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+Project Gutenberg's Arroz y tartana, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Arroz y tartana
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
+Release Date: August 2, 2005 [EBook #16413]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARROZ Y TARTANA ***
+
+
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+
+Produced by Chuck Greif
+
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+
+VICENTE BLASCO IBAÑEZ
+
+
+
+
+
+ARROZ Y TARTANA
+
+PLAZA & JANES, S. A. EDITORES
+
+/*
+Portada de
+C. SANROMA
+Primera edición: Enero, 1978
+Editado por PLAZA & JANES, S. A., Editores
+Virgen de Guadalupe, 21-33. Esplugas de Llobregat (Barcelona)
+Printed in Spain-Impreso en España
+ISBN: 84-01-480124
+GRÁFICAS GUADA, S, A.-Virgen de Guadalupe, 33
+Esplugas de Llobregat (Barcelona)
+*/
+
+
+
+
+I
+
+
+A las tres de la tarde entró doña Manuela en la plaza del Mercado,
+envuelto el airoso busto en un abrigo cuyos faldones casi llegaban al
+borde de la falda, cuidadosamente enguantada, con el limosnero al puño y
+velado el rostro por la tenue blonda de la mantilla.
+
+Tras ella, formando una pareja silenciosa, marchaban el cochero y la
+criada: un mocetón de rostro carrilludo y afeitado que respiraba brutal
+jocosidad, luciendo con tanta satisfacción como embarazo los pesados
+borceguíes, el terno azul con vivos rojos y botones dorados y la gorra
+de hule de ancho plato, y a su lado una muchacha morena y guapota, con
+peinado de rodete y agujas de perlas, completando este tocado de la
+huerta su traje mixto, en el que se mezclaban los adornos de la ciudad
+con los del campo.
+
+El cochero, con una enorme cesta en la mano y una espuerta no menor a la
+espalda, tenía la expresión resignada y pacienzuda de la bestia que
+presiente la carga. La muchacha también llevaba una cesta de blanco
+mimbre, cuyas tapas movíanse al compás de la marcha, haciendo que el
+interior sonase a hueco; pero no se preocupaba de ella, atenta
+únicamente a mirar con ceño a los transeúntes demasiado curiosos o a
+pasear ojeadas hurañas de la señora al cochero o viceversa. Cuando,
+doblando la esquina, entraron los tres en la plaza del Mercado, doña
+Manuela se detuvo como desorientada.
+
+¡Gran Dios...! ¡cuánta gente! Valencia entera estaba allí. Todos los
+años ocurría lo mismo en el día de Nochebuena. Aquel mercado
+extraordinario, que se prolongaba hasta bien entrada la noche, resultaba
+una festividad ruidosa, la explosión de alegría y bullicio de un pueblo
+que entre montones de alimentos y aspirando el tufillo de las mil cosas
+que satisfacen la voracidad humana, regocijábase al pensar en los
+atracones del día siguiente. En aquella plaza larga, ligeramente
+arqueada y estrecha en sus extremos, como un intestino hinchado,
+amontonábanse las nubes de alimentos que habían de desparramarse como
+nutritiva lluvia sobre las mesas, satisfaciendo la gigantesca gula de la
+Navidad, fiesta gastronómica, que es como el estómago del año.
+
+Doña Manuela permaneció inmóvil algunos minutos en la bocacalle. Parecía
+mareada y confusa por el ruidoso oleaje de la multitud; pero en
+realidad, lo que más la turbaba eran los pensamientos que acudían a su
+memoria. Conocía bien la plaza; había pasado en ella una parte de su
+juventud, y cuando de tarde en tarde iba al Mercado por ser víspera de
+festividad en que se encendían todos los hornillos de su cocina,
+experimentaba la impresión del que tras un largo viaje por países
+extraños vuelve a su verdadera patria.
+
+¡Cómo estaba grabado en su memoria el aspecto de la plaza! La veía
+cerrando los ojos y podía ir describiéndola sin olvidar un solo detalle.
+Desde el lugar que ocupaba veía al frente la iglesia de los Santos
+Juanes, con su terraza de oxidadas barandillas, teniendo abajo, casi en
+los cimientos, las lóbregas y húmedas covachuelas donde los hojalateros
+establecen sus tiendas desde fecha remota. Arriba, la fachada de piedra
+lisa, amarillenta, carcomida, con un retablo de gastada es cultura, dos
+portadas vulgares, una fila de ventanas bajo el alero, santos
+berroqueños al nivel de los tejados, y como final, el campanil
+triangular con sus tres balconcillos, su reloj descolorido y
+descompuesto, rematado todo por la fina pirámide, a cuyo extremo, a
+guisa de veleta y posado sobre una esfera, gira pesadamente el pájaro
+fabuloso, el popular _pardalòt_ con su cola de abanico.
+
+En el lado opuesto la Lonja de la Seda, acariciada por el sol de
+invierno y luciendo sobre el fondo azul del cielo todas las
+esplendideces de su fachada ojival. La torre del reloj, cuadrada,
+desnuda, monótona, partiendo el edificio en dos cuerpos, y éstos
+exhibiendo los ventanales con sus bordados pétreos; las portadas que
+rasgan el robusto paredón, con sus entradas de embudo, compuestas de
+atrevidos arcos ojivales, entre los que corretean en interminable
+procesión grotescas figurillas de hombres y animales en todas las
+posiciones estrambóticas que pudo discurrir la extraviada imaginación de
+los artistas medievales; en las esquinas, ángeles de pesada y luenga
+vestidura, diadema bizantina y alas de menudo plumaje, sustentando con
+visible esfuerzo los escudos de las barras de Aragón y las enroscadas
+cintas con apretados caracteres góticos de borrosas inscripciones;
+arriba, en el friso, bajo las gárgolas de espantosa fealdad que se
+tienden audazmente en el espacio con la muda risa del aquelarre, todos
+los reyes aragoneses en laureados medallones, con el casco de aletas
+sobre el perfil enérgico, feroz y barbudo; y rematando la robusta
+fábrica, en la que alternan los bloques ásperos con los escarolados y
+encajes del cincel, la apretada rúa de almenas cubiertas con la antigua
+corona real.
+
+Frente a la Lonja, el Principal, pobrísimo edificio, mezquino cuerpo de
+guardia, por cuya puerta pasea el centinela arma al brazo, con aire
+aburrido, rozando con su bayoneta a los soldados libres de servicio, que
+digieren el insípido rancho contemplando el oleaje de alimentos que se
+extiende por la plaza. Más allá, sobre el revoltijo de toldos, el
+tejado de cinc del mercadillo de las flores; a la derecha, las dos
+entradas de los pórticos del Mercado Nuevo, con las chatas columnas
+pintadas de amarillo rabioso; en el lado opuesto, la calle de las
+Mantas, como un portalón de galera antigua, empavesada con telas
+ondeantes y multicolores que las tiendas de ropas cuelgan como muestra
+de los altos balcones; en torno de la plaza, cortados por las
+bocacalles, grupos de estrechas fachadas, balcones aglomerados, paredes
+con rótulos, y en todos los pisos bajos, tiendas de comestibles, ropas,
+drogas y bebidas, luciendo en las puertas, como título del
+establecimiento, cuantos santos tiene la corte celestial y cuantos
+animales vulgares guarda la escala zoológica.
+
+En este ancho espacio, que es para Valencia vientre y pulmón a un
+tiempo, el día de Nochebuena reinaba una agitación que hacía subir hasta
+más arriba de los tejados un sordo rumor de colosal avispero.
+
+La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos,
+temblones al menor soplo del viento, y bañados por el rojo sol con una
+transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul
+sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los
+muros de la Lonja a los cestones de caña de las verduleras, y su vaho de
+hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una
+temperatura siempre cálida, hacía recordar las ferias africanas, un
+mercado marroquí con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y
+el nervioso oleaje de los compradores.
+
+Doña Manuela contemplaba con fruición este espectáculo. Tachábase en su
+interior de poco distinguida; pero... ¡qué remedio! por más que ella
+tomase a empeño el transformarse, y obedeciendo a las niñas revistiera
+un empaque de altiva señoría, siempre conservaba amortiguados y prontos
+a manifestarse los gustos y aficiones de la antigua tendera que había
+pasado lo mejor de su juventud en la plaza del Mercado. ¡Qué tiempos tan
+dichosos los transcurridos siendo ella dueña de la tienda de _Las Tres
+Rosas_! Si el dinero es la felicidad, nunca había tenido tanta como en
+los últimos años que pasó entre mantas e indianas, sedas y percalinas,
+arrullada a todas horas por el estrépito del Mercado y viendo por las
+mañanas, al levantarse, el _pardalót_ de San Juan.
+
+Y obsesionada por estos recuerdos, doña Manuela permanecía inmóvil en la
+esquina, como asustada por el gentío, sin fijarse en las miradas poco
+respetuosas que alguno que otro transeúnte le dirigía.
+
+Estaba próxima a los cincuenta años, según confesión que varias veces
+hizo a sus hijas; pero era tan arrogante y bien plantada, unía a su
+elevada estatura tal opulencia de formas, que todavía causaba cierta
+ilusión, especialmente a los adolescentes, que con la extravagancia del
+deseo hambriento sienten ante los desbordamientos e hinchazones de la
+hermosura en decadencia la admiración que niegan a la frescura esbelta y
+juvenil.
+
+La mitad de los polvos y menjurjes que sus niñas tenían en el tocador
+los consumía la mamá, que en la madurez de su vida comenzó a saber como
+se agrandan los ojos por medio de las rayas negras, cómo se da color a
+las mejillas cuando éstas adquieren un fúnebre tinte de membrillo, y
+cómo se combate el vello traidor que alevosamente asoma en el labio y en
+la barba cual película de melocotón, convirtiéndose después en
+espantosas cerdas. Acicalábase como una niña, guardando con su cuerpo
+atenciones que no había tenido en su juventud. ¿Para quién se arreglaba?
+Ni ella misma lo sabía. Era puro deseo de retardar en apariencia la
+llegada de la vejez; precauciones, según propia afirmación, para no
+parecer la abuela de sus hijas y para sentir una indefinible
+satisfacción cuando en la calle echaban una flor descarriada a su garbo
+de buena moza.
+
+En cambio, su criada era poco sensible a la galantería callejera.
+Acogíala con un gesto de rústico desprecio, un fruncimiento de labios
+desdeñoso: algo que mostrase la indignación de una castidad hasta la
+rudeza, la insolencia de una virtud salvaje.
+
+Doña Manuela pareció decidida por fin a lanzarse en el viviente oleaje
+de la plaza.
+
+--Vamos, Visanteta, no perdamos tiempo.... Tú, Nelet, marcha delante y
+abre paso.
+
+Y el cazurro Nelet, siempre con aire de fastidio, comenzó a andar
+hendiendo la muchedumbre al través, contestando dignamente con sus
+brazos de carretero a los codazos y empujones y cubriendo con su
+corpachón a la señora y la criada.
+
+La multitud, chocando cestas y capazos, arremolinábase en el arroyo
+central; dábanse tremendos encontrones los compradores; algunos, al
+mirar atrás, tropezaban rudamente con los mástiles de los toldos, y más
+de una vez, los que con el cesto de la compra a los pies regateaban
+tenazmente eran sorprendidos por el embate brutal y arrollador del
+agitado mar de cabezas. Algunos carros cargados de hortalizas avanzaban
+lentamente rompiendo la corriente humana, y al sonar el pito del tranvía
+que pasaba por el centro de la plaza, la gente apartábase lentamente,
+abriendo paso al jamelgo que tiraba del charolado coche, atestado de
+pasajeros hasta las plataformas. Sobre el zumbido confuso y monótono que
+producían los miles de conversaciones sostenidas a la vez en toda la
+plaza, destacábanse los gritos de los vendedores sin puesto fijo, agudos
+y rechinantes unos, como chillido de pájaro pedigüeño, graves y foscos
+otros, como si ofreciesen la mercancía con mal humor.
+
+En medio de este continuo pregonar, entre la descarga de ofertas a grito
+pelado, destacábanse algunas voces melancólicas y tímidas ofreciendo
+«¡medias y calcetines!». Eran los sencillos aragoneses, golondrinas de
+invierno que, al caer las primeras nieves que dejan el campo muerto y el
+hogar sin pan, levantan el vuelo con su cargamento de lana, y desde el
+fondo de la provincia de Teruel llegan, a Valencia, ofreciendo lo que la
+familia fabrica durante el año. Eran los seres pacienzudos, honradotes
+y laboriosos a quienes la insolencia valenciana designa con el apodo de
+_churros_, título entre compasivo e infamante. Robustos, cargados de
+espalda, con la cabeza inclinada como signo de perpetua esclavitud y
+miseria, vélaseles pasar lentamente con su traje de paño burdo, estrecho
+pañizuelo arrollado a las sienes, y entre éste y el abierto cuello de la
+camisa el rostro rojizo, agrietado y lustroso, con espesas cejas y
+ojillos de inocente malicia. Colgando de los brazos o en el fondo de dos
+bolsones de lienzo, llevaban las medias de lana burda y asfixiante, los
+calcetines ásperos que un puñal no podría atravesar. Es el capital de su
+familia; lo que la mujer y las hijas han hecho unas veces al sol,
+guardando las ovejas, y otras de noche, junto a los sarmientos humeantes
+de la cocina. En la venta del burdo género están las patatas y el pan
+para todo el año; y soñando con la inmensa felicidad de volver a casa
+con una docena de duros, zapatos para las hijas y un refajo para la
+mujer, pasean tristes y resignados por entre el gentío, lanzando a cada
+minuto su grito melancólico como una queja: «¡Medias y calcetines...!
+¡el mediero!»
+
+Doña Manuela iba mal por el arroyo. Causábanle náuseas los carros
+repletos del estiércol recogido en los puntos de venta: hortalizas
+pisoteadas, frutas podridas, todo el fermento de un mercado en el que
+siempre hay sol.
+
+--Vamos a la acera--dijo a sus criados--. Compraremos primero las
+verduras.
+
+Y subieron a la acera de la Lonja, pasando por entre los grupos de gente
+menuda que, con un dedo en la boca o hurgándose las narices, contemplaba
+respetuosamente los pastorcillos de Belén y los Reyes Magos hechos de
+barro y colorines, estrellas de latón con rabo, pesebres con el Niño
+Jesús, todo lo necesario, en fin, para arreglar un Nacimiento.
+
+Doña Manuela marchaba por el estrecho callejón que formaban las
+huertanas, sentadas en silletas de esparto, teniendo en el regazo la
+mugrienta balanza, y sobre los cestos, colocados boca abajo, las
+frescas verduras. Allí, los obscuros manojos de espinacas; las grandes
+coles, como rosas de blanca y rizada blonda encerradas en estuches de
+hojas; la escarola con tonos de marfil; los humildes nabos de color de
+tierra, erizados todavía de sutiles raíces semejantes a canas; los
+apios, cabelleras vegetales, guardando en sus frescas bucles el viento
+de los campos, y los rábanos, encendidos, destacándose como gotas de
+sangre sobre el mullido lecho de hortalizas. Más allá, filas de sacos
+mostrando por sus abiertas bocas las patatas de Aragón, de barnizada
+piel, y tras ellos los _churros_, cohibidos y humildes, esperando quien
+les compre la cosecha, arrancada a una tierra ingrata en fuerza de
+arañar todo un año sus entrañas sin jugo.
+
+Doña Manuela comenzó sus compras, emprendiendo con las vendedoras una
+serie de feroces regateos, más por costumbre que por economía. Nelet,
+levantando las tapas de la cesta, iba arreglando en el interior los
+manojos de frescas hortalizas, mientras la señora no dejaba tranquilo un
+solo instante su limosnero, pagando en piezas de plata y recibiendo con
+repugnancia calderilla verdosa y mugrienta.
+
+Ya estaba agotado el artículo de verduras; ahora a otra cosa. Y
+atravesando el arroyo, pasaron a la acera de enfrente, a la del
+Principal, donde estaban los vendedores del casquijo, ¡Vaya un estrépito
+de mil diablos! Bien se conocía la proximidad de las escalerillas de San
+Juan, con sus lóbregas cuevas, abrigo de los ruidosos hojalateros. Un
+martilleo estridente, un incesante trac-trac del latón aporreado salía
+de cada una de las covachuelas, cuyas entradas lóbregas, empavesadas con
+candiles y farolillos, alcuzas y coberteras, todo nuevo, limpio y
+brillante, recordaban las lorigas de aceradas escamas de los legionarios
+romanos.
+
+Doña Manuela huyó de este estrépito, que la ponía nerviosa; pero antes
+de llegar al Principal hubo de detenerse entre sorprendida y medrosa. En
+el arroyo, la gente se arremolinaba gritando; algunos reían y otros
+lanzaban exclamaciones indecentes, chasqueando la lengua como si se
+tratara de una riña de perros. Asustada en el primer momento por las
+ondulaciones violentas de la muchedumbre que llegaban hasta ella, no
+sabía si huir u obedecer a su curiosidad, que la retenía inmóvil. ¿Qué
+era aquello...? ¿Se pegaban? La multitud abrió paso, y veloces, con
+ciego impulso, como espoleadas por el terror, pasaron una docena de
+muchachas despeinadas, greñudas, en chancleta, con la sucia faldilla
+casi suelta y llevando en sus manos, extendidas instintivamente para
+abatir obstáculos, un par de medias de algodón, tres limones, unos
+manojos de perejil, peines de cuerno, los artículos, en fin, que pueden
+comprarse con pocos céntimos en cualquier encrucijada. Aquel rebaño
+sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y
+la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los
+parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio
+la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y
+la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como
+los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera,
+empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo
+para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que
+obstruía la plaza. La gente reía ante esta desbandada al galope,
+celebrando la persecución del alguacil. Nadie comprendía lo que era para
+aquellas infelices la pérdida de su mísera mercancía, la desesperada
+vuelta al tugurio paterno, donde aguardaba la madre dispuesta a
+incautarse del par de reales de ganancia o a administrar una paliza.
+
+Doña Manuela también rió un poco, siguiendo con la vista la ruidosa
+persecución que se alejaba, y entró después en el mercado de casquijo,
+buscando las golosinas silvestres que la gente rumia con fruición en
+Navidad, olvidándolas durante el resto del año. Los puestos de venta
+llegaban hasta las mismas puertas del Principal; los compradores
+codeábanse con el centinela, y los dos oficiales de la guardia, con las
+manos metidas en el capote y las piernas golpeadas por el inquieto
+sable, paseaban por entre el gentío buscando caras bonitas.
+
+Andábase con dificultad, temiendo meter el pie en las esteras de esparto
+redondas y de altos bordes, en las cuales amontonábanse, formando
+pirámide, las lustrosas castañas de color de chocolate y las avellanas,
+que exhalaban el acre perfume de los bosques. Las nueces lanzaban en sus
+sacos un alegre cloc-cloc cada vez que la mano del comprador las removía
+para apreciar su calidad; y un poco más adentro, como un tesoro difícil
+de guardar, estaba en pequeños sacos la aristocracia del casquijo, las
+bellotas dulzonas, atrayendo las miradas de los golosos.
+
+Acababa de hacer su compra doña Manuela, cuando hubo de volver la cabeza
+sintiendo en la espalda una amistosa palmada.
+
+Era un señor entrado en años, con un sombrero de cuadrada copa, de forma
+tan rara, que debía pertenecer a una moda remota, si es que tal moda
+había existido. Iba embozado en una capa vieja, por bajo de la cual
+asomaba una esportilla de compras, y por encima del embozo de raído
+terciopelo mostrábase su rostro lleno y colorado, en el que los detalles
+más salientes, aparte de las arrugas, eran un bigote de cepillo y unas
+cejas canosas, tan oblicuas, que hacían recordar los chinos de los
+abanicos.
+
+--¡Juan!--exclamó doña Manuela.
+
+Visanteta dio con un codo al cochero y le habló al oído. Era don Juan,
+el hermano de la señora, aquel de quien todos hablaban mal en casa,
+aunque con cierto respeto, llamándole por antonomasia «el tío».
+
+Los ojillos de don Juan, inquietos e investigadores, revolvíanse en sus
+profundas cuencas rodeadas de grietas. Mientras su mirada se perdía en
+el fondo del capazo que Nelet tenía abierto a sus pies, decía con la
+risita burlona que a doña Manuela, según confesión propia, le
+«requemaba la sangre»:
+
+--De compras, ¿eh...? Yo también voy danzando por el Mercado hace más de
+una hora. ¡Válgame Dios, cómo está todo! Comprendo que los pobres no
+puedan comer.... Chica, si empiezas así vas a llevar a casa medio
+Mercado.... Eso son bellotas, ¿verdad? Comida de ricos; quien puede
+gasta. Eso sólo lo compra la gente de dinero.
+
+--¿Que tú no compras?--dijo doña Manuela sonriendo, a pesar de que no
+ocultaba el efecto que le producían las palabras de su hermano.
+
+--¿Quién...? ¿yo...? ¡Bueno va! A mí nadie me estafa.
+
+Y al decir esto miró al vendedor con tanta indignación como si fuese un
+enemigo del sosiego público; pero el palurdo, inmóvil y con las manos
+metidas en la faja, no se dignó reparar en la ferocidad agresiva del
+avaro.
+
+--Además--continuó don Juan--, ¿para qué quiero yo eso? Los que no
+tenemos dientes hemos de abstenernos de muchas cosas; muchas gracias si
+uno puede comer sopas de ajos y tiene con qué pagarlas.... Algo he
+comprado: unas pocas castañas y nueces; pero no para mí, son para
+Vicenta, que aunque ya es vieja tiene una dentadura envidiable. Poquita
+cosa. Ya ves tú... para mí y la criada poco necesitarnos. Además, todo
+va por las nubes, y dinero hay poco.... ¡Je, je...!
+
+Y el viejo reía como si gozase interiormente de repetir a su hermana en
+todos los tonos que era muy pobre.
+
+--Vamos, cállate--dijo doña Manuela con voz temblorosa, sin ocultar ya
+su irritación--. Me disgusto cada vez que te oigo hablar de pobreza;
+sólo falta que me pidas una limosna.
+
+--Mujer, no te irrites.... No quiero hacer creer que necesito limosnas;
+soy pobre, pero aún tengo para no morirme de hambre, y sobre todo, con
+orden y economía, sin querer aparentar más de lo que realmente se tiene,
+lo pasa cualquiera tan ricamente.
+
+Y estas palabras las subrayó el viejo con el acento y la mirada burlona
+que fijaba en su hermana.
+
+--Juan, toda la vida serás un miserable. ¿De qué te sirve guardar tanto
+dinero...? ¿Vas a llevarlo al otro mundo?
+
+--¿Yo...? Pienso retardar todo lo posible ese viaje, y tiempo me queda
+para malgastar antes los cuatro cuartos que guardo.... No quiero que
+nadie se ría de mí después de muerto.
+
+Doña Manuela púsose seria, más que por lo que decía su hermano, por lo
+que adivinaba en su mirada. Tal vez por esto don Juan cambió de
+conversación.
+
+--Di, Manuela, ¿y Juanito?
+
+--En la tienda. Si tengo tiempo entraré a verle.
+
+--Dile que venga mañana. Aunque sea un grandullón, no quiero privarme
+del gusto de darle el aguinaldo como cuando era un chicuelo.
+
+El viejo, al decir esto, ya no mostraba la sonrisa irónica y parecía
+hablar con sinceridad.
+
+--También irán a verte las niñas y Rafael.
+
+--Que vengan--contestó don Juan, en quien reapareció la mortificante
+sonrisa--. Les daré una peseta de aguinaldos; lo único que se puede
+permitir un tío pobre.
+
+--¡Calla, avaro...! Me avergüenzas. Eres capaz de morirte de hambre por
+no gastar un céntimo.... ¿Por qué no vienes a comer con nosotros mañana?
+
+El tono festivo y cariñoso con que ella dijo estas palabras alarmó más a
+don Juan que la seriedad irritada de momentos antes.
+
+--¿Quién...? ¿yo...? Tengo hechos mis preparativos; no quiero ofender a
+mi vieja Vicenta, que se propone lucirse como cocinera. Mira, también yo
+gasto, aunque soy un pobre.
+
+Y al decir esto, señalaba a un pillete mandadero, inmóvil a corta
+distancia, con un capón gordo y lustroso en los brazos.
+
+Doña Manuela avanzó el labio superior en señal de desprecio.
+
+--¡Valiente compra! ¿Y eso es para todas las Pascuas? No te
+arruinarás... ni llenarás mucho el estómago.
+
+--No todos son tan ricos como tú, marquesa, ni pueden ir a la compra con
+un par de criados. Únicamente los que tienen millones pueden ser
+rumbosos.
+
+Y tras estas palabras, que debían encerrar mortificante intención, don
+Juan se despidió, como si deseara que su hermana quedase furiosa contra
+él.
+
+--Adiós, Manuela; que compres mucho y bien.
+
+--Adiós, avaro....
+
+Y los dos hermanos se separaron sonriendo, como si cambiaran frases
+cariñosas y en su interior rebosase el afecto.
+
+La señora siguió adelante, pasando por entre los puestos de la miel,
+donde aleteaban las avispas, apelotonándose sobre el barniz de las
+pequeñas tinajas.
+
+Doña Manuela iba siguiendo los callejones tortuosos formados por las
+mesas cercanas al mercadillo de las flores. Allí estaba toda la
+aristocracia del Mercado, la sangre azul de la reventa, las mozas guapas
+y las matronas de tez tostada y espléndidas carnes, con su aderezo de
+perlas y pañuelo de seda de vivos colores. Doña Manuela continuaba
+haciendo sus compras, deteniéndose ante los productos raros y extraños
+para la estación que puede ofrecer una huerta fecunda, cuyas entrañas
+jamás descansan y que el clima convierte en invernadero. En lechos de
+hojas estaban alineados y colocados con cierto arte los pimientos y
+tomates, con sus rubicundeces falsas de productos casi artificiales; los
+guisantes en sus verdes fundas; todo apetitoso y exótico, pero tan caro,
+que al oír sus precios retrocedían con asombro los buenos burgueses que
+por espíritu de economía iban al Mercado con la espuerta bajo la raída
+capa.
+
+Los dos criados encontraban cada vez más pesadas sus cestas, y seguían
+con dificultad a la señora al través del gentío compacto e inquieto que
+se agitaba a la entrada del Mercado Nuevo, cuyos pórticos, en plena
+tarde de sol, tenían la lobreguez y humedad de una boca de cueva.
+
+Allí era donde resultaba más insufrible el monótono zumbido del Mercado.
+El techo bajo de los pórticos repercutía y agrandaba las voces de los
+compradores. Un hedor repugnante de carne cruda impregnaba el ambiente,
+y sobre la línea de mostradores ostentábanse los rojos costillares
+pendientes de garfios, las piernas de toro con sus encarnados músculos
+asomando entre la amarillenta grasa con una armonía de tonos que
+recordaba la bandera nacional, y los cabritos desollados, con las orejas
+tiesas, los ojos llorosos y el vientre abierto, como si acabase de pasar
+un Herodes exterminando la inocencia.
+
+Mientras tanto, las cestas de Nelet y Visanteta se llenaban hasta los
+bordes, y en el rostro de los dos criados iba marcándose el gesto de mal
+humor. ¡Vaya una compra! El bolso de doña Manuela parecía un cántaro sin
+fondo que iba regando de pesetas todo el Mercado.
+
+Abandonaron las carnicerías para entrar en el mercado de la fruta, entre
+los dos pórticos. La gente arremolinábase en las entradas, y allí fue
+donde doña Manuela se dio cuenta por primera vez de la molesta
+persecución que sufría. Había sentido varias veces una tímida mano
+deslizándose más abajo de su talle; pero ahora era más: era un pellizco
+desvergonzado lo que venía a atormentarla audazmente en sus redondeces
+de buena moza.
+
+Volvió rápidamente la cabeza... y ¡mire usted que estaba bien...! ¡Un
+señor venerable, con cara de santito, entretenerse en tales porquerías!
+Doña Manuela lanzó una mirada tan severa al vejete de rostro bondadoso,
+que el sátiro retrocedió, levantando el embozo de la capa con sus
+audaces manos.
+
+Siguió adelante la ofendida señora, pero a los pocos pasos la detuvo el
+escándalo que estalló a su espalda. Sonó una bofetada y la voz de
+Visanteta gritando a todo pulmón: «¡_Tío morra_!», repitiendo la frase
+un sinnúmero de veces con la furia de una virtud salvaje que quiere
+enterar a todo el mundo de su ruda castidad. La gente parábase entre
+asombrada y curiosa, el cochero reía abriendo sus quijadas de a palmo, y
+el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con él, escurríase
+discretamente entre el gentío. Era que la amazona de la huerta, al
+sentir el primer pellizco del viejo pirata, había contestado con una
+bofetada, contenta en el fondo de que alguien pusiera a prueba su
+virtud.
+
+La señora la hizo callar, muy contrariada por el escándalo, y siguieron
+la marcha, mientras Nelet, alegre por este incidente que rompía lo
+monótono de las compras, preguntaba como un testarudo a la muchacha en
+qué sitio la habían pellizcado, y sentía un escalofrío de gusto cada vez
+que ella, ruborizándose, le llamaba «animal» y «descarado ».
+
+La peregrinación prosiguió a lo largo de unas mesas en las cuales, bajo
+toldos de madera, estaban apiladas las frutas del tiempo: las manzanas
+amarillas con la transparencia lustrosa de la cera; las peras
+cenicientas y rugosas atadas en racimos y colgantes de los clavos; las
+naranjas doradas formando pirámides sobre un trozo de arpillera, y los
+melones mustios por una larga conservación, estrangulados por el cordel
+que los sostenía días antes de los costillares de la barraca, con la
+corteza blanducha, pero guardando en su interior la frescura de la nieve
+y la empalagosa dulzura de la miel. A un extremo del mercadillo, cerca
+del Repeso, los panaderos con sus mesas atestadas de libretas blancas y
+morenas, prolongadas unas, como barcos, y redondas y con festones otras,
+como bonetes de paje; y un poco más allá, los «tíos» de Elche mostrando
+sus enormes sombreros tras la celosía formada por los racimos de dátiles
+de un amarillo rabioso.
+
+Cuando la señora y sus criados volvieron a la gran plaza, detuviéronse
+en la entrada del mercadillo de las flores. Un intenso perfume de
+heliotropo y violeta salía de allí, perdiéndose en la pesada atmósfera
+de la plaza.
+
+Doña Manuela estaba inmóvil, repasando mentalmente sus compras para
+saber lo que faltaba. La muchedumbre se agitó con nervioso oleaje,
+despidiendo gritos y carcajadas. Ahora, las chicuelas que vendían sin
+licencia corrían perseguidas hacia la calle de San Fernando, y otra vez
+el rebaño de la miseria, greñudo, sucio, con las ropas caídas, pasó
+azorado y veloz con triste chancleteo, arrollándolo todo, mostrando la
+palidez del hambre a la muchedumbre glotona y feliz.
+
+Doña Manuela dio sus órdenes. Podían regresar los dos a casa y volver
+Nelet con la espuerta vacía. Quedaba por comprar el pavo, los turrones y
+otras cosas que tenía en memoria. Ella aguardaría en la «tienda».
+
+Y esta palabra bastó para que la entendieran, pues en casa de doña
+Manuela, la «tienda» era por antonomasia el establecimiento de _Las Tres
+Rosas_, y fuera de ella no se reconocía otra tienda en Valencia.
+
+Colocada entre la calle de San Fernando y la de las Mantas, en el punto
+más concurrido del Mercado, participaba del carácter de estas dos vías
+comerciales de la ciudad. Era rústica y urbana a un tiempo; ofrecía a
+los huertanos un variado surtido de mantas, fajas y pañuelos de seda, y
+a las gentes de la ciudad las indianas más baratas, las muselinas más
+vistosas. Ante su mostrador desfilaban la bizarra labradora y la modesta
+señorita, atraída por la abundancia de géneros de aquel comercio a la
+pata la llana que odiaba los reclamos, ostentando satisfecho su título
+de _Casa fundada en 1832_, y cifraba su orgullo en afirmar que todos los
+géneros eran del país, sin mezcla de tejidos ingleses o franceses.
+
+Doña Manuela detúvose al llegar frente a la tienda y abarcó su exterior
+con una ojeada. Del primer piso, y cubriendo el rótulo ajado de la casa,
+_Antonio Cuadros_, _sucesor de García y Peña_, colgaban largas cortinas
+formadas de mantas que parecían mosaicos, orladas con complicados
+borlajes y apretadas filas de madroños; fajas obscuras, matizadas a
+trechos con gorros rojos y azules prendidos con alfileres; pañuelos de
+seda con piezas de docena, ondulados como nacarado oleaje, y percales
+estampados, mostrando pájaros fantásticos y ramajes quiméricos con
+rabiosos colorines que conmovían placenteramente a las bellezas de la
+huerta.
+
+En el escaparate central estaba la muestra de la casa, lo que había
+hecho famoso al establecimiento: un maniquí vestido de labradora, con
+tres rosas en la mano, que al través del vidrio, mirando a los
+transeúntes con ojos cristalinos, les enviaba la sonrisa de su rostro de
+cera, punteado por las huellas de cien generaciones de moscas.
+
+Doña Manuela entró en la tienda. El mismo aspecto de otros tiempos,
+aunque con cierto aire de restaurada frescura. La anaquelería, de madera
+vieja, atestada de cajas; sobre el mostrador telas y más telas
+extendidas sin compasión hasta barrer el suelo; dependientes con el pelo
+aceitoso y las brillantes tijeras asomando por la abertura del bolsillo,
+y mujeres discutiendo con ellos, como si estuvieran en el centro del
+Mercado, abrumándolos con irritantes exigencias.
+
+--Voy al momento, Manuela. Siéntese usted.
+
+El que así hablaba era un hombre fornido, de áspero bigote, estrecha
+frente, pelo hirsuto y fuerte, rebelde a peines y cepillos, con las
+puntas hacia adelante, y quijada brutal, que se disimulaba un tanto bajo
+una sonrisa bondadosa. Estaba ocupado en vender un tapabocas a dos
+mujeres que llevaban de las manos a un chiquillo barrigudo, y era de
+admirar la paciencia con que aquel hombre, siempre sonriendo, sufría a
+las feroces compradoras, que por seis reales regateaban durante ¿media
+hora.
+
+Doña Manuela atendía con interés las palabras de los compradores y no
+volvió la cabeza para ver quién abría la puertecilla de la garita--a la
+que pomposamente llamaban despacho--y saltaba velozmente el mostrador.
+
+--Siéntese usted, mamá.
+
+Era Juanito quien la hablaba, su hijo mayor, un muchacho nacido en la
+misma tienda, que seguía agarrado a ella «sin servir para nada», como
+decía su madre, y sin querer ser otra cosa que comerciante.
+
+Estaba próximo a los treinta años. Era alto, enjuto, desgarbadote y algo
+cargado de espaldas; la barba espesa y crespa se le comía gran parte del
+rostro, dándole un aspecto terrorífico de bandido de melodrama; pero no
+era más que un antifaz, pues examinándolo bien, bajo la máscara de pelo
+veíase la cara sonrosada e inocente de un ruño, la mirada tímida y la
+sonrisa bondadosa de esos seres detenidos en la mitad de su crecimiento
+moral, que aunque mueran viejos son débiles y blandos, faltos de
+voluntad, incapaces de vivir sin el calor que presta el cariño.
+
+--¡Ah! ¿Eres tú, Juanito...?--dijo doña Manuela--. ¿Qué hacías?
+
+--Lo de siempre. Estaba trabajando en los libros de la casa, ordenando
+el trabajo para el próximo inventario de fin de año.
+
+Y Juanito, que hablaba con cierto entusiasmo de sus tareas, y en menos
+de veinte palabras mezcló varias veces el _debe_ y el _haber_, viose
+interrumpido por su principal, don Antonio Cuadros, que tras media hora
+de regateo acababa de vender el tapabocas para el chicuelo panzudo.
+
+--Pero siéntese usted, Manuela... a menos que quiera usted molestarse
+subiendo al entresuelo. Teresa se alegrará de verla.
+
+--No, Antonio; otro día vendré con menos prisa: he entrado para esperar
+a Nelet y continuar las compras.
+
+--Pues entonces bajará ella.... ¡Muchacho, avisa a la señora que está
+aquí doña Manuela! Un aprendiz lanzóse a la carrera por una puertecilla
+obscura que se abría en la anaquelería: una de esas gargantas de lobo
+que dan entrada a pasillos y escaleras estrechas, infectas como
+intestinos, que sólo se encuentran en las casas donde las necesidades
+del comercio y la aglomeración de mercancías disputan a las personas el
+terreno palmo a palmo.
+
+Sentáronse los tres en sillas de lustrosa madera, y doña Manuela, por
+costumbre, habló de los negocios y de lo malos que estaban los tiempos;
+eterno tema alrededor del cual giran todas las conversaciones de una
+tienda. Don Antonio sacaba a luz todo un arsenal de afirmaciones que, a
+fuerza de repetidas, habían pasado a ser lugares comunes. Mal iba todo,
+y la culpa la tenía el gobierno, un puñado de ladrones que no se
+preocupaban de la suerte del país. En otros tiempos se vendía bien el
+vino, tenían dinero los del arroz, y el comercio daba gusto.... ¡Santo
+cielo! ¡Pensar el paño negro y fino que él había vendido a la gente de
+la Ribera, las mantas que despachaba, los mantones y pañuelos que se
+habían empaquetado sobre aquel mostrador...! ¡Y todos pagaban en oro...!
+Pero ahora, ¡las cosechas no tenían salida, no había dinero, el comercio
+iba de mal en peor y las quiebras eran frecuentes! Él aún iba tirando;
+pero sí la «cosa» continuaba de tal modo, acabaría por cerrar la tienda
+y morir en el Hospital.
+
+--¡Qué tiempos aquéllos, ¿eh, Manuela? cuando vivía el padre de
+éste--señalando a Juan--y yo era sólo primer dependiente! Entonces,
+aunque me esté mal el decirlo, todos los años, al hacer el inventario,
+quedaban dos o tres mil duritos para guardar. ¡Oh! Aunque me esté mal el
+decirlo... usted pilló los buenos tiempos.... ¿No es eso, Manuela?
+
+Pero Manuela se limitaba a callar y a sonreír. Todo aquello, aunque a
+don Antonio «le estaba mal el decirlo», lo había dicho y repetido
+cuantas veces hablaba con la viuda de su antiguo principal. Y en cuanto
+a su muletilla «aunque le estaba mal el decirlo», gozaba el privilegio
+de poner nerviosa a doña Manuela, que tenía por tonto rematado a su
+antiguo dependiente.
+
+Abrióse una portezuela del mostrador y entró en la tienda la esposa de
+don Antonio, una mujer voluminosa, con la obesidad blanducha y el cutis
+lustroso que produce una vida de encierro e inercia y que le ciaban
+cierto aire monjil. La bondad extremada hasta la estupidez retratábase
+en su eterna sonrisa y en la mirada de sus ojos claruchos. Lo más
+característico en su persona eran los relucientes rizos aplastados por
+la bandolina, que cubrían su ancha frente como una cortinilla
+festoneada, y la costumbre de cruzar las manos sobre el vientre,
+luciendo en los dedos un surtidor de sortijas falsas.
+
+Hubo besos y abrazos sonoros, pero notábase en las dos mujeres cierta
+desigualdad en el trato, como si entre ambas se interpusiera la ley de
+castas. La esposa del comerciante era sólo Teresa, mientras que ésta
+llamaba siempre doña Manuela a la madre de Juanito, y en sus palabras
+notábase un acento lejano de humilde subordinación. Los años y el
+frecuente trato no habían podido borrar el recuerdo de la época en que
+Teresa era criada en aquella tienda y el escándalo de los señores al
+verla casada con el dependiente principal. Además, Teresa no había
+ascendido un solo peldaño en la escala de la vanidad; en presencia de
+doña Manuela revelábase siempre la antigua criada, y aceptaba como una
+confianza inaudita que la señora la tratase con las mismas
+consideraciones que a un igual.
+
+--Sí, doña Manuela; Antonio y yo hace tiempo que pensarnos visitarla a
+usted y a las niñas; ¡pero estamos siempre tan ocupados...! ¡Vaya,
+vaya...! ¡Qué sorpresa...! ¡Cuánto me alegro de verla!
+
+Y con esto se agotó el repertorio de frases de la buena mujer, que se
+sentía cohibida en presencia de la señora, hablando poco por temor a
+decir disparates y atraerse el enojo del esposo, a quien admiraba como
+modelo de finura y bien decir.
+
+--Y ¿cómo van las compras?--apuntó don Antonio al notar el mutismo de su
+compañera--. Ésta ha salido por la mañana a hacer la provisión de
+Pascuas y ha encontrado los precios por las nubes.
+
+--¡Calle usted, Antonio! Diez duros me he dejado en esa plaza, y aún me
+falta lo más importante. A propósito: cambíenme ustedes este billete de
+cincuenta pesetas.
+
+Y Juanito, que hasta entonces había permanecido silencioso, contemplando
+a su madre con la misma expresión de arrobamiento que si fuese un
+amante, se apresuró a cumplir su deseo, y casi la arrebató el ajado
+billete que había sacado del limosnero, corriendo después al mostrador.
+
+--¡Cómo la quiere a usted ese chico, Manuela!--dijo el comerciante.
+
+--No puedo quejarme de los hijos. Juanito es muy bueno.... Pero ¿y
+Rafael? Cada vez estoy más orgullosa de él.... ¡Qué guapo!
+
+--Es el vivo retrato de su padre, el segundo marido de usted.
+
+Estas palabras de Teresa debieron halagar mucho a la señora, pues
+correspondió a ellas con una sonrisa.
+
+--Pero oiga usted, Manuela: tengo entendido que Rafael le da muchos
+disgustos.
+
+--Algo hay de eso; pero... ¿qué quiere usted, Antonio? Cosas de la edad.
+A la juventud hay que dejarla divertirse. Por eso es tan elegante y
+tiene buenas relaciones.
+
+--Pero no estudia ni hace nada de provecho--dijo el comerciante, con la
+inflexibilidad de un hombre dedicado al trabajo.
+
+--Ya estudiará; talento le sobra para ser sabio. Su padre fue un tronera
+y vea usted adonde llegó.
+
+Y doña Manuela dijo esto con el mismo énfasis que si fuese la viuda de
+un hombre eminentísimo.
+
+Juan había vuelto con el cambio del billete en monedas de plata, y su
+presencia hizo variar la conversación. Doña Manuela habló de la cena que
+aquella noche daba en su casa. Las niñas, Rafael y Juanito, unos amigos
+de aquél... en fin, un buen golpe de gente joven y alegre, que bailaría,
+cantaría y sabría divertirse sin faltar a la decencia, hasta llegar la
+hora de la misa del Gallo. También esperaba que fuese Andresito, el hijo
+de don Antonio, un muchacho paliducho y mimado, vástago único, que
+cursaba el segundo año de Derecho, hacía versos, y en compañía de
+Juanito iba muchas veces a casa de doña Manuela, con fines no tan
+ocultos que ésta no torciese el gesto manifestando disgusto.
+
+Y después de haber nombrado al hijo de la casa, volvía a insistir sobre
+los amigos de su Rafael, todos gente distinguida, chicos de grandes
+familias, que asistían a sus reuniones y organizaban fiestas con las que
+se pasaba alegremente el tiempo.
+
+--Esta época, amigo Antonio, es muy diferente de la nuestra. Ahora, a
+los veinte años se sabe mucho más y se conoce la vida. Hay que dar a la
+juventud lo que le pertenece, aunque rabien los rancios como mi hermano
+o el bueno de don Eugenio. Y a propósito: ¿qué es de don Eugenio?
+
+El hombre por quien preguntaba doña Manuela era el fundador de la tienda
+de _Las Tres Rosas_, don Eugenio García, el decano de los comerciantes
+del Mercado, un viejo que arrastraba cuarenta años en cada pierna, como
+él decía, y mostrábase orgulloso de no haber usado jamás sombrero,
+contentándose con la gorrilla de seda, que, según él, era el símbolo de
+la honradez, la economía y la seriedad del antiguo comercio, rutinario y
+cachazudo.
+
+La tienda había pasado de sus manos a las del primer marido de doña
+Manuela, y de éste a su actual dueño; pero don Eugenio no había dejado
+de vivir un solo día en aquella casa, fuera de la cual no comprendía la
+existencia.
+
+Como un censo redimible sólo por la muerte, se habían impuesto los
+dueños de la tienda la obligación de mantener y dar albergue a don
+Eugenio, el cual, siguiendo sus costumbres independientes de solterón
+áspero y malhumorado, entraba y salía sin decir una palabra; comía lo
+que le daban; en los días que hacía buen tiempo paseaba por la Alameda
+con un par de curas tan viejos como él, y cuando llovía o el viento era
+fuerte, no salía de la plaza del Mercado e iba de tienda en tienda con
+su gorra de seda, su capita azul y su bastón muleta, para echar un
+párrafo con los veteranos del comercio reposado y a la antigua, cuyas
+excelencias eran el tema obligado de la conversación. Don Antonio sonrió
+al hacer doña Manuela la pregunta.
+
+--¿Don Eugenio...? No sé dónde estará, pero de seguro que no ha salido
+del Mercado. En días como éste le gusta presenciar las compras, y pasa
+horas enteras embobado ante las vendedoras, aunque lo empujen y lo
+golpeen. Sigue fiel a sus manías; nunca dice adonde va, y eso que,
+aunque me esté mal el decirlo, aquí se le traía con las mayores
+consideraciones.
+
+Doña Manuela se levantó al ver en una de las puertas a Nelet, que volvía
+de casa con la espuerta vacía.
+
+--Buenas tardes. Aún tengo que hacer muchas compras. Adiós, Antonio; un
+beso, Teresa; y no olviden ustedes que esperamos a Andresito esta noche.
+Adiós, Juan.
+
+La esposa de Cuadros recibió con satisfacción infantil los dos sonoros
+besos de doña Manuela, y ella, lo mismo que Juanito, siguieron con
+amorosa mirada a la gallarda señora en su marcha entre el gentío del
+Mercado.
+
+Otra vez las compras; pero ahora fuera de la plaza, en la calle del
+Trench. Allí estaban las gallineras en sus mesas empavesadas de aves
+muertas colgando del pico, con la cresta desmayada, y cayéndoles como
+faldones de dorada casaca las rubias mantecas. Las salchicherías
+exhalaban por sus puertas acre olor de especias, con cortinajes de seca
+longaniza en los escaparates y filas de jamones tapizando las paredes;
+las tocinerías tenían el frontis adornado con pabellones de morcilla y
+la blanca manteca en palanganas de loza, formando puntiagudas pirámides
+de sorbetes, y los despachos de los atuneros exhibían los aplastados
+bacalaos que rezuman sal; las tortugas, que colgantes de un garfio
+patalean furiosas en el espacio, estirando fuera de la concha su cabeza
+de serpiente; las pintarrajeadas magras del atún fresco, y las ristras
+de colmillos de pez, amarillentos y puntiagudos, que las madres compran
+para la dentición de los niños.
+
+Doña Manuela estaba poseída de una embriaguez de compras, e iba de un
+punto a otro sin cansarse de derramar la plata ni de Henar la espuerta
+de Nelet, a cuyo fondo iban a parar el fresco solomillo, las ricas
+morcillas para la pantagruélica olla de Navidad, los legítimos garbanzos
+del Saúco comprados al choricero extremeño, y otros mil artículos para
+cuya adquisición era necesario sufrir los empellones y groserías de una
+muchedumbre famélica que parecía prepararse para las carestías de un
+largo sitio.
+
+Todavía faltaba lo más importante: el pavo, protagonista de la
+gastronómica fiesta; y la señora y su cochero, empujados rudamente por
+la corriente humana, atravesaron una profunda portada semejante a un
+túnel, viéndose en el _Clòt_, en la plaza Redonda, que parecía un circo
+con su doble fila de balcones.
+
+Sobre el rumor del gentío, que encerrado y oprimido en tan estrecho
+espacio tenía bramidos de amor tempestuoso, destacábase el agudo
+chillido de la aterrada gallina, el arrullo del palomo, el trompeteo
+insolente del gallo, matón de roja montera, agresivo y jactancioso, y el
+monótono y discordante quejido del triste pato, que, vulgar hasta en su
+muerte, sólo conseguía atraerse la atención de los compradores pobres.
+
+Sobre el suelo, con las patas atadas, recordando tal vez en aquella
+atmósfera de sofocación y estruendo las tranquilas llanuras de la Mancha
+o las polvorientas carreteras por donde vinieron siguiendo la caña del
+conductor, estaban los pavos, con sus pardas túnicas y rojas caperuzas,
+graves, melancólicos, reflexivos, formando coro como conclave de sesudos
+cardenales y moviendo filosóficamente su moco inflamado, para lanzar
+siempre el mismo cloc-cloc-cloc prolongado hasta lo infinito.
+
+Doña Manuela buscó lo más raro y costoso del Mercado: tres pares de
+perdices, que bailoteaban con descoco dentro de una jaula, mostrando sus
+polonesas encarnadas. Visanteta las arreglaría para la cena de la noche.
+Después compró el pavo, un animal enorme que Nelet cogió con cariño casi
+fraternal, después de tentarle varias veces los muslos con una
+admiración que estallaba en brutales carcajadas.
+
+¡Fuera de allí! La señora deseaba salir del _Clòt_, donde la gente se
+codeaba con la mayor grosería y por dos veces había estado su velo
+próximo a rasgarse. Ella y Nelet, que marchaban con cuidado para librar
+al pavo de tropezones, entraron otra vez en el Trench, buscando los
+postres, la tiendecilla del turronero establecido en un portal.
+
+Allí estaba el de Jijona, con sombrerón de terciopelo, traje de paño
+negro y el ancho cuello de la camisa sujeto por un broche de plata. Al
+lado la mujer, con su rostro redondo y sonrosado de manzana y el pelo
+estirado cruelmente hacia la nuca, cayendo en gruesa trenza por la
+espalda sobre la pañoleta de vistosos colores. La mesa blanca, de
+inmaculada pureza, sustentaba, formando columna, las cajitas de áspera
+película conteniendo el harinoso turrón, los cajones de peladillas y las
+uvas puntiagudas, hábilmente conservadas, lustrosas y transparentes,
+como de cera, y con un delicado color de ámbar.
+
+Cuando doña Manuela volvió a entrar en el mercado comenzaba a anochecer
+y la concurrencia aumentaba por momentos. Todas las bocacalles vomitaban
+gentío dentro de la plaza, en la que el crepúsculo sembraba a miles los
+puntos luminosos. Brillaba el gas en las tiendas; las vendedoras
+importantes encendían sus grandes reverberos de latón, y las pobres
+huertanas contentábanse con una vela de sebo resguardada por un
+cucurucho de papel.
+
+--¡Qué bonito...! ¡Mira, Nelet! Y la señora permaneció algunos instantes
+contemplando el aspecto fantástico de la plaza con tan original
+iluminación. Una lluvia de estrellas había caído sobre el Mercado. Los
+empujones de la multitud la volvieron a la realidad.
+
+Fue a salir de la plaza, cuando otra vez la detuvo el escuadrón
+perseguido de chicuelas vendedoras.
+
+Ahora no corrían. Marchaban al paso, tímidas, anonadadas, haciendo
+comentarios en voz baja, siguiendo de lejos a una compañera infeliz que,
+retorciéndose y gritando como una fierecilla en el cepo, era arrastrada
+por un alguacil.
+
+El mísero rebaño pasó ante doña Manuela con triste chancleteo, y la
+señora no pudo reprimir un movimiento de repulsión ante aquellas
+cabelleras greñudas y encrespadas que servían de marco a rostros
+escuálidos y sucios, en los que la piel tomaba aspecto de corteza.
+
+¡Gran Dios, qué gente! Y doña Manuela, viendo tales fachas, por una
+extraña relación de pensamientos, sujetó su bolso con las dos manos,
+como si alguien fuese a robarla.
+
+Después se tentó los bolsillos del gabán, y... ¡justo! ¡No eran falsas
+sus sospechas! Le habían robado el pañuelo.
+
+Indudablemente habría sido mucho antes, entre la agitación y los
+empujones del gentío; pero esto no impidió que la señora siguiese con la
+mirada iracunda el grupo sucio, maloliente y miserable que se alejaba,
+anonadado por el hambre y la pena, entre el oleaje de alimentos y de
+general alegría.
+
+Doña Manuela avanzó sus labios en señal de desprecio.
+
+¡Cómo estaba el mundo! No había religión, orden ni autoridad, y...
+¡claro! era imposible que una persona decente saliese a la calle sin que
+la pillería le diera que sentir.
+
+
+
+
+II
+
+
+En época pasada, aunque no remota, el Mercado de Valencia tenía una
+leyenda, que corría como válida en todos sus establecimientos, donde
+jamás faltaban testigos dispuestos a dar fe de ella.
+
+Al llegar el invierno, aparecía siempre en la plaza algún aragonés viejo
+llevando a la zaga un muchacho, como bestezuela asustada. Le habían
+arrancado a la monótona ocupación de cuidar las reses en el monte, y lo
+conducían a Valencia para «hacer suerte», o más bien, por librar a la
+familia de una boca insaciable, nunca ahíta de patatas y pan duro.
+
+El flaco macho que los había conducido quedaba en la posada de _Las Tres
+Coronas_, esperando tomar la vuelta a las áridas montañas de Teruel; y
+el padre y el hijo, con los trajes de pana deslustrados en costuras y
+rodilleras y el pañuelo anudado a las sienes como una estrecha cinta,
+iban por las tiendas, de puerta en puerta, vergonzosos y encogidos, como
+si pidiesen limosna, preguntando si necesitaban un _criadico_.
+
+Cuando el muchacho encontraba acomodo, el padre se despedía de él con un
+par de besos y cuatro lagrimones, y en seguida iba a por el macho para
+volver a casa, prometiendo escribir pasados unos meses; pero si en
+todas las tiendas recibían una negativa y era desechada la oferta del
+_criadico_, entonces se realizaba la leyenda inhumana, de cuya veracidad
+dudaban muchos.
+
+Vagaban padre e hijo, aturdidos por el ruido de la venta, estrujados por
+los codazos de la muchedumbre, e insensiblemente, atraídos por una
+fuerza misteriosa, iban a detenerse en la escalinata de la Lonja, frente
+a la famosa fachada de los Santos Juanes. La original veleta, el famoso
+_pardalòt_, giraba majestuosamente.
+
+--¡Mia, chiquio, qué pájaro...! ¡Cómo se menea...!--decía el padre.
+
+Y cuando el cerril retoño estaba más encantado en la contemplación de
+una maravilla nunca vista en el lugar, el autor de sus días se escurría
+entre el gentío, y al volver el muchacho en sí, ya el padre salía
+montado en el macho por la Puerta de Serranos, con la conciencia
+satisfecha de haber puesto al chico en el camino de la fortuna.
+
+El muchacho berreaba y corría de un lado a otro llamando a su padre.
+«¡Otro a quien han engañado!», decían los dependientes desde sus
+mostradores, adivinando lo ocurrido; y nunca faltaba un comerciante
+generoso que, por ser de la tierra y recordando los principios de su
+carrera, tomase bajo su protección al abandonado y lo metiese en su
+casa, aunque no le faltase _criadico_.
+
+La miseria del hogar, la abundancia de hijos, y sobre todo la cándida
+creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el
+cruel abandono de los hijos. Ir a Valencia era seguir el camino de la
+riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones
+de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto
+a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso donde
+las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para
+cogerlos.
+
+El que iba allá abajo, se hacía rico; si alguien lo dudaba, allí estaban
+para atestiguarlo los principales comerciantes de Valencia, con grandes
+almacenes, buques de vela y casas suntuosas, que habían pasado la niñez
+en los míseros lugarejos de la provincia de Teruel guardando reses y
+comiéndose los codos de hambre. Los que habían emprendido el viaje para
+morir en un hospital, vegetar toda la vida como dependientes de corto
+sueldo o sentar plaza en el ejército de Cuba, ésos no eran tenidos en
+cuenta.
+
+Al hacer la estadística de los abandonados ante la veleta de San Juan,
+don Eugenio García, fundador de la tienda de _Las Tres Rosas_, figuraba
+en primera línea.
+
+Otros mostrábanse malhumorados y negaban rotundamente cuando se les
+suponía tal origen; pero él lo ostentaba con cierta satisfacción, como
+queriendo hacer de ello un título de gloria.
+
+--Nada debo a nadie--exclamaba al regañar a sus dependientes--. A mí
+nadie me ha protegido. Los míos me dejaron como un perro en medio de esa
+plaza. Y sin embargo, soy lo que soy. ¡Hubiera querido veros como yo,
+para que supierais lo que es sufrir!
+
+Y siempre que podía asegurar una docena de veces que nada debía a nadie
+y comparar su abandono con el de un perro, quedaba tranquilo y
+satisfecho. Los principios de su carrera habían sido penosos. Aprendiz
+siempre hambriento, dependiente después en una época en que los mayores
+sueldos eran de cincuenta «pesos» anuales, a fuerza de economías
+miserables consiguió emanciparse, y con ayuda de sus antiguos amos, que
+veían en él un legítimo aragonés capaz de convertir las piedras en
+dinero, fundó _Las Tres Rosas_, tiendecilla exigua que en diez años se
+agrandó hasta ser el establecimiento de ropas más popular de la plaza
+del Mercado.
+
+Don Eugenio era, sin darse cuenta, el cronista de cuantas modificaciones
+y adelantos había experimentado aquella plaza, en la que nació a la vida
+del comercio y debía desarrollarse toda su existencia. Vio cómo una
+revolución echaba abajo los conventos de la Magdalena y la Merced; cómo
+un motín quemaba el Mercado Nuevo, que era de madera, y cómo las
+tiendas, agrandando cada vez más sus puertas, saneando sus interiores,
+atraían al público con grandes escaparates, y en materia de alumbrado
+pasaban del aceite al petróleo y de éste al gas.
+
+Al poco tiempo de fundar su establecimiento, cuando aún la primera
+guerra carlista tenía en suspenso la suerte de la nación, don Eugenio se
+formó insensiblemente una tertulia junto a su mostrador, sobre el cual,
+como una antorcha simbólica de la rutina comercial, lucía un enorme
+velón de cuatro mecheros, fabricado con más de arroba y media de bronce.
+
+Todas las tardes, al anochecer, reuníanse allí los amigos de don
+Eugenio, la mitad de los cuales vestían sotana y pertenecían al clero de
+San Juan. A pesar de esto, la tal reunión era casi un club, que en
+épocas como aquélla tenía su carácter peligroso. Don Eugenio pertenecía
+a la Milicia Nacional, y aunque tomaba sus bélicas ocupaciones con tibio
+entusiasmo, no por esto dejaba de preocuparse del honor de la «tercera
+de Ligeros». Cuando era preciso se calaba el chacó, martirizaba el pecho
+con el asfixiante correaje, y servía a la nación y a la libertad, yendo
+a pasar la noche en el Principal, donde comía melones en verano, se
+calentaba al brasero en invierno, en la santa y pacífica compañía de
+algunos otros comerciantes del Mercado, que, olvidándose de la
+marcialidad de su uniforme, pasaban las horas de la guardia hablando de
+las fábricas de Alcoy o del precio del azúcar y de la seda; todo esto
+sin perjuicio de faltar a la ordenanza, abandonando el puesto con
+frecuencia para dar un vistazo a sus casas.
+
+En la tertulia de don Eugenio se hablaba de Martínez de la Rosa y de su
+malogrado Estatuto; había quien audazmente elogiaba a Mendizábal y pedía
+el restablecimiento de la Constitución del 12; se gastaban bromitas
+contra los «serviles», sin faltar a la decencia; se comenzaba a decir
+con expresión respetuosa «don Baldomero» cada vez que se nombraba al
+general Espartero, y todos callaban para escuchar religiosamente a don
+Lucas, el beneficiado de San Juan, un cura que el 23 había emigrado a
+Londres por liberal, y que pronunciaba conmovedores discursos hablando
+del pobre Riego, a quien comparaba con Bravo, Padilla y Maldonado.
+
+Era, en fin, la tertulia una reunión donde se desahogaba el liberalismo
+inocente de unos revolucionarios que, en costumbres y preocupaciones,
+imitaban a sus enemigos, y a pesar de haber sufrido de la dinastía
+reinante toda clase de desdenes y persecuciones, mostrábanla una
+fidelidad canina, y siempre era para ellos Fernando VII el rey mal
+aconsejado, Cristina la augusta señora, e Isabel la inocente niña.
+
+En esta reunión estaban todos los afectos y alegrías de don Eugenio. Al
+encender por las noches el velón y ver entrar las sotanas y las gorras
+de sus colegas, experimentaba la misma impresión que si se encontrara
+rodeado de una cariñosa familia.
+
+De los de allá, de aquellos que le habían abandonado sin lágrimas ni
+desconsuelo, nunca se acordaba. Sus padres habían muerto, pero ya se
+encargaron de recordarle la patria y todas sus miserias el enjambre de
+primos, hermanos y sobrinos que cayeron sobre él tan pronto como circuló
+por el lugar la nueva de que hacía fortuna y tenía una tienda en el
+Mercado. Llegaban en grupos, escalonando sus viajes por meses, cual
+hordas hambrientas que con la mirada querían devorarlo todo. El pariente
+rico era para ellos una vaca robusta, cuyas ubres inagotables les
+pertenecían de derecho. No tenía mujer ni hijos; ¿para quién, pues, las
+fabulosas riquezas que aquellos miserables se imaginaban en poder de
+don Eugenio? Las demandas eran interminables, no desmayando los
+pedigüeños ante la aspereza del comerciante, poco inclinado a la
+generosidad. El invierno había sido duro, las patatas pocas y malas, el
+macho estaba enfermo, los muchachos descalzos, un pedrisco lo había
+arrasado iodo; y tras estos preámbulos entraban en materia con la
+petición de veinte duros para pasar el mal tiempo, de una pieza de sarga
+para vestir a la familia, y otras demandas menos aceptables. Si don
+Eugenio ponía cara de perro a las peticiones, surgía la protesta en la
+rapaz parentela que tanto le quería.
+
+--¡Id allá, granujas!--gritaba el comerciante--. ¿Qué os debo yo para
+que vengáis a saquearme? Nada tengo que agradeceros, como no sea haberme
+abandonado en medio de esa plaza.
+
+Entonces era de ver la indignación con que tíos y hermanos acogían lo
+del abandono. ¡Otra que Dios...! ¿Y aún se quejaba? ¿_Pus_ si no le
+hubiesen abandonado sería él ahora comerciante con tienda abierta?
+Cuanto más, estaría guardando el ganado de algún rico. A la familia,
+pues, debía lo que era. Y si la turba de descarados pedigüeños no
+llegaba a decir que todo cuanto tenía su pariente les pertenecía de
+derecho, ya se encargaban sus exigencias insolentes y sus rapaces
+miradas de manifestar que éste era su pensamiento.
+
+Producto de una de estas invasiones de vándalos con pañizuelo y calzón
+corto fue el entrar como aprendiz en la tienda de _Las Tres Rosas_ un
+chicuelo, al que don Eugenio le fue tomando insensiblemente cierto
+afecto, sin duda porque recordando su pasado se contemplaba en él como
+en un espejo. Era de un pueblo inmediato al suyo; pasaba por pariente,
+circunstancia poco extraña en un país donde las familias, residiendo
+siglos y siglos pegadas al mismo terruño, acaban por confundirse, y
+llamaba la atención por su aire avispado y la ligereza de sus
+movimientos.
+
+Entró en la tienda hecho una lástima, oliendo todavía a estiércol y a
+requesón agrio, como si acabase de abandonar el corral de ganado. La
+vieja criada que administraba el hogar de don Eugenio tuvo que valerse
+de ungüentos para despoblar de bestias sanguíneas el bosque de cerdas
+polvorientas que se empinaban sobre el cráneo del muchacho, y concluido
+el exterminio, el amo lo entregó al brazo secular de los aprendices más
+antiguos, los cuales, en lo más recóndito del almacén y sin pensar que
+estaban en enero, con un barreño de agua fría y tres pases de estropajo
+y jabón blando, dejaron al neófito limpio de mugre de arriba a abajo y
+con una piel tan frotada que echaba chispas.
+
+Con esto, el mísero zagalillo de las montañas de Teruel se convirtió en
+un aprendiz listo, aseado y trabajador, que, según las profecías de los
+dependientes viejos, llegaría a ser algo. A las dos semanas chapurreaba
+el valenciano de un modo que hacía reír a las labradoras parroquianas de
+la casa, y sin que la dureza del trabajo disminuyera para él, todos le
+querían y no sabía a quién atender, pues Melchor por aquí, Melchorico
+por allí, nunca le dejaban un instante quieto.
+
+Con sus borceguíes lustrosos, una chaqueta vieja del amo arreglada
+chapuceramente, la cabeza siempre descubierta, con pelos agudos como
+clavos y las orejas llenas de sabañones en todo tiempo, era Melchorico
+el aprendiz más gallardo de cuantos asomaban la cabeza a las puertas
+para llamar a los compradores reacios. Aquel acólito del culto de
+Mercurio, por su empaque desenfadado atraíase la mala voluntad de los
+pilluelos de la plaza, enjambre de diablejos que pasaban horas enteras
+ante la relamida figurilla llamándole ¡_churriquio_! con irritante tono
+de mofa, hasta que algún dependiente les amenazaba con la vara de medir.
+
+Pasaron los años sin que incidente alguno viniese a turbar la ascensión
+lenta y monótona del muchacho en la carrera comercial. Perdió de cuenta
+los cachetes y patadas que le largaron don Eugenio y los dependientes
+viejos, unas veces por entretenerse bailando trompos en la trastienda,
+otras por pillarle dando retales a cambio de altramuces o cacahuet.
+Empleó los domingos en que le daban suelta yendo al tiro del palomo en
+el cauce del río, o paseando gratis arrellanado como un príncipe en las
+estriberas de las tartanas, con la epidermis a prueba de traidores
+latigazos; fue ascendiendo lentamente cíe burro de carga a aprendiz
+viejo; por fin, a dependiente; y al cumplir dieciocho años viose tan
+transformado, que, violentando sus instintos económicos, fortalecidos
+por las saludables enseñanzas del principal, se gastó cuatro pesetas en
+dos retratos que envió a los de «allá arriba», a sus antiguos colegas de
+pastoreo, para que viesen que estaba hecho todo un señor. Los tirones de
+oreja y los palos con la vara de medir lo habían puesto erguido,
+borrando en su cuerpo la tendencia a cargarse de espaldas y a ser
+patiabierto, propio de todos los de su tierra; sus pelos, a fuerza de
+peine y cosmético, habían llegado a domarse; los desabridos y no muy
+abundantes guisos del ama de llaves daban cierta figura a su corpachón
+huesoso. Y además, como tenía su soldada anual, aunque corta, ya no
+vestía los desechos de don Eugenio y se hacía al año dos trajes,
+operación que antes de ser emprendida era objeto de serías y profundas
+meditaciones.
+
+Melchor Peña, al salir de la adolescencia, experimentó una
+transformación. Al mismo tiempo que en su labio apuntaba el bigote, en
+su cerebro apuntó la tendencia a lo romántico, a lo desconocido, el
+anhelo de cosas extraordinarias, de aventuras gigantescas, y fue un
+rabioso lector de novelas. Cuantos tomos enormes, roídos por el corte y
+forrados con papel grasiento, rodaban por los mostradores de las tiendas
+del Mercado, eran atraídos por sus manos, como si éstas fuesen un imán,
+y devorados rápidamente, unas veces por la noche, después de cerrar las
+puertas y robando horas al descanso, otras por la tarde, aprovechando
+ausencias de don Eugenio, en el fondo del almacén, a la dudosa claridad
+que se cernía en aquel ambiente cálido, impregnado del vaho de los
+tejidos y el tufo de la tintura química. Había leído más de veinte veces
+_Los tres mosqueteros_, y el fruto que sacó de esta lectura fue que los
+aprendices se burlasen de él viéndolo un día en el almacén, envuelto en
+un guiñapo colorado, con un rabo de escoba en la cadera y contoneándose
+como si fuese el mismo D'Artagnan con todas sus jactancias de
+espadachín. Después se apasionó, como toda la juventud de su época, por
+_María o la hija de un jornalero_; y a pesar de que don Eugenio le
+enviaba a misa lodos los domingos y a comulgar por trimestre, hízose un
+tanto irreligioso, y en su interior comenzó a mirar con desprecio a los
+curas pacíficos y bromistas que visitaban por la noche el
+establecimiento para jugar a la brisca con el principal; y cuando cayó
+en sus manos _El conde de Montecristo_, paseábase por la trastienda,
+mirando los fardos apilados con la misma expresión que si en vez de
+paños, percales e indianas contuviesen un enorme tesoro, toneladas de
+oro en barras, celemines de brillantes, lo suficiente, en fin, para
+comprar el mundo.
+
+¡Y cómo se reía don Eugenio de la manía novelesca de su Melchorico, como
+cariñosamente le llamaba...! Él, que no había consultado otro libro en
+su vida que un cuadernillo donde estaban comparados los pesos y medidas
+de Cataluña, Aragón y Castilla, miraba al principio con cierto respeto
+el afán de lectura del muchacho; pero después, al notar las
+extravagancias de su torcida imaginación, le acribilló con burlas y le
+colgó el apodo de Don Quijote, no porque el viejo comerciante hubiese
+leído la inmortal obra de Cervantes, sino por tener arriba en su comedor
+una litografía detestable, en la cual el hidalgo manchego, dormido y en
+camisa, daba de cuchilladas a pellejos de vino.
+
+Iguales bromas se permitía el Don Quijote que vegetaba en la obscuridad,
+midiendo telas en _Las Tres Rosas_. Podían atestiguarlo los pescozones
+con que don Eugenio había saludado a su querido dependiente un lunes en
+el almacén, cuando vio a Melchor que, recordando el drama _El jorobado_,
+se creía un Lagardére, y con una vara de medir ensayaba la gran estocada
+de Nevers, acribillando los fardos de un modo que hacía temblar por la
+integridad de los géneros.
+
+--Como sigas así--gritaba el buen comerciante, escandalizado--, te
+pongo en la puerta y... ¡buen viaje! Me has engañado. Tú sirves para
+cómico, y a mí no me gustan farsas. Merchorico, por última vez lo digo.
+El año que viene entras en quinta; o sientas esa cabeza o te abandono, y
+el demonio que se encargue de tu suerte.
+
+Junto a la imaginación exaltada del dependiente debía existir una enorme
+cantidad de sentido práctico capaz de sofocar todas las fantasías y
+caprichos, y a esto se debió, sin duda, que Melchor se reprimiera en sus
+románticas extravagancias, y en adelante, aunque sin abandonar la
+lectura de novelas, se dedicara con más asiduidad a sus quehaceres.
+
+Tenía don Eugenio un amigo antiguo que todos los días visitaba la
+tienda, y por profesar a Melchor algún afecto, unía sus exhortaciones de
+hombre práctico a las del principal. De todos los individuos que
+formaban la tertulia de _Las Tres Rosas_, don Manuel Fora era el más
+considerado, a causa de su fortuna sólida y cuantiosa y de respeto que
+gozaba en el comercio.
+
+Vivía en un enorme caserón cercano a las Escuelas Pías; figuraba entre
+los primeros fabricantes de seda, y más de doscientos telares trabajaban
+para él, elaborando piezas de seda rayada, vistosa y sólida, y pañuelos
+de brillantes colores, que eran enviados a las más apartadas provincias
+de España y hasta la misma América, cosa que asombraba y producía cierto
+temor respetuoso entre el comercio a la antigua. De joven había sido
+novicio en una orden religiosa, pero ahorcó los hábitos el año 8 para
+batirse contra el francés, sacrificio que no le libró de ser conocido
+con el apodo de el _Fraile_ entre los comerciantes y las gentes de su
+industria.
+
+Le suponían poseedor de millones, y era el banquero de todos los
+mercaderes menesterosos. Bastábale entrar en su alcoba para presentar en
+cartuchos de onzas cuanto dinero se le pedía, y a pesar de esto, fuera
+de los días de Corpus, en que sacaba del fondo del arca el frac de color
+castaña y el sombrero de seda, nadie le había visto con otro traje que
+un eterno pantalón de cuadros, chaqueta de fustán, chaleco de terciopelo
+rameado y gorra de ancho plato.
+
+Era el más fiel representante de la avaricia atribuida á los de su
+gremio, y en el Mercado se contaban de él cosas graciosísimas. La mañana
+pasábala en San Juan, pues el comercio no le había hecho olvidar sus
+aficiones a las cosas de la Iglesia. Tenía su puesto fijo en el banco de
+la Junta de Fábrica, y allí iban a buscarlo los que, necesitando con
+urgencia su auxilio, no reparaban en que estaba oyendo la décima misa y
+rezando el centésimo rosario.
