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+Project Gutenberg's Arroz y tartana, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Arroz y tartana
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
+Release Date: August 2, 2005 [EBook #16413]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARROZ Y TARTANA ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+VICENTE BLASCO IBAÑEZ
+
+
+
+
+
+ARROZ Y TARTANA
+
+PLAZA & JANES, S. A. EDITORES
+
+/*
+Portada de
+C. SANROMA
+Primera edición: Enero, 1978
+Editado por PLAZA & JANES, S. A., Editores
+Virgen de Guadalupe, 21-33. Esplugas de Llobregat (Barcelona)
+Printed in Spain-Impreso en España
+ISBN: 84-01-480124
+GRÁFICAS GUADA, S, A.-Virgen de Guadalupe, 33
+Esplugas de Llobregat (Barcelona)
+*/
+
+
+
+
+I
+
+
+A las tres de la tarde entró doña Manuela en la plaza del Mercado,
+envuelto el airoso busto en un abrigo cuyos faldones casi llegaban al
+borde de la falda, cuidadosamente enguantada, con el limosnero al puño y
+velado el rostro por la tenue blonda de la mantilla.
+
+Tras ella, formando una pareja silenciosa, marchaban el cochero y la
+criada: un mocetón de rostro carrilludo y afeitado que respiraba brutal
+jocosidad, luciendo con tanta satisfacción como embarazo los pesados
+borceguíes, el terno azul con vivos rojos y botones dorados y la gorra
+de hule de ancho plato, y a su lado una muchacha morena y guapota, con
+peinado de rodete y agujas de perlas, completando este tocado de la
+huerta su traje mixto, en el que se mezclaban los adornos de la ciudad
+con los del campo.
+
+El cochero, con una enorme cesta en la mano y una espuerta no menor a la
+espalda, tenía la expresión resignada y pacienzuda de la bestia que
+presiente la carga. La muchacha también llevaba una cesta de blanco
+mimbre, cuyas tapas movíanse al compás de la marcha, haciendo que el
+interior sonase a hueco; pero no se preocupaba de ella, atenta
+únicamente a mirar con ceño a los transeúntes demasiado curiosos o a
+pasear ojeadas hurañas de la señora al cochero o viceversa. Cuando,
+doblando la esquina, entraron los tres en la plaza del Mercado, doña
+Manuela se detuvo como desorientada.
+
+¡Gran Dios...! ¡cuánta gente! Valencia entera estaba allí. Todos los
+años ocurría lo mismo en el día de Nochebuena. Aquel mercado
+extraordinario, que se prolongaba hasta bien entrada la noche, resultaba
+una festividad ruidosa, la explosión de alegría y bullicio de un pueblo
+que entre montones de alimentos y aspirando el tufillo de las mil cosas
+que satisfacen la voracidad humana, regocijábase al pensar en los
+atracones del día siguiente. En aquella plaza larga, ligeramente
+arqueada y estrecha en sus extremos, como un intestino hinchado,
+amontonábanse las nubes de alimentos que habían de desparramarse como
+nutritiva lluvia sobre las mesas, satisfaciendo la gigantesca gula de la
+Navidad, fiesta gastronómica, que es como el estómago del año.
+
+Doña Manuela permaneció inmóvil algunos minutos en la bocacalle. Parecía
+mareada y confusa por el ruidoso oleaje de la multitud; pero en
+realidad, lo que más la turbaba eran los pensamientos que acudían a su
+memoria. Conocía bien la plaza; había pasado en ella una parte de su
+juventud, y cuando de tarde en tarde iba al Mercado por ser víspera de
+festividad en que se encendían todos los hornillos de su cocina,
+experimentaba la impresión del que tras un largo viaje por países
+extraños vuelve a su verdadera patria.
+
+¡Cómo estaba grabado en su memoria el aspecto de la plaza! La veía
+cerrando los ojos y podía ir describiéndola sin olvidar un solo detalle.
+Desde el lugar que ocupaba veía al frente la iglesia de los Santos
+Juanes, con su terraza de oxidadas barandillas, teniendo abajo, casi en
+los cimientos, las lóbregas y húmedas covachuelas donde los hojalateros
+establecen sus tiendas desde fecha remota. Arriba, la fachada de piedra
+lisa, amarillenta, carcomida, con un retablo de gastada es cultura, dos
+portadas vulgares, una fila de ventanas bajo el alero, santos
+berroqueños al nivel de los tejados, y como final, el campanil
+triangular con sus tres balconcillos, su reloj descolorido y
+descompuesto, rematado todo por la fina pirámide, a cuyo extremo, a
+guisa de veleta y posado sobre una esfera, gira pesadamente el pájaro
+fabuloso, el popular _pardalòt_ con su cola de abanico.
+
+En el lado opuesto la Lonja de la Seda, acariciada por el sol de
+invierno y luciendo sobre el fondo azul del cielo todas las
+esplendideces de su fachada ojival. La torre del reloj, cuadrada,
+desnuda, monótona, partiendo el edificio en dos cuerpos, y éstos
+exhibiendo los ventanales con sus bordados pétreos; las portadas que
+rasgan el robusto paredón, con sus entradas de embudo, compuestas de
+atrevidos arcos ojivales, entre los que corretean en interminable
+procesión grotescas figurillas de hombres y animales en todas las
+posiciones estrambóticas que pudo discurrir la extraviada imaginación de
+los artistas medievales; en las esquinas, ángeles de pesada y luenga
+vestidura, diadema bizantina y alas de menudo plumaje, sustentando con
+visible esfuerzo los escudos de las barras de Aragón y las enroscadas
+cintas con apretados caracteres góticos de borrosas inscripciones;
+arriba, en el friso, bajo las gárgolas de espantosa fealdad que se
+tienden audazmente en el espacio con la muda risa del aquelarre, todos
+los reyes aragoneses en laureados medallones, con el casco de aletas
+sobre el perfil enérgico, feroz y barbudo; y rematando la robusta
+fábrica, en la que alternan los bloques ásperos con los escarolados y
+encajes del cincel, la apretada rúa de almenas cubiertas con la antigua
+corona real.
+
+Frente a la Lonja, el Principal, pobrísimo edificio, mezquino cuerpo de
+guardia, por cuya puerta pasea el centinela arma al brazo, con aire
+aburrido, rozando con su bayoneta a los soldados libres de servicio, que
+digieren el insípido rancho contemplando el oleaje de alimentos que se
+extiende por la plaza. Más allá, sobre el revoltijo de toldos, el
+tejado de cinc del mercadillo de las flores; a la derecha, las dos
+entradas de los pórticos del Mercado Nuevo, con las chatas columnas
+pintadas de amarillo rabioso; en el lado opuesto, la calle de las
+Mantas, como un portalón de galera antigua, empavesada con telas
+ondeantes y multicolores que las tiendas de ropas cuelgan como muestra
+de los altos balcones; en torno de la plaza, cortados por las
+bocacalles, grupos de estrechas fachadas, balcones aglomerados, paredes
+con rótulos, y en todos los pisos bajos, tiendas de comestibles, ropas,
+drogas y bebidas, luciendo en las puertas, como título del
+establecimiento, cuantos santos tiene la corte celestial y cuantos
+animales vulgares guarda la escala zoológica.
+
+En este ancho espacio, que es para Valencia vientre y pulmón a un
+tiempo, el día de Nochebuena reinaba una agitación que hacía subir hasta
+más arriba de los tejados un sordo rumor de colosal avispero.
+
+La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos,
+temblones al menor soplo del viento, y bañados por el rojo sol con una
+transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul
+sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los
+muros de la Lonja a los cestones de caña de las verduleras, y su vaho de
+hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una
+temperatura siempre cálida, hacía recordar las ferias africanas, un
+mercado marroquí con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y
+el nervioso oleaje de los compradores.
+
+Doña Manuela contemplaba con fruición este espectáculo. Tachábase en su
+interior de poco distinguida; pero... ¡qué remedio! por más que ella
+tomase a empeño el transformarse, y obedeciendo a las niñas revistiera
+un empaque de altiva señoría, siempre conservaba amortiguados y prontos
+a manifestarse los gustos y aficiones de la antigua tendera que había
+pasado lo mejor de su juventud en la plaza del Mercado. ¡Qué tiempos tan
+dichosos los transcurridos siendo ella dueña de la tienda de _Las Tres
+Rosas_! Si el dinero es la felicidad, nunca había tenido tanta como en
+los últimos años que pasó entre mantas e indianas, sedas y percalinas,
+arrullada a todas horas por el estrépito del Mercado y viendo por las
+mañanas, al levantarse, el _pardalót_ de San Juan.
+
+Y obsesionada por estos recuerdos, doña Manuela permanecía inmóvil en la
+esquina, como asustada por el gentío, sin fijarse en las miradas poco
+respetuosas que alguno que otro transeúnte le dirigía.
+
+Estaba próxima a los cincuenta años, según confesión que varias veces
+hizo a sus hijas; pero era tan arrogante y bien plantada, unía a su
+elevada estatura tal opulencia de formas, que todavía causaba cierta
+ilusión, especialmente a los adolescentes, que con la extravagancia del
+deseo hambriento sienten ante los desbordamientos e hinchazones de la
+hermosura en decadencia la admiración que niegan a la frescura esbelta y
+juvenil.
+
+La mitad de los polvos y menjurjes que sus niñas tenían en el tocador
+los consumía la mamá, que en la madurez de su vida comenzó a saber como
+se agrandan los ojos por medio de las rayas negras, cómo se da color a
+las mejillas cuando éstas adquieren un fúnebre tinte de membrillo, y
+cómo se combate el vello traidor que alevosamente asoma en el labio y en
+la barba cual película de melocotón, convirtiéndose después en
+espantosas cerdas. Acicalábase como una niña, guardando con su cuerpo
+atenciones que no había tenido en su juventud. ¿Para quién se arreglaba?
+Ni ella misma lo sabía. Era puro deseo de retardar en apariencia la
+llegada de la vejez; precauciones, según propia afirmación, para no
+parecer la abuela de sus hijas y para sentir una indefinible
+satisfacción cuando en la calle echaban una flor descarriada a su garbo
+de buena moza.
+
+En cambio, su criada era poco sensible a la galantería callejera.
+Acogíala con un gesto de rústico desprecio, un fruncimiento de labios
+desdeñoso: algo que mostrase la indignación de una castidad hasta la
+rudeza, la insolencia de una virtud salvaje.
+
+Doña Manuela pareció decidida por fin a lanzarse en el viviente oleaje
+de la plaza.
+
+--Vamos, Visanteta, no perdamos tiempo.... Tú, Nelet, marcha delante y
+abre paso.
+
+Y el cazurro Nelet, siempre con aire de fastidio, comenzó a andar
+hendiendo la muchedumbre al través, contestando dignamente con sus
+brazos de carretero a los codazos y empujones y cubriendo con su
+corpachón a la señora y la criada.
+
+La multitud, chocando cestas y capazos, arremolinábase en el arroyo
+central; dábanse tremendos encontrones los compradores; algunos, al
+mirar atrás, tropezaban rudamente con los mástiles de los toldos, y más
+de una vez, los que con el cesto de la compra a los pies regateaban
+tenazmente eran sorprendidos por el embate brutal y arrollador del
+agitado mar de cabezas. Algunos carros cargados de hortalizas avanzaban
+lentamente rompiendo la corriente humana, y al sonar el pito del tranvía
+que pasaba por el centro de la plaza, la gente apartábase lentamente,
+abriendo paso al jamelgo que tiraba del charolado coche, atestado de
+pasajeros hasta las plataformas. Sobre el zumbido confuso y monótono que
+producían los miles de conversaciones sostenidas a la vez en toda la
+plaza, destacábanse los gritos de los vendedores sin puesto fijo, agudos
+y rechinantes unos, como chillido de pájaro pedigüeño, graves y foscos
+otros, como si ofreciesen la mercancía con mal humor.
+
+En medio de este continuo pregonar, entre la descarga de ofertas a grito
+pelado, destacábanse algunas voces melancólicas y tímidas ofreciendo
+«¡medias y calcetines!». Eran los sencillos aragoneses, golondrinas de
+invierno que, al caer las primeras nieves que dejan el campo muerto y el
+hogar sin pan, levantan el vuelo con su cargamento de lana, y desde el
+fondo de la provincia de Teruel llegan, a Valencia, ofreciendo lo que la
+familia fabrica durante el año. Eran los seres pacienzudos, honradotes
+y laboriosos a quienes la insolencia valenciana designa con el apodo de
+_churros_, título entre compasivo e infamante. Robustos, cargados de
+espalda, con la cabeza inclinada como signo de perpetua esclavitud y
+miseria, vélaseles pasar lentamente con su traje de paño burdo, estrecho
+pañizuelo arrollado a las sienes, y entre éste y el abierto cuello de la
+camisa el rostro rojizo, agrietado y lustroso, con espesas cejas y
+ojillos de inocente malicia. Colgando de los brazos o en el fondo de dos
+bolsones de lienzo, llevaban las medias de lana burda y asfixiante, los
+calcetines ásperos que un puñal no podría atravesar. Es el capital de su
+familia; lo que la mujer y las hijas han hecho unas veces al sol,
+guardando las ovejas, y otras de noche, junto a los sarmientos humeantes
+de la cocina. En la venta del burdo género están las patatas y el pan
+para todo el año; y soñando con la inmensa felicidad de volver a casa
+con una docena de duros, zapatos para las hijas y un refajo para la
+mujer, pasean tristes y resignados por entre el gentío, lanzando a cada
+minuto su grito melancólico como una queja: «¡Medias y calcetines...!
+¡el mediero!»
+
+Doña Manuela iba mal por el arroyo. Causábanle náuseas los carros
+repletos del estiércol recogido en los puntos de venta: hortalizas
+pisoteadas, frutas podridas, todo el fermento de un mercado en el que
+siempre hay sol.
+
+--Vamos a la acera--dijo a sus criados--. Compraremos primero las
+verduras.
+
+Y subieron a la acera de la Lonja, pasando por entre los grupos de gente
+menuda que, con un dedo en la boca o hurgándose las narices, contemplaba
+respetuosamente los pastorcillos de Belén y los Reyes Magos hechos de
+barro y colorines, estrellas de latón con rabo, pesebres con el Niño
+Jesús, todo lo necesario, en fin, para arreglar un Nacimiento.
+
+Doña Manuela marchaba por el estrecho callejón que formaban las
+huertanas, sentadas en silletas de esparto, teniendo en el regazo la
+mugrienta balanza, y sobre los cestos, colocados boca abajo, las
+frescas verduras. Allí, los obscuros manojos de espinacas; las grandes
+coles, como rosas de blanca y rizada blonda encerradas en estuches de
+hojas; la escarola con tonos de marfil; los humildes nabos de color de
+tierra, erizados todavía de sutiles raíces semejantes a canas; los
+apios, cabelleras vegetales, guardando en sus frescas bucles el viento
+de los campos, y los rábanos, encendidos, destacándose como gotas de
+sangre sobre el mullido lecho de hortalizas. Más allá, filas de sacos
+mostrando por sus abiertas bocas las patatas de Aragón, de barnizada
+piel, y tras ellos los _churros_, cohibidos y humildes, esperando quien
+les compre la cosecha, arrancada a una tierra ingrata en fuerza de
+arañar todo un año sus entrañas sin jugo.
+
+Doña Manuela comenzó sus compras, emprendiendo con las vendedoras una
+serie de feroces regateos, más por costumbre que por economía. Nelet,
+levantando las tapas de la cesta, iba arreglando en el interior los
+manojos de frescas hortalizas, mientras la señora no dejaba tranquilo un
+solo instante su limosnero, pagando en piezas de plata y recibiendo con
+repugnancia calderilla verdosa y mugrienta.
+
+Ya estaba agotado el artículo de verduras; ahora a otra cosa. Y
+atravesando el arroyo, pasaron a la acera de enfrente, a la del
+Principal, donde estaban los vendedores del casquijo, ¡Vaya un estrépito
+de mil diablos! Bien se conocía la proximidad de las escalerillas de San
+Juan, con sus lóbregas cuevas, abrigo de los ruidosos hojalateros. Un
+martilleo estridente, un incesante trac-trac del latón aporreado salía
+de cada una de las covachuelas, cuyas entradas lóbregas, empavesadas con
+candiles y farolillos, alcuzas y coberteras, todo nuevo, limpio y
+brillante, recordaban las lorigas de aceradas escamas de los legionarios
+romanos.
+
+Doña Manuela huyó de este estrépito, que la ponía nerviosa; pero antes
+de llegar al Principal hubo de detenerse entre sorprendida y medrosa. En
+el arroyo, la gente se arremolinaba gritando; algunos reían y otros
+lanzaban exclamaciones indecentes, chasqueando la lengua como si se
+tratara de una riña de perros. Asustada en el primer momento por las
+ondulaciones violentas de la muchedumbre que llegaban hasta ella, no
+sabía si huir u obedecer a su curiosidad, que la retenía inmóvil. ¿Qué
+era aquello...? ¿Se pegaban? La multitud abrió paso, y veloces, con
+ciego impulso, como espoleadas por el terror, pasaron una docena de
+muchachas despeinadas, greñudas, en chancleta, con la sucia faldilla
+casi suelta y llevando en sus manos, extendidas instintivamente para
+abatir obstáculos, un par de medias de algodón, tres limones, unos
+manojos de perejil, peines de cuerno, los artículos, en fin, que pueden
+comprarse con pocos céntimos en cualquier encrucijada. Aquel rebaño
+sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y
+la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los
+parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio
+la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y
+la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como
+los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera,
+empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo
+para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que
+obstruía la plaza. La gente reía ante esta desbandada al galope,
+celebrando la persecución del alguacil. Nadie comprendía lo que era para
+aquellas infelices la pérdida de su mísera mercancía, la desesperada
+vuelta al tugurio paterno, donde aguardaba la madre dispuesta a
+incautarse del par de reales de ganancia o a administrar una paliza.
+
+Doña Manuela también rió un poco, siguiendo con la vista la ruidosa
+persecución que se alejaba, y entró después en el mercado de casquijo,
+buscando las golosinas silvestres que la gente rumia con fruición en
+Navidad, olvidándolas durante el resto del año. Los puestos de venta
+llegaban hasta las mismas puertas del Principal; los compradores
+codeábanse con el centinela, y los dos oficiales de la guardia, con las
+manos metidas en el capote y las piernas golpeadas por el inquieto
+sable, paseaban por entre el gentío buscando caras bonitas.
+
+Andábase con dificultad, temiendo meter el pie en las esteras de esparto
+redondas y de altos bordes, en las cuales amontonábanse, formando
+pirámide, las lustrosas castañas de color de chocolate y las avellanas,
+que exhalaban el acre perfume de los bosques. Las nueces lanzaban en sus
+sacos un alegre cloc-cloc cada vez que la mano del comprador las removía
+para apreciar su calidad; y un poco más adentro, como un tesoro difícil
+de guardar, estaba en pequeños sacos la aristocracia del casquijo, las
+bellotas dulzonas, atrayendo las miradas de los golosos.
+
+Acababa de hacer su compra doña Manuela, cuando hubo de volver la cabeza
+sintiendo en la espalda una amistosa palmada.
+
+Era un señor entrado en años, con un sombrero de cuadrada copa, de forma
+tan rara, que debía pertenecer a una moda remota, si es que tal moda
+había existido. Iba embozado en una capa vieja, por bajo de la cual
+asomaba una esportilla de compras, y por encima del embozo de raído
+terciopelo mostrábase su rostro lleno y colorado, en el que los detalles
+más salientes, aparte de las arrugas, eran un bigote de cepillo y unas
+cejas canosas, tan oblicuas, que hacían recordar los chinos de los
+abanicos.
+
+--¡Juan!--exclamó doña Manuela.
+
+Visanteta dio con un codo al cochero y le habló al oído. Era don Juan,
+el hermano de la señora, aquel de quien todos hablaban mal en casa,
+aunque con cierto respeto, llamándole por antonomasia «el tío».
+
+Los ojillos de don Juan, inquietos e investigadores, revolvíanse en sus
+profundas cuencas rodeadas de grietas. Mientras su mirada se perdía en
+el fondo del capazo que Nelet tenía abierto a sus pies, decía con la
+risita burlona que a doña Manuela, según confesión propia, le
+«requemaba la sangre»:
+
+--De compras, ¿eh...? Yo también voy danzando por el Mercado hace más de
+una hora. ¡Válgame Dios, cómo está todo! Comprendo que los pobres no
+puedan comer.... Chica, si empiezas así vas a llevar a casa medio
+Mercado.... Eso son bellotas, ¿verdad? Comida de ricos; quien puede
+gasta. Eso sólo lo compra la gente de dinero.
+
+--¿Que tú no compras?--dijo doña Manuela sonriendo, a pesar de que no
+ocultaba el efecto que le producían las palabras de su hermano.
+
+--¿Quién...? ¿yo...? ¡Bueno va! A mí nadie me estafa.
+
+Y al decir esto miró al vendedor con tanta indignación como si fuese un
+enemigo del sosiego público; pero el palurdo, inmóvil y con las manos
+metidas en la faja, no se dignó reparar en la ferocidad agresiva del
+avaro.
+
+--Además--continuó don Juan--, ¿para qué quiero yo eso? Los que no
+tenemos dientes hemos de abstenernos de muchas cosas; muchas gracias si
+uno puede comer sopas de ajos y tiene con qué pagarlas.... Algo he
+comprado: unas pocas castañas y nueces; pero no para mí, son para
+Vicenta, que aunque ya es vieja tiene una dentadura envidiable. Poquita
+cosa. Ya ves tú... para mí y la criada poco necesitarnos. Además, todo
+va por las nubes, y dinero hay poco.... ¡Je, je...!
+
+Y el viejo reía como si gozase interiormente de repetir a su hermana en
+todos los tonos que era muy pobre.
+
+--Vamos, cállate--dijo doña Manuela con voz temblorosa, sin ocultar ya
+su irritación--. Me disgusto cada vez que te oigo hablar de pobreza;
+sólo falta que me pidas una limosna.
+
+--Mujer, no te irrites.... No quiero hacer creer que necesito limosnas;
+soy pobre, pero aún tengo para no morirme de hambre, y sobre todo, con
+orden y economía, sin querer aparentar más de lo que realmente se tiene,
+lo pasa cualquiera tan ricamente.
+
+Y estas palabras las subrayó el viejo con el acento y la mirada burlona
+que fijaba en su hermana.
+
+--Juan, toda la vida serás un miserable. ¿De qué te sirve guardar tanto
+dinero...? ¿Vas a llevarlo al otro mundo?
+
+--¿Yo...? Pienso retardar todo lo posible ese viaje, y tiempo me queda
+para malgastar antes los cuatro cuartos que guardo.... No quiero que
+nadie se ría de mí después de muerto.
+
+Doña Manuela púsose seria, más que por lo que decía su hermano, por lo
+que adivinaba en su mirada. Tal vez por esto don Juan cambió de
+conversación.
+
+--Di, Manuela, ¿y Juanito?
+
+--En la tienda. Si tengo tiempo entraré a verle.
+
+--Dile que venga mañana. Aunque sea un grandullón, no quiero privarme
+del gusto de darle el aguinaldo como cuando era un chicuelo.
+
+El viejo, al decir esto, ya no mostraba la sonrisa irónica y parecía
+hablar con sinceridad.
+
+--También irán a verte las niñas y Rafael.
+
+--Que vengan--contestó don Juan, en quien reapareció la mortificante
+sonrisa--. Les daré una peseta de aguinaldos; lo único que se puede
+permitir un tío pobre.
+
+--¡Calla, avaro...! Me avergüenzas. Eres capaz de morirte de hambre por
+no gastar un céntimo.... ¿Por qué no vienes a comer con nosotros mañana?
+
+El tono festivo y cariñoso con que ella dijo estas palabras alarmó más a
+don Juan que la seriedad irritada de momentos antes.
+
+--¿Quién...? ¿yo...? Tengo hechos mis preparativos; no quiero ofender a
+mi vieja Vicenta, que se propone lucirse como cocinera. Mira, también yo
+gasto, aunque soy un pobre.
+
+Y al decir esto, señalaba a un pillete mandadero, inmóvil a corta
+distancia, con un capón gordo y lustroso en los brazos.
+
+Doña Manuela avanzó el labio superior en señal de desprecio.
+
+--¡Valiente compra! ¿Y eso es para todas las Pascuas? No te
+arruinarás... ni llenarás mucho el estómago.
+
+--No todos son tan ricos como tú, marquesa, ni pueden ir a la compra con
+un par de criados. Únicamente los que tienen millones pueden ser
+rumbosos.
+
+Y tras estas palabras, que debían encerrar mortificante intención, don
+Juan se despidió, como si deseara que su hermana quedase furiosa contra
+él.
+
+--Adiós, Manuela; que compres mucho y bien.
+
+--Adiós, avaro....
+
+Y los dos hermanos se separaron sonriendo, como si cambiaran frases
+cariñosas y en su interior rebosase el afecto.
+
+La señora siguió adelante, pasando por entre los puestos de la miel,
+donde aleteaban las avispas, apelotonándose sobre el barniz de las
+pequeñas tinajas.
+
+Doña Manuela iba siguiendo los callejones tortuosos formados por las
+mesas cercanas al mercadillo de las flores. Allí estaba toda la
+aristocracia del Mercado, la sangre azul de la reventa, las mozas guapas
+y las matronas de tez tostada y espléndidas carnes, con su aderezo de
+perlas y pañuelo de seda de vivos colores. Doña Manuela continuaba
+haciendo sus compras, deteniéndose ante los productos raros y extraños
+para la estación que puede ofrecer una huerta fecunda, cuyas entrañas
+jamás descansan y que el clima convierte en invernadero. En lechos de
+hojas estaban alineados y colocados con cierto arte los pimientos y
+tomates, con sus rubicundeces falsas de productos casi artificiales; los
+guisantes en sus verdes fundas; todo apetitoso y exótico, pero tan caro,
+que al oír sus precios retrocedían con asombro los buenos burgueses que
+por espíritu de economía iban al Mercado con la espuerta bajo la raída
+capa.
+
+Los dos criados encontraban cada vez más pesadas sus cestas, y seguían
+con dificultad a la señora al través del gentío compacto e inquieto que
+se agitaba a la entrada del Mercado Nuevo, cuyos pórticos, en plena
+tarde de sol, tenían la lobreguez y humedad de una boca de cueva.
+
+Allí era donde resultaba más insufrible el monótono zumbido del Mercado.
+El techo bajo de los pórticos repercutía y agrandaba las voces de los
+compradores. Un hedor repugnante de carne cruda impregnaba el ambiente,
+y sobre la línea de mostradores ostentábanse los rojos costillares
+pendientes de garfios, las piernas de toro con sus encarnados músculos
+asomando entre la amarillenta grasa con una armonía de tonos que
+recordaba la bandera nacional, y los cabritos desollados, con las orejas
+tiesas, los ojos llorosos y el vientre abierto, como si acabase de pasar
+un Herodes exterminando la inocencia.
+
+Mientras tanto, las cestas de Nelet y Visanteta se llenaban hasta los
+bordes, y en el rostro de los dos criados iba marcándose el gesto de mal
+humor. ¡Vaya una compra! El bolso de doña Manuela parecía un cántaro sin
+fondo que iba regando de pesetas todo el Mercado.
+
+Abandonaron las carnicerías para entrar en el mercado de la fruta, entre
+los dos pórticos. La gente arremolinábase en las entradas, y allí fue
+donde doña Manuela se dio cuenta por primera vez de la molesta
+persecución que sufría. Había sentido varias veces una tímida mano
+deslizándose más abajo de su talle; pero ahora era más: era un pellizco
+desvergonzado lo que venía a atormentarla audazmente en sus redondeces
+de buena moza.
+
+Volvió rápidamente la cabeza... y ¡mire usted que estaba bien...! ¡Un
+señor venerable, con cara de santito, entretenerse en tales porquerías!
+Doña Manuela lanzó una mirada tan severa al vejete de rostro bondadoso,
+que el sátiro retrocedió, levantando el embozo de la capa con sus
+audaces manos.
+
+Siguió adelante la ofendida señora, pero a los pocos pasos la detuvo el
+escándalo que estalló a su espalda. Sonó una bofetada y la voz de
+Visanteta gritando a todo pulmón: «¡_Tío morra_!», repitiendo la frase
+un sinnúmero de veces con la furia de una virtud salvaje que quiere
+enterar a todo el mundo de su ruda castidad. La gente parábase entre
+asombrada y curiosa, el cochero reía abriendo sus quijadas de a palmo, y
+el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con él, escurríase
+discretamente entre el gentío. Era que la amazona de la huerta, al
+sentir el primer pellizco del viejo pirata, había contestado con una
+bofetada, contenta en el fondo de que alguien pusiera a prueba su
+virtud.
+
+La señora la hizo callar, muy contrariada por el escándalo, y siguieron
+la marcha, mientras Nelet, alegre por este incidente que rompía lo
+monótono de las compras, preguntaba como un testarudo a la muchacha en
+qué sitio la habían pellizcado, y sentía un escalofrío de gusto cada vez
+que ella, ruborizándose, le llamaba «animal» y «descarado ».
+
+La peregrinación prosiguió a lo largo de unas mesas en las cuales, bajo
+toldos de madera, estaban apiladas las frutas del tiempo: las manzanas
+amarillas con la transparencia lustrosa de la cera; las peras
+cenicientas y rugosas atadas en racimos y colgantes de los clavos; las
+naranjas doradas formando pirámides sobre un trozo de arpillera, y los
+melones mustios por una larga conservación, estrangulados por el cordel
+que los sostenía días antes de los costillares de la barraca, con la
+corteza blanducha, pero guardando en su interior la frescura de la nieve
+y la empalagosa dulzura de la miel. A un extremo del mercadillo, cerca
+del Repeso, los panaderos con sus mesas atestadas de libretas blancas y
+morenas, prolongadas unas, como barcos, y redondas y con festones otras,
+como bonetes de paje; y un poco más allá, los «tíos» de Elche mostrando
+sus enormes sombreros tras la celosía formada por los racimos de dátiles
+de un amarillo rabioso.
+
+Cuando la señora y sus criados volvieron a la gran plaza, detuviéronse
+en la entrada del mercadillo de las flores. Un intenso perfume de
+heliotropo y violeta salía de allí, perdiéndose en la pesada atmósfera
+de la plaza.
+
+Doña Manuela estaba inmóvil, repasando mentalmente sus compras para
+saber lo que faltaba. La muchedumbre se agitó con nervioso oleaje,
+despidiendo gritos y carcajadas. Ahora, las chicuelas que vendían sin
+licencia corrían perseguidas hacia la calle de San Fernando, y otra vez
+el rebaño de la miseria, greñudo, sucio, con las ropas caídas, pasó
+azorado y veloz con triste chancleteo, arrollándolo todo, mostrando la
+palidez del hambre a la muchedumbre glotona y feliz.
+
+Doña Manuela dio sus órdenes. Podían regresar los dos a casa y volver
+Nelet con la espuerta vacía. Quedaba por comprar el pavo, los turrones y
+otras cosas que tenía en memoria. Ella aguardaría en la «tienda».
+
+Y esta palabra bastó para que la entendieran, pues en casa de doña
+Manuela, la «tienda» era por antonomasia el establecimiento de _Las Tres
+Rosas_, y fuera de ella no se reconocía otra tienda en Valencia.
+
+Colocada entre la calle de San Fernando y la de las Mantas, en el punto
+más concurrido del Mercado, participaba del carácter de estas dos vías
+comerciales de la ciudad. Era rústica y urbana a un tiempo; ofrecía a
+los huertanos un variado surtido de mantas, fajas y pañuelos de seda, y
+a las gentes de la ciudad las indianas más baratas, las muselinas más
+vistosas. Ante su mostrador desfilaban la bizarra labradora y la modesta
+señorita, atraída por la abundancia de géneros de aquel comercio a la
+pata la llana que odiaba los reclamos, ostentando satisfecho su título
+de _Casa fundada en 1832_, y cifraba su orgullo en afirmar que todos los
+géneros eran del país, sin mezcla de tejidos ingleses o franceses.
+
+Doña Manuela detúvose al llegar frente a la tienda y abarcó su exterior
+con una ojeada. Del primer piso, y cubriendo el rótulo ajado de la casa,
+_Antonio Cuadros_, _sucesor de García y Peña_, colgaban largas cortinas
+formadas de mantas que parecían mosaicos, orladas con complicados
+borlajes y apretadas filas de madroños; fajas obscuras, matizadas a
+trechos con gorros rojos y azules prendidos con alfileres; pañuelos de
+seda con piezas de docena, ondulados como nacarado oleaje, y percales
+estampados, mostrando pájaros fantásticos y ramajes quiméricos con
+rabiosos colorines que conmovían placenteramente a las bellezas de la
+huerta.
+
+En el escaparate central estaba la muestra de la casa, lo que había
+hecho famoso al establecimiento: un maniquí vestido de labradora, con
+tres rosas en la mano, que al través del vidrio, mirando a los
+transeúntes con ojos cristalinos, les enviaba la sonrisa de su rostro de
+cera, punteado por las huellas de cien generaciones de moscas.
+
+Doña Manuela entró en la tienda. El mismo aspecto de otros tiempos,
+aunque con cierto aire de restaurada frescura. La anaquelería, de madera
+vieja, atestada de cajas; sobre el mostrador telas y más telas
+extendidas sin compasión hasta barrer el suelo; dependientes con el pelo
+aceitoso y las brillantes tijeras asomando por la abertura del bolsillo,
+y mujeres discutiendo con ellos, como si estuvieran en el centro del
+Mercado, abrumándolos con irritantes exigencias.
+
+--Voy al momento, Manuela. Siéntese usted.
+
+El que así hablaba era un hombre fornido, de áspero bigote, estrecha
+frente, pelo hirsuto y fuerte, rebelde a peines y cepillos, con las
+puntas hacia adelante, y quijada brutal, que se disimulaba un tanto bajo
+una sonrisa bondadosa. Estaba ocupado en vender un tapabocas a dos
+mujeres que llevaban de las manos a un chiquillo barrigudo, y era de
+admirar la paciencia con que aquel hombre, siempre sonriendo, sufría a
+las feroces compradoras, que por seis reales regateaban durante ¿media
+hora.
+
+Doña Manuela atendía con interés las palabras de los compradores y no
+volvió la cabeza para ver quién abría la puertecilla de la garita--a la
+que pomposamente llamaban despacho--y saltaba velozmente el mostrador.
+
+--Siéntese usted, mamá.
+
+Era Juanito quien la hablaba, su hijo mayor, un muchacho nacido en la
+misma tienda, que seguía agarrado a ella «sin servir para nada», como
+decía su madre, y sin querer ser otra cosa que comerciante.
+
+Estaba próximo a los treinta años. Era alto, enjuto, desgarbadote y algo
+cargado de espaldas; la barba espesa y crespa se le comía gran parte del
+rostro, dándole un aspecto terrorífico de bandido de melodrama; pero no
+era más que un antifaz, pues examinándolo bien, bajo la máscara de pelo
+veíase la cara sonrosada e inocente de un ruño, la mirada tímida y la
+sonrisa bondadosa de esos seres detenidos en la mitad de su crecimiento
+moral, que aunque mueran viejos son débiles y blandos, faltos de
+voluntad, incapaces de vivir sin el calor que presta el cariño.
+
+--¡Ah! ¿Eres tú, Juanito...?--dijo doña Manuela--. ¿Qué hacías?
+
+--Lo de siempre. Estaba trabajando en los libros de la casa, ordenando
+el trabajo para el próximo inventario de fin de año.
+
+Y Juanito, que hablaba con cierto entusiasmo de sus tareas, y en menos
+de veinte palabras mezcló varias veces el _debe_ y el _haber_, viose
+interrumpido por su principal, don Antonio Cuadros, que tras media hora
+de regateo acababa de vender el tapabocas para el chicuelo panzudo.
+
+--Pero siéntese usted, Manuela... a menos que quiera usted molestarse
+subiendo al entresuelo. Teresa se alegrará de verla.
+
+--No, Antonio; otro día vendré con menos prisa: he entrado para esperar
+a Nelet y continuar las compras.
+
+--Pues entonces bajará ella.... ¡Muchacho, avisa a la señora que está
+aquí doña Manuela! Un aprendiz lanzóse a la carrera por una puertecilla
+obscura que se abría en la anaquelería: una de esas gargantas de lobo
+que dan entrada a pasillos y escaleras estrechas, infectas como
+intestinos, que sólo se encuentran en las casas donde las necesidades
+del comercio y la aglomeración de mercancías disputan a las personas el
+terreno palmo a palmo.
+
+Sentáronse los tres en sillas de lustrosa madera, y doña Manuela, por
+costumbre, habló de los negocios y de lo malos que estaban los tiempos;
+eterno tema alrededor del cual giran todas las conversaciones de una
+tienda. Don Antonio sacaba a luz todo un arsenal de afirmaciones que, a
+fuerza de repetidas, habían pasado a ser lugares comunes. Mal iba todo,
+y la culpa la tenía el gobierno, un puñado de ladrones que no se
+preocupaban de la suerte del país. En otros tiempos se vendía bien el
+vino, tenían dinero los del arroz, y el comercio daba gusto.... ¡Santo
+cielo! ¡Pensar el paño negro y fino que él había vendido a la gente de
+la Ribera, las mantas que despachaba, los mantones y pañuelos que se
+habían empaquetado sobre aquel mostrador...! ¡Y todos pagaban en oro...!
+Pero ahora, ¡las cosechas no tenían salida, no había dinero, el comercio
+iba de mal en peor y las quiebras eran frecuentes! Él aún iba tirando;
+pero sí la «cosa» continuaba de tal modo, acabaría por cerrar la tienda
+y morir en el Hospital.
+
+--¡Qué tiempos aquéllos, ¿eh, Manuela? cuando vivía el padre de
+éste--señalando a Juan--y yo era sólo primer dependiente! Entonces,
+aunque me esté mal el decirlo, todos los años, al hacer el inventario,
+quedaban dos o tres mil duritos para guardar. ¡Oh! Aunque me esté mal el
+decirlo... usted pilló los buenos tiempos.... ¿No es eso, Manuela?
+
+Pero Manuela se limitaba a callar y a sonreír. Todo aquello, aunque a
+don Antonio «le estaba mal el decirlo», lo había dicho y repetido
+cuantas veces hablaba con la viuda de su antiguo principal. Y en cuanto
+a su muletilla «aunque le estaba mal el decirlo», gozaba el privilegio
+de poner nerviosa a doña Manuela, que tenía por tonto rematado a su
+antiguo dependiente.
+
+Abrióse una portezuela del mostrador y entró en la tienda la esposa de
+don Antonio, una mujer voluminosa, con la obesidad blanducha y el cutis
+lustroso que produce una vida de encierro e inercia y que le ciaban
+cierto aire monjil. La bondad extremada hasta la estupidez retratábase
+en su eterna sonrisa y en la mirada de sus ojos claruchos. Lo más
+característico en su persona eran los relucientes rizos aplastados por
+la bandolina, que cubrían su ancha frente como una cortinilla
+festoneada, y la costumbre de cruzar las manos sobre el vientre,
+luciendo en los dedos un surtidor de sortijas falsas.
+
+Hubo besos y abrazos sonoros, pero notábase en las dos mujeres cierta
+desigualdad en el trato, como si entre ambas se interpusiera la ley de
+castas. La esposa del comerciante era sólo Teresa, mientras que ésta
+llamaba siempre doña Manuela a la madre de Juanito, y en sus palabras
+notábase un acento lejano de humilde subordinación. Los años y el
+frecuente trato no habían podido borrar el recuerdo de la época en que
+Teresa era criada en aquella tienda y el escándalo de los señores al
+verla casada con el dependiente principal. Además, Teresa no había
+ascendido un solo peldaño en la escala de la vanidad; en presencia de
+doña Manuela revelábase siempre la antigua criada, y aceptaba como una
+confianza inaudita que la señora la tratase con las mismas
+consideraciones que a un igual.
+
+--Sí, doña Manuela; Antonio y yo hace tiempo que pensarnos visitarla a
+usted y a las niñas; ¡pero estamos siempre tan ocupados...! ¡Vaya,
+vaya...! ¡Qué sorpresa...! ¡Cuánto me alegro de verla!
+
+Y con esto se agotó el repertorio de frases de la buena mujer, que se
+sentía cohibida en presencia de la señora, hablando poco por temor a
+decir disparates y atraerse el enojo del esposo, a quien admiraba como
+modelo de finura y bien decir.
+
+--Y ¿cómo van las compras?--apuntó don Antonio al notar el mutismo de su
+compañera--. Ésta ha salido por la mañana a hacer la provisión de
+Pascuas y ha encontrado los precios por las nubes.
+
+--¡Calle usted, Antonio! Diez duros me he dejado en esa plaza, y aún me
+falta lo más importante. A propósito: cambíenme ustedes este billete de
+cincuenta pesetas.
+
+Y Juanito, que hasta entonces había permanecido silencioso, contemplando
+a su madre con la misma expresión de arrobamiento que si fuese un
+amante, se apresuró a cumplir su deseo, y casi la arrebató el ajado
+billete que había sacado del limosnero, corriendo después al mostrador.
+
+--¡Cómo la quiere a usted ese chico, Manuela!--dijo el comerciante.
+
+--No puedo quejarme de los hijos. Juanito es muy bueno.... Pero ¿y
+Rafael? Cada vez estoy más orgullosa de él.... ¡Qué guapo!
+
+--Es el vivo retrato de su padre, el segundo marido de usted.
+
+Estas palabras de Teresa debieron halagar mucho a la señora, pues
+correspondió a ellas con una sonrisa.
+
+--Pero oiga usted, Manuela: tengo entendido que Rafael le da muchos
+disgustos.
+
+--Algo hay de eso; pero... ¿qué quiere usted, Antonio? Cosas de la edad.
+A la juventud hay que dejarla divertirse. Por eso es tan elegante y
+tiene buenas relaciones.
+
+--Pero no estudia ni hace nada de provecho--dijo el comerciante, con la
+inflexibilidad de un hombre dedicado al trabajo.
+
+--Ya estudiará; talento le sobra para ser sabio. Su padre fue un tronera
+y vea usted adonde llegó.
+
+Y doña Manuela dijo esto con el mismo énfasis que si fuese la viuda de
+un hombre eminentísimo.
+
+Juan había vuelto con el cambio del billete en monedas de plata, y su
+presencia hizo variar la conversación. Doña Manuela habló de la cena que
+aquella noche daba en su casa. Las niñas, Rafael y Juanito, unos amigos
+de aquél... en fin, un buen golpe de gente joven y alegre, que bailaría,
+cantaría y sabría divertirse sin faltar a la decencia, hasta llegar la
+hora de la misa del Gallo. También esperaba que fuese Andresito, el hijo
+de don Antonio, un muchacho paliducho y mimado, vástago único, que
+cursaba el segundo año de Derecho, hacía versos, y en compañía de
+Juanito iba muchas veces a casa de doña Manuela, con fines no tan
+ocultos que ésta no torciese el gesto manifestando disgusto.
+
+Y después de haber nombrado al hijo de la casa, volvía a insistir sobre
+los amigos de su Rafael, todos gente distinguida, chicos de grandes
+familias, que asistían a sus reuniones y organizaban fiestas con las que
+se pasaba alegremente el tiempo.
+
+--Esta época, amigo Antonio, es muy diferente de la nuestra. Ahora, a
+los veinte años se sabe mucho más y se conoce la vida. Hay que dar a la
+juventud lo que le pertenece, aunque rabien los rancios como mi hermano
+o el bueno de don Eugenio. Y a propósito: ¿qué es de don Eugenio?
+
+El hombre por quien preguntaba doña Manuela era el fundador de la tienda
+de _Las Tres Rosas_, don Eugenio García, el decano de los comerciantes
+del Mercado, un viejo que arrastraba cuarenta años en cada pierna, como
+él decía, y mostrábase orgulloso de no haber usado jamás sombrero,
+contentándose con la gorrilla de seda, que, según él, era el símbolo de
+la honradez, la economía y la seriedad del antiguo comercio, rutinario y
+cachazudo.
+
+La tienda había pasado de sus manos a las del primer marido de doña
+Manuela, y de éste a su actual dueño; pero don Eugenio no había dejado
+de vivir un solo día en aquella casa, fuera de la cual no comprendía la
+existencia.
+
+Como un censo redimible sólo por la muerte, se habían impuesto los
+dueños de la tienda la obligación de mantener y dar albergue a don
+Eugenio, el cual, siguiendo sus costumbres independientes de solterón
+áspero y malhumorado, entraba y salía sin decir una palabra; comía lo
+que le daban; en los días que hacía buen tiempo paseaba por la Alameda
+con un par de curas tan viejos como él, y cuando llovía o el viento era
+fuerte, no salía de la plaza del Mercado e iba de tienda en tienda con
+su gorra de seda, su capita azul y su bastón muleta, para echar un
+párrafo con los veteranos del comercio reposado y a la antigua, cuyas
+excelencias eran el tema obligado de la conversación. Don Antonio sonrió
+al hacer doña Manuela la pregunta.
+
+--¿Don Eugenio...? No sé dónde estará, pero de seguro que no ha salido
+del Mercado. En días como éste le gusta presenciar las compras, y pasa
+horas enteras embobado ante las vendedoras, aunque lo empujen y lo
+golpeen. Sigue fiel a sus manías; nunca dice adonde va, y eso que,
+aunque me esté mal el decirlo, aquí se le traía con las mayores
+consideraciones.
+
+Doña Manuela se levantó al ver en una de las puertas a Nelet, que volvía
+de casa con la espuerta vacía.
+
+--Buenas tardes. Aún tengo que hacer muchas compras. Adiós, Antonio; un
+beso, Teresa; y no olviden ustedes que esperamos a Andresito esta noche.
+Adiós, Juan.
+
+La esposa de Cuadros recibió con satisfacción infantil los dos sonoros
+besos de doña Manuela, y ella, lo mismo que Juanito, siguieron con
+amorosa mirada a la gallarda señora en su marcha entre el gentío del
+Mercado.
+
+Otra vez las compras; pero ahora fuera de la plaza, en la calle del
+Trench. Allí estaban las gallineras en sus mesas empavesadas de aves
+muertas colgando del pico, con la cresta desmayada, y cayéndoles como
+faldones de dorada casaca las rubias mantecas. Las salchicherías
+exhalaban por sus puertas acre olor de especias, con cortinajes de seca
+longaniza en los escaparates y filas de jamones tapizando las paredes;
+las tocinerías tenían el frontis adornado con pabellones de morcilla y
+la blanca manteca en palanganas de loza, formando puntiagudas pirámides
+de sorbetes, y los despachos de los atuneros exhibían los aplastados
+bacalaos que rezuman sal; las tortugas, que colgantes de un garfio
+patalean furiosas en el espacio, estirando fuera de la concha su cabeza
+de serpiente; las pintarrajeadas magras del atún fresco, y las ristras
+de colmillos de pez, amarillentos y puntiagudos, que las madres compran
+para la dentición de los niños.
+
+Doña Manuela estaba poseída de una embriaguez de compras, e iba de un
+punto a otro sin cansarse de derramar la plata ni de Henar la espuerta
+de Nelet, a cuyo fondo iban a parar el fresco solomillo, las ricas
+morcillas para la pantagruélica olla de Navidad, los legítimos garbanzos
+del Saúco comprados al choricero extremeño, y otros mil artículos para
+cuya adquisición era necesario sufrir los empellones y groserías de una
+muchedumbre famélica que parecía prepararse para las carestías de un
+largo sitio.
+
+Todavía faltaba lo más importante: el pavo, protagonista de la
+gastronómica fiesta; y la señora y su cochero, empujados rudamente por
+la corriente humana, atravesaron una profunda portada semejante a un
+túnel, viéndose en el _Clòt_, en la plaza Redonda, que parecía un circo
+con su doble fila de balcones.
+
+Sobre el rumor del gentío, que encerrado y oprimido en tan estrecho
+espacio tenía bramidos de amor tempestuoso, destacábase el agudo
+chillido de la aterrada gallina, el arrullo del palomo, el trompeteo
+insolente del gallo, matón de roja montera, agresivo y jactancioso, y el
+monótono y discordante quejido del triste pato, que, vulgar hasta en su
+muerte, sólo conseguía atraerse la atención de los compradores pobres.
+
+Sobre el suelo, con las patas atadas, recordando tal vez en aquella
+atmósfera de sofocación y estruendo las tranquilas llanuras de la Mancha
+o las polvorientas carreteras por donde vinieron siguiendo la caña del
+conductor, estaban los pavos, con sus pardas túnicas y rojas caperuzas,
+graves, melancólicos, reflexivos, formando coro como conclave de sesudos
+cardenales y moviendo filosóficamente su moco inflamado, para lanzar
+siempre el mismo cloc-cloc-cloc prolongado hasta lo infinito.
+
+Doña Manuela buscó lo más raro y costoso del Mercado: tres pares de
+perdices, que bailoteaban con descoco dentro de una jaula, mostrando sus
+polonesas encarnadas. Visanteta las arreglaría para la cena de la noche.
+Después compró el pavo, un animal enorme que Nelet cogió con cariño casi
+fraternal, después de tentarle varias veces los muslos con una
+admiración que estallaba en brutales carcajadas.
+
+¡Fuera de allí! La señora deseaba salir del _Clòt_, donde la gente se
+codeaba con la mayor grosería y por dos veces había estado su velo
+próximo a rasgarse. Ella y Nelet, que marchaban con cuidado para librar
+al pavo de tropezones, entraron otra vez en el Trench, buscando los
+postres, la tiendecilla del turronero establecido en un portal.
+
+Allí estaba el de Jijona, con sombrerón de terciopelo, traje de paño
+negro y el ancho cuello de la camisa sujeto por un broche de plata. Al
+lado la mujer, con su rostro redondo y sonrosado de manzana y el pelo
+estirado cruelmente hacia la nuca, cayendo en gruesa trenza por la
+espalda sobre la pañoleta de vistosos colores. La mesa blanca, de
+inmaculada pureza, sustentaba, formando columna, las cajitas de áspera
+película conteniendo el harinoso turrón, los cajones de peladillas y las
+uvas puntiagudas, hábilmente conservadas, lustrosas y transparentes,
+como de cera, y con un delicado color de ámbar.
+
+Cuando doña Manuela volvió a entrar en el mercado comenzaba a anochecer
+y la concurrencia aumentaba por momentos. Todas las bocacalles vomitaban
+gentío dentro de la plaza, en la que el crepúsculo sembraba a miles los
+puntos luminosos. Brillaba el gas en las tiendas; las vendedoras
+importantes encendían sus grandes reverberos de latón, y las pobres
+huertanas contentábanse con una vela de sebo resguardada por un
+cucurucho de papel.
+
+--¡Qué bonito...! ¡Mira, Nelet! Y la señora permaneció algunos instantes
+contemplando el aspecto fantástico de la plaza con tan original
+iluminación. Una lluvia de estrellas había caído sobre el Mercado. Los
+empujones de la multitud la volvieron a la realidad.
+
+Fue a salir de la plaza, cuando otra vez la detuvo el escuadrón
+perseguido de chicuelas vendedoras.
+
+Ahora no corrían. Marchaban al paso, tímidas, anonadadas, haciendo
+comentarios en voz baja, siguiendo de lejos a una compañera infeliz que,
+retorciéndose y gritando como una fierecilla en el cepo, era arrastrada
+por un alguacil.
+
+El mísero rebaño pasó ante doña Manuela con triste chancleteo, y la
+señora no pudo reprimir un movimiento de repulsión ante aquellas
+cabelleras greñudas y encrespadas que servían de marco a rostros
+escuálidos y sucios, en los que la piel tomaba aspecto de corteza.
+
+¡Gran Dios, qué gente! Y doña Manuela, viendo tales fachas, por una
+extraña relación de pensamientos, sujetó su bolso con las dos manos,
+como si alguien fuese a robarla.
+
+Después se tentó los bolsillos del gabán, y... ¡justo! ¡No eran falsas
+sus sospechas! Le habían robado el pañuelo.
+
+Indudablemente habría sido mucho antes, entre la agitación y los
+empujones del gentío; pero esto no impidió que la señora siguiese con la
+mirada iracunda el grupo sucio, maloliente y miserable que se alejaba,
+anonadado por el hambre y la pena, entre el oleaje de alimentos y de
+general alegría.
+
+Doña Manuela avanzó sus labios en señal de desprecio.
+
+¡Cómo estaba el mundo! No había religión, orden ni autoridad, y...
+¡claro! era imposible que una persona decente saliese a la calle sin que
+la pillería le diera que sentir.
+
+
+
+
+II
+
+
+En época pasada, aunque no remota, el Mercado de Valencia tenía una
+leyenda, que corría como válida en todos sus establecimientos, donde
+jamás faltaban testigos dispuestos a dar fe de ella.
+
+Al llegar el invierno, aparecía siempre en la plaza algún aragonés viejo
+llevando a la zaga un muchacho, como bestezuela asustada. Le habían
+arrancado a la monótona ocupación de cuidar las reses en el monte, y lo
+conducían a Valencia para «hacer suerte», o más bien, por librar a la
+familia de una boca insaciable, nunca ahíta de patatas y pan duro.
+
+El flaco macho que los había conducido quedaba en la posada de _Las Tres
+Coronas_, esperando tomar la vuelta a las áridas montañas de Teruel; y
+el padre y el hijo, con los trajes de pana deslustrados en costuras y
+rodilleras y el pañuelo anudado a las sienes como una estrecha cinta,
+iban por las tiendas, de puerta en puerta, vergonzosos y encogidos, como
+si pidiesen limosna, preguntando si necesitaban un _criadico_.
+
+Cuando el muchacho encontraba acomodo, el padre se despedía de él con un
+par de besos y cuatro lagrimones, y en seguida iba a por el macho para
+volver a casa, prometiendo escribir pasados unos meses; pero si en
+todas las tiendas recibían una negativa y era desechada la oferta del
+_criadico_, entonces se realizaba la leyenda inhumana, de cuya veracidad
+dudaban muchos.
+
+Vagaban padre e hijo, aturdidos por el ruido de la venta, estrujados por
+los codazos de la muchedumbre, e insensiblemente, atraídos por una
+fuerza misteriosa, iban a detenerse en la escalinata de la Lonja, frente
+a la famosa fachada de los Santos Juanes. La original veleta, el famoso
+_pardalòt_, giraba majestuosamente.
+
+--¡Mia, chiquio, qué pájaro...! ¡Cómo se menea...!--decía el padre.
+
+Y cuando el cerril retoño estaba más encantado en la contemplación de
+una maravilla nunca vista en el lugar, el autor de sus días se escurría
+entre el gentío, y al volver el muchacho en sí, ya el padre salía
+montado en el macho por la Puerta de Serranos, con la conciencia
+satisfecha de haber puesto al chico en el camino de la fortuna.
+
+El muchacho berreaba y corría de un lado a otro llamando a su padre.
+«¡Otro a quien han engañado!», decían los dependientes desde sus
+mostradores, adivinando lo ocurrido; y nunca faltaba un comerciante
+generoso que, por ser de la tierra y recordando los principios de su
+carrera, tomase bajo su protección al abandonado y lo metiese en su
+casa, aunque no le faltase _criadico_.
+
+La miseria del hogar, la abundancia de hijos, y sobre todo la cándida
+creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el
+cruel abandono de los hijos. Ir a Valencia era seguir el camino de la
+riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones
+de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto
+a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso donde
+las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para
+cogerlos.
+
+El que iba allá abajo, se hacía rico; si alguien lo dudaba, allí estaban
+para atestiguarlo los principales comerciantes de Valencia, con grandes
+almacenes, buques de vela y casas suntuosas, que habían pasado la niñez
+en los míseros lugarejos de la provincia de Teruel guardando reses y
+comiéndose los codos de hambre. Los que habían emprendido el viaje para
+morir en un hospital, vegetar toda la vida como dependientes de corto
+sueldo o sentar plaza en el ejército de Cuba, ésos no eran tenidos en
+cuenta.
+
+Al hacer la estadística de los abandonados ante la veleta de San Juan,
+don Eugenio García, fundador de la tienda de _Las Tres Rosas_, figuraba
+en primera línea.
+
+Otros mostrábanse malhumorados y negaban rotundamente cuando se les
+suponía tal origen; pero él lo ostentaba con cierta satisfacción, como
+queriendo hacer de ello un título de gloria.
+
+--Nada debo a nadie--exclamaba al regañar a sus dependientes--. A mí
+nadie me ha protegido. Los míos me dejaron como un perro en medio de esa
+plaza. Y sin embargo, soy lo que soy. ¡Hubiera querido veros como yo,
+para que supierais lo que es sufrir!
+
+Y siempre que podía asegurar una docena de veces que nada debía a nadie
+y comparar su abandono con el de un perro, quedaba tranquilo y
+satisfecho. Los principios de su carrera habían sido penosos. Aprendiz
+siempre hambriento, dependiente después en una época en que los mayores
+sueldos eran de cincuenta «pesos» anuales, a fuerza de economías
+miserables consiguió emanciparse, y con ayuda de sus antiguos amos, que
+veían en él un legítimo aragonés capaz de convertir las piedras en
+dinero, fundó _Las Tres Rosas_, tiendecilla exigua que en diez años se
+agrandó hasta ser el establecimiento de ropas más popular de la plaza
+del Mercado.
+
+Don Eugenio era, sin darse cuenta, el cronista de cuantas modificaciones
+y adelantos había experimentado aquella plaza, en la que nació a la vida
+del comercio y debía desarrollarse toda su existencia. Vio cómo una
+revolución echaba abajo los conventos de la Magdalena y la Merced; cómo
+un motín quemaba el Mercado Nuevo, que era de madera, y cómo las
+tiendas, agrandando cada vez más sus puertas, saneando sus interiores,
+atraían al público con grandes escaparates, y en materia de alumbrado
+pasaban del aceite al petróleo y de éste al gas.
+
+Al poco tiempo de fundar su establecimiento, cuando aún la primera
+guerra carlista tenía en suspenso la suerte de la nación, don Eugenio se
+formó insensiblemente una tertulia junto a su mostrador, sobre el cual,
+como una antorcha simbólica de la rutina comercial, lucía un enorme
+velón de cuatro mecheros, fabricado con más de arroba y media de bronce.
+
+Todas las tardes, al anochecer, reuníanse allí los amigos de don
+Eugenio, la mitad de los cuales vestían sotana y pertenecían al clero de
+San Juan. A pesar de esto, la tal reunión era casi un club, que en
+épocas como aquélla tenía su carácter peligroso. Don Eugenio pertenecía
+a la Milicia Nacional, y aunque tomaba sus bélicas ocupaciones con tibio
+entusiasmo, no por esto dejaba de preocuparse del honor de la «tercera
+de Ligeros». Cuando era preciso se calaba el chacó, martirizaba el pecho
+con el asfixiante correaje, y servía a la nación y a la libertad, yendo
+a pasar la noche en el Principal, donde comía melones en verano, se
+calentaba al brasero en invierno, en la santa y pacífica compañía de
+algunos otros comerciantes del Mercado, que, olvidándose de la
+marcialidad de su uniforme, pasaban las horas de la guardia hablando de
+las fábricas de Alcoy o del precio del azúcar y de la seda; todo esto
+sin perjuicio de faltar a la ordenanza, abandonando el puesto con
+frecuencia para dar un vistazo a sus casas.
+
+En la tertulia de don Eugenio se hablaba de Martínez de la Rosa y de su
+malogrado Estatuto; había quien audazmente elogiaba a Mendizábal y pedía
+el restablecimiento de la Constitución del 12; se gastaban bromitas
+contra los «serviles», sin faltar a la decencia; se comenzaba a decir
+con expresión respetuosa «don Baldomero» cada vez que se nombraba al
+general Espartero, y todos callaban para escuchar religiosamente a don
+Lucas, el beneficiado de San Juan, un cura que el 23 había emigrado a
+Londres por liberal, y que pronunciaba conmovedores discursos hablando
+del pobre Riego, a quien comparaba con Bravo, Padilla y Maldonado.
+
+Era, en fin, la tertulia una reunión donde se desahogaba el liberalismo
+inocente de unos revolucionarios que, en costumbres y preocupaciones,
+imitaban a sus enemigos, y a pesar de haber sufrido de la dinastía
+reinante toda clase de desdenes y persecuciones, mostrábanla una
+fidelidad canina, y siempre era para ellos Fernando VII el rey mal
+aconsejado, Cristina la augusta señora, e Isabel la inocente niña.
+
+En esta reunión estaban todos los afectos y alegrías de don Eugenio. Al
+encender por las noches el velón y ver entrar las sotanas y las gorras
+de sus colegas, experimentaba la misma impresión que si se encontrara
+rodeado de una cariñosa familia.
+
+De los de allá, de aquellos que le habían abandonado sin lágrimas ni
+desconsuelo, nunca se acordaba. Sus padres habían muerto, pero ya se
+encargaron de recordarle la patria y todas sus miserias el enjambre de
+primos, hermanos y sobrinos que cayeron sobre él tan pronto como circuló
+por el lugar la nueva de que hacía fortuna y tenía una tienda en el
+Mercado. Llegaban en grupos, escalonando sus viajes por meses, cual
+hordas hambrientas que con la mirada querían devorarlo todo. El pariente
+rico era para ellos una vaca robusta, cuyas ubres inagotables les
+pertenecían de derecho. No tenía mujer ni hijos; ¿para quién, pues, las
+fabulosas riquezas que aquellos miserables se imaginaban en poder de
+don Eugenio? Las demandas eran interminables, no desmayando los
+pedigüeños ante la aspereza del comerciante, poco inclinado a la
+generosidad. El invierno había sido duro, las patatas pocas y malas, el
+macho estaba enfermo, los muchachos descalzos, un pedrisco lo había
+arrasado iodo; y tras estos preámbulos entraban en materia con la
+petición de veinte duros para pasar el mal tiempo, de una pieza de sarga
+para vestir a la familia, y otras demandas menos aceptables. Si don
+Eugenio ponía cara de perro a las peticiones, surgía la protesta en la
+rapaz parentela que tanto le quería.
+
+--¡Id allá, granujas!--gritaba el comerciante--. ¿Qué os debo yo para
+que vengáis a saquearme? Nada tengo que agradeceros, como no sea haberme
+abandonado en medio de esa plaza.
+
+Entonces era de ver la indignación con que tíos y hermanos acogían lo
+del abandono. ¡Otra que Dios...! ¿Y aún se quejaba? ¿_Pus_ si no le
+hubiesen abandonado sería él ahora comerciante con tienda abierta?
+Cuanto más, estaría guardando el ganado de algún rico. A la familia,
+pues, debía lo que era. Y si la turba de descarados pedigüeños no
+llegaba a decir que todo cuanto tenía su pariente les pertenecía de
+derecho, ya se encargaban sus exigencias insolentes y sus rapaces
+miradas de manifestar que éste era su pensamiento.
+
+Producto de una de estas invasiones de vándalos con pañizuelo y calzón
+corto fue el entrar como aprendiz en la tienda de _Las Tres Rosas_ un
+chicuelo, al que don Eugenio le fue tomando insensiblemente cierto
+afecto, sin duda porque recordando su pasado se contemplaba en él como
+en un espejo. Era de un pueblo inmediato al suyo; pasaba por pariente,
+circunstancia poco extraña en un país donde las familias, residiendo
+siglos y siglos pegadas al mismo terruño, acaban por confundirse, y
+llamaba la atención por su aire avispado y la ligereza de sus
+movimientos.
+
+Entró en la tienda hecho una lástima, oliendo todavía a estiércol y a
+requesón agrio, como si acabase de abandonar el corral de ganado. La
+vieja criada que administraba el hogar de don Eugenio tuvo que valerse
+de ungüentos para despoblar de bestias sanguíneas el bosque de cerdas
+polvorientas que se empinaban sobre el cráneo del muchacho, y concluido
+el exterminio, el amo lo entregó al brazo secular de los aprendices más
+antiguos, los cuales, en lo más recóndito del almacén y sin pensar que
+estaban en enero, con un barreño de agua fría y tres pases de estropajo
+y jabón blando, dejaron al neófito limpio de mugre de arriba a abajo y
+con una piel tan frotada que echaba chispas.
+
+Con esto, el mísero zagalillo de las montañas de Teruel se convirtió en
+un aprendiz listo, aseado y trabajador, que, según las profecías de los
+dependientes viejos, llegaría a ser algo. A las dos semanas chapurreaba
+el valenciano de un modo que hacía reír a las labradoras parroquianas de
+la casa, y sin que la dureza del trabajo disminuyera para él, todos le
+querían y no sabía a quién atender, pues Melchor por aquí, Melchorico
+por allí, nunca le dejaban un instante quieto.
+
+Con sus borceguíes lustrosos, una chaqueta vieja del amo arreglada
+chapuceramente, la cabeza siempre descubierta, con pelos agudos como
+clavos y las orejas llenas de sabañones en todo tiempo, era Melchorico
+el aprendiz más gallardo de cuantos asomaban la cabeza a las puertas
+para llamar a los compradores reacios. Aquel acólito del culto de
+Mercurio, por su empaque desenfadado atraíase la mala voluntad de los
+pilluelos de la plaza, enjambre de diablejos que pasaban horas enteras
+ante la relamida figurilla llamándole ¡_churriquio_! con irritante tono
+de mofa, hasta que algún dependiente les amenazaba con la vara de medir.
+
+Pasaron los años sin que incidente alguno viniese a turbar la ascensión
+lenta y monótona del muchacho en la carrera comercial. Perdió de cuenta
+los cachetes y patadas que le largaron don Eugenio y los dependientes
+viejos, unas veces por entretenerse bailando trompos en la trastienda,
+otras por pillarle dando retales a cambio de altramuces o cacahuet.
+Empleó los domingos en que le daban suelta yendo al tiro del palomo en
+el cauce del río, o paseando gratis arrellanado como un príncipe en las
+estriberas de las tartanas, con la epidermis a prueba de traidores
+latigazos; fue ascendiendo lentamente cíe burro de carga a aprendiz
+viejo; por fin, a dependiente; y al cumplir dieciocho años viose tan
+transformado, que, violentando sus instintos económicos, fortalecidos
+por las saludables enseñanzas del principal, se gastó cuatro pesetas en
+dos retratos que envió a los de «allá arriba», a sus antiguos colegas de
+pastoreo, para que viesen que estaba hecho todo un señor. Los tirones de
+oreja y los palos con la vara de medir lo habían puesto erguido,
+borrando en su cuerpo la tendencia a cargarse de espaldas y a ser
+patiabierto, propio de todos los de su tierra; sus pelos, a fuerza de
+peine y cosmético, habían llegado a domarse; los desabridos y no muy
+abundantes guisos del ama de llaves daban cierta figura a su corpachón
+huesoso. Y además, como tenía su soldada anual, aunque corta, ya no
+vestía los desechos de don Eugenio y se hacía al año dos trajes,
+operación que antes de ser emprendida era objeto de serías y profundas
+meditaciones.
+
+Melchor Peña, al salir de la adolescencia, experimentó una
+transformación. Al mismo tiempo que en su labio apuntaba el bigote, en
+su cerebro apuntó la tendencia a lo romántico, a lo desconocido, el
+anhelo de cosas extraordinarias, de aventuras gigantescas, y fue un
+rabioso lector de novelas. Cuantos tomos enormes, roídos por el corte y
+forrados con papel grasiento, rodaban por los mostradores de las tiendas
+del Mercado, eran atraídos por sus manos, como si éstas fuesen un imán,
+y devorados rápidamente, unas veces por la noche, después de cerrar las
+puertas y robando horas al descanso, otras por la tarde, aprovechando
+ausencias de don Eugenio, en el fondo del almacén, a la dudosa claridad
+que se cernía en aquel ambiente cálido, impregnado del vaho de los
+tejidos y el tufo de la tintura química. Había leído más de veinte veces
+_Los tres mosqueteros_, y el fruto que sacó de esta lectura fue que los
+aprendices se burlasen de él viéndolo un día en el almacén, envuelto en
+un guiñapo colorado, con un rabo de escoba en la cadera y contoneándose
+como si fuese el mismo D'Artagnan con todas sus jactancias de
+espadachín. Después se apasionó, como toda la juventud de su época, por
+_María o la hija de un jornalero_; y a pesar de que don Eugenio le
+enviaba a misa lodos los domingos y a comulgar por trimestre, hízose un
+tanto irreligioso, y en su interior comenzó a mirar con desprecio a los
+curas pacíficos y bromistas que visitaban por la noche el
+establecimiento para jugar a la brisca con el principal; y cuando cayó
+en sus manos _El conde de Montecristo_, paseábase por la trastienda,
+mirando los fardos apilados con la misma expresión que si en vez de
+paños, percales e indianas contuviesen un enorme tesoro, toneladas de
+oro en barras, celemines de brillantes, lo suficiente, en fin, para
+comprar el mundo.
+
+¡Y cómo se reía don Eugenio de la manía novelesca de su Melchorico, como
+cariñosamente le llamaba...! Él, que no había consultado otro libro en
+su vida que un cuadernillo donde estaban comparados los pesos y medidas
+de Cataluña, Aragón y Castilla, miraba al principio con cierto respeto
+el afán de lectura del muchacho; pero después, al notar las
+extravagancias de su torcida imaginación, le acribilló con burlas y le
+colgó el apodo de Don Quijote, no porque el viejo comerciante hubiese
+leído la inmortal obra de Cervantes, sino por tener arriba en su comedor
+una litografía detestable, en la cual el hidalgo manchego, dormido y en
+camisa, daba de cuchilladas a pellejos de vino.
+
+Iguales bromas se permitía el Don Quijote que vegetaba en la obscuridad,
+midiendo telas en _Las Tres Rosas_. Podían atestiguarlo los pescozones
+con que don Eugenio había saludado a su querido dependiente un lunes en
+el almacén, cuando vio a Melchor que, recordando el drama _El jorobado_,
+se creía un Lagardére, y con una vara de medir ensayaba la gran estocada
+de Nevers, acribillando los fardos de un modo que hacía temblar por la
+integridad de los géneros.
+
+--Como sigas así--gritaba el buen comerciante, escandalizado--, te
+pongo en la puerta y... ¡buen viaje! Me has engañado. Tú sirves para
+cómico, y a mí no me gustan farsas. Merchorico, por última vez lo digo.
+El año que viene entras en quinta; o sientas esa cabeza o te abandono, y
+el demonio que se encargue de tu suerte.
+
+Junto a la imaginación exaltada del dependiente debía existir una enorme
+cantidad de sentido práctico capaz de sofocar todas las fantasías y
+caprichos, y a esto se debió, sin duda, que Melchor se reprimiera en sus
+románticas extravagancias, y en adelante, aunque sin abandonar la
+lectura de novelas, se dedicara con más asiduidad a sus quehaceres.
+
+Tenía don Eugenio un amigo antiguo que todos los días visitaba la
+tienda, y por profesar a Melchor algún afecto, unía sus exhortaciones de
+hombre práctico a las del principal. De todos los individuos que
+formaban la tertulia de _Las Tres Rosas_, don Manuel Fora era el más
+considerado, a causa de su fortuna sólida y cuantiosa y de respeto que
+gozaba en el comercio.
+
+Vivía en un enorme caserón cercano a las Escuelas Pías; figuraba entre
+los primeros fabricantes de seda, y más de doscientos telares trabajaban
+para él, elaborando piezas de seda rayada, vistosa y sólida, y pañuelos
+de brillantes colores, que eran enviados a las más apartadas provincias
+de España y hasta la misma América, cosa que asombraba y producía cierto
+temor respetuoso entre el comercio a la antigua. De joven había sido
+novicio en una orden religiosa, pero ahorcó los hábitos el año 8 para
+batirse contra el francés, sacrificio que no le libró de ser conocido
+con el apodo de el _Fraile_ entre los comerciantes y las gentes de su
+industria.
+
+Le suponían poseedor de millones, y era el banquero de todos los
+mercaderes menesterosos. Bastábale entrar en su alcoba para presentar en
+cartuchos de onzas cuanto dinero se le pedía, y a pesar de esto, fuera
+de los días de Corpus, en que sacaba del fondo del arca el frac de color
+castaña y el sombrero de seda, nadie le había visto con otro traje que
+un eterno pantalón de cuadros, chaqueta de fustán, chaleco de terciopelo
+rameado y gorra de ancho plato.
+
+Era el más fiel representante de la avaricia atribuida á los de su
+gremio, y en el Mercado se contaban de él cosas graciosísimas. La mañana
+pasábala en San Juan, pues el comercio no le había hecho olvidar sus
+aficiones a las cosas de la Iglesia. Tenía su puesto fijo en el banco de
+la Junta de Fábrica, y allí iban a buscarlo los que, necesitando con
+urgencia su auxilio, no reparaban en que estaba oyendo la décima misa y
+rezando el centésimo rosario.
+
+--Don Manuel--murmuraba el pedigüeño con voz misteriosa y arrodillándose
+cerca del Banco--, necesito al momento seis mil reales.
+
+--¡Déjame en paz!--susurraba indignado el fabricante sin volver los
+ojos--. Ni la casa del Señor sabéis respetar. Búscame a la noche.
+
+--Don Manuel, ¡por Dios! que la letra vence hoy, y he de pagarla o se
+deshonra mi tienda. Seis mil reales al quince por ciento; sálveme usted.
+
+--¡Largo...! No estoy ahora para asuntos mundanos.
+
+--Don Manuel... aunque sea al veinte--decía el infeliz con esfuerzo
+supremo.
+
+--He dicho que no. Déjame en paz el alma.
+
+--Al veinticinco, don Manuel... al veinticinco. Me esperan en casa para
+que pague.
+
+--Márchate, o llamo al sacristán.
+
+--Pues bien; al treinta... que sean al treinta por ciento, como la otra
+vez.
+
+--Todo sea por Dios--murmuraba suspirando dolorosamente--. No dejáis
+tiempo ni para salvar el alma. Espérame en casa, yo iré así que termine
+este rosario. Te cobraré el treinta por ser tú... que bien sabe Dios que
+a mí no me gustan estos negocios.
+
+Esto se contaba del célebre fabricante de sedas; pero aunque en ello
+entrase en gran parte la exagerada malevolencia de sus enemigos, lo
+cierto era que don Manuel, con el producto de sus doscientos telares
+siempre en actividad y los caritativos auxilios que prestaba desde el
+Banco de San Juan, iba formándose una fortuna, cuya cifra, por ser
+desconocida, rodeaba a su poseedor de cierto prestigio misterioso.
+
+El fabricante y el dueño de _Las Tres Rosas_ eran antiguos amigos, y
+hasta se murmuraba que el primero había ayudado a éste con una
+generosidad extraña en los primeros tiempos de su comercio. Cuantos
+géneros de seda se despachaban en la tienda procedían de la fábrica de
+don Manuel, y de esto resultaba una continua comunicación entre el
+establecimiento de don Eugenio y el caserón del barrio de las Escuelas
+Pías, relaciones en las que servía de intermediario Melchor Peña, como
+dependiente de confianza.
+
+Él era quien iba al despacho de don Manuel a escoger pañuelos y piezas
+de seda, raso o terciopelo en aquellos armarios de roble con cerradura
+complicada, que databan del siglo anterior, y él también quien subía a
+los porches, donde con un tric-trac ensordecedor movíanse los telares y
+volaban las lanzaderas, haciendo surgir los ricos tejidos entre polvo y
+telarañas. Por efecto de las continuas visitas le trataron como amigo
+íntimo los de la familia de don Manuel. Éste era viudo y tenía dos
+hijos: Juan, un joven infatigable para el trabajo, meticuloso en los
+negocios, capaz, como su padre, de darse de cachetes por un ochavo, y
+Manolita, una muchacha hermosota, que a los diecisiete años tenía el
+aspecto de una matrona romana, y a quien don Manuel no quería encargar
+de la administración de la casa en vista del poco aprecio que mostraba
+al dinero.
+
+Otra persona formaba parte de la familia del _Fraile_; pero los lazos
+que la unían a ella eran tan efímeros y débiles como los que atan una
+estrella errante a un sistema planetario. Era un estudiante de Medicina,
+famoso entre los de su Facultad como hábil tocador de guitarra, alegre
+confeccionador de chistes y calavera de los más audaces. El _Fraile_,
+avaro y sin entrañas hasta con sus hijos, sentía gran debilidad por el
+estudiante, tal vez por el contraste entre su carácter austero y regañón
+y la alegría desenfadada de aquel cabeza a pájaros. Era sobrino de don
+Manuel en grado lejano; sus padres habían muerto, y el fabricante de
+sedas, en vista de su ingenio despierto, encantado por sus agudezas y
+recordando que lo sostuvo en la pila bautismal, hizo el inaudito
+sacrificio de recogerlo y darle carrera.
+
+Rafael Pajares venía a ser en la casa el punto vulnerable del huraño
+_Fraile_. Parecía imposible que éste soportase las travesuras del
+estudiante, que traía revuelta toda la casa, persiguiendo a las criadas,
+entreteniendo con chistes a los tejedores e introduciendo algunas veces
+en su cuarto ciertos compañeros de Facultad tan levantiscos como él, que
+al menor descuido saqueaban la despensa, y cuando no, hacían temblar los
+viejos pavimentos del caserón ensayándose a saltos en el manejo de la
+pandereta. Don Manuel, el hombre de las economías inauditas y las
+ruindades sin ejemplo, estremecíase de rabia al ver el uso que Rafael
+hacía de sus liberalidades. Regalábale una sotana nueva, y al punto la
+rasgaba en dos, quedándose con la parte del pecho y dando el espaldar a
+algún compañero pobre, con cuyo reparto iban ambos tan gallardos
+cubriendo con el manteo la desnuda trasera. Comprábale un tricornio
+flamante, y no acababa el día sin que el travieso muchacho le recortase
+los bordes caprichosamente hasta darle el aspecto de una fantástica
+cresta. Gustábale ir roto y sucio como los sopistas, y cada una de estas
+hazañas enfurecía al _Fraile_, haciéndole gritar que aquello era robarle
+el dinero, y que el mejor día de un puntapié en tal parte iba a poner en
+la calle al desvergonzado sobrino. Pero bastaba que el loco adorador de
+la tuna sacara algunas habilidades, para que el viejo se diera por
+vencido y asegurase que el muchacho tenía mucha gracia.
+
+Igual influencia ejercía Rafael sobre los demás individuos de la
+familia. El hijo del _Fraile_ le toleraba, lo que no era poco, atendido
+su carácter, y en cuanto a Manolita, vivía pendiente de los labios de su
+primo. Aquella muchacha sencillota, a quien las amigas de la casa tenían
+casi por tonta y que no conocía más mundo que las tertulias de gente del
+Arte de la Seda, a las que la llevaba su padre, miraba a Rafael como la
+encarnación de lo extraordinario, de lo novelesco; como un Don Juan,
+cuyo cariño le disputaban ocultas y poderosas rivales.
+
+Se amaban desde niños, pero con un amor extraño, incomprensible y
+preñado de incidentes. Él era informal, ligero, casquivano; tenía novias
+en los cuatro distritos de la ciudad; salía de noche para dar serenatas
+amorosas; y ella, bajo su exterior abobado de muchacha tímida y devota,
+ocultaba un carácter varonil, un genio insufrible, el mismo estallido de
+nerviosidad iracunda y atronadora que se manifestaba en el _Fraile_
+cuando le salía mal un negocio o un deudor se negaba a pagarle. Las
+peleas en voz baja y el estar de monos días enteros eran hechos
+frecuentes en estos amores que el padre y el hermano no conocían; pero
+bastaba para vencer el enojo de Manolita una palabra chistosa del
+estudiante, una irónica protesta, algo que la desarmase, haciéndola
+prorrumpir en carcajadas.
+
+¡Con un pillo así era imposible estar seria mucho tiempo! Se necesitaba
+tener corazón de piedra para no conmoverse cuando, cogiendo la guitarra
+y poniendo los ojos en blanco, se arrancaba por el _Fandanguito de
+Cádiz_, entonando después melancólicamente el ¡_Triste Chactas_...! que
+hacía llorar a todas las muchachas de la época, o aquello otro punteado
+y expresivo que comenzaba:
+
+/*
+ _Inflamado mi pecho amoroso_,
+ _sólo en ti se cifraba mi anhelo_....
+*/
+
+No; ella le quería, y aunque le diese algún disgusto, consideraba a
+Rafael, a pesar de su sotana mugrienta y su cara de granuja, como un
+rendido trovador de los que en aquella época de romanticismo hacían el
+gasto en todos los extravíos de imaginación femenil.
+
+Melchor Peña, entrando con frecuencia en la casa, estaba al tanto de
+cuanto ocurría en el seno de la familia y conocía el carácter de cada
+uno de sus individuos. Don Manuel le apreciaba como muchacho laborioso y
+económico, que tenía lo que él llamaba «sangre comercial». Juan,
+primogénito del _Fraile_, simpatizaba con él como a cofrade en la orden
+del continuo trabajo y la conquista del céntimo. Manolita decía de él
+que era un chico simpático, aunque vulgarote, y Rafael, el famoso
+adorador de la tuna, tratábale siempre con un aire de desdeñosa
+protección, como si tuviese empeño en recordarle de continuo el abismo
+existente entre una futura lumbrera de la ciencia y un «gozquecillo» de
+mostrador.
+
+Melchor correspondía a este desprecio con una antipatía profunda. Y no
+es que le hiriesen honradamente las zumbas del estudiante; su odio
+provenía del poco aprecio que éste mostraba a Manolita. Ser dueño de la
+voluntad de aquella mujer y corresponder a su afecto con infidelidades
+era un pecado imperdonable a los ojos del pobre Melchor, que amaba a
+Manolita en silencio, siempre en perpetua batalla interna, tan pronto
+dispuesto a declarar su pasión como arrepentido de su audacia.
+
+Habíase enamorado de la hija del _Fraile_, no repentinamente y a la
+primera mirada, como los protagonistas de aquellas novelas que con tanta
+fruición leía, su pasión se había formado lentamente, por escalones que
+poco a poco había ido subiendo. Un día se fijó en que Manolita tenía
+unas hermosas mejillas de melocotón con ligera película, más fina que el
+terciopelo de a cuatro duros vara; otro, hizo la observación de que sus
+ojos eran «ardientes ascuas», imagen del dominio común de todos los
+novelistas por él conocidos, una noche hasta llegó a pensar,
+revolviéndose en su menguada cama de dependiente, que la hija de don
+Manuel estaría admirablemente formada, a juzgar por su «exterior
+escultural»--otra frase cien veces leída--, y el resultado de estas y
+otras observaciones fue confesarse a sí mismo que era «esclavo» de
+Manolita y la amaría «hasta la muerte».
+
+¡Qué adoración tan constante la del pobre muchacho! Dos años estuvo
+lanzando tiernas miradas a la joven cada vez que por asuntos del
+comercio iba a casa del _Fraile_. Su imaginación novelesca soñaba un
+rapto, después de matar en desafío al infame estudiantón, con otras mil
+barbaridades por el estilo, y lo mejor del caso era que quien tales
+barrabasadas se sentía capaz de ejecutar temblaba como un niño en
+presencia del ídolo amado, y cien veces se le atragantó la declaración
+que tenía pensada y aprendida, sin faltar punto ni coma.
+
+Por fin, Manolita supo que Melchor la amaba gracias a una carta de éste,
+en la cual, conforme al patrón de todas las declaraciones, comparaba su
+corazón con el Vesubio, y comenzando con las consabidas frases:
+«Señorita: desde el móntenlo que la vi a usted», etc., terminaba: «Salve
+usted este corazón que está herido de muerte.» Manolita acogió
+burlescamente la declaración del dependiente, mas no por esto dejó de
+agradecerla, con esa satisfacción que causa en toda mujer el saber que
+es amada, y nada dijo a su familia ni a Rafael.
+
+Melchor esperó con paciencia inquebrantable, y un día fue Manolita la
+que le recordó su declaración, aceptándola.
+
+La hija del _Fraile_ se había dejado llevar de un arrebato del carácter
+violento que mostraba en las grandes ocasiones. Su primo Rafael había
+terminado la carrera, abandonando las locuras de estudiante para
+revestirse de la gravedad del doctor, y cuando ella esperaba de un
+momento a otro que formulase ante el padre sus pretensiones, una buena
+alma la hizo saber que aquel calavera ya no limitaba sus infidelidades a
+serenatas amorosas o pasiones del momento, sino que tenía cierto
+«arreglo» en el barrio del Carmen con carácter permanente, y hasta se
+susurraba si había una criatura de por medio.
+
+El carácter enérgico de Manolita se sublevó al convencerse de la nueva
+infidelidad de Rafael. No; ésta no la consentía, aunque el primo le
+pidiese perdón de rodillas y estuviese todo un año cantando romanzas
+sentimentales. Quiso vengarse, atormentar al infame, aunque para eso
+tuviese ella que sufrir, y nada le pareció mejor que aceptar las
+pretensiones de aquel tendero que la adoraba. El asunto se arregló con
+prontitud.
+
+Don Eugenio, que se sentía viejo y estaba dispuesto a traspasar _Las
+Tres Rosas_ al dependiente predilecto, encargóse de hablar a su amigo el
+_Fraile_; éste no tenía gran empeño en conservar en casa una hija que
+ignoraba el valor del dinero y gastaba mucho en trajes, según él decía;
+y como el novio la aceptaba sin un céntimo de dote, la boda se arregló,
+y a los tres meses la señora de don Melchor Peña entró triunfalmente en
+sus dominios de la plaza del Mercado.
+
+Siete años duró el matrimonio, y su único fruto fue Juanito, a quien
+pusieron tal nombre por apadrinarle el hermano de Manolita, o más bien,
+doña Manuela, pues el estado de maternidad, ensanchando sus macizas
+carnes de matrona, habíanla dado un aspecto respetable y majestuoso.
+
+Aquel marido aceptado en un arrebato de ira, sí no llegó a inspirarla
+amor mereció la tierna simpatía del agradecimiento. Levantábase Melchor
+al amanecer, y después de arropar cuidadosamente a la señora, rogándola
+que no abandonase la cama antes de las nueve, bajaba a la tienda para
+vigilar a los dependientes en las primeras ocupaciones del día. Subía a
+la hora de comer, para reír como un loco con las gracias de Juanito y
+revolcarse muchas veces por el suelo, imitando a ciertos animales, para
+satisfacer las tiránicas exigencias de aquel monigote que traía revuelta
+toda la casa. Comía lo que le daban, acogía como indiscutibles todos los
+actos de su mujer, y curado ya de las manías románticas, sólo pensaba en
+los negocios y en conquistar una fortuna para que su esposa pudiese ver
+realizadas sus altas aspiraciones.
+
+Doña Manuela gozaba de una libertad absoluta, como jamás la había
+soñado. Salía cuando quería, bajaba a la tienda algunas veces, como
+quien va a un lugar de entretenimiento, a distraerse viendo gentes y
+caras nuevas, y era dueña absoluta de todo el dinero de la casa, con
+gran descontento de don Eugenio y del avaro _Fraile_.
+
+--Tú no conoces a mi hija--decía el suegro a Melchor--. Si sigues tan
+tolerante, poco adelantarás. Con Manolita hay que ser rígido y no
+permitirla que toque un ochavo. Es como todas las mujeres, que en trapos
+y cintajos derrocharían el Potosí si lo tuvieran en la mano. Créeme a
+mí, que conozco bien ese ganado. A la mujer hay que tratarla con
+entereza; en una mano el pan y en la otra el palo.
+
+Pero Melchor se reía de las teorías brutales de su suegro. ¿No marchaban
+bien sus negocios? ¿No cerraba con regulares ganancias el inventario del
+año? Pues entonces nada debía negar a su mujer, de la que cada vez se
+sentía más enamorado, sin duda porque ella correspondía a sus caricias
+con una frialdad complaciente.
+
+Cierto que, a pesar de ser buenos los tiempos, adelantaba poco a causa
+de las prodigalidades de su mujer; pero... ¡pobrecilla! él la
+disculpaba, recordando su juventud monótona y aburrida al lado del
+tacaño padre, y además, decíase a sí mismo que alguna compensación había
+de merecer el resignarse a ser tendera una joven que podía aspirar a una
+posición más brillante.
+
+Y ella, aprovechando la tolerancia cariñosa del marido, gastaba con
+furor que escandalizaba a los buenos burgueses del Mercado. Seguía las
+modas con escrupulosidad costosa, y muchas veces aumentaba sus gastos
+hasta la locura, únicamente por el gusto de darles en las narices, como
+ella decía, al regañón de don Eugenio y al tacaño de su padre.
+
+Tenía en su vida motivos de sobra para ser feliz, pero a pesar de esto,
+dos cosas la entristecían. El andar a pie por las calles, signo, según
+ella, de pobreza y de degradación, y la vulgaridad de su marido, que se
+revelaba en sus maneras, en su modo de vestir, en la facilidad con que
+bromeaba con las criadas, como hombre acostumbrado a esos floreos de
+mostrador con que se halaga a las parroquianas, no pudiendo ver unas
+faldas lisas sin soltar cuatro requiebros inocentes y sin consecuencias.
+
+A pesar del concepto que le merecía su marido, doña Manuela fue honrada.
+Justamente el primo Rafael iba alcanzando algún renombre y los
+periódicos hablaban de él elogiándolo como médico. Varias veces, con su
+antigua audacia intentó aproximarse a Manolita para reanudar sus
+relaciones de amistad, buscando un final más íntimo; pero la hija del
+_Fraile_ era vengativa: no se borraba fácilmente de su memoria el
+recuerdo de una infidelidad, y acogió siempre al médico con una frialdad
+burlona. A pesar de esto, doña Manuela no quería consultar su voluntad
+ni revolver los recuerdos del pasado, pues sospechaba que todavía sentía
+algún afecto por aquel hombre.
+
+Un día murió el _Fraile_ de apoplejía fulminante al convencerse de que
+en la quiebra de uno de sus corresponsales había perdido más de veinte
+mil duros.
+
+Sus negocios no marchaban bien en los últimos años de su vida. La
+industria de la seda iba arruinándose con la competencia que la hacían
+los franceses; uno tras otro se cerraban los talleres montados a la
+antigua que durante un siglo habían sostenido la supremacía industrial
+de Valencia, y don Manuel, que a pesar de su buen sentido comercial
+tenía empeño en mantener testarudamente la lucha con el exterior, sufrió
+grandes pérdidas y murió de un berrinche antes que la ruina viniese a
+coronar su desesperada resistencia.
+
+Setenta mil duros aproximadamente heredaron en dinero, géneros e
+inmuebles cada uno de los hijos del _Fraile_, y mientras el primogénito
+se quedó con la casa solariega, contento con su posición y dispuesto a
+aumentar lo heredado, doña Manuela, al verse rica, sólo pensó en salir
+de su estado de tendera.
+
+Para ella, la sociedad estaba dividida en dos castas: los que van a pie
+y los que gastan carruaje; los que tienen en su casa gran patio con
+ancho portalón y los que entran por estrecha escalerilla o por obscura
+trastienda. Quería subir, saltar de la clase de los parias dedicados al
+trabajo a la de las «personas decentes»; y con el imperio y la concisión
+de la señora absoluta que no admite réplicas, expuso a su marido el
+futuro plan de vida. Puesto que el dependiente mayor, Antonio Cuadros,
+se había casado con Teresa, la criada, y por tener algunos ahorrillos
+pensaba establecerse, que se quedara con la tienda y con don Eugenio,
+que quería acabar su vida agarrado a ella como una lapa. El precio del
+traspaso ya lo iría pagando Antonio poco a poco, y ellos levantarían el
+vuelo inmediatamente para ir a formar un nido en una gran casa cerca del
+Mercado, una finca soberbia, con ancho portal, gran patio, cuadras
+profundas, y en el piso superior magníficas habitaciones; inmuebles que
+el difunto _Fraile_ había adquirido por poco dinero, prestando
+usurariamente a un conde tronado.
+
+Todo se realizó tal como lo dispuso doña Manuela, y ésta, a los pocos
+días, recordaba como un sueño la estancia de seis años en la tienda del
+Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la
+Alameda y teniendo un lacayo a sus órdenes para enviar recaditos a las
+nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, señoras a las cuales,
+por ser rica, trataba con aire protector.
+
+Lo único que la entristecía era su grandeza en el carácter del marido.
+¡Pobre don Melchor! La riqueza purgábala como un delito, y su vida de
+rentista ocioso y de acompañante en paseos y ceremonias resultábale un
+infierno.
+
+Desde por la mañana tenía que endosarse el chaqué y el sombrero de copa,
+para estar dispuesto a acompañar a la señora; oíase llamar torpe a todas
+horas porque en las visitas cerraba la boca, o si la abría era para
+soltar ingenuidades y franquezas que recordaban su origen; y... ¡oh
+tormento insufrible! Su Manolita no le permitía jamás que se quitara los
+guantes y hasta quería que comiese con ellos, para ir--según ella
+decía--acostumbrándose a los usos de la gente elegante. ¡Y el diario
+paseo por la Alameda...! ¡Dios, qué sonrojo! Tenía ella empeño en
+entablar grandes amistades, y no pasaba cerca de su berlina autoridad o
+persona conocida sin que Melchor le saludase solemnemente con un
+sombrerazo hasta las rodillas, ruborizándose muchas veces al ver el
+gesto de extrañeza con que aquellas personas contestaban a la reverencia
+de un ente desconocido. Esto de que le mirasen como un pájaro raro no
+estaba en su carácter, pero tenía miedo a Manolita y a los iracundos
+pellizcos con que acogía sus desobediencias.
+
+¡Pobre don Melchor! ¡Cuan caro le costaba ser esposo de una mujer
+hermosa y rica! Aburríase con el trato de unas personas a las que no
+podía entender, su esposa sólo le hablaba para proporcionarle nuevos
+tormentos, y únicamente se sentía feliz cuando, puesto de veinticinco
+alfileres, huía de casa, buscando en el Mercado a sus antiguos amigos.
+
+Aparentaba gran conformidad con su nueva posición. Amaba a Manolita y no
+quería decir la verdad sobre su carácter; pero con el astuto don Eugenio
+no valían disimulos.
+
+--Mira, muchacho, tú nos engañas. No, no eres feliz... aunque me lo
+jures. Tú tienes, como yo, sangre de comerciante, y el que nos saque de
+este mostrador y nuestras costumbres, nos mata. De seguro que ahora,
+siendo rico, levantándote tarde y paseando en carruaje, te acuerdas con
+envidia de los tiempos en que bajabas a barrer la tienda a las seis de
+la mañana y echabas un párrafo con las criadas que van a la compra. Yo
+sé bien lo que es eso.... ¡Ah! ¡Esa Manuela...! ¡Esa Manolita! El otro
+día se lo decía yo a su hermano. Ella te ha de matar, y ya estás en
+camino. Tú no puedes tirar con una vida así.... Jaula nueva, pájaro
+muerto.
+
+Y estas profecías fúnebres, que, dichas con franqueza, a lo aragonés,
+espeluznaban al infeliz Melchor, se iban cumpliendo poco a poco.
+
+Don Melchor languidecía visiblemente. Su buen humor había desaparecido
+junio con los colores de su cara; una obesidad grasosa y amarillenta
+hinchaba su cuerpo; y al fin, un año después de abandonar la tienda,
+murió sin que los médicos supieran con certeza su enfermedad. Fue cosa
+del hígado, del corazón o del estómago; sobre esto no se pusieron de
+acuerdo los doctores; lo único indiscutible fue que cayó lánguidamente y
+sin ruido, como esos pájaros a quienes el lazo traidor arranca del
+espacio para encerrarlos en una jaula.
+
+Fue un luto estrepitoso el de doña Manuela. Misas a centenares,
+funerales a toda orquesta, limosnas a porrillo, y lágrimas y lamentos
+que afortunadamente tenía el poder de evitar con sus frases chistosas el
+doctor don Rafael Pajares, quien, como médico de alguna fama, había sido
+llamado en los últimos días de la enfermedad del marido, lo que aumentó
+la languidez de éste y su desesperado desaliento.
+
+Ya sabía doña Manuela que no era muy correcta la presencia del antiguo
+novio en los primeros días de su viudez. Pero al fin era su primo, y
+trataba con tanto cariño al huérfano Juanito, con tales cosas sabía
+alegrar al pequeñín, que éste no podía pasar sin el tío Rafael.
+
+Quien más murmuraba contra tales visitas era don Juan, el hermano
+austero, huraño y de pulcra rectitud; pero sus quejas fueron, recibidas
+tan acremente, que acabó jurando no volver a poner los pies en aquella
+casa.
+
+Quedó el médico dueño del campo. Tan complaciente era, que para
+entretener al sobrino no vacilaba en despojarse de su dignidad
+profesional, y las criadas oían sonar en el salón una guitarra y la voz
+de don Rafael cantando las cancioncillas de sus buenos tiempos de
+estudiante. Primero sólo visitaba a la viuda por las tardes; después
+prolongó las entrevistas, saliendo de la casa a media noche; y por fin,
+llegó un día en que no salió.
+
+Don Eugenio y don Juan estaban escandalizados, diciéndose que el buen
+_Fraile_ conocía perfectamente a su hija; y aunque los dos tenían poco
+afecto al médico, experimentaron cierta satisfacción al saber que la
+viuda y el primo se casaban apenas transcurriera el plazo marcado por la
+ley.
+
+A los tres meses de casados tuvieron una niña, Conchita; un año después
+un muchacho, al que pusieron por nombre Rafael, y por fin, la menor,
+Amparito, último fruto de unos amores que se extinguieron tras rápidas e
+intensas llamaradas.
+
+El matrimonio fue al poco tiempo de realizado un motivo de satisfacción
+para don Juan, que aunque no odiaba a su hermana se alegraba de sus
+desgracias, hijas de la imprevisión.
+
+El primo Rafael, amante rabioso de los placeres y obligado a reprimir
+sus deseos en la atmósfera de sórdida avaricia en que se había educado,
+lanzóse sin temor a saciar sus apetitos al verse dueño de la fortuna de
+su esposa. La supeditación amorosa de doña Manuela le hacía ser dueño
+absoluto de la casa, y no tardó en hacer sentir su tiranía.
+
+Egoísta hasta la brutalidad, era derrochador para sus placeres y tacaño
+feroz cuando se trataba de las necesidades de los demás. Encontró
+ridículos los gustos aristocráticos de su esposa, y los suprimió
+despóticamente. Vendió el carruaje y los caballos, y doña Manuela, que
+tan exigente se mostraba en materia de ostentación con su primer esposo,
+acató servil y gustosa las órdenes del segundo. Ignoraba que aquel
+hombre tan avariento en los gastos de la casa arrojaba el dinero fuera
+de ella, y cubriéndose con el velo de la hipocresía, llevaba una vida de
+calavera, tal como la había soñado en su juventud.
+
+La ceguera de la esposa duró algunos años. Cuando supo toda la verdad,
+tuvo un momento de indignación y de protesta valiente, como al dar su
+mano a Melchor; pero ya era tarde para remediar el mal.
+
+El doctor había jugado fuerte, perdiendo miles de duros; mantenía
+queridas costosas por pura ostentación y emprendía viajes divertidos por
+toda España con audaces compañeros de bureo. La fortuna de doña Manuela
+estaba casi destruida. Su marido, en momentos de expansión amorosa,
+cuando ella se sentía más supeditada, habíala arrancado firmas
+comprometedoras y tenía que pagar, so pena de ver sus bienes embargados.
+Para dar en la cabeza a su marido--según ella decía--volvió a sus
+antiguos gastos, a la ostentación falsa de una fortuna que no existía;
+contrajo, por su parte, deudas y guiada por el engañoso pundonor de las
+gentes que se arruinan, en vez de vender fincas y ponerse a flote,
+prefirió gravar sus inmuebles con hipotecas y echarse en brazos de la
+usura, buscando préstamos con intereses aplastantes.
+
+Por fortuna, un sinnúmero de enfermedades provenientes de la vida
+crapulosa del doctor surgieron en su gastado organismo, y murió cuando
+ya su mujer, si no le odiaba, veíase separada para siempre de él por sus
+infidelidades y desvíos.
+
+La muerte del primo Rafael hizo que don Juan volviera a casa de su
+hermana y se dignase ocuparse en sus asuntos. Con su buen instinto de
+hombre práctico, puso orden en aquel maremágnum: vendió fincas, canceló
+hipotecas, pagó a los usureros con harto pesar de éstos, que querían ver
+correr los intereses hasta devorar al cliente, y al fin, un día pudo
+decir a su hermana:
+
+--Mira, chica, ya tienes libre y sano lo que te queda, pero te advierto
+que no eres rica. Tienes, a lo sumo, veinte mil duros, más ocho mil que
+pertenecen a Juanito, por ser la herencia de su padre. Se acabaron,
+pues, las locuras. Ahora mucho orden y mucha economía, y así podrás ir
+tirando. Sobre todo, no cuentes conmigo en los apuros. Si fueras pobre
+te tendería la mano; pero tienes para comer, y a mí no me gusta amparar
+a los derrochadores. Se acabaron las berlinitas y los demás gastos con
+los que se aparenta lo que no se tiene. Una vida arreglada, gastando
+conforme a la renta, es lo decente y lo digno. Esa fanfarronería, ese
+afán de aparentar con cuatro cuartos lo que la gente llama «arroz y
+tartana», es ridículo... ¿lo entiendes bien? soberanamente ridículo.
+
+Doña Manuela sintióse impresionada por los consejos de su hermano, y por
+mucho tiempo los siguió escrupulosamente.
+
+Dedicóse a criar a sus hijos, es decir, a los hijos de su segundo
+matrimonio, pues el pobre Juanito siempre había sido tratado con falso
+cariño, con un desvío encubierto, como si doña Manuela quisiera vengar
+en el pobre chico el haber sido poseída por su difunto padre.
+
+Aquella mujer resultaba incomprensible. Al marido fiel y bondadoso
+apenas lo nombraba, como si su matrimonio hubiese sido de algunos días;
+y en cambio, de aquel calavera que tanto la hizo sufrir habíase forjado
+después de muerto una figura ideal, y ya que no de sus virtudes, hablaba
+a todos de su talento, pintándolo como un sabio ilustre, cuya ciencia no
+había podido apreciar el mundo.
+
+El pobre hijo de Melchor, con su carácter apocado y dulce y su afán de
+cariño, era el paria de la casa. El doctor, viéndole siempre callado,
+contemplando a su madre con estúpida adoración, había declarado que el
+niño era tan bruto como su padre, y cuando más, podría servir para el
+comercio. Y como el muchacho, por su parte, le tenía gran afecto a don
+Eugenio y cierta querencia a _Las Tres Rosas_, que era donde habían
+transcurrido los primeros años de su vida, de aquí que Juanito, a los
+trece años, entrase en la tienda como aprendiz distinguido, con la
+ventaja de comer y dormir en su casa.
+
+En cambio, los hijos del doctor Pajares gozaron una niñez rodeada de
+atenciones. Las dos hijas estuvieron hasta los catorce años en un
+colegio y Rafaelito fue dedicado al estudio, pues doña Manuela v quería
+hacer de él una lumbrera médica como su padre.
+
+Estas predilecciones irritaban a don Juan, que había sentido un afecto
+fraternal por su primer cuñado, trabajador infatigable como él y amigo
+del ahorro. Además, Juanito era su ahijado. Pero callaba viendo que la
+hermana seguía sus consejos económicos y--según sus palabras--no
+estiraba el pie fuera de la sábana.
+
+Pero llegó el momento en que las niñas se convirtieron en unas
+señoritas, conservando sus relaciones amistosas con sus antiguas
+compañeras de colegio, y doña Manuela sintió el afán de ostentación de
+toda madre que tiene hijas casaderas. Renovó su mobiliario, abandonó las
+modistas anónimas, y en su afán de no andar a pie, si no tuvo berlina y
+tronco como en sus buenos tiempos, compró una galera elegante y ligerita
+y tomó como cochero a Nelet, el hijo de la nodriza de Amparo, un bárbaro
+de la, huerta, a quien puso por condición no tutear a la señorita menor
+y olvidarse de que era su hermano de leche.
+
+--¡Que rabie ese rancio!--decía doña Manuela, indignada al saber la
+furia con que su hermano había acogido tales reformas--. ¿Cree que toda
+la vida la hemos de pasar como unos miserables, con pan y cebolla y un
+vestido viejo?
+
+Don Juan también hablaba, y había que oírle.
+
+--Tu madre está loca--decía algunas veces a Juanito en la puerta de _Las
+Tres Rosas_--. Si esto sigue más tiempo, todos iréis a pedir limosna.
+¡Ah, qué cabeza...! ¡Parece imposible que sea mi hermana! Para ella lo
+principal es aparentar, y del mañana que se acuerde el diablo. Lo que yo
+digo: «arroz y tartana...» y trampa adelante.
+
+
+
+
+III
+
+
+El primer día del año, a las ocho de la mañana, Concha y Amparo ya
+habían abandonado el lecho, extraña diligencia en ellas, que por lo
+común no se levantaban hasta las diez.
+
+Ligeritas de ropa a pesar de la estación, revoloteaban alegremente por
+su cuarto, que ofrecía el desorden del despertar, en torno de las dos
+camitas de inmaculada blancura, que en sus arrugadas sábanas guardaban
+el calor de los cuerpos jóvenes y ese perfume de salud y de vida que
+exhalan las carnes sanas y virginales.
+
+Gorjeaban alegremente, como pájaros que despiertan, pero sus trinos no
+podían ser más vulgares.
+
+--¿Dónde estarán mis botinas?
+
+--Mis medias... me falta una.... ¿La has escondido tú?
+
+--¡Ay, Dios...! ¡Tengo una liga rota!
+
+Y así continuaba el diálogo de exclamaciones sueltas, lamentos y
+protestas, mientras las dos jóvenes, en chambra y enaguas, mostrando a
+cada abandono rosadas desnudeces, iban de un lado a otro, como aturdidas
+por el ambiente cálido y pesado de la habitación cerrada.
+
+Luego pasaron al tocador, un cuartito en el que la luz de la ventana,
+después de resbalar sobre la luna biselada de un gran espejo, quebrábase
+en el cristal azulado o rosa de las polveras y los frasquitos de
+esencia. La pieza no era un modelo de curiosidad y delataba el desorden
+de una casa donde falta dirección. Los peines de concha guardaban
+enredadas en sus púas marañas de cabellos; muchos frascos estaban
+desportillados, y el blanco mármol tenía pegotes formados por el amasijo
+de gotas de esencia con los residuos de polvos.
+
+Las dos muchachas soltaron sus cabellos, largos y ondeantes como
+banderas; sacudiéronlos, haciendo caer sobre el mármol las horquillas
+como una lluvia metálica, y después, cual buenas hermanas, ayudáronse
+mutuamente en la difícil tarea del peinado de un día de ceremonia.
+
+La clara luna retrataba en su fondo ligeramente azulado las cabezas de
+las dos hermanas, con la cabellera suelta y vestidas de blanco, como
+tiples de ópera en el momento de volverse locas y cantar el aria final.
+
+Sus rostros no eran gran cosa; hubieran resultado insignificantes a no
+ser por los ojos, unos verdaderos ojos valencianos que les comía gran
+parte de la cara, rasgados, luminosos, sin fondo, con curiosidad
+insolente algunas veces, lánguidos otras, y cercados por la ojera tenue
+y azul, aureola de pasión.
+
+La mayor, Conchita, veintitrés años, era la más parecida a su madre.
+Tenía su mismo aire majestuoso, y comenzaba a iniciarse en ella un
+principió de gordura, lo que la hacía parecer de más edad. En la casa
+gozaba fama de genio violento, y hasta doña Manuela la trataba con
+ciertas reservas para evitar sus explosiones iracundas; pero fuera de
+esto era seductora, con su frescura de carnes a lo Rubens y las
+arqueadas líneas que a cada movimiento delatábanse bajo la blanca tela.
+
+La menor, Amparito, dieciocho años; linda cabeza de bebé, boca graciosa,
+hoyuelos en la barba y las mejillas, un puñado de rizos sobre la frente
+y ojos que en vez de mirar parecían sonreír a todo, revelando el inmenso
+contento de ser joven y que la llamasen bonita. Era la toquilla de la
+casa, la señorita aturdida que aprende de todo sin saber hacer nada; la
+que por la calle no podía ver una figura ridícula sin estallar en
+ruidosa carcajada; la que tenía en sus gustos algo de muchacho y
+aseguraba muy formal que sentía placer en hacer rabiar a los hombres; la
+que se escapaba a cada instante del salón, para ir a la cocina a charlar
+con las criadas, gozando en ser su amanuense, sólo por intercalar en
+las cartas al novio soldado terribles barbaridades, con las que estaba
+riéndose toda una semana.
+
+Profesábanse gran cariño las dos hermanas; pero esto no impedía que
+algunas veces Amparo esgrimiese su carácter burlón contra Concha y ésta
+sacase a luz su impetuosidad iracunda; conflictos que terminaban siempre
+yendo la pequeña en busca de la mamá, llorando, con la mejilla roja de
+un bofetón o un par de pellizcos en los brazos. Otras veces armábase la
+guerra por si la una se había puesto la ropa blanca de la otra o por si
+se habían robado objetos de su exclusiva pertenencia; pero una ráfaga de
+autoridad pasaba por la madre: había bofetadas, llantos y pataleos; las
+criadas reían en la cocina, y a la media hora todos tan contentos:
+Concha en el balcón, Amparo corría por la casa cantando como una
+alondra, y doña Manuela arrellanábase en su butaca con aire de soberana
+que acaba de administrar recta justicia.
+
+Las dos ofrecían un seductor grupo mirándose en el espejo del tocador,
+despechugadas, con los brazos al aire y oliendo a carne refrescada por
+una valiente ablución de agua fría. Sus cabelleras, fuertemente
+retorcidas, apelotonábanse sobre la testa con la forma del peinado
+frigio, y quedaba al descubierto, sobre el extremo de la espalda
+nacarada, cubierta de una película tenue y fina de melocotón sazonado,
+la nuca morena, de un delicioso color de ámbar, erizada de pelillos
+rebeldes y rizados que parecían estar puestos allí para estremecerse
+nerviosamente con los suspiros de amor.
+
+Al terminar el peinado comenzó el arreglo del rostro. ¡Oh estupideces de
+la moda! A las dos incomodábalas su color pálido de arroz, aquel color
+puramente valenciano que hace recordar las delicadas tintas de la
+camelia.
+
+«Tenemos caras de muertas», se decían todas las mañanas al mirarse al
+espejo, y martirizaban su fresca y jugosa piel con los polvos cargados
+de plomo, el bermellón que teñía levemente las mejillas y los lóbulos
+de las orejas; y como si sus ojos no fueran bastante grandes todavía
+enmendaban la plana a la Naturaleza, trazando leves líneas al extremo de
+los párpados. La frescura juvenil, la hermosura natural, era cursi; la
+elegancia exigía careta.
+
+Y mientras llevaban a cabo este retoque criminal, eran las exploraciones
+sin término, las rebuscas furiosas sobre el mármol del tocador, al
+través del bosque de frascos y cajas, persiguiendo objetos que
+aturdidamente tocaban sin reconocerlos. ¿Dónde estaba el polvo rosa? ¿Y
+el paño de Venus? ¡Adiós! ¡ya no quedaba una gota de «piel de España»!
+La mamá, con la manía de embellecerse que la había acometido a última
+hora, era una calamidad para las niñas. Ella sola se llevaba medio
+tocador, y después, para hacerla entrar en la perfumería, había que
+importunarla toda una semana.
+
+La _toilette_ acabó con poca alegría. Las deficiencias del tocador
+habían malhumorado a las dos hermanas. Lanzábanse miradas de sorda
+hostilidad. Amparo pensaba que, por ser la más pequeña y la más débil,
+tenía que contentarse con el sobrante de la otra, y Concha retocaba su
+moño nerviosamente, murmuraba y daba furiosas pataditas, mirando de
+soslayo, sin poder copiar el perfil gracioso del peinado de aquella
+muñeca.
+
+Por fin llegó el momento en que volvieron a su cuarto para ponerse los
+vestidos más bonitos. Eran los días de la mamá; iban a tener visitas y
+había que estar presentables, para que las amigas, en vez de sonreírse
+compasivamente, se mordieran los labios.
+
+Cuando volvieron al tocador y se miraron en la clara luna, su alegría
+reapareció. Vamos, no estaban del todo mal; y con un retoque al peinado
+y a la cara, un _bouquet_ en el pecho y dos tirones al talle para que no
+hiciese arrugas, se dieron por satisfechas y se lanzaron al público.
+
+Eran ya cerca de las diez. La mamá estaba en el salón hablando con doña
+Clara, una señora antipática y ordinaria que la visitaba con frecuencia,
+y las niñas, huyendo de tal visita, pasaron al comedor.
+
+Hasta allí llegaban los preparativos de la fiesta. Sobre la mesa
+veíanse, formando círculo, varias bandejas con pasteles de espuma,
+blancos en su base, destilando almíbar, dorados suavemente en sus
+dentelladas crestas, y entre los cuales asomaba la tarjeta del que
+enviaba el dulce recuerdo; dos grandes tortadas ostentando en su
+superficie de azúcar pulido como un espejo frutas confitadas en
+caprichosos grupos; y en el centro de la mesa el ramillete de casa
+Burriel, arquitectura de turrón, y merengue que afectaba la forma de un
+castillo surgiendo de un montón de flores y rematado por una bailarina
+que, montada sobre un alambre, danzaba temblorosa sobre la obra maestra
+de confitería.
+
+En torno de la mesa, husmeando con aire goloso, estaba una diminuta
+perra inglesa, que, con su piel de porcelana, sus ojillos de cristal y
+las patas de alambre, parecía escapada de una tienda de juguetes.
+
+Al ver a sus amas, el liliputiense animal sacó la roja lengua, lanzando
+un ladrido que parecía un estornudo.
+
+--¡_Miss_...! ¡mi querida _Miss_!--gritó Amparito, queriendo tomarla en
+brazos. Pero ya Concha se había adelantado a tal deseo, apoderándose de
+ella, y desde lo alto de sus brazos enseñábale la mesa cubierta de
+pasteles, al mismo tiempo que la besaba en el hocico.
+
+Hubo brega entre las dos hermanas sobre el mejor derecho a la posesión
+de _Miss_, y Concha la dejó caer, con tan mala fortuna, que chocando
+sobre la mesa aplastó un par de pasteles, y manchada con la espuma del
+merengue emprendió una furiosa carrera hacia el salón.
+
+--¡Mi pobre perrita! ¡Animal...! ¡la has muerto!--gritó Amparito, como
+si hubiese ocurrido una desgracia. Y levantó su puño amenazante contra
+su hermana.
+
+Pero al ver la extraña figura que presentaba _Miss_ con sus pegotes de
+merengue y corriendo medrosa, una carcajada de atolondramiento hinchó su
+lindo cuello, y como si nada hubiese sucedido, se agarró del talle de
+Concha, dándola un sonoro beso.
+
+--¡Qué gracioso...! ¿eh? ¡Qué cara va a poner mamá cuando la vea entrar
+en el salón con esa facha...!
+
+Pero la intensa risa que esto la producía desvanecióse al oír un cacareo
+angustioso, un estertor de muerte que salía de la cocina.
+
+Allá fueron ellas, y al entrar vieron a Nelet el cochero en mangas de
+camisa, con un cuchillo en la mano, ocupado, con la gravedad de un
+sacrificador, en abrirle el gañote a un robusto capón que sostenía
+Visanteta por las patas. La otra criada de la casa, que la echaba de
+sensible y ejercía cerca de las señoritas las funciones de doncella,
+volvía la espalda al sacrificio y vigilaba las marmitas y cazuelas que
+hervían sobre los fogones del banco.
+
+Las dos hermanas, inclinadas y recogiéndose las faldas entre las
+piernas--para evitar rozamientos con el suelo grasoso--, contemplaban
+atentamente el degüello, contaban las convulsiones de la agonía y
+seguían las últimas gotas de sangre desde que asomaban a la herida,
+erizada de pelos coagulados, hasta que caían en una cazuela.
+
+Este trabajo ponía alegre a Nelet y excitaba su jocosidad brutal.
+
+--Qué gordito, ¿eh?--decía palpando la pechuga del cadáver--. Cuando lo
+pelen parecerá un canónigo.... Si yo fuera rico, todas las mañanas haría
+una muerte así. Vale más esto que limpiar el caballo.
+
+Y para completar sus gracias agitaba el capón en el aire como si
+incensase el rostro de las dos criadas, lo que las hacía correr
+asustadas por toda la cocina, con gran algazara de las señoritas.
+
+La broma cesó al aparecer doña Manuela, vestida con una bata de seda
+negra, amplia, con larga cola y mangas perdidas que completaba su
+apostura de reina de teatro. Se había librado de doña Clara, aquella
+posma que nunca terminaba relato alguno, saltando de una conversación a
+otra, lo que hacía sus visitas interminables.
+
+La mamá y las niñas volvieron al comedor y dieron vuelta a la mesa,
+leyendo las tarjetas que acompañaban a los regalos.
+
+Allí estaba la del tío don Juan. Siempre el mismo. El muy tacaño, a
+pesar de sus millones, se había contentado con media docena de pasteles:
+total, tres pesetas. No se arruinaría. El lindo ramillete era de don
+Antonio Cuadros y su señora, los propietarios de la tienda de _Las Tres
+Rosas_.
+
+--Ahí tenéis unas personas sin educación, pero que saben hacer bien las
+cosas.
+
+Y doña Manuela, después de esta reflexión hija del agradecimiento,
+siguió enseñando las tarjetas. Don Eugenio García, una tortada... no
+estaba mal; la otra era de «las magistradas»; y los demás pasteles no
+llevaban señales de procedencia; pero doña Manuela adivinaba que eran de
+Juanito, aquel hijo que la obsequiaba con tanto cariño como sí fuese su
+novia.
+
+--¿Y Juanito, dónde está mamaíta?
+
+--En la tienda; pero vendrá antes de las doce. Rafael también ha salido.
+
+En la puerta de la escalera sonó un campanillazo, que denotaba el tirón
+brutal de una mano burda.
+
+Nelet salió rápido de la cocina, y haciéndolo retemblar todo con sus
+zapatos, corrió a abrir. Hubo en la antesala exclamaciones como
+berridos y caricias que parecían golpes, cual si alguien riñese a brazo
+partido.
+
+--¿Qué es eso?--dijo doña Manuela, avanzando hacia la puerta.
+
+Pero se detuvo al oír la voz cascada y chillona que sonó en la antesala.
+
+--¡Es el ama...! ¡el ama!--gritó Amparito con ingenua alegría.
+
+Pero inmediatamente se contuvo, ruborizada, como si hubiese cometido una
+terrible inconveniencia.
+
+Precedida de Nelet, entró en el comedor, balanceándose y atronándolo
+todo con sus chillones «¡buenos días!», una labradora gruesa y hombruna.
+Era la nodriza de Amparito, una huérfana de las inmediaciones de
+Alboraya, madre del cochero, y que había criado en su barraca a la
+señorita. Nelet era un retoño digno de tal árbol, pues en el rostro
+pecoso, mofletudo y de tirante piel que mostraba la tía Quica bajo su
+pañuelo de hierbas notábase la misma brutalidad jocosa y resuelta de su
+rústico vástago. Abultaban su volumen una docena de zagalejos bajo la
+rameada falda, y cuando se sentaba abría las piernas de tal modo, que,
+combándose las ropas, formábase entre sus muslos de yegua rolliza un
+abismo insondable. Iba siempre a todas partes con la cesta al brazo; una
+enorme cesta, siempre blanca, que no soltaba ni al tomar asiento, y por
+lo íntimamente unida a su persona, parecía un nuevo miembro de su
+cuerpo.
+
+Abrumó a Amparito con abrazos asfixiantes y besos y lagrimones, que la
+arrebataron una parte del colorete; y después de esta molesta expansión,
+que dejó aturdida a la niña e hizo torcer el gesto a doña Manuela,
+dejóse caer de golpe en una silla, que crujió tristemente bajo las
+gigantescas posaderas.
+
+Dio dos o tres bufidos de cansancio--sin soltar la cesta--, y rompió a
+hablar en un castellano fantástico, ya que en casa de doña Manuela no
+era permitido otro lenguaje.
+
+¡Cómo se cansaba una en Valencia...! Parecía imposible que las gentes
+quisieran vivir en semejante pudridero. Allá, en la huerta, se estaba
+bien, y por esto a ella le costaba mucho decidirse a entrar en Valencia.
+Había venido únicamente por felicitar a la señora en sus días, y eso
+haciendo un esfuerzo, pues su deber era no apartarse de su hermana
+menor, que vivía en una barraca inmediata a la suya.
+
+--¡Calle, siñora! ¡Cuan apurada está la pobre! Su marido nos ha salido
+un borrachín, un bufao, que todos los domingos vuelve de la taberna de
+_Copa_ a cuatro patas, como un burro, y lo han de meter en la cama para
+que duerma la mona un par de días. ¡Y qué pausas, Virgen santa! Mi pobre
+Pepeta pasa la vida de Santa Catalina de Sena, y la muy bestia, erre que
+erre, sin aborreser a ese pillo de _Pimentó_, que no vale ni un papel de
+fumar.
+
+Y en este tono seguía la tía Quica la relación de todas sus desdichas de
+familia; pero a lo mejor deteníase, y al ver a Amparito, que la
+contemplaba silenciosa, prorrumpía en un «¡_jilla meua_!» estruendoso; y
+sin soltar la cesta--eso jamás--, volvía a abrazarla y besuquearla,
+llevándose en los labios los blancos polvos.
+
+¡Cuan guapa estaba! Miradla; parecía una reina. ¡Quién podría figurarse,
+al verla con aquellos trajes, que la había tenido en su barraca, y en
+las tardes de sol jugaba en la cuadra con Nelet y otros chicos, entre el
+macho, el novillo y los dos cerdos!
+
+Aún se acordaban todos de ella y eran muchos los que le preguntaban por
+su salud. No; de aquel año no pasaba. Aunque se opusiera la mamá, ella
+se la llevaría a la fiesta mayor de Alboraya, para que todos vieran cómo
+estaba su Amparito y qué aire de señorío gastaba. Y... a propósito; el
+hijo del tío _Pallús_--¿te acuerdas, Amparito...? aquel chico que andaba
+a cuatro patas y hacía el burro para que tú le montases--, pues bien,
+ése venía ahora a Valencia con el carro a recoger el estiércol de las
+casas, y quería que Nelet le dejase limpiar la cuadra. Cuando viniese
+por el estiércol ya subiría a ver a Amparito, y de paso, si no les
+servía de molestia, podían darle cualquier cosilla: unos pantalones
+viejos de los señoritos, algo de ropa blanca, pues a los pobres todo les
+sirve.
+
+La tía Quica se dio cuenta del mal efecto que su conversación causaba en
+doña Manuela, y se apresuró a manifestar el objeto de su embajada,
+echando mano a la inseparable cesta. En ella llevaba algunas cosas para
+obsequiar a la señora en sus días; regalos de pobre, pero que ofrecía
+con la mejor voluntad del mundo. Rosquillas de una pasta con cierto dejo
+amargo, cubiertas con una capa tersa de azúcar; tortas que parecían de
+cartón, pegadas a un papel grasiento, y confites agridulces, que se
+deshacían en la boca y llevaban en la huerta el extraño nombre de
+_suspiros_. La señora dio las gracias, con una risita de conejo. Bien
+sabía lo que costaban esos productos de la confitería rústica. Ya lo
+decía su astuto padre: «El bollo del labrador cuesta cahizada de trigo.»
+
+Después que la tía Quica depositó majestuosamente sobre la mesa sus
+regalos, la señora, como compensación, metió en su cesta la media docena
+de pasteles que _Miss_ había aplastado en su caída, y además le dio un
+duro, no sin antes luchar con la labradora, que juraba y perjuraba que
+nada quería, mientras en sus ojos brillaba la codicia.
+
+Cuando tuvo en su poder los regalos, entonó un interminable himno de
+gracias, desbordándose en elogios, que, en forma de consejos, dirigía a
+su hijo.
+
+--Mira, Nelet; bien puedes servir a las siñoras. A ver si te portas
+bien; tu padre, el tío Sentó, tendrá un disgusto si faltas a la
+obligasión. Bien puedes trabajar. Estando en casa, tendrías que ir en el
+carro a llevar vino, durmiendo mal y trabajando como los machos. ¿Y aquí
+qué te hase falta? Tienes papusa buena y segura, trabajas poco, vas
+vestido como un siñor... Nelet, no seas bruto y a ver si das gusto a las
+siñoras....
+
+Y así hubiese seguido desarrollando este capítulo de consejos, a no ser
+porque un campanillazo le cortó la palabra.
+
+Una visita. Doña Manuela y las niñas pasaron al salón, donde estaba don
+Eugenio García, el fundador de _Las Tres Rosas_.
+
+Por él no pasaban los años. Era el mismo viejecillo de siempre,
+regordete y sonriente, con el rostro colorado, la mirada viva y la
+cabecita blanca y sonrosada. Aseguraba que tenía gran semejanza
+fisionómica con Pío IX, y algo había en él que recordaba al difunto
+Papa, a pesar de su capita azul sin esclavina y del bastoncillo muleta,
+que no soltaba ni aun en las visitas.
+
+Besó a las niñas como sí fuese su abuelo, y a doña Manuela diole algunas
+palmadas en la espalda con una alegría de viejo campechano, asegurando
+que cada vez estaba más gorda y hermosota. Venía de oír misa de San
+Juan, su querida parroquia; y cumpliendo la obligación de todos los
+años, quería saludar a Manuela y a las niñas, y desearles mil
+felicidades en el día del santo. Él no pensaba salir del próximo año; en
+él caería, estaba seguro de ello, a pesar de que todos los años había
+dicho lo mismo. Y hablaba de la muerte con la serenidad de una vejez
+tranquila y honrada, bromeando, riéndose y dejando escapar agudos
+chillidos por entre sus encías desdentadas.
+
+Amparito escuchábale complacida, riéndose malignamente del ceceo del
+viejo y de sus preguntas.
+
+¿Que si tenían novio? No, señor; aún eran jóvenes y podían esperar.
+Concha sí que tenía algo, pero ella nada.... Nadie la quería... ¡era tan
+fea...! Y el travieso bebé experimentaba satisfacción al oírse llamar
+hermosa por aquella boca de ochenta años.
+
+--Pero quédese usted a comer, don Eugenio--dijo la señora--. Desde que
+salimos de la tienda, ningún año ha querido usted honrar nuestra mesa.
+
+--No puedo, Manolita. Soy ya muy viejo, y quien me saca de mis sopitas
+me mata. Además, vaya un regalo: un convidado de mi clase. Masco como
+una cabra, y 110 divierte ver un viejo entre la gente joven. A cada
+cual lo suyo.
+
+La visita se prolongó una media hora, y por fin, el viejo, con ayuda de
+su bastón, púsose en pie.
+
+--Me voy, hijas mías--dijo con expresión melancólica, a pesar de su
+carita siempre alegre--. El año que viene os acordaréis de mí al veros
+sin mi visita. Ya tendré entonces lo que me falta: el reposo eterno....
+No digáis que no.... ¿Creéis que no tengo ganas de descansar...? Pero
+mientras llega la hora, don Eugenio siempre firme en su tienda del
+Mercado. ¡Comerciante hasta la muerte!
+
+Y después de repetir estas palabras golpeándose el pecho, salió del
+salón escoltado por las señoras.
+
+La nodriza se había ido, y Nelet continuaba en la cocina ayudando a las
+muchachas. Era día de gran banquete. Don Juan, el tío de las señoritas,
+aquel erizo intratable, había accedido a comer en casa de su hermana, y
+eran de ver los preparativos. Juanito iría a las doce por el tío; y
+Rafael, antes de salir, había sufrido un sermón de su madre
+recomendándole que estuviera en casa a la una en punto, hora de la
+comida. A los postres vendría Andresito Cuadros y algún amigo de Rafael.
+
+La campanilla de la escalera sonaba cada cinco minutos. Eran tarjetas de
+felicitación, que se amontonaban en el velador de la antesala, y sobre
+las cuales se abalanzaban las dos hermanas, ávidas de curiosidad.
+
+A las once, otra visita, Don Antonio Cuadros y su mujer, con la ropa de
+las grandes solemnidades. Teresa, con vestido negro de seda, grueso y
+crujiente, sólido aderezo con más oro que piedras, mantilla de blonda y
+los dedos cargados, como siempre, de sortijería barata. Él, de levita
+atrasada de tres modas, guantes negros, sombrero de copa con alas
+microscópicas y en el chaleco una verdadera maroma de oro. Los dos,
+tiesos, majestuosos, dentro de estos trajes que, al través de
+innumerables reformas, venían subsistiendo desde su boda y sólo salían a
+luz en visitas de días o entierros.
+
+El matrimonio tomó asiento en el sofá, lugar preferente del salón, honra
+que hizo enrojecer de orgullo a la antigua criada.
+
+--Pues sí, Manuela--dijo el marido--; en un día como éste, nosotros no
+podíamos prescindir de hacer a ustedes la consabida visita. Gozamos de
+la felicidad de ustedes, porque, aunque me esté mal el decirlo, nosotros
+les apreciamos mucho.
+
+Y así seguía el tendero del Mercado, ensartando sus frases rebuscadas
+ante la admiración ingenua de su esposa, que veía en él un ser superior.
+Y mientras seguía su curso la conversación, sonaba a cada instante la
+campanilla de la puerta. Eran tarjetas de felicitación, que la señora
+miraba satisfecha, dejándolas sobre el velador de modo que pudiesen
+leerlas sus visitantes.
+
+La familia dio las gracias al señor Cuadros por el obsequio que había
+enviado.
+
+--Quédense ustedes a comer con nosotros. Hoy tenemos a la mesa a mi
+hermano Juan.
+
+Estas palabras hicieron que la conversación recayese sobre el hermano de
+la señora. El comerciante era irresistible cuando se lanzaba a hablar
+del prójimo. ¡Vaya un señor raro el tal don Juan! Para él no existían
+teatros ni diversiones. Se le calculaba una fortuna de más de cien mil
+duros, y sin embargo vivía como un hurón en la gran casa heredada de su
+padre, sin otra compañía que una vieja criada, y arrastrando su fastidio
+por los talleres abandonados, que parecían cementerios. Tenía manías, y
+la más principal era combatir la debilidad de la vejez con un régimen de
+continua actividad. Todas las tardes pasaba horas enteras visitando las
+obras del Ensanche, las reformas que el Municipio emprendía en los
+caminos vecinales. Los peones le conocían, como si fuese un contratista
+o maestro de obras; y cuando le faltaban estas distracciones emprendía
+atroces caminatas: iba a pueblos distantes, andando siempre con una
+regularidad mecánica; el cuadrado sombrero sobre las cejas, flotante el
+paleto, que no abandonaba ni aun en el verano, y bajo el brazo el bastón
+de su juventud, una caña vieja y resquebrajada, con puño redondo de
+marfil que casi era una bola de billar.
+
+Hablábase con misterio e interés de las preciosidades que amontonaba en
+sus polvorientos salones. Figuraba en todas las almonedas como comprador
+de fuerza, y si algún corredor le proponía la adquisición de alhajas
+antiguas o muebles raros--siempre, se entiende, con considerable
+ventaja--, aceptaba sin vacilación, pues no era dinero lo que faltaba en
+el enorme _secrétaire_ del siglo pasado, que ocupaba todo un paño de su
+alcoba, mostrando el menudo mosaico de sus tres filas de cajoncitos. De
+este mueble también se hablaba con respeto en casa de doña Manuela.
+¿Quién podía saber todo lo que contenía? De allí salían largos
+pendientes en forma de uva, cuajados de diamantes antiguos; sortijones
+con brillantes como lentejas; piedras sin montar, de valor considerable;
+cincelados de gran mérito artístico; todo adquirido a fuerza de calma y
+de regateos en el naufragio de las grandes fortunas.
+
+--Dice usted bien, Antonio. Mi hermano es un ente raro, un extravagante,
+que pudiendo estar bien con los suyos, prefiere vivir casi solo en
+aquella casa, contando sus miles de duros y adorándolos como si los
+hubiera de llevar a la fosa. Yo no viviría con tranquilidad.... Dicen
+que por la noche, al menor ruido, se levanta y recorre la casa con unas
+pistolas viejas; pero aun así, es extraño que no le roben. Su tacañería
+me disgusta. Pero entre hermanos hay que vivir en paz, ¿no es verdad? y
+por esto sufro que a espaldas mías hable mal de mis costumbres.
+Afortunadamente, una tiene lo que necesita para pasarlo bien, y no se ve
+obligada a buscar los auxilios de ese avaro.
+
+Una nueva visita entró en el salón. Eran «las magistradas», una mamá y
+tres hijas, íntimas de las niñas de la casa. El papá había muerto siendo
+magistrado, y esto bastaba para que en casa de doña Manuela, con el afán
+de grandezas que todos sentían, no designasen a la familia por su
+apellido, sino por el título del difunto.
+
+Los señores de Cuadros sentían una oculta satisfacción al rozarse con
+las amistades de doña Manuela, que para ellos eran gente de la clase más
+elevada. Teresa miraba con su respeto de antigua criada a aquellas
+señoras, y sonreía con bondad estúpida cada vez que alguna de ellas se
+dignaba mirarla.
+
+Las dos viudas hablaban afectuosamente, y doña Manuela, a pesar de que
+estaba bastante bien de salud, expresábase con cierta languidez que a
+ella le parecía la última palabra del buen tono.
+
+--Salgo poco, querida; el frío y la lluvia me matan. Aún no he visto
+este año la feria de Navidad. Y eso que teniendo carruaje se puede salir
+de casa sin miedo al tiempo.
+
+Y lo de tener carruaje acentuábalo doña Manuela como si fuese la
+ejecutoria de la distinción, el signo único que marcaba la diferencia de
+castas.
+
+Las niñas hablaban entre sí, haciéndose preguntas sobre sus trajes o lo
+que habían hecho durante el día anterior, y nadie se acordaba del
+matrimonio Cuadros, que permanecía en el sofá como clavado, mirándose
+los pies y sin saber cómo salir de allí, por no molestar a los que
+hablaban. Amparo era la única que de vez en cuando volvía la cabeza para
+sonreírles. Por fin, se fueron.
+
+--Son unos antiguos amigos--dijo doña Manuela a «la magistrada»--.
+Buenas gentes, pero ordinarias. Nos están agradecidos: a él le protegió
+mucho mi primer marido.
+
+Cuando la familia dio por terminada su visita, doña Manuela y las niñas
+fueron hasta el rellano de la escalera, para cambiar allí los últimos
+besos.
+
+--Crea que me dan un disgusto no quedándose a comer.
+
+Desaparecía en los últimos peldaños el extremo de las elegantes faldas,
+cuando sonó una tos que todos conocían en la casa. Era el tío que
+llegaba, anunciándose, como siempre, con un carraspeo que le cortaba las
+palabras, y que, según doña Manuela, sólo tenía por objeto el darse
+tiempo para pensar las contestaciones.
+
+El cuadrado sombrero y el flotante paleto, que parecía una sotana,
+fueron remontando lentamente la escalera, con acompañamientos de golpes
+de bastón en cada peldaño.
+
+--¡Buenos días, tío...!
+
+Viose por fin desde el rellano la cara de don Juan, animada por su falsa
+risita, que recordaba la de los conejos. Iba de gran gala. Traje, el de
+siempre; pero su chaleco escotado dejaba al descubierto una botonadura
+maciza, enorme, con diamantes antiguos de gran valía, y en los dedos
+sortijas pesadas, de complicada labor, que evocaban el recuerdo de los
+suntuosos marqueses del pasado siglo.
+
+--¿Me aguardabais, hijas mías...? ¡Ejem, ejem...! Pues he sido puntual.
+Son las doce.
+
+Y mostraba su reloj, una joya rococó, que con sus esmaltes mitológicos
+hacía pensar en las fiestas pastoriles de Versalles. Tras él subía la
+escalera Juanito, el hijo mayor, con un enorme ramo de flores.
+
+--¡Este chico... este chico!--murmuró la señora, sin conmoverse gran
+cosa por el cariño extremado que Juanito le demostraba en todas
+ocasiones.
+
+Y se dejó besar por su hijo, que después corrió al comedor con el ramo,
+y no encontrando un jarrón capaz de sostener aquella pirámide de flores
+lo colocó entre dos sillas.
+
+Don Juan fue casi llevado en triunfo al salón por sus sobrinas. Tío por
+aquí, tío por allá; la una le quitaba el sombrero, la otra tomaba su
+bastón, y las dos tiraban a un tiempo de su paleto, sonriendo
+ligeramente al ver el chaqué, que quedaba al descubierto, y que con sus
+cortos faldones dábale el aspecto de un pájaro desplumado.
+
+Las pobrecillas ya sabían vivir. Aquel tío era la esperanza de la
+familia; representaba el cebo capaz de atraer novios con la tentación de
+una herencia, y aunque lo encontraban poco simpático, por su carácter y
+la ruindad de sus regalos, sonreíanle y le adulaban, con gran contento
+de la mamá.
+
+A pesar de esto, doña Manuela no se hacía ilusiones. Al único que quería
+él era a Juanito; con los hijos de Pajares mostraba siempre cierta
+ironía, sin duda para darse el gusto de mortificar a su hermana.
+
+--Juan, quédate en el salón mientras yo voy a la cocina a vigilar los
+preparativos. Vosotras, niñas, entretened al tío. Ahora verás cuánto ha
+adelantado Conchita en el piano.
+
+La hija mayor levantó la tapa del instrumento, quedando al descubierto
+el blanco teclado, semejante a la dentadura de un monstruo. Sus dedos,
+larguiruchos y extremadamente abiertos por un continuo ejercicio,
+corrieron sobre las teclas, produciendo complicadas escalas.
+
+--¿Y tú, no tocas?--preguntó don Juan a Amparo.
+
+--Nada, tío. El profesor dice que soy demasiado aturdida, y me ha
+declarado incapaz. La verdad es que yo quisiera tocarlo todo en seguida,
+y al ver que no puedo y que he de fastidiarme mucho con ejercicios y
+escalas, me enfurezco y me entran ganas de dar puñetazos al piano.
+
+Y el travieso bebé decía esto con tonillo irritado, levantando el puño.
+
+--Pero ahora--continuó en tono más dulce--, ya que no puedo ser
+pianista, me dedico al canto. Mamá dice que hay que hacer algo, para no
+estar en sociedad parada como una tonta. Ya canté el otro día en una
+reunión de «las magistradas».... Ahora me oirá usted.
+
+Mientras tanto, doña Manuela expulsaba del comedor a Juanito. Aquel
+chico no desmentía su sangre; era ordinario, y su mayor placer consistía
+en charlar con las criadas.
+
+--Juanito, hijo mío, deja a Visanteta que ponga la mesa. Marcha al
+salón. El tío se incomodará, porque te olvides de él.
+
+¿Olvidarse de su tío? Ante tal suposición, le faltó el tiempo para
+correr en busca de don Juan. Visanteta acababa de tender el mantel
+adamascado, brillante de blancura, sobre la mesa del comedor, pieza de
+ebanistería moderna, tallada a máquina, que con su color obscuro imitaba
+al roble de un modo discreto.
+
+--¿Está todo bien preparado, Visanteta?
+
+--Todo, señora. Nelet se ha encargado de que el capón no se queme; sólo
+faltan unas cuantas vueltas. Adela cuida del puchero. La sopa la
+pondremos cuando avise la señora.
+
+Y continuó la conversación entre el ama y la sirvienta, mientras ésta,
+con delantal blanco y haciendo crujir los bajos almidonados y tiesos de
+su saya, iba del aparador a la mesa, colocando el centro de plata
+Meneses con sus grupos de flores, las pilas de platos de charolada
+blancura, las botellas talladas del agua y el vino, y las copas
+esbeltas, casi aéreas, con su pie azul, y tan frágiles, que sobre el
+mantel no trazaban sombra alguna.
+
+Aquella Visanteta, con su peinado de la huerta, su perpetuo ceño y sus
+contestaciones secas y desabridas, era una gran criada, que se ganaba a
+conciencia el salario. Lo mismo preparaba en la cocina una gran comida,
+que arreglaba una mesa «a estilo de fonda», arte que había aprendido
+sirviendo a una familia inglesa.
+
+Al comedor llegaba la música que hacían en el salón las niñas de doña
+Manuela para entretener al tío. Amparo cantaba, y su vocecita fina,
+tenue y quebradiza como un hilo de araña soltaba una lamentación
+melancólica, en italiano, para mayor claridad:
+
+/*
+ _Quando le rondinelle il nido fanno_,
+ _quando di nuova flor s'orna il terreno_.
+*/
+
+El tío se divertía, como hay Dios, oyendo a la sobrina cantar con su
+carita de Pascua estas atrocidades de la melancolía. «_Vorrei moriré_!»,
+repetía la muchacha con acento de desesperación, saltando su voz sobre
+los trémolos del piano. ¡Vaya un aperitivo para antes de la comida!
+
+Doña Manuela hablaba a la criada distraídamente, oyendo aquella música
+que nunca podía comprender.
+
+--Hoy trabajarás mucho, Visanteta. Mi gusto hubiese sido encomendar,
+como de costumbre, un par de platos a la fonda. Pero tengo convidado a
+mi hermano, que es un rancio y me requema la sangre como si fuese una
+despilfarradora. Por esto he querido que la comida fuese casera. A ver
+si aun así encuentra motivo para murmurar.
+
+La mirada de doña Manuela iba tras las manos de la criada. ¡Vaya una
+gracia la de aquella chica! Cogía las servilletas adamascadas, rígidas
+por el planchado, y las doblaba caprichosamente con una rapidez de
+prestidigitador. Quedaban sobre las pilas de platos en forma de mitra,
+barco, bonete o flor, y en el centro, como toque maestro, colocaba un
+pequeño _bouquet_.
+
+La señora estaba orgullosa. Sólo en una casa como la suya había una
+criada capaz de arreglar la mesa con tanto arte.
+
+Visanteta, insensible a las miradas agradecidas del ama y contestando a
+sus palabras con gruñidos, seguía trabajando. Abrió el armario del
+aparador y puso sobre la mesa los entremeses: pepinillos destilando
+vinagre, aceitunas grises mezcladas con salitrosas alcaparras, sardinas
+de Nantes con su casaquilla plateada, rodajas de salchichón finas y
+transparentes, y frescos rábanos de encendido ropaje y tiesos moñetes de
+hojas, todo en verdes pámpanos de porcelana.
+
+Buen golpe de vista presentaba la mesa. Demasiado bueno, si se tenía en
+cuenta el carácter raro del que estaba allá dentro. Por esto doña
+Manuela dijo con expresión dolorosa:
+
+--Mira, Visanteta, no te extremes mucho. Mi hermano es capaz de comer de
+mala gana si ve aquí lo que él llama lujos. Con lo puesto hay bastante.
+Ahora saca del cajón los cubiertos de plata. Los antiguos, ¿sabes...? no
+te equivoques. Cuando sirvan el pescado puedes sacar la pala de plata,
+pero no pases de ahí. Sería capaz de darnos un escándalo si viera lo
+demás que reservamos para los convidados de otra clase.
+
+Los cubiertos de plata antigua, piezas soberbias labradas a martillo y
+heredadas del _Fraile_, fueron colocados junto a los platos.
+
+Todo estaba bien. Visanteta a la cocina, a dar a la comida el último
+punto, y ella al salón, a mimar al hombre temible y preparar el golpe
+para después de la sobremesa.
+
+El piano seguía sonando; pero ahora, de la romanza sentimental se había
+saltado a la ópera.
+
+/*
+ _Come una damicella_
+ _mi trovare più bella_....
+*/
+
+Al entrar en el salón vio a Juanito contemplando al tío, y éste con la
+vista fija en el techo, contando sin duda las flores doradas que tenía
+el papel, como hombre que se aburre y busca desesperadamente la
+distracción.
+
+--Vaya, niñas, basta de cosas tristes. Cantadle al tío algo alegre.
+
+Don Juan hizo un gesto como indicando que le era igual y no valía la
+pena molestarse.
+
+--Pero mamá--dijo Amparo--, si esto que cantaba es el _Aria de las
+joyas_. Muy bonita....
+
+--Pues fuera el aria. Canta algo más alegre. Eso de _El dúo de la
+Africana_, que gustó tanto en casa de «las magistradas».
+
+--Bueno--exclamó Concha con rudeza--. Ahora _El dúo_. Una cosa que están
+cansados de tocar todos los organillos.
+
+--Pues sí señora, eso. Tu tío no va al teatro, y tendrá gusto en oírlo.
+
+Don Juan hizo el mismo gesto de antes. Para él, cualquier cosa estaba
+bien. Y volvió a mirar al techo, bostezando de vez en cuando y moviendo
+un pie con nervioso temblorcillo.
+
+/*
+ _Yo nací muy chiquitita_
+ _y nací muy avispa_.
+*/
+
+Bueno; pues a pesar de estas declaraciones que sobre su nacimiento
+hacía Amparito con su hilillo de voz y su expresión picaresca, el tío
+don Juan, aquel monstruo de aburrimiento y rudeza, no se conmovía, tal
+vez por estar mejor enterado de cómo había nacido que la propia
+interesada. E igual indiferencia mostró al oírla cantar que el puente
+tenía seis ojos, y ella dos «solamente».
+
+Otra cosa le preocupaba y le hacía removerse en su sillón. Sacó su
+reloj, la hermosa pieza cincelada del siglo anterior, e interrumpiendo a
+la cantante dijo a doña Manuela:
+
+--Bien está todo; pero ¿a qué hora se come aquí?
+
+--Cuando venga Rafaelito. A la una.
+
+--Ya es; mira mi reloj. Te advierto que yo como siempre a las doce, y
+bastante sacrificio es esperar una hora. Con tales desarreglos se pierde
+el estómago, y eso en la vejez es llamar a la muerte.
+
+--¡Jesús, hombre! No te incomodes por eso.... Niñas, basta de música.
+A comer.
+
+La graciosa sevillana paró en seco, y las dos niñas abandonaron el salón
+seguidas del tío, que se detuvo en la puerta del comedor sonriendo al
+ver el aspecto de la mesa.
+
+--Manuela, por lo que se ve, esto promete. Siempre has sido notable en
+estas cosas.
+
+Pero la señora estaba preocupada por la tardanza de su hijo menor y no
+podía contestar.
+
+--¡Este Rafaelito...! La una y cuarto y no viene. ¡Habrá que empezar sin
+él...! Visanteta, la sopa.
+
+Todos se sentaron. Don Juan en la cabecera, con las dos niñas, y en el
+extremo opuesto doña Manuela, teniendo a la derecha a Juanito y a la
+izquierda la silla destinada a Rafael.
+
+La humeante sopera descansó en el centro de la mesa, con el cucharón de
+plata metido en las entrañas, y rápidamente se llenaron los platos.
+¡Soberbia sopa! Flotaban en su superficie las lunas de grasa, y entre
+las rebanaditas de pan impregnadas de suculento líquido, los menudillos
+de la gallina, las tiernas yemas de color de ámbar y los negruzcos
+hígados, que se deshacían al entrar en la boca. Todos comían con
+apetito, especialmente don Juan, que, a pesar de su sobriedad de avaro,
+era un tragón terrible al entrar en mesa ajena.
+
+Finalizaba la sopa cuando entró Rafaelito, sudoroso, sofocado, como si
+hubiese corrido mucho para llegar a tiempo.
+
+--¡Vaya una hora de venir!--dijo la mamá, frunciendo el ceño.
+
+Era un ser insignificante y de aspecto pretencioso. El cuerpo flacucho y
+pobre; la cabeza charolada a fuerza de cosmético, partida por una raya
+que con rectitud geométrica iba desde la frente a la nuca; en la cara
+enorme nariz, bigotillo afilado y patillas de chuleta, y bajo la barba,
+asomando por entre las dos alas de un cuello «a la pajarita », esa
+protuberancia horrible llamada nuez, que parece la condecoración de la
+juventud raquítica. Afectaba en sus gestos y palabras la indolencia de
+un hombre cansado de la vida, para el cual el mundo nada nuevo puede
+ofrecer a los veintidós años; miraba con insolente fijeza, y cuando
+escuchaba a alguien, lo hacía con aire protector y desdeñoso. Era el
+tiranuelo de la casa, y a este privilegio unía el de excitarle la bilis
+a su tío don Juan siempre que se ponía en su presencia.
+
+Hacía tres años que estaba abonado al segundo curso de la Facultad de
+Medicina, consecuencia heroica de la que no estaba arrepentido; y tan
+amante era del trabajo y de la actividad, que por no estarse en los
+cafés charlando como un necio, pasaba los días y gran parte de las
+noches en los círculos recreativos, unas veces peinando barajas y otras
+sacrificando pesetas, para que no se dijera que en España todo decae,
+hasta el respetable gremio de los «puntos».
+
+Fuera de esto, era un muchacho encantador; y en caso de duda, bastaba
+con preguntarlo a su mamá. ¿Quién llevaba con más garbo que él el gabán
+sin costuras, ancho y deforme como un saco? ¿Quién, en verano, iba más
+mono con el trajecito de franela y la marinera de paja? ¿Quién daba
+mejor sombrerazo rígido, moviendo al mismo tiempo la cabeza y levantando
+un pie? Rafaelito, y nadie más que Rafaelito; y para atestiguarlo
+estaban también las amigas de la manía, que se hacían lenguas en su
+presencia de lo elegante que era el chico.
+
+¡Estudiar...! Ya lo haría más adelante. Por ahora, era un muchacho
+distinguido, con buenas relaciones; y en cuanto a saber, algo sabía,
+pues apenas se iniciaba una discusión sobre toreros o pelotaris, dejaba
+a todo el mundo con la boca abierta. Bajo su frente calva, adornada con
+las dos puntitas lustrosas del peinado, había algo, así como bajo los
+hombros de su americana había algo también: mucho pelote para suavizar
+lo puntiagudo de sus clavículas, que agujereaban la pobre piel.
+
+Al entrar saludó al tío con cierto desparpajo, sin querer fijarse en la
+sonrisita del viejo, y después se excusó con la mamá. Quería venir
+antes, pero en la feria le habían entretenido. El paseo estaba muy bien;
+trajes magníficos, sobre todo abrigos. Y hacía una relación de periódico
+de modas ante sus hermanas, que prestaban oído sin dejar de engullir, y
+la mamá, que admiraba el talento de observación de su hijo y la gracia
+con que se burlaba de los defectos. Era el fiel retrato de su padre.
+
+Rafael, en cuatro cucharadas, se tragó su ración, poniéndose al nivel de
+los demás cuando salió el cocido, dos fuentes magníficas, que exhalaban
+un vaho consolador, un tufillo alimenticio que se colaba hasta el fondo
+del estómago. En la una, las patatas amarillentas, los reventones
+garbanzos sacando fuera del estuche de piel su carne rojiza, la col, que
+se deshacía como manteca vegetal, los nabos blancos y tiernos, con su
+olorcillo amargo; y en la otra fuente las grandes tajadas de ternera,
+con su complicada filamenta y su brillante jugo; el tocino temblón como
+gelatina nacarada; la negra morcilla reventando, para asomar sus
+entrañas al través de la envoltura de tripa; y el escandaloso chorizo,
+demagogo del cocido, que todo lo pinta de rojo, comunicando al caldo el
+ardor de un discurso de club.
+
+Nadie hablaba aún. Oíase únicamente el sordo ruido de las mandíbulas;
+todos masticaban y engullían; los tenedores verificaban correrías
+devastadoras sobre la mesa. Destrozábanse los panecillos, iban
+vaciándose los platos de los entremeses, y las copas de vino llenábanse,
+reflejando sobre el blanco mantel purpúreas e inquietantes manchas.
+
+Don Juan rumiaba, moviendo sus desdentadas encías a derecha e izquierda
+como una cabra vieja, y sus ojillos alegrábanse al ver comer a la
+familia, y especialmente a Juanito.
+
+Podían decir lo que quisieran ciertas gentes; pero él, don Juan Fora,
+propietario y paseante perpetuo, sostenía que nada hay como la cocina
+casera y el comer en familia. ¡Vaya un modo de tragar, hijos míos! En
+una fonda estarían ya siendo objeto de críticas, y el dueño pondría mala
+cara al ver cómo ganaban el precio del cubierto; las niñas se harían las
+interesantes, comiendo poco para no parecer feas, y él mismo tragaría a
+disgusto creyendo que se burlaban de su modo de mascar. Pero allí
+estaban en su casa, podían atracarse hasta el gañote con todo lo que
+iría viniendo, y nadie podría ir a contarle al vecino cómo se las
+arreglaban para hacer por la vida. Esto era la verdad; lo demás
+pamplinas, modas estúpidas y sufrir..... ¡Hola! Ya se presentaba la
+gallina del puchero. ¿Que quién la parte? Juanito mismo.
+
+Y el buen muchacho, obediente a la voz de su tío, púsose en pie, y
+empuñando un enorme tenedor y el afilado trinchante, hizo una carnicería
+que elevó protestas. Doña Manuela le miró severamente. Pero ¡cuán
+desmañado era!
+
+Don Juan intervino, viendo que su sobrino se conmovía:
+
+--Vaya, otra vez lo hará mejor el chico, ahora... a lo que estamos.
+
+Y pasaron a los platos los trozos de la gallina: la jugosa pechuga, el
+cuello cartilaginoso, los melosos muslos y el armazón chorreando grasa,
+que chupaba doña Manuela con un regodeo de gata golosa.
+
+La animación iba surgiendo en la mesa. Todos hablaban. Don Juan
+comenzaba a mostrarse más alegre; y como si olvidase las antiguas
+preocupaciones, miraba con igual cariño a todos los que estaban en la
+mesa, sin pensar si eran hijos del antipático Pajares y si su hermana
+era una derrochadora.
+
+Ahora, ¡voto a Dios! venían bien dos deditos de vino, para acompañar
+dignamente a la gallina en su bajada al estómago. Y se apuraron las
+copas, y circuló de nuevo la ventruda botella llena de vino de la bodega
+de los Escolapios, un caldillo rojo del llano de Cuarte, que pasaba
+dulcemente por el paladar, y una vez dentro, el muy traidor causaba un
+trastorno de mil demonios. Las dos niñas bebían haciendo remilgos, pero
+el tío las excitaba aplaudiéndolas; y ellas, que no estaban
+acostumbradas a ver tan alegre al viejo, volvían a gustar el vinillo
+para no enojarle.
+
+Nelet, con la gravedad de un _maître d'hôtel_, muy circunspecto desde
+que veía en la mesa al tío millonario, sacó de la cocina el plato del
+día, la obra maestra de Visanteta, un pescado a la bayonesa que arrancó
+a todos un grito de admiración.
+
+--¡Caballeros...! ¡Ni en la mejor fonda!--dijo Rafael--. ¡Ole por la
+cocinera!
+
+Don Juan encontró de mal gusto la felicitación, pero admiró la obra.
+
+Era una merluza de más de tres libras, que parecía de plomo brillante,
+con el escamoso vientre hundido en la salsa, un fresco cogollo de
+lechuga en la boca, y en torno de la cola unos cuantos rabanillos
+cortados en forma de rosas. La fuente tenía una orla de rodajas de huevo
+cocido, y sobre la capa amarillenta que cubría el apetitoso animal, tres
+filas de aceitunas y alcaparras marcaban el contorno del lomo y la
+espina. Don Juan miraba, con la pala de plata en la mano. ¡Vive Dios,
+que le remordía la conciencia destrozar aquella obra de arte! Pero la
+cosa se había hecho para comer; y al poco rato, la blanca carne de la
+merluza, revuelta con los sabrosos adornos, estaba en todos los platos.
+
+--Y ya que dimos fin con la pobre, ahora otro traguito.
+
+Decididamente, el tío se ponía alegre. Las niñas recordaban como un
+sueño la cara irónica y glacial de otras ocasiones. Ahora sonreía con
+bondad, tenía las mejillas muy coloradas, y cautelosamente se aflojaba
+el talle, como para dejar un huequecito a lo que viniese después.
+
+Otro plato ligero, pero éste era francamente indígena: lomo de cerdo y
+longanizas con pimiento y tomate, un guiso al que daba siempre Visanteta
+una gracia especial, que hacía a todos mojar el pan en la roja salsa.
+
+Don Juan y su sobrino predilecto se entendieron con él, pues doña
+Manuela apenas lo probó. Rafaelito fumaba, costumbre detestable que
+irritó al tío, pues no podía comprender tales interrupciones en la
+digestión.
+
+Las dos niñas habían ido un momento a su cuarto: cuestión de aflojarse
+los corsés. Las ballenas se doblaban y parecían próximas a estallar con
+la presión de sus vientrecillos cada vez más redondeados. Al pasar junto
+a un balcón, hiriólas el frío que entraba por las rendijas. Llovía, y la
+gente pasaba chapoteando en el fango, con el paraguas calado. ¡Qué bien
+se estaba allí dentro, en el caliente comedor, ante una mesa tan
+abundante! Había que reconocer que Dios es bueno y proporciona ratos muy
+agradables a los que tienen casa y cocinera.
+
+Cuando volvieron al comedor, Nelet sacaba el héroe de la fiesta: un
+soberbio capón, panza arriba, con los robustos muslos recogidos sobre el
+pecho y la piel dorada, crujiente, impregnada de manteca.
+
+Don Juan contemplábalo con miradas de amor. No; una pieza tan hermosa
+no la destrozaría el desmañado Juanito. A ver, Rafael, que, como aprendí
+de médico, entendería de estas cosas.
+
+Las niñas protestaron, recordando las espeluznantes relaciones que su
+hermano las había hecho varias veces, para asustarlas, describiendo sus
+hazañas en el anfiteatro anatómico.
+
+--No, Rafael no--gritó Amparito--. Si él toca el capón no comemos.
+
+¡Vaya un asco! ¡Como si aquel estudiante honorario hubiese asistido al
+curso de anatomía media docena de veces...! Al fin, el tío, en vista de
+las protestas, se decidió a destrozar la pieza, pues en su calidad de
+solterón sabía un poco de todo.... ¡Brava manera de masticar! Confesaban
+que la comida les subía ya a la garganta; pero a pesar de esto, era tan
+excelente la carne tierna y jugosa, con su corteza tostada crujiendo
+entre los dientes, que todos despacharon su ración, masticando con
+lentitud y emprendiéndola después con los huesos. El tío se mostraba
+como un valiente.
+
+--Juan, come ese pedazo--le decía su hermana--. Es lo mejor del plato.
+
+--Bebe más, Juan. Hoy son mis días, y hay que alegrarse.
+
+Las niñas imitaban la solicitud de la mamá; todo era: «Tío tome usted
+esto; tío, coma usted lo otro»; y el tío, cada vez más encarnado y
+alegróte, engullía cuanto le ponían en el plato, y como le llenaban el
+vaso así como lo dejaba vacío, el resultado era que empinaba
+continuamente el codo.
+
+Aparecieron los postres. Cubrióse la mesa de tajadas de melón, peras y
+manzanas, avellanas y nueces; pero esto pasó sin gran éxito,
+atreviéndose el tío sólo con algunos pedazos de fruta que le mandó
+Juanito.
+
+Después, la clásica _sopada_, sin la cual don Juan no comprendía los
+banquetes: una gran fuente de crema, en la que se empapaban apretadas
+filas de pequeños bizcochos. Esto era lo mejor para los que, como él,
+carecían de dentadura. Sabía a gloria; pero a pesar de tantos elogios,
+recibió como en triunfo el turrón de Jijona y los pasteles de espuma.
+También era esto del género de don Juan, adorador de las cosas blandas,
+que se escurren dulcemente sin roce alguno hasta el fondo del estómago.
+Con la boca llena de merengue contestaba a sus sobrinas, que estaban
+cada vez más alegres, y aprobaba bondadosamente los cuidados de su
+hermana por tenerle contento. Ahora había que retirar el vino de los
+Escolapios: «no estaba en carácter»; y por esto el viejo saludó
+alegremente la aparición en la mesa de las botellas de licor de
+diferentes formas y clases.
+
+Las cepitas talladas de color rosa, que parecían flores, iban y venían
+sobre la mesa, tan pronto llenas como vacías. La temperatura subía en el
+comedor. El vaho ardoroso de la comida, el calor de los cuerpos, en los
+que empezaba la digestión, y lo agitado de las respiraciones, parecían
+caldear el ambiente. Los rostros se enrojecían, y a pesar de que llovía
+en la calle y los transeúntes soplábanse las manos para ahuyentar el
+frío, se sudaba en el comedor. Doña Manuela, con la majestuosa nariz
+inflamada, como si fuese un pavo, hubo de pasarse la servilleta por la
+húmeda frente.
+
+--¡Al salón!--dijo la señora--. Allí nos servirán el café.
+
+El tío prefería quedarse en la mesa. El café entraba también en la
+comida; ¿por qué habían de moverse? Pero para su hermana era un detalle
+de suprema elegancia tomar el café en el salón, y don Juan tuvo que
+acceder y abandonar el comedor, jugando con sus sobrinas como si fuese
+un niño.
+
+¡Vive Dios, que él no estaba borracho, pero a nadie podría negar que se
+encontraba un poco alegre por culpa de aquellas picaras, de su hermana y
+de los dos sobrinos! Todos estaban bien. Sentados en los mullidos
+sillones del salón, encontrábanse como en la gloria, sacando hacia fuera
+los rellenos vientres, que hervían como calderas al fuego de la
+digestión, y sintiendo subir al cerebro un humillo tenue que al pasar
+por los ojos tomaba un delicioso tinte rosa.
+
+Don Juan dábase cariñosas palmaditas en el vientre. Tal vez aquella
+calaverada le costase después crueles desarreglos de estómago y una
+semana de purgas; pero ¡vayanse al diablo los escrúpulos! un día es un
+día, y a ver quién le quitaba lo gozado.... Nada, que aquel día era un
+calavera; se burlaba de todo; y en prueba de ello, encendió el puro que
+le ofrecía Rafael, a pesar de que el fumar aumentaba su los crónica.
+
+Ya estaba el café. Servíalo Adela, una muchacha remilgada y no mal
+parecida, que imitaba a sus señoritas en el peinado, afectando un aire
+de aristócrata caída en la desgracia.
+
+Don Juan, a fuer de mirar el servicio, que era de porcelana antigua, y
+compararlo con otro más rico arrinconado en su casa, acabó por fijarse
+en la criadita. Decididamente, no tenía la cabeza bien. ¡Mire usted que
+pensar un hombre de su carácter y sus años que estaría mejor servido con
+una chica así que con su vieja Vicenta...! Vaya; el _Chartreuse_, con su
+calor de falsa juventud, hace pensar locuras.... «¡A tomarte el café,
+viejo verde...!» Y se bebió la taza de un trago.
+
+Sonaba la campanilla de la puerta.
+
+--Será Roberto--dijo Concha.
+
+--Tal vez sea Andresito--exclamó Amparo--. Le prometió a Juan venir a la
+hora del café.
+
+Eran los dos, que se habían encontrado en la escalera.
+
+Roberto del Campo, el amigo íntimo de Rafael, su mentor, que le guiaba
+en el camino de la distinción y el buen gusto; un chico elegante, hijo
+de una gran familia arruinada, uno de esos vástagos inútiles y
+perniciosos que nacen inesperadamente en la tranquila burguesía a las
+dos o tres generaciones de bienestar y riqueza, para castigar con sus
+locuras y despilfarres el egoísmo y la rapacidad de sus antecesores. Era
+un muchacho guapo, moreno, con nariz aguileña, barba negra y lustrosa;
+una de esas cabezas gallardas, audaces y de enérgica belleza varonil que
+se ven con frecuencia en las tribus bohemias. En su porte y en su traje
+notábase la tendencia «flamenca» amalgamada con la fría corrección
+burguesa. La educación del hogar confundíase con las costumbres de una
+vida de estúpidas aventuras. Vestido de señorito, tenía algo de gitano;
+cuando se disfrazaba de chulo, todos reconocían en él al señorito. Era
+un ser doble, que flotaba entre la decencia y el encanallamiento.
+
+Según decían sus amigos, causaba sensación entre las mujeres. La
+gitanería femenina le adoraba como un ídolo, pensando en sus conquistas
+de señoritas; y éstas mirábanle como un ser extraordinario, como un Don
+Juan irresistible, recordando ciertas historias de cantadoras flamencas
+que, por sus desdenes, se habían tragado cajas de fósforos, y de
+hermosas carniceras que abandonaban al marido para seguir a un mozo tan
+adorable.
+
+En casa de doña Manuela, Roberto era muy bien acogido, especialmente por
+Conchita. Era un chico que tenía muy buenas relaciones; es verdad que su
+fortuna era poca, pues gran parte de la herencia de sus padres estaba ya
+enterrada en los garitos o entre las uñas de los usureros, pero esto no
+impedía que fuese un partido aceptable para las jóvenes de la clase
+media, que, colgadas de su brazo, podían entrar en un reducido círculo
+que ellas se imaginaban como el paraíso de la aristocracia.
