro en quien le recibe, pues éste puede creer
+que harto ganado le tiene. En cambio los envidiosos, quejosos y
+descontentos, parece como que brotan del seno de la tierra, lo cual es
+difícil de evitar, porque por muchos empleos que saque el diputado, no
+ha de sacar uno para cada elector. Entre los empleados y agraciados
+suele haber también quejas y envidias. Fulanito se llevó un _turrón_ más
+dulce y suculento que el mío, dice Menganito; y Perenganito exclama que
+el destino de Menganito es de mucho _manejo_ y el suyo no lo es, de
+donde nace también no pequeño encono. El uno, que no es más que
+estanquero, entiende que debía ser _vista_; y el otro, que está de
+oficial ambulante de correos, siempre metido en un wagon, suspira por el
+alfolí de la sal que se dio a un tercero, que disponía en la elección de
+menos votos que él; y el que tiene como _fiel_ el alfolí se juzga
+desairado porque no le nombraron guarda-almacén, que esto y mucho más se
+merecía. El puesto de alcalde suele ser muy disputado, y casi siempre se
+pican dos o tres porque no lo son. En suma, aunque el diputado y su
+_alter-ego_ D. Paco eran casi tan avisados y prudentes como Ulises, a
+quien la propia Minerva, descendiendo _ad-hoc_ del Olimpo, inspiraba la
+más severa justicia distributiva para repartir pedazos de buey asado en
+los banquetes a los héroes de la _Ilíada_, o ya porque repartir
+_turrón_es más arduo que repartir _roastbeef_, o ya porque los electores
+de España son más descontentadizos que los semi-dioses y guerreros
+aqueos, ello es que el disgusto cundía y que había mar de fondo hasta en
+la misma capital del distrito.
+
+Nada de esto hubiera valido, todo se hubiera disipado como una nube de
+verano, si D. Acisclo, con artes maquiavélicas, no hubiera atizado la
+discordia, dándole pábulo con ingeniosos chismes, diestramente
+divulgados, y no hubiera en sazón oportuna levantado bandera de
+enganche, a cuya sombra se fueron acogiendo y alistando los que se
+creían desairados o mal pagados de sus afanes.
+
+De esta suerte vino a formar D. Acisclo una poderosa minoría electoral,
+cuyo centro y núcleo era Villafría.
+
+Entonces negoció con el Gobierno, y luego que el Gobierno le ofreció su
+apoyo, a fin de derrotar al diputado de D. Paco y elegir en lugar suyo
+al ya nombrado D. Jaime Pimentel, D. Acisclo se afanó por convertir su
+minoría en mayoría, trayendo a sí a los neutrales y vacilantes, y
+procurando, sobre todo, sacar de sus casillas y lanzar en la lucha a no
+pocos que jamás quieren votar ni mezclarse en política, tal vez porque
+no ambicionan empleos.
+
+Entre estos desdeñosos, dignos en nuestro sentir de reprobación, porque
+dejan el campo libre a los explotadores, había en el distrito un hombre
+a quien, vencida su inercia, seguiría toda una población. La población
+era la que ya conocen mis lectores con el nombre de Villabermeja. El
+Cincinato electoral, a quien anhelaba mover D. Acisclo, porque con él
+daba por indudable el triunfo, era el famoso amigo mío D. Juan Fresco,
+de cuyos labios sé esta historia, así como otras muchas no menos
+ejemplares, que contaré en lo venidero, si Dios me concede vida y salud.
+
+Don Juan Fresco estaba en buenas relaciones con D. Acisclo, el cual le
+había sido útil y le había servido en algunos negocios; pero D. Juan
+Fresco no se dejaba llevar con facilidad. Don Acisclo había montado a
+caballo e ido a verle a su lugar dos o tres veces. Le había escrito
+además cuatro o cinco cartas, tratando de convencerle. Nada había
+bastado a quebrantar su resolución ni a cambiar su inveterada conducta
+de no mezclarse en elecciones ni en política para nada.
+
+Don Acisclo rabiaba, se entristecía y se desesperaba de esta terquedad.
+Con D. Juan Fresco de su lado, su empresa era llana. Sin D. Juan Fresco,
+a pesar del auxilio del Gobierno, distaba muchísimo de estar asegurada
+la victoria.
+
+Entre tanto, preparado ya todo lo demás y próximas las elecciones, sólo
+faltaba echar a volar el nombre del candidato, guardado hasta entonces
+con el mayor sigilo por D. Acisclo y el Gobierno; pero antes quiso D.
+Acisclo probar por última vez sus fuerzas persuasivas cerca de D. Juan,
+revelándole el nombre del candidato y ponderándole sus prendas y
+merecimientos. A este fin le escribió nueva carta, lo más elocuente que
+supo. La contestación de D. Juan no se hizo aguardar más de un día, y
+fue tan impensadamente satisfactoria para D. Acisclo, que de ella
+provino el contento que mostraba cuando se animó doña Manolita a
+preguntarle la causa de él, y la facilidad y buen talante con que lo
+declaró todo a doña Luz, a Pepe Güeto y a la mencionada hija del médico.
+
+La carta de D. Juan Fresco es un documento importante que conservamos en
+nuestro poder, y del cual no estará de más dar aquí traslado.
+
+La carta es como sigue:
+
+«Apreciable amigo y dueño: Hasta ahora me he resistido a todas las
+súplicas de V., por más que le quiero bien, sin poder remediarlo. Y me
+he resistido porque mi modo de ver las cosas es contrario al de V. en
+mucho. Ambos somos más liberales que Riego; ambos somos más
+despreocupados que el autor del _Citador_, libro que V. habrá leído;
+ambos somos progresistones de lo más fino y neto, y a ambos nos hechiza
+la igualdad, con tal de que no sea más que ante la ley, y salvas las
+desigualdades, merecidas o arrebatadas por naturaleza, por gracia, por
+habilidad o por acaso, de ser unos tontos y otros listos, unos ricos y
+otros pobres. Pero por cima de esta consonancia perfecta en que estamos
+V. y yo, hay entre nosotros radicales diferencias, las cuales consisten
+en que nos hemos forjado muy distinto _ideal_. Entiéndese por _ideal_,
+palabrilla que está muy a la moda, el término de las aspiraciones de
+cada uno. Su ideal de V. es que haya un gobierno que distribuya cuanto
+hay que distribuir, que todo lo arregle, que en todo se entrometa, que
+nos enseñe lo que hemos de aprender, que nos señale lo que hemos de
+adorar, que nos haga caminos, que nos lleve las cartas, que cuide de
+nuestra salud temporal y eterna, y hasta que nos mate la langosta y la
+filoxera, nos conjure las tempestades, pedriscos, epidemias, epizootias
+y sequías, y nos ordene y suministre lluvias a tiempo y cosechas
+abundantes. A un Gobierno, a quien tales y tan múltiples encargos se le
+confían, es menester habilitarle de muchísimo dinero, que él reparte
+después entre los que han de hacernos felices, dándonos salvación,
+ciencia, riqueza, sanidad, larga vida, agua, medios de locomoción y
+cuanto constituye nuestro bienestar y conveniencia. Pero V. dice, y dice
+muy bien, desde su punto de vista, ¿por qué no he de ser yo, que no soy
+más bobo que otro cualquiera, quien, si no en todo, en parte, se
+encargue de hacer esos prodigios benéficos y providenciales, y quien
+reciba y reparta a su gusto los ochavos que para hacerlos hay que
+largar? De aquí que V. anhele, como quien no dice nada, producir un
+diputado, y sobre todo un diputado que influya, que valga y que _saque
+turrones_. Yo, en cambio, lo confieso, tengo un ideal, que, al paso que
+vamos, no se realizará, si se realiza, hasta dentro de diez o doce
+siglos; pero, amigo, es menester ir encaminándose hacia él, aunque sea a
+paso de tortuga. Mi ideal es el menos Gobierno posible; casi la negación
+del Gobierno; una anarquía mansa y compatible con el orden; un orden
+nacido armónicamente del seno de la sociedad y no de los mandones. No
+quiero que nadie me enseñe; yo aprenderé lo que mejor me parezca y me
+buscaré maestros; ni que nadie me cuide, que yo me cuidaré; ni que nadie
+me abra caminos, que yo me asociaré para abrirlos con quien se me
+antoje. Sé que esto hoy no es posible, pues dicen que no hay iniciativa
+individual y que es necesario que el Gobierno tome en todo la
+iniciativa, como si el Gobierno no estuviese compuesto de individuos. En
+suma, yo no tengo que presentar aquí todas las razones que contra mi
+_ideal_ se alegan. De sobra las saben V. y todo el mundo. Lo que deseo
+que conste es que, a pesar de todas estas razones, yo estoy enamorado de
+mi irrealizable sistema, y considero apostasía trabajar en este otro
+archi-gubernamental que hoy priva, sin duda por aquel dicho profundo de
+un sabio: «La humanidad, considerada en su vida colectiva, no ha nacido
+aún». Mientras sigue la humanidad nonata, si hemos de mirar las cosas
+por el haz y sin penetrar en el fondo, usted tiene razón que le sobra.
+Ya que se trata de contribuir y de distribuir, y ya que la contribución
+es forzosa, bueno es apoderarse de ella para hacer la distribución
+luego, máxime si se considera que, según canta el refrán, quien parte y
+reparte se lleva la mejor parte.
+
+»Pero cuando se hunde bien la mirada en el centro de este negocio,
+concretándonos a un distrito electoral, créame usted, Sr. D. Acisclo,
+hasta para lo práctico, y de hoy, sin pensar en mañana, vale más mi
+sistema que el de V. ¿Qué se logra con dar empleos a trochi-moche? El
+distrito no se enriquece por eso. Los naturales de él que salen
+empleados se gastan fuera lo que cobran. Raro es el que vuelve al
+distrito a gastarse en él lo que ahorra o garbea. A menudo los tales
+ahorros no lucen ni parecen. Se disipan y evaporan como no pocas otras
+riquezas mal y fácilmente adquiridas. Los dineros del sacristán cantando
+se vienen y cantando se van. El empleado así, por favor electoral,
+adquiere hábitos de lujo, desdeña la manera rústica y sencilla con que
+antes vivió, y se acostumbra a que el reloj gane por él el dinero,
+pasando y pasando horas y días. El mal ejemplo inficiona a todos. El
+hijo del menestral, el criado de servicio, todo el que sabe leer y
+escribir, repugna el trabajo manual, y dice para sí: ¿por qué no he de
+estar yo también empleado? ¿Por qué el diputado no me proporcionará una
+bonita colocación? El que no tiene la menor esperanza de que el diputado
+le coloque se llena de envidia y de ira, y se hace flojo y perezoso para
+no ser menos que el empleado, de cuya holganza y vida regalona se forja
+un concepto exagerado y fantástico. Imagina, sin que nadie se lo quite
+de la cabeza, por no conocer sin duda lo de tiempo que se gasta, lo de
+papel que se embadurna y lo de afanes que se producen con nuestro
+complicado expedienteo, que las horas de oficina transcurren en amenas
+pláticas, fumando los oficinistas exquisitos puros y regalándose con
+frecuentes piscolabis. Y entiende además que a cada instante se ofrecen
+_negocios de mi flor_ a todo oficinista no lerdo, el cual a menudo tiene
+algo de que incautarse y al cual no falta de vez en cuando quien le unte
+bien la mano. Con tales imaginaciones ¿cómo irá nadie con gusto a cavar
+en el tajo y cómo no ha de querer convertir el tajo en un remedo de la
+soñada, deliciosa y sibarítica oficina? Resulta de todo ello que como el
+diputado da empleos a los más activos, ágiles y despejados, quienes
+naturalmente emigran del distrito, sólo quedan en él los más tontos,
+torpes y para poco, y éstos, agraviados, lastimados en su amor propio, o
+desanimados y con poquísimas ganas de trabajar. No hay, por lo tanto, ni
+industria ni arte, ni adelantamiento, ni mejora posible. Gracias a la
+milagrosa y pródiga protección del diputado, el distrito se empobrece,
+en vez en enriquecerse, y se transforma en una nidada de holgazanes y de
+ineptos. Vea V. por lo que yo, de puro amor al distrito, no quiero darle
+diputado hábil, como el que tenemos ahora; no quiero darle diputado que
+tanto turrón busque y reparta.
+
+»Por dicha, el nombre de su candidato de V. me ha hecho pensar en que,
+favoreciéndole y dando a V. gusto, hago el bien del distrito, según lo
+entiendo yo: le quito de encima la secadora protección del diputado
+actual, que parece un fabricante de turrones, y le propino y administro
+uno que dirá a ustedes, en cuanto le elijan, si os vi no me acuerdo, y
+no les dará turrón, con lo cual quizá renazca la actividad agrícola, se
+creen industrias sanas, y desaparezca la corrupción que hoy nos pudre.
+Sí, amigo D. Acisclo, yo conozco a D. Jaime Pimentel desde que estuve en
+Madrid con mi pobre sobrina María y con aquel estrafalario de doctor
+Faustino, con quien ella se casó. D. Jaime era amigo de Faustinito. Dios
+los cría y ellos se juntan. Aunque en mucho se diferenciaban, en
+bastante se parecían. D. Jaime, muy joven entonces, era un verdadero
+ninfo. Acicalado, perfumado y siempre de veinticinco alfileres, aunque
+bizarro militar, tenía más trazas de Cupido que de Marte. No creo que
+tuviese ilusiones, ni que soñase, como su amigo el doctor. Don Jaime iba
+al grano. Buen mozo, audaz y discreto, había tenido ya varios éxitos
+ruidosos con damas elegantes, y tres o cuatro desafíos, en los que
+siempre había quedado vencedor. Entonces se pronosticaba a D. Jaime un
+brillante porvenir. El pronóstico se va cumpliendo. Aún no debe tener
+cuarenta años y ya es brigadier. Por su cuna y por sus prendas es muy
+estimado y querido. Además de su sueldo, tiene alguna rentilla, que le
+da independencia y desahogo. D. Jaime tendrá sobre dos mil duros al año.
+Para nada necesita de este distrito. No me explico qué antojo será el
+suyo de salir diputado por aquí, pudiendo salir por donde quiera. Cerca
+de este lugar posee unas sesenta aranzadas de olivar, que su padre,
+militar como él, compró con dinero ganado al juego. Este es el único
+lazo, que yo sepa, que a este distrito le une. Repito, pues, que no me
+explico su empeño en ser nuestro diputado; pero doy por evidente que,
+una vez logrado su empeño, nos volverá la espalda, nos mandará a paseo,
+y no nos dará ni pizca de turrón. Como en esto precisamente consiste mi
+sueño dorado, callándome la razón para no espantar a los secuaces de V.,
+me decido a ser uno de ellos. Cuente V., pues, conmigo para elegir
+diputado a D. Jaime Pimentel, y créame su afectísimo amigo».
+
+Tal era la carta de D. Juan Fresco que tanto alegró el corazón de D.
+Acisclo. Lo esencial era que D. Juan apoyase su empresa, fuese por lo
+que fuese. Lo que don Acisclo quería era aquella alianza, y poco le
+asustaban las enrevesadas razones y fatídicos pronósticos en que se
+fundaba y que él se guardó bien de confiar a nadie. Sólo de cuando en
+cuando, si bien haciendo desmedidos encomios de la entereza, discreción,
+honradez y sabiduría de D. Juan Fresco, afirmaba D. Acisclo que era un
+_ente_.
+
+--¿Y por qué dice V. que ese D. Juan es un _ente_?--le preguntó una vez
+doña Manolita.
+
+--¿Por qué lo he de decir?--contestó don Acisclo--; porque es un _ente_;
+porque es el bicho más raro que he conocido en mi vida.
+
+
+
+
+-XII-
+
+El triunfo
+
+
+Ente o no _ente_, D. Juan Fresco valió de mucho a D. Acisclo, el cual,
+mientras más esperanzas tenía, más se afanaba y desvelaba porque no se
+frustrasen.
+
+Los informes que le había dado D. Juan acerca de la condición poco
+servicial de D. Jaime Pimentel, no dejaban de mortificarle. Ya, sin
+embargo, no había modo de retroceder, y lo que convenía por lo pronto
+era derrotar a D. Paco, aunque para ello fuese menester valerse del
+candidato menos buscador de _turrones_, más distraído y peor cultivador
+de distritos que hubiese en todo el reino.
+
+Don Acisclo solía echar cálculos alegres, y este mismo descuido de su
+futuro diputado, que para cualquiera otro hubiera sido un mal, se
+mostraba a veces con colores risueños y brillantes a los ojos de su
+esperanza ambiciosa.
+
+«Si el diputado no hace nada--decía don Acisclo para sí--, si no cumple
+sus promesas, si no recompensa los afanes de los electores, yo tendré
+que volver por ellos, lo cual me dará motivo para entenderme por mí
+mismo con el Gobernador de la provincia y hasta con el Ministro, y ser
+yo aquí real y directamente el amo, sin ese intermedio enojoso del
+diputadito. Lo esencial, pues, es lograr la victoria con gran mayoría, y
+hacer ver que D. Paco es un trasto a mi lado».
+
+A este fin no quedó medio que D. Acisclo no emplease.
+
+Las elecciones debían ser en el otoño, y durante el verano vivió D.
+Acisclo en una fiebre de actividad. Recorrió a caballo todos los pueblos
+del distrito, que eran siete, ganando votos para su protegido y quitando
+parciales a D. Paco. Hasta a la capital del distrito fue varias veces, y
+no sin éxito, con el referido objeto.
+
+A no pocos electores de influjo, a quienes D. Paco tenía _amarrados_,
+los desamarró D. Acisclo, exponiendo gallardamente sus capitales. Por
+estar _amarrados_, se entiende en lenguaje electoral de por allí, deber
+dinero al grande elector. D. Acisclo estuvo rumboso. Lo menos repartió
+ocho mil duros al diez por ciento, sin más garantías que pagarés
+sencillos, libertando así a gentes amarradas por D. Paco, con escritura
+pública y dinero prestado al quince.
+
+Todo elector de Villafría iba antes a votar a un lugar cercano, porque
+en Villafría no había _mesa_. Don Acisclo consiguió que se quitase la
+_mesa_ de dicho lugar y que se diese a Villafría, población más céntrica
+y cómoda, según él demostró.
+
+En Villafría estaba seguro don Acisclo de que _volcaría el puchero_ en
+favor de D. Jaime.
+
+_Volcar el puchero_ significa poner o colgar todos los votos posibles al
+candidato a quien se quiere favorecer. Los votos posibles son los de
+cuantos electores están en las listas, a no hallarse a mil leguas de
+distancia o en la sepultura. Y aun ha habido ocasiones en que los
+ausentes y hasta los difuntos han votado.
+
+Cuentan las crónicas electorales de aquel distrito que, no bien supo D.
+Paco la que D. Acisclo le estaba urdiendo, empezó a trabajar en contra,
+saliendo del letargo, o mejor diremos del tranquilo y descuidado reposo
+en que su confianza y seguridad hasta allí le habían tenido. Esto,
+naturalmente, hizo que don Acisclo tuviese que redoblar cada vez más su
+actividad. Así es que no paraba. Su vida era un tejido incesante de
+conferencias, excursiones a este o al otro pueblo, tratos y cartas que
+escribir y que leer. Pepe Güeto se hizo el ayudante y el secretario de
+D. Acisclo, y también escribía, viajaba y conferenciaba.
+
+Doña Luz y doña Manolita se hacían compañía mutuamente, abandonadas por
+D. Acisclo y Pepe Güeto. Y a las dos servía también de acompañante el P.
+Enrique, único varón quizá de todo el distrito que no intervenía en el
+asunto electoral.
+
+El padre había intervenido sólo en los primeros días para tratar de
+disuadir a D. Acisclo de que se mezclase en elecciones; pero D. Acisclo
+no se dejaba convencer por nadie, y cuando lo reconoció así su sobrino,
+se retrajo, se calló, y no volvió a dar a entender ni siquiera que sabía
+en qué maremágnum andaba engolfado su tío.
+
+A éste le molestaba ya bastante la flojera y falta de formalidad del
+candidato. El candidato había prometido visitar el distrito; las
+elecciones se venían encima, y el tal D. Jaime no llegaba. Su contrario
+estaba, ya instalado en casa de D. Paco, prometiendo empleos para cuando
+volviese al poder, que sería pronto, vendiendo protección, y
+conquistando voluntades.
+
+Don Jaime, entre tanto, no sólo no venía, sino que apenas sí se dignaba
+escribir, salvo a D. Acisclo, y esto de tarde en tarde y por estilo
+lacónico y seco.
+
+Pero fuese como fuese, el lance estaba ya empeñado; para D. Acisclo era
+cuestión de amor propio; y aunque D. Jaime hubiera sido el mismo diablo,
+D. Acisclo hubiera echado el resto por sacarle triunfante.
+
+En suma, para no cansar más a mis lectores, acabaré por decir que don
+Acisclo recogió al fin el premio de sus fatigas.
+
+Las elecciones llegaron, y D. Acisclo venció en las elecciones. Don
+Jaime Pimentel salió diputado por una gran mayoría.
+
+Algunos quieren dar a entender que D. Acisclo hizo mil tramoyas y
+falsedades; pero nada se pudo probar, y por consiguiente no debemos
+creerlo.
+
+Don Jaime Pimentel, sin abandonar la corte, sin escribir apenas carta
+alguna, con el mayor sosiego, tuvo el gusto de recibir su acta, casi
+limpia, pues sólo llevaba dos protestas insignificantes y mal fundadas.
+
+El júbilo de D. Acisclo fue grande después de la victoria. ¡Qué lauro el
+suyo! ¡Qué muestra de poder la que acababa de dar! Con un candidato
+invisible, descuidado, flojo; con un enemigo tan fuerte, tan único, tan
+modelo y tan fénix entre los representantes del pueblo, había logrado
+vencer, y vencer por una gran mayoría. Después de admirarse de su propia
+capacidad para la política, sólo se reconocía deudor a D. Juan Fresco y
+a la copiosa turba de bermejinos que le siguieron en el día de la
+elección como a caudillo respetado.
+
+Durante todo este largo período electoral, las relaciones amistosas de
+doña Luz y del P. Enrique se fueron estrechando más cada día. Hasta doña
+Manolita, dejándose llevar del entusiasmo de su marido, o bien
+compartiéndole, no había pensado más que en las elecciones.
+
+Doña Luz y el padre eran sin duda las dos únicas personas de cierta
+posición en todo el distrito, que no habían pensado en éste ni en el
+otro candidato, y que no se habían afanado por el triunfo de cualquiera
+de ellos.
+
+En medio de aquella agitación política, habían hallado retraimiento
+dulcísimo en la misma casa de quien la promovía; y allí eran las
+pláticas suaves y encumbradas, y las conversaciones amenas, en que
+siempre aprendía algo doña Luz, en que siempre hallaba nuevas
+excelencias en el entendimiento y en el corazón del padre, y en que el
+padre, a su vez, no dejaba nunca de pasmarse del despejo, de la agudeza,
+de la notable discreción, de la fantasía poética y de la sensibilidad
+exquisita de su bella interlocutora.
+
+Don Anselmo había terciado en los debates, aunque ya no tanto, por
+haberle tenido también D. Acisclo muy interesado en las elecciones. Y el
+cura don Miguel había seguido yendo con constancia a la tertulia, si
+bien los diálogos sabios del Padre y de doña Luz le magnetizaban y
+embelesaban de tal suerte, que a los pocos minutos de empezar a oírlos,
+solía quedarse profundamente dormido, acompañándolos y animándolos a
+veces con una música de ronquidos interminables y sonoros.
+
+Resultaba de todo ello que la única persona, que era en verdad constante
+e inteligente testigo del mutuo afecto y de los íntimos coloquios de
+doña Luz y del Padre, era doña Manolita. Yo no quiero hacer a ésta, ni a
+ninguno de mis héroes, mejor de lo que son o de lo que fueron. Doña
+Manolita no era una paloma sin hiel; y no porque odiase a alguien, sino
+porque no dejaba de tener malicia. Más bien se podía tildar a doña
+Manolita de tenerla. Más bien se la podía acusar de que, sin envidia ni
+encono, y sólo por amor al arte, gustaba algo de la murmuración, y
+seguía demasiado, como regla para sus juicios, aquella terrible
+sentencia de _piensa mal y acertarás_. Sin embargo, merced a la
+veneración cariñosa que doña Luz le infundía, ella interpretaba siempre
+por el lado más benévolo todos sus actos y discursos. Por esto, aunque a
+la perspicacia de doña Manolita no pudo ocultarse largo tiempo aquella
+inclinación irresistible de dos almas, doña Manolita no dejó nunca de
+hacer justicia a doña Luz, y reconoció y declaró, allá en el fondo de su
+pecho, que en el de su amiga no había la más leve intención de perturbar
+el ánimo del Padre ni de atraerle con coqueterías culpadas.
+
+El respeto y el cariño de la hija del médico al P. Enrique eran grandes
+también; pero no tanto que le impidiesen por completo todo fallo algo
+contrario sobre su conducta. Doña Manolita, pues, sin pensar que doña
+Luz hubiese dado para ello ni ocasión ni motivo, empezó a sospechar que
+el Padre, más o menos confusa y vagamente, estaba enamorado. Por respeto
+a su amiga, y porque en los lugares no anda la gente con sutilezas
+etéreas o pasadas por alambique, y porque con decir ella algo hubiera
+dado pie para que se añadiese mucho, doña Manolita ni a su padre confió
+el resultado de sus observaciones. Sólo le confió a Pepe Güeto, a quien
+nada ocultaba; pero exigiéndole el más profundo sigilo.