+
+--Don Manuel--murmuraba el pedigüeño con voz misteriosa y arrodillándose
+cerca del Banco--, necesito al momento seis mil reales.
+
+--¡Déjame en paz!--susurraba indignado el fabricante sin volver los
+ojos--. Ni la casa del Señor sabéis respetar. Búscame a la noche.
+
+--Don Manuel, ¡por Dios! que la letra vence hoy, y he de pagarla o se
+deshonra mi tienda. Seis mil reales al quince por ciento; sálveme usted.
+
+--¡Largo...! No estoy ahora para asuntos mundanos.
+
+--Don Manuel... aunque sea al veinte--decía el infeliz con esfuerzo
+supremo.
+
+--He dicho que no. Déjame en paz el alma.
+
+--Al veinticinco, don Manuel... al veinticinco. Me esperan en casa para
+que pague.
+
+--Márchate, o llamo al sacristán.
+
+--Pues bien; al treinta... que sean al treinta por ciento, como la otra
+vez.
+
+--Todo sea por Dios--murmuraba suspirando dolorosamente--. No dejáis
+tiempo ni para salvar el alma. Espérame en casa, yo iré así que termine
+este rosario. Te cobraré el treinta por ser tú... que bien sabe Dios que
+a mí no me gustan estos negocios.
+
+Esto se contaba del célebre fabricante de sedas; pero aunque en ello
+entrase en gran parte la exagerada malevolencia de sus enemigos, lo
+cierto era que don Manuel, con el producto de sus doscientos telares
+siempre en actividad y los caritativos auxilios que prestaba desde el
+Banco de San Juan, iba formándose una fortuna, cuya cifra, por ser
+desconocida, rodeaba a su poseedor de cierto prestigio misterioso.
+
+El fabricante y el dueño de _Las Tres Rosas_ eran antiguos amigos, y
+hasta se murmuraba que el primero había ayudado a éste con una
+generosidad extraña en los primeros tiempos de su comercio. Cuantos
+géneros de seda se despachaban en la tienda procedían de la fábrica de
+don Manuel, y de esto resultaba una continua comunicación entre el
+establecimiento de don Eugenio y el caserón del barrio de las Escuelas
+Pías, relaciones en las que servía de intermediario Melchor Peña, como
+dependiente de confianza.
+
+Él era quien iba al despacho de don Manuel a escoger pañuelos y piezas
+de seda, raso o terciopelo en aquellos armarios de roble con cerradura
+complicada, que databan del siglo anterior, y él también quien subía a
+los porches, donde con un tric-trac ensordecedor movíanse los telares y
+volaban las lanzaderas, haciendo surgir los ricos tejidos entre polvo y
+telarañas. Por efecto de las continuas visitas le trataron como amigo
+íntimo los de la familia de don Manuel. Éste era viudo y tenía dos
+hijos: Juan, un joven infatigable para el trabajo, meticuloso en los
+negocios, capaz, como su padre, de darse de cachetes por un ochavo, y
+Manolita, una muchacha hermosota, que a los diecisiete años tenía el
+aspecto de una matrona romana, y a quien don Manuel no quería encargar
+de la administración de la casa en vista del poco aprecio que mostraba
+al dinero.
+
+Otra persona formaba parte de la familia del _Fraile_; pero los lazos
+que la unían a ella eran tan efímeros y débiles como los que atan una
+estrella errante a un sistema planetario. Era un estudiante de Medicina,
+famoso entre los de su Facultad como hábil tocador de guitarra, alegre
+confeccionador de chistes y calavera de los más audaces. El _Fraile_,
+avaro y sin entrañas hasta con sus hijos, sentía gran debilidad por el
+estudiante, tal vez por el contraste entre su carácter austero y regañón
+y la alegría desenfadada de aquel cabeza a pájaros. Era sobrino de don
+Manuel en grado lejano; sus padres habían muerto, y el fabricante de
+sedas, en vista de su ingenio despierto, encantado por sus agudezas y
+recordando que lo sostuvo en la pila bautismal, hizo el inaudito
+sacrificio de recogerlo y darle carrera.
+
+Rafael Pajares venía a ser en la casa el punto vulnerable del huraño
+_Fraile_. Parecía imposible que éste soportase las travesuras del
+estudiante, que traía revuelta toda la casa, persiguiendo a las criadas,
+entreteniendo con chistes a los tejedores e introduciendo algunas veces
+en su cuarto ciertos compañeros de Facultad tan levantiscos como él, que
+al menor descuido saqueaban la despensa, y cuando no, hacían temblar los
+viejos pavimentos del caserón ensayándose a saltos en el manejo de la
+pandereta. Don Manuel, el hombre de las economías inauditas y las
+ruindades sin ejemplo, estremecíase de rabia al ver el uso que Rafael
+hacía de sus liberalidades. Regalábale una sotana nueva, y al punto la
+rasgaba en dos, quedándose con la parte del pecho y dando el espaldar a
+algún compañero pobre, con cuyo reparto iban ambos tan gallardos
+cubriendo con el manteo la desnuda trasera. Comprábale un tricornio
+flamante, y no acababa el día sin que el travieso muchacho le recortase
+los bordes caprichosamente hasta darle el aspecto de una fantástica
+cresta. Gustábale ir roto y sucio como los sopistas, y cada una de estas
+hazañas enfurecía al _Fraile_, haciéndole gritar que aquello era robarle
+el dinero, y que el mejor día de un puntapié en tal parte iba a poner en
+la calle al desvergonzado sobrino. Pero bastaba que el loco adorador de
+la tuna sacara algunas habilidades, para que el viejo se diera por
+vencido y asegurase que el muchacho tenía mucha gracia.
+
+Igual influencia ejercía Rafael sobre los demás individuos de la
+familia. El hijo del _Fraile_ le toleraba, lo que no era poco, atendido
+su carácter, y en cuanto a Manolita, vivía pendiente de los labios de su
+primo. Aquella muchacha sencillota, a quien las amigas de la casa tenían
+casi por tonta y que no conocía más mundo que las tertulias de gente del
+Arte de la Seda, a las que la llevaba su padre, miraba a Rafael como la
+encarnación de lo extraordinario, de lo novelesco; como un Don Juan,
+cuyo cariño le disputaban ocultas y poderosas rivales.
+
+Se amaban desde niños, pero con un amor extraño, incomprensible y
+preñado de incidentes. Él era informal, ligero, casquivano; tenía novias
+en los cuatro distritos de la ciudad; salía de noche para dar serenatas
+amorosas; y ella, bajo su exterior abobado de muchacha tímida y devota,
+ocultaba un carácter varonil, un genio insufrible, el mismo estallido de
+nerviosidad iracunda y atronadora que se manifestaba en el _Fraile_
+cuando le salía mal un negocio o un deudor se negaba a pagarle. Las
+peleas en voz baja y el estar de monos días enteros eran hechos
+frecuentes en estos amores que el padre y el hermano no conocían; pero
+bastaba para vencer el enojo de Manolita una palabra chistosa del
+estudiante, una irónica protesta, algo que la desarmase, haciéndola
+prorrumpir en carcajadas.
+
+¡Con un pillo así era imposible estar seria mucho tiempo! Se necesitaba
+tener corazón de piedra para no conmoverse cuando, cogiendo la guitarra
+y poniendo los ojos en blanco, se arrancaba por el _Fandanguito de
+Cádiz_, entonando después melancólicamente el ¡_Triste Chactas_...! que
+hacía llorar a todas las muchachas de la época, o aquello otro punteado
+y expresivo que comenzaba:
+
+/*
+ _Inflamado mi pecho amoroso_,
+ _sólo en ti se cifraba mi anhelo_....
+*/
+
+No; ella le quería, y aunque le diese algún disgusto, consideraba a
+Rafael, a pesar de su sotana mugrienta y su cara de granuja, como un
+rendido trovador de los que en aquella época de romanticismo hacían el
+gasto en todos los extravíos de imaginación femenil.
+
+Melchor Peña, entrando con frecuencia en la casa, estaba al tanto de
+cuanto ocurría en el seno de la familia y conocía el carácter de cada
+uno de sus individuos. Don Manuel le apreciaba como muchacho laborioso y
+económico, que tenía lo que él llamaba «sangre comercial». Juan,
+primogénito del _Fraile_, simpatizaba con él como a cofrade en la orden
+del continuo trabajo y la conquista del céntimo. Manolita decía de él
+que era un chico simpático, aunque vulgarote, y Rafael, el famoso
+adorador de la tuna, tratábale siempre con un aire de desdeñosa
+protección, como si tuviese empeño en recordarle de continuo el abismo
+existente entre una futura lumbrera de la ciencia y un «gozquecillo» de
+mostrador.
+
+Melchor correspondía a este desprecio con una antipatía profunda. Y no
+es que le hiriesen honradamente las zumbas del estudiante; su odio
+provenía del poco aprecio que éste mostraba a Manolita. Ser dueño de la
+voluntad de aquella mujer y corresponder a su afecto con infidelidades
+era un pecado imperdonable a los ojos del pobre Melchor, que amaba a
+Manolita en silencio, siempre en perpetua batalla interna, tan pronto
+dispuesto a declarar su pasión como arrepentido de su audacia.
+
+Habíase enamorado de la hija del _Fraile_, no repentinamente y a la
+primera mirada, como los protagonistas de aquellas novelas que con tanta
+fruición leía, su pasión se había formado lentamente, por escalones que
+poco a poco había ido subiendo. Un día se fijó en que Manolita tenía
+unas hermosas mejillas de melocotón con ligera película, más fina que el
+terciopelo de a cuatro duros vara; otro, hizo la observación de que sus
+ojos eran «ardientes ascuas», imagen del dominio común de todos los
+novelistas por él conocidos, una noche hasta llegó a pensar,
+revolviéndose en su menguada cama de dependiente, que la hija de don
+Manuel estaría admirablemente formada, a juzgar por su «exterior
+escultural»--otra frase cien veces leída--, y el resultado de estas y
+otras observaciones fue confesarse a sí mismo que era «esclavo» de
+Manolita y la amaría «hasta la muerte».
+
+¡Qué adoración tan constante la del pobre muchacho! Dos años estuvo
+lanzando tiernas miradas a la joven cada vez que por asuntos del
+comercio iba a casa del _Fraile_. Su imaginación novelesca soñaba un
+rapto, después de matar en desafío al infame estudiantón, con otras mil
+barbaridades por el estilo, y lo mejor del caso era que quien tales
+barrabasadas se sentía capaz de ejecutar temblaba como un niño en
+presencia del ídolo amado, y cien veces se le atragantó la declaración
+que tenía pensada y aprendida, sin faltar punto ni coma.
+
+Por fin, Manolita supo que Melchor la amaba gracias a una carta de éste,
+en la cual, conforme al patrón de todas las declaraciones, comparaba su
+corazón con el Vesubio, y comenzando con las consabidas frases:
+«Señorita: desde el móntenlo que la vi a usted», etc., terminaba: «Salve
+usted este corazón que está herido de muerte.» Manolita acogió
+burlescamente la declaración del dependiente, mas no por esto dejó de
+agradecerla, con esa satisfacción que causa en toda mujer el saber que
+es amada, y nada dijo a su familia ni a Rafael.
+
+Melchor esperó con paciencia inquebrantable, y un día fue Manolita la
+que le recordó su declaración, aceptándola.
+
+La hija del _Fraile_ se había dejado llevar de un arrebato del carácter
+violento que mostraba en las grandes ocasiones. Su primo Rafael había
+terminado la carrera, abandonando las locuras de estudiante para
+revestirse de la gravedad del doctor, y cuando ella esperaba de un
+momento a otro que formulase ante el padre sus pretensiones, una buena
+alma la hizo saber que aquel calavera ya no limitaba sus infidelidades a
+serenatas amorosas o pasiones del momento, sino que tenía cierto
+«arreglo» en el barrio del Carmen con carácter permanente, y hasta se
+susurraba si había una criatura de por medio.
+
+El carácter enérgico de Manolita se sublevó al convencerse de la nueva
+infidelidad de Rafael. No; ésta no la consentía, aunque el primo le
+pidiese perdón de rodillas y estuviese todo un año cantando romanzas
+sentimentales. Quiso vengarse, atormentar al infame, aunque para eso
+tuviese ella que sufrir, y nada le pareció mejor que aceptar las
+pretensiones de aquel tendero que la adoraba. El asunto se arregló con
+prontitud.
+
+Don Eugenio, que se sentía viejo y estaba dispuesto a traspasar _Las
+Tres Rosas_ al dependiente predilecto, encargóse de hablar a su amigo el
+_Fraile_; éste no tenía gran empeño en conservar en casa una hija que
+ignoraba el valor del dinero y gastaba mucho en trajes, según él decía;
+y como el novio la aceptaba sin un céntimo de dote, la boda se arregló,
+y a los tres meses la señora de don Melchor Peña entró triunfalmente en
+sus dominios de la plaza del Mercado.
+
+Siete años duró el matrimonio, y su único fruto fue Juanito, a quien
+pusieron tal nombre por apadrinarle el hermano de Manolita, o más bien,
+doña Manuela, pues el estado de maternidad, ensanchando sus macizas
+carnes de matrona, habíanla dado un aspecto respetable y majestuoso.
+
+Aquel marido aceptado en un arrebato de ira, sí no llegó a inspirarla
+amor mereció la tierna simpatía del agradecimiento. Levantábase Melchor
+al amanecer, y después de arropar cuidadosamente a la señora, rogándola
+que no abandonase la cama antes de las nueve, bajaba a la tienda para
+vigilar a los dependientes en las primeras ocupaciones del día. Subía a
+la hora de comer, para reír como un loco con las gracias de Juanito y
+revolcarse muchas veces por el suelo, imitando a ciertos animales, para
+satisfacer las tiránicas exigencias de aquel monigote que traía revuelta
+toda la casa. Comía lo que le daban, acogía como indiscutibles todos los
+actos de su mujer, y curado ya de las manías románticas, sólo pensaba en
+los negocios y en conquistar una fortuna para que su esposa pudiese ver
+realizadas sus altas aspiraciones.
+
+Doña Manuela gozaba de una libertad absoluta, como jamás la había
+soñado. Salía cuando quería, bajaba a la tienda algunas veces, como
+quien va a un lugar de entretenimiento, a distraerse viendo gentes y
+caras nuevas, y era dueña absoluta de todo el dinero de la casa, con
+gran descontento de don Eugenio y del avaro _Fraile_.
+
+--Tú no conoces a mi hija--decía el suegro a Melchor--. Si sigues tan
+tolerante, poco adelantarás. Con Manolita hay que ser rígido y no
+permitirla que toque un ochavo. Es como todas las mujeres, que en trapos
+y cintajos derrocharían el Potosí si lo tuvieran en la mano. Créeme a
+mí, que conozco bien ese ganado. A la mujer hay que tratarla con
+entereza; en una mano el pan y en la otra el palo.
+
+Pero Melchor se reía de las teorías brutales de su suegro. ¿No marchaban
+bien sus negocios? ¿No cerraba con regulares ganancias el inventario del
+año? Pues entonces nada debía negar a su mujer, de la que cada vez se
+sentía más enamorado, sin duda porque ella correspondía a sus caricias
+con una frialdad complaciente.
+
+Cierto que, a pesar de ser buenos los tiempos, adelantaba poco a causa
+de las prodigalidades de su mujer; pero... ¡pobrecilla! él la
+disculpaba, recordando su juventud monótona y aburrida al lado del
+tacaño padre, y además, decíase a sí mismo que alguna compensación había
+de merecer el resignarse a ser tendera una joven que podía aspirar a una
+posición más brillante.
+
+Y ella, aprovechando la tolerancia cariñosa del marido, gastaba con
+furor que escandalizaba a los buenos burgueses del Mercado. Seguía las
+modas con escrupulosidad costosa, y muchas veces aumentaba sus gastos
+hasta la locura, únicamente por el gusto de darles en las narices, como
+ella decía, al regañón de don Eugenio y al tacaño de su padre.
+
+Tenía en su vida motivos de sobra para ser feliz, pero a pesar de esto,
+dos cosas la entristecían. El andar a pie por las calles, signo, según
+ella, de pobreza y de degradación, y la vulgaridad de su marido, que se
+revelaba en sus maneras, en su modo de vestir, en la facilidad con que
+bromeaba con las criadas, como hombre acostumbrado a esos floreos de
+mostrador con que se halaga a las parroquianas, no pudiendo ver unas
+faldas lisas sin soltar cuatro requiebros inocentes y sin consecuencias.
+
+A pesar del concepto que le merecía su marido, doña Manuela fue honrada.
+Justamente el primo Rafael iba alcanzando algún renombre y los
+periódicos hablaban de él elogiándolo como médico. Varias veces, con su
+antigua audacia intentó aproximarse a Manolita para reanudar sus
+relaciones de amistad, buscando un final más íntimo; pero la hija del
+_Fraile_ era vengativa: no se borraba fácilmente de su memoria el
+recuerdo de una infidelidad, y acogió siempre al médico con una frialdad
+burlona. A pesar de esto, doña Manuela no quería consultar su voluntad
+ni revolver los recuerdos del pasado, pues sospechaba que todavía sentía
+algún afecto por aquel hombre.
+
+Un día murió el _Fraile_ de apoplejía fulminante al convencerse de que
+en la quiebra de uno de sus corresponsales había perdido más de veinte
+mil duros.
+
+Sus negocios no marchaban bien en los últimos años de su vida. La
+industria de la seda iba arruinándose con la competencia que la hacían
+los franceses; uno tras otro se cerraban los talleres montados a la
+antigua que durante un siglo habían sostenido la supremacía industrial
+de Valencia, y don Manuel, que a pesar de su buen sentido comercial
+tenía empeño en mantener testarudamente la lucha con el exterior, sufrió
+grandes pérdidas y murió de un berrinche antes que la ruina viniese a
+coronar su desesperada resistencia.
+
+Setenta mil duros aproximadamente heredaron en dinero, géneros e
+inmuebles cada uno de los hijos del _Fraile_, y mientras el primogénito
+se quedó con la casa solariega, contento con su posición y dispuesto a
+aumentar lo heredado, doña Manuela, al verse rica, sólo pensó en salir
+de su estado de tendera.
+
+Para ella, la sociedad estaba dividida en dos castas: los que van a pie
+y los que gastan carruaje; los que tienen en su casa gran patio con
+ancho portalón y los que entran por estrecha escalerilla o por obscura
+trastienda. Quería subir, saltar de la clase de los parias dedicados al
+trabajo a la de las «personas decentes»; y con el imperio y la concisión
+de la señora absoluta que no admite réplicas, expuso a su marido el
+futuro plan de vida. Puesto que el dependiente mayor, Antonio Cuadros,
+se había casado con Teresa, la criada, y por tener algunos ahorrillos
+pensaba establecerse, que se quedara con la tienda y con don Eugenio,
+que quería acabar su vida agarrado a ella como una lapa. El precio del
+traspaso ya lo iría pagando Antonio poco a poco, y ellos levantarían el
+vuelo inmediatamente para ir a formar un nido en una gran casa cerca del
+Mercado, una finca soberbia, con ancho portal, gran patio, cuadras
+profundas, y en el piso superior magníficas habitaciones; inmuebles que
+el difunto _Fraile_ había adquirido por poco dinero, prestando
+usurariamente a un conde tronado.
+
+Todo se realizó tal como lo dispuso doña Manuela, y ésta, a los pocos
+días, recordaba como un sueño la estancia de seis años en la tienda del
+Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la
+Alameda y teniendo un lacayo a sus órdenes para enviar recaditos a las
+nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, señoras a las cuales,
+por ser rica, trataba con aire protector.
+
+Lo único que la entristecía era su grandeza en el carácter del marido.
+¡Pobre don Melchor! La riqueza purgábala como un delito, y su vida de
+rentista ocioso y de acompañante en paseos y ceremonias resultábale un
+infierno.
+
+Desde por la mañana tenía que endosarse el chaqué y el sombrero de copa,
+para estar dispuesto a acompañar a la señora; oíase llamar torpe a todas
+horas porque en las visitas cerraba la boca, o si la abría era para
+soltar ingenuidades y franquezas que recordaban su origen; y... ¡oh
+tormento insufrible! Su Manolita no le permitía jamás que se quitara los
+guantes y hasta quería que comiese con ellos, para ir--según ella
+decía--acostumbrándose a los usos de la gente elegante. ¡Y el diario
+paseo por la Alameda...! ¡Dios, qué sonrojo! Tenía ella empeño en
+entablar grandes amistades, y no pasaba cerca de su berlina autoridad o
+persona conocida sin que Melchor le saludase solemnemente con un
+sombrerazo hasta las rodillas, ruborizándose muchas veces al ver el
+gesto de extrañeza con que aquellas personas contestaban a la reverencia
+de un ente desconocido. Esto de que le mirasen como un pájaro raro no
+estaba en su carácter, pero tenía miedo a Manolita y a los iracundos
+pellizcos con que acogía sus desobediencias.
+
+¡Pobre don Melchor! ¡Cuan caro le costaba ser esposo de una mujer
+hermosa y rica! Aburríase con el trato de unas personas a las que no
+podía entender, su esposa sólo le hablaba para proporcionarle nuevos
+tormentos, y únicamente se sentía feliz cuando, puesto de veinticinco
+alfileres, huía de casa, buscando en el Mercado a sus antiguos amigos.
+
+Aparentaba gran conformidad con su nueva posición. Amaba a Manolita y no
+quería decir la verdad sobre su carácter; pero con el astuto don Eugenio
+no valían disimulos.
+
+--Mira, muchacho, tú nos engañas. No, no eres feliz... aunque me lo
+jures. Tú tienes, como yo, sangre de comerciante, y el que nos saque de
+este mostrador y nuestras costumbres, nos mata. De seguro que ahora,
+siendo rico, levantándote tarde y paseando en carruaje, te acuerdas con
+envidia de los tiempos en que bajabas a barrer la tienda a las seis de
+la mañana y echabas un párrafo con las criadas que van a la compra. Yo
+sé bien lo que es eso.... ¡Ah! ¡Esa Manuela...! ¡Esa Manolita! El otro
+día se lo decía yo a su hermano. Ella te ha de matar, y ya estás en
+camino. Tú no puedes tirar con una vida así.... Jaula nueva, pájaro
+muerto.
+
+Y estas profecías fúnebres, que, dichas con franqueza, a lo aragonés,
+espeluznaban al infeliz Melchor, se iban cumpliendo poco a poco.
+
+Don Melchor languidecía visiblemente. Su buen humor había desaparecido
+junio con los colores de su cara; una obesidad grasosa y amarillenta
+hinchaba su cuerpo; y al fin, un año después de abandonar la tienda,
+murió sin que los médicos supieran con certeza su enfermedad. Fue cosa
+del hígado, del corazón o del estómago; sobre esto no se pusieron de
+acuerdo los doctores; lo único indiscutible fue que cayó lánguidamente y
+sin ruido, como esos pájaros a quienes el lazo traidor arranca del
+espacio para encerrarlos en una jaula.
+
+Fue un luto estrepitoso el de doña Manuela. Misas a centenares,
+funerales a toda orquesta, limosnas a porrillo, y lágrimas y lamentos
+que afortunadamente tenía el poder de evitar con sus frases chistosas el
+doctor don Rafael Pajares, quien, como médico de alguna fama, había sido
+llamado en los últimos días de la enfermedad del marido, lo que aumentó
+la languidez de éste y su desesperado desaliento.
+
+Ya sabía doña Manuela que no era muy correcta la presencia del antiguo
+novio en los primeros días de su viudez. Pero al fin era su primo, y
+trataba con tanto cariño al huérfano Juanito, con tales cosas sabía
+alegrar al pequeñín, que éste no podía pasar sin el tío Rafael.
+
+Quien más murmuraba contra tales visitas era don Juan, el hermano
+austero, huraño y de pulcra rectitud; pero sus quejas fueron, recibidas
+tan acremente, que acabó jurando no volver a poner los pies en aquella
+casa.
+
+Quedó el médico dueño del campo. Tan complaciente era, que para
+entretener al sobrino no vacilaba en despojarse de su dignidad
+profesional, y las criadas oían sonar en el salón una guitarra y la voz
+de don Rafael cantando las cancioncillas de sus buenos tiempos de
+estudiante. Primero sólo visitaba a la viuda por las tardes; después
+prolongó las entrevistas, saliendo de la casa a media noche; y por fin,
+llegó un día en que no salió.
+
+Don Eugenio y don Juan estaban escandalizados, diciéndose que el buen
+_Fraile_ conocía perfectamente a su hija; y aunque los dos tenían poco
+afecto al médico, experimentaron cierta satisfacción al saber que la
+viuda y el primo se casaban apenas transcurriera el plazo marcado por la
+ley.
+
+A los tres meses de casados tuvieron una niña, Conchita; un año después
+un muchacho, al que pusieron por nombre Rafael, y por fin, la menor,
+Amparito, último fruto de unos amores que se extinguieron tras rápidas e
+intensas llamaradas.
+
+El matrimonio fue al poco tiempo de realizado un motivo de satisfacción
+para don Juan, que aunque no odiaba a su hermana se alegraba de sus
+desgracias, hijas de la imprevisión.
+
+El primo Rafael, amante rabioso de los placeres y obligado a reprimir
+sus deseos en la atmósfera de sórdida avaricia en que se había educado,
+lanzóse sin temor a saciar sus apetitos al verse dueño de la fortuna de
+su esposa. La supeditación amorosa de doña Manuela le hacía ser dueño
+absoluto de la casa, y no tardó en hacer sentir su tiranía.
+
+Egoísta hasta la brutalidad, era derrochador para sus placeres y tacaño
+feroz cuando se trataba de las necesidades de los demás. Encontró
+ridículos los gustos aristocráticos de su esposa, y los suprimió
+despóticamente. Vendió el carruaje y los caballos, y doña Manuela, que
+tan exigente se mostraba en materia de ostentación con su primer esposo,
+acató servil y gustosa las órdenes del segundo. Ignoraba que aquel
+hombre tan avariento en los gastos de la casa arrojaba el dinero fuera
+de ella, y cubriéndose con el velo de la hipocresía, llevaba una vida de
+calavera, tal como la había soñado en su juventud.
+
+La ceguera de la esposa duró algunos años. Cuando supo toda la verdad,
+tuvo un momento de indignación y de protesta valiente, como al dar su
+mano a Melchor; pero ya era tarde para remediar el mal.
+
+El doctor había jugado fuerte, perdiendo miles de duros; mantenía
+queridas costosas por pura ostentación y emprendía viajes divertidos por
+toda España con audaces compañeros de bureo. La fortuna de doña Manuela
+estaba casi destruida. Su marido, en momentos de expansión amorosa,
+cuando ella se sentía más supeditada, habíala arrancado firmas
+comprometedoras y tenía que pagar, so pena de ver sus bienes embargados.
+Para dar en la cabeza a su marido--según ella decía--volvió a sus
+antiguos gastos, a la ostentación falsa de una fortuna que no existía;
+contrajo, por su parte, deudas y guiada por el engañoso pundonor de las
+gentes que se arruinan, en vez de vender fincas y ponerse a flote,
+prefirió gravar sus inmuebles con hipotecas y echarse en brazos de la
+usura, buscando préstamos con intereses aplastantes.
+
+Por fortuna, un sinnúmero de enfermedades provenientes de la vida
+crapulosa del doctor surgieron en su gastado organismo, y murió cuando
+ya su mujer, si no le odiaba, veíase separada para siempre de él por sus
+infidelidades y desvíos.
+
+La muerte del primo Rafael hizo que don Juan volviera a casa de su
+hermana y se dignase ocuparse en sus asuntos. Con su buen instinto de
+hombre práctico, puso orden en aquel maremágnum: vendió fincas, canceló
+hipotecas, pagó a los usureros con harto pesar de éstos, que querían ver
+correr los intereses hasta devorar al cliente, y al fin, un día pudo
+decir a su hermana:
+
+--Mira, chica, ya tienes libre y sano lo que te queda, pero te advierto
+que no eres rica. Tienes, a lo sumo, veinte mil duros, más ocho mil que
+pertenecen a Juanito, por ser la herencia de su padre. Se acabaron,
+pues, las locuras. Ahora mucho orden y mucha economía, y así podrás ir
+tirando. Sobre todo, no cuentes conmigo en los apuros. Si fueras pobre
+te tendería la mano; pero tienes para comer, y a mí no me gusta amparar
+a los derrochadores. Se acabaron las berlinitas y los demás gastos con
+los que se aparenta lo que no se tiene. Una vida arreglada, gastando
+conforme a la renta, es lo decente y lo digno. Esa fanfarronería, ese
+afán de aparentar con cuatro cuartos lo que la gente llama «arroz y
+tartana», es ridículo... ¿lo entiendes bien? soberanamente ridículo.
+
+Doña Manuela sintióse impresionada por los consejos de su hermano, y por
+mucho tiempo los siguió escrupulosamente.
+
+Dedicóse a criar a sus hijos, es decir, a los hijos de su segundo
+matrimonio, pues el pobre Juanito siempre había sido tratado con falso
+cariño, con un desvío encubierto, como si doña Manuela quisiera vengar
+en el pobre chico el haber sido poseída por su difunto padre.
+
+Aquella mujer resultaba incomprensible. Al marido fiel y bondadoso
+apenas lo nombraba, como si su matrimonio hubiese sido de algunos días;
+y en cambio, de aquel calavera que tanto la hizo sufrir habíase forjado
+después de muerto una figura ideal, y ya que no de sus virtudes, hablaba
+a todos de su talento, pintándolo como un sabio ilustre, cuya ciencia no
+había podido apreciar el mundo.
+
+El pobre hijo de Melchor, con su carácter apocado y dulce y su afán de
+cariño, era el paria de la casa. El doctor, viéndole siempre callado,
+contemplando a su madre con estúpida adoración, había declarado que el
+niño era tan bruto como su padre, y cuando más, podría servir para el
+comercio. Y como el muchacho, por su parte, le tenía gran afecto a don
+Eugenio y cierta querencia a _Las Tres Rosas_, que era donde habían
+transcurrido los primeros años de su vida, de aquí que Juanito, a los
+trece años, entrase en la tienda como aprendiz distinguido, con la
+ventaja de comer y dormir en su casa.
+
+En cambio, los hijos del doctor Pajares gozaron una niñez rodeada de
+atenciones. Las dos hijas estuvieron hasta los catorce años en un
+colegio y Rafaelito fue dedicado al estudio, pues doña Manuela v quería
+hacer de él una lumbrera médica como su padre.
+
+Estas predilecciones irritaban a don Juan, que había sentido un afecto
+fraternal por su primer cuñado, trabajador infatigable como él y amigo
+del ahorro. Además, Juanito era su ahijado. Pero callaba viendo que la
+hermana seguía sus consejos económicos y--según sus palabras--no
+estiraba el pie fuera de la sábana.
+
+Pero llegó el momento en que las niñas se convirtieron en unas
+señoritas, conservando sus relaciones amistosas con sus antiguas
+compañeras de colegio, y doña Manuela sintió el afán de ostentación de
+toda madre que tiene hijas casaderas. Renovó su mobiliario, abandonó las
+modistas anónimas, y en su afán de no andar a pie, si no tuvo berlina y
+tronco como en sus buenos tiempos, compró una galera elegante y ligerita
+y tomó como cochero a Nelet, el hijo de la nodriza de Amparo, un bárbaro
+de la, huerta, a quien puso por condición no tutear a la señorita menor
+y olvidarse de que era su hermano de leche.
+
+--¡Que rabie ese rancio!--decía doña Manuela, indignada al saber la
+furia con que su hermano había acogido tales reformas--. ¿Cree que toda
+la vida la hemos de pasar como unos miserables, con pan y cebolla y un
+vestido viejo?
+
+Don Juan también hablaba, y había que oírle.
+
+--Tu madre está loca--decía algunas veces a Juanito en la puerta de _Las
+Tres Rosas_--. Si esto sigue más tiempo, todos iréis a pedir limosna.
+¡Ah, qué cabeza...! ¡Parece imposible que sea mi hermana! Para ella lo
+principal es aparentar, y del mañana que se acuerde el diablo. Lo que yo
+digo: «arroz y tartana...» y trampa adelante.
+
+
+
+
+III
+
+
+El primer día del año, a las ocho de la mañana, Concha y Amparo ya
+habían abandonado el lecho, extraña diligencia en ellas, que por lo
+común no se levantaban hasta las diez.
+
+Ligeritas de ropa a pesar de la estación, revoloteaban alegremente por
+su cuarto, que ofrecía el desorden del despertar, en torno de las dos
+camitas de inmaculada blancura, que en sus arrugadas sábanas guardaban
+el calor de los cuerpos jóvenes y ese perfume de salud y de vida que
+exhalan las carnes sanas y virginales.
+
+Gorjeaban alegremente, como pájaros que despiertan, pero sus trinos no
+podían ser más vulgares.
+
+--¿Dónde estarán mis botinas?
+
+--Mis medias... me falta una.... ¿La has escondido tú?
+
+--¡Ay, Dios...! ¡Tengo una liga rota!
+
+Y así continuaba el diálogo de exclamaciones sueltas, lamentos y
+protestas, mientras las dos jóvenes, en chambra y enaguas, mostrando a
+cada abandono rosadas desnudeces, iban de un lado a otro, como aturdidas
+por el ambiente cálido y pesado de la habitación cerrada.
+
+Luego pasaron al tocador, un cuartito en el que la luz de la ventana,
+después de resbalar sobre la luna biselada de un gran espejo, quebrábase
+en el cristal azulado o rosa de las polveras y los frasquitos de
+esencia. La pieza no era un modelo de curiosidad y delataba el desorden
+de una casa donde falta dirección. Los peines de concha guardaban
+enredadas en sus púas marañas de cabellos; muchos frascos estaban
+desportillados, y el blanco mármol tenía pegotes formados por el amasijo
+de gotas de esencia con los residuos de polvos.
+
+Las dos muchachas soltaron sus cabellos, largos y ondeantes como
+banderas; sacudiéronlos, haciendo caer sobre el mármol las horquillas
+como una lluvia metálica, y después, cual buenas hermanas, ayudáronse
+mutuamente en la difícil tarea del peinado de un día de ceremonia.
+
+La clara luna retrataba en su fondo ligeramente azulado las cabezas de
+las dos hermanas, con la cabellera suelta y vestidas de blanco, como
+tiples de ópera en el momento de volverse locas y cantar el aria final.
+
+Sus rostros no eran gran cosa; hubieran resultado insignificantes a no
+ser por los ojos, unos verdaderos ojos valencianos que les comía gran
+parte de la cara, rasgados, luminosos, sin fondo, con curiosidad
+insolente algunas veces, lánguidos otras, y cercados por la ojera tenue
+y azul, aureola de pasión.
+
+La mayor, Conchita, veintitrés años, era la más parecida a su madre.
+Tenía su mismo aire majestuoso, y comenzaba a iniciarse en ella un
+principió de gordura, lo que la hacía parecer de más edad. En la casa
+gozaba fama de genio violento, y hasta doña Manuela la trataba con
+ciertas reservas para evitar sus explosiones iracundas; pero fuera de
+esto era seductora, con su frescura de carnes a lo Rubens y las
+arqueadas líneas que a cada movimiento delatábanse bajo la blanca tela.
+
+La menor, Amparito, dieciocho años; linda cabeza de bebé, boca graciosa,
+hoyuelos en la barba y las mejillas, un puñado de rizos sobre la frente
+y ojos que en vez de mirar parecían sonreír a todo, revelando el inmenso
+contento de ser joven y que la llamasen bonita. Era la toquilla de la
+casa, la señorita aturdida que aprende de todo sin saber hacer nada; la
+que por la calle no podía ver una figura ridícula sin estallar en
+ruidosa carcajada; la que tenía en sus gustos algo de muchacho y
+aseguraba muy formal que sentía placer en hacer rabiar a los hombres; la
+que se escapaba a cada instante del salón, para ir a la cocina a charlar
+con las criadas, gozando en ser su amanuense, sólo por intercalar en
+las cartas al novio soldado terribles barbaridades, con las que estaba
+riéndose toda una semana.
+
+Profesábanse gran cariño las dos hermanas; pero esto no impedía que
+algunas veces Amparo esgrimiese su carácter burlón contra Concha y ésta
+sacase a luz su impetuosidad iracunda; conflictos que terminaban siempre
+yendo la pequeña en busca de la mamá, llorando, con la mejilla roja de
+un bofetón o un par de pellizcos en los brazos. Otras veces armábase la
+guerra por si la una se había puesto la ropa blanca de la otra o por si
+se habían robado objetos de su exclusiva pertenencia; pero una ráfaga de
+autoridad pasaba por la madre: había bofetadas, llantos y pataleos; las
+criadas reían en la cocina, y a la media hora todos tan contentos:
+Concha en el balcón, Amparo corría por la casa cantando como una
+alondra, y doña Manuela arrellanábase en su butaca con aire de soberana
+que acaba de administrar recta justicia.
+
+Las dos ofrecían un seductor grupo mirándose en el espejo del tocador,
+despechugadas, con los brazos al aire y oliendo a carne refrescada por
+una valiente ablución de agua fría. Sus cabelleras, fuertemente
+retorcidas, apelotonábanse sobre la testa con la forma del peinado
+frigio, y quedaba al descubierto, sobre el extremo de la espalda
+nacarada, cubierta de una película tenue y fina de melocotón sazonado,
+la nuca morena, de un delicioso color de ámbar, erizada de pelillos
+rebeldes y rizados que parecían estar puestos allí para estremecerse
+nerviosamente con los suspiros de amor.
+
+Al terminar el peinado comenzó el arreglo del rostro. ¡Oh estupideces de
+la moda! A las dos incomodábalas su color pálido de arroz, aquel color
+puramente valenciano que hace recordar las delicadas tintas de la
+camelia.
+
+«Tenemos caras de muertas», se decían todas las mañanas al mirarse al
+espejo, y martirizaban su fresca y jugosa piel con los polvos cargados
+de plomo, el bermellón que teñía levemente las mejillas y los lóbulos
+de las orejas; y como si sus ojos no fueran bastante grandes todavía
+enmendaban la plana a la Naturaleza, trazando leves líneas al extremo de
+los párpados. La frescura juvenil, la hermosura natural, era cursi; la
+elegancia exigía careta.
+
+Y mientras llevaban a cabo este retoque criminal, eran las exploraciones
+sin término, las rebuscas furiosas sobre el mármol del tocador, al
+través del bosque de frascos y cajas, persiguiendo objetos que
+aturdidamente tocaban sin reconocerlos. ¿Dónde estaba el polvo rosa? ¿Y
+el paño de Venus? ¡Adiós! ¡ya no quedaba una gota de «piel de España»!
+La mamá, con la manía de embellecerse que la había acometido a última
+hora, era una calamidad para las niñas. Ella sola se llevaba medio
+tocador, y después, para hacerla entrar en la perfumería, había que
+importunarla toda una semana.
+
+La _toilette_ acabó con poca alegría. Las deficiencias del tocador
+habían malhumorado a las dos hermanas. Lanzábanse miradas de sorda
+hostilidad. Amparo pensaba que, por ser la más pequeña y la más débil,
+tenía que contentarse con el sobrante de la otra, y Concha retocaba su
+moño nerviosamente, murmuraba y daba furiosas pataditas, mirando de
+soslayo, sin poder copiar el perfil gracioso del peinado de aquella
+muñeca.
+
+Por fin llegó el momento en que volvieron a su cuarto para ponerse los
+vestidos más bonitos. Eran los días de la mamá; iban a tener visitas y
+había que estar presentables, para que las amigas, en vez de sonreírse
+compasivamente, se mordieran los labios.
+
+Cuando volvieron al tocador y se miraron en la clara luna, su alegría
+reapareció. Vamos, no estaban del todo mal; y con un retoque al peinado
+y a la cara, un _bouquet_ en el pecho y dos tirones al talle para que no
+hiciese arrugas, se dieron por satisfechas y se lanzaron al público.
+
+Eran ya cerca de las diez. La mamá estaba en el salón hablando con doña
+Clara, una señora antipática y ordinaria que la visitaba con frecuencia,
+y las niñas, huyendo de tal visita, pasaron al comedor.
+
+Hasta allí llegaban los preparativos de la fiesta. Sobre la mesa
+veíanse, formando círculo, varias bandejas con pasteles de espuma,
+blancos en su base, destilando almíbar, dorados suavemente en sus
+dentelladas crestas, y entre los cuales asomaba la tarjeta del que
+enviaba el dulce recuerdo; dos grandes tortadas ostentando en su
+superficie de azúcar pulido como un espejo frutas confitadas en
+caprichosos grupos; y en el centro de la mesa el ramillete de casa
+Burriel, arquitectura de turrón, y merengue que afectaba la forma de un
+castillo surgiendo de un montón de flores y rematado por una bailarina
+que, montada sobre un alambre, danzaba temblorosa sobre la obra maestra
+de confitería.
+
+En torno de la mesa, husmeando con aire goloso, estaba una diminuta
+perra inglesa, que, con su piel de porcelana, sus ojillos de cristal y
+las patas de alambre, parecía escapada de una tienda de juguetes.
+
+Al ver a sus amas, el liliputiense animal sacó la roja lengua, lanzando
+un ladrido que parecía un estornudo.
+
+--¡_Miss_...! ¡mi querida _Miss_!--gritó Amparito, queriendo tomarla en
+brazos. Pero ya Concha se había adelantado a tal deseo, apoderándose de
+ella, y desde lo alto de sus brazos enseñábale la mesa cubierta de
+pasteles, al mismo tiempo que la besaba en el hocico.
+
+Hubo brega entre las dos hermanas sobre el mejor derecho a la posesión
+de _Miss_, y Concha la dejó caer, con tan mala fortuna, que chocando
+sobre la mesa aplastó un par de pasteles, y manchada con la espuma del
+merengue emprendió una furiosa carrera hacia el salón.
+
+--¡Mi pobre perrita! ¡Animal...! ¡la has muerto!--gritó Amparito, como
+si hubiese ocurrido una desgracia. Y levantó su puño amenazante contra
+su hermana.
+
+Pero al ver la extraña figura que presentaba _Miss_ con sus pegotes de
+merengue y corriendo medrosa, una carcajada de atolondramiento hinchó su
+lindo cuello, y como si nada hubiese sucedido, se agarró del talle de
+Concha, dándola un sonoro beso.
+
+--¡Qué gracioso...! ¿eh? ¡Qué cara va a poner mamá cuando la vea entrar
+en el salón con esa facha...!
+
+Pero la intensa risa que esto la producía desvanecióse al oír un cacareo
+angustioso, un estertor de muerte que salía de la cocina.
+
+Allá fueron ellas, y al entrar vieron a Nelet el cochero en mangas de
+camisa, con un cuchillo en la mano, ocupado, con la gravedad de un
+sacrificador, en abrirle el gañote a un robusto capón que sostenía
+Visanteta por las patas. La otra criada de la casa, que la echaba de
+sensible y ejercía cerca de las señoritas las funciones de doncella,
+volvía la espalda al sacrificio y vigilaba las marmitas y cazuelas que
+hervían sobre los fogones del banco.
+
+Las dos hermanas, inclinadas y recogiéndose las faldas entre las
+piernas--para evitar rozamientos con el suelo grasoso--, contemplaban
+atentamente el degüello, contaban las convulsiones de la agonía y
+seguían las últimas gotas de sangre desde que asomaban a la herida,
+erizada de pelos coagulados, hasta que caían en una cazuela.
+
+Este trabajo ponía alegre a Nelet y excitaba su jocosidad brutal.
+
+--Qué gordito, ¿eh?--decía palpando la pechuga del cadáver--. Cuando lo
+pelen parecerá un canónigo.... Si yo fuera rico, todas las mañanas haría
+una muerte así. Vale más esto que limpiar el caballo.
+
+Y para completar sus gracias agitaba el capón en el aire como si
+incensase el rostro de las dos criadas, lo que las hacía correr
+asustadas por toda la cocina, con gran algazara de las señoritas.
+
+La broma cesó al aparecer doña Manuela, vestida con una bata de seda
+negra, amplia, con larga cola y mangas perdidas que completaba su
+apostura de reina de teatro. Se había librado de doña Clara, aquella
+posma que nunca terminaba relato alguno, saltando de una conversación a
+otra, lo que hacía sus visitas interminables.
+
+La mamá y las niñas volvieron al comedor y dieron vuelta a la mesa,
+leyendo las tarjetas que acompañaban a los regalos.
+
+Allí estaba la del tío don Juan. Siempre el mismo. El muy tacaño, a
+pesar de sus millones, se había contentado con media docena de pasteles:
+total, tres pesetas. No se arruinaría. El lindo ramillete era de don
+Antonio Cuadros y su señora, los propietarios de la tienda de _Las Tres
+Rosas_.
+
+--Ahí tenéis unas personas sin educación, pero que saben hacer bien las
+cosas.
+
+Y doña Manuela, después de esta reflexión hija del agradecimiento,
+siguió enseñando las tarjetas. Don Eugenio García, una tortada... no
+estaba mal; la otra era de «las magistradas»; y los demás pasteles no
+llevaban señales de procedencia; pero doña Manuela adivinaba que eran de
+Juanito, aquel hijo que la obsequiaba con tanto cariño como sí fuese su
+novia.
+
+--¿Y Juanito, dónde está mamaíta?
+
+--En la tienda; pero vendrá antes de las doce. Rafael también ha salido.
+
+En la puerta de la escalera sonó un campanillazo, que denotaba el tirón
+brutal de una mano burda.
+
+Nelet salió rápido de la cocina, y haciéndolo retemblar todo con sus
+zapatos, corrió a abrir. Hubo en la antesala exclamaciones como
+berridos y caricias que parecían golpes, cual si alguien riñese a brazo
+partido.
+
+--¿Qué es eso?--dijo doña Manuela, avanzando hacia la puerta.
+
+Pero se detuvo al oír la voz cascada y chillona que sonó en la antesala.
+
+--¡Es el ama...! ¡el ama!--gritó Amparito con ingenua alegría.
+
+Pero inmediatamente se contuvo, ruborizada, como si hubiese cometido una
+terrible inconveniencia.
+
+Precedida de Nelet, entró en el comedor, balanceándose y atronándolo
+todo con sus chillones «¡buenos días!», una labradora gruesa y hombruna.
+Era la nodriza de Amparito, una huérfana de las inmediaciones de
+Alboraya, madre del cochero, y que había criado en su barraca a la
+señorita. Nelet era un retoño digno de tal árbol, pues en el rostro
+pecoso, mofletudo y de tirante piel que mostraba la tía Quica bajo su
+pañuelo de hierbas notábase la misma brutalidad jocosa y resuelta de su
+rústico vástago. Abultaban su volumen una docena de zagalejos bajo la
+rameada falda, y cuando se sentaba abría las piernas de tal modo, que,
+combándose las ropas, formábase entre sus muslos de yegua rolliza un
+abismo insondable. Iba siempre a todas partes con la cesta al brazo; una
+enorme cesta, siempre blanca, que no soltaba ni al tomar asiento, y por
+lo íntimamente unida a su persona, parecía un nuevo miembro de su
+cuerpo.
+
+Abrumó a Amparito con abrazos asfixiantes y besos y lagrimones, que la
+arrebataron una parte del colorete; y después de esta molesta expansión,
+que dejó aturdida a la niña e hizo torcer el gesto a doña Manuela,
+dejóse caer de golpe en una silla, que crujió tristemente bajo las
+gigantescas posaderas.
+
+Dio dos o tres bufidos de cansancio--sin soltar la cesta--, y rompió a
+hablar en un castellano fantástico, ya que en casa de doña Manuela no
+era permitido otro lenguaje.
+
+¡Cómo se cansaba una en Valencia...! Parecía imposible que las gentes
+quisieran vivir en semejante pudridero. Allá, en la huerta, se estaba
+bien, y por esto a ella le costaba mucho decidirse a entrar en Valencia.
+Había venido únicamente por felicitar a la señora en sus días, y eso
+haciendo un esfuerzo, pues su deber era no apartarse de su hermana
+menor, que vivía en una barraca inmediata a la suya.
+
+--¡Calle, siñora! ¡Cuan apurada está la pobre! Su marido nos ha salido
+un borrachín, un bufao, que todos los domingos vuelve de la taberna de
+_Copa_ a cuatro patas, como un burro, y lo han de meter en la cama para
+que duerma la mona un par de días. ¡Y qué pausas, Virgen santa! Mi pobre
+Pepeta pasa la vida de Santa Catalina de Sena, y la muy bestia, erre que
+erre, sin aborreser a ese pillo de _Pimentó_, que no vale ni un papel de
+fumar.
+
+Y en este tono seguía la tía Quica la relación de todas sus desdichas de
+familia; pero a lo mejor deteníase, y al ver a Amparito, que la
+contemplaba silenciosa, prorrumpía en un «¡_jilla meua_!» estruendoso; y
+sin soltar la cesta--eso jamás--, volvía a abrazarla y besuquearla,
+llevándose en los labios los blancos polvos.
+
+¡Cuan guapa estaba! Miradla; parecía una reina. ¡Quién podría figurarse,
+al verla con aquellos trajes, que la había tenido en su barraca, y en
+las tardes de sol jugaba en la cuadra con Nelet y otros chicos, entre el
+macho, el novillo y los dos cerdos!
+
+Aún se acordaban todos de ella y eran muchos los que le preguntaban por
+su salud. No; de aquel año no pasaba. Aunque se opusiera la mamá, ella
+se la llevaría a la fiesta mayor de Alboraya, para que todos vieran cómo
+estaba su Amparito y qué aire de señorío gastaba. Y... a propósito; el
+hijo del tío _Pallús_--¿te acuerdas, Amparito...? aquel chico que andaba
+a cuatro patas y hacía el burro para que tú le montases--, pues bien,
+ése venía ahora a Valencia con el carro a recoger el estiércol de las
+casas, y quería que Nelet le dejase limpiar la cuadra. Cuando viniese
+por el estiércol ya subiría a ver a Amparito, y de paso, si no les
+servía de molestia, podían darle cualquier cosilla: unos pantalones
+viejos de los señoritos, algo de ropa blanca, pues a los pobres todo les
+sirve.
+
+La tía Quica se dio cuenta del mal efecto que su conversación causaba en
+doña Manuela, y se apresuró a manifestar el objeto de su embajada,
+echando mano a la inseparable cesta. En ella llevaba algunas cosas para
+obsequiar a la señora en sus días; regalos de pobre, pero que ofrecía
+con la mejor voluntad del mundo. Rosquillas de una pasta con cierto dejo
+amargo, cubiertas con una capa tersa de azúcar; tortas que parecían de
+cartón, pegadas a un papel grasiento, y confites agridulces, que se
+deshacían en la boca y llevaban en la huerta el extraño nombre de
+_suspiros_. La señora dio las gracias, con una risita de conejo. Bien
+sabía lo que costaban esos productos de la confitería rústica. Ya lo
+decía su astuto padre: «El bollo del labrador cuesta cahizada de trigo.»
+
+Después que la tía Quica depositó majestuosamente sobre la mesa sus
+regalos, la señora, como compensación, metió en su cesta la media docena
+de pasteles que _Miss_ había aplastado en su caída, y además le dio un
+duro, no sin antes luchar con la labradora, que juraba y perjuraba que
+nada quería, mientras en sus ojos brillaba la codicia.
+
+Cuando tuvo en su poder los regalos, entonó un interminable himno de
+gracias, desbordándose en elogios, que, en forma de consejos, dirigía a
+su hijo.
+
+--Mira, Nelet; bien puedes servir a las siñoras. A ver si te portas
+bien; tu padre, el tío Sentó, tendrá un disgusto si faltas a la
+obligasión. Bien puedes trabajar. Estando en casa, tendrías que ir en el
+carro a llevar vino, durmiendo mal y trabajando como los machos. ¿Y aquí
+qué te hase falta? Tienes papusa buena y segura, trabajas poco, vas
+vestido como un siñor... Nelet, no seas bruto y a ver si das gusto a las
+siñoras....
+
+Y así hubiese seguido desarrollando este capítulo de consejos, a no ser
+porque un campanillazo le cortó la palabra.
+
+Una visita. Doña Manuela y las niñas pasaron al salón, donde estaba don
+Eugenio García, el fundador de _Las Tres Rosas_.
+
+Por él no pasaban los años. Era el mismo viejecillo de siempre,
+regordete y sonriente, con el rostro colorado, la mirada viva y la
+cabecita blanca y sonrosada. Aseguraba que tenía gran semejanza
+fisionómica con Pío IX, y algo había en él que recordaba al difunto
+Papa, a pesar de su capita azul sin esclavina y del bastoncillo muleta,
+que no soltaba ni aun en las visitas.
+
+Besó a las niñas como sí fuese su abuelo, y a doña Manuela diole algunas
+palmadas en la espalda con una alegría de viejo campechano, asegurando
+que cada vez estaba más gorda y hermosota. Venía de oír misa de San
+Juan, su querida parroquia; y cumpliendo la obligación de todos los
+años, quería saludar a Manuela y a las niñas, y desearles mil
+felicidades en el día del santo. Él no pensaba salir del próximo año; en
+él caería, estaba seguro de ello, a pesar de que todos los años había
+dicho lo mismo. Y hablaba de la muerte con la serenidad de una vejez
+tranquila y honrada, bromeando, riéndose y dejando escapar agudos
+chillidos por entre sus encías desdentadas.
+
+Amparito escuchábale complacida, riéndose malignamente del ceceo del
+viejo y de sus preguntas.
+
+¿Que si tenían novio? No, señor; aún eran jóvenes y podían esperar.
+Concha sí que tenía algo, pero ella nada.... Nadie la quería... ¡era tan
+fea...! Y el travieso bebé experimentaba satisfacción al oírse llamar
+hermosa por aquella boca de ochenta años.
+
+--Pero quédese usted a comer, don Eugenio--dijo la señora--. Desde que
+salimos de la tienda, ningún año ha querido usted honrar nuestra mesa.
+
+--No puedo, Manolita. Soy ya muy viejo, y quien me saca de mis sopitas
+me mata. Además, vaya un regalo: un convidado de mi clase. Masco como
+una cabra, y 110 divierte ver un viejo entre la gente joven. A cada
+cual lo suyo.
+
+La visita se prolongó una media hora, y por fin, el viejo, con ayuda de
+su bastón, púsose en pie.
+
+--Me voy, hijas mías--dijo con expresión melancólica, a pesar de su
+carita siempre alegre--. El año que viene os acordaréis de mí al veros
+sin mi visita. Ya tendré entonces lo que me falta: el reposo eterno....
+No digáis que no.... ¿Creéis que no tengo ganas de descansar...? Pero
+mientras llega la hora, don Eugenio siempre firme en su tienda del
+Mercado. ¡Comerciante hasta la muerte!
+
+Y después de repetir estas palabras golpeándose el pecho, salió del
+salón escoltado por las señoras.
+
+La nodriza se había ido, y Nelet continuaba en la cocina ayudando a las
+muchachas. Era día de gran banquete. Don Juan, el tío de las señoritas,
+aquel erizo intratable, había accedido a comer en casa de su hermana, y
+eran de ver los preparativos. Juanito iría a las doce por el tío; y
+Rafael, antes de salir, había sufrido un sermón de su madre
+recomendándole que estuviera en casa a la una en punto, hora de la
+comida. A los postres vendría Andresito Cuadros y algún amigo de Rafael.
+
+La campanilla de la escalera sonaba cada cinco minutos. Eran tarjetas de
+felicitación, que se amontonaban en el velador de la antesala, y sobre
+las cuales se abalanzaban las dos hermanas, ávidas de curiosidad.
+
+A las once, otra visita, Don Antonio Cuadros y su mujer, con la ropa de
+las grandes solemnidades. Teresa, con vestido negro de seda, grueso y
+crujiente, sólido aderezo con más oro que piedras, mantilla de blonda y
+los dedos cargados, como siempre, de sortijería barata. Él, de levita
+atrasada de tres modas, guantes negros, sombrero de copa con alas
+microscópicas y en el chaleco una verdadera maroma de oro. Los dos,
+tiesos, majestuosos, dentro de estos trajes que, al través de
+innumerables reformas, venían subsistiendo desde su boda y sólo salían a
+luz en visitas de días o entierros.
+
+El matrimonio tomó asiento en el sofá, lugar preferente del salón, honra
+que hizo enrojecer de orgullo a la antigua criada.
+
+--Pues sí, Manuela--dijo el marido--; en un día como éste, nosotros no
+podíamos prescindir de hacer a ustedes la consabida visita. Gozamos de
+la felicidad de ustedes, porque, aunque me esté mal el decirlo, nosotros
+les apreciamos mucho.
+
+Y así seguía el tendero del Mercado, ensartando sus frases rebuscadas
+ante la admiración ingenua de su esposa, que veía en él un ser superior.
+Y mientras seguía su curso la conversación, sonaba a cada instante la
+campanilla de la puerta. Eran tarjetas de felicitación, que la señora
+miraba satisfecha, dejándolas sobre el velador de modo que pudiesen
+leerlas sus visitantes.
+
+La familia dio las gracias al señor Cuadros por el obsequio que había
+enviado.
+
+--Quédense ustedes a comer con nosotros. Hoy tenemos a la mesa a mi
+hermano Juan.
+
+Estas palabras hicieron que la conversación recayese sobre el hermano de
+la señora. El comerciante era irresistible cuando se lanzaba a hablar
+del prójimo. ¡Vaya un señor raro el tal don Juan! Para él no existían
+teatros ni diversiones. Se le calculaba una fortuna de más de cien mil
+duros, y sin embargo vivía como un hurón en la gran casa heredada de su
+padre, sin otra compañía que una vieja criada, y arrastrando su fastidio
+por los talleres abandonados, que parecían cementerios. Tenía manías, y
+la más principal era combatir la debilidad de la vejez con un régimen de
+continua actividad. Todas las tardes pasaba horas enteras visitando las
+obras del Ensanche, las reformas que el Municipio emprendía en los
+caminos vecinales. Los peones le conocían, como si fuese un contratista
+o maestro de obras; y cuando le faltaban estas distracciones emprendía
+atroces caminatas: iba a pueblos distantes, andando siempre con una
+regularidad mecánica; el cuadrado sombrero sobre las cejas, flotante el
+paleto, que no abandonaba ni aun en el verano, y bajo el brazo el bastón
+de su juventud, una caña vieja y resquebrajada, con puño redondo de
+marfil que casi era una bola de billar.
+
+Hablábase con misterio e interés de las preciosidades que amontonaba en
+sus polvorientos salones. Figuraba en todas las almonedas como comprador
+de fuerza, y si algún corredor le proponía la adquisición de alhajas
+antiguas o muebles raros--siempre, se entiende, con considerable
+ventaja--, aceptaba sin vacilación, pues no era dinero lo que faltaba en
+el enorme _secrétaire_ del siglo pasado, que ocupaba todo un paño de su
+alcoba, mostrando el menudo mosaico de sus tres filas de cajoncitos. De
+este mueble también se hablaba con respeto en casa de doña Manuela.
+¿Quién podía saber todo lo que contenía? De allí salían largos
+pendientes en forma de uva, cuajados de diamantes antiguos; sortijones
+con brillantes como lentejas; piedras sin montar, de valor considerable;
+cincelados de gran mérito artístico; todo adquirido a fuerza de calma y
+de regateos en el naufragio de las grandes fortunas.
+
+--Dice usted bien, Antonio. Mi hermano es un ente raro, un extravagante,
+que pudiendo estar bien con los suyos, prefiere vivir casi solo en
+aquella casa, contando sus miles de duros y adorándolos como si los
+hubiera de llevar a la fosa. Yo no viviría con tranquilidad.... Dicen
+que por la noche, al menor ruido, se levanta y recorre la casa con unas
+pistolas viejas; pero aun así, es extraño que no le roben. Su tacañería
+me disgusta. Pero entre hermanos hay que vivir en paz, ¿no es verdad? y
+por esto sufro que a espaldas mías hable mal de mis costumbres.
+Afortunadamente, una tiene lo que necesita para pasarlo bien, y no se ve
+obligada a buscar los auxilios de ese avaro.
+
+Una nueva visita entró en el salón. Eran «las magistradas», una mamá y
+tres hijas, íntimas de las niñas de la casa. El papá había muerto siendo
+magistrado, y esto bastaba para que en casa de doña Manuela, con el afán
+de grandezas que todos sentían, no designasen a la familia por su
+apellido, sino por el título del difunto.
+
+Los señores de Cuadros sentían una oculta satisfacción al rozarse con
+las amistades de doña Manuela, que para ellos eran gente de la clase más
+elevada. Teresa miraba con su respeto de antigua criada a aquellas
+señoras, y sonreía con bondad estúpida cada vez que alguna de ellas se
+dignaba mirarla.
+
+Las dos viudas hablaban afectuosamente, y doña Manuela, a pesar de que
+estaba bastante bien de salud, expresábase con cierta languidez que a
+ella le parecía la última palabra del buen tono.
+
+--Salgo poco, querida; el frío y la lluvia me matan. Aún no he visto
+este año la feria de Navidad. Y eso que teniendo carruaje se puede salir
+de casa sin miedo al tiempo.
+
+Y lo de tener carruaje acentuábalo doña Manuela como si fuese la
+ejecutoria de la distinción, el signo único que marcaba la diferencia de
+castas.
+
+Las niñas hablaban entre sí, haciéndose preguntas sobre sus trajes o lo
+que habían hecho durante el día anterior, y nadie se acordaba del
+matrimonio Cuadros, que permanecía en el sofá como clavado, mirándose
+los pies y sin saber cómo salir de allí, por no molestar a los que
+hablaban. Amparo era la única que de vez en cuando volvía la cabeza para
+sonreírles. Por fin, se fueron.
+
+--Son unos antiguos amigos--dijo doña Manuela a «la magistrada»--.
+Buenas gentes, pero ordinarias. Nos están agradecidos: a él le protegió
+mucho mi primer marido.
+
+Cuando la familia dio por terminada su visita, doña Manuela y las niñas
+fueron hasta el rellano de la escalera, para cambiar allí los últimos
+besos.
+
+--Crea que me dan un disgusto no quedándose a comer.
+
+Desaparecía en los últimos peldaños el extremo de las elegantes faldas,
+cuando sonó una tos que todos conocían en la casa. Era el tío que
+llegaba, anunciándose, como siempre, con un carraspeo que le cortaba las
+palabras, y que, según doña Manuela, sólo tenía por objeto el darse
+tiempo para pensar las contestaciones.
+
+El cuadrado sombrero y el flotante paleto, que parecía una sotana,
+fueron remontando lentamente la escalera, con acompañamientos de golpes
+de bastón en cada peldaño.
+
+--¡Buenos días, tío...!
+
+Viose por fin desde el rellano la cara de don Juan, animada por su falsa
+risita, que recordaba la de los conejos. Iba de gran gala. Traje, el de
+siempre; pero su chaleco escotado dejaba al descubierto una botonadura
+maciza, enorme, con diamantes antiguos de gran valía, y en los dedos
+sortijas pesadas, de complicada labor, que evocaban el recuerdo de los
+suntuosos marqueses del pasado siglo.
+
+--¿Me aguardabais, hijas mías...? ¡Ejem, ejem...! Pues he sido puntual.
+Son las doce.
+
+Y mostraba su reloj, una joya rococó, que con sus esmaltes mitológicos
+hacía pensar en las fiestas pastoriles de Versalles. Tras él subía la
+escalera Juanito, el hijo mayor, con un enorme ramo de flores.
+
+--¡Este chico... este chico!--murmuró la señora, sin conmoverse gran
+cosa por el cariño extremado que Juanito le demostraba en todas
+ocasiones.
+
+Y se dejó besar por su hijo, que después corrió al comedor con el ramo,
+y no encontrando un jarrón capaz de sostener aquella pirámide de flores
+lo colocó entre dos sillas.
+
+Don Juan fue casi llevado en triunfo al salón por sus sobrinas. Tío por
+aquí, tío por allá; la una le quitaba el sombrero, la otra tomaba su
+bastón, y las dos tiraban a un tiempo de su paleto, sonriendo
+ligeramente al ver el chaqué, que quedaba al descubierto, y que con sus
+cortos faldones dábale el aspecto de un pájaro desplumado.
+
+Las pobrecillas ya sabían vivir. Aquel tío era la esperanza de la
+familia; representaba el cebo capaz de atraer novios con la tentación de
+una herencia, y aunque lo encontraban poco simpático, por su carácter y
+la ruindad de sus regalos, sonreíanle y le adulaban, con gran contento
+de la mamá.
+
+A pesar de esto, doña Manuela no se hacía ilusiones. Al único que quería
+él era a Juanito; con los hijos de Pajares mostraba siempre cierta
+ironía, sin duda para darse el gusto de mortificar a su hermana.
+
+--Juan, quédate en el salón mientras yo voy a la cocina a vigilar los
+preparativos. Vosotras, niñas, entretened al tío. Ahora verás cuánto ha
+adelantado Conchita en el piano.
+
+La hija mayor levantó la tapa del instrumento, quedando al descubierto
+el blanco teclado, semejante a la dentadura de un monstruo. Sus dedos,
+larguiruchos y extremadamente abiertos por un continuo ejercicio,
+corrieron sobre las teclas, produciendo complicadas escalas.
+
+--¿Y tú, no tocas?--preguntó don Juan a Amparo.
+
+--Nada, tío. El profesor dice que soy demasiado aturdida, y me ha
+declarado incapaz. La verdad es que yo quisiera tocarlo todo en seguida,
+y al ver que no puedo y que he de fastidiarme mucho con ejercicios y
+escalas, me enfurezco y me entran ganas de dar puñetazos al piano.
+
+Y el travieso bebé decía esto con tonillo irritado, levantando el puño.
+
+--Pero ahora--continuó en tono más dulce--, ya que no puedo ser
+pianista, me dedico al canto. Mamá dice que hay que hacer algo, para no
+estar en sociedad parada como una tonta. Ya canté el otro día en una
+reunión de «las magistradas».... Ahora me oirá usted.
+
+Mientras tanto, doña Manuela expulsaba del comedor a Juanito. Aquel
+chico no desmentía su sangre; era ordinario, y su mayor placer consistía
+en charlar con las criadas.
+
+--Juanito, hijo mío, deja a Visanteta que ponga la mesa. Marcha al
+salón. El tío se incomodará, porque te olvides de él.
+
+¿Olvidarse de su tío? Ante tal suposición, le faltó el tiempo para
+correr en busca de don Juan. Visanteta acababa de tender el mantel
+adamascado, brillante de blancura, sobre la mesa del comedor, pieza de
+ebanistería moderna, tallada a máquina, que con su color obscuro imitaba
+al roble de un modo discreto.
+
+--¿Está todo bien preparado, Visanteta?
+
+--Todo, señora. Nelet se ha encargado de que el capón no se queme; sólo
+faltan unas cuantas vueltas. Adela cuida del puchero. La sopa la
+pondremos cuando avise la señora.
+
+Y continuó la conversación entre el ama y la sirvienta, mientras ésta,
+con delantal blanco y haciendo crujir los bajos almidonados y tiesos de
+su saya, iba del aparador a la mesa, colocando el centro de plata
+Meneses con sus grupos de flores, las pilas de platos de charolada
+blancura, las botellas talladas del agua y el vino, y las copas
+esbeltas, casi aéreas, con su pie azul, y tan frágiles, que sobre el
+mantel no trazaban sombra alguna.
+
+Aquella Visanteta, con su peinado de la huerta, su perpetuo ceño y sus
+contestaciones secas y desabridas, era una gran criada, que se ganaba a
+conciencia el salario. Lo mismo preparaba en la cocina una gran comida,
+que arreglaba una mesa «a estilo de fonda», arte que había aprendido
+sirviendo a una familia inglesa.
+
+Al comedor llegaba la música que hacían en el salón las niñas de doña
+Manuela para entretener al tío. Amparo cantaba, y su vocecita fina,
+tenue y quebradiza como un hilo de araña soltaba una lamentación
+melancólica, en italiano, para mayor claridad:
+
+/*
+ _Quando le rondinelle il nido fanno_,
+ _quando di nuova flor s'orna il terreno_.
+*/
+
+El tío se divertía, como hay Dios, oyendo a la sobrina cantar con su
+carita de Pascua estas atrocidades de la melancolía. «_Vorrei moriré_!»,
+repetía la muchacha con acento de desesperación, saltando su voz sobre
+los trémolos del piano. ¡Vaya un aperitivo para antes de la comida!
+
+Doña Manuela hablaba a la criada distraídamente, oyendo aquella música
+que nunca podía comprender.
+
+--Hoy trabajarás mucho, Visanteta. Mi gusto hubiese sido encomendar,
+como de costumbre, un par de platos a la fonda. Pero tengo convidado a
+mi hermano, que es un rancio y me requema la sangre como si fuese una
+despilfarradora. Por esto he querido que la comida fuese casera. A ver
+si aun así encuentra motivo para murmurar.
+
+La mirada de doña Manuela iba tras las manos de la criada. ¡Vaya una
+gracia la de aquella chica! Cogía las servilletas adamascadas, rígidas
+por el planchado, y las doblaba caprichosamente con una rapidez de
+prestidigitador. Quedaban sobre las pilas de platos en forma de mitra,
+barco, bonete o flor, y en el centro, como toque maestro, colocaba un
+pequeño _bouquet_.
+
+La señora estaba orgullosa. Sólo en una casa como la suya había una
+criada capaz de arreglar la mesa con tanto arte.
+
+Visanteta, insensible a las miradas agradecidas del ama y contestando a
+sus palabras con gruñidos, seguía trabajando. Abrió el armario del
+aparador y puso sobre la mesa los entremeses: pepinillos destilando
+vinagre, aceitunas grises mezcladas con salitrosas alcaparras, sardinas
+de Nantes con su casaquilla plateada, rodajas de salchichón finas y
+transparentes, y frescos rábanos de encendido ropaje y tiesos moñetes de
+hojas, todo en verdes pámpanos de porcelana.
+
+Buen golpe de vista presentaba la mesa. Demasiado bueno, si se tenía en
+cuenta el carácter raro del que estaba allá dentro. Por esto doña
+Manuela dijo con expresión dolorosa:
+
+--Mira, Visanteta, no te extremes mucho. Mi hermano es capaz de comer de
+mala gana si ve aquí lo que él llama lujos. Con lo puesto hay bastante.
+Ahora saca del cajón los cubiertos de plata. Los antiguos, ¿sabes...? no
+te equivoques. Cuando sirvan el pescado puedes sacar la pala de plata,
+pero no pases de ahí. Sería capaz de darnos un escándalo si viera lo
+demás que reservamos para los convidados de otra clase.
+
+Los cubiertos de plata antigua, piezas soberbias labradas a martillo y
+heredadas del _Fraile_, fueron colocados junto a los platos.
+
+Todo estaba bien. Visanteta a la cocina, a dar a la comida el último
+punto, y ella al salón, a mimar al hombre temible y preparar el golpe
+para después de la sobremesa.
+
+El piano seguía sonando; pero ahora, de la romanza sentimental se había
+saltado a la ópera.
+
+/*
+ _Come una damicella_
+ _mi trovare più bella_....
+*/
+
+Al entrar en el salón vio a Juanito contemplando al tío, y éste con la
+vista fija en el techo, contando sin duda las flores doradas que tenía
+el papel, como hombre que se aburre y busca desesperadamente la
+distracción.
+
+--Vaya, niñas, basta de cosas tristes. Cantadle al tío algo alegre.
+
+Don Juan hizo un gesto como indicando que le era igual y no valía la
+pena molestarse.
+
+--Pero mamá--dijo Amparo--, si esto que cantaba es el _Aria de las
+joyas_. Muy bonita....
+
+--Pues fuera el aria. Canta algo más alegre. Eso de _El dúo de la
+Africana_, que gustó tanto en casa de «las magistradas».
+
+--Bueno--exclamó Concha con rudeza--. Ahora _El dúo_. Una cosa que están
+cansados de tocar todos los organillos.
+
+--Pues sí señora, eso. Tu tío no va al teatro, y tendrá gusto en oírlo.
+
+Don Juan hizo el mismo gesto de antes. Para él, cualquier cosa estaba
+bien. Y volvió a mirar al techo, bostezando de vez en cuando y moviendo
+un pie con nervioso temblorcillo.
+
+/*
+ _Yo nací muy chiquitita_
+ _y nací muy avispa_.
+*/
+
+Bueno; pues a pesar de estas declaraciones que sobre su nacimiento
+hacía Amparito con su hilillo de voz y su expresión picaresca, el tío
+don Juan, aquel monstruo de aburrimiento y rudeza, no se conmovía, tal
+vez por estar mejor enterado de cómo había nacido que la propia
+interesada. E igual indiferencia mostró al oírla cantar que el puente
+tenía seis ojos, y ella dos «solamente».