+
+Junto a este hermoso ejemplar de la burguesía próximo a la decadencia,
+Andresito Cuadros, el hijo del dueño de _Las Tres Rosas_, aparecía
+empequeñecido y aplastado, con la delgadez amarillenta de un crecimiento
+rápido y ese aire aviejado de todos los hijos únicos, a quienes las
+atenciones exageradas de sus padres no dejan robustecerse. Era el hijo
+del comerciante emancipado del mostrador y dedicado al estudio por la
+ambición del papá. Docto y pedantuelo, algo engreído con los
+sobresalientes de su carrera y acostumbrado a hacerse oír en casa como
+un oráculo, asombrábase de que fuera de ella no le rindieran tributos de
+admiración, y esto le producía tal cortedad, que muchos le tenían por
+tonto.
+
+Los recién llegados, después de saludar a la mamá, deseándola
+felicidades y ensartando los lugares comunes propios del caso,
+sentáronse cerca de las dos niñas, que se mostraban complacidas y
+ruborosas.
+
+Rafael voceaba en la puerta del salón para que trajeran pronto el café a
+sus dos amigos, y Juanito, a falta de mejor ocupación, jugueteaba con la
+traviesa _Miss_, cuyos movimientos iban acompañados por el repicante
+cascabeleo de su pequeño collar.
+
+Don Juan, hundido en su butaca, con la nariz cada vez más roja y el
+cigarro apagado entre los labios, seguía sonriendo beatíficamente. Su
+hermana no le abandonaba. Acosábalo con atenciones, y hasta había
+logrado hacerle tragar una copa de coñac.
+
+Visanteta acababa de servir el café a los dos señoritos recién llegados,
+cuando la llamó su ama.
+
+--Di a Adela y a Nelet que entren.
+
+Toda la servidumbre de la casa se plantó a estilo de coro de zarzuela
+ante el sillón de la señora. Entre los tres cruzábanse alegres miradas,
+sonrisas de satisfacción.
+
+Era la ceremonia anual, el acto de dar los aguinaldos a los criados, por
+ser el día de la señora. Con majestad teatral, doña Manuela dio un duro
+a cada uno, más un pañuelo de seda a Visanteta, por lo satisfecha que
+estaba de su mérito como cocinera. El ceño de la habilidosa muchacha se
+dilató por primera vez en todo el día, y los tres salieron
+apresuradamente con la alegría del regalo, oyéndose el ruido de sus
+empellones y correteos.
+
+Esto obscureció un poco la sonrisa de don Juan. Decididamente, su
+hermana era una loca, que odiaba el dinero. ¡Mire usted que tirar tres
+duros tan en tonto! ¿No hubiera quedado lo mismo con tres pesetas?
+
+Pero su digestión de esquimal harto no le permitía indignarse, y escuchó
+con expresión amable a su hermana, que, inclinada sobre él, apoyándose
+en su misma butaca, le hablaba mimosamente, como si fuese una niña.
+
+--Hay que seguir las costumbres, Juan; si no, los criados, en vez de
+respetarla a una, se encargan de desacreditarla. A ti de seguro que no
+le parece bien dar un duro a cada criado; a mí tampoco, pero hijo mío,
+la costumbre es la costumbre, y si una hace ciertas economías, la gente
+cree que va de capa caída, suposición que a nadie gusta. ¿No crees tú lo
+mismo?
+
+Él lo creía todo, con tal que le dejasen tranquilo en su digestión. Y
+movió varias veces la cabeza en señal afirmativa.
+
+Doña Manuela se animaba y seguía hablando, No es que ella fuese
+derrochadora; había tenido su época de apuros, como él sabía muy bien, y
+conocía el valor de un duro. Pero había que quedar con dignidad,
+sostener la honra de la casa, ahora que las niñas iban siendo casaderas,
+y esto, ¡ay, Juanito mío! esto exigía grandes apuros y no menores
+sacrificios. ¿Qué le pasaba a don Juan? ¿Había parado en seco su
+digestión? La gozosa sonrisa desaparecía; sus ojos, entornados
+voluptuosamente, volvían a entreabrirse para lanzar punzantes miradas, y
+se agitó varias veces en la butaca, como huyendo de ocultos alfileres.
+¡Todo sea por Dios! Él también tenía apuros y hacía sacrificios. El
+mundo es así. Y probó dormirse, como hombre a quien no interesa la
+conversación.
+
+Pero la hermana no calló. Ella economizaba, privándose de todo para
+sostener la apariencia de la casa, hasta que las niñas encontrasen «un
+buen partido»; pero a veces se tropieza con escollos insuperables y no
+sabe una cómo salir a flote.
+
+--Pero... ¿duermes, Juan? ¿No me escuchas? Un gruñido dio a entender a
+doña Manuela que su hermano la oía con los ojos cerrados. Esto bastó
+para que continuase.
+
+Ahora mismo se hallaba en una de esas situaciones difíciles; algunas
+deudas antiguas las había satisfecho con la paga de Navidad de sus
+arrendatarios de la huerta, pero necesitaba con urgencia ocho mil
+reales, pues el invierno exige grandes gastos. Ya que en la familia se
+habían suavizado antiguas asperezas, a ella tenía que acudir en sus
+apuros. ¿Y quién era su familia? Su hermano, y nadie más que su hermano.
+Su Juan, a quien ella siempre había querido tanto, respetando sus sabios
+consejos.
+
+--Tú no me abandonarás en este apuro, ¿verdad, Juan? Tú me prestarás esa
+cantidad, y yo te la devolveré a San Juan, cuando cobre los otros
+arriendos. ¿Quedamos en eso...?
+
+¡Qué habían de quedar! No había más que ver el mal humor con que don
+Juan salió de su turbada digestión.
+
+--Pero, desgraciada, ¿de dónde quieres que saque yo ocho mil reales? Tú
+te figuras, por lo menos, que yo apaleo las onzas.
+
+Doña Manuela protestó. Vamos, que ocho mil reales no son una cantidad
+para arruinar a nadie. Además, ella prometía devolverlos a San Juan; y
+al ver que su hermano sonreía irónicamente, lo juró con la mano puesta
+en el exuberante pecho.
+
+--Y si no tienes los ocho mil reales (cosa que dudo), eso no importa,
+Juanito mío. Con que firmes por mí, salgo de apuros. ¡Adiós digestión!
+Ahora sí que don Juan salía de la placentera calma, despertando de su
+amodorramiento.
+
+--Ya has enseñado la oreja. ¡Firmar...! ¡firmar...! ¿Tú crees que una
+persona como Dios manda pone la firma, porque sí, al primer judío que se
+presenta? Eso sólo lo hacen las locas como tú, que has firmado más papel
+que un escribano, y miras con la mayor tranquilidad cómo tu nombre anda
+por el mundo en pagarés siempre renovados, con condiciones que sólo
+admiten las personas tramposas y sin crédito.
+
+Y además, ¿qué era aquello de la paga de los arriendos y de devolver los
+ocho mil reales el día de San Juan? Mentiras y nada más que mentiras.
+
+--Yo lo sé todo, Manuela. No conservas un campo de los que heredaste de
+papá que no tenga la correspondiente hipoteca. El dinero de tus
+arrendatarios se va todo en intereses. Si se juntan todos tus acreedores
+y exigen que les pagues las deudas, más los intereses disparatados que
+les has reconocido, te verás en medio de la calle, perdiendo hasta la
+camisa que llevas puesta. ¡Eh...! ¿qué tal? ¿Creías que yo no estaba
+enterado de tus cosas?
+
+Doña Manuela estaba pálida e inquieta. Era una imprudencia expresarse
+así a pocos pasos de aquel grupo donde estaban Roberto y Andresito, dos
+extraños que no podían imaginarse la verdadera situación de la casa. Por
+fortuna, Concha y Amparo atraían la atención de los dos; además, las
+niñas, a ruegos de los pollos, iban a hacer un poco de música y canto.
+
+Tal vez el piano amansase a don Juan; pero... ¡quia! éste formaba parte
+de las fieras, a quienes domina la música, y con gran pesar de su
+hermana no salía de su indignación.
+
+--¿Para esto me has convidado...? Tú has dicho: «Le daremos bien a
+comer, procuraremos emborracharlo, y después, cuando esté tierno... ¡el
+sablazo!» Pues hija, te equivocas. Ni ahora ni nunca conocerás el color
+de mi dinero. No pienso hacer nada por ti. Cuando murió tu segundo
+marido me prometiste ser un modelo de economía y prudencia; y yo fui tan
+tonto, que perdí el tiempo y hasta algún dinero para poner a flote tu
+fortuna, que hacía agua por todas partes como un barco viejo.... Déjame
+acabar, Manuela; no me interrumpas. ¿Quieres hacerme creer que aún lo
+conservas todo libre de trampas, tal como yo te lo entregué? ¡Quia, hija
+mía! En este siglo no hay milagros, y con quince mil duros de capital no
+se sostiene un carruaje ni el boato que tú gastas. Lo sé todo; y si no,
+escucha.
+
+Y don Juan, con gran abundancia de detalles, como hombre versado en los
+negocios, fue describiendo a su hermana el estado de su fortuna. No
+tenía un pedazo de tierra libre del peso de una hipoteca; las rentas
+apenas si daban para los réditos, y hasta la misma casa en que ella
+vivía era una finca que producía poco, por culpa de su vanidad.
+
+--Cuando al quedar viuda te pusiste en mis manos, vivías en una de las
+dos habitaciones del piso segundo y tenías alquilado este principal. Un
+duro diario es una gran cosa, y más en tu situación. Pero tú no podías
+acostumbrarte a ser señora de muchos escalones, como dices en tu jerga;
+querías tu salón y tu carruaje, como en los tiempos de loco despilfarro,
+y con el pretexto de que las niñas crecían y era preciso pollear y
+mentir, bajaste a este piso, y bajó la renta también aumentando los
+gastos. Ya que no podías tener un tronco, carretela y berlina, como en
+otra época, vendiste un campo para comprar la galerita y el caballo y
+mantener a ese bigardón, hijo de la tía Quica, que os roba la cebada y
+las algarrobas.... Sé que te fastidia oír todo esto, pero te lo digo
+para que sepas que no me chupo el dedo ni se me engaña fácilmente....
+Nunca me he forjado la ilusión de convertirte. Tú serás siempre la misma
+Manuela, la loca, la pretenciosa, y morirás cuando gastes el último
+céntimo. Cada uno nace con su carácter, y tú eres de aquellos a quienes
+el pobre papá cantaba la antigua copla:
+
+/*
+ _Arròs y tartana_,
+ _casaca a la moda_,
+ ¡_y ròde la bola_
+ _a la valensiana_!
+*/
+
+Y como si la cancioncilla del tío fuese la señal para que comenzase la
+música de las niñas, éstas atronaron el salón con el tecleo del piano y
+los gorjeos esforzados.
+
+Don Juan cobró ánimos con este estrépito. Al ver que los muchachos sólo
+atendían al piano, siguió hablando, pero levantó más la voz, con gran
+alarma de su hermana.
+
+--Marchas a tu perdición, Manuela. Cuando estés en la miseria, siempre
+me acordaré de que soy tu hermano, y tendrás donde comer tú y los
+tuyos.... Pero dinero, ¡ni un céntimo!
+
+Doña Manuela levantó la cabeza con altivez, mostrando la mirada ardiente
+y las mejillas rubicundas.
+
+--Gracias por la limosna--dijo con ironía--. Pero aún no he llegado ahí.
+
+--Llegarás, llegarás--repuso don Juan sin perder la calina--. Estás en
+el camino. Hoy todavía puedes sostenerte, y al ver que te niego los ocho
+mil reales, buscarás a doña Clara, esa bruja prestamista, o a otra
+persona de la clase, y firmarás un pagaré por doce o catorce mil. Estás
+metida en el barro y no saldrás nunca de él; por más esfuerzos que hagas
+te hundirás. Si no te conociera tanto, te daría la mano; pero no: «una y
+no más, Santo Tomás»; me acuerdo mucho de la atención con que seguiste
+mis consejos.
+
+La señora estaba indignada por el lenguaje rudo de su hermano. Era muy
+dueño de no darle aquella miseria; al fin, resultaba lo que ella había
+creído siempre: un avaro sin corazón. Pero su demanda no le autorizaba
+para aburrirla con tanto sermoneo.
+
+--Cállate, Juan; me pones nerviosa con tus groserías.
+
+--Callaré, hija; no quiero molestarte en un día como éste. Pero sólo me
+resta hacerte una advertencia. Los que están tan ahogados como tú, se
+agarran a un clavo ardiendo. Juanito posee una finca que vale algo: el
+huerto de Alcira, que has tenido que respetar en calidad de bienes
+reservables. Como ahora el chico es mayor de edad y te quiere tanto, te
+advierto que si para hacer dinero lo mezclas en tus líos tendrás que
+vértelas conmigo. Yo soy su tutor, por encargo de su pobre padre, y
+aunque mi misión ha terminado legalmente, me creo en el deber de
+defenderlo, pues es un bonachón al que engaña cualquiera.... Y no te
+digo más.
+
+Los dos hermanos callaron. Se hundió él en su sillón, mirando a los
+chicos, y ella quedó con los ojos fijos en el suelo, el ceño fruncido y
+las mejillas de un rojo violáceo, como si la rabia le produjese
+erisipela.
+
+Rafael había salido del salón, Juanito jugueteaba con _Miss_, cada vez
+más inquieta y ladradora, y Roberto, apoyado en el piano, hablaba con
+Concha, que sonreía, tecleando nerviosamente, haciendo escalas que
+parecían cabriolas e iniciando temas conocidos, que se confundían
+fantásticamente.
+
+--¿Dónde diablos están los otros?--pensaba el tío, paseando su vista por
+el salón.
+
+Y los otros, o sea Amparo y Andresito, estaban en un balcón, mirando a
+la calle con la nariz pegada al vidrio y protegidos por los cortinajes.
+El bebé, con sus ingenuidades de loquilla, tenía una habilidad diabólica
+para salirse siempre con la suya. Había maniobrado hábilmente para
+llevarse al hijo de Cuadros hacia aquel balcón, donde estaba la niña
+como en su casa, lejos de miradas indiscretas y oídos curiosos.
+
+Primero, habían hablado del tiempo, riéndose de los arabescos
+caprichosos que trazaban las gotas de lluvia escurriéndose por el
+cristal; pero el joven, pálido y tembloroso, como si le atormentase
+algún pensamiento oculto, guiaba la conversación insensiblemente, y
+Amparito se dejaba arrastrar, segura de que por cualquier camino
+llegaría siempre adonde ella deseaba.
+
+El tío miraba atentamente el cortinaje del balcón y las piernas de
+Andresito, que era lo único visible de la pareja. En un momento que
+Concha cesó de teclear, oyó la voz de Amparo, que sonaba lejana, como
+amortiguada por las cortinas.
+
+--Pero Andresito... ¡si somos tan jóvenes!
+
+¡Jóvenes! ¿Y qué importaba eso? Para el amor no hay edades, así como
+tampoco existían clases. Lo aseguraba él, que era persona competente en
+tal materia, por ser poeta y no inédito, pues sus triunfos había
+alcanzado en la Juventud Católica. Además, él no era ningún niño; dentro
+de cuatro años sería abogado, y después, ¿quién sabe...? Su imaginación
+veía confusamente en lontananza ese algo que acarician todos los
+aprendices de legistas. Un sillón de magistrado, una poltrona de
+ministro o un taburete de escribiente... cualquier cosa; lo importante
+era sentarse en algún sitio.
+
+No, no eran jóvenes para amarse. Ya lo había dicho él en un soneto y
+media docena de quintillas escritas con el pensamiento puesto en
+Amparito. El amor no tiene edad. Él la adoraba con la inmensa pasión de
+los grandes poetas; y hablaba de Dante y Beatriz, de Petrarca y Laura,
+de Ausias March y Teresa. Amparito escuchaba sonriente, complacida por
+esta letanía de poetas. Todos muy señores míos, pero que los oía mentar
+por vez primera, a excepción de Ausias March, por ser su nombre el de la
+calle donde ella tenía su modista.
+
+A él le era imposible vivir si Amparito se negaba a amarle; necesitaba,
+para no aborrecer la vida, que ella se decidiese a ser su musa, su
+inspiración. Y el lindo bebé, aunque por costumbre seguía riendo,
+sentíase muy satisfecha en su interior de ser musa de alguien, honor que
+jamás alcanzaría su hermana Concha. La consideración de hacerse superior
+a su hermana era lo que más la empujaba a decir que sí. Además, un novio
+no se presenta a cada instante, y aunque existe el inconveniente de que
+ella era hija de un doctor famoso--según afirmaba la mamá--, y los
+padres de Andresito eran unos ordinarios--también según doña Manuela--,
+confiaba que, con el tiempo, la brillante posición que se proponía
+conquistar el chico lo allanaría todo.
+
+Y cuando con más calor hablaba Andresito de sus tormentos amorosos, la
+niña le interrumpió, diciéndole con su tonillo bromista, como quien
+accede a tomar parte en un juego:
+
+--Bueno; seremos novios... pero ¡por Dios! que nada sepa la mamá.
+
+
+
+
+IV
+
+
+El Carnaval de aquel año fue muy alegre para la familia de doña Manuela.
+
+Las niñas se divirtieron. Rafaelito era socio de todos los círculos
+distinguidos y decentes donde se baila, mientras arriba, en una
+habitación con luces verdes, guardada y vigilada como antro de
+conspiradores, rueda la ruleta con sus vivos colorines o se agrupan los
+aficionados en torno de las cuatro cartas del _monte_.
+
+¡Qué noches aquéllas de emociones, de nerviosas alegrías, de mareos
+voluptuosos, y después de aplastamiento, de brutal cansancio...! Juanito
+era el encargado de abrir la puerta cuando la familia volvía del baile.
+En la madrugada, cerca de las cuatro, oía chirriar los pesados portones,
+entraba el carruaje en el patio, con gran estrépito, y él saltaba de la
+cama metiéndose los pantalones. La entrada de la familia le deslumbraba,
+sintiendo el infeliz una impresión de vanidad. Las hermanitas, vestidas
+unas veces con trajes de sociedad, obra de una modista francesa, y que
+todavía estaban por pagar; graciosamente disfrazadas otras de
+labradoras, de _pierrots_ o de calabresas; Rafael, de etiqueta, embutido
+en un gabán claro, tan corto de faldones que parecía una americana; y
+la mamá satisfecha del éxito alcanzado por sus niñas, y a pesar del
+cansancio, sonriente y majestuosa con su vestido de seda, que crujía a
+cada paso, y encima el amplio abrigo de terciopelo, Juanito contemplaba
+con el cariño de un padre este desfile desmayado que iba en busca de la
+cama, arrojando al paso en las sillas los adornos exteriores. La mamá
+era siempre para él un ídolo, un ser superior, y los hermanos, al verlos
+tan elegantes, le hacían recordar la época en que él, pequeño, pero
+avispado por el desvío maternal, les servía de niñera cuidadosa,
+llevándolos en sus brazos y sufriendo con sublime abnegación sus
+infantiles caprichos.
+
+Levantábase mal arropado, tosiendo y tembloroso, a abrir la puerta, pues
+era preciso dejar, dormir a las criadas, para que al día siguiente el
+cansancio no las entorpeciera en sus trabajos. Además, la vista de su
+familia parecía traerle algo de los esplendores de la fiesta, el perfume
+de las mujeres, los ecos de la orquesta, el voluptuoso desmayo de las
+amarteladas parejas, el ambiente del salón, caldeado por mil luces, y el
+apasionamiento de los diálogos. Y después de aspirar ese perfume
+fantástico de un mundo desconocido que su familia parecía traerle entre
+los pliegues de sus ropas, el pobre muchacho volvía a la cama, para
+dormir tres horas más y emprender después el camino de la tienda,
+mientras la mamá y los hermanos roncaban su primer sueño con la fatiga
+propia de las noches de baile.
+
+Después, a la hora de la comida, eran los comentarios, los recuerdos
+agradables, los berrinches por supuestas ofensas que en el primer
+instante habían pasado inadvertidas, y que, agrandándose ahora en la
+imaginación, pedían venganza. Las dos niñas recordaban la ligera sonrisa
+de las de López al examinar sus disfraces de calabresas. ¡Reírse de
+ellas! ¡Las muy cursis! Mejor harían en darse una vueltecita alrededor
+de ellas mismas, pues no es muy chic ir siempre a los bailes con el
+mismo dominó blanco, de modo que al entrar con la careta puesta, toda
+la pollería gritaba: «¡Ya están ahí las de López!»
+
+Aparte de estos disgustos colectivos, las dos niñas los sufrían también
+particularmente. Conchita estaba furiosa contra Roberto del Campo, «el
+pollo bonito», como le llamaban algunas. Mucha palabrería, requiebros a
+granel; pero de declaración seria y formalmente... ¡ni esto! Bailaba con
+ella, y a lo mejor abandonaba a su pareja y salía del salón, para no
+reaparecer hasta la hora del _galop_ final. Su excusa era siempre la
+misma: tenía algo que arreglar con Rafaelito.
+
+--¿Dónde os metéis, condenados?--preguntaba la hermana al día
+siguiente--. ¿Qué diversión es esa que os hace tan groseros?
+
+--Mujer, son cosas de hombres. Mientras vosotras bailáis, nosotros nos
+dedicamos a ocupaciones más serias.
+
+Serias, sí; tan serias eran, que Rafaelito tenía frita a la mamá--según
+propia expresión--, pidiéndola cinco duros al día siguiente de los
+bailes. El Carnaval tenía para él mala pata, y al susurro de la orquesta
+que sonaba abajo, salía bailoteando siempre la carta contraria y se
+llevaba al montecillo del banquero las pesetas de mamá.
+
+Amparo también tenía sus disgustos. Lo que a ella le pasaba no podía
+ocurrirle a nadie. Aquello no era tener novio ni tener nada. Vamos a
+ver: ¿para qué tiene novio una muchacha? Para lucirlo, para que lo vean
+las amigas y rabien un poco... ¿no es verdad? Pues ella no podía darse
+tal placer. Andresito no tenía un cuarto y no era socio de los círculos
+donde iba ella. Sus papas lo llevaban bastante elegantito, eso sí, pero
+limitábanse a darle los domingos tres pesetas y un sermón encargándole
+que no fuese derrochador ni calavera, que mirase en qué gastaba su
+dinero... y mucho cuidadito con meterse en sitios malos. Mendigaba
+alguna invitación en las redacciones de los periódicos, y si la
+conseguía, iba al baile, pero sólo hasta la una. ¿Ha visto usted? Hasta
+la una, la hora en que iban llegando las amigas y el baile comenzaba a
+animarse. Sólo una vez consiguió que Andresito se esperase hasta las
+dos, pero al día siguiente sospechó con fundamento que en _Las Tres
+Rosas_ habían estado a la espera, tras la puerta, unos ásperos bigotes y
+una vara de medir, para dar las «¡buenas noches!» en las costillas al
+bailarín rezagado.... ¿Era esto un novio serio? Y luego, aunque se quede
+usted sólita en el baile, mucho cuidado con aceptar invitación de tantos
+pollos amables, porque si el señor sabe que se ha bailado, pone un
+hocico inaguantable y habla de un tal Otelo, y dispara un soneto en que
+le pone a una de pérfida, perjura e infiel, que no hay por dónde
+cogerla.... No señor; la cosa no puede seguir así. Ella se tenía la
+culpa, por no hacer caso de mamá, que decía que los de _Las Tres Rosas_
+eran unos ordinarios. Andresito era un buen chico, pero ella no podía
+estar en ridículo y que las amigas le preguntasen irónicamente por su
+novio. Como se decidiera otro que estaba a la vista, era cosa hecha:
+plantaba a Andresito.
+
+Llegaron los tres días de Carnaval. Por las mañanas, entre las
+estudiantinas y comparsas que corrían las calles, pasaban las familias
+ostentando a algún niño infeliz enfundado en la malla de Lohengrin, el
+justillo de Quevedo o los rojos gregüescos de Mefistófeles. Los ciegos y
+ciegas que el resto del año pregonan el papelito en el que está todo lo
+que se canta iban en cuadrilla, guitarra al pecho, vestidos de
+pescadores u odaliscas, mal pergeñados, con mugrientos trajes de
+ropería.
+
+Muchachos con pliegos de colores voceaban las _décimas y cuartetas_,
+_alegres y divertidas_, _para las máscaras_, colecciones de disparates
+métricos y porquerías rimadas, que por la tarde habían de provocar
+alaridos de alegre escándalo en la Alameda. En la puerta del Mercado
+vendíanse narices de cartón, bigotes de crin, ligas multicolores con
+sonoros cascabeles, y caretas pintadas, capaces de oscurecer la
+imaginación de los escultores de la Edad Media, unas con los músculos
+contraídos por el dolor, un ojo saltado y arroyos de bermellón cayendo
+por la mejilla; otras con una frente inmensa, espantosa; caras de
+esqueletos con las fosas nasales hundidas y repugnantes; narices que son
+higos aplastados, o que se prolongan como serpenteante trompa con un
+cascabel en la punta; sonrisas contagiosas que provocan la carcajada y
+carrillos rubicundos a los que se agarra un repugnante lagarto verde.
+
+Los estudiantes, con el manteo terciado, tricornio en mano y ondeante en
+la manga el lazo de la Facultad, corrían las calles como un rebaño loco,
+asediando a los transeúntes para sacarles el dinero en nombre de la
+caridad. Por la plazuela de las de Pajares desfilaron los de Medicina y
+Derecho, y en torno de la enhiesta bandera amarilla o roja, las músicas
+rompieron a tocar alegres valses, que rápidamente poblaban los balcones.
+
+La expansión ruidosa de la juventud libre y sin cuidados invadía la
+plaza como una atronadora borrachera. Volaban los tricornios a los
+balcones; cada cara bonita provocaba floreos interminables, en los que
+la hipérbole dilatábase hasta lo desconocido; y había muchacho que,
+impulsado por alguna copita traidora, despreciaba la vulgar invitación
+de las escaleras y se encaramaba por la fachada, agarrándose a las
+rejas, para entregar un ramo de flores a la niña y pedirle un duro a la
+mamá. Concha y Amparo recibían una ovación y doña Manuela, roja de
+orgullo, repartía sonrisas y pesetas a todo el enjambre de diablos
+negros, voceadores y gesticuladores que se agolpaba bajo el balcón. A
+espaldas de ellas estaba Andresito Cuadros, que acababa de entrar en el
+salón con el manteo terciado, una bayeta infame que tiznaba de negro la
+camisa y la cara. Llevaba ramos para la mamá y las niñas, y estuvo
+locuaz, atrevido, aunque, con gran desencanto de Amparito, no intentó
+como los otros, subir por la fachada, sistema que a ella le parecía muy
+interesante.
+
+Por la tarde, Nelet enganchaba la galerita, y a la Alameda, donde la
+fiesta tomaba el carácter de una saturnal de esclavos ebrios.
+
+El disfraz de labrador era un pretexto para toda clase de expansiones
+brutales; y acompañados por el retintín de los cascabeles de las ligas,
+trotaban los grupos de zaragüelles planchados, chalecos de flores,
+mantas ondeantes y tiesos pañuelos de seda. Un berrido ensordecedor, un
+«¡_che_... _e_..._e_!» estridente, prolongado hasta lo infinito, como el
+grito de guerra de los pieles rojas, conmovía las calles. Las criadas,
+endomingadas, huían despavoridas al escuchar el vocerío; y pasaba la
+tribu al galope, dando furiosos saltos, con sus caretas horriblemente
+grotescas y esgrimiendo por encima de sus cabezas enormes navajas de
+madera pintada con manchas de bermellón en la corva hoja. Revueltos con
+ellos, iban los disfraces de siempre: mamarrachos con arrugadas
+chisteras y levitas adornadas con arabescos de naipes; bebés que
+asomaban la poblada barba bajo la careta y al compás del sonajero decían
+cínicas enormidades; diablos verdes silbando con furia y azotando con el
+rabo a los papanatas; gitanos con un burro moribundo y sarnoso tintado a
+fajas como una cebra; payasos ágiles, viejas haraposas con una
+repugnante escoba al hombro, y los tíos de «¡al higuí!» golpeando la
+caña y haciendo saltar el cebo ante el escuadrón goloso de muchachos con
+la boca abierta.
+
+Toda esta invasión de figurones que trotaba por la ciudad, voceando como
+un manicomio suelto, dirigíase a la Alameda, pasaba el puente del Real
+envuelta con el gentío, y así que estaban en el paseo, iban unos hacia
+el Plantío para dar bromas insufribles, sonando las bofetadas con la
+mayor facilidad. La galerita de las de Pajares, a pesar de su cubierta
+charolada, de los arneses brillantes y de sus ruedas amarillas, tan
+finas y ligeras que parecían las de un juguete, aparecía empequeñecida y
+deslustrada en el gigantesco rosario de berlinas y carretelas, faetones
+y dog-carts que, como arcaduces de noria, estaban toda la tarde dando
+vueltas y más vueltas por la avenida central del paseo.
+
+Rafaelito habíase disfrazado de _clown_, y con otros de su calaña
+ocupaba un carro de mudanzas, sobre cuya cubierta hacían diabluras y
+saludaban con palabras groseras a todas las muchachas que estaban a tiro
+de sus voces aflautadas. ¡Vaya unos chicos graciosos!
+
+El carruaje de doña Manuela llevaba escolta. Un buen mozo con negro
+dominó, montando un caballo de alquiler, marchó toda la tarde como
+pegado a la portezuela, hablando con Concha, mientras la mamá y Amparo
+miraban las máscaras. Era Roberto del Campo, el cual, a pesar de su
+gallardía, iba resultando un posma, que sólo sabía decir floreos, sin
+llegar nunca a declararse. La mamá comenzaba a no encontrar tan seductor
+a aquel espantanovios. Dios sabe cuántas proposiciones habría perdido la
+niña por culpa de aquel hombre, que gozaba todas las intimidades de un
+novio, sin decidirse nunca a serlo. Pero Conchita se mostraba sorda a
+los consejos de mamá. Ella lo pescaría; los hombres que las echan de
+listos caen cuando menos lo esperan: todo era cuestión de tiempo y de
+presentar buena cara.
+
+
+Pasó el Carnaval y doña Manuela se vio en plena Cuaresma. Era la hora de
+purgar los derroches y las alegrías de la temporada anterior. La modista
+francesa presentaba la cuenta de los trajes de las niñas, y además hacía
+falta dinero para los gastos de la casa. Total, que doña Manuela
+necesitaba tres mil pesetas.
+
+Su amiga doña Clara, la corredora de los prestamistas, de la que don
+Juan hablaba pestes, no encontraba dinero para la viuda de Pajares.
+
+--Francamente, doña Manuela: ¡tiene usted por ese mundo tantos pagarés
+renovados y con intereses que no siempre se cobran...! Mis amigos se
+niegan a dar un céntimo. ¡Si usted encontrase una persona con garantías
+que quisiera avalar su firma...!
+
+¡Persona con garantías...! No era tan fácil encontrar esto, que los
+prestamistas pedían con tanta sencillez. Allí estaba su hermano, que
+solamente con una palabra podía sacarla del apuro; pero no había que
+pensar en semejante miserable, capaz de dejar perecer a toda su familia
+antes que desprenderse de una peseta. ¡Qué angustiosa situación! ¡Y que
+una persona distinguida como ella tuviera que verse en tal aprieto por
+unas cuantas pesetas, cuando tantos miles había arrojado por la ventana
+en otros tiempos...!
+
+Había que pagar a la modista; la idea de que ésta podía decir la verdad
+a sus parroquianas, todas señoras distinguidas, horrorizaba a la viuda,
+a pesar de que no tenía la menor amistad con ellas. Y a fuerza de
+cabildeos, acabó por encontrar la solución. La tenía al alcance de su
+mano. Juanito, propietario y mayor de edad, era la firma con garantías
+que ella necesitaba. En cuanto a las amenazas de don Juan, que había
+previsto el caso, se burlaba de ellas. ¿No era Juanito su hijo?
+
+Nunca vio el pobre muchacho tan dulce y complaciente a su mamá. La
+escuchó, como siempre, embelesado, deleitándose con el eco de su voz, y
+la madre tuvo necesidad de repetir sus peticiones para que Juanito se
+diese cuenta de lo que decía. A pesar de su fanática adoración, el
+muchacho experimentó cierto sobresalto al enterarse de que se le pedía
+una firma por valor de tres mil pesetas. No lo podía remediar. Estaba
+amasado con pasta de comerciante, y en cuestiones de dinero reaparecía
+en él lo que tenía del padre y del abuelo.
+
+--Pero mamá, ¿tan mal estamos de fortuna?
+
+Doña Manuela estuvo elocuente. La vida cada vez más cara, las exigencias
+del rango social muy costosas, y sobre todo, los hijos, ¡ay, los
+hijos...! ¿Tú sabes, Juanito, lo que me costáis?
+
+Y Juanito callaba, a pesar de que tenía razones de sobra para responder.
+Desde la muerte de su padre se había comido la viuda la renta de su
+huerto; lo llevó vestido hasta los veinte años con los desechos de su
+padrastro; había ahorrado a su madre el gasto de una criada, cuidando
+fervorosamente a sus hermanitos, aguantando sus rabietas de criaturas
+nerviosas, y hacía ya diez años que ganaba su salario en _Las Tres
+Rosas_, entregándolo íntegro a la mamá. ¿Qué gastos hacía él, vamos a
+ver? En cambio, los otros.... Pero a los otros había que dejarlos en
+paz. Él los quería lo mismo que a mamá, y su pena era no poder darles
+más. Y el pobre muchacho callaba, sufriendo pacientemente las irritantes
+mentiras de doña Manuela, que seguía hablando de los sacrificios por los
+hijos. En fin, que necesitaba tres mil pesetas, y esperaba que Juanito,
+su niño querido, salvaría la casa.
+
+--Pero mamá, podíamos hablarle al tío. Él nos dejaría esa cantidad sin
+intereses.
+
+¿Al tío...? ¡Horror! Ni una palabra. Era un egoísta, un grosero, un
+hombre sin educación.
+
+--Cuidado, Juan, con decirle una palabra. Darías un disgusto a tu mamá.
+
+--Pues entonces, puedo pedirlas a mi principal. Aunque don Antonio anda
+ahora muy ocupado en eso de la Bolsa, siempre tendrá tres mil pesetas
+para favorecer a unos buenos amigos.
+
+Tampoco. A ése, menos. No quería adquirir compromisos con unas personas
+así... tan ordinarias. Justamente había sabido el día anterior que
+Amparito tenía relaciones con el hijo de Cuadros, y había experimentado
+un verdadero disgusto. Unas relaciones sin «sentido común». ¡Casar a
+Amparito, a la hija del doctor Pajares, con el hijo de Teresa, que había
+sido criada de doña Manuela! No; la familia no había llegado aún tan
+bajo, y aunque apurada, no estaba para emparentar con una fregona. Ya se
+sabía que Antonio Cuadros se había lanzado en plena Bolsa, y aunque con
+timidez, hacía sus operaciones; pero cuando tuviera muchos miles de
+duros, ¡muchos! entonces podía volver Andresito... y veríamos.
+Decididamente, no quería pedir préstamos a una gente inferior, que la
+trataría con desdeñosa confianza al conocer sus apuros.
+
+Y descartados don Juan y el comerciante, doña Manuela volvió a la carga;
+el hijo intentó resistirse, pero al fin le aturdieron las caricias
+maternales y firmó cuanto quiso la mamá.
+
+La consideración de que parte de aquel dinero era para pagar el abono de
+las tres butacas que la familia tenía en el Principal a turno impar le
+hizo decidirse. Sin teatro, ¿qué iban a hacer sus hermanitas? ¿Para qué
+aquellos trajes que tan caros costaban? Allí podían encontrar buenas
+proposiciones que asegurasen su porvenir, y sería una crueldad que él
+cortase la carrera a las dos muchachas.
+
+Y Juanito sintióse feliz, en aquella temporada de Cuaresma, cada noche
+que cenaba con la familia, puesta de veinticinco alfileres, comiendo
+incómoda con la _toilette_ de teatro y estremeciéndose de impaciencia,
+mientras abajo sonaban las coces del caballo contra los guijarros del
+patio y los tirones que daba a la galerita.
+
+Cantaba un tenor «eminencia», uno de esos tiranuelos de la escena que
+cobran por noche cinco mil francos para entonar una romanza o un dúo y
+estar de cuerpo presente en el resto de la obra. Era signo de distinción
+y de buen gusto dejarse robar por la eminencia; se congregaba para
+cruzar sonrisas y saludos lo mejorcito de Valencia, y las dos niñas
+pasaban el día siguiente hablando con entusiasmo del _do_ de pecho del
+tenor y de los vestidos escotados de las del palco 7; de los diamantes
+de la tiple y de la facha ridícula del director de orquesta, un tío
+melenudo, con gafas de oro, que en los momentos difíciles braceaba como
+un loco, se levantaba del sillón y parecía querer pegarles a los
+músicos, a los artistas y hasta al público.
+
+El gran tenor y sus triunfos figuraban en todas las conversaciones, y al
+fin, el pobre muchacho cayó en la tentación, no de oír el _Otello_ de
+Verdi, sino de ver el bicho raro que abriendo la boca se tragaba cinco
+mil francos de una sentada. Él, que sin remordimiento había firmado por
+tres mil pesetas, tuvo que reflexionar y hacer un esfuerzo supremo para
+gastarse cuatro. ¡Alguna vez había de ser calavera! Y empujado por la
+muchedumbre, asaltó las alturas, el «paraíso» de fuego, donde,
+acoplándose cada espectador entre las rodillas del vecino inmediato,
+formaba el público un mosaico apretado y sólido. Allí permaneció toda la
+noche, confundido con la demagogia lírica, sin entender una palabra,
+fastidiándose horriblemente, diciendo en su interior que aquella música
+era como la de las iglesias, pero sin valor para estornudar ni mover pie
+ni mano, por miedo a aquellos señores que oían con la boca entreabierta,
+los ojos puestos en el techo, inertes y extasiados como fakires en el
+_nirvana_, y que, al menor ruido, ponían el mismo gesto que si un ratero
+les hurtase el bolsillo. Al terminar el acto, armaban una algarabía de
+mil diablos, discutiendo e insultándose en un _caló_ ininteligible, y
+sacando a colación la madera, el metal y la cuerda, como si tratasen de
+construir un navio.
+
+Juanito, contagiado por el ardor de pelea que reinaba en las alturas,
+sentía tentaciones de gritar que aquello era fastidioso y lo de los
+cinco mil francos un robo; pero callaba, por miedo a los energúmenos
+artísticos, y consolábase mirando abajo las rojas filas de butacas,
+donde se destacaban los lindos sombreros de sus hermanas y la majestuosa
+capota de mamá. Un sentimiento de orgullo le invadía al contemplar a su
+familia tan esplenderosa en aquel ambiente cargado de luz y de perfume,
+y hasta ciertos instantes le faltó poco para llamar a Amparito y hacerle
+un cariñoso saludo.
+
+¡Y pensar que en casa se pasaban tantos apuros para sostener aquel lujo!
+¡Quién lo diría viéndolas tan elegantes y risueñas, especialmente la
+mamá, que lucía brillantes en pecho, orejas y manos, y que antes quería
+pasar hambre que deshacerse de ellos...! Y el pobre muchacho, siguiendo
+la corriente de la lógica, pensaba con horror si todas las señoras que
+allí estaban cargadas de flores y joyas, exhibiendo sus sonrisas de
+mujer feliz, habrían tenido que pedir prestado como su madre.... El
+recuerdo de esta noche quedó en la memoria de Juanito con una impresión
+de calor asfixiante y aburrimiento inmenso. Al avalar el pagaré de su
+madre, había pensado revelar a su tío esta debilidad, pues incapaz de
+hacer nada por cuenta propia, se lo consultaba todo a don Juan. Pero
+esta vez fue perezoso; transcurrió el tiempo sin encontrar ocasión para
+ir a casa de su tío, y al fin nada le dijo.
+
+Además, su posición en _Las Tres Rosas_ tenía a Juanito pensativo y
+preocupado. Desde que su principal se dedicaba en cuerpo y alma a la
+Bolsa, animado por ciertas jugadas de fortuna, Juanito era de hecho el
+dueño de la tienda. La mañana pasábala don Antonio conferenciando con
+los corredores en la trastienda, leyendo los despachos bursátiles de los
+periódicos, haciendo comentarios y sosteniendo disputas con ciertos
+amigos nuevos que formaban corro a la puerta del establecimiento y
+hablaban con calor de la alza y la baja, los enteros y los céntimos. Por
+la tarde íbase a la Bolsa, de donde volvía al anochecer, sudoroso,
+enardecido, llevando en su mirada la fiebre de los conquistadores.
+
+Aquel hombre parsimonioso, de costumbres morigeradas, estaba en plena
+revolución. Vivía inquieto, nervioso, y en sus palabras y ademanes
+notábase cierto tono de grandeza, sin duda por la costumbre adquirida de
+hablar de millones y más millones con tanto desprecio como si fuesen
+pañuelos de dos pesetas docena. Las cosas de la tienda tratábalas ahora
+con indiferencia, como asuntos sin importancia, dignos sólo de una
+capacidad vulgar. Encargó a Juanito de la dirección de la casa, y cada
+vez que éste le consultaba, respondía con displicencia:
+
+--Haz lo que quieras, hijo mío. Allá tú. Aunque salga mal algún negocio,
+no me arruinaré. Yo estoy ahora en mi verdadero terreno; he encontrado
+el filón.
+
+Y pasando por él una ráfaga de confianza, desarrollaba un panorama tan
+encantador a los ojos de su dependiente, que los instintos de
+comerciante rapaz despertaban en éste y se estremecía de pies a cabeza
+con el escalofrío de la ambición. ¡Vaya un negocio ruin el de la tienda!
+Trabajar rudamente, exponerse a pérdidas, sufrir la mala educación de
+los compradores, todo para juntar, céntimo tras céntimo, unos cuantos
+miles de reales a fin de año. Para negocios, los suyos. Daba sus órdenes
+a los corredores, se acostaba tranquilo y al día siguiente levantábase
+con la noticia de haber ganado mil duros sin trabajo alguno. Era verdad
+que se corría el peligro de perder mucho, muchísimo; pero cuando se
+tenía una cabeza como la suya, buenos amigos, excelente información y un
+acertado golpe de vista, no había cuidado.
+
+Y el infeliz mortal poseedor de tantas cualidades paseaba por la tienda
+ante su asombrado dependiente, con toda la prosopopeya de un hombre que
+tiene agarrada la fortuna por los pelos y no piensa soltarla.... Y todo
+porque con unas cuantas operaciones tímidas, yendo a la zaga de otros
+más expertos, había ganado mil duros.
+
+Todo quiere empezar; y él, puesto ya en el camino de la suerte,
+aseguraba a su dependiente que antes de un año tendría millones, sí
+señor, millones no nominales ni de mentirijillas como los que compraba y
+vendía en la Bolsa, sino reales y efectivos, prontos a convertirse en
+fincas o en acciones. ¿Dónde estaban ahora esos ignorantes capaces de
+asegurar que en la Bolsa se encuentra la ruina? Buenos ejemplos tenía a
+la vista para convencerse de su error. Todo el mundo jugaba. Gentes que
+un año antes no tenían sobre qué caerse muertas gastaban ahora carruaje
+propio; comerciantes que no podían pagar una letra de veinticinco
+pesetas jugaban millones, dándose una vida de príncipes; y la Bolsa,
+«aunque a él le estuviera mal el decirlo», era una gran institución,
+porque gracias a ella corría el dinero y había prosperidad, y un hombre
+podía emanciparse de la esclavitud del mostrador, haciéndose rico en
+cuatro días. Y si lo dudaba Juanito, que mirase a López, ése cuya señora
+era amiga de la mamá. Pues el tal López no tenía un céntimo, pero metió
+la cabeza en la Bolsa, y ahora no se dejaría ahorcar por ochenta mil
+duros, ni por cien mil. En resumen: que a él le importaba un bledo la
+tienda, y se burlaba de aquel comercio a la antigua, que sólo servía
+para que los hombres de capacidad financiera se matasen trabajando como
+unos burros, para comer sopas a la vejez.
+
+Justamente, en la época que don Antonio abandonaba su tienda, cada vez
+más atraído por los negocios, fue cuando Juanito comenzó a sentirse
+dominado por una preocupación.
+
+Entre las parroquianas de la casa había una joven que los dependientes
+designaban con el apodo de «la beatita». Era una criatura tímida, dulce,
+encogida, que hablaba con los ojos bajos y sonreía a cada palabra, como
+pidiendo perdón. Evitaba entenderse con los dependientes, sin duda por
+molestarla sus exagerados cumplimientos, ese afán de decir a toda
+parroquiana, con voz automática, que es muy bonita, para despachar mejor
+la mercancía; y apenas entraba en la tienda, buscaba con los ojos a
+Juanito, muchacho juicioso, tan tímido como ella y que no se permitía el
+menor atrevimiento.
+
+Los dos se entendían perfectamente. Discutían con gravedad el precio y
+la clase de las telas; y tan grande era la simpatía, que si aquel
+grandullón de enormes barbas osaba decir una palabra un poco alegre, «la
+beatita» sonreía con toda su alma, mostrando una dentadura igual y
+brillante.
+
+Iba con frecuencia a _Las Tres Rosas_, por ser los géneros baratos, y
+Juanito, insensiblemente, recogiendo hoy una palabra y uniéndola con
+otra tres días después, se enteró de quién era.
+
+Llamábase Antonia. Trabajaba de costurera a domicilio, y tenía tan
+buenas manos, que se la disputaban las parroquianas, señoritas de escasa
+fortuna, que acogían como una felicidad el confeccionar en sus casas
+vestidos iguales a los de las modistas. Era huérfana. Su padre había
+sido cochero en una casa grande; su madre, portera. La difunta señora,
+una condesa anciana, había sido su madrina, costeando su educación en
+un colegio modesto, y todavía Antonia iba a visitar algunas veces a «las
+señoritas», las hijas de su protectora, que se habían casado. Vivía con
+una amiga de su madre, vieja y casi ciega, antigua criada durante veinte
+años de un señor enfermo y malhumorado, que al morir le legó una renta
+de dos pesetas, lo suficiente para no morirse de hambre. Tónica--así la
+llamaban sus parroquianas--comía en casa de éstas, cosía once horas,
+cuando no tenía que salir para comprar tela, hilo o botones, y por la
+noche regresaba a su habitación de la calle de Gracia, un piso tercero
+de una casa vieja y pequeña, que las dos mujeres tenían como «taza de
+plata», según expresión de las vecinas.
+
+Juanito miraba a la joven con tierna simpatía. ¡Era tan buena
+muchacha...! Para convencerse, bastaba verla por la calle con el velo
+caído sobre los ojos bajos, andando con paso menudo y gracioso, arrimada
+siempre a la pared, como si quisiera evitar la atención de los
+transeúntes.
+
+Su belleza no era gran cosa. La cara redondita y pálida, la nariz algo
+corta, pero con unos ojos hermosos, cobijados por las grandes cejas,
+que, pobladas de sobra, tendían a juntarse, formando una sola línea.
+
+Pero lo que a Juanito le encantaba más en su parroquiana era la sonrisa
+y aquella dentadura que en el fondo carmesí de la boca brillaba nítida,
+igual, sin una picadura, sin una pieza saliente, como esas muestras
+perfectas que los dentistas colocan en sus escaparates.
+
+Esta amistad, que se estrechaba por encima del mostrador, iba siendo una
+necesidad para los dos. Tónica, al entrar, no hacía caso de las palabras
+de los dependientes, e iba recta en busca de aquel barbudo tan tímido
+como ella, que muchas veces le enseñaba las muestras con manos
+temblorosas; y Juanito experimentaba un verdadero disgusto cuando se
+ausentaba de la tienda y al volver le decían que había estado «la
+beatita».
+
+Examinaba el menor detalle de su persona, alabando la delicadeza de sus
+gustos. Era una pobre costurera y llevaba siempre guantes. Aseguraba que
+no podía prescindir de ellos, así como de otras costumbres superiores a
+su clase, adquiridas cuando niña en casa de su madrina. Rendida del
+trabajo, dedicaba las horas de la noche y los domingos enteros a la
+lectura de novelas, devorándolas, sin predilección, pues bastaba para su
+gusto que la hiciesen llorar mucho, pero mucho. Ganando siete reales por
+once horas de trabajo, era una sedienta de ideal; y acostumbrada al
+lenguaje de las madres sin ventura, de las mártires del amor, de todas
+aquellas señoras pálidas, ojerosas y vestidas de blanco que saludaba en
+las obras favoritas, hablaba en la intimidad con cierto sabor
+sentimental de novela por entregas.
+
+En casa de doña Manuela notaron que algo extraño ocurría a Juanito, y
+eso que no se fijaban en él gran cosa. Ciertas mañanas, llegaba muy
+contento a la hora de comer; sus hermanas le oían cantar paseando por
+las habitaciones, y ¡caso raro! él, tan despreocupado en materias de
+adorno, enfadóse dos veces porque le planchaban mal las camisas, y pidió
+seriamente a la mamá que le comprase una corbata, pues la que llevaba
+era un asco, de deshilachada y mugrienta.
+
+Amparito reíase en las narices de su hermano. Ahora que era un viejo, le
+daba por presumir.... ¿Tenía, acaso, novia? Pues hijo, debía creerla a
+ella, que, aunque joven, tenía experiencia. Eso de los noviazgos sólo
+servía para disgustos y lloros. Bastante requemada la tenían a ella los
+amores. Por un lado, la mamá con sus sofoquinas y pellizcos, ordenándole
+que rompiese las relaciones con el hijo de Cuadros, por ser una
+proporción desventajosa y denigrante para la familia; y por otro, el tal
+señorito acosándola, enviando carta tras carta, unas veces en prosa y
+otras en verso, pero siempre repitiendo lo del corazón de hielo,
+pérfida, cruel, etc., etc.
+
+--Ya ves, Juanito mío, que esto no es vivir. Dile a ese chico que no sea
+machacón. Al fin, dos meses de relaciones no dan derecho para tanto. La
+mamá le dijo con muy buenas palabras que no volviese por aquí, que no
+pensase más en mi persona; pero ¡que si quieres...! Me asomo al balcón,
+y ¡cataplum! allí está en la esquina mi hombre, con una cara tan
+desmayada, que da risa; salgo a paseo, y siempre que vuelvo la cabeza
+veo tras de mí al moscardón, con un aspecto que no parece sino que
+cualquier día va a subir al Miguelete para tirarse de cabeza, ¡Pero,
+hombre, tú que tienes amistad con él y te hace caso, dile que no sea tan
+pesado! Dile que yo le querré siempre como un buen amigo, pero que no me
+importune más, pues su testarudez la pago yo. A mí no me incomoda, pero
+mamá se pone furiosa al verle; cree que yo aliento esa constancia, que
+nos entendemos sin que ella lo sepa, y la otra tarde, al volver de
+paseo, me dio un par de bofetones. Ya ves, Juanito... pegarme a mí... y
+por culpa de ese mico. Que no vuelva: dile que no vuelva, o le
+aborreceré.
+
+Pero lo que la traviesa muñeca no decía era que le importaban muy poco
+las cóleras de mamá y que deseaba la desaparición de Andresito por
+propio interés. En los bailes de Carnaval había conocido a Fernando, un
+teniente de artillería, esbelto, con cintura de señorita, que en el
+teatro, durante los entreactos, rondaba por cerca de sus butacas
+buscando ocasión de saludarla con gracia marcial que encantaba a
+Amparito.
+
+Era amigo de Rafael; pensaba llevarlo a casa lo mismo que a Roberto del
+Campo, y la niña se temía que la tenacidad del antiguo novio detuviera
+una declaración que tanto esperaba.
+
+Llegó la fiesta de San José, que aquel año tuvo para la familia
+excepcional importancia. Desde una semana antes, la granujería corría
+las calles arrastrando sillas rotas y esteras agujereadas, pidiendo a
+gritos, con monótona canturía, «¡_Una estoreta velleta_...!»
+
+La plazuela de las de Pajares tenía un vecindario bullicioso y alegre:
+gente de pura sangre valenciana, que vivía estrechamente con el producto
+de sus pequeñas industrias, pero a la que nunca faltaba humor para
+inventar fiestas. La paternidad de la idea fue del dueño del cafetín
+establecido frente a la casa de doña Manuela, un sujeto panzudo y
+flemático, que gozaba en el barrio fama de chistoso y había heredado el
+apodo de _Espantagosos_, sin duda porque alguno de sus antecesores no
+estaba en buenas relaciones con la raza canina. Era una vergüenza para
+los vecinos de la plaza no levantar en ella una _falla_ que compitiese
+con las muchas que se estaban arreglando en varios puntos de la ciudad,
+y la proposición del cafetinero fue acogida con entusiasmo por toda la
+gente de los pisos bajos.
+
+El iniciador asocióse a dos zapateros y un carpintero, que, por tratarse
+de San José, se creía con derecho propio, y todos juntos formaron algo
+que bien podía llamarse Comité de Vecinos, teniendo por principal objeto
+dar sablazos en todo el barrio para el arreglo de la _falla_. Como doña
+Manuela era la vecina más encopetada y su casa la mejor de la plazuela,
+los pedigüeños pusiéronse bajo su protección, y elogiaron rastreramente
+su riqueza, la belleza de las niñas y hasta la suya propia: todo para
+sacarla cinco duros.
+
+La proyectada hoguera entusiasmaba a los vecinos, siendo el eterno tema
+de conversación en las porterías y establecimientos de la plazuela.
+Todos se animaban, con ese entusiasmo valenciano que se inflama al
+pensar en fiestas y bullicios. La _falla_ es la fiesta popular por
+excelencia: una costumbre árabe, transformada y mejorada a través de los
+siglos hasta convertirse en caricatura audaz, en protesta de la plebe.
+Primero, los moros, en los ruidosos _alalíes_ con que solemnizaban sus
+festividades, gozaban en hacer grandes hogueras; los cristianos
+adoptaron después esta costumbre, como muchas otras; lentamente, el
+número de _fallas_ fue limitándose en el año, hasta quedar las de San
+José, que hacían los carpinteros para solemnizar la fiesta de su patrón
+y la llegada del buen tiempo, en el que ya no se trabaja de noche; hasta
+que por fin, el espíritu innovador del siglo hermoseó la _falla_,
+dándole un aspecto artístico, encerrando el montón de esteras y trastos
+viejos entre cuatro bastidores pintados y colocando encima monigotes
+ridículos para regocijo de la multitud. Al principio, las figuras
+groseras y mal pergeñadas representaron escenas de la vida privada,
+murmuraraciones de vecinos; pero después la sátira se remontó,
+metiéndose de rondón en la política, y las _fallas_ se convirtieron en
+burlas al gobierno y caricaturas de la autoridad.
+
+Las niñas de doña: Manuela despreciaban la fiesta que se preparaba. Era
+una cursilería, como organizada por la gente ordinaria de la plazuela,
+buena únicamente para divertir a los de escaleras abajo. Pero la víspera
+de San José, impulsadas por la curiosidad, se asomaron al balcón muy
+temprano y experimentaron una agradable sorpresa, pese a su anterior
+indiferencia de muchachas distinguidas.
+
+En el centro de la plazuela, sobre una gruesa capa de arena, elevábase
+todo un edificio de lienzo, con pintura que imitaba a la piedra: un
+gigantesco dado, en cuya cara superior elevábanse ocho figuras de tamaño
+natural.
+
+Los balcones y puertas estaban adornados con centenares de banderitas
+rojas y amarillas, que daban a la plazuela el aspecto de un buque
+empavesado; y este derroche de ondeante percalia extendíase por las
+calles adyacentes. A trechos, en las paredes, mostrábanse, clavados,
+grandes carteles con versos valencianos en letras de colores, ante los
+cuales el público de las primeras horas--obreros que iban al trabajo,
+criadas, barrenderos, etc.--, después de deletrear trabajosamente,
+soltaba ruidosa carcajada.
+
+Pero lo que a las dos hermanas les llamaba la atención era la _falla_.
+No estaba mal aquello, para ser obra de gente tan ordinaria como el
+cafetinero y sus cofrades.
+
+Los monigotes eran siete bebés colosales, que componían una orquesta
+abigarrada, y en el centro, un caballero de frac y batuta en mano. ¿Qué
+intención oculta tenía aquello? Pero Amparito soltó la carcajada
+inmediatamente. El tupé descomunal y grotesco del director de orquesta
+se lo explicó todo. Aquél era Sagasta, y los otros los ministros. Estaba
+segura de ello. En los periódicos satíricos que compraba Rafael había
+visto aquellas caras convencionales, destrozadas por él lápiz de los
+caricaturistas; y partiendo del descubrimiento del famoso tupé, fue
+señalando a su hermana cada bebé por su nombre, riéndose como una loca
+al ver que el ministro de Hacienda tocaba el violón.
+
+Pero cuando su alegría subió de punto fue al ver que algunos chicuelos,
+escondidos entre los biombos, tiraban de cuerdas, poniendo en movimiento
+a los monigotes. ¡Qué gracioso era aquello...! Las dos hermanas reían
+contemplando las contorsiones del señor del tupé, que a cada movimiento
+de batuta parecía próximo a partirse por el talle, la rigidez automática
+y grotesca con que los bebés tocaban en sus instrumentos una muda
+sinfonía, que causaba gran algazara en el gentío.
+
+Amparito se sintió tan entusiasmada, que hasta envió una sonrisa amable
+al cafetín de enfrente, donde el padre de tal obra despachaba cepitas
+tras el mostrador, mientras su mujer, lavada y peinada como en días de
+gran fiesta, con los robustos brazos arremangados y delantal blanco,
+estaba en la puerta sentada ante un fogón, con el barreño de la masa al
+lado, arrojando en la laguna de aceite hirviente las agujereadas pellas,
+que se doraban al instante, entre infernal chisporroteo. Eran los
+buñuelos de San José, el manjar de la fiesta; como frutos de oro,
+colgaban muchos de ellos de un colosal laurel, que recordaba el Jardín
+de las Hespérides.
+
+Bien entendía sus negocios el cafetinero. La tal _falla_ iba a acabar
+con todo el aguardiente de sus barrilillos, mientras su mujer fabricaba
+los buñuelos por arrobas.
+
+Toda la familia de doña Manuela se entusiasmó con el aspecto de la
+_falla_. Había que avisar a las amigas. Por la tarde tendrían música en
+la plaza; y la rumbosa viuda pensaba ya con placer en el «brillante»
+aspecto que presentaría su salón, bailando las niñas y sus amiguitas,
+mientras las mamas pasarían al comedor a tomar un chocolate digno del
+esplendor de la familia.
+
+La casa de doña Manuela llamó la atención por la tarde casi tanto como
+la _falla_. Entre las banderolas nacionales de los balcones asomaban una
+docena de airosos cuerpos y graciosas cabezas, elegante escuadrón de
+muchachas, que, cogiéndose de la cintura, jugueteando o riendo, miraban
+al gentío que rebullía abajo.
+
+Detrás de las niñas de doña Manuela y sus amigas asomaban algunas veces
+cabezas de hombres: Rafaelito, su amigo Roberto y Fernando, el teniente
+de artillería, que por fin había sido presentado en la casa por el
+hermano de Amparito. La brillante pollada del balcón agitábase con gran
+algazara, sin importarle las miradas curiosas de los de abajo; dominaba
+en ella esa nerviosa alegría de las jóvenes cuando, libres
+momentáneamente del sermoneo de las mamas, sienten una oculta comezón,
+un vehemente deseo de cometer diabluras. Con el anhelo de su libertad,
+iban de una parte a otra sin saber por qué. Asomábanse al balcón; de
+repente, una, por hacer algo, corría a la sala, y todas la seguían con
+alegre taconeo, riendo, formando parejas, hasta que al poco rato
+iniciábase la fuga en sentido opuesto, y el gracioso trotecillo las
+devolvía otra vez al espectáculo de la plaza.
+
+Un olor punzante de aceite frito impregnaba el ambiente. El fogón de la
+buñolería era un pebetero de la peor especie, que perfumaba de grasa
+toda la plazuela, irritando pegajosamente los olfatos y las gargantas.
+En la puerta del cafetín amontonábase la granujería, siguiendo con
+mirada ávida el voltear de los trozos de pasta entre las burbujas del
+aceite, y dentro del establecimiento, los hombres, formando corrillos
+ante el mostrador, hablaban a gritos o se impacientaban al ver que el
+cafetinero, según propia afirmación, no tenía bastantes manos para
+servir a todos.
+
+En un ángulo de la plaza estaba la tribuna de la música, un tablado
+bajo, cuyas barandillas acababan de cubrirse con telas de colorines
+manchadas de cera, como recuerdo de las muchas fiestas de iglesia en que
+se habían ostentado.
+
+--¡Música...! ¡músicaaaa!--gritaba la gente.
+
+Y los músicos, azorados por el vocerío, iban hacia el tablado abriéndose
+paso en la muchedumbre. Era la banda de un pueblo de las cercanías;
+rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de
+general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta
+dificultad--como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de
+la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas--,
+mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las
+costuras de la guerrera.
+
+La primera mazurca de la ruidosa banda puso en conmoción a toda la
+plazuela. Algunos granujas con tufos y blusa blanca bailaban íntimamente
+agarrados con femenil contoneo, empujando a la muchedumbre curiosa,
+chocando muchas veces contra el tablado de la música. Las alegres notas
+de los cornetines parecían esparcir por toda la plaza un ambiente de
+alegría. ¡Adiós el invierno! La primavera se acercaba con sus tibias
+caricias, y en los balcones sonreían las muchachas, mirando de soslayo a
+los que se detenían para contemplarlas.
+
+Amparito era la única que estaba seria. ¡Pero cuán desgraciada era!
+¡Para ella toda fiesta había de traer el consiguiente disgusto! ¡Allí
+estaba él...! ¡_él_! el «posma», aquel Andresito, que de novio era un
+estúpido, y de amante despreciado y terco una insufrible calamidad.
+
+Le veía apoyado en la pared de enfrente, cerca del cafetín, de puntillas
+algunas veces para dominar mejor el agitado río de cabezas que en
+corriente interminable atravesaba la plazuela, y lanzando al balcón de
+Amparito miradas de inmensa desesperación, que ella... ¡la ingrata!
+decía que eran de cordero degollado.
+
+Ame usted; pase las noches de claro en claro, estrujando la inspiración
+para fabricar sonetos amorosos; expóngase usted a los arrebatos de un
+papá indignado que quiere que la familia se retire pronto... ¿y todo
+para qué? para que ahora, despedido y olvidado sin justificación alguna,
+_ella_, la mujer de los ensueños e inspiraciones, la décima musa, le
+mirase con cara de pocos amigos, diciéndole con sus ojos desdeñosos:
+«¡Largo de aquí, trasto...! ¡No me importunes más!»
+
+Y sí Amparito no pensaba esto mismo que suponía el antiguo novio, era
+algo parecido lo que expresaban sus miradas fieras y sus gestos
+desdeñosos para espantar a aquel moscardón molesto, que no la dejaba «ni
+a sol ni a sombra».
+
+¿Y aún seguía allí, tieso como un poste, importunándola con sus
+miraditas? ¿No tenía bastante con tantos desdenes? Pues ahora verás. Y
+se puso a coquetear con el teniente, con el gallardo Fernando, que
+estaba en el balcón, de uniforme, al aire la rapada y morena cabeza,
+asediando a la niña con la media docena de palabritas galantes que tenía
+en su repertorio para los casos de conquista.
+
+Amparo y el teniente, en un extremo del balcón, volviendo casi la
+espalda a la plaza y aislados del grupo juvenil que hablaba y reía junto
+a ellos, tenían el aspecto de verdaderos novios; él, serio, solemne,
+llevándose la mano al tercer botón de la guerrera, que es donde suponía
+estaba el corazón, mirando algunas veces al cielo, todo para dar más
+fuerza y sinceridad a lo que decía; y ella, con cierta sonrisilla
+irónica, negando con graciosos movimientos de cabeza y volviendo algunas
+veces la mirada para ver si el «posma» seguía allí. Nada le importaba
+Andresito; pero a pesar de esto, sentía cierta satisfacción pensando que
+estaba a sus espaldas viéndolo todo. ¡Proporciona tanto gusto hacer
+sufrir...!
+
+El poeta sufría como uno de los condenados de aquel poema de Dante, cuya
+lectura nunca había podido terminar. Gracias a que era un «vate
+aplaudido» en la Juventud Católica y tenía ideas muy cristianas; que si
+no, a la vista de tamaña traición hubiera sido capaz de ahogar su dolor
+cometiendo la más atroz barrabasada, por ejemplo, dando un adiós
+patético a la ingrata, y arrojándose después de cabeza en aquel caldero
+de aceite hirviendo donde volteaban los buñuelos.
+
+Pero no se mataría; ante todo, las creencias y el ser poeta. La muerte
+frita no figura entre los suicidios de los hombres de genio. Pero si no
+se mataba, sabría vengarse; él era un hombre, y cuando bajase aquel
+teniente ya le exigiría cuentas. Le mataría, sí señor, le mataría; y
+después, ¡qué escena tan trágica! el teniente a sus pies, atravesado de
+una estocada; Amparito, desmelenada, sollozante, increpando al cielo; y
+él erguido como gigantesco fantasma, el ensangrentado acero en la mano,
+y en el rostro una sonrisa desesperada, infernal, loca; algo que
+recordase el último acto del _Don Álvaro_. Y el pobre muchacho apretaba
+con mano crispada su junquillo, que para su imaginación era «toledano
+acero», y pensaba desordenadamente en Lope de Vega, Quevedo, Cervantes y
+Lord Byron; en todos los grandes hombres que, según frase de Andresito,
+habían tenido malas pulgas, y lo mismo escribían que daban una estocada.
+
+¡Bailad tranquilos, granujas alegres e insolentes; mirad la _falla_,
+burgueses bondadosos; reíd como gallinas cacareadoras, mujercillas que
+celebráis las contorsiones de los monigotes! Todos ignoráis que el
+volcán ruge a pocos pasos de vosotros; no sabéis que hay un hombre que
+prepara la más horrible de las tragedias; y mañana, cuando salga en los
+periódicos la extensa relación de lo ocurrido, no podréis imaginaros que
+la fiera en figura humana que mató al rival, a la novia y hasta a la
+mamá, si es que se decide a bajar, era el joven «dulce y simpático» que,
+pálido como un muerto, estaba hecho un poste cerca del cafetín.
+
+Sí; mataría y moriría después; estaba decidido. Y miró al balcón,
+procurando dar a sus ojos la más insolente expresión de reto; pero se
+fijó con insistencia en el teniente. Tenía buenas espaldas, su cabeza
+morena no era de víctima, le colgaba del talle un espadín y además,
+según informes de Andresito, tenía entre sus amigotes fama de bruto.
+
+Él no tenía miedo, ¡vive Dios! ¿qué había de tener? Pero bien mirado,
+era una vulgaridad, un detalle de mal gusto, el enredarse a golpes en
+medio de la calle con un majadero sin otra sociedad que la de las muías
+de su batería. No señor; su belicoso plan quedaba desechado. ¿Qué dirían
+en la Juventud Católica? Un autor que había provocado delirios de
+entusiasmo con aquella oda dulcísima a la Virgen:
+
+/*
+ _Señora_, _tú que sabes_
+ _el secreto del canto de las aves_....
+*/
+
+Un hombre que tantas lindezas sabía fabricar, no se peleaba con aquel
+mozo de cordel. Los poetas se vengan de otro modo. Les basta encerrarse
+en su inmenso dolor, lanzarlo en tristes estrofas al rostro de la
+ingrata, para que ésta desfallezca bajo el más terrible de los
+castigos.... Estaba decidido: abominaría del mundo y sus «vanas pompas»;
+se retiraría a un desierto, sería fraile, pero no como aquellos
+barbudos, malolientes y zarrapastrosos que iban por las calles, alforjas
+al cuello, sino con arreglo a figurín: frailecillo blanco y melancólico,
+vestido con franela fina, la cruz roja al pecho y los ojos en alto, como
+si _filase_ el lamento tierno, interminable, de las almas heridas: una
+fiel imitación de Gayarre en el último acto de _La Favorita_.
+
+Y Andresito, como si se viera ya vestido de blanco, errante por poética
+selva, con el pelo cortado en flequillo y los brazos cruzados sobre el
+pecho, canturreaba con voz dulce y lacrimosa: «_Spirito gentil_...»
+
+Algunos se detenían sonriendo al oír el canto tristón y apagado, que
+parecía salirle de los talones; pero ¡valiente caso hacía él de los
+curiosos! ¡Como si una alma grande no estuviera, en sus dolores, por
+encima de la vulgaridad!
+
+Y miró al balcón. Ya no estaban allí. Los infames se habían metido en el
+salón, y estarían en aquel instante arrullándose, con la primera delicia
+del amor naciente, vacilando en usar el confianzudo tuteo. Y él...
+abajo, solo con su desesperación; pero sabría vengarse. Sus ilusiones de
+venganza le conmovían tanto, que se sentía próximo a estallar en
+sollozos. Y lloraba, sí señor; habíase llevado un dedo a los ojos y lo
+retiraba mojado de lágrimas. ¡Llorar un hombre como él! ¡Ah, la
+ingrata...! Pero un golpe de tos seca, espasmódica, asfixiante, le
+volvió a la realidad.
+
+Estaba envuelto en el humo azulado, sutil y picante que se escapaba del
+fogón de los buñuelos; un vaho grasoso, inaguantable, capaz de hacer
+llorar y toser a los monigotes de la _falla_ Y lo primero que vio al
+volver de sus ensueños fue un par de viejos que, asomados a la puerta
+del cafetín, le miraban con sonrisa burlona. Eran dos buenos
+parroquianos, con la gorrilla caída sobre la frente, los ojos vidriosos
+y lagrimeantes, y la nariz violácea y húmeda; una yunta alegre, unida
+por el yugo fraternal del alcohol, que, mientras hubiese cafetines
+abiertos, declaraban, como el doctor Pangloss, que este mundo es el
+mejor de los mundos posibles.
+
+Con el sucio pañuelo de hierbas en la mano, accionaban dando gritos ante
+el mostrador de _Espantagosos_; pero las rarezas de aquel señorito que
+hablaba solo y miraba al balcón de enfrente llamaron su atención, y con
+la cariñosa insolencia de los borrachos alegres, pusiéronse a
+contemplarle, riendo de sus gestos dolorosos.
+
+Al ver que Andresito les miraba, hiciéronle amistosas señas como si le
+conociesen de toda su vida. ¡Vaya una gente francota...! ¿Que si
+aceptaba una copita? No señor, muchas gracias; no tenía la costumbre de
+beber.... Bueno; pues eso se perdía; conste que ellos la ofrecían de
+buena voluntad, al verle tan triste. ¡Buena suerte y que saliese pronto
+de cuidado! Y los dos viejos, que sólo necesitaban unas cuantas copas
+para ser dueños de la _falla_, de la plaza y del mundo entero,
+metiéronse en el cafetín a continuar la obra.
+
+Andresito seguía tieso en su puesto, sin mover los pies, con las piernas
+entumecidas y el cuello dolorido de mirar a lo alto. ¡Y la ingrata no
+reaparecía! Las amigas, en el balcón; Concha, la hermana, coqueteando
+con Roberto; y ellos dentro, buscando la soledad y la discreta
+penumbra.... ¡Dios mío! ¡Qué cosas le diría aquel bruto de las dos
+estrellas, para tenerla tan embobada lejos del balcón, a pesar de la
+música y de lo animada que estaba la plaza...!
+
+Para mayor tormento del pobre muchacho, los dos viejos cínicos del
+cafetín hablaban a gritos, y por más esfuerzos que hacía, sus palabras
+le obsesionaban, le hacían olvidar su papel de poeta desesperado e
+infeliz, del que en el fondo se hallaba satisfecho. Estaban en la misma
+puerta del cafetín, jugueteando como dos chavales, dándose golpecitos en
+el abdomen y obsequiándose mutuamente con buñuelos, que acompañaban de
+latines y signos en el aire, como si se administrasen la comunión. ¡Vaya
+un par de «puntos» alegres! Todos los parroquianos se reían, y hasta el
+mismo cafetinero desarrugaba el ceño, a pesar de que conocía el final de
+tales bromas y lo mucho que costaba ponerlos en la calle.
+
+Pero al beber otra vez, tornáronse melancólicos. Miraban al trasluz el
+aguardiente, y con los vasitos en alto y los ojos elevados, como si les
+hipnotizase el blanco líquido, hacíanse mutuas confidencias, arrastrando
+las sílabas trabajosamente. El más viejo estaba desengañado; le habían
+«lacerado » el corazón; lo juraba y perjuraba, dándose terribles
+puñetazos sobre el pecho, que sonaba como un tambor. Su compadre debía
+creerle a él, que era hombre de experiencia y había visto mucho. ¿La
+política...? una farsa; un oficio de volatineros. ¿El Ayuntamiento...?
+una cueva de ladrones; todos los que entraban en la «casa grande » era
+para robar. El otro le interrumpió.... ¡El Ayuntamiento...! Ahí estaba
+el toque. ¡Que le fueran a él con Ayuntamientos! Había trabajado como un
+perro por la candidatura del partido repartiendo papeletas a las puertas
+de los colegios, tuvo una disputa con un municipal que le quería llevar
+atado, y lo sufrió todo... todo por el partido y el candidato... y ahora
+le ofrecían como recompensa un puesto de peón en el adoquinado, nueve
+horas de trabajo al sol y siete reales. Muchas gracias; él quería ser
+empleado de los que están a la fresca y fuman. Antes que partirse el
+espinazo en el adoquinado, prefería vivir sin trabajar. El hambre no le
+importaba.... Mientras hubiese «petróleo refinado» como el de casa
+_Espantagosos_, el estómago iría bien.... Ahora, tras el chasco, se
+había «retirado a la vida privada», y podía decir muy alto, como su
+compañero, que todos los de la casa del pueblo eran unos ladrones.
+
+Y para que quedase bien sentada esta afirmación, se tragaron el
+aguardiente de un sorbo.
+
+--¡_Espantagosos_... _mesura_!
+
+¿Quién...? ¿él? ¡Estaban frescos! Allí no se daban más copas. Le
+desacreditaban el establecimiento con sus feas palabras; los guardias le
+tomarían ojeriza por consentir en su casa tales blasfemias contra la
+excelentísima corporación, y además--esto era lo principal--, conocía
+de antiguo a aquellos parroquianos, que, cuando se alumbraban de veras,
+costaba un disgusto sacarles el dinero. Ya tenían bastante; si querían
+algo más debían pagarlo por adelantado.
+
+¡Qué falta de respeto! ¡Tratar así a personas que han hecho concejales,
+retirándose después a la vida privada...! Y miraban fieramente al
+cafetinero, mientras rebuscaban con furia en sus andrajos, con la
+indignación de una ofensa irreparable y mortal.
+
+Del bolsillo de la blusa salía una moneda mohosa; del sudador de la
+gorra otra de dos céntimos, y por las ventanas de los rotos zapatos
+sacábanse alguna pieza de cobre mugrienta y sudada. Era la rebusca
+furiosa de los céntimos escamoteados antes de salir de casa, a espaldas
+de sus mujeres, rabiosas de hambre y enemigas de que dos hombres de bien
+se diviertan en la taberna.
+
+Con altivez de grandes señores, arrojaron su puñado de cobre sobre el
+mostrador, como abofeteando al dueño. Si quería más podía ponerse a
+cuatro patas, que a ellos aún les quedaba dinero para taparle, si era
+preciso. Y decían esto con desdén olímpico, como si tuviesen a mano
+todos los millones del Banco de España en calderilla.
+
+Andresito percibía a medias esta escena, coreada por las risas de los
+parroquianos. La ingrata no reaparecía, y él estaba extenuado por el
+dolor y por un plantón de tantas horas. No le vendría mal sentarse,
+aunque fuese en el cafetín; pero no; ¡firme allí! aunque muriese de pie,
+como los antiguos romanos.
+
+Obscurecía. La plaza estaba llena; las calles adyacentes seguían
+vomitando nuevas muchedumbres, y iodos cabían a fuerza de codazos y
+empujones, como si fuesen elásticas las paredes de las casas. En torno
+de la _falla_ agitábase un oleaje de relamidos peinados, de gorras con
+visera amarilla y de blusas blancas. Las señoras refugiábanse en los
+portales, empinándose sobre las puntas de los pies para ver mejor; los
+maridos cogían a sus pequeñuelos por los sobacos y los sostenían a pulso
+para que contemplasen las últimas contorsiones de los monigotes.
+
+Aún era de día y ya se impacientaba la muchedumbre.
+
+--¡Fueeego...! ¡fueeego...!--gritaban a coro los de la blusa blanca.
+
+Y los dos borrachos, agarrados fraternalmente de los hombros, con las
+húmedas nances casi juntas, asomábanse a la puerta del cafetín con
+risita maligna al pensar que molestaban al dueño.
+
+--¡Fuego...! ¡fuego...!
+
+Y después de gritar se metían apresuradamente en la taberna, fingiendo
+susto, como chicuelos que acaban de hacer una travesura.
+
+Los organizadores de la _falla_ se resistían. Había que esperar a que
+cerrase la noche. Pero la muchedumbre estaba dominada por esa
+impaciencia que, entre la gente levantina, basta que sea manifestada por
+uno para que los demás se sientan contagiados.
+
+--¡Fueeego..! ¡fueeego...!--seguían aullando de los cuatro lados de la
+plazoleta. Y de la desembocadura de un callejón sin adoquinar salió una
+pedrada certera, que dejó trémulo al monigote del centro, llevándosele
+medio tupé. Aplausos y carcajadas, y a los pocos minutos servían de
+blanco todos los bebés de la orquesta. Había que comenzar en, seguida.
+El cafetinero lo ordenaba a gritos desde su puerta, y los cofrades
+braceaban y se desgañitaban en torno de la _falla_ pidiendo un poco de
+calma, mientras un compañero se introducía en el cuadrado de lienzo con
+dos botellas de petróleo. Cuando los biombos transparentaron una mancha
+roja que rápidamente se agrandaba entre incesante chisporroteo, la
+muchedumbre lanzó un «¡oh!» de satisfacción. Comenzaban a arder las
+esteras viejas, las sillas cojas y demás muebles recogidos en los
+desvanes del barrio y amontonados en el interior de la _falla_. El rojo
+resplandor iluminaba la parte baja de los figurones.
+
+--¡Que toquen la _Marsellesa_!--gritó un vozarrón anónimo con acento
+imperioso.
+
+Un estremecimiento pareció correr por la muchedumbre, saltando después
+de balcón en balcón.
+
+--¡Sí, la _Marsellesa_... venga la_Marsellesa_!--repitieron miles de
+voces con expresión amenazante, como si alguien se negase por anticipado
+a sus exigencias.
+
+Los músicos, que enfundaban sus instrumentos, miraron asustados al
+amenazador gentío. Intentaban negarse; pero el pensamiento de que
+quedaban piedras en el callejón desvaneció sus propósitos de
+resistencia. La música rompió a tocar, chillaron los cornetines, sonaron
+el bombo y los platillos como una tempestad lejana, y por toda la plaza
+se esparció un ambiente de bienestar, reflejándose en los rostros.
+
+La _Marsellesa_... ¡y el gobierno en la hoguera! ¿Qué más podían pedir?
+Y el entusiasmo meridional, caldeando los cerebros, hacía pasar ante los
+ojos risueños espejismos. Todos se sentían dominados por un optimismo
+meridional.
+
+Las lenguas de fuego comenzaban a salir del interior de la _falla_,
+lamiendo la ropa de los monigotes.
+
+--¡Bravooo...! ¡Vítooor!
+
+Nadie pensaba que aquello era madera y cartón. El entusiasmo les hacía
+feroces; creían que era el mismo gobierno lo que quemaban al son de la
+_Marsellesa_, y los industriales soñaban despiertos en la rebaja de la
+contribución; los de las blusas blancas en la supresión de los Consumos
+y el impuesto sobre el vino, y las mujeres, enternecidas y casi
+llorosas, en que acabarían para siempre las quintas.
+
+La música seguía rugiendo la _Marsellesa_, y en la multitud, alguno de
+los ardorosos, trastornado por la ilusión y por el himno, creyendo que
+la cosa ya estaba en casa, gritaba a todo pulmón: «¡Viva la República!»,
+lo que azoraba a los pobres municipales y les hacía mirar en derredor,
+buscando un hueco en el gentío por donde escapar.
+
+La hoguera crecía rápidamente. Las inquietas llamas, moviéndose de un
+lado para otro, agitaban como abanicos los faldones del frac, los bajos
+de blanca muselina y las cintas de raso de los bebés. El fuego
+jugueteaba como una fiera con sus víctimas antes de devorarlas. De
+repente, hizo presa en aquellos adornos, y en un segundo los devoró,
+escupiéndolos después como negras pavesas, que revoloteaban sobre las
+cabezas de la muchedumbre. Los monigotes, firmes y en pie, ardían como
+grandes antorchas con un inquieto plumaje de llamas. Andresito recordaba
+los cristianos embreados que iluminaban con sus cuerpos el camino de
+Nerón.
+
+Había llegado la hora de destruir, de ayudar al incendio, y los
+organizadores de la _falla_ con pesados puntales, golpeaban el armazón
+de los bastidores o daban tremendos palos a los ardientes monigotes para
+que cayeran en el rojo cráter.
+
+La muchedumbre, legítima descendiente del pueblo que dos siglos antes
+presenciaba los autos de fe, aplaudía con gozosa ferocidad la caída de
+los monigotes en la hoguera. Cada vez que, volteando en el aire sus
+piernas y sus brazos chamuscados, se zambullía uno en las llamas, oíanse
+risas y berridos.
+
+La _falla_ se derrumbó con todo su armazón medio carbonizado, y un
+torbellino de chispas y pavesas se elevó hasta más arriba de los
+tejados. El enorme brasero daba a la plaza una temperatura de horno,
+tiñéndolo todo de color de sangre. La gente, tostada, con las ropas
+humeantes, retirábase a las inmediatas calles; los de los pisos bajos
+cerraban las puertas, huyendo de aquella atmósfera ardiente que abrasaba
+los ojos y esparcía por la piel intolerable picazón, y en los balcones
+las vidrieras se cerraban, y los cristales flojos, caldeados por el
+ambiente abrasador, saltaban con estrépito.
+
+Más de media hora ardió con toda su fuerza el informe montón de leños
+ennegrecidos, que al carbonizarse se cubrían de rojas escamas. Algunos
+maderos estaban erizados de innumerables y pequeñas llamas, como si
+fuesen cañerías de gas.
+
+La muchedumbre se alejaba, con la esperanza de ver algo en las otras
+_fallas_. La temperatura bajaba, el incendio iba achicándose, la
+frescura de la noche penetraba en la plazuela, y balcones y puertas
+volvían a abrirse.
+
+En casa de doña Manuela, terminado el espectáculo público, había su
+poquito de fiesta, sin duda para amenizar el chocolate «suntuoso» que la
+rumbosa viuda daba a sus amigos. La gran lámpara del salón, reservada
+para las solemnidades, había sido encendida; y Andresito, desde la
+plaza, veía los trajes claros y los _bouquets_ de las amigas pasar por
+el iluminado balcón, moviéndose con el ritmo del baile.
+
+El pobre muchacho estaba firme en su puesto. El fuego le había empujado
+a un extremo de la plaza; pero apenas se refrescó el ambiente, volvió a
+la puerta del cafetín, cerca del laurel cargado de buñuelos, cuyas ramas
+se habían tostado. La _falla_ seguía ardiendo, con sus estallidos de
+leña vieja, que sonaban como tiros.
+
+La plaza quedaba en poder de la gente menuda, chiquillos desarrapados,
+que, tomando carrera, saltaban la hoguera con agilidad de monos, cayendo
+al lado opuesto envueltos en las chispas. Los municipales intentaban
+oponerse a tan peligroso ejercicio; pero la pareja de pobres hombres era
+impotente ante tales diablillos, y al fin adoptó la sabia determinación
+de sonreír con tolerancia y retirarse a un portal.
+
+Andresito seguía con mirada triste las evoluciones de aquellas
+bulliciosas salamandras con blusa, que saltaban por entre las llamas
+como si tal cosa, sacudiéndose las chispas como los perros.
+
+La plazuela estaba solitaria y el rojo ambiente del incendio hacía más
+lóbregas las calles inmediatas. Algunos chuscos arrojaban en la hoguera
+manojos de cohetes, que salían como rayos, culebreando su rabo de
+chispas, arrastrándose de una pared a otra y remontándose en caprichosas
+curvas hasta la altura de los balcones, para estallar con estampido de
+trabucazo. Los municipales no veían los cohetes, pues al fijarse en el
+aire matón de la chavalería que los disparaba, permanecían metidos en el
+portal, sordos y ciegos. Andresito pensaba que si alguno de aquellos
+rayos baratos le pillaba en su sitio, no le dejaría ganas en una
+temporada de ser frailecito blanco y llorar los desdenes de su hermosa;
+pero permaneció inmóvil. Irse de allí era renunciar a su venganza. Él
+esperaba algo, sin saber qué; y allí permanecía mirando el balcón, a
+pesar de que sus piernas apenas podían sostenerle, y en la cabeza y el
+estómago sentía un vacío anonadador.
+
+Ahora cantaban arriba. Era Amparito, que acometía con su vocecita de
+seda una romanza de Tosti, coreada por el estallido de los cohetes y los
+berridos burlones de la pillería, a quien le hacían gracia los lamentos
+musicales, verdaderos chillidos de ratita asustada.
+
+Las llamas iban extinguiéndose, la plaza estaba cada vez más obscura y
+los chiquillos desertaban en grupos, bucando otras _fallas_ que no
+hubiesen llegado al período de la agonía.
+
+Dos hombres salieron del cafetín agarrados del brazo, con paso lento y
+vacilante. Eran los viejos borrachos, con la gorrilla en la nuca y el
+eterno pañuelo de hierbas en la mano. Volvieron el rostro al cafetín, y
+como personajes de tragedia, lanzaron una eterna maldición sobre la
+cabeza de _Espantagosos_, un ladrón que, al quedarse sin dinero dos
+hombres honrados, les echaba a la calle sin más miramientos.
+
+El humo de la _falla_, denso y pegajoso, les hizo toser; pero se
+detuvieron ante el rescoldo enorme como un brasero de gigantes.
+
+Soltáronse del brazo y saltaron la _falla_, uno tras otro, con una
+agilidad inesperada y ademanes tan grotescos, que los municipales reían
+y hasta el desconsolado poeta dejó de mirar al balcón. El cafetinero y
+sus vecinos estaban en las puertas, celebrando aquel espectáculo
+grotesco e inesperado.
+
+Las carcajadas del público enardecían a los borrachos, les hacían
+sonreír con orgullo, y los dos redoblaban sus saltos y contorsiones.
+Corrían en torno del gran montón de brasas, saltaban por todos los
+lados, y en el furor del movimiento que les dominaba, ninguno de los dos
+se acordaba del otro.
+
+¡Ahora iba lo bueno! Y saltando al mismo tiempo los dos, cada uno por
+lado distinto, encontráronse en lo más alto de su salto; chocaron los
+cuerpos como proyectiles y cayeron en el rescoldo, hundiéndose entre
+las brasas la parte más carnosa del individuo.
+
+La plazuela pareció animarse, lanzando interminables carcajadas. A
+patadas y puñetazos los sacaron los municipales, y una vez libres del
+rescoldo, empujáronlos fuera de la plaza. ¡A sus casas o al Asilo...!
+¡Lo que quisieran!
+
+Andresito vio cómo se alejaban los dos viejos, mostrando una nueva cara
+por el revés chamuscado de su pantalón, riendo su postrera hazaña,
+dándose besos y abrazos para afirmar la fraternidad del cafetín y
+hablando a gritos para que quedase bien sentado que la «casa grande» era
+una cueva de ladrones, y ellos, desengañados, se retiraban a la vida
+privada.
+
+Y el poeta, envidiando su alegría, seguía en su puesto, iluminado por la
+última crepitación de la hoguera, desfallecido de hambre y de dolor,
+llorando de veras ahora que comenzaba a verse en la obscuridad,
+esperando algo vago e indeterminado, sin fuerzas para hacer nada y
+estremeciéndose al oír aquella voz tenue como un hilillo de seda, que se
+quebraba al llegar a lo más alto de la romanza, ahogándola con sus
+aplausos los complacientes convidados de la mamá.
+
+
+
+
+V
+
+
+Juanito era feliz. Próximo al ocaso de su juventud, a los malditos
+treinta años de que hablaba Espronceda, en vez de tristes desengaños
+experimentaba la alegría de saber que en el mundo hay algo más grato que
+adorar a la mamá como un ídolo y plegarse a todos los caprichos de los
+hermanitos.
+
+El entusiasmo de la juventud, el ansia de vivir, manifestábanse en él
+con extraordinaria fuerza, como frutos tardíos del árbol de su vida, que
+había pasado invierno tras invierno sin conocer hasta ahora la
+primavera.
+
+Al reunir y ordenar sus recuerdos, no se daba cuenta de cómo había
+ocurrido su transformación. Sin duda, el amor era más fuerte que su
+característica timidez. En la soledad, al recordar a Tónica,
+avergonzábase como el que ha cometido una acción punible; las palabras
+intencionadas que había deslizado en la conversación martilleábanle
+después los oídos, y tan pronto las consideraba ridículas como
+exageradamente audaces.
+
+--¡Dios mío...! ¡Qué dirá de mí esa chica!
+
+Pero cuando estaba cerca de ella, el rubor desaparecía y sentía en su
+interior audacias que le asombraban.
+
+Ya no se conformaba con esperar que Tónica fuese a la tienda de _Las
+Tres Rosas_. Enterábase de dónde trabajaba, y con una astucia de las más
+torpes, salíale al paso por la mañana al ir al trabajo y por la noche al
+regresar a su casa; hacíase el encontradizo y le desesperaba la
+dificultad de su lengua tímida, que parecía rebelarse, no queriendo ser
+conductora de sus pensamientos.
+
+Pasó más de una semana para Juanito sin adelantar gran cosa en su
+propósito. Tónica le hablaba como un amigo y le hacía confidente de
+todos sus pensamientos: las exigencias de sus parroquianas, los consejos
+de «las señoritas», que eran las hijas de su difunta protectora, y hasta
+las dolencias de aquella mujer casi ciega que vivía con ella,
+sirviéndola de madre. Con estas confidencias, Juanito iba penetrando
+lentamente en la vida de la joven y la consideraba ya como algo propio,
+a pesar de que todavía la picara lengua seguía negándose a obedecerle.
+
+Tónica tenía en ciertos momentos rasgos de ingenuidad, que turbaban al
+joven, sin dejar por esto de experimentar alegría.
+
+Llegó a relatarle las aficiones de su infancia, el placer indefinible
+que experimentaba pasando horas enteras arrodillada ante un Cristo,
+rezando rosarios tras rosarios. En aquella época, llevarla a la capilla
+de la Virgen de los Desamparados era para ella la mayor de las
+diversiones, y rezaba con tal devoción, que las viejas beatas se la
+comían a besos, asegurando que iba para santa.
+
+--¡Qué época aquélla!--decía la joven con ligera sonrisa--. Ahora la
+recuerdo con cierta extrañeza y no menos envidia. Las estampitas de mi
+devocionario me hablaban; y por la noche, una Virgen que tenía en mi
+cuarto bajaba de su cuadro para arrullarme hasta que me dormía. Usted,
+Juanito, se burlará seguramente de que yo fuese tan tonta.... En fin,
+cosas de niñas. Pero mi madrina la condesa, en vista de tan ardiente
+devoción, quería hacerme monja; y el otro día, «las señoritas»,
+recordando los deseos de su mamá, todavía me ofrecieron costearme el
+dote para que entrase en un convento.
+
+--¿Y usted acepta?--preguntó el joven con visible ansiedad.
+
+--¡Yo...! No pienso en ello por ahora. Aquella santidad voló, creo que
+para siempre. Ahora soy mala, muy mala. Rezo cuando estoy triste, oigo
+misa los domingos, tengo mucho miedo al diablo, pero me gusta bastante
+el mundo y voy siendo algo impía, pues algunas veces me digo que no es
+tan pésimo como lo pintan los predicadores.... Además, ¿quién cuidaría
+de mi pobre Micaela, sola y casi ciega? Sería cometer un horrible pecado
+de ingratitud por salvar mi alma. No señor, no pienso hacerme monja;
+prefiero ser pecadora y cuidar de mi pobre amiga.
+
+Juanito tenía en los labios una pregunta audaz. ¿Qué hacía? ¿La
+soltaba...? Tembló; pero vacilando, diola curso, al fin, con voz de
+agonizante.
+
+--¿Y no piensa usted casarse?
+
+Tónica contestó con una carcajada.
+
+--¡Casarme yo...! ¿Y quién ha de ser el valiente? Se necesita mucho
+corazón para cargar con una mujer sin otra renta que la aguja y que
+lleva tras sí el bagaje de una amiga vieja y enferma.
+
+Juanito estuvo a punto de gritar que ese valiente era él; pero, por su
+desgracia, se detuvo. Tónica estaba seria y decía con triste ingenuidad:
+
+--Reconozco que si encontrase un hombre honrado, trabajador y humilde
+como yo, que quisiera admitir a mi desgraciada amiga, me tendría por muy
+feliz.... Pero en fin, hoy por hoy no hay que pensar en tonterías.
+
+Y cambió con tal arte el curso de la conversación, que a Juanito se le
+quedó en el cuerpo lo que quería decir, y antes llegaron a la pobre
+escalerilla de la calle de Gracia, que pudo manifestar su valor para ser
+esposo de Tónica y encargarse de la pobre ciega.
+
+Aquella noche fue cruel para Juanito. La pasó en vela, revolviéndose
+inquieto en su cama, y declarando en voz alta que era el más cobarde de
+los hombres. Parecía imposible que un mocetón con unas barbas que
+causaban espanto fuese tímido como un seminarista. ¡Y pensar que todos
+tenían valor en tales casos, todos, hasta Andresito, aquel pazguato que
+se declaró a Amparo con la mayor facilidad...! ¡Cristo! ¡Cómo se reirían
+de él sus hermanas si conocieran sus timideces! Sólo esto faltaba para
+que todos los de casa le creyesen un imbécil.... Pero pronto se sabría
+quién era él. Y animado por una resolución hija del amor propio, pasó
+todo el día siguiente en la tienda distraído, sin atender a las ventas,
+ansiando que llegase la hora de acompañar a su casa a Tónica.
+
+Caía una lluvia fina cuando fue a apostarse en la calle de Serranos,
+cerca de la casa donde trabajaba la joven. A las ocho la vio salir,
+andando con su paso ligero y gracioso, rozando la pared y casi oculta en
+la penumbra de un alumbrado macilento, que en vez de luz parecía
+esparcir tinieblas.
+
+Bien comenzaba la entrevista. Tónica se resistió a aceptar el paraguas
+de Juanito; no podía consentir que el joven se mojase por complacerla a
+ella; y en cuanto a ir los dos juntos bajo aquella cúpula de seda...
+sólo en pensarlo la producía rubor y hacía que echase su cuerpo atrás,
+como para huir de un peligro.
+
+Pero la expresión de angustioso ruego de Juanito pareció convencerla.
+
+Bueno; aceptaba su invitación porque le creía un joven formal y honrado.
+Pero ¡Dios mío! ¡qué diría la gente...! Y comenzó a andar con timidez al
+lado del joven, que no se sentía menos conmovido. Nunca había estado tan
+próximo a Tónica. Rozaba al andar un lado de su busto, se sentía
+envuelto en el ambiente embriagador que exhalaba su cuerpo sano, y veía
+cerca de sus ojos el rostro de Tónica, su boca fresca, mostrando la
+brillante dentadura con graciosas sonrisas.
+
+Juanito, entusiasmado por su buena fortuna, no pensaba ya en la
+resolución que tan inquieto le había tenido durante todo el día.
+Bastábale para ser feliz y considerarse dueño de Tónica oír su voz,
+trémula por la emoción que le causaba un paseo tan íntimo.
+
+De pronto, Juanito pareció despertar. ¡Qué diablo! Ya estaban casi en la
+mitad del camino, cerca del Mercado, y él callaba, sin atreverse a decir
+lo que tan pensado tenía.
+
+Pero la maldita timidez retardaba con ridículos pretextos su
+declaración.
+
+Bueno; aguardaría a llegar a aquella esquina, y una vez en ella, ¡zas!
+soltaba su demanda, aunque cortase a Tónica en lo mejor de sus
+confidencias.
+
+Ya estaban en la esquina. ¡Allá va...! Pero no; no hablaba. Iba tras
+ellos un señor por la acera, resguardándose de la lluvia; podía oír su
+declaración... ¡y quién sabe de lo que son capaces esas gentes burlonas,
+que miran el amor como cosa de risa!
+
+Esperaría a que el molesto transeúnte se fuese por otra calle. Y
+mientras tanto, escuchaba a Tónica, cuidando de ladear el paraguas para
+que la cubriera bien, y mirando al suelo, como encantado por el trozo de
+enagua blanca al descubierto y las pequeñas botinas que saltaban los
+charcos con una graciosa ligereza de pájaro.
+
+Ella hablaba mientras tanto, desahogando el enfado que le causaban sus
+parroquianas. Sólo una pobre como ella podía sufrir tantas exigencias.
+Era costurera, y querían que trabajase como una modista famosa. Por dos
+pesetas diarias la explotaban las parroquianas de un modo irritante;
+mostraban un ansia furiosa para exprimir todas sus habilidades; la
+hacían cortar y probar como una maestra y coser o zurcir como una
+oficiala; obligábanla, con falsos mimos, a no levantar la cabeza del
+trabajo ni un solo instante; se mordían los labios con rabia y dudaban
+de su laboriosidad cuando no podía convertir en vestido flamante un
+guiñapo viejo; y después de todo, cuando la costurera terminaba,
+despedíanla sin cariño alguno, como un mueble inútil, y no se acordaban
+de ella al darse tono en paseos y teatros, asegurando que era de una
+modista francesa el vestido cuya confección les costaba unas cuantas
+pesetas.
+
+--¿No es verdad, señor Peña, que eso es una ingratitud?--preguntaba
+Tónica muy animada, olvidando los escrúpulos que había manifestado antes
+de admitir el paraguas.
+
+Juanito contestaba con vehemencia, pero su pensamiento se hallaba a cien
+leguas de lo que decía. Sí señor, era una infamia; personas tan ingratas
+nada merecían. Y al mismo tiempo miraba atrás, viendo con gozo que el
+transeúnte importuno había desaparecido.
+
+Ahora sí que se lanzaba; esperaría a pasar la plaza del Mercado, y así
+que entrase en la calle de Gracia, soltaría su declaración. Tónica vivía
+en esta calle, poco tiempo le quedaba para espontanearse, pero cuando se
+lleva una cosa bien pensada, basta con pocas palabras. Y mientras
+atravesaban el Mercado con pasos tímidos, resbalando en el barro
+pegajoso que cubría las losas, el joven oía a Tónica con la falsa
+atención del cómico en la escena, que finge escuchar mientras piensa en
+lo que va a decir.
+
+Juanito se indignaba sin saber por qué. ¡Qué manera de explotar aquellas
+señoras a la pobre Tónica! ¡Era insufrible! Y mientras matizaba con sus
+exclamaciones la relación de la joven, pensaba con alarma que ya estaban
+en la calle de Gracia y él todavía guardaba en el cuerpo, completamente
+inédita, la declaración que tanto le inquietaba.
+
+En cuanto llegasen a la próxima esquina, interrumpía a la joven, aun a
+riesgo de ser descortés. Bueno, ya estaban en la esquina, pero por un
+poco más nada se perdía; prolongaría el plazo hasta un farol que estaba
+tan próximo. Pero en llegando allí no había excusa. Hablaba, o era capaz
+de arrancarse la lengua.
+
+Y así pasaba la pareja por todas las etapas que la maldita timidez de
+Juanito iba marcando, sin llegar a decidirse. En la imaginación del
+joven, aquella calle había sido mutilada de un modo horroroso; le
+parecía extremadamente corta, y la pequeña puerta por donde desaparecía
+Tónica todas las noches estaba ya a la vista.
+
+Para mayor desgracia, la joven seguía hablando; pero Juanito tembló,
+pensando que podía quedarse solo y desesperado dentro de pocos minutos
+por culpa de su timidez, y al fin se sintió hombre.
+
+--¡Tónica!
+
+Dijo esto con acento tan ahogado y angustioso que la joven calló,
+mirando en derredor, como si les amenazase un peligro.
+
+--¿Qué ocurre?
+
+--Que la quiero a usted mucho; que....
+
+--¡Ah! ¡era eso...!--exclamó Tónica sonriendo--. Yo también le quiero a
+usted como un buen amigo, como un joven formal; sobre todo como formal.
+No siendo así, no consentiría que me acompañase con tanta frecuencia, lo
+que puede dar lugar a suposiciones. Mire usted, el otro día decían las
+vecinas....
+
+--No, no es eso. Yo no la quiero a usted sólo como amigo: yo la amo...
+¿sabe usted? la amo, y soy ese hombre valiente de que usted hablaba
+anoche, capaz de hacerla mi esposa sin dejar abandonada a la pobre
+Micaela.
+
+Tónica mostrábase aturdida por la declaración. La presentía desde mucho
+tiempo antes, pero habla llegado a dudar de ella en vista de la timidez
+de aquel niño grande. Intentaba sonreír como sí tomase a broma las
+palabras de Juanito, pero estaba ruborizada; se había detenido mirando
+al suelo, y tan turbados estaban los dos en medio de la calle, que el
+paraguas los dejaba al descubierto y la lluvia caía sobre sus hombros.
+
+El silencio era penoso. Juanito estaba asustado por la seriedad de
+Tónica. La costurera reflexionaba, y al fin habló.
+
+Ella agradecía el ofrecimiento del señor Peña, pero no podía aceptar.
+Era el hombre honrado y modesto que deseaba; si no fuese más que un
+dependiente de comercio, tal vez aceptase... ¿pero es que ella ignoraba
+quién era su familia? Estaba enterada por una parroquiana amiga de su
+mamá y de sus hermanitas. Eran unas señoras de las que viven con
+verdadero lujo, sin apelar a costureras ni a adornos caseros; tenían
+carruaje... en fin, _una gran familia_--esto subrayado por una expresión
+entre admirativa y respetuosa--, y no era justo ni legal que ella, una
+pobre jornalera, aspirase a tanto.
+
+Juanito sentía alegría y compasión a un tiempo. Regocijábale el saber
+que no era indiferente a Tónica y que en la posición de su familia
+estaba el único obstáculo. ¡Valiente posición! Compadeció la ignorancia
+de la joven y estuvo próximo a decirle que todo aquel lujo era imbécil
+fatuidad, pura bambolla; pero sintióse dominado por sus temores de niño
+sumiso y obediente, y hasta en el vacilante resplandor del inmediato
+farol creyó ver el rostro de mamá contraído por un gesto de indignación
+majestuosa.
+
+No negaba que su familia estuviera en «buena posición»; pero ¿qué
+importaba esto? Él la quería, y no era necesario más. No pensaba dejar
+de ser comerciante; su porvenir consistía en ser dueño de una tienda; ¿y
+qué mejor que casarse con una mujer hacendosa, aleccionada en la escuela
+del trabajo y la economía, y que supiera ser ama de su casa? El pobre
+muchacho, roto el freno de su timidez, hablaba con vehemencia, meneaba
+los brazos para afirmar sus palabras, sin ver que hacía danzar locamente
+el paraguas, que conservaba abierto, y que varias veces estuvo próximo a
+meter una varilla por los ojos de la joven.
+
+Pero Tónica no se convencía. Impresionábale el acento de verdad del
+dependiente; pero no podía dominar el temor respetuoso que le inspiraba
+una familia rodeada de los prestigios de la riqueza y de la elegancia.
+Por esto a todos los argumentos de Juanito contestaba moviendo la cabeza
+negativamente.
+
+Así pasaron más de un cuarto de hora en medio de la calle, bajo la
+lluvia, llamando la atención de los escasos transeúntes, que ante una
+pareja tan olvidada de sí misma hacían comentarios maliciosos.
+
+Por fin, la costurera pareció ablandarse. Lo pensaría; tal vez al día
+siguiente pudiera contestarle. Y tras esta promesa, que para Juanito fue
+una felicidad. Tónica dio seis golpes en la aldaba de su casa y
+desapareció, cerrando la puerta de la escalerilla.
+
+El joven estaba deslumbrado. La última sonrisa de Tónica revoloteaba
+delante de él con sus alas de oro, alumbrándole el camino. Sentíase
+impregnado del indefinible perfume de la joven, y andaba con timidez,
+como si se hubiese adherido a su exterior algo precioso y frágil que
+podía desprenderse al acelerar su marcha.
+
+La dulce borrachera del amor correspondido trastornaba a Juanito. En
+concreto, nada le había dicho Tónica; pero a pesar de esto, el joven,
+con instintiva confianza, creía en su felicidad, y aquella noche fue la
+primera de satisfacción y calma, después de las rabietas e inquietudes
+que le había producido la timidez de su carácter apocado. Ahora... ¡oh!
+ahora era todo un hombre, y así lo reconocía satisfecho y un tantico
+orgulloso de su audacia.
+
+La costurera no fue más explícita al día siguiente. La «posición
+brillante» de la familia de Juanito era una idea que se le había
+atravesado en el cerebro. Ella no era nadie: una pobre costurera que,
+acostumbrada a sufrir las impertinencias de las señoras, no podía
+permitirse el lujo de mostrar susceptibilidad ni amor propio... pero eso
+de casarse para ser la víctima resignada y humilde sobre la cual cayeran
+los desprecios de la familia, estaba fuera del límite de su paciencia.
+
+--No diga usted que no. Adivino lo que sucedería; como si lo viese. Las
+hermanas de usted, unas señoritas, se avergonzarían de tener por cuñada
+a la que remendaba los vestidos de sus amigas; su mamá, toda una señora,
+me consideraría un poquito más que a sus criadas. Y yo, aunque sea
+pobre, no tengo fuerzas para tanto. Para salir de esta vida, quiero
+vivir en paz con la familia de mi marido y que me respeten. ¿Qué menos
+puedo pedir? ¿No es verdad...?
+
+No; no era verdad que ella corriese tantos peligros casándose con él. Lo
+juraba a fe de Juanito Peña. ¡Su familia...! ¿Pero es que hacía gran
+caso de él? Podría casarse con quien quisiera, sin miedo a disgustos ni
+protestas. Él formaba aparte, se sentía aislado en medio de los suyos. Y
+el pobre muchacho, como si de pronto apreciase toda la verdad de su
+situación, decía esto con tal amargura, casi con lágrimas en los ojos,
+que Tónica se conmovió, mostrándose más blanda.
+
+Ella le apreciaba; se creía muy honrada con merecer su atención; no
+entendía de amoríos, pues sólo los había visto en las novelas; pero le
+permitía seguir hablando con ella, como amigos más que como novios, y si
+el tiempo demostraba que sus caracteres se comprendían y compenetraban,
+entonces....
+
+El rubor de la joven completó sus palabras. Juanito no necesitó más para
+soltar el chorro de su verbosidad comprimida; y atropelladamente, habló
+de su porvenir, trazando con furiosos brochazos el cuadro de su
+felicidad. Tenía dinero... venderían el huerto de Alcira... compraría
+una tienda. _Las Tres Rosas_ por ejemplo... se casarían... tendrían
+niños, muchos niños, porque él, con sus gustos de joven tímido, adoraba
+los muñecos... él sería un modelo de maridos.... Pero paró en seco al
+ver que Tónica se ruborizaba, dirigiéndole miradas de reproche por la
+libertad con que formulaba sus ilusiones. En fin, ya vería lo que era
+bueno, y qué vida tan rica iban a darse cuando vivieran casados y fuera
+del círculo de estúpidas pretensiones de su familia.
+
+Por de pronto, no era mala la vida que hacía Juanito. Pasaba el día
+pensando en su Tónica; abandonaba la tienda a las horas en que aquélla
+tenía que salir por algún encargo de sus parroquianas, y por la calle
+iba al lado de ella, orgulloso como un triunfador, temiendo que le
+viera la mamá y deseando al mismo tiempo encontrarse con sus hermanas,
+para que éstas aprendiesen «a distinguir» y no le tuvieran por un
+pazguato incapaz de tener novia. Por ella, por Tónica, reñía con la
+planchadora, él, que era antes tan descuidado, deseando ostentar unos
+cuellos duros y lustrosos como el mármol; y con gran asombro de las
+hermanitas, se emancipaba de la dirección de la mamá, siempre tacaña con
+él, y se hacía un traje igual a los de su hermano Rafael.
+
+Todo iba bien: Juanito se encontraba más joven y fuerte. Le parecía que
+algo nuevo circulaba por su venas; era vino caliente y espumoso que
+arrollaba y barría la antigua horchata. Ya había conseguido que Tónica
+le llamase Juanito, y no señor Peña, con aquel acento ceremonioso que
+hacía reír; pero aún no se había decidido a corresponder a su tuteo, y
+le plantaba siempre un «usted» como una casa, asegurando que le causaba
+rubor hablarle de otro modo.... ¡Qué inocente! ¡Como si él no fuese hijo
+de un antiguo tendero del Mercado! En fin, todo se andaría.
+
+Lo que inquietaba algo a Juanito, en medio de su felicidad, eran las
+atenciones que con él tenía su mamá, las miradas cariñosas, los «¡hijo
+mío!» dichos en un tono halagador, con la suavidad mimosa de una
+caricia. ¡Malo, malo! Juanito temblaba viendo aproximarse la afligida
+demanda, el «sablazo» maternal, acompañado con lágrimas y conmovedoras
+lamentaciones sobre lo mucho que cuesta la educación de los hijos. Y la
+petición fue formulada, por fin, a principios de Semana Santa, una tarde
+en que Juanito, después de comer de prisa, iba a salir para avistarse
+con Tónica antes de entrar en la tienda.
+
+El pobre muchacho quedó anonadado por las maternales confidencias....
+¡Diablo! La situación era más grave que él imaginaba. Ya no eran diez o
+doce mil reales los que ponían a su mamá con agua al cuello; ahora se
+trataba de miles de pesetas, de miles de duros, y era preciso pagar o
+resignarse a que la situación de la familia se hiciese pública, pues los
+acreedores, gente grosera y sin entrañas, sin otra pasión que la del
+dinero, eran capaces de desacreditar por dos cuartos a una señora
+decente.
+
+--Yo me muero de ésta, Juanito mío; estas cosas no son para mí. ¡Ay,
+Dios! ¡Cuánto cuesta criar a los hijos y sostener el rango de una
+familia! Tú, hijo mío, sólo tú puedes sacar a tu madre de apuros....
+¡Tres mil duros...! ¿Sabes lo que es eso? Pues los tres mil duros he de
+tener a punto para el día siguiente de las Pascuas. Me han amenazado; me
+han llamado tramposa porque no puedo pagar... ¡tramposa! ¡a una señora
+como yo...! No puedo sufrir tanta vergüenza. Y si mis hijos me
+abandonan, me moriré, sí señor... presiento que estos disgustos me van a
+quitar la vida.
+
+Juanito, a pesar de que estaba en guardia para librarse de los halagos
+de su mamá, y se proponía no adquirir compromisos, sintió en su interior
+algo que se sublevaba, subiendo hasta su rostro como una ola
+caliente.... ¡Tramposa su madre! No estaba mal aplicado el calificativo;
+pero el cariño ciego, que le hacía adorar a su madre, rebelábase ante
+tal ofensa; le conmovía hasta el punto de que sus ojazos tranquilos y
+bondadosos se velasen con lagrimones de ira.
+
+Con movimientos de cabeza asentía a todas las afirmaciones de su madre.
+Sí; era preciso arreglar aquello; el honor de la familia no podía quedar
+a voluntad de cuatro usureros, que, merced a ciertos papelotes firmados
+por doña Manuela con tanta irreflexión como frescura, exigían quince mil
+pesetas por un préstamo de once mil. Había que pagar; pero... ¿y el
+dinero? ¿dónde encontrar el dinero?
+
+Y la viuda, al llegar a esta conclusión, le miraba fijamente, dándole a
+entender que en él estaba la solución.
+
+--Hay que buscar el dinero, mamá. Podía usted hablar coa doña Clara, esa
+amiga que, según dice el tío, es la arregladora de todos estos enredos.
+
+--¡Doña Clara...! ¡valiente apunte! Hijo mío, tú, como eres tan buenazo,
+no conoces a las personas. Esa doña Clara es una tal, que sólo va donde
+puede sacar, y vuelve las espaldas a una persona decente al verla en un
+apuro. Nuestra situación es muy mala, rematadamente mala.
+
+Y en los oídos del joven agolpáronse en tropel las vergonzosas
+confidencias, hechas en voz baja, temblorosa, no por el remordimiento,
+sino por la humillación que suponía confesar la situación de la casa,
+aun a su propio hijo. Las fincas todas hipotecadas, y si las vendía, no
+llegaría su importe a la mitad de las deudas. Su firma en un sinnúmero
+de pagarés, y tan desacreditada, que a su mismo portero le prestarían un
+duro los usureros mejor que a ella. Vencimientos ineludibles que había
+que satisfacer, so pena que la familia se desacreditara... y nada con
+que pagar, absolutamente nada; la carencia más completa de medios para
+salvar la situación.
+
+Las necesidades de la casa lo arrebataban todo. Ella había acudido ya a
+los procedimientos más penosos para su dignidad. Si ahora fuese la
+temporada de ópera, ni ella ni sus hijas podrían lucir las joyas que
+enorgullecían y admiraban al pobre Juanito. Estaban en una casa de
+préstamos. Y la vajilla de plata, que daba al comedor un aire tan
+señorial, los grandes candelabros del salón, no habían salido de casa
+para blanquearlos el platero; donde estaban era naciendo compañía a las
+joyas. Todo por unos cuantos miles de reales, que se habían escurrido
+como agua en aquella criba de deudas y gastos, de infinitos agujeros.
+
+--Esto te lo digo, Juanito, porque eres el más formal de la casa y
+necesito tus consejos. Pero ¡por Dios! ni una palabra a las niñas; que
+no sepan las pobrecitas la situación. Se sentirían humilladas, y no
+quiero que mis hijas se consideren inferiores a sus amigas.
+
+Lo que menos preocupaba a Juanito era lo que pudiesen pensar sus
+hermanas. Sus instintos de comerciante honrado, amigo de la regularidad,
+sublevábanse al pensar en un medio tan vergonzoso de adquirir dinero.
+Para él, las casas de préstamos eran antros horribles, guaridas de
+latrocinio; acudir a ellas era contaminarse, perder la propia dignidad.
+
+--¿Y usted ha ido allí?--preguntó con expresión dolorosa--. ¿Ha entrado
+en esas casas?
+
+Doña Manuela contestó con altivez. ¡Quién! ¿Ella...? ¿Por quién la
+tomaba su hijo? Aunque arruinada, no por esto había perdido su dignidad.
+Para tales comisiones se valía de doña Clara, que tenía amigos entre los
+prestamistas, y hacía las «operaciones» diciendo que los objetos eran de
+una señora distinguida cuyo nombre no podía revelar. Lo que doña Manuela
+callaba eran las sospechas vehementes de que su amiga explotaba sus
+apuros, guardándose los «picos» de las cantidades facilitadas por los
+prestamistas. La viuda tenía la altivez de los grandes señores que creen
+de buen tono dejarse robar descaradamente por sus criados.
+
+Cuando terminaron las revelaciones sobre la situación de la casa, la
+viuda aguardó la respuesta de su hijo. Él era su única esperanza. Su
+hermano la detestaba; ¿a quién podía confiar sus penas? A Juanito
+únicamente, a su querido Juanito; pues Rafael, el pobre muchacho, metido
+en el mundo elegante, nada sabía de las «materialidades » de la vida, ni
+tenía bienes propios como su hermano mayor. Pero el bondadoso hortera se
+mostró más duro que su madre esperaba. El amor le había transformado;
+mas en vez de hacerlo soñador excitaba sus instintos de economía,
+predominando en él las aficiones de su padre, lo que su tío y don
+Eugenio llamaban «sangre comercial».
+
+Que nadie le tocase su huerto de Alcira. Y no es que amase gran cosa una
+finca que sólo veía una o dos veces por año. Deseaba convertirla pronto
+en dinero; pero los ocho mil duros limpios que pensaba sacar de ella
+eran la base de su porvenir, la realización de sus ilusiones, el medio
+de establecerse y convertir a Tónica en dueña de una gran tienda de
+telas.
+
+Doña Manuela experimentó gran extrañeza al tropezar con una tenacidad
+que nunca había supuesto en su hijo. Se negaba resueltamente a firmar
+otro pagaré garantizando el crédito de su madre, y menos consentía aún
+en hipotecar su huerto para adquirir los tres mil duros.
+
+--No, mamá--decía tímidamente, pero con firmeza--; no puedo. Ya sabrá
+usted más adelante que eso no es posible. Necesito mi dinero; y además,
+a mí me repugna eso de hipotecas, pagarés y préstamos de los usureros.
+Como dice el tío, eso queda para las gentes perdidas.
+
+Pero deseaba salvar a su madre del compromiso; encogíasele el corazón al
+verla tan hermosa, tan «señora», con los ojos llorosos y la frente
+surcada por dolorosas arrugas, y buscaba mentalmente un medio para
+sacarla de la situación.
+
+Era posible que don Antonio Cuadros, que tan rápidamente se
+enriquecía.... Pero no. El enérgico gesto de su madre le dio a entender
+que no consentía auxilios que lastimasen su amor propio. Tal vez más
+adelante ella no diría que no, cuando se reanudasen las amistades;
+ahora, desde la despedida de Andresito, eran bastante frías.
+
+Y Juan, no atreviéndose a nombrar a su tío, dejó de proponer soluciones.
+
+--Lo del huerto no lo consiento.... Pero no llore usted, mamá.... No
+llore.... ¡Qué demonio! Para todo hay remedio en este mundo. ¡Si no se
+gastase tanto en esta casa...! No se enfade usted, mamá. Sí; ya sé todo
+lo que va a decirme; el decoro de la familia, la necesidad de sostener
+el buen nombre, la conveniencia de colocar bien a las niñas.... La
+verdad es que se necesitan tres mil duros, y que no se adquieren en unos
+cuantos días economizando. Lo del huerto no lo consiento, lo vuelvo a
+repetir.... Pero en fin, para que usted no esté triste, le prometo
+encargarme del asunto. Yo lo arreglaré, y poco he de poder o la próxima
+semana tendremos ese dinero.
+
+Pero Juanito, como enamorado, tardó en cumplir sus promesas. Sus amores
+con Tónica, aquella luna de miel ideal, el afán de acompañarla a todas
+partes, hablando de su porvenir, le tenían tan distraído, que si no
+olvidó sus promesas, fue difiriendo su cumplimiento siempre para el día
+siguiente.
+
+Su madre le lanzaba en la mesa miradas interrogantes; le llamaba aparte
+para saber cómo iba «aquello»; y cuando él se excusaba con sus
+ocupaciones en la tienda, estremecíase ante el gesto de dolor de doña
+Manuela.
+
+Fue el Jueves Santo por la mañana cuando Juanito se decidió a emprender
+el asunto. La tienda estaba cerrada. Tónica saldría de casa con su vieja
+amiga; y él, no sabiendo qué hacer, decidióse a ir en busca de su tío.
+
+A las once salió a la calle. La mamá y las hermanitas estaban dando la
+última mano al tocado de circunstancias: el crujiente vestido de seda,
+el velo de blonda, y al puño el rosario de oro y nácar. Iban a una de
+las principales iglesias a sentarse tras la mesa petitoria de una
+comunidad de origen extranjero, a la hora en que la gente elegante reza
+las estaciones.
+
+Juanito, a pesar de la ¡anual costumbre, sintióse impresionado por el
+aspecto de la ciudad. Las tiendas cerradas, el adoquinado silencioso,
+sin que una rueda lo conmoviese; las gentes vestidas de negro, con aire
+solemne. Parecía que por la ciudad pasaba una epidemia, despoblando las
+casas y ahuyentando el ruido de las calles. El profundo silencio
+turbábanlo de vez en cuando los tercetos de ciegos que, agarrados del
+brazo y golpeando el suelo con sus garrotes para orientarse, iban por el
+arroyo sin miedo a ser atropellados, prorrumpiendo en lamentaciones
+poéticas que, en tono quejumbroso, relataban la pasión y muerte del
+Redentor. Los pasos de los transeúntes sonaban en las aceras como un
+áspero y ruidoso frotamiento, y aglomerábase la gente en las puertas de
+los templos, negras y profundas bocas que lanzaban a la fría calle el
+denso vaho de su interior.
+
+Los soldados, con uniforme de gala y las manos yertas dentro de los
+guantes de algodón, iban a visitar las estaciones, turbando el general
+silencio con el arrastre acompasado de sus pies e impregnando el
+ambiente de ese olor de salud, mezcla de carne sudada, cuero y lana
+burda. Los caballeros maestrantes lucían sus uniformes obscuros, los
+sanjuanistas su cruz roja, y hasta los oficiales de reemplazo y los del
+batallón de Veteranos se adosaban los arreos militares para acompañar a
+la señora en la visita a los templos y lucir de paso sobre el pecho las
+recién frotadas cruces. Era un desfile brillante de autoridades y
+uniformes, que admiraba a los papanatas; grupos de chicuelos y mujeres
+se agolpaban ante los Eccehomos que se exhibían en las calles sobre un
+pedestal: imágenes manchadas con brochazos de sangriento bermellón, la
+corona de espinas sobre las lacias y polvorientas melenas que agitaba el
+viento, una caña entre las manos y a los pies una bandeja con céntimos y
+un viejo pedigüeño.
+
+Al llegar Juanito al barrio de las Escuelas Pías entró en una calle
+estrecha donde estaba el caserón de sus abuelos, una interminable
+fachada pintada de azul claro, en la cual, corrió por compasión,
+rasgaban el grueso muro algunos balcones y ventanas, a gran distancia
+unos de otros.
+
+Juanito recordaba su niñez. Se veía muchacho pelón jugando con los
+chicos de la vecindad--los días en que su tío lo convidaba a comer--en
+aquel portal inmenso, obscuro, rezumando humedad por entre su empedrado
+de guijarros. Los recuerdos de la niñez seguían despertándose en él a la
+vista de la vieja escalera con su pasamano de caoba, rematado por un
+leoncito borroso y gastado, y de sus peldaños de azulejos del siglo
+anterior, en los cuales veíanse navios sobre un mar morado, con banderas
+más grandes que el casco, embozados de gruesas pantorrillas blancas con
+sombrero de picos y huertanas con cestos de frutas, todo en colores
+tostados y chillones.
+
+Vicenta, la vieja criada del tío, fue quien abrió la reja que obstruía
+la escalera. Juanito era el único pariente del señor a quien toleraba la
+vieja sirvienta. Le saludó con una sonrisa de su boca obscura y
+desdentada, y como de costumbre, no preguntó por su mamá ni sus
+hermanas. Aborrecía a aquellos parientes del amo, sabiendo la poca
+estima en que éste los tenía. Don Juan estaba arriba, en los porches,
+dando de comer a los palomos y a las gallinas.
+
+La criada y el sobrino hablaban en un rellano de la escalera, desde el
+cual se veían algunas habitaciones. Él las conocía perfectamente, y
+subsistían en su memoria con todos sus detalles estrambóticos. Desde
+allí percibía el tufillo de las habitaciones cerradas años enteros;
+aquel ambiente rancio, húmedo, cargado de polvo, que con la diaria
+limpieza mudaba de sitio sin salir de la casa, y expulsado por la escoba
+de los rincones iba a caer un poco más allá.
+
+La afición de don Juan a visitar almonedas, comprándolo todo con tal que
+fuese barato, había convertido su casa en una prendería. Las salas eran
+grandes como plazas, las alcobas podían servir de salones de baile; y a
+pesar de esto, no había un palmo de pared libre de muebles o adornos.
+Los armarios colosales se contaban a docenas, todos de roble viejo, con
+tallas tan complicadas como sus enormes cerraduras; los cuadros, buenos
+o malos, llegaban hasta el techo; las sillerías incompletas y de
+distintos colores, no encontrando espacio junto a las paredes,
+esparcíanse por el centro; todo estaba ocupado, como si la casa fuese un
+almacén, un depósito de rapiñas verificadas al azar; y aunque todas las
+piezas estaban abarrotadas, la casa sonaba a hueco, y la soledad
+despertaba esos ecos misteriosos de las grandes viviendas abandonadas.
+Mirando los salones interminables que parecían iglesias, pensábase
+involuntariamente en la noche, cuando las sombras ahogaban la macilenta
+luz de la candileja del avaro y los pasos del viejo y su criada sonaban
+como en el ulterior de una cripta, en un medroso silencio interrumpido
+por los crujidos de la madera vieja y las veloces carreras de las ratas.
+
+La manía de adquirir todo lo barato daba a la casa un tono grotesco.
+Sobre la puerta de la escalera destacábase una testa de toro disecada,
+con unas astas que daban frío. Juanito tenía presente los enormes monos
+trepando por un tronco, con el lomo apelillado y calvo, y los pájaros
+vistosos, a quienes no se podía quitar el polvo sin que cayesen las
+plumas; adquisiciones de almoneda, que convertían en un arca de Noé el
+gran salón, con su techo al fresco, donde jugueteaban amorcillos
+descoloridos y macilentos por la pátina de un siglo entero, y con sus
+enormes consolas doradas sobre las cuales se ostentaban grupos de frutas
+contrahechas, uvas y melocotones, cuya cera perdía los vivos colores
+bajo la capa de los años.
+
+--¿Conque el tío está arriba?
+
+--En los porches lo encontrarás, Juanito.... Sube, que yo voy a la
+cocina. Creo que se quema el potaje.
+
+Y el muchacho siguió subiendo la escalera, que ya no era de azulejos
+vistosos, sino de tostados baldosines. Aquellos peldaños habían sido
+cincuenta años antes el camino de una gran industria. Centenares de
+obreros los pisaban todas las mañanas, y por allí descendían, recién
+salidos del telar, los floreados damascos, los brillantes rasos, la seda
+listada, todas las magnificencias de una industria oriental que daba a
+Valencia fama y prosperidad. Ahora era la escalera de un panteón, y se
+sentía malestar oyendo cómo el eco repetía y agrandaba los pasos.
+
+Los porches eran inmensos. Un taller que se perdía de vista, ocupando
+todo el último piso del caserón; un bosque de maderos y cuerdas,
+invadidos por las telarañas; una confusión de telares que, inactivos y
+muertos, parecían siniestras guillotinas, complicadas máquinas de
+tormento.
+
+Juanito tardó en ver a su tío, agachado entre dos telares, en mangas de
+camisa, ocupado en armar una ratonera. A pocos pasos de él, una docena
+de gallinas picoteaban en un barreño, y por encima de los travesaños y
+redes de los telares aleteaban los palomos, lanzando su arrullo
+adormecedor.
+
+--¿Eres tú, Juanito?--exclamó el tío al levantar la cabeza--. No te
+esperaba. ¿Vienes para que hagamos juntos las estaciones? Pues no pienso
+salir hasta la tarde.
+
+Y don Juan, abandonando la ratonera, rué hacia su sobrino con la sonrisa
+paternal, bondadosa, que reservaba para Juanito aquel hombre duro y
+malhumorado con todos.
+
+La mirada curiosa e interrogante del sobrino llamó su atención.
+
+--¿Desde cuándo no has estado aquí...? Creo que desde que eras un
+chicuelo y subías a enredar con tus compinches. Lo menos hace veinte
+años.... Está bien arreglado, ¿verdad? Las ventanas cerradas, los
+postigos de arriba alambrados, para que entre el sol y el aire.... Me he
+gastado una barbaridad de dinero: lo menos doce duros; pero tengo un
+palomar en el que se criarían perfectamente todos los animales de pluma
+que entran en la plaza Redonda durante medio año. El único inconveniente
+son las malditas ratas. No hay ratonera ni polvos que puedan con ellas.
+Parece que los telares paran las ratas a montones. ¡Y qué atrevidas!
+¡Degüellan a los polluelos, se comen las crías, y cualquier día creo que
+bajarán para devorarnos a Vicenta y a mí! ¿Y lo desvergonzadas que
+son...? ¡Mira... mira!
+
+Y al mismo tiempo que señalaba a un extremo del vasto taller, cogió un
+pedazo de madera y lo arrojó con fuerza al lugar donde se agitaba el
+terrible roedor. El proyectil, pasando por entre los telares, rebotó
+sobre un poste, cayendo casi a los pies del tío.
+
+--¡Se escapó...! ¡Figúrate lo que harán esas malditas cuando estén
+solas! Se comen más palomas y gallinas que yo, rompen los huevos, y
+resulta que hago gastos para mantenerlas regaladamente. El día menos
+pensado mato todos los animalitos, y se acabó la diversión.
+
+Y mientras decía esto, por no estar inactivo, cogía de un telar la
+cazuela llena de granos, lanzando con voz de falsete un ¡_pul_!
+¡_pul_...! interminable, y arrojaba puñados al suelo, arremolinándose en
+torno de él las gallinas y palomos, escandalosas, agresivas,
+disputándose aquel maná con furiosos picotazos.
+
+Juanito seguía contemplando el aspecto desolado del porche: el techo, de
+cuyas viguetas pendían largos pabellones de telarañas; los telares, que
+en sus superficies planas tenían capas de polvo cuya formación suponía
+docenas de años; las ventanas, con sus cerraduras enmohecidas y arriba
+unos enrejados por los que lanzaba el sol barras de luz en cuyo interior
+danzaba un mundo de moléculas.
+
+El joven recordaba confusamente las grandezas que había oído de boca de
+don Eugenio: los recuerdos gloriosos del arte de la seda, los brillantes
+trabajos de los _velluters_ que cincuenta años antes hacían danzar las
+lanzaderas allí mismo, del amanecer hasta la noche; y sentía cierta
+pena, un malestar extraño, como si se encontrara ante las ruinas de una
+ciudad muerta y todavía vibrasen en el espacio los últimos estallidos de
+la catástrofe. Aquello era un panteón al que no se había quitado el
+andamiaje; la ruina y el silencio habían pasado por allí, petrificando
+el taller, antes ruidoso y ensordecedor.
+
+La melancolía del joven parecía comunicarse a don Juan, que ya no
+arrojaba granos a sus aves.
+
+--¡Cómo está esto! ¿No es verdad que entristece...? Y menos mal para ti,
+que no has conocido los buenos tiempos, cuando desde el amanecer reinaba
+aquí un estrépito de dos mil demonios, y abajo, tu abuelo y yo sentíamos
+temblar el techo al empuje de los telares, mientras arreglábamos cuentas
+o sacábamos de los armarios las ricas piezas para enseñarlas a los
+compradores.... ¡Ah, qué tiempos aquéllos...!
+
+Y el viejo se conmovía, coloreábase su tez, gesticulaba con entusiasmo,
+y sus ojos brillaban como si viese en movimiento aquel centenar de
+telares y una turba activa y laboriosa en torno de ellos.
+
+--Aquí, en estos talleres, estaban la riqueza y la honra de Valencia;
+aquí trabajaban los _velluters_, aquella gente que por su tonillo docto
+era el prototipo de la pedantería, pero que resultaba respetable por ser
+la fiel guardadora de las costumbres tradicionales, la sostenedora de
+ese carácter valenciano, sobrio, alegre y dicharachero, que casi ha
+desaparecido. ¡Qué hombres aquéllos! Tenían sus defectos, Juanito; pero
+así y todo, no los cambiaría yo por los hombres de hoy. Su carácter era
+sutil como la seda; acostumbrados a las labores difíciles, menudas y
+complicadas, eran meticulosos, y tan amantes de la equidad, que hasta se
+cuenta como chiste que uno de los del gremio hizo parar una vez la
+procesión para recoger del palio una pasita que se le había caído
+comiendo en la ventana. Esto sería ridículo, pero a mí me entusiasma.
+Con hombres así no había miedo a ser robado, y la confianza entre amos y
+obreros era completa. El tejedor entraba de aprendiz en un taller, y
+sólo lo abandonaba para irse al cementerio. Todos los trabajadores de la
+casa me vieron nacer. Eran como de la familia.... ¡Oh, qué tiempos
+aquéllos...!
+
+Y don Juan, animado por sus rancios entusiasmos, entornaba los ojos,
+como para ver mejor el hermoso cuadro del pasado.
+
+--Ahora--continuó, apoyando sus palabras con pataditas nerviosas--,
+ahora, todo muerto por culpa del maldito Lyón, de esos gabachos que con
+sus máquinas endiabladas nos han arruinado.... Ya no hay moreras en la
+huerta; en las barracas se ha perdido la memoria de las cosechas de
+capullo, y ha muerto una industria... industria no; un arte que
+nosotros, aunque cristianos viejos, heredamos directa y legítimamente de
+nuestros abuelos los moros.... ¿Y en esto consiste el progreso? ¿En que
+unos pueblos roben a otros sus medios de vida...? Pues me _futro_ en él
+y en los que le defienden.
+
+Y el viejo, siempre circunspecto y bien portado, animándose con la
+imaginación, hacía ademanes tan enérgicos como incorrectos para
+manifestar el desprecio que le merecía el progreso condenado.
+
+--Y no es que yo maldiga los adelantos--dijo después, como si se
+arrepintiese--; sobre todo me gusta que vayan a Madrid en menos de un
+día, cuando en mis tiempos se necesitaba nueve de galera y hacer
+testamento. Pero me enfurece que lo que estaba bien, y muy en su punto,
+venga el señor Progreso y lo eche a perder con su afán de revolucionarlo
+todo. Callaría si el arte de la seda hubiese ganado algo con nuestra
+ruina; pero me sublevo al ver que lo de allá, que es lo que priva, ni es
+arte ni nada. Industrialismo vil: estafa y nada más. ¿Dónde están los
+tejidos de pura seda que un puñal no podía atravesar? ¿Dónde los
+terciopelos que pasaban de abuelos a nietos, como si acabasen de salir
+de la tienda? Aquello acabó, y ahora sólo queda la sedería de Lyón,
+«mírame y no me toques», algodón malo, géneros que no duran un año,
+porquerías con las que van tan orgullosas estas señoritas del día....
+¿No es esto, Juanito? ¿No lo ves tú así?
+
+Y el sobrino contestaba a todo con afirmativas cabezadas, muy preocupado
+en su interior por el modo como expondría la pretensión que le llevaba
+allí. La aprobación de Juanito templó las iras del viejo.
+
+--No creas por eso que me forjo ilusiones. Esto está muerto y bien
+muerto. No es culpa de los de allá, sino de la gente de aquí. Se acabó
+el buen gusto. Hoy se tiene horror a lo que es rico y vistoso; los
+señores visten como los criados; todos van de obscuro, como sacristanes;
+el chaleco, que es la prenda que da majestad a la persona y pregona su
+clase, es de la misma tela que los pantalones; ya no se ostenta sobre el
+vientre el terciopelo floreado, aquellas rayas de cien colores que tanto
+golpe daban en mi juventud, y hasta los labradores se encajan la blusa
+y el hongo, como asistentes, y se ríen cuando sacan del fondo del arca
+el chupetín de raso de sus abuelos, la faja de seda y el pañuelo de
+flores, que tanto lucían en los bailes de la huerta.... ¿Y las mujeres?
+No me hables de ellas.... ¡Valientes imbéciles! Ni en las aleluyas del
+mundo al revés.... Se visten como los hombres, con lanilla inglesa; van
+feas como demonios con esos colores de enterrador, apagados, sombríos; y
+en el verano gastan, cuanto más, percal de tres reales, con lo que creen
+ir tan elegantes. ¡Oh, aquellos tiempos míos! Se estrenaba menos, era
+menor la variedad, pero se lucían cosas buenas y sólidas, que pasaban
+docenas de años en los roperos sin que hubiera polilla con valor para
+hincarlas el diente. ¡Todo se ha perdido! ¡Adiós, cortinajes de damasco!
+¡Abur, seda chinesca! Ahora adornan los salones con unas telas ásperas,
+de tejido burdo y borroso; y cuando no, para que la cosa tenga
+«carácter» (¡vaya una palabra!), echan mano de las mantas jerezanas y
+arman una decoración de taberna.
+
+Y el viejo, con el bigote un tanto erizado y los mongólicos ojos echando
+chispas, se movía y braceaba furioso, como si arrojara su indignación a
+la cara de un ser invisible. Su voz despertaba ecos en el inmenso
+porche, más silencioso que de costumbre por la calma en que estaban las
+calles; y a pesar de que las gallinas y las palomas picoteaban en torno
+de él, quitando grandeza a la escena, don Juan parecía un personaje
+bíblico, un profeta desesperado gimiendo lamentaciones ante las ruinas
+de la ciudad amada.
+
+Pero no era el avaro hombre capaz de entregarse por mucho tiempo a esta
+indignación con arranques líricos.
+
+--Pero vamos a ver, muchacho... ¿a qué has venido...? Algo te trae aquí.
+Lo adivino en tu preocupación.
+
+-Juanito balbuceó, sorprendido por esta pregunta inesperada. Sí.... Algo
+tenía que decirle a su tío; pero le turbaban tanto los ojos
+interrogantes de éste, la calma con que esperaba su respuesta, que se
+le embrollaban sus pensamientos y no sabía cómo empezar.
+
+--Es cuestión de la mamá.... ¡Si usted supiera, tío...! Está en
+situación muy apurada.
+
+Y rápidamente, sin tomar aliento, como si arrojara lejos de sí un peso
+asfixiante, disparó las pretensiones de doña Manuela, aquella demanda de
+quince mil pesetas, cantidad necesaria para salvar la honra de la
+familia.
+
+--Y bien, muchacho: ¿qué es lo que quieres decirme con todo esto?
+
+--Que usted... como hermano... como tío mío que es, podía....
+
+--Nada puedo, ¿lo entiendes...? Nada, absolutamente nada; y más
+tratándose de tu madre. El viejo dijo esto con un acento que no daba
+lugar a dudas. No había que esperar que retrocediese en su negativa.
+
+--¿Es que aún no conoces a tu madre? ¿No te he dicho muchas veces quién
+es...? ¿Que debe...? Pues que pague; y si no tiene con qué hacerlo, que
+sufra las consecuencias. He jurado no tenderle la mano aunque la vea con
+agua al cuello. Si fuese como Dios manda, una persona arregladita y
+económica, la sangre de mis venas le daría; pero a una derrochadora, que
+sólo se acuerda de su hermano en los apuros, y cuando tiene cuatro
+cuartos desprecia sus consejos, a ésa no le doy ni esto.
+
+Y metiéndose la uña del pulgar entre los dientes, tiraba con fuerza,
+produciendo un chasquido.
+
+--De seguro que ella es la que te envía aquí.
+
+--No, tío; puede usted creerme. Vengo por mi propia voluntad.
+
+--Pues entonces--dijo sonriendo el ladino viejo--es que ella te ha
+pedido a ti el dinero, y vienes a ver si lo saco yo.
+
+Enrojecióse el rostro de Juanito al ver que su tío adivinaba en parte la
+verdad.
+
+--No niegues, muchacho; la cara te hace traición.... Óyeme bien: si eres
+tan imbécil que te dejas explotar por tu madre, no cuentes con el
+cariño de tu tío. Lo que te dejó tu padre para ti es, y no para que se
+lo coman tus hermanitos los cachorros de Pajares. Vamos a ver; di la
+verdad: ¿No te ha metido Manuela en sus trampas? ¿No te ha hecho firmar
+algún pagaré? La verdad, y nada más que la verdad.
+
+La mirada del viejo era fija, inquisitorial, escudriñadora; pero Juanito
+tuvo serenidad para mentir.
+
+--No, señor; nada he firmado.
+
+--Te creo, y lo celebro. ¡Mucho ojo, muchacho! Tu madre tiene hambre de
+dinero, y de seguro que no pierde de vista tu fortunita. No quiero que
+te roben. Cuando yo muera, tendrás más, algo más que ese huerto de
+Alcira; no quedarás en medio de la calle, como tu mamá, tus hermanas y
+el _perdis_ de Rafaelito.... Pero vuelvo a repetirlo: no quiero que te
+roben. Además, no tomes tan a pecho eso de la ruina de tu madre. Ella
+vive en la trampa como en su propio elemento, y ya sabrá salir de este
+apuro como de otro. Aún le queda algo para ir tirando; y cuando no tenga
+ni camisa, reventará, tenlo por seguro. Es de esas gentes que no mueren
+hasta gastar el último ochavo.
+
+A Juanito le molestaba este lenguaje rudo que hería tan en lo vivo a su
+madre, a su ídolo; pero al tío le había profesado siempre tanto cariño
+como respeto, y fluctuando su carácter entre los dos afectos, limitábase
+a callar. Más de media hora estuvo oyendo los agravios que don Juan
+tenía con su hermana, el odio nacido al casarse ésta con el doctor
+Pajares, que sobrevivía a pesar del tiempo transcurrido.
+
+--Adiós, Juanito, y no hagas caso de tu madre--dijo al despedirle en la
+escalera--. Lo que debes hacer es preocuparte menos de tu familia, que
+nunca ha pensado en ti, y preparar tu porvenir. Ve pensando en
+establecerte, y si encuentras una muchacha buena, hacendosa y modesta,
+lo que no es fácil, tampoco será de más que te cases. Para ser
+comerciante necesitas familia. Adiós, muchacho. Ven a la tarde y
+haremos juntos las estaciones.
+
+El muchacho salió de la casa, llevando sobre sus hombros una verdadera
+olla de grillos. Era verdad lo que decía el tío: le querían explotar.
+Los lujos y prodigalidades de la familia tenía que pagarlos él, ¡él, que
+en su casa había ocupado un lugar intermedio entre los criados y sus
+hermanos! No daría un céntimo; que se arreglase su madre como pudiera.
+Nada le debía, pues le entregaba íntegro el salario de la tienda,
+satisfaciendo con creces sus gastos.
+
+Pero todos sus propósitos de energía desvaneciéronse ante las miradas
+suplicantes de su madre. ¡Qué hermosa estaba! Con sus ojazos
+lagrimeantes y tiernos, parecía la Virgen que tiene el corazón erizado
+de espadas. Él no la abandonaba; sería un mal hijo si correspondía con
+el desdén al cariñazo maternal que le mostraba la buena señora tan
+pronto como se veía en apuros de dinero.
+
+--Bueno, mamá; no llore usted. No encuentro quién nos preste; pero estoy
+dispuesto a firmar lo que usted quiera, dando en garantía el huerto.
+Crea usted que me cuesta mucho desprenderme de ese dinero.
+
+--Yo te lo devolveré, hijo mío; te lo devolveré pronto--dijo la
+arrogante señora abrazando a Juanito y mojándole el rostro con sus
+lágrimas.
+
+Y lo decía con toda su alma, con la buena fe de los tramposos cuando se
+ven salvados, que confían ciegamente en el porvenir y creen mejorar su
+fortuna en lo futuro.
+
+--Está bien, mamá--dijo Juanito, que en medio de su enternecimiento no
+se cegaba--. Firmaré, pero sólo por quince mil pesetas.
+
+Larga pausa.
+
+Doña Manuela, pensativa:
+
+--Mira, hijo mío, quince mil pesetas justas no han de ser. Puedes firmar
+por dieciséis mil. No digas que no, rico mío. Completa tu sacrificio.
+Necesito algún dinerillo para pagar ciertas cuentas, y además, las
+Pascuas vamos a pasarlas en nuestra casa de Burjasot; vendrán amigos, y
+hay que quedar bien. Ante todo, el decoro de la familia y no caer en el
+ridículo. Conque no tuerzas el gesto, niñito mío; quedamos en que serán
+dieciséis mil.... ¡Ay, qué peso me has quitado de encima...!
+
+
+
+
+VI
+
+
+Había abandonado la mesa la familia y aún duraban los elogios a
+Visanteta por el mérito de la _paella_ que les había servido, cuando
+comenzaron a llegar los amigos.
+
+--Mamá--gritaba Amparito desde la puerta de la calle--, las de López,
+que vienen en su faetón. ¡Calle! El tranvía ha parado en la esquina....
+¡Si son «las magistradas»! ¡Ay, y también el papá de Andresito, guiando
+su _charrette_...! ¡Si parece que se han dado cita! ¡Todos a un
+tiempo...! ¡Venid, Conchita, mamá! ¡Mirad qué guapo está el señor
+Cuadros guiando su cochecito! ¡Parece que en toda su vida no haya hecho
+otra cosa...!
+
+Y los convidados de doña Manuela entraron en la casa, confundiéndose
+unas familias con otras, saludándose las mujeres con un tiroteo de besos
+y elogiando todas las cualidades de la «posesión» que la viuda de
+Pajares tenía en Burjasot. Era un _chalet_ que parecía escapado de una
+caja de juguetes; un edificio construido por contrata, tan bonito como
+frágil, con sus tejados rojos y escalinatas con jarrones de yeso,
+situado en el centro de un jardincillo excavado en las rocas, con dos
+docenas de árboles tísicos que gemían melancólicamente, martirizadas
+sus raíces por la capa de dura piedra que encontraban a pocos palmos del
+suelo. A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto
+entusiasmaba a doña Manuela, el tal _chalet_ no pasaba de ser una casa
+de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la
+misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como
+sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de
+Villa-Teresa, Villa-María, etcétera, según fuese el nombre de la
+propietaria.
+
+La viuda había empeñado y perdido para siempre un centenar de hanegadas
+de tierra de arroz que le producían muy buenos cuartos, para adquirir
+aquella ratonera brillante y frágil, a la que puso el título de
+Villa-Conchita, no sin protestas ni rabietas de Amparo. Creía que una
+«villa» para el verano es el complemento de una familia distinguida que
+tiene coche; y en las tertulias, al dirigirse a sus amigas, llenábase la
+boca hablando de su «lindo hotelito» de Burjasot y de las innumerables
+comodidades que encerraba.
+
+La casa era mala, pero el paisaje magnífico. Los hotelitos--había que
+llamarlos así, para no disgustar a doña Manuela--, ocupando la suave
+pendiente de una colina yerma, eran un magnífico mirador, desde el cual
+se abarcaba la vega con todas sus esplendideces.
+
+Al frente, Burjasot, prolongada línea de tejados con su campanario
+puntiagudo como una lanza; más allá, sobre la obscura masa de pinos,
+Valencia achicada, liliputiense, cual una ciudad de muñecas, toda
+erizada de finas torres y campanarios airosos como minaretes moriscos; y
+en último término, en el límite del horizonte, entre el verde de la vega
+y el azul del cielo, el puerto, como un bosque de invierno, marcando en
+la atmósfera pura y diáfana la aglomeración de los mástiles de sus
+buques.
+
+El día era hermoso; un verdadero domingo de Pascua. La primavera
+enardecía la sangre, y la ciudad entera, solemnizando la vuelta del buen
+tiempo, lanzábase al campo, levantando en él un rumor de avispero.
+
+Los convidados de doña Manuela veían a poca distancia los famosos Silos
+de Burjasot, gigantesca plataforma de piedra, cuadrada meseta agujereada
+a trechos por la boca de los profundos depósitos y en la cual
+hormigueaba un enjambre alegre y ruidoso: corros en que sonaban
+guitarras, acordeones y castañuelas acompañando alborozados bailes;
+grupos de gente formal entregada sin rubor a los juegos de la infancia;
+docenas de muchachos ocupados en dar vuelo a sus cometas con grotescos
+figurones pintados, que al remontarse moviendo los inquietos rabos
+hacían el efecto de parches aplicados al azul cutis del infinito y daban
+al paisaje un aspecto chinesco de abanico o de pañolón de Manila.
+
+En casa de doña Manuela, las señoras, despojadas de sus sombreros y
+mantillas, y los hombres fumando con la confianza del que está en su
+propio domicilio, contemplaban desde los balcones la alegría popular.
+
+Bastábales volver un poco la cabeza, y su vista caía sobre la inmensa
+vega, silenciosa y esplendente, con sus tonos verdes de infinitos
+matices, que deslumhraban, abrillantados por el sol de la primavera. Los
+pueblos y caseríos, compactos y apiñados hasta el punto de parecer de
+lejos una sola población, matizaban de blanco y amarillo aquel
+gigantesco tablero de damas, cuyos cuadros geométricos, siendo todos
+verdes, destacábanse unos de otros por sus diversas tonalidades; a lo
+lejos, el mar, como una cenefa azul, corríase por todo el horizonte con
+su lomo erizado de velas puntiagudas como blancas aletas; y volviendo la
+vista más a la izquierda, los pueblos cercanos: Godella con su obscuro
+pinar, que avanza como promontorio sombrío en el oleaje verde de la
+huerta; y por encima de esta barrera, en último término, la sierra de
+Espadan, irregular, gigantesca, dentellada, mostrando a las horas de sol
+un suave color de caramelo, surcada por las sombras de hondanadas y
+barrancos, decreciendo rápidamente antes de llegar al mar, y ostentando
+en la última de sus protuberancias, en el postrer escalón, el castillo
+de Sagunto, con sus bastiones irregulares, semejantes a las ondulaciones
+de una culebra inmóvil y dormida bajo el sol.
+
+La esplendidez del paisaje tenía como embobados a los convidados de doña
+Manuela, a pesar de ser todos ellos gente poco susceptible de
+entusiasmarse ante cosas que no fuesen útiles.
+
+--¡Muy hermoso!--exclamaba «la magistrada »--. Yo he vivido en Granada
+cuando mi difunto estuvo en aquella Audiencia, y su vega no tiene
+comparación con ésta.
+
+--¡Qué ha de tener!--dijo el señor López el bolsista con expresión
+doctoral--. Cuando a Fernando VII lo trajeron a los Silos, declaró que
+esto era el balcón de España.
+
+--Pues figúrese usted--añadió doña Manuela, que enrojecía de
+satisfacción con estos elogios que alcanzaban a su casa--. Si los Silos
+son el balcón de España, ¿qué será Villa-Conchita, que está más alta que
+ellos?
+
+--El balcón de Europa, Manuela, no lo dude usted.
+
+El señor Cuadros, después de soltar esta barbaridad, miró a su mujer,
+que, como siempre, le admiraba.
+
+Mientras tanto, las niñas de la casa, las de López y «las magistradas»
+paseaban por el jardincillo con Rafael, que hablaba de su amigo Roberto,
+a quien estaba esperando.
+
+Andresito, cariacontecido y triste, seguía en un extremo del gran
+balcón, alejado de las personas graves. Sabía de buena tinta que la
+traviesa Amparito había tronado con el artillero; consideraba además
+como de muy buen signo que doña Manuela hubiese invitado a su familia,
+desechando la anterior frialdad; pero a pesar de esto, el bebé le había
+recibido con una sonrisa maligna, burlona, y antes de que hablara, se
+agarró del brazo de sus amigas, dejándole con la palabra en la boca. Y
+allí estaba él, plantado en el balcón, paciente y resignado, como si su
+destino fuese aguantar desdenes de aquella a quien había maldecido e
+insultado en toda clase de metros. Para ocultar su despecho, fingía
+contemplar atentamente el risueño panorama con sus ojos turbios. Poco le
+faltaba para llorar, y queriendo ocultar su emoción, murmuraba con
+expresión pedantesca:
+
+--¡Qué espectáculo! Esto es una sinfonía de colores, una verdadera
+sinfonía.
+
+¡Sinfonía de colores! Una fraséenla que había pescado en una de esas
+críticas que hablan del «colorido» y el «dibujo» de la música y la
+«armonía » y los «acordes» de la pintura.
+
+El joven repetía con obstinación su frase, como el que, acostado,
+masculla sin cesar la misma oración para aturdirse y coger el sueño; y
+poco a poco, como hipnotizado por la brillantez del paisaje, fue
+sumiéndose en un limbo de quietud contemplativa.
+
+Y ahora ¡vive Dios! iba adquiriendo realidad la dichosa sinfonía de
+colores; ya no era una frase huera y sin sentido, porque todo parecía
+cantar, la vega y el Mediterráneo, los montes y el cielo. ¡Qué delicioso
+era el anonadamiento del poetilla, apoyado en la balaustrada, sintiendo
+en su rostro el fresco viento que tantas cabriolas hacía dar a las
+cometas de papel...! Allí estaba la sinfonía, una verdadera pieza
+clásica con su tema fundamental... y él percibía con los ojos el
+misterioso canto, como si la mirada y el oído hubiesen trocado sus
+maravillosas funciones.
+
+Primero, las notas aisladas e incoherentes de la introducción eran las
+manchas verdes de los cercanos jardincillos, las rojas aglomeraciones de
+tejados, las blancas paredes, todas las pinceladas de color sueltas y
+sin armonizar por hallarse próximas. Y tras esta fugaz introducción,
+comenzaba la sinfonía, brillante, atronadora.
+
+El cabrilleo de las temblonas aguas de las acequias, heridas por la luz,
+era el trino dulce y tímido de los violines melancólicos; los campos de
+verde apagado, sonaban para el visionario joven como tiernos suspiros
+de los clarinetes, «las mujeres amadas», como les llamaba Berlioz; los
+inquietos cañares con su entonación amarillenta y los frescos campos de
+hortalizas, claros y brillantes como lagos de esmeralda líquida,
+resaltaban sobre el conjunto como apasionados quejidos de la viola de
+amor o románticas frases del violoncelo; y en el fondo, la inmensa faja
+de mar, con su tono azul esfumado, semejaba la nota prolongada del metal
+que, a la sordina, lanzaba un lamento interminable.
+
+Andresito se afirmaba cada vez más en la realidad de su visión. No eran
+ilusiones. El paisaje entonaba una sinfonía clásica, en la que el tema
+se repetía hasta lo infinito. Y este tema era la eterna nota verde, que
+tan pronto se abría y ensanchaba, tomando un tinte blanquecino, como se
+condensaba y obscurecía hasta convertirse en azul violáceo. Como en la
+orquesta salta el pasaje fundamental de atril en atril para ser repetido
+por todos los instrumentos en los más diversos tonos, aquel verde eterno
+jugueteaba en la sinfonía del paisaje, subía o bajaba con diversa
+intensidad, se hundía en las aguas tembloroso y vago como los gemidos de
+los instrumentos de cuerda, tendíase sobre los campos voluptuoso y
+dulzón como los arrullos de los instrumentos de madera, se extendía
+azulándose sobre el mar con la prolongación indefinida de un acorde
+arrastrado del metal, y así como el vibrante ronquido de los timbales
+matiza los pasajes más interesantes de una obra, el sol, arrojando a
+puñados su luz, matizaba el panorama, haciendo resaltar unas partes con
+la brillantez del oro y envolviendo otras en dulce penumbra.
+
+Y Andresito, con la imaginación perturbada, iba siguiendo el curso de la
+sinfonía extraña que sólo sonaba para sus ojos. Los caminos, con su
+serpenteante blancura, eran los intervalos del silencio. El tema, el
+color verde, crecía en intensidad al alejarse hacia las orillas del mar;
+allí llegaba al período brillante, a la cúspide de la sinfonía; y
+lanzándose en pleno cielo, aclarándose en un azul blanquecino, marchaba
+velozmente hacia el final, se extinguía en el horizonte pálido y vago
+como el último quejido de los violines, que se prolonga mientras queda
+una pulgada de arco, y adelgazándose hasta ser un hilillo tenue, una
+imperceptible vibración, no puede adivinarse en qué instante deja
+realmente de sonar.
+
+Era una locura; pero el visionario muchacho «veía» cantar los campos y
+gozaba en la muda sinfonía de los colores, en aquella obra silenciosa y
+extraña que se parecía a algo... a algo que Andresito no podía recordar.
+Por fin, un nombre surgió en su memoria. Aquello era Wagner puro; la
+sinfonía del _Tannhauser_, que él había oído varias veces. Sí; allí unas
+tonalidades de color enérgicas y rabiosas sofocaban a otras apagadas y
+tristes, como el canto de las sirenas, imperioso, enervante,
+desordenado, intenta sofocar el himno místico de los peregrinos. Y
+aquella luz que derramaba polvo de oro por todas partes, aquel cielo
+empapado de sol, aquella diafanidad vibrante en el espacio, ¿no era el
+propio himno a Venus, la canción impúdica y sublime del trovador de
+Turingia ensalzando la gloria del placer y de la terrena vida? Sí;
+aquello mismo era. Y el muchacho, sonámbulo, embriagado por la
+Naturaleza, hipnotizado por la extraña contemplación, movía la cabeza
+ridiculamente, y al par que pensaba que todo aquello era magnífico para
+puesto en verso, tarareaba la célebre obertura con tanta fe como si
+fuera el propio _Tannhauser_ escandalizando con su himno a la corte del
+landgrave.
+
+--Andresito... oye; oiga usted.
+
+¿Quién le hablaba...? ¿Si sería Elissabetta, la cándida amada del
+cantor? No; era Amparito, el malicioso bebé, que le sonreía, algo
+confusa y tímida, como si no supiera qué decirle, y un poco más allá,
+doña Manuela envolviéndolos en la más tierna de sus miradas maternales.
+
+Bien sabía hacer las cosas aquella señora. Al ver al pobre muchacho solo
+y gesticulando como un imbécil, había llamado a la niña para que lo
+llevara abajo con la gente joven, lo mismo que dos meses antes le había
+mandado que rompiese con él toda clase de relaciones. Era asombroso este
+cambio de conducta; pero también lo era que el señor Cuadros, que antes
+medía telas en su tienda sin ambición alguna, tuviera ahora carruaje y
+todo el empaque pretencioso de un aspirante a millonario.
+
+--Ven conmigo, Andresito. Vamos a dar un paseo.
+
+--Sí--añadió la mamá--, acompaña a Amparito. Reúnete con la gente
+joven.... ¡Qué diablo! A tu edad....
+
+El muchacho siguió a su antigua novia. Estaba como si acabase de
+despertar y todavía no hubiera ahuyentado la modorra del sueño. Aún le
+zumbaba en los oídos el eco lejano de la extraña sinfonía.
+
+En el jardín estaban las jóvenes, muy alborozadas, en torno de Rafael y
+su amigo Roberto, que acababa de llegar. Juanito habíase metido en el
+piso bajo, donde reinaba gran algazara por estar reunidas las criadas de
+la casa con las de las familias invitadas.
+
+Amparito llevaba a remolque a su antiguo novio.
+
+--Vamos a ver; ¿qué hacemos...? Podemos dar un paseo por la montaña.
+
+Y el alegre enjambre transpuso la verja del jardincillo, dirigiéndose a
+lo que llamaban «la montaña», árida colina, suave hinchazón del terreno,
+cariada como una muela vieja, rajada y perforada por las excavaciones de
+las canteras y las minas de greda.
+
+El bullicioso escuadrón encaminábase lentamente a un horno de cal que
+había en la cumbre. Otros grupos de paseantes destacábanse a lo lejos
+como hormigas trepadoras.
+
+Andresito y el bebé quedábanse rezagados, andaban lentamente y se
+detenían para recalcar sus palabras con gestos vehementes.
+
+--Ea, que no te creo. Me la pegaste con el artillero, te burlaste de
+mí... «destrozaste mi alma», ¿y ahora quieres que yo me trague esa bola
+de que me querías entonces y sigues queriéndome?
+
+--¡Pero tonto, si todo fue por probarte...! El artillero, ¡valiente
+mico! Yo sólo te he querido a ti; pero a mamá no le parecía bien nuestro
+noviazgo, lo tenía por cosa de poca formalidad, y hube de obedecerla.
+
+--¿Y ahora?
+
+--Ahora es otra cosa. No sé qué mosca le ha picado a mamá. Antes eras un
+títere, y ahora parece que te considera mejor. En esto debe bailar tu
+papá.
+
+--¡Mi papá!--exclamó Andresito con terror infantil, como si temiese una
+mano de azotes por la travesura.
+
+--Calla, memo, no te asustes. Yo «distingo» más que tú, y creo que
+nuestro noviazgo es ya pan comido para la mamá y tu padre.
+
+--¡Entonces...!
+
+--Entonces, señor mío, podemos querernos como antes y sin miedo alguno;
+pero te advierto que nuestro noviazgo no ha de ser cosa de tapujo. ¿Para
+qué el novio, si no puede una lucirlo...? ¡Ah! Queda prohibido que me
+endilgues más versitos como los que me enviaste después del rompimiento.
+Señores, tiene gracia el modo como se desahoga este caballerito. Con esa
+cara de pascua, y tiene más ponzoña que una víbora. «¡Pérfida!,
+¡desleal!, ¡traidora!...» Por eso tuve tanto gusto en hacerte rabiar con
+el teniente; para vengarme. Se acabaron los versos; y si me disparas
+algún soneto, te frotaré los hocicos con él, ¿sabes, niño? como a los
+gatitos cuando son cochinos.
+
+Y Andresito sonreía, embelesado por la gracia con que el bebé le
+hablaba, ahuecando la voz para imitar grotescamente el tono de sus
+poesías y acompañando sus palabras con gestos de píllete. ¡Oh, qué
+criatura! Había que creerla y él se lo tragaba todo a ojos cerrados,
+incluso la afirmación de que sus relaciones con el teniente sólo fueron
+para aumentar sus rabietas.
+
+--Pero ¿no vienen ustedes?
+
+Eran las de López las que llamaban; unas «perchas », según Amparito, a
+las que caían rematadamente mal los vestidos lujosos y recargados con
+que las obsequiaba el papá a cada operación afortunada en la Bolsa.
+
+--¿Ya se han arreglado ustedes?--añadió una de ellas, sonriendo de un
+modo que picó la susceptibilidad de Amparito.
+
+¡Ya les ajustaría las cuentas a aquellas pavas...! Y abandonando a
+Andresito, se unió al grupo de jóvenes que, en fila y cogidas del talle,
+corrían como unas locas por la suave pendiente. La alegría del campo, al
+verse libres de la mirada interrogante y severa de las mamas,
+convertíalas en niñas revoltosas, y a pesar de sus altos peinados, de
+sus faldas largas y ajustadas, correteaban, enseñando sus lindos pies y
+aleteando con sus enaguas como una bandada de pájaros. Las mejillas se
+enrojecían, expeliendo en su dilatación la capa de polvos de arroz; los
+ojos brillaban, los empellones y las corridas impetuosas parecían
+enardecerlas, como muchachas que se embriagan con la violencia de sus
+juegos, y en las expansiones a que se entregaban, acariciándose los
+inflamados rostros, besándose ruidosamente, parecía notarse algo de
+desprecio por los hombres que iban detrás. Rafael, su amigo y Andresito
+caminaban lentamente, con cachaza filosófica, mirando el hermoso grupo,
+sin intentar mezclarse en él.
+
+Mientras tanto, Juanito pasaba la tarde en la cocina. Era una tendencia
+que avergonzaba a doña Manuela la que demostraba su hijo mayor. Apenas
+se formaba en la cocina una tertulia de criadas, allí estaba él, como
+arrastrado por irresistible seducción. Aquello debía ser hereditario: la
+afición de sus antecesores los montañeses de Aragón a las hembras
+fornidas, duras, oliendo a bestia bravía y con las manazas agrietadas
+por el esparto y la tierra de fregar. Su padre, sin duda, revivía en él,
+y por esto no podía aspirar el vaho de una cocina sin estremecimientos
+voluptuosos, ni ver a una muchachota de tez morena, brazo musculoso y
+robustas posaderas sin sentir que la sangre afluía rápida a su corazón,
+como si se viera ante el ideal realizado. Adoraba a Tónica, criatura
+endeble y graciosa, tal vez por la fuerza del contraste; pero cuando
+estaba en su casa no podía librarse de la «querencia» a la cocina, como
+decía Rafael, y allá iba a echar su párrafo, sin pasar nunca de ahí,
+pues Juanito era casto. Adoraba como un idealista las zafias beldades
+con su olor a limón y tierra, gozaba oyendo sus conversaciones,
+prestábalas con el mayor gusto pequeños servicios, aguantaba sus
+groserías e impertinencias, todo a cambio de poder estarse en un rincón,
+tímido y sonriente, contemplando los brazos hercúleos, los ojazos
+insolentes y las piernas como columnas, marcadas por el discreto
+zagalejo.
+
+Al caer la tarde, comenzó a sonar un piano viejo en el piso alto del
+_chalet_, éste se conmovió con el taconeo de una agitada mazurca. Los
+señoritos habían vuelto de su excursión por «la montaña», y bailaban, no
+sabiendo sin duda cómo pasar el tiempo.
+
+La señora había dado orden para que la merienda estuviera lista, y
+Visanteta se afanaba, yendo de un lado a otro y enviando sus amigas al
+jardín para que la dejasen en libertad.
+
+Cuando Juanito subió al piso alto, el baile estaba en su apogeo. Rafael
+y Roberto sacaban a bailar, una tras otra, a todas las señoritas, y el
+señor Cuadros, ¡oh asombro! entró de refuerzo. Entre aplausos y risas
+bailó con Amparito, mientras su hijo los contemplaba enternecido,
+renegando tal vez en su interior de su condición de poeta soñoliento y
+enemigo de superfluidades, que no le permitía aprender cómo se mueven
+las zancas en el vals, ¡El mismo demonio era el señor Cuadros, a pesar
+de sus años y del enorme bigote! Así lo declaraban doña Manuela y
+Teresa, sonrientes, reconciliadas y puestas ambas al mismo nivel. Sus
+miradas hablaban. Había que hacer algo por los chicos, ya que se querían
+tanto sus familias.
