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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 04:48:38 -0700 |
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MURILLO +CALLE DE ALCALÁ, NÚM. 18 +1876 + + + + + AL EXCMO. SEÑOR + + D. FRANCISCO ROMERO Y ROBLEDO + + _Debo á usted lo poco que soy y atenciones que con nada + podré pagarle: por gratitud y por cariño, coloco su nombre al + frente de este tomo de poesías._ + + JOSÉ CAMPO-ARANA. + + Madrid 29 de Diciembre de 1875. + + + + +PRÓLOGO. + + +I. + +La aparicion de las poesías de Don José Campo-Arana, es una de tantas +respuestas victoriosas como la realidad ofrece diariamente á los +empeñados en la triste tarea de probar al público que atravesamos un +período de paralizacion y esterilidad artística; privando al talento +del entusiasmo y de la fé, únicos estímulos que para él dejan á +nuestra desangrada patria los que más prosaica y ventajosamente la +explotan. + +No hay que negarlo; los mercaderes están aposentados en el templo del +arte, y el público se hace su primer cómplice concediendo decidida +proteccion á todo lo malo y escatimándola á todo lo bueno: lo que vive +cuando todo conspira á su muerte, tendrá desgracia sin duda, pero no +puede decirse con fundamento que carece de vitalidad. + +El arte vive, y vive tan sólo de sí mismo en nuestra sociedad +indiferente, aturdida, ávida siempre de sensaciones y embotada para +los sentimientos. Nada puede el arte esperar de ella: ella, por el +contrario, debe esperarlo todo de él. El arte regenerará á quien le +abandona; el arte enseñará á pensar á quien los hechos no inspiran una +reflexion; el arte enseñará á sentir á quien las desventuras que +directamente no le tocan, arrancan tan pocas lágrimas. + +El arte alienta y crece en España como una flor fragante entre +pavorosas ruinas; y esto no es menester probarlo: basta con tomarse el +sencillo trabajo de verlo. + +Nuestros pintores, áun despues de muertos Rosales y Fortuny, hacen el +primer papel en los talleres de Roma, en los mercados de París y +Lóndres; y si consiguen sobreponerse á las exigencias de una moda +estúpida, que tiende á empequeñecer el tamaño y el asunto de sus +concepciones, los nombres de Velazquez y Murillo no serán los únicos +que pronuncie la posteridad con cariñoso respeto. + +La música, desde que Gaztambide, Barbieri y Monasterio echaron sobre +sí la difícil tarea de descubrir á nuestro filarmónico pueblo tesoros +para él ignorados, ensancha su esfera de accion en España. Marqués +coloca sus inspiradas sinfonías, sin extrañeza de nadie, con +aprobacion de todos, al lado de las de Mozart y Beethoven, y Arrieta y +Caballero engrandecen poco á poco la zarzuela para que, en dia no +lejano, la noble aspiracion de la ópera española se convierta en +hermosa y firme realidad. + +Aunque la escultura no hubiera producido en nuestra época otra cosa +que la estátua, tan bien concebida como ejecutada, del torero +moribundo, que tanto nos hizo admirar y sentir en la última +exposicion, y los nombres de Ponzano, Suñol, los Vallmitjana y tantos +otros no gozaran de reputacion europea, aquel atrevido intento, +aquella estética innovacion, sería triunfo suficiente para la gloria +de la más ingrata de las artes. + +En cuanto á la literatura... La grandeza del cuadro impone y espanta, +pero su hermosura atrae y hace irresistible el deseo de ensanchar el +ánimo con el placer de su descripcion. + +En el centro, en la cumbre del lienzo, se destaca una figura amable, +sonriente, serena, que goza en vida de la estimacion y de la fama que +la muerte concede á tan pocos: es un anciano en cuya mirada brillan +juntamente el talento y la bondad con la misma fuerza, en cuya sien +los laureles son tantos como las canas venerables: es el autor de _Los +Amantes de Teruel_ y de _La Ley de raza_ y de las _Fábulas_ y de _Los +Cuentos_: es D. Juan Eugenio Hartzenbusch. La época literaria que le +cuenta dentro de sí, que le mira como su patriarca y áun le ha +contemplado recientemente lanzar destellos dulces y puros como los de +un sol de primavera en su ocaso, no puede ser acusada de esterilidad; +tiene que ser respetada, si no envidiada, de cuantas le sigan en la +sucesion de los tiempos. + +Al lado de D. Juan, y rodeándole con cariño, hay tántos, que +nombrarlos á todos, áun teniéndolos presentes, es empresa mayor de lo +que parece á primera vista. Ved allí á D. Antonio García Gutiérrez, al +ilustre veterano del teatro español, á quien los años parecen +rejuvenecer el alma; que todavía dá, que todavía ha de dar muchas +obras á la escena que honró con el _Trovador_ y con _Juan Lorenzo_ +(drama superior al público que creyó juzgarlo y se condenó á sí +mismo), para gloria suya y aliento y enseñanza de la juventud, que +reza sus versos como las ancianas las oraciones de sus devocionarios. +Ved más allá á Manuel Tamayo y Baus, que no contento con la reputacion +que basta á todos los hombres, ha querido conquistar dos, y tomando el +pseudónimo de Joaquín Estébanez, ha acometido y llevado á cima con _Un +drama nuevo_ la temeraria empresa de eclipsar al autor de _Virginia_ y +_La Locura de amor_. Junto á él y cogidos de sus manos, como un +hermano afectuoso el uno, como un maestro y un padre el otro, están +Manuel Cañete y D. Aureliano Fernandez-Guerra... Manuel Cañete, el +poeta inspirado y elegante, el restaurador de nuestro primitivo +teatro, el crítico á quien la fuerza, la violencia del amor á lo bello +encarnado en su espíritu, le obliga hasta á ser cruel y despiadado con +lo malo; Fernandez-Guerra, el sabio infatigable, el sabio poeta, á +quien acusan de soñador en sus juicios los que no comprenden que, á +veces, tiene que inventarse cosas que no sepa para estudiarlas, porque +cuanto humanamente se puede saber está ya tan bien colocado en su +cerebro como los libros en una biblioteca. Esforzad, esforzad la +turbada vista y descubrireis más rostros conocidos y simpáticos. +Rosell, el docto Rosell, cuya prosa sólo puede rivalizar con sus +versos; Escosura, siempre elocuente en sus escritos, siempre chistoso +en su conversacion, siempre benévolo con la juventud de que +eternamente formará parte; Arteche, el severo, inimitable historiador +de la _Guerra de la Independencia_, el narrador ameno de la vida de +_Un soldado español de veinte siglos_; Valera, el naturalmente +correcto autor de _Pepita Gimenez_; Campoamor, el que hasta nombre ha +tenido que inventar para su poesía, tan singular y extraña como +avasalladora del ánimo y de la atencion; Oliván, el hablista rival de +Cervantes y de Moratin, el que posee en su pluma una varita mágica que +hace brotar poéticas flores sobre los problemas económicos y sobre las +leyes agrícolas; Balart, el ingenioso crítico que vuelve sobre su +olvidada pluma para terror de los poetas chirles, para regocijo de los +que arrancan un elogio á su censura severa y sana; Canalejas, el ameno +preceptista; Selgas, el incansable rebuscador de retruécanos y +paradojas, el terrible censor de las modernas costumbres; Nuñez de +Arce, el viril cantor de las angustias de la patria; Silvela, el fino +y cáustico Velisla; Frontaura, el ingeniosísimo retratista del pueblo; +Luis Guerra, el biógrafo, el vengador del autor insigne de _La verdad +sospechosa_; Castro y Serrano, el que fué á Suez sin moverse de +Madrid, el que escribió las _Cartas trascendentales_, y _La Capitana +Coock_ y _Las Estanqueras_; Alarcon, el _Testigo de la guerra de +África_, el viajero _De Madrid á Nápoles_... Mil más que convierten el +grupo de los escritores que tienen ya basada en sólido cimiento su +reputacion, en un inmenso océano de cabezas. + +A su lado, y como huyendo avergonzados de la compañía de los demás, +nos muestran la espalda los tránsfugas de la literatura; los que van á +buscar en la política, más que el nombre que su natural disposicion +les brindaba, un descrédito probable por el pronto, y, á la larga, el +anatema ó el olvido. + +No es insignificante el número de los que en otro extremo del cuadro +se impone al cansancio de nuestros ojos con la viveza y animacion de +sus figuras. Echegaray, el hombre de ciencia, el político, aparece en +primer término al frente de la alborotada multitud de los Zapata, los +Herranz, los Sanchez de Castro, Gaspar, Calvo y Revilla, Barrera, +Valcárcel, Bustillo, Balaciart, etc., etc., etc., trocando el compás +por la pluma, y trasformándose de un golpe en el autor dramático más +atrevido de su época. + +Vedlos á todos, entusiastas soldados del arte, escalar las ásperas +alturas que guian á la cumbre donde se asienta el templo de la Fama, +enardecidos por la fé que rebosa en sus almas, por la hermosura de la +conquista, y no ménos que por todo eso, por las voces del ilustrado y +benévolo Navarrete, del ático Sanchez Perez, del tan discreto como +bilioso Revilla, del juicioso y noble García Cadena, del entusiasta +Alfonso, del concienzudo Cortázar. + +¡Estéril el período literario que atravesamos! ¿Vale la pena tan +peregrina acusacion de que nos ocupemos de ella un momento más? + + +II. + +Hace algunos años, ofrecía la Plaza de Santa Ana un aspecto muy +distinto del que ahora presenta; y, sin duda porque el que estas +líneas escribe la contemplaba entónces con los aduladores ojos de la +adolescencia, infinitamente más bello. Verdad es que la fachada del +teatro Español no ostentaba los primores del revoque moderno, que +confunde en sabrosísimo consorcio los edificios públicos y los platos +de huevos moles adornados de clara batida, donde las Góngoras lucen la +habilidad de sus manos para delicia de los fieles golosos; verdad es +que aquella tierra inculta no se habia engalanado todavía con la +improvisada exuberancia de la naturaleza municipal; pero no es ménos +cierto que la Plaza de Santa Ana, sin sus tenduchos de madera en que +los gorriones morian tan rabiosos y desesperados como Werther, en que +los grillos se ensayaban para cantar zarzuela, en que los titís y las +cacatúas daban con sus asquerosas miradas y con su coquetismo, +abundantes pruebas de que los vicios y flaquezas son lo que más une al +hombre con los animales; sin todo eso, repito, la Plaza de Santa Ana +será todo lo que se quiera... ménos la Plaza de Santa Ana. ¿Quién, +cuando muchacho, no se ha extasiado ante aquellos destartalados +cajones? ¿Quién, por el módico precio de dos cuartos, no ha comprado, +al mismo tiempo que la pobre víctima, el cargo de verdugo, ejercido +con tanta inocencia como resolucion? Yo sé de un niño (cuyo nombre +reservo para no ofender la modestia y resucitar los remordimientos en +quien ya es hoy un hombre muy barbudo y que peina canas); yo sé de un +niño que, al cumplir los nueve años, repasó la lista de sus +_avicidios_, y, ménos sanguinario que Tenorio, sintió profundo +arrepentimiento y vivo deseo de enmendar de alguna manera sus +crímenes, y ya que no pudo decir aquello de + + Si buena vida os quité, + buena sepultura os dí... + +porque los cadáveres se habian extraviado por el garguero del gato de +su casa, pidió á su padre (no al padre del gato, al marido de su +madre) dinero para comprar todos los billetes de la próxima extraccion +de lotería; medio ingenioso que habia imaginado el infante para sacar +el premio gordo, comprar con él todos los pájaros de la Plaza de Santa +Ana, y en un dia y una hora darles libertad. + +¡Dulce, encantadora edad de la infancia, en que lo feo es bonito, toda +ambicion posible, y hasta los remordimientos se presentan con forma +cómica! + +En un ángulo de la plazuela, se alzaba por el año de 1868, y debe +alzarse todavía (el regente de la imprenta no me dá tiempo para +averiguarlo), una casa de tres pisos y un solo balcon en cada uno, +propiedad de una maestra de niñas, que tenia _amiga_ en la calle de +Belen, y que, para cierto objeto que más adelante se dirá, cayó en +gracia (el cuarto, no la maestra,--esto de escribir de prisa tiene +muchos y graves inconvenientes) á unos cuantos jóvenes, escritores +unos, que no escribian; estudiantes otros, que no estudiaban, y +empleado alguno, que empleaba el tiempo en no asistir á la oficina. +Aquel cuarto, tan reducido que bien hubiera podido llamarse ochavo, +constaba de un pasillo estrecho, que parecia ancho á fuerza de ser +corto, un gabinete donde bien podrian caber seis personas de pié, pero +incómodamente, y un balcon á la _plaza de los pájaros_. + +Cuando los mancebos en cuestion se dirigieron á su propietaria y le +manifestaron el atrevido pensamiento de alquilarlo, la ilustrada y +nariguda maestra de niñas estuvo indecisa largo tiempo: el que ellos +tardaron en reunir, escudriñando y vaciando los bolsillos de todos, la +escasa cantidad á que montaba el mes adelantado y el de fianza. Sin +embargo, sus temores, que entónces ni siquiera sospecharon los +inquilinos, eran injustos y probaban que la maestra de niñas sabía más +de lo estrictamente necesario para dar buena educacion á unas cuantas +señoritas. Aquella habitacion se habia alquilado para trabajar; +para,--huyendo de lloros de niños y cánticos de criadas en las +respectivas casas de los mozalvetes, y de la inspeccion más bien +intencionada que rígida de la familia,--dedicarse á lo que formaba +todo su encanto: emborronar cuartillas y hacer artículos que se +insertaban de balde en el _Cascabel_ ó en el _Museo Universal_ (y +resultaban caros), componer versos indignos hasta de los periódicos de +modas, dramas destinados á ser rechazados por todas las empresas, y +otras hazañas por el estilo. + +¡Cuán dichosa tarde, aquella en que sentados en el suelo al rededor de +una silla de Vitoria, ante una humeante ponchera, se inauguró lo que +desde luego fué bautizado con el