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+Project Gutenberg's El préstamo de la difunta, by Vicente Blasco Ibanez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El préstamo de la difunta
+
+Author: Vicente Blasco Ibanez
+
+Release Date: January 13, 2006 [EBook #14308]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA ***
+
+
+
+
+Produced by Michael Ciesielski, Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team.
+
+
+
+
+
+EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA
+
+(NOVELAS)
+
+VICENTE BLASCO IBAÑEZ
+
+36.000 EJEMPLARES
+
+PROMETEO Germanías, 33. VALENCIA (Published in Spain)
+
+ES PROPIEDAD.--Reservados todos los derechos de reproducción,
+traducción y adaptación.
+
+1921, by V. Blasco Ibáñez.
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+El préstamo de la difunta.
+El monstruo.
+El rey de las praderas.
+Noche servia.
+Las plumas del caburé.
+Las vírgenes locas.
+La vieja del cinema.
+El automóvil del general.
+Un beso.
+La loca de la casa.
+La sublevación de Martínez.
+El empleado del coche-cama.
+Los cuatro hijos de Eva.
+La cigarra y la hormiga.
+
+
+
+
+EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA
+
+
+
+
+I
+
+
+Cuando los vecinos del pequeño valle enclavado entre dos estribaciones
+de los Andes se enteraron de que Rosalindo Ovejero pensaba bajar á la
+ciudad de Salta para asistir á la procesión del célebre Cristo llamado
+«el Señor del Milagro», fueron muchos los que le buscaron para hacerle
+encomiendas piadosas.
+
+Años antes, cuando los negocios marchaban bien y era activo el comercio
+entre Salta, las salitreras de Chile y el Sur de Bolivia, siempre había
+arrieros ricos que por entusiasmo patriótico costeaban el viaje á todos
+sus convecinos, bajando en masa del empinado valle para intervenir en
+dicha fiesta religiosa. No iban solos. El escuadrón de hombres y mujeres
+á caballo escoltaba á una mula brillantemente enjaezada llevando sobre
+sus lomos una urna con la imagen del Niño Jesús, patrón del pueblecillo.
+
+Abandonando por unos días la ermita que le servía de templo, figuraba
+entre las imágenes que precedían al Señor del Milagro, esforzándose los
+organizadores de la expedición para que venciese por sus ricos adornos á
+los patrones de otros pueblos.
+
+El viaje de ida á la ciudad sólo duraba dos días. Los devotos del valle
+ansiaban llegar cuanto antes para hacer triunfar á su pequeño Jesús. En
+cambio, el viaje de vuelta duraba hasta tres semanas, pues los devotos
+expedicionarios, orgullosos de su éxito, se detenían en todos los
+poblados del camino.
+
+Organizaban bailes durante las horas de gran calor, que á veces se
+prolongaban hasta media noche, consumiendo en ellos grandes cantidades
+de _mate_ y toda clase de mezcolanzas alcohólicas. Los que poseían el
+don de la improvisación poética cantaban, con acompañamiento de
+guitarra, _décimas_, _endechas_ y _tristes_, mientras sus camaradas
+bailaban la _zamacueca_ chilena, el _triunfo_, la _refalosa_, la
+_mediacaña_ y el _gato_, con relaciones intercaladas.
+
+Algunas veces, este viaje, en el que resultaban más largos los descansos
+que las marchas, se veía perturbado por alguna pelea que hacía correr la
+sangre; pero nadie se escandalizaba, pues no es verosímil que una gente
+que va con armas y ha hecho viajes á través de los Andes pueda vivir en
+común durante varias semanas, bailando y bebiendo con mujeres, sin que
+los cuchillos se salgan solos de sus fundas.
+
+Ahora ya no habían arrieros gananciosos que dedicasen unas cuantas
+docenas de onzas de oro al viaje del Niño Jesús y de sus devotos. Los
+más ricos se habían ido del pueblecillo; sólo quedaban arrieros pobres,
+de los que aceptan un viaje á El Paposo en Chile ó á Tarija en Bolivia
+por lo que quieren darles los comerciantes de Salta.
+
+Rosalindo Ovejero era el único que deseaba seguir la tradición, bajando
+á la ciudad para acompañar al Señor del Milagro en su solemne paseo por
+las calles.
+
+Desde que anunció su viaje, el rancho de adobes con techumbre sostenida
+por grandes piedras, que había heredado de sus padres, empezó á recibir
+visitas. Todos acompañaban su encargo con un billete de á peso.
+
+Las mujeres le narraban, sin perdonar detalle, las grandes enfermedades
+de que las había salvado la imagen milagrosa. Sus entrañas dolorosamente
+quebrantadas por la maternidad se habían tranquilizado después de varios
+emplastos de hierbas de la Cordillera y de la promesa de asistir á la
+procesión del Cristo de Salta. Ellas no podían hacer el viaje, como en
+otros años; pero Rosalindo iba á representarlas, pues el Señor del
+Milagro es bondadoso y admite toda clase de sustituciones. Lo importante
+era pagar un cirio para que ardiese en su procesión.
+
+--Tomá, hijo, y cómpralo de los más grandes--le decían las mujeres al
+entregarle el dinero--. Te pido este favor porque fuí muy amiga de tu
+pobre mama.
+
+Después iban llegando los varones: pobres arrieros, curtidos por los
+vientos glaciales de la Cordillera que derriban á las mulas. Algunos,
+durante las grandes nevadas, habían quedado aislados meses enteros en
+una caverna--lo mismo que los náufragos que se refugian en una isla
+desierta--, teniendo que esperar la vuelta del buen tiempo, mientras á
+su lado morían los compañeros de hambre y de frío.
+
+--Tomá, Rosalindo, para que me lleves un cirio detrás del Señor. El y yo
+sabemos lo mucho que le debo.
+
+Todos mostraban una fe inmensa en este Cristo que había llegado al país
+poco después de los primeros conquistadores españoles, á través de las
+soledades del Pacífico, en un cajón flotante, sin vela ni remo, el cual
+fué á detenerse en un puerto del Perú. La imagen había escogido á Salta
+como punto de residencia, y desde entonces llevaba realizados miles y
+miles de milagros. Pero las gentes sencillas de la Cordillera no
+aceptaban que esta divinidad omnipotente traída por los blancos pudiese
+vivir sola, y su imaginación había creado otras divinidades secundarias.
+Respetaban mucho al Cristo de Salta, pero les inspiraba más miedo la
+«Viuda del farolito», una bruja que se aparecía de noche con un farol en
+una mano á los arrieros perdidos en los caminos. El que la encontraba
+debía hacer inmediatamente sus preparativos para irse al otro mundo,
+pues seguramente ocurriría su muerte antes de que se cumpliese un año.
+
+Rosalindo Ovejero contó los encargos antes de salir de su casa. Eran
+catorce cirios los que debía llevar en la procesión, y él sólo se creía
+capaz de sostener ocho, cuatro en cada mano, metidos entre los dedos.
+Luego pensó que siempre encontraría en los despachos de bebidas de Salta
+algún «amigazo» de buena voluntad que quisiera encargarse de los
+restantes, y emprendió el camino montado en un jaco que por el momento
+era toda su fortuna.
+
+Para representar dignamente á los convecinos pidió prestadas unas
+grandes espuelas que, según tradición, habían pertenecido á cierto
+gaucho salteño de los que á las órdenes de Güemes combatieron contra los
+españoles por la independencia del país. Se puso el menos viejo de sus
+ponchos, de color de mostaza, y un sombrero enorme, por debajo de cuyos
+bordes se escapaba una melena lacia é intensamente negra, uniéndose á
+sus barbas de Nazareno. La silla de montar tenía á ambos lados unas alas
+fuertes de correa, llamadas «guardamontes», para librar las piernas del
+jinete de los arañazos y golpes de los matorrales. De lejos, estas alas
+hacían del pobre jaco una caricatura del caballo de las Musas.
+
+Los dos orgullos del joven salteño eran su cabalgadura y su nombre. El
+nombre lo debía á una mestiza sentimental que había estudiado para
+maestra en la ciudad, llevando al pueblecito de los Andes el producto de
+sus desordenadas lecturas. Quiso crear una generación con arreglo á sus
+ideales poéticos, y á él le puso Rosalindo, á un hermano suyo que había
+muerto lo bautizó Idílio, y á una hermana que estaba ahora en Bolivia
+aconsejó que la llamasen Zobeida, como la esposa del sultán de _Las mil
+y una noches_.
+
+Rosalindo llegó á Salta el mismo día de la procesión. Era en Septiembre,
+cuando empieza la primavera en el hemisferio austral, y las calles
+estaban impregnadas del perfume de flores que exhalaban sus viejos
+jardines. Volteaban las campanas en las torres de iglesias y conventos,
+esbeltas construcciones de gran audacia en un país donde son frecuentes
+los temblores del suelo. Un regimiento de artillería de montaña
+acantonado en Salta por el gobierno de Buenos Aires iba á dar escolta al
+Señor del Milagro. Los frailes de los diversos monasterios circulaban
+por las calles, de aspecto colonial, y por la antigua Plaza de Armas,
+rodeada de soportales lo mismo que una vieja plaza de España. Sobre
+algunas puertas quedaba aún el escudo de piedra, revelador del orgullo
+nobiliario de los que construyeron el caserón en la época que aún no
+había nacido la República Argentina y el país era gobernado por los
+representantes de la monarquía española.
+
+Se presentó Ovejero puntualmente en la iglesia á la hora de la
+procesión. Desfilaron primeramente las diversas imágenes de los pueblos
+con su acompañamiento de devotos. Habían venido éstos de muchas leguas
+de distancia, bajando las montañas como rosarios de hormigas
+multicolores. Los hombres, al abandonar su caballo con alas de cuero y
+lazo formando rollo á un lado de la silla, marchaban con una torpeza de
+centauro, haciendo resonar á cada paso sus enormes espuelas. Con el
+sombrero sostenido por ambas manos y la cabeza inclinada, precedían
+humildemente á sus imágenes. Confundidos entre ellos pasaban sus
+chicuelos envueltos en ponchos rayados de rojo y negro, y sus mujeres,
+gordas y lustrosas mestizas, que parecían vestidas de máscaras á causa
+de sus faldas de colores chillones, verde, rosa ó escarlata.
+
+Las cofradías de la ciudad eran las que escoltaban al Cristo milagroso.
+Las señoritas de Salta iban de dos en dos, siguiendo las banderas y
+estandartes llevados por unos frailes ascéticos que parecían escapados
+de un cuadro de Zurbarán. Todas estas jóvenes aprovechaban la fiesta
+para estrenar sus trajes primaverales, blancos, rosa, de suave azul, ó
+de color de fresa. Cubrían sus peinados con enormes sombreros de altivas
+plumas; en una mano llevaban una vela rizada y sin encender, envuelta en
+un pañuelo de encajes, y con la otra se recogían y ceñían al cuerpo la
+falda, marcando al andar sus secretas amenidades.
+
+Esta devoción primaveral no tenía un rostro compungido. Las señoritas
+alzaban la cabeza para recibir los saludos de la gente de los balcones,
+ó acogían con ligera sonrisa las ojeadas de los jóvenes agrupados en las
+esquinas. La emoción religiosa sólo era visible en la muchedumbre
+rústica que ocupaba las aceras, gentes de tez cobriza, ademanes humildes
+y voces cantoras y dulzonas. Las mujeres iban cubiertas con un largo
+manto negro, igual al de las chilenas; los hombres con un poncho
+amarillento y ancho sombrero, duro y rígido como si fuese un casco.
+Todos se conmovían, hasta llorar, viendo entre las nubes de incienso de
+los sacerdotes y las bayonetas de los soldados al Cristo prodigioso
+clavado en la cruz, sin más vestido que un hueco faldellín de
+terciopelo.
+
+Detrás de la imagen arcaica desfilaba lo más interesante de la
+procesión: el ejército doliente de los que deseaban hacer pública su
+gratitud al Señor del Milagro por los favores recibidos. Eran «chinitas»
+de juvenil esbeltez y frescura jugosa, con una vela en la diestra y un
+manto negro sobre la falda hueca de color vistoso y amplios volantes.
+Por debajo de las rizadas enaguas aparecían sus pies desnudos, pues
+habían hecho promesa al Cristo de seguirle descalzas durante la
+procesión. Pasaban también ancianas apergaminadas y rugosas--como debía
+ser la «Viuda del farolito»--, que lanzaban suspiros y lágrimas
+contemplando el dorso del milagroso Señor. Y revueltos con las mujeres
+desfilaban los gauchos de cabeza trágica, barbudos, melenudos, curtidos
+por el sol y las nieves, con el poncho deshilachado y las botas rotas.
+Muchas de estas botas parecían bostezar, mostrando por la boca abierta
+de sus puntas los dedos de los pies, completamente libres.
+
+Ni uno solo de estos jinetes de perfil aguileño, andrajosos, fieros y
+corteses, dejaba de llevar con orgullo grandes espuelas. Antes morirían
+de hambre que abandonar su dignidad de hombres á caballo.
+
+Todos atendían á las pequeñas llamas que palpitaban sobre sus puños
+cerrados, cuidando de que no se apagasen. Algunos llevaban hasta cuatro
+velas encendidas entre los dedos de cada mano, cumpliendo así los
+encargos de los devotos ausentes. Rosalindo figuraba entre ellos, y un
+amigo que iba á su lado era portador de los seis cirios restantes. Los
+dos, por ser jóvenes, procuraban marchar entre las devotas de mejor
+aspecto.
+
+Ovejero no había dudado un momento en cumplir fielmente los encargos
+recibidos. Con la imagen milagrosa no valían trampas. Únicamente se
+permitió comprar los cirios más pequeños que los deseaban sus
+convecinos, reservándose la diferencia del precio para lo que vendría
+después de la procesión.
+
+Los entusiastas del Cristo que no habían podido comprar una vela
+necesitaban hacer algo en honor de la imagen, y metían un hombro debajo
+de sus andas para ayudar á los portadores. Pero eran tantos los que se
+aglomeraban para este esfuerzo superfluo y tan desordenados sus
+movimientos, que el Señor del Milagro se balanceaba, con peligro de
+venirse al suelo, y la policía creía necesario intervenir, ahuyentando á
+palos á los devotos excesivos.
+
+Cuando terminó la procesión, Rosalindo apagó los catorce cirios,
+calculando lo que podrían darle por los cabos. Luego, en compañía de su
+amigo, se dedicó á correr las diferentes casas «de alegría» existentes
+en la ciudad.
+
+En todas ellas se bailaba la _zamacueca_, llamada en el país la
+_chilenita_. Cerca de media noche, sudorosos de tanto bailar y de las
+numerosas copas de aguardiente de caña--fabricado en los ingenios de
+Tucumán--que llevaban bebidas, entraron en una casa de la misma especie,
+donde al son de un arpa bailaban varias mujeres con unos jinetes de
+estatura casi gigantesca. Eran gauchos venidos del Chaco conduciendo
+rebaños; hombretones de perfil aguileño y maneras nobles, que recordaban
+por su aspecto á los jinetes árabes de las leyendas.
+
+El arpa iba desgranando sus sonidos cristalinos, semejantes á los de una
+caja de música, y los gauchos saltaban acompañados por el retintín de
+sus espuelas, persiguiendo á las mestizas de bata flotante que
+balanceaban cadenciosamente el talle agitando en su diestra el pañuelo,
+sin el cual es imposible bailar la _chilenita_.
+
+Los punteados románticos del arpa tuvieron la virtud de crispar los
+nervios de Rosalindo, agriándole la bebida que llevaba en el cuerpo. Su
+amigo experimentó una sensación igual de desagrado, y los dos dieron
+forma á su malestar, hasta convertirlo en un odio implacable contra los
+gauchos del Chaco. ¿Qué venían á hacer en Salta, donde no habían
+nacido?... ¿Por qué se atrevían á bailar con las mujeres del país?...
+
+Los dos sabían bien que estas mujeres bailaban con todo el mundo, y que
+las más de ellas no eran de la tierra. Pero su acometividad necesitaba
+un pretexto, fuese el que fuese, y al poco rato, sin darse cuenta de
+cómo empezó la cuestión, se vieron con el cuchillo en la mano frente á
+los gauchos del Chaco, que también habían desnudado su facones.
+
+Hubo un herido; chillaron las mujeres; el hombre del arpa salió
+corriendo llevando á cuestas su instrumento, que gimió de dolor al
+chocar con las rejas salientes de la calle; acudieron los vecinos, y
+llegaron al fin los policías, que rondaban esta noche más que en el
+resto del año, conociendo por experiencia los efectos de la aglomeración
+en la fiesta del Señor del Milagro.
+
+Rosalindo se vió con su amigo en las afueras de la ciudad, al perder la
+excitación en que le habían puesto su cólera y la bebida.
+
+--Creo que lo has matado, hermano--dijo el compañero.
+
+Y como era hombre de experiencia en estos asuntos, le aconsejó que se
+marchase á Chile si no quería pasar varios años alojado gratuitamente en
+la penitenciaría de Salta.
+
+Todas las mujeres de la «casa alegre», así como los gauchos, habían
+visto perfectamente cómo daba Rosalindo la cuchillada al herido.
+Además, su arma había quedado abandonada en el lugar de la pelea.
+
+El camino para huir no era fácil. Tendría que atravesar la Quebrada del
+Diablo, siguiendo después un sendero abrupto á través de los Andes,
+hasta llegar al puerto del Pacífico llamado El Paposo. Muchos chilenos,
+huyendo de la justicia de su país, hacían este viaje, y bien podía él
+imitarlos por idéntico motivo, siguiendo la misma travesía, pero en
+sentido inverso.
+
+Rosalindo intentó ir á la mísera posada donde había dejado su caballo,
+pero cuando estaba cerca de ella tuvo que retroceder, avisado por el
+fiel camarada. La policía, más lista que ellos, estaba ya registrando
+los objetos de la pertenencia de Ovejero, entreteniendo así su espera
+hasta que se presentase el culpable.
+
+--Hay que huir, hermano--volvió á aconsejar el amigo.
+
+Juzgaba peligrosa, después de esto, la ruta más corta que conduce á la
+provincia de Copiapó en la vecina República de Chile. Era camino muy
+frecuentado por los arrieros, y la policía podía darle alcance. Ya que
+no tenía montura, lo acertado era tomar el camino más duro y abundante
+en peligros, pero que sólo frecuentan los de á pie. Como su ausencia iba
+á ser larga y le era preciso ganarse el pan, resultaba preferible esta
+ruta, pues al término de ella encontraría las famosas salitreras
+chilenas, donde siempre hay falta de hombres para el trabajo, y á veces
+se pagan jornales inauditos.
+
+Rosalindo conocía de fama este camino, llamado del Despoblado. Detrás
+del tal Despoblado se encontraba algo peor: la terrible Puna de Atacama,
+un desierto de inmensa desolación, donde morían los hombres y las
+bestias, unas veces de sed, otras de frío, y en algunas ocasiones caían
+abrumadas por el viento.
+
+Ovejero se guardó las espuelas en el cinto, renunciando á su dignidad
+de jinete para convertirse en peatón.
+
+--Si tienes suerte--continuó el camarada--, tal vez en veinte días ó en
+un mes llegues al puerto de Cobija ó á las salitreras de Antofagasta.
+Hay arrieros que han hecho el camino en ese tiempo.
+
+Y con la ternura que inspira el amigo en pleno infortunio, le dió su
+cuchillo y toda la pequeña moneda que pudo encontrar en los diferentes
+escondrijos de su traje.
+
+--Tomá, hermano; lo mismo harías tú por mi si yo me hubiese
+«desgraciado». ¡Que el Señor del Milagro te acompañe!
+
+Y Rosalindo Ovejero volvió la espalda á la ciudad de Salta, tomando el
+camino del Despoblado.
+
+
+
+
+II
+
+
+Lo conocía sin haber pasado nunca por él, como conocía todos los caminos
+y senderos de los Andes, donde hombres y cuadrúpedos son menos que
+hormigas, trepando lentamente por las arrugas y las aristas de unas
+montañas tan altas que impiden ver el cielo.
+
+Su padre se había dedicado al arrieraje, y todos sus antecesores
+vivieron del ejercicio de la misma profesión. Llevaban productos del
+país á los puertos del Pacífico, para traer en sus viajes de vuelta
+objetos de procedencia europea, pues Buenos Aires y los demás puertos
+argentinos están muy lejos. En su casa, Rosalindo sólo había oído
+hablar de peligrosos viajes á través de los Andes y de la altiplanicie
+desolada de Atacama.
+
+Después, en su adolescencia, fué de ayudante con algunos arrieros,
+cuidando las mulas en los malos pasos para que no se despeñasen. En
+estos viajes por las interminables soledades no temía á los hombres ni á
+las bestias. Para el vagabundo predispuesto á convertirse en salteador,
+tenía su cuchillo, y también para el puma, león de las altiplanicies
+desiertas, no más grande que un mastín, pero que el hambre mantiene en
+perpetua ferocidad, impulsándole á atacar al viajero. Lo único que le
+infundía cierto pavor en esta naturaleza grandiosa y muda, á través de
+la cual habían pasado y repasado sus ascendientes, eran los poderes
+misteriosos y confusos que parecían moverse en la soledad.
+
+Ovejero tenía un alma religiosa á su modo y propensa á las
+supersticiones.
+
+Creía en el Cristo de Salta, pero al lado de él seguía venerando á las
+antiguas divinidades indígenas, como todos los montañeses del país. El
+Señor del Milagro disponía indudablemente del poder que tienen los
+hombres blancos, dominadores del mundo, pero no por esto la Pacha-Mama
+dejaba de ser la reina de la Cordillera y de los valles inmediatos, como
+muchos siglos antes de la llegada de los españoles.
+
+La Pacha-Mama es una diosa benéfica que está en todas partes y lo sabe
+todo, resultando inútil querer ocultarle palabras ni pensamientos.
+Representa la madre tierra, y todo arriero que no es un desalmado, cada
+vez que bebe, deja caer algunas gotas, para que la buena señora no sufra
+sed. También cuando los hombres bien nacidos se entregan al placer de
+mascar coca, empiezan siempre por abrir con el pie un agujero en el
+suelo y entierran algunas hojas. La Pacha-Mama debe comer, para que el
+hambre no la irrite, mostrándose vengativa con sus hijos.
+
+Rosalindo sabía que la diosa no vive sola. Tiene un marido que es
+poderoso, pero con menos autoridad que ella: un dios semejante á los
+reyes consortes en los países donde la mujer puede heredar la corona.
+Este espíritu omnipotente se llama el Tata-Coquena, y es poseedor de
+todas las riquezas ocultas en las entrañas del globo.
+
+Muchos naturales del país se habían encontrado con los dos dioses cuando
+llevaban sus arrias por los desfiladeros de los Andes; pero siempre
+ocurría tal encuentro en días de tempestad, como si los dioses sólo
+pudieran dejarse ver á la luz de los relámpagos y acompañados por los
+truenos que ruedan con un estallido interminable de montaña en montaña y
+de valle en valle.
+
+La Pacha-Mama y el Tata-Coquena eran arrieros. ¿Qué otra cosa podían
+ser, poseyendo tantas riquezas?... Los que les veían no alcanzaban á
+contar todas las recuas de llamas, enormes como elefantes, que marchaban
+detrás de ellos. Las «petacas» ó maletas de que iban cargadas estas
+bestias gigantescas estaban repletas de coca, precioso cargamento que
+emocionaba más á los arrieros de la Cordillera que si fuese oro.
+
+Los del país no conocían riqueza que pudiera compararse con estas hojas
+secas y refrescantes, de las que se extrae la cocaína y que suprimen el
+hambre y la sed.
+
+El padre de Rosalindo se había encontrado algunas veces con la
+Pacha-Mama en tardes de tempestad, describiendo á su hijo cómo eran la
+diosa y su consorte, así como el lucido y majestuoso aspecto de sus
+recuas. Pero siempre le ocurría este encuentro después de un largo alto
+en el camino, en unión de otros arrieros, que había sido celebrado con
+fraternales libaciones.
+
+Al emprender su marcha por el Despoblado, pensó Rosalindo al mismo
+tiempo en el Cristo de Salta y en la Pacha-Mama. Las dos sangres que
+existían en él le daban cierto derecho á solicitar el amparo de ambas
+divinidades. Entre sus antecesores había un tendero español de Salta, y
+el resto de la familia guardaba los rasgos étnicos de los primitivos
+indios calchaquies. Si le abandonaba uno de los dioses, el otro, por
+rivalidad, le protegería.
+
+Después de esto se lanzó valerosamente á través del Despoblado.
+
+Los más horrendos paisajes de la Cordillera conocidos por él resultaban
+lugares deliciosos comparados con esta altiplanicie. La tierra sólo
+ofrecía una vegetación raquítica y espinosa al abrigo de las piedras. A
+veces encontraba montones de escorias metálicas y ruinas de pueblecitos
+y capillas, sin que ningún ser humano habitase en su proximidad. Eran
+los restos de establecimientos mineros creados por los conquistadores
+españoles cuando se extendieron por estos yermos en busca de metales
+preciosos. Los indios calchaquies se habían sublevado en otro tiempo,
+matando á los mineros, destruyendo sus pueblos y cegando los filones
+auríferos, de tal modo, que era imposible volver á encontrarlos.
+
+El paisaje se hacía cada vez más desolado y aterrador. Sobre esta
+altiplanicie, donde caía la nieve en ciertos meses, sepultando á los
+viajeros, no había ahora el menor rastro de humedad. Todo era seco,
+árido y hostil. Las riquezas minerales daban á las montañas colores
+inauditos. Había cumbres verdes, pero de un verde metálico; otras eran
+rojas ó anaranjadas.
+
+En ciertas oquedades existía una capa blanca y profunda, semejante al
+sedimento de un lago cuyas aguas acabasen de solidificarse. Estos lagos
+secos eran de borato. Caminó después días enteros sin encontrar ninguna
+vegetación. Únicamente en las quebradas secas crecían ciertos cactos del
+tamaño de un hombre, rectos como columnas espinosas. Estos cactos,
+vistos de lejos, daban la impresión de filas de soldados que descendían
+por las laderas en orden abierto.
+
+Rosalindo, en las primeras jornadas, encontró las chozas de algunos
+solitarios del Despoblado. Eran pastores de cabras--el rebaño del
+pobre--que realizaban el milagro de poder subsistir, ellos y sus
+animales, sobre una tierra estéril. Más adelante ya no encontró ninguna
+vivienda humana. La soledad absoluta, el silencio de las tierras
+muertas, la profundidad misteriosa de la carencia de toda vida, se
+abrieron ante sus pasos para cerrarse inmediatamente, absorbiéndolo.
+
+Para darse nuevos ánimos recordaba lo que había oído algunas veces sobre
+los primeros hombres blancos que atravesaron este desierto. Eran
+españoles con arcabuces y caballos, guerreros de pesadas armaduras que
+no sabían adonde les llevaban sus pasos é ignoraban igualmente si la
+horrible Puna de Atacama tendría fin. Su jefe se llamaba Almagro y había
+abandonado á Pizarro en el Perú para atravesar esta soledad aterradora,
+descubriendo al otro lado del desierto la tierra que luego se llamó
+Chile.
+
+«¡Qué hombres, pucha!», pensaba Rosalindo.
+
+Y se consideraba con mayores fuerzas para continuar el viaje. Él á lo
+menos sabía con certeza adonde se dirigía, y encontraba todos los
+detalles topográficos del terreno de acuerdo con los informes que le
+había proporcionado su camarada y los solitarios establecidos en los
+linderos del desierto.
+
+Ninguno de éstos, al darle hospitalidad en su vivienda, le hizo
+preguntas indiscretas. Adivinaban que huía por haberse «desgraciado», y
+como este infortunio le puede ocurrir á todo hombre que usa cuchillo, se
+limitaron á darle explicaciones sobre el rumbo que debía seguir,
+añadiendo algunos pedazos de carne de cabra seca, para que no muriese de
+hambre en su audaz travesía.
+
+Cuando hubo consumido todas sus vituallas, no por esto perdió el ánimo.
+Mientras conservase una bolsa que llevaba pendiente de su cinturón, no
+temía al hambre ni á la sed. En ella llevaba su provisión de coca,
+alimento maravilloso para los indígenas, porque da la insensibilidad de
+la parálisis y suspende el tormento de las necesidades, esparciendo á la
+vez por todo el organismo un alegre vigor. Gracias á este
+anestésico--considerado en el país como un manjar de origen
+divino--podría vivir días y días, sin que el hambre ni la sed
+dificultasen su viaje.
+
+Buscaba al cerrar la noche el abrigo natural de las piedras ó de los
+muros en ruinas que revelaban el emplazamiento de algún establecimiento
+minero arrasado dos siglos antes. Sólo reanudaba su marcha con la luz
+del sol, para ir guiándose por las señales que le habían indicado,
+evitando el perderse en esta tierra monótona, sin árboles, sin casas,
+sin ríos, que le pudiesen servir de punto de orientación.
+
+Lo que más le preocupaba era la posibilidad de que se levantase de
+pronto uno de los terribles vientos glaciales que barren la Puna.
+Mientras la atmósfera se mantuviese tranquila no se consideraba en
+peligro de muerte. El frío huracán, en esta altiplanicie donde es
+imposible encontrar refugio, resultaba tan temible como la nieve que
+sepulta.
+
+La rarefacción de la atmósfera representaba igualmente una fatiga mortal
+para los que cruzaban por primera vez las altiplanicies andinas. Pero
+Ovejero, habituado á respirar en las grandes alturas, estaba libre del
+llamado «mal de la Puna». Tenía el corazón sólido de los montañeses y su
+pecho dilatado le permitía respirar sin angustia en unas tierras
+situadas á más de tres mil metros sobre el Océano.
+
+Una mañana adivinó que había llegado al punto más culminante y difícil
+de su camino. Dos ó tres jornadas más allá empezaría su descenso hacia
+el Pacífico.
+
+«Debo estar cerca de la difunta Correa», pensó.
+
+Conocía de fama á la «difunta Correa», como todos los hijos de la tierra
+de Salta.
+
+Era una pobre mujer que se había lanzado á través del desierto á pie y
+con una criatura en los brazos. Su deseo era llegar á Chile en busca de
+un hombre: tal vez su marido, tal vez un amante que la había abandonado.
+Los vientos glaciales de la Puna la envolvieron en lo más alto de la
+planicie, y ella y su criatura, refugiadas en una oquedad del suelo,
+murieron de frío y de hambre. Meses después la descubrieron otros
+viandantes en el mismo estado que si acabase de morir, pues los
+cadáveres se mantienen en las secas alturas de la Puna en una
+conservación absoluta que parece desafiar á la muerte.
+
+La piedad de los vagabundos andinos abrió una fosa en el suelo estéril
+para enterrar á esta mujer, apellidada Correa, y á su niño, colocando
+sobre los cadáveres un montón de piedras como rústico monumento.
+
+Se extendió por todo el país la fama de la «difunta Correa». Eran muchos
+los que habían muerto en los senderos de la altiplanicie llamados
+«travesías», pero ninguno de los vagabundos fallecidos podía inspirar el
+mismo interés novelesco que esta mujer.
+
+La tumba de la difunta Correa fué en adelante el lugar de orientación
+para los que pasaban de Salta á Chile. Todo viandante se consideró
+obligado á rezar una oración por la difunta y á dejar una limosna encima
+de su sepulcro. Uno de los solitarios del Despoblado se instituyó á sí
+mismo administrador póstumo de la difunta, y cada seis meses ó cada año
+hacía el viaje hasta la tumba para incautarse de las limosnas,
+dedicándolas al pago de misas.
+
+Este asunto era llevado con una probidad supersticiosa. El dinero de las
+limosnas permanecía meses y meses sobre la tumba, sin que los
+viajeros--en su mayor parte hombres de tremenda historia--osasen tocar
+la más pequeña parte del depósito sagrado. Muy al contrario, todos
+procuraban dar aunque sólo fuesen unos centavos, por creer que una
+limosna á la difunta Correa era el medio más seguro de terminar el viaje
+felizmente.
+
+Rosalindo encontró al fin la tumba. Era un montón de piedras adosado á
+otras piedras que parecían la base de un muro desaparecido. Dos maderos
+negros y resquebrajados por el viento formaban una cruz, y al pie de
+ella había una vasija de hojalata, un antiguo bote de carne en conserva
+venido de Chicago á la América austral para acabar sirviendo de cepillo
+de limosnas sobre la sepultura de una mujer.
+
+Ovejero examinó su interior. Una piedra gruesa depositada en el fondo
+del bote servía para mantenerlo fijo sobre la tumba y que no lo
+arrebatase el viento. Al levantar la piedra, su mirada encontró el
+dinero de las limosnas: unos cuantos billetes de á peso y varias piezas
+de níquel. Tal vez había transcurrido un año sin que el administrador de
+la muerta viniese á recoger las limosnas.
+
+El gaucho conocía su deber, y se apresuró á cumplirlo. Con el sombrero
+en la mano, rezó todas las oraciones que guardaba en su memoria desde la
+niñez. «¡Pobre difunta Correa!...» Luego buscó en su cinto, á través de
+diversos objetos, el pañuelo anudado en cuyo interior guardaba toda su
+moneda.
+
+Sacó á luz lo que poseía. Únicamente le quedaban tres pesos con algunos
+centavos. Durante los primeros días del viaje había tenido que pagar en
+algunos altos del camino, pues los habitantes de las chozas no eran
+simples pastores, como los del desierto, y se ayudaban para vivir dando
+posada á los arrieros. Le quedaba muy poco para hacer una limosna
+espléndida.
+
+Pensó también con inquietud en lo que le esperaba al otro lado del
+desierto, cuando ya no estuviera solo y al encontrarse entre los
+primeros hombres renacieran otra vez las exigencias y los gastos de la
+vida social. Necesitaba dinero para continuar su viaje por tierra
+civilizada, para subsistir antes de que encontrase trabajo, y la
+cantidad que poseía no era suficiente.
+
+Empezaba á olvidarse, abismado en estos cálculos, de la difunta y de
+todo lo que le rodeaba, cuando un personaje inesperado le hizo volver á
+la realidad con su inquietante aparición.
+
+No estaba solo en el desierto. Vió al otro lado de la fila de piedras en
+forma de muro un perro enorme que gruñía, con la piel dorada cubierta de
+manchas de rojo obscuro. Vió también, al hacer un movimiento este
+animal, que tenía cabeza de gato, con bigotes hirsutos y unos ojos
+verdes que esparcían reflejos dorados.
+
+Rosalindo conocía á esta bestia y no le inspiraba miedo. Era un puma que
+parecía dudar entre la audacia y el temor, entre la acometividad y la
+fuga. El hombre lo espantó con un alarido feroz, enviándole al mismo
+tiempo un peñascazo que le alcanzó en una pata. La fiera huyó en el
+primer momento, pero se detuvo á corta distancia. Aquel terreno lo
+consideraba como suyo. Sin duda permanecía junto á la tumba todo el año,
+por ser este el lugar más frecuentado en la soledad del desierto,
+resultándole fácil el nutrirse con los despojos de las caravanas ó el
+sorprender á un hombre ó á una bestia de carga en momentos de descuido.
+
+Al quedar lejos no quiso Rosalindo hostilizarle por segunda vez. Veía en
+él á un guardián de la tumba. Hasta pensó supersticiosamente si este
+felino de la altiplanicie, mezcla de león y de tigre, tendría algo del
+alma de la difunta, pues en los cuentos del país había oído hablar
+muchas veces de espíritus de personas que continúan su existencia dentro
+de cuerpos de animales.
+
+Dejó de ocuparse del puma para seguir mirando el bote de las limosnas.
+Una idea digna de ser tenida en cuenta acababa de surgir en su
+pensamiento en el mismo instante que le distrajo la presencia de la
+fiera.
+
+Él estaba vivo y tenía poco dinero; en cambio la difunta Correa estaba
+muerta hacía años y no necesitaba comer ni le era forzoso ir á Chile
+como él. Aquellas limosnas iban á quedar meses y meses debajo del
+pedrusco, hasta que se le ocurriese venir al encargado de recogerlas.
+¿No podían hacer un negocio honrado la difunta y él?...
+
+Rosalindo no quiso aceptar ni por un instante la idea de apoderarse de
+este dinero. Por ser de una muerta tenía un carácter sagrado, y además
+representaba cierta cantidad de misas para la salvación eterna de la
+madre y su criatura. Pero era posible una operación de crédito entre los
+dos, que no resultaba completamente nueva.
+
+Sabía por los arrieros y peatones de los Andes para lo que servían
+muchas veces estas tumbas con su depósito de limosnas. Como abundan las
+sepulturas en las diversas travesías de la Cordillera, los viandantes
+faltos de recursos se llevan con toda reverencia el dinero dedicado á
+los difuntos, pero dejando á éstos un recibo con la promesa solemne de
+devolverles una cantidad mayor.
+
+Ovejero pensó que él podía hacer lo mismo. La difunta Correa era una
+buena mujer y aceptaría seguramente desde el fondo de su tumba de
+piedras este préstamo. Él, por su parte, siempre había sido fiel á su
+palabra y además empeñaba su firma. Lo que se llevase lo devolvería
+quintuplicado, y la difunta iba á ganar como réditos de la operación un
+gran número de misas.
+
+Con la tranquilidad que comunica la pureza de la intención, fué
+recogiendo toda la moneda depositada en el fondo del bote. La contó:
+ocho pesos y cuarenta centavos. Luego buscó en su cinto un lápiz corto y
+romo, arrancando también un pedazo de papel de un diario viejo de Salta.
+
+La redacción del documento fué empresa larga y difícil. En su niñez
+había figurado entre los mejores alumnos de la escuela de su
+pueblecillo, pero siempre consideró la ortografía como el más
+horripilante de los tormentos de la juventud, á causa de la diferencia
+entre letras mayúsculas y minúsculas.
+
+En el borde blanco del periódico declaró que tomaba á préstamo de la
+difunta Correa la expresada cantidad, comprometiéndose á devolvérsela
+sobre la misma tumba en el plazo de un año; y para hacer más solemne su
+compromiso, metió en cada palabra dos ó tres mayúsculas. Después puso su
+firma: _Rosalindo Ovejero_, con las letras todo lo más grandes que le
+permitió la escasez del papel.
+
+Cuando se hubo guardado el dinero en el cinto, depositó su recibo en el
+fondo del bote, colocando la piedra exactamente sobre él, para que en
+ningún caso pudiera llevárselo el viento.
+
+Nada le quedaba que hacer allí. Ahora que se veía con más dinero para
+afrontar la existencia entre los hombres civilizados, deseaba salir
+cuanto antes del desierto.
+
+El puma se había ido aproximando con un gruñido hipócrita, como si
+esperase verle de espaldas para caer sobre él. Rosalindo se inclinó,
+enviándole otro peñascazo que le hizo huir por segunda vez de aquella
+tumba que consideraba como su guarida.
+
+Continuó el gaucho su marcha. Al día siguiente vió unos guanacos
+salvajes que corrían por el límite del horizonte. La vida vegetal y
+animal empezaba á reaparecer en el desierto. En los días siguientes los
+guanacos salieron á su encuentro formando manadas y los matorrales
+fueron más espesos y altos. La atmósfera resultaba más respirable; el
+terreno iba en descenso.
+
+A la semana siguiente el fugitivo de Salta encontró hombres y durmió en
+viviendas que formaban míseros pueblos.
+
+Siguió bajando, y al fin encontró el camino que se remonta á Bolivia y
+que en dirección opuesta iba á conducirle á la costa del Pacífico.
+
+
+
+
+III
+
+
+Pasó cerca de un año trabajando en las explotaciones salitreras
+establecidas por los chilenos en la costa del Pacífico. Vivió unas veces
+cerca de Antofagasta, otras en Iquique y hasta en Arica, junto á la
+frontera del Perú.
+
+El trabajo no era extremadamente duro y se ganaban buenos jornales.
+Europa necesitaba abono para sus campos, y especialmente en Alemania los
+arenales del Brandeburgo se negaban á dar patatas y remolachas si no
+recibían antes la nutrición del ázoe solidificado en las llanuras
+chilenas.
+
+Todos los pueblos vivían entonces en paz, y era preciso aumentar la
+producción del suelo para que una humanidad exuberante en demasía no se
+quedase sin comer. Llegaban vapores y veleros á los puertos del Pacífico
+cargados de carbón, y partían semanas después llevando sus bodegas
+repletas de salitre. Miles y miles de hombres trabajaban en el arranque
+de esta tierra blanca contenedora de un excitante fertilizador. Los
+brazos eran pagados con generosidad y el dinero corría abundantemente.
+
+Rosalindo celebró como una protección de la suerte el haber huído de su
+país natal, librándose para siempre de su pobre y ruda profesión de
+arriero. En pocas semanas ganó lo que al otro lado de los Andes le
+hubiese costado un año de trabajo. Además, su existencia era mucho más
+fácil y dulce en esta tierra de emigración.
+
+Hombres de diversos países trabajaban en las salitreras, y casi todos
+ellos vivían sin familia, pudiendo gastar alegremente sus considerables
+jornales. De aquí que, en días de fiesta, los obreros de gustos
+alcohólicos se entregasen á las más desordenadas fantasías en los cafés
+y los despachos de licores. No sabían cómo acabar su dinero en esta
+tierra de vida improvisada y escasas diversiones. Algunos disparaban sus
+revólveres escogiendo como blanco las botellas alineadas en la
+anaquelería detrás del mostrador. Era un lujo destrozar á tiros las
+botellas de champaña traídas de Europa, pagándolas luego á unos precios
+que hubiesen escandalizado á muchos ricos. Otros, para beber un simple
+vaso de vino, hacían abrir la espita de un tonel, dejando que chorrease
+en su vaso durante mucho tiempo lo mismo que una fuente, perdiéndose
+enormes cantidades de líquido. Luego pagaban con orgullo, delante de
+todos, para que se enterasen de su vanidad.
+
+Con estas fantasías y otras menos confesables engañaban su tedio en este
+país abundante en dinero pero de aspecto entristecedor. La riqueza
+estaba en la profunda capa de salitre que cubría el suelo; pero esta
+tierra blanca que servía para fertilizar los campos de Europa no
+toleraba aquí ninguna vegetación. Una esterilidad valiosa pero triste
+rodeaba las nuevas poblaciones. El mayor lujo de los ricos era tener en
+sus casas unas cuantas macetas de flores. El agua para su riego había
+costado tan cara como los vinos más célebres.
+
+Las interminables recuas de mulas, al acarrear del interior á los
+puertos las cargas de salitre, parecían acordarse melancólicamente de
+los campos donde habían nacido, con árboles, hierbas y arroyos. En las
+casas inmediatas á los caminos de esta tierra estéril, los dueños
+evitaban pintar sus cercas de verde, pues los pobres animales, engañados
+por el color, empezaban á roer los barrotes de madera, tomándolos por
+vegetales surgidos del suelo.
+
+Rosalindo acabó por adquirir el mismo aspecto de los obreros del país.
+Ya no quedaba nada en él del gaucho salteño. Se había cortado las
+melenas y transformado su traje. Además, siguió con atención, en los
+diversos lugares de su trabajo, las predicaciones de algunos obreros
+procedentes de Europa que hablaban contra las compañías salitreras,
+incitando á los compañeros á la revuelta. Pero una huelga seguida de
+incendios y saqueos fué sofocada inmediatamente por los soldados
+chilenos con abundante empleo de ametralladoras, lo que devolvió la
+prudencia á Rosalindo y á la mayoría de sus camaradas.
+
+Cuando llevaba ocho meses trabajando, experimentó una gran alegría al
+encontrarse con un hombre de su país que deseaba regresar á Salta.
+
+La vida de este hombre en las salitreras había sido menos agradable y
+fructuosa que la de Ovejero. Trabajó y ganó buenos jornales en los
+primeros meses; pero era jugador, y todas sus ganancias se quedaron en
+las llamadas casas «de remolienda». Al final, sus deudas y sus continuas
+peleas le obligaban á abandonar el país.
+
+Rosalindo, por ser un compatriota, atendió todas sus peticiones de
+dinero. Él no era jugador. Su vicio dominante había sido siempre la
+bebida, y aquí que ganaba mucho podía satisfacerlo con largueza, lo
+mismo que un caballero.
+
+Al saber que su compatriota iba á volver á Salta por la Puna de Atacama,
+el gaucho, que era hombre de honor, incapaz de olvidar sus compromisos,
+pensó en la antigua deuda, que le preocupaba con frecuencia y hasta
+algunas noches le había quitado el sueño.
+
+Mientras obsequiaba á su compatriota en un café de Antofagasta, le fué
+explicando su asunto.
+
+--Tú pasarás por donde la difunta Correa, ¿no es eso, hermano?... Pues
+bien; cuando llegues á su sepultura, le dejas bajo la piedra estos
+treinta pesos. Ella me dió ocho y unos centavos, pero hay que ser
+rumboso con los que nos favorecen, y además la pobre tal vez está
+necesitada de misas.
+
+Pidió también á su camarada que retirase el recibo escrito en un pedazo
+de periódico que había dejado en la tumba ó que fuese en busca del
+encargado de recoger las limosnas para pedirle el tal documento. Los
+asuntos de dinero deben llevarse con limpieza, sobre todo si hay
+muertos de por medio. Cuando el camarada tuviese el recibo en su poder,
+debía enviárselo por correo para su tranquilidad.... Y le entregó unos
+cuantos pesos más por la molestia que le pudiese ocasionar el encargo.
+
+Transcurrieron varios meses. Rosalindo trabajaba todos los días como un
+obrero de buenas costumbres. A pesar de que había sido hombre de pelea,
+evitaba las cuestiones en este mundo compuesto de gentes bravas y de
+todas procedencias, que para ir á ganarse el jornal llevaban siempre el
+cuchillo y el revólver. Él deseaba únicamente que le dejasen embriagarse
+en paz. De día trabajaba en la salitrera y de noche se emborrachaba en
+algún cafetín predilecto, hasta que ganaba su alojamiento tambaleándose,
+ó lo llevaba hasta él un compañero casi á rastras.
+
+De pronto se sintió enfermo. El médico, un joven recién llegado de
+Santiago, atribuyó su dolencia á los excesos alcohólicos; pero él creía
+saber mejor que este chileno presuntuoso cuál era la verdadera causa de
+su enfermedad.
+
+Dormía mal y su sueño estaba cortado por terribles visiones. Esta vida
+de alucinación dolorosa había empezado para él cierta noche en que se
+dirigía á su casa completamente ebrio.
+
+Una mujer le salió al paso: una mujer enjuta de carnes, con la tez algo
+cobriza y unos ojos grandes, negros, ardientes. Iba envuelta en un manto
+obscuro que había perdido su primer tinte y era del color llamado "ala
+de mosca". Agarrado á una de sus manos marchaba un niño cuya cabeza
+apenas le llegaba á las rodillas.
+
+Rosalindo no conocía á la difunta Correa ni jamás encontró á alguien que
+pudiera describírsela. Pero al ver a esta mujer por primera vez, quedó
+convencido de su identidad. Era la difunta Correa; no podía ser otra,
+¡Aquellos ojos!... ¡Aquel niño que la acompañaba!...
+
+Se quitó el sombrero con la misma expresión reverente que cuando había
+rezado ante su tumba.
+
+--¿En qué puedo servirla, señora?--dijo--. ¿Qué desea de mí?...
+
+La mujer permaneció muda, y sus ojos redondos, de un ardor obscuro, le
+miraron fijamente. Al entrar en su casucha cerró la puerta, y la
+difunta, siempre con su niño de la mano, se filtró á través de las
+maderas.
+
+Dormía Rosalindo en una pieza grande con siete compañeros más, pero
+aquella hembra dolorosa, como venía del otro mundo y todos los seres de
+allá dan poca importancia á las preocupaciones morales de la tierra, se
+metió entre tantos hombres, sin vacilación, permaneciendo erguida junto
+á la cama de Ovejero.
+
+Cada vez que éste abría los ojos la encontraba frente á él, inmóvil,
+rígida, mirándole con sus pupilas ardientes y fijas, no alteradas por el
+más leve parpadeo.
+
+A la mañana siguiente, el gaucho creyó haber atinado con la explicación
+de este encuentro. La pobre difunta había venido indudablemente á darle
+las gracias por los enormes réditos con que había acompañado la
+devolución del préstamo. Si permanecía muda y con aquellos ojos que
+infundían espanto, era porque las almas en pena no pueden mirar de
+distinto modo.
+
+Afirmado en esta creencia, no experimentó sorpresa alguna cuando, en la
+noche siguiente, al regresar ebrio de su cafetín, tropezó con la
+enlutada y su niño cerca de la casa.
+
+Por segunda vez se quitó el sombrero, gangueando sus palabras con una
+amabilidad de borracho.
+
+--No tiene usted nada que agradecerme, señora. La palabra es palabra, y
+lo que siento es no haber podido enviarle más para que la digan misas.
+El año que viene, cuando algún amigo mío vaya para allá, tal vez le haga
+otra remesa.
+
+Pero la mujer parecía no oírle y continuó fijando en él sus ojos
+inmóviles, mientras la cara del niño--una cara de muerto--se agitaba con
+el temblor de un llanto sin lágrimas y sin ruido.... Y la difunta le
+acompañó otra vez hasta su cama, manteniéndose inmóvil junto á ella, y
+desapareciendo únicamente con las primeras luces del amanecer.
+
+Este encuentro se fué repitiendo varias noches. Rosalindo bebía cada vez
+más, viendo en el alcohol un medio seguro de sumirse en el sueño y
+evitar tales visiones; pero contra su opinión, las visitas de la difunta
+se hacían más largas así como él aumentaba su embriaguez. Algunas veces,
+hasta en pleno sol, cuando trabajaba en el arranque de las rocas de
+salitre, la difunta surgía frente á él durante sus minutos de descanso.
+En vano le dirigía preguntas. La enlutada era muda y únicamente sabía
+mirarle con sus pupilas redondas y severas, mientras el niño continuaba
+su eterno llanto sin humedad y sin eco.
+
+«Hay en este asunto algo que no comprendo--pensaba Rosalindo--. ¿No le
+habrá entregado aquel amigazo el dinero que le di?»
+
+Se dedicó á averiguar el paradero de su compatriota. Pensó por un
+momento si se habría quedado con los pesos que le entregó para la
+muerta; pero inmediatamente repelió tal sospecha. Su camarada, aunque
+algo bandido y de perversas costumbres, era muy temeroso de Dios é
+incapaz de ponerse en mala situación con las ánimas del Purgatorio, á
+las que tenía gran respeto y no menos miedo.
+
+Al fin, un vagabundo que iba de boliche en boliche por las diversas
+salitreras para robar con sus malas artes de jugador el dinero de los
+trabajadores, le dió noticias sobre el desaparecido, después de repasar
+los recuerdos de su propia vida complicada y aventurera. A su amigo lo
+habían matado meses antes en un despacho de bebidas cerca de la
+Cordillera, cuando se dirigía desde Cobija á tomar el camino de la Puna.
+La cuchillada mortal había sido por cuestiones de juego.
+
+El gaucho, que no quería dudar de que la difunta hubiese recibido su
+préstamo con todos los intereses, quedó aterrado al recibir esta
+noticia. Empezó á calcular los meses transcurridos desde que dejó su
+recibo en la tumba del desierto. Hizo un gesto de satisfacción, como si
+acabase de resolver un problema difícil, al convencerse de que iba
+transcurrido más de un año, plazo que él mismo fijó en su papel. La
+difunta tenía derecho á reclamar. Ahora comprendía sus ojos severos
+fijos en él y la expresión dolorosa de aquella carita de muerto, que
+lloraba y lloraba con el tormento de un hambre del otro mundo, por
+faltarle el sustento de las misas.... ¡Y él, que despilfarraba sus
+jornales en bebidas y otros vicios menos confesables, estaba retardando
+la salvación de estos dos seres infelices al no devolverles un dinero
+que necesitaban para la salud de su alma!...
+
+Deseó que llegase pronto la noche y se le apareciese la difunta para
+darle sus explicaciones de deudor honrado. Pero por lo mismo que su
+deseo era vehemente, no pudo encontrarla en las cercanías de su casucha
+por más vueltas que dió en torno de ella, y eso que en la presente
+noche, para evitar palabras confusas y tergiversaciones en el negocio,
+había bebido muy poco. Fué cerca de la madrugada cuando Ovejero, que
+había conseguido dormirse, la vió al abrir sus ojos.
+
+--Señora, la falta no es mía; es de un amigo que se ha dejado matar,
+perdiendo mi dinero. Pero yo pagaré. Voy á buscar alguien que se
+encargue de devolver el préstamo, aunque tenga que costearle los gastos
+de viaje. Además aumentaré los intereses....
+
+No pudo seguir hablando. La difunta desapareció con su niño, como si la
+hubiesen tranquilizado estas promesas. Huía tal vez igualmente de los
+gritos y blasfemias de los otros obreros, que habían sido despertados
+por Rosalindo al hablar en voz alta. Estaban irritados contra el salteño
+porque todas las noches mostraba predilección en su borrachera por
+conversar con una mujer invisible. Y esta noche, en vez de hablar
+buenamente, había dado gritos. Todos ellos empezaron á tener por loco á
+su camarada.
+
+En mucho tiempo no volvió Ovejero á encontrarse con su acreedora. Esta
+ausencia le parecía natural. Las almas del otro mundo no necesitan
+esforzarse para conocer lo que hacen los vivos, y ella sabía que su
+deudor se ocupaba en devolverle el préstamo.
+
+Trabajó horas extraordinarias, bebió menos, fué reuniendo economías,
+pues deseaba hacerse perdonar con su generosidad el retraso en el pago
+de la deuda. Al mismo tiempo buscaba un hombre que se encargase de ir á
+depositar la cantidad sobre la tumba del desierto.
+
+Por más averiguaciones que hizo en los diversos campamentos salitreros y
+por más que escribió á los camaradas que tenía en otros puertos del
+Pacífico, no pudo encontrar un viajero que se propusiera volver al Norte
+de la Argentina siguiendo el desierto de Atacama.
+
+«Tendré que enviar un hombre á mis expensas--pensó--. Esto será caro,
+pero no importa; lo principal es dormir con tranquilidad y que no se me
+aparezca la pobre difunta llevando el niño de la mano....»
+
+¡Ay, el niño, con su llanto silencioso y su carita de muerto!... Este
+era el que le aterraba más en la lúgubre visión. La mujer le infundía
+respeto, pero no miedo; mientras que solamente al recordar el llanto
+extraño del hijo, sentía correr un espeluznamiento da pavor por todo su
+cuerpo. Era necesario redoblar su trabajo para reunir el dinero y
+encontrar á un hombre que lo llevase hasta la tumba....
+
+Y este hombre lo encontró al fin.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Era un chileno viejo llamado señor Juanito; pero las gentes del país,
+siempre predispuestas á cortar las palabras, sólo dejaban dos letras del
+tratamiento respetuoso á que su edad le daba derecho, llamándole _ño_
+Juanito.
+
+Siempre que abría su boca dejaba sumido á Ovejero en una resignada
+humildad. Su admiración por el viejo era tan grande, que consideró
+detalle de poca importancia el hecho de que no hubiese atravesado nunca
+la Puna de Atacama, ni conociera el lugar donde estaba el sepulcro de la
+difunta Correa. Un hombre de sus méritos sólo necesitaba unas cuantas
+explicaciones para hacer lo que le encargasen, aunque fuera en el otro
+extremo del planeta.
+
+Había vivido en la perpetua manía ambulatoria de algunos «rotos»
+chilenos, que llevan de la infancia á la muerte una existencia
+vagabunda. Deleitaba á Rosalindo contándole sus andanzas en el Japón, su
+vida de marinero á bordo de la flota turca y sus expediciones siendo
+niño á la California, en compañía de su padre, cuando la fiebre del oro
+arrastraba allá á gentes de todos los países. ¡Lo que podía importarle á
+un hombre de su temple lanzarse por la Puna de Atacama, hasta dar con la
+tumba de la difunta Correa!... Cosas más difíciles tenía en su historia,
+y no iba á ser la primera ni la décima vez que atravesase los Andes,
+pues lo había hecho hasta en pleno invierno, cuando los senderos quedan
+borrados por la nieve y ni los animales se atreven á salvar la inmensa
+barrera cubierta de blanco.
+
+Escuchaba con impaciencia los detalles facilitados por Rosalindo, al que
+llamaba siempre «el cuyano», apodo que los chilenos dan á los
+argentinos.
+
+--No añadas más--decía--. Desde aquí veo con los ojitos cerrados el
+rumbo que hay que seguir y la sepultura de la difunta, como si no
+hubiese visto otra cosa en mi vida.... Pero hablemos de cosas más
+interesantes, «cuyano».... ¿Cuánto piensas enviar á esa pobre señora?
+
+El gaucho, teniendo en cuenta lo que iba á costarle el mensajero,
+insistía en repetir un envío de treinta pesos. Pero _ño_ Juanito
+protestaba de la cifra, juzgándola mezquina.
+
+--Piensa que la difunta te está aguardando hace muchos meses. ¡A saber
+lo que llevará penado en el Purgatorio por no haber recibido tu dinero á
+tiempo! Tal vez le faltaban unas misas nada más para irse á la gloria, y
+tú se las has retardado.... Creo, «cuyano», que deberías rajarte hasta
+cincuenta pesos.
+
+Rosalindo acabó por aceptar la cifra, ya que este desembolso iba á
+librarle de nuevos encuentros con la difunta.
+
+Más difícil fué llegar á un acuerdo con _ño_ Juanito sobre sus gastos de
+viaje.
+
+Por menos de cien pesos no se movía de su tierra natal. El era muy
+patriota, y como estaba viejo, sólo por una suma decente podía correr
+el riesgo de que lo enterrasen fuera de Chile. Además, era justo que «el
+cuyano» lo indemnizara por los grandes perjuicios profesionales que iba
+á sufrir. Y enumeró todas las tabernas, llamadas «pulperías», y todas
+las casas «de remolienda» donde por la noche tocaba la guitarra cantando
+_cuecas_ y relatando cuentos verdes.
+
+--Tú mismo puedes ver cómo buscan en todas partes á _ño_ Juanito, y eso
+te permitirá apreciar el dinero que pierdo por servirte.... Pero lo hago
+con gusto porque me eres simpático, «cuyano».
+
+Y el gaucho, convencido de que no debía insistir, se dedicó á juntar la
+cantidad acordada, para que el viaje se realizase cuanto antes.
+
+Al fin entregó un día los ciento cincuenta pesos á _ño_ Juanito.
+
+--Mañana mismo--dijo el viejo--salgo para la Puna, y recto, recto, me
+planto no más en la tumba de esa señora. No añadas explicaciones;
+conozco la travesía. Antes de un mes me tienes aquí con el recibo.
+
+Y se marchó.
+
+Ovejero pasó unos días en plácida tranquilidad. Seguía bebiendo, pero
+esto no le impedía trabajar briosamente, pues le era necesario reunir
+nuevas economías después de permitirse el lujo de enviar un emisario
+especial al desierto de Atacama. Aunque volvió muchas noches á su
+casucha tambaleándose ó apoyado en el brazo de un compañero, jamás le
+salía al encuentro la mujer del manto negro llevando el niño de una
+mano. Tampoco despertaba á sus camaradas durante la noche con los
+monólogos de un ensueño violento.
+
+Transcurrió un mes sin que regresase el viejo. Rosalindo no se alarmó
+por esta tardanza. El tal _ño_ Juanito era un aventurero aficionado á
+cambiar de tierras, y tal vez había encontrado la de Salta muy á su
+gusto y andaba por las casas «de alegría» de la ciudad tañendo su
+guitarra y haciendo bailar la _chilenita_ á las mestizas hermosotas.
+Pero al transcurrir el segundo mes sin que llegase carta, Ovejero se
+mostró inquieto.
+
+Precisamente así que perdió su tranquilidad, la mujer del manto con el
+niño al lado volvió á aparecérsele. Tenía los ojos más redondos y más
+ardientes que antes. Su cara era más enjuta y cobriza, como si estuviese
+tostada por las llamas del Purgatorio. Y el niño.... ¡ay, el niño! El
+gaucho no podía mirarle sin un estremecimiento de terror.
+
+En vano habló á gritos para que le entendiese esta mujer que parecía
+sorda y muda, concentrando toda su vida en la mirada.
+
+--¿Qué ocurre, señora?... Yo he enviado el dinero. ¿No ha visto usted á
+_ño_ Juanito?
+
+Pero un estallido de maldiciones le cortó la palabra, haciendo huir á la
+visión.
+
+--¡Cállate, «cuyano» del demonio!--le gritaban los compañeros de
+alojamiento--. Ya estás hablando otra vez de la difunta y de la
+plata.... ¿Es que mataste alguna mujer allá en tu tierra, antes de
+venirte aquí?
+
+Al día siguiente, Rosalindo estaba tan preocupado que no acudió al
+trabajo.
+
+--Algo pasa que yo no sé--se decía--. ¿Habrán matado a _ño_ Juanito, lo
+mismo que mataron al otro?...
+
+Como necesitaba adquirir noticias del ausente, se fué al puerto de
+Antofagasta, donde el viejo chileno tenía numerosos amigos.
+
+Le bastó hablar con uno de ellos para convencerse de que _ño_ Juanito no
+había muerto y estaba á estas horas en pleno goce de su salud y su
+alegría vagabundas. La misma persona empezó á reir cuando «el cuyano» le
+habló de la marcha audaz del viejo á través de la Puna de Atacama. Ya
+no tenía piernas _ño_ Juanito para tales aventuras terrestres, y por eso
+sin duda había preferido embarcarse con dirección al Sur en uno de los
+vapores chilenos que hacen las escalas del Pacífico. Según las últimas
+noticias, él y su guitarra vagaban por Valparaíso, para mayor delicia de
+los marineros que frecuentan las casas alegres.
+
+Rosalindo lamentó que Valparaíso no estuviese más cerca, para
+interrumpir las _cuecas_ cantadas por el viejo con una puñalada igual á
+la que le había hecho huir de Salta.... El sacrificio de los ciento
+cincuenta pesos resultaba inútil, y la difunta vendría á turbar de nuevo
+sus noches con aquella presencia muda que parecía absorber su fuerza
+vital, dejándole al día siguiente anonadado por una dolencia
+inexplicable.
+
+Acudió fielmente la muerta á esta cita que él mismo la había dado en su
+imaginación.
+
+Todas las noches le esperó en el camino, entre el café y su alojamiento,
+deslizándose luego en éste, á pesar de que el gaucho se apresuraba á
+cerrar la puerta, dándose con ella en los talones. ¡Imposible librarse
+de su presencia y de la de aquel niño, cuya cara de muerto seguía
+espantándole á través de sus párpados cerrados!...
+
+--Tendré que ir yo mismo--se dijo con desesperación--. Debo hacer ese
+viaje, aunque me siento enfermo y sin fuerzas. Es preciso.... es
+preciso.
+
+Pero retardaba el momento de la partida, por flojedad física y por la
+atracción de un país en el que ganaba desahogadamente el dinero y no se
+sentía perseguido por los hombres.
+
+Acabó por familiarizarse con la terrible visión que le esperaba todas
+las noches. Cuando por casualidad estaba menos ebrio y la mujer del
+manto y su niño tardaban en presentarse, el gaucho experimentaba cierta
+decepción.
+
+Una noche, con gran sorpresa suya, no vió á la difunta y á su pequeño.
+Permaneció despierto en su cama hasta el amanecer, aguardando en vano la
+terrible visita.
+
+«Va á venir», pensaba, encontrando incomprensible esta ausencia,
+mientras en torno de él roncaban los compañeros exhalando un vaho
+alcohólico.
+
+La tranquilidad de la noche acabó por infundirle un nuevo miedo, más
+intenso que todos los que llevaba sufridos.
+
+Adivinó que iba á pasar algo extraordinario, algo inconcebible, cuyo
+misterio aumentaba su pavor.
+
+Y así fué.
+
+A la noche siguiente, una mujer le esperaba en el mismo lugar donde
+otras veces había salido á su encuentro la difunta Correa. Pero esta
+mujer no estaba envuelta en un manto negro ni la acompañaba un niño.
+Avanzó sola hacia él, y al estar cerca, sacó un brazo que llevaba oculto
+en la espalda, mostrando pendiente de la mano una luz.
+
+Rosalindo la reconoció, aunque no la había visto nunca. Era la «Viuda
+del farolito» y al mismo tiempo era también la difunta Correa.
+
+El brazo seco y verdoso, que parecía interminable, se extendió ante él,
+sirviendo de sostén á un farol rojizo que empezó á balancearse.... Y
+sintiendo el empujón de una fuerza irresistible, el gancho marchó hacia
+su alojamiento, iluminado por la linterna danzante, que esparcía en
+torno un remolino de manchas sangrientas y fúnebres harapos.
+
+Entró en la casa, y la luz tras de él. Se tendió en la cama, y el farol
+quedó inmóvil ante sus ojos. Más allá de su resplandor columbró en la
+penumbra el rostro de la «viuda», que era el mismo de la difunta, pero
+no inmóvil y severo, sino maligno, con una risa devoradora.
+
+Al fin, el hombre empezó á gritar, tembloroso de miedo:
+
+--¡Yo pagaré! ¡Es la falta de los otros!... Pero ¡por Dios, apague el
+farol; que yo no vea esa luz!
+
+Y como en las noches anteriores, los durmientes se despertaron lanzando
+juramentos; mas á pesar de sus protestas, Rosalindo siguió viendo á la
+«Viuda del farolito» y su terrible luz.
+
+--¡Ahí! ¡ahí!--gritaba despavorido, señalando al invisible fantasma.
+
+Las camaradas convinieron en la necesidad de obligar á este loco á que
+buscase otro alojamiento; pero la expulsión no impresionó gran cosa á
+Rosalindo. ¡Para lo que le quedaba de vivir allí!... Ya que era
+imposible hacer llegar hasta la tumba de su acreedora el dinero
+prestado, iría él mismo á pagar su deuda.
+
+Inmediatamente abandonó el trabajo é hizo sus preparativos de viaje. El
+tiempo no era propicio para emprender la travesía de la Cordillera por
+el desierto de Atacama. Iba á empezar el invierno. Pero Rosalindo movía
+la cabeza de un modo ambiguo cuando le aconsejaban que desistiese del
+viaje. Los otros no podían adivinar que su resolución no aceptaba
+demoras.
+
+La «Viuda del farolito» era una bruja implacable, y su aparición
+significaba un plazo mortal. El que la encontraba debía perecer antes de
+un año. Pero él tenía la esperanza de que si iba á pagar su deuda
+inmediatamente la amenaza quedaría sin efecto. ¿Cómo podría castigarle
+la bruja después de haber cumplido su compromiso?
+
+La falta de voluntad, consecuencia de su embriaguez, le hizo demorar el
+viaje algunas semanas. Sus compañeros de alojamiento toleraban que
+continuase entre ellos, con la esperanza de que partiría de un momento á
+otro. Transcurrió el tiempo sin que volvieran á presentarse la enlutada
+con el niño, ni la viuda con el farol. Ovejero bebía y su embriaguez no
+se poblaba de visiones. Pero una noche dió un alarido de hombre
+asesinado que despertó á sus camaradas.
+
+No veía á nadie, pero unas manos ocultas en la sombra tiraban de una de
+sus piernas con fuerza sobrenatural. Hasta creyó oír el crujido de sus
+músculos y sus huesos. A pesar de que los amigos rodeaban su cama las
+manos invisibles siguieron tirando de la pierna, mientras él lanzaba
+rugidos de suplicio.
+
+En la noche siguiente se repitió la misma tortura, acabando con la
+quebrantada energía del gaucho. Sintió un terror pueril al pensar que
+este suplicio podía repetirse todas las noches. Se acordaba de lo que
+había oído contar sobre los tormentos que la justicia aplicaba en otros
+siglos á los hombres. Iba á perecer descuartizado por aquellas manos
+invisibles que le oprimían como tenazas, tirando de sus miembros hasta
+hacerlos crujir.
+
+No dudó ya en emprender el viaje. Necesitaba ir á la tumba del desierto,
+no sólo para recobrar su tranquilidad; le era más urgente aún librarse
+del dolor y de la muerte.
+
+Malvendió todos los objetos que había adquirido en su época de
+abundancia, cuando no sabía en qué emplear los valiosos jornales; cobró
+varios préstamos hechos á ciertos amigos y de los que no se acordaba
+semanas antes. Así pudo comprar víveres y una mula vieja considerada
+inútil para el acarreo del salitre.
+
+Los dueños de las «pulperías» enclavadas en la vertiente de los Andes
+sobre el Pacífico le vieron pasar hacia la Puna de Atacama con su mula
+decrépita pero todavía animosa. Tenía la energía de los animales
+humildes, que hasta el último momento de su existencia aceptan la
+esclavitud del trabajo. En vano aquellos hombres dieron consejos al
+gaucho para que volviese atrás. Un viento glacial soplaba en la desierta
+extensión de la altiplanicie. Los últimos arrieros que acababan de bajar
+de la Puna declaraban el paso inaccesible para los que vinieran detrás
+de ellos. Rosalindo seguía adelante.
+
+Todavía encontró en los senderos de la vertiente del Pacífico á un
+arriero boliviano, con poncho rojo y sombrero de piel, que guiaba una
+fila de llamas, cada una con dos paquetes en los lomos. Venía huyendo de
+los huracanes de la altiplanicie.
+
+--No pase--dijo el indio--. Créame y siga camino conmigo. Allá arriba es
+imposible que pueda vivir un cristiano. El diablo se ha quedado de señor
+para todo el invierno.
+
+Pero Ovejero necesitaba ir al encuentro del diablo, para hacerse amigo
+de él y que no lo atormentase más.
+
+Siguió adelante, hasta llegar á la terrible Puna. Entró en el inmenso
+desierto sin agua y sin vegetación. Se infundía valor comparando su
+viaje actual con el que había hecho dos años antes. Ahora no iba solo.
+Una mula llevaba los víveres necesarios para un mes de viaje. Además,
+podía montar en ella al sentirse cansado, por ser actualmente sus
+jornadas más largas que cuando pasó á pie por estos mismos sitios....
+Pero ¡ay! entonces, aunque no tenía víveres, contaba con el vigor de la
+coca, ó mejor dicho, con la fuerza de una juventud sana que había ido
+disolviéndose allá abajo, en la orilla del mar.
+
+Le envolvieron los huracanes fríos de la altiplanicie, que parecían
+levantados por las alas de aquel demonio glacial, señor del desierto,
+de que hablaba el indio boliviano. La mula se negaba algunas veces á
+marchar, temiendo que el huracán la echase al suelo; pero el gaucho se
+agarraba á su lomo para no verse derribado igualmente por el viento y
+pinchaba al animal con la punta del cuchillo, obligándola así á reanudar
+su trote.
+
+«¡Adelante! ¡adelante!» Marchaba como un sonámbulo, concentrando toda su
+voluntad en el deseo de llegar pronto á la tumba.
+
+Pasó días enteros sin tocar las alforjas de víveres. No sentía hambre, y
+detenerse á comer representaba una pérdida de tiempo. Hacía alto al
+cerrar la noche para no perderse en la obscuridad; pero apenas se
+extendían las primeras luces del amanecer sobre este mundo desierto,
+reanudaba la marcha. Su pan se lo pasaba á la mula, dándole además
+generosamente los piensos guardados en un saco sobre las ancas del
+animal. Podía comerlos todos: lo importante era que continuase
+marchando.... Pero una mañana, en mitad de la jornada, cuando Ovejero se
+creía cerca de la tumba, el animal dobló sus patas y acabó por tenderse
+en el suelo. Fué inútil que lo golpease; y al fin, comprendiendo que no
+podría contar más con su auxilio, el hombre siguió adelante. Volvería al
+día siguiente para recoger lo que aún quedaba en las alforjas. Por el
+momento, lo urgente era llegar hasta la difunta Correa.
+
+Al marchar solo, sin el resguardo proporcionado por el cuerpo de la
+mula, se vió envuelto en las trombas que giraban sobre la desolada
+inmensidad, levantando columnas de una arena cortante, polvo de rocas.
+Repetidas veces tuvo que tenderse, no pudiendo resistir el empuje de los
+torbellinos. En una de ellas, sintió que el viento tiraba de sus piernas
+poniéndolas verticales, mientras él se mantenía agarrado á un pedrusco.
+
+Era tal su voluntad de avanzar, que marchó á gatas, aprovechando los
+intervalos entre las ráfagas. Hubo una larga calma, y entonces caminó
+verticalmente, reconociendo algunos detalles del paisaje que indicaban
+la proximidad del lugar buscado por él.
+
+Consideraba como una salvación poder marchar incesantemente. El frío de
+la altiplanicie había penetrado hasta sus huesos, dejándole yertos los
+brazos. En torno de su boca el aliento se convertía en escarcha. Los
+pelos de su bigote y de su barba se habían engruesado con una costra de
+hielo. Todo el calor de su vida parecía concentrarse en su cabeza y sus
+piernas.
+
+Ya distinguía la fila de pedruscos semejante á las ruinas de una pared.
+Después vió el montón que formaba la tumba y los dos maderos en cruz.
+
+Empezaba á soplar de nuevo el huracán cuando llegó ante el rústico
+mausoleo del desierto. Pero el gaucho parecía insensible á las
+ferocidades de la atmósfera y de la tierra. Toda su atención la
+concentraba en sus ojos, y vió al pie de la cruz el mismo bote que
+servía para recoger las limosnas, la misma piedra que ocupaba su fondo
+para sostenerlo, todo igual que dos años antes. Únicamente la vasija
+tenía su metal más oxidado y tal vez la piedra que la sujetaba no era la
+misma.
+
+«¡Al fin!...» ¡Cómo había deseado este momento!... Intentó quitarse el
+sombrero antes de hablar con la difunta, pero no pudo. No tenía manos,
+ni tampoco brazos. Pendían de sus hombros, pero ya no eran de él.
+
+Consideró como un detalle insignificante permanecer con el sombrero
+calado, y quiso hablar. Pero aunque hizo un esfuerzo extraordinario, no
+salió de su boca el más leve sonido. Tampoco dió importancia á este
+accidente. Su pensamiento no estaba mudo, y bastaría para que él y la
+difunta se entendiesen.
+
+--Aquí estoy, difunta Correa--dijo mentalmente--. He tardado un poco,
+pero no fué por mi culpa: bien lo sabe usted y su hijito. Traigo el
+préstamo, con los intereses que le prometí. Son cuarenta pesos.... No he
+podido traer más.... Me ha sido imposible juntar más....
+
+Fué á sacarlos de su cinto para que los viese la difunta, depositándolos
+después bajo la piedra, en el mismo lugar donde dejó su recibo, pero sus
+manos le habían abandonado. Hizo un esfuerzo desgarrador, sin conseguir
+tampoco que sus brazos se moviesen. ¡Muertos para siempre!... La misma
+parálisis había empezado á extenderse por sus piernas al quedar
+inmóviles, sin el cálido aceleramiento de la marcha.
+
+De pronto se doblaron y cayó de rodillas. Luego, sin saber por qué, y
+contra el mandato de su voluntad, que le gritaba: «¡No te tiendas! ¡no
+te entregues!», se fué acostando lentamente, como si la tierra tirase de
+él proporcionándole una voluptuosidad dolorosa.
+
+Quería dormir, pero al mismo tiempo el deseo de dejar bien claras las
+cuentas le hizo continuar sus explicaciones mentales. Él había traído el
+dinero: ¿por qué no quería aceptarlo la difunta? «Le digo,
+señora--continuó--, que no fué culpa mía. Me engañaron todos los que yo
+envié cuando era tiempo.... Pero ¿es que no quiere usted escucharme?...»
+
+Notó repentinamente que alguien le oía. Un ser viviente había surgido
+entre las piedras de la tumba, y avanzaba hacia él arrastrándose. Esta
+manera de moverse no le pareció extraordinaria. También él vivía en este
+momento á ras de tierra.
+
+Como le era imposible levantar su cabeza del suelo, oyó cómo se
+aproximaba aquel ser viviente, pero sin poder verlo. Debía ser la
+difunta Correa, que, apiadada de su inmovilidad, había abandonado la
+tumba para tomarle el dinero del cinto. Tal vez venía con ella la
+«Viuda del farolito».
+
+Escuchó también cierto ruido de dilatación, semejante al bostezo de un
+hambre larga y fiera. Pensó, con un estremecimiento mortal, si estas dos
+larvas implacables se arrastrarían hacia él para chupar su sangre,
+adquiriendo de este modo un nuevo vigor que les permitiera seguir
+apareciéndose á los hombres.
+
+Algo enorme y obscuro se interpuso entre su cara y la luz del desierto
+invernal. El gaucho vió unos ojos redondos junto á sus propios ojos, que
+parecían mirarse en el fondo de sus pupilas. Se acordó de las miradas
+fijas y ardientes de la difunta. Éstas tenían el mismo fulgor
+amenazante, pero no eran negras, sino verdes y con reflejos dorados.
+
+Inmediatamente sonó á un lado de su cráneo un rugido, que retumbó para
+él como un trueno capaz de conmover todo el desierto.
+
+Se abrió ante sus pupilas un abismo invertido de color de púrpura, con
+espumas babeantes y erizado de conos de marfil, unos agudos, otros
+retorcidos. Al mismo tiempo, sobre su pecho cayeron dos columnas duras
+como el hueso, apretándole contra la tierra, manteniéndolo en la
+inmovilidad de la presa vencida....
+
+Era el puma.
+
+
+
+
+EL MONSTRUO
+
+
+
+
+I
+
+
+Durante una semana, de cinco á siete de la tarde, el «todo París» de los
+té tango y los tés donde simplemente se murmura habló con insistencia
+del casamiento de Mauricio Delfour--heredero de la casa Delfour y
+Compañía, 250 millones de capital--con la bella Odette Marsac, nieta de
+un parlamentario célebre y casi olvidado que había sido candidato dos
+veces á la presidencia de la República.
+
+El matrimonio de un rey de la industria con una princesa republicana no
+es un suceso extraordinario en la vida de París, y sólo da motivo para
+media hora de conversación. ¡Pero estos dos eran tan interesantes!...
+
+Él había cruzado muchos ensueños femeninos como la personificación de
+todas las gracias y sabidurías humanas: copa de honor en carreras de
+jinetes _chic_, copa de honor en innumerables concursos de esgrima y
+tiro de pichón, copa de honor en la gran lucha de automóviles
+París-Nápoles. Su despacho iba tomando aspecto de comedor por el número
+de vasijas gloriosas que se alineaban sobre los muebles.
+
+Ahora añadía á sus triunfos corporales cierto prestigio de hombre de
+ciencia, dedicándose á la aviación, volando casi todas las semanas, y
+frunciendo el ceño con aire misterioso cuando alguien hablaba en su
+presencia de problemas de mecánica.
+
+Ella era Odette para sus amigas, la incomparable Odette, y para el resto
+del mundo mademoiselle Marsac, un nombre famoso, pues figuraba en todas
+las crónicas elegantes, en todos los estrenos, en todas las revistas de
+modas.
+
+Los meditabundos y sublimes modistos de la _rue de la Paix_ contaban con
+ella para lanzar en las grandes solemnidades de la vida parisién sus
+innovaciones de artista calenturiento. Su cuerpo incomparable hacía
+palidecer y suspirar á las mujeres: cincuenta y dos kilos de peso; un
+escote «ideal»; las clavículas marcando sus elegantes aristas como si
+fuesen un zócalo de la frágil columna del cuello; los omoplatos
+despegándose de la espalda lo mismo que alas nacientes; las piernas
+largas y casi rectas asomando tranquilas, sin miedo á la tentación, por
+el borde de la falda; una capa de substancia carnal repartida con
+parsimonia para recubrir solamente las rudezas del interno andamiaje; un
+cuerpo casi «aéreo», un pretexto para que los vestidos contuviesen algo
+en su interior y no se movieran solos. Y sobre este organismo
+supremamente distinguido un rostro alargado por el mentón en punta, con
+un pequeño redondel rojo, la boca; dos almendras enormes y negras, los
+ojos; dos tirabuzones sobre las orejas iguales á las patillas de un
+«toreador», y una torre de pelo mixto, con rizos propios y ajenos. La
+Venus moderna, tal como la adora en sus geniales ensueños un iluminador
+de figurines.
+
+A principios de 1914, un nuevo _sport_ había enloquecido á todas las
+gentes distinguidas de París y de las capitales de Europa y América que
+forman sus arrabales. El mundo decente movía las caderas bailando el
+tango. Y á la cabeza de esta humanidad «tangueante» figuraron Mauricio y
+Odette.
+
+El se había encerrado con un profesor argentino, jurando á los dioses no
+volver á la luz hasta poseer esta nueva ciencia, como poseía las otras.
+Y una tarde empezó á recibir la admiración del mundo, moviendo sus
+acharolados pies con altos tacones, su talle encorsetado por el ceñido
+_chaquet_, su cabeza de brillante laca con el pelo rígido y echado
+atrás, bajo las lámparas eléctricas de un hotel de los Campos Elíseos.
+
+Ella compartía la misma admiración en otro extremo de la escena, y los
+dos se buscaron con la atracción de dos astros que se presienten, con el
+irresistible impulso de dos afinidades electivas, para no separarse más.
+
+Bailaron en adelante el uno para el otro. Imposible encontrar el ritmo
+sublime en brazos distintos. Y sin romper el misterioso silencio de la
+danza sagrada, mientras se contoneaban, graves y meditabundos, con todas
+las potencias intelectuales fijas en el movimiento de los pies,
+reconocieron los dos la necesidad de no perder la pareja para seguir
+bailando eternamente.
+
+Así se amaron, así se casaron, y el «todo París» se levantó una mañana
+dos horas antes que de costumbre para asistir á una ceremonia nupcial
+adornada con la presencia de todos los poderosos de la industria y un
+sinnúmero de personajes políticos, amigos del abuelo de la desposada.
+
+El amor idílico de los recién casados no ofrecía dudas. Mauricio había
+procedido como un verdadero enamorado, diciendo ¡adiós!, sin esperanza
+de retorno, á sus varias amantes, sacerdotisas de las más nobles artes:
+la comedia, la ópera y el baile. ¡Se acabaron las locuras! Su mujercita
+y los estudios serios nada más. Ella seguía coqueteando como antes, pero
+por costumbre, sin dar pretexto á osados avances, queriendo añadir á la
+felicidad del esposo el incentivo del peligro.
+
+Habían instalado su dicha en el hotel de los Delfour, suntuoso edificio
+elevado por el primer millonario de la familia junto al parque Monceau,
+entre las viviendas de sus compañeros de riqueza y con la fachada
+posterior sobre el mismo jardín. La viuda Delfour se refugió en el
+último piso con los muebles de su antiguo esplendor, dejando libre el
+resto de la casa á su hijo y su nuera, para que ésta pudiese satisfacer
+sin obstáculo sus gustos decorativos.
+
+Todas las fantasías é incoherencias del estilo bizantino-persa, incubado
+en Munich, hicieron irrupción en esta casa de salones rojos y dorados é
+imponentes sillerías del tiempo de Napoleón III.
+
+Mamá Delfour, siempre vestida de negro, con el aire grave y reflexivo de
+una mujer que conoce el precio de la vida, presenció impasible las
+invenciones de la recién llegada: fiestas orientales que alborotaban el
+tranquilo hotel; tés danzantes; túnicas de lino transparente, estrechas
+como fundas y con enormes flores de realce, en las que encerraba su
+magra desnudez.
+
+Como su hijo adoraba á Odette, ella se esforzó en justificar todos los
+caprichos y saltos de humor de la nuera. ¡Pobre niña! Se había criado
+sin madre, viviendo como un muchacho.
+
+
+
+
+II
+
+
+Y vino la guerra. Uno de sus primeros efectos fué dilatar los ojos de la
+nueva señora Delfour con una expresión de asombro. ¡Pero era posible
+esta calamidad!... ¡Ahora que la gente se divertía más que nunca!...
+
+La suegra pareció crecerse, saliendo de su tímido encogimiento. Su
+mirada se posó sobre personas y cosas con grave lentitud, como si las
+reconociese de nuevo. Había visto mucho. Sus primeras palabras de amor
+con el fabricante Delfour se cruzaron en 1870, durante el sitio de
+París. Luego, de recién casada, había presenciado la tragedia de la
+_Commune_.
+
+El hijo se fué cuando su mujer empezaba á admirarle como un hombre
+nuevo, viendo realzadas sus gracias varoniles por las ventajas del
+uniforme. Quiso entrar en la aviación, pero la aviación marchaba mal al
+principio de la guerra, y para ser de una utilidad inmediata, permaneció
+en la artillería.
+
+También Odette quiso ser útil á su patria. Todas sus amigas frecuentaban
+los hospitales. Y se lanzó á ser enfermera, admirando el uniforme blanco
+con su capa azul y su alba toca: algo sencillo y nuevo que sentaba
+perfectamente á su belleza. Su afán por lucir esta última moda le hacía
+abandonar muchas veces á los enfermos, paseando en automóvil por el
+Bosque de Bolonia la blanca túnica con cruces rojas en las mangas y en
+el pecho. Mientras tanto, la viuda Delfour, sin abandonar su eterno
+traje negro de burguesa, pasaba días y noches en un hospital.
+
+La guerra ofrece sus satisfacciones y deleites. ¡Los tés entre mujeres,
+sin la presencia de hombres molestos que agobian con sus galanteos;
+vestidas todas ellas de blanco, como criadas de balneario, recibiendo
+las ojeadas envidiosas de las que no llevan uniforme, y fabricando
+géneros de punto para los soldados con la torpe suficiencia de una labor
+enseñada recientemente por la doncella!...
+
+--Mi marido combate en Alsacia.... ¿Y el señor Delfour, dónde está?...
+
+El señor Delfour andaba del lado de Bélgica; y su esposa, lanzando en
+torno una mirada de orgullo, hacía el relato de sus glorias. Dos
+citaciones en la orden del día: cruz, segundo galón. Pero llovían
+héroes, y Odette experimentaba cierto despecho al oir que todas las
+otras casi decían lo mismo de sus hombres.
+
+¡No poder distinguirse!...
+
+Un día el hotel del parque Monceau se conmovió con una terrible crisis
+de nervios y de lágrimas, acompañada de choque de puertas, llegada de
+automóviles, desfile de médicos. El teniente Delfour estaba herido de
+gravedad por la explosión de una granada. Odette quiso marchar al lado
+de su esposa inmediatamente.... ¡Imposible!
+
+Luego quiso morir, mientras la madre permanecía erguida, silenciosa,
+pálida, con los ojos parpadeantes y secos, mordiéndose los labios.
+
+Al volver Odette á las reuniones íntimas, experimentó cierta
+satisfacción. Ninguna amiga osaba ya compararse con ella.
+
+--Mauricio está herido...gravemente herido.
+
+Y todas se apiadaban del esposo seductor maltratado por la guerra.
+
+La general admiración hizo que acabase por familiarizarse con las
+misteriosas heridas. ¿Cómo serían éstas?... Se imaginó á su marido
+cojeando, con una mana en un bastón y la otra apoyada en su brazo.
+Formarían una pareja interesante. El porvenir les reservaba aún largas
+horas de felicidad. Ella le protegería y le alegraría con ternuras de
+madre y caricias de amante.
+
+Una tarde, en la _rue Royale_, vió á un subteniente de pocos años, casi
+un niño, que marchaba al lado de su novia con una manga vacía. Mauricio
+también había perdido un brazo; estaba segura de ello. Por eso sus
+cartas breves, de una alegría penosa, eran siempre dictadas.... ¡No
+importa! Ella sería el apoyo de su esposo; su brazo sustituiría al brazo
+ausente. Lo interesante era volver á contemplar su rostro, mirarse en
+sus ojos claros, acariciadores y graciosamente irónicos. ¡Ay, cómo le
+amaba!...
+
+Las amigas la acogían siempre con la misma pregunta: «¿Cómo signe el
+herido?...» Y ella contestaba con seguridad: «Mejor. Pronto vendrá á
+París.»
+
+Y pasaron meses; y llegaron cartas y más cartas de letra extraña,
+dictadas por él. La madre, inquieta, interrogaba á, los antiguos amigos
+de la familia, graves varones que indudablemente ocultaban algo.
+
+--Las heridas son muchas; pero ya está fuera de peligro. ¡Valor! Lo
+importante es que viva.
+
+Una mañana Odette saltó de su lecho, súbitamente despertada por algo
+extraordinario que conmovía el hotel. Al levantar la cortina de una
+ventana, vió al otro lado de la verja un automóvil cerrado, con cruces
+rojas. La marquesina de cristales de la escalinata apenas le dejó
+distinguir á un grupo de hombres que subían cuidadosamente algo
+envuelto, como un mueble frágil. Su corazón dió un salto. ¡Mauricio!...
+
+Cuando, mal vestida, se deslizó por la escalera, corriendo á un salón
+del piso bajo, los domésticos, azorados y trémulos, pretendieron
+detenerla.
+
+Entró, reconociendo inmediatamente la dolorosa cabeza que descansaba
+sobre las almohadas de un diván. Era él, atrozmente desfigurado, con las
+mejillas surcadas por el lívido arabesco de las cicatrices...pero era
+él.
+
+De sus ojos sólo quedaba uno. La falta del otro estaba oculta por una
+venda negra que moldeaba la cuenca vacía. Luego vió su pecho cubierto
+por el paño azul de una blusa vieja de oficial.
+
+Pero al llegar aquí, la mujer vaciló sobre sus pies, como si la sorpresa
+le asestase un puñetazo demoledor. Lanzó un grito.... El herido _no
+continuaba_. Le faltaban los brazos, le faltaban las piernas, era un
+tronco nada más, conservado por los prodigios de la cirugía; un harapo
+rematado por una cabeza viviente.
+
+--¡Odette!... ¡Odette!--murmuró la boca negruzca humildemente, como si
+pidiese perdón por su desgracia.
+
+Pero Odette había huído, atropellando á los criados que se agolpaban en
+la puerta. Corrió por los pisos superiores sin saber lo que hacía, dando
+alaridos como una mujer de la tragedia griega, chocando con muebles y
+paredes, mesándose los sueltos cabellos, loca de sorpresa, de miedo, de
+repugnancia.... ¡Y aquel monstruo era su marido!... ¡Y habría de
+permanecer junto á él toda su existencia!...
+
+--¡Odette!... ¡Odette!--seguía gimiendo abajo la voz humilde y dolorosa.
+
+El ojo único se fué cubriendo de lágrimas. Todos huían. Hasta los
+criados le contemplaban á distancia, buscando ocultarse cada uno detrás
+del compañero, queriendo escapar y avanzando la cabeza al mismo tiempo,
+con una expresión doble de curiosidad y repugnancia.
+
+Evitaban el tocarle, como si fuese algo gelatinoso y repelente: un pulpo
+con las extremidades rotas; una mucosidad informe de la guerra. Él, que
+tenía millones y tanto amaba la vida, quedaba al margen de la vida para
+siempre.
+
+Su miseria había creado el vacío. Hasta su perro favorito gemía á corta
+distancia, avanzando y retrocediendo en violentas alternativas de
+lealtad y de espanto.
+
+Y así sería siempre.... ¡Ay, morir! ¡Morir cuanto antes!
+
+De pronto, el grupo de domésticos se deshizo. Alguien había entrado con
+violencia. El monstruo vió un peinado blanco que venía hacia él; sintió
+en sus cortadas mejillas el contacto de una boca que acababa por
+acariciar frenética el vendaje de su órbita hueca. Un rocío tibio mojó
+su cuello; unos brazos nerviosos de pasión abarcaron su tronco informe,
+como si fuesen á mecerle....
+
+--¡Mamá!... ¡Oh, mamá!
+
+--¡Hijo mío! ¡hijo mío!
+
+
+
+
+EL REY DE LAS PRADERAS
+
+
+
+
+I
+
+
+Durante su último año en la Universidad de mujeres donde hacía sus
+estudios, la impetuosa Mina Graven expresó siempre el mismo deseo.
+
+Sus compañeras las _senior_, instaladas en el mismo cuerpo de edificio
+que ella, hablaban de la nueva vida que iban á encontrar al salir del
+colegio; y las _junior_, que empezaban sus estudios, las oían en un
+silencio respetuoso de seres inferiores.
+
+Una de las amigas de Mina pensaba casarse apenas volviese á su casa; era
+asunto convenido por las familias de los dos novios. Y este matrimonio
+de estudianta apenas emancipada de la vida escolar daba motivo para que
+todas las otras soñasen despiertas, á la hora del té, describiendo cada
+una de ellas la posición social y el aspecto físico del futuro esposo
+que aún se mantenía oculto en el misterio del porvenir.
+
+--Yo quiero casarme con un millonario que me pague los mayores lujos.
+
+--Yo, con un hombre que me quiera mucho y me obedezca en todo.... ¿Y tú,
+Mina?
+
+La intrépida señorita Graven daba siempre la misma respuesta:
+
+--Yo me casaré con un hombre célebre.
+
+Ella no necesitaba soñar con un millonario. Todas sabían que allá, en el
+Oeste, existen minas de oro y pozos de petróleo cuyo valor figura en
+forma de pedazos de papel, y que muchas de tales acciones estaban á su
+nombre en los libros del millonario James Foster (padre), su tutor.
+
+El viejo Craven había empezado su caza del dólar, como simple peón de
+mina, en California. La fortuna pareció divertirse siguiendo los pasos
+de este hombre que apenas sabía leer ni escribir. Un espíritu diabólico
+salido de las entrañas de la tierra le hablaba al oído, guiando sus
+manos.
+
+Allá donde él cavaba surgía oro, plata, ó, cuando menos, cobre.
+Perforaba un pozo para que los mineros de su campamento no muriesen de
+sed, y, en vez de encontrar agua, saltaba petróleo de su fondo. Detrás
+de su avance victorioso iban constituyéndose sociedades anónimas y
+sindicatos de capitalistas. En el Wall Street, los grandes capitanes del
+dinero recibían al viejo Craven como á un igual cuando se le ocurría
+perder una semana en el ferrocarril yendo de San Francisco á Nueva York.
+
+Podía haber dejado á su hija una fortuna inmensa; pero el minero era
+hombre de acción más que de administración, y se gozaba en emprender
+cada año un nuevo negocio, abandonando los mejores provechos de los
+anteriores á los consocios fríos y marrulleros que quedaban á sus
+espaldas. Él necesitaba ir siempre adelante, olvidando la buena suerte
+de ayer para soñar con la nueva fortuna de mañana.
+
+El señor Foster (padre), su compañero de miseria cuando ambos eran
+simples jornaleros, poseía una fortuna mayor que la suya, por
+haberse limitado á seguirle en las explotaciones segaras, dejándole
+avanzar solo en las que consideraba aventuradas. Pero, aun así, el día
+en que Graven murió, aplastado por la caída del andamiaje de un pozo de
+petróleo, su desconsolado camarada Foster, que era su albacea
+testamentario, se encontró, al hacer el balance, con que la única hija
+de su amigo representaba para el que se casase con ella unos sesenta
+millones de dólares.
+
+Por esto Mina, al oír hablar á sus amigas de un marido rico, sonreía con
+cierto desprecio. Ella no necesitaba dinero, y podía casarse con quien
+le placiese. Con no menos indiferencia acogía la imagen del atleta,
+hábil en todos los deportes, que evocaban otras. A la señorita Craven le
+bastaba con su propio atletismo. Su padre la había enviado á la famosa
+Universidad cuando era una pequeña salvaje de trece años, acostumbrada á
+galopar días enteros en las llanuras de Arizona sobre caballos domados
+por ella misma. Su madre, una mujer sencilla, había muerto como abrumada
+por la avalancha de millones que iba derrumbándose sobre su hogar; y
+Craven, preocupado por esta hija algo indómita que no le dejaba
+dedicarse con tranquilidad á sus negocios, la había metido en un colegio
+célebre para que fuese una gran señora como las que él había visto de
+lejos en las ciudades. La fama de este centro de enseñanza, establecido
+en un bosque de varias leguas, con lagos, montañas y palacios, había
+llegado confusamente hasta sus oídos. Le bastaba con saber que vivían en
+él varias hijas y sobrinas de antiguos presidentes. Y allá, envió á
+Mina, poco antes de su muerte.
+
+Ésta, aburrida y furiosa al verse encerrada en el enorme parque, que á
+ella le parecía pequeño, ideó varios planes terribles, que,
+afortunadamente, no puso nunca en práctica. Pensó incendiar el palacio
+en que estaba el gabinete de Física con sus instrumentos, creados
+únicamente para aburrir á las pobres muchachas; pensó igualmente,
+durante los primeros meses, en matar á tiros de revólver á cierto vejete
+que explicaba matemáticas y se había reído sarcásticamente de su
+ignorancia. Luego abandonó tales proyectos, y, con la ambición de
+demostrar que no era una salvaje, se entregó al cultivo de todas las
+artes que estaban de acuerdo con sus facultades.
+
+Llegó á ser la primera en el gimnasio. Saltó horas y horas el caballo de
+madera, con un volteo incansable, riendo de este ejercicio pueril con la
+superioridad de una amazona acostumbrada á ponerse de pie sobre caballos
+en pelo, apeándose y volviendo á subir en el animal sin que éste
+detuviese su carrera. Fué capitana de _polo-water_, atravesando como una
+náyade el profundo cristal de la piscina del gimnasio. En la clase de
+esgrima cansaba al profesor con su florete impetuoso y sus piernas de
+acero. La directora de la Universidad empezó á inspirarle cierta
+antipatía por haberle prohibido que tirase al revólver en un rincón del
+parque, lo mismo que tiraba de pequeña en algunos de los campamentos de
+Craven, ante los viejos mineros.
+
+La gloria estaba para ella en los ejercicios físicos, dejando á sus
+compañeras los laureles de las ciencias y de las letras. De todo el
+profesorado, amaba á la maestra de francés, porque podía hablar con ella
+de París y las artistas célebres como de un mundo lejano entrevisto en
+los periódicos de modas. También amaba á la maestra de español, que le
+describía cómo eran las corridas de toros y le enseñaba á ponerse la
+mantilla lo mismo que una andaluza.
+
+No necesitó de estudios penosos y áridos para sobrepasar á todas. La
+admiraban por su hermosura física de bello animal sano, vigoroso y de
+líneas correctas. Cada vez que en el _polo-water_ se arrojaba en la
+piscina de cabeza, sin más vestido que un ligero mallón de muchacho, el
+público lanzaba un murmullo aprobador, á pesar de la identidad de sexo.
+Los viejos profesores del establecimiento y los visitantes, que eran
+siempre personas graves, se sentían inquietos ante su cabellera de un
+rubio subido, igual á la llama de una antorcha, y la fijeza algo
+insolente y dominadora de sus ojos claros. Los hombres se ruborizaban
+sin saber por qué, apartando la mirada, como si no pudieran resistir el
+encuentro de sus pupilas.
+
+Ni millonarios, ni hombres de _sports_. Ella tomaría á quien quisiera
+escoger. Los hombres iban á ofrecerse á Mina Craven formando legión,
+satisfechos y felices si se dignaba hacerlos sus esclavos. Estaba segura
+de ello.... Y pasaba por su memoria la imagen de James Foster (hijo), un
+muchacho de orejas demasiado separadas del cráneo, fuerte mandíbula y
+ojos de perro bueno, que tenía un año más que ella.
+
+Inmediatamente, como un síntoma de cariño fraternal, sus dientes
+castañeteaban de cólera y se le cerraban los puños. ¡Qué deseos tan
+vehementes tenía de aporrear á este compañero de juegos infantiles!...
+
+Todos los veranos, al vivir juntos durante las vacaciones en la casa del
+tutor, Mina daba de puñetazos á su amigo, el cual, perdida la paciencia,
+acababa por devolverle los golpes.
+
+Y la señorita Graven, que había aprendido recientemente á batirse á la
+japonesa, deseaba, al abandonar el colegio, medirse con James
+definitivamente. Quería hacerlo caer á sus pies, como un adversario
+aborrecido y apreciado al mismo tiempo.
+
+
+
+
+II
+
+
+El viejo Foster, que nunca tenía bastantes horas para los negocios,
+aprobó con alegre laconismo los propósitos de la hija de su amigo. Su
+cargo de tutor le había proporcionado muchas inquietudes, y celebraba
+librarse de Mina por algún tiempo.
+
+Luego de salir de la Universidad, la joven había desaparecido, con gran
+espanto de Foster, que creyó en un secuestro ó un asesinato.
+Transcurrieron dos meses, y antes de que la policía hubiese averiguado
+su paradero, se presentó Mina tranquilamente en el despacho de su tutor.
+Quería conocer la vida de cerca, tal como es, y para esto había huído á
+Chicago, viviendo como una obrera. Pero las crueldades de la realidad le
+hicieron arrepentirse muy pronto de esta escapatoria, sugerida por
+ciertas lecturas, y volvió en busca de su tutor y de las comodidades que
+corresponden á una muchacha millonaria.
+
+Una dama vieja y pobre fué la encargada por Foster de acompañar á Mina,
+dando cierta respetabilidad á su juventud independiente y poco miedosa
+de la opinión ajena. El millonario, después de ordenar esto, ya no supo
+qué otra cosa podía hacer. Por eso se alegró cuando su pupila le dijo
+que pensaba viajar por Europa, acompañada de su escudero femenino.
+
+Mina Craven, atrevida de maneras como un muchacho, ganosa de desafiar la
+curiosidad de las gentes con sus audacias y excentricidades, fué una
+americana de las que pueden llamarse «de exportación». El viajero
+observador atraviesa los Estados Unidos, de Nueva York á San Francisco y
+de Chicago á Nueva Orleáns, viendo mujeres que son iguales á las de
+todas partes: buenas madres, buenas esposas, ó excelentes muchachas que
+aspiran á ser lo uno y lo otro. Sólo rodando por el viejo mundo, en
+París, en Londres ó en Roma, se encuentra la americana atrevida,
+arrolladoramente hermosa y de voluntad refractaria á los escrúpulos, la
+cual ha servido de modelo para tantos personajes de novela y de comedia.
+
+Los condes y marqueses deseosos de una heredera rica se agolparon en
+torno de miss Craven en los grandes hoteles, en las playas de moda y las
+estaciones invernales de Suiza. ¡Diez y nueve años, y sesenta millones
+de dólares!...
+
+--Miss, cásese usted--decía la dama acompañante, como si, á pesar del
+enorme sueldo que le había señalado el tutor, quisiera libertarse de la
+esclavitud que suponía aguantar el carácter desigual é imperioso de la
+joven.
+
+--Yo sólo me casaré con un hombre que sea célebre.
+
+Y Mina quedaba pensativa después de esta declaración. ¿Qué celebridad
+podía encontrar?...
+
+En Londres había creído enamorarse de un duque que databa del tiempo de
+los Estuardo. Después olvidó este amor, adivinando que en el porvenir
+tendría celos de la cuadra de dicho personaje. El duque la olvidaría por
+sus caballos de carreras. En Francia puso sus ojos en varios escritores
+célebres. Pero todos eran casados ó arrastraban desde su primera
+juventud compromisos ineludibles. Además, ¡tan viejos vistos de cerca!
+¡tan prosaicos en sus costumbres íntimas, á pesar de las raciones de
+idealismo y poesía que servían al público en forma de libros y piezas de
+teatro!...
+
+En Italia se interesó por dos pintores, y anduvo como loca durante una
+semana por un tenor de fama universal. Pero le bastó invitar una noche á
+comer á este ruiseñor humano, para desprenderse de sus ilusiones. ¡Qué
+torrente de necedades cuando hablaba! ¡Qué feo y vulgar al despojarse de
+sus trajes escénicos y limpiarse los colores del rostro!...
+
+Estando en Sevilla durante la Semana Santa, sintió interés por un torero
+joven al que adoraba España entera. El rey era su amigo; el presidente
+del Consejo de ministros preguntaba por su salud siempre que recibía una
+cornada. Era una gloria nacional, y Mina le siguió durante unas semanas
+de plaza en plaza. Pero, al fin, el héroe tuvo la misma suerte que los
+otros. No se atrevía á resistir la mirada de la millonada; balbuceaba al
+contestarle. Además, descubrió de pronto que este gladiador, que parecía
+un gigante en medio del circo, tendiendo la fiera cornuda muerta á sus
+plantas, apenas sobrepasaba con su cabeza los hombros de ella.
+
+Pensó, después de esto, si su felicidad consistiría en casarse con un
+boxeador campeón del mundo; pero le bastó presenciar un encuentro entre
+dos hombres medio desnudos, que parecían dos fardos de músculos
+barnizados de sudor, para renunciar á tal idea.
+
+¡Ay, el hombre célebre! ¿Dónde encontrarlo?... ¿En qué debía consistir
+su celebridad?...
+
+Mientras tanto, James Foster (hijo) le salía al encuentro en los lugares
+donde menos podía sospecharse su presencia. Se presentaba ruboroso,
+balbuciente, tímido, como un señor que desea pedir algo importante y
+asegura que ha venido á visitar á un amigo, por casualidad, aprovechando
+el haber pasado por cerca de la casa.
+
+--Estoy de paso para Australia; y al enterarme de que vivimos en el
+mismo hotel....
+
+Y la entrevista ocurría, por ejemplo, en Madrid. Según el joven Foster,
+todo el mundo era camino para ir adonde él deseaba. Otras veces, al
+encontrar á su compañera de infancia en Bucarest, decía ruborizándose:
+
+--Vengo de América, con dirección al Transvaal, y al pasar por aquí la
+encuentro. ¡Qué feliz casualidad!
+
+Foster (hijo) podía justificar con un motivo glorioso estos viajes
+incesantes que le hacían cruzar la tierra en todas direcciones. Mientras
+Foster (padre) reunía nuevos millones y defendía la integridad de los
+antiguos, él se dedicaba á la tarea de hacer su nombre célebre. Tal vez
+sentía este deseo á impulsos de una antigua rivalidad con Mina; tal vez
+aspiraba á la celebridad únicamente por serle grato.
+
+Buscaba la gloria siguiendo el camino de sus aficiones, y por esto se
+había dedicado á cazador, persiguiendo y matando animales peligrosos en
+todas las latitudes del planeta. La señorita Craven recibía con
+frecuencia periódicos deportivos con el retrato de James carabina en
+mano, vestido de viajero ártico ó cubierto con un gran fieltro de
+cazador del centro de África. Los artículos contaban sus hazañas, las
+heridas que llevaba recibidas, las aventuras tenebrosas de las que había
+salido con vida milagrosamente.
+
+Los ojos de ella pasaban sobre todo esto con fría curiosidad.
+
+--¡Pobre James! ¡Tan insignificante!... Será un buen marido para una
+mujer de inteligencia corta.
+
+Otras veces recibía regalos del cazador, que continuaba sus hazañas en
+el otro hemisferio del planeta: colmillos de elefante, astas de
+antílopes rarísimos, pieles de animales gigantescos. Y Mina, que
+admiraba estos envíos en el primer instante, acababa por despreciarlos
+al recordar á James.
+
+--¡Infeliz muchacho!... Si yo me dedicase á cazar, haría, seguramente,
+más que él.... Todo lo que cuentan los periódicos de sus hazañas debe
+pagarlo á tanto la palabra.
+
+Una primavera, encontrándose en Florencia, cambió instantáneamente la
+orientación de su vida. Vió su verdadero camino; se enteró de dónde
+estaba la celebridad.
+
+En aquel momento solicitaba su mano un conde del país, de una palidez
+aceitunada y ojos de brasa, el cual permanecía días enteros en el salón
+de espera del hotel, lo mismo que un empleado de agencia de viajes, para
+acompañarla en todas sus salidas.
+
+Mina era la vigésima millonaria americana á la que pretendía elevar,
+ofreciéndole su corona condal. Diez y nueve antes que ella habían
+renunciado á tan alto honor. Este heredero de un gran nombre histórico
+le enseñaba las fotografías de los diversos palacios de su familia,
+hermosos y venerables edificios, en los que no quedaba ni un cuadro ni
+un mueble, pues todo lo habían vendido sus antecesores. La aspiración
+suprema del nieto de tantos _condottieri_ era establecer el _comfort_
+moderno en sus palacios. Con calefacción central, con baños y con
+_water-closets_, ¡qué vida tan dulce podía pasarse en estos edificios
+creados por los grandes artistas del Renacimiento! La millonaria venida
+del otro lado del Atlántico podía realizar este milagro sólo con cederle
+su mano.
+
+Para conmoverla, enseñaba cartas de Maquiavelo, de Miguel Ángel, de
+Benvenuto Cellini y otros florentinos célebres, dirigidas á sus remotos
+ascendientes, únicos recuerdos de familia que se habían salvado, no se
+sabe cómo, de la rapacidad de los anticuarios. Mina reía de sus
+juramentos de amor acompañados de gestos trágicos, y lo convidaba á
+comer, exigiéndole que no faltase á sus costumbres y siguiera fumando
+entre plato y plato un largo cigarro atravesado por una paja, que
+esparcía un olor pestilente.
+
+Una noche, el conde, para agradecer sin duda estas amabilidades, la
+invitó á un cinematógrafo. Un verdadero dispendio: una lira por persona;
+¡pero cuando se aspira á casarse con una millonaria!...
+
+Mina tuvo que aguardar en la puerta unos minutos, mientras su enamorado
+tomaba los billetes, parlamentando largamente con el empleado de la
+taquilla. Llegó á sospechar si estaría pidiendo una reducción en el
+precio, por ser dos los billetes comprados.