+
+Terminaba la tarde. Por los balcones entraba el resplandor rojizo de la
+puesta del sol, que se ensanchaba en el horizonte como un lago de
+sangre.
+
+Calló el piano, guardándose su ronca y temblona voz de viejo, y el
+enjambre joven, atropellándose, corrió al comedor. ¡Vive Dios, que se
+estaba bien allí, sentados ante el blanco mantel, con los balcones
+abiertos y en los ojos el extenso paisaje, que, con la luz anaranjada de
+la caída de la tarde, iba velando sus tonos brillantes y parecía
+adormecerse!
+
+Todos tenían excitado el apetito por el paseo y el baile, y miraban con
+el rabillo del ojo la puerta por donde entraban las criadas.
+
+--Señores, tendrán ustedes que perdonar--decía doña Manuela con aire de
+castellana hospitalaria--. Estamos en el campo y hay que conformarse con
+lo que traigan. Aquí no se pueden hacer milagros. En fin, harán ustedes
+penitencia. Todos contestaban con un «¡oh!» de protesta, mientras se
+acomodaban la servilleta en el pescuezo. Ya sabían que la dueña de la
+casa arreglaba bien las cosas. Y empuñaban el tenedor, como diciendo:
+«¡Venga de ahí, que estamos a todo!»
+
+No fue malo el desfile de platos organizado por Visanteta. Era la cocina
+indígena, con todo su esplendor de las fiestas tradicionales. El lomo de
+cerdo, con las primeras habas de la cosecha, tiernas y jugosas, formando
+un puré, cuyo olorcillo causaba en el estómago una sensación voluptuosa;
+los lagostinos, con casaquillas de escarlata y la puntiaguda caperuza,
+doblándose como _clowns_ rojos sobre un lecho de excitante salsa; los
+pollos, despedazados, hundidos en el rosado caldo del tomate, y después
+las rodajas de salchichón a centenares, un jamón entero cortado en
+gruesas lonjas, y una enorme pirámide de huevos cocidos, con la cáscara
+teñida de rojo o amarillo; todo con una abundancia capaz de anonadar al
+estómago más animoso.
+
+Pero los convidados de doña Manuela eran personas de buen diente. Sólo
+«las magistraditas» y «las perchas» de López comían con cierto dengue y
+lanzaban miradas escandalizadas cuando veían en sus copas dos dedos de
+vino; pero los demás tragaban de buena fe, y el ruido de sus mandíbulas
+parecía gritar en el silencioso comedor: «Aquí se come y se goza... y
+ruede la bola.»
+
+Además, Rafael y Roberto se encargaban de dar a la merienda el tono de
+distinción que tanto agradaba a doña Manuela. ¡Vaya unos chicos atentos!
+¡Cómo sabían obsequiar a las muchachas...! «No me desprecie usted esta
+aceituna...» «Lolita, ¡por Dios! acepte usted esta rodajita de
+salchichón...» «Vamos, un pedacito más: ¡no me deje usted feo!»
+
+Y procediendo como niñas buenas y bien educadas, incapaces de desear la
+fealdad del prójimo, aceptaban los obsequios ruborizadas, pero mirando
+con superioridad satisfecha a las amigas.
+
+Doña Manuela estaba contenta. ¿No era un placer reunir en la mesa tan
+buenos amigos? ¿No se gozaba contemplando sus expansiones? Allí quisiera
+ver ella a su hermano, el maldito tacaño, incapaz de convidar a sus
+amigos a una ensalada. ¡Cómo ensanchaba el alma ver a la familia con sus
+amigos celebrando la Pascua tradicional! Era verdad que la fiesta
+resultaba costosa; que llena de trampas como estaba no debía permitirse
+tales despilfarres; pero ¡qué diablo! hay que saber vivir, y aquella
+fiesta, pensando egoístamente, bien podía resultar un medio seguro de
+proporcionarse auxilios en el porvenir. En el señor López no había que
+confiar mucho; tenía el alma atravesada, y si gastaba algo adornando a
+su familia, era para sostener su prestigio de bolsista de fuerza. Pero
+allí estaba Cuadros, infatuado por la buena suerte, orgulloso, tanto él
+como su esposa, de que la señora del antiguo principal accediese a
+admitir a Andresito en su familia; estos dos amigos, seguramente que al
+verla en un apuro eran capaces de darla la sangre de sus venas.
+
+Y doña Manuela, animada por estas ilusiones que garantizaban su futura
+tranquilidad, envolvía la mesa y sus comensales en una mirada infinita
+de benevolencia y cariño. Todo marchaba bien. Andresito y Amparo se
+pellizcaban por debajo de la mesa; Roberto se acercaba de un modo
+inconveniente a Conchita; la mamá lo veía todo, pero sonreía con dulce
+tolerancia. Un día es un día; hay que dar a la juventud lo suyo, y ella
+¡ay! recordaba enternecida cuando el doctor Pajares era estudiante y se
+sentaba a su lado en la mesa.
+
+La merienda se animaba. Nelet había encendido la lámpara del comedor, y
+los moscardones y mariposas del vecino jardín, atraídos por la luz,
+aleteaban nerviosamente, chocando con la pantalla de porcelana. Sobre la
+mesa aparecían las doradas naranjas de terso cutis, el _panquemado_ de
+Alberique, con miga porosa, la corteza obscura y barnizada y el vértice
+nevado, y las bandejas de dulce seco, confitería indígena, sólida y
+empalagosa: peras verdosas con la dureza del azúcar petrificado,
+limoncillos de las monjas de Sagunto, trozos de melón, yemas envueltas
+en rizados moñetes de papel, todo destilando azúcar y atrayendo a los
+insectos que revoloteaban en torno de la luz.
+
+La concurrencia se atracaba de huevos cocidos. Partíanlos en la frente
+del vecino, a pesar de las muchas precauciones que se adoptaban para
+evitar esta broma tradicional; y eran de ver las señoritas tapándose la
+cara con las manos, chillando como gallinas asustadas, por miedo a que
+les golpeasen encima de las cejas, y los aplausos y vivas con que se
+acogía la travesura de alguna joven cuando era ella la que agredía a los
+audaces pollos. Cuando se hacía momentáneamente el silencio en el
+comedor, oíase cómo se regocijaba fuera la plebe; el rasgueo de la
+guitarra, el estallido de los cohetes, el cacareo de las mujeres; y
+algunas veces el estruendo venía de abajo, de la cocina, donde sonaban
+el vozarrón de Nelet y las corridas medrosas de las criadas, con
+chillidos de protesta débil. También allí partían huevos.
+
+Las personas mayores la emprendieron con el dulce, y el señor Cuadros
+descorchó frascos de licor de colores vivos e infernales, que hacían
+retorcer el estómago. Las copitas de color rosa besaban las bocas,
+dejando en los rojos labios de las jóvenes adorables gotitas de azúcar
+líquido.
+
+La sobremesa, alborozada y ruidosa, duró mucho rato. Nadie miraba el
+reloj del comedor, que seguía indiferente marcando el curso del tiempo.
+Cuando sonaron las nueve, todos se sobresaltaron. Fuera del _hotel_ la
+algazara iba disminuyendo.
+
+Doña Manuela hizo prometer a sus amigos que la honrarían con su visita
+en los dos restantes días de la Pascua, y comenzaron los preparativos de
+marcha. Las criadas comparecieron rojas y sudorosas. Bien habían
+bromeado con Nelet y el cochero del señor López.
+
+Comenzó la confusión de la despedida. Buscaban los abrigos abandonados
+sobre los muebles; olvidaban dónde habían dejado el sombrero; recogían
+los velillos rotos en el revuelto montón de prendas, y transcurrió más
+de media hora antes de que todos estuvieran listos.
+
+El señor López ofreció su faetón a «las magistradas ». Irían todos
+apretados, pero esto entraba en la fiesta. En cuanto al señor Cuadros,
+sacó de la cuadra del _hotel_ su carruajillo, del que estaba orgulloso,
+y amontonó en él la esposa, el hijo y las dos criadas.
+
+--¡Buenas noches...! ¡Hasta mañana...! ¡Descansar...! ¡Arre, valiente!
+
+Y los dos carruajes, esparciendo en la sombra la roja luz de sus dobles
+faroles, partieron al trote, conmoviendo el silencio de la noche tibia,
+estrellada y serena. La familia de Pajares los vio alejarse desde la
+puerta del _hotel_.
+
+Frente a los Silos, la multitud arremolinábase en la obscuridad,
+asaltando a brazo partido las plataformas de los tranvías o regateando
+con los cazurros tartaneros. Sonaban los pitos; el vocerío era grande en
+torno de los ojos inflamados de los coches, y el público esperaba
+impacientemente el momento de emprender el viaje, entonando canciones a
+coro, en las cuales, sobre las voces aguardentosas, destacábanse otras
+jóvenes, claras, argentinas. De vez en cuando, griterío y corridas;
+brazos en alto, bastones enarbolados, una guitarra estrellándose
+quejumbrosamente en una cabeza, y cuando la calma se restablecía,
+saludábase con sonrisas y aplausos irónicos a la ristra de valientes
+que, sin paciencia para esperar, emprendían la marcha carretera abajo,
+cogidos del brazo, moviéndose con torpe balanceo, como si estuvieran
+sobre la cubierta de un buque en día de gran marejada, charlando
+incoherentemente o soltando sus vozarrones para entonar los
+estrambóticos y lánguidos corales que inspira la musa amílica.
+
+Los tres días de Pascua fueron de felicidad para la familia de Pajares.
+El noviazgo de Amparito se consolidó, desapareciendo los escrúpulos del
+poetilla, temeroso de que el recuerdo del teniente viviese todavía en la
+memoria de la joven. Era cosa decidida, y el bebé siempre contestaba con
+el mismo tono burlón a sus recriminaciones:
+
+--Pero ¡tonto...! ¡si nunca le quise...! ¡si aquello fue una broma, un
+caprichito para hacerte rabiar...! ¡Yo sólo te quiero a ti,
+insultador...!
+
+Y Andresito, cerrando los ojos, despreciando los punzantes recuerdos del
+pasado, se sentía feliz, tanto casi como Conchita, que en los días de
+Pascua, en la agitación de las alegres meriendas, había conseguido
+turbar a Roberto hasta el punto de arrancarle la deseada declaración.
+Por fin era su novio «oficial»; ya podía hablar con él a todas horas,
+sin miedo al ridículo de una intimidad falta de garantía.
+
+Juanito fue el único que sufrió en aquellos tres días. La mamá
+mostrábase con él amable y cariñosa como jamás la había visto; tenía
+arranques de lirismo casero, se enternecía reuniendo toda la familia en
+la mesa, y él, por no contrariarla, permanecía en Burjasot, víctima de
+las contradicciones de su carácter, tan pronto atraído por la
+«querencia» a la cocina, como pensando en Tónica con la dulce nostalgia
+del enamorado.
+
+Por esto, cuando regresó a Valencia, volviendo a encargarse de _Las Tres
+Rosas_, experimentó la alegría del que sale del destierro. Quiso
+resarcirse del breve paréntisis en su vida de amante, y esperó a Tónica
+en las calles, sosteniendo con ella largas pláticas que la hacían llegar
+tarde a casa de las parroquianas, enterándose con minuciosidad de las
+tardes que había pasado en melancólica calma leyendo novelas
+sentimentales, mientras Micaela, la fiel amiga, cocinaba, preparando la
+modesta merienda.
+
+Sus pláticas con aquella muchacha tranquila y juiciosa le daban nuevos
+ánimos para trabajar; y él, que hasta entonces había vivido tranquilo e
+indiferente, amarrado a la noria de la dependencia, sin pensar en el
+porvenir, sentíase ambicioso, soñaba con una gran posición comercial,
+que compartiría con Tónica, y miraba la tienda de _Las Tres Rosas_ con
+el mismo cariño del heredero ante una cosa que espera ha de ser suya. Su
+plan estaba formado. Esperaría hasta fines de año, vendería el huerto de
+Alcira, y don Antonio le haría traspaso de la tienda por unos cuantos
+miles de duros.
+
+El afortunado bolsista seguía abominando de la tienda y del mezquino
+comercio al por menor; no era difícil alcanzar la cesión de _Las Tres
+Rosas_ por lo que el joven quisiera darle. ¡Valiente cosa le importaba a
+él mil duros más o menos! La suerte le había hecho audaz; realizaba
+jugadas con éxito sorprendente, y así como aumentaba su fortuna,
+transformábase en persona. Permanecía en la tienda lo menos posible;
+cuando no estaba en la Bolsa, pasaba las horas en el café, mediando en
+las riñas de «alcistas» y «bajistas», con expresión de superioridad;
+enganchaba la _charrette_ e iba con Teresa, muy emperejilada, a pasear
+su nuevo lujo por la Alameda, entre los brillantes trenes, para que
+supieran más de cuatro que él también, «aunque le estuviera mal el
+decirlo», era de la aristocracia, de la del dinero, que es la que más
+vale en estos tiempos; y hasta en su misma casa introducía reformas
+radicales, pasando la familia con violento salto de la comodidad
+mediocre a la ostentación aparatosa. Seducido por los guisos de fonda
+que saboreaba en los banquetes conmemorativos de grandes jugadas, no
+podía avenirse con el talento culinario de su Teresa, y había tomado una
+cocinera procedente de una gran casa. La riqueza improvisada daba al
+señor Cuadros un airecillo petulante y fanfarrón. En competencia con su
+mujer, pocos dedos conservaba en sus manos libres de sortijas; sólo que
+las suyas no eran baratas, sino de oro macizo, gruesas, pesadas y con
+cada pedrusco que quitaba la luz de los ojos. Rompía los ojales del
+chaleco con la enorme cadena cargada de dijes, y él, que antes cuidaba
+de salir con poca calderilla en el bolsillo, por miedo a los compromisos
+o a la tentación de entrar en algún café, sacaba ahora, a tuertas y a
+derechas, su gran cartera de hombre de negocios repleta de billetes del
+Banco, y muchas veces escandalizaba a los camareros presentando para
+pagar un refresco un papelote de mil pesetas.
+
+_Las Tres Rosas_ estaba patas arriba, según murmuraba el asombrado
+Juanito. La fortuna del amo los enloquecía a todos. Los dependientes,
+libres de vigilancia, hacían lo que les daba la gana; el género
+desaparecía, sin dejar como recuerdo de su paso dinero en el cajón; las
+criadas robaban arriba, en las mismas narices de doña Teresa, aturdida
+por tan radicales cambios; pero allí estaba el amo para remediarlo todo,
+y por mucho que se despilfarrase, los cobros de diferencias a fin de mes
+eran tan exorbitantes, que empujaban vertiginosamente aquel barco falto
+de dirección y haciendo agua por todas partes.
+
+El único que protestaba en la casa, revolviéndose furioso contra las
+desatinadas innovaciones, era don Eugenio. El veterano del comercio
+escandalizábase, y había que oírle las pocas veces que conseguía
+entablar conversación con el dueño de la tienda, siempre atareado,
+viviendo en su casa como en una fonda.
+
+Don Eugenio parecía una sibila, que, en nombre de la honradez y la
+mesura comercial, profetizaba las mayores desgracias. Aquella borrachera
+de dinero no podía acabar bien. No era legal ni justo ganar ocho o nueve
+mil duros en un mes, jugando, ni más ni menos que los perdidos que van a
+los garitos; además, ese lucro resultaba criminal, ya que lo que él
+ganaba otros lo perdían.
+
+Pero don Antonio contestaba con risitas irónicas que desesperaban al
+pobre viejo. ¡Vaya unas ideas rancias! ¿De dónde salía para atreverse a
+hablar contra un negocio tan legal y admitido por todos? Los tiempos
+cambian, amigo don Eugenio, y con ellos los negocios. Es verdad que los
+afortunados arruinaban a los infelices, pero ¡qué remedio...! Había que
+amoldarse a las exigencias del mundo, tomar parte en la «lucha por la
+existencia»; la sociedad estaba constituida así. Para que vivan unos hay
+que devorar a otros. Y el señor Cuadros repetía con expresión pedantesca
+estos y otros lugares comunes que había oído en la Bolsa de boca de
+ciertos pillos de levita, que con la dichosa «lucha por la existencia»
+justifican rapiñas legales que merecen un grillete. Y para desesperación
+del pobre viejo, hacía la apología de la Bolsa. Sólo un rancio podía
+tronar contra ella. Para censurarla había que ser consecuente y hablar
+mal también del ferrocarril, del teléfono y de todas las conquistas del
+progreso. Podía esperar sentado a que todas las personas honradas se
+coligasen, según él decía, para acabar con los negocios bursátiles.
+
+Cada día eran más respetados; se popularizaban, y ya no eran
+comerciantes y rentistas los que jugaban en la Bolsa; los pobres, los
+humildes, buscaban tomar parte en el negocio. Y para probarlo, no había
+más que fijarse en don Ramón Morte, un filántropo, que hacía el bien
+encaminando a la ganancia los pequeños capitales que yacían muertos y
+dedicando las ganancias propias a obras de beneficencia.
+
+Don Eugenio escuchaba con frialdad el nombre del célebre banquero, que
+todos los días repetían los periódicos, pero Juanito se estremeció.
+Aquél sí que era un hombre. Husmeaba la ganancia a cien leguas; colocaba
+los capitales ajenos con la mayor seguridad; tenía esclavizada la
+fortuna, y a pesar de esto, ¡qué sencillo! ¡Con qué modesta afabilidad
+trataba a los pequeños! Era un señor pequeñín, enfermizo por el exceso
+de trabajo, con gafas de oro y esa sonrisa atractiva y cándida cuyo
+secreto sólo poseen los grandes hombres de negocio o los Padres de la
+Compañía. Dos veces había estado en la tienda buscando al principal, y
+se dignó hablar con Juanito afectuosamente, como si fuese uno de la
+clase, enterándose con benevolencia paternal de sus proyectos para el
+porvenir. ¡Oh, qué hombre! ¡Qué confianza inspiraba! Aconsejado por él,
+realizaba el señor Cuadros sus magníficos negocios; y Juanito, a no ser
+por su deseo de verse dueño de _Las Tres Rosas_, hubiese vendido el
+huerto, poniendo toda su fortuna en manos de don Ramón.
+
+La loca fortuna del principal contagiaba al dependiente, y éste, a pesar
+de su carácter frío, se sentía animado por el deseo de correr el azar
+ganando una fortuna en unos cuantos meses o arruinándose para siempre.
+Cuando estaba solo y entregado a sus reflexiones, asustábase de las
+audacias de su pensamiento; pero oyendo al principal enardecíase, y
+entre las cenizas de su carácter tímido y apático asomaba el fuego del
+aventurero.
+
+Las contiendas entre don Eugenio y su antiguo dependiente los separaban,
+y a pesar de hacer la vida bajo el mismo techo, pasaban semanas sin
+hablarse. El pobre viejo se sentía solo en aquella casa. Teresa no le
+comprendía; Andresito, entusiasmado por la fortuna del papá, tenía sus
+ambiciones; mostrábase meticuloso y exigiendo en materias de vestir, y
+hablaba de la posibilidad de poseer una yegua alazana y pasear por la
+Alameda, siguiendo el carruaje de su novia, para lo cual se estaba
+preparando todas las tardes en el picadero.
+
+Don Eugenio sólo se consolaba yendo en busca del tío de Juanito, ante el
+cual mostraba su indignación por los negocios de Cuadros. ¡Cómo se reía
+don Juan de las fortunas de los bolsistas! Buen provecho. Muchos le
+habían propuesto aquel negocio; pero él era gato viejo y gustaba de
+guardar seguro su dinero. Eso de arrojar la fortuna al viento, con la
+esperanza de una ganancia loca, quedaba para los tontos que se creen
+poseedores de infalibles secretos. Él opinaba como don Eugenio. Aquello
+sólo era una racha de fortuna, la terrible benevolencia de la fatalidad
+con los jugadores novatos: primero, la seducción de las pequeñas
+ganancias, y después, cuando ya están metidos de cabeza en los caprichos
+del azar, la ruina instantánea, completa, fulminante.
+
+El día de San Vicente supo Juanito hasta dónde llegaba la indignación
+del venerable don Eugenio.
+
+La fiesta del santo popular verificábase con el aparato de costumbre. En
+los puntos más céntricos de la ciudad habíanse levantado los «altares»,
+enormes fábricas de madera y cartompiedra que llegaban a los tejados,
+con decoración gótica o corintia, erizados de mecheros de gas, y en su
+parte media la repisa, en la que se ostentaba el diplomático de Caspe
+con su hábito de dominico y un dedo en alto entre cirios y flores.
+Abajo, la plataforma del escenario, donde se representaban los
+_milacres_, piezas dramáticas, cándidas y sencillas como sus versos
+lemosines, cuyo argumento, girando en torno del mismo punto, trata
+siempre de las querellas feudales entre Centelles y Vilaraguts, de la
+conversión de los moros de Granada o de alguna treta de los impíos
+contra el elocuente apóstol, todo sazonado al final con el necesario
+milagro del santo y el correspondiente sermón en endecasílabos. La
+multitud agolpábase ante los altares para oír mejor a los actores,
+granujillas del barrio, roncos de tanto vocear los versos, orondos en
+sus trajes de ropería; orgullosos de lucir el bonete con pluma y tirar
+de la espada cuando lo requería el _milacre_; y era de ver la atención
+con que escuchaba la predicación de San Vicente, representado siempre
+por un muchacho paliducho, pedante y melancólico, y las carcajadas con
+que celebraba las majaderías del motilón, personaje bufo que pasaba el
+tiempo tragando pan, sorbiendo rapé, sonándose las narices en un pañuelo
+como una sábana y agujereado como una criba, y diciendo estupideces
+subidas de color, todo para mayor edificación de los devotos del santo.
+Un mar de cabezas agitábase ante aquellas plataformas que recordaban el
+teatro primitivo, lo mismo el tablado de Esquilo que la carreta de Lope
+de Rueda.
+
+Entre una y otra representación tocaban las músicas alegres polcas, y la
+granujería de siempre, agarrada de un modo repugnante, improvisaba
+academias de baile en las aceras, chocando muchas veces contra las mesas
+donde las buenas mozas de vestido almidonado, pañuelo de seda y cara
+bravia vendían garbanzos tostados, orejones y ciruelas pasas.
+
+Juanito, a las tres de la tarde, había ido a ponerse en acecho cerca de
+la casa de Tónica, esperando que ésta saliese con Micaela para ver los
+altares. Una vecina le avisó que ya habían salido, y el joven lanzóse en
+su persecución, corriendo de uno a otro altar, sin conseguir
+encontrarlas.
+
+En la plaza de la Constitución vio a don Eugenio, que miraba de lejos el
+_milacre_, apoyado en el viejo bastón y mostrando su carita de pascua
+por el embozo de su capa azul, que no abandonaba hasta bien entrado el
+verano.
+
+El pobre señor acogió a Juanito con una sonrisa de gozo.
+
+--¡Hombre, cuánto me alegro de verte...! Tú no tendrás quehacer,
+¿verdad?
+
+Juanito contestó negativamente, arrepintiéndose en seguida.
+
+--Me alegro. Pasearemos juntos. Mis amigos han salido con sus familias,
+y yo no tengo a nadie en este mundo; estoy solo... completamente solo.
+
+El viejo recalcaba estas palabras, como si quisiera hacer responsable a
+alguien de su abandono.
+
+Emprendieron los dos la marcha hacia las Alameditas de Serranos, paseo
+habitual de don Eugenio. Por el camino hablaba el viejo de su situación
+con tono melancólico; pero sus quejas eran vagas. Llegaron al paseo: una
+ancha faja de jardín en la orilla del río, exuberante de vegetación,
+pero tan sombría, que justificaba su título vulgar de «paseo de los
+desesperados». La concurrencia era la de siempre. Algunas madres de la
+vecindad, con su tropel de muñecos voceadores, y grupos de curas y
+aficionados a la clase sacerdotal, destacando sobre el verde la mancha
+negra de sus trajes, hablando con misterio de lo malos que están los
+tiempos, del prisionero del Vaticano y del verdadero rey que vive en
+Venecia.
+
+Don Eugenio, saludaba al paso aquellas caras que veía todas las tardes,
+sin interrumpir por esto la conversación.
+
+Juanito le oía con la deferencia y el respeto que inspiran ochenta años.
+
+--En una palabra, muchacho: que yo no puedo sufrir esta clase de vida.
+Serán para algunos escrúpulos necios, pero ¿qué quieres? Después de
+tantísimos años de probidad comercial, de prosperidad lenta pero segura,
+no puedo conformarme con esta vida de agitación y sobresalto que noto en
+torno mío, ni menos ver con tranquilidad una ganancia inmoral y
+estrepitosa.
+
+--Pero ¿por qué se ha de molestar usted tanto?--dijo el joven con tono
+conciliador--. Lo mejor es que deje correr las cosas. Don Antonio gana
+demasiado dinero para que puedan hacerle mella sus palabras. Además,
+cada época trae sus costumbres, y no es justo que usted se queje porque
+las cosas no estén lo mismo que en su juventud.
+
+--Tienes razón, hijo mío. Éstos son otros tiempos. Soy un verdadero
+cadáver; pero me resisto a meterme en la fosa, a pesar de que ésta me
+reclama, y tengo que sufrir las consecuencias. ¡Qué tiempos. Señor, qué
+tiempos!
+
+Y el vejete miraba al cielo, mientras su mano arrancaba al paso las
+hojas de los rosales.
+
+--Tú también--continuó--estás algo tocado de ese afán de hacerte rico,
+aunque sea arruinando al mundo entero. No te culpo por esto; es la
+fiebre de la época, y la juventud es la que con más calor apadrina las
+ideas nuevas. Tienes razón; yo no puedo, yo no debo meterme en los
+negocios de Antonio; carezco de derecho. ¿Qué soy en aquella casa? Un
+trasto inútil, un mueble incómodo que se empeña en permanecer intacto y
+todos desean verlo hecho astillas para arrojarlo al montón.
+
+--No; eso no es verdad, don Eugenio. En aquella casa le quieren a usted
+todos. Me consta.
+
+--Y yo también--dijo el viejo con gran calor--, yo también los quiero
+con toda mi alma. ¿Tengo otra familia acaso? Lo que hay, muchacho, es
+que, por lo mismo que les quiero tanto, me preocupa su suerte y no puedo
+ver con tranquilidad cómo Antonio se mete de cabeza en tan peligrosas
+aventuras. ¡Ay, mi pobre tienda! Tiemblo al pensar que puede ser
+deshonrada para siempre. He oído decir que los marinos viejos sienten
+una pasión loca por el barco en que han pasado su vida. Lo mismo soy yo
+con _Las Tres Rosas_. Yo la fundé; tu pobre padre mantuvo la reputación
+del establecimiento honrado, y ahora... tiemblo al pensar lo que
+ocurriría si Antonio se arruinase en la Bolsa como otros tantos.... Todo
+perdido, la tienda embargada, deshonrada para siempre.... ¡Gran Dios! No
+quiero pensarlo.
+
+--¡Bah!--objetó Juanito con juvenil confianza--. No es eso fácil; en la
+Bolsa sólo se arruinan los tontos, y mi principal tiene buen guía. Don
+Ramón... ¿sabe usted? don Ramón Morte, el hombre mimado de la fortuna,
+el gran filántropo.
+
+--No seas tonto, muchacho. ¿Crees que tu tío es listo? Pues pregúntale
+qué piensa del tal don Ramón. Un pillo, hijo, un pillo redomado que
+emplea la pamplina de la caridad y se da bombos en los periódicos para
+engañar incautos. ¡Y qué bien sabe hacerlo el muy ladrón! Se confiesa a
+menudo, entrega cantidades en las sacristías, diciendo que las ha
+cobrado de más por un error y quiere sean para los pobres, y hasta se
+murmura si es él ese ramoso sujeto que, con el incógnito de Un
+cualquiera, envía dinero a la Junta de Instrucción Obrera cuando ésta
+sufre apuros. Esa modestia, ese incógnito a medio velo, es un medio para
+llamar la atención como cualquier otro reclamo, y un negociante que
+desea tanto la popularidad no lleva idea buena. Algo prepara. Para mí,
+lo que hace es arreglarse el vendaje antes que exista la herida.
+
+Juanito sentía inquietud y molestia ante la rudeza con que el viejo
+destrozaba el ídolo de su admiración, pero calló por respeto.
+
+--Si ese hombre es--continuó don Eugenio--quien tiene que evitar la
+ruina de Antonio, bien estamos. Yo veo claro, y por eso chillo hasta ser
+impertinente. No entiendo de esos negocios infernales, estoy
+acostumbrado a los tratos sencillos del comercio a la antigua, pero no
+desconozco lo fácil que es quedarse los bolsistas en medio de la calle
+de la noche a la mañana. ¿Y puedo yo estar tranquilo...? Al principio,
+Antonio era prudente y no exponía gran cosa; pero la ganancia le ciega,
+y ahora... ¿sabes? me he enterado de que se mete tan hondo, que si la
+fortuna le volviese la espalda, en veinticuatro horas quedaba limpio,
+sin cubrir sus compromisos, y por tanto, deshonrado. Figúrate lo que
+esto representa muchacho. Si tu padre viviera, me comprendería mejor. Se
+me abren las carites sólo al pensar en la posibilidad de que el dueño de
+_Las Tres Rosas_ aparezca como un insolvente, como un tramposo, casi
+como un estafador. Di, muchacho, ¿puedo yo consentir esto? ¿Te parece
+tolerable?
+
+Y el viejo se animaba, se erguía, apoyándose en su bastoncillo, y al
+hablar de su querida tienda, una oleada de sangre daba color a su cara
+fresca de anciano bien conservado.
+
+--No; yo no puedo callar; esto apresurará mi muerte. Necesito
+tranquilidad, y no me acuesto ninguna noche sin llevar en el cuerpo un
+berrinche más que regular. Lo que yo digo: pero Señor, ¿por qué se
+meterá ese hombre en libros de caballerías? ¿No podía vivir tranquilo
+como yo, trabajando para la vejez y sin exponerse a peligro alguno...? Y
+es la maldita ambición que hoy todo lo invade. En mis tiempos, antes de
+gastar un ochavo le dábamos cien vueltas, pero nos contentábamos con lo
+nuestro y vivíamos felices. Ahora todo el mundo no piensa en otra cosa
+que en el modo de quitar legalmente la bolsa al vecino. La ambición los
+devora; a los cuarenta años son más viejos que yo; viven pendientes de
+un hilo con el afán de acaparar dinero; y todo para derrocharlo, para
+satisfacer esa locura de engrandecimiento que a todos domina. Esto está
+perdido. Los mocosos ya no se conforman con ser aprendices y quieren
+pasar a amos; y... ¿qué más? Antonio se avergüenza de ser comerciante, y
+va por las tardes a la Alameda en un cochecillo ridículo, guiando como
+si fuese un cochero. Antes soñaba con que su hijo fuese abogado, y ahora
+mira impasible cómo abandona los estudios y se entera con gusto de sus
+progresos en la equitación. Dice que con la herencia que él le dejará,
+para nada necesita la carrera; quiere hacer de él un hombre a la moda, y
+quién sabe si tendrá pensado casarle por lo menos con la princesa de
+Asturias....
+
+Y reía al decir esto con una risa misericordiosa, como si se sintiera
+elevado por encima de todas las miserias.
+
+--En fin, hijo mío, tal vez te fastidie con mis quejas, pero a los
+viejos hay que tolerarles. Yo necesito hablar, expansionarme, echar
+fuera de mí esta inquietud que me devora, como si fuese yo mismo quien
+se mete en aventuras. Y te repito que esto acabará mal, muy mal. Tu tío
+es de la misma opinión. ¿Ves a tu principal? Pues es como tu mamá. Yo no
+le conocía, pero hay que tratar mucho a los hombres. Depende de las
+circunstancias que se muestren tales como son. Ahora no me cabe duda de
+quién es Antonio. Hubiese hecho con tu madre una excelente pareja. Los
+dos son iguales. Unos «fachendas», hambrientos de figurar, deseosos de
+meterse en una esfera superior a la suya, aunque se pongan en ridículo.
+Tu madre arruinándose y Antonio subiendo locamente camino de la suerte,
+son exactamente lo mismo. Capaces de derrochar una fortuna; la una por
+mantener lo que llama su «rango», y el otro por meterse entre gentes que
+de seguro se burlan de él.... Esto no puede seguir así.... Vamos a ver
+grandes cosas, y... ¡ay! me dice el corazón que mi tienda, mi pobrecita
+tienda, naufraga en esta borrasca, y yo me muero.
+
+El viejo hablaba melancólicamente, como si viese ya la ruina del brazo
+con la muerte rondando en torno de él.
+
+Juanito se fastidiaba.... ¡Bah! Aprensiones de viejo.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Los domingos, a las siete de la mañana, salía Juanito de su casa con el
+alegre desembarazo del colegial que en día de fiesta todo lo ve de color
+de rosa.
+
+Iba estirado, satisfecho dentro de su traje de lanilla inglesa, algo
+incómodo por el cuello de la camisa almidonado y de bordes punzantes;
+pero le bastaba lanzar una mirada a sus botas de charol y a la corbata,
+siempre de colores vivos, para darse por satisfecho de todas las
+molestias que le causaba su transformación. La mamá y las hermanitas le
+contemplaban con asombro. ¿Qué creían ellas? El Juanito de ahora estaba
+muy lejos del de los tres meses antes. Ya era hora de dedicar a rodillas
+de cocina las levitas viejas de su padrastro el doctor Pajares, prendas
+que la mamá le había hecho usar para mayor economía.
+
+El amor había transformado a Juanito. Su alma vestía también nuevos
+trajes, y desde que era novio de Tónica, parecía como que despertaban
+sus sentimientos por primera vez y adquiría otros completamente nuevos.
+Hasta entonces había carecido de olfato. Estaba segurísimo de ello; y si
+no, ¿cómo era que todas las primaveras las había pasado sin percibir
+siquiera aquel perfume de azahar que exhalaban los paseos y ahora le
+enloquecía, enardeciendo su sangre y arrojando su pensamiento en la
+vaguedad de un oleaje de perfumes? No era menos cierto que hasta
+entonces había estado sordo. Ya no escuchaba el piano de sus hermanas
+como quien oye llover; ahora la música le arañaba en lo más hondo del
+pecho, y algunas veces hasta le saltaban las lágrimas cuando Amparito se
+arrancaba con alguna romanza italiana de esas que meten el corazón, en
+un puño.
+
+El muchacho, antes tan sólido y bien equilibrado, mostrábase inquieto y
+nervioso, lloraba a solas por cualquier cosa o se entregaba a
+expansiones infantiles; pero a pesar de esto, era más feliz que nunca.
+Su antigua vida parecíale la existencia soñolienta de una bestia
+amarrada a la estaca, rumiando la comida o durmiendo, sin noción alguna
+de un más allá.
+
+Ahora, el amor por un lado y por otro la primavera, parecían incubar en
+él un nuevo ser, y de la ruda cáscara del antiguo dependiente, con la
+inteligencia muerta y la voluntad atrofiada, surgía un hombre nuevo, en
+el cual despertábase el mismo romanticismo de su padre cuando era joven.
+
+El Mercado le atraía los domingos en las primeras horas de la mañana, e
+iba a lucir sus arreos entre los puestos de las floristas. Allí
+permanecía confundido en el grupo de curiosos que atisbaban las caras
+hermosas, y lo mismo abrían paso a las señoritas que volvían de misa con
+el devocionario en la mano, que echaban piropos a las criadas
+emperejiladas, que, doblándose al peso de las cestas, metíanse entre la
+varonil barrera para comprar un mazo de flores.
+
+¡Qué bien se estaba allí! El sol comenzaba a caldear la plaza;
+esparcíase por el ambiente el tufillo de las verduras recalentadas; pero
+bajo la techumbre de cinc que resguardaba los puestos de flores, entre
+las cortinas rayadas que tapaban los lados del mercadillo, notábase una
+frescura de subterráneo, el vaho húmedo de las baldosas regadas con
+exceso. Y luego, ¡qué orgía para el olfato en esta atmósfera fresca!
+Experimentábase la misma impresión que en una tienda de perfumería,
+donde, al entrar, toda una avalancha de esencias distintas sale de
+cuantos huecos tiene la anaquelería, asaltando el olfato.
+
+Sobre las mesas pintadas de verde amontonábanse las flores como si
+fuesen comestibles, o agrupadas en pirámides, sobre una base de papel
+calado, erguíanse formando ramos monumentales con los colores en
+caprichosos arabescos. Allí estaban las jardineras: hermosas unas, con
+la esplendidez de las vírgenes morenas; viejas y arrugadas otras, con
+esa fealdad de bruja que es final rápido e inesperado de la belleza de
+las razas meridionales. Acostumbradas todas ellas a la vida común con
+las flores, tratábanlas con confianza ruda y desdeñosa. Recortaban
+cruelmente sus tiernos rabos mientras hablaban con los compradores, o
+aprisionaban sus finos tallos con el hilo, sin que les enterneciera el
+perfume que en son de protesta les arrojaban al rostro.
+
+Un mosaico deslumbrador se extendía sobre las mesas. Las azucenas, con
+su túnica de blanco raso, erguíanse encogidas, medrosas, emocionadas,
+como muchachas que van a entrar en el mundo y estrenan su primer traje
+de baile; las camelias, de color de carne desnuda, hacían pensar en el
+tibio misterio del harén, en las sultanas de pechos descubiertos,
+voluptuosamente tendidas, mostrando lo más recóndito de la fina y rosada
+piel; los pensamientos, gnomos de los jardines, asomaban entre el
+follaje su barbuda carita burlona cubierta con la hueca boina de morado
+terciopelo; las violetas coqueteaban ocultándose para que las denunciase
+su olorcillo que parecía decir: «¡Estoy aquí!»; y la democrática masa de
+flores rojas y vulgares extendíase por todas partes, asaltaba las mesas,
+como un pueblo en revolución, tumultuoso y desbordado, cubierto de
+encarnados gorros.
+
+Allí esperaba Juanito la aparición de Tónica, que todos los domingos,
+por hallarse libre del trabajo, se encargaba de la compra, evitando esta
+operación a su compañera, cada vez más falta de vista. Formaban una
+original pareja el hortera endomingado y aquella muchacha, que por estar
+cerca su casa iba de trapillo, sin perder por esto el aire de distinción
+adquirido en la niñez y llevando su cesta con la desenvoltura de una
+colegiala que comete una travesura.
+
+Hablaron un buen rato en la entrada del mercadillo, sin fijarse en
+miradas maliciosas ni darse cuenta de los rudos encontronazos de la
+multitud; él la cargaba con el ramo más hermoso que veía, seguíala en su
+correteo por el Mercado, de puesto en puesto, y después la acompañaba
+hasta su casa, lentamente, saludando a los vecinos de los pisos bajos,
+que consideraban a Juanito como un conocido y se hacían lenguas,
+especialmente las mujeres, del «gancho» de la costurerilla, una mosquita
+muerta que había sabido «pescar» un novio rico, según aseguraban los
+mejor informados de la calle.
+
+Juanito, poco a poco, había logrado estrechar sus relaciones con Tónica.
+No subía a la casa, eso no; ¿qué dirían los vecinos? pero si le estaba
+vedado entrar en aquella escalerilla, que se le antojaba camino de
+misterioso santuario, podía acompañar a Tónica y su amiga los domingos
+por la tarde.
+
+El dependiente había entablado amistad con Micaela, una criatura
+insignificante que pasaba por el mundo como un fantasma, anulada la
+voluntad, lamentándose de no vivir, como en su juventud, en la
+servidumbre doméstica. Sentía una tierna simpatía por aquella mujer casi
+ciega, con sus ojazos claros siempre inmóviles, como si experimentara
+eterno asombro. Entre el dependiente y ella establecíase el lazo de la
+igualdad de caracteres. Los dos eran seres débiles, pacientes, sin
+voluntad: acostumbrada ella a la obediencia de la servidumbre,
+supeditado él por la adoración a su madre.
+
+Micaela encontraba aceptables las relaciones entre Juanito y su amiga.
+El dependiente era para ella un ser de casta superior; causábala respeto
+la posición social de su familia; y mientras Tónica le llamaba por su
+nombre, ella, con sus costumbres de criada antigua, nombrábale siempre
+«señor de Peña», ceremoniosamente, a estilo de comedia.
+
+¡Qué tardes tan hermosas las de aquella primavera! Salían de casa a la
+hora en que correteaban por las calles los grupos de criadas, con sus
+faldas almidonadas y al cuello el ondeante pañuelito de seda, seguidas
+por los soldados de caballería, de escandalosas espuelas, torpe paso y
+embarazados por el sable, como si fuese un pesado garrote.
+
+Sus diversiones eran siempre las mismas. Iban donde va la gente que no
+quiere gastar dinero, y se les veía por el pretil del río, camino de
+Monte-Olivete, los dos jóvenes delante, hablando tranquilamente,
+mientras se acariciaban con la mirada, y detrás Micaela, con aire de
+inconsciente, abismada en el crepúsculo eterno que la envolvía y
+levantando la cabeza, sin sentir la menor molestia por los rayos del sol
+que se quebraban en sus ojazos hermosos y muertos.
+
+Deteníanse a contemplar los incidentes del tiro de palomo establecido en
+el cauce del río, pedregoso, inmenso, surcado por unas cuantas venillas
+de agua, que se cruzaban caprichosamente, formando verdes archipiélagos.
+La afición meridional al estruendo, el instinto de raza, ansioso de
+correr la pólvora, revelábase en el inmenso corro, donde se contaban las
+escopetas a centenares y el tirador de chaqué disparaba junto al
+aficionado de blusa. En el centro del corro los enormes jaulones, donde
+aleteaban inquietos los pajarracos de la Albufera o los pardos palomos,
+estremeciéndose a cada descarga, temiendo que les tocase el turno de
+volar por entre la lluvia de plomo; y junto a ellos el héroe de la
+fiesta, el _colombaire_, un mocetón despechugado, al aire los bíceps de
+hércules, limpiándose el sudor, girando como una peonza, haciendo toda
+clase de muecas y voceando la frase sacramental «¡_a pacte_!» antes de
+soltar las alas que oprimía entre sus manos ¡Allá va...! Y aquello era
+una batalla. Primero el disparo aislado del preferido que paga mejor;
+después tiroteo graneado; y al fin descargas cerradas, mientras el
+_colombaire_ se agitaba como un energúmeno, con la fiebre de la
+destrucción, y rugía «¡_a ell_, _a ell_!» como si su voz fuese el
+ladrido de toda una jauría. El rojizo humo envolvía al corro; y arriba,
+en el espacio azul, puro, ideal, deshonrado por un crimen, veíase caer
+al palomo inerte, apelotonado, atravesado por veinte tiros, como un
+miserable puñado de plumas. Los curiosos, enardecidos por el tiroteo,
+seguían con mirada ansiosa al pájaro que lograba escapar; interesábanse
+en las terribles disputas de los cazadores, reclamando todos la misma
+pieza; no se fijaban en la lluvia de perdigones fríos que caían en torno
+de ellos; y si «por casualidad» se perdía un ojo o se sentía escozor en
+el cuerpo... ¿qué iban a hacer? esto entraba en la diversión.
+
+La enamorada pareja seguía su paseo, sintiendo a sus espaldas el paso
+leve de la resignada Micaela. En Monte-Olivete sentábanse en el banco de
+piedra que circunda la ovalada plaza; henchíase el moquero de Tónica de
+cacahuetes y altramuces, y volvían a emprender la marcha, siempre por la
+orilla del río, más agreste ahora, con filas de seculares álamos y
+verdes cañares, que se estremecían rumorosos al viento con un quejido
+triste.
+
+Andaban, devoraban distraídamente el contenido del pañuelo. Juanito
+llevaba en su bigote cortezas de cacahuet; y a pesar de esto, los dos se
+sentían en un ambiente ideal y caminaban como si no pusiesen los pies en
+el suelo. En el fondo de los ojos de Tónica veía él la reducción del
+paisaje, las verdes charcas del río, los cañares, la arboleda, el
+azulado cielo; y las nubecillas que resbalaban veloces antojábansele,
+vistas en tal espejo, el alma de su amada, que pasaba y repasaba tras
+las pupilas envuelta en vaporosas vestiduras. ¡Oh, qué bien se sentía
+caminando junto a la mujer amada, rozándola el codo a la menor
+disigualdad del terreno, aspirando el perfume indefinible de Tónica,
+distinto de todas las esencias de este mundo! Olvidábase de todo, de su
+familia, de su porvenir, de la pobre Micaela, que iba a sus espaldas
+rumiando altramuces, y su atención reconcentrábase en los ojos negros,
+que a cada momento reproducían un rincón del paisaje; en la blanca y
+sana dentadura, tan hermosa, tan brillante, que al reír parecía iluminar
+la morena cara de la joven.
+
+Y sin embargo, su conversación no podía ser más vulgar. Tónica era un
+espíritu práctico, que, en medio de sus escapes de pasión, no olvidaba
+el porvenir con todas sus miserias y monotonías. Insensible a los
+encantos del paisaje, a la soledad rumorosa que los rodeaba, trazaba
+planes para lo futuro, para cuando fuesen dueños de una tienda en el
+Mercado y ella tuviese que desarrollar las facultades de ama de casa. Ya
+vería él de lo que era capaz su mujercita. Y la linda costurera, con su
+aire grave de mujer formal, con la misma expresión vaga y soñolienta que
+si hablase de amor, marcaba punto por punto el programa de su vida
+futura. Se levantaría a la misma hora que él, y mientras Juan vigilase
+la limpieza de la tienda, ella ayudaría a la criada en «lo de arriba»;
+trabajar mucho y ahorrar más, pues esto es lo que da salud; y después, a
+la hora de comer... ¡qué felicidad hablar de los negocios devorando el
+clásico puchero con el buen apetito que da la actividad! Dependientes
+pocos y buenos, tratados como de la familia, comiendo todos en la misma
+mesa, a estilo patriarcal. Y la casa adelante, siempre adelante,
+Queriéndose ellos mucho y amasando ochavo tras ochavo la fortuna para la
+vejez, en aquel nido estrecho atestado de fardos y piezas de tela. Esto
+al principio, cuando aún no hubiesen novedades y la casa permaneciese
+tranquila y en reposo; pero después... ¡figúrate tú! vendrá lo que es
+natural... uno, dos o más, ¿quién sabe? Y entonces tendrá que ver que al
+digno comerciante don Juan Peña, cuando suba a almorzar, se le cuelguen
+de los brazos unos cuantos angelitos cabezudos, de hinchados mofletes, y
+no le dejen tragar bocado con tranquilidad.
+
+Pero Tónica se detenía, ruborizándose como si sintiera haber dicho
+demasiado, y miraba a su no vio confusa y avergonzada, mientras éste
+buscaba la linda manecita de ella para besarla repetidas veces, sin
+importarle la presencia de Micaela.
+
+La costurera consentía estas caricias. Conocía bien a Juanito. No había
+cuidado que pasase de ellas. Besábale las manos, sin que sus labios
+dejasen la ardorosa huella del deseo contenido, y todo el exceso de
+Juanito consistía en morder las duricias de la epidermis producidas por
+el contacto de las tijeras o las rozaduras y pinchazos de la aguja.
+Estas marcas del diario trabajo las adoraba Juanito como cuarteles de
+nobleza, y las yemas de los rosados dedos, ligeramente encallecidas,
+chupábalas con tanta delicia como si fuesen caramelos.
+
+Tónica, con dulce coquetería, extendía sus manos, dejándoselas besar. Si
+alguna vez, al saltar un ribazo, quedaba al descubierto algo de su
+blanca media, veía cómo Juanito volvía a otro lado su mirada con cierta
+expresión de sorpresa y disgusto. La quería bien: estaba en el período
+de la adoración extática. Tónica era para él como esas vírgenes de
+cabeza hermosísima, que bajo la deslumbrante vestidura sólo tienen para
+sostenerse tres feos palitroques. Él, que en la cocina de su casa
+estremecíase hasta la raíz de los cabellos al menor roce con las
+fornidas fregonas, nunca había llegado a pensar que Tónica tenía algo
+más que su gracioso rostro.
+
+Mientras los novios, sentados en los pendientes ribazos, con los cañares
+a la espalda, hablaban del porvenir, acariciándose castamente, y en
+pleno idilio daban fin al puñado de altramuces, Micaela permanecía
+inmóvil, con la mirada mate fija en el sol, que, como una bola candente,
+resbalaba por la inmensa seda del cielo sin quemarla, y al acercarse en
+su descenso majestuoso al límite del horizonte, se sumergía en un lago
+de sangre.
+
+Algunas veces, la pobre mujer sonreía, como si ante sus ojos moribundos
+pasasen seductoras visiones.
+
+--¿Qué piensa usted, Micaela?--preguntaba Tónica--. ¿Ve usted algo?
+
+--Nada, hija mía; veo el sol, que es lo único que puedo ver.
+
+Pero mentía. Veía con los oídos. Las palabras de los jóvenes, aquellos
+desahogos de un amor tranquilo, le alegraban, y su fantasía poblaba de
+imágenes las muertas retinas. Veía a la _siñá_ Antonia, la madre de la
+costurera, tal como era quince años antes, cuando Micaela iba de visita
+a su portería para charlar como antiguas amigas. Pero ahora ya no hacía
+calceta, ni aparecía dentro de sus ojos patiabierta ante el brasero,
+echando firmas en la lumbre; la veía en el cielo, justamente ganado con
+sufrimientos y miserias, vestida de blanco, como van los
+bienaventurados, y desde allí, asomándose a una ventana de nubes,
+lanzaba una sonrisa como una bendición sobre los dos jóvenes, que
+parecía decir: «Gracias, Micaela; cuídamela, sacrifícate un poco más, no
+la abandones hasta verla esposa de Juanito, que es un buen muchacho. Yo,
+en agradecimiento, te guardaré un rinconcito para cuando subas.»
+
+Y la pobre mujer conmovíase tanto al soñar despierta, que las lágrimas
+titilaban en sus ojos, haciendo brillar las pupilas sin vida.
+
+--¿Ahora Hora usted...?--preguntaba Tónica--. Pero ¿qué le pasa?
+
+Nada, absolutamente nada. Se sentía feliz y lloraba de alegría, de
+agradecimiento, satisfecha de sí misma, de la bondad con que la trataba
+Dios.
+
+Juanito miraba con asombro no exento de envidia a la pobre mujer casi
+ciega, que saldría del mundo tan inocente como había entrado, después de
+arrastrar la más monótona y abrumadora de las existencias, siempre
+amarrada a la argolla de la domesticidad, sumisa y automática, y que
+todavía sentíase dominada por el agradecimiento, como si la vida de
+descanso puramente animal que ahora gozaba fuese una felicidad de que no
+se consideraba digna.
+
+Aquella primavera fue el período más feliz de la existencia de Juanito.
+
+
+Amaba, era amado, tenía fe en el porvenir, sentíase a cien leguas de las
+miserias de su familia, y para mayor felicidad, el tío don Juan,
+enterado de su noviazgo, lo toleraba, reservándose dar su aprobación
+definitiva cuando conociese a Tónica.
+
+Un domingo, por exigencias de los arrendatarios, tuvo que ir a su huerto
+de Alcira, y pasó el día como un desterrado, mirando melancólicamente
+hacia Valencia y sintiendo un inocente enfurruñamiento contra el sol
+porque marchaba despacio, retrasando la hora del regreso. Por la noche,
+¡con qué placer saltó al andén de la estación, hendiendo a codazos la
+muchedumbre que obstruía la salida! Con los zapatos llenos de polvo,
+llevando en las manos dos ramas de naranjo cargadas de bolas de oro que
+esparcían fresco perfume, pasó como un hombre satisfecho de la vida ante
+los revisores y dependientes de Consumos que vigilaban la puerta, y
+corrió a la calle de Gracia, metiéndose en la escalerilla con un
+arranque de audacia que a él mismo le causaba asombro. Micaela perdonó
+al «señor de Peña» esta transgresión de lo pactado, en gracia a su viaje
+y al regalo del ramo de naranjas; y desde aquel día, el enamorado, sin
+abusar de la tolerancia, continuó sus visitas.
+
+Juanito ya no sentía miedo al pensar lo que diría la mamá cuando
+conociese sus amores. Tenía el convencimiento de que ella lo sabía todo.
+
+El día de la Virgen fue con Tónica y su amiga a la primera misa en la
+capilla de los Desamparados. Dentro del templo sonaba la música; la
+multitud, oprimida en la mezquina rotonda, esparcíase por la plaza hasta
+la fuente, adornada con un ridículo templete que parecía de confitería.
+Todos estaban en actitud reverente, sin ver otra cosa de la misa que las
+obscuras puertas, en cuyo fondo brillaban como chispas de oro las luces
+de los altares, sintiendo en sus descubiertas cabezas el vientecillo de
+primavera, semejante al halago de una mano invisible, tibia y olorosa.
+En esta confusión, cuando Juanito, sacando los codos, guardaba de
+empujones a las dos mujeres, vio a corta distancia a su familia y la
+del señor Cuadros.
+
+Desde las Pascuas que era grande la intimidad entre las dos familias;
+Juanito había oído hablar la noche anterior de cierto plan de
+esparcimiento matutino, como principio de fiesta, por ser los días de
+Amparito. Oirían la primera misa en la capilla de los Desamparados,
+porque a doña Manuela, como buena valenciana, le parecía que ninguna
+misa del resto del año valía tanto como aquélla y después tomarían
+chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras,
+recreándose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo
+del espeso soconusco.
+
+Doña Manuela vio a su hijo, Juanito la sorprendió fijando los ojos en
+Tónica con expresión curiosa e interrogante. La altiva señora aparentó
+después no haber visto a su hijo; pero al volver a casa, Juanito
+sentíase trémulo e inquieto pensando en lo que diría su mamá, tan amante
+del prestigio de la familia.
+
+Pasó aquel día y pasaron muchos sin que doña Manuela dijese una palabra
+sobre el noviazgo de su hijo. Este silencio entristecía a Juanito en
+ciertos momentos. Veía una vez más hasta dónde llegaba el afecto de
+aquella madre a la que idolatraba. Era un paria, un advenedizo de
+procedencia inferior que el azar había introducido en la familia. Para
+Rafaelito y las hermanas, todas las alianzas eran medianas; pero
+tratándose del hijo de Melchor Peña, el tendero del Mercado, todo
+resultaba bien. Podía casarse con una criada de la casa, sin que doña
+Manuela sintiera un leve roce en aquella susceptibilidad tan despierta
+para los otros hijos.
+
+La buena señora llegó por fin a darle a entender con palabras sueltas lo
+que él se recelaba. Conocía sus amores; se había informado de quién era
+Tónica, y no le parecía gran cosa; pero si Juanito se mostraba conforme,
+todos contentos. Esta indiferencia anonadaba a Juan; y a pesar de que
+nadie en la casa se preocupaba de sus amoríos--pues cuando más, merecían
+alguna burla de Amparito--, siguió recatándose, como si temiera las
+maternales censuras.
+
+Desde la noche que subió a casa de Tónica, fue estrechando su intimidad
+con las dos mujeres. Ya se atrevía algunas noches a hacerles tertulia
+hasta las diez, y como la presencia de Micaela daba a la conversación un
+tinte de seriedad, Juanito hablaba del comercio, de los triunfos de la
+Bolsa, de la buena fortuna de su principal, y sobre todo, de don Ramón
+Morte, su grande hombre, al que cada vez tributaba una adoración más
+vehemente.
+
+Si él se sintiera con fuerzas bastantes, sería de ellos; ingresaría en
+el batallón audaz que, guiado por Morte, marchaba de jugada en jugada a
+la conquista de los millones; y decía esto con la fiebre de explotación
+adquirida en la tienda oyendo a los bolsistas, fiebre que comunicaba a
+las dos mujeres, que le escuchaban como un oráculo.
+
+La falta de valor era lo que le retenía en su posición mediocre; en
+cuanto al éxito, no era posible dudar. El que ahora no se hacía rico,
+era porque no quería serlo. Bastaba un poco de dinero y la sabia
+dirección de Morte para despertar un día millonario.
+
+Y Tónica le escuchaba con la mirada fija, el entrecejo fruncido, los
+labios apretados, como si dentro de su cabecita se agitase una idea
+tenaz, mientras Micaela abría sus muertos ojazos con la expresión de una
+niña que oye un cuento de hadas.
+
+Aquellos millones fantásticos, saliendo de la boca de Juanito, rodaban
+sobre el pobre tapete de la mesa, parecían infundir por la mísera
+habitación un ambiente de aplastante opulencia, algo semejante a la
+sonora vibración de montones de oro. Y esta conversación fue repetida un
+día y otro, hasta que Juanito quedó desconcertado e indeciso ante una
+proposición de las dos mujeres.
+
+Aunque era partidario de las audacias financieras, siempre que pensaba
+en la posibilidad de poner en práctica sus entusiasmos surgían en él la
+prudencia y la desconfianza, los escrúpulos de la rutina comercial, como
+una herencia de raza. Por esto sintió cierta inquietud al oír a Micaela
+que deseaba dedicar sus ahorros a un negocio tan afortunado. Eran ocho
+mil reales, amasados trabajosamente entre las dos mujeres, arañados al
+jornal de Tónica y a la pobre pensión de Micaela, adquiridos a fuerza de
+alimentarse con arroces insípidos los más días de la semana, remendar
+los trajes hasta que se deshilachaban de puros viejos y pasar las
+veladas a obscuras para evitar el gasto de luz.
+
+Juanito dudó. No le parecía mal el propósito. Ya que tenía dinero, mejor
+que guardarlo en el fondo del arca era emplearlo como cebo, para que la
+suerte mordiese en él. Y repitió varias veces esta frase oída a su
+principal.
+
+--Pero...--añadió con marcada indecisión--no sé hasta qué punto
+convendrá a ustedes exponer un dinero que tanto les cuesta. Don Ramón es
+infalible, pero ¿quién sabe lo que reserva la suerte...? ¿Quieren
+ustedes creerme? Nada de jugadas. Esto queda para mi principal y sus
+amigos, que tienen mucho corazón. Lo mejor es llevarle el dinero al
+señor Morte y rogarle que lo invierta en papel del. Estado. Es un tío
+muy largo. Adivina el papel que puede subir y el que va a bajar. Sí él
+quiere, el capitalito de ustedes quedará bien colocado; cobrarán ustedes
+su renta todos los trimestres, y es fácil que lo que adquieran por cinco
+valga diez dentro de poco. Quedamos, pues, en que iremos a ver a don
+Ramón.
+
+¡Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareció llenar la
+habitación, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imaginándolo
+como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se
+divertía haciendo ricos a los pobres.
+
+--¿Cuándo vamos a ver a don Ramón?--era la pregunta que hacían las dos
+mujeres apenas entraba Juanito en la casa.
+
+Y la visita la hicieron una mañana que Tónica no tenía trabajo y su
+novio pudo abandonar _Las Tres Rosas_. ¡Qué emoción! En la plaza de la
+Reina ya le temblaban las piernas a Micaela, pensando en el arrugado
+papel de estraza que contenía los billetes mugrientos, y más aún en que
+iba a verse ante aquel señor de quien todos se nacían lenguas. Entraron
+en un patio suntuoso, embellecido por la industria más que por el arte
+arquitectónico, en el que el escayolado imitaba al mármol y el yeso
+moldeado a máquina fingía un artesonado antiguo. En el primer tramo de
+la escalera estaba el despacho de don Ramón.
+
+La antesala parecía de ministerio, y apenas si en los bancos forrados de
+terciopelo quedaba espacio libre para los que iban llegando. Los
+clientes aguardaban con resignación el turno. Eran curas en su mayoría,
+pues don Ramón, persona piadosa y amiga de hacer limosnas por mano de la
+Iglesia, figuraba como el banquero del clero, y en las sacristías su
+nombre alcanzaba gran prestigio. Los hábitos negros, la discreta media
+luz que filtraba al través de los cortinajes de los balcones, esfumando
+los adornos de la antesala en una dulce penumbra, y la calma discreta
+que reinaba en toda la casa, daban a ésta un ambiente conventual de
+profunda paz, dulce y atractivo.
+
+Juanito y las dos mujeres, después de una hora de espera viendo las
+entradas y salidas de los clientes, que andaban con aire discreto, como
+influidos por aquel ambiente de seráfica calma, fueron admitidos a la
+presencia del gran hombre. Atravesaron la oficina, donde media docena de
+pobres diablos plumeaban encorvados, levantando la cabeza para lanzar a
+Tónica una mirada rápida. Abriendo una mampara negra, entraron en el
+despacho, pieza empapelada de obscuro, con estantes de carpetas verdes y
+grandes cromos franceses de santos y santas, que parecían acicalados y
+perfumados para asistir a un baile.
+
+Allí, tras la mesa-ministro, sobre la cual todo estaba arreglado con
+nimia pulcritud, mostrábase el famoso banquero. Tónica experimentó una
+decepción. Habíalo imaginado majestuoso, imponente, y veía un hombre
+raquítico, amarillento, cargado de espaldas, con la cabeza cana y un
+bigote recortado, que parecía despegarse de su rostro clerical. Hablaba
+golpeando cadenciosamente con una mano el dorso de la otra, y sus ojos
+pardos, brillando tras las gafas de oro, eran lo más notable del rostro,
+por su expresión extremadamente bondadosa y atenta. Su facilidad de
+fisonomista le hizo reconocer inmediatamente a Juanito.
+
+--Siéntense ustedes... siéntense--dijo con su voz reposada, que marcaba
+grandes pausas entre sílaba y sílaba--. ¿Qué hay, pollo? ¿Qué le trae a
+usted por aquí?
+
+El dependiente estaba ruborizado y se expresaba con dificultad,
+impresionado por la mirada del grande hombre.
+
+Don Ramón acogió con noble modestia las expresiones de confianza de su
+admirador, y pareció enternecerse con las pocas palabras de Tónica y su
+amiga rogándole se dignase aceptar su dinero.
+
+--Estoy muy atareado para poder encargarme de los asuntos de los
+demás.... Sin embargo, basta que vengan con este joven, al que aprecio,
+para que me decida a hacer algo por ustedes.... ¿Dice usted, niña, que
+son ocho mil reales? Bueno; pues compraremos Cubas: es el mejor papel.
+Ahora están a noventa y ocho, pero no tardarán en subir, se lo aseguro a
+ustedes. Compraremos Cubas.... Yo no afirmo nada, soy como todos y puedo
+equivocarme; pero tal vez... tal vez dentro de un año doblaremos el
+capitalito. Sí señor; puede que lo doblemos.
+
+Y hablaba sonriendo maliciosamente, golpeándose las manos con expresión
+satisfecha, como si le bastara un simple guiño para que las dos mil
+pesetas se multiplicaran en millones.
+
+Una corriente de entusiasmo parecía envolver a los tres visitantes. La
+fiebre de ganancia que les dominaba por las noches al hablar de negocios
+volvía a reaparecer. Ahora, Tónica ya no encontraba tan insignificante a
+don Ramón y hasta creía ver en él cierta aureola de hombre de genio.
+
+El papel de estraza que contenía las privaciones y esperanzas de las dos
+mujeres quedó sobre la mesa. Allí estaban los ocho mil reales. Podía
+hacer don Ramón lo que quisiera. Ellas confiaban en él como si fuese su
+padre.
+
+--Bueno; compraré Cubas. El pollo pasará por aquí cuando guste, para que
+le entere de la marcha del capitalito.
+
+Y don Ramón les acompañó hasta la mampara, cobijando con mirada amorosa
+de padre a sus tres clientes. El dinero quedaba a su espalda, sin
+recibo, sin garantía alguna, resguardado por el espíritu de confianza
+inquebrantable que circuía la respetable personalidad del banquero
+caritativo.
+
+Al salir los tres, asomaba un nuevo cliente, un hombre de chaqueta y
+gorra, industrial, que había abandonado un instante su taller para
+alcanzar una palabra del ídolo.
+
+--Vamos para arriba--dijo el banquero alegremente, sin dejarle terminar
+su saludo--. Su capitalito ha aumentado en un cincuenta por ciento.
+Tiene usted ya treinta mil pesetas.
+
+El hombre, pálido de emoción, se contenía para no arrojarse al cuello de
+don Ramón y comérselo a besos.
+
+--¡Gracias, muchas gracias! Es usted mi padre. Y para no estorbar al
+grande hombre, huyó, trémulo por la noticia, pensando en sus hijos y en
+lo que diría su mujer.
+
+Los nuevos clientes de don Ramón atravesaron la oficina tan conmovidos
+como el otro. ¡Aquel hombre era un santo! Lo mismo decían los que
+estaban en la antesala, gente menuda, con blusa unos y chaqués raídos
+otros, todos hombres de fe, que llevaban sus ahorros al santuario de la
+honradez, y mientras aguardaban el turno cuchicheaban, haciéndose
+lenguas de sus virtudes. Dos días antes, don Ramón, al hacer el balance
+del mes, notando que resultaban en su favor quinientas pesetas,
+procedentes sin duda de un error en la cobranza, había ido a confesar la
+involuntaria falta, entregando la cantidad al cura para que la
+repartiese entre los pobres.
+
+Y la noticia circulando de boca en boca, agrandábase, llegando a
+arrancar lágrimas de enternecimiento. ¡Qué hombre aquél! No ya el
+dinero, sino la propia sangre se le podía dar con entera confianza.
+
+Micaela y Tónica, al estar en la calle, lanzaron un suspiro de
+satisfacción. ¡Dios mío! ¡Qué peso se quitaban de encima!
+
+Habían dudado un poco antes de entregar sus ahorros, pero ahora sentían
+una dulce confianza pensando que quedaban arriba, en manos de un hombre
+a quien todos los días nombraban los periódicos con los títulos de
+«acaudalado y filantrópico banquero».
+
+
+
+
+VIII
+
+
+La vela del Corpus, con sus anchas listas azules y blancas, sombreaba
+desde los altos mástiles la plaza de la Virgen.
+
+La muchedumbre, endomingada, agitábase en torno de las _rocas_,
+admirando una vez más las carrozas tradicionales que todos los años
+salían a luz: pesados armatostes lavados y brillantes, pero con cierto
+aire de vetustez, luciendo en sus traseras, cual partida de bautismo, la
+fecha de construcción: el siglo XVII.
+
+Recordaban aquellas enormes fábricas de madera pintada, con su lanza
+semejante a un mástil de buque y sus ruedas cual piedras de molino, las
+carrozas sagradas de los ídolos indios o los carromatos simbólicos que
+güelfos y gibelinos llevaban a sus combates.
+
+La gente pasaba revista con una curiosidad no exenta de ternura a la
+fila de _rocas_, como si su presencia despertara gratos recuerdos.
+
+Allí estaba la _roca_ Valencia, enorme ascua de oro, brillante y
+luminosa desde la plataforma hasta el casco de la austera matrona que
+simboliza la gloria de la ciudad; y después, erguidos sobre los
+pedestales los santos patronos de las otras _rocas_: San Vicente, con el
+índice imperioso, afirmando la unidad de Dios; San Miguel, con la
+espada en alto, enfurecido, amenazando al diablo sin decidirse a
+pegarle; la Fe, pobre ciega, ofreciendo el cáliz donde se bebe la calma
+del anulamiento; el Padre Eterno, con sus barbas de lino, mirando con
+torvo ceño a Adán y Eva, ligeritos de ropa como si presintiesen el
+verano, sin otra salvaguardia del pudor que el faldellín de hojas; la
+Virgen, con la vestidura azul y blanca, el pelo suelto, la mirada en el
+cielo y las manos sobre el pecho; y al final, lo grotesco, lo
+estrambótico, la bufonada, fiel remedo de la simpatía con que en pasadas
+épocas se trataban las cosas del infierno, la _roca Diablera_; Pintón
+coronado de verdes culebrones, con la roja horquilla en la diestra, y a
+sus pies, asomando entre guirnaldas de llamas y serpientes, los Pecados
+capitales, horribles carátulas con lacias y apolilladas greñas, que
+asustaban a los chicuelos y hacían reír a los grandes.
+
+Y todos estos carromatos, legados de la piedad jocosa de pasadas
+generaciones, eran admirados por el gentío, que, con un entusiasmo
+puramente meridional, se regocijaba pensando en la fiesta de la tarde,
+cuando las muías empenachadas se emparejasen en la aguda lanza y los
+carromatos conmoviesen las calles con sordo rodar, exuberantes las
+plataformas de arremangados mocetones disparando una lluvia de confites
+sobre el gentío.
+
+Así como avanzaba la mañana aumentaba el hormigueo en torno de las
+rocas, que, vistas de lejos, destacábanse como escollos sobre el oleaje
+de cabezas. El primer sol de verano abrillantaba como espejos las
+barnizadas tablas de los carromatos, doraba los mástiles, esparcía un
+polvillo de oro en la plaza, daba al gigantesco toldo una transparencia
+acaramelada, y este cuadro levantino, fuerte de luz, dulcificábase con
+el tono blanco de la muchedumbre, vestida de colores claros y cubierta
+con los primeros sombreros de paja.
+
+A las doce, cuando mayor era la concurrencia, las de Pajares salieron de
+la catedral, devocionario en mano y al puño el rosario de nácar y oro.
+Regresaban a casa después de oír misa, y al llegar frente a la
+Audiencia vieron correr la gente, oyendo al mismo tiempo un lejano
+tamborileo.
+
+--¡La cabalgata! ¡La cabalgata!--gritaba la chiquillería corriendo por
+la calle de Caballeros. Y las de Pajares tuvieron que detenerse ante la
+muralla de curiosos agolpados al paso de la cabalgata.
+
+Primero pasaron los portadores de las banderolas, con sus dalmáticas de
+seda con las barras aragonesas y altas coronas de latón sobre melenas y
+barbazas de estopa; tras ellos el cura municipal, el famoso «capellán de
+las _rocas_», jinete en brioso caballo encaparazonado de amarillo, el
+manteo de seda descendiendo desde el alzacuello a la cola del caballo, y
+enseñando la limpia y blanca tonsura al saludar con el bonete al público
+de los balcones. Y seguían detrás las _dansetes_, escuadrones de
+pillería disfrazada con mugrientos trajes de turcos y catalanes, indios
+y valencianos, sonando roncos panderos e iniciando pasos de baile; las
+banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida,
+pendones guerreros de la revolucionaria menestralía del siglo xvi; la
+sacra leyenda, tan confusa como conmovedora, de la huida a Egipto; los
+Pecados capitales, con estrambóticos trajes de puntas y colorines, como
+bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con
+el estrambótico nombre de la _Moma_; los Reyes Magos, haciendo prodigios
+de equitación; heraldos a caballo; jardineros municipales a pie, con
+grandes ramos; carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como
+un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las
+dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las
+bandas.
+
+Detrás, presidiendo la comitiva, como muda invitación hecha al público
+para asociarse a la fiesta, iban en las carrozas municipales media
+docena de señores de frac, tendidos en los blasonados almohadones,
+llevando sobre el vientre, como emblema concejil, la roja cincha y
+saludando al público con un sombrerazo protector.
+
+--¡Atrás, niñas!--dijo doña Manuela a sus hijas--. ¡Atrás, que vienen
+esos brutos!
+
+Los brutos eran los de la _degòlla_: un pelotón de gañanes con la cara
+tiznada, gabanes de arpillera con furias pintadas, y coronados de
+hierba, que cerraban la marcha, repartiendo zurriagazos entre los
+curiosos que ocupaban la primera fila con sus garrotes de lienzo, más
+ruidosos que ofensivos.
+
+Las de Pajares dejaron que se alejase la cabalgata con su estruendo de
+tamboriles y dulzainas y siguieron su marcha por las calles cubiertas
+con espesa capa de arena para el paso de las rocas.
+
+A la hora de la comida llegó Andresito a casa de las de Pajares. Lo
+enviaban sus papas para hacer el ofrecimiento de todos los años. Ya se
+sabía que el balcón de _Las Tres Rosas_ era el mejor del Mercado.
+Además, los señores de Cuadros tenían gran satisfacción en recibir a sus
+amigos; y más aún ahora que el afortunado bolsista había amueblado a
+gusto de los tapiceros, y con una brillantez vulgar propia de café o de
+fonda, sus habitaciones, antes tan lóbregas como desmanteladas.
+
+Doña Manuela y las niñas aceptaron con entusiasmo el ofrecimiento. ¡Vaya
+si irían! Y la viuda de Pajares, que tan mal había hablado de Teresa, su
+antigua criada, hacía ahora elogios de ella como si fuese una amiga de
+la infancia.
+
+A las tres salía la familia con dirección al Mercado.
+
+Concha y Amparito llamaban la atención con sus vestidos de vivos colores
+y las capotitas de paja, que hacían lucir sobre su cabeza toda una
+pradera de flores y musgo. La mamá las contemplaba por la espalda,
+experimentando la satisfacción orgullosa de un artista. Obra suya era
+aquel lujo, y había que reconocer que las niñas sabían lucirlo. Pero
+¡ay, Dios! estremecíase al pensar lo que aquello le costaba y las
+terribles intranquilidades del porvenir, ¡Siempre el dinero como eterna
+pesadilla, amargándole la existencia, a ella que tanto había gastado!
+
+Juanito las dejó a la puerta de _Las Tres Rosas_, para ir en busca de su
+novia, y ellas, al subir a las habitaciones de los señores de Cuadros,
+encontráronse con una tertulia formada por todos los amigos de la casa:
+familias de bolsistas y comerciantes retirados, que imitaban torpemente
+los ademanes y gestos que habían podido copiar por las tardes en la
+Alameda, paseando en sus carruajes por entre los de la antigua
+aristocracia. Hablaban de las modas del verano, «de lo que iba a
+llevarse», mientras los hombres, formando grupo cerca de los balcones,
+daban en su conversación eternas vueltas en torno del cuatro por ciento
+interior y de los billetes hipotecarios de Cuba.
+
+La esposa de Cuadros, que respondía a sus amigas con sonrisas de conejo
+y parecía muy preocupada por pensamientos tristes y misteriosos,
+abalanzóse a doña Manuela, saludándola con apretado abrazo y sonoros
+besos. Parecía una desesperada que encuentra al fin el medio de
+salvación.
+
+--Tenemos que hablar, doña Manuela--le dijo al oído--. No, ahora no;
+después se lo contaré todo. ¡Ay, si usted supiera...!
+
+Mientras tanto, las niñas de Pajares, las de López el famoso bolsista y
+otras amiguitas posesionábanse de los balcones, convirtiéndolos en
+pajareras con su charla graciosa y sus ruidosas risas.
+
+La plaza era un mar multicolor de cabezas. Los balcones estaban
+adornados con antiguas colgaduras de sólidos colores, las bocacalles
+vomitaban sin cesar nuevos grupos en el compacto gentío, y los pájaros
+que anidaban en los árboles del Mercado huían ante la granujería que,
+montada en las ramas, silbaba y gritaba a los de abajo, con la confianza
+del que está en su propia casa. El sol de verano caldeaba la
+muchedumbre, por entre la cual paseaban las chiquillas despeinadas y en
+chanclas, con el cántaro en la cadera, pregonando el agua fresca, y los
+mocetones de brazos hercúleos y arremangados, con pañuelo de seda en la
+cabeza, sosteniendo a pulso las pesadas heladoras y ofreciendo a gritos
+la horchata y el agua de cebada.
+
+Ya habían sonado las cuatro. En los balcones abríanse, como flores
+gigantescas, sombrillas de brillantes colores, agitábanse grandes
+abanicos con aleteo de pájaro, y abajo la muchedumbre removíase
+inquieta, chocando con las apretadas filas de sillas que orlaban el
+arroyo.
+
+Sonó un rugido a un extremo de la plaza, e inmediatamente fue contestado
+por un griterío general.
+
+--¡Ya están ahí...! ¡ya están ahí!
+
+Y hubo empellones, codazos, remolinos de cabezas, empujando todos al que
+estaba delante para ver mejor.
+
+A lo lejos, empequeñecida por la distancia, apareció la primera _roca_,
+en torno de la cual, como jinetes liliputienses, hacían caracolear sus
+caballos los soldados encargados de abrir paso. Un alegre cascabeleo
+dominaba los ruidos de la plaza y las voces enérgicas del postillón en
+traje de la huerta, que gritaba «¡_arre_! ¡_arre_!» manejando con rara
+maestría una docena de ramales.
+
+Las _rocas_, una tras otra, fueron desfilando por la plaza, produciendo
+cada una de ellas una verdadera revolución. Trotaban, arrastrando los
+pesados armatostes, las docenas de muías gordas y lustrosas salidas de
+las cuadras de los molinos, con los rabos encintados, las cabezas
+adornadas con vistosas borlas y entre las orejas tiesos y ondulantes
+penachos. Cogidos a sus bridas corrían los criados de los molineros,
+atletas de ligera alpargata, despechugados y con los brazos al aire,
+que, a la voz de «¡alto!», se colgaban de las cabezadas, haciendo parar
+en seco a las briosas bestias. Colgando de las traseras de los
+carromatos balanceábanse racimos de chicuelos, que al menor vaivén caían
+en la arena, saliendo milagrosamente de entre las patas de los caballos.
+En las plataformas iban los de la Lonja, tratantes en trigo, molineros,
+gente campechana y amiga del estruendo, que, en mangas de camisa,
+botonadura de diamantes y gruesa cadena de oro en el chaleco, arrojaban
+a los balcones con la fuerza de proyectiles los ramilletes húmedos y
+los cartuchos de confites duros como balas, con más almidón que azúcar.
+
+Cada _roca_ esparcía el terror y el regocijo a un tiempo. La movible
+batería de brazos disparaba ruidosa metralla, cubriendo el aire de
+objetos; los cristales caían rotos, y hasta las persianas quedaban
+desvencijadas bajo la granizada de confites.
+
+En los balcones, las señoritas cubríanse el rostro con el abanico,
+temerosas al par que satisfechas de que las acribillasen con tan
+brutales obsequios. Abajo estaban los bravos, que por un chichón más o
+menos no querían mostrar miedo e insultaban a los de las _rocas_ cuando
+se agotaban los proyectiles, hasta que aquéllos les arrojaban a la
+cabeza los cestones vacíos. Cada vez que caía un cartucho o un ramo
+sobre la gente, mil manos se levantaban ansiosas, originándose disputas
+por su posesión.
+
+Pasó por fin la última _roca_, la _Diablura_, donde iba la gente de
+trueno, más atroz en sus obsequios y tenaz en proporcionar ganancias a
+los almacenes de cristales, y la calma se restableció en la plaza,
+comenzando a aclararse el gentío.
+
+En casa de Cuadros, las señoras, cansadas de permanecer tanto tiempo de
+pie en los balcones, iban en busca de los mullidos asientos de las
+salas. En un balcón, completamente solas, estaban doña Manuela y la
+señora de Cuadros, cobijándose ambas bajo la misma sombrilla, afectando
+mirar a los transeúntes y hablando en voz baja con tono grave y
+misterioso.
+
+La viuda de Pajares mostrábase maternal y daba consejos a su amiga con
+cierta altiva superioridad. Vamos a ver, ya estaban solas. ¿Qué era
+aquello? ¿Algún disgusto de familia? Podía hablar con entera franqueza,
+pues ya sabía el gran interés que le inspiraba todo lo de su casa. Pero
+doña Manuela, a pesar de su superioridad, no pudo ocultar la sorpresa
+que le produjo conocer la verdad.
+
+¡Vaya con el señor de Cuadros! ¡Quién iba a imaginarse una cosa así...!
+Todos los hombres son lo mismo. No hay que fiarse de ellos, y más si han
+sido tranquilos en su juventud, pues ya es sabido que «el que no la
+hace a la entrada la hace a la salida». Lo mismo le había ocurrido a
+ella con el doctor. Se casó, creyendo que un hombre grave, que tan
+enamorado se mostraba, no podía serle infiel; y sin embargo, ya tenía
+ella que contar de los últimos años de matrimonio.
+
+--Ni Santa Rita de Casia, amiga Teresa, sufrió tanto como yo con aquel
+hombre endemoniado. En fin, usted ya lo sabe.... Pero cuente usted. A lo
+que estamos, que lo mío ya pasó y a nadie interesa.
+
+Y doña Manuela, como persona inteligente en el asunto, escuchaba la
+relación de la pobre Teresa, que balbuceaba y tenía que hacer esfuerzos
+para no llorar. Por la mañana lo había descubierto todo. Bien es verdad
+que ya recelaba algo, en vista del despego con que la trataba su
+Antonio. Pero ¿quién podía imaginarse que aquel hombre se atreviera a
+tanto? Ella le creía ocupado únicamente en ganar dinero para su casa; y
+aquella mañana, al limpiar una de sus chaquetas, había encontrado en el
+bolsillo interior una carta que le costó gran trabajo leer, porque ella
+no estaba fuerte en estas cosas.
+
+--¿Y de quién era?--preguntó la viuda con curiosidad ansiosa.
+
+--De una tal Clarita. Pero ¡qué carta, doña Manuela! ¡Qué cosas tan
+indecentes había en ella! Parece imposible que hombres honrados y con
+hijos puedan leer tales porquerías.
+
+Y la pobre mujer ruborizábase, mostrando en su cara nacida y lustrosa de
+monja enclaustrada la misma expresión de vergüenza que si fuese ella la
+autora de la carta.
+
+--Pero ¿quién es esa Clarita? ¡Valiente apunte será la tal...!
+
+--Aguarde usted; apenas me enteré de todo sentí ganas de irme a la cama,
+donde todavía estaba Antonio, para arañarle.... No se ría usted, doña
+Manuela; hubiera querido ser hombre, para hacer una barbaridad.... ¡Pero
+una vale tan poco...! Además, cuando se es honrada y se quiere al
+marido, se le tiene respeto y no se atreve una a ciertas cosas. Antonio
+sabe mucho y es capaz de hacerme ver que lo blanco es negro.
+
+Y la buena Teresa, a pesar de su encono, sentíase dominada por la
+admiración que profesaba a su marido, aquel modelo, «aunque le estuviera
+mal el decirlo».
+
+--Pero ¿qué hizo usted?
+
+--Lo primero que se me ocurrió fue averiguar quién era la tal Clarita, y
+como en su carta le encargaba _al mío_ que fuese a ver al dueño de su
+casa para pagarle un trimestre, indicándole dónde vive ese señor, fui
+allá esta mañana, después de oír misa, y supe que la tal inquilina está
+en la calle del Puerto, en un entresuelito que le han ido pagando en
+diferentes épocas otros señores de la Bolsa tan imbéciles como mi
+Antonio.
+
+--¿Y no averiguó usted más?
+
+--¡Buena soy yo para dejarme las cosas a medio hacer! Fui también a la
+calle del Puerto, hice hablar a la portera, y... ¡ay, doña Manuela, qué
+cosas supe! Parece imposible que se consienta la vida de unas mujeres
+así. La tal Clarita es una perdida, ¿sabe usted, doña Manuela? Lo repito
+tal como me lo dijo aquella mujer. ¡Válgame Dios, y qué cosas me contó!
+Toda la calle se fija en ella y se burla de su lujo y sus pretensiones.
+La portera me dijo que hace dos años vendía géneros de punto aquí, en el
+Mercado; pero ahora se da el tono de una princesa y habla de su mamá,
+una _tianga_ que cuando no le da un duro le chilla desde el patio y arma
+escándalo para que se entere toda la calle. ¡Ay, doña Manuela! ¡Que mi
+marido se haya metido en semejante podredumbre...! Porque si usted la
+viera, se asombraría de que los hombres puedan caer en tal tentación. La
+portera me la enseñó estando en su balconcito, con una bata muy lujosa,
+que bien puedo decir que me la ha robado a mí. ¡Y era fea, doña Manuela,
+muy fea! Huesos y pellejo nada más; pero con unos ojos de desvergonzada,
+que es sin duda lo que les gusta a los hombres.... ¡Mi Antonio, un
+hombre tan serio, con esa mala piel! ¡Ay, doña Manuela de mi alma, yo
+creo que me va a dar algo!
+
+Y la pobre mujer, no pudiendo resistir más, cubríase con el abanico los
+lacrimosos ojos, mientras doña Manuela le recomendaba la serenidad.
+
+--No llore usted, Teresa; eso es lo que le gustaba al mío. Los hombres
+gozan haciéndonos padecer. Todo menos llorar. Cuando usted hable con
+Antonio, muéstrese seria y altiva. Nada de cariño; si no, los muy pillos
+se esponjan y se engríen.
+
+--¿Hablarle yo? No señora. No tengo valor para tanto. Además, tiemblo al
+pensar lo que ocurriría en esta casa si yo hablase. ¿Qué pensaría mi
+pobre Andresito? ¿Qué diría don Eugenio, que es la honradez
+personificada? Y la verdad es que debía hablar a mi marido para abrirle
+los ojos, pues aunque resulte un malvado en casa, es un tonto fuera de
+ella. Esa mujer le engaña y se burla de él. Me lo ha dicho la portera y
+lo sabe toda la calle. Antonio es quien sostiene los gastos de la casa;
+pero cuando él no está entran como visitas los corredores jóvenes, toda
+la pollería de la Bolsa, que se burla de mi marido. ¡Ay, Señor, qué
+vergüenza! ¡Y ese hombre tan satisfecho y tan tranquilo, sin acordarse
+de que tiene mujer y un hijo y que su nombre es muy respetado en la
+plaza...!
+
+Teresa gimoteaba tras el abanico, y doña Manuela, a pesar de su
+curiosidad, en fuerza de mirar a la plaza acabó por distraerse.
+
+Comenzaban los preparativos de la procesión. Las bandas militares
+atronaban las calles inmediatas con sus ruidosos pasodobles, y rompiendo
+el gentío pasaban los regimientos, con los uniformes cepillados y
+brillantes, moviendo airosamente al compás de la marcha los rojos
+pompones de gala y las bayonetas, doradas por los últimos resplandores
+del sol.
+
+Pasaban los invitados a la procesión caminando apresuradamente, muy
+satisfechos de atraer la atención de la embobada muchedumbre: unos de
+frac, luciendo condecoraciones raras; otros con uniforme de Maestranzas
+y Órdenes de caballería, vestimentas extrañas, con el sombrero apuntado
+y la casaca de vistosos colorines, que daban a sus poseedores el
+aspecto de pájaros exóticos.
+
+Las dos amigas volvieron a reanudar su conversación. Doña Manuela, con
+aire maternal, daba consejos a la desconsolada esposa: ella, en lugar de
+Teresa, daría un disgusto al esposo infiel echándole en cara su
+conducta.... ¿Que no se atrevía? Pues esto es lo que ella hacía con el
+difunto doctor Pajares.... En fin, cada una tiene su carácter.
+
+Pero Teresa, aunque daba por muy acertadas todas las palabras de su
+amiga, asustábase ante la suposición de tener que reñir al marido por su
+conducta. ¡Ah, si ella tuviera una persona que se interesase por su
+suerte y la de la casa, qué gran favor le haría encargándose de
+sermonear a aquel hombre que, a pesar de sus bigotazos y sus palabras
+campanudas, se dejaba engañar como un niño! ¡Qué obra tan caritativa
+lograr que aquel hombre alejado de los afectos de la familia volviese a
+ser buen padre y buen marido!
+
+Y Teresa miraba ansiosamente a su altiva amiga al formular tales deseos.
+No necesitó más doña Manuela. Ella se encargaba de ser esa persona que,
+velando por la moral de la familia, devolviese el marido infiel a los
+brazos de la esposa resignada. Y la viuda se crecía al hacer tales
+ofrecimientos, adoptando una actitud teatral y asegurando que realizaría
+tal conquista, aunque para ello necesitase de algún tiempo.
+
+Las dos mujeres, ya que no pudieron abrazarse en su rapto de
+enternecimiento, por hallarse en el balcón, se estrecharon conmovidas
+las manos, y así estuvieron largo rato, hasta que vinieron a sacarlas de
+su triste arrobamiento los gritos de las jóvenes que ocupaban el balcón,
+inmediato.
+
+--¡La procesión! ¡Ya está ahí la procesión! A este grito, las señoras
+mayores abandonaron las butacas de la sala, para apelotonarse en los
+balcones, teniendo a sus espaldas a los caballeros, que de vez en cuando
+se alzaban sobre las puntas de los pies para ver mejor.
+
+En el extremo de la plaza aparecieron las banderolas con las rojas
+barras de Aragón, y sonaron dulzainas pausada y majestuosamente, tañendo
+las melancólicas danzas del tiempo de los moriscos. Detrás iban los
+_enanos_, con sus enormes cabezas de cartón, que miraban a los balcones
+con los ojos mortecinos y sin brillo. Y entre el repique de las
+castañuelas y redoble de los atabales, avanzaban las cuatro parejas de
+_gigantes_, enormes mamarrachos cuyos peinados llegaban a los primeros
+pisos y que danzaban dando vueltas, hinchándose sus faldas como un
+colosal paracaídas.
+
+Entraron en la plaza las banderas de los gremios, llevando en su remate
+la imagen del santo patrón del oficio; y era de ver el entusiasmo con
+que aplaudía el público los prodigios de equilibrio de los portadores
+sosteniéndolas enhiestas sobre la palma de la mano, moviéndolas a compás
+del redoble de los enormes y viejos tambores que hacían sonar los toques
+de los tercios obreros en la guerra de las Germanías.
+
+Después comenzó la parte monótona de la procesión. Un desfile de más de
+cien imágenes con sus correspondientes cofradías y asilos; más de un
+millar de cabezas que pasaban por debajo de los balcones con la raya
+partida y el pelo aceitoso o rizado. Al compás de los valses o marchas
+fúnebres que entonaban las bandas, contoneábanse los devotos cirio en
+mano; y el desfile de santos continuaba, lento, monótono, aplastante:
+unos, desnudos, con las carnes ensangrentadas y sin otra defensa del
+pudor que unas ligeras enagüillas; otros, vestidos con pesados ropajes
+de pedrería y oro. Pasaban los mártires con el rostro contraído por un
+gesto de fiero dolor, los místicos con los brazos extendidos y los ojos
+velados por el éxtasis de la felicidad; y tan pronto aparecía un santo
+con dorada mitra o rizada sobrepelliz, como lucía otro sobre su cabeza
+el acerado casco de guerrero.
+
+La multitud se arremolinó, movida por el regocijo, y exclamaciones de
+alegre curiosidad salieron de muchas bocas. Desfilaba la parte grotesca
+de la procesión, conservada por el espíritu tradicional como recuerdo
+de las épocas más religiosas de nuestra historia, que unían siempre el
+regocijo a la devoción.
+
+En larga fila, contestando a las cuchufletas y carcajadas del gentío con
+burlescos saludos, aparecían las figuras más salientes del gran poema
+bíblico. David, con corona de latón, barba de crin y el floreado manto
+barriendo los adoquines, avanzaba pulsando los bramantes de su arpa de
+madera; Noé, encorvado como un arco, apoyado convulsivamente en su
+bastoncillo, enseñaba el palomo que llevaba en su diestra a aquella
+muchedumbre que reía locamente ante esta caricatura de la vejez; detrás
+venía Josué, un mozo de cordel vestido de centurión romano, apuntando
+con una espada enmohecida a un sol de hoja de lata y caminando a grandes
+zancadas como un pájaro raro; y cerraban el desfile las heroínas
+bíblicas, las mujeres fuertes del Antiguo Testamento, que salvaban al
+pueblo de Dios cortando cabezas o perforando sienes con un clavo,
+representadas todas ellas por mancebos barbilampiños, embadurnadas las
+mejillas con albayalde y bermellón y vestidos con trajes de odaliscas.
+Su paso producía escándalo. Las mujeres sonreían, y no faltaban chuscos
+que requebraban a aquellos mamarrachos, como si realmente fuesen jóvenes
+disfrazadas.
+
+Después venía la parte seria e interesante de la procesión, y el
+alboroto del gentío cesó instantáneamente.
+
+Desfilaban los cleros parroquiales con sus áureas cruces; los
+seminaristas con la frente baja y los ojos en el suelo, cruzadas las
+manos sobre el pecho; y en toda la extensión de la plaza, a la luz de
+los cirios, que brillaban con más fuerza en el crepúsculo, veíanse dos
+filas interminables de deslumbrante blancura, compuestas por los rizados
+roquetes y las albas de ricas blondas. Entre esta oleada de blanca
+espuma, pasaban llevadas en andas las reliquias en sus ricas urnas, las
+imágenes de plata con una ventana en el pecho, tras cuyo vidrio
+marcábase confusamente el cráneo del bienaventurado.
+
+Luego volvía a reanudarse la parte teatral de la solemnidad. Todas las
+extraordinarias visiones del soñador de Patmos, cuantas alucionaciones
+había consignado el evangelista Juan en su Apocalipsis, pasaban ante el
+gentío, sin que es Le, después de contemplarlas tantos años, adivinase
+su significación. Desfilaban los veinticuatro ancianos con albas
+vestiduras y blancas barbas, sosteniendo enormes blandones que
+chisporroteaban como hogueras, escupiendo sobre el adoquinado un
+chaparrón de ardiente cera; seguíanles las doradas águilas, enormes como
+los cóndores de los Andes, moviendo inquietas sus alas de cartón y
+talco, conducidas por jayanes que, ocultos en su gigantesco vientre,
+sólo mostraban los pies calzados con zapatos rojos; y cerraba la marcha
+el apostolado, todos los compañeros de Jesús, con trajes de ropería, en
+los que eran más las manchas de cera que las lentejuelas; e intercalados
+entre ellos, niños con hachas de viento, vestidos como los indios de las
+óperas, pero con aletas de latón en la espalda, para certificar que
+representaban a los ángeles.
+
+La procesión estaba ya en su última parte. Desfilaban los invitados, una
+avalancha de cabezas calvas o peinadas con exceso de cosmético, una
+corriente incesante de pecheras combadas y brillantes como corazas, de
+negros fracs, de condecoraciones anónimas y de un brillo escandaloso, de
+uniformes de todos los colores y hechuras, desde la casaca y el espadín
+de nácar del siglo pasado hasta el traje de gala de los oficiales de
+marina. Los papanatas asombrábanse ante las casacas blancas y las cruces
+rojas de los caballeros de las órdenes militares, honrados y pacíficos
+señores, panzudos los más de ellos, que hacían pensar en el aprieto en
+que se verían si por un misterioso retroceso de los tiempos tuvieran que
+montar a caballo para combatir a la morisma infiel.
+
+La muchedumbre permanecía embobada. El aparato religioso, las imágenes
+de plata, los cleros entonando sus himnos a voces solas, las
+interminables cofradías, no la habían impresionado tanto como este
+continuo desfile de grandezas humanas; y sus ojos se iban deslumbrados
+tras las fajas de los generales, las placas que centelleaban como soles,
+los bordados de caprichoso arabesco, las empuñaduras cinceladas y
+brillantes y las bandas de moaré que cruzaban los pechos como un arroyo
+ondeante de colorines.
+
+Arriba, en los balcones, la curiosidad señalaba con el dedo a los
+personajes conocidos que se mostraban a la luz de los cirios, y las
+cabezas erguidas de algunos invitados cruzaban saludos con las señoras,
+sin perder por esto el gesto de gravedad propio de las circunstancias.
+
+Acercábase el epílogo de la procesión. Sonaba a lo lejos la grave
+melopea de la marcha solemne y religiosa que entonaba la banda militar.
+Las cornetas de los regimientos formados en la carrera batían marcha; y
+mientras los soldados requerían su fusil para inclinarse al paso del
+Sacramento, la muchedumbre agitábase para ganar un palmo de terreno
+donde hincar las rodillas.
+
+Estallaban luces de colores, y a su resplandor, tan pronto blanco como
+rojo, veíanse a lo lejos, terminando la doble fila de cirios, los
+sacerdotes con capas de oro, manejando los incensarios, con un continuo
+choque de cadenillas de plata, en el fondo de una nube de azulado y
+oloroso humo; sobre ella, agitándose dorado y tembloroso entre sus
+deslumbrantes varas, el palio, que avanzaba lentamente, y bajo la
+movible tienda de seda, como un sol asomando entre nubes de perfumes, la
+deslumbrante custodia, que hacía bajar las cabezas, como si nadie
+pudiera resistir la fuerza de su brillo.
+
+El poético aparato del culto católico imponíase a la muchedumbre con
+toda su fuerza sugestiva. Las mujeres llevábanse las manos a los ojos,
+humedecidos sin saber por qué, y las viejas golpeábanse con furia el
+pecho, entre suspiros de agonizante, lanzando un «¡Señor, Dios mío!» que
+hacía volver con inquietud la cabeza a los más próximos.
+
+Caía de los balcones una lluvia de pétalos de rosa, volaba el talco como
+nube de vidrio molido, estallaban luces de colores en todas las
+esquinas, y entre el perfume del incienso, el agudo reclamo de las
+cornetas, la grave lamentación de la música, la melancólica salmodia de
+los sacerdotes y el infantil balbuceo de las campanillas de plata,
+avanzaba el palio abrumado por la lluvia de flores, iluminado por el
+resplandor de incendio de las bengalas; y el sol de oro, mostrándose en
+medio de tal aparato, enloquecía a la muchedumbre levantina, pronta
+siempre a entusiasmarse por todo lo que deslumbra, e inconscientemente,
+lanzando un rugido de asombro, empujábanse unos a otros, como si
+quisieran coger con sus manos el áureo y sagrado astro, y los soldados
+que guardaban el palio tenían que empujar rudamente con sus culatas para
+conservar libre el paso.
+
+«Aquello entusiasmaba, abría el corazón a la esperanza»; y por esto el
+señor Cuadros, que desde que era tan afortunado en la Bolsa se permitía
+tener ideas conservadoras, murmuró como un oráculo:
+
+--¡Y aún dicen que no hay fe! Por fortuna, la religión de nuestros
+padres vive y vivirá siempre. Aquí quisiera ver yo a los impíos. La
+religión es lo único que puede contener a toda esa gente de abajo.
+
+Los otros bolsistas aprobaban con movimientos de cabeza, y su esposa le
+miró con asombro y escándalo al mismo tiempo. Sin duda pensaba en
+Clarita, no pudiendo comprender cómo faltaba a sus deberes un hombre que
+decía cosas tan sensatas y dignas de respeto.
+
+Tras el palio, la gente admiraba un nuevo grupo de capas de oro, sobre
+las cuales sobresalía la puntiaguda mitra y el brillante báculo.
+Después, ajustando sus pasos al compás de la marcha musical, desfilaban
+los rojos fajines y los portacirios de plata de los concejales; y por
+fin, con un tránsito obscuro de la luz a la sombra, pasaba la negra
+masa de la tropa, en la cual los instrumentos de música lanzaban
+amortiguados destellos y los filos de las bayonetas y los sables
+brillaban como hilillos de luz.
+
+Cuando ya la procesión había salido de la plaza y la escolta de
+caballería conmovía el adoquinado con su sordo pataleo, los señores de
+Cuadros y sus amigos abandonaron los balcones, entrando en el salón,
+profusamente iluminado.
+
+Las burguesas de exuberantes carnes y respiración angustiosa dejábanse
+caer en los mullidos sillones, fatigadas por tan largo plantón, mientras
+las niñas correteaban o volvían como distraídas a los balcones, para ver
+si en la obscura plaza, perfumada de incienso, permanecía aún el grupito
+de adoradores.
+
+--Pasen ustedes--decía doña Teresa rodando en torno de sus amigas, que
+no se decidían a abandonar los asientos--. Hagan ustedes el favor de
+seguirme. Vamos al comedor; allí hace más fresco.
+
+Todos adivinaban lo que significaba tal invitación. ¡Oh, no señora;
+muchas gracias! Ellos no podían permitir tantas molestias. Pero las
+mamas abandonaron, sus asientos perezosamente, estirándose el arrugado
+cuerpo del vestido de seda; y seguidas por las niñas, fueron al comedor,
+donde ya estaban el señor Cuadros y sus amigos.
+
+¡Magnífica sorpresa! Todos los años se repetía, y no había nadie entre
+los invitados que no la esperase. Pero había que repetir la frase
+sacramental, las excusas de rúbrica, y mientras todos aseguraban que no
+tenían sed y preguntaban con enfado a los dueños de la casa por qué se
+molestaban, la lengua, seca por el calor, parecía pegarse al paladar, y
+los ojos se iban tras las tazas de filete dorado que contenían el
+humeante chocolate, las anchas copas azules, sobre las cuales erguían
+los sorbetes sus torcidas monteras rojas o amarillas, y las maqueadas
+bandejas cubiertas de dulces. Había que resignarse y no hacer un desaire
+a los señores de la casa. Y a los pocos minutos ya estaban
+amigablemente en torno de la mesa, con el mantel cubierto de migajas de
+bizcocho, las jícaras de chocolate vacías y clavando barquillos en las
+entrañas de los sorbetes.
+
+Doña Manuela hablaba con el señor Cuadros, Teresa la había colocado
+junto a su marido, con la esperanza de lograr su catequización. Aquella
+señora, que tanto sabía y tan grande experiencia había adquirido en las
+miserias matrimoniales, era su única esperanza.
+
+La viuda hablaba con su antiguo dependiente, sonriendo. ¡Cómo había
+cambiado aquel hombre! Doña Manuela, experta conocedora, notaba en él
+cierto atrevimiento, como el muchacho que se emancipa de la autoridad
+maternal y se lanza en plena vida de locuras.
+
+La viuda, siempre sonriente, se asombraba de sus frases de doble
+sentido, de los guiños picarescos con que acompañaba sus palabras, y
+hasta le parecía ¡oh poder de la ilusión! que había en su persona un
+perfume extraño que comenzaba a crispar los nervios de doña Manuela,
+algo del ambiente de aquella mala piel de la calle del Puerto, que el
+protector se había traído sin duda a su hogar honrado.
+
+Mientras tanto, Teresa, sin dejar de atender a los convidados y de
+abrumarles con obsequios, no quitaba los ojos de su marido y de la
+bondadosa amiga. Doña Manuela experimentaba una profunda conmiseración
+cada vez que se fijaba en la pobre esposa. ¡Bueno estaba su marido para
+intentar conversiones! El señor Cuadros era un hombre perdido para
+siempre, un hambriento que había gustado el fruto prohibido, tras muchos
+años de vida obscura y laboriosa, sin saber lo que era juventud y
+trabajando como una bestia de carga. Antes moriría que hallarse saciado.
+Nada podría adelantar su esposa alejándolo de Clarita. Los calaveras
+cincuentones resultan terribles por su candidez, y aunque los aíslen,
+son capaces de enamorarse de la criada de la casa.
+
+Doña Manuela afirmábase aún más en esto al notar lo que ocurría en
+torno de ella. ¿De quién era aquel pie que debajo de la mesa pisaba el
+suyo? ¿Qué rodilla era la que tan audazmente acariciaba su falda de
+seda? Del señor Cuadros, de aquel honrado padre de familia que
+contestaba a sus palabras con melosos gestos y parecía medirla de arriba
+abajo con sus ojos encandilados.
+
+¡Pobre Teresa! Tal vez se imaginaba que las palabras de doña Manuela
+conmovían al descarriado, haciéndole entrar en el camino del
+arrepentimiento; no adivinaba ni aun remotamente que su marido, por una
+aberración extraña, en la que entraba por mucho el amor propio,
+comenzaba a entusiasmarse con la belleza algo marchita de la esposa de
+su antiguo principal.
+
+La viuda sentíase molestada por tales audacias; agitábase nerviosa en su
+asiento, pero callaba y seguía sonriendo. Pensaba en que la situación
+imponía disimulo, y que la amistad del matrimonio Cuadros le era muy
+necesaria para salvarla en sus apuros de señora en decadencia, acosada
+por las deudas. Además, el porvenir de su hija, de su Amparito, estaba
+allí, y la viuda lanzaba una mirada de ansiedad maternal al extremo de
+la mesa, donde estaba la niña junto a Andresito, recibiendo con gestos
+de gatita mimosa los dulces y las palabras de su novio.
+
+Tras media hora de sobremesa, se disolvió la reunión. Los hombres iban
+en busca de sus sombreros y las señoras besuqueábanse al despedirse,
+murmurando todas el mismo saludo:
+
+--Hasta el año que viene. Que Dios nos conserve a todos la salud, para
+ver la procesión.
+
+Fueron desfilando todas las familias, y al fin quedaron solas las de
+Pajares, que esperaban a Juanito o Rafael para que las acompañase a
+casa.
+
+El señor Cuadros seguía acosando a doña Manuela Ésta se había levantado,
+huyendo de las audaces intimidades por debajo de la mesa, pero el
+bolsista la seguía para continuar su conversación. Ahora los dos estaban
+junto a Teresa, y el marido sólo se permitía frases amables y recuerdos
+sobre la gran amistad que siempre había unido a las dos familias.
+
+--Los chicos tardarán en venir--dijo don Antonio--. Rafael estará con
+sus amigos; y en cuanto a Juanito, le atraen obligaciones ineludibles.
+Me han dicho que ahora tiene novia y está loco por ella. ¡La juventud!
+¡Oh, qué gran cosa! Ya conozco yo eso, ¿verdad, Teresa?
+
+Y como si presintiese lo que pensaba su mujer y quisiera apaciguarla de
+antemano, lanzaba a la obesa señora una mirada de ternura, como un
+hombre honrado y de costumbres intachables recordando su tranquila luna
+de miel.
+
+Doña Manuela estaba admirada. Decididamente, la tal Clarita había
+cambiado a aquel hombre. Era un tuno. Y en vez de indignarse por la
+crueldad con que mentía e intentaba engañar a su mujer, la viuda
+comenzaba a encontrarlo simpático, viendo en él como una resurrección de
+su segundo marido, de aquel doctor calavera al que tanto había amado.
+
+--Si ustedes quieren, las acompañaremos Andresito y yo.
+
+Doña Manuela, animada por un instinto pudoroso, intentó excusarse.
+
+--Sí; Antonio las acompañará--se apresuró a decir Teresa.
+
+Ya la pobre mujer la rogaba con su mirada que aceptase, como si fuese
+para ella una esperanza que su marido prolongase la conversación con la
+viuda. ¡Quién sabe cuántas cosas podía decir doña Manuela al marido
+infiel!
+
+No hubo medio de excusarse. Las de Pajares salieron acompañadas por
+Andresito y don Antonio, siguiéndolas con su vista ansiosa la crédula
+Teresa. ¡Dios mío, que se ablandara el corazón de aquel hombre, para que
+no la martirizase escandalizando a la familia y los amigos!
+
+Abajo, en la cerrada tienda, encontraron a don Eugenio, siempre con la
+gorrita de seda, el cual acogió con gesto huraño a su antiguo
+dependiente. Las de Pajares y sus dos acompañantes siguieron por una
+acera del Mercado. Delante, las dos niñas con Andresito; Concha
+malhumorada y ceñuda porque en todo el día no había visto al elegante
+Roberto, y Amparo muy satisfecha de poder lucir un novio, para molestia
+de su hermana. Detrás, el señor Cuadros dando el brazo a doña Manuela,
+apretándola intencionadamente el codo sobre su cadera cada vez que
+soltaba una palabrita atrevida y contoneándose como un invencible
+conquistador.
+
+Fue algo más que acompañar a las de Pajares lo que hicieron el padre y
+el hijo. Subieron con ellas, permanecieron de visita más de una hora,
+cantó Amparito para obsequiar a su futuro suegro, y cuando salieron a la
+calle, el padre y el hijo marchaban como compañeros unidos
+fraternalmente por una común empresa.
+
+Sólo habían transcurrido algunos meses, pero estaban ya lejanos para
+Cuadros aquellos tiempos en que el tendero de costumbres tranquilas y
+rutinarias se indignaba al saber que su hijo iba a los bailes y le
+esperaba tras la puerta empuñando fieramente la vara de medir.
+
+
+
+
+IX
+
+
+A las cuatro de la tarde entraban las de Pajares en el paseo de la
+Alameda.
+
+Era domingo, y la animación ruidosa y expansiva de los días festivos
+inundaba la acera izquierda del paseo. El tiempo era hermoso: una tarde
+de verano, con el cielo limpio de nubes, y en lo más alto, como un jirón
+de vapor tenue y apenas visible, la luna, esperando pacientemente que le
+llegase el turno para brillar. Las largas filas de rosales, los macizos
+de plantas, toda esa jardinería mutilada y corregida por las tijeras del
+hortelano, reverdecía con el soplo cálido de la tarde y se cubría de
+flores, uniendo sus simples perfumes a la estela de esencias que dejaban
+las señoras tras su paso.
+
+Por el arroyo central daban vueltas y más vueltas, como arcaduces de
+noria, los carruajes alineados en interminable rosario. Las torres de
+los guardas erguían sus caperuzas de barnizadas tejas por encima de los
+árboles, y a los dos extremos del paseo, empequeñecidas por la
+distancia, destacábanse sobre el verde fondo las monumentales fuentes
+con sus figuras mitológicas ligeras de ropa. Era la hora en que el paseo
+adquiría su aspecto más brillante. A todo galope de los briosos caballos
+bajaban carretelas y berlinas, y por las aceras del paseo desfilaban
+lentamente, con paso de procesión, las familias endomingadas. Los verdes
+bancos no tenían ni un asiento libre. Un zumbido de avispero sonaba en
+el paseo, tan silencioso y desierto por las mañanas, y algunas familias
+ingenuas conversaban a gritos, provocando la sonrisa compasiva de los
+que pasaban con la mano en la flamante chistera, saludando con rígidos
+sombrerazos a cuantas cabezas asomaban por las ventanillas de los
+carruajes.
+
+Lo que atraía la atención de todos era el desfile incesante de coches,
+símbolos de felicidad y bienestar en un país donde el afán de
+enriquecerse no tiene más deseo que no ir a pie como los demás mortales.
+
+Piafaban los caballos con la boca llena de espuma, esparciendo en torno
+el pajizo olor de las cuadras, y de vez en cuando un relincho contagiaba
+a toda la línea de brutos briosos, que parecían contestar con nerviosos
+pataleos a este llamamiento de libertad. Los cocheros, enfundados en sus
+blancos levitones, exhibían desde lo alto de los pescantes, sus caras
+afeitadas y carrilludas de cómicos obesos o párrocos bien conservados, y
+miraban con cierto desprecio a toda aquella muchedumbre que les obligaba
+a pasar unas cuantas horas de tedio. En la larga fila de vehículos
+estaba el antiguo faetón, balanceándose sobre sus muelles como una
+enorme caja fúnebre y encerrando en su acolchado interior toda una
+familia, incluso la nodriza; la ligera berlina, con sus ruedas rojas o
+amarillas; la carretela, como una góndola, meciéndose a la menor
+desigualdad del suelo, y la galerita indígena, transformación elegante
+de la tartana y símbolo de la pequeña burguesía, que, detenida en mitad
+de su metamorfosis social, tiene un pie en el pueblo, de donde procede,
+y otro en la aristocracia, hacia donde va.
+
+Parecía existir una barrera invisible e infranqueable entre la gente que
+paseaba a pie y aquellas cabezas que asomaban a las ventanillas,
+contrayéndose con una sonrisa siempre igual cuando recibían el saludo
+de las personas conocidas. Grupos de jinetes mezclados con jóvenes
+oficiales de caballería caracoleaban por entre los carruajes,
+tendiéndose algunas veces sobre el cuello de sus cabalgaduras para
+hablar al través de una portezuela. Las de Pajares contemplaban con
+nostalgia de desterradas el paso de los carruajes. ¡Gran Dios, qué
+tarde! ¡Se acordarían de ella toda la vida! Era la primera vez que iban
+a pie a la Alameda. Las niñas, a pesar de sus elegantes trajes, creían
+que todos se fijaban en ellas para sonreír compasivamente, y doña
+Manuela marchaba erguida, con altivez dolorosa, poco más o menos como
+Napoleón en Santa Elena después de la denota. La viuda presentía su
+ruina. Ya no eran las deudas y los apuros pecuniarios las amarguras de
+la vida; ahora, la fatalidad, según ella decía, complacíase en agobiarla
+con nuevos golpes, quitando a la familia los escasos medios que la
+restaban para sostener su prestigio.
+
+Aquella mañana había sido de prueba para las de Pajares. Nelet el
+cochero subió muy alarmado a dar cuenta a sus señoras de que el caballo
+estaba enfermo. El suceso no era para tomarlo a risa. No se trataba de
+un cólico vulgar, y la pobre bestia, sostenedora inconsciente del
+prestigio de la familia, revolcábase abajo, en la obscura y húmeda
+cuadra, quedando panza arriba y con las patas agitadas por un temblor
+convulsivo. La situación fue ridícula y conmovedora. Tantos años de
+servicios habían establecido cierto afecto entre las señoras y la brava
+bestia, que era considerada casi como de la familia. Doña Manuela,
+recogiéndose la cola de su bata teatral, bajó a la cuadra, no pasando de
+la puerta por miedo al caballo, que se revolcaba furioso.
+
+Llamaron al mejor veterinario de la ciudad; pero el caballo no mejoraba,
+y por la tarde desvaneciéronse las ilusiones que tenían las niñas de
+pasear en carruaje. Casi adquirieron la certeza de que el pobre caballo
+no saldría de la enfermedad. ¿Qué iban a hacer ellas cuando se vieran
+confundidas entre las cursis que paseaban a pie por la Alameda? ¿Qué
+dirían las amigas al ver que transcurría el tiempo y la hermosa
+galerita, de que tan orgullosas estaban, permanecía arrinconada en la
+cochera? Porque las dos, aunque su mamá, por no entristecerlas, las
+ocultaba el estado de la casa, tenían pleno conocimiento de los apuros
+de la familia y estaban seguras de la imposibilidad de reemplazar el
+viejo pero brioso caballo por otro que valiese tanto como él.
+
+Después de comer, la madre y las hijas sentáronse en el salón, y allí
+permanecieron más de una hora, silenciosas, hurañas y malhumoradas. El
+día era magnífico; pero no, no saldrían: primero monjas que el mundo se
+enterase de su decadencia, de sus privaciones tan hábilmente ocultadas.
+
+Pero las tres no podían resignarse a pasar un día dentro de casa.
+Además, por los balcones entraba el sol y soplaba un aire cargado de
+perfume irritante del verano. Pensaban involuntariamente en los verdes
+campos, en el paseo exuberante de gentío, en el placer de andar
+lentamente bajo las ladeadas sombrillas, viendo caras nuevas y
+contestando al saludo de los amigos; y por fin, la madre y las hijas no
+pudieron resistir más y comenzaron a vestirse.
+
+--No hay que ser tan escrupulosas--dijo doña Manuela--. Todos nos
+conocen, y porque un día nos vean salir a pie no van a imaginarse que
+nos falta el carruaje. Vamos, niñas, ¡a paseo!
+
+Y salieron de casa con el propósito de ir a cualquier parte menos a la
+Alameda. Pero el paseo las atraía; no sabían adonde ir, y al fin,
+insensiblemente, sin ponerse de acuerdo, encamináronse allá.
+
+¡Qué tardecita pasaron las de Pajares! Exteriormente fueron las de
+siempre; las niñas contestaron con mohines graciosos a los saludos de
+los amigos, y la mamá, altiva y majestuosa, cobijándolo todo con su
+mirada de protección. Pero en su interior ¡cuántos tormentos! Si alguna
+amiga las saludaba desde su carruaje con expresión cariñosa, las tres
+creían adivinar cierto asomo de lástima, y enrojecían bajo la capa de
+blanquete que cubría sus mejillas. Si una persona conocida se detenía a
+saludarlas, ellas, a tuertas o a derechas, y muchas veces las tres a un
+tiempo, se apresuraban a decir que habían salido a pie en vista de la
+hermosura de la tarde; y seguían mirando con nostalgia y despecho la
+larga fila de carruajes, experimentando la misma impresión de nuestros
+bíblicos padres ante las puertas del Paraíso cerradas para siempre.
+
+Después, ¡qué recuerdos tan penosos! A las tres las obsesionaba la
+enfermedad del caballo, como si éste fuese de la familia. Estaban
+arrepentidas de haber salido de casa; sentían la falsa esperanza de los
+que se interesan por un enfermo y creen que permaneciendo a su lado
+aceleran la curación. Saludaban a derecha y a izquierda; deteníanse a
+estrechar manos, cambiando palabras sobre el tiempo o sobre los trajes
+que más lucían en el paseo; pero sus miradas iban inconscientemente a
+detenerse en aquellos caballos que pasaban a pocos pasos de ellas; y en
+todos, bien fuese por el color, por la cabeza o por la grupa,
+encontraban cierto parecido con el otro que ocupaba su memoria.
+
+Tuvieron en aquella tarde encuentros muy penosos. Andresito, el hijo de
+Cuadros, pasó por entre las dos filas de carruajes montando el enorme
+caballote que le había comprado su padre. Buscaba a la novia para ir
+escoltándola, luciendo sus habilidades hípicas en torno de su carruaje.
+El gesto de inocente sorpresa que hizo al verlas a pie, confundidas
+entre la cursilería dominguera, fue una verdadera puñalada para las tres
+mujeres.
+
+Todo hería su susceptibilidad. Roberto del Campo, que iba con algunos
+amigos, las saludó con la más seductora de sus sonrisas; pero ellas
+creyeron distinguir en sus labios una irónica expresión. Indudablemente,
+aquel trasto de Rafaelito había relatado a Roberto lo del caballo.
+Estaban seguras de que todo el paseo conocía el desagradable suceso,
+adivinando lo que vendría después. Y cegadas por la vanidad herida,
+recordando sin duda las burlas que ellas habían dirigido a otras
+familias, turbábanse por momentos, creyendo ver miles de ojos rijos en
+ellas y que las señoras desde los carruajes las sonreían desdeñosamente,
+como si fuesen criadas disfrazadas. Hasta llegaron a pensar con
+escalofríos de terror si a su s espaldas las señalarían irrisoriamente
+con el dedo. Y siempre el maldito caballo ocupando su pensamiento,
+viéndolo con los ojos de la imaginación tal como estaba en su cuadra al
+salir ellas de paseo, panza arriba, estirando convulsivamente las patas.
+Las tres llevaban dentro de sí, como implacable enemigo, su propio
+pensamiento, que las hacía ver la burla y la lástima en todas partes, y
+hasta creyeron algunas veces que personas conocidas fingían distracción
+por no saludarlas.
+
+--Vámonos, niñas--dijo la mamá con una expresión en que vibraban el
+dolor y la cólera--; vamos a casa a ver cómo está «aquello». Hoy el
+paseo está muy cursi.
+
+Las niñas apoyaron a la mamá con gesto de aprobación. Era verdad, muy
+cursi; y las tres emprendieron una retirada desastrosa, anonadadas,
+vencidas, como si acabasen de sostener una batalla con la consideración
+pública, quedando derrotadas y maltrechas. Al subir la rampa del puente
+del Real tuvieron que apartarse del borde de la acera, limpiándose con
+los pañuelos de blonda el polvo que levantaban las ruedas de un
+carruajillo descubierto que corría con velocidad insolente, arrollándolo
+todo.
+
+Era la última sorpresa. El señor Cuadros, tirando de las riendas para
+refrenar su veloz caballo y agitando el látigo, las saludaba desde lo
+alto de aquella cáscara de nuez montada sobre ruedas.
+
+A su lado iba Teresa, desbordando sus carnes blanduchas sobre el
+banquillo de terciopelo azul, moviendo con cierta incomodidad su cabeza,
+como si le molestase la capota, recargada de rosas y follaje, regalo de
+su marido.
+
+--Hasta la noche.... Adiós, niñas. Esta noche iré a ver a ustedes.
+
+Y Teresa enviaba una sonrisa sin expresión a su antigua señora, como
+suplicando que no abandonase la tarea de catequizar a su esposo.
+
+¡Buena estaba doña Manuela para tales indicaciones! Sabía lo que
+significaban las asiduas visitas, unas veces por la tarde y otras por la
+noche, que la hacía aquel cincuentón; pero no pensaba ahora en eso. El
+encuentro había acabado de trastornarla. Sus antiguos criados en
+carruaje, ensuciándola con el polvo de las ruedas, y ella, la hija de un
+millonario, la viuda del doctor Pajares, a pie y humillada por unas
+gentes a las que siempre había tratado con cierto desprecio. Jamás había
+imaginado que pudiera ocurrir aquello. Agobiada por las deudas, esperaba
+la caída, pero no tan honda y lastimosa para su dignidad.
+
+Esto era demasiado fuerte para poder resistirlo. Y la pobre mujer, toda
+susceptibilidad y orgullo, sintió que algo caliente se agolpaba a sus
+ojos, y hubo de hacer esfuerzos para no llorar. Su paso acelerado era
+una verdadera fuga. Huían del paseo, de aquel lujo que algunos días
+antes era su elemento y ahora les parecía un verdadero insulto.
+
+Cuando entraron en la plazuela donde vivían, la vista de su casa, que
+con el portalón entornado, los balcones cerrados y la fachada
+obscurecida por la última luz de la tarde tenía cierto aspecto fúnebre,
+hizo revivir en la memoria de las tres el recuerdo del caballo.
+
+--¡Dios mío! ¿Cómo estará el pobre _Brillante_? Tan vehemente era su
+interés por la salud de la bestia, que hasta acariciaban la absurda
+esperanza de una extraña reacción, de un milagro que las permitiera
+tener el carruaje disponible para el día siguiente. Arrastradas por la
+rutina, hasta sentían tentaciones de rezar por el pobre animal. Algo
+había en ellas de cariño, de agradecimiento por todo lo pasado; pero lo
+que predominaba era el ansia de recobrar su categoría de «señoras de
+coche», sin la cual se creían deshonradas.
+
+Al entrar en el patio, dirigiéronse rectamente a la cuadra. Pasaron
+rozando la abandonada galerita, que, oculta bajo su funda de lienzo,
+sólo mostraba las ruedas, ligeras, amarillas y finas como las de un
+juguete; y después de asomar su cabeza con cierta zozobra por la puerta
+de la cuadra, entraron en el antro obscuro y maloliente, recogiéndose
+las faldas y hundiendo sus elegantes botinas en la blanda y húmeda capa
+de estiércol.
+
+Era un espectáculo extraño. A la luz de un farolillo colocado junto al
+pesebre, los trajes azul y rosa de las niñas, sus sombreritos de flores,
+las joyas relumbrantes de la mamá, causaban el efecto de una aparición
+sobrenatural, que contrastaba con las paredes sucias, el techo
+empavesado de polvorientas telarañas, los montones de estiércol y el
+olor punzante y molesto de cuadra sucia. Tan escasa era la claridad, que
+doña Manuela se dio un golpe contra la hoz clavada en la pared para
+cortar la hierba, y pasaron algunos momentos antes que las tres mujeres
+distinguieran a Nelet en el fondo de la cuadra.
+
+El pobre muchacho, a pesar de su rudeza, contemplaba a _Brillante_ con
+asombro doloroso, frunciendo el ceño como si quisiera cerrar el paso a
+las lágrimas. Los dos habían sido muy buenos amigos. El cochero
+celebraba sus picardías de animal viejo y brioso; tenía orgullo en decir
+que era muy bravo y sólo por él se dejaba manejar, y ahora estaba allí
+tendido de costado sobre el estiércol, inmóvil como carne muerta,
+agitando alguna vez con ronco estertor el redondo pecho y levantando un
+poco la cabeza para lanzar en torno suyo la mortecina y lacrimosa
+mirada.
+
+--¡Lo que somos...! ¡lo que somos...!--decía Nelet entre dientes,
+sintiendo que cada espasmo de la larga agonía de su _Brillante_ era una
+verdadera puñalada para él. Al ver a las señoritas se adelantó algunos
+pasos, hablando con tono compungido. El veterinario se había marchado,
+declarándose impotente para remediar el mal. _Brillante_ se moría de
+una enfermedad extraña, de un nombre raro que Nelet no podía recordar;
+pero lo cierto era que estaba ya en la agonía.
+
+Y el pobre caballo, como si quisiera afirmar las palabras de su amigo o
+reconociese a sus amas, levantaba la pesada cabeza, lanzando su estertor
+angustioso.
+
+Aquello partía el corazón a las tres mujeres.
+
+--¡_Brillante_! ¡Pobrecito _Brillante_...!
+
+Y las tres se abalanzaron a la pobre bestia, soltando sus faldas, cuyos
+bordes barrieron la suciedad del suelo. Doña Manuela, casi arrodillada
+en el estiércol, sin acordarse de su elegante traje, cogía la cabeza de
+_Brillante_, que se elevaba trabajosamente como para saludar a sus amas
+por última vez. Aquella mirada desmayada y vidriosa, fija con expresión
+agradecida en el grupo de mujeres, acabó con la falsa serenidad de
+éstas, y estallaron los sollozos y las exclamaciones de desconsuelo.
+
+Era ridículo llorar la muerte de un caballo; sí señor, ellas Lo
+reconocían. Si les hubiesen contado algo semejante de sus amigas, no
+hubieran sido flojas las burlas; pero así y todo, había que reconocer lo
+que aquel pobre animal representaba para la familia, las ilusiones que
+se llevaba con su muerte.
+
+¡Adiós, compañero de grandeza! La familia sólo tendría para ti grato
+recuerdo. Mueres representando la fortuna que se aleja de casa, el
+prestigio que se pierde, la altivez que se desvanece; y cuando salgas de
+ella a altas horas de la noche en sucio carro para ser conducido adonde
+te explotarán por última vez, convirtiendo tu piel en zapatos, tus
+huesos en botones y tu carne en abono fertilizante, por la puerta
+entreabierta entrará la pobreza, la desesperación de una miseria
+disimulada, y quién sabe si la deshonra, eterna compañera de los que se
+aferran tenazmente a las alturas de donde les arrojan. ¡Adiós,
+_Brillante_! ¡Adiós, fortuna que huyes para siempre!
+
+Y las tres mujeres, con el cerebro embotado por el choque de confusos
+pensamientos, arrastrando sus hermosas faldas, que olían a cuadra,
+subieron lentamente la escalera, como agobiadas por el dolor.
+
+Amparito, en otras ocasiones la más risueña y juguetona, era la que
+ahora lloraba como una niña, Su madre había tenido que sacarla de la
+infecta cuadra cogiéndola del brazo.
+
+--¡Ay, _Brillante_...! ¡Pobrecito _Brillante_ mío...!
+
+Y hasta había llegado a unir su linda cabeza de bebé con las negras
+narices de la bestia, cubriéndolas de besos.
+
+El desaliento las tuvo hasta bien entrada la noche clavadas en sus
+asientos del salón, silenciosas, sin otra luz que el escaso resplandor
+de los reverberos públicos que entraba por los balcones abiertos,
+produciendo una débil penumbra. Las tres, envueltas en sus batas de
+verano, destacábanse en la obscuridad como inmóviles estatuas. Las niñas
+pensaban en su porvenir, que adivinaban confusamente; presentían que
+desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo
+serían alegres risas e indiferencia para el día siguiente.
+
+Los pensamientos de doña Manuela aún eran más obscuros. Miraba en torno
+de ella, y nada, ni un mal rayo de esperanza amortiguaba su
+desesperación. Necesitaba dinero para reponer esta pérdida, que tanto
+podía influir en el prestigio de la familia, y para satisfacer ciertos
+compromisos que, como de costumbre, la agobiaban con gran urgencia; pero
+a pesar de ser tan numerosas las amistades, no encontraba, repasando su
+memoria, un solo nombre.
+
+¡Y pensar que ella, que había derrochado tantos miles de duros y vivía
+con cierta ostentación, pasaba angustias por unos cuantos miles de
+reales...! El recuerdo de su hermano se aferraba tenazmente a su
+memoria. ¡Ah, maldito avaro! Necesario era todo su mal corazón para
+dejar a una hermana en el sufrimiento, pudiendo remediar sus penas con
+algunos de los papelotes mugrientos que a fajos dormían en el viejo
+_secrétaire_ de su alcoba. Pero no había que pensar en semejante hombre.
+Bastantes veces la había humillado con rotundas negativas.
+
+Otro de los que no se podía contar para salir de la situación era su
+hijo Juanito. Doña Manuela, que le había tenido tanto tiempo a su
+voluntad, asombrábase ahora ante sus alardes de independencia. Le habían
+cambiado su hijo, según ella decía con el tono quejumbroso de una madre
+resignada. Y el tal cambio consistía en haberse negado Juanito varias
+veces a darla dinero para salir de pequeños apuros.
+
+Esto indignaba a doña Manuela. Habíase despertado en él la fiebre de la
+explotación. Revivía la «sangre comercial» de su padre, el instinto
+acaparador de su tío don Juan; y contagiado por la atmósfera de jugadas
+victoriosas y millonadas de papel que respiraba continuamente en la
+tienda al lado de su principal, había acabado por decidirse,
+despreciando los bienes positivos y materiales para lanzarse en la
+fiebre de la Bolsa.
+
+El acto de ciega confianza de su novia y su vieja amiga entregando sin
+temor los ahorros al omnipotente don Ramón Morte había acabado por
+decidirle. ¿Iba a ser él más cobarde que aquellas dos mujeres?
+
+Vendió su huerto de Alcira, y los ocho mil duros que le dieron engrosaron
+el raudal de oro que, a impulsos de la más ciega confianza, iba a caer
+en las cajas del filántropo banquero. Una parte de su capital lo
+invirtió su eminente protector en papel del Estado, y con la otra, que
+era la más exigua, comenzó sus jugadas de Bolsa, siempre a la zaga de
+Cuadros y sin atreverse a imitar sus golpes de audacia.
+
+Vacilaba algunas veces, sentía misteriosos terrores al pensar que su
+fortuna estaba a merced de un capricho del azar, mas no por esto perdía
+la confianza, y nada había reservado de su capital para responder a los
+vencimientos de los pagarés que le había hecho firmar su madre. ¿Para
+qué tal precaución? No había más que oír a su principal y al poderoso
+banquero. Sus ocho mil duros se doblarían y triplicarían en muy poco
+tiempo, y entonces podría pagar las deudas maternales y casarse con
+Tónica. Pero mientras tanto, que no contase su madre con él. La quería
+mucho, seguía adorándola con un respeto casi religioso; pero de dinero,
+ni un ochavo.
+
+Todo lo sabía doña Manuela, y por esto colocaba a su hijo al mismo nivel
+que su hermano. ¡Vaya unos parientes! Podía una morirse en medio de la
+calle, bien segura de que nadie acudiría en su auxilio.
+
+Y doña Manuela, enfurecida por lo difícil de la situación, crispaba sus
+manos arañando los adornos de su bata. Sólo una esperanza le restaba,
+pero no quería pensar en ella, pues en su interior elevábase como una
+voz de protesta.
+
+Estaba segura de que cierta persona le facilitaría a la menor indicación
+aquel dinero que tantas angustias le producía. Indudablemente, el señor
+Cuadros no le era difícil salvar a una amiga por unos cuantos miles de
+reales, él que todos los meses contaba sus ganancias por miles de duros;
+pero apenas le acometía este pensamiento, renacían en doña Manuela
+escrúpulos que creía muertos para siempre.
+
+Conocedora de la vida, comprendía la importancia de aquel favor y lo que
+forzosamente había de sobrevenir. Un mes antes no habría vacilado en
+acudir a su antiguo dependiente, a pesar de lo mucho que esto lastimaba
+su altivez. Pero ahora, al pensar en las audacias que se permitió el día
+de Corpus y otras muchas realizadas por el bolsista en sus diarias
+visitas, doña Manuela deteníase avergonzada, y a estar iluminado el
+salón, se hubiera visto su rubor.
+
+Ella, que hacía tantos años no se acordaba para nada de Melchor Peña,
+sentíalo vagar en torno como un espíritu guardián de su honrada viudez.
+Del doctor, de su segundo marido, no se acordaba para nada. Aquel buena
+pieza, con sus infidelidades, no tenía derecho a exigirla cuentas por
+lo que pudiera hacer.
+
+Lo que más extrañeza le causaba era que se mostrasen ahora en ella tan
+terribles escrúpulos, cuando a raíz de su primera viudez había caído
+fácil e insensiblemente en los brazos de Pajares. El amor había ahogado
+entonces todas las preocupaciones; pero ahora se trataba de una
+explotación deshonrosa, de una venta que sólo el suponerla le producía
+vergüenza y rubor. La altivez le hacía recobrar su puesto. Cuadros, a
+pesar de su fortuna, no dejaba de ser el antiguo dependiente, el marido
+de la criada Teresa, un pobre diablo al que ella había tratado siempre
+con desprecio. ¿Y por tal hombre iba a perder su prestigio de mujer
+honrada, sostenido durante tantos años a costa de sacrificios que
+guardaba en el misterio? No; antes la miseria.
+
+Y doña Manuela, embriagándose con la energía de su resolución, pensaba
+en la miseria como en una cosa desconocida, pero que iba pareciéndole
+grata por ser la salvación de su honor. Trabajarían ella y sus hijas.
+También duquesas, princesas y hasta reinas se habían visto en la
+miseria, arrostrándola con dignidad. Y doña Manuela, repasando sus
+escasos conocimientos históricos, halagaba su orgullo y creíase casi
+igual a una soberana destronada que cae en la pobreza. Esto bastó para
+afirmarla en su resolución.
+
+Cuando Rafael y Juanito llegaron a casa, la familia pasó al comedor. La
+cena fue triste. Parecía que el cadáver tendido abajo, en la suciedad de
+la cuadra, estaba allí, sobre la mesa, mirando con los ojos vidriosos e
+inmóviles a sus antiguos amos. Al terminar la cena, los dos hermanos
+salieron, marchando cada uno por su lado.
+
+Juanito había cambiado de costumbres. No volvía a casa hasta las once de
+la noche, y después de hacer una corta visita a Tónica y Micaela, iba a
+un café donde se juntaba la gente de Bolsa y podían apreciarse
+diariamente las opiniones y profecías de «alcistas» y «bajistas».
+
+A las nueve de la noche recibieron las de Pajares la visita de Andresito
+y su papá. Doña Manuela, al ver a su antiguo dependiente, se ruborizó,
+como si éste pudiese adivinar los pensamientos que la habían agitado
+poco antes.
+
+El señor Cuadros mostrábase gozoso y radiante, como si le alegrase la
+noticia que en el patio le había dado Nelet. ¿Conque había muerto el
+caballo? Vamos, ahora se explicaba por qué iban aquella tarde a pie por
+la Alameda. Era de sentir la pérdida, porque un caballo que sustituyera
+dignamente a _Brillante_ había de costar algún dinero; pero ¡qué
+demonio! cuatro o cinco mil reales no arruinan a nadie. Y el señor
+Cuadros hablaba del dinero con expresión de desprecio echando atrás la
+cabeza y sacando el vientre como si lo tuviera forrado con billetes de
+Banco.
+
+Las niñas hablaban con Andresito cerca del piano, y doña Manuela, serena
+y en posesión de sí misma, miraba fijamente a su antiguo dependiente. La
+escandalizaba el desprecio con que aquel hombre hablaba del dinero, y
+recibía como un sangriento sarcasmo la suposición de que cuatro o cinco
+mil reales nada significaban para ella. Y pensando esto, su mirada iba
+instintivamente hacia el mármol de una consola, donde antes se exhibían
+unos magníficos candeleros de plata guardados ahora en el Monte de
+Piedad; y miraba igualmente los cromos baratos que adornaban las paredes
+del salón, sustituyendo a dos grandes cuadros heredados de su padre,
+obra de Juan de Juanes, por los cuales le habían dado lo preciso para
+vivir durante un mes.
+
+Aquel hombre, cegado por su fortuna, no sabía lo que decía. Igual era
+ella algunos años antes, cuando tenía fincas que vender o empeñar y
+arrojaba el dinero a manos llenas. Pero ahora la pobreza vergonzante y
+cuidadosamente ocultada le había enseñado el valor del dinero.
+
+El señor Cuadros, siempre ignorante de la verdadera situación de la
+casa, molestaba atrozmente a doña Manuela. Quería aparecer amable, y
+para esto la hacía ofrecimientos que resultaban sarcasmos. El se
+encargaba de la compra del caballo. Vería ella cómo le resultaba más
+barato; por una bestia tan hermosa como _Brillante_ sólo tendría que
+desembolsar unos tres mil reales. Él conocía a los chalanes más
+afamados. El caballo que montaba su hijo lo había comprado casi por una
+bicoca, y confiaba ahora tener la misma suerte.
+
+--Lo que a usted le conviene, Manuela, es comprar el caballo cuanto
+antes, pues si las gentes las ven a ustedes paseando muchos días como
+hoy, harán maliciosos comentarios. Los que estamos a cierta altura
+debernos mirarnos mucho en nuestras cosas.
+
+Y el afortunado majadero, al hablar de la altura, cerraba los ojos como
+si sintiera el vértigo de los que se hallan en la cúspide. Lo que más
+efecto causó en doña Manuela fue la afirmación de que la gente haría
+comentarios si no se mostraba en público como siempre. Ahora reaparecía
+la altivez de su carácter, estremeciéndose al pensar en la mortificante
+lástima con que se hablaría de su ruina.
+
+Ella no tenía carácter para sobrellevar con resignación la miseria.
+Estaba decidida. Había que sostenerse en la altura, empleando todos los
+medios; y después, que viniera todo, hasta aquello que sólo al pensarlo
+tanto rubor le producía.
+
+Y la vanidosa señora, para afirmarse en su resolución, buscaba ejemplos
+y recordaba lo que tantas veces había oído en las murmuraciones infames
+de las tertulias: los innumerables casos de señoras tan decentes como
+ella, bien consideradas por la sociedad, y que habían hecho sacrificios
+iguales para salvar el prestigio de sus casas. Y sostenida por el
+pernicioso ejemplo de aquellas mujeres a las que tanto había censurado,
+miró a su antiguo dependiente con ojos en que se revelaba un impudor
+razonado y tranquilo. Al fin--pensaba ella para consolarse--, el señor
+Cuadros, aunque ramplón y vulgarote, era un hombre aceptable, y no tenía
+que resignarse ella, como otras mujeres, a buscar la protección de un
+valetudinario repugnante.
+
+El bolsista adivinaba algo en las miradas de la esposa de su antiguo
+principal. Y en su credulidad de calavera viejo e inocente echaba el
+cuerpo atrás con cierto orgullo, como si estuviera convencido de que sus
+prendas personales habían influido en tan asombrosa conquista.
+
+Terminó la visita a media noche, y cuando el padre y el hijo se dirigían
+hacia la puerta, acompañados por las señoras de la casa, doña Manuela
+cambió sus últimas palabras con el señor Cuadros.
+
+--Quedamos--dijo la señora--en que usted se encargará de la compra del
+caballo. Mañana mismo confío en que habrá hecho mi encargo.
+
+--¡Oh, seguramente...! Ya sabe usted que todas sus cosas me interesan
+como mis propios negocios.
+
+--Entonces, venga usted mañana a las tres y le daré el dinero.
+
+--¿Quiere usted callar? Ya arreglaremos cuentas más adelante.... Pero,
+en fin, vendré por tener el gusto de charlar un rato.
+
+Y el señor Cuadros salió de la casa satisfecho de sí mismo, bufando de
+satisfacción, contoneándose como un joven y mirando con cierta lástima a
+su hijo, que caminaba al lado de él tímido y encogido. Un risueño
+optimismo le hacía olvidar que era su padre. ¡Ah! ¡Si en vez de los
+cincuenta y pico tuviera él los años de aquel pazguato, cuánta guerra
+había de dar en el mundo!
+
+Al día siguiente, el señor Cuadros fue puntual A las tres de la tarde
+entraba en casa de doña Manuela, y se sorprendió agradablemente al ver
+que la señora estaba sola en el salón, vestida con la más elegante de
+sus batas y el rostro retocado con los más finos menjurjes del tocador
+de las niñas. El bolsista sentía como un renacimiento de la vida, algo
+que recordaba sus fiebres de joven, cuando siendo primer dependiente
+bromeaba y perseguía a la criada Teresa en la trastienda de _Las Tres
+Rosas_.
+
+Las niñas habían sido enviadas por su mamá a casa de «las magistradas».
+Juanito estaba en la tienda; y en cuanto a Rafael, no había que
+esperarle hasta bien entrada la noche.
+
+En el comedor oíase el ruido de los cubiertos que secaba Visanteta, la
+única que se enteró de la visita del señor Cuadros y de lo larga que
+resultó. Ella fue la que oyó las risas apagadas de la señora y el
+arrastre de algunos muebles, como si fueran empujados con violencia;
+pero era una muchacha prudente y reservada, que sólo se ocupaba de sus
+actos, sin detenerse a interpretar los ajenos.
+
+Al día siguiente la familia pudo salir a paseo en su carruaje, y un
+caballo más joven y de mejor estampa que _Brillante_ ocupó el vacío que
+la muerte había dejado en el pesebre. Las amarguras sufridas en aquel
+domingo fueron olvidadas ante una abundancia como pocas veces se había
+gozado en aquella casa. Doña Manuela tenía dinero; comenzaron a pagarse
+las cuentas con regularidad; los proveedores no la molestaron ya
+exigiendo el pago de los atrasos, y la modista francesa, después de
+embolsarse algunos miles de reales que creía perdidos para siempre, hizo
+a las niñas de Pajares nuevos trajes para lucirlos en la feria de Julio.
+
+Todo era dicha y tranquilidad en casa de doña Manuela, y el contento de
+la familia repercutía en _Las Tres Rosas_, donde la sencilla Teresa
+considerábase feliz. Sabía que su marido había roto definitivamente con
+Clarita, aquella «mala piel» que vivía en la calle del Puerto. Ya no le
+pagaba los trimestres del entresuelo, ni atendía a sus locos gastos. Es
+más: un alma caritativa le había hecho saber que aquella perdida le
+engañaba, burlándose de él con los chicos de la Bolsa; y don Antonio
+mostrábase arrepentido, dispuesto a no proteger más mujeres de tal
+calaña.
+
+La pobre Teresa, al pensar que su antigua señora era la que había
+realizado tal milagro, atrayendo a su esposo a la buena senda, sentía
+tal gratitud, que no podía hablar de ella sin que se le saltaran las
+lágrimas. ¡Qué buena persona era doña Manuela! Ella únicamente había
+sabido catequizar al señor Cuadros.
+
+
+
+
+X
+
+
+Juanito vivía entregado a la agitación y la zozobra del que confía su
+porvenir a los caprichos del azar.
+
+Él, tan metódico y cuidadoso de cumplir sus obligaciones, abandonaba la
+tienda para ir a la Bolsa en compañía de su principal, o a los lugares
+donde se reunían sus compañeros de explotación financiera. ¡Valiente
+cosa le importaba _Las Tres Rosas_! Ya no quería ser dueño de la tienda.
+Las primeras ganancias, adquiridas con dulce facilidad, le habían cegado
+y sólo pensaba en ser millonario, en esclavizar la fortuna, riéndose
+ahora de aquellos tiempos en que soñaba con Tónica la existencia
+monótona y tranquila de rutinarios burgueses, amasando ochavo tras
+ochavo un capital para pasar tranquilamente la vejez.
+
+Su novia, prácticamente, refrenaba sus entusiasmos financieros. No había
+que tentar a la fortuna; y ahora que se mostraba favorable, era una
+locura no retirarse a tiempo.
+
+Pero Juanito se negaba a oírla. ¿Qué saben las mujeres de negocios? ¿Por
+qué había de quedarse en la mitad del camino, cuando podía seguir a su
+principal hasta el paraíso de los millonarios? Enamorado cada vez más de
+Tónica, le halagaba la idea de casarse inmediatamente; pero este mismo
+cariño impulsábale a esperar. Era mejor contener sus deseos durante
+algunos meses, un año a lo más; dejar que su capital, volteando por la
+Bolsa, se agrandase como una bola de nieve; y cuando poseyera el tan
+esperado y respetable millón, hacer que la transformación fuese
+completa: gozar viendo cómo la pobre costurerilla se convertía, bajo la
+dirección de su vanidosa suegra, en señora elegante, con gran casa,
+carruaje y los demás adornos de la riqueza.
+
+El deseo de llegar cuanto antes a este final apetecido era lo que le
+hacía audaz y acallaba sus temores de una probable ruina. Los que le
+habían conocido en otros tiempos asombrábanse por el cambio radical de
+su carácter. Su tío don Juan no hablaba ya con él. Un día dio por roto
+el parentesco, faltándole poco para que pegara a su sobrino.
+
+--Juanito, eres un imbécil--dijo el avaro con los labios trémulos por la
+rabia, erizándosele el bigote de cepillo--. Siempre creí que en tu
+carácter había más de tu padre que de mi hermana, y por eso te quería;
+pero ahora veo que me engañé. Te han perdido las malas compañías, esa
+atmósfera de mentira en que vives, los ejemplos de tu derrochadora madre
+y los consejos del majadero de tu principal, que se cree un oráculo en
+los negocios porque gana el dinero a ciegas por una burla caprichosa de
+la suerte, y algún día las pagará todas juntas, dándome el gusto de
+poder reír al verle sin camisa. Y a ti te pasará lo mismo. ¡Vaya si te
+pasará...! Vendiendo el huerto para hacerte dueño de _Las Tres Rosas_ y
+casarte con esa chica, que, según tengo entendido, es buena persona,
+hubieras dado gusto a tu tío. Y si te faltaba algo, aquí estaba yo para
+responder. Conque hubieras venido a decirme: «Tío, necesito esto, lo
+otro y lo de más allá», estábamos al final de la calle. Pero ahora no,
+¿lo entiendes? No cuentes para nada conmigo. Como si no fueras mi
+sobrino. Me has salido igual a todos los de tu familia, y no puedo
+quererte. Yo pensaba en ti, quería que fueses el que estuviera junto a
+mi cama en la hora de mi muerte, y al recontar los cuatro cuartos que
+tengo, me decía: «Esto será para el chico.» Pero ahora estoy
+desengañado. Anda, anda, hazte millonario en la Bolsa, y si quedas en
+pordiosero, no vengas a buscarme, porque lo que hará tu tío es reírse al
+ver lo bruto que eres.
+
+La ruptura con su tío entristeció a Juanito. No había conocido otro
+padre; y además, en sus cálculos de comerciante, siempre había figurado
+la esperanza de ser el heredero de don Juan. Pero las agitaciones de la
+Bolsa, y especialmente las ganancias, amortiguaban en él el pesar del
+rompimiento.
+
+Cuando a fin de mes, cobraba las «diferencias», decíase con extrañeza:
+
+«Parece imposible que nos censuren por dedicarnos a una explotación tan
+cierta. Pero ¡bah! ¡Quién hace caso de esa gente rancia!»
+
+Y entre, los rancios no sólo figuraba su tío, sino don Eugenio, el
+fundador de _Las Tres Rosas_, que también manifestaba al joven gran
+descontento. Siempre que Juanito se encontraba en la tienda con el viejo
+comerciante, éste le lanzaba miradas tan pronto de compasión como de
+desdén. Algunas veces hasta llegaba a murmurar con tono de reproche:
+
+--¡Ay, Juanito, Juanito...! Te veo perdido. Ese demonio de Cuadros te
+arrastra a la perdición.... No le defiendas, no intentes justificarte.
+Ahora te va muy bien para que pueda convencerte; pero al freír será el
+reír.
+
+Y el viejo le volvía la espalda, con la confianza de que los hechos
+vendrían en apoyo de sus pronósticos.
+
+Únicamente en su casa encontraba Juanito aplauso y consideración. Su
+madre le quería más desde que le veía entregado a los negocios. Su hijo
+ya no era un dependiente de comercio; era un bolsista, y esto siempre
+proporciona mayor consideración social. Además, sus ganancias eran un
+motivo de esperanza para la viuda, que aunque veía satisfechas todas
+sus necesidades en el presente, no dejaba de sentirse preocupada por el
+porvenir. La buena fortuna de Juanito podía solidificar el prestigio de
+la casa.
+
+La proximidad de la feria de Julio preocupaba a la familia. Nunca se
+habían pasado veladas tan agradables en casa de las de Pajares. Por la
+noche, después de la cena, llegaban el señor Cuadros, Teresa y su hijo,
+y comenzaba la alegre reunión.
+
+Por los balcones abiertos penetraba el hálito caliginoso de las neones
+de verano, cargado de enervantes perfumes. La plazuela animábase. El
+calor arrojaba de sus estrechos cuchitriles a la gente de los pisos
+bajos, y las puertas estaban obstruidas por corrillos de blancas sombras
+sentadas en sillas bajas y respirando ruidosamente. Arriba, sobre los
+tejados, cubriendo la plaza como un toldo de apelillado raso que
+transparentaba infinitos puntos de luz, el cielo del verano con su
+misteriosa y opaca transparencia. En los obscuros balcones
+distinguíanse, entre los tiestos de flores y el botijo puesto al fresco,
+confusas siluetas ligeras de ropa. Otros abiertos e iluminados, dejaban
+escapar, como los de las de Pajares, el sonoro tecleo del piano,
+acompañado algunas veces por el rítmico chorrear de las macetas recién
+regadas.
+
+En los corrillos de la plaza partíanse enormes sandías, y las mujeres,
+con el moquero sobre el pecho para librarse de manchas, devoraban las
+tajadas como medias lunas, chorreándoles la boca rojizo zumo. En una
+puerta susurraba la guitarra con melancólico rasgueo, contestándole
+desde otra el acordeón con su chillido estridente y gangoso. Y los
+ruidos de la plaza, el reír de las gentes, los gritos que se cruzaban
+entre los corrillos y la música popular, entraban con el fresco de la
+noche en el salón de las de Pajares, sirviendo de sordo acompañamiento a
+la conversación de la tertulia.
+
+Las niñas, con Andresito, hacían planes para la próxima feria.
+Recordaban los rigodones en el pabellón de la Agricultura y los alegres
+valses en el del Comercio; pensaban en los trajes que les había traído
+la modista francesa, y que guardaban intactos para dar golpe en la
+Alameda en la primera noche de feria, y hasta sentían su poquito de
+maligna alegría considerando el efecto que su elegancia causaría en las
+amigas.
+
+La calma y la felicidad habían vuelto a aquella casa.
+
+Hasta Conchita, a pesar de su carácter iracundo y malhumorado,
+considerábase dichosa al ver que Roberto «volvía al redil», mostrándose
+más enamorado que antes. Por las noches, abandonando a su amigo Rafael,
+asistía a la tertulia de las de Pajares; y no contento con las largas
+conversaciones que allí sostenía con su novia, todavía por las mañanas,
+a la hora en que Amparo estaba en el tocador, las criadas en el Mercado
+y la mamá en la cama, subía la escalera, y en el rellano, ante la puerta
+entreabierta de la habitación, hablaba más de una hora con Conchita,
+hasta que se levantaba doña Manuela y comenzaba el movimiento de la
+casa.
+
+La gran preocupación de la familia eran las tres corridas de toros,
+festejo el más ruidoso de la feria. La tertulia tenía ya ultimado sus
+proyectos. El señor Cuadros compraría un palco de los mejores para las
+dos familias; y lo mismo las de Pajares que Teresa, proponíanse
+deslumbar al público con su elegancia.
+
+Las niñas tenían preparados sus trajes de «manola», y un sinnúmero de
+veces se habían ensayado ante el espejo para aprender a colocarse con
+naturalidad y buen gusto la blanca mantilla de blonda. En cuanto a las
+dos mamas, pensaban lucir obscuros trajes de seda, con costosas
+mantillas negras, regaladas a las dos por el señor Cuadros.
+
+Llegó el día de la primera corrida. La atmósfera parecía cargada de un
+ambiente extraño de locura y brutalidad. Por la mañana arremolinábase la
+gente, con empujones y codazos, en torno de los revendedores que en la
+plaza de San Francisco voceaban las de «sol» y de «sombra»; y como si la
+ciudad acabase de sufrir una invasión, tropezábase en todas partes con
+gentes de la huerta y de los pueblos: unos con pantalones de pana y
+manta multicolor; y otros, los tipos socarrones de la Ribera, vestidos
+de paño negro y fino, la chaqueta al hombro, dejando al descubierto la
+blanca manga de la camisa, los botines de goma entorpeciéndoles el paso,
+y en la mano un bastoncillo delgado, casi infantil, movido siempre con
+insolencia agresiva.
+
+El gentío presentaba igual aspecto en todas las calles, como si la
+ciudad entera se hubiese vestido con arreglo al mismo patrón. Sombreros
+cordobeses de blanco fieltro o marineras de paja, cazadoras de color
+claro, corbatas rojas, y en todas las bocas un cigarro de a palmo.
+
+La Bajada de San Francisco era un torrente por el que rodaban sin cesar
+las oleadas de gentío. Las jacas pamplonesas, cubiertas con inquietos
+borlajes y repiqueteantes cascabeles, pasaban como rayos por entre el
+gentío tirando de las tartanillas de colores claros, de los coches
+señoriales y de los carruajes ingleses, en cuyos bancos erguíanse como
+cimbreantes flores las muchachas vestidas de rosa o azul, con el rostro
+realzado por el marco de blanca blonda. La gente menuda, los del tendido
+de sol, pasaban en grupos, con la enorme bota al hombro y un garrote de
+Liria en la mano, oliendo a vino y vociferando, como si comenzasen a
+sentir la borrachera de insolación que les aguardaba en la plaza.
+
+Muchachos desarrapados rompían las oleadas del gentío, ofreciendo la
+vida cíe _Lagartijo_ en aleluyas, los antecedentes y retratos de los
+seis toros que iban a lidiarse, o pregonaban unos abanicos de madera sin
+cepillar y en los cuales una mano torpe había estampado un toro como un
+pellejo de vino y un torero que parecía una rana desollada.
+
+Los babiecas ávidos de emociones agolpábanse frente a las fondas donde
+se alojaban las cuadrillas, esperando pacientemente la salida de los
+toreros para poder tocar con respeto los alamares del diestro. La gente
+abría paso con curiosidad cada vez que algún picador empaquetado sobre
+la silla y con el mozo a la grupa pasaba montado en su jaco huesoso y
+macilento, que le llevaba hacia la plaza con un trotecillo cochinero.
+
+Entre los carruajes que velozmente y atronando las calles atravesaban el
+centro de la ciudad, pasó el cochecito de Cuadros, y tras él una
+carretela de alquiler en la que iban las de Pajares. Doña Manuela en el
+sitio preferente, empolvada y retocada con tal arte, que su rostro
+producía cierta impresión asomando por entre los festones de la negra
+blonda; y frente a ella, las niñas, graciosísimas como un cromo de
+revista taurina, con zapatito bajo, medias caladas, falda de medio paso
+con red cargada de madroños y mirando atrevidamente bajo la nube blanca
+que envolvía sus adorables cabezas, cerrándose sobre el pecho con un
+grupo de claveles.
+
+¡Qué tarde tan hermosa! Nunca se sintieron las de Pajares más contentas
+de la vida. Al descender de su carruaje frente a la plaza, llovieron
+sobre ellas los requiebros; y para todas hubo, hasta para la mamá, que
+respiraba ruidosamente y enrojecía, satisfecha del triunfo.
+Indudablemente eran ellas las que más llamaban la atención en toda la
+plaza. No había más que verlas en el palco abanicándose con negligencia,
+mientras una gran parte de los señores del tendido, puestos de pie y
+volviendo la espalda al redondel, las miraban fijamente, con ojos de
+deseo.
+
+El señor Cuadros estaba orgulloso de su situación. No podía quejarse de
+la vida. Ganaba cuanto quería; parecía un muchacho con su trajecito
+claro, corbata roja y el enorme cigarro, al que conservaba la sortija de
+papel, para que todo el mundo se enterase de su precio. A un lado tenía
+a Teresa, tranquila y sin sentir la menor sospecha de infidelidad, y al
+otro a doña Manuela, orgullosa de la admiración que ella y sus niñas
+despertaban en una parte de la plaza.
+
+Sentíase satisfecho de la situación el señor Cuadros, y las ávidas
+miradas fijas en el palco parecíanle un homenaje a él. No se podía pedir
+mayor felicidad. Cumplía con la conciencia y con el placer. A un lado la
+esposa legítima; al otro, doña Manuela, la satisfacción de la carne, el
+alimento de su vanidad; y las dos familias de las cuales era él el punto
+de unión, contentas, lujosas, llamando la atención del público, todo
+gracias a su buena suerte/ que le permitía tirar a manos llenas los
+miles de pesetas. El bolsista, saboreando su dicha, aseguraba
+mentalmente que Dios es muy bueno, y no sabía ya qué desear, pues la
+seguridad de que en breve sería millonario teníala por indiscutible.
+
+En el fondo del palco estaban el hijo de Cuadros y los dos de doña
+Manuela, con los gemelos en la mano, contemplando el aspecto de la
+plaza. En el tendido de sombra, el graderío circular era un
+escalonamiento de sombreros blancos que bajaba hasta la barrera. Algunas
+capotas cargadas de flores o relucientes peinados, destacándose sobre
+los pañolones de Manila, rompían la monotonía de las hileras de puntos
+blancos. Las puertas de los palcos abríanse con estrépito, y aparecían
+en las barandillas, cubiertas con los colores nacionales, las mantillas
+blancas, las caras risueñas, los peinados con flores; toda una primavera
+que era saludada a gritos por los entusiastas de abajo, puestos en pie
+sobre los banquillos de madera.
+
+Enfrente, bajo el sol que agrietaba la piel en fuerza de sacar sudor,
+que hacía humear las ropas y ponía un casco de fuego sobre cada cabeza,
+enloqueciéndola, estaba la demagogia de la fiesta, el elemento ruidoso
+que aguardaba impaciente, tan dispuesto a arrojar al redondel los
+sombreros en honor al diestro, como los bancos y los garrotes en señal
+de protesta. De allí partían las palabras infames contra los picadores
+que al aproximarse al toro pensaban en la mujer y en los hijos. Esta
+mitad de la plaza no tenía la regularidad monótona del tendido de
+sombra. Era un mosaico animado, en el que entraban todos los colores y
+que al agitarse variaba de composición. Las tintas rabiosas de los
+trajes de la huerta, las blancas manchas de los grupos en mangas de
+camisa, los pantalones rojos de los soldados, los enormes quitasoles de
+seda granate que parecían robados de una antigua sacristía, los
+gigantescos abanicos de papel moviéndose con incesante aleteo, las botas
+de vino que a cada instante se alzaban oblicuamente sobre las cabezas,
+los gritos, las protestas porque se hacía tarde, todo daba a aquella
+parte de la plaza un aspecto de locura orgiástica, de brutalidad jocosa.
+Y arriba, sobre la doble galería, clavadas en la crestería del tejado,
+colgaban lacias e inertes las banderítas rojas y amarillas, palpitando
+perezosamente cuando un suspiro fresco, enviado por el mar al través de
+la vega, arrastrábase sobre aquellas gentes aplastadas por la
+insolación, haciéndoles dilatar fatigosamente los pulmones. En lo alto,
+como bóveda del gran redondel, el cielo azul, infinito, sin la más leve
+vedija de vapor, cruzado algunas veces por una serpenteada fila de
+palomos, que aleteaban impasibles, sin dar importancia a la extraña
+reunión de tantos miles de personas.
+
+Eran las cuatro de la tarde y se impacientaba la gente. Por detrás de la
+barrera iban los chulos de la plaza, con sus blusas rojas, abrumados
+bajo el peso de las capas de brega, repugnantes andrajos manchados de
+sangre; y por los tendidos, haciendo prodigios de equilibrio,
+filtrándose por entre el compacto gentío, avanzaban los vendedores de
+gaseosas con el cajón al hombro, pregonando la limonada y la cerveza, y
+los _tramusers_ con un capazo a la espalda, llenando de altramuces y
+cacahuetes los pañuelos que les arrojaban desde las nayas y
+devolviéndolos a tan prodigiosa altura con la fuerza de un proyectil.
+
+Sonó la música, y un movimiento de ansiedad, de emoción, dio la vuelta a
+la plaza, haciendo latir sus corazones.
+
+Esto era lo que más gustaba a las de Pajares. La lidia las aburría o las
+horrorizaba; pero la salida de la cuadrilla las enardecía, y movíanse
+nerviosamente en sus asientos al ver el desfile de jacarandosas
+figurillas, que, a la luz del sol, destacábanse sobre la arena del
+redondel como ascuas de oro con el brillo de sus alamares.
+
+Pasada la primera impresión de entusiasmo, cuando las doradas capas
+cambiáronse por sucios trapos y cesó de tocar la música, saliendo el
+alguacil del redondel a todo galope, las de Pajares presintieron el
+aburrimiento.
+
+El primer toro... ¡bueno! Todavía les causaba cierta ilusión el arrojo
+de los diestros, el valor de aquellos cuerpos esbeltos, nerviosos y
+ligeros que escapaban milagrosamente de entre las curvas astas; pero
+apenas comenzó la parte brutal del espectáculo y cayeron pesadamente
+como sacos de arena los infelices peleles forrados de amarillo, mientras
+el caballo escapaba, pisándose en su marcha los pingajos sangrientos
+como enormes chorizos, las jóvenes volvieron la cabeza con un gesto de
+asco y no quisieron mirar al redondel. ¿A qué iban allí? A lo que van
+todas: a ver y ser vistas, a lucirse un rato a cambio de palidecer de
+emoción y lanzar angustioso grito cuando la cornuda cabeza bufa en la
+misma espalda del torero fugitivo.
+
+Y conforme avanzaba la corrida, la mayoría del público contagiábase del
+aburrimiento del espectáculo, y hasta los del tendido de sol, si no por
+repugnancia por fastidio, callaban, dejando que los lances en la arena
+se desarrollasen en medio de un tétrico silencio, como si desearan no
+provocar incidentes para que la lidia terminase cuanto antes. Sólo los
+grupos de los aficionados sostenían el entusiasmo palmoteando, aclamando
+a sus respectivos ídolos y entablando disputas ruidosas.
+
+La salida de la plaza era lenta, desmayada, contrastando con la llegada,
+ruidosa como una invasión. Todos parecían cansados y caminaban con
+cierta lentitud y ensimismamiento, como el que acaba de ser víctima de
+un engaño o ve defraudadas sus ilusiones. Los únicos que mantenían la
+algazara de la fiesta eran los que, tostados y sudorosos, salían por las
+puertas del sol golpeándose amigablemente con las arrugadas botas y las
+vacías calabazas, dando a entender a gritos que el contenido de aquéllas
+se hallaba en lugar seguro y servía para algo. Las dos familias,
+sufriendo los codazos de la muchedumbre, salieron de la plaza por entre
+los jinetes de la Guardia Civil que mantenían el turno en el desfile de
+los coches, fueron en busca de los suyos, teniendo las mamas y las niñas
+que recoger sus faldas de seda, y manchándose las medias con el barro de
+la carretera recién regada.
+
+Por fin vieron a Nelet, que guardaba el cochecito del señor Cuadros.
+Vestía de blusa, pues la carretela de las señoras era de alquiler y
+tenía cochero propio.
+
+Iba a subir el señor Cuadros en su pescante y empuñar las riendas,
+cuando el cazurro muchacho se rascó la cabeza y pareció recordar algo.
+
+--Oiga, don Antonio; don Eugenio me ha dado este papel, encargándome
+mucho que no tardase en entregarlo.
+
+Y ofrecía un cuadrado de papel azul con el cierre intacto. Era un
+telegrama.
+
+Juanito, al ver el despacho, por un instinto de solidaridad, apartóse de
+su madre, colocándose al lado del maestro.
+
+--¡Bah!--dijo el señor Cuadros con indiferencia--. Será un telegrama de
+nuestro corresponsal en Madrid.
+
+Pero inmediatamente palideció, dio una patada en el suelo y soltó unos
+cuantos pecados gordos, de aquellos que hacían ruborizar a Teresa y
+fruncir el gesto a doña Manuela, intransigente con tales groserías.
+Juanito, que leía por encima del hombro de su principal, estaba pálido
+también y parpadeaba como si creyera en un engaño de sus ojos.
+
+--Ya ves, Juanito--dijo con precipitación el maestro--. Acaba de subir
+de un golpe cerca de tres enteros. ¿Qué será esto? Hay que ver en
+seguida a don Ramón. Lo que es por esta vez, ¡se ha lucido! Pero no; él
+no se equivoca fácilmente. Aquí hay gato encerrado. De todos modos,
+debemos consultar en seguida a nuestro hombre. ¡Cristo! ¡pues apenas
+tiene la cosa importancia...!
+
+Y montó en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegar
+cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del
+infalible protector.
+
+Juanito no tuvo tanta presencia de ánimo. Pálido, sudoroso, hablando y
+gesticulando como un sonámbulo, casi echó a correr sin despedirse de la
+familia. Iba al despacho del poderoso Morte, a aquella Meca de la
+fortuna, y sentía una inmensa extrañeza al ver que la gente no mostraba
+la menor impresión, que el cielo estaba azul, que todo se hallaba como
+siempre y no surgía la más leve señal exterior para hacer saber al mundo
+que el gran genio se había equivocado por primera vez aconsejando la
+baja.
+
+
+
+
+XI
+
+
+La derrota fue completa.