+
+Otra cosa le preocupaba y le hacía removerse en su sillón. Sacó su
+reloj, la hermosa pieza cincelada del siglo anterior, e interrumpiendo a
+la cantante dijo a doña Manuela:
+
+--Bien está todo; pero ¿a qué hora se come aquí?
+
+--Cuando venga Rafaelito. A la una.
+
+--Ya es; mira mi reloj. Te advierto que yo como siempre a las doce, y
+bastante sacrificio es esperar una hora. Con tales desarreglos se pierde
+el estómago, y eso en la vejez es llamar a la muerte.
+
+--¡Jesús, hombre! No te incomodes por eso.... Niñas, basta de música.
+A comer.
+
+La graciosa sevillana paró en seco, y las dos niñas abandonaron el salón
+seguidas del tío, que se detuvo en la puerta del comedor sonriendo al
+ver el aspecto de la mesa.
+
+--Manuela, por lo que se ve, esto promete. Siempre has sido notable en
+estas cosas.
+
+Pero la señora estaba preocupada por la tardanza de su hijo menor y no
+podía contestar.
+
+--¡Este Rafaelito...! La una y cuarto y no viene. ¡Habrá que empezar sin
+él...! Visanteta, la sopa.
+
+Todos se sentaron. Don Juan en la cabecera, con las dos niñas, y en el
+extremo opuesto doña Manuela, teniendo a la derecha a Juanito y a la
+izquierda la silla destinada a Rafael.
+
+La humeante sopera descansó en el centro de la mesa, con el cucharón de
+plata metido en las entrañas, y rápidamente se llenaron los platos.
+¡Soberbia sopa! Flotaban en su superficie las lunas de grasa, y entre
+las rebanaditas de pan impregnadas de suculento líquido, los menudillos
+de la gallina, las tiernas yemas de color de ámbar y los negruzcos
+hígados, que se deshacían al entrar en la boca. Todos comían con
+apetito, especialmente don Juan, que, a pesar de su sobriedad de avaro,
+era un tragón terrible al entrar en mesa ajena.
+
+Finalizaba la sopa cuando entró Rafaelito, sudoroso, sofocado, como si
+hubiese corrido mucho para llegar a tiempo.
+
+--¡Vaya una hora de venir!--dijo la mamá, frunciendo el ceño.
+
+Era un ser insignificante y de aspecto pretencioso. El cuerpo flacucho y
+pobre; la cabeza charolada a fuerza de cosmético, partida por una raya
+que con rectitud geométrica iba desde la frente a la nuca; en la cara
+enorme nariz, bigotillo afilado y patillas de chuleta, y bajo la barba,
+asomando por entre las dos alas de un cuello «a la pajarita », esa
+protuberancia horrible llamada nuez, que parece la condecoración de la
+juventud raquítica. Afectaba en sus gestos y palabras la indolencia de
+un hombre cansado de la vida, para el cual el mundo nada nuevo puede
+ofrecer a los veintidós años; miraba con insolente fijeza, y cuando
+escuchaba a alguien, lo hacía con aire protector y desdeñoso. Era el
+tiranuelo de la casa, y a este privilegio unía el de excitarle la bilis
+a su tío don Juan siempre que se ponía en su presencia.
+
+Hacía tres años que estaba abonado al segundo curso de la Facultad de
+Medicina, consecuencia heroica de la que no estaba arrepentido; y tan
+amante era del trabajo y de la actividad, que por no estarse en los
+cafés charlando como un necio, pasaba los días y gran parte de las
+noches en los círculos recreativos, unas veces peinando barajas y otras
+sacrificando pesetas, para que no se dijera que en España todo decae,
+hasta el respetable gremio de los «puntos».
+
+Fuera de esto, era un muchacho encantador; y en caso de duda, bastaba
+con preguntarlo a su mamá. ¿Quién llevaba con más garbo que él el gabán
+sin costuras, ancho y deforme como un saco? ¿Quién, en verano, iba más
+mono con el trajecito de franela y la marinera de paja? ¿Quién daba
+mejor sombrerazo rígido, moviendo al mismo tiempo la cabeza y levantando
+un pie? Rafaelito, y nadie más que Rafaelito; y para atestiguarlo
+estaban también las amigas de la manía, que se hacían lenguas en su
+presencia de lo elegante que era el chico.
+
+¡Estudiar...! Ya lo haría más adelante. Por ahora, era un muchacho
+distinguido, con buenas relaciones; y en cuanto a saber, algo sabía,
+pues apenas se iniciaba una discusión sobre toreros o pelotaris, dejaba
+a todo el mundo con la boca abierta. Bajo su frente calva, adornada con
+las dos puntitas lustrosas del peinado, había algo, así como bajo los
+hombros de su americana había algo también: mucho pelote para suavizar
+lo puntiagudo de sus clavículas, que agujereaban la pobre piel.
+
+Al entrar saludó al tío con cierto desparpajo, sin querer fijarse en la
+sonrisita del viejo, y después se excusó con la mamá. Quería venir
+antes, pero en la feria le habían entretenido. El paseo estaba muy bien;
+trajes magníficos, sobre todo abrigos. Y hacía una relación de periódico
+de modas ante sus hermanas, que prestaban oído sin dejar de engullir, y
+la mamá, que admiraba el talento de observación de su hijo y la gracia
+con que se burlaba de los defectos. Era el fiel retrato de su padre.
+
+Rafael, en cuatro cucharadas, se tragó su ración, poniéndose al nivel de
+los demás cuando salió el cocido, dos fuentes magníficas, que exhalaban
+un vaho consolador, un tufillo alimenticio que se colaba hasta el fondo
+del estómago. En la una, las patatas amarillentas, los reventones
+garbanzos sacando fuera del estuche de piel su carne rojiza, la col, que
+se deshacía como manteca vegetal, los nabos blancos y tiernos, con su
+olorcillo amargo; y en la otra fuente las grandes tajadas de ternera,
+con su complicada filamenta y su brillante jugo; el tocino temblón como
+gelatina nacarada; la negra morcilla reventando, para asomar sus
+entrañas al través de la envoltura de tripa; y el escandaloso chorizo,
+demagogo del cocido, que todo lo pinta de rojo, comunicando al caldo el
+ardor de un discurso de club.
+
+Nadie hablaba aún. Oíase únicamente el sordo ruido de las mandíbulas;
+todos masticaban y engullían; los tenedores verificaban correrías
+devastadoras sobre la mesa. Destrozábanse los panecillos, iban
+vaciándose los platos de los entremeses, y las copas de vino llenábanse,
+reflejando sobre el blanco mantel purpúreas e inquietantes manchas.
+
+Don Juan rumiaba, moviendo sus desdentadas encías a derecha e izquierda
+como una cabra vieja, y sus ojillos alegrábanse al ver comer a la
+familia, y especialmente a Juanito.
+
+Podían decir lo que quisieran ciertas gentes; pero él, don Juan Fora,
+propietario y paseante perpetuo, sostenía que nada hay como la cocina
+casera y el comer en familia. ¡Vaya un modo de tragar, hijos míos! En
+una fonda estarían ya siendo objeto de críticas, y el dueño pondría mala
+cara al ver cómo ganaban el precio del cubierto; las niñas se harían las
+interesantes, comiendo poco para no parecer feas, y él mismo tragaría a
+disgusto creyendo que se burlaban de su modo de mascar. Pero allí
+estaban en su casa, podían atracarse hasta el gañote con todo lo que
+iría viniendo, y nadie podría ir a contarle al vecino cómo se las
+arreglaban para hacer por la vida. Esto era la verdad; lo demás
+pamplinas, modas estúpidas y sufrir..... ¡Hola! Ya se presentaba la
+gallina del puchero. ¿Que quién la parte? Juanito mismo.
+
+Y el buen muchacho, obediente a la voz de su tío, púsose en pie, y
+empuñando un enorme tenedor y el afilado trinchante, hizo una carnicería
+que elevó protestas. Doña Manuela le miró severamente. Pero ¡cuán
+desmañado era!
+
+Don Juan intervino, viendo que su sobrino se conmovía:
+
+--Vaya, otra vez lo hará mejor el chico, ahora... a lo que estamos.
+
+Y pasaron a los platos los trozos de la gallina: la jugosa pechuga, el
+cuello cartilaginoso, los melosos muslos y el armazón chorreando grasa,
+que chupaba doña Manuela con un regodeo de gata golosa.
+
+La animación iba surgiendo en la mesa. Todos hablaban. Don Juan
+comenzaba a mostrarse más alegre; y como si olvidase las antiguas
+preocupaciones, miraba con igual cariño a todos los que estaban en la
+mesa, sin pensar si eran hijos del antipático Pajares y si su hermana
+era una derrochadora.
+
+Ahora, ¡voto a Dios! venían bien dos deditos de vino, para acompañar
+dignamente a la gallina en su bajada al estómago. Y se apuraron las
+copas, y circuló de nuevo la ventruda botella llena de vino de la bodega
+de los Escolapios, un caldillo rojo del llano de Cuarte, que pasaba
+dulcemente por el paladar, y una vez dentro, el muy traidor causaba un
+trastorno de mil demonios. Las dos niñas bebían haciendo remilgos, pero
+el tío las excitaba aplaudiéndolas; y ellas, que no estaban
+acostumbradas a ver tan alegre al viejo, volvían a gustar el vinillo
+para no enojarle.
+
+Nelet, con la gravedad de un _maître d'hôtel_, muy circunspecto desde
+que veía en la mesa al tío millonario, sacó de la cocina el plato del
+día, la obra maestra de Visanteta, un pescado a la bayonesa que arrancó
+a todos un grito de admiración.
+
+--¡Caballeros...! ¡Ni en la mejor fonda!--dijo Rafael--. ¡Ole por la
+cocinera!
+
+Don Juan encontró de mal gusto la felicitación, pero admiró la obra.
+
+Era una merluza de más de tres libras, que parecía de plomo brillante,
+con el escamoso vientre hundido en la salsa, un fresco cogollo de
+lechuga en la boca, y en torno de la cola unos cuantos rabanillos
+cortados en forma de rosas. La fuente tenía una orla de rodajas de huevo
+cocido, y sobre la capa amarillenta que cubría el apetitoso animal, tres
+filas de aceitunas y alcaparras marcaban el contorno del lomo y la
+espina. Don Juan miraba, con la pala de plata en la mano. ¡Vive Dios,
+que le remordía la conciencia destrozar aquella obra de arte! Pero la
+cosa se había hecho para comer; y al poco rato, la blanca carne de la
+merluza, revuelta con los sabrosos adornos, estaba en todos los platos.
+
+--Y ya que dimos fin con la pobre, ahora otro traguito.
+
+Decididamente, el tío se ponía alegre. Las niñas recordaban como un
+sueño la cara irónica y glacial de otras ocasiones. Ahora sonreía con
+bondad, tenía las mejillas muy coloradas, y cautelosamente se aflojaba
+el talle, como para dejar un huequecito a lo que viniese después.
+
+Otro plato ligero, pero éste era francamente indígena: lomo de cerdo y
+longanizas con pimiento y tomate, un guiso al que daba siempre Visanteta
+una gracia especial, que hacía a todos mojar el pan en la roja salsa.
+
+Don Juan y su sobrino predilecto se entendieron con él, pues doña
+Manuela apenas lo probó. Rafaelito fumaba, costumbre detestable que
+irritó al tío, pues no podía comprender tales interrupciones en la
+digestión.
+
+Las dos niñas habían ido un momento a su cuarto: cuestión de aflojarse
+los corsés. Las ballenas se doblaban y parecían próximas a estallar con
+la presión de sus vientrecillos cada vez más redondeados. Al pasar junto
+a un balcón, hiriólas el frío que entraba por las rendijas. Llovía, y la
+gente pasaba chapoteando en el fango, con el paraguas calado. ¡Qué bien
+se estaba allí dentro, en el caliente comedor, ante una mesa tan
+abundante! Había que reconocer que Dios es bueno y proporciona ratos muy
+agradables a los que tienen casa y cocinera.
+
+Cuando volvieron al comedor, Nelet sacaba el héroe de la fiesta: un
+soberbio capón, panza arriba, con los robustos muslos recogidos sobre el
+pecho y la piel dorada, crujiente, impregnada de manteca.
+
+Don Juan contemplábalo con miradas de amor. No; una pieza tan hermosa
+no la destrozaría el desmañado Juanito. A ver, Rafael, que, como aprendí
+de médico, entendería de estas cosas.
+
+Las niñas protestaron, recordando las espeluznantes relaciones que su
+hermano las había hecho varias veces, para asustarlas, describiendo sus
+hazañas en el anfiteatro anatómico.
+
+--No, Rafael no--gritó Amparito--. Si él toca el capón no comemos.
+
+¡Vaya un asco! ¡Como si aquel estudiante honorario hubiese asistido al
+curso de anatomía media docena de veces...! Al fin, el tío, en vista de
+las protestas, se decidió a destrozar la pieza, pues en su calidad de
+solterón sabía un poco de todo.... ¡Brava manera de masticar! Confesaban
+que la comida les subía ya a la garganta; pero a pesar de esto, era tan
+excelente la carne tierna y jugosa, con su corteza tostada crujiendo
+entre los dientes, que todos despacharon su ración, masticando con
+lentitud y emprendiéndola después con los huesos. El tío se mostraba
+como un valiente.
+
+--Juan, come ese pedazo--le decía su hermana--. Es lo mejor del plato.
+
+--Bebe más, Juan. Hoy son mis días, y hay que alegrarse.
+
+Las niñas imitaban la solicitud de la mamá; todo era: «Tío tome usted
+esto; tío, coma usted lo otro»; y el tío, cada vez más encarnado y
+alegróte, engullía cuanto le ponían en el plato, y como le llenaban el
+vaso así como lo dejaba vacío, el resultado era que empinaba
+continuamente el codo.
+
+Aparecieron los postres. Cubrióse la mesa de tajadas de melón, peras y
+manzanas, avellanas y nueces; pero esto pasó sin gran éxito,
+atreviéndose el tío sólo con algunos pedazos de fruta que le mandó
+Juanito.
+
+Después, la clásica _sopada_, sin la cual don Juan no comprendía los
+banquetes: una gran fuente de crema, en la que se empapaban apretadas
+filas de pequeños bizcochos. Esto era lo mejor para los que, como él,
+carecían de dentadura. Sabía a gloria; pero a pesar de tantos elogios,
+recibió como en triunfo el turrón de Jijona y los pasteles de espuma.
+También era esto del género de don Juan, adorador de las cosas blandas,
+que se escurren dulcemente sin roce alguno hasta el fondo del estómago.
+Con la boca llena de merengue contestaba a sus sobrinas, que estaban
+cada vez más alegres, y aprobaba bondadosamente los cuidados de su
+hermana por tenerle contento. Ahora había que retirar el vino de los
+Escolapios: «no estaba en carácter»; y por esto el viejo saludó
+alegremente la aparición en la mesa de las botellas de licor de
+diferentes formas y clases.
+
+Las cepitas talladas de color rosa, que parecían flores, iban y venían
+sobre la mesa, tan pronto llenas como vacías. La temperatura subía en el
+comedor. El vaho ardoroso de la comida, el calor de los cuerpos, en los
+que empezaba la digestión, y lo agitado de las respiraciones, parecían
+caldear el ambiente. Los rostros se enrojecían, y a pesar de que llovía
+en la calle y los transeúntes soplábanse las manos para ahuyentar el
+frío, se sudaba en el comedor. Doña Manuela, con la majestuosa nariz
+inflamada, como si fuese un pavo, hubo de pasarse la servilleta por la
+húmeda frente.
+
+--¡Al salón!--dijo la señora--. Allí nos servirán el café.
+
+El tío prefería quedarse en la mesa. El café entraba también en la
+comida; ¿por qué habían de moverse? Pero para su hermana era un detalle
+de suprema elegancia tomar el café en el salón, y don Juan tuvo que
+acceder y abandonar el comedor, jugando con sus sobrinas como si fuese
+un niño.
+
+¡Vive Dios, que él no estaba borracho, pero a nadie podría negar que se
+encontraba un poco alegre por culpa de aquellas picaras, de su hermana y
+de los dos sobrinos! Todos estaban bien. Sentados en los mullidos
+sillones del salón, encontrábanse como en la gloria, sacando hacia fuera
+los rellenos vientres, que hervían como calderas al fuego de la
+digestión, y sintiendo subir al cerebro un humillo tenue que al pasar
+por los ojos tomaba un delicioso tinte rosa.
+
+Don Juan dábase cariñosas palmaditas en el vientre. Tal vez aquella
+calaverada le costase después crueles desarreglos de estómago y una
+semana de purgas; pero ¡vayanse al diablo los escrúpulos! un día es un
+día, y a ver quién le quitaba lo gozado.... Nada, que aquel día era un
+calavera; se burlaba de todo; y en prueba de ello, encendió el puro que
+le ofrecía Rafael, a pesar de que el fumar aumentaba su los crónica.
+
+Ya estaba el café. Servíalo Adela, una muchacha remilgada y no mal
+parecida, que imitaba a sus señoritas en el peinado, afectando un aire
+de aristócrata caída en la desgracia.
+
+Don Juan, a fuer de mirar el servicio, que era de porcelana antigua, y
+compararlo con otro más rico arrinconado en su casa, acabó por fijarse
+en la criadita. Decididamente, no tenía la cabeza bien. ¡Mire usted que
+pensar un hombre de su carácter y sus años que estaría mejor servido con
+una chica así que con su vieja Vicenta...! Vaya; el _Chartreuse_, con su
+calor de falsa juventud, hace pensar locuras.... «¡A tomarte el café,
+viejo verde...!» Y se bebió la taza de un trago.
+
+Sonaba la campanilla de la puerta.
+
+--Será Roberto--dijo Concha.
+
+--Tal vez sea Andresito--exclamó Amparo--. Le prometió a Juan venir a la
+hora del café.
+
+Eran los dos, que se habían encontrado en la escalera.
+
+Roberto del Campo, el amigo íntimo de Rafael, su mentor, que le guiaba
+en el camino de la distinción y el buen gusto; un chico elegante, hijo
+de una gran familia arruinada, uno de esos vástagos inútiles y
+perniciosos que nacen inesperadamente en la tranquila burguesía a las
+dos o tres generaciones de bienestar y riqueza, para castigar con sus
+locuras y despilfarres el egoísmo y la rapacidad de sus antecesores. Era
+un muchacho guapo, moreno, con nariz aguileña, barba negra y lustrosa;
+una de esas cabezas gallardas, audaces y de enérgica belleza varonil que
+se ven con frecuencia en las tribus bohemias. En su porte y en su traje
+notábase la tendencia «flamenca» amalgamada con la fría corrección
+burguesa. La educación del hogar confundíase con las costumbres de una
+vida de estúpidas aventuras. Vestido de señorito, tenía algo de gitano;
+cuando se disfrazaba de chulo, todos reconocían en él al señorito. Era
+un ser doble, que flotaba entre la decencia y el encanallamiento.
+
+Según decían sus amigos, causaba sensación entre las mujeres. La
+gitanería femenina le adoraba como un ídolo, pensando en sus conquistas
+de señoritas; y éstas mirábanle como un ser extraordinario, como un Don
+Juan irresistible, recordando ciertas historias de cantadoras flamencas
+que, por sus desdenes, se habían tragado cajas de fósforos, y de
+hermosas carniceras que abandonaban al marido para seguir a un mozo tan
+adorable.
+
+En casa de doña Manuela, Roberto era muy bien acogido, especialmente por
+Conchita. Era un chico que tenía muy buenas relaciones; es verdad que su
+fortuna era poca, pues gran parte de la herencia de sus padres estaba ya
+enterrada en los garitos o entre las uñas de los usureros, pero esto no
+impedía que fuese un partido aceptable para las jóvenes de la clase
+media, que, colgadas de su brazo, podían entrar en un reducido círculo
+que ellas se imaginaban como el paraíso de la aristocracia.
+
+Junto a este hermoso ejemplar de la burguesía próximo a la decadencia,
+Andresito Cuadros, el hijo del dueño de _Las Tres Rosas_, aparecía
+empequeñecido y aplastado, con la delgadez amarillenta de un crecimiento
+rápido y ese aire aviejado de todos los hijos únicos, a quienes las
+atenciones exageradas de sus padres no dejan robustecerse. Era el hijo
+del comerciante emancipado del mostrador y dedicado al estudio por la
+ambición del papá. Docto y pedantuelo, algo engreído con los
+sobresalientes de su carrera y acostumbrado a hacerse oír en casa como
+un oráculo, asombrábase de que fuera de ella no le rindieran tributos de
+admiración, y esto le producía tal cortedad, que muchos le tenían por
+tonto.
+
+Los recién llegados, después de saludar a la mamá, deseándola
+felicidades y ensartando los lugares comunes propios del caso,
+sentáronse cerca de las dos niñas, que se mostraban complacidas y
+ruborosas.
+
+Rafael voceaba en la puerta del salón para que trajeran pronto el café a
+sus dos amigos, y Juanito, a falta de mejor ocupación, jugueteaba con la
+traviesa _Miss_, cuyos movimientos iban acompañados por el repicante
+cascabeleo de su pequeño collar.
+
+Don Juan, hundido en su butaca, con la nariz cada vez más roja y el
+cigarro apagado entre los labios, seguía sonriendo beatíficamente. Su
+hermana no le abandonaba. Acosábalo con atenciones, y hasta había
+logrado hacerle tragar una copa de coñac.
+
+Visanteta acababa de servir el café a los dos señoritos recién llegados,
+cuando la llamó su ama.
+
+--Di a Adela y a Nelet que entren.
+
+Toda la servidumbre de la casa se plantó a estilo de coro de zarzuela
+ante el sillón de la señora. Entre los tres cruzábanse alegres miradas,
+sonrisas de satisfacción.
+
+Era la ceremonia anual, el acto de dar los aguinaldos a los criados, por
+ser el día de la señora. Con majestad teatral, doña Manuela dio un duro
+a cada uno, más un pañuelo de seda a Visanteta, por lo satisfecha que
+estaba de su mérito como cocinera. El ceño de la habilidosa muchacha se
+dilató por primera vez en todo el día, y los tres salieron
+apresuradamente con la alegría del regalo, oyéndose el ruido de sus
+empellones y correteos.
+
+Esto obscureció un poco la sonrisa de don Juan. Decididamente, su
+hermana era una loca, que odiaba el dinero. ¡Mire usted que tirar tres
+duros tan en tonto! ¿No hubiera quedado lo mismo con tres pesetas?
+
+Pero su digestión de esquimal harto no le permitía indignarse, y escuchó
+con expresión amable a su hermana, que, inclinada sobre él, apoyándose
+en su misma butaca, le hablaba mimosamente, como si fuese una niña.
+
+--Hay que seguir las costumbres, Juan; si no, los criados, en vez de
+respetarla a una, se encargan de desacreditarla. A ti de seguro que no
+le parece bien dar un duro a cada criado; a mí tampoco, pero hijo mío,
+la costumbre es la costumbre, y si una hace ciertas economías, la gente
+cree que va de capa caída, suposición que a nadie gusta. ¿No crees tú lo
+mismo?
+
+Él lo creía todo, con tal que le dejasen tranquilo en su digestión. Y
+movió varias veces la cabeza en señal afirmativa.
+
+Doña Manuela se animaba y seguía hablando, No es que ella fuese
+derrochadora; había tenido su época de apuros, como él sabía muy bien, y
+conocía el valor de un duro. Pero había que quedar con dignidad,
+sostener la honra de la casa, ahora que las niñas iban siendo casaderas,
+y esto, ¡ay, Juanito mío! esto exigía grandes apuros y no menores
+sacrificios. ¿Qué le pasaba a don Juan? ¿Había parado en seco su
+digestión? La gozosa sonrisa desaparecía; sus ojos, entornados
+voluptuosamente, volvían a entreabrirse para lanzar punzantes miradas, y
+se agitó varias veces en la butaca, como huyendo de ocultos alfileres.
+¡Todo sea por Dios! Él también tenía apuros y hacía sacrificios. El
+mundo es así. Y probó dormirse, como hombre a quien no interesa la
+conversación.
+
+Pero la hermana no calló. Ella economizaba, privándose de todo para
+sostener la apariencia de la casa, hasta que las niñas encontrasen «un
+buen partido»; pero a veces se tropieza con escollos insuperables y no
+sabe una cómo salir a flote.
+
+--Pero... ¿duermes, Juan? ¿No me escuchas? Un gruñido dio a entender a
+doña Manuela que su hermano la oía con los ojos cerrados. Esto bastó
+para que continuase.
+
+Ahora mismo se hallaba en una de esas situaciones difíciles; algunas
+deudas antiguas las había satisfecho con la paga de Navidad de sus
+arrendatarios de la huerta, pero necesitaba con urgencia ocho mil
+reales, pues el invierno exige grandes gastos. Ya que en la familia se
+habían suavizado antiguas asperezas, a ella tenía que acudir en sus
+apuros. ¿Y quién era su familia? Su hermano, y nadie más que su hermano.
+Su Juan, a quien ella siempre había querido tanto, respetando sus sabios
+consejos.
+
+--Tú no me abandonarás en este apuro, ¿verdad, Juan? Tú me prestarás esa
+cantidad, y yo te la devolveré a San Juan, cuando cobre los otros
+arriendos. ¿Quedamos en eso...?
+
+¡Qué habían de quedar! No había más que ver el mal humor con que don
+Juan salió de su turbada digestión.
+
+--Pero, desgraciada, ¿de dónde quieres que saque yo ocho mil reales? Tú
+te figuras, por lo menos, que yo apaleo las onzas.
+
+Doña Manuela protestó. Vamos, que ocho mil reales no son una cantidad
+para arruinar a nadie. Además, ella prometía devolverlos a San Juan; y
+al ver que su hermano sonreía irónicamente, lo juró con la mano puesta
+en el exuberante pecho.
+
+--Y si no tienes los ocho mil reales (cosa que dudo), eso no importa,
+Juanito mío. Con que firmes por mí, salgo de apuros. ¡Adiós digestión!
+Ahora sí que don Juan salía de la placentera calma, despertando de su
+amodorramiento.
+
+--Ya has enseñado la oreja. ¡Firmar...! ¡firmar...! ¿Tú crees que una
+persona como Dios manda pone la firma, porque sí, al primer judío que se
+presenta? Eso sólo lo hacen las locas como tú, que has firmado más papel
+que un escribano, y miras con la mayor tranquilidad cómo tu nombre anda
+por el mundo en pagarés siempre renovados, con condiciones que sólo
+admiten las personas tramposas y sin crédito.
+
+Y además, ¿qué era aquello de la paga de los arriendos y de devolver los
+ocho mil reales el día de San Juan? Mentiras y nada más que mentiras.
+
+--Yo lo sé todo, Manuela. No conservas un campo de los que heredaste de
+papá que no tenga la correspondiente hipoteca. El dinero de tus
+arrendatarios se va todo en intereses. Si se juntan todos tus acreedores
+y exigen que les pagues las deudas, más los intereses disparatados que
+les has reconocido, te verás en medio de la calle, perdiendo hasta la
+camisa que llevas puesta. ¡Eh...! ¿qué tal? ¿Creías que yo no estaba
+enterado de tus cosas?
+
+Doña Manuela estaba pálida e inquieta. Era una imprudencia expresarse
+así a pocos pasos de aquel grupo donde estaban Roberto y Andresito, dos
+extraños que no podían imaginarse la verdadera situación de la casa. Por
+fortuna, Concha y Amparo atraían la atención de los dos; además, las
+niñas, a ruegos de los pollos, iban a hacer un poco de música y canto.
+
+Tal vez el piano amansase a don Juan; pero... ¡quia! éste formaba parte
+de las fieras, a quienes domina la música, y con gran pesar de su
+hermana no salía de su indignación.
+
+--¿Para esto me has convidado...? Tú has dicho: «Le daremos bien a
+comer, procuraremos emborracharlo, y después, cuando esté tierno... ¡el
+sablazo!» Pues hija, te equivocas. Ni ahora ni nunca conocerás el color
+de mi dinero. No pienso hacer nada por ti. Cuando murió tu segundo
+marido me prometiste ser un modelo de economía y prudencia; y yo fui tan
+tonto, que perdí el tiempo y hasta algún dinero para poner a flote tu
+fortuna, que hacía agua por todas partes como un barco viejo.... Déjame
+acabar, Manuela; no me interrumpas. ¿Quieres hacerme creer que aún lo
+conservas todo libre de trampas, tal como yo te lo entregué? ¡Quia, hija
+mía! En este siglo no hay milagros, y con quince mil duros de capital no
+se sostiene un carruaje ni el boato que tú gastas. Lo sé todo; y si no,
+escucha.
+
+Y don Juan, con gran abundancia de detalles, como hombre versado en los
+negocios, fue describiendo a su hermana el estado de su fortuna. No
+tenía un pedazo de tierra libre del peso de una hipoteca; las rentas
+apenas si daban para los réditos, y hasta la misma casa en que ella
+vivía era una finca que producía poco, por culpa de su vanidad.
+
+--Cuando al quedar viuda te pusiste en mis manos, vivías en una de las
+dos habitaciones del piso segundo y tenías alquilado este principal. Un
+duro diario es una gran cosa, y más en tu situación. Pero tú no podías
+acostumbrarte a ser señora de muchos escalones, como dices en tu jerga;
+querías tu salón y tu carruaje, como en los tiempos de loco despilfarro,
+y con el pretexto de que las niñas crecían y era preciso pollear y
+mentir, bajaste a este piso, y bajó la renta también aumentando los
+gastos. Ya que no podías tener un tronco, carretela y berlina, como en
+otra época, vendiste un campo para comprar la galerita y el caballo y
+mantener a ese bigardón, hijo de la tía Quica, que os roba la cebada y
+las algarrobas.... Sé que te fastidia oír todo esto, pero te lo digo
+para que sepas que no me chupo el dedo ni se me engaña fácilmente....
+Nunca me he forjado la ilusión de convertirte. Tú serás siempre la misma
+Manuela, la loca, la pretenciosa, y morirás cuando gastes el último
+céntimo. Cada uno nace con su carácter, y tú eres de aquellos a quienes
+el pobre papá cantaba la antigua copla:
+
+/*
+ _Arròs y tartana_,
+ _casaca a la moda_,
+ ¡_y ròde la bola_
+ _a la valensiana_!
+*/
+
+Y como si la cancioncilla del tío fuese la señal para que comenzase la
+música de las niñas, éstas atronaron el salón con el tecleo del piano y
+los gorjeos esforzados.
+
+Don Juan cobró ánimos con este estrépito. Al ver que los muchachos sólo
+atendían al piano, siguió hablando, pero levantó más la voz, con gran
+alarma de su hermana.
+
+--Marchas a tu perdición, Manuela. Cuando estés en la miseria, siempre
+me acordaré de que soy tu hermano, y tendrás donde comer tú y los
+tuyos.... Pero dinero, ¡ni un céntimo!
+
+Doña Manuela levantó la cabeza con altivez, mostrando la mirada ardiente
+y las mejillas rubicundas.
+
+--Gracias por la limosna--dijo con ironía--. Pero aún no he llegado ahí.
+
+--Llegarás, llegarás--repuso don Juan sin perder la calina--. Estás en
+el camino. Hoy todavía puedes sostenerte, y al ver que te niego los ocho
+mil reales, buscarás a doña Clara, esa bruja prestamista, o a otra
+persona de la clase, y firmarás un pagaré por doce o catorce mil. Estás
+metida en el barro y no saldrás nunca de él; por más esfuerzos que hagas
+te hundirás. Si no te conociera tanto, te daría la mano; pero no: «una y
+no más, Santo Tomás»; me acuerdo mucho de la atención con que seguiste
+mis consejos.
+
+La señora estaba indignada por el lenguaje rudo de su hermano. Era muy
+dueño de no darle aquella miseria; al fin, resultaba lo que ella había
+creído siempre: un avaro sin corazón. Pero su demanda no le autorizaba
+para aburrirla con tanto sermoneo.
+
+--Cállate, Juan; me pones nerviosa con tus groserías.
+
+--Callaré, hija; no quiero molestarte en un día como éste. Pero sólo me
+resta hacerte una advertencia. Los que están tan ahogados como tú, se
+agarran a un clavo ardiendo. Juanito posee una finca que vale algo: el
+huerto de Alcira, que has tenido que respetar en calidad de bienes
+reservables. Como ahora el chico es mayor de edad y te quiere tanto, te
+advierto que si para hacer dinero lo mezclas en tus líos tendrás que
+vértelas conmigo. Yo soy su tutor, por encargo de su pobre padre, y
+aunque mi misión ha terminado legalmente, me creo en el deber de
+defenderlo, pues es un bonachón al que engaña cualquiera.... Y no te
+digo más.
+
+Los dos hermanos callaron. Se hundió él en su sillón, mirando a los
+chicos, y ella quedó con los ojos fijos en el suelo, el ceño fruncido y
+las mejillas de un rojo violáceo, como si la rabia le produjese
+erisipela.
+
+Rafael había salido del salón, Juanito jugueteaba con _Miss_, cada vez
+más inquieta y ladradora, y Roberto, apoyado en el piano, hablaba con
+Concha, que sonreía, tecleando nerviosamente, haciendo escalas que
+parecían cabriolas e iniciando temas conocidos, que se confundían
+fantásticamente.
+
+--¿Dónde diablos están los otros?--pensaba el tío, paseando su vista por
+el salón.
+
+Y los otros, o sea Amparo y Andresito, estaban en un balcón, mirando a
+la calle con la nariz pegada al vidrio y protegidos por los cortinajes.
+El bebé, con sus ingenuidades de loquilla, tenía una habilidad diabólica
+para salirse siempre con la suya. Había maniobrado hábilmente para
+llevarse al hijo de Cuadros hacia aquel balcón, donde estaba la niña
+como en su casa, lejos de miradas indiscretas y oídos curiosos.
+
+Primero, habían hablado del tiempo, riéndose de los arabescos
+caprichosos que trazaban las gotas de lluvia escurriéndose por el
+cristal; pero el joven, pálido y tembloroso, como si le atormentase
+algún pensamiento oculto, guiaba la conversación insensiblemente, y
+Amparito se dejaba arrastrar, segura de que por cualquier camino
+llegaría siempre adonde ella deseaba.
+
+El tío miraba atentamente el cortinaje del balcón y las piernas de
+Andresito, que era lo único visible de la pareja. En un momento que
+Concha cesó de teclear, oyó la voz de Amparo, que sonaba lejana, como
+amortiguada por las cortinas.
+
+--Pero Andresito... ¡si somos tan jóvenes!
+
+¡Jóvenes! ¿Y qué importaba eso? Para el amor no hay edades, así como
+tampoco existían clases. Lo aseguraba él, que era persona competente en
+tal materia, por ser poeta y no inédito, pues sus triunfos había
+alcanzado en la Juventud Católica. Además, él no era ningún niño; dentro
+de cuatro años sería abogado, y después, ¿quién sabe...? Su imaginación
+veía confusamente en lontananza ese algo que acarician todos los
+aprendices de legistas. Un sillón de magistrado, una poltrona de
+ministro o un taburete de escribiente... cualquier cosa; lo importante
+era sentarse en algún sitio.
+
+No, no eran jóvenes para amarse. Ya lo había dicho él en un soneto y
+media docena de quintillas escritas con el pensamiento puesto en
+Amparito. El amor no tiene edad. Él la adoraba con la inmensa pasión de
+los grandes poetas; y hablaba de Dante y Beatriz, de Petrarca y Laura,
+de Ausias March y Teresa. Amparito escuchaba sonriente, complacida por
+esta letanía de poetas. Todos muy señores míos, pero que los oía mentar
+por vez primera, a excepción de Ausias March, por ser su nombre el de la
+calle donde ella tenía su modista.
+
+A él le era imposible vivir si Amparito se negaba a amarle; necesitaba,
+para no aborrecer la vida, que ella se decidiese a ser su musa, su
+inspiración. Y el lindo bebé, aunque por costumbre seguía riendo,
+sentíase muy satisfecha en su interior de ser musa de alguien, honor que
+jamás alcanzaría su hermana Concha. La consideración de hacerse superior
+a su hermana era lo que más la empujaba a decir que sí. Además, un novio
+no se presenta a cada instante, y aunque existe el inconveniente de que
+ella era hija de un doctor famoso--según afirmaba la mamá--, y los
+padres de Andresito eran unos ordinarios--también según doña Manuela--,
+confiaba que, con el tiempo, la brillante posición que se proponía
+conquistar el chico lo allanaría todo.
+
+Y cuando con más calor hablaba Andresito de sus tormentos amorosos, la
+niña le interrumpió, diciéndole con su tonillo bromista, como quien
+accede a tomar parte en un juego:
+
+--Bueno; seremos novios... pero ¡por Dios! que nada sepa la mamá.
+
+
+
+
+IV
+
+
+El Carnaval de aquel año fue muy alegre para la familia de doña Manuela.
+
+Las niñas se divirtieron. Rafaelito era socio de todos los círculos
+distinguidos y decentes donde se baila, mientras arriba, en una
+habitación con luces verdes, guardada y vigilada como antro de
+conspiradores, rueda la ruleta con sus vivos colorines o se agrupan los
+aficionados en torno de las cuatro cartas del _monte_.
+
+¡Qué noches aquéllas de emociones, de nerviosas alegrías, de mareos
+voluptuosos, y después de aplastamiento, de brutal cansancio...! Juanito
+era el encargado de abrir la puerta cuando la familia volvía del baile.
+En la madrugada, cerca de las cuatro, oía chirriar los pesados portones,
+entraba el carruaje en el patio, con gran estrépito, y él saltaba de la
+cama metiéndose los pantalones. La entrada de la familia le deslumbraba,
+sintiendo el infeliz una impresión de vanidad. Las hermanitas, vestidas
+unas veces con trajes de sociedad, obra de una modista francesa, y que
+todavía estaban por pagar; graciosamente disfrazadas otras de
+labradoras, de _pierrots_ o de calabresas; Rafael, de etiqueta, embutido
+en un gabán claro, tan corto de faldones que parecía una americana; y
+la mamá satisfecha del éxito alcanzado por sus niñas, y a pesar del
+cansancio, sonriente y majestuosa con su vestido de seda, que crujía a
+cada paso, y encima el amplio abrigo de terciopelo, Juanito contemplaba
+con el cariño de un padre este desfile desmayado que iba en busca de la
+cama, arrojando al paso en las sillas los adornos exteriores. La mamá
+era siempre para él un ídolo, un ser superior, y los hermanos, al verlos
+tan elegantes, le hacían recordar la época en que él, pequeño, pero
+avispado por el desvío maternal, les servía de niñera cuidadosa,
+llevándolos en sus brazos y sufriendo con sublime abnegación sus
+infantiles caprichos.
+
+Levantábase mal arropado, tosiendo y tembloroso, a abrir la puerta, pues
+era preciso dejar, dormir a las criadas, para que al día siguiente el
+cansancio no las entorpeciera en sus trabajos. Además, la vista de su
+familia parecía traerle algo de los esplendores de la fiesta, el perfume
+de las mujeres, los ecos de la orquesta, el voluptuoso desmayo de las
+amarteladas parejas, el ambiente del salón, caldeado por mil luces, y el
+apasionamiento de los diálogos. Y después de aspirar ese perfume
+fantástico de un mundo desconocido que su familia parecía traerle entre
+los pliegues de sus ropas, el pobre muchacho volvía a la cama, para
+dormir tres horas más y emprender después el camino de la tienda,
+mientras la mamá y los hermanos roncaban su primer sueño con la fatiga
+propia de las noches de baile.
+
+Después, a la hora de la comida, eran los comentarios, los recuerdos
+agradables, los berrinches por supuestas ofensas que en el primer
+instante habían pasado inadvertidas, y que, agrandándose ahora en la
+imaginación, pedían venganza. Las dos niñas recordaban la ligera sonrisa
+de las de López al examinar sus disfraces de calabresas. ¡Reírse de
+ellas! ¡Las muy cursis! Mejor harían en darse una vueltecita alrededor
+de ellas mismas, pues no es muy chic ir siempre a los bailes con el
+mismo dominó blanco, de modo que al entrar con la careta puesta, toda
+la pollería gritaba: «¡Ya están ahí las de López!»
+
+Aparte de estos disgustos colectivos, las dos niñas los sufrían también
+particularmente. Conchita estaba furiosa contra Roberto del Campo, «el
+pollo bonito», como le llamaban algunas. Mucha palabrería, requiebros a
+granel; pero de declaración seria y formalmente... ¡ni esto! Bailaba con
+ella, y a lo mejor abandonaba a su pareja y salía del salón, para no
+reaparecer hasta la hora del _galop_ final. Su excusa era siempre la
+misma: tenía algo que arreglar con Rafaelito.
+
+--¿Dónde os metéis, condenados?--preguntaba la hermana al día
+siguiente--. ¿Qué diversión es esa que os hace tan groseros?
+
+--Mujer, son cosas de hombres. Mientras vosotras bailáis, nosotros nos
+dedicamos a ocupaciones más serias.
+
+Serias, sí; tan serias eran, que Rafaelito tenía frita a la mamá--según
+propia expresión--, pidiéndola cinco duros al día siguiente de los
+bailes. El Carnaval tenía para él mala pata, y al susurro de la orquesta
+que sonaba abajo, salía bailoteando siempre la carta contraria y se
+llevaba al montecillo del banquero las pesetas de mamá.
+
+Amparo también tenía sus disgustos. Lo que a ella le pasaba no podía
+ocurrirle a nadie. Aquello no era tener novio ni tener nada. Vamos a
+ver: ¿para qué tiene novio una muchacha? Para lucirlo, para que lo vean
+las amigas y rabien un poco... ¿no es verdad? Pues ella no podía darse
+tal placer. Andresito no tenía un cuarto y no era socio de los círculos
+donde iba ella. Sus papas lo llevaban bastante elegantito, eso sí, pero
+limitábanse a darle los domingos tres pesetas y un sermón encargándole
+que no fuese derrochador ni calavera, que mirase en qué gastaba su
+dinero... y mucho cuidadito con meterse en sitios malos. Mendigaba
+alguna invitación en las redacciones de los periódicos, y si la
+conseguía, iba al baile, pero sólo hasta la una. ¿Ha visto usted? Hasta
+la una, la hora en que iban llegando las amigas y el baile comenzaba a
+animarse. Sólo una vez consiguió que Andresito se esperase hasta las
+dos, pero al día siguiente sospechó con fundamento que en _Las Tres
+Rosas_ habían estado a la espera, tras la puerta, unos ásperos bigotes y
+una vara de medir, para dar las «¡buenas noches!» en las costillas al
+bailarín rezagado.... ¿Era esto un novio serio? Y luego, aunque se quede
+usted sólita en el baile, mucho cuidado con aceptar invitación de tantos
+pollos amables, porque si el señor sabe que se ha bailado, pone un
+hocico inaguantable y habla de un tal Otelo, y dispara un soneto en que
+le pone a una de pérfida, perjura e infiel, que no hay por dónde
+cogerla.... No señor; la cosa no puede seguir así. Ella se tenía la
+culpa, por no hacer caso de mamá, que decía que los de _Las Tres Rosas_
+eran unos ordinarios. Andresito era un buen chico, pero ella no podía
+estar en ridículo y que las amigas le preguntasen irónicamente por su
+novio. Como se decidiera otro que estaba a la vista, era cosa hecha:
+plantaba a Andresito.
+
+Llegaron los tres días de Carnaval. Por las mañanas, entre las
+estudiantinas y comparsas que corrían las calles, pasaban las familias
+ostentando a algún niño infeliz enfundado en la malla de Lohengrin, el
+justillo de Quevedo o los rojos gregüescos de Mefistófeles. Los ciegos y
+ciegas que el resto del año pregonan el papelito en el que está todo lo
+que se canta iban en cuadrilla, guitarra al pecho, vestidos de
+pescadores u odaliscas, mal pergeñados, con mugrientos trajes de
+ropería.
+
+Muchachos con pliegos de colores voceaban las _décimas y cuartetas_,
+_alegres y divertidas_, _para las máscaras_, colecciones de disparates
+métricos y porquerías rimadas, que por la tarde habían de provocar
+alaridos de alegre escándalo en la Alameda. En la puerta del Mercado
+vendíanse narices de cartón, bigotes de crin, ligas multicolores con
+sonoros cascabeles, y caretas pintadas, capaces de oscurecer la
+imaginación de los escultores de la Edad Media, unas con los músculos
+contraídos por el dolor, un ojo saltado y arroyos de bermellón cayendo
+por la mejilla; otras con una frente inmensa, espantosa; caras de
+esqueletos con las fosas nasales hundidas y repugnantes; narices que son
+higos aplastados, o que se prolongan como serpenteante trompa con un
+cascabel en la punta; sonrisas contagiosas que provocan la carcajada y
+carrillos rubicundos a los que se agarra un repugnante lagarto verde.
+
+Los estudiantes, con el manteo terciado, tricornio en mano y ondeante en
+la manga el lazo de la Facultad, corrían las calles como un rebaño loco,
+asediando a los transeúntes para sacarles el dinero en nombre de la
+caridad. Por la plazuela de las de Pajares desfilaron los de Medicina y
+Derecho, y en torno de la enhiesta bandera amarilla o roja, las músicas
+rompieron a tocar alegres valses, que rápidamente poblaban los balcones.
+
+La expansión ruidosa de la juventud libre y sin cuidados invadía la
+plaza como una atronadora borrachera. Volaban los tricornios a los
+balcones; cada cara bonita provocaba floreos interminables, en los que
+la hipérbole dilatábase hasta lo desconocido; y había muchacho que,
+impulsado por alguna copita traidora, despreciaba la vulgar invitación
+de las escaleras y se encaramaba por la fachada, agarrándose a las
+rejas, para entregar un ramo de flores a la niña y pedirle un duro a la
+mamá. Concha y Amparo recibían una ovación y doña Manuela, roja de
+orgullo, repartía sonrisas y pesetas a todo el enjambre de diablos
+negros, voceadores y gesticuladores que se agolpaba bajo el balcón. A
+espaldas de ellas estaba Andresito Cuadros, que acababa de entrar en el
+salón con el manteo terciado, una bayeta infame que tiznaba de negro la
+camisa y la cara. Llevaba ramos para la mamá y las niñas, y estuvo
+locuaz, atrevido, aunque, con gran desencanto de Amparito, no intentó
+como los otros, subir por la fachada, sistema que a ella le parecía muy
+interesante.
+
+Por la tarde, Nelet enganchaba la galerita, y a la Alameda, donde la
+fiesta tomaba el carácter de una saturnal de esclavos ebrios.
+
+El disfraz de labrador era un pretexto para toda clase de expansiones
+brutales; y acompañados por el retintín de los cascabeles de las ligas,
+trotaban los grupos de zaragüelles planchados, chalecos de flores,
+mantas ondeantes y tiesos pañuelos de seda. Un berrido ensordecedor, un
+«¡_che_... _e_..._e_!» estridente, prolongado hasta lo infinito, como el
+grito de guerra de los pieles rojas, conmovía las calles. Las criadas,
+endomingadas, huían despavoridas al escuchar el vocerío; y pasaba la
+tribu al galope, dando furiosos saltos, con sus caretas horriblemente
+grotescas y esgrimiendo por encima de sus cabezas enormes navajas de
+madera pintada con manchas de bermellón en la corva hoja. Revueltos con
+ellos, iban los disfraces de siempre: mamarrachos con arrugadas
+chisteras y levitas adornadas con arabescos de naipes; bebés que
+asomaban la poblada barba bajo la careta y al compás del sonajero decían
+cínicas enormidades; diablos verdes silbando con furia y azotando con el
+rabo a los papanatas; gitanos con un burro moribundo y sarnoso tintado a
+fajas como una cebra; payasos ágiles, viejas haraposas con una
+repugnante escoba al hombro, y los tíos de «¡al higuí!» golpeando la
+caña y haciendo saltar el cebo ante el escuadrón goloso de muchachos con
+la boca abierta.
+
+Toda esta invasión de figurones que trotaba por la ciudad, voceando como
+un manicomio suelto, dirigíase a la Alameda, pasaba el puente del Real
+envuelta con el gentío, y así que estaban en el paseo, iban unos hacia
+el Plantío para dar bromas insufribles, sonando las bofetadas con la
+mayor facilidad. La galerita de las de Pajares, a pesar de su cubierta
+charolada, de los arneses brillantes y de sus ruedas amarillas, tan
+finas y ligeras que parecían las de un juguete, aparecía empequeñecida y
+deslustrada en el gigantesco rosario de berlinas y carretelas, faetones
+y dog-carts que, como arcaduces de noria, estaban toda la tarde dando
+vueltas y más vueltas por la avenida central del paseo.
+
+Rafaelito habíase disfrazado de _clown_, y con otros de su calaña
+ocupaba un carro de mudanzas, sobre cuya cubierta hacían diabluras y
+saludaban con palabras groseras a todas las muchachas que estaban a tiro
+de sus voces aflautadas. ¡Vaya unos chicos graciosos!
+
+El carruaje de doña Manuela llevaba escolta. Un buen mozo con negro
+dominó, montando un caballo de alquiler, marchó toda la tarde como
+pegado a la portezuela, hablando con Concha, mientras la mamá y Amparo
+miraban las máscaras. Era Roberto del Campo, el cual, a pesar de su
+gallardía, iba resultando un posma, que sólo sabía decir floreos, sin
+llegar nunca a declararse. La mamá comenzaba a no encontrar tan seductor
+a aquel espantanovios. Dios sabe cuántas proposiciones habría perdido la
+niña por culpa de aquel hombre, que gozaba todas las intimidades de un
+novio, sin decidirse nunca a serlo. Pero Conchita se mostraba sorda a
+los consejos de mamá. Ella lo pescaría; los hombres que las echan de
+listos caen cuando menos lo esperan: todo era cuestión de tiempo y de
+presentar buena cara.
+
+
+Pasó el Carnaval y doña Manuela se vio en plena Cuaresma. Era la hora de
+purgar los derroches y las alegrías de la temporada anterior. La modista
+francesa presentaba la cuenta de los trajes de las niñas, y además hacía
+falta dinero para los gastos de la casa. Total, que doña Manuela
+necesitaba tres mil pesetas.
+
+Su amiga doña Clara, la corredora de los prestamistas, de la que don
+Juan hablaba pestes, no encontraba dinero para la viuda de Pajares.
+
+--Francamente, doña Manuela: ¡tiene usted por ese mundo tantos pagarés
+renovados y con intereses que no siempre se cobran...! Mis amigos se
+niegan a dar un céntimo. ¡Si usted encontrase una persona con garantías
+que quisiera avalar su firma...!
+
+¡Persona con garantías...! No era tan fácil encontrar esto, que los
+prestamistas pedían con tanta sencillez. Allí estaba su hermano, que
+solamente con una palabra podía sacarla del apuro; pero no había que
+pensar en semejante miserable, capaz de dejar perecer a toda su familia
+antes que desprenderse de una peseta. ¡Qué angustiosa situación! ¡Y que
+una persona distinguida como ella tuviera que verse en tal aprieto por
+unas cuantas pesetas, cuando tantos miles había arrojado por la ventana
+en otros tiempos...!
+
+Había que pagar a la modista; la idea de que ésta podía decir la verdad
+a sus parroquianas, todas señoras distinguidas, horrorizaba a la viuda,
+a pesar de que no tenía la menor amistad con ellas. Y a fuerza de
+cabildeos, acabó por encontrar la solución. La tenía al alcance de su
+mano. Juanito, propietario y mayor de edad, era la firma con garantías
+que ella necesitaba. En cuanto a las amenazas de don Juan, que había
+previsto el caso, se burlaba de ellas. ¿No era Juanito su hijo?
+
+Nunca vio el pobre muchacho tan dulce y complaciente a su mamá. La
+escuchó, como siempre, embelesado, deleitándose con el eco de su voz, y
+la madre tuvo necesidad de repetir sus peticiones para que Juanito se
+diese cuenta de lo que decía. A pesar de su fanática adoración, el
+muchacho experimentó cierto sobresalto al enterarse de que se le pedía
+una firma por valor de tres mil pesetas. No lo podía remediar. Estaba
+amasado con pasta de comerciante, y en cuestiones de dinero reaparecía
+en él lo que tenía del padre y del abuelo.
+
+--Pero mamá, ¿tan mal estamos de fortuna?
+
+Doña Manuela estuvo elocuente. La vida cada vez más cara, las exigencias
+del rango social muy costosas, y sobre todo, los hijos, ¡ay, los
+hijos...! ¿Tú sabes, Juanito, lo que me costáis?
+
+Y Juanito callaba, a pesar de que tenía razones de sobra para responder.
+Desde la muerte de su padre se había comido la viuda la renta de su
+huerto; lo llevó vestido hasta los veinte años con los desechos de su
+padrastro; había ahorrado a su madre el gasto de una criada, cuidando
+fervorosamente a sus hermanitos, aguantando sus rabietas de criaturas
+nerviosas, y hacía ya diez años que ganaba su salario en _Las Tres
+Rosas_, entregándolo íntegro a la mamá. ¿Qué gastos hacía él, vamos a
+ver? En cambio, los otros.... Pero a los otros había que dejarlos en
+paz. Él los quería lo mismo que a mamá, y su pena era no poder darles
+más. Y el pobre muchacho callaba, sufriendo pacientemente las irritantes
+mentiras de doña Manuela, que seguía hablando de los sacrificios por los
+hijos. En fin, que necesitaba tres mil pesetas, y esperaba que Juanito,
+su niño querido, salvaría la casa.
+
+--Pero mamá, podíamos hablarle al tío. Él nos dejaría esa cantidad sin
+intereses.
+
+¿Al tío...? ¡Horror! Ni una palabra. Era un egoísta, un grosero, un
+hombre sin educación.
+
+--Cuidado, Juan, con decirle una palabra. Darías un disgusto a tu mamá.
+
+--Pues entonces, puedo pedirlas a mi principal. Aunque don Antonio anda
+ahora muy ocupado en eso de la Bolsa, siempre tendrá tres mil pesetas
+para favorecer a unos buenos amigos.
+
+Tampoco. A ése, menos. No quería adquirir compromisos con unas personas
+así... tan ordinarias. Justamente había sabido el día anterior que
+Amparito tenía relaciones con el hijo de Cuadros, y había experimentado
+un verdadero disgusto. Unas relaciones sin «sentido común». ¡Casar a
+Amparito, a la hija del doctor Pajares, con el hijo de Teresa, que había
+sido criada de doña Manuela! No; la familia no había llegado aún tan
+bajo, y aunque apurada, no estaba para emparentar con una fregona. Ya se
+sabía que Antonio Cuadros se había lanzado en plena Bolsa, y aunque con
+timidez, hacía sus operaciones; pero cuando tuviera muchos miles de
+duros, ¡muchos! entonces podía volver Andresito... y veríamos.
+Decididamente, no quería pedir préstamos a una gente inferior, que la
+trataría con desdeñosa confianza al conocer sus apuros.
+
+Y descartados don Juan y el comerciante, doña Manuela volvió a la carga;
+el hijo intentó resistirse, pero al fin le aturdieron las caricias
+maternales y firmó cuanto quiso la mamá.
+
+La consideración de que parte de aquel dinero era para pagar el abono de
+las tres butacas que la familia tenía en el Principal a turno impar le
+hizo decidirse. Sin teatro, ¿qué iban a hacer sus hermanitas? ¿Para qué
+aquellos trajes que tan caros costaban? Allí podían encontrar buenas
+proposiciones que asegurasen su porvenir, y sería una crueldad que él
+cortase la carrera a las dos muchachas.
+
+Y Juanito sintióse feliz, en aquella temporada de Cuaresma, cada noche
+que cenaba con la familia, puesta de veinticinco alfileres, comiendo
+incómoda con la _toilette_ de teatro y estremeciéndose de impaciencia,
+mientras abajo sonaban las coces del caballo contra los guijarros del
+patio y los tirones que daba a la galerita.
+
+Cantaba un tenor «eminencia», uno de esos tiranuelos de la escena que
+cobran por noche cinco mil francos para entonar una romanza o un dúo y
+estar de cuerpo presente en el resto de la obra. Era signo de distinción
+y de buen gusto dejarse robar por la eminencia; se congregaba para
+cruzar sonrisas y saludos lo mejorcito de Valencia, y las dos niñas
+pasaban el día siguiente hablando con entusiasmo del _do_ de pecho del
+tenor y de los vestidos escotados de las del palco 7; de los diamantes
+de la tiple y de la facha ridícula del director de orquesta, un tío
+melenudo, con gafas de oro, que en los momentos difíciles braceaba como
+un loco, se levantaba del sillón y parecía querer pegarles a los
+músicos, a los artistas y hasta al público.
+
+El gran tenor y sus triunfos figuraban en todas las conversaciones, y al
+fin, el pobre muchacho cayó en la tentación, no de oír el _Otello_ de
+Verdi, sino de ver el bicho raro que abriendo la boca se tragaba cinco
+mil francos de una sentada. Él, que sin remordimiento había firmado por
+tres mil pesetas, tuvo que reflexionar y hacer un esfuerzo supremo para
+gastarse cuatro. ¡Alguna vez había de ser calavera! Y empujado por la
+muchedumbre, asaltó las alturas, el «paraíso» de fuego, donde,
+acoplándose cada espectador entre las rodillas del vecino inmediato,
+formaba el público un mosaico apretado y sólido. Allí permaneció toda la
+noche, confundido con la demagogia lírica, sin entender una palabra,
+fastidiándose horriblemente, diciendo en su interior que aquella música
+era como la de las iglesias, pero sin valor para estornudar ni mover pie
+ni mano, por miedo a aquellos señores que oían con la boca entreabierta,
+los ojos puestos en el techo, inertes y extasiados como fakires en el
+_nirvana_, y que, al menor ruido, ponían el mismo gesto que si un ratero
+les hurtase el bolsillo. Al terminar el acto, armaban una algarabía de
+mil diablos, discutiendo e insultándose en un _caló_ ininteligible, y
+sacando a colación la madera, el metal y la cuerda, como si tratasen de
+construir un navio.
+
+Juanito, contagiado por el ardor de pelea que reinaba en las alturas,
+sentía tentaciones de gritar que aquello era fastidioso y lo de los
+cinco mil francos un robo; pero callaba, por miedo a los energúmenos
+artísticos, y consolábase mirando abajo las rojas filas de butacas,
+donde se destacaban los lindos sombreros de sus hermanas y la majestuosa
+capota de mamá. Un sentimiento de orgullo le invadía al contemplar a su
+familia tan esplenderosa en aquel ambiente cargado de luz y de perfume,
+y hasta ciertos instantes le faltó poco para llamar a Amparito y hacerle
+un cariñoso saludo.
+
+¡Y pensar que en casa se pasaban tantos apuros para sostener aquel lujo!
+¡Quién lo diría viéndolas tan elegantes y risueñas, especialmente la
+mamá, que lucía brillantes en pecho, orejas y manos, y que antes quería
+pasar hambre que deshacerse de ellos...! Y el pobre muchacho, siguiendo
+la corriente de la lógica, pensaba con horror si todas las señoras que
+allí estaban cargadas de flores y joyas, exhibiendo sus sonrisas de
+mujer feliz, habrían tenido que pedir prestado como su madre.... El
+recuerdo de esta noche quedó en la memoria de Juanito con una impresión
+de calor asfixiante y aburrimiento inmenso. Al avalar el pagaré de su
+madre, había pensado revelar a su tío esta debilidad, pues incapaz de
+hacer nada por cuenta propia, se lo consultaba todo a don Juan. Pero
+esta vez fue perezoso; transcurrió el tiempo sin encontrar ocasión para
+ir a casa de su tío, y al fin nada le dijo.
+
+Además, su posición en _Las Tres Rosas_ tenía a Juanito pensativo y
+preocupado. Desde que su principal se dedicaba en cuerpo y alma a la
+Bolsa, animado por ciertas jugadas de fortuna, Juanito era de hecho el
+dueño de la tienda. La mañana pasábala don Antonio conferenciando con
+los corredores en la trastienda, leyendo los despachos bursátiles de los
+periódicos, haciendo comentarios y sosteniendo disputas con ciertos
+amigos nuevos que formaban corro a la puerta del establecimiento y
+hablaban con calor de la alza y la baja, los enteros y los céntimos. Por
+la tarde íbase a la Bolsa, de donde volvía al anochecer, sudoroso,
+enardecido, llevando en su mirada la fiebre de los conquistadores.
+
+Aquel hombre parsimonioso, de costumbres morigeradas, estaba en plena
+revolución. Vivía inquieto, nervioso, y en sus palabras y ademanes
+notábase cierto tono de grandeza, sin duda por la costumbre adquirida de
+hablar de millones y más millones con tanto desprecio como si fuesen
+pañuelos de dos pesetas docena. Las cosas de la tienda tratábalas ahora
+con indiferencia, como asuntos sin importancia, dignos sólo de una
+capacidad vulgar. Encargó a Juanito de la dirección de la casa, y cada
+vez que éste le consultaba, respondía con displicencia:
+
+--Haz lo que quieras, hijo mío. Allá tú. Aunque salga mal algún negocio,
+no me arruinaré. Yo estoy ahora en mi verdadero terreno; he encontrado
+el filón.
+
+Y pasando por él una ráfaga de confianza, desarrollaba un panorama tan
+encantador a los ojos de su dependiente, que los instintos de
+comerciante rapaz despertaban en éste y se estremecía de pies a cabeza
+con el escalofrío de la ambición. ¡Vaya un negocio ruin el de la tienda!
+Trabajar rudamente, exponerse a pérdidas, sufrir la mala educación de
+los compradores, todo para juntar, céntimo tras céntimo, unos cuantos
+miles de reales a fin de año. Para negocios, los suyos. Daba sus órdenes
+a los corredores, se acostaba tranquilo y al día siguiente levantábase
+con la noticia de haber ganado mil duros sin trabajo alguno. Era verdad
+que se corría el peligro de perder mucho, muchísimo; pero cuando se
+tenía una cabeza como la suya, buenos amigos, excelente información y un
+acertado golpe de vista, no había cuidado.
+
+Y el infeliz mortal poseedor de tantas cualidades paseaba por la tienda
+ante su asombrado dependiente, con toda la prosopopeya de un hombre que
+tiene agarrada la fortuna por los pelos y no piensa soltarla.... Y todo
+porque con unas cuantas operaciones tímidas, yendo a la zaga de otros
+más expertos, había ganado mil duros.
+
+Todo quiere empezar; y él, puesto ya en el camino de la suerte,
+aseguraba a su dependiente que antes de un año tendría millones, sí
+señor, millones no nominales ni de mentirijillas como los que compraba y
+vendía en la Bolsa, sino reales y efectivos, prontos a convertirse en
+fincas o en acciones. ¿Dónde estaban ahora esos ignorantes capaces de
+asegurar que en la Bolsa se encuentra la ruina? Buenos ejemplos tenía a
+la vista para convencerse de su error. Todo el mundo jugaba. Gentes que
+un año antes no tenían sobre qué caerse muertas gastaban ahora carruaje
+propio; comerciantes que no podían pagar una letra de veinticinco
+pesetas jugaban millones, dándose una vida de príncipes; y la Bolsa,
+«aunque a él le estuviera mal el decirlo», era una gran institución,
+porque gracias a ella corría el dinero y había prosperidad, y un hombre
+podía emanciparse de la esclavitud del mostrador, haciéndose rico en
+cuatro días. Y si lo dudaba Juanito, que mirase a López, ése cuya señora
+era amiga de la mamá. Pues el tal López no tenía un céntimo, pero metió
+la cabeza en la Bolsa, y ahora no se dejaría ahorcar por ochenta mil
+duros, ni por cien mil. En resumen: que a él le importaba un bledo la
+tienda, y se burlaba de aquel comercio a la antigua, que sólo servía
+para que los hombres de capacidad financiera se matasen trabajando como
+unos burros, para comer sopas a la vejez.
+
+Justamente, en la época que don Antonio abandonaba su tienda, cada vez
+más atraído por los negocios, fue cuando Juanito comenzó a sentirse
+dominado por una preocupación.
+
+Entre las parroquianas de la casa había una joven que los dependientes
+designaban con el apodo de «la beatita». Era una criatura tímida, dulce,
+encogida, que hablaba con los ojos bajos y sonreía a cada palabra, como
+pidiendo perdón. Evitaba entenderse con los dependientes, sin duda por
+molestarla sus exagerados cumplimientos, ese afán de decir a toda
+parroquiana, con voz automática, que es muy bonita, para despachar mejor
+la mercancía; y apenas entraba en la tienda, buscaba con los ojos a
+Juanito, muchacho juicioso, tan tímido como ella y que no se permitía el
+menor atrevimiento.
+
+Los dos se entendían perfectamente. Discutían con gravedad el precio y
+la clase de las telas; y tan grande era la simpatía, que si aquel
+grandullón de enormes barbas osaba decir una palabra un poco alegre, «la
+beatita» sonreía con toda su alma, mostrando una dentadura igual y
+brillante.
+
+Iba con frecuencia a _Las Tres Rosas_, por ser los géneros baratos, y
+Juanito, insensiblemente, recogiendo hoy una palabra y uniéndola con
+otra tres días después, se enteró de quién era.
+
+Llamábase Antonia. Trabajaba de costurera a domicilio, y tenía tan
+buenas manos, que se la disputaban las parroquianas, señoritas de escasa
+fortuna, que acogían como una felicidad el confeccionar en sus casas
+vestidos iguales a los de las modistas. Era huérfana. Su padre había
+sido cochero en una casa grande; su madre, portera. La difunta señora,
+una condesa anciana, había sido su madrina, costeando su educación en
+un colegio modesto, y todavía Antonia iba a visitar algunas veces a «las
+señoritas», las hijas de su protectora, que se habían casado. Vivía con
+una amiga de su madre, vieja y casi ciega, antigua criada durante veinte
+años de un señor enfermo y malhumorado, que al morir le legó una renta
+de dos pesetas, lo suficiente para no morirse de hambre. Tónica--así la
+llamaban sus parroquianas--comía en casa de éstas, cosía once horas,
+cuando no tenía que salir para comprar tela, hilo o botones, y por la
+noche regresaba a su habitación de la calle de Gracia, un piso tercero
+de una casa vieja y pequeña, que las dos mujeres tenían como «taza de
+plata», según expresión de las vecinas.
+
+Juanito miraba a la joven con tierna simpatía. ¡Era tan buena
+muchacha...! Para convencerse, bastaba verla por la calle con el velo
+caído sobre los ojos bajos, andando con paso menudo y gracioso, arrimada
+siempre a la pared, como si quisiera evitar la atención de los
+transeúntes.
+
+Su belleza no era gran cosa. La cara redondita y pálida, la nariz algo
+corta, pero con unos ojos hermosos, cobijados por las grandes cejas,
+que, pobladas de sobra, tendían a juntarse, formando una sola línea.
+
+Pero lo que a Juanito le encantaba más en su parroquiana era la sonrisa
+y aquella dentadura que en el fondo carmesí de la boca brillaba nítida,
+igual, sin una picadura, sin una pieza saliente, como esas muestras
+perfectas que los dentistas colocan en sus escaparates.
+
+Esta amistad, que se estrechaba por encima del mostrador, iba siendo una
+necesidad para los dos. Tónica, al entrar, no hacía caso de las palabras
+de los dependientes, e iba recta en busca de aquel barbudo tan tímido
+como ella, que muchas veces le enseñaba las muestras con manos
+temblorosas; y Juanito experimentaba un verdadero disgusto cuando se
+ausentaba de la tienda y al volver le decían que había estado «la
+beatita».
+
+Examinaba el menor detalle de su persona, alabando la delicadeza de sus
+gustos. Era una pobre costurera y llevaba siempre guantes. Aseguraba que
+no podía prescindir de ellos, así como de otras costumbres superiores a
+su clase, adquiridas cuando niña en casa de su madrina. Rendida del
+trabajo, dedicaba las horas de la noche y los domingos enteros a la
+lectura de novelas, devorándolas, sin predilección, pues bastaba para su
+gusto que la hiciesen llorar mucho, pero mucho. Ganando siete reales por
+once horas de trabajo, era una sedienta de ideal; y acostumbrada al
+lenguaje de las madres sin ventura, de las mártires del amor, de todas
+aquellas señoras pálidas, ojerosas y vestidas de blanco que saludaba en
+las obras favoritas, hablaba en la intimidad con cierto sabor
+sentimental de novela por entregas.
+
+En casa de doña Manuela notaron que algo extraño ocurría a Juanito, y
+eso que no se fijaban en él gran cosa. Ciertas mañanas, llegaba muy
+contento a la hora de comer; sus hermanas le oían cantar paseando por
+las habitaciones, y ¡caso raro! él, tan despreocupado en materias de
+adorno, enfadóse dos veces porque le planchaban mal las camisas, y pidió
+seriamente a la mamá que le comprase una corbata, pues la que llevaba
+era un asco, de deshilachada y mugrienta.
+
+Amparito reíase en las narices de su hermano. Ahora que era un viejo, le
+daba por presumir.... ¿Tenía, acaso, novia? Pues hijo, debía creerla a
+ella, que, aunque joven, tenía experiencia. Eso de los noviazgos sólo
+servía para disgustos y lloros. Bastante requemada la tenían a ella los
+amores. Por un lado, la mamá con sus sofoquinas y pellizcos, ordenándole
+que rompiese las relaciones con el hijo de Cuadros, por ser una
+proporción desventajosa y denigrante para la familia; y por otro, el tal
+señorito acosándola, enviando carta tras carta, unas veces en prosa y
+otras en verso, pero siempre repitiendo lo del corazón de hielo,
+pérfida, cruel, etc., etc.
+
+--Ya ves, Juanito mío, que esto no es vivir. Dile a ese chico que no sea
+machacón. Al fin, dos meses de relaciones no dan derecho para tanto. La
+mamá le dijo con muy buenas palabras que no volviese por aquí, que no
+pensase más en mi persona; pero ¡que si quieres...! Me asomo al balcón,
+y ¡cataplum! allí está en la esquina mi hombre, con una cara tan
+desmayada, que da risa; salgo a paseo, y siempre que vuelvo la cabeza
+veo tras de mí al moscardón, con un aspecto que no parece sino que
+cualquier día va a subir al Miguelete para tirarse de cabeza, ¡Pero,
+hombre, tú que tienes amistad con él y te hace caso, dile que no sea tan
+pesado! Dile que yo le querré siempre como un buen amigo, pero que no me
+importune más, pues su testarudez la pago yo. A mí no me incomoda, pero
+mamá se pone furiosa al verle; cree que yo aliento esa constancia, que
+nos entendemos sin que ella lo sepa, y la otra tarde, al volver de
+paseo, me dio un par de bofetones. Ya ves, Juanito... pegarme a mí... y
+por culpa de ese mico. Que no vuelva: dile que no vuelva, o le
+aborreceré.
+
+Pero lo que la traviesa muñeca no decía era que le importaban muy poco
+las cóleras de mamá y que deseaba la desaparición de Andresito por
+propio interés. En los bailes de Carnaval había conocido a Fernando, un
+teniente de artillería, esbelto, con cintura de señorita, que en el
+teatro, durante los entreactos, rondaba por cerca de sus butacas
+buscando ocasión de saludarla con gracia marcial que encantaba a
+Amparito.
+
+Era amigo de Rafael; pensaba llevarlo a casa lo mismo que a Roberto del
+Campo, y la niña se temía que la tenacidad del antiguo novio detuviera
+una declaración que tanto esperaba.
+
+Llegó la fiesta de San José, que aquel año tuvo para la familia
+excepcional importancia. Desde una semana antes, la granujería corría
+las calles arrastrando sillas rotas y esteras agujereadas, pidiendo a
+gritos, con monótona canturía, «¡_Una estoreta velleta_...!»
+
+La plazuela de las de Pajares tenía un vecindario bullicioso y alegre:
+gente de pura sangre valenciana, que vivía estrechamente con el producto
+de sus pequeñas industrias, pero a la que nunca faltaba humor para
+inventar fiestas. La paternidad de la idea fue del dueño del cafetín
+establecido frente a la casa de doña Manuela, un sujeto panzudo y
+flemático, que gozaba en el barrio fama de chistoso y había heredado el
+apodo de _Espantagosos_, sin duda porque alguno de sus antecesores no
+estaba en buenas relaciones con la raza canina. Era una vergüenza para
+los vecinos de la plaza no levantar en ella una _falla_ que compitiese
+con las muchas que se estaban arreglando en varios puntos de la ciudad,
+y la proposición del cafetinero fue acogida con entusiasmo por toda la
+gente de los pisos bajos.
+
+El iniciador asocióse a dos zapateros y un carpintero, que, por tratarse
+de San José, se creía con derecho propio, y todos juntos formaron algo
+que bien podía llamarse Comité de Vecinos, teniendo por principal objeto
+dar sablazos en todo el barrio para el arreglo de la _falla_. Como doña
+Manuela era la vecina más encopetada y su casa la mejor de la plazuela,
+los pedigüeños pusiéronse bajo su protección, y elogiaron rastreramente
+su riqueza, la belleza de las niñas y hasta la suya propia: todo para
+sacarla cinco duros.