+
+Un cartel de colores distrajo su atención. Un hombre aparecía en él á
+caballo, con la cara afeitada, gran sombrero, un pañuelo rojo sobre los
+hombros y dos revólveres en la cintura. Era una reproducción algo
+teatral de los jinetes que ella había conocido en su infancia. Encima de
+esta figura vió un nombre: «Lionel Gould». No era nuevo para ella; lo
+había oído alguna vez. Al pie del cartel encontró otro nombre: «El rey
+de las praderas». ¡Ah, sí! Este era el apodo de un artista americano
+llamado Gould, que había obtenido una celebridad universal interpretando
+el papel de _cow-boy_ vengador y caballeresco en un sinnúmero de dramas
+cinematográficos cuya acción se desarrollaba, invariablemente, á través
+de las llanuras del Sur de los Estados Unidos.
+
+Por primera vez miró Mina con atención al célebre artista de la tragedia
+silenciosa. Estaba segura de haberle visto en _films_ de los que sólo
+guardaba un vago recuerdo; pero ahora «El rey de las praderas» ofrecía
+para ella el encanto de una novedad.
+
+Le siguió con palpitaciones de verdadero interés mientras se batía, solo
+y á puñetazos, con un grupo de bandidos. Luego mató á un tigre; después
+los indios lo amarraron á un poste para quemarle vivo. ¡Cómo respiró al
+verle en salvo milagrosamente!... No había poder, en el cielo ni en la
+tierra, capaz de acabar con este buen mozo. Y por la atracción del
+contraste, miró un momento con ojos compasivos al conde de los palacios
+desamueblados, al nieto del protector de Miguel Ángel, que la hablaba de
+amor, pretendiendo separar su atención de las cosas interesantes que se
+desarrollaban sobre la blanca pantalla.
+
+Hubo un momento en que creyó que un alfiler olvidado sobre su pecho se
+le metía carne adentro. «El rey de las praderas» quedaba visible
+únicamente de busto, con una cabeza enorme, y anonadado por lo
+angustioso de su situación, bajaba la mirada. Luego iba elevando sus
+ojos, para fijarlos directamente en el público con una expresión de
+dolor pueril. Era un héroe, indudablemente; pero un héroe bueno y
+simple, lo mismo que un niño, y Mina sintió un deseo de consolarle, de
+protegerle, como si acabase de despertar la confusa maternidad que toda
+mujer lleva dormida en su interior. Después tuvo la intuición de que la
+tal mirada iba á significar mucho en su vida futura.
+
+A partir de esta noche, Lionel Gould le salió al encuentro en todas las
+ciudades de Italia que fué visitando y en las de otras naciones de
+Europa. De día, si se inmovilizaba su automóvil por una aglomeración de
+vehículos en una calle, era siempre frente á un cinematógrafo, y en la
+puerta figuraba «El rey de las praderas» á caballo, con su gran
+sombrero, sus revólveres y su pañuelo rojo. Si entraba en una sala de
+espectáculos, tenía la seguridad de que se apagarían inmediatamente las
+bombillas eléctricas, para que galopase por el lienzo iluminado el
+intrépido Lionel.
+
+Sus hazañas resultaban interminables. Jamás caballero andante ni héroe
+de novela moderna pasó por tantas aventuras. Le vió en peligro de muerte
+un sinnúmero de veces. Además, mataba gente como si matase moscas.
+Llevaba exterminadas muchas fieras, especialmente tigres, y á él nunca
+le ocurría un contratiempo que fuese irremediable. Le herían
+frecuentemente, le sometían á tormentos atroces; pero sanaba, al fin,
+con una rapidez portentosa. Y en casi todas las representaciones, ¡su
+mirada, aquella mirada de héroe niño, que hacía sentir á Mina el
+pinchazo de un alfiler olvidado!...
+
+Algunas damas encontradas en sus viajes contribuían, sin saberlo, á
+aumentar su preocupación:
+
+--Usted, que es americana, ¿ha visto alguna vez personalmente á Lionel
+Gould?...
+
+Una noche, Mina se convenció de que su acompañante era una vieja
+estúpida. La había llevado á ver una aventura sorprendente de «El rey de
+las praderas», y cuando el héroe lanzaba su mirada de angustia, miss
+Craven le preguntó en voz baja, con temblores de emoción:
+
+--¿Qué le parece?... ¿Verdad que es muy guapo?...
+
+La acompañante movió la cabeza. Sí, guapo; pero muy ordinario. Ella no
+amaba los _cow-boys_. Prefería los _films_ en que aparecen señoras
+elegantes y todos los hombres van vestidos de frac.
+
+De pronto, Mina mostró un patriotismo rabioso. ¿Qué hacía en Europa?...
+Sólo los _snobs_ podían perder su tiempo y su dinero en un continente
+viejo y aburrido. Ella era americana, y debía vivir en América.
+
+Y se embarcó, pensando que es necedad rodar por el mundo cuando, las más
+de las veces, lo que buscamos lo tenemos en la propia casa.
+
+
+
+
+III
+
+
+Al saber, en Nueva York, que Foster (padre) estaba en San Francisco,
+atravesó inmediatamente los Estados Unidos.
+
+Se había vuelto de repente mujer de orden; deseaba enterarse del estado
+de sus negocios; creía necesario conferenciar con su tutor. No sabía
+ciertamente qué podría decirle; pero consideraba urgente el verle, por
+el solo hecho de que vivía en California.
+
+Cuando llegó á San Francisco, supo que Foster se hallaba en una
+propiedad suya, á dos horas de ferrocarril, y desistió de su visita. Ya
+le vería más adelante; estaba cansada; le asustaba estas dos horas de
+tren, después de haber pasado una semana entera en vagón. Y, á pesar del
+tal cansancio, salió inmediatamente para Los Ángeles, un viaje cinco
+veces mayor.
+
+Pero tampoco en Los Ángeles estaba su reposo, y no paró hasta tres
+cuartos de hora más allá, en el pueblo de Hollywood, donde se fabrican
+la mayor parte de los _films_ que entretienen á la humanidad presente.
+
+Admiró la fresca hermosura de una población creada en pocos años, por la
+necesidad de sol y de cielo límpido que tiene la cinematografía. Vió
+avenidas formadas solamente de jardines y de estudios. Varios miles de
+artistas de ambos sexos, de maquinistas escénicos y de fotógrafos
+constituyen su único vecindario. En las calles, á la hora del _lunch_,
+se encuentran odaliscas arrastrando sus velos, españolas con mantilla,
+ó pieles rojas con penachos de plumas, según es el _film_ que está en
+ejecución. Las figurantas van á sus casas á almorzar sin quitarse el
+traje, por no perder tiempo.
+
+Sobre las vallas de los estudios se elevan, unas veces, la torre Eiffel,
+si la obra transcurre en París, y otras, el palacio de los Dogas
+venecianos ó los agudos minaretes de una mezquita oriental. Cuando el
+fotógrafo termina de dar vueltas á la última película, los albañiles
+demuelen estas sólidas construcciones de cemento para levantar otras
+inmediatamente, cambiando el aspecto de la «ciudad-camaleón».
+
+Mina fué rectamente en busca de lo que le había atraído cuando estaba al
+otro lado de la tierra. Avanzó con resolución, por lo mismo que estaba
+segura de que le esperaba un cruel desengaño. Esta celebridad sería,
+seguramente, como las otras.
+
+Una agencia de informes había puesto en movimiento sus detectives para
+hacer conocer á la millonaria todo el pasado de «El rey de las
+praderas».
+
+Lionel Gould--un nombre de teatro--había sido estudiante; pero su
+afición á la vida intensa y á las novelas de aventuras le hicieron
+abandonar la casa de sus padres á los diez y siete años, yéndose á Texas
+para llevar la existencia ruda de los _cow-boys_ que tantas veces había
+admirado en los libros. A los veintidós años, otro cambio de aficiones.
+El jinete de las llanuras, cansado de guardar vacas, se había hecho
+actor, sufriendo la vida errante y no menos aventurera que llevan en los
+Estados Unidos las gentes de teatro mediocres, saltando de pueblo en
+pueblo para trabajar una noche nada más.
+
+El éxito universal de la cinematografía le sacó de pronto de esta
+miserable situación. Todo lo que había aprendido en las praderas de
+Texas le sirvió para su gloria artística. Ningún actor supo como él
+montar á caballo, echar el lazo, batirse á puñetazos, manejar las armas.
+Allá, entre vaqueros de verdad, había sido un discípulo mediocre, un
+muchacho de la burguesía empeñado en hacerse _cow-boy_ bajo la obsesión
+de ciertas lecturas. En el cinematógrafo no tuvo rival, y fué al poco
+tiempo «El rey de las praderas».
+
+Antes de los treinta años había juntado una fortuna considerable y su
+nombre era famoso en la tierra entera.
+
+Un ayuda de cámara irlandés se encargaba de contestar, imitando su
+firma, los centenares de cartas femeniles que llegaban semanalmente de
+todos los extremos del planeta pidiendo á Gould un autógrafo
+sentimental.
+
+Mina vió su casa, elegante edificio de madera, verde y blanco, entre
+jardines siempre primaverales. Después lo vió á él, una tarde que
+trabajaba en el interior del estudio cinematográfico, bajo una luz
+lívida. «El rey de las praderas» se batía en aquellos momentos á
+silletazos y tiros de revólver con todos los parroquianos de una taberna
+del desierto.
+
+La primera impresión no fué buena. Miss Craven le vió alto, fornido, de
+arrogantes movimientos, tal como lo había contemplado muchas veces en
+los _films_, pero con la cara pintada de blanco, lo mismo que un
+Pierrot. La luz lívida y sepulcral de los tubos de mercurio exigía esta
+pintura de artista de circo.
+
+Pero Gould, impresionado por la presencia de la millonaria que era hija
+del difunto Craven y tenía por tutor á Foster (padre), dos nombres
+ilustres del Oeste, la saludó con una torpeza conmovedora. En su
+confusión, lanzó la mirada, la famosa mirada de héroe niño que parecía
+pedir auxilio, y Mina dejó de ver la cara cubierta de almidón, para
+fijarse únicamente en sus ojos implorantes.
+
+Desde este día, el gran artista terminó más pronto sus trabajos, para ir
+á Los Ángeles, donde miss Craven le había invitado á comer, ó para
+acompañarla en sus interesantes paseos á la hora en que muere el sol.
+
+Lionel recitaba versos, estaba más enterado que Mina de las cosas
+literarias, y ella acabó por admirarle como un espíritu delicado, como
+un «alma romántica», capaz de llenar de poesía la existencia de una
+mujer. Además, era «El rey de las praderas», el atleta irresistible que
+ningún hombre podía domeñar.
+
+Una visita inesperada perturbó esta existencia idílica.
+
+Se presentó en el lujoso hotel de Los Ángeles Foster (hijo), con todo su
+equipaje de escopetas y demás aparatos para la caza de bestias feroces.
+
+--¡Mi querida Mina! ¡Qué casualidad encontrarnos!... Vengo de Nueva
+York, para embarcarme en San Francisco. Voy al Congo....
+
+Y ruborizándose por este absurdo rodeo geográfico, se apresuró á añadir:
+
+--Quiero cazar donde no cazó el coronel Roosevelt. Voy á correr los
+países que él no visitó nunca.
+
+Un secreto instinto le avisaba, sin duda, el peligro, y venciendo esta
+vez la cortedad de su carácter, manifestó sus deseos. Mina Craven y
+James Foster (hijo) podían hacer una linda pareja. ¿Por qué no se
+casaban?...
+
+El gesto de lástima simpática que puso ella fué para acobardar al más
+valeroso cazador.
+
+--Yo sólo me casaré con un hombre célebre.
+
+Foster quiso protestar. Él no tenía la celebridad de un boxeador ó de un
+cantante de ópera; pero era alguien. Los periódicos hablaban de él.
+
+--Yo sólo me casaré con un héroe--añadió Mina.
+
+James creyó necesario insistir en sus méritos. Hizo memoria de los
+regalos enviados á Mina, especialmente de dos pieles de oso, enormes,
+con unas cabezas que metían espanto. Él, completamente solo, los había
+matado en Alaska.
+
+--¡Unos osos!--dijo ella, levantando los hombros--. Eso lo mata
+cualquiera.... ¿Cuántos tigres ha cazado usted, James?...
+
+El hijo de Foster inclinó la cabeza. Apenas quedaban tigres en el mundo.
+Él había pasado varios meses en la India, y, después de largas esperas,
+gastos y penalidades, sólo había conseguido matar uno.
+
+--¡Un tigre nada más!...
+
+Mina sonrió otra vez de lástima. Ella conocía á un cazador que llevaba
+matados más de treinta ante sus propios ojos, y no con largos
+intervalos, sino todas las noches.
+
+Foster (hijo), como hombre práctico, abandonó inmediatamente sus
+pretensiones, juzgándolas imposibles. «¡Adiós, Mina!» Ya no pensó en
+sobrepasar las hazañas africanas de Roosevelt. Lo que deseaba era
+tropezar en el Congo con un hipopótamo, un león ó cualquiera otra bestia
+misericordiosa, que, al desgarrarlo en pequeños pedazos, le librase del
+recuerdo de miss Craven la ingrata.
+
+Después de esta entrevista, la millonaria creyó necesario acelerar los
+acontecimientos. Ella fué la que tomó la iniciativa, sabiendo que «El
+rey de las praderas» se mostraba tímido en su presencia, quedando como
+adormecido bajo el poder de sus ojos.
+
+--Ya estoy cansada de ser miss Craven. Ahora deseo ser mistress Gould.
+¿Está usted conforme, Lionel?
+
+Aunque él hubiese dicho que no, Mina habría preparado lo mismo el
+matrimonio.
+
+Llevando tras de ella al célebre Lionel, como si lo raptase, se marchó
+á San Francisco para visitar á su tutor. Esta vez Foster (padre) estaba
+en su despacho.
+
+--Le presento á mi futuro esposo. Me caso esta misma semana con «El rey
+de las praderas».
+
+El millonario abrió la boca á impulsos de la sorpresa, mostrando todo el
+oro y el marfil de su interior. Luego pensó que un hombre de negocios no
+debe asombrarse nunca, y acabó por reír, con una carcajada ruidosa que
+dejó visible otra vez toda la riqueza de su dentadura.
+
+--¡Original!... ¡Verdaderamente original!
+
+
+
+
+IV
+
+
+Mina se consideró la mujer más feliz de la tierra. El escándalo de unas
+amigas y los comentarios burlones de las otras fueron para ella un
+motivo de orgullo.
+
+--¡Envidiosas!... ¡De qué buena gana me quitarían mi «rey de las
+praderas»!
+
+Gould era aún más dichoso. Los millones de su esposa suponían poco en
+esta felicidad. Él ganaba miles de dólares por semana.... Pero le
+enorgullecía haberse casado, siendo un simple cómico, con la hija única
+de Craven, llamado en vida «el Cristóbal Colón del petróleo».
+
+Un gran contento físico vino á confundirse, además, con este amor
+admirativo.
+
+Gould estaba harto de sus compañeras de trabajo. Un convencionalismo de
+la cinematografía americana, inventado no se sabe por quién, exige que
+todos los actores sean grandes, y las artistas, liliputienses. Lionel,
+que admiraba las hembras de su talla, tenía que trabajar con muñecas que
+apenas le pasaban del codo, mujeres «de bolsillo», que podía meter en
+cualquiera abertura de su traje.
+
+A su esposa, la esbelta y fuerte Mina, la besaba de frente, sin
+necesidad de bajar la cabeza y doblar las vértebras. Además, las otras
+iban pintadas de blanco, como payasos; llevaban pegadas á los párpados
+unas tirillas erizadas de pelos, que fingían larguísimas pestañas, y en
+los momentos de emoción se colocaban unas gotitas de glicerina, que
+luego, en el film, resultaban lágrimas.... En cambio, la nueva mistress
+Gould era de una esplendidez corporal, fresca y firme, que parecía
+esparcir el perfume de los bosques cuando despiertan bajo el soplo de la
+primavera. ¡Oh, adorada Mina!
+
+Se lanzaron á viajar por el mundo. Ella exigió que Lionel abandonase el
+arte cinematográfico. Más adelante, ¿quién sabe?... Un hombre célebre se
+debe á su celebridad. Pero, por el momento, «El rey de las praderas»
+debía ser para ella únicamente.
+
+La vida conyugal no le trajo ninguna decepción. El célebre Gould fué, al
+mismo tiempo, un marido enamorado y un servidor respetuoso. Además,
+¡cómo se sentía ella protegida al lado del héroe! ¡Qué impresión de
+orgullo y de seguridad cuando se abrazaba á él, percibiendo la fuerza
+almacenada en su vigoroso organismo!...
+
+Muchas veces, al marchar apoyada en su brazo, tocaba amorosamente el
+bíceps contraído. Era fuerte, pero no de un vigor extraordinario. Ella
+había visto en los circos y en los pugilatos de boxeadores musculaturas
+más poderosas. Pero inmediatamente pensaba en las hazañas de «El rey de
+las praderas». La cinematografía tiene sus _trucs_ y sus misterios, como
+todas las cosas teatrales; pero la verdad siempre es la verdad, y ella
+había visto á su Lionel levantar troncos enormes, agarrar á un enemigo y
+arrojarlo por la ventana como si fuese un pañuelo, echar puertas
+abajo....
+
+«Y es que el músculo--pensaba Mina--no lo es todo; vale más la energía
+interior y misteriosa, que sólo poseen los héroes.» Su Lionel,
+indudablemente, era á modo de una batería eléctrica, que en ciertos
+momentos de excitación podía desenvolver una fuerza inmensa. Ella le
+había visto batiéndose con ocho á la vez, y sabía hasta dónde era capaz
+de llegar.
+
+--¡Oh, Lionel!... ¡Mi hércules adorado!
+
+Una noche, estando en Marsella de paso para Egipto, Mina quiso pasear
+por el Puerto Viejo, á la luz de la luna. ¡Ver los buques antiguos del
+Mediterráneo dormidos sobre las aguas de plata! ¡Creerse en tiempos de
+la _Odisea_ al contemplar las filas de pequeños veleros procedentes de
+Grecia!...
+
+Los muelles desiertos resultaban peligrosos después de media noche. En
+las callejuelas cercanas bullían rameras de la más extremada abyección,
+juntas con negros, con marineros levantinos, con marroquíes é
+indostánicos, con vagabundos de todo el planeta. Pero la millonaria no
+conocía el miedo. Además, iba apoyada en el más fuerte de los brazos.
+
+Su cabellera de aurora, su andar majestuoso, el perfume que iban
+sembrando sus pasos, el brillo de un diamante en su diestra
+desenguantada, hicieron detenerse á sus espaldas á cuatro hombres
+morenos, de robustez cuadrada y rostros inquietantes, que se consultaron
+con voces roncas de ebrio.
+
+Gould sólo tuvo tiempo para abandonar el brazo de su mujer y girar
+sobre sus talones, avisado por las palabras confusas de estos
+vagabundos, que parecían ponerse de acuerdo.
+
+Los cuatro cayeron sobre él, que los recibió gallardamente con sus puños
+poderosos.
+
+Mina quedó á pocos pasos, más curiosa que asustada, saboreando de
+antemano la gran corrección que iban á recibir los bandidos. «El rey de
+las praderas» terminaría la pelea en unos segundos.
+
+Pero el pobre «rey», después de defenderse con una arrogancia teatral,
+sin vacilación alguna, seguro de su triunfo, vino al suelo tristemente,
+como se derrumban al dar los primeros pasos en la existencia todos los
+que han vivido una vida de ilusión.
+
+Tres de aquellos miserables siguieron golpeando al caído para rematarlo,
+mientras el otro avanzaba hacia Mina con cierta indecisión, al ver que
+no intentaba huir.
+
+Miss Craven, á pesar de sus fantasías, había conservado mucho del
+espíritu práctico de su padre, y sabía todo lo que una persona previsora
+no debe olvidar en sus viajes. Brilló en su diestra, salido no se sabe
+de dónde, un juguete plateado, la última novedad para la defensa
+personal: nueve tiros. Sonó una detonación, y el hombre se hizo atrás,
+lanzando juramentos y llevándose una mano al pecho. Sonó un nuevo
+disparo, y empezó á dar traspiés otro de los que estaban inclinados,
+sobre Lionel dándole golpes. Siguió apretando el gatillo, y los tiros
+hicieron desaparecer á aquellos facinerosos, unos corriendo, otros
+balanceándose dolorosamente, mientras de las callejuelas cercanas
+empezaba á salir gente. Mina se arrodilló junto á su marido.
+
+--¡Oh, Lionel! ¡Mi rey!... ¿Te han matado?
+
+Cuando, semanas después, pudieron salir de Marsella, la vida conyugal
+era otra. Gould, todavía convaleciente de sus heridas, parecía sentir
+vergüenza delante de su esposa. «¡No haber sabido defenderte!...»,
+decían sus ojos. Y lanzaba á continuación su mirada suplicante.
+
+Esta mirada devolvía á Mina un pálido recuerdo del antiguo afecto. Sólo
+esta mirada era verdad. Todo lo demás del héroe, pura mentira. Su marido
+resultaba un pobre muchacho, simple y bueno, necesitado de que lo
+protegiesen. Ella lo defendería, como en la noche de Marsella. ¡Adiós,
+amor! Sólo quedaba en la millonaria un afecto que tenía mucho de
+maternal.
+
+Los dos, con la pesada tristeza del desengaño, se aburrieron en todas
+partes, y acortaron su viaje para volver á los Estados Unidos.
+
+Creían adivinarse en los ojos sus respectivos pensamientos.
+
+--Se divorciará apenas lleguemos á Nueva York.... Mejor: volveré á
+dedicarme á la cinematografía.
+
+Pero esto representaba para Gould un suplicio. ¡Separarse de Mina, á la
+que amaba ahora más que antes, con la ternura de la gratitud y la
+amargura del remordimiento!...
+
+Ella también pensaba en el divorcio.
+
+--¡Todo mentira!... Tendré que rehacer mi existencia con otro.
+
+Y empezó á pensar en África y en los continuadores de las cacerías de
+Roosevelt.
+
+Al llegar á Nueva York, los periódicos hablaron de Mina por ser la
+esposa del célebre Gould. Las amigas seguían envidiándole el «rey de las
+praderas» y encontraban muy interesante su matrimonio. ¿Era prudente,
+después de esto, abandonar á su buen mozo, para que lo agarrase otra
+mujer?...
+
+La vida en intimidad resultaba triste y penosa. El recuerdo de aquella
+noche se interponía entre los dos. El pobre «rey» conoció una reina que
+no había sospechado nunca: injusta, rencorosa, sarcástica, propensa á
+encontrar malo todo lo de su marido.
+
+Una mañana, á la hora del _breakfast_, por una discusión insignificante,
+la misma mano que había disparado varios tiros en el Puerto Viejo de
+Marsella agarró un plato y lo arrojó contra la cara del hombre célebre.
+La porcelana se hizo pedazos, hiriéndole. Lionel se limpió la sangre de
+una mejilla, y luego miró á su esposa con aquellos ojos de niño
+abandonado é implorante.
+
+--¡Oh, mi rey!--gritó ella, refugiándose en sus brazos--. ¡Pobrecito
+mío!... Perdóname; soy una loca. No te abandonaré nunca.
+
+Y durante todo el día, Gould conoció la más amorosa y sumisa de las
+mujeres.
+
+Desde entonces la vida de los dos se desarrolló con violentas
+alternativas: primeramente discusiones buscadas por ella, que terminaban
+con golpes, y luego, tras la mirada implorante del esposo, la feliz
+reconciliación. Hasta le permitió que volviese al arte cinematográfico,
+siendo protagonista de varios _films_, cuyos argumentos se hacía relatar
+ella anticipadamente. Su Lionel sólo debía aparecer en el círculo
+luminoso realizando hazañas nunca vistas.
+
+Jamás había hablado con tanto entusiasmo de su esposo. Lo mismo en
+presencia de él que estando á solas con sus amigas, hacía elogios del
+héroe, ensalzando su fuerza irresistible, su valor temerario.
+
+Lionel Gould era siempre el mismo. Estaba orgullosa de llevar su nombre.
+
+Después de esto sonreía con verdadera satisfacción, halagada por
+orgullosos pensamientos que nadie podía adivinar.
+
+Sí; su marido continuaba siendo el invencible, el único, «El rey de las
+praderas», y con esto quedaba dicho todo.
+
+Pero ella, en su casa, le pegaba al «rey de las praderas».
+
+
+
+
+NOCHE SERVIA
+
+
+
+
+I
+
+
+Las once de la noche. Es el momento en que cierran sus puertas los
+teatros de París. Media hora antes, cafés y _restaurants_ han echado
+igualmente su público á la calle.
+
+Nuestro grupo queda indeciso en una acera del bulevar, mientras se
+desliza en la penumbra la muchedumbre que sale de los espectáculos. Los
+faroles, escasos y encapuchados, derraman una luz fúnebre, rápidamente
+absorbida por la sombra. El cielo negro, con parpadeos de fulgor
+sideral, atrae las miradas inquietas. Antes, la noche sólo tenía
+estrellas; ahora puede ofrecer de pronto teatrales mangas de luz en cuyo
+extremo amarillea el zepelín como un cigarro de ámbar.
+
+Sentimos el deseo de prolongar nuestra velada. Somos cuatro: un escritor
+francés, dos capitanes servios y yo. ¿Adonde ir en este París obscuro,
+que tiene cerradas todas sus puertas?... Uno de los servios nos habla
+del _bar_ de cierto hotel elegante, que continúa abierto para los
+huéspedes del establecimiento. Todos los oficiales que quieren
+trasnochar se deslizan en él como si fuesen de la casa. Es un secreto
+que se comunican los hermanos de armas de diversas naciones cuando pasan
+unos días en París.
+
+Entramos cautelosamente en el salón, profusamente iluminado. El tránsito
+es brusco de la calle obscura á este _hall_, que parece el interior de
+un enorme fanal, con sus innumerables espejos reflejando racimos de
+ampollas eléctricas. Creemos haber saltado en el tiempo, cayendo dos
+años atrás. Mujeres elegantes y pintadas, champaña, violines que gimen
+las notas de una danza de negros con el temblor sentimental de las
+romanzas desgarradoras. Es un espectáculo de antes de la guerra. Pero en
+la concurrencia masculina no se ve un solo frac.
+
+Todos los hombres llevan uniformes--oficiales franceses, belgas,
+ingleses, rusos, servios--, y estos uniformes son polvorientos y
+sombríos. Los violines los tocan unos militares británicos, que
+contestan con sonrisas de brillante marfil á los aplausos y aclamaciones
+del público. Sustituyen á los antiguos ziganos de casaca roja. Las
+mujeres señalan á uno de ellos, repitiéndose el nombre del padre, lord
+célebre por su nobleza y sus millones. «Gocemos locamente, hermanos, que
+mañana hemos de morir.»
+
+Y todos estos hombres, que han colgado su vida como ofrenda en el altar
+de la diosa pálida, beben la existencia á grandes tragos, ríen, copean,
+cantan y besan con el entusiasmo exasperado de los marinos que pasan una
+noche en tierra y al romper el alba deben volver al encuentro de la
+tempestad.
+
+
+
+
+II
+
+
+Los dos servios son jóvenes y parecen satisfechos de que las aventuras
+de su patria les hayan arrastrado hasta París, ciudad de ensueño que
+tantas veces ocupó su pensamiento en la bárbara monotonía de una
+guarnición del interior.
+
+Ambos «saben relatar», habilidad ordinaria en un país donde casi todos
+son poetas. Lamartine, al recorrer hace tres cuartos de siglo la Servia
+feudataria de los turcos, quedó asombrado de la importancia de la poesía
+en este pueblo de pastores y guerreros. Como muy pocos conocían el
+abecedario, emplearon el verso para guardar más estrechamente las ideas
+de su memoria. Los «guzleros» fueron los historiadores nacionales, y
+todos prolongaron la _Ilíada_ servia improvisando nuevos cantos.
+
+Mientras beben champaña, los dos capitanes evocan las miserias de su
+retirada hace unos meses; la lucha con él hambre y el frío; las batallas
+en la nieve, uno contra diez; el éxodo de las multitudes, personas y
+animales en pavorosa confusión, al mismo tiempo que á la cola de la
+columna crepitan incesantemente fusiles y ametralladoras; los pueblos
+que arden; los heridos y rezagados aullando entre llamas; las mujeres
+con el vientre abierto, viendo en su agonía una espiral de cuervos que
+descienden ávidos; la marcha del octogenario rey Pedro, sin más apoyo
+que una rama nudosa, agarrotado por el reumatismo, y continuando su
+calvario á través de los blancos desfiladeros, encorvado, silencioso,
+desafiando al destino como un monarca shakespiriano.
+
+Examino á mis dos servios mientras hablan. Son mocetones carnosos,
+esbeltos, duros, con la nariz extremadamente aguileña, un verdadero pico
+de ave de combate. Llevan erguidos bigotes. Por debajo de la gorra, que
+tiene la forma de una casita con doble tejado de vertiente interior, se
+escapa una media melena de peluquero heroico. Son el hombre ideal, el
+«artista», tal como lo veían las señoritas sentimentales de hace
+cuarenta años, pero con uniforme color de mostaza y el aire tranquilo y
+audaz de los que viven en continuo roce con la muerte.
+
+Siguen hablando. Relatan cosas ocurridas hace unos meses, y parece que
+recitan las remotas hazañas de Marko Kralievitch, el Cid servio, que
+peleaba con las _wilas_, vampiros de los bosques, armadas de una
+serpiente á guisa de lanza. Estos hombres que evocan sus recuerdos en un
+_bar_ de París han vivido hace unas semanas la existencia bárbara é
+implacable de la humanidad en su más cruel infancia.
+
+El amigo francés se ha marchado. Uno de los capitanes interrumpe su
+relato para lanzar ojeadas á una mesa próxima. Le interesan, sin duda,
+dos pupilas circundadas de negro que se fijan en él, entre el ala de un
+gran sombrero empenachado y la pluma sedosa de un boa blanco. Al fin,
+con irresistible atracción, se traslada de nuestra mesa á la otra. Poco
+después desaparece, y con él se borran el sombrero y el boa.
+
+Me veo á solas con el capitán más joven, que es el que menos ha hablado.
+Bebe; mira el reloj que está sobre el mostrador. Vuelve á beber. Me
+examina un momento con esa mirada que precede siempre á una confidencia
+grave. Adivino su necesidad de comunicar algo penoso que le atormentaba
+memoria con una gravitación de suplicio. Mira otra vez el reloj. La una.
+
+--Fué á esta misma hora--dice sin preámbulo, saltando del pensamiento á
+la palabra para continuar un monólogo mudo--. Hoy hace cuatro meses.
+
+Y mientras él sigue hablando, yo veo la noche obscura, el valle cubierto
+de nieve, las montañas blancas, de las que emergen hayas y pinos
+sacudiendo al viento las vedijas algodonadas de su ramaje. Veo también
+las ruinas de un caserío, y en estas ruinas el extremo de la retaguardia
+de una división servia que se retira hacia la costa del Adriático.
+
+
+
+
+III
+
+
+Mi amigo manda el extremo de esta retaguardia, una masa de hombres que
+fué una compañía y ahora es una muchedumbre. A la unidad militar se han
+adherido campesinos embrutecidos por la persecución y la desgracia, que
+se mueven como autómatas y á los que hay que arrear á golpes; mujeres
+que aullan arrastrando rosarios de pequeñuelos; otras mujeres, morenas,
+altas y huesudas, que callan con trágico silencio, é inclinándose sobre
+los muertos les toman el fusil y la cartuchera.
+
+La sombra se colora con la pincelada roja y fugaz del disparo surgiendo
+de las ruinas. De las profundidades lóbregas contestan otros fulgores
+mortales. En el ambiente negro zumban los proyectiles, invisibles
+insectos de la noche.
+
+Al amanecer será el ataque arrollador, irresistible. Ignoran quién es
+el enemigo que se va amasando en la sombra. ¿Alemanes, austríacos,
+búlgaros, turcos?... ¡Son tantos contra ellos!
+
+--Debíamos retroceder--continúa el servio--, abandonando lo que nos
+estorbase. Necesitábamos ganar la montaña antes de que viniese el día.
+
+Los largos cordones de mujeres, niños y viejos se habían sumido ya en la
+noche, revueltos con las bestias portadoras de fardos. Sólo quedaban en
+la aldea los hombres útiles, que hacían fuego al amparo de los
+escombros. Una parte de ellos emprendió á su vez la retirada. De pronto,
+el capitán sufrió la angustia de un mal recuerdo.
+
+--¡Los heridos! ¿Qué hacer de ellos?...
+
+En un granero de techo agujereado, tendidos en la paja, había más de
+cincuenta cuerpos humanos sumidos en doloroso sopor ó revolviéndose
+entre lamentos. Eran heridos de los días anteriores que hablan logrado
+arrastrarse hasta allí; heridos de la misma noche, que restañaban la
+sangre fresca con vendajes improvisados; mujeres alcanzadas por las
+salpicaduras del combate.
+
+El capitán entró en este refugio, que olía á carne descompuesta, sangre
+seca, ropas sucias y alientos agrios. A sus primeras palabras, todos los
+que conservaban alguna energía se agitaron bajo la luz humosa del único
+farol. Cesaron los quejidos. Se hizo un silencio de sorpresa, de pavor,
+como si estos moribundos pudiesen temer algo más grave que la muerte.
+
+Al oír que iban á quedar abandonados á la clemencia del enemigo, todos
+intentaron un movimiento para incorporarse; pero los más volvieron á
+caer.
+
+Un coro de súplicas desesperadas, de ruegos dolorosos, llegó hasta el
+capitán y los soldados que le seguían....
+
+--¡Hermanos, no nos dejéis!... ¡Hermanos, por Jesús!
+
+Luego reconocieron lentamente la necesidad del abandono, aceptando su
+suerte con resignación. ¿Pero caer en manos de los adversarios? ¿Quedar
+á merced del búlgaro ó el turco, enemigos de largos siglos?... Los ojos
+completaron lo que las bocas no se atrevían á proferir. Ser servio
+equivale á una maldición cuando se cae prisionero. Muchos que estaban
+próximos á morir temblaban ante la idea de perder su libertad.
+
+La venganza balkánica es algo más temible que la muerte.
+
+--¡Hermano!... ¡hermano!...
+
+El capitán, adivinando los deseos ocultos en estas súplicas, evitaba el
+mirarles.
+
+--¿Lo queréis?--preguntó varias veces.
+
+Todos movieron la cabeza afirmativamente. Ya que era preciso este
+abandono, no debía alejarse la retaguardia dejando á sus espaldas un
+servio con vida.
+
+¿No hubiera suplicado el capitán lo mismo al verse en idéntica
+situación?...
+
+La retirada, con sus dificultades de aprovisionamiento, hacía escasear
+las municiones. Los combatientes guardaban avaramente sus cartuchos.
+
+El capitán desenvainó el sable. Algunos soldados habían empezado ya el
+trabajo empleando las bayonetas, pero su labor era torpe, desmañada,
+ruidosa: cuchilladas á ciegas, agonías interminables, arroyos de sangre.
+Todos los heridos se arrastraban hacia el capitán, atraídos por su
+categoría, que representaba un honor, y admirados de su hábil prontitud.
+
+--¡A mí, hermano!... ¡A mi!
+
+Teniendo hacia fuera el filo del sable, los hería con la punta en el
+cuello, buscando partir la yugular del primer golpe.
+
+--_¡Tac!... ¡tac!..._--marcaba el capitán, evocando ante mi esta escena
+de horror.
+
+Acudían arrastrándose sobre manos y pies; surgían como larvas de las
+sombras de los rincones; se apelotonaban contra sus piernas. Él había
+intentado volver la cara para no presenciar su obra; los ojos se le
+llenaban de lágrimas.... Pero este desfallecimiento sólo servía para
+herir torpemente, repitiendo los golpes y prolongando el dolor.
+¡Serenidad! ¡Mano fuerte y corazón duro!... _¡Tac!... ¡tac!..._
+
+--¡Hermano, á mi!... ¡A mí!
+
+Se disputaban el sitio, como si temieran la llegada del enemigo antes de
+que el fraternal sacrificador finalizase su tarea. Habían aprendido
+instintivamente la postura favorable. Ladeaban la cabeza para que el
+cuello en tensión ofreciese la arteria rígida y visible á la picadura
+mortal. «¡Hermano, á mí!» Y expeliendo un caño de sangre se recostaban
+sobre los otros cuerpos, que iban vaciándose lo mismo que odres rojos.
+
+ * * * * *
+
+El _bar_ empieza á despoblarse. Salen mujeres apoyadas en brazos con
+galones, dejando detrás de ellas una estela de perfumes y polvos de
+arroz. Los violines de los ingleses lanzan sus últimos lamentos, entre
+risas de alegría infantil.
+
+El servio tiene en la mano un pequeño cuchillo sucio de crema, y con el
+gesto de un hombre que no puede olvidar, que no olvidará, nunca, sigue
+golpeando maquinalmente la mesa.... _¡Tac!... ¡tac!..._
+
+
+
+
+LAS PLUMAS DEL CABURÉ
+
+
+
+
+I
+
+
+Morales iba á seguir disparando su mauser, pero Jaramillo, que estaba,
+como él, con una rodilla en tierra y la cara apoyada en la culata del
+fusil, le dijo á gritos, para dominar con su voz el estruendo de las
+descargas:
+
+--Es inútil que tires; no lo matarás. Ese hombre tiene un _payé_ de gran
+poder.
+
+Habían desembarcado, cerca de media noche, en el muelle de la ciudad.
+Dos vaporcitos los habían transbordado de la otra orilla del río Paraná.
+Eran poco más de cien hombres, reclatados en el Paraguay ó en la
+gobernación del Chaco, casi todos ellos hijos del Estado de Corrientes,
+que andaban errantes, fuera de su país, por aventuras políticas ó de
+amor. Mezclados con estos rebeldes autóctonos iban unos cuantos hombres
+de acción, amadores del peligro por el peligro, que se trasladaban de
+una á otra de las provincias excéntricas de la Argentina, allí donde era
+posible que surgiesen revoluciones.
+
+Confiando en la audacia inverosímil que representaba este golpe de mano,
+en la sorpresa que iban á sufrir los adversarios, avanzaron por las
+calles como por un terreno conocido, dirigiéndose al cuartel de la
+policía. Los vecinos que tomaban el fresco ante sus casas saltaban de
+las sillas y desaparecían, adivinando lo que significaba este rápido
+avance de hombres armados.
+
+Cuando los invasores llegaron frente al cuartel, vieron cómo se cerraban
+sus puertas y cómo salían de sus ventanas los primeros fogonazos. ¡Golpe
+errado! Pero nadie pensó en huir. Porque la sorpresa fracasase, no iban
+á privarse del gusto de seguir cambiando tiros con los aborrecidos
+contrarios.
+
+--¡Viva el doctor Sepúlveda! ¡Abajo el gobierno usurpador!
+
+Y repartidos en grupos ocuparon todas las bocacalles que daban á la
+plaza, disparando contra el cuartel.
+
+Un hombre gordo y obscuro de color, oficial de la policía, se mostraba
+en una de las ventanas con una tranquilidad asombrosa. Extendiendo un
+brazo, disparaba su revólver contra los rebeldes:
+
+--¡Canallas! ¡Hijos de...tal! ¡Perros!
+
+Luego, sacando otro brazo, disparaba el segundo revólver, se metía
+adentro para cargar sus armas y volvía á aparecer.
+
+La mayor parte de los asaltantes parecieron olvidar el motivo político
+que los había traído hasta allí. Ya no pensaban en el «gobierno
+usurpador» ni en asaltar el cuartel. Toda su atención la concentraron en
+aquel hombre que seguía insultándoles sin tomar precauciones. Llovían
+las balas en torno de su persona, pero ni una sola lograba tocarle.
+
+--No gastes tus cartuchos, hermano--continuó Jaramillo, con una
+expresión fatalista--. Ese hombre posee un talismán, un _payé_ que le
+hace invulnerable como el diablo.... ¿Quién sabe si lleva en el pecho
+alguna pluma de caburé?
+
+Morales cesó de disparar. Tenía una ciega confianza en la sabiduría de
+su compañero. Además, conocía desde su niñez el poder de una pluma de
+caburé.
+
+--¡Viva el partido blanco! ¡Abajo Sepúlveda! ¡Mueran los colorados!
+
+Era el refuerzo enemigo que llegaba. Sonaron nuevos tiros en el fondo de
+las calles. Pasada la primera sorpresa, acudían las otras fuerzas del
+gobierno en socorro del cuartel.
+
+--Esto se acabó. Hay que retirarse--dijo Jaramillo.
+
+Los dos camaradas corrieron hacia el muelle, doblando el cuerpo para
+hacerse más pequeños ante las balas con que los perseguía el enemigo.
+Otros siguieron defendiéndose rudamente á sus espaldas.
+
+Llegaron al puerto á tiempo para ver cómo uno de los vaporcitos huía río
+arriba, perdiéndose en la noche, y cómo el otro empezaba á apartarse del
+muelle de madera. Esto no extrañó á Jaramillo.
+
+--¡Qué puede esperarse de extranjeros, de _gringos_ que carecen de
+fervor político y no son del partido!...
+
+Es natural, tratándose de dos capitanes genoveses.
+
+Pero él y Morales, con su agilidad de hijos de la selva, saltaron en el
+vacío negro, cayendo precisamente sobre el borde de la cubierta
+fugitiva. Unos milímetros menos, y se perdían en el agua lóbrega poblada
+de caimanes.... ¡Que Dios protegiese á los valientes que se quedaban en
+tierra!
+
+Cuando las luces del puerto empezaron á borrarse en la obscuridad,
+Jaramillo, considerándose seguro, empezó á formular sus protestas.
+
+--¿A quién se le ocurre hacer revoluciones á media noche?... Es la peor
+de las horas, cuando todo el mundo vive y está despierto. Eso podrá ser
+en los países donde hace frío y la gente se acuesta temprano, ¿pero
+aquí?... Aquí, la hora mejor para la revolución es la una de la tarde.
+
+Todos los oyentes aprobaron con gestos silenciosos. Desembarcando á la
+hora de la siesta, habrían entrado por las calles sin que nadie los
+viese, lo mismo que á través de una ciudad muerta; habrían sorprendido
+el cuartel, matando á la guardia, que seguramente estaría tendida á la
+sombra y roncando.
+
+--Es una locura--continuó Jaramillo--intentar ataques de noche en un
+país como el nuestro. No hay mas que acordarse de lo que pasa en la
+selva.
+
+Como todos eran hijos de la selva, persistieron en sus muestras de
+aprobación. Durante las horas de sol y de calor era cuando la selva
+dormía, sin un estremecimiento, sin un latido, con una calma de tumba.
+Luego, al morir la tarde, despertaba la vida; los insectos empezaban á
+zumbar, los pájaros sacudían sus alas, los cuadrúpedos estiraban sus
+patas, y en la sombra todos se agitaban para ofender ó para defenderse,
+para devorar ó ser devorados. La vida renacía con el fresco de la noche,
+reanudando sus aventuras y sus tragedias.
+
+Morales admiró una vez más la sabiduría de su amigo. Era hijo de un
+brujo y había heredado muchos de los secretos paternales.
+
+A veces, esta vida nocturna de la selva se paralizaba con una larga
+pausa de angustioso silencio.
+
+Era porque rondaba cerca el jaguar, el tigre americano, de piel pintada
+á redondeles, al que los indios guaraníes, en su lenguaje, apodan «el
+Señor».
+
+Otras veces, el silencio tenía un motivo más claro y determinado. Un
+grito estridente rasgaba la lobreguez, un alarido feroz, que hacía
+estremecer á los que lo escuchaban. Este grito inmenso salía de la
+garganta de un pájaro poco más grande que el puño, una especie de
+mochuelo del tamaño de un pichón de cría. Todas las bestias, las que
+vuelan, las que corren y las que se arrastran, se echaban á temblar
+cuando oían este alarido.
+
+Morales no había logrado ver nunca al pájaro diminuto, soberano de la
+selva, pero lo conocía de fama desde su niñez.
+
+Tenía por armas su pico, un terrible pico fuerte como el acero mejor
+templado, y una infernal mala intención. Allí donde clavaba su arma
+abría orificio, y el golpe iba dirigido siempre á la cabeza del
+adversario, devorando inmediatamente su cerebro al descubierto. No había
+cráneo que pudiera resistir á sus perseverantes picotazos, iguales á
+golpes de barreno. Atacaba al toro, al tigre, al caimán, blindado de
+planchas duras como un navío de guerra.
+
+Este volátil pequeño y de malicia diabólica era el caburé.
+
+
+
+
+II
+
+
+Morales y Jaramillo debían tal vez sus apellidos y la poca sangre
+europea que corría por sus venas á dos conquistadores españoles llegados
+al país siglos antes; pero en realidad eran dos mestizos guaraníes,
+pequeños, ágiles, débiles de miembros aparentemente, y con una
+resistencia asombrosa para la fatiga y las privaciones.
+
+Unidos por una amistad fraternal, se presentaban juntos á buscar trabajo
+en las cortas de árboles, en las explotaciones de hierba _mate_ ó en los
+desmontes de un ferrocarril que estaban construyendo los _gringos_.
+
+Trabajaban con verdadero furor, como si se peleasen á muerte con un
+enemigo. Los capataces recién llegados de Europa parecían asombrados. ¿Y
+aún dicen que los indios son perezosos?... Pero al cobrar el jornal de
+la semana desaparecían, y sus protectores y admiradores los esperaban en
+vano todo el lunes siguiente. Sólo cuando quedaba consumido el último
+centavo en las tabernas donde hay acordeón y baile, pensaban en reanudar
+el maldecido trabajo.
+
+Las beldades cobrizas, descalzas, de gruesa trenza entre los omoplatos y
+falda blanca ó de color rosa, se asomaban á las puertas de sus ranchos
+para verlos pasar. Llevaban el calzón claro sujeto al tobillo por ligas
+de piel, los pies metidos en danzantes babuchas, un poncho avellanado
+cubriendo el busto, y un pañuelo rojo en el cuello. Este último era para
+ellos el detalle más precioso de su indumentaria. Podrían ir rotos y con
+las carnes más secretas al aire, pero sin un pañuelo rojo, ¡nunca! Era
+la señal del partido, el símbolo de los «colorados», así como los otros,
+los adversarios, llevaban siempre en el cuello un pañuelo blanco.
+
+Los dos traían bajo el brazo sus espadas; no espadas viejas y con
+agarrador de madera, como los pobretones, sino con empuñadura de
+coruscante dorado y vaina de cuero, iguales á las que usaban los
+guardias municipales de la ciudad. De sus remotos ascendientes de la
+conquista les quedaba un amor irresistible á la espada. Las armas de
+fuego eran buenas para las revoluciones. Las querellas de amor y de
+bebida debían ventilarse, tizona en mano, á espaldas de la taberna.
+
+Con el enfundado acero bajo el brazo, envueltos en su poncho y levantada
+el ala del fieltro sobre la frente, parecían dos caricaturas de los
+hidalgos de capa y espada, sus legítimos abuelos.
+
+Cuando la policía visitaba los bailes indígenas, ocultaban ellos sus
+armas metiéndoselas en la faja, á lo largo del calzoncillo, lo que les
+obligaba á continuar la danza con una pierna rígida, lo mismo que si
+estuviesen paralíticos.
+
+Un día, en uno de estos bailes, Morales, que era el menos listo de los
+dos pero el más dispuesto á la pelea, metió su espada por el vientre de
+cierto individuo que se empeñaba en danzar con la misma moza que él,
+echándole las tripas afuera.
+
+--Aquí no ha pasado nada. ¡Siga la fiesta!
+
+Se llevaron al muerto. Su familia se encargaría de levantarle una
+capillita al borde del camino y de ponerle cirios todas las noches. Un
+simple incidente; algo que se ve todos los días.
+
+Pero la policía entrometida no quiso aceptar el suceso con la misma
+calma que la gente, y prendió á Morales.
+
+--Una venganza política--dijo éste al entrar en la cárcel--. Bien se ve
+que mandan los usurpadores. ¡Como soy colorado!...
+
+Al registrarlo en presencia del juez, encontraron que debajo de sus
+ropas llevaba el cuerpo cubierto de plumas de avestruz. Jaramillo hacía
+lo mismo. Era un secreto de su padre el brujo; el mejor medio para
+vencer en agilidad á los enemigos.
+
+Le dió rabia ver cómo reía el juez ante tal descubrimiento. Todos los
+abogados jóvenes, que habían estudiado en Buenos Airea y despreciaban á
+los nativos, eran unos ignorantes.
+
+--A no ser por estas plumas, doctor--dijo Morales--, el difunto tal vez
+me habría matado. Mire cómo fui yo el más ligero y le clavé por el
+vientre.
+
+Le quitaron las plumas, le quitaron la espada, é iban á quitarle la
+libertad durante un buen número de años, por ser el muerto de los del
+pañuelo blanco, cuando Morales se escapó de la penitenciaría,
+refugiándose en el Paraguay, cuya frontera sólo está á dos horas de
+distancia.
+
+Jaramillo, que andaba desorientado durante su ausencia, quiso seguirle,
+y para justificar la fuga y no ser menos que su amigo, mató á otro
+«pañuelo blanco» antes de pasar á la vecina nación.
+
+Trabajaron en los llamados «hierbales» donde se cosecha el _mate_, té
+del país puesto de moda por los jesuítas en otros tiempos, cuando
+gobernaban la República teocrática de las Misiones, fundada por ellos
+entre el Brasil, el Paraguay y la Argentina.
+
+Deseosos de volver á su patria, los dos interrumpieron su trabajo
+repetidas veces para tomar parte en las intentonas revolucionarias del
+partido. El grande hombre de los «colorados», el doctor Sepúlveda, vivía
+tranquilamente en Buenos Aires, esperando el momento de regenerar su
+provincia. Mientras tanto, los partidarios del doctor hacían toda clase
+de esfuerzos para lograr su triunfo: revoluciones de día, revoluciones
+de noche; sublevaciones en la ciudad, sublevaciones en el campo.
+
+La gente de Buenos Aires apenas prestaba atención á estas hazañas y
+revueltas en la lejanísima provincia. ¡La Argentina es tan grande!
+Además, todo esto ocurría en un extremo del país, vecino al Brasil y al
+Paraguay; en una tierra que es argentina políticamente, pero por la raza
+es más bien paraguaya, y cuyos habitantes hablan generalmente el
+guaraní.
+
+Después del sangriento fracaso de aquella intentona nocturna, los dos
+volvieron á trabajar en el Paraguay, en la recolección del _mate_. Ellos
+eran los más inmediatos consumidores, pues sentados al borde del gran
+rio en las horas de descanso, chupaban incesantemente el canuto hundido
+en la pequeña calabaza rellena de hierba olorosa y de agua caliente que
+sostenían en una mano.
+
+Hablaban de la tierra natal con voz lenta y entornando los ojos, como si
+fueran á dormirse. Algunas veces, la conversación recaía sobre Jaramillo
+padre y su prodigiosa ciencia.
+
+--Yo le vi--decía Morales con respeto--curar á los enfermos en menos que
+se reza un credo. Les chupaba la parte enferma ó ponía la boca en su
+boca, aspirando su aliento. Luego escupía un gusano, una piedra, una
+culebra pequeña ó una araña. Era la enfermedad que acababa de sacarles
+del cuerpo.... Algunos se morían; pero era porque les faltaba paciencia
+para esperar la curación y llamaban al médico.
+
+--El mejor de sus secretos--insinuaba Jaramillo--es el que cura la
+mordedura de las víboras. Me lo reveló poco antes de morir. Vale más que
+una herencia de muchas talegas de onzas de oro.
+
+--Dímelo, hermano--suplicaba Morales.
+
+Su amigo parecía sobresaltarse.
+
+--No lo esperes. Únicamente se puede revelar el secreto el día de
+Viernes Santo. Si lo cuento otro día, perderé mi poder curativo hasta el
+Viernes Santo del año siguiente.
+
+Pero Morales empezó á importunar á su compañero con una tenacidad
+infantil durante semanas y semanas. Se acordaba de haber visto operar á
+Jaramillo padre cierto día que un vecino había regresado á su rancho con
+el brazo hinchado y negro por la mordedura de una serpiente. El brujo le
+había puesto unos remedios enérgicos sobre la herida, murmurando luego
+una invocación misteriosa sobre el reptil, muerto de un garrotazo.
+
+Tú no eres un buen compañero--decía Morales con tristeza--. Yo te miro
+como mi única familia, y tú guardas secretos conmigo.
+
+Jaramillo no quería quedarse desarmado por su indiscreción. ¿Y si le
+mordía á Morales uno de estos bichos venenosos al andar descalzo por los
+hierbales?...
+
+--No hay miedo--decía el otro--. Acuérdate que me diste unas ligas de
+piel de anta, y las víboras huyen de mis pies al percibir el olor de
+este cuero.
+
+Al fin, una tarde, Jaramillo hizo un esfuerzo, sacrificándose por la
+amistad.
+
+--Ya que lo quieres....
+
+Y cerrando los ojos le reveló el gran secreto. No había mas que
+inclinarse sobre la serpiente muerta y decirle en voz baja: «No eres
+víbora, que eres grillo.»
+
+Inmediatamente el veneno perdía su poder ponzoñoso dentro del cuerpo de
+la víctima.
+
+--¿Nada más?--preguntó Morales con visible decepción--. ¿Eso es todo?
+
+Eso era todo. Pero las palabras había que decirlas en guaraní. Las
+serpientes, por ser del país, no pueden entender el español, lengua de
+Buenos Aires.
+
+--Y ahora--terminó con melancolía Jaramillo--tendré que esperar hasta,
+el próximo Viernes Santo.
+
+De pronto empezó á hacer frecuentes viajes á Asunción, la capital del
+Paraguay. Su amigo, alarmado por estas ausencias, le obligó á confesar
+la causa.
+
+--Lo he visto--dijo Jaramillo misteriosamente.
+
+Aunque no dió el nombre de lo que había visto, bastó el tono de su voz
+para que Morales adivinase á quién se refería.
+
+Era el caburé. No podía ser otro. Los dos hablaban con frecuencia de él.
+
+¡Quién tuviera una pluma de caburé, para ser invulnerable y por lo
+mismo el hombre más valeroso de la tierra!... Hasta el mismo Jaramillo
+padre, con toda su sabiduría, no había conseguido ver nunca un caburé en
+sus manos. Era muy difícil apoderarse de él. Por esto repitió el hijo,
+con una expresión de orgullo:
+
+--Lo he visto: como te veo á ti.
+
+Su poseedor era un _gringo_ que vivía en Asunción sin más objeto que
+estudiar los animales y las plantas del país; un doctor alemán, gordo,
+rubicundo, de gafas doradas, muy amigo de bromear con las gentes simples
+del campo, para sonsacarles noticias. En el patio de su casa, que era
+tan grande como un claustro de convento, tenía numerosos pájaros y
+cuadrúpedos, y en mitad de él, ocupando una jaula especial, como rey de
+esta pequeño é inquieto mundo, al que podía hacer enmudecer con sólo un
+grito, estaba el caburé.
+
+Al encontrar el doctor varias veces á Jaramillo inmóvil en la puerta de
+su casa, mirando desde el otro lado de la cancela al famoso pájaro, le
+había hecho pasar para mostrárselo de cerca.
+
+--¡Qué joya! ¿eh?...--decia con orgullo--. Me cuesta más oro que pesa.
+Es una verdadera casualidad tener uno vivo.
+
+Pero daba por bien empleados sus sacrificios pensando en el volumen de
+ochocientas páginas que iba á escribir, para Berlín, sobre el caburé y
+sus costumbres, libro que le valdría el premio de varias Academias.
+
+A los dos amigos se les ocurrió lo mismo: robar la prodigiosa bestia ó
+llevarse cuando menos algunas de sus plumas.
+
+El golpe sólo podía darse á la hora de la siesta. Jaramillo amaba esta
+hora como la más segura. Morales se quedaría en la calle para auxiliar á
+su compañero. ¿Quién puede adivinar lo futuro? Tal vez gritase el
+alemán, y fuese preciso matarlo. ¡Una vida menos significa tan poco!...
+
+Entró Jaramillo en la casa saltando la tapia del patio trasero. Luego se
+deslizó, con los pies descalzos, por los frescos corredores, sin
+producir ruido alguno. Al pasar junto á una puerta oyó ronquidos. El
+alemán, deseoso de amoldarse en todo á las costumbres del país, dormía
+la siesta.
+
+El mestizo salió al patio grande, deteniéndose frente á la jaula del
+centro, rodeada de arbustos con flores enormes, rojas y de cinco puntas,
+llamadas «estrella federal».
+
+Allí estaba la célebre bestia: una especie de mochuelo diminuto, de pico
+breve y encorvado. Se miraron fijamente, lo mismo que si fuesen á
+entablar un combate. Los ojos redondos del animal, unos ojos de oro con
+una cuenta negra en el centro, contemplaron al hombre ferozmente. Luego
+parpadearon, como vencidos por la mirada humana.
+
+Jaramillo no quiso perder tiempo. Con una contorsión de muñeca arrancó
+el candado de la jaula. Luego avanzó la diestra audazmente, y á pesar de
+su deseo de mantenerse silencioso, lanzó un rugido.
+
+--¡Ah, pájaro del diablo!...
+
+Tenía un dedo atravesado de parte á parte. No era un picotazo; era una
+puñalada. Un berbiquí ardiente acababa de perforarle la carne y el
+hueso.
+
+Sobreponiéndose al dolor, cerró la mano ensangrentada para aprisionar á
+su enemigo. Deseaba ahogarlo y al mismo tiempo no quería oprimirle de
+una manera mortal, pues la pluma del caburé sólo conserva sus milagrosas
+cualidades cuando ha sido arrancada estando la bestia viva.
+
+Con la otra mano libre le despojó de las plumas de atrás, y el animal
+lanzó un alarido al mismo tiempo que repetía su picotazo.
+
+El grito espeluznante fué seguido de un profundo silencio. Los animales
+del patio callaron medrosos, ocultándose en lo más profundo de sus
+viviendas. Pareció que se inmovilizaba la vida en todo el barrio.
+
+A impulsos del dolor, el mestizo había arrojado al caburé contra el
+suelo de la jaula, huyendo luego hacia la calle. El pájaro, viendo la
+jaula abierta, saltó fuera de ella como si pretendiese perseguir á su
+enemigo; pero después torció de rumbo, subiéndose al alero del tejado
+para desaparecer finalmente.
+
+Jaramillo descorrió el cerrojo de la cancela, saliendo á la calle. Allí
+le esperaba su fiel Morales. No llevaba espada--esta expedición era de
+las de arma corta--; pero tenía la mano puesta por debajo del poncho en
+el puño de una faca, por lo que pudiera ocurrir.
+
+--¿Qué es eso, hermano?--preguntó al ver la diestra ensangrentada de su
+compañero--. ¿Quién te ha herido?
+
+El otro levantó los hombros con indiferencia, limitándose á mostrarle
+tres plumas pequeñas que llevaba entre los dedos.
+
+Desde aquella tarde cambió radicalmente la vida de los dos. Jaramillo
+tuvo que ir en busca de un curandero amigo de su padre. Su dedo herido
+se había puesto negro, y era preciso cortarlo para que la podredumbre
+venenosa no le llegase al corazón. El mago indígena afiló en una piedra
+el mismo cuchillo de que se servía para rascarle el barro á su caballejo
+y para partir el pan. La amputación fué dolorosa; pero á Jaramillo le
+bastaba mirar la bolsita que llevaba pendiente sobre el pecho, con las
+plumas del caburé dentro, para recobrar su valor. Bien podía sufrirse un
+poco á cambio de tan poderoso talismán. Morales estaba triste y hablaba
+con timidez, como el que desea hacer una petición y no se atreve,
+midiendo su importancia. Al fin se decidió.
+
+--Hermano, ¿si me dieses una de las plumas?... Piensa que siempre nos lo
+hemos partido todo, como si fuésemos de la misma madre. Tú tienes tres
+plumas; ¿qué te cuesta regalarme una? Serás igualmente poderoso con dos.
+Basta una sola para que nadie pueda herirte.
+
+Pero aunque Jaramillo no había frecuentado la escuela, sabía que tres
+son más que dos, y estaba seguro de que, conservando las tres plumas, su
+poder resultaría más grande. Además, no podía admitir que Morales, luego
+de conservar sus dedos completos, quisiera igualarse con él. Le gustaba
+tenerlo bajo el imperio de su superioridad.
+
+Y efectivamente, Morales empezó á sentirse esclavo. Su amigo era ahora
+otro hombre. Le hacía ejecutar su propio trabajo mientras él descansaba;
+le exigía su dinero; hasta le quitó una paraguaya de tez blanca y andar
+arrogante que al principio se había mostrado prendada de él.
+
+«Debo matarlo--empezó á pensar--. Ya no podemos vivir juntos.»
+
+Pero tuvo que repeler inmediatamente este mal pensamiento. Era imposible
+matar á Jaramillo mientras guardase su talismán, la bolsita con plumas
+de caburé, que le hacía invulnerable.
+
+Y el déspota, animado por la resignación fatalista de Morales, extremó
+sus audacias. Un día lo abofeteó porque no le obedecía con rapidez, y al
+salir indemne de este atrevimiento, repitió á todas horas sus
+atropellos.
+
+«¿A qué no se atreverá, llevando en el pecho lo que lleva?», se decía
+Morales con envidia.
+
+Ni los hombres ni las fieras podían inspirar miedo á Jaramillo. En una
+taberna del campo se batió con cinco paraguayos de los más bravos,
+resultando ileso y vencedor. Nadaba en el río todos los días, á pesar de
+que ninguno de los que trabajaban en el hierbal osaba hacerlo, por miedo
+al «Tatita», ó sea al «Abuelo» en la lengua del país.
+
+Este «Abuelo» era un «yacaré», un caimán famoso por su tamaño desde el
+lugar donde se forma el río de la Plata hasta lo más alto del Paraná.
+Los viejos del país, que saben adivinar la edad de los caimanes, le
+atribuían unos cuatrocientos años. Tal vez había visto de pequeño cómo
+los primeros españoles remontaron el río en sus naves de velas cuadradas
+con leones y castillos pintados.
+
+--Allá está «el Tatita»--decían los del hierbal.
+
+Y señalaban una especie de tronco rugoso y verde que descansaba en el
+barro de una isleta cercana, lo mismo que un árbol muerto traído por la
+corriente.
+
+Como desde la última revolución paraguaya eran abundantes los mausers en
+los ranchos, empezaba un tiroteo contra la bestia centenaria. Algunos
+tiradores le marcaban el lomo á balazos. Tarea inútil: los proyectiles
+levantaban esquirlas de su coraza, pero el enorme lagarto apenas se
+movía, como si todos estos balazos fuesen para él leves cosquilleos. Si
+los cazadores se aproximaban, finalmente, en una barca, se dejaba ir
+perezosamente al fondo del río, levantando una corona de espumas
+amarillentas.
+
+Morales había nadado de pequeño entre los yacarés, sin gran emoción.
+Pero eran caimanes tan inexpertos y tiernos como él. Los temibles son
+los viejos, á los que llaman «cebados» por haber comido carne de hombre.
+Así que la prueban una vez, quedan aficionados á ella para siempre, ¡y
+este «Abuelo» llevaba pasadas por su estómago tantas generaciones
+humanas!...
+
+Siempre que Jaramillo se lanzaba a nadar, Morales, por un recuerdo de
+su antigua amistad, le hacía la misma recomendación:
+
+--¡Cuidado con «el Tatita»!
+
+El otro se alejaba, braceando alegremente, hacia el centro del río, en
+busca de las aguas profundas. ¡El cuidado que podía inspirarle un yacaré
+más viejo que las Américas!...
+
+Un domingo, cuando Morales, sentado en la orilla, terminaba de fumar un
+cigarro paraguayo, que hacía caer por las comisuras de sus labios dos
+chorros de zumo negro, Jaramillo se echó al río. Morales, por estar en
+alto, pudo ver algo obscuro y enorme que se deslizaba entre dos aguas
+con la velocidad de un torpedo, viniendo en ángulo recto al encuentro
+del nadador.
+
+--«El Tatita»--se dijo--. Sólo puede ser él.
+
+Su camarada agitó los brazos desesperadamente, lanzó un alarido, y á
+continuación desapareció, como si tirase de él una fuerza irresistible.
+
+Más que el hecho en sí, aturdió y desconcertó á Morales la posibilidad
+de que pudiese ocurrir. Todas las creencias de su vida temblaron,
+próximas á derrumbarse. Era para perder la fe.
+
+--No, no es posible; Jaramillo tiene un talismán; Jaramillo no puede
+morir....
+
+Instintivamente fué hacia el lugar donde el nadador había dejado sus
+ropas. Una sonrisa de certidumbre, de confianza recobrada, dilató su
+rostro.
+
+--¡Bien decía yo!...
+
+Sobre las ropas estaba la bolsita, el irresistible _payé_. El muerto se
+había despojado de él antes de echarse al río, tal vez por distracción,
+tal vez por algún otro motivo desconocido de Morales.
+
+Éste pensó que existe una Providencia, como aseguran los padres
+misioneros. Luego se imaginó que tal vez aquel yacaré tan viejo como el
+río era alguna divinidad misteriosa que se encargaba de vengar á los
+humildes.
+
+Y sin vacilación se colgó del cuello la bolsita, con el mismo aire de un
+soberano que se ciñese la corona del mundo.
+
+
+
+
+III
+
+
+La suerte acudió en seguida á sonreirle.
+
+Triunfaron inesperadamente los «colorados». Ellos, que llevaban hechas
+tantas revoluciones, volvieron á apoderarse del gobierno del modo más
+pacífico y prosaico. El doctor Sepúlveda, siempre en Buenos Aires,
+consiguió que el gobierno federal enviase á su provincia una comisión
+interventora encargada de examinar los actos administrativos de los
+enemigos. Esta intervención puso al descubierto cosas censurables--como
+ocurre siempre en tales casos--, y el resultado fué que los «blancos»
+tuvieron que abandonar el poder y entraron á gobernar los «colorados».
+
+Volvió Morales á su patria con el orgullo y la aureola de un mártir
+político. El grande hombre del partido, que era ahora gobernador de la
+provincia, le estrechó la mano, honor que hizo llorar al mestizo.
+
+--Te conozco, héroe; eres un superviviente de la noche inolvidable. Ya
+quedan pocos.... ¿Qué deseas obtener?...
+
+Morales era de fácil contentamiento. Quería, simplemente, entrar en la
+Policía. Llevaba muchos años recibiendo golpes de los enemigos, y
+deseaba, á su vez, darse el gusto de devolverlos.
+
+Sus antiguos amigos lo encontraban en las calles de la ciudad con
+zapatos--¡un tormento!--, levitilla azul de botones dorados, y un casco
+inglés, blanco. La espada ya no la llevaba bajo el brazo ni oculta en el
+pantalón. Le pendía de la cintura, como á los militares, como á todos
+los que representan el orden y pueden pegar.
+
+Su carrera fué rápida, y al término de ella le salió al encuentro la
+gloria. No hubo en todo el país un policía más valiente. ¿Qué puede
+temer un hombre que lleva en el pecho un talismán de plumas de
+caburé?... Cuando había algo difícil y peligroso que hacer, sus jefes
+daban siempre la misma orden:
+
+--¡Que llamen á Morales!
+
+En vano los rebeldes á la autoridad sacaban sus pistolas en tabernas y
+bailes. Antes de que disparasen, el mestizo se las arrebataba de un
+manotazo. Algunas veces conseguían hacer fuego; pero las balas se
+limitaban á agujerear su casco ó ciertas superfluidades del uniforme,
+sin tocar nunca su carne. Y él salía de estas pruebas sonriente y
+tranquilo, como de cosas ordinarias y bien sabidas de antemano.
+
+En cambio, la certeza de ser invulnerable le proporcionaba un gran
+empuje para la acción. No teniendo que preocuparse de la defensa,
+concentraba todas sus potencias en el ataque, y no había mano más pronta
+y ágil que la suya. Si alguien se negaba á obedecerle, veía
+inmediatamente desdoblarse al mestizo, hasta convertirse en una compañía
+entera de Morales, todos espada en mano. Recibía un cintarazo por la
+izquierda, y al volverse encontraba un segundo Morales que le atizaba
+por la derecha. Luego un tercer Morales le tiraba al cráneo por lo alto,
+un cuarto lo hacía saltar golpeandole entre las piernas, y así
+sucesivamente, hasta que pedía misericordia.
+
+Los más valientes de la provincia empezaron á hablar de él con temor,
+adivinando su secreto.
+
+--Es inútil hacer nada contra su persona. Debe tener un _payé_.
+
+Sus jefes le hubieran hecho oficial, pero no sabía leer. Se limitaron á
+darle los galones de cabo, y él creyó necesario, para el ornato de su
+nueva dignidad, dejarse crecer en forma de bigote los contados pelos de
+su rostro cobrizo.
+
+En los días de gran mercado, las mujeres del campo, que venían á la
+capital montadas á estilo de hombre en sus caballejos de largo pelaje,
+admiraban al célebre policía. Le llamaban don Morales, poniendo el _don_
+ante el apellido, como es de uso en el país. Todas ellas palidecían al
+ver al héroe, pretendiendo atraerlo con las más dulces miradas de sus
+ojos oblicuos.
+
+Una mañana, estando de servicio en el Mercado, don Morales se tropezó
+con cierto _gringo_ corpulento, forzudo y rojo, al que había conocido
+años antes en el Paraguay.
+
+--¡Don Macperson!... ¡Qué sorpresa! ¿Cómo le va?...
+
+Se abrazaron. El policía lo despreciaba, como á todos los extranjeros,
+pero al mismo tiempo sentía por él una gran admiración.
+
+El desprecio era porque ignoraba el _guaraní_ y hablaba mal el español,
+signos evidentes de inferioridad mental. Además, como todos los
+_gringos_, tenía los pies enormes y calzaba zapatos que parecían navíos,
+lo que denuncia un origen ordinario en un país donde los hombres
+ostentan el pie pequeño y alto de empeine, lo mismo que una dama.
+
+Lo admiraba porque era capaz de pasar un día entero con su noche sin
+levantarse de la mesa, vaciando botella tras botella. Además, tenía la
+elocuencia de un predicador cuando ensalzaba las virtudes curativas del
+_whisky_, remedio infalible para todos los disgustos y todas las
+enfermedades.
+
+Morales hasta conocía sus manías. Cuando había bebido más de una copa,
+se irritaba si le llamaban inglés.
+
+--Mi no ser inglés--decía en un español balbuceante--; mi ser escocés.
+
+Llevaba un sinnúmero de años viviendo en la América del Sur. Había sido
+buscador de esmeraldas en Colombia, minero de plata en el Perú y de
+estaño en Bolivia, exportador de salitre en Chile, ganadero en
+Argentina, vendedor de hierba _mate_ en Paraguay y borracho consecuente
+en todas partes. Unas veces se veía patrono, otras modesto empleado; tan
+pronto daba dinero á los simples conocidos, como solicitaba un préstamo
+para continuar sus viajes. Ahora--según declaró á Morales desde las
+primeras palabras--se ocupaba en comprar novillos, como representante de
+cierta casa del Uruguay que fabricaba carne líquida para los niños y los
+adultos débiles.
+
+Esta carne líquida le hacía sonreír de lástima. ¡Habiendo _whisky_ en la
+tierra!...
+
+Morales vaciló mirando su propio uniforme. Era una autoridad, y sólo
+podía entrar en las tabernas para imponer respeto. Pero luego se
+enterneció mirando al _gringo_. ¡Un viejo compañero!...
+
+--Oiga, don Macperson, ¿si fuésemos á tomar una copa?...
+
+Entraron en una taberna del Mercado, y el dueño, en atención á Morales,
+les puso una mesilla en el fondo del corral. No había _whisky_, pero
+sacó una ginebra que arrancó elogios al extranjero.
+
+--Beba, Don; beba todo lo que quiera--dijo el policía--. Ya sabe que yo
+aprecio mucho á los ingleses, y ahora que soy alguien en mi país....
+
+--Mi no ser inglés; mi ser escocés.
+
+Recordó Morales la manía de su amigo. Muy bien; él apreciaba también
+mucho á los escoceses. Y después de esto, como si solicitase la
+admiración del _gringo_, habló de sus hazañas y del respeto medroso con
+que le miraban todos.
+
+--Lo sé, lo sé--dijo el extranjero.
+
+Había oído hablar mucho del cabo don Morales, y su asombro era sincero,
+aunque algo molesto para el héroe. No podía comprender que este mozo
+pequeño, enjuto y enclenque en apariencia inspirase miedo á nadie. Lo
+contempló con una curiosidad algo irónica desde la altura de su
+corpulencia; le acarició los brazos con sus manazas, sonriendo al
+encontrar inmediatamente el hueso bajo los músculos nervudos pero
+delgados.
+
+Un recuerdo surgido repentinamente en su memoria hizo esta sonrisa más
+insolente aún. Se vió en un hierbal del Paraguay algunos años antes,
+teniendo una disputa con Morales, que era su peón. El mestizo tiraba de
+la espada; pero él, de un manotazo, le quitaba la espada, propinándole
+después unos cuantos puñetazos de boxeador que le dejaban inánime en el
+suelo.
+
+Por un fenómeno de simpatía mental, Morales evocó al mismo tiempo este
+recuerdo, pero añadiéndole una segunda parte. Se vió tendido al
+anochecer en los hierbales, esperando al _gringo_, que después de darle
+los puñetazos iba á pasar la noche en Asunción. Al tenerle cerca, le
+disparaba un pistoletazo. Quedaba mal herido el escocés, guardaba cama
+varias semanas, y luego de restablecerse se iba del país, convencido de
+que no es prudente tener cuestiones con la gente cobriza.
+
+Se miraron largamente los dos hombres.
+
+--¡Famoso Morales!... ¡Encontrármelo hecho un héroe!...
+
+--¡Este don Macperson! ¿Por qué lo querré tanto?...
+
+Y se estrecharon las manos por encima del tarro de ginebra, que empezaba
+á estar casi vacío.
+
+Pero ya no se miraban lo mismo que antes. Detrás de sus pupilas
+persistía el mal recuerdo del pasado.
+
+El policía mostraba empeño en que le admirase el otro. Toda la ginebra
+descendida á su estómago pareció alborotarse con la sospecha de que el
+_gringo_ no creía en su valor y tenía por mentiras las hazañas que
+llevaba realizadas.
+
+De su español aprendido en Buenos Aires, prefería el escocés una palabra
+que siempre había irritado á Morales. Cuando le contaban cosas
+inverosímiles, levantaba los hombros, diciendo con desprecio:
+
+--¡_Macanas!... ¡Todo macanas_!
+
+Adivinó que en el pensamiento del _gringo_ estaba resonando
+incesantemente la misma palabra en aquellos momentos. «¿Las valentías
+del cabo Morales? ¡_Macanas_! ¡Todo _macanas_!»
+
+El deseo de verse admirado le hizo ser humilde y revelar su secreto.
+
+--Vea, don Escocés. Si soy valiente, reconozco que no hay en ello gran
+mérito. Aunque quisiera ser cobarde, no podría. Tengo un _payé_
+poderosísimo: llevo en el pecho tres plumas de caburé. Usted es casi del
+país; usted sabe lo que es eso. No hay hombre ni fiera que pueda nada
+contra mí.
+
+--¡_Macanas!... ¡Todo macanas_!
+
+Ya había surgido la terrible palabra. El policía empalideció al verse
+desmentido con un tono de desprecio.
+
+--Pero ¿no le digo que tengo un _payé_?... Mírelo. A usted solo se lo
+enseño.
+
+Y se desabrochó la levitilla y la camisa, mostrando la pequeña bolsa de
+cuero sudada y negruzca que pendía sobre su pecho.
+
+--¡_Macanas!... ¡Macanas_!--repitió el extranjero, apurando el resto de
+la botella de barro y empezando otra que acababa de traer el dueño del
+cafetín.
+
+Irritado Morales, habló de su infortunado camarada Jaramillo, del doctor
+germánico, del caburé, del caimán «el Abuelo»; contó toda su historia,
+sin que el otro cambiase de actitud.
+
+El mestizo se puso de pie. Podía el _gringo_ dudar de las virtudes de su
+madre, si gustaba de ello; por eso no dejarían de ser amigos. En
+realidad, él no estaba seguro de quién había sido su padre. Las gentes
+del país prescinden con frecuencia del casamiento, por los muchos
+papelotes, molestias y gastos que exige. ¿Pero dudar de su talismán?...
+¿Tener por falsa su historia?...
+
+--Oiga, don Inglés.
+
+El escocés quiso protestar al oir que le llamaban así, paro se quedó con
+la boca entreabierta por la sorpresa, dándose cuenta de que este error
+era intencionado y representaba un insulto.
+
+--Oiga, don Inglés. Vamos á hacer una prueba.
+
+Había sacado de un bolsillo de su pantalón una pistola de dos cañones de
+enorme calibre. Él tenía sus armas á la vista y sus armas ocultas.
+
+Se la ofreció al extranjero; y éste, que también se había puesto de pie
+con mal gesto, la tomó sin saber lo que hacía.
+
+--Yo puedo matarlo á usted, si quiero, y usted, en cambio, no puede
+hacerme nada á mí.... Pero no abusaré. Prefiero que se convenza por sus
+propios ojos. A ver si así se le ablanda esa cabezota dura de bruto que
+tiene.... ¡Tire!
+
+Se abrió con ambas manos sus ropas, mostrando el pecho desnudo y la
+prodigiosa bolsita. Podía el gringo hacer fuego sin cuidado. Se lo decía
+él con aire de reto.
+
+Macperson, á pesar de su embriaguez, reconoció que la proposición era
+absurda. Aquel mestizo se había vuelto loco, y en su soberbia confianza
+hasta parecía burlarse de él.
+
+--Tiene usted miedo de tirar, y hace bien. La bala rebotará sobre mi
+pecho y puede herirle á usted. Coloqúese de modo que no le alcance.
+
+El otro, como si no entendiese estas recomendaciones, se había limitado
+á poner horizontal la pistola, apuntando al pecho que tenía enfrente.
+
+--¡Mira que tiro!--dijo al fin con tono de amenaza--. Déjate de
+_macanas_, ó tiro.
+
+Se perdió entre los dos todo respeto. Se miraron como enemigos.
+
+--¡Tira, _gringo_ del demonio, para que puedas convencerte!... ¡Cuando
+te digo que tengo un _payé_!...
+
+--¡Mira que hago fuego!--volvió á repetir el otro con voz aún más
+sombría.
+
+--¡Tira de una vez, hijo de perra!... Tú no eres escocés.... Tú eres....
+
+No pudo seguir.
+
+--¡Ya que lo quieres!...
+
+Y el _gringo_ apretó los dos gatillos al mismo tiempo.
+
+Una nube blanca se extendió ante sus ojos.
+
+Al disolverse el humo y extinguirse el doble trueno, vió á Morales
+tendido á sus pies. Tenía los brazos abiertos, el pecho destrozado y una
+sonrisa helada, de soberbia confianza, de fe inconmovible, que iba á ser
+el último de sus gestos.
+
+
+
+
+LAS VÍRGENES LOCAS
+
+
+
+
+I
+
+
+Eran dos hermanas, Berta y Julieta, huérfanas de un diplomático que
+había hecho desarrollarse su niñez en lejanos países del Extremo Oriente
+y la América del Sur; dos hermanas libres de toda vigilancia de familia,
+jóvenes, de escasa renta y numerosas relaciones, que figuraban en todas
+las fiestas de París. Los tés de la tarde que se convierten en bailes
+las veían llegar con exacta puntualidad. Una ráfaga alegre parecía
+seguir el revoloteo de sus faldas.
+
+--Ya están aquí las señoritas de Maxeville.
+
+Y los violines sonaban con más dulzura, las luces adquirían mayor brillo
+en el crepúsculo invernal, los hombres entornaban los ojos acariciándose
+el bigote, y algunas matronas corrían instintivamente sus sillas atrás,
+apartando los ojos como si viesen de pronto, formando montón, todas las
+perversiones de la época.
+
+Ninguna joven osaba imitar los vestidos audaces, los ademanes
+excéntricos, las palabras de sentido ambiguo que formaban el encanto
+picante y perturbador de las dos hermanas. Todos los atrevimientos
+perturbadores del gran mundo encontraban su apoyo. Habían dado los
+primeros pasos hacía la gloria bailando el _cake-walk_ en los salones,
+hace muchos años, ¡muchos! cinco ó seis cuando menos, en la época remota
+que la humanidad gustaba aún de tales vejeces. Después apadrinaron la
+«danza del oso», el tango, la machicha y la furlana.
+
+Su inconsciente regocijo, al ir más allá de los límites permitidos,
+escandalizaba á las señoras viejas. Luego, hasta las más adustas
+acababan por perdonarlas. «Unas locas estas Maxeville.... ¡Pero tan
+buenas!»
+
+Todos conocían su existencia en un quinto piso, sin otra servidumbre que
+una vieja doméstica que hacía oficios de madre, suspirando al recordar
+las extinguidas grandezas de Su Excelencia el ministro plenipotenciario.
+Todos se daban cuenta de sus esfuerzos sonrientes y dolorosos para
+conservar el antiguo rango con una modesta pensión procedente del padre
+y una corta renta de la madre; sus habilidades taumatúrgicas para
+mostrarse bien vestidas á poco precio; su adopción de modas audaces,
+destinadas al fracaso, para ocultar con pretexto de originalidad el
+escaso valor de su indumentaria.
+
+Las gentes murmuradoras denunciaban sus ocultos convenios con modistas y
+sombrereras, que les proveían gratis para que propagasen sus
+invenciones. Pero aquí se detenía la maledicencia. De sus costumbres, de
+su vida en la casa, ni una palabra. Las rancias familias diplomáticas
+que habían conocido al ministro jamás tuvieron que amonestarlas por una
+imprudencia irreparable.
+
+El despecho de los hombres era también un certificado de su honestidad.
+Corrían hacia ellas, atraídos por su exterior desenvuelto. Se
+atropellaban unos á otros, como en una empresa fácil donde todo el éxito
+estriba en llegar antes que los demás. Risas provocativas, ojeadas
+misteriosas, palabras que parecían de esperanza.... Y poco después, uno
+por uno, los conquistadores desandaban el camino, cabizbajos y
+encolerizados, como un perro que se imagina encontrar un hueso y rompe
+sus colmillos en una piedra.
+
+--Unas astutas las pequeñas Maxeville; unas malignas, que, faltas de
+dote, buscan un marido á su modo.
+
+Los mismos que decían esto habían acabado por designarlas con un mote.
+Las señoritas de Maxeville fueron en adelante «las vírgenes locas».
+
+Todo resultaba exacto en este apodo, el defecto y la cualidad. Nadie
+ponía en duda su locura, ni lo otro. Eran como los directores de ciertos
+Bancos, que charlan en el ventanillo de la caja, sonríen, remueven las
+llaves, infunden esperanzas, pero no hacen el más pequeño préstamo á
+crédito, ni el más leve anticipo sobre promesas lejanas.
+
+Las vírgenes locas iban á triunfar finalmente en su desesperada batalla
+con los hombres. La mayor, Berta, había conquistado la voluntad de un
+ingeniero ruso, que se mostraba dispuesto á hacerla su esposa. La menor
+casi había conseguido lo mismo con un oficial joven; sólo le quedaba por
+vencer la resistencia de una madre orgullosa y tradicionalista, que
+vivía en provincias....
+
+En esto, un trompetazo desgarrador, insolente, brutal, cortó el ambiente
+de músicas sensuales y danzas voluptuosas con que se adormecían los
+humanos. Y la gente feliz corrió de un lado á otro, en pavoroso
+revoltijo, como los pasajeros de un trasatlántico que bailan en los
+dorados salones, vestidos de etiqueta, y de pronto escuchan, la voz de
+alarma de un tripulante: «¡Fuego en las bodegas!»
+
+
+
+
+II
+
+
+El segundo día de la movilización, la gente agolpada en las
+inmediaciones de la estación del Este las vió llegar vestidas de negro,
+con un traje sobrio y casi monacal, un pequeño sombrero semejante á una
+gorra, un bolsito de mano y un paquete con lo más indispensable para la
+vida: dos camisas, dos pares de medias.
+
+Las vírgenes locas se iban sin ruido, sin frases heroicas, sin dos
+líneas en los periódicos. Sus relaciones mundanas las habían aprovechado
+para conseguir rápidamente sus deseos. Marchaban á Verdún, á la
+frontera, al lugar del peligro, donde todos esperaban que ocurriese el
+primer choque. Llevaban una carta para los directores del servicio
+sanitario. Parecían más altas, más robustas, de paso más firme. Su
+belleza de parisienses á la moda había desaparecido. Eran mujeres
+iguales á las que lloraban ó gritaban de entusiasmo al otro lado de la
+verja; sin colorete, sin artificios, con el pelo libre de postizos, con
+las mejillas limpias y los ojos agrandados por una emoción que había
+venido á sustituir los antiguos retoques del lápiz negro: ojos serenos
+que miraban al porvenir heroicamente, adivinando la proximidad de la
+desgracia.
+
+Y se perdieron entre la multitud de hombres uniformados, caballos y
+cañones. Y su recuerdo se perdió igualmente en la memoria de todos los
+que una semana antes comentaban sus palabras y gestos. La gente
+necesitaba pensar en su propia suerte; el peligro no dejaba tiempo para
+mirar el exterior. ¡Pobres vírgenes locas! ¡Infelices muñecas de París
+arrebatadas por la tempestad cuando daban vueltas y sonreían con sus
+bocas pintadas, á los sones de una cajita de música!...
+
+De tarde en tarde, las damas reunidas para hacer tejidos de lana
+destinados al ejército evocaban su nombre al pasar revista á los muertos
+y los ausentes. «¿Las pequeñas Maxeville?...» Realizaban proezas á su
+modo en los hospitales del frente de guerra. Donde ellas estaban, los
+hombres se morían sonriendo. En algunas ocasiones habían llegado hasta
+los mismos lugares de combate, oyendo el silbido de los proyectiles. El
+nombre de la mayor aparecía citado en una orden del día.
+
+Y siempre el mismo comentario final: «Eran buenas. Algo locas, pero de
+hermoso corazón.»
+
+Transcurrió un año de guerra. Un día circuló la noticia de que Berta
+había muerto, víctima de su abnegación. Poco después ya no la nombraron.
+¡Eran tan frecuentes los heroísmos! ¡Desaparecían diariamente tantos
+nombres conocidos!...
+
+
+
+
+III
+
+
+Detrás de la línea de combate, en un hospital instalado en un castillo
+ruinoso, encontré meses después á la última virgen loca.
+
+No la hubiese reconocido. Pasó por una avenida del parque, casi
+saltando, con la toca revoloteante y moviendo bajo la blanca falda el
+ágil compás de sus piernas enjutas. Llevaba en las manos pálidas y
+transparentes un paquete de ropas. Su nariz y sus orejas brillaban con
+una claridad de vidrio sonrosado bajo la luz del sol. Parecía un cuerpo
+diáfano, con la transparencia malsana de la miseria física. Toda la vida
+se concentraba en sus ojos.
+
+Un médico militar que venía conmigo me confirmó su identidad.
+
+--Es la señorita de Maxeville: una joven del gran mundo antes de la
+guerra.
+
+El doctor sólo la conocía algunos meses. Había presenciado la muerte de
+la otra, una muerte horrible, cuyo recuerdo le estremecía aún. Se había
+contaminado al curar las heridas de un moribundo perdido durante tres
+días en el fondo de un embudo de tierra abierto por el estallido de un
+proyectil enorme. Su agonía duró cuarenta y ocho horas, ennegreciéndose
+lentamente con la expansión de la sangre envenenada, aullando entre
+nerviosos estertores, doblándose como un arco sobre la cabeza y los
+pies, que se clavaban en el lecho. Y la otra hermana se había negado á
+separarse de ella, abrazando el cuerpo convulsivo, besando sus ojos que
+no veían, su boca que sólo sabía rugir.
+
+--¡Berta, corazón mío! ¡No te mueras!... ¡No te mueras!
+
+Toda la vida juntas; toda la vida unidas por la orfandad necesitada de
+defensa, por la alegría que colorea la pobreza, por el deseo de crearse
+una posición antes de que terminase su juventud, ¡y verla morir ante sus
+ojos, entre tormentos desgarradores, sin poder salvarla, sin encontrar
+el medio de hacer plácidos y dulces sus últimos instantes!...
+
+--¡Pobre muchacha!--prosiguió el médico--. Ha visto perecer como un
+animal rabioso á la que era toda su familia. Poco después se enteró de
+la muerte de cierto oficial que deseaba ser su marido. Todos en el
+castillo admiran su energía.
+
+»No sé cuándo come, no sé cuándo duerme. Se la ve en todas partes, y á
+pesar de esto, los heridos lamentan su ausencia. «Que venga la señorita
+Julieta....» Es el médico moral de esta casa. En muchos casos vale más
+que nosotros. Ella y su pobre hermana han realizado estupendas
+curaciones.
+
+Las vi con la imaginación--mientras escuchaba al doctor--yendo de sala
+en sala como apariciones de salud que esparcían en torno la dulce
+alegría de vivir. Con los oficiales se mostraban algo recelosas. Eran
+hombres de su mundo, y tal vez por esto los juzgaban temibles, no
+pasando en su intimidad más allá de una solicitud natural y grave. Al
+entrar en las piezas ocupadas por el populacho doloroso, se
+transfiguraban, animando con su regocijo el ambiente cargado de
+lamentos, de perfume de drogas y hedor de carnes rotas.
+
+El recuerdo de madres y novias adquiría mayor relieve al ser evocado por
+sus labios. Describían los paisajes risueños del suelo natal á los
+enfermos ilusionados que poco después habían de morir; cantaban á media
+voz las canciones del terruño; encontraban con su instinto de mujeres de
+salón las conversaciones que más podían agradar á cada uno. La mayor
+había pasado una semana hablando de Ulises y la _Odisea_ con un
+licenciado en letras que agonizaba lentamente, pensando en su tesis de
+doctor que jamás llegaría á leer en la Sorbona. Mientras tanto, Julieta
+escribía cartas. El rudo marinero del Finisterre, el campesino de los
+departamentos centrales, el obrero burlón de la ciudad, el marroquí
+sombrío, el negro pueril, veían abrirse ante su pensamiento bellezas
+desconocidas, paisajes no sospechados. La señorita blanca era la
+poesía, la delicada sensualidad de vivir que llegaba hasta ellos.
+
+--¡Besa!--ordenaba Julieta presentando ante sus labios descoloridos una
+flor que acababa de arrancar del parque--. Un enamorado _chic_ debe
+enviar estos recuerdos.
+
+É introducía la flor en la carta escrita por ella, monumento de
+admiración para el firmante, orgulloso y conmovido de suscribir tales
+ternezas. Una hora antes de amanecer--la hora fatal en los hospitales--,
+cuando el día apunta y el moribundo se extingue, los estertores de
+agonía murmuraban siempre el mismo deseo: «_Mademoiselle_.... Una
+cualquiera de las dos señoritas.»
+
+Y ellas, que acababan de adormecerse en el silencio de plomo que precede
+á la llegada de la luz, acudían corriendo para presenciar una agonía
+más, para animar la mano yerta con el contacto de su mano, para
+disimular los pasos de la muerte con sus palabras que sonaban lo mismo
+que monedas de oro, con sus risas que parecían vibraciones de fino
+cristal.
+
+
+
+
+IV
+
+
+--Y esta pobre--continuó el médico--prosigue la santa obra de la
+alegría. Cuando se ve sola, piensa en la otra, piensa en el oficial
+muerto, y huye en busca de los agonizantes, como si el dolor ajeno fuese
+su refugio. La sala de los incurables, de los que están condenados á
+morir, es su lugar preferido. Y canta, cuando minutos antes suspiraba á
+solas; ríe, con los ojos cargados aún de lágrimas.
+
+»Nosotros fingimos no ver lo que hace. ¿De qué sirven los reglamentos
+ante la muerte?... Lo que importa es que proporcione un poco de alegría
+al que se va. Cada uno hace el bien como puede. Anoche la sorprendí
+empleando su método en la sala de los desesperados. Tenemos un tirador
+marroquí con las piernas y el vientre deshechos. Va á morir de un
+momento á otro; tal vez ha terminado á estas horas. Tenemos un alemán
+que está en la cama inmediata. Los colocaron así inadvertidamente; ahora
+es tarde para moverlos.
+
+»Los hombres de Europa olvidan sus rencores al verse en los límites de
+la vida. Este africano es de cólera larga. Cuando cree que no le ven,
+enseña el puño al enemigo inmediato, que le mira con unos ojos redondos
+y asombrados, lo mismo que si estuviesen aún en el campo de combate. La
+señorita de Maxeville corre hacia él, fingiéndose irritada.
+
+»--¿Qué es eso, Alí?... Quieto, ó me enfado contigo.
+
+»--No te enfades, señorita--murmura el moro--. Lo respetaré, ya que lo
+pides. Pero esta noche, cuando te marches, iré á su cama y le cortaré la
+cabeza.
+
+»Y no puede moverse. Anoche rugía de dolor, alterando con sus gritos el
+silencio del dormitorio, quitando el sueño á los otros heridos, pugnando
+por levantarse para ir en busca del adversario y saciar en él su furia.
+
+La señorita de Maxeville es la única que sabe calmar á estos hombres. Yo
+vi, á la tenue luz del dormitorio, cómo empezó á bailar, con un plato en
+la mano. Este plato le servía de pandereta. Movía las caderas, retorcía
+el busto, acompañaba con balanceos su monótona canturía oriental,
+sonreía lo mismo que una mujer de aduar que baila ante la tribu la
+«danza del vientre».
+
+Los heridos soñolientos sacaban sus cabezas sobre los embozos, pugnando
+por moverse; las bocas negruzcas se animaban con una sonrisa pálida;
+las miradas ardorosas seguían con avidez el cuerpo de la danzarina, que
+iba trazando en los muros una procesión de siluetas.
+
+El marroquí se había incorporado, como un chacal que desea saltar y
+tiene las patas rotas. Su admiración se escapaba en roncos barboteos.
+
+--¡Oh, sonrisa del anochecer!... ¡Alegría de la sombra!... ¡Señorita
+blanca!
+
+
+
+
+LA VIEJA DEL CINEMA
+
+
+
+
+I
+
+
+El comisario de Policía miró duramente á la mujer de pelo blanco que se
+había sentado ante su escritorio sin que él la invitase. Luego bajó la
+cabeza para leer el papel que le presentaba un agente puesto de pie al
+lado de su sillón.
+
+--Escándalo en un cinema--dijo, al mismo tiempo que leía--; insultos á
+la autoridad; atentado de hecho contra un agente.... ¿Qué tiene usted
+que alegar?
+
+La vieja, que había permanecido hasta entonces mirando fijamente al
+comisario y á su subordinado tal vez sin verlos, hizo un movimiento de
+sorpresa, lo mismo que si despertase.
+
+--Yo, señor comisario, vendo hortalizas por las mañanas en la _rue
+Lepic_. No soy de tienda; llevo mis verduras en un carrito. Todos los
+del barrio me conocen. Hace cuarenta años que tengo allí mi puesto
+ambulante, y....
+
+El funcionario quiso interrumpirla, pero ella se enojó.
+
+--¡Si el señor comisario no me deja hablar!... Cada uno se expresa como
+puede y contesta como su inteligencia se lo permite.
+
+El comisario se reclinó en un brazo del sillón, y poniendo los ojos en
+alto empezó á juguetear con el cortapapeles. Estaba acostumbrado á los
+delincuentes verbosos que no acaban de hablar nunca. ¡Paciencia!...
+
+--En 1870, cuando la otra guerra--continuó la vieja--, tenía yo
+veintidós años. Mi marido fué guardia nacional durante el sitio de París
+y yo cantinera de su batallón. En una de las salidas contra los
+prusianos hirieron á mi hombre, y le salvé la vida. Luego tuve que
+trabajar mucho para mantener á un marido inválido y á una hija única....
+Mi marido murió; mi hija murió también, dejándome dos nietos.
+
+Hizo una pausa para darse cuenta de si la escuchaban. No lo supo con
+certeza. El agente permanecía rígido y silencioso, como un buen soldado,
+junto al comisario. Éste silbaba ligeramente, moviendo el cuchillo de
+madera y mirando al techo.
+
+--Mi nieta--continuó la vieja, sin inmutarse por esta falta de
+atención--se llama Julieta, baila en los teatros, y es célebre. El señor
+comisario debe haber visto su retrato muchas veces en los periódicos y
+en los carteles de las esquinas. Sólo la encuentro de tarde en tarde.
+Una mañana, cuando iba yo empujando mi carretilla, casi me atropelló su
+automóvil. Esto la hizo llorar, asegurando que era por culpa mía, porque
+yo no quiero vivir con ella y me empeño en seguir vendiendo verduras, lo
+mismo que cuando Julieta y su hermano eran pequeños.... Cada uno es como
+es. A mí, aunque soy pobre, no me gusta la manera de vivir de las
+artistas. ¿Digo mal, señor comisario?...
+
+El comisario había cesado de silbar y miraba á la verdulera con cierto
+interés. Debía conocer á su nieta, la célebre bailarina. Iba á hacerle
+alguna pregunta sobre ella, cuando la vieja siguió hablando.
+
+--Mi preferido fué siempre Alberto, un obrero aficionado á los libros.
+Yo, aunque deseo vivir independiente, iba todos los días á su casa,
+ayudaba á su mujer, jugaba con su hijo. ¡Un biznieto! Imagínese qué
+alegría, señor comisario. No todos llegan á ser bisabuelos.
+
+Se detuvo un instante, como embelesada por dulces recuerdos.
+
+--¡Los días felices de la paz!--añadió--. Un domingo fuimos de campo;
+comimos junto al Sena para celebrar el ascenso de Alberto á primer
+contramaestre de su fábrica.... Dos semanas después estalló la guerra.
+
+El comisario hizo un gesto, que la vieja creyó de cansancio.
+
+--Sí; ya sé que llevamos cuatro años de guerra y á todos aburre hablar
+de estas cosas. No insistiré, señor comisario. Me han dicho que hasta en
+los teatros y en los periódicos están cansados de la guerra y sus
+aventuras. ¡Además, mi historia es la de tantas y tantas mujeres!...
+Alberto fué á incorporarse á su regimiento en los primeros días de la
+movilización. No lo vi hasta un año después, que volvió del frente
+vestido de soldado. Luego vino otra vez. Yo había acabado por
+acostumbrarme á esta situación. Me imaginaba que sólo los otros hombres
+podían morir, ¡pero mi Alberto!... Un día recibí un papel, que nos hizo
+llorar á mí y á su mujer. Después nos visitó un compañero de mi nieto
+para traernos varios objetos suyos.
+
+La voz de la vieja se enronqueció.
+
+--Y ya no lo vi más, señor comisario.... Ellos me lo mataron.
+
+Pero acordándose de su promesa, hizo un esfuerzo para serenarse y no
+hablar de la guerra.
+
+--La viuda de Alberto trabaja ahora en una fábrica de municiones al
+otro lado de París, y yo sólo de tarde en tarde puedo ver á mi biznieto.
+Hay que ganarse la vida.... Además, ¿por qué no decirlo? desde que murió
+Alberto gusto de entrar en la taberna más que antes. Cada uno mata su
+pena como puede. Estoy en los setenta, y á esa edad, cuando hay que
+levantarse antes del alba para ir á los Mercados centrales á comprar el
+género, un vasito de vez en cuando es la mejor de las medicinas. ¿No lo
+cree usted así, señor comisario?...
+
+El silencio del aludido quiso demostrar á la vieja lo inoportuna que era
+su pregunta. Pero ella continuó, con cierta precipitación que revelaba
+la proximidad de la parte más interesante de su relato.
+
+--Hoy, al anochecer, estuve en la taberna con el tío Crainqueville. El
+señor comisario debe conocerlo. Sus desgracias andan escritas en libros
+y comedias.
+
+Este nombre pareció despertar un vago recuerdo en la memoria del
+funcionario. La afirmación de que con sus aventuras se habían escrito
+libros le hizo interesarse en una rebusca mental. Luego levantó los
+hombros é hizo un gesto de incredulidad.
+
+--Su historia--continuó la vieja--la ha escrito un señor Anatole, que
+trabaja al otro lado del Sena, en un taller de sabios. Es un palacio con
+una cúpula, donde dan recetas para que la gente rica pueda hablar bien.
+
+El comisario se incorporó en su sillón, impulsado por la sorpresa. Aquel
+taller de sabios á la orilla del Sena era sin duda la Academia Francesa;
+la casa de la cúpula, el Instituto; y el tal Anatole no podía ser otro
+que Anatole France.
+
+--¿Pero existe el tío Crainqueville?--preguntó con incredulidad.
+
+--Treinta años lo conozco, señor. Vendemos en diferentes barrios, pero
+nos vemos todas las madrugadas al hacer nuestras compras, y por la noche
+volvemos á encontrarnos en la misma taberna. ¡Un infeliz! Ahora sus
+asuntos andan mal; trabaja poco; sabe demasiado. Su protector le enseñó
+muchas cosas; él me las dice, y yo paso las horas muertas en la taberna
+escuchándole.
+
+Hizo una pausa antes de reanudar su relato donde lo había abandonado.
+
+--Digo que nos encontramos al anochecer en la taberna. Luego, como á las
+nueve, salimos, y sin saber por qué, me detuve en la puerta de un
+cinema, sintiendo deseos de entrar. Me atrajo un cartel con una
+alsaciana muy hermosa defendiéndose de un alemán feroz. Yo adoro esta
+clase de historias. Soy muy patriota. Tal vez es porque he visto dos
+guerras.... Pero no hablemos de la guerra. El tío Crainqueville se negó
+á entrar, y eso que yo pagaba. No sé en realidad qué es lo que le gusta.
+Todo le hace sonreír con aire de lástima. Entré sola, y debí entrar con
+mal pie. ¿No ha notado el señor comisario cómo algunas veces todo nos
+sale torcido, y cuando queremos agradar ofendemos á las gentes, lo mismo
+que si un demonio nos guiase?...
+
+El comisario no se dignó contestar.
+
+--Me disgusté con la señora que vende en la taquilla por si una moneda
+era buena ó falsa; discutí también con el que recoge las entradas porque
+acudió en su defensa.... Dentro, en la sala, la misma mala suerte. Mis
+vecinos de fila se quejaron, diciendo que había entrado con demasiada
+violencia. Mala voluntad de su parte, pues á mí no me gusta molestar á
+nadie. Una remilgada, cerca de mí, se atrevió á decir que yo olía á
+vino. Otro insolente aludió á mis anchuras, dudando de que cupiesen en
+el asiento. Les contesté como sé hacerlo y el público protestó á gritos,
+asegurando que perturbaba el espectáculo. Si me callé al fin, fué
+porque había empezado la historia de la alsaciana y su perseguidor. Una
+historia interesante. Yo se la contaría á usted, señor comisario, pero
+temo molestarle. Además, no sé cómo termina; no me dejaron ver el final.
+
+El comisario había vuelto á mirar al techo y á silbar por lo bajo para
+distraer su impaciencia.
+
+--Un señor que estaba detrás de mí y parecía muy entendido en esto del
+cinema, daba en voz baja sus opiniones á los vecinos.... De pronto, la
+alsaciana se iba al frente, huyendo de su perseguidor, y empezaban á
+verse las trincheras con muchos soldados, las cocinas, los cañones. El
+señor entendido decía que estas vistas no pertenecían en realidad á la
+historia; que eran, ¿cómo diré yo? lo mismo que retales que le habían
+puesto al _film_. ¿Me explico bien, señor comisario? Cosas viejas de la
+guerra que habían aprovechado; algo así como los remiendos que se echan
+á la ropa para que parezca mejor.... Pero yo no entiendo de esto, y las
+vistas me han parecido magníficas.
+
+»De pronto salió en el telón el interior de una trinchera, con muchos
+soldados descansando. Uno de ellos escribía una carta sobre sus
+rodillas, puesto de espaldas al público. Poco á poco volvió la cabeza y
+sonrió á las gentes. Yo dudé, creyendo que veía mal. Luego debí gritar.
+¡Era mi nieto!...
+
+»Me levanté para verle mejor; quise ir hacia mi Alberto. Tal vez pasé
+entre la gente con demasiada violencia. El público debió creer que era
+alguna farsa mía y acudieron los empleados, y muchos espectadores me
+cerraron el paso. Intenté hablar y no me dejaron. No quisieron oir mis
+explicaciones; me creían borracha. Acabé por batirme á puñetazos con los
+que me empujaban hacia la puerta. Llamaron al mismo agente que está
+ahora aquí. Dicen que lo insulté, que le mordí en una mano. Ignoro cómo
+pude hacerlo. Estaba tal vez loca en aquel instante. Es verdad que este
+señor me llevó á empujones, sin querer oirme; que no me permitió seguir
+viendo á mi Alberto....
+
+Hizo una larga pausa. Sus ojos empezaron á humedecerse.
+
+--Y así es--terminó la vieja--como he vuelto á encontrar á mi nieto....
+Pido perdón al señor comisario.... Pido perdón al señor agente.
+
+Bajó la cabeza, juntó las manos y miró al suelo, refugiándose
+voluntariamente en el silencio, confiándose á la suerte, sin insistir
+más en su defensa, mientras sus lágrimas empezaban á correr mejillas
+abajo.
+
+El comisario no dijo nada. Miró al agente que tenía á su lado, un
+veterano con la Cruz de Guerra sobre el pecho del uniforme y varios
+galones en una manga indicadores de sus campañas. Él también miró á su
+superior. Había permanecido impasible hasta entonces, pero varias veces
+se mordió el recio bigote.
+
+Los dos hombres parecieron entenderse con la mirada. El comisario
+devolvió al agente el parte redactado por él media hora antes en la sala
+de espera de la Comisaría dando cuenta del escándalo ocurrido en el
+cinema.
+
+El veterano, sin decir una palabra, rasgó el papel en menudos pedazos.
+
+--Buena mujer, puede usted marcharse.
+
+La voz del comisario sacó á la vieja de su abstracción. ¿Era cierto que
+la dejaban irse?... ¡Qué señores tan buenos!
+
+--¿Y podré volver al cinema?--añadió con ansiedad--. ¿Me dejarán ver
+todas las noches á mi pequeño?
+
+Los dos hombres rieron de su simpleza, contestando con un gesto
+afirmativo.
+
+Salió de la Comisaría lentamente. No convenía que la viesen huir como el
+que tiene la conciencia sucia.
+
+Pero al llegar á la calle, se convenció de que nadie la espiaba, y
+recogiéndose las faldas, echó á correr con una ligereza juvenil. Su
+arrugado rostro se dilató, jadeando de fatiga; sus cabellos blancos se
+escaparon en desorden de la pañoleta de punto con que abrigaba su
+cabeza.
+
+Cuando llegó al cinematógrafo, salían de él los últimos grupos de
+espectadores. Los empleados apagaban las luces y retiraban los carteles.
+La vieja vió luego cómo cerraban las puertas.
+
+Se mantuvo inmóvil, con un codo apoyado en la pared y la frente en una
+mano. Lloraba con una angustia infantil.
+
+--¡Esperar hasta mañana!--murmuró--. ¡No ver á mi pequeño en tantas
+horas!...
+
+
+
+
+II
+
+
+A la noche siguiente la vieja se presentó en el cinema con un aire de
+humildad. Se encorvaba para pasar inadvertida. Se aproximó al despacho
+de billetes, volviendo el rostro para que no la reconociese la empleada.
+
+Pero el hombre encargado de guardar la puerta corrió hacia ella:
+
+--¡Ah, no! ¿Viene usted á mover escándalo otra vez?... Para usted no hay
+entrada.
+
+--Déjeme pasar, buen señor. Le juro que seré muy juiciosa.
+
+Hablaba con una dulzura infantil, y el empleado acabó por reir, lo mismo
+que la mujer de la taquilla.
+
+La vieja los saludó á los dos con agradecimiento al ver que la dejaban
+pasar. Luego saludó también á un policía inmóvil en el pasillo de
+entrada, como si fuese un antiguo amigo. No le parecía el mismo de la
+noche anterior...pero ¡por si acaso era!...
+
+Dentro de la sala procedió con modestia y afabilidad. Saludó á todos los
+espectadores que encontraba al paso con una cortesía extremada, sin
+obtener contestación. Algunos se limitaron á mirarla extrañados.
+
+«Es una loca», parecían decir con sus ojos.
+
+Se encogió en su asiento y procuró ocupar el menor espacio, por miedo á
+molestar á sus vecinos. Al principio volvió repetidas veces la cabeza
+para ver si la observaban los empleados del cinema y recibir su
+aprobación. Pero el espectáculo la hizo olvidarse pronto de la realidad.
+El alemán perseguía ya á la alsaciana, desarrollándose sobre el lienzo
+blanco las complicadas aventuras de la novela cinematográfica. Luego
+aparecían las trincheras y el soldado que escribía la carta puesto de
+espaldas, y al volver la cabeza hacia el público, mostraba su rostro.
+
+--¡Alberto!... ¡Alberto!...
+
+La vieja tuvo que hacer un esfuerzo enorme para contenerse. Le subía
+este grito á la garganta con estertores dolorosos. Pero tembló ante la
+idea de escandalizar á los espectadores, como en la noche anterior. Le
+arrojarían del local para siempre; no podría ver más á su soldado.
+
+El miedo la hizo contenerse, y su emoción ruidosa se deshizo en
+lágrimas. Para desahogar su pecho, hablaba en voz muy queda, una voz
+que sonaba hacia dentro del cuerpo, mientras sus ojos lacrimosos seguían
+contemplando con devoción todo lo que pasaba por el lienzo.
+
+--¡Alberto!... ¡Pequeño mío!... Soy yo, tu abuela; ¿no me conoces?...