poético nombre de _El Nido_, y se +acordó por unanimidad la conveniencia de amueblarlo... si la próxima +sesion habia de levantarse con pantalones completos. Uno llevó las +sillas al dia siguiente (¡cuántas noches debió soñar el sillero con +que se habia ido á Sevilla!); otro una máquina de café; otro una +coleccion de retratos de hombres célebres; otro una pipa para fumar él +y llenar el cuarto de peste y de humo, asegurando que así lo +calentaba, y otro una estera de verano, aprovechando la circunstancia +de ser invierno,--con lo cual lograron hacerse en Diciembre la ilusion +de estar en Agosto y llegar á Junio con la estera tan rota, que con +barrer un poco quedó hecho el desestero. + +La vida de los habitantes del _nido_ era tan dulce como la de todos +los que esperan, como la de todos aquellos para quienes en el despacho +del teatro de la ilusion no ha aparecido aún el fatídico letrero de +«No hay billetes.» Casi todos eran republicanos, y no eran más, porque +no habia más que ser; y el único decididamente afiliado en el partido +conservador, pensaba con seriedad en la conveniencia de escribir un +drama político-filosófico-social probando que los casamientos de +Estado son una infamia intolerable, que un rey debe casarse por amor y +dar su mano á una fregona de palacio, si ésta, con la bondad de sus +prendas y la belleza de su palmito, ha logrado inclinar el ánimo de +S.M. desde las ventanas de la régia cámara hasta los respiraderos de +las régias cocinas. + +Todos los habitantes del _nido_ eran críticos entónces (apenas habian +escrito nada que valiese algo todavía), y á haberles conocido las +empresas, les hubieran prohibido la entrada en sus teatros las noches +de estreno. Siempre recordaré (eternamente impreso lo tendrá alguno de +aquellos jóvenes... en la mejilla izquierda) el lance acontecido la +noche que por primera vez se representó cierta bufonada en el coliseo +de Jovellanos. Los carteles anunciaron el desafuero contra el arte, y +aquella alborotada juventud se posesionó del centro de la galería +baja, dispuesta á vengar las injurias que, no sin razon, daban de +antemano por inferidas á su ídolo. El público sensato se mostraba +descontento, los _alabarderos_ aplaudian más furiosamente á medida que +perdian la esperanza de vencer en aquella jornada, y su jefe, harto ya +de oir los dicterios que contra la pieza proferia el más procaz de los +habitantes del _nido_, encaróse con él, y díjole:--«¿Cuántos años +tiene usted, caballerito?»--«Quince, para servir á usted,» contestó el +interrogado con un aire que desmentia lo compuesto de las +palabras.--«Y ¿no le gusta á usted esta obra?» tornó á preguntar el +jefe de alabarderos.--«Nó, señor,» tornó á contestar aquél, y añadió +acto contínuo:--«Y á usted ¿le agrada?»--«A mí me parece una obra muy +aceptable,» repuso el imprudente amigo de la empresa. Nuestro jóven le +miró de alto abajo, y exclamó:--«Pues compadre, está usted adelantado, +para la edad que tiene!» Frase que le valió un coro de carcajadas de +todos los que le rodeaban, un tremendo bofeton del militar-paisano, y +la probabilidad de pasar la noche en la prevencion con todos sus +compañeros, que salieron bizarramente á su defensa. + +Justo es decir que los que en ciertas ocasiones se mostraban +implacables, eran cuando se estrenaba una obra de algun autor de +merecido crédito, los que con más placer le palmoteaban y con más +entusiasmo pedian su nombre. + +Las ideas revolucionarias que los dominaban en política, los +avasallaban tambien en literatura; y para ellos lo más exagerado era +siempre lo mejor. + +De resultas de una discusion comparando el romanticismo y el +clasicismo, el busto de Molière salió desterrado del _nido_, y aún me +parece leer sobre sus paredes la quintilla escrita con carbon un dia +que se recordaron las burlonas censuras de Moratin al autor de _La +vida es sueño_. + + Os indignais sin razon + Contra ese ultraje tan ruin; + ¿Puede, en ninguna ocasion, + Amenguar un MORATIN + La gloria de un CALDERON? + +Los caractéres de los habitantes del _nido_, corrian parejas, por lo +distintos, con los muebles de la salita. Todos, y esto era lo único en +que se parecian, eran aspirantes á escritor; á excepcion de dos, cuyas +obras habian sido aplaudidas por el público, y que sin tener en cuenta +esa circunstancia, se dignaban mirar como compañeros á los demás. Era +el más viejo, y era y es bien jóven aún, uno cuyo nombre es ya +garantía para el público que asiste á los estrenos de sus obras, de +que va á pasar una noche feliz: tanta es la habilidad con que sabe +disponer la sencilla y natural trama de sus piezas: tanta y tan fina +es la sal con que sabe aderezarlas y servirlas al público, su +infatigable convidado. De mediana estatura, delgado, nervioso, su +cabeza ocupaba casi una tercera parte de su cuerpo; quebrado el color, +rayando en bilioso, un mechon de alborotados cabellos negros adornaba +su despejada frente y entonaba la dureza de líneas de aquella nariz +aguileña, de aquellas cejas desiguales que daban sombra á unos ojos en +que la impaciencia, la sutilidad y la astucia eran tres amigas que +contínuamente caminaban del brazo. ¿No le conoces, lector? ¿No le has +visto salir á escena estas noches? Es Miguel Ramos Carrion, el autor +de _Un sarao y una soirée_, y de _La gallina ciega_, y de _Esperanza_, +y del _Cuarto desalquilado_, y de _Los doce retratos_, y de _La mamá +política_, y de una obra que se representará en breve y acabará de +consolidar su reputacion. + +Miguel ¡quién lo diria conociendo sus obras! era desgraciado: ya no lo +es; ya su trabajo basta para sostener las cortas necesidades, la +existencia preciosa de su madre, y el recuerdo del tiempo malo sólo +puede ser para mi amigo el fondo negro, que no es triste, puesto que +hace destacar la claridad del primer término. Miguel, luchando con +innumerables contrariedades de todo género, escribia artículos, hacía +versos para mil objetos distintos, traducia en tres dias una pieza ó +una zarzuela que solia representarse con ajeno nombre, y en vano pedia +á los sucesos un momento de tranquilidad para hacer al fin algo más +digno de sus envidiables facultades. Sus compañeros del _nido_ se las +reconocian á coro, sostenian su fé vacilante, y hoy sienten tanta +felicidad por su suerte como orgullo por no haberse equivocado en sus +pronósticos. + +No puedo dejar de hablar de Ramos sin nombrar al que, unido +constantemente á él, lo completa como la postdata á la carta en que +falta algo. Me refiero á cierto estudiantillo de taquigrafía, +asturiano de profesion, de alma de niño, de corazon de hombre, nacido +para tener un amigo, y á quien todos desean tener por tal. Toribio +Granda idolatra á Miguel Ramos como la madre quiere á su hijo, y le +admira sinceramente y le gruñe sin cesar, y sufre más que él, que es +cuanto se puede decir, la noche en que estrenan alguna obra,--obra que +la noche del estreno es tan de Toribio como de Miguel;--que tiene +tanta influencia sobre Ramos, que, á veces, hasta le hace trabajar. + +Al _nido_ pertenecia tambien otro pájaro que despues ha tomado vuelo +por las regiones de la política, y sabe Dios hasta dónde llegará. +Hasta donde quiera, porque, hoy como entónces, todos sus compañeros +reconocen en él más talento que en ninguno y ménos discrecion para +emplearlo y convertirlo en otra cosa que en un perro que muerde á su +amo. Adolfo Malats era, al formarse el _nido_, cuando él no habia aún +soltado el cascaron, un muchacho rubio, largo, paliducho y ojeroso. En +su mirada lánguida se veia contínuamente prematuro cansancio: en su +frente cubierta de pelo no se adivinaba la inteligencia, pero allí +estaba, y esto es lo principal; en sus labios desdeñosamente plegados, +una sonrisa fria helaba de pena á sus amigos, que le miraban harto del +mundo sin conocerle, incrédulo sin creerlo él mismo, holgazan con +terrible trabajo, murmurador sin interés y perdiendo lastimosamente el +tiempo con la serenidad del que se las echa á correr con un chiquillo +y le dice:--«Anda, llévame un cuarto de hora de delantera, que yo te +alcanzaré ántes de cinco minutos.» Adolfo Malats, la memoria más +feliz, el juicio más hábil para tropezar en una cosa con el defecto, +la imaginacion más ingeniosa del mundo, uno de los hombres que tienen +más talento para encerrar un tomo en una frase, para estarse una +semana contando cuentos que nadie sabe, era el año de la fundacion del +_nido_ un hombre de mucho talento que no habia encontrado todavía el +sentido comun. Hoy sus palabras y su conducta parecen anunciar á la +vez el hallazgo. Adolfo Malats era el aficionado á todo (pero el +aficionado inofensivo, el que _no ejerce_); nuestro consultor, el que +con un elogio, rarísimo en su boca, nos hacía felices. Hombre de +condiciones buenas y malas más diversamente mezcladas, dudo que haya +existido jamás; mejor amigo de sus amigos, corazon más noble para +gozar con la felicidad ajena, alma más libre (y se comprende bien) de +envidia por nadie ni por nada, eso sí puedo afirmar rotundamente que +jamás ha existido. + +Tipo bien opuesto al de Adolfo, es Andrés Ruigomez, el autor de +_Silvestre del Todo_, que no sé cuándo acabará una preciosa novela de +costumbres que en Francia haria su reputacion y su fortuna; que hoy, +alejado de la literatura, entregado á las nobles tareas del foro, +quizá le reserva la suerte una existencia más desahogada y tranquila +que la de sus compañeros, si bien todos éstos la mirarán siempre como +propia y creerán que en su querido Andrés han mejorado de fortuna. +Andrés era el padre grave de la reunion; el padre grave por la +seriedad de su cara, por lo reposado de su voz, por la entonacion +verdaderamente forense con que ya entónces explanaba sus originales +teorías sobre arte, sobre política, sobre religion y sobre todo. +Andrés se las echaba de hombre de mundo, y apenas era hombre mundano; +Andrés se las echaba de hombre libre de preocupaciones, y hasta mucho +despues de aquellos venturosos dias no ha logrado verse libre de la +preocupacion de no tener ninguna; Andrés se las echaba de hombre +formal, y él era el único que mientras hablaba conservaba la cara +séria, resalte el mejor de sus chistes. Talento sólido y bien nutrido, +sagaz observador y pintor felicísimo de costumbres, Andrés Ruigomez +hubiera alcanzado en Francia, con aliento para sus primeros pasos y +recompensa para sus primeros merecimientos, una reputacion no menor +que la de Paul de Kock, á quien vence en la profundidad de las ideas y +no cede en la fuerza del chiste. + +Tipo bien opuesto tambien al de Adolfo, era el de otro personaje que +no quiero bosquejar, para irme directamente á la figura principal de +mi cuadro, que tambien se crió al calorcillo del _nido_: el autor del +presente libro, mi querido amigo Campo-Arana. + + +III. + +_Don Quijote_ le llamaban sus compañeros; y hoy, que ya es todo un +guapo mozo, no parecerá imprudente confesar que el mote le estaba como +anillo al dedo. Y Campo recordaba á D. Quijote por algo más que por lo +seco y desgarbado de su cuerpo, lo avellanado del rostro y el rumbo de +los bigotes: por lo exaltado de su imaginacion, pronta en hacerle +recibir como realidades sus sueños de cada momento, infatigable para +persuadirle á creer que está en verso nuestra existencia, contra la +opinion de un personaje de comedia del pobre Luis Eguílaz. Campo se ha +pasado, y se pasa, y se pasará la vida (porque es el individuo del +_nido_ ménos sujeto á cambio), tomando por gigantes los molinos de +viento, y por castillo la venta tan justamente antipática á Sancho +Panza. + +Campo era, de todos sus compañeros, el que ménos versos hacía y el más +poeta sin duda alguna. Si el que escribe estos renglones no creyera +firmemente que el artista es echado al mundo por Dios, ni más ni ménos +que el ave, que siempre encuentra las yerbecillas que han de +alimentarla mejor, creeria con no ménos seguridad que Campo-Arana era +un talento perdido á quien habian faltado favorables condiciones de +desarrollo. Pero quien repare un poco en la vida de los hombres +notables que honran á la humanidad, comprende desde luego que +Shakespeare, con una vida más tranquila, con una instruccion más +sólida, quizás hubiese escrito dramas ménos gigantescos; que Moratin, +nacido en el siglo XVII, acaso no hubiera tenido un talento bastante +enérgico para salir de la oscuridad; que Hartzenbusch, ménos sabio y +despues de arrojar en _Los Amantes de Teruel_ todo lo que un hombre +solo puede inventar, acaso hubiese valido ménos, mientras la musa +inquieta y viva de Narciso Serra probablemente se habria muerto de +fastidio en la fria, aunque sana atmósfera de una biblioteca. Campo es +poeta de impresion; ha recibido impresiones, posee el don de expresar +de una manera siempre clara y á menudo elegante sus pensamientos: +Campo es lo que puede ser. No hay que indignarse con el pez porque no +ande, si sabe nadar bien, ni echar en olvido la fábula de Iriarte, que +nos presenta al ganso haciendo de todo un poco, y haciéndolo todo como +quien era. + +Campo no es un sabio; pero con que nadie se lo conozca en sus +escritos, con que posea la principal sabiduría del hombre de letras +(la de saber bien qué es lo que no sabe, para no hablar de ello), él +tiene bastante y el lector de sobra. + +Su primer maestro ha sido el mejor: la naturaleza vista á través del +sentimiento propio. Algo ha modificado esa espontaneidad la influencia +que sobre él ha ejercido la lectura frecuente de los poetas alemanes: +influencia ménos perjudicial en Campo que en otros escritores, por ser +ménos opuesta á la índole del talento de nuestro autor, á cuyo +espíritu soñador y vago ha debido sucederle con las odas y baladas del +inmortal autor del incomparable _Wallensthein_, lo que al viajante que +hallándose en tierra extranjera, oye por azar palabras del habla +nativa de labios de un natural del país.