+
+La proyectada hoguera entusiasmaba a los vecinos, siendo el eterno tema
+de conversación en las porterías y establecimientos de la plazuela.
+Todos se animaban, con ese entusiasmo valenciano que se inflama al
+pensar en fiestas y bullicios. La _falla_ es la fiesta popular por
+excelencia: una costumbre árabe, transformada y mejorada a través de los
+siglos hasta convertirse en caricatura audaz, en protesta de la plebe.
+Primero, los moros, en los ruidosos _alalíes_ con que solemnizaban sus
+festividades, gozaban en hacer grandes hogueras; los cristianos
+adoptaron después esta costumbre, como muchas otras; lentamente, el
+número de _fallas_ fue limitándose en el año, hasta quedar las de San
+José, que hacían los carpinteros para solemnizar la fiesta de su patrón
+y la llegada del buen tiempo, en el que ya no se trabaja de noche; hasta
+que por fin, el espíritu innovador del siglo hermoseó la _falla_,
+dándole un aspecto artístico, encerrando el montón de esteras y trastos
+viejos entre cuatro bastidores pintados y colocando encima monigotes
+ridículos para regocijo de la multitud. Al principio, las figuras
+groseras y mal pergeñadas representaron escenas de la vida privada,
+murmuraraciones de vecinos; pero después la sátira se remontó,
+metiéndose de rondón en la política, y las _fallas_ se convirtieron en
+burlas al gobierno y caricaturas de la autoridad.
+
+Las niñas de doña: Manuela despreciaban la fiesta que se preparaba. Era
+una cursilería, como organizada por la gente ordinaria de la plazuela,
+buena únicamente para divertir a los de escaleras abajo. Pero la víspera
+de San José, impulsadas por la curiosidad, se asomaron al balcón muy
+temprano y experimentaron una agradable sorpresa, pese a su anterior
+indiferencia de muchachas distinguidas.
+
+En el centro de la plazuela, sobre una gruesa capa de arena, elevábase
+todo un edificio de lienzo, con pintura que imitaba a la piedra: un
+gigantesco dado, en cuya cara superior elevábanse ocho figuras de tamaño
+natural.
+
+Los balcones y puertas estaban adornados con centenares de banderitas
+rojas y amarillas, que daban a la plazuela el aspecto de un buque
+empavesado; y este derroche de ondeante percalia extendíase por las
+calles adyacentes. A trechos, en las paredes, mostrábanse, clavados,
+grandes carteles con versos valencianos en letras de colores, ante los
+cuales el público de las primeras horas--obreros que iban al trabajo,
+criadas, barrenderos, etc.--, después de deletrear trabajosamente,
+soltaba ruidosa carcajada.
+
+Pero lo que a las dos hermanas les llamaba la atención era la _falla_.
+No estaba mal aquello, para ser obra de gente tan ordinaria como el
+cafetinero y sus cofrades.
+
+Los monigotes eran siete bebés colosales, que componían una orquesta
+abigarrada, y en el centro, un caballero de frac y batuta en mano. ¿Qué
+intención oculta tenía aquello? Pero Amparito soltó la carcajada
+inmediatamente. El tupé descomunal y grotesco del director de orquesta
+se lo explicó todo. Aquél era Sagasta, y los otros los ministros. Estaba
+segura de ello. En los periódicos satíricos que compraba Rafael había
+visto aquellas caras convencionales, destrozadas por él lápiz de los
+caricaturistas; y partiendo del descubrimiento del famoso tupé, fue
+señalando a su hermana cada bebé por su nombre, riéndose como una loca
+al ver que el ministro de Hacienda tocaba el violón.
+
+Pero cuando su alegría subió de punto fue al ver que algunos chicuelos,
+escondidos entre los biombos, tiraban de cuerdas, poniendo en movimiento
+a los monigotes. ¡Qué gracioso era aquello...! Las dos hermanas reían
+contemplando las contorsiones del señor del tupé, que a cada movimiento
+de batuta parecía próximo a partirse por el talle, la rigidez automática
+y grotesca con que los bebés tocaban en sus instrumentos una muda
+sinfonía, que causaba gran algazara en el gentío.
+
+Amparito se sintió tan entusiasmada, que hasta envió una sonrisa amable
+al cafetín de enfrente, donde el padre de tal obra despachaba cepitas
+tras el mostrador, mientras su mujer, lavada y peinada como en días de
+gran fiesta, con los robustos brazos arremangados y delantal blanco,
+estaba en la puerta sentada ante un fogón, con el barreño de la masa al
+lado, arrojando en la laguna de aceite hirviente las agujereadas pellas,
+que se doraban al instante, entre infernal chisporroteo. Eran los
+buñuelos de San José, el manjar de la fiesta; como frutos de oro,
+colgaban muchos de ellos de un colosal laurel, que recordaba el Jardín
+de las Hespérides.
+
+Bien entendía sus negocios el cafetinero. La tal _falla_ iba a acabar
+con todo el aguardiente de sus barrilillos, mientras su mujer fabricaba
+los buñuelos por arrobas.
+
+Toda la familia de doña Manuela se entusiasmó con el aspecto de la
+_falla_. Había que avisar a las amigas. Por la tarde tendrían música en
+la plaza; y la rumbosa viuda pensaba ya con placer en el «brillante»
+aspecto que presentaría su salón, bailando las niñas y sus amiguitas,
+mientras las mamas pasarían al comedor a tomar un chocolate digno del
+esplendor de la familia.
+
+La casa de doña Manuela llamó la atención por la tarde casi tanto como
+la _falla_. Entre las banderolas nacionales de los balcones asomaban una
+docena de airosos cuerpos y graciosas cabezas, elegante escuadrón de
+muchachas, que, cogiéndose de la cintura, jugueteando o riendo, miraban
+al gentío que rebullía abajo.
+
+Detrás de las niñas de doña Manuela y sus amigas asomaban algunas veces
+cabezas de hombres: Rafaelito, su amigo Roberto y Fernando, el teniente
+de artillería, que por fin había sido presentado en la casa por el
+hermano de Amparito. La brillante pollada del balcón agitábase con gran
+algazara, sin importarle las miradas curiosas de los de abajo; dominaba
+en ella esa nerviosa alegría de las jóvenes cuando, libres
+momentáneamente del sermoneo de las mamas, sienten una oculta comezón,
+un vehemente deseo de cometer diabluras. Con el anhelo de su libertad,
+iban de una parte a otra sin saber por qué. Asomábanse al balcón; de
+repente, una, por hacer algo, corría a la sala, y todas la seguían con
+alegre taconeo, riendo, formando parejas, hasta que al poco rato
+iniciábase la fuga en sentido opuesto, y el gracioso trotecillo las
+devolvía otra vez al espectáculo de la plaza.
+
+Un olor punzante de aceite frito impregnaba el ambiente. El fogón de la
+buñolería era un pebetero de la peor especie, que perfumaba de grasa
+toda la plazuela, irritando pegajosamente los olfatos y las gargantas.
+En la puerta del cafetín amontonábase la granujería, siguiendo con
+mirada ávida el voltear de los trozos de pasta entre las burbujas del
+aceite, y dentro del establecimiento, los hombres, formando corrillos
+ante el mostrador, hablaban a gritos o se impacientaban al ver que el
+cafetinero, según propia afirmación, no tenía bastantes manos para
+servir a todos.
+
+En un ángulo de la plaza estaba la tribuna de la música, un tablado
+bajo, cuyas barandillas acababan de cubrirse con telas de colorines
+manchadas de cera, como recuerdo de las muchas fiestas de iglesia en que
+se habían ostentado.
+
+--¡Música...! ¡músicaaaa!--gritaba la gente.
+
+Y los músicos, azorados por el vocerío, iban hacia el tablado abriéndose
+paso en la muchedumbre. Era la banda de un pueblo de las cercanías;
+rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de
+general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta
+dificultad--como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de
+la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas--,
+mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las
+costuras de la guerrera.
+
+La primera mazurca de la ruidosa banda puso en conmoción a toda la
+plazuela. Algunos granujas con tufos y blusa blanca bailaban íntimamente
+agarrados con femenil contoneo, empujando a la muchedumbre curiosa,
+chocando muchas veces contra el tablado de la música. Las alegres notas
+de los cornetines parecían esparcir por toda la plaza un ambiente de
+alegría. ¡Adiós el invierno! La primavera se acercaba con sus tibias
+caricias, y en los balcones sonreían las muchachas, mirando de soslayo a
+los que se detenían para contemplarlas.
+
+Amparito era la única que estaba seria. ¡Pero cuán desgraciada era!
+¡Para ella toda fiesta había de traer el consiguiente disgusto! ¡Allí
+estaba él...! ¡_él_! el «posma», aquel Andresito, que de novio era un
+estúpido, y de amante despreciado y terco una insufrible calamidad.
+
+Le veía apoyado en la pared de enfrente, cerca del cafetín, de puntillas
+algunas veces para dominar mejor el agitado río de cabezas que en
+corriente interminable atravesaba la plazuela, y lanzando al balcón de
+Amparito miradas de inmensa desesperación, que ella... ¡la ingrata!
+decía que eran de cordero degollado.
+
+Ame usted; pase las noches de claro en claro, estrujando la inspiración
+para fabricar sonetos amorosos; expóngase usted a los arrebatos de un
+papá indignado que quiere que la familia se retire pronto... ¿y todo
+para qué? para que ahora, despedido y olvidado sin justificación alguna,
+_ella_, la mujer de los ensueños e inspiraciones, la décima musa, le
+mirase con cara de pocos amigos, diciéndole con sus ojos desdeñosos:
+«¡Largo de aquí, trasto...! ¡No me importunes más!»
+
+Y sí Amparito no pensaba esto mismo que suponía el antiguo novio, era
+algo parecido lo que expresaban sus miradas fieras y sus gestos
+desdeñosos para espantar a aquel moscardón molesto, que no la dejaba «ni
+a sol ni a sombra».
+
+¿Y aún seguía allí, tieso como un poste, importunándola con sus
+miraditas? ¿No tenía bastante con tantos desdenes? Pues ahora verás. Y
+se puso a coquetear con el teniente, con el gallardo Fernando, que
+estaba en el balcón, de uniforme, al aire la rapada y morena cabeza,
+asediando a la niña con la media docena de palabritas galantes que tenía
+en su repertorio para los casos de conquista.
+
+Amparo y el teniente, en un extremo del balcón, volviendo casi la
+espalda a la plaza y aislados del grupo juvenil que hablaba y reía junto
+a ellos, tenían el aspecto de verdaderos novios; él, serio, solemne,
+llevándose la mano al tercer botón de la guerrera, que es donde suponía
+estaba el corazón, mirando algunas veces al cielo, todo para dar más
+fuerza y sinceridad a lo que decía; y ella, con cierta sonrisilla
+irónica, negando con graciosos movimientos de cabeza y volviendo algunas
+veces la mirada para ver si el «posma» seguía allí. Nada le importaba
+Andresito; pero a pesar de esto, sentía cierta satisfacción pensando que
+estaba a sus espaldas viéndolo todo. ¡Proporciona tanto gusto hacer
+sufrir...!
+
+El poeta sufría como uno de los condenados de aquel poema de Dante, cuya
+lectura nunca había podido terminar. Gracias a que era un «vate
+aplaudido» en la Juventud Católica y tenía ideas muy cristianas; que si
+no, a la vista de tamaña traición hubiera sido capaz de ahogar su dolor
+cometiendo la más atroz barrabasada, por ejemplo, dando un adiós
+patético a la ingrata, y arrojándose después de cabeza en aquel caldero
+de aceite hirviendo donde volteaban los buñuelos.
+
+Pero no se mataría; ante todo, las creencias y el ser poeta. La muerte
+frita no figura entre los suicidios de los hombres de genio. Pero si no
+se mataba, sabría vengarse; él era un hombre, y cuando bajase aquel
+teniente ya le exigiría cuentas. Le mataría, sí señor, le mataría; y
+después, ¡qué escena tan trágica! el teniente a sus pies, atravesado de
+una estocada; Amparito, desmelenada, sollozante, increpando al cielo; y
+él erguido como gigantesco fantasma, el ensangrentado acero en la mano,
+y en el rostro una sonrisa desesperada, infernal, loca; algo que
+recordase el último acto del _Don Álvaro_. Y el pobre muchacho apretaba
+con mano crispada su junquillo, que para su imaginación era «toledano
+acero», y pensaba desordenadamente en Lope de Vega, Quevedo, Cervantes y
+Lord Byron; en todos los grandes hombres que, según frase de Andresito,
+habían tenido malas pulgas, y lo mismo escribían que daban una estocada.
+
+¡Bailad tranquilos, granujas alegres e insolentes; mirad la _falla_,
+burgueses bondadosos; reíd como gallinas cacareadoras, mujercillas que
+celebráis las contorsiones de los monigotes! Todos ignoráis que el
+volcán ruge a pocos pasos de vosotros; no sabéis que hay un hombre que
+prepara la más horrible de las tragedias; y mañana, cuando salga en los
+periódicos la extensa relación de lo ocurrido, no podréis imaginaros que
+la fiera en figura humana que mató al rival, a la novia y hasta a la
+mamá, si es que se decide a bajar, era el joven «dulce y simpático» que,
+pálido como un muerto, estaba hecho un poste cerca del cafetín.
+
+Sí; mataría y moriría después; estaba decidido. Y miró al balcón,
+procurando dar a sus ojos la más insolente expresión de reto; pero se
+fijó con insistencia en el teniente. Tenía buenas espaldas, su cabeza
+morena no era de víctima, le colgaba del talle un espadín y además,
+según informes de Andresito, tenía entre sus amigotes fama de bruto.
+
+Él no tenía miedo, ¡vive Dios! ¿qué había de tener? Pero bien mirado,
+era una vulgaridad, un detalle de mal gusto, el enredarse a golpes en
+medio de la calle con un majadero sin otra sociedad que la de las muías
+de su batería. No señor; su belicoso plan quedaba desechado. ¿Qué dirían
+en la Juventud Católica? Un autor que había provocado delirios de
+entusiasmo con aquella oda dulcísima a la Virgen:
+
+/*
+ _Señora_, _tú que sabes_
+ _el secreto del canto de las aves_....
+*/
+
+Un hombre que tantas lindezas sabía fabricar, no se peleaba con aquel
+mozo de cordel. Los poetas se vengan de otro modo. Les basta encerrarse
+en su inmenso dolor, lanzarlo en tristes estrofas al rostro de la
+ingrata, para que ésta desfallezca bajo el más terrible de los
+castigos.... Estaba decidido: abominaría del mundo y sus «vanas pompas»;
+se retiraría a un desierto, sería fraile, pero no como aquellos
+barbudos, malolientes y zarrapastrosos que iban por las calles, alforjas
+al cuello, sino con arreglo a figurín: frailecillo blanco y melancólico,
+vestido con franela fina, la cruz roja al pecho y los ojos en alto, como
+si _filase_ el lamento tierno, interminable, de las almas heridas: una
+fiel imitación de Gayarre en el último acto de _La Favorita_.
+
+Y Andresito, como si se viera ya vestido de blanco, errante por poética
+selva, con el pelo cortado en flequillo y los brazos cruzados sobre el
+pecho, canturreaba con voz dulce y lacrimosa: «_Spirito gentil_...»
+
+Algunos se detenían sonriendo al oír el canto tristón y apagado, que
+parecía salirle de los talones; pero ¡valiente caso hacía él de los
+curiosos! ¡Como si una alma grande no estuviera, en sus dolores, por
+encima de la vulgaridad!
+
+Y miró al balcón. Ya no estaban allí. Los infames se habían metido en el
+salón, y estarían en aquel instante arrullándose, con la primera delicia
+del amor naciente, vacilando en usar el confianzudo tuteo. Y él...
+abajo, solo con su desesperación; pero sabría vengarse. Sus ilusiones de
+venganza le conmovían tanto, que se sentía próximo a estallar en
+sollozos. Y lloraba, sí señor; habíase llevado un dedo a los ojos y lo
+retiraba mojado de lágrimas. ¡Llorar un hombre como él! ¡Ah, la
+ingrata...! Pero un golpe de tos seca, espasmódica, asfixiante, le
+volvió a la realidad.
+
+Estaba envuelto en el humo azulado, sutil y picante que se escapaba del
+fogón de los buñuelos; un vaho grasoso, inaguantable, capaz de hacer
+llorar y toser a los monigotes de la _falla_ Y lo primero que vio al
+volver de sus ensueños fue un par de viejos que, asomados a la puerta
+del cafetín, le miraban con sonrisa burlona. Eran dos buenos
+parroquianos, con la gorrilla caída sobre la frente, los ojos vidriosos
+y lagrimeantes, y la nariz violácea y húmeda; una yunta alegre, unida
+por el yugo fraternal del alcohol, que, mientras hubiese cafetines
+abiertos, declaraban, como el doctor Pangloss, que este mundo es el
+mejor de los mundos posibles.
+
+Con el sucio pañuelo de hierbas en la mano, accionaban dando gritos ante
+el mostrador de _Espantagosos_; pero las rarezas de aquel señorito que
+hablaba solo y miraba al balcón de enfrente llamaron su atención, y con
+la cariñosa insolencia de los borrachos alegres, pusiéronse a
+contemplarle, riendo de sus gestos dolorosos.
+
+Al ver que Andresito les miraba, hiciéronle amistosas señas como si le
+conociesen de toda su vida. ¡Vaya una gente francota...! ¿Que si
+aceptaba una copita? No señor, muchas gracias; no tenía la costumbre de
+beber.... Bueno; pues eso se perdía; conste que ellos la ofrecían de
+buena voluntad, al verle tan triste. ¡Buena suerte y que saliese pronto
+de cuidado! Y los dos viejos, que sólo necesitaban unas cuantas copas
+para ser dueños de la _falla_, de la plaza y del mundo entero,
+metiéronse en el cafetín a continuar la obra.
+
+Andresito seguía tieso en su puesto, sin mover los pies, con las piernas
+entumecidas y el cuello dolorido de mirar a lo alto. ¡Y la ingrata no
+reaparecía! Las amigas, en el balcón; Concha, la hermana, coqueteando
+con Roberto; y ellos dentro, buscando la soledad y la discreta
+penumbra.... ¡Dios mío! ¡Qué cosas le diría aquel bruto de las dos
+estrellas, para tenerla tan embobada lejos del balcón, a pesar de la
+música y de lo animada que estaba la plaza...!
+
+Para mayor tormento del pobre muchacho, los dos viejos cínicos del
+cafetín hablaban a gritos, y por más esfuerzos que hacía, sus palabras
+le obsesionaban, le hacían olvidar su papel de poeta desesperado e
+infeliz, del que en el fondo se hallaba satisfecho. Estaban en la misma
+puerta del cafetín, jugueteando como dos chavales, dándose golpecitos en
+el abdomen y obsequiándose mutuamente con buñuelos, que acompañaban de
+latines y signos en el aire, como si se administrasen la comunión. ¡Vaya
+un par de «puntos» alegres! Todos los parroquianos se reían, y hasta el
+mismo cafetinero desarrugaba el ceño, a pesar de que conocía el final de
+tales bromas y lo mucho que costaba ponerlos en la calle.
+
+Pero al beber otra vez, tornáronse melancólicos. Miraban al trasluz el
+aguardiente, y con los vasitos en alto y los ojos elevados, como si les
+hipnotizase el blanco líquido, hacíanse mutuas confidencias, arrastrando
+las sílabas trabajosamente. El más viejo estaba desengañado; le habían
+«lacerado » el corazón; lo juraba y perjuraba, dándose terribles
+puñetazos sobre el pecho, que sonaba como un tambor. Su compadre debía
+creerle a él, que era hombre de experiencia y había visto mucho. ¿La
+política...? una farsa; un oficio de volatineros. ¿El Ayuntamiento...?
+una cueva de ladrones; todos los que entraban en la «casa grande » era
+para robar. El otro le interrumpió.... ¡El Ayuntamiento...! Ahí estaba
+el toque. ¡Que le fueran a él con Ayuntamientos! Había trabajado como un
+perro por la candidatura del partido repartiendo papeletas a las puertas
+de los colegios, tuvo una disputa con un municipal que le quería llevar
+atado, y lo sufrió todo... todo por el partido y el candidato... y ahora
+le ofrecían como recompensa un puesto de peón en el adoquinado, nueve
+horas de trabajo al sol y siete reales. Muchas gracias; él quería ser
+empleado de los que están a la fresca y fuman. Antes que partirse el
+espinazo en el adoquinado, prefería vivir sin trabajar. El hambre no le
+importaba.... Mientras hubiese «petróleo refinado» como el de casa
+_Espantagosos_, el estómago iría bien.... Ahora, tras el chasco, se
+había «retirado a la vida privada», y podía decir muy alto, como su
+compañero, que todos los de la casa del pueblo eran unos ladrones.
+
+Y para que quedase bien sentada esta afirmación, se tragaron el
+aguardiente de un sorbo.
+
+--¡_Espantagosos_... _mesura_!
+
+¿Quién...? ¿él? ¡Estaban frescos! Allí no se daban más copas. Le
+desacreditaban el establecimiento con sus feas palabras; los guardias le
+tomarían ojeriza por consentir en su casa tales blasfemias contra la
+excelentísima corporación, y además--esto era lo principal--, conocía
+de antiguo a aquellos parroquianos, que, cuando se alumbraban de veras,
+costaba un disgusto sacarles el dinero. Ya tenían bastante; si querían
+algo más debían pagarlo por adelantado.
+
+¡Qué falta de respeto! ¡Tratar así a personas que han hecho concejales,
+retirándose después a la vida privada...! Y miraban fieramente al
+cafetinero, mientras rebuscaban con furia en sus andrajos, con la
+indignación de una ofensa irreparable y mortal.
+
+Del bolsillo de la blusa salía una moneda mohosa; del sudador de la
+gorra otra de dos céntimos, y por las ventanas de los rotos zapatos
+sacábanse alguna pieza de cobre mugrienta y sudada. Era la rebusca
+furiosa de los céntimos escamoteados antes de salir de casa, a espaldas
+de sus mujeres, rabiosas de hambre y enemigas de que dos hombres de bien
+se diviertan en la taberna.
+
+Con altivez de grandes señores, arrojaron su puñado de cobre sobre el
+mostrador, como abofeteando al dueño. Si quería más podía ponerse a
+cuatro patas, que a ellos aún les quedaba dinero para taparle, si era
+preciso. Y decían esto con desdén olímpico, como si tuviesen a mano
+todos los millones del Banco de España en calderilla.
+
+Andresito percibía a medias esta escena, coreada por las risas de los
+parroquianos. La ingrata no reaparecía, y él estaba extenuado por el
+dolor y por un plantón de tantas horas. No le vendría mal sentarse,
+aunque fuese en el cafetín; pero no; ¡firme allí! aunque muriese de pie,
+como los antiguos romanos.
+
+Obscurecía. La plaza estaba llena; las calles adyacentes seguían
+vomitando nuevas muchedumbres, y iodos cabían a fuerza de codazos y
+empujones, como si fuesen elásticas las paredes de las casas. En torno
+de la _falla_ agitábase un oleaje de relamidos peinados, de gorras con
+visera amarilla y de blusas blancas. Las señoras refugiábanse en los
+portales, empinándose sobre las puntas de los pies para ver mejor; los
+maridos cogían a sus pequeñuelos por los sobacos y los sostenían a pulso
+para que contemplasen las últimas contorsiones de los monigotes.
+
+Aún era de día y ya se impacientaba la muchedumbre.
+
+--¡Fueeego...! ¡fueeego...!--gritaban a coro los de la blusa blanca.
+
+Y los dos borrachos, agarrados fraternalmente de los hombros, con las
+húmedas nances casi juntas, asomábanse a la puerta del cafetín con
+risita maligna al pensar que molestaban al dueño.
+
+--¡Fuego...! ¡fuego...!
+
+Y después de gritar se metían apresuradamente en la taberna, fingiendo
+susto, como chicuelos que acaban de hacer una travesura.
+
+Los organizadores de la _falla_ se resistían. Había que esperar a que
+cerrase la noche. Pero la muchedumbre estaba dominada por esa
+impaciencia que, entre la gente levantina, basta que sea manifestada por
+uno para que los demás se sientan contagiados.
+
+--¡Fueeego..! ¡fueeego...!--seguían aullando de los cuatro lados de la
+plazoleta. Y de la desembocadura de un callejón sin adoquinar salió una
+pedrada certera, que dejó trémulo al monigote del centro, llevándosele
+medio tupé. Aplausos y carcajadas, y a los pocos minutos servían de
+blanco todos los bebés de la orquesta. Había que comenzar en, seguida.
+El cafetinero lo ordenaba a gritos desde su puerta, y los cofrades
+braceaban y se desgañitaban en torno de la _falla_ pidiendo un poco de
+calma, mientras un compañero se introducía en el cuadrado de lienzo con
+dos botellas de petróleo. Cuando los biombos transparentaron una mancha
+roja que rápidamente se agrandaba entre incesante chisporroteo, la
+muchedumbre lanzó un «¡oh!» de satisfacción. Comenzaban a arder las
+esteras viejas, las sillas cojas y demás muebles recogidos en los
+desvanes del barrio y amontonados en el interior de la _falla_. El rojo
+resplandor iluminaba la parte baja de los figurones.
+
+--¡Que toquen la _Marsellesa_!--gritó un vozarrón anónimo con acento
+imperioso.
+
+Un estremecimiento pareció correr por la muchedumbre, saltando después
+de balcón en balcón.
+
+--¡Sí, la _Marsellesa_... venga la_Marsellesa_!--repitieron miles de
+voces con expresión amenazante, como si alguien se negase por anticipado
+a sus exigencias.
+
+Los músicos, que enfundaban sus instrumentos, miraron asustados al
+amenazador gentío. Intentaban negarse; pero el pensamiento de que
+quedaban piedras en el callejón desvaneció sus propósitos de
+resistencia. La música rompió a tocar, chillaron los cornetines, sonaron
+el bombo y los platillos como una tempestad lejana, y por toda la plaza
+se esparció un ambiente de bienestar, reflejándose en los rostros.
+
+La _Marsellesa_... ¡y el gobierno en la hoguera! ¿Qué más podían pedir?
+Y el entusiasmo meridional, caldeando los cerebros, hacía pasar ante los
+ojos risueños espejismos. Todos se sentían dominados por un optimismo
+meridional.
+
+Las lenguas de fuego comenzaban a salir del interior de la _falla_,
+lamiendo la ropa de los monigotes.
+
+--¡Bravooo...! ¡Vítooor!
+
+Nadie pensaba que aquello era madera y cartón. El entusiasmo les hacía
+feroces; creían que era el mismo gobierno lo que quemaban al son de la
+_Marsellesa_, y los industriales soñaban despiertos en la rebaja de la
+contribución; los de las blusas blancas en la supresión de los Consumos
+y el impuesto sobre el vino, y las mujeres, enternecidas y casi
+llorosas, en que acabarían para siempre las quintas.
+
+La música seguía rugiendo la _Marsellesa_, y en la multitud, alguno de
+los ardorosos, trastornado por la ilusión y por el himno, creyendo que
+la cosa ya estaba en casa, gritaba a todo pulmón: «¡Viva la República!»,
+lo que azoraba a los pobres municipales y les hacía mirar en derredor,
+buscando un hueco en el gentío por donde escapar.
+
+La hoguera crecía rápidamente. Las inquietas llamas, moviéndose de un
+lado para otro, agitaban como abanicos los faldones del frac, los bajos
+de blanca muselina y las cintas de raso de los bebés. El fuego
+jugueteaba como una fiera con sus víctimas antes de devorarlas. De
+repente, hizo presa en aquellos adornos, y en un segundo los devoró,
+escupiéndolos después como negras pavesas, que revoloteaban sobre las
+cabezas de la muchedumbre. Los monigotes, firmes y en pie, ardían como
+grandes antorchas con un inquieto plumaje de llamas. Andresito recordaba
+los cristianos embreados que iluminaban con sus cuerpos el camino de
+Nerón.
+
+Había llegado la hora de destruir, de ayudar al incendio, y los
+organizadores de la _falla_ con pesados puntales, golpeaban el armazón
+de los bastidores o daban tremendos palos a los ardientes monigotes para
+que cayeran en el rojo cráter.
+
+La muchedumbre, legítima descendiente del pueblo que dos siglos antes
+presenciaba los autos de fe, aplaudía con gozosa ferocidad la caída de
+los monigotes en la hoguera. Cada vez que, volteando en el aire sus
+piernas y sus brazos chamuscados, se zambullía uno en las llamas, oíanse
+risas y berridos.
+
+La _falla_ se derrumbó con todo su armazón medio carbonizado, y un
+torbellino de chispas y pavesas se elevó hasta más arriba de los
+tejados. El enorme brasero daba a la plaza una temperatura de horno,
+tiñéndolo todo de color de sangre. La gente, tostada, con las ropas
+humeantes, retirábase a las inmediatas calles; los de los pisos bajos
+cerraban las puertas, huyendo de aquella atmósfera ardiente que abrasaba
+los ojos y esparcía por la piel intolerable picazón, y en los balcones
+las vidrieras se cerraban, y los cristales flojos, caldeados por el
+ambiente abrasador, saltaban con estrépito.
+
+Más de media hora ardió con toda su fuerza el informe montón de leños
+ennegrecidos, que al carbonizarse se cubrían de rojas escamas. Algunos
+maderos estaban erizados de innumerables y pequeñas llamas, como si
+fuesen cañerías de gas.
+
+La muchedumbre se alejaba, con la esperanza de ver algo en las otras
+_fallas_. La temperatura bajaba, el incendio iba achicándose, la
+frescura de la noche penetraba en la plazuela, y balcones y puertas
+volvían a abrirse.
+
+En casa de doña Manuela, terminado el espectáculo público, había su
+poquito de fiesta, sin duda para amenizar el chocolate «suntuoso» que la
+rumbosa viuda daba a sus amigos. La gran lámpara del salón, reservada
+para las solemnidades, había sido encendida; y Andresito, desde la
+plaza, veía los trajes claros y los _bouquets_ de las amigas pasar por
+el iluminado balcón, moviéndose con el ritmo del baile.
+
+El pobre muchacho estaba firme en su puesto. El fuego le había empujado
+a un extremo de la plaza; pero apenas se refrescó el ambiente, volvió a
+la puerta del cafetín, cerca del laurel cargado de buñuelos, cuyas ramas
+se habían tostado. La _falla_ seguía ardiendo, con sus estallidos de
+leña vieja, que sonaban como tiros.
+
+La plaza quedaba en poder de la gente menuda, chiquillos desarrapados,
+que, tomando carrera, saltaban la hoguera con agilidad de monos, cayendo
+al lado opuesto envueltos en las chispas. Los municipales intentaban
+oponerse a tan peligroso ejercicio; pero la pareja de pobres hombres era
+impotente ante tales diablillos, y al fin adoptó la sabia determinación
+de sonreír con tolerancia y retirarse a un portal.
+
+Andresito seguía con mirada triste las evoluciones de aquellas
+bulliciosas salamandras con blusa, que saltaban por entre las llamas
+como si tal cosa, sacudiéndose las chispas como los perros.
+
+La plazuela estaba solitaria y el rojo ambiente del incendio hacía más
+lóbregas las calles inmediatas. Algunos chuscos arrojaban en la hoguera
+manojos de cohetes, que salían como rayos, culebreando su rabo de
+chispas, arrastrándose de una pared a otra y remontándose en caprichosas
+curvas hasta la altura de los balcones, para estallar con estampido de
+trabucazo. Los municipales no veían los cohetes, pues al fijarse en el
+aire matón de la chavalería que los disparaba, permanecían metidos en el
+portal, sordos y ciegos. Andresito pensaba que si alguno de aquellos
+rayos baratos le pillaba en su sitio, no le dejaría ganas en una
+temporada de ser frailecito blanco y llorar los desdenes de su hermosa;
+pero permaneció inmóvil. Irse de allí era renunciar a su venganza. Él
+esperaba algo, sin saber qué; y allí permanecía mirando el balcón, a
+pesar de que sus piernas apenas podían sostenerle, y en la cabeza y el
+estómago sentía un vacío anonadador.
+
+Ahora cantaban arriba. Era Amparito, que acometía con su vocecita de
+seda una romanza de Tosti, coreada por el estallido de los cohetes y los
+berridos burlones de la pillería, a quien le hacían gracia los lamentos
+musicales, verdaderos chillidos de ratita asustada.
+
+Las llamas iban extinguiéndose, la plaza estaba cada vez más obscura y
+los chiquillos desertaban en grupos, bucando otras _fallas_ que no
+hubiesen llegado al período de la agonía.
+
+Dos hombres salieron del cafetín agarrados del brazo, con paso lento y
+vacilante. Eran los viejos borrachos, con la gorrilla en la nuca y el
+eterno pañuelo de hierbas en la mano. Volvieron el rostro al cafetín, y
+como personajes de tragedia, lanzaron una eterna maldición sobre la
+cabeza de _Espantagosos_, un ladrón que, al quedarse sin dinero dos
+hombres honrados, les echaba a la calle sin más miramientos.
+
+El humo de la _falla_, denso y pegajoso, les hizo toser; pero se
+detuvieron ante el rescoldo enorme como un brasero de gigantes.
+
+Soltáronse del brazo y saltaron la _falla_, uno tras otro, con una
+agilidad inesperada y ademanes tan grotescos, que los municipales reían
+y hasta el desconsolado poeta dejó de mirar al balcón. El cafetinero y
+sus vecinos estaban en las puertas, celebrando aquel espectáculo
+grotesco e inesperado.
+
+Las carcajadas del público enardecían a los borrachos, les hacían
+sonreír con orgullo, y los dos redoblaban sus saltos y contorsiones.
+Corrían en torno del gran montón de brasas, saltaban por todos los
+lados, y en el furor del movimiento que les dominaba, ninguno de los dos
+se acordaba del otro.
+
+¡Ahora iba lo bueno! Y saltando al mismo tiempo los dos, cada uno por
+lado distinto, encontráronse en lo más alto de su salto; chocaron los
+cuerpos como proyectiles y cayeron en el rescoldo, hundiéndose entre
+las brasas la parte más carnosa del individuo.
+
+La plazuela pareció animarse, lanzando interminables carcajadas. A
+patadas y puñetazos los sacaron los municipales, y una vez libres del
+rescoldo, empujáronlos fuera de la plaza. ¡A sus casas o al Asilo...!
+¡Lo que quisieran!
+
+Andresito vio cómo se alejaban los dos viejos, mostrando una nueva cara
+por el revés chamuscado de su pantalón, riendo su postrera hazaña,
+dándose besos y abrazos para afirmar la fraternidad del cafetín y
+hablando a gritos para que quedase bien sentado que la «casa grande» era
+una cueva de ladrones, y ellos, desengañados, se retiraban a la vida
+privada.
+
+Y el poeta, envidiando su alegría, seguía en su puesto, iluminado por la
+última crepitación de la hoguera, desfallecido de hambre y de dolor,
+llorando de veras ahora que comenzaba a verse en la obscuridad,
+esperando algo vago e indeterminado, sin fuerzas para hacer nada y
+estremeciéndose al oír aquella voz tenue como un hilillo de seda, que se
+quebraba al llegar a lo más alto de la romanza, ahogándola con sus
+aplausos los complacientes convidados de la mamá.
+
+
+
+
+V
+
+
+Juanito era feliz. Próximo al ocaso de su juventud, a los malditos
+treinta años de que hablaba Espronceda, en vez de tristes desengaños
+experimentaba la alegría de saber que en el mundo hay algo más grato que
+adorar a la mamá como un ídolo y plegarse a todos los caprichos de los
+hermanitos.
+
+El entusiasmo de la juventud, el ansia de vivir, manifestábanse en él
+con extraordinaria fuerza, como frutos tardíos del árbol de su vida, que
+había pasado invierno tras invierno sin conocer hasta ahora la
+primavera.
+
+Al reunir y ordenar sus recuerdos, no se daba cuenta de cómo había
+ocurrido su transformación. Sin duda, el amor era más fuerte que su
+característica timidez. En la soledad, al recordar a Tónica,
+avergonzábase como el que ha cometido una acción punible; las palabras
+intencionadas que había deslizado en la conversación martilleábanle
+después los oídos, y tan pronto las consideraba ridículas como
+exageradamente audaces.
+
+--¡Dios mío...! ¡Qué dirá de mí esa chica!
+
+Pero cuando estaba cerca de ella, el rubor desaparecía y sentía en su
+interior audacias que le asombraban.
+
+Ya no se conformaba con esperar que Tónica fuese a la tienda de _Las
+Tres Rosas_. Enterábase de dónde trabajaba, y con una astucia de las más
+torpes, salíale al paso por la mañana al ir al trabajo y por la noche al
+regresar a su casa; hacíase el encontradizo y le desesperaba la
+dificultad de su lengua tímida, que parecía rebelarse, no queriendo ser
+conductora de sus pensamientos.
+
+Pasó más de una semana para Juanito sin adelantar gran cosa en su
+propósito. Tónica le hablaba como un amigo y le hacía confidente de
+todos sus pensamientos: las exigencias de sus parroquianas, los consejos
+de «las señoritas», que eran las hijas de su difunta protectora, y hasta
+las dolencias de aquella mujer casi ciega que vivía con ella,
+sirviéndola de madre. Con estas confidencias, Juanito iba penetrando
+lentamente en la vida de la joven y la consideraba ya como algo propio,
+a pesar de que todavía la picara lengua seguía negándose a obedecerle.
+
+Tónica tenía en ciertos momentos rasgos de ingenuidad, que turbaban al
+joven, sin dejar por esto de experimentar alegría.
+
+Llegó a relatarle las aficiones de su infancia, el placer indefinible
+que experimentaba pasando horas enteras arrodillada ante un Cristo,
+rezando rosarios tras rosarios. En aquella época, llevarla a la capilla
+de la Virgen de los Desamparados era para ella la mayor de las
+diversiones, y rezaba con tal devoción, que las viejas beatas se la
+comían a besos, asegurando que iba para santa.
+
+--¡Qué época aquélla!--decía la joven con ligera sonrisa--. Ahora la
+recuerdo con cierta extrañeza y no menos envidia. Las estampitas de mi
+devocionario me hablaban; y por la noche, una Virgen que tenía en mi
+cuarto bajaba de su cuadro para arrullarme hasta que me dormía. Usted,
+Juanito, se burlará seguramente de que yo fuese tan tonta.... En fin,
+cosas de niñas. Pero mi madrina la condesa, en vista de tan ardiente
+devoción, quería hacerme monja; y el otro día, «las señoritas»,
+recordando los deseos de su mamá, todavía me ofrecieron costearme el
+dote para que entrase en un convento.
+
+--¿Y usted acepta?--preguntó el joven con visible ansiedad.
+
+--¡Yo...! No pienso en ello por ahora. Aquella santidad voló, creo que
+para siempre. Ahora soy mala, muy mala. Rezo cuando estoy triste, oigo
+misa los domingos, tengo mucho miedo al diablo, pero me gusta bastante
+el mundo y voy siendo algo impía, pues algunas veces me digo que no es
+tan pésimo como lo pintan los predicadores.... Además, ¿quién cuidaría
+de mi pobre Micaela, sola y casi ciega? Sería cometer un horrible pecado
+de ingratitud por salvar mi alma. No señor, no pienso hacerme monja;
+prefiero ser pecadora y cuidar de mi pobre amiga.
+
+Juanito tenía en los labios una pregunta audaz. ¿Qué hacía? ¿La
+soltaba...? Tembló; pero vacilando, diola curso, al fin, con voz de
+agonizante.
+
+--¿Y no piensa usted casarse?
+
+Tónica contestó con una carcajada.
+
+--¡Casarme yo...! ¿Y quién ha de ser el valiente? Se necesita mucho
+corazón para cargar con una mujer sin otra renta que la aguja y que
+lleva tras sí el bagaje de una amiga vieja y enferma.
+
+Juanito estuvo a punto de gritar que ese valiente era él; pero, por su
+desgracia, se detuvo. Tónica estaba seria y decía con triste ingenuidad:
+
+--Reconozco que si encontrase un hombre honrado, trabajador y humilde
+como yo, que quisiera admitir a mi desgraciada amiga, me tendría por muy
+feliz.... Pero en fin, hoy por hoy no hay que pensar en tonterías.
+
+Y cambió con tal arte el curso de la conversación, que a Juanito se le
+quedó en el cuerpo lo que quería decir, y antes llegaron a la pobre
+escalerilla de la calle de Gracia, que pudo manifestar su valor para ser
+esposo de Tónica y encargarse de la pobre ciega.
+
+Aquella noche fue cruel para Juanito. La pasó en vela, revolviéndose
+inquieto en su cama, y declarando en voz alta que era el más cobarde de
+los hombres. Parecía imposible que un mocetón con unas barbas que
+causaban espanto fuese tímido como un seminarista. ¡Y pensar que todos
+tenían valor en tales casos, todos, hasta Andresito, aquel pazguato que
+se declaró a Amparo con la mayor facilidad...! ¡Cristo! ¡Cómo se reirían
+de él sus hermanas si conocieran sus timideces! Sólo esto faltaba para
+que todos los de casa le creyesen un imbécil.... Pero pronto se sabría
+quién era él. Y animado por una resolución hija del amor propio, pasó
+todo el día siguiente en la tienda distraído, sin atender a las ventas,
+ansiando que llegase la hora de acompañar a su casa a Tónica.
+
+Caía una lluvia fina cuando fue a apostarse en la calle de Serranos,
+cerca de la casa donde trabajaba la joven. A las ocho la vio salir,
+andando con su paso ligero y gracioso, rozando la pared y casi oculta en
+la penumbra de un alumbrado macilento, que en vez de luz parecía
+esparcir tinieblas.
+
+Bien comenzaba la entrevista. Tónica se resistió a aceptar el paraguas
+de Juanito; no podía consentir que el joven se mojase por complacerla a
+ella; y en cuanto a ir los dos juntos bajo aquella cúpula de seda...
+sólo en pensarlo la producía rubor y hacía que echase su cuerpo atrás,
+como para huir de un peligro.
+
+Pero la expresión de angustioso ruego de Juanito pareció convencerla.
+
+Bueno; aceptaba su invitación porque le creía un joven formal y honrado.
+Pero ¡Dios mío! ¡qué diría la gente...! Y comenzó a andar con timidez al
+lado del joven, que no se sentía menos conmovido. Nunca había estado tan
+próximo a Tónica. Rozaba al andar un lado de su busto, se sentía
+envuelto en el ambiente embriagador que exhalaba su cuerpo sano, y veía
+cerca de sus ojos el rostro de Tónica, su boca fresca, mostrando la
+brillante dentadura con graciosas sonrisas.
+
+Juanito, entusiasmado por su buena fortuna, no pensaba ya en la
+resolución que tan inquieto le había tenido durante todo el día.
+Bastábale para ser feliz y considerarse dueño de Tónica oír su voz,
+trémula por la emoción que le causaba un paseo tan íntimo.
+
+De pronto, Juanito pareció despertar. ¡Qué diablo! Ya estaban casi en la
+mitad del camino, cerca del Mercado, y él callaba, sin atreverse a decir
+lo que tan pensado tenía.
+
+Pero la maldita timidez retardaba con ridículos pretextos su
+declaración.
+
+Bueno; aguardaría a llegar a aquella esquina, y una vez en ella, ¡zas!
+soltaba su demanda, aunque cortase a Tónica en lo mejor de sus
+confidencias.
+
+Ya estaban en la esquina. ¡Allá va...! Pero no; no hablaba. Iba tras
+ellos un señor por la acera, resguardándose de la lluvia; podía oír su
+declaración... ¡y quién sabe de lo que son capaces esas gentes burlonas,
+que miran el amor como cosa de risa!
+
+Esperaría a que el molesto transeúnte se fuese por otra calle. Y
+mientras tanto, escuchaba a Tónica, cuidando de ladear el paraguas para
+que la cubriera bien, y mirando al suelo, como encantado por el trozo de
+enagua blanca al descubierto y las pequeñas botinas que saltaban los
+charcos con una graciosa ligereza de pájaro.
+
+Ella hablaba mientras tanto, desahogando el enfado que le causaban sus
+parroquianas. Sólo una pobre como ella podía sufrir tantas exigencias.
+Era costurera, y querían que trabajase como una modista famosa. Por dos
+pesetas diarias la explotaban las parroquianas de un modo irritante;
+mostraban un ansia furiosa para exprimir todas sus habilidades; la
+hacían cortar y probar como una maestra y coser o zurcir como una
+oficiala; obligábanla, con falsos mimos, a no levantar la cabeza del
+trabajo ni un solo instante; se mordían los labios con rabia y dudaban
+de su laboriosidad cuando no podía convertir en vestido flamante un
+guiñapo viejo; y después de todo, cuando la costurera terminaba,
+despedíanla sin cariño alguno, como un mueble inútil, y no se acordaban
+de ella al darse tono en paseos y teatros, asegurando que era de una
+modista francesa el vestido cuya confección les costaba unas cuantas
+pesetas.
+
+--¿No es verdad, señor Peña, que eso es una ingratitud?--preguntaba
+Tónica muy animada, olvidando los escrúpulos que había manifestado antes
+de admitir el paraguas.
+
+Juanito contestaba con vehemencia, pero su pensamiento se hallaba a cien
+leguas de lo que decía. Sí señor, era una infamia; personas tan ingratas
+nada merecían. Y al mismo tiempo miraba atrás, viendo con gozo que el
+transeúnte importuno había desaparecido.
+
+Ahora sí que se lanzaba; esperaría a pasar la plaza del Mercado, y así
+que entrase en la calle de Gracia, soltaría su declaración. Tónica vivía
+en esta calle, poco tiempo le quedaba para espontanearse, pero cuando se
+lleva una cosa bien pensada, basta con pocas palabras. Y mientras
+atravesaban el Mercado con pasos tímidos, resbalando en el barro
+pegajoso que cubría las losas, el joven oía a Tónica con la falsa
+atención del cómico en la escena, que finge escuchar mientras piensa en
+lo que va a decir.
+
+Juanito se indignaba sin saber por qué. ¡Qué manera de explotar aquellas
+señoras a la pobre Tónica! ¡Era insufrible! Y mientras matizaba con sus
+exclamaciones la relación de la joven, pensaba con alarma que ya estaban
+en la calle de Gracia y él todavía guardaba en el cuerpo, completamente
+inédita, la declaración que tanto le inquietaba.
+
+En cuanto llegasen a la próxima esquina, interrumpía a la joven, aun a
+riesgo de ser descortés. Bueno, ya estaban en la esquina, pero por un
+poco más nada se perdía; prolongaría el plazo hasta un farol que estaba
+tan próximo. Pero en llegando allí no había excusa. Hablaba, o era capaz
+de arrancarse la lengua.
+
+Y así pasaba la pareja por todas las etapas que la maldita timidez de
+Juanito iba marcando, sin llegar a decidirse. En la imaginación del
+joven, aquella calle había sido mutilada de un modo horroroso; le
+parecía extremadamente corta, y la pequeña puerta por donde desaparecía
+Tónica todas las noches estaba ya a la vista.
+
+Para mayor desgracia, la joven seguía hablando; pero Juanito tembló,
+pensando que podía quedarse solo y desesperado dentro de pocos minutos
+por culpa de su timidez, y al fin se sintió hombre.
+
+--¡Tónica!
+
+Dijo esto con acento tan ahogado y angustioso que la joven calló,
+mirando en derredor, como si les amenazase un peligro.
+
+--¿Qué ocurre?
+
+--Que la quiero a usted mucho; que....
+
+--¡Ah! ¡era eso...!--exclamó Tónica sonriendo--. Yo también le quiero a
+usted como un buen amigo, como un joven formal; sobre todo como formal.
+No siendo así, no consentiría que me acompañase con tanta frecuencia, lo
+que puede dar lugar a suposiciones. Mire usted, el otro día decían las
+vecinas....
+
+--No, no es eso. Yo no la quiero a usted sólo como amigo: yo la amo...
+¿sabe usted? la amo, y soy ese hombre valiente de que usted hablaba
+anoche, capaz de hacerla mi esposa sin dejar abandonada a la pobre
+Micaela.
+
+Tónica mostrábase aturdida por la declaración. La presentía desde mucho
+tiempo antes, pero habla llegado a dudar de ella en vista de la timidez
+de aquel niño grande. Intentaba sonreír como sí tomase a broma las
+palabras de Juanito, pero estaba ruborizada; se había detenido mirando
+al suelo, y tan turbados estaban los dos en medio de la calle, que el
+paraguas los dejaba al descubierto y la lluvia caía sobre sus hombros.
+
+El silencio era penoso. Juanito estaba asustado por la seriedad de
+Tónica. La costurera reflexionaba, y al fin habló.
+
+Ella agradecía el ofrecimiento del señor Peña, pero no podía aceptar.
+Era el hombre honrado y modesto que deseaba; si no fuese más que un
+dependiente de comercio, tal vez aceptase... ¿pero es que ella ignoraba
+quién era su familia? Estaba enterada por una parroquiana amiga de su
+mamá y de sus hermanitas. Eran unas señoras de las que viven con
+verdadero lujo, sin apelar a costureras ni a adornos caseros; tenían
+carruaje... en fin, _una gran familia_--esto subrayado por una expresión
+entre admirativa y respetuosa--, y no era justo ni legal que ella, una
+pobre jornalera, aspirase a tanto.
+
+Juanito sentía alegría y compasión a un tiempo. Regocijábale el saber
+que no era indiferente a Tónica y que en la posición de su familia
+estaba el único obstáculo. ¡Valiente posición! Compadeció la ignorancia
+de la joven y estuvo próximo a decirle que todo aquel lujo era imbécil
+fatuidad, pura bambolla; pero sintióse dominado por sus temores de niño
+sumiso y obediente, y hasta en el vacilante resplandor del inmediato
+farol creyó ver el rostro de mamá contraído por un gesto de indignación
+majestuosa.
+
+No negaba que su familia estuviera en «buena posición»; pero ¿qué
+importaba esto? Él la quería, y no era necesario más. No pensaba dejar
+de ser comerciante; su porvenir consistía en ser dueño de una tienda; ¿y
+qué mejor que casarse con una mujer hacendosa, aleccionada en la escuela
+del trabajo y la economía, y que supiera ser ama de su casa? El pobre
+muchacho, roto el freno de su timidez, hablaba con vehemencia, meneaba
+los brazos para afirmar sus palabras, sin ver que hacía danzar locamente
+el paraguas, que conservaba abierto, y que varias veces estuvo próximo a
+meter una varilla por los ojos de la joven.
+
+Pero Tónica no se convencía. Impresionábale el acento de verdad del
+dependiente; pero no podía dominar el temor respetuoso que le inspiraba
+una familia rodeada de los prestigios de la riqueza y de la elegancia.
+Por esto a todos los argumentos de Juanito contestaba moviendo la cabeza
+negativamente.
+
+Así pasaron más de un cuarto de hora en medio de la calle, bajo la
+lluvia, llamando la atención de los escasos transeúntes, que ante una
+pareja tan olvidada de sí misma hacían comentarios maliciosos.
+
+Por fin, la costurera pareció ablandarse. Lo pensaría; tal vez al día
+siguiente pudiera contestarle. Y tras esta promesa, que para Juanito fue
+una felicidad. Tónica dio seis golpes en la aldaba de su casa y
+desapareció, cerrando la puerta de la escalerilla.
+
+El joven estaba deslumbrado. La última sonrisa de Tónica revoloteaba
+delante de él con sus alas de oro, alumbrándole el camino. Sentíase
+impregnado del indefinible perfume de la joven, y andaba con timidez,
+como si se hubiese adherido a su exterior algo precioso y frágil que
+podía desprenderse al acelerar su marcha.
+
+La dulce borrachera del amor correspondido trastornaba a Juanito. En
+concreto, nada le había dicho Tónica; pero a pesar de esto, el joven,
+con instintiva confianza, creía en su felicidad, y aquella noche fue la
+primera de satisfacción y calma, después de las rabietas e inquietudes
+que le había producido la timidez de su carácter apocado. Ahora... ¡oh!
+ahora era todo un hombre, y así lo reconocía satisfecho y un tantico
+orgulloso de su audacia.
+
+La costurera no fue más explícita al día siguiente. La «posición
+brillante» de la familia de Juanito era una idea que se le había
+atravesado en el cerebro. Ella no era nadie: una pobre costurera que,
+acostumbrada a sufrir las impertinencias de las señoras, no podía
+permitirse el lujo de mostrar susceptibilidad ni amor propio... pero eso
+de casarse para ser la víctima resignada y humilde sobre la cual cayeran
+los desprecios de la familia, estaba fuera del límite de su paciencia.
+
+--No diga usted que no. Adivino lo que sucedería; como si lo viese. Las
+hermanas de usted, unas señoritas, se avergonzarían de tener por cuñada
+a la que remendaba los vestidos de sus amigas; su mamá, toda una señora,
+me consideraría un poquito más que a sus criadas. Y yo, aunque sea
+pobre, no tengo fuerzas para tanto. Para salir de esta vida, quiero
+vivir en paz con la familia de mi marido y que me respeten. ¿Qué menos
+puedo pedir? ¿No es verdad...?
+
+No; no era verdad que ella corriese tantos peligros casándose con él. Lo
+juraba a fe de Juanito Peña. ¡Su familia...! ¿Pero es que hacía gran
+caso de él? Podría casarse con quien quisiera, sin miedo a disgustos ni
+protestas. Él formaba aparte, se sentía aislado en medio de los suyos. Y
+el pobre muchacho, como si de pronto apreciase toda la verdad de su
+situación, decía esto con tal amargura, casi con lágrimas en los ojos,
+que Tónica se conmovió, mostrándose más blanda.
+
+Ella le apreciaba; se creía muy honrada con merecer su atención; no
+entendía de amoríos, pues sólo los había visto en las novelas; pero le
+permitía seguir hablando con ella, como amigos más que como novios, y si
+el tiempo demostraba que sus caracteres se comprendían y compenetraban,
+entonces....
+
+El rubor de la joven completó sus palabras. Juanito no necesitó más para
+soltar el chorro de su verbosidad comprimida; y atropelladamente, habló
+de su porvenir, trazando con furiosos brochazos el cuadro de su
+felicidad. Tenía dinero... venderían el huerto de Alcira... compraría
+una tienda. _Las Tres Rosas_ por ejemplo... se casarían... tendrían
+niños, muchos niños, porque él, con sus gustos de joven tímido, adoraba
+los muñecos... él sería un modelo de maridos.... Pero paró en seco al
+ver que Tónica se ruborizaba, dirigiéndole miradas de reproche por la
+libertad con que formulaba sus ilusiones. En fin, ya vería lo que era
+bueno, y qué vida tan rica iban a darse cuando vivieran casados y fuera
+del círculo de estúpidas pretensiones de su familia.
+
+Por de pronto, no era mala la vida que hacía Juanito. Pasaba el día
+pensando en su Tónica; abandonaba la tienda a las horas en que aquélla
+tenía que salir por algún encargo de sus parroquianas, y por la calle
+iba al lado de ella, orgulloso como un triunfador, temiendo que le
+viera la mamá y deseando al mismo tiempo encontrarse con sus hermanas,
+para que éstas aprendiesen «a distinguir» y no le tuvieran por un
+pazguato incapaz de tener novia. Por ella, por Tónica, reñía con la
+planchadora, él, que era antes tan descuidado, deseando ostentar unos
+cuellos duros y lustrosos como el mármol; y con gran asombro de las
+hermanitas, se emancipaba de la dirección de la mamá, siempre tacaña con
+él, y se hacía un traje igual a los de su hermano Rafael.
+
+Todo iba bien: Juanito se encontraba más joven y fuerte. Le parecía que
+algo nuevo circulaba por su venas; era vino caliente y espumoso que
+arrollaba y barría la antigua horchata. Ya había conseguido que Tónica
+le llamase Juanito, y no señor Peña, con aquel acento ceremonioso que
+hacía reír; pero aún no se había decidido a corresponder a su tuteo, y
+le plantaba siempre un «usted» como una casa, asegurando que le causaba
+rubor hablarle de otro modo.... ¡Qué inocente! ¡Como si él no fuese hijo
+de un antiguo tendero del Mercado! En fin, todo se andaría.
+
+Lo que inquietaba algo a Juanito, en medio de su felicidad, eran las
+atenciones que con él tenía su mamá, las miradas cariñosas, los «¡hijo
+mío!» dichos en un tono halagador, con la suavidad mimosa de una
+caricia. ¡Malo, malo! Juanito temblaba viendo aproximarse la afligida
+demanda, el «sablazo» maternal, acompañado con lágrimas y conmovedoras
+lamentaciones sobre lo mucho que cuesta la educación de los hijos. Y la
+petición fue formulada, por fin, a principios de Semana Santa, una tarde
+en que Juanito, después de comer de prisa, iba a salir para avistarse
+con Tónica antes de entrar en la tienda.
+
+El pobre muchacho quedó anonadado por las maternales confidencias....
+¡Diablo! La situación era más grave que él imaginaba. Ya no eran diez o
+doce mil reales los que ponían a su mamá con agua al cuello; ahora se
+trataba de miles de pesetas, de miles de duros, y era preciso pagar o
+resignarse a que la situación de la familia se hiciese pública, pues los
+acreedores, gente grosera y sin entrañas, sin otra pasión que la del
+dinero, eran capaces de desacreditar por dos cuartos a una señora
+decente.
+
+--Yo me muero de ésta, Juanito mío; estas cosas no son para mí. ¡Ay,
+Dios! ¡Cuánto cuesta criar a los hijos y sostener el rango de una
+familia! Tú, hijo mío, sólo tú puedes sacar a tu madre de apuros....
+¡Tres mil duros...! ¿Sabes lo que es eso? Pues los tres mil duros he de
+tener a punto para el día siguiente de las Pascuas. Me han amenazado; me
+han llamado tramposa porque no puedo pagar... ¡tramposa! ¡a una señora
+como yo...! No puedo sufrir tanta vergüenza. Y si mis hijos me
+abandonan, me moriré, sí señor... presiento que estos disgustos me van a
+quitar la vida.
+
+Juanito, a pesar de que estaba en guardia para librarse de los halagos
+de su mamá, y se proponía no adquirir compromisos, sintió en su interior
+algo que se sublevaba, subiendo hasta su rostro como una ola
+caliente.... ¡Tramposa su madre! No estaba mal aplicado el calificativo;
+pero el cariño ciego, que le hacía adorar a su madre, rebelábase ante
+tal ofensa; le conmovía hasta el punto de que sus ojazos tranquilos y
+bondadosos se velasen con lagrimones de ira.
+
+Con movimientos de cabeza asentía a todas las afirmaciones de su madre.
+Sí; era preciso arreglar aquello; el honor de la familia no podía quedar
+a voluntad de cuatro usureros, que, merced a ciertos papelotes firmados
+por doña Manuela con tanta irreflexión como frescura, exigían quince mil
+pesetas por un préstamo de once mil. Había que pagar; pero... ¿y el
+dinero? ¿dónde encontrar el dinero?
+
+Y la viuda, al llegar a esta conclusión, le miraba fijamente, dándole a
+entender que en él estaba la solución.
+
+--Hay que buscar el dinero, mamá. Podía usted hablar coa doña Clara, esa
+amiga que, según dice el tío, es la arregladora de todos estos enredos.
+
+--¡Doña Clara...! ¡valiente apunte! Hijo mío, tú, como eres tan buenazo,
+no conoces a las personas. Esa doña Clara es una tal, que sólo va donde
+puede sacar, y vuelve las espaldas a una persona decente al verla en un
+apuro. Nuestra situación es muy mala, rematadamente mala.
+
+Y en los oídos del joven agolpáronse en tropel las vergonzosas
+confidencias, hechas en voz baja, temblorosa, no por el remordimiento,
+sino por la humillación que suponía confesar la situación de la casa,
+aun a su propio hijo. Las fincas todas hipotecadas, y si las vendía, no
+llegaría su importe a la mitad de las deudas. Su firma en un sinnúmero
+de pagarés, y tan desacreditada, que a su mismo portero le prestarían un
+duro los usureros mejor que a ella. Vencimientos ineludibles que había
+que satisfacer, so pena que la familia se desacreditara... y nada con
+que pagar, absolutamente nada; la carencia más completa de medios para
+salvar la situación.
+
+Las necesidades de la casa lo arrebataban todo. Ella había acudido ya a
+los procedimientos más penosos para su dignidad. Si ahora fuese la
+temporada de ópera, ni ella ni sus hijas podrían lucir las joyas que
+enorgullecían y admiraban al pobre Juanito. Estaban en una casa de
+préstamos. Y la vajilla de plata, que daba al comedor un aire tan
+señorial, los grandes candelabros del salón, no habían salido de casa
+para blanquearlos el platero; donde estaban era naciendo compañía a las
+joyas. Todo por unos cuantos miles de reales, que se habían escurrido
+como agua en aquella criba de deudas y gastos, de infinitos agujeros.
+
+--Esto te lo digo, Juanito, porque eres el más formal de la casa y
+necesito tus consejos. Pero ¡por Dios! ni una palabra a las niñas; que
+no sepan las pobrecitas la situación. Se sentirían humilladas, y no
+quiero que mis hijas se consideren inferiores a sus amigas.
+
+Lo que menos preocupaba a Juanito era lo que pudiesen pensar sus
+hermanas. Sus instintos de comerciante honrado, amigo de la regularidad,
+sublevábanse al pensar en un medio tan vergonzoso de adquirir dinero.
+Para él, las casas de préstamos eran antros horribles, guaridas de
+latrocinio; acudir a ellas era contaminarse, perder la propia dignidad.
+
+--¿Y usted ha ido allí?--preguntó con expresión dolorosa--. ¿Ha entrado
+en esas casas?
+
+Doña Manuela contestó con altivez. ¡Quién! ¿Ella...? ¿Por quién la
+tomaba su hijo? Aunque arruinada, no por esto había perdido su dignidad.
+Para tales comisiones se valía de doña Clara, que tenía amigos entre los
+prestamistas, y hacía las «operaciones» diciendo que los objetos eran de
+una señora distinguida cuyo nombre no podía revelar. Lo que doña Manuela
+callaba eran las sospechas vehementes de que su amiga explotaba sus
+apuros, guardándose los «picos» de las cantidades facilitadas por los
+prestamistas. La viuda tenía la altivez de los grandes señores que creen
+de buen tono dejarse robar descaradamente por sus criados.
+
+Cuando terminaron las revelaciones sobre la situación de la casa, la
+viuda aguardó la respuesta de su hijo. Él era su única esperanza. Su
+hermano la detestaba; ¿a quién podía confiar sus penas? A Juanito
+únicamente, a su querido Juanito; pues Rafael, el pobre muchacho, metido
+en el mundo elegante, nada sabía de las «materialidades » de la vida, ni
+tenía bienes propios como su hermano mayor. Pero el bondadoso hortera se
+mostró más duro que su madre esperaba. El amor le había transformado;
+mas en vez de hacerlo soñador excitaba sus instintos de economía,
+predominando en él las aficiones de su padre, lo que su tío y don
+Eugenio llamaban «sangre comercial».
+
+Que nadie le tocase su huerto de Alcira. Y no es que amase gran cosa una
+finca que sólo veía una o dos veces por año. Deseaba convertirla pronto
+en dinero; pero los ocho mil duros limpios que pensaba sacar de ella
+eran la base de su porvenir, la realización de sus ilusiones, el medio
+de establecerse y convertir a Tónica en dueña de una gran tienda de
+telas.
+
+Doña Manuela experimentó gran extrañeza al tropezar con una tenacidad
+que nunca había supuesto en su hijo. Se negaba resueltamente a firmar
+otro pagaré garantizando el crédito de su madre, y menos consentía aún
+en hipotecar su huerto para adquirir los tres mil duros.
+
+--No, mamá--decía tímidamente, pero con firmeza--; no puedo. Ya sabrá
+usted más adelante que eso no es posible. Necesito mi dinero; y además,
+a mí me repugna eso de hipotecas, pagarés y préstamos de los usureros.
+Como dice el tío, eso queda para las gentes perdidas.
+
+Pero deseaba salvar a su madre del compromiso; encogíasele el corazón al
+verla tan hermosa, tan «señora», con los ojos llorosos y la frente
+surcada por dolorosas arrugas, y buscaba mentalmente un medio para
+sacarla de la situación.
+
+Era posible que don Antonio Cuadros, que tan rápidamente se
+enriquecía.... Pero no. El enérgico gesto de su madre le dio a entender
+que no consentía auxilios que lastimasen su amor propio. Tal vez más
+adelante ella no diría que no, cuando se reanudasen las amistades;
+ahora, desde la despedida de Andresito, eran bastante frías.
+
+Y Juan, no atreviéndose a nombrar a su tío, dejó de proponer soluciones.
+
+--Lo del huerto no lo consiento.... Pero no llore usted, mamá.... No
+llore.... ¡Qué demonio! Para todo hay remedio en este mundo. ¡Si no se
+gastase tanto en esta casa...! No se enfade usted, mamá. Sí; ya sé todo
+lo que va a decirme; el decoro de la familia, la necesidad de sostener
+el buen nombre, la conveniencia de colocar bien a las niñas.... La
+verdad es que se necesitan tres mil duros, y que no se adquieren en unos
+cuantos días economizando. Lo del huerto no lo consiento, lo vuelvo a
+repetir.... Pero en fin, para que usted no esté triste, le prometo
+encargarme del asunto. Yo lo arreglaré, y poco he de poder o la próxima
+semana tendremos ese dinero.
+
+Pero Juanito, como enamorado, tardó en cumplir sus promesas. Sus amores
+con Tónica, aquella luna de miel ideal, el afán de acompañarla a todas
+partes, hablando de su porvenir, le tenían tan distraído, que si no
+olvidó sus promesas, fue difiriendo su cumplimiento siempre para el día
+siguiente.
+
+Su madre le lanzaba en la mesa miradas interrogantes; le llamaba aparte
+para saber cómo iba «aquello»; y cuando él se excusaba con sus
+ocupaciones en la tienda, estremecíase ante el gesto de dolor de doña
+Manuela.
+
+Fue el Jueves Santo por la mañana cuando Juanito se decidió a emprender
+el asunto. La tienda estaba cerrada. Tónica saldría de casa con su vieja
+amiga; y él, no sabiendo qué hacer, decidióse a ir en busca de su tío.
+
+A las once salió a la calle. La mamá y las hermanitas estaban dando la
+última mano al tocado de circunstancias: el crujiente vestido de seda,
+el velo de blonda, y al puño el rosario de oro y nácar. Iban a una de
+las principales iglesias a sentarse tras la mesa petitoria de una
+comunidad de origen extranjero, a la hora en que la gente elegante reza
+las estaciones.
+
+Juanito, a pesar de la ¡anual costumbre, sintióse impresionado por el
+aspecto de la ciudad. Las tiendas cerradas, el adoquinado silencioso,
+sin que una rueda lo conmoviese; las gentes vestidas de negro, con aire
+solemne. Parecía que por la ciudad pasaba una epidemia, despoblando las
+casas y ahuyentando el ruido de las calles. El profundo silencio
+turbábanlo de vez en cuando los tercetos de ciegos que, agarrados del
+brazo y golpeando el suelo con sus garrotes para orientarse, iban por el
+arroyo sin miedo a ser atropellados, prorrumpiendo en lamentaciones
+poéticas que, en tono quejumbroso, relataban la pasión y muerte del
+Redentor. Los pasos de los transeúntes sonaban en las aceras como un
+áspero y ruidoso frotamiento, y aglomerábase la gente en las puertas de
+los templos, negras y profundas bocas que lanzaban a la fría calle el
+denso vaho de su interior.
+
+Los soldados, con uniforme de gala y las manos yertas dentro de los
+guantes de algodón, iban a visitar las estaciones, turbando el general
+silencio con el arrastre acompasado de sus pies e impregnando el
+ambiente de ese olor de salud, mezcla de carne sudada, cuero y lana
+burda. Los caballeros maestrantes lucían sus uniformes obscuros, los
+sanjuanistas su cruz roja, y hasta los oficiales de reemplazo y los del
+batallón de Veteranos se adosaban los arreos militares para acompañar a
+la señora en la visita a los templos y lucir de paso sobre el pecho las
+recién frotadas cruces. Era un desfile brillante de autoridades y
+uniformes, que admiraba a los papanatas; grupos de chicuelos y mujeres
+se agolpaban ante los Eccehomos que se exhibían en las calles sobre un
+pedestal: imágenes manchadas con brochazos de sangriento bermellón, la
+corona de espinas sobre las lacias y polvorientas melenas que agitaba el
+viento, una caña entre las manos y a los pies una bandeja con céntimos y
+un viejo pedigüeño.
+
+Al llegar Juanito al barrio de las Escuelas Pías entró en una calle
+estrecha donde estaba el caserón de sus abuelos, una interminable
+fachada pintada de azul claro, en la cual, corrió por compasión,
+rasgaban el grueso muro algunos balcones y ventanas, a gran distancia
+unos de otros.
+
+Juanito recordaba su niñez. Se veía muchacho pelón jugando con los
+chicos de la vecindad--los días en que su tío lo convidaba a comer--en
+aquel portal inmenso, obscuro, rezumando humedad por entre su empedrado
+de guijarros. Los recuerdos de la niñez seguían despertándose en él a la
+vista de la vieja escalera con su pasamano de caoba, rematado por un
+leoncito borroso y gastado, y de sus peldaños de azulejos del siglo
+anterior, en los cuales veíanse navios sobre un mar morado, con banderas
+más grandes que el casco, embozados de gruesas pantorrillas blancas con
+sombrero de picos y huertanas con cestos de frutas, todo en colores
+tostados y chillones.
+
+Vicenta, la vieja criada del tío, fue quien abrió la reja que obstruía
+la escalera. Juanito era el único pariente del señor a quien toleraba la
+vieja sirvienta. Le saludó con una sonrisa de su boca obscura y
+desdentada, y como de costumbre, no preguntó por su mamá ni sus
+hermanas. Aborrecía a aquellos parientes del amo, sabiendo la poca
+estima en que éste los tenía. Don Juan estaba arriba, en los porches,
+dando de comer a los palomos y a las gallinas.
+
+La criada y el sobrino hablaban en un rellano de la escalera, desde el
+cual se veían algunas habitaciones. Él las conocía perfectamente, y
+subsistían en su memoria con todos sus detalles estrambóticos. Desde
+allí percibía el tufillo de las habitaciones cerradas años enteros;
+aquel ambiente rancio, húmedo, cargado de polvo, que con la diaria
+limpieza mudaba de sitio sin salir de la casa, y expulsado por la escoba
+de los rincones iba a caer un poco más allá.
+
+La afición de don Juan a visitar almonedas, comprándolo todo con tal que
+fuese barato, había convertido su casa en una prendería. Las salas eran
+grandes como plazas, las alcobas podían servir de salones de baile; y a
+pesar de esto, no había un palmo de pared libre de muebles o adornos.
+Los armarios colosales se contaban a docenas, todos de roble viejo, con
+tallas tan complicadas como sus enormes cerraduras; los cuadros, buenos
+o malos, llegaban hasta el techo; las sillerías incompletas y de
+distintos colores, no encontrando espacio junto a las paredes,
+esparcíanse por el centro; todo estaba ocupado, como si la casa fuese un
+almacén, un depósito de rapiñas verificadas al azar; y aunque todas las
+piezas estaban abarrotadas, la casa sonaba a hueco, y la soledad
+despertaba esos ecos misteriosos de las grandes viviendas abandonadas.
+Mirando los salones interminables que parecían iglesias, pensábase
+involuntariamente en la noche, cuando las sombras ahogaban la macilenta
+luz de la candileja del avaro y los pasos del viejo y su criada sonaban
+como en el ulterior de una cripta, en un medroso silencio interrumpido
+por los crujidos de la madera vieja y las veloces carreras de las ratas.
+
+La manía de adquirir todo lo barato daba a la casa un tono grotesco.
+Sobre la puerta de la escalera destacábase una testa de toro disecada,
+con unas astas que daban frío. Juanito tenía presente los enormes monos
+trepando por un tronco, con el lomo apelillado y calvo, y los pájaros
+vistosos, a quienes no se podía quitar el polvo sin que cayesen las
+plumas; adquisiciones de almoneda, que convertían en un arca de Noé el
+gran salón, con su techo al fresco, donde jugueteaban amorcillos
+descoloridos y macilentos por la pátina de un siglo entero, y con sus
+enormes consolas doradas sobre las cuales se ostentaban grupos de frutas
+contrahechas, uvas y melocotones, cuya cera perdía los vivos colores
+bajo la capa de los años.
+
+--¿Conque el tío está arriba?