+Vendré á verte todas las noches.... ¡todas las noches!
+
+En la representación siguiente lloró menos. A la salida, habló con el
+hombre de la puerta con cierta familiaridad, como si ella también fuese
+de la casa.
+
+--¿Ha visto usted qué bien «trabaja» mi nieto?...
+
+Y el empleado, que había oído ya varias veces su historia sin prestarle
+mucha atención, se llevó un dedo á la frente mirando á la mujer de la
+taquilla.
+
+Los dos se entendieron con una sonrisa que decía lo mismo: «Está loca,
+verdaderamente loca.»
+
+La vieja apenas pudo dormir aquella noche. Sentía intranquila su
+conciencia. Era una egoísta que guardaba para ella toda la felicidad de
+su descubrimiento. Alberto tenía en el mundo de los vivos alguien más
+que su abuela.
+
+A la mañana siguiente vendió apresuradamente las verduras, sin cuidarse
+de la ganancia, y guardó su carretoncillo mucho antes que los
+compañeros. El Metro la puso en las afueras de París. Se vió en un
+paisaje grisáceo, yermo, con fábricas humeantes y casas de ladrillo,
+tristes como prisiones, en las que vivían los obreros.
+
+Habló con la portera de una de estas viviendas. Su biznieto estaba en la
+escuela y la mujer de Alberto trabajaba en la fábrica.
+
+Fué luego á la tal fábrica, y el conserje, un inválido, le cerró el
+paso. Prohibida la entrada; ningún curioso podía introducirse en los
+talleres, porque en ellos se torneaban obuses.
+
+Pero la vieja, pegada tenazmente al arco de la puerta, pudo ver de lejos
+á varias mujeres que pasaban y repasaban por los patios, en las
+evoluciones de su trabajo, todas ellas con pantalones anchos, lo mismo
+que si fuesen ciclistas. Casi rió de sorpresa al darse cuenta de que una
+especie de muchacho pequeño y delgado, con amplios calzones azules,
+abandonaba la carretilla que iba empujando, llena de virutas de acero,
+para saludarla desde lejos. Era la mujer de Alberto.
+
+Cuando sonó la campana de mediodía y las trabajadoras salieron para
+almorzar, la vieja pudo verla de cerca. Tenía una palidez cenicienta y
+sus ojos eran más grandes que nunca, rodeados de aureolas azuladas y
+dolorosas.
+
+Rompió á llorar al enterarse de que su marido aparecía todas las noches
+en un cinema, después de haber muerto hacía un año.
+
+--¿Cómo puede ser eso?...
+
+Su asombro era tan grande, que cortaba su llanto. Hacía esfuerzos
+inútiles para entender á la vieja, la cual iba repitiendo las
+explicaciones que había escuchado, aunque sin comprenderlas mejor que la
+otra.
+
+--Lo cierto es que Alberto trabaja en el cinema. Ven con el niño; os
+espero esta noche.
+
+Hizo su invitación con aire de mando. A las ocho la encontrarían en la
+puerta del cinematógrafo, situado casi en el extremo opuesto de la gran
+ciudad. Después se separaron, pues los pobres no tienen tiempo que
+perder.
+
+La vieja los vió llegar puntualmente. Llevaba la viuda un vestidito
+negro adquirido en un bazar; el niño iba con su mejor ropa y peinado
+como un paje.
+
+Al ver que la obrera intentaba ir hacia la taquilla, la vieja se opuso.
+
+--¿Qué es eso?... Aquí pago yo. Me aprecian mucho; soy como de la casa.
+
+Y para demostrar su confianza bromeó con la vendedora de billetes. Luego
+estrechó una mano del hombre que guardaba la puerta--su antiguo
+enemigo--, dándole un cigarro barato que había comprado momentos antes.
+
+--Los pequeños regalos mantienen las amistades. Tome usted, señor.
+
+Dentro de la sala saludó á la acomodadora como si fuese una antigua
+conocida.
+
+--Son la mujer y el hijo de mi nieto, el que trabaja en la obra--dijo,
+dándola al mismo tiempo unas cuantas piezas de cobre.
+
+Y se sentó con orgullo en las sillas designadas por la empleada,
+juzgándolas mejores que las otras.
+
+Pero la satisfacción de mostrar á sus acompañantes la inmensa influencia
+de que gozaba en este lugar público duró muy poco. Al aparecer Alberto,
+temió que gritase también aquella mujercita vestida de luto que tenía á
+su lado. Pero era silenciosa en su dolor. Contempló la visión con unas
+pupilas agrandadas é inquietantes, que hacían recordar los ojos de los
+aficionados á la morfina. Cerraba los labios con fuerza, y por ambos
+lados de su boca corrían dos hilos de lágrimas.
+
+El enlutado pajecillo miraba con la inconsciencia de una edad en que se
+oye hablar de la muerte sin saber lo que es. Aquel soldado lo conocía
+él: era su padre; lo había visto llegar á su casa vestido así. ¿Por qué
+no volvía?...
+
+--¡Papá...papá!...--murmuró, tendiendo sus manecitas hacia la visión.
+
+Y la madre y la bisabuela, sin dejar de llorar, le empujaron dulcemente
+en la obscuridad para que permaneciese quieto.
+
+A la salida, antes de despedirse junto á la puerta del cinema, la vieja
+tomó su aire imperativo:
+
+--Mañana aquí, á la misma hora. Yo pago.
+
+La viuda pareció extrañarse de tal invitación.
+
+--Vivo al otro lado de París; un verdadero viaje. Me he de levantar
+temprano para el trabajo; debo ocuparme del niño antes de enviarlo á la
+escuela. ¡Imposible!... Además, ¿para qué volver? Alberto no resucitará,
+y este espectáculo me mata.
+
+La vieja la siguió con los ojos mientras se alejaba con su niño
+titubeante de sueño. Siempre había creído á esta mujercita de poco
+corazón.
+
+--¡Ay! La única que se acuerda verdaderamente de Alberto soy yo.
+
+Anduvo triste y malhumorada todo el día siguiente. Al anochecer se
+encontró en la taberna con el tío Crainqueville. Aunque el verdulero
+filósofo hablaba poco y pasaba entre las personas y las cosas sin
+preocuparse de ellas, pareció interesarse por los actos de su vieja
+camarada. La había observado silenciosamente. Desde hacía unos días era
+otra mujer. Gastaba mucho dinero; convidaba á todo el mundo; llegaba
+tarde á los Mercados, comprando lo más caro y lo peor, para vender luego
+al público con mayor baratura que los demás.
+
+--Te vas á arruinar, estás gastando tu capital.
+
+Pero no obstante sus consejos, siguió bebiendo todos los vasos que quiso
+ofrecerle la vieja.
+
+A las ocho, ésta se mostró impaciente.
+
+--Adiós, Crainqueville. Te dejo, si no quieres acompañarme. Me espera mi
+nieto; ya sabes que trabaja en el cinema.
+
+--¡Pero si á tu nieto lo mataron!...
+
+--Es verdad que lo mataron; pero trabaja en el cinema.
+
+El filósofo se limitó á encogerse de hombros. Sabía por su maestro y
+protector que no hay que asombrarse de nada en este mundo.
+
+Hasta los actos más ordinarios y comunes resultan incoherentes cuando se
+les estudia de cerca. Era inútil, pues, exigir lógica en los sucesos
+extraordinarios de nuestra vida.
+
+
+
+
+III
+
+
+La vieja, después de apoyar un dedo en el timbre de la verja, examinó su
+vestido de seda negra. Databa de los tiempos de su pobre hija. Ella
+misma lo había cortado é hilvanado; pero de la primera hechura quedaba
+muy poco, después de los retoques que se habían sucedido durante su
+larga existencia.
+
+Reconoció que no estaba del todo mal. Algo pasado de moda; pero el
+género bueno siempre es apreciado por las personas inteligentes, y ahora
+ya no se fabrican sedas como las de antes. La cabeza la llevaba desnuda.
+Sentíase orgullosa de su pelo blanco, duro y abundante.
+
+Admiró al otro lado de la verja el pequeño hotel rodeado de árboles. ¡Lo
+que una mujer puede ganar con sus pies!... Pero la proximidad de una
+jovenzuela con delantal y gorro blancos no le permitió continuar su
+examen. Esta doméstica elegante avanzaba atraída por el llamamiento del
+timbre. A la vieja le fué antipática por sus ademanes varoniles, por la
+mirada altiva con que la midió de pies á cabeza y por su voz áspera.
+
+--Buena mujer, si es para pedir un socorro á la señora, venga otro día.
+La señora no está.
+
+Balbuceó la vieja de indignación.
+
+¡El puñetazo que se llevaría la tal, de no existir la verja entre las
+dos!... Empezaba á dirigir terribles alusiones al pecho plano de la
+doncella, á sus angulosidades de muchacho, subiendo rápidamente el
+diapasón de sus ofensas, cuando sintió que la cogían de los hombros.
+
+Al volver la cabeza, vió junto á la acera un automóvil que acababa de
+detenerse. Una señora elegante salida de él la sonreía, intentando
+abrazarla.
+
+--¡Abuelita!... ¡abuelita!
+
+Lo primero en que se fijó la vieja fué que la bailarina célebre iba
+vestida de luto: un luto vistoso y sobradamente llamativo, pero luto al
+fin, que sólo podía ser por su hermano Alberto.
+
+Se sintió empujada cariñosamente al otro lado de la verja que acababa de
+abrir la doncella. Quiso anonadar con una mirada y un bufido á la
+insolente; pero ésta había bajado los ojos, no pudiendo resistirse á su
+confusión.
+
+¡La que había tomado por una mendiga era la abuela de la señorita!...
+
+Al mismo tiempo lamentaba en su interior las injusticias de la suerte.
+Ella había hecho estudios de bachillerato; tenía arriba en su habitación
+un cuaderno lleno de versos, y sin embargo, no venía ningún príncipe de
+leyenda á llevársela, regalándole un hotel igual al de la otra.
+
+La vieja marchó de asombro en asombro al recorrer los salones de la
+bailarina. Ella se había imaginado el lujo de otra manera: grandes y
+ostentosas sillerías, muebles monumentales, y aquí apenas encontraba
+donde sentarse. Sólo veía divanes bajos y cojines en el suelo. Los
+muebles eran de aspecto tan frágil, que no osaba tocarlos; los colores
+de paredes y cortinas, tan raros y complicados, que daban el vértigo á
+sus ojos.
+
+Apenas hubo nombrado á Alberto, la nieta se conmovió, perdiendo su
+alegría de pájaro.
+
+--¡Cómo he sentido su muerte!--dijo con los ojos húmedos--. Nos
+llevábamos mal; apenas nos veíamos. Él no podía comprender mi modo de
+vivir. Pero lo amaba de veras.
+
+Tomó un retrato que estaba sobre una mesilla, en lugar preferente, y lo
+besó. Era el retrato de Alberto. Esta fidelidad en el recuerdo conmovió
+profundamente á la abuela. ¿Y aún decían que si Julieta era esto ó
+aquello, por su profesión y su manera de vivir?... ¡Un alma de oro!
+
+Su entusiasmo fué enfriándose un poco al notar la serenidad con que
+escuchaba la bailarina el relato de su descubrimiento en el cinema.
+
+--Es curioso--se limitó á decir--, verdaderamente curioso.
+
+Y adivinó cuál era el deseo de su abuela.
+
+--¿Quieres llevarme á verlo? Bueno; te acompañaré esta noche, pero con
+una condición: la de que te quedarás á comer conmigo.
+
+El recuerdo de su hermano había hecho surgir en ella otros recuerdos.
+
+--¡Ay, abuelita! No es el pobre Alberto el único que fué á la guerra.
+Otros hay que viven aún; y los que viven inspiran mayores preocupaciones
+que los muertos.
+
+Pensaba en su amigo, un joven rico que la verdulera no había visto
+nunca, pero, según murmuraba la gente, acabaría casándose con Julieta.
+
+No pudieron hablar más. Era la hora del té, y empezaron á llegar las
+amigas de la señora, todas vestidas con unos trajes elegantes, raros y
+vistosos, que hacían parpadear á la vieja, desorientándola en sus
+opiniones. Algunas, á pesar de sus extraordinarias vestimentas,
+envidiaban el luto de Julieta. Una de ellas fué más lejos en la
+manifestación de sus deseos:
+
+--¡Qué suerte tener un muerto en la familia! ¡El negro sienta tan
+bien!...
+
+Todas fumaban. Se habían tendido en el suelo, sobre pieles de oso blanco
+ó redondos almohadones de seda, abullonados y con un botón hondo en el
+centro, semejantes á calabazas. Unas se estiraban lo mismo que fieras
+perezosas, sin reparar en lo que dejaban al descubierto; otras apoyaban
+la mandíbula en las rodillas, mientras mantenían éstas entre sus brazos
+cruzados.
+
+El té estaba en el suelo, sobre una gran bandeja de plata, en la que
+movía la lámpara de alcohol su penacho azul casi invisible.
+
+Julieta había hecho valientemente la presentación de la vieja á sus
+amigas.
+
+--Mi abuelita, que vende hortalizas todas las mañanas en la _rue Lepic_.
+Yo estoy orgullosa de mis ascendientes, lo mismo que un nieto de los
+Cruzados.
+
+Risa general de las señoras, que poco á poco olvidaron á la vieja. Ésta
+quiso irse. No gustaba de tales costumbres, pero al mismo tiempo temía
+ofender á su nieta.
+
+Pasó cautelosamente de silla en silla, como una chicuela que desea
+escaparse, llegando de este modo hasta el comedor. Allí cobró ánimo, y
+poniéndose de pie, se aventuró francamente en un pasadizo inmediato.
+
+Casi tropezó con la doncella, que volvía al salón llevando más agua
+caliente para el té. La vieja la saludó con un bufido implacable.
+
+--¡Presumida!... ¡Fea!
+
+Después de este insulto supremo se sintió más ágil, y empezó á bajar
+unos peldaños, hasta dar con la cocina.
+
+Aquí admiró más que en los salones el bienestar de su nieta. ¡Qué
+abundancia! ¡Qué de cacerolas brillantes como astros!...
+
+La cocinera le hizo los honores de sus dominios, colocando sobre la mesa
+una botella y dos vasos. La bebieron entera, hablando de sus penas.
+Luego sacó un retrato y le dió un beso, mostrándolo á su visitante.
+
+--Mi hijo es cazador alpino, lo que llaman «diablo azul», y está en los
+Vosgos.
+
+La vieja, por no ser menos, sacó también del pecho un retrato de
+soldado.
+
+--A mi nieto lo mataron; pero ahora trabaja en un cinema todas las
+noches.
+
+La cocinera se movió nerviosamente en su asiento, abriendo mucho los
+ojos. Decididamente aquella vieja estaba loca, como le había dicho la
+doncella. Pero calló, por ser la abuela de la señora.
+
+Hasta la hora de la comida se mantuvo la verdulera en este paraíso,
+admirando sus magnificencias. Luego sintió nostalgia y cierta cortedad
+al verse arriba, en el comedor, sentada á una mesa enorme, teniendo
+enfrente á su nieta, y más allá á un criado ceremonioso que tampoco le
+era simpático.
+
+Admiraba los manjares, reconociendo que nunca había comido tan bien,
+pero sentía un vivo deseo de terminar cuanto antes.
+
+Miró el reloj de la chimenea. Eran cerca de las ocho.
+
+--No tengas prisa, abuelita. Hay tiempo. Mi automóvil nos llevará en un
+instante.
+
+De pronto, una conmoción en todo el hotel: repiqueteo de timbres,
+alaridos de sorpresa de la doncella antipática, choque de puertas, voces
+de hombres.
+
+La doncella entró corriendo:
+
+--Señora.... ¡Es el señor!
+
+No dijo más, pero la vieja lo adivinó todo. «El señor» sólo podía ser
+uno. Y vió á un buen mozo con uniforme de aviador, que entraba
+violentamente, como una tromba. No tuvo que avanzar mucho, pues la
+bailarina corrió á refugiarse en sus brazos.
+
+Julieta hablaba de él, momentos antes, con tristeza. Hacía seis meses
+que no le veía. Era imposible obtener una licencia en estos momentos.
+
+El aviador dió explicaciones, con voz entrecortada.
+
+--Un permiso inesperado.... Una breve comisión en París.... Veinticuatro
+horas nada más....
+
+No pudo seguir hablando. Los dos se habían abrazado, balanceándose con
+las explosiones de su alegría. Empezó á rasgarse el silencio con unos
+besos sonoros y escandalosos como los taponazos del champaña.
+
+La vieja se levantó, ceñuda y grave. Allí estaba de sobra una persona;
+no necesitaba que se lo dijesen.
+
+Al verla salir, Julieta se desasió de los brazos amorosos, corriendo
+hacia ella para dar explicaciones.
+
+--Ya ves.... Sólo viene por veinticuatro horas.... Imposible hoy....
+Otro día. Es preciso atender á los vivos.
+
+Se vió la vieja en la soledad de la calle helada y negra. Los
+reverberos, encapuchonados á causa de los ataques aéreos, sólo servían,
+con su breve radio de luz, para dar mayor intensidad á la lobreguez
+general.
+
+Mientras marchaba, acompañó su paso repitiendo las mismas palabras, como
+si fuesen una letanía:
+
+--La vida quiere vivir. Los vivos necesitan vivir.... ¡Ay del que muere!
+Los muertos huyen más aprisa que los vivos....
+
+Todos abandonaban á los muertos. Hasta en la sala del cinema notó la
+misma ingratitud. Aquella noche sólo había una veintena de personas. El
+público de este cinematógrafo de barrio estaba ya cansado de las
+aventuras de la perseguida alsaciana. Todos conocían su historia.
+
+La vieja ocupó su asiento con la majestad de un monarca que se hace dar
+una representación para él solo. Al aparecer su nieto, le habló en voz
+baja, con dulzura.
+
+--Buenas noches, pequeño mío. Todos te abandonan, todos te olvidan. La
+vida es así.... Pero no temas; tu abuela no te dejará nunca. Aquí me
+tendrás todas las noches.... ¡todas las noches!
+
+
+
+
+IV
+
+
+La noticia empezó á circular después de mediodía, vaga é indecisa.
+
+«¡La paz! ¡Acaba de ajustarse la paz!»
+
+Pero tantas veces se había dicho esto mismo, sin verlo realizado luego,
+que la vieja no creyó la noticia.
+
+A media tarde todos se convencieron de que era verdad. El gobierno
+anunciaba un armisticio, solicitado por los enemigos.
+
+La verdulera se encontró de pronto envuelta y arrastrada por una
+avalancha de gente que parecía rodar hacia el centro de París. Se
+mostraba frenética de alegría como todos; gritaba como todos.
+
+Hasta la llegada de la noche vivió una existencia de ensueño; creyó
+seguir las inverosímiles aventuras de una pesadilla. Pero esta pesadilla
+era agradable y sus delirios no los inspiraba el terror, sino el
+entusiasmo.
+
+Se vió en la plaza de la Concordia. La muchedumbre, rugiendo cantos
+patrióticos, hacía rodar los cañones cogidos á los alemanes que estaban
+expuestos en la gran plaza.
+
+Un grupo de mozalbetes hizo montar á la vieja sobre uno de estos
+cañones, como si fuese un carro triunfal, arrastrando la pieza de
+artillería por las calles inmediatas.
+
+Ella, con los blancos cabellos en desorden, elevaba los brazos cantando
+la _Marsellesa_. La muchedumbre la saludaba con aplausos. Nadie sabía
+quién era, pero su paso iba despertando la veneración instintiva que
+infunde la ancianidad. Algunos creían contemplar la vieja gloria de la
+Revolución, que despertaba triunfante después de un siglo de letargo.
+
+De pronto se vió á pie y sola. Había desaparecido el cañón y los jóvenes
+que tiraban de él. Ahora estaban en la _rue Royale_, frente á los
+restoranes más elegantes. Los parroquianos de Maxim--gentes ricas que
+podían permitirse este lujo--regalaban botellas de champaña á la
+muchedumbre para solemnizar el suceso.
+
+Sin saber cómo, se encontró hablando con un grupo de soldados
+americanos. Ella adoraba á los americanos. Los reconocía únicamente por
+su sombrero de fieltro con cuatro hoyos simétricos y terminado en punta.
+¡Hermosos muchachos, sanos, fuertes y con aire de buenos! A algunos les
+encontraba cierto parecido con Alberto.
+
+--¡Vivan los Estados Unidos!
+
+Se entendía con estos soldados por medio de gestos y de guiños, más que
+por palabras. Pero esto importaba poco.... ¡Cuando hay simpatía y buena
+voluntad!...
+
+Y ellos, regocijados por la alegría de la vieja, reían como niños
+grandes, con una carcajada sonora que marcaba bajo la piel la fuerte
+osamenta de las mandíbulas y dejaba al descubierto el luminoso marfil
+de unas dentaduras envidiables.
+
+La vieja se levantó la falda para rebuscar en una bolsa de lienzo
+pendiente sobre las enaguas, donde guardaba el capital de su comercio.
+Estaba en fondos y podía convidar á sus nuevos amigos.
+
+Los soldados protestaron, riendo. «¿Admitir convites de una mujer?»
+
+El único que hablaba bien el francés de todos ellos replicó con alegre
+protesta:
+
+--Nosotros somos más ricos que usted. Nosotros cobramos en dólares.
+
+Ella miró el puñado de monedas de cobre que tenía en una mano. Céntimos,
+nada más; pero ¿qué importaba?...
+
+--Estáis en mi casa, y os invito. Si me decís que no, soy capaz de
+llorar.
+
+Entraron en un café, y durante media hora los robustos soldados del
+sombrero puntiagudo bebieron, riendo á carcajadas de las palabras y los
+gestos de la alegre vieja.
+
+Luego se vió bebiendo con hombres de otros países que vestían distintos
+uniformes, y hasta con soldados franceses, que, á pesar de la locura
+general, conservaban un gesto sombrío, como hombres que aún no hubiesen
+acabado de despertar de una pesadilla horrorosa prolongada durante años
+y años.
+
+Al anochecer, la vieja se sintió fatigada. Parecía que toda aquella
+muchedumbre hubiese marchado sobre ella; creía haber recibido millones
+de golpes.
+
+El instinto la llevó hacia su barrio, caminando con lentitud,
+arrastrando casi los pies. Pero á pesar de esta fatiga, juntó su voz á
+las aclamaciones de todos los grupos que encontraba al paso.
+
+La necesidad de descansar y la costumbre la hicieron meterse en la
+taberna.
+
+Allí estaba Crainqueville, solitario y silencioso, sentado ante un vaso
+vacío, cuyo fondo contemplaba tristemente.
+
+--También te convido á ti--dijo la vieja--. Hoy es un gran día. ¡La paz!
+¿Qué dices tú de la paz?
+
+Crainqueville levantó los hombros. Luego, animado por la vista del nuevo
+vaso que le ofrecía su amiga, se dignó hablar.
+
+--Tal vez la humanidad procure ser mejor después de esta prueba
+terrible; tal vez se regenere y aprenda á vivir por primera vez con un
+poco de lógica.
+
+Luego sonrió irónicamente, como su maestro. Se sentía invadido por la
+eterna duda, y continuó:
+
+--Aunque nadie puede afirmar si esta pobre humanidad merece la pena de
+ser regenerada y que alguien se ocupe de su porvenir....
+
+Mucho más tarde, la vieja sintió la atracción de un nuevo deseo. Se
+acordó con delicia de la obscura sala del cinema y de sus vistas, que
+ella consideraba como algo celestial. ¡Qué felicidad estar allá dos
+horas, en un asiento cómodo, conversando mentalmente con su nieto! El
+pobre Alberto no debía conocer aún la gran noticia que conmovía á París
+y al mundo entero. Ella iba á comunicársela.
+
+--Adiós, Crainqueville; mi nieto me espera. Para el pobre no hay
+fiestas. Esta noche trabajará como todas.
+
+El filósofo ambulante, que había terminado por aceptar la vida ilusoria
+de su compañera, creyó del caso darle algunos consejos.
+
+--Te estás matando. Apenas comes; bebes demasiado. Gastas tu dinero
+exageradamente; vas á perder tu capital. Ayer tuviste que tomar la mitad
+de tu género al fiado.... Además, en una semana parece que hayas vivido
+varios años.
+
+Pero después de la cuerda reprimenda, volvió á sonreir con su eterna
+sonrisa de duda.
+
+--En fin, ¡si eso te divierte!... ¡Si encuentras en ello tu
+felicidad!...
+
+La vieja marchó apresuradamente hacia el cinema, á pesar de sus piernas
+entumecidas que casi se negaban á sostenerla. Allá, en la sala
+agradable, descansaría cómodamente.
+
+Las calles estaban obscuras aún, como en las noches de la guerra
+preñadas de amenazas aéreas. Pero la muchedumbre formaba grupos. Sonaban
+instrumentos de música y se improvisaban bailes en las encrucijadas.
+
+Al penetrar en el atrio del cinema, el empleado que guardaba la puerta
+salió á su encuentro alegremente.
+
+--¡Viva la paz, abuela!
+
+Luego añadió, como si recordase algo de escasa importancia:
+
+--Esta noche ya no «trabaja» su nieto.... ¡Se acabó! Todo es nuevo. Pero
+la representación vale la pena.
+
+-¿Qué?...
+
+La vieja había apoyado la espalda en el muro, intensamente pálida, con
+los ojos desmesuradamente abiertos. El empleado fué dando explicaciones
+para contestar á su exclamación angustiosa.
+
+--Han transcurrido siete días. ¡Cambio completo de programa! El público
+estaba fatigado ya de la historia de la muchacha de Alsacia y del
+alemán. Ahora, con la paz, habrá que dar otras cosas. ¡Nada de
+guerra!... Hay que olvidar, hay que alegrarse.... Entre.... Tenemos esta
+noche una película americana que hace rugir de risa.
+
+La vieja vaciló sobre las piernas, á pesar de que se había desvanecido
+instantáneamente la dulce turbación de su mansa embriaguez.
+
+--¡No verle más!... ¡no verle más!--gemía.
+
+Luego resumió su desesperación en una frase:
+
+--Me lo han matado por segunda vez.
+
+El público que iba á entrar en el cinema se agolpó en torno de esta
+mujer desfalleciente, próxima á caer al suelo. El empleado, por
+conmiseración y por evitar aglomeraciones en la puerta, intentó alegrar
+á la vieja.
+
+--¡Ánimo, abuela!... No va usted á morirse hoy, un día de tanta
+felicidad, porque hemos cambiado el programa.... Además...además....
+
+Había pedido á la mujer de la taquilla un periódico, y empezó á
+examinarlo con precipitación, empinándose sobre la punta de los pies
+para recibir mejor la luz de una lámpara pendiente del techo. Al mismo
+tiempo hablaba entre dientes.
+
+--Veamos.... Esta estúpida historia de la alsaciana deben darla en
+alguna parte. Un mal _film_ de ocasión, hecho de recortes. Estará,
+seguramente, en los cinemas de quinta clase.... Eso es; helo aquí.
+
+Y dirigiéndose á la vieja, le dió el nombre de una calle y el título de
+un cinematógrafo.
+
+--Un poco lejos, abuela; en Grenelle, al otro lado de París; ¡pero
+tomando el Metro!... Allí encontrará á su nieto durante una semana.
+
+No se acordó más de ella, para seguir ocupándose del público que entraba
+y entraba, atraído por el programa nuevo.
+
+La vieja se vió otra vez en la calle. No tenía mas que una idea.
+
+«¡Me lo han matado!--pensaba--. En este día en que todos ríen, me lo han
+matado por segunda vez.»
+
+Reapareció su enérgica voluntad de luchadora obscura y humilde. Se lo
+habían matado allí; pero iba á resucitar en otra parte. Debía ir á su
+encuentro.
+
+Buscó bajo su falda aquella bolsa de tela que contenía sus capitales. Su
+diestra sólo encontró el vacío. Después de tenaces exploraciones,
+salieron á luz unas cuantas monedas de cobre sosteniéndose entre sus
+dedos. Cincuenta céntimos en total.
+
+Sólo disponía de lo preciso para comprar una entrada en aquel cinema
+desconocido de Grenelle.
+
+No le quedaba dinero para tomar un billete del Metro. Todo lo había
+gastado en sus ruidosas aventuras de la tarde. Tendría que ir á pie; y
+era tan lejos.... ¡tan lejos!
+
+Un mal pensamiento contrajo su frente.
+
+--¡Si pidiese limosna!... Hoy es un día de regocijo general. Se
+apiadarán de mí al verme tan vieja, tan cansada....
+
+Pero á pesar de su cansancio se irguió, con un gesto de altivez
+ofendida. No había mendigado nunca, y á los setenta años era tarde para
+empezar.
+
+--Debo verle...necesito verle.
+
+La fatiga le hizo caer en un banco entre dos árboles del bulevar.
+Brillaban en la penumbra las puertas de cafés y tabernas como bocas de
+horno. Se confundían en alegre discordancia las diversas músicas.
+Pasaban parejas amorosas, perdiéndose en la obscuridad; guerreros de
+remotos países que abarcaban con un brazo el talle de una mujer.
+
+--¡Tan lejos!... ¡tan lejos!--seguía suspirando la vieja.
+
+Vió de pronto un soldado que le sonreía, un soldado todo blanco desde el
+casco de trinchera hasta los gruesos zapatos. A través de su cuerpo se
+veían los árboles, el banco cercano, las gentes que pasaban. Parecía de
+cristal, de humo sutil, de espuma impalpable.
+
+La hizo señas para que la siguiese, y echó á andar al ver que la vieja
+le obedecía.
+
+--¡Ay, mis piernas!... No podré seguir. Son varios kilómetros. ¡No
+llegaré nunca!...
+
+Se dejó caer en otro banco y el soldado transparente se detuvo,
+volviendo hacia ella un rostro sombrío, desesperadamente sombrío.
+
+--No te pongas triste. ¡Si supieras cuán cansada estoy! Pero tu abuela
+no te abandonará nunca.... Alberto, espérame. ¡Allá voy, pequeño mío!
+
+Y haciendo un esfuerzo supremo, se levantó y siguió marchando en pos del
+fantasma por las calles interminables, negras, heladas....
+
+Como marchamos todos á través de las asperezas de la vida, guiados por
+nuestros recuerdos, al encuentro de la Ilusión.
+
+
+
+
+EL AUTOMÓVIL DEL GENERAL
+
+
+
+
+I
+
+
+El periodista Isidro Maltrana habló así á sus amigos en un pequeño
+restorán de Broadway:
+
+--Me veo obligado á buscarme la vida en Nueva York. Ya no puedo volver á
+Méjico. ¡Qué desgracia! ¡Tan bien que me ha ido allá durante once
+años!...
+
+Ustedes saben que soy español, y no tengo otra herramienta para ganarme
+el pan que una pluma fácil y sin escrúpulos. No recordemos las aventuras
+de mi primera juventud. Deben conocerlas ustedes, pues con ellas se han
+escrito libros. Son, en realidad, sucesos vulgares, que sólo merecen
+atención por el ambiente de tristeza desgarradora en que se
+desarrollaron.
+
+Hace años me lancé á recorrer la América de habla española. Entré por
+Buenos Aires y he salido por la frontera de Texas. Una hazaña de
+conquistador de otros siglos; algo como el paseo del capitán Orellana,
+que partió del Perú y, navegando de un río grande á otro mayor, se vió
+de pronto en el Atlántico, después de haber bajado todo el curso del
+Amazonas.
+
+No sonrían ustedes; ya sé que mis viajes en buque de vapor, en
+ferrocarril ó en mula, no pueden compararse con los penosos avances de
+aquellos exploradores de piernas de acero y pechos de bronce. Pero no
+crean tampoco que mis andanzas á través de la tierra americana han sido
+envidiables por su comodidad. También yo he sufrido grandes privaciones.
+Los conquistadores, que tuvieron que luchar con el hambre de las
+interminables soledades, acallaban su estómago apretándose un punto más
+el cinturón, y seguían adelante, con el arcabuz al hombro. Yo he tenido
+que apretarme igualmente el cinturón muchas veces; pero siempre
+encontraba, al fin, en las Repúblicas pequeñas, algún tirano, ó
+aspirante á tirano, que se encargaba de mantenerme á cambio de insultos
+á sus adversarios y de elogios disparatados á su persona.
+
+Al pasar de España á América, deseé cambiar de profesión. Me habían
+dicho que en esta parte del mundo todos los emigrantes cambian de
+oficio, como las culebras cambian de piel al modificarse el ambiente con
+el curso de las estaciones.
+
+Eso será verdad tratándose de los demás; ¡pero los que nacimos siervos
+de la pluma!...
+
+Quise en Argentina cultivar la tierra, pero fracasé completamente, y
+volví al periodismo vagabundo, lo que me hizo marchar de República en
+República, siempre hacia el Norte.
+
+No recordemos esta época de literatura ambulante y servil. Otro, tal vez
+estaría orgulloso de ella, y hasta escribiría sus Memorias. Fuí amigo de
+varios presidentes; á unos les he servido de bufón, á otros de consejero
+secreto. He redactado, á la vez, crónicas de vida elegante para las
+presidentas y proyectos de Constitución que sus graves maridos
+presentaban al pueblo como producto de nocturnas meditaciones. He huído
+de algunos de estos protectores, por miedo á que me fusilasen; sabía
+demasiados secretos. A otros los he visto caer asesinados cuando
+mostraban una confianza majestuosa igual á la de los dioses inmortales.
+He insultado á hombres que no conocía, para servir con ello á hombres
+que despreciaba por conocerlos demasiado.
+
+¿Que mi oficio es vergonzoso?... Soy el primero en confesarlo. Y lo peor
+es que no me ha enriquecido; sólo me dió para vivir con intermitencias
+de locos derroches y largas penurias. Cuando triunfaban mis protectores,
+nunca tenían tiempo para regalar algo duradero al que les había ayudado
+con su pluma venenosa.
+
+Además, reconozco mi defecto; soy un bohemio, un vagabundo que nunca se
+siente bien allí donde está, y espera encontrar algo mejor yendo más
+lejos.
+
+No me creo el único. Los periodistas errantes y los cómicos somos la
+última y miserable prolongación de la España conquistadora. Vamos y
+venimos desde el estrecho de Magallanes á la frontera de California,
+pasando á través de diez y ocho naciones que hablan nuestra lengua,
+conociendo en unas partes la riqueza y en otras el hambre; aquí, el
+aplauso y la admiración; más allá, el insulto y la fuga. Algunos, en sus
+correrías, hasta tropiezan con la Fortuna, y son sus amigos por corto
+tiempo. Todos, finalmente, terminan sus días en la miseria.
+
+Pero no divaguemos. Quiero decir que, después de mis andanzas por la
+América del Sur y la América del Centro, di fondo en Méjico, hace poco
+más de diez años. ¡Hermoso y simpático país! En ninguna parte he vivido
+mejor.
+
+Ya estaría de vuelta allá, á pesar de la última revolución, que me hizo
+huir; pero no me atrevo.
+
+Existe de por medio el maldito asunto del automóvil del general.
+
+
+
+
+II
+
+
+Parecía que Méjico me estuviese esperando, como uno de esos volcanes
+bondadosos y bien educados que permanecen tranquilos durante siglos y,
+apenas un explorador huella su cumbre por primera vez, empiezan á rugir
+y á soltar humaredas á guisa de saludo.
+
+Treinta años llevaba el país de dormitar en paz; pero al llegar yo
+despertó, amenizando mi existencia con una serie de revoluciones que
+todavía no han terminado.
+
+¡Lo que he visto en diez años!... Porfirio Díaz, que parecía eterno,
+escapando para morir en un hotel del viejo mundo. Madero, un hombre
+bueno, que gobernaba moviendo veladores y conversando con los espíritus,
+fué cazado á balazos, lo mismo que un corderillo dulce, en las cuevas
+del palacio presidencial. El alcohólico Huerta acabó sus días en una
+cárcel de los Estados Unidos, desesperado porque no le dejaban beber. Al
+viejo Carranza, que parecía construido para vivir un siglo, lo acaban de
+asesinar.
+
+En diez años, ¡cuatro presidentes que han terminado de mala manera ó han
+muerto en una cama que no era suya! Reconozcamos que es demasiada
+tragedia para tan corto tiempo. Esta sucesión de presidentes mejicanos
+recuerda á los reyes y héroes griegos de la dinastía de los Atreidas,
+que terminaban siempre de un modo fatal.
+
+Pero yo, que soy franco hasta el cinismo, confieso que no guardo un
+triste recuerdo de los largos años de revolución, ni he derramado una
+lágrima en memoria de estos señores que conocieron los goces de una
+autoridad sin límites y la desesperación de un final trágico.
+
+Al principio fuí simplemente escritor de á caballo. No tenía periódicos
+que hacer, y servía de secretario á los generales que mandaban las
+fuerzas revolucionarias. Redacté proclamas dirigidas á los pueblos,
+alocuciones á las tropas, y describí en un estilo lírico los grandes
+triunfos de los insurrectos sobre los soldados del gobierno, llamados
+«federales». Nunca, en mis escritos, dejé de establecer discretos
+paralelos entre las campañas napoleónicas y las de los caudillos á cuyo
+servicio me había entregado.
+
+Conocía bien á mi gente. Uno de los generales, que fué mi amo durante
+seis meses, al ver la polvareda levantada por unos cuantos centenares de
+enemigos, se volvía siempre hacia nosotros, los de su Estado Mayor, para
+decirnos con aire inspirado:
+
+--Napoleón, en este caso, hubiera hecho seguramente lo que yo....
+
+Y hacía lo que hubiese hecho Napoleón.
+
+¡Ay, amigos míos! Recuerdo bien nuestras famosas batallas, aunque
+siempre las veía de lejos. ¡Lo que sentí muchas veces no haber aprendido
+á montar á caballo desde mi niñez, no ser hombre de campo, para
+improvisarme general lo mismo que los otros!... ¡Quién sabe si lo habría
+hecho mejor!...
+
+Las tales batallas podían ser tituladas así porque tomaban parte en
+ellas veinte mil ó treinta mil hombres. En Méjico nunca faltan hombres
+para pelear y morir. Hay siempre más que fusiles. Pero, en realidad,
+eran simples riñas de grupo á grupo, dejando á la iniciativa de cada
+pelotón la marcha del combate. Tiraban y tiraban hasta agotar las
+municiones, sin hacer uso jamás del arma blanca. Ninguno tenía bayoneta.
+Se mataban durante horas y horas, y al final el bando que se veía sin
+cartuchos se retiraba, dejando el campo al otro.
+
+Todos éramos de caballería, porque hacíamos las marchas á caballo; pero
+en el momento del combate los jinetes se convertían en infantes.
+Teníamos artillería. Cada bando procuraba poseer cañones más gruesos que
+los del adversario, y estos cañones tiraban y tiraban, con un estruendo
+ensordecedor.
+
+Recuerdo el asombro y la indignación de un oficial alemán que venía con
+nosotros, al ver cómo funcionaba la artillería.
+
+(Advierto á ustedes que todos los revolucionarios éramos germanófilos,
+por odio á los Estados Unidos y á Inglaterra. Nos comparábamos con los
+bolcheviques rusos, deseábamos la derrota de la República francesa y el
+triunfo de Guillermo II. Los alemanes intervenían con frecuencia en
+nuestras campañas.... Pero no desviemos el relato. ¡Adelante!)
+
+--General--clamó el prusiano--, los artilleros no saben apuntar. Tiran
+al aire. Sólo desean hacer ruido.
+
+Y el general, que se las echaba de ingenioso, contestó, levantando los
+hombros:
+
+--Déjelos. No es necesario que hagan más. La artillería sólo sirve para
+asustar _pendejos_.
+
+Después de estas batallas, cuando quedábamos vencedores por haber podido
+hacer fuego media hora más que los otros, venían los comentarios y las
+explicaciones del triunfo. Aquí entraba yo como estratega. Describía
+moniobras que nadie había visto; suponía en el general y sus
+colaboradores órdenes que nadie había dado; explicaba el presente con
+arreglo á mis lecturas pasadas, y siempre encontraba el medio de
+emparentar la batalla reciente con alguna de las de la juventud de
+Bonaparte. No había miedo de que alguien protestase escandalizado.
+
+--¡Este Maltrana!--oía decir á mis espaldas--. ¡Lo que sabe!... ¡Lo que
+ha leído!...
+
+Y, por el momento, no me daban cosas de más provecho que tales elogios y
+un amplio permiso para apropiarme lo ajeno. Pero esto último no
+representaba gran cosa, por ir yo acompañado de gentes listas, que, al
+ser del país, siempre llegaban antes allí donde había algo que coger.
+
+Cuando triunfamos, y los jefes del ejército revolucionario ocuparon la
+presidencia de la República, los ministerios y demás sitios públicos, mi
+suerte empezó á afirmarse. Escribí en los diarios del nuevo gobierno
+cuando había que insultar á los enemigos ó hacer al país brillantes
+promesas.
+
+¡El dinero que gané en aquellos tiempos, no muy lejanos, pero que me
+parecen ya remotísimos!...
+
+Tenía serios adversarios. La mayor parte de los generales eran hombres
+que no vacilaban ante ningún obstáculo. De «rancheros» ó bohemios de la
+ciudad, se habían convertido en generales heroicos. ¿Por qué no podían
+ser igualmente escritores?...
+
+Como Julio César después de sus campañas, cada uno de ellos quiso
+escribir sus _Comentarios_. Pero César no escribía, dictaba, y sin duda
+por esto, los más de ellos me tomaron como secretario, confiándome sus
+hechos heroicos para que los realzase con la música de mi estilo.
+Además, cobraba todos los meses una subvención en cada uno de los
+diversos ministerios, para tomar fuerzas y poder llevar adelante la
+magna y voluminosa obra que estaba escribiendo sobre la revolución
+triunfante.
+
+¡Lástima que la última revuelta militar haya matado este libro antes de
+nacer! Ustedes saben que yo he cultivado la paradoja, como único pan que
+me nutre. Pues bien; esta obra iba á ser la mejor de todas las mías.
+
+Comparaba en ella á Wáshington con nuestro presidente, é inútil es decir
+quién de ellos quedaba sobre el otro. Luego establecía un paralelo
+crítico entre el ataque de Cerro Pelado y la batalla de Arcole; la
+sorpresa del Barranco de los Santos y la batalla de Austerlitz; y así
+seguía comparando otras acciones de guerra, hasta conseguir que el
+«corso de los cabellos lacios» (¡siempre Napoleón!) quedase al nivel de
+mis sabios caudillos de machete al cinto y lazo de cuerda formando rollo
+en el arzón de la silla.
+
+El final del libro era lo mejor: una demostración clarísima de que la
+civilización de los Estados Unidos resulta inferior á la civilización
+mejicana, y debe ser vencida por ésta, para bien de los mismos yanquis.
+Así trabajarán menos, no necesitarán tanto dinero para vivir, conocerán
+mejor la alegría de la existencia.
+
+Les aseguro á ustedes que es una lástima que hayan sido arrojados del
+gobierno mis protectores y no quede allá quien me subvencione para
+terminar el libro. ¡Un verdadero éxito! Traducido al inglés, se hubiesen
+vendido centenares de ediciones. ¡Esta gente de Nueva York gusta tanto
+de libros que la hagan reir!...
+
+Pero no se impacienten ustedes. Adivino en sus ojos lo que piensan: «el
+automóvil del general». Desean saber qué general es el de mi historia y
+por qué su automóvil me cierra el camino para volver á Méjico.
+
+A ello vamos, amigos míos.
+
+
+
+
+III
+
+
+De todos los personajes que conocí en el período de la guerra, el que
+demostró mayor interés por mi persona y me protegió más eficazmente fué
+el general Castillejo.
+
+En sus momentos de efusión amistosa, que eran muy raros, me llamaba
+Maltranita, y eso que yo podía ser casi su padre, ó cuando menos un
+hermano muy mayor. Este general (uno de los consejeros más íntimos y
+escuchados del presidente) sólo tenía veintisiete años. Es cierto que
+los otros generales y ministros no eran, ordinariamente, de mayor edad.
+Cuando el viejo Carranza reunía los primeros funcionarios y héroes de la
+República, parecía un director de colegio pasando examen á sus
+discípulos.
+
+Castillejo es pequeño de cuerpo, nervioso y ágil, con un color moreno
+ardiente que se aproxima al tono del chocolate con leche. Lo más notable
+en él son los ojos, brillantes y autoritarios cuando quiere mirar de
+frente, lo que ocurre pocas veces. Su vista parece siempre fugitiva,
+como si la distrajera algún mal pensamiento. Sus cejas oblicuas y su
+cutis obscuro se armonizan poco con su ángulo facial, abierto y europeo.
+Es, como muchos de nuestra América, el resultado de tres orígenes:
+indio, africano y español.
+
+Sus amigos le tenían en alto concepto, hablando de él con admiración y
+miedo.
+
+--¡Un hombre de cuidado!... No conviene tenerlo de enemigo. ¡Sabe
+mucho!...
+
+Además, quitaba y ponía ministros, daba mandos en el ejército á los
+compañeros que le seguían ciegamente, y obligaba á salir del país á sus
+adversarios ó los enviaba á ciertas provincias de la costa del golfo de
+Méjico, donde la gente de las altas mesetas puede contraer enfermedades
+de muerte.
+
+Sus enemigos recordaban la facilidad con que había fusilado durante la
+guerra á los prisioneros. Pero ¿quién puede hacer el balance de los
+fusilamientos ordenados allá por unos y por otros? ¡He visto tantos!...
+¡Cuesta tan poco dar una orden que suprime á un hombre!...
+
+Nunca tuve con él motivos de queja. ¡Excelente muchacho! Hasta creo que
+me admiraba un poquito á causa de mi pluma, y eso que era incapaz de
+admirar á nadie, convencido como estaba de que la presidencia de la
+República le correspondía de derecho. Pero aún no creía llegado el
+momento de ocuparla.
+
+Nuestra intimidad dató de un libro que escribí para él después de la
+guerra: _Historia de la división del Oeste_. Esta división era la horda
+á caballo que había mandado mi general Castillejo. Inútil es decir que
+la tal división lo había hecho todo, y á ella se debía únicamente el
+triunfo revolucionario.
+
+Lo malo es que yo mismo, con esta mano pecadora, había escrito también
+la _Historia de la división del Este_, y la del Norte, y la del Sur, y
+la del Centro, y cada una de estas divisiones era la mejor entre todas y
+lo había hecho todo, y los demás generales no habían servido mas que de
+estorbo.
+
+Pero como estos libros iban firmados por sus respectivos héroes, y cada
+uno callaba mi nombre, Castillejo apreció su historia como la mejor de
+todas, paladeando las hermosuras de mi estilo lo mismo que si le
+perteneciesen.
+
+Andaba muy ocupado en la elección del nuevo presidente. El gobierno
+surgido de la revolución deseaba dos cosas á la vez: hacer unas
+elecciones que pareciesen legales y sacar triunfante de ellas al
+candidato que tenía escogido, y á nadie más. Varios generales se
+presentaban también como candidatos, amenazando con hacer una revolución
+si no salían triunfantes. Todos hablaban de legalidad y de respeto á la
+ley, al mismo tiempo que se llevaban una mano al costado para
+convencerse de que tenían el revólver listo. Y el país, fatigado de diez
+años de revolución, les dejaba hablar, deseando en el fondo de su ánimo
+que se matasen entre ellos, pero dispuesto á votar por el gobierno ó por
+el general que derribase al gobierno. La única manera de vivir seguro en
+aquella tierra es irse con el que manda.
+
+Mi general era el hombre de confianza del presidente y el sostenedor de
+la candidatura patrocinada por éste. Como los otros aspirantes á la
+presidencia pertenecían al ejército, la candidatura gubernamental usaba
+el título de «antimilitarista». Castillejo y otros compañeros de
+generalato, que habían fusilado centenares de hombres, quemado
+estaciones y pueblos, y vivían en plena paz con la misma violencia que
+cuando hacían la guerra, pronunciaban discursos sobre discursos,
+cantando las excelencias de ser gobernados por un «civil» y la necesidad
+de terminar con el militarismo.
+
+Yo combatía con la pluma, siguiendo las órdenes de mi jefe. En Méjico es
+más fácil este trabajo que en otras partes. Cuenta uno con el argumento
+precioso de «la intervención norteamericana». El periodista que defiende
+al gobierno puede describir á los hombres de la oposición como «malos
+patriotas, que con sus insurrecciones provocan la anarquía y hacen
+inevitable una invasión de los norteamericanos para el restablecimiento
+del orden». Y á su vez, los escritores de la oposición, al atacar al
+gobierno, afirman que éste comete tales atrocidades, que, «al final, los
+Estados Unidos tendrán que intervenir para derrocar su tiranía». Sin el
+fantasma de la intervención norteamericana, ¿quién podría escribir en
+Méjico?...
+
+Además, hay otro recurso de éxito seguro. Cuando no se sabe qué decir de
+un enemigo político, ó cuando se recibe el encargo de insultar á alguien
+que ha pintado el país tal como es, se emplea siempre la misma injuria:
+«Vendido al pérfido oro yanqui.» ¡Y qué inagotable resulta el tal oro!
+Todos los días hay alguien que se vende á él por enormes cantidades. Si
+se suman los millones, tal vez no quepan en la Tesorería Federal.
+
+Y lo más gracioso es que los que escriben esto piensan al mismo tiempo:
+«¿Dónde demonios estará la puerta de la oficina en la que se hacen tales
+compras?... ¿Quién será el encargado de recibir á los que desean
+venderse?...»
+
+Yo mismo, queridos amigos, quisiera saber si ustedes, por ser más viejos
+en la tierra yanqui, están enterados de á qué personaje hay que
+dirigirse en Wáshington para dicho asunto. ¡Me gustaría tanto estar
+enterado!...
+
+Pero ¿callan ustedes?... ¿No saben qué decir?... Sigamos con nuestro
+general.
+
+Siempre que leía uno de mis artículos contra los enemigos de la
+candidatura del gobierno, celebraba con entusiasmo los insultos más
+atroces.
+
+--¡Qué pluma la suya, Maltranita!... ¿Cómo pagarle sus servicios á la
+buena causa?
+
+Muy fácilmente; yo no podía aspirar á una legación diplomática ni á un
+ministerio cuando triunfase nuestra candidatura; eso quedaba para los
+mejicanos. Mis aspiraciones eran más modestas.
+
+--Me contento, mi general, con que me envíe usted á Nueva York cuando
+vaya allá una comisión á hacer compras para el gobierno. Lo mismo da que
+compren autocamiones, máquinas de escribir, zapatos ó papel para las
+oficinas. Sólo pido ser el agente comprador de la comisión. Me doy por
+satisfecho con el diez por ciento. ¿Que adquieren por un millón?... Cien
+mil dólares para mí. ¿Que compran por valor de dos?... Pues doscientos
+mil. Con eso me retiro á España y dejo de escribir, aunque lloren de
+pena las nueve Musas.
+
+Castillejo juzgaba mediocres mis pretensiones. Ahora trabajaba por hacer
+presidente á un amigo. Luego le tocaría á él. Sólo tenía que esperar yo
+cuatro años, y entonces me daría lo que desease.
+
+¡Esperar en un país donde mueren de una manera trágica cuatro
+presidentes en sólo diez años!... No; prefería que me diesen
+inmediatamente el modesto cargo de comprador en Nueva York.
+
+Pero Castillejo no estaba para fijarse en mi escepticismo; cada día se
+mostraba más preocupado por el éxito de su campaña electoral. ¡Cosa
+rara! No le inquietaban los generales candidatos que parecían próximos á
+sublevarse contra el gobierno. El objeto de sus preocupaciones era un
+joven, casi de su edad, el ingeniero Taboada, que se había educado en
+los Estados Unidos y tenía la pretensión de exigir que se implantase de
+golpe en Méjico todo el sistema democrático, con su respeto á la ley y á
+las opiniones ajenas, que había conocido en la vecina República.
+
+Sin más apoyo que unos cuantos amigos tan ilusos como él, presentaba su
+candidatura á la presidencia, afirmando que era la «única candidatura
+civil».
+
+--¡Pero si ese muchacho es un loco!--decía yo, extrañado de la
+preocupación de Castillejo--. ¡Si no puede juntar más allá de un
+centenar de votos!... Ya que usted le hace el honor de tenerle en
+cuenta, voy á demolerlo con un artículo. Diré que está vendido á los
+Estados Unidos y por eso pretende implantar entre nosotros las
+costumbres y sistemas de allá. Voy á demostrar que ha recibido tres
+millones de Wáshington para su candidatura.... Si le parecen poco,
+escribiré cinco millones. Da lo mismo. ¡Con decir que yo he visto con
+mis ojos cómo los recibía!...
+
+Y escribí esto, y otras cosas. Necesitaba no quedarme á la zaga de los
+periodistas del país, que me vencían muchas veces en la invención de
+estupendas mentiras.
+
+Pero noto que se impacientan ustedes. ¡Calma! Ahora sí que llegamos de
+veras al automóvil del general.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Algunos de los allegados á Castillejo se mostraban terribles en sus
+ofrecimientos.
+
+--General, ya que le estorba tanto ese ingenierillo, no tiene mas que
+darnos una orden. Es lo más fácil librarse de él.
+
+¡Como si el general necesitase de tales consejos! Eran muchos los que
+habían desaparecido misteriosamente de la existencia diaria, y los
+calumniadores pretendían que únicamente Castillejo podía saber dónde
+estaban. Todos debajo del suelo.
+
+--¡Qué disparate!--protestaba el general--. Los candidatos militares
+atribuirían al gobierno la muerte de Taboada; la gente que ahora se ríe
+de él lo veneraría como un mártir. No; dejemos de pensar en ese hombre.
+
+Y yo adivinaba que seguía pensando en él, con su gesto reconcentrado é
+inquietante que hacía decir á las gentes: «Castillejo, muy malo como
+enemigo.»
+
+Uno de los amigotes que le acompañaban en sus francachelas nocturnas me
+reveló el secreto.
+
+--Lo que sufre el general son unos celos que le tienen loco, lo mismo
+que un dolor de muelas. Ahora, Olga del Monte adora al ingeniero.
+
+Esta Olga del Monte era la Aspasia de la revolución mejicana. Hija de
+una familia distinguida de la capital, sus excesos imaginativos y reales
+habían acabado por arrastrarla á una vida que era la vergüenza de su
+parentela. Iba teñida de rojo escandalosamente, en un país donde las más
+de las mujeres son morenas. Había pasado una temporada en París á
+expensas de varios protectores, lo que imponía un irresistible respeto á
+los jóvenes centauros de la revolución, ignorantes de toda tierra que no
+fuese la suya. Además, tocaba el piano y el arpa, suspiraba romanzas
+mejicanas y fabricaba versos.... Tenía de sobra para traer como locos á
+todos los generales mozos. Algunos de ellos, á pesar de sus
+declamaciones contra el derecho de propiedad y contra las desigualdades
+de clase, lo que más apreciaban en Olga era su origen. Les producía
+confusión y orgullo á la vez pensar que eran amigos y protectores de una
+hija de gran familia de la capital, cuando hacía pocos años figuraban
+aún como jornaleros del campo ó vagabundos en lejanas provincias.
+
+Regalos cuantiosos llovían sobre ella. Los vencedores mostraban la misma
+generosidad de los bandidos después del reparto de un botín fácilmente
+conquistado. Olga se tomaba á veces el trabajo de desfigurar las joyas
+robadas. En otras ocasiones lucía los ricos despojos tal como se los
+habían dado, y las gentes señalaban sus brillantes, sus esmeraldas y sus
+perlas, nombrando á las verdaderas dueñas de estas alhajas. Eran señoras
+del régimen anterior derrumbado por la revolución, que andaban ahora
+fugitivas por el extranjero.
+
+Mi general, que tenía un alma puerilmente romántica, se mostraba
+orgulloso de haber vencido á varios compañeros de profesión. Él era
+ahora el único que podía considerarse dueño de esta poética criatura. La
+abrumaba con sus presentes; había trasladado de su casa á la de la
+hermosa todo lo recogido cuando entró en la ciudad de Méjico al frente
+de su división del Oeste, ¡y bien sabe Dios que Castillejo no era tonto
+ni perezoso para esta clase de trabajos!
+
+Pero la vaporosa criatura, harta sin duda de las magnificencias del
+saqueo, quería mostrarse ahora desinteresada, prefiriendo á los hombres
+pobres y perseguidos, sin duda porque todos los que la rodeaban eran
+ricos, fanfarrones é insolentes. Y por esta necesidad de cambio y de
+contraste, abandonó á nuestro general, enamorándose de Taboada.
+
+El ingeniero era débil de cuerpo, dulce de maneras, odiaba á los
+soldadotes, hablaba de la regeneración de los caídos y del advenimiento
+de los pobres al poder. Además, los triunfadores se reían de él y tal
+vez lo matasen el día menos esperado. ¿Qué héroe más interesante podía
+encontrar una mujer de sentimientos sublimes y «mal comprendidos», como
+se creía esta muchacha?...
+
+En vano Castillejo apeló á las seducciones del gobernante para vencer su
+desvío. Él haría que el presidente la enviase á Nueva York y luego á
+París, con un cargamento de grandes sombreros mejicanos, trajes
+vistosos y cien mil pesos al año, para que cantase y bailase á estilo
+del país en los principales teatros. Iba á ser casi un personaje
+oficial; haría propaganda mejicana por el mundo. ¡Quién sabe si la
+historia patria hablaría alguna vez de ella con agradecimiento!... Pero
+Olga contestó negativamente. Prefería á su ingeniero. É igualmente fué
+rehusando otras proposiciones no menos productivas y honoríficas.
+
+Los consejeros de Castillejo seguían, mientras tanto, insinuándole su
+remedio dulcemente.
+
+--¡Si usted quisiera, mi general!... Una palabrita nada más, diga una
+palabrita, y no volverá á estorbarle ese mozo.
+
+Pero Castillejo protestaba con una bondad que metía miedo. La alarma de
+su recta conciencia era para espeluznar á cualquiera.
+
+--¡Que nadie toque á ese hombre!--decía--. Ninguna mano humana debe
+ofenderle. Supondría, en caso de agresión, que yo ó el gobierno habíamos
+dado la orden. ¡Lo declaro sagrado!...
+
+Y escuchándole, pensaba que, si mi protector quería declararme «sagrado»
+con la misma voz y poniendo los mismos ojos, consideraría oportuno tomar
+el primer tren que saliese para la frontera de los Estados Unidos.
+
+Los incidentes de la campaña electoral hicieron que Castillejo olvidase
+á Olga. Pero no podía olvidar igualmente al ingeniero.
+
+Seguido de sus apóstoles (dos docenas de inocentes, poseedores de una
+audacia loca), Taboada iba pronunciando discursos contra el gobierno,
+que pretendía imponer á la fuerza su candidato, y contra los otros
+candidatos, generales que no valían más que su contrincante. Él era el
+«único político civil» capaz de implantar el régimen democrático. Pero
+nadie le escuchaba, y si la muchedumbre, en calzoncillos y cubierta con
+enormes sombreros, le oía alguna vez, era para interrumpir sus discursos
+llamándole «yanqui», «mal mejicano», «traidor» y otras cosas por el
+estilo.
+
+Ahora, amigos míos, sí que van á conocer ustedes de veras el automóvil
+del general. Ya entra en escena. ¡Atención!
+
+
+
+
+V
+
+
+Lo había traído Castillejo de los Estados Unidos para las necesidades de
+la campaña electoral. Poseía muchos. ¿Qué caudillo mejicano carece de
+automóvil?... Los más de ellos hasta tienen un coche-salón para viajar
+por las vías férreas. ¡Lo que puede importarles media docena de
+automóviles, cuando, al principio de la revolución, sólo necesitaban
+entrar, pistola en mano, en un _garage_ para llevarse lo mejor de él!...
+
+Castillejo no podía sufrir que lo comparasen con sus rústicos camaradas
+de generalato. Es un hombre de progreso, casi un sabio. Admira á los
+Estados Unidos por las armas de fuego y los automóviles que se fabrican
+aquí. Esto no es mucho, pero es algo. Para ser general mejicano no
+resulta indispensable conocer la existencia de Edgardo Poe y de Emerson.
+
+--Pero ¿ha visto usted--me decía--qué joyas tan bellas producen esos
+_gringos_?
+
+La joya bella era el automóvil recién llegado: una máquina esbelta,
+ligera, incansable, como un corcel de ensueño. No quiero decir la marca.
+Creerían ustedes que estoy pagado por la casa constructora. Baste decir
+que era un gran automóvil, el mejor de los Estados Unidos, y no añado
+más. Yo lo admiraba tanto como mi general.
+
+Muchas noches, antes de dejarme en la redacción de su periódico para que
+escribiese el artículo, Castillejo me paseaba por las principales calles
+de Méjico, mejor dicho, por la única avenida que, con diversos nombres y
+variable anchura, se extiende varios kilómetros, desde la vieja plaza
+donde está el palacio del gobierno hasta el Parque de Chapultepec.
+
+Ustedes saben cómo son de noche las calles de Méjico: no hay ciudad en
+el mundo mejor alumbrada y con menos gente.
+
+Los focos eléctricos brillan formando racimos, para iluminar una soledad
+de desierto. Cree uno deslizarse por una de esas ciudades de _Las mil y
+una noches_, donde todo ha quedado inmóvil y dormido por obra de
+encantamiento.
+
+En los primeros años de la revolución este silencio era amenizado de vez
+en cuando con agradables diversiones. Los oficiales corrían las calles
+en automóviles de alquiler, disparando sus revólveres. Se tiroteaban de
+unos carruajes á otros. ¡Asunto de divertirse un poco!...
+
+Ahora, con los preparativos electorales, no había tiros; pero la gente
+se metía en sus casas más pronto que nunca, presintiendo que iba á
+surgir una revolución.
+
+Los escasos transeúntes veían pasar, de Chapultepec á la gran plaza y de
+la gran plaza á Chapultepec, el carruaje del general partiendo el aire
+lo mismo que una flecha, como si en realidad tuviese prisa en llegar á
+alguna parte. «¡Ahí va Castillejo!», se decían con respeto y miedo. Y si
+se atrevían á insultar á alguien con su pensamiento, era al extranjero,
+al miserable _gachupín_ Maltrana, sentado en el sitio de honor.
+Castillejo prefería siempre la parte delantera. Unas veces empuñaba el
+volante, otras se mantenía al lado de su chófer, un indiazo de ojos
+feroces y sonrisa boba que manejaba el vehículo con una autoridad
+natural, como si el automovilismo datase de los tiempos de Moctezuma.
+
+Nunca he creído tanto en la fidelidad de los presentimientos como cierta
+noche que intenté negarme á acompañar al general en su paseo nocturno.
+Es verdad que Castillejo no parecía el mismo. Iba con gorra de viaje y
+un grueso gabán, cuyo cuello le tapaba media cara. Tenía en los ojos un
+brillo agresivo. Su aliento olía á alcohol, circunstancia
+extraordinaria, pues el general es sobrio.
+
+No pude excusarme con mi trabajo. Eran las once, y Castillejo había
+esperado á que terminase mi artículo.
+
+--Suba--me ordenó con aspereza, lo mismo que si mandase á su
+horda-división.
+
+Y subí para verme solo en el fondo del automóvil, pues él continuó al
+lado de su chófer.
+
+Aún siento orgullo y angustia al recordar cómo fuí presintiendo
+confusamente lo que iba á ocurrir.
+
+Me arrepentí de inspirar tanto interés á Castillejo. Este bárbaro iba á
+hacer algo terrible y quería que yo lo presenciase. Necesitaba mi
+emoción como un aplauso.
+
+Empecé á pensar en el ingeniero, luego en Olga, y fuí adivinando todos
+los actos de mi protector con algunos minutos de antelación. Casi fué un
+deporte agradable para mí ver cómo la realidad se iba plegando á mis
+inducciones.
+
+El automóvil abandonó las calles iluminadas, como yo había previsto.
+Luego, atravesando vías silenciosas y obscuras, entró en una barriada de
+edificios nuevos. Íbamos hacia la casa de Olga del Monte. Pero ¿qué
+interés tenía el general de mezclarme en sus rencores amorosos?...
+
+Se detuvo el vehículo en una avenida bordeada de copudos fresnos y
+anchas aceras. Los reverberos no eran tan numerosos como en el centro de
+la capital. La frondosidad de los árboles extendía una doble masa de
+sombra á lo largo de la calle, dejando tres fajas de luz crepuscular:
+una en medio, y las otras dos junto á las casas. El carruaje, al quedar
+inmóvil, apagó sus faros, lo mismo que un buque que ancla y desea
+permanecer inadvertido.
+
+Dos hombres con grandes sombreros de palma se acercaron al carruaje: dos
+mocetones de cara aviesa, que nunca había yo visto. Pero también los
+adiviné. Eran de los que esperaban del general «una palabrita nada más».
+Iban á suprimir, indudablemente, al ingeniero.
+
+El pobre Taboada estaría, sin duda, en aquellos momentos hablando á Olga
+de sus ilusiones y sus esperanzas, sin sospechar que la muerte le
+aguardaba en la calle.
+
+--Debéis mirarlo como persona sagrada--oí que decía el general en voz
+baja--. ¡Únicamente en caso de que escapase!...
+
+Se trastornó todo el edificio de suposiciones elevado por mi inducción.
+Si Taboada debía ser sagrado para aquellos hombres, ¿qué podían hacer
+con él?
+
+Miré repetidas veces hacia el lugar donde sabía que estaba la casa de
+Olga, pero no alcancé á verla, pues me la ocultaban los árboles.
+
+El general abandonó el volante, cambiando de sitio con su chófer. La
+habilidad de éste le inspiraba, sin duda, más confianza que su propia
+habilidad. Hablaron en voz baja, al mismo tiempo que el indio
+acariciaba las llaves y palancas de la máquina con gruñidos de
+satisfacción.
+
+Yo no entiendo de automóviles; pero adivinaba en aquel carruaje un
+organismo maravilloso que iba á obedecer fielmente al espíritu maligno
+de sus conductores. Parecía muerto, sin el menor latido que denunciase
+su vida interior; pero bastaba un ligero movimiento de mano para que se
+estremeciese instantáneamente todo él, como un caballo que desea
+lanzarse á una carrera loca.
+
+--Prepárese á conocer algo primoroso, Maltranita--dijo Castillejo en voz
+queda, sin volver la cabeza--. Presenciará usted una caza nunca vista.
+
+Pero ¿qué necesidad tenía este demonio de general de hacerme ver cosas
+«primorosas»?...
+
+Pasaron cinco minutos, ó una hora, no lo sé bien. En tales casos no
+existe el tiempo.
+
+De pronto oí un ruido de voces broncas, una disputa de ebrios. Los dos
+hombres del sombrerón se querellaban bajo los árboles.
+
+Otro hombre pequeño surgió, un poco más allá, de la sombra proyectada
+por los fresnos, como si pretendiese atravesar la avenida, pasando á la
+acera opuesta.
+
+Mi agudeza adivinatoria volvió á romper el misterio con luminosas
+cuchilladas. Vi (sin verla en la realidad) la puerta de la casa de Olga
+abriéndose para dar salida al ingeniero. Éste titubeaba un poco al
+sentir que la puerta se había cerrado detrás de él, al mismo tiempo que,
+algunos pasos más allá, dos hombres, dos «pelados», empezaban á discutir
+de un modo amenazador, como si fueran á pelearse. ¡Mal encuentro!
+Taboada se llevaba una mano atrás, buscando el revólver, inseparable
+compañero de toda vida mejicana. Luego, deseoso de evitar el peligro,
+en vez de seguir á lo largo de la acera, atravesaba la avenida para
+continuar su camino por el lado opuesto....
+
+No pude pensar más. Me sentí sacudido violentamente de los pies á la
+cabeza por el brutal arranque del automóvil; me creí arrojado á lo alto,
+como si el carruaje, después de rodar sobre la tierra unos momentos, se
+elevase á través de la atmósfera.
+
+Perdí desde este momento la normalidad de mis sentidos, para no
+recobrarla hasta el día siguiente. Todo me pareció indeterminado é
+irreal, lo mismo que los episodios de un ensueño.
+
+Vi cómo el hombre intentaba retroceder, esquivando el automóvil salido
+repentinamente de la sombra. Pero el vehículo se oblicuó para alcanzarle
+en su retirada. Entonces pretendió avanzar lo mismo que antes, y la
+máquina perseguidora cambió otra vez de dirección, marchando rectamente
+á su encuentro.
+
+Todo esto fué rapidísimo, casi instantáneo, sucediéndose las imágenes
+con una velocidad que las fundía unas en otras. Sólo recuerdo el salto
+grotesco y horrible, un salto de fusilado, que dió la víctima al
+desaparecer bajo el automóvil con los brazos abiertos.
+
+El vehículo se levantó como una lancha sobre una pequeña ola. Pero esta
+ola era sólida, y su dureza pareció crujir.
+
+Miré detrás de mí instintivamente. Una sombra negra, una especie de
+larva, quedaba tendida sobre el pavimento. Se retorcía con dolorosas
+contracciones, lo mismo que un reptil partido en dos. Salían gemidos é
+insultos de este paquete humano que intentaba elevarse sobre sus brazos,
+arrastrando las piernas rotas.
+
+--¡Brutos!... ¡Me han matado!
+
+Pero instantáneamente dejé de verle. Apareció ante mis ojos el extremo
+opuesto de la avenida. El automóvil acababa de virar, con tanta
+facilidad, que caí sobre uno de sus costados, vencido por la brusca
+rotación.
+
+Se deslizaba de nuevo en busca del caído, y éste, al verle venir, ya no
+gritó. Tal vez el miedo le hizo callar; tal vez se imaginaba el infeliz
+que los del vehículo regresaban para darle auxilio, y enmudecía,
+arrepentido de sus exclamaciones anteriores.
+
+Ahora la ola fué más dura, más violenta. El automóvil se levantó como si
+fuera á volcarse, y hubo un chasquido de tonel que se rompe, estallando
+á la vez duelas y aros. Todavía viró el vehículo varias veces, con la
+horrible facilidad de su ágil mecanismo, pasando siempre por el mismo
+lugar. ¿Cuántas fueron las vueltas?... No lo sé. El obstáculo que
+encontraban las ruedas era cada vez más blando, menos violento; ya no
+lanzaba crujidos de leña seca.
+
+Al día siguiente todos los periódicos hablaron de la muerte casual del
+pobre Taboada cuando se dirigía á su domicilio. El suceso dió tema para
+declamaciones contra la barbarie de los automovilistas que marchan á
+toda velocidad por las calles, matando al pacífico transeúnte.
+
+El periódico nuestro hasta hizo el elogio fúnebre del ingeniero,
+declarando que «había que reconocer noblemente en este enemigo político
+á un hombre de talento, á un gran patriota lamentablemente
+desorientado».
+
+Y nada más.... A los pocos días nadie se acordó del infeliz.
+
+Otros sucesos preocupaban á la nación. Se sublevaron los generales
+candidatos, al convencerse de que no triunfarían legalmente. Muchos
+creyeron necesario traicionar al gobierno, para seguir una vez más las
+costumbres del país. El presidente fué asesinado, y yo, como primera
+providencia, me escapé á los Estados Unidos. Tiempo tendría de volver,
+cuando se aclarase la tormenta, para servir á los nuevos amos.
+
+Castillejo cayó prisionero, y aún está en la cárcel. Sus dignos
+camaradas de generalato le siguen no sé cuántos procesos de carácter
+político; pero lo peor es que, recientemente, han empezado a acusarle
+por el asesinato del ingeniero.
+
+Nadie cree ya en el accidente del automóvil. Parece que fueron muchos
+los que presenciaron lo ocurrido desde sus ventanas prudentemente
+entornadas. Tal vez lo vió uno nada más, y los otros hablan por agradar
+á los vencedores. ¡La soledad nocturna de las calles de Méjico!...
+Detrás de cada persiana hay ojos que sólo ven cuando les conviene; bocas
+mudas que sólo hablan cuando llega el momento oportuno.
+
+Ustedes creen, tal vez, que yo podría volver allá, sin ningún
+peligro.... En realidad, nada malo hice en dicho asunto, y aún me
+estremezco al recordar el susto que me dió el maldito general.
+
+Pero no volveré; pueden estar seguros de ello. Conozco á mis antiguos
+amigos. Castillejo es mejicano y sus acusadores también. Yo no soy mas
+que un extranjero, un español, un _gachupín_, y todos acabarían por
+ponerse de acuerdo para afirmar que fué Maltrana el que guiaba el
+automóvil.
+
+Noto también que les causa á ustedes cierta satisfacción el espíritu de
+justicia que demuestran los nuevos gobernantes al perseguir á Castillejo
+por su delito.
+
+Me asombro de su inocencia. ¡Pero si cualquiera de aquellos generales ha
+ordenado docenas de crímenes igualmente atroces!...
+
+No es justicia, es venganza; y más aún que esto, es envidia, amargura
+ante la superioridad ajena.
+
+Detestan á Castillejo porque les inspira admiración. Hablan de él como
+los pintores de una nueva manera de expresar la luz, como los escritores
+de las imágenes originales encontradas por un colega.
+
+Lo que más les irrita es que ya no podrán emplear sin escándalo el
+procedimiento del automóvil. Ha perdido toda novedad. ¡Y á cada uno de
+ellos le hubiese gustado tanto ser el primero!...
+
+
+
+
+UN BESO
+
+
+Esto ocurrió á principios de Septiembre, días antes de la batalla del
+Marne, cuando la invasión alemana se extendía por Francia, llegando
+hasta las cercanías de París.
+
+El alumbrado empezaba á ser escaso, por miedo á los «taubes», que habían
+hecho sus primeras apariciones. Cafés y restoranes cerraban sus puertas
+poco después de ponerse el sol, para evitar las tertulias del gentío
+ocioso, que comenta, critica y se indigna. El paseante nocturno no
+encontraba una silla en toda la ciudad; pero á pesar de esto, la
+muchedumbre seguía en los bulevares hasta la madrugada, esperando sin
+saber qué, yendo de un extremo á otro en busca de noticias, disputándose
+los bancos, que en tiempo ordinario están vacíos.
+
+Varias corrientes humanas venían á perderse en la masa estacionada entre
+la Magdalena y la plaza de la República. Eran los refugiados de los
+departamentos del Norte, que huían ante el avance del enemigo, buscando
+amparo en la capital.
+
+Llegaban los trenes desbordándose en racimos de personas. La gente se
+sostenía fuera de los vagones, se instalaba en las techumbres, escalaba
+la locomotora, Días enteros invertían estos trenes en salvar un espacio
+recorrido ordinariamente en pocas horas. Permanecían inmóviles en los
+apartaderos de las estaciones, cediendo el paso á los convoyes
+militares. Y cuando al fin, molidos de cansancio, medio asfixiados por
+el calor y el amontonamiento, entraban los fugitivos en París, á media
+noche ó al amanecer, no sabían adonde dirigirse, vagaban por las calles
+y acababan instalando su campamento en una acera, como si estuviesen en
+pleno desierto.
+
+ * * * * *
+
+La una de la madrugada. Me apresuro á sentarme en el vacío todavía
+caliente que me ofrece un banco del bulevar, adelantándome á otros
+rivales que también lo desean.
+
+Llevo cuatro horas de paseo incesante en la noche caliginosa. Sobre los
+tejados pasan las mangas blancas de los reflectores, regleteando de luz
+el ébano del cielo. Contemplo, con la satisfacción de un privilegiado, á
+la muchedumbre desheredada que se desliza en la penumbra lanzando
+miradas codiciosas al banco. El reposo me hace sentir todo el peso de la
+fatiga anterior. Reconozco que si los hulanos apareciesen de pronto
+trotando por el centro de la calle, no me movería.
+
+Una pierna me transmite su calor á través de una tenue faldamenta de
+verano. Me fijo en mi vecina, muchacha de las que siguen viniendo al
+bulevar por costumbre, pero sin esperanza alguna, pues el tiempo no está
+para bagatelas.
+
+Tiene la nariz respingada, los ojos algo oblicuos, y un hociquito
+gracioso coronado por un sombrero de cuatro francos noventa. El cuerpo
+pequeño, ágil y flaco, va envuelto en un vestido de los que fabrican á
+centenares los grandes almacenes para uniformar con elegancia barata á
+las parisienses pobres. Por debajo de la falda asoman unas pezuñitas de
+terciopelo polvoriento. Sonríe con un esfuerzo visible, frunciendo al
+mismo tiempo las cejas. Se adivina que es una mujer ácida, de las que
+«hacen historias» á los amigos; una especie de calamar amoroso, que
+esparce en torno la amarga tinta de su mal carácter.
+
+Conversa con una respetable matrona que vuelve llorosa de la estación de
+despedir á su hijo, que es soldado. Junto á ella está una hija de
+catorce años, mirando á la vecina con ojos curiosos y admirativos. Los
+que ocupan el resto del banco dormitan con la cabeza baja ó sueñan
+despiertos contemplando el cielo.
+
+La burguesa, al hablar, gratifica á la muchacha ácida con un solemne
+_Madame_. Hace un mes habría abandonado el asiento, á pesar de su
+cansancio, para evitarse tal vecindad. ¡Pero ahora!... La inquietud nos
+ha hecho á todos bien educados y tolerantes. París es un buque en
+peligro, y sus pasajeros olvidan las preocupaciones y rencillas de los
+días de calma, para buscarse fraternalmente.
+
+Sigo su conversación fingiéndome distraído. La madre es pesimista.
+¡Maldita guerra! Parece que las cosas marchan mal. Le van á matar al
+hijo; casi está segura de ello; y sus ojos se humedecen con una
+desesperación prematura. Los enemigos están cerca; van á entrar en París
+«como la otra vez».... Pero la joven malhumorada muestra un optimismo
+agresivo.
+
+--No, no entrarán, _Madame_.... Y si entran, yo no quiero verlo, no me
+da la gana; no podría. Me arrojaré antes al Sena.... Pero no; mejor será
+que me quede en mi ventana, y al primero que entre en la calle le
+enviaré....
+
+Y enumera todos los objetos de uso íntimo que piensa emplear como
+proyectiles. Vibra en ella la resolución absurdamente heroica de los
+insensatos gloriosos que protestan para hacerse fusilar.
+
+Algo pasa por la acera que interrumpe estos propósitos desesperados.
+Avanza lentamente un matrimonio de viejos: dos seres pequeñitos,
+arrugados, trémulos, que se detienen un momento, respiran con avidez,
+gimen é intentan seguir adelante. Ella, vestida de negro, con una capota
+de plumajes roídos por la polilla, se muestra la más animosa. Es enjuta
+y obscura; sus miembros, flacos y nudosos, parecen sarmientos trenzados.
+Se pasa de mano á mano una maleta que tira de ella con insufrible
+pesadez, encorvándola hacia el suelo.
+
+A pesar de su cansancio, intenta auxiliar al hombre, que es una especie
+de momia. Su cabeza de pelos ralos aún parece más grande moviéndose
+sobre un cuello cartilaginoso, del que surgen los ligamentos con duro
+relieve. Los dos son de una vejez extremada; parecen escapados de una
+tumba. Les atormentan los paquetes que intentan arrastrar; caminan
+tambaleándose, como la hormiga que empuja un grano superior á su
+estatura. En este cansancio aplastante se adivina un nuevo suplicio, el
+de ir vestidos con las ropas guardadas durante muchos años para las
+grandes ceremonias de la vida: ella con falda de seda dura y crujiente;
+él puesto de levita y paletó de invierno.
+
+El viejo deja caer el fardo que lleva en los brazos, y luego se desploma
+sobre este asiento improvisado.
+
+--No puedo más.... Voy á morir.
+
+Gime como un pequeñuelo. Su pobre cabeza de ave desplumada se agita con
+el hipo que precede al llanto.
+
+--Valor, mi hombre.... Tal vez no estamos lejos. ¡Un esfuerzo!
+
+La viejecita quiere mostrarse enérgica y contiene sus lágrimas. Se
+adivina que en la casa que dejaron á sus espaldas era ella la dirección,
+la voluntad, la palabra vehemente. Su diestra escamosa, abandonando á la
+otra mano todo el peso de la maleta, acaricia las mejillas del viejo. Es
+un gesto maternal para infundirle ánimo; tal vez es un halago amoroso
+que se repite después de un paréntesis de medio siglo. ¡Quién sabe! ¡La
+guerra ha despertado tantas cosas que parecían dormidas para siempre!...
+
+Yo me imagino el infortunio de esos dos seres que representan ciento
+setenta años. Son Filemón y Baucis, que acaban de ver su apergaminado
+idilio roto por la invasión. Tienen el aspecto de antiguos habitantes de
+la ciudad que han ido á pasar el resto de su existencia en el campo,
+dejándose cubrir por las petrificaciones ásperas y saludables de la vida
+rústica. Tal vez fueron pequeños tenderos; tal vez ganó él su retiro en
+una oficina. Cuando no existían aún los hombres maduros del presente, se
+refugiaron los dos en esta felicidad mediocre, en este aislamiento
+egoísta soñado durante largos años de trabajo: una casita rodeada de
+flores, con algunos árboles; un gallinero para ella, un pedazo de tierra
+para él, aficionado al cultivo de legumbres.
+
+Entraron en este nirvana burgués cuando los ferrocarriles eran menos aún
+que las diligencias, cuando la humanidad soñaba á la luz del petróleo,
+cuando un despacho telegráfico representaba un suceso culminante en una
+vida.... Y de pronto, el miedo á la invasión alemana, que suprime un
+pueblo en unas cuantas horas, les ha impulsado á huir de una vivienda
+que era á modo de una secreción de sus organismos. Luego se han visto en
+París, aturdidos por la muchedumbre y por la noche, desamparados, no
+sabiendo cómo seguir su camino.
+
+--Valor, mi hombre--repite la esposa.
+
+Pero tiene que olvidarse de su compañero para dar gracias, con una
+cortesía de otros tiempos, á alguien que le toma la maleta é intenta
+levantar al viejo.
+
+Es la muchacha ácida, que da órdenes y empuja con irresistible
+autoridad.
+
+Ahora reconozco que no lo pasará bien el primer hulano que entre en su
+calle. Con un simple ademán limpia de gente una parte del banco, para
+que se instalen con amplitud los dos ancianos.
+
+Queda espacio libre, pero yo me guardo bien de volver á sentarme. No
+quiero recibir un bufido con acompañamiento de varios nombres de
+pescados deshonrosos.
+
+Sin duda la presencia de estos viejos ha resucitado en la memoria de la
+muchacha la imagen de otros viejos largamente olvidados.
+
+La trémula Baucis da explicaciones. Dos días en ferrocarril. Han huído
+con todo lo que pudieron llevarse. Su última comida fué en la tarde del
+día anterior; pero esto no les aflige: los viejos comen poco. Lo que les
+aterra es el cansancio. Llegaron á las diez: ni un carruaje, ni un
+hombre en la estación que quisiera cargar con sus paquetes. Todos están
+en la guerra. Llevan tres horas buscando su camino.
+
+--Tenemos en París unos sobrinos--continúa la anciana.
+
+Pero se interrumpe al ver que Filemón se ha desmayado, precisamente
+ahora que descansa. Los curiosos del bulevar, que esperan siempre un
+suceso, se aglomeran en torno del banco. La protectora empuja é insulta,
+sin dejar de ocuparse de los viejos.
+
+--¿Y viven cerca los parientes?
+
+--Plaza de la Bastilla--contesta Baucis, que no sabe dónde está la
+plaza.
+
+Un murmullo de tristeza; un gesto de lástima. Todos miran el extremo
+del bulevar, que se pierde en la noche. ¡Tan lejos!... ¡No llegarán
+nunca! Circulan pocos automóviles; sólo de vez en cuando pasa alguno.
+
+Los brazos de la bienhechora trazan imperiosos manoteos; su voz intenta
+detener á los vehículos que se deslizan veloces. Carcajadas ó palabras
+de menosprecio contestan á sus llamamientos, y ella, indignada contra
+los chófers insolentes, da suelta al léxico de su cólera, intercalando
+con frecuencia la frase más célebre de Waterloo.
+
+Cuando transcurren algunos minutos sin que pasen vehículos, vuelve al
+lado de los viejos para animarlos con su energía. Ella los instalará en
+un carruaje; pueden descansar tranquilos.
+
+De pronto salta en medio del bulevar. Viene mugiendo un automóvil del
+ejército, desocupado y enorme, á toda fuerza de su motor. El soldado que
+lo guía cambia de dirección para no aplastar á esta desesperada que
+permanece inmóvil, con los brazos en alto.
+
+Su prudencia resulta inútil, pues la mujer, moviéndose en igual sentido,
+marcha á su encuentro. La multitud grita de angustia. Con un violento
+tirón de frenos, el automóvil se detiene cuando su parte delantera
+empuja ya á esta suicida. Debe haber recibido un fuerte golpe.
+
+El chófer, un artillero de pelo rojo y aspecto campesino, que lleva
+sobre el uniforme un chaquetón de caucho, increpa á la muchacha, la
+insulta por el sobresalto que le ha hecho sufrir. Ella, como si no le
+oyese, le dice con autoridad, tuteándole:
+
+--Vas á llevar á estos dos viajeros. Es ahí cerca, á la Bastilla.
+
+La sorpresa deja estupefacto al soldado. Luego ríe ante lo absurdo de la
+proposición. Va de prisa, tiene que entrar en el cuartel cuanto antes.
+Le grita que se aleje, que salga de entre las ruedas. Ella afirma que no
+se moverá, é intenta tenderse en el suelo para que el vehículo la
+aplaste al ponerse en marcha.
+
+El artillero jura indignado, tomando por testigos á los curiosos. Esto
+no es serio; le van á castigar; el cuartel...los oficiales.... Pero ella
+está ya en el pescante, inclinando hacia el conductor su rostro ceñudo,
+esforzándose por encontrar un gesto de graciosa seducción.
+
+--Yo te recompensaré. Llévalos y te daré un beso.
+
+Sonríe el soldado débilmente, mirándola á la cara para apreciar el valor
+del ofrecimiento. No es gran cosa, pero ¡qué diablo! un beso siempre
+resulta agradable.
+
+La gente ríe y palmotea, y la muchacha, mientras tanto, se aprovecha de
+esta situación para instalar á los viejos en el vehículo con todos sus
+paquetes.
+
+El chófer pone en movimiento su motor.
+
+--Gracias, _Madame_--dice lloriqueando Baucis, mientras Filemón articula
+gemidos de gratitud.
+
+Pero _Madame_ no les oye, ocupada en depositar dos besos sonoros en las
+mejillas del artillero, brillantes y ennegrecidas por la grasa de los
+engranajes. «Toma...toma.»
+
+Se aleja el automóvil y se deshacen los grupos. Las pezuñitas de
+terciopelo vuelven hacia el banco. Una de ellas cojea dolorosamente.
+Siento la tentación de besar también, de besar á la muchacha ácida; pero
+me inspira miedo.
+
+Temo que interprete torcidamente mis intenciones.
+
+
+
+
+LA LOCA DE LA CASA
+
+
+
+
+I
+
+
+Todos los viajeros, antes de abandonar la vieja ciudad de la Flandes
+francesa, oían la misma pregunta:
+
+--¿Ha visto usted al señor Simoulin?...
+
+No importaba que hubiesen invertido varias horas en la visita de la
+catedral, cuyas sombrías capillas están llenas de cuadros antiguos.
+Tampoco era bastante para conocer la ciudad haber recorrido sus iglesias
+y conventos de la época de la dominación española, así como las hermosas
+viviendas de los burgueses de otros siglos. El conocimiento quedaba
+incompleto si los curiosos prescindían de visitar el Museo-Biblioteca, y
+en él á su famoso director, que unos llamaban simplemente «el señor
+Simoulin», como si no fuese necesario añadir nada para que el mundo
+entero se inclinase respetuosamente, y otros designaban con mayor
+simplicidad aún, diciendo «nuestro poeta».
+
+De todas las curiosidades de la urbe flamenca, la más notable, la que
+indudablemente le envidiaban las demás ciudades de la tierra, era
+Simoulin, «nuestro poeta». En esto se mostraban acordes todos los
+vecinos y los tres periódicos de la población, completamente
+antagónicos é irreconciliables en las demás cuestiones referentes á la
+política municipal.
+
+Sin embargo, nadie podía enseñar la casa natalicia de esta gloria de la
+localidad. El gran Simoulin era del Sur de Francia, un meridional del
+país de los olivos y las cigarras, que había llegado siendo muy joven á
+la ciudad, para encargarse del Museo-Biblioteca en formación. Pero en
+ella había contraído matrimonio, en ella habían nacido sus hijos y sus
+nietos, y la gente acabó por olvidar su origen, viendo en él á un
+compatriota que era motivo de orgullo para la provincia.
+
+Un sentimiento de gratitud se unía á la general admiración. Gracias á
+Simoulin, el Museo se había llenado de objetos que acreditaban las
+pasadas glorias del país; gracias á «nuestro poeta», los fabricantes de
+cerveza y de paños, gentes ricas y de pocas letras, que constituían la
+aristocracia de la ciudad, podían hablar, sin miedo á equivocarse, de
+los obispos, guerreros y burgomaestres de otros siglos que
+indudablemente eran sus ascendientes.
+
+Además, el personaje imponía admiración con su aspecto. Los que le
+contemplaban por primera vez sonreían satisfechos. «Así se habían
+imaginado al grande hombre; no podía ser de otro modo.» Y parecían
+venerar con sus ojos las luengas barbas blancas, las dos crenchas de su
+cabellera, onduladas y brillantes como las vertientes de una montaña
+cubierta de nieve. De pie, perdía gran parte de su majestad, por ser
+pequeño de estatura y mostrarse agitado continuamente á causa de su
+inquietud nerviosa. Sentado en su Museo, recordaba al Padre Eterno, á
+pesar de las arrugas de su rostro y el mal color de su tez, impregnada
+del polvo de los libros y de las piezas arqueológicas.
+
+Cuando hablaba--y el gran Simoulin era incapaz de callar así que tenía
+un oyente--, su palabra parecía difundir en torno de él una aureola de
+prestigio histórico. Todas las celebridades de la segunda mitad del
+pasado siglo las había conocido el grande hombre. Recordaba como amigos
+de ayer á Víctor Hugo y á Gambetta. Con este último había tenido,
+indudablemente, cierto trato, cuando el futuro gobernante de la
+República andaba echando sus discursos de tribuno republicano por los
+cafés del Barrio Latino. Al grandioso poeta lo había visto una vez nada
+más, confundido en una comisión de estudiantes que fué á saludarle á la
+vuelta de su destierro en Guernesey. Pero esto sólo representaba á los
+ojos de los admiradores de Simoulin un detalle histórico insignificante,
+y todos repetían, con la firmeza del que dice la verdad:
+
+--Víctor Hugo, que fué íntimo amigo de nuestro Simoulin.
+
+De otras amistades hablaba el grande hombre con más exactitud. En el
+Barrio Latino había tenido por camaradas á Zola, á Daudet y á otros
+escritores de su generación. Esto era indiscutible. Podía enseñar cartas
+de todos ellos, cartas breves, de un afecto forzoso, pero en las que
+vibraba la nostalgia de la juventud, ya lejana; cartas que los hombres
+célebres contestan por deber á los camaradas de los primeros pasos que
+cayeron rendidos en la mitad del camino. Y los admiradores del director
+del Museo-Biblioteca repetían lo que tantas veces habían leído en los
+periódicos locales:
+
+--Hubiese sido el primer poeta del mundo, de querer seguir en París.
+Para él era la gloria que ahora disfrutan muchos con menos talento. Pero
+prefirió vivir entre nosotros....
+
+¡Cómo no adorar á un hombre que había hecho tal sacrificio en honor de
+la antigua y adormecida ciudad!...
+
+Todos en ella se esforzaban por corresponder á tal abnegación,
+haciéndole grata la existencia. El Consejo municipal atendía sus
+indicaciones con tanto respeto como el Colegio de cardenales escucha la
+voz del Papa. Aunque la ciudad no tuviese dinero, lo encontraba siempre
+para las mejoras de su Museo-Biblioteca. Los subprefectos enviados de
+París visitaban inmediatamente al grande hombre. Un presidente de la
+República, al pronunciar su discurso durante una permanencia de breves
+horas en la ciudad, había saludado á Simoulin como la más alta gloria de
+la región. Los industriales del país, que sólo aceptaban alianzas con
+gente de dinero, habían admitido como yernos á los hijos del poeta.
+
+Su gloria se extendía por toda la provincia como algo irresistible,
+reflejándose en las provincias limítrofes. En toda ceremonia oficial,
+los periódicos se cuidaban, ante todo, de anunciar: «Hablará el ilustre
+Simoulin.» Unas veces era un discurso patriótico; otras, una oda de
+circunstancias. Los organizadores de banquetes contaban con un medio
+seguro para evitar el fracaso: «A los postres, pronunciará un brindis
+nuestro poeta.» Y en pocas horas no quedaba un asiento disponible.
+
+Todos los que en la ciudad se sentían tentados por el demonio de la
+literatura acudían á la Biblioteca para pedir consejo al ilustre
+maestro. Los recibía como amigos antiguos, y, arrastrado por su
+vehemencia verbal, dejaba pronto de ocuparse de ellos para hablar de su
+propia persona.
+
+--Un día, el abuelo Hugo me dijo que....
+
+Por las tardes se reunían en su casa los admiradores de su ciencia
+histórica: varios señores retirados de la magistratura, del comercio ó
+de las armas, que en vez de entretenerse coleccionando sellos, se habían
+dedicado á la arqueología provincial.
+
+El discípulo preferido era el comandante Pierrefonds, un hombre corto de
+estatura, fornido, parco en palabras, de mal carácter, que gruñía á la
+menor contradicción bajo su recio bigote rojo y blanco. Tenía el gesto
+reconcentrado y amenazante de un perro feroz y mudo. Sólo el maestro
+Simoulin se atrevía á bromear con él. Vivía solitario, en una casa de
+las afueras, con una vieja ama de llaves y una colección de monedas
+antiguas, á la que pensaba dedicar el resto de su existencia de célibe.
+
+Se había retirado del ejército con verdadero placer al llegar á la edad
+reglamentaria, después de una serie de campañas coloniales penosas y sin
+gloria, que habían quebrantado su salud y agriado su carácter. Sólo le
+interesaba actualmente la numismática, y no reconocía otra grandeza
+humana que la de su eminente amigo y maestro. Su ambición era ser el
+primero de los «simoulinistas», y los que envidiaban su privanza,
+viéndole acompañar al grande hombre á todas partes, lo habían apodado
+«el dogo del poeta».
+
+Esta veneración no cegaba al rudo comandante hasta el punto de hacerle
+desconocer los defectos de su maestro. Pierrefonds era capaz de dejarse
+matar si le exigían una mentira á cambio de la existencia; nunca
+recordaba haber faltado á la verdad voluntariamente; ¡y, en cambio, su
+admirado maestro!...
+
+Dudaba el militar antes de definir la verdadera personalidad moral del
+ilustre Simoulin.... Lo mismo les ocurría á muchos de los discípulos. En
+la misma incertidumbre estaban sus hijos, su vieja esposa, todos los que
+le trataban de cerca.
+
+¿El poeta era un embustero?...
+
+No; no lo era. El que miente lo hace con un fin interesado, por orgullo
+ó por perjudicar á otro. Y el ilustre maestro no mentía; lo que hacía,
+simplemente, era ignorar la verdad, huir de ella cuando la encontraba al
+paso.... Y si le obligaban á mirarla de frente, la veía con unos ojos
+distintos á los ojos de los demás.
+
+Las cosas nunca eran para él como para los otros; siempre las
+contemplaba como quería que fuesen y no de acuerdo con la realidad.
+
+Además, carecía por completo del sentimiento de la medida, inclinándose
+á la exageración para aumentar ó disminuir las cosas. Unas veces hablaba
+de su ciudad como de una urbe igual á Londres ó Nueva York. Otras veces
+la compadecía cual si fuese una aldea. Las personas pasaban á ser en su
+apreciación semidioses ó monstruos; nada guardaba para él sus
+proporciones regulares: ni seres ni objetos.
+
+Uno de sus admiradores, antiguo juez aficionado á las disquisiciones
+filosóficas, había hecho su diagnóstico.
+
+--Tiene la enfermedad de muchos grandes hombres. Su peor enemigo es «la
+loca de la casa».
+
+Este era el apodo que el filósofo Malebranche había dado á la
+imaginación. Había días en que «la loca» dormía detrás de la frente, en
+el piso más alto de aquel edificio humano, y el poeta se mostraba tan
+razonable y justo en sus apreciaciones como un fabricante de paños de la
+localidad. Otras veces, la inquilina del cráneo se despertaba impetuosa,
+haciendo toda clase de cabriolas y extravagancias, y el ilustre maestro
+pasaba de golpe á vivir en un mundo quimérico, mientras su cuerpo se
+movía en este mundo terrenal. Sus ojos miraban, para ver lo que no veían
+los otros, sus manos poseían un tacto sobrenatural, mientras su boca iba
+emitiendo, con acento de sinceridad, errores y exageraciones
+equivalentes á grandes mentiras.
+
+El rudo Pierrefonds lamentaba estos excesos de «la loca de la casa»,
+pero no por ello compadecía á su maestro.
+
+--Todos los genios fueron así.
+
+Recordaba á Balzac y á otros escritores imaginativos, que poblaron su
+vida práctica de absurdas concepciones, aceptándolas como realidades.
+
+Además, ¡quién sabe si era «la loca de la casa» la que había hecho que
+este hombre del país de los olivos y las cigarras conquistase con tanta
+rapidez la vieja ciudad dormida y sin ensueños!...
+
+
+
+
+II
+
+
+La guerra vino á aumentar considerablemente la gloria de Simoulin.
+
+En un mes, su actividad muscular y su actividad mental funcionaron con
+más apresuramiento que durante varios años. Se le vió en todas partes:
+en la estación del ferrocarril despidiendo á los hombres que iban á
+incorporarse á sus regimientos; en el paseo principal, donde, al caer la
+tarde, entonaban las músicas himnos patrióticos coreados por la
+muchedumbre. La gente interrumpía sus cantos al ver las blancas melenas
+del poeta. «¡Que hable el señor Simoulin!», gritaban mil voces. Y al
+poco rato lloraban las mujeres, rugían de entusiasmo los hombres que aún
+no habían ido al ejército, y hasta las banderas tricolores parecían
+aletear con más fuerza, como azotadas por el vendaval patriótico del
+lírico orador.
+
+Cruzaba los brazos lo mismo que Napoleón después de una victoria; otras
+veces manoteaba y rugía igual á Dantón al declarar la patria en peligro.
+Los más grandes personajes históricos pasaban por él, y de tal modo se
+identificaba con sus evocaciones, que Simoulin era el primer engañado.
+Prometía el triunfo con la certidumbre de un gran estratega capaz de
+derrotar á los enemigos cuando se lo propusiese; hacía llorar á su
+público con una sugestión irresistible, pero él era el primero en verter
+lágrimas, conmovido por su propia elocuencia al describir la injusta
+agresión que sufría la patria.
+
+Esta vida imaginativa y elocuente duró sólo unas semanas. Simoulin se
+mostraba insensible á las malas noticias. Eran, según él, invenciones de
+los enemigos. Pero ¡ay! la realidad se encargó de despertarle un día,
+con rudo manotazo. Los alemanes se habían extendido por Bélgica é iban á
+pasar de un momento á otro la vecina frontera, entrando en Francia.
+Muchos vecinos de la ciudad huían. Algunos burgueses prudentes
+insinuaron al poeta la conveniencia de retirarse á París, por creer que
+el gobierno necesitaría la colaboración de un hombre tan célebre.
+
+--¡Que vengan los enemigos!--contestó con sencillez--. Aquí los aguardo.
+
+Sus hijos estaban en el ejército; las mujeres de la familia se habían
+ido á una ciudad del interior con todos los nietos. Simoulin,
+completamente solo, se consideraba preparado para toda clase de
+heroísmos.
+
+--Yo también--le había dicho Pierrefonds.
+
+El comandante consideraba una felonía abandonar la ciudad. Al declararse
+la guerra, había sufrido una amarga decepción viendo que no lo
+aceptaban para combatir en el frente, á causa de sus enfermedades de
+antiguo soldado colonial. Al fin, para que no insistiese en sus quejas,
+lo hicieron director de un modesto servicio de administración militar en
+la misma ciudad.
+
+--Mientras el ministro de la Guerra no me ordene otra cosa, aquí estaré.
+
+Y como el ministro de la Guerra, preocupado por el avituallamiento y la
+suerte de los ejércitos en retirada hacia el Marne, no se acordó de que
+exista en el mundo un comandante Pierrefonds encargado de unos cuantos
+centenares de capotes viejos, el belicoso numismático pudo ver desde una
+ventana de su casa cómo llegaban á la ciudad los primeros pelotones de
+hulanos.
+
+El ama de gobierno tuvo que arrodillarse ante él, abrazando sus piernas
+y recordándole las dulces intimidades de otros tiempos ya olvidados.
+Sólo así consiguió arrancar de sus manos el viejo revólver con el que
+pretendía recibir á tiros á los invasores. Por su culpa podían morir
+fusilados muchos vecinos de la ciudad, según afirmaba su vetusta
+compañera. Además, se acordó de los consejos del maestro:
+
+--Pierrefonds, cuando vengan (si es que vienen), mostrémonos grandes y
+altivos en la desgracia. Un heroísmo que se sacrifica es muchas veces
+más poderoso que el heroísmo que vence.
+
+El ilustre Simoulin tuvo numerosas ocasiones de conocer este sacrificio
+predicado por él. Cuando intentó presentarse á los generales invasores
+para formular una elocuente protesta contra los atropellos cometidos por
+sus tropas, sólo pudo ver á un oficial, que le contestó sarcásticamente,
+acabando por amenazarle con el fusilamiento. Nadie hacía caso de su
+nombre; aquellos guerreros vestidos de gris verdoso parecían oirlo por
+primera vez. Los hijos del país que meses antes rodeaban al poeta con
+su cariñoso entusiasmo no podían servirle ahora de consuelo. Unos
+estaban en la guerra; otros habían huído; los demás sufrían en la ciudad
+toda clase de vejaciones, y para evitarlas, se mantenían ocultos en sus
+casas.
+
+El poeta sufrió el tormento del hambre y el suplicio aún más intolerable
+de la humillación. ¡Quién hubiese podido reconocer á los pocos meses de
+tiranía alemana al ilustre director de la Biblioteca!... Parecía haber
+vivido diez años en unas cuantas semanas. Estaba triste. «La loca de la
+casa» había abandonado indudablemente aquel desván de su cuerpo en el
+que tantas cabriolas llevaba hechas.
+
+Al encontrarse con algún grupo de míseros compatriotas, intentaba
+reanimarlos lo mismo que cuando hablaba en la plaza pública bajo el
+aleteo de las banderas, coreado por trompetas y tambores.
+
+--Esto pasará pronto. He recibido magníficas noticias, que no puedo
+decir.... ¡Los nuestros se aproximan!
+
+Pero su voz tenía el sonido de una moneda falsa. Necesitaba engañarse á
+sí mismo para hablar con el entusiasmo de otros tiempos, y «la loca de
+la casa» ¡ay! parecía haber muerto.
+
+Un día, los alemanes, aburridos sin duda de repetir monótonamente los
+mismos procedimientos de intimidación--quema de edificios,
+fusilamientos, trabajos forzados--, pusieron en práctica un nuevo
+suplicio. La esclavitud del vencido, castigo de las guerras antiguas,
+fué resucitada por los invasores. Una parte del vecindario se vió
+deportada al interior de Alemania para trabajar las tierras del
+vencedor.
+
+Viejos, mujeres y adolescentes formaron una masa de desesperación y
+miseria, encuadrada por los caballos y las lanzas de los jinetes
+alemanes. Al frente de este rebaño de esclavos figuraban, para mayor
+escarnio, los dos vecinos más respetables que habían quedado en la
+ciudad: Simoulin y su discípulo Pierrefonds.
+
+--Comandante--dijo el poeta una vez más--, piense que el heroísmo que se
+sacrifica es más grande, etc....
+
+Le daba miedo el aspecto del veterano. Tenía los ojos inyectados de
+sangre; bufaba de cólera, haciendo temblar su bigote. Parecía no oír á
+su maestro. Pensaba por primera vez que había sido una gran torpeza no
+moverse de la ciudad. Envidiaba á los que podían morir en el frente.
+«¡El comandante Pierrefonds llevado en cuadrilla, como un esclavo
+negro!... ¡Ira de Dios!»
+
+Había pasado los días oculto en su casa, para no ver á los invasores. Su
+ama de llaves le evitaba toda salida, temiendo que hiciese un disparate.
+Pero ahora los tenía ante sus ojos; podía verlos de cerca....
+
+No eran muchos: un destacamento de infantería y unas cuantas parejas de
+hulanos iban á escoltar á los deportados hasta otra estación algo
+lejana.
+
+Un jefe único vigilaba desde lo alto de su caballo los preparativos de
+marcha de este rebaño dolorido: un militar pálido y de una delgadez
+ascética. Simoulin creyó ver en él una expresión de cansancio y de
+remordimiento. Tal vez exageraba su rigidez militar para hacer menos
+visible la vergüenza que le producía esta vil función de guardador de
+esclavos.
+
+Pierrefonds, en cambio, le miraba fijamente, por ser el jefe. Al iniciar
+el grupo su marcha, pasando ante el caballo del alemán, estalló la
+cólera del comandante, muda y reconcentrada hasta entonces. Quiso morir
+fusilado antes que dar un paso más.
+
+--¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los verdugos!--gritó con una voz ronca.
+
+El hombre á caballo parpadeó vivamente bajo la visera de su gorra, hizo
+un movimiento de sorpresa y de cólera; quedó indeciso contemplando al
+prisionero. Los ojos agresivos de éste parecieron devolverle la calma, y
+miró á otra parte, levantando los hombros levemente.
+
+«¡Suicida!» Y esta palabra, que pareció proferir el enemigo con su
+indiferencia afectada, irritó aún más al comandante. También le irritó
+el automatismo de aquellos soldados, que indudablemente le habían
+entendido; pero eran incapaces de oír mientras no oyese su jefe.
+
+Quiso lanzar por segunda vez el insulto, pero no pudo. Alguien le tiraba
+del brazo; una cara se pegaba á la suya, hundiendo en sus ojos una
+mirada de espanto.
+
+--¡Pierrefonds! ¡Amigo mío! ¿Está usted loco? ¡Por Dios, cállese! Va
+usted á conseguir que nos fusilen á todos.
+
+Y Simoulin dijo esto con tal expresión de angustia, que el comandante
+desistió de continuar.
+
+Pero el miedo sufrido hizo rencoroso al poeta.
+
+--¡Qué disparate!--continuó diciendo--. ¡Pero eso es una niñada sin
+objeto, impropia de su edad!...
+
+Y transcurrieron muchos días sin que el grande hombre le perdonase el
+susto pasado.
+
+A pesar de los sufrimientos de su esclavitud, cada día mayores, Simoulin
+decía de pronto, mirándole con ojos severos:
+
+--Pero ¿dónde tenía usted la cabeza?... ¿Qué se propuso usted al lanzar
+aquellos gritos absurdos?... ¿Quería usted mi muerte y la de tantos
+infelices?
+
+
+
+
+III
+
+
+Al terminar la guerra recobró poco á poco la ciudad su antiguo aspecto.
+Empezaron á volver á ella los vecinos huídos, y los que habían soportado
+durante más de cuatro años la dominación extranjera les relataban sus
+miserias.
+
+Regresaron también en pequeños grupos los deportados al interior de
+Alemania, pero su número había disminuido durante la esclavitud. Eran
+muchos los que se quedaban para siempre en las entrañas de aquella
+tierra aborrecida y hostil.
+
+Entre tantas desgracias, representaba una alegría para la ciudad la
+certeza de que Simoulin, «nuestro poeta», no había muerto. Es más; al
+principio, los enemigos lo habían tratado sin ninguna consideración,
+pero el mérito no puede permanecer mucho tiempo en la obscuridad, y
+cierto profesor alemán que había sostenido en otro tiempo
+correspondencia con el grande hombre sobre hallazgos arqueológicos, al
+saberle prisionero, consiguió trasladarlo á su ciudad, haciéndole más
+llevadero el cautiverio. El poeta hizo partícipe de esta buena suerte al
+comandante, en su calidad de numismático, y para los dos transcurrió el
+período de cautiverio en una dependencia humillante pero soportable.
+
+La ciudad, á pesar de sus recientes tristezas, hizo grandes preparativos
+para recibir á Simoulin á su vuelta de Alemania. Ya era algo más que un
+gran poeta, gloria de su país adoptivo; había pasado á convertirse en
+héroe, digno de servir de ejemplo á las generaciones futuras. Cuando
+tantos huían, él continuaba en su puesto, y el brillo de su gloria era
+tal, que los feroces enemigos habían acabado por respetarlo, tratándole
+casi con tanta admiración como sus convecinos.
+
+Un aplauso inmenso saludó á Simoulin al descender del tren. «¡Qué viejo
+está!» Y las mujeres, vestidas de luto, lloraban, olvidando
+momentáneamente sus dolores para no ver mas que los sufrimientos del
+adorado grande hombre. Pero aunque había perdido en el destierro una
+parte de su cabellera de plata, conservaba intacto su entusiasmo, su
+inquietud movediza, su verbosidad lírica, que volvió á estremecer la
+ciudad lo mismo que un soplo primaveral.