+
+La gravedad de doña Luz y del Padre cortaba los vuelos a todas las
+audacias de doña Manolita, quien jamás se propasó a dirigir al Padre, ni
+en broma y con rodeos y perífrasis, la indirecta más oscura sobre la
+pasión que en él imaginaba. Doña Manolita siguió, no obstante,
+observando. Pepe Güeto observó también. Ambos esposos se comunicaban
+luego lo que habían observado. De esta suerte venían los dos a
+corroborarse en la idea de que el Padre, quizá sin saberlo, amaba a doña
+Luz por estilo místico y sutil, y que doña Luz se dejaba adorar sin
+presumir ningún término disgustoso, sin reflexionar en toda la
+trascendencia que aquella adoración podría tener, y sin ver en ella más
+que una amistad tierna, sencilla e impecable, como la que ella profesaba
+al convaleciente y poético misionero.
+
+Ocurrió en esto un suceso que no se esperaba ya. De pronto, y cuando D.
+Acisclo se había resignado a que su diputado fuese invisible para el
+distrito, éste le escribió anunciándole que inmediatamente venía a
+visitarle. El primer pueblo en que se presentaría había de ser
+Villafría, desde donde, a caballo, y con la pompa correspondiente, había
+de pasar a recorrer y visitar los otros pueblos.
+
+Don Acisclo se alegró mucho de esta venida, que iba a darle la mayor
+importancia; pero tuvo que afanarse para disponer bien las cosas, a fin
+de hacer a D. Jaime Pimentel una brillante recepción. Para hospedarle
+con decoro y hasta con lujo, acudió a doña Luz pidiéndole las mejores
+habitaciones de su casa solariega, no ocupadas por su sobrino; y para
+ofrecer a D. Jaime un buen caballo en que montar e ir de pueblo en
+pueblo, acudió asimismo a doña Luz, pidiéndole prestado su hermoso
+caballo negro. Doña Luz tuvo que acceder a todo.
+
+La víspera del día en que debía llegar D. Jaime, todos estaban
+alborotados en el lugar con la gran fiesta de la recepción que iba a
+haber. Hasta doña Manolita estaba más alegre que lo de costumbre y muy
+parlanchina. En la tertulia diaria sólo asistían ella, doña Luz y el
+Padre, porque los demás andaban aún ocupados en los preparativos de la
+fiesta, o descansando del ajetreo de aquel día.
+
+Entonces tuvo doña Manolita una ocurrencia algo maliciosa, y que, en su
+sentir, había de darle mucha luz en sus investigaciones. ¿Por qué no
+había de embromar a doña Luz, pronosticando que D. Jaime, de quien la
+fama decía maravillosos encomios, y que era libre y soltero, iba a
+enamorarse de ella, apenas la viese, con el gustoso asombro de hallar en
+una villa pequeña tan completo dechado de elegancia, distinción y
+hermosura? ¿Por qué, al embromar así a doña Luz, con algo que la
+halagaría, no había de dar solapadamente una broma bastante pesada al
+Padre, cuyo amor, enmarañado y turbio en el centro de la conciencia, se
+vendría a aclarar con el reactivo de los celos? Doña Manolita, al dar la
+broma, miraría al Padre, a ver si se inmutaba o si permanecía impasible,
+en apariencia al menos.
+
+Como lo pensó, lo hizo. Doña Manolita dijo a doña Luz que D. Jaime iba a
+prendarse de ella, apenas la viese; que D. Jaime no podía sospechar que,
+en un lugar tan arrinconado como Villafría, estuviese oculto tanto
+tesoro; y que, a su ver, era evidente el amor futuro de D. Jaime.
+
+--¿Qué forastero--prosiguió--, no se ha enamorado de ti, de cuantos han
+venido a Villafría, jóvenes, libres y en estado de merecer? Prepara,
+pues, el almíbar con que sueles propinar las calabazas, si es que
+también piensas dárselas a éste. Pero, ¿quién sabe? El pretendiente, que
+ya columbro, no es rústico, ni lugareño, como los que has tenido hasta
+ahora. Dicen que es la flor y nata de los elegantes de Madrid, y además
+un bizarro militar y un hombre de gran porvenir y de extraordinario
+talento. ¿Serás tan fiera que también le desdeñes?
+
+Doña Luz, sin enojarse, antes bien algo lisonjeada, contestó negando la
+validez del pronóstico, y asegurando, con modestia un poco fingida, que
+don Jaime, acostumbrado a ver en la corte tantas bellas mujeres, no
+repararía en ella ni le haría caso.
+
+--Además--dijo doña Luz--, no haya miedo de que me pretenda ese
+caballero. Yo no soy lo que se llama un buen partido. Para él se
+necesita una rica heredera, que dé alas a su ambición, y no una señorita
+pobre que le encadene y le sirva de rémora y estorbo. Créeme, Manuela;
+ya te lo he dicho mil veces: yo no me casaré nunca... ni quiero casarme.
+No hablemos de esas tonterías, ni en broma.
+
+Doña Manolita, durante estas frases que entre su amiga y ella se
+cruzaban, miró de soslayo al Padre y creyó ver que se había puesto más
+pálido que de costumbre. Por lo demás el Padre permaneció silencioso, y
+no dio su parecer ni sobre el enamoramiento posible de D. Jaime, ni
+sobre el constante propósito de doña Luz de permanecer soltera.
+
+A las diez se retiró a su casa, y las dos amigas quedaron solas.
+
+Alentada entonces doña Manolita con lo bien que su primera broma había
+sido tolerada, y tal vez agradecida como lisonja, en el fondo del alma
+de la hija del marqués, cayó en la tentación de aventurarse a dar otra
+broma bastante menos ligera.
+
+Sin reflexionarlo mucho, dijo, pues, de este modo:
+
+--¡Ay! ¡Hija! Me arrepiento de haberte dicho lo de D. Jaime.
+
+--¿Y por qué te arrepientes?--preguntó con sencillez doña Luz--. Yo no
+creo probable que ese caballero cortesano se enamore de mí, en tres o
+cuatro días que ha de estar por aquí; pero como ni eso es imposible, ni
+me ofende el que tú, estimándome en más de lo que merezco, me vaticines
+tal triunfo, no tienes para qué arrepentirte, a no ser por el temor de
+exaltar demasiado mi amor propio.
+
+--No es ese temor--replicó la hija del médico--, lo que me induce al
+arrepentimiento, sino el temor de haber lastimado un corazón sensible,
+de haberle hecho una profunda herida.
+
+--No te comprendo--dijo doña Luz--; ¿qué quieres dar a entender? ¿Qué
+corazón sensible es ese?
+
+--El del P. Enrique--respondió en mala hora doña Manolita.
+
+Doña Luz se puso roja como la grana. Toda la sangre de su cuerpo se
+diría que se le subió a la cabeza. Todo el orgullo de su casta se agolpó
+y amontonó en su corazón. No vio más que ridiculez indigna en que la
+creyesen objeto de la pasión de un fraile. Ella creía que un fraile la
+podía admirar por su talento, estimar por sus virtudes, venerar por su
+conducta intachable, y gustar de su trato y conversación, y complacerse
+en ser su amigo; pero enamorarse de ella le parecía tan absurdo, tan
+contrario a todas las conveniencias y leyes sociales y religiosas, tan
+monstruosamente feo y chocante, que no quería, ni podía, ni debía
+sospecharlo en persona del juicio, de la circunspección y hasta de la
+santidad que en el P. Enrique notaba. Doña Luz miró, pues, como una
+malicia villana y ruin el pensamiento de doña Manolita, y como una
+insolencia la expresión de dicho pensamiento por medio de la palabra.
+
+--Lo que acabas de proferir--exclamó con la voz balbuciente de cólera--,
+es un insulto, es una dura acusación contra el P. Enrique y contra mí.
+Ni el padre delira, ni yo le he dado ocasión para que delire. A fin de
+que mi limpia fama esté al abrigo de la maledicencia, me he encerrado en
+este lugar, me he apartado casi de todo trato humano, he huido de la
+juventud, mientras he sido joven; siéndolo todavía, como lo soy, no he
+admitido en mi intimidad sino a viejos de sesenta años como tu padre, el
+cura y don Acisclo, y nada de esto me ha valido. Porque yo, de cerca de
+treinta años, me he abandonado, me he confiado con gusto, lo declaro
+francamente, en la amistad honrada de un siervo de Dios, probado en mil
+fatigas, quebrantado por ellas, lleno de ciencia y de virtud, no se
+concibe esta amistad, no se explica este trato, sino por motivos viles e
+impuros. Y no son los rústicos del lugar, no son los que no me conocen,
+sino mi mejor amiga la que me sospecha y me injuria.
+
+La pobre doña Manolita se quedó aterrada: se compungió, y al cabo se le
+saltaron las lágrimas.
+
+--Pero, mujer--dijo--; no te enojes por amor de Dios. Yo, sin duda, me
+he explicado mal. Yo no digo que sea impuro el amor del Padre....
+
+--¿Qué disparates son los tuyos?--interrumpió doña Luz--. ¿Qué extravío
+de ideas? ¿Qué necias distinciones pretendes hacer? ¿Cómo cohonestar el
+amor de un fraile a una doncella honrada? Tal amor es impuro siempre; es
+infame; es sacrílego.
+
+Viendo doña Manolita que no había manera de remediar su torpeza, y
+apuradísima de haber irritado tanto a doña Luz, a quien quería de todo
+corazón, no pronunció una sola palabra más; pero lloró y sollozó como si
+le hubiese sobrevenido la más cruel desgracia.
+
+Entonces doña Luz, que tenía buen fondo, a pesar de su soberbia, sintió
+que había estado dura y áspera en demasía, y pidió perdón a doña
+Manolita, besándola y poco menos que llorando también.
+
+Las dos amigas vinieron a quedar de resultas mucho más amigas que antes.
+Doña Luz se convenció de que doña Manolita no había tenido intención de
+deslustrar en lo más mínimo la pureza de sus relaciones amistosas con el
+P. Enrique; y doña Manolita hizo por convencerse y hasta se convenció
+por el momento de que el P. Enrique, ni siquiera como Dante amó a
+Beatriz, como Petrarca amó a Laura, o como don Quijote amó a Dulcinea,
+era capaz de amar a doña Luz; porque, siendo él un fraile y ella una
+señorita muy bien educada y honestísima, tal amor, por alambicado,
+espiritual e incorpóreo que fuese, tenía un no sé qué de indecorosamente
+plebeyo y de grotescamente pecaminoso que con la condición de su bella y
+soberbia amiga se ajustaba muy mal.
+
+No bien acabadas de hacer las paces, llegó don Acisclo con Pepe Güeto,
+quienes no advirtieron las huellas de la pasada tempestad. Cenaron los
+cuatro en amistosa compañía, y con buen apetito, y se fueron luego a
+dormir.
+
+Al día siguiente se celebró con pompa y estruendo la entrada triunfal de
+D. Jaime en Villafría. Cuantos tenían caballo, y no pocos que sólo
+tenían mulo o burro, fueron de madrugada a recibirle en la estación, con
+D. Acisclo al frente, y a eso de las once volvieron todos con el
+diputado, caballero éste en el hermoso caballo negro de doña Luz.
+
+A las puertas del lugar salieron los muchachos y los hombres de a pie a
+recibir la lucida cabalgata, y todos entraron por aquellas calles al son
+de las campanas que se habían echado a vuelo, entre vivas y
+aclamaciones, y atronando el aire a tiros de cuantas escopetas estaban
+servibles en Villafría.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+Crisis
+
+
+Después de haber rechazado con tan cruel desabrimiento las palabras de
+doña Manolita y después de hechas las paces, doña Luz pensó a sus solas
+en el valor y motivo de aquellas palabras; y, como si una claridad nueva
+y extraña iluminase los más oscuros laberintos de su cerebro, creyó
+percibir la verdad de todo y reconoció que su amiga tenía algunos visos
+de razón al decir lo que dijo.
+
+Doña Luz se había enojado quizá porque su propia conciencia,
+aprovechándose de las palabras de doña Manolita, había formulado una
+acusación mucho más severa. ¿Qué diferencia radical e importante se da
+entre la amistad más tierna y exclusiva, entre la predilección más
+marcada de un hombre por una mujer y de una mujer por un hombre, ninguno
+de los dos viejo aún, y el amor más puro, más platónico y más sublime?
+Doña Luz se ponía a sí misma esta cuestión; y, no acertando a resolverla
+sino en el sentido de que no se da diferencia, o que, si se da, apenas
+es perceptible y se quiebra de puro sutil, decidía que no era absurdo ni
+insolencia suponer y afirmar que estuviese enamorado de ella el P.
+Enrique. El Padre, encadenado por el respeto, teniendo en cuenta su
+estado, sus votos y su posición, se había guardado bien de manifestar su
+cariño de un modo que hiciese sospechar ni remotamente que no era
+legítimo y sin tacha; pero, sin duda, que en el fondo de su alma le
+sentía.
+
+Luego que doña Luz dejaba esto como sentado y evidente, se preguntaba
+también: «¿Y yo qué he hecho para inspirar esta pasión? ¿Qué culpa
+adquiero de que él me ame? ¿Hasta qué punto he dado y sigo dando pábulo
+a su afecto?». La contestación que doña Luz se daba era contradictoria y
+confusa. Ora se condenaba; ora se absolvía. Se condenaba al reconocer
+que ella había disimulado mucho menos que él la complacencia con que le
+oía, el contento que su vista le causaba, el deleite que su conversación
+le traía siempre, y que ella por instinto irreflexivo, pero depravado,
+gustaba de parecer hermosa y elegante a todos, y particularmente a las
+personas a quienes quería, entre las cuales no podía menos de incluir al
+Padre.
+
+Otra serie de consideraciones acudía luego a su mente para absolverla.
+Pues qué, ¿no era lícito amar la ciencia, la virtud y el ingenio que en
+el Padre resplandecían? ¿Qué mal había en mostrarlo? Y en cuanto al
+esmero en el adorno de su persona, ¿qué ley divina ni humana podía
+imponerle la obligación de ocultar las prendas que el cielo le había
+dado y de no lucirlas hasta donde esto es compatible con el más rígido
+decoro? De esta suerte se absolvía doña Luz; pero, prosiguiendo en sus
+cavilaciones, añadía en su pensamiento: «Y si yo supongo que él me ama,
+¿por qué no ha de suponer él que le amo yo? Si yo no tengo motivo para
+suponerlo, si es mi vanidad quien lo supone, bien puede él ser tan
+vanidoso como yo y suponerlo del mismo modo. Y si yo lo supongo con
+motivo ¿el motivo que yo le he dado para que haga suposición idéntica es
+menor acaso?». Doña Luz tenía entonces que confesarse que, atendidas la
+natural reserva que deben tener las mujeres, y la modestia y timidez con
+que deben velar y mitigar los movimientos e inclinaciones del corazón,
+ella había dado mayor motivo al Padre para que él la creyese enamorada
+que el que él le había dado a ella para que de su parte lo creyese.
+
+El proverbio dice que _quien prueba mucho no prueba nada_, y esto
+ocurría a doña Luz no bien demostraba que, no sólo el Padre estaba
+enamorado de ella, sino que ella estaba enamorada del Padre. Se
+examinaba el alma, se interrogaba el corazón, y como le respondían que
+no amaban al Padre, volvía a creer que sólo su presunción podía hacerle
+imaginar que el Padre la amase a ella. Lo único que, después de tantos
+rodeos, sacaba en claro doña Luz era que en aquella convivencia e
+intimidad afectuosa y en aquellos coloquios tan sabios de ella con él,
+había algo de ocasionado a perversas interpretaciones, algo de mal
+gusto, algo de pedantesco y lugareño a la vez, que la parecía cómico, y
+cuya ridiculez se atenuaba sólo pensando que su vida en un lugar no
+podía llevarla a menos necio extravío.
+
+Doña Luz resolvió, pues, ser más cauta y menos expansiva en lo venidero,
+y no menudear tanto las discusiones filosóficas y teológicas, y las
+confianzas y el trato con el venerable sobrino del antiguo administrador
+de su casa.
+
+«Si no hay--concluía ella--mutua y peligrosa inclinación en nuestras
+almas, pudiera suponerse, y esto me ofendería, y si la hay, como la
+inclinación sería por todos estilos abominable, conviene cortarla de
+raíz».
+
+En cualquiera de ambos supuestos, reconoció doña Luz la necesidad de
+cambiar de conducta; la conveniencia, valiéndonos de una frase española,
+algo anticuada, pero gráfica, de _poner su descuido en reparo_.
+
+La llegada a Villafría del triunfante y flamante diputado D. Jaime
+Pimentel y Moncada coincidió casi con esta prudentísima, aunque algo
+tardía resolución.
+
+Doña Luz, acompañada de su benigna amiga, estaba en una ventana baja,
+aguardando la aparición de la pompa y del triunfo, que se anunciaba ya
+por el resonar de los tiros y de los vivas.
+
+Don Jaime, cabalgando en medio de D. Acisclo y Pepe Güeto, precedido de
+una turba de muchachos y de hombres a pie, y seguido de buen golpe de
+gente a caballo y aun de más gente pedestre, se mostró al cabo a los
+ojos de nuestra heroína.
+
+La fama no había mentido. Era D. Jaime todo un galán caballero. Montaba
+con gracia y firmeza. Aunque tenía cerca de cuarenta años, parecía que
+apenas tenía treinta. Su traje sencillo dejaba ver, en los pormenores
+todos, la elegancia y el buen gusto.
+
+La cabalgata se paró a la puerta de D. Acisclo, y éste, seguido de su
+ahijado y huésped, se halló pronto en la sala, donde aguardaban doña Luz
+y doña Manolita.
+
+--Aquí tiene V. a nuestro diputado el Sr. D. Jaime--dijo D. Acisclo,
+presentándole a doña Luz--; y luego añadió, dirigiéndose a D. Jaime:
+
+--La señorita doña Luz, hija del difunto marqués de Villafría.
+
+El recuerdo lejano y confuso de la alta sociedad madrileña, que doña Luz
+no había hecho sino entrever hacía más de doce años, la idea vaga de un
+medio más culto y más aristocrático, las formas y el ser soñados de
+damas y galanes, sus usos, discreteos, aventuras y amoríos, tales cuales
+ella los había fantaseado o columbrado, sin llegarlos a ver ni a gozar,
+obligada, en la aurora de su vida, a retirarse a un pueblo pequeño, todo
+acudió de súbito a la mente de doña Luz, al mirar a D. Jaime Pimentel,
+al notar la soltura y naturalidad de sus distinguidos modales, y al oír
+su acento y las pocas y atinadas palabras que le dirigió, las cuales ni
+pecaron de frías y secas, ni se extremaron por lo galantes, sino que se
+encerraron dentro de los límites de la más respetuosa discreción. Porque
+no era el inferior quien sintió doña Luz que le hablaba, ni el cortesano
+insolente tampoco, cuya superioridad se revela al través de su fingida
+cortesía, sino el hombre de la misma clase que ella, que habla como
+igual, pero con las atenciones delicadas que a una señora principal se
+deben siempre. Doña Luz lo comprendió así, se complació en ello, y lo
+agradeció todo. Harto advirtió el tono diverso que empleó don Jaime, al
+hablar con doña Manolita, no bien a ella también le presentaron.
+
+Dos días estuvo D. Jaime en Villafría, al cabo de los cuales fue
+menester proseguir la comenzada tarea de visitar todos los lugares del
+distrito.
+
+Durante estos dos días, D. Acisclo desplegó la más prodigiosa
+magnificencia. Tuvo, por decirlo así, mesa de Estado. Toda su parentela,
+el médico, su hija y su yerno, y el cura D. Miguel, almorzaron, comieron
+y hasta cenaron con él y con el agasajado D. Jaime. Éste se sentó
+siempre a la derecha de doña Luz, y tuvo siempre a doña Manolita del
+otro lado.
+
+Petra, el ama de llaves, hizo milagros en aquellos dos días. ¿Qué pavos
+rellenos, qué cocido con morcilla, chorizo, embuchados y morcones, qué
+tortillas con espárragos trigueros, qué platazos de pepitoria, qué
+menestras de cardos, morrillas y guisantes, qué jamón con huevos
+hilados, qué tortas maimones, y qué deliciosas alboronías, picantes
+salmorejos, frescos gazpachos y ensaladas, y variados arropes y
+almíbares, no condimentó o presentó en la mesa de su amo?
+
+Los cinco mejores músicos del lugar vinieron por la noche con sus
+acordes y sonoros instrumentos, y se bailó en la cuadra alta, porque la
+baja estaba como santificada por la Santa Cena.
+
+Don Jaime bailó rigodón con doña Manolita y con una de las hijas de D.
+Acisclo; y con doña Luz, no sólo bailó rigodón, sino también valsó.
+
+Con doña Luz estuvo muy fino y amable, y doña Luz asimismo lo estuvo con
+él.
+
+Los chistes urbanos, las anecdotillas picantes, sin rayar en libres, las
+pinturas de las intrigas y lances de Madrid, referidos con ligereza y
+primor por don Jaime, divirtieron mucho a doña Luz y la hicieron reír;
+cosa que le agradó y pasmó, porque no era fácil para la risa. Siempre
+que la conversación era general, cuanto decía D. Jaime encantaba al
+auditorio, y todos le aplaudían. Y doña Luz notaba que D. Jaime, sin ser
+vulgar, tenía el arte de hacerse comprender de los que lo eran, y que
+con sus discursos nadie se quedaba en ayunas, como con las reconditeces
+y los encumbramientos del Padre, el cual no dejó de asistir a todo esto,
+pero muy eclipsado y confundido entre la turba multa.
+
+En los apartes, D. Jaime hizo mil cumplimientos a doña Luz. Como
+vulgarmente se dice, le echó muchísimas flores; pero, con tal arte, que
+la más presumida no hubiera creído al oírlas que eran nacidas de amor,
+ni negado tampoco resueltamente que de amor naciesen, porque iban
+enlazadas con miramientos tales que acaso se hubiera podido interpretar
+por temor de ofender lo que las contenía dentro de ciertos límites. La
+franqueza graciosa con que don Jaime decía piropos a doña Manolita,
+hacía resaltar todo el mérito y todo el lisonjero significado de aquella
+circunspección con que celebraba la hermosura y demás excelencias de la
+aristocrática hija del marqués de Villafría. En suma, los dos días
+pasaron como un soplo; D. Jaime se fue a recorrer el distrito con D.
+Acisclo y Pepe Güeto; y las dos amigas se quedaron como antes,
+acompañadas sólo, en las horas de la comida y de la tertulia, del P.
+Enrique y a veces del cura y de D. Anselmo.
+
+Cuando doña Manolita se vio a solas con su amiga, recordando que la
+broma de unos supuestos amores con D. Jaime no la había ofendido, no
+pudo resistir a embromarla de nuevo sobre el mismo tema. Y así,
+hallándose las dos, con todo sosiego, en la salita de doña Luz, la
+mañana misma de la partida de D. Jaime, dijo la hija del médico a la
+hija del marqués:
+
+--Vamos, confiesa que nuestro diputado no te parece saco de paja.
+
+--No me parece sino muy bien--respondió doña Luz--. Decir otra cosa
+sería hipócrita falsedad. Es elegante, discreto, buen mozo y muy amable.
+
+--Si tan buena es la impresión que en ti ha hecho--repuso doña
+Manolita--, creo que debes lisonjearte y estar muy contenta, porque él
+no apartaba un punto los ojos de ti y se conocía que te miraba y
+admiraba con entusiasmo.
+
+--No te burles, Manuela.
+
+--No me burlo. Tengo por cierto lo que te digo.
+
+--Tu deseo de que yo haga conquistas y la buena opinión que de mí tienes
+te llevan a soñar con todo eso.
+
+--Y las dulzuras y los requiebros que te ha dicho en voz baja, pues por
+el gesto y el ademán y el brillo de los ojos se mostraba que te los
+decía, ¿son sueños míos también?
+
+--No; no son sueños. ¿Cómo negarte que D. Jaime me ha requebrado? Pero,
+si bien lo ha hecho con un respeto y un tino que le honran (y no de otra
+suerte lo hubiera sufrido yo), no ha dejado ver verdadero interés por
+mí, ni un solo momento. Sus palabras expresaban estimación, denotaban
+ingenio cortesano, estaban llenas de lisonja, pero no había en ellas un
+átomo de sentimiento. Ni podía haberle. Pues qué, ¿el amor brota de
+repente, en la vida real? Eso se queda para los dramas, donde es
+menester que la acción corra a todo correr y que los hechos se condensen
+y acumulen en pocas horas y palabras.
+
+--Hija mía, en la vida real, lo mismo que en los dramas, no es tan
+inverosímil _dar flechazo_. En mujer de tus rarísimas prendas es menos
+inverosímil todavía. Yo estoy segura de ello: tú has dado flechazo a D.
+Jaime.
+
+--_Dar flechazo_ tiene tan indeterminada significación que no sé qué
+responderte. Si por _dar flechazo_ quieres significar que he parecido
+bien a D. Jaime, y que hasta se ha sorprendido un poco (y perdona que
+haga patente contigo mi vanidad) de hallar en esta villa a una mujer
+que, trasladada de súbito a un salón de la corte, estaría en él como en
+su centro, no disto mucho de creer que le he dado flechazo. Pero desde
+esto a infundir un verdadero cariño, hay mil leguas de distancia, y ni
+me alucino, ni deseo siquiera que D. Jaime haya andado ni ande esas mil
+leguas en cuarenta y ocho horas, que hace sólo desde que me conoce y
+trata.