+
+--En los porches lo encontrarás, Juanito.... Sube, que yo voy a la
+cocina. Creo que se quema el potaje.
+
+Y el muchacho siguió subiendo la escalera, que ya no era de azulejos
+vistosos, sino de tostados baldosines. Aquellos peldaños habían sido
+cincuenta años antes el camino de una gran industria. Centenares de
+obreros los pisaban todas las mañanas, y por allí descendían, recién
+salidos del telar, los floreados damascos, los brillantes rasos, la seda
+listada, todas las magnificencias de una industria oriental que daba a
+Valencia fama y prosperidad. Ahora era la escalera de un panteón, y se
+sentía malestar oyendo cómo el eco repetía y agrandaba los pasos.
+
+Los porches eran inmensos. Un taller que se perdía de vista, ocupando
+todo el último piso del caserón; un bosque de maderos y cuerdas,
+invadidos por las telarañas; una confusión de telares que, inactivos y
+muertos, parecían siniestras guillotinas, complicadas máquinas de
+tormento.
+
+Juanito tardó en ver a su tío, agachado entre dos telares, en mangas de
+camisa, ocupado en armar una ratonera. A pocos pasos de él, una docena
+de gallinas picoteaban en un barreño, y por encima de los travesaños y
+redes de los telares aleteaban los palomos, lanzando su arrullo
+adormecedor.
+
+--¿Eres tú, Juanito?--exclamó el tío al levantar la cabeza--. No te
+esperaba. ¿Vienes para que hagamos juntos las estaciones? Pues no pienso
+salir hasta la tarde.
+
+Y don Juan, abandonando la ratonera, rué hacia su sobrino con la sonrisa
+paternal, bondadosa, que reservaba para Juanito aquel hombre duro y
+malhumorado con todos.
+
+La mirada curiosa e interrogante del sobrino llamó su atención.
+
+--¿Desde cuándo no has estado aquí...? Creo que desde que eras un
+chicuelo y subías a enredar con tus compinches. Lo menos hace veinte
+años.... Está bien arreglado, ¿verdad? Las ventanas cerradas, los
+postigos de arriba alambrados, para que entre el sol y el aire.... Me he
+gastado una barbaridad de dinero: lo menos doce duros; pero tengo un
+palomar en el que se criarían perfectamente todos los animales de pluma
+que entran en la plaza Redonda durante medio año. El único inconveniente
+son las malditas ratas. No hay ratonera ni polvos que puedan con ellas.
+Parece que los telares paran las ratas a montones. ¡Y qué atrevidas!
+¡Degüellan a los polluelos, se comen las crías, y cualquier día creo que
+bajarán para devorarnos a Vicenta y a mí! ¿Y lo desvergonzadas que
+son...? ¡Mira... mira!
+
+Y al mismo tiempo que señalaba a un extremo del vasto taller, cogió un
+pedazo de madera y lo arrojó con fuerza al lugar donde se agitaba el
+terrible roedor. El proyectil, pasando por entre los telares, rebotó
+sobre un poste, cayendo casi a los pies del tío.
+
+--¡Se escapó...! ¡Figúrate lo que harán esas malditas cuando estén
+solas! Se comen más palomas y gallinas que yo, rompen los huevos, y
+resulta que hago gastos para mantenerlas regaladamente. El día menos
+pensado mato todos los animalitos, y se acabó la diversión.
+
+Y mientras decía esto, por no estar inactivo, cogía de un telar la
+cazuela llena de granos, lanzando con voz de falsete un ¡_pul_!
+¡_pul_...! interminable, y arrojaba puñados al suelo, arremolinándose en
+torno de él las gallinas y palomos, escandalosas, agresivas,
+disputándose aquel maná con furiosos picotazos.
+
+Juanito seguía contemplando el aspecto desolado del porche: el techo, de
+cuyas viguetas pendían largos pabellones de telarañas; los telares, que
+en sus superficies planas tenían capas de polvo cuya formación suponía
+docenas de años; las ventanas, con sus cerraduras enmohecidas y arriba
+unos enrejados por los que lanzaba el sol barras de luz en cuyo interior
+danzaba un mundo de moléculas.
+
+El joven recordaba confusamente las grandezas que había oído de boca de
+don Eugenio: los recuerdos gloriosos del arte de la seda, los brillantes
+trabajos de los _velluters_ que cincuenta años antes hacían danzar las
+lanzaderas allí mismo, del amanecer hasta la noche; y sentía cierta
+pena, un malestar extraño, como si se encontrara ante las ruinas de una
+ciudad muerta y todavía vibrasen en el espacio los últimos estallidos de
+la catástrofe. Aquello era un panteón al que no se había quitado el
+andamiaje; la ruina y el silencio habían pasado por allí, petrificando
+el taller, antes ruidoso y ensordecedor.
+
+La melancolía del joven parecía comunicarse a don Juan, que ya no
+arrojaba granos a sus aves.
+
+--¡Cómo está esto! ¿No es verdad que entristece...? Y menos mal para ti,
+que no has conocido los buenos tiempos, cuando desde el amanecer reinaba
+aquí un estrépito de dos mil demonios, y abajo, tu abuelo y yo sentíamos
+temblar el techo al empuje de los telares, mientras arreglábamos cuentas
+o sacábamos de los armarios las ricas piezas para enseñarlas a los
+compradores.... ¡Ah, qué tiempos aquéllos...!
+
+Y el viejo se conmovía, coloreábase su tez, gesticulaba con entusiasmo,
+y sus ojos brillaban como si viese en movimiento aquel centenar de
+telares y una turba activa y laboriosa en torno de ellos.
+
+--Aquí, en estos talleres, estaban la riqueza y la honra de Valencia;
+aquí trabajaban los _velluters_, aquella gente que por su tonillo docto
+era el prototipo de la pedantería, pero que resultaba respetable por ser
+la fiel guardadora de las costumbres tradicionales, la sostenedora de
+ese carácter valenciano, sobrio, alegre y dicharachero, que casi ha
+desaparecido. ¡Qué hombres aquéllos! Tenían sus defectos, Juanito; pero
+así y todo, no los cambiaría yo por los hombres de hoy. Su carácter era
+sutil como la seda; acostumbrados a las labores difíciles, menudas y
+complicadas, eran meticulosos, y tan amantes de la equidad, que hasta se
+cuenta como chiste que uno de los del gremio hizo parar una vez la
+procesión para recoger del palio una pasita que se le había caído
+comiendo en la ventana. Esto sería ridículo, pero a mí me entusiasma.
+Con hombres así no había miedo a ser robado, y la confianza entre amos y
+obreros era completa. El tejedor entraba de aprendiz en un taller, y
+sólo lo abandonaba para irse al cementerio. Todos los trabajadores de la
+casa me vieron nacer. Eran como de la familia.... ¡Oh, qué tiempos
+aquéllos...!
+
+Y don Juan, animado por sus rancios entusiasmos, entornaba los ojos,
+como para ver mejor el hermoso cuadro del pasado.
+
+--Ahora--continuó, apoyando sus palabras con pataditas nerviosas--,
+ahora, todo muerto por culpa del maldito Lyón, de esos gabachos que con
+sus máquinas endiabladas nos han arruinado.... Ya no hay moreras en la
+huerta; en las barracas se ha perdido la memoria de las cosechas de
+capullo, y ha muerto una industria... industria no; un arte que
+nosotros, aunque cristianos viejos, heredamos directa y legítimamente de
+nuestros abuelos los moros.... ¿Y en esto consiste el progreso? ¿En que
+unos pueblos roben a otros sus medios de vida...? Pues me _futro_ en él
+y en los que le defienden.
+
+Y el viejo, siempre circunspecto y bien portado, animándose con la
+imaginación, hacía ademanes tan enérgicos como incorrectos para
+manifestar el desprecio que le merecía el progreso condenado.
+
+--Y no es que yo maldiga los adelantos--dijo después, como si se
+arrepintiese--; sobre todo me gusta que vayan a Madrid en menos de un
+día, cuando en mis tiempos se necesitaba nueve de galera y hacer
+testamento. Pero me enfurece que lo que estaba bien, y muy en su punto,
+venga el señor Progreso y lo eche a perder con su afán de revolucionarlo
+todo. Callaría si el arte de la seda hubiese ganado algo con nuestra
+ruina; pero me sublevo al ver que lo de allá, que es lo que priva, ni es
+arte ni nada. Industrialismo vil: estafa y nada más. ¿Dónde están los
+tejidos de pura seda que un puñal no podía atravesar? ¿Dónde los
+terciopelos que pasaban de abuelos a nietos, como si acabasen de salir
+de la tienda? Aquello acabó, y ahora sólo queda la sedería de Lyón,
+«mírame y no me toques», algodón malo, géneros que no duran un año,
+porquerías con las que van tan orgullosas estas señoritas del día....
+¿No es esto, Juanito? ¿No lo ves tú así?
+
+Y el sobrino contestaba a todo con afirmativas cabezadas, muy preocupado
+en su interior por el modo como expondría la pretensión que le llevaba
+allí. La aprobación de Juanito templó las iras del viejo.
+
+--No creas por eso que me forjo ilusiones. Esto está muerto y bien
+muerto. No es culpa de los de allá, sino de la gente de aquí. Se acabó
+el buen gusto. Hoy se tiene horror a lo que es rico y vistoso; los
+señores visten como los criados; todos van de obscuro, como sacristanes;
+el chaleco, que es la prenda que da majestad a la persona y pregona su
+clase, es de la misma tela que los pantalones; ya no se ostenta sobre el
+vientre el terciopelo floreado, aquellas rayas de cien colores que tanto
+golpe daban en mi juventud, y hasta los labradores se encajan la blusa
+y el hongo, como asistentes, y se ríen cuando sacan del fondo del arca
+el chupetín de raso de sus abuelos, la faja de seda y el pañuelo de
+flores, que tanto lucían en los bailes de la huerta.... ¿Y las mujeres?
+No me hables de ellas.... ¡Valientes imbéciles! Ni en las aleluyas del
+mundo al revés.... Se visten como los hombres, con lanilla inglesa; van
+feas como demonios con esos colores de enterrador, apagados, sombríos; y
+en el verano gastan, cuanto más, percal de tres reales, con lo que creen
+ir tan elegantes. ¡Oh, aquellos tiempos míos! Se estrenaba menos, era
+menor la variedad, pero se lucían cosas buenas y sólidas, que pasaban
+docenas de años en los roperos sin que hubiera polilla con valor para
+hincarlas el diente. ¡Todo se ha perdido! ¡Adiós, cortinajes de damasco!
+¡Abur, seda chinesca! Ahora adornan los salones con unas telas ásperas,
+de tejido burdo y borroso; y cuando no, para que la cosa tenga
+«carácter» (¡vaya una palabra!), echan mano de las mantas jerezanas y
+arman una decoración de taberna.
+
+Y el viejo, con el bigote un tanto erizado y los mongólicos ojos echando
+chispas, se movía y braceaba furioso, como si arrojara su indignación a
+la cara de un ser invisible. Su voz despertaba ecos en el inmenso
+porche, más silencioso que de costumbre por la calma en que estaban las
+calles; y a pesar de que las gallinas y las palomas picoteaban en torno
+de él, quitando grandeza a la escena, don Juan parecía un personaje
+bíblico, un profeta desesperado gimiendo lamentaciones ante las ruinas
+de la ciudad amada.
+
+Pero no era el avaro hombre capaz de entregarse por mucho tiempo a esta
+indignación con arranques líricos.
+
+--Pero vamos a ver, muchacho... ¿a qué has venido...? Algo te trae aquí.
+Lo adivino en tu preocupación.
+
+-Juanito balbuceó, sorprendido por esta pregunta inesperada. Sí.... Algo
+tenía que decirle a su tío; pero le turbaban tanto los ojos
+interrogantes de éste, la calma con que esperaba su respuesta, que se
+le embrollaban sus pensamientos y no sabía cómo empezar.
+
+--Es cuestión de la mamá.... ¡Si usted supiera, tío...! Está en
+situación muy apurada.
+
+Y rápidamente, sin tomar aliento, como si arrojara lejos de sí un peso
+asfixiante, disparó las pretensiones de doña Manuela, aquella demanda de
+quince mil pesetas, cantidad necesaria para salvar la honra de la
+familia.
+
+--Y bien, muchacho: ¿qué es lo que quieres decirme con todo esto?
+
+--Que usted... como hermano... como tío mío que es, podía....
+
+--Nada puedo, ¿lo entiendes...? Nada, absolutamente nada; y más
+tratándose de tu madre. El viejo dijo esto con un acento que no daba
+lugar a dudas. No había que esperar que retrocediese en su negativa.
+
+--¿Es que aún no conoces a tu madre? ¿No te he dicho muchas veces quién
+es...? ¿Que debe...? Pues que pague; y si no tiene con qué hacerlo, que
+sufra las consecuencias. He jurado no tenderle la mano aunque la vea con
+agua al cuello. Si fuese como Dios manda, una persona arregladita y
+económica, la sangre de mis venas le daría; pero a una derrochadora, que
+sólo se acuerda de su hermano en los apuros, y cuando tiene cuatro
+cuartos desprecia sus consejos, a ésa no le doy ni esto.
+
+Y metiéndose la uña del pulgar entre los dientes, tiraba con fuerza,
+produciendo un chasquido.
+
+--De seguro que ella es la que te envía aquí.
+
+--No, tío; puede usted creerme. Vengo por mi propia voluntad.
+
+--Pues entonces--dijo sonriendo el ladino viejo--es que ella te ha
+pedido a ti el dinero, y vienes a ver si lo saco yo.
+
+Enrojecióse el rostro de Juanito al ver que su tío adivinaba en parte la
+verdad.
+
+--No niegues, muchacho; la cara te hace traición.... Óyeme bien: si eres
+tan imbécil que te dejas explotar por tu madre, no cuentes con el
+cariño de tu tío. Lo que te dejó tu padre para ti es, y no para que se
+lo coman tus hermanitos los cachorros de Pajares. Vamos a ver; di la
+verdad: ¿No te ha metido Manuela en sus trampas? ¿No te ha hecho firmar
+algún pagaré? La verdad, y nada más que la verdad.
+
+La mirada del viejo era fija, inquisitorial, escudriñadora; pero Juanito
+tuvo serenidad para mentir.
+
+--No, señor; nada he firmado.
+
+--Te creo, y lo celebro. ¡Mucho ojo, muchacho! Tu madre tiene hambre de
+dinero, y de seguro que no pierde de vista tu fortunita. No quiero que
+te roben. Cuando yo muera, tendrás más, algo más que ese huerto de
+Alcira; no quedarás en medio de la calle, como tu mamá, tus hermanas y
+el _perdis_ de Rafaelito.... Pero vuelvo a repetirlo: no quiero que te
+roben. Además, no tomes tan a pecho eso de la ruina de tu madre. Ella
+vive en la trampa como en su propio elemento, y ya sabrá salir de este
+apuro como de otro. Aún le queda algo para ir tirando; y cuando no tenga
+ni camisa, reventará, tenlo por seguro. Es de esas gentes que no mueren
+hasta gastar el último ochavo.
+
+A Juanito le molestaba este lenguaje rudo que hería tan en lo vivo a su
+madre, a su ídolo; pero al tío le había profesado siempre tanto cariño
+como respeto, y fluctuando su carácter entre los dos afectos, limitábase
+a callar. Más de media hora estuvo oyendo los agravios que don Juan
+tenía con su hermana, el odio nacido al casarse ésta con el doctor
+Pajares, que sobrevivía a pesar del tiempo transcurrido.
+
+--Adiós, Juanito, y no hagas caso de tu madre--dijo al despedirle en la
+escalera--. Lo que debes hacer es preocuparte menos de tu familia, que
+nunca ha pensado en ti, y preparar tu porvenir. Ve pensando en
+establecerte, y si encuentras una muchacha buena, hacendosa y modesta,
+lo que no es fácil, tampoco será de más que te cases. Para ser
+comerciante necesitas familia. Adiós, muchacho. Ven a la tarde y
+haremos juntos las estaciones.
+
+El muchacho salió de la casa, llevando sobre sus hombros una verdadera
+olla de grillos. Era verdad lo que decía el tío: le querían explotar.
+Los lujos y prodigalidades de la familia tenía que pagarlos él, ¡él, que
+en su casa había ocupado un lugar intermedio entre los criados y sus
+hermanos! No daría un céntimo; que se arreglase su madre como pudiera.
+Nada le debía, pues le entregaba íntegro el salario de la tienda,
+satisfaciendo con creces sus gastos.
+
+Pero todos sus propósitos de energía desvaneciéronse ante las miradas
+suplicantes de su madre. ¡Qué hermosa estaba! Con sus ojazos
+lagrimeantes y tiernos, parecía la Virgen que tiene el corazón erizado
+de espadas. Él no la abandonaba; sería un mal hijo si correspondía con
+el desdén al cariñazo maternal que le mostraba la buena señora tan
+pronto como se veía en apuros de dinero.
+
+--Bueno, mamá; no llore usted. No encuentro quién nos preste; pero estoy
+dispuesto a firmar lo que usted quiera, dando en garantía el huerto.
+Crea usted que me cuesta mucho desprenderme de ese dinero.
+
+--Yo te lo devolveré, hijo mío; te lo devolveré pronto--dijo la
+arrogante señora abrazando a Juanito y mojándole el rostro con sus
+lágrimas.
+
+Y lo decía con toda su alma, con la buena fe de los tramposos cuando se
+ven salvados, que confían ciegamente en el porvenir y creen mejorar su
+fortuna en lo futuro.
+
+--Está bien, mamá--dijo Juanito, que en medio de su enternecimiento no
+se cegaba--. Firmaré, pero sólo por quince mil pesetas.
+
+Larga pausa.
+
+Doña Manuela, pensativa:
+
+--Mira, hijo mío, quince mil pesetas justas no han de ser. Puedes firmar
+por dieciséis mil. No digas que no, rico mío. Completa tu sacrificio.
+Necesito algún dinerillo para pagar ciertas cuentas, y además, las
+Pascuas vamos a pasarlas en nuestra casa de Burjasot; vendrán amigos, y
+hay que quedar bien. Ante todo, el decoro de la familia y no caer en el
+ridículo. Conque no tuerzas el gesto, niñito mío; quedamos en que serán
+dieciséis mil.... ¡Ay, qué peso me has quitado de encima...!
+
+
+
+
+VI
+
+
+Había abandonado la mesa la familia y aún duraban los elogios a
+Visanteta por el mérito de la _paella_ que les había servido, cuando
+comenzaron a llegar los amigos.
+
+--Mamá--gritaba Amparito desde la puerta de la calle--, las de López,
+que vienen en su faetón. ¡Calle! El tranvía ha parado en la esquina....
+¡Si son «las magistradas»! ¡Ay, y también el papá de Andresito, guiando
+su _charrette_...! ¡Si parece que se han dado cita! ¡Todos a un
+tiempo...! ¡Venid, Conchita, mamá! ¡Mirad qué guapo está el señor
+Cuadros guiando su cochecito! ¡Parece que en toda su vida no haya hecho
+otra cosa...!
+
+Y los convidados de doña Manuela entraron en la casa, confundiéndose
+unas familias con otras, saludándose las mujeres con un tiroteo de besos
+y elogiando todas las cualidades de la «posesión» que la viuda de
+Pajares tenía en Burjasot. Era un _chalet_ que parecía escapado de una
+caja de juguetes; un edificio construido por contrata, tan bonito como
+frágil, con sus tejados rojos y escalinatas con jarrones de yeso,
+situado en el centro de un jardincillo excavado en las rocas, con dos
+docenas de árboles tísicos que gemían melancólicamente, martirizadas
+sus raíces por la capa de dura piedra que encontraban a pocos palmos del
+suelo. A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto
+entusiasmaba a doña Manuela, el tal _chalet_ no pasaba de ser una casa
+de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la
+misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como
+sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de
+Villa-Teresa, Villa-María, etcétera, según fuese el nombre de la
+propietaria.
+
+La viuda había empeñado y perdido para siempre un centenar de hanegadas
+de tierra de arroz que le producían muy buenos cuartos, para adquirir
+aquella ratonera brillante y frágil, a la que puso el título de
+Villa-Conchita, no sin protestas ni rabietas de Amparo. Creía que una
+«villa» para el verano es el complemento de una familia distinguida que
+tiene coche; y en las tertulias, al dirigirse a sus amigas, llenábase la
+boca hablando de su «lindo hotelito» de Burjasot y de las innumerables
+comodidades que encerraba.
+
+La casa era mala, pero el paisaje magnífico. Los hotelitos--había que
+llamarlos así, para no disgustar a doña Manuela--, ocupando la suave
+pendiente de una colina yerma, eran un magnífico mirador, desde el cual
+se abarcaba la vega con todas sus esplendideces.
+
+Al frente, Burjasot, prolongada línea de tejados con su campanario
+puntiagudo como una lanza; más allá, sobre la obscura masa de pinos,
+Valencia achicada, liliputiense, cual una ciudad de muñecas, toda
+erizada de finas torres y campanarios airosos como minaretes moriscos; y
+en último término, en el límite del horizonte, entre el verde de la vega
+y el azul del cielo, el puerto, como un bosque de invierno, marcando en
+la atmósfera pura y diáfana la aglomeración de los mástiles de sus
+buques.
+
+El día era hermoso; un verdadero domingo de Pascua. La primavera
+enardecía la sangre, y la ciudad entera, solemnizando la vuelta del buen
+tiempo, lanzábase al campo, levantando en él un rumor de avispero.
+
+Los convidados de doña Manuela veían a poca distancia los famosos Silos
+de Burjasot, gigantesca plataforma de piedra, cuadrada meseta agujereada
+a trechos por la boca de los profundos depósitos y en la cual
+hormigueaba un enjambre alegre y ruidoso: corros en que sonaban
+guitarras, acordeones y castañuelas acompañando alborozados bailes;
+grupos de gente formal entregada sin rubor a los juegos de la infancia;
+docenas de muchachos ocupados en dar vuelo a sus cometas con grotescos
+figurones pintados, que al remontarse moviendo los inquietos rabos
+hacían el efecto de parches aplicados al azul cutis del infinito y daban
+al paisaje un aspecto chinesco de abanico o de pañolón de Manila.
+
+En casa de doña Manuela, las señoras, despojadas de sus sombreros y
+mantillas, y los hombres fumando con la confianza del que está en su
+propio domicilio, contemplaban desde los balcones la alegría popular.
+
+Bastábales volver un poco la cabeza, y su vista caía sobre la inmensa
+vega, silenciosa y esplendente, con sus tonos verdes de infinitos
+matices, que deslumhraban, abrillantados por el sol de la primavera. Los
+pueblos y caseríos, compactos y apiñados hasta el punto de parecer de
+lejos una sola población, matizaban de blanco y amarillo aquel
+gigantesco tablero de damas, cuyos cuadros geométricos, siendo todos
+verdes, destacábanse unos de otros por sus diversas tonalidades; a lo
+lejos, el mar, como una cenefa azul, corríase por todo el horizonte con
+su lomo erizado de velas puntiagudas como blancas aletas; y volviendo la
+vista más a la izquierda, los pueblos cercanos: Godella con su obscuro
+pinar, que avanza como promontorio sombrío en el oleaje verde de la
+huerta; y por encima de esta barrera, en último término, la sierra de
+Espadan, irregular, gigantesca, dentellada, mostrando a las horas de sol
+un suave color de caramelo, surcada por las sombras de hondanadas y
+barrancos, decreciendo rápidamente antes de llegar al mar, y ostentando
+en la última de sus protuberancias, en el postrer escalón, el castillo
+de Sagunto, con sus bastiones irregulares, semejantes a las ondulaciones
+de una culebra inmóvil y dormida bajo el sol.
+
+La esplendidez del paisaje tenía como embobados a los convidados de doña
+Manuela, a pesar de ser todos ellos gente poco susceptible de
+entusiasmarse ante cosas que no fuesen útiles.
+
+--¡Muy hermoso!--exclamaba «la magistrada »--. Yo he vivido en Granada
+cuando mi difunto estuvo en aquella Audiencia, y su vega no tiene
+comparación con ésta.
+
+--¡Qué ha de tener!--dijo el señor López el bolsista con expresión
+doctoral--. Cuando a Fernando VII lo trajeron a los Silos, declaró que
+esto era el balcón de España.
+
+--Pues figúrese usted--añadió doña Manuela, que enrojecía de
+satisfacción con estos elogios que alcanzaban a su casa--. Si los Silos
+son el balcón de España, ¿qué será Villa-Conchita, que está más alta que
+ellos?
+
+--El balcón de Europa, Manuela, no lo dude usted.
+
+El señor Cuadros, después de soltar esta barbaridad, miró a su mujer,
+que, como siempre, le admiraba.
+
+Mientras tanto, las niñas de la casa, las de López y «las magistradas»
+paseaban por el jardincillo con Rafael, que hablaba de su amigo Roberto,
+a quien estaba esperando.
+
+Andresito, cariacontecido y triste, seguía en un extremo del gran
+balcón, alejado de las personas graves. Sabía de buena tinta que la
+traviesa Amparito había tronado con el artillero; consideraba además
+como de muy buen signo que doña Manuela hubiese invitado a su familia,
+desechando la anterior frialdad; pero a pesar de esto, el bebé le había
+recibido con una sonrisa maligna, burlona, y antes de que hablara, se
+agarró del brazo de sus amigas, dejándole con la palabra en la boca. Y
+allí estaba él, plantado en el balcón, paciente y resignado, como si su
+destino fuese aguantar desdenes de aquella a quien había maldecido e
+insultado en toda clase de metros. Para ocultar su despecho, fingía
+contemplar atentamente el risueño panorama con sus ojos turbios. Poco le
+faltaba para llorar, y queriendo ocultar su emoción, murmuraba con
+expresión pedantesca:
+
+--¡Qué espectáculo! Esto es una sinfonía de colores, una verdadera
+sinfonía.
+
+¡Sinfonía de colores! Una fraséenla que había pescado en una de esas
+críticas que hablan del «colorido» y el «dibujo» de la música y la
+«armonía » y los «acordes» de la pintura.
+
+El joven repetía con obstinación su frase, como el que, acostado,
+masculla sin cesar la misma oración para aturdirse y coger el sueño; y
+poco a poco, como hipnotizado por la brillantez del paisaje, fue
+sumiéndose en un limbo de quietud contemplativa.
+
+Y ahora ¡vive Dios! iba adquiriendo realidad la dichosa sinfonía de
+colores; ya no era una frase huera y sin sentido, porque todo parecía
+cantar, la vega y el Mediterráneo, los montes y el cielo. ¡Qué delicioso
+era el anonadamiento del poetilla, apoyado en la balaustrada, sintiendo
+en su rostro el fresco viento que tantas cabriolas hacía dar a las
+cometas de papel...! Allí estaba la sinfonía, una verdadera pieza
+clásica con su tema fundamental... y él percibía con los ojos el
+misterioso canto, como si la mirada y el oído hubiesen trocado sus
+maravillosas funciones.
+
+Primero, las notas aisladas e incoherentes de la introducción eran las
+manchas verdes de los cercanos jardincillos, las rojas aglomeraciones de
+tejados, las blancas paredes, todas las pinceladas de color sueltas y
+sin armonizar por hallarse próximas. Y tras esta fugaz introducción,
+comenzaba la sinfonía, brillante, atronadora.
+
+El cabrilleo de las temblonas aguas de las acequias, heridas por la luz,
+era el trino dulce y tímido de los violines melancólicos; los campos de
+verde apagado, sonaban para el visionario joven como tiernos suspiros
+de los clarinetes, «las mujeres amadas», como les llamaba Berlioz; los
+inquietos cañares con su entonación amarillenta y los frescos campos de
+hortalizas, claros y brillantes como lagos de esmeralda líquida,
+resaltaban sobre el conjunto como apasionados quejidos de la viola de
+amor o románticas frases del violoncelo; y en el fondo, la inmensa faja
+de mar, con su tono azul esfumado, semejaba la nota prolongada del metal
+que, a la sordina, lanzaba un lamento interminable.
+
+Andresito se afirmaba cada vez más en la realidad de su visión. No eran
+ilusiones. El paisaje entonaba una sinfonía clásica, en la que el tema
+se repetía hasta lo infinito. Y este tema era la eterna nota verde, que
+tan pronto se abría y ensanchaba, tomando un tinte blanquecino, como se
+condensaba y obscurecía hasta convertirse en azul violáceo. Como en la
+orquesta salta el pasaje fundamental de atril en atril para ser repetido
+por todos los instrumentos en los más diversos tonos, aquel verde eterno
+jugueteaba en la sinfonía del paisaje, subía o bajaba con diversa
+intensidad, se hundía en las aguas tembloroso y vago como los gemidos de
+los instrumentos de cuerda, tendíase sobre los campos voluptuoso y
+dulzón como los arrullos de los instrumentos de madera, se extendía
+azulándose sobre el mar con la prolongación indefinida de un acorde
+arrastrado del metal, y así como el vibrante ronquido de los timbales
+matiza los pasajes más interesantes de una obra, el sol, arrojando a
+puñados su luz, matizaba el panorama, haciendo resaltar unas partes con
+la brillantez del oro y envolviendo otras en dulce penumbra.
+
+Y Andresito, con la imaginación perturbada, iba siguiendo el curso de la
+sinfonía extraña que sólo sonaba para sus ojos. Los caminos, con su
+serpenteante blancura, eran los intervalos del silencio. El tema, el
+color verde, crecía en intensidad al alejarse hacia las orillas del mar;
+allí llegaba al período brillante, a la cúspide de la sinfonía; y
+lanzándose en pleno cielo, aclarándose en un azul blanquecino, marchaba
+velozmente hacia el final, se extinguía en el horizonte pálido y vago
+como el último quejido de los violines, que se prolonga mientras queda
+una pulgada de arco, y adelgazándose hasta ser un hilillo tenue, una
+imperceptible vibración, no puede adivinarse en qué instante deja
+realmente de sonar.
+
+Era una locura; pero el visionario muchacho «veía» cantar los campos y
+gozaba en la muda sinfonía de los colores, en aquella obra silenciosa y
+extraña que se parecía a algo... a algo que Andresito no podía recordar.
+Por fin, un nombre surgió en su memoria. Aquello era Wagner puro; la
+sinfonía del _Tannhauser_, que él había oído varias veces. Sí; allí unas
+tonalidades de color enérgicas y rabiosas sofocaban a otras apagadas y
+tristes, como el canto de las sirenas, imperioso, enervante,
+desordenado, intenta sofocar el himno místico de los peregrinos. Y
+aquella luz que derramaba polvo de oro por todas partes, aquel cielo
+empapado de sol, aquella diafanidad vibrante en el espacio, ¿no era el
+propio himno a Venus, la canción impúdica y sublime del trovador de
+Turingia ensalzando la gloria del placer y de la terrena vida? Sí;
+aquello mismo era. Y el muchacho, sonámbulo, embriagado por la
+Naturaleza, hipnotizado por la extraña contemplación, movía la cabeza
+ridiculamente, y al par que pensaba que todo aquello era magnífico para
+puesto en verso, tarareaba la célebre obertura con tanta fe como si
+fuera el propio _Tannhauser_ escandalizando con su himno a la corte del
+landgrave.
+
+--Andresito... oye; oiga usted.
+
+¿Quién le hablaba...? ¿Si sería Elissabetta, la cándida amada del
+cantor? No; era Amparito, el malicioso bebé, que le sonreía, algo
+confusa y tímida, como si no supiera qué decirle, y un poco más allá,
+doña Manuela envolviéndolos en la más tierna de sus miradas maternales.
+
+Bien sabía hacer las cosas aquella señora. Al ver al pobre muchacho solo
+y gesticulando como un imbécil, había llamado a la niña para que lo
+llevara abajo con la gente joven, lo mismo que dos meses antes le había
+mandado que rompiese con él toda clase de relaciones. Era asombroso este
+cambio de conducta; pero también lo era que el señor Cuadros, que antes
+medía telas en su tienda sin ambición alguna, tuviera ahora carruaje y
+todo el empaque pretencioso de un aspirante a millonario.
+
+--Ven conmigo, Andresito. Vamos a dar un paseo.
+
+--Sí--añadió la mamá--, acompaña a Amparito. Reúnete con la gente
+joven.... ¡Qué diablo! A tu edad....
+
+El muchacho siguió a su antigua novia. Estaba como si acabase de
+despertar y todavía no hubiera ahuyentado la modorra del sueño. Aún le
+zumbaba en los oídos el eco lejano de la extraña sinfonía.
+
+En el jardín estaban las jóvenes, muy alborozadas, en torno de Rafael y
+su amigo Roberto, que acababa de llegar. Juanito habíase metido en el
+piso bajo, donde reinaba gran algazara por estar reunidas las criadas de
+la casa con las de las familias invitadas.
+
+Amparito llevaba a remolque a su antiguo novio.
+
+--Vamos a ver; ¿qué hacemos...? Podemos dar un paseo por la montaña.
+
+Y el alegre enjambre transpuso la verja del jardincillo, dirigiéndose a
+lo que llamaban «la montaña», árida colina, suave hinchazón del terreno,
+cariada como una muela vieja, rajada y perforada por las excavaciones de
+las canteras y las minas de greda.
+
+El bullicioso escuadrón encaminábase lentamente a un horno de cal que
+había en la cumbre. Otros grupos de paseantes destacábanse a lo lejos
+como hormigas trepadoras.
+
+Andresito y el bebé quedábanse rezagados, andaban lentamente y se
+detenían para recalcar sus palabras con gestos vehementes.
+
+--Ea, que no te creo. Me la pegaste con el artillero, te burlaste de
+mí... «destrozaste mi alma», ¿y ahora quieres que yo me trague esa bola
+de que me querías entonces y sigues queriéndome?
+
+--¡Pero tonto, si todo fue por probarte...! El artillero, ¡valiente
+mico! Yo sólo te he querido a ti; pero a mamá no le parecía bien nuestro
+noviazgo, lo tenía por cosa de poca formalidad, y hube de obedecerla.
+
+--¿Y ahora?
+
+--Ahora es otra cosa. No sé qué mosca le ha picado a mamá. Antes eras un
+títere, y ahora parece que te considera mejor. En esto debe bailar tu
+papá.
+
+--¡Mi papá!--exclamó Andresito con terror infantil, como si temiese una
+mano de azotes por la travesura.
+
+--Calla, memo, no te asustes. Yo «distingo» más que tú, y creo que
+nuestro noviazgo es ya pan comido para la mamá y tu padre.
+
+--¡Entonces...!
+
+--Entonces, señor mío, podemos querernos como antes y sin miedo alguno;
+pero te advierto que nuestro noviazgo no ha de ser cosa de tapujo. ¿Para
+qué el novio, si no puede una lucirlo...? ¡Ah! Queda prohibido que me
+endilgues más versitos como los que me enviaste después del rompimiento.
+Señores, tiene gracia el modo como se desahoga este caballerito. Con esa
+cara de pascua, y tiene más ponzoña que una víbora. «¡Pérfida!,
+¡desleal!, ¡traidora!...» Por eso tuve tanto gusto en hacerte rabiar con
+el teniente; para vengarme. Se acabaron los versos; y si me disparas
+algún soneto, te frotaré los hocicos con él, ¿sabes, niño? como a los
+gatitos cuando son cochinos.
+
+Y Andresito sonreía, embelesado por la gracia con que el bebé le
+hablaba, ahuecando la voz para imitar grotescamente el tono de sus
+poesías y acompañando sus palabras con gestos de píllete. ¡Oh, qué
+criatura! Había que creerla y él se lo tragaba todo a ojos cerrados,
+incluso la afirmación de que sus relaciones con el teniente sólo fueron
+para aumentar sus rabietas.
+
+--Pero ¿no vienen ustedes?
+
+Eran las de López las que llamaban; unas «perchas », según Amparito, a
+las que caían rematadamente mal los vestidos lujosos y recargados con
+que las obsequiaba el papá a cada operación afortunada en la Bolsa.
+
+--¿Ya se han arreglado ustedes?--añadió una de ellas, sonriendo de un
+modo que picó la susceptibilidad de Amparito.
+
+¡Ya les ajustaría las cuentas a aquellas pavas...! Y abandonando a
+Andresito, se unió al grupo de jóvenes que, en fila y cogidas del talle,
+corrían como unas locas por la suave pendiente. La alegría del campo, al
+verse libres de la mirada interrogante y severa de las mamas,
+convertíalas en niñas revoltosas, y a pesar de sus altos peinados, de
+sus faldas largas y ajustadas, correteaban, enseñando sus lindos pies y
+aleteando con sus enaguas como una bandada de pájaros. Las mejillas se
+enrojecían, expeliendo en su dilatación la capa de polvos de arroz; los
+ojos brillaban, los empellones y las corridas impetuosas parecían
+enardecerlas, como muchachas que se embriagan con la violencia de sus
+juegos, y en las expansiones a que se entregaban, acariciándose los
+inflamados rostros, besándose ruidosamente, parecía notarse algo de
+desprecio por los hombres que iban detrás. Rafael, su amigo y Andresito
+caminaban lentamente, con cachaza filosófica, mirando el hermoso grupo,
+sin intentar mezclarse en él.
+
+Mientras tanto, Juanito pasaba la tarde en la cocina. Era una tendencia
+que avergonzaba a doña Manuela la que demostraba su hijo mayor. Apenas
+se formaba en la cocina una tertulia de criadas, allí estaba él, como
+arrastrado por irresistible seducción. Aquello debía ser hereditario: la
+afición de sus antecesores los montañeses de Aragón a las hembras
+fornidas, duras, oliendo a bestia bravía y con las manazas agrietadas
+por el esparto y la tierra de fregar. Su padre, sin duda, revivía en él,
+y por esto no podía aspirar el vaho de una cocina sin estremecimientos
+voluptuosos, ni ver a una muchachota de tez morena, brazo musculoso y
+robustas posaderas sin sentir que la sangre afluía rápida a su corazón,
+como si se viera ante el ideal realizado. Adoraba a Tónica, criatura
+endeble y graciosa, tal vez por la fuerza del contraste; pero cuando
+estaba en su casa no podía librarse de la «querencia» a la cocina, como
+decía Rafael, y allá iba a echar su párrafo, sin pasar nunca de ahí,
+pues Juanito era casto. Adoraba como un idealista las zafias beldades
+con su olor a limón y tierra, gozaba oyendo sus conversaciones,
+prestábalas con el mayor gusto pequeños servicios, aguantaba sus
+groserías e impertinencias, todo a cambio de poder estarse en un rincón,
+tímido y sonriente, contemplando los brazos hercúleos, los ojazos
+insolentes y las piernas como columnas, marcadas por el discreto
+zagalejo.
+
+Al caer la tarde, comenzó a sonar un piano viejo en el piso alto del
+_chalet_, éste se conmovió con el taconeo de una agitada mazurca. Los
+señoritos habían vuelto de su excursión por «la montaña», y bailaban, no
+sabiendo sin duda cómo pasar el tiempo.
+
+La señora había dado orden para que la merienda estuviera lista, y
+Visanteta se afanaba, yendo de un lado a otro y enviando sus amigas al
+jardín para que la dejasen en libertad.
+
+Cuando Juanito subió al piso alto, el baile estaba en su apogeo. Rafael
+y Roberto sacaban a bailar, una tras otra, a todas las señoritas, y el
+señor Cuadros, ¡oh asombro! entró de refuerzo. Entre aplausos y risas
+bailó con Amparito, mientras su hijo los contemplaba enternecido,
+renegando tal vez en su interior de su condición de poeta soñoliento y
+enemigo de superfluidades, que no le permitía aprender cómo se mueven
+las zancas en el vals, ¡El mismo demonio era el señor Cuadros, a pesar
+de sus años y del enorme bigote! Así lo declaraban doña Manuela y
+Teresa, sonrientes, reconciliadas y puestas ambas al mismo nivel. Sus
+miradas hablaban. Había que hacer algo por los chicos, ya que se querían
+tanto sus familias.
+
+Terminaba la tarde. Por los balcones entraba el resplandor rojizo de la
+puesta del sol, que se ensanchaba en el horizonte como un lago de
+sangre.
+
+Calló el piano, guardándose su ronca y temblona voz de viejo, y el
+enjambre joven, atropellándose, corrió al comedor. ¡Vive Dios, que se
+estaba bien allí, sentados ante el blanco mantel, con los balcones
+abiertos y en los ojos el extenso paisaje, que, con la luz anaranjada de
+la caída de la tarde, iba velando sus tonos brillantes y parecía
+adormecerse!
+
+Todos tenían excitado el apetito por el paseo y el baile, y miraban con
+el rabillo del ojo la puerta por donde entraban las criadas.
+
+--Señores, tendrán ustedes que perdonar--decía doña Manuela con aire de
+castellana hospitalaria--. Estamos en el campo y hay que conformarse con
+lo que traigan. Aquí no se pueden hacer milagros. En fin, harán ustedes
+penitencia. Todos contestaban con un «¡oh!» de protesta, mientras se
+acomodaban la servilleta en el pescuezo. Ya sabían que la dueña de la
+casa arreglaba bien las cosas. Y empuñaban el tenedor, como diciendo:
+«¡Venga de ahí, que estamos a todo!»
+
+No fue malo el desfile de platos organizado por Visanteta. Era la cocina
+indígena, con todo su esplendor de las fiestas tradicionales. El lomo de
+cerdo, con las primeras habas de la cosecha, tiernas y jugosas, formando
+un puré, cuyo olorcillo causaba en el estómago una sensación voluptuosa;
+los lagostinos, con casaquillas de escarlata y la puntiaguda caperuza,
+doblándose como _clowns_ rojos sobre un lecho de excitante salsa; los
+pollos, despedazados, hundidos en el rosado caldo del tomate, y después
+las rodajas de salchichón a centenares, un jamón entero cortado en
+gruesas lonjas, y una enorme pirámide de huevos cocidos, con la cáscara
+teñida de rojo o amarillo; todo con una abundancia capaz de anonadar al
+estómago más animoso.
+
+Pero los convidados de doña Manuela eran personas de buen diente. Sólo
+«las magistraditas» y «las perchas» de López comían con cierto dengue y
+lanzaban miradas escandalizadas cuando veían en sus copas dos dedos de
+vino; pero los demás tragaban de buena fe, y el ruido de sus mandíbulas
+parecía gritar en el silencioso comedor: «Aquí se come y se goza... y
+ruede la bola.»
+
+Además, Rafael y Roberto se encargaban de dar a la merienda el tono de
+distinción que tanto agradaba a doña Manuela. ¡Vaya unos chicos atentos!
+¡Cómo sabían obsequiar a las muchachas...! «No me desprecie usted esta
+aceituna...» «Lolita, ¡por Dios! acepte usted esta rodajita de
+salchichón...» «Vamos, un pedacito más: ¡no me deje usted feo!»
+
+Y procediendo como niñas buenas y bien educadas, incapaces de desear la
+fealdad del prójimo, aceptaban los obsequios ruborizadas, pero mirando
+con superioridad satisfecha a las amigas.
+
+Doña Manuela estaba contenta. ¿No era un placer reunir en la mesa tan
+buenos amigos? ¿No se gozaba contemplando sus expansiones? Allí quisiera
+ver ella a su hermano, el maldito tacaño, incapaz de convidar a sus
+amigos a una ensalada. ¡Cómo ensanchaba el alma ver a la familia con sus
+amigos celebrando la Pascua tradicional! Era verdad que la fiesta
+resultaba costosa; que llena de trampas como estaba no debía permitirse
+tales despilfarres; pero ¡qué diablo! hay que saber vivir, y aquella
+fiesta, pensando egoístamente, bien podía resultar un medio seguro de
+proporcionarse auxilios en el porvenir. En el señor López no había que
+confiar mucho; tenía el alma atravesada, y si gastaba algo adornando a
+su familia, era para sostener su prestigio de bolsista de fuerza. Pero
+allí estaba Cuadros, infatuado por la buena suerte, orgulloso, tanto él
+como su esposa, de que la señora del antiguo principal accediese a
+admitir a Andresito en su familia; estos dos amigos, seguramente que al
+verla en un apuro eran capaces de darla la sangre de sus venas.
+
+Y doña Manuela, animada por estas ilusiones que garantizaban su futura
+tranquilidad, envolvía la mesa y sus comensales en una mirada infinita
+de benevolencia y cariño. Todo marchaba bien. Andresito y Amparo se
+pellizcaban por debajo de la mesa; Roberto se acercaba de un modo
+inconveniente a Conchita; la mamá lo veía todo, pero sonreía con dulce
+tolerancia. Un día es un día; hay que dar a la juventud lo suyo, y ella
+¡ay! recordaba enternecida cuando el doctor Pajares era estudiante y se
+sentaba a su lado en la mesa.
+
+La merienda se animaba. Nelet había encendido la lámpara del comedor, y
+los moscardones y mariposas del vecino jardín, atraídos por la luz,
+aleteaban nerviosamente, chocando con la pantalla de porcelana. Sobre la
+mesa aparecían las doradas naranjas de terso cutis, el _panquemado_ de
+Alberique, con miga porosa, la corteza obscura y barnizada y el vértice
+nevado, y las bandejas de dulce seco, confitería indígena, sólida y
+empalagosa: peras verdosas con la dureza del azúcar petrificado,
+limoncillos de las monjas de Sagunto, trozos de melón, yemas envueltas
+en rizados moñetes de papel, todo destilando azúcar y atrayendo a los
+insectos que revoloteaban en torno de la luz.
+
+La concurrencia se atracaba de huevos cocidos. Partíanlos en la frente
+del vecino, a pesar de las muchas precauciones que se adoptaban para
+evitar esta broma tradicional; y eran de ver las señoritas tapándose la
+cara con las manos, chillando como gallinas asustadas, por miedo a que
+les golpeasen encima de las cejas, y los aplausos y vivas con que se
+acogía la travesura de alguna joven cuando era ella la que agredía a los
+audaces pollos. Cuando se hacía momentáneamente el silencio en el
+comedor, oíase cómo se regocijaba fuera la plebe; el rasgueo de la
+guitarra, el estallido de los cohetes, el cacareo de las mujeres; y
+algunas veces el estruendo venía de abajo, de la cocina, donde sonaban
+el vozarrón de Nelet y las corridas medrosas de las criadas, con
+chillidos de protesta débil. También allí partían huevos.
+
+Las personas mayores la emprendieron con el dulce, y el señor Cuadros
+descorchó frascos de licor de colores vivos e infernales, que hacían
+retorcer el estómago. Las copitas de color rosa besaban las bocas,
+dejando en los rojos labios de las jóvenes adorables gotitas de azúcar
+líquido.
+
+La sobremesa, alborozada y ruidosa, duró mucho rato. Nadie miraba el
+reloj del comedor, que seguía indiferente marcando el curso del tiempo.
+Cuando sonaron las nueve, todos se sobresaltaron. Fuera del _hotel_ la
+algazara iba disminuyendo.
+
+Doña Manuela hizo prometer a sus amigos que la honrarían con su visita
+en los dos restantes días de la Pascua, y comenzaron los preparativos de
+marcha. Las criadas comparecieron rojas y sudorosas. Bien habían
+bromeado con Nelet y el cochero del señor López.
+
+Comenzó la confusión de la despedida. Buscaban los abrigos abandonados
+sobre los muebles; olvidaban dónde habían dejado el sombrero; recogían
+los velillos rotos en el revuelto montón de prendas, y transcurrió más
+de media hora antes de que todos estuvieran listos.
+
+El señor López ofreció su faetón a «las magistradas ». Irían todos
+apretados, pero esto entraba en la fiesta. En cuanto al señor Cuadros,
+sacó de la cuadra del _hotel_ su carruajillo, del que estaba orgulloso,
+y amontonó en él la esposa, el hijo y las dos criadas.
+
+--¡Buenas noches...! ¡Hasta mañana...! ¡Descansar...! ¡Arre, valiente!
+
+Y los dos carruajes, esparciendo en la sombra la roja luz de sus dobles
+faroles, partieron al trote, conmoviendo el silencio de la noche tibia,
+estrellada y serena. La familia de Pajares los vio alejarse desde la
+puerta del _hotel_.
+
+Frente a los Silos, la multitud arremolinábase en la obscuridad,
+asaltando a brazo partido las plataformas de los tranvías o regateando
+con los cazurros tartaneros. Sonaban los pitos; el vocerío era grande en
+torno de los ojos inflamados de los coches, y el público esperaba
+impacientemente el momento de emprender el viaje, entonando canciones a
+coro, en las cuales, sobre las voces aguardentosas, destacábanse otras
+jóvenes, claras, argentinas. De vez en cuando, griterío y corridas;
+brazos en alto, bastones enarbolados, una guitarra estrellándose
+quejumbrosamente en una cabeza, y cuando la calma se restablecía,
+saludábase con sonrisas y aplausos irónicos a la ristra de valientes
+que, sin paciencia para esperar, emprendían la marcha carretera abajo,
+cogidos del brazo, moviéndose con torpe balanceo, como si estuvieran
+sobre la cubierta de un buque en día de gran marejada, charlando
+incoherentemente o soltando sus vozarrones para entonar los
+estrambóticos y lánguidos corales que inspira la musa amílica.
+
+Los tres días de Pascua fueron de felicidad para la familia de Pajares.
+El noviazgo de Amparito se consolidó, desapareciendo los escrúpulos del
+poetilla, temeroso de que el recuerdo del teniente viviese todavía en la
+memoria de la joven. Era cosa decidida, y el bebé siempre contestaba con
+el mismo tono burlón a sus recriminaciones:
+
+--Pero ¡tonto...! ¡si nunca le quise...! ¡si aquello fue una broma, un
+caprichito para hacerte rabiar...! ¡Yo sólo te quiero a ti,
+insultador...!
+
+Y Andresito, cerrando los ojos, despreciando los punzantes recuerdos del
+pasado, se sentía feliz, tanto casi como Conchita, que en los días de
+Pascua, en la agitación de las alegres meriendas, había conseguido
+turbar a Roberto hasta el punto de arrancarle la deseada declaración.
+Por fin era su novio «oficial»; ya podía hablar con él a todas horas,
+sin miedo al ridículo de una intimidad falta de garantía.
+
+Juanito fue el único que sufrió en aquellos tres días. La mamá
+mostrábase con él amable y cariñosa como jamás la había visto; tenía
+arranques de lirismo casero, se enternecía reuniendo toda la familia en
+la mesa, y él, por no contrariarla, permanecía en Burjasot, víctima de
+las contradicciones de su carácter, tan pronto atraído por la
+«querencia» a la cocina, como pensando en Tónica con la dulce nostalgia
+del enamorado.
+
+Por esto, cuando regresó a Valencia, volviendo a encargarse de _Las Tres
+Rosas_, experimentó la alegría del que sale del destierro. Quiso
+resarcirse del breve paréntisis en su vida de amante, y esperó a Tónica
+en las calles, sosteniendo con ella largas pláticas que la hacían llegar
+tarde a casa de las parroquianas, enterándose con minuciosidad de las
+tardes que había pasado en melancólica calma leyendo novelas
+sentimentales, mientras Micaela, la fiel amiga, cocinaba, preparando la
+modesta merienda.
+
+Sus pláticas con aquella muchacha tranquila y juiciosa le daban nuevos
+ánimos para trabajar; y él, que hasta entonces había vivido tranquilo e
+indiferente, amarrado a la noria de la dependencia, sin pensar en el
+porvenir, sentíase ambicioso, soñaba con una gran posición comercial,
+que compartiría con Tónica, y miraba la tienda de _Las Tres Rosas_ con
+el mismo cariño del heredero ante una cosa que espera ha de ser suya. Su
+plan estaba formado. Esperaría hasta fines de año, vendería el huerto de
+Alcira, y don Antonio le haría traspaso de la tienda por unos cuantos
+miles de duros.
+
+El afortunado bolsista seguía abominando de la tienda y del mezquino
+comercio al por menor; no era difícil alcanzar la cesión de _Las Tres
+Rosas_ por lo que el joven quisiera darle. ¡Valiente cosa le importaba a
+él mil duros más o menos! La suerte le había hecho audaz; realizaba
+jugadas con éxito sorprendente, y así como aumentaba su fortuna,
+transformábase en persona. Permanecía en la tienda lo menos posible;
+cuando no estaba en la Bolsa, pasaba las horas en el café, mediando en
+las riñas de «alcistas» y «bajistas», con expresión de superioridad;
+enganchaba la _charrette_ e iba con Teresa, muy emperejilada, a pasear
+su nuevo lujo por la Alameda, entre los brillantes trenes, para que
+supieran más de cuatro que él también, «aunque le estuviera mal el
+decirlo», era de la aristocracia, de la del dinero, que es la que más
+vale en estos tiempos; y hasta en su misma casa introducía reformas
+radicales, pasando la familia con violento salto de la comodidad
+mediocre a la ostentación aparatosa. Seducido por los guisos de fonda
+que saboreaba en los banquetes conmemorativos de grandes jugadas, no
+podía avenirse con el talento culinario de su Teresa, y había tomado una
+cocinera procedente de una gran casa. La riqueza improvisada daba al
+señor Cuadros un airecillo petulante y fanfarrón. En competencia con su
+mujer, pocos dedos conservaba en sus manos libres de sortijas; sólo que
+las suyas no eran baratas, sino de oro macizo, gruesas, pesadas y con
+cada pedrusco que quitaba la luz de los ojos. Rompía los ojales del
+chaleco con la enorme cadena cargada de dijes, y él, que antes cuidaba
+de salir con poca calderilla en el bolsillo, por miedo a los compromisos
+o a la tentación de entrar en algún café, sacaba ahora, a tuertas y a
+derechas, su gran cartera de hombre de negocios repleta de billetes del
+Banco, y muchas veces escandalizaba a los camareros presentando para
+pagar un refresco un papelote de mil pesetas.
+
+_Las Tres Rosas_ estaba patas arriba, según murmuraba el asombrado
+Juanito. La fortuna del amo los enloquecía a todos. Los dependientes,
+libres de vigilancia, hacían lo que les daba la gana; el género
+desaparecía, sin dejar como recuerdo de su paso dinero en el cajón; las
+criadas robaban arriba, en las mismas narices de doña Teresa, aturdida
+por tan radicales cambios; pero allí estaba el amo para remediarlo todo,
+y por mucho que se despilfarrase, los cobros de diferencias a fin de mes
+eran tan exorbitantes, que empujaban vertiginosamente aquel barco falto
+de dirección y haciendo agua por todas partes.
+
+El único que protestaba en la casa, revolviéndose furioso contra las
+desatinadas innovaciones, era don Eugenio. El veterano del comercio
+escandalizábase, y había que oírle las pocas veces que conseguía
+entablar conversación con el dueño de la tienda, siempre atareado,
+viviendo en su casa como en una fonda.
+
+Don Eugenio parecía una sibila, que, en nombre de la honradez y la
+mesura comercial, profetizaba las mayores desgracias. Aquella borrachera
+de dinero no podía acabar bien. No era legal ni justo ganar ocho o nueve
+mil duros en un mes, jugando, ni más ni menos que los perdidos que van a
+los garitos; además, ese lucro resultaba criminal, ya que lo que él
+ganaba otros lo perdían.
+
+Pero don Antonio contestaba con risitas irónicas que desesperaban al
+pobre viejo. ¡Vaya unas ideas rancias! ¿De dónde salía para atreverse a
+hablar contra un negocio tan legal y admitido por todos? Los tiempos
+cambian, amigo don Eugenio, y con ellos los negocios. Es verdad que los
+afortunados arruinaban a los infelices, pero ¡qué remedio...! Había que
+amoldarse a las exigencias del mundo, tomar parte en la «lucha por la
+existencia»; la sociedad estaba constituida así. Para que vivan unos hay
+que devorar a otros. Y el señor Cuadros repetía con expresión pedantesca
+estos y otros lugares comunes que había oído en la Bolsa de boca de
+ciertos pillos de levita, que con la dichosa «lucha por la existencia»
+justifican rapiñas legales que merecen un grillete. Y para desesperación
+del pobre viejo, hacía la apología de la Bolsa. Sólo un rancio podía
+tronar contra ella. Para censurarla había que ser consecuente y hablar
+mal también del ferrocarril, del teléfono y de todas las conquistas del
+progreso. Podía esperar sentado a que todas las personas honradas se
+coligasen, según él decía, para acabar con los negocios bursátiles.
+
+Cada día eran más respetados; se popularizaban, y ya no eran
+comerciantes y rentistas los que jugaban en la Bolsa; los pobres, los
+humildes, buscaban tomar parte en el negocio. Y para probarlo, no había
+más que fijarse en don Ramón Morte, un filántropo, que hacía el bien
+encaminando a la ganancia los pequeños capitales que yacían muertos y
+dedicando las ganancias propias a obras de beneficencia.
+
+Don Eugenio escuchaba con frialdad el nombre del célebre banquero, que
+todos los días repetían los periódicos, pero Juanito se estremeció.
+Aquél sí que era un hombre. Husmeaba la ganancia a cien leguas; colocaba
+los capitales ajenos con la mayor seguridad; tenía esclavizada la
+fortuna, y a pesar de esto, ¡qué sencillo! ¡Con qué modesta afabilidad
+trataba a los pequeños! Era un señor pequeñín, enfermizo por el exceso
+de trabajo, con gafas de oro y esa sonrisa atractiva y cándida cuyo
+secreto sólo poseen los grandes hombres de negocio o los Padres de la
+Compañía. Dos veces había estado en la tienda buscando al principal, y
+se dignó hablar con Juanito afectuosamente, como si fuese uno de la
+clase, enterándose con benevolencia paternal de sus proyectos para el
+porvenir. ¡Oh, qué hombre! ¡Qué confianza inspiraba! Aconsejado por él,
+realizaba el señor Cuadros sus magníficos negocios; y Juanito, a no ser
+por su deseo de verse dueño de _Las Tres Rosas_, hubiese vendido el
+huerto, poniendo toda su fortuna en manos de don Ramón.
+
+La loca fortuna del principal contagiaba al dependiente, y éste, a pesar
+de su carácter frío, se sentía animado por el deseo de correr el azar
+ganando una fortuna en unos cuantos meses o arruinándose para siempre.
+Cuando estaba solo y entregado a sus reflexiones, asustábase de las
+audacias de su pensamiento; pero oyendo al principal enardecíase, y
+entre las cenizas de su carácter tímido y apático asomaba el fuego del
+aventurero.
+
+Las contiendas entre don Eugenio y su antiguo dependiente los separaban,
+y a pesar de hacer la vida bajo el mismo techo, pasaban semanas sin
+hablarse. El pobre viejo se sentía solo en aquella casa. Teresa no le
+comprendía; Andresito, entusiasmado por la fortuna del papá, tenía sus
+ambiciones; mostrábase meticuloso y exigiendo en materias de vestir, y
+hablaba de la posibilidad de poseer una yegua alazana y pasear por la
+Alameda, siguiendo el carruaje de su novia, para lo cual se estaba
+preparando todas las tardes en el picadero.
+
+Don Eugenio sólo se consolaba yendo en busca del tío de Juanito, ante el
+cual mostraba su indignación por los negocios de Cuadros. ¡Cómo se reía
+don Juan de las fortunas de los bolsistas! Buen provecho. Muchos le
+habían propuesto aquel negocio; pero él era gato viejo y gustaba de
+guardar seguro su dinero. Eso de arrojar la fortuna al viento, con la
+esperanza de una ganancia loca, quedaba para los tontos que se creen
+poseedores de infalibles secretos. Él opinaba como don Eugenio. Aquello
+sólo era una racha de fortuna, la terrible benevolencia de la fatalidad
+con los jugadores novatos: primero, la seducción de las pequeñas
+ganancias, y después, cuando ya están metidos de cabeza en los caprichos
+del azar, la ruina instantánea, completa, fulminante.
+
+El día de San Vicente supo Juanito hasta dónde llegaba la indignación
+del venerable don Eugenio.
+
+La fiesta del santo popular verificábase con el aparato de costumbre. En
+los puntos más céntricos de la ciudad habíanse levantado los «altares»,
+enormes fábricas de madera y cartompiedra que llegaban a los tejados,
+con decoración gótica o corintia, erizados de mecheros de gas, y en su
+parte media la repisa, en la que se ostentaba el diplomático de Caspe
+con su hábito de dominico y un dedo en alto entre cirios y flores.
+Abajo, la plataforma del escenario, donde se representaban los
+_milacres_, piezas dramáticas, cándidas y sencillas como sus versos
+lemosines, cuyo argumento, girando en torno del mismo punto, trata
+siempre de las querellas feudales entre Centelles y Vilaraguts, de la
+conversión de los moros de Granada o de alguna treta de los impíos
+contra el elocuente apóstol, todo sazonado al final con el necesario
+milagro del santo y el correspondiente sermón en endecasílabos. La
+multitud agolpábase ante los altares para oír mejor a los actores,
+granujillas del barrio, roncos de tanto vocear los versos, orondos en
+sus trajes de ropería; orgullosos de lucir el bonete con pluma y tirar
+de la espada cuando lo requería el _milacre_; y era de ver la atención
+con que escuchaba la predicación de San Vicente, representado siempre
+por un muchacho paliducho, pedante y melancólico, y las carcajadas con
+que celebraba las majaderías del motilón, personaje bufo que pasaba el
+tiempo tragando pan, sorbiendo rapé, sonándose las narices en un pañuelo
+como una sábana y agujereado como una criba, y diciendo estupideces
+subidas de color, todo para mayor edificación de los devotos del santo.
+Un mar de cabezas agitábase ante aquellas plataformas que recordaban el
+teatro primitivo, lo mismo el tablado de Esquilo que la carreta de Lope
+de Rueda.
+
+Entre una y otra representación tocaban las músicas alegres polcas, y la
+granujería de siempre, agarrada de un modo repugnante, improvisaba
+academias de baile en las aceras, chocando muchas veces contra las mesas
+donde las buenas mozas de vestido almidonado, pañuelo de seda y cara
+bravia vendían garbanzos tostados, orejones y ciruelas pasas.
+
+Juanito, a las tres de la tarde, había ido a ponerse en acecho cerca de
+la casa de Tónica, esperando que ésta saliese con Micaela para ver los
+altares. Una vecina le avisó que ya habían salido, y el joven lanzóse en
+su persecución, corriendo de uno a otro altar, sin conseguir
+encontrarlas.
+
+En la plaza de la Constitución vio a don Eugenio, que miraba de lejos el
+_milacre_, apoyado en el viejo bastón y mostrando su carita de pascua
+por el embozo de su capa azul, que no abandonaba hasta bien entrado el
+verano.
+
+El pobre señor acogió a Juanito con una sonrisa de gozo.
+
+--¡Hombre, cuánto me alegro de verte...! Tú no tendrás quehacer,
+¿verdad?
+
+Juanito contestó negativamente, arrepintiéndose en seguida.
+
+--Me alegro. Pasearemos juntos. Mis amigos han salido con sus familias,
+y yo no tengo a nadie en este mundo; estoy solo... completamente solo.
+
+El viejo recalcaba estas palabras, como si quisiera hacer responsable a
+alguien de su abandono.
+
+Emprendieron los dos la marcha hacia las Alameditas de Serranos, paseo
+habitual de don Eugenio. Por el camino hablaba el viejo de su situación
+con tono melancólico; pero sus quejas eran vagas. Llegaron al paseo: una
+ancha faja de jardín en la orilla del río, exuberante de vegetación,
+pero tan sombría, que justificaba su título vulgar de «paseo de los
+desesperados». La concurrencia era la de siempre. Algunas madres de la
+vecindad, con su tropel de muñecos voceadores, y grupos de curas y
+aficionados a la clase sacerdotal, destacando sobre el verde la mancha
+negra de sus trajes, hablando con misterio de lo malos que están los
+tiempos, del prisionero del Vaticano y del verdadero rey que vive en
+Venecia.
+
+Don Eugenio, saludaba al paso aquellas caras que veía todas las tardes,
+sin interrumpir por esto la conversación.
+
+Juanito le oía con la deferencia y el respeto que inspiran ochenta años.
+
+--En una palabra, muchacho: que yo no puedo sufrir esta clase de vida.
+Serán para algunos escrúpulos necios, pero ¿qué quieres? Después de
+tantísimos años de probidad comercial, de prosperidad lenta pero segura,
+no puedo conformarme con esta vida de agitación y sobresalto que noto en
+torno mío, ni menos ver con tranquilidad una ganancia inmoral y
+estrepitosa.
+
+--Pero ¿por qué se ha de molestar usted tanto?--dijo el joven con tono
+conciliador--. Lo mejor es que deje correr las cosas. Don Antonio gana
+demasiado dinero para que puedan hacerle mella sus palabras. Además,
+cada época trae sus costumbres, y no es justo que usted se queje porque
+las cosas no estén lo mismo que en su juventud.
+
+--Tienes razón, hijo mío. Éstos son otros tiempos. Soy un verdadero
+cadáver; pero me resisto a meterme en la fosa, a pesar de que ésta me
+reclama, y tengo que sufrir las consecuencias. ¡Qué tiempos. Señor, qué
+tiempos!
+
+Y el vejete miraba al cielo, mientras su mano arrancaba al paso las
+hojas de los rosales.
+
+--Tú también--continuó--estás algo tocado de ese afán de hacerte rico,
+aunque sea arruinando al mundo entero. No te culpo por esto; es la
+fiebre de la época, y la juventud es la que con más calor apadrina las
+ideas nuevas. Tienes razón; yo no puedo, yo no debo meterme en los
+negocios de Antonio; carezco de derecho. ¿Qué soy en aquella casa? Un
+trasto inútil, un mueble incómodo que se empeña en permanecer intacto y
+todos desean verlo hecho astillas para arrojarlo al montón.
+
+--No; eso no es verdad, don Eugenio. En aquella casa le quieren a usted
+todos. Me consta.
+
+--Y yo también--dijo el viejo con gran calor--, yo también los quiero
+con toda mi alma. ¿Tengo otra familia acaso? Lo que hay, muchacho, es
+que, por lo mismo que les quiero tanto, me preocupa su suerte y no puedo
+ver con tranquilidad cómo Antonio se mete de cabeza en tan peligrosas
+aventuras. ¡Ay, mi pobre tienda! Tiemblo al pensar que puede ser
+deshonrada para siempre. He oído decir que los marinos viejos sienten
+una pasión loca por el barco en que han pasado su vida. Lo mismo soy yo
+con _Las Tres Rosas_. Yo la fundé; tu pobre padre mantuvo la reputación
+del establecimiento honrado, y ahora... tiemblo al pensar lo que
+ocurriría si Antonio se arruinase en la Bolsa como otros tantos.... Todo
+perdido, la tienda embargada, deshonrada para siempre.... ¡Gran Dios! No
+quiero pensarlo.
+
+--¡Bah!--objetó Juanito con juvenil confianza--. No es eso fácil; en la
+Bolsa sólo se arruinan los tontos, y mi principal tiene buen guía. Don
+Ramón... ¿sabe usted? don Ramón Morte, el hombre mimado de la fortuna,
+el gran filántropo.
+
+--No seas tonto, muchacho. ¿Crees que tu tío es listo? Pues pregúntale
+qué piensa del tal don Ramón. Un pillo, hijo, un pillo redomado que
+emplea la pamplina de la caridad y se da bombos en los periódicos para
+engañar incautos. ¡Y qué bien sabe hacerlo el muy ladrón! Se confiesa a
+menudo, entrega cantidades en las sacristías, diciendo que las ha
+cobrado de más por un error y quiere sean para los pobres, y hasta se
+murmura si es él ese ramoso sujeto que, con el incógnito de Un
+cualquiera, envía dinero a la Junta de Instrucción Obrera cuando ésta
+sufre apuros. Esa modestia, ese incógnito a medio velo, es un medio para
+llamar la atención como cualquier otro reclamo, y un negociante que
+desea tanto la popularidad no lleva idea buena. Algo prepara. Para mí,
+lo que hace es arreglarse el vendaje antes que exista la herida.
+
+Juanito sentía inquietud y molestia ante la rudeza con que el viejo
+destrozaba el ídolo de su admiración, pero calló por respeto.
+
+--Si ese hombre es--continuó don Eugenio--quien tiene que evitar la
+ruina de Antonio, bien estamos. Yo veo claro, y por eso chillo hasta ser
+impertinente. No entiendo de esos negocios infernales, estoy
+acostumbrado a los tratos sencillos del comercio a la antigua, pero no
+desconozco lo fácil que es quedarse los bolsistas en medio de la calle
+de la noche a la mañana. ¿Y puedo yo estar tranquilo...? Al principio,
+Antonio era prudente y no exponía gran cosa; pero la ganancia le ciega,
+y ahora... ¿sabes? me he enterado de que se mete tan hondo, que si la
+fortuna le volviese la espalda, en veinticuatro horas quedaba limpio,
+sin cubrir sus compromisos, y por tanto, deshonrado. Figúrate lo que
+esto representa muchacho. Si tu padre viviera, me comprendería mejor. Se
+me abren las carites sólo al pensar en la posibilidad de que el dueño de
+_Las Tres Rosas_ aparezca como un insolvente, como un tramposo, casi
+como un estafador. Di, muchacho, ¿puedo yo consentir esto? ¿Te parece
+tolerable?
+
+Y el viejo se animaba, se erguía, apoyándose en su bastoncillo, y al
+hablar de su querida tienda, una oleada de sangre daba color a su cara
+fresca de anciano bien conservado.
+
+--No; yo no puedo callar; esto apresurará mi muerte. Necesito
+tranquilidad, y no me acuesto ninguna noche sin llevar en el cuerpo un
+berrinche más que regular. Lo que yo digo: pero Señor, ¿por qué se
+meterá ese hombre en libros de caballerías? ¿No podía vivir tranquilo
+como yo, trabajando para la vejez y sin exponerse a peligro alguno...? Y
+es la maldita ambición que hoy todo lo invade. En mis tiempos, antes de
+gastar un ochavo le dábamos cien vueltas, pero nos contentábamos con lo
+nuestro y vivíamos felices. Ahora todo el mundo no piensa en otra cosa
+que en el modo de quitar legalmente la bolsa al vecino. La ambición los
+devora; a los cuarenta años son más viejos que yo; viven pendientes de
+un hilo con el afán de acaparar dinero; y todo para derrocharlo, para
+satisfacer esa locura de engrandecimiento que a todos domina. Esto está
+perdido. Los mocosos ya no se conforman con ser aprendices y quieren
+pasar a amos; y... ¿qué más? Antonio se avergüenza de ser comerciante, y
+va por las tardes a la Alameda en un cochecillo ridículo, guiando como
+si fuese un cochero. Antes soñaba con que su hijo fuese abogado, y ahora
+mira impasible cómo abandona los estudios y se entera con gusto de sus
+progresos en la equitación. Dice que con la herencia que él le dejará,
+para nada necesita la carrera; quiere hacer de él un hombre a la moda, y
+quién sabe si tendrá pensado casarle por lo menos con la princesa de
+Asturias....
+
+Y reía al decir esto con una risa misericordiosa, como si se sintiera
+elevado por encima de todas las miserias.
+
+--En fin, hijo mío, tal vez te fastidie con mis quejas, pero a los
+viejos hay que tolerarles. Yo necesito hablar, expansionarme, echar
+fuera de mí esta inquietud que me devora, como si fuese yo mismo quien
+se mete en aventuras. Y te repito que esto acabará mal, muy mal. Tu tío
+es de la misma opinión. ¿Ves a tu principal? Pues es como tu mamá. Yo no
+le conocía, pero hay que tratar mucho a los hombres. Depende de las
+circunstancias que se muestren tales como son. Ahora no me cabe duda de
+quién es Antonio. Hubiese hecho con tu madre una excelente pareja. Los
+dos son iguales. Unos «fachendas», hambrientos de figurar, deseosos de
+meterse en una esfera superior a la suya, aunque se pongan en ridículo.
+Tu madre arruinándose y Antonio subiendo locamente camino de la suerte,
+son exactamente lo mismo. Capaces de derrochar una fortuna; la una por
+mantener lo que llama su «rango», y el otro por meterse entre gentes que
+de seguro se burlan de él.... Esto no puede seguir así.... Vamos a ver
+grandes cosas, y... ¡ay! me dice el corazón que mi tienda, mi pobrecita
+tienda, naufraga en esta borrasca, y yo me muero.
+
+El viejo hablaba melancólicamente, como si viese ya la ruina del brazo
+con la muerte rondando en torno de él.
+
+Juanito se fastidiaba.... ¡Bah! Aprensiones de viejo.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Los domingos, a las siete de la mañana, salía Juanito de su casa con el
+alegre desembarazo del colegial que en día de fiesta todo lo ve de color
+de rosa.