+
+Detrás, como un perro fiel, llegaba Pierrefonds, sin que los años de
+esclavitud hubiesen dejado en él ninguna huella aparente, reconcentrado
+y agrio lo mismo que antes, pero con una expresión de inmensa melancolía
+en los ojos. Los alemanes le habían robado su colección de monedas. Ya
+no le quedaba en su casa mas que el ama de llaves. ¿Qué entretenimiento
+podía encontrar un hombre después de esto?... ¿Era posible, á sus años,
+empezar una nueva colección?...
+
+Desalentado, seguía á Simoulin por la fuerza de la costumbre, abriéndose
+paso entre un gentío que aclamaba al maestro y no lo reconocía á él.
+
+Cuando el poeta, conducido en alto por un grupo de jóvenes, fué
+depositado en el gran balcón del Palacio Municipal, extendió sus manos
+augustas sobre la plaza negra de muchedumbre y rompió á hablar como en
+sus mejores tiempos.
+
+Pasarán varias generaciones antes que se extinga en el país el recuerdo
+de este discurso.
+
+¡Qué de aplausos! ¡Qué de lágrimas de emoción!... El poeta describió el
+martirio de la ciudad; los sufrimientos de sus hijos, arreados como
+esclavos; la agonía de los que murieron de miseria lejos de la amada
+tierra natal.
+
+Luego creyó llegado el momento de hablar un poco de su persona.
+
+--No me tributéis honores--dijo modestamente--. He cumplido mi deber, lo
+mismo que mis compañeros de desgracia. Todos nos hemos mostrado grandes
+y altivos frente al invasor; todos hemos sido héroes con el heroísmo del
+que se sacrifica, más poderoso mil veces que el heroísmo que vence.
+
+Aquí tuvo que detenerse, ahogada su voz por el estrépito de una ovación
+inmensa.
+
+--Permitidme, para terminar--continuó--, que os relate una breve
+historia, como demostración de lo que puede el heroísmo humano cuando no
+teme á la muerte. Callaría, si mi persona fuese la única que figuró en
+este suceso; pero otro que está cerca de mí hizo tanto como yo, y mi
+modestia no debe arrebatarle la gloria que le corresponde.
+
+Simoulin describió la salida del triste rebaño humano conducido á la
+esclavitud. Al frente iban él y el comandante.
+
+--Y al pasar ante el jefe de aquellos bandidos, Pierrefonds y yo,
+estrechamente abrazados, deseando morir, le gritamos en pleno rostro:
+«¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los verdugos!»
+
+El comandante, que estaba en el balcón junto al grande hombre, abrió los
+ojos con asombro y espanto, mientras le temblaban los bigotes, como si
+no pudiese contener una avalancha de frases de protesta.
+
+Pero el orador, uniendo la acción á la palabra, se había abrazado á él
+nerviosamente, desafiando con la mirada á un enemigo imaginario y
+dispuesto al fusilamiento. Además, era imposible hablar. La muchedumbre
+rugía de entusiasmo; los aplausos sonaban como una granizada
+interminable.
+
+«La loca de la casa» había resucitado, haciendo otra vez de las suyas.
+
+Y el comandante, librándose del abrazo, acabó por inclinar su cabeza,
+rojo de vergüenza al pensar que aceptaba una mentira, pero agradeciendo
+al público aquella ovación, la primera de toda su existencia.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Transcurrieron dos años. Hasta en París se habló muchas veces del
+heroísmo del poeta Simoulin, que quiso morir insultando á los invasores.
+¡Viejo heroico!...
+
+En la ciudad todos conocían su grito. Ya no era sólo «nuestro poeta»;
+era el hombre que había gritado: «¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los
+verdugos!» Hasta los niños de las escuelas sabían esto, por haberlo oído
+á sus profesores, y al encontrar al señor Simoulin se descubrían con
+veneración, como si viesen pasar la bandera de la patria.
+
+El comandante Pierrefonds vivía desorientado, dudando de sus sentidos,
+creyéndose algunas veces juguete de «la loca de la casa» que también
+llevaba en lo más alto de su cuerpo, como todos los seres humanos, pero
+que hasta entonces había vivido dormitando y ahora empezaba á
+atormentarle con sus jugarretas.
+
+Tenía la seguridad de que el maestro había hablado de él en su
+discurso. Es cierto que se atribuyó, por un exceso imaginativo, la mitad
+del acto de su discípulo, pero concediéndole generosamente la otra
+mitad. De eso estaba seguro Pierrefonds. Recordaba con orgullo los
+aplausos del público dirigidos á su persona....
+
+Pero este público ya no se acordaba de él. La muchedumbre parecía haber
+perdido la memoria. Nadie se imaginaba ya al grande hombre abrazándose
+al comandante para morir. Las masas no aman la gloria colectiva, á causa
+de su vaguedad; quieren algo preciso é individual, les gusta el héroe
+aislado y bien á la vista. Y por esto hablaban todos del grito del señor
+Simoulin, del heroico reto del señor Simoulin á los enemigos, sin
+mencionar para nada al comandante.
+
+El grande hombre, contagiado por el olvido general, tampoco recordaba su
+invención del abrazo y la hazaña en común. Veía las cosas como quería
+verlas «la loca de la casa»; se contemplaba elevando la diestra--tal vez
+como le iba á representar en lo futuro una estatua de bronce en el mejor
+paseo de la ciudad--y lanzando el grito famoso. Hasta podía describir
+exactamente, con su gran poder imaginativo, cómo ocurrió el hecho. Y al
+transcurrir el tiempo, iba encontrando en su memoria nuevos detalles que
+añadir á la primitiva visión, todos de indiscutible veracidad.
+
+El comandante empezó á aborrecer de un modo definitivo todo lo que le
+rodeaba. Muchas veces dudó de sí mismo. ¿Lo que él creía la verdad no
+sería un sueño, y los otros, al olvidarse de él, estarían verdaderamente
+en lo cierto?...
+
+Luego, recobrando la fe en sí mismo, despreciaba á sus conciudadanos y
+no quería salir de su casa.
+
+¿Para qué ver gentes? ¿Para oírles alabar al señor Simoulin y su grito
+histórico?...
+
+Ya no veía al maestro. Le resultaba intolerable la inocente seguridad
+con que describía su hazaña. «La loca de la casa» se mostraba en él como
+una desvergonzada, indigna del trato con personas decentes. Además, los
+alemanes le habían robado sus monedas y sus medallas, y le era doloroso
+volver á conversar con el maestro sobre cuestiones numismáticas.
+
+Su única ocupación fué bostezar leyendo libros viejos, regar su pequeño
+jardín y hacer comparaciones entre su vejez y la de su ama de llaves.
+
+Un día, vió turbada esta soledad. Le visitaron los organizadores de un
+banquete en honor de «nuestro poeta», con motivo de la nueva
+condecoración que le había concedido el gobierno.
+
+Iba á ser la fiesta más importante de todas las que se habían tributado
+al grande hombre. Tal vez la última. ¡El pobre estaba tan viejo!...
+Vendrían de París diputados y senadores; hasta el ministro de
+Instrucción pública había prometido su asistencia.
+
+--Y el maestro--continuaron los organizadores--ha preguntado por usted.
+Se extraña de no verle. ¡Le gustaría tanto tenerlo cerca, en la mesa!...
+
+El enfurruñado comandante se negó á asistir á la fiesta, pero su vieja
+compañera le aconsejó lo contrario. Le convenía ver á sus antiguos
+amigos; necesitaba distraerse....
+
+Al fin, accedió. Le había conmovido la suposición de que esta fiesta en
+honor de su antiguo maestro podía ser la última. Deseaba verle. ¡Quién
+sabe si no le vería más!...
+
+La noche del banquete, el poeta le recibió con los brazos abiertos.
+
+--¡Ah, Pierrefonds!... ¡Valeroso compañero de miserias y de
+esclavitud!...
+
+Y lo presentó al ministro y á todos los personajes llegados de París.
+
+--Un héroe, señores; un verdadero soldado y un gran patriota.
+
+Pierrefonds gruñió dulcemente, y su bigote se contrajo con algo que
+parecía una sonrisa. Se sintió arrepentido interiormente de sus cóleras.
+El maestro era bueno; su fama la repartía con los humildes. Todo lo
+anterior había sido, indudablemente, obra de los envidiosos, que
+deseaban separarlos.
+
+Durante el banquete, Simoulin no le perdió de vista. El comandante no
+podía estar a su lado; aspirar á esto hubiera sido un disparate. El
+maestro tenía por vecinos de mesa á los grandes personajes venidos de la
+capital. Pero lo había hecho sentar al alcance de su voz y de sus ojos,
+y hasta levantó su copa una vez mirando a Pierrefonds.
+
+--¡A la salud de mi heroico compañero!...
+
+¡Simpático maestro! ¿Cómo no quererle?... Su alma desconocía la
+injusticia.
+
+Al llegar la hora de los brindis, hablaron como una docena de señores.
+Luego, el poeta pronunció su discurso de gracias.
+
+Fué una hermosa pieza oratoria; y como Simoulin, á pesar de su lirismo,
+gustaba de tener siempre un tema fijo, en torno del cual podía enroscar
+caprichosamente sus improvisaciones, escogió uno: «el valor cívico y el
+valor guerrero».
+
+Inútil es decir que, desde los primeros párrafos, el pobre valor
+guerrero quedó muy por debajo del valor cívico.
+
+Tal vez por esto, Pierrefonds, que era militar, empezó a sentir cierta
+inquietud. Le daban miedo los ojos brillantes del maestro, unos ojos
+juveniles, detrás de cuyos cristales empezaba á danzar «la loca de la
+casa». Adivinó que el alma del poeta no estaba allí. Volaba por un mundo
+fantástico, y volvería dentro de unos instantes, derramando sobre la
+mesa, como flores reales, todas las rosas quiméricas recogidas en su
+viaje. ¿Qué iba á decir?... Su palabra continuaba fluyendo, sonora,
+fácil, entusiástica.
+
+--Y para terminar, señores, puedo citaros un ejemplo, que hará ver,
+mejor que todas mis palabras, lo que son los dos valores.
+
+»Aquí está mi amigo el comandante Pierrefonds, mi compañero de
+cautiverio, un verdadero héroe, un soldado cubierto de condecoraciones y
+de heridas, que realizó las mayores hazañas en nuestras guerras
+coloniales. Su valor guerrero es indiscutible. Yo no soy mas que un
+pobre poeta, capaz, en determinados momentos, de mostrar cierto valor
+cívico.
+
+»Ya conocéis la escena de nuestra salida de esta ciudad como prisioneros
+de los alemanes. La prensa, el libro y hasta el grabado han reproducido
+esta escena, tributándome con ello una gloria que no merezco. Yo
+grité.... lo que grité; fué algo superior á mi voluntad, que tal vez me
+aconsejaba ser prudente. Pero el valor cívico, cuando despierta, no
+conoce el peligro.
+
+»Y apenas grité «¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los verdugos!» este hombre de
+guerra, héroe de cien campañas, tal vez porque tiene un sentido de la
+realidad más exacto que yo, que no soy mas que un pobre poeta, me agarró
+las manos, suplicándome: «¡Por Dios, maestro! ¡Nada de locuras! ¡Nos va
+usted a hacer matar a todos!...» Esto no lo habrá olvidado seguramente
+mi querido camarada de infortunio. Y como es un soldado de valor
+indiscutible, podrá reconocer también sin rubor alguno que tal vez en
+aquella ocasión sintió cierto miedo, el primer miedo de toda su vida.
+
+El comandante no pudo protestar. Una aclamación ensordecedora había
+interrumpido la elocuencia del orador. Todos le tendían las manos,
+conmovidos por la sinceridad y la sencillez de sus palabras. Y el poeta
+heroico se sentó, jadeando de emoción y de fatiga. Su discurso había
+terminado.
+
+Pierrefonds optó por marcharse, sin que el público reparase en su fuga,
+ni en sus gestos coléricos, ni en las palabras de indignación que iba
+barboteando.
+
+Después de aquella noche, nadie le ha visto más.
+
+Tal vez no quiere salir á la calle; tal vez ha renunciado para siempre á
+vivir en la misma ciudad que el poeta y su «loca de la casa».
+
+
+
+
+LA SUBLEVACIÓN DE MARTÍNEZ
+
+
+
+
+I
+
+
+Después que triunfó la revolución, y sus caudillos, instalados
+definitivamente en la capital de Méjico, se repartieron los principales
+cargos--desde presidente de la República hasta rector de la
+Universidad--, el valeroso Doroteo Martínez empezó á sentirse aburrido,
+sin atinar con la causa.
+
+En verdad, no podía quejarse de su suerte. Seis años antes era segundo
+capataz en la hacienda de un gran señor que pasaba la mayor parte del
+tiempo en París.
+
+Un día montó a caballo para seguir á los vengadores de Madero y derribar
+a su asesino Huerta. ¿Por qué no había de ser revolucionario, á
+semejanza de otros mejicanos de tan humilde origen como él, que llegaban
+á ministros y hasta presidentes?... Guadalupe su mujer, carácter
+despótico, opuesto sistemáticamente á todas sus decisiones, aceptó esta
+vez con entusiasmo el proyecto de dedicarse á la guerra.
+
+--A ver si llegas a general--le dijo--. ¡Está una tan cansada de ver
+generalas que empezaron siendo criadas!...
+
+El miedo a la mujer, una buena suerte incansable y el afán de que su
+nombre apareciese en letras de imprenta y fuese cantado en verso con
+acompañamiento de guitarra, le empujaron en su ascensión gloriosa. A los
+treinta años se vió general de brigada, sin haber tropezado con grandes
+obstáculos. Su astucia de campesino le hizo saltar oportunamente de un
+grupo á otro en las contiendas civiles que surgieron al final de la
+revolución, adivinando quién iba á triunfar y quién iba á sumirse para
+siempre en la desgracia y el olvido.
+
+Su primer jefe y maestro fué Pancho Villa. A sus órdenes hizo la mayor
+parte de la guerra; pero al verlo en lucha con Carranza, presintió que
+este antiguo «ranchero», de porte solemne y aseñorado, al que llamaban
+«el viejo barbón», tenía más aspecto de presidente que el antiguo
+bandido, y se fué con él.
+
+Por segunda vez Guadalupe reconoció que su esposo era á veces capaz de
+resoluciones acertadas.
+
+El guerrillero, durante la presidencia de Carranza, conoció todas las
+dulzuras del poder. De la capital de Méjico le llegaban grandes sobres
+con el sello del gobierno llevando esta inscripción: «Al ciudadano
+general Doroteo Martínez, comandante de las tropas en operaciones.»
+
+Su autoridad se extendía nominalmente sobre un territorio más grande que
+algunas naciones de Europa, pero sólo era efectiva en la población donde
+había establecido su Estado Mayor y en otros grupos urbanos ocupados por
+sus tropas.
+
+La importancia de estas tropas también era más ilusoria que real. Vistas
+desde las oficinas ministeriales de Méjico, constaban de una docena de
+miles de hombres, con casi igual número de caballos. Sobre el terreno de
+las operaciones los regimientos se achicaban hasta convertirse en
+partidas; los miles de combatientes bajaban á ser centenares; y los
+caballos, que debían estar próximos á morir de un reventón, según las
+montañas de forraje que llevaban consumidas--a juzgar por las cuentas
+pagadas por el Ministerio de la Guerra--, eran escuálidos jamelgos que
+pastaban en los campos de los particulares, alimentándose á la ventura
+con lo que podían encontrar.
+
+El general, siguiendo una respetable tradición, se guardaba
+tranquilamente los sueldos de los combatientes que no existían y el
+valor de los piensos que jamás habían olido sus caballos. De algún modo
+debía pagar la patria los servicios pretéritos de sus héroes y los que
+le seguirían prestando en el resto de sus días.
+
+Continuaba en guerra el país. En vano el gobierno de la capital hacía
+decir á los periódicos que sólo se mantenían en armas algunos bandidos,
+á los que pensaba exterminar de un momento á otro. Lo de que fuesen
+bandidos ó no lo fuesen quedaba reservado á la apreciación siempre
+divergente de los gobernantes y de sus enemigos; pero lo cierto era que
+los que corrían montes y campos, haciendo saltar trenes con dinamita,
+quemando poblaciones, fusilando prisioneros y llevándose mujeres, habían
+convivido como camaradas de armas con los mismos que marchaban ahora en
+su persecución.
+
+Martínez se tuteaba con todos los insurrectos que tenía encargo de
+fusilar así que cayesen en sus manos. Meses antes eran todavía tan
+generales como él. Hasta le obligaban á marchar contra su antiguo ídolo
+el temible Villa, y procuraba hacerlo con la mayor discreción, como un
+esgrimista novel que se bate con su maestro.
+
+Perseguidos y perseguidores parecían evitar los golpes decisivos. Los
+adversarios de Martínez propalaban en la capital que éste tenía más
+empeño en eternizar la guerra que los mismos insurrectos. La paz
+significaba para él, como para los otros jefes de operaciones, la
+supresión de los regimientos fantasmas y de los piensos de la caballada
+no menos irreales.
+
+Pero el valeroso Doroteo despreciaba estas invenciones de la
+malevolencia. ¡Qué hombre ilustre carece de envidiosos!
+
+Había perdido su timidez de los primeros tiempos de la revolución,
+cuando rondaba en torno de los caudillos principales como un oficial de
+lealtad perruna, siempre dispuesto á encargarse de las misiones
+peligrosas. Empezaba a creer que había nacido para cumplir una misión
+histórica, según afirmaban sus aduladores. Al marcharse á la guerra,
+sólo sabía trazar su firma como un jeroglífico, y aun esto lo había
+aprendido durante unos meses que pasó en la cárcel á causa de ciertas
+puñaladas recibidas por alguien que pretendía casarse con la que ahora
+era su mujer. Durante la guerra se familiarizó con la literatura
+declamatoria de las proclamas y los artículos revolucionarios, y pudo
+llegar á leer de corrido estos impresos, siempre que fuesen de letra
+gruesa.
+
+Ahora tenía como secretario á un periodista traído de la capital, joven
+poeta, que redactaba todos los decretos que el comandante de operaciones
+dirigía á los pobladores de su territorio, tratando en ellos muchas
+veces sobre los destinos de la humanidad futura y la revolución
+universal, como si fuesen dedicados á los habitantes del planeta entero.
+
+Al verse tan bien servido por la pluma del secretario, Martínez, cuando
+no estaba de operaciones, sentía la necesidad de convertir en leyes
+todas las ideas simples y nuevas para él que hervían en su cerebro.
+
+--Sandoval, vamos á escribir media docena de decretos--decía después de
+las comidas, como si esto suavizase su digestión.
+
+Y á un mismo tiempo legislaba sobre la limpieza de las calles de la
+ciudad, sobre el amor libre, sobre la hora de empezar el espectáculo en
+los cinematógrafos y sobre un nuevo reparto de la propiedad rural. Los
+decretos siempre terminaban condenando á ser pasados por las armas á
+todos los que desobedeciesen las órdenes de su autor. La gente,
+familiarizada con el peligro y la muerte, no hacía gran caso de ellos.
+¡Eran tantos los decretos, y por otra parte tan poco numerosas las
+personas del distrito que sabían leer!
+
+Pero si rara vez llegaban á ser una realidad positiva, estos documentos
+servían de un modo maravilloso al general cuando deseaba suprimir á
+alguien. Siempre ocurría que este importuno había desobedecido alguna de
+sus leyes tan minuciosas y tan diversas, y el Consejo de guerra que se
+reunía en el _foyer_ del teatro de la ciudad no necesitaba discutir
+mucho para enviar al acusado al cementerio, lugar donde se verificaban
+los fusilamientos de rebeldes, evitándose de este modo las molestias de
+una larga conducción de los cadáveres.
+
+Estos castigos extremados apenas alteraban la popularidad de Martínez.
+¡Qué general no había hecho otro tanto! En el populacho, medio indio,
+persistía el alma de sus crueles ascendientes, los cuales veneraban á
+sus dioses cuanto más sedientos se mostraban de sangre y según el número
+de víctimas á las que se extraía el corazón en sus altares.
+
+Además, Martínez casi gozaba honores de gloria nacional. Su secretario
+rara vez lo designaba por su apellido. Era por antonomasia «el héroe de
+Cerro Pardo», lugar donde había batido á los «soldados de la tiranía»
+durante la revolución. Otros generales se veían venerados como
+semidioses por haber perdido un brazo ó una pierna. Martínez había
+perdido una oreja en Cerro Pardo, y mostraba con orgullo su sien mocha
+en las ceremonias oficiales. Pero con una guedeja de su largo cabello
+procuraba ocultar la falta del pabellón auditivo, siempre que, abusando
+de la adormecida fiereza de la generala, se atrevía á visitar á ciertas
+señoras admiradoras de su heroísmo.
+
+Muchas de las comunicaciones que enviaba Sandoval al gobierno de Méjico
+eran devueltas con una nota pidiendo un estilo más claro, por considerar
+el texto incomprensible. El héroe se indignaba.
+
+--¿Para esto hemos hecho la revolución? En el Ministerio de la Guerra no
+hay mas que gente atrasada; reaccionarios que no pueden entender lo que
+es el simbolismo.
+
+Como todos los simples que sólo han recibido una instrucción primaria y
+tardía, amaba con entusiasmo el estilo complicado y los neologismos que
+exigen largas explicaciones.
+
+El libro más interesante de la época presente iba á ser la _Historia del
+general Doroteo Martines_, obra voluminosa que estaba escribiendo su
+secretario. De ella, lo más apreciado por el autor y por el protagonista
+era el «Capítulo ochenta y dos», titulado así: «De cómo el general, a
+pesar de ser antimilitarista, comunista y ácrata, se vió obligado á
+fusilar á doscientos cincuenta compañeros de armas que se rebelaron
+contra el gobierno, faltando á la disciplina.»
+
+En la vida ordinaria era una buena persona, que hablaba con voz tímida,
+ceceando lo mismo que un niño, y si su interlocutor le miraba fijamente,
+apartaba los ojos como avergonzado. Los efectos de su bondad y su
+sencillez se extendían hasta Europa. Como ejercía una autoridad de
+procónsul sobre su comarca natal, una de sus primeras disposiciones fué
+apoderarse de la gran propiedad en la que había trabajado como humilde
+capataz.
+
+El propietario, residente en París, recibió de él una carta dulce y
+respetuosa: «Venga usted por aquí, patroncito; tendré un verdadero gusto
+en verle. Arreglaremos cuentas sobre su hacienda. Le manifestaré mi
+agradecimiento por sus bondades con este su antiguo servidor.»
+
+Pero el propietario, que era mejicano y conocía á su gente, no pensó un
+momento en volver á un país donde los capataces se convierten en
+generales. Se sentía mejor cerca de los Campos Elíseos, aunque tuviera
+que recurrir á préstamos y trampas para compensar las rentas que ya no
+llegaban del otro lado del Océano. Prefería ver el Arco de Triunfo con
+hambre, antes que la sonrisa melosa y los ojos terriblemente dulces del
+héroe de Cerro Pardo.
+
+Los comerciantes de la ciudad, extranjeros todos ellos que daban parte á
+Martínez en sus negocios y no se atrevían á acometer empresa alguna sin
+tenerle por consocio, le habían regalado por suscripción una espada
+«artística» y un uniforme de general.
+
+Este uniforme, mezcla de japonés y de alemán, quedó en una silla, bajo
+la mirada pensativa del héroe. La gorra con entorchados deslumbrantes y
+un águila de oro enorme, los bordados de las mangas y las hombreras,
+parecían herir su vista.
+
+--Yo soy un ciudadano--dijo á su secretario--. (No olvide usted,
+Sandoval, de repetirlo en el libro.) Yo soy un ciudadano, y estos
+uniformes son los que perdieron á muchos de mis camaradas que han muerto
+fusilados por traidores.
+
+Y como él prefería ser ciudadano, siguió usando sus trajes civiles, una
+indumentaria soñada sin duda en sus tiempos de pobreza como algo
+magnífico y quimérico: trajes de paño azul celeste ó verde esmeralda,
+corbatas y pañuelos con las tintas del arco iris, productos de fábricas
+misteriosas de Inglaterra ó los Estados Unidos, cuya existencia ignora
+el común de los mortales y que parecen trabajar únicamente para la
+elegancia masculina de los trópicos. Una placa de esmalte con un águila,
+fija en una de sus solapas, revelaba á los demás mortales su condición
+de general.
+
+Pero un día se mostró en los salones del antiguo palacio del obispo,
+convertido en comandancia de armas, vistiendo el deslumbrante uniforme.
+
+--Somos débiles, Sandoval--dijo melancólicamente--. Me lo he puesto para
+dar gusto á la generala.
+
+Un viejo tendero español--el iniciador de la suscripción--se entusiasmó
+al verle.
+
+--Estás más hermoso que el sol. Pareces Bismarck...pareces Hindenburg.
+Así deberías ir todos los días, Doroteíto.
+
+Y le acariciaba el vientre con suaves palmadas. Era el único que podía
+tutearle, como un privilegio de la época en que el general frecuentaba
+la tienda del _gachupín_ como simple peón, llevándose al fiado de comer
+y de beber. Además, este personaje opulento y respetable era el que se
+encargaba de figurar como único contratista en todos los servicios de
+las tropas.
+
+Para darle gusto, así como á su Guadalupe, se sacrificó al fin el
+general, vistiendo su uniforme de gala siempre que estaba en la ciudad.
+Al salir de operaciones volvía á cubrirse con el enorme sombrero
+mejicano, poco menor que un paraguas, única prenda uniforme de sus
+soldados en tiempo ordinario.
+
+Su gloria y su poder no encontraban obstáculo alguno en el rincón de la
+República sometido á su autoridad. Los jóvenes empleados en los
+ministerios de la capital se agrupaban para reir, leyendo en voz alta
+las comunicaciones enviadas por el héroe de Cerro Pardo.
+
+Los grandes periódicos comentaban con una ironía algo miedosa las
+sublimidades laberínticas de su estilo. Pero el presidente y los
+ministros restablecían el prestigio del héroe:
+
+«¿Martínez?... Algo tonto y vanidoso, pero un hombre leal, un soldado
+fiel, y además un héroe.»
+
+Era tan común en la historia del país la traición, el sublevarse los
+generales contra el gobierno con las mismas tropas facilitadas por éste,
+que Doroteo resultaba un personaje excepcional.
+
+Todo cuanto hiciese se lo tolerarían los gobernantes. Firmemente
+asegurado en su situación, no temía á Dios ni á los hombres.
+
+Únicamente una persona le infundía miedo: su mujer.
+
+
+
+
+II
+
+
+Cuando el capataz Doroteo dejó de trabajar para irse con los
+revolucionarios, Guadalupe no dudó un momento en seguirle.
+
+Un mejicano debe ir á todas partes con su mujer, hasta á la guerra. Lo
+mismo los defensores del gobierno que los revolucionarios, llevaban con
+ellos á sus mujeres, apodadas «soldaderas», que eran las que remediaban
+la ausencia de administración militar, cuidando cada una del alimento de
+su hombre.
+
+Durante las marchas iban á vanguardia, rodeadas de enjambres de niños y
+con las ropas de la familia formando un lío sobre su cabeza. Lo robaban
+todo, arrasaban los campos, como una nube de langosta, y cuando las
+tropas hacían alto, encontraban ya la hoguera ardiendo y la comida en su
+punto. Los primeros contactos entre ambos bandos los realizaban casi
+siempre las dos vanguardias de «soldaderas». Olvidando momentáneamente
+su antagonismo, se vendían unas á otras lo que consideraban superfluo.
+El defensor del gobierno, por mediación de su compañera, facilitaba
+víveres al rebelde. Otras veces ocurría lo contrario.
+
+La moneda carecía casi siempre de valor en estas transacciones. El bando
+falto de municiones sólo quería vender su pan á cambio de cartuchos, y
+el que los tenía los entregaba, ansioso de comer, sin fijarse en que,
+horas después, estos mismos proyectiles podían darle la muerte. Al
+entablarse el combate, las «soldaderas» y sus enjambres de chiquillos se
+retiraban á retaguardia. Otras veces, si el momento era angustioso, la
+hembra se mezclaba en la pelea para sostener al compañero herido y
+seguir tirando con su fusil.
+
+Guadalupe vivió así; hizo marchas interminables á pie ó á la grupa del
+caballo de su hombre. Pero como Doroteo obtuvo rápidamente sus primeros
+ascensos, pronto se elevó sobre la muchedumbre de «soldaderas» de tez
+amarillenta, cabellera aceitosa y ojos ardientes, asombrosamente flacas.
+
+Fué la capitana Martínez, luego la comandanta, y ya no tuvo que avanzar
+al trote junto á los jinetes, llevando sobre su cabeza el colchoncillo y
+las ropas que constituían el ajuar andante del matrimonio. Doroteo,
+excelente esposo, había matado á un oficial del gobierno para regalarle
+á ella su caballo.
+
+Al ser coronel, su generosidad marital deseó algo más.
+
+--¡Si pudiese robar un automóvil para «la vieja»!...
+
+«La vieja» era Guadalupe, que tenía entonces veintiséis años. No
+resultaba difícil hacerse dueño de un automóvil. Abundaban mucho en un
+país vecino á los Estados Unidos y con la frontera libre. No había
+revolucionario de alguna graduación que no tuviese el suyo. La
+importancia de los jefes se medía por los parques de automóviles que
+llevaban detrás de ellos.
+
+Y la coronela hizo la guerra en un vehículo americano. Su adquisición
+sólo costó á Martínez dos palabras breves y el apoyar su revólver en el
+pecho del primitivo dueño.
+
+El chófer era un mestizo de enorme sombrerón y descalzo, que llevaba el
+fusil entre las dos manos fijas en el volante. Dentro iba Guadalupe y
+toda su casa: un lío de colchones, dos sacos para la ropa sucia, una
+criadita mestiza que se sentaba á sus pies, tres gatos y un perro en la
+banqueta, junto á la señora, y un loro que se paseaba por la capota
+recogida, sirviendo de remate trasero á este vehículo triunfal. Todos
+los automóviles ignoraban la limpieza desde muchos meses. La lluvia y el
+barro habían cubierto su exterior con una costra parda y agrietada.
+Parecían forrados de piel de elefante. Como la esposa de Martínez era
+relativamente esbelta, su vehículo se limitaba á chillar por la falta de
+aceite y de aseo. Otros tenían un muelle roto y saltaban sobre sus
+ruedas, acostándose como una barca próxima á zozobrar. Siempre se
+inclinaban del lado donde acostumbraba á sentarse la generala ó la
+ministra, con la abrumadora majestad de su centenar de kilos carnales.
+
+Los revolucionarios marchaban como lo permitían las exigencias
+topográficas: unas veces en fila, extendiéndose leguas y leguas; otras
+en masa horizontal á través de las llanuras, llevando en torno un
+segundo ejército de mujeres y chiquillos. Lo mismo habían avanzado en
+otros siglos las grandes invasiones históricas. Eran como las antiguas
+naciones en marcha, que arrastraban detrás de ellas los seres y los
+muebles que forman la familia.
+
+Algunas veces llegaban á ser veinte mil, todos á caballo, sin
+medicamentos, sin víveres, confiando al azar la vida del día siguiente.
+Cada uno hacía la misma recomendación al camarada: «Si me hieren en el
+pecho ó en el estómago, dame un tiro en la cabeza. Prefiero esto á
+quedar vivo junto al camino.»
+
+No podían ser considerados como caballería, á pesar de que todos iban
+montados. Carecían de armas blancas y no podían dar una carga. Eran
+infantes que sólo echaban pie á tierra en el momento de empezar el fuego
+contra el enemigo. Hasta los generales llevaban el rifle atravesado
+sobre el delantero de la silla.
+
+La única infantería era la de los _yaquis_, indios montañeses que no
+habían querido aprender de los conquistadores españoles el arte de
+cabalgar y mostraban aún cierta repugnancia ante el caballo. Estos
+_yaquis_ figuraban como enemigos de todos los gobiernos desde la época
+de Porfirio Díaz, que cometió el sacrilegio de implantar en sus tierras
+el telégrafo y el ferrocarril. Se dejaban convencer fácilmente por los
+revolucionarios, con la esperanza de que éstos les librasen de
+innovaciones vergonzosas. En los combates eran los únicos que se batían
+avanzando.
+
+La muchedumbre montada, al emprender su marcha todos los amaneceres,
+veía á los _yaquis_ tranquilos en su campamento, como si pensasen
+quedarse allí. Cuando al llegar la noche, después de una larga jornada á
+caballo, se detenían para descansar, encontraban instalados ya á los
+mismos indios en el lugar designado de antemano, como si hubiesen
+llegado volando y sin fatiga aparente. Puestos en cuclillas escuchaban
+con atención religiosa el repiqueteo de los tamborcillos pendientes de
+las muñecas de sus jefes, instrumentos que servían á la vez para sus
+fiestas y para transmitir órdenes.
+
+La imagen de su esposa Guadalupe iba unida siempre á estos recuerdos de
+la guerra. Al principio la mujer mostraba cierto pavor; el silbido de
+las balas parecía irritar sus nervios. Un día, para recoger á su hombre
+herido, tuvo que lanzarse en pleno combate, y desde entonces consideró
+poca cosa el intervenir en las operaciones de guerra.
+
+Las «soldaderas» hablaban de ella como de una gloria de su sexo,
+colocándola al nivel de los jefes más célebres de la revolución. Los
+hombres, por galantería instintiva, admiraban su hazañas, exagerándolas,
+como si nadie pudiese igualarlas. Todo el ejército repitió lo mismo al
+hablar de los esposos Martínez. «Él es un buen soldado, un
+valiente...pero como hay muchos. Ella vale más. ¡Qué mujer!...»
+
+Su conducta durante la vida azarosa de marchas y campamentos contribuyó
+á aumentar su fama. Guadalupe tenía mal carácter. Muchas veces, al
+rozarse su automóvil con el de alguna generala--igualmente cargado de
+colchones, sacos de ropa sucia, cuadrúpedos, aves y numerosos
+chiquillos--, empezaban á insultarse ambas damas por si la una pretendía
+cortar el paso á la otra. La coronela, sin consideración á su grado
+inferior, recordaba á la generala las aventuras amorosas de su señora
+madre ó la época en que sus tías lavaban la ropa de los soldados. Hasta
+que el heroico Martínez, avisado del incidente, acudía á todo galope
+para meter su caballo entre ambas furias.
+
+Los hombres, al recordar que esta mujer se batía lo mismo que ellos,
+encontraban lógico que se considerase superior á las otras, gordas aves
+domésticas que se habían lanzado al campo para marchar detrás de los
+combatientes, escarbando con el pico el terreno de la lucha, en busca de
+los residuos de la victoria.
+
+Su fidelidad matrimonial era también muy admirada. Uno de los grandes
+jefes había recibido de ella varios latigazos cierto día que osó algunos
+atrevimientos con la amazona. El mismo personaje golpeado acabó por
+arrepentirse, y á impulsos de la admiración, fué en adelante un
+protector de Martínez y de su esposa.
+
+Cuando Doroteo llegó á general, sus envidiosos atribuyeron toda la
+carrera del héroe á la influencia de Guadalupe. «No es que sea menos
+valiente que los demás--decían--; pero á causa de su compañera, los de
+arriba se fijan en sus acciones, que, realizadas por otros, quedarían
+ignoradas.»
+
+Al terminar la guerra, cuando Martínez pasó á ser defensor del gobierno
+recién constituído, Guadalupe no quiso prolongar sus hazañas militares.
+Era ridículo que la esposa de un comandante de operaciones saliese al
+campo á perseguir á los rebeldes, muchos de los cuales había conocido
+ella meses antes como amigos, teniéndolos por excelentes personas.
+
+Renanció a las costumbres violentas de campaña, á los largos galopes, al
+automóvil sucio y hasta á las palabrotas aprendidas en sus años de
+existencia varonil. Fué en adelante la «señora generala» y quiso
+rivalizar con Martínez en esplendores de lujo.
+
+Las gentes de la ciudad casi se sintieron cegadas por el resplandor de
+las joyas que en ciertos días la cubrieron desde la garganta al vientre.
+Doroteo había trabajado bien, lo mismo que todos los padres de familia
+mezclados en la revolución. No tenía hijos, como los otros, pero tenía
+á Guadalupe; y siempre que en sus correrías veía algo vistoso y de
+precio, sacaba el enorme revólver de su funda, diciendo: «Esto para mi
+vieja...y esto otro también.»
+
+Total: que la esposa del héroe de Cerro Pardo poseía una colección
+enorme de alhajas, y los maliciosos las encontraban iguales á las que
+habían comprado en Londres y en Nueva York ciertas familias del Méjico
+anterior que andaban ahora vagabundas, lejos del país.
+
+Guadalupe huía de la ostentación en los días ordinarios y se limitaba á
+llevar simplemente media docena de sortijas de brillantes, un reloj con
+pulsera de platino en una muñeca, otro igual en la muñeca opuesta y un
+tercer reloj más grande colgando del cuello.
+
+Así se mostraba por las tardes á la admiración pública, ocupando uno de
+los ocho automóviles que poseía el héroe como recuerdo de sus campañas.
+Su paseo favorito era la calle central de la ciudad, una alameda con
+árboles seculares, de cuyas ramas pendían á veces hombres ahorcados.
+Eran ladrones, mestizos incorregibles que hurtaban gallinas, hortalizas
+y otras cosas igualmente preciosas á pesar de los decretos del general.
+Y Martínez, que era enemigo inexorable del robo, les aplicaba sin
+compasión la pena decretada por su dictadura revolucionaria.
+
+Guadalupe casi tenía una corte. Las damas del pasado régimen--la
+aristocracia del país--la visitaban y adulaban, para defender de este
+modo su tranquilidad y sus bienes. Los subordinados de su esposo, cuando
+deseaban algo, preferían pedírselo á la generala, como si creyesen más
+en su autoridad que en la de Martínez. Ella los tuteaba con una bondad
+superior. Volvía á ser la compañera de armas que se había encargado
+muchas veces de guisar en el campo para su marido y todos los de su
+Estado Mayor.
+
+Recordaba con cierta nostalgia los años de guerra, pero tenía por mejor
+el tiempo actual. ¡Ojalá no se acabasen nunca los insurrectos y su
+marido fuese perpetuamente comandante de operaciones!...
+
+Martínez se sentía menos contento en su interior. Empezaba á pesarle la
+autoridad de su esposa. ¿De qué le servía haber llegado á héroe
+nacional, si Guadalupe le inspiraba un miedo superior á su voluntad? No
+valía la pena haber hecho una revolución para verse privado de realizar
+sus gustos.
+
+Luego de pensar esto, miraba á su mujer largamente, con una reflexiva
+atención que ella no llegaba á adivinar, acostumbrada á tener en poco
+todo lo de su marido. Aún la encontraba hermosa á los treinta y tantos
+años, lo mismo que cuando se casaron. Producto de varios cruzamientos de
+españoles con indias, tal vez había además en sus venas cierta parte de
+sangre africana. Unos ojos grandes, húmedos y ligeramente oblicuos; una
+dentadura fuerte y deslumbrante entre los labios gruesos de rosa
+obscuro; una carne pomposa y pálida, y una cabellera exuberante, negra y
+con tendencia á rizarse apenas la abandonaba el peine, eran los
+componentes principales de su belleza.
+
+Así la vió Doroteo durante diez años, como si fuese una criatura
+insensible al tiempo, y así la hubiese visto siempre.
+
+Pero un día se dió cuenta de que empezaba á disgregarse su armonía
+corporal, como si las tres sangres que existían en ella se hubiesen
+cansado de permanecer revueltas, aislándose, para asomar cada una por
+separado á la superficie. Sobre la tez blanca empezó á esparcirse una
+especie de viruela subcutánea, formada de puntos negros pequeñísimos,
+como granos de pólvora. En una mejilla y en otras partes menos visibles
+se marcaban ó desaparecían, según los días, grandes manchas violáceas.
+Era la madurez precoz de la criolla de diversos orígenes. Además, ¡sus
+palabras rudas y violentas, su ignorancia, su deseo de mantenerlo
+sometido, tratándole despectivamente en presencia de las gentes!...
+
+Martínez vió todo esto de pronto, pero fué porque acababa de encontrar
+un término de comparación en otra mujer.
+
+
+
+
+III
+
+
+Cuando Guadalupe deseaba dar broma al general en presencia de sus
+contertulios, se expresaba así:
+
+--Este viejo, aquí donde ustedes lo ven, anda enamorado, loco, detrás de
+la _Gringuita_.
+
+Cerrando una mano, le apuntaba con el dedo índice, y añadía, amenazante:
+
+--¡Que te pille yo, y verás lo que es bueno!
+
+Pero á continuación, considerando que la broma había durado bastante,
+decía con gravedad:
+
+--La _Gringuita_ es una joven muy apreciable, que gana su vida y
+mantiene á todos sus hermanos. Además, ¡lo que sabe! Yo me quedo
+asombrada escuchándola. Parece mentira que una mujer pueda estudiar
+tanto.... Perderías el tiempo, viejo. Esa no te hace caso á ti.
+
+Era hija de un maestro de escuela que había muerto el año anterior. Se
+educaba en los Estados Unidos cuando esta desgracia la obligó á volver
+al país, dejando incompletos sus estudios. Quería servir de madre á sus
+hermanos menores, que después de muerto el padre, quedaban completamente
+solos en la casa. Seis años de vida en Nueva York habían desfigurado á
+esta joven mejicana, dándole otras costumbres y hasta un aspecto físico
+completamente diferente.
+
+Los personajes de la ciudad la protegían, seducidos por sus finas
+maneras y por la sencillez con que hablaba de unos estudios que sólo
+conocían ellos de oídas. La habían colocado como maestra en una de las
+principales escuelas y prometían ayudarla en la realización de todas las
+innovaciones que proyectaba.
+
+Algunas solteronas feas y de carácter agriado torcían el gesto ante el
+entusiasmo pedagógico de los hombres.
+
+--¡Claro!... ¡La _Gringuita_ es tan primorosa!...
+
+Martínez figuraba entre los protectores de la maestra.
+
+--Yo soy un hombre de progreso, ¿saben?--decía al hablar de ella--; por
+eso me interesan los proyectos de esa niña que ha estudiado con los
+_gringos_. Su pobre padre tuvo una excelente idea al enviarla á Nueva
+York para que aprendiese lo que no sabemos nosotros. La aprecio mucho,
+por su seriedad sobre todo. En cuanto á su hermosura, de la que tanto
+hablan las malas lenguas, ¡pchs!...
+
+El general hacía un gesto de duda que casi llegaba á ser despectivo.
+Tenía razón: la belleza de Dora no era extraordinaria. La maestrita
+poseía el encanto de la juventud, una juventud ágil y sana, mantenida
+por los deportes y la higiene.
+
+Pero lo que se callaba Doroteo era que él la prefería á las beldades del
+país por lo mismo que resultaba distinta á todas. Como recuerdo de su
+madre--una extranjera que se había casado en Méjico con el maestro para
+producir media docena de hijos y morirse inmediatamente--, tenía el pelo
+de un rubio ceniciento y los ojos verdes claros. En cambio, todas las
+mujeres del país eran morenas pálidas, con cabelleras de un negro
+intenso.
+
+Dora iba vestida con unos trajecitos baratos, sencillos y elegantes, que
+el general había admirado muchas veces en los periódicos ilustrados.
+Tocaba el piano, cantaba en inglés y tenía la soltura y las formas
+gimnásticas de un muchacho.
+
+La generala centelleaba de joyas, iba envuelta en sedas y bordados, como
+la imagen de la Virgen patrona de la ciudad; llevaba peinetas altas como
+torres sobre su apretada cabellera; tocaba la guitarra y prescindía de
+sentarse en los sillones y en todo mueble que tuviese brazos, por miedo
+á no poder introducir entre ellos sus exuberancias dorsales.
+
+Cuando la maestrita se ponía bajo un rayo de sol, su cutis blanco
+parecía dorarse con la luminosidad de un vello finísimo semejante al de
+los frutos en sazón. Igual había sido Guadalupe en otros tiempos, pero
+ahora un bigote cada vez menos discreto empezaba á entenebrecer su boca.
+
+El héroe visitaba con frecuencia la escuela de Dora, lanzando discursos
+á los niños, en los que repetía que la revolución se había hecho
+especialmente para el fomento de la enseñanza. También se apresuraba á
+entrar en el salón de su mujer siempre que le avisaban que la maestrita
+hacía tertulia á doña Guadalupe. Delante de la gente balbuceaba
+preguntas sobre los progresos de los _gringos_, abriendo los ojos con
+asombro cuando la joven le hablaba de la grandeza de su amada Columbia
+University, en la que había pasado sus mejores años.
+
+--Usted dirigirá una Universidad igual ó parecida, señorita: yo se lo
+prometo. El gobierno dará los millones que se necesiten para
+construirla. Y si no los da, soy capaz de.... En fin, ¿qué no haré yo
+por la instrucción? ¿qué no haré por...?
+
+Iba á añadir «por usted», pero se detenía mirando á la pomposa generala.
+Luego, por un deseo irresistible de establecer comparaciones, comenzaba
+á admirar con ojos disimulados la belleza especial de esta joven que
+parecía un muchacho con faldas, sintiendo al mismo tiempo en su paladar
+el sabor ácido y picante de un fruto todavía verde.
+
+Tuvo que abstenerse de sacar á bailar á la maestrita cuando se
+celebraban fiestas en la Comandancia.
+
+--¡Pobre viejo!--le decía Guadalupe--. ¿No ves que aburres á esa pobre
+señorita? Además, la gente se ríe un poco de ti.
+
+¡Reírse del héroe de Cerro Pardo!... Que probasen á hacerlo francamente,
+y él enviaría á los burlones á dar una vuelta por el _foyer_ del teatro,
+donde funcionaba el Consejo de guerra siempre que lo exigía la salud de
+la patria.
+
+Una mañana, con los ojos hinchados por el insomnio, le entregó un papel
+á su secretario.
+
+--Sandoval, dígame qué le parece. Cuando yo era muchacho y aún no había
+aprendido á leer, inventé muchos versos como éstos, mientras punteaba la
+guitarra. Usted pondrá lo que les falte: yo entiendo poco en eso de la
+ortografía. ¿Qué me dice de ellos?
+
+El poeta se acordó de dos ocasiones en que el héroe, irritado por su
+franqueza, le había dado varias bofetadas, manifestando luego su
+arrepentimiento con valiosos regalos. Olvidó los regalos para acordarse
+únicamente de los golpes, y tuvo prisa en manifestar su entusiasmo por
+los versos. Eran de amor, é iban dirigidos á una mujer cuyo nombre
+quedaba en el misterio, pero el secretario la reconoció desde la primera
+estrofa.
+
+--Publíquelos mañana mismo en el mejor sitio de mi diario oficial. Como
+firma, la misma que llevan: _El caballero de la ardiente mirada_. Es un
+apodo que encontré en no sé qué novela, y me gustó tanto, que lo he
+guardado para mí.
+
+Sandoval quiso marcharse con los versos, pero el autor todavía le dió
+otra orden.
+
+--Mañana escriba á máquina un anónimo para la persona que usted sabe, y
+dígale que _El caballero de la ardiente mirada_ y el general Martínez
+son una misma persona.
+
+No consideró suficiente esta indiscreción, en vista de la serena
+indiferencia de la maestra, y pocos días después hizo una visita á la
+escuela, declarando á Dora de pronto todos los deseos, las esperanzas y
+las contrariedades que formaban lo que él llamaba «el mayor amor de mi
+vida».
+
+--¡Oh, general!... ¡Haberse fijado en una pobrecita como yo!...
+
+Parecía próxima á desmayarse de sorpresa, como si nunca hubiese
+sospechado esta pasión, extrañándose de ella con toda la ingenuidad de
+que es capaz el disimulo femenil. Pero hacía meses que se había dado
+cuenta del enamoramiento del héroe, riendo á solas de sus tímidas
+insinuaciones.
+
+En vano Martínez habló de su amor. La maestrita movía la cabeza
+negativamente. La existencia no era para ella una sucesión de delicias.
+Graves deberes la obligaban á mirar las cosas con seriedad. Era pobre:
+debía mantener y educar á sus hermanos.
+
+--Yo me casaré con usted--dijo Martínez con un tono dramático, como si
+arrostrase el mayor de los peligros--. Comprenderá usted que he pensado
+en eso antes de hablarla. Usted no es una «pelada»; usted es una
+señorita, una profesora que ha estudiado, y yo respeto mucho á las
+personas científicas....
+
+Luego añadió triunfalmente:
+
+--Por algo nos hemos batido en la revolución, para algo hemos
+establecido el divorcio.
+
+Los enemigos de la revolución afirmaban que era más urgente que el
+divorcio dar una ley obligando á las parejas á casarse, pues la mayoría
+de las gentes del país, para evitar gastos y molestias, prescindían de
+las formalidades del matrimonio, viviendo en estado natural, como sus
+ascendientes. Pero Doroteo se sentía ahora satisfecho de haber dado su
+sangre por el triunfo del divorcio.
+
+Dora no participaba de este entusiasmo. Pareció asustarse de verdad,
+temblando ante la idea de casarse con Martínez, más aún que si éste
+hubiese intentado una violencia contra ella.
+
+--¡Qué horror!... ¡Divorciarse usted de la generala!... ¡Tener yo por
+enemiga á doña Guadalupe!...
+
+Sólo la suposición de que la amazona gloriosa pudiera perseguirla con su
+venganza hacía temblar las piernas de la maestra. El general participó
+por reflejo de esta inquietud. Su Guadalupe era realmente temible, pero
+esto no podía impedir que empezase á odiarla. ¿Hasta cuándo iba á sufrir
+su despotismo?...
+
+Los meses sucesivos fueron de desaliento para el héroe. Dora evitaba los
+encuentros con él, apelando á ciertas astucias que el general no podía
+prever.
+
+Cada vez la deseaba con mayor vehemencia. En ciertos momentos volvía á
+resucitar el guerrillero en el interior del comandante en jefe de
+operaciones.
+
+¿No le era fácil robar á la profesora y llevársela al campo? Él tenía
+entre su gente muchos hombres de confianza. Pero á continuación se
+acordaba de sus enemigos, de los periódicos de la capital, de que Dora
+era «una persona científica» y el asunto metería ruido. ¡Un partidario
+de la instrucción y del progreso robando á una señorita del
+profesorado!... Además, pensaba en doña Guadalupe, que seguía repitiendo
+su cariñosa amenaza, pero cada vez con tono menos cordial, erizándosele
+un poco el mostacho, apuntándole con un índice como si le apuntase con
+un revólver. «¡Que te pille yo, y verás lo que es bueno!»
+
+Por otra parte, las gentes empezaban á murmurar que la _Gringuita_ tenía
+un novio. Era un joven de la localidad, que rivalizaba con Sandoval en
+la confección de versos «á la moderna» y además hacía discursos contra
+el gobierno. Su pobreza resultaba igual á la de Dora, pero esto no
+impediría que se casasen muy pronto. ¡Y mientras tanto, él, héroe
+nacional, gobernante omnipotente, tendría que mantenerse impasible al
+lado de su doña Guadalupe! ¡Ira de Dios! ¿Para esto había hecho la
+revolución?...
+
+Los sucesos políticos le obligaron á olvidar momentáneamente sus
+tristezas amorosas. El «viejo barbón» fué derribado de la presidencia de
+la República por varios generales, antiguos amigos de él y de Martínez.
+Éste, á pesar de sus preocupaciones, supo inclinarse instintivamente del
+lado de los que iban á triunfar.
+
+Cuando asesinaron á Carranza, el heroico Doroteo se encontró en
+excelentes relaciones con los vencedores y tan comandante de operaciones
+como en el gobierno anterior. Pero ¡ay! su alto cargo tal vez iba á
+quedar anulado por innecesario.
+
+Los diversos partidos que infestaban el país de insurrectos en armas
+parecían haber ajustado una tregua junto al cadáver de Carranza. Todos
+mostraban un tácito deseo de someterse al nuevo gobierno, para hacer ver
+al mundo que en Méjico es posible la paz, aunque sólo sea por una
+temporada.
+
+Los guerrilleros rebeldes se iban presentando á Martínez y á otros
+generales. Hasta Pancho Villa, el eterno insurrecto, se sometió á los
+nuevos personajes instalados en la capital, pero con una sumisión
+orgullosa y magníficamente retribuida. Le daban un millón de pesos, le
+pagaban los atrasos de toda su gente, y además le permitían que se
+estableciese en un pueblo, rodeado de sus más seguros partidarios. Lo
+importante era hacer ver en el extranjero que ya no quedaba ningún
+insurrecto.
+
+Martínez se irritó al enterarse de lo que le regalaban á su antiguo
+maestro, como si esto representase una injusticia para él.
+
+--Sea usted leal--decía con amargura--, manténgase disciplinado, y no le
+darán nada.... ¡Pensar que no me he sublevado nunca y siempre he estado
+con los gobiernos!
+
+Doña Guadalupe se preocupaba más aún que su esposo del nuevo estado
+político. Los gobernantes de ahora eran compañeros de revolución á los
+que no habían visto en varios años. Era preciso buscar un puesto de
+reposo bien retribuído, hasta que hubiesen otra vez insurrectos en el
+campo y jefaturas de operaciones. La verdadera historia de Méjico no iba
+á cortarse para siempre.
+
+Pensó en la conveniencia de que Martínez hiciese un viajecito á la
+capital para reanudar amistades. Luego dudó de sus condiciones para este
+trabajo. Era mejor que fuese ella. Precisamente su protector de los
+tiempos revolucionarios, aquel personaje del que había tenido que
+defenderse con el látigo, figuraba entre los gobernantes provisionales
+y era uno de los que aspiraban á la presidencia de la República.
+
+Los periódicos de la capital anunciaron la llegada de la generala
+Martínez, «digna compañera del héroe de Cerro Pardo»; y pocos días
+después ocurrió el hecho inaudito, inexplicable, que produjo más emoción
+y extrañeza trañeza en el país que la mayor parte de las revoluciones
+anteriores.
+
+Una mañana, los habitantes de la ciudad gobernada por Martínez vieron
+agruparse en el paseo de la Alameda y la plaza principal varios
+centenares de jinetes con grandes sombreros y la carabina apoyada en un
+muslo. Los jefes gritaban indignados:
+
+--¡Han violado la Constitución!...
+
+Los transeúntes empezaron á correr para meterse en sus casas. Que
+hubiesen violado á la Constitución les importaba poco. La pobre estaba
+hecha á estas pruebas y podía considerarse la persona más violada de
+todo Méjico. En su vida no había servido para otra cosa. Pero la gente,
+que se imaginaba vivir libre por algún tiempo de la calamidad de las
+sublevaciones militares, huía miedosa al ver que volvían á empezar.
+
+Martínez, con botas altas, dos revólveres al cinto y su gran sombrero
+campesino de fieltro adornado con el águila de general, escuchaba á su
+jefe de Estado Mayor.
+
+--Todo está listo. Nuestra gente se muestra conforme. Ya se aburría de
+tanta paz. ¿Qué grito damos?
+
+--«¡Han violado la Constitución! ¡Abajo el gobierno!»--dijo gravemente
+el caudillo.
+
+--Eso ya lo hemos gritado, general. Pero falta un viva. ¿A quién le
+damos viva?
+
+Martínez se rascó la cabeza por debajo del sombrero.
+
+--No sé.... Esperemos. Hay que pensarlo. Yo veré qué personaje quiere
+ponerse á la cabeza de nuestra revolución. No faltará alguno. Debemos
+salvar la patria.
+
+Por el momento, los sublevados sólo pudieron gritar: «¡Han violado la
+Constitución!» Pero ellos, por su parte, también deseaban violar algo; y
+como en toda sublevación mejicana bien ordenada y que se respeta,
+empezaron por asaltar, carabina en mano, las tiendas de los extranjeros
+ó á derribar sus puertas si estaban cerradas, llevándose el dinero y los
+géneros. Además, golpearon é hirieron á unos cuantos olvidadizos del
+pasado que se atrevían á protestar y hablaban de sus cónsules, como si
+las revoluciones de los años anteriores no les hubiesen enseñado nada.
+
+Los soldados querían terminar pronto su trabajo. Estaban enterados del
+programa de todo general que se subleva en una ciudad. Lo primero es
+marcharse antes de que lleguen las fuerzas mejor organizadas que
+guarnecen la capital con toda su artillería. Después vuelven á ella si
+han adquirido nuevas fuerzas en el campo.
+
+Lo mismo ocurrió esta vez. Doroteo Martínez se fué de la ciudad con sus
+«leales»; pero como necesitaba consolarse de que hubiesen violado á la
+Constitución, se llevó á viva fuerza á Dora. Sus hermanitos lloraron
+mostrando los puños impotentes á un automóvil en el que gritaba y se
+agitaba la maestrita sin poder librarse de sus raptores.
+
+Todo el resto de la nación se asombró tanto como el vecindario de la
+ciudad. Una sublevación no tenía nada de extraordinario. En diez años no
+se había visto otra cosa. ¿Pero sublevarse Martínez, que siempre había
+estado de acuerdo con los que mandaban?...
+
+En el Palacio de Méjico, el presidente provisional, los ministros y los
+personajes que dirigían al gobierno se miraban con extrañeza al comentar
+este acto inexplicable.
+
+--Pero ¿qué le ha dado á ese hombre?... ¿Qué es lo que busca?... Si
+deseaba algo, no tenía mas que haberlo pedido.
+
+El asombro les hacía suponer fuerzas ocultas y temibles detrás del
+sublevado. Algunos hablaron de meter inmediatamente en la cárcel á
+varios personajes de la capital para someterlos á un Consejo de guerra.
+
+El poderoso caudillo que pasaba por ser el protector de Martínez y de su
+esposa parecía más indignado que los otros, para librarse de este modo
+de toda sospecha de complicidad.
+
+Precisamente cuando hablaba de la conveniencia de fusilar á un hombre
+que no se había sublevado nunca y sólo se decidía á hacerlo cuando los
+antiguos insurrectos acordaban mantenerse en paz, anunciaron á la
+generala Martínez.
+
+Entró doña Guadalupe. Muchos de los presentes, que eran jóvenes y tenían
+aficiones literarias, creyeron ver la imagen de la Venganza. Parecía con
+más bigote; los ojos le brillaban de tal modo, que era difícil mirarla
+de frente. Sobre la torre de su cabellera temblaba un gran sombrero de
+terciopelo que había sustituido momentáneamente á la gran peineta de su
+vida de salón.
+
+--¿Le parece á usted bien lo que ha hecho ese imbécil?--gritó el
+protector antes de saludarla--. ¿No merece que...?
+
+Pero se detuvo, impresionado por el aspecto de la generala. Nunca la
+había visto tan interesante: ni aun cuando se defendió de él con el
+látigo.
+
+--Vengo á pedir al gobierno--dijo solemnemente la amazona--que me dé el
+mando de un batallón. Yo me encargo de batir á ese sinvergüenzón.
+
+Y añadió que lo traería allí mismo, atado con una cinta de sus enaguas.
+
+El presidente, los ministros y demás personajes empezaron á mirar con
+cierto interés risueño á la generala, dejando á su compañero la tarea de
+contestarle.
+
+--¡Calma, doña Guadalupe!--dijo éste--. Hablemos en serio. Un batallón
+no se le entrega á una mujer.
+
+--Entonces, pido que se me permita marchar con las fuerzas que saldrán á
+perseguirle. Ya sabe usted que yo he hecho la guerra. Deseo ir como
+simple soldado.
+
+El personaje intentó desviar la conversación, para no repetir su
+negativa.
+
+--Pero ¿por qué se ha sublevado ese hombre? ¿Qué mal le ha hecho el
+gobierno?...
+
+La generala contestó con un gesto de extrañeza. ¿Qué tenía que ver el
+gobierno en tal asunto?... Luego, sus ojos se humedecieron con lágrimas
+de cólera. Su voz se puso ronca y apretó los puños:
+
+--¡Si él los quiere mucho á todos ustedes!... Acabo de hablar con
+personas que vienen de allá, y sé bien lo que digo. No; ese canalla no
+se ha sublevado contra el gobierno. Se ha sublevado únicamente contra
+mí.... ¡Contra mí, que soy su mujer!
+
+
+
+
+EL EMPLEADO DEL COCHE-CAMA
+
+
+
+
+I
+
+
+A las once de la noche, en el expreso París-Roma, el empleado procede á
+la operación de convertir en lechos el asiento y el respaldo del
+departamento que ocupo.
+
+Mientras golpea colchonetas y despliega sábanas, empieza á hablar con la
+verbosidad de un hombre condenado á largos silencios. Es un expansivo
+que necesita emitir sus ideas y sus preocupaciones. Si yo no estuviese
+de pie en la puerta, hablaría con las almohadas que introduce á
+sacudidas en unas fundas nuevas, sosteniendo su extremo entre los
+dientes.
+
+--Triste guerra, señor--dice con la boca llena de lienzo--. ¡Ay, cuándo
+terminará! Mi hijo...mi pobre hijo....
+
+Es más viejo que los empleados de antes; no tiene el aire del _steward_
+abrochado hasta el mentón que acudía en tiempo de paz al sonido del
+timbre con un aire de _gentleman_ venido á menos, de Ruy Blas que guarda
+su secreto. Más bien parece un obrero disfrazado con el uniforme de
+color castaña. Es robusto, cuadrado, con las manos rudas y el bigote
+canoso. Habla con familiaridad; se ve que no le costaría ningún
+esfuerzo estrechar la diestra de los viajeros. Su hijo ha muerto; su
+yerno ha muerto; los dos eran empleados de «la compañía», y los señores
+de la Dirección le han dado una plaza para que mantenga á sus nietos. El
+personal escasea; además, él conoce el italiano, por haber trabajado
+algún tiempo en un arsenal de Génova.
+
+--Yo era antes torneador de hierro--dice con cierto orgullo--, obrero
+consciente y sindicado.
+
+Una leve contracción de su bigote, que equivale á una sonrisa amarga,
+parece subrayar este recuerdo del pasado. ¡Qué de transformaciones!
+Luego, el viejo socialista añade á guisa de consuelo:
+
+--Hay que tomar el tiempo como se presenta. Algunos «camaradas» son
+ahora ministros en compañía de los burgueses, para servir al país. Yo
+hago la cama á los ricos, para que coma mi familia.... ¡Ay, mi hijo!
+
+Adivino su deseo de echar mano á la cartera que lleva sobre el pecho
+para extraer cierto pliego mugriento y rugoso. Ya me leyó dos páginas
+media hora después de haber subido al vagón. Es la última carta de su
+hijo, enviada desde las trincheras. Conozco igualmente la historia del
+muerto: un mozo esbelto, de rubio bigote y finos ademanes, que atraía
+las miradas de las viajeras solas, haciéndolas reconocer la injusticia
+de la suerte, que reparte sus bienes sobre la tierra con escandalosa
+desigualdad. Le hirieron en Charleroi, y curó á los quince días; luego
+volvieron á herirle en el Yser, y pasó dos meses en cama; finalmente lo
+alcanzó un obús en un combate sin nombre, en una de las mil acciones
+obscuras por la posesión de unos cuantos metros de zanja. El padre
+consiguió verlo, una sola vez, en un hospital de París. En realidad no
+lo vió, pues sólo tuvo ante sus ojos una bola de algodones y vendajes
+sobre una almohada; un fajamiento de momia, del que partían ronquidos
+de dolor y una mirada vidriosa y resignada.
+
+--Le habían destrozado la mandíbula, señor; no podía hablar. El cráneo
+también lo tenía roto.... Y ya no le vi más. Ahora lo tengo en un
+cementerio cerca de París, y voy á visitarle siempre que estoy libre de
+servicio.
+
+No llora, no puede llorar. Su dolor, en vez de escaparse á través de los
+ojos, se esparce por el cerebro, corre entre las cordilleras de los
+lóbulos, se desliza como humo de suave locura por las revueltas
+callejuelas de sus anfractuosidades. Empieza á mostrar la pesadez del
+maniático, hablando á todos del muerto; ve el universo entero á través
+de su hijo.
+
+A pesar de esto, se da cuenta de que yo deseo dormir y deja para el día
+siguiente la repetición de su historia, siempre nueva é interesante para
+él. «¡Buenas noches!» Media hora después, tendido en la obscuridad, oigo
+en el inmediato pasillo su voz que domina el chirrido de los ejes, la
+melopea de oleaje costero que lanzan las ruedas, los saltos crujientes
+del vagón, iguales á los de un camarote de trasatlántico. Habla con unos
+oficiales ingleses que van á embarcarse en Brindis; les lee la última
+carta de esperanza. Los cortos espacios de silencio traen hasta mi,
+caprichosamente, algunos renglones, como pedazos de papel arrastrados
+por el huracán: «Papá: cuando termine la guerra....»
+
+
+
+
+II
+
+
+Alguien ha anonadado con su presencia á los que ocupamos el resto del
+vagón. Los oficiales ingleses, con todas las condecoraciones que adornan
+sus pechos y su tez curtida por el sol de exóticas campañas, no
+existen; unas condesas italianas, que han de bajar en Turín y ostentan
+coronas en los forros de sus maletas, quedan como aplastadas en su
+compartimiento; yo doy gracias humildemente al igualitario progreso de
+los tiempos actuales, que me permite dormir separado por un tabique de
+madera de la persona que descansa en la pieza inmediata.
+
+Dos señoras vestidas de negro han subido en París. Un grupo de hombres
+ha permanecido en el andén hasta el último instante mirándolas con mudo
+respeto: unos en traje civil, de sobria elegancia, esbeltos, bien
+afeitados, con un monóculo bajo la ceja arqueada, secretarios y
+agregados de la Embajada británica; otros con uniforme de marino, pero
+uniforme de batalla, sin faldones, sin dorados, apoyándose en un
+bastoncillo de paseo, ostentando en la visera de la gorra el reborde de
+laureles que distingue á los jefes superiores.
+
+Circula por el vagón el nombre de una de las viajeras. Es una duquesa de
+la corte de Inglaterra, una amiga de la difunta reina Victoria,
+cincuenta años de historial británico encerrados en un cuerpo que debió
+ser hermoso y ahora aparece algo hinchado por la edad y plebeyamente
+enrojecido. Una corona de cabellos blancos suaviza la tez subida de
+color; los ojos son los únicos que conservan en su majestuoso azul el
+reflejo de la pasada gloria. Lleva un gorrito albo y encañonado debajo
+del luengo velo de luto. Su acompañante es más alta, más estirada, menos
+accesible, como si recogiese en su enjuta persona de dama de compañía
+todo el orgullo y la altivez de que se despoja la señora. La duquesa
+sonríe ante la solicitud demasiado expansiva del empleado del vagón,
+mientras la honorable doméstica la acoge con un gesto duro y frío.
+
+Antes de dormirme, desfilan por mi memoria los recuerdos que guardo de
+esta anciana célebre que está tendida á cincuenta centímetros de mi
+cuerpo. La veo como la vi muchas veces en los grabados de las
+ilustraciones inglesas, con su diadema de brillantes y el pecho
+constelado de joyas y condecoraciones, asistiendo á las fiestas de su
+regia amiga, á sus jubileos de estrépito universal, á las coronaciones
+de su hijo y de su nieto. Es pairesa no sé cuántas veces. Posee calles
+enteras de Londres; vastos parques donde corre el zorro perseguido por
+un tropel de jinetes de casaca roja que galopan entre rugidos de
+trompas; castillos en Escocia al borde de lagos verdes que hacen
+recordar las novelas de Wálter Scott; vastas posesiones en Irlanda que
+sirvieron algunas veces de nocturno escenario á las hazañas de los
+fenianos de negro antifaz. Su primer marido fué virrey de las Indias, y
+ella recibió el homenaje de las muchedumbres pálidas y misteriosas en lo
+alto de un elefante blanco, dentro de un templete de filigrana de oro
+semejante á un relicario. Su segundo esposo presidió ministerios y
+arregló los destinos del planeta hablando hasta media noche en la Cámara
+de los Comunes ante los hombres que simbolizan la majestad de Inglaterra
+con el sombrero calado y los pies en el respaldo del banco anterior. Dos
+lores discípulos de Jorge Brumell murieron por ella. Uno se pegó un tiro
+teniendo ante su boca un pañuelo de blondas, lo único que había
+conseguido de la gentil duquesa. Otro, desesperado, se hizo pastor
+metodista y fué á evangelizar ciertas islas de Oceanía, donde su primer
+sermón terminó en hoguera y festín de caníbales. Esta dama empequeñecida
+por los años, gorda y de mejillas rojas y brillantes como manzanas, ha
+cazado el tigre en Asia, el hipopótamo y el león en África, tiene un
+yate que es casi un trasatlántico, en el que ha vivido años enteros, y
+no encuentra en toda la superficie del globo un lugar que tiente su
+curiosidad.
+
+Antes de partir el tren, el empleado del vagón sabía ya el motivo que ha
+arrancado á la duquesa de su castillo cerca de Londres, haciéndola
+atravesar París de estación á estación.
+
+--Va á Brindis--me ha dicho--para recibir el cadáver de su nieto, un
+aviador que acaba de morir en los Dardanelos.
+
+
+
+
+III
+
+
+Algo entrada la mañana salgo al pasillo. Los vidrios de las ventanas
+están opacos á causa del frio exterior. Por los regueros que traza el
+vaho al licuarse se ven montañas altísimas y blancas, bosques de hayas
+encaperuzadas de algodón, caseríos que tienen gruesos planos nos de
+nieve sobre las vertientes de sus tejados. Estamos atravesando la Saboya
+francesa; subimos, con bruscas alternativas de lobreguez de túnel y
+picante luz de nieve, las laderas de los Alpes. Nos aproximamos á
+Italia.
+
+El viejo habla con la dama de compañía, que parece humanizada por la
+emoción. Tiene aún en la mano la carta mugrienta y trágica, que acaba de
+leer una vez más.
+
+Cuando vuelvo de tomar el desayuno en el vagón-restorán, le encuentro
+solo. Me habla de la gran dama, que ocupa todo un departamento, y de su
+acompañante, que viaja con tanto desahogo como la señora. ¡El dinero
+que debe tener esta duquesa!... Y sin embargo, sufre lo mismo que él:
+más aún tal vez. Él tiene su hija, los hijos de su hija, y los tres
+niños que ha dejado el héroe obscuro cuya carta lee á todos. La gran
+señora no tiene á nadie en la tierra. Su nieto era el único heredero de
+su nombre y su fortuna. Las pairías, los millones, van á pasar á lejanos
+parientes.
+
+Me señala una gran caja de cartón que ocupa derecha todo el espacio
+entre dos puertas. La ha entreabierto poco antes la dama de compañía.
+Contiene una corona que cubrirá en Brindis el féretro del aviador al ser
+descendido á tierra.
+
+--¡Una maravilla!--dice--. La ha comprado en Londres esa señora alta y
+enjuta. Hay en ella palmas y flores, muchas flores, que parecen de
+verdad. Se podría adornar con ellas un centenar de sombreros de precio.
+
+El antiguo obrero «consciente» reaparece á través de esta admiración.
+
+--¡Ah, el dinero!... Hasta en la muerte nos separa. ¡Y pensar que cuando
+yo visito á mi pobrecito hijo sólo puedo llevarle ramos de violetas de á
+diez céntimos!...
+
+Veo á la duquesa al pasar ante la puerta de su camarote. Está erguida en
+su asiento, con la capota blanca y negra, de la que pende un largo velo,
+enguantada, rígida, lo mismo que la vi en la noche anterior, como si no
+hubiese dormido. Contempla el nevado paisaje que pasa veloz por las
+ventanillas; pero su pensamiento se halla lejos.
+
+Me entrego á la lectura, y de pronto me distrae un rumor de voces en el
+departamento inmediato. Es el empleado que habla y la duquesa que habla
+igualmente. Adivino fragmentos de la carta del pobre muerto: «Confianza,
+papá. Aún quedan para nosotros días felices....» La curiosidad me hace
+transitar por el pasillo. El viejo está de pie, con la gorra puesta,
+como corresponde á un hombre que viste uniforme. La gran señora ha
+perdido el arrebol de su fresca vejez; amarillea, se lleva á los ojos
+las puntas de un guante. Tal vez es ella la que ha llamado al hombre, al
+conocer su historia por el relato de su acompañante; tal vez el viejo se
+ha introducido en su camarote, con el atrevimiento del dolor.
+
+Vuelvo á oír desde mi asiento el rumor de sus voces. Ahora es la duquesa
+la que lee, lentamente, con las vacilaciones que acompañan á una
+traducción. Tiene en las manos la última carta de su nieto; y el
+empleado, que no puede llorar, lanza ronquidos de pena cuando la voz de
+la duquesa hace una pausa. Su entusiasmo y su dolor ignoran la manera
+correcta de manifestarse: «¡Nombre de Dios, qué mozo!... Y pensar que
+estos son los que mueren, y quedamos nosotros, señora, que no servimos
+para nada.»
+
+Vuelvo á pasar ante la puerta abierta. El viejo se ha sentado junto á la
+gran dama, que llora en silencio. Sus manazas toman instintivamente, sin
+saber lo que hacen, la diestra enguantada y fina, oprimiéndola
+cariñosamente.
+
+--¡Ah, señora duquesa!...
+
+La voz suena respetuosa y tímida, pero sus manos y sus ojos son
+confianzudos y tiernos. Habla con ella lo mismo que si fuese una comadre
+llorosa de su barrio, abrumada por una noticia fatal. Decididamente la
+guerra ha trastornado todas las organizaciones. Los socialistas son
+ministros y los viejos obreros revolucionarios acarician las manos de
+las duquesas que lloran. Nos aproximamos á la frontera italiana. Veo el
+chamberguito con pluma de gallo y el ferreruelo gris de los cazadores
+alpinos. El tren refrena su marcha ante las primeras casas de la
+estación de Modàne. Vamos á cambiar de vagón. El empleado, con un
+esfuerzo doloroso, vuelve á la realidad y corre de un lado á otro para
+devolver sus billetes á los pasajeros. Yo le doy cinco francos. «Muchas
+gracias.» Y me abandona, sin bajar siquiera las maletas que están en la
+cornisa de red. Los oficiales británicos no le dan nada. El inglés
+supone que cada hombre recibe la recompensa de su trabajo, y no quiere
+ofenderle con una limosna llamada propina. Las condesas de las múltiples
+coronas le entregan con gesto teatral una pieza de dos liras, y él se la
+guarda sin mirarla. Toda su atención está concentrada en el servicio de
+la duquesa. Llama á los mozos de la estación, les va pasando los bultos
+del equipaje, desciende al muelle para vigilar cómo los apilan en una
+carretilla. La gran señora se aproxima para decirle adiós, y él le
+estrecha la mano, ante los ojos escandalizados de la acompañante.
+
+Algo siente entre los dedos que le estremece y le hace mirar su mano. La
+duquesa conoce la parsimonia de su acompañante, encargada de los
+pequeños desembolsos, y es ella la que da la propina. ¡Cien francos!...
+El viejo duda ante el billete, ve á los nietos, ve á su hija que trabaja
+del amanecer á media noche, pero luego lo rechaza.
+
+--¡Ah, no, señora duquesa!
+
+Él es de su mundo, y su mundo tiene reglas de hidalguía y buena
+educación como cualquiera otro. A nosotros pueden tomarnos el dinero;
+somos extranjeros que pasan indiferentes junto á su persona. Pero no
+aceptará un céntimo por servir á un camarada, á un amigo con el que ha
+chocado el vaso. Y él ha bebido con la gran señora; han saboreado juntos
+el vino de la tristeza y del consuelo, han tocado sus copas rebosantes
+de dolor. Adivina ella estos sentimientos confusos con su delicadeza de
+alta dama, y no insiste, volviendo á guardarse el billete. Habla en
+inglés, y su acompañante, con visible molestia, toma de la carretilla
+una gran caja de cartón, la corona admirada, y se la entrega al viejo.
+
+--Para su hijo, para la tumba del héroe.
+
+Y se aleja majestuosa á pesar de su ancianidad, marchando por el andén
+como si fuese una galería de la corte.
+
+El empleado queda al pie del vagón, con los brazos ocupados por la caja,
+sufriendo la vergüenza de no poder ocultar sus lágrimas, que se deslizan
+hasta el duro bigote.
+
+--¡Señora duquesa!... ¡Ah, señora duquesa!
+
+
+
+
+LOS CUATRO HIJOS DE EVA
+
+
+
+
+I
+
+
+Iba á terminar la siega en la gran estancia argentina llamada «La
+Nacional». Los hombres venidos de todas partes para recoger la cosecha
+huían del amontonamiento en las casas de los peones y en las
+dependencias donde estaban guardadas las máquinas de labranza con los
+fardos de alfalfa seca. Preferían dormir al aire libre, teniendo por
+almohada el saco que contenía todos sus bienes terrenales y les había
+acompañado en sus peregrinaciones incesantes.
+
+Se encontraban allí hombres de casi todos los países de Europa. Algunos
+eternos vagabundos se habían lanzado á correr la tierra entera para
+saciar su sed de aventuras, y estaban temporalmente en la pampa
+argentina, unos cuantos meses nada más, antes de trasladar su existencia
+inquieta á la Australia ó al Cabo de Buena Esperanza. Otros, simples
+labriegos, españoles ó italianos, habían atravesado el Atlántico
+atraídos por la estupenda novedad de ganar seis pesos diarios por el
+mismo trabajo que en su país era pagado con unos cuantos céntimos.
+
+Los más de los segadores pertenecían á la clase de emigrantes que los
+propietarios argentinos llaman «golondrinas»; pájaros humanos que cada
+año, cuando las primeras nieves cubren el suelo de su país, abandonan
+las costas de Europa, levantando el vuelo hacia el clima más cálido del
+hemisferio meridional. Trabajan duramente verano y otoño, y cuando el
+viento pampero empieza á azotar las llanuras, asustados por la
+proximidad del invierno, regresan á los lugares de procedencia, donde la
+tierra empieza á despertar entonces bajo las primeras caricias
+primaverales.
+
+Cada año vuelven, apretados como un rebaño en la proa de los mugrientos
+vapores de emigrantes, para trabajar en las estancias y reunir sus
+economías, soñando incesantemente con el lejano país. Parecen resbalar
+sobre el suelo de la República Argentina, sin hacer el menor esfuerzo
+para arraigarse en él. Una vez terminada la recolección, huyen, llevando
+en la faja el producto de su trabajo y dispuestos á volver al año
+siguiente.
+
+La hora de la cena era el mejor momento de la jornada para los segadores
+de «La Nacional». Se reunían en grupos, atraídos por el vínculo del
+origen común ó por el encanto personal de la simpatía. Cenaban al aire
+libre, sentados en el suelo alrededor de la marmita humeante. Aunque las
+noches fuesen cálidas, encendían hogueras, buscando la protección de las
+llamas y del humo contra los feroces mosquitos, dominadores de la
+llanura.
+
+Algunos segadores que poseían un poder instintivo de dominación trataban
+á sus camaradas como jefes. Dentro de estos grupos que, procedentes de
+diversos lugares de la tierra, habían venido á juntarse en un rincón de
+la América del Sur, todos los procedimientos de selección social y las
+lentas evoluciones que modelan á un pueblo se realizaban en pocos días.
+Los que habían nacido para el mando ó los que se distinguían de sus
+camaradas por cualquier don especial se elevaban rápidamente sobre
+ellos. Unos eran respetados por su coraje, otros por su palabra
+oratoria, otros por su experiencia.
+
+El tío Correa, un vejete enjuto, descarnado, pero todavía fuerte á pesar
+de su edad, era el oráculo de los segadores españoles. Su conocimiento
+profundo de los hombres, sus consejos astutos, su larga familiaridad con
+la República Argentina, donde trabajaba hacía treinta años, le
+proporcionaban una sólida reputación.
+
+Era una especie de patriarca para sus compatriotas--especialmente para
+los recién llegados--, y él se aprovechaba de tal prestigio escogiendo
+el mejor lugar cerca del caldero, cuando llegaba la hora de la cena, y
+el rincón más cómodo para dormir. También eludía los trabajos pesados,
+confiándoselos á alguno de sus fervientes admiradores.
+
+Un anochecer, después de la cena, el tío Correa, sentado en el suelo,
+contemplaba su plato de metal ya vacio, dando chupadas al mismo tiempo á
+un cigarro que se resistía á arder.
+
+Su camisa entreabierta dejaba á la vista la desnudez de un pecho
+cubierto de espesa pelambrera gris. En torno de él, unos veinticinco
+segadores españoles formaban corro sentados en el suelo, y los últimos
+fulgores de la hoguera se reflejaban en sus rostros barnizados por la
+causticidad del sol.
+
+Algunas estrellas empezaban á titilar sobre la púrpura de un cielo
+ensangrentado por el ocaso. Los campos se extendían pálidos, con los
+contornos esfumados por la incierta luz del anochecer. Los había que
+estaban ya segados y exhalaban por sus heridas todavía abiertas el calor
+almacenado en su seno. Otros conservaban su onduloso manto de espigas,
+que empezaba á estremecerse bajo los primeros soplos de la brisa
+nocturna. Las máquinas agrícolas se destacaban sobre el rojo sombrío del
+horizonte como animales monstruosos que empezasen á surgir de las
+profundidades de la noche. Los tractores automóviles y las trilladoras
+parecían tomar en la obscuridad creciente los mismos contornos de los
+seres gigantescos que habían corrido por estas llanuras en los tiempos
+prehistóricos.
+
+--¡Ay, hijos míos!--dijo el tío Correa quejándose de un persistente
+dolor en sus articulaciones--. ¡Lo que ha de trabajar y sufrir un hombre
+para ganarse el pan de cada día!...
+
+Después de esta lamentación siguió hablando, en medio de un profundo
+silencio. Todos los ojos estaban fijos en él. Sus compatriotas esperaban
+un cuento divertido que les hiciera reir ó una historia interesante que
+les obligase á estirar el cuello con asombro y curiosidad, hasta la hora
+de acostarse. Pero en la presente noche el viejo se mostraba taciturno y
+más dispuesto á las lamentaciones que á distraer á camaradas.
+
+--Y siempre será así--continuó--. El mal no tiene remedio. Siempre habrá
+ricos y pobres, y los que han nacido para servir á los otros tienen que
+resignarse con su triste suerte. Bien lo decía mi abuela, y eso que fué
+mujer. Eva es la que tiene la culpa de la falta de igualdad que hay en
+el mundo, y los que pasamos la vida rabiando para servir y engordar á
+los otros debemos maldecir á la primera mujer por la esclavitud á que
+nos condenó. Pero ¿qué cosa mala no han hecho las mujeres?
+
+El deseo de quejarse que sentía esta noche le hizo recordar á un español
+llevado por la mañana al pueblo más próximo, ó sea á treinta kilómetros
+de la estancia, para que lo curasen. Uno de sus brazos había sido
+alcanzando por el engranaje de una trilladora, sufriendo una
+trituración horrible. El infeliz iba á quedar mutilado para siempre,
+arrastrando una vida de miserias y privaciones.
+
+El recuerdo de tal suceso aumentó la inquietud y la tristeza de los que
+escuchaban á Correa; pero como si éste se arrepintiese del silencio
+trágico que pesaba en torno de él, se apresuró á añadir:
+
+--Es una víctima más de la injusticia de nuestra abuela. Eva es la única
+responsable de que las cosas marchen tan mal en nuestro mundo.
+
+Y como sus camaradas, especialmente los que le conocían poco tiempo,
+mostraban un vehemente deseo de saber por qué motivo era Eva la
+responsable de sus desgracias, el viejo empezó á contar á su modo la
+mala broma que la primera mujer se había permitido con los hombres.
+
+El tío Correa tenía «sus letras». En su país natal llevaba ejercidas
+diversas profesiones, mostrándose siempre un incansable lector de
+diarios. Además, había asistido á muchas reuniones políticas y trabajado
+en las elecciones, pronunciando discursos á su modo en las tabernas del
+pueblo.
+
+Lo que iba á contar ahora no era un cuento. Se trataba de un «sucedido»,
+aunque extremadamente remoto, pues ocurrió algunos años después que Adán
+y Eva fueron expulsados del Paraíso y condenados á ganar el pan con el
+sudor de su rostro....
+
+¡Cómo hubo de trabajar el pobre Adán!... El tío Correa fué enumerando
+todas las cosas que el primer hombre se vió obligado á improvisar para
+cumplir sus obligaciones de padre de familia. En unos cuantos días tuvo
+que hacer de albañil, de carpintero y de cerrajero, construyendo una
+casa para albergar á Eva y á sus hijos.
+
+Después hubo de domesticar á muchos animales, para que su trabajo
+resultase más fácil y su nutrición más abundante. Enganchó al caballo,
+puso el yugo al buey, persuadió á la vaca de que debía permanecer quieta
+en un establo y dejarse ordeñar resignadamente; también logró convencer
+á la gallina y al cerdo de que les convenía vivir cerca del hombre, para
+que éste pudiera matarlos cómodamente cada vez que le apeteciese
+alimentarse con sus despojos.
+
+--Y además--continuó el segador--, Adán tuvo que desmontar las tierras
+vírgenes antes de cultivarlas, y echar abajo árboles inmensos, y todo lo
+hizo con herramientas de madera y de piedra inventadas por él. No
+olvidéis, hijos míos, que en esa época, Caín, que es el primer herrero
+de que habla la Historia, estaba todavía dando chupones á los pechos de
+su madre....
+
+Como el hombre no vive sólo de pan y las golosinas son las que hacen la
+vida agradable, Adán prestó más atención á su huerto, donde crecían los
+primeros árboles frutales, que á los campos, donde cultivaba otros
+artículos más sólidos é importantes para la nutrición. El tío Correa,
+excitado por los recuerdos de su país en esta pampa monótona, donde sólo
+hay trigo y carne, iba mencionando los árboles de dulces frutos que
+embellecieron el primer huerto creado por el hombre. Describía la
+higuera, de hojas puntiagudas como manos abiertas, cuyo tronco rugoso y
+gris parece forrado con piel de elefante, y que en las mañanas de sol
+deja caer de rama en rama un fruto que, al aplastarse en el suelo, abre
+sus entrañas rojas y granuladas. Había también en dicho huerto el
+naranjo, con su perfume de amor y sus redondas cápsulas de miel
+encerradas en esferas de oro; y las diversas clases de melocotones, y el
+plátano, y el melón, que vive junto al suelo para absorber mejor sus
+jugos, concentrándolos en una carne de dulce marfil.
+
+A veces Adán recordaba el manzano del Paraíso y la serpiente enrollada á
+su tronco que había dado consejos á su mujer, inspirándole estúpidos
+deseos. Pero al contemplar luego su huerto, se encogía de hombros. La
+obra de sus manos le parecía más firme y de mayor porvenir que la
+creación improvisada del Paraíso.
+
+--Podía sentirse orgulloso de su obra--continuó el viejo--, pero su
+trabajo le costaba. Habríais sentido lástima al verle tan consumido.
+Sólo le quedaban los huesos y la piel, después de tantos esfuerzos.
+Parecía tener dos siglos más que su edad. En cambio, Eva podía pasar por
+su biznieta.
+
+Esto último no sorprendía al tío Correa. En sus andanzas, había viajado
+por los países más adelantados y modernos, observando muchas veces que
+el marido trabaja con una intensidad extraordinaria, pasando el día
+fuera de su domicilio en lucha áspera por conquistar el dinero, mientras
+la mujer se queda en su salón tocando el piano y recibiendo visitas. Y
+como resultado de esta desigualdad en el trabajo, las mujeres parecen
+las hijas de sus esposos, y éstos mueren, generalmente, mucho antes que
+ellas.
+
+--Yo no sé verdaderamente quién murió antes, si Eva ó Adán--continuó el
+viejo--; pero apostaría, sin miedo á perder, que fué el pobre Adán. Eva
+debió sobrevivirle, siendo una viuda rica de las que saben administrar
+sus bienes; y así viviría mucho tiempo, amada y respetada por sus hijos,
+para que no los excluyese del testamento.
+
+¡Pobre Adán!... A veces su cansancio era tan grande después del trabajo,
+que le faltaba la respiración y tomaba asiento en el umbral de su casa,
+para reposar un poco.
+
+Había pasado el día entero cavando la tierra ó domando el caballo
+salvaje y el toro feroz. Sentía un fuerte deseo de contemplar á su Eva
+unos instantes; el mismo deseo que sienten muchos de adorar á los seres
+que los maltratan; la admiración irresistible que nos inspira todo lo
+que nos cuesta muy caro. ¿Y esta mujer no le había costado el
+Paraíso?...
+
+Eva parecía siempre hermosa, á pesar de que daba al mundo un niño todos
+los años, y á veces dos. No podía hacer menos, teniendo la misión de
+poblar la tierra entera.
+
+Apenas Adán, sentado en el umbral de la puerta, se enjugaba el sudor de
+la frente y empezaba á gustar la dulce voluptuosidad del reposo, cuando
+la voz de Eva le arrancaba de este deleite fugitivo.
+
+--Oye, Adán: ya que no tienes nada que hacer, podías entretenerte
+poniendo la mesa.
+
+Otras veces Eva se mostraba injusta y cruel.
+
+--Adán, lávame los platos. Es una vergüenza que estés ahí, mano sobre
+mano, mientras yo me mato de trabajar.
+
+Pero en ciertas ocasiones tomaba el tono de una súplica dulce y
+acariciante.
+
+--Oye, maridito mío: tú que eres tan bueno, ¿por qué no das un paseo al
+bebé en su cochecito? El último que ha nacido, ¿sabes? el que lleva el
+número setenta y dos. Ya ves, alma mía, que, sola como estoy, no puedo
+llegar á cuidarlos á todos.
+
+Y el trabajador infatigable, procreador de un mundo entero, debía poner
+la mesa, lavar los platos y pasear al recién nacido en un cochecito de
+su invención.
+
+Eva trabajaba igualmente. No era floja labor limpiar los mocos, todas
+las mañanas, á siete docenas de niños, lavarlos y ponerlos á secar al
+sol, é impedir que se peleasen entre ellos hasta la hora del almuerzo.
+Pero su vida estaba agriada por otras preocupaciones.
+
+Al encontrarse fuera del Paraíso, sintió inmediatamente los primeros
+tormentos del pudor y de la vergüenza. Su larga cabellera ya no le
+pareció bastante para ocultar su desnudez, como en los tiempos en que no
+había escuchado aún á la maligna serpiente. Viéndose en el mundo vulgar,
+como simple mujer de labrador, después de haber sido primera dama en el
+Paraíso, tuvo que hacerse á toda prisa un manto de hojas secas que la
+protegiese del frío y le permitiera mostrarse con un aspecto de persona
+decente ante los seres celestiales.... Pero ¿cómo puede una señora tener
+buen aspecto llevando siempre el mismo vestido?... Esto equivalía,
+además, á colocarse al mismo nivel de los animales inferiores, que desde
+que nacen hasta que mueren llevan siempre el mismo pelaje, las mismas
+plumas ó el mismo caparazón.
+
+Eva era un ser razonable, capaz de las infinitas variaciones que forman
+el progreso, y por esto se dedicó á perfeccionar el arte del
+embellecimiento de su persona.
+
+Con el noble deseo de sostener la superioridad humana sobre los demás
+seres creados, se hizo un vestido nuevo todos los días. Esta resolución
+no era dictada por la vanidad, ni por el frívolo deseo de gustar á los
+hombres ó de hacer rabiar á las amigas, como han pretendido después
+algunos filósofos malhumorados.
+
+Eva puso á contribución para su adorno todos los recursos de la
+Naturaleza: las fibras de las plantas, las pieles de los cuadrúpedos,
+las cortezas de los árboles, las plumas de los pájaros, las piedras
+brillantes ó coloreadas que la tierra vomita en sus accesos de cólera.
+
+La tarea de inventar nuevos vestidos y adornos fué tan importante para
+ella y de tal modo deseó la novedad y la variedad, que la vida cambió
+completamente en la granja de Adán. Los hijos no vieron á su madre en
+muchas horas, y á veces durante jornadas enteras. Los pequeños se
+revolcaban en el suelo, cubiertos de una costra de suciedad, mientras
+los mayores reñían á puñetazos para dominarse unos á otros, ó golpeaban
+á los hermanos débiles que se resistían á servirles de esclavos.
+
+A veces la tribu entera se ponía de acuerdo para saquear la despensa
+paternal, devorando en unas cuantas horas todas las provisiones que Adán
+había almacenado para una semana.
+
+--¡Mamá! ¡Mamá!...
+
+Un coro de voces infantiles estallaba en el interior de la casa, como si
+implorase socorro.
+
+--¡Callad, demonios! Dejadme en paz. Es imposible tener un rato de
+tranquilidad en esta casa.
+
+Y después de imponer silencio con voz amenazante, Eva reanudaba el curso
+de sus meditaciones.
+
+--Veamos: ¿qué tal resultaría una capa de piel de pantera con cuello de
+plumas de lorito, y un sombrero de cortezas adornado con rosas y rabos
+de mono?...
+
+Su imaginación no se cansaba de concebir las más prodigiosas creaciones
+para el ornato de su persona. Luchaba entre el deseo de mostrar los
+ocultos tesoros de su belleza y un sentimiento de modestia y de pudor
+propio de una madre.
+
+Cuando se decidía por una falda corta que apenas le llegaba á las
+rodillas, inventaba inmediatamente, á guisa de compensación, unas mangas
+muy largas y un cuello que subía hasta sus orejas. Si, en un acceso de
+coquetería audaz, creaba un traje de ceremonia, sin mangas y muy
+escotado, buscaba inmediatamente volver á la virtud, fabricándose una
+falda que le cubría la punta de los pies y arrastraba la cola sobre el
+suelo, con un fru-fru semejante al ruido otoñal de las hojas secas.
+
+Mientras tanto, Adán iba casi desnudo, mostrando sus vergüenzas de puro
+pobre. Su ropero sólo contenía unas cuantas pieles de oveja viejas y
+rotas que estaban esperando una recomposición. Pero la mujer, ocupada en
+sus fantasías suntuarias, no encontraba nunca media hora libre para este
+remiendo.
+
+El primer hombre mostraba una viva admiración por las transformaciones
+continuas que iba notando en Eva. Una mañana su cabellera ostentaba el
+rojo ardiente del mediodía; á la mañana siguiente tenía el oro suave de
+la aurora; dos días después sus cabellos mostraban la negrura profunda
+de la noche. Ciertas tardes venía al encuentro de Adán con una falda
+voluminosa, casi esférica desde el talle á los pies, y tan ancha, que le
+era difícil pasar la puerta. Pero como la moda está formada de cambios
+bruscos y contrastes violentos, al día siguiente mostraba una segunda
+falda, tan estrecha y ajustada como la funda de un espadín, y apenas si
+podía marchar, saltando lo mismo que un pájaro.
+
+Su rostro también pasaba por estas extremadas transformaciones. A lo
+mejor estaba pálida, con la blancura del polvo de los caminos, cual sí
+acabase de sufrir una emoción mortal; otras veces sus mejillas eran tan
+rojas que parecían reflejar el fuego del sol poniente.
+
+Adán se sentía feliz al contemplarla, á pesar de que ella lo maltrataba
+lo mismo que antes, obligándole á desempeñar muchas funciones domésticas
+cuando venía cansado del trabajo en los campos. El pobre, gracias á tan
+costosas transformaciones, creía tener una mujer nueva cada veinticuatro
+horas.
+
+Eva, en cambio, se aburría, con un tedio mortal. ¿Para qué adornarse
+tanto, si ningún otro ser humano, aparte de su marido, podía verla?...
+Sin embargo, estaba convencida de que era la admiración de todo cuanto
+le rodeaba.
+
+Su vanidad había acabado por hacerla entender el lenguaje de los
+animales y de las cosas, incomprensible hasta entonces para las
+personas.
+
+Cada vez que salía de su casa, la selva entera se animaba con un
+murmullo de curiosidad femenil; los pájaros dejaban de volar, los
+cuadrúpedos se detenían en mitad de sus carreras locas, y los peces
+sacaban la cabeza sobre la superficie de ríos y estanques.
+
+--Veamos lo que ha inventado hoy para imitarnos--gritaban los loros y
+los monos insolentes desde lo alto de los árboles.
+
+--¡Muy bien, hija mía!--aprobaba el elefante con lentos movimientos de
+su trompa y el toro agitando su armado testuz.
+
+--¡Venid á ver la última creación de Eva!--piaban millares de pájaros en
+el follaje.
+
+Esta ovación de la Naturaleza, que en los primeros días hizo enrojecer
+de orgullo á nuestra primera madre, fué acogida finalmente con
+indiferencia por ella. Era el aplauso de una muchedumbre inferior, y Eva
+aspiraba á la aprobación de sus iguales. La única persona ¡ay! que podía
+admirar los inventos y los matices de su buen gusto era su marido; y un
+marido es un ser respetable que merece cierta atención, sobre todo
+cuando mantiene la casa, pero resulta ridículo que las mujeres se vistan
+para no ser admiradas mas que por sus esposos. Es como si un poeta
+hiciese sus versos únicamente para leerlos á los individuos de su
+familia.
+
+No; la mujer es una artista, y como todos los artistas, necesita un
+público grande, inmenso, á quien inspirar la admiración y el deseo,
+aunque no piense ni remotamente en satisfacer ese deseo.... Y como no
+había en el mundo otro hombre que su marido, y éste le interesaba muy
+poco, Eva empezó á pensar en los bienaventurados que habitan el cielo y
+muchas veces habían ido á hacerle visitas cuando ella ocupaba el
+Paraíso.
+
+Al llegar aquí, el tío Correa interrumpió su relato para dar una
+explicación que consideraba necesaria.
+
+Como Dios es un rey, los que le rodean se esfuerzan por imitar á los
+cortesanos terrenales, adoptando todos los sentimientos y las pasiones
+de su regio amo con más firmeza que éste. Apenas el Omnipotente
+manifestó su cólera contra Eva y su marido arrojándolos del Paraíso, los
+habitantes del cielo rompieron sus amistades con ella y con Adán,
+retirándoles el saludo y evitando todo encuentro.
+
+A veces, cuando Eva se contemplaba en el cristal de un pequeño lago que
+le servía de espejo, oía á sus espaldas un ruido de alas. Era un
+arcángel que iba á llevar un recado del Señor, cumpliendo sus funciones
+de mensajero celeste.
+
+Eva lo reconocía, se acordaba perfectamente de que le había sido
+presentado asistiendo á sus recepciones en el Paraíso. Pero en vano
+tosía ó cantaba entre dientes para atraer su atención, adoptando
+posturas interesantes; el viajero aéreo se resistía á reconocerla,
+batiendo con apresuramiento sus alas para alejarse lo más pronto
+posible.
+
+--¡De qué le sirve á una ser hermosa y vestir bien, si no recibe visitas
+y está condenada á vivir al margen de la sociedad!--decía Eva
+amargamente.
+
+Y á impulsos de su rabia, desgarraba sus trajes más originales apenas
+terminados, buscando además camorra al pobre Adán, para acusarlo de ser
+el único autor de la pérdida del Paraíso.
+
+--Sí, tú fuiste, ¡no lo niegues!--gritaba ella--. Tú me hiciste perder
+aquel jardín tan agradable y distinguido, con todas mis brillantes
+relaciones. Tú hiciste no sé qué lío con la serpiente, excitando la
+cólera del Señor.
+
+Y el pobre Adán sólo sabía decir, como único remedio expuesto
+tímidamente:
+
+--¡Si te ocupases un poco más de los niños! ¡Si dedicases menos tiempo á
+tus modas!...
+
+Al oir estos consejos vulgares, la indignación daba á Eva un lenguaje
+poético.
+
+--¿Quieres acaso que vaya desnuda?--decía con altivez--. Mira lo que
+hace el viento; es menos interesante que yo, no tiene cuerpo, y sin
+embargo se envuelve en una capa de polvo al correr á lo largo de los
+caminos y de un manto de hojas secas cuando atraviesa las selvas.
+
+
+
+
+II
+
+
+De vez en cuando un querubín volaba en torno á la granja, como un palomo
+perdido.
+
+Huyendo por algunas horas de la tarea de hacer gorgoritos en los coros
+celestiales, había osado descender á las regiones terrestres, con la
+esperanza de que el Señor le perdonaría esta escapada cuando le contase
+lo que había visto y cómo progresaban los negocios de los humanos
+después del pecado original.
+
+Eva, con sus ojos de mujer curiosa, no tardaba en descubrir la carita
+mofletuda que le estaba espiando medio oculta en las espesuras del
+follaje. Entonces, iniciando una de sus más hermosas sonrisas, lo
+llamaba:
+
+--Oye, chiquitín, ¿vienes de allá arriba? ¿Cómo está el Señor?
+
+Viéndose descubierto, el niño celestial se aproximaba hasta dejarse caer
+sobre las rodillas de nuestra madre.
+
+El Señor se mantenía, como siempre, inmutable y magnífico.
+
+--Cuando le veas--continuaba Eva--, dile que estoy muy arrepentida de mi
+desobediencia. ¡Qué tiempo tan agradable el que pasé en el Paraíso! ¡Qué
+espléndidas recepciones daba yo allá! ¡Y qué _buffet_ tan
+distinguido!... ¡Ay, las tortas celestiales!...
+
+Una de sus melancolías más dolorosas era á causa de las tortas
+celestiales. Eva lamentaba su pérdida tanto como la de la amistad de los
+bienaventurados.
+
+En vano Adán se calentaba la cabeza buscando algo adecuado para
+sustituirlas. Hizo tortas de trigo, que roció con la miel de las abejas,
+recientemente subyugadas; secó los frutos de la viña, inventando las
+pasas antes que el vino, y así llegó á descubrir el _pudding_. Pero
+ninguna de tales golosinas pudo hacer olvidar á su mujer las tortas
+deliciosas que ella encargaba á los pasteleros del cielo para sus tés
+paradisíacos de cinco á siete de la tarde.
+
+--Dile también--continuaba Eva--que ahora trabajamos y sufrimos mucho.
+Dile que deseamos verle, una vez solamente, para presentarle nuestras
+excusas. Mi marido y yo necesitamos convencernos de que Él no nos guarda
+rencor.
+
+--Se hará como se pide--contestaba el pequeñuelo.
+
+Y dando dos ó tres golpes de ala, se perdía en las nubes.
+
+Pero por más recados de esta clase que dió, nunca pudo conseguir una
+respuesta de lo alto. En general, la mayor parte de los volátiles
+celestes jamás volvían á las regiones terrenales, pero de tarde en tarde
+la mujer de Adán lograba reconocer la cara de alguno de estos seres
+alados.
+
+--Sé quién eres, pequeño--decía--. La semana pasada te vi rondando por
+estos sitios. ¿Diste al Señor mi recado? ¿Qué es lo que contestó?
+
+Las más de las veces los ángeles permanecían silenciosos ó balbuceaban
+palabras sin ilación, como niños bien educados que no quieren decir
+cosas desagradables á una señora.
+
+--¡Pero Él te habrá dado alguna respuesta!--insistía Eva--. ¡Vamos,
+habla!
+
+Y una vez encontró á un querubín pequeñito, de cara mofletuda, que le
+respondió:
+
+--Sí, señora. Su Divina Majestad ha contestado algo. Al darle yo su
+recado, me dijo: «¿Pero es que ese par de sinvergüenzas viven
+todavía?...»
+
+Eva sólo quiso ver en tales palabras una broma de niño falto de buena
+crianza. Juzgaba imposible que el Señor hubiera dicho esto. Si insistía
+en mantenerse invisible, era seguramente porque estaba muy ocupado en la
+dirección de sus dominios infinitos, no quedándole media hora libre para
+dar un paseo por la tierra.
+
+Una mañana fué recompensada su fe en la bondad divina. Se presentó un
+mensajero celeste, saltando de nube en nube, y gritó á Eva:
+
+--Escucha, mujer: si no llueve esta tarde, es posible que el Señor venga
+á haceros una visita corta. ¡Ha pasado tanto tiempo sin ver la
+tierra!... Anoche, hablando con el arcángel Miguel, le dijo: «A veces me
+pregunto en qué habrán venido á parar aquellos dos canallas
+desagradecidos que teníamos en el Paraíso. Me gustaría verlos.»
+
+Eva quedó aturdida por la noticia, y llamó á Adán, que trabajaba en un
+campo próximo.
+
+¡Cómo describir la agitación que conmovió á la granja!... El tío Correa
+la comparaba con la fiesta del santo patrono en cualquier pueblo de
+España, cuando las mujeres limpian en la víspera sus casas, desde la
+puerta al tejado, preparando además la gran comilitona del día
+siguiente.
+
+La esposa de Adán barrió y lavó los pisos de la entrada de la casa, de
+la cocina y del dormitorio. También puso una colcha nueva sobre la cama
+y frotó las sillas con arena y jabón. Después inspeccionó el guardarropa
+de la familia, y al ver que las pieles de cordero de su marido no
+estaban presentables, le confeccionó en un momento una casaquilla de
+hojas secas. ¡Para un hombre, bien estaba!
+
+El tiempo restante lo consagró al adorno de su persona. Contempló con
+mirada perpleja unos cuantos centenares de vestidos que había hecho y
+rehecho, preguntándose con desconsuelo:
+
+--¿Cómo me arreglaré para recibir dignamente á tan gran personaje?
+Verdaderamente, tengo muy poco que ponerme.
+
+Miró con ternura una larga túnica negra, de corte severo, que no dejaba
+visible ni una línea de su blanco cuerpo. Pero á continuación pensó que,
+por ser hombres todos los visitantes, no convenía recibirlos con tanta
+austeridad.
+
+Acababa de escoger uno de sus trajea mixtos, muy atrevido por un extremo
+y muy discreto por el otro, cuando llegó á sus oídos una verdadera
+tempestad de gritos y llantos. Toda su prole se sublevaba. Sólo se
+componía de unos cien muchachos, pero se hubiera dicho que la tierra
+entera había empezado á gritar.
+
+Por primera vez en su vida Eva contempló atentamente á sus hijos. Eran
+demasiado feos para presentarlos al Señor. Tenían los cabellos en
+maraña, las mejillas manchadas de barro seco y las narices cubiertas de
+costras. Eva, absorbida por sus inventos de modista, los había olvidado
+durante meses y meses.
+
+--¿Cómo presento estos granujas á Dios?... El Todopoderoso va á creer
+que soy una sucia y una mala madre.... Porque el Señor es hombre, y los
+hombres no comprenden lo difícil que es cuidar á tantos chiquillos.
+
+Después de esto empezó á insultar á Adán, como si éste fuese el
+responsable del abandono en que vivían sus hijos.
+
+Pero transcurría el tiempo y era urgente tomar una resolución. Luego de
+muchas dudas y titubeos, Eva escogió á los hijos preferidos (¿qué madre
+no los tiene?) para lavarlos y vestirlos lo mejor que pudo. Después
+empujó á los otros á puro cachete, hasta dejarlos encerrados en un
+establo, bajo llave, á pesar de sus protestas.
+
+Ya llegaban los visitantes. Eva apenas tuvo tiempo de dar una última
+mano al arreglo de su persona. Sacudió su vestido para hacer desaparecer
+las arrugas de la lucha con la terrible chiquillería y se pasó un peine
+por los pelos alborotados.
+
+En el horizonte, una columna de nubes, blanca y luminosa, descendió del
+cielo hasta posarse en la tierra. Empezó á sonar un ruido de alas
+innumerables, acompañado por las voces de un coro inmenso, cuyos
+«¡hosanna!» repercutieron á través del espacio infinito.
+
+Los primeros viajeros celestes, desembarcando de la nube que los había
+traído, empezaron á remontar el sendero de la granja. Estaban envueltos
+en tal esplendor, que parecía que todas las estrellas del firmamento
+hubiesen bajado á la tierra para juguetear entre los bancales de trigo
+cultivados por Adán.
+
+Iba delante la escolta de honor, compuesta de un destacamento de
+arcángeles cubiertos de cabeza á pies con centelleantes armaduras de
+oro. Después de haber envainado sus sables, se acercaron á Eva para
+decirle unos cuantos chicoleos, asegurando que no pasaban por ella los
+años y que se mantenía tan fresca y apetitosa como en los tiempos que
+habitaba el Paraíso.
+
+--Los soldados son así--explicó el tío Correa--. Allá donde van se lo
+comen todo, y lo que no se comen lo rompen ó se lo apropian. Cuando ven
+á una mujer sienten excitado su heroísmo, lo mismo que si oyesen sonar
+el toque de asalto....
+
+Total: que algunos más atrevidos intentaron unir los actos á las
+palabras, abrazando á Eva. Pero ésta tenía cerca su escoba, y los obligó
+con una rápida contraofensiva á refugiarse en la huerta, donde se
+subieron á los árboles.
+
+El viejo segador rió un poco, añadiendo después:
+
+--El pobre Adán no sabía qué hacer. «¡Van á comerse todos mis higos y
+mis melocotones!», gritó levantando los brazos. Para él hubiera sido
+mejor un ciclón en su huerto que la entrada de la alegre soldadesca.
+Pero como era hombre de tacto, aunque juró un poco, acabó por callar.
+
+El Señor llegaba ya. Su barba era de plata y su cabeza tenía como adorno
+un triángulo resplandeciente que lanzaba rayos lo mismo que el sol.
+Detrás venía Miguel, con una armadura incrustada de piedras preciosas
+formando fantásticos dibujos. Cerraban la marcha todos los ministros y
+altos dignatarios de la corte celestial.
+
+--El Creador saludó á Adán con una sonrisa de lástima--prosiguió el
+viejo--. «¿Cómo estás, infeliz?», le preguntó. «¿Tu mujer no te ha
+metido en nuevos líos?...» Después acarició á Eva, tomándole la
+barbilla. «¡Hola, buena pieza! ¿Aún continúas haciendo locuras?»
+
+Conmovidos por tanta simplicidad, los esposos ofrecieron al Señor el
+único mueble que poseían, semejante á un trono. Era una silla de brazos
+como las mejores que se pueden encontrar en una granja rica.