+
+A los dos días, ninguno de los bolsistas que tenían por oráculo al
+famoso don Ramón dudaba de ella. El mismo banquero confesaba que esta
+vez se había equivocado, aunque no por ello dejaba de sonreír,
+asegurando que lo mismo que había ocurrido una alza contra todas sus
+previsiones, podía sobrevenir una baja, pues no todos los tiempos son
+iguales.
+
+Y aquellos hombres de fe inquebrantable acogían como risueña esperanza
+las ambiguas palabras del banquero, prestándoles esto cierta energía
+para sobrellevar el golpe. A todos los admiradores de don Ramón les
+había alcanzado la derrota; pero quien más sufría era el señor Cuadros,
+que de un golpe veía desaparecer todas las ganancias de su vida de
+bolsista.
+
+Pero él no desmayaba, no señor. ¿Qué gran general no sufre una derrota?
+Él era soldado fiel de don Ramón y le seguía a ciegas, convencido de que
+con un hombre así, de tropezón en tropezón, más tarde o más temprano se
+llegaba a la victoria.
+
+Con el error del banquero, quedaba lo mismo que antes de entrar en la
+Bolsa: dueño de la tienda y de unas cuantas fincas sin importancia. Pero
+esto mismo le animaba y le hacía ser más tenaz en sus propósitos. Al
+fin, ¿qué había perdido? Igual estaba ahora que antes de entrar en el
+negocio. Lo que había ganado en la Bolsa justo era que en la Bolsa se
+perdiese. Además, que le quitasen lo mucho que se había divertido
+gastando el dinero a manos llenas.... ¡Adelante! El buen carretero
+vuelca muchas veces en un bache insignificante.
+
+Y con tantos ánimos se sentía, que consolaba a Juanito, el cual, sin
+perder tanto como su maestro, mostrábase aterrado por el suceso.
+
+--Vaya, muchacho, debes tener más alma o retirarte del negocio, ¿Crees
+tú que se pescan millones sin correr peligro? Aquí me tienes a mí, que
+me he quedado lo mismo que hace un año: convertido en un tenderillo de
+escasa fortuna. Otro se consideraría perdido; pero yo me quedo tan
+fresco. ¿Que sigue sosteniéndose el alza? Pues yo a la baja, como antes.
+A la baja está don Ramón, y sigo a su lado. No hay cosa que disguste
+tanto a la suerte como la inconsecuencia.
+
+Y con estas seguridades, dadas enérgicamente, aunque sin saber con qué
+fundamento, el señor Cuadros conseguía serenar a Juanito. No tenía igual
+poder sobre don Eugenio, su antiguo principal. El pobre viejo, al saber
+el gran descalabro, en vez de irritarse depuso su huraña actitud,
+aproximándose a su antiguo dependiente para darle consejos con tono
+paternal.
+
+--Estás a tiempo para retirarte. Lo que te pasa es un aviso de la
+Providencia. En realidad, nada has perdido. El dinero mal ganado se lo
+lleva el diablo. Lo que ahora tienes es lo adquirido honradamente y a
+fuerza de trabajo. Créeme, Antonio; a vivir como Dios manda, con
+tranquilidad y modestia, educando a tu hijo para que sea un hombre de
+provecho, y sin repetir ciertas locurillas de las que no quiero
+hablarte. No tientes a la suerte, que es traidora. Piensa que un segundo
+golpe dejaría a tu mujer y a tu hijo en situación de pedir limosna.
+
+Cuadros, a quien la derrota había privado de fuerzas para discutir su
+pretendida infalibilidad en jugadas de Bolsa, contestaba afirmativamente
+al viejo y parecía aceptar todos sus consejos; mas no por esto se
+hallaba menos decidido a seguir a su grande hombre, sosteniéndose a la
+baja, como medio seguro de conquistar los soñados millones. Y tanto él
+como Juanito manteníanse firmes, a pesar de que continuaba el alza y no
+se veía la menor probabilidad de que pudiesen cumplirse las predicciones
+de don Ramón.
+
+Algo más que el desgraciado negocio preocupaba a Juanito. Una noche, al
+retirarse después de acompañar a Tónica y su amiga en su paseo por la
+feria, encontróse en la puerta de casa con su hermano Rafael, que se
+llevaba el pañuelo al rostro como para ocultar algo que le molestaba.
+
+Arriba, a la luz del comedor, vio a Rafael con un ojo amoratado y las
+narices sucias de sangre. El joven elegante, admiración y orgullo de la
+mamá, olía a vino, y con palabrotas de las más soeces explicaba lo que
+acababa de ocurrirle. Nada; una cosa de poca importancia. Se había
+peleado con un amigo, dándose de bofetadas y palos en medio del puente
+del Real cuando iban a la feria a última hora.
+
+No quiso decir más, aceptando con gruñidos de borracho los cuidados
+paternales de Juanito, que hizo todo cuanto supo para curarle las
+contusiones. El pobre muchacho, al ver a su hermano cruelmente
+aporreado, sintió renacer el cariño de otros tiempos, cuando ejercía de
+niñera, sacrificándose en el cuidado de sus hermanitos.
+
+Al día siguiente hizo averiguaciones para conocer con exactitud lo
+ocurrido; y los calaverillas de la Bolsa, que sabían lo de la riña, le
+enteraron con una exactitud cruel.
+
+Quien había aporreado a su hermano era Roberto del Campo. Los dos
+cenaron en un _restaurant_ para conmemorar los buenos golpes que habían
+dado en la ruleta del _Sportsman Club_. Se habían emborrachado
+amigablemente, y al dirigirse después hacia la feria, surgió la disputa
+a consequencia de ciertas afirmaciones infames del elegante Roberto.
+
+Aquel miserable se había permitido asegurar cosas que hacían enrojecer
+al pobre Juanito: intimidades repugnantes con su novia cuando por la
+mañana hablaban en la escalera; secretos, en fin, que Juanito tenía por
+calumniosos, y que únicamente podía revelar un canalla como aquél. Su
+amigo había contestado a las confidencias con una bofetada, y después
+ocurrió la riña, de la que Rafael salió tan malparado.
+
+Juanito se conmovió por el suceso. Decididamente, su hermano no era
+malo; su prontitud en defender la honra de la familia, castigando la
+calumnia, hacíale simpático. Y el sencillo Juanito, olvidando lo de la
+borrachera, consideró a su hermano como un héroe. Conmovíale el valor
+con que había defendido a Concha, y no pudo callar ante la interesada el
+entusiasmo que sentía por Rafaelito.
+
+Su sorpresa fue inmensa al ver el poco caso que Concha hacía de sus
+palabras.
+
+--Mira, chico, todo eso que me dices son líos de Rafaelito, y harás bien
+no metiéndote en nada. Yo quiero a Roberto, ¿me entiendes? Él me quiere
+a mí, a pesar de todo cuanto digas, y eso de que se permitió hablar
+ciertas cosas es una mentira de Rafael, que, según me han dicho, iba la
+otra noche como una cuba. ¡Vaya que le está bien a ese señorito meter
+cisco en la familia! Más le valdría no emborracharse, o por lo menos que
+sus borracheras no las pague yo.
+
+Y la joven se expresaba con serenidad, con frescura, como si se tratase
+de la honra de otra y aquel Roberto fuese un infeliz a quien
+calumniaban.
+
+Juanito no podía contener su asombro. ¡Dios mío! ¡qué gente aquélla! ¿Y
+era su hermana la joven que permanecía tranquila ante suposiciones
+ofensivas para su dignidad? Insistió, cada vez más escandalizado; pero
+Conchita cortó rudamente sus recriminaciones:
+
+--¡Cállate! Como eres un tonto, crees que todos los jóvenes han de ser
+iguales a ti. Roberto es como es y basta. Yo contenta, pues todos
+satisfechos.
+
+Y le volvió la espalda desdeñosamente.
+
+Entonces acudió a la mamá. Él no podía permitir que aquella loca, por
+amor o despreocupación, mirase impasible lo que de tan cerca hería el
+prestigio de la familia. Doña Manuela le escuchó atenta; aparentó
+indignarse en el primer momento, pero al fin dijo, con aquel tono de
+inmensa bondad que tan bien le sentaba:
+
+--Mi pobre Juanito, tú eres muy bueno; no conoces el mundo, no tienes
+sociedad y te extrañan y escandalizan muchas cosas que realmente carecen
+de importancia. No tuerzas el gesto, que no intento defender a ese
+muchacho, aunque me extraña mucho que un joven distinguido y bien
+educado haya podido decir tales infamias. Pero ten en cuenta que tanto
+él como Rafaelito estaban algo «alegres», y las cosas hay que tomarlas
+según está el que las dice. En fin, Juanito mío, no te preocupes de la
+casa, que aquí estoy yo para vigilarlo todo. Además, ya he dispuesto que
+Conchita no salga más a la escalera. ¿No te parece bastante? Pues hijo,
+no hay que echarlo todo a barato. Al fin, Roberto es un buen partido, y
+Conchita no va a despedirlo por cuatro palabras dichas como broma
+imprudente.
+
+Y doña Manuela, ofendida por la insistencia de su hijo, que tildaba de
+«quijotesca», se separó de él casi tan huraña y despreciativa como
+Conchita.
+
+Ahora sí que Juanito sentía a su alrededor un triste vacío. ¿Quién
+quedaba en aquella casa que pensase como él? Únicamente en los hombres
+había que buscar la vergüenza. Rafaelito y él eran los depositarios de
+la dignidad de la familia. Por esto, él, que hasta entonces había
+tratado a distancia y con cierto despego a su hermano, sentía un
+recrudecimiento de cariño fraternal. Pero a los dos días de ocurrida la
+riña le dijeron que Rafael y Roberto iban juntos otra vez, apuntando
+sobre el tapete verde en fraternal combinación. Los dos se comprendían
+y compenetraban; eran la yunta viciosa, ligada por el yugo de la
+comunidad de gustos y la mutua posesión de secretos poco limpios.
+
+Este golpe acabó de anonadar a Juanito. También su hermano desertaba.
+Nadie; ya no quedaba en su casa un corazón que pudiera colocarse al
+nivel del suyo. ¡Cómo sentía ahora su rompimiento con el tío don Juan!
+El viejo, a pesar de su tacañería y sus manías, era un hombre puro y
+recto.
+
+Juanito pensaba ir en su busca como en otros tiempos, pues sus consejos
+eran como un baño de dignidad y rígida honradez, que le hacían resistir
+mejor la atmósfera de putrefacción moral de su casa. Cada vez se sentía
+más alejado de la familia. Vivía como siempre; comía con la mamá y las
+hermanas a la misma hora, pero las escuchaba como si fuesen seres
+extraños encomendados a su observación; sonreía interiormente al
+apreciar sus preocupaciones, indignábase sin romper su silencio, y
+apenas terminaba el motivo de esta reunión de familia, escapaba para ir
+en busca de Tónica y de la pobre ciega, sintiendo el anhelo de
+purificarse, cual si las palabras de los suyos estuviesen agarradas a su
+piel como asquerosas manchas.
+
+El pobre muchacho se sentía sin fuerzas para seguir viviendo con la
+familia. Un obstáculo invisible se levantaba entre él y los suyos. Decía
+bien su tío don Juan. Él era de otra raza. Formaba aparte en el seno de
+la familia. Todos estaban ligados por la vida común; pero los otros eran
+la burguesía pretenciosa, corrompida prematuramente por la ambición de
+brillar, por el ansia de mentir, encaramándose penosamente a una altura
+usurpada; y él era un intruso, el resultado de un encuentro de la
+fuerza, cándida y sumisa, con la corrupción moral, hermosa y
+deslumbrante.
+
+No; él no tenía madre. Los otros, los de Pajares, eran los legítimos
+vástagos de doña Manuela, su fiel retrato en lo moral. Él sólo era el
+hijo de Melchor Peña, con toda la inocencia, la hombría de bien, la ruda
+dignidad del montañés de Aragón... y Melchor Peña había muerto. Estaba
+solo en el mundo; no tenía madre.
+
+Pero a pesar cíe su tristeza, Juanito seguía adorando a aquel ídolo,
+ante el cual volvía la cabeza para no ver los defectos, recordando sólo
+lo que le parecía bueno.
+
+Doña Manuela podía parecerle en ciertos momentos falta de dignidad; pero
+él echaba la culpa de todo a la maldita ambición, que la sumía en los
+enredos y trampas, donde dejaba a jirones poco a poco, por sostener el
+boato de familia, aquella altivez que tan bien le sentaba.
+
+Además--y esto era lo principal para Juanito--, la viuda, dedicada en
+absoluto a sus hijos, buscando por caminos engañosos asegurar su
+porvenir, no había dado motivo a la más leve murmuración. Tratándose de
+dinero, era capaz de mentir y hasta de estafar, tomando préstamos sobre
+fincas vendidas muchos años antes; pero su virtud de mujer aparecía
+intachable.
+
+Juanito, como esos desesperados que encuentran todavía en su miseria
+cosas agradables, reconocía en su madre grandes defectos, pero se
+extasiaba ante su honradez de mujer.
+
+Un suceso vino o sacarle de la triste preocupación que le causaban los
+asuntos de su familia. Era el último día de la feria. Por la tarde, en
+la Bolsa circuló una noticia que hizo palidecer a todos los protegidos
+de don Ramón Morte. En vez de cumplirse los vaticinios de éste, el alza
+continuaba su carrera triunfal, ganando nuevos escalones y arrollando
+las mermadas fortunas de los que osaban ponerse enfrente de ella.
+
+Esta vez desapareció por completo la confianza que Juanito tenía en la
+infalibilidad de su principal y del señor Morte. La ruina era indudable.
+El mismo don Antonio le había dicho que si no sobrevenía pronto la baja
+saltaría él a fin de mes con todos los jugadores que atendían los
+consejos del famoso banquero.
+
+El infeliz joven, poco avezado a los azares del juego, e incapaz de
+ocultar las terribles impresiones de la ruina, sintió ganas de llorar en
+plena Bolsa, ante los corredores y los «alcistas», que sonreían con un
+gozo feroz viendo la agonía de sus contrincantes.
+
+Pero Juanito era de los que en la desgracia aguardan siempre una
+inesperada salvación. Pensó que era preciso avisar al señor Cuadros; tal
+vez él como hombre experto en los negocios, encontraría el medio de
+salir a flote. Extrañábale mucho que no estuviera en la Bolsa, siendo
+aquella tarde de agitación y de emociones, y salió inmediatamente en su
+busca.
+
+En _Las Tres Rosas_ sólo encontró a don Eugenio.
+
+--¿Qué ocurre?--preguntó el vejete--. Tienes cara de susto.... ¿Que si
+está Antonio? No; salió después de comer. ¿Necesitas verle? ¿es urgente
+el asunto? Pues entonces...--y se rascó la cabeza como si dudase--,
+entonces puedes buscarlo en tu casa; de seguro lo encontarás. No sé qué
+demonios tiene que hacer, siempre metido allí. ¿Es que tu mamá juega
+también a la Bolsa?
+
+Juanito no quiso oír más, y salió a buen paso con dirección a su casa.
+
+Por el camino preocupábanle las palabras de don Eugenio, la triste
+sonrisa con que había acompañado su última pregunta. Subió al trote la
+escalera de su casa, dando un vigoroso tirón a la campanilla. Abrió
+Visanteta, y al verle comenzó a darle explicaciones antes que él
+preguntase. Las señoritas habían salido; estaban en casa de «las
+magistradas».
+
+--Bien; pero ¿y el señor Cuadros, no está aquí?
+
+Y Juanito miró angustiosamente a la criada que balbuceaba, no sabiendo
+qué responder.
+
+La empujó rudamente y entró. Visanteta sin perder su ceñuda seriedad,
+levantó los hombros, hizo un gesto de resignación, como diciendo: «Que
+ocurra lo que Dios quiera»; y volviendo la espalda al señorito, se fue
+hacia el comedor.
+
+No había nadie en el salón. Bajo el sofá sonaba el juguetón cascabeleo
+de _Miss_, la perrita inglesa, que al notar la presencia de Juanito sacó
+a medias, por entre los lambrequines, su cabeza de juguete.
+
+La mirada del joven examinó rápidamente el salón, fijándose con estúpida
+tenacidad sobre el sofá, como si viese en él algo extraño que le atraía
+sin explicarse la causa. Era una chaqueta blanca arrojada con descuido,
+y que causaba en el joven la misma impresión de esos rostros que siendo
+amigos tardan mucho en reconocerse.
+
+Llevóse la mano a la frente como si fuera a arañarse con cruel impulso,
+y sus ojos se dilataron con espanto. Fue un momento, un momento de
+vértigo nada más; pero en tan corto espacio creyó que la habitación
+danzaba como una peonza, que el techo descendía hasta apoyar en su
+cabeza su peso irresistible; vio obscuridad y luces a un mismo tiempo;
+experimentó frío y calor; sintió una bola extraña que se le atascaba en
+la garganta, y en un instante pasaron por su imaginación, como
+relámpagos lívidos, todas las escenas de novela que había leído, con sus
+terribles descubrimientos y sorpresas aplastantes.
+
+Bien conocía aquella chaqueta; era la de su principal, la que tantas
+veces le había rozado al descansar paternalmente la manga sobre su
+hombro. _Miss_, saliendo de su escondite, frotábase contra sus piernas
+gruñendo amistosamente.
+
+Pero, en fin, ¿qué era aquello? Nada significaba el pedazo de tela. Pero
+¿dónde estaba el señor Cuadros? Insensiblemente se dejó arrastrar por un
+espíritu de desconfianza que acababa de despertarse en él, y dentro de
+su casa, por una precaución inexplicable, le hacía andar de puntillas
+como si fuese un ladrón.
+
+Sin darse cuenta de ello, se vio junto al cortinaje que cubría la
+puertecilla por donde entraba doña Manuela todas las noches a la hora de
+acostarse. El mismo instinto que le hacía recatarse fue quien hizo
+avanzar su mano levantando levemente un lado de la misteriosa colgadura.
+
+Miró, y sin embargo no sufrió la impresión de momentos antes. Todo era
+verdad. Ahora comprendía las palabras de don Eugenio, su sonrisa
+triste, la mirada de conmiseración con que había acompañado su rápida
+salida de la tienda.
+
+Y abrumado por la sorpresa, permaneció erguido, con los ojos
+desmesuradamente abiertos, apoyando su espalda en la pared, como si
+temiera desplomarse. Debió lanzar un suspiro; tal vez chocó con
+demasiada rudeza contra la pared.
+
+--¿Quién anda ahí?
+
+Y tras larga pausa, contestó a esta voz femenil otra de hombre en tono
+más bajo, pero que rasgó los oídos de Juanito:
+
+--Será _Miss_, que juega.
+
+No supo cómo salió de allí. Lo único que pudo recordar fue que el
+instinto de precaución le dominaba aún, y que al bajar la escalera lo
+hizo de puntillas, evitando roces, como si fuera un delincuente y
+temiera ser descubierto.
+
+Cuando se vio en la calle sintió un calor insufrible. Ya sabía quién le
+apretaba con tanta crueldad la garganta. Era la vergüenza, que hacía
+arder en su interior un fuego de infierno, que enrojecía su rostro y
+aceleraba la circulación de su sangre. Creyó que todos le miraban, que
+los transeúntes ladeaban el cuerpo para evitar su roce, y anduvo
+apresuradamente, como si sintiera tras sus pasos el espectro de su
+vergüenza que le perseguía.
+
+Aire... espacio... libertad; se ahogaba en las calles tortuosas, con sus
+paredes que parecían aproximarse para cerrarle la marcha; necesitaba
+horizontes inmensos, para no creerse aplastado, para poder ensanchar sus
+pulmones y arrojar la cruel madeja de suspiros que se apelotonaba en su
+garganta.
+
+Una sensación fresca le despertó de aquella pesadilla, que le hacía
+caminar como un sonámbulo aterrado. Estaba en las Alamedas de Serranos,
+y marchaba con la cabeza inclinada, los brazos a la espalda: la misma
+expresión de los tipos casi lúgubres que acostumbraban a pasear allí.
+
+A lo lejos, tras las cortinas de los árboles que circuían el verdoso
+estanque, sonaba el canto de un corro de niñas confundiéndose con el
+juguetón parloteo de los traviesos gorriones:
+
+/*
+ _Yo me quería casar_,
+ _yo me quería casar_
+ _con un mocito barbero_....
+*/
+
+Juanito sentía deseos de llorar como cuando escuchaba las romanzas
+italianas de Amparo. Pero ahora no era el amor quien ponía en tensión
+sus nervios; eran los recuerdos del pasado, que contrastaban penosamente
+con su situación actual.
+
+Le hacía daño la inocente melopea infantil. Se veía con la imaginación
+vistiendo el trajecito escocés de su niñez, cuando su madre, con tocas
+de viuda, le llevaba a la Glorieta a que jugase con las niñas, pues su
+timidez y debilidad no le permitían alternar con los revoltosos
+muchachos. ¡Cuan hermosa estaba con sus negras tocas! Juanito la veía al
+través de los años como una _Máter dolorosa_, acariciando dulcemente su
+cabeza de niño y pensando en el doctor Pajares, a pesar de su reciente
+viudez.
+
+Ya no creía en su madre. La fe se había rasgado en él como una
+virginidad irreparable. Le nacía daño el canto infantil, y para no
+llorar salió rápidamente del paseo, siguiendo el pretil del río.
+
+Caminando junto a la carretera polvorienta, sin ver otras caras que las
+de los carreteros que marchaban perezosamente tras sus vehículos, o las
+de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas, Juanito se
+encontraba mejor. No tenía miedo, como el poeta, a encontrarse con su
+dolor a solas, y caminaba por aquel lugar poco frecuentado, saboreando
+con gozo cruel el hondo pesar que, de vez en cuando, estallaba en
+ruidosos suspiros.
+
+Sentía en torno de su persona la imagen invisible de un padre que no
+había conocido. El recuerdo del pobre Melchor Peña le inspiraba cierta
+conmiseración. Aquél también había vivido engañado. Amó locamente a su
+esposa sin conocer su verdadero carácter y murió en el error, como
+hubiese muerto él, jurando que su madre era la mejor de las mujeres, a
+no haberle conducido la fatalidad al salón de su casa para hacer el más
+terrible de los descubrimientos.
+
+Su madre era una tramposa capaz de todos los enredos y vergüenzas para
+conservar el falso oropel de su vida; su madre despreciaba las
+murmuraciones que herían hondamente el honor de la familia; dejaba a las
+hijas que se arrojasen en el peligro, arrastradas por la desesperada
+audacia de cazar un novio, y al final se entregaba como una perdida en
+brazos de un amigo de su esposo, se vendía infamemente cuando estaba
+próxima a la vejez, manchando todo su pasado, por una necesidad del
+orgullo. ¿Qué era, pues, lo que quedaba a aquella mujer? Nada
+absolutamente. Aquel descubrimiento fatal rasgaba el velo de la
+credulidad, desvanecía el optimismo del cariño; la madre aparecía a los
+ojos del hijo tal como era, con toda su fealdad moral; y Juanito pensaba
+con rabia en su antiguo ídolo como el devoto que pierde la fe, y en la
+imagen milagrosa que antes le arrancaba lágrimas de emoción ve sólo un
+miserable leño. ¿Por qué había nacido del vientre de aquella mujer? ¿No
+podía tener una madre como lo son todas? Y furioso contra la fatalidad,
+que le había dado por madre a doña Manuela, cerraba los puños como si
+quisiera estrangular a alguien.
+
+Levantó la cabeza y vio que se había separado del pretil, siguiendo por
+el camino de ronda. Ante él alzaban sus pesadas moles cilíndricas las
+dos torres de la puerta de Cuarte, con la rojiza costra acribillada por
+los profundos agujeros de las granadas francesas y las de las
+insurrecciones republicanas.
+
+Contemplaba fijamente los tragaluces angostos y enrejados de los
+calabozos donde estaban los presos militares. Pensaba con envidia que
+allí dentro, en las mazmorras lóbregas y húmedas, se estaría muy bien,
+rodeado de absoluto silencio, lejos del mundo, sin pesares que turban
+la existencia.
+
+Permaneció mucho tiempo mirando fijamente aquellos colosos de argamasa,
+hasta que por fin se dio cuenta de que algunos chicuelos del barrio
+formaban círculo en torno de él, contemplándolo con curiosidad,
+tomándole, sin duda, por uno de esos viajeros que para el vulgo han de
+ser forzosamente ingleses.
+
+Juanito huyó de aquella pillería, cuya mirada insolente y burlona nada
+bueno presagiaba, y siguió por el camino de ronda, sumiéndose al poco
+rato en sus tristes reflexiones. Volvía a caminar automáticamente, sin
+fijarse en las personas que pasaban junto a él. Llevaba abiertos los
+ojos, miraba a todas partes, y nada veía. Nada, no; lo real, lo
+inmediato a su persona no lograba fijarse en su retina; pero en cambio,
+veía siempre, con una tenacidad desesperante, la blanca chaqueta
+arrugada brutalmente como la sábana del lecho después de una noche de
+placer, y luego... luego veía también la cortina alzada revelando una
+parte del atentado vergonzoso, de la degradación maternal, que era para
+él un golpe de muerte.
+
+¡Oh, cuán execrable le resultaba ahora su antiguo ídolo! Y sin embargo,
+estaba convencido de que todo su odio era una impresión del momento, que
+se desvanecería apenas se hallase en presencia de la mamá. Es muy
+difícil desarraigar un cariño de tantos años; y este convencimiento era
+lo que más desesperaba a Juanito. Sentíase avergonzado por tener tal
+madre y adorarla, sin embargo, con la dulce ceguera del cariño.
+
+--¡Eh...! ¡a un lado!
+
+Juanito saltó hacia atrás instintivamente, al sentir en su rostro el
+bufido ardoroso de dos caballos. Había llegado a la entrada del camino
+del Cementerio, y aquellas bestias que casi le atropellaban eran los
+jacos huesosos, antipáticos y enfermizos que tiraban de un coche
+fúnebre. El tétrico conductor, con su librea negra y mugrienta, pasó,
+rociando de injurias al distraído y amenazándole con su látigo.
+
+Juanito apenas si pudo verle. Sus ojos estaban fijos en el féretro
+blanco y dorado que se mecía con el traqueteo de las ruedas, dejando en
+su memoria la impresión de una nubecilla surcada por rayos de sol.
+
+También debía estarse bien allí. Mejor que en los calabozos que antes
+contemplaba con envidia. El silencio para siempre, la amarga
+satisfacción del no ser, la grandiosa monotonía de la eternidad libre de
+toda alteración. ¿Por qué no iba él dentro de aquella caja? ¿Por qué no
+había caído cuatro años antes, cuando sufrió una pulmonía que puso en
+conmoción a toda su familia? Al menos habría muerto creyendo en su
+madre, y al partir le hubiera consolado un gesto, una lágrima de aquella
+mujer. Pero ahora estaba solo. Moriría aislado; lo único que le
+fortalecía era la certeza de la muerte como solución para sus males.
+
+El rostro de una joven asomada a la ventanilla de uno de los carruajes
+del cortejo fúnebre pareció cambiar el curso de sus ideas. No; era una
+locura buscar la muerte. Si no hubiese conocido a Tónica, podría aceptar
+tan desesperada resolución; pero siendo amado por ella, era una locura.
+Aún había remedio. Una parte de su capital la había entregado a don
+Ramón Morte, no para jugadas de Bolsa, sino para la adquisición de
+valores públicos. Vendería, aunque fuese con pérdida, esta parte segura
+de su capital; pagaría las deudas importantes que había contraído por
+salvar a su madre, y con lo que le quedase se establecería modestamente,
+sería el dueño de _Las Tres Rosas_ o de una tienda más pequeña,
+casándose en seguida con Tónica. Ésta era la verdadera solución. Nada de
+buscar millones; la lección había sido dura. Comerciante rutinario y
+cachazudo, buen marido y padre virtuoso; ésta era la felicidad, lo que
+él ambicionaba para el porvenir.
+
+Y cuando con más entusiasmo forjábase la ilusión de la tranquilidad
+patriarcal, un silbido estridente rasgó los aires, como si Mefistófeles,
+desde las nubes, contestase con su carcajada chillona a los hermosos
+planes de virtud doméstica. Juanito, sin dejar de andar, despertó del
+extraño sonambulismo que le hacía correr en torno de la ciudad, agitado
+a cada instante por los más diversos pensamientos. Frente a él
+perfilábase sobre el cielo de pálido azul la plaza de Toros, con su
+contorno de circo romano. Entre ella y el joven estaba el paso a nivel
+de la vía férrea, donde comenzaba a palpitar, lanzando mugidos, una
+bestia de hierro.
+
+Juanito viose detenido por la cadena que acababa de tender el guardavía.
+Este obstáculo pareció irritarle. Sintió otra vez dentro de sí aquel
+compañero misterioso que le había guiado en el salón de su casa al hacer
+los terribles descubrimientos. Algo le decía ahora con acento imperioso.
+Le empujaba, y él obedecía automáticamente. Olvidaba las ilusiones de
+futura felicidad que se había forjado momentos antes, y el ataúd
+coquetón, aquel féretro de raso blanco y bordados de oro, parecía
+brillar ante él, como un astro que le iluminase con su camino. Abríase
+su tapa, mostrando el interior mullido y acolchado como el de una caja
+de dulces. Unos cuantos pasos más, y se quedaba dentro para siempre....
+
+De pronto, Juanito se sintió cogido por los brazos, zarandeado y
+empujado hacia atrás con tal fuerza, que estuvo próximo a caer.
+
+--Pero ¿adonde va usted? ¿Está usted loco...?
+
+El que le hablaba era el guardavía, un mocetón de blusa azul con
+iniciales rojas.
+
+Entonces se dio cuenta de que estaba a pocos pasos de un tren que,
+conmoviendo el suelo, dando mugidos, por la chimenea y rugiendo por las
+válvulas de escape, salía de la estación, abofeteando a los más próximos
+con el viento de su rápido paso.
+
+Juanito lo comprendió todo. Había pasado por debajo de la cadena, y el
+empleado acababa de detenerle casi en la misma cabeza del tren que
+avanzaba.
+
+El guardavía mirábale con ojos interrogantes, en los que era visible la
+sospecha de un intento de suicidio. Los curiosos agolpados a ambos lados
+de la vía daban a entender lo mismo con sus palabras.
+
+Juanito, avergonzado, siguió a buen paso el mismo camino de antes, como
+si después de lo ocurrido le fuera imposible continuar adelante dando la
+vuelta completa a la ciudad.
+
+Pasó por el lugar donde había encontrado el fúnebre cortejo, y no pensó
+ya en aquel ataúd blanco que le obsesionaba con la más amarga de las
+seducciones. Tampoco levantó la desalentada cabeza para contemplar las
+torres de Cuarte, cuyos rojizos muros adquirían en su parte alta un
+tinte de incendio reflejando la puesta del sol.
+
+La frescura que sintió siguiendo el pretil del río pareció reanimarle.
+Comenzaba el crepúsculo. En el cauce del río, las charcas y riachuelos,
+reflejando en su fondo el rojo horizonte, brillaban como si fuesen de
+encendida lava. En la ciudad, los vidrios de los altos balcones y de las
+esbeltas torrecillas destacábanse sobre la masa obscura de los edificios
+como placas de fuego. La calma del crepúsculo, compuesta de murmullos
+imperceptibles, de lánguidos suspiros que exhala la Naturaleza próxima a
+adormecerse, invadía el ambiente. Desde el pretil veíanse rebaños de
+obscuras ovejas, que al compás perezoso de las esquilas iban en busca
+del corral, mientras que por la parte de arriba, por la carretera
+polvorienta, marchaban también en retirada los rebaños del trabajo,
+gentes de espalda encorvada y blusa vieja, con la cara sudorosa y el
+saco de herramientas a la espalda.
+
+La melancolía del crepúsculo se apoderaba de Juanito. Cuando entró otra
+vez en las Alamedas de Serranos, sus piernas flaqueaban, y sintió la
+necesidad de dejarse caer en uno de los bancos.
+
+En aquel paseo silencioso, casi desierto, que lentamente se obscurecía,
+podía forjarse la ilusión de que estaba en un jardín de su propiedad,
+donde nadie vendría a turbar la pereza dolorosa, el anonadamiento triste
+en que iba sumiéndose.
+
+En las charcas del río, las ranas comenzaban a templar sus instrumentos
+de dos notas para la interminable sinfonía de la noche; en la inmediata
+carretera sonaba el chirrido de los carros.
+
+La humedad del sombrío arbolado empapaba las ropas de Juanito,
+adormeciéndole. Hubo momentos en que su imaginación, lanzada en el
+camino de la insensatez, hízole pensar que, como en los cuentos
+fantásticos, un colosal murciélago le abanicaba con sus alas, para
+chuparle la sangre después de dormido.
+
+De pronto, vio plantadas ante él, mascullando palabras ininteligibles y
+extendiendo vergonzosamente las manos, dos niñas entecas, dos cabezas
+con el pelo revuelto y erizado como espantables Medusas, mostrando las
+piernas enflaquecidas y desnudas por debajo de los guiñapos que las
+servían de faldas. Una profunda conmiseración invadió el ánimo de
+Juanito. Aquéllas eran aún más desgraciadas que él. Tal vez no habían
+conocido a sus madres, y esto era mil veces peor que tener una aunque
+fuese como la suya. Olvidó repentinamente todas las precauciones de su
+carácter económico, y dejó el puñado de pesetas que llevaba en el
+chaleco en aquellas manecitas, que, asombradas y faltas de costumbre, no
+sabían cómo oprimir la lluvia de plata. Las pesetas caían al suelo, y
+Juanito no se arrepentía de su generosidad.
+
+Indudablemente, allá arriba había alguien viéndolo todo: lo mismo lo que
+pasaba por las tardes en una alcoba, que lo que ocurría por la noche en
+un paseo solitario entre dos mendigas pequeñas y un hombre más niño que
+ellas.
+
+La desgracia le perseguía. ¿Quién sabe lo que le estaba reservado? Tal
+vez algún día, con más vergüenza que aquellas infelices, tendría que
+tender la mano a las gentes, sintiendo calor en el rostro y en el
+estómago el cruel arañazo del hambre. Y como para sellar su pacto con la
+desgracia futura, cogió entre sus manos las desmelenadas cabecitas,
+besándolas en las sucias mejillas, en los labios cubiertos de costras.
+
+Esto asombró a las mendigas más aún que la generosidad de momentos
+antes. Sus ojos cándidos y virginales deshonráronse con una viva chispa
+de malicia; tras la inocencia infantil asomó la precocidad de la vida
+aventurera, las lecciones infames aprendidas sobre el barro de las
+calles; y las dos, apretando convulsivamente sus puñados de pesetas,
+huyeron como si las amenazase un terrible peligro.
+
+Después pasó una mujer pequeña y enflaquecida, una pobre obrera de las
+que habitan en la otra orilla del río. Cansada del trabajo, sostenía en
+un brazo la pesada cesta y un chicuelo mofletudo que se agitaba con
+nerviosa alegría, mientras tiraba con la otra mano de un galopín de
+cinco años que se obstinaba en no andar por habérsele desatado el
+zapato.
+
+La mujercita saludó con una dulce sonrisa a Juan, y dejando sobre su
+mismo banco el pequeño y la cesta, encorvóse penosamente para atar el
+zapato de su hijo mayor. Después de acariciarle su enorme cabeza, volvió
+a recuperar lo que había dejado sobre el banco y prosiguió su marcha,
+siempre abrumada por la fatiga, poseída por triste desaliento, pero
+satisfecha y sonriente al mirar a sus dos pequeñuelos, cruz abrumadora
+que arrastraba en el calvario de la miseria.
+
+Juanito creyó despertar ante aquella aparición. Era una verdadera madre
+la mujercita de la dulce sonrisa. En aquel grupo de conmovedora miseria
+había algo que él no había conocido jamás, y los dos pobres chicuelos,
+martirizados por el hambre, destinados a vivir como parias de la
+sociedad, gozaban lo que él, criado entre lujo y ostentación, no había
+tenido nunca.
+
+Sentía deseos de pedir a Dios que hiciese un milagro, que le convirtiese
+en uno de aquellos niños, destinados a ser bestias de carga para el
+bienestar de sus semejantes, pero que al menos tenían una madre que los
+amaba sin distinguirlos y no se vendía a pesar de su miseria. Sintió de
+pronto en sus manos la caída de algo caliente que resbalaba sobre su
+epidermis. Lloraba. Al alejarse el tierno grupo, las lágrimas habían
+asomado a sus ojos, y no hacía ningún esfuerzo por contenerlas,
+sintiendo al llorar una sensación voluptuosa, como si sus pulmones, con
+extraordinaria dilatación, hubiesen expelido aquel nudo que le oprimía
+la garganta.
+
+Así pasó mucho tiempo: con el sombrero caído a sus pies y la cabeza
+apoyada en una mano, dejando que las lágrimas resbalasen a lo largo de
+su antebrazo.
+
+Los últimos transeúntes que pasaron fueron unas buenas mozas con la
+cesta al brazo, moviendo al andar bizarramente sus fuertes caderas.
+Debían ser cigarreras que volvían de la fábrica. Miraron entre
+compasivas y burlonas al señorito que lloraba, y se alejaron haciendo
+comentarios a toda voz. ¡Un hombre llorando! Indudablemente le había
+engañado la novia o había muerto su madre. A Juanito no le hicieron daño
+los burlones comentarios de aquellas muchachas. Habían acertado. Su
+madre había muerto aquella tarde, y por esto lloraba.
+
+Tras el desahogo del llanto, quedó fatigado, con los miembros
+entumecidos, como si acabase de hacer una larga marcha.
+
+No supo si había dormido o si el tiempo pasó con extraordinaria rapidez;
+lo cierto fue que al apartar las ardientes manos mojadas en lágrimas y
+erguir su cabeza, vio que era de noche. Por entre el ramaje de los
+árboles veíase el cielo azul obscuro de las noches de verano, moteado
+por el luminoso polvo sideral.
+
+Como un sordo rugido semejante al hervor de lejana caldera, llegaban los
+rumores de la ciudad al paseo obscuro y silencioso.
+
+Cantaban las ranas con una monotonía desesperante; reflejábanse las
+temblorosas estrellas en el fondo de las charcas; en el inmediato
+estanque conmovíanse con estremecimientos voluptuosos las plantas
+verdosas que extendían sus palmitos a flor de agua, y a lo lejos, como
+un eco, sonaban los ladridos de los perros del arrabal.
+
+Aquel silencio matizado por los ruidos propios de la noche hacía
+imaginarse a Juanito que se hallaba en un tranquilo pueblo, lejos de una
+vida en la que sólo había encontrado hondos pesares. Su mirada vagaba
+errante por entre los puntos de luz, que le parecían impenetrables
+jeroglíficos trazados en el cielo. ¿Cómo serían aquellos mundos? Y
+pensando en esto, recordaba confusamente la poca geografía aprendida en
+la escuela, las innumerables consejas que había oído relatar sobre la
+influencia de los astros sobre los hombres.
+
+Creía en lo maravilloso, en la influencia astrológica, sintiendo que la
+calma augusta de la inmensidad se filtraba en su ánimo.
+
+Como si le atrajesen aquellos mundos desconocidos, creía elevarse en el
+espacio, dejando muy lejos, bajo sus pies, la tierra, llena de miserias.
+Su corazón parecía ensancharse, crecer, convertirse en un músculo
+gigantesco que ocupaba todo su pecho y lo hacía estallar como un saco
+angosto. Ya no odiaba a nadie.
+
+Todos los seres de la tierra le parecían pequeños; y sintiendo la tierna
+conmiseración de las almas grandes, sonreía dulce pero compasivamente al
+pensar en su madre, en sus hermanas y hasta en la misma Tónica.
+
+Nada le impresionaba ya; todo le era indiferente: amistad, familia y
+amor. Él no era de este mundo; su verdadera patria estaba arriba. Y
+miraba a los astros con ojos interrogantes, como inquilino que escoge la
+mejor habitación para trasladarse a ella.
+
+Pero las impurezas de la realidad le despertaron otra vez de su
+sonambulismo. Pasaban misteriosas parejas por detrás de los macizos de
+árboles, unidas por dulce intimidad, con paso recatado, cuchicheando
+levemente y buscando un lugar a propósito para aislarse de otros a
+quienes la cita nocturna llevaba también allí.
+
+Esto sublevó a Juanito. Tenía por suyo el paseo, la calma de la noche,
+el puro silencio que le envolvía; la impúdica invasión de libertinos
+callejeros y mercenarias ambulantes causábale el efecto de un atentado
+contra su propiedad. Un sentimiento de asco le hizo ponerse en pie; y
+recogiendo su sombrero, salió de la obscura alameda.
+
+Las campanas de los relojes atrajeron su atención, haciendo que mirase
+el suyo a la luz de un farol.
+
+Eran las diez y media. Le sorprendió la rapidez con que había
+transcurrido el tiempo y continuó su camino, dispuesto a vagar sin rumbo
+fijo; pero los grupos de gente que siguiendo el pretil marchaban en la
+misma dirección le arrastraron, haciendo que insensiblemente se
+encaminara a la feria de la Alameda.
+
+Al llegar al puente del Real pasó por entre los tranvías y carruajes,
+que, parados en la obscuridad, parecían mirar al gentío con los
+encarnados y redondos ojos de sus faroles.
+
+El magnífico panorama reanimó a Juanito. Al otro lado del río, millares
+de luces de colores, en serpenteantes líneas o marcando el contorno de
+los pabellones arquitectónicos, desvanecían la obscuridad, produciendo
+un rojizo vaho que se extendía por el cielo coma el reflejo de lejano
+incendio. Las charcas del río se poblaban de inquietos peces de fuego.
+
+Atravesó el puente sufriendo los codazos de la multitud. Aquella noche
+era la última de feria. Destacábanse los grupos de soldados, con los
+roses enfundados de blanco; los huertanos iban en cuadrilla, cogidos de
+las manos por temor de extraviarse; y pasaban las labradoras con su
+traje de fiesta, arrastrando tras sí un racimo de chiquillos llorones y
+cansados, precedidas por los maridos en mangas de camisa, chaleco negro
+y el garrote de Liria en la mano, mirando a todos con fijeza, como si
+temiesen que los «señoritos» se burlasen de la familia.
+
+Los farolillos venecianos formaban gigantescos pabellones de una
+claridad difusa. En la entrada de la Alameda apelotonábase el gentío, y
+por entre la masa de espaldas arqueadas y codos en punta pasaban las
+floristas con su cesto de mimbres erizado de ramilletes y las chicuelas
+desgreñadas, con el cántaro en la cadera y el turbio vaso en la mano,
+pregonando: «¡_Al aigua fresqueta_!»
+
+Juanito viose detenido por la masa apiñada ante el tablado de los bailes
+populares. Sonaba el agudo cornetín repitiendo monótonamente la
+contradanza moruna o acompañando las voces de los cantadores, y a su
+compás saltaban sobre el tablado las parejas de bailarines, que de lejos
+parecían polichinelas.
+
+En aquel lugar bifurcábase la corriente del gentío. La gente alegre y
+ruidosa, los labradores, la chavalería de gorrilla y tufos o de falda
+almidonada y pañuelo de seda, seguía por el pretil del río mirando la
+larga fila de casetas, en las que se aburrían los feriantes esperando al
+comprador que nunca llegaba.
+
+Por el lado opuesto, por la avenida central, donde estaban establecidos
+los pabellones de baile, marchaba la gente «distinguida», con
+parsimonia, como en una procesión, mirando con el rabillo del ojo a los
+que estaban en las compactas filas de sillas, o deteniéndose un instante
+para contemplar las parejas que danzaban en los pabellones.
+
+Juanito, confundido entre este público e insensible a las cosas de este
+mundo, lo encontraba todo feo y ridículo con su pesimismo feroz.
+
+Aquellos pabellones, que vistos con un poco de buena voluntad a la luz
+artificial recordaban los palacios deslumbrantes de las leyendas,
+parecíanle ridículas barracas. Y luego, ¡qué asco le producían los
+imbéciles que en aquellos salones al aire libre bailaban como monigotes,
+sin advertir que el gentío se divertía con sus saltos!
+
+En uno de aquellos pabellones estaría su hermano Rafael. Y el muy
+imbécil tal vez se divertiría, tal vez estarían con él las hermanitas, y
+todos juntos mirarían con desprecio a la gente que se pasea por bajo,
+sin pensar que de allí podría salir un acusador anónimo que les gritara:
+«¡Todo ese lujo, esa altivez que ostentáis, son debidos a la trampa, a
+la desvergüenza, a que vuestra madre es una...!»
+
+No; decididamente, él no podía seguir paseando por aquella parte de la
+feria. Volvían a reaparecer las tristes ideas de la tarde; pensaba otra
+vez en su madre. Además, de seguir por cerca de los pabellones, estaba
+expuesto a encontrarse con su familia, con el señor Cuadros, con
+cualquiera otro que le hiciera acordarse de lo que él tenía empeño en
+olvidar.
+
+Huyó de aquellos sitios, dirigiéndose al final de la feria, donde
+estaban los _restaurants_ al aire libre, las buñolerías apestando el
+ambiente con el aceite frito de sus fogones, y las rifas, cuyos dueños
+atraían con furiosos gritos a la gente, prometiendo una fortuna. Más
+allá estaban los vendedores de sandías, voceando tras sus montones de
+verdes bombas; las mesas de comida barata, donde cenaban chorizos crudos
+y morcillas secas los soldados y los labradores; y al final, los
+barracones de espectáculos: _El teatro mágico_, _La mujer gorda_, _Los
+perros sabios_, con órganos a la puerta que hacían sonar una música
+extravagante, propia de una fiesta de caníbales. Juanito, con los
+nervios excitados, acabó por huir, refugiándose en los jardinillos a la
+inglesa que la gente llama «el Plantío».
+
+Volvió a encontrarse como en las Alamedas de Serranos, en una soledad
+relativa, mirando desde su banco la agitación de la feria y contemplando
+el cielo a través de las copas de los árboles, cuyas hojas, bañadas por
+el reflejo de la luz artificial, cambiaban su tono verde por un plateado
+mate.
+
+Allí, por un extraño capricho de su imaginación, pensó en los negocios.
+Recordaba las noticias que le habían dado aquella tarde en la Bolsa. La
+ruina era indudable. ¡Bien les había dejado el célebre banquero con su
+pretendida infalibilidad!
+
+Su principal, el señor Cuadros, podía tenerse por hombre al agua. En
+cuanto a él, daba por perdida una gran parte de su fortuna, y únicamente
+confiaba en los valores del Estado que por encargo suyo había adquirido
+el señor Morte. Eran unos tres mil duros, y con esta cantidad pensaba
+encontrar la salvación.
+
+El optimismo tornaba a apoderarse de su ánimo, como una reacción
+necesaria tras tantas horas de insufrible dolor. Aún tenía salvación. Se
+alejaría de aquella familia que sólo era en apariencia suya, pero a la
+cual no le ligaba lazo alguno; se casaría con Tónica, buscaría una
+tienda modesta y emprendería otra vez la conquista azarosa y difícil del
+dinero, teniendo por maestro a don Eugenio y siguiendo los
+procedimientos lentos y rutinarios del comercio a la antigua.
+
+No sería millonario, no soñaría con palacios en el Ensanche y brillantes
+trenes de lujo; pero al llegar a la vejez se pasearía por una tienda
+acreditada, con zapatillas bordadas, gorro de terciopelo y la
+prosopopeya de un honrado patriarca, viendo a los hijos talludos tras el
+mostrador, como activos dependientes, y a Tónica, hermosa a pesar de los
+años, con el pelo blanco y los ojos de dulce mirada animándole el
+arrugado rostro.
+
+Y el pobre muchacho conmovíase ante este cuadro de futura felicidad; y
+así como antes el dolor le hacía llorar, ahora suspiraba con angustia a
+causa de la alegría.
+
+Cruzó el espacio un silbido rápido, estridente, un ruido semejante al
+desgarro de inmensa sábana, y en lo más alto del cielo, después de una
+detonación de lejano cañonazo, esparcióse un haz de puntos luminosos de
+diversos colores, que descendieron lentamente, dejando tras sí
+culebrillas de fuego.
+
+Eran los cohetes voladores que anunciaban el disparo de los fuegos
+artificiales. Juanito, con la atención de un muchacho, seguía las
+vertiginosas curvas de aquellas veloces rayas de fuego en el obscuro
+espacio. Cuando comenzaron a arder con gran estruendo los fuegos
+artificiales en un extremo de la feria, él no abandonó su asiento.
+Estaba molido; sus piernas entumecidas negábanse a obedecerle, y la
+debilidad y el cansancio le producían, en ciertos momentos, algo así
+como asomos de vértigo.
+
+Toda la feria adquiría un aspecto fantástico alumbrada por las bengalas,
+que tan pronto la coloreaban de alegre rosa como daban a las personas un
+tinte lívido.
+
+Un rugido de entusiasmo saludó el principio de la _traca_, diversión
+favorita de un pueblo que ha heredado de los moros la afición a correr
+la pólvora. Pendiente de los árboles daba la vuelta al largo paseo
+aquella envoltura de papel rellena de pólvora, colgando a trechos los
+blancos cucuruchos que contenían los truenos.
+
+Durante media hora repitió el eco aquel estruendo de batalla. Las
+mujeres, puestas de pie sobre las sillas, miraban con nerviosa
+curiosidad la nube de humo erizada de relámpagos que se acercaba,
+dejando tras sí un ambiente cargado de azufre y voladoras pavesas; y
+cuando el estruendo llegaba frente a ellas, cubríanse los rostros con
+los abanicos, hundían la cabeza en el pecho, o sin dejar de reír,
+llevábanse las manos a los oídos, como si no pudieran resistir el trueno
+continuo, cuya intensidad subía o bajaba, llegando en algunos instantes,
+con la violencia de la explosión, a hacer el vacío, dejando sin aire los
+pulmones.
+
+La fiebre levantina enloquecía a los nietos de los rífenos, y eran
+muchos los que, con la blusa chamuscada, sacudiéndose la lluvia de
+pavesas, corrían siguiendo la marcha del fuego, deteniéndose para silbar
+al pirotécnico cuando la _traca_ se cortaba, apagándose por algunos
+segundos. Con la violencia de las explosiones saltaban hechos añicos los
+globos de vidrio del alumbrado de gas; el azufre colábase por todas las
+gargantas, llevando al fondo de los estómagos su sabor insufrible; pero
+todo entraba en la diversión, y al final, cuando estallaba el trueno
+gordo, haciendo temblar el suelo de la feria, la gente menuda prorrumpía
+en estruendosa aclamación, despertando de la pesadilla belicosa que la
+había enardecido durante media hora.
+
+Al terminar la _traca_, Juanito salió de la feria. Tenía prisa en
+llegar a casa antes que su familia. Reconocíase sin fuerzas para
+resistir la presencia de su madre. Carecía de costumbre en el
+fingimiento, y la expresión de su rostro le haría traición. Además,
+sentíase muy débil. Como los seres nerviosos que después de un esfuerzo
+extraordinario caen en desaliento mortal, él, tras la tarde de agitación
+y la noche pasada en los bancos del paseo, sufriendo el húmedo relente,
+sentíase enfermo. Su estómago le atormentaba, recobrando sus funciones
+después de la crisis nerviosa.
+
+Cuando llegó a su casa y Visanteta le abrió la puerta, no pudo contener
+un gesto de asombro al ver que el salón estaba iluminado.
+
+Entró. Allí estaban su familia y la del señor Cuadros, pero todos
+silenciosos, ceñudos, con la cabeza inclinada, como si en la vecina
+alcoba hubiese un muerto al que velaban. Juanito husmeó en el ambiente
+algo terrible e inesperado, y se olvidó de todo, atento únicamente a
+conocer el misterio. Fue a preguntar, pero el señor Cuadros le atajó
+poniéndose en pie y avanzando con los brazos abiertos, con expresión
+paternal y desesperada.
+
+--¡Ay, hijo mío! Estamos perdidos. Ese Morte es un pillo.
+
+¡Eh! ¿Qué era aquello...? Pero la extrañeza del joven duró muy poco,
+pues el señor Cuadros hablaba con la verbosidad de la desesperación.
+
+La cosa había ocurrido al anochecer. Primero la noticia circuló
+tímidamente por la Bolsa, pero poco después la sabía toda la ciudad. El
+célebre banquero don Ramón Morte había desaparecido, produciendo la
+consternación en centenares de familias. Unos decían que era un farsante
+que había huido para comerse en el extranjero los millones robados a sus
+clientes con la hipócrita comedia de su sencillez y su filantropía;
+otros aseguraban que era un desgraciado, un iluso, que, enloquecido por
+anteriores triunfos, se había empeñado en sostenerse a la baja,
+perdiendo su capital y el de sus admiradores, para huir al fin, pobre y
+avergonzado, sin que su deshonra le valiera nada. Lo cierto era que
+desde el anochecer, toda una procesión de clientes, anonadados unos y
+amenazantes otros, entraban en las oficinas del banquero, no encontrando
+otra cosa que las mesas abandonadas y algunos empleados quejumbrosos y
+todavía no convencidos de la ruina de su principal.
+
+Juanito quedó clavado en el suelo por el asombro, con los ojos
+desmesuradamente abiertos, mirando a un lado y a otro, sin ver nada. Los
+demás seguían cabizbajos, oyendo por centésima vez la relación del señor
+Cuadros, que parecía enloquecido por la ruina.
+
+--¡Sí, hijo mío! Yo también he estado allí. Aquello es una desolación.
+Estamos a fin de mes y hay que pagar en seguida. ¡Oh, ese hombre! ¡Ese
+pillo! ¡Da lástima ver tanto desesperado, tantos padres de familia
+dispuestos a matarse o a matar a ese granuja si le pillan! El muy ladrón
+debió saber antes que nadie lo de la baja, y... ¡échale un galgo! ¡Dios
+sabe dónde estará ahora!
+
+Juanito fue a preguntar algo, con la timidez del que espera una terrible
+noticia, pero su principal siguió hablando.
+
+--¿Y yo, Juanito mío? ¿Cómo me quedo yo...? Arruinado para siempre,
+perdido, y lo que es peor, deshonrado. No tengo la cabeza para cuentas,
+pero he calculado a la ligera lo que debo a los corredores, y ni con la
+tienda ni con mis fincas tendré para pagar la mitad. ¿Qué hago, Dios
+mío, qué hago...? Para comer tendré que pedir a algún compañero que me
+admita de dependiente; y esto, a la vejez, es para pegarse un tiro.
+
+Y Cuadros tenía los ojos vidriosos, faltándole poco para romper a
+llorar. No era su próxima degradación lo que más lamentaba, sino la
+pérdida de los placeres con que le había tentado la riqueza improvisada.
+
+--Pero ¿y yo?--dijo por fin Juanito--. ¿En qué situación quedo?
+
+--¿Tú...? ¡Pareces tonto! La ruina es igual para todos. Únicamente
+tienes sobre mí la inmensa ventaja de ser joven y carecer de mujer e
+hijos.... ¡Ay, quién estuviera en tu piel!
+
+--Pero yo--dijo el joven con la tenacidad del que se agarra a una
+esperanza--, yo no sólo jugaba a la Bolsa. Don Ramón tenía en su poder
+más de tres mil duros míos en títulos del Estado. ¿Qué se han hecho?
+
+Cuadros lanzó una carcajada, que, en fuerza de querer ser irónica,
+resultaba espeluznante.
+
+--Espera sentado tus tres mil duros--exclamó con brutalidad--; eso de
+los valores públicos es una mentira. Ahora se ha descubierto que el tal
+don Ramón no compraba papel, y cuando le daban una cantidad con tal
+destino la dedicaba a la Bolsa, cuidando de entregar los intereses al
+cliente, como si en realidad existiesen los títulos. ¿Quieres saber que
+hay de esos tres mil duros? Pues que los has perdido. ¿No me dijiste que
+tu novia le entregó ocho mil reales? Pues los has perdido también....
+¡Cristo! Hemos sido unos brutos, y ahora, en justo castigo, nos quedamos
+en la miseria, y muchas gracias si en alguna tienda nos quieren admitir
+de bestias de carga.
+
+Y Cuadros, furioso, iba de un extremo a otro del salón manoteando,
+gozándose cruelmente en pintar a su discípulo toda la grandeza de su
+ruina. Juanito estaba inmóvil por el estupor. ¡Dios sabe lo que pasó en
+aquellos momentos ante sus ojos, fijos, sin luz y desmesuradamente
+abiertos como los de un ciego!
+
+De pronto, doña Manuela abandonó su asiento al ver a su hijo vacilar,
+llevándose las manos al pecho y retroceder como si buscase apoyo.
+
+Intentó cogerlo por los brazos; pero el pobre muchacho se estremeció,
+lanzando una mirada a su madre, que despertó en ella vergonzosas
+sospechas.
+
+--No, no me toque usted, mamá: ¡lejos...! no necesito a nadie... estoy
+bien.
+
+Y cayó como un fardo sobre el mismo sofá en el que por la tarde había
+visto la arrugada chaqueta como impasible acusadora del adulterio.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Juanito se moría.
+
+Toda la noche la pasó tendido en su cama como una masa inerte, con la
+pesada cabeza hundida en las sábanas, el rostro envejecido, la barba
+alborotada y los ojos cerrados.
+
+El pecho elevábase acelerada y trabajosamente, como si dentro funcionara
+una válvula vieja, y en la alcoba sonaba sin interrupción un ronquido
+silbante, cual si a lo lejos estuviera una locomotora expeliendo el
+vapor de sus calderas. La familia pasó toda la noche junto a la cama del
+enfermo.
+
+Doña Manuela, a pesar de su ánimo varonil, estaba aturdida por el
+asombro. Pero ¿cuándo se cansaría Dios de enviar desgracias sobre ella?
+Primero la ruina del protector que sostenía el prestigio de la casa y la
+de su hijo, con cuya fortuna contaba para casos extraordinarios, e
+inmediatamente aquella enfermedad extraña, rápida como el rayo, que
+mataba por anticipado al pobre joven, pues le tenía inmóvil e insensible
+como un cadáver, sin otra vida que aquella respiración angustiosa que
+parecía asfixiar a los demás.
+
+La desgracia reanimaba el sentimiento maternal, dormido durante tantos
+años en el pecho de doña Manuela. Contemplaba a Juanito con igual
+expresión que cuando era hijo único y gozaba de todas sus caricias.
+
+Con los ojos enrojecidos por un sordo lloriqueo, iba la madre de un
+punto a otro de la alcoba cumpliendo lo dispuesto por los médicos,
+preparando los sinapismos que aplicaba por debajo de las sábanas a las
+míseras piernas del enfermo.
+
+Rafaelito habíase retirado a su cuarto en la madrugada, y las hermanas
+permanecían clavadas en sus sillas, bostezando de cansancio, con un
+gesto de extrañeza y de miedo, como si presintieran que la muerte
+rondaba por la puerta de la alcoba.
+
+La madre indignábase al hablar de los médicos. ¡Vaya una gente
+ignorante! Todo lo echaban en palabrotas raras e ininteligibles. Lo
+único que había podido sacar en claro era que se trataba de una
+congestión cerebral de las peores, y que el enfermo, por haber pasado a
+la intemperie gran parte de la noche, se hallaba en... ¿cómo decían
+aquellos tipos...? ¡Ah, sí! en un medio patogénico que había preparado
+el efecto terrible de la mala noticia.
+
+Y no cabía dudar que el pobrecito se moría. Ninguno de los médicos había
+dado a la madre la menor esperanza. A sus preguntas contestaban con
+palabras que nada prometían; pero apenas estaban fuera de la alcoba,
+meneaban la cabeza con triste expresión, como afirmando que nada les
+quedaba que hacer allí.
+
+En medio de su dolor, la obsesionaba una idea cruel. Recordaba el
+terrible momento en que Juanito había caído inerte al conocer su ruina.
+
+--No, no me toque usted, mamá....
+
+En sus oídos sonaban estas palabras como si acabasen de ser
+pronunciadas, y veía aún el gesto de repugnancia con que las había
+acompañado.
+
+¿Qué cambio tan rápido era aquél, desde la adoración idolátrica a una
+repulsión instintiva? ¿Sabría algo su hijo? Y la cruel sospecha de que
+Juanito pudiera conocer el secreto de aquel lujo que la familia había
+ostentado en medio de la ruina martirizaba a doña Manuela. Sólo la
+suposición de que sus sospechas pudieran resultar ciertas la hacía
+sentir intenso remordimiento. Por una preocupación extraña, doña Manuela
+creía preferible que Rafaelito y hasta sus mismas hijas tuviesen
+conocimiento cíe su deshonra, antes que aquel buenazo, vivo retrato de
+su padre, para el cual cualquier impresión extraordinaria era la muerte.
+
+Quedábase unos instantes inmóvil ante el lecho, contemplando fijamente
+al enfermo, como si en su rostro enrojecido e inmóvil pudiera leer algo
+de lo que pensaba al rechazarla con tanta vehemencia. Entreabría los
+párpados del enfermo y se fijaba en el ojo amarillento, opaco, sin vida,
+no pudiendo encontrar en él un rastro del pensamiento que con tanto
+interés buscaba.
+
+Así pasó toda la mañana. Las niñas se habían retirado a descansar,
+fatigadas por el estertor incesante y penoso que las crispaba los
+nervios.
+
+Doña Manuela estaba inmóvil, pensando en la sima que se abría a sus pies
+y en la que iba a caer irremisiblemente, encontrando al final lo que
+tanto la asustaba: la miseria.
+
+Bien adivinaba ella el concepto en que ahora la tenían las familias
+amigas. En otras circunstancias, una enfermedad hubiese atraído
+inmediatamente innumerables visitas; pero ahora todos debían saber lo de
+la ruina, y de la casa que se derrumba todos huyen.
+
+Un asomo de cordura iniciábase en aquella mujer dominada por la vanidad
+y la soberbia. Se había arruinado, había caído hasta en la deshonra por
+hacer su papel en la comedia del mundo, y fuera de algunas
+satisfacciones de su orgullo, ¿qué había sacado? Su Rafaelito era un
+perdido: ahora lo comprendía; muy elegante, eso sí, pero inútil para
+librar a la familia de la miseria. Sus hijas eran unas señoritas que
+sólo habían aprendido a figurar como muñecas bien educadas en un salón,
+y aun esto sin poder evitar cierta cursilería que saltaba a la vista
+apenas salían de su esfera. Su Juanito, el paria de la casa, era el que
+valía algo, y ahora estaba allí, agitando su pecho para escapar del
+brazo de la muerte, cansado de sufrir desdenes y olvidos.
+
+Ahora veía claro. ¡Cuan tonta había sido! Pero todos sus propósitos de
+enmienda desaparecieron por la tarde, cuando recibió la visita de su
+hermano.
+
+Don Juan había jurado en todos los tonos no volver a poner los pies en
+la casa de su hermana; pero al saber el estado de su sobrino se apresuró
+a visitarlo. Amaba a Juanito. Su rompimiento con él fue un arrebato de
+su carácter atrabiliario; pero por no mostrarse débil, permaneció
+alejado, aunque sin dejar por esto de enterarse de la marcha de sus
+negocios. Entró en la alcoba del enfermo con el ademán soberbio, el
+cónico sombrero encasquetado y lanzando a su hermana una mirada de
+desprecio.
+
+Hacía esfuerzos por aparentar rudeza y mal humor, como si se presentase
+arrastrado por el deber y no por el cariño; pero el cerdoso bigote le
+temblaba y los ojillos parpadeaban nerviosamente. El estertor fatigoso,
+la inmovilidad del enfermo, las sombras cadavéricas que se extendían
+sobre el rostro, marcando sus huecos con triste negrura y haciendo
+destacar fúnebremente el perfil de la nariz, acabaron con la serenidad
+del pobre viejo, arrancándole un grito que parecía salirle del alma:
+
+--¡Juanito...! ¡Niño mío...! ¿No me oyes...? Soy el tío Juan....
+
+Y se abalanzó al rostro del enfermo, besando la sudorosa frente. Pero la
+máscara barbuda y lívida que asomaba por el embozo de las sábanas
+permaneció inmóvil.
+
+El viejo prorrumpió en sollozos.
+
+--Se acabó.... Esto es cosa hecha. Ya me lo ha dicho uno de los médicos,
+pero necesitaba verlo para convencerme. Parece mentira.... ¡Un chico
+como un castillo acabar tan pronto...! ¡Ay, cómo me duele ese
+ronquido...! ¡Cristo! Parece que me rasgan algo aquí, dentro de los
+pulmones. ¡Señor! ¡Qué justicia! Los carcamales como yo, buenos y
+sanos, y ese chico que parecía comerse al mundo, camino del cementerio.
+
+Hubo una larga pausa.
+
+--Mujer, ya estarás contenta. Al fin has salido con la tuya. Te
+estorbaba el chico, por ser hijo de quien es.
+
+--¡Yo!--gritó doña Manuela poniéndose en pie, con llamaradas en los ojos
+y la majestuosa nariz agitada por la indignación.
+
+Aquel momento de silencio pareció una larga amenaza. El ronquido
+angustioso del enfermo seguía sonando, cada vez más desgarrador.
+
+--Sí, mujer, tú. No te pongas tan soberbia, que no has de comerme. Tú
+sabes que nos conocemos, y a mí no me asustas. Tú... sólo tú eres la
+autora de esa muerte. ¿Crees que no estoy enterado de todo? El chico era
+dócil, modesto, había bebido en buenas fuentes, era de nuestra escuela,
+y toda su ilusión consistía en conquistarse una posición sin perder la
+honra. Te quería demasiada, hubiera dado su sangre por ti, y eso es lo
+que le ha perdido. Primero le hiciste firmar pagarés, contraer deudas, y
+luego, su imbécil principal y tú, con el hambre del dinero, lo habéis
+metido en esa ladronera que llaman Bolsa. Ha venido la ruina, y...
+¡cataplum! ¡el chico a tierra...! ¿Quién tiene la culpa, mala madre?
+¿Quién ha asesinado al muchacho, perra desvergonzada?
+
+--¡Juan...! ¡Juan!--gritó doña Manuela avanzando un paso con ademán
+imponente, extendiendo las crispadas manos como si fuera a arañarle.
+
+--¿Qué hay...? ¿Qué quieres...? No me causas miedo. Los que somos
+honrados decimos sin temor la verdad.... Ya veo que has llorado, pero a
+mí no me engañan tus lagrimitas. No lloras por tu hijo; lo que te
+entristece es la miseria que se aproxima, la ruina de tu _buen amigo_
+Cuadros.
+
+Don Juan subrayó con tanta expresión estas palabras, que su hermana dio
+un paso atrás, palideciendo y bajando las amenazantes manos.
+
+--Parece que me has entendido. ¿Creías que también ignoraba yo esto? Lo
+sé todo, hija mía, y digo que me avergüenzo de que lleves mi apellido.
+Troné contigo cuando siendo viuda tuviste «aquello» con el doctor
+Pajares. Entonces aún podías justificarte, pues al fin amabas algo a
+aquel _perdis_.... Pero lo que no tiene excusa es que te hayas vendido,
+que te hayas entregado como un pingajo de la calle. En mal camino estás,
+Manuela, y ya es tarde para retroceder. Hay alguien que te castiga,
+haciendo que la deshonra no pueda servirte de Dada. Has perdido tu
+respetabilidad de mujer y ahora te hallas en los mismos apuros de antes,
+pues ese imbécil de Cuadros es hombre al agua. Por cierto que, según me
+han dicho, nadie puede encontrarle. Habrá huido, como su maestro el
+farsante Morte, convencido de que lo que tiene no alcanza para pagar a
+la décima parte de sus acreedores. Llora, hija mía, llora; de nada te ha
+servido caer.
+
+Y doña Manuela lloraba, efectivamente, sin saber con certeza si sus
+lágrimas las arrancaba el estado de su hijo, los insultos de su hermano
+o aquella última noticia de la desaparición de Cuadros.
+
+El viejo continuaba hablando junto al lecho del enfermo, excitado por la
+indignación, con voz sorda unas veces y gritando otras, de modo que
+cubría aquel estertor angustioso.
+
+--Te lo vuelvo a repetir. No cuentes conmigo para nada. Si antes no te
+quería porque eras una manirrota, menos te querré ahora que eres una...
+no lo quiero decir. El único que podía esperar algo de mí es ese
+pobrecito. Los cuatro cuartos que tengo eran para él; pero ahora... se
+acabó. Nada espero y en nada confío. Gastaré lo que me queda; procuraré
+darme buena vida, y si tengo que hacer por alguien, ya sé a quién me
+dirigiré.
+
+Y volviéndose hacia el enfermo, díjole con expresión de ternura, como si
+pudiera oírle:
+
+--¡Juanín...! ¡Hijo mío! Tu tío está aquí.... Márchate tranquilo, que
+alguien queda para proteger a los que te amaban y habían de formar tu
+familia.
+
+--¿Qué es eso...? ¿Qué dices?
+
+--Cállate; Juanín me entiende, a pesar de que parece muerto. No tardaré
+en reunirme con él... por eso no lloro... no vale la pena; es una
+separación de un par de años... un viaje. Pero cuando lo vea otra vez,
+tengo la certeza de que me abrazará agradecido y me llamará ¡tiíto!,
+como cuando era pequeño y pasaba los domingos jugando en los porches de
+mi casa.
+
+Y don Juan, enternecido por los recuerdos, gimoteaba inclinado sobre
+aquella cabeza lívida, en cuya frente caían las lágrimas del viejo,
+mezclándose con el agónico sudor.
+
+De pronto debió arrepentirse don Juan de su debilidad; recordó sin duda
+algún detalle irritante de la vida de su hermana aferrado tenazmente a
+su memoria, y recobró el gesto de rudeza, mirando fijamente a doña
+Manuela.
+
+--Oye bien lo que te digo. Cuando éste salga de aquí, no nos veremos
+más. Él era lo único que me ligaba a vosotros, el que podía obligarme a
+venir a esta casa. Andas muy mal, Manuela. Crees que tu última locura la
+ignoran todos, y cuantos te conocen lo sospechan. ¡Quién sabe si este
+pobrecito también estaba enterado y se va al otro mundo avergonzado de
+su madre...!
+
+--¡Juan...! ¡Cállate por Dios...! ¡Me matas...! Doña Manuela gritó
+horrorizada, cubriéndose el rostro con las manos. La sospecha que tanto
+la molestaba reaparecía en boca de su hermano. Y tan grande era su
+turbación, que hasta le pareció más ruidoso aquel estertor de agonía,
+como si el moribundo contestase afirmativamente con su fatigoso
+ronquido.
+
+--Sí, Manuela. Adivino lo que piensas. Tu hijo se muere, sin que tengas
+la certeza de que marcha a un mundo mejor con su inocencia limpia de
+toda sospecha, creyendo en su madre como yo creí siempre en la nuestra.
+Ése será tu castigo; ése será tu remordimiento.... Vivirás intranquila.
+Hasta ahora, el pobre Juanito apenas si ha merecido tu atención; pero la
+muerte despertará en ti los instintos de madre, pensarás en él a todas
+horas, le verás en sueños, y la sospecha de que tu hijo pudo conocerte
+tal como eres amargará tu existencia.... ¡Ay, infeliz! Te compadezco,
+pienso con horror en las noches que pasarás cuando esta cama esté vacía
+y creas oír en las habitaciones los pasos de Juanito. ¡Cómo llorarás
+cuando la miseria te acose, y esos cachorros de Pajares, que para nada
+sirven, no te puedan dar el pan que Juanito se hubiera quitado de la
+boca para ti...!
+
+Ahora sí que lloraba de veras doña Manuela. Pensaba en el remordimiento
+horrible que le predecía su hermano, y más aún en aquella miseria que
+tanto la asustaba.
+
+Tan visible era su desesperación, que don Juan calló, compadecido de su
+hermana. Hubo un largo silencio. El viejo habíase sentado en una silla
+baja, apoyando su espalda en el lecho, y con la cabeza inclinada parecía
+sumido en dolorosa reflexión. Doña Manuela, lloriqueando, fijaba sus
+ojos con expresión interrogante en el implacable hermano, como si le
+pidiera misericordia.
+
+Transcurrió más de una hora sin que el silencio de la alcoba se
+interrumpiera con otro ruido que el estertor angustioso y continuo del
+enfermo. Doña Manuela levantábase para pasar una mano por la frente
+sudorosa del enfermo, cada vez más fría, y volvía a ocupar su asiento,
+mirando a lo alto con una expresión desesperada. Al angustioso
+movimiento de los pulmones uníanse ahora nerviosos estremecimientos,
+cada uno de los cuales parecía repercutir en los dos hermanos.
+
+Don Juan palidecía como si sufriera los movimientos dolorosos de aquel
+cuerpo inerte, y miraba a su hermana con la misma expresión que si fuese
+ella la que martirizara al enfermo.
+
+Entraron en la alcoba Amparo y Conchita, y al ver a su tío, con el
+instinto de jóvenes precoces y conocedoras del mundo, se aproximaron a
+él, besándole en la frente. Esto causó cierta impresión en el viejo, y
+mientras las niñas, de pie junto a la cama, contemplaban con el ceño
+fruncido y los labios apretados la agonía del pobre enfermo, don Juan
+dijo a su hermana en voz muy baja y titubeando como si se arrepintiera
+de su debilidad:
+
+--Óyeme, Manuela; por ti no haría nada... no lo mereces; pero a la vista
+de esas pobres chicas me siento débil y no quiero que mi conciencia
+cargue con un remordimiento. Son jóvenes, están mal educadas, la
+conducta de su madre no puede servirles de buen ejemplo, y acostumbradas
+al lujo, es fácil que, al verse en la miseria, se pierdan para
+siempre.... No intentes contestarme; no me convencerás. Conozco adonde
+se llega siguiendo ese camino en que os halláis.... Os protegeré, pero
+ya sabes quién soy yo. Quiero que viváis, pero sin desórdenes, como
+personas juiciosas y honradas. Que todo lo pasado sea como un sueño. No
+tengo ahora la cabeza para cuentas, pero creo que arreglando tus
+negocios todavía salvaré algún piquillo de tu embrollada fortuna, y con
+esto y lo que yo os daré podréis vivir como viven esas personas honradas
+y modestas a las que llamáis cursis despreciativamente.... Seréis
+cursis, ¿lo entendéis? Más os prefiero así que convertidas en señoras
+tramposas, que pierden hasta su honor por engañar al mundo. Y en cuanto
+a ese Rafaelito, o estudiará, haciéndose hombre de provecho, o lo
+arrojarás de tu casa.... Porque eso sí, hija mía: ¡yo no mantengo
+pigres!
+
+Al anochecer murió Juanito. La válvula vieja y gastada que parecía mugir
+dentro de su pecho fue aminorando lentamente el fatigoso movimiento.
+Cesó el estertor, como si se cerraran los escapes de aquella locomotora
+que sonaba a lo lejos; y al quedar la alcoba envuelta en un silencio
+fúnebre estallaron sollozos y lamentos en toda la casa. Hasta Visanteta
+y la remilgada criadita lloriqueaban en la cocina al pensar que no
+verían más al señorito campechano que alternaba con ellas,
+complaciéndose en obedecer sus mandatos.
+
+Entre cuatro grandes cirios, sobre un tapiz fúnebre y tendido en el
+acolchado fondo de una caja blanca y dorada como aquella que tanto le
+había seducido, pasó Juanito la noche, velado por su hermano y por
+Roberto, que de vez en cuando salían al balcón para fumar un cigarro.
+
+A la mañana siguiente llegaron las visitas: el desfile de levitas negras
+y tupidos velos, el paso por aquella casa de los amigos y conocidos,
+todos con la enguantada mano tendida, un gesto de amargura en el rostro
+y la palabra de resignación guardada cuidadosamente para tales casos.
+
+La única nota tierna de aquella ceremonia fría y rutinaria fue el llanto
+de dos mujeres enlutadas que entraron con timidez, apoyadas la una en la
+otra. Nadie las conocía, pero iban acompañadas por don Juan.
+
+--¡No le veo... no le veo...!--gimoteaba tristemente la más vieja,
+moviendo sus grandes ojos mates y sin luz.
+
+La más joven contemplaba fijamente, con estupor doloroso, la alborotada
+barba del cadáver.
+
+--No, no te acerques, niña--dijo bondadosamente don Juan--. Sería una
+impresión demasiado fuerte.... Sé lo que deseas. Tendrás su cabello; ya
+arreglaré yo eso en el cementerio.
+
+Y don Juan, empujando dulcemente a Tónica y Micaela, las sacó del salón,
+mostrando con ellas una solicitud paternal. Las gentes enlutadas que
+estaban en torno del muerto conocían la rudeza del viejo, y extrañaban
+su bondad. Las buenas burguesas se habían fijado en la dulce belleza de
+Tónica, y sin dejar de mover los labios como si rezasen, murmuraron bajo
+sus velos negros:
+
+--Será su querida.
+
+Sonaron en la plazuela el sordo rumor de muchos carruajes y los gritos
+de los cocheros. Después un coro de voces lúgubres entonaron la primera
+estrofa del _De profundis_.
+
+Ya estaba allí la parroquia, ¡Abajo el muerto! Y en el salón sonaron los
+golpes del martillo sobre las tachuelas del féretro, que el eco repetía
+con extraña sonoridad. En la plazuela, los balcones estaban repletos de
+gente, como si esperase el paso de una procesión. En torno de la cruz de
+plata agolpábanse los negros bonetes, las rizadas sobrepellices y las
+lustrosas chisteras del acompañamiento. Allí estaba lo mejorcito de la
+Bolsa. «Alcistas», que respiraban satisfacción por la reciente victoria;
+los partidarios de la baja, mustios y desalentados, y los que ganaban
+siempre, los corredores y sus ayudantes, gente joven y amiga de Juanito,
+recordando con cierto enternecimiento las bromas que se permitían con
+aquel barbudo de corazón de niño.
+
+En todo el camino, hasta la puerta de San Vicente, el fúnebre cortejo
+fue una sesión ambulante de la Bolsa. Aquellos señores, sin acordarse
+del motivo que les obligaba a andar por las calles en procesión,
+hablaban de los negocios, de la fuga de Morte, con gran estallido de fin
+de mes, y de la desesperada situación de los discípulos del famoso
+banquero.
+
+El nombre de don Antonio Cuadros estaba en todas las bocas. Había huido
+el día anterior, con el convencimiento de que no podía pagar sus deudas,
+avergonzado sin duda de su ruina. Unos decían que había salido en el
+expreso para Francia; otros que estaría en Barcelona o en Cádiz,
+esperando ocasión para embarcarse en algún trasatlántico. En América
+está el porvenir de los desesperados y de la gente arruinada. Teresa
+debía saber dónde estaba su marido. La fuga era cosa convenida entre los
+dos: por eso se mostraba ella tan tranquila. Habíase quedado con su hijo
+en _Las Tres Rosas_, y a todos los que buscaban a don Antonio les
+contestaban lo mismo. Estaba fuera y no tardaría en volver para arreglar
+sus asuntos.
+
+Era la fuga del banquero Morte copiada en miniatura. Además, se hablaba
+de que el señor Cuadros había comprometido en su ruina los ahorros de
+don Eugenio, confiados a su custodia, y todos se compadecían del pobre
+viejo.
+
+Podían esperar sentados los acreedores de Cuadros a que éste volviese.
+Pero como entre ellos figuraban corredores de Bolsa, que se veían
+gravemente comprometidos de no proceder inmediatamente contra el deudor,
+en el cortejo fúnebre se hablaba de embargo, añadiendo que tal vez a
+aquellas horas estaría el Juzgado haciendo el inventario de la tienda.
+
+Y era verdad. A las dos de la tarde entraban en _Las Tres Rosas_ unos
+cuantos señores con papeles bajo el brazo, seguidos por un alguacil. En
+todo el Mercado, la aparición de los pajarracos de la ley produjo honda
+emoción. El comercio acreditado, sólido y a la antigua, que se cobijaba
+en obscuras tiendas, experimentaba esa inquietud que la justicia
+española despierta siempre en los hombres honrados, de tranquilas
+costumbres.
+
+¡Qué aspecto el de _Las Tres Rosas_! Parecía la tienda un ser animado
+que acogía la desgracia con un gesto de resignado dolor. La puerta
+estaba sin adorno. Sólo algunas fajas y tiras de pañuelos obscuros
+pendían de los balcones, balanceándolas el aire como sogas de ahorcado.
+El escaparate tenía un aspecto de vetustez y abandono; el polvo de tres
+días sombreaba los vivos colores de las telas; y hasta el emblema de la
+casa, aquel maniquí vestido de labradora, parecía mirar al través de los
+cristales la extensa y alegre plaza con ojos de muerto. En las puertas
+de todas las tiendas aparecían las cabezas curiosas de los dependientes,
+con la misma expresión que si presenciasen el último acto de un drama.
+Los dueños, de pie en la entrada de sus establecimientos, volvían la
+espalda a _Las Tres Rosas_ y fruncían el ceño, como si les doliese
+presenciar aquella catástrofe.
+
+Apenas el Juzgado tomó asiento en la tienda, los pocos dependientes que
+aún quedaban en ella, como fieles guardianes de la ruina comercial,
+abalanzáronse a las puertas para cerrarlas, evitando de este modo la
+expectación molesta de los curiosos.
+
+El escribano había subido al piso principal para hacer ante la esposa de
+Cuadros las notificaciones consiguientes antes de comenzar el embargo.
+Un hombre salió de la trastienda con paso acelerado, como si le
+persiguieran.
+
+--¡Don Eugenio!--exclamaron los dependientes--. ¿Adonde va usted...?
+
+--Dejadme, muchachos. Ya me ha dicho el señor de arriba que no me
+marche.... Pero primero me matan que me quedo. Yo no puedo seguir
+aquí... ésta no es mi casa.... ¡Dejadme pasar...! ¡Abrid la puerta...!
+
+Y el pobre octogenario, con su arrugado rostro de una palidez de marfil,
+tembloroso y flácido, sin el bastón-muleta que le ayudaba ordinariamente
+en su marcha, los ojos inyectados de sangre y los ademanes
+descompuestos, parecía un pobre loco.
+
+Pasó por entre los dependientes de la tienda y del Juzgado,
+atropellándolos con su débil cuerpo, que parecía fortalecido y vibrante
+por la indignación; y empujando con el pie una puerta entreabierta,
+salió de la tienda.
+
+A aquella hora, la plaza del Mercado estaba bañada por el ardiente sol
+de una tarde de verano. Las moscas, revoloteando en la atmósfera de luz,
+brillaban como movibles chispas de oro; los tejados destacaban sus
+agudos contornos sobre el espacio azul y límpido. Frente al Principal,
+un grupo de soldados comía melones; en las puertas de las tiendas
+asomaban los dependientes curiosos; un corro de granujillas del Mercado
+jugaba a las chapas frente a los pórticos, y el resto de la plaza estaba
+solitario, con las aceras limpias de cestones y toldos, tostándose sus
+baldosas con aquella luz intensa y deslumbrante que lo caldeaba todo.
+
+Don Eugenio andaba sin saber adonde dirigirse. Le temblaban las piernas,
+pasaban tenues nubecillas ante sus ojos y veía confusamente a los dueños
+de las tiendas, que le seguían con un gesto de compasión o le llamaban
+con amistosas señas.
+
+--No, no iré... Yo no tengo derecho a entrar en vuestras casas. Sois los
+hijos, los sucesores de aquellos comerciantes de mi casta, viejos
+compañeros que antes morían que faltar a la honradez. No podría entrar
+en vuestras tiendas: soy el dueño de _Las Tres Rosas_, un quebrado, uno
+a quien embargan y que ningún comerciante honrado puede considerar como
+amigo.... ¡Ay, mi pobre tienda...! ¡Te has lucido, Eugenio! Sesenta
+años de honradez inquebrantable, llegar a una edad a que pocos llegan, y
+todo ¿para qué? Para ver desmoronarse en un día lo que tanto me costó de
+edificar.... Pero ¿en qué tiempos estamos? ¿Qué hombres son estos que se
+juegan el porvenir, la tranquilidad de la familia, que pierden la honra
+y huyen tan frescos? La maldita ambición de subir y el salirse de la
+esfera los pierde a todos.... Ésta no es mi época.... Soy un muerto que
+por milagro sobrevive.... Mis compañeros, mis amigos, hace ya muchos
+años que se pudren en la tierra.... Allí debía estar yo. Juanito, ese
+chico, es quien lo ha entendido.... ¡Claro! Aunque dócil, era también de
+los nuestros, y ha preferido irse. ¡Ay, Señor! ¿Para esto me habéis
+conservado la vida...? ¡Llevadme, llevadme pronto...!
+
+Y agitado en su interior por estos pensamientos, avanzaba penosamente,
+trazando zigzags como si estuviera ebrio, cada vez más pálido y
+extendiendo sus brazos al pedir mentalmente que lo arrancasen del mundo.
+
+Había llegado frente a San Juan, y su mirada, cada vez más indecisa y
+obscura, se fijó en la célebre veleta, en el pajarraco que doraba el
+sol, dándole el brillo de un ave del Paraíso.
+
+--Aquí fue.... Como un perro me dejaron los míos.... He trabajado mucho,
+¿y qué? Pobre y hambriento me abandonaron, y después de setenta años me
+encuentro igual en el mismo sitio. ¡Hermoso porvenir...! Sea usted
+honrado, trabaje usted mucho, para verse arruinado, sin otro recurso que
+pedir limosna en la puerta de San Juan a los hijos de mis amigos....
+¡Ay, mi pobre tienda...! Ha naufragado el barco, y el capitán debe
+morir. ¿Dónde está la veleta...? ¿Se la han llevado...? ¡Qué aprisa
+anochece...! ¡Cómo me rueda la cabeza...! ¡Viejo, que te caes...!
+¡Señor...! ¡Señor...! ¡Así!
+
+La caída fue instantánea.
+
+Primero se doblaron sus rodillas, quedando de hinojos en aquel lugar
+donde su padre le había abandonado setenta años antes; después cayó de
+bruces en la acera.
+
+Los que en tropel salieron de todas las tiendas aún pudieron presenciar
+la agonía del último veterano del Mercado.
+
+_Valencia_, _1894_.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Arroz y tartana, by Vicente Blasco (Ibáñez) Ibanez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARROZ Y TARTANA ***
+
+***** This file should be named 16413-8.txt or 16413-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/1/6/4/1/16413/
+
+Produced by Chuck Greif
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
+https://gutenberg.org/license).
+
+
+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
+
+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
+and accept all the terms of this license and intellectual property
+(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
+all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
+the copyright status of any work in any country outside the United
+States.
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+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
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+or charges. If you are redistributing or providing access to a work
+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
+Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
+with the permission of the copyright holder, your use and distribution
+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
+permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
+
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+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
+prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
+active links or immediate access to the full terms of the Project
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+1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
+word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
+distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
+"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
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+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
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+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
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+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
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+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
+corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
+property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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+your equipment.
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+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
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+liability to you for damages, costs and expenses, including legal
+fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
+LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
+PROVIDED IN PARAGRAPH F3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
+TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
+LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
+DAMAGE.
+
+1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
+defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
+receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
+written explanation to the person you received the work from. If you
+received the work on a physical medium, you must return the medium with
+your written explanation. The person or entity that provided you with
+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
+refund. If you received the work electronically, the person or entity
+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+*** END: FULL LICENSE ***
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+ The Project Gutenberg eBook of Arroz y tartana, by Vicente Blasco Ibáñez
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+Project Gutenberg's Arroz y tartana, by Vicente Blasco Ibáñez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Arroz y tartana
+
+Author: Vicente Blasco Ibáñez
+
+Release Date: August 2, 2005 [EBook #16413]
+
+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ARROZ Y TARTANA ***
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+Produced by Chuck Greif
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+
+<h1>VICENTE BLASCO IBA&Ntilde;EZ</h1>
+<hr style="width: 65%;" />
+<h1><big>ARROZ Y TARTANA</big></h1>
+<hr style="width: 65%;" />
+<h4>PLAZA &amp; JANES, S. A. EDITORES</h4>
+<h4>Portada de C. SANROMA</h4>
+<h4>Primera edici&oacute;n: Enero, 1978</h4>
+<h4>Editado por PLAZA &amp; JANES, S. A., Editores</h4>
+<h4>Virgen de Guadalupe, 21-33. Esplugas de Llobregat (Barcelona)</h4>
+<h4>Printed in Spain--Impreso en Espa&ntilde;a</h4>
+<h4>ISBN: 84-01-480124</h4>
+<h4>GR&Aacute;FICAS GUADA, S, A.--Virgen de Guadalupe, 33</h4>
+<h4>Esplugas de Llobregat (Barcelona)</h4>
+<hr style="width: 65%;" />
+<h3>Capítulos:</h3>
+<div class="center">
+<a href="#I"><b>I,</b></a>
+<a href="#II"><b>II,</b></a>
+<a href="#III"><b>III,</b></a>
+<a href="#IV"><b>IV,</b></a>
+<a href="#V"><b>V,</b></a>
+<a href="#VI"><b>VI,</b></a>
+<a href="#VII"><b>VII,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>VIII,</b></a>
+<a href="#IX"><b>IX,</b></a>
+<a href="#X"><b>X,</b></a>
+<a href="#XI"><b>XI,</b></a>
+<a href="#XII"><b>XII</b></a>
+</div>
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>I</h2>
+
+<p>A las tres de la tarde entr&oacute; do&ntilde;a Manuela en la plaza del Mercado,
+envuelto el airoso busto en un abrigo cuyos faldones casi llegaban al
+borde de la falda, cuidadosamente enguantada, con el limosnero al pu&ntilde;o y
+velado el rostro por la tenue blonda de la mantilla.</p>
+
+<p>Tras ella, formando una pareja silenciosa, marchaban el cochero y la
+criada: un mocet&oacute;n de rostro carrilludo y afeitado que respiraba brutal
+jocosidad, luciendo con tanta satisfacci&oacute;n como embarazo los pesados
+borcegu&iacute;es, el terno azul con vivos rojos y botones dorados y la gorra
+de hule de ancho plato, y a su lado una muchacha morena y guapota, con
+peinado de rodete y agujas de perlas, completando este tocado de la
+huerta su traje mixto, en el que se mezclaban los adornos de la ciudad
+con los del campo.</p>
+
+<p>El cochero, con una enorme cesta en la mano y una espuerta no menor a la
+espalda, ten&iacute;a la expresi&oacute;n resignada y pacienzuda de la bestia que
+presiente la carga. La muchacha tambi&eacute;n llevaba una cesta de blanco
+mimbre, cuyas tapas mov&iacute;anse al comp&aacute;s de la marcha, haciendo que el
+interior sonase a hueco; pero no se preocupaba de ella, atenta
+&uacute;nicamente a mirar con ce&ntilde;o a los transe&uacute;ntes demasiado curiosos o a
+pasear ojeadas hura&ntilde;as de la se&ntilde;ora al cochero o viceversa. Cuando,
+doblando la esquina, entraron los tres en la plaza del Mercado, do&ntilde;a
+Manuela se detuvo como desorientada.</p>
+
+<p>&iexcl;Gran Dios...! &iexcl;cu&aacute;nta gente! Valencia entera estaba all&iacute;. Todos los
+a&ntilde;os ocurr&iacute;a lo mismo en el d&iacute;a de Nochebuena. Aquel mercado
+extraordinario, que se prolongaba hasta bien entrada la noche, resultaba
+una festividad ruidosa, la explosi&oacute;n de alegr&iacute;a y bullicio de un pueblo
+que entre montones de alimentos y aspirando el tufillo de las mil cosas
+que satisfacen la voracidad humana, regocij&aacute;base al pensar en los
+atracones del d&iacute;a siguiente. En aquella plaza larga, ligeramente
+arqueada y estrecha en sus extremos, como un intestino hinchado,
+amonton&aacute;banse las nubes de alimentos que hab&iacute;an de desparramarse como
+nutritiva lluvia sobre las mesas, satisfaciendo la gigantesca gula de la
+Navidad, fiesta gastron&oacute;mica, que es como el est&oacute;mago del a&ntilde;o.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela permaneci&oacute; inm&oacute;vil algunos minutos en la bocacalle. Parec&iacute;a
+mareada y confusa por el ruidoso oleaje de la multitud; pero en
+realidad, lo que m&aacute;s la turbaba eran los pensamientos que acud&iacute;an a su
+memoria. Conoc&iacute;a bien la plaza; hab&iacute;a pasado en ella una parte de su
+juventud, y cuando de tarde en tarde iba al Mercado por ser v&iacute;spera de
+festividad en que se encend&iacute;an todos los hornillos de su cocina,
+experimentaba la impresi&oacute;n del que tras un largo viaje por pa&iacute;ses
+extra&ntilde;os vuelve a su verdadera patria.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo estaba grabado en su memoria el aspecto de la plaza! La ve&iacute;a
+cerrando los ojos y pod&iacute;a ir describi&eacute;ndola sin olvidar un solo detalle.
+Desde el lugar que ocupaba ve&iacute;a al frente la iglesia de los Santos
+Juanes, con su terraza de oxidadas barandillas, teniendo abajo, casi en
+los cimientos, las l&oacute;bregas y h&uacute;medas covachuelas donde los hojalateros
+establecen sus tiendas desde fecha remota. Arriba, la fachada de piedra
+lisa, amarillenta, carcomida, con un retablo de gastada es cultura, dos
+portadas vulgares, una fila de ventanas bajo el alero, santos
+berroque&ntilde;os al nivel de los tejados, y como final, el campanil
+triangular con sus tres balconcillos, su reloj descolorido y
+descompuesto, rematado todo por la fina pir&aacute;mide, a cuyo extremo, a
+guisa de veleta y posado sobre una esfera, gira pesadamente el p&aacute;jaro
+fabuloso, el popular <i>pardal&ograve;t</i> con su cola de abanico.</p>
+
+<p>En el lado opuesto la Lonja de la Seda, acariciada por el sol de
+invierno y luciendo sobre el fondo azul del cielo todas las
+esplendideces de su fachada ojival. La torre del reloj, cuadrada,
+desnuda, mon&oacute;tona, partiendo el edificio en dos cuerpos, y &eacute;stos
+exhibiendo los ventanales con sus bordados p&eacute;treos; las portadas que
+rasgan el robusto pared&oacute;n, con sus entradas de embudo, compuestas de
+atrevidos arcos ojivales, entre los que corretean en interminable
+procesi&oacute;n grotescas figurillas de hombres y animales en todas las
+posiciones estramb&oacute;ticas que pudo discurrir la extraviada imaginaci&oacute;n de
+los artistas medievales; en las esquinas, &aacute;ngeles de pesada y luenga
+vestidura, diadema bizantina y alas de menudo plumaje, sustentando con
+visible esfuerzo los escudos de las barras de Arag&oacute;n y las enroscadas
+cintas con apretados caracteres g&oacute;ticos de borrosas inscripciones;
+arriba, en el friso, bajo las g&aacute;rgolas de espantosa fealdad que se
+tienden audazmente en el espacio con la muda risa del aquelarre, todos
+los reyes aragoneses en laureados medallones, con el casco de aletas
+sobre el perfil en&eacute;rgico, feroz y barbudo; y rematando la robusta
+f&aacute;brica, en la que alternan los bloques &aacute;speros con los escarolados y
+encajes del cincel, la apretada r&uacute;a de almenas cubiertas con la antigua
+corona real.</p>
+
+<p>Frente a la Lonja, el Principal, pobr&iacute;simo edificio, mezquino cuerpo de
+guardia, por cuya puerta pasea el centinela arma al brazo, con aire
+aburrido, rozando con su bayoneta a los soldados libres de servicio, que
+digieren el ins&iacute;pido rancho contemplando el oleaje de alimentos que se
+extiende por la plaza. M&aacute;s all&aacute;, sobre el revoltijo de toldos, el
+tejado de cinc del mercadillo de las flores; a la derecha, las dos
+entradas de los p&oacute;rticos del Mercado Nuevo, con las chatas columnas
+pintadas de amarillo rabioso; en el lado opuesto, la calle de las
+Mantas, como un portal&oacute;n de galera antigua, empavesada con telas
+ondeantes y multicolores que las tiendas de ropas cuelgan como muestra
+de los altos balcones; en torno de la plaza, cortados por las
+bocacalles, grupos de estrechas fachadas, balcones aglomerados, paredes
+con r&oacute;tulos, y en todos los pisos bajos, tiendas de comestibles, ropas,
+drogas y bebidas, luciendo en las puertas, como t&iacute;tulo del
+establecimiento, cuantos santos tiene la corte celestial y cuantos
+animales vulgares guarda la escala zool&oacute;gica.</p>
+
+<p>En este ancho espacio, que es para Valencia vientre y pulm&oacute;n a un
+tiempo, el d&iacute;a de Nochebuena reinaba una agitaci&oacute;n que hac&iacute;a subir hasta
+m&aacute;s arriba de los tejados un sordo rumor de colosal avispero.</p>
+
+<p>La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos,
+temblones al menor soplo del viento, y ba&ntilde;ados por el rojo sol con una
+transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul
+sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los
+muros de la Lonja a los cestones de ca&ntilde;a de las verduleras, y su vaho de
+hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una
+temperatura siempre c&aacute;lida, hac&iacute;a recordar las ferias africanas, un
+mercado marroqu&iacute; con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y
+el nervioso oleaje de los compradores.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela contemplaba con fruici&oacute;n este espect&aacute;culo. Tach&aacute;base en su
+interior de poco distinguida; pero... &iexcl;qu&eacute; remedio! por m&aacute;s que ella
+tomase a empe&ntilde;o el transformarse, y obedeciendo a las ni&ntilde;as revistiera
+un empaque de altiva se&ntilde;or&iacute;a, siempre conservaba amortiguados y prontos
+a manifestarse los gustos y aficiones de la antigua tendera que hab&iacute;a
+pasado lo mejor de su juventud en la plaza del Mercado. &iexcl;Qu&eacute; tiempos tan
+dichosos los transcurridos siendo ella due&ntilde;a de la tienda de <i>Las Tres
+Rosas</i>! Si el dinero es la felicidad, nunca hab&iacute;a tenido tanta como en
+los &uacute;ltimos a&ntilde;os que pas&oacute; entre mantas e indianas, sedas y percalinas,
+arrullada a todas horas por el estr&eacute;pito del Mercado y viendo por las
+ma&ntilde;anas, al levantarse, el <i>pardal&oacute;t</i> de San Juan.</p>
+
+<p>Y obsesionada por estos recuerdos, do&ntilde;a Manuela permanec&iacute;a inm&oacute;vil en la
+esquina, como asustada por el gent&iacute;o, sin fijarse en las miradas poco
+respetuosas que alguno que otro transe&uacute;nte le dirig&iacute;a.</p>
+
+<p>Estaba pr&oacute;xima a los cincuenta a&ntilde;os, seg&uacute;n confesi&oacute;n que varias veces
+hizo a sus hijas; pero era tan arrogante y bien plantada, un&iacute;a a su
+elevada estatura tal opulencia de formas, que todav&iacute;a causaba cierta
+ilusi&oacute;n, especialmente a los adolescentes, que con la extravagancia del
+deseo hambriento sienten ante los desbordamientos e hinchazones de la
+hermosura en decadencia la admiraci&oacute;n que niegan a la frescura esbelta y
+juvenil.</p>
+
+<p>La mitad de los polvos y menjurjes que sus ni&ntilde;as ten&iacute;an en el tocador
+los consum&iacute;a la mam&aacute;, que en la madurez de su vida comenz&oacute; a saber como
+se agrandan los ojos por medio de las rayas negras, c&oacute;mo se da color a
+las mejillas cuando &eacute;stas adquieren un f&uacute;nebre tinte de membrillo, y
+c&oacute;mo se combate el vello traidor que alevosamente asoma en el labio y en
+la barba cual pel&iacute;cula de melocot&oacute;n, convirti&eacute;ndose despu&eacute;s en
+espantosas cerdas. Acical&aacute;base como una ni&ntilde;a, guardando con su cuerpo
+atenciones que no hab&iacute;a tenido en su juventud. &iquest;Para qui&eacute;n se arreglaba?
+Ni ella misma lo sab&iacute;a. Era puro deseo de retardar en apariencia la
+llegada de la vejez; precauciones, seg&uacute;n propia afirmaci&oacute;n, para no
+parecer la abuela de sus hijas y para sentir una indefinible
+satisfacci&oacute;n cuando en la calle echaban una flor descarriada a su garbo
+de buena moza.</p>
+
+<p>En cambio, su criada era poco sensible a la galanter&iacute;a callejera.
+Acog&iacute;ala con un gesto de r&uacute;stico desprecio, un fruncimiento de labios
+desde&ntilde;oso: algo que mostrase la indignaci&oacute;n de una castidad hasta la
+rudeza, la insolencia de una virtud salvaje.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela pareci&oacute; decidida por fin a lanzarse en el viviente oleaje
+de la plaza.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Visanteta, no perdamos tiempo.... T&uacute;, Nelet, marcha delante y
+abre paso.</p>
+
+<p>Y el cazurro Nelet, siempre con aire de fastidio, comenz&oacute; a andar
+hendiendo la muchedumbre al trav&eacute;s, contestando dignamente con sus
+brazos de carretero a los codazos y empujones y cubriendo con su
+corpach&oacute;n a la se&ntilde;ora y la criada.</p>
+
+<p>La multitud, chocando cestas y capazos, arremolin&aacute;base en el arroyo
+central; d&aacute;banse tremendos encontrones los compradores; algunos, al
+mirar atr&aacute;s, tropezaban rudamente con los m&aacute;stiles de los toldos, y m&aacute;s
+de una vez, los que con el cesto de la compra a los pies regateaban
+tenazmente eran sorprendidos por el embate brutal y arrollador del
+agitado mar de cabezas. Algunos carros cargados de hortalizas avanzaban
+lentamente rompiendo la corriente humana, y al sonar el pito del tranv&iacute;a
+que pasaba por el centro de la plaza, la gente apart&aacute;base lentamente,
+abriendo paso al jamelgo que tiraba del charolado coche, atestado de
+pasajeros hasta las plataformas. Sobre el zumbido confuso y mon&oacute;tono que
+produc&iacute;an los miles de conversaciones sostenidas a la vez en toda la
+plaza, destac&aacute;banse los gritos de los vendedores sin puesto fijo, agudos
+y rechinantes unos, como chillido de p&aacute;jaro pedig&uuml;e&ntilde;o, graves y foscos
+otros, como si ofreciesen la mercanc&iacute;a con mal humor.</p>
+
+<p>En medio de este continuo pregonar, entre la descarga de ofertas a grito
+pelado, destac&aacute;banse algunas voces melanc&oacute;licas y t&iacute;midas ofreciendo
+&laquo;&iexcl;medias y calcetines!&raquo;. Eran los sencillos aragoneses, golondrinas de
+invierno que, al caer las primeras nieves que dejan el campo muerto y el
+hogar sin pan, levantan el vuelo con su cargamento de lana, y desde el
+fondo de la provincia de Teruel llegan, a Valencia, ofreciendo lo que la
+familia fabrica durante el a&ntilde;o. Eran los seres pacienzudos, honradotes
+y laboriosos a quienes la insolencia valenciana designa con el apodo de
+<i>churros</i>, t&iacute;tulo entre compasivo e infamante. Robustos, cargados de
+espalda, con la cabeza inclinada como signo de perpetua esclavitud y
+miseria, v&eacute;laseles pasar lentamente con su traje de pa&ntilde;o burdo, estrecho
+pa&ntilde;izuelo arrollado a las sienes, y entre &eacute;ste y el abierto cuello de la
+camisa el rostro rojizo, agrietado y lustroso, con espesas cejas y
+ojillos de inocente malicia. Colgando de los brazos o en el fondo de dos
+bolsones de lienzo, llevaban las medias de lana burda y asfixiante, los
+calcetines &aacute;speros que un pu&ntilde;al no podr&iacute;a atravesar. Es el capital de su
+familia; lo que la mujer y las hijas han hecho unas veces al sol,
+guardando las ovejas, y otras de noche, junto a los sarmientos humeantes
+de la cocina. En la venta del burdo g&eacute;nero est&aacute;n las patatas y el pan
+para todo el a&ntilde;o; y so&ntilde;ando con la inmensa felicidad de volver a casa
+con una docena de duros, zapatos para las hijas y un refajo para la
+mujer, pasean tristes y resignados por entre el gent&iacute;o, lanzando a cada
+minuto su grito melanc&oacute;lico como una queja: &laquo;&iexcl;Medias y calcetines...!
+&iexcl;el mediero!&raquo;</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela iba mal por el arroyo. Caus&aacute;banle n&aacute;useas los carros
+repletos del esti&eacute;rcol recogido en los puntos de venta: hortalizas
+pisoteadas, frutas podridas, todo el fermento de un mercado en el que
+siempre hay sol.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a la acera&mdash;dijo a sus criados&mdash;. Compraremos primero las
+verduras.</p>
+
+<p>Y subieron a la acera de la Lonja, pasando por entre los grupos de gente
+menuda que, con un dedo en la boca o hurg&aacute;ndose las narices, contemplaba
+respetuosamente los pastorcillos de Bel&eacute;n y los Reyes Magos hechos de
+barro y colorines, estrellas de lat&oacute;n con rabo, pesebres con el Ni&ntilde;o
+Jes&uacute;s, todo lo necesario, en fin, para arreglar un Nacimiento.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela marchaba por el estrecho callej&oacute;n que formaban las
+huertanas, sentadas en silletas de esparto, teniendo en el regazo la
+mugrienta balanza, y sobre los cestos, colocados boca abajo, las
+frescas verduras. All&iacute;, los obscuros manojos de espinacas; las grandes
+coles, como rosas de blanca y rizada blonda encerradas en estuches de
+hojas; la escarola con tonos de marfil; los humildes nabos de color de
+tierra, erizados todav&iacute;a de sutiles ra&iacute;ces semejantes a canas; los
+apios, cabelleras vegetales, guardando en sus frescas bucles el viento
+de los campos, y los r&aacute;banos, encendidos, destac&aacute;ndose como gotas de
+sangre sobre el mullido lecho de hortalizas. M&aacute;s all&aacute;, filas de sacos
+mostrando por sus abiertas bocas las patatas de Arag&oacute;n, de barnizada
+piel, y tras ellos los <i>churros</i>, cohibidos y humildes, esperando quien
+les compre la cosecha, arrancada a una tierra ingrata en fuerza de
+ara&ntilde;ar todo un a&ntilde;o sus entra&ntilde;as sin jugo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela comenz&oacute; sus compras, emprendiendo con las vendedoras una
+serie de feroces regateos, m&aacute;s por costumbre que por econom&iacute;a. Nelet,
+levantando las tapas de la cesta, iba arreglando en el interior los
+manojos de frescas hortalizas, mientras la se&ntilde;ora no dejaba tranquilo un
+solo instante su limosnero, pagando en piezas de plata y recibiendo con
+repugnancia calderilla verdosa y mugrienta.</p>
+
+<p>Ya estaba agotado el art&iacute;culo de verduras; ahora a otra cosa. Y
+atravesando el arroyo, pasaron a la acera de enfrente, a la del
+Principal, donde estaban los vendedores del casquijo, &iexcl;Vaya un estr&eacute;pito
+de mil diablos! Bien se conoc&iacute;a la proximidad de las escalerillas de San
+Juan, con sus l&oacute;bregas cuevas, abrigo de los ruidosos hojalateros. Un
+martilleo estridente, un incesante trac-trac del lat&oacute;n aporreado sal&iacute;a
+de cada una de las covachuelas, cuyas entradas l&oacute;bregas, empavesadas con
+candiles y farolillos, alcuzas y coberteras, todo nuevo, limpio y
+brillante, recordaban las lorigas de aceradas escamas de los legionarios
+romanos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela huy&oacute; de este estr&eacute;pito, que la pon&iacute;a nerviosa; pero antes
+de llegar al Principal hubo de detenerse entre sorprendida y medrosa. En
+el arroyo, la gente se arremolinaba gritando; algunos re&iacute;an y otros
+lanzaban exclamaciones indecentes, chasqueando la lengua como si se
+tratara de una ri&ntilde;a de perros. Asustada en el primer momento por las
+ondulaciones violentas de la muchedumbre que llegaban hasta ella, no
+sab&iacute;a si huir u obedecer a su curiosidad, que la reten&iacute;a inm&oacute;vil. &iquest;Qu&eacute;
+era aquello...? &iquest;Se pegaban? La multitud abri&oacute; paso, y veloces, con
+ciego impulso, como espoleadas por el terror, pasaron una docena de
+muchachas despeinadas, gre&ntilde;udas, en chancleta, con la sucia faldilla
+casi suelta y llevando en sus manos, extendidas instintivamente para
+abatir obst&aacute;culos, un par de medias de algod&oacute;n, tres limones, unos
+manojos de perejil, peines de cuerno, los art&iacute;culos, en fin, que pueden
+comprarse con pocos c&eacute;ntimos en cualquier encrucijada. Aquel reba&ntilde;o
+sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y
+la locura del terror en los ojos, era la pirater&iacute;a del Mercado, los
+parias que estaban fuera de la ley, los que no pod&iacute;an pagar al Municipio
+la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y
+la gorra dorada del alguacil, avis&aacute;banse con gritos instintivos, como
+los reba&ntilde;os al presentir el peligro, y emprend&iacute;an furiosa carrera,
+empujando a los transe&uacute;ntes, desliz&aacute;ndose entre sus piernas, cayendo
+para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que
+obstru&iacute;a la plaza. La gente re&iacute;a ante esta desbandada al galope,
+celebrando la persecuci&oacute;n del alguacil. Nadie comprend&iacute;a lo que era para
+aquellas infelices la p&eacute;rdida de su m&iacute;sera mercanc&iacute;a, la desesperada
+vuelta al tugurio paterno, donde aguardaba la madre dispuesta a
+incautarse del par de reales de ganancia o a administrar una paliza.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela tambi&eacute;n ri&oacute; un poco, siguiendo con la vista la ruidosa
+persecuci&oacute;n que se alejaba, y entr&oacute; despu&eacute;s en el mercado de casquijo,
+buscando las golosinas silvestres que la gente rumia con fruici&oacute;n en
+Navidad, olvid&aacute;ndolas durante el resto del a&ntilde;o. Los puestos de venta
+llegaban hasta las mismas puertas del Principal; los compradores
+code&aacute;banse con el centinela, y los dos oficiales de la guardia, con las
+manos metidas en el capote y las piernas golpeadas por el inquieto
+sable, paseaban por entre el gent&iacute;o buscando caras bonitas.</p>
+
+<p>And&aacute;base con dificultad, temiendo meter el pie en las esteras de esparto
+redondas y de altos bordes, en las cuales amonton&aacute;banse, formando
+pir&aacute;mide, las lustrosas casta&ntilde;as de color de chocolate y las avellanas,
+que exhalaban el acre perfume de los bosques. Las nueces lanzaban en sus
+sacos un alegre cloc-cloc cada vez que la mano del comprador las remov&iacute;a
+para apreciar su calidad; y un poco m&aacute;s adentro, como un tesoro dif&iacute;cil
+de guardar, estaba en peque&ntilde;os sacos la aristocracia del casquijo, las
+bellotas dulzonas, atrayendo las miradas de los golosos.</p>
+
+<p>Acababa de hacer su compra do&ntilde;a Manuela, cuando hubo de volver la cabeza
+sintiendo en la espalda una amistosa palmada.</p>
+
+<p>Era un se&ntilde;or entrado en a&ntilde;os, con un sombrero de cuadrada copa, de forma
+tan rara, que deb&iacute;a pertenecer a una moda remota, si es que tal moda
+hab&iacute;a existido. Iba embozado en una capa vieja, por bajo de la cual
+asomaba una esportilla de compras, y por encima del embozo de ra&iacute;do
+terciopelo mostr&aacute;base su rostro lleno y colorado, en el que los detalles
+m&aacute;s salientes, aparte de las arrugas, eran un bigote de cepillo y unas
+cejas canosas, tan oblicuas, que hac&iacute;an recordar los chinos de los
+abanicos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan!&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Manuela.</p>
+
+<p>Visanteta dio con un codo al cochero y le habl&oacute; al o&iacute;do. Era don Juan,
+el hermano de la se&ntilde;ora, aquel de quien todos hablaban mal en casa,
+aunque con cierto respeto, llam&aacute;ndole por antonomasia &laquo;el t&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Los ojillos de don Juan, inquietos e investigadores, revolv&iacute;anse en sus
+profundas cuencas rodeadas de grietas. Mientras su mirada se perd&iacute;a en
+el fondo del capazo que Nelet ten&iacute;a abierto a sus pies, dec&iacute;a con la
+risita burlona que a do&ntilde;a Manuela, seg&uacute;n confesi&oacute;n propia, le
+&laquo;requemaba la sangre&raquo;:</p>
+
+<p>&mdash;De compras, &iquest;eh...? Yo tambi&eacute;n voy danzando por el Mercado hace m&aacute;s de
+una hora. &iexcl;V&aacute;lgame Dios, c&oacute;mo est&aacute; todo! Comprendo que los pobres no
+puedan comer.... Chica, si empiezas as&iacute; vas a llevar a casa medio
+Mercado.... Eso son bellotas, &iquest;verdad? Comida de ricos; quien puede
+gasta. Eso s&oacute;lo lo compra la gente de dinero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que t&uacute; no compras?&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela sonriendo, a pesar de que no
+ocultaba el efecto que le produc&iacute;an las palabras de su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n...? &iquest;yo...? &iexcl;Bueno va! A m&iacute; nadie me estafa.</p>
+
+<p>Y al decir esto mir&oacute; al vendedor con tanta indignaci&oacute;n como si fuese un
+enemigo del sosiego p&uacute;blico; pero el palurdo, inm&oacute;vil y con las manos
+metidas en la faja, no se dign&oacute; reparar en la ferocidad agresiva del
+avaro.</p>
+
+<p>&mdash;Adem&aacute;s&mdash;continu&oacute; don Juan&mdash;, &iquest;para qu&eacute; quiero yo eso? Los que no
+tenemos dientes hemos de abstenernos de muchas cosas; muchas gracias si
+uno puede comer sopas de ajos y tiene con qu&eacute; pagarlas.... Algo he
+comprado: unas pocas casta&ntilde;as y nueces; pero no para m&iacute;, son para
+Vicenta, que aunque ya es vieja tiene una dentadura envidiable. Poquita
+cosa. Ya ves t&uacute;... para m&iacute; y la criada poco necesitarnos. Adem&aacute;s, todo
+va por las nubes, y dinero hay poco.... &iexcl;Je, je...!</p>
+
+<p>Y el viejo re&iacute;a como si gozase interiormente de repetir a su hermana en
+todos los tonos que era muy pobre.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, c&aacute;llate&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela con voz temblorosa, sin ocultar ya
+su irritaci&oacute;n&mdash;. Me disgusto cada vez que te oigo hablar de pobreza;
+s&oacute;lo falta que me pidas una limosna.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, no te irrites.... No quiero hacer creer que necesito limosnas;
+soy pobre, pero a&uacute;n tengo para no morirme de hambre, y sobre todo, con
+orden y econom&iacute;a, sin querer aparentar m&aacute;s de lo que realmente se tiene,
+lo pasa cualquiera tan ricamente.</p>
+
+<p>Y estas palabras las subray&oacute; el viejo con el acento y la mirada burlona
+que fijaba en su hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Juan, toda la vida ser&aacute;s un miserable. &iquest;De qu&eacute; te sirve guardar tanto
+dinero...? &iquest;Vas a llevarlo al otro mundo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo...? Pienso retardar todo lo posible ese viaje, y tiempo me queda
+para malgastar antes los cuatro cuartos que guardo.... No quiero que
+nadie se r&iacute;a de m&iacute; despu&eacute;s de muerto.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela p&uacute;sose seria, m&aacute;s que por lo que dec&iacute;a su hermano, por lo
+que adivinaba en su mirada. Tal vez por esto don Juan cambi&oacute; de
+conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Di, Manuela, &iquest;y Juanito?</p>
+
+<p>&mdash;En la tienda. Si tengo tiempo entrar&eacute; a verle.</p>
+
+<p>&mdash;Dile que venga ma&ntilde;ana. Aunque sea un grandull&oacute;n, no quiero privarme
+del gusto de darle el aguinaldo como cuando era un chicuelo.</p>
+
+<p>El viejo, al decir esto, ya no mostraba la sonrisa ir&oacute;nica y parec&iacute;a
+hablar con sinceridad.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n ir&aacute;n a verte las ni&ntilde;as y Rafael.</p>
+
+<p>&mdash;Que vengan&mdash;contest&oacute; don Juan, en quien reapareci&oacute; la mortificante
+sonrisa&mdash;. Les dar&eacute; una peseta de aguinaldos; lo &uacute;nico que se puede
+permitir un t&iacute;o pobre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla, avaro...! Me averg&uuml;enzas. Eres capaz de morirte de hambre por
+no gastar un c&eacute;ntimo.... &iquest;Por qu&eacute; no vienes a comer con nosotros ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>El tono festivo y cari&ntilde;oso con que ella dijo estas palabras alarm&oacute; m&aacute;s a
+don Juan que la seriedad irritada de momentos antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n...? &iquest;yo...? Tengo hechos mis preparativos; no quiero ofender a
+mi vieja Vicenta, que se propone lucirse como cocinera. Mira, tambi&eacute;n yo
+gasto, aunque soy un pobre.</p>
+
+<p>Y al decir esto, se&ntilde;alaba a un pillete mandadero, inm&oacute;vil a corta
+distancia, con un cap&oacute;n gordo y lustroso en los brazos.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela avanz&oacute; el labio superior en se&ntilde;al de desprecio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente compra! &iquest;Y eso es para todas las Pascuas? No te
+arruinar&aacute;s... ni llenar&aacute;s mucho el est&oacute;mago.</p>
+
+<p>&mdash;No todos son tan ricos como t&uacute;, marquesa, ni pueden ir a la compra con
+un par de criados. &Uacute;nicamente los que tienen millones pueden ser
+rumbosos.</p>
+
+<p>Y tras estas palabras, que deb&iacute;an encerrar mortificante intenci&oacute;n, don
+Juan se despidi&oacute;, como si deseara que su hermana quedase furiosa contra
+&eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, Manuela; que compres mucho y bien.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, avaro....</p>
+
+<p>Y los dos hermanos se separaron sonriendo, como si cambiaran frases
+cari&ntilde;osas y en su interior rebosase el afecto.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora sigui&oacute; adelante, pasando por entre los puestos de la miel,
+donde aleteaban las avispas, apeloton&aacute;ndose sobre el barniz de las
+peque&ntilde;as tinajas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela iba siguiendo los callejones tortuosos formados por las
+mesas cercanas al mercadillo de las flores. All&iacute; estaba toda la
+aristocracia del Mercado, la sangre azul de la reventa, las mozas guapas
+y las matronas de tez tostada y espl&eacute;ndidas carnes, con su aderezo de
+perlas y pa&ntilde;uelo de seda de vivos colores. Do&ntilde;a Manuela continuaba
+haciendo sus compras, deteni&eacute;ndose ante los productos raros y extra&ntilde;os
+para la estaci&oacute;n que puede ofrecer una huerta fecunda, cuyas entra&ntilde;as
+jam&aacute;s descansan y que el clima convierte en invernadero. En lechos de
+hojas estaban alineados y colocados con cierto arte los pimientos y
+tomates, con sus rubicundeces falsas de productos casi artificiales; los
+guisantes en sus verdes fundas; todo apetitoso y ex&oacute;tico, pero tan caro,
+que al o&iacute;r sus precios retroced&iacute;an con asombro los buenos burgueses que
+por esp&iacute;ritu de econom&iacute;a iban al Mercado con la espuerta bajo la ra&iacute;da
+capa.</p>
+
+<p>Los dos criados encontraban cada vez m&aacute;s pesadas sus cestas, y segu&iacute;an
+con dificultad a la se&ntilde;ora al trav&eacute;s del gent&iacute;o compacto e inquieto que
+se agitaba a la entrada del Mercado Nuevo, cuyos p&oacute;rticos, en plena
+tarde de sol, ten&iacute;an la lobreguez y humedad de una boca de cueva.</p>
+
+<p>All&iacute; era donde resultaba m&aacute;s insufrible el mon&oacute;tono zumbido del Mercado.
+El techo bajo de los p&oacute;rticos repercut&iacute;a y agrandaba las voces de los
+compradores. Un hedor repugnante de carne cruda impregnaba el ambiente,
+y sobre la l&iacute;nea de mostradores ostent&aacute;banse los rojos costillares
+pendientes de garfios, las piernas de toro con sus encarnados m&uacute;sculos
+asomando entre la amarillenta grasa con una armon&iacute;a de tonos que
+recordaba la bandera nacional, y los cabritos desollados, con las orejas
+tiesas, los ojos llorosos y el vientre abierto, como si acabase de pasar
+un Herodes exterminando la inocencia.</p>
+
+<p>Mientras tanto, las cestas de Nelet y Visanteta se llenaban hasta los
+bordes, y en el rostro de los dos criados iba marc&aacute;ndose el gesto de mal
+humor. &iexcl;Vaya una compra! El bolso de do&ntilde;a Manuela parec&iacute;a un c&aacute;ntaro sin
+fondo que iba regando de pesetas todo el Mercado.</p>
+
+<p>Abandonaron las carnicer&iacute;as para entrar en el mercado de la fruta, entre
+los dos p&oacute;rticos. La gente arremolin&aacute;base en las entradas, y all&iacute; fue
+donde do&ntilde;a Manuela se dio cuenta por primera vez de la molesta
+persecuci&oacute;n que sufr&iacute;a. Hab&iacute;a sentido varias veces una t&iacute;mida mano
+desliz&aacute;ndose m&aacute;s abajo de su talle; pero ahora era m&aacute;s: era un pellizco
+desvergonzado lo que ven&iacute;a a atormentarla audazmente en sus redondeces
+de buena moza.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; r&aacute;pidamente la cabeza... y &iexcl;mire usted que estaba bien...! &iexcl;Un
+se&ntilde;or venerable, con cara de santito, entretenerse en tales porquer&iacute;as!
+Do&ntilde;a Manuela lanz&oacute; una mirada tan severa al vejete de rostro bondadoso,
+que el s&aacute;tiro retrocedi&oacute;, levantando el embozo de la capa con sus
+audaces manos.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; adelante la ofendida se&ntilde;ora, pero a los pocos pasos la detuvo el
+esc&aacute;ndalo que estall&oacute; a su espalda. Son&oacute; una bofetada y la voz de
+Visanteta gritando a todo pulm&oacute;n: &laquo;&iexcl;<i>T&iacute;o morra</i>!&raquo;, repitiendo la frase
+un sinn&uacute;mero de veces con la furia de una virtud salvaje que quiere
+enterar a todo el mundo de su ruda castidad. La gente par&aacute;base entre
+asombrada y curiosa, el cochero re&iacute;a abriendo sus quijadas de a palmo, y
+el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con &eacute;l, escurr&iacute;ase
+discretamente entre el gent&iacute;o. Era que la amazona de la huerta, al
+sentir el primer pellizco del viejo pirata, hab&iacute;a contestado con una
+bofetada, contenta en el fondo de que alguien pusiera a prueba su
+virtud.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora la hizo callar, muy contrariada por el esc&aacute;ndalo, y siguieron
+la marcha, mientras Nelet, alegre por este incidente que romp&iacute;a lo
+mon&oacute;tono de las compras, preguntaba como un testarudo a la muchacha en
+qu&eacute; sitio la hab&iacute;an pellizcado, y sent&iacute;a un escalofr&iacute;o de gusto cada vez
+que ella, ruboriz&aacute;ndose, le llamaba &laquo;animal&raquo; y &laquo;descarado &raquo;.</p>
+
+<p>La peregrinaci&oacute;n prosigui&oacute; a lo largo de unas mesas en las cuales, bajo
+toldos de madera, estaban apiladas las frutas del tiempo: las manzanas
+amarillas con la transparencia lustrosa de la cera; las peras
+cenicientas y rugosas atadas en racimos y colgantes de los clavos; las
+naranjas doradas formando pir&aacute;mides sobre un trozo de arpillera, y los
+melones mustios por una larga conservaci&oacute;n, estrangulados por el cordel
+que los sosten&iacute;a d&iacute;as antes de los costillares de la barraca, con la
+corteza blanducha, pero guardando en su interior la frescura de la nieve
+y la empalagosa dulzura de la miel. A un extremo del mercadillo, cerca
+del Repeso, los panaderos con sus mesas atestadas de libretas blancas y
+morenas, prolongadas unas, como barcos, y redondas y con festones otras,
+como bonetes de paje; y un poco m&aacute;s all&aacute;, los &laquo;t&iacute;os&raquo; de Elche mostrando
+sus enormes sombreros tras la celos&iacute;a formada por los racimos de d&aacute;tiles
+de un amarillo rabioso.</p>
+
+<p>Cuando la se&ntilde;ora y sus criados volvieron a la gran plaza, detuvi&eacute;ronse
+en la entrada del mercadillo de las flores. Un intenso perfume de
+heliotropo y violeta sal&iacute;a de all&iacute;, perdi&eacute;ndose en la pesada atm&oacute;sfera
+de la plaza.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estaba inm&oacute;vil, repasando mentalmente sus compras para
+saber lo que faltaba. La muchedumbre se agit&oacute; con nervioso oleaje,
+despidiendo gritos y carcajadas. Ahora, las chicuelas que vend&iacute;an sin
+licencia corr&iacute;an perseguidas hacia la calle de San Fernando, y otra vez
+el reba&ntilde;o de la miseria, gre&ntilde;udo, sucio, con las ropas ca&iacute;das, pas&oacute;
+azorado y veloz con triste chancleteo, arroll&aacute;ndolo todo, mostrando la
+palidez del hambre a la muchedumbre glotona y feliz.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela dio sus &oacute;rdenes. Pod&iacute;an regresar los dos a casa y volver
+Nelet con la espuerta vac&iacute;a. Quedaba por comprar el pavo, los turrones y
+otras cosas que ten&iacute;a en memoria. Ella aguardar&iacute;a en la &laquo;tienda&raquo;.</p>
+
+<p>Y esta palabra bast&oacute; para que la entendieran, pues en casa de do&ntilde;a
+Manuela, la &laquo;tienda&raquo; era por antonomasia el establecimiento de <i>Las Tres
+Rosas</i>, y fuera de ella no se reconoc&iacute;a otra tienda en Valencia.</p>
+
+<p>Colocada entre la calle de San Fernando y la de las Mantas, en el punto
+m&aacute;s concurrido del Mercado, participaba del car&aacute;cter de estas dos v&iacute;as
+comerciales de la ciudad. Era r&uacute;stica y urbana a un tiempo; ofrec&iacute;a a
+los huertanos un variado surtido de mantas, fajas y pa&ntilde;uelos de seda, y
+a las gentes de la ciudad las indianas m&aacute;s baratas, las muselinas m&aacute;s
+vistosas. Ante su mostrador desfilaban la bizarra labradora y la modesta
+se&ntilde;orita, atra&iacute;da por la abundancia de g&eacute;neros de aquel comercio a la
+pata la llana que odiaba los reclamos, ostentando satisfecho su t&iacute;tulo
+de <i>Casa fundada en 1832</i>, y cifraba su orgullo en afirmar que todos los
+g&eacute;neros eran del pa&iacute;s, sin mezcla de tejidos ingleses o franceses.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela det&uacute;vose al llegar frente a la tienda y abarc&oacute; su exterior
+con una ojeada. Del primer piso, y cubriendo el r&oacute;tulo ajado de la casa,
+<i>Antonio Cuadros</i>, <i>sucesor de Garc&iacute;a y Pe&ntilde;a</i>, colgaban largas cortinas
+formadas de mantas que parec&iacute;an mosaicos, orladas con complicados
+borlajes y apretadas filas de madro&ntilde;os; fajas obscuras, matizadas a
+trechos con gorros rojos y azules prendidos con alfileres; pa&ntilde;uelos de
+seda con piezas de docena, ondulados como nacarado oleaje, y percales
+estampados, mostrando p&aacute;jaros fant&aacute;sticos y ramajes quim&eacute;ricos con
+rabiosos colorines que conmov&iacute;an placenteramente a las bellezas de la
+huerta.</p>
+
+<p>En el escaparate central estaba la muestra de la casa, lo que hab&iacute;a
+hecho famoso al establecimiento: un maniqu&iacute; vestido de labradora, con
+tres rosas en la mano, que al trav&eacute;s del vidrio, mirando a los
+transe&uacute;ntes con ojos cristalinos, les enviaba la sonrisa de su rostro de
+cera, punteado por las huellas de cien generaciones de moscas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela entr&oacute; en la tienda. El mismo aspecto de otros tiempos,
+aunque con cierto aire de restaurada frescura. La anaqueler&iacute;a, de madera
+vieja, atestada de cajas; sobre el mostrador telas y m&aacute;s telas
+extendidas sin compasi&oacute;n hasta barrer el suelo; dependientes con el pelo
+aceitoso y las brillantes tijeras asomando por la abertura del bolsillo,
+y mujeres discutiendo con ellos, como si estuvieran en el centro del
+Mercado, abrum&aacute;ndolos con irritantes exigencias.</p>
+
+<p>&mdash;Voy al momento, Manuela. Si&eacute;ntese usted.</p>
+
+<p>El que as&iacute; hablaba era un hombre fornido, de &aacute;spero bigote, estrecha
+frente, pelo hirsuto y fuerte, rebelde a peines y cepillos, con las
+puntas hacia adelante, y quijada brutal, que se disimulaba un tanto bajo
+una sonrisa bondadosa. Estaba ocupado en vender un tapabocas a dos
+mujeres que llevaban de las manos a un chiquillo barrigudo, y era de
+admirar la paciencia con que aquel hombre, siempre sonriendo, sufr&iacute;a a
+las feroces compradoras, que por seis reales regateaban durante &iquest;media
+hora.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela atend&iacute;a con inter&eacute;s las palabras de los compradores y no
+volvi&oacute; la cabeza para ver qui&eacute;n abr&iacute;a la puertecilla de la garita&mdash;a la
+que pomposamente llamaban despacho&mdash;y saltaba velozmente el mostrador.</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntese usted, mam&aacute;.</p>
+
+<p>Era Juanito quien la hablaba, su hijo mayor, un muchacho nacido en la
+misma tienda, que segu&iacute;a agarrado a ella &laquo;sin servir para nada&raquo;, como
+dec&iacute;a su madre, y sin querer ser otra cosa que comerciante.</p>
+
+<p>Estaba pr&oacute;ximo a los treinta a&ntilde;os. Era alto, enjuto, desgarbadote y algo
+cargado de espaldas; la barba espesa y crespa se le com&iacute;a gran parte del
+rostro, d&aacute;ndole un aspecto terror&iacute;fico de bandido de melodrama; pero no
+era m&aacute;s que un antifaz, pues examin&aacute;ndolo bien, bajo la m&aacute;scara de pelo
+ve&iacute;ase la cara sonrosada e inocente de un ru&ntilde;o, la mirada t&iacute;mida y la
+sonrisa bondadosa de esos seres detenidos en la mitad de su crecimiento
+moral, que aunque mueran viejos son d&eacute;biles y blandos, faltos de
+voluntad, incapaces de vivir sin el calor que presta el cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iquest;Eres t&uacute;, Juanito...?&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela&mdash;. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;Lo de siempre. Estaba trabajando en los libros de la casa, ordenando
+el trabajo para el pr&oacute;ximo inventario de fin de a&ntilde;o.</p>
+
+<p>Y Juanito, que hablaba con cierto entusiasmo de sus tareas, y en menos
+de veinte palabras mezcl&oacute; varias veces el <i>debe</i> y el <i>haber</i>, viose
+interrumpido por su principal, don Antonio Cuadros, que tras media hora
+de regateo acababa de vender el tapabocas para el chicuelo panzudo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si&eacute;ntese usted, Manuela... a menos que quiera usted molestarse
+subiendo al entresuelo. Teresa se alegrar&aacute; de verla.</p>
+
+<p>&mdash;No, Antonio; otro d&iacute;a vendr&eacute; con menos prisa: he entrado para esperar
+a Nelet y continuar las compras.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces bajar&aacute; ella.... &iexcl;Muchacho, avisa a la se&ntilde;ora que est&aacute;
+aqu&iacute; do&ntilde;a Manuela! Un aprendiz lanz&oacute;se a la carrera por una puertecilla
+obscura que se abr&iacute;a en la anaqueler&iacute;a: una de esas gargantas de lobo
+que dan entrada a pasillos y escaleras estrechas, infectas como
+intestinos, que s&oacute;lo se encuentran en las casas donde las necesidades
+del comercio y la aglomeraci&oacute;n de mercanc&iacute;as disputan a las personas el
+terreno palmo a palmo.</p>
+
+<p>Sent&aacute;ronse los tres en sillas de lustrosa madera, y do&ntilde;a Manuela, por
+costumbre, habl&oacute; de los negocios y de lo malos que estaban los tiempos;
+eterno tema alrededor del cual giran todas las conversaciones de una
+tienda. Don Antonio sacaba a luz todo un arsenal de afirmaciones que, a
+fuerza de repetidas, hab&iacute;an pasado a ser lugares comunes. Mal iba todo,
+y la culpa la ten&iacute;a el gobierno, un pu&ntilde;ado de ladrones que no se
+preocupaban de la suerte del pa&iacute;s. En otros tiempos se vend&iacute;a bien el
+vino, ten&iacute;an dinero los del arroz, y el comercio daba gusto.... &iexcl;Santo
+cielo! &iexcl;Pensar el pa&ntilde;o negro y fino que &eacute;l hab&iacute;a vendido a la gente de
+la Ribera, las mantas que despachaba, los mantones y pa&ntilde;uelos que se
+hab&iacute;an empaquetado sobre aquel mostrador...! &iexcl;Y todos pagaban en oro...!
+Pero ahora, &iexcl;las cosechas no ten&iacute;an salida, no hab&iacute;a dinero, el comercio
+iba de mal en peor y las quiebras eran frecuentes! &Eacute;l a&uacute;n iba tirando;
+pero s&iacute; la &laquo;cosa&raquo; continuaba de tal modo, acabar&iacute;a por cerrar la tienda
+y morir en el Hospital.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; tiempos aqu&eacute;llos, &iquest;eh, Manuela? cuando viv&iacute;a el padre de
+&eacute;ste&mdash;se&ntilde;alando a Juan&mdash;y yo era s&oacute;lo primer dependiente! Entonces,
+aunque me est&eacute; mal el decirlo, todos los a&ntilde;os, al hacer el inventario,
+quedaban dos o tres mil duritos para guardar. &iexcl;Oh! Aunque me est&eacute; mal el
+decirlo... usted pill&oacute; los buenos tiempos.... &iquest;No es eso, Manuela?</p>
+
+<p>Pero Manuela se limitaba a callar y a sonre&iacute;r. Todo aquello, aunque a
+don Antonio &laquo;le estaba mal el decirlo&raquo;, lo hab&iacute;a dicho y repetido
+cuantas veces hablaba con la viuda de su antiguo principal. Y en cuanto
+a su muletilla &laquo;aunque le estaba mal el decirlo&raquo;, gozaba el privilegio
+de poner nerviosa a do&ntilde;a Manuela, que ten&iacute;a por tonto rematado a su
+antiguo dependiente.</p>
+
+<p>Abri&oacute;se una portezuela del mostrador y entr&oacute; en la tienda la esposa de
+don Antonio, una mujer voluminosa, con la obesidad blanducha y el cutis
+lustroso que produce una vida de encierro e inercia y que le ciaban
+cierto aire monjil. La bondad extremada hasta la estupidez retrat&aacute;base
+en su eterna sonrisa y en la mirada de sus ojos claruchos. Lo m&aacute;s
+caracter&iacute;stico en su persona eran los relucientes rizos aplastados por
+la bandolina, que cubr&iacute;an su ancha frente como una cortinilla
+festoneada, y la costumbre de cruzar las manos sobre el vientre,
+luciendo en los dedos un surtidor de sortijas falsas.</p>
+
+<p>Hubo besos y abrazos sonoros, pero not&aacute;base en las dos mujeres cierta
+desigualdad en el trato, como si entre ambas se interpusiera la ley de
+castas. La esposa del comerciante era s&oacute;lo Teresa, mientras que &eacute;sta
+llamaba siempre do&ntilde;a Manuela a la madre de Juanito, y en sus palabras
+not&aacute;base un acento lejano de humilde subordinaci&oacute;n. Los a&ntilde;os y el
+frecuente trato no hab&iacute;an podido borrar el recuerdo de la &eacute;poca en que
+Teresa era criada en aquella tienda y el esc&aacute;ndalo de los se&ntilde;ores al
+verla casada con el dependiente principal. Adem&aacute;s, Teresa no hab&iacute;a
+ascendido un solo pelda&ntilde;o en la escala de la vanidad; en presencia de
+do&ntilde;a Manuela revel&aacute;base siempre la antigua criada, y aceptaba como una
+confianza inaudita que la se&ntilde;ora la tratase con las mismas
+consideraciones que a un igual.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, do&ntilde;a Manuela; Antonio y yo hace tiempo que pensarnos visitarla a
+usted y a las ni&ntilde;as; &iexcl;pero estamos siempre tan ocupados...! &iexcl;Vaya,
+vaya...! &iexcl;Qu&eacute; sorpresa...! &iexcl;Cu&aacute;nto me alegro de verla!</p>
+
+<p>Y con esto se agot&oacute; el repertorio de frases de la buena mujer, que se
+sent&iacute;a cohibida en presencia de la se&ntilde;ora, hablando poco por temor a
+decir disparates y atraerse el enojo del esposo, a quien admiraba como
+modelo de finura y bien decir.</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;c&oacute;mo van las compras?&mdash;apunt&oacute; don Antonio al notar el mutismo de su
+compa&ntilde;era&mdash;. &Eacute;sta ha salido por la ma&ntilde;ana a hacer la provisi&oacute;n de
+Pascuas y ha encontrado los precios por las nubes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted, Antonio! Diez duros me he dejado en esa plaza, y a&uacute;n me
+falta lo m&aacute;s importante. A prop&oacute;sito: camb&iacute;enme ustedes este billete de
+cincuenta pesetas.</p>
+
+<p>Y Juanito, que hasta entonces hab&iacute;a permanecido silencioso, contemplando
+a su madre con la misma expresi&oacute;n de arrobamiento que si fuese un
+amante, se apresur&oacute; a cumplir su deseo, y casi la arrebat&oacute; el ajado
+billete que hab&iacute;a sacado del limosnero, corriendo despu&eacute;s al mostrador.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo la quiere a usted ese chico, Manuela!&mdash;dijo el comerciante.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo quejarme de los hijos. Juanito es muy bueno.... Pero &iquest;y
+Rafael? Cada vez estoy m&aacute;s orgullosa de &eacute;l.... &iexcl;Qu&eacute; guapo!</p>
+
+<p>&mdash;Es el vivo retrato de su padre, el segundo marido de usted.</p>
+
+<p>Estas palabras de Teresa debieron halagar mucho a la se&ntilde;ora, pues
+correspondi&oacute; a ellas con una sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero oiga usted, Manuela: tengo entendido que Rafael le da muchos
+disgustos.</p>
+
+<p>&mdash;Algo hay de eso; pero... &iquest;qu&eacute; quiere usted, Antonio? Cosas de la edad.
+A la juventud hay que dejarla divertirse. Por eso es tan elegante y
+tiene buenas relaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no estudia ni hace nada de provecho&mdash;dijo el comerciante, con la
+inflexibilidad de un hombre dedicado al trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya estudiar&aacute;; talento le sobra para ser sabio. Su padre fue un tronera
+y vea usted adonde lleg&oacute;.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela dijo esto con el mismo &eacute;nfasis que si fuese la viuda de
+un hombre eminent&iacute;simo.</p>
+
+<p>Juan hab&iacute;a vuelto con el cambio del billete en monedas de plata, y su
+presencia hizo variar la conversaci&oacute;n. Do&ntilde;a Manuela habl&oacute; de la cena que
+aquella noche daba en su casa. Las ni&ntilde;as, Rafael y Juanito, unos amigos
+de aqu&eacute;l... en fin, un buen golpe de gente joven y alegre, que bailar&iacute;a,
+cantar&iacute;a y sabr&iacute;a divertirse sin faltar a la decencia, hasta llegar la
+hora de la misa del Gallo. Tambi&eacute;n esperaba que fuese Andresito, el hijo
+de don Antonio, un muchacho paliducho y mimado, v&aacute;stago &uacute;nico, que
+cursaba el segundo a&ntilde;o de Derecho, hac&iacute;a versos, y en compa&ntilde;&iacute;a de
+Juanito iba muchas veces a casa de do&ntilde;a Manuela, con fines no tan
+ocultos que &eacute;sta no torciese el gesto manifestando disgusto.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de haber nombrado al hijo de la casa, volv&iacute;a a insistir sobre
+los amigos de su Rafael, todos gente distinguida, chicos de grandes
+familias, que asist&iacute;an a sus reuniones y organizaban fiestas con las que
+se pasaba alegremente el tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Esta &eacute;poca, amigo Antonio, es muy diferente de la nuestra. Ahora, a
+los veinte a&ntilde;os se sabe mucho m&aacute;s y se conoce la vida. Hay que dar a la
+juventud lo que le pertenece, aunque rabien los rancios como mi hermano
+o el bueno de don Eugenio. Y a prop&oacute;sito: &iquest;qu&eacute; es de don Eugenio?</p>
+
+<p>El hombre por quien preguntaba do&ntilde;a Manuela era el fundador de la tienda
+de <i>Las Tres Rosas</i>, don Eugenio Garc&iacute;a, el decano de los comerciantes
+del Mercado, un viejo que arrastraba cuarenta a&ntilde;os en cada pierna, como
+&eacute;l dec&iacute;a, y mostr&aacute;base orgulloso de no haber usado jam&aacute;s sombrero,
+content&aacute;ndose con la gorrilla de seda, que, seg&uacute;n &eacute;l, era el s&iacute;mbolo de
+la honradez, la econom&iacute;a y la seriedad del antiguo comercio, rutinario y
+cachazudo.</p>
+
+<p>La tienda hab&iacute;a pasado de sus manos a las del primer marido de do&ntilde;a
+Manuela, y de &eacute;ste a su actual due&ntilde;o; pero don Eugenio no hab&iacute;a dejado
+de vivir un solo d&iacute;a en aquella casa, fuera de la cual no comprend&iacute;a la
+existencia.</p>
+
+<p>Como un censo redimible s&oacute;lo por la muerte, se hab&iacute;an impuesto los
+due&ntilde;os de la tienda la obligaci&oacute;n de mantener y dar albergue a don
+Eugenio, el cual, siguiendo sus costumbres independientes de solter&oacute;n
+&aacute;spero y malhumorado, entraba y sal&iacute;a sin decir una palabra; com&iacute;a lo
+que le daban; en los d&iacute;as que hac&iacute;a buen tiempo paseaba por la Alameda
+con un par de curas tan viejos como &eacute;l, y cuando llov&iacute;a o el viento era
+fuerte, no sal&iacute;a de la plaza del Mercado e iba de tienda en tienda con
+su gorra de seda, su capita azul y su bast&oacute;n muleta, para echar un
+p&aacute;rrafo con los veteranos del comercio reposado y a la antigua, cuyas
+excelencias eran el tema obligado de la conversaci&oacute;n. Don Antonio sonri&oacute;
+al hacer do&ntilde;a Manuela la pregunta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Don Eugenio...? No s&eacute; d&oacute;nde estar&aacute;, pero de seguro que no ha salido
+del Mercado. En d&iacute;as como &eacute;ste le gusta presenciar las compras, y pasa
+horas enteras embobado ante las vendedoras, aunque lo empujen y lo
+golpeen. Sigue fiel a sus man&iacute;as; nunca dice adonde va, y eso que,
+aunque me est&eacute; mal el decirlo, aqu&iacute; se le tra&iacute;a con las mayores
+consideraciones.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela se levant&oacute; al ver en una de las puertas a Nelet, que volv&iacute;a
+de casa con la espuerta vac&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas tardes. A&uacute;n tengo que hacer muchas compras. Adi&oacute;s, Antonio; un
+beso, Teresa; y no olviden ustedes que esperamos a Andresito esta noche.
+Adi&oacute;s, Juan.</p>
+
+<p>La esposa de Cuadros recibi&oacute; con satisfacci&oacute;n infantil los dos sonoros
+besos de do&ntilde;a Manuela, y ella, lo mismo que Juanito, siguieron con
+amorosa mirada a la gallarda se&ntilde;ora en su marcha entre el gent&iacute;o del
+Mercado.</p>
+
+<p>Otra vez las compras; pero ahora fuera de la plaza, en la calle del
+Trench. All&iacute; estaban las gallineras en sus mesas empavesadas de aves
+muertas colgando del pico, con la cresta desmayada, y cay&eacute;ndoles como
+faldones de dorada casaca las rubias mantecas. Las salchicher&iacute;as
+exhalaban por sus puertas acre olor de especias, con cortinajes de seca
+longaniza en los escaparates y filas de jamones tapizando las paredes;
+las tociner&iacute;as ten&iacute;an el frontis adornado con pabellones de morcilla y
+la blanca manteca en palanganas de loza, formando puntiagudas pir&aacute;mides
+de sorbetes, y los despachos de los atuneros exhib&iacute;an los aplastados
+bacalaos que rezuman sal; las tortugas, que colgantes de un garfio
+patalean furiosas en el espacio, estirando fuera de la concha su cabeza
+de serpiente; las pintarrajeadas magras del at&uacute;n fresco, y las ristras
+de colmillos de pez, amarillentos y puntiagudos, que las madres compran
+para la dentici&oacute;n de los ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estaba pose&iacute;da de una embriaguez de compras, e iba de un
+punto a otro sin cansarse de derramar la plata ni de Henar la espuerta
+de Nelet, a cuyo fondo iban a parar el fresco solomillo, las ricas
+morcillas para la pantagru&eacute;lica olla de Navidad, los leg&iacute;timos garbanzos
+del Sa&uacute;co comprados al choricero extreme&ntilde;o, y otros mil art&iacute;culos para
+cuya adquisici&oacute;n era necesario sufrir los empellones y groser&iacute;as de una
+muchedumbre fam&eacute;lica que parec&iacute;a prepararse para las carest&iacute;as de un
+largo sitio.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a faltaba lo m&aacute;s importante: el pavo, protagonista de la
+gastron&oacute;mica fiesta; y la se&ntilde;ora y su cochero, empujados rudamente por
+la corriente humana, atravesaron una profunda portada semejante a un
+t&uacute;nel, vi&eacute;ndose en el <i>Cl&ograve;t</i>, en la plaza Redonda, que parec&iacute;a un circo
+con su doble fila de balcones.</p>
+
+<p>Sobre el rumor del gent&iacute;o, que encerrado y oprimido en tan estrecho
+espacio ten&iacute;a bramidos de amor tempestuoso, destac&aacute;base el agudo
+chillido de la aterrada gallina, el arrullo del palomo, el trompeteo
+insolente del gallo, mat&oacute;n de roja montera, agresivo y jactancioso, y el
+mon&oacute;tono y discordante quejido del triste pato, que, vulgar hasta en su
+muerte, s&oacute;lo consegu&iacute;a atraerse la atenci&oacute;n de los compradores pobres.</p>
+
+<p>Sobre el suelo, con las patas atadas, recordando tal vez en aquella
+atm&oacute;sfera de sofocaci&oacute;n y estruendo las tranquilas llanuras de la Mancha
+o las polvorientas carreteras por donde vinieron siguiendo la ca&ntilde;a del
+conductor, estaban los pavos, con sus pardas t&uacute;nicas y rojas caperuzas,
+graves, melanc&oacute;licos, reflexivos, formando coro como conclave de sesudos
+cardenales y moviendo filos&oacute;ficamente su moco inflamado, para lanzar
+siempre el mismo cloc-cloc-cloc prolongado hasta lo infinito.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela busc&oacute; lo m&aacute;s raro y costoso del Mercado: tres pares de
+perdices, que bailoteaban con descoco dentro de una jaula, mostrando sus
+polonesas encarnadas. Visanteta las arreglar&iacute;a para la cena de la noche.
+Despu&eacute;s compr&oacute; el pavo, un animal enorme que Nelet cogi&oacute; con cari&ntilde;o casi
+fraternal, despu&eacute;s de tentarle varias veces los muslos con una
+admiraci&oacute;n que estallaba en brutales carcajadas.</p>
+
+<p>&iexcl;Fuera de all&iacute;! La se&ntilde;ora deseaba salir del <i>Cl&ograve;t</i>, donde la gente se
+codeaba con la mayor groser&iacute;a y por dos veces hab&iacute;a estado su velo
+pr&oacute;ximo a rasgarse. Ella y Nelet, que marchaban con cuidado para librar
+al pavo de tropezones, entraron otra vez en el Trench, buscando los
+postres, la tiendecilla del turronero establecido en un portal.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba el de Jijona, con sombrer&oacute;n de terciopelo, traje de pa&ntilde;o
+negro y el ancho cuello de la camisa sujeto por un broche de plata. Al
+lado la mujer, con su rostro redondo y sonrosado de manzana y el pelo
+estirado cruelmente hacia la nuca, cayendo en gruesa trenza por la
+espalda sobre la pa&ntilde;oleta de vistosos colores. La mesa blanca, de
+inmaculada pureza, sustentaba, formando columna, las cajitas de &aacute;spera
+pel&iacute;cula conteniendo el harinoso turr&oacute;n, los cajones de peladillas y las
+uvas puntiagudas, h&aacute;bilmente conservadas, lustrosas y transparentes,
+como de cera, y con un delicado color de &aacute;mbar.</p>
+
+<p>Cuando do&ntilde;a Manuela volvi&oacute; a entrar en el mercado comenzaba a anochecer
+y la concurrencia aumentaba por momentos. Todas las bocacalles vomitaban
+gent&iacute;o dentro de la plaza, en la que el crep&uacute;sculo sembraba a miles los
+puntos luminosos. Brillaba el gas en las tiendas; las vendedoras
+importantes encend&iacute;an sus grandes reverberos de lat&oacute;n, y las pobres
+huertanas content&aacute;banse con una vela de sebo resguardada por un
+cucurucho de papel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bonito...! &iexcl;Mira, Nelet! Y la se&ntilde;ora permaneci&oacute; algunos instantes
+contemplando el aspecto fant&aacute;stico de la plaza con tan original
+iluminaci&oacute;n. Una lluvia de estrellas hab&iacute;a ca&iacute;do sobre el Mercado. Los
+empujones de la multitud la volvieron a la realidad.</p>
+
+<p>Fue a salir de la plaza, cuando otra vez la detuvo el escuadr&oacute;n
+perseguido de chicuelas vendedoras.</p>
+
+<p>Ahora no corr&iacute;an. Marchaban al paso, t&iacute;midas, anonadadas, haciendo
+comentarios en voz baja, siguiendo de lejos a una compa&ntilde;era infeliz que,
+retorci&eacute;ndose y gritando como una fierecilla en el cepo, era arrastrada
+por un alguacil.</p>
+
+<p>El m&iacute;sero reba&ntilde;o pas&oacute; ante do&ntilde;a Manuela con triste chancleteo, y la
+se&ntilde;ora no pudo reprimir un movimiento de repulsi&oacute;n ante aquellas
+cabelleras gre&ntilde;udas y encrespadas que serv&iacute;an de marco a rostros
+escu&aacute;lidos y sucios, en los que la piel tomaba aspecto de corteza.</p>
+
+<p>&iexcl;Gran Dios, qu&eacute; gente! Y do&ntilde;a Manuela, viendo tales fachas, por una
+extra&ntilde;a relaci&oacute;n de pensamientos, sujet&oacute; su bolso con las dos manos,
+como si alguien fuese a robarla.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s se tent&oacute; los bolsillos del gab&aacute;n, y... &iexcl;justo! &iexcl;No eran falsas
+sus sospechas! Le hab&iacute;an robado el pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>Indudablemente habr&iacute;a sido mucho antes, entre la agitaci&oacute;n y los
+empujones del gent&iacute;o; pero esto no impidi&oacute; que la se&ntilde;ora siguiese con la
+mirada iracunda el grupo sucio, maloliente y miserable que se alejaba,
+anonadado por el hambre y la pena, entre el oleaje de alimentos y de
+general alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela avanz&oacute; sus labios en se&ntilde;al de desprecio.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo estaba el mundo! No hab&iacute;a religi&oacute;n, orden ni autoridad, y...
+&iexcl;claro! era imposible que una persona decente saliese a la calle sin que
+la piller&iacute;a le diera que sentir.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a>II</h2>
+
+
+<p>En &eacute;poca pasada, aunque no remota, el Mercado de Valencia ten&iacute;a una
+leyenda, que corr&iacute;a como v&aacute;lida en todos sus establecimientos, donde
+jam&aacute;s faltaban testigos dispuestos a dar fe de ella.</p>
+
+<p>Al llegar el invierno, aparec&iacute;a siempre en la plaza alg&uacute;n aragon&eacute;s viejo
+llevando a la zaga un muchacho, como bestezuela asustada. Le hab&iacute;an
+arrancado a la mon&oacute;tona ocupaci&oacute;n de cuidar las reses en el monte, y lo
+conduc&iacute;an a Valencia para &laquo;hacer suerte&raquo;, o m&aacute;s bien, por librar a la
+familia de una boca insaciable, nunca ah&iacute;ta de patatas y pan duro.</p>
+
+<p>El flaco macho que los hab&iacute;a conducido quedaba en la posada de <i>Las Tres
+Coronas</i>, esperando tomar la vuelta a las &aacute;ridas monta&ntilde;as de Teruel; y
+el padre y el hijo, con los trajes de pana deslustrados en costuras y
+rodilleras y el pa&ntilde;uelo anudado a las sienes como una estrecha cinta,
+iban por las tiendas, de puerta en puerta, vergonzosos y encogidos, como
+si pidiesen limosna, preguntando si necesitaban un <i>criadico</i>.</p>
+
+<p>Cuando el muchacho encontraba acomodo, el padre se desped&iacute;a de &eacute;l con un
+par de besos y cuatro lagrimones, y en seguida iba a por el macho para
+volver a casa, prometiendo escribir pasados unos meses; pero si en
+todas las tiendas recib&iacute;an una negativa y era desechada la oferta del
+<i>criadico</i>, entonces se realizaba la leyenda inhumana, de cuya veracidad
+dudaban muchos.</p>
+
+<p>Vagaban padre e hijo, aturdidos por el ruido de la venta, estrujados por
+los codazos de la muchedumbre, e insensiblemente, atra&iacute;dos por una
+fuerza misteriosa, iban a detenerse en la escalinata de la Lonja, frente
+a la famosa fachada de los Santos Juanes. La original veleta, el famoso
+<i>pardal&ograve;t</i>, giraba majestuosamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mia, chiquio, qu&eacute; p&aacute;jaro...! &iexcl;C&oacute;mo se menea...!&mdash;dec&iacute;a el padre.</p>
+
+<p>Y cuando el cerril reto&ntilde;o estaba m&aacute;s encantado en la contemplaci&oacute;n de
+una maravilla nunca vista en el lugar, el autor de sus d&iacute;as se escurr&iacute;a
+entre el gent&iacute;o, y al volver el muchacho en s&iacute;, ya el padre sal&iacute;a
+montado en el macho por la Puerta de Serranos, con la conciencia
+satisfecha de haber puesto al chico en el camino de la fortuna.</p>
+
+<p>El muchacho berreaba y corr&iacute;a de un lado a otro llamando a su padre.
+&laquo;&iexcl;Otro a quien han enga&ntilde;ado!&raquo;, dec&iacute;an los dependientes desde sus
+mostradores, adivinando lo ocurrido; y nunca faltaba un comerciante
+generoso que, por ser de la tierra y recordando los principios de su
+carrera, tomase bajo su protecci&oacute;n al abandonado y lo metiese en su
+casa, aunque no le faltase <i>criadico</i>.</p>
+
+<p>La miseria del hogar, la abundancia de hijos, y sobre todo la c&aacute;ndida
+creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el
+cruel abandono de los hijos. Ir a Valencia era seguir el camino de la
+riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones
+de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto
+a los humeantes le&ntilde;os, sonando en sus o&iacute;dos como el de un para&iacute;so donde
+las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para
+cogerlos.</p>
+
+<p>El que iba all&aacute; abajo, se hac&iacute;a rico; si alguien lo dudaba, all&iacute; estaban
+para atestiguarlo los principales comerciantes de Valencia, con grandes
+almacenes, buques de vela y casas suntuosas, que hab&iacute;an pasado la ni&ntilde;ez
+en los m&iacute;seros lugarejos de la provincia de Teruel guardando reses y
+comi&eacute;ndose los codos de hambre. Los que hab&iacute;an emprendido el viaje para
+morir en un hospital, vegetar toda la vida como dependientes de corto
+sueldo o sentar plaza en el ej&eacute;rcito de Cuba, &eacute;sos no eran tenidos en
+cuenta.</p>
+
+<p>Al hacer la estad&iacute;stica de los abandonados ante la veleta de San Juan,
+don Eugenio Garc&iacute;a, fundador de la tienda de <i>Las Tres Rosas</i>, figuraba
+en primera l&iacute;nea.</p>
+
+<p>Otros mostr&aacute;banse malhumorados y negaban rotundamente cuando se les
+supon&iacute;a tal origen; pero &eacute;l lo ostentaba con cierta satisfacci&oacute;n, como
+queriendo hacer de ello un t&iacute;tulo de gloria.</p>
+
+<p>&mdash;Nada debo a nadie&mdash;exclamaba al rega&ntilde;ar a sus dependientes&mdash;. A m&iacute;
+nadie me ha protegido. Los m&iacute;os me dejaron como un perro en medio de esa
+plaza. Y sin embargo, soy lo que soy. &iexcl;Hubiera querido veros como yo,
+para que supierais lo que es sufrir!</p>
+
+<p>Y siempre que pod&iacute;a asegurar una docena de veces que nada deb&iacute;a a nadie
+y comparar su abandono con el de un perro, quedaba tranquilo y
+satisfecho. Los principios de su carrera hab&iacute;an sido penosos. Aprendiz
+siempre hambriento, dependiente despu&eacute;s en una &eacute;poca en que los mayores
+sueldos eran de cincuenta &laquo;pesos&raquo; anuales, a fuerza de econom&iacute;as
+miserables consigui&oacute; emanciparse, y con ayuda de sus antiguos amos, que
+ve&iacute;an en &eacute;l un leg&iacute;timo aragon&eacute;s capaz de convertir las piedras en
+dinero, fund&oacute; <i>Las Tres Rosas</i>, tiendecilla exigua que en diez a&ntilde;os se
+agrand&oacute; hasta ser el establecimiento de ropas m&aacute;s popular de la plaza
+del Mercado.</p>
+
+<p>Don Eugenio era, sin darse cuenta, el cronista de cuantas modificaciones
+y adelantos hab&iacute;a experimentado aquella plaza, en la que naci&oacute; a la vida
+del comercio y deb&iacute;a desarrollarse toda su existencia. Vio c&oacute;mo una
+revoluci&oacute;n echaba abajo los conventos de la Magdalena y la Merced; c&oacute;mo
+un mot&iacute;n quemaba el Mercado Nuevo, que era de madera, y c&oacute;mo las
+tiendas, agrandando cada vez m&aacute;s sus puertas, saneando sus interiores,
+atra&iacute;an al p&uacute;blico con grandes escaparates, y en materia de alumbrado
+pasaban del aceite al petr&oacute;leo y de &eacute;ste al gas.</p>
+
+<p>Al poco tiempo de fundar su establecimiento, cuando a&uacute;n la primera
+guerra carlista ten&iacute;a en suspenso la suerte de la naci&oacute;n, don Eugenio se
+form&oacute; insensiblemente una tertulia junto a su mostrador, sobre el cual,
+como una antorcha simb&oacute;lica de la rutina comercial, luc&iacute;a un enorme
+vel&oacute;n de cuatro mecheros, fabricado con m&aacute;s de arroba y media de bronce.</p>
+
+<p>Todas las tardes, al anochecer, reun&iacute;anse all&iacute; los amigos de don
+Eugenio, la mitad de los cuales vest&iacute;an sotana y pertenec&iacute;an al clero de
+San Juan. A pesar de esto, la tal reuni&oacute;n era casi un club, que en
+&eacute;pocas como aqu&eacute;lla ten&iacute;a su car&aacute;cter peligroso. Don Eugenio pertenec&iacute;a
+a la Milicia Nacional, y aunque tomaba sus b&eacute;licas ocupaciones con tibio
+entusiasmo, no por esto dejaba de preocuparse del honor de la &laquo;tercera
+de Ligeros&raquo;. Cuando era preciso se calaba el chac&oacute;, martirizaba el pecho
+con el asfixiante correaje, y serv&iacute;a a la naci&oacute;n y a la libertad, yendo
+a pasar la noche en el Principal, donde com&iacute;a melones en verano, se
+calentaba al brasero en invierno, en la santa y pac&iacute;fica compa&ntilde;&iacute;a de
+algunos otros comerciantes del Mercado, que, olvid&aacute;ndose de la
+marcialidad de su uniforme, pasaban las horas de la guardia hablando de
+las f&aacute;bricas de Alcoy o del precio del az&uacute;car y de la seda; todo esto
+sin perjuicio de faltar a la ordenanza, abandonando el puesto con
+frecuencia para dar un vistazo a sus casas.</p>
+
+<p>En la tertulia de don Eugenio se hablaba de Mart&iacute;nez de la Rosa y de su
+malogrado Estatuto; hab&iacute;a quien audazmente elogiaba a Mendiz&aacute;bal y ped&iacute;a
+el restablecimiento de la Constituci&oacute;n del 12; se gastaban bromitas
+contra los &laquo;serviles&raquo;, sin faltar a la decencia; se comenzaba a decir
+con expresi&oacute;n respetuosa &laquo;don Baldomero&raquo; cada vez que se nombraba al
+general Espartero, y todos callaban para escuchar religiosamente a don
+Lucas, el beneficiado de San Juan, un cura que el 23 hab&iacute;a emigrado a
+Londres por liberal, y que pronunciaba conmovedores discursos hablando
+del pobre Riego, a quien comparaba con Bravo, Padilla y Maldonado.</p>
+
+<p>Era, en fin, la tertulia una reuni&oacute;n donde se desahogaba el liberalismo
+inocente de unos revolucionarios que, en costumbres y preocupaciones,
+imitaban a sus enemigos, y a pesar de haber sufrido de la dinast&iacute;a
+reinante toda clase de desdenes y persecuciones, mostr&aacute;banla una
+fidelidad canina, y siempre era para ellos Fernando VII el rey mal
+aconsejado, Cristina la augusta se&ntilde;ora, e Isabel la inocente ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>En esta reuni&oacute;n estaban todos los afectos y alegr&iacute;as de don Eugenio. Al
+encender por las noches el vel&oacute;n y ver entrar las sotanas y las gorras
+de sus colegas, experimentaba la misma impresi&oacute;n que si se encontrara
+rodeado de una cari&ntilde;osa familia.</p>
+
+<p>De los de all&aacute;, de aquellos que le hab&iacute;an abandonado sin l&aacute;grimas ni
+desconsuelo, nunca se acordaba. Sus padres hab&iacute;an muerto, pero ya se
+encargaron de recordarle la patria y todas sus miserias el enjambre de
+primos, hermanos y sobrinos que cayeron sobre &eacute;l tan pronto como circul&oacute;
+por el lugar la nueva de que hac&iacute;a fortuna y ten&iacute;a una tienda en el
+Mercado. Llegaban en grupos, escalonando sus viajes por meses, cual
+hordas hambrientas que con la mirada quer&iacute;an devorarlo todo. El pariente
+rico era para ellos una vaca robusta, cuyas ubres inagotables les
+pertenec&iacute;an de derecho. No ten&iacute;a mujer ni hijos; &iquest;para qui&eacute;n, pues, las
+fabulosas riquezas que aquellos miserables se imaginaban en poder de
+don Eugenio? Las demandas eran interminables, no desmayando los
+pedig&uuml;e&ntilde;os ante la aspereza del comerciante, poco inclinado a la
+generosidad. El invierno hab&iacute;a sido duro, las patatas pocas y malas, el
+macho estaba enfermo, los muchachos descalzos, un pedrisco lo hab&iacute;a
+arrasado todo; y tras estos pre&aacute;mbulos entraban en materia con la
+petici&oacute;n de veinte duros para pasar el mal tiempo, de una pieza de sarga
+para vestir a la familia, y otras demandas menos aceptables. Si don
+Eugenio pon&iacute;a cara de perro a las peticiones, surg&iacute;a la protesta en la
+rapaz parentela que tanto le quer&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Id all&aacute;, granujas!&mdash;gritaba el comerciante&mdash;. &iquest;Qu&eacute; os debo yo para
+que veng&aacute;is a saquearme? Nada tengo que agradeceros, como no sea haberme
+abandonado en medio de esa plaza.</p>
+
+<p>Entonces era de ver la indignaci&oacute;n con que t&iacute;os y hermanos acog&iacute;an lo
+del abandono. &iexcl;Otra que Dios...! &iquest;Y a&uacute;n se quejaba? &iquest;<i>Pus</i> si no le
+hubiesen abandonado ser&iacute;a &eacute;l ahora comerciante con tienda abierta?