+
+Iba estirado, satisfecho dentro de su traje de lanilla inglesa, algo
+incómodo por el cuello de la camisa almidonado y de bordes punzantes;
+pero le bastaba lanzar una mirada a sus botas de charol y a la corbata,
+siempre de colores vivos, para darse por satisfecho de todas las
+molestias que le causaba su transformación. La mamá y las hermanitas le
+contemplaban con asombro. ¿Qué creían ellas? El Juanito de ahora estaba
+muy lejos del de los tres meses antes. Ya era hora de dedicar a rodillas
+de cocina las levitas viejas de su padrastro el doctor Pajares, prendas
+que la mamá le había hecho usar para mayor economía.
+
+El amor había transformado a Juanito. Su alma vestía también nuevos
+trajes, y desde que era novio de Tónica, parecía como que despertaban
+sus sentimientos por primera vez y adquiría otros completamente nuevos.
+Hasta entonces había carecido de olfato. Estaba segurísimo de ello; y si
+no, ¿cómo era que todas las primaveras las había pasado sin percibir
+siquiera aquel perfume de azahar que exhalaban los paseos y ahora le
+enloquecía, enardeciendo su sangre y arrojando su pensamiento en la
+vaguedad de un oleaje de perfumes? No era menos cierto que hasta
+entonces había estado sordo. Ya no escuchaba el piano de sus hermanas
+como quien oye llover; ahora la música le arañaba en lo más hondo del
+pecho, y algunas veces hasta le saltaban las lágrimas cuando Amparito se
+arrancaba con alguna romanza italiana de esas que meten el corazón, en
+un puño.
+
+El muchacho, antes tan sólido y bien equilibrado, mostrábase inquieto y
+nervioso, lloraba a solas por cualquier cosa o se entregaba a
+expansiones infantiles; pero a pesar de esto, era más feliz que nunca.
+Su antigua vida parecíale la existencia soñolienta de una bestia
+amarrada a la estaca, rumiando la comida o durmiendo, sin noción alguna
+de un más allá.
+
+Ahora, el amor por un lado y por otro la primavera, parecían incubar en
+él un nuevo ser, y de la ruda cáscara del antiguo dependiente, con la
+inteligencia muerta y la voluntad atrofiada, surgía un hombre nuevo, en
+el cual despertábase el mismo romanticismo de su padre cuando era joven.
+
+El Mercado le atraía los domingos en las primeras horas de la mañana, e
+iba a lucir sus arreos entre los puestos de las floristas. Allí
+permanecía confundido en el grupo de curiosos que atisbaban las caras
+hermosas, y lo mismo abrían paso a las señoritas que volvían de misa con
+el devocionario en la mano, que echaban piropos a las criadas
+emperejiladas, que, doblándose al peso de las cestas, metíanse entre la
+varonil barrera para comprar un mazo de flores.
+
+¡Qué bien se estaba allí! El sol comenzaba a caldear la plaza;
+esparcíase por el ambiente el tufillo de las verduras recalentadas; pero
+bajo la techumbre de cinc que resguardaba los puestos de flores, entre
+las cortinas rayadas que tapaban los lados del mercadillo, notábase una
+frescura de subterráneo, el vaho húmedo de las baldosas regadas con
+exceso. Y luego, ¡qué orgía para el olfato en esta atmósfera fresca!
+Experimentábase la misma impresión que en una tienda de perfumería,
+donde, al entrar, toda una avalancha de esencias distintas sale de
+cuantos huecos tiene la anaquelería, asaltando el olfato.
+
+Sobre las mesas pintadas de verde amontonábanse las flores como si
+fuesen comestibles, o agrupadas en pirámides, sobre una base de papel
+calado, erguíanse formando ramos monumentales con los colores en
+caprichosos arabescos. Allí estaban las jardineras: hermosas unas, con
+la esplendidez de las vírgenes morenas; viejas y arrugadas otras, con
+esa fealdad de bruja que es final rápido e inesperado de la belleza de
+las razas meridionales. Acostumbradas todas ellas a la vida común con
+las flores, tratábanlas con confianza ruda y desdeñosa. Recortaban
+cruelmente sus tiernos rabos mientras hablaban con los compradores, o
+aprisionaban sus finos tallos con el hilo, sin que les enterneciera el
+perfume que en son de protesta les arrojaban al rostro.
+
+Un mosaico deslumbrador se extendía sobre las mesas. Las azucenas, con
+su túnica de blanco raso, erguíanse encogidas, medrosas, emocionadas,
+como muchachas que van a entrar en el mundo y estrenan su primer traje
+de baile; las camelias, de color de carne desnuda, hacían pensar en el
+tibio misterio del harén, en las sultanas de pechos descubiertos,
+voluptuosamente tendidas, mostrando lo más recóndito de la fina y rosada
+piel; los pensamientos, gnomos de los jardines, asomaban entre el
+follaje su barbuda carita burlona cubierta con la hueca boina de morado
+terciopelo; las violetas coqueteaban ocultándose para que las denunciase
+su olorcillo que parecía decir: «¡Estoy aquí!»; y la democrática masa de
+flores rojas y vulgares extendíase por todas partes, asaltaba las mesas,
+como un pueblo en revolución, tumultuoso y desbordado, cubierto de
+encarnados gorros.
+
+Allí esperaba Juanito la aparición de Tónica, que todos los domingos,
+por hallarse libre del trabajo, se encargaba de la compra, evitando esta
+operación a su compañera, cada vez más falta de vista. Formaban una
+original pareja el hortera endomingado y aquella muchacha, que por estar
+cerca su casa iba de trapillo, sin perder por esto el aire de distinción
+adquirido en la niñez y llevando su cesta con la desenvoltura de una
+colegiala que comete una travesura.
+
+Hablaron un buen rato en la entrada del mercadillo, sin fijarse en
+miradas maliciosas ni darse cuenta de los rudos encontronazos de la
+multitud; él la cargaba con el ramo más hermoso que veía, seguíala en su
+correteo por el Mercado, de puesto en puesto, y después la acompañaba
+hasta su casa, lentamente, saludando a los vecinos de los pisos bajos,
+que consideraban a Juanito como un conocido y se hacían lenguas,
+especialmente las mujeres, del «gancho» de la costurerilla, una mosquita
+muerta que había sabido «pescar» un novio rico, según aseguraban los
+mejor informados de la calle.
+
+Juanito, poco a poco, había logrado estrechar sus relaciones con Tónica.
+No subía a la casa, eso no; ¿qué dirían los vecinos? pero si le estaba
+vedado entrar en aquella escalerilla, que se le antojaba camino de
+misterioso santuario, podía acompañar a Tónica y su amiga los domingos
+por la tarde.
+
+El dependiente había entablado amistad con Micaela, una criatura
+insignificante que pasaba por el mundo como un fantasma, anulada la
+voluntad, lamentándose de no vivir, como en su juventud, en la
+servidumbre doméstica. Sentía una tierna simpatía por aquella mujer casi
+ciega, con sus ojazos claros siempre inmóviles, como si experimentara
+eterno asombro. Entre el dependiente y ella establecíase el lazo de la
+igualdad de caracteres. Los dos eran seres débiles, pacientes, sin
+voluntad: acostumbrada ella a la obediencia de la servidumbre,
+supeditado él por la adoración a su madre.
+
+Micaela encontraba aceptables las relaciones entre Juanito y su amiga.
+El dependiente era para ella un ser de casta superior; causábala respeto
+la posición social de su familia; y mientras Tónica le llamaba por su
+nombre, ella, con sus costumbres de criada antigua, nombrábale siempre
+«señor de Peña», ceremoniosamente, a estilo de comedia.
+
+¡Qué tardes tan hermosas las de aquella primavera! Salían de casa a la
+hora en que correteaban por las calles los grupos de criadas, con sus
+faldas almidonadas y al cuello el ondeante pañuelito de seda, seguidas
+por los soldados de caballería, de escandalosas espuelas, torpe paso y
+embarazados por el sable, como si fuese un pesado garrote.
+
+Sus diversiones eran siempre las mismas. Iban donde va la gente que no
+quiere gastar dinero, y se les veía por el pretil del río, camino de
+Monte-Olivete, los dos jóvenes delante, hablando tranquilamente,
+mientras se acariciaban con la mirada, y detrás Micaela, con aire de
+inconsciente, abismada en el crepúsculo eterno que la envolvía y
+levantando la cabeza, sin sentir la menor molestia por los rayos del sol
+que se quebraban en sus ojazos hermosos y muertos.
+
+Deteníanse a contemplar los incidentes del tiro de palomo establecido en
+el cauce del río, pedregoso, inmenso, surcado por unas cuantas venillas
+de agua, que se cruzaban caprichosamente, formando verdes archipiélagos.
+La afición meridional al estruendo, el instinto de raza, ansioso de
+correr la pólvora, revelábase en el inmenso corro, donde se contaban las
+escopetas a centenares y el tirador de chaqué disparaba junto al
+aficionado de blusa. En el centro del corro los enormes jaulones, donde
+aleteaban inquietos los pajarracos de la Albufera o los pardos palomos,
+estremeciéndose a cada descarga, temiendo que les tocase el turno de
+volar por entre la lluvia de plomo; y junto a ellos el héroe de la
+fiesta, el _colombaire_, un mocetón despechugado, al aire los bíceps de
+hércules, limpiándose el sudor, girando como una peonza, haciendo toda
+clase de muecas y voceando la frase sacramental «¡_a pacte_!» antes de
+soltar las alas que oprimía entre sus manos ¡Allá va...! Y aquello era
+una batalla. Primero el disparo aislado del preferido que paga mejor;
+después tiroteo graneado; y al fin descargas cerradas, mientras el
+_colombaire_ se agitaba como un energúmeno, con la fiebre de la
+destrucción, y rugía «¡_a ell_, _a ell_!» como si su voz fuese el
+ladrido de toda una jauría. El rojizo humo envolvía al corro; y arriba,
+en el espacio azul, puro, ideal, deshonrado por un crimen, veíase caer
+al palomo inerte, apelotonado, atravesado por veinte tiros, como un
+miserable puñado de plumas. Los curiosos, enardecidos por el tiroteo,
+seguían con mirada ansiosa al pájaro que lograba escapar; interesábanse
+en las terribles disputas de los cazadores, reclamando todos la misma
+pieza; no se fijaban en la lluvia de perdigones fríos que caían en torno
+de ellos; y si «por casualidad» se perdía un ojo o se sentía escozor en
+el cuerpo... ¿qué iban a hacer? esto entraba en la diversión.
+
+La enamorada pareja seguía su paseo, sintiendo a sus espaldas el paso
+leve de la resignada Micaela. En Monte-Olivete sentábanse en el banco de
+piedra que circunda la ovalada plaza; henchíase el moquero de Tónica de
+cacahuetes y altramuces, y volvían a emprender la marcha, siempre por la
+orilla del río, más agreste ahora, con filas de seculares álamos y
+verdes cañares, que se estremecían rumorosos al viento con un quejido
+triste.
+
+Andaban, devoraban distraídamente el contenido del pañuelo. Juanito
+llevaba en su bigote cortezas de cacahuet; y a pesar de esto, los dos se
+sentían en un ambiente ideal y caminaban como si no pusiesen los pies en
+el suelo. En el fondo de los ojos de Tónica veía él la reducción del
+paisaje, las verdes charcas del río, los cañares, la arboleda, el
+azulado cielo; y las nubecillas que resbalaban veloces antojábansele,
+vistas en tal espejo, el alma de su amada, que pasaba y repasaba tras
+las pupilas envuelta en vaporosas vestiduras. ¡Oh, qué bien se sentía
+caminando junto a la mujer amada, rozándola el codo a la menor
+disigualdad del terreno, aspirando el perfume indefinible de Tónica,
+distinto de todas las esencias de este mundo! Olvidábase de todo, de su
+familia, de su porvenir, de la pobre Micaela, que iba a sus espaldas
+rumiando altramuces, y su atención reconcentrábase en los ojos negros,
+que a cada momento reproducían un rincón del paisaje; en la blanca y
+sana dentadura, tan hermosa, tan brillante, que al reír parecía iluminar
+la morena cara de la joven.
+
+Y sin embargo, su conversación no podía ser más vulgar. Tónica era un
+espíritu práctico, que, en medio de sus escapes de pasión, no olvidaba
+el porvenir con todas sus miserias y monotonías. Insensible a los
+encantos del paisaje, a la soledad rumorosa que los rodeaba, trazaba
+planes para lo futuro, para cuando fuesen dueños de una tienda en el
+Mercado y ella tuviese que desarrollar las facultades de ama de casa. Ya
+vería él de lo que era capaz su mujercita. Y la linda costurera, con su
+aire grave de mujer formal, con la misma expresión vaga y soñolienta que
+si hablase de amor, marcaba punto por punto el programa de su vida
+futura. Se levantaría a la misma hora que él, y mientras Juan vigilase
+la limpieza de la tienda, ella ayudaría a la criada en «lo de arriba»;
+trabajar mucho y ahorrar más, pues esto es lo que da salud; y después, a
+la hora de comer... ¡qué felicidad hablar de los negocios devorando el
+clásico puchero con el buen apetito que da la actividad! Dependientes
+pocos y buenos, tratados como de la familia, comiendo todos en la misma
+mesa, a estilo patriarcal. Y la casa adelante, siempre adelante,
+Queriéndose ellos mucho y amasando ochavo tras ochavo la fortuna para la
+vejez, en aquel nido estrecho atestado de fardos y piezas de tela. Esto
+al principio, cuando aún no hubiesen novedades y la casa permaneciese
+tranquila y en reposo; pero después... ¡figúrate tú! vendrá lo que es
+natural... uno, dos o más, ¿quién sabe? Y entonces tendrá que ver que al
+digno comerciante don Juan Peña, cuando suba a almorzar, se le cuelguen
+de los brazos unos cuantos angelitos cabezudos, de hinchados mofletes, y
+no le dejen tragar bocado con tranquilidad.
+
+Pero Tónica se detenía, ruborizándose como si sintiera haber dicho
+demasiado, y miraba a su no vio confusa y avergonzada, mientras éste
+buscaba la linda manecita de ella para besarla repetidas veces, sin
+importarle la presencia de Micaela.
+
+La costurera consentía estas caricias. Conocía bien a Juanito. No había
+cuidado que pasase de ellas. Besábale las manos, sin que sus labios
+dejasen la ardorosa huella del deseo contenido, y todo el exceso de
+Juanito consistía en morder las duricias de la epidermis producidas por
+el contacto de las tijeras o las rozaduras y pinchazos de la aguja.
+Estas marcas del diario trabajo las adoraba Juanito como cuarteles de
+nobleza, y las yemas de los rosados dedos, ligeramente encallecidas,
+chupábalas con tanta delicia como si fuesen caramelos.
+
+Tónica, con dulce coquetería, extendía sus manos, dejándoselas besar. Si
+alguna vez, al saltar un ribazo, quedaba al descubierto algo de su
+blanca media, veía cómo Juanito volvía a otro lado su mirada con cierta
+expresión de sorpresa y disgusto. La quería bien: estaba en el período
+de la adoración extática. Tónica era para él como esas vírgenes de
+cabeza hermosísima, que bajo la deslumbrante vestidura sólo tienen para
+sostenerse tres feos palitroques. Él, que en la cocina de su casa
+estremecíase hasta la raíz de los cabellos al menor roce con las
+fornidas fregonas, nunca había llegado a pensar que Tónica tenía algo
+más que su gracioso rostro.
+
+Mientras los novios, sentados en los pendientes ribazos, con los cañares
+a la espalda, hablaban del porvenir, acariciándose castamente, y en
+pleno idilio daban fin al puñado de altramuces, Micaela permanecía
+inmóvil, con la mirada mate fija en el sol, que, como una bola candente,
+resbalaba por la inmensa seda del cielo sin quemarla, y al acercarse en
+su descenso majestuoso al límite del horizonte, se sumergía en un lago
+de sangre.
+
+Algunas veces, la pobre mujer sonreía, como si ante sus ojos moribundos
+pasasen seductoras visiones.
+
+--¿Qué piensa usted, Micaela?--preguntaba Tónica--. ¿Ve usted algo?
+
+--Nada, hija mía; veo el sol, que es lo único que puedo ver.
+
+Pero mentía. Veía con los oídos. Las palabras de los jóvenes, aquellos
+desahogos de un amor tranquilo, le alegraban, y su fantasía poblaba de
+imágenes las muertas retinas. Veía a la _siñá_ Antonia, la madre de la
+costurera, tal como era quince años antes, cuando Micaela iba de visita
+a su portería para charlar como antiguas amigas. Pero ahora ya no hacía
+calceta, ni aparecía dentro de sus ojos patiabierta ante el brasero,
+echando firmas en la lumbre; la veía en el cielo, justamente ganado con
+sufrimientos y miserias, vestida de blanco, como van los
+bienaventurados, y desde allí, asomándose a una ventana de nubes,
+lanzaba una sonrisa como una bendición sobre los dos jóvenes, que
+parecía decir: «Gracias, Micaela; cuídamela, sacrifícate un poco más, no
+la abandones hasta verla esposa de Juanito, que es un buen muchacho. Yo,
+en agradecimiento, te guardaré un rinconcito para cuando subas.»
+
+Y la pobre mujer conmovíase tanto al soñar despierta, que las lágrimas
+titilaban en sus ojos, haciendo brillar las pupilas sin vida.
+
+--¿Ahora Hora usted...?--preguntaba Tónica--. Pero ¿qué le pasa?
+
+Nada, absolutamente nada. Se sentía feliz y lloraba de alegría, de
+agradecimiento, satisfecha de sí misma, de la bondad con que la trataba
+Dios.
+
+Juanito miraba con asombro no exento de envidia a la pobre mujer casi
+ciega, que saldría del mundo tan inocente como había entrado, después de
+arrastrar la más monótona y abrumadora de las existencias, siempre
+amarrada a la argolla de la domesticidad, sumisa y automática, y que
+todavía sentíase dominada por el agradecimiento, como si la vida de
+descanso puramente animal que ahora gozaba fuese una felicidad de que no
+se consideraba digna.
+
+Aquella primavera fue el período más feliz de la existencia de Juanito.
+
+
+Amaba, era amado, tenía fe en el porvenir, sentíase a cien leguas de las
+miserias de su familia, y para mayor felicidad, el tío don Juan,
+enterado de su noviazgo, lo toleraba, reservándose dar su aprobación
+definitiva cuando conociese a Tónica.
+
+Un domingo, por exigencias de los arrendatarios, tuvo que ir a su huerto
+de Alcira, y pasó el día como un desterrado, mirando melancólicamente
+hacia Valencia y sintiendo un inocente enfurruñamiento contra el sol
+porque marchaba despacio, retrasando la hora del regreso. Por la noche,
+¡con qué placer saltó al andén de la estación, hendiendo a codazos la
+muchedumbre que obstruía la salida! Con los zapatos llenos de polvo,
+llevando en las manos dos ramas de naranjo cargadas de bolas de oro que
+esparcían fresco perfume, pasó como un hombre satisfecho de la vida ante
+los revisores y dependientes de Consumos que vigilaban la puerta, y
+corrió a la calle de Gracia, metiéndose en la escalerilla con un
+arranque de audacia que a él mismo le causaba asombro. Micaela perdonó
+al «señor de Peña» esta transgresión de lo pactado, en gracia a su viaje
+y al regalo del ramo de naranjas; y desde aquel día, el enamorado, sin
+abusar de la tolerancia, continuó sus visitas.
+
+Juanito ya no sentía miedo al pensar lo que diría la mamá cuando
+conociese sus amores. Tenía el convencimiento de que ella lo sabía todo.
+
+El día de la Virgen fue con Tónica y su amiga a la primera misa en la
+capilla de los Desamparados. Dentro del templo sonaba la música; la
+multitud, oprimida en la mezquina rotonda, esparcíase por la plaza hasta
+la fuente, adornada con un ridículo templete que parecía de confitería.
+Todos estaban en actitud reverente, sin ver otra cosa de la misa que las
+obscuras puertas, en cuyo fondo brillaban como chispas de oro las luces
+de los altares, sintiendo en sus descubiertas cabezas el vientecillo de
+primavera, semejante al halago de una mano invisible, tibia y olorosa.
+En esta confusión, cuando Juanito, sacando los codos, guardaba de
+empujones a las dos mujeres, vio a corta distancia a su familia y la
+del señor Cuadros.
+
+Desde las Pascuas que era grande la intimidad entre las dos familias;
+Juanito había oído hablar la noche anterior de cierto plan de
+esparcimiento matutino, como principio de fiesta, por ser los días de
+Amparito. Oirían la primera misa en la capilla de los Desamparados,
+porque a doña Manuela, como buena valenciana, le parecía que ninguna
+misa del resto del año valía tanto como aquélla y después tomarían
+chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras,
+recreándose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo
+del espeso soconusco.
+
+Doña Manuela vio a su hijo, Juanito la sorprendió fijando los ojos en
+Tónica con expresión curiosa e interrogante. La altiva señora aparentó
+después no haber visto a su hijo; pero al volver a casa, Juanito
+sentíase trémulo e inquieto pensando en lo que diría su mamá, tan amante
+del prestigio de la familia.
+
+Pasó aquel día y pasaron muchos sin que doña Manuela dijese una palabra
+sobre el noviazgo de su hijo. Este silencio entristecía a Juanito en
+ciertos momentos. Veía una vez más hasta dónde llegaba el afecto de
+aquella madre a la que idolatraba. Era un paria, un advenedizo de
+procedencia inferior que el azar había introducido en la familia. Para
+Rafaelito y las hermanas, todas las alianzas eran medianas; pero
+tratándose del hijo de Melchor Peña, el tendero del Mercado, todo
+resultaba bien. Podía casarse con una criada de la casa, sin que doña
+Manuela sintiera un leve roce en aquella susceptibilidad tan despierta
+para los otros hijos.
+
+La buena señora llegó por fin a darle a entender con palabras sueltas lo
+que él se recelaba. Conocía sus amores; se había informado de quién era
+Tónica, y no le parecía gran cosa; pero si Juanito se mostraba conforme,
+todos contentos. Esta indiferencia anonadaba a Juan; y a pesar de que
+nadie en la casa se preocupaba de sus amoríos--pues cuando más, merecían
+alguna burla de Amparito--, siguió recatándose, como si temiera las
+maternales censuras.
+
+Desde la noche que subió a casa de Tónica, fue estrechando su intimidad
+con las dos mujeres. Ya se atrevía algunas noches a hacerles tertulia
+hasta las diez, y como la presencia de Micaela daba a la conversación un
+tinte de seriedad, Juanito hablaba del comercio, de los triunfos de la
+Bolsa, de la buena fortuna de su principal, y sobre todo, de don Ramón
+Morte, su grande hombre, al que cada vez tributaba una adoración más
+vehemente.
+
+Si él se sintiera con fuerzas bastantes, sería de ellos; ingresaría en
+el batallón audaz que, guiado por Morte, marchaba de jugada en jugada a
+la conquista de los millones; y decía esto con la fiebre de explotación
+adquirida en la tienda oyendo a los bolsistas, fiebre que comunicaba a
+las dos mujeres, que le escuchaban como un oráculo.
+
+La falta de valor era lo que le retenía en su posición mediocre; en
+cuanto al éxito, no era posible dudar. El que ahora no se hacía rico,
+era porque no quería serlo. Bastaba un poco de dinero y la sabia
+dirección de Morte para despertar un día millonario.
+
+Y Tónica le escuchaba con la mirada fija, el entrecejo fruncido, los
+labios apretados, como si dentro de su cabecita se agitase una idea
+tenaz, mientras Micaela abría sus muertos ojazos con la expresión de una
+niña que oye un cuento de hadas.
+
+Aquellos millones fantásticos, saliendo de la boca de Juanito, rodaban
+sobre el pobre tapete de la mesa, parecían infundir por la mísera
+habitación un ambiente de aplastante opulencia, algo semejante a la
+sonora vibración de montones de oro. Y esta conversación fue repetida un
+día y otro, hasta que Juanito quedó desconcertado e indeciso ante una
+proposición de las dos mujeres.
+
+Aunque era partidario de las audacias financieras, siempre que pensaba
+en la posibilidad de poner en práctica sus entusiasmos surgían en él la
+prudencia y la desconfianza, los escrúpulos de la rutina comercial, como
+una herencia de raza. Por esto sintió cierta inquietud al oír a Micaela
+que deseaba dedicar sus ahorros a un negocio tan afortunado. Eran ocho
+mil reales, amasados trabajosamente entre las dos mujeres, arañados al
+jornal de Tónica y a la pobre pensión de Micaela, adquiridos a fuerza de
+alimentarse con arroces insípidos los más días de la semana, remendar
+los trajes hasta que se deshilachaban de puros viejos y pasar las
+veladas a obscuras para evitar el gasto de luz.
+
+Juanito dudó. No le parecía mal el propósito. Ya que tenía dinero, mejor
+que guardarlo en el fondo del arca era emplearlo como cebo, para que la
+suerte mordiese en él. Y repitió varias veces esta frase oída a su
+principal.
+
+--Pero...--añadió con marcada indecisión--no sé hasta qué punto
+convendrá a ustedes exponer un dinero que tanto les cuesta. Don Ramón es
+infalible, pero ¿quién sabe lo que reserva la suerte...? ¿Quieren
+ustedes creerme? Nada de jugadas. Esto queda para mi principal y sus
+amigos, que tienen mucho corazón. Lo mejor es llevarle el dinero al
+señor Morte y rogarle que lo invierta en papel del. Estado. Es un tío
+muy largo. Adivina el papel que puede subir y el que va a bajar. Sí él
+quiere, el capitalito de ustedes quedará bien colocado; cobrarán ustedes
+su renta todos los trimestres, y es fácil que lo que adquieran por cinco
+valga diez dentro de poco. Quedamos, pues, en que iremos a ver a don
+Ramón.
+
+¡Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareció llenar la
+habitación, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imaginándolo
+como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se
+divertía haciendo ricos a los pobres.
+
+--¿Cuándo vamos a ver a don Ramón?--era la pregunta que hacían las dos
+mujeres apenas entraba Juanito en la casa.
+
+Y la visita la hicieron una mañana que Tónica no tenía trabajo y su
+novio pudo abandonar _Las Tres Rosas_. ¡Qué emoción! En la plaza de la
+Reina ya le temblaban las piernas a Micaela, pensando en el arrugado
+papel de estraza que contenía los billetes mugrientos, y más aún en que
+iba a verse ante aquel señor de quien todos se nacían lenguas. Entraron
+en un patio suntuoso, embellecido por la industria más que por el arte
+arquitectónico, en el que el escayolado imitaba al mármol y el yeso
+moldeado a máquina fingía un artesonado antiguo. En el primer tramo de
+la escalera estaba el despacho de don Ramón.
+
+La antesala parecía de ministerio, y apenas si en los bancos forrados de
+terciopelo quedaba espacio libre para los que iban llegando. Los
+clientes aguardaban con resignación el turno. Eran curas en su mayoría,
+pues don Ramón, persona piadosa y amiga de hacer limosnas por mano de la
+Iglesia, figuraba como el banquero del clero, y en las sacristías su
+nombre alcanzaba gran prestigio. Los hábitos negros, la discreta media
+luz que filtraba al través de los cortinajes de los balcones, esfumando
+los adornos de la antesala en una dulce penumbra, y la calma discreta
+que reinaba en toda la casa, daban a ésta un ambiente conventual de
+profunda paz, dulce y atractivo.
+
+Juanito y las dos mujeres, después de una hora de espera viendo las
+entradas y salidas de los clientes, que andaban con aire discreto, como
+influidos por aquel ambiente de seráfica calma, fueron admitidos a la
+presencia del gran hombre. Atravesaron la oficina, donde media docena de
+pobres diablos plumeaban encorvados, levantando la cabeza para lanzar a
+Tónica una mirada rápida. Abriendo una mampara negra, entraron en el
+despacho, pieza empapelada de obscuro, con estantes de carpetas verdes y
+grandes cromos franceses de santos y santas, que parecían acicalados y
+perfumados para asistir a un baile.
+
+Allí, tras la mesa-ministro, sobre la cual todo estaba arreglado con
+nimia pulcritud, mostrábase el famoso banquero. Tónica experimentó una
+decepción. Habíalo imaginado majestuoso, imponente, y veía un hombre
+raquítico, amarillento, cargado de espaldas, con la cabeza cana y un
+bigote recortado, que parecía despegarse de su rostro clerical. Hablaba
+golpeando cadenciosamente con una mano el dorso de la otra, y sus ojos
+pardos, brillando tras las gafas de oro, eran lo más notable del rostro,
+por su expresión extremadamente bondadosa y atenta. Su facilidad de
+fisonomista le hizo reconocer inmediatamente a Juanito.
+
+--Siéntense ustedes... siéntense--dijo con su voz reposada, que marcaba
+grandes pausas entre sílaba y sílaba--. ¿Qué hay, pollo? ¿Qué le trae a
+usted por aquí?
+
+El dependiente estaba ruborizado y se expresaba con dificultad,
+impresionado por la mirada del grande hombre.
+
+Don Ramón acogió con noble modestia las expresiones de confianza de su
+admirador, y pareció enternecerse con las pocas palabras de Tónica y su
+amiga rogándole se dignase aceptar su dinero.
+
+--Estoy muy atareado para poder encargarme de los asuntos de los
+demás.... Sin embargo, basta que vengan con este joven, al que aprecio,
+para que me decida a hacer algo por ustedes.... ¿Dice usted, niña, que
+son ocho mil reales? Bueno; pues compraremos Cubas: es el mejor papel.
+Ahora están a noventa y ocho, pero no tardarán en subir, se lo aseguro a
+ustedes. Compraremos Cubas.... Yo no afirmo nada, soy como todos y puedo
+equivocarme; pero tal vez... tal vez dentro de un año doblaremos el
+capitalito. Sí señor; puede que lo doblemos.
+
+Y hablaba sonriendo maliciosamente, golpeándose las manos con expresión
+satisfecha, como si le bastara un simple guiño para que las dos mil
+pesetas se multiplicaran en millones.
+
+Una corriente de entusiasmo parecía envolver a los tres visitantes. La
+fiebre de ganancia que les dominaba por las noches al hablar de negocios
+volvía a reaparecer. Ahora, Tónica ya no encontraba tan insignificante a
+don Ramón y hasta creía ver en él cierta aureola de hombre de genio.
+
+El papel de estraza que contenía las privaciones y esperanzas de las dos
+mujeres quedó sobre la mesa. Allí estaban los ocho mil reales. Podía
+hacer don Ramón lo que quisiera. Ellas confiaban en él como si fuese su
+padre.
+
+--Bueno; compraré Cubas. El pollo pasará por aquí cuando guste, para que
+le entere de la marcha del capitalito.
+
+Y don Ramón les acompañó hasta la mampara, cobijando con mirada amorosa
+de padre a sus tres clientes. El dinero quedaba a su espalda, sin
+recibo, sin garantía alguna, resguardado por el espíritu de confianza
+inquebrantable que circuía la respetable personalidad del banquero
+caritativo.
+
+Al salir los tres, asomaba un nuevo cliente, un hombre de chaqueta y
+gorra, industrial, que había abandonado un instante su taller para
+alcanzar una palabra del ídolo.
+
+--Vamos para arriba--dijo el banquero alegremente, sin dejarle terminar
+su saludo--. Su capitalito ha aumentado en un cincuenta por ciento.
+Tiene usted ya treinta mil pesetas.
+
+El hombre, pálido de emoción, se contenía para no arrojarse al cuello de
+don Ramón y comérselo a besos.
+
+--¡Gracias, muchas gracias! Es usted mi padre. Y para no estorbar al
+grande hombre, huyó, trémulo por la noticia, pensando en sus hijos y en
+lo que diría su mujer.
+
+Los nuevos clientes de don Ramón atravesaron la oficina tan conmovidos
+como el otro. ¡Aquel hombre era un santo! Lo mismo decían los que
+estaban en la antesala, gente menuda, con blusa unos y chaqués raídos
+otros, todos hombres de fe, que llevaban sus ahorros al santuario de la
+honradez, y mientras aguardaban el turno cuchicheaban, haciéndose
+lenguas de sus virtudes. Dos días antes, don Ramón, al hacer el balance
+del mes, notando que resultaban en su favor quinientas pesetas,
+procedentes sin duda de un error en la cobranza, había ido a confesar la
+involuntaria falta, entregando la cantidad al cura para que la
+repartiese entre los pobres.
+
+Y la noticia circulando de boca en boca, agrandábase, llegando a
+arrancar lágrimas de enternecimiento. ¡Qué hombre aquél! No ya el
+dinero, sino la propia sangre se le podía dar con entera confianza.
+
+Micaela y Tónica, al estar en la calle, lanzaron un suspiro de
+satisfacción. ¡Dios mío! ¡Qué peso se quitaban de encima!
+
+Habían dudado un poco antes de entregar sus ahorros, pero ahora sentían
+una dulce confianza pensando que quedaban arriba, en manos de un hombre
+a quien todos los días nombraban los periódicos con los títulos de
+«acaudalado y filantrópico banquero».
+
+
+
+
+VIII
+
+
+La vela del Corpus, con sus anchas listas azules y blancas, sombreaba
+desde los altos mástiles la plaza de la Virgen.
+
+La muchedumbre, endomingada, agitábase en torno de las _rocas_,
+admirando una vez más las carrozas tradicionales que todos los años
+salían a luz: pesados armatostes lavados y brillantes, pero con cierto
+aire de vetustez, luciendo en sus traseras, cual partida de bautismo, la
+fecha de construcción: el siglo XVII.
+
+Recordaban aquellas enormes fábricas de madera pintada, con su lanza
+semejante a un mástil de buque y sus ruedas cual piedras de molino, las
+carrozas sagradas de los ídolos indios o los carromatos simbólicos que
+güelfos y gibelinos llevaban a sus combates.
+
+La gente pasaba revista con una curiosidad no exenta de ternura a la
+fila de _rocas_, como si su presencia despertara gratos recuerdos.
+
+Allí estaba la _roca_ Valencia, enorme ascua de oro, brillante y
+luminosa desde la plataforma hasta el casco de la austera matrona que
+simboliza la gloria de la ciudad; y después, erguidos sobre los
+pedestales los santos patronos de las otras _rocas_: San Vicente, con el
+índice imperioso, afirmando la unidad de Dios; San Miguel, con la
+espada en alto, enfurecido, amenazando al diablo sin decidirse a
+pegarle; la Fe, pobre ciega, ofreciendo el cáliz donde se bebe la calma
+del anulamiento; el Padre Eterno, con sus barbas de lino, mirando con
+torvo ceño a Adán y Eva, ligeritos de ropa como si presintiesen el
+verano, sin otra salvaguardia del pudor que el faldellín de hojas; la
+Virgen, con la vestidura azul y blanca, el pelo suelto, la mirada en el
+cielo y las manos sobre el pecho; y al final, lo grotesco, lo
+estrambótico, la bufonada, fiel remedo de la simpatía con que en pasadas
+épocas se trataban las cosas del infierno, la _roca Diablera_; Pintón
+coronado de verdes culebrones, con la roja horquilla en la diestra, y a
+sus pies, asomando entre guirnaldas de llamas y serpientes, los Pecados
+capitales, horribles carátulas con lacias y apolilladas greñas, que
+asustaban a los chicuelos y hacían reír a los grandes.
+
+Y todos estos carromatos, legados de la piedad jocosa de pasadas
+generaciones, eran admirados por el gentío, que, con un entusiasmo
+puramente meridional, se regocijaba pensando en la fiesta de la tarde,
+cuando las muías empenachadas se emparejasen en la aguda lanza y los
+carromatos conmoviesen las calles con sordo rodar, exuberantes las
+plataformas de arremangados mocetones disparando una lluvia de confites
+sobre el gentío.
+
+Así como avanzaba la mañana aumentaba el hormigueo en torno de las
+rocas, que, vistas de lejos, destacábanse como escollos sobre el oleaje
+de cabezas. El primer sol de verano abrillantaba como espejos las
+barnizadas tablas de los carromatos, doraba los mástiles, esparcía un
+polvillo de oro en la plaza, daba al gigantesco toldo una transparencia
+acaramelada, y este cuadro levantino, fuerte de luz, dulcificábase con
+el tono blanco de la muchedumbre, vestida de colores claros y cubierta
+con los primeros sombreros de paja.
+
+A las doce, cuando mayor era la concurrencia, las de Pajares salieron de
+la catedral, devocionario en mano y al puño el rosario de nácar y oro.
+Regresaban a casa después de oír misa, y al llegar frente a la
+Audiencia vieron correr la gente, oyendo al mismo tiempo un lejano
+tamborileo.
+
+--¡La cabalgata! ¡La cabalgata!--gritaba la chiquillería corriendo por
+la calle de Caballeros. Y las de Pajares tuvieron que detenerse ante la
+muralla de curiosos agolpados al paso de la cabalgata.
+
+Primero pasaron los portadores de las banderolas, con sus dalmáticas de
+seda con las barras aragonesas y altas coronas de latón sobre melenas y
+barbazas de estopa; tras ellos el cura municipal, el famoso «capellán de
+las _rocas_», jinete en brioso caballo encaparazonado de amarillo, el
+manteo de seda descendiendo desde el alzacuello a la cola del caballo, y
+enseñando la limpia y blanca tonsura al saludar con el bonete al público
+de los balcones. Y seguían detrás las _dansetes_, escuadrones de
+pillería disfrazada con mugrientos trajes de turcos y catalanes, indios
+y valencianos, sonando roncos panderos e iniciando pasos de baile; las
+banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida,
+pendones guerreros de la revolucionaria menestralía del siglo xvi; la
+sacra leyenda, tan confusa como conmovedora, de la huida a Egipto; los
+Pecados capitales, con estrambóticos trajes de puntas y colorines, como
+bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con
+el estrambótico nombre de la _Moma_; los Reyes Magos, haciendo prodigios
+de equitación; heraldos a caballo; jardineros municipales a pie, con
+grandes ramos; carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como
+un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las
+dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las
+bandas.
+
+Detrás, presidiendo la comitiva, como muda invitación hecha al público
+para asociarse a la fiesta, iban en las carrozas municipales media
+docena de señores de frac, tendidos en los blasonados almohadones,
+llevando sobre el vientre, como emblema concejil, la roja cincha y
+saludando al público con un sombrerazo protector.
+
+--¡Atrás, niñas!--dijo doña Manuela a sus hijas--. ¡Atrás, que vienen
+esos brutos!
+
+Los brutos eran los de la _degòlla_: un pelotón de gañanes con la cara
+tiznada, gabanes de arpillera con furias pintadas, y coronados de
+hierba, que cerraban la marcha, repartiendo zurriagazos entre los
+curiosos que ocupaban la primera fila con sus garrotes de lienzo, más
+ruidosos que ofensivos.
+
+Las de Pajares dejaron que se alejase la cabalgata con su estruendo de
+tamboriles y dulzainas y siguieron su marcha por las calles cubiertas
+con espesa capa de arena para el paso de las rocas.
+
+A la hora de la comida llegó Andresito a casa de las de Pajares. Lo
+enviaban sus papas para hacer el ofrecimiento de todos los años. Ya se
+sabía que el balcón de _Las Tres Rosas_ era el mejor del Mercado.
+Además, los señores de Cuadros tenían gran satisfacción en recibir a sus
+amigos; y más aún ahora que el afortunado bolsista había amueblado a
+gusto de los tapiceros, y con una brillantez vulgar propia de café o de
+fonda, sus habitaciones, antes tan lóbregas como desmanteladas.
+
+Doña Manuela y las niñas aceptaron con entusiasmo el ofrecimiento. ¡Vaya
+si irían! Y la viuda de Pajares, que tan mal había hablado de Teresa, su
+antigua criada, hacía ahora elogios de ella como si fuese una amiga de
+la infancia.
+
+A las tres salía la familia con dirección al Mercado.
+
+Concha y Amparito llamaban la atención con sus vestidos de vivos colores
+y las capotitas de paja, que hacían lucir sobre su cabeza toda una
+pradera de flores y musgo. La mamá las contemplaba por la espalda,
+experimentando la satisfacción orgullosa de un artista. Obra suya era
+aquel lujo, y había que reconocer que las niñas sabían lucirlo. Pero
+¡ay, Dios! estremecíase al pensar lo que aquello le costaba y las
+terribles intranquilidades del porvenir, ¡Siempre el dinero como eterna
+pesadilla, amargándole la existencia, a ella que tanto había gastado!
+
+Juanito las dejó a la puerta de _Las Tres Rosas_, para ir en busca de su
+novia, y ellas, al subir a las habitaciones de los señores de Cuadros,
+encontráronse con una tertulia formada por todos los amigos de la casa:
+familias de bolsistas y comerciantes retirados, que imitaban torpemente
+los ademanes y gestos que habían podido copiar por las tardes en la
+Alameda, paseando en sus carruajes por entre los de la antigua
+aristocracia. Hablaban de las modas del verano, «de lo que iba a
+llevarse», mientras los hombres, formando grupo cerca de los balcones,
+daban en su conversación eternas vueltas en torno del cuatro por ciento
+interior y de los billetes hipotecarios de Cuba.
+
+La esposa de Cuadros, que respondía a sus amigas con sonrisas de conejo
+y parecía muy preocupada por pensamientos tristes y misteriosos,
+abalanzóse a doña Manuela, saludándola con apretado abrazo y sonoros
+besos. Parecía una desesperada que encuentra al fin el medio de
+salvación.
+
+--Tenemos que hablar, doña Manuela--le dijo al oído--. No, ahora no;
+después se lo contaré todo. ¡Ay, si usted supiera...!
+
+Mientras tanto, las niñas de Pajares, las de López el famoso bolsista y
+otras amiguitas posesionábanse de los balcones, convirtiéndolos en
+pajareras con su charla graciosa y sus ruidosas risas.
+
+La plaza era un mar multicolor de cabezas. Los balcones estaban
+adornados con antiguas colgaduras de sólidos colores, las bocacalles
+vomitaban sin cesar nuevos grupos en el compacto gentío, y los pájaros
+que anidaban en los árboles del Mercado huían ante la granujería que,
+montada en las ramas, silbaba y gritaba a los de abajo, con la confianza
+del que está en su propia casa. El sol de verano caldeaba la
+muchedumbre, por entre la cual paseaban las chiquillas despeinadas y en
+chanclas, con el cántaro en la cadera, pregonando el agua fresca, y los
+mocetones de brazos hercúleos y arremangados, con pañuelo de seda en la
+cabeza, sosteniendo a pulso las pesadas heladoras y ofreciendo a gritos
+la horchata y el agua de cebada.
+
+Ya habían sonado las cuatro. En los balcones abríanse, como flores
+gigantescas, sombrillas de brillantes colores, agitábanse grandes
+abanicos con aleteo de pájaro, y abajo la muchedumbre removíase
+inquieta, chocando con las apretadas filas de sillas que orlaban el
+arroyo.
+
+Sonó un rugido a un extremo de la plaza, e inmediatamente fue contestado
+por un griterío general.
+
+--¡Ya están ahí...! ¡ya están ahí!
+
+Y hubo empellones, codazos, remolinos de cabezas, empujando todos al que
+estaba delante para ver mejor.
+
+A lo lejos, empequeñecida por la distancia, apareció la primera _roca_,
+en torno de la cual, como jinetes liliputienses, hacían caracolear sus
+caballos los soldados encargados de abrir paso. Un alegre cascabeleo
+dominaba los ruidos de la plaza y las voces enérgicas del postillón en
+traje de la huerta, que gritaba «¡_arre_! ¡_arre_!» manejando con rara
+maestría una docena de ramales.
+
+Las _rocas_, una tras otra, fueron desfilando por la plaza, produciendo
+cada una de ellas una verdadera revolución. Trotaban, arrastrando los
+pesados armatostes, las docenas de muías gordas y lustrosas salidas de
+las cuadras de los molinos, con los rabos encintados, las cabezas
+adornadas con vistosas borlas y entre las orejas tiesos y ondulantes
+penachos. Cogidos a sus bridas corrían los criados de los molineros,
+atletas de ligera alpargata, despechugados y con los brazos al aire,
+que, a la voz de «¡alto!», se colgaban de las cabezadas, haciendo parar
+en seco a las briosas bestias. Colgando de las traseras de los
+carromatos balanceábanse racimos de chicuelos, que al menor vaivén caían
+en la arena, saliendo milagrosamente de entre las patas de los caballos.
+En las plataformas iban los de la Lonja, tratantes en trigo, molineros,
+gente campechana y amiga del estruendo, que, en mangas de camisa,
+botonadura de diamantes y gruesa cadena de oro en el chaleco, arrojaban
+a los balcones con la fuerza de proyectiles los ramilletes húmedos y
+los cartuchos de confites duros como balas, con más almidón que azúcar.
+
+Cada _roca_ esparcía el terror y el regocijo a un tiempo. La movible
+batería de brazos disparaba ruidosa metralla, cubriendo el aire de
+objetos; los cristales caían rotos, y hasta las persianas quedaban
+desvencijadas bajo la granizada de confites.
+
+En los balcones, las señoritas cubríanse el rostro con el abanico,
+temerosas al par que satisfechas de que las acribillasen con tan
+brutales obsequios. Abajo estaban los bravos, que por un chichón más o
+menos no querían mostrar miedo e insultaban a los de las _rocas_ cuando
+se agotaban los proyectiles, hasta que aquéllos les arrojaban a la
+cabeza los cestones vacíos. Cada vez que caía un cartucho o un ramo
+sobre la gente, mil manos se levantaban ansiosas, originándose disputas
+por su posesión.
+
+Pasó por fin la última _roca_, la _Diablura_, donde iba la gente de
+trueno, más atroz en sus obsequios y tenaz en proporcionar ganancias a
+los almacenes de cristales, y la calma se restableció en la plaza,
+comenzando a aclararse el gentío.
+
+En casa de Cuadros, las señoras, cansadas de permanecer tanto tiempo de
+pie en los balcones, iban en busca de los mullidos asientos de las
+salas. En un balcón, completamente solas, estaban doña Manuela y la
+señora de Cuadros, cobijándose ambas bajo la misma sombrilla, afectando
+mirar a los transeúntes y hablando en voz baja con tono grave y
+misterioso.
+
+La viuda de Pajares mostrábase maternal y daba consejos a su amiga con
+cierta altiva superioridad. Vamos a ver, ya estaban solas. ¿Qué era
+aquello? ¿Algún disgusto de familia? Podía hablar con entera franqueza,
+pues ya sabía el gran interés que le inspiraba todo lo de su casa. Pero
+doña Manuela, a pesar de su superioridad, no pudo ocultar la sorpresa
+que le produjo conocer la verdad.
+
+¡Vaya con el señor de Cuadros! ¡Quién iba a imaginarse una cosa así...!
+Todos los hombres son lo mismo. No hay que fiarse de ellos, y más si han
+sido tranquilos en su juventud, pues ya es sabido que «el que no la
+hace a la entrada la hace a la salida». Lo mismo le había ocurrido a
+ella con el doctor. Se casó, creyendo que un hombre grave, que tan
+enamorado se mostraba, no podía serle infiel; y sin embargo, ya tenía
+ella que contar de los últimos años de matrimonio.
+
+--Ni Santa Rita de Casia, amiga Teresa, sufrió tanto como yo con aquel
+hombre endemoniado. En fin, usted ya lo sabe.... Pero cuente usted. A lo
+que estamos, que lo mío ya pasó y a nadie interesa.
+
+Y doña Manuela, como persona inteligente en el asunto, escuchaba la
+relación de la pobre Teresa, que balbuceaba y tenía que hacer esfuerzos
+para no llorar. Por la mañana lo había descubierto todo. Bien es verdad
+que ya recelaba algo, en vista del despego con que la trataba su
+Antonio. Pero ¿quién podía imaginarse que aquel hombre se atreviera a
+tanto? Ella le creía ocupado únicamente en ganar dinero para su casa; y
+aquella mañana, al limpiar una de sus chaquetas, había encontrado en el
+bolsillo interior una carta que le costó gran trabajo leer, porque ella
+no estaba fuerte en estas cosas.
+
+--¿Y de quién era?--preguntó la viuda con curiosidad ansiosa.
+
+--De una tal Clarita. Pero ¡qué carta, doña Manuela! ¡Qué cosas tan
+indecentes había en ella! Parece imposible que hombres honrados y con
+hijos puedan leer tales porquerías.
+
+Y la pobre mujer ruborizábase, mostrando en su cara nacida y lustrosa de
+monja enclaustrada la misma expresión de vergüenza que si fuese ella la
+autora de la carta.
+
+--Pero ¿quién es esa Clarita? ¡Valiente apunte será la tal...!
+
+--Aguarde usted; apenas me enteré de todo sentí ganas de irme a la cama,
+donde todavía estaba Antonio, para arañarle.... No se ría usted, doña
+Manuela; hubiera querido ser hombre, para hacer una barbaridad.... ¡Pero
+una vale tan poco...! Además, cuando se es honrada y se quiere al
+marido, se le tiene respeto y no se atreve una a ciertas cosas. Antonio
+sabe mucho y es capaz de hacerme ver que lo blanco es negro.
+
+Y la buena Teresa, a pesar de su encono, sentíase dominada por la
+admiración que profesaba a su marido, aquel modelo, «aunque le estuviera
+mal el decirlo».
+
+--Pero ¿qué hizo usted?
+
+--Lo primero que se me ocurrió fue averiguar quién era la tal Clarita, y
+como en su carta le encargaba _al mío_ que fuese a ver al dueño de su
+casa para pagarle un trimestre, indicándole dónde vive ese señor, fui
+allá esta mañana, después de oír misa, y supe que la tal inquilina está
+en la calle del Puerto, en un entresuelito que le han ido pagando en
+diferentes épocas otros señores de la Bolsa tan imbéciles como mi
+Antonio.
+
+--¿Y no averiguó usted más?
+
+--¡Buena soy yo para dejarme las cosas a medio hacer! Fui también a la
+calle del Puerto, hice hablar a la portera, y... ¡ay, doña Manuela, qué
+cosas supe! Parece imposible que se consienta la vida de unas mujeres
+así. La tal Clarita es una perdida, ¿sabe usted, doña Manuela? Lo repito
+tal como me lo dijo aquella mujer. ¡Válgame Dios, y qué cosas me contó!
+Toda la calle se fija en ella y se burla de su lujo y sus pretensiones.
+La portera me dijo que hace dos años vendía géneros de punto aquí, en el
+Mercado; pero ahora se da el tono de una princesa y habla de su mamá,
+una _tianga_ que cuando no le da un duro le chilla desde el patio y arma
+escándalo para que se entere toda la calle. ¡Ay, doña Manuela! ¡Que mi
+marido se haya metido en semejante podredumbre...! Porque si usted la
+viera, se asombraría de que los hombres puedan caer en tal tentación. La
+portera me la enseñó estando en su balconcito, con una bata muy lujosa,
+que bien puedo decir que me la ha robado a mí. ¡Y era fea, doña Manuela,
+muy fea! Huesos y pellejo nada más; pero con unos ojos de desvergonzada,
+que es sin duda lo que les gusta a los hombres.... ¡Mi Antonio, un
+hombre tan serio, con esa mala piel! ¡Ay, doña Manuela de mi alma, yo
+creo que me va a dar algo!
+
+Y la pobre mujer, no pudiendo resistir más, cubríase con el abanico los
+lacrimosos ojos, mientras doña Manuela le recomendaba la serenidad.
+
+--No llore usted, Teresa; eso es lo que le gustaba al mío. Los hombres
+gozan haciéndonos padecer. Todo menos llorar. Cuando usted hable con
+Antonio, muéstrese seria y altiva. Nada de cariño; si no, los muy pillos
+se esponjan y se engríen.
+
+--¿Hablarle yo? No señora. No tengo valor para tanto. Además, tiemblo al
+pensar lo que ocurriría en esta casa si yo hablase. ¿Qué pensaría mi
+pobre Andresito? ¿Qué diría don Eugenio, que es la honradez
+personificada? Y la verdad es que debía hablar a mi marido para abrirle
+los ojos, pues aunque resulte un malvado en casa, es un tonto fuera de
+ella. Esa mujer le engaña y se burla de él. Me lo ha dicho la portera y
+lo sabe toda la calle. Antonio es quien sostiene los gastos de la casa;
+pero cuando él no está entran como visitas los corredores jóvenes, toda
+la pollería de la Bolsa, que se burla de mi marido. ¡Ay, Señor, qué
+vergüenza! ¡Y ese hombre tan satisfecho y tan tranquilo, sin acordarse
+de que tiene mujer y un hijo y que su nombre es muy respetado en la
+plaza...!
+
+Teresa gimoteaba tras el abanico, y doña Manuela, a pesar de su
+curiosidad, en fuerza de mirar a la plaza acabó por distraerse.
+
+Comenzaban los preparativos de la procesión. Las bandas militares
+atronaban las calles inmediatas con sus ruidosos pasodobles, y rompiendo
+el gentío pasaban los regimientos, con los uniformes cepillados y
+brillantes, moviendo airosamente al compás de la marcha los rojos
+pompones de gala y las bayonetas, doradas por los últimos resplandores
+del sol.
+
+Pasaban los invitados a la procesión caminando apresuradamente, muy
+satisfechos de atraer la atención de la embobada muchedumbre: unos de
+frac, luciendo condecoraciones raras; otros con uniforme de Maestranzas
+y Órdenes de caballería, vestimentas extrañas, con el sombrero apuntado
+y la casaca de vistosos colorines, que daban a sus poseedores el
+aspecto de pájaros exóticos.
+
+Las dos amigas volvieron a reanudar su conversación. Doña Manuela, con
+aire maternal, daba consejos a la desconsolada esposa: ella, en lugar de
+Teresa, daría un disgusto al esposo infiel echándole en cara su
+conducta.... ¿Que no se atrevía? Pues esto es lo que ella hacía con el
+difunto doctor Pajares.... En fin, cada una tiene su carácter.
+
+Pero Teresa, aunque daba por muy acertadas todas las palabras de su
+amiga, asustábase ante la suposición de tener que reñir al marido por su
+conducta. ¡Ah, si ella tuviera una persona que se interesase por su
+suerte y la de la casa, qué gran favor le haría encargándose de
+sermonear a aquel hombre que, a pesar de sus bigotazos y sus palabras
+campanudas, se dejaba engañar como un niño! ¡Qué obra tan caritativa
+lograr que aquel hombre alejado de los afectos de la familia volviese a
+ser buen padre y buen marido!
+
+Y Teresa miraba ansiosamente a su altiva amiga al formular tales deseos.
+No necesitó más doña Manuela. Ella se encargaba de ser esa persona que,
+velando por la moral de la familia, devolviese el marido infiel a los
+brazos de la esposa resignada. Y la viuda se crecía al hacer tales
+ofrecimientos, adoptando una actitud teatral y asegurando que realizaría
+tal conquista, aunque para ello necesitase de algún tiempo.
+
+Las dos mujeres, ya que no pudieron abrazarse en su rapto de
+enternecimiento, por hallarse en el balcón, se estrecharon conmovidas
+las manos, y así estuvieron largo rato, hasta que vinieron a sacarlas de
+su triste arrobamiento los gritos de las jóvenes que ocupaban el balcón,
+inmediato.
+
+--¡La procesión! ¡Ya está ahí la procesión! A este grito, las señoras
+mayores abandonaron las butacas de la sala, para apelotonarse en los
+balcones, teniendo a sus espaldas a los caballeros, que de vez en cuando
+se alzaban sobre las puntas de los pies para ver mejor.
+
+En el extremo de la plaza aparecieron las banderolas con las rojas
+barras de Aragón, y sonaron dulzainas pausada y majestuosamente, tañendo
+las melancólicas danzas del tiempo de los moriscos. Detrás iban los
+_enanos_, con sus enormes cabezas de cartón, que miraban a los balcones
+con los ojos mortecinos y sin brillo. Y entre el repique de las
+castañuelas y redoble de los atabales, avanzaban las cuatro parejas de
+_gigantes_, enormes mamarrachos cuyos peinados llegaban a los primeros
+pisos y que danzaban dando vueltas, hinchándose sus faldas como un
+colosal paracaídas.
+
+Entraron en la plaza las banderas de los gremios, llevando en su remate
+la imagen del santo patrón del oficio; y era de ver el entusiasmo con
+que aplaudía el público los prodigios de equilibrio de los portadores
+sosteniéndolas enhiestas sobre la palma de la mano, moviéndolas a compás
+del redoble de los enormes y viejos tambores que hacían sonar los toques
+de los tercios obreros en la guerra de las Germanías.
+
+Después comenzó la parte monótona de la procesión. Un desfile de más de
+cien imágenes con sus correspondientes cofradías y asilos; más de un
+millar de cabezas que pasaban por debajo de los balcones con la raya
+partida y el pelo aceitoso o rizado. Al compás de los valses o marchas
+fúnebres que entonaban las bandas, contoneábanse los devotos cirio en
+mano; y el desfile de santos continuaba, lento, monótono, aplastante:
+unos, desnudos, con las carnes ensangrentadas y sin otra defensa del
+pudor que unas ligeras enagüillas; otros, vestidos con pesados ropajes
+de pedrería y oro. Pasaban los mártires con el rostro contraído por un
+gesto de fiero dolor, los místicos con los brazos extendidos y los ojos
+velados por el éxtasis de la felicidad; y tan pronto aparecía un santo
+con dorada mitra o rizada sobrepelliz, como lucía otro sobre su cabeza
+el acerado casco de guerrero.
+
+La multitud se arremolinó, movida por el regocijo, y exclamaciones de
+alegre curiosidad salieron de muchas bocas. Desfilaba la parte grotesca
+de la procesión, conservada por el espíritu tradicional como recuerdo
+de las épocas más religiosas de nuestra historia, que unían siempre el
+regocijo a la devoción.
+
+En larga fila, contestando a las cuchufletas y carcajadas del gentío con
+burlescos saludos, aparecían las figuras más salientes del gran poema
+bíblico. David, con corona de latón, barba de crin y el floreado manto
+barriendo los adoquines, avanzaba pulsando los bramantes de su arpa de
+madera; Noé, encorvado como un arco, apoyado convulsivamente en su
+bastoncillo, enseñaba el palomo que llevaba en su diestra a aquella
+muchedumbre que reía locamente ante esta caricatura de la vejez; detrás
+venía Josué, un mozo de cordel vestido de centurión romano, apuntando
+con una espada enmohecida a un sol de hoja de lata y caminando a grandes
+zancadas como un pájaro raro; y cerraban el desfile las heroínas
+bíblicas, las mujeres fuertes del Antiguo Testamento, que salvaban al
+pueblo de Dios cortando cabezas o perforando sienes con un clavo,
+representadas todas ellas por mancebos barbilampiños, embadurnadas las
+mejillas con albayalde y bermellón y vestidos con trajes de odaliscas.
+Su paso producía escándalo. Las mujeres sonreían, y no faltaban chuscos
+que requebraban a aquellos mamarrachos, como si realmente fuesen jóvenes
+disfrazadas.
+
+Después venía la parte seria e interesante de la procesión, y el
+alboroto del gentío cesó instantáneamente.
+
+Desfilaban los cleros parroquiales con sus áureas cruces; los
+seminaristas con la frente baja y los ojos en el suelo, cruzadas las
+manos sobre el pecho; y en toda la extensión de la plaza, a la luz de
+los cirios, que brillaban con más fuerza en el crepúsculo, veíanse dos
+filas interminables de deslumbrante blancura, compuestas por los rizados
+roquetes y las albas de ricas blondas. Entre esta oleada de blanca
+espuma, pasaban llevadas en andas las reliquias en sus ricas urnas, las
+imágenes de plata con una ventana en el pecho, tras cuyo vidrio
+marcábase confusamente el cráneo del bienaventurado.
+
+Luego volvía a reanudarse la parte teatral de la solemnidad. Todas las
+extraordinarias visiones del soñador de Patmos, cuantas alucionaciones
+había consignado el evangelista Juan en su Apocalipsis, pasaban ante el
+gentío, sin que es Le, después de contemplarlas tantos años, adivinase
+su significación. Desfilaban los veinticuatro ancianos con albas
+vestiduras y blancas barbas, sosteniendo enormes blandones que
+chisporroteaban como hogueras, escupiendo sobre el adoquinado un
+chaparrón de ardiente cera; seguíanles las doradas águilas, enormes como
+los cóndores de los Andes, moviendo inquietas sus alas de cartón y
+talco, conducidas por jayanes que, ocultos en su gigantesco vientre,
+sólo mostraban los pies calzados con zapatos rojos; y cerraba la marcha
+el apostolado, todos los compañeros de Jesús, con trajes de ropería, en
+los que eran más las manchas de cera que las lentejuelas; e intercalados
+entre ellos, niños con hachas de viento, vestidos como los indios de las
+óperas, pero con aletas de latón en la espalda, para certificar que
+representaban a los ángeles.
+
+La procesión estaba ya en su última parte. Desfilaban los invitados, una
+avalancha de cabezas calvas o peinadas con exceso de cosmético, una
+corriente incesante de pecheras combadas y brillantes como corazas, de
+negros fracs, de condecoraciones anónimas y de un brillo escandaloso, de
+uniformes de todos los colores y hechuras, desde la casaca y el espadín
+de nácar del siglo pasado hasta el traje de gala de los oficiales de
+marina. Los papanatas asombrábanse ante las casacas blancas y las cruces
+rojas de los caballeros de las órdenes militares, honrados y pacíficos
+señores, panzudos los más de ellos, que hacían pensar en el aprieto en
+que se verían si por un misterioso retroceso de los tiempos tuvieran que
+montar a caballo para combatir a la morisma infiel.
+
+La muchedumbre permanecía embobada. El aparato religioso, las imágenes
+de plata, los cleros entonando sus himnos a voces solas, las
+interminables cofradías, no la habían impresionado tanto como este
+continuo desfile de grandezas humanas; y sus ojos se iban deslumbrados
+tras las fajas de los generales, las placas que centelleaban como soles,
+los bordados de caprichoso arabesco, las empuñaduras cinceladas y
+brillantes y las bandas de moaré que cruzaban los pechos como un arroyo
+ondeante de colorines.
+
+Arriba, en los balcones, la curiosidad señalaba con el dedo a los
+personajes conocidos que se mostraban a la luz de los cirios, y las
+cabezas erguidas de algunos invitados cruzaban saludos con las señoras,
+sin perder por esto el gesto de gravedad propio de las circunstancias.
+
+Acercábase el epílogo de la procesión. Sonaba a lo lejos la grave
+melopea de la marcha solemne y religiosa que entonaba la banda militar.
+Las cornetas de los regimientos formados en la carrera batían marcha; y
+mientras los soldados requerían su fusil para inclinarse al paso del
+Sacramento, la muchedumbre agitábase para ganar un palmo de terreno
+donde hincar las rodillas.
+
+Estallaban luces de colores, y a su resplandor, tan pronto blanco como
+rojo, veíanse a lo lejos, terminando la doble fila de cirios, los
+sacerdotes con capas de oro, manejando los incensarios, con un continuo
+choque de cadenillas de plata, en el fondo de una nube de azulado y
+oloroso humo; sobre ella, agitándose dorado y tembloroso entre sus
+deslumbrantes varas, el palio, que avanzaba lentamente, y bajo la
+movible tienda de seda, como un sol asomando entre nubes de perfumes, la
+deslumbrante custodia, que hacía bajar las cabezas, como si nadie
+pudiera resistir la fuerza de su brillo.
+
+El poético aparato del culto católico imponíase a la muchedumbre con
+toda su fuerza sugestiva. Las mujeres llevábanse las manos a los ojos,
+humedecidos sin saber por qué, y las viejas golpeábanse con furia el
+pecho, entre suspiros de agonizante, lanzando un «¡Señor, Dios mío!» que
+hacía volver con inquietud la cabeza a los más próximos.
+
+Caía de los balcones una lluvia de pétalos de rosa, volaba el talco como
+nube de vidrio molido, estallaban luces de colores en todas las
+esquinas, y entre el perfume del incienso, el agudo reclamo de las
+cornetas, la grave lamentación de la música, la melancólica salmodia de
+los sacerdotes y el infantil balbuceo de las campanillas de plata,
+avanzaba el palio abrumado por la lluvia de flores, iluminado por el
+resplandor de incendio de las bengalas; y el sol de oro, mostrándose en
+medio de tal aparato, enloquecía a la muchedumbre levantina, pronta
+siempre a entusiasmarse por todo lo que deslumbra, e inconscientemente,
+lanzando un rugido de asombro, empujábanse unos a otros, como si
+quisieran coger con sus manos el áureo y sagrado astro, y los soldados
+que guardaban el palio tenían que empujar rudamente con sus culatas para
+conservar libre el paso.
+
+«Aquello entusiasmaba, abría el corazón a la esperanza»; y por esto el
+señor Cuadros, que desde que era tan afortunado en la Bolsa se permitía
+tener ideas conservadoras, murmuró como un oráculo:
+
+--¡Y aún dicen que no hay fe! Por fortuna, la religión de nuestros
+padres vive y vivirá siempre. Aquí quisiera ver yo a los impíos. La
+religión es lo único que puede contener a toda esa gente de abajo.
+
+Los otros bolsistas aprobaban con movimientos de cabeza, y su esposa le
+miró con asombro y escándalo al mismo tiempo. Sin duda pensaba en
+Clarita, no pudiendo comprender cómo faltaba a sus deberes un hombre que
+decía cosas tan sensatas y dignas de respeto.
+
+Tras el palio, la gente admiraba un nuevo grupo de capas de oro, sobre
+las cuales sobresalía la puntiaguda mitra y el brillante báculo.
+Después, ajustando sus pasos al compás de la marcha musical, desfilaban
+los rojos fajines y los portacirios de plata de los concejales; y por
+fin, con un tránsito obscuro de la luz a la sombra, pasaba la negra
+masa de la tropa, en la cual los instrumentos de música lanzaban
+amortiguados destellos y los filos de las bayonetas y los sables
+brillaban como hilillos de luz.
+
+Cuando ya la procesión había salido de la plaza y la escolta de
+caballería conmovía el adoquinado con su sordo pataleo, los señores de
+Cuadros y sus amigos abandonaron los balcones, entrando en el salón,
+profusamente iluminado.
+
+Las burguesas de exuberantes carnes y respiración angustiosa dejábanse
+caer en los mullidos sillones, fatigadas por tan largo plantón, mientras
+las niñas correteaban o volvían como distraídas a los balcones, para ver
+si en la obscura plaza, perfumada de incienso, permanecía aún el grupito
+de adoradores.
+
+--Pasen ustedes--decía doña Teresa rodando en torno de sus amigas, que
+no se decidían a abandonar los asientos--. Hagan ustedes el favor de
+seguirme. Vamos al comedor; allí hace más fresco.
+
+Todos adivinaban lo que significaba tal invitación. ¡Oh, no señora;
+muchas gracias! Ellos no podían permitir tantas molestias. Pero las
+mamas abandonaron, sus asientos perezosamente, estirándose el arrugado
+cuerpo del vestido de seda; y seguidas por las niñas, fueron al comedor,
+donde ya estaban el señor Cuadros y sus amigos.
+
+¡Magnífica sorpresa! Todos los años se repetía, y no había nadie entre
+los invitados que no la esperase. Pero había que repetir la frase
+sacramental, las excusas de rúbrica, y mientras todos aseguraban que no
+tenían sed y preguntaban con enfado a los dueños de la casa por qué se
+molestaban, la lengua, seca por el calor, parecía pegarse al paladar, y
+los ojos se iban tras las tazas de filete dorado que contenían el
+humeante chocolate, las anchas copas azules, sobre las cuales erguían
+los sorbetes sus torcidas monteras rojas o amarillas, y las maqueadas
+bandejas cubiertas de dulces. Había que resignarse y no hacer un desaire
+a los señores de la casa. Y a los pocos minutos ya estaban
+amigablemente en torno de la mesa, con el mantel cubierto de migajas de
+bizcocho, las jícaras de chocolate vacías y clavando barquillos en las
+entrañas de los sorbetes.
+
+Doña Manuela hablaba con el señor Cuadros, Teresa la había colocado
+junto a su marido, con la esperanza de lograr su catequización. Aquella
+señora, que tanto sabía y tan grande experiencia había adquirido en las
+miserias matrimoniales, era su única esperanza.
+
+La viuda hablaba con su antiguo dependiente, sonriendo. ¡Cómo había
+cambiado aquel hombre! Doña Manuela, experta conocedora, notaba en él
+cierto atrevimiento, como el muchacho que se emancipa de la autoridad
+maternal y se lanza en plena vida de locuras.
+
+La viuda, siempre sonriente, se asombraba de sus frases de doble
+sentido, de los guiños picarescos con que acompañaba sus palabras, y
+hasta le parecía ¡oh poder de la ilusión! que había en su persona un
+perfume extraño que comenzaba a crispar los nervios de doña Manuela,
+algo del ambiente de aquella mala piel de la calle del Puerto, que el
+protector se había traído sin duda a su hogar honrado.
+
+Mientras tanto, Teresa, sin dejar de atender a los convidados y de
+abrumarles con obsequios, no quitaba los ojos de su marido y de la
+bondadosa amiga. Doña Manuela experimentaba una profunda conmiseración
+cada vez que se fijaba en la pobre esposa. ¡Bueno estaba su marido para
+intentar conversiones! El señor Cuadros era un hombre perdido para
+siempre, un hambriento que había gustado el fruto prohibido, tras muchos
+años de vida obscura y laboriosa, sin saber lo que era juventud y
+trabajando como una bestia de carga. Antes moriría que hallarse saciado.
+Nada podría adelantar su esposa alejándolo de Clarita. Los calaveras
+cincuentones resultan terribles por su candidez, y aunque los aíslen,
+son capaces de enamorarse de la criada de la casa.
+
+Doña Manuela afirmábase aún más en esto al notar lo que ocurría en
+torno de ella. ¿De quién era aquel pie que debajo de la mesa pisaba el
+suyo? ¿Qué rodilla era la que tan audazmente acariciaba su falda de
+seda? Del señor Cuadros, de aquel honrado padre de familia que
+contestaba a sus palabras con melosos gestos y parecía medirla de arriba
+abajo con sus ojos encandilados.
+
+¡Pobre Teresa! Tal vez se imaginaba que las palabras de doña Manuela
+conmovían al descarriado, haciéndole entrar en el camino del
+arrepentimiento; no adivinaba ni aun remotamente que su marido, por una
+aberración extraña, en la que entraba por mucho el amor propio,
+comenzaba a entusiasmarse con la belleza algo marchita de la esposa de
+su antiguo principal.
+
+La viuda sentíase molestada por tales audacias; agitábase nerviosa en su
+asiento, pero callaba y seguía sonriendo. Pensaba en que la situación
+imponía disimulo, y que la amistad del matrimonio Cuadros le era muy
+necesaria para salvarla en sus apuros de señora en decadencia, acosada
+por las deudas. Además, el porvenir de su hija, de su Amparito, estaba
+allí, y la viuda lanzaba una mirada de ansiedad maternal al extremo de
+la mesa, donde estaba la niña junto a Andresito, recibiendo con gestos
+de gatita mimosa los dulces y las palabras de su novio.
+
+Tras media hora de sobremesa, se disolvió la reunión. Los hombres iban
+en busca de sus sombreros y las señoras besuqueábanse al despedirse,
+murmurando todas el mismo saludo:
+
+--Hasta el año que viene. Que Dios nos conserve a todos la salud, para
+ver la procesión.
+
+Fueron desfilando todas las familias, y al fin quedaron solas las de
+Pajares, que esperaban a Juanito o Rafael para que las acompañase a
+casa.
+
+El señor Cuadros seguía acosando a doña Manuela Ésta se había levantado,
+huyendo de las audaces intimidades por debajo de la mesa, pero el
+bolsista la seguía para continuar su conversación. Ahora los dos estaban
+junto a Teresa, y el marido sólo se permitía frases amables y recuerdos
+sobre la gran amistad que siempre había unido a las dos familias.
+
+--Los chicos tardarán en venir--dijo don Antonio--. Rafael estará con
+sus amigos; y en cuanto a Juanito, le atraen obligaciones ineludibles.
+Me han dicho que ahora tiene novia y está loco por ella. ¡La juventud!
+¡Oh, qué gran cosa! Ya conozco yo eso, ¿verdad, Teresa?
+
+Y como si presintiese lo que pensaba su mujer y quisiera apaciguarla de
+antemano, lanzaba a la obesa señora una mirada de ternura, como un
+hombre honrado y de costumbres intachables recordando su tranquila luna
+de miel.
+
+Doña Manuela estaba admirada. Decididamente, la tal Clarita había
+cambiado a aquel hombre. Era un tuno. Y en vez de indignarse por la
+crueldad con que mentía e intentaba engañar a su mujer, la viuda
+comenzaba a encontrarlo simpático, viendo en él como una resurrección de
+su segundo marido, de aquel doctor calavera al que tanto había amado.
+
+--Si ustedes quieren, las acompañaremos Andresito y yo.
+
+Doña Manuela, animada por un instinto pudoroso, intentó excusarse.
+
+--Sí; Antonio las acompañará--se apresuró a decir Teresa.