+
+--¡Qué asiento, hijos míos!--dijo el tío Correa con entusiasmo--. Ancho,
+blandísimo, hecho con madera de algarrobo de la mejor y con cuerda de
+esparto bien tejido; un sillón, en fin, como sólo puede tenerlo un cura
+de pueblo rico.
+
+Sentado en él Su Divina Majestad, fué escuchando lo que le contaba Adán,
+sus fatigas, sus malos negocios, las dificultades que había de vencer
+para ganar el sustento de él y su familia.
+
+--¡Muy bien! ¡Me alegro mucho!--decía el Señor, mientras una sonrisa
+agitaba su barba resplandeciente--. Eso te enseñará á no desobedecer á
+tus superiores, y sobre todo, á no seguir los consejos de una hembra.
+¿Creías acaso que ibas á comer gratis en el Paraíso y hacer al mismo
+tiempo lo que se te antojase?... ¡Sufre, hijo mío! ¡Trabaja y rabia! Así
+aprenderás lo que cuesta la libertad.
+
+El Señor contempló luego á Eva. Desde mucho antes le había dirigido
+rápidas miradas de curiosidad y de indignación. Era la primera vez que
+veía á una mujer vestida. ¿De dónde había salido este animal de plumaje
+fantástico, este loro sin alas, cuya forma absurda y colores chillones
+no hubiera podido concebir Él, ni aun en sus momentos de más frenética
+creación?...
+
+Dándose cuenta de que el Señor la observaba, Eva fué adoptando las
+actitudes que consideró más interesantes, esforzándose por hacer valer
+con ellas las gracias de su cuerpo y la elegancia de sus adornos. Al
+mismo tiempo sonreía, segura de sí misma.
+
+--Y el Todopoderoso--continuó el tío Correa--no pudo menos de reconocer
+cierta gracia en estos adornos mujeriles que al principio había
+considerado feísimos.
+
+--Continúa siendo la misma frívola de siempre--murmuró el Señor
+dirigiéndose al gran capitán Miguel, que le acompañaba á todas partes y
+se mantenía ahora de pie detrás de su sillón--. Es la misma cabeza de
+chorlito que conocimos en el Paraíso.... Pero hay que confesar que sabe
+adornarse con gusto.
+
+Tal vez estas consideraciones, unidas á las sonrisas de Eva y al humilde
+silencio con que Adán acogió las reprimendas del Señor, ablandaron el
+corazón de éste. Pareció arrepentirse de su anterior severidad, y añadió
+con un tono de benevolencia:
+
+--No esperéis que os perdone, permitiendo que volváis á disfrutar por
+segunda vez los placeres del Paraíso. Lo que está hecho ya está hecho, y
+debéis sufrir los efectos de mi maldición. Mi palabra es sagrada; y si
+la retirase, me desconocería á mí mismo.... Pero ya que he venido á
+veros, no quiero irme sin dejar un recuerdo de mi visita. A vosotros no
+puedo daros nada: los dos estáis malditos; pero vuestros hijos son
+inocentes y tendré mucho gusto en hacer un don á cada uno de ellos....
+Yo había creído que teníais una descendencia más numerosa. ¿Sólo cuatro
+hijos? Seguramente que no me arruinaré con mis regalos. Anda, Eva,
+tráeme á tus pequeños.
+
+Los cuatro pilletes se alinearon ante el Todopoderoso, que los examinó
+atentamente.
+
+--Ven aquí, tú--dijo designando á un pequeño, serio y gordo, de mirada
+penetrante y cejas fruncidas, que había estado chupándose un dedo
+mientras escuchaba gravemente la conversación--. Te confiero el poder
+de juzgar á tus iguales. Serás el dispensador de la justicia;
+interpretarás según tu criterio las leyes hechas por los otros; poseerás
+el privilegio de establecer lo que es el Bien y lo que es el Mal,
+cambiando de opinión cada siglo. Sujetarás todos los delincuentes á las
+mismas reglas penales, medida tan cuerda y acertada como si los médicos
+pretendiesen curar á los enfermos con el mismo remedio. Tu situación
+será en el mundo la más estable é inconmovible. Podrá ocurrir que los
+hombres duden con el tiempo de todo lo que les rodea. Hasta llegará un
+día en que se atrevan á discutir mi existencia y á negarme. Pero no
+temas por ti. Tú serás la Justicia augusta é infalible, incapaz de
+equivocarse, sin la cual no es posible la vida. Los mismos que ostenten
+como un título de gloria su incredulidad absoluta, se indignarán si
+alguien tiene la audacia de poner en duda tu rectitud. Y si incurres en
+errores que cuestan la vida ó la libertad á los hombres, la mayoría
+disimulará tu horrible equivocación, apelando al «carácter sagrado de la
+cosa juzgada».
+
+El Todopoderoso hizo señal para que avanzase un segundo muchacho.
+
+Era moreno, de aspecto jovial y atrevido, con la cabeza puntiaguda, la
+mandíbula cuadrada y unas orejas prominentes. Llevaba siempre en su mano
+derecha un bastón, con el que pegaba á sus hermanos. A la hora de las
+comidas se apoderaba de las porciones de los otros, amenazándoles si
+protestaban.
+
+Al llegar á corta distancia del Todopoderoso se cuadró, con las manos
+pegadas á los muslos y los ojos fijos, lo mismo que un soldado alemán
+bien disciplinado.
+
+Y el Señor le dijo:
+
+--Tú serás el hombre de guerra, el héroe. Conducirás tus semejantes á
+la muerte, como el matarife guía los rebaños al matadero. Esto no
+impedirá que todos te admiren y te aclamen (hasta aquellos mismos que
+serán hechos pedazos bajo tu dirección), pues emplearás como fetiches de
+poder inagotable las palabras Gloria, Honor, Patria, Bandera. Los
+hombres hablarán con emoción de leyes morales y mandamientos religiosos
+que les ordenan «no matarás», «no robarás», «amarás á tu prójimo como á
+ti mismo»; pero tú, guerrero semejante á un semidiós, vivirás más allá
+del Bien y del Mal. Si los otros hombres matan, serán juzgados como
+criminales y terminarán sus días en un presidio ó en el cadalso. Tú, por
+el contrario, te agrandarás en proporción de tus matanzas, y cuando las
+gentes te admiren cubierto de sangre humana, gritarán á coro: «¡Este es
+un verdadero héroe!»
+
+»Si alguna vez deseas un territorio, lo primero que harás será
+apoderarte de él por la fuerza, exterminando á todos los que intenten
+resistirse en nombre de sus antiguos derechos. Siempre encontrarás
+jurisconsultos que se encarguen de probar, textos en mano, tu derecho á
+la posesión de las tierras conquistadas. Comete toda clase de
+atrocidades...pero vence. Nunca dejarás de tener razón si eres
+victorioso. Nadie osa pedir cuentas al conquistador, y en sus templos,
+los sacerdotes de todas las religiones cantarán por tu salud, celebrando
+tu triunfo. Inunda los países de sangre, pasa los pueblos á cuchillo,
+incendia las ciudades, mata, destruye, roba.... Esto no impedirá que los
+poetas te celebren y los historiadores perpetúen tus hazañas más que si
+fueses un benefactor de la humanidad. Pero los que intenten imitarte y
+cometan tus mismas atrocidades sin vestir unas ropas de corte y color
+especiales llamadas uniforme, arrastrarán una cadena en el calabozo de
+una cárcel.... Puedes retirarte. ¡Que avance otro!.
+
+El tercero era un adolescente, seco de carnes, nervioso, con una palidez
+verdosa y los ojos de mirada astuta.
+
+Reflexionó el Señor un instante antes de decidir lo que haría de él, y
+dijo finalmente:
+
+--Tú dirigirás los negocios del mundo, siendo al mismo tiempo mercader y
+banquero. Prestarás oro á los reyes, lo que te permitirá tratarlos como
+si fuesen tus iguales; y si llegas á arruinar á toda una nación en
+provecho tuyo, el mundo admirará tu habilidad. Tus grandes combinaciones
+financieras extenderán el pánico por el universo entero, haciendo pesar
+sobre las ciudades horas de angustia mortal. Tus victorias en la Bolsa
+irán acompañadas por los pistoletazos de tus víctimas empujadas al
+suicidio y los llantos de sus familias. Provocarás guerras
+incomprensibles y favorecerás tratados de paz ruinosos, siendo
+responsable del envío de acorazados y de ejércitos expedicionarios para
+sostener tus reivindicaciones injustas y usurarias contra las naciones
+débiles.
+
+»Tus hijos creerán proteger las artes manteniendo lujosamente
+bailarinas, cantantes ó simples portadoras de costosos trajes y joyas
+inauditas para halago de su orgullo. Tú, retenido por tus negocios,
+envejecerás y llegarás tarde á la escena de la vida, para ser un Mecenas
+de esta especie, contentándote con proteger á los pintores.
+
+»La disparidad de opiniones más absoluta acompañará el recuerdo de tu
+nombre durante treinta ó cuarenta años, porque tu nombre, como el de los
+tenores y el de los cómicos, vivirá nada más lo que vivan las personas
+que te conocieron. «Sirvió al progreso humano», dirán algunos
+acordándose de tus flotas de buques mercantes y de las vías férreas con
+que surcastes los desiertos. «Era un bandido», afirmarán otros pensando
+que por cada kilómetro de rieles colocados llenaste un cementerio de
+trabajadores. «Fué un monstruo, que para ganar sus riquezas sacrificó
+más vidas humanas que un conquistador.» Y todos tendrán razón, todos
+dirán la verdad; porque lo que hay más divertido en la vida de los
+hombres es que todos ellos hablan de la verdad, de la verdad absoluta é
+indiscutible, ignorando que esta verdad absoluta no es mas que un
+ensueño y que siempre habrá tantas verdades como intereses.... Acuérdate
+de esto y sigue tu camino.
+
+Llegó el turno al cuarto muchacho, y éste avanzó.
+
+--Viendo al tal mocoso, el Señor empezó á reír--dijo el tío Correa--.
+Apenas levantaba dos palmos del suelo; y el Omnipotente, como lo sabe
+todo, vió que era el hijo preferido de su madre.
+
+Ésta únicamente dudaba de la justicia de su preferencia al comparar á
+este pequeño con el hermano de las orejas grandes, armado siempre con un
+garrote. La mujer se siente en todas ocasiones atraída por el guerrero;
+pero cuando el pequeño abría la boca, Eva, completamente subyugada,
+reconocía su superioridad sobre el belicoso mayor.
+
+El Omnipotente examinó al diminuto personaje con un regocijo mal
+disimulado. Se fijó en sus robustos hombros, su cabeza enorme y su
+amplia frente. Su mirada era orgullosa y sus labios se contraían con una
+mueca en la que se mezclaban el menosprecio y la adulación. Tenía á la
+vez algo de comediante y de rey.
+
+No parecía intimidado el chicuelo por la presencia del Creador. Se
+mantuvo erguido, con una mano sobre el pecho y la otra apoyada en el
+respaldo de una silla. Su frente elevada parecía aguardar la inspiración
+de lo alto. Mostraba la rigidez de un modelo, como si estuviera delante
+del escultor encargado de su futura estatua.
+
+Su madre le conocía bien. Cuando sentía hambre y deseaba un pedazo de
+pan, nunca lo reclamaba á gritos, como los niños ordinarios. Tenía el
+sentimiento precoz de las fórmulas parlamentarias, no conocidas aún en
+el mundo, y decía gravemente:
+
+--Señora Eva, permítame su señoría una pequeña interpelación: ¿puedo
+tomar un poquito de pan?
+
+La madre apelaba á su auxilio cada vez que tenía necesidad de mantener
+tranquila á la numerosa prole, mientras se consagraba á la confección de
+sus trajes.
+
+--Ven aquí, vida mía--suplicaba Eva--. Hazme el favor de divertir á tus
+hermanos con uno de tus discursos.
+
+Y el niño, empujado por su propia elocuencia, hablaba horas y horas, sin
+saber ciertamente lo que decía, dando tiempo á la madre para terminar su
+obra.
+
+--Tú serás el rey de la tierra--declaró el Todopoderoso--; tú serás el
+Orador, y con eso queda dicho todo. A pesar de su poder y su orgullo,
+tus hermanos vivirán al amparo de tu palabra. El guerrero te obedecerá;
+el juez te servirá y sostendrá, para mantener su propia situación; el
+banquero te dará cuanto le pidas, para que seas su abogado y defiendas
+sus terribles combinaciones. Tu único mérito consistirá en hablar bien,
+y eso es suficiente para que todos te consideren el hombre más sabio de
+la tierra.
+
+»Sin necesidad de estudiar los asuntos, hablarás de ellos
+indefinidamente; si alguna vez necesitas mostrar conocimientos, serán de
+tercera ó cuarta mano, y sin embargo las masas te aclamarán como un
+genio. En los tiempos difíciles todos te buscarán, viendo en ti la única
+esperanza de la patria. «Coloquémosle á la cabeza del gobierno, ya que
+habla mejor que todos», dirán las gentes.
+
+»La humanidad se deja regir por una lógica absurda. Para gobernar una
+nación, para administrar su hacienda y hasta para mandar sus ejércitos,
+nadie vale lo que un buen orador, capaz de hablar a todas horas
+fácilmente y sin fatiga. Cuando surja una guerra, tú dirigirás desde tu
+sillón á los generales; cuando llegue el momento de negociar la paz,
+confiarán esta misión á un congreso de oradores. La palabra gobernará al
+mundo más aún que el sable. Habla, hijo mío, habla elocuentemente y sin
+cansancio, y el mundo será tuyo.
+
+
+
+
+III
+
+
+Adán lloraba silenciosamente, agradeciendo las bondades del Señor.
+
+Sus cuatro hijos acababan de recibir la dominación de la tierra entera.
+
+Sin embargo, su esposa se mostraba inquieta. Varias veces estuvo á punto
+de interrumpir al Omnipotente pronunciando una palabra, una sola, pero
+calló en el último instante. ¿Cómo iba á detener la ola de
+bienaventuranzas celestiales que se desplomaba sobre sus cuatro
+hijos?... Pero el remordimiento oprimía su corazón maternal.
+
+Pensaba en la caterva de pequeños encerrada en el establo, que iba á
+quedar privada, por su culpa, de tan generoso reparto.
+
+Al fin murmuró, aproximándose á Adán:
+
+--Voy á enseñar los otros al Señor.
+
+--Ya es tarde--objetó el marido--. Sería pedirle demasiadas cosas, y el
+Señor puede enfadarse.
+
+Precisamente, en el mismo momento el arcángel Miguel, que había venido á
+visitar á los dos reprobos contra su voluntad, insistió cerca de su
+divino amo para que diese por terminada la visita.
+
+Le era insoportable este capricho del Señor, pero protestaba de él con
+toda la circunspección de un ministro de la Guerra que lleva muchos
+siglos acompañando á su soberano.
+
+--Majestad, se hace tarde--insinuó suavemente--. El sol se ocultará
+dentro de poco, y las noches son ahora frescas. Sería imprudente, á los
+años de Su Majestad, prolongar esta visita.
+
+Miguel parecía inquieto. Había una expresión de tristeza en los ojos de
+este guerrero rubio, y algunas canas brillantes como la plata cortaban
+el esplendor de su cabellera de oro.
+
+Pensaba en Lucifer.
+
+Lucifer había sido tan rubio, tan arrogante y tan guerrero como él.
+Ahora, con el nombre de Satanás, era feo y estaba caído y pisoteado,
+como todos los rebeldes que no triunfan.
+
+Durante muchos siglos, Miguel había permitido á los pintores y los
+escultores celestiales que le representasen teniendo bajo sus pies y su
+poderosa lanza á Satanás, el camarada y el adversario de otros tiempos.
+No había miedo de que algún habitante del reino celestial intentase una
+segunda sublevación pretendiendo continuar la rebeldía de Lucifer. Eran
+demasiado listos los de arriba para incurrir en error tan grosero. Pero
+el arcángel se daba cuenta de que Satanás, inerte bajo sus plantas
+durante tantos siglos, como si se hubiese resignado para siempre á su
+derrota, empezaba á agitarse, queriendo renovar la lucha.
+
+El ángel caído por su soberbia revolucionaria contaba indudablemente con
+refuerzos extraordinarios, y como éstos no podía encontrarlos en el
+cielo, Miguel temía que los buscase en la tierra, previendo una serie de
+batallas de las cuales no saldría siempre vencedor.
+
+Los papeles de la eterna tragedia iban tal vez á cambiarse. Satanás
+podía resultar victorioso, irguiéndose á su vez con arrogancia sobre el
+cuerpo caído de Miguel, vencedor en otros tiempos y ahora vencido.
+
+--Majestad--insistió el guerrero--, dejemos cuanto antes á estos
+importunos.
+
+El Señor abandonó su sillón. Fuera de la granja sonaron las notas
+chillonas de las trompetas de los arcángeles tocando llamada, y los
+rubios soldados de la escolta divina descendieron de los árboles con tal
+violencia, que no dejaron en ellos fruto ni hoja. Una nube de langosta
+no lo hubiese hecho peor.
+
+La guardia se formó en dos filas ante la puerta, presentando sus armas,
+mientras el divino soberano salía lentamente, apoyado en un brazo de
+Miguel.
+
+Eva le cerró el camino.
+
+--Majestad: un instante.
+
+Y corrió al establo, abriendo la puerta.
+
+--¡No he dicho toda la verdad!--gritó con una voz emocionada por el
+remordimiento--. Tengo otros hijos. ¡Piedad, Señor, para estos pequeños!
+¡Dadles un don cualquiera! ¡Que vuestra divina misericordia no los
+olvide!
+
+El Todopoderoso contempló á esta muchedumbre de niños con estupor y
+repugnancia. Al mismo tiempo, su ministro de la Guerra fruncía las
+cejas, llevando instintivamente la diestra á la empuñadura del sable.
+
+Miguel reconoció al futuro enemigo en esta horda sucia y revoltosa. Con
+estos monstruos contaba su adversario infernal para triunfar en el
+porvenir. Eran sus últimas reservas, las tropas de la desesperación.
+¡Qué lástima no poder aplastarlos allí mismo, antes de que llegasen á
+crecer!...
+
+--Vamonos, Señor--dijo empujando dulcemente á su soberano--. No hay que
+dar nada á esta canalla. Es mejor que todos perezcan.
+
+Y repelió á Eva con rudeza, ordenándole que no insistiese en su demanda
+presuntuosa.
+
+--No puedo hacer nada, pobre mujer--dijo el Señor excusándose--. No me
+queda nada que darles. Sus cuatro hermanos se lo han llevado todo.... No
+llores; no me gustan las lágrimas femeninas; yo reflexionaré y tal vez
+encuentre algo para ellos.... Ya veremos más adelante.
+
+Pero la madre no se dejó convencer por estas promesas vagas:
+
+--¡Señor, dadles cualquier cosa, pero ahora mismo! No importa el
+donativo. ¿Quién sabe cuándo volverá por aquí Su Majestad?... Me
+contento con un pequeño regalo para cada uno; un empleo, una ocupación.
+¿Qué va á ser, si no, de estos pobrecitos?...
+
+El arcángel iba á ordenar que una escuadra de la escolta celeste
+apartase á viva fuerza á esta mujer tenaz, cuando el Omnipotente
+encontró una solución gracias á su sabiduría infinita.
+
+También él deseaba perder de vista cuanto antes la granja y su
+chiquillería repugnante.
+
+El Señor se acarició su larga barba de plata y dijo á Eva:
+
+--No llores, mujer; ya les he encontrado una ocupación, y no será
+ligera. Todos estos trabajarán para mantener á sus cuatro hermanos,
+sirviéndoles eternamente.
+
+Hubo una larga pausa, y el tío Correa terminó así:
+
+--Vosotros y yo, y todos los que pasamos la vida encorvados sobre la
+tierra para sostener nuestra miserable existencia, somos los
+descendientes de aquellos infelices que nuestra primera madre encerró en
+el establo.
+
+Los segadores quedaron en un prolongado y reflexivo silencio. Pero de
+pronto, una voz surgió de la penumbra:
+
+--¿Y las mujeres?... ¿Qué hace usted de las mujeres?
+
+El tío Correa, sorprendido y perplejo, paseó una mirada por el corro de
+oyentes, preguntando:
+
+--¿Qué mujeres son esas? ¿Qué tienen que ver las mujeres con esta
+historia?
+
+El segador medio oculto en la obscuridad, añadió:
+
+--Eva, seguramente, tendría alguna vez hijas, pues de no ser así, no
+existirían mujeres actualmente, y las hay en todas partes...tal vez
+demasiadas; ¿no es esto, tío Correa?... Lo que yo pregunto es cuál fué
+la suerte de las hijas de Eva. ¿Nuestra primera madre presentó algunas
+al Señor, para que también les hiciera un regalo, ó las encerró á todas
+en el establo en compañía de nuestros pobres abuelos?
+
+Un murmullo de curiosidad se elevó del corro, semejante al que surge de
+una reunión electoral cuando el discurso del candidato queda cortado por
+una objeción imprevista.
+
+Todos los ojos se volvieron hacia el viejo, que se rascaba la cabeza,
+mirando al suelo con una expresión de inquietud y de duda.
+
+De pronto sonrió, triunfante.
+
+--Bien se ve--dijo con una voz dulzona--que el que ha hecho esa pregunta
+es joven y sin experiencia. Eva era mujer y conocía demasiado bien las
+necesidades de las mujeres para perder el tiempo en peticiones
+inútiles. Dios, con ser Dios y disponer de todo lo existente, no puede
+dar nada á las mujeres después que han nacido.
+
+Hizo una larga pausa para gozar del silencio con que la curiosidad y el
+interés acogían sus palabras.
+
+--Antes de que ellas nazcan--continuó--, Dios puede darles la belleza y
+la gracia á manos llenas, y hasta algunas veces les da la discreción y
+el talento. Pero después que están en el mundo, su única esperanza es el
+hombre. Todo lo que son y lo que tienen lo deben al hombre. Para ellas
+es el trabajo de los pobres, el poder de los que gobiernan, las hazañas
+de los soldados, el dinero de los millonarios. Ellas son las que tuercen
+con más facilidad la dureza de la justicia.... No; las mujeres no tienen
+nada que pedir á Dios, pues todo lo reciben de los hombres.... Y los
+hombres, cuando trabajan por la gloria, por la ambición ó por amor al
+dinero, no hacen en el fondo mas que trabajar por ellas y para ellas.
+
+
+
+
+LA CIGARRA Y LA HORMIGA
+
+
+Reverbera en las blancas fachadas el sol de las primeras horas de la
+tarde. Procuramos, en nuestros paseos por la plaza de un pequeño pueblo
+valenciano, no salirnos de las islas de sombra que trazan los plátanos
+sobre la tierra rojiza y ardiente.
+
+Silencio de sueño, calma profunda de siesta veraniega. Los únicos que
+vivimos en este ambiente exuberante de luz somos mi amigo y yo, que
+conversamos bajo los árboles de la plaza, los niños que ganguean á
+gritos sus lecciones en la escuela próxima, siguiendo el venerable
+método morisco, y los enjambres de insectos que aletean, zumban y trepan
+en torno de los plátanos.
+
+Calla de pronto el coro escolar, y por las ventanas abiertas llega hasta
+nosotros la voz de un niño, el más aplicado tal vez, que recita una
+fábula: _La cigarra y la hormiga_.
+
+Como el griterío de una muchedumbre alborotada que contesta á
+ultrajantes alusiones, suena el _chín-chín_ de numerosas cigarras
+moviendo sus cimbalillos entre las cortinas del follaje.
+
+Mi amigo el naturalista se indigna mientras la voz infantil va
+desarrollando la acción de la conocida fábula, la cigarra imprevisora y
+alegre que canta sin pensar en el porvenir, y cuando llega el invierno,
+transida de frío y vacilante de hambre, va en busca de la hormiga para
+implorar un préstamo. El animal ordenado y económico, que tiene en torno
+los sacos llenos de cosecha y se prepara á invernar en opípara
+abundancia, no quiere oír la súplica de la bohemia y añade á su negativa
+la burla cruel: «¿No has pasado cantando el verano mientras yo
+trabajaba? Pues bien; ahora, baila.»
+
+--Me irrita esta fábula--dice el naturalista--. Es una historia inmoral,
+que enseña á los hombres desde su infancia el respeto á la avaricia y á
+la crueldad, el culto del egoísmo, la burla soez contra los idealistas,
+que piensan en algo más que la satisfacción de los apetitos materiales.
+Todo es mentira en este relato inventado hace miles de años. La
+imprevisora y loca cigarra de la fábula es un ser laborioso y dulce,
+explotado hasta la muerte. En cuanto á la hormiga, modelo de economía
+doméstica que los padres ofrecen á los hijos, es una bestia rapaz que
+desde el mundo de la pequeña animalidad influye fatalmente sobre los
+hombres. Nuestro planeta sufre guerras y se cubre de sangre cada vez que
+á un Imperio se le ocurre organizarse como un hormiguero, imitando su
+férrea disciplina, su método para la acción, su soberbia, que tiende á
+engañar y esclavizar todo cuanto le rodea....
+
+ * * * * *
+
+--Esa fábula es una calumnia--continúa mi amigo--. Los caracteres de sus
+protagonistas aparecen en ella escandalosamente invertidos. La hormiga
+es en realidad un ladrón y la pobre cigarra una víctima.
+
+Al poeta La Fontaine (imitado después por el fabulista español) debemos
+el triunfo de este embuste, que, confiado á la memoria de los niños,
+resulta inmortal. Supo describir con exactitud el carácter del lobo, del
+zorro, del gato y otros animales protagonistas de sus historias. Los
+había visto de cerca, eran de su país. En todas las latitudes del mundo
+hablan las gentes de la cigarra á causa de la fábula, y sin embargo, son
+muy pocos los que han visto cigarras. Este animal sólo existe en la
+región asoleada del olivo, y París, donde vivió La Fontaine, no tiene
+olivos.
+
+Es indudable que tomó esta historia de los griegos. Los niños de la
+Atenas de Pericles, al ir á la escuela con su capacito de esparto lleno
+de higos secos y de olivas, se contaban el cuento de la cigarra
+imprevisora que tuvo que pedir un préstamo á la hormiga. Lo habían oído
+á sus nodrizas y á sus madres cada vez que éstas les recomendaban la
+necesidad de ser sobrios y ahorradores. De aquí data el error,
+verdaderamente incomprensible en un país como Grecia que tiene cigarras.
+La fábula, como casi todas las fábulas, procede del pueblo indostánico,
+gran contemplador de la Naturaleza. Los poetas del Ganges, que conocían
+exactamente la vida de las bestias, debieron poner la hormiga frente á
+otro animal. Los griegos lo sustituyeron con la cigarra (monótono cantor
+que metían en jaulas para que meciese sus siestas), y así ha llegado el
+relato hasta nosotros, falso é indestructible, como muchas leyendas
+gloriosas de la humanidad; viejo y respetable, como el egoísmo de los
+hombres, ó lo que es lo mismo, como la historia del mundo.
+
+El sabio Fabre, poeta de los insectos, fué el primero que, en nuestra
+época, escuchando á la cigarra en sus tierras de Provenza, se le ocurrió
+rectificar con observaciones directas la exactitud de la fábula. Y
+quedó al descubierto la gran mentira que ha servido de ejemplo moral á
+los hombres y aún continuará sirviendo, pues la humanidad no deshace
+camino, ni modifica fácilmente sus ideas elementales.
+
+Fíjese, amigo mío: la cigarra no puede implorar un préstamo para vivir
+en invierno, por la simple razón de que sólo vive unas semanas y muere
+en el verano. La cigarra no pedirá nunca una limosna á la hormiga
+(aunque ésta fuese capaz de concedérsela), porque los granos de trigo y
+los cadáveres de moscas y gusanos que guarda el negro pirata en los
+almacenes de su imperio subterráneo de nada pueden servirle. La cigarra
+no come, chupa. Esta bestia dulce y pacífica carece de mandíbulas y de
+boca. Su herramienta para la nutrición es una lanza perforada, una
+trompa sutil, con la que agujerea la corteza de las ramas. Su estómago
+delicado no puede resistir los cereales y los cadáveres que alimentan á
+la hormiga, bestia feroz de quijadas triturantes y patas cortadoras.
+Música del sol, habitante de las alturas, poeta del follaje, se nutre
+únicamente con el vino de la Naturaleza, con la savia que circula por
+las arterias de los árboles. La cigarra no ha ido nunca en la realidad
+al encuentro de la hormiga. La ignora ó huye de ella como de un enano
+grosero y maléfico. Es la hormiga la que la busca y la acecha para
+aprovecharse de su trabajo.
+
+Ya ve cuán lejos estamos de la fábula ofensiva para la moral y la
+verdad, y cómo se transforman radicalmente los caracteres de sus
+protagonistas.
+
+Cuando la primavera empieza á caldear el suelo, se animan las larvas que
+depositaron las cigarras muertas en el año anterior. Surgen de las
+entrañas de la tierra por un pozo circular que abren trabajosamente; se
+izan á la primera brizna de hierba que encuentran, desgarran su dorso
+repeliendo una envoltura seca como pergamino, y aparecen de un color
+verde tierno que rápidamente se obscurece. Luego trepan á los árboles,
+animando el silencio rumoroso de la Naturaleza con su música incansable.
+En las horas de sol, la luz las embriaga con una borrachera ruidosa y
+agitan locamente sus címbalos, como los devotos del cortejo de
+Dionisios. Cuando todo el pueblo de los insectos desfallece de sed,
+ellas son las únicas que viven en una abundancia regalada.
+
+Adivino desde aquí lo que ocurre sobre nuestras cabezas, á pocos pasos
+de nosotros, entre esas ramas de las que salen zumbidos y aleteos.
+Moscas, abejas de todas clases, y sobre todo hormigas, muchas hormigas,
+van errando por las ramas en busca de una fuente. Las flores tienen la
+corola agostada por el calor, las hojas duermen contraídas bajo el sol,
+la vegetación, marchita, espera el beso fresco del anochecer para
+reanimarse, recobrando su vital expansión. Y mientras la muchedumbre
+alada ó rampante corre sedienta de un lado á otro, la cigarra se ríe de
+esta escasez. Con su rostro, que es sutil, duro y perforante como una
+barrena, taladra uno de los innumerables toneles de sus bodegas
+inagotables. Sin interrumpir su canto, ha abierto un agujero profundo en
+la corteza de una rama hinchada por el calor, llegando hasta la
+corriente de savia que circula madura por el sol, como un vino de
+generoso fermento. Conservando el tubo de succión hundido en este pozo,
+bebe y bebe con sensual inmovilidad, entregada por entero á los encantos
+del jarabe y de la estrofa. Es un Anacreonte del follaje, un poeta que
+declama á gritos con la copa entre los labios y los ojos en el cielo.
+
+Pero los sedientos la acechan; los parásitos acuden para explotar su
+desinterés. Un rezumamiento de líquido azucarado en los bordes del
+brocal denuncia los placeres divinos de su recogimiento. Los importunos
+alados zumban pedigüeños en torno de la cigarra, interrumpiendo su
+musical embriaguez; pero los más temibles de estos intrusos son las
+hormigas, bestias de un egoísmo desvergonzado y arrollador. Las más
+pequeñas se deslizan por debajo del vientre de la cantora, que,
+bonachona y tolerante, levanta las patas traseras para no estorbar su
+camino. Las grandes se estremecen de cólera, beben en los raudales que
+se escapan del pozo, se alejan para dar un paseo inútil por las ramas y
+regresan, cada vez más inquietas y agresivas. Al fin, atacan á la dueña
+de la fuente, pretendiendo expulsarla para aprovecharse de su trabajo.
+Muerden al músico en el extremo de sus patas, le tiran de las alas,
+montan sobre su dorso para pellizcarle las antenas. Algunos bandidos más
+audaces se apoderan de su trompa de succión é intentan extraerla del
+pozo....
+
+Interrumpo al naturalista. Veo de pronto á los genios despreciados por
+las muchedumbres que luego se apropiaron su gloria con un orgullo
+nacional; veo á todos los artistas que abren fuentes de idealismo para
+la turba grosera, é inmediatamente quedan expulsados de las márgenes de
+su obra; veo á los poetas de la acción que derriban muros tradicionales,
+y nunca son los primeros que entran por la brecha, pues los sobrepasan
+los hábiles que se ocultaban á sus espaldas, prontos á aprovecharse del
+esfuerzo.
+
+--¡Lo mismo que en la vida humana!--exclamo con asombro--. ¡Igual que
+entre los hombres!
+
+--Sí; igual que entre los hombres--contesta el naturalista, y continúa
+su relato.
+
+La cigarra es un elefante comparada con la hormiga, un monstruo
+antidiluviano que podría aplastarla desplomándose sobre ella. Pero no
+tiene mandíbulas ni es carnicera. Alimentada con néctares florales, su
+humor es bondadoso y tolerante, como el de los filósofos que han llegado
+á penetrar el secreto de los seres y las cosas. Además, ¡es tan numerosa
+la muchedumbre de los enanos egoístas y rapaces!
+
+Al fin, el gigante, cansado de tantas molestias, abandona el pozo, pero
+antes de alejarse levanta una pata con soberano desprecio y lanza un
+chorro de orina sobre la masa laboriosa.
+
+--La venganza de los poetas--interrumpo yo, sonriendo.
+
+--Sí, la venganza de los poetas. Pero ¿qué importa ese desahogo del
+bohemio cantor á la hormiga honrada, económica y amiga del orden? Ya ha
+logrado su objeto; ya se ha hecho dueña del trabajo ajeno. Lo malo es
+que el pozo se agota en su poder. Como carece de la bomba que atrae á la
+dulce savia, sólo puede aprovechar el líquido que existía en el fondo en
+el momento de la conquista. Absorbe hasta la última gota, y cuando la
+fuente queda seca, marcha en escuadrón á la descubierta de la cigarra,
+que ha abierto un segundo manantial, y le roba igualmente el fruto de su
+trabajo.
+
+¡Pobre cigarra! ¡Infeliz artista del mundo de las hojas, calumniada en
+el mundo superior de los hombres!... Como no almacena, es una bohemia
+indigna de respeto; como se alimenta de miel y canta á todas horas, no
+trabaja seriamente; como carece de mandíbulas y abandona el sitio á los
+que se deslizan á traición por debajo de su vientre, los usureros
+subterráneos, las bestias de patas ganchudas que engordan con los
+muertos, tienen derecho á robarle su obra.
+
+La hormiga, avara y sin entrañas, la explota y la gobierna á pesar de
+su pequeñez, lo mismo que en el mundo de la criminalidad vertical, los
+hombrea del «cofre-fuerte», de la mano imantada que atrae á los céntimos
+y del paño duro que exprime, dominan á las grandes masas.
+
+Hasta en su muerte se ve explotada la cigarra por el triunfante
+parásito. Los restos del Orfeo del ramaje se disuelven en el estómago
+del negro burgués subterráneo.
+
+Después de una vida de cinco ó seis semanas, que le parece larguísima,
+la cantora cae de lo alto del árbol, extenuada por tanta música, tanta
+poesía, tanta embriaguez ruidosa. El sol seca su cadáver y los
+transeúntes lo aplastan con sus pies.
+
+Las hormigas salen formando batallones de sus obscuros cuarteles, donde
+viven sometidas á una disciplina á la prusiana, obedeciendo á su
+emperador, como un pueblo laborioso, culto y metódico.
+
+Van á saquear para enriquecerse; van á invadir otros hormigueros con el
+propósito de esclavizar á sus habitantes y que trabajen para los
+conquistadores. La razón de Estado guía sus correrías. ¡Por algo la
+fábula presenta á estas bestias como modelos de orden y buenas
+costumbres!
+
+En su avance triunfal, la vanguardia del ejército encuentra á la caída
+cigarra, y los que vivieron de su trabajo vuelven á vivir de su muerte.
+Las patas y mandíbulas despedazan la rica pieza, la disecan, la
+tijeretean, la parten en migajas para almacenarla en el depósito de
+provisiones.
+
+Muchas veces el poeta aún está en la agonía y sus alas baten el polvo
+con los últimos temblores. No importa. Su cuerpo se ennegrece cubierto
+por el tropel de enemigos. Lo despedazan en vida, tiran de sus
+miembros, lo descuartizan con un sabio método de caníbales científicos.
+
+Y esta es, amigo mío, no la fábula, sino la verdadera historia de _La
+cigarra y la hormiga_.
+
+--¡Lo mismo que entre los hombres!--exclamo yo.
+
+--Lo mismo que entre los hombres--repite el naturalista.
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's El préstamo de la difunta, by Vicente Blasco Ibanez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA ***
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+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
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+Literary Archive Foundation
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
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+works.
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
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+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+Project Gutenberg's El préstamo de la difunta, by Vicente Blasco Ibanez
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+Title: El préstamo de la difunta
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+Author: Vicente Blasco Ibanez
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+Release Date: January 13, 2006 [EBook #14308]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA ***
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+Produced by Michael Ciesielski, Chuck Greif and the Online Distributed
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+<h3>PROMETEO German&iacute;as, 33. VALENCIA (Published in Spain)</h3>
+
+<h3>ES PROPIEDAD.&mdash;Reservados todos los derechos de reproducci&oacute;n,
+traducci&oacute;n y adaptaci&oacute;n.</h3>
+
+<h3>1921, by V. Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez.</h3>
+<hr style="width: 65%;" />
+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<p><a name="capitulos" id="capitulos"></a></p>
+<a href="#EL_PRESTAMO_DE_LA_DIFUNTA"><b>El PRESTAMO DE LA DIFUNTA</b></a><br />
+<a href="#EL_MONSTRUO"><b>EL MONSTRUO</b></a><br />
+<a href="#EL_REY_DE_LAS_PRADERAS"><b>EL REY DE LAS PRADERAS</b></a><br />
+<a href="#NOCHE_SERVIA"><b>NOCHE SERVIA</b></a><br />
+<a href="#LAS_PLUMAS_DEL_CABURE"><b>LAS PLUMAS DEL CABUR&Eacute;</b></a><br />
+<a href="#LAS_VIRGENES_LOCAS"><b>LAS V&Iacute;RGENES LOCAS</b></a><br />
+<a href="#LA_VIEJA_DEL_CINEMA"><b>LA VIEJA DEL CINEMA</b></a><br />
+<a href="#EL_AUTOMOVIL_DEL_GENERAL"><b>EL AUTOM&Oacute;VIL DEL GENERAL</b></a><br />
+<a href="#UN_BESO"><b>UN BESO</b></a><br />
+<a href="#LA_LOCA_DE_LA_CASA"><b>LA LOCA DE LA CASA</b></a><br />
+<a href="#LA_SUBLEVACION_DE_MARTINEZ"><b>LA SUBLEVACI&Oacute;N DE MART&Iacute;NEZ</b></a><br />
+<a href="#EL_EMPLEADO_DEL_COCHE-CAMA"><b>EL EMPLEADO DEL COCHE-CAMA</b></a><br />
+<a href="#LOS_CUATRO_HIJOS_DE_EVA"><b>LOS CUATRO HIJOS DE EVA</b></a><br />
+<a href="#LA_CIGARRA_Y_LA_HORMIGA"><b>LA CIGARRA Y LA HORMIGA</b></a><br />
+</td></tr></table>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="EL_PRESTAMO_DE_LA_DIFUNTA" id="EL_PRESTAMO_DE_LA_DIFUNTA"></a><a href="#capitulos">EL PR&Eacute;STAMO DE LA DIFUNTA</a></h2>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Cuando los vecinos del peque&ntilde;o valle enclavado entre dos estribaciones
+de los Andes se enteraron de que Rosalindo Ovejero pensaba bajar &aacute; la
+ciudad de Salta para asistir &aacute; la procesi&oacute;n del c&eacute;lebre Cristo llamado
+&laquo;el Se&ntilde;or del Milagro&raquo;, fueron muchos los que le buscaron para hacerle
+encomiendas piadosas.</p>
+
+<p>A&ntilde;os antes, cuando los negocios marchaban bien y era activo el comercio
+entre Salta, las salitreras de Chile y el Sur de Bolivia, siempre hab&iacute;a
+arrieros ricos que por entusiasmo patri&oacute;tico costeaban el viaje &aacute; todos
+sus convecinos, bajando en masa del empinado valle para intervenir en
+dicha fiesta religiosa. No iban solos. El escuadr&oacute;n de hombres y mujeres
+&aacute; caballo escoltaba &aacute; una mula brillantemente enjaezada llevando sobre
+sus lomos una urna con la imagen del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, patr&oacute;n del pueblecillo.</p>
+
+<p>Abandonando por unos d&iacute;as la ermita que le serv&iacute;a de templo, figuraba
+entre las im&aacute;genes que preced&iacute;an al Se&ntilde;or del Milagro, esforz&aacute;ndose los
+organizadores de la expedici&oacute;n para que venciese por sus ricos adornos &aacute;
+los patrones de otros pueblos.</p>
+
+<p>El viaje de ida &aacute; la ciudad s&oacute;lo duraba dos d&iacute;as. Los devotos del valle
+ansiaban llegar cuanto antes para hacer triunfar &aacute; su peque&ntilde;o Jes&uacute;s. En
+cambio, el viaje de vuelta duraba hasta tres semanas, pues los devotos
+expedicionarios, orgullosos de su &eacute;xito, se deten&iacute;an en todos los
+poblados del camino.</p>
+
+<p>Organizaban bailes durante las horas de gran calor, que &aacute; veces se
+prolongaban hasta media noche, consumiendo en ellos grandes cantidades
+de <i>mate</i> y toda clase de mezcolanzas alcoh&oacute;licas. Los que pose&iacute;an el
+don de la improvisaci&oacute;n po&eacute;tica cantaban, con acompa&ntilde;amiento de
+guitarra, <i>d&eacute;cimas</i>, <i>endechas</i> y <i>tristes</i>, mientras sus camaradas
+bailaban la <i>zamacueca</i> chilena, el <i>triunfo</i>, la <i>refalosa</i>, la
+<i>mediaca&ntilde;a</i> y el <i>gato</i>, con relaciones intercaladas.</p>
+
+<p>Algunas veces, este viaje, en el que resultaban m&aacute;s largos los descansos
+que las marchas, se ve&iacute;a perturbado por alguna pelea que hac&iacute;a correr la
+sangre; pero nadie se escandalizaba, pues no es veros&iacute;mil que una gente
+que va con armas y ha hecho viajes &aacute; trav&eacute;s de los Andes pueda vivir en
+com&uacute;n durante varias semanas, bailando y bebiendo con mujeres, sin que
+los cuchillos se salgan solos de sus fundas.</p>
+
+<p>Ahora ya no hab&iacute;an arrieros gananciosos que dedicasen unas cuantas
+docenas de onzas de oro al viaje del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s y de sus devotos. Los
+m&aacute;s ricos se hab&iacute;an ido del pueblecillo; s&oacute;lo quedaban arrieros pobres,
+de los que aceptan un viaje &aacute; El Paposo en Chile &oacute; &aacute; Tarija en Bolivia
+por lo que quieren darles los comerciantes de Salta.</p>
+
+<p>Rosalindo Ovejero era el &uacute;nico que deseaba seguir la tradici&oacute;n, bajando
+&aacute; la ciudad para acompa&ntilde;ar al Se&ntilde;or del Milagro en su solemne paseo por
+las calles.</p>
+
+<p>Desde que anunci&oacute; su viaje, el rancho de adobes con techumbre sostenida
+por grandes piedras, que hab&iacute;a heredado de sus padres, empez&oacute; &aacute; recibir
+visitas. Todos acompa&ntilde;aban su encargo con un billete de &aacute; peso.</p>
+
+<p>Las mujeres le narraban, sin perdonar detalle, las grandes enfermedades
+de que las hab&iacute;a salvado la imagen milagrosa. Sus entra&ntilde;as dolorosamente
+quebrantadas por la maternidad se hab&iacute;an tranquilizado despu&eacute;s de varios
+emplastos de hierbas de la Cordillera y de la promesa de asistir &aacute; la
+procesi&oacute;n del Cristo de Salta. Ellas no pod&iacute;an hacer el viaje, como en
+otros a&ntilde;os; pero Rosalindo iba &aacute; representarlas, pues el Se&ntilde;or del
+Milagro es bondadoso y admite toda clase de sustituciones. Lo importante
+era pagar un cirio para que ardiese en su procesi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tom&aacute;, hijo, y c&oacute;mpralo de los m&aacute;s grandes&mdash;le dec&iacute;an las mujeres al
+entregarle el dinero&mdash;. Te pido este favor porque fu&iacute; muy amiga de tu
+pobre mama.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s iban llegando los varones: pobres arrieros, curtidos por los
+vientos glaciales de la Cordillera que derriban &aacute; las mulas. Algunos,
+durante las grandes nevadas, hab&iacute;an quedado aislados meses enteros en
+una caverna&mdash;lo mismo que los n&aacute;ufragos que se refugian en una isla
+desierta&mdash;, teniendo que esperar la vuelta del buen tiempo, mientras &aacute;
+su lado mor&iacute;an los compa&ntilde;eros de hambre y de fr&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Tom&aacute;, Rosalindo, para que me lleves un cirio detr&aacute;s del Se&ntilde;or. El y yo
+sabemos lo mucho que le debo.</p>
+
+<p>Todos mostraban una fe inmensa en este Cristo que hab&iacute;a llegado al pa&iacute;s
+poco despu&eacute;s de los primeros conquistadores espa&ntilde;oles, &aacute; trav&eacute;s de las
+soledades del Pac&iacute;fico, en un caj&oacute;n flotante, sin vela ni remo, el cual
+fu&eacute; &aacute; detenerse en un puerto del Per&uacute;. La imagen hab&iacute;a escogido &aacute; Salta
+como punto de residencia, y desde entonces llevaba realizados miles y
+miles de milagros. Pero las gentes sencillas de la Cordillera no
+aceptaban que esta divinidad omnipotente tra&iacute;da por los blancos pudiese
+vivir sola, y su imaginaci&oacute;n hab&iacute;a creado otras divinidades secundarias.
+Respetaban mucho al Cristo de Salta, pero les inspiraba m&aacute;s miedo la
+&laquo;Viuda del farolito&raquo;, una bruja que se aparec&iacute;a de noche con un farol en
+una mano &aacute; los arrieros perdidos en los caminos. El que la encontraba
+deb&iacute;a hacer inmediatamente sus preparativos para irse al otro mundo,
+pues seguramente ocurrir&iacute;a su muerte antes de que se cumpliese un a&ntilde;o.</p>
+
+<p>Rosalindo Ovejero cont&oacute; los encargos antes de salir de su casa. Eran
+catorce cirios los que deb&iacute;a llevar en la procesi&oacute;n, y &eacute;l s&oacute;lo se cre&iacute;a
+capaz de sostener ocho, cuatro en cada mano, metidos entre los dedos.
+Luego pens&oacute; que siempre encontrar&iacute;a en los despachos de bebidas de Salta
+alg&uacute;n &laquo;amigazo&raquo; de buena voluntad que quisiera encargarse de los
+restantes, y emprendi&oacute; el camino montado en un jaco que por el momento
+era toda su fortuna.</p>
+
+<p>Para representar dignamente &aacute; los convecinos pidi&oacute; prestadas unas
+grandes espuelas que, seg&uacute;n tradici&oacute;n, hab&iacute;an pertenecido &aacute; cierto
+gaucho salte&ntilde;o de los que &aacute; las &oacute;rdenes de G&uuml;emes combatieron contra los
+espa&ntilde;oles por la independencia del pa&iacute;s. Se puso el menos viejo de sus
+ponchos, de color de mostaza, y un sombrero enorme, por debajo de cuyos
+bordes se escapaba una melena lacia &eacute; intensamente negra, uni&eacute;ndose &aacute;
+sus barbas de Nazareno. La silla de montar ten&iacute;a &aacute; ambos lados unas alas
+fuertes de correa, llamadas &laquo;guardamontes&raquo;, para librar las piernas del
+jinete de los ara&ntilde;azos y golpes de los matorrales. De lejos, estas alas
+hac&iacute;an del pobre jaco una caricatura del caballo de las Musas.</p>
+
+<p>Los dos orgullos del joven salte&ntilde;o eran su cabalgadura y su nombre. El
+nombre lo deb&iacute;a &aacute; una mestiza sentimental que hab&iacute;a estudiado para
+maestra en la ciudad, llevando al pueblecito de los Andes el producto de
+sus desordenadas lecturas. Quiso crear una generaci&oacute;n con arreglo &aacute; sus
+ideales po&eacute;ticos, y &aacute; &eacute;l le puso Rosalindo, &aacute; un hermano suyo que hab&iacute;a
+muerto lo bautiz&oacute; Id&iacute;lio, y &aacute; una hermana que estaba ahora en Bolivia
+aconsej&oacute; que la llamasen Zobeida, como la esposa del sult&aacute;n de <i>Las mil
+y una noches</i>.</p>
+
+<p>Rosalindo lleg&oacute; &aacute; Salta el mismo d&iacute;a de la procesi&oacute;n. Era en Septiembre,
+cuando empieza la primavera en el hemisferio austral, y las calles
+estaban impregnadas del perfume de flores que exhalaban sus viejos
+jardines. Volteaban las campanas en las torres de iglesias y conventos,
+esbeltas construcciones de gran audacia en un pa&iacute;s donde son frecuentes
+los temblores del suelo. Un regimiento de artiller&iacute;a de monta&ntilde;a
+acantonado en Salta por el gobierno de Buenos Aires iba &aacute; dar escolta al
+Se&ntilde;or del Milagro. Los frailes de los diversos monasterios circulaban
+por las calles, de aspecto colonial, y por la antigua Plaza de Armas,
+rodeada de soportales lo mismo que una vieja plaza de Espa&ntilde;a. Sobre
+algunas puertas quedaba a&uacute;n el escudo de piedra, revelador del orgullo
+nobiliario de los que construyeron el caser&oacute;n en la &eacute;poca que a&uacute;n no
+hab&iacute;a nacido la Rep&uacute;blica Argentina y el pa&iacute;s era gobernado por los
+representantes de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
+
+<p>Se present&oacute; Ovejero puntualmente en la iglesia &aacute; la hora de la
+procesi&oacute;n. Desfilaron primeramente las diversas im&aacute;genes de los pueblos
+con su acompa&ntilde;amiento de devotos. Hab&iacute;an venido &eacute;stos de muchas leguas
+de distancia, bajando las monta&ntilde;as como rosarios de hormigas
+multicolores. Los hombres, al abandonar su caballo con alas de cuero y
+lazo formando rollo &aacute; un lado de la silla, marchaban con una torpeza de
+centauro, haciendo resonar &aacute; cada paso sus enormes espuelas. Con el
+sombrero sostenido por ambas manos y la cabeza inclinada, preced&iacute;an
+humildemente &aacute; sus im&aacute;genes. Confundidos entre ellos pasaban sus
+chicuelos envueltos en ponchos rayados de rojo y negro, y sus mujeres,
+gordas y lustrosas mestizas, que parec&iacute;an vestidas de m&aacute;scaras &aacute; causa
+de sus faldas de colores chillones, verde, rosa &oacute; escarlata.</p>
+
+<p>Las cofrad&iacute;as de la ciudad eran las que escoltaban al Cristo milagroso.
+Las se&ntilde;oritas de Salta iban de dos en dos, siguiendo las banderas y
+estandartes llevados por unos frailes asc&eacute;ticos que parec&iacute;an escapados
+de un cuadro de Zurbar&aacute;n. Todas estas j&oacute;venes aprovechaban la fiesta
+para estrenar sus trajes primaverales, blancos, rosa, de suave azul, &oacute;
+de color de fresa. Cubr&iacute;an sus peinados con enormes sombreros de altivas
+plumas; en una mano llevaban una vela rizada y sin encender, envuelta en
+un pa&ntilde;uelo de encajes, y con la otra se recog&iacute;an y ce&ntilde;&iacute;an al cuerpo la
+falda, marcando al andar sus secretas amenidades.</p>
+
+<p>Esta devoci&oacute;n primaveral no ten&iacute;a un rostro compungido. Las se&ntilde;oritas
+alzaban la cabeza para recibir los saludos de la gente de los balcones,
+&oacute; acog&iacute;an con ligera sonrisa las ojeadas de los j&oacute;venes agrupados en las
+esquinas. La emoci&oacute;n religiosa s&oacute;lo era visible en la muchedumbre
+r&uacute;stica que ocupaba las aceras, gentes de tez cobriza, ademanes humildes
+y voces cantoras y dulzonas. Las mujeres iban cubiertas con un largo
+manto negro, igual al de las chilenas; los hombres con un poncho
+amarillento y ancho sombrero, duro y r&iacute;gido como si fuese un casco.
+Todos se conmov&iacute;an, hasta llorar, viendo entre las nubes de incienso de
+los sacerdotes y las bayonetas de los soldados al Cristo prodigioso
+clavado en la cruz, sin m&aacute;s vestido que un hueco faldell&iacute;n de
+terciopelo.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s de la imagen arcaica desfilaba lo m&aacute;s interesante de la
+procesi&oacute;n: el ej&eacute;rcito doliente de los que deseaban hacer p&uacute;blica su
+gratitud al Se&ntilde;or del Milagro por los favores recibidos. Eran &laquo;chinitas&raquo;
+de juvenil esbeltez y frescura jugosa, con una vela en la diestra y un
+manto negro sobre la falda hueca de color vistoso y amplios volantes.
+Por debajo de las rizadas enaguas aparec&iacute;an sus pies desnudos, pues
+hab&iacute;an hecho promesa al Cristo de seguirle descalzas durante la
+procesi&oacute;n. Pasaban tambi&eacute;n ancianas apergaminadas y rugosas&mdash;como deb&iacute;a
+ser la &laquo;Viuda del farolito&raquo;&mdash;, que lanzaban suspiros y l&aacute;grimas
+contemplando el dorso del milagroso Se&ntilde;or. Y revueltos con las mujeres
+desfilaban los gauchos de cabeza tr&aacute;gica, barbudos, melenudos, curtidos
+por el sol y las nieves, con el poncho deshilachado y las botas rotas.
+Muchas de estas botas parec&iacute;an bostezar, mostrando por la boca abierta
+de sus puntas los dedos de los pies, completamente libres.</p>
+
+<p>Ni uno solo de estos jinetes de perfil aguile&ntilde;o, andrajosos, fieros y
+corteses, dejaba de llevar con orgullo grandes espuelas. Antes morir&iacute;an
+de hambre que abandonar su dignidad de hombres &aacute; caballo.</p>
+
+<p>Todos atend&iacute;an &aacute; las peque&ntilde;as llamas que palpitaban sobre sus pu&ntilde;os
+cerrados, cuidando de que no se apagasen. Algunos llevaban hasta cuatro
+velas encendidas entre los dedos de cada mano, cumpliendo as&iacute; los
+encargos de los devotos ausentes. Rosalindo figuraba entre ellos, y un
+amigo que iba &aacute; su lado era portador de los seis cirios restantes. Los
+dos, por ser j&oacute;venes, procuraban marchar entre las devotas de mejor
+aspecto.</p>
+
+<p>Ovejero no hab&iacute;a dudado un momento en cumplir fielmente los encargos
+recibidos. Con la imagen milagrosa no val&iacute;an trampas. &Uacute;nicamente se
+permiti&oacute; comprar los cirios m&aacute;s peque&ntilde;os que los deseaban sus
+convecinos, reserv&aacute;ndose la diferencia del precio para lo que vendr&iacute;a
+despu&eacute;s de la procesi&oacute;n.</p>
+
+<p>Los entusiastas del Cristo que no hab&iacute;an podido comprar una vela
+necesitaban hacer algo en honor de la imagen, y met&iacute;an un hombro debajo
+de sus andas para ayudar &aacute; los portadores. Pero eran tantos los que se
+aglomeraban para este esfuerzo superfluo y tan desordenados sus
+movimientos, que el Se&ntilde;or del Milagro se balanceaba, con peligro de
+venirse al suelo, y la polic&iacute;a cre&iacute;a necesario intervenir, ahuyentando &aacute;
+palos &aacute; los devotos excesivos.</p>
+
+<p>Cuando termin&oacute; la procesi&oacute;n, Rosalindo apag&oacute; los catorce cirios,
+calculando lo que podr&iacute;an darle por los cabos. Luego, en compa&ntilde;&iacute;a de su
+amigo, se dedic&oacute; &aacute; correr las diferentes casas &laquo;de alegr&iacute;a&raquo; existentes
+en la ciudad.</p>
+
+<p>En todas ellas se bailaba la <i>zamacueca</i>, llamada en el pa&iacute;s la
+<i>chilenita</i>. Cerca de media noche, sudorosos de tanto bailar y de las
+numerosas copas de aguardiente de ca&ntilde;a&mdash;fabricado en los ingenios de
+Tucum&aacute;n&mdash;que llevaban bebidas, entraron en una casa de la misma especie,
+donde al son de un arpa bailaban varias mujeres con unos jinetes de
+estatura casi gigantesca. Eran gauchos venidos del Chaco conduciendo
+reba&ntilde;os; hombretones de perfil aguile&ntilde;o y maneras nobles, que recordaban
+por su aspecto &aacute; los jinetes &aacute;rabes de las leyendas.</p>
+
+<p>El arpa iba desgranando sus sonidos cristalinos, semejantes &aacute; los de una
+caja de m&uacute;sica, y los gauchos saltaban acompa&ntilde;ados por el retint&iacute;n de
+sus espuelas, persiguiendo &aacute; las mestizas de bata flotante que
+balanceaban cadenciosamente el talle agitando en su diestra el pa&ntilde;uelo,
+sin el cual es imposible bailar la <i>chilenita</i>.</p>
+
+<p>Los punteados rom&aacute;nticos del arpa tuvieron la virtud de crispar los
+nervios de Rosalindo, agri&aacute;ndole la bebida que llevaba en el cuerpo. Su
+amigo experiment&oacute; una sensaci&oacute;n igual de desagrado, y los dos dieron
+forma &aacute; su malestar, hasta convertirlo en un odio implacable contra los
+gauchos del Chaco. &iquest;Qu&eacute; ven&iacute;an &aacute; hacer en Salta, donde no hab&iacute;an
+nacido?... &iquest;Por qu&eacute; se atrev&iacute;an &aacute; bailar con las mujeres del pa&iacute;s?...</p>
+
+<p>Los dos sab&iacute;an bien que estas mujeres bailaban con todo el mundo, y que
+las m&aacute;s de ellas no eran de la tierra. Pero su acometividad necesitaba
+un pretexto, fuese el que fuese, y al poco rato, sin darse cuenta de
+c&oacute;mo empez&oacute; la cuesti&oacute;n, se vieron con el cuchillo en la mano frente &aacute;
+los gauchos del Chaco, que tambi&eacute;n hab&iacute;an desnudado su facones.</p>
+
+<p>Hubo un herido; chillaron las mujeres; el hombre del arpa sali&oacute;
+corriendo llevando &aacute; cuestas su instrumento, que gimi&oacute; de dolor al
+chocar con las rejas salientes de la calle; acudieron los vecinos, y
+llegaron al fin los polic&iacute;as, que rondaban esta noche m&aacute;s que en el
+resto del a&ntilde;o, conociendo por experiencia los efectos de la aglomeraci&oacute;n
+en la fiesta del Se&ntilde;or del Milagro.</p>
+
+<p>Rosalindo se vi&oacute; con su amigo en las afueras de la ciudad, al perder la
+excitaci&oacute;n en que le hab&iacute;an puesto su c&oacute;lera y la bebida.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que lo has matado, hermano&mdash;dijo el compa&ntilde;ero.</p>
+
+<p>Y como era hombre de experiencia en estos asuntos, le aconsej&oacute; que se
+marchase &aacute; Chile si no quer&iacute;a pasar varios a&ntilde;os alojado gratuitamente en
+la penitenciar&iacute;a de Salta.</p>
+
+<p>Todas las mujeres de la &laquo;casa alegre&raquo;, as&iacute; como los gauchos, hab&iacute;an
+visto perfectamente c&oacute;mo daba Rosalindo la cuchillada al herido.
+Adem&aacute;s, su arma hab&iacute;a quedado abandonada en el lugar de la pelea.</p>
+
+<p>El camino para huir no era f&aacute;cil. Tendr&iacute;a que atravesar la Quebrada del
+Diablo, siguiendo despu&eacute;s un sendero abrupto &aacute; trav&eacute;s de los Andes,
+hasta llegar al puerto del Pac&iacute;fico llamado El Paposo. Muchos chilenos,
+huyendo de la justicia de su pa&iacute;s, hac&iacute;an este viaje, y bien pod&iacute;a &eacute;l
+imitarlos por id&eacute;ntico motivo, siguiendo la misma traves&iacute;a, pero en
+sentido inverso.</p>
+
+<p>Rosalindo intent&oacute; ir &aacute; la m&iacute;sera posada donde hab&iacute;a dejado su caballo,
+pero cuando estaba cerca de ella tuvo que retroceder, avisado por el
+fiel camarada. La polic&iacute;a, m&aacute;s lista que ellos, estaba ya registrando
+los objetos de la pertenencia de Ovejero, entreteniendo as&iacute; su espera
+hasta que se presentase el culpable.</p>
+
+<p>&mdash;Hay que huir, hermano&mdash;volvi&oacute; &aacute; aconsejar el amigo.</p>
+
+<p>Juzgaba peligrosa, despu&eacute;s de esto, la ruta m&aacute;s corta que conduce &aacute; la
+provincia de Copiap&oacute; en la vecina Rep&uacute;blica de Chile. Era camino muy
+frecuentado por los arrieros, y la polic&iacute;a pod&iacute;a darle alcance. Ya que
+no ten&iacute;a montura, lo acertado era tomar el camino m&aacute;s duro y abundante
+en peligros, pero que s&oacute;lo frecuentan los de &aacute; pie. Como su ausencia iba
+&aacute; ser larga y le era preciso ganarse el pan, resultaba preferible esta
+ruta, pues al t&eacute;rmino de ella encontrar&iacute;a las famosas salitreras
+chilenas, donde siempre hay falta de hombres para el trabajo, y &aacute; veces
+se pagan jornales inauditos.</p>
+
+<p>Rosalindo conoc&iacute;a de fama este camino, llamado del Despoblado. Detr&aacute;s
+del tal Despoblado se encontraba algo peor: la terrible Puna de Atacama,
+un desierto de inmensa desolaci&oacute;n, donde mor&iacute;an los hombres y las
+bestias, unas veces de sed, otras de fr&iacute;o, y en algunas ocasiones ca&iacute;an
+abrumadas por el viento.</p>
+
+<p>Ovejero se guard&oacute; las espuelas en el cinto, renunciando &aacute; su dignidad
+de jinete para convertirse en peat&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Si tienes suerte&mdash;continu&oacute; el camarada&mdash;, tal vez en veinte d&iacute;as &oacute; en
+un mes llegues al puerto de Cobija &oacute; &aacute; las salitreras de Antofagasta.
+Hay arrieros que han hecho el camino en ese tiempo.</p>
+
+<p>Y con la ternura que inspira el amigo en pleno infortunio, le di&oacute; su
+cuchillo y toda la peque&ntilde;a moneda que pudo encontrar en los diferentes
+escondrijos de su traje.</p>
+
+<p>&mdash;Tom&aacute;, hermano; lo mismo har&iacute;as t&uacute; por mi si yo me hubiese
+&laquo;desgraciado&raquo;. &iexcl;Que el Se&ntilde;or del Milagro te acompa&ntilde;e!</p>
+
+<p>Y Rosalindo Ovejero volvi&oacute; la espalda &aacute; la ciudad de Salta, tomando el
+camino del Despoblado.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Lo conoc&iacute;a sin haber pasado nunca por &eacute;l, como conoc&iacute;a todos los caminos
+y senderos de los Andes, donde hombres y cuadr&uacute;pedos son menos que
+hormigas, trepando lentamente por las arrugas y las aristas de unas
+monta&ntilde;as tan altas que impiden ver el cielo.</p>
+
+<p>Su padre se hab&iacute;a dedicado al arrieraje, y todos sus antecesores
+vivieron del ejercicio de la misma profesi&oacute;n. Llevaban productos del
+pa&iacute;s &aacute; los puertos del Pac&iacute;fico, para traer en sus viajes de vuelta
+objetos de procedencia europea, pues Buenos Aires y los dem&aacute;s puertos
+argentinos est&aacute;n muy lejos. En su casa, Rosalindo s&oacute;lo hab&iacute;a o&iacute;do
+hablar de peligrosos viajes &aacute; trav&eacute;s de los Andes y de la altiplanicie
+desolada de Atacama.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, en su adolescencia, fu&eacute; de ayudante con algunos arrieros,
+cuidando las mulas en los malos pasos para que no se despe&ntilde;asen. En
+estos viajes por las interminables soledades no tem&iacute;a &aacute; los hombres ni &aacute;
+las bestias. Para el vagabundo predispuesto &aacute; convertirse en salteador,
+ten&iacute;a su cuchillo, y tambi&eacute;n para el puma, le&oacute;n de las altiplanicies
+desiertas, no m&aacute;s grande que un mast&iacute;n, pero que el hambre mantiene en
+perpetua ferocidad, impuls&aacute;ndole &aacute; atacar al viajero. Lo &uacute;nico que le
+infund&iacute;a cierto pavor en esta naturaleza grandiosa y muda, &aacute; trav&eacute;s de
+la cual hab&iacute;an pasado y repasado sus ascendientes, eran los poderes
+misteriosos y confusos que parec&iacute;an moverse en la soledad.</p>
+
+<p>Ovejero ten&iacute;a un alma religiosa &aacute; su modo y propensa &aacute; las
+supersticiones.</p>
+
+<p>Cre&iacute;a en el Cristo de Salta, pero al lado de &eacute;l segu&iacute;a venerando &aacute; las
+antiguas divinidades ind&iacute;genas, como todos los monta&ntilde;eses del pa&iacute;s. El
+Se&ntilde;or del Milagro dispon&iacute;a indudablemente del poder que tienen los
+hombres blancos, dominadores del mundo, pero no por esto la Pacha-Mama
+dejaba de ser la reina de la Cordillera y de los valles inmediatos, como
+muchos siglos antes de la llegada de los espa&ntilde;oles.</p>
+
+<p>La Pacha-Mama es una diosa ben&eacute;fica que est&aacute; en todas partes y lo sabe
+todo, resultando in&uacute;til querer ocultarle palabras ni pensamientos.
+Representa la madre tierra, y todo arriero que no es un desalmado, cada
+vez que bebe, deja caer algunas gotas, para que la buena se&ntilde;ora no sufra
+sed. Tambi&eacute;n cuando los hombres bien nacidos se entregan al placer de
+mascar coca, empiezan siempre por abrir con el pie un agujero en el
+suelo y entierran algunas hojas. La Pacha-Mama debe comer, para que el
+hambre no la irrite, mostr&aacute;ndose vengativa con sus hijos.</p>
+
+<p>Rosalindo sab&iacute;a que la diosa no vive sola. Tiene un marido que es
+poderoso, pero con menos autoridad que ella: un dios semejante &aacute; los
+reyes consortes en los pa&iacute;ses donde la mujer puede heredar la corona.
+Este esp&iacute;ritu omnipotente se llama el Tata-Coquena, y es poseedor de
+todas las riquezas ocultas en las entra&ntilde;as del globo.</p>
+
+<p>Muchos naturales del pa&iacute;s se hab&iacute;an encontrado con los dos dioses cuando
+llevaban sus arrias por los desfiladeros de los Andes; pero siempre
+ocurr&iacute;a tal encuentro en d&iacute;as de tempestad, como si los dioses s&oacute;lo
+pudieran dejarse ver &aacute; la luz de los rel&aacute;mpagos y acompa&ntilde;ados por los
+truenos que ruedan con un estallido interminable de monta&ntilde;a en monta&ntilde;a y
+de valle en valle.</p>
+
+<p>La Pacha-Mama y el Tata-Coquena eran arrieros. &iquest;Qu&eacute; otra cosa pod&iacute;an
+ser, poseyendo tantas riquezas?... Los que les ve&iacute;an no alcanzaban &aacute;
+contar todas las recuas de llamas, enormes como elefantes, que marchaban
+detr&aacute;s de ellos. Las &laquo;petacas&raquo; &oacute; maletas de que iban cargadas estas
+bestias gigantescas estaban repletas de coca, precioso cargamento que
+emocionaba m&aacute;s &aacute; los arrieros de la Cordillera que si fuese oro.</p>
+
+<p>Los del pa&iacute;s no conoc&iacute;an riqueza que pudiera compararse con estas hojas
+secas y refrescantes, de las que se extrae la coca&iacute;na y que suprimen el
+hambre y la sed.</p>
+
+<p>El padre de Rosalindo se hab&iacute;a encontrado algunas veces con la
+Pacha-Mama en tardes de tempestad, describiendo &aacute; su hijo c&oacute;mo eran la
+diosa y su consorte, as&iacute; como el lucido y majestuoso aspecto de sus
+recuas. Pero siempre le ocurr&iacute;a este encuentro despu&eacute;s de un largo alto
+en el camino, en uni&oacute;n de otros arrieros, que hab&iacute;a sido celebrado con
+fraternales libaciones.</p>
+
+<p>Al emprender su marcha por el Despoblado, pens&oacute; Rosalindo al mismo
+tiempo en el Cristo de Salta y en la Pacha-Mama. Las dos sangres que
+exist&iacute;an en &eacute;l le daban cierto derecho &aacute; solicitar el amparo de ambas
+divinidades. Entre sus antecesores hab&iacute;a un tendero espa&ntilde;ol de Salta, y
+el resto de la familia guardaba los rasgos &eacute;tnicos de los primitivos
+indios calchaquies. Si le abandonaba uno de los dioses, el otro, por
+rivalidad, le proteger&iacute;a.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esto se lanz&oacute; valerosamente &aacute; trav&eacute;s del Despoblado.</p>
+
+<p>Los m&aacute;s horrendos paisajes de la Cordillera conocidos por &eacute;l resultaban
+lugares deliciosos comparados con esta altiplanicie. La tierra s&oacute;lo
+ofrec&iacute;a una vegetaci&oacute;n raqu&iacute;tica y espinosa al abrigo de las piedras. A
+veces encontraba montones de escorias met&aacute;licas y ruinas de pueblecitos
+y capillas, sin que ning&uacute;n ser humano habitase en su proximidad. Eran
+los restos de establecimientos mineros creados por los conquistadores
+espa&ntilde;oles cuando se extendieron por estos yermos en busca de metales
+preciosos. Los indios calchaquies se hab&iacute;an sublevado en otro tiempo,
+matando &aacute; los mineros, destruyendo sus pueblos y cegando los filones
+aur&iacute;feros, de tal modo, que era imposible volver &aacute; encontrarlos.</p>
+
+<p>El paisaje se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s desolado y aterrador. Sobre esta
+altiplanicie, donde ca&iacute;a la nieve en ciertos meses, sepultando &aacute; los
+viajeros, no hab&iacute;a ahora el menor rastro de humedad. Todo era seco,
+&aacute;rido y hostil. Las riquezas minerales daban &aacute; las monta&ntilde;as colores
+inauditos. Hab&iacute;a cumbres verdes, pero de un verde met&aacute;lico; otras eran
+rojas &oacute; anaranjadas.</p>
+
+<p>En ciertas oquedades exist&iacute;a una capa blanca y profunda, semejante al
+sedimento de un lago cuyas aguas acabasen de solidificarse. Estos lagos
+secos eran de borato. Camin&oacute; despu&eacute;s d&iacute;as enteros sin encontrar ninguna
+vegetaci&oacute;n. &Uacute;nicamente en las quebradas secas crec&iacute;an ciertos cactos del
+tama&ntilde;o de un hombre, rectos como columnas espinosas. Estos cactos,
+vistos de lejos, daban la impresi&oacute;n de filas de soldados que descend&iacute;an
+por las laderas en orden abierto.</p>
+
+<p>Rosalindo, en las primeras jornadas, encontr&oacute; las chozas de algunos
+solitarios del Despoblado. Eran pastores de cabras&mdash;el reba&ntilde;o del
+pobre&mdash;que realizaban el milagro de poder subsistir, ellos y sus
+animales, sobre una tierra est&eacute;ril. M&aacute;s adelante ya no encontr&oacute; ninguna
+vivienda humana. La soledad absoluta, el silencio de las tierras
+muertas, la profundidad misteriosa de la carencia de toda vida, se
+abrieron ante sus pasos para cerrarse inmediatamente, absorbi&eacute;ndolo.</p>
+
+<p>Para darse nuevos &aacute;nimos recordaba lo que hab&iacute;a o&iacute;do algunas veces sobre
+los primeros hombres blancos que atravesaron este desierto. Eran
+espa&ntilde;oles con arcabuces y caballos, guerreros de pesadas armaduras que
+no sab&iacute;an adonde les llevaban sus pasos &eacute; ignoraban igualmente si la
+horrible Puna de Atacama tendr&iacute;a fin. Su jefe se llamaba Almagro y hab&iacute;a
+abandonado &aacute; Pizarro en el Per&uacute; para atravesar esta soledad aterradora,
+descubriendo al otro lado del desierto la tierra que luego se llam&oacute;
+Chile.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; hombres, pucha!&raquo;, pensaba Rosalindo.</p>
+
+<p>Y se consideraba con mayores fuerzas para continuar el viaje. &Eacute;l &aacute; lo
+menos sab&iacute;a con certeza adonde se dirig&iacute;a, y encontraba todos los
+detalles topogr&aacute;ficos del terreno de acuerdo con los informes que le
+hab&iacute;a proporcionado su camarada y los solitarios establecidos en los
+linderos del desierto.</p>
+
+<p>Ninguno de &eacute;stos, al darle hospitalidad en su vivienda, le hizo
+preguntas indiscretas. Adivinaban que hu&iacute;a por haberse &laquo;desgraciado&raquo;, y
+como este infortunio le puede ocurrir &aacute; todo hombre que usa cuchillo, se
+limitaron &aacute; darle explicaciones sobre el rumbo que deb&iacute;a seguir,
+a&ntilde;adiendo algunos pedazos de carne de cabra seca, para que no muriese de
+hambre en su audaz traves&iacute;a.</p>
+
+<p>Cuando hubo consumido todas sus vituallas, no por esto perdi&oacute; el &aacute;nimo.
+Mientras conservase una bolsa que llevaba pendiente de su cintur&oacute;n, no
+tem&iacute;a al hambre ni &aacute; la sed. En ella llevaba su provisi&oacute;n de coca,
+alimento maravilloso para los ind&iacute;genas, porque da la insensibilidad de
+la par&aacute;lisis y suspende el tormento de las necesidades, esparciendo &aacute; la
+vez por todo el organismo un alegre vigor. Gracias &aacute; este
+anest&eacute;sico&mdash;considerado en el pa&iacute;s como un manjar de origen
+divino&mdash;podr&iacute;a vivir d&iacute;as y d&iacute;as, sin que el hambre ni la sed
+dificultasen su viaje.</p>
+
+<p>Buscaba al cerrar la noche el abrigo natural de las piedras &oacute; de los
+muros en ruinas que revelaban el emplazamiento de alg&uacute;n establecimiento
+minero arrasado dos siglos antes. S&oacute;lo reanudaba su marcha con la luz
+del sol, para ir gui&aacute;ndose por las se&ntilde;ales que le hab&iacute;an indicado,
+evitando el perderse en esta tierra mon&oacute;tona, sin &aacute;rboles, sin casas,
+sin r&iacute;os, que le pudiesen servir de punto de orientaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Lo que m&aacute;s le preocupaba era la posibilidad de que se levantase de
+pronto uno de los terribles vientos glaciales que barren la Puna.
+Mientras la atm&oacute;sfera se mantuviese tranquila no se consideraba en
+peligro de muerte. El fr&iacute;o hurac&aacute;n, en esta altiplanicie donde es
+imposible encontrar refugio, resultaba tan temible como la nieve que
+sepulta.</p>
+
+<p>La rarefacci&oacute;n de la atm&oacute;sfera representaba igualmente una fatiga mortal
+para los que cruzaban por primera vez las altiplanicies andinas. Pero
+Ovejero, habituado &aacute; respirar en las grandes alturas, estaba libre del
+llamado &laquo;mal de la Puna&raquo;. Ten&iacute;a el coraz&oacute;n s&oacute;lido de los monta&ntilde;eses y su
+pecho dilatado le permit&iacute;a respirar sin angustia en unas tierras
+situadas &aacute; m&aacute;s de tres mil metros sobre el Oc&eacute;ano.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana adivin&oacute; que hab&iacute;a llegado al punto m&aacute;s culminante y dif&iacute;cil
+de su camino. Dos &oacute; tres jornadas m&aacute;s all&aacute; empezar&iacute;a su descenso hacia
+el Pac&iacute;fico.</p>
+
+<p>&laquo;Debo estar cerca de la difunta Correa&raquo;, pens&oacute;.</p>
+
+<p>Conoc&iacute;a de fama &aacute; la &laquo;difunta Correa&raquo;, como todos los hijos de la tierra
+de Salta.</p>
+
+<p>Era una pobre mujer que se hab&iacute;a lanzado &aacute; trav&eacute;s del desierto &aacute; pie y
+con una criatura en los brazos. Su deseo era llegar &aacute; Chile en busca de
+un hombre: tal vez su marido, tal vez un amante que la hab&iacute;a abandonado.
+Los vientos glaciales de la Puna la envolvieron en lo m&aacute;s alto de la
+planicie, y ella y su criatura, refugiadas en una oquedad del suelo,
+murieron de fr&iacute;o y de hambre. Meses despu&eacute;s la descubrieron otros
+viandantes en el mismo estado que si acabase de morir, pues los
+cad&aacute;veres se mantienen en las secas alturas de la Puna en una
+conservaci&oacute;n absoluta que parece desafiar &aacute; la muerte.</p>
+
+<p>La piedad de los vagabundos andinos abri&oacute; una fosa en el suelo est&eacute;ril
+para enterrar &aacute; esta mujer, apellidada Correa, y &aacute; su ni&ntilde;o, colocando
+sobre los cad&aacute;veres un mont&oacute;n de piedras como r&uacute;stico monumento.</p>
+
+<p>Se extendi&oacute; por todo el pa&iacute;s la fama de la &laquo;difunta Correa&raquo;. Eran muchos
+los que hab&iacute;an muerto en los senderos de la altiplanicie llamados
+&laquo;traves&iacute;as&raquo;, pero ninguno de los vagabundos fallecidos pod&iacute;a inspirar el
+mismo inter&eacute;s novelesco que esta mujer.</p>
+
+<p>La tumba de la difunta Correa fu&eacute; en adelante el lugar de orientaci&oacute;n
+para los que pasaban de Salta &aacute; Chile. Todo viandante se consider&oacute;
+obligado &aacute; rezar una oraci&oacute;n por la difunta y &aacute; dejar una limosna encima
+de su sepulcro. Uno de los solitarios del Despoblado se instituy&oacute; &aacute; s&iacute;
+mismo administrador p&oacute;stumo de la difunta, y cada seis meses &oacute; cada a&ntilde;o
+hac&iacute;a el viaje hasta la tumba para incautarse de las limosnas,
+dedic&aacute;ndolas al pago de misas.</p>
+
+<p>Este asunto era llevado con una probidad supersticiosa. El dinero de las
+limosnas permanec&iacute;a meses y meses sobre la tumba, sin que los
+viajeros&mdash;en su mayor parte hombres de tremenda historia&mdash;osasen tocar
+la m&aacute;s peque&ntilde;a parte del dep&oacute;sito sagrado. Muy al contrario, todos
+procuraban dar aunque s&oacute;lo fuesen unos centavos, por creer que una
+limosna &aacute; la difunta Correa era el medio m&aacute;s seguro de terminar el viaje
+felizmente.</p>
+
+<p>Rosalindo encontr&oacute; al fin la tumba. Era un mont&oacute;n de piedras adosado &aacute;
+otras piedras que parec&iacute;an la base de un muro desaparecido. Dos maderos
+negros y resquebrajados por el viento formaban una cruz, y al pie de
+ella hab&iacute;a una vasija de hojalata, un antiguo bote de carne en conserva
+venido de Chicago &aacute; la Am&eacute;rica austral para acabar sirviendo de cepillo
+de limosnas sobre la sepultura de una mujer.</p>
+
+<p>Ovejero examin&oacute; su interior. Una piedra gruesa depositada en el fondo
+del bote serv&iacute;a para mantenerlo fijo sobre la tumba y que no lo
+arrebatase el viento. Al levantar la piedra, su mirada encontr&oacute; el
+dinero de las limosnas: unos cuantos billetes de &aacute; peso y varias piezas
+de n&iacute;quel. Tal vez hab&iacute;a transcurrido un a&ntilde;o sin que el administrador de
+la muerta viniese &aacute; recoger las limosnas.</p>
+
+<p>El gaucho conoc&iacute;a su deber, y se apresur&oacute; &aacute; cumplirlo. Con el sombrero
+en la mano, rez&oacute; todas las oraciones que guardaba en su memoria desde la
+ni&ntilde;ez. &laquo;&iexcl;Pobre difunta Correa!...&raquo; Luego busc&oacute; en su cinto, &aacute; trav&eacute;s de
+diversos objetos, el pa&ntilde;uelo anudado en cuyo interior guardaba toda su
+moneda.</p>
+
+<p>Sac&oacute; &aacute; luz lo que pose&iacute;a. &Uacute;nicamente le quedaban tres pesos con algunos
+centavos. Durante los primeros d&iacute;as del viaje hab&iacute;a tenido que pagar en
+algunos altos del camino, pues los habitantes de las chozas no eran
+simples pastores, como los del desierto, y se ayudaban para vivir dando
+posada &aacute; los arrieros. Le quedaba muy poco para hacer una limosna
+espl&eacute;ndida.</p>
+
+<p>Pens&oacute; tambi&eacute;n con inquietud en lo que le esperaba al otro lado del
+desierto, cuando ya no estuviera solo y al encontrarse entre los
+primeros hombres renacieran otra vez las exigencias y los gastos de la
+vida social. Necesitaba dinero para continuar su viaje por tierra
+civilizada, para subsistir antes de que encontrase trabajo, y la
+cantidad que pose&iacute;a no era suficiente.</p>
+
+<p>Empezaba &aacute; olvidarse, abismado en estos c&aacute;lculos, de la difunta y de
+todo lo que le rodeaba, cuando un personaje inesperado le hizo volver &aacute;
+la realidad con su inquietante aparici&oacute;n.</p>
+
+<p>No estaba solo en el desierto. Vi&oacute; al otro lado de la fila de piedras en
+forma de muro un perro enorme que gru&ntilde;&iacute;a, con la piel dorada cubierta de
+manchas de rojo obscuro. Vi&oacute; tambi&eacute;n, al hacer un movimiento este
+animal, que ten&iacute;a cabeza de gato, con bigotes hirsutos y unos ojos
+verdes que esparc&iacute;an reflejos dorados.</p>
+
+<p>Rosalindo conoc&iacute;a &aacute; esta bestia y no le inspiraba miedo. Era un puma que
+parec&iacute;a dudar entre la audacia y el temor, entre la acometividad y la
+fuga. El hombre lo espant&oacute; con un alarido feroz, envi&aacute;ndole al mismo
+tiempo un pe&ntilde;ascazo que le alcanz&oacute; en una pata. La fiera huy&oacute; en el
+primer momento, pero se detuvo &aacute; corta distancia. Aquel terreno lo
+consideraba como suyo. Sin duda permanec&iacute;a junto &aacute; la tumba todo el a&ntilde;o,
+por ser este el lugar m&aacute;s frecuentado en la soledad del desierto,
+result&aacute;ndole f&aacute;cil el nutrirse con los despojos de las caravanas &oacute; el
+sorprender &aacute; un hombre &oacute; &aacute; una bestia de carga en momentos de descuido.</p>
+
+<p>Al quedar lejos no quiso Rosalindo hostilizarle por segunda vez. Ve&iacute;a en
+&eacute;l &aacute; un guardi&aacute;n de la tumba. Hasta pens&oacute; supersticiosamente si este
+felino de la altiplanicie, mezcla de le&oacute;n y de tigre, tendr&iacute;a algo del
+alma de la difunta, pues en los cuentos del pa&iacute;s hab&iacute;a o&iacute;do hablar
+muchas veces de esp&iacute;ritus de personas que contin&uacute;an su existencia dentro
+de cuerpos de animales.</p>
+
+<p>Dej&oacute; de ocuparse del puma para seguir mirando el bote de las limosnas.
+Una idea digna de ser tenida en cuenta acababa de surgir en su
+pensamiento en el mismo instante que le distrajo la presencia de la
+fiera.</p>
+
+<p>&Eacute;l estaba vivo y ten&iacute;a poco dinero; en cambio la difunta Correa estaba
+muerta hac&iacute;a a&ntilde;os y no necesitaba comer ni le era forzoso ir &aacute; Chile
+como &eacute;l. Aquellas limosnas iban &aacute; quedar meses y meses debajo del
+pedrusco, hasta que se le ocurriese venir al encargado de recogerlas.
+&iquest;No pod&iacute;an hacer un negocio honrado la difunta y &eacute;l?...</p>
+
+<p>Rosalindo no quiso aceptar ni por un instante la idea de apoderarse de
+este dinero. Por ser de una muerta ten&iacute;a un car&aacute;cter sagrado, y adem&aacute;s
+representaba cierta cantidad de misas para la salvaci&oacute;n eterna de la
+madre y su criatura. Pero era posible una operaci&oacute;n de cr&eacute;dito entre los
+dos, que no resultaba completamente nueva.</p>
+
+<p>Sab&iacute;a por los arrieros y peatones de los Andes para lo que serv&iacute;an
+muchas veces estas tumbas con su dep&oacute;sito de limosnas. Como abundan las
+sepulturas en las diversas traves&iacute;as de la Cordillera, los viandantes
+faltos de recursos se llevan con toda reverencia el dinero dedicado &aacute;
+los difuntos, pero dejando &aacute; &eacute;stos un recibo con la promesa solemne de
+devolverles una cantidad mayor.</p>
+
+<p>Ovejero pens&oacute; que &eacute;l pod&iacute;a hacer lo mismo. La difunta Correa era una
+buena mujer y aceptar&iacute;a seguramente desde el fondo de su tumba de
+piedras este pr&eacute;stamo. &Eacute;l, por su parte, siempre hab&iacute;a sido fiel &aacute; su
+palabra y adem&aacute;s empe&ntilde;aba su firma. Lo que se llevase lo devolver&iacute;a
+quintuplicado, y la difunta iba &aacute; ganar como r&eacute;ditos de la operaci&oacute;n un
+gran n&uacute;mero de misas.</p>
+
+<p>Con la tranquilidad que comunica la pureza de la intenci&oacute;n, fu&eacute;
+recogiendo toda la moneda depositada en el fondo del bote. La cont&oacute;:
+ocho pesos y cuarenta centavos. Luego busc&oacute; en su cinto un l&aacute;piz corto y
+romo, arrancando tambi&eacute;n un pedazo de papel de un diario viejo de Salta.</p>
+
+<p>La redacci&oacute;n del documento fu&eacute; empresa larga y dif&iacute;cil. En su ni&ntilde;ez
+hab&iacute;a figurado entre los mejores alumnos de la escuela de su
+pueblecillo, pero siempre consider&oacute; la ortograf&iacute;a como el m&aacute;s
+horripilante de los tormentos de la juventud, &aacute; causa de la diferencia
+entre letras may&uacute;sculas y min&uacute;sculas.</p>
+
+<p>En el borde blanco del peri&oacute;dico declar&oacute; que tomaba &aacute; pr&eacute;stamo de la
+difunta Correa la expresada cantidad, comprometi&eacute;ndose &aacute; devolv&eacute;rsela
+sobre la misma tumba en el plazo de un a&ntilde;o; y para hacer m&aacute;s solemne su
+compromiso, meti&oacute; en cada palabra dos &oacute; tres may&uacute;sculas. Despu&eacute;s puso su
+firma: <i>Rosalindo Ovejero</i>, con las letras todo lo m&aacute;s grandes que le
+permiti&oacute; la escasez del papel.</p>
+
+<p>Cuando se hubo guardado el dinero en el cinto, deposit&oacute; su recibo en el
+fondo del bote, colocando la piedra exactamente sobre &eacute;l, para que en
+ning&uacute;n caso pudiera llev&aacute;rselo el viento.</p>
+
+<p>Nada le quedaba que hacer all&iacute;. Ahora que se ve&iacute;a con m&aacute;s dinero para
+afrontar la existencia entre los hombres civilizados, deseaba salir
+cuanto antes del desierto.</p>
+
+<p>El puma se hab&iacute;a ido aproximando con un gru&ntilde;ido hip&oacute;crita, como si
+esperase verle de espaldas para caer sobre &eacute;l. Rosalindo se inclin&oacute;,
+envi&aacute;ndole otro pe&ntilde;ascazo que le hizo huir por segunda vez de aquella
+tumba que consideraba como su guarida.</p>
+
+<p>Continu&oacute; el gaucho su marcha. Al d&iacute;a siguiente vi&oacute; unos guanacos
+salvajes que corr&iacute;an por el l&iacute;mite del horizonte. La vida vegetal y
+animal empezaba &aacute; reaparecer en el desierto. En los d&iacute;as siguientes los
+guanacos salieron &aacute; su encuentro formando manadas y los matorrales
+fueron m&aacute;s espesos y altos. La atm&oacute;sfera resultaba m&aacute;s respirable; el
+terreno iba en descenso.</p>
+
+<p>A la semana siguiente el fugitivo de Salta encontr&oacute; hombres y durmi&oacute; en
+viviendas que formaban m&iacute;seros pueblos.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; bajando, y al fin encontr&oacute; el camino que se remonta &aacute; Bolivia y
+que en direcci&oacute;n opuesta iba &aacute; conducirle &aacute; la costa del Pac&iacute;fico.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Pas&oacute; cerca de un a&ntilde;o trabajando en las explotaciones salitreras
+establecidas por los chilenos en la costa del Pac&iacute;fico. Vivi&oacute; unas veces
+cerca de Antofagasta, otras en Iquique y hasta en Arica, junto &aacute; la
+frontera del Per&uacute;.</p>
+
+<p>El trabajo no era extremadamente duro y se ganaban buenos jornales.
+Europa necesitaba abono para sus campos, y especialmente en Alemania los
+arenales del Brandeburgo se negaban &aacute; dar patatas y remolachas si no
+recib&iacute;an antes la nutrici&oacute;n del &aacute;zoe solidificado en las llanuras
+chilenas.</p>
+
+<p>Todos los pueblos viv&iacute;an entonces en paz, y era preciso aumentar la
+producci&oacute;n del suelo para que una humanidad exuberante en demas&iacute;a no se
+quedase sin comer. Llegaban vapores y veleros &aacute; los puertos del Pac&iacute;fico
+cargados de carb&oacute;n, y part&iacute;an semanas despu&eacute;s llevando sus bodegas
+repletas de salitre. Miles y miles de hombres trabajaban en el arranque
+de esta tierra blanca contenedora de un excitante fertilizador. Los
+brazos eran pagados con generosidad y el dinero corr&iacute;a abundantemente.</p>
+
+<p>Rosalindo celebr&oacute; como una protecci&oacute;n de la suerte el haber hu&iacute;do de su
+pa&iacute;s natal, libr&aacute;ndose para siempre de su pobre y ruda profesi&oacute;n de
+arriero. En pocas semanas gan&oacute; lo que al otro lado de los Andes le
+hubiese costado un a&ntilde;o de trabajo. Adem&aacute;s, su existencia era mucho m&aacute;s
+f&aacute;cil y dulce en esta tierra de emigraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Hombres de diversos pa&iacute;ses trabajaban en las salitreras, y casi todos
+ellos viv&iacute;an sin familia, pudiendo gastar alegremente sus considerables
+jornales. De aqu&iacute; que, en d&iacute;as de fiesta, los obreros de gustos
+alcoh&oacute;licos se entregasen &aacute; las m&aacute;s desordenadas fantas&iacute;as en los caf&eacute;s
+y los despachos de licores. No sab&iacute;an c&oacute;mo acabar su dinero en esta
+tierra de vida improvisada y escasas diversiones. Algunos disparaban sus
+rev&oacute;lveres escogiendo como blanco las botellas alineadas en la
+anaqueler&iacute;a detr&aacute;s del mostrador. Era un lujo destrozar &aacute; tiros las
+botellas de champa&ntilde;a tra&iacute;das de Europa, pag&aacute;ndolas luego &aacute; unos precios
+que hubiesen escandalizado &aacute; muchos ricos. Otros, para beber un simple
+vaso de vino, hac&iacute;an abrir la espita de un tonel, dejando que chorrease
+en su vaso durante mucho tiempo lo mismo que una fuente, perdi&eacute;ndose
+enormes cantidades de l&iacute;quido. Luego pagaban con orgullo, delante de
+todos, para que se enterasen de su vanidad.</p>
+
+<p>Con estas fantas&iacute;as y otras menos confesables enga&ntilde;aban su tedio en este
+pa&iacute;s abundante en dinero pero de aspecto entristecedor. La riqueza
+estaba en la profunda capa de salitre que cubr&iacute;a el suelo; pero esta
+tierra blanca que serv&iacute;a para fertilizar los campos de Europa no
+toleraba aqu&iacute; ninguna vegetaci&oacute;n. Una esterilidad valiosa pero triste
+rodeaba las nuevas poblaciones. El mayor lujo de los ricos era tener en
+sus casas unas cuantas macetas de flores. El agua para su riego hab&iacute;a
+costado tan cara como los vinos m&aacute;s c&eacute;lebres.</p>
+
+<p>Las interminables recuas de mulas, al acarrear del interior &aacute; los
+puertos las cargas de salitre, parec&iacute;an acordarse melanc&oacute;licamente de
+los campos donde hab&iacute;an nacido, con &aacute;rboles, hierbas y arroyos. En las
+casas inmediatas &aacute; los caminos de esta tierra est&eacute;ril, los due&ntilde;os
+evitaban pintar sus cercas de verde, pues los pobres animales, enga&ntilde;ados
+por el color, empezaban &aacute; roer los barrotes de madera, tom&aacute;ndolos por
+vegetales surgidos del suelo.</p>
+
+<p>Rosalindo acab&oacute; por adquirir el mismo aspecto de los obreros del pa&iacute;s.
+Ya no quedaba nada en &eacute;l del gaucho salte&ntilde;o. Se hab&iacute;a cortado las
+melenas y transformado su traje. Adem&aacute;s, sigui&oacute; con atenci&oacute;n, en los
+diversos lugares de su trabajo, las predicaciones de algunos obreros
+procedentes de Europa que hablaban contra las compa&ntilde;&iacute;as salitreras,
+incitando &aacute; los compa&ntilde;eros &aacute; la revuelta. Pero una huelga seguida de
+incendios y saqueos fu&eacute; sofocada inmediatamente por los soldados
+chilenos con abundante empleo de ametralladoras, lo que devolvi&oacute; la
+prudencia &aacute; Rosalindo y &aacute; la mayor&iacute;a de sus camaradas.</p>
+
+<p>Cuando llevaba ocho meses trabajando, experiment&oacute; una gran alegr&iacute;a al
+encontrarse con un hombre de su pa&iacute;s que deseaba regresar &aacute; Salta.</p>
+
+<p>La vida de este hombre en las salitreras hab&iacute;a sido menos agradable y
+fructuosa que la de Ovejero. Trabaj&oacute; y gan&oacute; buenos jornales en los
+primeros meses; pero era jugador, y todas sus ganancias se quedaron en
+las llamadas casas &laquo;de remolienda&raquo;. Al final, sus deudas y sus continuas
+peleas le obligaban &aacute; abandonar el pa&iacute;s.</p>
+
+<p>Rosalindo, por ser un compatriota, atendi&oacute; todas sus peticiones de
+dinero. &Eacute;l no era jugador. Su vicio dominante hab&iacute;a sido siempre la
+bebida, y aqu&iacute; que ganaba mucho pod&iacute;a satisfacerlo con largueza, lo
+mismo que un caballero.</p>
+
+<p>Al saber que su compatriota iba &aacute; volver &aacute; Salta por la Puna de Atacama,
+el gaucho, que era hombre de honor, incapaz de olvidar sus compromisos,
+pens&oacute; en la antigua deuda, que le preocupaba con frecuencia y hasta
+algunas noches le hab&iacute;a quitado el sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>Mientras obsequiaba &aacute; su compatriota en un caf&eacute; de Antofagasta, le fu&eacute;
+explicando su asunto.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; pasar&aacute;s por donde la difunta Correa, &iquest;no es eso, hermano?... Pues
+bien; cuando llegues &aacute; su sepultura, le dejas bajo la piedra estos
+treinta pesos. Ella me di&oacute; ocho y unos centavos, pero hay que ser
+rumboso con los que nos favorecen, y adem&aacute;s la pobre tal vez est&aacute;
+necesitada de misas.</p>
+
+<p>Pidi&oacute; tambi&eacute;n &aacute; su camarada que retirase el recibo escrito en un pedazo
+de peri&oacute;dico que hab&iacute;a dejado en la tumba &oacute; que fuese en busca del
+encargado de recoger las limosnas para pedirle el tal documento. Los
+asuntos de dinero deben llevarse con limpieza, sobre todo si hay
+muertos de por medio. Cuando el camarada tuviese el recibo en su poder,
+deb&iacute;a envi&aacute;rselo por correo para su tranquilidad.... Y le entreg&oacute; unos
+cuantos pesos m&aacute;s por la molestia que le pudiese ocasionar el encargo.</p>
+
+<p>Transcurrieron varios meses. Rosalindo trabajaba todos los d&iacute;as como un
+obrero de buenas costumbres. A pesar de que hab&iacute;a sido hombre de pelea,
+evitaba las cuestiones en este mundo compuesto de gentes bravas y de
+todas procedencias, que para ir &aacute; ganarse el jornal llevaban siempre el
+cuchillo y el rev&oacute;lver. &Eacute;l deseaba &uacute;nicamente que le dejasen embriagarse
+en paz. De d&iacute;a trabajaba en la salitrera y de noche se emborrachaba en
+alg&uacute;n cafet&iacute;n predilecto, hasta que ganaba su alojamiento tambale&aacute;ndose,
+&oacute; lo llevaba hasta &eacute;l un compa&ntilde;ero casi &aacute; rastras.</p>
+
+<p>De pronto se sinti&oacute; enfermo. El m&eacute;dico, un joven reci&eacute;n llegado de
+Santiago, atribuy&oacute; su dolencia &aacute; los excesos alcoh&oacute;licos; pero &eacute;l cre&iacute;a
+saber mejor que este chileno presuntuoso cu&aacute;l era la verdadera causa de
+su enfermedad.</p>
+
+<p>Dorm&iacute;a mal y su sue&ntilde;o estaba cortado por terribles visiones. Esta vida
+de alucinaci&oacute;n dolorosa hab&iacute;a empezado para &eacute;l cierta noche en que se
+dirig&iacute;a &aacute; su casa completamente ebrio.</p>
+
+<p>Una mujer le sali&oacute; al paso: una mujer enjuta de carnes, con la tez algo
+cobriza y unos ojos grandes, negros, ardientes. Iba envuelta en un manto
+obscuro que hab&iacute;a perdido su primer tinte y era del color llamado "ala
+de mosca". Agarrado &aacute; una de sus manos marchaba un ni&ntilde;o cuya cabeza
+apenas le llegaba &aacute; las rodillas.</p>
+
+<p>Rosalindo no conoc&iacute;a &aacute; la difunta Correa ni jam&aacute;s encontr&oacute; &aacute; alguien que
+pudiera describ&iacute;rsela. Pero al ver a esta mujer por primera vez, qued&oacute;
+convencido de su identidad. Era la difunta Correa; no pod&iacute;a ser otra,
+&iexcl;Aquellos ojos!... &iexcl;Aquel ni&ntilde;o que la acompa&ntilde;aba!...</p>
+
+<p>Se quit&oacute; el sombrero con la misma expresi&oacute;n reverente que cuando hab&iacute;a
+rezado ante su tumba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En qu&eacute; puedo servirla, se&ntilde;ora?&mdash;dijo&mdash;. &iquest;Qu&eacute; desea de m&iacute;?...</p>
+
+<p>La mujer permaneci&oacute; muda, y sus ojos redondos, de un ardor obscuro, le
+miraron fijamente. Al entrar en su casucha cerr&oacute; la puerta, y la
+difunta, siempre con su ni&ntilde;o de la mano, se filtr&oacute; &aacute; trav&eacute;s de las
+maderas.</p>
+
+<p>Dorm&iacute;a Rosalindo en una pieza grande con siete compa&ntilde;eros m&aacute;s, pero
+aquella hembra dolorosa, como ven&iacute;a del otro mundo y todos los seres de
+all&aacute; dan poca importancia &aacute; las preocupaciones morales de la tierra, se
+meti&oacute; entre tantos hombres, sin vacilaci&oacute;n, permaneciendo erguida junto
+&aacute; la cama de Ovejero.</p>
+
+<p>Cada vez que &eacute;ste abr&iacute;a los ojos la encontraba frente &aacute; &eacute;l, inm&oacute;vil,
+r&iacute;gida, mir&aacute;ndole con sus pupilas ardientes y fijas, no alteradas por el
+m&aacute;s leve parpadeo.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, el gaucho crey&oacute; haber atinado con la explicaci&oacute;n
+de este encuentro. La pobre difunta hab&iacute;a venido indudablemente &aacute; darle
+las gracias por los enormes r&eacute;ditos con que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado la
+devoluci&oacute;n del pr&eacute;stamo. Si permanec&iacute;a muda y con aquellos ojos que
+infund&iacute;an espanto, era porque las almas en pena no pueden mirar de
+distinto modo.</p>
+
+<p>Afirmado en esta creencia, no experiment&oacute; sorpresa alguna cuando, en la
+noche siguiente, al regresar ebrio de su cafet&iacute;n, tropez&oacute; con la
+enlutada y su ni&ntilde;o cerca de la casa.</p>
+
+<p>Por segunda vez se quit&oacute; el sombrero, gangueando sus palabras con una
+amabilidad de borracho.</p>
+
+<p>&mdash;No tiene usted nada que agradecerme, se&ntilde;ora. La palabra es palabra, y
+lo que siento es no haber podido enviarle m&aacute;s para que la digan misas.
+El a&ntilde;o que viene, cuando alg&uacute;n amigo m&iacute;o vaya para all&aacute;, tal vez le haga
+otra remesa.</p>
+
+<p>Pero la mujer parec&iacute;a no o&iacute;rle y continu&oacute; fijando en &eacute;l sus ojos
+inm&oacute;viles, mientras la cara del ni&ntilde;o&mdash;una cara de muerto&mdash;se agitaba con
+el temblor de un llanto sin l&aacute;grimas y sin ruido.... Y la difunta le
+acompa&ntilde;&oacute; otra vez hasta su cama, manteni&eacute;ndose inm&oacute;vil junto &aacute; ella, y
+desapareciendo &uacute;nicamente con las primeras luces del amanecer.</p>
+
+<p>Este encuentro se fu&eacute; repitiendo varias noches. Rosalindo beb&iacute;a cada vez
+m&aacute;s, viendo en el alcohol un medio seguro de sumirse en el sue&ntilde;o y
+evitar tales visiones; pero contra su opini&oacute;n, las visitas de la difunta
+se hac&iacute;an m&aacute;s largas as&iacute; como &eacute;l aumentaba su embriaguez. Algunas veces,
+hasta en pleno sol, cuando trabajaba en el arranque de las rocas de
+salitre, la difunta surg&iacute;a frente &aacute; &eacute;l durante sus minutos de descanso.
+En vano le dirig&iacute;a preguntas. La enlutada era muda y &uacute;nicamente sab&iacute;a
+mirarle con sus pupilas redondas y severas, mientras el ni&ntilde;o continuaba
+su eterno llanto sin humedad y sin eco.</p>
+
+<p>&laquo;Hay en este asunto algo que no comprendo&mdash;pensaba Rosalindo&mdash;. &iquest;No le
+habr&aacute; entregado aquel amigazo el dinero que le di?&raquo;</p>
+
+<p>Se dedic&oacute; &aacute; averiguar el paradero de su compatriota. Pens&oacute; por un
+momento si se habr&iacute;a quedado con los pesos que le entreg&oacute; para la
+muerta; pero inmediatamente repeli&oacute; tal sospecha. Su camarada, aunque
+algo bandido y de perversas costumbres, era muy temeroso de Dios &eacute;
+incapaz de ponerse en mala situaci&oacute;n con las &aacute;nimas del Purgatorio, &aacute;
+las que ten&iacute;a gran respeto y no menos miedo.</p>
+
+<p>Al fin, un vagabundo que iba de boliche en boliche por las diversas
+salitreras para robar con sus malas artes de jugador el dinero de los
+trabajadores, le di&oacute; noticias sobre el desaparecido, despu&eacute;s de repasar
+los recuerdos de su propia vida complicada y aventurera. A su amigo lo
+hab&iacute;an matado meses antes en un despacho de bebidas cerca de la
+Cordillera, cuando se dirig&iacute;a desde Cobija &aacute; tomar el camino de la Puna.