+
+--¿Y por qué no ha de andar o por qué no ha de haber andado ya esas mil
+leguas?
+
+--Porque es harto difícil y porque a nada conduciría. Mira, Manuela,
+¿qué no te declararé yo? Confieso que he pensado en la posibilidad de
+ese amor; pero le he desechado como locura. D. Jaime es ambicioso, y
+apenas tiene para él sólo con su sueldo y sus rentas. En mí no podría
+poner la voluntad sino para casarse conmigo. ¿Y qué puedo yo llevarle?
+Mis bienes, cuidados por mí, estando yo aquí sobre ellos, producen
+20.000 rs. el año que más: si me fuese de aquí, no me producirían 10.000
+rs., o administrados o en arrendamiento. Mi boda con D. Jaime sería como
+grillos con que él ataría sus pies; sería para él una carga muy pesada.
+Claro es, pues, que D. Jaime, aunque por acaso se sintiese inclinado a
+amarme, que lo dudo, desecharía de sí el amor como una tentación insana;
+como un disparate funesto.
+
+--Luego tú--interrumpió doña Manolita--, no concibes que te quieran sino
+por cálculo. No te entiendo. Lo que lisonjea y enamora es que la quieran
+a una, aunque sea pobre, y no por ser rica.
+
+--De acuerdo--contestó doña Luz--. Yo no sé si amaría a D. Jaime, si él
+me amase; pero de seguro que no le amaría, si yo fuese rica y llegase yo
+a sospechar que por hacer un negocio él me amaba. Ve ahí por qué no me
+casaré nunca. Rica yo, recelaría siempre que no me amaban por mí, y
+pobre, recelo que no me amen hasta el extremo de que se sacrifiquen
+amándome. Como no me case con algún señorito de estos lugares, para
+quien sólo puedo ser un partido proporcionado, en que ni él se
+sacrifique, ni yo sea para él un dote y no una amada compañera de toda
+la vida, no veo novio adecuado para mí en el mundo. Mi único amor será
+este....
+
+Y alzándose de su asiento, en uno de aquellos arrebatos ascéticos que de
+vez en cuando tenía, abrió doña Luz su famoso cuadro del admirable
+Cristo muerto y puso sus rojos y frescos labios sobre los labios lívidos
+de la tremenda imagen.
+
+Doña Manolita había ya visto el cuadro otras varias veces, pero nunca le
+hizo más honda impresión que en aquel momento; cuando se unieron la
+lozanía de la mocedad, la exuberancia de la vida y la hermosura briosa
+de doña Luz con tal fiel trasunto del dolor y de la muerte.
+
+Esta y otras conversaciones que tuvo doña Luz con su amiga, y los
+propios monólogos y los constantes pensamientos que la asaltaban, fueron
+acrecentando en el alma de la soberbia dama un recelo que sublevaba su
+orgullo, y contra el cual trató de armarse de todos los bríos de su
+pecho.
+
+Don Jaime iba a volver. Don Jaime, después de la visita a todos los
+lugares, iba a pasar otros tres días en aquel pueblo. ¿Incurriría doña
+Luz en la debilidad de prendarse algo, de inclinarse un poco, y en
+balde, al diputado? Sólo de imaginarlo, de presentar en su mente la
+remota hipótesis, doña Luz se ponía encendida como la grana y se llenaba
+de vergüenza como si la ultrajasen con el desprecio.
+
+Propuso, pues, en su corazón estar serena y fría a los halagos de D.
+Jaime cuando volviese; y olvidando, con este nuevo peligro, el que podía
+haber en los diálogos íntimos, en las disertaciones sabias y en la
+atención y en la emoción con que oía al P. Enrique, volvió con más
+ternura amistosa que nunca a buscar la conversación del Padre, a
+deleitarse en ella, y a dar señales inequívocas de la predilección con
+que le miraba.
+
+Pronto se pasó de este modo una semana entera, al cabo de la cual, con
+no menor pompa y estruendo, volvió a Villafría el ilustre diputado D.
+Jaime, acompañado de D. Acisclo y de Pepe Güeto.
+
+En la casa de D. Acisclo se renovaron las comilonas, las fiestas
+espléndidas y todo el lujo de que ya se había hecho gala la primera vez.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+Solución de la crisis
+
+
+Seguía D. Jaime observando siempre la misma conducta respecto a doña
+Luz. Sus atenciones no podían ser más delicadas ni más respetuosos sus
+requiebros. En alguna ocasión creyó advertir doña Luz que D. Jaime se
+animaba demasiado, pero el orgullo de ella acudía al punto a refrenar la
+lengua del galanteador, para lo cual bastaba un leve gesto de
+impaciencia o de disgusto o una mirada severa.
+
+Así se pasaron dos días de los tres que D. Jaime tenía que estar en
+Villafría, y amaneció el día tercero y último. A la madrugada siguiente
+D. Jaime debía salir para Madrid. Eran las ocho y doña Luz estaba ya
+levantada y vestida como para ir a la calle. Aquel día, con más
+sentimientos religiosos que de ordinario, antes de ir a la iglesia
+adonde pensaba ir y oír misa, abrió el cuadro del Cristo, se arrodilló
+delante de él y se puso a rezar con devoción grandísima.
+
+Había dicho a su doncella que no entrase hasta que ella llamara. Doña
+Luz se creía completamente sola.
+
+En aquella soledad y excitada por el rezo, quién sabe qué ideas
+melancólicas atravesaron por su mente, ni qué amarga ternura hirió su
+corazón; ello es que exhaló un profundo suspiro y dos gruesas lágrimas
+brotaron de sus hermosos ojos y se deslizaron por sus frescas y
+sonrosadas mejillas.
+
+La hija del médico, única persona que podía penetrar hasta allí sin
+permiso de nadie, había entrado, sin que doña Luz, embebecida en sus
+devociones, notase su presencia.
+
+Doña Manolita contempló, pues, a todo su sabor el ferviente rezo de su
+amiga y la efusión de suspiros y de lágrimas con que hubo de terminarle.
+Entonces, sin detenerse más, se arrojó en sus brazos y enjugó con besos
+las lágrimas que humedecían su rostro.
+
+--¿Qué es esto? ¿Por qué lloras así?--dijo doña Manolita.
+
+Y sin contestar a la pregunta, preguntó a su vez doña Luz.
+
+--¿Cómo te has entrado hasta aquí? ¿Qué te trae a verme tan de mañana?
+¿Por qué me has sorprendido?
+
+--Perdona que te haya sorprendido; perdona que haya interrumpido tus
+oraciones. Ya sabes tú que yo no madrugo para ti sino cuando tengo que
+comunicar contigo algo de muy importante. Quizá desde el día en que te
+di parte de mi proyectada boda con Pepe Güeto, no he usado hasta hoy de
+la licencia que tengo de venir aquí de mañana.
+
+--Así es la verdad, pero yo no me quejo de que vengas. Yo me alegro de
+que hayas venido. Lo que hago es extrañarlo, por lo mismo que de mañana
+no vienes nunca. ¿Qué nueva, pues, no menos importante que el anuncio de
+tu boda, puede hoy moverte a visitarme tan temprano?
+
+--Vengo aquí de embajadora: te traigo un recado que arde en un candil.
+
+--¿De quién es el recado?
+
+--Del Sr. D. Jaime Pimentel--dijo doña Manolita.
+
+--El rubor coloró el semblante de doña Luz, quien no acertó a disimular
+con su amiga íntima el contento y la satisfacción de amor propio que
+aquello le causaba.
+
+--¿Qué recado, qué embajada me traes? ¿Es alguna burla tuya, o de D.
+Jaime Pimentel?
+
+--Nada de burla. Esto va de veras y muy de veras. Don Jaime te idolatra.
+
+--¿Y por qué no me lo ha declarado? ¿Tan tímidos son en el día los
+caballeros cortesanos que no se atreven a declararse ellos mismos?
+
+--No le culpes. Don Jaime no peca ciertamente por timidez. Él lo explica
+todo de un modo satisfactorio. Dice que una declaración directa de su
+parte requería mucho más tiempo; no podía ser tan brusca y repentina.
+Era menester espiar la ocasión, preparar tu ánimo sin valerse de
+precipitados galanteos que tu severidad rechaza, y en tres días, por
+bien que él los aprovechara, no cabían tantos trámites y preparaciones.
+Por esto me ha buscado a mí. Anoche, al salir de tu casa, me acompañó
+hasta la mía, y tuvo conmigo una larga conferencia. Bien te lo había yo
+pronosticado. Le diste flechazo. Está loco de amor por ti, y me pide que
+por él interceda.
+
+--¿Qué delirio es ese?--exclamó doña Luz--. ¿Lo ha reflexionado D.
+Jaime? ¿Sabe que con un corazón como el mío no se juega? ¿Ha pensado
+bien que yo no puedo ser objeto de un capricho efímero, sino de una
+pasión que decida del porvenir de la vida toda?
+
+--Si D. Jaime no lo supiera, no hubiera acudido a mí. Si no hubiese
+formado un propósito para toda la vida, propósito cuya realización de ti
+sólo depende, no vendría yo a hablarte en su nombre.
+
+--¿Sabe D. Jaime que soy pobrísima?
+
+--Conoce con exactitud los bienes que posees.
+
+--Es singular--dijo doña Luz--. Te lo confieso: yo tenía de mí misma y
+de los hombres mucha peor opinión. No me sentía capaz de inspirar amor
+tan desinteresado a quien la ambición seduce y sonríe, halaga la
+fortuna, y quieren y miman en Madrid, a lo que aseguran, las más altivas
+y bellas mujeres. No pensaba yo tampoco que así, de repente, pudiese
+enamorarse un hombre con tal desinterés.
+
+--Pues no lo dudes: don Jaime te ama de esa manera. Dime tú si le
+correspondes.
+
+--No sé qué contestar. Mi gratitud es inmensa. Antes de la gratitud,
+antes de que hubiese motivo para tenerla, ¿por qué ocultártelo? la
+elegancia de don Jaime, su discreción, su fama de valeroso soldado, la
+noble gallardía de su persona, todo me inclinaba a quererle bien y
+mucho; pero el recelo de no ser amada sublevaba mi orgullo, y mi orgullo
+ha hecho cuanto es posible para ahogar esta inclinación naciente.
+
+--Y ahora que sabes ya lo bien pagada que es tu inclinación, ¿qué
+sientes?, ¿qué piensas de D. Jaime?
+
+--Siento y pienso... que no debo dar en seguida un sí de que tal vez no
+haga él mucho aprecio si con tal facilidad le obtiene. Además, no basta
+ser amada. Es menester pensar en el término de estos amores.
+
+--¡Hija mía! ¿Qué otro término pueden tener sino el de que os case el
+cura?
+
+--Es cierto; y eso precisamente me obliga a meditar mucho. Yo soy muy
+rara de carácter. No quiero que nadie me ame por conveniencia, y me
+repugna también que alguien imagine que la conveniencia influye en el
+amor mío. Si yo me casase con D. Jaime, pobre como soy, ¿no podría
+alguien imaginar que me excitaban a este enlace el afán de salir de
+Villafría e ir a Madrid, la posición del novio, sus grandes esperanzas,
+y hasta las mismas ventajas materiales de que ya goza? Él, por otra
+parte, no es rico para nuestra clase, y preveo los apuros, las
+dificultades económicas, la horrible prosa del hogar doméstico, sin
+recursos suficientes. Esto me arredra. Y no me arredra por mí, si
+atiendo sólo al bienestar material, sino porque me sonrojo de pensar que
+pueda yo ser causa de que un hombre viva lleno de ahogos. Si él se
+quedase conmigo aquí, me sacrificaría su ambición, su carrera, su
+porvenir. Si él me llevase a Madrid en su compañía, viviríamos muy mal,
+haría yo acaso muy triste figura en las sociedades que él frecuenta, y
+¿quién sabe si esto le movería a que dejase de amarme? ¿quién sabe si
+cansado de mí acabaría hasta por cobrarme odio?
+
+--Veo que alambicas demasiado y te complaces en atormentarte y en crear
+obstáculos para lo que más deseas.
+
+--¿Y quién te afirma que lo deseo? Yo misma lo ignoro; tengo mis dudas:
+no veo claro en el fondo de mi alma. ¿Será la vanidad satisfecha, será
+el pueril contento de verme querida de persona de tanto valer, lo que me
+induce a pensar que yo también la quiero? ¿Qué es amor? ¿Es amor esto
+que siento en mi alma y que me lleva hacia ese hombre? Mira, Manuela,
+¿por qué no decírtelo todo? Todo esto es tenebroso y confuso. Hay otro
+hombre de cuyos labios estoy pendiente cuando habla, cuyo talento me
+asombra, cuya superioridad intelectual me subyuga, cuyas virtudes me
+llenan de maravilla y de entusiasmo, cuyo fondo de bondad altísima
+percibo claramente allá en las profundidades de su corazón, y ya sabes
+mi enojo, mi repugnancia a que se piense que ni un solo instante puedan
+confundirse con algo parecido al amor los sentimientos que ese hombre me
+inspira y que yo le inspiro sin duda. Con D. Jaime ocurre lo contrario;
+apenas le conozco; no sé si es bueno o si es malo; su entendimiento me
+parece de menos quilates, y sin embargo, me siento arrastrada hacia él.
+¿Amo acaso en él el amor que muestra y que tanto me lisonjea? ¿Lo que en
+el otro me repugna, lo que mata el amor es sólo el respeto a las leyes
+que le prohíben?
+
+--No te comprendo--interrumpió doña Manolita--. Ya no eres tan criatura
+que no sepas lo que es amor, ni atines a descubrirle en tu pecho. ¿No es
+brioso, bello, valiente, pulcro y discretísimo D. Jaime? ¿No es libre?
+¿No te ama? ¿No te da pruebas de amor, decidido, como está y como me ha
+dicho, a casarse contigo? ¿No es un caballero bien nacido y honrado?
+Pues entonces ¿a qué todas esas quintaesencias y marañas sutiles con que
+te devanas los sesos? Dile que sí; ámale; cásate con él y verás cuán
+dichosa eres. Da esperanzas al menos de que le amarás, si no quieres dar
+un sí completo y redondo desde el principio. Con estas esperanzas, él lo
+promete, no se irá a Madrid y permanecerá en Villafría. Buscará un
+pretexto plausible para no irse. Dirá que se queda para comprar quince
+aranzadas de olivar, que lindan con las suyas, y para cuya compra está
+ya en tratos.
+
+--Lo que me aconsejas es vulgar; perdona mi crudeza de expresión: es
+feo. Yo no debo dar esperanzas de una cosa de que yo misma no esté
+segura. Y si estoy ya segura de ello, es artificio ridículo ocultarlo y
+dar esperanzas, e ir descubriendo poco a poco mi corazón. Si no amo a D.
+Jaime, no debo engañarle con esperanzas inciertas. Preténdame él y trate
+de conquistar mi voluntad y de rendirme, sin que yo le aliente con
+esperanzas. Y si le amo, debo ser franca y decírselo luego, ya que me
+ama él. Aunque dé poca estimación a un sí tan fácil y tan pronto, debo
+darle ese sí.
+
+--Soy en todo de tu opinión. Dale ese sí: que le oiga de tu boca y será
+el más feliz de los mortales.
+
+--¿Y cuándo? ¿Y de qué suerte? No: no le digas nada. Tengo vergüenza.
+Cállate; cállate por piedad. Que se vaya y me deje tranquila en mi
+retiro.
+
+--Ea, mujer, no seas desatinada. ¿Cómo se ha de ir sin contestación,
+después del paso que ha dado?
+
+--¿Y qué le contesto, si no sé qué contestarle? ¿No crees tú que va a
+arrepentirse no bien le diga que sí? ¿Crees tú que me ama de veras, con
+todo el ser de su vida como yo necesito ser amada; como yo le amaría si
+me amase?
+
+--Vaya si lo creo. Sus palabras infunden la creencia en el entendimiento
+más inclinado a dudar. Óyele, y quedarás convencida. Quiero atreverme a
+decírtelo. Por Dios, Luz, no te enojes. No he sabido resistir a sus
+ruegos. Le he traído en mi compañía. Está aguardando en la cuadra alta.
+Voy a llamarle volando.
+
+Antes de que doña Luz consintiese, su amiga, ligera como una corza,
+había salido en busca del diputado brigadier.
+
+Doña Luz no sabía lo que le pasaba. Estaba agitadísima. Era la primera
+vez que se iba a ver a solas con un joven enamorado, en aquel púdico
+retiro, donde había vivido los más floridos años de su juventud. Todos
+los vagos ensueños de amor, todas las palabras dulces, todos los regalos
+del alma se ofrecieron de repente a su fantasía, no ya cifrados en un
+ser ideal y aéreo, creación imaginaria, sino aplicados y consagrados al
+amor de una persona real y llena de vida, cuyas excelentes prendas se
+complacía en reconocer y cuyo afecto hacia ella adulaba su orgullo.
+
+La sombra melancólica del P. Enrique cruzó por su mente,
+entristeciéndola. Miró la imagen del Cristo muerto y se le antojó que se
+parecía al P. Enrique. Era de día claro. Entraba el sol por la ventana,
+y sin embargo, sintió cierto temblor al mirar el Cristo. Acudió a él
+precipitadamente y le cubrió con el otro cuadro.
+
+Como para apartar de sí toda imagen tétrica se miró entonces al espejo.
+Se vio hermosa, gallarda, toda lozanía, juventud y elegancia, y halló
+natural, casi forzoso, que D. Jaime la amase.
+
+Después pensó de nuevo en el P. Enrique, pero de otra manera. El mismo
+amor de ella hacia D. Jaime aclararía lo que en su inclinación hacia el
+Padre podía haber de ocasionado a dudosas interpretaciones. Esto la
+impulsaba a creerse y a sentirse enamorada de D. Jaime. Amando a D.
+Jaime desaparecería a sus ojos todo lo que hubiera podido tener de raro
+su amistad con el misionero. Lo ridículo que en aquellas relaciones
+había creído entrever a veces desaparecía ya, y todo se explicaba.
+
+Esta serie de pensamientos pasó en un instante por el alma de doña Luz.
+Un instante no más fue lo que tardó D. Jaime en aparecer a la puerta del
+saloncito que doña Manolita había dejado abierta.
+
+No tuvo D. Jaime que hablar palabra para obtener el permiso de entrar en
+el saloncito. Ella le aguardaba; ella le vio venir y le recibió sin
+cumplimientos ni ceremonia.
+
+Doña Manolita se quedó fuera y D. Jaime entró solo.
+
+Llegó precipitadamente donde doña Luz estaba de pie; hincó en tierra
+ambas rodillas, y dijo con acento conmovido:
+
+--Ya lo sabe V. De V. depende mi dicha o mi desdicha. Aquí aguardo mi
+sentencia.
+
+Todo discurso más prolijo hubiera sido absurdo en aquella ocasión; toda
+arte vana; toda precaución chocante.
+
+La puerta del saloncito había quedado de par en par y D. Jaime estaba de
+rodillas a los pies de doña Luz. Se diría que se acababa de entregar a
+discreción, que todo por su parte estaba dicho, y que a ella tocaba sólo
+hablar e imponer condiciones.
+
+El orgullo de doña Luz se sentía vivamente lisonjeado. Aquel _dandy_,
+aquel valiente, aquel hombre de porvenir y de carrera, estaba allí
+postrado ante su hermosura, sin más resorte para tanto rendimiento que
+el repentino y ardiente amor que ella había sabido inspirarle.
+
+Doña Luz enmudeció: no acertó a decir palabra alguna; pero en su rostro,
+donde no cabía el disimulo y donde se reflejaban todos sus sentimientos,
+se pintaban el júbilo, la emoción afectuosa y la agradable sorpresa.
+
+Como tal vez las nieves detienen y con la misma detención prestan más
+brío a la virtud germinal de la primavera, la cual aparece de súbito y
+da razón de sí cubriendo los árboles de verdura y los campos de flores,
+así el anhelo de amar y todo el ser apasionado del virgen corazón de
+nuestra heroína despertaron de repente, reprimidos hasta entonces por la
+prudencia, y como dormidos hasta los veintiocho años. Doña Luz sintió
+nacer en su espíritu la primavera de la vida; oyó cantar las aves; vio,
+como en espejo mágico, el paraíso; aspiró el perfume embriagador de
+rosas hadadas, y pensó que se extendían por su seno el calor suave y la
+luz dorada de un sol ideal, iluminando y vivificando un mundo bellísimo,
+recién creado y oculto en su alma.
+
+Temió luego que tan rica creación se desvaneciese, que se disipase como
+si fuera soñada, y exclamó al fin con extraño candor:
+
+--¿No me engaña V.? ¿Es cierto? ¿V. me ama?
+
+--Con todo mi corazón--contestó D. Jaime tomando la linda mano de doña
+Luz y estampando en ella un beso.
+
+--No sea V. loco. Levántese V.--dijo doña Luz, retirando con suavidad su
+mano de entre las de don Jaime.
+
+--No me levantaré--replicó éste--, hasta saber si usted me corresponde.
+
+--D. Jaime, por Dios, ¿qué quiere V. que yo le diga? Yo no sé si le amo
+a V.: pero si el contento que me causa el creerme amada y el temor de
+perder esta creencia son síntomas de amor, me parece que le amo.
+
+Doña Luz se sonrojó como nunca al pronunciar tales palabras, y D. Jaime
+se levantó mostrando en su semblante la gratitud y la alegría que la
+confesión de doña Luz le causaba.
+
+Después dijo:
+
+--Deseche V. todo temor, y conserve la creencia de que la amaré siempre,
+y de que mi amor hacia V. sólo puede compararse con el respeto y la
+profunda admiración que V. merece.
+
+Llegadas a ese punto las explicaciones, y yendo por camino tan llano,
+todo quedó tácitamente concertado en aquella entrevista, que duró
+poquísimo.
+
+Doña Luz estaba turbada y confusa, pero la majestad severa de su rostro
+y ademanes hubiera contenido al amador más audaz.
+
+Don Jaime se creyó amado, y ni siquiera con otro beso en la mano de doña
+Luz se atrevió a manifestar que amaba a su vez, y que estaba agradecido.
+
+En suma, dado el modo de ser de doña Luz, y después de declarado de
+ambas partes el amor, no había trámite, ni coloquio tierno a solas, ni
+dilación que valiera. Las bodas tenían que venir a escape.
+
+Doña Luz era harto vehemente para hablar con serenidad y con frialdad de
+otro cualquiera asunto, y a solas, con el hombre a quien casi acababa de
+decir: te amo; y era tan casta y tan pura, que helaba todo deseo y
+mataba toda esperanza de obtener de ella la más inocente anticipada
+caricia o de adelantarse a hacerla sin exponerse a su enojo.
+
+De aquí el grande embarazo en que se vieron doña Luz y su amante apenas
+se dijeron que se querían. Doña Luz, sobre todo, no sabía qué hacer. Se
+sentía avergonzada de lo que había dicho, quería huir de las miradas de
+aquel hombre, y no se resolvía a huir, temerosa de que su fuga pareciese
+artificio o ridícula puerilidad impropia de una mujer de veintiocho
+años.
+
+Por fortuna, doña Manolita presintió por instinto aquella situación
+difícil, y libertó de ella pronto a su amiga, presentándose otra vez en
+el saloncito.
+
+Ya, más tarde, durante el almuerzo, en medio de los convidados, a la
+vista de D. Acisclo y del P. Enrique, y después de haberse serenado y
+repuesto de la primera emoción, doña Luz habló a D. Jaime con reposo; le
+halló dispuesto a todo, y como ella no tenía padre ni madre a quien
+consultar, ni él tampoco los tenía, ambos determinaron casarse sin ruido
+ni aparato, y lo más pronto posible.
+
+A fin de no dar parte en seguida, sin que nadie extrañase la
+prolongación de su estancia en aquel lugar, D. Jaime dijo que se quedaba
+una semana más para ver si compraba el olivar que tenía en tratos.
+
+
+
+
+-XV-
+
+Primera traza de un idilio matrimonial
+
+
+Difícil es tener nada oculto en un pueblo pequeño. Todo se sabe en
+seguida, aun cuando importe que no se sepa. La proyectada boda de D.
+Jaime y de doña Luz, que nada importaba que se supiese, no es de
+extrañar, pues, que llegara al punto a noticia de todos en Villafría.
+
+La detención de D. Jaime se atribuyó desde luego a su verdadero motivo,
+y nadie juzgó sino pretexto lo de la compra del olivar.
+
+Aquel caso de amor fulminante y sobre todo aquel tan improvisado
+consorcio, dieron muchísimo que decir, comentar y murmurar.
+
+En los lugares andaluces, nada hay que pasme tanto como una boda
+repentina. Por allí todo suele hacerse con mucha pausa. En parte alguna
+es menos aceptable el refrán inglés de que _el tiempo es dinero_. En
+parte alguna se emplea con más frecuencia y en la vida práctica la frase
+castiza y archi-española de _hacer tiempo_; esto es, de perderle, de
+gastarle, sin que nos pese y aburra su andar lento, infinito y callado.
+Pero donde más se extrema en Andalucía el _hacer tiempo_ es en los
+noviazgos. Contribuye a esto, por un lado, la prudencia que,
+reconociendo lo grave y trascendental del matrimonio, nos aconseja de
+continuo: _antes que te cases, mira lo que haces_. Y contribuye mucho
+más, por otro lado, que este _mirar lo que se hace_ es sumamente
+divertido; es el mejor modo de matar o de hacer tiempo; es una grata
+ocupación, que se proporciona quien no tiene ninguna, y que no bien se
+casa se queda sin ella.