+
+Ya la pobre mujer la rogaba con su mirada que aceptase, como si fuese
+para ella una esperanza que su marido prolongase la conversación con la
+viuda. ¡Quién sabe cuántas cosas podía decir doña Manuela al marido
+infiel!
+
+No hubo medio de excusarse. Las de Pajares salieron acompañadas por
+Andresito y don Antonio, siguiéndolas con su vista ansiosa la crédula
+Teresa. ¡Dios mío, que se ablandara el corazón de aquel hombre, para que
+no la martirizase escandalizando a la familia y los amigos!
+
+Abajo, en la cerrada tienda, encontraron a don Eugenio, siempre con la
+gorrita de seda, el cual acogió con gesto huraño a su antiguo
+dependiente. Las de Pajares y sus dos acompañantes siguieron por una
+acera del Mercado. Delante, las dos niñas con Andresito; Concha
+malhumorada y ceñuda porque en todo el día no había visto al elegante
+Roberto, y Amparo muy satisfecha de poder lucir un novio, para molestia
+de su hermana. Detrás, el señor Cuadros dando el brazo a doña Manuela,
+apretándola intencionadamente el codo sobre su cadera cada vez que
+soltaba una palabrita atrevida y contoneándose como un invencible
+conquistador.
+
+Fue algo más que acompañar a las de Pajares lo que hicieron el padre y
+el hijo. Subieron con ellas, permanecieron de visita más de una hora,
+cantó Amparito para obsequiar a su futuro suegro, y cuando salieron a la
+calle, el padre y el hijo marchaban como compañeros unidos
+fraternalmente por una común empresa.
+
+Sólo habían transcurrido algunos meses, pero estaban ya lejanos para
+Cuadros aquellos tiempos en que el tendero de costumbres tranquilas y
+rutinarias se indignaba al saber que su hijo iba a los bailes y le
+esperaba tras la puerta empuñando fieramente la vara de medir.
+
+
+
+
+IX
+
+
+A las cuatro de la tarde entraban las de Pajares en el paseo de la
+Alameda.
+
+Era domingo, y la animación ruidosa y expansiva de los días festivos
+inundaba la acera izquierda del paseo. El tiempo era hermoso: una tarde
+de verano, con el cielo limpio de nubes, y en lo más alto, como un jirón
+de vapor tenue y apenas visible, la luna, esperando pacientemente que le
+llegase el turno para brillar. Las largas filas de rosales, los macizos
+de plantas, toda esa jardinería mutilada y corregida por las tijeras del
+hortelano, reverdecía con el soplo cálido de la tarde y se cubría de
+flores, uniendo sus simples perfumes a la estela de esencias que dejaban
+las señoras tras su paso.
+
+Por el arroyo central daban vueltas y más vueltas, como arcaduces de
+noria, los carruajes alineados en interminable rosario. Las torres de
+los guardas erguían sus caperuzas de barnizadas tejas por encima de los
+árboles, y a los dos extremos del paseo, empequeñecidas por la
+distancia, destacábanse sobre el verde fondo las monumentales fuentes
+con sus figuras mitológicas ligeras de ropa. Era la hora en que el paseo
+adquiría su aspecto más brillante. A todo galope de los briosos caballos
+bajaban carretelas y berlinas, y por las aceras del paseo desfilaban
+lentamente, con paso de procesión, las familias endomingadas. Los verdes
+bancos no tenían ni un asiento libre. Un zumbido de avispero sonaba en
+el paseo, tan silencioso y desierto por las mañanas, y algunas familias
+ingenuas conversaban a gritos, provocando la sonrisa compasiva de los
+que pasaban con la mano en la flamante chistera, saludando con rígidos
+sombrerazos a cuantas cabezas asomaban por las ventanillas de los
+carruajes.
+
+Lo que atraía la atención de todos era el desfile incesante de coches,
+símbolos de felicidad y bienestar en un país donde el afán de
+enriquecerse no tiene más deseo que no ir a pie como los demás mortales.
+
+Piafaban los caballos con la boca llena de espuma, esparciendo en torno
+el pajizo olor de las cuadras, y de vez en cuando un relincho contagiaba
+a toda la línea de brutos briosos, que parecían contestar con nerviosos
+pataleos a este llamamiento de libertad. Los cocheros, enfundados en sus
+blancos levitones, exhibían desde lo alto de los pescantes, sus caras
+afeitadas y carrilludas de cómicos obesos o párrocos bien conservados, y
+miraban con cierto desprecio a toda aquella muchedumbre que les obligaba
+a pasar unas cuantas horas de tedio. En la larga fila de vehículos
+estaba el antiguo faetón, balanceándose sobre sus muelles como una
+enorme caja fúnebre y encerrando en su acolchado interior toda una
+familia, incluso la nodriza; la ligera berlina, con sus ruedas rojas o
+amarillas; la carretela, como una góndola, meciéndose a la menor
+desigualdad del suelo, y la galerita indígena, transformación elegante
+de la tartana y símbolo de la pequeña burguesía, que, detenida en mitad
+de su metamorfosis social, tiene un pie en el pueblo, de donde procede,
+y otro en la aristocracia, hacia donde va.
+
+Parecía existir una barrera invisible e infranqueable entre la gente que
+paseaba a pie y aquellas cabezas que asomaban a las ventanillas,
+contrayéndose con una sonrisa siempre igual cuando recibían el saludo
+de las personas conocidas. Grupos de jinetes mezclados con jóvenes
+oficiales de caballería caracoleaban por entre los carruajes,
+tendiéndose algunas veces sobre el cuello de sus cabalgaduras para
+hablar al través de una portezuela. Las de Pajares contemplaban con
+nostalgia de desterradas el paso de los carruajes. ¡Gran Dios, qué
+tarde! ¡Se acordarían de ella toda la vida! Era la primera vez que iban
+a pie a la Alameda. Las niñas, a pesar de sus elegantes trajes, creían
+que todos se fijaban en ellas para sonreír compasivamente, y doña
+Manuela marchaba erguida, con altivez dolorosa, poco más o menos como
+Napoleón en Santa Elena después de la denota. La viuda presentía su
+ruina. Ya no eran las deudas y los apuros pecuniarios las amarguras de
+la vida; ahora, la fatalidad, según ella decía, complacíase en agobiarla
+con nuevos golpes, quitando a la familia los escasos medios que la
+restaban para sostener su prestigio.
+
+Aquella mañana había sido de prueba para las de Pajares. Nelet el
+cochero subió muy alarmado a dar cuenta a sus señoras de que el caballo
+estaba enfermo. El suceso no era para tomarlo a risa. No se trataba de
+un cólico vulgar, y la pobre bestia, sostenedora inconsciente del
+prestigio de la familia, revolcábase abajo, en la obscura y húmeda
+cuadra, quedando panza arriba y con las patas agitadas por un temblor
+convulsivo. La situación fue ridícula y conmovedora. Tantos años de
+servicios habían establecido cierto afecto entre las señoras y la brava
+bestia, que era considerada casi como de la familia. Doña Manuela,
+recogiéndose la cola de su bata teatral, bajó a la cuadra, no pasando de
+la puerta por miedo al caballo, que se revolcaba furioso.
+
+Llamaron al mejor veterinario de la ciudad; pero el caballo no mejoraba,
+y por la tarde desvaneciéronse las ilusiones que tenían las niñas de
+pasear en carruaje. Casi adquirieron la certeza de que el pobre caballo
+no saldría de la enfermedad. ¿Qué iban a hacer ellas cuando se vieran
+confundidas entre las cursis que paseaban a pie por la Alameda? ¿Qué
+dirían las amigas al ver que transcurría el tiempo y la hermosa
+galerita, de que tan orgullosas estaban, permanecía arrinconada en la
+cochera? Porque las dos, aunque su mamá, por no entristecerlas, las
+ocultaba el estado de la casa, tenían pleno conocimiento de los apuros
+de la familia y estaban seguras de la imposibilidad de reemplazar el
+viejo pero brioso caballo por otro que valiese tanto como él.
+
+Después de comer, la madre y las hijas sentáronse en el salón, y allí
+permanecieron más de una hora, silenciosas, hurañas y malhumoradas. El
+día era magnífico; pero no, no saldrían: primero monjas que el mundo se
+enterase de su decadencia, de sus privaciones tan hábilmente ocultadas.
+
+Pero las tres no podían resignarse a pasar un día dentro de casa.
+Además, por los balcones entraba el sol y soplaba un aire cargado de
+perfume irritante del verano. Pensaban involuntariamente en los verdes
+campos, en el paseo exuberante de gentío, en el placer de andar
+lentamente bajo las ladeadas sombrillas, viendo caras nuevas y
+contestando al saludo de los amigos; y por fin, la madre y las hijas no
+pudieron resistir más y comenzaron a vestirse.
+
+--No hay que ser tan escrupulosas--dijo doña Manuela--. Todos nos
+conocen, y porque un día nos vean salir a pie no van a imaginarse que
+nos falta el carruaje. Vamos, niñas, ¡a paseo!
+
+Y salieron de casa con el propósito de ir a cualquier parte menos a la
+Alameda. Pero el paseo las atraía; no sabían adonde ir, y al fin,
+insensiblemente, sin ponerse de acuerdo, encamináronse allá.
+
+¡Qué tardecita pasaron las de Pajares! Exteriormente fueron las de
+siempre; las niñas contestaron con mohines graciosos a los saludos de
+los amigos, y la mamá, altiva y majestuosa, cobijándolo todo con su
+mirada de protección. Pero en su interior ¡cuántos tormentos! Si alguna
+amiga las saludaba desde su carruaje con expresión cariñosa, las tres
+creían adivinar cierto asomo de lástima, y enrojecían bajo la capa de
+blanquete que cubría sus mejillas. Si una persona conocida se detenía a
+saludarlas, ellas, a tuertas o a derechas, y muchas veces las tres a un
+tiempo, se apresuraban a decir que habían salido a pie en vista de la
+hermosura de la tarde; y seguían mirando con nostalgia y despecho la
+larga fila de carruajes, experimentando la misma impresión de nuestros
+bíblicos padres ante las puertas del Paraíso cerradas para siempre.
+
+Después, ¡qué recuerdos tan penosos! A las tres las obsesionaba la
+enfermedad del caballo, como si éste fuese de la familia. Estaban
+arrepentidas de haber salido de casa; sentían la falsa esperanza de los
+que se interesan por un enfermo y creen que permaneciendo a su lado
+aceleran la curación. Saludaban a derecha y a izquierda; deteníanse a
+estrechar manos, cambiando palabras sobre el tiempo o sobre los trajes
+que más lucían en el paseo; pero sus miradas iban inconscientemente a
+detenerse en aquellos caballos que pasaban a pocos pasos de ellas; y en
+todos, bien fuese por el color, por la cabeza o por la grupa,
+encontraban cierto parecido con el otro que ocupaba su memoria.
+
+Tuvieron en aquella tarde encuentros muy penosos. Andresito, el hijo de
+Cuadros, pasó por entre las dos filas de carruajes montando el enorme
+caballote que le había comprado su padre. Buscaba a la novia para ir
+escoltándola, luciendo sus habilidades hípicas en torno de su carruaje.
+El gesto de inocente sorpresa que hizo al verlas a pie, confundidas
+entre la cursilería dominguera, fue una verdadera puñalada para las tres
+mujeres.
+
+Todo hería su susceptibilidad. Roberto del Campo, que iba con algunos
+amigos, las saludó con la más seductora de sus sonrisas; pero ellas
+creyeron distinguir en sus labios una irónica expresión. Indudablemente,
+aquel trasto de Rafaelito había relatado a Roberto lo del caballo.
+Estaban seguras de que todo el paseo conocía el desagradable suceso,
+adivinando lo que vendría después. Y cegadas por la vanidad herida,
+recordando sin duda las burlas que ellas habían dirigido a otras
+familias, turbábanse por momentos, creyendo ver miles de ojos rijos en
+ellas y que las señoras desde los carruajes las sonreían desdeñosamente,
+como si fuesen criadas disfrazadas. Hasta llegaron a pensar con
+escalofríos de terror si a su s espaldas las señalarían irrisoriamente
+con el dedo. Y siempre el maldito caballo ocupando su pensamiento,
+viéndolo con los ojos de la imaginación tal como estaba en su cuadra al
+salir ellas de paseo, panza arriba, estirando convulsivamente las patas.
+Las tres llevaban dentro de sí, como implacable enemigo, su propio
+pensamiento, que las hacía ver la burla y la lástima en todas partes, y
+hasta creyeron algunas veces que personas conocidas fingían distracción
+por no saludarlas.
+
+--Vámonos, niñas--dijo la mamá con una expresión en que vibraban el
+dolor y la cólera--; vamos a casa a ver cómo está «aquello». Hoy el
+paseo está muy cursi.
+
+Las niñas apoyaron a la mamá con gesto de aprobación. Era verdad, muy
+cursi; y las tres emprendieron una retirada desastrosa, anonadadas,
+vencidas, como si acabasen de sostener una batalla con la consideración
+pública, quedando derrotadas y maltrechas. Al subir la rampa del puente
+del Real tuvieron que apartarse del borde de la acera, limpiándose con
+los pañuelos de blonda el polvo que levantaban las ruedas de un
+carruajillo descubierto que corría con velocidad insolente, arrollándolo
+todo.
+
+Era la última sorpresa. El señor Cuadros, tirando de las riendas para
+refrenar su veloz caballo y agitando el látigo, las saludaba desde lo
+alto de aquella cáscara de nuez montada sobre ruedas.
+
+A su lado iba Teresa, desbordando sus carnes blanduchas sobre el
+banquillo de terciopelo azul, moviendo con cierta incomodidad su cabeza,
+como si le molestase la capota, recargada de rosas y follaje, regalo de
+su marido.
+
+--Hasta la noche.... Adiós, niñas. Esta noche iré a ver a ustedes.
+
+Y Teresa enviaba una sonrisa sin expresión a su antigua señora, como
+suplicando que no abandonase la tarea de catequizar a su esposo.
+
+¡Buena estaba doña Manuela para tales indicaciones! Sabía lo que
+significaban las asiduas visitas, unas veces por la tarde y otras por la
+noche, que la hacía aquel cincuentón; pero no pensaba ahora en eso. El
+encuentro había acabado de trastornarla. Sus antiguos criados en
+carruaje, ensuciándola con el polvo de las ruedas, y ella, la hija de un
+millonario, la viuda del doctor Pajares, a pie y humillada por unas
+gentes a las que siempre había tratado con cierto desprecio. Jamás había
+imaginado que pudiera ocurrir aquello. Agobiada por las deudas, esperaba
+la caída, pero no tan honda y lastimosa para su dignidad.
+
+Esto era demasiado fuerte para poder resistirlo. Y la pobre mujer, toda
+susceptibilidad y orgullo, sintió que algo caliente se agolpaba a sus
+ojos, y hubo de hacer esfuerzos para no llorar. Su paso acelerado era
+una verdadera fuga. Huían del paseo, de aquel lujo que algunos días
+antes era su elemento y ahora les parecía un verdadero insulto.
+
+Cuando entraron en la plazuela donde vivían, la vista de su casa, que
+con el portalón entornado, los balcones cerrados y la fachada
+obscurecida por la última luz de la tarde tenía cierto aspecto fúnebre,
+hizo revivir en la memoria de las tres el recuerdo del caballo.
+
+--¡Dios mío! ¿Cómo estará el pobre _Brillante_? Tan vehemente era su
+interés por la salud de la bestia, que hasta acariciaban la absurda
+esperanza de una extraña reacción, de un milagro que las permitiera
+tener el carruaje disponible para el día siguiente. Arrastradas por la
+rutina, hasta sentían tentaciones de rezar por el pobre animal. Algo
+había en ellas de cariño, de agradecimiento por todo lo pasado; pero lo
+que predominaba era el ansia de recobrar su categoría de «señoras de
+coche», sin la cual se creían deshonradas.
+
+Al entrar en el patio, dirigiéronse rectamente a la cuadra. Pasaron
+rozando la abandonada galerita, que, oculta bajo su funda de lienzo,
+sólo mostraba las ruedas, ligeras, amarillas y finas como las de un
+juguete; y después de asomar su cabeza con cierta zozobra por la puerta
+de la cuadra, entraron en el antro obscuro y maloliente, recogiéndose
+las faldas y hundiendo sus elegantes botinas en la blanda y húmeda capa
+de estiércol.
+
+Era un espectáculo extraño. A la luz de un farolillo colocado junto al
+pesebre, los trajes azul y rosa de las niñas, sus sombreritos de flores,
+las joyas relumbrantes de la mamá, causaban el efecto de una aparición
+sobrenatural, que contrastaba con las paredes sucias, el techo
+empavesado de polvorientas telarañas, los montones de estiércol y el
+olor punzante y molesto de cuadra sucia. Tan escasa era la claridad, que
+doña Manuela se dio un golpe contra la hoz clavada en la pared para
+cortar la hierba, y pasaron algunos momentos antes que las tres mujeres
+distinguieran a Nelet en el fondo de la cuadra.
+
+El pobre muchacho, a pesar de su rudeza, contemplaba a _Brillante_ con
+asombro doloroso, frunciendo el ceño como si quisiera cerrar el paso a
+las lágrimas. Los dos habían sido muy buenos amigos. El cochero
+celebraba sus picardías de animal viejo y brioso; tenía orgullo en decir
+que era muy bravo y sólo por él se dejaba manejar, y ahora estaba allí
+tendido de costado sobre el estiércol, inmóvil como carne muerta,
+agitando alguna vez con ronco estertor el redondo pecho y levantando un
+poco la cabeza para lanzar en torno suyo la mortecina y lacrimosa
+mirada.
+
+--¡Lo que somos...! ¡lo que somos...!--decía Nelet entre dientes,
+sintiendo que cada espasmo de la larga agonía de su _Brillante_ era una
+verdadera puñalada para él. Al ver a las señoritas se adelantó algunos
+pasos, hablando con tono compungido. El veterinario se había marchado,
+declarándose impotente para remediar el mal. _Brillante_ se moría de
+una enfermedad extraña, de un nombre raro que Nelet no podía recordar;
+pero lo cierto era que estaba ya en la agonía.
+
+Y el pobre caballo, como si quisiera afirmar las palabras de su amigo o
+reconociese a sus amas, levantaba la pesada cabeza, lanzando su estertor
+angustioso.
+
+Aquello partía el corazón a las tres mujeres.
+
+--¡_Brillante_! ¡Pobrecito _Brillante_...!
+
+Y las tres se abalanzaron a la pobre bestia, soltando sus faldas, cuyos
+bordes barrieron la suciedad del suelo. Doña Manuela, casi arrodillada
+en el estiércol, sin acordarse de su elegante traje, cogía la cabeza de
+_Brillante_, que se elevaba trabajosamente como para saludar a sus amas
+por última vez. Aquella mirada desmayada y vidriosa, fija con expresión
+agradecida en el grupo de mujeres, acabó con la falsa serenidad de
+éstas, y estallaron los sollozos y las exclamaciones de desconsuelo.
+
+Era ridículo llorar la muerte de un caballo; sí señor, ellas Lo
+reconocían. Si les hubiesen contado algo semejante de sus amigas, no
+hubieran sido flojas las burlas; pero así y todo, había que reconocer lo
+que aquel pobre animal representaba para la familia, las ilusiones que
+se llevaba con su muerte.
+
+¡Adiós, compañero de grandeza! La familia sólo tendría para ti grato
+recuerdo. Mueres representando la fortuna que se aleja de casa, el
+prestigio que se pierde, la altivez que se desvanece; y cuando salgas de
+ella a altas horas de la noche en sucio carro para ser conducido adonde
+te explotarán por última vez, convirtiendo tu piel en zapatos, tus
+huesos en botones y tu carne en abono fertilizante, por la puerta
+entreabierta entrará la pobreza, la desesperación de una miseria
+disimulada, y quién sabe si la deshonra, eterna compañera de los que se
+aferran tenazmente a las alturas de donde les arrojan. ¡Adiós,
+_Brillante_! ¡Adiós, fortuna que huyes para siempre!
+
+Y las tres mujeres, con el cerebro embotado por el choque de confusos
+pensamientos, arrastrando sus hermosas faldas, que olían a cuadra,
+subieron lentamente la escalera, como agobiadas por el dolor.
+
+Amparito, en otras ocasiones la más risueña y juguetona, era la que
+ahora lloraba como una niña, Su madre había tenido que sacarla de la
+infecta cuadra cogiéndola del brazo.
+
+--¡Ay, _Brillante_...! ¡Pobrecito _Brillante_ mío...!
+
+Y hasta había llegado a unir su linda cabeza de bebé con las negras
+narices de la bestia, cubriéndolas de besos.
+
+El desaliento las tuvo hasta bien entrada la noche clavadas en sus
+asientos del salón, silenciosas, sin otra luz que el escaso resplandor
+de los reverberos públicos que entraba por los balcones abiertos,
+produciendo una débil penumbra. Las tres, envueltas en sus batas de
+verano, destacábanse en la obscuridad como inmóviles estatuas. Las niñas
+pensaban en su porvenir, que adivinaban confusamente; presentían que
+desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo
+serían alegres risas e indiferencia para el día siguiente.
+
+Los pensamientos de doña Manuela aún eran más obscuros. Miraba en torno
+de ella, y nada, ni un mal rayo de esperanza amortiguaba su
+desesperación. Necesitaba dinero para reponer esta pérdida, que tanto
+podía influir en el prestigio de la familia, y para satisfacer ciertos
+compromisos que, como de costumbre, la agobiaban con gran urgencia; pero
+a pesar de ser tan numerosas las amistades, no encontraba, repasando su
+memoria, un solo nombre.
+
+¡Y pensar que ella, que había derrochado tantos miles de duros y vivía
+con cierta ostentación, pasaba angustias por unos cuantos miles de
+reales...! El recuerdo de su hermano se aferraba tenazmente a su
+memoria. ¡Ah, maldito avaro! Necesario era todo su mal corazón para
+dejar a una hermana en el sufrimiento, pudiendo remediar sus penas con
+algunos de los papelotes mugrientos que a fajos dormían en el viejo
+_secrétaire_ de su alcoba. Pero no había que pensar en semejante hombre.
+Bastantes veces la había humillado con rotundas negativas.
+
+Otro de los que no se podía contar para salir de la situación era su
+hijo Juanito. Doña Manuela, que le había tenido tanto tiempo a su
+voluntad, asombrábase ahora ante sus alardes de independencia. Le habían
+cambiado su hijo, según ella decía con el tono quejumbroso de una madre
+resignada. Y el tal cambio consistía en haberse negado Juanito varias
+veces a darla dinero para salir de pequeños apuros.
+
+Esto indignaba a doña Manuela. Habíase despertado en él la fiebre de la
+explotación. Revivía la «sangre comercial» de su padre, el instinto
+acaparador de su tío don Juan; y contagiado por la atmósfera de jugadas
+victoriosas y millonadas de papel que respiraba continuamente en la
+tienda al lado de su principal, había acabado por decidirse,
+despreciando los bienes positivos y materiales para lanzarse en la
+fiebre de la Bolsa.
+
+El acto de ciega confianza de su novia y su vieja amiga entregando sin
+temor los ahorros al omnipotente don Ramón Morte había acabado por
+decidirle. ¿Iba a ser él más cobarde que aquellas dos mujeres?
+
+Vendió su huerto de Alcira, y los ocho mil duros que le dieron engrosaron
+el raudal de oro que, a impulsos de la más ciega confianza, iba a caer
+en las cajas del filántropo banquero. Una parte de su capital lo
+invirtió su eminente protector en papel del Estado, y con la otra, que
+era la más exigua, comenzó sus jugadas de Bolsa, siempre a la zaga de
+Cuadros y sin atreverse a imitar sus golpes de audacia.
+
+Vacilaba algunas veces, sentía misteriosos terrores al pensar que su
+fortuna estaba a merced de un capricho del azar, mas no por esto perdía
+la confianza, y nada había reservado de su capital para responder a los
+vencimientos de los pagarés que le había hecho firmar su madre. ¿Para
+qué tal precaución? No había más que oír a su principal y al poderoso
+banquero. Sus ocho mil duros se doblarían y triplicarían en muy poco
+tiempo, y entonces podría pagar las deudas maternales y casarse con
+Tónica. Pero mientras tanto, que no contase su madre con él. La quería
+mucho, seguía adorándola con un respeto casi religioso; pero de dinero,
+ni un ochavo.
+
+Todo lo sabía doña Manuela, y por esto colocaba a su hijo al mismo nivel
+que su hermano. ¡Vaya unos parientes! Podía una morirse en medio de la
+calle, bien segura de que nadie acudiría en su auxilio.
+
+Y doña Manuela, enfurecida por lo difícil de la situación, crispaba sus
+manos arañando los adornos de su bata. Sólo una esperanza le restaba,
+pero no quería pensar en ella, pues en su interior elevábase como una
+voz de protesta.
+
+Estaba segura de que cierta persona le facilitaría a la menor indicación
+aquel dinero que tantas angustias le producía. Indudablemente, el señor
+Cuadros no le era difícil salvar a una amiga por unos cuantos miles de
+reales, él que todos los meses contaba sus ganancias por miles de duros;
+pero apenas le acometía este pensamiento, renacían en doña Manuela
+escrúpulos que creía muertos para siempre.
+
+Conocedora de la vida, comprendía la importancia de aquel favor y lo que
+forzosamente había de sobrevenir. Un mes antes no habría vacilado en
+acudir a su antiguo dependiente, a pesar de lo mucho que esto lastimaba
+su altivez. Pero ahora, al pensar en las audacias que se permitió el día
+de Corpus y otras muchas realizadas por el bolsista en sus diarias
+visitas, doña Manuela deteníase avergonzada, y a estar iluminado el
+salón, se hubiera visto su rubor.
+
+Ella, que hacía tantos años no se acordaba para nada de Melchor Peña,
+sentíalo vagar en torno como un espíritu guardián de su honrada viudez.
+Del doctor, de su segundo marido, no se acordaba para nada. Aquel buena
+pieza, con sus infidelidades, no tenía derecho a exigirla cuentas por
+lo que pudiera hacer.
+
+Lo que más extrañeza le causaba era que se mostrasen ahora en ella tan
+terribles escrúpulos, cuando a raíz de su primera viudez había caído
+fácil e insensiblemente en los brazos de Pajares. El amor había ahogado
+entonces todas las preocupaciones; pero ahora se trataba de una
+explotación deshonrosa, de una venta que sólo el suponerla le producía
+vergüenza y rubor. La altivez le hacía recobrar su puesto. Cuadros, a
+pesar de su fortuna, no dejaba de ser el antiguo dependiente, el marido
+de la criada Teresa, un pobre diablo al que ella había tratado siempre
+con desprecio. ¿Y por tal hombre iba a perder su prestigio de mujer
+honrada, sostenido durante tantos años a costa de sacrificios que
+guardaba en el misterio? No; antes la miseria.
+
+Y doña Manuela, embriagándose con la energía de su resolución, pensaba
+en la miseria como en una cosa desconocida, pero que iba pareciéndole
+grata por ser la salvación de su honor. Trabajarían ella y sus hijas.
+También duquesas, princesas y hasta reinas se habían visto en la
+miseria, arrostrándola con dignidad. Y doña Manuela, repasando sus
+escasos conocimientos históricos, halagaba su orgullo y creíase casi
+igual a una soberana destronada que cae en la pobreza. Esto bastó para
+afirmarla en su resolución.
+
+Cuando Rafael y Juanito llegaron a casa, la familia pasó al comedor. La
+cena fue triste. Parecía que el cadáver tendido abajo, en la suciedad de
+la cuadra, estaba allí, sobre la mesa, mirando con los ojos vidriosos e
+inmóviles a sus antiguos amos. Al terminar la cena, los dos hermanos
+salieron, marchando cada uno por su lado.
+
+Juanito había cambiado de costumbres. No volvía a casa hasta las once de
+la noche, y después de hacer una corta visita a Tónica y Micaela, iba a
+un café donde se juntaba la gente de Bolsa y podían apreciarse
+diariamente las opiniones y profecías de «alcistas» y «bajistas».
+
+A las nueve de la noche recibieron las de Pajares la visita de Andresito
+y su papá. Doña Manuela, al ver a su antiguo dependiente, se ruborizó,
+como si éste pudiese adivinar los pensamientos que la habían agitado
+poco antes.
+
+El señor Cuadros mostrábase gozoso y radiante, como si le alegrase la
+noticia que en el patio le había dado Nelet. ¿Conque había muerto el
+caballo? Vamos, ahora se explicaba por qué iban aquella tarde a pie por
+la Alameda. Era de sentir la pérdida, porque un caballo que sustituyera
+dignamente a _Brillante_ había de costar algún dinero; pero ¡qué
+demonio! cuatro o cinco mil reales no arruinan a nadie. Y el señor
+Cuadros hablaba del dinero con expresión de desprecio echando atrás la
+cabeza y sacando el vientre como si lo tuviera forrado con billetes de
+Banco.
+
+Las niñas hablaban con Andresito cerca del piano, y doña Manuela, serena
+y en posesión de sí misma, miraba fijamente a su antiguo dependiente. La
+escandalizaba el desprecio con que aquel hombre hablaba del dinero, y
+recibía como un sangriento sarcasmo la suposición de que cuatro o cinco
+mil reales nada significaban para ella. Y pensando esto, su mirada iba
+instintivamente hacia el mármol de una consola, donde antes se exhibían
+unos magníficos candeleros de plata guardados ahora en el Monte de
+Piedad; y miraba igualmente los cromos baratos que adornaban las paredes
+del salón, sustituyendo a dos grandes cuadros heredados de su padre,
+obra de Juan de Juanes, por los cuales le habían dado lo preciso para
+vivir durante un mes.
+
+Aquel hombre, cegado por su fortuna, no sabía lo que decía. Igual era
+ella algunos años antes, cuando tenía fincas que vender o empeñar y
+arrojaba el dinero a manos llenas. Pero ahora la pobreza vergonzante y
+cuidadosamente ocultada le había enseñado el valor del dinero.
+
+El señor Cuadros, siempre ignorante de la verdadera situación de la
+casa, molestaba atrozmente a doña Manuela. Quería aparecer amable, y
+para esto la hacía ofrecimientos que resultaban sarcasmos. El se
+encargaba de la compra del caballo. Vería ella cómo le resultaba más
+barato; por una bestia tan hermosa como _Brillante_ sólo tendría que
+desembolsar unos tres mil reales. Él conocía a los chalanes más
+afamados. El caballo que montaba su hijo lo había comprado casi por una
+bicoca, y confiaba ahora tener la misma suerte.
+
+--Lo que a usted le conviene, Manuela, es comprar el caballo cuanto
+antes, pues si las gentes las ven a ustedes paseando muchos días como
+hoy, harán maliciosos comentarios. Los que estamos a cierta altura
+debernos mirarnos mucho en nuestras cosas.
+
+Y el afortunado majadero, al hablar de la altura, cerraba los ojos como
+si sintiera el vértigo de los que se hallan en la cúspide. Lo que más
+efecto causó en doña Manuela fue la afirmación de que la gente haría
+comentarios si no se mostraba en público como siempre. Ahora reaparecía
+la altivez de su carácter, estremeciéndose al pensar en la mortificante
+lástima con que se hablaría de su ruina.
+
+Ella no tenía carácter para sobrellevar con resignación la miseria.
+Estaba decidida. Había que sostenerse en la altura, empleando todos los
+medios; y después, que viniera todo, hasta aquello que sólo al pensarlo
+tanto rubor le producía.
+
+Y la vanidosa señora, para afirmarse en su resolución, buscaba ejemplos
+y recordaba lo que tantas veces había oído en las murmuraciones infames
+de las tertulias: los innumerables casos de señoras tan decentes como
+ella, bien consideradas por la sociedad, y que habían hecho sacrificios
+iguales para salvar el prestigio de sus casas. Y sostenida por el
+pernicioso ejemplo de aquellas mujeres a las que tanto había censurado,
+miró a su antiguo dependiente con ojos en que se revelaba un impudor
+razonado y tranquilo. Al fin--pensaba ella para consolarse--, el señor
+Cuadros, aunque ramplón y vulgarote, era un hombre aceptable, y no tenía
+que resignarse ella, como otras mujeres, a buscar la protección de un
+valetudinario repugnante.
+
+El bolsista adivinaba algo en las miradas de la esposa de su antiguo
+principal. Y en su credulidad de calavera viejo e inocente echaba el
+cuerpo atrás con cierto orgullo, como si estuviera convencido de que sus
+prendas personales habían influido en tan asombrosa conquista.
+
+Terminó la visita a media noche, y cuando el padre y el hijo se dirigían
+hacia la puerta, acompañados por las señoras de la casa, doña Manuela
+cambió sus últimas palabras con el señor Cuadros.
+
+--Quedamos--dijo la señora--en que usted se encargará de la compra del
+caballo. Mañana mismo confío en que habrá hecho mi encargo.
+
+--¡Oh, seguramente...! Ya sabe usted que todas sus cosas me interesan
+como mis propios negocios.
+
+--Entonces, venga usted mañana a las tres y le daré el dinero.
+
+--¿Quiere usted callar? Ya arreglaremos cuentas más adelante.... Pero,
+en fin, vendré por tener el gusto de charlar un rato.
+
+Y el señor Cuadros salió de la casa satisfecho de sí mismo, bufando de
+satisfacción, contoneándose como un joven y mirando con cierta lástima a
+su hijo, que caminaba al lado de él tímido y encogido. Un risueño
+optimismo le hacía olvidar que era su padre. ¡Ah! ¡Si en vez de los
+cincuenta y pico tuviera él los años de aquel pazguato, cuánta guerra
+había de dar en el mundo!
+
+Al día siguiente, el señor Cuadros fue puntual A las tres de la tarde
+entraba en casa de doña Manuela, y se sorprendió agradablemente al ver
+que la señora estaba sola en el salón, vestida con la más elegante de
+sus batas y el rostro retocado con los más finos menjurjes del tocador
+de las niñas. El bolsista sentía como un renacimiento de la vida, algo
+que recordaba sus fiebres de joven, cuando siendo primer dependiente
+bromeaba y perseguía a la criada Teresa en la trastienda de _Las Tres
+Rosas_.
+
+Las niñas habían sido enviadas por su mamá a casa de «las magistradas».
+Juanito estaba en la tienda; y en cuanto a Rafael, no había que
+esperarle hasta bien entrada la noche.
+
+En el comedor oíase el ruido de los cubiertos que secaba Visanteta, la
+única que se enteró de la visita del señor Cuadros y de lo larga que
+resultó. Ella fue la que oyó las risas apagadas de la señora y el
+arrastre de algunos muebles, como si fueran empujados con violencia;
+pero era una muchacha prudente y reservada, que sólo se ocupaba de sus
+actos, sin detenerse a interpretar los ajenos.
+
+Al día siguiente la familia pudo salir a paseo en su carruaje, y un
+caballo más joven y de mejor estampa que _Brillante_ ocupó el vacío que
+la muerte había dejado en el pesebre. Las amarguras sufridas en aquel
+domingo fueron olvidadas ante una abundancia como pocas veces se había
+gozado en aquella casa. Doña Manuela tenía dinero; comenzaron a pagarse
+las cuentas con regularidad; los proveedores no la molestaron ya
+exigiendo el pago de los atrasos, y la modista francesa, después de
+embolsarse algunos miles de reales que creía perdidos para siempre, hizo
+a las niñas de Pajares nuevos trajes para lucirlos en la feria de Julio.
+
+Todo era dicha y tranquilidad en casa de doña Manuela, y el contento de
+la familia repercutía en _Las Tres Rosas_, donde la sencilla Teresa
+considerábase feliz. Sabía que su marido había roto definitivamente con
+Clarita, aquella «mala piel» que vivía en la calle del Puerto. Ya no le
+pagaba los trimestres del entresuelo, ni atendía a sus locos gastos. Es
+más: un alma caritativa le había hecho saber que aquella perdida le
+engañaba, burlándose de él con los chicos de la Bolsa; y don Antonio
+mostrábase arrepentido, dispuesto a no proteger más mujeres de tal
+calaña.
+
+La pobre Teresa, al pensar que su antigua señora era la que había
+realizado tal milagro, atrayendo a su esposo a la buena senda, sentía
+tal gratitud, que no podía hablar de ella sin que se le saltaran las
+lágrimas. ¡Qué buena persona era doña Manuela! Ella únicamente había
+sabido catequizar al señor Cuadros.
+
+
+
+
+X
+
+
+Juanito vivía entregado a la agitación y la zozobra del que confía su
+porvenir a los caprichos del azar.
+
+Él, tan metódico y cuidadoso de cumplir sus obligaciones, abandonaba la
+tienda para ir a la Bolsa en compañía de su principal, o a los lugares
+donde se reunían sus compañeros de explotación financiera. ¡Valiente
+cosa le importaba _Las Tres Rosas_! Ya no quería ser dueño de la tienda.
+Las primeras ganancias, adquiridas con dulce facilidad, le habían cegado
+y sólo pensaba en ser millonario, en esclavizar la fortuna, riéndose
+ahora de aquellos tiempos en que soñaba con Tónica la existencia
+monótona y tranquila de rutinarios burgueses, amasando ochavo tras
+ochavo un capital para pasar tranquilamente la vejez.
+
+Su novia, prácticamente, refrenaba sus entusiasmos financieros. No había
+que tentar a la fortuna; y ahora que se mostraba favorable, era una
+locura no retirarse a tiempo.
+
+Pero Juanito se negaba a oírla. ¿Qué saben las mujeres de negocios? ¿Por
+qué había de quedarse en la mitad del camino, cuando podía seguir a su
+principal hasta el paraíso de los millonarios? Enamorado cada vez más de
+Tónica, le halagaba la idea de casarse inmediatamente; pero este mismo
+cariño impulsábale a esperar. Era mejor contener sus deseos durante
+algunos meses, un año a lo más; dejar que su capital, volteando por la
+Bolsa, se agrandase como una bola de nieve; y cuando poseyera el tan
+esperado y respetable millón, hacer que la transformación fuese
+completa: gozar viendo cómo la pobre costurerilla se convertía, bajo la
+dirección de su vanidosa suegra, en señora elegante, con gran casa,
+carruaje y los demás adornos de la riqueza.
+
+El deseo de llegar cuanto antes a este final apetecido era lo que le
+hacía audaz y acallaba sus temores de una probable ruina. Los que le
+habían conocido en otros tiempos asombrábanse por el cambio radical de
+su carácter. Su tío don Juan no hablaba ya con él. Un día dio por roto
+el parentesco, faltándole poco para que pegara a su sobrino.
+
+--Juanito, eres un imbécil--dijo el avaro con los labios trémulos por la
+rabia, erizándosele el bigote de cepillo--. Siempre creí que en tu
+carácter había más de tu padre que de mi hermana, y por eso te quería;
+pero ahora veo que me engañé. Te han perdido las malas compañías, esa
+atmósfera de mentira en que vives, los ejemplos de tu derrochadora madre
+y los consejos del majadero de tu principal, que se cree un oráculo en
+los negocios porque gana el dinero a ciegas por una burla caprichosa de
+la suerte, y algún día las pagará todas juntas, dándome el gusto de
+poder reír al verle sin camisa. Y a ti te pasará lo mismo. ¡Vaya si te
+pasará...! Vendiendo el huerto para hacerte dueño de _Las Tres Rosas_ y
+casarte con esa chica, que, según tengo entendido, es buena persona,
+hubieras dado gusto a tu tío. Y si te faltaba algo, aquí estaba yo para
+responder. Conque hubieras venido a decirme: «Tío, necesito esto, lo
+otro y lo de más allá», estábamos al final de la calle. Pero ahora no,
+¿lo entiendes? No cuentes para nada conmigo. Como si no fueras mi
+sobrino. Me has salido igual a todos los de tu familia, y no puedo
+quererte. Yo pensaba en ti, quería que fueses el que estuviera junto a
+mi cama en la hora de mi muerte, y al recontar los cuatro cuartos que
+tengo, me decía: «Esto será para el chico.» Pero ahora estoy
+desengañado. Anda, anda, hazte millonario en la Bolsa, y si quedas en
+pordiosero, no vengas a buscarme, porque lo que hará tu tío es reírse al
+ver lo bruto que eres.
+
+La ruptura con su tío entristeció a Juanito. No había conocido otro
+padre; y además, en sus cálculos de comerciante, siempre había figurado
+la esperanza de ser el heredero de don Juan. Pero las agitaciones de la
+Bolsa, y especialmente las ganancias, amortiguaban en él el pesar del
+rompimiento.
+
+Cuando a fin de mes, cobraba las «diferencias», decíase con extrañeza:
+
+«Parece imposible que nos censuren por dedicarnos a una explotación tan
+cierta. Pero ¡bah! ¡Quién hace caso de esa gente rancia!»
+
+Y entre, los rancios no sólo figuraba su tío, sino don Eugenio, el
+fundador de _Las Tres Rosas_, que también manifestaba al joven gran
+descontento. Siempre que Juanito se encontraba en la tienda con el viejo
+comerciante, éste le lanzaba miradas tan pronto de compasión como de
+desdén. Algunas veces hasta llegaba a murmurar con tono de reproche:
+
+--¡Ay, Juanito, Juanito...! Te veo perdido. Ese demonio de Cuadros te
+arrastra a la perdición.... No le defiendas, no intentes justificarte.
+Ahora te va muy bien para que pueda convencerte; pero al freír será el
+reír.
+
+Y el viejo le volvía la espalda, con la confianza de que los hechos
+vendrían en apoyo de sus pronósticos.
+
+Únicamente en su casa encontraba Juanito aplauso y consideración. Su
+madre le quería más desde que le veía entregado a los negocios. Su hijo
+ya no era un dependiente de comercio; era un bolsista, y esto siempre
+proporciona mayor consideración social. Además, sus ganancias eran un
+motivo de esperanza para la viuda, que aunque veía satisfechas todas
+sus necesidades en el presente, no dejaba de sentirse preocupada por el
+porvenir. La buena fortuna de Juanito podía solidificar el prestigio de
+la casa.
+
+La proximidad de la feria de Julio preocupaba a la familia. Nunca se
+habían pasado veladas tan agradables en casa de las de Pajares. Por la
+noche, después de la cena, llegaban el señor Cuadros, Teresa y su hijo,
+y comenzaba la alegre reunión.
+
+Por los balcones abiertos penetraba el hálito caliginoso de las neones
+de verano, cargado de enervantes perfumes. La plazuela animábase. El
+calor arrojaba de sus estrechos cuchitriles a la gente de los pisos
+bajos, y las puertas estaban obstruidas por corrillos de blancas sombras
+sentadas en sillas bajas y respirando ruidosamente. Arriba, sobre los
+tejados, cubriendo la plaza como un toldo de apelillado raso que
+transparentaba infinitos puntos de luz, el cielo del verano con su
+misteriosa y opaca transparencia. En los obscuros balcones
+distinguíanse, entre los tiestos de flores y el botijo puesto al fresco,
+confusas siluetas ligeras de ropa. Otros abiertos e iluminados, dejaban
+escapar, como los de las de Pajares, el sonoro tecleo del piano,
+acompañado algunas veces por el rítmico chorrear de las macetas recién
+regadas.
+
+En los corrillos de la plaza partíanse enormes sandías, y las mujeres,
+con el moquero sobre el pecho para librarse de manchas, devoraban las
+tajadas como medias lunas, chorreándoles la boca rojizo zumo. En una
+puerta susurraba la guitarra con melancólico rasgueo, contestándole
+desde otra el acordeón con su chillido estridente y gangoso. Y los
+ruidos de la plaza, el reír de las gentes, los gritos que se cruzaban
+entre los corrillos y la música popular, entraban con el fresco de la
+noche en el salón de las de Pajares, sirviendo de sordo acompañamiento a
+la conversación de la tertulia.
+
+Las niñas, con Andresito, hacían planes para la próxima feria.
+Recordaban los rigodones en el pabellón de la Agricultura y los alegres
+valses en el del Comercio; pensaban en los trajes que les había traído
+la modista francesa, y que guardaban intactos para dar golpe en la
+Alameda en la primera noche de feria, y hasta sentían su poquito de
+maligna alegría considerando el efecto que su elegancia causaría en las
+amigas.
+
+La calma y la felicidad habían vuelto a aquella casa.
+
+Hasta Conchita, a pesar de su carácter iracundo y malhumorado,
+considerábase dichosa al ver que Roberto «volvía al redil», mostrándose
+más enamorado que antes. Por las noches, abandonando a su amigo Rafael,
+asistía a la tertulia de las de Pajares; y no contento con las largas
+conversaciones que allí sostenía con su novia, todavía por las mañanas,
+a la hora en que Amparo estaba en el tocador, las criadas en el Mercado
+y la mamá en la cama, subía la escalera, y en el rellano, ante la puerta
+entreabierta de la habitación, hablaba más de una hora con Conchita,
+hasta que se levantaba doña Manuela y comenzaba el movimiento de la
+casa.
+
+La gran preocupación de la familia eran las tres corridas de toros,
+festejo el más ruidoso de la feria. La tertulia tenía ya ultimado sus
+proyectos. El señor Cuadros compraría un palco de los mejores para las
+dos familias; y lo mismo las de Pajares que Teresa, proponíanse
+deslumbar al público con su elegancia.
+
+Las niñas tenían preparados sus trajes de «manola», y un sinnúmero de
+veces se habían ensayado ante el espejo para aprender a colocarse con
+naturalidad y buen gusto la blanca mantilla de blonda. En cuanto a las
+dos mamas, pensaban lucir obscuros trajes de seda, con costosas
+mantillas negras, regaladas a las dos por el señor Cuadros.
+
+Llegó el día de la primera corrida. La atmósfera parecía cargada de un
+ambiente extraño de locura y brutalidad. Por la mañana arremolinábase la
+gente, con empujones y codazos, en torno de los revendedores que en la
+plaza de San Francisco voceaban las de «sol» y de «sombra»; y como si la
+ciudad acabase de sufrir una invasión, tropezábase en todas partes con
+gentes de la huerta y de los pueblos: unos con pantalones de pana y
+manta multicolor; y otros, los tipos socarrones de la Ribera, vestidos
+de paño negro y fino, la chaqueta al hombro, dejando al descubierto la
+blanca manga de la camisa, los botines de goma entorpeciéndoles el paso,
+y en la mano un bastoncillo delgado, casi infantil, movido siempre con
+insolencia agresiva.
+
+El gentío presentaba igual aspecto en todas las calles, como si la
+ciudad entera se hubiese vestido con arreglo al mismo patrón. Sombreros
+cordobeses de blanco fieltro o marineras de paja, cazadoras de color
+claro, corbatas rojas, y en todas las bocas un cigarro de a palmo.
+
+La Bajada de San Francisco era un torrente por el que rodaban sin cesar
+las oleadas de gentío. Las jacas pamplonesas, cubiertas con inquietos
+borlajes y repiqueteantes cascabeles, pasaban como rayos por entre el
+gentío tirando de las tartanillas de colores claros, de los coches
+señoriales y de los carruajes ingleses, en cuyos bancos erguíanse como
+cimbreantes flores las muchachas vestidas de rosa o azul, con el rostro
+realzado por el marco de blanca blonda. La gente menuda, los del tendido
+de sol, pasaban en grupos, con la enorme bota al hombro y un garrote de
+Liria en la mano, oliendo a vino y vociferando, como si comenzasen a
+sentir la borrachera de insolación que les aguardaba en la plaza.
+
+Muchachos desarrapados rompían las oleadas del gentío, ofreciendo la
+vida cíe _Lagartijo_ en aleluyas, los antecedentes y retratos de los
+seis toros que iban a lidiarse, o pregonaban unos abanicos de madera sin
+cepillar y en los cuales una mano torpe había estampado un toro como un
+pellejo de vino y un torero que parecía una rana desollada.
+
+Los babiecas ávidos de emociones agolpábanse frente a las fondas donde
+se alojaban las cuadrillas, esperando pacientemente la salida de los
+toreros para poder tocar con respeto los alamares del diestro. La gente
+abría paso con curiosidad cada vez que algún picador empaquetado sobre
+la silla y con el mozo a la grupa pasaba montado en su jaco huesoso y
+macilento, que le llevaba hacia la plaza con un trotecillo cochinero.
+
+Entre los carruajes que velozmente y atronando las calles atravesaban el
+centro de la ciudad, pasó el cochecito de Cuadros, y tras él una
+carretela de alquiler en la que iban las de Pajares. Doña Manuela en el
+sitio preferente, empolvada y retocada con tal arte, que su rostro
+producía cierta impresión asomando por entre los festones de la negra
+blonda; y frente a ella, las niñas, graciosísimas como un cromo de
+revista taurina, con zapatito bajo, medias caladas, falda de medio paso
+con red cargada de madroños y mirando atrevidamente bajo la nube blanca
+que envolvía sus adorables cabezas, cerrándose sobre el pecho con un
+grupo de claveles.
+
+¡Qué tarde tan hermosa! Nunca se sintieron las de Pajares más contentas
+de la vida. Al descender de su carruaje frente a la plaza, llovieron
+sobre ellas los requiebros; y para todas hubo, hasta para la mamá, que
+respiraba ruidosamente y enrojecía, satisfecha del triunfo.
+Indudablemente eran ellas las que más llamaban la atención en toda la
+plaza. No había más que verlas en el palco abanicándose con negligencia,
+mientras una gran parte de los señores del tendido, puestos de pie y
+volviendo la espalda al redondel, las miraban fijamente, con ojos de
+deseo.
+
+El señor Cuadros estaba orgulloso de su situación. No podía quejarse de
+la vida. Ganaba cuanto quería; parecía un muchacho con su trajecito
+claro, corbata roja y el enorme cigarro, al que conservaba la sortija de
+papel, para que todo el mundo se enterase de su precio. A un lado tenía
+a Teresa, tranquila y sin sentir la menor sospecha de infidelidad, y al
+otro a doña Manuela, orgullosa de la admiración que ella y sus niñas
+despertaban en una parte de la plaza.
+
+Sentíase satisfecho de la situación el señor Cuadros, y las ávidas
+miradas fijas en el palco parecíanle un homenaje a él. No se podía pedir
+mayor felicidad. Cumplía con la conciencia y con el placer. A un lado la
+esposa legítima; al otro, doña Manuela, la satisfacción de la carne, el
+alimento de su vanidad; y las dos familias de las cuales era él el punto
+de unión, contentas, lujosas, llamando la atención del público, todo
+gracias a su buena suerte/ que le permitía tirar a manos llenas los
+miles de pesetas. El bolsista, saboreando su dicha, aseguraba
+mentalmente que Dios es muy bueno, y no sabía ya qué desear, pues la
+seguridad de que en breve sería millonario teníala por indiscutible.
+
+En el fondo del palco estaban el hijo de Cuadros y los dos de doña
+Manuela, con los gemelos en la mano, contemplando el aspecto de la
+plaza. En el tendido de sombra, el graderío circular era un
+escalonamiento de sombreros blancos que bajaba hasta la barrera. Algunas
+capotas cargadas de flores o relucientes peinados, destacándose sobre
+los pañolones de Manila, rompían la monotonía de las hileras de puntos
+blancos. Las puertas de los palcos abríanse con estrépito, y aparecían
+en las barandillas, cubiertas con los colores nacionales, las mantillas
+blancas, las caras risueñas, los peinados con flores; toda una primavera
+que era saludada a gritos por los entusiastas de abajo, puestos en pie
+sobre los banquillos de madera.
+
+Enfrente, bajo el sol que agrietaba la piel en fuerza de sacar sudor,
+que hacía humear las ropas y ponía un casco de fuego sobre cada cabeza,
+enloqueciéndola, estaba la demagogia de la fiesta, el elemento ruidoso
+que aguardaba impaciente, tan dispuesto a arrojar al redondel los
+sombreros en honor al diestro, como los bancos y los garrotes en señal
+de protesta. De allí partían las palabras infames contra los picadores
+que al aproximarse al toro pensaban en la mujer y en los hijos. Esta
+mitad de la plaza no tenía la regularidad monótona del tendido de
+sombra. Era un mosaico animado, en el que entraban todos los colores y
+que al agitarse variaba de composición. Las tintas rabiosas de los
+trajes de la huerta, las blancas manchas de los grupos en mangas de
+camisa, los pantalones rojos de los soldados, los enormes quitasoles de
+seda granate que parecían robados de una antigua sacristía, los
+gigantescos abanicos de papel moviéndose con incesante aleteo, las botas
+de vino que a cada instante se alzaban oblicuamente sobre las cabezas,
+los gritos, las protestas porque se hacía tarde, todo daba a aquella
+parte de la plaza un aspecto de locura orgiástica, de brutalidad jocosa.
+Y arriba, sobre la doble galería, clavadas en la crestería del tejado,
+colgaban lacias e inertes las banderítas rojas y amarillas, palpitando
+perezosamente cuando un suspiro fresco, enviado por el mar al través de
+la vega, arrastrábase sobre aquellas gentes aplastadas por la
+insolación, haciéndoles dilatar fatigosamente los pulmones. En lo alto,
+como bóveda del gran redondel, el cielo azul, infinito, sin la más leve
+vedija de vapor, cruzado algunas veces por una serpenteada fila de
+palomos, que aleteaban impasibles, sin dar importancia a la extraña
+reunión de tantos miles de personas.
+
+Eran las cuatro de la tarde y se impacientaba la gente. Por detrás de la
+barrera iban los chulos de la plaza, con sus blusas rojas, abrumados
+bajo el peso de las capas de brega, repugnantes andrajos manchados de
+sangre; y por los tendidos, haciendo prodigios de equilibrio,
+filtrándose por entre el compacto gentío, avanzaban los vendedores de
+gaseosas con el cajón al hombro, pregonando la limonada y la cerveza, y
+los _tramusers_ con un capazo a la espalda, llenando de altramuces y
+cacahuetes los pañuelos que les arrojaban desde las nayas y
+devolviéndolos a tan prodigiosa altura con la fuerza de un proyectil.
+
+Sonó la música, y un movimiento de ansiedad, de emoción, dio la vuelta a
+la plaza, haciendo latir sus corazones.
+
+Esto era lo que más gustaba a las de Pajares. La lidia las aburría o las
+horrorizaba; pero la salida de la cuadrilla las enardecía, y movíanse
+nerviosamente en sus asientos al ver el desfile de jacarandosas
+figurillas, que, a la luz del sol, destacábanse sobre la arena del
+redondel como ascuas de oro con el brillo de sus alamares.
+
+Pasada la primera impresión de entusiasmo, cuando las doradas capas
+cambiáronse por sucios trapos y cesó de tocar la música, saliendo el
+alguacil del redondel a todo galope, las de Pajares presintieron el
+aburrimiento.
+
+El primer toro... ¡bueno! Todavía les causaba cierta ilusión el arrojo
+de los diestros, el valor de aquellos cuerpos esbeltos, nerviosos y
+ligeros que escapaban milagrosamente de entre las curvas astas; pero
+apenas comenzó la parte brutal del espectáculo y cayeron pesadamente
+como sacos de arena los infelices peleles forrados de amarillo, mientras
+el caballo escapaba, pisándose en su marcha los pingajos sangrientos
+como enormes chorizos, las jóvenes volvieron la cabeza con un gesto de
+asco y no quisieron mirar al redondel. ¿A qué iban allí? A lo que van
+todas: a ver y ser vistas, a lucirse un rato a cambio de palidecer de
+emoción y lanzar angustioso grito cuando la cornuda cabeza bufa en la
+misma espalda del torero fugitivo.
+
+Y conforme avanzaba la corrida, la mayoría del público contagiábase del
+aburrimiento del espectáculo, y hasta los del tendido de sol, si no por
+repugnancia por fastidio, callaban, dejando que los lances en la arena
+se desarrollasen en medio de un tétrico silencio, como si desearan no
+provocar incidentes para que la lidia terminase cuanto antes. Sólo los
+grupos de los aficionados sostenían el entusiasmo palmoteando, aclamando
+a sus respectivos ídolos y entablando disputas ruidosas.
+
+La salida de la plaza era lenta, desmayada, contrastando con la llegada,
+ruidosa como una invasión. Todos parecían cansados y caminaban con
+cierta lentitud y ensimismamiento, como el que acaba de ser víctima de
+un engaño o ve defraudadas sus ilusiones. Los únicos que mantenían la
+algazara de la fiesta eran los que, tostados y sudorosos, salían por las
+puertas del sol golpeándose amigablemente con las arrugadas botas y las
+vacías calabazas, dando a entender a gritos que el contenido de aquéllas
+se hallaba en lugar seguro y servía para algo. Las dos familias,
+sufriendo los codazos de la muchedumbre, salieron de la plaza por entre
+los jinetes de la Guardia Civil que mantenían el turno en el desfile de
+los coches, fueron en busca de los suyos, teniendo las mamas y las niñas
+que recoger sus faldas de seda, y manchándose las medias con el barro de
+la carretera recién regada.
+
+Por fin vieron a Nelet, que guardaba el cochecito del señor Cuadros.
+Vestía de blusa, pues la carretela de las señoras era de alquiler y
+tenía cochero propio.
+
+Iba a subir el señor Cuadros en su pescante y empuñar las riendas,
+cuando el cazurro muchacho se rascó la cabeza y pareció recordar algo.
+
+--Oiga, don Antonio; don Eugenio me ha dado este papel, encargándome
+mucho que no tardase en entregarlo.
+
+Y ofrecía un cuadrado de papel azul con el cierre intacto. Era un
+telegrama.
+
+Juanito, al ver el despacho, por un instinto de solidaridad, apartóse de
+su madre, colocándose al lado del maestro.
+
+--¡Bah!--dijo el señor Cuadros con indiferencia--. Será un telegrama de
+nuestro corresponsal en Madrid.
+
+Pero inmediatamente palideció, dio una patada en el suelo y soltó unos
+cuantos pecados gordos, de aquellos que hacían ruborizar a Teresa y
+fruncir el gesto a doña Manuela, intransigente con tales groserías.
+Juanito, que leía por encima del hombro de su principal, estaba pálido
+también y parpadeaba como si creyera en un engaño de sus ojos.
+
+--Ya ves, Juanito--dijo con precipitación el maestro--. Acaba de subir
+de un golpe cerca de tres enteros. ¿Qué será esto? Hay que ver en
+seguida a don Ramón. Lo que es por esta vez, ¡se ha lucido! Pero no; él
+no se equivoca fácilmente. Aquí hay gato encerrado. De todos modos,
+debemos consultar en seguida a nuestro hombre. ¡Cristo! ¡pues apenas
+tiene la cosa importancia...!
+
+Y montó en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegar
+cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del
+infalible protector.
+
+Juanito no tuvo tanta presencia de ánimo. Pálido, sudoroso, hablando y
+gesticulando como un sonámbulo, casi echó a correr sin despedirse de la
+familia. Iba al despacho del poderoso Morte, a aquella Meca de la
+fortuna, y sentía una inmensa extrañeza al ver que la gente no mostraba
+la menor impresión, que el cielo estaba azul, que todo se hallaba como
+siempre y no surgía la más leve señal exterior para hacer saber al mundo
+que el gran genio se había equivocado por primera vez aconsejando la
+baja.
+
+
+
+
+XI
+
+
+La derrota fue completa.
+
+A los dos días, ninguno de los bolsistas que tenían por oráculo al
+famoso don Ramón dudaba de ella. El mismo banquero confesaba que esta
+vez se había equivocado, aunque no por ello dejaba de sonreír,
+asegurando que lo mismo que había ocurrido una alza contra todas sus
+previsiones, podía sobrevenir una baja, pues no todos los tiempos son
+iguales.
+
+Y aquellos hombres de fe inquebrantable acogían como risueña esperanza
+las ambiguas palabras del banquero, prestándoles esto cierta energía
+para sobrellevar el golpe. A todos los admiradores de don Ramón les
+había alcanzado la derrota; pero quien más sufría era el señor Cuadros,
+que de un golpe veía desaparecer todas las ganancias de su vida de
+bolsista.
+
+Pero él no desmayaba, no señor. ¿Qué gran general no sufre una derrota?
+Él era soldado fiel de don Ramón y le seguía a ciegas, convencido de que
+con un hombre así, de tropezón en tropezón, más tarde o más temprano se
+llegaba a la victoria.
+
+Con el error del banquero, quedaba lo mismo que antes de entrar en la
+Bolsa: dueño de la tienda y de unas cuantas fincas sin importancia. Pero
+esto mismo le animaba y le hacía ser más tenaz en sus propósitos. Al
+fin, ¿qué había perdido? Igual estaba ahora que antes de entrar en el
+negocio. Lo que había ganado en la Bolsa justo era que en la Bolsa se
+perdiese. Además, que le quitasen lo mucho que se había divertido
+gastando el dinero a manos llenas.... ¡Adelante! El buen carretero
+vuelca muchas veces en un bache insignificante.
+
+Y con tantos ánimos se sentía, que consolaba a Juanito, el cual, sin
+perder tanto como su maestro, mostrábase aterrado por el suceso.
+
+--Vaya, muchacho, debes tener más alma o retirarte del negocio, ¿Crees
+tú que se pescan millones sin correr peligro? Aquí me tienes a mí, que
+me he quedado lo mismo que hace un año: convertido en un tenderillo de
+escasa fortuna. Otro se consideraría perdido; pero yo me quedo tan
+fresco. ¿Que sigue sosteniéndose el alza? Pues yo a la baja, como antes.
+A la baja está don Ramón, y sigo a su lado. No hay cosa que disguste
+tanto a la suerte como la inconsecuencia.
+
+Y con estas seguridades, dadas enérgicamente, aunque sin saber con qué
+fundamento, el señor Cuadros conseguía serenar a Juanito. No tenía igual
+poder sobre don Eugenio, su antiguo principal. El pobre viejo, al saber
+el gran descalabro, en vez de irritarse depuso su huraña actitud,
+aproximándose a su antiguo dependiente para darle consejos con tono
+paternal.
+
+--Estás a tiempo para retirarte. Lo que te pasa es un aviso de la
+Providencia. En realidad, nada has perdido. El dinero mal ganado se lo
+lleva el diablo. Lo que ahora tienes es lo adquirido honradamente y a
+fuerza de trabajo. Créeme, Antonio; a vivir como Dios manda, con
+tranquilidad y modestia, educando a tu hijo para que sea un hombre de
+provecho, y sin repetir ciertas locurillas de las que no quiero
+hablarte. No tientes a la suerte, que es traidora. Piensa que un segundo
+golpe dejaría a tu mujer y a tu hijo en situación de pedir limosna.
+
+Cuadros, a quien la derrota había privado de fuerzas para discutir su
+pretendida infalibilidad en jugadas de Bolsa, contestaba afirmativamente
+al viejo y parecía aceptar todos sus consejos; mas no por esto se
+hallaba menos decidido a seguir a su grande hombre, sosteniéndose a la
+baja, como medio seguro de conquistar los soñados millones. Y tanto él
+como Juanito manteníanse firmes, a pesar de que continuaba el alza y no
+se veía la menor probabilidad de que pudiesen cumplirse las predicciones
+de don Ramón.
+
+Algo más que el desgraciado negocio preocupaba a Juanito. Una noche, al
+retirarse después de acompañar a Tónica y su amiga en su paseo por la
+feria, encontróse en la puerta de casa con su hermano Rafael, que se
+llevaba el pañuelo al rostro como para ocultar algo que le molestaba.
+
+Arriba, a la luz del comedor, vio a Rafael con un ojo amoratado y las
+narices sucias de sangre. El joven elegante, admiración y orgullo de la
+mamá, olía a vino, y con palabrotas de las más soeces explicaba lo que
+acababa de ocurrirle. Nada; una cosa de poca importancia. Se había
+peleado con un amigo, dándose de bofetadas y palos en medio del puente
+del Real cuando iban a la feria a última hora.
+
+No quiso decir más, aceptando con gruñidos de borracho los cuidados
+paternales de Juanito, que hizo todo cuanto supo para curarle las
+contusiones. El pobre muchacho, al ver a su hermano cruelmente
+aporreado, sintió renacer el cariño de otros tiempos, cuando ejercía de
+niñera, sacrificándose en el cuidado de sus hermanitos.
+
+Al día siguiente hizo averiguaciones para conocer con exactitud lo
+ocurrido; y los calaverillas de la Bolsa, que sabían lo de la riña, le
+enteraron con una exactitud cruel.
+
+Quien había aporreado a su hermano era Roberto del Campo. Los dos
+cenaron en un _restaurant_ para conmemorar los buenos golpes que habían
+dado en la ruleta del _Sportsman Club_. Se habían emborrachado
+amigablemente, y al dirigirse después hacia la feria, surgió la disputa
+a consequencia de ciertas afirmaciones infames del elegante Roberto.
+
+Aquel miserable se había permitido asegurar cosas que hacían enrojecer
+al pobre Juanito: intimidades repugnantes con su novia cuando por la
+mañana hablaban en la escalera; secretos, en fin, que Juanito tenía por
+calumniosos, y que únicamente podía revelar un canalla como aquél. Su
+amigo había contestado a las confidencias con una bofetada, y después
+ocurrió la riña, de la que Rafael salió tan malparado.
+
+Juanito se conmovió por el suceso. Decididamente, su hermano no era
+malo; su prontitud en defender la honra de la familia, castigando la
+calumnia, hacíale simpático. Y el sencillo Juanito, olvidando lo de la
+borrachera, consideró a su hermano como un héroe. Conmovíale el valor
+con que había defendido a Concha, y no pudo callar ante la interesada el
+entusiasmo que sentía por Rafaelito.
+
+Su sorpresa fue inmensa al ver el poco caso que Concha hacía de sus
+palabras.
+
+--Mira, chico, todo eso que me dices son líos de Rafaelito, y harás bien
+no metiéndote en nada. Yo quiero a Roberto, ¿me entiendes? Él me quiere
+a mí, a pesar de todo cuanto digas, y eso de que se permitió hablar
+ciertas cosas es una mentira de Rafael, que, según me han dicho, iba la
+otra noche como una cuba. ¡Vaya que le está bien a ese señorito meter
+cisco en la familia! Más le valdría no emborracharse, o por lo menos que
+sus borracheras no las pague yo.
+
+Y la joven se expresaba con serenidad, con frescura, como si se tratase
+de la honra de otra y aquel Roberto fuese un infeliz a quien
+calumniaban.
+
+Juanito no podía contener su asombro. ¡Dios mío! ¡qué gente aquélla! ¿Y
+era su hermana la joven que permanecía tranquila ante suposiciones
+ofensivas para su dignidad? Insistió, cada vez más escandalizado; pero
+Conchita cortó rudamente sus recriminaciones:
+
+--¡Cállate! Como eres un tonto, crees que todos los jóvenes han de ser
+iguales a ti. Roberto es como es y basta. Yo contenta, pues todos
+satisfechos.
+
+Y le volvió la espalda desdeñosamente.
+
+Entonces acudió a la mamá. Él no podía permitir que aquella loca, por
+amor o despreocupación, mirase impasible lo que de tan cerca hería el
+prestigio de la familia. Doña Manuela le escuchó atenta; aparentó
+indignarse en el primer momento, pero al fin dijo, con aquel tono de
+inmensa bondad que tan bien le sentaba:
+
+--Mi pobre Juanito, tú eres muy bueno; no conoces el mundo, no tienes
+sociedad y te extrañan y escandalizan muchas cosas que realmente carecen
+de importancia. No tuerzas el gesto, que no intento defender a ese
+muchacho, aunque me extraña mucho que un joven distinguido y bien
+educado haya podido decir tales infamias. Pero ten en cuenta que tanto
+él como Rafaelito estaban algo «alegres», y las cosas hay que tomarlas
+según está el que las dice. En fin, Juanito mío, no te preocupes de la
+casa, que aquí estoy yo para vigilarlo todo. Además, ya he dispuesto que
+Conchita no salga más a la escalera. ¿No te parece bastante? Pues hijo,
+no hay que echarlo todo a barato. Al fin, Roberto es un buen partido, y
+Conchita no va a despedirlo por cuatro palabras dichas como broma
+imprudente.
+
+Y doña Manuela, ofendida por la insistencia de su hijo, que tildaba de
+«quijotesca», se separó de él casi tan huraña y despreciativa como
+Conchita.
+
+Ahora sí que Juanito sentía a su alrededor un triste vacío. ¿Quién
+quedaba en aquella casa que pensase como él? Únicamente en los hombres
+había que buscar la vergüenza. Rafaelito y él eran los depositarios de
+la dignidad de la familia. Por esto, él, que hasta entonces había
+tratado a distancia y con cierto despego a su hermano, sentía un
+recrudecimiento de cariño fraternal. Pero a los dos días de ocurrida la
+riña le dijeron que Rafael y Roberto iban juntos otra vez, apuntando
+sobre el tapete verde en fraternal combinación. Los dos se comprendían
+y compenetraban; eran la yunta viciosa, ligada por el yugo de la
+comunidad de gustos y la mutua posesión de secretos poco limpios.
+
+Este golpe acabó de anonadar a Juanito. También su hermano desertaba.
+Nadie; ya no quedaba en su casa un corazón que pudiera colocarse al
+nivel del suyo. ¡Cómo sentía ahora su rompimiento con el tío don Juan!
+El viejo, a pesar de su tacañería y sus manías, era un hombre puro y
+recto.
+
+Juanito pensaba ir en su busca como en otros tiempos, pues sus consejos
+eran como un baño de dignidad y rígida honradez, que le hacían resistir
+mejor la atmósfera de putrefacción moral de su casa. Cada vez se sentía
+más alejado de la familia. Vivía como siempre; comía con la mamá y las
+hermanas a la misma hora, pero las escuchaba como si fuesen seres
+extraños encomendados a su observación; sonreía interiormente al
+apreciar sus preocupaciones, indignábase sin romper su silencio, y
+apenas terminaba el motivo de esta reunión de familia, escapaba para ir
+en busca de Tónica y de la pobre ciega, sintiendo el anhelo de
+purificarse, cual si las palabras de los suyos estuviesen agarradas a su
+piel como asquerosas manchas.
+
+El pobre muchacho se sentía sin fuerzas para seguir viviendo con la
+familia. Un obstáculo invisible se levantaba entre él y los suyos. Decía
+bien su tío don Juan. Él era de otra raza. Formaba aparte en el seno de
+la familia. Todos estaban ligados por la vida común; pero los otros eran
+la burguesía pretenciosa, corrompida prematuramente por la ambición de
+brillar, por el ansia de mentir, encaramándose penosamente a una altura
+usurpada; y él era un intruso, el resultado de un encuentro de la
+fuerza, cándida y sumisa, con la corrupción moral, hermosa y
+deslumbrante.
+
+No; él no tenía madre. Los otros, los de Pajares, eran los legítimos
+vástagos de doña Manuela, su fiel retrato en lo moral. Él sólo era el
+hijo de Melchor Peña, con toda la inocencia, la hombría de bien, la ruda
+dignidad del montañés de Aragón... y Melchor Peña había muerto. Estaba
+solo en el mundo; no tenía madre.
+
+Pero a pesar cíe su tristeza, Juanito seguía adorando a aquel ídolo,
+ante el cual volvía la cabeza para no ver los defectos, recordando sólo
+lo que le parecía bueno.
+
+Doña Manuela podía parecerle en ciertos momentos falta de dignidad; pero
+él echaba la culpa de todo a la maldita ambición, que la sumía en los
+enredos y trampas, donde dejaba a jirones poco a poco, por sostener el
+boato de familia, aquella altivez que tan bien le sentaba.
+
+Además--y esto era lo principal para Juanito--, la viuda, dedicada en
+absoluto a sus hijos, buscando por caminos engañosos asegurar su
+porvenir, no había dado motivo a la más leve murmuración. Tratándose de
+dinero, era capaz de mentir y hasta de estafar, tomando préstamos sobre
+fincas vendidas muchos años antes; pero su virtud de mujer aparecía
+intachable.
+
+Juanito, como esos desesperados que encuentran todavía en su miseria
+cosas agradables, reconocía en su madre grandes defectos, pero se
+extasiaba ante su honradez de mujer.
+
+Un suceso vino o sacarle de la triste preocupación que le causaban los
+asuntos de su familia. Era el último día de la feria. Por la tarde, en
+la Bolsa circuló una noticia que hizo palidecer a todos los protegidos
+de don Ramón Morte. En vez de cumplirse los vaticinios de éste, el alza
+continuaba su carrera triunfal, ganando nuevos escalones y arrollando
+las mermadas fortunas de los que osaban ponerse enfrente de ella.
+
+Esta vez desapareció por completo la confianza que Juanito tenía en la
+infalibilidad de su principal y del señor Morte. La ruina era indudable.
+El mismo don Antonio le había dicho que si no sobrevenía pronto la baja
+saltaría él a fin de mes con todos los jugadores que atendían los
+consejos del famoso banquero.