+La cuchillada mortal hab&iacute;a sido por cuestiones de juego.</p>
+
+<p>El gaucho, que no quer&iacute;a dudar de que la difunta hubiese recibido su
+pr&eacute;stamo con todos los intereses, qued&oacute; aterrado al recibir esta
+noticia. Empez&oacute; &aacute; calcular los meses transcurridos desde que dej&oacute; su
+recibo en la tumba del desierto. Hizo un gesto de satisfacci&oacute;n, como si
+acabase de resolver un problema dif&iacute;cil, al convencerse de que iba
+transcurrido m&aacute;s de un a&ntilde;o, plazo que &eacute;l mismo fij&oacute; en su papel. La
+difunta ten&iacute;a derecho &aacute; reclamar. Ahora comprend&iacute;a sus ojos severos
+fijos en &eacute;l y la expresi&oacute;n dolorosa de aquella carita de muerto, que
+lloraba y lloraba con el tormento de un hambre del otro mundo, por
+faltarle el sustento de las misas.... &iexcl;Y &eacute;l, que despilfarraba sus
+jornales en bebidas y otros vicios menos confesables, estaba retardando
+la salvaci&oacute;n de estos dos seres infelices al no devolverles un dinero
+que necesitaban para la salud de su alma!...</p>
+
+<p>Dese&oacute; que llegase pronto la noche y se le apareciese la difunta para
+darle sus explicaciones de deudor honrado. Pero por lo mismo que su
+deseo era vehemente, no pudo encontrarla en las cercan&iacute;as de su casucha
+por m&aacute;s vueltas que di&oacute; en torno de ella, y eso que en la presente
+noche, para evitar palabras confusas y tergiversaciones en el negocio,
+hab&iacute;a bebido muy poco. Fu&eacute; cerca de la madrugada cuando Ovejero, que
+hab&iacute;a conseguido dormirse, la vi&oacute; al abrir sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, la falta no es m&iacute;a; es de un amigo que se ha dejado matar,
+perdiendo mi dinero. Pero yo pagar&eacute;. Voy &aacute; buscar alguien que se
+encargue de devolver el pr&eacute;stamo, aunque tenga que costearle los gastos
+de viaje. Adem&aacute;s aumentar&eacute; los intereses....</p>
+
+<p>No pudo seguir hablando. La difunta desapareci&oacute; con su ni&ntilde;o, como si la
+hubiesen tranquilizado estas promesas. Hu&iacute;a tal vez igualmente de los
+gritos y blasfemias de los otros obreros, que hab&iacute;an sido despertados
+por Rosalindo al hablar en voz alta. Estaban irritados contra el salte&ntilde;o
+porque todas las noches mostraba predilecci&oacute;n en su borrachera por
+conversar con una mujer invisible. Y esta noche, en vez de hablar
+buenamente, hab&iacute;a dado gritos. Todos ellos empezaron &aacute; tener por loco &aacute;
+su camarada.</p>
+
+<p>En mucho tiempo no volvi&oacute; Ovejero &aacute; encontrarse con su acreedora. Esta
+ausencia le parec&iacute;a natural. Las almas del otro mundo no necesitan
+esforzarse para conocer lo que hacen los vivos, y ella sab&iacute;a que su
+deudor se ocupaba en devolverle el pr&eacute;stamo.</p>
+
+<p>Trabaj&oacute; horas extraordinarias, bebi&oacute; menos, fu&eacute; reuniendo econom&iacute;as,
+pues deseaba hacerse perdonar con su generosidad el retraso en el pago
+de la deuda. Al mismo tiempo buscaba un hombre que se encargase de ir &aacute;
+depositar la cantidad sobre la tumba del desierto.</p>
+
+<p>Por m&aacute;s averiguaciones que hizo en los diversos campamentos salitreros y
+por m&aacute;s que escribi&oacute; &aacute; los camaradas que ten&iacute;a en otros puertos del
+Pac&iacute;fico, no pudo encontrar un viajero que se propusiera volver al Norte
+de la Argentina siguiendo el desierto de Atacama.</p>
+
+<p>&laquo;Tendr&eacute; que enviar un hombre &aacute; mis expensas&mdash;pens&oacute;&mdash;. Esto ser&aacute; caro,
+pero no importa; lo principal es dormir con tranquilidad y que no se me
+aparezca la pobre difunta llevando el ni&ntilde;o de la mano....&raquo;</p>
+
+<p>&iexcl;Ay, el ni&ntilde;o, con su llanto silencioso y su carita de muerto!... Este
+era el que le aterraba m&aacute;s en la l&uacute;gubre visi&oacute;n. La mujer le infund&iacute;a
+respeto, pero no miedo; mientras que solamente al recordar el llanto
+extra&ntilde;o del hijo, sent&iacute;a correr un espeluznamiento da pavor por todo su
+cuerpo. Era necesario redoblar su trabajo para reunir el dinero y
+encontrar &aacute; un hombre que lo llevase hasta la tumba....</p>
+
+<p>Y este hombre lo encontr&oacute; al fin.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>Era un chileno viejo llamado se&ntilde;or Juanito; pero las gentes del pa&iacute;s,
+siempre predispuestas &aacute; cortar las palabras, s&oacute;lo dejaban dos letras del
+tratamiento respetuoso &aacute; que su edad le daba derecho, llam&aacute;ndole <i>&ntilde;o</i>
+Juanito.</p>
+
+<p>Siempre que abr&iacute;a su boca dejaba sumido &aacute; Ovejero en una resignada
+humildad. Su admiraci&oacute;n por el viejo era tan grande, que consider&oacute;
+detalle de poca importancia el hecho de que no hubiese atravesado nunca
+la Puna de Atacama, ni conociera el lugar donde estaba el sepulcro de la
+difunta Correa. Un hombre de sus m&eacute;ritos s&oacute;lo necesitaba unas cuantas
+explicaciones para hacer lo que le encargasen, aunque fuera en el otro
+extremo del planeta.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a vivido en la perpetua man&iacute;a ambulatoria de algunos &laquo;rotos&raquo;
+chilenos, que llevan de la infancia &aacute; la muerte una existencia
+vagabunda. Deleitaba &aacute; Rosalindo cont&aacute;ndole sus andanzas en el Jap&oacute;n, su
+vida de marinero &aacute; bordo de la flota turca y sus expediciones siendo
+ni&ntilde;o &aacute; la California, en compa&ntilde;&iacute;a de su padre, cuando la fiebre del oro
+arrastraba all&aacute; &aacute; gentes de todos los pa&iacute;ses. &iexcl;Lo que pod&iacute;a importarle &aacute;
+un hombre de su temple lanzarse por la Puna de Atacama, hasta dar con la
+tumba de la difunta Correa!... Cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles ten&iacute;a en su historia,
+y no iba &aacute; ser la primera ni la d&eacute;cima vez que atravesase los Andes,
+pues lo hab&iacute;a hecho hasta en pleno invierno, cuando los senderos quedan
+borrados por la nieve y ni los animales se atreven &aacute; salvar la inmensa
+barrera cubierta de blanco.</p>
+
+<p>Escuchaba con impaciencia los detalles facilitados por Rosalindo, al que
+llamaba siempre &laquo;el cuyano&raquo;, apodo que los chilenos dan &aacute; los
+argentinos.</p>
+
+<p>&mdash;No a&ntilde;adas m&aacute;s&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Desde aqu&iacute; veo con los ojitos cerrados el
+rumbo que hay que seguir y la sepultura de la difunta, como si no
+hubiese visto otra cosa en mi vida.... Pero hablemos de cosas m&aacute;s
+interesantes, &laquo;cuyano&raquo;.... &iquest;Cu&aacute;nto piensas enviar &aacute; esa pobre se&ntilde;ora?</p>
+
+<p>El gaucho, teniendo en cuenta lo que iba &aacute; costarle el mensajero,
+insist&iacute;a en repetir un env&iacute;o de treinta pesos. Pero <i>&ntilde;o</i> Juanito
+protestaba de la cifra, juzg&aacute;ndola mezquina.</p>
+
+<p>&mdash;Piensa que la difunta te est&aacute; aguardando hace muchos meses. &iexcl;A saber
+lo que llevar&aacute; penado en el Purgatorio por no haber recibido tu dinero &aacute;
+tiempo! Tal vez le faltaban unas misas nada m&aacute;s para irse &aacute; la gloria, y
+t&uacute; se las has retardado.... Creo, &laquo;cuyano&raquo;, que deber&iacute;as rajarte hasta
+cincuenta pesos.</p>
+
+<p>Rosalindo acab&oacute; por aceptar la cifra, ya que este desembolso iba &aacute;
+librarle de nuevos encuentros con la difunta.</p>
+
+<p>M&aacute;s dif&iacute;cil fu&eacute; llegar &aacute; un acuerdo con <i>&ntilde;o</i> Juanito sobre sus gastos de
+viaje.</p>
+
+<p>Por menos de cien pesos no se mov&iacute;a de su tierra natal. El era muy
+patriota, y como estaba viejo, s&oacute;lo por una suma decente pod&iacute;a correr
+el riesgo de que lo enterrasen fuera de Chile. Adem&aacute;s, era justo que &laquo;el
+cuyano&raquo; lo indemnizara por los grandes perjuicios profesionales que iba
+&aacute; sufrir. Y enumer&oacute; todas las tabernas, llamadas &laquo;pulper&iacute;as&raquo;, y todas
+las casas &laquo;de remolienda&raquo; donde por la noche tocaba la guitarra cantando
+<i>cuecas</i> y relatando cuentos verdes.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; mismo puedes ver c&oacute;mo buscan en todas partes &aacute; <i>&ntilde;o</i> Juanito, y eso
+te permitir&aacute; apreciar el dinero que pierdo por servirte.... Pero lo hago
+con gusto porque me eres simp&aacute;tico, &laquo;cuyano&raquo;.</p>
+
+<p>Y el gaucho, convencido de que no deb&iacute;a insistir, se dedic&oacute; &aacute; juntar la
+cantidad acordada, para que el viaje se realizase cuanto antes.</p>
+
+<p>Al fin entreg&oacute; un d&iacute;a los ciento cincuenta pesos &aacute; <i>&ntilde;o</i> Juanito.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana mismo&mdash;dijo el viejo&mdash;salgo para la Puna, y recto, recto, me
+planto no m&aacute;s en la tumba de esa se&ntilde;ora. No a&ntilde;adas explicaciones;
+conozco la traves&iacute;a. Antes de un mes me tienes aqu&iacute; con el recibo.</p>
+
+<p>Y se march&oacute;.</p>
+
+<p>Ovejero pas&oacute; unos d&iacute;as en pl&aacute;cida tranquilidad. Segu&iacute;a bebiendo, pero
+esto no le imped&iacute;a trabajar briosamente, pues le era necesario reunir
+nuevas econom&iacute;as despu&eacute;s de permitirse el lujo de enviar un emisario
+especial al desierto de Atacama. Aunque volvi&oacute; muchas noches &aacute; su
+casucha tambale&aacute;ndose &oacute; apoyado en el brazo de un compa&ntilde;ero, jam&aacute;s le
+sal&iacute;a al encuentro la mujer del manto negro llevando el ni&ntilde;o de una
+mano. Tampoco despertaba &aacute; sus camaradas durante la noche con los
+mon&oacute;logos de un ensue&ntilde;o violento.</p>
+
+<p>Transcurri&oacute; un mes sin que regresase el viejo. Rosalindo no se alarm&oacute;
+por esta tardanza. El tal <i>&ntilde;o</i> Juanito era un aventurero aficionado &aacute;
+cambiar de tierras, y tal vez hab&iacute;a encontrado la de Salta muy &aacute; su
+gusto y andaba por las casas &laquo;de alegr&iacute;a&raquo; de la ciudad ta&ntilde;endo su
+guitarra y haciendo bailar la <i>chilenita</i> &aacute; las mestizas hermosotas.
+Pero al transcurrir el segundo mes sin que llegase carta, Ovejero se
+mostr&oacute; inquieto.</p>
+
+<p>Precisamente as&iacute; que perdi&oacute; su tranquilidad, la mujer del manto con el
+ni&ntilde;o al lado volvi&oacute; &aacute; aparec&eacute;rsele. Ten&iacute;a los ojos m&aacute;s redondos y m&aacute;s
+ardientes que antes. Su cara era m&aacute;s enjuta y cobriza, como si estuviese
+tostada por las llamas del Purgatorio. Y el ni&ntilde;o.... &iexcl;ay, el ni&ntilde;o! El
+gaucho no pod&iacute;a mirarle sin un estremecimiento de terror.</p>
+
+<p>En vano habl&oacute; &aacute; gritos para que le entendiese esta mujer que parec&iacute;a
+sorda y muda, concentrando toda su vida en la mirada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ocurre, se&ntilde;ora?... Yo he enviado el dinero. &iquest;No ha visto usted &aacute;
+<i>&ntilde;o</i> Juanito?</p>
+
+<p>Pero un estallido de maldiciones le cort&oacute; la palabra, haciendo huir &aacute; la
+visi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;llate, &laquo;cuyano&raquo; del demonio!&mdash;le gritaban los compa&ntilde;eros de
+alojamiento&mdash;. Ya est&aacute;s hablando otra vez de la difunta y de la
+plata.... &iquest;Es que mataste alguna mujer all&aacute; en tu tierra, antes de
+venirte aqu&iacute;?</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, Rosalindo estaba tan preocupado que no acudi&oacute; al
+trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;Algo pasa que yo no s&eacute;&mdash;se dec&iacute;a&mdash;. &iquest;Habr&aacute;n matado a <i>&ntilde;o</i> Juanito, lo
+mismo que mataron al otro?...</p>
+
+<p>Como necesitaba adquirir noticias del ausente, se fu&eacute; al puerto de
+Antofagasta, donde el viejo chileno ten&iacute;a numerosos amigos.</p>
+
+<p>Le bast&oacute; hablar con uno de ellos para convencerse de que <i>&ntilde;o</i> Juanito no
+hab&iacute;a muerto y estaba &aacute; estas horas en pleno goce de su salud y su
+alegr&iacute;a vagabundas. La misma persona empez&oacute; &aacute; reir cuando &laquo;el cuyano&raquo; le
+habl&oacute; de la marcha audaz del viejo &aacute; trav&eacute;s de la Puna de Atacama. Ya
+no ten&iacute;a piernas <i>&ntilde;o</i> Juanito para tales aventuras terrestres, y por eso
+sin duda hab&iacute;a preferido embarcarse con direcci&oacute;n al Sur en uno de los
+vapores chilenos que hacen las escalas del Pac&iacute;fico. Seg&uacute;n las &uacute;ltimas
+noticias, &eacute;l y su guitarra vagaban por Valpara&iacute;so, para mayor delicia de
+los marineros que frecuentan las casas alegres.</p>
+
+<p>Rosalindo lament&oacute; que Valpara&iacute;so no estuviese m&aacute;s cerca, para
+interrumpir las <i>cuecas</i> cantadas por el viejo con una pu&ntilde;alada igual &aacute;
+la que le hab&iacute;a hecho huir de Salta.... El sacrificio de los ciento
+cincuenta pesos resultaba in&uacute;til, y la difunta vendr&iacute;a &aacute; turbar de nuevo
+sus noches con aquella presencia muda que parec&iacute;a absorber su fuerza
+vital, dej&aacute;ndole al d&iacute;a siguiente anonadado por una dolencia
+inexplicable.</p>
+
+<p>Acudi&oacute; fielmente la muerta &aacute; esta cita que &eacute;l mismo la hab&iacute;a dado en su
+imaginaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Todas las noches le esper&oacute; en el camino, entre el caf&eacute; y su alojamiento,
+desliz&aacute;ndose luego en &eacute;ste, &aacute; pesar de que el gaucho se apresuraba &aacute;
+cerrar la puerta, d&aacute;ndose con ella en los talones. &iexcl;Imposible librarse
+de su presencia y de la de aquel ni&ntilde;o, cuya cara de muerto segu&iacute;a
+espant&aacute;ndole &aacute; trav&eacute;s de sus p&aacute;rpados cerrados!...</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&eacute; que ir yo mismo&mdash;se dijo con desesperaci&oacute;n&mdash;. Debo hacer ese
+viaje, aunque me siento enfermo y sin fuerzas. Es preciso.... es
+preciso.</p>
+
+<p>Pero retardaba el momento de la partida, por flojedad f&iacute;sica y por la
+atracci&oacute;n de un pa&iacute;s en el que ganaba desahogadamente el dinero y no se
+sent&iacute;a perseguido por los hombres.</p>
+
+<p>Acab&oacute; por familiarizarse con la terrible visi&oacute;n que le esperaba todas
+las noches. Cuando por casualidad estaba menos ebrio y la mujer del
+manto y su ni&ntilde;o tardaban en presentarse, el gaucho experimentaba cierta
+decepci&oacute;n.</p>
+
+<p>Una noche, con gran sorpresa suya, no vi&oacute; &aacute; la difunta y &aacute; su peque&ntilde;o.
+Permaneci&oacute; despierto en su cama hasta el amanecer, aguardando en vano la
+terrible visita.</p>
+
+<p>&laquo;Va &aacute; venir&raquo;, pensaba, encontrando incomprensible esta ausencia,
+mientras en torno de &eacute;l roncaban los compa&ntilde;eros exhalando un vaho
+alcoh&oacute;lico.</p>
+
+<p>La tranquilidad de la noche acab&oacute; por infundirle un nuevo miedo, m&aacute;s
+intenso que todos los que llevaba sufridos.</p>
+
+<p>Adivin&oacute; que iba &aacute; pasar algo extraordinario, algo inconcebible, cuyo
+misterio aumentaba su pavor.</p>
+
+<p>Y as&iacute; fu&eacute;.</p>
+
+<p>A la noche siguiente, una mujer le esperaba en el mismo lugar donde
+otras veces hab&iacute;a salido &aacute; su encuentro la difunta Correa. Pero esta
+mujer no estaba envuelta en un manto negro ni la acompa&ntilde;aba un ni&ntilde;o.
+Avanz&oacute; sola hacia &eacute;l, y al estar cerca, sac&oacute; un brazo que llevaba oculto
+en la espalda, mostrando pendiente de la mano una luz.</p>
+
+<p>Rosalindo la reconoci&oacute;, aunque no la hab&iacute;a visto nunca. Era la &laquo;Viuda
+del farolito&raquo; y al mismo tiempo era tambi&eacute;n la difunta Correa.</p>
+
+<p>El brazo seco y verdoso, que parec&iacute;a interminable, se extendi&oacute; ante &eacute;l,
+sirviendo de sost&eacute;n &aacute; un farol rojizo que empez&oacute; &aacute; balancearse.... Y
+sintiendo el empuj&oacute;n de una fuerza irresistible, el gancho march&oacute; hacia
+su alojamiento, iluminado por la linterna danzante, que esparc&iacute;a en
+torno un remolino de manchas sangrientas y f&uacute;nebres harapos.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en la casa, y la luz tras de &eacute;l. Se tendi&oacute; en la cama, y el farol
+qued&oacute; inm&oacute;vil ante sus ojos. M&aacute;s all&aacute; de su resplandor columbr&oacute; en la
+penumbra el rostro de la &laquo;viuda&raquo;, que era el mismo de la difunta, pero
+no inm&oacute;vil y severo, sino maligno, con una risa devoradora.</p>
+
+<p>Al fin, el hombre empez&oacute; &aacute; gritar, tembloroso de miedo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo pagar&eacute;! &iexcl;Es la falta de los otros!... Pero &iexcl;por Dios, apague el
+farol; que yo no vea esa luz!</p>
+
+<p>Y como en las noches anteriores, los durmientes se despertaron lanzando
+juramentos; mas &aacute; pesar de sus protestas, Rosalindo sigui&oacute; viendo &aacute; la
+&laquo;Viuda del farolito&raquo; y su terrible luz.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah&iacute;! &iexcl;ah&iacute;!&mdash;gritaba despavorido, se&ntilde;alando al invisible fantasma.</p>
+
+<p>Las camaradas convinieron en la necesidad de obligar &aacute; este loco &aacute; que
+buscase otro alojamiento; pero la expulsi&oacute;n no impresion&oacute; gran cosa &aacute;
+Rosalindo. &iexcl;Para lo que le quedaba de vivir all&iacute;!... Ya que era
+imposible hacer llegar hasta la tumba de su acreedora el dinero
+prestado, ir&iacute;a &eacute;l mismo &aacute; pagar su deuda.</p>
+
+<p>Inmediatamente abandon&oacute; el trabajo &eacute; hizo sus preparativos de viaje. El
+tiempo no era propicio para emprender la traves&iacute;a de la Cordillera por
+el desierto de Atacama. Iba &aacute; empezar el invierno. Pero Rosalindo mov&iacute;a
+la cabeza de un modo ambiguo cuando le aconsejaban que desistiese del
+viaje. Los otros no pod&iacute;an adivinar que su resoluci&oacute;n no aceptaba
+demoras.</p>
+
+<p>La &laquo;Viuda del farolito&raquo; era una bruja implacable, y su aparici&oacute;n
+significaba un plazo mortal. El que la encontraba deb&iacute;a perecer antes de
+un a&ntilde;o. Pero &eacute;l ten&iacute;a la esperanza de que si iba &aacute; pagar su deuda
+inmediatamente la amenaza quedar&iacute;a sin efecto. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a castigarle
+la bruja despu&eacute;s de haber cumplido su compromiso?</p>
+
+<p>La falta de voluntad, consecuencia de su embriaguez, le hizo demorar el
+viaje algunas semanas. Sus compa&ntilde;eros de alojamiento toleraban que
+continuase entre ellos, con la esperanza de que partir&iacute;a de un momento &aacute;
+otro. Transcurri&oacute; el tiempo sin que volvieran &aacute; presentarse la enlutada
+con el ni&ntilde;o, ni la viuda con el farol. Ovejero beb&iacute;a y su embriaguez no
+se poblaba de visiones. Pero una noche di&oacute; un alarido de hombre
+asesinado que despert&oacute; &aacute; sus camaradas.</p>
+
+<p>No ve&iacute;a &aacute; nadie, pero unas manos ocultas en la sombra tiraban de una de
+sus piernas con fuerza sobrenatural. Hasta crey&oacute; o&iacute;r el crujido de sus
+m&uacute;sculos y sus huesos. A pesar de que los amigos rodeaban su cama las
+manos invisibles siguieron tirando de la pierna, mientras &eacute;l lanzaba
+rugidos de suplicio.</p>
+
+<p>En la noche siguiente se repiti&oacute; la misma tortura, acabando con la
+quebrantada energ&iacute;a del gaucho. Sinti&oacute; un terror pueril al pensar que
+este suplicio pod&iacute;a repetirse todas las noches. Se acordaba de lo que
+hab&iacute;a o&iacute;do contar sobre los tormentos que la justicia aplicaba en otros
+siglos &aacute; los hombres. Iba &aacute; perecer descuartizado por aquellas manos
+invisibles que le oprim&iacute;an como tenazas, tirando de sus miembros hasta
+hacerlos crujir.</p>
+
+<p>No dud&oacute; ya en emprender el viaje. Necesitaba ir &aacute; la tumba del desierto,
+no s&oacute;lo para recobrar su tranquilidad; le era m&aacute;s urgente a&uacute;n librarse
+del dolor y de la muerte.</p>
+
+<p>Malvendi&oacute; todos los objetos que hab&iacute;a adquirido en su &eacute;poca de
+abundancia, cuando no sab&iacute;a en qu&eacute; emplear los valiosos jornales; cobr&oacute;
+varios pr&eacute;stamos hechos &aacute; ciertos amigos y de los que no se acordaba
+semanas antes. As&iacute; pudo comprar v&iacute;veres y una mula vieja considerada
+in&uacute;til para el acarreo del salitre.</p>
+
+<p>Los due&ntilde;os de las &laquo;pulper&iacute;as&raquo; enclavadas en la vertiente de los Andes
+sobre el Pac&iacute;fico le vieron pasar hacia la Puna de Atacama con su mula
+decr&eacute;pita pero todav&iacute;a animosa. Ten&iacute;a la energ&iacute;a de los animales
+humildes, que hasta el &uacute;ltimo momento de su existencia aceptan la
+esclavitud del trabajo. En vano aquellos hombres dieron consejos al
+gaucho para que volviese atr&aacute;s. Un viento glacial soplaba en la desierta
+extensi&oacute;n de la altiplanicie. Los &uacute;ltimos arrieros que acababan de bajar
+de la Puna declaraban el paso inaccesible para los que vinieran detr&aacute;s
+de ellos. Rosalindo segu&iacute;a adelante.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a encontr&oacute; en los senderos de la vertiente del Pac&iacute;fico &aacute; un
+arriero boliviano, con poncho rojo y sombrero de piel, que guiaba una
+fila de llamas, cada una con dos paquetes en los lomos. Ven&iacute;a huyendo de
+los huracanes de la altiplanicie.</p>
+
+<p>&mdash;No pase&mdash;dijo el indio&mdash;. Cr&eacute;ame y siga camino conmigo. All&aacute; arriba es
+imposible que pueda vivir un cristiano. El diablo se ha quedado de se&ntilde;or
+para todo el invierno.</p>
+
+<p>Pero Ovejero necesitaba ir al encuentro del diablo, para hacerse amigo
+de &eacute;l y que no lo atormentase m&aacute;s.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; adelante, hasta llegar &aacute; la terrible Puna. Entr&oacute; en el inmenso
+desierto sin agua y sin vegetaci&oacute;n. Se infund&iacute;a valor comparando su
+viaje actual con el que hab&iacute;a hecho dos a&ntilde;os antes. Ahora no iba solo.
+Una mula llevaba los v&iacute;veres necesarios para un mes de viaje. Adem&aacute;s,
+pod&iacute;a montar en ella al sentirse cansado, por ser actualmente sus
+jornadas m&aacute;s largas que cuando pas&oacute; &aacute; pie por estos mismos sitios....
+Pero &iexcl;ay! entonces, aunque no ten&iacute;a v&iacute;veres, contaba con el vigor de la
+coca, &oacute; mejor dicho, con la fuerza de una juventud sana que hab&iacute;a ido
+disolvi&eacute;ndose all&aacute; abajo, en la orilla del mar.</p>
+
+<p>Le envolvieron los huracanes fr&iacute;os de la altiplanicie, que parec&iacute;an
+levantados por las alas de aquel demonio glacial, se&ntilde;or del desierto,
+de que hablaba el indio boliviano. La mula se negaba algunas veces &aacute;
+marchar, temiendo que el hurac&aacute;n la echase al suelo; pero el gaucho se
+agarraba &aacute; su lomo para no verse derribado igualmente por el viento y
+pinchaba al animal con la punta del cuchillo, oblig&aacute;ndola as&iacute; &aacute; reanudar
+su trote.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Adelante! &iexcl;adelante!&raquo; Marchaba como un son&aacute;mbulo, concentrando toda su
+voluntad en el deseo de llegar pronto &aacute; la tumba.</p>
+
+<p>Pas&oacute; d&iacute;as enteros sin tocar las alforjas de v&iacute;veres. No sent&iacute;a hambre, y
+detenerse &aacute; comer representaba una p&eacute;rdida de tiempo. Hac&iacute;a alto al
+cerrar la noche para no perderse en la obscuridad; pero apenas se
+extend&iacute;an las primeras luces del amanecer sobre este mundo desierto,
+reanudaba la marcha. Su pan se lo pasaba &aacute; la mula, d&aacute;ndole adem&aacute;s
+generosamente los piensos guardados en un saco sobre las ancas del
+animal. Pod&iacute;a comerlos todos: lo importante era que continuase
+marchando.... Pero una ma&ntilde;ana, en mitad de la jornada, cuando Ovejero se
+cre&iacute;a cerca de la tumba, el animal dobl&oacute; sus patas y acab&oacute; por tenderse
+en el suelo. Fu&eacute; in&uacute;til que lo golpease; y al fin, comprendiendo que no
+podr&iacute;a contar m&aacute;s con su auxilio, el hombre sigui&oacute; adelante. Volver&iacute;a al
+d&iacute;a siguiente para recoger lo que a&uacute;n quedaba en las alforjas. Por el
+momento, lo urgente era llegar hasta la difunta Correa.</p>
+
+<p>Al marchar solo, sin el resguardo proporcionado por el cuerpo de la
+mula, se vi&oacute; envuelto en las trombas que giraban sobre la desolada
+inmensidad, levantando columnas de una arena cortante, polvo de rocas.
+Repetidas veces tuvo que tenderse, no pudiendo resistir el empuje de los
+torbellinos. En una de ellas, sinti&oacute; que el viento tiraba de sus piernas
+poni&eacute;ndolas verticales, mientras &eacute;l se manten&iacute;a agarrado &aacute; un pedrusco.</p>
+
+<p>Era tal su voluntad de avanzar, que march&oacute; &aacute; gatas, aprovechando los
+intervalos entre las r&aacute;fagas. Hubo una larga calma, y entonces camin&oacute;
+verticalmente, reconociendo algunos detalles del paisaje que indicaban
+la proximidad del lugar buscado por &eacute;l.</p>
+
+<p>Consideraba como una salvaci&oacute;n poder marchar incesantemente. El fr&iacute;o de
+la altiplanicie hab&iacute;a penetrado hasta sus huesos, dej&aacute;ndole yertos los
+brazos. En torno de su boca el aliento se convert&iacute;a en escarcha. Los
+pelos de su bigote y de su barba se hab&iacute;an engruesado con una costra de
+hielo. Todo el calor de su vida parec&iacute;a concentrarse en su cabeza y sus
+piernas.</p>
+
+<p>Ya distingu&iacute;a la fila de pedruscos semejante &aacute; las ruinas de una pared.
+Despu&eacute;s vi&oacute; el mont&oacute;n que formaba la tumba y los dos maderos en cruz.</p>
+
+<p>Empezaba &aacute; soplar de nuevo el hurac&aacute;n cuando lleg&oacute; ante el r&uacute;stico
+mausoleo del desierto. Pero el gaucho parec&iacute;a insensible &aacute; las
+ferocidades de la atm&oacute;sfera y de la tierra. Toda su atenci&oacute;n la
+concentraba en sus ojos, y vi&oacute; al pie de la cruz el mismo bote que
+serv&iacute;a para recoger las limosnas, la misma piedra que ocupaba su fondo
+para sostenerlo, todo igual que dos a&ntilde;os antes. &Uacute;nicamente la vasija
+ten&iacute;a su metal m&aacute;s oxidado y tal vez la piedra que la sujetaba no era la
+misma.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Al fin!...&raquo; &iexcl;C&oacute;mo hab&iacute;a deseado este momento!... Intent&oacute; quitarse el
+sombrero antes de hablar con la difunta, pero no pudo. No ten&iacute;a manos,
+ni tampoco brazos. Pend&iacute;an de sus hombros, pero ya no eran de &eacute;l.</p>
+
+<p>Consider&oacute; como un detalle insignificante permanecer con el sombrero
+calado, y quiso hablar. Pero aunque hizo un esfuerzo extraordinario, no
+sali&oacute; de su boca el m&aacute;s leve sonido. Tampoco di&oacute; importancia &aacute; este
+accidente. Su pensamiento no estaba mudo, y bastar&iacute;a para que &eacute;l y la
+difunta se entendiesen.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; estoy, difunta Correa&mdash;dijo mentalmente&mdash;. He tardado un poco,
+pero no fu&eacute; por mi culpa: bien lo sabe usted y su hijito. Traigo el
+pr&eacute;stamo, con los intereses que le promet&iacute;. Son cuarenta pesos.... No he
+podido traer m&aacute;s.... Me ha sido imposible juntar m&aacute;s....</p>
+
+<p>Fu&eacute; &aacute; sacarlos de su cinto para que los viese la difunta, deposit&aacute;ndolos
+despu&eacute;s bajo la piedra, en el mismo lugar donde dej&oacute; su recibo, pero sus
+manos le hab&iacute;an abandonado. Hizo un esfuerzo desgarrador, sin conseguir
+tampoco que sus brazos se moviesen. &iexcl;Muertos para siempre!... La misma
+par&aacute;lisis hab&iacute;a empezado &aacute; extenderse por sus piernas al quedar
+inm&oacute;viles, sin el c&aacute;lido aceleramiento de la marcha.</p>
+
+<p>De pronto se doblaron y cay&oacute; de rodillas. Luego, sin saber por qu&eacute;, y
+contra el mandato de su voluntad, que le gritaba: &laquo;&iexcl;No te tiendas! &iexcl;no
+te entregues!&raquo;, se fu&eacute; acostando lentamente, como si la tierra tirase de
+&eacute;l proporcion&aacute;ndole una voluptuosidad dolorosa.</p>
+
+<p>Quer&iacute;a dormir, pero al mismo tiempo el deseo de dejar bien claras las
+cuentas le hizo continuar sus explicaciones mentales. &Eacute;l hab&iacute;a tra&iacute;do el
+dinero: &iquest;por qu&eacute; no quer&iacute;a aceptarlo la difunta? &laquo;Le digo,
+se&ntilde;ora&mdash;continu&oacute;&mdash;, que no fu&eacute; culpa m&iacute;a. Me enga&ntilde;aron todos los que yo
+envi&eacute; cuando era tiempo.... Pero &iquest;es que no quiere usted escucharme?...&raquo;</p>
+
+<p>Not&oacute; repentinamente que alguien le o&iacute;a. Un ser viviente hab&iacute;a surgido
+entre las piedras de la tumba, y avanzaba hacia &eacute;l arrastr&aacute;ndose. Esta
+manera de moverse no le pareci&oacute; extraordinaria. Tambi&eacute;n &eacute;l viv&iacute;a en este
+momento &aacute; ras de tierra.</p>
+
+<p>Como le era imposible levantar su cabeza del suelo, oy&oacute; c&oacute;mo se
+aproximaba aquel ser viviente, pero sin poder verlo. Deb&iacute;a ser la
+difunta Correa, que, apiadada de su inmovilidad, hab&iacute;a abandonado la
+tumba para tomarle el dinero del cinto. Tal vez ven&iacute;a con ella la
+&laquo;Viuda del farolito&raquo;.</p>
+
+<p>Escuch&oacute; tambi&eacute;n cierto ruido de dilataci&oacute;n, semejante al bostezo de un
+hambre larga y fiera. Pens&oacute;, con un estremecimiento mortal, si estas dos
+larvas implacables se arrastrar&iacute;an hacia &eacute;l para chupar su sangre,
+adquiriendo de este modo un nuevo vigor que les permitiera seguir
+apareci&eacute;ndose &aacute; los hombres.</p>
+
+<p>Algo enorme y obscuro se interpuso entre su cara y la luz del desierto
+invernal. El gaucho vi&oacute; unos ojos redondos junto &aacute; sus propios ojos, que
+parec&iacute;an mirarse en el fondo de sus pupilas. Se acord&oacute; de las miradas
+fijas y ardientes de la difunta. &Eacute;stas ten&iacute;an el mismo fulgor
+amenazante, pero no eran negras, sino verdes y con reflejos dorados.</p>
+
+<p>Inmediatamente son&oacute; &aacute; un lado de su cr&aacute;neo un rugido, que retumb&oacute; para
+&eacute;l como un trueno capaz de conmover todo el desierto.</p>
+
+<p>Se abri&oacute; ante sus pupilas un abismo invertido de color de p&uacute;rpura, con
+espumas babeantes y erizado de conos de marfil, unos agudos, otros
+retorcidos. Al mismo tiempo, sobre su pecho cayeron dos columnas duras
+como el hueso, apret&aacute;ndole contra la tierra, manteni&eacute;ndolo en la
+inmovilidad de la presa vencida....</p>
+
+<p>Era el puma.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="EL_MONSTRUO" id="EL_MONSTRUO"></a><a href="#capitulos">EL MONSTRUO</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Durante una semana, de cinco &aacute; siete de la tarde, el &laquo;todo Par&iacute;s&raquo; de los
+t&eacute; tango y los t&eacute;s donde simplemente se murmura habl&oacute; con insistencia
+del casamiento de Mauricio Delfour&mdash;heredero de la casa Delfour y
+Compa&ntilde;&iacute;a, 250 millones de capital&mdash;con la bella Odette Marsac, nieta de
+un parlamentario c&eacute;lebre y casi olvidado que hab&iacute;a sido candidato dos
+veces &aacute; la presidencia de la Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>El matrimonio de un rey de la industria con una princesa republicana no
+es un suceso extraordinario en la vida de Par&iacute;s, y s&oacute;lo da motivo para
+media hora de conversaci&oacute;n. &iexcl;Pero estos dos eran tan interesantes!...</p>
+
+<p>&Eacute;l hab&iacute;a cruzado muchos ensue&ntilde;os femeninos como la personificaci&oacute;n de
+todas las gracias y sabidur&iacute;as humanas: copa de honor en carreras de
+jinetes <i>chic</i>, copa de honor en innumerables concursos de esgrima y
+tiro de pich&oacute;n, copa de honor en la gran lucha de autom&oacute;viles
+Par&iacute;s-N&aacute;poles. Su despacho iba tomando aspecto de comedor por el n&uacute;mero
+de vasijas gloriosas que se alineaban sobre los muebles.</p>
+
+<p>Ahora a&ntilde;ad&iacute;a &aacute; sus triunfos corporales cierto prestigio de hombre de
+ciencia, dedic&aacute;ndose &aacute; la aviaci&oacute;n, volando casi todas las semanas, y
+frunciendo el ce&ntilde;o con aire misterioso cuando alguien hablaba en su
+presencia de problemas de mec&aacute;nica.</p>
+
+<p>Ella era Odette para sus amigas, la incomparable Odette, y para el resto
+del mundo mademoiselle Marsac, un nombre famoso, pues figuraba en todas
+las cr&oacute;nicas elegantes, en todos los estrenos, en todas las revistas de
+modas.</p>
+
+<p>Los meditabundos y sublimes modistos de la <i>rue de la Paix</i> contaban con
+ella para lanzar en las grandes solemnidades de la vida parisi&eacute;n sus
+innovaciones de artista calenturiento. Su cuerpo incomparable hac&iacute;a
+palidecer y suspirar &aacute; las mujeres: cincuenta y dos kilos de peso; un
+escote &laquo;ideal&raquo;; las clav&iacute;culas marcando sus elegantes aristas como si
+fuesen un z&oacute;calo de la fr&aacute;gil columna del cuello; los omoplatos
+despeg&aacute;ndose de la espalda lo mismo que alas nacientes; las piernas
+largas y casi rectas asomando tranquilas, sin miedo &aacute; la tentaci&oacute;n, por
+el borde de la falda; una capa de substancia carnal repartida con
+parsimonia para recubrir solamente las rudezas del interno andamiaje; un
+cuerpo casi &laquo;a&eacute;reo&raquo;, un pretexto para que los vestidos contuviesen algo
+en su interior y no se movieran solos. Y sobre este organismo
+supremamente distinguido un rostro alargado por el ment&oacute;n en punta, con
+un peque&ntilde;o redondel rojo, la boca; dos almendras enormes y negras, los
+ojos; dos tirabuzones sobre las orejas iguales &aacute; las patillas de un
+&laquo;toreador&raquo;, y una torre de pelo mixto, con rizos propios y ajenos. La
+Venus moderna, tal como la adora en sus geniales ensue&ntilde;os un iluminador
+de figurines.</p>
+
+<p>A principios de 1914, un nuevo <i>sport</i> hab&iacute;a enloquecido &aacute; todas las
+gentes distinguidas de Par&iacute;s y de las capitales de Europa y Am&eacute;rica que
+forman sus arrabales. El mundo decente mov&iacute;a las caderas bailando el
+tango. Y &aacute; la cabeza de esta humanidad &laquo;tangueante&raquo; figuraron Mauricio y
+Odette.</p>
+
+<p>El se hab&iacute;a encerrado con un profesor argentino, jurando &aacute; los dioses no
+volver &aacute; la luz hasta poseer esta nueva ciencia, como pose&iacute;a las otras.
+Y una tarde empez&oacute; &aacute; recibir la admiraci&oacute;n del mundo, moviendo sus
+acharolados pies con altos tacones, su talle encorsetado por el ce&ntilde;ido
+<i>chaquet</i>, su cabeza de brillante laca con el pelo r&iacute;gido y echado
+atr&aacute;s, bajo las l&aacute;mparas el&eacute;ctricas de un hotel de los Campos El&iacute;seos.</p>
+
+<p>Ella compart&iacute;a la misma admiraci&oacute;n en otro extremo de la escena, y los
+dos se buscaron con la atracci&oacute;n de dos astros que se presienten, con el
+irresistible impulso de dos afinidades electivas, para no separarse m&aacute;s.</p>
+
+<p>Bailaron en adelante el uno para el otro. Imposible encontrar el ritmo
+sublime en brazos distintos. Y sin romper el misterioso silencio de la
+danza sagrada, mientras se contoneaban, graves y meditabundos, con todas
+las potencias intelectuales fijas en el movimiento de los pies,
+reconocieron los dos la necesidad de no perder la pareja para seguir
+bailando eternamente.</p>
+
+<p>As&iacute; se amaron, as&iacute; se casaron, y el &laquo;todo Par&iacute;s&raquo; se levant&oacute; una ma&ntilde;ana
+dos horas antes que de costumbre para asistir &aacute; una ceremonia nupcial
+adornada con la presencia de todos los poderosos de la industria y un
+sinn&uacute;mero de personajes pol&iacute;ticos, amigos del abuelo de la desposada.</p>
+
+<p>El amor id&iacute;lico de los reci&eacute;n casados no ofrec&iacute;a dudas. Mauricio hab&iacute;a
+procedido como un verdadero enamorado, diciendo &iexcl;adi&oacute;s!, sin esperanza
+de retorno, &aacute; sus varias amantes, sacerdotisas de las m&aacute;s nobles artes:
+la comedia, la &oacute;pera y el baile. &iexcl;Se acabaron las locuras! Su mujercita
+y los estudios serios nada m&aacute;s. Ella segu&iacute;a coqueteando como antes, pero
+por costumbre, sin dar pretexto &aacute; osados avances, queriendo a&ntilde;adir &aacute; la
+felicidad del esposo el incentivo del peligro.</p>
+
+<p>Hab&iacute;an instalado su dicha en el hotel de los Delfour, suntuoso edificio
+elevado por el primer millonario de la familia junto al parque Monceau,
+entre las viviendas de sus compa&ntilde;eros de riqueza y con la fachada
+posterior sobre el mismo jard&iacute;n. La viuda Delfour se refugi&oacute; en el
+&uacute;ltimo piso con los muebles de su antiguo esplendor, dejando libre el
+resto de la casa &aacute; su hijo y su nuera, para que &eacute;sta pudiese satisfacer
+sin obst&aacute;culo sus gustos decorativos.</p>
+
+<p>Todas las fantas&iacute;as &eacute; incoherencias del estilo bizantino-persa, incubado
+en Munich, hicieron irrupci&oacute;n en esta casa de salones rojos y dorados &eacute;
+imponentes siller&iacute;as del tiempo de Napole&oacute;n III.</p>
+
+<p>Mam&aacute; Delfour, siempre vestida de negro, con el aire grave y reflexivo de
+una mujer que conoce el precio de la vida, presenci&oacute; impasible las
+invenciones de la reci&eacute;n llegada: fiestas orientales que alborotaban el
+tranquilo hotel; t&eacute;s danzantes; t&uacute;nicas de lino transparente, estrechas
+como fundas y con enormes flores de realce, en las que encerraba su
+magra desnudez.</p>
+
+<p>Como su hijo adoraba &aacute; Odette, ella se esforz&oacute; en justificar todos los
+caprichos y saltos de humor de la nuera. &iexcl;Pobre ni&ntilde;a! Se hab&iacute;a criado
+sin madre, viviendo como un muchacho.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Y vino la guerra. Uno de sus primeros efectos fu&eacute; dilatar los ojos de la
+nueva se&ntilde;ora Delfour con una expresi&oacute;n de asombro. &iexcl;Pero era posible
+esta calamidad!... &iexcl;Ahora que la gente se divert&iacute;a m&aacute;s que nunca!...</p>
+
+<p>La suegra pareci&oacute; crecerse, saliendo de su t&iacute;mido encogimiento. Su
+mirada se pos&oacute; sobre personas y cosas con grave lentitud, como si las
+reconociese de nuevo. Hab&iacute;a visto mucho. Sus primeras palabras de amor
+con el fabricante Delfour se cruzaron en 1870, durante el sitio de
+Par&iacute;s. Luego, de reci&eacute;n casada, hab&iacute;a presenciado la tragedia de la
+<i>Commune</i>.</p>
+
+<p>El hijo se fu&eacute; cuando su mujer empezaba &aacute; admirarle como un hombre
+nuevo, viendo realzadas sus gracias varoniles por las ventajas del
+uniforme. Quiso entrar en la aviaci&oacute;n, pero la aviaci&oacute;n marchaba mal al
+principio de la guerra, y para ser de una utilidad inmediata, permaneci&oacute;
+en la artiller&iacute;a.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n Odette quiso ser &uacute;til &aacute; su patria. Todas sus amigas frecuentaban
+los hospitales. Y se lanz&oacute; &aacute; ser enfermera, admirando el uniforme blanco
+con su capa azul y su alba toca: algo sencillo y nuevo que sentaba
+perfectamente &aacute; su belleza. Su af&aacute;n por lucir esta &uacute;ltima moda le hac&iacute;a
+abandonar muchas veces &aacute; los enfermos, paseando en autom&oacute;vil por el
+Bosque de Bolonia la blanca t&uacute;nica con cruces rojas en las mangas y en
+el pecho. Mientras tanto, la viuda Delfour, sin abandonar su eterno
+traje negro de burguesa, pasaba d&iacute;as y noches en un hospital.</p>
+
+<p>La guerra ofrece sus satisfacciones y deleites. &iexcl;Los t&eacute;s entre mujeres,
+sin la presencia de hombres molestos que agobian con sus galanteos;
+vestidas todas ellas de blanco, como criadas de balneario, recibiendo
+las ojeadas envidiosas de las que no llevan uniforme, y fabricando
+g&eacute;neros de punto para los soldados con la torpe suficiencia de una labor
+ense&ntilde;ada recientemente por la doncella!...</p>
+
+<p>&mdash;Mi marido combate en Alsacia.... &iquest;Y el se&ntilde;or Delfour, d&oacute;nde est&aacute;?...</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Delfour andaba del lado de B&eacute;lgica; y su esposa, lanzando en
+torno una mirada de orgullo, hac&iacute;a el relato de sus glorias. Dos
+citaciones en la orden del d&iacute;a: cruz, segundo gal&oacute;n. Pero llov&iacute;an
+h&eacute;roes, y Odette experimentaba cierto despecho al oir que todas las
+otras casi dec&iacute;an lo mismo de sus hombres.</p>
+
+<p>&iexcl;No poder distinguirse!...</p>
+
+<p>Un d&iacute;a el hotel del parque Monceau se conmovi&oacute; con una terrible crisis
+de nervios y de l&aacute;grimas, acompa&ntilde;ada de choque de puertas, llegada de
+autom&oacute;viles, desfile de m&eacute;dicos. El teniente Delfour estaba herido de
+gravedad por la explosi&oacute;n de una granada. Odette quiso marchar al lado
+de su esposa inmediatamente.... &iexcl;Imposible!</p>
+
+<p>Luego quiso morir, mientras la madre permanec&iacute;a erguida, silenciosa,
+p&aacute;lida, con los ojos parpadeantes y secos, mordi&eacute;ndose los labios.</p>
+
+<p>Al volver Odette &aacute; las reuniones &iacute;ntimas, experiment&oacute; cierta
+satisfacci&oacute;n. Ninguna amiga osaba ya compararse con ella.</p>
+
+<p>&mdash;Mauricio est&aacute; herido...gravemente herido.</p>
+
+<p>Y todas se apiadaban del esposo seductor maltratado por la guerra.</p>
+
+<p>La general admiraci&oacute;n hizo que acabase por familiarizarse con las
+misteriosas heridas. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an &eacute;stas?... Se imagin&oacute; &aacute; su marido
+cojeando, con una mana en un bast&oacute;n y la otra apoyada en su brazo.
+Formar&iacute;an una pareja interesante. El porvenir les reservaba a&uacute;n largas
+horas de felicidad. Ella le proteger&iacute;a y le alegrar&iacute;a con ternuras de
+madre y caricias de amante.</p>
+
+<p>Una tarde, en la <i>rue Royale</i>, vi&oacute; &aacute; un subteniente de pocos a&ntilde;os, casi
+un ni&ntilde;o, que marchaba al lado de su novia con una manga vac&iacute;a. Mauricio
+tambi&eacute;n hab&iacute;a perdido un brazo; estaba segura de ello. Por eso sus
+cartas breves, de una alegr&iacute;a penosa, eran siempre dictadas.... &iexcl;No
+importa! Ella ser&iacute;a el apoyo de su esposo; su brazo sustituir&iacute;a al brazo
+ausente. Lo interesante era volver &aacute; contemplar su rostro, mirarse en
+sus ojos claros, acariciadores y graciosamente ir&oacute;nicos. &iexcl;Ay, c&oacute;mo le
+amaba!...</p>
+
+<p>Las amigas la acog&iacute;an siempre con la misma pregunta: &laquo;&iquest;C&oacute;mo signe el
+herido?...&raquo; Y ella contestaba con seguridad: &laquo;Mejor. Pronto vendr&aacute; &aacute;
+Par&iacute;s.&raquo;</p>
+
+<p>Y pasaron meses; y llegaron cartas y m&aacute;s cartas de letra extra&ntilde;a,
+dictadas por &eacute;l. La madre, inquieta, interrogaba &aacute;, los antiguos amigos
+de la familia, graves varones que indudablemente ocultaban algo.</p>
+
+<p>&mdash;Las heridas son muchas; pero ya est&aacute; fuera de peligro. &iexcl;Valor! Lo
+importante es que viva.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana Odette salt&oacute; de su lecho, s&uacute;bitamente despertada por algo
+extraordinario que conmov&iacute;a el hotel. Al levantar la cortina de una
+ventana, vi&oacute; al otro lado de la verja un autom&oacute;vil cerrado, con cruces
+rojas. La marquesina de cristales de la escalinata apenas le dej&oacute;
+distinguir &aacute; un grupo de hombres que sub&iacute;an cuidadosamente algo
+envuelto, como un mueble fr&aacute;gil. Su coraz&oacute;n di&oacute; un salto. &iexcl;Mauricio!...</p>
+
+<p>Cuando, mal vestida, se desliz&oacute; por la escalera, corriendo &aacute; un sal&oacute;n
+del piso bajo, los dom&eacute;sticos, azorados y tr&eacute;mulos, pretendieron
+detenerla.</p>
+
+<p>Entr&oacute;, reconociendo inmediatamente la dolorosa cabeza que descansaba
+sobre las almohadas de un div&aacute;n. Era &eacute;l, atrozmente desfigurado, con las
+mejillas surcadas por el l&iacute;vido arabesco de las cicatrices...pero era
+&eacute;l.</p>
+
+<p>De sus ojos s&oacute;lo quedaba uno. La falta del otro estaba oculta por una
+venda negra que moldeaba la cuenca vac&iacute;a. Luego vi&oacute; su pecho cubierto
+por el pa&ntilde;o azul de una blusa vieja de oficial.</p>
+
+<p>Pero al llegar aqu&iacute;, la mujer vacil&oacute; sobre sus pies, como si la sorpresa
+le asestase un pu&ntilde;etazo demoledor. Lanz&oacute; un grito.... El herido <i>no
+continuaba</i>. Le faltaban los brazos, le faltaban las piernas, era un
+tronco nada m&aacute;s, conservado por los prodigios de la cirug&iacute;a; un harapo
+rematado por una cabeza viviente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Odette!... &iexcl;Odette!&mdash;murmur&oacute; la boca negruzca humildemente, como si
+pidiese perd&oacute;n por su desgracia.</p>
+
+<p>Pero Odette hab&iacute;a hu&iacute;do, atropellando &aacute; los criados que se agolpaban en
+la puerta. Corri&oacute; por los pisos superiores sin saber lo que hac&iacute;a, dando
+alaridos como una mujer de la tragedia griega, chocando con muebles y
+paredes, mes&aacute;ndose los sueltos cabellos, loca de sorpresa, de miedo, de
+repugnancia.... &iexcl;Y aquel monstruo era su marido!... &iexcl;Y habr&iacute;a de
+permanecer junto &aacute; &eacute;l toda su existencia!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Odette!... &iexcl;Odette!&mdash;segu&iacute;a gimiendo abajo la voz humilde y dolorosa.</p>
+
+<p>El ojo &uacute;nico se fu&eacute; cubriendo de l&aacute;grimas. Todos hu&iacute;an. Hasta los
+criados le contemplaban &aacute; distancia, buscando ocultarse cada uno detr&aacute;s
+del compa&ntilde;ero, queriendo escapar y avanzando la cabeza al mismo tiempo,
+con una expresi&oacute;n doble de curiosidad y repugnancia.</p>
+
+<p>Evitaban el tocarle, como si fuese algo gelatinoso y repelente: un pulpo
+con las extremidades rotas; una mucosidad informe de la guerra. &Eacute;l, que
+ten&iacute;a millones y tanto amaba la vida, quedaba al margen de la vida para
+siempre.</p>
+
+<p>Su miseria hab&iacute;a creado el vac&iacute;o. Hasta su perro favorito gem&iacute;a &aacute; corta
+distancia, avanzando y retrocediendo en violentas alternativas de
+lealtad y de espanto.</p>
+
+<p>Y as&iacute; ser&iacute;a siempre.... &iexcl;Ay, morir! &iexcl;Morir cuanto antes!</p>
+
+<p>De pronto, el grupo de dom&eacute;sticos se deshizo. Alguien hab&iacute;a entrado con
+violencia. El monstruo vi&oacute; un peinado blanco que ven&iacute;a hacia &eacute;l; sinti&oacute;
+en sus cortadas mejillas el contacto de una boca que acababa por
+acariciar fren&eacute;tica el vendaje de su &oacute;rbita hueca. Un roc&iacute;o tibio moj&oacute;
+su cuello; unos brazos nerviosos de pasi&oacute;n abarcaron su tronco informe,
+como si fuesen &aacute; mecerle....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mam&aacute;!... &iexcl;Oh, mam&aacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hijo m&iacute;o! &iexcl;hijo m&iacute;o!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="EL_REY_DE_LAS_PRADERAS" id="EL_REY_DE_LAS_PRADERAS"></a><a href="#capitulos">EL REY DE LAS PRADERAS</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Durante su &uacute;ltimo a&ntilde;o en la Universidad de mujeres donde hac&iacute;a sus
+estudios, la impetuosa Mina Graven expres&oacute; siempre el mismo deseo.</p>
+
+<p>Sus compa&ntilde;eras las <i>senior</i>, instaladas en el mismo cuerpo de edificio
+que ella, hablaban de la nueva vida que iban &aacute; encontrar al salir del
+colegio; y las <i>junior</i>, que empezaban sus estudios, las o&iacute;an en un
+silencio respetuoso de seres inferiores.</p>
+
+<p>Una de las amigas de Mina pensaba casarse apenas volviese &aacute; su casa; era
+asunto convenido por las familias de los dos novios. Y este matrimonio
+de estudianta apenas emancipada de la vida escolar daba motivo para que
+todas las otras so&ntilde;asen despiertas, &aacute; la hora del t&eacute;, describiendo cada
+una de ellas la posici&oacute;n social y el aspecto f&iacute;sico del futuro esposo
+que a&uacute;n se manten&iacute;a oculto en el misterio del porvenir.</p>
+
+<p>&mdash;Yo quiero casarme con un millonario que me pague los mayores lujos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, con un hombre que me quiera mucho y me obedezca en todo.... &iquest;Y t&uacute;,
+Mina?</p>
+
+<p>La intr&eacute;pida se&ntilde;orita Graven daba siempre la misma respuesta:</p>
+
+<p>&mdash;Yo me casar&eacute; con un hombre c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>Ella no necesitaba so&ntilde;ar con un millonario. Todas sab&iacute;an que all&aacute;, en el
+Oeste, existen minas de oro y pozos de petr&oacute;leo cuyo valor figura en
+forma de pedazos de papel, y que muchas de tales acciones estaban &aacute; su
+nombre en los libros del millonario James Foster (padre), su tutor.</p>
+
+<p>El viejo Craven hab&iacute;a empezado su caza del d&oacute;lar, como simple pe&oacute;n de
+mina, en California. La fortuna pareci&oacute; divertirse siguiendo los pasos
+de este hombre que apenas sab&iacute;a leer ni escribir. Un esp&iacute;ritu diab&oacute;lico
+salido de las entra&ntilde;as de la tierra le hablaba al o&iacute;do, guiando sus
+manos.</p>
+
+<p>All&aacute; donde &eacute;l cavaba surg&iacute;a oro, plata, &oacute;, cuando menos, cobre.
+Perforaba un pozo para que los mineros de su campamento no muriesen de
+sed, y, en vez de encontrar agua, saltaba petr&oacute;leo de su fondo. Detr&aacute;s
+de su avance victorioso iban constituy&eacute;ndose sociedades an&oacute;nimas y
+sindicatos de capitalistas. En el Wall Street, los grandes capitanes del
+dinero recib&iacute;an al viejo Craven como &aacute; un igual cuando se le ocurr&iacute;a
+perder una semana en el ferrocarril yendo de San Francisco &aacute; Nueva York.</p>
+
+<p>Pod&iacute;a haber dejado &aacute; su hija una fortuna inmensa; pero el minero era
+hombre de acci&oacute;n m&aacute;s que de administraci&oacute;n, y se gozaba en emprender
+cada a&ntilde;o un nuevo negocio, abandonando los mejores provechos de los
+anteriores &aacute; los consocios fr&iacute;os y marrulleros que quedaban &aacute; sus
+espaldas. &Eacute;l necesitaba ir siempre adelante, olvidando la buena suerte
+de ayer para so&ntilde;ar con la nueva fortuna de ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>El se&ntilde;or Foster (padre), su compa&ntilde;ero de miseria cuando ambos eran
+simples jornaleros, pose&iacute;a una fortuna mayor que la suya, por
+haberse limitado &aacute; seguirle en las explotaciones segaras, dej&aacute;ndole
+avanzar solo en las que consideraba aventuradas. Pero, aun as&iacute;, el d&iacute;a
+en que Graven muri&oacute;, aplastado por la ca&iacute;da del andamiaje de un pozo de
+petr&oacute;leo, su desconsolado camarada Foster, que era su albacea
+testamentario, se encontr&oacute;, al hacer el balance, con que la &uacute;nica hija
+de su amigo representaba para el que se casase con ella unos sesenta
+millones de d&oacute;lares.</p>
+
+<p>Por esto Mina, al o&iacute;r hablar &aacute; sus amigas de un marido rico, sonre&iacute;a con
+cierto desprecio. Ella no necesitaba dinero, y pod&iacute;a casarse con quien
+le placiese. Con no menos indiferencia acog&iacute;a la imagen del atleta,
+h&aacute;bil en todos los deportes, que evocaban otras. A la se&ntilde;orita Craven le
+bastaba con su propio atletismo. Su padre la hab&iacute;a enviado &aacute; la famosa
+Universidad cuando era una peque&ntilde;a salvaje de trece a&ntilde;os, acostumbrada &aacute;
+galopar d&iacute;as enteros en las llanuras de Arizona sobre caballos domados
+por ella misma. Su madre, una mujer sencilla, hab&iacute;a muerto como abrumada
+por la avalancha de millones que iba derrumb&aacute;ndose sobre su hogar; y
+Craven, preocupado por esta hija algo ind&oacute;mita que no le dejaba
+dedicarse con tranquilidad &aacute; sus negocios, la hab&iacute;a metido en un colegio
+c&eacute;lebre para que fuese una gran se&ntilde;ora como las que &eacute;l hab&iacute;a visto de
+lejos en las ciudades. La fama de este centro de ense&ntilde;anza, establecido
+en un bosque de varias leguas, con lagos, monta&ntilde;as y palacios, hab&iacute;a
+llegado confusamente hasta sus o&iacute;dos. Le bastaba con saber que viv&iacute;an en
+&eacute;l varias hijas y sobrinas de antiguos presidentes. Y all&aacute;, envi&oacute; &aacute;
+Mina, poco antes de su muerte.</p>
+
+<p>&Eacute;sta, aburrida y furiosa al verse encerrada en el enorme parque, que &aacute;
+ella le parec&iacute;a peque&ntilde;o, ide&oacute; varios planes terribles, que,
+afortunadamente, no puso nunca en pr&aacute;ctica. Pens&oacute; incendiar el palacio
+en que estaba el gabinete de F&iacute;sica con sus instrumentos, creados
+&uacute;nicamente para aburrir &aacute; las pobres muchachas; pens&oacute; igualmente,
+durante los primeros meses, en matar &aacute; tiros de rev&oacute;lver &aacute; cierto vejete
+que explicaba matem&aacute;ticas y se hab&iacute;a re&iacute;do sarc&aacute;sticamente de su
+ignorancia. Luego abandon&oacute; tales proyectos, y, con la ambici&oacute;n de
+demostrar que no era una salvaje, se entreg&oacute; al cultivo de todas las
+artes que estaban de acuerdo con sus facultades.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; &aacute; ser la primera en el gimnasio. Salt&oacute; horas y horas el caballo de
+madera, con un volteo incansable, riendo de este ejercicio pueril con la
+superioridad de una amazona acostumbrada &aacute; ponerse de pie sobre caballos
+en pelo, ape&aacute;ndose y volviendo &aacute; subir en el animal sin que &eacute;ste
+detuviese su carrera. Fu&eacute; capitana de <i>polo-water</i>, atravesando como una
+n&aacute;yade el profundo cristal de la piscina del gimnasio. En la clase de
+esgrima cansaba al profesor con su florete impetuoso y sus piernas de
+acero. La directora de la Universidad empez&oacute; &aacute; inspirarle cierta
+antipat&iacute;a por haberle prohibido que tirase al rev&oacute;lver en un rinc&oacute;n del
+parque, lo mismo que tiraba de peque&ntilde;a en algunos de los campamentos de
+Craven, ante los viejos mineros.</p>
+
+<p>La gloria estaba para ella en los ejercicios f&iacute;sicos, dejando &aacute; sus
+compa&ntilde;eras los laureles de las ciencias y de las letras. De todo el
+profesorado, amaba &aacute; la maestra de franc&eacute;s, porque pod&iacute;a hablar con ella
+de Par&iacute;s y las artistas c&eacute;lebres como de un mundo lejano entrevisto en
+los peri&oacute;dicos de modas. Tambi&eacute;n amaba &aacute; la maestra de espa&ntilde;ol, que le
+describ&iacute;a c&oacute;mo eran las corridas de toros y le ense&ntilde;aba &aacute; ponerse la
+mantilla lo mismo que una andaluza.</p>
+
+<p>No necesit&oacute; de estudios penosos y &aacute;ridos para sobrepasar &aacute; todas. La
+admiraban por su hermosura f&iacute;sica de bello animal sano, vigoroso y de
+l&iacute;neas correctas. Cada vez que en el <i>polo-water</i> se arrojaba en la
+piscina de cabeza, sin m&aacute;s vestido que un ligero mall&oacute;n de muchacho, el
+p&uacute;blico lanzaba un murmullo aprobador, &aacute; pesar de la identidad de sexo.
+Los viejos profesores del establecimiento y los visitantes, que eran
+siempre personas graves, se sent&iacute;an inquietos ante su cabellera de un
+rubio subido, igual &aacute; la llama de una antorcha, y la fijeza algo
+insolente y dominadora de sus ojos claros. Los hombres se ruborizaban
+sin saber por qu&eacute;, apartando la mirada, como si no pudieran resistir el
+encuentro de sus pupilas.</p>
+
+<p>Ni millonarios, ni hombres de <i>sports</i>. Ella tomar&iacute;a &aacute; quien quisiera
+escoger. Los hombres iban &aacute; ofrecerse &aacute; Mina Craven formando legi&oacute;n,
+satisfechos y felices si se dignaba hacerlos sus esclavos. Estaba segura
+de ello.... Y pasaba por su memoria la imagen de James Foster (hijo), un
+muchacho de orejas demasiado separadas del cr&aacute;neo, fuerte mand&iacute;bula y
+ojos de perro bueno, que ten&iacute;a un a&ntilde;o m&aacute;s que ella.</p>
+
+<p>Inmediatamente, como un s&iacute;ntoma de cari&ntilde;o fraternal, sus dientes
+casta&ntilde;eteaban de c&oacute;lera y se le cerraban los pu&ntilde;os. &iexcl;Qu&eacute; deseos tan
+vehementes ten&iacute;a de aporrear &aacute; este compa&ntilde;ero de juegos infantiles!...</p>
+
+<p>Todos los veranos, al vivir juntos durante las vacaciones en la casa del
+tutor, Mina daba de pu&ntilde;etazos &aacute; su amigo, el cual, perdida la paciencia,
+acababa por devolverle los golpes.</p>
+
+<p>Y la se&ntilde;orita Graven, que hab&iacute;a aprendido recientemente &aacute; batirse &aacute; la
+japonesa, deseaba, al abandonar el colegio, medirse con James
+definitivamente. Quer&iacute;a hacerlo caer &aacute; sus pies, como un adversario
+aborrecido y apreciado al mismo tiempo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>El viejo Foster, que nunca ten&iacute;a bastantes horas para los negocios,
+aprob&oacute; con alegre laconismo los prop&oacute;sitos de la hija de su amigo. Su
+cargo de tutor le hab&iacute;a proporcionado muchas inquietudes, y celebraba
+librarse de Mina por alg&uacute;n tiempo.</p>
+
+<p>Luego de salir de la Universidad, la joven hab&iacute;a desaparecido, con gran
+espanto de Foster, que crey&oacute; en un secuestro &oacute; un asesinato.
+Transcurrieron dos meses, y antes de que la polic&iacute;a hubiese averiguado
+su paradero, se present&oacute; Mina tranquilamente en el despacho de su tutor.
+Quer&iacute;a conocer la vida de cerca, tal como es, y para esto hab&iacute;a hu&iacute;do &aacute;
+Chicago, viviendo como una obrera. Pero las crueldades de la realidad le
+hicieron arrepentirse muy pronto de esta escapatoria, sugerida por
+ciertas lecturas, y volvi&oacute; en busca de su tutor y de las comodidades que
+corresponden &aacute; una muchacha millonaria.</p>
+
+<p>Una dama vieja y pobre fu&eacute; la encargada por Foster de acompa&ntilde;ar &aacute; Mina,
+dando cierta respetabilidad &aacute; su juventud independiente y poco miedosa
+de la opini&oacute;n ajena. El millonario, despu&eacute;s de ordenar esto, ya no supo
+qu&eacute; otra cosa pod&iacute;a hacer. Por eso se alegr&oacute; cuando su pupila le dijo
+que pensaba viajar por Europa, acompa&ntilde;ada de su escudero femenino.</p>
+
+<p>Mina Craven, atrevida de maneras como un muchacho, ganosa de desafiar la
+curiosidad de las gentes con sus audacias y excentricidades, fu&eacute; una
+americana de las que pueden llamarse &laquo;de exportaci&oacute;n&raquo;. El viajero
+observador atraviesa los Estados Unidos, de Nueva York &aacute; San Francisco y
+de Chicago &aacute; Nueva Orle&aacute;ns, viendo mujeres que son iguales &aacute; las de
+todas partes: buenas madres, buenas esposas, &oacute; excelentes muchachas que
+aspiran &aacute; ser lo uno y lo otro. S&oacute;lo rodando por el viejo mundo, en
+Par&iacute;s, en Londres &oacute; en Roma, se encuentra la americana atrevida,
+arrolladoramente hermosa y de voluntad refractaria &aacute; los escr&uacute;pulos, la
+cual ha servido de modelo para tantos personajes de novela y de comedia.</p>
+
+<p>Los condes y marqueses deseosos de una heredera rica se agolparon en
+torno de miss Craven en los grandes hoteles, en las playas de moda y las
+estaciones invernales de Suiza. &iexcl;Diez y nueve a&ntilde;os, y sesenta millones
+de d&oacute;lares!...</p>
+
+<p>&mdash;Miss, c&aacute;sese usted&mdash;dec&iacute;a la dama acompa&ntilde;ante, como si, &aacute; pesar del
+enorme sueldo que le hab&iacute;a se&ntilde;alado el tutor, quisiera libertarse de la
+esclavitud que supon&iacute;a aguantar el car&aacute;cter desigual &eacute; imperioso de la
+joven.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&oacute;lo me casar&eacute; con un hombre que sea c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>Y Mina quedaba pensativa despu&eacute;s de esta declaraci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; celebridad
+pod&iacute;a encontrar?...</p>
+
+<p>En Londres hab&iacute;a cre&iacute;do enamorarse de un duque que databa del tiempo de
+los Estuardo. Despu&eacute;s olvid&oacute; este amor, adivinando que en el porvenir
+tendr&iacute;a celos de la cuadra de dicho personaje. El duque la olvidar&iacute;a por
+sus caballos de carreras. En Francia puso sus ojos en varios escritores
+c&eacute;lebres. Pero todos eran casados &oacute; arrastraban desde su primera
+juventud compromisos ineludibles. Adem&aacute;s, &iexcl;tan viejos vistos de cerca!
+&iexcl;tan prosaicos en sus costumbres &iacute;ntimas, &aacute; pesar de las raciones de
+idealismo y poes&iacute;a que serv&iacute;an al p&uacute;blico en forma de libros y piezas de
+teatro!...</p>
+
+<p>En Italia se interes&oacute; por dos pintores, y anduvo como loca durante una
+semana por un tenor de fama universal. Pero le bast&oacute; invitar una noche &aacute;
+comer &aacute; este ruise&ntilde;or humano, para desprenderse de sus ilusiones. &iexcl;Qu&eacute;
+torrente de necedades cuando hablaba! &iexcl;Qu&eacute; feo y vulgar al despojarse de
+sus trajes esc&eacute;nicos y limpiarse los colores del rostro!...</p>
+
+<p>Estando en Sevilla durante la Semana Santa, sinti&oacute; inter&eacute;s por un torero
+joven al que adoraba Espa&ntilde;a entera. El rey era su amigo; el presidente
+del Consejo de ministros preguntaba por su salud siempre que recib&iacute;a una
+cornada. Era una gloria nacional, y Mina le sigui&oacute; durante unas semanas
+de plaza en plaza. Pero, al fin, el h&eacute;roe tuvo la misma suerte que los
+otros. No se atrev&iacute;a &aacute; resistir la mirada de la millonada; balbuceaba al
+contestarle. Adem&aacute;s, descubri&oacute; de pronto que este gladiador, que parec&iacute;a
+un gigante en medio del circo, tendiendo la fiera cornuda muerta &aacute; sus
+plantas, apenas sobrepasaba con su cabeza los hombros de ella.</p>
+
+<p>Pens&oacute;, despu&eacute;s de esto, si su felicidad consistir&iacute;a en casarse con un
+boxeador campe&oacute;n del mundo; pero le bast&oacute; presenciar un encuentro entre
+dos hombres medio desnudos, que parec&iacute;an dos fardos de m&uacute;sculos
+barnizados de sudor, para renunciar &aacute; tal idea.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay, el hombre c&eacute;lebre! &iquest;D&oacute;nde encontrarlo?... &iquest;En qu&eacute; deb&iacute;a consistir
+su celebridad?...</p>
+
+<p>Mientras tanto, James Foster (hijo) le sal&iacute;a al encuentro en los lugares
+donde menos pod&iacute;a sospecharse su presencia. Se presentaba ruboroso,
+balbuciente, t&iacute;mido, como un se&ntilde;or que desea pedir algo importante y
+asegura que ha venido &aacute; visitar &aacute; un amigo, por casualidad, aprovechando
+el haber pasado por cerca de la casa.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy de paso para Australia; y al enterarme de que vivimos en el
+mismo hotel....</p>
+
+<p>Y la entrevista ocurr&iacute;a, por ejemplo, en Madrid. Seg&uacute;n el joven Foster,
+todo el mundo era camino para ir adonde &eacute;l deseaba. Otras veces, al
+encontrar &aacute; su compa&ntilde;era de infancia en Bucarest, dec&iacute;a ruboriz&aacute;ndose:</p>
+
+<p>&mdash;Vengo de Am&eacute;rica, con direcci&oacute;n al Transvaal, y al pasar por aqu&iacute; la
+encuentro. &iexcl;Qu&eacute; feliz casualidad!</p>
+
+<p>Foster (hijo) pod&iacute;a justificar con un motivo glorioso estos viajes
+incesantes que le hac&iacute;an cruzar la tierra en todas direcciones. Mientras
+Foster (padre) reun&iacute;a nuevos millones y defend&iacute;a la integridad de los
+antiguos, &eacute;l se dedicaba &aacute; la tarea de hacer su nombre c&eacute;lebre. Tal vez
+sent&iacute;a este deseo &aacute; impulsos de una antigua rivalidad con Mina; tal vez
+aspiraba &aacute; la celebridad &uacute;nicamente por serle grato.</p>
+
+<p>Buscaba la gloria siguiendo el camino de sus aficiones, y por esto se
+hab&iacute;a dedicado &aacute; cazador, persiguiendo y matando animales peligrosos en
+todas las latitudes del planeta. La se&ntilde;orita Craven recib&iacute;a con
+frecuencia peri&oacute;dicos deportivos con el retrato de James carabina en
+mano, vestido de viajero &aacute;rtico &oacute; cubierto con un gran fieltro de
+cazador del centro de &Aacute;frica. Los art&iacute;culos contaban sus haza&ntilde;as, las
+heridas que llevaba recibidas, las aventuras tenebrosas de las que hab&iacute;a
+salido con vida milagrosamente.</p>
+
+<p>Los ojos de ella pasaban sobre todo esto con fr&iacute;a curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre James! &iexcl;Tan insignificante!... Ser&aacute; un buen marido para una
+mujer de inteligencia corta.</p>
+
+<p>Otras veces recib&iacute;a regalos del cazador, que continuaba sus haza&ntilde;as en
+el otro hemisferio del planeta: colmillos de elefante, astas de
+ant&iacute;lopes rar&iacute;simos, pieles de animales gigantescos. Y Mina, que
+admiraba estos env&iacute;os en el primer instante, acababa por despreciarlos
+al recordar &aacute; James.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Infeliz muchacho!... Si yo me dedicase &aacute; cazar, har&iacute;a, seguramente,
+m&aacute;s que &eacute;l.... Todo lo que cuentan los peri&oacute;dicos de sus haza&ntilde;as debe
+pagarlo &aacute; tanto la palabra.</p>
+
+<p>Una primavera, encontr&aacute;ndose en Florencia, cambi&oacute; instant&aacute;neamente la
+orientaci&oacute;n de su vida. Vi&oacute; su verdadero camino; se enter&oacute; de d&oacute;nde
+estaba la celebridad.</p>
+
+<p>En aquel momento solicitaba su mano un conde del pa&iacute;s, de una palidez
+aceitunada y ojos de brasa, el cual permanec&iacute;a d&iacute;as enteros en el sal&oacute;n
+de espera del hotel, lo mismo que un empleado de agencia de viajes, para
+acompa&ntilde;arla en todas sus salidas.</p>
+
+<p>Mina era la vig&eacute;sima millonaria americana &aacute; la que pretend&iacute;a elevar,
+ofreci&eacute;ndole su corona condal. Diez y nueve antes que ella hab&iacute;an
+renunciado &aacute; tan alto honor. Este heredero de un gran nombre hist&oacute;rico
+le ense&ntilde;aba las fotograf&iacute;as de los diversos palacios de su familia,
+hermosos y venerables edificios, en los que no quedaba ni un cuadro ni
+un mueble, pues todo lo hab&iacute;an vendido sus antecesores. La aspiraci&oacute;n
+suprema del nieto de tantos <i>condottieri</i> era establecer el <i>comfort</i>
+moderno en sus palacios. Con calefacci&oacute;n central, con ba&ntilde;os y con
+<i>water-closets</i>, &iexcl;qu&eacute; vida tan dulce pod&iacute;a pasarse en estos edificios
+creados por los grandes artistas del Renacimiento! La millonaria venida
+del otro lado del Atl&aacute;ntico pod&iacute;a realizar este milagro s&oacute;lo con cederle
+su mano.</p>
+
+<p>Para conmoverla, ense&ntilde;aba cartas de Maquiavelo, de Miguel &Aacute;ngel, de
+Benvenuto Cellini y otros florentinos c&eacute;lebres, dirigidas &aacute; sus remotos
+ascendientes, &uacute;nicos recuerdos de familia que se hab&iacute;an salvado, no se
+sabe c&oacute;mo, de la rapacidad de los anticuarios. Mina re&iacute;a de sus
+juramentos de amor acompa&ntilde;ados de gestos tr&aacute;gicos, y lo convidaba &aacute;
+comer, exigi&eacute;ndole que no faltase &aacute; sus costumbres y siguiera fumando
+entre plato y plato un largo cigarro atravesado por una paja, que
+esparc&iacute;a un olor pestilente.</p>
+
+<p>Una noche, el conde, para agradecer sin duda estas amabilidades, la
+invit&oacute; &aacute; un cinemat&oacute;grafo. Un verdadero dispendio: una lira por persona;
+&iexcl;pero cuando se aspira &aacute; casarse con una millonaria!...</p>
+
+<p>Mina tuvo que aguardar en la puerta unos minutos, mientras su enamorado
+tomaba los billetes, parlamentando largamente con el empleado de la
+taquilla. Lleg&oacute; &aacute; sospechar si estar&iacute;a pidiendo una reducci&oacute;n en el
+precio, por ser dos los billetes comprados.</p>
+
+<p>Un cartel de colores distrajo su atenci&oacute;n. Un hombre aparec&iacute;a en &eacute;l &aacute;
+caballo, con la cara afeitada, gran sombrero, un pa&ntilde;uelo rojo sobre los
+hombros y dos rev&oacute;lveres en la cintura. Era una reproducci&oacute;n algo
+teatral de los jinetes que ella hab&iacute;a conocido en su infancia. Encima de
+esta figura vi&oacute; un nombre: &laquo;Lionel Gould&raquo;. No era nuevo para ella; lo
+hab&iacute;a o&iacute;do alguna vez. Al pie del cartel encontr&oacute; otro nombre: &laquo;El rey
+de las praderas&raquo;. &iexcl;Ah, s&iacute;! Este era el apodo de un artista americano
+llamado Gould, que hab&iacute;a obtenido una celebridad universal interpretando
+el papel de <i>cow-boy</i> vengador y caballeresco en un sinn&uacute;mero de dramas
+cinematogr&aacute;ficos cuya acci&oacute;n se desarrollaba, invariablemente, &aacute; trav&eacute;s
+de las llanuras del Sur de los Estados Unidos.</p>
+
+<p>Por primera vez mir&oacute; Mina con atenci&oacute;n al c&eacute;lebre artista de la tragedia
+silenciosa. Estaba segura de haberle visto en <i>films</i> de los que s&oacute;lo
+guardaba un vago recuerdo; pero ahora &laquo;El rey de las praderas&raquo; ofrec&iacute;a
+para ella el encanto de una novedad.</p>
+
+<p>Le sigui&oacute; con palpitaciones de verdadero inter&eacute;s mientras se bat&iacute;a, solo
+y &aacute; pu&ntilde;etazos, con un grupo de bandidos. Luego mat&oacute; &aacute; un tigre; despu&eacute;s
+los indios lo amarraron &aacute; un poste para quemarle vivo. &iexcl;C&oacute;mo respir&oacute; al
+verle en salvo milagrosamente!... No hab&iacute;a poder, en el cielo ni en la
+tierra, capaz de acabar con este buen mozo. Y por la atracci&oacute;n del
+contraste, mir&oacute; un momento con ojos compasivos al conde de los palacios
+desamueblados, al nieto del protector de Miguel &Aacute;ngel, que la hablaba de
+amor, pretendiendo separar su atenci&oacute;n de las cosas interesantes que se
+desarrollaban sobre la blanca pantalla.</p>
+
+<p>Hubo un momento en que crey&oacute; que un alfiler olvidado sobre su pecho se
+le met&iacute;a carne adentro. &laquo;El rey de las praderas&raquo; quedaba visible
+&uacute;nicamente de busto, con una cabeza enorme, y anonadado por lo
+angustioso de su situaci&oacute;n, bajaba la mirada. Luego iba elevando sus
+ojos, para fijarlos directamente en el p&uacute;blico con una expresi&oacute;n de
+dolor pueril. Era un h&eacute;roe, indudablemente; pero un h&eacute;roe bueno y
+simple, lo mismo que un ni&ntilde;o, y Mina sinti&oacute; un deseo de consolarle, de
+protegerle, como si acabase de despertar la confusa maternidad que toda
+mujer lleva dormida en su interior. Despu&eacute;s tuvo la intuici&oacute;n de que la
+tal mirada iba &aacute; significar mucho en su vida futura.</p>
+
+<p>A partir de esta noche, Lionel Gould le sali&oacute; al encuentro en todas las
+ciudades de Italia que fu&eacute; visitando y en las de otras naciones de
+Europa. De d&iacute;a, si se inmovilizaba su autom&oacute;vil por una aglomeraci&oacute;n de
+veh&iacute;culos en una calle, era siempre frente &aacute; un cinemat&oacute;grafo, y en la
+puerta figuraba &laquo;El rey de las praderas&raquo; &aacute; caballo, con su gran
+sombrero, sus rev&oacute;lveres y su pa&ntilde;uelo rojo. Si entraba en una sala de
+espect&aacute;culos, ten&iacute;a la seguridad de que se apagar&iacute;an inmediatamente las
+bombillas el&eacute;ctricas, para que galopase por el lienzo iluminado el
+intr&eacute;pido Lionel.</p>
+
+<p>Sus haza&ntilde;as resultaban interminables. Jam&aacute;s caballero andante ni h&eacute;roe
+de novela moderna pas&oacute; por tantas aventuras. Le vi&oacute; en peligro de muerte
+un sinn&uacute;mero de veces. Adem&aacute;s, mataba gente como si matase moscas.
+Llevaba exterminadas muchas fieras, especialmente tigres, y &aacute; &eacute;l nunca
+le ocurr&iacute;a un contratiempo que fuese irremediable. Le her&iacute;an
+frecuentemente, le somet&iacute;an &aacute; tormentos atroces; pero sanaba, al fin,
+con una rapidez portentosa. Y en casi todas las representaciones, &iexcl;su
+mirada, aquella mirada de h&eacute;roe ni&ntilde;o, que hac&iacute;a sentir &aacute; Mina el
+pinchazo de un alfiler olvidado!...</p>
+
+<p>Algunas damas encontradas en sus viajes contribu&iacute;an, sin saberlo, &aacute;
+aumentar su preocupaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Usted, que es americana, &iquest;ha visto alguna vez personalmente &aacute; Lionel
+Gould?...</p>
+
+<p>Una noche, Mina se convenci&oacute; de que su acompa&ntilde;ante era una vieja
+est&uacute;pida. La hab&iacute;a llevado &aacute; ver una aventura sorprendente de &laquo;El rey de
+las praderas&raquo;, y cuando el h&eacute;roe lanzaba su mirada de angustia, miss
+Craven le pregunt&oacute; en voz baja, con temblores de emoci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le parece?... &iquest;Verdad que es muy guapo?...</p>
+
+<p>La acompa&ntilde;ante movi&oacute; la cabeza. S&iacute;, guapo; pero muy ordinario. Ella no
+amaba los <i>cow-boys</i>. Prefer&iacute;a los <i>films</i> en que aparecen se&ntilde;oras
+elegantes y todos los hombres van vestidos de frac.</p>
+
+<p>De pronto, Mina mostr&oacute; un patriotismo rabioso. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a en Europa?...
+S&oacute;lo los <i>snobs</i> pod&iacute;an perder su tiempo y su dinero en un continente
+viejo y aburrido. Ella era americana, y deb&iacute;a vivir en Am&eacute;rica.</p>
+
+<p>Y se embarc&oacute;, pensando que es necedad rodar por el mundo cuando, las m&aacute;s
+de las veces, lo que buscamos lo tenemos en la propia casa.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Al saber, en Nueva York, que Foster (padre) estaba en San Francisco,
+atraves&oacute; inmediatamente los Estados Unidos.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a vuelto de repente mujer de orden; deseaba enterarse del estado
+de sus negocios; cre&iacute;a necesario conferenciar con su tutor. No sab&iacute;a
+ciertamente qu&eacute; podr&iacute;a decirle; pero consideraba urgente el verle, por
+el solo hecho de que viv&iacute;a en California.</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; &aacute; San Francisco, supo que Foster se hallaba en una
+propiedad suya, &aacute; dos horas de ferrocarril, y desisti&oacute; de su visita. Ya
+le ver&iacute;a m&aacute;s adelante; estaba cansada; le asustaba estas dos horas de
+tren, despu&eacute;s de haber pasado una semana entera en vag&oacute;n. Y, &aacute; pesar del
+tal cansancio, sali&oacute; inmediatamente para Los &Aacute;ngeles, un viaje cinco
+veces mayor.</p>
+
+<p>Pero tampoco en Los &Aacute;ngeles estaba su reposo, y no par&oacute; hasta tres
+cuartos de hora m&aacute;s all&aacute;, en el pueblo de Hollywood, donde se fabrican
+la mayor parte de los <i>films</i> que entretienen &aacute; la humanidad presente.</p>
+
+<p>Admir&oacute; la fresca hermosura de una poblaci&oacute;n creada en pocos a&ntilde;os, por la
+necesidad de sol y de cielo l&iacute;mpido que tiene la cinematograf&iacute;a. Vi&oacute;
+avenidas formadas solamente de jardines y de estudios. Varios miles de
+artistas de ambos sexos, de maquinistas esc&eacute;nicos y de fot&oacute;grafos
+constituyen su &uacute;nico vecindario. En las calles, &aacute; la hora del <i>lunch</i>,
+se encuentran odaliscas arrastrando sus velos, espa&ntilde;olas con mantilla,
+&oacute; pieles rojas con penachos de plumas, seg&uacute;n es el <i>film</i> que est&aacute; en
+ejecuci&oacute;n. Las figurantas van &aacute; sus casas &aacute; almorzar sin quitarse el
+traje, por no perder tiempo.</p>
+
+<p>Sobre las vallas de los estudios se elevan, unas veces, la torre Eiffel,
+si la obra transcurre en Par&iacute;s, y otras, el palacio de los Dogas
+venecianos &oacute; los agudos minaretes de una mezquita oriental. Cuando el
+fot&oacute;grafo termina de dar vueltas &aacute; la &uacute;ltima pel&iacute;cula, los alba&ntilde;iles
+demuelen estas s&oacute;lidas construcciones de cemento para levantar otras
+inmediatamente, cambiando el aspecto de la &laquo;ciudad-camale&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Mina fu&eacute; rectamente en busca de lo que le hab&iacute;a atra&iacute;do cuando estaba al
+otro lado de la tierra. Avanz&oacute; con resoluci&oacute;n, por lo mismo que estaba
+segura de que le esperaba un cruel desenga&ntilde;o. Esta celebridad ser&iacute;a,
+seguramente, como las otras.</p>
+
+<p>Una agencia de informes hab&iacute;a puesto en movimiento sus detectives para
+hacer conocer &aacute; la millonaria todo el pasado de &laquo;El rey de las
+praderas&raquo;.</p>
+
+<p>Lionel Gould&mdash;un nombre de teatro&mdash;hab&iacute;a sido estudiante; pero su
+afici&oacute;n &aacute; la vida intensa y &aacute; las novelas de aventuras le hicieron
+abandonar la casa de sus padres &aacute; los diez y siete a&ntilde;os, y&eacute;ndose &aacute; Texas
+para llevar la existencia ruda de los <i>cow-boys</i> que tantas veces hab&iacute;a
+admirado en los libros. A los veintid&oacute;s a&ntilde;os, otro cambio de aficiones.
+El jinete de las llanuras, cansado de guardar vacas, se hab&iacute;a hecho
+actor, sufriendo la vida errante y no menos aventurera que llevan en los
+Estados Unidos las gentes de teatro mediocres, saltando de pueblo en
+pueblo para trabajar una noche nada m&aacute;s.</p>
+
+<p>El &eacute;xito universal de la cinematograf&iacute;a le sac&oacute; de pronto de esta
+miserable situaci&oacute;n. Todo lo que hab&iacute;a aprendido en las praderas de
+Texas le sirvi&oacute; para su gloria art&iacute;stica. Ning&uacute;n actor supo como &eacute;l
+montar &aacute; caballo, echar el lazo, batirse &aacute; pu&ntilde;etazos, manejar las armas.
+All&aacute;, entre vaqueros de verdad, hab&iacute;a sido un disc&iacute;pulo mediocre, un
+muchacho de la burgues&iacute;a empe&ntilde;ado en hacerse <i>cow-boy</i> bajo la obsesi&oacute;n
+de ciertas lecturas. En el cinemat&oacute;grafo no tuvo rival, y fu&eacute; al poco
+tiempo &laquo;El rey de las praderas&raquo;.</p>
+
+<p>Antes de los treinta a&ntilde;os hab&iacute;a juntado una fortuna considerable y su
+nombre era famoso en la tierra entera.</p>
+
+<p>Un ayuda de c&aacute;mara irland&eacute;s se encargaba de contestar, imitando su
+firma, los centenares de cartas femeniles que llegaban semanalmente de
+todos los extremos del planeta pidiendo &aacute; Gould un aut&oacute;grafo
+sentimental.</p>
+
+<p>Mina vi&oacute; su casa, elegante edificio de madera, verde y blanco, entre
+jardines siempre primaverales. Despu&eacute;s lo vi&oacute; &aacute; &eacute;l, una tarde que
+trabajaba en el interior del estudio cinematogr&aacute;fico, bajo una luz
+l&iacute;vida. &laquo;El rey de las praderas&raquo; se bat&iacute;a en aquellos momentos &aacute;
+silletazos y tiros de rev&oacute;lver con todos los parroquianos de una taberna
+del desierto.</p>
+
+<p>La primera impresi&oacute;n no fu&eacute; buena. Miss Craven le vi&oacute; alto, fornido, de
+arrogantes movimientos, tal como lo hab&iacute;a contemplado muchas veces en
+los <i>films</i>, pero con la cara pintada de blanco, lo mismo que un
+Pierrot. La luz l&iacute;vida y sepulcral de los tubos de mercurio exig&iacute;a esta
+pintura de artista de circo.</p>
+
+<p>Pero Gould, impresionado por la presencia de la millonaria que era hija
+del difunto Craven y ten&iacute;a por tutor &aacute; Foster (padre), dos nombres
+ilustres del Oeste, la salud&oacute; con una torpeza conmovedora. En su
+confusi&oacute;n, lanz&oacute; la mirada, la famosa mirada de h&eacute;roe ni&ntilde;o que parec&iacute;a
+pedir auxilio, y Mina dej&oacute; de ver la cara cubierta de almid&oacute;n, para
+fijarse &uacute;nicamente en sus ojos implorantes.</p>
+
+<p>Desde este d&iacute;a, el gran artista termin&oacute; m&aacute;s pronto sus trabajos, para ir
+&aacute; Los &Aacute;ngeles, donde miss Craven le hab&iacute;a invitado &aacute; comer, &oacute; para
+acompa&ntilde;arla en sus interesantes paseos &aacute; la hora en que muere el sol.</p>
+
+<p>Lionel recitaba versos, estaba m&aacute;s enterado que Mina de las cosas
+literarias, y ella acab&oacute; por admirarle como un esp&iacute;ritu delicado, como
+un &laquo;alma rom&aacute;ntica&raquo;, capaz de llenar de poes&iacute;a la existencia de una
+mujer. Adem&aacute;s, era &laquo;El rey de las praderas&raquo;, el atleta irresistible que
+ning&uacute;n hombre pod&iacute;a dome&ntilde;ar.</p>
+
+<p>Una visita inesperada perturb&oacute; esta existencia id&iacute;lica.</p>
+
+<p>Se present&oacute; en el lujoso hotel de Los &Aacute;ngeles Foster (hijo), con todo su
+equipaje de escopetas y dem&aacute;s aparatos para la caza de bestias feroces.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi querida Mina! &iexcl;Qu&eacute; casualidad encontrarnos!... Vengo de Nueva
+York, para embarcarme en San Francisco. Voy al Congo....</p>
+
+<p>Y ruboriz&aacute;ndose por este absurdo rodeo geogr&aacute;fico, se apresur&oacute; &aacute; a&ntilde;adir:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero cazar donde no caz&oacute; el coronel Roosevelt. Voy &aacute; correr los
+pa&iacute;ses que &eacute;l no visit&oacute; nunca.</p>
+
+<p>Un secreto instinto le avisaba, sin duda, el peligro, y venciendo esta
+vez la cortedad de su car&aacute;cter, manifest&oacute; sus deseos. Mina Craven y
+James Foster (hijo) pod&iacute;an hacer una linda pareja. &iquest;Por qu&eacute; no se
+casaban?...</p>
+
+<p>El gesto de l&aacute;stima simp&aacute;tica que puso ella fu&eacute; para acobardar al m&aacute;s
+valeroso cazador.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&oacute;lo me casar&eacute; con un hombre c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>Foster quiso protestar. &Eacute;l no ten&iacute;a la celebridad de un boxeador &oacute; de un
+cantante de &oacute;pera; pero era alguien. Los peri&oacute;dicos hablaban de &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&oacute;lo me casar&eacute; con un h&eacute;roe&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Mina.</p>
+
+<p>James crey&oacute; necesario insistir en sus m&eacute;ritos. Hizo memoria de los
+regalos enviados &aacute; Mina, especialmente de dos pieles de oso, enormes,
+con unas cabezas que met&iacute;an espanto. &Eacute;l, completamente solo, los hab&iacute;a
+matado en Alaska.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Unos osos!&mdash;dijo ella, levantando los hombros&mdash;. Eso lo mata
+cualquiera.... &iquest;Cu&aacute;ntos tigres ha cazado usted, James?...</p>
+
+<p>El hijo de Foster inclin&oacute; la cabeza. Apenas quedaban tigres en el mundo.
+&Eacute;l hab&iacute;a pasado varios meses en la India, y, despu&eacute;s de largas esperas,
+gastos y penalidades, s&oacute;lo hab&iacute;a conseguido matar uno.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un tigre nada m&aacute;s!...</p>
+
+<p>Mina sonri&oacute; otra vez de l&aacute;stima. Ella conoc&iacute;a &aacute; un cazador que llevaba
+matados m&aacute;s de treinta ante sus propios ojos, y no con largos
+intervalos, sino todas las noches.</p>
+
+<p>Foster (hijo), como hombre pr&aacute;ctico, abandon&oacute; inmediatamente sus
+pretensiones, juzg&aacute;ndolas imposibles. &laquo;&iexcl;Adi&oacute;s, Mina!&raquo; Ya no pens&oacute; en
+sobrepasar las haza&ntilde;as africanas de Roosevelt. Lo que deseaba era
+tropezar en el Congo con un hipop&oacute;tamo, un le&oacute;n &oacute; cualquiera otra bestia
+misericordiosa, que, al desgarrarlo en peque&ntilde;os pedazos, le librase del
+recuerdo de miss Craven la ingrata.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esta entrevista, la millonaria crey&oacute; necesario acelerar los
+acontecimientos. Ella fu&eacute; la que tom&oacute; la iniciativa, sabiendo que &laquo;El
+rey de las praderas&raquo; se mostraba t&iacute;mido en su presencia, quedando como
+adormecido bajo el poder de sus ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya estoy cansada de ser miss Craven. Ahora deseo ser mistress Gould.
+&iquest;Est&aacute; usted conforme, Lionel?</p>
+
+<p>Aunque &eacute;l hubiese dicho que no, Mina habr&iacute;a preparado lo mismo el
+matrimonio.</p>
+
+<p>Llevando tras de ella al c&eacute;lebre Lionel, como si lo raptase, se march&oacute;
+&aacute; San Francisco para visitar &aacute; su tutor. Esta vez Foster (padre) estaba
+en su despacho.</p>
+
+<p>&mdash;Le presento &aacute; mi futuro esposo. Me caso esta misma semana con &laquo;El rey
+de las praderas&raquo;.</p>
+
+<p>El millonario abri&oacute; la boca &aacute; impulsos de la sorpresa, mostrando todo el
+oro y el marfil de su interior. Luego pens&oacute; que un hombre de negocios no
+debe asombrarse nunca, y acab&oacute; por re&iacute;r, con una carcajada ruidosa que
+dej&oacute; visible otra vez toda la riqueza de su dentadura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Original!... &iexcl;Verdaderamente original!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>Mina se consider&oacute; la mujer m&aacute;s feliz de la tierra. El esc&aacute;ndalo de unas
+amigas y los comentarios burlones de las otras fueron para ella un
+motivo de orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Envidiosas!... &iexcl;De qu&eacute; buena gana me quitar&iacute;an mi &laquo;rey de las
+praderas&raquo;!</p>
+
+<p>Gould era a&uacute;n m&aacute;s dichoso. Los millones de su esposa supon&iacute;an poco en
+esta felicidad. &Eacute;l ganaba miles de d&oacute;lares por semana.... Pero le
+enorgullec&iacute;a haberse casado, siendo un simple c&oacute;mico, con la hija &uacute;nica
+de Craven, llamado en vida &laquo;el Crist&oacute;bal Col&oacute;n del petr&oacute;leo&raquo;.</p>
+
+<p>Un gran contento f&iacute;sico vino &aacute; confundirse, adem&aacute;s, con este amor
+admirativo.</p>
+
+<p>Gould estaba harto de sus compa&ntilde;eras de trabajo. Un convencionalismo de
+la cinematograf&iacute;a americana, inventado no se sabe por qui&eacute;n, exige que
+todos los actores sean grandes, y las artistas, liliputienses. Lionel,
+que admiraba las hembras de su talla, ten&iacute;a que trabajar con mu&ntilde;ecas que
+apenas le pasaban del codo, mujeres &laquo;de bolsillo&raquo;, que pod&iacute;a meter en
+cualquiera abertura de su traje.</p>
+
+<p>A su esposa, la esbelta y fuerte Mina, la besaba de frente, sin
+necesidad de bajar la cabeza y doblar las v&eacute;rtebras. Adem&aacute;s, las otras
+iban pintadas de blanco, como payasos; llevaban pegadas &aacute; los p&aacute;rpados
+unas tirillas erizadas de pelos, que fing&iacute;an largu&iacute;simas pesta&ntilde;as, y en
+los momentos de emoci&oacute;n se colocaban unas gotitas de glicerina, que
+luego, en el film, resultaban l&aacute;grimas.... En cambio, la nueva mistress
+Gould era de una esplendidez corporal, fresca y firme, que parec&iacute;a
+esparcir el perfume de los bosques cuando despiertan bajo el soplo de la
+primavera. &iexcl;Oh, adorada Mina!</p>
+
+<p>Se lanzaron &aacute; viajar por el mundo. Ella exigi&oacute; que Lionel abandonase el
+arte cinematogr&aacute;fico. M&aacute;s adelante, &iquest;qui&eacute;n sabe?... Un hombre c&eacute;lebre se
+debe &aacute; su celebridad. Pero, por el momento, &laquo;El rey de las praderas&raquo;
+deb&iacute;a ser para ella &uacute;nicamente.</p>
+
+<p>La vida conyugal no le trajo ninguna decepci&oacute;n. El c&eacute;lebre Gould fu&eacute;, al
+mismo tiempo, un marido enamorado y un servidor respetuoso. Adem&aacute;s,
+&iexcl;c&oacute;mo se sent&iacute;a ella protegida al lado del h&eacute;roe! &iexcl;Qu&eacute; impresi&oacute;n de
+orgullo y de seguridad cuando se abrazaba &aacute; &eacute;l, percibiendo la fuerza
+almacenada en su vigoroso organismo!...</p>
+
+<p>Muchas veces, al marchar apoyada en su brazo, tocaba amorosamente el
+b&iacute;ceps contra&iacute;do. Era fuerte, pero no de un vigor extraordinario. Ella
+hab&iacute;a visto en los circos y en los pugilatos de boxeadores musculaturas
+m&aacute;s poderosas. Pero inmediatamente pensaba en las haza&ntilde;as de &laquo;El rey de
+las praderas&raquo;. La cinematograf&iacute;a tiene sus <i>trucs</i> y sus misterios, como
+todas las cosas teatrales; pero la verdad siempre es la verdad, y ella
+hab&iacute;a visto &aacute; su Lionel levantar troncos enormes, agarrar &aacute; un enemigo y
+arrojarlo por la ventana como si fuese un pa&ntilde;uelo, echar puertas
+abajo....</p>
+
+<p>&laquo;Y es que el m&uacute;sculo&mdash;pensaba Mina&mdash;no lo es todo; vale m&aacute;s la energ&iacute;a
+interior y misteriosa, que s&oacute;lo poseen los h&eacute;roes.&raquo; Su Lionel,
+indudablemente, era &aacute; modo de una bater&iacute;a el&eacute;ctrica, que en ciertos
+momentos de excitaci&oacute;n pod&iacute;a desenvolver una fuerza inmensa. Ella le
+hab&iacute;a visto bati&eacute;ndose con ocho &aacute; la vez, y sab&iacute;a hasta d&oacute;nde era capaz
+de llegar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Lionel!... &iexcl;Mi h&eacute;rcules adorado!</p>
+
+<p>Una noche, estando en Marsella de paso para Egipto, Mina quiso pasear
+por el Puerto Viejo, &aacute; la luz de la luna. &iexcl;Ver los buques antiguos del
+Mediterr&aacute;neo dormidos sobre las aguas de plata! &iexcl;Creerse en tiempos de
+la <i>Odisea</i> al contemplar las filas de peque&ntilde;os veleros procedentes de
+Grecia!...</p>
+
+<p>Los muelles desiertos resultaban peligrosos despu&eacute;s de media noche. En
+las callejuelas cercanas bull&iacute;an rameras de la m&aacute;s extremada abyecci&oacute;n,
+juntas con negros, con marineros levantinos, con marroqu&iacute;es &eacute;
+indost&aacute;nicos, con vagabundos de todo el planeta. Pero la millonaria no
+conoc&iacute;a el miedo. Adem&aacute;s, iba apoyada en el m&aacute;s fuerte de los brazos.</p>
+
+<p>Su cabellera de aurora, su andar majestuoso, el perfume que iban
+sembrando sus pasos, el brillo de un diamante en su diestra
+desenguantada, hicieron detenerse &aacute; sus espaldas &aacute; cuatro hombres
+morenos, de robustez cuadrada y rostros inquietantes, que se consultaron
+con voces roncas de ebrio.</p>
+
+<p>Gould s&oacute;lo tuvo tiempo para abandonar el brazo de su mujer y girar
+sobre sus talones, avisado por las palabras confusas de estos
+vagabundos, que parec&iacute;an ponerse de acuerdo.</p>
+
+<p>Los cuatro cayeron sobre &eacute;l, que los recibi&oacute; gallardamente con sus pu&ntilde;os
+poderosos.</p>
+
+<p>Mina qued&oacute; &aacute; pocos pasos, m&aacute;s curiosa que asustada, saboreando de
+antemano la gran correcci&oacute;n que iban &aacute; recibir los bandidos. &laquo;El rey de
+las praderas&raquo; terminar&iacute;a la pelea en unos segundos.</p>
+
+<p>Pero el pobre &laquo;rey&raquo;, despu&eacute;s de defenderse con una arrogancia teatral,
+sin vacilaci&oacute;n alguna, seguro de su triunfo, vino al suelo tristemente,
+como se derrumban al dar los primeros pasos en la existencia todos los
+que han vivido una vida de ilusi&oacute;n.</p>
+
+<p>Tres de aquellos miserables siguieron golpeando al ca&iacute;do para rematarlo,
+mientras el otro avanzaba hacia Mina con cierta indecisi&oacute;n, al ver que
+no intentaba huir.</p>
+
+<p>Miss Craven, &aacute; pesar de sus fantas&iacute;as, hab&iacute;a conservado mucho del
+esp&iacute;ritu pr&aacute;ctico de su padre, y sab&iacute;a todo lo que una persona previsora
+no debe olvidar en sus viajes. Brill&oacute; en su diestra, salido no se sabe
+de d&oacute;nde, un juguete plateado, la &uacute;ltima novedad para la defensa
+personal: nueve tiros. Son&oacute; una detonaci&oacute;n, y el hombre se hizo atr&aacute;s,
+lanzando juramentos y llev&aacute;ndose una mano al pecho. Son&oacute; un nuevo
+disparo, y empez&oacute; &aacute; dar traspi&eacute;s otro de los que estaban inclinados,
+sobre Lionel d&aacute;ndole golpes. Sigui&oacute; apretando el gatillo, y los tiros
+hicieron desaparecer &aacute; aquellos facinerosos, unos corriendo, otros
+balance&aacute;ndose dolorosamente, mientras de las callejuelas cercanas
+empezaba &aacute; salir gente. Mina se arrodill&oacute; junto &aacute; su marido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Lionel! &iexcl;Mi rey!... &iquest;Te han matado?</p>
+
+<p>Cuando, semanas despu&eacute;s, pudieron salir de Marsella, la vida conyugal
+era otra. Gould, todav&iacute;a convaleciente de sus heridas, parec&iacute;a sentir
+verg&uuml;enza delante de su esposa. &laquo;&iexcl;No haber sabido defenderte!...&raquo;,
+dec&iacute;an sus ojos. Y lanzaba &aacute; continuaci&oacute;n su mirada suplicante.</p>
+
+<p>Esta mirada devolv&iacute;a &aacute; Mina un p&aacute;lido recuerdo del antiguo afecto. S&oacute;lo
+esta mirada era verdad. Todo lo dem&aacute;s del h&eacute;roe, pura mentira. Su marido
+resultaba un pobre muchacho, simple y bueno, necesitado de que lo
+protegiesen. Ella lo defender&iacute;a, como en la noche de Marsella. &iexcl;Adi&oacute;s,
+amor! S&oacute;lo quedaba en la millonaria un afecto que ten&iacute;a mucho de
+maternal.</p>
+
+<p>Los dos, con la pesada tristeza del desenga&ntilde;o, se aburrieron en todas
+partes, y acortaron su viaje para volver &aacute; los Estados Unidos.</p>
+
+<p>Cre&iacute;an adivinarse en los ojos sus respectivos pensamientos.</p>
+
+<p>&mdash;Se divorciar&aacute; apenas lleguemos &aacute; Nueva York.... Mejor: volver&eacute; &aacute;
+dedicarme &aacute; la cinematograf&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero esto representaba para Gould un suplicio. &iexcl;Separarse de Mina, &aacute; la
+que amaba ahora m&aacute;s que antes, con la ternura de la gratitud y la
+amargura del remordimiento!...</p>
+
+<p>Ella tambi&eacute;n pensaba en el divorcio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Todo mentira!... Tendr&eacute; que rehacer mi existencia con otro.</p>
+
+<p>Y empez&oacute; &aacute; pensar en &Aacute;frica y en los continuadores de las cacer&iacute;as de
+Roosevelt.</p>
+
+<p>Al llegar &aacute; Nueva York, los peri&oacute;dicos hablaron de Mina por ser la
+esposa del c&eacute;lebre Gould. Las amigas segu&iacute;an envidi&aacute;ndole el &laquo;rey de las
+praderas&raquo; y encontraban muy interesante su matrimonio. &iquest;Era prudente,
+despu&eacute;s de esto, abandonar &aacute; su buen mozo, para que lo agarrase otra
+mujer?...</p>
+
+<p>La vida en intimidad resultaba triste y penosa. El recuerdo de aquella
+noche se interpon&iacute;a entre los dos. El pobre &laquo;rey&raquo; conoci&oacute; una reina que
+no hab&iacute;a sospechado nunca: injusta, rencorosa, sarc&aacute;stica, propensa &aacute;
+encontrar malo todo lo de su marido.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, &aacute; la hora del <i>breakfast</i>, por una discusi&oacute;n insignificante,
+la misma mano que hab&iacute;a disparado varios tiros en el Puerto Viejo de
+Marsella agarr&oacute; un plato y lo arroj&oacute; contra la cara del hombre c&eacute;lebre.
+La porcelana se hizo pedazos, hiri&eacute;ndole. Lionel se limpi&oacute; la sangre de
+una mejilla, y luego mir&oacute; &aacute; su esposa con aquellos ojos de ni&ntilde;o
+abandonado &eacute; implorante.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, mi rey!&mdash;grit&oacute; ella, refugi&aacute;ndose en sus brazos&mdash;. &iexcl;Pobrecito
+m&iacute;o!... Perd&oacute;name; soy una loca. No te abandonar&eacute; nunca.</p>
+
+<p>Y durante todo el d&iacute;a, Gould conoci&oacute; la m&aacute;s amorosa y sumisa de las
+mujeres.</p>
+
+<p>Desde entonces la vida de los dos se desarroll&oacute; con violentas
+alternativas: primeramente discusiones buscadas por ella, que terminaban
+con golpes, y luego, tras la mirada implorante del esposo, la feliz
+reconciliaci&oacute;n. Hasta le permiti&oacute; que volviese al arte cinematogr&aacute;fico,
+siendo protagonista de varios <i>films</i>, cuyos argumentos se hac&iacute;a relatar
+ella anticipadamente. Su Lionel s&oacute;lo deb&iacute;a aparecer en el c&iacute;rculo
+luminoso realizando haza&ntilde;as nunca vistas.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;a hablado con tanto entusiasmo de su esposo. Lo mismo en
+presencia de &eacute;l que estando &aacute; solas con sus amigas, hac&iacute;a elogios del
+h&eacute;roe, ensalzando su fuerza irresistible, su valor temerario.</p>
+
+<p>Lionel Gould era siempre el mismo. Estaba orgullosa de llevar su nombre.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esto sonre&iacute;a con verdadera satisfacci&oacute;n, halagada por
+orgullosos pensamientos que nadie pod&iacute;a adivinar.</p>
+
+<p>S&iacute;; su marido continuaba siendo el invencible, el &uacute;nico, &laquo;El rey de las
+praderas&raquo;, y con esto quedaba dicho todo.</p>
+
+<p>Pero ella, en su casa, le pegaba al &laquo;rey de las praderas&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="NOCHE_SERVIA" id="NOCHE_SERVIA"></a><a href="#capitulos">NOCHE SERVIA</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Las once de la noche. Es el momento en que cierran sus puertas los
+teatros de Par&iacute;s. Media hora antes, caf&eacute;s y <i>restaurants</i> han echado
+igualmente su p&uacute;blico &aacute; la calle.</p>
+
+<p>Nuestro grupo queda indeciso en una acera del bulevar, mientras se
+desliza en la penumbra la muchedumbre que sale de los espect&aacute;culos. Los
+faroles, escasos y encapuchados, derraman una luz f&uacute;nebre, r&aacute;pidamente
+absorbida por la sombra. El cielo negro, con parpadeos de fulgor
+sideral, atrae las miradas inquietas. Antes, la noche s&oacute;lo ten&iacute;a
+estrellas; ahora puede ofrecer de pronto teatrales mangas de luz en cuyo
+extremo amarillea el zepel&iacute;n como un cigarro de &aacute;mbar.</p>
+
+<p>Sentimos el deseo de prolongar nuestra velada. Somos cuatro: un escritor
+franc&eacute;s, dos capitanes servios y yo. &iquest;Adonde ir en este Par&iacute;s obscuro,
+que tiene cerradas todas sus puertas?... Uno de los servios nos habla
+del <i>bar</i> de cierto hotel elegante, que contin&uacute;a abierto para los
+hu&eacute;spedes del establecimiento. Todos los oficiales que quieren
+trasnochar se deslizan en &eacute;l como si fuesen de la casa. Es un secreto
+que se comunican los hermanos de armas de diversas naciones cuando pasan
+unos d&iacute;as en Par&iacute;s.</p>
+
+<p>Entramos cautelosamente en el sal&oacute;n, profusamente iluminado. El tr&aacute;nsito
+es brusco de la calle obscura &aacute; este <i>hall</i>, que parece el interior de
+un enorme fanal, con sus innumerables espejos reflejando racimos de
+ampollas el&eacute;ctricas. Creemos haber saltado en el tiempo, cayendo dos
+a&ntilde;os atr&aacute;s. Mujeres elegantes y pintadas, champa&ntilde;a, violines que gimen
+las notas de una danza de negros con el temblor sentimental de las
+romanzas desgarradoras. Es un espect&aacute;culo de antes de la guerra. Pero en
+la concurrencia masculina no se ve un solo frac.</p>
+
+<p>Todos los hombres llevan uniformes&mdash;oficiales franceses, belgas,
+ingleses, rusos, servios&mdash;, y estos uniformes son polvorientos y
+sombr&iacute;os. Los violines los tocan unos militares brit&aacute;nicos, que
+contestan con sonrisas de brillante marfil &aacute; los aplausos y aclamaciones
+del p&uacute;blico. Sustituyen &aacute; los antiguos ziganos de casaca roja. Las
+mujeres se&ntilde;alan &aacute; uno de ellos, repiti&eacute;ndose el nombre del padre, lord
+c&eacute;lebre por su nobleza y sus millones. &laquo;Gocemos locamente, hermanos, que
+ma&ntilde;ana hemos de morir.&raquo;</p>
+
+<p>Y todos estos hombres, que han colgado su vida como ofrenda en el altar
+de la diosa p&aacute;lida, beben la existencia &aacute; grandes tragos, r&iacute;en, copean,
+cantan y besan con el entusiasmo exasperado de los marinos que pasan una
+noche en tierra y al romper el alba deben volver al encuentro de la
+tempestad.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Los dos servios son j&oacute;venes y parecen satisfechos de que las aventuras
+de su patria les hayan arrastrado hasta Par&iacute;s, ciudad de ensue&ntilde;o que
+tantas veces ocup&oacute; su pensamiento en la b&aacute;rbara monoton&iacute;a de una
+guarnici&oacute;n del interior.</p>
+
+<p>Ambos &laquo;saben relatar&raquo;, habilidad ordinaria en un pa&iacute;s donde casi todos
+son poetas. Lamartine, al recorrer hace tres cuartos de siglo la Servia
+feudataria de los turcos, qued&oacute; asombrado de la importancia de la poes&iacute;a
+en este pueblo de pastores y guerreros. Como muy pocos conoc&iacute;an el
+abecedario, emplearon el verso para guardar m&aacute;s estrechamente las ideas
+de su memoria. Los &laquo;guzleros&raquo; fueron los historiadores nacionales, y
+todos prolongaron la <i>Il&iacute;ada</i> servia improvisando nuevos cantos.</p>
+
+<p>Mientras beben champa&ntilde;a, los dos capitanes evocan las miserias de su
+retirada hace unos meses; la lucha con &eacute;l hambre y el fr&iacute;o; las batallas
+en la nieve, uno contra diez; el &eacute;xodo de las multitudes, personas y
+animales en pavorosa confusi&oacute;n, al mismo tiempo que &aacute; la cola de la
+columna crepitan incesantemente fusiles y ametralladoras; los pueblos
+que arden; los heridos y rezagados aullando entre llamas; las mujeres
+con el vientre abierto, viendo en su agon&iacute;a una espiral de cuervos que
+descienden &aacute;vidos; la marcha del octogenario rey Pedro, sin m&aacute;s apoyo
+que una rama nudosa, agarrotado por el reumatismo, y continuando su
+calvario &aacute; trav&eacute;s de los blancos desfiladeros, encorvado, silencioso,
+desafiando al destino como un monarca shakespiriano.</p>
+
+<p>Examino &aacute; mis dos servios mientras hablan. Son mocetones carnosos,
+esbeltos, duros, con la nariz extremadamente aguile&ntilde;a, un verdadero pico
+de ave de combate. Llevan erguidos bigotes. Por debajo de la gorra, que
+tiene la forma de una casita con doble tejado de vertiente interior, se
+escapa una media melena de peluquero heroico. Son el hombre ideal, el
+&laquo;artista&raquo;, tal como lo ve&iacute;an las se&ntilde;oritas sentimentales de hace
+cuarenta a&ntilde;os, pero con uniforme color de mostaza y el aire tranquilo y
+audaz de los que viven en continuo roce con la muerte.</p>
+
+<p>Siguen hablando. Relatan cosas ocurridas hace unos meses, y parece que
+recitan las remotas haza&ntilde;as de Marko Kralievitch, el Cid servio, que
+peleaba con las <i>wilas</i>, vampiros de los bosques, armadas de una
+serpiente &aacute; guisa de lanza. Estos hombres que evocan sus recuerdos en un
+<i>bar</i> de Par&iacute;s han vivido hace unas semanas la existencia b&aacute;rbara &eacute;
+implacable de la humanidad en su m&aacute;s cruel infancia.</p>
+
+<p>El amigo franc&eacute;s se ha marchado. Uno de los capitanes interrumpe su
+relato para lanzar ojeadas &aacute; una mesa pr&oacute;xima. Le interesan, sin duda,
+dos pupilas circundadas de negro que se fijan en &eacute;l, entre el ala de un
+gran sombrero empenachado y la pluma sedosa de un boa blanco. Al fin,
+con irresistible atracci&oacute;n, se traslada de nuestra mesa &aacute; la otra. Poco
+despu&eacute;s desaparece, y con &eacute;l se borran el sombrero y el boa.</p>
+
+<p>Me veo &aacute; solas con el capit&aacute;n m&aacute;s joven, que es el que menos ha hablado.