+
+De aquí, sin duda, los interminables noviazgos de mi tierra, en los
+cuales además se dan los más bellos ejemplos de firme constancia que
+pueden registrar las historias de amor. Noviazgos hay que empiezan
+cuando el novio está con el dómine aprendiendo latín, pasan a través de
+las humanidades, de las leyes o de la medicina, y no terminan en boda
+hasta que el novio es juez de primera instancia o médico titular.
+Durante todo este tiempo, los novios se escriben cuando están ausentes;
+y cuando están en el mismo pueblo, se ven en misa por la mañana, se
+vuelven a ver dos o tres veces más durante el día, suelen pelar la pava
+durante la siesta, vuelven a verse por la tarde en el paseo, van a la
+misma tertulia desde las ocho a las once de la noche, y ya, después de
+cenar, reinciden en verse y en hablarse por la reja, y hay noches en que
+se quedan pelando la pava otra vez, y mascando hierro, hasta que
+despunta en Oriente la aurora de los dedos de rosa.
+
+En comprobación de esto se cuenta de cierto novio antequerano, que al
+fin tuvo que casarse a los ocho años de ser novio; y que, no bien se
+casó, se mostraba afligidísimo por no saber qué hacer de su tiempo. De
+otro novio, natural de Carcabuey, he oído yo también contar, como
+testimonio de lo arraigada que está la idea de que el matrimonio exige
+mucha calma antes de llevarle a cabo, que su futura suegra, considerando
+que su hija llevaba ya trece años de hablar con aquel novio, sin que
+llegase él a pedirla, y que ella se iba ajando y marchitando un poco, se
+resolvió a preguntar al novio qué intenciones traía. Y habiéndose armado
+de resolución y hecho la pregunta, el novio contestó muy sorprendido y
+un sí es no es contrariado:--¡Válgame Dios, señora! ¿Es esto puñalada de
+pícaro?
+
+Prevaleciendo y aun privando en Villafría tan sanas doctrinas acerca de
+la longevidad de los noviazgos, ya se hará cargo el lector del asombro
+que produciría aquel arrebato, aquella impremeditación con que doña Luz
+se decidió.
+
+--Esto es un escopetazo--decía uno.
+
+--Vamos--decía otro--, todo se comprende bien: si ella aseguraba que no
+pensaba en casarse, era por vanistorio, porque desdeñaba a los
+lugareños; pero, apenas llegó por aquí un currutaco de la corte, cayó
+sobre él y le atrapó, como la araña atrapa a la mosca.
+
+Los pretendientes desdeñados, que antes lo llevaban todo con
+resignación, dando por supuesto que los consolaba, que los desdenes de
+doña Luz nacían de su amor a Dios y al cielo, cuando supieron que doña
+Luz gustaba tanto de la tierra y de otro hombre como ellos, no la
+perdonaron tampoco, y censuraron su ligereza.
+
+--Se ha echado en brazos del primer venido--exclamaban--, sin amor, sin
+estimación, porque ni el amor ni la estimación nacen tan de súbito. La
+ha seducido el afán de ir a brillar en los Madriles.
+
+Hasta la gitana buñolera que se ponía a freír y a vender sus buñuelos en
+la esquina de la casa de don Acisclo, gitana muy sentenciosa, llamada la
+Filigrana, más célebre por sus sentencias que el mismísimo Pedro
+Lombardo, dijo en tono irónico:
+
+--Doña Luz es una perla oriental, y la perla no repara en el pescador,
+ni en si vale o no vale; lo que pretende es que la pesque y la lleve a
+lucir en el Olen del Oclaye.
+
+No pocas de tales murmuraciones llegaron a los oídos de doña Luz; pero
+no hacían mella en su corazón. Nada de lo que encerraban en sí hallaba
+eco en su limpia y tranquila conciencia. Doña Luz era mujer y tenía alma
+y sentía necesidad de amor. Su amor, sin objeto visible y humano, había
+estado como aletargado hasta entonces. Un objeto digno se ofreció al fin
+a sus ojos, y doña Luz le consagró al punto todo su amor. Cada día, cada
+hora que pasaba, afirmaba más a doña Luz en la creencia de que don Jaime
+lo merecía. El mismo amor de D. Jaime, la decisión con que le había
+ofrecido su mano, a ella, desvalida, huérfana y pobre, era la garantía
+mejor y más segura.
+
+En cuanto a que ella se casaba por deseo de ir a figurar en Madrid, doña
+Luz reía desdeñosamente al oírlo. Doña Luz tenía resuelto no ir a Madrid
+mientras pudiera no ir: quedarse en Villafría viviendo en su casa
+solariega; tener allí su centro, su cuartel general, su nido; cuidar
+desde allí de sus bienes e irlos mejorando y aumentando; ahogar en su
+alma toda propensión celosa; y, no ya consentir, sino impulsar a su
+marido a que fuese él solo a la capital, a brillar en el Congreso de
+Diputados, en las luchas políticas y en los negocios militares. Doña Luz
+quería imitar en esto a Vitoria Colonna, y esperar a su héroe, a su sol,
+a su amante, cuando viniese a reposar en aquel rústico asilo, que el
+amor de ella había de colmar de hechizos y de deleite. No quería, en
+suma, ser para él carga gravosa en Madrid, sino descanso, refugio,
+consolación santa y dulce, en aquella aldea.
+
+En sus amorosos coloquios con D. Jaime, doña Luz desenvolvía todo su
+plan. Quería para él gloria, poder, influjo en la corte, y esto
+entreverado de una serie de idilios en Villafría, donde ella había de
+aguardarle, como Armida benéfica, cada vez que viniese él a reposar en
+sus brazos, cubierto de frescos laureles. Don Jaime pugnaba porque doña
+Luz había de ir a Madrid con él; pero doña Luz lo repugnaba con tamaña
+obstinación, que D. Jaime tuvo que transigir, concertando que por lo
+pronto, esto es, mientras no fuesen ambos mucho más ricos, doña Luz
+continuaría residiendo en Villafría.
+
+Todo esto era tan poético que de fijo que el lector, pues lo sabe, no ha
+de censurar a doña Luz como la censuraban las gentes de su lugar, sino,
+en todo caso, por lo contrario: por sobrado rara y soberbia; porque
+prefería vivir muchos meses del año separada de su marido a ser en
+Madrid causa perpetua de dificultades prosaicas y económicas, bastantes
+a dar muerte al amor más robusto.
+
+Doña Luz, trazado así con firmeza y por su propia mano el porvenir de su
+vida, no veía en su alma sino motivos de satisfacción y de contento. Su
+ser íntimo florecía. El dulce anhelo de ser esposa y madre la conmovía
+con presentimientos de inefable ternura. Una claridad interior iluminaba
+su mente, beatificándola; y parecía que, trasminando a lo exterior,
+irradiaba en su semblante y prestaba a su hermosísimo cuerpo mayor
+beldad que nunca. Así como los campos se cubren de lozanía al llegar la
+primavera, así como el cielo se tiñe de púrpura y oro cuando el sol va a
+salir, así doña Luz se mostraba entonces más gallarda y refulgente.
+
+Su alegría era tan noble, tan generosa y tan confiada, y la expresión
+divina que esta alegría prestaba a su figura gentil era de tal suerte
+simpática, que la censura quedaba desarmada al cabo, y al mirarla,
+tenían que bendecirla todos los hombres.
+
+En su ánimo era casi todo luminoso y alegre. Sólo quedaba, allá en lo
+más hondo, un pequeño rincón, donde no penetraba bien la luz, y donde,
+de cierta manera confusa, había como un germen, como una semilla apenas
+perceptible de disgusto y de intranquilidad. Doña Luz, sin darse bien
+cuenta de ello, por instinto salvador, trataba de arrancar aquella
+semilla, de ahogar aquel germen, a fin de que no brotase de él la hierba
+ponzoñosa.
+
+Doña Luz pensaba en sus anómalas relaciones con el P. Enrique; en
+aquella amistad vivísima, en aquel afecto que siempre le había mostrado.
+Claro está que para doña Luz aquello no podía tener ni remotamente nada
+de común con el amor. Mas, por lo mismo, su afecto hacia el Padre debía
+permanecer, y las demostraciones de este afecto no debían cesar ni
+mitigarse, so pena de que ella se inclinara a creer que eran de la
+propia esencia que lo que daba de su alma al esposo futuro; que había
+procedido como veleidosa e inconstante; que había puesto en uno, no lo
+libre, lo intacto, lo jamás dado a nadie, que atesoraba solícito su
+corazón, sino algo o mucho de lo que había antes dado a otro y
+quitádoselo luego.
+
+Así, pues, doña Luz se esforzó, aunque en balde, por estar como siempre
+de afable y cariñosa con el P. Enrique. Y, como viese que no podía, como
+viese que del tocarse su alma con la del Padre, ya por la palabra, ya
+por la mirada, cuando antes parecía que brotaban calor y magnética
+lumbre, entonces se formaba hielo, se lo explicó suponiendo que no hay
+brío ni vigor en los corazones humanos para varios afectos, y que, donde
+uno impera, los otros caen y desmayan, aunque sean de muy distinta
+condición y naturaleza.
+
+El alma del Padre continuaba siempre para doña Luz clara, diáfana e
+impenetrable, como la mar profunda que ciñe y abraza las costas
+andaluzas. El sol atraviesa muchas capas de agua y todo lo llena de
+claridad; pero, allá en lo más hondo, se pierde y ofusca la mirada,
+entre iris, reflejos, tornasoles y relámpagos argentinos, y nada se
+distingue con exactitud y fijeza. El Padre no había cambiado, en
+apariencia al menos. La misma serenidad, la misma dulzura de siempre. No
+se alteraba su voz al hablar de D. Jaime ni con D. Jaime. Al hablar con
+doña Luz, mostraba el Padre la antigua afectuosa benevolencia. Ni una
+palabra donde ni remotamente se sintiese una punta de ironía, de pique o
+de despecho.
+
+«O el Padre tiene sobre sí propio un dominio inverosímil--pensaba doña
+Luz--, o no me ha amado jamás. Sería de ver que la sospecha de Manuela,
+que yo oí como injuria llena de maliciosa villanía, hubiese sido en el
+fondo una creación ridícula de mi vanidad, que, profundizando bien el
+asunto, me halagaba en vez de enojarme. No; no cabe duda: el bueno del
+P. Enrique me estima; me tiene en alto concepto, merced a su mucha
+indulgencia; me quiere como a prójimo predilecto; pero todo lo demás es
+sueño absurdo; es presumida imaginación mía. Y más vale así».
+
+Y al terminar doña Luz con estas palabras, suspiraba para desahogarse,
+como quien se quita grave peso de encima.
+
+En otras ocasiones, ansiosa de descargar más aún su conciencia, de
+declinar toda responsabilidad, aunque por los raciocinios anteriores se
+había demostrado a sí propia que no tenía nada de disgustoso de que
+salir responsable, doña Luz iba esfumando en su memoria todos los
+favores que había hecho al Padre; iba quitando todo valer y
+significación a las muestras de afecto que le había dado; y lo iba
+reduciendo todo a las mezquinas proporciones de una amistad fría y
+severa, como la que puede y debe mediar entre un discípulo y un maestro,
+ahuyentando de sí o borrando cualquier enojoso recuerdo, falso en su
+sentir, hasta de la menor coquetería inconsciente, por parte de ella.
+
+Entre tanto, pasaban los días y se aproximaba el de la boda, que había
+de ser sin ningún aparato.
+
+Don Acisclo y Pepe Güeto, no obstante, habían hecho un corto viaje a
+Sevilla para comprar regalos a la novia, cada cual según sus facultades.
+
+El de D. Acisclo fue magnífico. Consistía en unos pendientes y en un
+broche de brillantes, que le costaron dos mil duros. El de Pepe Güeto
+fue un brazalete que le costó diez mil reales.
+
+Don Jaime había encargado a Madrid algunas galas y joyas, que debían
+llegar de un día a otro.
+
+Don Jaime mostraba viva impaciencia; parecía enamoradísimo, y trataba de
+apresurar la boda.
+
+Mientras más se acercaba el suspirado día, más tiernos estaban los
+novios; sus coloquios íntimos eran interminables: juntos salían a
+caballo, doña Luz en el suyo, y D. Jaime en otro bastante bueno y
+bonito, de la propiedad de D. Acisclo; y también iban de paseo a pie, en
+compañía de doña Manolita, muy ufana de haber sido la mediadora en
+aquella feliz alianza.
+
+El P. Enrique iba siempre a comer en casa de D. Acisclo, pero alegando
+que tenía que escribir o que estudiar, se quedaba a almorzar en su casa,
+donde su criado Ramón le preparaba y servía un frugal desayuno.
+
+También de la tertulia de por la noche, o ya se retiraba más temprano
+que de costumbre, o ya se retraía el Padre: pero esto no era de
+extrañar.
+
+Don Acisclo y Pepe Güeto le dieron el ejemplo. Ciertamente que la
+conversación en voz baja de los novios y su involuntaria abstracción de
+todos los circunstantes no convidaban a otra cosa.
+
+El médico D. Anselmo iba y venía, permaneciendo poco tiempo en la
+reunión. Ya no disputaba ni sacaba a relucir sus filosofías, porque doña
+Luz no prestaba atención a nada que no fuese D. Jaime.
+
+Resultaba, pues, que la tertulia, tan bulliciosa antes, se hallaba casi
+siempre en cuadro.
+
+Don Acisclo, D. Anselmo, Pepe Güeto y el Padre se escabullían; y
+quedaban solos los novios, en su eterno palique, como decía doña
+Manolita; ésta, que se resignaba con gusto a hacer el papel de dueña; el
+galgo Palomo, que se echaba a los pies de D. Jaime, a quien había tomado
+mucho cariño por conocer instintivamente el mucho que le tenía su ama; y
+a veces el cura D. Miguel, a quien los cuchicheos de los amantes
+producían idéntico efecto que los gritos y discursos de los filósofos,
+dejándole gratamente dormido, y soñando quizá en el gran papel que le
+tocaba hacer en aquel drama regocijado, cuando echase a los novios las
+bendiciones.
+
+Huérfanos ambos novios de padre y madre, y decididos a que la boda se
+celebrase sin dar parte a nadie y sin ruido, lo concertaron todo tan
+deprisa que ya no les faltaba sino cuatro días para verse casados,
+exentos del cuidado de convidar a nadie de Madrid, y de llamar a amigos
+o a parientes para que asistiesen a la boda en aquel lugar.
+
+Al mismo D. Acisclo, agradeciéndole mucho su regalo suntuoso, y las
+intenciones que tenía de convidar a toda su parentela, y de dar una
+comilona y un baile, le suplicó doña Luz que no hiciese nada; que ella
+quería casarse, ya que no en secreto, en silencio.
+
+--A cencerros tapados--dijo D. Acisclo, que era muy aficionado a usar en
+sentido metafórico la palabra _cencerro_.
+
+--Eso es: a cencerros tapados--contestó doña Luz.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+Meditaciones
+
+
+El P. Enrique, según hemos apuntado anteriormente, no estaba ocioso: no
+limitaba la actividad de su vida a hablar en la tertulia de D. Acisclo.
+
+En la soledad de su cuarto se pasaba horas y horas leyendo y
+escribiendo.
+
+Como era modestísimo, no esperaba hacer algo que, dado al público, fuese
+de gran utilidad, y sin embargo escribía una obra extensa de la que no
+levantaba mano. Era una apología o nueva defensa del Cristianismo contra
+los ataques de los más flamantes filosóficos panteístas, positivistas y
+materialistas.
+
+El singular y simpático candor del Padre se revelaba en cada frase de
+este notable escrito. Se diría que todo él era, más que un libro de
+polémica, un monólogo, o mejor dicho un diálogo, en que alternaban dos
+voces de la misma alma. Su entendimiento frío, calculador, apartado de
+la fe, proponía cuantos argumentos, ya metafísicos, ya históricos, ya
+tomados de las ciencias de observación, pueden presentarse contra la
+revelación sobrenatural, contra la vida inmortal del espíritu y aun
+contra Dios mismo. Y su entendimiento también, ilustrado de mayor luz y
+acompañado y fortalecido por la fe, respondía a los argumentos
+susodichos, aquietándose con la victoria.
+
+Allí nada había de afectado ni de convencional. Era el ser del Padre,
+que se retrataba fielmente. Se diría que su fe, encerrada en interior y
+fuerte alcázar, peleaba contra el humano discurso, que no quería
+destruirla, pero que hacía cuantos esfuerzos son conducentes para ello,
+a fin de verla salir vencedora y triunfante de estos esfuerzos mismos.
+
+Desde la venida del diputado D. Jaime, el Padre iba cada día
+deteniéndose menos en casa de su tío, y por consiguiente quedando más
+tiempo en su estancia solitaria.
+
+La obra, con todo, no cundía ni adelantaba por eso. Antes bien, el padre
+escribía en ella menos que nunca. Se sentaba en su bufete; se colocaba
+delante el libro en blanco, donde iba vertiendo sus ideas conforme se le
+ocurrían, salvo el ponerlas más tarde en orden según un plan sabio y
+bien meditado; tomaba la pluma por último; pero todo era en balde. No se
+presentaba nada claro y concreto que decir. Un mar de pensamientos y de
+sentimientos se agitaba en su espíritu, como si viniese sobre ellos el
+más violento huracán, barajándolo y revolviéndolo todo, por donde, en
+vez de una creación armónica, brotaba el caos tenebroso.
+
+De esta suerte, después de soltar la pluma, los codos sobre la mesa, la
+diestra en la mejilla, se pasaba el Padre largas horas sin escribir y
+sin hacer nada. Otras veces andaba por el cuarto a largos pasos. Otras
+se echaba en un sillón y se cubría el rostro con las manos. Jamás se
+había sentido tan inactivo, tan incapaz y tan infecundo.
+
+Un día cerró con despecho el volumen en que iba escribiendo sus apuntes,
+y se puso a escribir en hojas sueltas. La inspiración entonces vino sin
+duda en su auxilio. La pluma corrió precipitada como si el torrente de
+ideas que tenía que verter le imprimiera un movimiento extraordinario.
+
+¿Por qué raro hechizo hallaba el Padre esta facilidad para escribir en
+hojas sueltas, cuando tan premioso estaba para escribir en el libro? El
+hechizo no estaba en el libro ni en las hojas sueltas, sino en el
+asunto.
+
+El Padre se acababa de decidir a escribir sobre otro, que singularmente
+le importaba, que le preocupaba hacía tiempo, que pesaba sobre él, y del
+que era menester desahogarse. Por esto la pluma corría.
+
+El padre estaba fijando en el papel lo más recóndito de su alma.
+
+«No basta--escribía--, ¡oh mi Dios!, que yo me confiese contigo. ¿Qué
+tinieblas no penetras Tú con tu claridad? ¿En qué abismo no se hunde tu
+mirada? Tú lo sabes todo. Nada tengo que decirte. Sólo debo pedirte
+perdón. Pero el peso de este misterio de mi alma me abruma, mientras sin
+tomar forma, sin revestirse de la palabra, vive en mi centro,
+conociéndole tú solo. Es indudable: aun prescindiendo de la virtud
+sagrada del sacramento, la confesión es un manantial de consuelos; es,
+cuando menos, un alivio. Confesar a alguien nuestra pena, nuestra
+humillación o nuestro pecado, es compartirlo todo con él. Pero ¿a qué
+semejante mío podría yo confesarme? Los amigos, los sabios directores de
+mi conciencia, aquellos en quienes yo me confiaba, están muy lejos, allá
+en los mares e islas del extremo Oriente. Es verdad que todo sacerdote
+sentado en el tribunal de la penitencia, investido por Dios mismo de la
+facultad de sentenciar y de absolver, recibe por gracia lo que a veces
+por naturaleza no ha recibido: bastante lucidez de espíritu para
+comprenderlo todo. Y sin embargo, yo no me decido a confesarme con este
+excelente y benigno D. Miguel. ¿Qué le voy a decir? ¿Tengo algo de
+terminante y de bien calificado? ¿Hay infracción clara de los
+mandamientos divinos que constituya mi culpa? Mi culpa es grave,
+gravísima, y no obstante, yo no puedo declarársela a D. Miguel sin
+referir pormenores, sin aludir a personas, sin comprometer a alguien a
+quien no tengo derecho a comprometer. Yo puedo echarme a los pies de
+este buen sacerdote, y decirle que soy soberbio, envidioso, impuro, y
+pedirle que me castigue y luego me perdone; pero lo íntimo de mi falta
+quedará por confesar: es por mil razones inenarrable para él.
+
+»¿Es por esto mi confesión imposible? En cierto modo, yo puedo aliviarme
+del peso que me fatiga, sacándole fuera de mi alma, encadenándole en la
+palabra escrita, aunque nadie la lea. La palabra es don divino, y posee,
+entre mil otras virtudes, una admirable energía consoladora. Lo que se
+fija y encierra en letras, queda allí como preso y atado, y no lastima y
+destroza tanto el corazón como lo que persiste en él inefable e informe.
+Además, para conocerme mejor, para ver mi mal, conviene presentármele de
+una manera distinta. El aspecto exterior, nuestro semblante, ¿cómo verle
+sin que en un espejo se refleje? Así el alma, así las heridas que en
+ella hay, aunque duelan, aunque aflijan, no se comprenden, no se
+perciben por completo, cuando quedan confusas en el fondo del alma
+misma, y no se expresan y declaran en el lenguaje humano. Quiero, pues,
+estudiarme con valor, romper o desatar la venda o compresa que las
+cubre, y catar yo mismo mis heridas.
+
+»Obra de Dios es la hermosura. Mas no acusemos a Dios del uso que puede
+darse a su obra. Fabrica el alfarero un vaso primoroso, y no es
+responsable del veneno que luego se deposita en él y que tal vez apura
+hasta las heces nuestro sediento labio.
+
+»Ella es hermosa de alma y de cuerpo. Sus ojos, azules como el cielo, no
+revelan sino ideas y sentimientos llenos de limpia honestidad. No puedo
+acusarla de la menor provocación, ni siquiera instintiva y por ella
+ignorada. Ni reflección traidora, ni ciego instinto hubo jamás en ella
+de perderme. Y esto fue la causa de mi perdición. Contra los efectos de
+aquella reflección o de aquel instinto de sobra hubiera yo acertado a
+precaverme. Ni siquiera hubiera yo tenido que tomar precaución alguna.
+Conocido el intento, patente a mis ojos el engaño, me hubiera disgustado
+en lugar de atraerme. Su propia inocencia, su candidez purísima ha sido,
+pues, como agudo puñal con que ella ha traspasado mi corazón. Creyéndome
+ella todo de Dios, poseedor de sus favores, vidente de sus perfecciones,
+regalado y deleitado con sus dulzuras, ni pudo recelar extravío, ni
+quiso presumir con soberbia que por ella hubiera yo de olvidarme de
+Dios. Por eso me mostró la beldad interior de su alma en toda la
+desnudez inocente y casta de quien nada teme. Me abrió su corazón, y me
+dejó entrar en lo íntimo de su conciencia, y yo me embriagué con su
+aroma.
+
+»Un plan astuto, hábilmente forjado por mi pasión, maduró en mi
+pensamiento, mostrándose como exento de pecado. Para forjar este plan,
+me apoyé en las condiciones de su carácter y en las circunstancias de
+que la rodeaba la ciega fortuna. ¿A quién había de amar ella en estos
+lugares? Si hasta los veintiocho años había vivido sin prendarse de
+hombre alguno ¿no era probable, casi evidente, que viviría ya de la
+misma manera el resto de su vida? Todo aquel brío de voluntad, todo
+aquel tesoro de amor que yo descubría en su pecho, todos aquellos
+pensamientos elevados y generosos que agitaban su mente, todas aquellas
+aspiraciones sin nombre, infinitas, divinas, que germinaban en su
+espíritu, en perenne primavera ideal, todas aquellas flores celestiales,
+nacidas en el huerto sellado de su fantasía y cultivadas con esmero por
+su recto juicio, propenso por naturaleza, educación y gracia, a lo santo
+y puro ¿a quién había ella de dedicarlos y consagrarlos? A Dios, y nada
+más que a Dios, pensé yo. Pero, con intención egoísta, confesándola
+apenas, concerté luego conmigo mismo en ser yo el medio por donde tanto
+bien volviese a Dios, de donde había provenido.
+
+»¿Quién sino yo podía comprenderla en este lugar, entre gente zafia y
+villana? ¿Quién ordenar y aclarar sus vagos ensueños? ¿Quién interpretar
+los enigmas? ¿Quién señalarle el blanco adonde importaba dirigir
+oraciones y suspiros, para que no fuesen como mal disparadas saetas que
+se pierden en el aire y acaban por dar en tierra, sin llegar a herir
+dicho blanco? ¿Quién acabar de abrir a su razón, ansiosa de verdad, el
+recinto misterioso de las más sublimes doctrinas? ¿Quién declararla el
+por qué y el cómo de las cosas, hasta donde es posible saberlo? ¿Quién
+servir de guía a su espíritu en sus vuelos audaces, cuando subía por
+cima de todo lo natural y creado, anhelante de tocar a la inaccesible,
+eterna e inexhausta fuente de donde mana? En suma, yo me lisonjeé de ser
+su maestro, su amigo, el depositario de sus ideas, el que oyese,
+moderase y avivase o templase a su placer las palpitaciones profundas de
+su corazón entusiasta. Todo el raudal de amor que de él brotaba y que
+iba a ti, Dios mío, no, jamás pensé en robártele y guardarle para mí;
+pero pensé con egoísmo en abrir cauce en mi espíritu a aquel claro,
+impetuoso y cristalino torrente, a fin de que llegara por él a su
+centro. Nunca soñé con ser el término de la carrera del raudal, sino con
+ser el camino por donde sus limpias ondas se fueran derivando,
+hermoseando el camino al paso, y reflejando en él el cielo sereno y
+todas las galas de la tierra, con más primor en el reflejo y con mil
+veces mayor hechizo que en la realidad misma.