+Cuanto m&aacute;s, estar&iacute;a guardando el ganado de alg&uacute;n rico. A la familia,
+pues, deb&iacute;a lo que era. Y si la turba de descarados pedig&uuml;e&ntilde;os no
+llegaba a decir que todo cuanto ten&iacute;a su pariente les pertenec&iacute;a de
+derecho, ya se encargaban sus exigencias insolentes y sus rapaces
+miradas de manifestar que &eacute;ste era su pensamiento.</p>
+
+<p>Producto de una de estas invasiones de v&aacute;ndalos con pa&ntilde;izuelo y calz&oacute;n
+corto fue el entrar como aprendiz en la tienda de <i>Las Tres Rosas</i> un
+chicuelo, al que don Eugenio le fue tomando insensiblemente cierto
+afecto, sin duda porque recordando su pasado se contemplaba en &eacute;l como
+en un espejo. Era de un pueblo inmediato al suyo; pasaba por pariente,
+circunstancia poco extra&ntilde;a en un pa&iacute;s donde las familias, residiendo
+siglos y siglos pegadas al mismo terru&ntilde;o, acaban por confundirse, y
+llamaba la atenci&oacute;n por su aire avispado y la ligereza de sus
+movimientos.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en la tienda hecho una l&aacute;stima, oliendo todav&iacute;a a esti&eacute;rcol y a
+reques&oacute;n agrio, como si acabase de abandonar el corral de ganado. La
+vieja criada que administraba el hogar de don Eugenio tuvo que valerse
+de ung&uuml;entos para despoblar de bestias sangu&iacute;neas el bosque de cerdas
+polvorientas que se empinaban sobre el cr&aacute;neo del muchacho, y concluido
+el exterminio, el amo lo entreg&oacute; al brazo secular de los aprendices m&aacute;s
+antiguos, los cuales, en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito del almac&eacute;n y sin pensar que
+estaban en enero, con un barre&ntilde;o de agua fr&iacute;a y tres pases de estropajo
+y jab&oacute;n blando, dejaron al ne&oacute;fito limpio de mugre de arriba a abajo y
+con una piel tan frotada que echaba chispas.</p>
+
+<p>Con esto, el m&iacute;sero zagalillo de las monta&ntilde;as de Teruel se convirti&oacute; en
+un aprendiz listo, aseado y trabajador, que, seg&uacute;n las profec&iacute;as de los
+dependientes viejos, llegar&iacute;a a ser algo. A las dos semanas chapurreaba
+el valenciano de un modo que hac&iacute;a re&iacute;r a las labradoras parroquianas de
+la casa, y sin que la dureza del trabajo disminuyera para &eacute;l, todos le
+quer&iacute;an y no sab&iacute;a a qui&eacute;n atender, pues Melchor por aqu&iacute;, Melchorico
+por all&iacute;, nunca le dejaban un instante quieto.</p>
+
+<p>Con sus borcegu&iacute;es lustrosos, una chaqueta vieja del amo arreglada
+chapuceramente, la cabeza siempre descubierta, con pelos agudos como
+clavos y las orejas llenas de saba&ntilde;ones en todo tiempo, era Melchorico
+el aprendiz m&aacute;s gallardo de cuantos asomaban la cabeza a las puertas
+para llamar a los compradores reacios. Aquel ac&oacute;lito del culto de
+Mercurio, por su empaque desenfadado atra&iacute;ase la mala voluntad de los
+pilluelos de la plaza, enjambre de diablejos que pasaban horas enteras
+ante la relamida figurilla llam&aacute;ndole &iexcl;<i>churriquio</i>! con irritante tono
+de mofa, hasta que alg&uacute;n dependiente les amenazaba con la vara de medir.</p>
+
+<p>Pasaron los a&ntilde;os sin que incidente alguno viniese a turbar la ascensi&oacute;n
+lenta y mon&oacute;tona del muchacho en la carrera comercial. Perdi&oacute; de cuenta
+los cachetes y patadas que le largaron don Eugenio y los dependientes
+viejos, unas veces por entretenerse bailando trompos en la trastienda,
+otras por pillarle dando retales a cambio de altramuces o cacahuet.
+Emple&oacute; los domingos en que le daban suelta yendo al tiro del palomo en
+el cauce del r&iacute;o, o paseando gratis arrellanado como un pr&iacute;ncipe en las
+estriberas de las tartanas, con la epidermis a prueba de traidores
+latigazos; fue ascendiendo lentamente de burro de carga a aprendiz
+viejo; por fin, a dependiente; y al cumplir dieciocho a&ntilde;os viose tan
+transformado, que, violentando sus instintos econ&oacute;micos, fortalecidos
+por las saludables ense&ntilde;anzas del principal, se gast&oacute; cuatro pesetas en
+dos retratos que envi&oacute; a los de &laquo;all&aacute; arriba&raquo;, a sus antiguos colegas de
+pastoreo, para que viesen que estaba hecho todo un se&ntilde;or. Los tirones de
+oreja y los palos con la vara de medir lo hab&iacute;an puesto erguido,
+borrando en su cuerpo la tendencia a cargarse de espaldas y a ser
+patiabierto, propio de todos los de su tierra; sus pelos, a fuerza de
+peine y cosm&eacute;tico, hab&iacute;an llegado a domarse; los desabridos y no muy
+abundantes guisos del ama de llaves daban cierta figura a su corpach&oacute;n
+huesoso. Y adem&aacute;s, como ten&iacute;a su soldada anual, aunque corta, ya no
+vest&iacute;a los desechos de don Eugenio y se hac&iacute;a al a&ntilde;o dos trajes,
+operaci&oacute;n que antes de ser emprendida era objeto de ser&iacute;as y profundas
+meditaciones.</p>
+
+<p>Melchor Pe&ntilde;a, al salir de la adolescencia, experiment&oacute; una
+transformaci&oacute;n. Al mismo tiempo que en su labio apuntaba el bigote, en
+su cerebro apunt&oacute; la tendencia a lo rom&aacute;ntico, a lo desconocido, el
+anhelo de cosas extraordinarias, de aventuras gigantescas, y fue un
+rabioso lector de novelas. Cuantos tomos enormes, ro&iacute;dos por el corte y
+forrados con papel grasiento, rodaban por los mostradores de las tiendas
+del Mercado, eran atra&iacute;dos por sus manos, como si &eacute;stas fuesen un im&aacute;n,
+y devorados r&aacute;pidamente, unas veces por la noche, despu&eacute;s de cerrar las
+puertas y robando horas al descanso, otras por la tarde, aprovechando
+ausencias de don Eugenio, en el fondo del almac&eacute;n, a la dudosa claridad
+que se cern&iacute;a en aquel ambiente c&aacute;lido, impregnado del vaho de los
+tejidos y el tufo de la tintura qu&iacute;mica. Hab&iacute;a le&iacute;do m&aacute;s de veinte veces
+<i>Los tres mosqueteros</i>, y el fruto que sac&oacute; de esta lectura fue que los
+aprendices se burlasen de &eacute;l vi&eacute;ndolo un d&iacute;a en el almac&eacute;n, envuelto en
+un gui&ntilde;apo colorado, con un rabo de escoba en la cadera y contone&aacute;ndose
+como si fuese el mismo D'Artagnan con todas sus jactancias de
+espadach&iacute;n. Despu&eacute;s se apasion&oacute;, como toda la juventud de su &eacute;poca, por
+<i>Mar&iacute;a o la hija de un jornalero</i>; y a pesar de que don Eugenio le
+enviaba a misa todos los domingos y a comulgar por trimestre, h&iacute;zose un
+tanto irreligioso, y en su interior comenz&oacute; a mirar con desprecio a los
+curas pac&iacute;ficos y bromistas que visitaban por la noche el
+establecimiento para jugar a la brisca con el principal; y cuando cay&oacute;
+en sus manos <i>El conde de Montecristo</i>, pase&aacute;base por la trastienda,
+mirando los fardos apilados con la misma expresi&oacute;n que si en vez de
+pa&ntilde;os, percales e indianas contuviesen un enorme tesoro, toneladas de
+oro en barras, celemines de brillantes, lo suficiente, en fin, para
+comprar el mundo.</p>
+
+<p>&iexcl;Y c&oacute;mo se re&iacute;a don Eugenio de la man&iacute;a novelesca de su Melchorico, como
+cari&ntilde;osamente le llamaba...! &Eacute;l, que no hab&iacute;a consultado otro libro en
+su vida que un cuadernillo donde estaban comparados los pesos y medidas
+de Catalu&ntilde;a, Arag&oacute;n y Castilla, miraba al principio con cierto respeto
+el af&aacute;n de lectura del muchacho; pero despu&eacute;s, al notar las
+extravagancias de su torcida imaginaci&oacute;n, le acribill&oacute; con burlas y le
+colg&oacute; el apodo de Don Quijote, no porque el viejo comerciante hubiese
+le&iacute;do la inmortal obra de Cervantes, sino por tener arriba en su comedor
+una litograf&iacute;a detestable, en la cual el hidalgo manchego, dormido y en
+camisa, daba de cuchilladas a pellejos de vino.</p>
+
+<p>Iguales bromas se permit&iacute;a el Don Quijote que vegetaba en la obscuridad,
+midiendo telas en <i>Las Tres Rosas</i>. Pod&iacute;an atestiguarlo los pescozones
+con que don Eugenio hab&iacute;a saludado a su querido dependiente un lunes en
+el almac&eacute;n, cuando vio a Melchor que, recordando el drama <i>El jorobado</i>,
+se cre&iacute;a un Lagard&eacute;re, y con una vara de medir ensayaba la gran estocada
+de Nevers, acribillando los fardos de un modo que hac&iacute;a temblar por la
+integridad de los g&eacute;neros.</p>
+
+<p>&mdash;Como sigas as&iacute;&mdash;gritaba el buen comerciante, escandalizado&mdash;, te
+pongo en la puerta y... &iexcl;buen viaje! Me has enga&ntilde;ado. T&uacute; sirves para
+c&oacute;mico, y a m&iacute; no me gustan farsas. Merchorico, por &uacute;ltima vez lo digo.
+El a&ntilde;o que viene entras en quinta; o sientas esa cabeza o te abandono, y
+el demonio que se encargue de tu suerte.</p>
+
+<p>Junto a la imaginaci&oacute;n exaltada del dependiente deb&iacute;a existir una enorme
+cantidad de sentido pr&aacute;ctico capaz de sofocar todas las fantas&iacute;as y
+caprichos, y a esto se debi&oacute;, sin duda, que Melchor se reprimiera en sus
+rom&aacute;nticas extravagancias, y en adelante, aunque sin abandonar la
+lectura de novelas, se dedicara con m&aacute;s asiduidad a sus quehaceres.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a don Eugenio un amigo antiguo que todos los d&iacute;as visitaba la
+tienda, y por profesar a Melchor alg&uacute;n afecto, un&iacute;a sus exhortaciones de
+hombre pr&aacute;ctico a las del principal. De todos los individuos que
+formaban la tertulia de <i>Las Tres Rosas</i>, don Manuel Fora era el m&aacute;s
+considerado, a causa de su fortuna s&oacute;lida y cuantiosa y de respeto que
+gozaba en el comercio.</p>
+
+<p>Viv&iacute;a en un enorme caser&oacute;n cercano a las Escuelas P&iacute;as; figuraba entre
+los primeros fabricantes de seda, y m&aacute;s de doscientos telares trabajaban
+para &eacute;l, elaborando piezas de seda rayada, vistosa y s&oacute;lida, y pa&ntilde;uelos
+de brillantes colores, que eran enviados a las m&aacute;s apartadas provincias
+de Espa&ntilde;a y hasta la misma Am&eacute;rica, cosa que asombraba y produc&iacute;a cierto
+temor respetuoso entre el comercio a la antigua. De joven hab&iacute;a sido
+novicio en una orden religiosa, pero ahorc&oacute; los h&aacute;bitos el a&ntilde;o 8 para
+batirse contra el franc&eacute;s, sacrificio que no le libr&oacute; de ser conocido
+con el apodo de el <i>Fraile</i> entre los comerciantes y las gentes de su
+industria.</p>
+
+<p>Le supon&iacute;an poseedor de millones, y era el banquero de todos los
+mercaderes menesterosos. Bast&aacute;bale entrar en su alcoba para presentar en
+cartuchos de onzas cuanto dinero se le ped&iacute;a, y a pesar de esto, fuera
+de los d&iacute;as de Corpus, en que sacaba del fondo del arca el frac de color
+casta&ntilde;a y el sombrero de seda, nadie le hab&iacute;a visto con otro traje que
+un eterno pantal&oacute;n de cuadros, chaqueta de fust&aacute;n, chaleco de terciopelo
+rameado y gorra de ancho plato.</p>
+
+<p>Era el m&aacute;s fiel representante de la avaricia atribuida &aacute; los de su
+gremio, y en el Mercado se contaban de &eacute;l cosas gracios&iacute;simas. La ma&ntilde;ana
+pas&aacute;bala en San Juan, pues el comercio no le hab&iacute;a hecho olvidar sus
+aficiones a las cosas de la Iglesia. Ten&iacute;a su puesto fijo en el banco de
+la Junta de F&aacute;brica, y all&iacute; iban a buscarlo los que, necesitando con
+urgencia su auxilio, no reparaban en que estaba oyendo la d&eacute;cima misa y
+rezando el cent&eacute;simo rosario.</p>
+
+<p>&mdash;Don Manuel&mdash;murmuraba el pedig&uuml;e&ntilde;o con voz misteriosa y arrodill&aacute;ndose
+cerca del Banco&mdash;, necesito al momento seis mil reales.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;D&eacute;jame en paz!&mdash;susurraba indignado el fabricante sin volver los
+ojos&mdash;. Ni la casa del Se&ntilde;or sab&eacute;is respetar. B&uacute;scame a la noche.</p>
+
+<p>&mdash;Don Manuel, &iexcl;por Dios! que la letra vence hoy, y he de pagarla o se
+deshonra mi tienda. Seis mil reales al quince por ciento; s&aacute;lveme usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Largo...! No estoy ahora para asuntos mundanos.</p>
+
+<p>&mdash;Don Manuel... aunque sea al veinte&mdash;dec&iacute;a el infeliz con esfuerzo
+supremo.</p>
+
+<p>&mdash;He dicho que no. D&eacute;jame en paz el alma.</p>
+
+<p>&mdash;Al veinticinco, don Manuel... al veinticinco. Me esperan en casa para
+que pague.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;rchate, o llamo al sacrist&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien; al treinta... que sean al treinta por ciento, como la otra
+vez.</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios&mdash;murmuraba suspirando dolorosamente&mdash;. No dej&aacute;is
+tiempo ni para salvar el alma. Esp&eacute;rame en casa, yo ir&eacute; as&iacute; que termine
+este rosario. Te cobrar&eacute; el treinta por ser t&uacute;... que bien sabe Dios que
+a m&iacute; no me gustan estos negocios.</p>
+
+<p>Esto se contaba del c&eacute;lebre fabricante de sedas; pero aunque en ello
+entrase en gran parte la exagerada malevolencia de sus enemigos, lo
+cierto era que don Manuel, con el producto de sus doscientos telares
+siempre en actividad y los caritativos auxilios que prestaba desde el
+Banco de San Juan, iba form&aacute;ndose una fortuna, cuya cifra, por ser
+desconocida, rodeaba a su poseedor de cierto prestigio misterioso.</p>
+
+<p>El fabricante y el due&ntilde;o de <i>Las Tres Rosas</i> eran antiguos amigos, y
+hasta se murmuraba que el primero hab&iacute;a ayudado a &eacute;ste con una
+generosidad extra&ntilde;a en los primeros tiempos de su comercio. Cuantos
+g&eacute;neros de seda se despachaban en la tienda proced&iacute;an de la f&aacute;brica de
+don Manuel, y de esto resultaba una continua comunicaci&oacute;n entre el
+establecimiento de don Eugenio y el caser&oacute;n del barrio de las Escuelas
+P&iacute;as, relaciones en las que serv&iacute;a de intermediario Melchor Pe&ntilde;a, como
+dependiente de confianza.</p>
+
+<p>&Eacute;l era quien iba al despacho de don Manuel a escoger pa&ntilde;uelos y piezas
+de seda, raso o terciopelo en aquellos armarios de roble con cerradura
+complicada, que databan del siglo anterior, y &eacute;l tambi&eacute;n quien sub&iacute;a a
+los porches, donde con un tric-trac ensordecedor mov&iacute;anse los telares y
+volaban las lanzaderas, haciendo surgir los ricos tejidos entre polvo y
+telara&ntilde;as. Por efecto de las continuas visitas le trataron como amigo
+&iacute;ntimo los de la familia de don Manuel. &Eacute;ste era viudo y ten&iacute;a dos
+hijos: Juan, un joven infatigable para el trabajo, meticuloso en los
+negocios, capaz, como su padre, de darse de cachetes por un ochavo, y
+Manolita, una muchacha hermosota, que a los diecisiete a&ntilde;os ten&iacute;a el
+aspecto de una matrona romana, y a quien don Manuel no quer&iacute;a encargar
+de la administraci&oacute;n de la casa en vista del poco aprecio que mostraba
+al dinero.</p>
+
+<p>Otra persona formaba parte de la familia del <i>Fraile</i>; pero los lazos
+que la un&iacute;an a ella eran tan ef&iacute;meros y d&eacute;biles como los que atan una
+estrella errante a un sistema planetario. Era un estudiante de Medicina,
+famoso entre los de su Facultad como h&aacute;bil tocador de guitarra, alegre
+confeccionador de chistes y calavera de los m&aacute;s audaces. El <i>Fraile</i>,
+avaro y sin entra&ntilde;as hasta con sus hijos, sent&iacute;a gran debilidad por el
+estudiante, tal vez por el contraste entre su car&aacute;cter austero y rega&ntilde;&oacute;n
+y la alegr&iacute;a desenfadada de aquel cabeza a p&aacute;jaros. Era sobrino de don
+Manuel en grado lejano; sus padres hab&iacute;an muerto, y el fabricante de
+sedas, en vista de su ingenio despierto, encantado por sus agudezas y
+recordando que lo sostuvo en la pila bautismal, hizo el inaudito
+sacrificio de recogerlo y darle carrera.</p>
+
+<p>Rafael Pajares ven&iacute;a a ser en la casa el punto vulnerable del hura&ntilde;o
+<i>Fraile</i>. Parec&iacute;a imposible que &eacute;ste soportase las travesuras del
+estudiante, que tra&iacute;a revuelta toda la casa, persiguiendo a las criadas,
+entreteniendo con chistes a los tejedores e introduciendo algunas veces
+en su cuarto ciertos compa&ntilde;eros de Facultad tan levantiscos como &eacute;l, que
+al menor descuido saqueaban la despensa, y cuando no, hac&iacute;an temblar los
+viejos pavimentos del caser&oacute;n ensay&aacute;ndose a saltos en el manejo de la
+pandereta. Don Manuel, el hombre de las econom&iacute;as inauditas y las
+ruindades sin ejemplo, estremec&iacute;ase de rabia al ver el uso que Rafael
+hac&iacute;a de sus liberalidades. Regal&aacute;bale una sotana nueva, y al punto la
+rasgaba en dos, qued&aacute;ndose con la parte del pecho y dando el espaldar a
+alg&uacute;n compa&ntilde;ero pobre, con cuyo reparto iban ambos tan gallardos
+cubriendo con el manteo la desnuda trasera. Compr&aacute;bale un tricornio
+flamante, y no acababa el d&iacute;a sin que el travieso muchacho le recortase
+los bordes caprichosamente hasta darle el aspecto de una fant&aacute;stica
+cresta. Gust&aacute;bale ir roto y sucio como los sopistas, y cada una de estas
+haza&ntilde;as enfurec&iacute;a al <i>Fraile</i>, haci&eacute;ndole gritar que aquello era robarle
+el dinero, y que el mejor d&iacute;a de un puntapi&eacute; en tal parte iba a poner en
+la calle al desvergonzado sobrino. Pero bastaba que el loco adorador de
+la tuna sacara algunas habilidades, para que el viejo se diera por
+vencido y asegurase que el muchacho ten&iacute;a mucha gracia.</p>
+
+<p>Igual influencia ejerc&iacute;a Rafael sobre los dem&aacute;s individuos de la
+familia. El hijo del <i>Fraile</i> le toleraba, lo que no era poco, atendido
+su car&aacute;cter, y en cuanto a Manolita, viv&iacute;a pendiente de los labios de su
+primo. Aquella muchacha sencillota, a quien las amigas de la casa ten&iacute;an
+casi por tonta y que no conoc&iacute;a m&aacute;s mundo que las tertulias de gente del
+Arte de la Seda, a las que la llevaba su padre, miraba a Rafael como la
+encarnaci&oacute;n de lo extraordinario, de lo novelesco; como un Don Juan,
+cuyo cari&ntilde;o le disputaban ocultas y poderosas rivales.</p>
+
+<p>Se amaban desde ni&ntilde;os, pero con un amor extra&ntilde;o, incomprensible y
+pre&ntilde;ado de incidentes. &Eacute;l era informal, ligero, casquivano; ten&iacute;a novias
+en los cuatro distritos de la ciudad; sal&iacute;a de noche para dar serenatas
+amorosas; y ella, bajo su exterior abobado de muchacha t&iacute;mida y devota,
+ocultaba un car&aacute;cter varonil, un genio insufrible, el mismo estallido de
+nerviosidad iracunda y atronadora que se manifestaba en el <i>Fraile</i>
+cuando le sal&iacute;a mal un negocio o un deudor se negaba a pagarle. Las
+peleas en voz baja y el estar de monos d&iacute;as enteros eran hechos
+frecuentes en estos amores que el padre y el hermano no conoc&iacute;an; pero
+bastaba para vencer el enojo de Manolita una palabra chistosa del
+estudiante, una ir&oacute;nica protesta, algo que la desarmase, haci&eacute;ndola
+prorrumpir en carcajadas.</p>
+
+<p>&iexcl;Con un pillo as&iacute; era imposible estar seria mucho tiempo! Se necesitaba
+tener coraz&oacute;n de piedra para no conmoverse cuando, cogiendo la guitarra
+y poniendo los ojos en blanco, se arrancaba por el <i>Fandanguito de
+C&aacute;diz</i>, entonando despu&eacute;s melanc&oacute;licamente el &iexcl;<i>Triste Chactas</i>...! que
+hac&iacute;a llorar a todas las muchachas de la &eacute;poca, o aquello otro punteado
+y expresivo que comenzaba:</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>Inflamado mi pecho amoroso</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>s&oacute;lo en ti se cifraba mi anhelo</i>....</span><br />
+</div>
+
+<p>No; ella le quer&iacute;a, y aunque le diese alg&uacute;n disgusto, consideraba a
+Rafael, a pesar de su sotana mugrienta y su cara de granuja, como un
+rendido trovador de los que en aquella &eacute;poca de romanticismo hac&iacute;an el
+gasto en todos los extrav&iacute;os de imaginaci&oacute;n femenil.</p>
+
+<p>Melchor Pe&ntilde;a, entrando con frecuencia en la casa, estaba al tanto de
+cuanto ocurr&iacute;a en el seno de la familia y conoc&iacute;a el car&aacute;cter de cada
+uno de sus individuos. Don Manuel le apreciaba como muchacho laborioso y
+econ&oacute;mico, que ten&iacute;a lo que &eacute;l llamaba &laquo;sangre comercial&raquo;. Juan,
+primog&eacute;nito del <i>Fraile</i>, simpatizaba con &eacute;l como a cofrade en la orden
+del continuo trabajo y la conquista del c&eacute;ntimo. Manolita dec&iacute;a de &eacute;l
+que era un chico simp&aacute;tico, aunque vulgarote, y Rafael, el famoso
+adorador de la tuna, trat&aacute;bale siempre con un aire de desde&ntilde;osa
+protecci&oacute;n, como si tuviese empe&ntilde;o en recordarle de continuo el abismo
+existente entre una futura lumbrera de la ciencia y un &laquo;gozquecillo&raquo; de
+mostrador.</p>
+
+<p>Melchor correspond&iacute;a a este desprecio con una antipat&iacute;a profunda. Y no
+es que le hiriesen honradamente las zumbas del estudiante; su odio
+proven&iacute;a del poco aprecio que &eacute;ste mostraba a Manolita. Ser due&ntilde;o de la
+voluntad de aquella mujer y corresponder a su afecto con infidelidades
+era un pecado imperdonable a los ojos del pobre Melchor, que amaba a
+Manolita en silencio, siempre en perpetua batalla interna, tan pronto
+dispuesto a declarar su pasi&oacute;n como arrepentido de su audacia.</p>
+
+<p>Hab&iacute;ase enamorado de la hija del <i>Fraile</i>, no repentinamente y a la
+primera mirada, como los protagonistas de aquellas novelas que con tanta
+fruici&oacute;n le&iacute;a, su pasi&oacute;n se hab&iacute;a formado lentamente, por escalones que
+poco a poco hab&iacute;a ido subiendo. Un d&iacute;a se fij&oacute; en que Manolita ten&iacute;a
+unas hermosas mejillas de melocot&oacute;n con ligera pel&iacute;cula, m&aacute;s fina que el
+terciopelo de a cuatro duros vara; otro, hizo la observaci&oacute;n de que sus
+ojos eran &laquo;ardientes ascuas&raquo;, imagen del dominio com&uacute;n de todos los
+novelistas por &eacute;l conocidos, una noche hasta lleg&oacute; a pensar,
+revolvi&eacute;ndose en su menguada cama de dependiente, que la hija de don
+Manuel estar&iacute;a admirablemente formada, a juzgar por su &laquo;exterior
+escultural&raquo;&mdash;otra frase cien veces le&iacute;da&mdash;, y el resultado de estas y
+otras observaciones fue confesarse a s&iacute; mismo que era &laquo;esclavo&raquo; de
+Manolita y la amar&iacute;a &laquo;hasta la muerte&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; adoraci&oacute;n tan constante la del pobre muchacho! Dos a&ntilde;os estuvo
+lanzando tiernas miradas a la joven cada vez que por asuntos del
+comercio iba a casa del <i>Fraile</i>. Su imaginaci&oacute;n novelesca so&ntilde;aba un
+rapto, despu&eacute;s de matar en desaf&iacute;o al infame estudiant&oacute;n, con otras mil
+barbaridades por el estilo, y lo mejor del caso era que quien tales
+barrabasadas se sent&iacute;a capaz de ejecutar temblaba como un ni&ntilde;o en
+presencia del &iacute;dolo amado, y cien veces se le atragant&oacute; la declaraci&oacute;n
+que ten&iacute;a pensada y aprendida, sin faltar punto ni coma.</p>
+
+<p>Por fin, Manolita supo que Melchor la amaba gracias a una carta de &eacute;ste,
+en la cual, conforme al patr&oacute;n de todas las declaraciones, comparaba su
+coraz&oacute;n con el Vesubio, y comenzando con las consabidas frases:
+&laquo;Se&ntilde;orita: desde el m&oacute;ntenlo que la vi a usted&raquo;, etc., terminaba: &laquo;Salve
+usted este coraz&oacute;n que est&aacute; herido de muerte.&raquo; Manolita acogi&oacute;
+burlescamente la declaraci&oacute;n del dependiente, mas no por esto dej&oacute; de
+agradecerla, con esa satisfacci&oacute;n que causa en toda mujer el saber que
+es amada, y nada dijo a su familia ni a Rafael.</p>
+
+<p>Melchor esper&oacute; con paciencia inquebrantable, y un d&iacute;a fue Manolita la
+que le record&oacute; su declaraci&oacute;n, acept&aacute;ndola.</p>
+
+<p>La hija del <i>Fraile</i> se hab&iacute;a dejado llevar de un arrebato del car&aacute;cter
+violento que mostraba en las grandes ocasiones. Su primo Rafael hab&iacute;a
+terminado la carrera, abandonando las locuras de estudiante para
+revestirse de la gravedad del doctor, y cuando ella esperaba de un
+momento a otro que formulase ante el padre sus pretensiones, una buena
+alma la hizo saber que aquel calavera ya no limitaba sus infidelidades a
+serenatas amorosas o pasiones del momento, sino que ten&iacute;a cierto
+&laquo;arreglo&raquo; en el barrio del Carmen con car&aacute;cter permanente, y hasta se
+susurraba si hab&iacute;a una criatura de por medio.</p>
+
+<p>El car&aacute;cter en&eacute;rgico de Manolita se sublev&oacute; al convencerse de la nueva
+infidelidad de Rafael. No; &eacute;sta no la consent&iacute;a, aunque el primo le
+pidiese perd&oacute;n de rodillas y estuviese todo un a&ntilde;o cantando romanzas
+sentimentales. Quiso vengarse, atormentar al infame, aunque para eso
+tuviese ella que sufrir, y nada le pareci&oacute; mejor que aceptar las
+pretensiones de aquel tendero que la adoraba. El asunto se arregl&oacute; con
+prontitud.</p>
+
+<p>Don Eugenio, que se sent&iacute;a viejo y estaba dispuesto a traspasar <i>Las
+Tres Rosas</i> al dependiente predilecto, encarg&oacute;se de hablar a su amigo el
+<i>Fraile</i>; &eacute;ste no ten&iacute;a gran empe&ntilde;o en conservar en casa una hija que
+ignoraba el valor del dinero y gastaba mucho en trajes, seg&uacute;n &eacute;l dec&iacute;a;
+y como el novio la aceptaba sin un c&eacute;ntimo de dote, la boda se arregl&oacute;,
+y a los tres meses la se&ntilde;ora de don Melchor Pe&ntilde;a entr&oacute; triunfalmente en
+sus dominios de la plaza del Mercado.</p>
+
+<p>Siete a&ntilde;os dur&oacute; el matrimonio, y su &uacute;nico fruto fue Juanito, a quien
+pusieron tal nombre por apadrinarle el hermano de Manolita, o m&aacute;s bien,
+do&ntilde;a Manuela, pues el estado de maternidad, ensanchando sus macizas
+carnes de matrona, hab&iacute;anla dado un aspecto respetable y majestuoso.</p>
+
+<p>Aquel marido aceptado en un arrebato de ira, s&iacute; no lleg&oacute; a inspirarla
+amor mereci&oacute; la tierna simpat&iacute;a del agradecimiento. Levant&aacute;base Melchor
+al amanecer, y despu&eacute;s de arropar cuidadosamente a la se&ntilde;ora, rog&aacute;ndola
+que no abandonase la cama antes de las nueve, bajaba a la tienda para
+vigilar a los dependientes en las primeras ocupaciones del d&iacute;a. Sub&iacute;a a
+la hora de comer, para re&iacute;r como un loco con las gracias de Juanito y
+revolcarse muchas veces por el suelo, imitando a ciertos animales, para
+satisfacer las tir&aacute;nicas exigencias de aquel monigote que tra&iacute;a revuelta
+toda la casa. Com&iacute;a lo que le daban, acog&iacute;a como indiscutibles todos los
+actos de su mujer, y curado ya de las man&iacute;as rom&aacute;nticas, s&oacute;lo pensaba en
+los negocios y en conquistar una fortuna para que su esposa pudiese ver
+realizadas sus altas aspiraciones.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela gozaba de una libertad absoluta, como jam&aacute;s la hab&iacute;a
+so&ntilde;ado. Sal&iacute;a cuando quer&iacute;a, bajaba a la tienda algunas veces, como
+quien va a un lugar de entretenimiento, a distraerse viendo gentes y
+caras nuevas, y era due&ntilde;a absoluta de todo el dinero de la casa, con
+gran descontento de don Eugenio y del avaro <i>Fraile</i>.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no conoces a mi hija&mdash;dec&iacute;a el suegro a Melchor&mdash;. Si sigues tan
+tolerante, poco adelantar&aacute;s. Con Manolita hay que ser r&iacute;gido y no
+permitirla que toque un ochavo. Es como todas las mujeres, que en trapos
+y cintajos derrochar&iacute;an el Potos&iacute; si lo tuvieran en la mano. Cr&eacute;eme a
+m&iacute;, que conozco bien ese ganado. A la mujer hay que tratarla con
+entereza; en una mano el pan y en la otra el palo.</p>
+
+<p>Pero Melchor se re&iacute;a de las teor&iacute;as brutales de su suegro. &iquest;No marchaban
+bien sus negocios? &iquest;No cerraba con regulares ganancias el inventario del
+a&ntilde;o? Pues entonces nada deb&iacute;a negar a su mujer, de la que cada vez se
+sent&iacute;a m&aacute;s enamorado, sin duda porque ella correspond&iacute;a a sus caricias
+con una frialdad complaciente.</p>
+
+<p>Cierto que, a pesar de ser buenos los tiempos, adelantaba poco a causa
+de las prodigalidades de su mujer; pero... &iexcl;pobrecilla! &eacute;l la
+disculpaba, recordando su juventud mon&oacute;tona y aburrida al lado del
+taca&ntilde;o padre, y adem&aacute;s, dec&iacute;ase a s&iacute; mismo que alguna compensaci&oacute;n hab&iacute;a
+de merecer el resignarse a ser tendera una joven que pod&iacute;a aspirar a una
+posici&oacute;n m&aacute;s brillante.</p>
+
+<p>Y ella, aprovechando la tolerancia cari&ntilde;osa del marido, gastaba con
+furor que escandalizaba a los buenos burgueses del Mercado. Segu&iacute;a las
+modas con escrupulosidad costosa, y muchas veces aumentaba sus gastos
+hasta la locura, &uacute;nicamente por el gusto de darles en las narices, como
+ella dec&iacute;a, al rega&ntilde;&oacute;n de don Eugenio y al taca&ntilde;o de su padre.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a en su vida motivos de sobra para ser feliz, pero a pesar de esto,
+dos cosas la entristec&iacute;an. El andar a pie por las calles, signo, seg&uacute;n
+ella, de pobreza y de degradaci&oacute;n, y la vulgaridad de su marido, que se
+revelaba en sus maneras, en su modo de vestir, en la facilidad con que
+bromeaba con las criadas, como hombre acostumbrado a esos floreos de
+mostrador con que se halaga a las parroquianas, no pudiendo ver unas
+faldas lisas sin soltar cuatro requiebros inocentes y sin consecuencias.</p>
+
+<p>A pesar del concepto que le merec&iacute;a su marido, do&ntilde;a Manuela fue honrada.
+Justamente el primo Rafael iba alcanzando alg&uacute;n renombre y los
+peri&oacute;dicos hablaban de &eacute;l elogi&aacute;ndolo como m&eacute;dico. Varias veces, con su
+antigua audacia intent&oacute; aproximarse a Manolita para reanudar sus
+relaciones de amistad, buscando un final m&aacute;s &iacute;ntimo; pero la hija del
+<i>Fraile</i> era vengativa: no se borraba f&aacute;cilmente de su memoria el
+recuerdo de una infidelidad, y acogi&oacute; siempre al m&eacute;dico con una frialdad
+burlona. A pesar de esto, do&ntilde;a Manuela no quer&iacute;a consultar su voluntad
+ni revolver los recuerdos del pasado, pues sospechaba que todav&iacute;a sent&iacute;a
+alg&uacute;n afecto por aquel hombre.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a muri&oacute; el <i>Fraile</i> de apoplej&iacute;a fulminante al convencerse de que
+en la quiebra de uno de sus corresponsales hab&iacute;a perdido m&aacute;s de veinte
+mil duros.</p>
+
+<p>Sus negocios no marchaban bien en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida. La
+industria de la seda iba arruin&aacute;ndose con la competencia que la hac&iacute;an
+los franceses; uno tras otro se cerraban los talleres montados a la
+antigua que durante un siglo hab&iacute;an sostenido la supremac&iacute;a industrial
+de Valencia, y don Manuel, que a pesar de su buen sentido comercial
+ten&iacute;a empe&ntilde;o en mantener testarudamente la lucha con el exterior, sufri&oacute;
+grandes p&eacute;rdidas y muri&oacute; de un berrinche antes que la ruina viniese a
+coronar su desesperada resistencia.</p>
+
+<p>Setenta mil duros aproximadamente heredaron en dinero, g&eacute;neros e
+inmuebles cada uno de los hijos del <i>Fraile</i>, y mientras el primog&eacute;nito
+se qued&oacute; con la casa solariega, contento con su posici&oacute;n y dispuesto a
+aumentar lo heredado, do&ntilde;a Manuela, al verse rica, s&oacute;lo pens&oacute; en salir
+de su estado de tendera.</p>
+
+<p>Para ella, la sociedad estaba dividida en dos castas: los que van a pie
+y los que gastan carruaje; los que tienen en su casa gran patio con
+ancho portal&oacute;n y los que entran por estrecha escalerilla o por obscura
+trastienda. Quer&iacute;a subir, saltar de la clase de los parias dedicados al
+trabajo a la de las &laquo;personas decentes&raquo;; y con el imperio y la concisi&oacute;n
+de la se&ntilde;ora absoluta que no admite r&eacute;plicas, expuso a su marido el
+futuro plan de vida. Puesto que el dependiente mayor, Antonio Cuadros,
+se hab&iacute;a casado con Teresa, la criada, y por tener algunos ahorrillos
+pensaba establecerse, que se quedara con la tienda y con don Eugenio,
+que quer&iacute;a acabar su vida agarrado a ella como una lapa. El precio del
+traspaso ya lo ir&iacute;a pagando Antonio poco a poco, y ellos levantar&iacute;an el
+vuelo inmediatamente para ir a formar un nido en una gran casa cerca del
+Mercado, una finca soberbia, con ancho portal, gran patio, cuadras
+profundas, y en el piso superior magn&iacute;ficas habitaciones; inmuebles que
+el difunto <i>Fraile</i> hab&iacute;a adquirido por poco dinero, prestando
+usurariamente a un conde tronado.</p>
+
+<p>Todo se realiz&oacute; tal como lo dispuso do&ntilde;a Manuela, y &eacute;sta, a los pocos
+d&iacute;as, recordaba como un sue&ntilde;o la estancia de seis a&ntilde;os en la tienda del
+Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la
+Alameda y teniendo un lacayo a sus &oacute;rdenes para enviar recaditos a las
+nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, se&ntilde;oras a las cuales,
+por ser rica, trataba con aire protector.</p>
+
+<p>Lo &uacute;nico que la entristec&iacute;a era su grandeza en el car&aacute;cter del marido.
+&iexcl;Pobre don Melchor! La riqueza purg&aacute;bala como un delito, y su vida de
+rentista ocioso y de acompa&ntilde;ante en paseos y ceremonias result&aacute;bale un
+infierno.</p>
+
+<p>Desde por la ma&ntilde;ana ten&iacute;a que endosarse el chaqu&eacute; y el sombrero de copa,
+para estar dispuesto a acompa&ntilde;ar a la se&ntilde;ora; o&iacute;ase llamar torpe a todas
+horas porque en las visitas cerraba la boca, o si la abr&iacute;a era para
+soltar ingenuidades y franquezas que recordaban su origen; y... &iexcl;oh
+tormento insufrible! Su Manolita no le permit&iacute;a jam&aacute;s que se quitara los
+guantes y hasta quer&iacute;a que comiese con ellos, para ir&mdash;seg&uacute;n ella
+dec&iacute;a&mdash;acostumbr&aacute;ndose a los usos de la gente elegante. &iexcl;Y el diario
+paseo por la Alameda...! &iexcl;Dios, qu&eacute; sonrojo! Ten&iacute;a ella empe&ntilde;o en
+entablar grandes amistades, y no pasaba cerca de su berlina autoridad o
+persona conocida sin que Melchor le saludase solemnemente con un
+sombrerazo hasta las rodillas, ruboriz&aacute;ndose muchas veces al ver el
+gesto de extra&ntilde;eza con que aquellas personas contestaban a la reverencia
+de un ente desconocido. Esto de que le mirasen como un p&aacute;jaro raro no
+estaba en su car&aacute;cter, pero ten&iacute;a miedo a Manolita y a los iracundos
+pellizcos con que acog&iacute;a sus desobediencias.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre don Melchor! &iexcl;Cuan caro le costaba ser esposo de una mujer
+hermosa y rica! Aburr&iacute;ase con el trato de unas personas a las que no
+pod&iacute;a entender, su esposa s&oacute;lo le hablaba para proporcionarle nuevos
+tormentos, y &uacute;nicamente se sent&iacute;a feliz cuando, puesto de veinticinco
+alfileres, hu&iacute;a de casa, buscando en el Mercado a sus antiguos amigos.</p>
+
+<p>Aparentaba gran conformidad con su nueva posici&oacute;n. Amaba a Manolita y no
+quer&iacute;a decir la verdad sobre su car&aacute;cter; pero con el astuto don Eugenio
+no val&iacute;an disimulos.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, muchacho, t&uacute; nos enga&ntilde;as. No, no eres feliz... aunque me lo
+jures. T&uacute; tienes, como yo, sangre de comerciante, y el que nos saque de
+este mostrador y nuestras costumbres, nos mata. De seguro que ahora,
+siendo rico, levant&aacute;ndote tarde y paseando en carruaje, te acuerdas con
+envidia de los tiempos en que bajabas a barrer la tienda a las seis de
+la ma&ntilde;ana y echabas un p&aacute;rrafo con las criadas que van a la compra. Yo
+s&eacute; bien lo que es eso.... &iexcl;Ah! &iexcl;Esa Manuela...! &iexcl;Esa Manolita! El otro
+d&iacute;a se lo dec&iacute;a yo a su hermano. Ella te ha de matar, y ya est&aacute;s en
+camino. T&uacute; no puedes tirar con una vida as&iacute;.... Jaula nueva, p&aacute;jaro
+muerto.</p>
+
+<p>Y estas profec&iacute;as f&uacute;nebres, que, dichas con franqueza, a lo aragon&eacute;s,
+espeluznaban al infeliz Melchor, se iban cumpliendo poco a poco.</p>
+
+<p>Don Melchor languidec&iacute;a visiblemente. Su buen humor hab&iacute;a desaparecido
+junio con los colores de su cara; una obesidad grasosa y amarillenta
+hinchaba su cuerpo; y al fin, un a&ntilde;o despu&eacute;s de abandonar la tienda,
+muri&oacute; sin que los m&eacute;dicos supieran con certeza su enfermedad. Fue cosa
+del h&iacute;gado, del coraz&oacute;n o del est&oacute;mago; sobre esto no se pusieron de
+acuerdo los doctores; lo &uacute;nico indiscutible fue que cay&oacute; l&aacute;nguidamente y
+sin ruido, como esos p&aacute;jaros a quienes el lazo traidor arranca del
+espacio para encerrarlos en una jaula.</p>
+
+<p>Fue un luto estrepitoso el de do&ntilde;a Manuela. Misas a centenares,
+funerales a toda orquesta, limosnas a porrillo, y l&aacute;grimas y lamentos
+que afortunadamente ten&iacute;a el poder de evitar con sus frases chistosas el
+doctor don Rafael Pajares, quien, como m&eacute;dico de alguna fama, hab&iacute;a sido
+llamado en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la enfermedad del marido, lo que aument&oacute;
+la languidez de &eacute;ste y su desesperado desaliento.</p>
+
+<p>Ya sab&iacute;a do&ntilde;a Manuela que no era muy correcta la presencia del antiguo
+novio en los primeros d&iacute;as de su viudez. Pero al fin era su primo, y
+trataba con tanto cari&ntilde;o al hu&eacute;rfano Juanito, con tales cosas sab&iacute;a
+alegrar al peque&ntilde;&iacute;n, que &eacute;ste no pod&iacute;a pasar sin el t&iacute;o Rafael.</p>
+
+<p>Quien m&aacute;s murmuraba contra tales visitas era don Juan, el hermano
+austero, hura&ntilde;o y de pulcra rectitud; pero sus quejas fueron, recibidas
+tan acremente, que acab&oacute; jurando no volver a poner los pies en aquella
+casa.</p>
+
+<p>Qued&oacute; el m&eacute;dico due&ntilde;o del campo. Tan complaciente era, que para
+entretener al sobrino no vacilaba en despojarse de su dignidad
+profesional, y las criadas o&iacute;an sonar en el sal&oacute;n una guitarra y la voz
+de don Rafael cantando las cancioncillas de sus buenos tiempos de
+estudiante. Primero s&oacute;lo visitaba a la viuda por las tardes; despu&eacute;s
+prolong&oacute; las entrevistas, saliendo de la casa a media noche; y por fin,
+lleg&oacute; un d&iacute;a en que no sali&oacute;.</p>
+
+<p>Don Eugenio y don Juan estaban escandalizados, dici&eacute;ndose que el buen
+<i>Fraile</i> conoc&iacute;a perfectamente a su hija; y aunque los dos ten&iacute;an poco
+afecto al m&eacute;dico, experimentaron cierta satisfacci&oacute;n al saber que la
+viuda y el primo se casaban apenas transcurriera el plazo marcado por la
+ley.</p>
+
+<p>A los tres meses de casados tuvieron una ni&ntilde;a, Conchita; un a&ntilde;o despu&eacute;s
+un muchacho, al que pusieron por nombre Rafael, y por fin, la menor,
+Amparito, &uacute;ltimo fruto de unos amores que se extinguieron tras r&aacute;pidas e
+intensas llamaradas.</p>
+
+<p>El matrimonio fue al poco tiempo de realizado un motivo de satisfacci&oacute;n
+para don Juan, que aunque no odiaba a su hermana se alegraba de sus
+desgracias, hijas de la imprevisi&oacute;n.</p>
+
+<p>El primo Rafael, amante rabioso de los placeres y obligado a reprimir
+sus deseos en la atm&oacute;sfera de s&oacute;rdida avaricia en que se hab&iacute;a educado,
+lanz&oacute;se sin temor a saciar sus apetitos al verse due&ntilde;o de la fortuna de
+su esposa. La supeditaci&oacute;n amorosa de do&ntilde;a Manuela le hac&iacute;a ser due&ntilde;o
+absoluto de la casa, y no tard&oacute; en hacer sentir su tiran&iacute;a.</p>
+
+<p>Ego&iacute;sta hasta la brutalidad, era derrochador para sus placeres y taca&ntilde;o
+feroz cuando se trataba de las necesidades de los dem&aacute;s. Encontr&oacute;
+rid&iacute;culos los gustos aristocr&aacute;ticos de su esposa, y los suprimi&oacute;
+desp&oacute;ticamente. Vendi&oacute; el carruaje y los caballos, y do&ntilde;a Manuela, que
+tan exigente se mostraba en materia de ostentaci&oacute;n con su primer esposo,
+acat&oacute; servil y gustosa las &oacute;rdenes del segundo. Ignoraba que aquel
+hombre tan avariento en los gastos de la casa arrojaba el dinero fuera
+de ella, y cubri&eacute;ndose con el velo de la hipocres&iacute;a, llevaba una vida de
+calavera, tal como la hab&iacute;a so&ntilde;ado en su juventud.</p>
+
+<p>La ceguera de la esposa dur&oacute; algunos a&ntilde;os. Cuando supo toda la verdad,
+tuvo un momento de indignaci&oacute;n y de protesta valiente, como al dar su
+mano a Melchor; pero ya era tarde para remediar el mal.</p>
+
+<p>El doctor hab&iacute;a jugado fuerte, perdiendo miles de duros; manten&iacute;a
+queridas costosas por pura ostentaci&oacute;n y emprend&iacute;a viajes divertidos por
+toda Espa&ntilde;a con audaces compa&ntilde;eros de bureo. La fortuna de do&ntilde;a Manuela
+estaba casi destruida. Su marido, en momentos de expansi&oacute;n amorosa,
+cuando ella se sent&iacute;a m&aacute;s supeditada, hab&iacute;ala arrancado firmas
+comprometedoras y ten&iacute;a que pagar, so pena de ver sus bienes embargados.
+Para dar en la cabeza a su marido&mdash;seg&uacute;n ella dec&iacute;a&mdash;volvi&oacute; a sus
+antiguos gastos, a la ostentaci&oacute;n falsa de una fortuna que no exist&iacute;a;
+contrajo, por su parte, deudas y guiada por el enga&ntilde;oso pundonor de las
+gentes que se arruinan, en vez de vender fincas y ponerse a flote,
+prefiri&oacute; gravar sus inmuebles con hipotecas y echarse en brazos de la
+usura, buscando pr&eacute;stamos con intereses aplastantes.</p>
+
+<p>Por fortuna, un sinn&uacute;mero de enfermedades provenientes de la vida
+crapulosa del doctor surgieron en su gastado organismo, y muri&oacute; cuando
+ya su mujer, si no le odiaba, ve&iacute;ase separada para siempre de &eacute;l por sus
+infidelidades y desv&iacute;os.</p>
+
+<p>La muerte del primo Rafael hizo que don Juan volviera a casa de su
+hermana y se dignase ocuparse en sus asuntos. Con su buen instinto de
+hombre pr&aacute;ctico, puso orden en aquel marem&aacute;gnum: vendi&oacute; fincas, cancel&oacute;
+hipotecas, pag&oacute; a los usureros con harto pesar de &eacute;stos, que quer&iacute;an ver
+correr los intereses hasta devorar al cliente, y al fin, un d&iacute;a pudo
+decir a su hermana:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, chica, ya tienes libre y sano lo que te queda, pero te advierto
+que no eres rica. Tienes, a lo sumo, veinte mil duros, m&aacute;s ocho mil que
+pertenecen a Juanito, por ser la herencia de su padre. Se acabaron,
+pues, las locuras. Ahora mucho orden y mucha econom&iacute;a, y as&iacute; podr&aacute;s ir
+tirando. Sobre todo, no cuentes conmigo en los apuros. Si fueras pobre
+te tender&iacute;a la mano; pero tienes para comer, y a m&iacute; no me gusta amparar
+a los derrochadores. Se acabaron las berlinitas y los dem&aacute;s gastos con
+los que se aparenta lo que no se tiene. Una vida arreglada, gastando
+conforme a la renta, es lo decente y lo digno. Esa fanfarroner&iacute;a, ese
+af&aacute;n de aparentar con cuatro cuartos lo que la gente llama &laquo;arroz y
+tartana&raquo;, es rid&iacute;culo... &iquest;lo entiendes bien? soberanamente rid&iacute;culo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela sinti&oacute;se impresionada por los consejos de su hermano, y por
+mucho tiempo los sigui&oacute; escrupulosamente.</p>
+
+<p>Dedic&oacute;se a criar a sus hijos, es decir, a los hijos de su segundo
+matrimonio, pues el pobre Juanito siempre hab&iacute;a sido tratado con falso
+cari&ntilde;o, con un desv&iacute;o encubierto, como si do&ntilde;a Manuela quisiera vengar
+en el pobre chico el haber sido pose&iacute;da por su difunto padre.</p>
+
+<p>Aquella mujer resultaba incomprensible. Al marido fiel y bondadoso
+apenas lo nombraba, como si su matrimonio hubiese sido de algunos d&iacute;as;
+y en cambio, de aquel calavera que tanto la hizo sufrir hab&iacute;ase forjado
+despu&eacute;s de muerto una figura ideal, y ya que no de sus virtudes, hablaba
+a todos de su talento, pint&aacute;ndolo como un sabio ilustre, cuya ciencia no
+hab&iacute;a podido apreciar el mundo.</p>
+
+<p>El pobre hijo de Melchor, con su car&aacute;cter apocado y dulce y su af&aacute;n de
+cari&ntilde;o, era el paria de la casa. El doctor, vi&eacute;ndole siempre callado,
+contemplando a su madre con est&uacute;pida adoraci&oacute;n, hab&iacute;a declarado que el
+ni&ntilde;o era tan bruto como su padre, y cuando m&aacute;s, podr&iacute;a servir para el
+comercio. Y como el muchacho, por su parte, le ten&iacute;a gran afecto a don
+Eugenio y cierta querencia a <i>Las Tres Rosas</i>, que era donde hab&iacute;an
+transcurrido los primeros a&ntilde;os de su vida, de aqu&iacute; que Juanito, a los
+trece a&ntilde;os, entrase en la tienda como aprendiz distinguido, con la
+ventaja de comer y dormir en su casa.</p>
+
+<p>En cambio, los hijos del doctor Pajares gozaron una ni&ntilde;ez rodeada de
+atenciones. Las dos hijas estuvieron hasta los catorce a&ntilde;os en un
+colegio y Rafaelito fue dedicado al estudio, pues do&ntilde;a Manuela v quer&iacute;a
+hacer de &eacute;l una lumbrera m&eacute;dica como su padre.</p>
+
+<p>Estas predilecciones irritaban a don Juan, que hab&iacute;a sentido un afecto
+fraternal por su primer cu&ntilde;ado, trabajador infatigable como &eacute;l y amigo
+del ahorro. Adem&aacute;s, Juanito era su ahijado. Pero callaba viendo que la
+hermana segu&iacute;a sus consejos econ&oacute;micos y&mdash;seg&uacute;n sus palabras&mdash;no
+estiraba el pie fuera de la s&aacute;bana.</p>
+
+<p>Pero lleg&oacute; el momento en que las ni&ntilde;as se convirtieron en unas
+se&ntilde;oritas, conservando sus relaciones amistosas con sus antiguas
+compa&ntilde;eras de colegio, y do&ntilde;a Manuela sinti&oacute; el af&aacute;n de ostentaci&oacute;n de
+toda madre que tiene hijas casaderas. Renov&oacute; su mobiliario, abandon&oacute; las
+modistas an&oacute;nimas, y en su af&aacute;n de no andar a pie, si no tuvo berlina y
+tronco como en sus buenos tiempos, compr&oacute; una galera elegante y ligerita
+y tom&oacute; como cochero a Nelet, el hijo de la nodriza de Amparo, un b&aacute;rbaro
+de la, huerta, a quien puso por condici&oacute;n no tutear a la se&ntilde;orita menor
+y olvidarse de que era su hermano de leche.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que rabie ese rancio!&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Manuela, indignada al saber la
+furia con que su hermano hab&iacute;a acogido tales reformas&mdash;. &iquest;Cree que toda
+la vida la hemos de pasar como unos miserables, con pan y cebolla y un
+vestido viejo?</p>
+
+<p>Don Juan tambi&eacute;n hablaba, y hab&iacute;a que o&iacute;rle.</p>
+
+<p>&mdash;Tu madre est&aacute; loca&mdash;dec&iacute;a algunas veces a Juanito en la puerta de <i>Las
+Tres Rosas</i>&mdash;. Si esto sigue m&aacute;s tiempo, todos ir&eacute;is a pedir limosna.
+&iexcl;Ah, qu&eacute; cabeza...! &iexcl;Parece imposible que sea mi hermana! Para ella lo
+principal es aparentar, y del ma&ntilde;ana que se acuerde el diablo. Lo que yo
+digo: &laquo;arroz y tartana...&raquo; y trampa adelante.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a>III</h2>
+
+
+<p>El primer d&iacute;a del a&ntilde;o, a las ocho de la ma&ntilde;ana, Concha y Amparo ya
+hab&iacute;an abandonado el lecho, extra&ntilde;a diligencia en ellas, que por lo
+com&uacute;n no se levantaban hasta las diez.</p>
+
+<p>Ligeritas de ropa a pesar de la estaci&oacute;n, revoloteaban alegremente por
+su cuarto, que ofrec&iacute;a el desorden del despertar, en torno de las dos
+camitas de inmaculada blancura, que en sus arrugadas s&aacute;banas guardaban
+el calor de los cuerpos j&oacute;venes y ese perfume de salud y de vida que
+exhalan las carnes sanas y virginales.</p>
+
+<p>Gorjeaban alegremente, como p&aacute;jaros que despiertan, pero sus trinos no
+pod&iacute;an ser m&aacute;s vulgares.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde estar&aacute;n mis botinas?</p>
+
+<p>&mdash;Mis medias... me falta una.... &iquest;La has escondido t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios...! &iexcl;Tengo una liga rota!</p>
+
+<p>Y as&iacute; continuaba el di&aacute;logo de exclamaciones sueltas, lamentos y
+protestas, mientras las dos j&oacute;venes, en chambra y enaguas, mostrando a
+cada abandono rosadas desnudeces, iban de un lado a otro, como aturdidas
+por el ambiente c&aacute;lido y pesado de la habitaci&oacute;n cerrada.</p>
+
+<p>Luego pasaron al tocador, un cuartito en el que la luz de la ventana,
+despu&eacute;s de resbalar sobre la luna biselada de un gran espejo, quebr&aacute;base
+en el cristal azulado o rosa de las polveras y los frasquitos de
+esencia. La pieza no era un modelo de curiosidad y delataba el desorden
+de una casa donde falta direcci&oacute;n. Los peines de concha guardaban
+enredadas en sus p&uacute;as mara&ntilde;as de cabellos; muchos frascos estaban
+desportillados, y el blanco m&aacute;rmol ten&iacute;a pegotes formados por el amasijo
+de gotas de esencia con los residuos de polvos.</p>
+
+<p>Las dos muchachas soltaron sus cabellos, largos y ondeantes como
+banderas; sacudi&eacute;ronlos, haciendo caer sobre el m&aacute;rmol las horquillas
+como una lluvia met&aacute;lica, y despu&eacute;s, cual buenas hermanas, ayud&aacute;ronse
+mutuamente en la dif&iacute;cil tarea del peinado de un d&iacute;a de ceremonia.</p>
+
+<p>La clara luna retrataba en su fondo ligeramente azulado las cabezas de
+las dos hermanas, con la cabellera suelta y vestidas de blanco, como
+tiples de &oacute;pera en el momento de volverse locas y cantar el aria final.</p>
+
+<p>Sus rostros no eran gran cosa; hubieran resultado insignificantes a no
+ser por los ojos, unos verdaderos ojos valencianos que les com&iacute;a gran
+parte de la cara, rasgados, luminosos, sin fondo, con curiosidad
+insolente algunas veces, l&aacute;nguidos otras, y cercados por la ojera tenue
+y azul, aureola de pasi&oacute;n.</p>
+
+<p>La mayor, Conchita, veintitr&eacute;s a&ntilde;os, era la m&aacute;s parecida a su madre.
+Ten&iacute;a su mismo aire majestuoso, y comenzaba a iniciarse en ella un
+principi&oacute; de gordura, lo que la hac&iacute;a parecer de m&aacute;s edad. En la casa
+gozaba fama de genio violento, y hasta do&ntilde;a Manuela la trataba con
+ciertas reservas para evitar sus explosiones iracundas; pero fuera de
+esto era seductora, con su frescura de carnes a lo Rubens y las
+arqueadas l&iacute;neas que a cada movimiento delat&aacute;banse bajo la blanca tela.</p>
+
+<p>La menor, Amparito, dieciocho a&ntilde;os; linda cabeza de beb&eacute;, boca graciosa,
+hoyuelos en la barba y las mejillas, un pu&ntilde;ado de rizos sobre la frente
+y ojos que en vez de mirar parec&iacute;an sonre&iacute;r a todo, revelando el inmenso
+contento de ser joven y que la llamasen bonita. Era la toquilla de la
+casa, la se&ntilde;orita aturdida que aprende de todo sin saber hacer nada; la
+que por la calle no pod&iacute;a ver una figura rid&iacute;cula sin estallar en
+ruidosa carcajada; la que ten&iacute;a en sus gustos algo de muchacho y
+aseguraba muy formal que sent&iacute;a placer en hacer rabiar a los hombres; la
+que se escapaba a cada instante del sal&oacute;n, para ir a la cocina a charlar
+con las criadas, gozando en ser su amanuense, s&oacute;lo por intercalar en
+las cartas al novio soldado terribles barbaridades, con las que estaba
+ri&eacute;ndose toda una semana.</p>
+
+<p>Profes&aacute;banse gran cari&ntilde;o las dos hermanas; pero esto no imped&iacute;a que
+algunas veces Amparo esgrimiese su car&aacute;cter burl&oacute;n contra Concha y &eacute;sta
+sacase a luz su impetuosidad iracunda; conflictos que terminaban siempre
+yendo la peque&ntilde;a en busca de la mam&aacute;, llorando, con la mejilla roja de
+un bofet&oacute;n o un par de pellizcos en los brazos. Otras veces arm&aacute;base la
+guerra por si la una se hab&iacute;a puesto la ropa blanca de la otra o por si
+se hab&iacute;an robado objetos de su exclusiva pertenencia; pero una r&aacute;faga de
+autoridad pasaba por la madre: hab&iacute;a bofetadas, llantos y pataleos; las
+criadas re&iacute;an en la cocina, y a la media hora todos tan contentos:
+Concha en el balc&oacute;n, Amparo corr&iacute;a por la casa cantando como una
+alondra, y do&ntilde;a Manuela arrellan&aacute;base en su butaca con aire de soberana
+que acaba de administrar recta justicia.</p>
+
+<p>Las dos ofrec&iacute;an un seductor grupo mir&aacute;ndose en el espejo del tocador,
+despechugadas, con los brazos al aire y oliendo a carne refrescada por
+una valiente abluci&oacute;n de agua fr&iacute;a. Sus cabelleras, fuertemente
+retorcidas, apeloton&aacute;banse sobre la testa con la forma del peinado
+frigio, y quedaba al descubierto, sobre el extremo de la espalda
+nacarada, cubierta de una pel&iacute;cula tenue y fina de melocot&oacute;n sazonado,
+la nuca morena, de un delicioso color de &aacute;mbar, erizada de pelillos
+rebeldes y rizados que parec&iacute;an estar puestos all&iacute; para estremecerse
+nerviosamente con los suspiros de amor.</p>
+
+<p>Al terminar el peinado comenz&oacute; el arreglo del rostro. &iexcl;Oh estupideces de
+la moda! A las dos incomod&aacute;balas su color p&aacute;lido de arroz, aquel color
+puramente valenciano que hace recordar las delicadas tintas de la
+camelia.</p>
+
+<p>&laquo;Tenemos caras de muertas&raquo;, se dec&iacute;an todas las ma&ntilde;anas al mirarse al
+espejo, y martirizaban su fresca y jugosa piel con los polvos cargados
+de plomo, el bermell&oacute;n que te&ntilde;&iacute;a levemente las mejillas y los l&oacute;bulos
+de las orejas; y como si sus ojos no fueran bastante grandes todav&iacute;a
+enmendaban la plana a la Naturaleza, trazando leves l&iacute;neas al extremo de
+los p&aacute;rpados. La frescura juvenil, la hermosura natural, era cursi; la
+elegancia exig&iacute;a careta.</p>
+
+<p>Y mientras llevaban a cabo este retoque criminal, eran las exploraciones
+sin t&eacute;rmino, las rebuscas furiosas sobre el m&aacute;rmol del tocador, al
+trav&eacute;s del bosque de frascos y cajas, persiguiendo objetos que
+aturdidamente tocaban sin reconocerlos. &iquest;D&oacute;nde estaba el polvo rosa? &iquest;Y
+el pa&ntilde;o de Venus? &iexcl;Adi&oacute;s! &iexcl;ya no quedaba una gota de &laquo;piel de Espa&ntilde;a&raquo;!
+La mam&aacute;, con la man&iacute;a de embellecerse que la hab&iacute;a acometido a &uacute;ltima
+hora, era una calamidad para las ni&ntilde;as. Ella sola se llevaba medio
+tocador, y despu&eacute;s, para hacerla entrar en la perfumer&iacute;a, hab&iacute;a que
+importunarla toda una semana.</p>
+
+<p>La <i>toilette</i> acab&oacute; con poca alegr&iacute;a. Las deficiencias del tocador
+hab&iacute;an malhumorado a las dos hermanas. Lanz&aacute;banse miradas de sorda
+hostilidad. Amparo pensaba que, por ser la m&aacute;s peque&ntilde;a y la m&aacute;s d&eacute;bil,
+ten&iacute;a que contentarse con el sobrante de la otra, y Concha retocaba su
+mo&ntilde;o nerviosamente, murmuraba y daba furiosas pataditas, mirando de
+soslayo, sin poder copiar el perfil gracioso del peinado de aquella
+mu&ntilde;eca.</p>
+
+<p>Por fin lleg&oacute; el momento en que volvieron a su cuarto para ponerse los
+vestidos m&aacute;s bonitos. Eran los d&iacute;as de la mam&aacute;; iban a tener visitas y
+hab&iacute;a que estar presentables, para que las amigas, en vez de sonre&iacute;rse
+compasivamente, se mordieran los labios.</p>
+
+<p>Cuando volvieron al tocador y se miraron en la clara luna, su alegr&iacute;a
+reapareci&oacute;. Vamos, no estaban del todo mal; y con un retoque al peinado
+y a la cara, un <i>bouquet</i> en el pecho y dos tirones al talle para que no
+hiciese arrugas, se dieron por satisfechas y se lanzaron al p&uacute;blico.</p>
+
+<p>Eran ya cerca de las diez. La mam&aacute; estaba en el sal&oacute;n hablando con do&ntilde;a
+Clara, una se&ntilde;ora antip&aacute;tica y ordinaria que la visitaba con frecuencia,
+y las ni&ntilde;as, huyendo de tal visita, pasaron al comedor.</p>
+
+<p>Hasta all&iacute; llegaban los preparativos de la fiesta. Sobre la mesa
+ve&iacute;anse, formando c&iacute;rculo, varias bandejas con pasteles de espuma,
+blancos en su base, destilando alm&iacute;bar, dorados suavemente en sus
+dentelladas crestas, y entre los cuales asomaba la tarjeta del que
+enviaba el dulce recuerdo; dos grandes tortadas ostentando en su
+superficie de az&uacute;car pulido como un espejo frutas confitadas en
+caprichosos grupos; y en el centro de la mesa el ramillete de casa
+Burriel, arquitectura de turr&oacute;n, y merengue que afectaba la forma de un
+castillo surgiendo de un mont&oacute;n de flores y rematado por una bailarina
+que, montada sobre un alambre, danzaba temblorosa sobre la obra maestra
+de confiter&iacute;a.</p>
+
+<p>En torno de la mesa, husmeando con aire goloso, estaba una diminuta
+perra inglesa, que, con su piel de porcelana, sus ojillos de cristal y
+las patas de alambre, parec&iacute;a escapada de una tienda de juguetes.</p>
+
+<p>Al ver a sus amas, el liliputiense animal sac&oacute; la roja lengua, lanzando
+un ladrido que parec&iacute;a un estornudo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Miss</i>...! &iexcl;mi querida <i>Miss</i>!&mdash;grit&oacute; Amparito, queriendo tomarla en
+brazos. Pero ya Concha se hab&iacute;a adelantado a tal deseo, apoder&aacute;ndose de
+ella, y desde lo alto de sus brazos ense&ntilde;&aacute;bale la mesa cubierta de
+pasteles, al mismo tiempo que la besaba en el hocico.</p>
+
+<p>Hubo brega entre las dos hermanas sobre el mejor derecho a la posesi&oacute;n
+de <i>Miss</i>, y Concha la dej&oacute; caer, con tan mala fortuna, que chocando
+sobre la mesa aplast&oacute; un par de pasteles, y manchada con la espuma del
+merengue emprendi&oacute; una furiosa carrera hacia el sal&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi pobre perrita! &iexcl;Animal...! &iexcl;la has muerto!&mdash;grit&oacute; Amparito, como
+si hubiese ocurrido una desgracia. Y levant&oacute; su pu&ntilde;o amenazante contra
+su hermana.</p>
+
+<p>Pero al ver la extra&ntilde;a figura que presentaba <i>Miss</i> con sus pegotes de
+merengue y corriendo medrosa, una carcajada de atolondramiento hinch&oacute; su
+lindo cuello, y como si nada hubiese sucedido, se agarr&oacute; del talle de
+Concha, d&aacute;ndola un sonoro beso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; gracioso...! &iquest;eh? &iexcl;Qu&eacute; cara va a poner mam&aacute; cuando la vea entrar
+en el sal&oacute;n con esa facha...!</p>
+
+<p>Pero la intensa risa que esto la produc&iacute;a desvaneci&oacute;se al o&iacute;r un cacareo
+angustioso, un estertor de muerte que sal&iacute;a de la cocina.</p>
+
+<p>All&aacute; fueron ellas, y al entrar vieron a Nelet el cochero en mangas de
+camisa, con un cuchillo en la mano, ocupado, con la gravedad de un
+sacrificador, en abrirle el ga&ntilde;ote a un robusto cap&oacute;n que sosten&iacute;a
+Visanteta por las patas. La otra criada de la casa, que la echaba de
+sensible y ejerc&iacute;a cerca de las se&ntilde;oritas las funciones de doncella,
+volv&iacute;a la espalda al sacrificio y vigilaba las marmitas y cazuelas que
+herv&iacute;an sobre los fogones del banco.</p>
+
+<p>Las dos hermanas, inclinadas y recogi&eacute;ndose las faldas entre las
+piernas&mdash;para evitar rozamientos con el suelo grasoso&mdash;, contemplaban
+atentamente el deg&uuml;ello, contaban las convulsiones de la agon&iacute;a y
+segu&iacute;an las &uacute;ltimas gotas de sangre desde que asomaban a la herida,
+erizada de pelos coagulados, hasta que ca&iacute;an en una cazuela.</p>
+
+<p>Este trabajo pon&iacute;a alegre a Nelet y excitaba su jocosidad brutal.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; gordito, &iquest;eh?&mdash;dec&iacute;a palpando la pechuga del cad&aacute;ver&mdash;. Cuando lo
+pelen parecer&aacute; un can&oacute;nigo.... Si yo fuera rico, todas las ma&ntilde;anas har&iacute;a
+una muerte as&iacute;. Vale m&aacute;s esto que limpiar el caballo.</p>
+
+<p>Y para completar sus gracias agitaba el cap&oacute;n en el aire como si
+incensase el rostro de las dos criadas, lo que las hac&iacute;a correr
+asustadas por toda la cocina, con gran algazara de las se&ntilde;oritas.</p>
+
+<p>La broma ces&oacute; al aparecer do&ntilde;a Manuela, vestida con una bata de seda
+negra, amplia, con larga cola y mangas perdidas que completaba su
+apostura de reina de teatro. Se hab&iacute;a librado de do&ntilde;a Clara, aquella
+posma que nunca terminaba relato alguno, saltando de una conversaci&oacute;n a
+otra, lo que hac&iacute;a sus visitas interminables.</p>
+
+<p>La mam&aacute; y las ni&ntilde;as volvieron al comedor y dieron vuelta a la mesa,
+leyendo las tarjetas que acompa&ntilde;aban a los regalos.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba la del t&iacute;o don Juan. Siempre el mismo. El muy taca&ntilde;o, a
+pesar de sus millones, se hab&iacute;a contentado con media docena de pasteles:
+total, tres pesetas. No se arruinar&iacute;a. El lindo ramillete era de don
+Antonio Cuadros y su se&ntilde;ora, los propietarios de la tienda de <i>Las Tres
+Rosas</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; ten&eacute;is unas personas sin educaci&oacute;n, pero que saben hacer bien las
+cosas.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela, despu&eacute;s de esta reflexi&oacute;n hija del agradecimiento,
+sigui&oacute; ense&ntilde;ando las tarjetas. Don Eugenio Garc&iacute;a, una tortada... no
+estaba mal; la otra era de &laquo;las magistradas&raquo;; y los dem&aacute;s pasteles no
+llevaban se&ntilde;ales de procedencia; pero do&ntilde;a Manuela adivinaba que eran de
+Juanito, aquel hijo que la obsequiaba con tanto cari&ntilde;o como s&iacute; fuese su
+novia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Juanito, d&oacute;nde est&aacute; mama&iacute;ta?</p>
+
+<p>&mdash;En la tienda; pero vendr&aacute; antes de las doce. Rafael tambi&eacute;n ha salido.</p>
+
+<p>En la puerta de la escalera son&oacute; un campanillazo, que denotaba el tir&oacute;n
+brutal de una mano burda.</p>
+
+<p>Nelet sali&oacute; r&aacute;pido de la cocina, y haci&eacute;ndolo retemblar todo con sus
+zapatos, corri&oacute; a abrir. Hubo en la antesala exclamaciones como
+berridos y caricias que parec&iacute;an golpes, cual si alguien ri&ntilde;ese a brazo
+partido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela, avanzando hacia la puerta.</p>
+
+<p>Pero se detuvo al o&iacute;r la voz cascada y chillona que son&oacute; en la antesala.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es el ama...! &iexcl;el ama!&mdash;grit&oacute; Amparito con ingenua alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero inmediatamente se contuvo, ruborizada, como si hubiese cometido una
+terrible inconveniencia.</p>
+
+<p>Precedida de Nelet, entr&oacute; en el comedor, balance&aacute;ndose y atron&aacute;ndolo
+todo con sus chillones &laquo;&iexcl;buenos d&iacute;as!&raquo;, una labradora gruesa y hombruna.
+Era la nodriza de Amparito, una hu&eacute;rfana de las inmediaciones de
+Alboraya, madre del cochero, y que hab&iacute;a criado en su barraca a la
+se&ntilde;orita. Nelet era un reto&ntilde;o digno de tal &aacute;rbol, pues en el rostro
+pecoso, mofletudo y de tirante piel que mostraba la t&iacute;a Quica bajo su
+pa&ntilde;uelo de hierbas not&aacute;base la misma brutalidad jocosa y resuelta de su
+r&uacute;stico v&aacute;stago. Abultaban su volumen una docena de zagalejos bajo la
+rameada falda, y cuando se sentaba abr&iacute;a las piernas de tal modo, que,
+comb&aacute;ndose las ropas, form&aacute;base entre sus muslos de yegua rolliza un
+abismo insondable. Iba siempre a todas partes con la cesta al brazo; una
+enorme cesta, siempre blanca, que no soltaba ni al tomar asiento, y por
+lo &iacute;ntimamente unida a su persona, parec&iacute;a un nuevo miembro de su
+cuerpo.</p>
+
+<p>Abrum&oacute; a Amparito con abrazos asfixiantes y besos y lagrimones, que la
+arrebataron una parte del colorete; y despu&eacute;s de esta molesta expansi&oacute;n,
+que dej&oacute; aturdida a la ni&ntilde;a e hizo torcer el gesto a do&ntilde;a Manuela,
+dej&oacute;se caer de golpe en una silla, que cruji&oacute; tristemente bajo las
+gigantescas posaderas.</p>
+
+<p>Dio dos o tres bufidos de cansancio&mdash;sin soltar la cesta&mdash;, y rompi&oacute; a
+hablar en un castellano fant&aacute;stico, ya que en casa de do&ntilde;a Manuela no
+era permitido otro lenguaje.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo se cansaba una en Valencia...! Parec&iacute;a imposible que las gentes
+quisieran vivir en semejante pudridero. All&aacute;, en la huerta, se estaba
+bien, y por esto a ella le costaba mucho decidirse a entrar en Valencia.
+Hab&iacute;a venido &uacute;nicamente por felicitar a la se&ntilde;ora en sus d&iacute;as, y eso
+haciendo un esfuerzo, pues su deber era no apartarse de su hermana
+menor, que viv&iacute;a en una barraca inmediata a la suya.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle, si&ntilde;ora! &iexcl;Cuan apurada est&aacute; la pobre! Su marido nos ha salido
+un borrach&iacute;n, un bufao, que todos los domingos vuelve de la taberna de
+<i>Copa</i> a cuatro patas, como un burro, y lo han de meter en la cama para
+que duerma la mona un par de d&iacute;as. &iexcl;Y qu&eacute; pausas, Virgen santa! Mi pobre
+Pepeta pasa la vida de Santa Catalina de Sena, y la muy bestia, erre que
+erre, sin aborreser a ese pillo de <i>Piment&oacute;</i>, que no vale ni un papel de
+fumar.</p>
+
+<p>Y en este tono segu&iacute;a la t&iacute;a Quica la relaci&oacute;n de todas sus desdichas de
+familia; pero a lo mejor deten&iacute;ase, y al ver a Amparito, que la
+contemplaba silenciosa, prorrump&iacute;a en un &laquo;&iexcl;<i>jilla meua</i>!&raquo; estruendoso; y
+sin soltar la cesta&mdash;eso jam&aacute;s&mdash;, volv&iacute;a a abrazarla y besuquearla,
+llev&aacute;ndose en los labios los blancos polvos.</p>
+
+<p>&iexcl;Cuan guapa estaba! Miradla; parec&iacute;a una reina. &iexcl;Qui&eacute;n podr&iacute;a figurarse,
+al verla con aquellos trajes, que la hab&iacute;a tenido en su barraca, y en
+las tardes de sol jugaba en la cuadra con Nelet y otros chicos, entre el
+macho, el novillo y los dos cerdos!</p>
+
+<p>A&uacute;n se acordaban todos de ella y eran muchos los que le preguntaban por
+su salud. No; de aquel a&ntilde;o no pasaba. Aunque se opusiera la mam&aacute;, ella
+se la llevar&iacute;a a la fiesta mayor de Alboraya, para que todos vieran c&oacute;mo
+estaba su Amparito y qu&eacute; aire de se&ntilde;or&iacute;o gastaba. Y... a prop&oacute;sito; el
+hijo del t&iacute;o <i>Pall&uacute;s</i>&mdash;&iquest;te acuerdas, Amparito...? aquel chico que andaba
+a cuatro patas y hac&iacute;a el burro para que t&uacute; le montases&mdash;, pues bien,
+&eacute;se ven&iacute;a ahora a Valencia con el carro a recoger el esti&eacute;rcol de las
+casas, y quer&iacute;a que Nelet le dejase limpiar la cuadra. Cuando viniese
+por el esti&eacute;rcol ya subir&iacute;a a ver a Amparito, y de paso, si no les
+serv&iacute;a de molestia, pod&iacute;an darle cualquier cosilla: unos pantalones
+viejos de los se&ntilde;oritos, algo de ropa blanca, pues a los pobres todo les
+sirve.</p>
+
+<p>La t&iacute;a Quica se dio cuenta del mal efecto que su conversaci&oacute;n causaba en
+do&ntilde;a Manuela, y se apresur&oacute; a manifestar el objeto de su embajada,
+echando mano a la inseparable cesta. En ella llevaba algunas cosas para
+obsequiar a la se&ntilde;ora en sus d&iacute;as; regalos de pobre, pero que ofrec&iacute;a
+con la mejor voluntad del mundo. Rosquillas de una pasta con cierto dejo
+amargo, cubiertas con una capa tersa de az&uacute;car; tortas que parec&iacute;an de
+cart&oacute;n, pegadas a un papel grasiento, y confites agridulces, que se
+deshac&iacute;an en la boca y llevaban en la huerta el extra&ntilde;o nombre de
+<i>suspiros</i>. La se&ntilde;ora dio las gracias, con una risita de conejo. Bien
+sab&iacute;a lo que costaban esos productos de la confiter&iacute;a r&uacute;stica. Ya lo
+dec&iacute;a su astuto padre: &laquo;El bollo del labrador cuesta cahizada de trigo.&raquo;</p>
+
+<p>Despu&eacute;s que la t&iacute;a Quica deposit&oacute; majestuosamente sobre la mesa sus
+regalos, la se&ntilde;ora, como compensaci&oacute;n, meti&oacute; en su cesta la media docena
+de pasteles que <i>Miss</i> hab&iacute;a aplastado en su ca&iacute;da, y adem&aacute;s le dio un
+duro, no sin antes luchar con la labradora, que juraba y perjuraba que
+nada quer&iacute;a, mientras en sus ojos brillaba la codicia.</p>
+
+<p>Cuando tuvo en su poder los regalos, enton&oacute; un interminable himno de
+gracias, desbord&aacute;ndose en elogios, que, en forma de consejos, dirig&iacute;a a
+su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Nelet; bien puedes servir a las si&ntilde;oras. A ver si te portas
+bien; tu padre, el t&iacute;o Sent&oacute;, tendr&aacute; un disgusto si faltas a la
+obligasi&oacute;n. Bien puedes trabajar. Estando en casa, tendr&iacute;as que ir en el
+carro a llevar vino, durmiendo mal y trabajando como los machos. &iquest;Y aqu&iacute;
+qu&eacute; te hase falta? Tienes papusa buena y segura, trabajas poco, vas
+vestido como un si&ntilde;or... Nelet, no seas bruto y a ver si das gusto a las
+si&ntilde;oras....</p>
+
+<p>Y as&iacute; hubiese seguido desarrollando este cap&iacute;tulo de consejos, a no ser
+porque un campanillazo le cort&oacute; la palabra.</p>
+
+<p>Una visita. Do&ntilde;a Manuela y las ni&ntilde;as pasaron al sal&oacute;n, donde estaba don
+Eugenio Garc&iacute;a, el fundador de <i>Las Tres Rosas</i>.</p>
+
+<p>Por &eacute;l no pasaban los a&ntilde;os. Era el mismo viejecillo de siempre,
+regordete y sonriente, con el rostro colorado, la mirada viva y la
+cabecita blanca y sonrosada. Aseguraba que ten&iacute;a gran semejanza
+fision&oacute;mica con P&iacute;o IX, y algo hab&iacute;a en &eacute;l que recordaba al difunto
+Papa, a pesar de su capita azul sin esclavina y del bastoncillo muleta,
+que no soltaba ni aun en las visitas.</p>
+
+<p>Bes&oacute; a las ni&ntilde;as como s&iacute; fuese su abuelo, y a do&ntilde;a Manuela diole algunas
+palmadas en la espalda con una alegr&iacute;a de viejo campechano, asegurando
+que cada vez estaba m&aacute;s gorda y hermosota. Ven&iacute;a de o&iacute;r misa de San
+Juan, su querida parroquia; y cumpliendo la obligaci&oacute;n de todos los
+a&ntilde;os, quer&iacute;a saludar a Manuela y a las ni&ntilde;as, y desearles mil
+felicidades en el d&iacute;a del santo. &Eacute;l no pensaba salir del pr&oacute;ximo a&ntilde;o; en
+&eacute;l caer&iacute;a, estaba seguro de ello, a pesar de que todos los a&ntilde;os hab&iacute;a
+dicho lo mismo. Y hablaba de la muerte con la serenidad de una vejez
+tranquila y honrada, bromeando, ri&eacute;ndose y dejando escapar agudos
+chillidos por entre sus enc&iacute;as desdentadas.</p>
+
+<p>Amparito escuch&aacute;bale complacida, ri&eacute;ndose malignamente del ceceo del
+viejo y de sus preguntas.</p>
+
+<p>&iquest;Que si ten&iacute;an novio? No, se&ntilde;or; a&uacute;n eran j&oacute;venes y pod&iacute;an esperar.
+Concha s&iacute; que ten&iacute;a algo, pero ella nada.... Nadie la quer&iacute;a... &iexcl;era tan
+fea...! Y el travieso beb&eacute; experimentaba satisfacci&oacute;n al o&iacute;rse llamar
+hermosa por aquella boca de ochenta a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Pero qu&eacute;dese usted a comer, don Eugenio&mdash;dijo la se&ntilde;ora&mdash;. Desde que
+salimos de la tienda, ning&uacute;n a&ntilde;o ha querido usted honrar nuestra mesa.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo, Manolita. Soy ya muy viejo, y quien me saca de mis sopitas
+me mata. Adem&aacute;s, vaya un regalo: un convidado de mi clase. Masco como
+una cabra, y 110 divierte ver un viejo entre la gente joven. A cada
+cual lo suyo.</p>
+
+<p>La visita se prolong&oacute; una media hora, y por fin, el viejo, con ayuda de
+su bast&oacute;n, p&uacute;sose en pie.</p>
+
+<p>&mdash;Me voy, hijas m&iacute;as&mdash;dijo con expresi&oacute;n melanc&oacute;lica, a pesar de su
+carita siempre alegre&mdash;. El a&ntilde;o que viene os acordar&eacute;is de m&iacute; al veros
+sin mi visita. Ya tendr&eacute; entonces lo que me falta: el reposo eterno....
+No dig&aacute;is que no.... &iquest;Cre&eacute;is que no tengo ganas de descansar...? Pero
+mientras llega la hora, don Eugenio siempre firme en su tienda del
+Mercado. &iexcl;Comerciante hasta la muerte!</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de repetir estas palabras golpe&aacute;ndose el pecho, sali&oacute; del
+sal&oacute;n escoltado por las se&ntilde;oras.</p>
+
+<p>La nodriza se hab&iacute;a ido, y Nelet continuaba en la cocina ayudando a las
+muchachas. Era d&iacute;a de gran banquete. Don Juan, el t&iacute;o de las se&ntilde;oritas,
+aquel erizo intratable, hab&iacute;a accedido a comer en casa de su hermana, y
+eran de ver los preparativos. Juanito ir&iacute;a a las doce por el t&iacute;o; y
+Rafael, antes de salir, hab&iacute;a sufrido un serm&oacute;n de su madre
+recomend&aacute;ndole que estuviera en casa a la una en punto, hora de la
+comida. A los postres vendr&iacute;a Andresito Cuadros y alg&uacute;n amigo de Rafael.</p>
+
+<p>La campanilla de la escalera sonaba cada cinco minutos. Eran tarjetas de
+felicitaci&oacute;n, que se amontonaban en el velador de la antesala, y sobre
+las cuales se abalanzaban las dos hermanas, &aacute;vidas de curiosidad.</p>
+
+<p>A las once, otra visita, Don Antonio Cuadros y su mujer, con la ropa de
+las grandes solemnidades. Teresa, con vestido negro de seda, grueso y
+crujiente, s&oacute;lido aderezo con m&aacute;s oro que piedras, mantilla de blonda y
+los dedos cargados, como siempre, de sortijer&iacute;a barata. &Eacute;l, de levita
+atrasada de tres modas, guantes negros, sombrero de copa con alas
+microsc&oacute;picas y en el chaleco una verdadera maroma de oro. Los dos,
+tiesos, majestuosos, dentro de estos trajes que, al trav&eacute;s de
+innumerables reformas, ven&iacute;an subsistiendo desde su boda y s&oacute;lo sal&iacute;an a
+luz en visitas de d&iacute;as o entierros.</p>
+
+<p>El matrimonio tom&oacute; asiento en el sof&aacute;, lugar preferente del sal&oacute;n, honra
+que hizo enrojecer de orgullo a la antigua criada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute;, Manuela&mdash;dijo el marido&mdash;; en un d&iacute;a como &eacute;ste, nosotros no
+pod&iacute;amos prescindir de hacer a ustedes la consabida visita. Gozamos de
+la felicidad de ustedes, porque, aunque me est&eacute; mal el decirlo, nosotros
+les apreciamos mucho.</p>
+
+<p>Y as&iacute; segu&iacute;a el tendero del Mercado, ensartando sus frases rebuscadas
+ante la admiraci&oacute;n ingenua de su esposa, que ve&iacute;a en &eacute;l un ser superior.
+Y mientras segu&iacute;a su curso la conversaci&oacute;n, sonaba a cada instante la
+campanilla de la puerta. Eran tarjetas de felicitaci&oacute;n, que la se&ntilde;ora
+miraba satisfecha, dej&aacute;ndolas sobre el velador de modo que pudiesen
+leerlas sus visitantes.</p>
+
+<p>La familia dio las gracias al se&ntilde;or Cuadros por el obsequio que hab&iacute;a
+enviado.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute;dense ustedes a comer con nosotros. Hoy tenemos a la mesa a mi
+hermano Juan.</p>
+
+<p>Estas palabras hicieron que la conversaci&oacute;n recayese sobre el hermano de
+la se&ntilde;ora. El comerciante era irresistible cuando se lanzaba a hablar
+del pr&oacute;jimo. &iexcl;Vaya un se&ntilde;or raro el tal don Juan! Para &eacute;l no exist&iacute;an
+teatros ni diversiones. Se le calculaba una fortuna de m&aacute;s de cien mil
+duros, y sin embargo viv&iacute;a como un hur&oacute;n en la gran casa heredada de su
+padre, sin otra compa&ntilde;&iacute;a que una vieja criada, y arrastrando su fastidio
+por los talleres abandonados, que parec&iacute;an cementerios. Ten&iacute;a man&iacute;as, y
+la m&aacute;s principal era combatir la debilidad de la vejez con un r&eacute;gimen de
+continua actividad. Todas las tardes pasaba horas enteras visitando las
+obras del Ensanche, las reformas que el Municipio emprend&iacute;a en los
+caminos vecinales. Los peones le conoc&iacute;an, como si fuese un contratista
+o maestro de obras; y cuando le faltaban estas distracciones emprend&iacute;a
+atroces caminatas: iba a pueblos distantes, andando siempre con una
+regularidad mec&aacute;nica; el cuadrado sombrero sobre las cejas, flotante el
+paleto, que no abandonaba ni aun en el verano, y bajo el brazo el bast&oacute;n
+de su juventud, una ca&ntilde;a vieja y resquebrajada, con pu&ntilde;o redondo de
+marfil que casi era una bola de billar.</p>
+
+<p>Habl&aacute;base con misterio e inter&eacute;s de las preciosidades que amontonaba en
+sus polvorientos salones. Figuraba en todas las almonedas como comprador
+de fuerza, y si alg&uacute;n corredor le propon&iacute;a la adquisici&oacute;n de alhajas
+antiguas o muebles raros&mdash;siempre, se entiende, con considerable
+ventaja&mdash;, aceptaba sin vacilaci&oacute;n, pues no era dinero lo que faltaba en
+el enorme <i>secr&eacute;taire</i> del siglo pasado, que ocupaba todo un pa&ntilde;o de su
+alcoba, mostrando el menudo mosaico de sus tres filas de cajoncitos. De
+este mueble tambi&eacute;n se hablaba con respeto en casa de do&ntilde;a Manuela.
+&iquest;Qui&eacute;n pod&iacute;a saber todo lo que conten&iacute;a? De all&iacute; sal&iacute;an largos
+pendientes en forma de uva, cuajados de diamantes antiguos; sortijones
+con brillantes como lentejas; piedras sin montar, de valor considerable;
+cincelados de gran m&eacute;rito art&iacute;stico; todo adquirido a fuerza de calma y
+de regateos en el naufragio de las grandes fortunas.</p>
+
+<p>&mdash;Dice usted bien, Antonio. Mi hermano es un ente raro, un extravagante,
+que pudiendo estar bien con los suyos, prefiere vivir casi solo en
+aquella casa, contando sus miles de duros y ador&aacute;ndolos como si los
+hubiera de llevar a la fosa. Yo no vivir&iacute;a con tranquilidad.... Dicen
+que por la noche, al menor ruido, se levanta y recorre la casa con unas
+pistolas viejas; pero aun as&iacute;, es extra&ntilde;o que no le roben. Su taca&ntilde;er&iacute;a
+me disgusta. Pero entre hermanos hay que vivir en paz, &iquest;no es verdad? y
+por esto sufro que a espaldas m&iacute;as hable mal de mis costumbres.
+Afortunadamente, una tiene lo que necesita para pasarlo bien, y no se ve
+obligada a buscar los auxilios de ese avaro.</p>
+
+<p>Una nueva visita entr&oacute; en el sal&oacute;n. Eran &laquo;las magistradas&raquo;, una mam&aacute; y
+tres hijas, &iacute;ntimas de las ni&ntilde;as de la casa. El pap&aacute; hab&iacute;a muerto siendo
+magistrado, y esto bastaba para que en casa de do&ntilde;a Manuela, con el af&aacute;n
+de grandezas que todos sent&iacute;an, no designasen a la familia por su
+apellido, sino por el t&iacute;tulo del difunto.</p>
+
+<p>Los se&ntilde;ores de Cuadros sent&iacute;an una oculta satisfacci&oacute;n al rozarse con
+las amistades de do&ntilde;a Manuela, que para ellos eran gente de la clase m&aacute;s
+elevada. Teresa miraba con su respeto de antigua criada a aquellas
+se&ntilde;oras, y sonre&iacute;a con bondad est&uacute;pida cada vez que alguna de ellas se
+dignaba mirarla.</p>
+
+<p>Las dos viudas hablaban afectuosamente, y do&ntilde;a Manuela, a pesar de que
+estaba bastante bien de salud, expres&aacute;base con cierta languidez que a
+ella le parec&iacute;a la &uacute;ltima palabra del buen tono.</p>
+
+<p>&mdash;Salgo poco, querida; el fr&iacute;o y la lluvia me matan. A&uacute;n no he visto
+este a&ntilde;o la feria de Navidad. Y eso que teniendo carruaje se puede salir
+de casa sin miedo al tiempo.</p>
+
+<p>Y lo de tener carruaje acentu&aacute;balo do&ntilde;a Manuela como si fuese la
+ejecutoria de la distinci&oacute;n, el signo &uacute;nico que marcaba la diferencia de
+castas.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as hablaban entre s&iacute;, haci&eacute;ndose preguntas sobre sus trajes o lo
+que hab&iacute;an hecho durante el d&iacute;a anterior, y nadie se acordaba del
+matrimonio Cuadros, que permanec&iacute;a en el sof&aacute; como clavado, mir&aacute;ndose
+los pies y sin saber c&oacute;mo salir de all&iacute;, por no molestar a los que
+hablaban. Amparo era la &uacute;nica que de vez en cuando volv&iacute;a la cabeza para
+sonre&iacute;rles. Por fin, se fueron.</p>
+
+<p>&mdash;Son unos antiguos amigos&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela a &laquo;la magistrada&raquo;&mdash;.
+Buenas gentes, pero ordinarias. Nos est&aacute;n agradecidos: a &eacute;l le protegi&oacute;
+mucho mi primer marido.</p>
+
+<p>Cuando la familia dio por terminada su visita, do&ntilde;a Manuela y las ni&ntilde;as
+fueron hasta el rellano de la escalera, para cambiar all&iacute; los &uacute;ltimos
+besos.</p>
+
+<p>&mdash;Crea que me dan un disgusto no qued&aacute;ndose a comer.</p>
+
+<p>Desaparec&iacute;a en los &uacute;ltimos pelda&ntilde;os el extremo de las elegantes faldas,
+cuando son&oacute; una tos que todos conoc&iacute;an en la casa. Era el t&iacute;o que
+llegaba, anunci&aacute;ndose, como siempre, con un carraspeo que le cortaba las
+palabras, y que, seg&uacute;n do&ntilde;a Manuela, s&oacute;lo ten&iacute;a por objeto el darse
+tiempo para pensar las contestaciones.</p>
+
+<p>El cuadrado sombrero y el flotante paleto, que parec&iacute;a una sotana,
+fueron remontando lentamente la escalera, con acompa&ntilde;amientos de golpes
+de bast&oacute;n en cada pelda&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buenos d&iacute;as, t&iacute;o...!</p>
+
+<p>Viose por fin desde el rellano la cara de don Juan, animada por su falsa
+risita, que recordaba la de los conejos. Iba de gran gala. Traje, el de
+siempre; pero su chaleco escotado dejaba al descubierto una botonadura
+maciza, enorme, con diamantes antiguos de gran val&iacute;a, y en los dedos
+sortijas pesadas, de complicada labor, que evocaban el recuerdo de los
+suntuosos marqueses del pasado siglo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me aguardabais, hijas m&iacute;as...? &iexcl;Ejem, ejem...! Pues he sido puntual.
+Son las doce.</p>
+
+<p>Y mostraba su reloj, una joya rococ&oacute;, que con sus esmaltes mitol&oacute;gicos
+hac&iacute;a pensar en las fiestas pastoriles de Versalles. Tras &eacute;l sub&iacute;a la
+escalera Juanito, el hijo mayor, con un enorme ramo de flores.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Este chico... este chico!&mdash;murmur&oacute; la se&ntilde;ora, sin conmoverse gran
+cosa por el cari&ntilde;o extremado que Juanito le demostraba en todas
+ocasiones.</p>
+
+<p>Y se dej&oacute; besar por su hijo, que despu&eacute;s corri&oacute; al comedor con el ramo,
+y no encontrando un jarr&oacute;n capaz de sostener aquella pir&aacute;mide de flores
+lo coloc&oacute; entre dos sillas.</p>
+
+<p>Don Juan fue casi llevado en triunfo al sal&oacute;n por sus sobrinas. T&iacute;o por
+aqu&iacute;, t&iacute;o por all&aacute;; la una le quitaba el sombrero, la otra tomaba su
+bast&oacute;n, y las dos tiraban a un tiempo de su paleto, sonriendo
+ligeramente al ver el chaqu&eacute;, que quedaba al descubierto, y que con sus
+cortos faldones d&aacute;bale el aspecto de un p&aacute;jaro desplumado.</p>
+
+<p>Las pobrecillas ya sab&iacute;an vivir. Aquel t&iacute;o era la esperanza de la
+familia; representaba el cebo capaz de atraer novios con la tentaci&oacute;n de
+una herencia, y aunque lo encontraban poco simp&aacute;tico, por su car&aacute;cter y
+la ruindad de sus regalos, sonre&iacute;anle y le adulaban, con gran contento
+de la mam&aacute;.</p>
+
+<p>A pesar de esto, do&ntilde;a Manuela no se hac&iacute;a ilusiones. Al &uacute;nico que quer&iacute;a
+&eacute;l era a Juanito; con los hijos de Pajares mostraba siempre cierta
+iron&iacute;a, sin duda para darse el gusto de mortificar a su hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Juan, qu&eacute;date en el sal&oacute;n mientras yo voy a la cocina a vigilar los
+preparativos. Vosotras, ni&ntilde;as, entretened al t&iacute;o. Ahora ver&aacute;s cu&aacute;nto ha
+adelantado Conchita en el piano.</p>
+
+<p>La hija mayor levant&oacute; la tapa del instrumento, quedando al descubierto
+el blanco teclado, semejante a la dentadura de un monstruo. Sus dedos,
+larguiruchos y extremadamente abiertos por un continuo ejercicio,
+corrieron sobre las teclas, produciendo complicadas escalas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;, no tocas?&mdash;pregunt&oacute; don Juan a Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, t&iacute;o. El profesor dice que soy demasiado aturdida, y me ha
+declarado incapaz. La verdad es que yo quisiera tocarlo todo en seguida,
+y al ver que no puedo y que he de fastidiarme mucho con ejercicios y
+escalas, me enfurezco y me entran ganas de dar pu&ntilde;etazos al piano.</p>
+
+<p>Y el travieso beb&eacute; dec&iacute;a esto con tonillo irritado, levantando el pu&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ahora&mdash;continu&oacute; en tono m&aacute;s dulce&mdash;, ya que no puedo ser
+pianista, me dedico al canto. Mam&aacute; dice que hay que hacer algo, para no
+estar en sociedad parada como una tonta. Ya cant&eacute; el otro d&iacute;a en una
+reuni&oacute;n de &laquo;las magistradas&raquo;.... Ahora me oir&aacute; usted.</p>
+
+<p>Mientras tanto, do&ntilde;a Manuela expulsaba del comedor a Juanito. Aquel
+chico no desment&iacute;a su sangre; era ordinario, y su mayor placer consist&iacute;a
+en charlar con las criadas.</p>
+
+<p>&mdash;Juanito, hijo m&iacute;o, deja a Visanteta que ponga la mesa. Marcha al
+sal&oacute;n. El t&iacute;o se incomodar&aacute;, porque te olvides de &eacute;l.</p>
+
+<p>&iquest;Olvidarse de su t&iacute;o? Ante tal suposici&oacute;n, le falt&oacute; el tiempo para
+correr en busca de don Juan. Visanteta acababa de tender el mantel
+adamascado, brillante de blancura, sobre la mesa del comedor, pieza de
+ebanister&iacute;a moderna, tallada a m&aacute;quina, que con su color obscuro imitaba
+al roble de un modo discreto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; todo bien preparado, Visanteta?</p>
+
+<p>&mdash;Todo, se&ntilde;ora. Nelet se ha encargado de que el cap&oacute;n no se queme; s&oacute;lo
+faltan unas cuantas vueltas. Adela cuida del puchero. La sopa la
+pondremos cuando avise la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Y continu&oacute; la conversaci&oacute;n entre el ama y la sirvienta, mientras &eacute;sta,
+con delantal blanco y haciendo crujir los bajos almidonados y tiesos de
+su saya, iba del aparador a la mesa, colocando el centro de plata
+Meneses con sus grupos de flores, las pilas de platos de charolada
+blancura, las botellas talladas del agua y el vino, y las copas
+esbeltas, casi a&eacute;reas, con su pie azul, y tan fr&aacute;giles, que sobre el
+mantel no trazaban sombra alguna.</p>
+
+<p>Aquella Visanteta, con su peinado de la huerta, su perpetuo ce&ntilde;o y sus
+contestaciones secas y desabridas, era una gran criada, que se ganaba a
+conciencia el salario. Lo mismo preparaba en la cocina una gran comida,
+que arreglaba una mesa &laquo;a estilo de fonda&raquo;, arte que hab&iacute;a aprendido
+sirviendo a una familia inglesa.</p>
+
+<p>Al comedor llegaba la m&uacute;sica que hac&iacute;an en el sal&oacute;n las ni&ntilde;as de do&ntilde;a
+Manuela para entretener al t&iacute;o. Amparo cantaba, y su vocecita fina,
+tenue y quebradiza como un hilo de ara&ntilde;a soltaba una lamentaci&oacute;n
+melanc&oacute;lica, en italiano, para mayor claridad:</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>Quando le rondinelle il nido fanno</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>quando di nuova flor s'orna il terreno</i>.</span><br />
+</div>
+
+<p>El t&iacute;o se divert&iacute;a, como hay Dios, oyendo a la sobrina cantar con su
+carita de Pascua estas atrocidades de la melancol&iacute;a. &laquo;<i>Vorrei morir&eacute;</i>!&raquo;,
+repet&iacute;a la muchacha con acento de desesperaci&oacute;n, saltando su voz sobre
+los tr&eacute;molos del piano. &iexcl;Vaya un aperitivo para antes de la comida!</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela hablaba a la criada distra&iacute;damente, oyendo aquella m&uacute;sica
+que nunca pod&iacute;a comprender.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy trabajar&aacute;s mucho, Visanteta. Mi gusto hubiese sido encomendar,
+como de costumbre, un par de platos a la fonda. Pero tengo convidado a
+mi hermano, que es un rancio y me requema la sangre como si fuese una
+despilfarradora. Por esto he querido que la comida fuese casera. A ver
+si aun as&iacute; encuentra motivo para murmurar.</p>
+
+<p>La mirada de do&ntilde;a Manuela iba tras las manos de la criada. &iexcl;Vaya una
+gracia la de aquella chica! Cog&iacute;a las servilletas adamascadas, r&iacute;gidas
+por el planchado, y las doblaba caprichosamente con una rapidez de
+prestidigitador. Quedaban sobre las pilas de platos en forma de mitra,
+barco, bonete o flor, y en el centro, como toque maestro, colocaba un
+peque&ntilde;o <i>bouquet</i>.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora estaba orgullosa. S&oacute;lo en una casa como la suya hab&iacute;a una
+criada capaz de arreglar la mesa con tanto arte.</p>
+
+<p>Visanteta, insensible a las miradas agradecidas del ama y contestando a
+sus palabras con gru&ntilde;idos, segu&iacute;a trabajando. Abri&oacute; el armario del
+aparador y puso sobre la mesa los entremeses: pepinillos destilando
+vinagre, aceitunas grises mezcladas con salitrosas alcaparras, sardinas
+de Nantes con su casaquilla plateada, rodajas de salchich&oacute;n finas y
+transparentes, y frescos r&aacute;banos de encendido ropaje y tiesos mo&ntilde;etes de
+hojas, todo en verdes p&aacute;mpanos de porcelana.</p>
+
+<p>Buen golpe de vista presentaba la mesa. Demasiado bueno, si se ten&iacute;a en
+cuenta el car&aacute;cter raro del que estaba all&aacute; dentro. Por esto do&ntilde;a
+Manuela dijo con expresi&oacute;n dolorosa:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Visanteta, no te extremes mucho. Mi hermano es capaz de comer de
+mala gana si ve aqu&iacute; lo que &eacute;l llama lujos. Con lo puesto hay bastante.
+Ahora saca del caj&oacute;n los cubiertos de plata. Los antiguos, &iquest;sabes...? no
+te equivoques. Cuando sirvan el pescado puedes sacar la pala de plata,
+pero no pases de ah&iacute;. Ser&iacute;a capaz de darnos un esc&aacute;ndalo si viera lo
+dem&aacute;s que reservamos para los convidados de otra clase.</p>
+
+<p>Los cubiertos de plata antigua, piezas soberbias labradas a martillo y
+heredadas del <i>Fraile</i>, fueron colocados junto a los platos.</p>
+
+<p>Todo estaba bien. Visanteta a la cocina, a dar a la comida el &uacute;ltimo
+punto, y ella al sal&oacute;n, a mimar al hombre temible y preparar el golpe
+para despu&eacute;s de la sobremesa.</p>
+
+<p>El piano segu&iacute;a sonando; pero ahora, de la romanza sentimental se hab&iacute;a
+saltado a la &oacute;pera.</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>Come una damicella</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>mi trovare pi&ugrave; bella</i>....</span><br />
+</div>
+
+<p>Al entrar en el sal&oacute;n vio a Juanito contemplando al t&iacute;o, y &eacute;ste con la
+vista fija en el techo, contando sin duda las flores doradas que ten&iacute;a
+el papel, como hombre que se aburre y busca desesperadamente la
+distracci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, ni&ntilde;as, basta de cosas tristes. Cantadle al t&iacute;o algo alegre.</p>
+
+<p>Don Juan hizo un gesto como indicando que le era igual y no val&iacute;a la
+pena molestarse.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mam&aacute;&mdash;dijo Amparo&mdash;, si esto que cantaba es el <i>Aria de las
+joyas</i>. Muy bonita....</p>
+
+<p>&mdash;Pues fuera el aria. Canta algo m&aacute;s alegre. Eso de <i>El d&uacute;o de la
+Africana</i>, que gust&oacute; tanto en casa de &laquo;las magistradas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;exclam&oacute; Concha con rudeza&mdash;. Ahora <i>El d&uacute;o</i>. Una cosa que est&aacute;n
+cansados de tocar todos los organillos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues s&iacute; se&ntilde;ora, eso. Tu t&iacute;o no va al teatro, y tendr&aacute; gusto en o&iacute;rlo.</p>
+
+<p>Don Juan hizo el mismo gesto de antes. Para &eacute;l, cualquier cosa estaba
+bien. Y volvi&oacute; a mirar al techo, bostezando de vez en cuando y moviendo
+un pie con nervioso temblorcillo.</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 3.5em;"><i>Yo nac&iacute; muy chiquitita</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>y nac&iacute; muy avispa</i>.</span><br />
+</div>
+
+<p>Bueno; pues a pesar de estas declaraciones que sobre su nacimiento
+hac&iacute;a Amparito con su hilillo de voz y su expresi&oacute;n picaresca, el t&iacute;o
+don Juan, aquel monstruo de aburrimiento y rudeza, no se conmov&iacute;a, tal
+vez por estar mejor enterado de c&oacute;mo hab&iacute;a nacido que la propia
+interesada. E igual indiferencia mostr&oacute; al o&iacute;rla cantar que el puente
+ten&iacute;a seis ojos, y ella dos &laquo;solamente&raquo;.</p>
+
+<p>Otra cosa le preocupaba y le hac&iacute;a removerse en su sill&oacute;n. Sac&oacute; su
+reloj, la hermosa pieza cincelada del siglo anterior, e interrumpiendo a
+la cantante dijo a do&ntilde;a Manuela:</p>
+
+<p>&mdash;Bien est&aacute; todo; pero &iquest;a qu&eacute; hora se come aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando venga Rafaelito. A la una.</p>
+
+<p>&mdash;Ya es; mira mi reloj. Te advierto que yo como siempre a las doce, y
+bastante sacrificio es esperar una hora. Con tales desarreglos se pierde
+el est&oacute;mago, y eso en la vejez es llamar a la muerte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, hombre! No te incomodes por eso.... Ni&ntilde;as, basta de m&uacute;sica.
+A comer.</p>
+
+<p>La graciosa sevillana par&oacute; en seco, y las dos ni&ntilde;as abandonaron el sal&oacute;n
+seguidas del t&iacute;o, que se detuvo en la puerta del comedor sonriendo al
+ver el aspecto de la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Manuela, por lo que se ve, esto promete. Siempre has sido notable en
+estas cosas.</p>
+
+<p>Pero la se&ntilde;ora estaba preocupada por la tardanza de su hijo menor y no
+pod&iacute;a contestar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Este Rafaelito...! La una y cuarto y no viene. &iexcl;Habr&aacute; que empezar sin
+&eacute;l...! Visanteta, la sopa.</p>
+
+<p>Todos se sentaron. Don Juan en la cabecera, con las dos ni&ntilde;as, y en el
+extremo opuesto do&ntilde;a Manuela, teniendo a la derecha a Juanito y a la
+izquierda la silla destinada a Rafael.</p>
+
+<p>La humeante sopera descans&oacute; en el centro de la mesa, con el cuchar&oacute;n de
+plata metido en las entra&ntilde;as, y r&aacute;pidamente se llenaron los platos.
+&iexcl;Soberbia sopa! Flotaban en su superficie las lunas de grasa, y entre
+las rebanaditas de pan impregnadas de suculento l&iacute;quido, los menudillos
+de la gallina, las tiernas yemas de color de &aacute;mbar y los negruzcos
+h&iacute;gados, que se deshac&iacute;an al entrar en la boca. Todos com&iacute;an con
+apetito, especialmente don Juan, que, a pesar de su sobriedad de avaro,
+era un trag&oacute;n terrible al entrar en mesa ajena.</p>
+
+<p>Finalizaba la sopa cuando entr&oacute; Rafaelito, sudoroso, sofocado, como si
+hubiese corrido mucho para llegar a tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya una hora de venir!&mdash;dijo la mam&aacute;, frunciendo el ce&ntilde;o.</p>
+
+<p>Era un ser insignificante y de aspecto pretencioso. El cuerpo flacucho y
+pobre; la cabeza charolada a fuerza de cosm&eacute;tico, partida por una raya
+que con rectitud geom&eacute;trica iba desde la frente a la nuca; en la cara
+enorme nariz, bigotillo afilado y patillas de chuleta, y bajo la barba,
+asomando por entre las dos alas de un cuello &laquo;a la pajarita &raquo;, esa
+protuberancia horrible llamada nuez, que parece la condecoraci&oacute;n de la
+juventud raqu&iacute;tica. Afectaba en sus gestos y palabras la indolencia de
+un hombre cansado de la vida, para el cual el mundo nada nuevo puede
+ofrecer a los veintid&oacute;s a&ntilde;os; miraba con insolente fijeza, y cuando
+escuchaba a alguien, lo hac&iacute;a con aire protector y desde&ntilde;oso. Era el
+tiranuelo de la casa, y a este privilegio un&iacute;a el de excitarle la bilis
+a su t&iacute;o don Juan siempre que se pon&iacute;a en su presencia.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a tres a&ntilde;os que estaba abonado al segundo curso de la Facultad de
+Medicina, consecuencia heroica de la que no estaba arrepentido; y tan
+amante era del trabajo y de la actividad, que por no estarse en los
+caf&eacute;s charlando como un necio, pasaba los d&iacute;as y gran parte de las
+noches en los c&iacute;rculos recreativos, unas veces peinando barajas y otras
+sacrificando pesetas, para que no se dijera que en Espa&ntilde;a todo decae,
+hasta el respetable gremio de los &laquo;puntos&raquo;.</p>
+
+<p>Fuera de esto, era un muchacho encantador; y en caso de duda, bastaba
+con preguntarlo a su mam&aacute;. &iquest;Qui&eacute;n llevaba con m&aacute;s garbo que &eacute;l el gab&aacute;n
+sin costuras, ancho y deforme como un saco? &iquest;Qui&eacute;n, en verano, iba m&aacute;s
+mono con el trajecito de franela y la marinera de paja? &iquest;Qui&eacute;n daba
+mejor sombrerazo r&iacute;gido, moviendo al mismo tiempo la cabeza y levantando
+un pie? Rafaelito, y nadie m&aacute;s que Rafaelito; y para atestiguarlo
+estaban tambi&eacute;n las amigas de la man&iacute;a, que se hac&iacute;an lenguas en su
+presencia de lo elegante que era el chico.</p>
+
+<p>&iexcl;Estudiar...! Ya lo har&iacute;a m&aacute;s adelante. Por ahora, era un muchacho
+distinguido, con buenas relaciones; y en cuanto a saber, algo sab&iacute;a,
+pues apenas se iniciaba una discusi&oacute;n sobre toreros o pelotaris, dejaba
+a todo el mundo con la boca abierta. Bajo su frente calva, adornada con
+las dos puntitas lustrosas del peinado, hab&iacute;a algo, as&iacute; como bajo los
+hombros de su americana hab&iacute;a algo tambi&eacute;n: mucho pelote para suavizar
+lo puntiagudo de sus clav&iacute;culas, que agujereaban la pobre piel.</p>
+
+<p>Al entrar salud&oacute; al t&iacute;o con cierto desparpajo, sin querer fijarse en la
+sonrisita del viejo, y despu&eacute;s se excus&oacute; con la mam&aacute;. Quer&iacute;a venir
+antes, pero en la feria le hab&iacute;an entretenido. El paseo estaba muy bien;
+trajes magn&iacute;ficos, sobre todo abrigos. Y hac&iacute;a una relaci&oacute;n de peri&oacute;dico
+de modas ante sus hermanas, que prestaban o&iacute;do sin dejar de engullir, y
+la mam&aacute;, que admiraba el talento de observaci&oacute;n de su hijo y la gracia
+con que se burlaba de los defectos. Era el fiel retrato de su padre.</p>
+
+<p>Rafael, en cuatro cucharadas, se trag&oacute; su raci&oacute;n, poni&eacute;ndose al nivel de
+los dem&aacute;s cuando sali&oacute; el cocido, dos fuentes magn&iacute;ficas, que exhalaban
+un vaho consolador, un tufillo alimenticio que se colaba hasta el fondo
+del est&oacute;mago. En la una, las patatas amarillentas, los reventones
+garbanzos sacando fuera del estuche de piel su carne rojiza, la col, que
+se deshac&iacute;a como manteca vegetal, los nabos blancos y tiernos, con su
+olorcillo amargo; y en la otra fuente las grandes tajadas de ternera,
+con su complicada filamenta y su brillante jugo; el tocino tembl&oacute;n como
+gelatina nacarada; la negra morcilla reventando, para asomar sus
+entra&ntilde;as al trav&eacute;s de la envoltura de tripa; y el escandaloso chorizo,
+demagogo del cocido, que todo lo pinta de rojo, comunicando al caldo el
+ardor de un discurso de club.</p>
+
+<p>Nadie hablaba a&uacute;n. O&iacute;ase &uacute;nicamente el sordo ruido de las mand&iacute;bulas;
+todos masticaban y engull&iacute;an; los tenedores verificaban correr&iacute;as
+devastadoras sobre la mesa. Destroz&aacute;banse los panecillos, iban
+vaci&aacute;ndose los platos de los entremeses, y las copas de vino llen&aacute;banse,
+reflejando sobre el blanco mantel purp&uacute;reas e inquietantes manchas.</p>
+
+<p>Don Juan rumiaba, moviendo sus desdentadas enc&iacute;as a derecha e izquierda
+como una cabra vieja, y sus ojillos alegr&aacute;banse al ver comer a la
+familia, y especialmente a Juanito.</p>
+
+<p>Pod&iacute;an decir lo que quisieran ciertas gentes; pero &eacute;l, don Juan Fora,
+propietario y paseante perpetuo, sosten&iacute;a que nada hay como la cocina
+casera y el comer en familia. &iexcl;Vaya un modo de tragar, hijos m&iacute;os! En
+una fonda estar&iacute;an ya siendo objeto de cr&iacute;ticas, y el due&ntilde;o pondr&iacute;a mala
+cara al ver c&oacute;mo ganaban el precio del cubierto; las ni&ntilde;as se har&iacute;an las
+interesantes, comiendo poco para no parecer feas, y &eacute;l mismo tragar&iacute;a a
+disgusto creyendo que se burlaban de su modo de mascar. Pero all&iacute;
+estaban en su casa, pod&iacute;an atracarse hasta el ga&ntilde;ote con todo lo que
+ir&iacute;a viniendo, y nadie podr&iacute;a ir a contarle al vecino c&oacute;mo se las
+arreglaban para hacer por la vida. Esto era la verdad; lo dem&aacute;s
+pamplinas, modas est&uacute;pidas y sufrir..... &iexcl;Hola! Ya se presentaba la
+gallina del puchero. &iquest;Que qui&eacute;n la parte? Juanito mismo.</p>
+
+<p>Y el buen muchacho, obediente a la voz de su t&iacute;o, p&uacute;sose en pie, y
+empu&ntilde;ando un enorme tenedor y el afilado trinchante, hizo una carnicer&iacute;a
+que elev&oacute; protestas. Do&ntilde;a Manuela le mir&oacute; severamente. Pero &iexcl;cu&aacute;n
+desma&ntilde;ado era!</p>
+
+<p>Don Juan intervino, viendo que su sobrino se conmov&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, otra vez lo har&aacute; mejor el chico, ahora... a lo que estamos.</p>
+
+<p>Y pasaron a los platos los trozos de la gallina: la jugosa pechuga, el
+cuello cartilaginoso, los melosos muslos y el armaz&oacute;n chorreando grasa,
+que chupaba do&ntilde;a Manuela con un regodeo de gata golosa.</p>
+
+<p>La animaci&oacute;n iba surgiendo en la mesa. Todos hablaban. Don Juan
+comenzaba a mostrarse m&aacute;s alegre; y como si olvidase las antiguas
+preocupaciones, miraba con igual cari&ntilde;o a todos los que estaban en la
+mesa, sin pensar si eran hijos del antip&aacute;tico Pajares y si su hermana
+era una derrochadora.</p>
+
+<p>Ahora, &iexcl;voto a Dios! ven&iacute;an bien dos deditos de vino, para acompa&ntilde;ar
+dignamente a la gallina en su bajada al est&oacute;mago. Y se apuraron las
+copas, y circul&oacute; de nuevo la ventruda botella llena de vino de la bodega
+de los Escolapios, un caldillo rojo del llano de Cuarte, que pasaba
+dulcemente por el paladar, y una vez dentro, el muy traidor causaba un
+trastorno de mil demonios. Las dos ni&ntilde;as beb&iacute;an haciendo remilgos, pero
+el t&iacute;o las excitaba aplaudi&eacute;ndolas; y ellas, que no estaban
+acostumbradas a ver tan alegre al viejo, volv&iacute;an a gustar el vinillo
+para no enojarle.</p>
+
+<p>Nelet, con la gravedad de un <i>ma&icirc;tre d'h&ocirc;tel</i>, muy circunspecto desde
+que ve&iacute;a en la mesa al t&iacute;o millonario, sac&oacute; de la cocina el plato del
+d&iacute;a, la obra maestra de Visanteta, un pescado a la bayonesa que arranc&oacute;
+a todos un grito de admiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caballeros...! &iexcl;Ni en la mejor fonda!&mdash;dijo Rafael&mdash;. &iexcl;Ole por la
+cocinera!</p>
+
+<p>Don Juan encontr&oacute; de mal gusto la felicitaci&oacute;n, pero admir&oacute; la obra.</p>
+
+<p>Era una merluza de m&aacute;s de tres libras, que parec&iacute;a de plomo brillante,
+con el escamoso vientre hundido en la salsa, un fresco cogollo de
+lechuga en la boca, y en torno de la cola unos cuantos rabanillos
+cortados en forma de rosas. La fuente ten&iacute;a una orla de rodajas de huevo
+cocido, y sobre la capa amarillenta que cubr&iacute;a el apetitoso animal, tres
+filas de aceitunas y alcaparras marcaban el contorno del lomo y la
+espina. Don Juan miraba, con la pala de plata en la mano. &iexcl;Vive Dios,
+que le remord&iacute;a la conciencia destrozar aquella obra de arte! Pero la
+cosa se hab&iacute;a hecho para comer; y al poco rato, la blanca carne de la
+merluza, revuelta con los sabrosos adornos, estaba en todos los platos.</p>
+
+<p>&mdash;Y ya que dimos fin con la pobre, ahora otro traguito.</p>
+
+<p>Decididamente, el t&iacute;o se pon&iacute;a alegre. Las ni&ntilde;as recordaban como un
+sue&ntilde;o la cara ir&oacute;nica y glacial de otras ocasiones. Ahora sonre&iacute;a con
+bondad, ten&iacute;a las mejillas muy coloradas, y cautelosamente se aflojaba
+el talle, como para dejar un huequecito a lo que viniese despu&eacute;s.</p>
+
+<p>Otro plato ligero, pero &eacute;ste era francamente ind&iacute;gena: lomo de cerdo y
+longanizas con pimiento y tomate, un guiso al que daba siempre Visanteta
+una gracia especial, que hac&iacute;a a todos mojar el pan en la roja salsa.</p>
+
+<p>Don Juan y su sobrino predilecto se entendieron con &eacute;l, pues do&ntilde;a
+Manuela apenas lo prob&oacute;. Rafaelito fumaba, costumbre detestable que
+irrit&oacute; al t&iacute;o, pues no pod&iacute;a comprender tales interrupciones en la
+digesti&oacute;n.</p>
+
+<p>Las dos ni&ntilde;as hab&iacute;an ido un momento a su cuarto: cuesti&oacute;n de aflojarse
+los cors&eacute;s. Las ballenas se doblaban y parec&iacute;an pr&oacute;ximas a estallar con
+la presi&oacute;n de sus vientrecillos cada vez m&aacute;s redondeados. Al pasar junto
+a un balc&oacute;n, hiri&oacute;las el fr&iacute;o que entraba por las rendijas. Llov&iacute;a, y la
+gente pasaba chapoteando en el fango, con el paraguas calado. &iexcl;Qu&eacute; bien
+se estaba all&iacute; dentro, en el caliente comedor, ante una mesa tan
+abundante! Hab&iacute;a que reconocer que Dios es bueno y proporciona ratos muy
+agradables a los que tienen casa y cocinera.</p>
+
+<p>Cuando volvieron al comedor, Nelet sacaba el h&eacute;roe de la fiesta: un
+soberbio cap&oacute;n, panza arriba, con los robustos muslos recogidos sobre el
+pecho y la piel dorada, crujiente, impregnada de manteca.</p>
+
+<p>Don Juan contempl&aacute;balo con miradas de amor. No; una pieza tan hermosa
+no la destrozar&iacute;a el desma&ntilde;ado Juanito. A ver, Rafael, que, como aprend&iacute;
+de m&eacute;dico, entender&iacute;a de estas cosas.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as protestaron, recordando las espeluznantes relaciones que su
+hermano las hab&iacute;a hecho varias veces, para asustarlas, describiendo sus
+haza&ntilde;as en el anfiteatro anat&oacute;mico.</p>
+
+<p>&mdash;No, Rafael no&mdash;grit&oacute; Amparito&mdash;. Si &eacute;l toca el cap&oacute;n no comemos.</p>
+
+<p>&iexcl;Vaya un asco! &iexcl;Como si aquel estudiante honorario hubiese asistido al
+curso de anatom&iacute;a media docena de veces...! Al fin, el t&iacute;o, en vista de
+las protestas, se decidi&oacute; a destrozar la pieza, pues en su calidad de
+solter&oacute;n sab&iacute;a un poco de todo.... &iexcl;Brava manera de masticar! Confesaban
+que la comida les sub&iacute;a ya a la garganta; pero a pesar de esto, era tan
+excelente la carne tierna y jugosa, con su corteza tostada crujiendo
+entre los dientes, que todos despacharon su raci&oacute;n, masticando con
+lentitud y emprendi&eacute;ndola despu&eacute;s con los huesos. El t&iacute;o se mostraba
+como un valiente.</p>
+
+<p>&mdash;Juan, come ese pedazo&mdash;le dec&iacute;a su hermana&mdash;. Es lo mejor del plato.</p>
+
+<p>&mdash;Bebe m&aacute;s, Juan. Hoy son mis d&iacute;as, y hay que alegrarse.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as imitaban la solicitud de la mam&aacute;; todo era: &laquo;T&iacute;o tome usted
+esto; t&iacute;o, coma usted lo otro&raquo;; y el t&iacute;o, cada vez m&aacute;s encarnado y
+alegr&oacute;te, engull&iacute;a cuanto le pon&iacute;an en el plato, y como le llenaban el
+vaso as&iacute; como lo dejaba vac&iacute;o, el resultado era que empinaba
+continuamente el codo.</p>
+
+<p>Aparecieron los postres. Cubri&oacute;se la mesa de tajadas de mel&oacute;n, peras y
+manzanas, avellanas y nueces; pero esto pas&oacute; sin gran &eacute;xito,
+atrevi&eacute;ndose el t&iacute;o s&oacute;lo con algunos pedazos de fruta que le mand&oacute;
+Juanito.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, la cl&aacute;sica <i>sopada</i>, sin la cual don Juan no comprend&iacute;a los
+banquetes: una gran fuente de crema, en la que se empapaban apretadas
+filas de peque&ntilde;os bizcochos. Esto era lo mejor para los que, como &eacute;l,
+carec&iacute;an de dentadura. Sab&iacute;a a gloria; pero a pesar de tantos elogios,
+recibi&oacute; como en triunfo el turr&oacute;n de Jijona y los pasteles de espuma.
+Tambi&eacute;n era esto del g&eacute;nero de don Juan, adorador de las cosas blandas,
+que se escurren dulcemente sin roce alguno hasta el fondo del est&oacute;mago.
+Con la boca llena de merengue contestaba a sus sobrinas, que estaban
+cada vez m&aacute;s alegres, y aprobaba bondadosamente los cuidados de su
+hermana por tenerle contento. Ahora hab&iacute;a que retirar el vino de los
+Escolapios: &laquo;no estaba en car&aacute;cter&raquo;; y por esto el viejo salud&oacute;
+alegremente la aparici&oacute;n en la mesa de las botellas de licor de
+diferentes formas y clases.</p>
+
+<p>Las cepitas talladas de color rosa, que parec&iacute;an flores, iban y ven&iacute;an
+sobre la mesa, tan pronto llenas como vac&iacute;as. La temperatura sub&iacute;a en el
+comedor. El vaho ardoroso de la comida, el calor de los cuerpos, en los
+que empezaba la digesti&oacute;n, y lo agitado de las respiraciones, parec&iacute;an
+caldear el ambiente. Los rostros se enrojec&iacute;an, y a pesar de que llov&iacute;a
+en la calle y los transe&uacute;ntes sopl&aacute;banse las manos para ahuyentar el
+fr&iacute;o, se sudaba en el comedor. Do&ntilde;a Manuela, con la majestuosa nariz
+inflamada, como si fuese un pavo, hubo de pasarse la servilleta por la
+h&uacute;meda frente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Al sal&oacute;n!&mdash;dijo la se&ntilde;ora&mdash;. All&iacute; nos servir&aacute;n el caf&eacute;.</p>
+
+<p>El t&iacute;o prefer&iacute;a quedarse en la mesa. El caf&eacute; entraba tambi&eacute;n en la
+comida; &iquest;por qu&eacute; hab&iacute;an de moverse? Pero para su hermana era un detalle
+de suprema elegancia tomar el caf&eacute; en el sal&oacute;n, y don Juan tuvo que
+acceder y abandonar el comedor, jugando con sus sobrinas como si fuese
+un ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&iexcl;Vive Dios, que &eacute;l no estaba borracho, pero a nadie podr&iacute;a negar que se
+encontraba un poco alegre por culpa de aquellas picaras, de su hermana y
+de los dos sobrinos! Todos estaban bien. Sentados en los mullidos
+sillones del sal&oacute;n, encontr&aacute;banse como en la gloria, sacando hacia fuera
+los rellenos vientres, que herv&iacute;an como calderas al fuego de la
+digesti&oacute;n, y sintiendo subir al cerebro un humillo tenue que al pasar
+por los ojos tomaba un delicioso tinte rosa.</p>
+
+<p>Don Juan d&aacute;base cari&ntilde;osas palmaditas en el vientre. Tal vez aquella
+calaverada le costase despu&eacute;s crueles desarreglos de est&oacute;mago y una
+semana de purgas; pero &iexcl;vayanse al diablo los escr&uacute;pulos! un d&iacute;a es un
+d&iacute;a, y a ver qui&eacute;n le quitaba lo gozado.... Nada, que aquel d&iacute;a era un
+calavera; se burlaba de todo; y en prueba de ello, encendi&oacute; el puro que
+le ofrec&iacute;a Rafael, a pesar de que el fumar aumentaba su los cr&oacute;nica.</p>
+
+<p>Ya estaba el caf&eacute;. Serv&iacute;alo Adela, una muchacha remilgada y no mal
+parecida, que imitaba a sus se&ntilde;oritas en el peinado, afectando un aire
+de arist&oacute;crata ca&iacute;da en la desgracia.</p>
+
+<p>Don Juan, a fuer de mirar el servicio, que era de porcelana antigua, y
+compararlo con otro m&aacute;s rico arrinconado en su casa, acab&oacute; por fijarse
+en la criadita. Decididamente, no ten&iacute;a la cabeza bien. &iexcl;Mire usted que
+pensar un hombre de su car&aacute;cter y sus a&ntilde;os que estar&iacute;a mejor servido con
+una chica as&iacute; que con su vieja Vicenta...! Vaya; el <i>Chartreuse</i>, con su
+calor de falsa juventud, hace pensar locuras.... &laquo;&iexcl;A tomarte el caf&eacute;,
+viejo verde...!&raquo; Y se bebi&oacute; la taza de un trago.</p>
+
+<p>Sonaba la campanilla de la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; Roberto&mdash;dijo Concha.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez sea Andresito&mdash;exclam&oacute; Amparo&mdash;. Le prometi&oacute; a Juan venir a la
+hora del caf&eacute;.</p>
+
+<p>Eran los dos, que se hab&iacute;an encontrado en la escalera.</p>
+
+<p>Roberto del Campo, el amigo &iacute;ntimo de Rafael, su mentor, que le guiaba
+en el camino de la distinci&oacute;n y el buen gusto; un chico elegante, hijo
+de una gran familia arruinada, uno de esos v&aacute;stagos in&uacute;tiles y
+perniciosos que nacen inesperadamente en la tranquila burgues&iacute;a a las
+dos o tres generaciones de bienestar y riqueza, para castigar con sus
+locuras y despilfarres el ego&iacute;smo y la rapacidad de sus antecesores. Era
+un muchacho guapo, moreno, con nariz aguile&ntilde;a, barba negra y lustrosa;
+una de esas cabezas gallardas, audaces y de en&eacute;rgica belleza varonil que
+se ven con frecuencia en las tribus bohemias. En su porte y en su traje
+not&aacute;base la tendencia &laquo;flamenca&raquo; amalgamada con la fr&iacute;a correcci&oacute;n
+burguesa. La educaci&oacute;n del hogar confund&iacute;ase con las costumbres de una
+vida de est&uacute;pidas aventuras. Vestido de se&ntilde;orito, ten&iacute;a algo de gitano;
+cuando se disfrazaba de chulo, todos reconoc&iacute;an en &eacute;l al se&ntilde;orito. Era
+un ser doble, que flotaba entre la decencia y el encanallamiento.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n dec&iacute;an sus amigos, causaba sensaci&oacute;n entre las mujeres. La
+gitaner&iacute;a femenina le adoraba como un &iacute;dolo, pensando en sus conquistas
+de se&ntilde;oritas; y &eacute;stas mir&aacute;banle como un ser extraordinario, como un Don
+Juan irresistible, recordando ciertas historias de cantadoras flamencas
+que, por sus desdenes, se hab&iacute;an tragado cajas de f&oacute;sforos, y de
+hermosas carniceras que abandonaban al marido para seguir a un mozo tan
+adorable.</p>
+
+<p>En casa de do&ntilde;a Manuela, Roberto era muy bien acogido, especialmente por
+Conchita. Era un chico que ten&iacute;a muy buenas relaciones; es verdad que su
+fortuna era poca, pues gran parte de la herencia de sus padres estaba ya
+enterrada en los garitos o entre las u&ntilde;as de los usureros, pero esto no
+imped&iacute;a que fuese un partido aceptable para las j&oacute;venes de la clase
+media, que, colgadas de su brazo, pod&iacute;an entrar en un reducido c&iacute;rculo
+que ellas se imaginaban como el para&iacute;so de la aristocracia.</p>
+
+<p>Junto a este hermoso ejemplar de la burgues&iacute;a pr&oacute;ximo a la decadencia,
+Andresito Cuadros, el hijo del due&ntilde;o de <i>Las Tres Rosas</i>, aparec&iacute;a
+empeque&ntilde;ecido y aplastado, con la delgadez amarillenta de un crecimiento
+r&aacute;pido y ese aire aviejado de todos los hijos &uacute;nicos, a quienes las
+atenciones exageradas de sus padres no dejan robustecerse. Era el hijo
+del comerciante emancipado del mostrador y dedicado al estudio por la
+ambici&oacute;n del pap&aacute;. Docto y pedantuelo, algo engre&iacute;do con los
+sobresalientes de su carrera y acostumbrado a hacerse o&iacute;r en casa como
+un or&aacute;culo, asombr&aacute;base de que fuera de ella no le rindieran tributos de
+admiraci&oacute;n, y esto le produc&iacute;a tal cortedad, que muchos le ten&iacute;an por
+tonto.</p>
+
+<p>Los reci&eacute;n llegados, despu&eacute;s de saludar a la mam&aacute;, dese&aacute;ndola
+felicidades y ensartando los lugares comunes propios del caso,
+sent&aacute;ronse cerca de las dos ni&ntilde;as, que se mostraban complacidas y
+ruborosas.</p>
+
+<p>Rafael voceaba en la puerta del sal&oacute;n para que trajeran pronto el caf&eacute; a
+sus dos amigos, y Juanito, a falta de mejor ocupaci&oacute;n, jugueteaba con la
+traviesa <i>Miss</i>, cuyos movimientos iban acompa&ntilde;ados por el repicante
+cascabeleo de su peque&ntilde;o collar.</p>
+
+<p>Don Juan, hundido en su butaca, con la nariz cada vez m&aacute;s roja y el
+cigarro apagado entre los labios, segu&iacute;a sonriendo beat&iacute;ficamente. Su
+hermana no le abandonaba. Acos&aacute;balo con atenciones, y hasta hab&iacute;a
+logrado hacerle tragar una copa de co&ntilde;ac.</p>
+
+<p>Visanteta acababa de servir el caf&eacute; a los dos se&ntilde;oritos reci&eacute;n llegados,
+cuando la llam&oacute; su ama.</p>
+
+<p>&mdash;Di a Adela y a Nelet que entren.</p>
+
+<p>Toda la servidumbre de la casa se plant&oacute; a estilo de coro de zarzuela
+ante el sill&oacute;n de la se&ntilde;ora. Entre los tres cruz&aacute;banse alegres miradas,
+sonrisas de satisfacci&oacute;n.</p>
+
+<p>Era la ceremonia anual, el acto de dar los aguinaldos a los criados, por
+ser el d&iacute;a de la se&ntilde;ora. Con majestad teatral, do&ntilde;a Manuela dio un duro
+a cada uno, m&aacute;s un pa&ntilde;uelo de seda a Visanteta, por lo satisfecha que
+estaba de su m&eacute;rito como cocinera. El ce&ntilde;o de la habilidosa muchacha se
+dilat&oacute; por primera vez en todo el d&iacute;a, y los tres salieron
+apresuradamente con la alegr&iacute;a del regalo, oy&eacute;ndose el ruido de sus
+empellones y correteos.</p>
+
+<p>Esto obscureci&oacute; un poco la sonrisa de don Juan. Decididamente, su
+hermana era una loca, que odiaba el dinero. &iexcl;Mire usted que tirar tres
+duros tan en tonto! &iquest;No hubiera quedado lo mismo con tres pesetas?</p>
+
+<p>Pero su digesti&oacute;n de esquimal harto no le permit&iacute;a indignarse, y escuch&oacute;
+con expresi&oacute;n amable a su hermana, que, inclinada sobre &eacute;l, apoy&aacute;ndose
+en su misma butaca, le hablaba mimosamente, como si fuese una ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que seguir las costumbres, Juan; si no, los criados, en vez de
+respetarla a una, se encargan de desacreditarla. A ti de seguro que no
+le parece bien dar un duro a cada criado; a m&iacute; tampoco, pero hijo m&iacute;o,
+la costumbre es la costumbre, y si una hace ciertas econom&iacute;as, la gente
+cree que va de capa ca&iacute;da, suposici&oacute;n que a nadie gusta. &iquest;No crees t&uacute; lo
+mismo?</p>
+
+<p>&Eacute;l lo cre&iacute;a todo, con tal que le dejasen tranquilo en su digesti&oacute;n. Y
+movi&oacute; varias veces la cabeza en se&ntilde;al afirmativa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela se animaba y segu&iacute;a hablando, No es que ella fuese
+derrochadora; hab&iacute;a tenido su &eacute;poca de apuros, como &eacute;l sab&iacute;a muy bien, y
+conoc&iacute;a el valor de un duro. Pero hab&iacute;a que quedar con dignidad,
+sostener la honra de la casa, ahora que las ni&ntilde;as iban siendo casaderas,
+y esto, &iexcl;ay, Juanito m&iacute;o! esto exig&iacute;a grandes apuros y no menores
+sacrificios. &iquest;Qu&eacute; le pasaba a don Juan? &iquest;Hab&iacute;a parado en seco su
+digesti&oacute;n? La gozosa sonrisa desaparec&iacute;a; sus ojos, entornados
+voluptuosamente, volv&iacute;an a entreabrirse para lanzar punzantes miradas, y
+se agit&oacute; varias veces en la butaca, como huyendo de ocultos alfileres.
+&iexcl;Todo sea por Dios! &Eacute;l tambi&eacute;n ten&iacute;a apuros y hac&iacute;a sacrificios. El
+mundo es as&iacute;. Y prob&oacute; dormirse, como hombre a quien no interesa la
+conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Pero la hermana no call&oacute;. Ella economizaba, priv&aacute;ndose de todo para
+sostener la apariencia de la casa, hasta que las ni&ntilde;as encontrasen &laquo;un
+buen partido&raquo;; pero a veces se tropieza con escollos insuperables y no
+sabe una c&oacute;mo salir a flote.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... &iquest;duermes, Juan? &iquest;No me escuchas? Un gru&ntilde;ido dio a entender a
+do&ntilde;a Manuela que su hermano la o&iacute;a con los ojos cerrados. Esto bast&oacute;
+para que continuase.</p>
+
+<p>Ahora mismo se hallaba en una de esas situaciones dif&iacute;ciles; algunas
+deudas antiguas las hab&iacute;a satisfecho con la paga de Navidad de sus
+arrendatarios de la huerta, pero necesitaba con urgencia ocho mil
+reales, pues el invierno exige grandes gastos. Ya que en la familia se
+hab&iacute;an suavizado antiguas asperezas, a ella ten&iacute;a que acudir en sus
+apuros. &iquest;Y qui&eacute;n era su familia? Su hermano, y nadie m&aacute;s que su hermano.
+Su Juan, a quien ella siempre hab&iacute;a querido tanto, respetando sus sabios
+consejos.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no me abandonar&aacute;s en este apuro, &iquest;verdad, Juan? T&uacute; me prestar&aacute;s esa
+cantidad, y yo te la devolver&eacute; a San Juan, cuando cobre los otros
+arriendos. &iquest;Quedamos en eso...?</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; hab&iacute;an de quedar! No hab&iacute;a m&aacute;s que ver el mal humor con que don
+Juan sali&oacute; de su turbada digesti&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, desgraciada, &iquest;de d&oacute;nde quieres que saque yo ocho mil reales? T&uacute;
+te figuras, por lo menos, que yo apaleo las onzas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela protest&oacute;. Vamos, que ocho mil reales no son una cantidad
+para arruinar a nadie. Adem&aacute;s, ella promet&iacute;a devolverlos a San Juan; y
+al ver que su hermano sonre&iacute;a ir&oacute;nicamente, lo jur&oacute; con la mano puesta
+en el exuberante pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Y si no tienes los ocho mil reales (cosa que dudo), eso no importa,
+Juanito m&iacute;o. Con que firmes por m&iacute;, salgo de apuros. &iexcl;Adi&oacute;s digesti&oacute;n!
+Ahora s&iacute; que don Juan sal&iacute;a de la placentera calma, despertando de su
+amodorramiento.</p>
+
+<p>&mdash;Ya has ense&ntilde;ado la oreja. &iexcl;Firmar...! &iexcl;firmar...! &iquest;T&uacute; crees que una
+persona como Dios manda pone la firma, porque s&iacute;, al primer jud&iacute;o que se
+presenta? Eso s&oacute;lo lo hacen las locas como t&uacute;, que has firmado m&aacute;s papel
+que un escribano, y miras con la mayor tranquilidad c&oacute;mo tu nombre anda
+por el mundo en pagar&eacute;s siempre renovados, con condiciones que s&oacute;lo
+admiten las personas tramposas y sin cr&eacute;dito.</p>
+
+<p>Y adem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; era aquello de la paga de los arriendos y de devolver los
+ocho mil reales el d&iacute;a de San Juan? Mentiras y nada m&aacute;s que mentiras.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo s&eacute; todo, Manuela. No conservas un campo de los que heredaste de
+pap&aacute; que no tenga la correspondiente hipoteca. El dinero de tus
+arrendatarios se va todo en intereses. Si se juntan todos tus acreedores
+y exigen que les pagues las deudas, m&aacute;s los intereses disparatados que
+les has reconocido, te ver&aacute;s en medio de la calle, perdiendo hasta la
+camisa que llevas puesta. &iexcl;Eh...! &iquest;qu&eacute; tal? &iquest;Cre&iacute;as que yo no estaba
+enterado de tus cosas?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estaba p&aacute;lida e inquieta. Era una imprudencia expresarse
+as&iacute; a pocos pasos de aquel grupo donde estaban Roberto y Andresito, dos
+extra&ntilde;os que no pod&iacute;an imaginarse la verdadera situaci&oacute;n de la casa. Por
+fortuna, Concha y Amparo atra&iacute;an la atenci&oacute;n de los dos; adem&aacute;s, las
+ni&ntilde;as, a ruegos de los pollos, iban a hacer un poco de m&uacute;sica y canto.</p>
+
+<p>Tal vez el piano amansase a don Juan; pero... &iexcl;quia! &eacute;ste formaba parte
+de las fieras, a quienes domina la m&uacute;sica, y con gran pesar de su
+hermana no sal&iacute;a de su indignaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para esto me has convidado...? T&uacute; has dicho: &laquo;Le daremos bien a
+comer, procuraremos emborracharlo, y despu&eacute;s, cuando est&eacute; tierno... &iexcl;el
+sablazo!&raquo; Pues hija, te equivocas. Ni ahora ni nunca conocer&aacute;s el color
+de mi dinero. No pienso hacer nada por ti. Cuando muri&oacute; tu segundo
+marido me prometiste ser un modelo de econom&iacute;a y prudencia; y yo fui tan
+tonto, que perd&iacute; el tiempo y hasta alg&uacute;n dinero para poner a flote tu
+fortuna, que hac&iacute;a agua por todas partes como un barco viejo.... D&eacute;jame
+acabar, Manuela; no me interrumpas. &iquest;Quieres hacerme creer que a&uacute;n lo
+conservas todo libre de trampas, tal como yo te lo entregu&eacute;? &iexcl;Quia, hija
+m&iacute;a! En este siglo no hay milagros, y con quince mil duros de capital no
+se sostiene un carruaje ni el boato que t&uacute; gastas. Lo s&eacute; todo; y si no,
+escucha.</p>
+
+<p>Y don Juan, con gran abundancia de detalles, como hombre versado en los
+negocios, fue describiendo a su hermana el estado de su fortuna. No
+ten&iacute;a un pedazo de tierra libre del peso de una hipoteca; las rentas
+apenas si daban para los r&eacute;ditos, y hasta la misma casa en que ella
+viv&iacute;a era una finca que produc&iacute;a poco, por culpa de su vanidad.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando al quedar viuda te pusiste en mis manos, viv&iacute;as en una de las
+dos habitaciones del piso segundo y ten&iacute;as alquilado este principal. Un
+duro diario es una gran cosa, y m&aacute;s en tu situaci&oacute;n. Pero t&uacute; no pod&iacute;as
+acostumbrarte a ser se&ntilde;ora de muchos escalones, como dices en tu jerga;
+quer&iacute;as tu sal&oacute;n y tu carruaje, como en los tiempos de loco despilfarro,
+y con el pretexto de que las ni&ntilde;as crec&iacute;an y era preciso pollear y
+mentir, bajaste a este piso, y baj&oacute; la renta tambi&eacute;n aumentando los
+gastos. Ya que no pod&iacute;as tener un tronco, carretela y berlina, como en
+otra &eacute;poca, vendiste un campo para comprar la galerita y el caballo y
+mantener a ese bigard&oacute;n, hijo de la t&iacute;a Quica, que os roba la cebada y
+las algarrobas.... S&eacute; que te fastidia o&iacute;r todo esto, pero te lo digo
+para que sepas que no me chupo el dedo ni se me enga&ntilde;a f&aacute;cilmente....
+Nunca me he forjado la ilusi&oacute;n de convertirte. T&uacute; ser&aacute;s siempre la misma
+Manuela, la loca, la pretenciosa, y morir&aacute;s cuando gastes el &uacute;ltimo
+c&eacute;ntimo. Cada uno nace con su car&aacute;cter, y t&uacute; eres de aquellos a quienes
+el pobre pap&aacute; cantaba la antigua copla:</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 3.5em;"><i>Arr&ograve;s y tartana</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>casaca a la moda</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">&iexcl;<i>y r&ograve;de la bola</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>a la valensiana</i>!</span><br />
+</div>
+
+<p>Y como si la cancioncilla del t&iacute;o fuese la se&ntilde;al para que comenzase la
+m&uacute;sica de las ni&ntilde;as, &eacute;stas atronaron el sal&oacute;n con el tecleo del piano y
+los gorjeos esforzados.</p>
+
+<p>Don Juan cobr&oacute; &aacute;nimos con este estr&eacute;pito. Al ver que los muchachos s&oacute;lo
+atend&iacute;an al piano, sigui&oacute; hablando, pero levant&oacute; m&aacute;s la voz, con gran
+alarma de su hermana.</p>
+
+<p>&mdash;Marchas a tu perdici&oacute;n, Manuela. Cuando est&eacute;s en la miseria, siempre
+me acordar&eacute; de que soy tu hermano, y tendr&aacute;s donde comer t&uacute; y los
+tuyos.... Pero dinero, &iexcl;ni un c&eacute;ntimo!</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela levant&oacute; la cabeza con altivez, mostrando la mirada ardiente
+y las mejillas rubicundas.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por la limosna&mdash;dijo con iron&iacute;a&mdash;. Pero a&uacute;n no he llegado ah&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Llegar&aacute;s, llegar&aacute;s&mdash;repuso don Juan sin perder la calina&mdash;. Est&aacute;s en
+el camino. Hoy todav&iacute;a puedes sostenerte, y al ver que te niego los ocho
+mil reales, buscar&aacute;s a do&ntilde;a Clara, esa bruja prestamista, o a otra
+persona de la clase, y firmar&aacute;s un pagar&eacute; por doce o catorce mil. Est&aacute;s
+metida en el barro y no saldr&aacute;s nunca de &eacute;l; por m&aacute;s esfuerzos que hagas
+te hundir&aacute;s. Si no te conociera tanto, te dar&iacute;a la mano; pero no: &laquo;una y
+no m&aacute;s, Santo Tom&aacute;s&raquo;; me acuerdo mucho de la atenci&oacute;n con que seguiste
+mis consejos.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora estaba indignada por el lenguaje rudo de su hermano. Era muy
+due&ntilde;o de no darle aquella miseria; al fin, resultaba lo que ella hab&iacute;a
+cre&iacute;do siempre: un avaro sin coraz&oacute;n. Pero su demanda no le autorizaba
+para aburrirla con tanto sermoneo.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, Juan; me pones nerviosa con tus groser&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Callar&eacute;, hija; no quiero molestarte en un d&iacute;a como &eacute;ste. Pero s&oacute;lo me
+resta hacerte una advertencia. Los que est&aacute;n tan ahogados como t&uacute;, se
+agarran a un clavo ardiendo. Juanito posee una finca que vale algo: el
+huerto de Alcira, que has tenido que respetar en calidad de bienes
+reservables. Como ahora el chico es mayor de edad y te quiere tanto, te
+advierto que si para hacer dinero lo mezclas en tus l&iacute;os tendr&aacute;s que
+v&eacute;rtelas conmigo. Yo soy su tutor, por encargo de su pobre padre, y
+aunque mi misi&oacute;n ha terminado legalmente, me creo en el deber de
+defenderlo, pues es un bonach&oacute;n al que enga&ntilde;a cualquiera.... Y no te
+digo m&aacute;s.</p>
+
+<p>Los dos hermanos callaron. Se hundi&oacute; &eacute;l en su sill&oacute;n, mirando a los
+chicos, y ella qued&oacute; con los ojos fijos en el suelo, el ce&ntilde;o fruncido y
+las mejillas de un rojo viol&aacute;ceo, como si la rabia le produjese
+erisipela.</p>
+
+<p>Rafael hab&iacute;a salido del sal&oacute;n, Juanito jugueteaba con <i>Miss</i>, cada vez
+m&aacute;s inquieta y ladradora, y Roberto, apoyado en el piano, hablaba con
+Concha, que sonre&iacute;a, tecleando nerviosamente, haciendo escalas que
+parec&iacute;an cabriolas e iniciando temas conocidos, que se confund&iacute;an
+fant&aacute;sticamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde diablos est&aacute;n los otros?&mdash;pensaba el t&iacute;o, paseando su vista por
+el sal&oacute;n.</p>
+
+<p>Y los otros, o sea Amparo y Andresito, estaban en un balc&oacute;n, mirando a
+la calle con la nariz pegada al vidrio y protegidos por los cortinajes.
+El beb&eacute;, con sus ingenuidades de loquilla, ten&iacute;a una habilidad diab&oacute;lica
+para salirse siempre con la suya. Hab&iacute;a maniobrado h&aacute;bilmente para
+llevarse al hijo de Cuadros hacia aquel balc&oacute;n, donde estaba la ni&ntilde;a
+como en su casa, lejos de miradas indiscretas y o&iacute;dos curiosos.</p>
+
+<p>Primero, hab&iacute;an hablado del tiempo, ri&eacute;ndose de los arabescos
+caprichosos que trazaban las gotas de lluvia escurri&eacute;ndose por el
+cristal; pero el joven, p&aacute;lido y tembloroso, como si le atormentase
+alg&uacute;n pensamiento oculto, guiaba la conversaci&oacute;n insensiblemente, y
+Amparito se dejaba arrastrar, segura de que por cualquier camino
+llegar&iacute;a siempre adonde ella deseaba.</p>
+
+<p>El t&iacute;o miraba atentamente el cortinaje del balc&oacute;n y las piernas de
+Andresito, que era lo &uacute;nico visible de la pareja. En un momento que
+Concha ces&oacute; de teclear, oy&oacute; la voz de Amparo, que sonaba lejana, como
+amortiguada por las cortinas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero Andresito... &iexcl;si somos tan j&oacute;venes!</p>
+
+<p>&iexcl;J&oacute;venes! &iquest;Y qu&eacute; importaba eso? Para el amor no hay edades, as&iacute; como
+tampoco exist&iacute;an clases. Lo aseguraba &eacute;l, que era persona competente en
+tal materia, por ser poeta y no in&eacute;dito, pues sus triunfos hab&iacute;a
+alcanzado en la Juventud Cat&oacute;lica. Adem&aacute;s, &eacute;l no era ning&uacute;n ni&ntilde;o; dentro
+de cuatro a&ntilde;os ser&iacute;a abogado, y despu&eacute;s, &iquest;qui&eacute;n sabe...? Su imaginaci&oacute;n
+ve&iacute;a confusamente en lontananza ese algo que acarician todos los
+aprendices de legistas. Un sill&oacute;n de magistrado, una poltrona de
+ministro o un taburete de escribiente... cualquier cosa; lo importante
+era sentarse en alg&uacute;n sitio.</p>
+
+<p>No, no eran j&oacute;venes para amarse. Ya lo hab&iacute;a dicho &eacute;l en un soneto y
+media docena de quintillas escritas con el pensamiento puesto en
+Amparito. El amor no tiene edad. &Eacute;l la adoraba con la inmensa pasi&oacute;n de
+los grandes poetas; y hablaba de Dante y Beatriz, de Petrarca y Laura,
+de Ausias March y Teresa. Amparito escuchaba sonriente, complacida por
+esta letan&iacute;a de poetas. Todos muy se&ntilde;ores m&iacute;os, pero que los o&iacute;a mentar
+por vez primera, a excepci&oacute;n de Ausias March, por ser su nombre el de la
+calle donde ella ten&iacute;a su modista.</p>
+
+<p>A &eacute;l le era imposible vivir si Amparito se negaba a amarle; necesitaba,
+para no aborrecer la vida, que ella se decidiese a ser su musa, su
+inspiraci&oacute;n. Y el lindo beb&eacute;, aunque por costumbre segu&iacute;a riendo,
+sent&iacute;ase muy satisfecha en su interior de ser musa de alguien, honor que
+jam&aacute;s alcanzar&iacute;a su hermana Concha. La consideraci&oacute;n de hacerse superior
+a su hermana era lo que m&aacute;s la empujaba a decir que s&iacute;. Adem&aacute;s, un novio
+no se presenta a cada instante, y aunque existe el inconveniente de que
+ella era hija de un doctor famoso&mdash;seg&uacute;n afirmaba la mam&aacute;&mdash;, y los
+padres de Andresito eran unos ordinarios&mdash;tambi&eacute;n seg&uacute;n do&ntilde;a Manuela&mdash;,
+confiaba que, con el tiempo, la brillante posici&oacute;n que se propon&iacute;a
+conquistar el chico lo allanar&iacute;a todo.</p>
+
+<p>Y cuando con m&aacute;s calor hablaba Andresito de sus tormentos amorosos, la
+ni&ntilde;a le interrumpi&oacute;, dici&eacute;ndole con su tonillo bromista, como quien
+accede a tomar parte en un juego:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; seremos novios... pero &iexcl;por Dios! que nada sepa la mam&aacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2>
+
+
+<p>El Carnaval de aquel a&ntilde;o fue muy alegre para la familia de do&ntilde;a Manuela.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as se divirtieron. Rafaelito era socio de todos los c&iacute;rculos
+distinguidos y decentes donde se baila, mientras arriba, en una
+habitaci&oacute;n con luces verdes, guardada y vigilada como antro de
+conspiradores, rueda la ruleta con sus vivos colorines o se agrupan los
+aficionados en torno de las cuatro cartas del <i>monte</i>.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; noches aqu&eacute;llas de emociones, de nerviosas alegr&iacute;as, de mareos
+voluptuosos, y despu&eacute;s de aplastamiento, de brutal cansancio...! Juanito
+era el encargado de abrir la puerta cuando la familia volv&iacute;a del baile.
+En la madrugada, cerca de las cuatro, o&iacute;a chirriar los pesados portones,
+entraba el carruaje en el patio, con gran estr&eacute;pito, y &eacute;l saltaba de la
+cama meti&eacute;ndose los pantalones. La entrada de la familia le deslumbraba,
+sintiendo el infeliz una impresi&oacute;n de vanidad. Las hermanitas, vestidas
+unas veces con trajes de sociedad, obra de una modista francesa, y que
+todav&iacute;a estaban por pagar; graciosamente disfrazadas otras de
+labradoras, de <i>pierrots</i> o de calabresas; Rafael, de etiqueta, embutido
+en un gab&aacute;n claro, tan corto de faldones que parec&iacute;a una americana; y
+la mam&aacute; satisfecha del &eacute;xito alcanzado por sus ni&ntilde;as, y a pesar del
+cansancio, sonriente y majestuosa con su vestido de seda, que cruj&iacute;a a
+cada paso, y encima el amplio abrigo de terciopelo, Juanito contemplaba
+con el cari&ntilde;o de un padre este desfile desmayado que iba en busca de la
+cama, arrojando al paso en las sillas los adornos exteriores. La mam&aacute;
+era siempre para &eacute;l un &iacute;dolo, un ser superior, y los hermanos, al verlos
+tan elegantes, le hac&iacute;an recordar la &eacute;poca en que &eacute;l, peque&ntilde;o, pero
+avispado por el desv&iacute;o maternal, les serv&iacute;a de ni&ntilde;era cuidadosa,
+llev&aacute;ndolos en sus brazos y sufriendo con sublime abnegaci&oacute;n sus
+infantiles caprichos.</p>
+
+<p>Levant&aacute;base mal arropado, tosiendo y tembloroso, a abrir la puerta, pues
+era preciso dejar, dormir a las criadas, para que al d&iacute;a siguiente el
+cansancio no las entorpeciera en sus trabajos. Adem&aacute;s, la vista de su
+familia parec&iacute;a traerle algo de los esplendores de la fiesta, el perfume
+de las mujeres, los ecos de la orquesta, el voluptuoso desmayo de las
+amarteladas parejas, el ambiente del sal&oacute;n, caldeado por mil luces, y el
+apasionamiento de los di&aacute;logos. Y despu&eacute;s de aspirar ese perfume
+fant&aacute;stico de un mundo desconocido que su familia parec&iacute;a traerle entre
+los pliegues de sus ropas, el pobre muchacho volv&iacute;a a la cama, para
+dormir tres horas m&aacute;s y emprender despu&eacute;s el camino de la tienda,
+mientras la mam&aacute; y los hermanos roncaban su primer sue&ntilde;o con la fatiga
+propia de las noches de baile.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, a la hora de la comida, eran los comentarios, los recuerdos
+agradables, los berrinches por supuestas ofensas que en el primer
+instante hab&iacute;an pasado inadvertidas, y que, agrand&aacute;ndose ahora en la
+imaginaci&oacute;n, ped&iacute;an venganza. Las dos ni&ntilde;as recordaban la ligera sonrisa
+de las de L&oacute;pez al examinar sus disfraces de calabresas. &iexcl;Re&iacute;rse de
+ellas! &iexcl;Las muy cursis! Mejor har&iacute;an en darse una vueltecita alrededor
+de ellas mismas, pues no es muy chic ir siempre a los bailes con el
+mismo domin&oacute; blanco, de modo que al entrar con la careta puesta, toda
+la poller&iacute;a gritaba: &laquo;&iexcl;Ya est&aacute;n ah&iacute; las de L&oacute;pez!&raquo;</p>
+
+<p>Aparte de estos disgustos colectivos, las dos ni&ntilde;as los sufr&iacute;an tambi&eacute;n
+particularmente. Conchita estaba furiosa contra Roberto del Campo, &laquo;el
+pollo bonito&raquo;, como le llamaban algunas. Mucha palabrer&iacute;a, requiebros a
+granel; pero de declaraci&oacute;n seria y formalmente... &iexcl;ni esto! Bailaba con
+ella, y a lo mejor abandonaba a su pareja y sal&iacute;a del sal&oacute;n, para no
+reaparecer hasta la hora del <i>galop</i> final. Su excusa era siempre la
+misma: ten&iacute;a algo que arreglar con Rafaelito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde os met&eacute;is, condenados?&mdash;preguntaba la hermana al d&iacute;a
+siguiente&mdash;. &iquest;Qu&eacute; diversi&oacute;n es esa que os hace tan groseros?</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, son cosas de hombres. Mientras vosotras bail&aacute;is, nosotros nos
+dedicamos a ocupaciones m&aacute;s serias.</p>
+
+<p>Serias, s&iacute;; tan serias eran, que Rafaelito ten&iacute;a frita a la mam&aacute;&mdash;seg&uacute;n
+propia expresi&oacute;n&mdash;, pidi&eacute;ndola cinco duros al d&iacute;a siguiente de los
+bailes. El Carnaval ten&iacute;a para &eacute;l mala pata, y al susurro de la orquesta
+que sonaba abajo, sal&iacute;a bailoteando siempre la carta contraria y se
+llevaba al montecillo del banquero las pesetas de mam&aacute;.</p>
+
+<p>Amparo tambi&eacute;n ten&iacute;a sus disgustos. Lo que a ella le pasaba no pod&iacute;a
+ocurrirle a nadie. Aquello no era tener novio ni tener nada. Vamos a
+ver: &iquest;para qu&eacute; tiene novio una muchacha? Para lucirlo, para que lo vean
+las amigas y rabien un poco... &iquest;no es verdad? Pues ella no pod&iacute;a darse
+tal placer. Andresito no ten&iacute;a un cuarto y no era socio de los c&iacute;rculos
+donde iba ella. Sus papas lo llevaban bastante elegantito, eso s&iacute;, pero
+limit&aacute;banse a darle los domingos tres pesetas y un serm&oacute;n encarg&aacute;ndole
+que no fuese derrochador ni calavera, que mirase en qu&eacute; gastaba su
+dinero... y mucho cuidadito con meterse en sitios malos. Mendigaba
+alguna invitaci&oacute;n en las redacciones de los peri&oacute;dicos, y si la
+consegu&iacute;a, iba al baile, pero s&oacute;lo hasta la una. &iquest;Ha visto usted? Hasta
+la una, la hora en que iban llegando las amigas y el baile comenzaba a
+animarse. S&oacute;lo una vez consigui&oacute; que Andresito se esperase hasta las
+dos, pero al d&iacute;a siguiente sospech&oacute; con fundamento que en <i>Las Tres
+Rosas</i> hab&iacute;an estado a la espera, tras la puerta, unos &aacute;speros bigotes y
+una vara de medir, para dar las &laquo;&iexcl;buenas noches!&raquo; en las costillas al
+bailar&iacute;n rezagado.... &iquest;Era esto un novio serio? Y luego, aunque se quede
+usted s&oacute;lita en el baile, mucho cuidado con aceptar invitaci&oacute;n de tantos
+pollos amables, porque si el se&ntilde;or sabe que se ha bailado, pone un
+hocico inaguantable y habla de un tal Otelo, y dispara un soneto en que
+le pone a una de p&eacute;rfida, perjura e infiel, que no hay por d&oacute;nde
+cogerla.... No se&ntilde;or; la cosa no puede seguir as&iacute;. Ella se ten&iacute;a la
+culpa, por no hacer caso de mam&aacute;, que dec&iacute;a que los de <i>Las Tres Rosas</i>
+eran unos ordinarios. Andresito era un buen chico, pero ella no pod&iacute;a
+estar en rid&iacute;culo y que las amigas le preguntasen ir&oacute;nicamente por su
+novio. Como se decidiera otro que estaba a la vista, era cosa hecha:
+plantaba a Andresito.</p>
+
+<p>Llegaron los tres d&iacute;as de Carnaval. Por las ma&ntilde;anas, entre las
+estudiantinas y comparsas que corr&iacute;an las calles, pasaban las familias
+ostentando a alg&uacute;n ni&ntilde;o infeliz enfundado en la malla de Lohengrin, el
+justillo de Quevedo o los rojos greg&uuml;escos de Mefist&oacute;feles. Los ciegos y
+ciegas que el resto del a&ntilde;o pregonan el papelito en el que est&aacute; todo lo
+que se canta iban en cuadrilla, guitarra al pecho, vestidos de
+pescadores u odaliscas, mal perge&ntilde;ados, con mugrientos trajes de
+roper&iacute;a.</p>
+
+<p>Muchachos con pliegos de colores voceaban las <i>d&eacute;cimas y cuartetas</i>,
+<i>alegres y divertidas</i>, <i>para las m&aacute;scaras</i>, colecciones de disparates
+m&eacute;tricos y porquer&iacute;as rimadas, que por la tarde hab&iacute;an de provocar
+alaridos de alegre esc&aacute;ndalo en la Alameda. En la puerta del Mercado
+vend&iacute;anse narices de cart&oacute;n, bigotes de crin, ligas multicolores con
+sonoros cascabeles, y caretas pintadas, capaces de oscurecer la
+imaginaci&oacute;n de los escultores de la Edad Media, unas con los m&uacute;sculos
+contra&iacute;dos por el dolor, un ojo saltado y arroyos de bermell&oacute;n cayendo
+por la mejilla; otras con una frente inmensa, espantosa; caras de
+esqueletos con las fosas nasales hundidas y repugnantes; narices que son
+higos aplastados, o que se prolongan como serpenteante trompa con un
+cascabel en la punta; sonrisas contagiosas que provocan la carcajada y
+carrillos rubicundos a los que se agarra un repugnante lagarto verde.</p>
+
+<p>Los estudiantes, con el manteo terciado, tricornio en mano y ondeante en
+la manga el lazo de la Facultad, corr&iacute;an las calles como un reba&ntilde;o loco,
+asediando a los transe&uacute;ntes para sacarles el dinero en nombre de la
+caridad. Por la plazuela de las de Pajares desfilaron los de Medicina y
+Derecho, y en torno de la enhiesta bandera amarilla o roja, las m&uacute;sicas
+rompieron a tocar alegres valses, que r&aacute;pidamente poblaban los balcones.</p>
+
+<p>La expansi&oacute;n ruidosa de la juventud libre y sin cuidados invad&iacute;a la
+plaza como una atronadora borrachera. Volaban los tricornios a los
+balcones; cada cara bonita provocaba floreos interminables, en los que
+la hip&eacute;rbole dilat&aacute;base hasta lo desconocido; y hab&iacute;a muchacho que,
+impulsado por alguna copita traidora, despreciaba la vulgar invitaci&oacute;n
+de las escaleras y se encaramaba por la fachada, agarr&aacute;ndose a las
+rejas, para entregar un ramo de flores a la ni&ntilde;a y pedirle un duro a la
+mam&aacute;. Concha y Amparo recib&iacute;an una ovaci&oacute;n y do&ntilde;a Manuela, roja de
+orgullo, repart&iacute;a sonrisas y pesetas a todo el enjambre de diablos
+negros, voceadores y gesticuladores que se agolpaba bajo el balc&oacute;n. A
+espaldas de ellas estaba Andresito Cuadros, que acababa de entrar en el
+sal&oacute;n con el manteo terciado, una bayeta infame que tiznaba de negro la
+camisa y la cara. Llevaba ramos para la mam&aacute; y las ni&ntilde;as, y estuvo
+locuaz, atrevido, aunque, con gran desencanto de Amparito, no intent&oacute;
+como los otros, subir por la fachada, sistema que a ella le parec&iacute;a muy
+interesante.</p>
+
+<p>Por la tarde, Nelet enganchaba la galerita, y a la Alameda, donde la
+fiesta tomaba el car&aacute;cter de una saturnal de esclavos ebrios.</p>
+
+<p>El disfraz de labrador era un pretexto para toda clase de expansiones
+brutales; y acompa&ntilde;ados por el retint&iacute;n de los cascabeles de las ligas,
+trotaban los grupos de zarag&uuml;elles planchados, chalecos de flores,
+mantas ondeantes y tiesos pa&ntilde;uelos de seda. Un berrido ensordecedor, un
+&laquo;&iexcl;<i>che</i>... <i>e</i>...<i>e</i>!&raquo; estridente, prolongado hasta lo infinito, como el
+grito de guerra de los pieles rojas, conmov&iacute;a las calles. Las criadas,
+endomingadas, hu&iacute;an despavoridas al escuchar el vocer&iacute;o; y pasaba la
+tribu al galope, dando furiosos saltos, con sus caretas horriblemente
+grotescas y esgrimiendo por encima de sus cabezas enormes navajas de
+madera pintada con manchas de bermell&oacute;n en la corva hoja. Revueltos con
+ellos, iban los disfraces de siempre: mamarrachos con arrugadas
+chisteras y levitas adornadas con arabescos de naipes; beb&eacute;s que
+asomaban la poblada barba bajo la careta y al comp&aacute;s del sonajero dec&iacute;an
+c&iacute;nicas enormidades; diablos verdes silbando con furia y azotando con el
+rabo a los papanatas; gitanos con un burro moribundo y sarnoso tintado a
+fajas como una cebra; payasos &aacute;giles, viejas haraposas con una
+repugnante escoba al hombro, y los t&iacute;os de &laquo;&iexcl;al higu&iacute;!&raquo; golpeando la
+ca&ntilde;a y haciendo saltar el cebo ante el escuadr&oacute;n goloso de muchachos con
+la boca abierta.</p>
+
+<p>Toda esta invasi&oacute;n de figurones que trotaba por la ciudad, voceando como
+un manicomio suelto, dirig&iacute;ase a la Alameda, pasaba el puente del Real
+envuelta con el gent&iacute;o, y as&iacute; que estaban en el paseo, iban unos hacia
+el Plant&iacute;o para dar bromas insufribles, sonando las bofetadas con la
+mayor facilidad. La galerita de las de Pajares, a pesar de su cubierta
+charolada, de los arneses brillantes y de sus ruedas amarillas, tan
+finas y ligeras que parec&iacute;an las de un juguete, aparec&iacute;a empeque&ntilde;ecida y
+deslustrada en el gigantesco rosario de berlinas y carretelas, faetones
+y dog-carts que, como arcaduces de noria, estaban toda la tarde dando
+vueltas y m&aacute;s vueltas por la avenida central del paseo.</p>
+
+<p>Rafaelito hab&iacute;ase disfrazado de <i>clown</i>, y con otros de su cala&ntilde;a
+ocupaba un carro de mudanzas, sobre cuya cubierta hac&iacute;an diabluras y
+saludaban con palabras groseras a todas las muchachas que estaban a tiro
+de sus voces aflautadas. &iexcl;Vaya unos chicos graciosos!</p>
+
+<p>El carruaje de do&ntilde;a Manuela llevaba escolta. Un buen mozo con negro
+domin&oacute;, montando un caballo de alquiler, march&oacute; toda la tarde como
+pegado a la portezuela, hablando con Concha, mientras la mam&aacute; y Amparo
+miraban las m&aacute;scaras. Era Roberto del Campo, el cual, a pesar de su
+gallard&iacute;a, iba resultando un posma, que s&oacute;lo sab&iacute;a decir floreos, sin
+llegar nunca a declararse. La mam&aacute; comenzaba a no encontrar tan seductor
+a aquel espantanovios. Dios sabe cu&aacute;ntas proposiciones habr&iacute;a perdido la
+ni&ntilde;a por culpa de aquel hombre, que gozaba todas las intimidades de un
+novio, sin decidirse nunca a serlo. Pero Conchita se mostraba sorda a
+los consejos de mam&aacute;. Ella lo pescar&iacute;a; los hombres que las echan de
+listos caen cuando menos lo esperan: todo era cuesti&oacute;n de tiempo y de
+presentar buena cara.</p>
+
+
+<p>Pas&oacute; el Carnaval y do&ntilde;a Manuela se vio en plena Cuaresma. Era la hora de
+purgar los derroches y las alegr&iacute;as de la temporada anterior. La modista
+francesa presentaba la cuenta de los trajes de las ni&ntilde;as, y adem&aacute;s hac&iacute;a
+falta dinero para los gastos de la casa. Total, que do&ntilde;a Manuela
+necesitaba tres mil pesetas.</p>
+
+<p>Su amiga do&ntilde;a Clara, la corredora de los prestamistas, de la que don
+Juan hablaba pestes, no encontraba dinero para la viuda de Pajares.</p>
+
+<p>&mdash;Francamente, do&ntilde;a Manuela: &iexcl;tiene usted por ese mundo tantos pagar&eacute;s
+renovados y con intereses que no siempre se cobran...! Mis amigos se
+niegan a dar un c&eacute;ntimo. &iexcl;Si usted encontrase una persona con garant&iacute;as
+que quisiera avalar su firma...!</p>
+
+<p>&iexcl;Persona con garant&iacute;as...! No era tan f&aacute;cil encontrar esto, que los
+prestamistas ped&iacute;an con tanta sencillez. All&iacute; estaba su hermano, que
+solamente con una palabra pod&iacute;a sacarla del apuro; pero no hab&iacute;a que
+pensar en semejante miserable, capaz de dejar perecer a toda su familia
+antes que desprenderse de una peseta. &iexcl;Qu&eacute; angustiosa situaci&oacute;n! &iexcl;Y que
+una persona distinguida como ella tuviera que verse en tal aprieto por
+unas cuantas pesetas, cuando tantos miles hab&iacute;a arrojado por la ventana
+en otros tiempos...!</p>
+
+<p>Hab&iacute;a que pagar a la modista; la idea de que &eacute;sta pod&iacute;a decir la verdad
+a sus parroquianas, todas se&ntilde;oras distinguidas, horrorizaba a la viuda,
+a pesar de que no ten&iacute;a la menor amistad con ellas. Y a fuerza de
+cabildeos, acab&oacute; por encontrar la soluci&oacute;n. La ten&iacute;a al alcance de su
+mano. Juanito, propietario y mayor de edad, era la firma con garant&iacute;as
+que ella necesitaba. En cuanto a las amenazas de don Juan, que hab&iacute;a
+previsto el caso, se burlaba de ellas. &iquest;No era Juanito su hijo?</p>
+
+<p>Nunca vio el pobre muchacho tan dulce y complaciente a su mam&aacute;. La
+escuch&oacute;, como siempre, embelesado, deleit&aacute;ndose con el eco de su voz, y
+la madre tuvo necesidad de repetir sus peticiones para que Juanito se
+diese cuenta de lo que dec&iacute;a. A pesar de su fan&aacute;tica adoraci&oacute;n, el
+muchacho experiment&oacute; cierto sobresalto al enterarse de que se le ped&iacute;a
+una firma por valor de tres mil pesetas. No lo pod&iacute;a remediar. Estaba
+amasado con pasta de comerciante, y en cuestiones de dinero reaparec&iacute;a
+en &eacute;l lo que ten&iacute;a del padre y del abuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mam&aacute;, &iquest;tan mal estamos de fortuna?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estuvo elocuente. La vida cada vez m&aacute;s cara, las exigencias
+del rango social muy costosas, y sobre todo, los hijos, &iexcl;ay, los
+hijos...! &iquest;T&uacute; sabes, Juanito, lo que me cost&aacute;is?</p>
+
+<p>Y Juanito callaba, a pesar de que ten&iacute;a razones de sobra para responder.