+Bebe; mira el reloj que est&aacute; sobre el mostrador. Vuelve &aacute; beber. Me
+examina un momento con esa mirada que precede siempre &aacute; una confidencia
+grave. Adivino su necesidad de comunicar algo penoso que le atormentaba
+memoria con una gravitaci&oacute;n de suplicio. Mira otra vez el reloj. La una.</p>
+
+<p>&mdash;Fu&eacute; &aacute; esta misma hora&mdash;dice sin pre&aacute;mbulo, saltando del pensamiento &aacute;
+la palabra para continuar un mon&oacute;logo mudo&mdash;. Hoy hace cuatro meses.</p>
+
+<p>Y mientras &eacute;l sigue hablando, yo veo la noche obscura, el valle cubierto
+de nieve, las monta&ntilde;as blancas, de las que emergen hayas y pinos
+sacudiendo al viento las vedijas algodonadas de su ramaje. Veo tambi&eacute;n
+las ruinas de un caser&iacute;o, y en estas ruinas el extremo de la retaguardia
+de una divisi&oacute;n servia que se retira hacia la costa del Adri&aacute;tico.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Mi amigo manda el extremo de esta retaguardia, una masa de hombres que
+fu&eacute; una compa&ntilde;&iacute;a y ahora es una muchedumbre. A la unidad militar se han
+adherido campesinos embrutecidos por la persecuci&oacute;n y la desgracia, que
+se mueven como aut&oacute;matas y &aacute; los que hay que arrear &aacute; golpes; mujeres
+que aullan arrastrando rosarios de peque&ntilde;uelos; otras mujeres, morenas,
+altas y huesudas, que callan con tr&aacute;gico silencio, &eacute; inclin&aacute;ndose sobre
+los muertos les toman el fusil y la cartuchera.</p>
+
+<p>La sombra se colora con la pincelada roja y fugaz del disparo surgiendo
+de las ruinas. De las profundidades l&oacute;bregas contestan otros fulgores
+mortales. En el ambiente negro zumban los proyectiles, invisibles
+insectos de la noche.</p>
+
+<p>Al amanecer ser&aacute; el ataque arrollador, irresistible. Ignoran qui&eacute;n es
+el enemigo que se va amasando en la sombra. &iquest;Alemanes, austr&iacute;acos,
+b&uacute;lgaros, turcos?... &iexcl;Son tantos contra ellos!</p>
+
+<p>&mdash;Deb&iacute;amos retroceder&mdash;contin&uacute;a el servio&mdash;, abandonando lo que nos
+estorbase. Necesit&aacute;bamos ganar la monta&ntilde;a antes de que viniese el d&iacute;a.</p>
+
+<p>Los largos cordones de mujeres, ni&ntilde;os y viejos se hab&iacute;an sumido ya en la
+noche, revueltos con las bestias portadoras de fardos. S&oacute;lo quedaban en
+la aldea los hombres &uacute;tiles, que hac&iacute;an fuego al amparo de los
+escombros. Una parte de ellos emprendi&oacute; &aacute; su vez la retirada. De pronto,
+el capit&aacute;n sufri&oacute; la angustia de un mal recuerdo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los heridos! &iquest;Qu&eacute; hacer de ellos?...</p>
+
+<p>En un granero de techo agujereado, tendidos en la paja, hab&iacute;a m&aacute;s de
+cincuenta cuerpos humanos sumidos en doloroso sopor &oacute; revolvi&eacute;ndose
+entre lamentos. Eran heridos de los d&iacute;as anteriores que hablan logrado
+arrastrarse hasta all&iacute;; heridos de la misma noche, que resta&ntilde;aban la
+sangre fresca con vendajes improvisados; mujeres alcanzadas por las
+salpicaduras del combate.</p>
+
+<p>El capit&aacute;n entr&oacute; en este refugio, que ol&iacute;a &aacute; carne descompuesta, sangre
+seca, ropas sucias y alientos agrios. A sus primeras palabras, todos los
+que conservaban alguna energ&iacute;a se agitaron bajo la luz humosa del &uacute;nico
+farol. Cesaron los quejidos. Se hizo un silencio de sorpresa, de pavor,
+como si estos moribundos pudiesen temer algo m&aacute;s grave que la muerte.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r que iban &aacute; quedar abandonados &aacute; la clemencia del enemigo, todos
+intentaron un movimiento para incorporarse; pero los m&aacute;s volvieron &aacute;
+caer.</p>
+
+<p>Un coro de s&uacute;plicas desesperadas, de ruegos dolorosos, lleg&oacute; hasta el
+capit&aacute;n y los soldados que le segu&iacute;an....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hermanos, no nos dej&eacute;is!... &iexcl;Hermanos, por Jes&uacute;s!</p>
+
+<p>Luego reconocieron lentamente la necesidad del abandono, aceptando su
+suerte con resignaci&oacute;n. &iquest;Pero caer en manos de los adversarios? &iquest;Quedar
+&aacute; merced del b&uacute;lgaro &oacute; el turco, enemigos de largos siglos?... Los ojos
+completaron lo que las bocas no se atrev&iacute;an &aacute; proferir. Ser servio
+equivale &aacute; una maldici&oacute;n cuando se cae prisionero. Muchos que estaban
+pr&oacute;ximos &aacute; morir temblaban ante la idea de perder su libertad.</p>
+
+<p>La venganza balk&aacute;nica es algo m&aacute;s temible que la muerte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hermano!... &iexcl;hermano!...</p>
+
+<p>El capit&aacute;n, adivinando los deseos ocultos en estas s&uacute;plicas, evitaba el
+mirarles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo quer&eacute;is?&mdash;pregunt&oacute; varias veces.</p>
+
+<p>Todos movieron la cabeza afirmativamente. Ya que era preciso este
+abandono, no deb&iacute;a alejarse la retaguardia dejando &aacute; sus espaldas un
+servio con vida.</p>
+
+<p>&iquest;No hubiera suplicado el capit&aacute;n lo mismo al verse en id&eacute;ntica
+situaci&oacute;n?...</p>
+
+<p>La retirada, con sus dificultades de aprovisionamiento, hac&iacute;a escasear
+las municiones. Los combatientes guardaban avaramente sus cartuchos.</p>
+
+<p>El capit&aacute;n desenvain&oacute; el sable. Algunos soldados hab&iacute;an empezado ya el
+trabajo empleando las bayonetas, pero su labor era torpe, desma&ntilde;ada,
+ruidosa: cuchilladas &aacute; ciegas, agon&iacute;as interminables, arroyos de sangre.
+Todos los heridos se arrastraban hacia el capit&aacute;n, atra&iacute;dos por su
+categor&iacute;a, que representaba un honor, y admirados de su h&aacute;bil prontitud.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute;, hermano!... &iexcl;A mi!</p>
+
+<p>Teniendo hacia fuera el filo del sable, los her&iacute;a con la punta en el
+cuello, buscando partir la yugular del primer golpe.</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;Tac!... &iexcl;tac!...</i>&mdash;marcaba el capit&aacute;n, evocando ante mi esta escena
+de horror.</p>
+
+<p>Acud&iacute;an arrastr&aacute;ndose sobre manos y pies; surg&iacute;an como larvas de las
+sombras de los rincones; se apelotonaban contra sus piernas. &Eacute;l hab&iacute;a
+intentado volver la cara para no presenciar su obra; los ojos se le
+llenaban de l&aacute;grimas.... Pero este desfallecimiento s&oacute;lo serv&iacute;a para
+herir torpemente, repitiendo los golpes y prolongando el dolor.
+&iexcl;Serenidad! &iexcl;Mano fuerte y coraz&oacute;n duro!... <i>&iexcl;Tac!... &iexcl;tac!...</i></p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hermano, &aacute; mi!... &iexcl;A m&iacute;!</p>
+
+<p>Se disputaban el sitio, como si temieran la llegada del enemigo antes de
+que el fraternal sacrificador finalizase su tarea. Hab&iacute;an aprendido
+instintivamente la postura favorable. Ladeaban la cabeza para que el
+cuello en tensi&oacute;n ofreciese la arteria r&iacute;gida y visible &aacute; la picadura
+mortal. &laquo;&iexcl;Hermano, &aacute; m&iacute;!&raquo; Y expeliendo un ca&ntilde;o de sangre se recostaban
+sobre los otros cuerpos, que iban vaci&aacute;ndose lo mismo que odres rojos.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>El <i>bar</i> empieza &aacute; despoblarse. Salen mujeres apoyadas en brazos con
+galones, dejando detr&aacute;s de ellas una estela de perfumes y polvos de
+arroz. Los violines de los ingleses lanzan sus &uacute;ltimos lamentos, entre
+risas de alegr&iacute;a infantil.</p>
+
+<p>El servio tiene en la mano un peque&ntilde;o cuchillo sucio de crema, y con el
+gesto de un hombre que no puede olvidar, que no olvidar&aacute;, nunca, sigue
+golpeando maquinalmente la mesa.... <i>&iexcl;Tac!... &iexcl;tac!...</i></p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LAS_PLUMAS_DEL_CABURE" id="LAS_PLUMAS_DEL_CABURE"></a><a href="#capitulos">LAS PLUMAS DEL CABUR&Eacute;</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Morales iba &aacute; seguir disparando su mauser, pero Jaramillo, que estaba,
+como &eacute;l, con una rodilla en tierra y la cara apoyada en la culata del
+fusil, le dijo &aacute; gritos, para dominar con su voz el estruendo de las
+descargas:</p>
+
+<p>&mdash;Es in&uacute;til que tires; no lo matar&aacute;s. Ese hombre tiene un <i>pay&eacute;</i> de gran
+poder.</p>
+
+<p>Hab&iacute;an desembarcado, cerca de media noche, en el muelle de la ciudad.
+Dos vaporcitos los hab&iacute;an transbordado de la otra orilla del r&iacute;o Paran&aacute;.
+Eran poco m&aacute;s de cien hombres, reclatados en el Paraguay &oacute; en la
+gobernaci&oacute;n del Chaco, casi todos ellos hijos del Estado de Corrientes,
+que andaban errantes, fuera de su pa&iacute;s, por aventuras pol&iacute;ticas &oacute; de
+amor. Mezclados con estos rebeldes aut&oacute;ctonos iban unos cuantos hombres
+de acci&oacute;n, amadores del peligro por el peligro, que se trasladaban de
+una &aacute; otra de las provincias exc&eacute;ntricas de la Argentina, all&iacute; donde era
+posible que surgiesen revoluciones.</p>
+
+<p>Confiando en la audacia inveros&iacute;mil que representaba este golpe de mano,
+en la sorpresa que iban &aacute; sufrir los adversarios, avanzaron por las
+calles como por un terreno conocido, dirigi&eacute;ndose al cuartel de la
+polic&iacute;a. Los vecinos que tomaban el fresco ante sus casas saltaban de
+las sillas y desaparec&iacute;an, adivinando lo que significaba este r&aacute;pido
+avance de hombres armados.</p>
+
+<p>Cuando los invasores llegaron frente al cuartel, vieron c&oacute;mo se cerraban
+sus puertas y c&oacute;mo sal&iacute;an de sus ventanas los primeros fogonazos. &iexcl;Golpe
+errado! Pero nadie pens&oacute; en huir. Porque la sorpresa fracasase, no iban
+&aacute; privarse del gusto de seguir cambiando tiros con los aborrecidos
+contrarios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva el doctor Sep&uacute;lveda! &iexcl;Abajo el gobierno usurpador!</p>
+
+<p>Y repartidos en grupos ocuparon todas las bocacalles que daban &aacute; la
+plaza, disparando contra el cuartel.</p>
+
+<p>Un hombre gordo y obscuro de color, oficial de la polic&iacute;a, se mostraba
+en una de las ventanas con una tranquilidad asombrosa. Extendiendo un
+brazo, disparaba su rev&oacute;lver contra los rebeldes:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Canallas! &iexcl;Hijos de...tal! &iexcl;Perros!</p>
+
+<p>Luego, sacando otro brazo, disparaba el segundo rev&oacute;lver, se met&iacute;a
+adentro para cargar sus armas y volv&iacute;a &aacute; aparecer.</p>
+
+<p>La mayor parte de los asaltantes parecieron olvidar el motivo pol&iacute;tico
+que los hab&iacute;a tra&iacute;do hasta all&iacute;. Ya no pensaban en el &laquo;gobierno
+usurpador&raquo; ni en asaltar el cuartel. Toda su atenci&oacute;n la concentraron en
+aquel hombre que segu&iacute;a insult&aacute;ndoles sin tomar precauciones. Llov&iacute;an
+las balas en torno de su persona, pero ni una sola lograba tocarle.</p>
+
+<p>&mdash;No gastes tus cartuchos, hermano&mdash;continu&oacute; Jaramillo, con una
+expresi&oacute;n fatalista&mdash;. Ese hombre posee un talism&aacute;n, un <i>pay&eacute;</i> que le
+hace invulnerable como el diablo.... &iquest;Qui&eacute;n sabe si lleva en el pecho
+alguna pluma de cabur&eacute;?</p>
+
+<p>Morales ces&oacute; de disparar. Ten&iacute;a una ciega confianza en la sabidur&iacute;a de
+su compa&ntilde;ero. Adem&aacute;s, conoc&iacute;a desde su ni&ntilde;ez el poder de una pluma de
+cabur&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva el partido blanco! &iexcl;Abajo Sep&uacute;lveda! &iexcl;Mueran los colorados!</p>
+
+<p>Era el refuerzo enemigo que llegaba. Sonaron nuevos tiros en el fondo de
+las calles. Pasada la primera sorpresa, acud&iacute;an las otras fuerzas del
+gobierno en socorro del cuartel.</p>
+
+<p>&mdash;Esto se acab&oacute;. Hay que retirarse&mdash;dijo Jaramillo.</p>
+
+<p>Los dos camaradas corrieron hacia el muelle, doblando el cuerpo para
+hacerse m&aacute;s peque&ntilde;os ante las balas con que los persegu&iacute;a el enemigo.
+Otros siguieron defendi&eacute;ndose rudamente &aacute; sus espaldas.</p>
+
+<p>Llegaron al puerto &aacute; tiempo para ver c&oacute;mo uno de los vaporcitos hu&iacute;a r&iacute;o
+arriba, perdi&eacute;ndose en la noche, y c&oacute;mo el otro empezaba &aacute; apartarse del
+muelle de madera. Esto no extra&ntilde;&oacute; &aacute; Jaramillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; puede esperarse de extranjeros, de <i>gringos</i> que carecen de
+fervor pol&iacute;tico y no son del partido!...</p>
+
+<p>Es natural, trat&aacute;ndose de dos capitanes genoveses.</p>
+
+<p>Pero &eacute;l y Morales, con su agilidad de hijos de la selva, saltaron en el
+vac&iacute;o negro, cayendo precisamente sobre el borde de la cubierta
+fugitiva. Unos mil&iacute;metros menos, y se perd&iacute;an en el agua l&oacute;brega poblada
+de caimanes.... &iexcl;Que Dios protegiese &aacute; los valientes que se quedaban en
+tierra!</p>
+
+<p>Cuando las luces del puerto empezaron &aacute; borrarse en la obscuridad,
+Jaramillo, consider&aacute;ndose seguro, empez&oacute; &aacute; formular sus protestas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qui&eacute;n se le ocurre hacer revoluciones &aacute; media noche?... Es la peor
+de las horas, cuando todo el mundo vive y est&aacute; despierto. Eso podr&aacute; ser
+en los pa&iacute;ses donde hace fr&iacute;o y la gente se acuesta temprano, &iquest;pero
+aqu&iacute;?... Aqu&iacute;, la hora mejor para la revoluci&oacute;n es la una de la tarde.</p>
+
+<p>Todos los oyentes aprobaron con gestos silenciosos. Desembarcando &aacute; la
+hora de la siesta, habr&iacute;an entrado por las calles sin que nadie los
+viese, lo mismo que &aacute; trav&eacute;s de una ciudad muerta; habr&iacute;an sorprendido
+el cuartel, matando &aacute; la guardia, que seguramente estar&iacute;a tendida &aacute; la
+sombra y roncando.</p>
+
+<p>&mdash;Es una locura&mdash;continu&oacute; Jaramillo&mdash;intentar ataques de noche en un
+pa&iacute;s como el nuestro. No hay mas que acordarse de lo que pasa en la
+selva.</p>
+
+<p>Como todos eran hijos de la selva, persistieron en sus muestras de
+aprobaci&oacute;n. Durante las horas de sol y de calor era cuando la selva
+dorm&iacute;a, sin un estremecimiento, sin un latido, con una calma de tumba.
+Luego, al morir la tarde, despertaba la vida; los insectos empezaban &aacute;
+zumbar, los p&aacute;jaros sacud&iacute;an sus alas, los cuadr&uacute;pedos estiraban sus
+patas, y en la sombra todos se agitaban para ofender &oacute; para defenderse,
+para devorar &oacute; ser devorados. La vida renac&iacute;a con el fresco de la noche,
+reanudando sus aventuras y sus tragedias.</p>
+
+<p>Morales admir&oacute; una vez m&aacute;s la sabidur&iacute;a de su amigo. Era hijo de un
+brujo y hab&iacute;a heredado muchos de los secretos paternales.</p>
+
+<p>A veces, esta vida nocturna de la selva se paralizaba con una larga
+pausa de angustioso silencio.</p>
+
+<p>Era porque rondaba cerca el jaguar, el tigre americano, de piel pintada
+&aacute; redondeles, al que los indios guaran&iacute;es, en su lenguaje, apodan &laquo;el
+Se&ntilde;or&raquo;.</p>
+
+<p>Otras veces, el silencio ten&iacute;a un motivo m&aacute;s claro y determinado. Un
+grito estridente rasgaba la lobreguez, un alarido feroz, que hac&iacute;a
+estremecer &aacute; los que lo escuchaban. Este grito inmenso sal&iacute;a de la
+garganta de un p&aacute;jaro poco m&aacute;s grande que el pu&ntilde;o, una especie de
+mochuelo del tama&ntilde;o de un pich&oacute;n de cr&iacute;a. Todas las bestias, las que
+vuelan, las que corren y las que se arrastran, se echaban &aacute; temblar
+cuando o&iacute;an este alarido.</p>
+
+<p>Morales no hab&iacute;a logrado ver nunca al p&aacute;jaro diminuto, soberano de la
+selva, pero lo conoc&iacute;a de fama desde su ni&ntilde;ez.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a por armas su pico, un terrible pico fuerte como el acero mejor
+templado, y una infernal mala intenci&oacute;n. All&iacute; donde clavaba su arma
+abr&iacute;a orificio, y el golpe iba dirigido siempre &aacute; la cabeza del
+adversario, devorando inmediatamente su cerebro al descubierto. No hab&iacute;a
+cr&aacute;neo que pudiera resistir &aacute; sus perseverantes picotazos, iguales &aacute;
+golpes de barreno. Atacaba al toro, al tigre, al caim&aacute;n, blindado de
+planchas duras como un nav&iacute;o de guerra.</p>
+
+<p>Este vol&aacute;til peque&ntilde;o y de malicia diab&oacute;lica era el cabur&eacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Morales y Jaramillo deb&iacute;an tal vez sus apellidos y la poca sangre
+europea que corr&iacute;a por sus venas &aacute; dos conquistadores espa&ntilde;oles llegados
+al pa&iacute;s siglos antes; pero en realidad eran dos mestizos guaran&iacute;es,
+peque&ntilde;os, &aacute;giles, d&eacute;biles de miembros aparentemente, y con una
+resistencia asombrosa para la fatiga y las privaciones.</p>
+
+<p>Unidos por una amistad fraternal, se presentaban juntos &aacute; buscar trabajo
+en las cortas de &aacute;rboles, en las explotaciones de hierba <i>mate</i> &oacute; en los
+desmontes de un ferrocarril que estaban construyendo los <i>gringos</i>.</p>
+
+<p>Trabajaban con verdadero furor, como si se peleasen &aacute; muerte con un
+enemigo. Los capataces reci&eacute;n llegados de Europa parec&iacute;an asombrados. &iquest;Y
+a&uacute;n dicen que los indios son perezosos?... Pero al cobrar el jornal de
+la semana desaparec&iacute;an, y sus protectores y admiradores los esperaban en
+vano todo el lunes siguiente. S&oacute;lo cuando quedaba consumido el &uacute;ltimo
+centavo en las tabernas donde hay acorde&oacute;n y baile, pensaban en reanudar
+el maldecido trabajo.</p>
+
+<p>Las beldades cobrizas, descalzas, de gruesa trenza entre los omoplatos y
+falda blanca &oacute; de color rosa, se asomaban &aacute; las puertas de sus ranchos
+para verlos pasar. Llevaban el calz&oacute;n claro sujeto al tobillo por ligas
+de piel, los pies metidos en danzantes babuchas, un poncho avellanado
+cubriendo el busto, y un pa&ntilde;uelo rojo en el cuello. Este &uacute;ltimo era para
+ellos el detalle m&aacute;s precioso de su indumentaria. Podr&iacute;an ir rotos y con
+las carnes m&aacute;s secretas al aire, pero sin un pa&ntilde;uelo rojo, &iexcl;nunca! Era
+la se&ntilde;al del partido, el s&iacute;mbolo de los &laquo;colorados&raquo;, as&iacute; como los otros,
+los adversarios, llevaban siempre en el cuello un pa&ntilde;uelo blanco.</p>
+
+<p>Los dos tra&iacute;an bajo el brazo sus espadas; no espadas viejas y con
+agarrador de madera, como los pobretones, sino con empu&ntilde;adura de
+coruscante dorado y vaina de cuero, iguales &aacute; las que usaban los
+guardias municipales de la ciudad. De sus remotos ascendientes de la
+conquista les quedaba un amor irresistible &aacute; la espada. Las armas de
+fuego eran buenas para las revoluciones. Las querellas de amor y de
+bebida deb&iacute;an ventilarse, tizona en mano, &aacute; espaldas de la taberna.</p>
+
+<p>Con el enfundado acero bajo el brazo, envueltos en su poncho y levantada
+el ala del fieltro sobre la frente, parec&iacute;an dos caricaturas de los
+hidalgos de capa y espada, sus leg&iacute;timos abuelos.</p>
+
+<p>Cuando la polic&iacute;a visitaba los bailes ind&iacute;genas, ocultaban ellos sus
+armas meti&eacute;ndoselas en la faja, &aacute; lo largo del calzoncillo, lo que les
+obligaba &aacute; continuar la danza con una pierna r&iacute;gida, lo mismo que si
+estuviesen paral&iacute;ticos.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, en uno de estos bailes, Morales, que era el menos listo de los
+dos pero el m&aacute;s dispuesto &aacute; la pelea, meti&oacute; su espada por el vientre de
+cierto individuo que se empe&ntilde;aba en danzar con la misma moza que &eacute;l,
+ech&aacute;ndole las tripas afuera.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; no ha pasado nada. &iexcl;Siga la fiesta!</p>
+
+<p>Se llevaron al muerto. Su familia se encargar&iacute;a de levantarle una
+capillita al borde del camino y de ponerle cirios todas las noches. Un
+simple incidente; algo que se ve todos los d&iacute;as.</p>
+
+<p>Pero la polic&iacute;a entrometida no quiso aceptar el suceso con la misma
+calma que la gente, y prendi&oacute; &aacute; Morales.</p>
+
+<p>&mdash;Una venganza pol&iacute;tica&mdash;dijo &eacute;ste al entrar en la c&aacute;rcel&mdash;. Bien se ve
+que mandan los usurpadores. &iexcl;Como soy colorado!...</p>
+
+<p>Al registrarlo en presencia del juez, encontraron que debajo de sus
+ropas llevaba el cuerpo cubierto de plumas de avestruz. Jaramillo hac&iacute;a
+lo mismo. Era un secreto de su padre el brujo; el mejor medio para
+vencer en agilidad &aacute; los enemigos.</p>
+
+<p>Le di&oacute; rabia ver c&oacute;mo re&iacute;a el juez ante tal descubrimiento. Todos los
+abogados j&oacute;venes, que hab&iacute;an estudiado en Buenos Airea y despreciaban &aacute;
+los nativos, eran unos ignorantes.</p>
+
+<p>&mdash;A no ser por estas plumas, doctor&mdash;dijo Morales&mdash;, el difunto tal vez
+me habr&iacute;a matado. Mire c&oacute;mo fui yo el m&aacute;s ligero y le clav&eacute; por el
+vientre.</p>
+
+<p>Le quitaron las plumas, le quitaron la espada, &eacute; iban &aacute; quitarle la
+libertad durante un buen n&uacute;mero de a&ntilde;os, por ser el muerto de los del
+pa&ntilde;uelo blanco, cuando Morales se escap&oacute; de la penitenciar&iacute;a,
+refugi&aacute;ndose en el Paraguay, cuya frontera s&oacute;lo est&aacute; &aacute; dos horas de
+distancia.</p>
+
+<p>Jaramillo, que andaba desorientado durante su ausencia, quiso seguirle,
+y para justificar la fuga y no ser menos que su amigo, mat&oacute; &aacute; otro
+&laquo;pa&ntilde;uelo blanco&raquo; antes de pasar &aacute; la vecina naci&oacute;n.</p>
+
+<p>Trabajaron en los llamados &laquo;hierbales&raquo; donde se cosecha el <i>mate</i>, t&eacute;
+del pa&iacute;s puesto de moda por los jesu&iacute;tas en otros tiempos, cuando
+gobernaban la Rep&uacute;blica teocr&aacute;tica de las Misiones, fundada por ellos
+entre el Brasil, el Paraguay y la Argentina.</p>
+
+<p>Deseosos de volver &aacute; su patria, los dos interrumpieron su trabajo
+repetidas veces para tomar parte en las intentonas revolucionarias del
+partido. El grande hombre de los &laquo;colorados&raquo;, el doctor Sep&uacute;lveda, viv&iacute;a
+tranquilamente en Buenos Aires, esperando el momento de regenerar su
+provincia. Mientras tanto, los partidarios del doctor hac&iacute;an toda clase
+de esfuerzos para lograr su triunfo: revoluciones de d&iacute;a, revoluciones
+de noche; sublevaciones en la ciudad, sublevaciones en el campo.</p>
+
+<p>La gente de Buenos Aires apenas prestaba atenci&oacute;n &aacute; estas haza&ntilde;as y
+revueltas en la lejan&iacute;sima provincia. &iexcl;La Argentina es tan grande!
+Adem&aacute;s, todo esto ocurr&iacute;a en un extremo del pa&iacute;s, vecino al Brasil y al
+Paraguay; en una tierra que es argentina pol&iacute;ticamente, pero por la raza
+es m&aacute;s bien paraguaya, y cuyos habitantes hablan generalmente el
+guaran&iacute;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s del sangriento fracaso de aquella intentona nocturna, los dos
+volvieron &aacute; trabajar en el Paraguay, en la recolecci&oacute;n del <i>mate</i>. Ellos
+eran los m&aacute;s inmediatos consumidores, pues sentados al borde del gran
+rio en las horas de descanso, chupaban incesantemente el canuto hundido
+en la peque&ntilde;a calabaza rellena de hierba olorosa y de agua caliente que
+sosten&iacute;an en una mano.</p>
+
+<p>Hablaban de la tierra natal con voz lenta y entornando los ojos, como si
+fueran &aacute; dormirse. Algunas veces, la conversaci&oacute;n reca&iacute;a sobre Jaramillo
+padre y su prodigiosa ciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Yo le vi&mdash;dec&iacute;a Morales con respeto&mdash;curar &aacute; los enfermos en menos que
+se reza un credo. Les chupaba la parte enferma &oacute; pon&iacute;a la boca en su
+boca, aspirando su aliento. Luego escup&iacute;a un gusano, una piedra, una
+culebra peque&ntilde;a &oacute; una ara&ntilde;a. Era la enfermedad que acababa de sacarles
+del cuerpo.... Algunos se mor&iacute;an; pero era porque les faltaba paciencia
+para esperar la curaci&oacute;n y llamaban al m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;El mejor de sus secretos&mdash;insinuaba Jaramillo&mdash;es el que cura la
+mordedura de las v&iacute;boras. Me lo revel&oacute; poco antes de morir. Vale m&aacute;s que
+una herencia de muchas talegas de onzas de oro.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;melo, hermano&mdash;suplicaba Morales.</p>
+
+<p>Su amigo parec&iacute;a sobresaltarse.</p>
+
+<p>&mdash;No lo esperes. &Uacute;nicamente se puede revelar el secreto el d&iacute;a de
+Viernes Santo. Si lo cuento otro d&iacute;a, perder&eacute; mi poder curativo hasta el
+Viernes Santo del a&ntilde;o siguiente.</p>
+
+<p>Pero Morales empez&oacute; &aacute; importunar &aacute; su compa&ntilde;ero con una tenacidad
+infantil durante semanas y semanas. Se acordaba de haber visto operar &aacute;
+Jaramillo padre cierto d&iacute;a que un vecino hab&iacute;a regresado &aacute; su rancho con
+el brazo hinchado y negro por la mordedura de una serpiente. El brujo le
+hab&iacute;a puesto unos remedios en&eacute;rgicos sobre la herida, murmurando luego
+una invocaci&oacute;n misteriosa sobre el reptil, muerto de un garrotazo.</p>
+
+<p>T&uacute; no eres un buen compa&ntilde;ero&mdash;dec&iacute;a Morales con tristeza&mdash;. Yo te miro
+como mi &uacute;nica familia, y t&uacute; guardas secretos conmigo.</p>
+
+<p>Jaramillo no quer&iacute;a quedarse desarmado por su indiscreci&oacute;n. &iquest;Y si le
+mord&iacute;a &aacute; Morales uno de estos bichos venenosos al andar descalzo por los
+hierbales?...</p>
+
+<p>&mdash;No hay miedo&mdash;dec&iacute;a el otro&mdash;. Acu&eacute;rdate que me diste unas ligas de
+piel de anta, y las v&iacute;boras huyen de mis pies al percibir el olor de
+este cuero.</p>
+
+<p>Al fin, una tarde, Jaramillo hizo un esfuerzo, sacrific&aacute;ndose por la
+amistad.</p>
+
+<p>&mdash;Ya que lo quieres....</p>
+
+<p>Y cerrando los ojos le revel&oacute; el gran secreto. No hab&iacute;a mas que
+inclinarse sobre la serpiente muerta y decirle en voz baja: &laquo;No eres
+v&iacute;bora, que eres grillo.&raquo;</p>
+
+<p>Inmediatamente el veneno perd&iacute;a su poder ponzo&ntilde;oso dentro del cuerpo de
+la v&iacute;ctima.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nada m&aacute;s?&mdash;pregunt&oacute; Morales con visible decepci&oacute;n&mdash;. &iquest;Eso es todo?</p>
+
+<p>Eso era todo. Pero las palabras hab&iacute;a que decirlas en guaran&iacute;. Las
+serpientes, por ser del pa&iacute;s, no pueden entender el espa&ntilde;ol, lengua de
+Buenos Aires.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora&mdash;termin&oacute; con melancol&iacute;a Jaramillo&mdash;tendr&eacute; que esperar hasta,
+el pr&oacute;ximo Viernes Santo.</p>
+
+<p>De pronto empez&oacute; &aacute; hacer frecuentes viajes &aacute; Asunci&oacute;n, la capital del
+Paraguay. Su amigo, alarmado por estas ausencias, le oblig&oacute; &aacute; confesar
+la causa.</p>
+
+<p>&mdash;Lo he visto&mdash;dijo Jaramillo misteriosamente.</p>
+
+<p>Aunque no di&oacute; el nombre de lo que hab&iacute;a visto, bast&oacute; el tono de su voz
+para que Morales adivinase &aacute; qui&eacute;n se refer&iacute;a.</p>
+
+<p>Era el cabur&eacute;. No pod&iacute;a ser otro. Los dos hablaban con frecuencia de &eacute;l.</p>
+
+<p>&iexcl;Qui&eacute;n tuviera una pluma de cabur&eacute;, para ser invulnerable y por lo
+mismo el hombre m&aacute;s valeroso de la tierra!... Hasta el mismo Jaramillo
+padre, con toda su sabidur&iacute;a, no hab&iacute;a conseguido ver nunca un cabur&eacute; en
+sus manos. Era muy dif&iacute;cil apoderarse de &eacute;l. Por esto repiti&oacute; el hijo,
+con una expresi&oacute;n de orgullo:</p>
+
+<p>&mdash;Lo he visto: como te veo &aacute; ti.</p>
+
+<p>Su poseedor era un <i>gringo</i> que viv&iacute;a en Asunci&oacute;n sin m&aacute;s objeto que
+estudiar los animales y las plantas del pa&iacute;s; un doctor alem&aacute;n, gordo,
+rubicundo, de gafas doradas, muy amigo de bromear con las gentes simples
+del campo, para sonsacarles noticias. En el patio de su casa, que era
+tan grande como un claustro de convento, ten&iacute;a numerosos p&aacute;jaros y
+cuadr&uacute;pedos, y en mitad de &eacute;l, ocupando una jaula especial, como rey de
+esta peque&ntilde;o &eacute; inquieto mundo, al que pod&iacute;a hacer enmudecer con s&oacute;lo un
+grito, estaba el cabur&eacute;.</p>
+
+<p>Al encontrar el doctor varias veces &aacute; Jaramillo inm&oacute;vil en la puerta de
+su casa, mirando desde el otro lado de la cancela al famoso p&aacute;jaro, le
+hab&iacute;a hecho pasar para mostr&aacute;rselo de cerca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; joya! &iquest;eh?...&mdash;decia con orgullo&mdash;. Me cuesta m&aacute;s oro que pesa.
+Es una verdadera casualidad tener uno vivo.</p>
+
+<p>Pero daba por bien empleados sus sacrificios pensando en el volumen de
+ochocientas p&aacute;ginas que iba &aacute; escribir, para Berl&iacute;n, sobre el cabur&eacute; y
+sus costumbres, libro que le valdr&iacute;a el premio de varias Academias.</p>
+
+<p>A los dos amigos se les ocurri&oacute; lo mismo: robar la prodigiosa bestia &oacute;
+llevarse cuando menos algunas de sus plumas.</p>
+
+<p>El golpe s&oacute;lo pod&iacute;a darse &aacute; la hora de la siesta. Jaramillo amaba esta
+hora como la m&aacute;s segura. Morales se quedar&iacute;a en la calle para auxiliar &aacute;
+su compa&ntilde;ero. &iquest;Qui&eacute;n puede adivinar lo futuro? Tal vez gritase el
+alem&aacute;n, y fuese preciso matarlo. &iexcl;Una vida menos significa tan poco!...</p>
+
+<p>Entr&oacute; Jaramillo en la casa saltando la tapia del patio trasero. Luego se
+desliz&oacute;, con los pies descalzos, por los frescos corredores, sin
+producir ruido alguno. Al pasar junto &aacute; una puerta oy&oacute; ronquidos. El
+alem&aacute;n, deseoso de amoldarse en todo &aacute; las costumbres del pa&iacute;s, dorm&iacute;a
+la siesta.</p>
+
+<p>El mestizo sali&oacute; al patio grande, deteni&eacute;ndose frente &aacute; la jaula del
+centro, rodeada de arbustos con flores enormes, rojas y de cinco puntas,
+llamadas &laquo;estrella federal&raquo;.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba la c&eacute;lebre bestia: una especie de mochuelo diminuto, de pico
+breve y encorvado. Se miraron fijamente, lo mismo que si fuesen &aacute;
+entablar un combate. Los ojos redondos del animal, unos ojos de oro con
+una cuenta negra en el centro, contemplaron al hombre ferozmente. Luego
+parpadearon, como vencidos por la mirada humana.</p>
+
+<p>Jaramillo no quiso perder tiempo. Con una contorsi&oacute;n de mu&ntilde;eca arranc&oacute;
+el candado de la jaula. Luego avanz&oacute; la diestra audazmente, y &aacute; pesar de
+su deseo de mantenerse silencioso, lanz&oacute; un rugido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, p&aacute;jaro del diablo!...</p>
+
+<p>Ten&iacute;a un dedo atravesado de parte &aacute; parte. No era un picotazo; era una
+pu&ntilde;alada. Un berbiqu&iacute; ardiente acababa de perforarle la carne y el
+hueso.</p>
+
+<p>Sobreponi&eacute;ndose al dolor, cerr&oacute; la mano ensangrentada para aprisionar &aacute;
+su enemigo. Deseaba ahogarlo y al mismo tiempo no quer&iacute;a oprimirle de
+una manera mortal, pues la pluma del cabur&eacute; s&oacute;lo conserva sus milagrosas
+cualidades cuando ha sido arrancada estando la bestia viva.</p>
+
+<p>Con la otra mano libre le despoj&oacute; de las plumas de atr&aacute;s, y el animal
+lanz&oacute; un alarido al mismo tiempo que repet&iacute;a su picotazo.</p>
+
+<p>El grito espeluznante fu&eacute; seguido de un profundo silencio. Los animales
+del patio callaron medrosos, ocult&aacute;ndose en lo m&aacute;s profundo de sus
+viviendas. Pareci&oacute; que se inmovilizaba la vida en todo el barrio.</p>
+
+<p>A impulsos del dolor, el mestizo hab&iacute;a arrojado al cabur&eacute; contra el
+suelo de la jaula, huyendo luego hacia la calle. El p&aacute;jaro, viendo la
+jaula abierta, salt&oacute; fuera de ella como si pretendiese perseguir &aacute; su
+enemigo; pero despu&eacute;s torci&oacute; de rumbo, subi&eacute;ndose al alero del tejado
+para desaparecer finalmente.</p>
+
+<p>Jaramillo descorri&oacute; el cerrojo de la cancela, saliendo &aacute; la calle. All&iacute;
+le esperaba su fiel Morales. No llevaba espada&mdash;esta expedici&oacute;n era de
+las de arma corta&mdash;; pero ten&iacute;a la mano puesta por debajo del poncho en
+el pu&ntilde;o de una faca, por lo que pudiera ocurrir.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso, hermano?&mdash;pregunt&oacute; al ver la diestra ensangrentada de su
+compa&ntilde;ero&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n te ha herido?</p>
+
+<p>El otro levant&oacute; los hombros con indiferencia, limit&aacute;ndose &aacute; mostrarle
+tres plumas peque&ntilde;as que llevaba entre los dedos.</p>
+
+<p>Desde aquella tarde cambi&oacute; radicalmente la vida de los dos. Jaramillo
+tuvo que ir en busca de un curandero amigo de su padre. Su dedo herido
+se hab&iacute;a puesto negro, y era preciso cortarlo para que la podredumbre
+venenosa no le llegase al coraz&oacute;n. El mago ind&iacute;gena afil&oacute; en una piedra
+el mismo cuchillo de que se serv&iacute;a para rascarle el barro &aacute; su caballejo
+y para partir el pan. La amputaci&oacute;n fu&eacute; dolorosa; pero &aacute; Jaramillo le
+bastaba mirar la bolsita que llevaba pendiente sobre el pecho, con las
+plumas del cabur&eacute; dentro, para recobrar su valor. Bien pod&iacute;a sufrirse un
+poco &aacute; cambio de tan poderoso talism&aacute;n. Morales estaba triste y hablaba
+con timidez, como el que desea hacer una petici&oacute;n y no se atreve,
+midiendo su importancia. Al fin se decidi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Hermano, &iquest;si me dieses una de las plumas?... Piensa que siempre nos lo
+hemos partido todo, como si fu&eacute;semos de la misma madre. T&uacute; tienes tres
+plumas; &iquest;qu&eacute; te cuesta regalarme una? Ser&aacute;s igualmente poderoso con dos.
+Basta una sola para que nadie pueda herirte.</p>
+
+<p>Pero aunque Jaramillo no hab&iacute;a frecuentado la escuela, sab&iacute;a que tres
+son m&aacute;s que dos, y estaba seguro de que, conservando las tres plumas, su
+poder resultar&iacute;a m&aacute;s grande. Adem&aacute;s, no pod&iacute;a admitir que Morales, luego
+de conservar sus dedos completos, quisiera igualarse con &eacute;l. Le gustaba
+tenerlo bajo el imperio de su superioridad.</p>
+
+<p>Y efectivamente, Morales empez&oacute; &aacute; sentirse esclavo. Su amigo era ahora
+otro hombre. Le hac&iacute;a ejecutar su propio trabajo mientras &eacute;l descansaba;
+le exig&iacute;a su dinero; hasta le quit&oacute; una paraguaya de tez blanca y andar
+arrogante que al principio se hab&iacute;a mostrado prendada de &eacute;l.</p>
+
+<p>&laquo;Debo matarlo&mdash;empez&oacute; &aacute; pensar&mdash;. Ya no podemos vivir juntos.&raquo;</p>
+
+<p>Pero tuvo que repeler inmediatamente este mal pensamiento. Era imposible
+matar &aacute; Jaramillo mientras guardase su talism&aacute;n, la bolsita con plumas
+de cabur&eacute;, que le hac&iacute;a invulnerable.</p>
+
+<p>Y el d&eacute;spota, animado por la resignaci&oacute;n fatalista de Morales, extrem&oacute;
+sus audacias. Un d&iacute;a lo abofete&oacute; porque no le obedec&iacute;a con rapidez, y al
+salir indemne de este atrevimiento, repiti&oacute; &aacute; todas horas sus
+atropellos.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;A qu&eacute; no se atrever&aacute;, llevando en el pecho lo que lleva?&raquo;, se dec&iacute;a
+Morales con envidia.</p>
+
+<p>Ni los hombres ni las fieras pod&iacute;an inspirar miedo &aacute; Jaramillo. En una
+taberna del campo se bati&oacute; con cinco paraguayos de los m&aacute;s bravos,
+resultando ileso y vencedor. Nadaba en el r&iacute;o todos los d&iacute;as, &aacute; pesar de
+que ninguno de los que trabajaban en el hierbal osaba hacerlo, por miedo
+al &laquo;Tatita&raquo;, &oacute; sea al &laquo;Abuelo&raquo; en la lengua del pa&iacute;s.</p>
+
+<p>Este &laquo;Abuelo&raquo; era un &laquo;yacar&eacute;&raquo;, un caim&aacute;n famoso por su tama&ntilde;o desde el
+lugar donde se forma el r&iacute;o de la Plata hasta lo m&aacute;s alto del Paran&aacute;.
+Los viejos del pa&iacute;s, que saben adivinar la edad de los caimanes, le
+atribu&iacute;an unos cuatrocientos a&ntilde;os. Tal vez hab&iacute;a visto de peque&ntilde;o c&oacute;mo
+los primeros espa&ntilde;oles remontaron el r&iacute;o en sus naves de velas cuadradas
+con leones y castillos pintados.</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute; est&aacute; &laquo;el Tatita&raquo;&mdash;dec&iacute;an los del hierbal.</p>
+
+<p>Y se&ntilde;alaban una especie de tronco rugoso y verde que descansaba en el
+barro de una isleta cercana, lo mismo que un &aacute;rbol muerto tra&iacute;do por la
+corriente.</p>
+
+<p>Como desde la &uacute;ltima revoluci&oacute;n paraguaya eran abundantes los mausers en
+los ranchos, empezaba un tiroteo contra la bestia centenaria. Algunos
+tiradores le marcaban el lomo &aacute; balazos. Tarea in&uacute;til: los proyectiles
+levantaban esquirlas de su coraza, pero el enorme lagarto apenas se
+mov&iacute;a, como si todos estos balazos fuesen para &eacute;l leves cosquilleos. Si
+los cazadores se aproximaban, finalmente, en una barca, se dejaba ir
+perezosamente al fondo del r&iacute;o, levantando una corona de espumas
+amarillentas.</p>
+
+<p>Morales hab&iacute;a nadado de peque&ntilde;o entre los yacar&eacute;s, sin gran emoci&oacute;n.
+Pero eran caimanes tan inexpertos y tiernos como &eacute;l. Los temibles son
+los viejos, &aacute; los que llaman &laquo;cebados&raquo; por haber comido carne de hombre.
+As&iacute; que la prueban una vez, quedan aficionados &aacute; ella para siempre, &iexcl;y
+este &laquo;Abuelo&raquo; llevaba pasadas por su est&oacute;mago tantas generaciones
+humanas!...</p>
+
+<p>Siempre que Jaramillo se lanzaba a nadar, Morales, por un recuerdo de
+su antigua amistad, le hac&iacute;a la misma recomendaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cuidado con &laquo;el Tatita&raquo;!</p>
+
+<p>El otro se alejaba, braceando alegremente, hacia el centro del r&iacute;o, en
+busca de las aguas profundas. &iexcl;El cuidado que pod&iacute;a inspirarle un yacar&eacute;
+m&aacute;s viejo que las Am&eacute;ricas!...</p>
+
+<p>Un domingo, cuando Morales, sentado en la orilla, terminaba de fumar un
+cigarro paraguayo, que hac&iacute;a caer por las comisuras de sus labios dos
+chorros de zumo negro, Jaramillo se ech&oacute; al r&iacute;o. Morales, por estar en
+alto, pudo ver algo obscuro y enorme que se deslizaba entre dos aguas
+con la velocidad de un torpedo, viniendo en &aacute;ngulo recto al encuentro
+del nadador.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;El Tatita&raquo;&mdash;se dijo&mdash;. S&oacute;lo puede ser &eacute;l.</p>
+
+<p>Su camarada agit&oacute; los brazos desesperadamente, lanz&oacute; un alarido, y &aacute;
+continuaci&oacute;n desapareci&oacute;, como si tirase de &eacute;l una fuerza irresistible.</p>
+
+<p>M&aacute;s que el hecho en s&iacute;, aturdi&oacute; y desconcert&oacute; &aacute; Morales la posibilidad
+de que pudiese ocurrir. Todas las creencias de su vida temblaron,
+pr&oacute;ximas &aacute; derrumbarse. Era para perder la fe.</p>
+
+<p>&mdash;No, no es posible; Jaramillo tiene un talism&aacute;n; Jaramillo no puede
+morir....</p>
+
+<p>Instintivamente fu&eacute; hacia el lugar donde el nadador hab&iacute;a dejado sus
+ropas. Una sonrisa de certidumbre, de confianza recobrada, dilat&oacute; su
+rostro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien dec&iacute;a yo!...</p>
+
+<p>Sobre las ropas estaba la bolsita, el irresistible <i>pay&eacute;</i>. El muerto se
+hab&iacute;a despojado de &eacute;l antes de echarse al r&iacute;o, tal vez por distracci&oacute;n,
+tal vez por alg&uacute;n otro motivo desconocido de Morales.</p>
+
+<p>&Eacute;ste pens&oacute; que existe una Providencia, como aseguran los padres
+misioneros. Luego se imagin&oacute; que tal vez aquel yacar&eacute; tan viejo como el
+r&iacute;o era alguna divinidad misteriosa que se encargaba de vengar &aacute; los
+humildes.</p>
+
+<p>Y sin vacilaci&oacute;n se colg&oacute; del cuello la bolsita, con el mismo aire de un
+soberano que se ci&ntilde;ese la corona del mundo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>La suerte acudi&oacute; en seguida &aacute; sonreirle.</p>
+
+<p>Triunfaron inesperadamente los &laquo;colorados&raquo;. Ellos, que llevaban hechas
+tantas revoluciones, volvieron &aacute; apoderarse del gobierno del modo m&aacute;s
+pac&iacute;fico y prosaico. El doctor Sep&uacute;lveda, siempre en Buenos Aires,
+consigui&oacute; que el gobierno federal enviase &aacute; su provincia una comisi&oacute;n
+interventora encargada de examinar los actos administrativos de los
+enemigos. Esta intervenci&oacute;n puso al descubierto cosas censurables&mdash;como
+ocurre siempre en tales casos&mdash;, y el resultado fu&eacute; que los &laquo;blancos&raquo;
+tuvieron que abandonar el poder y entraron &aacute; gobernar los &laquo;colorados&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Morales &aacute; su patria con el orgullo y la aureola de un m&aacute;rtir
+pol&iacute;tico. El grande hombre del partido, que era ahora gobernador de la
+provincia, le estrech&oacute; la mano, honor que hizo llorar al mestizo.</p>
+
+<p>&mdash;Te conozco, h&eacute;roe; eres un superviviente de la noche inolvidable. Ya
+quedan pocos.... &iquest;Qu&eacute; deseas obtener?...</p>
+
+<p>Morales era de f&aacute;cil contentamiento. Quer&iacute;a, simplemente, entrar en la
+Polic&iacute;a. Llevaba muchos a&ntilde;os recibiendo golpes de los enemigos, y
+deseaba, &aacute; su vez, darse el gusto de devolverlos.</p>
+
+<p>Sus antiguos amigos lo encontraban en las calles de la ciudad con
+zapatos&mdash;&iexcl;un tormento!&mdash;, levitilla azul de botones dorados, y un casco
+ingl&eacute;s, blanco. La espada ya no la llevaba bajo el brazo ni oculta en el
+pantal&oacute;n. Le pend&iacute;a de la cintura, como &aacute; los militares, como &aacute; todos
+los que representan el orden y pueden pegar.</p>
+
+<p>Su carrera fu&eacute; r&aacute;pida, y al t&eacute;rmino de ella le sali&oacute; al encuentro la
+gloria. No hubo en todo el pa&iacute;s un polic&iacute;a m&aacute;s valiente. &iquest;Qu&eacute; puede
+temer un hombre que lleva en el pecho un talism&aacute;n de plumas de
+cabur&eacute;?... Cuando hab&iacute;a algo dif&iacute;cil y peligroso que hacer, sus jefes
+daban siempre la misma orden:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que llamen &aacute; Morales!</p>
+
+<p>En vano los rebeldes &aacute; la autoridad sacaban sus pistolas en tabernas y
+bailes. Antes de que disparasen, el mestizo se las arrebataba de un
+manotazo. Algunas veces consegu&iacute;an hacer fuego; pero las balas se
+limitaban &aacute; agujerear su casco &oacute; ciertas superfluidades del uniforme,
+sin tocar nunca su carne. Y &eacute;l sal&iacute;a de estas pruebas sonriente y
+tranquilo, como de cosas ordinarias y bien sabidas de antemano.</p>
+
+<p>En cambio, la certeza de ser invulnerable le proporcionaba un gran
+empuje para la acci&oacute;n. No teniendo que preocuparse de la defensa,
+concentraba todas sus potencias en el ataque, y no hab&iacute;a mano m&aacute;s pronta
+y &aacute;gil que la suya. Si alguien se negaba &aacute; obedecerle, ve&iacute;a
+inmediatamente desdoblarse al mestizo, hasta convertirse en una compa&ntilde;&iacute;a
+entera de Morales, todos espada en mano. Recib&iacute;a un cintarazo por la
+izquierda, y al volverse encontraba un segundo Morales que le atizaba
+por la derecha. Luego un tercer Morales le tiraba al cr&aacute;neo por lo alto,
+un cuarto lo hac&iacute;a saltar golpeandole entre las piernas, y as&iacute;
+sucesivamente, hasta que ped&iacute;a misericordia.</p>
+
+<p>Los m&aacute;s valientes de la provincia empezaron &aacute; hablar de &eacute;l con temor,
+adivinando su secreto.</p>
+
+<p>&mdash;Es in&uacute;til hacer nada contra su persona. Debe tener un <i>pay&eacute;</i>.</p>
+
+<p>Sus jefes le hubieran hecho oficial, pero no sab&iacute;a leer. Se limitaron &aacute;
+darle los galones de cabo, y &eacute;l crey&oacute; necesario, para el ornato de su
+nueva dignidad, dejarse crecer en forma de bigote los contados pelos de
+su rostro cobrizo.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as de gran mercado, las mujeres del campo, que ven&iacute;an &aacute; la
+capital montadas &aacute; estilo de hombre en sus caballejos de largo pelaje,
+admiraban al c&eacute;lebre polic&iacute;a. Le llamaban don Morales, poniendo el <i>don</i>
+ante el apellido, como es de uso en el pa&iacute;s. Todas ellas palidec&iacute;an al
+ver al h&eacute;roe, pretendiendo atraerlo con las m&aacute;s dulces miradas de sus
+ojos oblicuos.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, estando de servicio en el Mercado, don Morales se tropez&oacute;
+con cierto <i>gringo</i> corpulento, forzudo y rojo, al que hab&iacute;a conocido
+a&ntilde;os antes en el Paraguay.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Don Macperson!... &iexcl;Qu&eacute; sorpresa! &iquest;C&oacute;mo le va?...</p>
+
+<p>Se abrazaron. El polic&iacute;a lo despreciaba, como &aacute; todos los extranjeros,
+pero al mismo tiempo sent&iacute;a por &eacute;l una gran admiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>El desprecio era porque ignoraba el <i>guaran&iacute;</i> y hablaba mal el espa&ntilde;ol,
+signos evidentes de inferioridad mental. Adem&aacute;s, como todos los
+<i>gringos</i>, ten&iacute;a los pies enormes y calzaba zapatos que parec&iacute;an nav&iacute;os,
+lo que denuncia un origen ordinario en un pa&iacute;s donde los hombres
+ostentan el pie peque&ntilde;o y alto de empeine, lo mismo que una dama.</p>
+
+<p>Lo admiraba porque era capaz de pasar un d&iacute;a entero con su noche sin
+levantarse de la mesa, vaciando botella tras botella. Adem&aacute;s, ten&iacute;a la
+elocuencia de un predicador cuando ensalzaba las virtudes curativas del
+<i>whisky</i>, remedio infalible para todos los disgustos y todas las
+enfermedades.</p>
+
+<p>Morales hasta conoc&iacute;a sus man&iacute;as. Cuando hab&iacute;a bebido m&aacute;s de una copa,
+se irritaba si le llamaban ingl&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Mi no ser ingl&eacute;s&mdash;dec&iacute;a en un espa&ntilde;ol balbuceante&mdash;; mi ser escoc&eacute;s.</p>
+
+<p>Llevaba un sinn&uacute;mero de a&ntilde;os viviendo en la Am&eacute;rica del Sur. Hab&iacute;a sido
+buscador de esmeraldas en Colombia, minero de plata en el Per&uacute; y de
+esta&ntilde;o en Bolivia, exportador de salitre en Chile, ganadero en
+Argentina, vendedor de hierba <i>mate</i> en Paraguay y borracho consecuente
+en todas partes. Unas veces se ve&iacute;a patrono, otras modesto empleado; tan
+pronto daba dinero &aacute; los simples conocidos, como solicitaba un pr&eacute;stamo
+para continuar sus viajes. Ahora&mdash;seg&uacute;n declar&oacute; &aacute; Morales desde las
+primeras palabras&mdash;se ocupaba en comprar novillos, como representante de
+cierta casa del Uruguay que fabricaba carne l&iacute;quida para los ni&ntilde;os y los
+adultos d&eacute;biles.</p>
+
+<p>Esta carne l&iacute;quida le hac&iacute;a sonre&iacute;r de l&aacute;stima. &iexcl;Habiendo <i>whisky</i> en la
+tierra!...</p>
+
+<p>Morales vacil&oacute; mirando su propio uniforme. Era una autoridad, y s&oacute;lo
+pod&iacute;a entrar en las tabernas para imponer respeto. Pero luego se
+enterneci&oacute; mirando al <i>gringo</i>. &iexcl;Un viejo compa&ntilde;ero!...</p>
+
+<p>&mdash;Oiga, don Macperson, &iquest;si fu&eacute;semos &aacute; tomar una copa?...</p>
+
+<p>Entraron en una taberna del Mercado, y el due&ntilde;o, en atenci&oacute;n &aacute; Morales,
+les puso una mesilla en el fondo del corral. No hab&iacute;a <i>whisky</i>, pero
+sac&oacute; una ginebra que arranc&oacute; elogios al extranjero.</p>
+
+<p>&mdash;Beba, Don; beba todo lo que quiera&mdash;dijo el polic&iacute;a&mdash;. Ya sabe que yo
+aprecio mucho &aacute; los ingleses, y ahora que soy alguien en mi pa&iacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;Mi no ser ingl&eacute;s; mi ser escoc&eacute;s.</p>
+
+<p>Record&oacute; Morales la man&iacute;a de su amigo. Muy bien; &eacute;l apreciaba tambi&eacute;n
+mucho &aacute; los escoceses. Y despu&eacute;s de esto, como si solicitase la
+admiraci&oacute;n del <i>gringo</i>, habl&oacute; de sus haza&ntilde;as y del respeto medroso con
+que le miraban todos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute;, lo s&eacute;&mdash;dijo el extranjero.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a o&iacute;do hablar mucho del cabo don Morales, y su asombro era sincero,
+aunque algo molesto para el h&eacute;roe. No pod&iacute;a comprender que este mozo
+peque&ntilde;o, enjuto y enclenque en apariencia inspirase miedo &aacute; nadie. Lo
+contempl&oacute; con una curiosidad algo ir&oacute;nica desde la altura de su
+corpulencia; le acarici&oacute; los brazos con sus manazas, sonriendo al
+encontrar inmediatamente el hueso bajo los m&uacute;sculos nervudos pero
+delgados.</p>
+
+<p>Un recuerdo surgido repentinamente en su memoria hizo esta sonrisa m&aacute;s
+insolente a&uacute;n. Se vi&oacute; en un hierbal del Paraguay algunos a&ntilde;os antes,
+teniendo una disputa con Morales, que era su pe&oacute;n. El mestizo tiraba de
+la espada; pero &eacute;l, de un manotazo, le quitaba la espada, propin&aacute;ndole
+despu&eacute;s unos cuantos pu&ntilde;etazos de boxeador que le dejaban in&aacute;nime en el
+suelo.</p>
+
+<p>Por un fen&oacute;meno de simpat&iacute;a mental, Morales evoc&oacute; al mismo tiempo este
+recuerdo, pero a&ntilde;adi&eacute;ndole una segunda parte. Se vi&oacute; tendido al
+anochecer en los hierbales, esperando al <i>gringo</i>, que despu&eacute;s de darle
+los pu&ntilde;etazos iba &aacute; pasar la noche en Asunci&oacute;n. Al tenerle cerca, le
+disparaba un pistoletazo. Quedaba mal herido el escoc&eacute;s, guardaba cama
+varias semanas, y luego de restablecerse se iba del pa&iacute;s, convencido de
+que no es prudente tener cuestiones con la gente cobriza.</p>
+
+<p>Se miraron largamente los dos hombres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Famoso Morales!... &iexcl;Encontr&aacute;rmelo hecho un h&eacute;roe!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Este don Macperson! &iquest;Por qu&eacute; lo querr&eacute; tanto?...</p>
+
+<p>Y se estrecharon las manos por encima del tarro de ginebra, que empezaba
+&aacute; estar casi vac&iacute;o.</p>
+
+<p>Pero ya no se miraban lo mismo que antes. Detr&aacute;s de sus pupilas
+persist&iacute;a el mal recuerdo del pasado.</p>
+
+<p>El polic&iacute;a mostraba empe&ntilde;o en que le admirase el otro. Toda la ginebra
+descendida &aacute; su est&oacute;mago pareci&oacute; alborotarse con la sospecha de que el
+<i>gringo</i> no cre&iacute;a en su valor y ten&iacute;a por mentiras las haza&ntilde;as que
+llevaba realizadas.</p>
+
+<p>De su espa&ntilde;ol aprendido en Buenos Aires, prefer&iacute;a el escoc&eacute;s una palabra
+que siempre hab&iacute;a irritado &aacute; Morales. Cuando le contaban cosas
+inveros&iacute;miles, levantaba los hombros, diciendo con desprecio:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Macanas!... &iexcl;Todo macanas</i>!</p>
+
+<p>Adivin&oacute; que en el pensamiento del <i>gringo</i> estaba resonando
+incesantemente la misma palabra en aquellos momentos. &laquo;&iquest;Las valent&iacute;as
+del cabo Morales? &iexcl;<i>Macanas</i>! &iexcl;Todo <i>macanas</i>!&raquo;</p>
+
+<p>El deseo de verse admirado le hizo ser humilde y revelar su secreto.</p>
+
+<p>&mdash;Vea, don Escoc&eacute;s. Si soy valiente, reconozco que no hay en ello gran
+m&eacute;rito. Aunque quisiera ser cobarde, no podr&iacute;a. Tengo un <i>pay&eacute;</i>
+poderos&iacute;simo: llevo en el pecho tres plumas de cabur&eacute;. Usted es casi del
+pa&iacute;s; usted sabe lo que es eso. No hay hombre ni fiera que pueda nada
+contra m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Macanas!... &iexcl;Todo macanas</i>!</p>
+
+<p>Ya hab&iacute;a surgido la terrible palabra. El polic&iacute;a empalideci&oacute; al verse
+desmentido con un tono de desprecio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;no le digo que tengo un <i>pay&eacute;</i>?... M&iacute;relo. A usted solo se lo
+ense&ntilde;o.</p>
+
+<p>Y se desabroch&oacute; la levitilla y la camisa, mostrando la peque&ntilde;a bolsa de
+cuero sudada y negruzca que pend&iacute;a sobre su pecho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Macanas!... &iexcl;Macanas</i>!&mdash;repiti&oacute; el extranjero, apurando el resto de
+la botella de barro y empezando otra que acababa de traer el due&ntilde;o del
+cafet&iacute;n.</p>
+
+<p>Irritado Morales, habl&oacute; de su infortunado camarada Jaramillo, del doctor
+germ&aacute;nico, del cabur&eacute;, del caim&aacute;n &laquo;el Abuelo&raquo;; cont&oacute; toda su historia,
+sin que el otro cambiase de actitud.</p>
+
+<p>El mestizo se puso de pie. Pod&iacute;a el <i>gringo</i> dudar de las virtudes de su
+madre, si gustaba de ello; por eso no dejar&iacute;an de ser amigos. En
+realidad, &eacute;l no estaba seguro de qui&eacute;n hab&iacute;a sido su padre. Las gentes
+del pa&iacute;s prescinden con frecuencia del casamiento, por los muchos
+papelotes, molestias y gastos que exige. &iquest;Pero dudar de su talism&aacute;n?...
+&iquest;Tener por falsa su historia?...</p>
+
+<p>&mdash;Oiga, don Ingl&eacute;s.</p>
+
+<p>El escoc&eacute;s quiso protestar al oir que le llamaban as&iacute;, paro se qued&oacute; con
+la boca entreabierta por la sorpresa, d&aacute;ndose cuenta de que este error
+era intencionado y representaba un insulto.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga, don Ingl&eacute;s. Vamos &aacute; hacer una prueba.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a sacado de un bolsillo de su pantal&oacute;n una pistola de dos ca&ntilde;ones de
+enorme calibre. &Eacute;l ten&iacute;a sus armas &aacute; la vista y sus armas ocultas.</p>
+
+<p>Se la ofreci&oacute; al extranjero; y &eacute;ste, que tambi&eacute;n se hab&iacute;a puesto de pie
+con mal gesto, la tom&oacute; sin saber lo que hac&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Yo puedo matarlo &aacute; usted, si quiero, y usted, en cambio, no puede
+hacerme nada &aacute; m&iacute;.... Pero no abusar&eacute;. Prefiero que se convenza por sus
+propios ojos. A ver si as&iacute; se le ablanda esa cabezota dura de bruto que
+tiene.... &iexcl;Tire!</p>
+
+<p>Se abri&oacute; con ambas manos sus ropas, mostrando el pecho desnudo y la
+prodigiosa bolsita. Pod&iacute;a el gringo hacer fuego sin cuidado. Se lo dec&iacute;a
+&eacute;l con aire de reto.</p>
+
+<p>Macperson, &aacute; pesar de su embriaguez, reconoci&oacute; que la proposici&oacute;n era
+absurda. Aquel mestizo se hab&iacute;a vuelto loco, y en su soberbia confianza
+hasta parec&iacute;a burlarse de &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted miedo de tirar, y hace bien. La bala rebotar&aacute; sobre mi
+pecho y puede herirle &aacute; usted. Coloq&uacute;ese de modo que no le alcance.</p>
+
+<p>El otro, como si no entendiese estas recomendaciones, se hab&iacute;a limitado
+&aacute; poner horizontal la pistola, apuntando al pecho que ten&iacute;a enfrente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira que tiro!&mdash;dijo al fin con tono de amenaza&mdash;. D&eacute;jate de
+<i>macanas</i>, &oacute; tiro.</p>
+
+<p>Se perdi&oacute; entre los dos todo respeto. Se miraron como enemigos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tira, <i>gringo</i> del demonio, para que puedas convencerte!... &iexcl;Cuando
+te digo que tengo un <i>pay&eacute;</i>!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira que hago fuego!&mdash;volvi&oacute; &aacute; repetir el otro con voz a&uacute;n m&aacute;s
+sombr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tira de una vez, hijo de perra!... T&uacute; no eres escoc&eacute;s.... T&uacute; eres....</p>
+
+<p>No pudo seguir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya que lo quieres!...</p>
+
+<p>Y el <i>gringo</i> apret&oacute; los dos gatillos al mismo tiempo.</p>
+
+<p>Una nube blanca se extendi&oacute; ante sus ojos.</p>
+
+<p>Al disolverse el humo y extinguirse el doble trueno, vi&oacute; &aacute; Morales
+tendido &aacute; sus pies. Ten&iacute;a los brazos abiertos, el pecho destrozado y una
+sonrisa helada, de soberbia confianza, de fe inconmovible, que iba &aacute; ser
+el &uacute;ltimo de sus gestos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LAS_VIRGENES_LOCAS" id="LAS_VIRGENES_LOCAS"></a><a href="#capitulos">LAS V&Iacute;RGENES LOCAS</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Eran dos hermanas, Berta y Julieta, hu&eacute;rfanas de un diplom&aacute;tico que
+hab&iacute;a hecho desarrollarse su ni&ntilde;ez en lejanos pa&iacute;ses del Extremo Oriente
+y la Am&eacute;rica del Sur; dos hermanas libres de toda vigilancia de familia,
+j&oacute;venes, de escasa renta y numerosas relaciones, que figuraban en todas
+las fiestas de Par&iacute;s. Los t&eacute;s de la tarde que se convierten en bailes
+las ve&iacute;an llegar con exacta puntualidad. Una r&aacute;faga alegre parec&iacute;a
+seguir el revoloteo de sus faldas.</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute;n aqu&iacute; las se&ntilde;oritas de Maxeville.</p>
+
+<p>Y los violines sonaban con m&aacute;s dulzura, las luces adquir&iacute;an mayor brillo
+en el crep&uacute;sculo invernal, los hombres entornaban los ojos acarici&aacute;ndose
+el bigote, y algunas matronas corr&iacute;an instintivamente sus sillas atr&aacute;s,
+apartando los ojos como si viesen de pronto, formando mont&oacute;n, todas las
+perversiones de la &eacute;poca.</p>
+
+<p>Ninguna joven osaba imitar los vestidos audaces, los ademanes
+exc&eacute;ntricos, las palabras de sentido ambiguo que formaban el encanto
+picante y perturbador de las dos hermanas. Todos los atrevimientos
+perturbadores del gran mundo encontraban su apoyo. Hab&iacute;an dado los
+primeros pasos hac&iacute;a la gloria bailando el <i>cake-walk</i> en los salones,
+hace muchos a&ntilde;os, &iexcl;muchos! cinco &oacute; seis cuando menos, en la &eacute;poca remota
+que la humanidad gustaba a&uacute;n de tales vejeces. Despu&eacute;s apadrinaron la
+&laquo;danza del oso&raquo;, el tango, la machicha y la furlana.</p>
+
+<p>Su inconsciente regocijo, al ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites permitidos,
+escandalizaba &aacute; las se&ntilde;oras viejas. Luego, hasta las m&aacute;s adustas
+acababan por perdonarlas. &laquo;Unas locas estas Maxeville.... &iexcl;Pero tan
+buenas!&raquo;</p>
+
+<p>Todos conoc&iacute;an su existencia en un quinto piso, sin otra servidumbre que
+una vieja dom&eacute;stica que hac&iacute;a oficios de madre, suspirando al recordar
+las extinguidas grandezas de Su Excelencia el ministro plenipotenciario.
+Todos se daban cuenta de sus esfuerzos sonrientes y dolorosos para
+conservar el antiguo rango con una modesta pensi&oacute;n procedente del padre
+y una corta renta de la madre; sus habilidades taumat&uacute;rgicas para
+mostrarse bien vestidas &aacute; poco precio; su adopci&oacute;n de modas audaces,
+destinadas al fracaso, para ocultar con pretexto de originalidad el
+escaso valor de su indumentaria.</p>
+
+<p>Las gentes murmuradoras denunciaban sus ocultos convenios con modistas y
+sombrereras, que les prove&iacute;an gratis para que propagasen sus
+invenciones. Pero aqu&iacute; se deten&iacute;a la maledicencia. De sus costumbres, de
+su vida en la casa, ni una palabra. Las rancias familias diplom&aacute;ticas
+que hab&iacute;an conocido al ministro jam&aacute;s tuvieron que amonestarlas por una
+imprudencia irreparable.</p>
+
+<p>El despecho de los hombres era tambi&eacute;n un certificado de su honestidad.
+Corr&iacute;an hacia ellas, atra&iacute;dos por su exterior desenvuelto. Se
+atropellaban unos &aacute; otros, como en una empresa f&aacute;cil donde todo el &eacute;xito
+estriba en llegar antes que los dem&aacute;s. Risas provocativas, ojeadas
+misteriosas, palabras que parec&iacute;an de esperanza.... Y poco despu&eacute;s, uno
+por uno, los conquistadores desandaban el camino, cabizbajos y
+encolerizados, como un perro que se imagina encontrar un hueso y rompe
+sus colmillos en una piedra.</p>
+
+<p>&mdash;Unas astutas las peque&ntilde;as Maxeville; unas malignas, que, faltas de
+dote, buscan un marido &aacute; su modo.</p>
+
+<p>Los mismos que dec&iacute;an esto hab&iacute;an acabado por designarlas con un mote.
+Las se&ntilde;oritas de Maxeville fueron en adelante &laquo;las v&iacute;rgenes locas&raquo;.</p>
+
+<p>Todo resultaba exacto en este apodo, el defecto y la cualidad. Nadie
+pon&iacute;a en duda su locura, ni lo otro. Eran como los directores de ciertos
+Bancos, que charlan en el ventanillo de la caja, sonr&iacute;en, remueven las
+llaves, infunden esperanzas, pero no hacen el m&aacute;s peque&ntilde;o pr&eacute;stamo &aacute;
+cr&eacute;dito, ni el m&aacute;s leve anticipo sobre promesas lejanas.</p>
+
+<p>Las v&iacute;rgenes locas iban &aacute; triunfar finalmente en su desesperada batalla
+con los hombres. La mayor, Berta, hab&iacute;a conquistado la voluntad de un
+ingeniero ruso, que se mostraba dispuesto &aacute; hacerla su esposa. La menor
+casi hab&iacute;a conseguido lo mismo con un oficial joven; s&oacute;lo le quedaba por
+vencer la resistencia de una madre orgullosa y tradicionalista, que
+viv&iacute;a en provincias....</p>
+
+<p>En esto, un trompetazo desgarrador, insolente, brutal, cort&oacute; el ambiente
+de m&uacute;sicas sensuales y danzas voluptuosas con que se adormec&iacute;an los
+humanos. Y la gente feliz corri&oacute; de un lado &aacute; otro, en pavoroso
+revoltijo, como los pasajeros de un trasatl&aacute;ntico que bailan en los
+dorados salones, vestidos de etiqueta, y de pronto escuchan, la voz de
+alarma de un tripulante: &laquo;&iexcl;Fuego en las bodegas!&raquo;</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>El segundo d&iacute;a de la movilizaci&oacute;n, la gente agolpada en las
+inmediaciones de la estaci&oacute;n del Este las vi&oacute; llegar vestidas de negro,
+con un traje sobrio y casi monacal, un peque&ntilde;o sombrero semejante &aacute; una
+gorra, un bolsito de mano y un paquete con lo m&aacute;s indispensable para la
+vida: dos camisas, dos pares de medias.</p>
+
+<p>Las v&iacute;rgenes locas se iban sin ruido, sin frases heroicas, sin dos
+l&iacute;neas en los peri&oacute;dicos. Sus relaciones mundanas las hab&iacute;an aprovechado
+para conseguir r&aacute;pidamente sus deseos. Marchaban &aacute; Verd&uacute;n, &aacute; la
+frontera, al lugar del peligro, donde todos esperaban que ocurriese el
+primer choque. Llevaban una carta para los directores del servicio
+sanitario. Parec&iacute;an m&aacute;s altas, m&aacute;s robustas, de paso m&aacute;s firme. Su
+belleza de parisienses &aacute; la moda hab&iacute;a desaparecido. Eran mujeres
+iguales &aacute; las que lloraban &oacute; gritaban de entusiasmo al otro lado de la
+verja; sin colorete, sin artificios, con el pelo libre de postizos, con
+las mejillas limpias y los ojos agrandados por una emoci&oacute;n que hab&iacute;a
+venido &aacute; sustituir los antiguos retoques del l&aacute;piz negro: ojos serenos
+que miraban al porvenir heroicamente, adivinando la proximidad de la
+desgracia.</p>
+
+<p>Y se perdieron entre la multitud de hombres uniformados, caballos y
+ca&ntilde;ones. Y su recuerdo se perdi&oacute; igualmente en la memoria de todos los
+que una semana antes comentaban sus palabras y gestos. La gente
+necesitaba pensar en su propia suerte; el peligro no dejaba tiempo para
+mirar el exterior. &iexcl;Pobres v&iacute;rgenes locas! &iexcl;Infelices mu&ntilde;ecas de Par&iacute;s
+arrebatadas por la tempestad cuando daban vueltas y sonre&iacute;an con sus
+bocas pintadas, &aacute; los sones de una cajita de m&uacute;sica!...</p>
+
+<p>De tarde en tarde, las damas reunidas para hacer tejidos de lana
+destinados al ej&eacute;rcito evocaban su nombre al pasar revista &aacute; los muertos
+y los ausentes. &laquo;&iquest;Las peque&ntilde;as Maxeville?...&raquo; Realizaban proezas &aacute; su
+modo en los hospitales del frente de guerra. Donde ellas estaban, los
+hombres se mor&iacute;an sonriendo. En algunas ocasiones hab&iacute;an llegado hasta
+los mismos lugares de combate, oyendo el silbido de los proyectiles. El
+nombre de la mayor aparec&iacute;a citado en una orden del d&iacute;a.</p>
+
+<p>Y siempre el mismo comentario final: &laquo;Eran buenas. Algo locas, pero de
+hermoso coraz&oacute;n.&raquo;</p>
+
+<p>Transcurri&oacute; un a&ntilde;o de guerra. Un d&iacute;a circul&oacute; la noticia de que Berta
+hab&iacute;a muerto, v&iacute;ctima de su abnegaci&oacute;n. Poco despu&eacute;s ya no la nombraron.
+&iexcl;Eran tan frecuentes los hero&iacute;smos! &iexcl;Desaparec&iacute;an diariamente tantos
+nombres conocidos!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Detr&aacute;s de la l&iacute;nea de combate, en un hospital instalado en un castillo
+ruinoso, encontr&eacute; meses despu&eacute;s &aacute; la &uacute;ltima virgen loca.</p>
+
+<p>No la hubiese reconocido. Pas&oacute; por una avenida del parque, casi
+saltando, con la toca revoloteante y moviendo bajo la blanca falda el
+&aacute;gil comp&aacute;s de sus piernas enjutas. Llevaba en las manos p&aacute;lidas y
+transparentes un paquete de ropas. Su nariz y sus orejas brillaban con
+una claridad de vidrio sonrosado bajo la luz del sol. Parec&iacute;a un cuerpo
+di&aacute;fano, con la transparencia malsana de la miseria f&iacute;sica. Toda la vida
+se concentraba en sus ojos.</p>
+
+<p>Un m&eacute;dico militar que ven&iacute;a conmigo me confirm&oacute; su identidad.</p>
+
+<p>&mdash;Es la se&ntilde;orita de Maxeville: una joven del gran mundo antes de la
+guerra.</p>
+
+<p>El doctor s&oacute;lo la conoc&iacute;a algunos meses. Hab&iacute;a presenciado la muerte de
+la otra, una muerte horrible, cuyo recuerdo le estremec&iacute;a a&uacute;n. Se hab&iacute;a
+contaminado al curar las heridas de un moribundo perdido durante tres
+d&iacute;as en el fondo de un embudo de tierra abierto por el estallido de un
+proyectil enorme. Su agon&iacute;a dur&oacute; cuarenta y ocho horas, ennegreci&eacute;ndose
+lentamente con la expansi&oacute;n de la sangre envenenada, aullando entre
+nerviosos estertores, dobl&aacute;ndose como un arco sobre la cabeza y los
+pies, que se clavaban en el lecho. Y la otra hermana se hab&iacute;a negado &aacute;
+separarse de ella, abrazando el cuerpo convulsivo, besando sus ojos que
+no ve&iacute;an, su boca que s&oacute;lo sab&iacute;a rugir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Berta, coraz&oacute;n m&iacute;o! &iexcl;No te mueras!... &iexcl;No te mueras!</p>
+
+<p>Toda la vida juntas; toda la vida unidas por la orfandad necesitada de
+defensa, por la alegr&iacute;a que colorea la pobreza, por el deseo de crearse
+una posici&oacute;n antes de que terminase su juventud, &iexcl;y verla morir ante sus
+ojos, entre tormentos desgarradores, sin poder salvarla, sin encontrar
+el medio de hacer pl&aacute;cidos y dulces sus &uacute;ltimos instantes!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre muchacha!&mdash;prosigui&oacute; el m&eacute;dico&mdash;. Ha visto perecer como un
+animal rabioso &aacute; la que era toda su familia. Poco despu&eacute;s se enter&oacute; de
+la muerte de cierto oficial que deseaba ser su marido. Todos en el
+castillo admiran su energ&iacute;a.</p>
+
+<p>&raquo;No s&eacute; cu&aacute;ndo come, no s&eacute; cu&aacute;ndo duerme. Se la ve en todas partes, y &aacute;
+pesar de esto, los heridos lamentan su ausencia. &laquo;Que venga la se&ntilde;orita
+Julieta....&raquo; Es el m&eacute;dico moral de esta casa. En muchos casos vale m&aacute;s
+que nosotros. Ella y su pobre hermana han realizado estupendas
+curaciones.</p>
+
+<p>Las vi con la imaginaci&oacute;n&mdash;mientras escuchaba al doctor&mdash;yendo de sala
+en sala como apariciones de salud que esparc&iacute;an en torno la dulce
+alegr&iacute;a de vivir. Con los oficiales se mostraban algo recelosas. Eran
+hombres de su mundo, y tal vez por esto los juzgaban temibles, no
+pasando en su intimidad m&aacute;s all&aacute; de una solicitud natural y grave. Al
+entrar en las piezas ocupadas por el populacho doloroso, se
+transfiguraban, animando con su regocijo el ambiente cargado de
+lamentos, de perfume de drogas y hedor de carnes rotas.</p>
+
+<p>El recuerdo de madres y novias adquir&iacute;a mayor relieve al ser evocado por
+sus labios. Describ&iacute;an los paisajes risue&ntilde;os del suelo natal &aacute; los
+enfermos ilusionados que poco despu&eacute;s hab&iacute;an de morir; cantaban &aacute; media
+voz las canciones del terru&ntilde;o; encontraban con su instinto de mujeres de
+sal&oacute;n las conversaciones que m&aacute;s pod&iacute;an agradar &aacute; cada uno. La mayor
+hab&iacute;a pasado una semana hablando de Ulises y la <i>Odisea</i> con un
+licenciado en letras que agonizaba lentamente, pensando en su tesis de
+doctor que jam&aacute;s llegar&iacute;a &aacute; leer en la Sorbona. Mientras tanto, Julieta
+escrib&iacute;a cartas. El rudo marinero del Finisterre, el campesino de los
+departamentos centrales, el obrero burl&oacute;n de la ciudad, el marroqu&iacute;
+sombr&iacute;o, el negro pueril, ve&iacute;an abrirse ante su pensamiento bellezas
+desconocidas, paisajes no sospechados. La se&ntilde;orita blanca era la
+poes&iacute;a, la delicada sensualidad de vivir que llegaba hasta ellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Besa!&mdash;ordenaba Julieta presentando ante sus labios descoloridos una
+flor que acababa de arrancar del parque&mdash;. Un enamorado <i>chic</i> debe
+enviar estos recuerdos.</p>
+
+<p>&Eacute; introduc&iacute;a la flor en la carta escrita por ella, monumento de
+admiraci&oacute;n para el firmante, orgulloso y conmovido de suscribir tales
+ternezas. Una hora antes de amanecer&mdash;la hora fatal en los hospitales&mdash;,
+cuando el d&iacute;a apunta y el moribundo se extingue, los estertores de
+agon&iacute;a murmuraban siempre el mismo deseo: &laquo;<i>Mademoiselle</i>.... Una
+cualquiera de las dos se&ntilde;oritas.&raquo;</p>
+
+<p>Y ellas, que acababan de adormecerse en el silencio de plomo que precede
+&aacute; la llegada de la luz, acud&iacute;an corriendo para presenciar una agon&iacute;a
+m&aacute;s, para animar la mano yerta con el contacto de su mano, para
+disimular los pasos de la muerte con sus palabras que sonaban lo mismo
+que monedas de oro, con sus risas que parec&iacute;an vibraciones de fino
+cristal.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>&mdash;Y esta pobre&mdash;continu&oacute; el m&eacute;dico&mdash;prosigue la santa obra de la
+alegr&iacute;a. Cuando se ve sola, piensa en la otra, piensa en el oficial
+muerto, y huye en busca de los agonizantes, como si el dolor ajeno fuese
+su refugio. La sala de los incurables, de los que est&aacute;n condenados &aacute;
+morir, es su lugar preferido. Y canta, cuando minutos antes suspiraba &aacute;
+solas; r&iacute;e, con los ojos cargados a&uacute;n de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&raquo;Nosotros fingimos no ver lo que hace. &iquest;De qu&eacute; sirven los reglamentos
+ante la muerte?... Lo que importa es que proporcione un poco de alegr&iacute;a
+al que se va. Cada uno hace el bien como puede. Anoche la sorprend&iacute;
+empleando su m&eacute;todo en la sala de los desesperados. Tenemos un tirador
+marroqu&iacute; con las piernas y el vientre deshechos. Va &aacute; morir de un
+momento &aacute; otro; tal vez ha terminado &aacute; estas horas. Tenemos un alem&aacute;n
+que est&aacute; en la cama inmediata. Los colocaron as&iacute; inadvertidamente; ahora
+es tarde para moverlos.</p>
+
+<p>&raquo;Los hombres de Europa olvidan sus rencores al verse en los l&iacute;mites de
+la vida. Este africano es de c&oacute;lera larga. Cuando cree que no le ven,
+ense&ntilde;a el pu&ntilde;o al enemigo inmediato, que le mira con unos ojos redondos
+y asombrados, lo mismo que si estuviesen a&uacute;n en el campo de combate. La
+se&ntilde;orita de Maxeville corre hacia &eacute;l, fingi&eacute;ndose irritada.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso, Al&iacute;?... Quieto, &oacute; me enfado contigo.</p>
+
+<p>&raquo;&mdash;No te enfades, se&ntilde;orita&mdash;murmura el moro&mdash;. Lo respetar&eacute;, ya que lo
+pides. Pero esta noche, cuando te marches, ir&eacute; &aacute; su cama y le cortar&eacute; la
+cabeza.</p>
+
+<p>&raquo;Y no puede moverse. Anoche rug&iacute;a de dolor, alterando con sus gritos el
+silencio del dormitorio, quitando el sue&ntilde;o &aacute; los otros heridos, pugnando
+por levantarse para ir en busca del adversario y saciar en &eacute;l su furia.</p>
+
+<p>La se&ntilde;orita de Maxeville es la &uacute;nica que sabe calmar &aacute; estos hombres. Yo
+vi, &aacute; la tenue luz del dormitorio, c&oacute;mo empez&oacute; &aacute; bailar, con un plato en
+la mano. Este plato le serv&iacute;a de pandereta. Mov&iacute;a las caderas, retorc&iacute;a
+el busto, acompa&ntilde;aba con balanceos su mon&oacute;tona cantur&iacute;a oriental,
+sonre&iacute;a lo mismo que una mujer de aduar que baila ante la tribu la
+&laquo;danza del vientre&raquo;.</p>
+
+<p>Los heridos so&ntilde;olientos sacaban sus cabezas sobre los embozos, pugnando
+por moverse; las bocas negruzcas se animaban con una sonrisa p&aacute;lida;
+las miradas ardorosas segu&iacute;an con avidez el cuerpo de la danzarina, que
+iba trazando en los muros una procesi&oacute;n de siluetas.</p>
+
+<p>El marroqu&iacute; se hab&iacute;a incorporado, como un chacal que desea saltar y
+tiene las patas rotas. Su admiraci&oacute;n se escapaba en roncos barboteos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, sonrisa del anochecer!... &iexcl;Alegr&iacute;a de la sombra!... &iexcl;Se&ntilde;orita
+blanca!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LA_VIEJA_DEL_CINEMA" id="LA_VIEJA_DEL_CINEMA"></a><a href="#capitulos">LA VIEJA DEL CINEMA</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>El comisario de Polic&iacute;a mir&oacute; duramente &aacute; la mujer de pelo blanco que se
+hab&iacute;a sentado ante su escritorio sin que &eacute;l la invitase. Luego baj&oacute; la
+cabeza para leer el papel que le presentaba un agente puesto de pie al
+lado de su sill&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Esc&aacute;ndalo en un cinema&mdash;dijo, al mismo tiempo que le&iacute;a&mdash;; insultos &aacute;
+la autoridad; atentado de hecho contra un agente.... &iquest;Qu&eacute; tiene usted
+que alegar?</p>
+
+<p>La vieja, que hab&iacute;a permanecido hasta entonces mirando fijamente al
+comisario y &aacute; su subordinado tal vez sin verlos, hizo un movimiento de
+sorpresa, lo mismo que si despertase.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, se&ntilde;or comisario, vendo hortalizas por las ma&ntilde;anas en la <i>rue
+Lepic</i>. No soy de tienda; llevo mis verduras en un carrito. Todos los
+del barrio me conocen. Hace cuarenta a&ntilde;os que tengo all&iacute; mi puesto
+ambulante, y....</p>
+
+<p>El funcionario quiso interrumpirla, pero ella se enoj&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si el se&ntilde;or comisario no me deja hablar!... Cada uno se expresa como
+puede y contesta como su inteligencia se lo permite.</p>
+
+<p>El comisario se reclin&oacute; en un brazo del sill&oacute;n, y poniendo los ojos en
+alto empez&oacute; &aacute; juguetear con el cortapapeles. Estaba acostumbrado &aacute; los
+delincuentes verbosos que no acaban de hablar nunca. &iexcl;Paciencia!...</p>
+
+<p>&mdash;En 1870, cuando la otra guerra&mdash;continu&oacute; la vieja&mdash;, ten&iacute;a yo
+veintid&oacute;s a&ntilde;os. Mi marido fu&eacute; guardia nacional durante el sitio de Par&iacute;s
+y yo cantinera de su batall&oacute;n. En una de las salidas contra los
+prusianos hirieron &aacute; mi hombre, y le salv&eacute; la vida. Luego tuve que
+trabajar mucho para mantener &aacute; un marido inv&aacute;lido y &aacute; una hija &uacute;nica....
+Mi marido muri&oacute;; mi hija muri&oacute; tambi&eacute;n, dej&aacute;ndome dos nietos.</p>
+
+<p>Hizo una pausa para darse cuenta de si la escuchaban. No lo supo con
+certeza. El agente permanec&iacute;a r&iacute;gido y silencioso, como un buen soldado,
+junto al comisario. &Eacute;ste silbaba ligeramente, moviendo el cuchillo de
+madera y mirando al techo.</p>
+
+<p>&mdash;Mi nieta&mdash;continu&oacute; la vieja, sin inmutarse por esta falta de
+atenci&oacute;n&mdash;se llama Julieta, baila en los teatros, y es c&eacute;lebre. El se&ntilde;or
+comisario debe haber visto su retrato muchas veces en los peri&oacute;dicos y
+en los carteles de las esquinas. S&oacute;lo la encuentro de tarde en tarde.
+Una ma&ntilde;ana, cuando iba yo empujando mi carretilla, casi me atropell&oacute; su
+autom&oacute;vil. Esto la hizo llorar, asegurando que era por culpa m&iacute;a, porque
+yo no quiero vivir con ella y me empe&ntilde;o en seguir vendiendo verduras, lo
+mismo que cuando Julieta y su hermano eran peque&ntilde;os.... Cada uno es como
+es. A m&iacute;, aunque soy pobre, no me gusta la manera de vivir de las
+artistas. &iquest;Digo mal, se&ntilde;or comisario?...</p>
+
+<p>El comisario hab&iacute;a cesado de silbar y miraba &aacute; la verdulera con cierto
+inter&eacute;s. Deb&iacute;a conocer &aacute; su nieta, la c&eacute;lebre bailarina. Iba &aacute; hacerle
+alguna pregunta sobre ella, cuando la vieja sigui&oacute; hablando.</p>
+
+<p>&mdash;Mi preferido fu&eacute; siempre Alberto, un obrero aficionado &aacute; los libros.
+Yo, aunque deseo vivir independiente, iba todos los d&iacute;as &aacute; su casa,
+ayudaba &aacute; su mujer, jugaba con su hijo. &iexcl;Un biznieto! Imag&iacute;nese qu&eacute;
+alegr&iacute;a, se&ntilde;or comisario. No todos llegan &aacute; ser bisabuelos.</p>
+
+<p>Se detuvo un instante, como embelesada por dulces recuerdos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los d&iacute;as felices de la paz!&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;. Un domingo fuimos de campo;
+comimos junto al Sena para celebrar el ascenso de Alberto &aacute; primer
+contramaestre de su f&aacute;brica.... Dos semanas despu&eacute;s estall&oacute; la guerra.</p>
+
+<p>El comisario hizo un gesto, que la vieja crey&oacute; de cansancio.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; ya s&eacute; que llevamos cuatro a&ntilde;os de guerra y &aacute; todos aburre hablar
+de estas cosas. No insistir&eacute;, se&ntilde;or comisario. Me han dicho que hasta en
+los teatros y en los peri&oacute;dicos est&aacute;n cansados de la guerra y sus
+aventuras. &iexcl;Adem&aacute;s, mi historia es la de tantas y tantas mujeres!...
+Alberto fu&eacute; &aacute; incorporarse &aacute; su regimiento en los primeros d&iacute;as de la
+movilizaci&oacute;n. No lo vi hasta un a&ntilde;o despu&eacute;s, que volvi&oacute; del frente
+vestido de soldado. Luego vino otra vez. Yo hab&iacute;a acabado por
+acostumbrarme &aacute; esta situaci&oacute;n. Me imaginaba que s&oacute;lo los otros hombres
+pod&iacute;an morir, &iexcl;pero mi Alberto!... Un d&iacute;a recib&iacute; un papel, que nos hizo
+llorar &aacute; m&iacute; y &aacute; su mujer. Despu&eacute;s nos visit&oacute; un compa&ntilde;ero de mi nieto
+para traernos varios objetos suyos.</p>
+
+<p>La voz de la vieja se enronqueci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Y ya no lo vi m&aacute;s, se&ntilde;or comisario.... Ellos me lo mataron.</p>
+
+<p>Pero acord&aacute;ndose de su promesa, hizo un esfuerzo para serenarse y no
+hablar de la guerra.</p>
+
+<p>&mdash;La viuda de Alberto trabaja ahora en una f&aacute;brica de municiones al
+otro lado de Par&iacute;s, y yo s&oacute;lo de tarde en tarde puedo ver &aacute; mi biznieto.
+Hay que ganarse la vida.... Adem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; no decirlo? desde que muri&oacute;
+Alberto gusto de entrar en la taberna m&aacute;s que antes. Cada uno mata su
+pena como puede. Estoy en los setenta, y &aacute; esa edad, cuando hay que
+levantarse antes del alba para ir &aacute; los Mercados centrales &aacute; comprar el
+g&eacute;nero, un vasito de vez en cuando es la mejor de las medicinas. &iquest;No lo
+cree usted as&iacute;, se&ntilde;or comisario?...</p>
+
+<p>El silencio del aludido quiso demostrar &aacute; la vieja lo inoportuna que era
+su pregunta. Pero ella continu&oacute;, con cierta precipitaci&oacute;n que revelaba
+la proximidad de la parte m&aacute;s interesante de su relato.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy, al anochecer, estuve en la taberna con el t&iacute;o Crainqueville. El
+se&ntilde;or comisario debe conocerlo. Sus desgracias andan escritas en libros
+y comedias.</p>
+
+<p>Este nombre pareci&oacute; despertar un vago recuerdo en la memoria del
+funcionario. La afirmaci&oacute;n de que con sus aventuras se hab&iacute;an escrito
+libros le hizo interesarse en una rebusca mental. Luego levant&oacute; los
+hombros &eacute; hizo un gesto de incredulidad.</p>
+
+<p>&mdash;Su historia&mdash;continu&oacute; la vieja&mdash;la ha escrito un se&ntilde;or Anatole, que
+trabaja al otro lado del Sena, en un taller de sabios. Es un palacio con
+una c&uacute;pula, donde dan recetas para que la gente rica pueda hablar bien.</p>
+
+<p>El comisario se incorpor&oacute; en su sill&oacute;n, impulsado por la sorpresa. Aquel
+taller de sabios &aacute; la orilla del Sena era sin duda la Academia Francesa;
+la casa de la c&uacute;pula, el Instituto; y el tal Anatole no pod&iacute;a ser otro
+que Anatole France.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero existe el t&iacute;o Crainqueville?&mdash;pregunt&oacute; con incredulidad.</p>
+
+<p>&mdash;Treinta a&ntilde;os lo conozco, se&ntilde;or. Vendemos en diferentes barrios, pero
+nos vemos todas las madrugadas al hacer nuestras compras, y por la noche
+volvemos &aacute; encontrarnos en la misma taberna. &iexcl;Un infeliz! Ahora sus
+asuntos andan mal; trabaja poco; sabe demasiado. Su protector le ense&ntilde;&oacute;
+muchas cosas; &eacute;l me las dice, y yo paso las horas muertas en la taberna
+escuch&aacute;ndole.</p>
+
+<p>Hizo una pausa antes de reanudar su relato donde lo hab&iacute;a abandonado.</p>
+
+<p>&mdash;Digo que nos encontramos al anochecer en la taberna. Luego, como &aacute; las
+nueve, salimos, y sin saber por qu&eacute;, me detuve en la puerta de un
+cinema, sintiendo deseos de entrar. Me atrajo un cartel con una
+alsaciana muy hermosa defendi&eacute;ndose de un alem&aacute;n feroz. Yo adoro esta
+clase de historias. Soy muy patriota. Tal vez es porque he visto dos
+guerras.... Pero no hablemos de la guerra. El t&iacute;o Crainqueville se neg&oacute;
+&aacute; entrar, y eso que yo pagaba. No s&eacute; en realidad qu&eacute; es lo que le gusta.
+Todo le hace sonre&iacute;r con aire de l&aacute;stima. Entr&eacute; sola, y deb&iacute; entrar con
+mal pie. &iquest;No ha notado el se&ntilde;or comisario c&oacute;mo algunas veces todo nos
+sale torcido, y cuando queremos agradar ofendemos &aacute; las gentes, lo mismo
+que si un demonio nos guiase?...</p>
+
+<p>El comisario no se dign&oacute; contestar.</p>
+
+<p>&mdash;Me disgust&eacute; con la se&ntilde;ora que vende en la taquilla por si una moneda
+era buena &oacute; falsa; discut&iacute; tambi&eacute;n con el que recoge las entradas porque
+acudi&oacute; en su defensa.... Dentro, en la sala, la misma mala suerte. Mis
+vecinos de fila se quejaron, diciendo que hab&iacute;a entrado con demasiada
+violencia. Mala voluntad de su parte, pues &aacute; m&iacute; no me gusta molestar &aacute;
+nadie. Una remilgada, cerca de m&iacute;, se atrevi&oacute; &aacute; decir que yo ol&iacute;a &aacute;
+vino. Otro insolente aludi&oacute; &aacute; mis anchuras, dudando de que cupiesen en
+el asiento. Les contest&eacute; como s&eacute; hacerlo y el p&uacute;blico protest&oacute; &aacute; gritos,
+asegurando que perturbaba el espect&aacute;culo. Si me call&eacute; al fin, fu&eacute;
+porque hab&iacute;a empezado la historia de la alsaciana y su perseguidor. Una
+historia interesante. Yo se la contar&iacute;a &aacute; usted, se&ntilde;or comisario, pero
+temo molestarle. Adem&aacute;s, no s&eacute; c&oacute;mo termina; no me dejaron ver el final.</p>
+
+<p>El comisario hab&iacute;a vuelto &aacute; mirar al techo y &aacute; silbar por lo bajo para
+distraer su impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Un se&ntilde;or que estaba detr&aacute;s de m&iacute; y parec&iacute;a muy entendido en esto del
+cinema, daba en voz baja sus opiniones &aacute; los vecinos.... De pronto, la
+alsaciana se iba al frente, huyendo de su perseguidor, y empezaban &aacute;
+verse las trincheras con muchos soldados, las cocinas, los ca&ntilde;ones. El
+se&ntilde;or entendido dec&iacute;a que estas vistas no pertenec&iacute;an en realidad &aacute; la
+historia; que eran, &iquest;c&oacute;mo dir&eacute; yo? lo mismo que retales que le hab&iacute;an
+puesto al <i>film</i>. &iquest;Me explico bien, se&ntilde;or comisario? Cosas viejas de la
+guerra que hab&iacute;an aprovechado; algo as&iacute; como los remiendos que se echan
+&aacute; la ropa para que parezca mejor.... Pero yo no entiendo de esto, y las
+vistas me han parecido magn&iacute;ficas.</p>
+
+<p>&raquo;De pronto sali&oacute; en el tel&oacute;n el interior de una trinchera, con muchos
+soldados descansando. Uno de ellos escrib&iacute;a una carta sobre sus
+rodillas, puesto de espaldas al p&uacute;blico. Poco &aacute; poco volvi&oacute; la cabeza y
+sonri&oacute; &aacute; las gentes. Yo dud&eacute;, creyendo que ve&iacute;a mal. Luego deb&iacute; gritar.
+&iexcl;Era mi nieto!...</p>
+
+<p>&raquo;Me levant&eacute; para verle mejor; quise ir hacia mi Alberto. Tal vez pas&eacute;
+entre la gente con demasiada violencia. El p&uacute;blico debi&oacute; creer que era
+alguna farsa m&iacute;a y acudieron los empleados, y muchos espectadores me
+cerraron el paso. Intent&eacute; hablar y no me dejaron. No quisieron oir mis
+explicaciones; me cre&iacute;an borracha. Acab&eacute; por batirme &aacute; pu&ntilde;etazos con los
+que me empujaban hacia la puerta. Llamaron al mismo agente que est&aacute;
+ahora aqu&iacute;. Dicen que lo insult&eacute;, que le mord&iacute; en una mano. Ignoro c&oacute;mo
+pude hacerlo. Estaba tal vez loca en aquel instante. Es verdad que este
+se&ntilde;or me llev&oacute; &aacute; empujones, sin querer oirme; que no me permiti&oacute; seguir
+viendo &aacute; mi Alberto....</p>
+
+<p>Hizo una larga pausa. Sus ojos empezaron &aacute; humedecerse.</p>
+
+<p>&mdash;Y as&iacute; es&mdash;termin&oacute; la vieja&mdash;como he vuelto &aacute; encontrar &aacute; mi nieto....
+Pido perd&oacute;n al se&ntilde;or comisario.... Pido perd&oacute;n al se&ntilde;or agente.</p>
+
+<p>Baj&oacute; la cabeza, junt&oacute; las manos y mir&oacute; al suelo, refugi&aacute;ndose
+voluntariamente en el silencio, confi&aacute;ndose &aacute; la suerte, sin insistir
+m&aacute;s en su defensa, mientras sus l&aacute;grimas empezaban &aacute; correr mejillas
+abajo.</p>
+
+<p>El comisario no dijo nada. Mir&oacute; al agente que ten&iacute;a &aacute; su lado, un
+veterano con la Cruz de Guerra sobre el pecho del uniforme y varios
+galones en una manga indicadores de sus campa&ntilde;as. &Eacute;l tambi&eacute;n mir&oacute; &aacute; su
+superior. Hab&iacute;a permanecido impasible hasta entonces, pero varias veces
+se mordi&oacute; el recio bigote.</p>
+
+<p>Los dos hombres parecieron entenderse con la mirada. El comisario
+devolvi&oacute; al agente el parte redactado por &eacute;l media hora antes en la sala
+de espera de la Comisar&iacute;a dando cuenta del esc&aacute;ndalo ocurrido en el
+cinema.</p>
+
+<p>El veterano, sin decir una palabra, rasg&oacute; el papel en menudos pedazos.</p>
+
+<p>&mdash;Buena mujer, puede usted marcharse.</p>
+
+<p>La voz del comisario sac&oacute; &aacute; la vieja de su abstracci&oacute;n. &iquest;Era cierto que
+la dejaban irse?... &iexcl;Qu&eacute; se&ntilde;ores tan buenos!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y podr&eacute; volver al cinema?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con ansiedad&mdash;. &iquest;Me dejar&aacute;n ver
+todas las noches &aacute; mi peque&ntilde;o?</p>
+
+<p>Los dos hombres rieron de su simpleza, contestando con un gesto
+afirmativo.</p>
+
+<p>Sali&oacute; de la Comisar&iacute;a lentamente. No conven&iacute;a que la viesen huir como el
+que tiene la conciencia sucia.</p>
+
+<p>Pero al llegar &aacute; la calle, se convenci&oacute; de que nadie la espiaba, y
+recogi&eacute;ndose las faldas, ech&oacute; &aacute; correr con una ligereza juvenil. Su
+arrugado rostro se dilat&oacute;, jadeando de fatiga; sus cabellos blancos se
+escaparon en desorden de la pa&ntilde;oleta de punto con que abrigaba su
+cabeza.</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; al cinemat&oacute;grafo, sal&iacute;an de &eacute;l los &uacute;ltimos grupos de
+espectadores. Los empleados apagaban las luces y retiraban los carteles.
+La vieja vi&oacute; luego c&oacute;mo cerraban las puertas.</p>
+
+<p>Se mantuvo inm&oacute;vil, con un codo apoyado en la pared y la frente en una
+mano. Lloraba con una angustia infantil.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esperar hasta ma&ntilde;ana!&mdash;murmur&oacute;&mdash;. &iexcl;No ver &aacute; mi peque&ntilde;o en tantas
+horas!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>A la noche siguiente la vieja se present&oacute; en el cinema con un aire de
+humildad. Se encorvaba para pasar inadvertida. Se aproxim&oacute; al despacho
+de billetes, volviendo el rostro para que no la reconociese la empleada.</p>
+
+<p>Pero el hombre encargado de guardar la puerta corri&oacute; hacia ella:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, no! &iquest;Viene usted &aacute; mover esc&aacute;ndalo otra vez?... Para usted no hay
+entrada.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme pasar, buen se&ntilde;or. Le juro que ser&eacute; muy juiciosa.</p>
+
+<p>Hablaba con una dulzura infantil, y el empleado acab&oacute; por reir, lo mismo
+que la mujer de la taquilla.</p>
+
+<p>La vieja los salud&oacute; &aacute; los dos con agradecimiento al ver que la dejaban
+pasar. Luego salud&oacute; tambi&eacute;n &aacute; un polic&iacute;a inm&oacute;vil en el pasillo de
+entrada, como si fuese un antiguo amigo. No le parec&iacute;a el mismo de la
+noche anterior...pero &iexcl;por si acaso era!...</p>
+
+<p>Dentro de la sala procedi&oacute; con modestia y afabilidad. Salud&oacute; &aacute; todos los
+espectadores que encontraba al paso con una cortes&iacute;a extremada, sin
+obtener contestaci&oacute;n. Algunos se limitaron &aacute; mirarla extra&ntilde;ados.</p>
+
+<p>&laquo;Es una loca&raquo;, parec&iacute;an decir con sus ojos.</p>
+
+<p>Se encogi&oacute; en su asiento y procur&oacute; ocupar el menor espacio, por miedo &aacute;
+molestar &aacute; sus vecinos. Al principio volvi&oacute; repetidas veces la cabeza
+para ver si la observaban los empleados del cinema y recibir su
+aprobaci&oacute;n. Pero el espect&aacute;culo la hizo olvidarse pronto de la realidad.
+El alem&aacute;n persegu&iacute;a ya &aacute; la alsaciana, desarroll&aacute;ndose sobre el lienzo
+blanco las complicadas aventuras de la novela cinematogr&aacute;fica. Luego
+aparec&iacute;an las trincheras y el soldado que escrib&iacute;a la carta puesto de
+espaldas, y al volver la cabeza hacia el p&uacute;blico, mostraba su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alberto!... &iexcl;Alberto!...</p>
+
+<p>La vieja tuvo que hacer un esfuerzo enorme para contenerse. Le sub&iacute;a
+este grito &aacute; la garganta con estertores dolorosos. Pero tembl&oacute; ante la
+idea de escandalizar &aacute; los espectadores, como en la noche anterior. Le
+arrojar&iacute;an del local para siempre; no podr&iacute;a ver m&aacute;s &aacute; su soldado.</p>
+
+<p>El miedo la hizo contenerse, y su emoci&oacute;n ruidosa se deshizo en
+l&aacute;grimas. Para desahogar su pecho, hablaba en voz muy queda, una voz
+que sonaba hacia dentro del cuerpo, mientras sus ojos lacrimosos segu&iacute;an
+contemplando con devoci&oacute;n todo lo que pasaba por el lienzo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alberto!... &iexcl;Peque&ntilde;o m&iacute;o!... Soy yo, tu abuela; &iquest;no me conoces?...