--Poeta dramático Campo, de no +vulgares condiciones, siempre valdrá cien veces más como poeta lírico: +así se nos presenta en su primera obra de importancia, el presente +tomo de poesías, y así debe juzgársele. Bien ha hecho en bautizarlo +con el nombre de _Impresiones_; difícil sería encontrar otro que le +sentára mejor. Porque la poesía de Campo es eminentemente individual, +verdaderamente lírica. Así como en el drama el autor no debe aparecer +nunca (mas que al final, cuando el público le aclame), el soneto, la +oda, la elegía, son como la máscara por que hablaban los actores +griegos y latinos con la voz natural, pero aumentada para que llegase +á todos los ámbitos del anchuroso coliseo. Las impresiones de +Campo-Arana, producirán impresiones en el lector. Casi cuantas +contiene el tomo están inspiradas por un suceso real siempre, cuando +ménos en la mente del poeta; con lo cual basta para que nazcan con la +vida que sólo de la mente del poeta han de recibir. Por eso unas +podrán leerse con ménos agrado que otras, pero ninguna con +indiferencia: por eso tambien nos sorprenderá la diversidad de su +género, nos extrañará y hasta nos disgustará la diversidad, la +oposicion de juicios y opiniones que se observa en ellas. Este tomo es +la vida de su autor, cuyos sucesos pasan rápidamente á nuestros ojos, +como cincuenta figuras distintas se reflejan á la vez una tras otra, +en los contínuos, diversos y paralelos espejos de un café. El autor no +nos engaña; en su introduccion nos lo dice bien claro: allí hace su +programa, y más adelante lo cumple... El lector debe darse por +satisfecho: ¿qué más podria pedir un pueblo á su gobierno ó un +distrito á su diputado? + +He dicho ántes, y vuelvo á afirmarme en ello, que nadie leerá con +indiferencia este tomo de poesías. Todos los que han vivido la +existencia agitadísima de nuestra sociedad, donde los sentimientos se +tropiezan, se chocan, se confunden en el corazon, como la gente á la +salida de un teatro, encontrarán aquí á cada paso la expresion exacta +y concisa de sus propios sentimientos. Muchos dirán: «¡Qué bien dice +el autor lo que tan bien he sentido yo!» Y ¿cómo no ha de apreciar el +público un libro que le parecerá escrito por él? Este es, á mi pobre +juicio, el triunfo más completo del poeta lírico. Después de publicar +Becquer sus admirables _Rimas_, que han hallado eco en todas las +almas, y Nuñez de Arce sus robustas inspiraciones, que ya saben de +memoria todas las personas de buen gusto, la poesía que consiste en la +pulcritud, en el _aseo_, por decirlo así, de los versos, ha muerto ya +y está enterrada para siempre. En literatura, la forma y el fondo son +lo que en la humanidad el cuerpo y el alma; el cuerpo es la hermosura, +el alma la bondad, y ésta, sólo ésta, es inmortal. Si aquél sobrevive +en las obras del ingenio, es porque todo se vuelve _alma_ en ellas, +como en el hombre cuando traspasa el umbral terrible de la insondable +eternidad. + +¿Será esto querer sostener que las poesías de Campo son perfectas? +Nada más léjos de mi ánimo. Acercáranse más á la perfeccion y +estarian, tales como son ellas y la índole del talento poético de su +autor, más léjos de la belleza artística. El lector encontrará en las +_Impresiones_ estilo frecuentemente incorrecto, versos flojos y +desaliñados, imprudencias de asunto y de frase, falsedad y +contradiccion en los juicios; todo mezclado y compensado con bellezas +de primer órden, de esas que saltan á la vista del lector ménos +perspicaz, como ciertas mujeres hermosas, de provocativa belleza, se +nos entran por los ojos, atrayéndonos con sus miradas. + +Campo, que posee una facilidad, á veces lamentable, para expresar sus +pensamientos, paga á menudo una licencia poética, que pudiera haberse +excusado, con mil primores; á la manera (y perdóneseme lo vulgar de la +comparacion por lo que tiene de expresiva), á la manera del niño que +promete á su madre no salir de casa en todo el domingo si le perdona +media hora de escuela para ir á bañarse al rio con sus compañeros... +donde de milagro no se ahoga y de seguro se resfría. + +Otra ventaja hay en los versos de Campo: rara vez deja de acudir la +inspiracion á su llamada. Para nuestro amigo, es siempre la poesía una +amante esposa que se entrega con tranquila felicidad á su marido: nó +la pobre mujer que fuerza un soldadote brutal y feroz. + +Campo, esto no se puede negar, canta tan á menudo lo que siente como +lo que no siente, y creo en conciencia que él mismo no lo distingue: +el poeta cantará siempre mejor lo que cree sentir que lo que siente en +realidad... ¡Ay! Si expresáramos bien lo que á veces sentimos, ¿qué +poeta no sería gran poeta? La verdad del sentimiento no logra nunca +salir por entero del corazon: ha echado en él raíces: al exterior +brotan únicamente las ramas, ¡y éstas son tales que parecen árboles! +Campo escribió indudablemente la hermosa poesía que me hace la honra +de dedicarme (una de las más defectuosamente bellas de la coleccion) +un dia que habia sostenido una discusion con un clérigo carlista, +enterádose del asesinato legal de Reus y leido algun tratado de +filosofía alemana... + +Pero aquí han terminado mis observaciones sobre su libro. En +literatura, divido yo los críticos (¡cuántas veces me han dividido y +me dividirán ellos á mí!) en dos clases. Pertenecen á la primera los +que acogen sin prevencion, con benevolencia, las primeras obras de un +jóven, saben y comprenden lo difícil que es ponerse, sólo ponerse, en +el camino de la perfeccion artística, y censuran lo malo sin acritud, +ensalzan lo bueno con expansion, y hacen con el principiante en tan +difícil carrera lo que el hábil doctor con el enfermo de que se +encarga: lo animan, lo confortan, le prescriben el régimen más propio +para su restablecimiento, y le hacen confiar en la conquista de la +salud. + +Pertenecen á la segunda clase, los críticos para quienes todo es malo, +para quienes nadie sabe nada, para quienes nadie debe escribir; que +vierten hiel sobre las primeras ilusiones de un alumno de las Musas, +que mutilan sin piedad sus composiciones, ensañándose en ellas con +tanta fé como alevosía, como cristiano contra moro. A éstos no les +llamo yo críticos, sino verdugos de los que en tiempos de triste +recordacion atenaceaban el cuerpo, sacaban los ojos y cortaban las +orejas á los delincuentes... todo con el objeto de decidirlos á la +enmienda. + +Sin ciencia ni entendimiento para lo primero, me encuentro con +demasiado buen corazon para lo segundo, y dejo el libro de mi amigo +querido á los que de una clase y de otra no faltan en nuestra +república literaria: á los primeros se lo abandono con alegría y +confianza; á los segundos... por fuerza se lo entrego. + + +IV. + +Llego aquí fatigado, jadeante, como el que ha hecho una larga jornada, +con gusto, pero con precipitacion excesiva, y conozco que he dicho +muchas impertinencias, algunas verdades, y varias cosas que podria +haber reservado para mejor ocasion... Sin embargo, ya es costumbre (y +costumbre mala, de dificilísimo destierro por lo tanto) que al frente +de toda nueva publicacion vayan unas cuantas páginas escritas con el +objeto de que nadie las lea: Campo ha puesto empeño en que el prólogo +de sus versos lleve mi firma; yo he dejado hablar por cuenta propia al +corazon y á la fantasía: y comprendiendo, aunque algo tarde, que mi +prólogo podria carecer de interés, por lo ménos, una reflexion me +consuela de todas las demás. Si el prólogo no se ha de leer, más vale +que sea mio que de una persona autorizada. + + CÁRLOS COELLO. + + + + +INTRODUCCION + + +MELANCOLÍA. + + Yo padezco, lector, frecuentemente, + --sin que sepa la causa verdadera + ni si es cosa del cuerpo ó de la mente,-- + una tristeza amarga, que inclemente + me domina, me rinde y desespera. + + La sangre que en mis venas comprimida + caminaba en raudal impetüoso, + parece detenerse en su carrera, + y sin calor, sin fuerza, empobrecida, + se desliza con paso perezoso + como si en mí la vida se extinguiera. + La luz no hiere con su lumbre pura + mis ojos apagados + donde ántes su fulgor resplandecía, + y á través de una niebla siempre oscura + miro la alegre claridad del dia. + + No hay eco que hasta mí llegue distinto, + ni idea que despierte mi entusiasmo; + no hallo placer que excite en mí el instinto, + ni dolor que me saque del marasmo. + Dios, la gloria, el amor, la patria, el arte, + ídolos de mi ardiente desvarío, + sólo me inspiran pesaroso hastío; + que parece domar mi sér inerte + la calma precursora de la muerte. + + Un remedio á mi mal buscando en vano, + ya me siento al piano + y recorro con mano perezosa + las teclas de marfil de uno á otro extremo, + modulando en su marcha caprichosa + extrañas melodías + en las que siempre va del alma parte, + llenas de extravagantes fantasías, + sin hilacion, sin formas y sin arte, + brillantes una vez y otra sombrías; + canto salvaje que mi mente eleva + sin que el arte lo cubra con su manto, + que el viento nunca lleva + á donde yo lo envío; + notas de una oracion ó de un lamento + que nadie escuchar quiere, + y que van á perderse en el vacío + ignoradas y solas, + como el grito del náufrago que muere + en el rumor de las revueltas olas. + + Ya el exánime cuerpo abandonando + á la extraña inaccion que le avasalla, + los tristes ojos á la luz cerrando, + sin que la voluntad le oponga valla, + dejo á mi pensamiento libre vuelo; + mas de un sueño imposible en pos se lanza, + y vaga en loco anhelo + de un recuerdo á un dolor ó á una esperanza, + de una idea á otra idea, + sin conseguir hallar lo que desea. + Ya queriendo fijar mi pensamiento, + sobre el blanco papel la mano puesta, + expresar con palabras mi ánsia intento; + y comienzo novelas y canciones, + y poemas, y dramas, y cien cosas + que no pasan jamás de tres renglones. + Fragmentos que conservo en mi cartera, + que leo con el alma estremecida, + porque en esos fragmentos está entera + la historia de mi vida. + + Mas todo en vano: ni en los dulces sones + de la rica armonía, + ni en las anchas regiones + donde mi pensamiento desvaría, + llenas de luz, de amor y de belleza, + puedo encontrar alivio á mi tristeza. + + Si vuelvo á Dios el ánimo contrito + y piedad de mi pena le demando + con humilde fervor y acento blando, + el aliento maldito + de la duda cobarde y acerada + á envenenar mis pensamientos viene, + y en mis labios detiene + Una oracion apenas comenzada. + + Vuelvo entónces los ojos á la tierra + y de mí se apodera horrible espanto + al ver los séres que en su seno encierra. + Unos con rabia atroz, otros con llanto, + alzan al cielo punzador gemido, + y el de unos en el de otros confundido, + en concierto infernal, que crece y crece + como el mar al alzarse enfurecido, + hacen llegar sin tregua hasta mi oido + un grito de dolor que me enloquece. + + Por fin, tras largas horas + de ignorado martirio, el mal se aleja + trocándose en hondísima amargura + que ya nunca me deja. + + Entónces, á mi afan suelto la llave + y escribo, sin pensar adquirir gloria + ni de fama ó de títulos ansioso, + --que esa ambicion en mí fuera irrisoria. + Escribo, como llora el desgraciado, + como canta el alegre; porque el pecho + es para el hondo sentimiento estrecho + y se desborda el duelo ó la alegría, + ésta con expansiva carcajada, + aquél en una lágrima sombría. + Escribo sin buscar otra ventura, + sin anhelar más precio á mis canciones + que desahogar un poco mi amargura. + + No busques pues, lector, en mí al poeta + ni al hablista galano, + ni al pensador severo: + Dios me negó favor tan soberano + y yo que fiel su voluntad venero, + á mi modesta inspiracion me allano. + Dotes tan altas, ni fingirlas puede + el mortal á quien Él no las concede. + + Mas no por eso cesará mi canto, + que en el concierto inmenso, + de la tibia mañana + que la dulce y alegre primavera + con aromas y flores engalana, + del grillo entre las yerbas escondido + el ingrato chirrido, + se une al canto de amores regalado + del _pardo ruiseñor enamorado_, + y al zumbido monótono y constante + del insecto infeliz, el tierno arrullo + de la tórtola amante + y del arroyo el plácido murmullo; + y de unos en la de otros confundida + la voz, ésta apacible, aquélla ingrata, + forman, por atraccion desconocida, + el himno poderoso de la vida + que en los aires fermenta y se dilata. + + + + +¿DÓNDE ESTÁ? + + + ¡Oh! sí: para vivir, yo necesito + lucha, esperanza, amor. + Los instantes de dicha y de abandono, + ciclo de la pasion; + la duda inquieta del desden fingido, + tormento abrasador, + que con lágrimas baña las pupilas + y de ira el corazon; + el tembloroso afan de la respuesta + y del primer favor; + el nervioso delirio de los celos, + que turba la razon. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + Mas ¿dónde hallar una mujer que sepa + comprender mi dolor? + ¿Dónde encontrar una mujer, esclava + del mismo afan que yo? + ¿Una no habrá en el mundo que me escuche, + que sienta así el amor? + ¿Una no habrá en el mundo, que me quiera + mentir por compasion? + + + + +¡SOLO! + + + Solo... Solo... Siempre solo, + siempre solo con mis penas! + Solo mientras dura el dia, + solo en la noche serena, + solo cuando pienso en Dios, + solo al pensar en la tierra, + solo cuando canto alegre, + y solo con mi tristeza!... + Solo siempre... Mas ¿por qué, + esa soledad eterna? + Es ¡ay Dios! que el alma mia + no ha hallado su compañera, + y siento que me hace falta + la mitad de mi existencia; + es que soy un pobre loco, + ó la humanidad entera + es ménos buena que yo, + y que su maldad me aterra; + es que el mundo me rechaza, + ó que mi alma le desprecia, + porque en él, ¡ay! no ha podido + encontrar su compañera. + + * * * * * + + Es que yo adoro las lágrimas + y el mundo se rie de ellas; + es que es mi ambicion muy grande + ó que mi alma es muy pequeña: + es que siempre, combatido + por encontradas ideas, + fluctúa mi pensamiento + por que la verdad no encuentra; + es que no tengo la fé + del mártir ni del poeta; + es que todos mis dolores + son despreciables miserias + que no levantan el ánimo + y que las fuerzas enervan; + es que anhelo un imposible, + delirio de mi tristeza; + es que me falta un apoyo + á que asir mi mano trémula; + es ¡ay Dios! que el alma mia + no ha hallado su compañera. + + * * * * * + + Es que me siento vencido + en esta lucha suprema, + y no hallo un amante seno + donde apoyar mi cabeza, + y á cuyo tibio calor + resuciten mis ideas; + es que veo, á mi pesar, + cerradas todas las puertas, + y sólo me ofrece asilo + la muerte... Quizás en ella, + al otro lado del manto + que la eternidad nos vela, + mi alma que triste y doliente + su camino hace en la tierra, + podrá conseguir su anhelo: + encontrar su compañera. + + + + +ÁNSIA. + + + Y qué ¿de esta inquietud jamás postrada, + de esta lucha sin tregua que en mí siento, + de este loco y altivo pensamiento, + ¿no habrá de quedar nada?--¡Nada!...--¿Nada... + La pobre flor en el pensil tronchada, + deja sus hojas y su aroma al viento; + la ola al besar la playa, su lamento + deja, y la linda concha nacarada. + Yo tambien dejar quiero mi memoria; + aunque agostado como débil lirio, + quiero esculpir mis huellas en la historia. + Quiero que un dia el mundo con delirio + orne mi tumba con laurel de gloria... + Laurel de gloria, ó palma de martirio. + + + + +SÚPLICA. + + + ¡Ay Dios! ¿No quereis decirme + dónde la podré encontrar? + Largos dias há, su huella + busco con ardiente afan... + Yo quiero verla un instante... + Un instante nada más. + Yo ahogaré en mi pecho el grito + de inmensa felicidad + que al volverla á ver de nuevo + el amor me arrancará. + Yo la dejaré camino + viéndola, triste, pasar + sin pedirle una sonrisa + que calme mi ardiente afan. + Yo me esconderé en la sombra + cual medroso criminal... + No buscaré su mirada... + Su voz no me arrastrará... + La veré como un delirio + irrealizable y fugaz... + Mas... quiero verla un instante, + un instante nada más. + --Por Dios, ¿no quereis decirme + dónde la podré encontrar? + + + + +DIOS. + + + Lucha tenaz; mi espíritu se aterra, + y en vano busca el insoluble arcano + tras de el que en pos, el pensamiento humano, + riñe consigo mismo cruda guerra. + ¡Dios! ¡Un tiempo tirano de la tierra! + ¡Terrible agitador del Occeano + que sumerge azotándola inhumano + la pobre nave que en su seno encierra! + Mas nó; los elementos obedecen + sólo una ley, y ante ella, cual el suelo, + los infinitos mundos se estremecen. + Mintió quien en tu sér forjó su anhelo... + --Mas... ¿por qué mis pestañas se humedecen + al levantar los ojos hácia el cielo? + + + + +SOMBRA EN LA LUZ. + + +I. + + A mi ruego tenaz por fin rendida, + ella, oculta en la sombra, me esperaba, + y yo, de orgullo y gozo el alma henchida, + buscándola, en la sombra caminaba. + + Sólo la tibia luz de las estrellas + mis pasos alumbraba: + su pálido fulgor me parecia + aún más alegre que la luz del dia. + + +II. + + Al dejarla, sus tintas de oro y grana + esparcia en el cielo la mañana, + y cuando el sol se alzó en el horizonte, + pensando en la victoria + que al dulce amor debia, + yo no sé qué sentia + que en medio del recuerdo de mi gloria + triste la luz del sol me parecia. + + + + +Á CÁRLOS COELLO. + + +NOSCE TE IPSUM. + + ¡Rey de la creacion, hombre! Despierta. + Sál del letargo en que sumido vives, + abre una vez á la verdad tus ojos, + si á resistir su luz tu vista acierta. + Despierta contemplando los despojos + de tu pobre grandeza, + mezquino sueño de tu sér soberbio. + Despierta con presteza, + baja del trono de oropel y harapos + que rico solio en tu locura crees. + Suelta el cetro de caña con que riges + el engañoso mundo que posees, + y sombras vanas con afan diriges. + Deja caer la máscara arrogante + con que encubres tu bajo pensamiento + de bien y de grandeza vergonzante. + Hipócrita insensato, + que de soberbia en insondable abismo, + en tu loco arrebato + te mientes la grandeza áun á tí mismo. + + * * * * * + + ¡Ah! no es ciego extravío + la fuerza poderosa que arrebata + la templada razon, y se apodera + del pensamiento mio. + Nó; no es la duda ni la envidia artera, + no es la fiera afliccion de la amargura, + ni el débil grito del herido esclavo. + La envidia mata, si la duda altera, + la amargura tan sólo el llanto funde, + la cobardía besa al que la azota. + Yo vivo y pienso, y, al error atento, + del tirano el poder no me confunde + ni doblego á su antojo el pensamiento; + pues sé que ante la voz conmovedora + de la santa verdad, en su flaqueza + caerán, sobre su asiento mal seguros, + como de Jericó los anchos muros, + sus sueños, su poder y su grandeza. + Y esa verdad sus alas me ha prestado, + á su cielo de luz me ha conducido, + y ora desesperado, + ora preocupado ó divertido, + al ver el hombre desde allí he llorado, + y volviendo á mirarle, me he reido. + + * * * * * + + Envidia ó egoismo; ese es el hombre + por más que luche en disfrazar su anhelo + con un hermoso nombre. + Llama amor al deseo disoluto + á que rinden tributo, + sin la inmunda torpeza á que él se entrega, + el ave, el pez, el bruto, + la misma flor inmóvil que despliega + su cáliz á la brisa y al rocío. + Llama ambicion á la locura ciega + que tenaz le persigue hasta en sus sueños + sin que olvido ó reposo se demande, + no por ser él más grande, + sino por ver á los demás pequeños. + Llama equidad á la ruïn codicia, + llama heroismo al crímen más sangriento, + saber á la malicia, + redencion al tormento, + y á la venganza bárbara, justicia. + Ciencia al enmarañado laberinto + en que su limitada inteligencia + se pierde errante sin hallar salida; + alma á su ciego instinto, + al vil temor prudencia, + fé al fanatismo ciego, + ley al hierro homicida, + y á la inaccion estúpida, sosiego. + Caridad á la dádiva avarienta, + migaja de su mesa suntüosa, + que presta, haciendo cuenta + de recobrar crecida + de la mano potente y dadivosa + de un Dios que se ha forjado en otra vida. + Y se cree un sér grande porque siente + afectos que orgulloso diviniza, + cuando acaso los miente. + ¡Amor de patria! dice, imaginando + que es privilegio la atraccion sagrada + que hace al ave viajera + amar á la enramada + donde elevó su voz por vez primera, + donde pasó el estío, + donde vuelve á anidar la primavera. + ¡Razon! exclama con acento grave, + y áun blanquean al sol en la llanura + las osamentas de cien mil soldados + que asesinó su bárbara locura; + el paso de la fiera muchedumbre + áun destroza la miés de la campiña, + y cadáveres mil ensangrentados + alimentan las aves de rapiña. + ¡Arte!... Tal vez tan sólo ese deseo + es en él verdadero y grande y puro... + Tal vez... Mas, ese mismo sentimiento, + ¿no es acaso el altivo desvarío + de hallar de Dios el ignorado asiento, + adivinar su imágen escondida, + sorprender su existencia en un momento, + y robarle el secreto de la vida? + + + + +LA VUELTA. + + + --Cuando tras tanto penar + llegas, cubierto de gloria, + á gozar de la victoria + al amor de nuestro hogar, + dime: ¿Qué negro pesar + turba, hermano, tu alegría? + ¿Qué negra melancolía + te entristece á nuestro lado? + --¡Ay, Julián! ¡Que me ha olvidado + la mujer que yo quería! + + --Hijo, ¿y por eso abatido + al dolor te rindes ciego? + ¿Perdiste el valor y el fuego + con la sangre que has perdido? + ¿Lloras?... Mas dime, ¿qué ha sido + del valor que yo sentia + cuando tus cartas leía + ansioso y entusiasmado? + --¡Ay, padre! ¡Es que me ha olvidado + la mujer que yo quería! + + --Hijo: tu dolor me mata, + ven y reposa en mi seno, + de amor para tí está lleno, + en él tu llanto desata, + ¿Qué te importa si una ingrata + de sus brazos te desvía? + Toda es tuya el alma mia, + reposa en mí confiado. + --¡Ay, madre! ¡Que me ha olvidado + la mujer que yo quería! + + + + +¡REBELDÍA! + + + No, ya no quiero consolar al triste, + ni con mis manos enjugar su llanto: + ya mi alma, endurecida, se resiste + hasta del bien al goce sacrosanto. + Ya el dolor me arrebata y desespera, + sin que consuelo á la paciencia pida: + ya aborrezco el dolor... ¡el dolor, que era + la ilusion más hermosa de mi vida! + Espíritu rebelde, á Dios me atrevo, + y de su fé rompiendo ya los lazos, + como reproche, ante sus ojos llevo + de mi alma destrozada los pedazos. + Si al escuchar mi queja en la agonía, + de la lucha feroz al fin rendido, + me echa en cara mi osada rebeldía, + yo le podré decir: «Tú lo has querido. + Tú me marcaste de la vida el paso, + tú un cuerpo débil para mi alma diste: + si era para el licor frágil el vaso, + ¿por qué no lo cambiaste ó lo rompiste? + ¿Dónde está tu justicia, que no acudes + un remedio á aplicar á los dolores + del que siente la fé de las virtudes + y el gérmen del amor de los amores?» + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¡Ah, no sabeis vosotros, desdichados, + que acaso oís riendo mis gemidos, + los momentos de angustias ignorados + que guardan estas letras escondidos! + Con los años de vida que se aleja, + una ilusion tras otra desparece, + y hasta el rastro de fuego que en mí deja + tambien año tras año palidece. + Una sola, no más, conservo entera, + refugio fiel donde mi fé se escuda, + y esa ilusion bendita, la postrera, + hoy viene á arrebatármela la duda. + ¡Dios! ¿Dónde está? Mis ojos le veian + en un tiempo feliz, yo no sé donde; + pero siempre encontrarle ellos sabian... + ¡Hoy no le encuentro ya! ¿Dónde se esconde? + + + + +A... + + + Suave el dorado virginal cabello, + puros y azules los rasgados ojos, + blanca la tez, enrojecido el labio, + lánguido el talle. + + ¡Cuántas bellezas por mi mal nacidas! + ¡Cuántos tesoros, para mí vedados! + Tiemblo, mujer, al recordarte ausente, + tiemblo y suspiro. + + ¡Sabes que sólo gozo cuando sueño + (cuando en mí la existencia se interrumpe!) + al dar mi mente á los recuerdos vida, + sér á tu imágen! + + ¿Sabes amar, sin esperar siquiera + ¡triste placer! que tu pasion conozcan? + ¿Sabes llorar... pero llorar de celos? + ¡Ay! no lo sabes. + + Sigue, sigue inocente tu camino, + piensa una vez, y compadece al triste; + ruede una vez por tu sereno rostro + lágrima ardiente. + + Y cuando al seno de la madre tierra + vuelva tu cuerpo, en mármol convertido, + unjan tu frente de olorosas flores + suaves aromas. + + Tiemble al contacto de la forma pura + dándole abrigo, la feliz arena, + muera yo luégo, y del sepulcro frio + repose al lado. + + + + +EL ANOCHECER. + + + La tarde muere; la sombra + se extiende por todas partes, + y con el dia concluyen + los gorjeos de las aves. + Sólo alguna que tardía + cruza tristemente el aire, + á buscar allá en la aldea + nido donde refugiarse, + exhala un débil gemido + triste, dulce, inexplicable; + tal vez un adios al dia + que no volverá á alumbrarle, + tal vez murmullo de pena + al verse sola y errante. + Y pasa cual leve bruma + que en sí misma se deshace, + y entre la sombra se pierde + desvanecida su imágen. + Calla la naturaleza + que, tambien del dia madre, + enmudece en la agonía + de la moribunda tarde. + Y el religioso silencio + del triste y supremo instante, + deja inmóviles y mudas + á las hojas de los árboles, + que, embebecidas, esperan + que la noche les ampare, + ó vuelva á lucir el dia + para volver á besarse. + Llegan en alas del viento + melancólicos cantares, + y el eco de la campana + que á un tiempo en la aldea tañen... + Y es que los hombres tambien + al ver el dia alejarse, + sienten la misma tristeza + que los campos y las aves, + y cantan ó rezan...--¡Ay! + ¡quién pudiera acompañarles, + y cantar con los dichosos + y orar con los miserables! + + + + +Á UNA LÁGRIMA. + + + Rueda, bañando mi mejilla helada, + lágrima temblorosa y vacilante; + pára al tocar mis labios un instante, + y refresca su piel seca y quebrada. + Contigo va de la mujer amada + el último recuerdo delirante; + contigo va de mi ambicion gigante + la ilusion ántes muerta que soñada. + Mas no sigas... Detente... Si supieras + que al sentir en mis labios tu frescura, + me dá vida el dolor, te detuvieras... + Tánta es la hiel que en tí mi labio apura, + que tornándose dulce el mar, pudieras + tú sola devolverle su amargura. + + + + +NUBE DE VERANO. + + + Iba cayendo el dia, + y ella y él, caminito de la fuente + que entre los olmos murmurar se oia, + marchaban vivamente; + ella lloraba y él palidecia. + Y con ira creciente + los dos se denostaban, + y «aleve» el uno al otro se llamaban, + apurando el atroz vocabulario + que tiene el amoroso diccionario + para tales combates, precursores + de más estrecha paz cuanto mayores. + Ella, con las mejillas cual la grana + y cortada la voz por cien suspiros, + llorosa le decia + llena de rabia insana: + --«¡No te he querido nunca, no te quiero!»-- + Y él tambien, á porfía, + --«Tampoco yo te quiero»--le decia. + Y al cabo, tantas cosas se dijeron, + un odio tan eterno se juraron, + que uno y otro su paso detuvieron + y sin decirse adios, se separaron. + + * * * * * + + Tambien moria el sol al otro dia, + y ella y él, caminito de la fuente + que entre los olmos murmurar se oia, + iban pausadamente; + ella lloraba y él se sonreia. + Él, con ánsia creciente, + --«Me quieres, vida mia?»