+Desde la muerte de su padre se hab&iacute;a comido la viuda la renta de su
+huerto; lo llev&oacute; vestido hasta los veinte a&ntilde;os con los desechos de su
+padrastro; hab&iacute;a ahorrado a su madre el gasto de una criada, cuidando
+fervorosamente a sus hermanitos, aguantando sus rabietas de criaturas
+nerviosas, y hac&iacute;a ya diez a&ntilde;os que ganaba su salario en <i>Las Tres
+Rosas</i>, entreg&aacute;ndolo &iacute;ntegro a la mam&aacute;. &iquest;Qu&eacute; gastos hac&iacute;a &eacute;l, vamos a
+ver? En cambio, los otros.... Pero a los otros hab&iacute;a que dejarlos en
+paz. &Eacute;l los quer&iacute;a lo mismo que a mam&aacute;, y su pena era no poder darles
+m&aacute;s. Y el pobre muchacho callaba, sufriendo pacientemente las irritantes
+mentiras de do&ntilde;a Manuela, que segu&iacute;a hablando de los sacrificios por los
+hijos. En fin, que necesitaba tres mil pesetas, y esperaba que Juanito,
+su ni&ntilde;o querido, salvar&iacute;a la casa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero mam&aacute;, pod&iacute;amos hablarle al t&iacute;o. &Eacute;l nos dejar&iacute;a esa cantidad sin
+intereses.</p>
+
+<p>&iquest;Al t&iacute;o...? &iexcl;Horror! Ni una palabra. Era un ego&iacute;sta, un grosero, un
+hombre sin educaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidado, Juan, con decirle una palabra. Dar&iacute;as un disgusto a tu mam&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, puedo pedirlas a mi principal. Aunque don Antonio anda
+ahora muy ocupado en eso de la Bolsa, siempre tendr&aacute; tres mil pesetas
+para favorecer a unos buenos amigos.</p>
+
+<p>Tampoco. A &eacute;se, menos. No quer&iacute;a adquirir compromisos con unas personas
+as&iacute;... tan ordinarias. Justamente hab&iacute;a sabido el d&iacute;a anterior que
+Amparito ten&iacute;a relaciones con el hijo de Cuadros, y hab&iacute;a experimentado
+un verdadero disgusto. Unas relaciones sin &laquo;sentido com&uacute;n&raquo;. &iexcl;Casar a
+Amparito, a la hija del doctor Pajares, con el hijo de Teresa, que hab&iacute;a
+sido criada de do&ntilde;a Manuela! No; la familia no hab&iacute;a llegado a&uacute;n tan
+bajo, y aunque apurada, no estaba para emparentar con una fregona. Ya se
+sab&iacute;a que Antonio Cuadros se hab&iacute;a lanzado en plena Bolsa, y aunque con
+timidez, hac&iacute;a sus operaciones; pero cuando tuviera muchos miles de
+duros, &iexcl;muchos! entonces pod&iacute;a volver Andresito... y ver&iacute;amos.
+Decididamente, no quer&iacute;a pedir pr&eacute;stamos a una gente inferior, que la
+tratar&iacute;a con desde&ntilde;osa confianza al conocer sus apuros.</p>
+
+<p>Y descartados don Juan y el comerciante, do&ntilde;a Manuela volvi&oacute; a la carga;
+el hijo intent&oacute; resistirse, pero al fin le aturdieron las caricias
+maternales y firm&oacute; cuanto quiso la mam&aacute;.</p>
+
+<p>La consideraci&oacute;n de que parte de aquel dinero era para pagar el abono de
+las tres butacas que la familia ten&iacute;a en el Principal a turno impar le
+hizo decidirse. Sin teatro, &iquest;qu&eacute; iban a hacer sus hermanitas? &iquest;Para qu&eacute;
+aquellos trajes que tan caros costaban? All&iacute; pod&iacute;an encontrar buenas
+proposiciones que asegurasen su porvenir, y ser&iacute;a una crueldad que &eacute;l
+cortase la carrera a las dos muchachas.</p>
+
+<p>Y Juanito sinti&oacute;se feliz, en aquella temporada de Cuaresma, cada noche
+que cenaba con la familia, puesta de veinticinco alfileres, comiendo
+inc&oacute;moda con la <i>toilette</i> de teatro y estremeci&eacute;ndose de impaciencia,
+mientras abajo sonaban las coces del caballo contra los guijarros del
+patio y los tirones que daba a la galerita.</p>
+
+<p>Cantaba un tenor &laquo;eminencia&raquo;, uno de esos tiranuelos de la escena que
+cobran por noche cinco mil francos para entonar una romanza o un d&uacute;o y
+estar de cuerpo presente en el resto de la obra. Era signo de distinci&oacute;n
+y de buen gusto dejarse robar por la eminencia; se congregaba para
+cruzar sonrisas y saludos lo mejorcito de Valencia, y las dos ni&ntilde;as
+pasaban el d&iacute;a siguiente hablando con entusiasmo del <i>do</i> de pecho del
+tenor y de los vestidos escotados de las del palco 7; de los diamantes
+de la tiple y de la facha rid&iacute;cula del director de orquesta, un t&iacute;o
+melenudo, con gafas de oro, que en los momentos dif&iacute;ciles braceaba como
+un loco, se levantaba del sill&oacute;n y parec&iacute;a querer pegarles a los
+m&uacute;sicos, a los artistas y hasta al p&uacute;blico.</p>
+
+<p>El gran tenor y sus triunfos figuraban en todas las conversaciones, y al
+fin, el pobre muchacho cay&oacute; en la tentaci&oacute;n, no de o&iacute;r el <i>Otello</i> de
+Verdi, sino de ver el bicho raro que abriendo la boca se tragaba cinco
+mil francos de una sentada. &Eacute;l, que sin remordimiento hab&iacute;a firmado por
+tres mil pesetas, tuvo que reflexionar y hacer un esfuerzo supremo para
+gastarse cuatro. &iexcl;Alguna vez hab&iacute;a de ser calavera! Y empujado por la
+muchedumbre, asalt&oacute; las alturas, el &laquo;para&iacute;so&raquo; de fuego, donde,
+acopl&aacute;ndose cada espectador entre las rodillas del vecino inmediato,
+formaba el p&uacute;blico un mosaico apretado y s&oacute;lido. All&iacute; permaneci&oacute; toda la
+noche, confundido con la demagogia l&iacute;rica, sin entender una palabra,
+fastidi&aacute;ndose horriblemente, diciendo en su interior que aquella m&uacute;sica
+era como la de las iglesias, pero sin valor para estornudar ni mover pie
+ni mano, por miedo a aquellos se&ntilde;ores que o&iacute;an con la boca entreabierta,
+los ojos puestos en el techo, inertes y extasiados como fakires en el
+<i>nirvana</i>, y que, al menor ruido, pon&iacute;an el mismo gesto que si un ratero
+les hurtase el bolsillo. Al terminar el acto, armaban una algarab&iacute;a de
+mil diablos, discutiendo e insult&aacute;ndose en un <i>cal&oacute;</i> ininteligible, y
+sacando a colaci&oacute;n la madera, el metal y la cuerda, como si tratasen de
+construir un navio.</p>
+
+<p>Juanito, contagiado por el ardor de pelea que reinaba en las alturas,
+sent&iacute;a tentaciones de gritar que aquello era fastidioso y lo de los
+cinco mil francos un robo; pero callaba, por miedo a los energ&uacute;menos
+art&iacute;sticos, y consol&aacute;base mirando abajo las rojas filas de butacas,
+donde se destacaban los lindos sombreros de sus hermanas y la majestuosa
+capota de mam&aacute;. Un sentimiento de orgullo le invad&iacute;a al contemplar a su
+familia tan esplenderosa en aquel ambiente cargado de luz y de perfume,
+y hasta ciertos instantes le falt&oacute; poco para llamar a Amparito y hacerle
+un cari&ntilde;oso saludo.</p>
+
+<p>&iexcl;Y pensar que en casa se pasaban tantos apuros para sostener aquel lujo!
+&iexcl;Qui&eacute;n lo dir&iacute;a vi&eacute;ndolas tan elegantes y risue&ntilde;as, especialmente la
+mam&aacute;, que luc&iacute;a brillantes en pecho, orejas y manos, y que antes quer&iacute;a
+pasar hambre que deshacerse de ellos...! Y el pobre muchacho, siguiendo
+la corriente de la l&oacute;gica, pensaba con horror si todas las se&ntilde;oras que
+all&iacute; estaban cargadas de flores y joyas, exhibiendo sus sonrisas de
+mujer feliz, habr&iacute;an tenido que pedir prestado como su madre.... El
+recuerdo de esta noche qued&oacute; en la memoria de Juanito con una impresi&oacute;n
+de calor asfixiante y aburrimiento inmenso. Al avalar el pagar&eacute; de su
+madre, hab&iacute;a pensado revelar a su t&iacute;o esta debilidad, pues incapaz de
+hacer nada por cuenta propia, se lo consultaba todo a don Juan. Pero
+esta vez fue perezoso; transcurri&oacute; el tiempo sin encontrar ocasi&oacute;n para
+ir a casa de su t&iacute;o, y al fin nada le dijo.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, su posici&oacute;n en <i>Las Tres Rosas</i> ten&iacute;a a Juanito pensativo y
+preocupado. Desde que su principal se dedicaba en cuerpo y alma a la
+Bolsa, animado por ciertas jugadas de fortuna, Juanito era de hecho el
+due&ntilde;o de la tienda. La ma&ntilde;ana pas&aacute;bala don Antonio conferenciando con
+los corredores en la trastienda, leyendo los despachos burs&aacute;tiles de los
+peri&oacute;dicos, haciendo comentarios y sosteniendo disputas con ciertos
+amigos nuevos que formaban corro a la puerta del establecimiento y
+hablaban con calor de la alza y la baja, los enteros y los c&eacute;ntimos. Por
+la tarde &iacute;base a la Bolsa, de donde volv&iacute;a al anochecer, sudoroso,
+enardecido, llevando en su mirada la fiebre de los conquistadores.</p>
+
+<p>Aquel hombre parsimonioso, de costumbres morigeradas, estaba en plena
+revoluci&oacute;n. Viv&iacute;a inquieto, nervioso, y en sus palabras y ademanes
+not&aacute;base cierto tono de grandeza, sin duda por la costumbre adquirida de
+hablar de millones y m&aacute;s millones con tanto desprecio como si fuesen
+pa&ntilde;uelos de dos pesetas docena. Las cosas de la tienda trat&aacute;balas ahora
+con indiferencia, como asuntos sin importancia, dignos s&oacute;lo de una
+capacidad vulgar. Encarg&oacute; a Juanito de la direcci&oacute;n de la casa, y cada
+vez que &eacute;ste le consultaba, respond&iacute;a con displicencia:</p>
+
+<p>&mdash;Haz lo que quieras, hijo m&iacute;o. All&aacute; t&uacute;. Aunque salga mal alg&uacute;n negocio,
+no me arruinar&eacute;. Yo estoy ahora en mi verdadero terreno; he encontrado
+el fil&oacute;n.</p>
+
+<p>Y pasando por &eacute;l una r&aacute;faga de confianza, desarrollaba un panorama tan
+encantador a los ojos de su dependiente, que los instintos de
+comerciante rapaz despertaban en &eacute;ste y se estremec&iacute;a de pies a cabeza
+con el escalofr&iacute;o de la ambici&oacute;n. &iexcl;Vaya un negocio ruin el de la tienda!
+Trabajar rudamente, exponerse a p&eacute;rdidas, sufrir la mala educaci&oacute;n de
+los compradores, todo para juntar, c&eacute;ntimo tras c&eacute;ntimo, unos cuantos
+miles de reales a fin de a&ntilde;o. Para negocios, los suyos. Daba sus &oacute;rdenes
+a los corredores, se acostaba tranquilo y al d&iacute;a siguiente levant&aacute;base
+con la noticia de haber ganado mil duros sin trabajo alguno. Era verdad
+que se corr&iacute;a el peligro de perder mucho, much&iacute;simo; pero cuando se
+ten&iacute;a una cabeza como la suya, buenos amigos, excelente informaci&oacute;n y un
+acertado golpe de vista, no hab&iacute;a cuidado.</p>
+
+<p>Y el infeliz mortal poseedor de tantas cualidades paseaba por la tienda
+ante su asombrado dependiente, con toda la prosopopeya de un hombre que
+tiene agarrada la fortuna por los pelos y no piensa soltarla.... Y todo
+porque con unas cuantas operaciones t&iacute;midas, yendo a la zaga de otros
+m&aacute;s expertos, hab&iacute;a ganado mil duros.</p>
+
+<p>Todo quiere empezar; y &eacute;l, puesto ya en el camino de la suerte,
+aseguraba a su dependiente que antes de un a&ntilde;o tendr&iacute;a millones, s&iacute;
+se&ntilde;or, millones no nominales ni de mentirijillas como los que compraba y
+vend&iacute;a en la Bolsa, sino reales y efectivos, prontos a convertirse en
+fincas o en acciones. &iquest;D&oacute;nde estaban ahora esos ignorantes capaces de
+asegurar que en la Bolsa se encuentra la ruina? Buenos ejemplos ten&iacute;a a
+la vista para convencerse de su error. Todo el mundo jugaba. Gentes que
+un a&ntilde;o antes no ten&iacute;an sobre qu&eacute; caerse muertas gastaban ahora carruaje
+propio; comerciantes que no pod&iacute;an pagar una letra de veinticinco
+pesetas jugaban millones, d&aacute;ndose una vida de pr&iacute;ncipes; y la Bolsa,
+&laquo;aunque a &eacute;l le estuviera mal el decirlo&raquo;, era una gran instituci&oacute;n,
+porque gracias a ella corr&iacute;a el dinero y hab&iacute;a prosperidad, y un hombre
+pod&iacute;a emanciparse de la esclavitud del mostrador, haci&eacute;ndose rico en
+cuatro d&iacute;as. Y si lo dudaba Juanito, que mirase a L&oacute;pez, &eacute;se cuya se&ntilde;ora
+era amiga de la mam&aacute;. Pues el tal L&oacute;pez no ten&iacute;a un c&eacute;ntimo, pero meti&oacute;
+la cabeza en la Bolsa, y ahora no se dejar&iacute;a ahorcar por ochenta mil
+duros, ni por cien mil. En resumen: que a &eacute;l le importaba un bledo la
+tienda, y se burlaba de aquel comercio a la antigua, que s&oacute;lo serv&iacute;a
+para que los hombres de capacidad financiera se matasen trabajando como
+unos burros, para comer sopas a la vejez.</p>
+
+<p>Justamente, en la &eacute;poca que don Antonio abandonaba su tienda, cada vez
+m&aacute;s atra&iacute;do por los negocios, fue cuando Juanito comenz&oacute; a sentirse
+dominado por una preocupaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Entre las parroquianas de la casa hab&iacute;a una joven que los dependientes
+designaban con el apodo de &laquo;la beatita&raquo;. Era una criatura t&iacute;mida, dulce,
+encogida, que hablaba con los ojos bajos y sonre&iacute;a a cada palabra, como
+pidiendo perd&oacute;n. Evitaba entenderse con los dependientes, sin duda por
+molestarla sus exagerados cumplimientos, ese af&aacute;n de decir a toda
+parroquiana, con voz autom&aacute;tica, que es muy bonita, para despachar mejor
+la mercanc&iacute;a; y apenas entraba en la tienda, buscaba con los ojos a
+Juanito, muchacho juicioso, tan t&iacute;mido como ella y que no se permit&iacute;a el
+menor atrevimiento.</p>
+
+<p>Los dos se entend&iacute;an perfectamente. Discut&iacute;an con gravedad el precio y
+la clase de las telas; y tan grande era la simpat&iacute;a, que si aquel
+grandull&oacute;n de enormes barbas osaba decir una palabra un poco alegre, &laquo;la
+beatita&raquo; sonre&iacute;a con toda su alma, mostrando una dentadura igual y
+brillante.</p>
+
+<p>Iba con frecuencia a <i>Las Tres Rosas</i>, por ser los g&eacute;neros baratos, y
+Juanito, insensiblemente, recogiendo hoy una palabra y uni&eacute;ndola con
+otra tres d&iacute;as despu&eacute;s, se enter&oacute; de qui&eacute;n era.</p>
+
+<p>Llam&aacute;base Antonia. Trabajaba de costurera a domicilio, y ten&iacute;a tan
+buenas manos, que se la disputaban las parroquianas, se&ntilde;oritas de escasa
+fortuna, que acog&iacute;an como una felicidad el confeccionar en sus casas
+vestidos iguales a los de las modistas. Era hu&eacute;rfana. Su padre hab&iacute;a
+sido cochero en una casa grande; su madre, portera. La difunta se&ntilde;ora,
+una condesa anciana, hab&iacute;a sido su madrina, costeando su educaci&oacute;n en
+un colegio modesto, y todav&iacute;a Antonia iba a visitar algunas veces a &laquo;las
+se&ntilde;oritas&raquo;, las hijas de su protectora, que se hab&iacute;an casado. Viv&iacute;a con
+una amiga de su madre, vieja y casi ciega, antigua criada durante veinte
+a&ntilde;os de un se&ntilde;or enfermo y malhumorado, que al morir le leg&oacute; una renta
+de dos pesetas, lo suficiente para no morirse de hambre. T&oacute;nica&mdash;as&iacute; la
+llamaban sus parroquianas&mdash;com&iacute;a en casa de &eacute;stas, cos&iacute;a once horas,
+cuando no ten&iacute;a que salir para comprar tela, hilo o botones, y por la
+noche regresaba a su habitaci&oacute;n de la calle de Gracia, un piso tercero
+de una casa vieja y peque&ntilde;a, que las dos mujeres ten&iacute;an como &laquo;taza de
+plata&raquo;, seg&uacute;n expresi&oacute;n de las vecinas.</p>
+
+<p>Juanito miraba a la joven con tierna simpat&iacute;a. &iexcl;Era tan buena
+muchacha...! Para convencerse, bastaba verla por la calle con el velo
+ca&iacute;do sobre los ojos bajos, andando con paso menudo y gracioso, arrimada
+siempre a la pared, como si quisiera evitar la atenci&oacute;n de los
+transe&uacute;ntes.</p>
+
+<p>Su belleza no era gran cosa. La cara redondita y p&aacute;lida, la nariz algo
+corta, pero con unos ojos hermosos, cobijados por las grandes cejas,
+que, pobladas de sobra, tend&iacute;an a juntarse, formando una sola l&iacute;nea.</p>
+
+<p>Pero lo que a Juanito le encantaba m&aacute;s en su parroquiana era la sonrisa
+y aquella dentadura que en el fondo carmes&iacute; de la boca brillaba n&iacute;tida,
+igual, sin una picadura, sin una pieza saliente, como esas muestras
+perfectas que los dentistas colocan en sus escaparates.</p>
+
+<p>Esta amistad, que se estrechaba por encima del mostrador, iba siendo una
+necesidad para los dos. T&oacute;nica, al entrar, no hac&iacute;a caso de las palabras
+de los dependientes, e iba recta en busca de aquel barbudo tan t&iacute;mido
+como ella, que muchas veces le ense&ntilde;aba las muestras con manos
+temblorosas; y Juanito experimentaba un verdadero disgusto cuando se
+ausentaba de la tienda y al volver le dec&iacute;an que hab&iacute;a estado &laquo;la
+beatita&raquo;.</p>
+
+<p>Examinaba el menor detalle de su persona, alabando la delicadeza de sus
+gustos. Era una pobre costurera y llevaba siempre guantes. Aseguraba que
+no pod&iacute;a prescindir de ellos, as&iacute; como de otras costumbres superiores a
+su clase, adquiridas cuando ni&ntilde;a en casa de su madrina. Rendida del
+trabajo, dedicaba las horas de la noche y los domingos enteros a la
+lectura de novelas, devor&aacute;ndolas, sin predilecci&oacute;n, pues bastaba para su
+gusto que la hiciesen llorar mucho, pero mucho. Ganando siete reales por
+once horas de trabajo, era una sedienta de ideal; y acostumbrada al
+lenguaje de las madres sin ventura, de las m&aacute;rtires del amor, de todas
+aquellas se&ntilde;oras p&aacute;lidas, ojerosas y vestidas de blanco que saludaba en
+las obras favoritas, hablaba en la intimidad con cierto sabor
+sentimental de novela por entregas.</p>
+
+<p>En casa de do&ntilde;a Manuela notaron que algo extra&ntilde;o ocurr&iacute;a a Juanito, y
+eso que no se fijaban en &eacute;l gran cosa. Ciertas ma&ntilde;anas, llegaba muy
+contento a la hora de comer; sus hermanas le o&iacute;an cantar paseando por
+las habitaciones, y &iexcl;caso raro! &eacute;l, tan despreocupado en materias de
+adorno, enfad&oacute;se dos veces porque le planchaban mal las camisas, y pidi&oacute;
+seriamente a la mam&aacute; que le comprase una corbata, pues la que llevaba
+era un asco, de deshilachada y mugrienta.</p>
+
+<p>Amparito re&iacute;ase en las narices de su hermano. Ahora que era un viejo, le
+daba por presumir.... &iquest;Ten&iacute;a, acaso, novia? Pues hijo, deb&iacute;a creerla a
+ella, que, aunque joven, ten&iacute;a experiencia. Eso de los noviazgos s&oacute;lo
+serv&iacute;a para disgustos y lloros. Bastante requemada la ten&iacute;an a ella los
+amores. Por un lado, la mam&aacute; con sus sofoquinas y pellizcos, orden&aacute;ndole
+que rompiese las relaciones con el hijo de Cuadros, por ser una
+proporci&oacute;n desventajosa y denigrante para la familia; y por otro, el tal
+se&ntilde;orito acos&aacute;ndola, enviando carta tras carta, unas veces en prosa y
+otras en verso, pero siempre repitiendo lo del coraz&oacute;n de hielo,
+p&eacute;rfida, cruel, etc., etc.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves, Juanito m&iacute;o, que esto no es vivir. Dile a ese chico que no sea
+machac&oacute;n. Al fin, dos meses de relaciones no dan derecho para tanto. La
+mam&aacute; le dijo con muy buenas palabras que no volviese por aqu&iacute;, que no
+pensase m&aacute;s en mi persona; pero &iexcl;que si quieres...! Me asomo al balc&oacute;n,
+y &iexcl;cataplum! all&iacute; est&aacute; en la esquina mi hombre, con una cara tan
+desmayada, que da risa; salgo a paseo, y siempre que vuelvo la cabeza
+veo tras de m&iacute; al moscard&oacute;n, con un aspecto que no parece sino que
+cualquier d&iacute;a va a subir al Miguelete para tirarse de cabeza, &iexcl;Pero,
+hombre, t&uacute; que tienes amistad con &eacute;l y te hace caso, dile que no sea tan
+pesado! Dile que yo le querr&eacute; siempre como un buen amigo, pero que no me
+importune m&aacute;s, pues su testarudez la pago yo. A m&iacute; no me incomoda, pero
+mam&aacute; se pone furiosa al verle; cree que yo aliento esa constancia, que
+nos entendemos sin que ella lo sepa, y la otra tarde, al volver de
+paseo, me dio un par de bofetones. Ya ves, Juanito... pegarme a m&iacute;... y
+por culpa de ese mico. Que no vuelva: dile que no vuelva, o le
+aborrecer&eacute;.</p>
+
+<p>Pero lo que la traviesa mu&ntilde;eca no dec&iacute;a era que le importaban muy poco
+las c&oacute;leras de mam&aacute; y que deseaba la desaparici&oacute;n de Andresito por
+propio inter&eacute;s. En los bailes de Carnaval hab&iacute;a conocido a Fernando, un
+teniente de artiller&iacute;a, esbelto, con cintura de se&ntilde;orita, que en el
+teatro, durante los entreactos, rondaba por cerca de sus butacas
+buscando ocasi&oacute;n de saludarla con gracia marcial que encantaba a
+Amparito.</p>
+
+<p>Era amigo de Rafael; pensaba llevarlo a casa lo mismo que a Roberto del
+Campo, y la ni&ntilde;a se tem&iacute;a que la tenacidad del antiguo novio detuviera
+una declaraci&oacute;n que tanto esperaba.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; la fiesta de San Jos&eacute;, que aquel a&ntilde;o tuvo para la familia
+excepcional importancia. Desde una semana antes, la granujer&iacute;a corr&iacute;a
+las calles arrastrando sillas rotas y esteras agujereadas, pidiendo a
+gritos, con mon&oacute;tona cantur&iacute;a, &laquo;&iexcl;<i>Una estoreta velleta</i>...!&raquo;</p>
+
+<p>La plazuela de las de Pajares ten&iacute;a un vecindario bullicioso y alegre:
+gente de pura sangre valenciana, que viv&iacute;a estrechamente con el producto
+de sus peque&ntilde;as industrias, pero a la que nunca faltaba humor para
+inventar fiestas. La paternidad de la idea fue del due&ntilde;o del cafet&iacute;n
+establecido frente a la casa de do&ntilde;a Manuela, un sujeto panzudo y
+flem&aacute;tico, que gozaba en el barrio fama de chistoso y hab&iacute;a heredado el
+apodo de <i>Espantagosos</i>, sin duda porque alguno de sus antecesores no
+estaba en buenas relaciones con la raza canina. Era una verg&uuml;enza para
+los vecinos de la plaza no levantar en ella una <i>falla</i> que compitiese
+con las muchas que se estaban arreglando en varios puntos de la ciudad,
+y la proposici&oacute;n del cafetinero fue acogida con entusiasmo por toda la
+gente de los pisos bajos.</p>
+
+<p>El iniciador asoci&oacute;se a dos zapateros y un carpintero, que, por tratarse
+de San Jos&eacute;, se cre&iacute;a con derecho propio, y todos juntos formaron algo
+que bien pod&iacute;a llamarse Comit&eacute; de Vecinos, teniendo por principal objeto
+dar sablazos en todo el barrio para el arreglo de la <i>falla</i>. Como do&ntilde;a
+Manuela era la vecina m&aacute;s encopetada y su casa la mejor de la plazuela,
+los pedig&uuml;e&ntilde;os pusi&eacute;ronse bajo su protecci&oacute;n, y elogiaron rastreramente
+su riqueza, la belleza de las ni&ntilde;as y hasta la suya propia: todo para
+sacarla cinco duros.</p>
+
+<p>La proyectada hoguera entusiasmaba a los vecinos, siendo el eterno tema
+de conversaci&oacute;n en las porter&iacute;as y establecimientos de la plazuela.
+Todos se animaban, con ese entusiasmo valenciano que se inflama al
+pensar en fiestas y bullicios. La <i>falla</i> es la fiesta popular por
+excelencia: una costumbre &aacute;rabe, transformada y mejorada a trav&eacute;s de los
+siglos hasta convertirse en caricatura audaz, en protesta de la plebe.
+Primero, los moros, en los ruidosos <i>alal&iacute;es</i> con que solemnizaban sus
+festividades, gozaban en hacer grandes hogueras; los cristianos
+adoptaron despu&eacute;s esta costumbre, como muchas otras; lentamente, el
+n&uacute;mero de <i>fallas</i> fue limit&aacute;ndose en el a&ntilde;o, hasta quedar las de San
+Jos&eacute;, que hac&iacute;an los carpinteros para solemnizar la fiesta de su patr&oacute;n
+y la llegada del buen tiempo, en el que ya no se trabaja de noche; hasta
+que por fin, el esp&iacute;ritu innovador del siglo hermose&oacute; la <i>falla</i>,
+d&aacute;ndole un aspecto art&iacute;stico, encerrando el mont&oacute;n de esteras y trastos
+viejos entre cuatro bastidores pintados y colocando encima monigotes
+rid&iacute;culos para regocijo de la multitud. Al principio, las figuras
+groseras y mal perge&ntilde;adas representaron escenas de la vida privada,
+murmuraciones de vecinos; pero despu&eacute;s la s&aacute;tira se remont&oacute;,
+meti&eacute;ndose de rond&oacute;n en la pol&iacute;tica, y las <i>fallas</i> se convirtieron en
+burlas al gobierno y caricaturas de la autoridad.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as de do&ntilde;a Manuela despreciaban la fiesta que se preparaba. Era
+una cursiler&iacute;a, como organizada por la gente ordinaria de la plazuela,
+buena &uacute;nicamente para divertir a los de escaleras abajo. Pero la v&iacute;spera
+de San Jos&eacute;, impulsadas por la curiosidad, se asomaron al balc&oacute;n muy
+temprano y experimentaron una agradable sorpresa, pese a su anterior
+indiferencia de muchachas distinguidas.</p>
+
+<p>En el centro de la plazuela, sobre una gruesa capa de arena, elev&aacute;base
+todo un edificio de lienzo, con pintura que imitaba a la piedra: un
+gigantesco dado, en cuya cara superior elev&aacute;banse ocho figuras de tama&ntilde;o
+natural.</p>
+
+<p>Los balcones y puertas estaban adornados con centenares de banderitas
+rojas y amarillas, que daban a la plazuela el aspecto de un buque
+empavesado; y este derroche de ondeante percalia extend&iacute;ase por las
+calles adyacentes. A trechos, en las paredes, mostr&aacute;banse, clavados,
+grandes carteles con versos valencianos en letras de colores, ante los
+cuales el p&uacute;blico de las primeras horas&mdash;obreros que iban al trabajo,
+criadas, barrenderos, etc.&mdash;, despu&eacute;s de deletrear trabajosamente,
+soltaba ruidosa carcajada.</p>
+
+<p>Pero lo que a las dos hermanas les llamaba la atenci&oacute;n era la <i>falla</i>.
+No estaba mal aquello, para ser obra de gente tan ordinaria como el
+cafetinero y sus cofrades.</p>
+
+<p>Los monigotes eran siete beb&eacute;s colosales, que compon&iacute;an una orquesta
+abigarrada, y en el centro, un caballero de frac y batuta en mano. &iquest;Qu&eacute;
+intenci&oacute;n oculta ten&iacute;a aquello? Pero Amparito solt&oacute; la carcajada
+inmediatamente. El tup&eacute; descomunal y grotesco del director de orquesta
+se lo explic&oacute; todo. Aqu&eacute;l era Sagasta, y los otros los ministros. Estaba
+segura de ello. En los peri&oacute;dicos sat&iacute;ricos que compraba Rafael hab&iacute;a
+visto aquellas caras convencionales, destrozadas por &eacute;l l&aacute;piz de los
+caricaturistas; y partiendo del descubrimiento del famoso tup&eacute;, fue
+se&ntilde;alando a su hermana cada beb&eacute; por su nombre, ri&eacute;ndose como una loca
+al ver que el ministro de Hacienda tocaba el viol&oacute;n.</p>
+
+<p>Pero cuando su alegr&iacute;a subi&oacute; de punto fue al ver que algunos chicuelos,
+escondidos entre los biombos, tiraban de cuerdas, poniendo en movimiento
+a los monigotes. &iexcl;Qu&eacute; gracioso era aquello...! Las dos hermanas re&iacute;an
+contemplando las contorsiones del se&ntilde;or del tup&eacute;, que a cada movimiento
+de batuta parec&iacute;a pr&oacute;ximo a partirse por el talle, la rigidez autom&aacute;tica
+y grotesca con que los beb&eacute;s tocaban en sus instrumentos una muda
+sinfon&iacute;a, que causaba gran algazara en el gent&iacute;o.</p>
+
+<p>Amparito se sinti&oacute; tan entusiasmada, que hasta envi&oacute; una sonrisa amable
+al cafet&iacute;n de enfrente, donde el padre de tal obra despachaba cepitas
+tras el mostrador, mientras su mujer, lavada y peinada como en d&iacute;as de
+gran fiesta, con los robustos brazos arremangados y delantal blanco,
+estaba en la puerta sentada ante un fog&oacute;n, con el barre&ntilde;o de la masa al
+lado, arrojando en la laguna de aceite hirviente las agujereadas pellas,
+que se doraban al instante, entre infernal chisporroteo. Eran los
+bu&ntilde;uelos de San Jos&eacute;, el manjar de la fiesta; como frutos de oro,
+colgaban muchos de ellos de un colosal laurel, que recordaba el Jard&iacute;n
+de las Hesp&eacute;rides.</p>
+
+<p>Bien entend&iacute;a sus negocios el cafetinero. La tal <i>falla</i> iba a acabar
+con todo el aguardiente de sus barrilillos, mientras su mujer fabricaba
+los bu&ntilde;uelos por arrobas.</p>
+
+<p>Toda la familia de do&ntilde;a Manuela se entusiasm&oacute; con el aspecto de la
+<i>falla</i>. Hab&iacute;a que avisar a las amigas. Por la tarde tendr&iacute;an m&uacute;sica en
+la plaza; y la rumbosa viuda pensaba ya con placer en el &laquo;brillante&raquo;
+aspecto que presentar&iacute;a su sal&oacute;n, bailando las ni&ntilde;as y sus amiguitas,
+mientras las mamas pasar&iacute;an al comedor a tomar un chocolate digno del
+esplendor de la familia.</p>
+
+<p>La casa de do&ntilde;a Manuela llam&oacute; la atenci&oacute;n por la tarde casi tanto como
+la <i>falla</i>. Entre las banderolas nacionales de los balcones asomaban una
+docena de airosos cuerpos y graciosas cabezas, elegante escuadr&oacute;n de
+muchachas, que, cogi&eacute;ndose de la cintura, jugueteando o riendo, miraban
+al gent&iacute;o que rebull&iacute;a abajo.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s de las ni&ntilde;as de do&ntilde;a Manuela y sus amigas asomaban algunas veces
+cabezas de hombres: Rafaelito, su amigo Roberto y Fernando, el teniente
+de artiller&iacute;a, que por fin hab&iacute;a sido presentado en la casa por el
+hermano de Amparito. La brillante pollada del balc&oacute;n agit&aacute;base con gran
+algazara, sin importarle las miradas curiosas de los de abajo; dominaba
+en ella esa nerviosa alegr&iacute;a de las j&oacute;venes cuando, libres
+moment&aacute;neamente del sermoneo de las mamas, sienten una oculta comez&oacute;n,
+un vehemente deseo de cometer diabluras. Con el anhelo de su libertad,
+iban de una parte a otra sin saber por qu&eacute;. Asom&aacute;banse al balc&oacute;n; de
+repente, una, por hacer algo, corr&iacute;a a la sala, y todas la segu&iacute;an con
+alegre taconeo, riendo, formando parejas, hasta que al poco rato
+inici&aacute;base la fuga en sentido opuesto, y el gracioso trotecillo las
+devolv&iacute;a otra vez al espect&aacute;culo de la plaza.</p>
+
+<p>Un olor punzante de aceite frito impregnaba el ambiente. El fog&oacute;n de la
+bu&ntilde;oler&iacute;a era un pebetero de la peor especie, que perfumaba de grasa
+toda la plazuela, irritando pegajosamente los olfatos y las gargantas.
+En la puerta del cafet&iacute;n amonton&aacute;base la granujer&iacute;a, siguiendo con
+mirada &aacute;vida el voltear de los trozos de pasta entre las burbujas del
+aceite, y dentro del establecimiento, los hombres, formando corrillos
+ante el mostrador, hablaban a gritos o se impacientaban al ver que el
+cafetinero, seg&uacute;n propia afirmaci&oacute;n, no ten&iacute;a bastantes manos para
+servir a todos.</p>
+
+<p>En un &aacute;ngulo de la plaza estaba la tribuna de la m&uacute;sica, un tablado
+bajo, cuyas barandillas acababan de cubrirse con telas de colorines
+manchadas de cera, como recuerdo de las muchas fiestas de iglesia en que
+se hab&iacute;an ostentado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&uacute;sica...! &iexcl;m&uacute;sicaaaa!&mdash;gritaba la gente.</p>
+
+<p>Y los m&uacute;sicos, azorados por el vocer&iacute;o, iban hacia el tablado abri&eacute;ndose
+paso en la muchedumbre. Era la banda de un pueblo de las cercan&iacute;as;
+r&uacute;sticos ga&ntilde;anes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de
+general y ros vistoso con pomp&oacute;n de rabo de gallo, andaban con cierta
+dificultad&mdash;como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de
+la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas&mdash;,
+mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las
+costuras de la guerrera.</p>
+
+<p>La primera mazurca de la ruidosa banda puso en conmoci&oacute;n a toda la
+plazuela. Algunos granujas con tufos y blusa blanca bailaban &iacute;ntimamente
+agarrados con femenil contoneo, empujando a la muchedumbre curiosa,
+chocando muchas veces contra el tablado de la m&uacute;sica. Las alegres notas
+de los cornetines parec&iacute;an esparcir por toda la plaza un ambiente de
+alegr&iacute;a. &iexcl;Adi&oacute;s el invierno! La primavera se acercaba con sus tibias
+caricias, y en los balcones sonre&iacute;an las muchachas, mirando de soslayo a
+los que se deten&iacute;an para contemplarlas.</p>
+
+<p>Amparito era la &uacute;nica que estaba seria. &iexcl;Pero cu&aacute;n desgraciada era!
+&iexcl;Para ella toda fiesta hab&iacute;a de traer el consiguiente disgusto! &iexcl;All&iacute;
+estaba &eacute;l...! &iexcl;<i>&eacute;l</i>! el &laquo;posma&raquo;, aquel Andresito, que de novio era un
+est&uacute;pido, y de amante despreciado y terco una insufrible calamidad.</p>
+
+<p>Le ve&iacute;a apoyado en la pared de enfrente, cerca del cafet&iacute;n, de puntillas
+algunas veces para dominar mejor el agitado r&iacute;o de cabezas que en
+corriente interminable atravesaba la plazuela, y lanzando al balc&oacute;n de
+Amparito miradas de inmensa desesperaci&oacute;n, que ella... &iexcl;la ingrata!
+dec&iacute;a que eran de cordero degollado.</p>
+
+<p>Ame usted; pase las noches de claro en claro, estrujando la inspiraci&oacute;n
+para fabricar sonetos amorosos; exp&oacute;ngase usted a los arrebatos de un
+pap&aacute; indignado que quiere que la familia se retire pronto... &iquest;y todo
+para qu&eacute;? para que ahora, despedido y olvidado sin justificaci&oacute;n alguna,
+<i>ella</i>, la mujer de los ensue&ntilde;os e inspiraciones, la d&eacute;cima musa, le
+mirase con cara de pocos amigos, dici&eacute;ndole con sus ojos desde&ntilde;osos:
+&laquo;&iexcl;Largo de aqu&iacute;, trasto...! &iexcl;No me importunes m&aacute;s!&raquo;</p>
+
+<p>Y s&iacute; Amparito no pensaba esto mismo que supon&iacute;a el antiguo novio, era
+algo parecido lo que expresaban sus miradas fieras y sus gestos
+desde&ntilde;osos para espantar a aquel moscard&oacute;n molesto, que no la dejaba &laquo;ni
+a sol ni a sombra&raquo;.</p>
+
+<p>&iquest;Y a&uacute;n segu&iacute;a all&iacute;, tieso como un poste, importun&aacute;ndola con sus
+miraditas? &iquest;No ten&iacute;a bastante con tantos desdenes? Pues ahora ver&aacute;s. Y
+se puso a coquetear con el teniente, con el gallardo Fernando, que
+estaba en el balc&oacute;n, de uniforme, al aire la rapada y morena cabeza,
+asediando a la ni&ntilde;a con la media docena de palabritas galantes que ten&iacute;a
+en su repertorio para los casos de conquista.</p>
+
+<p>Amparo y el teniente, en un extremo del balc&oacute;n, volviendo casi la
+espalda a la plaza y aislados del grupo juvenil que hablaba y re&iacute;a junto
+a ellos, ten&iacute;an el aspecto de verdaderos novios; &eacute;l, serio, solemne,
+llev&aacute;ndose la mano al tercer bot&oacute;n de la guerrera, que es donde supon&iacute;a
+estaba el coraz&oacute;n, mirando algunas veces al cielo, todo para dar m&aacute;s
+fuerza y sinceridad a lo que dec&iacute;a; y ella, con cierta sonrisilla
+ir&oacute;nica, negando con graciosos movimientos de cabeza y volviendo algunas
+veces la mirada para ver si el &laquo;posma&raquo; segu&iacute;a all&iacute;. Nada le importaba
+Andresito; pero a pesar de esto, sent&iacute;a cierta satisfacci&oacute;n pensando que
+estaba a sus espaldas vi&eacute;ndolo todo. &iexcl;Proporciona tanto gusto hacer
+sufrir...!</p>
+
+<p>El poeta sufr&iacute;a como uno de los condenados de aquel poema de Dante, cuya
+lectura nunca hab&iacute;a podido terminar. Gracias a que era un &laquo;vate
+aplaudido&raquo; en la Juventud Cat&oacute;lica y ten&iacute;a ideas muy cristianas; que si
+no, a la vista de tama&ntilde;a traici&oacute;n hubiera sido capaz de ahogar su dolor
+cometiendo la m&aacute;s atroz barrabasada, por ejemplo, dando un adi&oacute;s
+pat&eacute;tico a la ingrata, y arroj&aacute;ndose despu&eacute;s de cabeza en aquel caldero
+de aceite hirviendo donde volteaban los bu&ntilde;uelos.</p>
+
+<p>Pero no se matar&iacute;a; ante todo, las creencias y el ser poeta. La muerte
+frita no figura entre los suicidios de los hombres de genio. Pero si no
+se mataba, sabr&iacute;a vengarse; &eacute;l era un hombre, y cuando bajase aquel
+teniente ya le exigir&iacute;a cuentas. Le matar&iacute;a, s&iacute; se&ntilde;or, le matar&iacute;a; y
+despu&eacute;s, &iexcl;qu&eacute; escena tan tr&aacute;gica! el teniente a sus pies, atravesado de
+una estocada; Amparito, desmelenada, sollozante, increpando al cielo; y
+&eacute;l erguido como gigantesco fantasma, el ensangrentado acero en la mano,
+y en el rostro una sonrisa desesperada, infernal, loca; algo que
+recordase el &uacute;ltimo acto del <i>Don &Aacute;lvaro</i>. Y el pobre muchacho apretaba
+con mano crispada su junquillo, que para su imaginaci&oacute;n era &laquo;toledano
+acero&raquo;, y pensaba desordenadamente en Lope de Vega, Quevedo, Cervantes y
+Lord Byron; en todos los grandes hombres que, seg&uacute;n frase de Andresito,
+hab&iacute;an tenido malas pulgas, y lo mismo escrib&iacute;an que daban una estocada.</p>
+
+<p>&iexcl;Bailad tranquilos, granujas alegres e insolentes; mirad la <i>falla</i>,
+burgueses bondadosos; re&iacute;d como gallinas cacareadoras, mujercillas que
+celebr&aacute;is las contorsiones de los monigotes! Todos ignor&aacute;is que el
+volc&aacute;n ruge a pocos pasos de vosotros; no sab&eacute;is que hay un hombre que
+prepara la m&aacute;s horrible de las tragedias; y ma&ntilde;ana, cuando salga en los
+peri&oacute;dicos la extensa relaci&oacute;n de lo ocurrido, no podr&eacute;is imaginaros que
+la fiera en figura humana que mat&oacute; al rival, a la novia y hasta a la
+mam&aacute;, si es que se decide a bajar, era el joven &laquo;dulce y simp&aacute;tico&raquo; que,
+p&aacute;lido como un muerto, estaba hecho un poste cerca del cafet&iacute;n.</p>
+
+<p>S&iacute;; matar&iacute;a y morir&iacute;a despu&eacute;s; estaba decidido. Y mir&oacute; al balc&oacute;n,
+procurando dar a sus ojos la m&aacute;s insolente expresi&oacute;n de reto; pero se
+fij&oacute; con insistencia en el teniente. Ten&iacute;a buenas espaldas, su cabeza
+morena no era de v&iacute;ctima, le colgaba del talle un espad&iacute;n y adem&aacute;s,
+seg&uacute;n informes de Andresito, ten&iacute;a entre sus amigotes fama de bruto.</p>
+
+<p>&Eacute;l no ten&iacute;a miedo, &iexcl;vive Dios! &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a de tener? Pero bien mirado,
+era una vulgaridad, un detalle de mal gusto, el enredarse a golpes en
+medio de la calle con un majadero sin otra sociedad que la de las mu&iacute;as
+de su bater&iacute;a. No se&ntilde;or; su belicoso plan quedaba desechado. &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;an
+en la Juventud Cat&oacute;lica? Un autor que hab&iacute;a provocado delirios de
+entusiasmo con aquella oda dulc&iacute;sima a la Virgen:</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>Se&ntilde;ora</i>, <i>t&uacute; que sabes</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>el secreto del canto de las aves</i>....</span><br />
+</div>
+
+<p>Un hombre que tantas lindezas sab&iacute;a fabricar, no se peleaba con aquel
+mozo de cordel. Los poetas se vengan de otro modo. Les basta encerrarse
+en su inmenso dolor, lanzarlo en tristes estrofas al rostro de la
+ingrata, para que &eacute;sta desfallezca bajo el m&aacute;s terrible de los
+castigos.... Estaba decidido: abominar&iacute;a del mundo y sus &laquo;vanas pompas&raquo;;
+se retirar&iacute;a a un desierto, ser&iacute;a fraile, pero no como aquellos
+barbudos, malolientes y zarrapastrosos que iban por las calles, alforjas
+al cuello, sino con arreglo a figur&iacute;n: frailecillo blanco y melanc&oacute;lico,
+vestido con franela fina, la cruz roja al pecho y los ojos en alto, como
+si <i>filase</i> el lamento tierno, interminable, de las almas heridas: una
+fiel imitaci&oacute;n de Gayarre en el &uacute;ltimo acto de <i>La Favorita</i>.</p>
+
+<p>Y Andresito, como si se viera ya vestido de blanco, errante por po&eacute;tica
+selva, con el pelo cortado en flequillo y los brazos cruzados sobre el
+pecho, canturreaba con voz dulce y lacrimosa: &laquo;<i>Spirito gentil</i>...&raquo;</p>
+
+<p>Algunos se deten&iacute;an sonriendo al o&iacute;r el canto trist&oacute;n y apagado, que
+parec&iacute;a salirle de los talones; pero &iexcl;valiente caso hac&iacute;a &eacute;l de los
+curiosos! &iexcl;Como si una alma grande no estuviera, en sus dolores, por
+encima de la vulgaridad!</p>
+
+<p>Y mir&oacute; al balc&oacute;n. Ya no estaban all&iacute;. Los infames se hab&iacute;an metido en el
+sal&oacute;n, y estar&iacute;an en aquel instante arrull&aacute;ndose, con la primera delicia
+del amor naciente, vacilando en usar el confianzudo tuteo. Y &eacute;l...
+abajo, solo con su desesperaci&oacute;n; pero sabr&iacute;a vengarse. Sus ilusiones de
+venganza le conmov&iacute;an tanto, que se sent&iacute;a pr&oacute;ximo a estallar en
+sollozos. Y lloraba, s&iacute; se&ntilde;or; hab&iacute;ase llevado un dedo a los ojos y lo
+retiraba mojado de l&aacute;grimas. &iexcl;Llorar un hombre como &eacute;l! &iexcl;Ah, la
+ingrata...! Pero un golpe de tos seca, espasm&oacute;dica, asfixiante, le
+volvi&oacute; a la realidad.</p>
+
+<p>Estaba envuelto en el humo azulado, sutil y picante que se escapaba del
+fog&oacute;n de los bu&ntilde;uelos; un vaho grasoso, inaguantable, capaz de hacer
+llorar y toser a los monigotes de la <i>falla</i> Y lo primero que vio al
+volver de sus ensue&ntilde;os fue un par de viejos que, asomados a la puerta
+del cafet&iacute;n, le miraban con sonrisa burlona. Eran dos buenos
+parroquianos, con la gorrilla ca&iacute;da sobre la frente, los ojos vidriosos
+y lagrimeantes, y la nariz viol&aacute;cea y h&uacute;meda; una yunta alegre, unida
+por el yugo fraternal del alcohol, que, mientras hubiese cafetines
+abiertos, declaraban, como el doctor Pangloss, que este mundo es el
+mejor de los mundos posibles.</p>
+
+<p>Con el sucio pa&ntilde;uelo de hierbas en la mano, accionaban dando gritos ante
+el mostrador de <i>Espantagosos</i>; pero las rarezas de aquel se&ntilde;orito que
+hablaba solo y miraba al balc&oacute;n de enfrente llamaron su atenci&oacute;n, y con
+la cari&ntilde;osa insolencia de los borrachos alegres, pusi&eacute;ronse a
+contemplarle, riendo de sus gestos dolorosos.</p>
+
+<p>Al ver que Andresito les miraba, hici&eacute;ronle amistosas se&ntilde;as como si le
+conociesen de toda su vida. &iexcl;Vaya una gente francota...! &iquest;Que si
+aceptaba una copita? No se&ntilde;or, muchas gracias; no ten&iacute;a la costumbre de
+beber.... Bueno; pues eso se perd&iacute;a; conste que ellos la ofrec&iacute;an de
+buena voluntad, al verle tan triste. &iexcl;Buena suerte y que saliese pronto
+de cuidado! Y los dos viejos, que s&oacute;lo necesitaban unas cuantas copas
+para ser due&ntilde;os de la <i>falla</i>, de la plaza y del mundo entero,
+meti&eacute;ronse en el cafet&iacute;n a continuar la obra.</p>
+
+<p>Andresito segu&iacute;a tieso en su puesto, sin mover los pies, con las piernas
+entumecidas y el cuello dolorido de mirar a lo alto. &iexcl;Y la ingrata no
+reaparec&iacute;a! Las amigas, en el balc&oacute;n; Concha, la hermana, coqueteando
+con Roberto; y ellos dentro, buscando la soledad y la discreta
+penumbra.... &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Qu&eacute; cosas le dir&iacute;a aquel bruto de las dos
+estrellas, para tenerla tan embobada lejos del balc&oacute;n, a pesar de la
+m&uacute;sica y de lo animada que estaba la plaza...!</p>
+
+<p>Para mayor tormento del pobre muchacho, los dos viejos c&iacute;nicos del
+cafet&iacute;n hablaban a gritos, y por m&aacute;s esfuerzos que hac&iacute;a, sus palabras
+le obsesionaban, le hac&iacute;an olvidar su papel de poeta desesperado e
+infeliz, del que en el fondo se hallaba satisfecho. Estaban en la misma
+puerta del cafet&iacute;n, jugueteando como dos chavales, d&aacute;ndose golpecitos en
+el abdomen y obsequi&aacute;ndose mutuamente con bu&ntilde;uelos, que acompa&ntilde;aban de
+latines y signos en el aire, como si se administrasen la comuni&oacute;n. &iexcl;Vaya
+un par de &laquo;puntos&raquo; alegres! Todos los parroquianos se re&iacute;an, y hasta el
+mismo cafetinero desarrugaba el ce&ntilde;o, a pesar de que conoc&iacute;a el final de
+tales bromas y lo mucho que costaba ponerlos en la calle.</p>
+
+<p>Pero al beber otra vez, torn&aacute;ronse melanc&oacute;licos. Miraban al trasluz el
+aguardiente, y con los vasitos en alto y los ojos elevados, como si les
+hipnotizase el blanco l&iacute;quido, hac&iacute;anse mutuas confidencias, arrastrando
+las s&iacute;labas trabajosamente. El m&aacute;s viejo estaba desenga&ntilde;ado; le hab&iacute;an
+&laquo;lacerado &raquo; el coraz&oacute;n; lo juraba y perjuraba, d&aacute;ndose terribles
+pu&ntilde;etazos sobre el pecho, que sonaba como un tambor. Su compadre deb&iacute;a
+creerle a &eacute;l, que era hombre de experiencia y hab&iacute;a visto mucho. &iquest;La
+pol&iacute;tica...? una farsa; un oficio de volatineros. &iquest;El Ayuntamiento...?
+una cueva de ladrones; todos los que entraban en la &laquo;casa grande &raquo; era
+para robar. El otro le interrumpi&oacute;.... &iexcl;El Ayuntamiento...! Ah&iacute; estaba
+el toque. &iexcl;Que le fueran a &eacute;l con Ayuntamientos! Hab&iacute;a trabajado como un
+perro por la candidatura del partido repartiendo papeletas a las puertas
+de los colegios, tuvo una disputa con un municipal que le quer&iacute;a llevar
+atado, y lo sufri&oacute; todo... todo por el partido y el candidato... y ahora
+le ofrec&iacute;an como recompensa un puesto de pe&oacute;n en el adoquinado, nueve
+horas de trabajo al sol y siete reales. Muchas gracias; &eacute;l quer&iacute;a ser
+empleado de los que est&aacute;n a la fresca y fuman. Antes que partirse el
+espinazo en el adoquinado, prefer&iacute;a vivir sin trabajar. El hambre no le
+importaba.... Mientras hubiese &laquo;petr&oacute;leo refinado&raquo; como el de casa
+<i>Espantagosos</i>, el est&oacute;mago ir&iacute;a bien.... Ahora, tras el chasco, se
+hab&iacute;a &laquo;retirado a la vida privada&raquo;, y pod&iacute;a decir muy alto, como su
+compa&ntilde;ero, que todos los de la casa del pueblo eran unos ladrones.</p>
+
+<p>Y para que quedase bien sentada esta afirmaci&oacute;n, se tragaron el
+aguardiente de un sorbo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Espantagosos</i>... <i>mesura</i>!</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n...? &iquest;&eacute;l? &iexcl;Estaban frescos! All&iacute; no se daban m&aacute;s copas. Le
+desacreditaban el establecimiento con sus feas palabras; los guardias le
+tomar&iacute;an ojeriza por consentir en su casa tales blasfemias contra la
+excelent&iacute;sima corporaci&oacute;n, y adem&aacute;s&mdash;esto era lo principal&mdash;, conoc&iacute;a
+de antiguo a aquellos parroquianos, que, cuando se alumbraban de veras,
+costaba un disgusto sacarles el dinero. Ya ten&iacute;an bastante; si quer&iacute;an
+algo m&aacute;s deb&iacute;an pagarlo por adelantado.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; falta de respeto! &iexcl;Tratar as&iacute; a personas que han hecho concejales,
+retir&aacute;ndose despu&eacute;s a la vida privada...! Y miraban fieramente al
+cafetinero, mientras rebuscaban con furia en sus andrajos, con la
+indignaci&oacute;n de una ofensa irreparable y mortal.</p>
+
+<p>Del bolsillo de la blusa sal&iacute;a una moneda mohosa; del sudador de la
+gorra otra de dos c&eacute;ntimos, y por las ventanas de los rotos zapatos
+sac&aacute;banse alguna pieza de cobre mugrienta y sudada. Era la rebusca
+furiosa de los c&eacute;ntimos escamoteados antes de salir de casa, a espaldas
+de sus mujeres, rabiosas de hambre y enemigas de que dos hombres de bien
+se diviertan en la taberna.</p>
+
+<p>Con altivez de grandes se&ntilde;ores, arrojaron su pu&ntilde;ado de cobre sobre el
+mostrador, como abofeteando al due&ntilde;o. Si quer&iacute;a m&aacute;s pod&iacute;a ponerse a
+cuatro patas, que a ellos a&uacute;n les quedaba dinero para taparle, si era
+preciso. Y dec&iacute;an esto con desd&eacute;n ol&iacute;mpico, como si tuviesen a mano
+todos los millones del Banco de Espa&ntilde;a en calderilla.</p>
+
+<p>Andresito percib&iacute;a a medias esta escena, coreada por las risas de los
+parroquianos. La ingrata no reaparec&iacute;a, y &eacute;l estaba extenuado por el
+dolor y por un plant&oacute;n de tantas horas. No le vendr&iacute;a mal sentarse,
+aunque fuese en el cafet&iacute;n; pero no; &iexcl;firme all&iacute;! aunque muriese de pie,
+como los antiguos romanos.</p>
+
+<p>Obscurec&iacute;a. La plaza estaba llena; las calles adyacentes segu&iacute;an
+vomitando nuevas muchedumbres, y todos cab&iacute;an a fuerza de codazos y
+empujones, como si fuesen el&aacute;sticas las paredes de las casas. En torno
+de la <i>falla</i> agit&aacute;base un oleaje de relamidos peinados, de gorras con
+visera amarilla y de blusas blancas. Las se&ntilde;oras refugi&aacute;banse en los
+portales, empin&aacute;ndose sobre las puntas de los pies para ver mejor; los
+maridos cog&iacute;an a sus peque&ntilde;uelos por los sobacos y los sosten&iacute;an a pulso
+para que contemplasen las &uacute;ltimas contorsiones de los monigotes.</p>
+
+<p>A&uacute;n era de d&iacute;a y ya se impacientaba la muchedumbre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fueeego...! &iexcl;fueeego...!&mdash;gritaban a coro los de la blusa blanca.</p>
+
+<p>Y los dos borrachos, agarrados fraternalmente de los hombros, con las
+h&uacute;medas nances casi juntas, asom&aacute;banse a la puerta del cafet&iacute;n con
+risita maligna al pensar que molestaban al due&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fuego...! &iexcl;fuego...!</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de gritar se met&iacute;an apresuradamente en la taberna, fingiendo
+susto, como chicuelos que acaban de hacer una travesura.</p>
+
+<p>Los organizadores de la <i>falla</i> se resist&iacute;an. Hab&iacute;a que esperar a que
+cerrase la noche. Pero la muchedumbre estaba dominada por esa
+impaciencia que, entre la gente levantina, basta que sea manifestada por
+uno para que los dem&aacute;s se sientan contagiados.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fueeego..! &iexcl;fueeego...!&mdash;segu&iacute;an aullando de los cuatro lados de la
+plazoleta. Y de la desembocadura de un callej&oacute;n sin adoquinar sali&oacute; una
+pedrada certera, que dej&oacute; tr&eacute;mulo al monigote del centro, llev&aacute;ndosele
+medio tup&eacute;. Aplausos y carcajadas, y a los pocos minutos serv&iacute;an de
+blanco todos los beb&eacute;s de la orquesta. Hab&iacute;a que comenzar en, seguida.
+El cafetinero lo ordenaba a gritos desde su puerta, y los cofrades
+braceaban y se desga&ntilde;itaban en torno de la <i>falla</i> pidiendo un poco de
+calma, mientras un compa&ntilde;ero se introduc&iacute;a en el cuadrado de lienzo con
+dos botellas de petr&oacute;leo. Cuando los biombos transparentaron una mancha
+roja que r&aacute;pidamente se agrandaba entre incesante chisporroteo, la
+muchedumbre lanz&oacute; un &laquo;&iexcl;oh!&raquo; de satisfacci&oacute;n. Comenzaban a arder las
+esteras viejas, las sillas cojas y dem&aacute;s muebles recogidos en los
+desvanes del barrio y amontonados en el interior de la <i>falla</i>. El rojo
+resplandor iluminaba la parte baja de los figurones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que toquen la <i>Marsellesa</i>!&mdash;grit&oacute; un vozarr&oacute;n an&oacute;nimo con acento
+imperioso.</p>
+
+<p>Un estremecimiento pareci&oacute; correr por la muchedumbre, saltando despu&eacute;s
+de balc&oacute;n en balc&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, la <i>Marsellesa</i>... venga la <i>Marsellesa</i>!&mdash;repitieron miles de
+voces con expresi&oacute;n amenazante, como si alguien se negase por anticipado
+a sus exigencias.</p>
+
+<p>Los m&uacute;sicos, que enfundaban sus instrumentos, miraron asustados al
+amenazador gent&iacute;o. Intentaban negarse; pero el pensamiento de que
+quedaban piedras en el callej&oacute;n desvaneci&oacute; sus prop&oacute;sitos de
+resistencia. La m&uacute;sica rompi&oacute; a tocar, chillaron los cornetines, sonaron
+el bombo y los platillos como una tempestad lejana, y por toda la plaza
+se esparci&oacute; un ambiente de bienestar, reflej&aacute;ndose en los rostros.</p>
+
+<p>La <i>Marsellesa</i>... &iexcl;y el gobierno en la hoguera! &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s pod&iacute;an pedir?
+Y el entusiasmo meridional, caldeando los cerebros, hac&iacute;a pasar ante los
+ojos risue&ntilde;os espejismos. Todos se sent&iacute;an dominados por un optimismo
+meridional.</p>
+
+<p>Las lenguas de fuego comenzaban a salir del interior de la <i>falla</i>,
+lamiendo la ropa de los monigotes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bravooo...! &iexcl;V&iacute;tooor!</p>
+
+<p>Nadie pensaba que aquello era madera y cart&oacute;n. El entusiasmo les hac&iacute;a
+feroces; cre&iacute;an que era el mismo gobierno lo que quemaban al son de la
+<i>Marsellesa</i>, y los industriales so&ntilde;aban despiertos en la rebaja de la
+contribuci&oacute;n; los de las blusas blancas en la supresi&oacute;n de los Consumos
+y el impuesto sobre el vino, y las mujeres, enternecidas y casi
+llorosas, en que acabar&iacute;an para siempre las quintas.</p>
+
+<p>La m&uacute;sica segu&iacute;a rugiendo la <i>Marsellesa</i>, y en la multitud, alguno de
+los ardorosos, trastornado por la ilusi&oacute;n y por el himno, creyendo que
+la cosa ya estaba en casa, gritaba a todo pulm&oacute;n: &laquo;&iexcl;Viva la Rep&uacute;blica!&raquo;,
+lo que azoraba a los pobres municipales y les hac&iacute;a mirar en derredor,
+buscando un hueco en el gent&iacute;o por donde escapar.</p>
+
+<p>La hoguera crec&iacute;a r&aacute;pidamente. Las inquietas llamas, movi&eacute;ndose de un
+lado para otro, agitaban como abanicos los faldones del frac, los bajos
+de blanca muselina y las cintas de raso de los beb&eacute;s. El fuego
+jugueteaba como una fiera con sus v&iacute;ctimas antes de devorarlas. De
+repente, hizo presa en aquellos adornos, y en un segundo los devor&oacute;,
+escupi&eacute;ndolos despu&eacute;s como negras pavesas, que revoloteaban sobre las
+cabezas de la muchedumbre. Los monigotes, firmes y en pie, ard&iacute;an como
+grandes antorchas con un inquieto plumaje de llamas. Andresito recordaba
+los cristianos embreados que iluminaban con sus cuerpos el camino de
+Ner&oacute;n.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a llegado la hora de destruir, de ayudar al incendio, y los
+organizadores de la <i>falla</i> con pesados puntales, golpeaban el armaz&oacute;n
+de los bastidores o daban tremendos palos a los ardientes monigotes para
+que cayeran en el rojo cr&aacute;ter.</p>
+
+<p>La muchedumbre, leg&iacute;tima descendiente del pueblo que dos siglos antes
+presenciaba los autos de fe, aplaud&iacute;a con gozosa ferocidad la ca&iacute;da de
+los monigotes en la hoguera. Cada vez que, volteando en el aire sus
+piernas y sus brazos chamuscados, se zambull&iacute;a uno en las llamas, o&iacute;anse
+risas y berridos.</p>
+
+<p>La <i>falla</i> se derrumb&oacute; con todo su armaz&oacute;n medio carbonizado, y un
+torbellino de chispas y pavesas se elev&oacute; hasta m&aacute;s arriba de los
+tejados. El enorme brasero daba a la plaza una temperatura de horno,
+ti&ntilde;&eacute;ndolo todo de color de sangre. La gente, tostada, con las ropas
+humeantes, retir&aacute;base a las inmediatas calles; los de los pisos bajos
+cerraban las puertas, huyendo de aquella atm&oacute;sfera ardiente que abrasaba
+los ojos y esparc&iacute;a por la piel intolerable picaz&oacute;n, y en los balcones
+las vidrieras se cerraban, y los cristales flojos, caldeados por el
+ambiente abrasador, saltaban con estr&eacute;pito.</p>
+
+<p>M&aacute;s de media hora ardi&oacute; con toda su fuerza el informe mont&oacute;n de le&ntilde;os
+ennegrecidos, que al carbonizarse se cubr&iacute;an de rojas escamas. Algunos
+maderos estaban erizados de innumerables y peque&ntilde;as llamas, como si
+fuesen ca&ntilde;er&iacute;as de gas.</p>
+
+<p>La muchedumbre se alejaba, con la esperanza de ver algo en las otras
+<i>fallas</i>. La temperatura bajaba, el incendio iba achic&aacute;ndose, la
+frescura de la noche penetraba en la plazuela, y balcones y puertas
+volv&iacute;an a abrirse.</p>
+
+<p>En casa de do&ntilde;a Manuela, terminado el espect&aacute;culo p&uacute;blico, hab&iacute;a su
+poquito de fiesta, sin duda para amenizar el chocolate &laquo;suntuoso&raquo; que la
+rumbosa viuda daba a sus amigos. La gran l&aacute;mpara del sal&oacute;n, reservada
+para las solemnidades, hab&iacute;a sido encendida; y Andresito, desde la
+plaza, ve&iacute;a los trajes claros y los <i>bouquets</i> de las amigas pasar por
+el iluminado balc&oacute;n, movi&eacute;ndose con el ritmo del baile.</p>
+
+<p>El pobre muchacho estaba firme en su puesto. El fuego le hab&iacute;a empujado
+a un extremo de la plaza; pero apenas se refresc&oacute; el ambiente, volvi&oacute; a
+la puerta del cafet&iacute;n, cerca del laurel cargado de bu&ntilde;uelos, cuyas ramas
+se hab&iacute;an tostado. La <i>falla</i> segu&iacute;a ardiendo, con sus estallidos de
+le&ntilde;a vieja, que sonaban como tiros.</p>
+
+<p>La plaza quedaba en poder de la gente menuda, chiquillos desarrapados,
+que, tomando carrera, saltaban la hoguera con agilidad de monos, cayendo
+al lado opuesto envueltos en las chispas. Los municipales intentaban
+oponerse a tan peligroso ejercicio; pero la pareja de pobres hombres era
+impotente ante tales diablillos, y al fin adopt&oacute; la sabia determinaci&oacute;n
+de sonre&iacute;r con tolerancia y retirarse a un portal.</p>
+
+<p>Andresito segu&iacute;a con mirada triste las evoluciones de aquellas
+bulliciosas salamandras con blusa, que saltaban por entre las llamas
+como si tal cosa, sacudi&eacute;ndose las chispas como los perros.</p>
+
+<p>La plazuela estaba solitaria y el rojo ambiente del incendio hac&iacute;a m&aacute;s
+l&oacute;bregas las calles inmediatas. Algunos chuscos arrojaban en la hoguera
+manojos de cohetes, que sal&iacute;an como rayos, culebreando su rabo de
+chispas, arrastr&aacute;ndose de una pared a otra y remont&aacute;ndose en caprichosas
+curvas hasta la altura de los balcones, para estallar con estampido de
+trabucazo. Los municipales no ve&iacute;an los cohetes, pues al fijarse en el
+aire mat&oacute;n de la chavaler&iacute;a que los disparaba, permanec&iacute;an metidos en el
+portal, sordos y ciegos. Andresito pensaba que si alguno de aquellos
+rayos baratos le pillaba en su sitio, no le dejar&iacute;a ganas en una
+temporada de ser frailecito blanco y llorar los desdenes de su hermosa;
+pero permaneci&oacute; inm&oacute;vil. Irse de all&iacute; era renunciar a su venganza. &Eacute;l
+esperaba algo, sin saber qu&eacute;; y all&iacute; permanec&iacute;a mirando el balc&oacute;n, a
+pesar de que sus piernas apenas pod&iacute;an sostenerle, y en la cabeza y el
+est&oacute;mago sent&iacute;a un vac&iacute;o anonadador.</p>
+
+<p>Ahora cantaban arriba. Era Amparito, que acomet&iacute;a con su vocecita de
+seda una romanza de Tosti, coreada por el estallido de los cohetes y los
+berridos burlones de la piller&iacute;a, a quien le hac&iacute;an gracia los lamentos
+musicales, verdaderos chillidos de ratita asustada.</p>
+
+<p>Las llamas iban extingui&eacute;ndose, la plaza estaba cada vez m&aacute;s obscura y
+los chiquillos desertaban en grupos, bucando otras <i>fallas</i> que no
+hubiesen llegado al per&iacute;odo de la agon&iacute;a.</p>
+
+<p>Dos hombres salieron del cafet&iacute;n agarrados del brazo, con paso lento y
+vacilante. Eran los viejos borrachos, con la gorrilla en la nuca y el
+eterno pa&ntilde;uelo de hierbas en la mano. Volvieron el rostro al cafet&iacute;n, y
+como personajes de tragedia, lanzaron una eterna maldici&oacute;n sobre la
+cabeza de <i>Espantagosos</i>, un ladr&oacute;n que, al quedarse sin dinero dos
+hombres honrados, les echaba a la calle sin m&aacute;s miramientos.</p>
+
+<p>El humo de la <i>falla</i>, denso y pegajoso, les hizo toser; pero se
+detuvieron ante el rescoldo enorme como un brasero de gigantes.</p>
+
+<p>Solt&aacute;ronse del brazo y saltaron la <i>falla</i>, uno tras otro, con una
+agilidad inesperada y ademanes tan grotescos, que los municipales re&iacute;an
+y hasta el desconsolado poeta dej&oacute; de mirar al balc&oacute;n. El cafetinero y
+sus vecinos estaban en las puertas, celebrando aquel espect&aacute;culo
+grotesco e inesperado.</p>
+
+<p>Las carcajadas del p&uacute;blico enardec&iacute;an a los borrachos, les hac&iacute;an
+sonre&iacute;r con orgullo, y los dos redoblaban sus saltos y contorsiones.
+Corr&iacute;an en torno del gran mont&oacute;n de brasas, saltaban por todos los
+lados, y en el furor del movimiento que les dominaba, ninguno de los dos
+se acordaba del otro.</p>
+
+<p>&iexcl;Ahora iba lo bueno! Y saltando al mismo tiempo los dos, cada uno por
+lado distinto, encontr&aacute;ronse en lo m&aacute;s alto de su salto; chocaron los
+cuerpos como proyectiles y cayeron en el rescoldo, hundi&eacute;ndose entre
+las brasas la parte m&aacute;s carnosa del individuo.</p>
+
+<p>La plazuela pareci&oacute; animarse, lanzando interminables carcajadas. A
+patadas y pu&ntilde;etazos los sacaron los municipales, y una vez libres del
+rescoldo, empuj&aacute;ronlos fuera de la plaza. &iexcl;A sus casas o al Asilo...!
+&iexcl;Lo que quisieran!</p>
+
+<p>Andresito vio c&oacute;mo se alejaban los dos viejos, mostrando una nueva cara
+por el rev&eacute;s chamuscado de su pantal&oacute;n, riendo su postrera haza&ntilde;a,
+d&aacute;ndose besos y abrazos para afirmar la fraternidad del cafet&iacute;n y
+hablando a gritos para que quedase bien sentado que la &laquo;casa grande&raquo; era
+una cueva de ladrones, y ellos, desenga&ntilde;ados, se retiraban a la vida
+privada.</p>
+
+<p>Y el poeta, envidiando su alegr&iacute;a, segu&iacute;a en su puesto, iluminado por la
+&uacute;ltima crepitaci&oacute;n de la hoguera, desfallecido de hambre y de dolor,
+llorando de veras ahora que comenzaba a verse en la obscuridad,
+esperando algo vago e indeterminado, sin fuerzas para hacer nada y
+estremeci&eacute;ndose al o&iacute;r aquella voz tenue como un hilillo de seda, que se
+quebraba al llegar a lo m&aacute;s alto de la romanza, ahog&aacute;ndola con sus
+aplausos los complacientes convidados de la mam&aacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a>V</h2>
+
+
+<p>Juanito era feliz. Pr&oacute;ximo al ocaso de su juventud, a los malditos
+treinta a&ntilde;os de que hablaba Espronceda, en vez de tristes desenga&ntilde;os
+experimentaba la alegr&iacute;a de saber que en el mundo hay algo m&aacute;s grato que
+adorar a la mam&aacute; como un &iacute;dolo y plegarse a todos los caprichos de los
+hermanitos.</p>
+
+<p>El entusiasmo de la juventud, el ansia de vivir, manifest&aacute;banse en &eacute;l
+con extraordinaria fuerza, como frutos tard&iacute;os del &aacute;rbol de su vida, que
+hab&iacute;a pasado invierno tras invierno sin conocer hasta ahora la
+primavera.</p>
+
+<p>Al reunir y ordenar sus recuerdos, no se daba cuenta de c&oacute;mo hab&iacute;a
+ocurrido su transformaci&oacute;n. Sin duda, el amor era m&aacute;s fuerte que su
+caracter&iacute;stica timidez. En la soledad, al recordar a T&oacute;nica,
+avergonz&aacute;base como el que ha cometido una acci&oacute;n punible; las palabras
+intencionadas que hab&iacute;a deslizado en la conversaci&oacute;n martille&aacute;banle
+despu&eacute;s los o&iacute;dos, y tan pronto las consideraba rid&iacute;culas como
+exageradamente audaces.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o...! &iexcl;Qu&eacute; dir&aacute; de m&iacute; esa chica!</p>
+
+<p>Pero cuando estaba cerca de ella, el rubor desaparec&iacute;a y sent&iacute;a en su
+interior audacias que le asombraban.</p>
+
+<p>Ya no se conformaba con esperar que T&oacute;nica fuese a la tienda de <i>Las
+Tres Rosas</i>. Enter&aacute;base de d&oacute;nde trabajaba, y con una astucia de las m&aacute;s
+torpes, sal&iacute;ale al paso por la ma&ntilde;ana al ir al trabajo y por la noche al
+regresar a su casa; hac&iacute;ase el encontradizo y le desesperaba la
+dificultad de su lengua t&iacute;mida, que parec&iacute;a rebelarse, no queriendo ser
+conductora de sus pensamientos.</p>
+
+<p>Pas&oacute; m&aacute;s de una semana para Juanito sin adelantar gran cosa en su
+prop&oacute;sito. T&oacute;nica le hablaba como un amigo y le hac&iacute;a confidente de
+todos sus pensamientos: las exigencias de sus parroquianas, los consejos
+de &laquo;las se&ntilde;oritas&raquo;, que eran las hijas de su difunta protectora, y hasta
+las dolencias de aquella mujer casi ciega que viv&iacute;a con ella,
+sirvi&eacute;ndola de madre. Con estas confidencias, Juanito iba penetrando
+lentamente en la vida de la joven y la consideraba ya como algo propio,
+a pesar de que todav&iacute;a la picara lengua segu&iacute;a neg&aacute;ndose a obedecerle.</p>
+
+<p>T&oacute;nica ten&iacute;a en ciertos momentos rasgos de ingenuidad, que turbaban al
+joven, sin dejar por esto de experimentar alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; a relatarle las aficiones de su infancia, el placer indefinible
+que experimentaba pasando horas enteras arrodillada ante un Cristo,
+rezando rosarios tras rosarios. En aquella &eacute;poca, llevarla a la capilla
+de la Virgen de los Desamparados era para ella la mayor de las
+diversiones, y rezaba con tal devoci&oacute;n, que las viejas beatas se la
+com&iacute;an a besos, asegurando que iba para santa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; &eacute;poca aqu&eacute;lla!&mdash;dec&iacute;a la joven con ligera sonrisa&mdash;. Ahora la
+recuerdo con cierta extra&ntilde;eza y no menos envidia. Las estampitas de mi
+devocionario me hablaban; y por la noche, una Virgen que ten&iacute;a en mi
+cuarto bajaba de su cuadro para arrullarme hasta que me dorm&iacute;a. Usted,
+Juanito, se burlar&aacute; seguramente de que yo fuese tan tonta.... En fin,
+cosas de ni&ntilde;as. Pero mi madrina la condesa, en vista de tan ardiente
+devoci&oacute;n, quer&iacute;a hacerme monja; y el otro d&iacute;a, &laquo;las se&ntilde;oritas&raquo;,
+recordando los deseos de su mam&aacute;, todav&iacute;a me ofrecieron costearme el
+dote para que entrase en un convento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted acepta?&mdash;pregunt&oacute; el joven con visible ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo...! No pienso en ello por ahora. Aquella santidad vol&oacute;, creo que
+para siempre. Ahora soy mala, muy mala. Rezo cuando estoy triste, oigo
+misa los domingos, tengo mucho miedo al diablo, pero me gusta bastante
+el mundo y voy siendo algo imp&iacute;a, pues algunas veces me digo que no es
+tan p&eacute;simo como lo pintan los predicadores.... Adem&aacute;s, &iquest;qui&eacute;n cuidar&iacute;a
+de mi pobre Micaela, sola y casi ciega? Ser&iacute;a cometer un horrible pecado
+de ingratitud por salvar mi alma. No se&ntilde;or, no pienso hacerme monja;
+prefiero ser pecadora y cuidar de mi pobre amiga.</p>
+
+<p>Juanito ten&iacute;a en los labios una pregunta audaz. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a? &iquest;La
+soltaba...? Tembl&oacute;; pero vacilando, diola curso, al fin, con voz de
+agonizante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no piensa usted casarse?</p>
+
+<p>T&oacute;nica contest&oacute; con una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Casarme yo...! &iquest;Y qui&eacute;n ha de ser el valiente? Se necesita mucho
+coraz&oacute;n para cargar con una mujer sin otra renta que la aguja y que
+lleva tras s&iacute; el bagaje de una amiga vieja y enferma.</p>
+
+<p>Juanito estuvo a punto de gritar que ese valiente era &eacute;l; pero, por su
+desgracia, se detuvo. T&oacute;nica estaba seria y dec&iacute;a con triste ingenuidad:</p>
+
+<p>&mdash;Reconozco que si encontrase un hombre honrado, trabajador y humilde
+como yo, que quisiera admitir a mi desgraciada amiga, me tendr&iacute;a por muy
+feliz.... Pero en fin, hoy por hoy no hay que pensar en tonter&iacute;as.</p>
+
+<p>Y cambi&oacute; con tal arte el curso de la conversaci&oacute;n, que a Juanito se le
+qued&oacute; en el cuerpo lo que quer&iacute;a decir, y antes llegaron a la pobre
+escalerilla de la calle de Gracia, que pudo manifestar su valor para ser
+esposo de T&oacute;nica y encargarse de la pobre ciega.</p>
+
+<p>Aquella noche fue cruel para Juanito. La pas&oacute; en vela, revolvi&eacute;ndose
+inquieto en su cama, y declarando en voz alta que era el m&aacute;s cobarde de
+los hombres. Parec&iacute;a imposible que un mocet&oacute;n con unas barbas que
+causaban espanto fuese t&iacute;mido como un seminarista. &iexcl;Y pensar que todos
+ten&iacute;an valor en tales casos, todos, hasta Andresito, aquel pazguato que
+se declar&oacute; a Amparo con la mayor facilidad...! &iexcl;Cristo! &iexcl;C&oacute;mo se reir&iacute;an
+de &eacute;l sus hermanas si conocieran sus timideces! S&oacute;lo esto faltaba para
+que todos los de casa le creyesen un imb&eacute;cil.... Pero pronto se sabr&iacute;a
+qui&eacute;n era &eacute;l. Y animado por una resoluci&oacute;n hija del amor propio, pas&oacute;
+todo el d&iacute;a siguiente en la tienda distra&iacute;do, sin atender a las ventas,
+ansiando que llegase la hora de acompa&ntilde;ar a su casa a T&oacute;nica.</p>
+
+<p>Ca&iacute;a una lluvia fina cuando fue a apostarse en la calle de Serranos,
+cerca de la casa donde trabajaba la joven. A las ocho la vio salir,
+andando con su paso ligero y gracioso, rozando la pared y casi oculta en
+la penumbra de un alumbrado macilento, que en vez de luz parec&iacute;a
+esparcir tinieblas.</p>
+
+<p>Bien comenzaba la entrevista. T&oacute;nica se resisti&oacute; a aceptar el paraguas
+de Juanito; no pod&iacute;a consentir que el joven se mojase por complacerla a
+ella; y en cuanto a ir los dos juntos bajo aquella c&uacute;pula de seda...
+s&oacute;lo en pensarlo la produc&iacute;a rubor y hac&iacute;a que echase su cuerpo atr&aacute;s,
+como para huir de un peligro.</p>
+
+<p>Pero la expresi&oacute;n de angustioso ruego de Juanito pareci&oacute; convencerla.</p>
+
+<p>Bueno; aceptaba su invitaci&oacute;n porque le cre&iacute;a un joven formal y honrado.
+Pero &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;qu&eacute; dir&iacute;a la gente...! Y comenz&oacute; a andar con timidez al
+lado del joven, que no se sent&iacute;a menos conmovido. Nunca hab&iacute;a estado tan
+pr&oacute;ximo a T&oacute;nica. Rozaba al andar un lado de su busto, se sent&iacute;a
+envuelto en el ambiente embriagador que exhalaba su cuerpo sano, y ve&iacute;a
+cerca de sus ojos el rostro de T&oacute;nica, su boca fresca, mostrando la
+brillante dentadura con graciosas sonrisas.</p>
+
+<p>Juanito, entusiasmado por su buena fortuna, no pensaba ya en la
+resoluci&oacute;n que tan inquieto le hab&iacute;a tenido durante todo el d&iacute;a.
+Bast&aacute;bale para ser feliz y considerarse due&ntilde;o de T&oacute;nica o&iacute;r su voz,
+tr&eacute;mula por la emoci&oacute;n que le causaba un paseo tan &iacute;ntimo.</p>
+
+<p>De pronto, Juanito pareci&oacute; despertar. &iexcl;Qu&eacute; diablo! Ya estaban casi en la
+mitad del camino, cerca del Mercado, y &eacute;l callaba, sin atreverse a decir
+lo que tan pensado ten&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero la maldita timidez retardaba con rid&iacute;culos pretextos su
+declaraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Bueno; aguardar&iacute;a a llegar a aquella esquina, y una vez en ella, &iexcl;zas!
+soltaba su demanda, aunque cortase a T&oacute;nica en lo mejor de sus
+confidencias.</p>
+
+<p>Ya estaban en la esquina. &iexcl;All&aacute; va...! Pero no; no hablaba. Iba tras
+ellos un se&ntilde;or por la acera, resguard&aacute;ndose de la lluvia; pod&iacute;a o&iacute;r su
+declaraci&oacute;n... &iexcl;y qui&eacute;n sabe de lo que son capaces esas gentes burlonas,
+que miran el amor como cosa de risa!</p>
+
+<p>Esperar&iacute;a a que el molesto transe&uacute;nte se fuese por otra calle. Y
+mientras tanto, escuchaba a T&oacute;nica, cuidando de ladear el paraguas para
+que la cubriera bien, y mirando al suelo, como encantado por el trozo de
+enagua blanca al descubierto y las peque&ntilde;as botinas que saltaban los
+charcos con una graciosa ligereza de p&aacute;jaro.</p>
+
+<p>Ella hablaba mientras tanto, desahogando el enfado que le causaban sus
+parroquianas. S&oacute;lo una pobre como ella pod&iacute;a sufrir tantas exigencias.
+Era costurera, y quer&iacute;an que trabajase como una modista famosa. Por dos
+pesetas diarias la explotaban las parroquianas de un modo irritante;
+mostraban un ansia furiosa para exprimir todas sus habilidades; la
+hac&iacute;an cortar y probar como una maestra y coser o zurcir como una
+oficiala; oblig&aacute;banla, con falsos mimos, a no levantar la cabeza del
+trabajo ni un solo instante; se mord&iacute;an los labios con rabia y dudaban
+de su laboriosidad cuando no pod&iacute;a convertir en vestido flamante un
+gui&ntilde;apo viejo; y despu&eacute;s de todo, cuando la costurera terminaba,
+desped&iacute;anla sin cari&ntilde;o alguno, como un mueble in&uacute;til, y no se acordaban
+de ella al darse tono en paseos y teatros, asegurando que era de una
+modista francesa el vestido cuya confecci&oacute;n les costaba unas cuantas
+pesetas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es verdad, se&ntilde;or Pe&ntilde;a, que eso es una ingratitud?&mdash;preguntaba
+T&oacute;nica muy animada, olvidando los escr&uacute;pulos que hab&iacute;a manifestado antes
+de admitir el paraguas.</p>
+
+<p>Juanito contestaba con vehemencia, pero su pensamiento se hallaba a cien
+leguas de lo que dec&iacute;a. S&iacute; se&ntilde;or, era una infamia; personas tan ingratas
+nada merec&iacute;an. Y al mismo tiempo miraba atr&aacute;s, viendo con gozo que el
+transe&uacute;nte importuno hab&iacute;a desaparecido.</p>
+
+<p>Ahora s&iacute; que se lanzaba; esperar&iacute;a a pasar la plaza del Mercado, y as&iacute;
+que entrase en la calle de Gracia, soltar&iacute;a su declaraci&oacute;n. T&oacute;nica viv&iacute;a
+en esta calle, poco tiempo le quedaba para espontanearse, pero cuando se
+lleva una cosa bien pensada, basta con pocas palabras. Y mientras
+atravesaban el Mercado con pasos t&iacute;midos, resbalando en el barro
+pegajoso que cubr&iacute;a las losas, el joven o&iacute;a a T&oacute;nica con la falsa
+atenci&oacute;n del c&oacute;mico en la escena, que finge escuchar mientras piensa en
+lo que va a decir.</p>
+
+<p>Juanito se indignaba sin saber por qu&eacute;. &iexcl;Qu&eacute; manera de explotar aquellas
+se&ntilde;oras a la pobre T&oacute;nica! &iexcl;Era insufrible! Y mientras matizaba con sus
+exclamaciones la relaci&oacute;n de la joven, pensaba con alarma que ya estaban
+en la calle de Gracia y &eacute;l todav&iacute;a guardaba en el cuerpo, completamente
+in&eacute;dita, la declaraci&oacute;n que tanto le inquietaba.</p>
+
+<p>En cuanto llegasen a la pr&oacute;xima esquina, interrump&iacute;a a la joven, aun a
+riesgo de ser descort&eacute;s. Bueno, ya estaban en la esquina, pero por un
+poco m&aacute;s nada se perd&iacute;a; prolongar&iacute;a el plazo hasta un farol que estaba
+tan pr&oacute;ximo. Pero en llegando all&iacute; no hab&iacute;a excusa. Hablaba, o era capaz
+de arrancarse la lengua.</p>
+
+<p>Y as&iacute; pasaba la pareja por todas las etapas que la maldita timidez de
+Juanito iba marcando, sin llegar a decidirse. En la imaginaci&oacute;n del
+joven, aquella calle hab&iacute;a sido mutilada de un modo horroroso; le
+parec&iacute;a extremadamente corta, y la peque&ntilde;a puerta por donde desaparec&iacute;a
+T&oacute;nica todas las noches estaba ya a la vista.</p>
+
+<p>Para mayor desgracia, la joven segu&iacute;a hablando; pero Juanito tembl&oacute;,
+pensando que pod&iacute;a quedarse solo y desesperado dentro de pocos minutos
+por culpa de su timidez, y al fin se sinti&oacute; hombre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&oacute;nica!</p>
+
+<p>Dijo esto con acento tan ahogado y angustioso que la joven call&oacute;,
+mirando en derredor, como si les amenazase un peligro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurre?</p>
+
+<p>&mdash;Que la quiero a usted mucho; que....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;era eso...!&mdash;exclam&oacute; T&oacute;nica sonriendo&mdash;. Yo tambi&eacute;n le quiero a
+usted como un buen amigo, como un joven formal; sobre todo como formal.
+No siendo as&iacute;, no consentir&iacute;a que me acompa&ntilde;ase con tanta frecuencia, lo
+que puede dar lugar a suposiciones. Mire usted, el otro d&iacute;a dec&iacute;an las
+vecinas....</p>
+
+<p>&mdash;No, no es eso. Yo no la quiero a usted s&oacute;lo como amigo: yo la amo...
+&iquest;sabe usted? la amo, y soy ese hombre valiente de que usted hablaba
+anoche, capaz de hacerla mi esposa sin dejar abandonada a la pobre
+Micaela.</p>
+
+<p>T&oacute;nica mostr&aacute;base aturdida por la declaraci&oacute;n. La present&iacute;a desde mucho
+tiempo antes, pero habla llegado a dudar de ella en vista de la timidez
+de aquel ni&ntilde;o grande. Intentaba sonre&iacute;r como s&iacute; tomase a broma las
+palabras de Juanito, pero estaba ruborizada; se hab&iacute;a detenido mirando
+al suelo, y tan turbados estaban los dos en medio de la calle, que el
+paraguas los dejaba al descubierto y la lluvia ca&iacute;a sobre sus hombros.</p>
+
+<p>El silencio era penoso. Juanito estaba asustado por la seriedad de
+T&oacute;nica. La costurera reflexionaba, y al fin habl&oacute;.</p>
+
+<p>Ella agradec&iacute;a el ofrecimiento del se&ntilde;or Pe&ntilde;a, pero no pod&iacute;a aceptar.
+Era el hombre honrado y modesto que deseaba; si no fuese m&aacute;s que un
+dependiente de comercio, tal vez aceptase... &iquest;pero es que ella ignoraba
+qui&eacute;n era su familia? Estaba enterada por una parroquiana amiga de su
+mam&aacute; y de sus hermanitas. Eran unas se&ntilde;oras de las que viven con
+verdadero lujo, sin apelar a costureras ni a adornos caseros; ten&iacute;an
+carruaje... en fin, <i>una gran familia</i>&mdash;esto subrayado por una expresi&oacute;n
+entre admirativa y respetuosa&mdash;, y no era justo ni legal que ella, una
+pobre jornalera, aspirase a tanto.</p>
+
+<p>Juanito sent&iacute;a alegr&iacute;a y compasi&oacute;n a un tiempo. Regocij&aacute;bale el saber
+que no era indiferente a T&oacute;nica y que en la posici&oacute;n de su familia
+estaba el &uacute;nico obst&aacute;culo. &iexcl;Valiente posici&oacute;n! Compadeci&oacute; la ignorancia
+de la joven y estuvo pr&oacute;ximo a decirle que todo aquel lujo era imb&eacute;cil
+fatuidad, pura bambolla; pero sinti&oacute;se dominado por sus temores de ni&ntilde;o
+sumiso y obediente, y hasta en el vacilante resplandor del inmediato
+farol crey&oacute; ver el rostro de mam&aacute; contra&iacute;do por un gesto de indignaci&oacute;n
+majestuosa.</p>
+
+<p>No negaba que su familia estuviera en &laquo;buena posici&oacute;n&raquo;; pero &iquest;qu&eacute;
+importaba esto? &Eacute;l la quer&iacute;a, y no era necesario m&aacute;s. No pensaba dejar
+de ser comerciante; su porvenir consist&iacute;a en ser due&ntilde;o de una tienda; &iquest;y
+qu&eacute; mejor que casarse con una mujer hacendosa, aleccionada en la escuela
+del trabajo y la econom&iacute;a, y que supiera ser ama de su casa? El pobre
+muchacho, roto el freno de su timidez, hablaba con vehemencia, meneaba
+los brazos para afirmar sus palabras, sin ver que hac&iacute;a danzar locamente
+el paraguas, que conservaba abierto, y que varias veces estuvo pr&oacute;ximo a
+meter una varilla por los ojos de la joven.</p>
+
+<p>Pero T&oacute;nica no se convenc&iacute;a. Impresion&aacute;bale el acento de verdad del
+dependiente; pero no pod&iacute;a dominar el temor respetuoso que le inspiraba
+una familia rodeada de los prestigios de la riqueza y de la elegancia.
+Por esto a todos los argumentos de Juanito contestaba moviendo la cabeza
+negativamente.</p>
+
+<p>As&iacute; pasaron m&aacute;s de un cuarto de hora en medio de la calle, bajo la
+lluvia, llamando la atenci&oacute;n de los escasos transe&uacute;ntes, que ante una
+pareja tan olvidada de s&iacute; misma hac&iacute;an comentarios maliciosos.</p>
+
+<p>Por fin, la costurera pareci&oacute; ablandarse. Lo pensar&iacute;a; tal vez al d&iacute;a
+siguiente pudiera contestarle. Y tras esta promesa, que para Juanito fue
+una felicidad. T&oacute;nica dio seis golpes en la aldaba de su casa y
+desapareci&oacute;, cerrando la puerta de la escalerilla.</p>
+
+<p>El joven estaba deslumbrado. La &uacute;ltima sonrisa de T&oacute;nica revoloteaba
+delante de &eacute;l con sus alas de oro, alumbr&aacute;ndole el camino. Sent&iacute;ase
+impregnado del indefinible perfume de la joven, y andaba con timidez,
+como si se hubiese adherido a su exterior algo precioso y fr&aacute;gil que
+pod&iacute;a desprenderse al acelerar su marcha.</p>
+
+<p>La dulce borrachera del amor correspondido trastornaba a Juanito. En
+concreto, nada le hab&iacute;a dicho T&oacute;nica; pero a pesar de esto, el joven,
+con instintiva confianza, cre&iacute;a en su felicidad, y aquella noche fue la
+primera de satisfacci&oacute;n y calma, despu&eacute;s de las rabietas e inquietudes
+que le hab&iacute;a producido la timidez de su car&aacute;cter apocado. Ahora... &iexcl;oh!
+ahora era todo un hombre, y as&iacute; lo reconoc&iacute;a satisfecho y un tantico
+orgulloso de su audacia.</p>
+
+<p>La costurera no fue m&aacute;s expl&iacute;cita al d&iacute;a siguiente. La &laquo;posici&oacute;n
+brillante&raquo; de la familia de Juanito era una idea que se le hab&iacute;a
+atravesado en el cerebro. Ella no era nadie: una pobre costurera que,
+acostumbrada a sufrir las impertinencias de las se&ntilde;oras, no pod&iacute;a
+permitirse el lujo de mostrar susceptibilidad ni amor propio... pero eso
+de casarse para ser la v&iacute;ctima resignada y humilde sobre la cual cayeran
+los desprecios de la familia, estaba fuera del l&iacute;mite de su paciencia.</p>
+
+<p>&mdash;No diga usted que no. Adivino lo que suceder&iacute;a; como si lo viese. Las
+hermanas de usted, unas se&ntilde;oritas, se avergonzar&iacute;an de tener por cu&ntilde;ada
+a la que remendaba los vestidos de sus amigas; su mam&aacute;, toda una se&ntilde;ora,
+me considerar&iacute;a un poquito m&aacute;s que a sus criadas. Y yo, aunque sea
+pobre, no tengo fuerzas para tanto. Para salir de esta vida, quiero
+vivir en paz con la familia de mi marido y que me respeten. &iquest;Qu&eacute; menos
+puedo pedir? &iquest;No es verdad...?</p>
+
+<p>No; no era verdad que ella corriese tantos peligros cas&aacute;ndose con &eacute;l. Lo
+juraba a fe de Juanito Pe&ntilde;a. &iexcl;Su familia...! &iquest;Pero es que hac&iacute;a gran
+caso de &eacute;l? Podr&iacute;a casarse con quien quisiera, sin miedo a disgustos ni
+protestas. &Eacute;l formaba aparte, se sent&iacute;a aislado en medio de los suyos. Y
+el pobre muchacho, como si de pronto apreciase toda la verdad de su
+situaci&oacute;n, dec&iacute;a esto con tal amargura, casi con l&aacute;grimas en los ojos,
+que T&oacute;nica se conmovi&oacute;, mostr&aacute;ndose m&aacute;s blanda.</p>
+
+<p>Ella le apreciaba; se cre&iacute;a muy honrada con merecer su atenci&oacute;n; no
+entend&iacute;a de amor&iacute;os, pues s&oacute;lo los hab&iacute;a visto en las novelas; pero le
+permit&iacute;a seguir hablando con ella, como amigos m&aacute;s que como novios, y si
+el tiempo demostraba que sus caracteres se comprend&iacute;an y compenetraban,
+entonces....</p>
+
+<p>El rubor de la joven complet&oacute; sus palabras. Juanito no necesit&oacute; m&aacute;s para
+soltar el chorro de su verbosidad comprimida; y atropelladamente, habl&oacute;
+de su porvenir, trazando con furiosos brochazos el cuadro de su
+felicidad. Ten&iacute;a dinero... vender&iacute;an el huerto de Alcira... comprar&iacute;a
+una tienda. <i>Las Tres Rosas</i> por ejemplo... se casar&iacute;an... tendr&iacute;an
+ni&ntilde;os, muchos ni&ntilde;os, porque &eacute;l, con sus gustos de joven t&iacute;mido, adoraba
+los mu&ntilde;ecos... &eacute;l ser&iacute;a un modelo de maridos.... Pero par&oacute; en seco al
+ver que T&oacute;nica se ruborizaba, dirigi&eacute;ndole miradas de reproche por la
+libertad con que formulaba sus ilusiones. En fin, ya ver&iacute;a lo que era
+bueno, y qu&eacute; vida tan rica iban a darse cuando vivieran casados y fuera
+del c&iacute;rculo de est&uacute;pidas pretensiones de su familia.</p>
+
+<p>Por de pronto, no era mala la vida que hac&iacute;a Juanito. Pasaba el d&iacute;a
+pensando en su T&oacute;nica; abandonaba la tienda a las horas en que aqu&eacute;lla
+ten&iacute;a que salir por alg&uacute;n encargo de sus parroquianas, y por la calle
+iba al lado de ella, orgulloso como un triunfador, temiendo que le
+viera la mam&aacute; y deseando al mismo tiempo encontrarse con sus hermanas,
+para que &eacute;stas aprendiesen &laquo;a distinguir&raquo; y no le tuvieran por un
+pazguato incapaz de tener novia. Por ella, por T&oacute;nica, re&ntilde;&iacute;a con la
+planchadora, &eacute;l, que era antes tan descuidado, deseando ostentar unos
+cuellos duros y lustrosos como el m&aacute;rmol; y con gran asombro de las
+hermanitas, se emancipaba de la direcci&oacute;n de la mam&aacute;, siempre taca&ntilde;a con
+&eacute;l, y se hac&iacute;a un traje igual a los de su hermano Rafael.</p>
+
+<p>Todo iba bien: Juanito se encontraba m&aacute;s joven y fuerte. Le parec&iacute;a que
+algo nuevo circulaba por su venas; era vino caliente y espumoso que
+arrollaba y barr&iacute;a la antigua horchata. Ya hab&iacute;a conseguido que T&oacute;nica
+le llamase Juanito, y no se&ntilde;or Pe&ntilde;a, con aquel acento ceremonioso que
+hac&iacute;a re&iacute;r; pero a&uacute;n no se hab&iacute;a decidido a corresponder a su tuteo, y
+le plantaba siempre un &laquo;usted&raquo; como una casa, asegurando que le causaba
+rubor hablarle de otro modo.... &iexcl;Qu&eacute; inocente! &iexcl;Como si &eacute;l no fuese hijo
+de un antiguo tendero del Mercado! En fin, todo se andar&iacute;a.</p>
+
+<p>Lo que inquietaba algo a Juanito, en medio de su felicidad, eran las
+atenciones que con &eacute;l ten&iacute;a su mam&aacute;, las miradas cari&ntilde;osas, los &laquo;&iexcl;hijo
+m&iacute;o!&raquo; dichos en un tono halagador, con la suavidad mimosa de una
+caricia. &iexcl;Malo, malo! Juanito temblaba viendo aproximarse la afligida
+demanda, el &laquo;sablazo&raquo; maternal, acompa&ntilde;ado con l&aacute;grimas y conmovedoras
+lamentaciones sobre lo mucho que cuesta la educaci&oacute;n de los hijos. Y la
+petici&oacute;n fue formulada, por fin, a principios de Semana Santa, una tarde
+en que Juanito, despu&eacute;s de comer de prisa, iba a salir para avistarse
+con T&oacute;nica antes de entrar en la tienda.</p>
+
+<p>El pobre muchacho qued&oacute; anonadado por las maternales confidencias....
+&iexcl;Diablo! La situaci&oacute;n era m&aacute;s grave que &eacute;l imaginaba. Ya no eran diez o
+doce mil reales los que pon&iacute;an a su mam&aacute; con agua al cuello; ahora se
+trataba de miles de pesetas, de miles de duros, y era preciso pagar o
+resignarse a que la situaci&oacute;n de la familia se hiciese p&uacute;blica, pues los
+acreedores, gente grosera y sin entra&ntilde;as, sin otra pasi&oacute;n que la del
+dinero, eran capaces de desacreditar por dos cuartos a una se&ntilde;ora
+decente.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me muero de &eacute;sta, Juanito m&iacute;o; estas cosas no son para m&iacute;. &iexcl;Ay,
+Dios! &iexcl;Cu&aacute;nto cuesta criar a los hijos y sostener el rango de una
+familia! T&uacute;, hijo m&iacute;o, s&oacute;lo t&uacute; puedes sacar a tu madre de apuros....
+&iexcl;Tres mil duros...! &iquest;Sabes lo que es eso? Pues los tres mil duros he de
+tener a punto para el d&iacute;a siguiente de las Pascuas. Me han amenazado; me
+han llamado tramposa porque no puedo pagar... &iexcl;tramposa! &iexcl;a una se&ntilde;ora
+como yo...! No puedo sufrir tanta verg&uuml;enza. Y si mis hijos me
+abandonan, me morir&eacute;, s&iacute; se&ntilde;or... presiento que estos disgustos me van a
+quitar la vida.</p>
+
+<p>Juanito, a pesar de que estaba en guardia para librarse de los halagos
+de su mam&aacute;, y se propon&iacute;a no adquirir compromisos, sinti&oacute; en su interior
+algo que se sublevaba, subiendo hasta su rostro como una ola
+caliente.... &iexcl;Tramposa su madre! No estaba mal aplicado el calificativo;
+pero el cari&ntilde;o ciego, que le hac&iacute;a adorar a su madre, rebel&aacute;base ante
+tal ofensa; le conmov&iacute;a hasta el punto de que sus ojazos tranquilos y
+bondadosos se velasen con lagrimones de ira.</p>
+
+<p>Con movimientos de cabeza asent&iacute;a a todas las afirmaciones de su madre.
+S&iacute;; era preciso arreglar aquello; el honor de la familia no pod&iacute;a quedar
+a voluntad de cuatro usureros, que, merced a ciertos papelotes firmados
+por do&ntilde;a Manuela con tanta irreflexi&oacute;n como frescura, exig&iacute;an quince mil
+pesetas por un pr&eacute;stamo de once mil. Hab&iacute;a que pagar; pero... &iquest;y el
+dinero? &iquest;d&oacute;nde encontrar el dinero?</p>
+
+<p>Y la viuda, al llegar a esta conclusi&oacute;n, le miraba fijamente, d&aacute;ndole a
+entender que en &eacute;l estaba la soluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que buscar el dinero, mam&aacute;. Pod&iacute;a usted hablar coa do&ntilde;a Clara, esa
+amiga que, seg&uacute;n dice el t&iacute;o, es la arregladora de todos estos enredos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Do&ntilde;a Clara...! &iexcl;valiente apunte! Hijo m&iacute;o, t&uacute;, como eres tan buenazo,
+no conoces a las personas. Esa do&ntilde;a Clara es una tal, que s&oacute;lo va donde
+puede sacar, y vuelve las espaldas a una persona decente al verla en un
+apuro. Nuestra situaci&oacute;n es muy mala, rematadamente mala.</p>
+
+<p>Y en los o&iacute;dos del joven agolp&aacute;ronse en tropel las vergonzosas
+confidencias, hechas en voz baja, temblorosa, no por el remordimiento,
+sino por la humillaci&oacute;n que supon&iacute;a confesar la situaci&oacute;n de la casa,
+aun a su propio hijo. Las fincas todas hipotecadas, y si las vend&iacute;a, no
+llegar&iacute;a su importe a la mitad de las deudas. Su firma en un sinn&uacute;mero
+de pagar&eacute;s, y tan desacreditada, que a su mismo portero le prestar&iacute;an un
+duro los usureros mejor que a ella. Vencimientos ineludibles que hab&iacute;a
+que satisfacer, so pena que la familia se desacreditara... y nada con
+que pagar, absolutamente nada; la carencia m&aacute;s completa de medios para
+salvar la situaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Las necesidades de la casa lo arrebataban todo. Ella hab&iacute;a acudido ya a
+los procedimientos m&aacute;s penosos para su dignidad. Si ahora fuese la
+temporada de &oacute;pera, ni ella ni sus hijas podr&iacute;an lucir las joyas que
+enorgullec&iacute;an y admiraban al pobre Juanito. Estaban en una casa de
+pr&eacute;stamos. Y la vajilla de plata, que daba al comedor un aire tan
+se&ntilde;orial, los grandes candelabros del sal&oacute;n, no hab&iacute;an salido de casa
+para blanquearlos el platero; donde estaban era naciendo compa&ntilde;&iacute;a a las
+joyas. Todo por unos cuantos miles de reales, que se hab&iacute;an escurrido
+como agua en aquella criba de deudas y gastos, de infinitos agujeros.</p>
+
+<p>&mdash;Esto te lo digo, Juanito, porque eres el m&aacute;s formal de la casa y
+necesito tus consejos. Pero &iexcl;por Dios! ni una palabra a las ni&ntilde;as; que
+no sepan las pobrecitas la situaci&oacute;n. Se sentir&iacute;an humilladas, y no
+quiero que mis hijas se consideren inferiores a sus amigas.</p>
+
+<p>Lo que menos preocupaba a Juanito era lo que pudiesen pensar sus
+hermanas. Sus instintos de comerciante honrado, amigo de la regularidad,
+sublev&aacute;banse al pensar en un medio tan vergonzoso de adquirir dinero.
+Para &eacute;l, las casas de pr&eacute;stamos eran antros horribles, guaridas de
+latrocinio; acudir a ellas era contaminarse, perder la propia dignidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y usted ha ido all&iacute;?&mdash;pregunt&oacute; con expresi&oacute;n dolorosa&mdash;. &iquest;Ha entrado
+en esas casas?</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela contest&oacute; con altivez. &iexcl;Qui&eacute;n! &iquest;Ella...? &iquest;Por qui&eacute;n la
+tomaba su hijo? Aunque arruinada, no por esto hab&iacute;a perdido su dignidad.
+Para tales comisiones se val&iacute;a de do&ntilde;a Clara, que ten&iacute;a amigos entre los
+prestamistas, y hac&iacute;a las &laquo;operaciones&raquo; diciendo que los objetos eran de
+una se&ntilde;ora distinguida cuyo nombre no pod&iacute;a revelar. Lo que do&ntilde;a Manuela
+callaba eran las sospechas vehementes de que su amiga explotaba sus
+apuros, guard&aacute;ndose los &laquo;picos&raquo; de las cantidades facilitadas por los
+prestamistas. La viuda ten&iacute;a la altivez de los grandes se&ntilde;ores que creen
+de buen tono dejarse robar descaradamente por sus criados.</p>
+
+<p>Cuando terminaron las revelaciones sobre la situaci&oacute;n de la casa, la
+viuda aguard&oacute; la respuesta de su hijo. &Eacute;l era su &uacute;nica esperanza. Su
+hermano la detestaba; &iquest;a qui&eacute;n pod&iacute;a confiar sus penas? A Juanito
+&uacute;nicamente, a su querido Juanito; pues Rafael, el pobre muchacho, metido
+en el mundo elegante, nada sab&iacute;a de las &laquo;materialidades &raquo; de la vida, ni
+ten&iacute;a bienes propios como su hermano mayor. Pero el bondadoso hortera se
+mostr&oacute; m&aacute;s duro que su madre esperaba. El amor le hab&iacute;a transformado;
+mas en vez de hacerlo so&ntilde;ador excitaba sus instintos de econom&iacute;a,
+predominando en &eacute;l las aficiones de su padre, lo que su t&iacute;o y don
+Eugenio llamaban &laquo;sangre comercial&raquo;.</p>
+
+<p>Que nadie le tocase su huerto de Alcira. Y no es que amase gran cosa una
+finca que s&oacute;lo ve&iacute;a una o dos veces por a&ntilde;o. Deseaba convertirla pronto
+en dinero; pero los ocho mil duros limpios que pensaba sacar de ella
+eran la base de su porvenir, la realizaci&oacute;n de sus ilusiones, el medio
+de establecerse y convertir a T&oacute;nica en due&ntilde;a de una gran tienda de
+telas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela experiment&oacute; gran extra&ntilde;eza al tropezar con una tenacidad
+que nunca hab&iacute;a supuesto en su hijo. Se negaba resueltamente a firmar
+otro pagar&eacute; garantizando el cr&eacute;dito de su madre, y menos consent&iacute;a a&uacute;n
+en hipotecar su huerto para adquirir los tres mil duros.</p>
+
+<p>&mdash;No, mam&aacute;&mdash;dec&iacute;a t&iacute;midamente, pero con firmeza&mdash;; no puedo. Ya sabr&aacute;
+usted m&aacute;s adelante que eso no es posible. Necesito mi dinero; y adem&aacute;s,
+a m&iacute; me repugna eso de hipotecas, pagar&eacute;s y pr&eacute;stamos de los usureros.
+Como dice el t&iacute;o, eso queda para las gentes perdidas.</p>
+
+<p>Pero deseaba salvar a su madre del compromiso; encog&iacute;asele el coraz&oacute;n al
+verla tan hermosa, tan &laquo;se&ntilde;ora&raquo;, con los ojos llorosos y la frente
+surcada por dolorosas arrugas, y buscaba mentalmente un medio para
+sacarla de la situaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Era posible que don Antonio Cuadros, que tan r&aacute;pidamente se
+enriquec&iacute;a.... Pero no. El en&eacute;rgico gesto de su madre le dio a entender
+que no consent&iacute;a auxilios que lastimasen su amor propio. Tal vez m&aacute;s
+adelante ella no dir&iacute;a que no, cuando se reanudasen las amistades;
+ahora, desde la despedida de Andresito, eran bastante fr&iacute;as.</p>
+
+<p>Y Juan, no atrevi&eacute;ndose a nombrar a su t&iacute;o, dej&oacute; de proponer soluciones.</p>
+
+<p>&mdash;Lo del huerto no lo consiento.... Pero no llore usted, mam&aacute;.... No
+llore.... &iexcl;Qu&eacute; demonio! Para todo hay remedio en este mundo. &iexcl;Si no se
+gastase tanto en esta casa...! No se enfade usted, mam&aacute;. S&iacute;; ya s&eacute; todo
+lo que va a decirme; el decoro de la familia, la necesidad de sostener
+el buen nombre, la conveniencia de colocar bien a las ni&ntilde;as.... La
+verdad es que se necesitan tres mil duros, y que no se adquieren en unos
+cuantos d&iacute;as economizando. Lo del huerto no lo consiento, lo vuelvo a
+repetir.... Pero en fin, para que usted no est&eacute; triste, le prometo
+encargarme del asunto. Yo lo arreglar&eacute;, y poco he de poder o la pr&oacute;xima
+semana tendremos ese dinero.</p>
+
+<p>Pero Juanito, como enamorado, tard&oacute; en cumplir sus promesas. Sus amores
+con T&oacute;nica, aquella luna de miel ideal, el af&aacute;n de acompa&ntilde;arla a todas
+partes, hablando de su porvenir, le ten&iacute;an tan distra&iacute;do, que si no
+olvid&oacute; sus promesas, fue difiriendo su cumplimiento siempre para el d&iacute;a
+siguiente.</p>
+
+<p>Su madre le lanzaba en la mesa miradas interrogantes; le llamaba aparte
+para saber c&oacute;mo iba &laquo;aquello&raquo;; y cuando &eacute;l se excusaba con sus
+ocupaciones en la tienda, estremec&iacute;ase ante el gesto de dolor de do&ntilde;a
+Manuela.</p>
+
+<p>Fue el Jueves Santo por la ma&ntilde;ana cuando Juanito se decidi&oacute; a emprender
+el asunto. La tienda estaba cerrada. T&oacute;nica saldr&iacute;a de casa con su vieja
+amiga; y &eacute;l, no sabiendo qu&eacute; hacer, decidi&oacute;se a ir en busca de su t&iacute;o.</p>
+
+<p>A las once sali&oacute; a la calle. La mam&aacute; y las hermanitas estaban dando la
+&uacute;ltima mano al tocado de circunstancias: el crujiente vestido de seda,
+el velo de blonda, y al pu&ntilde;o el rosario de oro y n&aacute;car. Iban a una de
+las principales iglesias a sentarse tras la mesa petitoria de una
+comunidad de origen extranjero, a la hora en que la gente elegante reza
+las estaciones.</p>
+
+<p>Juanito, a pesar de la &iexcl;anual costumbre, sinti&oacute;se impresionado por el
+aspecto de la ciudad. Las tiendas cerradas, el adoquinado silencioso,
+sin que una rueda lo conmoviese; las gentes vestidas de negro, con aire
+solemne. Parec&iacute;a que por la ciudad pasaba una epidemia, despoblando las
+casas y ahuyentando el ruido de las calles. El profundo silencio
+turb&aacute;banlo de vez en cuando los tercetos de ciegos que, agarrados del
+brazo y golpeando el suelo con sus garrotes para orientarse, iban por el
+arroyo sin miedo a ser atropellados, prorrumpiendo en lamentaciones
+po&eacute;ticas que, en tono quejumbroso, relataban la pasi&oacute;n y muerte del
+Redentor. Los pasos de los transe&uacute;ntes sonaban en las aceras como un
+&aacute;spero y ruidoso frotamiento, y aglomer&aacute;base la gente en las puertas de
+los templos, negras y profundas bocas que lanzaban a la fr&iacute;a calle el
+denso vaho de su interior.</p>
+
+<p>Los soldados, con uniforme de gala y las manos yertas dentro de los
+guantes de algod&oacute;n, iban a visitar las estaciones, turbando el general
+silencio con el arrastre acompasado de sus pies e impregnando el
+ambiente de ese olor de salud, mezcla de carne sudada, cuero y lana
+burda. Los caballeros maestrantes luc&iacute;an sus uniformes obscuros, los
+sanjuanistas su cruz roja, y hasta los oficiales de reemplazo y los del
+batall&oacute;n de Veteranos se adosaban los arreos militares para acompa&ntilde;ar a
+la se&ntilde;ora en la visita a los templos y lucir de paso sobre el pecho las
+reci&eacute;n frotadas cruces. Era un desfile brillante de autoridades y
+uniformes, que admiraba a los papanatas; grupos de chicuelos y mujeres
+se agolpaban ante los Eccehomos que se exhib&iacute;an en las calles sobre un
+pedestal: im&aacute;genes manchadas con brochazos de sangriento bermell&oacute;n, la
+corona de espinas sobre las lacias y polvorientas melenas que agitaba el
+viento, una ca&ntilde;a entre las manos y a los pies una bandeja con c&eacute;ntimos y
+un viejo pedig&uuml;e&ntilde;o.</p>
+
+<p>Al llegar Juanito al barrio de las Escuelas P&iacute;as entr&oacute; en una calle
+estrecha donde estaba el caser&oacute;n de sus abuelos, una interminable
+fachada pintada de azul claro, en la cual, corri&oacute; por compasi&oacute;n,
+rasgaban el grueso muro algunos balcones y ventanas, a gran distancia
+unos de otros.</p>
+
+<p>Juanito recordaba su ni&ntilde;ez. Se ve&iacute;a muchacho pel&oacute;n jugando con los
+chicos de la vecindad&mdash;los d&iacute;as en que su t&iacute;o lo convidaba a comer&mdash;en
+aquel portal inmenso, obscuro, rezumando humedad por entre su empedrado
+de guijarros. Los recuerdos de la ni&ntilde;ez segu&iacute;an despert&aacute;ndose en &eacute;l a la
+vista de la vieja escalera con su pasamano de caoba, rematado por un
+leoncito borroso y gastado, y de sus pelda&ntilde;os de azulejos del siglo
+anterior, en los cuales ve&iacute;anse navios sobre un mar morado, con banderas
+m&aacute;s grandes que el casco, embozados de gruesas pantorrillas blancas con
+sombrero de picos y huertanas con cestos de frutas, todo en colores
+tostados y chillones.</p>
+
+<p>Vicenta, la vieja criada del t&iacute;o, fue quien abri&oacute; la reja que obstru&iacute;a
+la escalera. Juanito era el &uacute;nico pariente del se&ntilde;or a quien toleraba la
+vieja sirvienta. Le salud&oacute; con una sonrisa de su boca obscura y
+desdentada, y como de costumbre, no pregunt&oacute; por su mam&aacute; ni sus
+hermanas. Aborrec&iacute;a a aquellos parientes del amo, sabiendo la poca
+estima en que &eacute;ste los ten&iacute;a. Don Juan estaba arriba, en los porches,
+dando de comer a los palomos y a las gallinas.</p>
+
+<p>La criada y el sobrino hablaban en un rellano de la escalera, desde el
+cual se ve&iacute;an algunas habitaciones. &Eacute;l las conoc&iacute;a perfectamente, y
+subsist&iacute;an en su memoria con todos sus detalles estramb&oacute;ticos. Desde
+all&iacute; percib&iacute;a el tufillo de las habitaciones cerradas a&ntilde;os enteros;
+aquel ambiente rancio, h&uacute;medo, cargado de polvo, que con la diaria
+limpieza mudaba de sitio sin salir de la casa, y expulsado por la escoba
+de los rincones iba a caer un poco m&aacute;s all&aacute;.</p>
+
+<p>La afici&oacute;n de don Juan a visitar almonedas, compr&aacute;ndolo todo con tal que
+fuese barato, hab&iacute;a convertido su casa en una prender&iacute;a. Las salas eran
+grandes como plazas, las alcobas pod&iacute;an servir de salones de baile; y a
+pesar de esto, no hab&iacute;a un palmo de pared libre de muebles o adornos.
+Los armarios colosales se contaban a docenas, todos de roble viejo, con
+tallas tan complicadas como sus enormes cerraduras; los cuadros, buenos
+o malos, llegaban hasta el techo; las siller&iacute;as incompletas y de
+distintos colores, no encontrando espacio junto a las paredes,
+esparc&iacute;anse por el centro; todo estaba ocupado, como si la casa fuese un
+almac&eacute;n, un dep&oacute;sito de rapi&ntilde;as verificadas al azar; y aunque todas las
+piezas estaban abarrotadas, la casa sonaba a hueco, y la soledad
+despertaba esos ecos misteriosos de las grandes viviendas abandonadas.
+Mirando los salones interminables que parec&iacute;an iglesias, pens&aacute;base
+involuntariamente en la noche, cuando las sombras ahogaban la macilenta
+luz de la candileja del avaro y los pasos del viejo y su criada sonaban
+como en el ulterior de una cripta, en un medroso silencio interrumpido
+por los crujidos de la madera vieja y las veloces carreras de las ratas.</p>
+
+<p>La man&iacute;a de adquirir todo lo barato daba a la casa un tono grotesco.
+Sobre la puerta de la escalera destac&aacute;base una testa de toro disecada,
+con unas astas que daban fr&iacute;o. Juanito ten&iacute;a presente los enormes monos
+trepando por un tronco, con el lomo apelillado y calvo, y los p&aacute;jaros
+vistosos, a quienes no se pod&iacute;a quitar el polvo sin que cayesen las
+plumas; adquisiciones de almoneda, que convert&iacute;an en un arca de No&eacute; el
+gran sal&oacute;n, con su techo al fresco, donde jugueteaban amorcillos
+descoloridos y macilentos por la p&aacute;tina de un siglo entero, y con sus
+enormes consolas doradas sobre las cuales se ostentaban grupos de frutas
+contrahechas, uvas y melocotones, cuya cera perd&iacute;a los vivos colores
+bajo la capa de los a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque el t&iacute;o est&aacute; arriba?</p>
+
+<p>&mdash;En los porches lo encontrar&aacute;s, Juanito.... Sube, que yo voy a la
+cocina. Creo que se quema el potaje.</p>
+
+<p>Y el muchacho sigui&oacute; subiendo la escalera, que ya no era de azulejos
+vistosos, sino de tostados baldosines. Aquellos pelda&ntilde;os hab&iacute;an sido
+cincuenta a&ntilde;os antes el camino de una gran industria. Centenares de
+obreros los pisaban todas las ma&ntilde;anas, y por all&iacute; descend&iacute;an, reci&eacute;n
+salidos del telar, los floreados damascos, los brillantes rasos, la seda
+listada, todas las magnificencias de una industria oriental que daba a
+Valencia fama y prosperidad. Ahora era la escalera de un pante&oacute;n, y se
+sent&iacute;a malestar oyendo c&oacute;mo el eco repet&iacute;a y agrandaba los pasos.</p>
+
+<p>Los porches eran inmensos. Un taller que se perd&iacute;a de vista, ocupando
+todo el &uacute;ltimo piso del caser&oacute;n; un bosque de maderos y cuerdas,
+invadidos por las telara&ntilde;as; una confusi&oacute;n de telares que, inactivos y
+muertos, parec&iacute;an siniestras guillotinas, complicadas m&aacute;quinas de
+tormento.</p>
+
+<p>Juanito tard&oacute; en ver a su t&iacute;o, agachado entre dos telares, en mangas de
+camisa, ocupado en armar una ratonera. A pocos pasos de &eacute;l, una docena
+de gallinas picoteaban en un barre&ntilde;o, y por encima de los travesa&ntilde;os y
+redes de los telares aleteaban los palomos, lanzando su arrullo
+adormecedor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eres t&uacute;, Juanito?&mdash;exclam&oacute; el t&iacute;o al levantar la cabeza&mdash;. No te
+esperaba. &iquest;Vienes para que hagamos juntos las estaciones? Pues no pienso
+salir hasta la tarde.</p>
+
+<p>Y don Juan, abandonando la ratonera, fue hacia su sobrino con la sonrisa
+paternal, bondadosa, que reservaba para Juanito aquel hombre duro y
+malhumorado con todos.</p>
+
+<p>La mirada curiosa e interrogante del sobrino llam&oacute; su atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Desde cu&aacute;ndo no has estado aqu&iacute;...? Creo que desde que eras un
+chicuelo y sub&iacute;as a enredar con tus compinches. Lo menos hace veinte
+a&ntilde;os.... Est&aacute; bien arreglado, &iquest;verdad? Las ventanas cerradas, los
+postigos de arriba alambrados, para que entre el sol y el aire.... Me he
+gastado una barbaridad de dinero: lo menos doce duros; pero tengo un
+palomar en el que se criar&iacute;an perfectamente todos los animales de pluma
+que entran en la plaza Redonda durante medio a&ntilde;o. El &uacute;nico inconveniente
+son las malditas ratas. No hay ratonera ni polvos que puedan con ellas.
+Parece que los telares paran las ratas a montones. &iexcl;Y qu&eacute; atrevidas!
+&iexcl;Deg&uuml;ellan a los polluelos, se comen las cr&iacute;as, y cualquier d&iacute;a creo que
+bajar&aacute;n para devorarnos a Vicenta y a m&iacute;! &iquest;Y lo desvergonzadas que
+son...? &iexcl;Mira... mira!</p>
+
+<p>Y al mismo tiempo que se&ntilde;alaba a un extremo del vasto taller, cogi&oacute; un
+pedazo de madera y lo arroj&oacute; con fuerza al lugar donde se agitaba el
+terrible roedor. El proyectil, pasando por entre los telares, rebot&oacute;
+sobre un poste, cayendo casi a los pies del t&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se escap&oacute;...! &iexcl;Fig&uacute;rate lo que har&aacute;n esas malditas cuando est&eacute;n
+solas! Se comen m&aacute;s palomas y gallinas que yo, rompen los huevos, y
+resulta que hago gastos para mantenerlas regaladamente. El d&iacute;a menos
+pensado mato todos los animalitos, y se acab&oacute; la diversi&oacute;n.</p>
+
+<p>Y mientras dec&iacute;a esto, por no estar inactivo, cog&iacute;a de un telar la
+cazuela llena de granos, lanzando con voz de falsete un &iexcl;<i>pul</i>!
+&iexcl;<i>pul</i>...! interminable, y arrojaba pu&ntilde;ados al suelo, arremolin&aacute;ndose en
+torno de &eacute;l las gallinas y palomos, escandalosas, agresivas,
+disput&aacute;ndose aquel man&aacute; con furiosos picotazos.</p>
+
+<p>Juanito segu&iacute;a contemplando el aspecto desolado del porche: el techo, de
+cuyas viguetas pend&iacute;an largos pabellones de telara&ntilde;as; los telares, que
+en sus superficies planas ten&iacute;an capas de polvo cuya formaci&oacute;n supon&iacute;a
+docenas de a&ntilde;os; las ventanas, con sus cerraduras enmohecidas y arriba
+unos enrejados por los que lanzaba el sol barras de luz en cuyo interior
+danzaba un mundo de mol&eacute;culas.</p>
+
+<p>El joven recordaba confusamente las grandezas que hab&iacute;a o&iacute;do de boca de
+don Eugenio: los recuerdos gloriosos del arte de la seda, los brillantes
+trabajos de los <i>velluters</i> que cincuenta a&ntilde;os antes hac&iacute;an danzar las
+lanzaderas all&iacute; mismo, del amanecer hasta la noche; y sent&iacute;a cierta
+pena, un malestar extra&ntilde;o, como si se encontrara ante las ruinas de una
+ciudad muerta y todav&iacute;a vibrasen en el espacio los &uacute;ltimos estallidos de
+la cat&aacute;strofe. Aquello era un pante&oacute;n al que no se hab&iacute;a quitado el
+andamiaje; la ruina y el silencio hab&iacute;an pasado por all&iacute;, petrificando
+el taller, antes ruidoso y ensordecedor.</p>
+
+<p>La melancol&iacute;a del joven parec&iacute;a comunicarse a don Juan, que ya no
+arrojaba granos a sus aves.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo est&aacute; esto! &iquest;No es verdad que entristece...? Y menos mal para ti,
+que no has conocido los buenos tiempos, cuando desde el amanecer reinaba
+aqu&iacute; un estr&eacute;pito de dos mil demonios, y abajo, tu abuelo y yo sent&iacute;amos
+temblar el techo al empuje de los telares, mientras arregl&aacute;bamos cuentas
+o sac&aacute;bamos de los armarios las ricas piezas para ense&ntilde;arlas a los
+compradores.... &iexcl;Ah, qu&eacute; tiempos aqu&eacute;llos...!</p>
+
+<p>Y el viejo se conmov&iacute;a, colore&aacute;base su tez, gesticulaba con entusiasmo,
+y sus ojos brillaban como si viese en movimiento aquel centenar de
+telares y una turba activa y laboriosa en torno de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;, en estos talleres, estaban la riqueza y la honra de Valencia;
+aqu&iacute; trabajaban los <i>velluters</i>, aquella gente que por su tonillo docto
+era el prototipo de la pedanter&iacute;a, pero que resultaba respetable por ser
+la fiel guardadora de las costumbres tradicionales, la sostenedora de
+ese car&aacute;cter valenciano, sobrio, alegre y dicharachero, que casi ha
+desaparecido. &iexcl;Qu&eacute; hombres aqu&eacute;llos! Ten&iacute;an sus defectos, Juanito; pero
+as&iacute; y todo, no los cambiar&iacute;a yo por los hombres de hoy. Su car&aacute;cter era
+sutil como la seda; acostumbrados a las labores dif&iacute;ciles, menudas y
+complicadas, eran meticulosos, y tan amantes de la equidad, que hasta se
+cuenta como chiste que uno de los del gremio hizo parar una vez la
+procesi&oacute;n para recoger del palio una pasita que se le hab&iacute;a ca&iacute;do
+comiendo en la ventana. Esto ser&iacute;a rid&iacute;culo, pero a m&iacute; me entusiasma.
+Con hombres as&iacute; no hab&iacute;a miedo a ser robado, y la confianza entre amos y
+obreros era completa. El tejedor entraba de aprendiz en un taller, y
+s&oacute;lo lo abandonaba para irse al cementerio. Todos los trabajadores de la
+casa me vieron nacer. Eran como de la familia.... &iexcl;Oh, qu&eacute; tiempos
+aqu&eacute;llos...!</p>
+
+<p>Y don Juan, animado por sus rancios entusiasmos, entornaba los ojos,
+como para ver mejor el hermoso cuadro del pasado.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora&mdash;continu&oacute;, apoyando sus palabras con pataditas nerviosas&mdash;,
+ahora, todo muerto por culpa del maldito Ly&oacute;n, de esos gabachos que con
+sus m&aacute;quinas endiabladas nos han arruinado.... Ya no hay moreras en la
+huerta; en las barracas se ha perdido la memoria de las cosechas de
+capullo, y ha muerto una industria... industria no; un arte que
+nosotros, aunque cristianos viejos, heredamos directa y leg&iacute;timamente de
+nuestros abuelos los moros.... &iquest;Y en esto consiste el progreso? &iquest;En que
+unos pueblos roben a otros sus medios de vida...? Pues me <i>futro</i> en &eacute;l
+y en los que le defienden.</p>
+
+<p>Y el viejo, siempre circunspecto y bien portado, anim&aacute;ndose con la
+imaginaci&oacute;n, hac&iacute;a ademanes tan en&eacute;rgicos como incorrectos para
+manifestar el desprecio que le merec&iacute;a el progreso condenado.</p>
+
+<p>&mdash;Y no es que yo maldiga los adelantos&mdash;dijo despu&eacute;s, como si se
+arrepintiese&mdash;; sobre todo me gusta que vayan a Madrid en menos de un
+d&iacute;a, cuando en mis tiempos se necesitaba nueve de galera y hacer
+testamento. Pero me enfurece que lo que estaba bien, y muy en su punto,
+venga el se&ntilde;or Progreso y lo eche a perder con su af&aacute;n de revolucionarlo
+todo. Callar&iacute;a si el arte de la seda hubiese ganado algo con nuestra
+ruina; pero me sublevo al ver que lo de all&aacute;, que es lo que priva, ni es
+arte ni nada. Industrialismo vil: estafa y nada m&aacute;s. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los
+tejidos de pura seda que un pu&ntilde;al no pod&iacute;a atravesar? &iquest;D&oacute;nde los
+terciopelos que pasaban de abuelos a nietos, como si acabasen de salir
+de la tienda? Aquello acab&oacute;, y ahora s&oacute;lo queda la seder&iacute;a de Ly&oacute;n,
+&laquo;m&iacute;rame y no me toques&raquo;, algod&oacute;n malo, g&eacute;neros que no duran un a&ntilde;o,
+porquer&iacute;as con las que van tan orgullosas estas se&ntilde;oritas del d&iacute;a....
+&iquest;No es esto, Juanito? &iquest;No lo ves t&uacute; as&iacute;?</p>
+
+<p>Y el sobrino contestaba a todo con afirmativas cabezadas, muy preocupado
+en su interior por el modo como expondr&iacute;a la pretensi&oacute;n que le llevaba
+all&iacute;. La aprobaci&oacute;n de Juanito templ&oacute; las iras del viejo.</p>
+
+<p>&mdash;No creas por eso que me forjo ilusiones. Esto est&aacute; muerto y bien
+muerto. No es culpa de los de all&aacute;, sino de la gente de aqu&iacute;. Se acab&oacute;
+el buen gusto. Hoy se tiene horror a lo que es rico y vistoso; los
+se&ntilde;ores visten como los criados; todos van de obscuro, como sacristanes;
+el chaleco, que es la prenda que da majestad a la persona y pregona su
+clase, es de la misma tela que los pantalones; ya no se ostenta sobre el
+vientre el terciopelo floreado, aquellas rayas de cien colores que tanto
+golpe daban en mi juventud, y hasta los labradores se encajan la blusa
+y el hongo, como asistentes, y se r&iacute;en cuando sacan del fondo del arca
+el chupet&iacute;n de raso de sus abuelos, la faja de seda y el pa&ntilde;uelo de
+flores, que tanto luc&iacute;an en los bailes de la huerta.... &iquest;Y las mujeres?
+No me hables de ellas.... &iexcl;Valientes imb&eacute;ciles! Ni en las aleluyas del
+mundo al rev&eacute;s.... Se visten como los hombres, con lanilla inglesa; van
+feas como demonios con esos colores de enterrador, apagados, sombr&iacute;os; y
+en el verano gastan, cuanto m&aacute;s, percal de tres reales, con lo que creen
+ir tan elegantes. &iexcl;Oh, aquellos tiempos m&iacute;os! Se estrenaba menos, era
+menor la variedad, pero se luc&iacute;an cosas buenas y s&oacute;lidas, que pasaban
+docenas de a&ntilde;os en los roperos sin que hubiera polilla con valor para
+hincarlas el diente. &iexcl;Todo se ha perdido! &iexcl;Adi&oacute;s, cortinajes de damasco!
+&iexcl;Abur, seda chinesca! Ahora adornan los salones con unas telas &aacute;speras,
+de tejido burdo y borroso; y cuando no, para que la cosa tenga
+&laquo;car&aacute;cter&raquo; (&iexcl;vaya una palabra!), echan mano de las mantas jerezanas y
+arman una decoraci&oacute;n de taberna.</p>
+
+<p>Y el viejo, con el bigote un tanto erizado y los mong&oacute;licos ojos echando
+chispas, se mov&iacute;a y braceaba furioso, como si arrojara su indignaci&oacute;n a
+la cara de un ser invisible. Su voz despertaba ecos en el inmenso
+porche, m&aacute;s silencioso que de costumbre por la calma en que estaban las
+calles; y a pesar de que las gallinas y las palomas picoteaban en torno
+de &eacute;l, quitando grandeza a la escena, don Juan parec&iacute;a un personaje
+b&iacute;blico, un profeta desesperado gimiendo lamentaciones ante las ruinas
+de la ciudad amada.</p>
+
+<p>Pero no era el avaro hombre capaz de entregarse por mucho tiempo a esta
+indignaci&oacute;n con arranques l&iacute;ricos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero vamos a ver, muchacho... &iquest;a qu&eacute; has venido...? Algo te trae aqu&iacute;.
+Lo adivino en tu preocupaci&oacute;n.</p>
+
+<p>-Juanito balbuce&oacute;, sorprendido por esta pregunta inesperada. S&iacute;.... Algo
+ten&iacute;a que decirle a su t&iacute;o; pero le turbaban tanto los ojos
+interrogantes de &eacute;ste, la calma con que esperaba su respuesta, que se
+le embrollaban sus pensamientos y no sab&iacute;a c&oacute;mo empezar.</p>
+
+<p>&mdash;Es cuesti&oacute;n de la mam&aacute;.... &iexcl;Si usted supiera, t&iacute;o...! Est&aacute; en
+situaci&oacute;n muy apurada.</p>
+
+<p>Y r&aacute;pidamente, sin tomar aliento, como si arrojara lejos de s&iacute; un peso
+asfixiante, dispar&oacute; las pretensiones de do&ntilde;a Manuela, aquella demanda de
+quince mil pesetas, cantidad necesaria para salvar la honra de la
+familia.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, muchacho: &iquest;qu&eacute; es lo que quieres decirme con todo esto?</p>
+
+<p>&mdash;Que usted... como hermano... como t&iacute;o m&iacute;o que es, pod&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;Nada puedo, &iquest;lo entiendes...? Nada, absolutamente nada; y m&aacute;s
+trat&aacute;ndose de tu madre. El viejo dijo esto con un acento que no daba
+lugar a dudas. No hab&iacute;a que esperar que retrocediese en su negativa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es que a&uacute;n no conoces a tu madre? &iquest;No te he dicho muchas veces qui&eacute;n
+es...? &iquest;Que debe...? Pues que pague; y si no tiene con qu&eacute; hacerlo, que
+sufra las consecuencias. He jurado no tenderle la mano aunque la vea con
+agua al cuello. Si fuese como Dios manda, una persona arregladita y
+econ&oacute;mica, la sangre de mis venas le dar&iacute;a; pero a una derrochadora, que
+s&oacute;lo se acuerda de su hermano en los apuros, y cuando tiene cuatro
+cuartos desprecia sus consejos, a &eacute;sa no le doy ni esto.</p>
+
+<p>Y meti&eacute;ndose la u&ntilde;a del pulgar entre los dientes, tiraba con fuerza,
+produciendo un chasquido.</p>
+
+<p>&mdash;De seguro que ella es la que te env&iacute;a aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, t&iacute;o; puede usted creerme. Vengo por mi propia voluntad.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces&mdash;dijo sonriendo el ladino viejo&mdash;es que ella te ha
+pedido a ti el dinero, y vienes a ver si lo saco yo.</p>
+
+<p>Enrojeci&oacute;se el rostro de Juanito al ver que su t&iacute;o adivinaba en parte la
+verdad.</p>
+
+<p>&mdash;No niegues, muchacho; la cara te hace traici&oacute;n.... &Oacute;yeme bien: si eres
+tan imb&eacute;cil que te dejas explotar por tu madre, no cuentes con el
+cari&ntilde;o de tu t&iacute;o. Lo que te dej&oacute; tu padre para ti es, y no para que se
+lo coman tus hermanitos los cachorros de Pajares. Vamos a ver; di la
+verdad: &iquest;No te ha metido Manuela en sus trampas? &iquest;No te ha hecho firmar
+alg&uacute;n pagar&eacute;? La verdad, y nada m&aacute;s que la verdad.</p>
+
+<p>La mirada del viejo era fija, inquisitorial, escudri&ntilde;adora; pero Juanito
+tuvo serenidad para mentir.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; nada he firmado.</p>
+
+<p>&mdash;Te creo, y lo celebro. &iexcl;Mucho ojo, muchacho! Tu madre tiene hambre de
+dinero, y de seguro que no pierde de vista tu fortunita. No quiero que
+te roben. Cuando yo muera, tendr&aacute;s m&aacute;s, algo m&aacute;s que ese huerto de
+Alcira; no quedar&aacute;s en medio de la calle, como tu mam&aacute;, tus hermanas y
+el <i>perdis</i> de Rafaelito.... Pero vuelvo a repetirlo: no quiero que te
+roben. Adem&aacute;s, no tomes tan a pecho eso de la ruina de tu madre. Ella
+vive en la trampa como en su propio elemento, y ya sabr&aacute; salir de este
+apuro como de otro. A&uacute;n le queda algo para ir tirando; y cuando no tenga
+ni camisa, reventar&aacute;, tenlo por seguro. Es de esas gentes que no mueren
+hasta gastar el &uacute;ltimo ochavo.</p>
+
+<p>A Juanito le molestaba este lenguaje rudo que her&iacute;a tan en lo vivo a su
+madre, a su &iacute;dolo; pero al t&iacute;o le hab&iacute;a profesado siempre tanto cari&ntilde;o
+como respeto, y fluctuando su car&aacute;cter entre los dos afectos, limit&aacute;base
+a callar. M&aacute;s de media hora estuvo oyendo los agravios que don Juan
+ten&iacute;a con su hermana, el odio nacido al casarse &eacute;sta con el doctor
+Pajares, que sobreviv&iacute;a a pesar del tiempo transcurrido.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, Juanito, y no hagas caso de tu madre&mdash;dijo al despedirle en la
+escalera&mdash;. Lo que debes hacer es preocuparte menos de tu familia, que
+nunca ha pensado en ti, y preparar tu porvenir. Ve pensando en
+establecerte, y si encuentras una muchacha buena, hacendosa y modesta,
+lo que no es f&aacute;cil, tampoco ser&aacute; de m&aacute;s que te cases. Para ser
+comerciante necesitas familia. Adi&oacute;s, muchacho. Ven a la tarde y
+haremos juntos las estaciones.</p>
+
+<p>El muchacho sali&oacute; de la casa, llevando sobre sus hombros una verdadera
+olla de grillos. Era verdad lo que dec&iacute;a el t&iacute;o: le quer&iacute;an explotar.
+Los lujos y prodigalidades de la familia ten&iacute;a que pagarlos &eacute;l, &iexcl;&eacute;l, que
+en su casa hab&iacute;a ocupado un lugar intermedio entre los criados y sus
+hermanos! No dar&iacute;a un c&eacute;ntimo; que se arreglase su madre como pudiera.
+Nada le deb&iacute;a, pues le entregaba &iacute;ntegro el salario de la tienda,
+satisfaciendo con creces sus gastos.</p>
+
+<p>Pero todos sus prop&oacute;sitos de energ&iacute;a desvaneci&eacute;ronse ante las miradas
+suplicantes de su madre. &iexcl;Qu&eacute; hermosa estaba! Con sus ojazos
+lagrimeantes y tiernos, parec&iacute;a la Virgen que tiene el coraz&oacute;n erizado
+de espadas. &Eacute;l no la abandonaba; ser&iacute;a un mal hijo si correspond&iacute;a con
+el desd&eacute;n al cari&ntilde;azo maternal que le mostraba la buena se&ntilde;ora tan
+pronto como se ve&iacute;a en apuros de dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, mam&aacute;; no llore usted. No encuentro qui&eacute;n nos preste; pero estoy
+dispuesto a firmar lo que usted quiera, dando en garant&iacute;a el huerto.
+Crea usted que me cuesta mucho desprenderme de ese dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te lo devolver&eacute;, hijo m&iacute;o; te lo devolver&eacute; pronto&mdash;dijo la
+arrogante se&ntilde;ora abrazando a Juanito y moj&aacute;ndole el rostro con sus
+l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Y lo dec&iacute;a con toda su alma, con la buena fe de los tramposos cuando se
+ven salvados, que conf&iacute;an ciegamente en el porvenir y creen mejorar su
+fortuna en lo futuro.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, mam&aacute;&mdash;dijo Juanito, que en medio de su enternecimiento no
+se cegaba&mdash;. Firmar&eacute;, pero s&oacute;lo por quince mil pesetas.</p>
+
+<p>Larga pausa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela, pensativa:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, hijo m&iacute;o, quince mil pesetas justas no han de ser. Puedes firmar
+por diecis&eacute;is mil. No digas que no, rico m&iacute;o. Completa tu sacrificio.
+Necesito alg&uacute;n dinerillo para pagar ciertas cuentas, y adem&aacute;s, las
+Pascuas vamos a pasarlas en nuestra casa de Burjasot; vendr&aacute;n amigos, y
+hay que quedar bien. Ante todo, el decoro de la familia y no caer en el
+rid&iacute;culo. Conque no tuerzas el gesto, ni&ntilde;ito m&iacute;o; quedamos en que ser&aacute;n
+diecis&eacute;is mil.... &iexcl;Ay, qu&eacute; peso me has quitado de encima...!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2>
+
+
+<p>Hab&iacute;a abandonado la mesa la familia y a&uacute;n duraban los elogios a
+Visanteta por el m&eacute;rito de la <i>paella</i> que les hab&iacute;a servido, cuando
+comenzaron a llegar los amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Mam&aacute;&mdash;gritaba Amparito desde la puerta de la calle&mdash;, las de L&oacute;pez,
+que vienen en su faet&oacute;n. &iexcl;Calle! El tranv&iacute;a ha parado en la esquina....
+&iexcl;Si son &laquo;las magistradas&raquo;! &iexcl;Ay, y tambi&eacute;n el pap&aacute; de Andresito, guiando
+su <i>charrette</i>...! &iexcl;Si parece que se han dado cita! &iexcl;Todos a un
+tiempo...! &iexcl;Venid, Conchita, mam&aacute;! &iexcl;Mirad qu&eacute; guapo est&aacute; el se&ntilde;or
+Cuadros guiando su cochecito! &iexcl;Parece que en toda su vida no haya hecho
+otra cosa...!</p>
+
+<p>Y los convidados de do&ntilde;a Manuela entraron en la casa, confundi&eacute;ndose
+unas familias con otras, salud&aacute;ndose las mujeres con un tiroteo de besos
+y elogiando todas las cualidades de la &laquo;posesi&oacute;n&raquo; que la viuda de
+Pajares ten&iacute;a en Burjasot. Era un <i>chalet</i> que parec&iacute;a escapado de una
+caja de juguetes; un edificio construido por contrata, tan bonito como
+fr&aacute;gil, con sus tejados rojos y escalinatas con jarrones de yeso,
+situado en el centro de un jardincillo excavado en las rocas, con dos
+docenas de &aacute;rboles t&iacute;sicos que gem&iacute;an melanc&oacute;licamente, martirizadas
+sus ra&iacute;ces por la capa de dura piedra que encontraban a pocos palmos del
+suelo. A pesar de su aspecto de decoraci&oacute;n de &oacute;pera, que tanto
+entusiasmaba a do&ntilde;a Manuela, el tal <i>chalet</i> no pasaba de ser una casa
+de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la
+misma clase, todas fr&aacute;giles y pretenciosas, con sus jardincillos como
+s&aacute;banas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos t&iacute;tulos de
+Villa-Teresa, Villa-Mar&iacute;a, etc&eacute;tera, seg&uacute;n fuese el nombre de la
+propietaria.</p>
+
+<p>La viuda hab&iacute;a empe&ntilde;ado y perdido para siempre un centenar de hanegadas
+de tierra de arroz que le produc&iacute;an muy buenos cuartos, para adquirir
+aquella ratonera brillante y fr&aacute;gil, a la que puso el t&iacute;tulo de
+Villa-Conchita, no sin protestas ni rabietas de Amparo. Cre&iacute;a que una
+&laquo;villa&raquo; para el verano es el complemento de una familia distinguida que
+tiene coche; y en las tertulias, al dirigirse a sus amigas, llen&aacute;base la
+boca hablando de su &laquo;lindo hotelito&raquo; de Burjasot y de las innumerables
+comodidades que encerraba.</p>
+
+<p>La casa era mala, pero el paisaje magn&iacute;fico. Los hotelitos&mdash;hab&iacute;a que
+llamarlos as&iacute;, para no disgustar a do&ntilde;a Manuela&mdash;, ocupando la suave
+pendiente de una colina yerma, eran un magn&iacute;fico mirador, desde el cual
+se abarcaba la vega con todas sus esplendideces.</p>
+
+<p>Al frente, Burjasot, prolongada l&iacute;nea de tejados con su campanario
+puntiagudo como una lanza; m&aacute;s all&aacute;, sobre la obscura masa de pinos,
+Valencia achicada, liliputiense, cual una ciudad de mu&ntilde;ecas, toda
+erizada de finas torres y campanarios airosos como minaretes moriscos; y
+en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, en el l&iacute;mite del horizonte, entre el verde de la vega
+y el azul del cielo, el puerto, como un bosque de invierno, marcando en
+la atm&oacute;sfera pura y di&aacute;fana la aglomeraci&oacute;n de los m&aacute;stiles de sus
+buques.</p>
+
+<p>El d&iacute;a era hermoso; un verdadero domingo de Pascua. La primavera
+enardec&iacute;a la sangre, y la ciudad entera, solemnizando la vuelta del buen
+tiempo, lanz&aacute;base al campo, levantando en &eacute;l un rumor de avispero.</p>
+
+<p>Los convidados de do&ntilde;a Manuela ve&iacute;an a poca distancia los famosos Silos
+de Burjasot, gigantesca plataforma de piedra, cuadrada meseta agujereada
+a trechos por la boca de los profundos dep&oacute;sitos y en la cual
+hormigueaba un enjambre alegre y ruidoso: corros en que sonaban
+guitarras, acordeones y casta&ntilde;uelas acompa&ntilde;ando alborozados bailes;
+grupos de gente formal entregada sin rubor a los juegos de la infancia;
+docenas de muchachos ocupados en dar vuelo a sus cometas con grotescos
+figurones pintados, que al remontarse moviendo los inquietos rabos
+hac&iacute;an el efecto de parches aplicados al azul cutis del infinito y daban
+al paisaje un aspecto chinesco de abanico o de pa&ntilde;ol&oacute;n de Manila.</p>
+
+<p>En casa de do&ntilde;a Manuela, las se&ntilde;oras, despojadas de sus sombreros y
+mantillas, y los hombres fumando con la confianza del que est&aacute; en su
+propio domicilio, contemplaban desde los balcones la alegr&iacute;a popular.</p>
+
+<p>Bast&aacute;bales volver un poco la cabeza, y su vista ca&iacute;a sobre la inmensa
+vega, silenciosa y esplendente, con sus tonos verdes de infinitos
+matices, que deslumbraban, abrillantados por el sol de la primavera. Los
+pueblos y caser&iacute;os, compactos y api&ntilde;ados hasta el punto de parecer de
+lejos una sola poblaci&oacute;n, matizaban de blanco y amarillo aquel
+gigantesco tablero de damas, cuyos cuadros geom&eacute;tricos, siendo todos
+verdes, destac&aacute;banse unos de otros por sus diversas tonalidades; a lo
+lejos, el mar, como una cenefa azul, corr&iacute;ase por todo el horizonte con
+su lomo erizado de velas puntiagudas como blancas aletas; y volviendo la
+vista m&aacute;s a la izquierda, los pueblos cercanos: Godella con su obscuro
+pinar, que avanza como promontorio sombr&iacute;o en el oleaje verde de la
+huerta; y por encima de esta barrera, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, la sierra de
+Espadan, irregular, gigantesca, dentellada, mostrando a las horas de sol
+un suave color de caramelo, surcada por las sombras de hondanadas y
+barrancos, decreciendo r&aacute;pidamente antes de llegar al mar, y ostentando
+en la &uacute;ltima de sus protuberancias, en el postrer escal&oacute;n, el castillo
+de Sagunto, con sus bastiones irregulares, semejantes a las ondulaciones
+de una culebra inm&oacute;vil y dormida bajo el sol.</p>
+
+<p>La esplendidez del paisaje ten&iacute;a como embobados a los convidados de do&ntilde;a
+Manuela, a pesar de ser todos ellos gente poco susceptible de
+entusiasmarse ante cosas que no fuesen &uacute;tiles.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muy hermoso!&mdash;exclamaba &laquo;la magistrada &raquo;&mdash;. Yo he vivido en Granada
+cuando mi difunto estuvo en aquella Audiencia, y su vega no tiene
+comparaci&oacute;n con &eacute;sta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ha de tener!&mdash;dijo el se&ntilde;or L&oacute;pez el bolsista con expresi&oacute;n
+doctoral&mdash;. Cuando a Fernando VII lo trajeron a los Silos, declar&oacute; que
+esto era el balc&oacute;n de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pues fig&uacute;rese usted&mdash;a&ntilde;adi&oacute; do&ntilde;a Manuela, que enrojec&iacute;a de
+satisfacci&oacute;n con estos elogios que alcanzaban a su casa&mdash;. Si los Silos
+son el balc&oacute;n de Espa&ntilde;a, &iquest;qu&eacute; ser&aacute; Villa-Conchita, que est&aacute; m&aacute;s alta que
+ellos?</p>
+
+<p>&mdash;El balc&oacute;n de Europa, Manuela, no lo dude usted.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Cuadros, despu&eacute;s de soltar esta barbaridad, mir&oacute; a su mujer,
+que, como siempre, le admiraba.</p>
+
+<p>Mientras tanto, las ni&ntilde;as de la casa, las de L&oacute;pez y &laquo;las magistradas&raquo;
+paseaban por el jardincillo con Rafael, que hablaba de su amigo Roberto,
+a quien estaba esperando.</p>
+
+<p>Andresito, cariacontecido y triste, segu&iacute;a en un extremo del gran
+balc&oacute;n, alejado de las personas graves. Sab&iacute;a de buena tinta que la
+traviesa Amparito hab&iacute;a tronado con el artillero; consideraba adem&aacute;s
+como de muy buen signo que do&ntilde;a Manuela hubiese invitado a su familia,
+desechando la anterior frialdad; pero a pesar de esto, el beb&eacute; le hab&iacute;a
+recibido con una sonrisa maligna, burlona, y antes de que hablara, se
+agarr&oacute; del brazo de sus amigas, dej&aacute;ndole con la palabra en la boca. Y
+all&iacute; estaba &eacute;l, plantado en el balc&oacute;n, paciente y resignado, como si su
+destino fuese aguantar desdenes de aquella a quien hab&iacute;a maldecido e
+insultado en toda clase de metros. Para ocultar su despecho, fing&iacute;a
+contemplar atentamente el risue&ntilde;o panorama con sus ojos turbios. Poco le
+faltaba para llorar, y queriendo ocultar su emoci&oacute;n, murmuraba con
+expresi&oacute;n pedantesca:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; espect&aacute;culo! Esto es una sinfon&iacute;a de colores, una verdadera
+sinfon&iacute;a.</p>
+
+<p>&iexcl;Sinfon&iacute;a de colores! Una frasecilla que hab&iacute;a pescado en una de esas
+cr&iacute;ticas que hablan del &laquo;colorido&raquo; y el &laquo;dibujo&raquo; de la m&uacute;sica y la
+&laquo;armon&iacute;a &raquo; y los &laquo;acordes&raquo; de la pintura.</p>
+
+<p>El joven repet&iacute;a con obstinaci&oacute;n su frase, como el que, acostado,
+masculla sin cesar la misma oraci&oacute;n para aturdirse y coger el sue&ntilde;o; y
+poco a poco, como hipnotizado por la brillantez del paisaje, fue
+sumi&eacute;ndose en un limbo de quietud contemplativa.</p>
+
+<p>Y ahora &iexcl;vive Dios! iba adquiriendo realidad la dichosa sinfon&iacute;a de
+colores; ya no era una frase huera y sin sentido, porque todo parec&iacute;a
+cantar, la vega y el Mediterr&aacute;neo, los montes y el cielo. &iexcl;Qu&eacute; delicioso
+era el anonadamiento del poetilla, apoyado en la balaustrada, sintiendo
+en su rostro el fresco viento que tantas cabriolas hac&iacute;a dar a las
+cometas de papel...! All&iacute; estaba la sinfon&iacute;a, una verdadera pieza
+cl&aacute;sica con su tema fundamental... y &eacute;l percib&iacute;a con los ojos el
+misterioso canto, como si la mirada y el o&iacute;do hubiesen trocado sus
+maravillosas funciones.</p>
+
+<p>Primero, las notas aisladas e incoherentes de la introducci&oacute;n eran las
+manchas verdes de los cercanos jardincillos, las rojas aglomeraciones de
+tejados, las blancas paredes, todas las pinceladas de color sueltas y
+sin armonizar por hallarse pr&oacute;ximas. Y tras esta fugaz introducci&oacute;n,
+comenzaba la sinfon&iacute;a, brillante, atronadora.</p>
+
+<p>El cabrilleo de las temblonas aguas de las acequias, heridas por la luz,
+era el trino dulce y t&iacute;mido de los violines melanc&oacute;licos; los campos de
+verde apagado, sonaban para el visionario joven como tiernos suspiros
+de los clarinetes, &laquo;las mujeres amadas&raquo;, como les llamaba Berlioz; los
+inquietos ca&ntilde;ares con su entonaci&oacute;n amarillenta y los frescos campos de
+hortalizas, claros y brillantes como lagos de esmeralda l&iacute;quida,
+resaltaban sobre el conjunto como apasionados quejidos de la viola de
+amor o rom&aacute;nticas frases del violoncelo; y en el fondo, la inmensa faja
+de mar, con su tono azul esfumado, semejaba la nota prolongada del metal
+que, a la sordina, lanzaba un lamento interminable.</p>
+
+<p>Andresito se afirmaba cada vez m&aacute;s en la realidad de su visi&oacute;n. No eran
+ilusiones. El paisaje entonaba una sinfon&iacute;a cl&aacute;sica, en la que el tema
+se repet&iacute;a hasta lo infinito. Y este tema era la eterna nota verde, que
+tan pronto se abr&iacute;a y ensanchaba, tomando un tinte blanquecino, como se
+condensaba y obscurec&iacute;a hasta convertirse en azul viol&aacute;ceo. Como en la
+orquesta salta el pasaje fundamental de atril en atril para ser repetido
+por todos los instrumentos en los m&aacute;s diversos tonos, aquel verde eterno
+jugueteaba en la sinfon&iacute;a del paisaje, sub&iacute;a o bajaba con diversa
+intensidad, se hund&iacute;a en las aguas tembloroso y vago como los gemidos de
+los instrumentos de cuerda, tend&iacute;ase sobre los campos voluptuoso y
+dulz&oacute;n como los arrullos de los instrumentos de madera, se extend&iacute;a
+azul&aacute;ndose sobre el mar con la prolongaci&oacute;n indefinida de un acorde
+arrastrado del metal, y as&iacute; como el vibrante ronquido de los timbales
+matiza los pasajes m&aacute;s interesantes de una obra, el sol, arrojando a
+pu&ntilde;ados su luz, matizaba el panorama, haciendo resaltar unas partes con
+la brillantez del oro y envolviendo otras en dulce penumbra.</p>
+
+<p>Y Andresito, con la imaginaci&oacute;n perturbada, iba siguiendo el curso de la
+sinfon&iacute;a extra&ntilde;a que s&oacute;lo sonaba para sus ojos. Los caminos, con su
+serpenteante blancura, eran los intervalos del silencio. El tema, el
+color verde, crec&iacute;a en intensidad al alejarse hacia las orillas del mar;
+all&iacute; llegaba al per&iacute;odo brillante, a la c&uacute;spide de la sinfon&iacute;a; y
+lanz&aacute;ndose en pleno cielo, aclar&aacute;ndose en un azul blanquecino, marchaba
+velozmente hacia el final, se extingu&iacute;a en el horizonte p&aacute;lido y vago
+como el &uacute;ltimo quejido de los violines, que se prolonga mientras queda
+una pulgada de arco, y adelgaz&aacute;ndose hasta ser un hilillo tenue, una
+imperceptible vibraci&oacute;n, no puede adivinarse en qu&eacute; instante deja
+realmente de sonar.</p>
+
+<p>Era una locura; pero el visionario muchacho &laquo;ve&iacute;a&raquo; cantar los campos y
+gozaba en la muda sinfon&iacute;a de los colores, en aquella obra silenciosa y
+extra&ntilde;a que se parec&iacute;a a algo... a algo que Andresito no pod&iacute;a recordar.