+
+»¡Qué bien me has castigado, Dios mío! ¡Qué bien me has castigado! Pero
+si en el castigo venero y acato tu justicia, te doy gracias por tu
+misericordia. ¿Qué no merecía yo por mi delito? Mi indigno cálculo ha
+sido desbaratado; mi insano sofisma se ha vuelto contra mí: yo mismo he
+quedado envuelto en la red cautelosa que había tendido.
+
+»Harto lo reconozco ahora. La concupiscencia del espíritu es la peor de
+las concupiscencias. Repugna por anti-natural. No la atenúa la
+consideración de que nuestra sangre está viciada. No es vicio, en quien
+el vigor y la salud del cuerpo, si no hermosean, mitigan la fealdad. Es
+pecado pasado por alambique: extracto, esencia, refinamiento espantoso
+de lascivia.
+
+»¿Y cómo estaba yo tan ciego para no verlo y horrorizarme? Yo lo creía
+todo etéreo, santísimo, limpísimo. Hasta ha habido instantes de
+obcecación, en que la he culpado, en que la he tildado de inconsecuente,
+de falsa, de perjura, de infiel.... ¡Cielos santos! ¡Qué frenesí fue el
+mío! Ella no me prometió nada; ella no se ligó conmigo por lazo alguno.
+Ella me amaba antes como ahora me ama. No, no ha habido mudanza en ella.
+Si ella hubiera visto antes lo que yo tenía en el pecho, no hubiera sido
+menester que llegase D. Jaime para que se apartase de mí con horror. Yo
+mismo no lo veía antes. Ahora lo veo y me horrorizo. Abominables
+sentencias, infames propósitos, conjuros del infierno, estaban grabados
+en mi pecho, como en lámina de bronce, pero con tinta invisible, que
+sólo el reactivo de los celos ha hecho patente para mi vergüenza.
+
+»El cielo ha humillado mi soberbia. Yo me estimaba en más, en muchísimo
+más de lo que soy. Mis trabajos, mis penitencias, mis largas y
+peligrosas peregrinaciones y misiones se me figuraba que habían ganado
+para mí el favor del cielo; que habían revestido este pecho mortal de un
+escudo, de una coraza diamantina, que me había hecho invulnerable. Yo
+soñé que había ahogado en el inmenso piélago del amor divino todos los
+otros amores terrenales y caducos. Yo me figuré que ya no podría amar
+nada, ni a nadie, sino por el amor de Dios. Creí que toda beldad
+perecedera, que toda bondad de las criaturas, que toda gracia, que toda
+luz, no sería a mis ojos sino reflejo débil y frío de la beldad, de la
+bondad, de la gracia y de la luz eternas, cuyos fulgores imaginaba
+entrever, en cuyas llamas me complacía en sentir ardiendo mi corazón.
+¡Cómo me adulaba el espíritu tentador a fin de hacerme caer! ¡Cuán
+astutamente me engañaba! ¡Cuán ciega confianza fue la mía al principio!
+Así como hábil jardinero, si descubre entre malezas una planta
+nobilísima, la lleva a su jardín y la cultiva con afán para que todo
+vicio contraído entre las malezas acabe, y para que, merced a su cuidado
+prospere la planta y dé al fin lindas y aromáticas flores y sabrosos
+frutos; así yo, al hallar la bella alma de esta mujer, henchido de
+fatuidad, me propuse mejorarla, hermosearla más, purificarla de todo
+defecto y hacerla florecer y fructificar abundosamente en virtudes,
+conocimientos y perfecciones. Esto es lo que a las claras me sugería el
+infierno; esto es lo que sólo me confesaba yo a mí propio; pero, allá en
+el fondo de mi contaminado espíritu bullían otras ideas, hervían otros
+propósitos, como nido de víboras cubierto de hierbas medicinales. Hoy
+sólo me incumbe alabar a Dios por el desengaño, y agradecer a don Jaime
+que, apartando esas hierbas, haya inquietado a las víboras en su nido y
+haya hecho que yo las vea y las sienta y procure arrojarlas de mi pecho,
+aunque para ello sea menester hacerle pedazos.
+
+»Dios mío, Dios mío, si estás en mi alma, si no la has abandonado, acude
+a mi voz y consuélame y perdóname. ¿Qué vale ella, qué vale toda su
+hermosura, toda la lozanía de su mocedad, toda la noble altivez de su
+mirada, todo el ritmo de su forma, toda la gracia de sus movimientos, si
+acierto a volver de nuevo mi mente y mi voluntad hacia ti, en quien no
+hay excelencia, beldad y gracia que no se cifren y resuman?
+
+»¿Por qué pusiste, Dios mío, esta sed inextinguible de amor en el centro
+del alma? Sin duda para que en lo divino se hartara. Pero, bien lo sabes
+tú: yo te he buscado en el centro del alma, y, si por dicha te hallé,
+fue sólo entre tinieblas, vago, indeterminado, confuso. Así te he amado
+sobre todas las cosas. Así me he abrazado estrechamente contigo. Yo he
+creído ver la gloria y esplendor de tus atributos, y te he amado y
+alabado.... ¿Por qué, pues, no me mostraste con nitidez tu beldad, en la
+pura idea, allá en lo hondo del pensamiento mío? ¿Por qué esta beldad,
+reflejo tuyo, ha hecho su aparición deslumbradora, lejos de ti y fuera
+de mí, hiriendo lo profundo de mi ser, no de un modo inmediato y
+espiritual, sino por medio de los sentidos groseros?
+
+»Perdóname, Señor. Mil blasfemias brotan de mi pluma. El pecador
+indigno, que debe dar estrecha cuenta de sus acciones, quiere mover
+pleito a tu bondad y apelar de tu justicia. Pero tú sabes cuánto
+padezco, y me compadeces y tal vez me perdonas. Tú llenabas antes mi
+alma. La vi, me aluciné, y ella llenó mi alma en el lugar tuyo. Hoy,
+cuando ella me abandona, el vacío, el abismo y la soledad que siento me
+aterran.
+
+»Pensamientos impíos nacen en mí. Veo patente la inmensidad, la
+omnipotencia del amor, único fin de la vida. A ti mismo, sólo con amor y
+por amor se llega; pero la duda me desespera y atribula. Dudo de que
+pueda mi ser finito satisfacer su amor enlazándose a un ser infinito,
+que ni cabe en su entendimiento ni su razón comprende. El amor aspira a
+Dios; pero ¿cómo alcanzarle? La fe me da alas para llegar hasta ti; pero
+tengo perdida la esperanza, y las alas se rompen. Dejé de tender el
+vuelo hacia ti. Quise confundir mi alma con la de ella, para que unidas
+fuésemos ambas almas en busca tuya. Y ella me ha dejado. Mi alma está
+sola, en la tenebrosa región del éter, en el vacío insondable y frío,
+sin astro que le dé luz ni calor, lejos de todos los soles, más lejos
+aún de donde tú moras. Dios mío, Dios mío, ¿qué será de mi alma?
+
+»Hubo en mi afecto por esta mujer una serenidad y una limpieza harto
+engañosas. Me la fingí etérea, fantástica; intangible, como deben ser
+los ángeles; inasequible, durante la vida mortal, como es el cielo. Hoy,
+cuando pienso que va a caer en brazos de un hombre, en balde lucho por
+apartar de mí las imágenes que mi fantasía me traza y presenta. Antes
+creía admirarla con un sentimiento a manera del sentimiento del arte,
+desinteresado, exento de fin y de utilidad y de deleite, que en él no
+estuviera. Y hoy veo que sus labios piden besos y los van a dar, y que
+todo su gallardo cuerpo no está sólo destinado a la especulativa
+contemplación, con la inmóvil e impasible tranquilidad de la estatua,
+sino a que el alma enamorada palpite y se estremezca en todo él
+haciéndole mil veces más bello y deseable.
+
+»¡Dios mío! ¡Qué envidia! ¡Qué ira! ¡Qué tempestad de malas pasiones
+conmueve mi corazón! ¿Por qué no acabas con mi infame y miserable vida?
+¡Ay!... la muerte... la muerte... antes de que llegue el día en que se
+casen».
+
+El escritor tranquilo y crítico procura poner y cuando tiene habilidad
+pone en sus escritos lo mejor de su alma.
+
+Allí se mira él luego, y se deleita mirando su interior belleza. Por el
+contrario, el escritor apasionado se alivia escribiendo, como si lanzase
+fuera de sí la ponzoña que le corroe y mata.
+
+Escritor de esta última clase, en la presente ocasión, el P. Enrique
+depositó en el papel, con el desorden que hemos visto, sus más negros y
+envenenados pensamientos. Hizo luego un violento esfuerzo sobre sí, y se
+quedó relativa y aparentemente tranquilo.
+
+Tenía colgado de la pared un Cristo de marfil, clavado en una cruz de
+ébano, y de rodillas ante él, rezó y pidió perdón de sus pecados y de
+las blasfemias y maldades que acababa de escribir a fin de libertarse de
+ellas y de no volver a pensar en ellas, si era posible. El Padre pedía a
+Dios un milagro: olvidarla, dejar de amarla, que Dios hiciese de suerte
+que él viniese a entender que no era a doña Luz a quien había amado,
+sino a un fantasma parecido a doña Luz, cuyo bulto nebuloso se sustraía
+a todo abrazo corporal, cuyo corazón no latía más vivo al sentirse
+estrechado por otro, cuyos labios no besaban ni cedían comprimidos por
+los besos de otros labios, y cuyos pies, en suma, no tocaban este bajo
+suelo.
+
+Como quiera que fuese, o ya por dolor de que no cupiera en lo probable
+tan raro milagro, o ya por fervor religioso que suavizaba sus amargas
+penas, el P. Enrique vertió dos lágrimas que bajaron con lentitud por
+sus mejillas descarnadas.
+
+Después, como hombre acostumbrado a vencerse, con gran dominio sobre sí,
+y en extremo vergonzoso de todo acto que ofendiese la dignidad de su
+persona, el Padre se calmó, compuso su semblante, procuró darle la
+expresión habitual, y empezó desde entonces a trabajar para aparecer
+impasible y sereno hasta el mismo instante en que doña Luz y D. Jaime se
+diesen el sí al pie del altar y recibiesen la bendición del sacramento
+que para siempre había de unirlos.
+
+Lo escrito en las hojas sueltas lo guardó el Padre dentro del libro de
+la nueva apología, y lo encerró bajo llave en el cajón de su bufete.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+La boda
+
+
+Don Jaime, entre tanto, había traído para la novia un hermoso traje, y
+collar y pendientes y broche muy ricos de diamantes y perlas. Doña Luz
+no pudo menos de reprenderle por esto. Tildó su excesiva generosidad de
+desatino, de imprevisión y de censurable despilfarro. Ella misma sintió
+como remordimientos de ser causa de aquel gasto ruinoso; pero los
+remordimientos de doña Luz iban mezclados con una dulzura grandísima, al
+reconocer ella en aquel gasto la más irrefragable prueba de amor. Las
+censuras severas, que su buen juicio le dictaba, salían de sus labios
+neutralizadas ya por la sonrisa y por la blanda languidez del acento con
+que las profería, y acababan de perder todo su valor, convirtiéndose en
+apasionadas muestras de gratitud, merced a las miradas cariñosas con que
+las acompañaban sus ojos.
+
+Doña Luz distaba mucho de ser vana, y distaba más aún de ser codiciosa.
+No la movía el interés; no la deslumbraba el brillo del oro y de la
+pedrería. Lo que la encantaba era la locura misma que D. Jaime hacía por
+ella, el desprendimiento generoso y el sacrificio desmedido que
+representaba aquel regalo, en proporción a la fortuna de D. Jaime.
+
+El regalo, pues, si ya no hubiese estado doña Luz tan prendada, hubiera
+acabado de enamorar y seducir su corazón.
+
+Doña Luz, que se creía dotada de un instinto infalible para adivinar por
+el rostro la índole de las personas, había fallado desde luego que D.
+Jaime era franco y generoso. El regalo la corroboró en su buen concepto.
+
+Don Acisclo, cauteloso y prudente, no bien había sabido que doña Luz
+trataba de casarse, aunque conocía con certeza el nacimiento, la
+posición y los bienes de D. Jaime, propuso a doña Luz que él pediría
+informes acerca de la conducta del novio. En sentir de D. Acisclo, era
+menester saber si en Madrid había dejado relaciones amorosas, si era
+jugador o calavera, si tenía algún hijo natural y otros pormenores por
+el estilo.
+
+Doña Luz contestó que le indignaba tal espionaje; que su amor a don
+Jaime era la mayor garantía del valor de D. Jaime: que si ella dudase de
+él no le amaría; y que amándole, ella misma se ultrajaba, dudando de él.
+
+Don Acisclo oyó estas y otras razones que le parecieron enrevesados y
+absurdos tiquis-miquis; no hizo de ellos el menor caso; y escribió y
+pidió informes a varios sujetos muy conocedores de todo en Madrid. Los
+sujetos respondieron concordes que D. Jaime era un varón discreta y
+altamente morigerado; que no tenía ni había tenido relaciones que le
+comprometiesen; que no jugaba, o que si jugaba, no perdía; y, en cuanto
+a los hijos, que lo único que podían asegurar es que no habría ninguno
+que pidiese a don Jaime que le reconociera por tal, dándole su nombre,
+pues ya ellos, si existían, tendrían el suyo cada uno.
+
+Se guardó muy bien D. Acisclo, aunque palurdo, de referir a doña Luz, en
+todas sus cínicas menudencias, el resultado de sus investigaciones; pero
+no quiso ocultarle que las había hecho, y, lleno de júbilo, se complació
+en declarar a doña Luz que casi había venido a averiguar que D. Jaime
+era un dechado de virtudes.
+
+Llegó, por fin, el día en que se celebró la boda sin el menor aparato.
+El cura D. Miguel casó a doña Luz y a D. Jaime. Sólo fueron testigos o
+se hallaron presentes D. Anselmo, Pepe Güeto y su mujer, don Acisclo y
+dos de sus hijos, un íntimo amigo de don Jaime, venido para ello de la
+corte, coronel de caballería, y llamado D. Antonio Miranda, y los
+criados de la casa de D. Acisclo.
+
+El P. Enrique fue también testigo de la boda. Su fuerza de voluntad
+triunfó de todos los obstáculos. Estuvo impenetrable. Nadie hubiera
+podido sospechar que aquel tranquilo y alegre testigo de la boda era el
+mismo que había escrito, pocos días antes, las apasionadas palabras que
+ya hemos leído.
+
+El P. Enrique no se olvidó de nada. Habló a doña Luz con el mismo afecto
+de siempre y a D. Jaime con la más amable cordialidad.
+
+No quiso tampoco ser menos que Pepe Güeto y doña Manolita, dejando de
+hacer un presente. Sus medios no alcanzaban para comprar joyas, ni él
+las poseía; pero conservaba aún, a pesar del regalo hecho a D. Acisclo
+cuando vino de Filipinas, varias armas japonesas, chinescas e indias,
+con las cuales se podía formar una bella panoplia, y un extraño ídolo de
+bronce que representaba al dios Siva. Este fue el presente que hizo el
+padre Enrique a don Jaime para que adornase su despacho.
+
+El P. Enrique se había venido a vivir en casa de su tío la víspera de la
+boda, dejando libre la casa de doña Luz, donde ésta se fue a vivir con
+su marido en cuanto se casó.
+
+La luna de miel empezó entonces para doña Luz, no menos dulce y más por
+lo sublime que la de su amiga doña Manolita. Con el trato y la
+convivencia, lejos de menguar la estimación que tenía ella a don Jaime,
+se aumentó de continuo, descubriendo doña Luz en su marido o creyendo
+descubrir nuevas prendas de entendimiento y de carácter.
+
+Sea efecto de la educación o de la naturaleza, lo cierto es que mientras
+al hombre, por lo general, le enoja saber que su mujer, su novia o su
+querida ha tenido otros amores, a la mujer le encanta y enamora más
+saber que su marido o su amante los tuvo. Y esto por recatada que ella
+sea y por celosa que se muestre. En una mujer son las prendas que más
+las honran la honestidad y el recato; en un hombre el entendimiento y el
+valor. De aquí que hasta la doncella más religiosa y moral, lejos de
+mostrar repugnancia por su futuro cuando entrevé que ha sido hombre de
+las que llaman ahora _buenas fortunas_, se entusiasma, se encapricha o
+se apasiona más por él.
+
+Las tales _buenas fortunas_ dan testimonio para ella del mérito del
+galán que tan amado ha sido; prestan mayor valor a que el galán se haya
+enamorado de ella, pues que la ha preferido entre muchas a quienes podía
+rendir o tenía ya rendidas; y hasta parece como que da a ella una misión
+alta y moralizadora y lisonjera, a saber: la de apartar a su amante, en
+virtud de superiores y más puros atractivos, de la senda algo extraviada
+que antes seguía, de darle la jubilación en su empleo de seductor y de
+travieso, y de convertirle en inofensivo, sosegado y juicioso padre de
+familia.
+
+La buena educación, las leyes rígidas del decoro, las que se designan
+con el nombre o frase francesa de _conveniencias sociales_, no
+consienten que un galán se jacte de sus pasadas conquistas ante la mujer
+honrada a quien pretende o a quien ya enamora y posee; pero estas
+conquistas, no reveladas por él y sabidas por ella, contribuyen
+extraordinariamente a que el amor de ella suba de punto. El haber sido
+feliz en amores es y ha sido siempre para el hombre el medio más eficaz
+de seducción. Y esto desde los tiempos heroicos y primitivos hasta
+nuestros días.
+
+Cuando las citadas conveniencias sociales no lo vedaban, los galanes
+empleaban siempre, como recurso para rendir y cautivar corazones, el
+recuento de sus felices amoríos ya pasados. Homero, que lo sabía o lo
+adivinaba todo, nos refiere que hallándose Júpiter en el Gárgaro, que es
+el más alto pico del Ida, Juno fue a verle con el cinturón de Venus
+oculto, en el cual cinturón están los hechizos todos del amor, que roban
+la prudencia a los varones más circunspectos y razonables. Júpiter,
+pues, al ver a Juno, se dejó vencer por la fuerza de aquellos hechizos;
+la requirió de amores con la mayor vehemencia; y no encontró modo mejor
+de someterla a su propósito y deseo que el de citarle todas sus
+travesuras y lances galantes, asegurando que en ninguno de ellos, ni con
+Dánae, ni con Leda, ni con Europa, ni con las demás princesas y ninfas
+que había seducido, se había sentido nunca tan _emocionado_, permítaseme
+la palabrota, como en aquella ocasión. Nada, en efecto, podía lisonjear
+más a Juno que el que Júpiter la dijese que ella tenía mayor poder que
+las otras para _emocionarle_.
+
+Algo de esto, ya que el corazón es el mismo siempre, se realizaba en el
+de doña Luz, sin necesidad de que D. Jaime trajese a cuento sus pasadas
+conquistas, imitando la desvergüenza patriarcal del hijo de Saturno.
+
+Doña Luz sabía que D. Jaime había sido adorado en Madrid; y, al verle
+tan prendado, tan rendido y tan amoroso y humilde, se llenaba de
+orgullosa complacencia, juzgándose mil veces más amada que todas sus
+antiguas rivales. Para completar su satisfacción, hacía además doña Luz
+un deslinde crítico, acerca de este negocio, que rara vez dejan de hacer
+las mujeres de su condición y en sus circunstancias. El amor de D. Jaime
+por las otras mujeres había sido profano y pecaminoso; el que a ella
+tenía era virtuoso y santo; para las otras había nacido de capricho, de
+vanidad, de extravío juvenil o de otras pasiones ilegítimas; para ella
+nacía el amor de D. Jaime del manantial más elevado y puro del alma, el
+cual, con su benéfica corriente, iba purificando el corazón de su amigo,
+borrando de él toda huella y toda mancha de las pasadas culpas y
+dejándole más limpio que el oro. Toda esta santificación y limpieza
+íntima era obra poco menos que milagrosa y sobrehumana del amor de doña
+Luz y del fuego purificante de sus ojos.
+
+Apenas hay mujer, por cándida que sea, que se atreva a decir a nadie
+esto que aquí se apunta; pero las más de ellas, cuando se encuentran en
+la posición de doña Luz, lo sienten y lo creen a pies-juntillas, aunque
+se lo callan por temor de las burlas irreverentes de incrédulos y
+bellacos.
+
+Dimanaba de todo algo como embriaguez de felicidad para doña Luz. Su D.
+Jaime parecíale un Dios; pero un Dios que la adoraba a ella y que había
+de vivir siempre rendido a sus plantas.
+
+De aquí que doña Luz aniquilase y como embebiese su voluntad en la de D.
+Jaime, cediendo a todo lo que él deseaba.
+
+Doña Luz cedió en el empeño de quedarse a vivir en Villafría y consintió
+al cabo en seguir a Madrid a su amigo.
+
+Lisonjeada además y avergonzada de los ricos presentes que él le había
+hecho, quiso también hacerle uno, y entregó a su marido 30.000 reales
+que había ahorrado, a pesar de las muchas limosnas y obras de caridad
+que hacía. Con estos 30.000 rs. que D. Jaime, por más que se resistió,
+tuvo que aceptar para no ofenderla, a más de gastar parte en amueblar la
+casa, dispuso doña Luz que le sacase D. Jaime en Madrid su título de
+marquesa. Lo que nunca había querido cuando soltera lo quiso ahora para
+que su marido fuese marqués, y ella como que le sellase con su propio
+título y sello, juzgando que así le haría más suyo.
+
+Don Jaime, que hasta entonces había vivido en Madrid modestamente en un
+cuartito de soltero, no quería llevar a su mujer a una fonda, ni
+alojarla mal al principio; y, de acuerdo con doña Luz, resolvió ir a
+Madrid solo, pues además le llamaban del Congreso con urgencia; poner
+casa, si bien con economía, como doña Luz llena de juicio se lo
+recomendaba; y, luego que la tuviese puesta, volver por doña Luz a
+Villafría.
+
+Este plan era más de doña Luz que de D. Jaime. Mucho le pesaba tener que
+separarse de su marido, aunque fuese por muy breve tiempo; pero tenía
+grande encanto para ella el que D. Jaime mismo preparase a su gusto la
+casa en que había de recibirla, y donde ella se proponía vivir con
+modestia y sin frecuentar paseos, teatros y tertulias, para no ser
+gravosa gastando. Y no menos la encantaba, no por ella, que en esto no
+tenía vanidad, sino por su marido, el que, cuando ella apareciese en
+Madrid, estuviese el título sacado, y la pudiesen llamar señora
+marquesa.
+
+En suma, a los doce días de casados, durante los cuales, ciega doña Luz
+para cuanto la rodeaba, apenas vio ni habló más que a D. Jaime, éste,
+colmado de abrazos y de caricias, tratando de enjugar las tiernas
+lágrimas que derramaba doña Luz, y mostrándose él mismo muy conmovido,
+salió de Villafría para Madrid, dejando a doña Luz sola en su vetusto y
+noble caserón, donde, según queda ya indicado, había ella hecho
+trasladar todos los muebles, primores y libros, que en casa de D.
+Acisclo habían adornado su habitación antes de la boda.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+Glorioso tránsito
+
+
+Con la ausencia de D. Jaime, que no debía prolongarse más de un mes,
+quedó doña Luz algo melancólica, si bien de dulce melancolía; pero con
+el espíritu más libre y sereno para volver a sus antiguos amigos, en los
+ratos en que a solas no se recreaba con el recuerdo del dueño ausente.
+
+Doña Luz había vivido como en éxtasis, y ahora volvía en sí, y no sólo
+pensaba en su amor y saboreaba toda su ventura, retrotrayéndola
+reposadamente a la imaginación, sino que sentía, según suelen sentir las
+personas todas que se juzgan felices, la necesidad de expansión y el
+prurito de estar amable, como si quisiera hacerse perdonar el bien que
+poseía; bien, que, por ser tan poco y tan raro en la tierra, siempre
+parece que a costa de alguien se disfruta.
+
+Ello es que la tertulia de casa de D. Acisclo volvió a renacer,
+trasladándose a casa de doña Luz.
+
+Los íntimos asistían a ella todas las noches; a saber, don Acisclo, D.
+Anselmo, el cura, Pepe Güeto, su mujer y el P. Enrique.
+
+La pasada animación renació también con la tertulia. Don Anselmo,
+excitado, volvió a desenvolver sus doctrinas de positivismo, y el Padre,
+cediendo a las instancias de doña Luz y de su amiga, volvió a discutir
+con su acostumbrada dulzura, tranquilidad y sosiego.
+
+El P. Enrique ni estaba más pálido, ni más flaco, ni más caído que
+antes. En su voz no se notaba jamás la menor alteración; nada de
+violento ni de atormentado en sus ademanes ni en su gesto.