--le decia; + y ella, alzando la frente, + donde el santo pudor resplandecia, + le miraba á los ojos fijamente, + y mil veces--«¡Te quiero!»--repetia. + + + + +EFECTO DE ÓPTICA. + + + Porque no te veia, + una vez maldiciendo, otra llorando, + la vista dirigia + á la arboleda umbría, + sólo de ruiseñores habitada, + que, la intensa pradera atravesando, + termina en el umbral de tu morada. + Ya se iban apagando + del ciclo azul los tornasoles rojos... + Yo, el rostro contrayendo + de rabia y de dolor, cerré los ojos + y... ya nunca te aguardo maldiciendo. + + + + +EL ÁGUILA. + + + Alza su vuelo el águila altanera + ráuda cruzando pueblos y naciones, + y hace con sus despojos y pendones + arco triunfal á su triunfal carrera. + Tiembla aterrada y muda Europa entera + por su acerada garra hecha girones + desde las frias, árticas regiones, + hasta la Italia donde el sol impera. + Quiere herir al Leon envanecida, + mas, de su roja crin tendiendo el pelo, + su zarpa clava en ella y cae vencida. + Duda, vacila alzándose del suelo + al sentirse en Bailén de muerte herida, + y abate en Waterlóo su incierto vuelo. + + + + +DESEO. + + + Eras tú: mi deseo adivinaba + tus rojos labios, tu mirar de fuego, + de tu amor las histéricas caricias, + el ardiente perfume de tus besos. + Eras tú, que surgias en mi mente + envuelta entre la niebla de mis sueños, + radiante y bella, cual la luna surge + del horizonte entre el celaje denso. + Eras tú, realidad de una quimera, + demonio tentador, terrible y bello, + que venía á encrespar con la tormenta + de mi existencia el mar triste y sereno. + Al eco de tu voz, como las olas + se elevan hostigadas por el viento, + despertando del tímido letargo, + se elevaron en mi alma cien recuerdos. + Sentí la vida en mis hinchadas venas + cual lava ardiente discurrir de nuevo, + y esperanzas, y dichas, y temores + germinar en mi oscuro pensamiento; + aspiré de la dulce primavera + áuras y aromas en el triste invierno; + la existencia encontré fácil y hermosa + y de morir me abandonó el anhelo; + me sentí renacer cuando ya estaba + para el amor y la esperanza muerto, + bajo la enorme losa de la tumba + que levanté para mi amor primero. + El fantasma dorado de la gloria, + el de fortuna deshechado empeño, + ante mis ojos, por su brillo atónitos, + plácidos otra vez aparecieron. + Tímido como el niño adolescente, + te persigo doquier; y hallarte espero, + cual el que sueña dichas y dormido + á sí mismo se guarda el dulce sueño, + temiendo, al despertar, todo el encanto + de su delirio contemplar deshecho. + ¿Quién eres? ¿Quién á mí te ha conducido? + ¿Acaso el ánsia de carnal deseo? + ¡Ay de mí! No lo sé, que áun no te he hablado; + áun si mientes ignoro... y ya lo temo. + No es el instinto el que hácia tí me arrastra, + más noble es la pasion con que yo sueño; + pero ¿qué importa si una impura llama + á pesar tuyo te calcina el pecho? + Yo tengo para tí raudal sin fondo + de casto amor y nobles pensamientos, + y al enlazar mis manos con las tuyas, + al oprimir tus labios con mis besos, + el perfume de amor que mi alma llena, + trocará el vil calor en santo fuego. + Beberás ese amor en mis miradas, + lo absorberás al respirar mi aliento, + te lo trasmitiré cuando mi mano + acaricie amorosa tu cabello. + Te envolveré en su atmósfera divina, + como en nube de aromas y de incienso, + despertaré tu corazon dormido, + te volveré al amor y al sentimiento. + Tú acaso pagarás con la sonrisa + mi amor sin mancha, aspiracion del cielo; + yo lloraré, mi bien, y tántas lágrimas + ablandarán tu loco menosprecio. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¡Y al fin me olvidarás! Llegará un dia, + en que acaso con odio nos veremos... + ¡El deseo en tu sér se habrá extinguido! + ¡Este amor que me inspiras habrá muerto! + + + + +¿POR QUÉ? + + + ¿Por qué? Yo te he cubierto con mis besos; + el párpado süave, el fresco labio, + la blanca frente y el nevado pecho, + tu garganta, tus rizos y tus manos... + ¡Todo, de amor en el delirio ardiente, + mis dedos con afan lo acariciaron! + Y tú, rendida al ruego, y al instinto + que en el hombre engendró quien le ha creado, + beso por beso, loca me volviste, + buscando, al esconderte entre mis brazos, + oprimiéndome á un tiempo con los tuyos, + tu cabeza en mi pecho sepultando, + camino de llegar hasta mi alma + para buscar en ella tu retrato, + ó el fuego de la llama abrasadora + del amor y el placer ¡crímenes santos! + Y fundidos en uno nuestros séres, + sin idea del tiempo ni el espacio, + sin que tanto placer y dicha tanta + pagára ningun hombre con su llanto, + secreto como el génesis del mundo, + grande, amada mujer, como el espacio, + creamos un momento de ventura + de nuestra vida en el trascurso amargo. + Momento que era un mundo... ¡cuán distinto + del mundo miserable que habitamos! + Todo era amor y dicha, saturada + con la miel regalada de tus labios. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¡Y tal felicidad era un delito! + ¡Tanta dicha, mujer, crímen nefando! + ¡Por qué? Yo no lo sé; pero es un crímen... + Por tal el mundo entero lo ha juzgado... + ¿Qué importa? Yo desprecio su sentencia, + y en tus caricias y en tu amor soñando, + sólo sé que me arrastras en pos tuyo, + sólo sé que eres bella y que te amo. + + + + +EN EL ÁLBUM DE ELISA. + + + Nacida bajo el sol de Andalucía, + bella, jóven, discreta... + ¡Dios mio! ¡Cuántas cosas te diria + si fuese yo poeta! + + * * * * * + + Y áun sin serlo, mirándome en tus ojos, + de inspiracion venero, + á Byron y Petrarca diera enojos... + si estuviera soltero. + + * * * * * + + Mas ¿qué quieres, Elisa, que te diga, + si, aunque de mente inquieta, + no soy, por mi desgracia, hermosa amiga, + soltero ni poeta? + + + + +DEBILIDAD. + + + Me sentía morir, y quise verla, + darle mi maldicion; + y... vino... y ví sus ojos, y... le dije... + «¡Que te bendiga Dios!» + + + + +AYER. + + + «¡La amo!» yo me decia + loco, embriagado en su recuerdo hermoso, + y «¡la amo!» repetia. + ¿Dónde se fué el ensueño venturoso + que en su amor me forjé? + Fué no más vago sueño mentiroso; + hoy me digo: «¡la amé!» + + + + +Á UNA ROCA. + + + A través de los siglos que han pasado, + inmóvil en tu asiento; + bañada por el mar desenfrenado + que ruje turbulento + ó seca por el viento + que azota tu semblante descarnado, + miras llegar tranquila + la ola hirviente que rugiendo avanza, + se recoge al llegar, duda, vacila + y contra tí con ímpetu se lanza. + Choca, gime, se rompe, y agitada + te envuelve con furor en densa bruma, + y murmurando, vuelve al mar cansada + dejando su impotencia en tí marcada, + dolor y rabia, lágrimas y espuma. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¿Y estarás siempre así, muda y sombría, + recostada en la arena? + Es imposible. Nó; llegará un dia, + que acaso en el reloj del tiempo suena, + en que la fuerte mano + del hombre llegue en tí á posarse ardiente, + y entónces, á su impulso soberano, + una existencia en tí quizás aliente. + Entónces, ya con vida, + tal vez tu masa para el mundo sea + muro de una prision aborrecida, + humilde signo de potente idea. + Tal vez tendrás un nombre; + tal vez, deshecha en trizas, + serás estátua que eternice un hombre, + pobre losa que guarde sus cenizas. + + + + +EL ÚLTIMO AMOR. + + + ¿Lloras, mirando deshecho + el encanto embriagador, + que, de la vida al calor, + engendró en tu tierno pecho + el primer sueño de amor? + + ¿Lloras, por siempre perdida + tu esperanza más querida, + y la dicha y la ilusion + ardiente de la pasion, + aureola de la vida? + + ¡Entornas tus negros ojos, + que oscuro círculo abraza, + y contraes tus labios rojos, + llenos de penas y enojos, + de dolor y de amenaza! + + --¡Que ese amor era el primero! + --¡Que no hay otro verdadero! + Triste error, yo te lo digo; + escucha mi acento amigo, + que yo consolarte quiero. + + Tú amarás; mil y mil veces + libarás hasta las heces + de amor la inmensa ventura; + ese llanto, esa amargura + él te pagará con creces. + + ¿Sabes cuál es el amor, + profundo, arrebatador, + por el que ese olvidarás; + pensamiento roedor + que no se olvida jamás? + + El último; amor nacido + con el doliente gemido + de la juventud cercana + que se aleja, y que mañana + por siempre se habrá perdido. + + Ciega y ardiente ambicion + que nada apaga en el mundo, + que arranca del corazon + la suprema convulsion + postrera del moribundo. + + ¿Y sabes, de esos amores, + cuál dá tormentos mayores; + ¿Cuál, si la esperanza muere + en quien realizarla quiere, + causa más vivos dolores? + + ¿Cuál llena nuestra memoria + sin consuelo que le cuadre? + ¿Cuál es de la vida historia?... + Para los hombres, la gloria; + para la mujer, ser madre. + + + + +Á LA SEÑORA + +DOÑA TEODORA LAMADRID + +DESPUES DE ADMIRARLA + +EN LA REPRESENTACION + +DEL DRAMA + +«LA LOCURA DE AMOR.» + + + Necio fuera, señora, en tal momento, + rebuscando un concepto pretencioso + digno de honrar sujeto tan glorioso, + esforzar el indócil pensamiento. + Permitid que, de tal martirio exento, + vuele desatinado y caprichoso + para expresar cuán grande, cuán hermoso + es el placer que al escucharos siento. + El ánimo os persigue embebecido, + altérase el aliento acompasado + y el corazon redobla su latido; + una lágrima ensancha el pecho ahogado, + surge, tiembla en el párpado encendido + y cae... ¡Al alma se la habeis robado! + + + + +ILUSION. + + + Columpiarse veíala en mis sueños + al blando soplo de la dulce brisa, + y llegaba su voz hasta mi oido + clara y distinta. + Veíala en las nubes de la tarde + dibujarse cual vaga fantasía, + aspiraba su aliento en los aromas + que el viento me traia. + Sentia su contacto léjos de ella, + y al sentirlo, mi sér se estremecia, + y cerraba los ojos para verla + más clara y más distinta. + Conversaba con ella, en inefable + dulce coloquio, como en otros dias; + mirábala llorar de amor, y loco + sus lágrimas bebia. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + Creia verla, entrándome en su alma, + pura como mi amor, pura y bendita; + creia que me amaba y que era buena... + ¡Y era mentira! + + + + +REALIDAD. + + + Triste, marchita y harapienta y sola, + ocultando su faz + con extraño rubor, casi á mi lado + hoy la he visto pasar. + Al mirarla, mi sangre ha detenido + su curso natural; + he sentido la angustia de la muerte... + No he podida llorar. + ¡Ella pobre, marchita, sola y triste! + ¡Oh! ¡Cuánto sufrirá! + ¡Ella, que ayer en régias bacanales + consumia su afan! + El vicio y la impureza la han manchado + arrugando su faz... + ¡Dios mio! Al verla así, ¿cómo no puedo + áun dejarla de amar? + + + + +RESIGNACION. + + + Cúmplase mi destino; yo no quiero + luchar ya más contra la adversa suerte; + el negro porvenir tranquilo espero, + puestas mis esperanzas en la muerte. + Siento que ya mis fuerzas agotadas, + que mi mente, serena en otros dias, + las unas por mis penas enervadas, + la otra presa de horribles fantasías, + ya nada oponen al terrible embate + de ignota maldicion, que me persigue. + Ya no espero vencer en el combate: + ¿qué fuerza habrá que á combatir me obligue? + Si es que merezco tal rigor, lo acato; + quede vengado el crímen cometido: + si es injusto placer de un Dios ingrato, + goce en mi mal; ni compasion le pido. + Yo volveré mis ojos anublados + por un dolor mayor que mi arrogancia, + no á los cielos sin nubes y azulados + donde un Dios me mostraron en la infancia; + yo de mi alma llevaré el desvío + viendo á los hombres de pesares llenos, + y buscaré, para consuelo mio, + remedio no á mi mal, á los ajenos. + Mi adios he dado sollozando y triste + del amor á los goces inefables; + ya la mujer que idolatré no existe + sino en mis pensamientos implacables. + Ellos me la retratan bella y pura + como la flor al despuntar la aurora... + --¡Sarcasmo horrendo! ¡Bárbara impostura! + ¿Dónde estará la pobre pecadora? + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + Gloria, poder, serena paz del alma, + tambien con su pureza habeis huido, + y del mártir y el héroe la palma + por siempre con vosotras he perdido. + Ya ni gloria, ni amor, ni bien espero; + y á tanto de mi suerte el odio alcanza, + á tanto llega su castigo fiero... + ¡que me deja vivir sin esperanza! + Tal vez pensó la mano misteriosa + que así á un suplicio eterno me condena, + que al ver perdida mi ilusion hermosa, + al verme entre las sombras de la pena, + en justo desagravio del martirio + que en un infierno convirtió mi vida, + ciego, iracundo, presa del delirio + fuese á buscar el arma del suicida... + ¡Ah! nunca; suya fué la atroz sentencia + que, dócil al capricho de mi suerte, + me libró, sin pedirlo á la existencia, + y ella no más ordenará mi muerte. + Ella hará que este sér su afan soporte + cercana viendo la entreabierta tumba, + ni tan valiente que su vida corte, + ni tan cobarde que al dolor sucumba. + Como en la oscuridad busca el que ciega + alivio de su bárbara fortuna, + yo buscaré la paz que se me niega + de mi propio dolor en la amargura. + Veré pasar en juvenil cortejo + tantos dichosos que envidiar debiera, + y hallaré en su alegría algun reflejo + del tiempo en que tambien dichoso era... + ¿Envidiarlos?... ¿Por qué? ¡Yo me divierto + ahogando en sus murmullos mi agonía... + ¡Si aunque ellos la perdieran, sé de cierto + que para mí su dicha no sería! + + + + +¡SE VAN! + + + ¡Se van! ¡Qué triste me quedo! + Apenas vencerme puedo, + que, oprimido el corazon, + infunde al alma afliccion + con los fantasmas del miedo. + + ¡Se van! A mi pobre nido + silencioso y escondido, + no podrá prestar amor + el dulce y tibio calor + de su aliento bendecido. + + Va á faltarle la armonía + de sus gritos de alegría, + de su voz, timbre de plata + que la inocencia retrata + y que inunda el alma mía. + + ¡Te has roto, dulce cadena! + ¡Ay! En la noche serena + le faltará á mi contento + el murmullo de su aliento + que arrulla y duerme mi pena. + + ¡Se van! Cual la golondrina + que el frio invierno adivina, + y guiando sus hijuelos + breve y fugaz, por los cielos + buscando la luz camina... + + Mas luégo vuelve ligera + cruzando la azul esfera, + de amor su sér todo henchido, + á buscar el mismo nido + al volver la primavera. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + + Sí; cuando de gozo henchido + oiga el canto bendecido + de vuestra voz hechicera, + será tambien primavera + para nuestro pobre nido. + + + + +Á LA MUERTE. + + + ¿Temes, acaso, que al sentir tu mano, + tiemble asombrado el ánimo cobarde, + y se estremezca el alma recelosa? + Te engañas. ¡Temor vano! + ¿Crees que te hablo en arrogante alarde, + que la mente medrosa + desmiente con terror? ¿Piensas acaso, + que sabiendo que Dios únicamente + puede cortar de la existencia el hilo, + me rio de tu saña? ¿O que sintiendo + robusto el cuerpo, el ánimo tranquilo, + desprecio tu impotencia? + ¿O que á grave dolencia + rendido, busco en tí el alivio ansiado? + Mas... ¡ah! Tal vez sospechas + que abatido, sin fé, desesperado, + sin calor en el alma, y ya deshechas + mis ilusiones de ventura y gloria, + busca en tí el alma herida que padece + la sola realidad que el mundo ofrece. + Te engañas: ni en mi pecho tiembla el miedo, + ni confiado en Dios te reto osado; + y si el cuerpo abatido, + por males y dolores combatido, + la dulce paz de tu retiro anhela, + el alma nó, que con distinta suerte, + busca el cuerpo reposo, el alma vida, + y reposo no más hay en la muerte. + La frïaldad con que el sepulcro hiela + no puede codiciarla quien ansioso + busca luz y calor, lucha y victoria. + Si el corazon medroso + teme hallar la verdad, porque al hallarla + tal vez encuentre el mal, necio sería + si en tí buscara alivios y consuelo, + pues harto sé por desventura mia, + que tú hieres la paz y la alegría + y eres sorda á la voz del hondo duelo. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + No: te busco y te temo. + Te busco, como busca el peregrino + un lecho hospitalario + donde reposa un dia + para seguir al otro su camino. + Te busco, porque eres + el «más allá» que loca el alma ansía + cuando, al morir el dia, + miro ocultarse el sol detrás del monte, + ó cómo se confunden + el mar y el cielo allá en el horizonte. + Te temo porque ignoro lo que ocultas, + mi mente no lo alcanza, + y temo al encontrarme entre tus brazos, + rotos por tí los mundanales lazos, + perder en ellos mi última esperanza. + Temo que con mi cuerpo dolorido + muera tambien mi idea; + temo que el alma sea un sér fingido, + que sólo polvo, como el cuerpo, sea. + + + + +RECUERDOS. + + + Suelto el cabello en desatados rizos, + que en caprichosas ondas + sobre tu espalda mórbida se tienden, + velando y no cubriendo sus hechizos; + entornados los ojos, que se encienden + absorbiendo el placer con sus miradas, + tus hermosas mejillas sonrosadas + por el calor intenso + de la pasion ardiente; + entreabierto el labio sonriente, + y en lánguido abandono reclinada, + altiva recordando + con la mente inflamada, + los pasados momentos de ventura, + la idea de otros mil acariciando + que guarda para tí lo venidero... + ¡Qué hermosa estás así! ¡Qué feliz eres! + ¡Cuántos tesoros guardas codiciosa! + ¡Qué ignorados placeres + promete tu mirada cariñosa! + ¡Oh! pero... escucha y dí: ¿ya no te acuerdas + de aquella niña hermosa é inocente, + encanto de mi loca fantasía? + ¿Acaso no recuerdas + su tibia y pura frente?... + Toca la tuya... ¿No es aquella?... ¿Abrasa, + y no es ya trasparente como aquella?... + Mas ¿qué importa si es bella? + ¡Sigue escuchando, sigue!... + ¿No recuerdas sus ojos apagados, + grandes, suaves, serenos... + --No me mires...--Los tuyos, entornados, + de brillo y pasion llenos, + son más hermosos... pero ya han perdido + la tranquila mirada que lucia + en la niña inocente que amé un dia. + ¿Has dado ya al olvido + aquellos labios rojos y brillantes, + frescos y húmedos siempre, + como la rosa que mojó el rocío?... + ¿Por qué tocas los tuyos, amor mio? + ¿Están secos? ¿Qué importa?... ¿Queman tánto?... + No te aflijas por eso. + Es el calor de la pasion ardiente, + que les dá nuevo encanto... + ¡Qué! ¿no recuerdas que me has dado un beso? + Mas deja que te cuente + cuánta locura me forjé de niño; + deja que haga volver á mi memoria + el delirio sin fin de aquel cariño. + Deja que te retrate + mis ensueños de gloria, + deja que su recuerdo me arrebate. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + Mira: tanto llegué á quererla un dia, + tan loco y ciego estaba, + que donde quiera que su pié ponia, + su dulce huella con afan besaba. + Absorbía el aroma de su aliento; + sueño constante de mis sueños era; + su hermosa imágen en mi sér vivia, + y al sentir su contacto, + de temor y placer me estremecia. + Y guardo en mi memoria mil cantares + que yo la oía, ó que escuché con ella; + recuerdo con anhelo los lugares + donde la ví una vez; y hasta las flores + que su mano cuidaba, me han dejado + recuerdo de su aroma y sus colores. + Todo me la recuerda: el mar, la tarde, + la luna con su luz vaga y dudosa; + la primavera tibia y perfumada; + la brisa juguetona y misteriosa; + la noche oscura, el abrasado estío; + el murmullo fugaz de la enramada; + hasta de Dios la idea poderosa, + funde con ella el pensamiento mio. + ¡Oh! ¿por qué ha de pasar así la vida? + ¡Cuánto, amor mio, diera, + porque aquel tiempo y mi niñez volviera! + Yo imaginaba... ¡loco desvarío! + que acaso un tiempo fuera tan dichoso + que junto á mí la viera + unida en santo lazo, y me forjaba + verla en mi hogar, partiendo mi destino, + que mi nombre sus labios bendecian, + que «hija mia» mi madre la llamaba, + y que «madre» mis hijos la decian... + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¿Lloras? Tu corazon he destrozado... + --¡Si tú supieras lo que yo he llorado!... + + + + +¡YA NO! + + + Ya pasaron los dias, + ya pasaron las horas de ventura + en que al mirarme, amante sonreias + con infantil ternura. + Ya ha borrado la mano del olvido + mi nombre de tu mente, + ya no busca tu oido + el tierno halago de mi voz ardiente. + ¡Ya no piensas en mí! Ya cuando al cielo + vuelves los claros ojos, + pides calma á tu duelo, + no paciencia á mi queja y mis enojos. + Ya cuando pinta el éter la mañana + con brillantes albores, + no corres presurosa á la ventana, + porque yo no la adorno con mis flores. + Ya al esquivar el celo con presteza + de importuno testigo, + no vuelves la cabeza + á ver si yo te sigo. + De otros sitios respiras el ambiente + que yo no he respirado... + Ya no temes jamás entre la gente + que pase yo á tu lado. + Los goces que soñé en mis desvaríos + puede decirme otro hombre que son suyos... + ¡Tú tienes hijos ¡ay! y no son mios!... + --¡Yo los tengo tambien, y no son tuyos! + + + + +¡IMPOSIBLE! + + + Niégame el sueño su apacible olvido, + y el solo pensamiento de mi mente, + el eco solo que mi oido siente, + es de tu dulce nombre eco querido. + Si al fin de la velada, ya rendido, + busco el descanso, mi cerebro ardiente + forja sueños de dicha sonriente, + y siempre va tu nombre á ellos unido. + Mas ¿cómo en él no pensaré despierto? + ¿Cómo sin él soñar cuando dormito, + ávido el pecho á la ilusion abierto? + ¿Cómo no recordar su eco bendito, + que hace santo mi loco desacierto, + si aquí, en mi corazon, lo llevo escrito? + + + + +Á MI BUEN AMIGO + +ANDRÉS RUIGOMEZ. + + +LA GUITARRA. + + ¡Cuánto sueño de gloria! + ¡Cuánta esperanza + despiertan en mi mente los acordes + de la guitarra! + + * * * * * + + La luna se esparcia + sobre la playa, + el mar, dormido, con su blando arrullo + la acariciaba, + y léjos, de la brisa + vagando en alas, + se escuchaban los sones misteriosos + _de la guitarra_. + + * * * * * + + Yo, trémulas las manos, + trémula el alma, + llevando entre mis brazos á la hermosa + mujer amada, + iba siguiendo el ritmo + de alegre danza + que modulaban las cadencias dulces + _de la guitarra_. + + * * * * * + + Y tras de muchos años, + muchos, de amarla, + por la primera vez á sus oidos + mi voz llegaba; + mi voz, que, balbuciente + y entrecortada, + se confundia con las notas trémulas + _de la guitarra_. + + * * * * * + + Y pasaron los años + cual todo pasa, + y aquel amor inmenso que escondido + llevo en el alma, + parece que despierta + con nueva llama + cuando escucho las vagas armonías + _de la guitarra_. + + * * * * * + + Y la voz engañosa + de aquella ingrata, + y el murmullo del mar, que se dormia + sobre la playa, + y la emocion inmensa + que me agitaba, + todo me lo recuerdan los acordes + _de la guitarra_. + + * * * * * + + ¡Oh! Si acaso algun dia, + ciego de rabia, + hácia el crímen ó el mal, con torpe paso + llevo mi planta, + haz tú, Señor, que escuche + para pararla + uno de esos acordes misteriosos + _de la guitarra_. + + * * * * * + + Y tú, mujer, que hoy ciega + tu virtud manchas, + tú, que fuiste adorada cual ninguna + por pura y cándida, + dime: ¿No te sonrojas, + no sientes nada + al escuchar las vagas armonías + _de la guitarra_? + + + + +JUNTO Á LA CUNA. + + + _¡Cómo duerme! ¡Chist!... ¡Silencio! + no se despierte mi niño._ + + * * * * * + + ¡Qué hermoso está! Se sonríe + con un gesto tan tranquilo... + Revueltos sobre la frente + de su cabello los rizos, + descubierta la garganta, + cuyo cútis cristalino + dibujan de azul las venas + y hacen mover los latidos, + su blanca manita oculta + por el redondo carrillo... + todo en él es inocencia, + parece un ángel bendito. + Ganas me dan de besarle... + Si estuviera bien dormido... + ¿Despertará?... Por un beso... + ¡Qué placer! ¡Dulce amor mio! + _¡Ay! ¡se mueve!... ¡Chist!... ¡Silencio! + no se despierte mi niño._ + + * * * * * + + Ya se sosegó, ya vuelve + á sus labios bendecidos + la sonrisa; ya respira + como hace poco, tranquilo. + ¡Ay! no respiraba así + cuando estuvo tan malito. + ¡Qué pálido estaba entónces! + Flaco, los ojos hundidos, + ¡y una mirada tan triste! + Aun me dan escalofrios + de pensar en aquel tiempo. + ¡Oh! ¡Cuánto sufrí, Dios mio! + Luégo, aquel llanto tan débil + que parecia un gemido... + Si volviera á estar así... + Si se muriera... ¿Qué he dicho! + ¡Hijo de mi corazon! + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + No te enfades, hijo mio. + Es claro, ¡le beso tanto! + ¡Y él, que estaba tan tranquilo! + _¡Ya reposa!... ¡Chist!... ¡Silencio! + no se despierte mi niño._ + + * * * * * + + ¡Bah! voy á dejarle solo + para que duerma... ¡Angel mio! + ¿Se queja?... Sí... Nó; es que sueña. + ¡Ay qué gesto tan bonito! + Mas ¿qué es eso? ¿Se despierta? + Nó; pero ¡qué es ese ruido? + Agita sus labios rojos... + ¿Será verdad lo que he oido?... + Otra vez... ¡Ah! sí; mamá, + mamá, no hay duda, eso ha dicho. + ¡Me llama!... ¡Bendito seas! + ¡Una y cien veces bendito! + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + Mas ¡ay, Dios! va á despertarse... + ¡Que he de hacer siempre lo mismo! + _Vaya; no guardeis silencio: + ya se ha despertado el niño._ + + + + +EN EL ÁLBUM DE MERCEDES. + + +¿ESTAMOS CONFORMES? + + Cuentan profundos doctores + que hubo otros tiempos mejores + --yo no sé cuándo sería-- + en que el hombre en paz vivia + sin penas y sin dolores. + + Yo, Mercedes, imagino + que esto es cuento y nada más, + pues del mundo en el camino, + de ese tiempo peregrino + ninguna huella verás. + + Mas, cuando me lo dijeron, + pensando en los que vivieron + aquella edad de ventura, + exclamé con amargura: + «¡Qué desventurados fueron!» + + ¿Te ries? La risa ten, + hasta que oigas los informes + que mis ideas te den; + verás, si lo piensas bien, + que al cabo estamos conformes. + + * * * * * + + Primavera es la ventura, + triste invierno es el dolor + sin brisas y sin ventura; + pero en medio de ese horror, + tiene tambien su hermosura. + + Que si aquella tiene flores + y calor, vida y amores + y crepúsculos serenos + de santo misterio llenos + y aromas, luz y colores, + + éste, con distinta suerte, + tiene el hielo caprichoso, + el silencio de lo inerte, + el misterio del reposo, + la majestad de la muerte. + + Pero si el sol su semblante, + rasgando la niebla oscura, + muestra en el cenit radiante, + su luz parece más pura, + su calor más penetrante. + + Así, cuando el alma ahogada, + en sí misma retirada, + gime, presa del dolor, + la dicha ménos ansiada + parece mucho mayor. + + ¡Dolor! Palma bendecida, + del martirio prenda cierta, + sola verdad conocida, + sin tí el alma no despierta + y es imposible la vida. + + Sin tí no hay inspiracion, + y agostado el corazon + en nada descubre encanto; + sin tí no existiera el llanto, + bálsamo de la afliccion. + + El placer de más valía, + al llegar á poseerlo, + cual humo se desharía: + porque ¿qué valor tendria + sin el temor de perderlo? + + Sólo por mi desconsuelo + vuelvo los ojos al cielo; + sólo del dolor en pós, + el alma eleva su vuelo + hasta la idea de Dios. + + El que le maldice, yerra; + fuera insensato matarlo; + en su desconsuelo encierra + el mayor bien de la tierra, + que es el poder consolarlo. + + Y cuando acaba el amor + y la mente envejecida + pierde frescura y calor, + ¿qué fin tendria la vida + si no quedara el dolor? + + * * * * * + + Tú, Mercedes, que has sufrido + y has llorado y has sentido, + despues de oir mis informes, + piensa en lo que me has oido + y dime: ¿estamos conformes? + + + + +Á MI ANTIGUO AMIGO + +ADOLFO MALATS. + + +LA CONCIENCIA. + +PROBLEMA. + + +I. + + Juana, pobre mujer envilecida, + que arrastrando su espíritu en el cieno, + pasó la triste vida + vendiendo por amor letal veneno; + cabeza hermosa, donde de seguro + no brotó nunca pensamiento puro, + y que ignorando el bien que poseia, + vendia, por un poco de dinero, + en público mercado, + el placer más inmundo, si es vendido, + el mayor y más dulce, si es ganado; + próxima al duro instante + de la triste agonía, + á un padre confesor agonizante + con anhelosa voz así decia: + --«Padre: yo de mis culpas me arrepiento + »y pido á Dios perdon de mi impureza; + »miradme bien al rostro, que no miento.» + Y levantando la cabeza en tanto, + fijaba sobre el fraile macilento + una mirada de ansiedad y espanto; + y al ver que nada el fraile le decia, + con ansiedad creciente proseguia: + --«Él sabe bien, y me lo tendrá en cuenta, + »que del vicio en la senda siempre impura, + »áun cuando de placeres avarienta, + »tan sólo me ha tocado la amargura. + »¿Qué es el mayor tormento, comparado + »al pesaroso hastío del pecado?» + Y vertiendo de lágrimas un rio, + seguia con acento sofocado: + --«¡Ay! ¡He sufrido tánto, padre mio!» + Alzándose convulsa, en vano abria + sus ojos, ya sin brillo, + y olvidándolo todo, descubria + el pecho descarnado y amarillo + que hinchaba el estertor de la agonía. + --«Acaso Dios me señaló en la cuna» + (siguió con voz oscura y misteriosa) + «la senda de mi vida vergonzosa; + »me negó la virtud y la fortuna, + »y en cambio me hizo hermosa. + »Tal vez de mi impureza el desvarío + »habrá sido castigo de otros séres... + »Más de una vez, detrás de su desvío, + »noté... ¿podreis creerlo, padre mio? + »¡Noté que me envidiaban las mujeres!... + »Quizás mis muchos yerros han servido + »á Dios, para mostrarles de otra suerte + »lo espantoso del vicio en que he caido; + »y mis faltas quizás ha permitido + »para dar el ejemplo de mi muerte.» + Y así diciendo, la infeliz gemia + entre la duda y la esperanza ansiosa + al ver que nada el fraile le decia; + y en aquella mujer, un tiempo hermosa, + con su horrible piedad, desvanecía + de la muerte la calma silenciosa + la horrible agitacion de la agonía. + + +II. + + En tanto que así Juana se acababa, + cerca de allí, sobre otro pobre lecho + de aquel santo hospital, que cobijaba + la pobreza y el mal bajo su techo, + tambien un hombre viejo agonizaba, + y en una cruz muy tosca, de madera, + como si algun secreto le dijera, + los turbios ojos con afan fijaba. + Aquel santo varon, de alma tan pura + como la blanca nieve de sus canas, + que al cabo de una vida de amargura, + consumida en virtudes sobrehumanas, + iba á llevar de Dios á la presencia + cual la de un niño pura su conciencia, + piensa profundamente + que es esa dicha demasiado grande + para poder lograrla fácilmente; + y aún cuando su alma cándida le abona, + y aunque la llama de la fé le escuda, + siente que la esperanza le abandona + nublada por las sombras de la duda. + Y por esa, fijando su mirada + en aquella cruz tosca de madera + enfrente de él en la pared colgada, + mientras la muerte su semblante altera + así piensa en su mente, casi helada: + --«Yo no hice á nadie mal; nunca en mi vida + »en mí venció al deber pasion alguna, + »y al bien y á la virtud con ánsia ardiente + »mis fuerzas consagré desde la cuna. + »La oracion y el ayuno, rudamente + »á la carne rebelde han amansado, + »y ha sido de mi vida en el pasado + »mi orgullo la humildad, mi lecho el suelo, + »mi amor el bien y mi ambicion el cielo. + »Mas por cuidar del alma, he descuidado + »el cuerpo á mi custodia confiado, + »y devuelvo á la tierra sus despojos, + »por rudas penitencias macerado, + »blandas las carnes y los nervios flojos. + »Yo, del caudal de fuerzas en mí unidas + »para crecer al riego del trabajo, + »sin pensar que mi vida era cien vidas, + »que nada creó Dios que inútil sea, + »enamorado loco de una idea + »he dejado los gérmenes secarse + »sin cumplir su mision, comun á todo, + »de crecer, dar el fruto, y trasformarse... + »Justo será el castigo, aunque severo... + »¡Tu mandato, Señor, olvidé impío! + »¡En vano de mi afan el logro espero! + »Culpable soy... ¡Perdon! ¡Perdon, Dios mio!» + Y al elevar sus ojos á la altura, + una lágrima, mundo de amargura, + cae de sus ojos á sus labios yertos; + suspira, un nombre y un adios murmura, + y queda con los ojos entreabiertos. + + +III. + + ¡Qué cosa tan extraña es la conciencia! + Juana, la mujer loca + que, con dura y tenaz impenitencia, + vivió de la impureza en los horrores, + sus inmundos errores + como descargo de su culpa invoca... + ¡Y al mismo tiempo, el justo + que consagró á su Dios el pensamiento, + con alma temerosa y juicio adusto + hace de la virtud remordimiento! + + + + +AMOR Y RESPETO. + + + Te ví niña: tus labios sonreian + con infantil placer, + tu blanca frente, inmaculada y pura, + sonreia tambien; + en tus ojos brillaba la inocencia + santa de la niñez, + y te seguí tenaz con la mirada, + tu mirada busqué, + porque el rostro de un ángel de los cielos + en tí creia ver. + + * * * * * + + Te ví mujer: tus ojos entornados + con dulce languidez, + en su cristal ardiente, retrataban + tus sueños de placer; + cien ofrendas de amor los hombres todos + postraban á tus piés, + y te seguí tenaz con la mirada, + tu mirada busqué, + y largos dias en delirio ardiente + tu imágen recordé. + + * * * * * + + Te ví madre: tus pálidas mejillas, + sonrosadas ayer, + en ignoradas horas de amargura + marchitó el padecer; + acaso sus colores te robaba + quien te debia el sér, + acaso el ciego amor te consumia + que tú pusiste en él. + Yo te amaba, y al verte, silencioso + de nuevo te adoré, + y, temiendo que el paso detuvieras... + humilde me aparté. + + + + +A UN AMBICIOSO. + + + No te envidio el poder ni la grandeza, + ni el nombre que á grabar vas en la historia, + ni el ardiente placer de la victoria, + ni el laurel con que ciñes tu cabeza; + no te envidio el placer, ni la riqueza, + ni las horas de triunfos y de gloria, + que eternas deben ser en tu memoria + si han de aliviar tus horas de tristeza. + Ciega se ceba en mí la desventura, + soy pobre, y sólo espero ya en la muerte, + mas arrostro sereno la amargura; + pues contra ella una cosa me hace fuerte + que vale más que toda tu ventura: + un alma resignada con su suerte. + + + + +AL PRÍNCIPE DE NUESTROS CRÍTICOS, + +Á MI RESPETABLE AMIGO + +EL SEÑOR DON MANUEL CAÑETE. + + +MEDITACION. + + Hundo en el polvo la soberbia frente + que, cual reto orgulloso, + erguida un dia, levanté á la altura; + pára asombrado el corazon valiente + su latido anheloso, + y la vista que ayer al sol miraba, + hoy se clava en la tierra + temerosa y sombría. + ¿Y qué poder me aterra? + ¿Qué causa hubo tan fuerte que ha vencido + el salvaje valor del alma mia? + Una idea no más; una palabra + que el viento ha hecho llegar hasta mi oido + ignorando el pesar que me produce. + ¡Dios! ¡Idea infinita, + imposible verdad, tonante dueño + de cuanto en el vacío + cruza, bulle y se agita + arrastrado en contínuo movimiento! + ¡Dios! ¡La fuerza que crea + cuanto concibe el hondo pensamiento; + la mano que aniquila indiferente + para crear de nuevo... ¡Oscura idea! + + * * * * * + + Yo creia en un Dios cuando era niño; + con santa uncion su nombre pronunciaba + durmiéndome con él entre los labios; + Él era quien me daba + tranquilo sueño y plácidas visiones, + Él tambien quien mis cortas soledades + guardaba de terror y apariciones. + Padre amante, curaba cuidadoso + los males que en mi seno se escondian, + y guardaba piadoso + la vida de mis padres, + que conmigo su nombre bendecian. + + * * * * * + + Despues, con mis ideas trasformado, + tambien en él creí. Yo le veia + entre las vagas nubes que colora + el sol que presta su matiz dorado + á la primer sonrisa de la aurora; + la armonía solemne, + grave, dulce y pausada, + que encanta los sentidos + en la tarde serena + de luz, de aromas y de cantos llena, + era su voz; el rayo su mirada; + el ronco trueno, el ruido de su carro + que cruzaba el Empíreo; + su suspiro la brisa; + su espejo el ancho mar; su manto el cielo, + y el sol esplendoroso su sonrisa. + + * * * * * + + Y en una y otra edad le comprendia, + sentia su presencia en el ambiente + que el pecho respiraba... + ¡Ah! tambien hoy le siente + mi sér al agitarse entre la duda, + pero en las sombras del temor se escuda + y en vano busco su mirada ardiente; + porque mi entendimiento limitado + recorre con afan de una á otra idea + el campo estrecho que le dió el destino, + y nunca llega al límite anhelado + sin caer en grosero desatino. + ¡Vano afan! Pensamiento equivocado. + ¿Cómo medir con la ligera copa + que el labio apura en solo un movimiento + la inmensidad del mar?... ¡Y solicito + medir con el pigmeo pensamiento + la idea sin igual del infinito!... + + + + +A MI HIJA MARÍA. + + +LA PLEGARIA POR TODOS. + +(Traduccion de Víctor Hugo.) + + +FRAGMENTO. + + _Ora pro nobis._ + + Vé á rezar, hija mia. Mira: la noche llega, + un planeta dorado allá su luz desplega, + la bruma de los valles se extiende por doquier; + apenas por la sombra cruza algun peregrino, + todo busca reposo; del árbol del camino + el viento de la tarde hace el polvo caer. + + El crepúsculo, abriendo la noche por Oriente, + hace brillar los astros con claridad creciente, + descolora el ocaso su franja de carmin; + sobre el agua, el reflejo de los astros se mece, + surcos, senderos, bosques, todo se desvanece, + el pasajero inquieto duda por dónde ir. + + El dia es para el dolo, el mal y la fatiga. + Recemos. Vé la noche. ¡La noche, dulce amiga! + De la torre en las grietas el viento gemidor, + las aguas, los rebaños con su voz agitada, + todo sufre y se queja; la natura cansada + necesita reposo, rezo, silencio, amor. + + Es la hora en que los niños hablan con otros séres, + y mientras que corremos tras extraños placeres, + ellos murmuran todos una plegaria igual; + y con las manos juntas, de rodillas postrados, + piden, hácia los cielos los brazos levantados, + gracia para nosotros al Padre Universal. + + Y dormirán á poco; entónces, en la sombra, + sueños de oro, en alegre tropel que el alma asombra, + que nacen con los ruidos del dia al espirar, + de léjos atraidos por sus labios de grana, + cual vuelan las abejas sobre la flor lozana, + de su lecho en los pliegues se vendrán á posar. + + ¡Oh sueño de la cuna! ¡Plegaria de la infancia! + ¡Voz que siempre acaricia del mal en la ignorancia, + religion que se esparce y sonrie al surgir, + preludio del concierto que en la noche se exhala!... + Como el pájaro esconde su pico bajo el ala, + en la oracion el niño mece su alma al dormir. + + +II. + + ¡Vé á rezar, hija mia! Primero por aquella + que meció tantas veces tu cuna blanca y bella, + por la que, tú en el cielo, fué á buscarte hasta él; + y te puso en el mundo, y madre cariñosa, + por tí haciendo dos partes de la vida azarosa, + tomó siempre el acíbar y te dejó la miel. + + Ruega por mí en seguida. A mí me hace más falta. + Ella, como tú, áun lleva la frente pura y alta, + tiene el alma serena y el corazon sin hiel; + piadosa para todos, ignora qué es la envidia + y sufre resignada el mal y la perfidia + sin pensar en quien lo hace y sin quejarse de él. + + Cogiendo sólo flores, nunca su mano hermosa + ha tocado del vicio la copa contagiosa, + ningun lazo la arranca al amor y al hogar; + en su clemencia olvida pasados extravíos... + ignora qué son esos pensamientos impíos + que pasan por el alma cual sombras por el mar. + + Ella ignora--que siempre lo ignores, hija mia,-- + las miserias del mundo con que el alma se enfria: + placeres, vanidades, vergonzoso dolor, + pasiones, locos sueños de mentida ventura, + recuerdos misteriosos de tédio y de amargura + que hacen subir al rostro la llama del rubor. + + Yo sé más de la vida, y yo podré decirte, + cuando crezcas, y tenga, por tu mal, que instruirte, + que perseguir el arte, la gloria y el poder + son locura y mentira; que al tocar la victoria + se encuentra la vergüenza en lugar de la gloria, + y que el hombre en la lucha suele el alma perder. + + Viviendo, el alma duda, y aunque en todo se siente + el fin supremo claro, visible y trasparente, + se envejece del vicio en negra esclavitud; + el hombre olvida el gérmen de su orígen divino, + que á todos roban algo las zarzas del camino, + su vellon á la oveja y al hombre su virtud. + + Vé, pues, y por mí reza; y reza solamente + diciendo á Dios: «¡Tú eres nuestro Padre clemente! + ¡Piedad! ¡Tú eres el bueno! ¡Tú eres el inmortal!» + Deja ir la palabra donde el alma la envía. + No te inquietes por ella, todo sigue su vía; + no pienses el camino que ella puede tomar. + + Todo tiene aquí bajo marcado el derrotero: + el rio, hasta el mar hondo sigue el curso ligero, + la abeja laboriosa va de la flor en pos; + que tiene su destino todo vuelo que zumba: + el águila á los cielos, el vampiro á la tumba, + la golondrina al nido y la oracion á Dios. + + Cuando por mí hasta el cielo su voz vuela ligera, + soy como el pobre esclavo sentado en la ladera, + que al borde del camino deja el fardo cruel. + Me siento descansado, que la carga espantosa + de penas y de errores que agobia mi alma ansiosa, + tu rezo bendecido hace volar con él. + + Vé á rogar por tu padre. Pide á Dios me conceda + sueño tranquilo y dulce con que reposar pueda, + que la fé torne viva mi espíritu á inflamar. + Borra todas mis culpas con tu aliento inocente, + y que á su beso quede mi corazon doliente + puro como la piedra del ara del altar. + + + + +AL INSIGNE AUNQUE POCO CONOCIDO POETA + +DON JOSÉ ANTONIO PAZ. + + +ÚLTIMO