+Por fin, un nombre surgi&oacute; en su memoria. Aquello era Wagner puro; la
+sinfon&iacute;a del <i>Tannhauser</i>, que &eacute;l hab&iacute;a o&iacute;do varias veces. S&iacute;; all&iacute; unas
+tonalidades de color en&eacute;rgicas y rabiosas sofocaban a otras apagadas y
+tristes, como el canto de las sirenas, imperioso, enervante,
+desordenado, intenta sofocar el himno m&iacute;stico de los peregrinos. Y
+aquella luz que derramaba polvo de oro por todas partes, aquel cielo
+empapado de sol, aquella diafanidad vibrante en el espacio, &iquest;no era el
+propio himno a Venus, la canci&oacute;n imp&uacute;dica y sublime del trovador de
+Turingia ensalzando la gloria del placer y de la terrena vida? S&iacute;;
+aquello mismo era. Y el muchacho, son&aacute;mbulo, embriagado por la
+Naturaleza, hipnotizado por la extra&ntilde;a contemplaci&oacute;n, mov&iacute;a la cabeza
+ridiculamente, y al par que pensaba que todo aquello era magn&iacute;fico para
+puesto en verso, tarareaba la c&eacute;lebre obertura con tanta fe como si
+fuera el propio <i>Tannhauser</i> escandalizando con su himno a la corte del
+landgrave.</p>
+
+<p>&mdash;Andresito... oye; oiga usted.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n le hablaba...? &iquest;Si ser&iacute;a Elissabetta, la c&aacute;ndida amada del
+cantor? No; era Amparito, el malicioso beb&eacute;, que le sonre&iacute;a, algo
+confusa y t&iacute;mida, como si no supiera qu&eacute; decirle, y un poco m&aacute;s all&aacute;,
+do&ntilde;a Manuela envolvi&eacute;ndolos en la m&aacute;s tierna de sus miradas maternales.</p>
+
+<p>Bien sab&iacute;a hacer las cosas aquella se&ntilde;ora. Al ver al pobre muchacho solo
+y gesticulando como un imb&eacute;cil, hab&iacute;a llamado a la ni&ntilde;a para que lo
+llevara abajo con la gente joven, lo mismo que dos meses antes le hab&iacute;a
+mandado que rompiese con &eacute;l toda clase de relaciones. Era asombroso este
+cambio de conducta; pero tambi&eacute;n lo era que el se&ntilde;or Cuadros, que antes
+med&iacute;a telas en su tienda sin ambici&oacute;n alguna, tuviera ahora carruaje y
+todo el empaque pretencioso de un aspirante a millonario.</p>
+
+<p>&mdash;Ven conmigo, Andresito. Vamos a dar un paseo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la mam&aacute;&mdash;, acompa&ntilde;a a Amparito. Re&uacute;nete con la gente
+joven.... &iexcl;Qu&eacute; diablo! A tu edad....</p>
+
+<p>El muchacho sigui&oacute; a su antigua novia. Estaba como si acabase de
+despertar y todav&iacute;a no hubiera ahuyentado la modorra del sue&ntilde;o. A&uacute;n le
+zumbaba en los o&iacute;dos el eco lejano de la extra&ntilde;a sinfon&iacute;a.</p>
+
+<p>En el jard&iacute;n estaban las j&oacute;venes, muy alborozadas, en torno de Rafael y
+su amigo Roberto, que acababa de llegar. Juanito hab&iacute;ase metido en el
+piso bajo, donde reinaba gran algazara por estar reunidas las criadas de
+la casa con las de las familias invitadas.</p>
+
+<p>Amparito llevaba a remolque a su antiguo novio.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver; &iquest;qu&eacute; hacemos...? Podemos dar un paseo por la monta&ntilde;a.</p>
+
+<p>Y el alegre enjambre transpuso la verja del jardincillo, dirigi&eacute;ndose a
+lo que llamaban &laquo;la monta&ntilde;a&raquo;, &aacute;rida colina, suave hinchaz&oacute;n del terreno,
+cariada como una muela vieja, rajada y perforada por las excavaciones de
+las canteras y las minas de greda.</p>
+
+<p>El bullicioso escuadr&oacute;n encamin&aacute;base lentamente a un horno de cal que
+hab&iacute;a en la cumbre. Otros grupos de paseantes destac&aacute;banse a lo lejos
+como hormigas trepadoras.</p>
+
+<p>Andresito y el beb&eacute; qued&aacute;banse rezagados, andaban lentamente y se
+deten&iacute;an para recalcar sus palabras con gestos vehementes.</p>
+
+<p>&mdash;Ea, que no te creo. Me la pegaste con el artillero, te burlaste de
+m&iacute;... &laquo;destrozaste mi alma&raquo;, &iquest;y ahora quieres que yo me trague esa bola
+de que me quer&iacute;as entonces y sigues queri&eacute;ndome?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero tonto, si todo fue por probarte...! El artillero, &iexcl;valiente
+mico! Yo s&oacute;lo te he querido a ti; pero a mam&aacute; no le parec&iacute;a bien nuestro
+noviazgo, lo ten&iacute;a por cosa de poca formalidad, y hube de obedecerla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora es otra cosa. No s&eacute; qu&eacute; mosca le ha picado a mam&aacute;. Antes eras un
+t&iacute;tere, y ahora parece que te considera mejor. En esto debe bailar tu
+pap&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi pap&aacute;!&mdash;exclam&oacute; Andresito con terror infantil, como si temiese una
+mano de azotes por la travesura.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, memo, no te asustes. Yo &laquo;distingo&raquo; m&aacute;s que t&uacute;, y creo que
+nuestro noviazgo es ya pan comido para la mam&aacute; y tu padre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Entonces...!</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, se&ntilde;or m&iacute;o, podemos querernos como antes y sin miedo alguno;
+pero te advierto que nuestro noviazgo no ha de ser cosa de tapujo. &iquest;Para
+qu&eacute; el novio, si no puede una lucirlo...? &iexcl;Ah! Queda prohibido que me
+endilgues m&aacute;s versitos como los que me enviaste despu&eacute;s del rompimiento.
+Se&ntilde;ores, tiene gracia el modo como se desahoga este caballerito. Con esa
+cara de pascua, y tiene m&aacute;s ponzo&ntilde;a que una v&iacute;bora. &laquo;&iexcl;P&eacute;rfida!,
+&iexcl;desleal!, &iexcl;traidora!...&raquo; Por eso tuve tanto gusto en hacerte rabiar con
+el teniente; para vengarme. Se acabaron los versos; y si me disparas
+alg&uacute;n soneto, te frotar&eacute; los hocicos con &eacute;l, &iquest;sabes, ni&ntilde;o? como a los
+gatitos cuando son cochinos.</p>
+
+<p>Y Andresito sonre&iacute;a, embelesado por la gracia con que el beb&eacute; le
+hablaba, ahuecando la voz para imitar grotescamente el tono de sus
+poes&iacute;as y acompa&ntilde;ando sus palabras con gestos de p&iacute;llete. &iexcl;Oh, qu&eacute;
+criatura! Hab&iacute;a que creerla y &eacute;l se lo tragaba todo a ojos cerrados,
+incluso la afirmaci&oacute;n de que sus relaciones con el teniente s&oacute;lo fueron
+para aumentar sus rabietas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;no vienen ustedes?</p>
+
+<p>Eran las de L&oacute;pez las que llamaban; unas &laquo;perchas &raquo;, seg&uacute;n Amparito, a
+las que ca&iacute;an rematadamente mal los vestidos lujosos y recargados con
+que las obsequiaba el pap&aacute; a cada operaci&oacute;n afortunada en la Bolsa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ya se han arreglado ustedes?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; una de ellas, sonriendo de un
+modo que pic&oacute; la susceptibilidad de Amparito.</p>
+
+<p>&iexcl;Ya les ajustar&iacute;a las cuentas a aquellas pavas...! Y abandonando a
+Andresito, se uni&oacute; al grupo de j&oacute;venes que, en fila y cogidas del talle,
+corr&iacute;an como unas locas por la suave pendiente. La alegr&iacute;a del campo, al
+verse libres de la mirada interrogante y severa de las mamas,
+convert&iacute;alas en ni&ntilde;as revoltosas, y a pesar de sus altos peinados, de
+sus faldas largas y ajustadas, correteaban, ense&ntilde;ando sus lindos pies y
+aleteando con sus enaguas como una bandada de p&aacute;jaros. Las mejillas se
+enrojec&iacute;an, expeliendo en su dilataci&oacute;n la capa de polvos de arroz; los
+ojos brillaban, los empellones y las corridas impetuosas parec&iacute;an
+enardecerlas, como muchachas que se embriagan con la violencia de sus
+juegos, y en las expansiones a que se entregaban, acarici&aacute;ndose los
+inflamados rostros, bes&aacute;ndose ruidosamente, parec&iacute;a notarse algo de
+desprecio por los hombres que iban detr&aacute;s. Rafael, su amigo y Andresito
+caminaban lentamente, con cachaza filos&oacute;fica, mirando el hermoso grupo,
+sin intentar mezclarse en &eacute;l.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Juanito pasaba la tarde en la cocina. Era una tendencia
+que avergonzaba a do&ntilde;a Manuela la que demostraba su hijo mayor. Apenas
+se formaba en la cocina una tertulia de criadas, all&iacute; estaba &eacute;l, como
+arrastrado por irresistible seducci&oacute;n. Aquello deb&iacute;a ser hereditario: la
+afici&oacute;n de sus antecesores los monta&ntilde;eses de Arag&oacute;n a las hembras
+fornidas, duras, oliendo a bestia brav&iacute;a y con las manazas agrietadas
+por el esparto y la tierra de fregar. Su padre, sin duda, reviv&iacute;a en &eacute;l,
+y por esto no pod&iacute;a aspirar el vaho de una cocina sin estremecimientos
+voluptuosos, ni ver a una muchachota de tez morena, brazo musculoso y
+robustas posaderas sin sentir que la sangre aflu&iacute;a r&aacute;pida a su coraz&oacute;n,
+como si se viera ante el ideal realizado. Adoraba a T&oacute;nica, criatura
+endeble y graciosa, tal vez por la fuerza del contraste; pero cuando
+estaba en su casa no pod&iacute;a librarse de la &laquo;querencia&raquo; a la cocina, como
+dec&iacute;a Rafael, y all&aacute; iba a echar su p&aacute;rrafo, sin pasar nunca de ah&iacute;,
+pues Juanito era casto. Adoraba como un idealista las zafias beldades
+con su olor a lim&oacute;n y tierra, gozaba oyendo sus conversaciones,
+prest&aacute;balas con el mayor gusto peque&ntilde;os servicios, aguantaba sus
+groser&iacute;as e impertinencias, todo a cambio de poder estarse en un rinc&oacute;n,
+t&iacute;mido y sonriente, contemplando los brazos herc&uacute;leos, los ojazos
+insolentes y las piernas como columnas, marcadas por el discreto
+zagalejo.</p>
+
+<p>Al caer la tarde, comenz&oacute; a sonar un piano viejo en el piso alto del
+<i>chalet</i>, &eacute;ste se conmovi&oacute; con el taconeo de una agitada mazurca. Los
+se&ntilde;oritos hab&iacute;an vuelto de su excursi&oacute;n por &laquo;la monta&ntilde;a&raquo;, y bailaban, no
+sabiendo sin duda c&oacute;mo pasar el tiempo.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora hab&iacute;a dado orden para que la merienda estuviera lista, y
+Visanteta se afanaba, yendo de un lado a otro y enviando sus amigas al
+jard&iacute;n para que la dejasen en libertad.</p>
+
+<p>Cuando Juanito subi&oacute; al piso alto, el baile estaba en su apogeo. Rafael
+y Roberto sacaban a bailar, una tras otra, a todas las se&ntilde;oritas, y el
+se&ntilde;or Cuadros, &iexcl;oh asombro! entr&oacute; de refuerzo. Entre aplausos y risas
+bail&oacute; con Amparito, mientras su hijo los contemplaba enternecido,
+renegando tal vez en su interior de su condici&oacute;n de poeta so&ntilde;oliento y
+enemigo de superfluidades, que no le permit&iacute;a aprender c&oacute;mo se mueven
+las zancas en el vals, &iexcl;El mismo demonio era el se&ntilde;or Cuadros, a pesar
+de sus a&ntilde;os y del enorme bigote! As&iacute; lo declaraban do&ntilde;a Manuela y
+Teresa, sonrientes, reconciliadas y puestas ambas al mismo nivel. Sus
+miradas hablaban. Hab&iacute;a que hacer algo por los chicos, ya que se quer&iacute;an
+tanto sus familias.</p>
+
+<p>Terminaba la tarde. Por los balcones entraba el resplandor rojizo de la
+puesta del sol, que se ensanchaba en el horizonte como un lago de
+sangre.</p>
+
+<p>Call&oacute; el piano, guard&aacute;ndose su ronca y temblona voz de viejo, y el
+enjambre joven, atropell&aacute;ndose, corri&oacute; al comedor. &iexcl;Vive Dios, que se
+estaba bien all&iacute;, sentados ante el blanco mantel, con los balcones
+abiertos y en los ojos el extenso paisaje, que, con la luz anaranjada de
+la ca&iacute;da de la tarde, iba velando sus tonos brillantes y parec&iacute;a
+adormecerse!</p>
+
+<p>Todos ten&iacute;an excitado el apetito por el paseo y el baile, y miraban con
+el rabillo del ojo la puerta por donde entraban las criadas.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores, tendr&aacute;n ustedes que perdonar&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Manuela con aire de
+castellana hospitalaria&mdash;. Estamos en el campo y hay que conformarse con
+lo que traigan. Aqu&iacute; no se pueden hacer milagros. En fin, har&aacute;n ustedes
+penitencia. Todos contestaban con un &laquo;&iexcl;oh!&raquo; de protesta, mientras se
+acomodaban la servilleta en el pescuezo. Ya sab&iacute;an que la due&ntilde;a de la
+casa arreglaba bien las cosas. Y empu&ntilde;aban el tenedor, como diciendo:
+&laquo;&iexcl;Venga de ah&iacute;, que estamos a todo!&raquo;</p>
+
+<p>No fue malo el desfile de platos organizado por Visanteta. Era la cocina
+ind&iacute;gena, con todo su esplendor de las fiestas tradicionales. El lomo de
+cerdo, con las primeras habas de la cosecha, tiernas y jugosas, formando
+un pur&eacute;, cuyo olorcillo causaba en el est&oacute;mago una sensaci&oacute;n voluptuosa;
+los lagostinos, con casaquillas de escarlata y la puntiaguda caperuza,
+dobl&aacute;ndose como <i>clowns</i> rojos sobre un lecho de excitante salsa; los
+pollos, despedazados, hundidos en el rosado caldo del tomate, y despu&eacute;s
+las rodajas de salchich&oacute;n a centenares, un jam&oacute;n entero cortado en
+gruesas lonjas, y una enorme pir&aacute;mide de huevos cocidos, con la c&aacute;scara
+te&ntilde;ida de rojo o amarillo; todo con una abundancia capaz de anonadar al
+est&oacute;mago m&aacute;s animoso.</p>
+
+<p>Pero los convidados de do&ntilde;a Manuela eran personas de buen diente. S&oacute;lo
+&laquo;las magistraditas&raquo; y &laquo;las perchas&raquo; de L&oacute;pez com&iacute;an con cierto dengue y
+lanzaban miradas escandalizadas cuando ve&iacute;an en sus copas dos dedos de
+vino; pero los dem&aacute;s tragaban de buena fe, y el ruido de sus mand&iacute;bulas
+parec&iacute;a gritar en el silencioso comedor: &laquo;Aqu&iacute; se come y se goza... y
+ruede la bola.&raquo;</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, Rafael y Roberto se encargaban de dar a la merienda el tono de
+distinci&oacute;n que tanto agradaba a do&ntilde;a Manuela. &iexcl;Vaya unos chicos atentos!
+&iexcl;C&oacute;mo sab&iacute;an obsequiar a las muchachas...! &laquo;No me desprecie usted esta
+aceituna...&raquo; &laquo;Lolita, &iexcl;por Dios! acepte usted esta rodajita de
+salchich&oacute;n...&raquo; &laquo;Vamos, un pedacito m&aacute;s: &iexcl;no me deje usted feo!&raquo;</p>
+
+<p>Y procediendo como ni&ntilde;as buenas y bien educadas, incapaces de desear la
+fealdad del pr&oacute;jimo, aceptaban los obsequios ruborizadas, pero mirando
+con superioridad satisfecha a las amigas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estaba contenta. &iquest;No era un placer reunir en la mesa tan
+buenos amigos? &iquest;No se gozaba contemplando sus expansiones? All&iacute; quisiera
+ver ella a su hermano, el maldito taca&ntilde;o, incapaz de convidar a sus
+amigos a una ensalada. &iexcl;C&oacute;mo ensanchaba el alma ver a la familia con sus
+amigos celebrando la Pascua tradicional! Era verdad que la fiesta
+resultaba costosa; que llena de trampas como estaba no deb&iacute;a permitirse
+tales despilfarres; pero &iexcl;qu&eacute; diablo! hay que saber vivir, y aquella
+fiesta, pensando ego&iacute;stamente, bien pod&iacute;a resultar un medio seguro de
+proporcionarse auxilios en el porvenir. En el se&ntilde;or L&oacute;pez no hab&iacute;a que
+confiar mucho; ten&iacute;a el alma atravesada, y si gastaba algo adornando a
+su familia, era para sostener su prestigio de bolsista de fuerza. Pero
+all&iacute; estaba Cuadros, infatuado por la buena suerte, orgulloso, tanto &eacute;l
+como su esposa, de que la se&ntilde;ora del antiguo principal accediese a
+admitir a Andresito en su familia; estos dos amigos, seguramente que al
+verla en un apuro eran capaces de darla la sangre de sus venas.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela, animada por estas ilusiones que garantizaban su futura
+tranquilidad, envolv&iacute;a la mesa y sus comensales en una mirada infinita
+de benevolencia y cari&ntilde;o. Todo marchaba bien. Andresito y Amparo se
+pellizcaban por debajo de la mesa; Roberto se acercaba de un modo
+inconveniente a Conchita; la mam&aacute; lo ve&iacute;a todo, pero sonre&iacute;a con dulce
+tolerancia. Un d&iacute;a es un d&iacute;a; hay que dar a la juventud lo suyo, y ella
+&iexcl;ay! recordaba enternecida cuando el doctor Pajares era estudiante y se
+sentaba a su lado en la mesa.</p>
+
+<p>La merienda se animaba. Nelet hab&iacute;a encendido la l&aacute;mpara del comedor, y
+los moscardones y mariposas del vecino jard&iacute;n, atra&iacute;dos por la luz,
+aleteaban nerviosamente, chocando con la pantalla de porcelana. Sobre la
+mesa aparec&iacute;an las doradas naranjas de terso cutis, el <i>panquemado</i> de
+Alberique, con miga porosa, la corteza obscura y barnizada y el v&eacute;rtice
+nevado, y las bandejas de dulce seco, confiter&iacute;a ind&iacute;gena, s&oacute;lida y
+empalagosa: peras verdosas con la dureza del az&uacute;car petrificado,
+limoncillos de las monjas de Sagunto, trozos de mel&oacute;n, yemas envueltas
+en rizados mo&ntilde;etes de papel, todo destilando az&uacute;car y atrayendo a los
+insectos que revoloteaban en torno de la luz.</p>
+
+<p>La concurrencia se atracaba de huevos cocidos. Part&iacute;anlos en la frente
+del vecino, a pesar de las muchas precauciones que se adoptaban para
+evitar esta broma tradicional; y eran de ver las se&ntilde;oritas tap&aacute;ndose la
+cara con las manos, chillando como gallinas asustadas, por miedo a que
+les golpeasen encima de las cejas, y los aplausos y vivas con que se
+acog&iacute;a la travesura de alguna joven cuando era ella la que agred&iacute;a a los
+audaces pollos. Cuando se hac&iacute;a moment&aacute;neamente el silencio en el
+comedor, o&iacute;ase c&oacute;mo se regocijaba fuera la plebe; el rasgueo de la
+guitarra, el estallido de los cohetes, el cacareo de las mujeres; y
+algunas veces el estruendo ven&iacute;a de abajo, de la cocina, donde sonaban
+el vozarr&oacute;n de Nelet y las corridas medrosas de las criadas, con
+chillidos de protesta d&eacute;bil. Tambi&eacute;n all&iacute; part&iacute;an huevos.</p>
+
+<p>Las personas mayores la emprendieron con el dulce, y el se&ntilde;or Cuadros
+descorch&oacute; frascos de licor de colores vivos e infernales, que hac&iacute;an
+retorcer el est&oacute;mago. Las copitas de color rosa besaban las bocas,
+dejando en los rojos labios de las j&oacute;venes adorables gotitas de az&uacute;car
+l&iacute;quido.</p>
+
+<p>La sobremesa, alborozada y ruidosa, dur&oacute; mucho rato. Nadie miraba el
+reloj del comedor, que segu&iacute;a indiferente marcando el curso del tiempo.
+Cuando sonaron las nueve, todos se sobresaltaron. Fuera del <i>hotel</i> la
+algazara iba disminuyendo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela hizo prometer a sus amigos que la honrar&iacute;an con su visita
+en los dos restantes d&iacute;as de la Pascua, y comenzaron los preparativos de
+marcha. Las criadas comparecieron rojas y sudorosas. Bien hab&iacute;an
+bromeado con Nelet y el cochero del se&ntilde;or L&oacute;pez.</p>
+
+<p>Comenz&oacute; la confusi&oacute;n de la despedida. Buscaban los abrigos abandonados
+sobre los muebles; olvidaban d&oacute;nde hab&iacute;an dejado el sombrero; recog&iacute;an
+los velillos rotos en el revuelto mont&oacute;n de prendas, y transcurri&oacute; m&aacute;s
+de media hora antes de que todos estuvieran listos.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or L&oacute;pez ofreci&oacute; su faet&oacute;n a &laquo;las magistradas &raquo;. Ir&iacute;an todos
+apretados, pero esto entraba en la fiesta. En cuanto al se&ntilde;or Cuadros,
+sac&oacute; de la cuadra del <i>hotel</i> su carruajillo, del que estaba orgulloso,
+y amonton&oacute; en &eacute;l la esposa, el hijo y las dos criadas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buenas noches...! &iexcl;Hasta ma&ntilde;ana...! &iexcl;Descansar...! &iexcl;Arre, valiente!</p>
+
+<p>Y los dos carruajes, esparciendo en la sombra la roja luz de sus dobles
+faroles, partieron al trote, conmoviendo el silencio de la noche tibia,
+estrellada y serena. La familia de Pajares los vio alejarse desde la
+puerta del <i>hotel</i>.</p>
+
+<p>Frente a los Silos, la multitud arremolin&aacute;base en la obscuridad,
+asaltando a brazo partido las plataformas de los tranv&iacute;as o regateando
+con los cazurros tartaneros. Sonaban los pitos; el vocer&iacute;o era grande en
+torno de los ojos inflamados de los coches, y el p&uacute;blico esperaba
+impacientemente el momento de emprender el viaje, entonando canciones a
+coro, en las cuales, sobre las voces aguardentosas, destac&aacute;banse otras
+j&oacute;venes, claras, argentinas. De vez en cuando, griter&iacute;o y corridas;
+brazos en alto, bastones enarbolados, una guitarra estrell&aacute;ndose
+quejumbrosamente en una cabeza, y cuando la calma se restablec&iacute;a,
+salud&aacute;base con sonrisas y aplausos ir&oacute;nicos a la ristra de valientes
+que, sin paciencia para esperar, emprend&iacute;an la marcha carretera abajo,
+cogidos del brazo, movi&eacute;ndose con torpe balanceo, como si estuvieran
+sobre la cubierta de un buque en d&iacute;a de gran marejada, charlando
+incoherentemente o soltando sus vozarrones para entonar los
+estramb&oacute;ticos y l&aacute;nguidos corales que inspira la musa am&iacute;lica.</p>
+
+<p>Los tres d&iacute;as de Pascua fueron de felicidad para la familia de Pajares.
+El noviazgo de Amparito se consolid&oacute;, desapareciendo los escr&uacute;pulos del
+poetilla, temeroso de que el recuerdo del teniente viviese todav&iacute;a en la
+memoria de la joven. Era cosa decidida, y el beb&eacute; siempre contestaba con
+el mismo tono burl&oacute;n a sus recriminaciones:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iexcl;tonto...! &iexcl;si nunca le quise...! &iexcl;si aquello fue una broma, un
+caprichito para hacerte rabiar...! &iexcl;Yo s&oacute;lo te quiero a ti,
+insultador...!</p>
+
+<p>Y Andresito, cerrando los ojos, despreciando los punzantes recuerdos del
+pasado, se sent&iacute;a feliz, tanto casi como Conchita, que en los d&iacute;as de
+Pascua, en la agitaci&oacute;n de las alegres meriendas, hab&iacute;a conseguido
+turbar a Roberto hasta el punto de arrancarle la deseada declaraci&oacute;n.
+Por fin era su novio &laquo;oficial&raquo;; ya pod&iacute;a hablar con &eacute;l a todas horas,
+sin miedo al rid&iacute;culo de una intimidad falta de garant&iacute;a.</p>
+
+<p>Juanito fue el &uacute;nico que sufri&oacute; en aquellos tres d&iacute;as. La mam&aacute;
+mostr&aacute;base con &eacute;l amable y cari&ntilde;osa como jam&aacute;s la hab&iacute;a visto; ten&iacute;a
+arranques de lirismo casero, se enternec&iacute;a reuniendo toda la familia en
+la mesa, y &eacute;l, por no contrariarla, permanec&iacute;a en Burjasot, v&iacute;ctima de
+las contradicciones de su car&aacute;cter, tan pronto atra&iacute;do por la
+&laquo;querencia&raquo; a la cocina, como pensando en T&oacute;nica con la dulce nostalgia
+del enamorado.</p>
+
+<p>Por esto, cuando regres&oacute; a Valencia, volviendo a encargarse de <i>Las Tres
+Rosas</i>, experiment&oacute; la alegr&iacute;a del que sale del destierro. Quiso
+resarcirse del breve par&eacute;ntisis en su vida de amante, y esper&oacute; a T&oacute;nica
+en las calles, sosteniendo con ella largas pl&aacute;ticas que la hac&iacute;an llegar
+tarde a casa de las parroquianas, enter&aacute;ndose con minuciosidad de las
+tardes que hab&iacute;a pasado en melanc&oacute;lica calma leyendo novelas
+sentimentales, mientras Micaela, la fiel amiga, cocinaba, preparando la
+modesta merienda.</p>
+
+<p>Sus pl&aacute;ticas con aquella muchacha tranquila y juiciosa le daban nuevos
+&aacute;nimos para trabajar; y &eacute;l, que hasta entonces hab&iacute;a vivido tranquilo e
+indiferente, amarrado a la noria de la dependencia, sin pensar en el
+porvenir, sent&iacute;ase ambicioso, so&ntilde;aba con una gran posici&oacute;n comercial,
+que compartir&iacute;a con T&oacute;nica, y miraba la tienda de <i>Las Tres Rosas</i> con
+el mismo cari&ntilde;o del heredero ante una cosa que espera ha de ser suya. Su
+plan estaba formado. Esperar&iacute;a hasta fines de a&ntilde;o, vender&iacute;a el huerto de
+Alcira, y don Antonio le har&iacute;a traspaso de la tienda por unos cuantos
+miles de duros.</p>
+
+<p>El afortunado bolsista segu&iacute;a abominando de la tienda y del mezquino
+comercio al por menor; no era dif&iacute;cil alcanzar la cesi&oacute;n de <i>Las Tres
+Rosas</i> por lo que el joven quisiera darle. &iexcl;Valiente cosa le importaba a
+&eacute;l mil duros m&aacute;s o menos! La suerte le hab&iacute;a hecho audaz; realizaba
+jugadas con &eacute;xito sorprendente, y as&iacute; como aumentaba su fortuna,
+transform&aacute;base en persona. Permanec&iacute;a en la tienda lo menos posible;
+cuando no estaba en la Bolsa, pasaba las horas en el caf&eacute;, mediando en
+las ri&ntilde;as de &laquo;alcistas&raquo; y &laquo;bajistas&raquo;, con expresi&oacute;n de superioridad;
+enganchaba la <i>charrette</i> e iba con Teresa, muy emperejilada, a pasear
+su nuevo lujo por la Alameda, entre los brillantes trenes, para que
+supieran m&aacute;s de cuatro que &eacute;l tambi&eacute;n, &laquo;aunque le estuviera mal el
+decirlo&raquo;, era de la aristocracia, de la del dinero, que es la que m&aacute;s
+vale en estos tiempos; y hasta en su misma casa introduc&iacute;a reformas
+radicales, pasando la familia con violento salto de la comodidad
+mediocre a la ostentaci&oacute;n aparatosa. Seducido por los guisos de fonda
+que saboreaba en los banquetes conmemorativos de grandes jugadas, no
+pod&iacute;a avenirse con el talento culinario de su Teresa, y hab&iacute;a tomado una
+cocinera procedente de una gran casa. La riqueza improvisada daba al
+se&ntilde;or Cuadros un airecillo petulante y fanfarr&oacute;n. En competencia con su
+mujer, pocos dedos conservaba en sus manos libres de sortijas; s&oacute;lo que
+las suyas no eran baratas, sino de oro macizo, gruesas, pesadas y con
+cada pedrusco que quitaba la luz de los ojos. Romp&iacute;a los ojales del
+chaleco con la enorme cadena cargada de dijes, y &eacute;l, que antes cuidaba
+de salir con poca calderilla en el bolsillo, por miedo a los compromisos
+o a la tentaci&oacute;n de entrar en alg&uacute;n caf&eacute;, sacaba ahora, a tuertas y a
+derechas, su gran cartera de hombre de negocios repleta de billetes del
+Banco, y muchas veces escandalizaba a los camareros presentando para
+pagar un refresco un papelote de mil pesetas.</p>
+
+<p><i>Las Tres Rosas</i> estaba patas arriba, seg&uacute;n murmuraba el asombrado
+Juanito. La fortuna del amo los enloquec&iacute;a a todos. Los dependientes,
+libres de vigilancia, hac&iacute;an lo que les daba la gana; el g&eacute;nero
+desaparec&iacute;a, sin dejar como recuerdo de su paso dinero en el caj&oacute;n; las
+criadas robaban arriba, en las mismas narices de do&ntilde;a Teresa, aturdida
+por tan radicales cambios; pero all&iacute; estaba el amo para remediarlo todo,
+y por mucho que se despilfarrase, los cobros de diferencias a fin de mes
+eran tan exorbitantes, que empujaban vertiginosamente aquel barco falto
+de direcci&oacute;n y haciendo agua por todas partes.</p>
+
+<p>El &uacute;nico que protestaba en la casa, revolvi&eacute;ndose furioso contra las
+desatinadas innovaciones, era don Eugenio. El veterano del comercio
+escandaliz&aacute;base, y hab&iacute;a que o&iacute;rle las pocas veces que consegu&iacute;a
+entablar conversaci&oacute;n con el due&ntilde;o de la tienda, siempre atareado,
+viviendo en su casa como en una fonda.</p>
+
+<p>Don Eugenio parec&iacute;a una sibila, que, en nombre de la honradez y la
+mesura comercial, profetizaba las mayores desgracias. Aquella borrachera
+de dinero no pod&iacute;a acabar bien. No era legal ni justo ganar ocho o nueve
+mil duros en un mes, jugando, ni m&aacute;s ni menos que los perdidos que van a
+los garitos; adem&aacute;s, ese lucro resultaba criminal, ya que lo que &eacute;l
+ganaba otros lo perd&iacute;an.</p>
+
+<p>Pero don Antonio contestaba con risitas ir&oacute;nicas que desesperaban al
+pobre viejo. &iexcl;Vaya unas ideas rancias! &iquest;De d&oacute;nde sal&iacute;a para atreverse a
+hablar contra un negocio tan legal y admitido por todos? Los tiempos
+cambian, amigo don Eugenio, y con ellos los negocios. Es verdad que los
+afortunados arruinaban a los infelices, pero &iexcl;qu&eacute; remedio...! Hab&iacute;a que
+amoldarse a las exigencias del mundo, tomar parte en la &laquo;lucha por la
+existencia&raquo;; la sociedad estaba constituida as&iacute;. Para que vivan unos hay
+que devorar a otros. Y el se&ntilde;or Cuadros repet&iacute;a con expresi&oacute;n pedantesca
+estos y otros lugares comunes que hab&iacute;a o&iacute;do en la Bolsa de boca de
+ciertos pillos de levita, que con la dichosa &laquo;lucha por la existencia&raquo;
+justifican rapi&ntilde;as legales que merecen un grillete. Y para desesperaci&oacute;n
+del pobre viejo, hac&iacute;a la apolog&iacute;a de la Bolsa. S&oacute;lo un rancio pod&iacute;a
+tronar contra ella. Para censurarla hab&iacute;a que ser consecuente y hablar
+mal tambi&eacute;n del ferrocarril, del tel&eacute;fono y de todas las conquistas del
+progreso. Pod&iacute;a esperar sentado a que todas las personas honradas se
+coligasen, seg&uacute;n &eacute;l dec&iacute;a, para acabar con los negocios burs&aacute;tiles.</p>
+
+<p>Cada d&iacute;a eran m&aacute;s respetados; se popularizaban, y ya no eran
+comerciantes y rentistas los que jugaban en la Bolsa; los pobres, los
+humildes, buscaban tomar parte en el negocio. Y para probarlo, no hab&iacute;a
+m&aacute;s que fijarse en don Ram&oacute;n Morte, un fil&aacute;ntropo, que hac&iacute;a el bien
+encaminando a la ganancia los peque&ntilde;os capitales que yac&iacute;an muertos y
+dedicando las ganancias propias a obras de beneficencia.</p>
+
+<p>Don Eugenio escuchaba con frialdad el nombre del c&eacute;lebre banquero, que
+todos los d&iacute;as repet&iacute;an los peri&oacute;dicos, pero Juanito se estremeci&oacute;.
+Aqu&eacute;l s&iacute; que era un hombre. Husmeaba la ganancia a cien leguas; colocaba
+los capitales ajenos con la mayor seguridad; ten&iacute;a esclavizada la
+fortuna, y a pesar de esto, &iexcl;qu&eacute; sencillo! &iexcl;Con qu&eacute; modesta afabilidad
+trataba a los peque&ntilde;os! Era un se&ntilde;or peque&ntilde;&iacute;n, enfermizo por el exceso
+de trabajo, con gafas de oro y esa sonrisa atractiva y c&aacute;ndida cuyo
+secreto s&oacute;lo poseen los grandes hombres de negocio o los Padres de la
+Compa&ntilde;&iacute;a. Dos veces hab&iacute;a estado en la tienda buscando al principal, y
+se dign&oacute; hablar con Juanito afectuosamente, como si fuese uno de la
+clase, enter&aacute;ndose con benevolencia paternal de sus proyectos para el
+porvenir. &iexcl;Oh, qu&eacute; hombre! &iexcl;Qu&eacute; confianza inspiraba! Aconsejado por &eacute;l,
+realizaba el se&ntilde;or Cuadros sus magn&iacute;ficos negocios; y Juanito, a no ser
+por su deseo de verse due&ntilde;o de <i>Las Tres Rosas</i>, hubiese vendido el
+huerto, poniendo toda su fortuna en manos de don Ram&oacute;n.</p>
+
+<p>La loca fortuna del principal contagiaba al dependiente, y &eacute;ste, a pesar
+de su car&aacute;cter fr&iacute;o, se sent&iacute;a animado por el deseo de correr el azar
+ganando una fortuna en unos cuantos meses o arruin&aacute;ndose para siempre.
+Cuando estaba solo y entregado a sus reflexiones, asust&aacute;base de las
+audacias de su pensamiento; pero oyendo al principal enardec&iacute;ase, y
+entre las cenizas de su car&aacute;cter t&iacute;mido y ap&aacute;tico asomaba el fuego del
+aventurero.</p>
+
+<p>Las contiendas entre don Eugenio y su antiguo dependiente los separaban,
+y a pesar de hacer la vida bajo el mismo techo, pasaban semanas sin
+hablarse. El pobre viejo se sent&iacute;a solo en aquella casa. Teresa no le
+comprend&iacute;a; Andresito, entusiasmado por la fortuna del pap&aacute;, ten&iacute;a sus
+ambiciones; mostr&aacute;base meticuloso y exigiendo en materias de vestir, y
+hablaba de la posibilidad de poseer una yegua alazana y pasear por la
+Alameda, siguiendo el carruaje de su novia, para lo cual se estaba
+preparando todas las tardes en el picadero.</p>
+
+<p>Don Eugenio s&oacute;lo se consolaba yendo en busca del t&iacute;o de Juanito, ante el
+cual mostraba su indignaci&oacute;n por los negocios de Cuadros. &iexcl;C&oacute;mo se re&iacute;a
+don Juan de las fortunas de los bolsistas! Buen provecho. Muchos le
+hab&iacute;an propuesto aquel negocio; pero &eacute;l era gato viejo y gustaba de
+guardar seguro su dinero. Eso de arrojar la fortuna al viento, con la
+esperanza de una ganancia loca, quedaba para los tontos que se creen
+poseedores de infalibles secretos. &Eacute;l opinaba como don Eugenio. Aquello
+s&oacute;lo era una racha de fortuna, la terrible benevolencia de la fatalidad
+con los jugadores novatos: primero, la seducci&oacute;n de las peque&ntilde;as
+ganancias, y despu&eacute;s, cuando ya est&aacute;n metidos de cabeza en los caprichos
+del azar, la ruina instant&aacute;nea, completa, fulminante.</p>
+
+<p>El d&iacute;a de San Vicente supo Juanito hasta d&oacute;nde llegaba la indignaci&oacute;n
+del venerable don Eugenio.</p>
+
+<p>La fiesta del santo popular verific&aacute;base con el aparato de costumbre. En
+los puntos m&aacute;s c&eacute;ntricos de la ciudad hab&iacute;anse levantado los &laquo;altares&raquo;,
+enormes f&aacute;bricas de madera y cartompiedra que llegaban a los tejados,
+con decoraci&oacute;n g&oacute;tica o corintia, erizados de mecheros de gas, y en su
+parte media la repisa, en la que se ostentaba el diplom&aacute;tico de Caspe
+con su h&aacute;bito de dominico y un dedo en alto entre cirios y flores.
+Abajo, la plataforma del escenario, donde se representaban los
+<i>milacres</i>, piezas dram&aacute;ticas, c&aacute;ndidas y sencillas como sus versos
+lemosines, cuyo argumento, girando en torno del mismo punto, trata
+siempre de las querellas feudales entre Centelles y Vilaraguts, de la
+conversi&oacute;n de los moros de Granada o de alguna treta de los imp&iacute;os
+contra el elocuente ap&oacute;stol, todo sazonado al final con el necesario
+milagro del santo y el correspondiente serm&oacute;n en endecas&iacute;labos. La
+multitud agolp&aacute;base ante los altares para o&iacute;r mejor a los actores,
+granujillas del barrio, roncos de tanto vocear los versos, orondos en
+sus trajes de roper&iacute;a; orgullosos de lucir el bonete con pluma y tirar
+de la espada cuando lo requer&iacute;a el <i>milacre</i>; y era de ver la atenci&oacute;n
+con que escuchaba la predicaci&oacute;n de San Vicente, representado siempre
+por un muchacho paliducho, pedante y melanc&oacute;lico, y las carcajadas con
+que celebraba las majader&iacute;as del motil&oacute;n, personaje bufo que pasaba el
+tiempo tragando pan, sorbiendo rap&eacute;, son&aacute;ndose las narices en un pa&ntilde;uelo
+como una s&aacute;bana y agujereado como una criba, y diciendo estupideces
+subidas de color, todo para mayor edificaci&oacute;n de los devotos del santo.
+Un mar de cabezas agit&aacute;base ante aquellas plataformas que recordaban el
+teatro primitivo, lo mismo el tablado de Esquilo que la carreta de Lope
+de Rueda.</p>
+
+<p>Entre una y otra representaci&oacute;n tocaban las m&uacute;sicas alegres polcas, y la
+granujer&iacute;a de siempre, agarrada de un modo repugnante, improvisaba
+academias de baile en las aceras, chocando muchas veces contra las mesas
+donde las buenas mozas de vestido almidonado, pa&ntilde;uelo de seda y cara
+bravia vend&iacute;an garbanzos tostados, orejones y ciruelas pasas.</p>
+
+<p>Juanito, a las tres de la tarde, hab&iacute;a ido a ponerse en acecho cerca de
+la casa de T&oacute;nica, esperando que &eacute;sta saliese con Micaela para ver los
+altares. Una vecina le avis&oacute; que ya hab&iacute;an salido, y el joven lanz&oacute;se en
+su persecuci&oacute;n, corriendo de uno a otro altar, sin conseguir
+encontrarlas.</p>
+
+<p>En la plaza de la Constituci&oacute;n vio a don Eugenio, que miraba de lejos el
+<i>milacre</i>, apoyado en el viejo bast&oacute;n y mostrando su carita de pascua
+por el embozo de su capa azul, que no abandonaba hasta bien entrado el
+verano.</p>
+
+<p>El pobre se&ntilde;or acogi&oacute; a Juanito con una sonrisa de gozo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre, cu&aacute;nto me alegro de verte...! T&uacute; no tendr&aacute;s quehacer,
+&iquest;verdad?</p>
+
+<p>Juanito contest&oacute; negativamente, arrepinti&eacute;ndose en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro. Pasearemos juntos. Mis amigos han salido con sus familias,
+y yo no tengo a nadie en este mundo; estoy solo... completamente solo.</p>
+
+<p>El viejo recalcaba estas palabras, como si quisiera hacer responsable a
+alguien de su abandono.</p>
+
+<p>Emprendieron los dos la marcha hacia las Alameditas de Serranos, paseo
+habitual de don Eugenio. Por el camino hablaba el viejo de su situaci&oacute;n
+con tono melanc&oacute;lico; pero sus quejas eran vagas. Llegaron al paseo: una
+ancha faja de jard&iacute;n en la orilla del r&iacute;o, exuberante de vegetaci&oacute;n,
+pero tan sombr&iacute;a, que justificaba su t&iacute;tulo vulgar de &laquo;paseo de los
+desesperados&raquo;. La concurrencia era la de siempre. Algunas madres de la
+vecindad, con su tropel de mu&ntilde;ecos voceadores, y grupos de curas y
+aficionados a la clase sacerdotal, destacando sobre el verde la mancha
+negra de sus trajes, hablando con misterio de lo malos que est&aacute;n los
+tiempos, del prisionero del Vaticano y del verdadero rey que vive en
+Venecia.</p>
+
+<p>Don Eugenio, saludaba al paso aquellas caras que ve&iacute;a todas las tardes,
+sin interrumpir por esto la conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Juanito le o&iacute;a con la deferencia y el respeto que inspiran ochenta a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;En una palabra, muchacho: que yo no puedo sufrir esta clase de vida.
+Ser&aacute;n para algunos escr&uacute;pulos necios, pero &iquest;qu&eacute; quieres? Despu&eacute;s de
+tant&iacute;simos a&ntilde;os de probidad comercial, de prosperidad lenta pero segura,
+no puedo conformarme con esta vida de agitaci&oacute;n y sobresalto que noto en
+torno m&iacute;o, ni menos ver con tranquilidad una ganancia inmoral y
+estrepitosa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;por qu&eacute; se ha de molestar usted tanto?&mdash;dijo el joven con tono
+conciliador&mdash;. Lo mejor es que deje correr las cosas. Don Antonio gana
+demasiado dinero para que puedan hacerle mella sus palabras. Adem&aacute;s,
+cada &eacute;poca trae sus costumbres, y no es justo que usted se queje porque
+las cosas no est&eacute;n lo mismo que en su juventud.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n, hijo m&iacute;o. &Eacute;stos son otros tiempos. Soy un verdadero
+cad&aacute;ver; pero me resisto a meterme en la fosa, a pesar de que &eacute;sta me
+reclama, y tengo que sufrir las consecuencias. &iexcl;Qu&eacute; tiempos. Se&ntilde;or, qu&eacute;
+tiempos!</p>
+
+<p>Y el vejete miraba al cielo, mientras su mano arrancaba al paso las
+hojas de los rosales.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; tambi&eacute;n&mdash;continu&oacute;&mdash;est&aacute;s algo tocado de ese af&aacute;n de hacerte rico,
+aunque sea arruinando al mundo entero. No te culpo por esto; es la
+fiebre de la &eacute;poca, y la juventud es la que con m&aacute;s calor apadrina las
+ideas nuevas. Tienes raz&oacute;n; yo no puedo, yo no debo meterme en los
+negocios de Antonio; carezco de derecho. &iquest;Qu&eacute; soy en aquella casa? Un
+trasto in&uacute;til, un mueble inc&oacute;modo que se empe&ntilde;a en permanecer intacto y
+todos desean verlo hecho astillas para arrojarlo al mont&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No; eso no es verdad, don Eugenio. En aquella casa le quieren a usted
+todos. Me consta.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo tambi&eacute;n&mdash;dijo el viejo con gran calor&mdash;, yo tambi&eacute;n los quiero
+con toda mi alma. &iquest;Tengo otra familia acaso? Lo que hay, muchacho, es
+que, por lo mismo que les quiero tanto, me preocupa su suerte y no puedo
+ver con tranquilidad c&oacute;mo Antonio se mete de cabeza en tan peligrosas
+aventuras. &iexcl;Ay, mi pobre tienda! Tiemblo al pensar que puede ser
+deshonrada para siempre. He o&iacute;do decir que los marinos viejos sienten
+una pasi&oacute;n loca por el barco en que han pasado su vida. Lo mismo soy yo
+con <i>Las Tres Rosas</i>. Yo la fund&eacute;; tu pobre padre mantuvo la reputaci&oacute;n
+del establecimiento honrado, y ahora... tiemblo al pensar lo que
+ocurrir&iacute;a si Antonio se arruinase en la Bolsa como otros tantos.... Todo
+perdido, la tienda embargada, deshonrada para siempre.... &iexcl;Gran Dios! No
+quiero pensarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!&mdash;objet&oacute; Juanito con juvenil confianza&mdash;. No es eso f&aacute;cil; en la
+Bolsa s&oacute;lo se arruinan los tontos, y mi principal tiene buen gu&iacute;a. Don
+Ram&oacute;n... &iquest;sabe usted? don Ram&oacute;n Morte, el hombre mimado de la fortuna,
+el gran fil&aacute;ntropo.</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonto, muchacho. &iquest;Crees que tu t&iacute;o es listo? Pues preg&uacute;ntale
+qu&eacute; piensa del tal don Ram&oacute;n. Un pillo, hijo, un pillo redomado que
+emplea la pamplina de la caridad y se da bombos en los peri&oacute;dicos para
+enga&ntilde;ar incautos. &iexcl;Y qu&eacute; bien sabe hacerlo el muy ladr&oacute;n! Se confiesa a
+menudo, entrega cantidades en las sacrist&iacute;as, diciendo que las ha
+cobrado de m&aacute;s por un error y quiere sean para los pobres, y hasta se
+murmura si es &eacute;l ese ramoso sujeto que, con el inc&oacute;gnito de Un
+cualquiera, env&iacute;a dinero a la Junta de Instrucci&oacute;n Obrera cuando &eacute;sta
+sufre apuros. Esa modestia, ese inc&oacute;gnito a medio velo, es un medio para
+llamar la atenci&oacute;n como cualquier otro reclamo, y un negociante que
+desea tanto la popularidad no lleva idea buena. Algo prepara. Para m&iacute;,
+lo que hace es arreglarse el vendaje antes que exista la herida.</p>
+
+<p>Juanito sent&iacute;a inquietud y molestia ante la rudeza con que el viejo
+destrozaba el &iacute;dolo de su admiraci&oacute;n, pero call&oacute; por respeto.</p>
+
+<p>&mdash;Si ese hombre es&mdash;continu&oacute; don Eugenio&mdash;quien tiene que evitar la
+ruina de Antonio, bien estamos. Yo veo claro, y por eso chillo hasta ser
+impertinente. No entiendo de esos negocios infernales, estoy
+acostumbrado a los tratos sencillos del comercio a la antigua, pero no
+desconozco lo f&aacute;cil que es quedarse los bolsistas en medio de la calle
+de la noche a la ma&ntilde;ana. &iquest;Y puedo yo estar tranquilo...? Al principio,
+Antonio era prudente y no expon&iacute;a gran cosa; pero la ganancia le ciega,
+y ahora... &iquest;sabes? me he enterado de que se mete tan hondo, que si la
+fortuna le volviese la espalda, en veinticuatro horas quedaba limpio,
+sin cubrir sus compromisos, y por tanto, deshonrado. Fig&uacute;rate lo que
+esto representa muchacho. Si tu padre viviera, me comprender&iacute;a mejor. Se
+me abren las carites s&oacute;lo al pensar en la posibilidad de que el due&ntilde;o de
+<i>Las Tres Rosas</i> aparezca como un insolvente, como un tramposo, casi
+como un estafador. Di, muchacho, &iquest;puedo yo consentir esto? &iquest;Te parece
+tolerable?</p>
+
+<p>Y el viejo se animaba, se ergu&iacute;a, apoy&aacute;ndose en su bastoncillo, y al
+hablar de su querida tienda, una oleada de sangre daba color a su cara
+fresca de anciano bien conservado.</p>
+
+<p>&mdash;No; yo no puedo callar; esto apresurar&aacute; mi muerte. Necesito
+tranquilidad, y no me acuesto ninguna noche sin llevar en el cuerpo un
+berrinche m&aacute;s que regular. Lo que yo digo: pero Se&ntilde;or, &iquest;por qu&eacute; se
+meter&aacute; ese hombre en libros de caballer&iacute;as? &iquest;No pod&iacute;a vivir tranquilo
+como yo, trabajando para la vejez y sin exponerse a peligro alguno...? Y
+es la maldita ambici&oacute;n que hoy todo lo invade. En mis tiempos, antes de
+gastar un ochavo le d&aacute;bamos cien vueltas, pero nos content&aacute;bamos con lo
+nuestro y viv&iacute;amos felices. Ahora todo el mundo no piensa en otra cosa
+que en el modo de quitar legalmente la bolsa al vecino. La ambici&oacute;n los
+devora; a los cuarenta a&ntilde;os son m&aacute;s viejos que yo; viven pendientes de
+un hilo con el af&aacute;n de acaparar dinero; y todo para derrocharlo, para
+satisfacer esa locura de engrandecimiento que a todos domina. Esto est&aacute;
+perdido. Los mocosos ya no se conforman con ser aprendices y quieren
+pasar a amos; y... &iquest;qu&eacute; m&aacute;s? Antonio se averg&uuml;enza de ser comerciante, y
+va por las tardes a la Alameda en un cochecillo rid&iacute;culo, guiando como
+si fuese un cochero. Antes so&ntilde;aba con que su hijo fuese abogado, y ahora
+mira impasible c&oacute;mo abandona los estudios y se entera con gusto de sus
+progresos en la equitaci&oacute;n. Dice que con la herencia que &eacute;l le dejar&aacute;,
+para nada necesita la carrera; quiere hacer de &eacute;l un hombre a la moda, y
+qui&eacute;n sabe si tendr&aacute; pensado casarle por lo menos con la princesa de
+Asturias....</p>
+
+<p>Y re&iacute;a al decir esto con una risa misericordiosa, como si se sintiera
+elevado por encima de todas las miserias.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, hijo m&iacute;o, tal vez te fastidie con mis quejas, pero a los
+viejos hay que tolerarles. Yo necesito hablar, expansionarme, echar
+fuera de m&iacute; esta inquietud que me devora, como si fuese yo mismo quien
+se mete en aventuras. Y te repito que esto acabar&aacute; mal, muy mal. Tu t&iacute;o
+es de la misma opini&oacute;n. &iquest;Ves a tu principal? Pues es como tu mam&aacute;. Yo no
+le conoc&iacute;a, pero hay que tratar mucho a los hombres. Depende de las
+circunstancias que se muestren tales como son. Ahora no me cabe duda de
+qui&eacute;n es Antonio. Hubiese hecho con tu madre una excelente pareja. Los
+dos son iguales. Unos &laquo;fachendas&raquo;, hambrientos de figurar, deseosos de
+meterse en una esfera superior a la suya, aunque se pongan en rid&iacute;culo.
+Tu madre arruin&aacute;ndose y Antonio subiendo locamente camino de la suerte,
+son exactamente lo mismo. Capaces de derrochar una fortuna; la una por
+mantener lo que llama su &laquo;rango&raquo;, y el otro por meterse entre gentes que
+de seguro se burlan de &eacute;l.... Esto no puede seguir as&iacute;.... Vamos a ver
+grandes cosas, y... &iexcl;ay! me dice el coraz&oacute;n que mi tienda, mi pobrecita
+tienda, naufraga en esta borrasca, y yo me muero.</p>
+
+<p>El viejo hablaba melanc&oacute;licamente, como si viese ya la ruina del brazo
+con la muerte rondando en torno de &eacute;l.</p>
+
+<p>Juanito se fastidiaba.... &iexcl;Bah! Aprensiones de viejo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2>
+
+
+<p>Los domingos, a las siete de la ma&ntilde;ana, sal&iacute;a Juanito de su casa con el
+alegre desembarazo del colegial que en d&iacute;a de fiesta todo lo ve de color
+de rosa.</p>
+
+<p>Iba estirado, satisfecho dentro de su traje de lanilla inglesa, algo
+inc&oacute;modo por el cuello de la camisa almidonado y de bordes punzantes;
+pero le bastaba lanzar una mirada a sus botas de charol y a la corbata,
+siempre de colores vivos, para darse por satisfecho de todas las
+molestias que le causaba su transformaci&oacute;n. La mam&aacute; y las hermanitas le
+contemplaban con asombro. &iquest;Qu&eacute; cre&iacute;an ellas? El Juanito de ahora estaba
+muy lejos del de los tres meses antes. Ya era hora de dedicar a rodillas
+de cocina las levitas viejas de su padrastro el doctor Pajares, prendas
+que la mam&aacute; le hab&iacute;a hecho usar para mayor econom&iacute;a.</p>
+
+<p>El amor hab&iacute;a transformado a Juanito. Su alma vest&iacute;a tambi&eacute;n nuevos
+trajes, y desde que era novio de T&oacute;nica, parec&iacute;a como que despertaban
+sus sentimientos por primera vez y adquir&iacute;a otros completamente nuevos.
+Hasta entonces hab&iacute;a carecido de olfato. Estaba segur&iacute;simo de ello; y si
+no, &iquest;c&oacute;mo era que todas las primaveras las hab&iacute;a pasado sin percibir
+siquiera aquel perfume de azahar que exhalaban los paseos y ahora le
+enloquec&iacute;a, enardeciendo su sangre y arrojando su pensamiento en la
+vaguedad de un oleaje de perfumes? No era menos cierto que hasta
+entonces hab&iacute;a estado sordo. Ya no escuchaba el piano de sus hermanas
+como quien oye llover; ahora la m&uacute;sica le ara&ntilde;aba en lo m&aacute;s hondo del
+pecho, y algunas veces hasta le saltaban las l&aacute;grimas cuando Amparito se
+arrancaba con alguna romanza italiana de esas que meten el coraz&oacute;n, en
+un pu&ntilde;o.</p>
+
+<p>El muchacho, antes tan s&oacute;lido y bien equilibrado, mostr&aacute;base inquieto y
+nervioso, lloraba a solas por cualquier cosa o se entregaba a
+expansiones infantiles; pero a pesar de esto, era m&aacute;s feliz que nunca.
+Su antigua vida parec&iacute;ale la existencia so&ntilde;olienta de una bestia
+amarrada a la estaca, rumiando la comida o durmiendo, sin noci&oacute;n alguna
+de un m&aacute;s all&aacute;.</p>
+
+<p>Ahora, el amor por un lado y por otro la primavera, parec&iacute;an incubar en
+&eacute;l un nuevo ser, y de la ruda c&aacute;scara del antiguo dependiente, con la
+inteligencia muerta y la voluntad atrofiada, surg&iacute;a un hombre nuevo, en
+el cual despert&aacute;base el mismo romanticismo de su padre cuando era joven.</p>
+
+<p>El Mercado le atra&iacute;a los domingos en las primeras horas de la ma&ntilde;ana, e
+iba a lucir sus arreos entre los puestos de las floristas. All&iacute;
+permanec&iacute;a confundido en el grupo de curiosos que atisbaban las caras
+hermosas, y lo mismo abr&iacute;an paso a las se&ntilde;oritas que volv&iacute;an de misa con
+el devocionario en la mano, que echaban piropos a las criadas
+emperejiladas, que, dobl&aacute;ndose al peso de las cestas, met&iacute;anse entre la
+varonil barrera para comprar un mazo de flores.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; bien se estaba all&iacute;! El sol comenzaba a caldear la plaza;
+esparc&iacute;ase por el ambiente el tufillo de las verduras recalentadas; pero
+bajo la techumbre de cinc que resguardaba los puestos de flores, entre
+las cortinas rayadas que tapaban los lados del mercadillo, not&aacute;base una
+frescura de subterr&aacute;neo, el vaho h&uacute;medo de las baldosas regadas con
+exceso. Y luego, &iexcl;qu&eacute; org&iacute;a para el olfato en esta atm&oacute;sfera fresca!
+Experiment&aacute;base la misma impresi&oacute;n que en una tienda de perfumer&iacute;a,
+donde, al entrar, toda una avalancha de esencias distintas sale de
+cuantos huecos tiene la anaqueler&iacute;a, asaltando el olfato.</p>
+
+<p>Sobre las mesas pintadas de verde amonton&aacute;banse las flores como si
+fuesen comestibles, o agrupadas en pir&aacute;mides, sobre una base de papel
+calado, ergu&iacute;anse formando ramos monumentales con los colores en
+caprichosos arabescos. All&iacute; estaban las jardineras: hermosas unas, con
+la esplendidez de las v&iacute;rgenes morenas; viejas y arrugadas otras, con
+esa fealdad de bruja que es final r&aacute;pido e inesperado de la belleza de
+las razas meridionales. Acostumbradas todas ellas a la vida com&uacute;n con
+las flores, trat&aacute;banlas con confianza ruda y desde&ntilde;osa. Recortaban
+cruelmente sus tiernos rabos mientras hablaban con los compradores, o
+aprisionaban sus finos tallos con el hilo, sin que les enterneciera el
+perfume que en son de protesta les arrojaban al rostro.</p>
+
+<p>Un mosaico deslumbrador se extend&iacute;a sobre las mesas. Las azucenas, con
+su t&uacute;nica de blanco raso, ergu&iacute;anse encogidas, medrosas, emocionadas,
+como muchachas que van a entrar en el mundo y estrenan su primer traje
+de baile; las camelias, de color de carne desnuda, hac&iacute;an pensar en el
+tibio misterio del har&eacute;n, en las sultanas de pechos descubiertos,
+voluptuosamente tendidas, mostrando lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de la fina y rosada
+piel; los pensamientos, gnomos de los jardines, asomaban entre el
+follaje su barbuda carita burlona cubierta con la hueca boina de morado
+terciopelo; las violetas coqueteaban ocult&aacute;ndose para que las denunciase
+su olorcillo que parec&iacute;a decir: &laquo;&iexcl;Estoy aqu&iacute;!&raquo;; y la democr&aacute;tica masa de
+flores rojas y vulgares extend&iacute;ase por todas partes, asaltaba las mesas,
+como un pueblo en revoluci&oacute;n, tumultuoso y desbordado, cubierto de
+encarnados gorros.</p>
+
+<p>All&iacute; esperaba Juanito la aparici&oacute;n de T&oacute;nica, que todos los domingos,
+por hallarse libre del trabajo, se encargaba de la compra, evitando esta
+operaci&oacute;n a su compa&ntilde;era, cada vez m&aacute;s falta de vista. Formaban una
+original pareja el hortera endomingado y aquella muchacha, que por estar
+cerca su casa iba de trapillo, sin perder por esto el aire de distinci&oacute;n
+adquirido en la ni&ntilde;ez y llevando su cesta con la desenvoltura de una
+colegiala que comete una travesura.</p>
+
+<p>Hablaron un buen rato en la entrada del mercadillo, sin fijarse en
+miradas maliciosas ni darse cuenta de los rudos encontronazos de la
+multitud; &eacute;l la cargaba con el ramo m&aacute;s hermoso que ve&iacute;a, segu&iacute;ala en su
+correteo por el Mercado, de puesto en puesto, y despu&eacute;s la acompa&ntilde;aba
+hasta su casa, lentamente, saludando a los vecinos de los pisos bajos,
+que consideraban a Juanito como un conocido y se hac&iacute;an lenguas,
+especialmente las mujeres, del &laquo;gancho&raquo; de la costurerilla, una mosquita
+muerta que hab&iacute;a sabido &laquo;pescar&raquo; un novio rico, seg&uacute;n aseguraban los
+mejor informados de la calle.</p>
+
+<p>Juanito, poco a poco, hab&iacute;a logrado estrechar sus relaciones con T&oacute;nica.
+No sub&iacute;a a la casa, eso no; &iquest;qu&eacute; dir&iacute;an los vecinos? pero si le estaba
+vedado entrar en aquella escalerilla, que se le antojaba camino de
+misterioso santuario, pod&iacute;a acompa&ntilde;ar a T&oacute;nica y su amiga los domingos
+por la tarde.</p>
+
+<p>El dependiente hab&iacute;a entablado amistad con Micaela, una criatura
+insignificante que pasaba por el mundo como un fantasma, anulada la
+voluntad, lament&aacute;ndose de no vivir, como en su juventud, en la
+servidumbre dom&eacute;stica. Sent&iacute;a una tierna simpat&iacute;a por aquella mujer casi
+ciega, con sus ojazos claros siempre inm&oacute;viles, como si experimentara
+eterno asombro. Entre el dependiente y ella establec&iacute;ase el lazo de la
+igualdad de caracteres. Los dos eran seres d&eacute;biles, pacientes, sin
+voluntad: acostumbrada ella a la obediencia de la servidumbre,
+supeditado &eacute;l por la adoraci&oacute;n a su madre.</p>
+
+<p>Micaela encontraba aceptables las relaciones entre Juanito y su amiga.
+El dependiente era para ella un ser de casta superior; caus&aacute;bala respeto
+la posici&oacute;n social de su familia; y mientras T&oacute;nica le llamaba por su
+nombre, ella, con sus costumbres de criada antigua, nombr&aacute;bale siempre
+&laquo;se&ntilde;or de Pe&ntilde;a&raquo;, ceremoniosamente, a estilo de comedia.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; tardes tan hermosas las de aquella primavera! Sal&iacute;an de casa a la
+hora en que correteaban por las calles los grupos de criadas, con sus
+faldas almidonadas y al cuello el ondeante pa&ntilde;uelito de seda, seguidas
+por los soldados de caballer&iacute;a, de escandalosas espuelas, torpe paso y
+embarazados por el sable, como si fuese un pesado garrote.</p>
+
+<p>Sus diversiones eran siempre las mismas. Iban donde va la gente que no
+quiere gastar dinero, y se les ve&iacute;a por el pretil del r&iacute;o, camino de
+Monte-Olivete, los dos j&oacute;venes delante, hablando tranquilamente,
+mientras se acariciaban con la mirada, y detr&aacute;s Micaela, con aire de
+inconsciente, abismada en el crep&uacute;sculo eterno que la envolv&iacute;a y
+levantando la cabeza, sin sentir la menor molestia por los rayos del sol
+que se quebraban en sus ojazos hermosos y muertos.</p>
+
+<p>Deten&iacute;anse a contemplar los incidentes del tiro de palomo establecido en
+el cauce del r&iacute;o, pedregoso, inmenso, surcado por unas cuantas venillas
+de agua, que se cruzaban caprichosamente, formando verdes archipi&eacute;lagos.
+La afici&oacute;n meridional al estruendo, el instinto de raza, ansioso de
+correr la p&oacute;lvora, revel&aacute;base en el inmenso corro, donde se contaban las
+escopetas a centenares y el tirador de chaqu&eacute; disparaba junto al
+aficionado de blusa. En el centro del corro los enormes jaulones, donde
+aleteaban inquietos los pajarracos de la Albufera o los pardos palomos,
+estremeci&eacute;ndose a cada descarga, temiendo que les tocase el turno de
+volar por entre la lluvia de plomo; y junto a ellos el h&eacute;roe de la
+fiesta, el <i>colombaire</i>, un mocet&oacute;n despechugado, al aire los b&iacute;ceps de
+h&eacute;rcules, limpi&aacute;ndose el sudor, girando como una peonza, haciendo toda
+clase de muecas y voceando la frase sacramental &laquo;&iexcl;<i>a pacte</i>!&raquo; antes de
+soltar las alas que oprim&iacute;a entre sus manos &iexcl;All&aacute; va...! Y aquello era
+una batalla. Primero el disparo aislado del preferido que paga mejor;
+despu&eacute;s tiroteo graneado; y al fin descargas cerradas, mientras el
+<i>colombaire</i> se agitaba como un energ&uacute;meno, con la fiebre de la
+destrucci&oacute;n, y rug&iacute;a &laquo;&iexcl;<i>a ell</i>, <i>a ell</i>!&raquo; como si su voz fuese el
+ladrido de toda una jaur&iacute;a. El rojizo humo envolv&iacute;a al corro; y arriba,
+en el espacio azul, puro, ideal, deshonrado por un crimen, ve&iacute;ase caer
+al palomo inerte, apelotonado, atravesado por veinte tiros, como un
+miserable pu&ntilde;ado de plumas. Los curiosos, enardecidos por el tiroteo,
+segu&iacute;an con mirada ansiosa al p&aacute;jaro que lograba escapar; interes&aacute;banse
+en las terribles disputas de los cazadores, reclamando todos la misma
+pieza; no se fijaban en la lluvia de perdigones fr&iacute;os que ca&iacute;an en torno
+de ellos; y si &laquo;por casualidad&raquo; se perd&iacute;a un ojo o se sent&iacute;a escozor en
+el cuerpo... &iquest;qu&eacute; iban a hacer? esto entraba en la diversi&oacute;n.</p>
+
+<p>La enamorada pareja segu&iacute;a su paseo, sintiendo a sus espaldas el paso
+leve de la resignada Micaela. En Monte-Olivete sent&aacute;banse en el banco de
+piedra que circunda la ovalada plaza; hench&iacute;ase el moquero de T&oacute;nica de
+cacahuetes y altramuces, y volv&iacute;an a emprender la marcha, siempre por la
+orilla del r&iacute;o, m&aacute;s agreste ahora, con filas de seculares &aacute;lamos y
+verdes ca&ntilde;ares, que se estremec&iacute;an rumorosos al viento con un quejido
+triste.</p>
+
+<p>Andaban, devoraban distra&iacute;damente el contenido del pa&ntilde;uelo. Juanito
+llevaba en su bigote cortezas de cacahuet; y a pesar de esto, los dos se
+sent&iacute;an en un ambiente ideal y caminaban como si no pusiesen los pies en
+el suelo. En el fondo de los ojos de T&oacute;nica ve&iacute;a &eacute;l la reducci&oacute;n del
+paisaje, las verdes charcas del r&iacute;o, los ca&ntilde;ares, la arboleda, el
+azulado cielo; y las nubecillas que resbalaban veloces antoj&aacute;bansele,
+vistas en tal espejo, el alma de su amada, que pasaba y repasaba tras
+las pupilas envuelta en vaporosas vestiduras. &iexcl;Oh, qu&eacute; bien se sent&iacute;a
+caminando junto a la mujer amada, roz&aacute;ndola el codo a la menor
+disigualdad del terreno, aspirando el perfume indefinible de T&oacute;nica,
+distinto de todas las esencias de este mundo! Olvid&aacute;base de todo, de su
+familia, de su porvenir, de la pobre Micaela, que iba a sus espaldas
+rumiando altramuces, y su atenci&oacute;n reconcentr&aacute;base en los ojos negros,
+que a cada momento reproduc&iacute;an un rinc&oacute;n del paisaje; en la blanca y
+sana dentadura, tan hermosa, tan brillante, que al re&iacute;r parec&iacute;a iluminar
+la morena cara de la joven.</p>
+
+<p>Y sin embargo, su conversaci&oacute;n no pod&iacute;a ser m&aacute;s vulgar. T&oacute;nica era un
+esp&iacute;ritu pr&aacute;ctico, que, en medio de sus escapes de pasi&oacute;n, no olvidaba
+el porvenir con todas sus miserias y monoton&iacute;as. Insensible a los
+encantos del paisaje, a la soledad rumorosa que los rodeaba, trazaba
+planes para lo futuro, para cuando fuesen due&ntilde;os de una tienda en el
+Mercado y ella tuviese que desarrollar las facultades de ama de casa. Ya
+ver&iacute;a &eacute;l de lo que era capaz su mujercita. Y la linda costurera, con su
+aire grave de mujer formal, con la misma expresi&oacute;n vaga y so&ntilde;olienta que
+si hablase de amor, marcaba punto por punto el programa de su vida
+futura. Se levantar&iacute;a a la misma hora que &eacute;l, y mientras Juan vigilase
+la limpieza de la tienda, ella ayudar&iacute;a a la criada en &laquo;lo de arriba&raquo;;
+trabajar mucho y ahorrar m&aacute;s, pues esto es lo que da salud; y despu&eacute;s, a
+la hora de comer... &iexcl;qu&eacute; felicidad hablar de los negocios devorando el
+cl&aacute;sico puchero con el buen apetito que da la actividad! Dependientes
+pocos y buenos, tratados como de la familia, comiendo todos en la misma
+mesa, a estilo patriarcal. Y la casa adelante, siempre adelante,
+Queri&eacute;ndose ellos mucho y amasando ochavo tras ochavo la fortuna para la
+vejez, en aquel nido estrecho atestado de fardos y piezas de tela. Esto
+al principio, cuando a&uacute;n no hubiesen novedades y la casa permaneciese
+tranquila y en reposo; pero despu&eacute;s... &iexcl;fig&uacute;rate t&uacute;! vendr&aacute; lo que es
+natural... uno, dos o m&aacute;s, &iquest;qui&eacute;n sabe? Y entonces tendr&aacute; que ver que al
+digno comerciante don Juan Pe&ntilde;a, cuando suba a almorzar, se le cuelguen
+de los brazos unos cuantos angelitos cabezudos, de hinchados mofletes, y
+no le dejen tragar bocado con tranquilidad.</p>
+
+<p>Pero T&oacute;nica se deten&iacute;a, ruboriz&aacute;ndose como si sintiera haber dicho
+demasiado, y miraba a su no vio confusa y avergonzada, mientras &eacute;ste
+buscaba la linda manecita de ella para besarla repetidas veces, sin
+importarle la presencia de Micaela.</p>
+
+<p>La costurera consent&iacute;a estas caricias. Conoc&iacute;a bien a Juanito. No hab&iacute;a
+cuidado que pasase de ellas. Bes&aacute;bale las manos, sin que sus labios
+dejasen la ardorosa huella del deseo contenido, y todo el exceso de
+Juanito consist&iacute;a en morder las duricias de la epidermis producidas por
+el contacto de las tijeras o las rozaduras y pinchazos de la aguja.
+Estas marcas del diario trabajo las adoraba Juanito como cuarteles de
+nobleza, y las yemas de los rosados dedos, ligeramente encallecidas,
+chup&aacute;balas con tanta delicia como si fuesen caramelos.</p>
+
+<p>T&oacute;nica, con dulce coqueter&iacute;a, extend&iacute;a sus manos, dej&aacute;ndoselas besar. Si
+alguna vez, al saltar un ribazo, quedaba al descubierto algo de su
+blanca media, ve&iacute;a c&oacute;mo Juanito volv&iacute;a a otro lado su mirada con cierta
+expresi&oacute;n de sorpresa y disgusto. La quer&iacute;a bien: estaba en el per&iacute;odo
+de la adoraci&oacute;n ext&aacute;tica. T&oacute;nica era para &eacute;l como esas v&iacute;rgenes de
+cabeza hermos&iacute;sima, que bajo la deslumbrante vestidura s&oacute;lo tienen para
+sostenerse tres feos palitroques. &Eacute;l, que en la cocina de su casa
+estremec&iacute;ase hasta la ra&iacute;z de los cabellos al menor roce con las
+fornidas fregonas, nunca hab&iacute;a llegado a pensar que T&oacute;nica ten&iacute;a algo
+m&aacute;s que su gracioso rostro.</p>
+
+<p>Mientras los novios, sentados en los pendientes ribazos, con los ca&ntilde;ares
+a la espalda, hablaban del porvenir, acarici&aacute;ndose castamente, y en
+pleno idilio daban fin al pu&ntilde;ado de altramuces, Micaela permanec&iacute;a
+inm&oacute;vil, con la mirada mate fija en el sol, que, como una bola candente,
+resbalaba por la inmensa seda del cielo sin quemarla, y al acercarse en
+su descenso majestuoso al l&iacute;mite del horizonte, se sumerg&iacute;a en un lago
+de sangre.</p>
+
+<p>Algunas veces, la pobre mujer sonre&iacute;a, como si ante sus ojos moribundos
+pasasen seductoras visiones.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; piensa usted, Micaela?&mdash;preguntaba T&oacute;nica&mdash;. &iquest;Ve usted algo?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hija m&iacute;a; veo el sol, que es lo &uacute;nico que puedo ver.</p>
+
+<p>Pero ment&iacute;a. Ve&iacute;a con los o&iacute;dos. Las palabras de los j&oacute;venes, aquellos
+desahogos de un amor tranquilo, le alegraban, y su fantas&iacute;a poblaba de
+im&aacute;genes las muertas retinas. Ve&iacute;a a la <i>si&ntilde;&aacute;</i> Antonia, la madre de la
+costurera, tal como era quince a&ntilde;os antes, cuando Micaela iba de visita
+a su porter&iacute;a para charlar como antiguas amigas. Pero ahora ya no hac&iacute;a
+calceta, ni aparec&iacute;a dentro de sus ojos patiabierta ante el brasero,
+echando firmas en la lumbre; la ve&iacute;a en el cielo, justamente ganado con
+sufrimientos y miserias, vestida de blanco, como van los
+bienaventurados, y desde all&iacute;, asom&aacute;ndose a una ventana de nubes,
+lanzaba una sonrisa como una bendici&oacute;n sobre los dos j&oacute;venes, que
+parec&iacute;a decir: &laquo;Gracias, Micaela; cu&iacute;damela, sacrif&iacute;cate un poco m&aacute;s, no
+la abandones hasta verla esposa de Juanito, que es un buen muchacho. Yo,
+en agradecimiento, te guardar&eacute; un rinconcito para cuando subas.&raquo;</p>
+
+<p>Y la pobre mujer conmov&iacute;ase tanto al so&ntilde;ar despierta, que las l&aacute;grimas
+titilaban en sus ojos, haciendo brillar las pupilas sin vida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ahora Hora usted...?&mdash;preguntaba T&oacute;nica&mdash;. Pero &iquest;qu&eacute; le pasa?</p>
+
+<p>Nada, absolutamente nada. Se sent&iacute;a feliz y lloraba de alegr&iacute;a, de
+agradecimiento, satisfecha de s&iacute; misma, de la bondad con que la trataba
+Dios.</p>
+
+<p>Juanito miraba con asombro no exento de envidia a la pobre mujer casi
+ciega, que saldr&iacute;a del mundo tan inocente como hab&iacute;a entrado, despu&eacute;s de
+arrastrar la m&aacute;s mon&oacute;tona y abrumadora de las existencias, siempre
+amarrada a la argolla de la domesticidad, sumisa y autom&aacute;tica, y que
+todav&iacute;a sent&iacute;ase dominada por el agradecimiento, como si la vida de
+descanso puramente animal que ahora gozaba fuese una felicidad de que no
+se consideraba digna.</p>
+
+<p>Aquella primavera fue el per&iacute;odo m&aacute;s feliz de la existencia de Juanito.</p>
+
+
+<p>Amaba, era amado, ten&iacute;a fe en el porvenir, sent&iacute;ase a cien leguas de las
+miserias de su familia, y para mayor felicidad, el t&iacute;o don Juan,
+enterado de su noviazgo, lo toleraba, reserv&aacute;ndose dar su aprobaci&oacute;n
+definitiva cuando conociese a T&oacute;nica.</p>
+
+<p>Un domingo, por exigencias de los arrendatarios, tuvo que ir a su huerto
+de Alcira, y pas&oacute; el d&iacute;a como un desterrado, mirando melanc&oacute;licamente
+hacia Valencia y sintiendo un inocente enfurru&ntilde;amiento contra el sol
+porque marchaba despacio, retrasando la hora del regreso. Por la noche,
+&iexcl;con qu&eacute; placer salt&oacute; al and&eacute;n de la estaci&oacute;n, hendiendo a codazos la
+muchedumbre que obstru&iacute;a la salida! Con los zapatos llenos de polvo,
+llevando en las manos dos ramas de naranjo cargadas de bolas de oro que
+esparc&iacute;an fresco perfume, pas&oacute; como un hombre satisfecho de la vida ante
+los revisores y dependientes de Consumos que vigilaban la puerta, y
+corri&oacute; a la calle de Gracia, meti&eacute;ndose en la escalerilla con un
+arranque de audacia que a &eacute;l mismo le causaba asombro. Micaela perdon&oacute;
+al &laquo;se&ntilde;or de Pe&ntilde;a&raquo; esta transgresi&oacute;n de lo pactado, en gracia a su viaje
+y al regalo del ramo de naranjas; y desde aquel d&iacute;a, el enamorado, sin
+abusar de la tolerancia, continu&oacute; sus visitas.</p>
+
+<p>Juanito ya no sent&iacute;a miedo al pensar lo que dir&iacute;a la mam&aacute; cuando
+conociese sus amores. Ten&iacute;a el convencimiento de que ella lo sab&iacute;a todo.</p>
+
+<p>El d&iacute;a de la Virgen fue con T&oacute;nica y su amiga a la primera misa en la
+capilla de los Desamparados. Dentro del templo sonaba la m&uacute;sica; la
+multitud, oprimida en la mezquina rotonda, esparc&iacute;ase por la plaza hasta
+la fuente, adornada con un rid&iacute;culo templete que parec&iacute;a de confiter&iacute;a.
+Todos estaban en actitud reverente, sin ver otra cosa de la misa que las
+obscuras puertas, en cuyo fondo brillaban como chispas de oro las luces
+de los altares, sintiendo en sus descubiertas cabezas el vientecillo de
+primavera, semejante al halago de una mano invisible, tibia y olorosa.
+En esta confusi&oacute;n, cuando Juanito, sacando los codos, guardaba de
+empujones a las dos mujeres, vio a corta distancia a su familia y la
+del se&ntilde;or Cuadros.</p>
+
+<p>Desde las Pascuas que era grande la intimidad entre las dos familias;
+Juanito hab&iacute;a o&iacute;do hablar la noche anterior de cierto plan de
+esparcimiento matutino, como principio de fiesta, por ser los d&iacute;as de
+Amparito. Oir&iacute;an la primera misa en la capilla de los Desamparados,
+porque a do&ntilde;a Manuela, como buena valenciana, le parec&iacute;a que ninguna
+misa del resto del a&ntilde;o val&iacute;a tanto como aqu&eacute;lla y despu&eacute;s tomar&iacute;an
+chocolate en un huerto de fresas, bajo un toldo de plantas trepadoras,
+recre&aacute;ndose el olfato con el olor de los campos de flores y el humillo
+del espeso soconusco.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela vio a su hijo, Juanito la sorprendi&oacute; fijando los ojos en
+T&oacute;nica con expresi&oacute;n curiosa e interrogante. La altiva se&ntilde;ora aparent&oacute;
+despu&eacute;s no haber visto a su hijo; pero al volver a casa, Juanito
+sent&iacute;ase tr&eacute;mulo e inquieto pensando en lo que dir&iacute;a su mam&aacute;, tan amante
+del prestigio de la familia.</p>
+
+<p>Pas&oacute; aquel d&iacute;a y pasaron muchos sin que do&ntilde;a Manuela dijese una palabra
+sobre el noviazgo de su hijo. Este silencio entristec&iacute;a a Juanito en
+ciertos momentos. Ve&iacute;a una vez m&aacute;s hasta d&oacute;nde llegaba el afecto de
+aquella madre a la que idolatraba. Era un paria, un advenedizo de
+procedencia inferior que el azar hab&iacute;a introducido en la familia. Para
+Rafaelito y las hermanas, todas las alianzas eran medianas; pero
+trat&aacute;ndose del hijo de Melchor Pe&ntilde;a, el tendero del Mercado, todo
+resultaba bien. Pod&iacute;a casarse con una criada de la casa, sin que do&ntilde;a
+Manuela sintiera un leve roce en aquella susceptibilidad tan despierta
+para los otros hijos.</p>
+
+<p>La buena se&ntilde;ora lleg&oacute; por fin a darle a entender con palabras sueltas lo
+que &eacute;l se recelaba. Conoc&iacute;a sus amores; se hab&iacute;a informado de qui&eacute;n era
+T&oacute;nica, y no le parec&iacute;a gran cosa; pero si Juanito se mostraba conforme,
+todos contentos. Esta indiferencia anonadaba a Juan; y a pesar de que
+nadie en la casa se preocupaba de sus amor&iacute;os&mdash;pues cuando m&aacute;s, merec&iacute;an
+alguna burla de Amparito&mdash;, sigui&oacute; recat&aacute;ndose, como si temiera las
+maternales censuras.</p>
+
+<p>Desde la noche que subi&oacute; a casa de T&oacute;nica, fue estrechando su intimidad
+con las dos mujeres. Ya se atrev&iacute;a algunas noches a hacerles tertulia
+hasta las diez, y como la presencia de Micaela daba a la conversaci&oacute;n un
+tinte de seriedad, Juanito hablaba del comercio, de los triunfos de la
+Bolsa, de la buena fortuna de su principal, y sobre todo, de don Ram&oacute;n
+Morte, su grande hombre, al que cada vez tributaba una adoraci&oacute;n m&aacute;s
+vehemente.</p>
+
+<p>Si &eacute;l se sintiera con fuerzas bastantes, ser&iacute;a de ellos; ingresar&iacute;a en
+el batall&oacute;n audaz que, guiado por Morte, marchaba de jugada en jugada a
+la conquista de los millones; y dec&iacute;a esto con la fiebre de explotaci&oacute;n
+adquirida en la tienda oyendo a los bolsistas, fiebre que comunicaba a
+las dos mujeres, que le escuchaban como un or&aacute;culo.</p>
+
+<p>La falta de valor era lo que le reten&iacute;a en su posici&oacute;n mediocre; en
+cuanto al &eacute;xito, no era posible dudar. El que ahora no se hac&iacute;a rico,
+era porque no quer&iacute;a serlo. Bastaba un poco de dinero y la sabia
+direcci&oacute;n de Morte para despertar un d&iacute;a millonario.</p>
+
+<p>Y T&oacute;nica le escuchaba con la mirada fija, el entrecejo fruncido, los
+labios apretados, como si dentro de su cabecita se agitase una idea
+tenaz, mientras Micaela abr&iacute;a sus muertos ojazos con la expresi&oacute;n de una
+ni&ntilde;a que oye un cuento de hadas.</p>
+
+<p>Aquellos millones fant&aacute;sticos, saliendo de la boca de Juanito, rodaban
+sobre el pobre tapete de la mesa, parec&iacute;an infundir por la m&iacute;sera
+habitaci&oacute;n un ambiente de aplastante opulencia, algo semejante a la
+sonora vibraci&oacute;n de montones de oro. Y esta conversaci&oacute;n fue repetida un
+d&iacute;a y otro, hasta que Juanito qued&oacute; desconcertado e indeciso ante una
+proposici&oacute;n de las dos mujeres.</p>
+
+<p>Aunque era partidario de las audacias financieras, siempre que pensaba
+en la posibilidad de poner en pr&aacute;ctica sus entusiasmos surg&iacute;an en &eacute;l la
+prudencia y la desconfianza, los escr&uacute;pulos de la rutina comercial, como
+una herencia de raza. Por esto sinti&oacute; cierta inquietud al o&iacute;r a Micaela
+que deseaba dedicar sus ahorros a un negocio tan afortunado. Eran ocho
+mil reales, amasados trabajosamente entre las dos mujeres, ara&ntilde;ados al
+jornal de T&oacute;nica y a la pobre pensi&oacute;n de Micaela, adquiridos a fuerza de
+alimentarse con arroces ins&iacute;pidos los m&aacute;s d&iacute;as de la semana, remendar
+los trajes hasta que se deshilachaban de puros viejos y pasar las
+veladas a obscuras para evitar el gasto de luz.</p>
+
+<p>Juanito dud&oacute;. No le parec&iacute;a mal el prop&oacute;sito. Ya que ten&iacute;a dinero, mejor
+que guardarlo en el fondo del arca era emplearlo como cebo, para que la
+suerte mordiese en &eacute;l. Y repiti&oacute; varias veces esta frase o&iacute;da a su
+principal.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con marcada indecisi&oacute;n&mdash;no s&eacute; hasta qu&eacute; punto
+convendr&aacute; a ustedes exponer un dinero que tanto les cuesta. Don Ram&oacute;n es
+infalible, pero &iquest;qui&eacute;n sabe lo que reserva la suerte...? &iquest;Quieren
+ustedes creerme? Nada de jugadas. Esto queda para mi principal y sus
+amigos, que tienen mucho coraz&oacute;n. Lo mejor es llevarle el dinero al
+se&ntilde;or Morte y rogarle que lo invierta en papel del. Estado. Es un t&iacute;o
+muy largo. Adivina el papel que puede subir y el que va a bajar. S&iacute; &eacute;l
+quiere, el capitalito de ustedes quedar&aacute; bien colocado; cobrar&aacute;n ustedes
+su renta todos los trimestres, y es f&aacute;cil que lo que adquieran por cinco
+valga diez dentro de poco. Quedamos, pues, en que iremos a ver a don
+Ram&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareci&oacute; llenar la
+habitaci&oacute;n, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imagin&aacute;ndolo
+como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se
+divert&iacute;a haciendo ricos a los pobres.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo vamos a ver a don Ram&oacute;n?&mdash;era la pregunta que hac&iacute;an las dos
+mujeres apenas entraba Juanito en la casa.</p>
+
+<p>Y la visita la hicieron una ma&ntilde;ana que T&oacute;nica no ten&iacute;a trabajo y su
+novio pudo abandonar <i>Las Tres Rosas</i>. &iexcl;Qu&eacute; emoci&oacute;n! En la plaza de la
+Reina ya le temblaban las piernas a Micaela, pensando en el arrugado
+papel de estraza que conten&iacute;a los billetes mugrientos, y m&aacute;s a&uacute;n en que
+iba a verse ante aquel se&ntilde;or de quien todos se nac&iacute;an lenguas. Entraron
+en un patio suntuoso, embellecido por la industria m&aacute;s que por el arte
+arquitect&oacute;nico, en el que el escayolado imitaba al m&aacute;rmol y el yeso
+moldeado a m&aacute;quina fing&iacute;a un artesonado antiguo. En el primer tramo de
+la escalera estaba el despacho de don Ram&oacute;n.</p>
+
+<p>La antesala parec&iacute;a de ministerio, y apenas si en los bancos forrados de
+terciopelo quedaba espacio libre para los que iban llegando. Los
+clientes aguardaban con resignaci&oacute;n el turno. Eran curas en su mayor&iacute;a,
+pues don Ram&oacute;n, persona piadosa y amiga de hacer limosnas por mano de la
+Iglesia, figuraba como el banquero del clero, y en las sacrist&iacute;as su
+nombre alcanzaba gran prestigio. Los h&aacute;bitos negros, la discreta media
+luz que filtraba al trav&eacute;s de los cortinajes de los balcones, esfumando
+los adornos de la antesala en una dulce penumbra, y la calma discreta
+que reinaba en toda la casa, daban a &eacute;sta un ambiente conventual de
+profunda paz, dulce y atractivo.</p>
+
+<p>Juanito y las dos mujeres, despu&eacute;s de una hora de espera viendo las
+entradas y salidas de los clientes, que andaban con aire discreto, como
+influidos por aquel ambiente de ser&aacute;fica calma, fueron admitidos a la
+presencia del gran hombre. Atravesaron la oficina, donde media docena de
+pobres diablos plumeaban encorvados, levantando la cabeza para lanzar a
+T&oacute;nica una mirada r&aacute;pida. Abriendo una mampara negra, entraron en el
+despacho, pieza empapelada de obscuro, con estantes de carpetas verdes y
+grandes cromos franceses de santos y santas, que parec&iacute;an acicalados y
+perfumados para asistir a un baile.</p>
+
+<p>All&iacute;, tras la mesa-ministro, sobre la cual todo estaba arreglado con
+nimia pulcritud, mostr&aacute;base el famoso banquero. T&oacute;nica experiment&oacute; una
+decepci&oacute;n. Hab&iacute;alo imaginado majestuoso, imponente, y ve&iacute;a un hombre
+raqu&iacute;tico, amarillento, cargado de espaldas, con la cabeza cana y un
+bigote recortado, que parec&iacute;a despegarse de su rostro clerical. Hablaba
+golpeando cadenciosamente con una mano el dorso de la otra, y sus ojos
+pardos, brillando tras las gafas de oro, eran lo m&aacute;s notable del rostro,
+por su expresi&oacute;n extremadamente bondadosa y atenta. Su facilidad de
+fisonomista le hizo reconocer inmediatamente a Juanito.</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntense ustedes... si&eacute;ntense&mdash;dijo con su voz reposada, que marcaba
+grandes pausas entre s&iacute;laba y s&iacute;laba&mdash;. &iquest;Qu&eacute; hay, pollo? &iquest;Qu&eacute; le trae a
+usted por aqu&iacute;?</p>
+
+<p>El dependiente estaba ruborizado y se expresaba con dificultad,
+impresionado por la mirada del grande hombre.</p>
+
+<p>Don Ram&oacute;n acogi&oacute; con noble modestia las expresiones de confianza de su
+admirador, y pareci&oacute; enternecerse con las pocas palabras de T&oacute;nica y su
+amiga rog&aacute;ndole se dignase aceptar su dinero.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy muy atareado para poder encargarme de los asuntos de los
+dem&aacute;s.... Sin embargo, basta que vengan con este joven, al que aprecio,
+para que me decida a hacer algo por ustedes.... &iquest;Dice usted, ni&ntilde;a, que
+son ocho mil reales? Bueno; pues compraremos Cubas: es el mejor papel.
+Ahora est&aacute;n a noventa y ocho, pero no tardar&aacute;n en subir, se lo aseguro a
+ustedes. Compraremos Cubas.... Yo no afirmo nada, soy como todos y puedo
+equivocarme; pero tal vez... tal vez dentro de un a&ntilde;o doblaremos el
+capitalito. S&iacute; se&ntilde;or; puede que lo doblemos.</p>
+
+<p>Y hablaba sonriendo maliciosamente, golpe&aacute;ndose las manos con expresi&oacute;n
+satisfecha, como si le bastara un simple gui&ntilde;o para que las dos mil
+pesetas se multiplicaran en millones.</p>
+
+<p>Una corriente de entusiasmo parec&iacute;a envolver a los tres visitantes. La
+fiebre de ganancia que les dominaba por las noches al hablar de negocios
+volv&iacute;a a reaparecer. Ahora, T&oacute;nica ya no encontraba tan insignificante a
+don Ram&oacute;n y hasta cre&iacute;a ver en &eacute;l cierta aureola de hombre de genio.</p>
+
+<p>El papel de estraza que conten&iacute;a las privaciones y esperanzas de las dos
+mujeres qued&oacute; sobre la mesa. All&iacute; estaban los ocho mil reales. Pod&iacute;a
+hacer don Ram&oacute;n lo que quisiera. Ellas confiaban en &eacute;l como si fuese su
+padre.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; comprar&eacute; Cubas. El pollo pasar&aacute; por aqu&iacute; cuando guste, para que
+le entere de la marcha del capitalito.</p>
+
+<p>Y don Ram&oacute;n les acompa&ntilde;&oacute; hasta la mampara, cobijando con mirada amorosa
+de padre a sus tres clientes. El dinero quedaba a su espalda, sin
+recibo, sin garant&iacute;a alguna, resguardado por el esp&iacute;ritu de confianza
+inquebrantable que circu&iacute;a la respetable personalidad del banquero
+caritativo.</p>
+
+<p>Al salir los tres, asomaba un nuevo cliente, un hombre de chaqueta y
+gorra, industrial, que hab&iacute;a abandonado un instante su taller para
+alcanzar una palabra del &iacute;dolo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos para arriba&mdash;dijo el banquero alegremente, sin dejarle terminar
+su saludo&mdash;. Su capitalito ha aumentado en un cincuenta por ciento.
+Tiene usted ya treinta mil pesetas.</p>
+
+<p>El hombre, p&aacute;lido de emoci&oacute;n, se conten&iacute;a para no arrojarse al cuello de
+don Ram&oacute;n y com&eacute;rselo a besos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias, muchas gracias! Es usted mi padre. Y para no estorbar al
+grande hombre, huy&oacute;, tr&eacute;mulo por la noticia, pensando en sus hijos y en
+lo que dir&iacute;a su mujer.</p>
+
+<p>Los nuevos clientes de don Ram&oacute;n atravesaron la oficina tan conmovidos
+como el otro. &iexcl;Aquel hombre era un santo! Lo mismo dec&iacute;an los que
+estaban en la antesala, gente menuda, con blusa unos y chaqu&eacute;s ra&iacute;dos
+otros, todos hombres de fe, que llevaban sus ahorros al santuario de la
+honradez, y mientras aguardaban el turno cuchicheaban, haci&eacute;ndose
+lenguas de sus virtudes. Dos d&iacute;as antes, don Ram&oacute;n, al hacer el balance
+del mes, notando que resultaban en su favor quinientas pesetas,
+procedentes sin duda de un error en la cobranza, hab&iacute;a ido a confesar la
+involuntaria falta, entregando la cantidad al cura para que la
+repartiese entre los pobres.</p>
+
+<p>Y la noticia circulando de boca en boca, agrand&aacute;base, llegando a
+arrancar l&aacute;grimas de enternecimiento. &iexcl;Qu&eacute; hombre aqu&eacute;l! No ya el
+dinero, sino la propia sangre se le pod&iacute;a dar con entera confianza.</p>
+
+<p>Micaela y T&oacute;nica, al estar en la calle, lanzaron un suspiro de
+satisfacci&oacute;n. &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Qu&eacute; peso se quitaban de encima!</p>
+
+<p>Hab&iacute;an dudado un poco antes de entregar sus ahorros, pero ahora sent&iacute;an
+una dulce confianza pensando que quedaban arriba, en manos de un hombre
+a quien todos los d&iacute;as nombraban los peri&oacute;dicos con los t&iacute;tulos de
+&laquo;acaudalado y filantr&oacute;pico banquero&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII</h2>
+
+
+<p>La vela del Corpus, con sus anchas listas azules y blancas, sombreaba
+desde los altos m&aacute;stiles la plaza de la Virgen.</p>
+
+<p>La muchedumbre, endomingada, agit&aacute;base en torno de las <i>rocas</i>,
+admirando una vez m&aacute;s las carrozas tradicionales que todos los a&ntilde;os
+sal&iacute;an a luz: pesados armatostes lavados y brillantes, pero con cierto
+aire de vetustez, luciendo en sus traseras, cual partida de bautismo, la
+fecha de construcci&oacute;n: el siglo XVII.</p>
+
+<p>Recordaban aquellas enormes f&aacute;bricas de madera pintada, con su lanza
+semejante a un m&aacute;stil de buque y sus ruedas cual piedras de molino, las
+carrozas sagradas de los &iacute;dolos indios o los carromatos simb&oacute;licos que
+g&uuml;elfos y gibelinos llevaban a sus combates.</p>
+
+<p>La gente pasaba revista con una curiosidad no exenta de ternura a la
+fila de <i>rocas</i>, como si su presencia despertara gratos recuerdos.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba la <i>roca</i> Valencia, enorme ascua de oro, brillante y
+luminosa desde la plataforma hasta el casco de la austera matrona que
+simboliza la gloria de la ciudad; y despu&eacute;s, erguidos sobre los
+pedestales los santos patronos de las otras <i>rocas</i>: San Vicente, con el
+&iacute;ndice imperioso, afirmando la unidad de Dios; San Miguel, con la
+espada en alto, enfurecido, amenazando al diablo sin decidirse a
+pegarle; la Fe, pobre ciega, ofreciendo el c&aacute;liz donde se bebe la calma
+del anulamiento; el Padre Eterno, con sus barbas de lino, mirando con
+torvo ce&ntilde;o a Ad&aacute;n y Eva, ligeritos de ropa como si presintiesen el
+verano, sin otra salvaguardia del pudor que el faldell&iacute;n de hojas; la
+Virgen, con la vestidura azul y blanca, el pelo suelto, la mirada en el
+cielo y las manos sobre el pecho; y al final, lo grotesco, lo
+estramb&oacute;tico, la bufonada, fiel remedo de la simpat&iacute;a con que en pasadas
+&eacute;pocas se trataban las cosas del infierno, la <i>roca Diablera</i>; Pint&oacute;n
+coronado de verdes culebrones, con la roja horquilla en la diestra, y a
+sus pies, asomando entre guirnaldas de llamas y serpientes, los Pecados
+capitales, horribles car&aacute;tulas con lacias y apolilladas gre&ntilde;as, que
+asustaban a los chicuelos y hac&iacute;an re&iacute;r a los grandes.</p>
+
+<p>Y todos estos carromatos, legados de la piedad jocosa de pasadas
+generaciones, eran admirados por el gent&iacute;o, que, con un entusiasmo
+puramente meridional, se regocijaba pensando en la fiesta de la tarde,
+cuando las mu&iacute;as empenachadas se emparejasen en la aguda lanza y los
+carromatos conmoviesen las calles con sordo rodar, exuberantes las
+plataformas de arremangados mocetones disparando una lluvia de confites
+sobre el gent&iacute;o.</p>
+
+<p>As&iacute; como avanzaba la ma&ntilde;ana aumentaba el hormigueo en torno de las
+rocas, que, vistas de lejos, destac&aacute;banse como escollos sobre el oleaje
+de cabezas. El primer sol de verano abrillantaba como espejos las
+barnizadas tablas de los carromatos, doraba los m&aacute;stiles, esparc&iacute;a un
+polvillo de oro en la plaza, daba al gigantesco toldo una transparencia
+acaramelada, y este cuadro levantino, fuerte de luz, dulcific&aacute;base con
+el tono blanco de la muchedumbre, vestida de colores claros y cubierta
+con los primeros sombreros de paja.</p>
+
+<p>A las doce, cuando mayor era la concurrencia, las de Pajares salieron de
+la catedral, devocionario en mano y al pu&ntilde;o el rosario de n&aacute;car y oro.
+Regresaban a casa despu&eacute;s de o&iacute;r misa, y al llegar frente a la
+Audiencia vieron correr la gente, oyendo al mismo tiempo un lejano
+tamborileo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La cabalgata! &iexcl;La cabalgata!&mdash;gritaba la chiquiller&iacute;a corriendo por
+la calle de Caballeros. Y las de Pajares tuvieron que detenerse ante la
+muralla de curiosos agolpados al paso de la cabalgata.</p>
+
+<p>Primero pasaron los portadores de las banderolas, con sus dalm&aacute;ticas de
+seda con las barras aragonesas y altas coronas de lat&oacute;n sobre melenas y
+barbazas de estopa; tras ellos el cura municipal, el famoso &laquo;capell&aacute;n de
+las <i>rocas</i>&raquo;, jinete en brioso caballo encaparazonado de amarillo, el
+manteo de seda descendiendo desde el alzacuello a la cola del caballo, y
+ense&ntilde;ando la limpia y blanca tonsura al saludar con el bonete al p&uacute;blico
+de los balcones. Y segu&iacute;an detr&aacute;s las <i>dansetes</i>, escuadrones de
+piller&iacute;a disfrazada con mugrientos trajes de turcos y catalanes, indios
+y valencianos, sonando roncos panderos e iniciando pasos de baile; las
+banderas de los gremios, trapos gloriosos con cuatro siglos de vida,
+pendones guerreros de la revolucionaria menestral&iacute;a del siglo xvi; la
+sacra leyenda, tan confusa como conmovedora, de la huida a Egipto; los
+Pecados capitales, con estramb&oacute;ticos trajes de puntas y colorines, como
+bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con
+el estramb&oacute;tico nombre de la <i>Moma</i>; los Reyes Magos, haciendo prodigios
+de equitaci&oacute;n; heraldos a caballo; jardineros municipales a pie, con
+grandes ramos; carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como
+un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las
+dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las
+bandas.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s, presidiendo la comitiva, como muda invitaci&oacute;n hecha al p&uacute;blico
+para asociarse a la fiesta, iban en las carrozas municipales media
+docena de se&ntilde;ores de frac, tendidos en los blasonados almohadones,
+llevando sobre el vientre, como emblema concejil, la roja cincha y
+saludando al p&uacute;blico con un sombrerazo protector.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Atr&aacute;s, ni&ntilde;as!&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela a sus hijas&mdash;. &iexcl;Atr&aacute;s, que vienen
+esos brutos!</p>
+
+<p>Los brutos eran los de la <i>deg&ograve;lla</i>: un pelot&oacute;n de ga&ntilde;anes con la cara
+tiznada, gabanes de arpillera con furias pintadas, y coronados de
+hierba, que cerraban la marcha, repartiendo zurriagazos entre los
+curiosos que ocupaban la primera fila con sus garrotes de lienzo, m&aacute;s
+ruidosos que ofensivos.</p>
+
+<p>Las de Pajares dejaron que se alejase la cabalgata con su estruendo de
+tamboriles y dulzainas y siguieron su marcha por las calles cubiertas
+con espesa capa de arena para el paso de las rocas.</p>
+
+<p>A la hora de la comida lleg&oacute; Andresito a casa de las de Pajares. Lo
+enviaban sus papas para hacer el ofrecimiento de todos los a&ntilde;os. Ya se
+sab&iacute;a que el balc&oacute;n de <i>Las Tres Rosas</i> era el mejor del Mercado.
+Adem&aacute;s, los se&ntilde;ores de Cuadros ten&iacute;an gran satisfacci&oacute;n en recibir a sus
+amigos; y m&aacute;s a&uacute;n ahora que el afortunado bolsista hab&iacute;a amueblado a
+gusto de los tapiceros, y con una brillantez vulgar propia de caf&eacute; o de
+fonda, sus habitaciones, antes tan l&oacute;bregas como desmanteladas.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela y las ni&ntilde;as aceptaron con entusiasmo el ofrecimiento. &iexcl;Vaya
+si ir&iacute;an! Y la viuda de Pajares, que tan mal hab&iacute;a hablado de Teresa, su
+antigua criada, hac&iacute;a ahora elogios de ella como si fuese una amiga de
+la infancia.</p>
+
+<p>A las tres sal&iacute;a la familia con direcci&oacute;n al Mercado.</p>
+
+<p>Concha y Amparito llamaban la atenci&oacute;n con sus vestidos de vivos colores
+y las capotitas de paja, que hac&iacute;an lucir sobre su cabeza toda una
+pradera de flores y musgo. La mam&aacute; las contemplaba por la espalda,
+experimentando la satisfacci&oacute;n orgullosa de un artista. Obra suya era
+aquel lujo, y hab&iacute;a que reconocer que las ni&ntilde;as sab&iacute;an lucirlo. Pero
+&iexcl;ay, Dios! estremec&iacute;ase al pensar lo que aquello le costaba y las
+terribles intranquilidades del porvenir, &iexcl;Siempre el dinero como eterna
+pesadilla, amarg&aacute;ndole la existencia, a ella que tanto hab&iacute;a gastado!</p>
+
+<p>Juanito las dej&oacute; a la puerta de <i>Las Tres Rosas</i>, para ir en busca de su
+novia, y ellas, al subir a las habitaciones de los se&ntilde;ores de Cuadros,
+encontr&aacute;ronse con una tertulia formada por todos los amigos de la casa:
+familias de bolsistas y comerciantes retirados, que imitaban torpemente
+los ademanes y gestos que hab&iacute;an podido copiar por las tardes en la
+Alameda, paseando en sus carruajes por entre los de la antigua
+aristocracia. Hablaban de las modas del verano, &laquo;de lo que iba a
+llevarse&raquo;, mientras los hombres, formando grupo cerca de los balcones,
+daban en su conversaci&oacute;n eternas vueltas en torno del cuatro por ciento
+interior y de los billetes hipotecarios de Cuba.</p>
+
+<p>La esposa de Cuadros, que respond&iacute;a a sus amigas con sonrisas de conejo
+y parec&iacute;a muy preocupada por pensamientos tristes y misteriosos,
+abalanz&oacute;se a do&ntilde;a Manuela, salud&aacute;ndola con apretado abrazo y sonoros
+besos. Parec&iacute;a una desesperada que encuentra al fin el medio de
+salvaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos que hablar, do&ntilde;a Manuela&mdash;le dijo al o&iacute;do&mdash;. No, ahora no;
+despu&eacute;s se lo contar&eacute; todo. &iexcl;Ay, si usted supiera...!</p>
+
+<p>Mientras tanto, las ni&ntilde;as de Pajares, las de L&oacute;pez el famoso bolsista y
+otras amiguitas posesion&aacute;banse de los balcones, convirti&eacute;ndolos en
+pajareras con su charla graciosa y sus ruidosas risas.</p>
+
+<p>La plaza era un mar multicolor de cabezas. Los balcones estaban
+adornados con antiguas colgaduras de s&oacute;lidos colores, las bocacalles
+vomitaban sin cesar nuevos grupos en el compacto gent&iacute;o, y los p&aacute;jaros
+que anidaban en los &aacute;rboles del Mercado hu&iacute;an ante la granujer&iacute;a que,
+montada en las ramas, silbaba y gritaba a los de abajo, con la confianza
+del que est&aacute; en su propia casa. El sol de verano caldeaba la
+muchedumbre, por entre la cual paseaban las chiquillas despeinadas y en
+chanclas, con el c&aacute;ntaro en la cadera, pregonando el agua fresca, y los
+mocetones de brazos herc&uacute;leos y arremangados, con pa&ntilde;uelo de seda en la
+cabeza, sosteniendo a pulso las pesadas heladoras y ofreciendo a gritos
+la horchata y el agua de cebada.</p>
+
+<p>Ya hab&iacute;an sonado las cuatro. En los balcones abr&iacute;anse, como flores
+gigantescas, sombrillas de brillantes colores, agit&aacute;banse grandes
+abanicos con aleteo de p&aacute;jaro, y abajo la muchedumbre remov&iacute;ase
+inquieta, chocando con las apretadas filas de sillas que orlaban el
+arroyo.</p>
+
+<p>Son&oacute; un rugido a un extremo de la plaza, e inmediatamente fue contestado
+por un griter&iacute;o general.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya est&aacute;n ah&iacute;...! &iexcl;ya est&aacute;n ah&iacute;!</p>
+
+<p>Y hubo empellones, codazos, remolinos de cabezas, empujando todos al que
+estaba delante para ver mejor.</p>
+
+<p>A lo lejos, empeque&ntilde;ecida por la distancia, apareci&oacute; la primera <i>roca</i>,
+en torno de la cual, como jinetes liliputienses, hac&iacute;an caracolear sus
+caballos los soldados encargados de abrir paso. Un alegre cascabeleo
+dominaba los ruidos de la plaza y las voces en&eacute;rgicas del postill&oacute;n en
+traje de la huerta, que gritaba &laquo;&iexcl;<i>arre</i>! &iexcl;<i>arre</i>!&raquo; manejando con rara
+maestr&iacute;a una docena de ramales.</p>
+
+<p>Las <i>rocas</i>, una tras otra, fueron desfilando por la plaza, produciendo
+cada una de ellas una verdadera revoluci&oacute;n. Trotaban, arrastrando los
+pesados armatostes, las docenas de mu&iacute;as gordas y lustrosas salidas de
+las cuadras de los molinos, con los rabos encintados, las cabezas
+adornadas con vistosas borlas y entre las orejas tiesos y ondulantes
+penachos. Cogidos a sus bridas corr&iacute;an los criados de los molineros,
+atletas de ligera alpargata, despechugados y con los brazos al aire,
+que, a la voz de &laquo;&iexcl;alto!&raquo;, se colgaban de las cabezadas, haciendo parar
+en seco a las briosas bestias. Colgando de las traseras de los
+carromatos balance&aacute;banse racimos de chicuelos, que al menor vaiv&eacute;n ca&iacute;an
+en la arena, saliendo milagrosamente de entre las patas de los caballos.
+En las plataformas iban los de la Lonja, tratantes en trigo, molineros,
+gente campechana y amiga del estruendo, que, en mangas de camisa,
+botonadura de diamantes y gruesa cadena de oro en el chaleco, arrojaban
+a los balcones con la fuerza de proyectiles los ramilletes h&uacute;medos y
+los cartuchos de confites duros como balas, con m&aacute;s almid&oacute;n que az&uacute;car.</p>
+
+<p>Cada <i>roca</i> esparc&iacute;a el terror y el regocijo a un tiempo. La movible
+bater&iacute;a de brazos disparaba ruidosa metralla, cubriendo el aire de
+objetos; los cristales ca&iacute;an rotos, y hasta las persianas quedaban
+desvencijadas bajo la granizada de confites.</p>
+
+<p>En los balcones, las se&ntilde;oritas cubr&iacute;anse el rostro con el abanico,
+temerosas al par que satisfechas de que las acribillasen con tan
+brutales obsequios. Abajo estaban los bravos, que por un chich&oacute;n m&aacute;s o
+menos no quer&iacute;an mostrar miedo e insultaban a los de las <i>rocas</i> cuando
+se agotaban los proyectiles, hasta que aqu&eacute;llos les arrojaban a la
+cabeza los cestones vac&iacute;os. Cada vez que ca&iacute;a un cartucho o un ramo
+sobre la gente, mil manos se levantaban ansiosas, origin&aacute;ndose disputas
+por su posesi&oacute;n.</p>
+
+<p>Pas&oacute; por fin la &uacute;ltima <i>roca</i>, la <i>Diablura</i>, donde iba la gente de
+trueno, m&aacute;s atroz en sus obsequios y tenaz en proporcionar ganancias a
+los almacenes de cristales, y la calma se restableci&oacute; en la plaza,
+comenzando a aclararse el gent&iacute;o.</p>
+
+<p>En casa de Cuadros, las se&ntilde;oras, cansadas de permanecer tanto tiempo de
+pie en los balcones, iban en busca de los mullidos asientos de las
+salas. En un balc&oacute;n, completamente solas, estaban do&ntilde;a Manuela y la
+se&ntilde;ora de Cuadros, cobij&aacute;ndose ambas bajo la misma sombrilla, afectando
+mirar a los transe&uacute;ntes y hablando en voz baja con tono grave y
+misterioso.</p>
+
+<p>La viuda de Pajares mostr&aacute;base maternal y daba consejos a su amiga con
+cierta altiva superioridad. Vamos a ver, ya estaban solas. &iquest;Qu&eacute; era
+aquello? &iquest;Alg&uacute;n disgusto de familia? Pod&iacute;a hablar con entera franqueza,
+pues ya sab&iacute;a el gran inter&eacute;s que le inspiraba todo lo de su casa. Pero
+do&ntilde;a Manuela, a pesar de su superioridad, no pudo ocultar la sorpresa
+que le produjo conocer la verdad.</p>
+
+<p>&iexcl;Vaya con el se&ntilde;or de Cuadros! &iexcl;Qui&eacute;n iba a imaginarse una cosa as&iacute;...!
+Todos los hombres son lo mismo. No hay que fiarse de ellos, y m&aacute;s si han
+sido tranquilos en su juventud, pues ya es sabido que &laquo;el que no la
+hace a la entrada la hace a la salida&raquo;. Lo mismo le hab&iacute;a ocurrido a
+ella con el doctor. Se cas&oacute;, creyendo que un hombre grave, que tan
+enamorado se mostraba, no pod&iacute;a serle infiel; y sin embargo, ya ten&iacute;a
+ella que contar de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de matrimonio.</p>
+
+<p>&mdash;Ni Santa Rita de Casia, amiga Teresa, sufri&oacute; tanto como yo con aquel
+hombre endemoniado. En fin, usted ya lo sabe.... Pero cuente usted. A lo
+que estamos, que lo m&iacute;o ya pas&oacute; y a nadie interesa.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela, como persona inteligente en el asunto, escuchaba la
+relaci&oacute;n de la pobre Teresa, que balbuceaba y ten&iacute;a que hacer esfuerzos
+para no llorar. Por la ma&ntilde;ana lo hab&iacute;a descubierto todo. Bien es verdad
+que ya recelaba algo, en vista del despego con que la trataba su
+Antonio. Pero &iquest;qui&eacute;n pod&iacute;a imaginarse que aquel hombre se atreviera a
+tanto? Ella le cre&iacute;a ocupado &uacute;nicamente en ganar dinero para su casa; y
+aquella ma&ntilde;ana, al limpiar una de sus chaquetas, hab&iacute;a encontrado en el
+bolsillo interior una carta que le cost&oacute; gran trabajo leer, porque ella
+no estaba fuerte en estas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y de qui&eacute;n era?&mdash;pregunt&oacute; la viuda con curiosidad ansiosa.</p>
+
+<p>&mdash;De una tal Clarita. Pero &iexcl;qu&eacute; carta, do&ntilde;a Manuela! &iexcl;Qu&eacute; cosas tan
+indecentes hab&iacute;a en ella! Parece imposible que hombres honrados y con
+hijos puedan leer tales porquer&iacute;as.</p>
+
+<p>Y la pobre mujer ruboriz&aacute;base, mostrando en su cara nacida y lustrosa de
+monja enclaustrada la misma expresi&oacute;n de verg&uuml;enza que si fuese ella la
+autora de la carta.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qui&eacute;n es esa Clarita? &iexcl;Valiente apunte ser&aacute; la tal...!</p>
+
+<p>&mdash;Aguarde usted; apenas me enter&eacute; de todo sent&iacute; ganas de irme a la cama,
+donde todav&iacute;a estaba Antonio, para ara&ntilde;arle.... No se r&iacute;a usted, do&ntilde;a
+Manuela; hubiera querido ser hombre, para hacer una barbaridad.... &iexcl;Pero
+una vale tan poco...! Adem&aacute;s, cuando se es honrada y se quiere al
+marido, se le tiene respeto y no se atreve una a ciertas cosas. Antonio
+sabe mucho y es capaz de hacerme ver que lo blanco es negro.</p>
+
+<p>Y la buena Teresa, a pesar de su encono, sent&iacute;ase dominada por la
+admiraci&oacute;n que profesaba a su marido, aquel modelo, &laquo;aunque le estuviera
+mal el decirlo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; hizo usted?</p>
+
+<p>&mdash;Lo primero que se me ocurri&oacute; fue averiguar qui&eacute;n era la tal Clarita, y
+como en su carta le encargaba <i>al m&iacute;o</i> que fuese a ver al due&ntilde;o de su
+casa para pagarle un trimestre, indic&aacute;ndole d&oacute;nde vive ese se&ntilde;or, fui
+all&aacute; esta ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de o&iacute;r misa, y supe que la tal inquilina est&aacute;
+en la calle del Puerto, en un entresuelito que le han ido pagando en
+diferentes &eacute;pocas otros se&ntilde;ores de la Bolsa tan imb&eacute;ciles como mi
+Antonio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no averigu&oacute; usted m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buena soy yo para dejarme las cosas a medio hacer! Fui tambi&eacute;n a la
+calle del Puerto, hice hablar a la portera, y... &iexcl;ay, do&ntilde;a Manuela, qu&eacute;
+cosas supe! Parece imposible que se consienta la vida de unas mujeres
+as&iacute;. La tal Clarita es una perdida, &iquest;sabe usted, do&ntilde;a Manuela? Lo repito
+tal como me lo dijo aquella mujer. &iexcl;V&aacute;lgame Dios, y qu&eacute; cosas me cont&oacute;!
+Toda la calle se fija en ella y se burla de su lujo y sus pretensiones.
+La portera me dijo que hace dos a&ntilde;os vend&iacute;a g&eacute;neros de punto aqu&iacute;, en el
+Mercado; pero ahora se da el tono de una princesa y habla de su mam&aacute;,
+una <i>tianga</i> que cuando no le da un duro le chilla desde el patio y arma
+esc&aacute;ndalo para que se entere toda la calle. &iexcl;Ay, do&ntilde;a Manuela! &iexcl;Que mi
+marido se haya metido en semejante podredumbre...! Porque si usted la
+viera, se asombrar&iacute;a de que los hombres puedan caer en tal tentaci&oacute;n. La
+portera me la ense&ntilde;&oacute; estando en su balconcito, con una bata muy lujosa,
+que bien puedo decir que me la ha robado a m&iacute;. &iexcl;Y era fea, do&ntilde;a Manuela,
+muy fea! Huesos y pellejo nada m&aacute;s; pero con unos ojos de desvergonzada,
+que es sin duda lo que les gusta a los hombres.... &iexcl;Mi Antonio, un
+hombre tan serio, con esa mala piel! &iexcl;Ay, do&ntilde;a Manuela de mi alma, yo
+creo que me va a dar algo!</p>
+
+<p>Y la pobre mujer, no pudiendo resistir m&aacute;s, cubr&iacute;ase con el abanico los
+lacrimosos ojos, mientras do&ntilde;a Manuela le recomendaba la serenidad.</p>
+
+<p>&mdash;No llore usted, Teresa; eso es lo que le gustaba al m&iacute;o. Los hombres
+gozan haci&eacute;ndonos padecer. Todo menos llorar. Cuando usted hable con
+Antonio, mu&eacute;strese seria y altiva. Nada de cari&ntilde;o; si no, los muy pillos
+se esponjan y se engr&iacute;en.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hablarle yo? No se&ntilde;ora. No tengo valor para tanto. Adem&aacute;s, tiemblo al
+pensar lo que ocurrir&iacute;a en esta casa si yo hablase. &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;a mi
+pobre Andresito? &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a don Eugenio, que es la honradez
+personificada? Y la verdad es que deb&iacute;a hablar a mi marido para abrirle
+los ojos, pues aunque resulte un malvado en casa, es un tonto fuera de
+ella. Esa mujer le enga&ntilde;a y se burla de &eacute;l. Me lo ha dicho la portera y
+lo sabe toda la calle. Antonio es quien sostiene los gastos de la casa;
+pero cuando &eacute;l no est&aacute; entran como visitas los corredores j&oacute;venes, toda
+la poller&iacute;a de la Bolsa, que se burla de mi marido. &iexcl;Ay, Se&ntilde;or, qu&eacute;
+verg&uuml;enza! &iexcl;Y ese hombre tan satisfecho y tan tranquilo, sin acordarse
+de que tiene mujer y un hijo y que su nombre es muy respetado en la
+plaza...!</p>
+
+<p>Teresa gimoteaba tras el abanico, y do&ntilde;a Manuela, a pesar de su
+curiosidad, en fuerza de mirar a la plaza acab&oacute; por distraerse.</p>
+
+<p>Comenzaban los preparativos de la procesi&oacute;n. Las bandas militares
+atronaban las calles inmediatas con sus ruidosos pasodobles, y rompiendo
+el gent&iacute;o pasaban los regimientos, con los uniformes cepillados y
+brillantes, moviendo airosamente al comp&aacute;s de la marcha los rojos
+pompones de gala y las bayonetas, doradas por los &uacute;ltimos resplandores
+del sol.</p>
+
+<p>Pasaban los invitados a la procesi&oacute;n caminando apresuradamente, muy
+satisfechos de atraer la atenci&oacute;n de la embobada muchedumbre: unos de
+frac, luciendo condecoraciones raras; otros con uniforme de Maestranzas
+y &Oacute;rdenes de caballer&iacute;a, vestimentas extra&ntilde;as, con el sombrero apuntado
+y la casaca de vistosos colorines, que daban a sus poseedores el
+aspecto de p&aacute;jaros ex&oacute;ticos.</p>
+
+<p>Las dos amigas volvieron a reanudar su conversaci&oacute;n. Do&ntilde;a Manuela, con
+aire maternal, daba consejos a la desconsolada esposa: ella, en lugar de
+Teresa, dar&iacute;a un disgusto al esposo infiel ech&aacute;ndole en cara su
+conducta.... &iquest;Que no se atrev&iacute;a? Pues esto es lo que ella hac&iacute;a con el
+difunto doctor Pajares.... En fin, cada una tiene su car&aacute;cter.</p>
+
+<p>Pero Teresa, aunque daba por muy acertadas todas las palabras de su
+amiga, asust&aacute;base ante la suposici&oacute;n de tener que re&ntilde;ir al marido por su
+conducta. &iexcl;Ah, si ella tuviera una persona que se interesase por su
+suerte y la de la casa, qu&eacute; gran favor le har&iacute;a encarg&aacute;ndose de
+sermonear a aquel hombre que, a pesar de sus bigotazos y sus palabras
+campanudas, se dejaba enga&ntilde;ar como un ni&ntilde;o! &iexcl;Qu&eacute; obra tan caritativa
+lograr que aquel hombre alejado de los afectos de la familia volviese a
+ser buen padre y buen marido!</p>
+
+<p>Y Teresa miraba ansiosamente a su altiva amiga al formular tales deseos.
+No necesit&oacute; m&aacute;s do&ntilde;a Manuela. Ella se encargaba de ser esa persona que,
+velando por la moral de la familia, devolviese el marido infiel a los
+brazos de la esposa resignada. Y la viuda se crec&iacute;a al hacer tales
+ofrecimientos, adoptando una actitud teatral y asegurando que realizar&iacute;a
+tal conquista, aunque para ello necesitase de alg&uacute;n tiempo.</p>
+
+<p>Las dos mujeres, ya que no pudieron abrazarse en su rapto de
+enternecimiento, por hallarse en el balc&oacute;n, se estrecharon conmovidas
+las manos, y as&iacute; estuvieron largo rato, hasta que vinieron a sacarlas de
+su triste arrobamiento los gritos de las j&oacute;venes que ocupaban el balc&oacute;n,
+inmediato.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La procesi&oacute;n! &iexcl;Ya est&aacute; ah&iacute; la procesi&oacute;n! A este grito, las se&ntilde;oras
+mayores abandonaron las butacas de la sala, para apelotonarse en los
+balcones, teniendo a sus espaldas a los caballeros, que de vez en cuando
+se alzaban sobre las puntas de los pies para ver mejor.</p>
+
+<p>En el extremo de la plaza aparecieron las banderolas con las rojas
+barras de Arag&oacute;n, y sonaron dulzainas pausada y majestuosamente, ta&ntilde;endo
+las melanc&oacute;licas danzas del tiempo de los moriscos. Detr&aacute;s iban los
+<i>enanos</i>, con sus enormes cabezas de cart&oacute;n, que miraban a los balcones
+con los ojos mortecinos y sin brillo. Y entre el repique de las
+casta&ntilde;uelas y redoble de los atabales, avanzaban las cuatro parejas de
+<i>gigantes</i>, enormes mamarrachos cuyos peinados llegaban a los primeros
+pisos y que danzaban dando vueltas, hinch&aacute;ndose sus faldas como un
+colosal paraca&iacute;das.</p>
+
+<p>Entraron en la plaza las banderas de los gremios, llevando en su remate
+la imagen del santo patr&oacute;n del oficio; y era de ver el entusiasmo con
+que aplaud&iacute;a el p&uacute;blico los prodigios de equilibrio de los portadores
+sosteni&eacute;ndolas enhiestas sobre la palma de la mano, movi&eacute;ndolas a comp&aacute;s
+del redoble de los enormes y viejos tambores que hac&iacute;an sonar los toques
+de los tercios obreros en la guerra de las German&iacute;as.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s comenz&oacute; la parte mon&oacute;tona de la procesi&oacute;n. Un desfile de m&aacute;s de
+cien im&aacute;genes con sus correspondientes cofrad&iacute;as y asilos; m&aacute;s de un
+millar de cabezas que pasaban por debajo de los balcones con la raya
+partida y el pelo aceitoso o rizado. Al comp&aacute;s de los valses o marchas
+f&uacute;nebres que entonaban las bandas, contone&aacute;banse los devotos cirio en
+mano; y el desfile de santos continuaba, lento, mon&oacute;tono, aplastante:
+unos, desnudos, con las carnes ensangrentadas y sin otra defensa del
+pudor que unas ligeras enag&uuml;illas; otros, vestidos con pesados ropajes
+de pedrer&iacute;a y oro. Pasaban los m&aacute;rtires con el rostro contra&iacute;do por un
+gesto de fiero dolor, los m&iacute;sticos con los brazos extendidos y los ojos
+velados por el &eacute;xtasis de la felicidad; y tan pronto aparec&iacute;a un santo
+con dorada mitra o rizada sobrepelliz, como luc&iacute;a otro sobre su cabeza
+el acerado casco de guerrero.</p>
+
+<p>La multitud se arremolin&oacute;, movida por el regocijo, y exclamaciones de
+alegre curiosidad salieron de muchas bocas. Desfilaba la parte grotesca
+de la procesi&oacute;n, conservada por el esp&iacute;ritu tradicional como recuerdo
+de las &eacute;pocas m&aacute;s religiosas de nuestra historia, que un&iacute;an siempre el
+regocijo a la devoci&oacute;n.</p>
+
+<p>En larga fila, contestando a las cuchufletas y carcajadas del gent&iacute;o con
+burlescos saludos, aparec&iacute;an las figuras m&aacute;s salientes del gran poema
+b&iacute;blico. David, con corona de lat&oacute;n, barba de crin y el floreado manto
+barriendo los adoquines, avanzaba pulsando los bramantes de su arpa de
+madera; No&eacute;, encorvado como un arco, apoyado convulsivamente en su
+bastoncillo, ense&ntilde;aba el palomo que llevaba en su diestra a aquella
+muchedumbre que re&iacute;a locamente ante esta caricatura de la vejez; detr&aacute;s
+ven&iacute;a Josu&eacute;, un mozo de cordel vestido de centuri&oacute;n romano, apuntando
+con una espada enmohecida a un sol de hoja de lata y caminando a grandes
+zancadas como un p&aacute;jaro raro; y cerraban el desfile las hero&iacute;nas
+b&iacute;blicas, las mujeres fuertes del Antiguo Testamento, que salvaban al
+pueblo de Dios cortando cabezas o perforando sienes con un clavo,
+representadas todas ellas por mancebos barbilampi&ntilde;os, embadurnadas las
+mejillas con albayalde y bermell&oacute;n y vestidos con trajes de odaliscas.
+Su paso produc&iacute;a esc&aacute;ndalo. Las mujeres sonre&iacute;an, y no faltaban chuscos
+que requebraban a aquellos mamarrachos, como si realmente fuesen j&oacute;venes
+disfrazadas.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s ven&iacute;a la parte seria e interesante de la procesi&oacute;n, y el
+alboroto del gent&iacute;o ces&oacute; instant&aacute;neamente.</p>
+
+<p>Desfilaban los cleros parroquiales con sus &aacute;ureas cruces; los
+seminaristas con la frente baja y los ojos en el suelo, cruzadas las
+manos sobre el pecho; y en toda la extensi&oacute;n de la plaza, a la luz de
+los cirios, que brillaban con m&aacute;s fuerza en el crep&uacute;sculo, ve&iacute;anse dos
+filas interminables de deslumbrante blancura, compuestas por los rizados
+roquetes y las albas de ricas blondas. Entre esta oleada de blanca
+espuma, pasaban llevadas en andas las reliquias en sus ricas urnas, las
+im&aacute;genes de plata con una ventana en el pecho, tras cuyo vidrio
+marc&aacute;base confusamente el cr&aacute;neo del bienaventurado.</p>
+
+<p>Luego volv&iacute;a a reanudarse la parte teatral de la solemnidad. Todas las
+extraordinarias visiones del so&ntilde;ador de Patmos, cuantas alucionaciones
+hab&iacute;a consignado el evangelista Juan en su Apocalipsis, pasaban ante el
+gent&iacute;o, sin que es Le, despu&eacute;s de contemplarlas tantos a&ntilde;os, adivinase
+su significaci&oacute;n. Desfilaban los veinticuatro ancianos con albas
+vestiduras y blancas barbas, sosteniendo enormes blandones que
+chisporroteaban como hogueras, escupiendo sobre el adoquinado un
+chaparr&oacute;n de ardiente cera; segu&iacute;anles las doradas &aacute;guilas, enormes como
+los c&oacute;ndores de los Andes, moviendo inquietas sus alas de cart&oacute;n y
+talco, conducidas por jayanes que, ocultos en su gigantesco vientre,
+s&oacute;lo mostraban los pies calzados con zapatos rojos; y cerraba la marcha
+el apostolado, todos los compa&ntilde;eros de Jes&uacute;s, con trajes de roper&iacute;a, en
+los que eran m&aacute;s las manchas de cera que las lentejuelas; e intercalados
+entre ellos, ni&ntilde;os con hachas de viento, vestidos como los indios de las
+&oacute;peras, pero con aletas de lat&oacute;n en la espalda, para certificar que
+representaban a los &aacute;ngeles.</p>
+
+<p>La procesi&oacute;n estaba ya en su &uacute;ltima parte. Desfilaban los invitados, una
+avalancha de cabezas calvas o peinadas con exceso de cosm&eacute;tico, una
+corriente incesante de pecheras combadas y brillantes como corazas, de
+negros fracs, de condecoraciones an&oacute;nimas y de un brillo escandaloso, de
+uniformes de todos los colores y hechuras, desde la casaca y el espad&iacute;n
+de n&aacute;car del siglo pasado hasta el traje de gala de los oficiales de
+marina. Los papanatas asombr&aacute;banse ante las casacas blancas y las cruces
+rojas de los caballeros de las &oacute;rdenes militares, honrados y pac&iacute;ficos
+se&ntilde;ores, panzudos los m&aacute;s de ellos, que hac&iacute;an pensar en el aprieto en
+que se ver&iacute;an si por un misterioso retroceso de los tiempos tuvieran que
+montar a caballo para combatir a la morisma infiel.</p>
+
+<p>La muchedumbre permanec&iacute;a embobada. El aparato religioso, las im&aacute;genes
+de plata, los cleros entonando sus himnos a voces solas, las
+interminables cofrad&iacute;as, no la hab&iacute;an impresionado tanto como este
+continuo desfile de grandezas humanas; y sus ojos se iban deslumbrados
+tras las fajas de los generales, las placas que centelleaban como soles,
+los bordados de caprichoso arabesco, las empu&ntilde;aduras cinceladas y
+brillantes y las bandas de moar&eacute; que cruzaban los pechos como un arroyo
+ondeante de colorines.</p>
+
+<p>Arriba, en los balcones, la curiosidad se&ntilde;alaba con el dedo a los
+personajes conocidos que se mostraban a la luz de los cirios, y las
+cabezas erguidas de algunos invitados cruzaban saludos con las se&ntilde;oras,
+sin perder por esto el gesto de gravedad propio de las circunstancias.</p>
+
+<p>Acerc&aacute;base el ep&iacute;logo de la procesi&oacute;n. Sonaba a lo lejos la grave
+melopea de la marcha solemne y religiosa que entonaba la banda militar.
+Las cornetas de los regimientos formados en la carrera bat&iacute;an marcha; y
+mientras los soldados requer&iacute;an su fusil para inclinarse al paso del
+Sacramento, la muchedumbre agit&aacute;base para ganar un palmo de terreno
+donde hincar las rodillas.</p>
+
+<p>Estallaban luces de colores, y a su resplandor, tan pronto blanco como
+rojo, ve&iacute;anse a lo lejos, terminando la doble fila de cirios, los
+sacerdotes con capas de oro, manejando los incensarios, con un continuo
+choque de cadenillas de plata, en el fondo de una nube de azulado y
+oloroso humo; sobre ella, agit&aacute;ndose dorado y tembloroso entre sus
+deslumbrantes varas, el palio, que avanzaba lentamente, y bajo la
+movible tienda de seda, como un sol asomando entre nubes de perfumes, la
+deslumbrante custodia, que hac&iacute;a bajar las cabezas, como si nadie
+pudiera resistir la fuerza de su brillo.</p>
+
+<p>El po&eacute;tico aparato del culto cat&oacute;lico impon&iacute;ase a la muchedumbre con
+toda su fuerza sugestiva. Las mujeres llev&aacute;banse las manos a los ojos,
+humedecidos sin saber por qu&eacute;, y las viejas golpe&aacute;banse con furia el
+pecho, entre suspiros de agonizante, lanzando un &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or, Dios m&iacute;o!&raquo; que
+hac&iacute;a volver con inquietud la cabeza a los m&aacute;s pr&oacute;ximos.</p>
+
+<p>Ca&iacute;a de los balcones una lluvia de p&eacute;talos de rosa, volaba el talco como
+nube de vidrio molido, estallaban luces de colores en todas las
+esquinas, y entre el perfume del incienso, el agudo reclamo de las
+cornetas, la grave lamentaci&oacute;n de la m&uacute;sica, la melanc&oacute;lica salmodia de
+los sacerdotes y el infantil balbuceo de las campanillas de plata,
+avanzaba el palio abrumado por la lluvia de flores, iluminado por el
+resplandor de incendio de las bengalas; y el sol de oro, mostr&aacute;ndose en
+medio de tal aparato, enloquec&iacute;a a la muchedumbre levantina, pronta
+siempre a entusiasmarse por todo lo que deslumbra, e inconscientemente,
+lanzando un rugido de asombro, empuj&aacute;banse unos a otros, como si
+quisieran coger con sus manos el &aacute;ureo y sagrado astro, y los soldados
+que guardaban el palio ten&iacute;an que empujar rudamente con sus culatas para
+conservar libre el paso.</p>
+
+<p>&laquo;Aquello entusiasmaba, abr&iacute;a el coraz&oacute;n a la esperanza&raquo;; y por esto el
+se&ntilde;or Cuadros, que desde que era tan afortunado en la Bolsa se permit&iacute;a
+tener ideas conservadoras, murmur&oacute; como un or&aacute;culo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y a&uacute;n dicen que no hay fe! Por fortuna, la religi&oacute;n de nuestros
+padres vive y vivir&aacute; siempre. Aqu&iacute; quisiera ver yo a los imp&iacute;os. La
+religi&oacute;n es lo &uacute;nico que puede contener a toda esa gente de abajo.</p>
+
+<p>Los otros bolsistas aprobaban con movimientos de cabeza, y su esposa le
+mir&oacute; con asombro y esc&aacute;ndalo al mismo tiempo. Sin duda pensaba en
+Clarita, no pudiendo comprender c&oacute;mo faltaba a sus deberes un hombre que
+dec&iacute;a cosas tan sensatas y dignas de respeto.</p>
+
+<p>Tras el palio, la gente admiraba un nuevo grupo de capas de oro, sobre
+las cuales sobresal&iacute;a la puntiaguda mitra y el brillante b&aacute;culo.
+Despu&eacute;s, ajustando sus pasos al comp&aacute;s de la marcha musical, desfilaban
+los rojos fajines y los portacirios de plata de los concejales; y por
+fin, con un tr&aacute;nsito obscuro de la luz a la sombra, pasaba la negra
+masa de la tropa, en la cual los instrumentos de m&uacute;sica lanzaban
+amortiguados destellos y los filos de las bayonetas y los sables
+brillaban como hilillos de luz.</p>
+
+<p>Cuando ya la procesi&oacute;n hab&iacute;a salido de la plaza y la escolta de
+caballer&iacute;a conmov&iacute;a el adoquinado con su sordo pataleo, los se&ntilde;ores de
+Cuadros y sus amigos abandonaron los balcones, entrando en el sal&oacute;n,
+profusamente iluminado.</p>
+
+<p>Las burguesas de exuberantes carnes y respiraci&oacute;n angustiosa dej&aacute;banse
+caer en los mullidos sillones, fatigadas por tan largo plant&oacute;n, mientras
+las ni&ntilde;as correteaban o volv&iacute;an como distra&iacute;das a los balcones, para ver
+si en la obscura plaza, perfumada de incienso, permanec&iacute;a a&uacute;n el grupito
+de adoradores.</p>
+
+<p>&mdash;Pasen ustedes&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Teresa rodando en torno de sus amigas, que
+no se decid&iacute;an a abandonar los asientos&mdash;. Hagan ustedes el favor de
+seguirme. Vamos al comedor; all&iacute; hace m&aacute;s fresco.</p>
+
+<p>Todos adivinaban lo que significaba tal invitaci&oacute;n. &iexcl;Oh, no se&ntilde;ora;
+muchas gracias! Ellos no pod&iacute;an permitir tantas molestias. Pero las
+mamas abandonaron, sus asientos perezosamente, estir&aacute;ndose el arrugado
+cuerpo del vestido de seda; y seguidas por las ni&ntilde;as, fueron al comedor,
+donde ya estaban el se&ntilde;or Cuadros y sus amigos.</p>
+
+<p>&iexcl;Magn&iacute;fica sorpresa! Todos los a&ntilde;os se repet&iacute;a, y no hab&iacute;a nadie entre
+los invitados que no la esperase. Pero hab&iacute;a que repetir la frase
+sacramental, las excusas de r&uacute;brica, y mientras todos aseguraban que no
+ten&iacute;an sed y preguntaban con enfado a los due&ntilde;os de la casa por qu&eacute; se
+molestaban, la lengua, seca por el calor, parec&iacute;a pegarse al paladar, y
+los ojos se iban tras las tazas de filete dorado que conten&iacute;an el
+humeante chocolate, las anchas copas azules, sobre las cuales ergu&iacute;an
+los sorbetes sus torcidas monteras rojas o amarillas, y las maqueadas
+bandejas cubiertas de dulces. Hab&iacute;a que resignarse y no hacer un desaire
+a los se&ntilde;ores de la casa. Y a los pocos minutos ya estaban
+amigablemente en torno de la mesa, con el mantel cubierto de migajas de
+bizcocho, las j&iacute;caras de chocolate vac&iacute;as y clavando barquillos en las
+entra&ntilde;as de los sorbetes.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela hablaba con el se&ntilde;or Cuadros, Teresa la hab&iacute;a colocado
+junto a su marido, con la esperanza de lograr su catequizaci&oacute;n. Aquella
+se&ntilde;ora, que tanto sab&iacute;a y tan grande experiencia hab&iacute;a adquirido en las
+miserias matrimoniales, era su &uacute;nica esperanza.</p>
+
+<p>La viuda hablaba con su antiguo dependiente, sonriendo. &iexcl;C&oacute;mo hab&iacute;a
+cambiado aquel hombre! Do&ntilde;a Manuela, experta conocedora, notaba en &eacute;l
+cierto atrevimiento, como el muchacho que se emancipa de la autoridad
+maternal y se lanza en plena vida de locuras.</p>
+
+<p>La viuda, siempre sonriente, se asombraba de sus frases de doble
+sentido, de los gui&ntilde;os picarescos con que acompa&ntilde;aba sus palabras, y
+hasta le parec&iacute;a &iexcl;oh poder de la ilusi&oacute;n! que hab&iacute;a en su persona un
+perfume extra&ntilde;o que comenzaba a crispar los nervios de do&ntilde;a Manuela,
+algo del ambiente de aquella mala piel de la calle del Puerto, que el
+protector se hab&iacute;a tra&iacute;do sin duda a su hogar honrado.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Teresa, sin dejar de atender a los convidados y de
+abrumarles con obsequios, no quitaba los ojos de su marido y de la
+bondadosa amiga. Do&ntilde;a Manuela experimentaba una profunda conmiseraci&oacute;n
+cada vez que se fijaba en la pobre esposa. &iexcl;Bueno estaba su marido para
+intentar conversiones! El se&ntilde;or Cuadros era un hombre perdido para
+siempre, un hambriento que hab&iacute;a gustado el fruto prohibido, tras muchos
+a&ntilde;os de vida obscura y laboriosa, sin saber lo que era juventud y
+trabajando como una bestia de carga. Antes morir&iacute;a que hallarse saciado.
+Nada podr&iacute;a adelantar su esposa alej&aacute;ndolo de Clarita. Los calaveras
+cincuentones resultan terribles por su candidez, y aunque los a&iacute;slen,
+son capaces de enamorarse de la criada de la casa.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela afirm&aacute;base a&uacute;n m&aacute;s en esto al notar lo que ocurr&iacute;a en
+torno de ella. &iquest;De qui&eacute;n era aquel pie que debajo de la mesa pisaba el
+suyo? &iquest;Qu&eacute; rodilla era la que tan audazmente acariciaba su falda de
+seda? Del se&ntilde;or Cuadros, de aquel honrado padre de familia que
+contestaba a sus palabras con melosos gestos y parec&iacute;a medirla de arriba
+abajo con sus ojos encandilados.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre Teresa! Tal vez se imaginaba que las palabras de do&ntilde;a Manuela
+conmov&iacute;an al descarriado, haci&eacute;ndole entrar en el camino del
+arrepentimiento; no adivinaba ni aun remotamente que su marido, por una
+aberraci&oacute;n extra&ntilde;a, en la que entraba por mucho el amor propio,
+comenzaba a entusiasmarse con la belleza algo marchita de la esposa de
+su antiguo principal.</p>
+
+<p>La viuda sent&iacute;ase molestada por tales audacias; agit&aacute;base nerviosa en su
+asiento, pero callaba y segu&iacute;a sonriendo. Pensaba en que la situaci&oacute;n
+impon&iacute;a disimulo, y que la amistad del matrimonio Cuadros le era muy
+necesaria para salvarla en sus apuros de se&ntilde;ora en decadencia, acosada
+por las deudas. Adem&aacute;s, el porvenir de su hija, de su Amparito, estaba
+all&iacute;, y la viuda lanzaba una mirada de ansiedad maternal al extremo de
+la mesa, donde estaba la ni&ntilde;a junto a Andresito, recibiendo con gestos
+de gatita mimosa los dulces y las palabras de su novio.</p>
+
+<p>Tras media hora de sobremesa, se disolvi&oacute; la reuni&oacute;n. Los hombres iban
+en busca de sus sombreros y las se&ntilde;oras besuque&aacute;banse al despedirse,
+murmurando todas el mismo saludo:</p>
+
+<p>&mdash;Hasta el a&ntilde;o que viene. Que Dios nos conserve a todos la salud, para
+ver la procesi&oacute;n.</p>
+
+<p>Fueron desfilando todas las familias, y al fin quedaron solas las de
+Pajares, que esperaban a Juanito o Rafael para que las acompa&ntilde;ase a
+casa.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Cuadros segu&iacute;a acosando a do&ntilde;a Manuela &Eacute;sta se hab&iacute;a levantado,
+huyendo de las audaces intimidades por debajo de la mesa, pero el
+bolsista la segu&iacute;a para continuar su conversaci&oacute;n. Ahora los dos estaban
+junto a Teresa, y el marido s&oacute;lo se permit&iacute;a frases amables y recuerdos
+sobre la gran amistad que siempre hab&iacute;a unido a las dos familias.</p>
+
+<p>&mdash;Los chicos tardar&aacute;n en venir&mdash;dijo don Antonio&mdash;. Rafael estar&aacute; con
+sus amigos; y en cuanto a Juanito, le atraen obligaciones ineludibles.
+Me han dicho que ahora tiene novia y est&aacute; loco por ella. &iexcl;La juventud!
+&iexcl;Oh, qu&eacute; gran cosa! Ya conozco yo eso, &iquest;verdad, Teresa?</p>
+
+<p>Y como si presintiese lo que pensaba su mujer y quisiera apaciguarla de
+antemano, lanzaba a la obesa se&ntilde;ora una mirada de ternura, como un
+hombre honrado y de costumbres intachables recordando su tranquila luna
+de miel.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estaba admirada. Decididamente, la tal Clarita hab&iacute;a
+cambiado a aquel hombre. Era un tuno. Y en vez de indignarse por la
+crueldad con que ment&iacute;a e intentaba enga&ntilde;ar a su mujer, la viuda
+comenzaba a encontrarlo simp&aacute;tico, viendo en &eacute;l como una resurrecci&oacute;n de
+su segundo marido, de aquel doctor calavera al que tanto hab&iacute;a amado.</p>
+
+<p>&mdash;Si ustedes quieren, las acompa&ntilde;aremos Andresito y yo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela, animada por un instinto pudoroso, intent&oacute; excusarse.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; Antonio las acompa&ntilde;ar&aacute;&mdash;se apresur&oacute; a decir Teresa.</p>
+
+<p>Ya la pobre mujer la rogaba con su mirada que aceptase, como si fuese
+para ella una esperanza que su marido prolongase la conversaci&oacute;n con la
+viuda. &iexcl;Qui&eacute;n sabe cu&aacute;ntas cosas pod&iacute;a decir do&ntilde;a Manuela al marido
+infiel!</p>
+
+<p>No hubo medio de excusarse. Las de Pajares salieron acompa&ntilde;adas por
+Andresito y don Antonio, sigui&eacute;ndolas con su vista ansiosa la cr&eacute;dula
+Teresa. &iexcl;Dios m&iacute;o, que se ablandara el coraz&oacute;n de aquel hombre, para que
+no la martirizase escandalizando a la familia y los amigos!</p>
+
+<p>Abajo, en la cerrada tienda, encontraron a don Eugenio, siempre con la
+gorrita de seda, el cual acogi&oacute; con gesto hura&ntilde;o a su antiguo
+dependiente. Las de Pajares y sus dos acompa&ntilde;antes siguieron por una
+acera del Mercado. Delante, las dos ni&ntilde;as con Andresito; Concha
+malhumorada y ce&ntilde;uda porque en todo el d&iacute;a no hab&iacute;a visto al elegante
+Roberto, y Amparo muy satisfecha de poder lucir un novio, para molestia
+de su hermana. Detr&aacute;s, el se&ntilde;or Cuadros dando el brazo a do&ntilde;a Manuela,
+apret&aacute;ndola intencionadamente el codo sobre su cadera cada vez que
+soltaba una palabrita atrevida y contone&aacute;ndose como un invencible
+conquistador.</p>
+
+<p>Fue algo m&aacute;s que acompa&ntilde;ar a las de Pajares lo que hicieron el padre y
+el hijo. Subieron con ellas, permanecieron de visita m&aacute;s de una hora,
+cant&oacute; Amparito para obsequiar a su futuro suegro, y cuando salieron a la
+calle, el padre y el hijo marchaban como compa&ntilde;eros unidos
+fraternalmente por una com&uacute;n empresa.</p>
+
+<p>S&oacute;lo hab&iacute;an transcurrido algunos meses, pero estaban ya lejanos para
+Cuadros aquellos tiempos en que el tendero de costumbres tranquilas y
+rutinarias se indignaba al saber que su hijo iba a los bailes y le
+esperaba tras la puerta empu&ntilde;ando fieramente la vara de medir.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>IX</h2>
+
+
+<p>A las cuatro de la tarde entraban las de Pajares en el paseo de la
+Alameda.</p>
+
+<p>Era domingo, y la animaci&oacute;n ruidosa y expansiva de los d&iacute;as festivos
+inundaba la acera izquierda del paseo. El tiempo era hermoso: una tarde
+de verano, con el cielo limpio de nubes, y en lo m&aacute;s alto, como un jir&oacute;n
+de vapor tenue y apenas visible, la luna, esperando pacientemente que le
+llegase el turno para brillar. Las largas filas de rosales, los macizos
+de plantas, toda esa jardiner&iacute;a mutilada y corregida por las tijeras del
+hortelano, reverdec&iacute;a con el soplo c&aacute;lido de la tarde y se cubr&iacute;a de
+flores, uniendo sus simples perfumes a la estela de esencias que dejaban
+las se&ntilde;oras tras su paso.</p>
+
+<p>Por el arroyo central daban vueltas y m&aacute;s vueltas, como arcaduces de
+noria, los carruajes alineados en interminable rosario. Las torres de
+los guardas ergu&iacute;an sus caperuzas de barnizadas tejas por encima de los
+&aacute;rboles, y a los dos extremos del paseo, empeque&ntilde;ecidas por la
+distancia, destac&aacute;banse sobre el verde fondo las monumentales fuentes
+con sus figuras mitol&oacute;gicas ligeras de ropa. Era la hora en que el paseo
+adquir&iacute;a su aspecto m&aacute;s brillante. A todo galope de los briosos caballos
+bajaban carretelas y berlinas, y por las aceras del paseo desfilaban
+lentamente, con paso de procesi&oacute;n, las familias endomingadas. Los verdes
+bancos no ten&iacute;an ni un asiento libre. Un zumbido de avispero sonaba en
+el paseo, tan silencioso y desierto por las ma&ntilde;anas, y algunas familias
+ingenuas conversaban a gritos, provocando la sonrisa compasiva de los
+que pasaban con la mano en la flamante chistera, saludando con r&iacute;gidos
+sombrerazos a cuantas cabezas asomaban por las ventanillas de los
+carruajes.</p>
+
+<p>Lo que atra&iacute;a la atenci&oacute;n de todos era el desfile incesante de coches,
+s&iacute;mbolos de felicidad y bienestar en un pa&iacute;s donde el af&aacute;n de
+enriquecerse no tiene m&aacute;s deseo que no ir a pie como los dem&aacute;s mortales.</p>
+
+<p>Piafaban los caballos con la boca llena de espuma, esparciendo en torno
+el pajizo olor de las cuadras, y de vez en cuando un relincho contagiaba
+a toda la l&iacute;nea de brutos briosos, que parec&iacute;an contestar con nerviosos
+pataleos a este llamamiento de libertad. Los cocheros, enfundados en sus
+blancos levitones, exhib&iacute;an desde lo alto de los pescantes, sus caras
+afeitadas y carrilludas de c&oacute;micos obesos o p&aacute;rrocos bien conservados, y
+miraban con cierto desprecio a toda aquella muchedumbre que les obligaba
+a pasar unas cuantas horas de tedio. En la larga fila de veh&iacute;culos
+estaba el antiguo faet&oacute;n, balance&aacute;ndose sobre sus muelles como una
+enorme caja f&uacute;nebre y encerrando en su acolchado interior toda una
+familia, incluso la nodriza; la ligera berlina, con sus ruedas rojas o
+amarillas; la carretela, como una g&oacute;ndola, meci&eacute;ndose a la menor
+desigualdad del suelo, y la galerita ind&iacute;gena, transformaci&oacute;n elegante
+de la tartana y s&iacute;mbolo de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a, que, detenida en mitad
+de su metamorfosis social, tiene un pie en el pueblo, de donde procede,
+y otro en la aristocracia, hacia donde va.</p>
+
+<p>Parec&iacute;a existir una barrera invisible e infranqueable entre la gente que
+paseaba a pie y aquellas cabezas que asomaban a las ventanillas,
+contray&eacute;ndose con una sonrisa siempre igual cuando recib&iacute;an el saludo
+de las personas conocidas. Grupos de jinetes mezclados con j&oacute;venes
+oficiales de caballer&iacute;a caracoleaban por entre los carruajes,
+tendi&eacute;ndose algunas veces sobre el cuello de sus cabalgaduras para
+hablar al trav&eacute;s de una portezuela. Las de Pajares contemplaban con
+nostalgia de desterradas el paso de los carruajes. &iexcl;Gran Dios, qu&eacute;
+tarde! &iexcl;Se acordar&iacute;an de ella toda la vida! Era la primera vez que iban
+a pie a la Alameda. Las ni&ntilde;as, a pesar de sus elegantes trajes, cre&iacute;an
+que todos se fijaban en ellas para sonre&iacute;r compasivamente, y do&ntilde;a
+Manuela marchaba erguida, con altivez dolorosa, poco m&aacute;s o menos como
+Napole&oacute;n en Santa Elena despu&eacute;s de la denota. La viuda present&iacute;a su
+ruina. Ya no eran las deudas y los apuros pecuniarios las amarguras de
+la vida; ahora, la fatalidad, seg&uacute;n ella dec&iacute;a, complac&iacute;ase en agobiarla
+con nuevos golpes, quitando a la familia los escasos medios que la
+restaban para sostener su prestigio.</p>
+
+<p>Aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a sido de prueba para las de Pajares. Nelet el
+cochero subi&oacute; muy alarmado a dar cuenta a sus se&ntilde;oras de que el caballo
+estaba enfermo. El suceso no era para tomarlo a risa. No se trataba de
+un c&oacute;lico vulgar, y la pobre bestia, sostenedora inconsciente del
+prestigio de la familia, revolc&aacute;base abajo, en la obscura y h&uacute;meda
+cuadra, quedando panza arriba y con las patas agitadas por un temblor
+convulsivo. La situaci&oacute;n fue rid&iacute;cula y conmovedora. Tantos a&ntilde;os de
+servicios hab&iacute;an establecido cierto afecto entre las se&ntilde;oras y la brava
+bestia, que era considerada casi como de la familia. Do&ntilde;a Manuela,
+recogi&eacute;ndose la cola de su bata teatral, baj&oacute; a la cuadra, no pasando de
+la puerta por miedo al caballo, que se revolcaba furioso.</p>
+
+<p>Llamaron al mejor veterinario de la ciudad; pero el caballo no mejoraba,
+y por la tarde desvaneci&eacute;ronse las ilusiones que ten&iacute;an las ni&ntilde;as de
+pasear en carruaje. Casi adquirieron la certeza de que el pobre caballo
+no saldr&iacute;a de la enfermedad. &iquest;Qu&eacute; iban a hacer ellas cuando se vieran
+confundidas entre las cursis que paseaban a pie por la Alameda? &iquest;Qu&eacute;
+dir&iacute;an las amigas al ver que transcurr&iacute;a el tiempo y la hermosa
+galerita, de que tan orgullosas estaban, permanec&iacute;a arrinconada en la
+cochera? Porque las dos, aunque su mam&aacute;, por no entristecerlas, las
+ocultaba el estado de la casa, ten&iacute;an pleno conocimiento de los apuros
+de la familia y estaban seguras de la imposibilidad de reemplazar el
+viejo pero brioso caballo por otro que valiese tanto como &eacute;l.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de comer, la madre y las hijas sent&aacute;ronse en el sal&oacute;n, y all&iacute;
+permanecieron m&aacute;s de una hora, silenciosas, hura&ntilde;as y malhumoradas. El
+d&iacute;a era magn&iacute;fico; pero no, no saldr&iacute;an: primero monjas que el mundo se
+enterase de su decadencia, de sus privaciones tan h&aacute;bilmente ocultadas.</p>
+
+<p>Pero las tres no pod&iacute;an resignarse a pasar un d&iacute;a dentro de casa.
+Adem&aacute;s, por los balcones entraba el sol y soplaba un aire cargado de
+perfume irritante del verano. Pensaban involuntariamente en los verdes
+campos, en el paseo exuberante de gent&iacute;o, en el placer de andar
+lentamente bajo las ladeadas sombrillas, viendo caras nuevas y
+contestando al saludo de los amigos; y por fin, la madre y las hijas no
+pudieron resistir m&aacute;s y comenzaron a vestirse.</p>
+
+<p>&mdash;No hay que ser tan escrupulosas&mdash;dijo do&ntilde;a Manuela&mdash;. Todos nos
+conocen, y porque un d&iacute;a nos vean salir a pie no van a imaginarse que
+nos falta el carruaje. Vamos, ni&ntilde;as, &iexcl;a paseo!</p>
+
+<p>Y salieron de casa con el prop&oacute;sito de ir a cualquier parte menos a la
+Alameda. Pero el paseo las atra&iacute;a; no sab&iacute;an adonde ir, y al fin,
+insensiblemente, sin ponerse de acuerdo, encamin&aacute;ronse all&aacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; tardecita pasaron las de Pajares! Exteriormente fueron las de
+siempre; las ni&ntilde;as contestaron con mohines graciosos a los saludos de
+los amigos, y la mam&aacute;, altiva y majestuosa, cobij&aacute;ndolo todo con su
+mirada de protecci&oacute;n. Pero en su interior &iexcl;cu&aacute;ntos tormentos! Si alguna
+amiga las saludaba desde su carruaje con expresi&oacute;n cari&ntilde;osa, las tres
+cre&iacute;an adivinar cierto asomo de l&aacute;stima, y enrojec&iacute;an bajo la capa de
+blanquete que cubr&iacute;a sus mejillas. Si una persona conocida se deten&iacute;a a
+saludarlas, ellas, a tuertas o a derechas, y muchas veces las tres a un
+tiempo, se apresuraban a decir que hab&iacute;an salido a pie en vista de la
+hermosura de la tarde; y segu&iacute;an mirando con nostalgia y despecho la
+larga fila de carruajes, experimentando la misma impresi&oacute;n de nuestros
+b&iacute;blicos padres ante las puertas del Para&iacute;so cerradas para siempre.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, &iexcl;qu&eacute; recuerdos tan penosos! A las tres las obsesionaba la
+enfermedad del caballo, como si &eacute;ste fuese de la familia. Estaban
+arrepentidas de haber salido de casa; sent&iacute;an la falsa esperanza de los
+que se interesan por un enfermo y creen que permaneciendo a su lado
+aceleran la curaci&oacute;n. Saludaban a derecha y a izquierda; deten&iacute;anse a
+estrechar manos, cambiando palabras sobre el tiempo o sobre los trajes
+que m&aacute;s luc&iacute;an en el paseo; pero sus miradas iban inconscientemente a
+detenerse en aquellos caballos que pasaban a pocos pasos de ellas; y en
+todos, bien fuese por el color, por la cabeza o por la grupa,
+encontraban cierto parecido con el otro que ocupaba su memoria.</p>
+
+<p>Tuvieron en aquella tarde encuentros muy penosos. Andresito, el hijo de
+Cuadros, pas&oacute; por entre las dos filas de carruajes montando el enorme
+caballote que le hab&iacute;a comprado su padre. Buscaba a la novia para ir
+escolt&aacute;ndola, luciendo sus habilidades h&iacute;picas en torno de su carruaje.
+El gesto de inocente sorpresa que hizo al verlas a pie, confundidas
+entre la cursiler&iacute;a dominguera, fue una verdadera pu&ntilde;alada para las tres
+mujeres.</p>
+
+<p>Todo her&iacute;a su susceptibilidad. Roberto del Campo, que iba con algunos
+amigos, las salud&oacute; con la m&aacute;s seductora de sus sonrisas; pero ellas
+creyeron distinguir en sus labios una ir&oacute;nica expresi&oacute;n. Indudablemente,
+aquel trasto de Rafaelito hab&iacute;a relatado a Roberto lo del caballo.
+Estaban seguras de que todo el paseo conoc&iacute;a el desagradable suceso,
+adivinando lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s. Y cegadas por la vanidad herida,
+recordando sin duda las burlas que ellas hab&iacute;an dirigido a otras
+familias, turb&aacute;banse por momentos, creyendo ver miles de ojos rijos en
+ellas y que las se&ntilde;oras desde los carruajes las sonre&iacute;an desde&ntilde;osamente,
+como si fuesen criadas disfrazadas. Hasta llegaron a pensar con
+escalofr&iacute;os de terror si a sus espaldas las se&ntilde;alar&iacute;an irrisoriamente
+con el dedo. Y siempre el maldito caballo ocupando su pensamiento,
+vi&eacute;ndolo con los ojos de la imaginaci&oacute;n tal como estaba en su cuadra al
+salir ellas de paseo, panza arriba, estirando convulsivamente las patas.