+
+Doña Luz solía mirarle, y aun examinarle, con inquietud y disimulo; y no
+descubriendo el menor síntoma de la pasión que algunas veces había
+supuesto en él, se sosegaba y alegraba, desechando todo recelo, si bien
+con una sutilísima y apenas perceptible mortificación de amor propio. Se
+diría que doña Luz procuraba taparse los oídos interiores del alma, y
+que, a pesar de esto, oía a veces una voz honda, delgada y penetrante,
+que la zahería, diciendo:
+
+«¿Es posible que hayas sido tan vana que hayas imaginado que te amaba
+este bendito siervo de Dios? ¿No es ridículo que te hayas atormentado de
+puro presuntuosa, calculando los estragos de un mal involuntario que
+suponías haber hecho? ¿No temes que el diablo se ría de ti, y que Dios
+también se ría, si en Dios cabe risa, cuando miren en lo interior de tu
+conciencia y vean cuánto te halagaba, a la par que te asustaba, la fatua
+invención de que ibas a matar de amor y de celos a este pobre fraile?
+Mira qué impasible está. Desengáñate: él piensa en sus devociones, en
+sus libros, en sus estudios, en las obras que escribe, y nada se le
+importa de que estés casada o de que estés soltera. ¡Buen castillo de
+humo levantó tu orgullo! ¡Curiosa leyenda de amores románticos y
+desesperados forjaste allá en tus adentros!».
+
+Doña Luz, al oír esta malvada voz, que era sin duda voz del infierno,
+tenía miedo a que le pesara de que el amor del P. Enrique y sus celos y
+su desesperación fuesen ilusorios.
+
+Por dicha, doña Luz era buena, y era además enérgica y briosa de
+voluntad, y pronto imponía silencio a la voz y apaciguaba en su pecho la
+turbación y alboroto que la voz causaba.
+
+Lo más sano y lo más razonable era dar por seguro que el Padre no había
+pensado en ella jamás sino como se piensa en un prójimo predilecto, y
+que de esto debía ella alegrarse de corazón, y que de esto se alegraba.
+
+Doña Luz, pues, quiso que en lo exterior, en sus relaciones con el
+Padre, en sus conversaciones y trato con él, no se introdujese novedad.
+Toda novedad le parecía acusadora de que antes había habido un
+sentimiento ilícito que ella había extirpado de su alma, y que, si aún
+existía en la del padre, era más ilícito y feo.
+
+Pudo tanto en doña Luz esta idea, que casi extremó más que nunca sus
+muestras de cariño y predilección hacia el P. Enrique. Le tomaba la
+mano, le miraba con indecible ternura, le sonreía embelesada, le
+aplaudía como sentencias punto menos que divinas todas sus frases, y
+buscaba su conversación y se hechizaba con ella.
+
+El Padre tenía el don raro y funesto de ver en el fondo de los
+corazones, y veía en el de doña Luz, y ya, advertido por el desengaño,
+conocía el ningún valor amoroso que todas aquellas demostraciones
+tenían. Pero así la dulzura de las demostraciones como el pensamiento de
+su pertinaz y mal pagado amor le destrozaban el pecho.
+
+¿Qué sabemos si esto procedía de soberbia o de virtud cristiana o de
+ambas cosas a la vez, ya que en el espíritu del hombre se mezclan y
+combinan a veces los buenos y los malos instintos, y combaten ángeles
+buenos y malos, movidos por encontradas razones, y conspirando, no
+obstante, al mismo fin? Lo cierto es, que ni en una queja, ni en un
+suspiro, ni en una mirada, ni en una palabra, por sutilmente que
+quisiera interpretarse, reveló jamás el Padre Enrique, ni dejó entrever
+a los curiosos y ávidos ojos de doña Luz la tempestad oculta en el
+centro de su alma.
+
+No acudir a la tertulia como hasta allí había acudido, e irse del lugar
+o a Filipinas o a otro país cualquiera, apenas doña Luz casada,
+parecíale al padre mísera flaqueza y confesión pública de su pasión
+criminal. Imaginaba que, retrayéndose de todo o fugándose, iba a dar
+escándalo, iba a hacer creer lo que hasta allí nadie tal vez había
+creído. El padre tenía vergüenza de que nadie, vivo él, llegase a
+adivinar su profano amor; pero de nadie tenía más vergüenza que de doña
+Luz.
+
+«Muera yo, Dios mío, muera yo--decía--, antes de que ella sepa que la he
+amado, que todavía la amo».
+
+Para lograr esto, el Padre empeñó consigo mismo la lucha más atroz. Era
+menester más dominio sobre la natural condición para vencer en esta
+lucha que el del esparciata que sin verter una lágrima y sin lanzar un
+quejido se dejó desgarrar el cuerpo por las uñas de una fiera. Ni enojo,
+ni envidia, ni celos, ni amor se propuso mostrar el P. Enrique, sino
+amistad finísima e inalterable como siempre. Y lo consiguió de tal modo,
+que doña Luz acabó por desechar toda sospecha de que el Padre la hubiese
+amado nunca. Entonces le juzgó muerto para cuantos afectos vienen a
+nuestro ser por los sentidos; le creyó inaccesible a cuanto no pasa
+directamente de Dios al espíritu. Así explicaba mejor, dejando a salvo
+su vanidad, que el Padre no la hubiese amado.
+
+Entendía también doña Luz que allá en su pensamiento había ofendido al
+Padre, imaginándosele enamorado. Y así por desagravio, como por la
+superior admiración que su impasibilidad le causaba, como por el
+convencimiento más firme cada vez de que no habría de enamorarle,
+hiciera lo que hiciera, se dejó llevar de su afición a prodigarle
+finezas y a darle las pruebas más lisonjeras de amistad profundísima.
+
+El espíritu es fuerte y lo sufre todo; pero nuestro cuerpo es débil, y
+el espíritu que encerrado en él acomete empresas inhumanas, superiores a
+las fuerzas del cuerpo, acaba por matarle.
+
+Allá en su mocedad, cuando estaba sano y robusto, el Padre había hecho
+grandes penitencias y había sido duro y terrible con su pobre cuerpo.
+Más tarde, fatigado y quebrantadísimo por sus trabajos, cedió al consejo
+y mandato de médicos y confesores, y se cuidó y no abusó. La idea de que
+los excesos de la vida ascética eran como un lento y doloroso suicidio y
+de que rayaba en perversión el deformar y destruir en nosotros la más
+hermosa obra del Todopoderoso, este ser y esta forma de que el alma se
+reviste en la tierra, y que las mismas Sagradas Escrituras llaman templo
+del Espíritu Santo, había acudido a la mente del Padre, moviéndole a
+desistir de materiales mortificaciones.
+
+El Padre desde entonces cuidaba de su cuerpo como cuida el esclavo de
+una prenda, de una máquina que su señor le confía, a fin de que
+sirviéndose de ella haga que la hacienda prospere. Lo que este modo de
+pensar pudiese tener de orgulloso lo disipaba el Padre, concediendo en
+su mente que en absoluto Dios no necesitaba de él para nada; que su ser
+no valía más que el de otro hombre cualquiera; pero que Dios le había
+creado para algo y no para que se destruyese, ya que destruirse era
+infringir una ley divina, turbar o querer turbar el armónico conjunto de
+las cosas, y distraer violentamente una fuerza viva del punto de acción
+que la naturaleza le ha marcado.
+
+Cediendo a todas estas consideraciones, el P. Enrique miraba por su
+salud y por su vida, sujetándose a un régimen ordenado y bueno.
+
+No se hería materialmente, no se atormentaba largo tiempo hacía con
+ayunos, con cilicios y con vigilias forzadas; pero en este combate
+misterioso en que se aventuró, en este silencio y disimulo, en esta
+aparente impasibilidad que adoptó, en esta dominación tiránica con que
+su espíritu angustiado quiso imponer e impuso al cuerpo que no dejase
+traslucir su dolor ni en ayes, ni en llanto, ni en una contracción
+siquiera de los músculos del rostro, ideó el padre, tal vez sin querer,
+el más espantoso de los martirios, verdadera venganza, rudo castigo de
+su culpa, si culpa hubo.
+
+El atleta en la fuga de los más briosos ejercicios, el guerrero mientras
+riñe la más brava batalla, sostenidos por el entusiasmo y por la
+excitación nerviosa, no sienten su cansancio ni llegan a postrarse. La
+postración no sobreviene sino después del triunfo. El soldado de Maratón
+no cayó muerto hasta que dio a los atenienses la nueva de la victoria.
+No de otra suerte el P. Enrique sostenía maravillosamente su papel,
+mientras que estaba en presencia de doña Luz o en presencia de otra
+persona cualquiera. Pero en el retiro de su cuarto, como si se aflojasen
+los resortes que tenían sus nervios en perpetua tensión, solía caer
+desfallecido. Mal ahogados suspiros brotaban de su pecho, en el cual
+sentía opresión dolorosa; tenía vértigos, la vista se le nublaba, se le
+dormían los dedos o notaba en ellos calambres e insólito frío; las
+imágenes y especies que guardaba su memoria se revolvían en confusión;
+le dolía la cabeza y hasta se le trababa la lengua y tartamudeaba cuando
+hablaba con Ramón, su criado.
+
+Repetidos ataques de este género tuvo el P. Enrique, siempre en la
+soledad de su estancia. El Padre tenía algunos conocimientos médicos, y
+él mismo se curaba con auxilio de su criado. Ya se hacía poner
+sinapismos, ya dar fuertes fricciones, ya se aplicaba a la nariz cierta
+hierba, por cuya virtud provocaba una ligera emisión de sangre, ya se
+cubría la cabeza con un lienzo mojado en agua fría.
+
+Cuando se aliviaba de su mal no dejaba nunca de decir a Ramón:
+
+--Esto no ha sido nada. Cállate y no digas a nadie que he estado
+enfermo.
+
+--Bien está, mi amo; contestaba el criado.
+
+Así las cosas, en una mañana, que era la del día décimo después de la
+partida de D. Jaime, el Padre Enrique tuvo un ataque más fuerte que los
+anteriores.
+
+Aquella noche, según contó después Ramón, el padre no había podido
+dormir: había estado agitadísimo. Ramón le había sentido andar a grandes
+pasos por el cuarto. Había acudido de puntillas para que no se enojase
+de que le espiara, y le había visto escribir. Después había vuelto a
+notar que andaba en el cuarto. El padre se durmió, por último, pero con
+un sueño que asustó bastante a su fiel criado; sueño fatigoso,
+acompañado de un ronquido o silbo a manera de estertor. Su rostro estaba
+demudado y más pálido y ojeroso que ordinariamente.
+
+Ramón, con todo, tal respeto tenía a las órdenes que su amo le daba, que
+no se atrevió a llamar al médico. Tampoco se atrevió a despertar al
+Padre.
+
+Este despertó por sí, pero su despertar fue tremendo. Tenía inmóviles
+los músculos de la cara; paralizada la lengua que no podía pronunciar
+palabra alguna; la mirada incierta, y las extremidades del cuerpo
+rígidas y frías como el mármol.
+
+Ramón, desolado y lleno de terror, acudió en busca de D. Anselmo y llamó
+a D. Acisclo para que acompañase a su sobrino.
+
+Don Anselmo vino pronto, y apenas vio e inspeccionó al enfermo, mostró
+en su semblante consternado el cuidado que le inspiraba.
+
+--Sea V. franco, D. Anselmo--dijo don Acisclo--: ¿qué tiene mi sobrino?
+
+--Es un caso muy grave--contestó tristemente el doctor.
+
+--¿Cómo es posible? ¿Quién lo creyera--replicó don Acisclo--, cuando
+ayer estaba tan bueno?
+
+--Usted no lo creyó porque no veía el mal que interiormente le mataba.
+Su sobrino de V. es harto sufrido y sabe disimular. ¡Ojalá no hubiera
+disimulado tanto y hubiéramos podido llegar a tiempo!
+
+--¿Qué, entiende V. que no es tiempo ya?
+
+--Señor D. Acisclo, usted quiere de corazón a su sobrino; pero usted es
+valeroso y entero de alma. ¿Para qué rodeos? Menester es que lo sepa V.
+todo. El Padre se halla en el mayor peligro.
+
+--¿Qué enfermedad es la suya?
+
+--Una enfermedad más rara que en los robustos y sanguíneos, en los
+flacos y entecos, y, por lo mismo, en éstos mucho más peligrosa. Quizás
+asiduos trabajos intelectuales, atroces disgustos, prolongadas vigilias,
+la agitación del alma duramente refrenada y el fuego comprimido de las
+pasiones, obran misteriosamente en nuestro organismo y promueven esta
+explosión: el corazón se hincha, adquiere una fuerza enfermiza e
+irregular, y de repente inunda el cerebro de sangre.
+
+--¿Qué quiere V. significar con todo eso?
+
+--Quiero significar que su sobrino de usted tiene una apoplegía
+fulminante.
+
+Don Acisclo, que amaba a su sobrino, que le consideraba como el
+complemento de la gloria de su familia, de la que él era el otro
+complemento, tuvo un sincero y hondo dolor, y estimuló con súplicas y
+lamentos el celo del médico.
+
+No necesitaba éste de estímulos. Deseaba volver la salud al Padre; pero
+conocía que su situación era desesperada, que sólo un milagro podía
+salvarle, y él no creía en milagros. Humanamente, entre tanto, hizo
+cuanto pudo y supo. No quiso sangrar al enfermo porque le encontraba
+débil en demasía, pero le dio los medicamentos más enérgicos y conocidos
+para estos casos.
+
+A fin de evitar o hacer que cediese la inflamación de las membranas de
+la cabeza, le puso un cáustico en la espalda junto a la nuca, y se valió
+de revulsivos para llamar la sangre y el calor a las extremidades.
+
+Todo, no obstante, fue en vano.
+
+La noticia de la enfermedad del Padre corrió en seguida por el lugar y
+llegó a los oídos de doña Luz, quien vino al instante a verle.
+
+¿Quién sabe los extraños y tristes pensamientos que atormentaban a doña
+Luz, cuando entró en el cuarto donde el padre estaba en cama; en el
+cuarto mismo que ella había ocupado hasta que se casó y donde había
+dormido durante más de doce años?
+
+Silenciosa y grave llegó doña Luz hasta la cabecera. Allí, con la cabeza
+levantada y sostenida por varias almohadas, estaba el Padre sin dar
+señal alguna de conocimiento. Los ojos como dormidos, entornados los
+párpados, muda la lengua. Tal vez sentía, veía y comprendía aún; pero no
+tenía medio de comunicar sus impresiones por carencia de fuerza
+muscular.
+
+Largo rato le miró doña Luz sin pronunciar palabra. Al fin rompió en
+amargo lloro. Se sentó luego en una silla en el más oscuro rincón de la
+alcoba, y permaneció callada y llorando, y procuró que olvidasen su
+presencia allí.
+
+Con la agitación de los tres asistentes del enfermo, hubo un momento en
+que dejaron sola con él a doña Luz.
+
+Ella se alzó entonces de su asiento, y volvió a mirarle con fijeza, con
+obstinación, con atracción invencible, como el viajero cuando va por el
+borde de un precipicio mira el abismo que le atrae, y ansía ver lo que
+hay en lo más hondo y tenebroso de su seno.
+
+Las lágrimas de doña Luz brotaron con mayor abundancia entonces. Creyó,
+como nunca, con más vehemencia que nunca, que aquel hombre y su Cristo
+muerto se parecían. Imaginó, o vio en efecto, que el Padre, inmóvil,
+sentía y comprendía allá en su interior, y que la miraba haciendo un
+esfuerzo para dominar aún, con el brío de la voluntad, los nervios y
+músculos inertes que ya no le obedecían. Entendió, por último, que la
+mirada del enfermo era suplicante, amorosa, tristemente dulce. Por un
+impulso irresistible, hondamente conmovida, casi sin darse cuenta, sin
+reflexionar y sin vacilar también, como no vacila ni reflexiona lo que
+se mueve impulsado por una fuerza fatal, doña Luz acercó suavemente el
+rostro al del Padre, y puso los labios en su frente macilenta, y luego
+en sus dormidos párpados, y luego en su boca, ya contraída, y los besó
+con devoción fervorosa, como quien besa reliquias.
+
+No pudo más doña Luz. Exhaló un ¡ay! agudo y cayó desmayada en el suelo.
+El padre siguió inmóvil como estaba antes.
+
+Don Anselmo, D. Acisclo y Ramón acudieron en seguida.
+
+--¡Qué disparate!--dijo don Anselmo--. ¿Cómo hemos dejado aquí sola a
+esta señora? Esta señora es muy vehemente, y no conviene que esté aquí.
+Además, el enfermo necesita soledad.
+
+Doña Luz se recobró a poco, y sin resistirse a las últimas palabras de
+D. Anselmo, que pudo oír y entendió bien, salió del cuarto del Padre.
+
+Tres horas después el P. Enrique había dejado de existir.
+
+Raro es el ser humano cuya memoria sobrevive largos años a la muerte. El
+tiempo acaba con el duelo, la tierra consume el cadáver y el olvido
+devora los recuerdos. Pero siempre o casi siempre, a poco de morir,
+sobreviene para todo hombre el momento de mayor indulgencia, afecto y
+estimación que le concede el mundo. Los que no se percataban del vivo
+por insignificante, piensan en él cuando muerto, pues con morir hace lo
+más digno de conmemoración de su vida; _realiza su esencia_, como dicen
+los filósofos a la moda: los que le envidiaban deponen la envidia; los
+que le odiaban el odio; los que estaban hartos de verle se alegran
+interiormente con que ya no le verán, y para desagraviarle de esta
+alegría, y evitar que venga por la noche, en pena, a tirarles de los
+pies, hacen de él los mayores encomios; todos sus defectos desaparecen
+por lo pronto, como si se hundiesen en el sepulcro, y sólo se ven sus
+perfecciones; en resolución, el muerto se reconcilia muriéndose con casi
+todo el género humano, por lo mismo que se va y deja siempre algo que
+heredar: cuando no quintas y palacios, un puesto al sol para pedir
+limosna.
+
+Sea como sea, con la muerte del Padre, de quien, salvo la tertulia,
+nadie hacía ya caso en Villafría, hubo en todo el lugar una
+recrudescencia de cariño y de entusiasmo hacia él. Se dieron a admirarle
+y a celebrarle mil veces más que en el día de su llegada. Por lo mismo
+que apenas le habían tratado, la imaginación vulgar pudo inventar y
+fantasear a su antojo. Se ponderaron sus virtudes. Se sacaron a relucir
+muchas obras de misericordia que en efecto había hecho. Se bordó la
+sencilla historia de su muerte con mil pormenores que tocaban en lo
+maravilloso. Hubo beatas que supusieron que el mismo Padre había
+anunciado con exactitud el día y la hora de su glorioso tránsito, y no
+pocas acreditaron que había muerto en olor de santidad y que don Acisclo
+debía tratar de canonizarle, enviando a Roma con este fin un expediente
+bien claveteado.
+
+Algunas personas incrédulas del lugar querían dar a entender que todo
+esto se decía para adular a don Acisclo, el cual lamentó de verdad la
+muerte del sobrino y le elogió en todos los tonos que él podía emplear.
+
+Por lo demás, incrédulos y crédulos, ora por hacer coro a D. Acisclo,
+ora porque así lo sintiesen, todos convenían en que el muerto había sido
+lo que se llama un bello sujeto, lleno de discreción y de bondad, y
+hasta santo, entendiendo cada cual la santidad a su manera.
+
+Nadie, sin embargo, lloró con más ternura, tuvo más honda pena por la
+muerte del P. Enrique que la persona que tenía o creía tener indicios de
+que él no había sido santo del todo. Doña Luz durante los primeros días
+estuvo desolada.
+
+Acrecentaban su pena singulares cavilaciones. Por una parte cierto
+orgullo, cuando volvía a creer que ella le había infundido una pasión
+homicida, y luego el horror que le causaba dicho orgullo; por otra parte
+la confusa sospecha y el vago remordimiento de que ella por instinto
+abominable, aunque sin reflexión, había provocado y hecho nacer aquel
+extravío en alma antes tan tranquila y dichosa; y por último la duda de
+que todo fuese sueño de su vanidad. ¿No podía doña Luz haberse forjado
+una novela? ¿Qué le había dicho el Padre para que le creyese enamorado?
+¿Se había muerto de amor o de apoplejía? La romántica, la sentimental
+era ella, que le había besado locamente cuando expiraba.
+
+«¿Si habré sido yo la liviana, la sandia y la extravagante? ¿Si habré
+estado enamorada del fraile, que no pensaba en mí sino con inocente y
+sencillo afecto paternal?».
+
+Al cavilar así doña Luz se llenaba de vergüenza y temblaba como una
+azogada y se enojaba contra sí misma, juzgándose delincuente, loca y
+hasta infiel.
+
+Mientras pasaba esto en el ánimo de doña Luz, don Acisclo repartió entre
+sus hijos o guardó para sí los pocos y pobres objetos que el Padre había
+dejado, y que más habían de conservar como sagrada memoria que por el
+escaso valer que tuviesen.
+
+En esta partición reservó D. Acisclo para doña Luz los pocos libros que
+el fraile poseía.
+
+No ignoraba D. Acisclo que el padre estaba escribiendo una obra y hasta
+pensó en que podría él darla a la estampa, aunque hubiese quedado
+incompleta. Buscó, pues, el manuscrito, le halló, y considerando que las
+dos únicas personas capaces de entender en el lugar aquello que él
+llamaba una _monserga_ eran D. Anselmo y doña Luz, y que D. Anselmo por
+ser impío no apreciaría tan bien la _monserga_ como doña Luz, que era
+creyente, no titubeó en llevar el manuscrito a doña Luz, sin abrir
+siquiera sus páginas, porque le estorbaba lo negro, como no fuesen
+cuentas en que él saliera ganando y con alcances a su favor.
+
+Doña Luz recibió con veneración el manuscrito del Padre, y no bien D.
+Acisclo la dejó sola, le abrió con ansiosa curiosidad y se puso a
+leerle. En su impaciencia hojeaba y recorría todas las páginas,
+devorando al vuelo su contenido, procurando comprender el conjunto, y
+dejando para después el leerlo todo con detenimiento.
+
+A poco de hojear, dio doña Luz con las hojas sueltas. Su vista se fijó
+en ellas. El corazón le dijo que algo de muy interesante encerraban.
+
+Entonces las leyó con pausa, con interrupciones, con muy frecuentes
+interrupciones, porque el llanto se agolpaba en sus ojos y la cegaba y
+no le consentía que leyese.
+
+En cada una de estas inevitables interrupciones, en voz baja como si
+temiera ser oída, con las palabras entrecortadas por los sollozos,
+exclamaba doña Luz:
+
+--Era cierto. Era cierto. ¡Me amaba, Dios mío! ¡Cuánto, cuánto me amaba!
+
+A lo último, más allá y después de lo que conocemos, la víspera de su
+muerte, el P. Enrique había escrito lo que sigue, que también leyó doña
+Luz:
+
+«Estas páginas, si no las rasgo o las quemo, irán indefectiblemente,
+después de morir yo, a las hermosas manos de ella. Ya entonces no me
+avergonzaré de que ella sepa mi amor. Perdona, Dios mío, mi nueva culpa.
+Quiero que ella le sepa. ¿En qué el saberlo podrá turbar la dicha y la
+paz de su noble vida? Ella me ha amado, ella me ama como un ángel ama a
+un santo, y yo la he amado como un hombre ama a una mujer. Sería yo
+hipócrita si no le revelase que no merezco su amor angelical; que yo la
+amaba como ama un pecador. Es menester para mi eterno reposo que ella me
+perdone por haber convertido en veneno el bálsamo y su afecto inocente
+en incentivo vicioso; por haber alimentado con la purísima luz de sus
+ojos este fuego del infierno que me abrasa y que mancha lo limpio de su
+imagen que llevo grabada en el alma. A pesar tuyo, Dios mío, a pesar
+tuyo y en contra tuya, la llevo grabada con rasgos indelebles. Todo el
+brío de mi voluntad, toda la fuerza del cielo, todas las penas del
+infierno no podrán arrancarla de allí. Doña Luz y el amor de doña Luz
+viven vida inmortal en mi espíritu».
+
+Al terminar la lectura, el dolor de doña Luz se hizo más agudo; las
+lágrimas acudieron más abundantes a sus ojos; los sollozos parecía que
+iban a ahogarla; pero, como luce el iris entre las nubes negras, una
+dulce sonrisa de triunfo y de gratitud por aquel amor, que sólo perdón
+solicitaba, brilló en los rojos y frescos labios de la gentil señora.
+
+
+
+
+-XIX-
+
+La embajada de D. Gregorio
+
+
+La tristeza de doña Luz, pasados algunos días, tuvo más de dulce que de
+amarga: aunque no dejaba de ser tristeza, estaba mitigada por la
+satisfacción que sentía doña Luz de haber inspirado tan viva simpatía;
+por la declaración, hecha por el mismo Padre, de que ella no había sido
+coqueta, y por la absolución, que ella misma se daba, después de hacer
+un examen de conciencia muy rigoroso.
+
+Doña Luz no tenía la culpa de aquel amor que agradecía, ni de aquella
+muerte que lamentaba.
+
+Su amistad, admiración y veneración al Padre no podían haber sido
+mayores.
+
+Si el Padre le hubiera inspirado otro más vivo sentimiento, ella hubiera
+pecado contra Dios, contra el mundo, contra su honra y contra su decoro.