ASILO. + + Dime, negra tristeza, + ¿no me quieres dejar? ¡Qué desvarío! + ¿Cómo apartarte intento + del pensamiento mio, + si contigo nació mi pensamiento? + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¡Oh! ¡Qué amarga es la vida! + ¡Luchar! Siempre luchar, y nunca llega + el dia embriagador de la victoria. + Lucha desconocida, + lucha de muerte, desigual y ciega + en que el pobre habitante de este suelo, + héroe predestinado á la derrota, + cuando su fuerza en el combate agota, + pide favor al cielo contra el cielo. + ¡Vida! ¡Horrible quimera! + ¡Placer! ¿Dónde encontrarle, + si en medio del placer no se le espera? + El descanso es ansiado + tan sólo cuando el cuerpo está cansado; + agua ansía el sediento; + tener hambre es forzoso, + para que sea ansiado el alimento; + sentirse débil para ansiar la ayuda; + ciego para anhelar el sol hermoso... + y para tener fé, sentir la duda. + ¡Placer!... Mentido ensueño, + rayo que presta luz sólo un instante + y deja en pos de sí terrible huella; + que con tenaz empeño, + sigue al amor el pesaroso hastío, + la sórdida avaricia á la riqueza, + á la amistad el desengaño frio, + la ambicion al poder, y la tristeza + á la expansiva risa del contento. + Mas nó; mi pensamiento + juzga por el presente + y se deja llevar de la amargura... + Recordaré el pasado, que en mi mente + dejó tántos recuerdos de ventura. + + * * * * * + + Niñez, amor, ensueños encantados, + que murieron cual flores con el dia, + vanos fantasmas de placer mentido, + dejando sus recuerdos amargados + por el dolor de haberlos ya perdido. + Y la razon, en tanto, aprisionada, + luchando con la fiebre abrasadora + de la ardiente ilusion, pugnaba en vano + por disipar la nube embriagadora, + cuya letal atmósfera aspiraba + mi pulmon impaciente, + y en él toda mi sangre envenenaba + adormeciendo al corazon valiente... + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + ¿Dónde hallar la verdad?... Tal vez oculta + la tiene el porvenir... ¿Y qué me ofrece? + ¡Confusa mezcla de placer y espanto, + que al sondear el alma se estremece! + Promesa y amenaza, + placer que oculta el llanto, + duda cruel, que el alma despedaza. + . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + Sentir el frágil cuerpo deshacerse + al peso de la edad agobiadora, + y caminar con paso vacilante, + mústios los ojos y el cabello cano; + y, buscando un apoyo, á cada instante + ¡triste tender la temblorosa mano! + Y cuando destruido y fatigoso + el cuerpo vuelva hácia la madre tierra, + ávido de reposo, + ¿qué quedará de mí? ¿Tras de la tumba, + no habrá ya nada más? ¡Oh! sí: tras ella + está la eternidad, dulce consuelo, + que al grito del dolor mis labios sella. + ¡Oh muerte! ¡Cuánto tardas! Yo te anhelo, + y te espero temblando de alegría. + No más dolor, más quejas ni más duelo. + ¿Quién como yo? ¡La eternidad es mia! + + + + +Á MI QUERIDÍSIMO AMIGO + +EL FÁCIL É INGENIOSO AUTOR CÓMICO + +DON MIGUEL RAMOS CARRION. + + +OTOÑO. + + Horas de duda, aborrecidas horas, + apartaos de mí, que ya no os temo + sino en recuerdo, como á mal pasado. + Fiebres abrasadoras + que tántas, tántas veces me han postrado, + en vano el eco mi memoria hiere, + del angustioso grito + que hacíais resonar dentro del pecho + despedazando el corazon marchito. + + «Ha muerto tu poder, pobre demente; + »ya no podrás crear; tu alma gastada + »sólo el instinto ó la avaricia siente: + »no te conmueve nada; + »ni la sonrisa de la vírgen bella, + »ni del amor la asoladora llama, + »ni el mar, ni el cielo, ni la fé, ni el mundo, + »nada deja en tí huella, + »y duermes con el sueño más profundo.» + + Así hacías llegar hasta mi oido + la voz del desaliento envenenado, + eco perpétuo en la conciencia mia; + y yo triste, temblando, dolorido, + escuchaba ese grito desgarrado, + que el alma en mil pedazos me partia. + Yo recordaba el tiempo venturoso + en que todo en mi sér hallaba un eco, + que avaro el corazon guardaba ansioso. + Y al mirarlo ya léjos, engañado, + la vida de mi mente desechaba, + y recostando la arrugada frente + en mi mano convulsa, que abrasaba, + maldecia el presente + y, cobarde, lloraba... + + ¡Como si el árbol que de hermosas flores + la Primavera plácida engalana, + las conservára en el ardiente Estío! + El sol marchita y borra sus colores + dando al tiempo tributo, + y tras la flor galana + hincha su piel el sazonado fruto. + + Pasó la juventud, y, al tiempo que ella, + sus puras emociones, + flores que ya perdieron su perfume; + santas é inexplicables emociones + que, como la tristeza + que mi vida consume, + ni explicar puede el labio su grandeza, + ni comprender su encanto el pensamiento. + + Pasó la juventud; llegó el momento + en que el suspiro ardiente + del jóven entusiasta, + eterna aspiracion á un imposible, + se trueque en viril canto + en que lo hermoso de la forma sea, + no la belleza plástica insensible: + cuerpo que encierre el alma de una idea! + + Y es porque cada edad tiene marcada + una mision distinta y la huye en vano: + el jóven sueña, el hombre fuerte piensa, + y recuerda el anciano. + Verdad que en la mitad de nuestra vida + la ilusion vagarosa ya se aleja + entre las sombras del ayer perdida; + verdad que ya mi mente no refleja + la plácida frescura + de los años felices; mas ¿acaso, + al ocultarse el astro luminoso + de mi pasada juventud cercana + en el sombrío ocaso + donde áun despide claridad liviana, + murió el fuego sagrado, + la actividad eterna y sobrehumana + que Dios me dió al nacer? ¿No hay en la tierra + nada capaz de enaltecer mi canto? + + La patria amada, la nefanda guerra, + la dulce libertad, la ciencia ignota, + de Dios el pensamiento sacrosanto, + del despotismo inícuo la derrota, + la virtud, el valor, la santa idea + de ley y de justicia, + el arte, hijo de Dios, ¿son ménos grandes + que los sueños que el jóven acaricia? + + Horas de duda, aborrecidas horas, + apartaos de mí, que ya no os temo + sino en recuerdo, como á mal pasado. + Ya sé que el árbol que de hermosas flores + la Primavera plácida engalana, + no las conserva en el ardiente Estío; + que el sol marchita y borra sus colores, + dando al tiempo tributo, + y, tras la flor lozana, + germina y crece el sazonado fruto. + + + + +¡MÁS! + + + Señor, yo que de bienes en la cuna + pude largos tesoros merecerte, + tal vez para que así fuera más fuerte + el golpe de perder tanta fortuna; + no te pido, con súplica importuna, + ni paz del alma, ni tranquila muerte, + ni que el rigor endulces de mi suerte, + ni de este pobre mundo dicha alguna. + Sólo te pido, ahogando mis lamentos, + por la misma crueldad con que condenas + un débil sér á bárbaros tormentos, + que en mí arrojes dolor á manos llenas, + porque nunca me falten pensamientos + para cantar tus obras y mis penas. + + + + +EN EL ABANICO + +DE + +MI HIJA MARÍA. + + + Hija, ¿qué te diria + que fuera de mi amor vivo traslado?... + Dos palabras no más; oye: ¡hija mía! + --¿Es poco?... Al escribirlas he llorado. + + + + +Á MI MADRE. + + + ¡Madre! ¡Cuán dulce entre mis labios suenas, + oh nombre idolatrado! + ¡Cuántos recuerdos en mi mente agitas! + Torcedor y consuelo de mis penas, + de santa idolatría enajenado, + he querido mil veces escribirte, + y mil veces las letras he borrado. + Porque es tal el respeto y el cariño, + la adoracion inmensa que en mí siento, + que, aunque el cielo me dió el dolor por vida + y sé lo que es sufrir desde muy niño, + volveria contento + á empezar esta lucha maldecida, + si, al ligarme á la tierra nuevos lazos, + me arrullara tu acento + al dormirme tranquilo entre tus brazos. + + * * * * * + + Todos aman la gloria; + unos por necio orgullo, otros soñando, + en la mujer que adoran con locura; + yo nó: si la victoria + llego á alcanzar un dia de ventura, + por tí será, que para tí la quiero. + ¿Quién como tú podria merecerla? + ¿Acaso no he bebido + en tu seno purísimo la esencia + de fé, de amor, de bien y sentimiento + que nutre mi existencia + y eleva con su savia el pensamiento? + ¿Acaso no me han dado + dolor bastante que mi canto inspire, + tus lágrimas benditas? + --¡Cuántas por culpa mia has derramado!... + ¡Ah! Dios las tendrá escritas... + + * * * * * + + ¡Madre! ¡Quiero estampar aquí tu nombre, + una, y otra, y cien veces, madre mia! + Cuando niño, encantada en tu cariño, + tú me enseñaste á pronunciarle; hoy, hombre, + el hombre adora lo que hablaba el niño. + El hombre graba en su angustiada mente + con santos signos la mejor palabra, + y canta en tus recuerdos inspirado, + volviendo tristemente + sobre el tiempo dichoso y ya pasado, + en que tu amor tan sólo, su amor era; + amor dulce, sereno, inmaculado + como el rayo del sol en primavera. + Y canta y llora; sí, madre querida, + lloro entregado á sin igual tristeza, + que el cuerpo y el espíritu, abatidos, + no pueden desechar; que con la vida + no ha de acabar aunque con ella empieza; + pues una voz callada y misteriosa + resuena en mis oidos, + y me dice que el alma no reposa. + ¡Lloro, insensato, y creo + que este llanto terrible y encendido, + mísero y solo bien que ya poseo, + puede pagar el que por mí has vertido! + Así piensa el avaro + poder pagar con un puñado de oro + la dicha de este mundo: + avaro soy y el llanto es mi tesoro. + En él mi dicha fundo, + que cuando con el alma acongojada, + pobre, impotente, sin amor ni gloria, + busco ansioso la nada, + para ahogar mi memoria, + que altivos sueños del ayer me acuerda + y el terrible presente me recuerda, + nada puede calmar esta agonía + como el amargo llanto + donde encuentra mi sér vida y encanto. + + * * * * * + + Madre, sobre mi edad pasará el tiempo, + vendrán en pos un dia y otro dia, + y á calmar mi dolor vendrá la muerte; + y, acaso, madre mia, + cuando pesada y fria + caiga la tierra sobre el cuerpo inerte, + ni un sér querido por mi vida llore, + ni una oracion por mí, perdon implore. + Acaso ¡ay Dios! profanen mi memoria + al ver que no les dejo por herencia + más que mis sueños de mentida gloria + y el terrible luchar de la existencia... + ¡Oh! tú que crees y que en Dios confias, + tú que sabes rezar, madre adorada, + dime, por Dios, una oracion; aprenda + yo de tus labios, como en otros dias, + una plegaria que la fé apagada + haga en mí renacer... Pero es en vano. + Ya torna al pecho la perdida calma. + ¡Tambien yo sé rezar... ¿Sabes qué rezo? + ¡Tu nombre nada más, madre del alma! + + + + +AL DISTINGUIDO CRÍTICO + +MI MUY QUERIDO AMIGO + +DON EDUARDO DE CORTÁZAR. + + +MÚSICA CELESTIAL. + + Me han contado de un hombre que vivía + contento únicamente cuando oía, + ya fuese á una voz sola, ó más, ó un coro, + ó instrumento sonoro, + cualquiera melodía; + daba por una nota el mundo entero... + Y perdió la aficion desde aquel dia + en que oyó á una mujer decir: «Te quiero». + + + + +AL EXCMO. SEÑOR + +DON FRANCISCO BARCA. + + +¿ES VERDAD? + + Yo sé, sólo de oidas, + que hay un monton de libros y de escuelas, + cuanto más semejantes más reñidas, + en que hombres que respeta todo el mundo, + de claras luces y saber profundo, + uno en forma, otro en sér, otro en esencia, + todos de Dios discuten la existencia. + No me lo sé explicar, aunque lo creo. + ¡Que de Dios pueda un hombre haber dudado! + Yo, si me siento triste ó angustiado, + corro al balcon en alas del deseo, + miro al cielo estrellado... + y, no sé cómo es, pero le veo. + + + + +AL ILUSTRE AUTOR + +DE LAS + +DOLORAS Y LOS PEQUEÑOS POEMAS + +AL EMINENTE POETA + +DON RAMÓN DE CAMPOAMOR. + + +¡COSSÍ FAN TUTTI! + + Él era un infeliz. Aun conservaba + todos los sueños de la edad primera... + hasta fé en el amor; y así, la amaba + como un demente: con el alma entera. + Ella, docta en las luchas de la vida + --cosas que sólo una mujer entiende + cuando del vicio á los horrores llega,-- + sabía que halla paga más subida + una prudente infamia que se vende, + que una loca inocencia que se entrega. + Pero él,--que no creyó ni por asomo + que, oculto bajo un rostro de ángel puro, + hubiera un sér de cieno,-- + cuando en su amor vivia más seguro, + la halló con no sé quién, yo no sé cómo, + y haciendo no sé qué, que no era bueno. + Y cuentan,--yo no sé si será cierto,-- + que, herido por el duro desengaño, + le vieron discurrir hosco y huraño + buscando siempre el sitio más desierto, + y siempre solo, un año y otro año; + y hasta dicen que ha muerto. + + * * * * * + + Me es infiel la memoria + y no puedo decir precisamente + quién me contó la historia. + Sólo recuerdo--y con dolor lo digo + pues sé que era un amigo,-- + que el que la referia, + --que puedo asegurar era hombre honrado, + ó al ménos todo el mundo lo decia,-- + comentando el dolor del engañado, + me lo mostró en la calle, y se reia. + + + + +AYER, HOY Y MAÑANA. + + +A MI ESPOSA. + + Ayer, con amor creciente, + amor que sólo se siente + de la vida en los albores, + se unió con lazo de flores + tu alma pura á mi alma ardiente. + + * * * * * + + Hoy, con más tranquilo amor, + dando treguas al dolor, + unidos en tu regazo, + nuestros hijos son el lazo + que al cariño dá vigor... + + * * * * * + + Que mañana, yo lo anhelo, + busquen tambien de esta guerra + juntos reposo y consuelo + nuestros cuerpos en la tierra, + nuestras almas en el cielo. + + + + +FIN. + + + + + +End of Project Gutenberg's Impresiones, Poesías, by Jose Campo-Arana + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK IMPRESIONES, POESÍAS *** + +***** This file should be named 16319-8.txt or 16319-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/1/6/3/1/16319/ + +Produced by Afra Ullah, Pilar Somoza and the Online +Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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