+Las tres llevaban dentro de s&iacute;, como implacable enemigo, su propio
+pensamiento, que las hac&iacute;a ver la burla y la l&aacute;stima en todas partes, y
+hasta creyeron algunas veces que personas conocidas fing&iacute;an distracci&oacute;n
+por no saludarlas.</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos, ni&ntilde;as&mdash;dijo la mam&aacute; con una expresi&oacute;n en que vibraban el
+dolor y la c&oacute;lera&mdash;; vamos a casa a ver c&oacute;mo est&aacute; &laquo;aquello&raquo;. Hoy el
+paseo est&aacute; muy cursi.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as apoyaron a la mam&aacute; con gesto de aprobaci&oacute;n. Era verdad, muy
+cursi; y las tres emprendieron una retirada desastrosa, anonadadas,
+vencidas, como si acabasen de sostener una batalla con la consideraci&oacute;n
+p&uacute;blica, quedando derrotadas y maltrechas. Al subir la rampa del puente
+del Real tuvieron que apartarse del borde de la acera, limpi&aacute;ndose con
+los pa&ntilde;uelos de blonda el polvo que levantaban las ruedas de un
+carruajillo descubierto que corr&iacute;a con velocidad insolente, arroll&aacute;ndolo
+todo.</p>
+
+<p>Era la &uacute;ltima sorpresa. El se&ntilde;or Cuadros, tirando de las riendas para
+refrenar su veloz caballo y agitando el l&aacute;tigo, las saludaba desde lo
+alto de aquella c&aacute;scara de nuez montada sobre ruedas.</p>
+
+<p>A su lado iba Teresa, desbordando sus carnes blanduchas sobre el
+banquillo de terciopelo azul, moviendo con cierta incomodidad su cabeza,
+como si le molestase la capota, recargada de rosas y follaje, regalo de
+su marido.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta la noche.... Adi&oacute;s, ni&ntilde;as. Esta noche ir&eacute; a ver a ustedes.</p>
+
+<p>Y Teresa enviaba una sonrisa sin expresi&oacute;n a su antigua se&ntilde;ora, como
+suplicando que no abandonase la tarea de catequizar a su esposo.</p>
+
+<p>&iexcl;Buena estaba do&ntilde;a Manuela para tales indicaciones! Sab&iacute;a lo que
+significaban las asiduas visitas, unas veces por la tarde y otras por la
+noche, que la hac&iacute;a aquel cincuent&oacute;n; pero no pensaba ahora en eso. El
+encuentro hab&iacute;a acabado de trastornarla. Sus antiguos criados en
+carruaje, ensuci&aacute;ndola con el polvo de las ruedas, y ella, la hija de un
+millonario, la viuda del doctor Pajares, a pie y humillada por unas
+gentes a las que siempre hab&iacute;a tratado con cierto desprecio. Jam&aacute;s hab&iacute;a
+imaginado que pudiera ocurrir aquello. Agobiada por las deudas, esperaba
+la ca&iacute;da, pero no tan honda y lastimosa para su dignidad.</p>
+
+<p>Esto era demasiado fuerte para poder resistirlo. Y la pobre mujer, toda
+susceptibilidad y orgullo, sinti&oacute; que algo caliente se agolpaba a sus
+ojos, y hubo de hacer esfuerzos para no llorar. Su paso acelerado era
+una verdadera fuga. Hu&iacute;an del paseo, de aquel lujo que algunos d&iacute;as
+antes era su elemento y ahora les parec&iacute;a un verdadero insulto.</p>
+
+<p>Cuando entraron en la plazuela donde viv&iacute;an, la vista de su casa, que
+con el portal&oacute;n entornado, los balcones cerrados y la fachada
+obscurecida por la &uacute;ltima luz de la tarde ten&iacute;a cierto aspecto f&uacute;nebre,
+hizo revivir en la memoria de las tres el recuerdo del caballo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;C&oacute;mo estar&aacute; el pobre <i>Brillante</i>? Tan vehemente era su
+inter&eacute;s por la salud de la bestia, que hasta acariciaban la absurda
+esperanza de una extra&ntilde;a reacci&oacute;n, de un milagro que las permitiera
+tener el carruaje disponible para el d&iacute;a siguiente. Arrastradas por la
+rutina, hasta sent&iacute;an tentaciones de rezar por el pobre animal. Algo
+hab&iacute;a en ellas de cari&ntilde;o, de agradecimiento por todo lo pasado; pero lo
+que predominaba era el ansia de recobrar su categor&iacute;a de &laquo;se&ntilde;oras de
+coche&raquo;, sin la cual se cre&iacute;an deshonradas.</p>
+
+<p>Al entrar en el patio, dirigi&eacute;ronse rectamente a la cuadra. Pasaron
+rozando la abandonada galerita, que, oculta bajo su funda de lienzo,
+s&oacute;lo mostraba las ruedas, ligeras, amarillas y finas como las de un
+juguete; y despu&eacute;s de asomar su cabeza con cierta zozobra por la puerta
+de la cuadra, entraron en el antro obscuro y maloliente, recogi&eacute;ndose
+las faldas y hundiendo sus elegantes botinas en la blanda y h&uacute;meda capa
+de esti&eacute;rcol.</p>
+
+<p>Era un espect&aacute;culo extra&ntilde;o. A la luz de un farolillo colocado junto al
+pesebre, los trajes azul y rosa de las ni&ntilde;as, sus sombreritos de flores,
+las joyas relumbrantes de la mam&aacute;, causaban el efecto de una aparici&oacute;n
+sobrenatural, que contrastaba con las paredes sucias, el techo
+empavesado de polvorientas telara&ntilde;as, los montones de esti&eacute;rcol y el
+olor punzante y molesto de cuadra sucia. Tan escasa era la claridad, que
+do&ntilde;a Manuela se dio un golpe contra la hoz clavada en la pared para
+cortar la hierba, y pasaron algunos momentos antes que las tres mujeres
+distinguieran a Nelet en el fondo de la cuadra.</p>
+
+<p>El pobre muchacho, a pesar de su rudeza, contemplaba a <i>Brillante</i> con
+asombro doloroso, frunciendo el ce&ntilde;o como si quisiera cerrar el paso a
+las l&aacute;grimas. Los dos hab&iacute;an sido muy buenos amigos. El cochero
+celebraba sus picard&iacute;as de animal viejo y brioso; ten&iacute;a orgullo en decir
+que era muy bravo y s&oacute;lo por &eacute;l se dejaba manejar, y ahora estaba all&iacute;
+tendido de costado sobre el esti&eacute;rcol, inm&oacute;vil como carne muerta,
+agitando alguna vez con ronco estertor el redondo pecho y levantando un
+poco la cabeza para lanzar en torno suyo la mortecina y lacrimosa
+mirada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo que somos...! &iexcl;lo que somos...!&mdash;dec&iacute;a Nelet entre dientes,
+sintiendo que cada espasmo de la larga agon&iacute;a de su <i>Brillante</i> era una
+verdadera pu&ntilde;alada para &eacute;l. Al ver a las se&ntilde;oritas se adelant&oacute; algunos
+pasos, hablando con tono compungido. El veterinario se hab&iacute;a marchado,
+declar&aacute;ndose impotente para remediar el mal. <i>Brillante</i> se mor&iacute;a de
+una enfermedad extra&ntilde;a, de un nombre raro que Nelet no pod&iacute;a recordar;
+pero lo cierto era que estaba ya en la agon&iacute;a.</p>
+
+<p>Y el pobre caballo, como si quisiera afirmar las palabras de su amigo o
+reconociese a sus amas, levantaba la pesada cabeza, lanzando su estertor
+angustioso.</p>
+
+<p>Aquello part&iacute;a el coraz&oacute;n a las tres mujeres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Brillante</i>! &iexcl;Pobrecito <i>Brillante</i>...!</p>
+
+<p>Y las tres se abalanzaron a la pobre bestia, soltando sus faldas, cuyos
+bordes barrieron la suciedad del suelo. Do&ntilde;a Manuela, casi arrodillada
+en el esti&eacute;rcol, sin acordarse de su elegante traje, cog&iacute;a la cabeza de
+<i>Brillante</i>, que se elevaba trabajosamente como para saludar a sus amas
+por &uacute;ltima vez. Aquella mirada desmayada y vidriosa, fija con expresi&oacute;n
+agradecida en el grupo de mujeres, acab&oacute; con la falsa serenidad de
+&eacute;stas, y estallaron los sollozos y las exclamaciones de desconsuelo.</p>
+
+<p>Era rid&iacute;culo llorar la muerte de un caballo; s&iacute; se&ntilde;or, ellas Lo
+reconoc&iacute;an. Si les hubiesen contado algo semejante de sus amigas, no
+hubieran sido flojas las burlas; pero as&iacute; y todo, hab&iacute;a que reconocer lo
+que aquel pobre animal representaba para la familia, las ilusiones que
+se llevaba con su muerte.</p>
+
+<p>&iexcl;Adi&oacute;s, compa&ntilde;ero de grandeza! La familia s&oacute;lo tendr&iacute;a para ti grato
+recuerdo. Mueres representando la fortuna que se aleja de casa, el
+prestigio que se pierde, la altivez que se desvanece; y cuando salgas de
+ella a altas horas de la noche en sucio carro para ser conducido adonde
+te explotar&aacute;n por &uacute;ltima vez, convirtiendo tu piel en zapatos, tus
+huesos en botones y tu carne en abono fertilizante, por la puerta
+entreabierta entrar&aacute; la pobreza, la desesperaci&oacute;n de una miseria
+disimulada, y qui&eacute;n sabe si la deshonra, eterna compa&ntilde;era de los que se
+aferran tenazmente a las alturas de donde les arrojan. &iexcl;Adi&oacute;s,
+<i>Brillante</i>! &iexcl;Adi&oacute;s, fortuna que huyes para siempre!</p>
+
+<p>Y las tres mujeres, con el cerebro embotado por el choque de confusos
+pensamientos, arrastrando sus hermosas faldas, que ol&iacute;an a cuadra,
+subieron lentamente la escalera, como agobiadas por el dolor.</p>
+
+<p>Amparito, en otras ocasiones la m&aacute;s risue&ntilde;a y juguetona, era la que
+ahora lloraba como una ni&ntilde;a, Su madre hab&iacute;a tenido que sacarla de la
+infecta cuadra cogi&eacute;ndola del brazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, <i>Brillante</i>...! &iexcl;Pobrecito <i>Brillante</i> m&iacute;o...!</p>
+
+<p>Y hasta hab&iacute;a llegado a unir su linda cabeza de beb&eacute; con las negras
+narices de la bestia, cubri&eacute;ndolas de besos.</p>
+
+<p>El desaliento las tuvo hasta bien entrada la noche clavadas en sus
+asientos del sal&oacute;n, silenciosas, sin otra luz que el escaso resplandor
+de los reverberos p&uacute;blicos que entraba por los balcones abiertos,
+produciendo una d&eacute;bil penumbra. Las tres, envueltas en sus batas de
+verano, destac&aacute;banse en la obscuridad como inm&oacute;viles estatuas. Las ni&ntilde;as
+pensaban en su porvenir, que adivinaban confusamente; present&iacute;an que
+desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo
+ser&iacute;an alegres risas e indiferencia para el d&iacute;a siguiente.</p>
+
+<p>Los pensamientos de do&ntilde;a Manuela a&uacute;n eran m&aacute;s obscuros. Miraba en torno
+de ella, y nada, ni un mal rayo de esperanza amortiguaba su
+desesperaci&oacute;n. Necesitaba dinero para reponer esta p&eacute;rdida, que tanto
+pod&iacute;a influir en el prestigio de la familia, y para satisfacer ciertos
+compromisos que, como de costumbre, la agobiaban con gran urgencia; pero
+a pesar de ser tan numerosas las amistades, no encontraba, repasando su
+memoria, un solo nombre.</p>
+
+<p>&iexcl;Y pensar que ella, que hab&iacute;a derrochado tantos miles de duros y viv&iacute;a
+con cierta ostentaci&oacute;n, pasaba angustias por unos cuantos miles de
+reales...! El recuerdo de su hermano se aferraba tenazmente a su
+memoria. &iexcl;Ah, maldito avaro! Necesario era todo su mal coraz&oacute;n para
+dejar a una hermana en el sufrimiento, pudiendo remediar sus penas con
+algunos de los papelotes mugrientos que a fajos dorm&iacute;an en el viejo
+<i>secr&eacute;taire</i> de su alcoba. Pero no hab&iacute;a que pensar en semejante hombre.
+Bastantes veces la hab&iacute;a humillado con rotundas negativas.</p>
+
+<p>Otro de los que no se pod&iacute;a contar para salir de la situaci&oacute;n era su
+hijo Juanito. Do&ntilde;a Manuela, que le hab&iacute;a tenido tanto tiempo a su
+voluntad, asombr&aacute;base ahora ante sus alardes de independencia. Le hab&iacute;an
+cambiado su hijo, seg&uacute;n ella dec&iacute;a con el tono quejumbroso de una madre
+resignada. Y el tal cambio consist&iacute;a en haberse negado Juanito varias
+veces a darla dinero para salir de peque&ntilde;os apuros.</p>
+
+<p>Esto indignaba a do&ntilde;a Manuela. Hab&iacute;ase despertado en &eacute;l la fiebre de la
+explotaci&oacute;n. Reviv&iacute;a la &laquo;sangre comercial&raquo; de su padre, el instinto
+acaparador de su t&iacute;o don Juan; y contagiado por la atm&oacute;sfera de jugadas
+victoriosas y millonadas de papel que respiraba continuamente en la
+tienda al lado de su principal, hab&iacute;a acabado por decidirse,
+despreciando los bienes positivos y materiales para lanzarse en la
+fiebre de la Bolsa.</p>
+
+<p>El acto de ciega confianza de su novia y su vieja amiga entregando sin
+temor los ahorros al omnipotente don Ram&oacute;n Morte hab&iacute;a acabado por
+decidirle. &iquest;Iba a ser &eacute;l m&aacute;s cobarde que aquellas dos mujeres?</p>
+
+<p>Vendi&oacute; su huerto de Alcira, y los ocho mil duros que le dieron engrosaron
+el raudal de oro que, a impulsos de la m&aacute;s ciega confianza, iba a caer
+en las cajas del fil&aacute;ntropo banquero. Una parte de su capital lo
+invirti&oacute; su eminente protector en papel del Estado, y con la otra, que
+era la m&aacute;s exigua, comenz&oacute; sus jugadas de Bolsa, siempre a la zaga de
+Cuadros y sin atreverse a imitar sus golpes de audacia.</p>
+
+<p>Vacilaba algunas veces, sent&iacute;a misteriosos terrores al pensar que su
+fortuna estaba a merced de un capricho del azar, mas no por esto perd&iacute;a
+la confianza, y nada hab&iacute;a reservado de su capital para responder a los
+vencimientos de los pagar&eacute;s que le hab&iacute;a hecho firmar su madre. &iquest;Para
+qu&eacute; tal precauci&oacute;n? No hab&iacute;a m&aacute;s que o&iacute;r a su principal y al poderoso
+banquero. Sus ocho mil duros se doblar&iacute;an y triplicar&iacute;an en muy poco
+tiempo, y entonces podr&iacute;a pagar las deudas maternales y casarse con
+T&oacute;nica. Pero mientras tanto, que no contase su madre con &eacute;l. La quer&iacute;a
+mucho, segu&iacute;a ador&aacute;ndola con un respeto casi religioso; pero de dinero,
+ni un ochavo.</p>
+
+<p>Todo lo sab&iacute;a do&ntilde;a Manuela, y por esto colocaba a su hijo al mismo nivel
+que su hermano. &iexcl;Vaya unos parientes! Pod&iacute;a una morirse en medio de la
+calle, bien segura de que nadie acudir&iacute;a en su auxilio.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela, enfurecida por lo dif&iacute;cil de la situaci&oacute;n, crispaba sus
+manos ara&ntilde;ando los adornos de su bata. S&oacute;lo una esperanza le restaba,
+pero no quer&iacute;a pensar en ella, pues en su interior elev&aacute;base como una
+voz de protesta.</p>
+
+<p>Estaba segura de que cierta persona le facilitar&iacute;a a la menor indicaci&oacute;n
+aquel dinero que tantas angustias le produc&iacute;a. Indudablemente, el se&ntilde;or
+Cuadros no le era dif&iacute;cil salvar a una amiga por unos cuantos miles de
+reales, &eacute;l que todos los meses contaba sus ganancias por miles de duros;
+pero apenas le acomet&iacute;a este pensamiento, renac&iacute;an en do&ntilde;a Manuela
+escr&uacute;pulos que cre&iacute;a muertos para siempre.</p>
+
+<p>Conocedora de la vida, comprend&iacute;a la importancia de aquel favor y lo que
+forzosamente hab&iacute;a de sobrevenir. Un mes antes no habr&iacute;a vacilado en
+acudir a su antiguo dependiente, a pesar de lo mucho que esto lastimaba
+su altivez. Pero ahora, al pensar en las audacias que se permiti&oacute; el d&iacute;a
+de Corpus y otras muchas realizadas por el bolsista en sus diarias
+visitas, do&ntilde;a Manuela deten&iacute;ase avergonzada, y a estar iluminado el
+sal&oacute;n, se hubiera visto su rubor.</p>
+
+<p>Ella, que hac&iacute;a tantos a&ntilde;os no se acordaba para nada de Melchor Pe&ntilde;a,
+sent&iacute;alo vagar en torno como un esp&iacute;ritu guardi&aacute;n de su honrada viudez.
+Del doctor, de su segundo marido, no se acordaba para nada. Aquel buena
+pieza, con sus infidelidades, no ten&iacute;a derecho a exigirla cuentas por
+lo que pudiera hacer.</p>
+
+<p>Lo que m&aacute;s extra&ntilde;eza le causaba era que se mostrasen ahora en ella tan
+terribles escr&uacute;pulos, cuando a ra&iacute;z de su primera viudez hab&iacute;a ca&iacute;do
+f&aacute;cil e insensiblemente en los brazos de Pajares. El amor hab&iacute;a ahogado
+entonces todas las preocupaciones; pero ahora se trataba de una
+explotaci&oacute;n deshonrosa, de una venta que s&oacute;lo el suponerla le produc&iacute;a
+verg&uuml;enza y rubor. La altivez le hac&iacute;a recobrar su puesto. Cuadros, a
+pesar de su fortuna, no dejaba de ser el antiguo dependiente, el marido
+de la criada Teresa, un pobre diablo al que ella hab&iacute;a tratado siempre
+con desprecio. &iquest;Y por tal hombre iba a perder su prestigio de mujer
+honrada, sostenido durante tantos a&ntilde;os a costa de sacrificios que
+guardaba en el misterio? No; antes la miseria.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela, embriag&aacute;ndose con la energ&iacute;a de su resoluci&oacute;n, pensaba
+en la miseria como en una cosa desconocida, pero que iba pareci&eacute;ndole
+grata por ser la salvaci&oacute;n de su honor. Trabajar&iacute;an ella y sus hijas.
+Tambi&eacute;n duquesas, princesas y hasta reinas se hab&iacute;an visto en la
+miseria, arrostr&aacute;ndola con dignidad. Y do&ntilde;a Manuela, repasando sus
+escasos conocimientos hist&oacute;ricos, halagaba su orgullo y cre&iacute;ase casi
+igual a una soberana destronada que cae en la pobreza. Esto bast&oacute; para
+afirmarla en su resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>Cuando Rafael y Juanito llegaron a casa, la familia pas&oacute; al comedor. La
+cena fue triste. Parec&iacute;a que el cad&aacute;ver tendido abajo, en la suciedad de
+la cuadra, estaba all&iacute;, sobre la mesa, mirando con los ojos vidriosos e
+inm&oacute;viles a sus antiguos amos. Al terminar la cena, los dos hermanos
+salieron, marchando cada uno por su lado.</p>
+
+<p>Juanito hab&iacute;a cambiado de costumbres. No volv&iacute;a a casa hasta las once de
+la noche, y despu&eacute;s de hacer una corta visita a T&oacute;nica y Micaela, iba a
+un caf&eacute; donde se juntaba la gente de Bolsa y pod&iacute;an apreciarse
+diariamente las opiniones y profec&iacute;as de &laquo;alcistas&raquo; y &laquo;bajistas&raquo;.</p>
+
+<p>A las nueve de la noche recibieron las de Pajares la visita de Andresito
+y su pap&aacute;. Do&ntilde;a Manuela, al ver a su antiguo dependiente, se ruboriz&oacute;,
+como si &eacute;ste pudiese adivinar los pensamientos que la hab&iacute;an agitado
+poco antes.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Cuadros mostr&aacute;base gozoso y radiante, como si le alegrase la
+noticia que en el patio le hab&iacute;a dado Nelet. &iquest;Conque hab&iacute;a muerto el
+caballo? Vamos, ahora se explicaba por qu&eacute; iban aquella tarde a pie por
+la Alameda. Era de sentir la p&eacute;rdida, porque un caballo que sustituyera
+dignamente a <i>Brillante</i> hab&iacute;a de costar alg&uacute;n dinero; pero &iexcl;qu&eacute;
+demonio! cuatro o cinco mil reales no arruinan a nadie. Y el se&ntilde;or
+Cuadros hablaba del dinero con expresi&oacute;n de desprecio echando atr&aacute;s la
+cabeza y sacando el vientre como si lo tuviera forrado con billetes de
+Banco.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as hablaban con Andresito cerca del piano, y do&ntilde;a Manuela, serena
+y en posesi&oacute;n de s&iacute; misma, miraba fijamente a su antiguo dependiente. La
+escandalizaba el desprecio con que aquel hombre hablaba del dinero, y
+recib&iacute;a como un sangriento sarcasmo la suposici&oacute;n de que cuatro o cinco
+mil reales nada significaban para ella. Y pensando esto, su mirada iba
+instintivamente hacia el m&aacute;rmol de una consola, donde antes se exhib&iacute;an
+unos magn&iacute;ficos candeleros de plata guardados ahora en el Monte de
+Piedad; y miraba igualmente los cromos baratos que adornaban las paredes
+del sal&oacute;n, sustituyendo a dos grandes cuadros heredados de su padre,
+obra de Juan de Juanes, por los cuales le hab&iacute;an dado lo preciso para
+vivir durante un mes.</p>
+
+<p>Aquel hombre, cegado por su fortuna, no sab&iacute;a lo que dec&iacute;a. Igual era
+ella algunos a&ntilde;os antes, cuando ten&iacute;a fincas que vender o empe&ntilde;ar y
+arrojaba el dinero a manos llenas. Pero ahora la pobreza vergonzante y
+cuidadosamente ocultada le hab&iacute;a ense&ntilde;ado el valor del dinero.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Cuadros, siempre ignorante de la verdadera situaci&oacute;n de la
+casa, molestaba atrozmente a do&ntilde;a Manuela. Quer&iacute;a aparecer amable, y
+para esto la hac&iacute;a ofrecimientos que resultaban sarcasmos. El se
+encargaba de la compra del caballo. Ver&iacute;a ella c&oacute;mo le resultaba m&aacute;s
+barato; por una bestia tan hermosa como <i>Brillante</i> s&oacute;lo tendr&iacute;a que
+desembolsar unos tres mil reales. &Eacute;l conoc&iacute;a a los chalanes m&aacute;s
+afamados. El caballo que montaba su hijo lo hab&iacute;a comprado casi por una
+bicoca, y confiaba ahora tener la misma suerte.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que a usted le conviene, Manuela, es comprar el caballo cuanto
+antes, pues si las gentes las ven a ustedes paseando muchos d&iacute;as como
+hoy, har&aacute;n maliciosos comentarios. Los que estamos a cierta altura
+debernos mirarnos mucho en nuestras cosas.</p>
+
+<p>Y el afortunado majadero, al hablar de la altura, cerraba los ojos como
+si sintiera el v&eacute;rtigo de los que se hallan en la c&uacute;spide. Lo que m&aacute;s
+efecto caus&oacute; en do&ntilde;a Manuela fue la afirmaci&oacute;n de que la gente har&iacute;a
+comentarios si no se mostraba en p&uacute;blico como siempre. Ahora reaparec&iacute;a
+la altivez de su car&aacute;cter, estremeci&eacute;ndose al pensar en la mortificante
+l&aacute;stima con que se hablar&iacute;a de su ruina.</p>
+
+<p>Ella no ten&iacute;a car&aacute;cter para sobrellevar con resignaci&oacute;n la miseria.
+Estaba decidida. Hab&iacute;a que sostenerse en la altura, empleando todos los
+medios; y despu&eacute;s, que viniera todo, hasta aquello que s&oacute;lo al pensarlo
+tanto rubor le produc&iacute;a.</p>
+
+<p>Y la vanidosa se&ntilde;ora, para afirmarse en su resoluci&oacute;n, buscaba ejemplos
+y recordaba lo que tantas veces hab&iacute;a o&iacute;do en las murmuraciones infames
+de las tertulias: los innumerables casos de se&ntilde;oras tan decentes como
+ella, bien consideradas por la sociedad, y que hab&iacute;an hecho sacrificios
+iguales para salvar el prestigio de sus casas. Y sostenida por el
+pernicioso ejemplo de aquellas mujeres a las que tanto hab&iacute;a censurado,
+mir&oacute; a su antiguo dependiente con ojos en que se revelaba un impudor
+razonado y tranquilo. Al fin&mdash;pensaba ella para consolarse&mdash;, el se&ntilde;or
+Cuadros, aunque rampl&oacute;n y vulgarote, era un hombre aceptable, y no ten&iacute;a
+que resignarse ella, como otras mujeres, a buscar la protecci&oacute;n de un
+valetudinario repugnante.</p>
+
+<p>El bolsista adivinaba algo en las miradas de la esposa de su antiguo
+principal. Y en su credulidad de calavera viejo e inocente echaba el
+cuerpo atr&aacute;s con cierto orgullo, como si estuviera convencido de que sus
+prendas personales hab&iacute;an influido en tan asombrosa conquista.</p>
+
+<p>Termin&oacute; la visita a media noche, y cuando el padre y el hijo se dirig&iacute;an
+hacia la puerta, acompa&ntilde;ados por las se&ntilde;oras de la casa, do&ntilde;a Manuela
+cambi&oacute; sus &uacute;ltimas palabras con el se&ntilde;or Cuadros.</p>
+
+<p>&mdash;Quedamos&mdash;dijo la se&ntilde;ora&mdash;en que usted se encargar&aacute; de la compra del
+caballo. Ma&ntilde;ana mismo conf&iacute;o en que habr&aacute; hecho mi encargo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, seguramente...! Ya sabe usted que todas sus cosas me interesan
+como mis propios negocios.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, venga usted ma&ntilde;ana a las tres y le dar&eacute; el dinero.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted callar? Ya arreglaremos cuentas m&aacute;s adelante.... Pero,
+en fin, vendr&eacute; por tener el gusto de charlar un rato.</p>
+
+<p>Y el se&ntilde;or Cuadros sali&oacute; de la casa satisfecho de s&iacute; mismo, bufando de
+satisfacci&oacute;n, contone&aacute;ndose como un joven y mirando con cierta l&aacute;stima a
+su hijo, que caminaba al lado de &eacute;l t&iacute;mido y encogido. Un risue&ntilde;o
+optimismo le hac&iacute;a olvidar que era su padre. &iexcl;Ah! &iexcl;Si en vez de los
+cincuenta y pico tuviera &eacute;l los a&ntilde;os de aquel pazguato, cu&aacute;nta guerra
+hab&iacute;a de dar en el mundo!</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, el se&ntilde;or Cuadros fue puntual A las tres de la tarde
+entraba en casa de do&ntilde;a Manuela, y se sorprendi&oacute; agradablemente al ver
+que la se&ntilde;ora estaba sola en el sal&oacute;n, vestida con la m&aacute;s elegante de
+sus batas y el rostro retocado con los m&aacute;s finos menjurjes del tocador
+de las ni&ntilde;as. El bolsista sent&iacute;a como un renacimiento de la vida, algo
+que recordaba sus fiebres de joven, cuando siendo primer dependiente
+bromeaba y persegu&iacute;a a la criada Teresa en la trastienda de <i>Las Tres
+Rosas</i>.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as hab&iacute;an sido enviadas por su mam&aacute; a casa de &laquo;las magistradas&raquo;.
+Juanito estaba en la tienda; y en cuanto a Rafael, no hab&iacute;a que
+esperarle hasta bien entrada la noche.</p>
+
+<p>En el comedor o&iacute;ase el ruido de los cubiertos que secaba Visanteta, la
+&uacute;nica que se enter&oacute; de la visita del se&ntilde;or Cuadros y de lo larga que
+result&oacute;. Ella fue la que oy&oacute; las risas apagadas de la se&ntilde;ora y el
+arrastre de algunos muebles, como si fueran empujados con violencia;
+pero era una muchacha prudente y reservada, que s&oacute;lo se ocupaba de sus
+actos, sin detenerse a interpretar los ajenos.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente la familia pudo salir a paseo en su carruaje, y un
+caballo m&aacute;s joven y de mejor estampa que <i>Brillante</i> ocup&oacute; el vac&iacute;o que
+la muerte hab&iacute;a dejado en el pesebre. Las amarguras sufridas en aquel
+domingo fueron olvidadas ante una abundancia como pocas veces se hab&iacute;a
+gozado en aquella casa. Do&ntilde;a Manuela ten&iacute;a dinero; comenzaron a pagarse
+las cuentas con regularidad; los proveedores no la molestaron ya
+exigiendo el pago de los atrasos, y la modista francesa, despu&eacute;s de
+embolsarse algunos miles de reales que cre&iacute;a perdidos para siempre, hizo
+a las ni&ntilde;as de Pajares nuevos trajes para lucirlos en la feria de Julio.</p>
+
+<p>Todo era dicha y tranquilidad en casa de do&ntilde;a Manuela, y el contento de
+la familia repercut&iacute;a en <i>Las Tres Rosas</i>, donde la sencilla Teresa
+consider&aacute;base feliz. Sab&iacute;a que su marido hab&iacute;a roto definitivamente con
+Clarita, aquella &laquo;mala piel&raquo; que viv&iacute;a en la calle del Puerto. Ya no le
+pagaba los trimestres del entresuelo, ni atend&iacute;a a sus locos gastos. Es
+m&aacute;s: un alma caritativa le hab&iacute;a hecho saber que aquella perdida le
+enga&ntilde;aba, burl&aacute;ndose de &eacute;l con los chicos de la Bolsa; y don Antonio
+mostr&aacute;base arrepentido, dispuesto a no proteger m&aacute;s mujeres de tal
+cala&ntilde;a.</p>
+
+<p>La pobre Teresa, al pensar que su antigua se&ntilde;ora era la que hab&iacute;a
+realizado tal milagro, atrayendo a su esposo a la buena senda, sent&iacute;a
+tal gratitud, que no pod&iacute;a hablar de ella sin que se le saltaran las
+l&aacute;grimas. &iexcl;Qu&eacute; buena persona era do&ntilde;a Manuela! Ella &uacute;nicamente hab&iacute;a
+sabido catequizar al se&ntilde;or Cuadros.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a>X</h2>
+
+
+<p>Juanito viv&iacute;a entregado a la agitaci&oacute;n y la zozobra del que conf&iacute;a su
+porvenir a los caprichos del azar.</p>
+
+<p>&Eacute;l, tan met&oacute;dico y cuidadoso de cumplir sus obligaciones, abandonaba la
+tienda para ir a la Bolsa en compa&ntilde;&iacute;a de su principal, o a los lugares
+donde se reun&iacute;an sus compa&ntilde;eros de explotaci&oacute;n financiera. &iexcl;Valiente
+cosa le importaba <i>Las Tres Rosas</i>! Ya no quer&iacute;a ser due&ntilde;o de la tienda.
+Las primeras ganancias, adquiridas con dulce facilidad, le hab&iacute;an cegado
+y s&oacute;lo pensaba en ser millonario, en esclavizar la fortuna, ri&eacute;ndose
+ahora de aquellos tiempos en que so&ntilde;aba con T&oacute;nica la existencia
+mon&oacute;tona y tranquila de rutinarios burgueses, amasando ochavo tras
+ochavo un capital para pasar tranquilamente la vejez.</p>
+
+<p>Su novia, pr&aacute;cticamente, refrenaba sus entusiasmos financieros. No hab&iacute;a
+que tentar a la fortuna; y ahora que se mostraba favorable, era una
+locura no retirarse a tiempo.</p>
+
+<p>Pero Juanito se negaba a o&iacute;rla. &iquest;Qu&eacute; saben las mujeres de negocios? &iquest;Por
+qu&eacute; hab&iacute;a de quedarse en la mitad del camino, cuando pod&iacute;a seguir a su
+principal hasta el para&iacute;so de los millonarios? Enamorado cada vez m&aacute;s de
+T&oacute;nica, le halagaba la idea de casarse inmediatamente; pero este mismo
+cari&ntilde;o impuls&aacute;bale a esperar. Era mejor contener sus deseos durante
+algunos meses, un a&ntilde;o a lo m&aacute;s; dejar que su capital, volteando por la
+Bolsa, se agrandase como una bola de nieve; y cuando poseyera el tan
+esperado y respetable mill&oacute;n, hacer que la transformaci&oacute;n fuese
+completa: gozar viendo c&oacute;mo la pobre costurerilla se convert&iacute;a, bajo la
+direcci&oacute;n de su vanidosa suegra, en se&ntilde;ora elegante, con gran casa,
+carruaje y los dem&aacute;s adornos de la riqueza.</p>
+
+<p>El deseo de llegar cuanto antes a este final apetecido era lo que le
+hac&iacute;a audaz y acallaba sus temores de una probable ruina. Los que le
+hab&iacute;an conocido en otros tiempos asombr&aacute;banse por el cambio radical de
+su car&aacute;cter. Su t&iacute;o don Juan no hablaba ya con &eacute;l. Un d&iacute;a dio por roto
+el parentesco, falt&aacute;ndole poco para que pegara a su sobrino.</p>
+
+<p>&mdash;Juanito, eres un imb&eacute;cil&mdash;dijo el avaro con los labios tr&eacute;mulos por la
+rabia, eriz&aacute;ndosele el bigote de cepillo&mdash;. Siempre cre&iacute; que en tu
+car&aacute;cter hab&iacute;a m&aacute;s de tu padre que de mi hermana, y por eso te quer&iacute;a;
+pero ahora veo que me enga&ntilde;&eacute;. Te han perdido las malas compa&ntilde;&iacute;as, esa
+atm&oacute;sfera de mentira en que vives, los ejemplos de tu derrochadora madre
+y los consejos del majadero de tu principal, que se cree un or&aacute;culo en
+los negocios porque gana el dinero a ciegas por una burla caprichosa de
+la suerte, y alg&uacute;n d&iacute;a las pagar&aacute; todas juntas, d&aacute;ndome el gusto de
+poder re&iacute;r al verle sin camisa. Y a ti te pasar&aacute; lo mismo. &iexcl;Vaya si te
+pasar&aacute;...! Vendiendo el huerto para hacerte due&ntilde;o de <i>Las Tres Rosas</i> y
+casarte con esa chica, que, seg&uacute;n tengo entendido, es buena persona,
+hubieras dado gusto a tu t&iacute;o. Y si te faltaba algo, aqu&iacute; estaba yo para
+responder. Conque hubieras venido a decirme: &laquo;T&iacute;o, necesito esto, lo
+otro y lo de m&aacute;s all&aacute;&raquo;, est&aacute;bamos al final de la calle. Pero ahora no,
+&iquest;lo entiendes? No cuentes para nada conmigo. Como si no fueras mi
+sobrino. Me has salido igual a todos los de tu familia, y no puedo
+quererte. Yo pensaba en ti, quer&iacute;a que fueses el que estuviera junto a
+mi cama en la hora de mi muerte, y al recontar los cuatro cuartos que
+tengo, me dec&iacute;a: &laquo;Esto ser&aacute; para el chico.&raquo; Pero ahora estoy
+desenga&ntilde;ado. Anda, anda, hazte millonario en la Bolsa, y si quedas en
+pordiosero, no vengas a buscarme, porque lo que har&aacute; tu t&iacute;o es re&iacute;rse al
+ver lo bruto que eres.</p>
+
+<p>La ruptura con su t&iacute;o entristeci&oacute; a Juanito. No hab&iacute;a conocido otro
+padre; y adem&aacute;s, en sus c&aacute;lculos de comerciante, siempre hab&iacute;a figurado
+la esperanza de ser el heredero de don Juan. Pero las agitaciones de la
+Bolsa, y especialmente las ganancias, amortiguaban en &eacute;l el pesar del
+rompimiento.</p>
+
+<p>Cuando a fin de mes, cobraba las &laquo;diferencias&raquo;, dec&iacute;ase con extra&ntilde;eza:</p>
+
+<p>&laquo;Parece imposible que nos censuren por dedicarnos a una explotaci&oacute;n tan
+cierta. Pero &iexcl;bah! &iexcl;Qui&eacute;n hace caso de esa gente rancia!&raquo;</p>
+
+<p>Y entre, los rancios no s&oacute;lo figuraba su t&iacute;o, sino don Eugenio, el
+fundador de <i>Las Tres Rosas</i>, que tambi&eacute;n manifestaba al joven gran
+descontento. Siempre que Juanito se encontraba en la tienda con el viejo
+comerciante, &eacute;ste le lanzaba miradas tan pronto de compasi&oacute;n como de
+desd&eacute;n. Algunas veces hasta llegaba a murmurar con tono de reproche:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Juanito, Juanito...! Te veo perdido. Ese demonio de Cuadros te
+arrastra a la perdici&oacute;n.... No le defiendas, no intentes justificarte.
+Ahora te va muy bien para que pueda convencerte; pero al fre&iacute;r ser&aacute; el
+re&iacute;r.</p>
+
+<p>Y el viejo le volv&iacute;a la espalda, con la confianza de que los hechos
+vendr&iacute;an en apoyo de sus pron&oacute;sticos.</p>
+
+<p>&Uacute;nicamente en su casa encontraba Juanito aplauso y consideraci&oacute;n. Su
+madre le quer&iacute;a m&aacute;s desde que le ve&iacute;a entregado a los negocios. Su hijo
+ya no era un dependiente de comercio; era un bolsista, y esto siempre
+proporciona mayor consideraci&oacute;n social. Adem&aacute;s, sus ganancias eran un
+motivo de esperanza para la viuda, que aunque ve&iacute;a satisfechas todas
+sus necesidades en el presente, no dejaba de sentirse preocupada por el
+porvenir. La buena fortuna de Juanito pod&iacute;a solidificar el prestigio de
+la casa.</p>
+
+<p>La proximidad de la feria de Julio preocupaba a la familia. Nunca se
+hab&iacute;an pasado veladas tan agradables en casa de las de Pajares. Por la
+noche, despu&eacute;s de la cena, llegaban el se&ntilde;or Cuadros, Teresa y su hijo,
+y comenzaba la alegre reuni&oacute;n.</p>
+
+<p>Por los balcones abiertos penetraba el h&aacute;lito caliginoso de las neones
+de verano, cargado de enervantes perfumes. La plazuela anim&aacute;base. El
+calor arrojaba de sus estrechos cuchitriles a la gente de los pisos
+bajos, y las puertas estaban obstruidas por corrillos de blancas sombras
+sentadas en sillas bajas y respirando ruidosamente. Arriba, sobre los
+tejados, cubriendo la plaza como un toldo de apelillado raso que
+transparentaba infinitos puntos de luz, el cielo del verano con su
+misteriosa y opaca transparencia. En los obscuros balcones
+distingu&iacute;anse, entre los tiestos de flores y el botijo puesto al fresco,
+confusas siluetas ligeras de ropa. Otros abiertos e iluminados, dejaban
+escapar, como los de las de Pajares, el sonoro tecleo del piano,
+acompa&ntilde;ado algunas veces por el r&iacute;tmico chorrear de las macetas reci&eacute;n
+regadas.</p>
+
+<p>En los corrillos de la plaza part&iacute;anse enormes sand&iacute;as, y las mujeres,
+con el moquero sobre el pecho para librarse de manchas, devoraban las
+tajadas como medias lunas, chorre&aacute;ndoles la boca rojizo zumo. En una
+puerta susurraba la guitarra con melanc&oacute;lico rasgueo, contest&aacute;ndole
+desde otra el acorde&oacute;n con su chillido estridente y gangoso. Y los
+ruidos de la plaza, el re&iacute;r de las gentes, los gritos que se cruzaban
+entre los corrillos y la m&uacute;sica popular, entraban con el fresco de la
+noche en el sal&oacute;n de las de Pajares, sirviendo de sordo acompa&ntilde;amiento a
+la conversaci&oacute;n de la tertulia.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as, con Andresito, hac&iacute;an planes para la pr&oacute;xima feria.
+Recordaban los rigodones en el pabell&oacute;n de la Agricultura y los alegres
+valses en el del Comercio; pensaban en los trajes que les hab&iacute;a tra&iacute;do
+la modista francesa, y que guardaban intactos para dar golpe en la
+Alameda en la primera noche de feria, y hasta sent&iacute;an su poquito de
+maligna alegr&iacute;a considerando el efecto que su elegancia causar&iacute;a en las
+amigas.</p>
+
+<p>La calma y la felicidad hab&iacute;an vuelto a aquella casa.</p>
+
+<p>Hasta Conchita, a pesar de su car&aacute;cter iracundo y malhumorado,
+consider&aacute;base dichosa al ver que Roberto &laquo;volv&iacute;a al redil&raquo;, mostr&aacute;ndose
+m&aacute;s enamorado que antes. Por las noches, abandonando a su amigo Rafael,
+asist&iacute;a a la tertulia de las de Pajares; y no contento con las largas
+conversaciones que all&iacute; sosten&iacute;a con su novia, todav&iacute;a por las ma&ntilde;anas,
+a la hora en que Amparo estaba en el tocador, las criadas en el Mercado
+y la mam&aacute; en la cama, sub&iacute;a la escalera, y en el rellano, ante la puerta
+entreabierta de la habitaci&oacute;n, hablaba m&aacute;s de una hora con Conchita,
+hasta que se levantaba do&ntilde;a Manuela y comenzaba el movimiento de la
+casa.</p>
+
+<p>La gran preocupaci&oacute;n de la familia eran las tres corridas de toros,
+festejo el m&aacute;s ruidoso de la feria. La tertulia ten&iacute;a ya ultimado sus
+proyectos. El se&ntilde;or Cuadros comprar&iacute;a un palco de los mejores para las
+dos familias; y lo mismo las de Pajares que Teresa, propon&iacute;anse
+deslumbrar al p&uacute;blico con su elegancia.</p>
+
+<p>Las ni&ntilde;as ten&iacute;an preparados sus trajes de &laquo;manola&raquo;, y un sinn&uacute;mero de
+veces se hab&iacute;an ensayado ante el espejo para aprender a colocarse con
+naturalidad y buen gusto la blanca mantilla de blonda. En cuanto a las
+dos mamas, pensaban lucir obscuros trajes de seda, con costosas
+mantillas negras, regaladas a las dos por el se&ntilde;or Cuadros.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; el d&iacute;a de la primera corrida. La atm&oacute;sfera parec&iacute;a cargada de un
+ambiente extra&ntilde;o de locura y brutalidad. Por la ma&ntilde;ana arremolin&aacute;base la
+gente, con empujones y codazos, en torno de los revendedores que en la
+plaza de San Francisco voceaban las de &laquo;sol&raquo; y de &laquo;sombra&raquo;; y como si la
+ciudad acabase de sufrir una invasi&oacute;n, tropez&aacute;base en todas partes con
+gentes de la huerta y de los pueblos: unos con pantalones de pana y
+manta multicolor; y otros, los tipos socarrones de la Ribera, vestidos
+de pa&ntilde;o negro y fino, la chaqueta al hombro, dejando al descubierto la
+blanca manga de la camisa, los botines de goma entorpeci&eacute;ndoles el paso,
+y en la mano un bastoncillo delgado, casi infantil, movido siempre con
+insolencia agresiva.</p>
+
+<p>El gent&iacute;o presentaba igual aspecto en todas las calles, como si la
+ciudad entera se hubiese vestido con arreglo al mismo patr&oacute;n. Sombreros
+cordobeses de blanco fieltro o marineras de paja, cazadoras de color
+claro, corbatas rojas, y en todas las bocas un cigarro de a palmo.</p>
+
+<p>La Bajada de San Francisco era un torrente por el que rodaban sin cesar
+las oleadas de gent&iacute;o. Las jacas pamplonesas, cubiertas con inquietos
+borlajes y repiqueteantes cascabeles, pasaban como rayos por entre el
+gent&iacute;o tirando de las tartanillas de colores claros, de los coches
+se&ntilde;oriales y de los carruajes ingleses, en cuyos bancos ergu&iacute;anse como
+cimbreantes flores las muchachas vestidas de rosa o azul, con el rostro
+realzado por el marco de blanca blonda. La gente menuda, los del tendido
+de sol, pasaban en grupos, con la enorme bota al hombro y un garrote de
+Liria en la mano, oliendo a vino y vociferando, como si comenzasen a
+sentir la borrachera de insolaci&oacute;n que les aguardaba en la plaza.</p>
+
+<p>Muchachos desarrapados romp&iacute;an las oleadas del gent&iacute;o, ofreciendo la
+vida de <i>Lagartijo</i> en aleluyas, los antecedentes y retratos de los
+seis toros que iban a lidiarse, o pregonaban unos abanicos de madera sin
+cepillar y en los cuales una mano torpe hab&iacute;a estampado un toro como un
+pellejo de vino y un torero que parec&iacute;a una rana desollada.</p>
+
+<p>Los babiecas &aacute;vidos de emociones agolp&aacute;banse frente a las fondas donde
+se alojaban las cuadrillas, esperando pacientemente la salida de los
+toreros para poder tocar con respeto los alamares del diestro. La gente
+abr&iacute;a paso con curiosidad cada vez que alg&uacute;n picador empaquetado sobre
+la silla y con el mozo a la grupa pasaba montado en su jaco huesoso y
+macilento, que le llevaba hacia la plaza con un trotecillo cochinero.</p>
+
+<p>Entre los carruajes que velozmente y atronando las calles atravesaban el
+centro de la ciudad, pas&oacute; el cochecito de Cuadros, y tras &eacute;l una
+carretela de alquiler en la que iban las de Pajares. Do&ntilde;a Manuela en el
+sitio preferente, empolvada y retocada con tal arte, que su rostro
+produc&iacute;a cierta impresi&oacute;n asomando por entre los festones de la negra
+blonda; y frente a ella, las ni&ntilde;as, gracios&iacute;simas como un cromo de
+revista taurina, con zapatito bajo, medias caladas, falda de medio paso
+con red cargada de madro&ntilde;os y mirando atrevidamente bajo la nube blanca
+que envolv&iacute;a sus adorables cabezas, cerr&aacute;ndose sobre el pecho con un
+grupo de claveles.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; tarde tan hermosa! Nunca se sintieron las de Pajares m&aacute;s contentas
+de la vida. Al descender de su carruaje frente a la plaza, llovieron
+sobre ellas los requiebros; y para todas hubo, hasta para la mam&aacute;, que
+respiraba ruidosamente y enrojec&iacute;a, satisfecha del triunfo.
+Indudablemente eran ellas las que m&aacute;s llamaban la atenci&oacute;n en toda la
+plaza. No hab&iacute;a m&aacute;s que verlas en el palco abanic&aacute;ndose con negligencia,
+mientras una gran parte de los se&ntilde;ores del tendido, puestos de pie y
+volviendo la espalda al redondel, las miraban fijamente, con ojos de
+deseo.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Cuadros estaba orgulloso de su situaci&oacute;n. No pod&iacute;a quejarse de
+la vida. Ganaba cuanto quer&iacute;a; parec&iacute;a un muchacho con su trajecito
+claro, corbata roja y el enorme cigarro, al que conservaba la sortija de
+papel, para que todo el mundo se enterase de su precio. A un lado ten&iacute;a
+a Teresa, tranquila y sin sentir la menor sospecha de infidelidad, y al
+otro a do&ntilde;a Manuela, orgullosa de la admiraci&oacute;n que ella y sus ni&ntilde;as
+despertaban en una parte de la plaza.</p>
+
+<p>Sent&iacute;ase satisfecho de la situaci&oacute;n el se&ntilde;or Cuadros, y las &aacute;vidas
+miradas fijas en el palco parec&iacute;anle un homenaje a &eacute;l. No se pod&iacute;a pedir
+mayor felicidad. Cumpl&iacute;a con la conciencia y con el placer. A un lado la
+esposa leg&iacute;tima; al otro, do&ntilde;a Manuela, la satisfacci&oacute;n de la carne, el
+alimento de su vanidad; y las dos familias de las cuales era &eacute;l el punto
+de uni&oacute;n, contentas, lujosas, llamando la atenci&oacute;n del p&uacute;blico, todo
+gracias a su buena suerte/ que le permit&iacute;a tirar a manos llenas los
+miles de pesetas. El bolsista, saboreando su dicha, aseguraba
+mentalmente que Dios es muy bueno, y no sab&iacute;a ya qu&eacute; desear, pues la
+seguridad de que en breve ser&iacute;a millonario ten&iacute;ala por indiscutible.</p>
+
+<p>En el fondo del palco estaban el hijo de Cuadros y los dos de do&ntilde;a
+Manuela, con los gemelos en la mano, contemplando el aspecto de la
+plaza. En el tendido de sombra, el grader&iacute;o circular era un
+escalonamiento de sombreros blancos que bajaba hasta la barrera. Algunas
+capotas cargadas de flores o relucientes peinados, destac&aacute;ndose sobre
+los pa&ntilde;olones de Manila, romp&iacute;an la monoton&iacute;a de las hileras de puntos
+blancos. Las puertas de los palcos abr&iacute;anse con estr&eacute;pito, y aparec&iacute;an
+en las barandillas, cubiertas con los colores nacionales, las mantillas
+blancas, las caras risue&ntilde;as, los peinados con flores; toda una primavera
+que era saludada a gritos por los entusiastas de abajo, puestos en pie
+sobre los banquillos de madera.</p>
+
+<p>Enfrente, bajo el sol que agrietaba la piel en fuerza de sacar sudor,
+que hac&iacute;a humear las ropas y pon&iacute;a un casco de fuego sobre cada cabeza,
+enloqueci&eacute;ndola, estaba la demagogia de la fiesta, el elemento ruidoso
+que aguardaba impaciente, tan dispuesto a arrojar al redondel los
+sombreros en honor al diestro, como los bancos y los garrotes en se&ntilde;al
+de protesta. De all&iacute; part&iacute;an las palabras infames contra los picadores
+que al aproximarse al toro pensaban en la mujer y en los hijos. Esta
+mitad de la plaza no ten&iacute;a la regularidad mon&oacute;tona del tendido de
+sombra. Era un mosaico animado, en el que entraban todos los colores y
+que al agitarse variaba de composici&oacute;n. Las tintas rabiosas de los
+trajes de la huerta, las blancas manchas de los grupos en mangas de
+camisa, los pantalones rojos de los soldados, los enormes quitasoles de
+seda granate que parec&iacute;an robados de una antigua sacrist&iacute;a, los
+gigantescos abanicos de papel movi&eacute;ndose con incesante aleteo, las botas
+de vino que a cada instante se alzaban oblicuamente sobre las cabezas,
+los gritos, las protestas porque se hac&iacute;a tarde, todo daba a aquella
+parte de la plaza un aspecto de locura orgi&aacute;stica, de brutalidad jocosa.
+Y arriba, sobre la doble galer&iacute;a, clavadas en la crester&iacute;a del tejado,
+colgaban lacias e inertes las bander&iacute;tas rojas y amarillas, palpitando
+perezosamente cuando un suspiro fresco, enviado por el mar al trav&eacute;s de
+la vega, arrastr&aacute;base sobre aquellas gentes aplastadas por la
+insolaci&oacute;n, haci&eacute;ndoles dilatar fatigosamente los pulmones. En lo alto,
+como b&oacute;veda del gran redondel, el cielo azul, infinito, sin la m&aacute;s leve
+vedija de vapor, cruzado algunas veces por una serpenteada fila de
+palomos, que aleteaban impasibles, sin dar importancia a la extra&ntilde;a
+reuni&oacute;n de tantos miles de personas.</p>
+
+<p>Eran las cuatro de la tarde y se impacientaba la gente. Por detr&aacute;s de la
+barrera iban los chulos de la plaza, con sus blusas rojas, abrumados
+bajo el peso de las capas de brega, repugnantes andrajos manchados de
+sangre; y por los tendidos, haciendo prodigios de equilibrio,
+filtr&aacute;ndose por entre el compacto gent&iacute;o, avanzaban los vendedores de
+gaseosas con el caj&oacute;n al hombro, pregonando la limonada y la cerveza, y
+los <i>tramusers</i> con un capazo a la espalda, llenando de altramuces y
+cacahuetes los pa&ntilde;uelos que les arrojaban desde las nayas y
+devolvi&eacute;ndolos a tan prodigiosa altura con la fuerza de un proyectil.</p>
+
+<p>Son&oacute; la m&uacute;sica, y un movimiento de ansiedad, de emoci&oacute;n, dio la vuelta a
+la plaza, haciendo latir sus corazones.</p>
+
+<p>Esto era lo que m&aacute;s gustaba a las de Pajares. La lidia las aburr&iacute;a o las
+horrorizaba; pero la salida de la cuadrilla las enardec&iacute;a, y mov&iacute;anse
+nerviosamente en sus asientos al ver el desfile de jacarandosas
+figurillas, que, a la luz del sol, destac&aacute;banse sobre la arena del
+redondel como ascuas de oro con el brillo de sus alamares.</p>
+
+<p>Pasada la primera impresi&oacute;n de entusiasmo, cuando las doradas capas
+cambi&aacute;ronse por sucios trapos y ces&oacute; de tocar la m&uacute;sica, saliendo el
+alguacil del redondel a todo galope, las de Pajares presintieron el
+aburrimiento.</p>
+
+<p>El primer toro... &iexcl;bueno! Todav&iacute;a les causaba cierta ilusi&oacute;n el arrojo
+de los diestros, el valor de aquellos cuerpos esbeltos, nerviosos y
+ligeros que escapaban milagrosamente de entre las curvas astas; pero
+apenas comenz&oacute; la parte brutal del espect&aacute;culo y cayeron pesadamente
+como sacos de arena los infelices peleles forrados de amarillo, mientras
+el caballo escapaba, pis&aacute;ndose en su marcha los pingajos sangrientos
+como enormes chorizos, las j&oacute;venes volvieron la cabeza con un gesto de
+asco y no quisieron mirar al redondel. &iquest;A qu&eacute; iban all&iacute;? A lo que van
+todas: a ver y ser vistas, a lucirse un rato a cambio de palidecer de
+emoci&oacute;n y lanzar angustioso grito cuando la cornuda cabeza bufa en la
+misma espalda del torero fugitivo.</p>
+
+<p>Y conforme avanzaba la corrida, la mayor&iacute;a del p&uacute;blico contagi&aacute;base del
+aburrimiento del espect&aacute;culo, y hasta los del tendido de sol, si no por
+repugnancia por fastidio, callaban, dejando que los lances en la arena
+se desarrollasen en medio de un t&eacute;trico silencio, como si desearan no
+provocar incidentes para que la lidia terminase cuanto antes. S&oacute;lo los
+grupos de los aficionados sosten&iacute;an el entusiasmo palmoteando, aclamando
+a sus respectivos &iacute;dolos y entablando disputas ruidosas.</p>
+
+<p>La salida de la plaza era lenta, desmayada, contrastando con la llegada,
+ruidosa como una invasi&oacute;n. Todos parec&iacute;an cansados y caminaban con
+cierta lentitud y ensimismamiento, como el que acaba de ser v&iacute;ctima de
+un enga&ntilde;o o ve defraudadas sus ilusiones. Los &uacute;nicos que manten&iacute;an la
+algazara de la fiesta eran los que, tostados y sudorosos, sal&iacute;an por las
+puertas del sol golpe&aacute;ndose amigablemente con las arrugadas botas y las
+vac&iacute;as calabazas, dando a entender a gritos que el contenido de aqu&eacute;llas
+se hallaba en lugar seguro y serv&iacute;a para algo. Las dos familias,
+sufriendo los codazos de la muchedumbre, salieron de la plaza por entre
+los jinetes de la Guardia Civil que manten&iacute;an el turno en el desfile de
+los coches, fueron en busca de los suyos, teniendo las mamas y las ni&ntilde;as
+que recoger sus faldas de seda, y manch&aacute;ndose las medias con el barro de
+la carretera reci&eacute;n regada.</p>
+
+<p>Por fin vieron a Nelet, que guardaba el cochecito del se&ntilde;or Cuadros.
+Vest&iacute;a de blusa, pues la carretela de las se&ntilde;oras era de alquiler y
+ten&iacute;a cochero propio.</p>
+
+<p>Iba a subir el se&ntilde;or Cuadros en su pescante y empu&ntilde;ar las riendas,
+cuando el cazurro muchacho se rasc&oacute; la cabeza y pareci&oacute; recordar algo.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga, don Antonio; don Eugenio me ha dado este papel, encarg&aacute;ndome
+mucho que no tardase en entregarlo.</p>
+
+<p>Y ofrec&iacute;a un cuadrado de papel azul con el cierre intacto. Era un
+telegrama.</p>
+
+<p>Juanito, al ver el despacho, por un instinto de solidaridad, apart&oacute;se de
+su madre, coloc&aacute;ndose al lado del maestro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!&mdash;dijo el se&ntilde;or Cuadros con indiferencia&mdash;. Ser&aacute; un telegrama de
+nuestro corresponsal en Madrid.</p>
+
+<p>Pero inmediatamente palideci&oacute;, dio una patada en el suelo y solt&oacute; unos
+cuantos pecados gordos, de aquellos que hac&iacute;an ruborizar a Teresa y
+fruncir el gesto a do&ntilde;a Manuela, intransigente con tales groser&iacute;as.
+Juanito, que le&iacute;a por encima del hombro de su principal, estaba p&aacute;lido
+tambi&eacute;n y parpadeaba como si creyera en un enga&ntilde;o de sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves, Juanito&mdash;dijo con precipitaci&oacute;n el maestro&mdash;. Acaba de subir
+de un golpe cerca de tres enteros. &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; esto? Hay que ver en
+seguida a don Ram&oacute;n. Lo que es por esta vez, &iexcl;se ha lucido! Pero no; &eacute;l
+no se equivoca f&aacute;cilmente. Aqu&iacute; hay gato encerrado. De todos modos,
+debemos consultar en seguida a nuestro hombre. &iexcl;Cristo! &iexcl;pues apenas
+tiene la cosa importancia...!</p>
+
+<p>Y mont&oacute; en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegar
+cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del
+infalible protector.</p>
+
+<p>Juanito no tuvo tanta presencia de &aacute;nimo. P&aacute;lido, sudoroso, hablando y
+gesticulando como un son&aacute;mbulo, casi ech&oacute; a correr sin despedirse de la
+familia. Iba al despacho del poderoso Morte, a aquella Meca de la
+fortuna, y sent&iacute;a una inmensa extra&ntilde;eza al ver que la gente no mostraba
+la menor impresi&oacute;n, que el cielo estaba azul, que todo se hallaba como
+siempre y no surg&iacute;a la m&aacute;s leve se&ntilde;al exterior para hacer saber al mundo
+que el gran genio se hab&iacute;a equivocado por primera vez aconsejando la
+baja.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>XI</h2>
+
+
+<p>La derrota fue completa.</p>
+
+<p>A los dos d&iacute;as, ninguno de los bolsistas que ten&iacute;an por or&aacute;culo al
+famoso don Ram&oacute;n dudaba de ella. El mismo banquero confesaba que esta
+vez se hab&iacute;a equivocado, aunque no por ello dejaba de sonre&iacute;r,
+asegurando que lo mismo que hab&iacute;a ocurrido una alza contra todas sus
+previsiones, pod&iacute;a sobrevenir una baja, pues no todos los tiempos son
+iguales.</p>
+
+<p>Y aquellos hombres de fe inquebrantable acog&iacute;an como risue&ntilde;a esperanza
+las ambiguas palabras del banquero, prest&aacute;ndoles esto cierta energ&iacute;a
+para sobrellevar el golpe. A todos los admiradores de don Ram&oacute;n les
+hab&iacute;a alcanzado la derrota; pero quien m&aacute;s sufr&iacute;a era el se&ntilde;or Cuadros,
+que de un golpe ve&iacute;a desaparecer todas las ganancias de su vida de
+bolsista.</p>
+
+<p>Pero &eacute;l no desmayaba, no se&ntilde;or. &iquest;Qu&eacute; gran general no sufre una derrota?
+&Eacute;l era soldado fiel de don Ram&oacute;n y le segu&iacute;a a ciegas, convencido de que
+con un hombre as&iacute;, de tropez&oacute;n en tropez&oacute;n, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano se
+llegaba a la victoria.</p>
+
+<p>Con el error del banquero, quedaba lo mismo que antes de entrar en la
+Bolsa: due&ntilde;o de la tienda y de unas cuantas fincas sin importancia. Pero
+esto mismo le animaba y le hac&iacute;a ser m&aacute;s tenaz en sus prop&oacute;sitos. Al
+fin, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a perdido? Igual estaba ahora que antes de entrar en el
+negocio. Lo que hab&iacute;a ganado en la Bolsa justo era que en la Bolsa se
+perdiese. Adem&aacute;s, que le quitasen lo mucho que se hab&iacute;a divertido
+gastando el dinero a manos llenas.... &iexcl;Adelante! El buen carretero
+vuelca muchas veces en un bache insignificante.</p>
+
+<p>Y con tantos &aacute;nimos se sent&iacute;a, que consolaba a Juanito, el cual, sin
+perder tanto como su maestro, mostr&aacute;base aterrado por el suceso.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, muchacho, debes tener m&aacute;s alma o retirarte del negocio, &iquest;Crees
+t&uacute; que se pescan millones sin correr peligro? Aqu&iacute; me tienes a m&iacute;, que
+me he quedado lo mismo que hace un a&ntilde;o: convertido en un tenderillo de
+escasa fortuna. Otro se considerar&iacute;a perdido; pero yo me quedo tan
+fresco. &iquest;Que sigue sosteni&eacute;ndose el alza? Pues yo a la baja, como antes.
+A la baja est&aacute; don Ram&oacute;n, y sigo a su lado. No hay cosa que disguste
+tanto a la suerte como la inconsecuencia.</p>
+
+<p>Y con estas seguridades, dadas en&eacute;rgicamente, aunque sin saber con qu&eacute;
+fundamento, el se&ntilde;or Cuadros consegu&iacute;a serenar a Juanito. No ten&iacute;a igual
+poder sobre don Eugenio, su antiguo principal. El pobre viejo, al saber
+el gran descalabro, en vez de irritarse depuso su hura&ntilde;a actitud,
+aproxim&aacute;ndose a su antiguo dependiente para darle consejos con tono
+paternal.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s a tiempo para retirarte. Lo que te pasa es un aviso de la
+Providencia. En realidad, nada has perdido. El dinero mal ganado se lo
+lleva el diablo. Lo que ahora tienes es lo adquirido honradamente y a
+fuerza de trabajo. Cr&eacute;eme, Antonio; a vivir como Dios manda, con
+tranquilidad y modestia, educando a tu hijo para que sea un hombre de
+provecho, y sin repetir ciertas locurillas de las que no quiero
+hablarte. No tientes a la suerte, que es traidora. Piensa que un segundo
+golpe dejar&iacute;a a tu mujer y a tu hijo en situaci&oacute;n de pedir limosna.</p>
+
+<p>Cuadros, a quien la derrota hab&iacute;a privado de fuerzas para discutir su
+pretendida infalibilidad en jugadas de Bolsa, contestaba afirmativamente
+al viejo y parec&iacute;a aceptar todos sus consejos; mas no por esto se
+hallaba menos decidido a seguir a su grande hombre, sosteni&eacute;ndose a la
+baja, como medio seguro de conquistar los so&ntilde;ados millones. Y tanto &eacute;l
+como Juanito manten&iacute;anse firmes, a pesar de que continuaba el alza y no
+se ve&iacute;a la menor probabilidad de que pudiesen cumplirse las predicciones
+de don Ram&oacute;n.</p>
+
+<p>Algo m&aacute;s que el desgraciado negocio preocupaba a Juanito. Una noche, al
+retirarse despu&eacute;s de acompa&ntilde;ar a T&oacute;nica y su amiga en su paseo por la
+feria, encontr&oacute;se en la puerta de casa con su hermano Rafael, que se
+llevaba el pa&ntilde;uelo al rostro como para ocultar algo que le molestaba.</p>
+
+<p>Arriba, a la luz del comedor, vio a Rafael con un ojo amoratado y las
+narices sucias de sangre. El joven elegante, admiraci&oacute;n y orgullo de la
+mam&aacute;, ol&iacute;a a vino, y con palabrotas de las m&aacute;s soeces explicaba lo que
+acababa de ocurrirle. Nada; una cosa de poca importancia. Se hab&iacute;a
+peleado con un amigo, d&aacute;ndose de bofetadas y palos en medio del puente
+del Real cuando iban a la feria a &uacute;ltima hora.</p>
+
+<p>No quiso decir m&aacute;s, aceptando con gru&ntilde;idos de borracho los cuidados
+paternales de Juanito, que hizo todo cuanto supo para curarle las
+contusiones. El pobre muchacho, al ver a su hermano cruelmente
+aporreado, sinti&oacute; renacer el cari&ntilde;o de otros tiempos, cuando ejerc&iacute;a de
+ni&ntilde;era, sacrific&aacute;ndose en el cuidado de sus hermanitos.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente hizo averiguaciones para conocer con exactitud lo
+ocurrido; y los calaverillas de la Bolsa, que sab&iacute;an lo de la ri&ntilde;a, le
+enteraron con una exactitud cruel.</p>
+
+<p>Quien hab&iacute;a aporreado a su hermano era Roberto del Campo. Los dos
+cenaron en un <i>restaurant</i> para conmemorar los buenos golpes que hab&iacute;an
+dado en la ruleta del <i>Sportsman Club</i>. Se hab&iacute;an emborrachado
+amigablemente, y al dirigirse despu&eacute;s hacia la feria, surgi&oacute; la disputa
+a consequencia de ciertas afirmaciones infames del elegante Roberto.</p>
+
+<p>Aquel miserable se hab&iacute;a permitido asegurar cosas que hac&iacute;an enrojecer
+al pobre Juanito: intimidades repugnantes con su novia cuando por la
+ma&ntilde;ana hablaban en la escalera; secretos, en fin, que Juanito ten&iacute;a por
+calumniosos, y que &uacute;nicamente pod&iacute;a revelar un canalla como aqu&eacute;l. Su
+amigo hab&iacute;a contestado a las confidencias con una bofetada, y despu&eacute;s
+ocurri&oacute; la ri&ntilde;a, de la que Rafael sali&oacute; tan malparado.</p>
+
+<p>Juanito se conmovi&oacute; por el suceso. Decididamente, su hermano no era
+malo; su prontitud en defender la honra de la familia, castigando la
+calumnia, hac&iacute;ale simp&aacute;tico. Y el sencillo Juanito, olvidando lo de la
+borrachera, consider&oacute; a su hermano como un h&eacute;roe. Conmov&iacute;ale el valor
+con que hab&iacute;a defendido a Concha, y no pudo callar ante la interesada el
+entusiasmo que sent&iacute;a por Rafaelito.</p>
+
+<p>Su sorpresa fue inmensa al ver el poco caso que Concha hac&iacute;a de sus
+palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, chico, todo eso que me dices son l&iacute;os de Rafaelito, y har&aacute;s bien
+no meti&eacute;ndote en nada. Yo quiero a Roberto, &iquest;me entiendes? &Eacute;l me quiere
+a m&iacute;, a pesar de todo cuanto digas, y eso de que se permiti&oacute; hablar
+ciertas cosas es una mentira de Rafael, que, seg&uacute;n me han dicho, iba la
+otra noche como una cuba. &iexcl;Vaya que le est&aacute; bien a ese se&ntilde;orito meter
+cisco en la familia! M&aacute;s le valdr&iacute;a no emborracharse, o por lo menos que
+sus borracheras no las pague yo.</p>
+
+<p>Y la joven se expresaba con serenidad, con frescura, como si se tratase
+de la honra de otra y aquel Roberto fuese un infeliz a quien
+calumniaban.</p>
+
+<p>Juanito no pod&iacute;a contener su asombro. &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;qu&eacute; gente aqu&eacute;lla! &iquest;Y
+era su hermana la joven que permanec&iacute;a tranquila ante suposiciones
+ofensivas para su dignidad? Insisti&oacute;, cada vez m&aacute;s escandalizado; pero
+Conchita cort&oacute; rudamente sus recriminaciones:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;llate! Como eres un tonto, crees que todos los j&oacute;venes han de ser
+iguales a ti. Roberto es como es y basta. Yo contenta, pues todos
+satisfechos.</p>
+
+<p>Y le volvi&oacute; la espalda desde&ntilde;osamente.</p>
+
+<p>Entonces acudi&oacute; a la mam&aacute;. &Eacute;l no pod&iacute;a permitir que aquella loca, por
+amor o despreocupaci&oacute;n, mirase impasible lo que de tan cerca her&iacute;a el
+prestigio de la familia. Do&ntilde;a Manuela le escuch&oacute; atenta; aparent&oacute;
+indignarse en el primer momento, pero al fin dijo, con aquel tono de
+inmensa bondad que tan bien le sentaba:</p>
+
+<p>&mdash;Mi pobre Juanito, t&uacute; eres muy bueno; no conoces el mundo, no tienes
+sociedad y te extra&ntilde;an y escandalizan muchas cosas que realmente carecen
+de importancia. No tuerzas el gesto, que no intento defender a ese
+muchacho, aunque me extra&ntilde;a mucho que un joven distinguido y bien
+educado haya podido decir tales infamias. Pero ten en cuenta que tanto
+&eacute;l como Rafaelito estaban algo &laquo;alegres&raquo;, y las cosas hay que tomarlas
+seg&uacute;n est&aacute; el que las dice. En fin, Juanito m&iacute;o, no te preocupes de la
+casa, que aqu&iacute; estoy yo para vigilarlo todo. Adem&aacute;s, ya he dispuesto que
+Conchita no salga m&aacute;s a la escalera. &iquest;No te parece bastante? Pues hijo,
+no hay que echarlo todo a barato. Al fin, Roberto es un buen partido, y
+Conchita no va a despedirlo por cuatro palabras dichas como broma
+imprudente.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela, ofendida por la insistencia de su hijo, que tildaba de
+&laquo;quijotesca&raquo;, se separ&oacute; de &eacute;l casi tan hura&ntilde;a y despreciativa como
+Conchita.</p>
+
+<p>Ahora s&iacute; que Juanito sent&iacute;a a su alrededor un triste vac&iacute;o. &iquest;Qui&eacute;n
+quedaba en aquella casa que pensase como &eacute;l? &Uacute;nicamente en los hombres
+hab&iacute;a que buscar la verg&uuml;enza. Rafaelito y &eacute;l eran los depositarios de
+la dignidad de la familia. Por esto, &eacute;l, que hasta entonces hab&iacute;a
+tratado a distancia y con cierto despego a su hermano, sent&iacute;a un
+recrudecimiento de cari&ntilde;o fraternal. Pero a los dos d&iacute;as de ocurrida la
+ri&ntilde;a le dijeron que Rafael y Roberto iban juntos otra vez, apuntando
+sobre el tapete verde en fraternal combinaci&oacute;n. Los dos se comprend&iacute;an
+y compenetraban; eran la yunta viciosa, ligada por el yugo de la
+comunidad de gustos y la mutua posesi&oacute;n de secretos poco limpios.</p>
+
+<p>Este golpe acab&oacute; de anonadar a Juanito. Tambi&eacute;n su hermano desertaba.
+Nadie; ya no quedaba en su casa un coraz&oacute;n que pudiera colocarse al
+nivel del suyo. &iexcl;C&oacute;mo sent&iacute;a ahora su rompimiento con el t&iacute;o don Juan!
+El viejo, a pesar de su taca&ntilde;er&iacute;a y sus man&iacute;as, era un hombre puro y
+recto.</p>
+
+<p>Juanito pensaba ir en su busca como en otros tiempos, pues sus consejos
+eran como un ba&ntilde;o de dignidad y r&iacute;gida honradez, que le hac&iacute;an resistir
+mejor la atm&oacute;sfera de putrefacci&oacute;n moral de su casa. Cada vez se sent&iacute;a
+m&aacute;s alejado de la familia. Viv&iacute;a como siempre; com&iacute;a con la mam&aacute; y las
+hermanas a la misma hora, pero las escuchaba como si fuesen seres
+extra&ntilde;os encomendados a su observaci&oacute;n; sonre&iacute;a interiormente al
+apreciar sus preocupaciones, indign&aacute;base sin romper su silencio, y
+apenas terminaba el motivo de esta reuni&oacute;n de familia, escapaba para ir
+en busca de T&oacute;nica y de la pobre ciega, sintiendo el anhelo de
+purificarse, cual si las palabras de los suyos estuviesen agarradas a su
+piel como asquerosas manchas.</p>
+
+<p>El pobre muchacho se sent&iacute;a sin fuerzas para seguir viviendo con la
+familia. Un obst&aacute;culo invisible se levantaba entre &eacute;l y los suyos. Dec&iacute;a
+bien su t&iacute;o don Juan. &Eacute;l era de otra raza. Formaba aparte en el seno de
+la familia. Todos estaban ligados por la vida com&uacute;n; pero los otros eran
+la burgues&iacute;a pretenciosa, corrompida prematuramente por la ambici&oacute;n de
+brillar, por el ansia de mentir, encaram&aacute;ndose penosamente a una altura
+usurpada; y &eacute;l era un intruso, el resultado de un encuentro de la
+fuerza, c&aacute;ndida y sumisa, con la corrupci&oacute;n moral, hermosa y
+deslumbrante.</p>
+
+<p>No; &eacute;l no ten&iacute;a madre. Los otros, los de Pajares, eran los leg&iacute;timos
+v&aacute;stagos de do&ntilde;a Manuela, su fiel retrato en lo moral. &Eacute;l s&oacute;lo era el
+hijo de Melchor Pe&ntilde;a, con toda la inocencia, la hombr&iacute;a de bien, la ruda
+dignidad del monta&ntilde;&eacute;s de Arag&oacute;n... y Melchor Pe&ntilde;a hab&iacute;a muerto. Estaba
+solo en el mundo; no ten&iacute;a madre.</p>
+
+<p>Pero a pesar de su tristeza, Juanito segu&iacute;a adorando a aquel &iacute;dolo,
+ante el cual volv&iacute;a la cabeza para no ver los defectos, recordando s&oacute;lo
+lo que le parec&iacute;a bueno.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela pod&iacute;a parecerle en ciertos momentos falta de dignidad; pero
+&eacute;l echaba la culpa de todo a la maldita ambici&oacute;n, que la sum&iacute;a en los
+enredos y trampas, donde dejaba a jirones poco a poco, por sostener el
+boato de familia, aquella altivez que tan bien le sentaba.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s&mdash;y esto era lo principal para Juanito&mdash;, la viuda, dedicada en
+absoluto a sus hijos, buscando por caminos enga&ntilde;osos asegurar su
+porvenir, no hab&iacute;a dado motivo a la m&aacute;s leve murmuraci&oacute;n. Trat&aacute;ndose de
+dinero, era capaz de mentir y hasta de estafar, tomando pr&eacute;stamos sobre
+fincas vendidas muchos a&ntilde;os antes; pero su virtud de mujer aparec&iacute;a
+intachable.</p>
+
+<p>Juanito, como esos desesperados que encuentran todav&iacute;a en su miseria
+cosas agradables, reconoc&iacute;a en su madre grandes defectos, pero se
+extasiaba ante su honradez de mujer.</p>
+
+<p>Un suceso vino o sacarle de la triste preocupaci&oacute;n que le causaban los
+asuntos de su familia. Era el &uacute;ltimo d&iacute;a de la feria. Por la tarde, en
+la Bolsa circul&oacute; una noticia que hizo palidecer a todos los protegidos
+de don Ram&oacute;n Morte. En vez de cumplirse los vaticinios de &eacute;ste, el alza
+continuaba su carrera triunfal, ganando nuevos escalones y arrollando
+las mermadas fortunas de los que osaban ponerse enfrente de ella.</p>
+
+<p>Esta vez desapareci&oacute; por completo la confianza que Juanito ten&iacute;a en la
+infalibilidad de su principal y del se&ntilde;or Morte. La ruina era indudable.
+El mismo don Antonio le hab&iacute;a dicho que si no sobreven&iacute;a pronto la baja
+saltar&iacute;a &eacute;l a fin de mes con todos los jugadores que atend&iacute;an los
+consejos del famoso banquero.</p>
+
+<p>El infeliz joven, poco avezado a los azares del juego, e incapaz de
+ocultar las terribles impresiones de la ruina, sinti&oacute; ganas de llorar en
+plena Bolsa, ante los corredores y los &laquo;alcistas&raquo;, que sonre&iacute;an con un
+gozo feroz viendo la agon&iacute;a de sus contrincantes.</p>
+
+<p>Pero Juanito era de los que en la desgracia aguardan siempre una
+inesperada salvaci&oacute;n. Pens&oacute; que era preciso avisar al se&ntilde;or Cuadros; tal
+vez &eacute;l como hombre experto en los negocios, encontrar&iacute;a el medio de
+salir a flote. Extra&ntilde;&aacute;bale mucho que no estuviera en la Bolsa, siendo
+aquella tarde de agitaci&oacute;n y de emociones, y sali&oacute; inmediatamente en su
+busca.</p>
+
+<p>En <i>Las Tres Rosas</i> s&oacute;lo encontr&oacute; a don Eugenio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurre?&mdash;pregunt&oacute; el vejete&mdash;. Tienes cara de susto.... &iquest;Que si
+est&aacute; Antonio? No; sali&oacute; despu&eacute;s de comer. &iquest;Necesitas verle? &iquest;es urgente
+el asunto? Pues entonces...&mdash;y se rasc&oacute; la cabeza como si dudase&mdash;,
+entonces puedes buscarlo en tu casa; de seguro lo encontar&aacute;s. No s&eacute; qu&eacute;
+demonios tiene que hacer, siempre metido all&iacute;. &iquest;Es que tu mam&aacute; juega
+tambi&eacute;n a la Bolsa?</p>
+
+<p>Juanito no quiso o&iacute;r m&aacute;s, y sali&oacute; a buen paso con direcci&oacute;n a su casa.</p>
+
+<p>Por el camino preocup&aacute;banle las palabras de don Eugenio, la triste
+sonrisa con que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado su &uacute;ltima pregunta. Subi&oacute; al trote la
+escalera de su casa, dando un vigoroso tir&oacute;n a la campanilla. Abri&oacute;
+Visanteta, y al verle comenz&oacute; a darle explicaciones antes que &eacute;l
+preguntase. Las se&ntilde;oritas hab&iacute;an salido; estaban en casa de &laquo;las
+magistradas&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; pero &iquest;y el se&ntilde;or Cuadros, no est&aacute; aqu&iacute;?</p>
+
+<p>Y Juanito mir&oacute; angustiosamente a la criada que balbuceaba, no sabiendo
+qu&eacute; responder.</p>
+
+<p>La empuj&oacute; rudamente y entr&oacute;. Visanteta sin perder su ce&ntilde;uda seriedad,
+levant&oacute; los hombros, hizo un gesto de resignaci&oacute;n, como diciendo: &laquo;Que
+ocurra lo que Dios quiera&raquo;; y volviendo la espalda al se&ntilde;orito, se fue
+hacia el comedor.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a nadie en el sal&oacute;n. Bajo el sof&aacute; sonaba el juguet&oacute;n cascabeleo
+de <i>Miss</i>, la perrita inglesa, que al notar la presencia de Juanito sac&oacute;
+a medias, por entre los lambrequines, su cabeza de juguete.</p>
+
+<p>La mirada del joven examin&oacute; r&aacute;pidamente el sal&oacute;n, fij&aacute;ndose con est&uacute;pida
+tenacidad sobre el sof&aacute;, como si viese en &eacute;l algo extra&ntilde;o que le atra&iacute;a
+sin explicarse la causa. Era una chaqueta blanca arrojada con descuido,
+y que causaba en el joven la misma impresi&oacute;n de esos rostros que siendo
+amigos tardan mucho en reconocerse.</p>
+
+<p>Llev&oacute;se la mano a la frente como si fuera a ara&ntilde;arse con cruel impulso,
+y sus ojos se dilataron con espanto. Fue un momento, un momento de
+v&eacute;rtigo nada m&aacute;s; pero en tan corto espacio crey&oacute; que la habitaci&oacute;n
+danzaba como una peonza, que el techo descend&iacute;a hasta apoyar en su
+cabeza su peso irresistible; vio obscuridad y luces a un mismo tiempo;
+experiment&oacute; fr&iacute;o y calor; sinti&oacute; una bola extra&ntilde;a que se le atascaba en
+la garganta, y en un instante pasaron por su imaginaci&oacute;n, como
+rel&aacute;mpagos l&iacute;vidos, todas las escenas de novela que hab&iacute;a le&iacute;do, con sus
+terribles descubrimientos y sorpresas aplastantes.</p>
+
+<p>Bien conoc&iacute;a aquella chaqueta; era la de su principal, la que tantas
+veces le hab&iacute;a rozado al descansar paternalmente la manga sobre su
+hombro. <i>Miss</i>, saliendo de su escondite, frot&aacute;base contra sus piernas
+gru&ntilde;endo amistosamente.</p>
+
+<p>Pero, en fin, &iquest;qu&eacute; era aquello? Nada significaba el pedazo de tela. Pero
+&iquest;d&oacute;nde estaba el se&ntilde;or Cuadros? Insensiblemente se dej&oacute; arrastrar por un
+esp&iacute;ritu de desconfianza que acababa de despertarse en &eacute;l, y dentro de
+su casa, por una precauci&oacute;n inexplicable, le hac&iacute;a andar de puntillas
+como si fuese un ladr&oacute;n.</p>
+
+<p>Sin darse cuenta de ello, se vio junto al cortinaje que cubr&iacute;a la
+puertecilla por donde entraba do&ntilde;a Manuela todas las noches a la hora de
+acostarse. El mismo instinto que le hac&iacute;a recatarse fue quien hizo
+avanzar su mano levantando levemente un lado de la misteriosa colgadura.</p>
+
+<p>Mir&oacute;, y sin embargo no sufri&oacute; la impresi&oacute;n de momentos antes. Todo era
+verdad. Ahora comprend&iacute;a las palabras de don Eugenio, su sonrisa
+triste, la mirada de conmiseraci&oacute;n con que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado su r&aacute;pida
+salida de la tienda.</p>
+
+<p>Y abrumado por la sorpresa, permaneci&oacute; erguido, con los ojos
+desmesuradamente abiertos, apoyando su espalda en la pared, como si
+temiera desplomarse. Debi&oacute; lanzar un suspiro; tal vez choc&oacute; con
+demasiada rudeza contra la pared.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n anda ah&iacute;?</p>
+
+<p>Y tras larga pausa, contest&oacute; a esta voz femenil otra de hombre en tono
+m&aacute;s bajo, pero que rasg&oacute; los o&iacute;dos de Juanito:</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; <i>Miss</i>, que juega.</p>
+
+<p>No supo c&oacute;mo sali&oacute; de all&iacute;. Lo &uacute;nico que pudo recordar fue que el
+instinto de precauci&oacute;n le dominaba a&uacute;n, y que al bajar la escalera lo
+hizo de puntillas, evitando roces, como si fuera un delincuente y
+temiera ser descubierto.</p>
+
+<p>Cuando se vio en la calle sinti&oacute; un calor insufrible. Ya sab&iacute;a qui&eacute;n le
+apretaba con tanta crueldad la garganta. Era la verg&uuml;enza, que hac&iacute;a
+arder en su interior un fuego de infierno, que enrojec&iacute;a su rostro y
+aceleraba la circulaci&oacute;n de su sangre. Crey&oacute; que todos le miraban, que
+los transe&uacute;ntes ladeaban el cuerpo para evitar su roce, y anduvo
+apresuradamente, como si sintiera tras sus pasos el espectro de su
+verg&uuml;enza que le persegu&iacute;a.</p>
+
+<p>Aire... espacio... libertad; se ahogaba en las calles tortuosas, con sus
+paredes que parec&iacute;an aproximarse para cerrarle la marcha; necesitaba
+horizontes inmensos, para no creerse aplastado, para poder ensanchar sus
+pulmones y arrojar la cruel madeja de suspiros que se apelotonaba en su
+garganta.</p>
+
+<p>Una sensaci&oacute;n fresca le despert&oacute; de aquella pesadilla, que le hac&iacute;a
+caminar como un son&aacute;mbulo aterrado. Estaba en las Alamedas de Serranos,
+y marchaba con la cabeza inclinada, los brazos a la espalda: la misma
+expresi&oacute;n de los tipos casi l&uacute;gubres que acostumbraban a pasear all&iacute;.</p>
+
+<p>A lo lejos, tras las cortinas de los &aacute;rboles que circu&iacute;an el verdoso
+estanque, sonaba el canto de un corro de ni&ntilde;as confundi&eacute;ndose con el
+juguet&oacute;n parloteo de los traviesos gorriones:</p>
+
+<div class="noindent">
+<span style="margin-left: 3.5em;"><i>Yo me quer&iacute;a casar</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>yo me quer&iacute;a casar</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>con un mocito barbero</i>....</span><br />
+</div>
+
+<p>Juanito sent&iacute;a deseos de llorar como cuando escuchaba las romanzas
+italianas de Amparo. Pero ahora no era el amor quien pon&iacute;a en tensi&oacute;n
+sus nervios; eran los recuerdos del pasado, que contrastaban penosamente
+con su situaci&oacute;n actual.</p>
+
+<p>Le hac&iacute;a da&ntilde;o la inocente melopea infantil. Se ve&iacute;a con la imaginaci&oacute;n
+vistiendo el trajecito escoc&eacute;s de su ni&ntilde;ez, cuando su madre, con tocas
+de viuda, le llevaba a la Glorieta a que jugase con las ni&ntilde;as, pues su
+timidez y debilidad no le permit&iacute;an alternar con los revoltosos
+muchachos. &iexcl;Cuan hermosa estaba con sus negras tocas! Juanito la ve&iacute;a al
+trav&eacute;s de los a&ntilde;os como una <i>M&aacute;ter dolorosa</i>, acariciando dulcemente su
+cabeza de ni&ntilde;o y pensando en el doctor Pajares, a pesar de su reciente
+viudez.</p>
+
+<p>Ya no cre&iacute;a en su madre. La fe se hab&iacute;a rasgado en &eacute;l como una
+virginidad irreparable. Le nac&iacute;a da&ntilde;o el canto infantil, y para no
+llorar sali&oacute; r&aacute;pidamente del paseo, siguiendo el pretil del r&iacute;o.</p>
+
+<p>Caminando junto a la carretera polvorienta, sin ver otras caras que las
+de los carreteros que marchaban perezosamente tras sus veh&iacute;culos, o las
+de los guardias de Consumos sentados ante sus garitas, Juanito se
+encontraba mejor. No ten&iacute;a miedo, como el poeta, a encontrarse con su
+dolor a solas, y caminaba por aquel lugar poco frecuentado, saboreando
+con gozo cruel el hondo pesar que, de vez en cuando, estallaba en
+ruidosos suspiros.</p>
+
+<p>Sent&iacute;a en torno de su persona la imagen invisible de un padre que no
+hab&iacute;a conocido. El recuerdo del pobre Melchor Pe&ntilde;a le inspiraba cierta
+conmiseraci&oacute;n. Aqu&eacute;l tambi&eacute;n hab&iacute;a vivido enga&ntilde;ado. Am&oacute; locamente a su
+esposa sin conocer su verdadero car&aacute;cter y muri&oacute; en el error, como
+hubiese muerto &eacute;l, jurando que su madre era la mejor de las mujeres, a
+no haberle conducido la fatalidad al sal&oacute;n de su casa para hacer el m&aacute;s
+terrible de los descubrimientos.</p>
+
+<p>Su madre era una tramposa capaz de todos los enredos y verg&uuml;enzas para
+conservar el falso oropel de su vida; su madre despreciaba las
+murmuraciones que her&iacute;an hondamente el honor de la familia; dejaba a las
+hijas que se arrojasen en el peligro, arrastradas por la desesperada
+audacia de cazar un novio, y al final se entregaba como una perdida en
+brazos de un amigo de su esposo, se vend&iacute;a infamemente cuando estaba
+pr&oacute;xima a la vejez, manchando todo su pasado, por una necesidad del
+orgullo. &iquest;Qu&eacute; era, pues, lo que quedaba a aquella mujer? Nada
+absolutamente. Aquel descubrimiento fatal rasgaba el velo de la
+credulidad, desvanec&iacute;a el optimismo del cari&ntilde;o; la madre aparec&iacute;a a los
+ojos del hijo tal como era, con toda su fealdad moral; y Juanito pensaba
+con rabia en su antiguo &iacute;dolo como el devoto que pierde la fe, y en la
+imagen milagrosa que antes le arrancaba l&aacute;grimas de emoci&oacute;n ve s&oacute;lo un
+miserable le&ntilde;o. &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a nacido del vientre de aquella mujer? &iquest;No
+pod&iacute;a tener una madre como lo son todas? Y furioso contra la fatalidad,
+que le hab&iacute;a dado por madre a do&ntilde;a Manuela, cerraba los pu&ntilde;os como si
+quisiera estrangular a alguien.</p>
+
+<p>Levant&oacute; la cabeza y vio que se hab&iacute;a separado del pretil, siguiendo por
+el camino de ronda. Ante &eacute;l alzaban sus pesadas moles cil&iacute;ndricas las
+dos torres de la puerta de Cuarte, con la rojiza costra acribillada por
+los profundos agujeros de las granadas francesas y las de las
+insurrecciones republicanas.</p>
+
+<p>Contemplaba fijamente los tragaluces angostos y enrejados de los
+calabozos donde estaban los presos militares. Pensaba con envidia que
+all&iacute; dentro, en las mazmorras l&oacute;bregas y h&uacute;medas, se estar&iacute;a muy bien,
+rodeado de absoluto silencio, lejos del mundo, sin pesares que turban
+la existencia.</p>
+
+<p>Permaneci&oacute; mucho tiempo mirando fijamente aquellos colosos de argamasa,
+hasta que por fin se dio cuenta de que algunos chicuelos del barrio
+formaban c&iacute;rculo en torno de &eacute;l, contempl&aacute;ndolo con curiosidad,
+tom&aacute;ndole, sin duda, por uno de esos viajeros que para el vulgo han de
+ser forzosamente ingleses.</p>
+
+<p>Juanito huy&oacute; de aquella piller&iacute;a, cuya mirada insolente y burlona nada
+bueno presagiaba, y sigui&oacute; por el camino de ronda, sumi&eacute;ndose al poco
+rato en sus tristes reflexiones. Volv&iacute;a a caminar autom&aacute;ticamente, sin
+fijarse en las personas que pasaban junto a &eacute;l. Llevaba abiertos los
+ojos, miraba a todas partes, y nada ve&iacute;a. Nada, no; lo real, lo
+inmediato a su persona no lograba fijarse en su retina; pero en cambio,
+ve&iacute;a siempre, con una tenacidad desesperante, la blanca chaqueta
+arrugada brutalmente como la s&aacute;bana del lecho despu&eacute;s de una noche de
+placer, y luego... luego ve&iacute;a tambi&eacute;n la cortina alzada revelando una
+parte del atentado vergonzoso, de la degradaci&oacute;n maternal, que era para
+&eacute;l un golpe de muerte.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, cu&aacute;n execrable le resultaba ahora su antiguo &iacute;dolo! Y sin embargo,
+estaba convencido de que todo su odio era una impresi&oacute;n del momento, que
+se desvanecer&iacute;a apenas se hallase en presencia de la mam&aacute;. Es muy
+dif&iacute;cil desarraigar un cari&ntilde;o de tantos a&ntilde;os; y este convencimiento era
+lo que m&aacute;s desesperaba a Juanito. Sent&iacute;ase avergonzado por tener tal
+madre y adorarla, sin embargo, con la dulce ceguera del cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh...! &iexcl;a un lado!</p>
+
+<p>Juanito salt&oacute; hacia atr&aacute;s instintivamente, al sentir en su rostro el
+bufido ardoroso de dos caballos. Hab&iacute;a llegado a la entrada del camino
+del Cementerio, y aquellas bestias que casi le atropellaban eran los
+jacos huesosos, antip&aacute;ticos y enfermizos que tiraban de un coche
+f&uacute;nebre. El t&eacute;trico conductor, con su librea negra y mugrienta, pas&oacute;,
+rociando de injurias al distra&iacute;do y amenaz&aacute;ndole con su l&aacute;tigo.</p>
+
+<p>Juanito apenas si pudo verle. Sus ojos estaban fijos en el f&eacute;retro
+blanco y dorado que se mec&iacute;a con el traqueteo de las ruedas, dejando en
+su memoria la impresi&oacute;n de una nubecilla surcada por rayos de sol.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n deb&iacute;a estarse bien all&iacute;. Mejor que en los calabozos que antes
+contemplaba con envidia. El silencio para siempre, la amarga
+satisfacci&oacute;n del no ser, la grandiosa monoton&iacute;a de la eternidad libre de
+toda alteraci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; no iba &eacute;l dentro de aquella caja? &iquest;Por qu&eacute; no
+hab&iacute;a ca&iacute;do cuatro a&ntilde;os antes, cuando sufri&oacute; una pulmon&iacute;a que puso en
+conmoci&oacute;n a toda su familia? Al menos habr&iacute;a muerto creyendo en su
+madre, y al partir le hubiera consolado un gesto, una l&aacute;grima de aquella
+mujer. Pero ahora estaba solo. Morir&iacute;a aislado; lo &uacute;nico que le
+fortalec&iacute;a era la certeza de la muerte como soluci&oacute;n para sus males.</p>
+
+<p>El rostro de una joven asomada a la ventanilla de uno de los carruajes
+del cortejo f&uacute;nebre pareci&oacute; cambiar el curso de sus ideas. No; era una
+locura buscar la muerte. Si no hubiese conocido a T&oacute;nica, podr&iacute;a aceptar
+tan desesperada resoluci&oacute;n; pero siendo amado por ella, era una locura.
+A&uacute;n hab&iacute;a remedio. Una parte de su capital la hab&iacute;a entregado a don
+Ram&oacute;n Morte, no para jugadas de Bolsa, sino para la adquisici&oacute;n de
+valores p&uacute;blicos. Vender&iacute;a, aunque fuese con p&eacute;rdida, esta parte segura
+de su capital; pagar&iacute;a las deudas importantes que hab&iacute;a contra&iacute;do por
+salvar a su madre, y con lo que le quedase se establecer&iacute;a modestamente,
+ser&iacute;a el due&ntilde;o de <i>Las Tres Rosas</i> o de una tienda m&aacute;s peque&ntilde;a,
+cas&aacute;ndose en seguida con T&oacute;nica. &Eacute;sta era la verdadera soluci&oacute;n. Nada de
+buscar millones; la lecci&oacute;n hab&iacute;a sido dura. Comerciante rutinario y
+cachazudo, buen marido y padre virtuoso; &eacute;sta era la felicidad, lo que
+&eacute;l ambicionaba para el porvenir.</p>
+
+<p>Y cuando con m&aacute;s entusiasmo forj&aacute;base la ilusi&oacute;n de la tranquilidad
+patriarcal, un silbido estridente rasg&oacute; los aires, como si Mefist&oacute;feles,
+desde las nubes, contestase con su carcajada chillona a los hermosos
+planes de virtud dom&eacute;stica. Juanito, sin dejar de andar, despert&oacute; del
+extra&ntilde;o sonambulismo que le hac&iacute;a correr en torno de la ciudad, agitado
+a cada instante por los m&aacute;s diversos pensamientos. Frente a &eacute;l
+perfil&aacute;base sobre el cielo de p&aacute;lido azul la plaza de Toros, con su
+contorno de circo romano. Entre ella y el joven estaba el paso a nivel
+de la v&iacute;a f&eacute;rrea, donde comenzaba a palpitar, lanzando mugidos, una
+bestia de hierro.</p>
+
+<p>Juanito viose detenido por la cadena que acababa de tender el guardav&iacute;a.
+Este obst&aacute;culo pareci&oacute; irritarle. Sinti&oacute; otra vez dentro de s&iacute; aquel
+compa&ntilde;ero misterioso que le hab&iacute;a guiado en el sal&oacute;n de su casa al hacer
+los terribles descubrimientos. Algo le dec&iacute;a ahora con acento imperioso.
+Le empujaba, y &eacute;l obedec&iacute;a autom&aacute;ticamente. Olvidaba las ilusiones de
+futura felicidad que se hab&iacute;a forjado momentos antes, y el ata&uacute;d
+coquet&oacute;n, aquel f&eacute;retro de raso blanco y bordados de oro, parec&iacute;a
+brillar ante &eacute;l, como un astro que le iluminase con su camino. Abr&iacute;ase
+su tapa, mostrando el interior mullido y acolchado como el de una caja
+de dulces. Unos cuantos pasos m&aacute;s, y se quedaba dentro para siempre....</p>
+
+<p>De pronto, Juanito se sinti&oacute; cogido por los brazos, zarandeado y
+empujado hacia atr&aacute;s con tal fuerza, que estuvo pr&oacute;ximo a caer.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;adonde va usted? &iquest;Est&aacute; usted loco...?</p>
+
+<p>El que le hablaba era el guardav&iacute;a, un mocet&oacute;n de blusa azul con
+iniciales rojas.</p>
+
+<p>Entonces se dio cuenta de que estaba a pocos pasos de un tren que,
+conmoviendo el suelo, dando mugidos, por la chimenea y rugiendo por las
+v&aacute;lvulas de escape, sal&iacute;a de la estaci&oacute;n, abofeteando a los m&aacute;s pr&oacute;ximos
+con el viento de su r&aacute;pido paso.</p>
+
+<p>Juanito lo comprendi&oacute; todo. Hab&iacute;a pasado por debajo de la cadena, y el
+empleado acababa de detenerle casi en la misma cabeza del tren que
+avanzaba.</p>
+
+<p>El guardav&iacute;a mir&aacute;bale con ojos interrogantes, en los que era visible la
+sospecha de un intento de suicidio. Los curiosos agolpados a ambos lados
+de la v&iacute;a daban a entender lo mismo con sus palabras.</p>
+
+<p>Juanito, avergonzado, sigui&oacute; a buen paso el mismo camino de antes, como
+si despu&eacute;s de lo ocurrido le fuera imposible continuar adelante dando la
+vuelta completa a la ciudad.</p>
+
+<p>Pas&oacute; por el lugar donde hab&iacute;a encontrado el f&uacute;nebre cortejo, y no pens&oacute;
+ya en aquel ata&uacute;d blanco que le obsesionaba con la m&aacute;s amarga de las
+seducciones. Tampoco levant&oacute; la desalentada cabeza para contemplar las
+torres de Cuarte, cuyos rojizos muros adquir&iacute;an en su parte alta un
+tinte de incendio reflejando la puesta del sol.</p>
+
+<p>La frescura que sinti&oacute; siguiendo el pretil del r&iacute;o pareci&oacute; reanimarle.
+Comenzaba el crep&uacute;sculo. En el cauce del r&iacute;o, las charcas y riachuelos,
+reflejando en su fondo el rojo horizonte, brillaban como si fuesen de
+encendida lava. En la ciudad, los vidrios de los altos balcones y de las
+esbeltas torrecillas destac&aacute;banse sobre la masa obscura de los edificios
+como placas de fuego. La calma del crep&uacute;sculo, compuesta de murmullos
+imperceptibles, de l&aacute;nguidos suspiros que exhala la Naturaleza pr&oacute;xima a
+adormecerse, invad&iacute;a el ambiente. Desde el pretil ve&iacute;anse reba&ntilde;os de
+obscuras ovejas, que al comp&aacute;s perezoso de las esquilas iban en busca
+del corral, mientras que por la parte de arriba, por la carretera
+polvorienta, marchaban tambi&eacute;n en retirada los reba&ntilde;os del trabajo,
+gentes de espalda encorvada y blusa vieja, con la cara sudorosa y el
+saco de herramientas a la espalda.</p>
+
+<p>La melancol&iacute;a del crep&uacute;sculo se apoderaba de Juanito. Cuando entr&oacute; otra
+vez en las Alamedas de Serranos, sus piernas flaqueaban, y sinti&oacute; la
+necesidad de dejarse caer en uno de los bancos.</p>
+
+<p>En aquel paseo silencioso, casi desierto, que lentamente se obscurec&iacute;a,
+pod&iacute;a forjarse la ilusi&oacute;n de que estaba en un jard&iacute;n de su propiedad,
+donde nadie vendr&iacute;a a turbar la pereza dolorosa, el anonadamiento triste
+en que iba sumi&eacute;ndose.</p>
+
+<p>En las charcas del r&iacute;o, las ranas comenzaban a templar sus instrumentos
+de dos notas para la interminable sinfon&iacute;a de la noche; en la inmediata
+carretera sonaba el chirrido de los carros.</p>
+
+<p>La humedad del sombr&iacute;o arbolado empapaba las ropas de Juanito,
+adormeci&eacute;ndole. Hubo momentos en que su imaginaci&oacute;n, lanzada en el
+camino de la insensatez, h&iacute;zole pensar que, como en los cuentos
+fant&aacute;sticos, un colosal murci&eacute;lago le abanicaba con sus alas, para
+chuparle la sangre despu&eacute;s de dormido.</p>
+
+<p>De pronto, vio plantadas ante &eacute;l, mascullando palabras ininteligibles y
+extendiendo vergonzosamente las manos, dos ni&ntilde;as entecas, dos cabezas
+con el pelo revuelto y erizado como espantables Medusas, mostrando las
+piernas enflaquecidas y desnudas por debajo de los gui&ntilde;apos que las
+serv&iacute;an de faldas. Una profunda conmiseraci&oacute;n invadi&oacute; el &aacute;nimo de
+Juanito. Aqu&eacute;llas eran a&uacute;n m&aacute;s desgraciadas que &eacute;l. Tal vez no hab&iacute;an
+conocido a sus madres, y esto era mil veces peor que tener una aunque
+fuese como la suya. Olvid&oacute; repentinamente todas las precauciones de su
+car&aacute;cter econ&oacute;mico, y dej&oacute; el pu&ntilde;ado de pesetas que llevaba en el
+chaleco en aquellas manecitas, que, asombradas y faltas de costumbre, no
+sab&iacute;an c&oacute;mo oprimir la lluvia de plata. Las pesetas ca&iacute;an al suelo, y
+Juanito no se arrepent&iacute;a de su generosidad.</p>
+
+<p>Indudablemente, all&aacute; arriba hab&iacute;a alguien vi&eacute;ndolo todo: lo mismo lo que
+pasaba por las tardes en una alcoba, que lo que ocurr&iacute;a por la noche en
+un paseo solitario entre dos mendigas peque&ntilde;as y un hombre m&aacute;s ni&ntilde;o que
+ellas.</p>
+
+<p>La desgracia le persegu&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n sabe lo que le estaba reservado? Tal
+vez alg&uacute;n d&iacute;a, con m&aacute;s verg&uuml;enza que aquellas infelices, tendr&iacute;a que
+tender la mano a las gentes, sintiendo calor en el rostro y en el
+est&oacute;mago el cruel ara&ntilde;azo del hambre. Y como para sellar su pacto con la
+desgracia futura, cogi&oacute; entre sus manos las desmelenadas cabecitas,
+bes&aacute;ndolas en las sucias mejillas, en los labios cubiertos de costras.</p>
+
+<p>Esto asombr&oacute; a las mendigas m&aacute;s a&uacute;n que la generosidad de momentos
+antes. Sus ojos c&aacute;ndidos y virginales deshonr&aacute;ronse con una viva chispa
+de malicia; tras la inocencia infantil asom&oacute; la precocidad de la vida
+aventurera, las lecciones infames aprendidas sobre el barro de las
+calles; y las dos, apretando convulsivamente sus pu&ntilde;ados de pesetas,
+huyeron como si las amenazase un terrible peligro.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s pas&oacute; una mujer peque&ntilde;a y enflaquecida, una pobre obrera de las
+que habitan en la otra orilla del r&iacute;o. Cansada del trabajo, sosten&iacute;a en
+un brazo la pesada cesta y un chicuelo mofletudo que se agitaba con
+nerviosa alegr&iacute;a, mientras tiraba con la otra mano de un galop&iacute;n de
+cinco a&ntilde;os que se obstinaba en no andar por hab&eacute;rsele desatado el
+zapato.</p>
+
+<p>La mujercita salud&oacute; con una dulce sonrisa a Juan, y dejando sobre su
+mismo banco el peque&ntilde;o y la cesta, encorv&oacute;se penosamente para atar el
+zapato de su hijo mayor. Despu&eacute;s de acariciarle su enorme cabeza, volvi&oacute;
+a recuperar lo que hab&iacute;a dejado sobre el banco y prosigui&oacute; su marcha,
+siempre abrumada por la fatiga, pose&iacute;da por triste desaliento, pero
+satisfecha y sonriente al mirar a sus dos peque&ntilde;uelos, cruz abrumadora
+que arrastraba en el calvario de la miseria.</p>
+
+<p>Juanito crey&oacute; despertar ante aquella aparici&oacute;n. Era una verdadera madre
+la mujercita de la dulce sonrisa. En aquel grupo de conmovedora miseria
+hab&iacute;a algo que &eacute;l no hab&iacute;a conocido jam&aacute;s, y los dos pobres chicuelos,
+martirizados por el hambre, destinados a vivir como parias de la
+sociedad, gozaban lo que &eacute;l, criado entre lujo y ostentaci&oacute;n, no hab&iacute;a
+tenido nunca.</p>
+
+<p>Sent&iacute;a deseos de pedir a Dios que hiciese un milagro, que le convirtiese
+en uno de aquellos ni&ntilde;os, destinados a ser bestias de carga para el
+bienestar de sus semejantes, pero que al menos ten&iacute;an una madre que los
+amaba sin distinguirlos y no se vend&iacute;a a pesar de su miseria. Sinti&oacute; de
+pronto en sus manos la ca&iacute;da de algo caliente que resbalaba sobre su
+epidermis. Lloraba. Al alejarse el tierno grupo, las l&aacute;grimas hab&iacute;an
+asomado a sus ojos, y no hac&iacute;a ning&uacute;n esfuerzo por contenerlas,
+sintiendo al llorar una sensaci&oacute;n voluptuosa, como si sus pulmones, con
+extraordinaria dilataci&oacute;n, hubiesen expelido aquel nudo que le oprim&iacute;a
+la garganta.</p>
+
+<p>As&iacute; pas&oacute; mucho tiempo: con el sombrero ca&iacute;do a sus pies y la cabeza
+apoyada en una mano, dejando que las l&aacute;grimas resbalasen a lo largo de
+su antebrazo.</p>
+
+<p>Los &uacute;ltimos transe&uacute;ntes que pasaron fueron unas buenas mozas con la
+cesta al brazo, moviendo al andar bizarramente sus fuertes caderas.
+Deb&iacute;an ser cigarreras que volv&iacute;an de la f&aacute;brica. Miraron entre
+compasivas y burlonas al se&ntilde;orito que lloraba, y se alejaron haciendo
+comentarios a toda voz. &iexcl;Un hombre llorando! Indudablemente le hab&iacute;a
+enga&ntilde;ado la novia o hab&iacute;a muerto su madre. A Juanito no le hicieron da&ntilde;o
+los burlones comentarios de aquellas muchachas. Hab&iacute;an acertado. Su
+madre hab&iacute;a muerto aquella tarde, y por esto lloraba.</p>
+
+<p>Tras el desahogo del llanto, qued&oacute; fatigado, con los miembros
+entumecidos, como si acabase de hacer una larga marcha.</p>
+
+<p>No supo si hab&iacute;a dormido o si el tiempo pas&oacute; con extraordinaria rapidez;
+lo cierto fue que al apartar las ardientes manos mojadas en l&aacute;grimas y
+erguir su cabeza, vio que era de noche. Por entre el ramaje de los
+&aacute;rboles ve&iacute;ase el cielo azul obscuro de las noches de verano, moteado
+por el luminoso polvo sideral.</p>
+
+<p>Como un sordo rugido semejante al hervor de lejana caldera, llegaban los
+rumores de la ciudad al paseo obscuro y silencioso.</p>
+
+<p>Cantaban las ranas con una monoton&iacute;a desesperante; reflej&aacute;banse las
+temblorosas estrellas en el fondo de las charcas; en el inmediato
+estanque conmov&iacute;anse con estremecimientos voluptuosos las plantas
+verdosas que extend&iacute;an sus palmitos a flor de agua, y a lo lejos, como
+un eco, sonaban los ladridos de los perros del arrabal.</p>
+
+<p>Aquel silencio matizado por los ruidos propios de la noche hac&iacute;a
+imaginarse a Juanito que se hallaba en un tranquilo pueblo, lejos de una
+vida en la que s&oacute;lo hab&iacute;a encontrado hondos pesares. Su mirada vagaba
+errante por entre los puntos de luz, que le parec&iacute;an impenetrables
+jerogl&iacute;ficos trazados en el cielo. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an aquellos mundos? Y
+pensando en esto, recordaba confusamente la poca geograf&iacute;a aprendida en
+la escuela, las innumerables consejas que hab&iacute;a o&iacute;do relatar sobre la
+influencia de los astros sobre los hombres.</p>
+
+<p>Cre&iacute;a en lo maravilloso, en la influencia astrol&oacute;gica, sintiendo que la
+calma augusta de la inmensidad se filtraba en su &aacute;nimo.</p>
+
+<p>Como si le atrajesen aquellos mundos desconocidos, cre&iacute;a elevarse en el
+espacio, dejando muy lejos, bajo sus pies, la tierra, llena de miserias.
+Su coraz&oacute;n parec&iacute;a ensancharse, crecer, convertirse en un m&uacute;sculo
+gigantesco que ocupaba todo su pecho y lo hac&iacute;a estallar como un saco
+angosto. Ya no odiaba a nadie.</p>
+
+<p>Todos los seres de la tierra le parec&iacute;an peque&ntilde;os; y sintiendo la tierna
+conmiseraci&oacute;n de las almas grandes, sonre&iacute;a dulce pero compasivamente al
+pensar en su madre, en sus hermanas y hasta en la misma T&oacute;nica.</p>
+
+<p>Nada le impresionaba ya; todo le era indiferente: amistad, familia y
+amor. &Eacute;l no era de este mundo; su verdadera patria estaba arriba. Y
+miraba a los astros con ojos interrogantes, como inquilino que escoge la
+mejor habitaci&oacute;n para trasladarse a ella.</p>
+
+<p>Pero las impurezas de la realidad le despertaron otra vez de su
+sonambulismo. Pasaban misteriosas parejas por detr&aacute;s de los macizos de
+&aacute;rboles, unidas por dulce intimidad, con paso recatado, cuchicheando
+levemente y buscando un lugar a prop&oacute;sito para aislarse de otros a
+quienes la cita nocturna llevaba tambi&eacute;n all&iacute;.</p>
+
+<p>Esto sublev&oacute; a Juanito. Ten&iacute;a por suyo el paseo, la calma de la noche,
+el puro silencio que le envolv&iacute;a; la imp&uacute;dica invasi&oacute;n de libertinos
+callejeros y mercenarias ambulantes caus&aacute;bale el efecto de un atentado
+contra su propiedad. Un sentimiento de asco le hizo ponerse en pie; y
+recogiendo su sombrero, sali&oacute; de la obscura alameda.</p>
+
+<p>Las campanas de los relojes atrajeron su atenci&oacute;n, haciendo que mirase
+el suyo a la luz de un farol.</p>
+
+<p>Eran las diez y media. Le sorprendi&oacute; la rapidez con que hab&iacute;a
+transcurrido el tiempo y continu&oacute; su camino, dispuesto a vagar sin rumbo
+fijo; pero los grupos de gente que siguiendo el pretil marchaban en la
+misma direcci&oacute;n le arrastraron, haciendo que insensiblemente se
+encaminara a la feria de la Alameda.</p>
+
+<p>Al llegar al puente del Real pas&oacute; por entre los tranv&iacute;as y carruajes,
+que, parados en la obscuridad, parec&iacute;an mirar al gent&iacute;o con los
+encarnados y redondos ojos de sus faroles.</p>
+
+<p>El magn&iacute;fico panorama reanim&oacute; a Juanito. Al otro lado del r&iacute;o, millares
+de luces de colores, en serpenteantes l&iacute;neas o marcando el contorno de
+los pabellones arquitect&oacute;nicos, desvanec&iacute;an la obscuridad, produciendo
+un rojizo vaho que se extend&iacute;a por el cielo coma el reflejo de lejano
+incendio. Las charcas del r&iacute;o se poblaban de inquietos peces de fuego.</p>
+
+<p>Atraves&oacute; el puente sufriendo los codazos de la multitud. Aquella noche
+era la &uacute;ltima de feria. Destac&aacute;banse los grupos de soldados, con los
+roses enfundados de blanco; los huertanos iban en cuadrilla, cogidos de
+las manos por temor de extraviarse; y pasaban las labradoras con su
+traje de fiesta, arrastrando tras s&iacute; un racimo de chiquillos llorones y
+cansados, precedidas por los maridos en mangas de camisa, chaleco negro
+y el garrote de Liria en la mano, mirando a todos con fijeza, como si
+temiesen que los &laquo;se&ntilde;oritos&raquo; se burlasen de la familia.</p>
+
+<p>Los farolillos venecianos formaban gigantescos pabellones de una
+claridad difusa. En la entrada de la Alameda apeloton&aacute;base el gent&iacute;o, y
+por entre la masa de espaldas arqueadas y codos en punta pasaban las
+floristas con su cesto de mimbres erizado de ramilletes y las chicuelas
+desgre&ntilde;adas, con el c&aacute;ntaro en la cadera y el turbio vaso en la mano,
+pregonando: &laquo;&iexcl;<i>Al aigua fresqueta</i>!&raquo;</p>
+
+<p>Juanito viose detenido por la masa api&ntilde;ada ante el tablado de los bailes
+populares. Sonaba el agudo cornet&iacute;n repitiendo mon&oacute;tonamente la
+contradanza moruna o acompa&ntilde;ando las voces de los cantadores, y a su
+comp&aacute;s saltaban sobre el tablado las parejas de bailarines, que de lejos
+parec&iacute;an polichinelas.</p>
+
+<p>En aquel lugar bifurc&aacute;base la corriente del gent&iacute;o. La gente alegre y
+ruidosa, los labradores, la chavaler&iacute;a de gorrilla y tufos o de falda
+almidonada y pa&ntilde;uelo de seda, segu&iacute;a por el pretil del r&iacute;o mirando la
+larga fila de casetas, en las que se aburr&iacute;an los feriantes esperando al
+comprador que nunca llegaba.</p>
+
+<p>Por el lado opuesto, por la avenida central, donde estaban establecidos
+los pabellones de baile, marchaba la gente &laquo;distinguida&raquo;, con
+parsimonia, como en una procesi&oacute;n, mirando con el rabillo del ojo a los
+que estaban en las compactas filas de sillas, o deteni&eacute;ndose un instante
+para contemplar las parejas que danzaban en los pabellones.</p>
+
+<p>Juanito, confundido entre este p&uacute;blico e insensible a las cosas de este
+mundo, lo encontraba todo feo y rid&iacute;culo con su pesimismo feroz.</p>
+
+<p>Aquellos pabellones, que vistos con un poco de buena voluntad a la luz
+artificial recordaban los palacios deslumbrantes de las leyendas,
+parec&iacute;anle rid&iacute;culas barracas. Y luego, &iexcl;qu&eacute; asco le produc&iacute;an los
+imb&eacute;ciles que en aquellos salones al aire libre bailaban como monigotes,
+sin advertir que el gent&iacute;o se divert&iacute;a con sus saltos!</p>
+
+<p>En uno de aquellos pabellones estar&iacute;a su hermano Rafael. Y el muy
+imb&eacute;cil tal vez se divertir&iacute;a, tal vez estar&iacute;an con &eacute;l las hermanitas, y
+todos juntos mirar&iacute;an con desprecio a la gente que se pasea por bajo,
+sin pensar que de all&iacute; podr&iacute;a salir un acusador an&oacute;nimo que les gritara:
+&laquo;&iexcl;Todo ese lujo, esa altivez que ostent&aacute;is, son debidos a la trampa, a
+la desverg&uuml;enza, a que vuestra madre es una...!&raquo;</p>
+
+<p>No; decididamente, &eacute;l no pod&iacute;a seguir paseando por aquella parte de la
+feria. Volv&iacute;an a reaparecer las tristes ideas de la tarde; pensaba otra
+vez en su madre. Adem&aacute;s, de seguir por cerca de los pabellones, estaba
+expuesto a encontrarse con su familia, con el se&ntilde;or Cuadros, con
+cualquiera otro que le hiciera acordarse de lo que &eacute;l ten&iacute;a empe&ntilde;o en
+olvidar.</p>
+
+<p>Huy&oacute; de aquellos sitios, dirigi&eacute;ndose al final de la feria, donde
+estaban los <i>restaurants</i> al aire libre, las bu&ntilde;oler&iacute;as apestando el
+ambiente con el aceite frito de sus fogones, y las rifas, cuyos due&ntilde;os
+atra&iacute;an con furiosos gritos a la gente, prometiendo una fortuna. M&aacute;s
+all&aacute; estaban los vendedores de sand&iacute;as, voceando tras sus montones de
+verdes bombas; las mesas de comida barata, donde cenaban chorizos crudos
+y morcillas secas los soldados y los labradores; y al final, los
+barracones de espect&aacute;culos: <i>El teatro m&aacute;gico</i>, <i>La mujer gorda</i>, <i>Los
+perros sabios</i>, con &oacute;rganos a la puerta que hac&iacute;an sonar una m&uacute;sica
+extravagante, propia de una fiesta de can&iacute;bales. Juanito, con los
+nervios excitados, acab&oacute; por huir, refugi&aacute;ndose en los jardinillos a la
+inglesa que la gente llama &laquo;el Plant&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a encontrarse como en las Alamedas de Serranos, en una soledad
+relativa, mirando desde su banco la agitaci&oacute;n de la feria y contemplando
+el cielo a trav&eacute;s de las copas de los &aacute;rboles, cuyas hojas, ba&ntilde;adas por
+el reflejo de la luz artificial, cambiaban su tono verde por un plateado
+mate.</p>
+
+<p>All&iacute;, por un extra&ntilde;o capricho de su imaginaci&oacute;n, pens&oacute; en los negocios.
+Recordaba las noticias que le hab&iacute;an dado aquella tarde en la Bolsa. La
+ruina era indudable. &iexcl;Bien les hab&iacute;a dejado el c&eacute;lebre banquero con su
+pretendida infalibilidad!</p>
+
+<p>Su principal, el se&ntilde;or Cuadros, pod&iacute;a tenerse por hombre al agua. En
+cuanto a &eacute;l, daba por perdida una gran parte de su fortuna, y &uacute;nicamente
+confiaba en los valores del Estado que por encargo suyo hab&iacute;a adquirido
+el se&ntilde;or Morte. Eran unos tres mil duros, y con esta cantidad pensaba
+encontrar la salvaci&oacute;n.</p>
+
+<p>El optimismo tornaba a apoderarse de su &aacute;nimo, como una reacci&oacute;n
+necesaria tras tantas horas de insufrible dolor. A&uacute;n ten&iacute;a salvaci&oacute;n. Se
+alejar&iacute;a de aquella familia que s&oacute;lo era en apariencia suya, pero a la
+cual no le ligaba lazo alguno; se casar&iacute;a con T&oacute;nica, buscar&iacute;a una
+tienda modesta y emprender&iacute;a otra vez la conquista azarosa y dif&iacute;cil del
+dinero, teniendo por maestro a don Eugenio y siguiendo los
+procedimientos lentos y rutinarios del comercio a la antigua.</p>
+
+<p>No ser&iacute;a millonario, no so&ntilde;ar&iacute;a con palacios en el Ensanche y brillantes
+trenes de lujo; pero al llegar a la vejez se pasear&iacute;a por una tienda
+acreditada, con zapatillas bordadas, gorro de terciopelo y la
+prosopopeya de un honrado patriarca, viendo a los hijos talludos tras el
+mostrador, como activos dependientes, y a T&oacute;nica, hermosa a pesar de los
+a&ntilde;os, con el pelo blanco y los ojos de dulce mirada anim&aacute;ndole el
+arrugado rostro.</p>
+
+<p>Y el pobre muchacho conmov&iacute;ase ante este cuadro de futura felicidad; y
+as&iacute; como antes el dolor le hac&iacute;a llorar, ahora suspiraba con angustia a
+causa de la alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Cruz&oacute; el espacio un silbido r&aacute;pido, estridente, un ruido semejante al
+desgarro de inmensa s&aacute;bana, y en lo m&aacute;s alto del cielo, despu&eacute;s de una
+detonaci&oacute;n de lejano ca&ntilde;onazo, esparci&oacute;se un haz de puntos luminosos de
+diversos colores, que descendieron lentamente, dejando tras s&iacute;
+culebrillas de fuego.</p>
+
+<p>Eran los cohetes voladores que anunciaban el disparo de los fuegos
+artificiales. Juanito, con la atenci&oacute;n de un muchacho, segu&iacute;a las
+vertiginosas curvas de aquellas veloces rayas de fuego en el obscuro
+espacio. Cuando comenzaron a arder con gran estruendo los fuegos
+artificiales en un extremo de la feria, &eacute;l no abandon&oacute; su asiento.
+Estaba molido; sus piernas entumecidas neg&aacute;banse a obedecerle, y la
+debilidad y el cansancio le produc&iacute;an, en ciertos momentos, algo as&iacute;
+como asomos de v&eacute;rtigo.</p>
+
+<p>Toda la feria adquir&iacute;a un aspecto fant&aacute;stico alumbrada por las bengalas,
+que tan pronto la coloreaban de alegre rosa como daban a las personas un
+tinte l&iacute;vido.</p>
+
+<p>Un rugido de entusiasmo salud&oacute; el principio de la <i>traca</i>, diversi&oacute;n
+favorita de un pueblo que ha heredado de los moros la afici&oacute;n a correr
+la p&oacute;lvora. Pendiente de los &aacute;rboles daba la vuelta al largo paseo
+aquella envoltura de papel rellena de p&oacute;lvora, colgando a trechos los
+blancos cucuruchos que conten&iacute;an los truenos.</p>
+
+<p>Durante media hora repiti&oacute; el eco aquel estruendo de batalla. Las
+mujeres, puestas de pie sobre las sillas, miraban con nerviosa
+curiosidad la nube de humo erizada de rel&aacute;mpagos que se acercaba,
+dejando tras s&iacute; un ambiente cargado de azufre y voladoras pavesas; y
+cuando el estruendo llegaba frente a ellas, cubr&iacute;anse los rostros con
+los abanicos, hund&iacute;an la cabeza en el pecho, o sin dejar de re&iacute;r,
+llev&aacute;banse las manos a los o&iacute;dos, como si no pudieran resistir el trueno
+continuo, cuya intensidad sub&iacute;a o bajaba, llegando en algunos instantes,
+con la violencia de la explosi&oacute;n, a hacer el vac&iacute;o, dejando sin aire los
+pulmones.</p>
+
+<p>La fiebre levantina enloquec&iacute;a a los nietos de los r&iacute;fenos, y eran
+muchos los que, con la blusa chamuscada, sacudi&eacute;ndose la lluvia de
+pavesas, corr&iacute;an siguiendo la marcha del fuego, deteni&eacute;ndose para silbar
+al pirot&eacute;cnico cuando la <i>traca</i> se cortaba, apag&aacute;ndose por algunos
+segundos. Con la violencia de las explosiones saltaban hechos a&ntilde;icos los
+globos de vidrio del alumbrado de gas; el azufre col&aacute;base por todas las
+gargantas, llevando al fondo de los est&oacute;magos su sabor insufrible; pero
+todo entraba en la diversi&oacute;n, y al final, cuando estallaba el trueno
+gordo, haciendo temblar el suelo de la feria, la gente menuda prorrump&iacute;a
+en estruendosa aclamaci&oacute;n, despertando de la pesadilla belicosa que la
+hab&iacute;a enardecido durante media hora.</p>
+
+<p>Al terminar la <i>traca</i>, Juanito sali&oacute; de la feria. Ten&iacute;a prisa en
+llegar a casa antes que su familia. Reconoc&iacute;ase sin fuerzas para
+resistir la presencia de su madre. Carec&iacute;a de costumbre en el
+fingimiento, y la expresi&oacute;n de su rostro le har&iacute;a traici&oacute;n. Adem&aacute;s,
+sent&iacute;ase muy d&eacute;bil. Como los seres nerviosos que despu&eacute;s de un esfuerzo
+extraordinario caen en desaliento mortal, &eacute;l, tras la tarde de agitaci&oacute;n
+y la noche pasada en los bancos del paseo, sufriendo el h&uacute;medo relente,
+sent&iacute;ase enfermo. Su est&oacute;mago le atormentaba, recobrando sus funciones
+despu&eacute;s de la crisis nerviosa.</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; a su casa y Visanteta le abri&oacute; la puerta, no pudo contener
+un gesto de asombro al ver que el sal&oacute;n estaba iluminado.</p>
+
+<p>Entr&oacute;. All&iacute; estaban su familia y la del se&ntilde;or Cuadros, pero todos
+silenciosos, ce&ntilde;udos, con la cabeza inclinada, como si en la vecina
+alcoba hubiese un muerto al que velaban. Juanito husme&oacute; en el ambiente
+algo terrible e inesperado, y se olvid&oacute; de todo, atento &uacute;nicamente a
+conocer el misterio. Fue a preguntar, pero el se&ntilde;or Cuadros le ataj&oacute;
+poni&eacute;ndose en pie y avanzando con los brazos abiertos, con expresi&oacute;n
+paternal y desesperada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, hijo m&iacute;o! Estamos perdidos. Ese Morte es un pillo.</p>
+
+<p>&iexcl;Eh! &iquest;Qu&eacute; era aquello...? Pero la extra&ntilde;eza del joven dur&oacute; muy poco,
+pues el se&ntilde;or Cuadros hablaba con la verbosidad de la desesperaci&oacute;n.</p>
+
+<p>La cosa hab&iacute;a ocurrido al anochecer. Primero la noticia circul&oacute;
+t&iacute;midamente por la Bolsa, pero poco despu&eacute;s la sab&iacute;a toda la ciudad. El
+c&eacute;lebre banquero don Ram&oacute;n Morte hab&iacute;a desaparecido, produciendo la
+consternaci&oacute;n en centenares de familias. Unos dec&iacute;an que era un farsante
+que hab&iacute;a huido para comerse en el extranjero los millones robados a sus
+clientes con la hip&oacute;crita comedia de su sencillez y su filantrop&iacute;a;
+otros aseguraban que era un desgraciado, un iluso, que, enloquecido por
+anteriores triunfos, se hab&iacute;a empe&ntilde;ado en sostenerse a la baja,
+perdiendo su capital y el de sus admiradores, para huir al fin, pobre y
+avergonzado, sin que su deshonra le valiera nada. Lo cierto era que
+desde el anochecer, toda una procesi&oacute;n de clientes, anonadados unos y
+amenazantes otros, entraban en las oficinas del banquero, no encontrando
+otra cosa que las mesas abandonadas y algunos empleados quejumbrosos y
+todav&iacute;a no convencidos de la ruina de su principal.</p>
+
+<p>Juanito qued&oacute; clavado en el suelo por el asombro, con los ojos
+desmesuradamente abiertos, mirando a un lado y a otro, sin ver nada. Los
+dem&aacute;s segu&iacute;an cabizbajos, oyendo por cent&eacute;sima vez la relaci&oacute;n del se&ntilde;or
+Cuadros, que parec&iacute;a enloquecido por la ruina.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, hijo m&iacute;o! Yo tambi&eacute;n he estado all&iacute;. Aquello es una desolaci&oacute;n.
+Estamos a fin de mes y hay que pagar en seguida. &iexcl;Oh, ese hombre! &iexcl;Ese
+pillo! &iexcl;Da l&aacute;stima ver tanto desesperado, tantos padres de familia
+dispuestos a matarse o a matar a ese granuja si le pillan! El muy ladr&oacute;n
+debi&oacute; saber antes que nadie lo de la baja, y... &iexcl;&eacute;chale un galgo! &iexcl;Dios
+sabe d&oacute;nde estar&aacute; ahora!</p>
+
+<p>Juanito fue a preguntar algo, con la timidez del que espera una terrible
+noticia, pero su principal sigui&oacute; hablando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y yo, Juanito m&iacute;o? &iquest;C&oacute;mo me quedo yo...? Arruinado para siempre,
+perdido, y lo que es peor, deshonrado. No tengo la cabeza para cuentas,
+pero he calculado a la ligera lo que debo a los corredores, y ni con la
+tienda ni con mis fincas tendr&eacute; para pagar la mitad. &iquest;Qu&eacute; hago, Dios
+m&iacute;o, qu&eacute; hago...? Para comer tendr&eacute; que pedir a alg&uacute;n compa&ntilde;ero que me
+admita de dependiente; y esto, a la vejez, es para pegarse un tiro.</p>
+
+<p>Y Cuadros ten&iacute;a los ojos vidriosos, falt&aacute;ndole poco para romper a
+llorar. No era su pr&oacute;xima degradaci&oacute;n lo que m&aacute;s lamentaba, sino la
+p&eacute;rdida de los placeres con que le hab&iacute;a tentado la riqueza improvisada.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;y yo?&mdash;dijo por fin Juanito&mdash;. &iquest;En qu&eacute; situaci&oacute;n quedo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute;...? &iexcl;Pareces tonto! La ruina es igual para todos. &Uacute;nicamente
+tienes sobre m&iacute; la inmensa ventaja de ser joven y carecer de mujer e
+hijos.... &iexcl;Ay, qui&eacute;n estuviera en tu piel!</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo&mdash;dijo el joven con la tenacidad del que se agarra a una
+esperanza&mdash;, yo no s&oacute;lo jugaba a la Bolsa. Don Ram&oacute;n ten&iacute;a en su poder
+m&aacute;s de tres mil duros m&iacute;os en t&iacute;tulos del Estado. &iquest;Qu&eacute; se han hecho?</p>
+
+<p>Cuadros lanz&oacute; una carcajada, que, en fuerza de querer ser ir&oacute;nica,
+resultaba espeluznante.</p>
+
+<p>&mdash;Espera sentado tus tres mil duros&mdash;exclam&oacute; con brutalidad&mdash;; eso de
+los valores p&uacute;blicos es una mentira. Ahora se ha descubierto que el tal
+don Ram&oacute;n no compraba papel, y cuando le daban una cantidad con tal
+destino la dedicaba a la Bolsa, cuidando de entregar los intereses al
+cliente, como si en realidad existiesen los t&iacute;tulos. &iquest;Quieres saber que
+hay de esos tres mil duros? Pues que los has perdido. &iquest;No me dijiste que
+tu novia le entreg&oacute; ocho mil reales? Pues los has perdido tambi&eacute;n....
+&iexcl;Cristo! Hemos sido unos brutos, y ahora, en justo castigo, nos quedamos
+en la miseria, y muchas gracias si en alguna tienda nos quieren admitir
+de bestias de carga.</p>
+
+<p>Y Cuadros, furioso, iba de un extremo a otro del sal&oacute;n manoteando,
+goz&aacute;ndose cruelmente en pintar a su disc&iacute;pulo toda la grandeza de su
+ruina. Juanito estaba inm&oacute;vil por el estupor. &iexcl;Dios sabe lo que pas&oacute; en
+aquellos momentos ante sus ojos, fijos, sin luz y desmesuradamente
+abiertos como los de un ciego!</p>
+
+<p>De pronto, do&ntilde;a Manuela abandon&oacute; su asiento al ver a su hijo vacilar,
+llev&aacute;ndose las manos al pecho y retroceder como si buscase apoyo.</p>
+
+<p>Intent&oacute; cogerlo por los brazos; pero el pobre muchacho se estremeci&oacute;,
+lanzando una mirada a su madre, que despert&oacute; en ella vergonzosas
+sospechas.</p>
+
+<p>&mdash;No, no me toque usted, mam&aacute;: &iexcl;lejos...! no necesito a nadie... estoy
+bien.</p>
+
+<p>Y cay&oacute; como un fardo sobre el mismo sof&aacute; en el que por la tarde hab&iacute;a
+visto la arrugada chaqueta como impasible acusadora del adulterio.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>XII</h2>
+
+
+<p>Juanito se mor&iacute;a.</p>
+
+<p>Toda la noche la pas&oacute; tendido en su cama como una masa inerte, con la
+pesada cabeza hundida en las s&aacute;banas, el rostro envejecido, la barba
+alborotada y los ojos cerrados.</p>
+
+<p>El pecho elev&aacute;base acelerada y trabajosamente, como si dentro funcionara
+una v&aacute;lvula vieja, y en la alcoba sonaba sin interrupci&oacute;n un ronquido
+silbante, cual si a lo lejos estuviera una locomotora expeliendo el
+vapor de sus calderas. La familia pas&oacute; toda la noche junto a la cama del
+enfermo.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela, a pesar de su &aacute;nimo varonil, estaba aturdida por el
+asombro. Pero &iquest;cu&aacute;ndo se cansar&iacute;a Dios de enviar desgracias sobre ella?
+Primero la ruina del protector que sosten&iacute;a el prestigio de la casa y la
+de su hijo, con cuya fortuna contaba para casos extraordinarios, e
+inmediatamente aquella enfermedad extra&ntilde;a, r&aacute;pida como el rayo, que
+mataba por anticipado al pobre joven, pues le ten&iacute;a inm&oacute;vil e insensible
+como un cad&aacute;ver, sin otra vida que aquella respiraci&oacute;n angustiosa que
+parec&iacute;a asfixiar a los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>La desgracia reanimaba el sentimiento maternal, dormido durante tantos
+a&ntilde;os en el pecho de do&ntilde;a Manuela. Contemplaba a Juanito con igual
+expresi&oacute;n que cuando era hijo &uacute;nico y gozaba de todas sus caricias.</p>
+
+<p>Con los ojos enrojecidos por un sordo lloriqueo, iba la madre de un
+punto a otro de la alcoba cumpliendo lo dispuesto por los m&eacute;dicos,
+preparando los sinapismos que aplicaba por debajo de las s&aacute;banas a las
+m&iacute;seras piernas del enfermo.</p>
+
+<p>Rafaelito hab&iacute;ase retirado a su cuarto en la madrugada, y las hermanas
+permanec&iacute;an clavadas en sus sillas, bostezando de cansancio, con un
+gesto de extra&ntilde;eza y de miedo, como si presintieran que la muerte
+rondaba por la puerta de la alcoba.</p>
+
+<p>La madre indign&aacute;base al hablar de los m&eacute;dicos. &iexcl;Vaya una gente
+ignorante! Todo lo echaban en palabrotas raras e ininteligibles. Lo
+&uacute;nico que hab&iacute;a podido sacar en claro era que se trataba de una
+congesti&oacute;n cerebral de las peores, y que el enfermo, por haber pasado a
+la intemperie gran parte de la noche, se hallaba en... &iquest;c&oacute;mo dec&iacute;an
+aquellos tipos...? &iexcl;Ah, s&iacute;! en un medio patog&eacute;nico que hab&iacute;a preparado
+el efecto terrible de la mala noticia.</p>
+
+<p>Y no cab&iacute;a dudar que el pobrecito se mor&iacute;a. Ninguno de los m&eacute;dicos hab&iacute;a
+dado a la madre la menor esperanza. A sus preguntas contestaban con
+palabras que nada promet&iacute;an; pero apenas estaban fuera de la alcoba,
+meneaban la cabeza con triste expresi&oacute;n, como afirmando que nada les
+quedaba que hacer all&iacute;.</p>
+
+<p>En medio de su dolor, la obsesionaba una idea cruel. Recordaba el
+terrible momento en que Juanito hab&iacute;a ca&iacute;do inerte al conocer su ruina.</p>
+
+<p>&mdash;No, no me toque usted, mam&aacute;....</p>
+
+<p>En sus o&iacute;dos sonaban estas palabras como si acabasen de ser
+pronunciadas, y ve&iacute;a a&uacute;n el gesto de repugnancia con que las hab&iacute;a
+acompa&ntilde;ado.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; cambio tan r&aacute;pido era aqu&eacute;l, desde la adoraci&oacute;n idol&aacute;trica a una
+repulsi&oacute;n instintiva? &iquest;Sabr&iacute;a algo su hijo? Y la cruel sospecha de que
+Juanito pudiera conocer el secreto de aquel lujo que la familia hab&iacute;a
+ostentado en medio de la ruina martirizaba a do&ntilde;a Manuela. S&oacute;lo la
+suposici&oacute;n de que sus sospechas pudieran resultar ciertas la hac&iacute;a
+sentir intenso remordimiento. Por una preocupaci&oacute;n extra&ntilde;a, do&ntilde;a Manuela
+cre&iacute;a preferible que Rafaelito y hasta sus mismas hijas tuviesen
+conocimiento de su deshonra, antes que aquel buenazo, vivo retrato de
+su padre, para el cual cualquier impresi&oacute;n extraordinaria era la muerte.</p>
+
+<p>Qued&aacute;base unos instantes inm&oacute;vil ante el lecho, contemplando fijamente
+al enfermo, como si en su rostro enrojecido e inm&oacute;vil pudiera leer algo
+de lo que pensaba al rechazarla con tanta vehemencia. Entreabr&iacute;a los
+p&aacute;rpados del enfermo y se fijaba en el ojo amarillento, opaco, sin vida,
+no pudiendo encontrar en &eacute;l un rastro del pensamiento que con tanto
+inter&eacute;s buscaba.</p>
+
+<p>As&iacute; pas&oacute; toda la ma&ntilde;ana. Las ni&ntilde;as se hab&iacute;an retirado a descansar,
+fatigadas por el estertor incesante y penoso que las crispaba los
+nervios.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Manuela estaba inm&oacute;vil, pensando en la sima que se abr&iacute;a a sus pies
+y en la que iba a caer irremisiblemente, encontrando al final lo que
+tanto la asustaba: la miseria.</p>
+
+<p>Bien adivinaba ella el concepto en que ahora la ten&iacute;an las familias
+amigas. En otras circunstancias, una enfermedad hubiese atra&iacute;do
+inmediatamente innumerables visitas; pero ahora todos deb&iacute;an saber lo de
+la ruina, y de la casa que se derrumba todos huyen.</p>
+
+<p>Un asomo de cordura inici&aacute;base en aquella mujer dominada por la vanidad
+y la soberbia. Se hab&iacute;a arruinado, hab&iacute;a ca&iacute;do hasta en la deshonra por
+hacer su papel en la comedia del mundo, y fuera de algunas
+satisfacciones de su orgullo, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a sacado? Su Rafaelito era un
+perdido: ahora lo comprend&iacute;a; muy elegante, eso s&iacute;, pero in&uacute;til para
+librar a la familia de la miseria. Sus hijas eran unas se&ntilde;oritas que
+s&oacute;lo hab&iacute;an aprendido a figurar como mu&ntilde;ecas bien educadas en un sal&oacute;n,
+y aun esto sin poder evitar cierta cursiler&iacute;a que saltaba a la vista
+apenas sal&iacute;an de su esfera. Su Juanito, el paria de la casa, era el que
+val&iacute;a algo, y ahora estaba all&iacute;, agitando su pecho para escapar del
+brazo de la muerte, cansado de sufrir desdenes y olvidos.</p>
+
+<p>Ahora ve&iacute;a claro. &iexcl;Cuan tonta hab&iacute;a sido! Pero todos sus prop&oacute;sitos de
+enmienda desaparecieron por la tarde, cuando recibi&oacute; la visita de su
+hermano.</p>
+
+<p>Don Juan hab&iacute;a jurado en todos los tonos no volver a poner los pies en
+la casa de su hermana; pero al saber el estado de su sobrino se apresur&oacute;
+a visitarlo. Amaba a Juanito. Su rompimiento con &eacute;l fue un arrebato de
+su car&aacute;cter atrabiliario; pero por no mostrarse d&eacute;bil, permaneci&oacute;
+alejado, aunque sin dejar por esto de enterarse de la marcha de sus
+negocios. Entr&oacute; en la alcoba del enfermo con el adem&aacute;n soberbio, el
+c&oacute;nico sombrero encasquetado y lanzando a su hermana una mirada de
+desprecio.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a esfuerzos por aparentar rudeza y mal humor, como si se presentase
+arrastrado por el deber y no por el cari&ntilde;o; pero el cerdoso bigote le
+temblaba y los ojillos parpadeaban nerviosamente. El estertor fatigoso,
+la inmovilidad del enfermo, las sombras cadav&eacute;ricas que se extend&iacute;an
+sobre el rostro, marcando sus huecos con triste negrura y haciendo
+destacar f&uacute;nebremente el perfil de la nariz, acabaron con la serenidad
+del pobre viejo, arranc&aacute;ndole un grito que parec&iacute;a salirle del alma:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juanito...! &iexcl;Ni&ntilde;o m&iacute;o...! &iquest;No me oyes...? Soy el t&iacute;o Juan....</p>
+
+<p>Y se abalanz&oacute; al rostro del enfermo, besando la sudorosa frente. Pero la
+m&aacute;scara barbuda y l&iacute;vida que asomaba por el embozo de las s&aacute;banas
+permaneci&oacute; inm&oacute;vil.</p>
+
+<p>El viejo prorrumpi&oacute; en sollozos.</p>
+
+<p>&mdash;Se acab&oacute;.... Esto es cosa hecha. Ya me lo ha dicho uno de los m&eacute;dicos,
+pero necesitaba verlo para convencerme. Parece mentira.... &iexcl;Un chico
+como un castillo acabar tan pronto...! &iexcl;Ay, c&oacute;mo me duele ese
+ronquido...! &iexcl;Cristo! Parece que me rasgan algo aqu&iacute;, dentro de los
+pulmones. &iexcl;Se&ntilde;or! &iexcl;Qu&eacute; justicia! Los carcamales como yo, buenos y
+sanos, y ese chico que parec&iacute;a comerse al mundo, camino del cementerio.</p>
+
+<p>Hubo una larga pausa.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, ya estar&aacute;s contenta. Al fin has salido con la tuya. Te
+estorbaba el chico, por ser hijo de quien es.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo!&mdash;grit&oacute; do&ntilde;a Manuela poni&eacute;ndose en pie, con llamaradas en los ojos
+y la majestuosa nariz agitada por la indignaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Aquel momento de silencio pareci&oacute; una larga amenaza. El ronquido
+angustioso del enfermo segu&iacute;a sonando, cada vez m&aacute;s desgarrador.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mujer, t&uacute;. No te pongas tan soberbia, que no has de comerme. T&uacute;
+sabes que nos conocemos, y a m&iacute; no me asustas. T&uacute;... s&oacute;lo t&uacute; eres la
+autora de esa muerte. &iquest;Crees que no estoy enterado de todo? El chico era
+d&oacute;cil, modesto, hab&iacute;a bebido en buenas fuentes, era de nuestra escuela,
+y toda su ilusi&oacute;n consist&iacute;a en conquistarse una posici&oacute;n sin perder la
+honra. Te quer&iacute;a demasiada, hubiera dado su sangre por ti, y eso es lo
+que le ha perdido. Primero le hiciste firmar pagar&eacute;s, contraer deudas, y
+luego, su imb&eacute;cil principal y t&uacute;, con el hambre del dinero, lo hab&eacute;is
+metido en esa ladronera que llaman Bolsa. Ha venido la ruina, y...
+&iexcl;cataplum! &iexcl;el chico a tierra...! &iquest;Qui&eacute;n tiene la culpa, mala madre?
+&iquest;Qui&eacute;n ha asesinado al muchacho, perra desvergonzada?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan...! &iexcl;Juan!&mdash;grit&oacute; do&ntilde;a Manuela avanzando un paso con adem&aacute;n
+imponente, extendiendo las crispadas manos como si fuera a ara&ntilde;arle.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay...? &iquest;Qu&eacute; quieres...? No me causas miedo. Los que somos
+honrados decimos sin temor la verdad.... Ya veo que has llorado, pero a
+m&iacute; no me enga&ntilde;an tus lagrimitas. No lloras por tu hijo; lo que te
+entristece es la miseria que se aproxima, la ruina de tu <i>buen amigo</i>
+Cuadros.</p>
+
+<p>Don Juan subray&oacute; con tanta expresi&oacute;n estas palabras, que su hermana dio
+un paso atr&aacute;s, palideciendo y bajando las amenazantes manos.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que me has entendido. &iquest;Cre&iacute;as que tambi&eacute;n ignoraba yo esto? Lo
+s&eacute; todo, hija m&iacute;a, y digo que me averg&uuml;enzo de que lleves mi apellido.
+Tron&eacute; contigo cuando siendo viuda tuviste &laquo;aquello&raquo; con el doctor
+Pajares. Entonces a&uacute;n pod&iacute;as justificarte, pues al fin amabas algo a
+aquel <i>perdis</i>.... Pero lo que no tiene excusa es que te hayas vendido,
+que te hayas entregado como un pingajo de la calle. En mal camino est&aacute;s,
+Manuela, y ya es tarde para retroceder. Hay alguien que te castiga,
+haciendo que la deshonra no pueda servirte de Dada. Has perdido tu
+respetabilidad de mujer y ahora te hallas en los mismos apuros de antes,
+pues ese imb&eacute;cil de Cuadros es hombre al agua. Por cierto que, seg&uacute;n me
+han dicho, nadie puede encontrarle. Habr&aacute; huido, como su maestro el
+farsante Morte, convencido de que lo que tiene no alcanza para pagar a
+la d&eacute;cima parte de sus acreedores. Llora, hija m&iacute;a, llora; de nada te ha
+servido caer.</p>
+
+<p>Y do&ntilde;a Manuela lloraba, efectivamente, sin saber con certeza si sus
+l&aacute;grimas las arrancaba el estado de su hijo, los insultos de su hermano
+o aquella &uacute;ltima noticia de la desaparici&oacute;n de Cuadros.</p>
+
+<p>El viejo continuaba hablando junto al lecho del enfermo, excitado por la
+indignaci&oacute;n, con voz sorda unas veces y gritando otras, de modo que
+cubr&iacute;a aquel estertor angustioso.</p>
+
+<p>&mdash;Te lo vuelvo a repetir. No cuentes conmigo para nada. Si antes no te
+quer&iacute;a porque eras una manirrota, menos te querr&eacute; ahora que eres una...
+no lo quiero decir. El &uacute;nico que pod&iacute;a esperar algo de m&iacute; es ese
+pobrecito. Los cuatro cuartos que tengo eran para &eacute;l; pero ahora... se
+acab&oacute;. Nada espero y en nada conf&iacute;o. Gastar&eacute; lo que me queda; procurar&eacute;
+darme buena vida, y si tengo que hacer por alguien, ya s&eacute; a qui&eacute;n me
+dirigir&eacute;.</p>
+
+<p>Y volvi&eacute;ndose hacia el enfermo, d&iacute;jole con expresi&oacute;n de ternura, como si
+pudiera o&iacute;rle:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan&iacute;n...! &iexcl;Hijo m&iacute;o! Tu t&iacute;o est&aacute; aqu&iacute;.... M&aacute;rchate tranquilo, que
+alguien queda para proteger a los que te amaban y hab&iacute;an de formar tu
+familia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso...? &iquest;Qu&eacute; dices?</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate; Juan&iacute;n me entiende, a pesar de que parece muerto. No tardar&eacute;
+en reunirme con &eacute;l... por eso no lloro... no vale la pena; es una
+separaci&oacute;n de un par de a&ntilde;os... un viaje. Pero cuando lo vea otra vez,
+tengo la certeza de que me abrazar&aacute; agradecido y me llamar&aacute; &iexcl;ti&iacute;to!,
+como cuando era peque&ntilde;o y pasaba los domingos jugando en los porches de
+mi casa.</p>
+
+<p>Y don Juan, enternecido por los recuerdos, gimoteaba inclinado sobre
+aquella cabeza l&iacute;vida, en cuya frente ca&iacute;an las l&aacute;grimas del viejo,
+mezcl&aacute;ndose con el ag&oacute;nico sudor.</p>
+
+<p>De pronto debi&oacute; arrepentirse don Juan de su debilidad; record&oacute; sin duda
+alg&uacute;n detalle irritante de la vida de su hermana aferrado tenazmente a
+su memoria, y recobr&oacute; el gesto de rudeza, mirando fijamente a do&ntilde;a
+Manuela.</p>
+
+<p>&mdash;Oye bien lo que te digo. Cuando &eacute;ste salga de aqu&iacute;, no nos veremos
+m&aacute;s. &Eacute;l era lo &uacute;nico que me ligaba a vosotros, el que pod&iacute;a obligarme a
+venir a esta casa. Andas muy mal, Manuela. Crees que tu &uacute;ltima locura la
+ignoran todos, y cuantos te conocen lo sospechan. &iexcl;Qui&eacute;n sabe si este
+pobrecito tambi&eacute;n estaba enterado y se va al otro mundo avergonzado de
+su madre...!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan...! &iexcl;C&aacute;llate por Dios...! &iexcl;Me matas...! Do&ntilde;a Manuela grit&oacute;
+horrorizada, cubri&eacute;ndose el rostro con las manos. La sospecha que tanto
+la molestaba reaparec&iacute;a en boca de su hermano. Y tan grande era su
+turbaci&oacute;n, que hasta le pareci&oacute; m&aacute;s ruidoso aquel estertor de agon&iacute;a,
+como si el moribundo contestase afirmativamente con su fatigoso
+ronquido.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, Manuela. Adivino lo que piensas. Tu hijo se muere, sin que tengas
+la certeza de que marcha a un mundo mejor con su inocencia limpia de
+toda sospecha, creyendo en su madre como yo cre&iacute; siempre en la nuestra.
+&Eacute;se ser&aacute; tu castigo; &eacute;se ser&aacute; tu remordimiento.... Vivir&aacute;s intranquila.
+Hasta ahora, el pobre Juanito apenas si ha merecido tu atenci&oacute;n; pero la
+muerte despertar&aacute; en ti los instintos de madre, pensar&aacute;s en &eacute;l a todas
+horas, le ver&aacute;s en sue&ntilde;os, y la sospecha de que tu hijo pudo conocerte
+tal como eres amargar&aacute; tu existencia.... &iexcl;Ay, infeliz! Te compadezco,
+pienso con horror en las noches que pasar&aacute;s cuando esta cama est&eacute; vac&iacute;a
+y creas o&iacute;r en las habitaciones los pasos de Juanito. &iexcl;C&oacute;mo llorar&aacute;s
+cuando la miseria te acose, y esos cachorros de Pajares, que para nada
+sirven, no te puedan dar el pan que Juanito se hubiera quitado de la
+boca para ti...!</p>
+
+<p>Ahora s&iacute; que lloraba de veras do&ntilde;a Manuela. Pensaba en el remordimiento
+horrible que le predec&iacute;a su hermano, y m&aacute;s a&uacute;n en aquella miseria que
+tanto la asustaba.</p>
+
+<p>Tan visible era su desesperaci&oacute;n, que don Juan call&oacute;, compadecido de su
+hermana. Hubo un largo silencio. El viejo hab&iacute;ase sentado en una silla
+baja, apoyando su espalda en el lecho, y con la cabeza inclinada parec&iacute;a
+sumido en dolorosa reflexi&oacute;n. Do&ntilde;a Manuela, lloriqueando, fijaba sus
+ojos con expresi&oacute;n interrogante en el implacable hermano, como si le
+pidiera misericordia.</p>
+
+<p>Transcurri&oacute; m&aacute;s de una hora sin que el silencio de la alcoba se
+interrumpiera con otro ruido que el estertor angustioso y continuo del
+enfermo. Do&ntilde;a Manuela levant&aacute;base para pasar una mano por la frente
+sudorosa del enfermo, cada vez m&aacute;s fr&iacute;a, y volv&iacute;a a ocupar su asiento,
+mirando a lo alto con una expresi&oacute;n desesperada. Al angustioso
+movimiento de los pulmones un&iacute;anse ahora nerviosos estremecimientos,
+cada uno de los cuales parec&iacute;a repercutir en los dos hermanos.</p>
+
+<p>Don Juan palidec&iacute;a como si sufriera los movimientos dolorosos de aquel
+cuerpo inerte, y miraba a su hermana con la misma expresi&oacute;n que si fuese
+ella la que martirizara al enfermo.</p>
+
+<p>Entraron en la alcoba Amparo y Conchita, y al ver a su t&iacute;o, con el
+instinto de j&oacute;venes precoces y conocedoras del mundo, se aproximaron a
+&eacute;l, bes&aacute;ndole en la frente. Esto caus&oacute; cierta impresi&oacute;n en el viejo, y
+mientras las ni&ntilde;as, de pie junto a la cama, contemplaban con el ce&ntilde;o
+fruncido y los labios apretados la agon&iacute;a del pobre enfermo, don Juan
+dijo a su hermana en voz muy baja y titubeando como si se arrepintiera
+de su debilidad:</p>
+
+<p>&mdash;&Oacute;yeme, Manuela; por ti no har&iacute;a nada... no lo mereces; pero a la vista
+de esas pobres chicas me siento d&eacute;bil y no quiero que mi conciencia
+cargue con un remordimiento. Son j&oacute;venes, est&aacute;n mal educadas, la
+conducta de su madre no puede servirles de buen ejemplo, y acostumbradas
+al lujo, es f&aacute;cil que, al verse en la miseria, se pierdan para
+siempre.... No intentes contestarme; no me convencer&aacute;s. Conozco adonde
+se llega siguiendo ese camino en que os hall&aacute;is.... Os proteger&eacute;, pero
+ya sabes qui&eacute;n soy yo. Quiero que viv&aacute;is, pero sin des&oacute;rdenes, como
+personas juiciosas y honradas. Que todo lo pasado sea como un sue&ntilde;o. No
+tengo ahora la cabeza para cuentas, pero creo que arreglando tus
+negocios todav&iacute;a salvar&eacute; alg&uacute;n piquillo de tu embrollada fortuna, y con
+esto y lo que yo os dar&eacute; podr&eacute;is vivir como viven esas personas honradas
+y modestas a las que llam&aacute;is cursis despreciativamente.... Ser&eacute;is
+cursis, &iquest;lo entend&eacute;is? M&aacute;s os prefiero as&iacute; que convertidas en se&ntilde;oras
+tramposas, que pierden hasta su honor por enga&ntilde;ar al mundo. Y en cuanto
+a ese Rafaelito, o estudiar&aacute;, haci&eacute;ndose hombre de provecho, o lo
+arrojar&aacute;s de tu casa.... Porque eso s&iacute;, hija m&iacute;a: &iexcl;yo no mantengo
+pigres!</p>
+
+<p>Al anochecer muri&oacute; Juanito. La v&aacute;lvula vieja y gastada que parec&iacute;a mugir
+dentro de su pecho fue aminorando lentamente el fatigoso movimiento.
+Ces&oacute; el estertor, como si se cerraran los escapes de aquella locomotora
+que sonaba a lo lejos; y al quedar la alcoba envuelta en un silencio
+f&uacute;nebre estallaron sollozos y lamentos en toda la casa. Hasta Visanteta
+y la remilgada criadita lloriqueaban en la cocina al pensar que no
+ver&iacute;an m&aacute;s al se&ntilde;orito campechano que alternaba con ellas,
+complaci&eacute;ndose en obedecer sus mandatos.</p>
+
+<p>Entre cuatro grandes cirios, sobre un tapiz f&uacute;nebre y tendido en el
+acolchado fondo de una caja blanca y dorada como aquella que tanto le
+hab&iacute;a seducido, pas&oacute; Juanito la noche, velado por su hermano y por
+Roberto, que de vez en cuando sal&iacute;an al balc&oacute;n para fumar un cigarro.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente llegaron las visitas: el desfile de levitas negras
+y tupidos velos, el paso por aquella casa de los amigos y conocidos,
+todos con la enguantada mano tendida, un gesto de amargura en el rostro
+y la palabra de resignaci&oacute;n guardada cuidadosamente para tales casos.</p>
+
+<p>La &uacute;nica nota tierna de aquella ceremonia fr&iacute;a y rutinaria fue el llanto
+de dos mujeres enlutadas que entraron con timidez, apoyadas la una en la
+otra. Nadie las conoc&iacute;a, pero iban acompa&ntilde;adas por don Juan.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No le veo... no le veo...!&mdash;gimoteaba tristemente la m&aacute;s vieja,
+moviendo sus grandes ojos mates y sin luz.</p>
+
+<p>La m&aacute;s joven contemplaba fijamente, con estupor doloroso, la alborotada
+barba del cad&aacute;ver.</p>
+
+<p>&mdash;No, no te acerques, ni&ntilde;a&mdash;dijo bondadosamente don Juan&mdash;. Ser&iacute;a una
+impresi&oacute;n demasiado fuerte.... S&eacute; lo que deseas. Tendr&aacute;s su cabello; ya
+arreglar&eacute; yo eso en el cementerio.</p>
+
+<p>Y don Juan, empujando dulcemente a T&oacute;nica y Micaela, las sac&oacute; del sal&oacute;n,
+mostrando con ellas una solicitud paternal. Las gentes enlutadas que
+estaban en torno del muerto conoc&iacute;an la rudeza del viejo, y extra&ntilde;aban
+su bondad. Las buenas burguesas se hab&iacute;an fijado en la dulce belleza de
+T&oacute;nica, y sin dejar de mover los labios como si rezasen, murmuraron bajo
+sus velos negros:</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; su querida.</p>
+
+<p>Sonaron en la plazuela el sordo rumor de muchos carruajes y los gritos
+de los cocheros. Despu&eacute;s un coro de voces l&uacute;gubres entonaron la primera
+estrofa del <i>De profundis</i>.</p>
+
+<p>Ya estaba all&iacute; la parroquia, &iexcl;Abajo el muerto! Y en el sal&oacute;n sonaron los
+golpes del martillo sobre las tachuelas del f&eacute;retro, que el eco repet&iacute;a
+con extra&ntilde;a sonoridad. En la plazuela, los balcones estaban repletos de
+gente, como si esperase el paso de una procesi&oacute;n. En torno de la cruz de
+plata agolp&aacute;banse los negros bonetes, las rizadas sobrepellices y las
+lustrosas chisteras del acompa&ntilde;amiento. All&iacute; estaba lo mejorcito de la
+Bolsa. &laquo;Alcistas&raquo;, que respiraban satisfacci&oacute;n por la reciente victoria;
+los partidarios de la baja, mustios y desalentados, y los que ganaban
+siempre, los corredores y sus ayudantes, gente joven y amiga de Juanito,
+recordando con cierto enternecimiento las bromas que se permit&iacute;an con
+aquel barbudo de coraz&oacute;n de ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>En todo el camino, hasta la puerta de San Vicente, el f&uacute;nebre cortejo
+fue una sesi&oacute;n ambulante de la Bolsa. Aquellos se&ntilde;ores, sin acordarse
+del motivo que les obligaba a andar por las calles en procesi&oacute;n,
+hablaban de los negocios, de la fuga de Morte, con gran estallido de fin
+de mes, y de la desesperada situaci&oacute;n de los disc&iacute;pulos del famoso
+banquero.</p>
+
+<p>El nombre de don Antonio Cuadros estaba en todas las bocas. Hab&iacute;a huido
+el d&iacute;a anterior, con el convencimiento de que no pod&iacute;a pagar sus deudas,
+avergonzado sin duda de su ruina. Unos dec&iacute;an que hab&iacute;a salido en el
+expreso para Francia; otros que estar&iacute;a en Barcelona o en C&aacute;diz,
+esperando ocasi&oacute;n para embarcarse en alg&uacute;n trasatl&aacute;ntico. En Am&eacute;rica
+est&aacute; el porvenir de los desesperados y de la gente arruinada. Teresa
+deb&iacute;a saber d&oacute;nde estaba su marido. La fuga era cosa convenida entre los
+dos: por eso se mostraba ella tan tranquila. Hab&iacute;ase quedado con su hijo
+en <i>Las Tres Rosas</i>, y a todos los que buscaban a don Antonio les
+contestaban lo mismo. Estaba fuera y no tardar&iacute;a en volver para arreglar
+sus asuntos.</p>
+
+<p>Era la fuga del banquero Morte copiada en miniatura. Adem&aacute;s, se hablaba
+de que el se&ntilde;or Cuadros hab&iacute;a comprometido en su ruina los ahorros de
+don Eugenio, confiados a su custodia, y todos se compadec&iacute;an del pobre
+viejo.</p>
+
+<p>Pod&iacute;an esperar sentados los acreedores de Cuadros a que &eacute;ste volviese.
+Pero como entre ellos figuraban corredores de Bolsa, que se ve&iacute;an
+gravemente comprometidos de no proceder inmediatamente contra el deudor,
+en el cortejo f&uacute;nebre se hablaba de embargo, a&ntilde;adiendo que tal vez a
+aquellas horas estar&iacute;a el Juzgado haciendo el inventario de la tienda.</p>
+
+<p>Y era verdad. A las dos de la tarde entraban en <i>Las Tres Rosas</i> unos
+cuantos se&ntilde;ores con papeles bajo el brazo, seguidos por un alguacil. En
+todo el Mercado, la aparici&oacute;n de los pajarracos de la ley produjo honda
+emoci&oacute;n. El comercio acreditado, s&oacute;lido y a la antigua, que se cobijaba
+en obscuras tiendas, experimentaba esa inquietud que la justicia
+espa&ntilde;ola despierta siempre en los hombres honrados, de tranquilas
+costumbres.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; aspecto el de <i>Las Tres Rosas</i>! Parec&iacute;a la tienda un ser animado
+que acog&iacute;a la desgracia con un gesto de resignado dolor. La puerta
+estaba sin adorno. S&oacute;lo algunas fajas y tiras de pa&ntilde;uelos obscuros
+pend&iacute;an de los balcones, balance&aacute;ndolas el aire como sogas de ahorcado.
+El escaparate ten&iacute;a un aspecto de vetustez y abandono; el polvo de tres
+d&iacute;as sombreaba los vivos colores de las telas; y hasta el emblema de la
+casa, aquel maniqu&iacute; vestido de labradora, parec&iacute;a mirar al trav&eacute;s de los
+cristales la extensa y alegre plaza con ojos de muerto. En las puertas
+de todas las tiendas aparec&iacute;an las cabezas curiosas de los dependientes,
+con la misma expresi&oacute;n que si presenciasen el &uacute;ltimo acto de un drama.
+Los due&ntilde;os, de pie en la entrada de sus establecimientos, volv&iacute;an la
+espalda a <i>Las Tres Rosas</i> y frunc&iacute;an el ce&ntilde;o, como si les doliese
+presenciar aquella cat&aacute;strofe.</p>
+
+<p>Apenas el Juzgado tom&oacute; asiento en la tienda, los pocos dependientes que
+a&uacute;n quedaban en ella, como fieles guardianes de la ruina comercial,
+abalanz&aacute;ronse a las puertas para cerrarlas, evitando de este modo la
+expectaci&oacute;n molesta de los curiosos.</p>
+
+<p>El escribano hab&iacute;a subido al piso principal para hacer ante la esposa de
+Cuadros las notificaciones consiguientes antes de comenzar el embargo.
+Un hombre sali&oacute; de la trastienda con paso acelerado, como si le
+persiguieran.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Don Eugenio!&mdash;exclamaron los dependientes&mdash;. &iquest;Adonde va usted...?</p>
+
+<p>&mdash;Dejadme, muchachos. Ya me ha dicho el se&ntilde;or de arriba que no me
+marche.... Pero primero me matan que me quedo. Yo no puedo seguir
+aqu&iacute;... &eacute;sta no es mi casa.... &iexcl;Dejadme pasar...! &iexcl;Abrid la puerta...!</p>
+
+<p>Y el pobre octogenario, con su arrugado rostro de una palidez de marfil,
+tembloroso y fl&aacute;cido, sin el bast&oacute;n-muleta que le ayudaba ordinariamente
+en su marcha, los ojos inyectados de sangre y los ademanes
+descompuestos, parec&iacute;a un pobre loco.</p>
+
+<p>Pas&oacute; por entre los dependientes de la tienda y del Juzgado,
+atropell&aacute;ndolos con su d&eacute;bil cuerpo, que parec&iacute;a fortalecido y vibrante
+por la indignaci&oacute;n; y empujando con el pie una puerta entreabierta,
+sali&oacute; de la tienda.</p>
+
+<p>A aquella hora, la plaza del Mercado estaba ba&ntilde;ada por el ardiente sol
+de una tarde de verano. Las moscas, revoloteando en la atm&oacute;sfera de luz,
+brillaban como movibles chispas de oro; los tejados destacaban sus
+agudos contornos sobre el espacio azul y l&iacute;mpido. Frente al Principal,
+un grupo de soldados com&iacute;a melones; en las puertas de las tiendas
+asomaban los dependientes curiosos; un corro de granujillas del Mercado
+jugaba a las chapas frente a los p&oacute;rticos, y el resto de la plaza estaba
+solitario, con las aceras limpias de cestones y toldos, tost&aacute;ndose sus
+baldosas con aquella luz intensa y deslumbrante que lo caldeaba todo.</p>
+
+<p>Don Eugenio andaba sin saber adonde dirigirse. Le temblaban las piernas,
+pasaban tenues nubecillas ante sus ojos y ve&iacute;a confusamente a los due&ntilde;os
+de las tiendas, que le segu&iacute;an con un gesto de compasi&oacute;n o le llamaban
+con amistosas se&ntilde;as.</p>
+
+<p>&mdash;No, no ir&eacute;... Yo no tengo derecho a entrar en vuestras casas. Sois los
+hijos, los sucesores de aquellos comerciantes de mi casta, viejos
+compa&ntilde;eros que antes mor&iacute;an que faltar a la honradez. No podr&iacute;a entrar
+en vuestras tiendas: soy el due&ntilde;o de <i>Las Tres Rosas</i>, un quebrado, uno
+a quien embargan y que ning&uacute;n comerciante honrado puede considerar como
+amigo.... &iexcl;Ay, mi pobre tienda...! &iexcl;Te has lucido, Eugenio! Sesenta
+a&ntilde;os de honradez inquebrantable, llegar a una edad a que pocos llegan, y
+todo &iquest;para qu&eacute;? Para ver desmoronarse en un d&iacute;a lo que tanto me cost&oacute; de
+edificar.... Pero &iquest;en qu&eacute; tiempos estamos? &iquest;Qu&eacute; hombres son estos que se
+juegan el porvenir, la tranquilidad de la familia, que pierden la honra
+y huyen tan frescos? La maldita ambici&oacute;n de subir y el salirse de la
+esfera los pierde a todos.... &Eacute;sta no es mi &eacute;poca.... Soy un muerto que
+por milagro sobrevive.... Mis compa&ntilde;eros, mis amigos, hace ya muchos
+a&ntilde;os que se pudren en la tierra.... All&iacute; deb&iacute;a estar yo. Juanito, ese
+chico, es quien lo ha entendido.... &iexcl;Claro! Aunque d&oacute;cil, era tambi&eacute;n de
+los nuestros, y ha preferido irse. &iexcl;Ay, Se&ntilde;or! &iquest;Para esto me hab&eacute;is
+conservado la vida...? &iexcl;Llevadme, llevadme pronto...!</p>
+
+<p>Y agitado en su interior por estos pensamientos, avanzaba penosamente,
+trazando zigzags como si estuviera ebrio, cada vez m&aacute;s p&aacute;lido y
+extendiendo sus brazos al pedir mentalmente que lo arrancasen del mundo.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a llegado frente a San Juan, y su mirada, cada vez m&aacute;s indecisa y
+obscura, se fij&oacute; en la c&eacute;lebre veleta, en el pajarraco que doraba el
+sol, d&aacute;ndole el brillo de un ave del Para&iacute;so.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; fue.... Como un perro me dejaron los m&iacute;os.... He trabajado mucho,
+&iquest;y qu&eacute;? Pobre y hambriento me abandonaron, y despu&eacute;s de setenta a&ntilde;os me
+encuentro igual en el mismo sitio. &iexcl;Hermoso porvenir...! Sea usted
+honrado, trabaje usted mucho, para verse arruinado, sin otro recurso que
+pedir limosna en la puerta de San Juan a los hijos de mis amigos....
+&iexcl;Ay, mi pobre tienda...! Ha naufragado el barco, y el capit&aacute;n debe
+morir. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la veleta...? &iquest;Se la han llevado...? &iexcl;Qu&eacute; aprisa
+anochece...! &iexcl;C&oacute;mo me rueda la cabeza...! &iexcl;Viejo, que te caes...!
+&iexcl;Se&ntilde;or...! &iexcl;Se&ntilde;or...! &iexcl;As&iacute;!</p>
+
+<p>La ca&iacute;da fue instant&aacute;nea.</p>
+
+<p>Primero se doblaron sus rodillas, quedando de hinojos en aquel lugar
+donde su padre le hab&iacute;a abandonado setenta a&ntilde;os antes; despu&eacute;s cay&oacute; de
+bruces en la acera.</p>
+
+<p>Los que en tropel salieron de todas las tiendas a&uacute;n pudieron presenciar
+la agon&iacute;a del &uacute;ltimo veterano del Mercado.</p>
+
+<p><i>Valencia</i>, <i>1894</i>.</p>
+
+<h2>FIN</h2>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Arroz y tartana, by Vicente Blasco (Ibáñez) Ibanez
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
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+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
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+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
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+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
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