+
+En cambio, su amor a D. Jaime era legítimo, correcto, conforme a la
+clase y posición de ella, y fundado, por último, en causas no menos
+poéticas que el amor que por el P. Enrique, si hubiese sido lícito,
+hubiera ella podido sentir.
+
+A fin de fortalecer y magnificar las causas poéticas del amor que tenía
+a D. Jaime, doña Luz estimó muy alto el de D. Jaime hacia ella. Su
+desinterés era evidente. Él hubiera hallado a cientos los partidos
+mejores en Madrid. Hubiera tenido con facilidad mujer con título y con
+rentas, a poco que la hubiera buscado. Don Jaime había sin duda
+desdeñado por ella las más brillantes bodas. Luego la adoraba don Jaime.
+Y D. Jaime, elegantísimo, de noble familia, lleno de porvenir, honrado y
+respetado ya como hábil capitán y soldado valeroso, podía enorgullecer a
+cualquiera mujer a quien diese su nombre y su mano. D. Jaime, además,
+era joven aún, gallardo y arrogante de figura, discreto y ameno. Las
+cartas que escribía doña Luz desde Madrid mostraban bien su amor por lo
+tiernas y cariñosas, y su ingenio y su chiste, por lo bien escritas y
+por las gracias y lances que contenían.
+
+Doña Luz, pues, en vista de todo lo expuesto, convino consigo misma en
+que estaba enamoradísima de su marido, en que tenía razón para estarlo y
+para haberse casado con él, y en que su amistosa ternura por el Padre y
+las lágrimas que vertía por su muerte, y hasta los besos que le había
+dado, eran de orden tan distinto, que en nada se oponían ni alteraban,
+ni modificaban en un ápice, ni aflojaban en un solo punto el lazo
+amoroso y matrimonial que a D. Jaime la ligaba.
+
+Pocos días faltaban ya para que D. Jaime volviese por ella. Ya había él
+tomado casa a propósito, y casi la tenía amueblada. Ya había sacado el
+título. Ya podían ambos esposos llamarse los marqueses de Villafría. D.
+Jaime iba a llegar dentro de aquella misma semana, y era ya miércoles.
+
+Doña Luz estaba en su cuarto, acababa de volver de misa, y había rezado
+con fervor por el alma del P. Enrique, en quien de continuo y tierna y
+melancólicamente pensaba, cuando entró Juana, la doncella, y dijo:
+
+--Señora, un forastero quiere hablar con usía.
+
+--¿Su nombre?
+
+--Don Gregorio Salinas.
+
+--No le conozco. ¿Qué facha tiene?
+
+--Más bien buena que mala. Viene muy decentemente vestido, aunque de
+viaje. Se conoce que acaba de llegar. Es chiquitín, regordete, colorado
+como una remolacha, y se sonríe como si estuviese contento. Está, sin
+embargo, de luto.
+
+--Mira, Juana, yo no tengo gana de recibir visitas. Dile que me duele la
+cabeza, que vuelva otra vez si tiene algo importante que decirme, que
+hoy no recibo.
+
+Juana salió a dar el recado, y volvió en seguida con una carta que puso
+en manos de doña Luz.
+
+--Don Gregorio Salinas--dijo Juana--, me acaba de entregar esta carta,
+asegurando que será admitido en cuanto usía la lea. Dice que la carta es
+su credencial.
+
+Doña Luz, no bien tomó la carta y miró el sobrescrito, se quedó
+maravillada. Reconoció la letra de su padre.
+
+La abrió precipitadamente, y miró la firma. Era de su padre también.
+
+Leyó enseguida la fecha y vio que la carta estaba escrita hacía más de
+quince años.
+
+La carta era lacónica. No contenía más que estas palabras:
+
+«Querida hija: El portador de esta carta será don Gregorio Salinas,
+escribano de Madrid, persona de toda mi confianza. Da entero crédito a
+cuanto te diga; óyele y atiéndele; y acepta y recibe sin el menor
+escrúpulo lo que te ofrezca y entregue».
+
+--Que pase adelante ese caballero--dijo doña Luz.
+
+Juana fue a buscarle, y D. Gregorio entró en la salita en que doña Luz
+estaba.
+
+Después de los cumplimientos de costumbre, sentados doña Luz y su hasta
+entonces desconocido huésped en cómodas butacas, habló éste, con reposo
+y como quien tiene mucho que decir, de la manera siguiente:
+
+--Ya sabe usía que me llamo Gregorio Salinas. Ahora soy escribano y no
+estoy mal de bienes de fortuna. Hace ventiocho años era yo un pobre
+estudiante, sin una peseta en el bolsillo; pero, en cambio, ni estaba
+gordo, ni tenía canas, ni calva, ni arrugas, y las gentes afirmaban,
+perdone usía la inmodestia con que lo recuerdo, que era yo un bonito
+muchacho, listo y gracioso. Nada tiene de extraño, por consiguiente, que
+se enamorase de mí una mujer del sobresaliente mérito de mi Joaquina.
+Esta Joaquina es mi esposa, para servir a usía. Quiere mucho a usía y le
+manda conmigo mil respetuosas y cariñosas expresiones.
+
+--Mil gracias--dijo doña Luz, interrumpiendo a don Gregorio--. Deje V.
+el tratamiento y llámeme de usted, y perdóneme además si le digo con
+franqueza que aligere su cuento porque me muero de curiosidad.
+
+--Tenga V. calma, señora marquesa; tenga V. calma. Yo le prometo no ser
+prolijo ni enojoso. Iré al grano. No crea usted que nada de lo que digo
+es a humo de pajas. Todo se necesita para que V. se entere.
+
+--Vamos, siga V., y le repito que perdone mi interrupción.
+
+--Pues, como iba diciendo--prosiguió D. Gregorio--, mi esposa es ahora
+una matronaza fresca y guapetona todavía, si bien los años no pasan en
+balde. Cinco hijos me ha dado como cinco soles. Todos están a las
+órdenes de V., señora marquesa. En aquel entonces, cuando el noviazgo,
+era mi Joaquina una moza de lo más selecto que se paseaba por Madrid, y
+servía de doncella a cierta dama de las más encopetadas, cuya privanza
+tenía por completo y todos cuyos secretos más íntimos poseía.
+
+--¿Y cómo se llamaba esa dama?
+
+--La Exma. Sra. Condesa de Fajalauza.
+
+Doña Luz, como quien oye un nombre que por vez primera suena en sus
+oídos, se encogió de hombros y se calló. D. Gregorio siguió hablando:
+
+--Mucho debemos mi esposa y yo a esta señora. Ella nos casó, ella nos
+protegió, y ella nos dio los medios conducentes para llegar al punto de
+bienestar y prosperidad a que hemos llegado. Dios se lo pague y se lo
+aumente de gloria. Bien se lo merece, porque, al fin, si alguna falta
+cometió, tuvo en este pícaro mundo su purgatorio. La Condesa estaba
+casada con el señor más terrible que se ha conocido en nuestros días.
+Todos le temblaban, empezando por su mujer. Había tenido varios lances
+de los que llaman de honor, y pesaban tres muertes y varias heridas
+sobre su conciencia. Tenía fama de tan diestro, que se le creía capaz de
+matar de un pistoletazo un mosquito que pasase volando a cincuenta varas
+de distancia, y de atravesar de una estocada al propio diablo que se
+pusiese a reñir con él. Añádase a esto que el Conde era celoso como un
+turco, y no porque amase mucho a la Condesa, sino por otros motivos. La
+pobrecita Condesa no le había dado ninguno durante ocho años de
+matrimonio. Aquella señora era una santa; muy sufrida, muy prudente y
+muy buena cristiana.
+
+Doña Luz empezó a dar visibles muestras de interesarse en la narración.
+Don Gregorio siguió diciendo:
+
+--La Condesa aportó al matrimonio cuantiosos bienes. Malas lenguas han
+dado en propalar que el Conde, al casarse con ella, no tuvo en cuenta
+sino su negocio. Nada de amor. La condesa se casó casi niña, excitada a
+ello por su madre, y sin comprender toda la trascendencia de aquel paso.
+A poco murió su madre, y la huérfana, sin hermanos ni parientes
+próximos, se vio sola en el mundo, frente a frente de aquel tirano, que
+más debiera llamarse tal que no esposo y compañero.
+
+No tenía la Condesa razón alguna para amar ni respetar a su marido; pero
+amaba la limpieza de su fama, y temía a Dios y veneraba los preceptos
+morales y religiosos. Nada, como he dicho, hubo que censurar en ella en
+los primeros ocho años de matrimonio. Vivió resignada como una mártir.
+Ni siquiera tuvo el consuelo y el refugio que tienen otras mujeres,
+consagrando su corazón al amor maternal. El maldito enlace fue estéril.
+Los condes de Fajalauza no tuvieron hijos.
+
+Un asunto de grande interés reclamó por aquel tiempo la presencia del
+Conde en Lima. No convenía confiar a nadie el asunto que allí tenía y
+que importaba una suma archi-respetable. La condesa se hallaba muy
+delicada de salud y no podía acompañar a su marido en tan larga
+navegación. El Conde, después de muchas vacilaciones, resolvió ir solo.
+Fue, pues, y estuvo en el Perú cerca de año y medio.
+
+Durante la ausencia del Conde no se presentó la Condesa en reuniones ni
+en teatros; vivió bastante retirada, pero no faltaron galanes y
+pretendientes que procurasen hacerse amar de ella. La Condesa los
+desdeñó a todos. Hubo uno, sin embargo, dotado de prendas tan raras y
+brillantes, tan enamorado o fingiendo con tanto arte que lo estaba, tan
+discreto, buen mozo y seductor, que acertó a cautivar el alma de la
+desdichada Condesa. Contribuyó mucho a este resultado, como sucede
+siempre, la fama de conquistador que ya tenía el galán. Nada puede tanto
+con las mujeres como el considerar que aquel que las pretende desdeña
+por su amor el de otras mujeres a la moda, jóvenes, hermosas, ricas y
+distinguidas.
+
+En suma, y como quiera que ello sea, la Condesa amó al galán, y fue tal
+su pasión que se dejó vencer a pesar de sus severos principios.
+
+Estas relaciones estuvieron envueltas en el misterio más impenetrable.
+Sólo mi Joaquina tuvo noticia de ellas. La Condesa era una mujer
+singular. Arrastrada por la violencia irresistible de su afecto, veía a
+solas a su amigo, y luego lloraba como la Magdalena, rezaba, abominaba
+de sí misma como si se creyese el ser más abyecto y vil, y desesperaba
+hasta de que Dios la perdonase.
+
+En esta refriega espiritual, entre la culpa y el arrepentimiento, estuvo
+ella hasta que volvió su marido.
+
+El secreto había sido tal, que nadie había dicho ni sospechado lo más
+mínimo.
+
+El Conde, a pesar de todo, era suspicaz y receloso, y sospechó algo
+desde el día de su vuelta. Tal vez la agitación de su mujer; la
+repugnancia en que ella trocó la frialdad con que antes le recibía;
+algunas palabras, algunos suspiros, algún ¡ay! delator que le oyó en
+sueños, bastaron a ponerle sobre la pista.
+
+Una noche, mientras dormía la condesa, su marido se apoderó de la llave
+del escritorio de su mujer y registró detenidamente cuanto en él
+encerraba. La Condesa había cometido la imprudencia de conservar las
+primeras cartas que le escribió su amante y el Conde pudo leerlas. Por
+dicha, estas cartas no probaban la completa complicidad de la Condesa.
+Hasta podía ella haberlas conservado, no por amor a quien las escribió,
+sino por vanidad y como testimonio de haber sido tan amada. Las cartas
+bastaron, no obstante, para que el Conde tuviera escenas espantosas con
+su mujer. Si las cartas le hubiesen probado su culpa, el Conde la
+hubiera asesinado. Como las cartas no eran más que un indicio, el Conde
+se limitó a atormentar a su mujer y a desconfiar de ella y a vigilarla.
+Con un pretexto plausible se trajo a vivir en su casa a una hermana
+solterona que tenía, la cual era una furia del infierno. Esta mujer fue
+desde entonces la espía, la acompañante, la dueña, la negra sombra de la
+Condesa.
+
+En cuanto al galán, cuyo nombre descubrió el conde por las cartas,
+también las cartas le costaron caras. El Conde, a fin de que nadie se
+enterase y procurase inquirir el motivo, buscó al galán y le obligó a
+reñir con él a la espada, sin ninguno de los trámites y formalidades del
+duelo. El galán quedó mortalmente herido en su propia casa, y sólo por
+un milagro de la cirugía pudo salvar la existencia.
+
+--Sabía ese lance de mi padre--dijo doña Luz--, pero ignoraba quien fue
+su adversario y la causa del lance. Prosiga V., Sr. D. Gregorio.
+
+--Ya que sabe V. que el galán era el señor Marqués, su padre de V.,
+seguiré este relato designándole con su nombre. Si alguna frase se me
+escapa que pueda lastimar, aunque sea levemente, la memoria del señor
+Marqués, doy a V. desde luego un millón de excusas.
+
+Doña Luz hizo un gesto y movió la cabeza como si quisiera indicar que
+las excusas estaban aceptadas de antemano.
+
+D. Gregorio continuó:
+
+--El terror que le inspiraba su marido, la vigilancia del argos con
+faldas que tenía en su cuñada y su propio arrepentimiento, hicieron que
+la Condesa no volviese a ver en secreto al Marqués. Este desechó de su
+alma, con el andar del tiempo, amor tan peligroso y ya imposible o casi
+imposible de satisfacer, y se distrajo con más fáciles amores.
+
+Todo lazo se hubiera roto, toda relación y comunicación entre el Marqués
+y la Condesa hubieran dejado de ser para siempre, si el cielo no hubiera
+dispuesto que quedase un recuerdo vivo del amor y de la culpa de ambos;
+un ser que los unía y por cuyo destino y porvenir ambos debían velar
+igualmente.
+
+--Y mi madre--exclamó entonces doña Luz--, ¿no pudo nunca volver a verme
+desde que volvió de Lima su marido?
+
+--Pudo volver a ver a V. de lejos, pero nunca abrazarla ni besarla ni
+hablarla. Su pensamiento, sin embargo, estaba siempre con V.
+
+--¡Infeliz madre mía!
+
+--La Condesa sabía de V. por mi Joaquina. Por mi Joaquina se entendía
+también con el Conde en todo aquello que a V. importaba, único asunto
+que ya se trataba entre el Marqués y la Condesa.
+
+Usted, señora Marquesa, vivió primero en mi casa, cuidada por mi
+Joaquina. Nuestra costurera, una tal Antonia Gutiérrez, que había tenido
+un desliz y cuyo hijo había muerto, fue nodriza de V. Después murió
+también la costurera, y yo arreglé de modo, con la venia de los
+parientes de la chica, que V. pasase por su hija, a fin de hacer la
+legitimación. En todo esto, por conducto de mi Joaquina, intervenía la
+señora Condesa, que estaba hasta cierto punto contenta al considerar que
+V. iba a llevar el nombre y el título del Marqués y a heredar sus
+bienes.
+
+A poco de volver el Conde a Madrid y después del duelo, nos entró a
+todos mucho terror de que el Conde llegase a entender que existía V. y
+quién V. era; y el Marqués, no bien se restableció de la herida, la sacó
+a V. de mi casa con harto dolor nuestro y mayor aún de la Condesa, y
+puso a V. en casa de una señora de situación algo equívoca. Mientras
+estuvo V. en aquella casa, la Condesa estuvo muy incómoda. Sólo sosegó
+cuando a puras súplicas suyas, interpuestas por Joaquina, el Marqués se
+la llevó a V. a su casa, primero bajo el cuidado de una buena mujer, y
+más tarde con un aya inglesa, la cual vino porque la condesa se empeñó
+en que viniese.
+
+El Marqués, entre tanto, lejos de sentar con los años, no hacía el menor
+caso de aquellos sabios refranes que dicen: _--quien quisiere ser mucho
+tiempo viejo, comiéncelo presto, y el viejo que se cura cien años dura_.
+Lejos de rezar con él estos refranes, más bien podía aplicársele aquel
+otro, y perdone V. señora Marquesa que se le aplique, pero casi lo pide
+a voces la narración: _mientras más viejo más pellejo_. Pretendo
+significar con esto que el señor Marqués, en vez de enmendarse con la
+edad, se hizo más cortejante, jugador y amigo de jaleos de toda laya, lo
+cual mortificaba mucho a la señora Condesa. El amor, por el cual ella
+había sacrificado tanto, honra, reposo y bienestar, sólo había sido para
+el Marqués un episodio, una aventura, un lance más o menos agradable o
+divertido, entre los muchos de su vida. Esto dolía en extremo y
+atormentaba a la Condesa. Pero había otra consideración que le dolía
+más, que la tenía llena de sobresalto, y que, agravándose cada día,
+llegó a ser para la Condesa un tormento continuo.
+
+El Marqués caminaba precipitadamente a su total ruina: estaba empeñado
+hasta los ojos; la usura consumía ya lo mejor de sus rentas. Era seguro
+que el Marqués acabaría su vida en la miseria. ¿Qué sería entonces de su
+hija doña Luz, huérfana, sin amparo y sin recursos?
+
+Lo peor era que la Condesa no podía socorrer a su hija mientras su
+marido viviese. Antes de que el Conde hubiese tenido el más leve indicio
+de su culpa, la Condesa había gozado de un asomo de independencia y
+libertad. Después la Condesa, más que esposa, vino a ser esclava. Un
+grito, una palabra dura, un gesto amenazador de su marido bastaban a
+aterrarla.
+
+El Conde, a más de ser celoso, era avaro, y la Condesa no podía disponer
+de un real sin dar estrecha cuenta de todo, justificando la inversión
+hasta de la más pequeña suma.
+
+La viveza cruel de su imaginación le representaba del modo más exagerado
+el infortunio que presentía. Soñaba que su hija estaba en la desnudez,
+sin hogar, humillada y empleada en los más viles menesteres, y ella
+nadando en la opulencia y sin poder acudir en su auxilio.
+
+¿Cómo darle algo sin que lo supiese el Conde? Y con saberlo el Conde,
+sabría su delito y su oprobio, y se presentaría como juez severo e
+irritado, y con una sola palabra de desprecio la mataría.
+
+La Condesa, atormentada por su conciencia a par que anonadada por el
+miedo que tenía al Conde, deseaba la muerte para descansar, y sin
+embargo, ansiaba vivir, y singularmente sobrevivir a su marido.
+
+Mientras él viviese, la Condesa conocía que no tendría valor para hacer
+nada en favor de su hija. Ni por donación, ni por testamento, en la hora
+de su muerte, hallaba medio para compartir con la que era su propia
+sangre o para legarle al menos bienes que eran suyos y no del tirano que
+la atormentaba.
+
+La Condesa, pues, se sometió a la voluntad del Altísimo y esperó
+tranquila, y esforzándose por no desearla, la muerte de su marido, antes
+que la suya llegase. Para el caso de que así sucediera, formó la firme
+resolución de dejar por testamento a los parientes de su marido, en
+fincas y alhajas, todo aquello en cuya adquisición y dominio pudiera
+suponer la conciencia más escrupulosa que el Conde había sido parte;
+dejar algunas mandas importantes a personas que la hubiesen servido
+bien, como, por ejemplo, a mi Joaquina; y el remanente de sus bienes, en
+fondos públicos todos, cuyos títulos estaban y están aún en varios
+Bancos y casas de comercio, dejárselo por entero a su hija.
+
+El Marqués supo por Joaquina esta resolución de la Condesa; y, cuando
+acosado por los acreedores, embargado y vendido cuanto poseía a fin de
+pagar sus deudas, tuvo que retirarse a este lugar, me dejó escrita la
+carta que he hecho entregar a V. para que me sirviera de introducción.
+La carta, hasta que ocurriese el caso hipotético que se preveía, había
+de estar en mi poder sin que nadie lo supiese. Y así ha estado la carta.
+
+Muerto el Marqués, no existían en el mundo sino tres personas sabedoras
+del propósito de la Condesa de dejar a V. por heredera.
+
+--¿Y quiénes eran esas tres personas?--preguntó doña Luz con el mayor
+interés.
+
+--La misma Condesa, mi mujer, que es sigilosa hasta lo sumo, y un
+servidor de V., señora Marquesa.
+
+--¿Y nadie más?
+
+--Nadie más.
+
+--¿Está V. seguro?
+
+--Lo estoy.
+
+Don Gregorio continuó luego su narración en estos términos:
+
+--El cielo quiso que se cumplieran, no diré los deseos, los planes de
+nuestra bienhechora. El Conde murió hace poco más de mes y medio. Cosa
+de milagro parece el que la Condesa, tan padecida y acabada como se
+hallaba, pudiese sobrevivirle. La fuerza de voluntad vale mucho. La
+Condesa sobrevivió, se diría que expresamente para cumplir su resolución
+y morir también luego.
+
+--¿Ha muerto mi madre?--exclamó doña Luz con lágrimas en los ojos.
+
+--Ha muerto.
+
+--¡Y sin llamarme a sí, sin verme, sin darme un abrazo!...
+
+--La Condesa lo ansiaba, pero al propio tiempo lo temía. Se avergonzaba
+de llamar a sí a quien al presentarse como madre tenía que declarar su
+culpa, y, ella lo decía, su deshonra. Dudaba de que una hija, a quien,
+fuese por lo que fuese, ni había criado, ni visto, ni acariciado nunca,
+la pudiese querer. Recelaba hallar frialdad, tibieza al menos, en su
+hija. No creía en la misteriosa fuerza de la sangre. En ella sí, porque
+sabía que su Luz vivía, porque la había estado amando durante tantos
+años; pero en su Luz, a quien se le revelase de repente que tenía madre
+en Madrid, ¿qué cariño súbito, qué ternura podía esperar? Esto, al
+menos, pensaba la señora Condesa. Y sobre todo, por lo mismo que amaba a
+su hija, tenía vergüenza, le causaba sonrojo la idea sólo de presentarse
+a ella. El qué dirán, el temor de que la gente se enterase, era también
+rémora de su deseo. Por último, la Condesa, a poco de muerto su esposo,
+cayó en cama con una grave enfermedad, y apenas tuvo tiempo para tomar
+sus disposiciones y cumplir lo prometido. Después vivió algunas semanas,
+pero trastornada, sin pleno conocimiento ni memoria de las cosas y de
+las personas. Luego murió.
+
+Doña Luz dio muestras de verdadero dolor y de emoción profunda. Don
+Gregorio permaneció algunos minutos en silencio religioso, y respetando
+aquel tributo de pena dado por una hija a la memoria de una mujer, a la
+cual (si bien no la había conocido) debía la vida.
+
+Después dijo D. Gregorio, tomando ya la entonación fría del hombre de
+negocios:
+
+--Señora Marquesa, yo soy albacea de la difunta y fideicomisario con
+expreso fideicomiso en favor de usted. Todo está ya en regla, porque yo
+no me duermo. Todo se va ordenando del modo más a propósito para que se
+hable, se comente y se murmure lo menos posible. Las mandas están
+repartidas; mi mujer ha tomado una linda suma: los parientes del Marqués
+han recibido joyas, dinero y fincas. Queda aún por entregar lo mejor de
+la herencia. Tengo en mi poder los papeles y documentos que acreditarán
+a V. como propietaria de los fondos públicos que tenía la Condesa en
+diferentes casas de banco de París, Londres y Francfort. Todo ello
+importa no recuerdo cuánto en valor nominal, pero en efectivo asciende a
+la friolera de diez y siete millones de reales vellón y un piquillo.
+Cuando la señora Marquesa guste, le haré la entrega y se enterará de
+todo por menudo.
+
+--Señor D. Gregorio, ya V. sabrá que estoy casada. Aguardaremos a que
+venga mi marido para aceptar la herencia. Él se entregará de todo como
+dueño y señor. Dentro de tres o cuatro días vendrá de Madrid. Entre
+tanto, esta casa es bastante grande para que V. se hospede en ella.
+
+El Sr. D. Gregorio Salinas aceptó la invitación, juzgándose muy honrado,
+y trasladó a un cuarto, que le prepararon en el caserón de doña Luz, la
+maleta que había dejado en la detestable posada del lugar.
+
+Doña Luz, en tanto, aunque triste por la muerte de su madre y por la
+historia melancólica que había oído contar, cedía a la flaca condición
+humana, y se alegraba de verse tan rica. Y lo que más la complacía era
+pensar en todos aquellos millones como en un espléndido presente, poco
+menos que llovido del cielo, que ella iba a hacer a su D. Jaime, cual
+merecido premio del amor desinteresadísimo con que él le había dado su
+mano y su nombre.
+
+
+
+
+-XX-
+
+La carta misteriosa
+
+
+La llegada de un forastero, con especialidad si el forastero gasta
+levita y _colmena_, esto es, sombrero de copa alta, es siempre un
+acontecimiento extraordinario en todo lugar de tierra adentro en
+Andalucía. La curiosidad se excita vivamente, y no hay nadie que no
+pregunte: «¿A qué habrá venido por aquí este señor?».
+
+Esto preguntaban los _villafrianos_ o _villafriescos_ apenas vieron a D.
+Gregorio. Y la curiosidad se decupló, o poco menos, cuando se supo que
+el tal don Gregorio había ido a albergarse en casa de doña Luz.
+
+A más de la curiosidad, siempre se despiertan en las poblaciones
+pequeñas otros sentimientos más nobles con la llegada de cualquier
+forastero: el de la sociabilidad y el de la cortesía.