+
+El infeliz joven, poco avezado a los azares del juego, e incapaz de
+ocultar las terribles impresiones de la ruina, sintió ganas de llorar en
+plena Bolsa, ante los corredores y los «alcistas», que sonreían con un
+gozo feroz viendo la agonía de sus contrincantes.
+
+Pero Juanito era de los que en la desgracia aguardan siempre una
+inesperada salvación. Pensó que era preciso avisar al señor Cuadros; tal
+vez él como hombre experto en los negocios, encontraría el medio de
+salir a flote. Extrañábale mucho que no estuviera en la Bolsa, siendo
+aquella tarde de agitación y de emociones, y salió inmediatamente en su
+busca.
+
+En _Las Tres Rosas_ sólo encontró a don Eugenio.
+
+--¿Qué ocurre?--preguntó el vejete--. Tienes cara de susto.... ¿Que si
+está Antonio? No; salió después de comer. ¿Necesitas verle? ¿es urgente
+el asunto? Pues entonces...--y se rascó la cabeza como si dudase--,
+entonces puedes buscarlo en tu casa; de seguro lo encontarás. No sé qué
+demonios tiene que hacer, siempre metido allí. ¿Es que tu mamá juega
+también a la Bolsa?
+
+Juanito no quiso oír más, y salió a buen paso con dirección a su casa.
+
+Por el camino preocupábanle las palabras de don Eugenio, la triste
+sonrisa con que había acompañado su última pregunta. Subió al trote la
+escalera de su casa, dando un vigoroso tirón a la campanilla. Abrió
+Visanteta, y al verle comenzó a darle explicaciones antes que él
+preguntase. Las señoritas habían salido; estaban en casa de «las
+magistradas».
+
+--Bien; pero ¿y el señor Cuadros, no está aquí?
+
+Y Juanito miró angustiosamente a la criada que balbuceaba, no sabiendo
+qué responder.
+
+La empujó rudamente y entró. Visanteta sin perder su ceñuda seriedad,
+levantó los hombros, hizo un gesto de resignación, como diciendo: «Que
+ocurra lo que Dios quiera»; y volviendo la espalda al señorito, se fue
+hacia el comedor.
+
+No había nadie en el salón. Bajo el sofá sonaba el juguetón cascabeleo
+de _Miss_, la perrita inglesa, que al notar la presencia de Juanito sacó
+a medias, por entre los lambrequines, su cabeza de juguete.
+
+La mirada del joven examinó rápidamente el salón, fijándose con estúpida
+tenacidad sobre el sofá, como si viese en él algo extraño que le atraía
+sin explicarse la causa. Era una chaqueta blanca arrojada con descuido,
+y que causaba en el joven la misma impresión de esos rostros que siendo
+amigos tardan mucho en reconocerse.
+
+Llevóse la mano a la frente como si fuera a arañarse con cruel impulso,
+y sus ojos se dilataron con espanto. Fue un momento, un momento de
+vértigo nada más; pero en tan corto espacio creyó que la habitación
+danzaba como una peonza, que el techo descendía hasta apoyar en su
+cabeza su peso irresistible; vio obscuridad y luces a un mismo tiempo;
+experimentó frío y calor; sintió una bola extraña que se le atascaba en
+la garganta, y en un instante pasaron por su imaginación, como
+relámpagos lívidos, todas las escenas de novela que había leído, con sus
+terribles descubrimientos y sorpresas aplastantes.
+
+Bien conocía aquella chaqueta; era la de su principal, la que tantas
+veces le había rozado al descansar paternalmente la manga sobre su
+hombro. _Miss_, saliendo de su escondite, frotábase contra sus piernas
+gruñendo amistosamente.
+
+Pero, en fin, ¿qué era aquello? Nada significaba el pedazo de tela. Pero
+¿dónde estaba el señor Cuadros? Insensiblemente se dejó arrastrar por un
+espíritu de desconfianza que acababa de despertarse en él, y dentro de
+su casa, por una precaución inexplicable, le hacía andar de puntillas
+como si fuese un ladrón.
+
+Sin darse cuenta de ello, se vio junto al cortinaje que cubría la
+puertecilla por donde entraba doña Manuela todas las noches a la hora de
+acostarse. El mismo instinto que le hacía recatarse fue quien hizo
+avanzar su mano levantando levemente un lado de la misteriosa colgadura.
+
+Miró, y sin embargo no sufrió la impresión de momentos antes. Todo era
+verdad. Ahora comprendía las palabras de don Eugenio, su sonrisa
+triste, la mirada de conmiseración con que había acompañado su rápida
+salida de la tienda.
+
+Y abrumado por la sorpresa, permaneció erguido, con los ojos
+desmesuradamente abiertos, apoyando su espalda en la pared, como si
+temiera desplomarse. Debió lanzar un suspiro; tal vez chocó con
+demasiada rudeza contra la pared.
+
+--¿Quién anda ahí?
+
+Y tras larga pausa, contestó a esta voz femenil otra de hombre en tono
+más bajo, pero que rasgó los oídos de Juanito:
+
+--Será _Miss_, que juega.
+
+No supo cómo salió de allí. Lo único que pudo recordar fue que el
+instinto de precaución le dominaba aún, y que al bajar la escalera lo
+hizo de puntillas, evitando roces, como si fuera un delincuente y
+temiera ser descubierto.
+
+Cuando se vio en la calle sintió un calor insufrible. Ya sabía quién le
+apretaba con tanta crueldad la garganta. Era la vergüenza, que hacía
+arder en su interior un fuego de infierno, que enrojecía su rostro y
+aceleraba la circulación de su sangre. Creyó que todos le miraban, que
+los transeúntes ladeaban el cuerpo para evitar su roce, y anduvo
+apresuradamente, como si sintiera tras sus pasos el espectro de su
+vergüenza que le perseguía.
+
+Aire... espacio... libertad; se ahogaba en las calles tortuosas, con sus
+paredes que parecían aproximarse para cerrarle la marcha; necesitaba
+horizontes inmensos, para no creerse aplastado, para poder ensanchar sus
+pulmones y arrojar la cruel madeja de suspiros que se apelotonaba en su
+garganta.
+
+Una sensación fresca le despertó de aquella pesadilla, que le hacía
+caminar como un sonámbulo aterrado. Estaba en las Alamedas de Serranos,
+y marchaba con la cabeza inclinada, los brazos a la espalda: la misma
+expresión de los tipos casi lúgubres que acostumbraban a pasear allí.
+
+A lo lejos, tras las cortinas de los árboles que circuían el verdoso
+estanque, sonaba el canto de un corro de niñas confundiéndose con el
+juguetón parloteo de los traviesos gorriones:
+
+/*
+ _Yo me quería casar_,
+ _yo me quería casar_
+ _con un mocito barbero_....
+*/
+
+Juanito sentía deseos de llorar como cuando escuchaba las romanzas
+italianas de Amparo. Pero ahora no era el amor quien ponía en tensión
+sus nervios; eran los recuerdos del pasado, que contrastaban penosamente
+con su situación actual.
+
+Le hacía daño la inocente melopea infantil. Se veía con la imaginación
+vistiendo el trajecito escocés de su niñez, cuando su madre, con tocas
+de viuda, le llevaba a la Glorieta a que jugase con las niñas, pues su
+timidez y debilidad no le permitían alternar con los revoltosos
+muchachos. ¡Cuan hermosa estaba con sus negras tocas! Juanito la veía al
+través de los años como una _Máter dolorosa_, acariciando dulcemente su
+cabeza de niño y pensando en el doctor Pajares, a pesar de su reciente
+viudez.
+
+Ya no creía en su madre. La fe se había rasgado en él como una
+virginidad irreparable. Le nacía daño el canto infantil, y para no
+llorar salió rápidamente del paseo, siguiendo el pretil del río.
+
+Caminando junto a la carretera polvorienta, sin ver otras caras que las
+de los carreteros que marchaban perezosamente tras sus vehículos, o las
+de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas, Juanito se
+encontraba mejor. No tenía miedo, como el poeta, a encontrarse con su
+dolor a solas, y caminaba por aquel lugar poco frecuentado, saboreando
+con gozo cruel el hondo pesar que, de vez en cuando, estallaba en
+ruidosos suspiros.
+
+Sentía en torno de su persona la imagen invisible de un padre que no
+había conocido. El recuerdo del pobre Melchor Peña le inspiraba cierta
+conmiseración. Aquél también había vivido engañado. Amó locamente a su
+esposa sin conocer su verdadero carácter y murió en el error, como
+hubiese muerto él, jurando que su madre era la mejor de las mujeres, a
+no haberle conducido la fatalidad al salón de su casa para hacer el más
+terrible de los descubrimientos.
+
+Su madre era una tramposa capaz de todos los enredos y vergüenzas para
+conservar el falso oropel de su vida; su madre despreciaba las
+murmuraciones que herían hondamente el honor de la familia; dejaba a las
+hijas que se arrojasen en el peligro, arrastradas por la desesperada
+audacia de cazar un novio, y al final se entregaba como una perdida en
+brazos de un amigo de su esposo, se vendía infamemente cuando estaba
+próxima a la vejez, manchando todo su pasado, por una necesidad del
+orgullo. ¿Qué era, pues, lo que quedaba a aquella mujer? Nada
+absolutamente. Aquel descubrimiento fatal rasgaba el velo de la
+credulidad, desvanecía el optimismo del cariño; la madre aparecía a los
+ojos del hijo tal como era, con toda su fealdad moral; y Juanito pensaba
+con rabia en su antiguo ídolo como el devoto que pierde la fe, y en la
+imagen milagrosa que antes le arrancaba lágrimas de emoción ve sólo un
+miserable leño. ¿Por qué había nacido del vientre de aquella mujer? ¿No
+podía tener una madre como lo son todas? Y furioso contra la fatalidad,
+que le había dado por madre a doña Manuela, cerraba los puños como si
+quisiera estrangular a alguien.
+
+Levantó la cabeza y vio que se había separado del pretil, siguiendo por
+el camino de ronda. Ante él alzaban sus pesadas moles cilíndricas las
+dos torres de la puerta de Cuarte, con la rojiza costra acribillada por
+los profundos agujeros de las granadas francesas y las de las
+insurrecciones republicanas.
+
+Contemplaba fijamente los tragaluces angostos y enrejados de los
+calabozos donde estaban los presos militares. Pensaba con envidia que
+allí dentro, en las mazmorras lóbregas y húmedas, se estaría muy bien,
+rodeado de absoluto silencio, lejos del mundo, sin pesares que turban
+la existencia.
+
+Permaneció mucho tiempo mirando fijamente aquellos colosos de argamasa,
+hasta que por fin se dio cuenta de que algunos chicuelos del barrio
+formaban círculo en torno de él, contemplándolo con curiosidad,
+tomándole, sin duda, por uno de esos viajeros que para el vulgo han de
+ser forzosamente ingleses.
+
+Juanito huyó de aquella pillería, cuya mirada insolente y burlona nada
+bueno presagiaba, y siguió por el camino de ronda, sumiéndose al poco
+rato en sus tristes reflexiones. Volvía a caminar automáticamente, sin
+fijarse en las personas que pasaban junto a él. Llevaba abiertos los
+ojos, miraba a todas partes, y nada veía. Nada, no; lo real, lo
+inmediato a su persona no lograba fijarse en su retina; pero en cambio,
+veía siempre, con una tenacidad desesperante, la blanca chaqueta
+arrugada brutalmente como la sábana del lecho después de una noche de
+placer, y luego... luego veía también la cortina alzada revelando una
+parte del atentado vergonzoso, de la degradación maternal, que era para
+él un golpe de muerte.
+
+¡Oh, cuán execrable le resultaba ahora su antiguo ídolo! Y sin embargo,
+estaba convencido de que todo su odio era una impresión del momento, que
+se desvanecería apenas se hallase en presencia de la mamá. Es muy
+difícil desarraigar un cariño de tantos años; y este convencimiento era
+lo que más desesperaba a Juanito. Sentíase avergonzado por tener tal
+madre y adorarla, sin embargo, con la dulce ceguera del cariño.
+
+--¡Eh...! ¡a un lado!
+
+Juanito saltó hacia atrás instintivamente, al sentir en su rostro el
+bufido ardoroso de dos caballos. Había llegado a la entrada del camino
+del Cementerio, y aquellas bestias que casi le atropellaban eran los
+jacos huesosos, antipáticos y enfermizos que tiraban de un coche
+fúnebre. El tétrico conductor, con su librea negra y mugrienta, pasó,
+rociando de injurias al distraído y amenazándole con su látigo.
+
+Juanito apenas si pudo verle. Sus ojos estaban fijos en el féretro
+blanco y dorado que se mecía con el traqueteo de las ruedas, dejando en
+su memoria la impresión de una nubecilla surcada por rayos de sol.
+
+También debía estarse bien allí. Mejor que en los calabozos que antes
+contemplaba con envidia. El silencio para siempre, la amarga
+satisfacción del no ser, la grandiosa monotonía de la eternidad libre de
+toda alteración. ¿Por qué no iba él dentro de aquella caja? ¿Por qué no
+había caído cuatro años antes, cuando sufrió una pulmonía que puso en
+conmoción a toda su familia? Al menos habría muerto creyendo en su
+madre, y al partir le hubiera consolado un gesto, una lágrima de aquella
+mujer. Pero ahora estaba solo. Moriría aislado; lo único que le
+fortalecía era la certeza de la muerte como solución para sus males.
+
+El rostro de una joven asomada a la ventanilla de uno de los carruajes
+del cortejo fúnebre pareció cambiar el curso de sus ideas. No; era una
+locura buscar la muerte. Si no hubiese conocido a Tónica, podría aceptar
+tan desesperada resolución; pero siendo amado por ella, era una locura.
+Aún había remedio. Una parte de su capital la había entregado a don
+Ramón Morte, no para jugadas de Bolsa, sino para la adquisición de
+valores públicos. Vendería, aunque fuese con pérdida, esta parte segura
+de su capital; pagaría las deudas importantes que había contraído por
+salvar a su madre, y con lo que le quedase se establecería modestamente,
+sería el dueño de _Las Tres Rosas_ o de una tienda más pequeña,
+casándose en seguida con Tónica. Ésta era la verdadera solución. Nada de
+buscar millones; la lección había sido dura. Comerciante rutinario y
+cachazudo, buen marido y padre virtuoso; ésta era la felicidad, lo que
+él ambicionaba para el porvenir.
+
+Y cuando con más entusiasmo forjábase la ilusión de la tranquilidad
+patriarcal, un silbido estridente rasgó los aires, como si Mefistófeles,
+desde las nubes, contestase con su carcajada chillona a los hermosos
+planes de virtud doméstica. Juanito, sin dejar de andar, despertó del
+extraño sonambulismo que le hacía correr en torno de la ciudad, agitado
+a cada instante por los más diversos pensamientos. Frente a él
+perfilábase sobre el cielo de pálido azul la plaza de Toros, con su
+contorno de circo romano. Entre ella y el joven estaba el paso a nivel
+de la vía férrea, donde comenzaba a palpitar, lanzando mugidos, una
+bestia de hierro.
+
+Juanito viose detenido por la cadena que acababa de tender el guardavía.
+Este obstáculo pareció irritarle. Sintió otra vez dentro de sí aquel
+compañero misterioso que le había guiado en el salón de su casa al hacer
+los terribles descubrimientos. Algo le decía ahora con acento imperioso.
+Le empujaba, y él obedecía automáticamente. Olvidaba las ilusiones de
+futura felicidad que se había forjado momentos antes, y el ataúd
+coquetón, aquel féretro de raso blanco y bordados de oro, parecía
+brillar ante él, como un astro que le iluminase con su camino. Abríase
+su tapa, mostrando el interior mullido y acolchado como el de una caja
+de dulces. Unos cuantos pasos más, y se quedaba dentro para siempre....
+
+De pronto, Juanito se sintió cogido por los brazos, zarandeado y
+empujado hacia atrás con tal fuerza, que estuvo próximo a caer.
+
+--Pero ¿adonde va usted? ¿Está usted loco...?
+
+El que le hablaba era el guardavía, un mocetón de blusa azul con
+iniciales rojas.
+
+Entonces se dio cuenta de que estaba a pocos pasos de un tren que,
+conmoviendo el suelo, dando mugidos, por la chimenea y rugiendo por las
+válvulas de escape, salía de la estación, abofeteando a los más próximos
+con el viento de su rápido paso.
+
+Juanito lo comprendió todo. Había pasado por debajo de la cadena, y el
+empleado acababa de detenerle casi en la misma cabeza del tren que
+avanzaba.
+
+El guardavía mirábale con ojos interrogantes, en los que era visible la
+sospecha de un intento de suicidio. Los curiosos agolpados a ambos lados
+de la vía daban a entender lo mismo con sus palabras.
+
+Juanito, avergonzado, siguió a buen paso el mismo camino de antes, como
+si después de lo ocurrido le fuera imposible continuar adelante dando la
+vuelta completa a la ciudad.
+
+Pasó por el lugar donde había encontrado el fúnebre cortejo, y no pensó
+ya en aquel ataúd blanco que le obsesionaba con la más amarga de las
+seducciones. Tampoco levantó la desalentada cabeza para contemplar las
+torres de Cuarte, cuyos rojizos muros adquirían en su parte alta un
+tinte de incendio reflejando la puesta del sol.
+
+La frescura que sintió siguiendo el pretil del río pareció reanimarle.
+Comenzaba el crepúsculo. En el cauce del río, las charcas y riachuelos,
+reflejando en su fondo el rojo horizonte, brillaban como si fuesen de
+encendida lava. En la ciudad, los vidrios de los altos balcones y de las
+esbeltas torrecillas destacábanse sobre la masa obscura de los edificios
+como placas de fuego. La calma del crepúsculo, compuesta de murmullos
+imperceptibles, de lánguidos suspiros que exhala la Naturaleza próxima a
+adormecerse, invadía el ambiente. Desde el pretil veíanse rebaños de
+obscuras ovejas, que al compás perezoso de las esquilas iban en busca
+del corral, mientras que por la parte de arriba, por la carretera
+polvorienta, marchaban también en retirada los rebaños del trabajo,
+gentes de espalda encorvada y blusa vieja, con la cara sudorosa y el
+saco de herramientas a la espalda.
+
+La melancolía del crepúsculo se apoderaba de Juanito. Cuando entró otra
+vez en las Alamedas de Serranos, sus piernas flaqueaban, y sintió la
+necesidad de dejarse caer en uno de los bancos.
+
+En aquel paseo silencioso, casi desierto, que lentamente se obscurecía,
+podía forjarse la ilusión de que estaba en un jardín de su propiedad,
+donde nadie vendría a turbar la pereza dolorosa, el anonadamiento triste
+en que iba sumiéndose.
+
+En las charcas del río, las ranas comenzaban a templar sus instrumentos
+de dos notas para la interminable sinfonía de la noche; en la inmediata
+carretera sonaba el chirrido de los carros.
+
+La humedad del sombrío arbolado empapaba las ropas de Juanito,
+adormeciéndole. Hubo momentos en que su imaginación, lanzada en el
+camino de la insensatez, hízole pensar que, como en los cuentos
+fantásticos, un colosal murciélago le abanicaba con sus alas, para
+chuparle la sangre después de dormido.
+
+De pronto, vio plantadas ante él, mascullando palabras ininteligibles y
+extendiendo vergonzosamente las manos, dos niñas entecas, dos cabezas
+con el pelo revuelto y erizado como espantables Medusas, mostrando las
+piernas enflaquecidas y desnudas por debajo de los guiñapos que las
+servían de faldas. Una profunda conmiseración invadió el ánimo de
+Juanito. Aquéllas eran aún más desgraciadas que él. Tal vez no habían
+conocido a sus madres, y esto era mil veces peor que tener una aunque
+fuese como la suya. Olvidó repentinamente todas las precauciones de su
+carácter económico, y dejó el puñado de pesetas que llevaba en el
+chaleco en aquellas manecitas, que, asombradas y faltas de costumbre, no
+sabían cómo oprimir la lluvia de plata. Las pesetas caían al suelo, y
+Juanito no se arrepentía de su generosidad.
+
+Indudablemente, allá arriba había alguien viéndolo todo: lo mismo lo que
+pasaba por las tardes en una alcoba, que lo que ocurría por la noche en
+un paseo solitario entre dos mendigas pequeñas y un hombre más niño que
+ellas.
+
+La desgracia le perseguía. ¿Quién sabe lo que le estaba reservado? Tal
+vez algún día, con más vergüenza que aquellas infelices, tendría que
+tender la mano a las gentes, sintiendo calor en el rostro y en el
+estómago el cruel arañazo del hambre. Y como para sellar su pacto con la
+desgracia futura, cogió entre sus manos las desmelenadas cabecitas,
+besándolas en las sucias mejillas, en los labios cubiertos de costras.
+
+Esto asombró a las mendigas más aún que la generosidad de momentos
+antes. Sus ojos cándidos y virginales deshonráronse con una viva chispa
+de malicia; tras la inocencia infantil asomó la precocidad de la vida
+aventurera, las lecciones infames aprendidas sobre el barro de las
+calles; y las dos, apretando convulsivamente sus puñados de pesetas,
+huyeron como si las amenazase un terrible peligro.
+
+Después pasó una mujer pequeña y enflaquecida, una pobre obrera de las
+que habitan en la otra orilla del río. Cansada del trabajo, sostenía en
+un brazo la pesada cesta y un chicuelo mofletudo que se agitaba con
+nerviosa alegría, mientras tiraba con la otra mano de un galopín de
+cinco años que se obstinaba en no andar por habérsele desatado el
+zapato.
+
+La mujercita saludó con una dulce sonrisa a Juan, y dejando sobre su
+mismo banco el pequeño y la cesta, encorvóse penosamente para atar el
+zapato de su hijo mayor. Después de acariciarle su enorme cabeza, volvió
+a recuperar lo que había dejado sobre el banco y prosiguió su marcha,
+siempre abrumada por la fatiga, poseída por triste desaliento, pero
+satisfecha y sonriente al mirar a sus dos pequeñuelos, cruz abrumadora
+que arrastraba en el calvario de la miseria.
+
+Juanito creyó despertar ante aquella aparición. Era una verdadera madre
+la mujercita de la dulce sonrisa. En aquel grupo de conmovedora miseria
+había algo que él no había conocido jamás, y los dos pobres chicuelos,
+martirizados por el hambre, destinados a vivir como parias de la
+sociedad, gozaban lo que él, criado entre lujo y ostentación, no había
+tenido nunca.
+
+Sentía deseos de pedir a Dios que hiciese un milagro, que le convirtiese
+en uno de aquellos niños, destinados a ser bestias de carga para el
+bienestar de sus semejantes, pero que al menos tenían una madre que los
+amaba sin distinguirlos y no se vendía a pesar de su miseria. Sintió de
+pronto en sus manos la caída de algo caliente que resbalaba sobre su
+epidermis. Lloraba. Al alejarse el tierno grupo, las lágrimas habían
+asomado a sus ojos, y no hacía ningún esfuerzo por contenerlas,
+sintiendo al llorar una sensación voluptuosa, como si sus pulmones, con
+extraordinaria dilatación, hubiesen expelido aquel nudo que le oprimía
+la garganta.
+
+Así pasó mucho tiempo: con el sombrero caído a sus pies y la cabeza
+apoyada en una mano, dejando que las lágrimas resbalasen a lo largo de
+su antebrazo.
+
+Los últimos transeúntes que pasaron fueron unas buenas mozas con la
+cesta al brazo, moviendo al andar bizarramente sus fuertes caderas.
+Debían ser cigarreras que volvían de la fábrica. Miraron entre
+compasivas y burlonas al señorito que lloraba, y se alejaron haciendo
+comentarios a toda voz. ¡Un hombre llorando! Indudablemente le había
+engañado la novia o había muerto su madre. A Juanito no le hicieron daño
+los burlones comentarios de aquellas muchachas. Habían acertado. Su
+madre había muerto aquella tarde, y por esto lloraba.
+
+Tras el desahogo del llanto, quedó fatigado, con los miembros
+entumecidos, como si acabase de hacer una larga marcha.
+
+No supo si había dormido o si el tiempo pasó con extraordinaria rapidez;
+lo cierto fue que al apartar las ardientes manos mojadas en lágrimas y
+erguir su cabeza, vio que era de noche. Por entre el ramaje de los
+árboles veíase el cielo azul obscuro de las noches de verano, moteado
+por el luminoso polvo sideral.
+
+Como un sordo rugido semejante al hervor de lejana caldera, llegaban los
+rumores de la ciudad al paseo obscuro y silencioso.
+
+Cantaban las ranas con una monotonía desesperante; reflejábanse las
+temblorosas estrellas en el fondo de las charcas; en el inmediato
+estanque conmovíanse con estremecimientos voluptuosos las plantas
+verdosas que extendían sus palmitos a flor de agua, y a lo lejos, como
+un eco, sonaban los ladridos de los perros del arrabal.
+
+Aquel silencio matizado por los ruidos propios de la noche hacía
+imaginarse a Juanito que se hallaba en un tranquilo pueblo, lejos de una
+vida en la que sólo había encontrado hondos pesares. Su mirada vagaba
+errante por entre los puntos de luz, que le parecían impenetrables
+jeroglíficos trazados en el cielo. ¿Cómo serían aquellos mundos? Y
+pensando en esto, recordaba confusamente la poca geografía aprendida en
+la escuela, las innumerables consejas que había oído relatar sobre la
+influencia de los astros sobre los hombres.
+
+Creía en lo maravilloso, en la influencia astrológica, sintiendo que la
+calma augusta de la inmensidad se filtraba en su ánimo.
+
+Como si le atrajesen aquellos mundos desconocidos, creía elevarse en el
+espacio, dejando muy lejos, bajo sus pies, la tierra, llena de miserias.
+Su corazón parecía ensancharse, crecer, convertirse en un músculo
+gigantesco que ocupaba todo su pecho y lo hacía estallar como un saco
+angosto. Ya no odiaba a nadie.
+
+Todos los seres de la tierra le parecían pequeños; y sintiendo la tierna
+conmiseración de las almas grandes, sonreía dulce pero compasivamente al
+pensar en su madre, en sus hermanas y hasta en la misma Tónica.
+
+Nada le impresionaba ya; todo le era indiferente: amistad, familia y
+amor. Él no era de este mundo; su verdadera patria estaba arriba. Y
+miraba a los astros con ojos interrogantes, como inquilino que escoge la
+mejor habitación para trasladarse a ella.
+
+Pero las impurezas de la realidad le despertaron otra vez de su
+sonambulismo. Pasaban misteriosas parejas por detrás de los macizos de
+árboles, unidas por dulce intimidad, con paso recatado, cuchicheando
+levemente y buscando un lugar a propósito para aislarse de otros a
+quienes la cita nocturna llevaba también allí.
+
+Esto sublevó a Juanito. Tenía por suyo el paseo, la calma de la noche,
+el puro silencio que le envolvía; la impúdica invasión de libertinos
+callejeros y mercenarias ambulantes causábale el efecto de un atentado
+contra su propiedad. Un sentimiento de asco le hizo ponerse en pie; y
+recogiendo su sombrero, salió de la obscura alameda.
+
+Las campanas de los relojes atrajeron su atención, haciendo que mirase
+el suyo a la luz de un farol.
+
+Eran las diez y media. Le sorprendió la rapidez con que había
+transcurrido el tiempo y continuó su camino, dispuesto a vagar sin rumbo
+fijo; pero los grupos de gente que siguiendo el pretil marchaban en la
+misma dirección le arrastraron, haciendo que insensiblemente se
+encaminara a la feria de la Alameda.
+
+Al llegar al puente del Real pasó por entre los tranvías y carruajes,
+que, parados en la obscuridad, parecían mirar al gentío con los
+encarnados y redondos ojos de sus faroles.
+
+El magnífico panorama reanimó a Juanito. Al otro lado del río, millares
+de luces de colores, en serpenteantes líneas o marcando el contorno de
+los pabellones arquitectónicos, desvanecían la obscuridad, produciendo
+un rojizo vaho que se extendía por el cielo coma el reflejo de lejano
+incendio. Las charcas del río se poblaban de inquietos peces de fuego.
+
+Atravesó el puente sufriendo los codazos de la multitud. Aquella noche
+era la última de feria. Destacábanse los grupos de soldados, con los
+roses enfundados de blanco; los huertanos iban en cuadrilla, cogidos de
+las manos por temor de extraviarse; y pasaban las labradoras con su
+traje de fiesta, arrastrando tras sí un racimo de chiquillos llorones y
+cansados, precedidas por los maridos en mangas de camisa, chaleco negro
+y el garrote de Liria en la mano, mirando a todos con fijeza, como si
+temiesen que los «señoritos» se burlasen de la familia.
+
+Los farolillos venecianos formaban gigantescos pabellones de una
+claridad difusa. En la entrada de la Alameda apelotonábase el gentío, y
+por entre la masa de espaldas arqueadas y codos en punta pasaban las
+floristas con su cesto de mimbres erizado de ramilletes y las chicuelas
+desgreñadas, con el cántaro en la cadera y el turbio vaso en la mano,
+pregonando: «¡_Al aigua fresqueta_!»
+
+Juanito viose detenido por la masa apiñada ante el tablado de los bailes
+populares. Sonaba el agudo cornetín repitiendo monótonamente la
+contradanza moruna o acompañando las voces de los cantadores, y a su
+compás saltaban sobre el tablado las parejas de bailarines, que de lejos
+parecían polichinelas.
+
+En aquel lugar bifurcábase la corriente del gentío. La gente alegre y
+ruidosa, los labradores, la chavalería de gorrilla y tufos o de falda
+almidonada y pañuelo de seda, seguía por el pretil del río mirando la
+larga fila de casetas, en las que se aburrían los feriantes esperando al
+comprador que nunca llegaba.
+
+Por el lado opuesto, por la avenida central, donde estaban establecidos
+los pabellones de baile, marchaba la gente «distinguida», con
+parsimonia, como en una procesión, mirando con el rabillo del ojo a los
+que estaban en las compactas filas de sillas, o deteniéndose un instante
+para contemplar las parejas que danzaban en los pabellones.
+
+Juanito, confundido entre este público e insensible a las cosas de este
+mundo, lo encontraba todo feo y ridículo con su pesimismo feroz.
+
+Aquellos pabellones, que vistos con un poco de buena voluntad a la luz
+artificial recordaban los palacios deslumbrantes de las leyendas,
+parecíanle ridículas barracas. Y luego, ¡qué asco le producían los
+imbéciles que en aquellos salones al aire libre bailaban como monigotes,
+sin advertir que el gentío se divertía con sus saltos!
+
+En uno de aquellos pabellones estaría su hermano Rafael. Y el muy
+imbécil tal vez se divertiría, tal vez estarían con él las hermanitas, y
+todos juntos mirarían con desprecio a la gente que se pasea por bajo,
+sin pensar que de allí podría salir un acusador anónimo que les gritara:
+«¡Todo ese lujo, esa altivez que ostentáis, son debidos a la trampa, a
+la desvergüenza, a que vuestra madre es una...!»
+
+No; decididamente, él no podía seguir paseando por aquella parte de la
+feria. Volvían a reaparecer las tristes ideas de la tarde; pensaba otra
+vez en su madre. Además, de seguir por cerca de los pabellones, estaba
+expuesto a encontrarse con su familia, con el señor Cuadros, con
+cualquiera otro que le hiciera acordarse de lo que él tenía empeño en
+olvidar.
+
+Huyó de aquellos sitios, dirigiéndose al final de la feria, donde
+estaban los _restaurants_ al aire libre, las buñolerías apestando el
+ambiente con el aceite frito de sus fogones, y las rifas, cuyos dueños
+atraían con furiosos gritos a la gente, prometiendo una fortuna. Más
+allá estaban los vendedores de sandías, voceando tras sus montones de
+verdes bombas; las mesas de comida barata, donde cenaban chorizos crudos
+y morcillas secas los soldados y los labradores; y al final, los
+barracones de espectáculos: _El teatro mágico_, _La mujer gorda_, _Los
+perros sabios_, con órganos a la puerta que hacían sonar una música
+extravagante, propia de una fiesta de caníbales. Juanito, con los
+nervios excitados, acabó por huir, refugiándose en los jardinillos a la
+inglesa que la gente llama «el Plantío».
+
+Volvió a encontrarse como en las Alamedas de Serranos, en una soledad
+relativa, mirando desde su banco la agitación de la feria y contemplando
+el cielo a través de las copas de los árboles, cuyas hojas, bañadas por
+el reflejo de la luz artificial, cambiaban su tono verde por un plateado
+mate.
+
+Allí, por un extraño capricho de su imaginación, pensó en los negocios.
+Recordaba las noticias que le habían dado aquella tarde en la Bolsa. La
+ruina era indudable. ¡Bien les había dejado el célebre banquero con su
+pretendida infalibilidad!
+
+Su principal, el señor Cuadros, podía tenerse por hombre al agua. En
+cuanto a él, daba por perdida una gran parte de su fortuna, y únicamente
+confiaba en los valores del Estado que por encargo suyo había adquirido
+el señor Morte. Eran unos tres mil duros, y con esta cantidad pensaba
+encontrar la salvación.
+
+El optimismo tornaba a apoderarse de su ánimo, como una reacción
+necesaria tras tantas horas de insufrible dolor. Aún tenía salvación. Se
+alejaría de aquella familia que sólo era en apariencia suya, pero a la
+cual no le ligaba lazo alguno; se casaría con Tónica, buscaría una
+tienda modesta y emprendería otra vez la conquista azarosa y difícil del
+dinero, teniendo por maestro a don Eugenio y siguiendo los
+procedimientos lentos y rutinarios del comercio a la antigua.
+
+No sería millonario, no soñaría con palacios en el Ensanche y brillantes
+trenes de lujo; pero al llegar a la vejez se pasearía por una tienda
+acreditada, con zapatillas bordadas, gorro de terciopelo y la
+prosopopeya de un honrado patriarca, viendo a los hijos talludos tras el
+mostrador, como activos dependientes, y a Tónica, hermosa a pesar de los
+años, con el pelo blanco y los ojos de dulce mirada animándole el
+arrugado rostro.
+
+Y el pobre muchacho conmovíase ante este cuadro de futura felicidad; y
+así como antes el dolor le hacía llorar, ahora suspiraba con angustia a
+causa de la alegría.
+
+Cruzó el espacio un silbido rápido, estridente, un ruido semejante al
+desgarro de inmensa sábana, y en lo más alto del cielo, después de una
+detonación de lejano cañonazo, esparcióse un haz de puntos luminosos de
+diversos colores, que descendieron lentamente, dejando tras sí
+culebrillas de fuego.
+
+Eran los cohetes voladores que anunciaban el disparo de los fuegos
+artificiales. Juanito, con la atención de un muchacho, seguía las
+vertiginosas curvas de aquellas veloces rayas de fuego en el obscuro
+espacio. Cuando comenzaron a arder con gran estruendo los fuegos
+artificiales en un extremo de la feria, él no abandonó su asiento.
+Estaba molido; sus piernas entumecidas negábanse a obedecerle, y la
+debilidad y el cansancio le producían, en ciertos momentos, algo así
+como asomos de vértigo.
+
+Toda la feria adquiría un aspecto fantástico alumbrada por las bengalas,
+que tan pronto la coloreaban de alegre rosa como daban a las personas un
+tinte lívido.
+
+Un rugido de entusiasmo saludó el principio de la _traca_, diversión
+favorita de un pueblo que ha heredado de los moros la afición a correr
+la pólvora. Pendiente de los árboles daba la vuelta al largo paseo
+aquella envoltura de papel rellena de pólvora, colgando a trechos los
+blancos cucuruchos que contenían los truenos.
+
+Durante media hora repitió el eco aquel estruendo de batalla. Las
+mujeres, puestas de pie sobre las sillas, miraban con nerviosa
+curiosidad la nube de humo erizada de relámpagos que se acercaba,
+dejando tras sí un ambiente cargado de azufre y voladoras pavesas; y
+cuando el estruendo llegaba frente a ellas, cubríanse los rostros con
+los abanicos, hundían la cabeza en el pecho, o sin dejar de reír,
+llevábanse las manos a los oídos, como si no pudieran resistir el trueno
+continuo, cuya intensidad subía o bajaba, llegando en algunos instantes,
+con la violencia de la explosión, a hacer el vacío, dejando sin aire los
+pulmones.
+
+La fiebre levantina enloquecía a los nietos de los rífenos, y eran
+muchos los que, con la blusa chamuscada, sacudiéndose la lluvia de
+pavesas, corrían siguiendo la marcha del fuego, deteniéndose para silbar
+al pirotécnico cuando la _traca_ se cortaba, apagándose por algunos
+segundos. Con la violencia de las explosiones saltaban hechos añicos los
+globos de vidrio del alumbrado de gas; el azufre colábase por todas las
+gargantas, llevando al fondo de los estómagos su sabor insufrible; pero
+todo entraba en la diversión, y al final, cuando estallaba el trueno
+gordo, haciendo temblar el suelo de la feria, la gente menuda prorrumpía
+en estruendosa aclamación, despertando de la pesadilla belicosa que la
+había enardecido durante media hora.
+
+Al terminar la _traca_, Juanito salió de la feria. Tenía prisa en
+llegar a casa antes que su familia. Reconocíase sin fuerzas para
+resistir la presencia de su madre. Carecía de costumbre en el
+fingimiento, y la expresión de su rostro le haría traición. Además,
+sentíase muy débil. Como los seres nerviosos que después de un esfuerzo
+extraordinario caen en desaliento mortal, él, tras la tarde de agitación
+y la noche pasada en los bancos del paseo, sufriendo el húmedo relente,
+sentíase enfermo. Su estómago le atormentaba, recobrando sus funciones
+después de la crisis nerviosa.
+
+Cuando llegó a su casa y Visanteta le abrió la puerta, no pudo contener
+un gesto de asombro al ver que el salón estaba iluminado.
+
+Entró. Allí estaban su familia y la del señor Cuadros, pero todos
+silenciosos, ceñudos, con la cabeza inclinada, como si en la vecina
+alcoba hubiese un muerto al que velaban. Juanito husmeó en el ambiente
+algo terrible e inesperado, y se olvidó de todo, atento únicamente a
+conocer el misterio. Fue a preguntar, pero el señor Cuadros le atajó
+poniéndose en pie y avanzando con los brazos abiertos, con expresión
+paternal y desesperada.
+
+--¡Ay, hijo mío! Estamos perdidos. Ese Morte es un pillo.
+
+¡Eh! ¿Qué era aquello...? Pero la extrañeza del joven duró muy poco,
+pues el señor Cuadros hablaba con la verbosidad de la desesperación.
+
+La cosa había ocurrido al anochecer. Primero la noticia circuló
+tímidamente por la Bolsa, pero poco después la sabía toda la ciudad. El
+célebre banquero don Ramón Morte había desaparecido, produciendo la
+consternación en centenares de familias. Unos decían que era un farsante
+que había huido para comerse en el extranjero los millones robados a sus
+clientes con la hipócrita comedia de su sencillez y su filantropía;
+otros aseguraban que era un desgraciado, un iluso, que, enloquecido por
+anteriores triunfos, se había empeñado en sostenerse a la baja,
+perdiendo su capital y el de sus admiradores, para huir al fin, pobre y
+avergonzado, sin que su deshonra le valiera nada. Lo cierto era que
+desde el anochecer, toda una procesión de clientes, anonadados unos y
+amenazantes otros, entraban en las oficinas del banquero, no encontrando
+otra cosa que las mesas abandonadas y algunos empleados quejumbrosos y
+todavía no convencidos de la ruina de su principal.
+
+Juanito quedó clavado en el suelo por el asombro, con los ojos
+desmesuradamente abiertos, mirando a un lado y a otro, sin ver nada. Los
+demás seguían cabizbajos, oyendo por centésima vez la relación del señor
+Cuadros, que parecía enloquecido por la ruina.
+
+--¡Sí, hijo mío! Yo también he estado allí. Aquello es una desolación.
+Estamos a fin de mes y hay que pagar en seguida. ¡Oh, ese hombre! ¡Ese
+pillo! ¡Da lástima ver tanto desesperado, tantos padres de familia
+dispuestos a matarse o a matar a ese granuja si le pillan! El muy ladrón
+debió saber antes que nadie lo de la baja, y... ¡échale un galgo! ¡Dios
+sabe dónde estará ahora!
+
+Juanito fue a preguntar algo, con la timidez del que espera una terrible
+noticia, pero su principal siguió hablando.
+
+--¿Y yo, Juanito mío? ¿Cómo me quedo yo...? Arruinado para siempre,
+perdido, y lo que es peor, deshonrado. No tengo la cabeza para cuentas,
+pero he calculado a la ligera lo que debo a los corredores, y ni con la
+tienda ni con mis fincas tendré para pagar la mitad. ¿Qué hago, Dios
+mío, qué hago...? Para comer tendré que pedir a algún compañero que me
+admita de dependiente; y esto, a la vejez, es para pegarse un tiro.
+
+Y Cuadros tenía los ojos vidriosos, faltándole poco para romper a
+llorar. No era su próxima degradación lo que más lamentaba, sino la
+pérdida de los placeres con que le había tentado la riqueza improvisada.
+
+--Pero ¿y yo?--dijo por fin Juanito--. ¿En qué situación quedo?
+
+--¿Tú...? ¡Pareces tonto! La ruina es igual para todos. Únicamente
+tienes sobre mí la inmensa ventaja de ser joven y carecer de mujer e
+hijos.... ¡Ay, quién estuviera en tu piel!
+
+--Pero yo--dijo el joven con la tenacidad del que se agarra a una
+esperanza--, yo no sólo jugaba a la Bolsa. Don Ramón tenía en su poder
+más de tres mil duros míos en títulos del Estado. ¿Qué se han hecho?
+
+Cuadros lanzó una carcajada, que, en fuerza de querer ser irónica,
+resultaba espeluznante.
+
+--Espera sentado tus tres mil duros--exclamó con brutalidad--; eso de
+los valores públicos es una mentira. Ahora se ha descubierto que el tal
+don Ramón no compraba papel, y cuando le daban una cantidad con tal
+destino la dedicaba a la Bolsa, cuidando de entregar los intereses al
+cliente, como si en realidad existiesen los títulos. ¿Quieres saber que
+hay de esos tres mil duros? Pues que los has perdido. ¿No me dijiste que
+tu novia le entregó ocho mil reales? Pues los has perdido también....
+¡Cristo! Hemos sido unos brutos, y ahora, en justo castigo, nos quedamos
+en la miseria, y muchas gracias si en alguna tienda nos quieren admitir
+de bestias de carga.
+
+Y Cuadros, furioso, iba de un extremo a otro del salón manoteando,
+gozándose cruelmente en pintar a su discípulo toda la grandeza de su
+ruina. Juanito estaba inmóvil por el estupor. ¡Dios sabe lo que pasó en
+aquellos momentos ante sus ojos, fijos, sin luz y desmesuradamente
+abiertos como los de un ciego!
+
+De pronto, doña Manuela abandonó su asiento al ver a su hijo vacilar,
+llevándose las manos al pecho y retroceder como si buscase apoyo.
+
+Intentó cogerlo por los brazos; pero el pobre muchacho se estremeció,
+lanzando una mirada a su madre, que despertó en ella vergonzosas
+sospechas.
+
+--No, no me toque usted, mamá: ¡lejos...! no necesito a nadie... estoy
+bien.
+
+Y cayó como un fardo sobre el mismo sofá en el que por la tarde había
+visto la arrugada chaqueta como impasible acusadora del adulterio.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Juanito se moría.
+
+Toda la noche la pasó tendido en su cama como una masa inerte, con la
+pesada cabeza hundida en las sábanas, el rostro envejecido, la barba
+alborotada y los ojos cerrados.
+
+El pecho elevábase acelerada y trabajosamente, como si dentro funcionara
+una válvula vieja, y en la alcoba sonaba sin interrupción un ronquido
+silbante, cual si a lo lejos estuviera una locomotora expeliendo el
+vapor de sus calderas. La familia pasó toda la noche junto a la cama del
+enfermo.
+
+Doña Manuela, a pesar de su ánimo varonil, estaba aturdida por el
+asombro. Pero ¿cuándo se cansaría Dios de enviar desgracias sobre ella?
+Primero la ruina del protector que sostenía el prestigio de la casa y la
+de su hijo, con cuya fortuna contaba para casos extraordinarios, e
+inmediatamente aquella enfermedad extraña, rápida como el rayo, que
+mataba por anticipado al pobre joven, pues le tenía inmóvil e insensible
+como un cadáver, sin otra vida que aquella respiración angustiosa que
+parecía asfixiar a los demás.
+
+La desgracia reanimaba el sentimiento maternal, dormido durante tantos
+años en el pecho de doña Manuela. Contemplaba a Juanito con igual
+expresión que cuando era hijo único y gozaba de todas sus caricias.
+
+Con los ojos enrojecidos por un sordo lloriqueo, iba la madre de un
+punto a otro de la alcoba cumpliendo lo dispuesto por los médicos,
+preparando los sinapismos que aplicaba por debajo de las sábanas a las
+míseras piernas del enfermo.
+
+Rafaelito habíase retirado a su cuarto en la madrugada, y las hermanas
+permanecían clavadas en sus sillas, bostezando de cansancio, con un
+gesto de extrañeza y de miedo, como si presintieran que la muerte
+rondaba por la puerta de la alcoba.
+
+La madre indignábase al hablar de los médicos. ¡Vaya una gente
+ignorante! Todo lo echaban en palabrotas raras e ininteligibles. Lo
+único que había podido sacar en claro era que se trataba de una
+congestión cerebral de las peores, y que el enfermo, por haber pasado a
+la intemperie gran parte de la noche, se hallaba en... ¿cómo decían
+aquellos tipos...? ¡Ah, sí! en un medio patogénico que había preparado
+el efecto terrible de la mala noticia.
+
+Y no cabía dudar que el pobrecito se moría. Ninguno de los médicos había
+dado a la madre la menor esperanza. A sus preguntas contestaban con
+palabras que nada prometían; pero apenas estaban fuera de la alcoba,
+meneaban la cabeza con triste expresión, como afirmando que nada les
+quedaba que hacer allí.
+
+En medio de su dolor, la obsesionaba una idea cruel. Recordaba el
+terrible momento en que Juanito había caído inerte al conocer su ruina.
+
+--No, no me toque usted, mamá....
+
+En sus oídos sonaban estas palabras como si acabasen de ser
+pronunciadas, y veía aún el gesto de repugnancia con que las había
+acompañado.
+
+¿Qué cambio tan rápido era aquél, desde la adoración idolátrica a una
+repulsión instintiva? ¿Sabría algo su hijo? Y la cruel sospecha de que
+Juanito pudiera conocer el secreto de aquel lujo que la familia había
+ostentado en medio de la ruina martirizaba a doña Manuela. Sólo la
+suposición de que sus sospechas pudieran resultar ciertas la hacía
+sentir intenso remordimiento. Por una preocupación extraña, doña Manuela
+creía preferible que Rafaelito y hasta sus mismas hijas tuviesen
+conocimiento cíe su deshonra, antes que aquel buenazo, vivo retrato de
+su padre, para el cual cualquier impresión extraordinaria era la muerte.
+
+Quedábase unos instantes inmóvil ante el lecho, contemplando fijamente
+al enfermo, como si en su rostro enrojecido e inmóvil pudiera leer algo
+de lo que pensaba al rechazarla con tanta vehemencia. Entreabría los
+párpados del enfermo y se fijaba en el ojo amarillento, opaco, sin vida,
+no pudiendo encontrar en él un rastro del pensamiento que con tanto
+interés buscaba.
+
+Así pasó toda la mañana. Las niñas se habían retirado a descansar,
+fatigadas por el estertor incesante y penoso que las crispaba los
+nervios.
+
+Doña Manuela estaba inmóvil, pensando en la sima que se abría a sus pies
+y en la que iba a caer irremisiblemente, encontrando al final lo que
+tanto la asustaba: la miseria.
+
+Bien adivinaba ella el concepto en que ahora la tenían las familias
+amigas. En otras circunstancias, una enfermedad hubiese atraído
+inmediatamente innumerables visitas; pero ahora todos debían saber lo de
+la ruina, y de la casa que se derrumba todos huyen.
+
+Un asomo de cordura iniciábase en aquella mujer dominada por la vanidad
+y la soberbia. Se había arruinado, había caído hasta en la deshonra por
+hacer su papel en la comedia del mundo, y fuera de algunas
+satisfacciones de su orgullo, ¿qué había sacado? Su Rafaelito era un
+perdido: ahora lo comprendía; muy elegante, eso sí, pero inútil para
+librar a la familia de la miseria. Sus hijas eran unas señoritas que
+sólo habían aprendido a figurar como muñecas bien educadas en un salón,
+y aun esto sin poder evitar cierta cursilería que saltaba a la vista
+apenas salían de su esfera. Su Juanito, el paria de la casa, era el que
+valía algo, y ahora estaba allí, agitando su pecho para escapar del
+brazo de la muerte, cansado de sufrir desdenes y olvidos.
+
+Ahora veía claro. ¡Cuan tonta había sido! Pero todos sus propósitos de
+enmienda desaparecieron por la tarde, cuando recibió la visita de su
+hermano.
+
+Don Juan había jurado en todos los tonos no volver a poner los pies en
+la casa de su hermana; pero al saber el estado de su sobrino se apresuró
+a visitarlo. Amaba a Juanito. Su rompimiento con él fue un arrebato de
+su carácter atrabiliario; pero por no mostrarse débil, permaneció
+alejado, aunque sin dejar por esto de enterarse de la marcha de sus
+negocios. Entró en la alcoba del enfermo con el ademán soberbio, el
+cónico sombrero encasquetado y lanzando a su hermana una mirada de
+desprecio.
+
+Hacía esfuerzos por aparentar rudeza y mal humor, como si se presentase
+arrastrado por el deber y no por el cariño; pero el cerdoso bigote le
+temblaba y los ojillos parpadeaban nerviosamente. El estertor fatigoso,
+la inmovilidad del enfermo, las sombras cadavéricas que se extendían
+sobre el rostro, marcando sus huecos con triste negrura y haciendo
+destacar fúnebremente el perfil de la nariz, acabaron con la serenidad
+del pobre viejo, arrancándole un grito que parecía salirle del alma:
+
+--¡Juanito...! ¡Niño mío...! ¿No me oyes...? Soy el tío Juan....
+
+Y se abalanzó al rostro del enfermo, besando la sudorosa frente. Pero la
+máscara barbuda y lívida que asomaba por el embozo de las sábanas
+permaneció inmóvil.
+
+El viejo prorrumpió en sollozos.
+
+--Se acabó.... Esto es cosa hecha. Ya me lo ha dicho uno de los médicos,
+pero necesitaba verlo para convencerme. Parece mentira.... ¡Un chico
+como un castillo acabar tan pronto...! ¡Ay, cómo me duele ese
+ronquido...! ¡Cristo! Parece que me rasgan algo aquí, dentro de los
+pulmones. ¡Señor! ¡Qué justicia! Los carcamales como yo, buenos y
+sanos, y ese chico que parecía comerse al mundo, camino del cementerio.
+
+Hubo una larga pausa.
+
+--Mujer, ya estarás contenta. Al fin has salido con la tuya. Te
+estorbaba el chico, por ser hijo de quien es.
+
+--¡Yo!--gritó doña Manuela poniéndose en pie, con llamaradas en los ojos
+y la majestuosa nariz agitada por la indignación.
+
+Aquel momento de silencio pareció una larga amenaza. El ronquido
+angustioso del enfermo seguía sonando, cada vez más desgarrador.
+
+--Sí, mujer, tú. No te pongas tan soberbia, que no has de comerme. Tú
+sabes que nos conocemos, y a mí no me asustas. Tú... sólo tú eres la
+autora de esa muerte. ¿Crees que no estoy enterado de todo? El chico era
+dócil, modesto, había bebido en buenas fuentes, era de nuestra escuela,
+y toda su ilusión consistía en conquistarse una posición sin perder la
+honra. Te quería demasiada, hubiera dado su sangre por ti, y eso es lo
+que le ha perdido. Primero le hiciste firmar pagarés, contraer deudas, y
+luego, su imbécil principal y tú, con el hambre del dinero, lo habéis
+metido en esa ladronera que llaman Bolsa. Ha venido la ruina, y...
+¡cataplum! ¡el chico a tierra...! ¿Quién tiene la culpa, mala madre?
+¿Quién ha asesinado al muchacho, perra desvergonzada?
+
+--¡Juan...! ¡Juan!--gritó doña Manuela avanzando un paso con ademán
+imponente, extendiendo las crispadas manos como si fuera a arañarle.
+
+--¿Qué hay...? ¿Qué quieres...? No me causas miedo. Los que somos
+honrados decimos sin temor la verdad.... Ya veo que has llorado, pero a
+mí no me engañan tus lagrimitas. No lloras por tu hijo; lo que te
+entristece es la miseria que se aproxima, la ruina de tu _buen amigo_
+Cuadros.
+
+Don Juan subrayó con tanta expresión estas palabras, que su hermana dio
+un paso atrás, palideciendo y bajando las amenazantes manos.
+
+--Parece que me has entendido. ¿Creías que también ignoraba yo esto? Lo
+sé todo, hija mía, y digo que me avergüenzo de que lleves mi apellido.
+Troné contigo cuando siendo viuda tuviste «aquello» con el doctor
+Pajares. Entonces aún podías justificarte, pues al fin amabas algo a
+aquel _perdis_.... Pero lo que no tiene excusa es que te hayas vendido,
+que te hayas entregado como un pingajo de la calle. En mal camino estás,
+Manuela, y ya es tarde para retroceder. Hay alguien que te castiga,
+haciendo que la deshonra no pueda servirte de Dada. Has perdido tu
+respetabilidad de mujer y ahora te hallas en los mismos apuros de antes,
+pues ese imbécil de Cuadros es hombre al agua. Por cierto que, según me
+han dicho, nadie puede encontrarle. Habrá huido, como su maestro el
+farsante Morte, convencido de que lo que tiene no alcanza para pagar a
+la décima parte de sus acreedores. Llora, hija mía, llora; de nada te ha
+servido caer.
+
+Y doña Manuela lloraba, efectivamente, sin saber con certeza si sus
+lágrimas las arrancaba el estado de su hijo, los insultos de su hermano
+o aquella última noticia de la desaparición de Cuadros.
+
+El viejo continuaba hablando junto al lecho del enfermo, excitado por la
+indignación, con voz sorda unas veces y gritando otras, de modo que
+cubría aquel estertor angustioso.
+
+--Te lo vuelvo a repetir. No cuentes conmigo para nada. Si antes no te
+quería porque eras una manirrota, menos te querré ahora que eres una...
+no lo quiero decir. El único que podía esperar algo de mí es ese
+pobrecito. Los cuatro cuartos que tengo eran para él; pero ahora... se
+acabó. Nada espero y en nada confío. Gastaré lo que me queda; procuraré
+darme buena vida, y si tengo que hacer por alguien, ya sé a quién me
+dirigiré.
+
+Y volviéndose hacia el enfermo, díjole con expresión de ternura, como si
+pudiera oírle:
+
+--¡Juanín...! ¡Hijo mío! Tu tío está aquí.... Márchate tranquilo, que
+alguien queda para proteger a los que te amaban y habían de formar tu
+familia.
+
+--¿Qué es eso...? ¿Qué dices?
+
+--Cállate; Juanín me entiende, a pesar de que parece muerto. No tardaré
+en reunirme con él... por eso no lloro... no vale la pena; es una
+separación de un par de años... un viaje. Pero cuando lo vea otra vez,
+tengo la certeza de que me abrazará agradecido y me llamará ¡tiíto!,
+como cuando era pequeño y pasaba los domingos jugando en los porches de
+mi casa.
+
+Y don Juan, enternecido por los recuerdos, gimoteaba inclinado sobre
+aquella cabeza lívida, en cuya frente caían las lágrimas del viejo,
+mezclándose con el agónico sudor.
+
+De pronto debió arrepentirse don Juan de su debilidad; recordó sin duda
+algún detalle irritante de la vida de su hermana aferrado tenazmente a
+su memoria, y recobró el gesto de rudeza, mirando fijamente a doña
+Manuela.
+
+--Oye bien lo que te digo. Cuando éste salga de aquí, no nos veremos
+más. Él era lo único que me ligaba a vosotros, el que podía obligarme a
+venir a esta casa. Andas muy mal, Manuela. Crees que tu última locura la
+ignoran todos, y cuantos te conocen lo sospechan. ¡Quién sabe si este
+pobrecito también estaba enterado y se va al otro mundo avergonzado de
+su madre...!
+
+--¡Juan...! ¡Cállate por Dios...! ¡Me matas...! Doña Manuela gritó
+horrorizada, cubriéndose el rostro con las manos. La sospecha que tanto
+la molestaba reaparecía en boca de su hermano. Y tan grande era su
+turbación, que hasta le pareció más ruidoso aquel estertor de agonía,
+como si el moribundo contestase afirmativamente con su fatigoso
+ronquido.
+
+--Sí, Manuela. Adivino lo que piensas. Tu hijo se muere, sin que tengas
+la certeza de que marcha a un mundo mejor con su inocencia limpia de
+toda sospecha, creyendo en su madre como yo creí siempre en la nuestra.
+Ése será tu castigo; ése será tu remordimiento.... Vivirás intranquila.
+Hasta ahora, el pobre Juanito apenas si ha merecido tu atención; pero la
+muerte despertará en ti los instintos de madre, pensarás en él a todas
+horas, le verás en sueños, y la sospecha de que tu hijo pudo conocerte
+tal como eres amargará tu existencia.... ¡Ay, infeliz! Te compadezco,
+pienso con horror en las noches que pasarás cuando esta cama esté vacía
+y creas oír en las habitaciones los pasos de Juanito. ¡Cómo llorarás
+cuando la miseria te acose, y esos cachorros de Pajares, que para nada
+sirven, no te puedan dar el pan que Juanito se hubiera quitado de la
+boca para ti...!
+
+Ahora sí que lloraba de veras doña Manuela. Pensaba en el remordimiento
+horrible que le predecía su hermano, y más aún en aquella miseria que
+tanto la asustaba.
+
+Tan visible era su desesperación, que don Juan calló, compadecido de su
+hermana. Hubo un largo silencio. El viejo habíase sentado en una silla
+baja, apoyando su espalda en el lecho, y con la cabeza inclinada parecía
+sumido en dolorosa reflexión. Doña Manuela, lloriqueando, fijaba sus
+ojos con expresión interrogante en el implacable hermano, como si le
+pidiera misericordia.
+
+Transcurrió más de una hora sin que el silencio de la alcoba se
+interrumpiera con otro ruido que el estertor angustioso y continuo del
+enfermo. Doña Manuela levantábase para pasar una mano por la frente
+sudorosa del enfermo, cada vez más fría, y volvía a ocupar su asiento,
+mirando a lo alto con una expresión desesperada. Al angustioso
+movimiento de los pulmones uníanse ahora nerviosos estremecimientos,
+cada uno de los cuales parecía repercutir en los dos hermanos.
+
+Don Juan palidecía como si sufriera los movimientos dolorosos de aquel
+cuerpo inerte, y miraba a su hermana con la misma expresión que si fuese
+ella la que martirizara al enfermo.
+
+Entraron en la alcoba Amparo y Conchita, y al ver a su tío, con el
+instinto de jóvenes precoces y conocedoras del mundo, se aproximaron a
+él, besándole en la frente. Esto causó cierta impresión en el viejo, y
+mientras las niñas, de pie junto a la cama, contemplaban con el ceño
+fruncido y los labios apretados la agonía del pobre enfermo, don Juan
+dijo a su hermana en voz muy baja y titubeando como si se arrepintiera
+de su debilidad:
+
+--Óyeme, Manuela; por ti no haría nada... no lo mereces; pero a la vista
+de esas pobres chicas me siento débil y no quiero que mi conciencia
+cargue con un remordimiento. Son jóvenes, están mal educadas, la
+conducta de su madre no puede servirles de buen ejemplo, y acostumbradas
+al lujo, es fácil que, al verse en la miseria, se pierdan para
+siempre.... No intentes contestarme; no me convencerás. Conozco adonde
+se llega siguiendo ese camino en que os halláis.... Os protegeré, pero
+ya sabes quién soy yo. Quiero que viváis, pero sin desórdenes, como
+personas juiciosas y honradas. Que todo lo pasado sea como un sueño. No
+tengo ahora la cabeza para cuentas, pero creo que arreglando tus
+negocios todavía salvaré algún piquillo de tu embrollada fortuna, y con
+esto y lo que yo os daré podréis vivir como viven esas personas honradas
+y modestas a las que llamáis cursis despreciativamente.... Seréis
+cursis, ¿lo entendéis? Más os prefiero así que convertidas en señoras
+tramposas, que pierden hasta su honor por engañar al mundo. Y en cuanto
+a ese Rafaelito, o estudiará, haciéndose hombre de provecho, o lo
+arrojarás de tu casa.... Porque eso sí, hija mía: ¡yo no mantengo
+pigres!
+
+Al anochecer murió Juanito. La válvula vieja y gastada que parecía mugir
+dentro de su pecho fue aminorando lentamente el fatigoso movimiento.
+Cesó el estertor, como si se cerraran los escapes de aquella locomotora
+que sonaba a lo lejos; y al quedar la alcoba envuelta en un silencio
+fúnebre estallaron sollozos y lamentos en toda la casa. Hasta Visanteta
+y la remilgada criadita lloriqueaban en la cocina al pensar que no
+verían más al señorito campechano que alternaba con ellas,
+complaciéndose en obedecer sus mandatos.
+
+Entre cuatro grandes cirios, sobre un tapiz fúnebre y tendido en el
+acolchado fondo de una caja blanca y dorada como aquella que tanto le
+había seducido, pasó Juanito la noche, velado por su hermano y por
+Roberto, que de vez en cuando salían al balcón para fumar un cigarro.
+
+A la mañana siguiente llegaron las visitas: el desfile de levitas negras
+y tupidos velos, el paso por aquella casa de los amigos y conocidos,
+todos con la enguantada mano tendida, un gesto de amargura en el rostro
+y la palabra de resignación guardada cuidadosamente para tales casos.
+
+La única nota tierna de aquella ceremonia fría y rutinaria fue el llanto
+de dos mujeres enlutadas que entraron con timidez, apoyadas la una en la
+otra. Nadie las conocía, pero iban acompañadas por don Juan.
+
+--¡No le veo... no le veo...!--gimoteaba tristemente la más vieja,
+moviendo sus grandes ojos mates y sin luz.
+
+La más joven contemplaba fijamente, con estupor doloroso, la alborotada
+barba del cadáver.
+
+--No, no te acerques, niña--dijo bondadosamente don Juan--. Sería una
+impresión demasiado fuerte.... Sé lo que deseas. Tendrás su cabello; ya
+arreglaré yo eso en el cementerio.
+
+Y don Juan, empujando dulcemente a Tónica y Micaela, las sacó del salón,
+mostrando con ellas una solicitud paternal. Las gentes enlutadas que
+estaban en torno del muerto conocían la rudeza del viejo, y extrañaban
+su bondad. Las buenas burguesas se habían fijado en la dulce belleza de
+Tónica, y sin dejar de mover los labios como si rezasen, murmuraron bajo
+sus velos negros:
+
+--Será su querida.
+
+Sonaron en la plazuela el sordo rumor de muchos carruajes y los gritos
+de los cocheros. Después un coro de voces lúgubres entonaron la primera
+estrofa del _De profundis_.
+
+Ya estaba allí la parroquia, ¡Abajo el muerto! Y en el salón sonaron los
+golpes del martillo sobre las tachuelas del féretro, que el eco repetía
+con extraña sonoridad. En la plazuela, los balcones estaban repletos de
+gente, como si esperase el paso de una procesión. En torno de la cruz de
+plata agolpábanse los negros bonetes, las rizadas sobrepellices y las
+lustrosas chisteras del acompañamiento. Allí estaba lo mejorcito de la
+Bolsa. «Alcistas», que respiraban satisfacción por la reciente victoria;
+los partidarios de la baja, mustios y desalentados, y los que ganaban
+siempre, los corredores y sus ayudantes, gente joven y amiga de Juanito,
+recordando con cierto enternecimiento las bromas que se permitían con
+aquel barbudo de corazón de niño.
+
+En todo el camino, hasta la puerta de San Vicente, el fúnebre cortejo
+fue una sesión ambulante de la Bolsa. Aquellos señores, sin acordarse
+del motivo que les obligaba a andar por las calles en procesión,
+hablaban de los negocios, de la fuga de Morte, con gran estallido de fin
+de mes, y de la desesperada situación de los discípulos del famoso
+banquero.
+
+El nombre de don Antonio Cuadros estaba en todas las bocas. Había huido
+el día anterior, con el convencimiento de que no podía pagar sus deudas,
+avergonzado sin duda de su ruina. Unos decían que había salido en el
+expreso para Francia; otros que estaría en Barcelona o en Cádiz,
+esperando ocasión para embarcarse en algún trasatlántico. En América
+está el porvenir de los desesperados y de la gente arruinada. Teresa
+debía saber dónde estaba su marido. La fuga era cosa convenida entre los
+dos: por eso se mostraba ella tan tranquila. Habíase quedado con su hijo
+en _Las Tres Rosas_, y a todos los que buscaban a don Antonio les
+contestaban lo mismo. Estaba fuera y no tardaría en volver para arreglar
+sus asuntos.
+
+Era la fuga del banquero Morte copiada en miniatura. Además, se hablaba
+de que el señor Cuadros había comprometido en su ruina los ahorros de
+don Eugenio, confiados a su custodia, y todos se compadecían del pobre
+viejo.
+
+Podían esperar sentados los acreedores de Cuadros a que éste volviese.
+Pero como entre ellos figuraban corredores de Bolsa, que se veían
+gravemente comprometidos de no proceder inmediatamente contra el deudor,
+en el cortejo fúnebre se hablaba de embargo, añadiendo que tal vez a
+aquellas horas estaría el Juzgado haciendo el inventario de la tienda.
+
+Y era verdad. A las dos de la tarde entraban en _Las Tres Rosas_ unos
+cuantos señores con papeles bajo el brazo, seguidos por un alguacil. En
+todo el Mercado, la aparición de los pajarracos de la ley produjo honda
+emoción. El comercio acreditado, sólido y a la antigua, que se cobijaba
+en obscuras tiendas, experimentaba esa inquietud que la justicia
+española despierta siempre en los hombres honrados, de tranquilas
+costumbres.
+
+¡Qué aspecto el de _Las Tres Rosas_! Parecía la tienda un ser animado
+que acogía la desgracia con un gesto de resignado dolor. La puerta
+estaba sin adorno. Sólo algunas fajas y tiras de pañuelos obscuros
+pendían de los balcones, balanceándolas el aire como sogas de ahorcado.
+El escaparate tenía un aspecto de vetustez y abandono; el polvo de tres
+días sombreaba los vivos colores de las telas; y hasta el emblema de la
+casa, aquel maniquí vestido de labradora, parecía mirar al través de los
+cristales la extensa y alegre plaza con ojos de muerto. En las puertas
+de todas las tiendas aparecían las cabezas curiosas de los dependientes,
+con la misma expresión que si presenciasen el último acto de un drama.
+Los dueños, de pie en la entrada de sus establecimientos, volvían la
+espalda a _Las Tres Rosas_ y fruncían el ceño, como si les doliese
+presenciar aquella catástrofe.
+
+Apenas el Juzgado tomó asiento en la tienda, los pocos dependientes que
+aún quedaban en ella, como fieles guardianes de la ruina comercial,
+abalanzáronse a las puertas para cerrarlas, evitando de este modo la
+expectación molesta de los curiosos.
+
+El escribano había subido al piso principal para hacer ante la esposa de
+Cuadros las notificaciones consiguientes antes de comenzar el embargo.
+Un hombre salió de la trastienda con paso acelerado, como si le
+persiguieran.
+
+--¡Don Eugenio!--exclamaron los dependientes--. ¿Adonde va usted...?
+
+--Dejadme, muchachos. Ya me ha dicho el señor de arriba que no me
+marche.... Pero primero me matan que me quedo. Yo no puedo seguir
+aquí... ésta no es mi casa.... ¡Dejadme pasar...! ¡Abrid la puerta...!
+
+Y el pobre octogenario, con su arrugado rostro de una palidez de marfil,
+tembloroso y flácido, sin el bastón-muleta que le ayudaba ordinariamente
+en su marcha, los ojos inyectados de sangre y los ademanes
+descompuestos, parecía un pobre loco.
+
+Pasó por entre los dependientes de la tienda y del Juzgado,
+atropellándolos con su débil cuerpo, que parecía fortalecido y vibrante
+por la indignación; y empujando con el pie una puerta entreabierta,
+salió de la tienda.
+
+A aquella hora, la plaza del Mercado estaba bañada por el ardiente sol
+de una tarde de verano. Las moscas, revoloteando en la atmósfera de luz,
+brillaban como movibles chispas de oro; los tejados destacaban sus
+agudos contornos sobre el espacio azul y límpido. Frente al Principal,
+un grupo de soldados comía melones; en las puertas de las tiendas
+asomaban los dependientes curiosos; un corro de granujillas del Mercado
+jugaba a las chapas frente a los pórticos, y el resto de la plaza estaba
+solitario, con las aceras limpias de cestones y toldos, tostándose sus
+baldosas con aquella luz intensa y deslumbrante que lo caldeaba todo.
+
+Don Eugenio andaba sin saber adonde dirigirse. Le temblaban las piernas,
+pasaban tenues nubecillas ante sus ojos y veía confusamente a los dueños
+de las tiendas, que le seguían con un gesto de compasión o le llamaban
+con amistosas señas.
+
+--No, no iré... Yo no tengo derecho a entrar en vuestras casas. Sois los
+hijos, los sucesores de aquellos comerciantes de mi casta, viejos
+compañeros que antes morían que faltar a la honradez. No podría entrar
+en vuestras tiendas: soy el dueño de _Las Tres Rosas_, un quebrado, uno
+a quien embargan y que ningún comerciante honrado puede considerar como
+amigo.... ¡Ay, mi pobre tienda...! ¡Te has lucido, Eugenio! Sesenta
+años de honradez inquebrantable, llegar a una edad a que pocos llegan, y
+todo ¿para qué? Para ver desmoronarse en un día lo que tanto me costó de
+edificar.... Pero ¿en qué tiempos estamos? ¿Qué hombres son estos que se
+juegan el porvenir, la tranquilidad de la familia, que pierden la honra
+y huyen tan frescos? La maldita ambición de subir y el salirse de la
+esfera los pierde a todos.... Ésta no es mi época.... Soy un muerto que
+por milagro sobrevive.... Mis compañeros, mis amigos, hace ya muchos
+años que se pudren en la tierra.... Allí debía estar yo. Juanito, ese
+chico, es quien lo ha entendido.... ¡Claro! Aunque dócil, era también de
+los nuestros, y ha preferido irse. ¡Ay, Señor! ¿Para esto me habéis
+conservado la vida...? ¡Llevadme, llevadme pronto...!
+
+Y agitado en su interior por estos pensamientos, avanzaba penosamente,
+trazando zigzags como si estuviera ebrio, cada vez más pálido y
+extendiendo sus brazos al pedir mentalmente que lo arrancasen del mundo.
+
+Había llegado frente a San Juan, y su mirada, cada vez más indecisa y
+obscura, se fijó en la célebre veleta, en el pajarraco que doraba el
+sol, dándole el brillo de un ave del Paraíso.
+
+--Aquí fue.... Como un perro me dejaron los míos.... He trabajado mucho,
+¿y qué? Pobre y hambriento me abandonaron, y después de setenta años me
+encuentro igual en el mismo sitio. ¡Hermoso porvenir...! Sea usted
+honrado, trabaje usted mucho, para verse arruinado, sin otro recurso que
+pedir limosna en la puerta de San Juan a los hijos de mis amigos....
+¡Ay, mi pobre tienda...! Ha naufragado el barco, y el capitán debe
+morir. ¿Dónde está la veleta...? ¿Se la han llevado...? ¡Qué aprisa
+anochece...! ¡Cómo me rueda la cabeza...! ¡Viejo, que te caes...!
+¡Señor...! ¡Señor...! ¡Así!
+
+La caída fue instantánea.
+
+Primero se doblaron sus rodillas, quedando de hinojos en aquel lugar
+donde su padre le había abandonado setenta años antes; después cayó de
+bruces en la acera.
+
+Los que en tropel salieron de todas las tiendas aún pudieron presenciar
+la agonía del último veterano del Mercado.
+
+_Valencia_, _1894_.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Arroz y tartana, by Vicente Blasco (Ibáñez) Ibanez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARROZ Y TARTANA ***
+
+***** This file should be named 16413-8.txt or 16413-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/1/6/4/1/16413/
+
+Produced by Chuck Greif
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
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+used on or associated in any way with an electronic work by people who
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
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+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
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+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
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+1.F.
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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+*** END: FULL LICENSE ***
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