+
+Los señores del pueblo se apresuran a visitar al forastero y a ponerse a
+sus órdenes; y así lo hicieron con D. Gregorio los principales magnates
+o próceres de Villafría.
+
+Claro está que la visita, aunque por cortesía se haga, no es menester
+que se encierre dentro de los límites de la mera cortesía. _Lo cortés no
+quita lo valiente_; y, por lo tanto, se dirigen al recién venido cuantas
+preguntas importan para indagar quién es, a qué viene y qué se propone.
+
+En cambio, se suele informar al forastero, aunque nada pregunte, de
+cuanto ocurre en el lugar, exagerando por fachenda la riqueza y
+prosperidad de sus habitantes.
+
+De esto último estaban muy curados y escarmentados en Villafría, porque
+hacía poco tiempo que habían recibido una durísima lección.
+
+Vino al pueblo cierto forastero, que en el camino trabó conocimiento con
+el hijo de uno de los más pudientes hacendados, el cual también venía de
+viaje. Este señorito llevó al forastero de visita en casa de su padre,
+que era el que más escupía por el colmillo en Villafría en punto a
+hablar de onzas de oro, y a ponderar la abundancia y grandeza con que
+vivía. A las pocas preguntas del forastero, el hacendado le dijo todo lo
+rico que era, triplicando sus facultades. Tenía un alambique que andaba
+durante cuatro meses, y le dijo que tenía dos que andaban todo el año, y
+con frecuencia de día y de noche. Tenía un molino aceitero con una
+prensa hidráulica, y le aseguró que tenía tres con otras tantas prensas.
+Había cogido cinco mil arrobas de vino, y le dijo que había cogido doce
+mil. Había molido dos mil fanegas de aceituna, y le aseguró que eran
+seis mil y pico las que había molido. No queriendo quedarse muy atrás,
+los otros hacendados ponderaron también al forastero sus provechos,
+cosechas e industrias. El forastero se llegó a persuadir de que estaba
+en Jauja, y entonces descubrió que era un inspector del Gobierno, que
+venía a ver las ocultaciones de riqueza que había en los pueblos, sobre
+todo en lo tocante a subsidio industrial.
+
+El pánico en Villafría fue espantoso. El comisionado dijo que se veía en
+la dura necesidad de poner en noticia de la superioridad los tesoros que
+allí se ocultaban; y aterrados los mayores contribuyentes, se reunieron
+al punto en las Casas Consistoriales, y, llamando al comisionado, le
+rogaron que no los perdiese; que eran pobrísimos, y mentira y vanidad
+las tres quintas partes de lo que habían confesado poseer. El
+comisionado contestó que tal vez habría alguna exageración jactanciosa,
+pero que, en verdad, eran más ricos e industriosos que lo que constaba
+de una manera oficial, y que él tenía que enterarse bien de todo para
+dar su informe, cumpliendo religiosamente con su deber. Los señores
+contribuyentes le suplicaron que no se metiese en tales barahúndas, que
+se iba a calentar demasiado la cabeza, y nadie se lo había de agradecer;
+y, al fin, para acabar de convencerle, echaron entre todos una manga y
+le dieron ocho mil realetes, como ayuda de costas y consuelo en los
+trabajos de su peregrinación, con lo cual se fue bendito de Dios con la
+música o dígase con la estadística a otra parte.
+
+Desde que tuvo lugar esta ocurrencia, la gente de Villafría había
+depuesto la jactancia y se complacía en ser humilde. La franqueza y la
+sinceridad les parecían asimismo prendas muy necias y que nunca deben
+emplearse con los curiosos, comprendiendo toda la práctica sabiduría del
+proverbio que dice: _A quien quiere saber, mentiras en él_.
+
+Procedía de aquí la prudente desconfianza y el hábil disimulo con que
+los villafriescos hablaban con todo forastero; mas esto no impedía que
+procurasen saber de él cuanto había que saber.
+
+No fue necesario mucho ingenio para mover a don Gregorio a que dijese el
+objeto de su viaje. Ya no había en esto secreto alguno, y D. Gregorio lo
+dijo todo.
+
+El pasmo y la estupefacción se extendieron al instante por todos los
+ámbitos de Villafría, con la nueva de que doña Luz era millonaria:
+heredera de una fortuna enorme.
+
+Para D. Acisclo fue la sorpresa no inferior a la de todos su
+compatricios.
+
+Nada distaba más de su mente que la herencia de doña Luz; pero D.
+Acisclo sabía y aguardaba la venida de D. Gregorio, aunque ignorando a
+qué venía.
+
+Poco antes de morir el Marqués, teniendo aún a la cabecera de la cama al
+cura D. Miguel, con quien acababa de confesarse, había hecho venir a su
+presencia al bueno de don Acisclo; y a solas con él y con el cura,
+exigió de D. Acisclo, bajo juramento de guardar el más profundo secreto,
+que cumpliría a su tiempo una comisión que iba a darle.
+
+Don Acisclo prometió y juró ser muy sigiloso, y el Marqués dijo al cura
+que abriese un cajón de su bufete, donde encontraría una carta cerrada y
+sellada, que decía en el sobrescrito: _A mi hija Luz_.
+
+El cura encontró luego la carta, y entonces, exigiendo también del cura
+que no hablase de aquella carta con nadie, considerándola como secreto
+de confesión, el Marqués le recomendó que la custodiase y no la
+entregase sino a D. Acisclo, el cual no había de pedírsela hasta que
+viniese a Villafría un señor llamado D. Gregorio Salinas, o hasta que
+pasasen dos meses de la muerte de una señora que vivía en Madrid,
+llamada la Condesa de Fajalauza. Para esto, D. Acisclo debía tener con
+cautela y discreción a algún sujeto en Madrid encargado de avisarle
+cuando muriese la Condesa, y no bien cumplida cualquiera de las dos
+condiciones, D. Acisclo había de tomar la carta y llevársela a doña Luz.
+Caso del fallecimiento del cura, la carta debía pasar a poder de D.
+Acisclo, y caso de fallecer éste, él mismo debía designar a persona que
+le sustituyera en el encargo de entregar la carta misteriosa.
+
+Don Acisclo tenía, aunque envuelta en el debido respeto, tan mala
+opinión del juicio de su pobre y arruinado amo, que, a pesar de toda la
+solemnidad de lo que le encargaba, no quiso darle importancia alguna, y
+lo que menos le pasó por la cabeza fue que aquella carta pudiese tener
+relación con algo que se pareciese a dinero. Don Acisclo dio por
+evidente que tal carta sería una nueva tontería del Marqués.
+
+Sin embargo, según queda dicho ya varias veces, don Acisclo era un varón
+recto y temeroso de Dios; jamás faltaba a la probidad ni a la justicia,
+tratando de conciliarlas con su medro; y cumplía fielmente los encargos
+cuando el cumplirlos costaba poco o nada.
+
+Así fue que guardó el secreto de la carta durante años y años, y tuvo
+siempre encomendado a un amigo de Madrid que le notificase la muerte de
+la Condesa.
+
+Ya hacía más de dos semanas que D. Acisclo había recibido noticia de
+dicha muerte, y estaba aguardando el término de los dos meses o la
+venida de don Gregorio.
+
+Esta, como hemos visto, ocurrió mucho antes de que dicho término se
+cumpliera.
+
+Don Acisclo fue, pues, a pedir la carta al cura don Miguel, quien se la
+entregó sin dificultad, visto que las condiciones se habían cumplido.
+
+Don Acisclo, sabedor ya de los muchos millones que heredaba doña Luz, y
+comprendiendo a las claras que la carta había de tener relación con los
+tales millones, lejos de despreciarla, la consideró como importantísima
+y trascendente, y se apresuró a llevarla a la persona a quien iba
+dirigida.
+
+Mientras la carta permaneció cerrada en manos ya de D. Acisclo, y sin
+llegar a las de doña Luz, aunque transcurrió poquísimo tiempo, D.
+Acisclo le tuvo de sobra para cavilar y forjar una risueña hipótesis
+acerca de su contenido.
+
+El Marqués, aunque al morir dejaba a su hija muy niña aún, no lo
+bastante para que no conociese su soberbia, y como también conocía que
+la dejaba pobrísima, había de haber presumido que su hija se quedaría
+soltera. ¿Cómo, pues, iba doña Luz a manejarse con tantos millones, sin
+tener a su lado a un hombre entendido y de toda confianza? ¿Y quién, en
+la mente del Marqués, podía ser este hombre sino el propio D. Acisclo,
+que con tanta habilidad y lealtad había administrado sus bienes? D.
+Acisclo tuvo, pues, por cierto que el contenido de la carta era
+recomendar a doña Luz con el mayor encarecimiento que hiciese de él su
+nuevo administrador.
+
+Ya sabía D. Acisclo, por boca de D. Gregorio, que los millones de doña
+Luz estaban en fondos públicos extranjeros, y que ganaban a lo más un
+seis o un siete por ciento anual. Esto le tenía indignado. Como buen
+español y buen católico, se dolía de que explotasen aquel hermoso
+capital, pagando tan mezquinos réditos, gentes de _extranjis_, herejes o
+judíos de seguro. ¿Cuánto mejor empleado no estaría aquel dinero en
+España, y sobre todo en Villafría y los pueblos cercanos? Era
+indispensable traer a España aquel dinero. Don Acisclo, con arreglo a
+sus doctrinas de hacer ganar a su amo ganando él, trazaba ya el plan
+económico para el manejo de los millones. En vez del seis o del siete,
+haría ganar a doña Luz el nueve o el diez por ciento sobre el capital;
+tres por ciento de ventaja; pero, como él hallaría modo de colocar el
+dinero al doce y hasta al quince, sobre buenas hipotecas o con escritura
+de depósito o con otros medios conminatorios para la seguridad, por
+aquello de que _el miedo guarda la viña_, D. Acisclo se veía ya
+convertido en algo como director de un banco hipotecario, de un
+artilugio ingenioso, de una bomba absorbente, para quedarse con todas
+las tierras y ochavos de la provincia, haciendo ganar a doña Luz
+muchísimo más de lo que su capital antes ganaba.
+
+Don Jaime era desprendido, se ocupaba en cosas de ambición y de política
+y no en negocios de dinero; el dinero le importaba poco, pues se había
+casado con doña Luz siendo ella pobre; y sin duda encontraría muy
+razonable que D. Acisclo administrase los millones e hiciese con ellos
+la felicidad de Villafría, fomentando su industria y su agricultura.
+
+Revolviendo en su mente estos alegres pensamientos, llegó D. Acisclo a
+casa de doña Luz, entró en su cuarto y acertó a encontrarla sola como
+deseaba.
+
+Después de felicitar a doña Luz porque Dios había mejorado sus horas de
+modo tan estupendo e imprevisto, refirió el encargo que tenía y las
+circunstancias y solemnidades que hubo cuando se le hicieron.
+
+--Venga esa carta de mi padre--dijo doña Luz con visible emoción.
+
+Don Acisclo entregó la carta.
+
+Ella rompió el sello, la sacó del sobre, y sin decir una palabra más se
+puso a leer.
+
+No iría mediada aún la lectura, cuando doña Luz, que comenzó a leer
+sentada, se puso de pie manifestando intranquilidad.
+
+Don Acisclo, que lo observaba todo, receló algo malo al ver aquello, y
+dijo para sí:
+
+«¡Diantre! Este marqués tenía el don de errar. ¿Si se habrá compuesto de
+suerte que todo lo de la herencia venga a deshacerse como la sal en el
+agua? ¿Si encargará a su hija que traspase los millones a otro sujeto?».
+
+Mientras que D. Acisclo cavilaba, doña Luz, suspendida por un instante
+la lectura, cavilaba también.
+
+Una sonrisa arqueó suavemente los labios de doña Luz. Era el resultado
+de sus cavilaciones. Don Acisclo lo tuvo por buen agüero.
+
+Después doña Luz siguió leyendo la carta.
+
+La sonrisa se fue acentuando cada vez más. Al cabo vino a convertirse en
+risa algo burlona.
+
+«Es curioso--pensó don Acisclo--. ¿Con qué chistes se descolgará ahora
+su papá, a los doce o trece años de muerto, para que ella se ría tan
+fuera de sazón?».
+
+En esto, doña Luz acabó de leer la carta. Volvió a cavilar en silencio,
+que D. Acisclo no se atrevió a interrumpir, y volvió a reírse un si es
+no es descompuestamente.
+
+Como doña Luz era la compostura personificada, D. Acisclo se aturdió con
+tan insólita risa.
+
+Hubo un instante en que cruzó por el pensamiento de D. Acisclo que doña
+Luz se reía sin duda de que su padre le recomendase que le tomara a él
+por administrador. Don Acisclo se enojó y se enfurruñó un poco.
+
+Doña Luz, sin embargo, en vez de enmendarse, siguió riendo, y terminó
+por prorrumpir en sonoras carcajadas.
+
+--¿Qué pasa? ¿Qué hay de tan gracioso para reír así?--dijo D. Acisclo.
+
+Doña Luz no contestó, y rió con más violencia.
+
+Su risa vino a tener muy alarmantes condiciones. Se conocía que era ya
+independiente de su voluntad: nerviosa, insana.
+
+Ella se había guardado la carta en el seno.
+
+Lo que pensaba, lo que infería de la carta era lo que la hacía reír.
+
+Por último, D. Acisclo, viendo que la risa continuaba, empezó a
+asustarse.
+
+El rostro de doña Luz se trastornó. Un paroxismo histérico bien marcado
+se apoderó de ella.
+
+Los sollozos se mezclaron pronto con la risa, y por último, doña Luz
+cayó al suelo como desplomada, y allí se agitó en fuertes convulsiones.
+
+Don Acisclo tocó entonces la campanilla, llamó a voces a la gente de
+casa, y acudieron D. Gregorio, Juana, Tomás y otros criados.
+
+Todos se aterraron.
+
+Las convulsiones seguían.
+
+Juana mandó llamar al médico D. Anselmo.
+
+Este, con los recursos de su arte, y obrando también la naturaleza,
+logró volver la calma a doña Luz, la cual quedó muy postrada.
+
+Don Acisclo y todos los allí presentes se quedaron con el deseo de
+averiguar la causa moral, como sin duda la hubo, de aquel ataque
+repentino, tan ajeno a la robustez y condición sana de la marquesa de
+Villafría.
+
+Doña Manolita vino a ver a la enferma, y doña Luz tampoco le confió
+nada.
+
+
+
+
+Conclusión
+
+Habían pasado cuatro meses desde que ocurrió el ya referido ataque.
+
+
+En este tiempo habían sucedido cosas singularísimas, que nadie acertaba
+a explicar en Villafría.
+
+Al día siguiente del ataque había llegado D. Jaime, a quien llamaremos
+el Marqués, pues ya lo era.
+
+El Marqués aceptó y recogió la magnífica herencia de doña Luz.
+
+Don Gregorio se volvió a Madrid en seguida.
+
+Todo esto era naturalísimo. Lo que no lo era, porque venía a contrariar
+planes anteriores, conocidos ya de todos, era que el Marqués, en vez de
+llevarse a doña Luz a la corte, se volvió solo a los cuatro días de
+estar en el lugar, y se dejó en él a doña Luz, bastante delicada e
+indispuesta.
+
+Los que vieron partir al Marqués aseguraban que llevaba el rostro muy
+fosco, y que parecía estar de un humor de todos los diablos.
+
+Doña Luz, desde la partida del Marqués, había estado encerrada siempre.
+Ni para ir a misa salía a la calle. Estaba enferma o pretextaba estarlo.
+
+Así se pasaron, según queda dicho, cuatro largos meses.
+
+No había ya tertulia.
+
+Doña Luz sólo recibía a D. Anselmo, a quien ni como a médico consultaba
+cosa alguna, y a doña Manolita, con quien esquivaba toda conversación
+sobre su marido, sobre su herencia y sobre la repentina enfermedad que
+ella había padecido.
+
+La índole de doña Luz parecía muy cambiada.
+
+Andaba siempre melancólica y taciturna.
+
+Doña Manolita notaba, cuando iba a verla, que tenía los ojos fatigados y
+rojos de llorar. A veces, doña Luz no podía reprimir el llanto, y en
+presencia de doña Manolita lloraba.
+
+Durante algún tiempo, la tristeza de doña Luz había sido sombría,
+reconcentrada y feroz. Su amiga íntima no se había atrevido a
+preguntarle la menor cosa ni a quejarse de su silencio.
+
+En los días, no obstante, a que hemos traído nuestra narración, la
+tristeza de doña Luz se modificó visiblemente. Se hizo más tierna y más
+expansiva.
+
+Doña Luz no se limitaba a recibir a su amiga cuando ésta iba a verla,
+sino que a menudo la mandaba llamar.
+
+Lloraba, suspiraba más, pero estaba menos sombría. A veces cruzaba una
+dulce sonrisa por entre sus lágrimas, como rayo de sol entre nubes.
+
+Una mañana, por último, doña Luz escribió a doña Manolita el siguiente
+billete:
+
+«Querida amiga mía: No puedo callar más tiempo. Mi infortunio me ahoga,
+me mata, y quiero vivir. Soy muy desgraciada y hay una esperanza que me
+sonríe. Necesito conservar la vida. Temo que este oculto dolor me
+asesine. Es menester que te le confiese; que me desahogue contigo; que
+tu compasión y tu amistad me salven. Ven a verme al punto. Te quiere tu
+Luz».
+
+No hay que decir que doña Manolita estuvo a los pocos minutos en el
+cuarto de doña Luz, la cual se echó en sus brazos, llorando con mucha
+ternura y besándola y llamándola su único consuelo.
+
+--Todo lo vas a saber--le dijo--. Me moriría si no me consolase
+diciéndotelo. Tú eres buena y sigilosa. ¿Prometes callarte?
+
+--Lo prometo--contestó la hija del médico.
+
+--Ni a Pepe Güeto, ¿entiendes? Ni a Pepe Güeto dirás nada.
+
+--No diré nada ni a Pepe Güeto.
+
+--Pues bien--exclamó doña Luz en voz muy baja, pero con extraordinaria
+vehemencia--, la causa de mi mal es que he descubierto, a los quince
+días de casada, que el hombre que yo imaginé tan noble, tan generoso,
+tan enamorado de mí, tan digno en todos conceptos de que yo le amara, y
+a quien di mi corazón y mi mano, y a quien entregué mi ser y mi vida, es
+un miserable sin alma.
+
+--¿Estás loca, Luz? ¿Qué motivos tienes para decir palabras tan
+espantosas?
+
+--¿Qué motivos tengo? Mi padre, sin querer, me lo ha revelado todo en la
+carta que me entregó D. Acisclo. ¡Fue notable exceso de precaución!
+
+Y doña Luz empezó a reír con la risa nerviosa que tuvo cuando el ataque.
+
+--Vamos, cálmate, vida mía. Cálmate y habla con reposo--dijo doña
+Manolita.
+
+Doña Luz logró tranquilizarse y continuó hablando:
+
+--Por temor de que, en el caso de que la condesa de Fajalauza me dejase
+por heredera, D. Gregorio no cumpliese bien su comisión, mi padre, que
+toda su vida fue descuidadísimo, quiso en esta sola ocasión pecar de
+cuidadoso. Mi padre confió, quizá también por vanidad, toda la historia
+de sus amores a un antiguo amigo suyo, le entregó papeles que podían
+obligar y comprometer a D. Gregorio, si éste no se conducía bien como
+fideicomisario, y le encargó que lo callase y reservase todo como no
+fuera menester descubrirlo en su día. Para el caso de que muriese este
+amigo de mi padre antes de la muerte de la Condesa, tuvo autorización
+dicho amigo de confiar a su hijo el secreto y de transmitirle la
+comisión. Dicho amigo se llamaba D. Diego Pimentel. Su hijo es mi marido
+D. Jaime. Muchos años hacía que él sabía que yo podía ser poderosa, pero
+no le bastó conocer la posibilidad. Necesitó de la certidumbre para
+enamorarse de mí. Sin la certidumbre, jamás le hubiera yo dado
+_flechazo_. ¿Te acuerdas cuando tú me decías que le había yo dado
+_flechazo_? Ya sabes cuál fue la flecha de oro de que se valió amor para
+hacer tamaño prodigio. Don Jaime no tuvo necesidad de verme para
+sentirse atravesado de la flecha. Ya la traía en el corazón cuando vino
+de Madrid, con pretexto de visitar a sus electores. Ya sabía él la
+muerte del Conde y que la Condesa estaba moribunda. Mientras vivía el
+Conde, mientras la condesa pudo morir antes de que el Conde muriese, se
+guardó bien don Jaime de enamorarse de mí. Mira, pues, en lo que viene a
+parar todo el poema de amor que yo había compuesto. El amor
+desinteresadísimo que en don Jaime me enamoró, fue un cálculo seguro de
+alzarse sin trabajo con diez y siete millones. Don Jaime calculó bien, y
+no quiso aventurar nada. Me ha engañado vilmente, porque tampoco creyó
+tan precavido a mi padre para que me hubiese escrito la carta que me
+entregó D. Acisclo. Don Jaime presumía ¿qué digo presumía? juzgaba tener
+seguridad de que yo no sabría jamás que él estaba en el secreto de mi
+herencia. Ahora mi amor se ha convertido en odio y en desprecio. Y no le
+desprecio y le odio a él sólo, sino también al amor liviano que logró
+inspirarme. ¿Por qué me enamoré de él? ¿Por qué cedí tan pronto? Por
+vanidad de creerme amada; por ligereza; por deslumbrarme como una
+rústica lugareña de sus cortesanas elegancias. Apenas vale el amor que
+le tuve un quilate más que el amor que él fingía tenerme. No; no se
+fundó mi amor en la estimación de las prendas de su alma que yo
+desconocía, sino en vana soberbia satisfecha, y en ciegos instintos, en
+groseros estímulos acaso, al verle gallardo y bello de cuerpo. Me
+avergüenzo de haber sido suya, y de la inclinación que me llevó a ser
+suya. La estancia en que le recibí en mis brazos, después de las
+bendiciones nupciales, me causa ahora rubor, como al afrentado le causa
+rubor el sitio en que sufrió la afrenta. La explicación que tuve con él,
+cuando él volvió de Madrid y yo le rechacé al ir él a abrazarme, fue
+horrible... horrible.... Sus infames disculpas, sus burlas cínicas
+cuando le arranqué la máscara, el desdén con que me dijo que yo no sabía
+vivir y que me había forjado del mundo una idea fantástica, y la
+insolencia con que acabó por calificarme de loca y de insensata, me han
+afirmado en mi decidido propósito de una eterna separación. Al morir a
+manos del desengaño este amor efímero, al convertirse en hiel esta
+liviandad legalizada y consagrada que me echó en brazos de D. Jaime, ha
+revivido en mí otro amor espiritual y con objeto digno; otro amor, de
+que yo neciamente me sonrojaba; otro amor que he querido ahogar, que he
+querido ocultarme a mí propia, y que ahora reaparece inmaculado y puro,
+aunque sin esperanza en esta vida. Por esto he deseado la muerte. ¡Qué
+diferencia, Manuela! Aquél... ¿no lo sabes?... aquél murió de amor por
+mí. Para éste soy un juguete, medio de poseer una fortuna. Este no
+comprende siquiera el amor. Le escarnece. Me ha llamado necia y
+disparatada porque me pesaba de que no me amase de amor cuando se casó
+conmigo; porque le dije que ha profanado y envilecido mi amor
+haciéndomele sentir sin él sentirle. ¿Te parece todo esto pequeño motivo
+para mi desesperación?
+
+Doña Manolita estaba atolondrada, llena de dolor al ver tan infeliz a su
+amiga, pero sin saber qué decirle.
+
+Doña Manolita suspiraba, acariciaba a doña Luz, la miraba compasiva, la
+escuchaba muy atenta, y se callaba.
+
+Por último, se le ocurrió decir:
+
+--Pero ¿qué desesperación es la tuya? ¿No ponías en tu billete que
+deseabas la vida? ¿No me hablabas de una esperanza?
+
+--Sí: la tengo--contestó doña Luz--. Por ella, sólo por ella no me he
+muerto.
+
+Y asiendo doña Luz ambas manos de doña Manolita, las puso sobre su
+regazo, reteniéndolas allí por algunos instantes.
+
+--¿Lo has sentido? ¿Lo has sentido?--exclamó entonces doña Luz--. Salta
+en mi seno. Vive en mis entrañas. Yo viviré por él y para él. No quiero
+creer que una material impresión haya dejado aquí la imagen del hombre
+que desprecio. Mi espíritu concibe este ser. Mi pensamiento y mi
+voluntad, durante largos meses, le han prestado y le prestarán forma, y
+le han dado y le darán alma semejante a la de aquel que me la dio toda.
+En los besos que estampé en su noble rostro, cuando moría, hubo más
+verdadero amor que en todos los abrazos que al otro prodigué alucinada.
+
+De esta suerte, doña Luz hizo a su amiga sus más íntimas confidencias.
+
+Hasta hoy, doña Luz cumple su propósito.
+
+No ha vuelto, y bien se puede afirmar que no volverá nunca, a reunirse
+con D. Jaime.
+
+Doña Luz sigue viviendo en Villafría, muy retirada de todo trato y
+conversación.
+
+Mientras su marido brilla sobremanera en la corte, ella cuida de un hijo
+muy hermoso y muy inteligente que Dios le ha dado, y cuyo nombre de pila
+es Enrique.
+
+
+
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Doña Luz, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DOÑA LUZ ***
+
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+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
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+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
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+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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