+Vendr&eacute; &aacute; verte todas las noches.... &iexcl;todas las noches!</p>
+
+<p>En la representaci&oacute;n siguiente llor&oacute; menos. A la salida, habl&oacute; con el
+hombre de la puerta con cierta familiaridad, como si ella tambi&eacute;n fuese
+de la casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha visto usted qu&eacute; bien &laquo;trabaja&raquo; mi nieto?...</p>
+
+<p>Y el empleado, que hab&iacute;a o&iacute;do ya varias veces su historia sin prestarle
+mucha atenci&oacute;n, se llev&oacute; un dedo &aacute; la frente mirando &aacute; la mujer de la
+taquilla.</p>
+
+<p>Los dos se entendieron con una sonrisa que dec&iacute;a lo mismo: &laquo;Est&aacute; loca,
+verdaderamente loca.&raquo;</p>
+
+<p>La vieja apenas pudo dormir aquella noche. Sent&iacute;a intranquila su
+conciencia. Era una ego&iacute;sta que guardaba para ella toda la felicidad de
+su descubrimiento. Alberto ten&iacute;a en el mundo de los vivos alguien m&aacute;s
+que su abuela.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente vendi&oacute; apresuradamente las verduras, sin cuidarse
+de la ganancia, y guard&oacute; su carretoncillo mucho antes que los
+compa&ntilde;eros. El Metro la puso en las afueras de Par&iacute;s. Se vi&oacute; en un
+paisaje gris&aacute;ceo, yermo, con f&aacute;bricas humeantes y casas de ladrillo,
+tristes como prisiones, en las que viv&iacute;an los obreros.</p>
+
+<p>Habl&oacute; con la portera de una de estas viviendas. Su biznieto estaba en la
+escuela y la mujer de Alberto trabajaba en la f&aacute;brica.</p>
+
+<p>Fu&eacute; luego &aacute; la tal f&aacute;brica, y el conserje, un inv&aacute;lido, le cerr&oacute; el
+paso. Prohibida la entrada; ning&uacute;n curioso pod&iacute;a introducirse en los
+talleres, porque en ellos se torneaban obuses.</p>
+
+<p>Pero la vieja, pegada tenazmente al arco de la puerta, pudo ver de lejos
+&aacute; varias mujeres que pasaban y repasaban por los patios, en las
+evoluciones de su trabajo, todas ellas con pantalones anchos, lo mismo
+que si fuesen ciclistas. Casi ri&oacute; de sorpresa al darse cuenta de que una
+especie de muchacho peque&ntilde;o y delgado, con amplios calzones azules,
+abandonaba la carretilla que iba empujando, llena de virutas de acero,
+para saludarla desde lejos. Era la mujer de Alberto.</p>
+
+<p>Cuando son&oacute; la campana de mediod&iacute;a y las trabajadoras salieron para
+almorzar, la vieja pudo verla de cerca. Ten&iacute;a una palidez cenicienta y
+sus ojos eran m&aacute;s grandes que nunca, rodeados de aureolas azuladas y
+dolorosas.</p>
+
+<p>Rompi&oacute; &aacute; llorar al enterarse de que su marido aparec&iacute;a todas las noches
+en un cinema, despu&eacute;s de haber muerto hac&iacute;a un a&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo puede ser eso?...</p>
+
+<p>Su asombro era tan grande, que cortaba su llanto. Hac&iacute;a esfuerzos
+in&uacute;tiles para entender &aacute; la vieja, la cual iba repitiendo las
+explicaciones que hab&iacute;a escuchado, aunque sin comprenderlas mejor que la
+otra.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cierto es que Alberto trabaja en el cinema. Ven con el ni&ntilde;o; os
+espero esta noche.</p>
+
+<p>Hizo su invitaci&oacute;n con aire de mando. A las ocho la encontrar&iacute;an en la
+puerta del cinemat&oacute;grafo, situado casi en el extremo opuesto de la gran
+ciudad. Despu&eacute;s se separaron, pues los pobres no tienen tiempo que
+perder.</p>
+
+<p>La vieja los vi&oacute; llegar puntualmente. Llevaba la viuda un vestidito
+negro adquirido en un bazar; el ni&ntilde;o iba con su mejor ropa y peinado
+como un paje.</p>
+
+<p>Al ver que la obrera intentaba ir hacia la taquilla, la vieja se opuso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?... Aqu&iacute; pago yo. Me aprecian mucho; soy como de la casa.</p>
+
+<p>Y para demostrar su confianza brome&oacute; con la vendedora de billetes. Luego
+estrech&oacute; una mano del hombre que guardaba la puerta&mdash;su antiguo
+enemigo&mdash;, d&aacute;ndole un cigarro barato que hab&iacute;a comprado momentos antes.</p>
+
+<p>&mdash;Los peque&ntilde;os regalos mantienen las amistades. Tome usted, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Dentro de la sala salud&oacute; &aacute; la acomodadora como si fuese una antigua
+conocida.</p>
+
+<p>&mdash;Son la mujer y el hijo de mi nieto, el que trabaja en la obra&mdash;dijo,
+d&aacute;ndola al mismo tiempo unas cuantas piezas de cobre.</p>
+
+<p>Y se sent&oacute; con orgullo en las sillas designadas por la empleada,
+juzg&aacute;ndolas mejores que las otras.</p>
+
+<p>Pero la satisfacci&oacute;n de mostrar &aacute; sus acompa&ntilde;antes la inmensa influencia
+de que gozaba en este lugar p&uacute;blico dur&oacute; muy poco. Al aparecer Alberto,
+temi&oacute; que gritase tambi&eacute;n aquella mujercita vestida de luto que ten&iacute;a &aacute;
+su lado. Pero era silenciosa en su dolor. Contempl&oacute; la visi&oacute;n con unas
+pupilas agrandadas &eacute; inquietantes, que hac&iacute;an recordar los ojos de los
+aficionados &aacute; la morfina. Cerraba los labios con fuerza, y por ambos
+lados de su boca corr&iacute;an dos hilos de l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>El enlutado pajecillo miraba con la inconsciencia de una edad en que se
+oye hablar de la muerte sin saber lo que es. Aquel soldado lo conoc&iacute;a
+&eacute;l: era su padre; lo hab&iacute;a visto llegar &aacute; su casa vestido as&iacute;. &iquest;Por qu&eacute;
+no volv&iacute;a?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pap&aacute;...pap&aacute;!...&mdash;murmur&oacute;, tendiendo sus manecitas hacia la visi&oacute;n.</p>
+
+<p>Y la madre y la bisabuela, sin dejar de llorar, le empujaron dulcemente
+en la obscuridad para que permaneciese quieto.</p>
+
+<p>A la salida, antes de despedirse junto &aacute; la puerta del cinema, la vieja
+tom&oacute; su aire imperativo:</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana aqu&iacute;, &aacute; la misma hora. Yo pago.</p>
+
+<p>La viuda pareci&oacute; extra&ntilde;arse de tal invitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Vivo al otro lado de Par&iacute;s; un verdadero viaje. Me he de levantar
+temprano para el trabajo; debo ocuparme del ni&ntilde;o antes de enviarlo &aacute; la
+escuela. &iexcl;Imposible!... Adem&aacute;s, &iquest;para qu&eacute; volver? Alberto no resucitar&aacute;,
+y este espect&aacute;culo me mata.</p>
+
+<p>La vieja la sigui&oacute; con los ojos mientras se alejaba con su ni&ntilde;o
+titubeante de sue&ntilde;o. Siempre hab&iacute;a cre&iacute;do &aacute; esta mujercita de poco
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! La &uacute;nica que se acuerda verdaderamente de Alberto soy yo.</p>
+
+<p>Anduvo triste y malhumorada todo el d&iacute;a siguiente. Al anochecer se
+encontr&oacute; en la taberna con el t&iacute;o Crainqueville. Aunque el verdulero
+fil&oacute;sofo hablaba poco y pasaba entre las personas y las cosas sin
+preocuparse de ellas, pareci&oacute; interesarse por los actos de su vieja
+camarada. La hab&iacute;a observado silenciosamente. Desde hac&iacute;a unos d&iacute;as era
+otra mujer. Gastaba mucho dinero; convidaba &aacute; todo el mundo; llegaba
+tarde &aacute; los Mercados, comprando lo m&aacute;s caro y lo peor, para vender luego
+al p&uacute;blico con mayor baratura que los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Te vas &aacute; arruinar, est&aacute;s gastando tu capital.</p>
+
+<p>Pero no obstante sus consejos, sigui&oacute; bebiendo todos los vasos que quiso
+ofrecerle la vieja.</p>
+
+<p>A las ocho, &eacute;sta se mostr&oacute; impaciente.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, Crainqueville. Te dejo, si no quieres acompa&ntilde;arme. Me espera mi
+nieto; ya sabes que trabaja en el cinema.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si &aacute; tu nieto lo mataron!...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que lo mataron; pero trabaja en el cinema.</p>
+
+<p>El fil&oacute;sofo se limit&oacute; &aacute; encogerse de hombros. Sab&iacute;a por su maestro y
+protector que no hay que asombrarse de nada en este mundo.</p>
+
+<p>Hasta los actos m&aacute;s ordinarios y comunes resultan incoherentes cuando se
+les estudia de cerca. Era in&uacute;til, pues, exigir l&oacute;gica en los sucesos
+extraordinarios de nuestra vida.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>La vieja, despu&eacute;s de apoyar un dedo en el timbre de la verja, examin&oacute; su
+vestido de seda negra. Databa de los tiempos de su pobre hija. Ella
+misma lo hab&iacute;a cortado &eacute; hilvanado; pero de la primera hechura quedaba
+muy poco, despu&eacute;s de los retoques que se hab&iacute;an sucedido durante su
+larga existencia.</p>
+
+<p>Reconoci&oacute; que no estaba del todo mal. Algo pasado de moda; pero el
+g&eacute;nero bueno siempre es apreciado por las personas inteligentes, y ahora
+ya no se fabrican sedas como las de antes. La cabeza la llevaba desnuda.
+Sent&iacute;ase orgullosa de su pelo blanco, duro y abundante.</p>
+
+<p>Admir&oacute; al otro lado de la verja el peque&ntilde;o hotel rodeado de &aacute;rboles. &iexcl;Lo
+que una mujer puede ganar con sus pies!... Pero la proximidad de una
+jovenzuela con delantal y gorro blancos no le permiti&oacute; continuar su
+examen. Esta dom&eacute;stica elegante avanzaba atra&iacute;da por el llamamiento del
+timbre. A la vieja le fu&eacute; antip&aacute;tica por sus ademanes varoniles, por la
+mirada altiva con que la midi&oacute; de pies &aacute; cabeza y por su voz &aacute;spera.</p>
+
+<p>&mdash;Buena mujer, si es para pedir un socorro &aacute; la se&ntilde;ora, venga otro d&iacute;a.
+La se&ntilde;ora no est&aacute;.</p>
+
+<p>Balbuce&oacute; la vieja de indignaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;El pu&ntilde;etazo que se llevar&iacute;a la tal, de no existir la verja entre las
+dos!... Empezaba &aacute; dirigir terribles alusiones al pecho plano de la
+doncella, &aacute; sus angulosidades de muchacho, subiendo r&aacute;pidamente el
+diapas&oacute;n de sus ofensas, cuando sinti&oacute; que la cog&iacute;an de los hombros.</p>
+
+<p>Al volver la cabeza, vi&oacute; junto &aacute; la acera un autom&oacute;vil que acababa de
+detenerse. Una se&ntilde;ora elegante salida de &eacute;l la sonre&iacute;a, intentando
+abrazarla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Abuelita!... &iexcl;abuelita!</p>
+
+<p>Lo primero en que se fij&oacute; la vieja fu&eacute; que la bailarina c&eacute;lebre iba
+vestida de luto: un luto vistoso y sobradamente llamativo, pero luto al
+fin, que s&oacute;lo pod&iacute;a ser por su hermano Alberto.</p>
+
+<p>Se sinti&oacute; empujada cari&ntilde;osamente al otro lado de la verja que acababa de
+abrir la doncella. Quiso anonadar con una mirada y un bufido &aacute; la
+insolente; pero &eacute;sta hab&iacute;a bajado los ojos, no pudiendo resistirse &aacute; su
+confusi&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;La que hab&iacute;a tomado por una mendiga era la abuela de la se&ntilde;orita!...</p>
+
+<p>Al mismo tiempo lamentaba en su interior las injusticias de la suerte.
+Ella hab&iacute;a hecho estudios de bachillerato; ten&iacute;a arriba en su habitaci&oacute;n
+un cuaderno lleno de versos, y sin embargo, no ven&iacute;a ning&uacute;n pr&iacute;ncipe de
+leyenda &aacute; llev&aacute;rsela, regal&aacute;ndole un hotel igual al de la otra.</p>
+
+<p>La vieja march&oacute; de asombro en asombro al recorrer los salones de la
+bailarina. Ella se hab&iacute;a imaginado el lujo de otra manera: grandes y
+ostentosas siller&iacute;as, muebles monumentales, y aqu&iacute; apenas encontraba
+donde sentarse. S&oacute;lo ve&iacute;a divanes bajos y cojines en el suelo. Los
+muebles eran de aspecto tan fr&aacute;gil, que no osaba tocarlos; los colores
+de paredes y cortinas, tan raros y complicados, que daban el v&eacute;rtigo &aacute;
+sus ojos.</p>
+
+<p>Apenas hubo nombrado &aacute; Alberto, la nieta se conmovi&oacute;, perdiendo su
+alegr&iacute;a de p&aacute;jaro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo he sentido su muerte!&mdash;dijo con los ojos h&uacute;medos&mdash;. Nos
+llev&aacute;bamos mal; apenas nos ve&iacute;amos. &Eacute;l no pod&iacute;a comprender mi modo de
+vivir. Pero lo amaba de veras.</p>
+
+<p>Tom&oacute; un retrato que estaba sobre una mesilla, en lugar preferente, y lo
+bes&oacute;. Era el retrato de Alberto. Esta fidelidad en el recuerdo conmovi&oacute;
+profundamente &aacute; la abuela. &iquest;Y a&uacute;n dec&iacute;an que si Julieta era esto &oacute;
+aquello, por su profesi&oacute;n y su manera de vivir?... &iexcl;Un alma de oro!</p>
+
+<p>Su entusiasmo fu&eacute; enfri&aacute;ndose un poco al notar la serenidad con que
+escuchaba la bailarina el relato de su descubrimiento en el cinema.</p>
+
+<p>&mdash;Es curioso&mdash;se limit&oacute; &aacute; decir&mdash;, verdaderamente curioso.</p>
+
+<p>Y adivin&oacute; cu&aacute;l era el deseo de su abuela.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres llevarme &aacute; verlo? Bueno; te acompa&ntilde;ar&eacute; esta noche, pero con
+una condici&oacute;n: la de que te quedar&aacute;s &aacute; comer conmigo.</p>
+
+<p>El recuerdo de su hermano hab&iacute;a hecho surgir en ella otros recuerdos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, abuelita! No es el pobre Alberto el &uacute;nico que fu&eacute; &aacute; la guerra.
+Otros hay que viven a&uacute;n; y los que viven inspiran mayores preocupaciones
+que los muertos.</p>
+
+<p>Pensaba en su amigo, un joven rico que la verdulera no hab&iacute;a visto
+nunca, pero, seg&uacute;n murmuraba la gente, acabar&iacute;a cas&aacute;ndose con Julieta.</p>
+
+<p>No pudieron hablar m&aacute;s. Era la hora del t&eacute;, y empezaron &aacute; llegar las
+amigas de la se&ntilde;ora, todas vestidas con unos trajes elegantes, raros y
+vistosos, que hac&iacute;an parpadear &aacute; la vieja, desorient&aacute;ndola en sus
+opiniones. Algunas, &aacute; pesar de sus extraordinarias vestimentas,
+envidiaban el luto de Julieta. Una de ellas fu&eacute; m&aacute;s lejos en la
+manifestaci&oacute;n de sus deseos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; suerte tener un muerto en la familia! &iexcl;El negro sienta tan
+bien!...</p>
+
+<p>Todas fumaban. Se hab&iacute;an tendido en el suelo, sobre pieles de oso blanco
+&oacute; redondos almohadones de seda, abullonados y con un bot&oacute;n hondo en el
+centro, semejantes &aacute; calabazas. Unas se estiraban lo mismo que fieras
+perezosas, sin reparar en lo que dejaban al descubierto; otras apoyaban
+la mand&iacute;bula en las rodillas, mientras manten&iacute;an &eacute;stas entre sus brazos
+cruzados.</p>
+
+<p>El t&eacute; estaba en el suelo, sobre una gran bandeja de plata, en la que
+mov&iacute;a la l&aacute;mpara de alcohol su penacho azul casi invisible.</p>
+
+<p>Julieta hab&iacute;a hecho valientemente la presentaci&oacute;n de la vieja &aacute; sus
+amigas.</p>
+
+<p>&mdash;Mi abuelita, que vende hortalizas todas las ma&ntilde;anas en la <i>rue Lepic</i>.
+Yo estoy orgullosa de mis ascendientes, lo mismo que un nieto de los
+Cruzados.</p>
+
+<p>Risa general de las se&ntilde;oras, que poco &aacute; poco olvidaron &aacute; la vieja. &Eacute;sta
+quiso irse. No gustaba de tales costumbres, pero al mismo tiempo tem&iacute;a
+ofender &aacute; su nieta.</p>
+
+<p>Pas&oacute; cautelosamente de silla en silla, como una chicuela que desea
+escaparse, llegando de este modo hasta el comedor. All&iacute; cobr&oacute; &aacute;nimo, y
+poni&eacute;ndose de pie, se aventur&oacute; francamente en un pasadizo inmediato.</p>
+
+<p>Casi tropez&oacute; con la doncella, que volv&iacute;a al sal&oacute;n llevando m&aacute;s agua
+caliente para el t&eacute;. La vieja la salud&oacute; con un bufido implacable.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Presumida!... &iexcl;Fea!</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de este insulto supremo se sinti&oacute; m&aacute;s &aacute;gil, y empez&oacute; &aacute; bajar
+unos pelda&ntilde;os, hasta dar con la cocina.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; admir&oacute; m&aacute;s que en los salones el bienestar de su nieta. &iexcl;Qu&eacute;
+abundancia! &iexcl;Qu&eacute; de cacerolas brillantes como astros!...</p>
+
+<p>La cocinera le hizo los honores de sus dominios, colocando sobre la mesa
+una botella y dos vasos. La bebieron entera, hablando de sus penas.
+Luego sac&oacute; un retrato y le di&oacute; un beso, mostr&aacute;ndolo &aacute; su visitante.</p>
+
+<p>&mdash;Mi hijo es cazador alpino, lo que llaman &laquo;diablo azul&raquo;, y est&aacute; en los
+Vosgos.</p>
+
+<p>La vieja, por no ser menos, sac&oacute; tambi&eacute;n del pecho un retrato de
+soldado.</p>
+
+<p>&mdash;A mi nieto lo mataron; pero ahora trabaja en un cinema todas las
+noches.</p>
+
+<p>La cocinera se movi&oacute; nerviosamente en su asiento, abriendo mucho los
+ojos. Decididamente aquella vieja estaba loca, como le hab&iacute;a dicho la
+doncella. Pero call&oacute;, por ser la abuela de la se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Hasta la hora de la comida se mantuvo la verdulera en este para&iacute;so,
+admirando sus magnificencias. Luego sinti&oacute; nostalgia y cierta cortedad
+al verse arriba, en el comedor, sentada &aacute; una mesa enorme, teniendo
+enfrente &aacute; su nieta, y m&aacute;s all&aacute; &aacute; un criado ceremonioso que tampoco le
+era simp&aacute;tico.</p>
+
+<p>Admiraba los manjares, reconociendo que nunca hab&iacute;a comido tan bien,
+pero sent&iacute;a un vivo deseo de terminar cuanto antes.</p>
+
+<p>Mir&oacute; el reloj de la chimenea. Eran cerca de las ocho.</p>
+
+<p>&mdash;No tengas prisa, abuelita. Hay tiempo. Mi autom&oacute;vil nos llevar&aacute; en un
+instante.</p>
+
+<p>De pronto, una conmoci&oacute;n en todo el hotel: repiqueteo de timbres,
+alaridos de sorpresa de la doncella antip&aacute;tica, choque de puertas, voces
+de hombres.</p>
+
+<p>La doncella entr&oacute; corriendo:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora.... &iexcl;Es el se&ntilde;or!</p>
+
+<p>No dijo m&aacute;s, pero la vieja lo adivin&oacute; todo. &laquo;El se&ntilde;or&raquo; s&oacute;lo pod&iacute;a ser
+uno. Y vi&oacute; &aacute; un buen mozo con uniforme de aviador, que entraba
+violentamente, como una tromba. No tuvo que avanzar mucho, pues la
+bailarina corri&oacute; &aacute; refugiarse en sus brazos.</p>
+
+<p>Julieta hablaba de &eacute;l, momentos antes, con tristeza. Hac&iacute;a seis meses
+que no le ve&iacute;a. Era imposible obtener una licencia en estos momentos.</p>
+
+<p>El aviador di&oacute; explicaciones, con voz entrecortada.</p>
+
+<p>&mdash;Un permiso inesperado.... Una breve comisi&oacute;n en Par&iacute;s.... Veinticuatro
+horas nada m&aacute;s....</p>
+
+<p>No pudo seguir hablando. Los dos se hab&iacute;an abrazado, balance&aacute;ndose con
+las explosiones de su alegr&iacute;a. Empez&oacute; &aacute; rasgarse el silencio con unos
+besos sonoros y escandalosos como los taponazos del champa&ntilde;a.</p>
+
+<p>La vieja se levant&oacute;, ce&ntilde;uda y grave. All&iacute; estaba de sobra una persona;
+no necesitaba que se lo dijesen.</p>
+
+<p>Al verla salir, Julieta se desasi&oacute; de los brazos amorosos, corriendo
+hacia ella para dar explicaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves.... S&oacute;lo viene por veinticuatro horas.... Imposible hoy....
+Otro d&iacute;a. Es preciso atender &aacute; los vivos.</p>
+
+<p>Se vi&oacute; la vieja en la soledad de la calle helada y negra. Los
+reverberos, encapuchonados &aacute; causa de los ataques a&eacute;reos, s&oacute;lo serv&iacute;an,
+con su breve radio de luz, para dar mayor intensidad &aacute; la lobreguez
+general.</p>
+
+<p>Mientras marchaba, acompa&ntilde;&oacute; su paso repitiendo las mismas palabras, como
+si fuesen una letan&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;La vida quiere vivir. Los vivos necesitan vivir.... &iexcl;Ay del que muere!
+Los muertos huyen m&aacute;s aprisa que los vivos....</p>
+
+<p>Todos abandonaban &aacute; los muertos. Hasta en la sala del cinema not&oacute; la
+misma ingratitud. Aquella noche s&oacute;lo hab&iacute;a una veintena de personas. El
+p&uacute;blico de este cinemat&oacute;grafo de barrio estaba ya cansado de las
+aventuras de la perseguida alsaciana. Todos conoc&iacute;an su historia.</p>
+
+<p>La vieja ocup&oacute; su asiento con la majestad de un monarca que se hace dar
+una representaci&oacute;n para &eacute;l solo. Al aparecer su nieto, le habl&oacute; en voz
+baja, con dulzura.</p>
+
+<p>&mdash;Buenas noches, peque&ntilde;o m&iacute;o. Todos te abandonan, todos te olvidan. La
+vida es as&iacute;.... Pero no temas; tu abuela no te dejar&aacute; nunca. Aqu&iacute; me
+tendr&aacute;s todas las noches.... &iexcl;todas las noches!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>La noticia empez&oacute; &aacute; circular despu&eacute;s de mediod&iacute;a, vaga &eacute; indecisa.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;La paz! &iexcl;Acaba de ajustarse la paz!&raquo;</p>
+
+<p>Pero tantas veces se hab&iacute;a dicho esto mismo, sin verlo realizado luego,
+que la vieja no crey&oacute; la noticia.</p>
+
+<p>A media tarde todos se convencieron de que era verdad. El gobierno
+anunciaba un armisticio, solicitado por los enemigos.</p>
+
+<p>La verdulera se encontr&oacute; de pronto envuelta y arrastrada por una
+avalancha de gente que parec&iacute;a rodar hacia el centro de Par&iacute;s. Se
+mostraba fren&eacute;tica de alegr&iacute;a como todos; gritaba como todos.</p>
+
+<p>Hasta la llegada de la noche vivi&oacute; una existencia de ensue&ntilde;o; crey&oacute;
+seguir las inveros&iacute;miles aventuras de una pesadilla. Pero esta pesadilla
+era agradable y sus delirios no los inspiraba el terror, sino el
+entusiasmo.</p>
+
+<p>Se vi&oacute; en la plaza de la Concordia. La muchedumbre, rugiendo cantos
+patri&oacute;ticos, hac&iacute;a rodar los ca&ntilde;ones cogidos &aacute; los alemanes que estaban
+expuestos en la gran plaza.</p>
+
+<p>Un grupo de mozalbetes hizo montar &aacute; la vieja sobre uno de estos
+ca&ntilde;ones, como si fuese un carro triunfal, arrastrando la pieza de
+artiller&iacute;a por las calles inmediatas.</p>
+
+<p>Ella, con los blancos cabellos en desorden, elevaba los brazos cantando
+la <i>Marsellesa</i>. La muchedumbre la saludaba con aplausos. Nadie sab&iacute;a
+qui&eacute;n era, pero su paso iba despertando la veneraci&oacute;n instintiva que
+infunde la ancianidad. Algunos cre&iacute;an contemplar la vieja gloria de la
+Revoluci&oacute;n, que despertaba triunfante despu&eacute;s de un siglo de letargo.</p>
+
+<p>De pronto se vi&oacute; &aacute; pie y sola. Hab&iacute;a desaparecido el ca&ntilde;&oacute;n y los j&oacute;venes
+que tiraban de &eacute;l. Ahora estaban en la <i>rue Royale</i>, frente &aacute; los
+restoranes m&aacute;s elegantes. Los parroquianos de Maxim&mdash;gentes ricas que
+pod&iacute;an permitirse este lujo&mdash;regalaban botellas de champa&ntilde;a &aacute; la
+muchedumbre para solemnizar el suceso.</p>
+
+<p>Sin saber c&oacute;mo, se encontr&oacute; hablando con un grupo de soldados
+americanos. Ella adoraba &aacute; los americanos. Los reconoc&iacute;a &uacute;nicamente por
+su sombrero de fieltro con cuatro hoyos sim&eacute;tricos y terminado en punta.
+&iexcl;Hermosos muchachos, sanos, fuertes y con aire de buenos! A algunos les
+encontraba cierto parecido con Alberto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vivan los Estados Unidos!</p>
+
+<p>Se entend&iacute;a con estos soldados por medio de gestos y de gui&ntilde;os, m&aacute;s que
+por palabras. Pero esto importaba poco.... &iexcl;Cuando hay simpat&iacute;a y buena
+voluntad!...</p>
+
+<p>Y ellos, regocijados por la alegr&iacute;a de la vieja, re&iacute;an como ni&ntilde;os
+grandes, con una carcajada sonora que marcaba bajo la piel la fuerte
+osamenta de las mand&iacute;bulas y dejaba al descubierto el luminoso marfil
+de unas dentaduras envidiables.</p>
+
+<p>La vieja se levant&oacute; la falda para rebuscar en una bolsa de lienzo
+pendiente sobre las enaguas, donde guardaba el capital de su comercio.
+Estaba en fondos y pod&iacute;a convidar &aacute; sus nuevos amigos.</p>
+
+<p>Los soldados protestaron, riendo. &laquo;&iquest;Admitir convites de una mujer?&raquo;</p>
+
+<p>El &uacute;nico que hablaba bien el franc&eacute;s de todos ellos replic&oacute; con alegre
+protesta:</p>
+
+<p>&mdash;Nosotros somos m&aacute;s ricos que usted. Nosotros cobramos en d&oacute;lares.</p>
+
+<p>Ella mir&oacute; el pu&ntilde;ado de monedas de cobre que ten&iacute;a en una mano. C&eacute;ntimos,
+nada m&aacute;s; pero &iquest;qu&eacute; importaba?...</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;is en mi casa, y os invito. Si me dec&iacute;s que no, soy capaz de
+llorar.</p>
+
+<p>Entraron en un caf&eacute;, y durante media hora los robustos soldados del
+sombrero puntiagudo bebieron, riendo &aacute; carcajadas de las palabras y los
+gestos de la alegre vieja.</p>
+
+<p>Luego se vi&oacute; bebiendo con hombres de otros pa&iacute;ses que vest&iacute;an distintos
+uniformes, y hasta con soldados franceses, que, &aacute; pesar de la locura
+general, conservaban un gesto sombr&iacute;o, como hombres que a&uacute;n no hubiesen
+acabado de despertar de una pesadilla horrorosa prolongada durante a&ntilde;os
+y a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Al anochecer, la vieja se sinti&oacute; fatigada. Parec&iacute;a que toda aquella
+muchedumbre hubiese marchado sobre ella; cre&iacute;a haber recibido millones
+de golpes.</p>
+
+<p>El instinto la llev&oacute; hacia su barrio, caminando con lentitud,
+arrastrando casi los pies. Pero &aacute; pesar de esta fatiga, junt&oacute; su voz &aacute;
+las aclamaciones de todos los grupos que encontraba al paso.</p>
+
+<p>La necesidad de descansar y la costumbre la hicieron meterse en la
+taberna.</p>
+
+<p>All&iacute; estaba Crainqueville, solitario y silencioso, sentado ante un vaso
+vac&iacute;o, cuyo fondo contemplaba tristemente.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n te convido &aacute; ti&mdash;dijo la vieja&mdash;. Hoy es un gran d&iacute;a. &iexcl;La paz!
+&iquest;Qu&eacute; dices t&uacute; de la paz?</p>
+
+<p>Crainqueville levant&oacute; los hombros. Luego, animado por la vista del nuevo
+vaso que le ofrec&iacute;a su amiga, se dign&oacute; hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez la humanidad procure ser mejor despu&eacute;s de esta prueba
+terrible; tal vez se regenere y aprenda &aacute; vivir por primera vez con un
+poco de l&oacute;gica.</p>
+
+<p>Luego sonri&oacute; ir&oacute;nicamente, como su maestro. Se sent&iacute;a invadido por la
+eterna duda, y continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Aunque nadie puede afirmar si esta pobre humanidad merece la pena de
+ser regenerada y que alguien se ocupe de su porvenir....</p>
+
+<p>Mucho m&aacute;s tarde, la vieja sinti&oacute; la atracci&oacute;n de un nuevo deseo. Se
+acord&oacute; con delicia de la obscura sala del cinema y de sus vistas, que
+ella consideraba como algo celestial. &iexcl;Qu&eacute; felicidad estar all&aacute; dos
+horas, en un asiento c&oacute;modo, conversando mentalmente con su nieto! El
+pobre Alberto no deb&iacute;a conocer a&uacute;n la gran noticia que conmov&iacute;a &aacute; Par&iacute;s
+y al mundo entero. Ella iba &aacute; comunic&aacute;rsela.</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s, Crainqueville; mi nieto me espera. Para el pobre no hay
+fiestas. Esta noche trabajar&aacute; como todas.</p>
+
+<p>El fil&oacute;sofo ambulante, que hab&iacute;a terminado por aceptar la vida ilusoria
+de su compa&ntilde;era, crey&oacute; del caso darle algunos consejos.</p>
+
+<p>&mdash;Te est&aacute;s matando. Apenas comes; bebes demasiado. Gastas tu dinero
+exageradamente; vas &aacute; perder tu capital. Ayer tuviste que tomar la mitad
+de tu g&eacute;nero al fiado.... Adem&aacute;s, en una semana parece que hayas vivido
+varios a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Pero despu&eacute;s de la cuerda reprimenda, volvi&oacute; &aacute; sonreir con su eterna
+sonrisa de duda.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, &iexcl;si eso te divierte!... &iexcl;Si encuentras en ello tu
+felicidad!...</p>
+
+<p>La vieja march&oacute; apresuradamente hacia el cinema, &aacute; pesar de sus piernas
+entumecidas que casi se negaban &aacute; sostenerla. All&aacute;, en la sala
+agradable, descansar&iacute;a c&oacute;modamente.</p>
+
+<p>Las calles estaban obscuras a&uacute;n, como en las noches de la guerra
+pre&ntilde;adas de amenazas a&eacute;reas. Pero la muchedumbre formaba grupos. Sonaban
+instrumentos de m&uacute;sica y se improvisaban bailes en las encrucijadas.</p>
+
+<p>Al penetrar en el atrio del cinema, el empleado que guardaba la puerta
+sali&oacute; &aacute; su encuentro alegremente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva la paz, abuela!</p>
+
+<p>Luego a&ntilde;adi&oacute;, como si recordase algo de escasa importancia:</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche ya no &laquo;trabaja&raquo; su nieto.... &iexcl;Se acab&oacute;! Todo es nuevo. Pero
+la representaci&oacute;n vale la pena.</p>
+
+<p>-&iquest;Qu&eacute;?...</p>
+
+<p>La vieja hab&iacute;a apoyado la espalda en el muro, intensamente p&aacute;lida, con
+los ojos desmesuradamente abiertos. El empleado fu&eacute; dando explicaciones
+para contestar &aacute; su exclamaci&oacute;n angustiosa.</p>
+
+<p>&mdash;Han transcurrido siete d&iacute;as. &iexcl;Cambio completo de programa! El p&uacute;blico
+estaba fatigado ya de la historia de la muchacha de Alsacia y del
+alem&aacute;n. Ahora, con la paz, habr&aacute; que dar otras cosas. &iexcl;Nada de
+guerra!... Hay que olvidar, hay que alegrarse.... Entre.... Tenemos esta
+noche una pel&iacute;cula americana que hace rugir de risa.</p>
+
+<p>La vieja vacil&oacute; sobre las piernas, &aacute; pesar de que se hab&iacute;a desvanecido
+instant&aacute;neamente la dulce turbaci&oacute;n de su mansa embriaguez.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No verle m&aacute;s!... &iexcl;no verle m&aacute;s!&mdash;gem&iacute;a.</p>
+
+<p>Luego resumi&oacute; su desesperaci&oacute;n en una frase:</p>
+
+<p>&mdash;Me lo han matado por segunda vez.</p>
+
+<p>El p&uacute;blico que iba &aacute; entrar en el cinema se agolp&oacute; en torno de esta
+mujer desfalleciente, pr&oacute;xima &aacute; caer al suelo. El empleado, por
+conmiseraci&oacute;n y por evitar aglomeraciones en la puerta, intent&oacute; alegrar
+&aacute; la vieja.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Aacute;nimo, abuela!... No va usted &aacute; morirse hoy, un d&iacute;a de tanta
+felicidad, porque hemos cambiado el programa.... Adem&aacute;s...adem&aacute;s....</p>
+
+<p>Hab&iacute;a pedido &aacute; la mujer de la taquilla un peri&oacute;dico, y empez&oacute; &aacute;
+examinarlo con precipitaci&oacute;n, empin&aacute;ndose sobre la punta de los pies
+para recibir mejor la luz de una l&aacute;mpara pendiente del techo. Al mismo
+tiempo hablaba entre dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos.... Esta est&uacute;pida historia de la alsaciana deben darla en
+alguna parte. Un mal <i>film</i> de ocasi&oacute;n, hecho de recortes. Estar&aacute;,
+seguramente, en los cinemas de quinta clase.... Eso es; helo aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Y dirigi&eacute;ndose &aacute; la vieja, le di&oacute; el nombre de una calle y el t&iacute;tulo de
+un cinemat&oacute;grafo.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco lejos, abuela; en Grenelle, al otro lado de Par&iacute;s; &iexcl;pero
+tomando el Metro!... All&iacute; encontrar&aacute; &aacute; su nieto durante una semana.</p>
+
+<p>No se acord&oacute; m&aacute;s de ella, para seguir ocup&aacute;ndose del p&uacute;blico que entraba
+y entraba, atra&iacute;do por el programa nuevo.</p>
+
+<p>La vieja se vi&oacute; otra vez en la calle. No ten&iacute;a mas que una idea.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Me lo han matado!&mdash;pensaba&mdash;. En este d&iacute;a en que todos r&iacute;en, me lo han
+matado por segunda vez.&raquo;</p>
+
+<p>Reapareci&oacute; su en&eacute;rgica voluntad de luchadora obscura y humilde. Se lo
+hab&iacute;an matado all&iacute;; pero iba &aacute; resucitar en otra parte. Deb&iacute;a ir &aacute; su
+encuentro.</p>
+
+<p>Busc&oacute; bajo su falda aquella bolsa de tela que conten&iacute;a sus capitales. Su
+diestra s&oacute;lo encontr&oacute; el vac&iacute;o. Despu&eacute;s de tenaces exploraciones,
+salieron &aacute; luz unas cuantas monedas de cobre sosteni&eacute;ndose entre sus
+dedos. Cincuenta c&eacute;ntimos en total.</p>
+
+<p>S&oacute;lo dispon&iacute;a de lo preciso para comprar una entrada en aquel cinema
+desconocido de Grenelle.</p>
+
+<p>No le quedaba dinero para tomar un billete del Metro. Todo lo hab&iacute;a
+gastado en sus ruidosas aventuras de la tarde. Tendr&iacute;a que ir &aacute; pie; y
+era tan lejos.... &iexcl;tan lejos!</p>
+
+<p>Un mal pensamiento contrajo su frente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si pidiese limosna!... Hoy es un d&iacute;a de regocijo general. Se
+apiadar&aacute;n de m&iacute; al verme tan vieja, tan cansada....</p>
+
+<p>Pero &aacute; pesar de su cansancio se irgui&oacute;, con un gesto de altivez
+ofendida. No hab&iacute;a mendigado nunca, y &aacute; los setenta a&ntilde;os era tarde para
+empezar.</p>
+
+<p>&mdash;Debo verle...necesito verle.</p>
+
+<p>La fatiga le hizo caer en un banco entre dos &aacute;rboles del bulevar.
+Brillaban en la penumbra las puertas de caf&eacute;s y tabernas como bocas de
+horno. Se confund&iacute;an en alegre discordancia las diversas m&uacute;sicas.
+Pasaban parejas amorosas, perdi&eacute;ndose en la obscuridad; guerreros de
+remotos pa&iacute;ses que abarcaban con un brazo el talle de una mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tan lejos!... &iexcl;tan lejos!&mdash;segu&iacute;a suspirando la vieja.</p>
+
+<p>Vi&oacute; de pronto un soldado que le sonre&iacute;a, un soldado todo blanco desde el
+casco de trinchera hasta los gruesos zapatos. A trav&eacute;s de su cuerpo se
+ve&iacute;an los &aacute;rboles, el banco cercano, las gentes que pasaban. Parec&iacute;a de
+cristal, de humo sutil, de espuma impalpable.</p>
+
+<p>La hizo se&ntilde;as para que la siguiese, y ech&oacute; &aacute; andar al ver que la vieja
+le obedec&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, mis piernas!... No podr&eacute; seguir. Son varios kil&oacute;metros. &iexcl;No
+llegar&eacute; nunca!...</p>
+
+<p>Se dej&oacute; caer en otro banco y el soldado transparente se detuvo,
+volviendo hacia ella un rostro sombr&iacute;o, desesperadamente sombr&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;No te pongas triste. &iexcl;Si supieras cu&aacute;n cansada estoy! Pero tu abuela
+no te abandonar&aacute; nunca.... Alberto, esp&eacute;rame. &iexcl;All&aacute; voy, peque&ntilde;o m&iacute;o!</p>
+
+<p>Y haciendo un esfuerzo supremo, se levant&oacute; y sigui&oacute; marchando en pos del
+fantasma por las calles interminables, negras, heladas....</p>
+
+<p>Como marchamos todos &aacute; trav&eacute;s de las asperezas de la vida, guiados por
+nuestros recuerdos, al encuentro de la Ilusi&oacute;n.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="EL_AUTOMOVIL_DEL_GENERAL" id="EL_AUTOMOVIL_DEL_GENERAL"></a><a href="#capitulos">EL AUTOM&Oacute;VIL DEL GENERAL</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>El periodista Isidro Maltrana habl&oacute; as&iacute; &aacute; sus amigos en un peque&ntilde;o
+restor&aacute;n de Broadway:</p>
+
+<p>&mdash;Me veo obligado &aacute; buscarme la vida en Nueva York. Ya no puedo volver &aacute;
+M&eacute;jico. &iexcl;Qu&eacute; desgracia! &iexcl;Tan bien que me ha ido all&aacute; durante once
+a&ntilde;os!...</p>
+
+<p>Ustedes saben que soy espa&ntilde;ol, y no tengo otra herramienta para ganarme
+el pan que una pluma f&aacute;cil y sin escr&uacute;pulos. No recordemos las aventuras
+de mi primera juventud. Deben conocerlas ustedes, pues con ellas se han
+escrito libros. Son, en realidad, sucesos vulgares, que s&oacute;lo merecen
+atenci&oacute;n por el ambiente de tristeza desgarradora en que se
+desarrollaron.</p>
+
+<p>Hace a&ntilde;os me lanc&eacute; &aacute; recorrer la Am&eacute;rica de habla espa&ntilde;ola. Entr&eacute; por
+Buenos Aires y he salido por la frontera de Texas. Una haza&ntilde;a de
+conquistador de otros siglos; algo como el paseo del capit&aacute;n Orellana,
+que parti&oacute; del Per&uacute; y, navegando de un r&iacute;o grande &aacute; otro mayor, se vi&oacute;
+de pronto en el Atl&aacute;ntico, despu&eacute;s de haber bajado todo el curso del
+Amazonas.</p>
+
+<p>No sonr&iacute;an ustedes; ya s&eacute; que mis viajes en buque de vapor, en
+ferrocarril &oacute; en mula, no pueden compararse con los penosos avances de
+aquellos exploradores de piernas de acero y pechos de bronce. Pero no
+crean tampoco que mis andanzas &aacute; trav&eacute;s de la tierra americana han sido
+envidiables por su comodidad. Tambi&eacute;n yo he sufrido grandes privaciones.
+Los conquistadores, que tuvieron que luchar con el hambre de las
+interminables soledades, acallaban su est&oacute;mago apret&aacute;ndose un punto m&aacute;s
+el cintur&oacute;n, y segu&iacute;an adelante, con el arcabuz al hombro. Yo he tenido
+que apretarme igualmente el cintur&oacute;n muchas veces; pero siempre
+encontraba, al fin, en las Rep&uacute;blicas peque&ntilde;as, alg&uacute;n tirano, &oacute;
+aspirante &aacute; tirano, que se encargaba de mantenerme &aacute; cambio de insultos
+&aacute; sus adversarios y de elogios disparatados &aacute; su persona.</p>
+
+<p>Al pasar de Espa&ntilde;a &aacute; Am&eacute;rica, dese&eacute; cambiar de profesi&oacute;n. Me hab&iacute;an
+dicho que en esta parte del mundo todos los emigrantes cambian de
+oficio, como las culebras cambian de piel al modificarse el ambiente con
+el curso de las estaciones.</p>
+
+<p>Eso ser&aacute; verdad trat&aacute;ndose de los dem&aacute;s; &iexcl;pero los que nacimos siervos
+de la pluma!...</p>
+
+<p>Quise en Argentina cultivar la tierra, pero fracas&eacute; completamente, y
+volv&iacute; al periodismo vagabundo, lo que me hizo marchar de Rep&uacute;blica en
+Rep&uacute;blica, siempre hacia el Norte.</p>
+
+<p>No recordemos esta &eacute;poca de literatura ambulante y servil. Otro, tal vez
+estar&iacute;a orgulloso de ella, y hasta escribir&iacute;a sus Memorias. Fu&iacute; amigo de
+varios presidentes; &aacute; unos les he servido de buf&oacute;n, &aacute; otros de consejero
+secreto. He redactado, &aacute; la vez, cr&oacute;nicas de vida elegante para las
+presidentas y proyectos de Constituci&oacute;n que sus graves maridos
+presentaban al pueblo como producto de nocturnas meditaciones. He hu&iacute;do
+de algunos de estos protectores, por miedo &aacute; que me fusilasen; sab&iacute;a
+demasiados secretos. A otros los he visto caer asesinados cuando
+mostraban una confianza majestuosa igual &aacute; la de los dioses inmortales.
+He insultado &aacute; hombres que no conoc&iacute;a, para servir con ello &aacute; hombres
+que despreciaba por conocerlos demasiado.</p>
+
+<p>&iquest;Que mi oficio es vergonzoso?... Soy el primero en confesarlo. Y lo peor
+es que no me ha enriquecido; s&oacute;lo me di&oacute; para vivir con intermitencias
+de locos derroches y largas penurias. Cuando triunfaban mis protectores,
+nunca ten&iacute;an tiempo para regalar algo duradero al que les hab&iacute;a ayudado
+con su pluma venenosa.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, reconozco mi defecto; soy un bohemio, un vagabundo que nunca se
+siente bien all&iacute; donde est&aacute;, y espera encontrar algo mejor yendo m&aacute;s
+lejos.</p>
+
+<p>No me creo el &uacute;nico. Los periodistas errantes y los c&oacute;micos somos la
+&uacute;ltima y miserable prolongaci&oacute;n de la Espa&ntilde;a conquistadora. Vamos y
+venimos desde el estrecho de Magallanes &aacute; la frontera de California,
+pasando &aacute; trav&eacute;s de diez y ocho naciones que hablan nuestra lengua,
+conociendo en unas partes la riqueza y en otras el hambre; aqu&iacute;, el
+aplauso y la admiraci&oacute;n; m&aacute;s all&aacute;, el insulto y la fuga. Algunos, en sus
+correr&iacute;as, hasta tropiezan con la Fortuna, y son sus amigos por corto
+tiempo. Todos, finalmente, terminan sus d&iacute;as en la miseria.</p>
+
+<p>Pero no divaguemos. Quiero decir que, despu&eacute;s de mis andanzas por la
+Am&eacute;rica del Sur y la Am&eacute;rica del Centro, di fondo en M&eacute;jico, hace poco
+m&aacute;s de diez a&ntilde;os. &iexcl;Hermoso y simp&aacute;tico pa&iacute;s! En ninguna parte he vivido
+mejor.</p>
+
+<p>Ya estar&iacute;a de vuelta all&aacute;, &aacute; pesar de la &uacute;ltima revoluci&oacute;n, que me hizo
+huir; pero no me atrevo.</p>
+
+<p>Existe de por medio el maldito asunto del autom&oacute;vil del general.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Parec&iacute;a que M&eacute;jico me estuviese esperando, como uno de esos volcanes
+bondadosos y bien educados que permanecen tranquilos durante siglos y,
+apenas un explorador huella su cumbre por primera vez, empiezan &aacute; rugir
+y &aacute; soltar humaredas &aacute; guisa de saludo.</p>
+
+<p>Treinta a&ntilde;os llevaba el pa&iacute;s de dormitar en paz; pero al llegar yo
+despert&oacute;, amenizando mi existencia con una serie de revoluciones que
+todav&iacute;a no han terminado.</p>
+
+<p>&iexcl;Lo que he visto en diez a&ntilde;os!... Porfirio D&iacute;az, que parec&iacute;a eterno,
+escapando para morir en un hotel del viejo mundo. Madero, un hombre
+bueno, que gobernaba moviendo veladores y conversando con los esp&iacute;ritus,
+fu&eacute; cazado &aacute; balazos, lo mismo que un corderillo dulce, en las cuevas
+del palacio presidencial. El alcoh&oacute;lico Huerta acab&oacute; sus d&iacute;as en una
+c&aacute;rcel de los Estados Unidos, desesperado porque no le dejaban beber. Al
+viejo Carranza, que parec&iacute;a construido para vivir un siglo, lo acaban de
+asesinar.</p>
+
+<p>En diez a&ntilde;os, &iexcl;cuatro presidentes que han terminado de mala manera &oacute; han
+muerto en una cama que no era suya! Reconozcamos que es demasiada
+tragedia para tan corto tiempo. Esta sucesi&oacute;n de presidentes mejicanos
+recuerda &aacute; los reyes y h&eacute;roes griegos de la dinast&iacute;a de los Atreidas,
+que terminaban siempre de un modo fatal.</p>
+
+<p>Pero yo, que soy franco hasta el cinismo, confieso que no guardo un
+triste recuerdo de los largos a&ntilde;os de revoluci&oacute;n, ni he derramado una
+l&aacute;grima en memoria de estos se&ntilde;ores que conocieron los goces de una
+autoridad sin l&iacute;mites y la desesperaci&oacute;n de un final tr&aacute;gico.</p>
+
+<p>Al principio fu&iacute; simplemente escritor de &aacute; caballo. No ten&iacute;a peri&oacute;dicos
+que hacer, y serv&iacute;a de secretario &aacute; los generales que mandaban las
+fuerzas revolucionarias. Redact&eacute; proclamas dirigidas &aacute; los pueblos,
+alocuciones &aacute; las tropas, y describ&iacute; en un estilo l&iacute;rico los grandes
+triunfos de los insurrectos sobre los soldados del gobierno, llamados
+&laquo;federales&raquo;. Nunca, en mis escritos, dej&eacute; de establecer discretos
+paralelos entre las campa&ntilde;as napole&oacute;nicas y las de los caudillos &aacute; cuyo
+servicio me hab&iacute;a entregado.</p>
+
+<p>Conoc&iacute;a bien &aacute; mi gente. Uno de los generales, que fu&eacute; mi amo durante
+seis meses, al ver la polvareda levantada por unos cuantos centenares de
+enemigos, se volv&iacute;a siempre hacia nosotros, los de su Estado Mayor, para
+decirnos con aire inspirado:</p>
+
+<p>&mdash;Napole&oacute;n, en este caso, hubiera hecho seguramente lo que yo....</p>
+
+<p>Y hac&iacute;a lo que hubiese hecho Napole&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Ay, amigos m&iacute;os! Recuerdo bien nuestras famosas batallas, aunque
+siempre las ve&iacute;a de lejos. &iexcl;Lo que sent&iacute; muchas veces no haber aprendido
+&aacute; montar &aacute; caballo desde mi ni&ntilde;ez, no ser hombre de campo, para
+improvisarme general lo mismo que los otros!... &iexcl;Qui&eacute;n sabe si lo habr&iacute;a
+hecho mejor!...</p>
+
+<p>Las tales batallas pod&iacute;an ser tituladas as&iacute; porque tomaban parte en
+ellas veinte mil &oacute; treinta mil hombres. En M&eacute;jico nunca faltan hombres
+para pelear y morir. Hay siempre m&aacute;s que fusiles. Pero, en realidad,
+eran simples ri&ntilde;as de grupo &aacute; grupo, dejando &aacute; la iniciativa de cada
+pelot&oacute;n la marcha del combate. Tiraban y tiraban hasta agotar las
+municiones, sin hacer uso jam&aacute;s del arma blanca. Ninguno ten&iacute;a bayoneta.
+Se mataban durante horas y horas, y al final el bando que se ve&iacute;a sin
+cartuchos se retiraba, dejando el campo al otro.</p>
+
+<p>Todos &eacute;ramos de caballer&iacute;a, porque hac&iacute;amos las marchas &aacute; caballo; pero
+en el momento del combate los jinetes se convert&iacute;an en infantes.
+Ten&iacute;amos artiller&iacute;a. Cada bando procuraba poseer ca&ntilde;ones m&aacute;s gruesos que
+los del adversario, y estos ca&ntilde;ones tiraban y tiraban, con un estruendo
+ensordecedor.</p>
+
+<p>Recuerdo el asombro y la indignaci&oacute;n de un oficial alem&aacute;n que ven&iacute;a con
+nosotros, al ver c&oacute;mo funcionaba la artiller&iacute;a.</p>
+
+<p>(Advierto &aacute; ustedes que todos los revolucionarios &eacute;ramos german&oacute;filos,
+por odio &aacute; los Estados Unidos y &aacute; Inglaterra. Nos compar&aacute;bamos con los
+bolcheviques rusos, dese&aacute;bamos la derrota de la Rep&uacute;blica francesa y el
+triunfo de Guillermo II. Los alemanes interven&iacute;an con frecuencia en
+nuestras campa&ntilde;as.... Pero no desviemos el relato. &iexcl;Adelante!)</p>
+
+<p>&mdash;General&mdash;clam&oacute; el prusiano&mdash;, los artilleros no saben apuntar. Tiran
+al aire. S&oacute;lo desean hacer ruido.</p>
+
+<p>Y el general, que se las echaba de ingenioso, contest&oacute;, levantando los
+hombros:</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jelos. No es necesario que hagan m&aacute;s. La artiller&iacute;a s&oacute;lo sirve para
+asustar <i>pendejos</i>.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de estas batallas, cuando qued&aacute;bamos vencedores por haber podido
+hacer fuego media hora m&aacute;s que los otros, ven&iacute;an los comentarios y las
+explicaciones del triunfo. Aqu&iacute; entraba yo como estratega. Describ&iacute;a
+moniobras que nadie hab&iacute;a visto; supon&iacute;a en el general y sus
+colaboradores &oacute;rdenes que nadie hab&iacute;a dado; explicaba el presente con
+arreglo &aacute; mis lecturas pasadas, y siempre encontraba el medio de
+emparentar la batalla reciente con alguna de las de la juventud de
+Bonaparte. No hab&iacute;a miedo de que alguien protestase escandalizado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Este Maltrana!&mdash;o&iacute;a decir &aacute; mis espaldas&mdash;. &iexcl;Lo que sabe!... &iexcl;Lo que
+ha le&iacute;do!...</p>
+
+<p>Y, por el momento, no me daban cosas de m&aacute;s provecho que tales elogios y
+un amplio permiso para apropiarme lo ajeno. Pero esto &uacute;ltimo no
+representaba gran cosa, por ir yo acompa&ntilde;ado de gentes listas, que, al
+ser del pa&iacute;s, siempre llegaban antes all&iacute; donde hab&iacute;a algo que coger.</p>
+
+<p>Cuando triunfamos, y los jefes del ej&eacute;rcito revolucionario ocuparon la
+presidencia de la Rep&uacute;blica, los ministerios y dem&aacute;s sitios p&uacute;blicos, mi
+suerte empez&oacute; &aacute; afirmarse. Escrib&iacute; en los diarios del nuevo gobierno
+cuando hab&iacute;a que insultar &aacute; los enemigos &oacute; hacer al pa&iacute;s brillantes
+promesas.</p>
+
+<p>&iexcl;El dinero que gan&eacute; en aquellos tiempos, no muy lejanos, pero que me
+parecen ya remot&iacute;simos!...</p>
+
+<p>Ten&iacute;a serios adversarios. La mayor parte de los generales eran hombres
+que no vacilaban ante ning&uacute;n obst&aacute;culo. De &laquo;rancheros&raquo; &oacute; bohemios de la
+ciudad, se hab&iacute;an convertido en generales heroicos. &iquest;Por qu&eacute; no pod&iacute;an
+ser igualmente escritores?...</p>
+
+<p>Como Julio C&eacute;sar despu&eacute;s de sus campa&ntilde;as, cada uno de ellos quiso
+escribir sus <i>Comentarios</i>. Pero C&eacute;sar no escrib&iacute;a, dictaba, y sin duda
+por esto, los m&aacute;s de ellos me tomaron como secretario, confi&aacute;ndome sus
+hechos heroicos para que los realzase con la m&uacute;sica de mi estilo.
+Adem&aacute;s, cobraba todos los meses una subvenci&oacute;n en cada uno de los
+diversos ministerios, para tomar fuerzas y poder llevar adelante la
+magna y voluminosa obra que estaba escribiendo sobre la revoluci&oacute;n
+triunfante.</p>
+
+<p>&iexcl;L&aacute;stima que la &uacute;ltima revuelta militar haya matado este libro antes de
+nacer! Ustedes saben que yo he cultivado la paradoja, como &uacute;nico pan que
+me nutre. Pues bien; esta obra iba &aacute; ser la mejor de todas las m&iacute;as.</p>
+
+<p>Comparaba en ella &aacute; W&aacute;shington con nuestro presidente, &eacute; in&uacute;til es decir
+qui&eacute;n de ellos quedaba sobre el otro. Luego establec&iacute;a un paralelo
+cr&iacute;tico entre el ataque de Cerro Pelado y la batalla de Arcole; la
+sorpresa del Barranco de los Santos y la batalla de Austerlitz; y as&iacute;
+segu&iacute;a comparando otras acciones de guerra, hasta conseguir que el
+&laquo;corso de los cabellos lacios&raquo; (&iexcl;siempre Napole&oacute;n!) quedase al nivel de
+mis sabios caudillos de machete al cinto y lazo de cuerda formando rollo
+en el arz&oacute;n de la silla.</p>
+
+<p>El final del libro era lo mejor: una demostraci&oacute;n clar&iacute;sima de que la
+civilizaci&oacute;n de los Estados Unidos resulta inferior &aacute; la civilizaci&oacute;n
+mejicana, y debe ser vencida por &eacute;sta, para bien de los mismos yanquis.
+As&iacute; trabajar&aacute;n menos, no necesitar&aacute;n tanto dinero para vivir, conocer&aacute;n
+mejor la alegr&iacute;a de la existencia.</p>
+
+<p>Les aseguro &aacute; ustedes que es una l&aacute;stima que hayan sido arrojados del
+gobierno mis protectores y no quede all&aacute; quien me subvencione para
+terminar el libro. &iexcl;Un verdadero &eacute;xito! Traducido al ingl&eacute;s, se hubiesen
+vendido centenares de ediciones. &iexcl;Esta gente de Nueva York gusta tanto
+de libros que la hagan reir!...</p>
+
+<p>Pero no se impacienten ustedes. Adivino en sus ojos lo que piensan: &laquo;el
+autom&oacute;vil del general&raquo;. Desean saber qu&eacute; general es el de mi historia y
+por qu&eacute; su autom&oacute;vil me cierra el camino para volver &aacute; M&eacute;jico.</p>
+
+<p>A ello vamos, amigos m&iacute;os.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>De todos los personajes que conoc&iacute; en el per&iacute;odo de la guerra, el que
+demostr&oacute; mayor inter&eacute;s por mi persona y me protegi&oacute; m&aacute;s eficazmente fu&eacute;
+el general Castillejo.</p>
+
+<p>En sus momentos de efusi&oacute;n amistosa, que eran muy raros, me llamaba
+Maltranita, y eso que yo pod&iacute;a ser casi su padre, &oacute; cuando menos un
+hermano muy mayor. Este general (uno de los consejeros m&aacute;s &iacute;ntimos y
+escuchados del presidente) s&oacute;lo ten&iacute;a veintisiete a&ntilde;os. Es cierto que
+los otros generales y ministros no eran, ordinariamente, de mayor edad.
+Cuando el viejo Carranza reun&iacute;a los primeros funcionarios y h&eacute;roes de la
+Rep&uacute;blica, parec&iacute;a un director de colegio pasando examen &aacute; sus
+disc&iacute;pulos.</p>
+
+<p>Castillejo es peque&ntilde;o de cuerpo, nervioso y &aacute;gil, con un color moreno
+ardiente que se aproxima al tono del chocolate con leche. Lo m&aacute;s notable
+en &eacute;l son los ojos, brillantes y autoritarios cuando quiere mirar de
+frente, lo que ocurre pocas veces. Su vista parece siempre fugitiva,
+como si la distrajera alg&uacute;n mal pensamiento. Sus cejas oblicuas y su
+cutis obscuro se armonizan poco con su &aacute;ngulo facial, abierto y europeo.
+Es, como muchos de nuestra Am&eacute;rica, el resultado de tres or&iacute;genes:
+indio, africano y espa&ntilde;ol.</p>
+
+<p>Sus amigos le ten&iacute;an en alto concepto, hablando de &eacute;l con admiraci&oacute;n y
+miedo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un hombre de cuidado!... No conviene tenerlo de enemigo. &iexcl;Sabe
+mucho!...</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, quitaba y pon&iacute;a ministros, daba mandos en el ej&eacute;rcito &aacute; los
+compa&ntilde;eros que le segu&iacute;an ciegamente, y obligaba &aacute; salir del pa&iacute;s &aacute; sus
+adversarios &oacute; los enviaba &aacute; ciertas provincias de la costa del golfo de
+M&eacute;jico, donde la gente de las altas mesetas puede contraer enfermedades
+de muerte.</p>
+
+<p>Sus enemigos recordaban la facilidad con que hab&iacute;a fusilado durante la
+guerra &aacute; los prisioneros. Pero &iquest;qui&eacute;n puede hacer el balance de los
+fusilamientos ordenados all&aacute; por unos y por otros? &iexcl;He visto tantos!...
+&iexcl;Cuesta tan poco dar una orden que suprime &aacute; un hombre!...</p>
+
+<p>Nunca tuve con &eacute;l motivos de queja. &iexcl;Excelente muchacho! Hasta creo que
+me admiraba un poquito &aacute; causa de mi pluma, y eso que era incapaz de
+admirar &aacute; nadie, convencido como estaba de que la presidencia de la
+Rep&uacute;blica le correspond&iacute;a de derecho. Pero a&uacute;n no cre&iacute;a llegado el
+momento de ocuparla.</p>
+
+<p>Nuestra intimidad dat&oacute; de un libro que escrib&iacute; para &eacute;l despu&eacute;s de la
+guerra: <i>Historia de la divisi&oacute;n del Oeste</i>. Esta divisi&oacute;n era la horda
+&aacute; caballo que hab&iacute;a mandado mi general Castillejo. In&uacute;til es decir que
+la tal divisi&oacute;n lo hab&iacute;a hecho todo, y &aacute; ella se deb&iacute;a &uacute;nicamente el
+triunfo revolucionario.</p>
+
+<p>Lo malo es que yo mismo, con esta mano pecadora, hab&iacute;a escrito tambi&eacute;n
+la <i>Historia de la divisi&oacute;n del Este</i>, y la del Norte, y la del Sur, y
+la del Centro, y cada una de estas divisiones era la mejor entre todas y
+lo hab&iacute;a hecho todo, y los dem&aacute;s generales no hab&iacute;an servido mas que de
+estorbo.</p>
+
+<p>Pero como estos libros iban firmados por sus respectivos h&eacute;roes, y cada
+uno callaba mi nombre, Castillejo apreci&oacute; su historia como la mejor de
+todas, paladeando las hermosuras de mi estilo lo mismo que si le
+perteneciesen.</p>
+
+<p>Andaba muy ocupado en la elecci&oacute;n del nuevo presidente. El gobierno
+surgido de la revoluci&oacute;n deseaba dos cosas &aacute; la vez: hacer unas
+elecciones que pareciesen legales y sacar triunfante de ellas al
+candidato que ten&iacute;a escogido, y &aacute; nadie m&aacute;s. Varios generales se
+presentaban tambi&eacute;n como candidatos, amenazando con hacer una revoluci&oacute;n
+si no sal&iacute;an triunfantes. Todos hablaban de legalidad y de respeto &aacute; la
+ley, al mismo tiempo que se llevaban una mano al costado para
+convencerse de que ten&iacute;an el rev&oacute;lver listo. Y el pa&iacute;s, fatigado de diez
+a&ntilde;os de revoluci&oacute;n, les dejaba hablar, deseando en el fondo de su &aacute;nimo
+que se matasen entre ellos, pero dispuesto &aacute; votar por el gobierno &oacute; por
+el general que derribase al gobierno. La &uacute;nica manera de vivir seguro en
+aquella tierra es irse con el que manda.</p>
+
+<p>Mi general era el hombre de confianza del presidente y el sostenedor de
+la candidatura patrocinada por &eacute;ste. Como los otros aspirantes &aacute; la
+presidencia pertenec&iacute;an al ej&eacute;rcito, la candidatura gubernamental usaba
+el t&iacute;tulo de &laquo;antimilitarista&raquo;. Castillejo y otros compa&ntilde;eros de
+generalato, que hab&iacute;an fusilado centenares de hombres, quemado
+estaciones y pueblos, y viv&iacute;an en plena paz con la misma violencia que
+cuando hac&iacute;an la guerra, pronunciaban discursos sobre discursos,
+cantando las excelencias de ser gobernados por un &laquo;civil&raquo; y la necesidad
+de terminar con el militarismo.</p>
+
+<p>Yo combat&iacute;a con la pluma, siguiendo las &oacute;rdenes de mi jefe. En M&eacute;jico es
+m&aacute;s f&aacute;cil este trabajo que en otras partes. Cuenta uno con el argumento
+precioso de &laquo;la intervenci&oacute;n norteamericana&raquo;. El periodista que defiende
+al gobierno puede describir &aacute; los hombres de la oposici&oacute;n como &laquo;malos
+patriotas, que con sus insurrecciones provocan la anarqu&iacute;a y hacen
+inevitable una invasi&oacute;n de los norteamericanos para el restablecimiento
+del orden&raquo;. Y &aacute; su vez, los escritores de la oposici&oacute;n, al atacar al
+gobierno, afirman que &eacute;ste comete tales atrocidades, que, &laquo;al final, los
+Estados Unidos tendr&aacute;n que intervenir para derrocar su tiran&iacute;a&raquo;. Sin el
+fantasma de la intervenci&oacute;n norteamericana, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a escribir en
+M&eacute;jico?...</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, hay otro recurso de &eacute;xito seguro. Cuando no se sabe qu&eacute; decir de
+un enemigo pol&iacute;tico, &oacute; cuando se recibe el encargo de insultar &aacute; alguien
+que ha pintado el pa&iacute;s tal como es, se emplea siempre la misma injuria:
+&laquo;Vendido al p&eacute;rfido oro yanqui.&raquo; &iexcl;Y qu&eacute; inagotable resulta el tal oro!
+Todos los d&iacute;as hay alguien que se vende &aacute; &eacute;l por enormes cantidades. Si
+se suman los millones, tal vez no quepan en la Tesorer&iacute;a Federal.</p>
+
+<p>Y lo m&aacute;s gracioso es que los que escriben esto piensan al mismo tiempo:
+&laquo;&iquest;D&oacute;nde demonios estar&aacute; la puerta de la oficina en la que se hacen tales
+compras?... &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el encargado de recibir &aacute; los que desean
+venderse?...&raquo;</p>
+
+<p>Yo mismo, queridos amigos, quisiera saber si ustedes, por ser m&aacute;s viejos
+en la tierra yanqui, est&aacute;n enterados de &aacute; qu&eacute; personaje hay que
+dirigirse en W&aacute;shington para dicho asunto. &iexcl;Me gustar&iacute;a tanto estar
+enterado!...</p>
+
+<p>Pero &iquest;callan ustedes?... &iquest;No saben qu&eacute; decir?... Sigamos con nuestro
+general.</p>
+
+<p>Siempre que le&iacute;a uno de mis art&iacute;culos contra los enemigos de la
+candidatura del gobierno, celebraba con entusiasmo los insultos m&aacute;s
+atroces.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pluma la suya, Maltranita!... &iquest;C&oacute;mo pagarle sus servicios &aacute; la
+buena causa?</p>
+
+<p>Muy f&aacute;cilmente; yo no pod&iacute;a aspirar &aacute; una legaci&oacute;n diplom&aacute;tica ni &aacute; un
+ministerio cuando triunfase nuestra candidatura; eso quedaba para los
+mejicanos. Mis aspiraciones eran m&aacute;s modestas.</p>
+
+<p>&mdash;Me contento, mi general, con que me env&iacute;e usted &aacute; Nueva York cuando
+vaya all&aacute; una comisi&oacute;n &aacute; hacer compras para el gobierno. Lo mismo da que
+compren autocamiones, m&aacute;quinas de escribir, zapatos &oacute; papel para las
+oficinas. S&oacute;lo pido ser el agente comprador de la comisi&oacute;n. Me doy por
+satisfecho con el diez por ciento. &iquest;Que adquieren por un mill&oacute;n?... Cien
+mil d&oacute;lares para m&iacute;. &iquest;Que compran por valor de dos?... Pues doscientos
+mil. Con eso me retiro &aacute; Espa&ntilde;a y dejo de escribir, aunque lloren de
+pena las nueve Musas.</p>
+
+<p>Castillejo juzgaba mediocres mis pretensiones. Ahora trabajaba por hacer
+presidente &aacute; un amigo. Luego le tocar&iacute;a &aacute; &eacute;l. S&oacute;lo ten&iacute;a que esperar yo
+cuatro a&ntilde;os, y entonces me dar&iacute;a lo que desease.</p>
+
+<p>&iexcl;Esperar en un pa&iacute;s donde mueren de una manera tr&aacute;gica cuatro
+presidentes en s&oacute;lo diez a&ntilde;os!... No; prefer&iacute;a que me diesen
+inmediatamente el modesto cargo de comprador en Nueva York.</p>
+
+<p>Pero Castillejo no estaba para fijarse en mi escepticismo; cada d&iacute;a se
+mostraba m&aacute;s preocupado por el &eacute;xito de su campa&ntilde;a electoral. &iexcl;Cosa
+rara! No le inquietaban los generales candidatos que parec&iacute;an pr&oacute;ximos &aacute;
+sublevarse contra el gobierno. El objeto de sus preocupaciones era un
+joven, casi de su edad, el ingeniero Taboada, que se hab&iacute;a educado en
+los Estados Unidos y ten&iacute;a la pretensi&oacute;n de exigir que se implantase de
+golpe en M&eacute;jico todo el sistema democr&aacute;tico, con su respeto &aacute; la ley y &aacute;
+las opiniones ajenas, que hab&iacute;a conocido en la vecina Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>Sin m&aacute;s apoyo que unos cuantos amigos tan ilusos como &eacute;l, presentaba su
+candidatura &aacute; la presidencia, afirmando que era la &laquo;&uacute;nica candidatura
+civil&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si ese muchacho es un loco!&mdash;dec&iacute;a yo, extra&ntilde;ado de la
+preocupaci&oacute;n de Castillejo&mdash;. &iexcl;Si no puede juntar m&aacute;s all&aacute; de un
+centenar de votos!... Ya que usted le hace el honor de tenerle en
+cuenta, voy &aacute; demolerlo con un art&iacute;culo. Dir&eacute; que est&aacute; vendido &aacute; los
+Estados Unidos y por eso pretende implantar entre nosotros las
+costumbres y sistemas de all&aacute;. Voy &aacute; demostrar que ha recibido tres
+millones de W&aacute;shington para su candidatura.... Si le parecen poco,
+escribir&eacute; cinco millones. Da lo mismo. &iexcl;Con decir que yo he visto con
+mis ojos c&oacute;mo los recib&iacute;a!...</p>
+
+<p>Y escrib&iacute; esto, y otras cosas. Necesitaba no quedarme &aacute; la zaga de los
+periodistas del pa&iacute;s, que me venc&iacute;an muchas veces en la invenci&oacute;n de
+estupendas mentiras.</p>
+
+<p>Pero noto que se impacientan ustedes. &iexcl;Calma! Ahora s&iacute; que llegamos de
+veras al autom&oacute;vil del general.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>Algunos de los allegados &aacute; Castillejo se mostraban terribles en sus
+ofrecimientos.</p>
+
+<p>&mdash;General, ya que le estorba tanto ese ingenierillo, no tiene mas que
+darnos una orden. Es lo m&aacute;s f&aacute;cil librarse de &eacute;l.</p>
+
+<p>&iexcl;Como si el general necesitase de tales consejos! Eran muchos los que
+hab&iacute;an desaparecido misteriosamente de la existencia diaria, y los
+calumniadores pretend&iacute;an que &uacute;nicamente Castillejo pod&iacute;a saber d&oacute;nde
+estaban. Todos debajo del suelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; disparate!&mdash;protestaba el general&mdash;. Los candidatos militares
+atribuir&iacute;an al gobierno la muerte de Taboada; la gente que ahora se r&iacute;e
+de &eacute;l lo venerar&iacute;a como un m&aacute;rtir. No; dejemos de pensar en ese hombre.</p>
+
+<p>Y yo adivinaba que segu&iacute;a pensando en &eacute;l, con su gesto reconcentrado &eacute;
+inquietante que hac&iacute;a decir &aacute; las gentes: &laquo;Castillejo, muy malo como
+enemigo.&raquo;</p>
+
+<p>Uno de los amigotes que le acompa&ntilde;aban en sus francachelas nocturnas me
+revel&oacute; el secreto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que sufre el general son unos celos que le tienen loco, lo mismo
+que un dolor de muelas. Ahora, Olga del Monte adora al ingeniero.</p>
+
+<p>Esta Olga del Monte era la Aspasia de la revoluci&oacute;n mejicana. Hija de
+una familia distinguida de la capital, sus excesos imaginativos y reales
+hab&iacute;an acabado por arrastrarla &aacute; una vida que era la verg&uuml;enza de su
+parentela. Iba te&ntilde;ida de rojo escandalosamente, en un pa&iacute;s donde las m&aacute;s
+de las mujeres son morenas. Hab&iacute;a pasado una temporada en Par&iacute;s &aacute;
+expensas de varios protectores, lo que impon&iacute;a un irresistible respeto &aacute;
+los j&oacute;venes centauros de la revoluci&oacute;n, ignorantes de toda tierra que no
+fuese la suya. Adem&aacute;s, tocaba el piano y el arpa, suspiraba romanzas
+mejicanas y fabricaba versos.... Ten&iacute;a de sobra para traer como locos &aacute;
+todos los generales mozos. Algunos de ellos, &aacute; pesar de sus
+declamaciones contra el derecho de propiedad y contra las desigualdades
+de clase, lo que m&aacute;s apreciaban en Olga era su origen. Les produc&iacute;a
+confusi&oacute;n y orgullo &aacute; la vez pensar que eran amigos y protectores de una
+hija de gran familia de la capital, cuando hac&iacute;a pocos a&ntilde;os figuraban
+a&uacute;n como jornaleros del campo &oacute; vagabundos en lejanas provincias.</p>
+
+<p>Regalos cuantiosos llov&iacute;an sobre ella. Los vencedores mostraban la misma
+generosidad de los bandidos despu&eacute;s del reparto de un bot&iacute;n f&aacute;cilmente
+conquistado. Olga se tomaba &aacute; veces el trabajo de desfigurar las joyas
+robadas. En otras ocasiones luc&iacute;a los ricos despojos tal como se los
+hab&iacute;an dado, y las gentes se&ntilde;alaban sus brillantes, sus esmeraldas y sus
+perlas, nombrando &aacute; las verdaderas due&ntilde;as de estas alhajas. Eran se&ntilde;oras
+del r&eacute;gimen anterior derrumbado por la revoluci&oacute;n, que andaban ahora
+fugitivas por el extranjero.</p>
+
+<p>Mi general, que ten&iacute;a un alma puerilmente rom&aacute;ntica, se mostraba
+orgulloso de haber vencido &aacute; varios compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n. &Eacute;l era
+ahora el &uacute;nico que pod&iacute;a considerarse due&ntilde;o de esta po&eacute;tica criatura. La
+abrumaba con sus presentes; hab&iacute;a trasladado de su casa &aacute; la de la
+hermosa todo lo recogido cuando entr&oacute; en la ciudad de M&eacute;jico al frente
+de su divisi&oacute;n del Oeste, &iexcl;y bien sabe Dios que Castillejo no era tonto
+ni perezoso para esta clase de trabajos!</p>
+
+<p>Pero la vaporosa criatura, harta sin duda de las magnificencias del
+saqueo, quer&iacute;a mostrarse ahora desinteresada, prefiriendo &aacute; los hombres
+pobres y perseguidos, sin duda porque todos los que la rodeaban eran
+ricos, fanfarrones &eacute; insolentes. Y por esta necesidad de cambio y de
+contraste, abandon&oacute; &aacute; nuestro general, enamor&aacute;ndose de Taboada.</p>
+
+<p>El ingeniero era d&eacute;bil de cuerpo, dulce de maneras, odiaba &aacute; los
+soldadotes, hablaba de la regeneraci&oacute;n de los ca&iacute;dos y del advenimiento
+de los pobres al poder. Adem&aacute;s, los triunfadores se re&iacute;an de &eacute;l y tal
+vez lo matasen el d&iacute;a menos esperado. &iquest;Qu&eacute; h&eacute;roe m&aacute;s interesante pod&iacute;a
+encontrar una mujer de sentimientos sublimes y &laquo;mal comprendidos&raquo;, como
+se cre&iacute;a esta muchacha?...</p>
+
+<p>En vano Castillejo apel&oacute; &aacute; las seducciones del gobernante para vencer su
+desv&iacute;o. &Eacute;l har&iacute;a que el presidente la enviase &aacute; Nueva York y luego &aacute;
+Par&iacute;s, con un cargamento de grandes sombreros mejicanos, trajes
+vistosos y cien mil pesos al a&ntilde;o, para que cantase y bailase &aacute; estilo
+del pa&iacute;s en los principales teatros. Iba &aacute; ser casi un personaje
+oficial; har&iacute;a propaganda mejicana por el mundo. &iexcl;Qui&eacute;n sabe si la
+historia patria hablar&iacute;a alguna vez de ella con agradecimiento!... Pero
+Olga contest&oacute; negativamente. Prefer&iacute;a &aacute; su ingeniero. &Eacute; igualmente fu&eacute;
+rehusando otras proposiciones no menos productivas y honor&iacute;ficas.</p>
+
+<p>Los consejeros de Castillejo segu&iacute;an, mientras tanto, insinu&aacute;ndole su
+remedio dulcemente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si usted quisiera, mi general!... Una palabrita nada m&aacute;s, diga una
+palabrita, y no volver&aacute; &aacute; estorbarle ese mozo.</p>
+
+<p>Pero Castillejo protestaba con una bondad que met&iacute;a miedo. La alarma de
+su recta conciencia era para espeluznar &aacute; cualquiera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que nadie toque &aacute; ese hombre!&mdash;dec&iacute;a&mdash;. Ninguna mano humana debe
+ofenderle. Supondr&iacute;a, en caso de agresi&oacute;n, que yo &oacute; el gobierno hab&iacute;amos
+dado la orden. &iexcl;Lo declaro sagrado!...</p>
+
+<p>Y escuch&aacute;ndole, pensaba que, si mi protector quer&iacute;a declararme &laquo;sagrado&raquo;
+con la misma voz y poniendo los mismos ojos, considerar&iacute;a oportuno tomar
+el primer tren que saliese para la frontera de los Estados Unidos.</p>
+
+<p>Los incidentes de la campa&ntilde;a electoral hicieron que Castillejo olvidase
+&aacute; Olga. Pero no pod&iacute;a olvidar igualmente al ingeniero.</p>
+
+<p>Seguido de sus ap&oacute;stoles (dos docenas de inocentes, poseedores de una
+audacia loca), Taboada iba pronunciando discursos contra el gobierno,
+que pretend&iacute;a imponer &aacute; la fuerza su candidato, y contra los otros
+candidatos, generales que no val&iacute;an m&aacute;s que su contrincante. &Eacute;l era el
+&laquo;&uacute;nico pol&iacute;tico civil&raquo; capaz de implantar el r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Pero
+nadie le escuchaba, y si la muchedumbre, en calzoncillos y cubierta con
+enormes sombreros, le o&iacute;a alguna vez, era para interrumpir sus discursos
+llam&aacute;ndole &laquo;yanqui&raquo;, &laquo;mal mejicano&raquo;, &laquo;traidor&raquo; y otras cosas por el
+estilo.</p>
+
+<p>Ahora, amigos m&iacute;os, s&iacute; que van &aacute; conocer ustedes de veras el autom&oacute;vil
+del general. Ya entra en escena. &iexcl;Atenci&oacute;n!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>V</h2>
+
+
+<p>Lo hab&iacute;a tra&iacute;do Castillejo de los Estados Unidos para las necesidades de
+la campa&ntilde;a electoral. Pose&iacute;a muchos. &iquest;Qu&eacute; caudillo mejicano carece de
+autom&oacute;vil?... Los m&aacute;s de ellos hasta tienen un coche-sal&oacute;n para viajar
+por las v&iacute;as f&eacute;rreas. &iexcl;Lo que puede importarles media docena de
+autom&oacute;viles, cuando, al principio de la revoluci&oacute;n, s&oacute;lo necesitaban
+entrar, pistola en mano, en un <i>garage</i> para llevarse lo mejor de &eacute;l!...</p>
+
+<p>Castillejo no pod&iacute;a sufrir que lo comparasen con sus r&uacute;sticos camaradas
+de generalato. Es un hombre de progreso, casi un sabio. Admira &aacute; los
+Estados Unidos por las armas de fuego y los autom&oacute;viles que se fabrican
+aqu&iacute;. Esto no es mucho, pero es algo. Para ser general mejicano no
+resulta indispensable conocer la existencia de Edgardo Poe y de Emerson.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;ha visto usted&mdash;me dec&iacute;a&mdash;qu&eacute; joyas tan bellas producen esos
+<i>gringos</i>?</p>
+
+<p>La joya bella era el autom&oacute;vil reci&eacute;n llegado: una m&aacute;quina esbelta,
+ligera, incansable, como un corcel de ensue&ntilde;o. No quiero decir la marca.
+Creer&iacute;an ustedes que estoy pagado por la casa constructora. Baste decir
+que era un gran autom&oacute;vil, el mejor de los Estados Unidos, y no a&ntilde;ado
+m&aacute;s. Yo lo admiraba tanto como mi general.</p>
+
+<p>Muchas noches, antes de dejarme en la redacci&oacute;n de su peri&oacute;dico para que
+escribiese el art&iacute;culo, Castillejo me paseaba por las principales calles
+de M&eacute;jico, mejor dicho, por la &uacute;nica avenida que, con diversos nombres y
+variable anchura, se extiende varios kil&oacute;metros, desde la vieja plaza
+donde est&aacute; el palacio del gobierno hasta el Parque de Chapultepec.</p>
+
+<p>Ustedes saben c&oacute;mo son de noche las calles de M&eacute;jico: no hay ciudad en
+el mundo mejor alumbrada y con menos gente.</p>
+
+<p>Los focos el&eacute;ctricos brillan formando racimos, para iluminar una soledad
+de desierto. Cree uno deslizarse por una de esas ciudades de <i>Las mil y
+una noches</i>, donde todo ha quedado inm&oacute;vil y dormido por obra de
+encantamiento.</p>
+
+<p>En los primeros a&ntilde;os de la revoluci&oacute;n este silencio era amenizado de vez
+en cuando con agradables diversiones. Los oficiales corr&iacute;an las calles
+en autom&oacute;viles de alquiler, disparando sus rev&oacute;lveres. Se tiroteaban de
+unos carruajes &aacute; otros. &iexcl;Asunto de divertirse un poco!...</p>
+
+<p>Ahora, con los preparativos electorales, no hab&iacute;a tiros; pero la gente
+se met&iacute;a en sus casas m&aacute;s pronto que nunca, presintiendo que iba &aacute;
+surgir una revoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>Los escasos transe&uacute;ntes ve&iacute;an pasar, de Chapultepec &aacute; la gran plaza y de
+la gran plaza &aacute; Chapultepec, el carruaje del general partiendo el aire
+lo mismo que una flecha, como si en realidad tuviese prisa en llegar &aacute;
+alguna parte. &laquo;&iexcl;Ah&iacute; va Castillejo!&raquo;, se dec&iacute;an con respeto y miedo. Y si
+se atrev&iacute;an &aacute; insultar &aacute; alguien con su pensamiento, era al extranjero,
+al miserable <i>gachup&iacute;n</i> Maltrana, sentado en el sitio de honor.
+Castillejo prefer&iacute;a siempre la parte delantera. Unas veces empu&ntilde;aba el
+volante, otras se manten&iacute;a al lado de su ch&oacute;fer, un indiazo de ojos
+feroces y sonrisa boba que manejaba el veh&iacute;culo con una autoridad
+natural, como si el automovilismo datase de los tiempos de Moctezuma.</p>
+
+<p>Nunca he cre&iacute;do tanto en la fidelidad de los presentimientos como cierta
+noche que intent&eacute; negarme &aacute; acompa&ntilde;ar al general en su paseo nocturno.
+Es verdad que Castillejo no parec&iacute;a el mismo. Iba con gorra de viaje y
+un grueso gab&aacute;n, cuyo cuello le tapaba media cara. Ten&iacute;a en los ojos un
+brillo agresivo. Su aliento ol&iacute;a &aacute; alcohol, circunstancia
+extraordinaria, pues el general es sobrio.</p>
+
+<p>No pude excusarme con mi trabajo. Eran las once, y Castillejo hab&iacute;a
+esperado &aacute; que terminase mi art&iacute;culo.</p>
+
+<p>&mdash;Suba&mdash;me orden&oacute; con aspereza, lo mismo que si mandase &aacute; su
+horda-divisi&oacute;n.</p>
+
+<p>Y sub&iacute; para verme solo en el fondo del autom&oacute;vil, pues &eacute;l continu&oacute; al
+lado de su ch&oacute;fer.</p>
+
+<p>A&uacute;n siento orgullo y angustia al recordar c&oacute;mo fu&iacute; presintiendo
+confusamente lo que iba &aacute; ocurrir.</p>
+
+<p>Me arrepent&iacute; de inspirar tanto inter&eacute;s &aacute; Castillejo. Este b&aacute;rbaro iba &aacute;
+hacer algo terrible y quer&iacute;a que yo lo presenciase. Necesitaba mi
+emoci&oacute;n como un aplauso.</p>
+
+<p>Empec&eacute; &aacute; pensar en el ingeniero, luego en Olga, y fu&iacute; adivinando todos
+los actos de mi protector con algunos minutos de antelaci&oacute;n. Casi fu&eacute; un
+deporte agradable para m&iacute; ver c&oacute;mo la realidad se iba plegando &aacute; mis
+inducciones.</p>
+
+<p>El autom&oacute;vil abandon&oacute; las calles iluminadas, como yo hab&iacute;a previsto.
+Luego, atravesando v&iacute;as silenciosas y obscuras, entr&oacute; en una barriada de
+edificios nuevos. &Iacute;bamos hacia la casa de Olga del Monte. Pero &iquest;qu&eacute;
+inter&eacute;s ten&iacute;a el general de mezclarme en sus rencores amorosos?...</p>
+
+<p>Se detuvo el veh&iacute;culo en una avenida bordeada de copudos fresnos y
+anchas aceras. Los reverberos no eran tan numerosos como en el centro de
+la capital. La frondosidad de los &aacute;rboles extend&iacute;a una doble masa de
+sombra &aacute; lo largo de la calle, dejando tres fajas de luz crepuscular:
+una en medio, y las otras dos junto &aacute; las casas. El carruaje, al quedar
+inm&oacute;vil, apag&oacute; sus faros, lo mismo que un buque que ancla y desea
+permanecer inadvertido.</p>
+
+<p>Dos hombres con grandes sombreros de palma se acercaron al carruaje: dos
+mocetones de cara aviesa, que nunca hab&iacute;a yo visto. Pero tambi&eacute;n los
+adivin&eacute;. Eran de los que esperaban del general &laquo;una palabrita nada m&aacute;s&raquo;.
+Iban &aacute; suprimir, indudablemente, al ingeniero.</p>
+
+<p>El pobre Taboada estar&iacute;a, sin duda, en aquellos momentos hablando &aacute; Olga
+de sus ilusiones y sus esperanzas, sin sospechar que la muerte le
+aguardaba en la calle.</p>
+
+<p>&mdash;Deb&eacute;is mirarlo como persona sagrada&mdash;o&iacute; que dec&iacute;a el general en voz
+baja&mdash;. &iexcl;&Uacute;nicamente en caso de que escapase!...</p>
+
+<p>Se trastorn&oacute; todo el edificio de suposiciones elevado por mi inducci&oacute;n.
+Si Taboada deb&iacute;a ser sagrado para aquellos hombres, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;an hacer
+con &eacute;l?</p>
+
+<p>Mir&eacute; repetidas veces hacia el lugar donde sab&iacute;a que estaba la casa de
+Olga, pero no alcanc&eacute; &aacute; verla, pues me la ocultaban los &aacute;rboles.</p>
+
+<p>El general abandon&oacute; el volante, cambiando de sitio con su ch&oacute;fer. La
+habilidad de &eacute;ste le inspiraba, sin duda, m&aacute;s confianza que su propia
+habilidad. Hablaron en voz baja, al mismo tiempo que el indio
+acariciaba las llaves y palancas de la m&aacute;quina con gru&ntilde;idos de
+satisfacci&oacute;n.</p>
+
+<p>Yo no entiendo de autom&oacute;viles; pero adivinaba en aquel carruaje un
+organismo maravilloso que iba &aacute; obedecer fielmente al esp&iacute;ritu maligno
+de sus conductores. Parec&iacute;a muerto, sin el menor latido que denunciase
+su vida interior; pero bastaba un ligero movimiento de mano para que se
+estremeciese instant&aacute;neamente todo &eacute;l, como un caballo que desea
+lanzarse &aacute; una carrera loca.</p>
+
+<p>&mdash;Prep&aacute;rese &aacute; conocer algo primoroso, Maltranita&mdash;dijo Castillejo en voz
+queda, sin volver la cabeza&mdash;. Presenciar&aacute; usted una caza nunca vista.</p>
+
+<p>Pero &iquest;qu&eacute; necesidad ten&iacute;a este demonio de general de hacerme ver cosas
+&laquo;primorosas&raquo;?...</p>
+
+<p>Pasaron cinco minutos, &oacute; una hora, no lo s&eacute; bien. En tales casos no
+existe el tiempo.</p>
+
+<p>De pronto o&iacute; un ruido de voces broncas, una disputa de ebrios. Los dos
+hombres del sombrer&oacute;n se querellaban bajo los &aacute;rboles.</p>
+
+<p>Otro hombre peque&ntilde;o surgi&oacute;, un poco m&aacute;s all&aacute;, de la sombra proyectada
+por los fresnos, como si pretendiese atravesar la avenida, pasando &aacute; la
+acera opuesta.</p>
+
+<p>Mi agudeza adivinatoria volvi&oacute; &aacute; romper el misterio con luminosas
+cuchilladas. Vi (sin verla en la realidad) la puerta de la casa de Olga
+abri&eacute;ndose para dar salida al ingeniero. &Eacute;ste titubeaba un poco al
+sentir que la puerta se hab&iacute;a cerrado detr&aacute;s de &eacute;l, al mismo tiempo que,
+algunos pasos m&aacute;s all&aacute;, dos hombres, dos &laquo;pelados&raquo;, empezaban &aacute; discutir
+de un modo amenazador, como si fueran &aacute; pelearse. &iexcl;Mal encuentro!
+Taboada se llevaba una mano atr&aacute;s, buscando el rev&oacute;lver, inseparable
+compa&ntilde;ero de toda vida mejicana. Luego, deseoso de evitar el peligro,
+en vez de seguir &aacute; lo largo de la acera, atravesaba la avenida para
+continuar su camino por el lado opuesto....</p>
+
+<p>No pude pensar m&aacute;s. Me sent&iacute; sacudido violentamente de los pies &aacute; la
+cabeza por el brutal arranque del autom&oacute;vil; me cre&iacute; arrojado &aacute; lo alto,
+como si el carruaje, despu&eacute;s de rodar sobre la tierra unos momentos, se
+elevase &aacute; trav&eacute;s de la atm&oacute;sfera.</p>
+
+<p>Perd&iacute; desde este momento la normalidad de mis sentidos, para no
+recobrarla hasta el d&iacute;a siguiente. Todo me pareci&oacute; indeterminado &eacute;
+irreal, lo mismo que los episodios de un ensue&ntilde;o.</p>
+
+<p>Vi c&oacute;mo el hombre intentaba retroceder, esquivando el autom&oacute;vil salido
+repentinamente de la sombra. Pero el veh&iacute;culo se oblicu&oacute; para alcanzarle
+en su retirada. Entonces pretendi&oacute; avanzar lo mismo que antes, y la
+m&aacute;quina perseguidora cambi&oacute; otra vez de direcci&oacute;n, marchando rectamente
+&aacute; su encuentro.</p>
+
+<p>Todo esto fu&eacute; rapid&iacute;simo, casi instant&aacute;neo, sucedi&eacute;ndose las im&aacute;genes
+con una velocidad que las fund&iacute;a unas en otras. S&oacute;lo recuerdo el salto
+grotesco y horrible, un salto de fusilado, que di&oacute; la v&iacute;ctima al
+desaparecer bajo el autom&oacute;vil con los brazos abiertos.</p>
+
+<p>El veh&iacute;culo se levant&oacute; como una lancha sobre una peque&ntilde;a ola. Pero esta
+ola era s&oacute;lida, y su dureza pareci&oacute; crujir.</p>
+
+<p>Mir&eacute; detr&aacute;s de m&iacute; instintivamente. Una sombra negra, una especie de
+larva, quedaba tendida sobre el pavimento. Se retorc&iacute;a con dolorosas
+contracciones, lo mismo que un reptil partido en dos. Sal&iacute;an gemidos &eacute;
+insultos de este paquete humano que intentaba elevarse sobre sus brazos,
+arrastrando las piernas rotas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Brutos!... &iexcl;Me han matado!</p>
+
+<p>Pero instant&aacute;neamente dej&eacute; de verle. Apareci&oacute; ante mis ojos el extremo
+opuesto de la avenida. El autom&oacute;vil acababa de virar, con tanta
+facilidad, que ca&iacute; sobre uno de sus costados, vencido por la brusca
+rotaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Se deslizaba de nuevo en busca del ca&iacute;do, y &eacute;ste, al verle venir, ya no
+grit&oacute;. Tal vez el miedo le hizo callar; tal vez se imaginaba el infeliz
+que los del veh&iacute;culo regresaban para darle auxilio, y enmudec&iacute;a,
+arrepentido de sus exclamaciones anteriores.</p>
+
+<p>Ahora la ola fu&eacute; m&aacute;s dura, m&aacute;s violenta. El autom&oacute;vil se levant&oacute; como si
+fuera &aacute; volcarse, y hubo un chasquido de tonel que se rompe, estallando
+&aacute; la vez duelas y aros. Todav&iacute;a vir&oacute; el veh&iacute;culo varias veces, con la
+horrible facilidad de su &aacute;gil mecanismo, pasando siempre por el mismo
+lugar. &iquest;Cu&aacute;ntas fueron las vueltas?... No lo s&eacute;. El obst&aacute;culo que
+encontraban las ruedas era cada vez m&aacute;s blando, menos violento; ya no
+lanzaba crujidos de le&ntilde;a seca.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente todos los peri&oacute;dicos hablaron de la muerte casual del
+pobre Taboada cuando se dirig&iacute;a &aacute; su domicilio. El suceso di&oacute; tema para
+declamaciones contra la barbarie de los automovilistas que marchan &aacute;
+toda velocidad por las calles, matando al pac&iacute;fico transe&uacute;nte.</p>
+
+<p>El peri&oacute;dico nuestro hasta hizo el elogio f&uacute;nebre del ingeniero,
+declarando que &laquo;hab&iacute;a que reconocer noblemente en este enemigo pol&iacute;tico
+&aacute; un hombre de talento, &aacute; un gran patriota lamentablemente
+desorientado&raquo;.</p>
+
+<p>Y nada m&aacute;s.... A los pocos d&iacute;as nadie se acord&oacute; del infeliz.</p>
+
+<p>Otros sucesos preocupaban &aacute; la naci&oacute;n. Se sublevaron los generales
+candidatos, al convencerse de que no triunfar&iacute;an legalmente. Muchos
+creyeron necesario traicionar al gobierno, para seguir una vez m&aacute;s las
+costumbres del pa&iacute;s. El presidente fu&eacute; asesinado, y yo, como primera
+providencia, me escap&eacute; &aacute; los Estados Unidos. Tiempo tendr&iacute;a de volver,
+cuando se aclarase la tormenta, para servir &aacute; los nuevos amos.</p>
+
+<p>Castillejo cay&oacute; prisionero, y a&uacute;n est&aacute; en la c&aacute;rcel. Sus dignos
+camaradas de generalato le siguen no s&eacute; cu&aacute;ntos procesos de car&aacute;cter
+pol&iacute;tico; pero lo peor es que, recientemente, han empezado a acusarle
+por el asesinato del ingeniero.</p>
+
+<p>Nadie cree ya en el accidente del autom&oacute;vil. Parece que fueron muchos
+los que presenciaron lo ocurrido desde sus ventanas prudentemente
+entornadas. Tal vez lo vi&oacute; uno nada m&aacute;s, y los otros hablan por agradar
+&aacute; los vencedores. &iexcl;La soledad nocturna de las calles de M&eacute;jico!...
+Detr&aacute;s de cada persiana hay ojos que s&oacute;lo ven cuando les conviene; bocas
+mudas que s&oacute;lo hablan cuando llega el momento oportuno.</p>
+
+<p>Ustedes creen, tal vez, que yo podr&iacute;a volver all&aacute;, sin ning&uacute;n
+peligro.... En realidad, nada malo hice en dicho asunto, y a&uacute;n me
+estremezco al recordar el susto que me di&oacute; el maldito general.</p>
+
+<p>Pero no volver&eacute;; pueden estar seguros de ello. Conozco &aacute; mis antiguos
+amigos. Castillejo es mejicano y sus acusadores tambi&eacute;n. Yo no soy mas
+que un extranjero, un espa&ntilde;ol, un <i>gachup&iacute;n</i>, y todos acabar&iacute;an por
+ponerse de acuerdo para afirmar que fu&eacute; Maltrana el que guiaba el
+autom&oacute;vil.</p>
+
+<p>Noto tambi&eacute;n que les causa &aacute; ustedes cierta satisfacci&oacute;n el esp&iacute;ritu de
+justicia que demuestran los nuevos gobernantes al perseguir &aacute; Castillejo
+por su delito.</p>
+
+<p>Me asombro de su inocencia. &iexcl;Pero si cualquiera de aquellos generales ha
+ordenado docenas de cr&iacute;menes igualmente atroces!...</p>
+
+<p>No es justicia, es venganza; y m&aacute;s a&uacute;n que esto, es envidia, amargura
+ante la superioridad ajena.</p>
+
+<p>Detestan &aacute; Castillejo porque les inspira admiraci&oacute;n. Hablan de &eacute;l como
+los pintores de una nueva manera de expresar la luz, como los escritores
+de las im&aacute;genes originales encontradas por un colega.</p>
+
+<p>Lo que m&aacute;s les irrita es que ya no podr&aacute;n emplear sin esc&aacute;ndalo el
+procedimiento del autom&oacute;vil. Ha perdido toda novedad. &iexcl;Y &aacute; cada uno de
+ellos le hubiese gustado tanto ser el primero!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="UN_BESO" id="UN_BESO"></a><a href="#capitulos">UN BESO</a></h2>
+
+
+<p>Esto ocurri&oacute; &aacute; principios de Septiembre, d&iacute;as antes de la batalla del
+Marne, cuando la invasi&oacute;n alemana se extend&iacute;a por Francia, llegando
+hasta las cercan&iacute;as de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>El alumbrado empezaba &aacute; ser escaso, por miedo &aacute; los &laquo;taubes&raquo;, que hab&iacute;an
+hecho sus primeras apariciones. Caf&eacute;s y restoranes cerraban sus puertas
+poco despu&eacute;s de ponerse el sol, para evitar las tertulias del gent&iacute;o
+ocioso, que comenta, critica y se indigna. El paseante nocturno no
+encontraba una silla en toda la ciudad; pero &aacute; pesar de esto, la
+muchedumbre segu&iacute;a en los bulevares hasta la madrugada, esperando sin
+saber qu&eacute;, yendo de un extremo &aacute; otro en busca de noticias, disput&aacute;ndose
+los bancos, que en tiempo ordinario est&aacute;n vac&iacute;os.</p>
+
+<p>Varias corrientes humanas ven&iacute;an &aacute; perderse en la masa estacionada entre
+la Magdalena y la plaza de la Rep&uacute;blica. Eran los refugiados de los
+departamentos del Norte, que hu&iacute;an ante el avance del enemigo, buscando
+amparo en la capital.</p>
+
+<p>Llegaban los trenes desbord&aacute;ndose en racimos de personas. La gente se
+sosten&iacute;a fuera de los vagones, se instalaba en las techumbres, escalaba
+la locomotora, D&iacute;as enteros invert&iacute;an estos trenes en salvar un espacio
+recorrido ordinariamente en pocas horas. Permanec&iacute;an inm&oacute;viles en los
+apartaderos de las estaciones, cediendo el paso &aacute; los convoyes
+militares. Y cuando al fin, molidos de cansancio, medio asfixiados por
+el calor y el amontonamiento, entraban los fugitivos en Par&iacute;s, &aacute; media
+noche &oacute; al amanecer, no sab&iacute;an adonde dirigirse, vagaban por las calles
+y acababan instalando su campamento en una acera, como si estuviesen en
+pleno desierto.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>La una de la madrugada. Me apresuro &aacute; sentarme en el vac&iacute;o todav&iacute;a
+caliente que me ofrece un banco del bulevar, adelant&aacute;ndome &aacute; otros
+rivales que tambi&eacute;n lo desean.</p>
+
+<p>Llevo cuatro horas de paseo incesante en la noche caliginosa. Sobre los
+tejados pasan las mangas blancas de los reflectores, regleteando de luz
+el &eacute;bano del cielo. Contemplo, con la satisfacci&oacute;n de un privilegiado, &aacute;
+la muchedumbre desheredada que se desliza en la penumbra lanzando
+miradas codiciosas al banco. El reposo me hace sentir todo el peso de la
+fatiga anterior. Reconozco que si los hulanos apareciesen de pronto
+trotando por el centro de la calle, no me mover&iacute;a.</p>
+
+<p>Una pierna me transmite su calor &aacute; trav&eacute;s de una tenue faldamenta de
+verano. Me fijo en mi vecina, muchacha de las que siguen viniendo al
+bulevar por costumbre, pero sin esperanza alguna, pues el tiempo no est&aacute;
+para bagatelas.</p>
+
+<p>Tiene la nariz respingada, los ojos algo oblicuos, y un hociquito
+gracioso coronado por un sombrero de cuatro francos noventa. El cuerpo
+peque&ntilde;o, &aacute;gil y flaco, va envuelto en un vestido de los que fabrican &aacute;
+centenares los grandes almacenes para uniformar con elegancia barata &aacute;
+las parisienses pobres. Por debajo de la falda asoman unas pezu&ntilde;itas de
+terciopelo polvoriento. Sonr&iacute;e con un esfuerzo visible, frunciendo al
+mismo tiempo las cejas. Se adivina que es una mujer &aacute;cida, de las que
+&laquo;hacen historias&raquo; &aacute; los amigos; una especie de calamar amoroso, que
+esparce en torno la amarga tinta de su mal car&aacute;cter.</p>
+
+<p>Conversa con una respetable matrona que vuelve llorosa de la estaci&oacute;n de
+despedir &aacute; su hijo, que es soldado. Junto &aacute; ella est&aacute; una hija de
+catorce a&ntilde;os, mirando &aacute; la vecina con ojos curiosos y admirativos. Los
+que ocupan el resto del banco dormitan con la cabeza baja &oacute; sue&ntilde;an
+despiertos contemplando el cielo.</p>
+
+<p>La burguesa, al hablar, gratifica &aacute; la muchacha &aacute;cida con un solemne
+<i>Madame</i>. Hace un mes habr&iacute;a abandonado el asiento, &aacute; pesar de su
+cansancio, para evitarse tal vecindad. &iexcl;Pero ahora!... La inquietud nos
+ha hecho &aacute; todos bien educados y tolerantes. Par&iacute;s es un buque en
+peligro, y sus pasajeros olvidan las preocupaciones y rencillas de los
+d&iacute;as de calma, para buscarse fraternalmente.</p>
+
+<p>Sigo su conversaci&oacute;n fingi&eacute;ndome distra&iacute;do. La madre es pesimista.
+&iexcl;Maldita guerra! Parece que las cosas marchan mal. Le van &aacute; matar al
+hijo; casi est&aacute; segura de ello; y sus ojos se humedecen con una
+desesperaci&oacute;n prematura. Los enemigos est&aacute;n cerca; van &aacute; entrar en Par&iacute;s
+&laquo;como la otra vez&raquo;.... Pero la joven malhumorada muestra un optimismo
+agresivo.</p>
+
+<p>&mdash;No, no entrar&aacute;n, <i>Madame</i>.... Y si entran, yo no quiero verlo, no me
+da la gana; no podr&iacute;a. Me arrojar&eacute; antes al Sena.... Pero no; mejor ser&aacute;
+que me quede en mi ventana, y al primero que entre en la calle le
+enviar&eacute;....</p>
+
+<p>Y enumera todos los objetos de uso &iacute;ntimo que piensa emplear como
+proyectiles. Vibra en ella la resoluci&oacute;n absurdamente heroica de los
+insensatos gloriosos que protestan para hacerse fusilar.</p>
+
+<p>Algo pasa por la acera que interrumpe estos prop&oacute;sitos desesperados.
+Avanza lentamente un matrimonio de viejos: dos seres peque&ntilde;itos,
+arrugados, tr&eacute;mulos, que se detienen un momento, respiran con avidez,
+gimen &eacute; intentan seguir adelante. Ella, vestida de negro, con una capota
+de plumajes ro&iacute;dos por la polilla, se muestra la m&aacute;s animosa. Es enjuta
+y obscura; sus miembros, flacos y nudosos, parecen sarmientos trenzados.
+Se pasa de mano &aacute; mano una maleta que tira de ella con insufrible
+pesadez, encorv&aacute;ndola hacia el suelo.</p>
+
+<p>A pesar de su cansancio, intenta auxiliar al hombre, que es una especie
+de momia. Su cabeza de pelos ralos a&uacute;n parece m&aacute;s grande movi&eacute;ndose
+sobre un cuello cartilaginoso, del que surgen los ligamentos con duro
+relieve. Los dos son de una vejez extremada; parecen escapados de una
+tumba. Les atormentan los paquetes que intentan arrastrar; caminan
+tambale&aacute;ndose, como la hormiga que empuja un grano superior &aacute; su
+estatura. En este cansancio aplastante se adivina un nuevo suplicio, el
+de ir vestidos con las ropas guardadas durante muchos a&ntilde;os para las
+grandes ceremonias de la vida: ella con falda de seda dura y crujiente;
+&eacute;l puesto de levita y palet&oacute; de invierno.</p>
+
+<p>El viejo deja caer el fardo que lleva en los brazos, y luego se desploma
+sobre este asiento improvisado.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo m&aacute;s.... Voy &aacute; morir.</p>
+
+<p>Gime como un peque&ntilde;uelo. Su pobre cabeza de ave desplumada se agita con
+el hipo que precede al llanto.</p>
+
+<p>&mdash;Valor, mi hombre.... Tal vez no estamos lejos. &iexcl;Un esfuerzo!</p>
+
+<p>La viejecita quiere mostrarse en&eacute;rgica y contiene sus l&aacute;grimas. Se
+adivina que en la casa que dejaron &aacute; sus espaldas era ella la direcci&oacute;n,
+la voluntad, la palabra vehemente. Su diestra escamosa, abandonando &aacute; la
+otra mano todo el peso de la maleta, acaricia las mejillas del viejo. Es
+un gesto maternal para infundirle &aacute;nimo; tal vez es un halago amoroso
+que se repite despu&eacute;s de un par&eacute;ntesis de medio siglo. &iexcl;Qui&eacute;n sabe! &iexcl;La
+guerra ha despertado tantas cosas que parec&iacute;an dormidas para siempre!...</p>
+
+<p>Yo me imagino el infortunio de esos dos seres que representan ciento
+setenta a&ntilde;os. Son Filem&oacute;n y Baucis, que acaban de ver su apergaminado
+idilio roto por la invasi&oacute;n. Tienen el aspecto de antiguos habitantes de
+la ciudad que han ido &aacute; pasar el resto de su existencia en el campo,
+dej&aacute;ndose cubrir por las petrificaciones &aacute;speras y saludables de la vida
+r&uacute;stica. Tal vez fueron peque&ntilde;os tenderos; tal vez gan&oacute; &eacute;l su retiro en
+una oficina. Cuando no exist&iacute;an a&uacute;n los hombres maduros del presente, se
+refugiaron los dos en esta felicidad mediocre, en este aislamiento
+ego&iacute;sta so&ntilde;ado durante largos a&ntilde;os de trabajo: una casita rodeada de
+flores, con algunos &aacute;rboles; un gallinero para ella, un pedazo de tierra
+para &eacute;l, aficionado al cultivo de legumbres.</p>
+
+<p>Entraron en este nirvana burgu&eacute;s cuando los ferrocarriles eran menos a&uacute;n
+que las diligencias, cuando la humanidad so&ntilde;aba &aacute; la luz del petr&oacute;leo,
+cuando un despacho telegr&aacute;fico representaba un suceso culminante en una
+vida.... Y de pronto, el miedo &aacute; la invasi&oacute;n alemana, que suprime un
+pueblo en unas cuantas horas, les ha impulsado &aacute; huir de una vivienda
+que era &aacute; modo de una secreci&oacute;n de sus organismos. Luego se han visto en
+Par&iacute;s, aturdidos por la muchedumbre y por la noche, desamparados, no
+sabiendo c&oacute;mo seguir su camino.</p>
+
+<p>&mdash;Valor, mi hombre&mdash;repite la esposa.</p>
+
+<p>Pero tiene que olvidarse de su compa&ntilde;ero para dar gracias, con una
+cortes&iacute;a de otros tiempos, &aacute; alguien que le toma la maleta &eacute; intenta
+levantar al viejo.</p>
+
+<p>Es la muchacha &aacute;cida, que da &oacute;rdenes y empuja con irresistible
+autoridad.</p>
+
+<p>Ahora reconozco que no lo pasar&aacute; bien el primer hulano que entre en su
+calle. Con un simple adem&aacute;n limpia de gente una parte del banco, para
+que se instalen con amplitud los dos ancianos.</p>
+
+<p>Queda espacio libre, pero yo me guardo bien de volver &aacute; sentarme. No
+quiero recibir un bufido con acompa&ntilde;amiento de varios nombres de
+pescados deshonrosos.</p>
+
+<p>Sin duda la presencia de estos viejos ha resucitado en la memoria de la
+muchacha la imagen de otros viejos largamente olvidados.</p>
+
+<p>La tr&eacute;mula Baucis da explicaciones. Dos d&iacute;as en ferrocarril. Han hu&iacute;do
+con todo lo que pudieron llevarse. Su &uacute;ltima comida fu&eacute; en la tarde del
+d&iacute;a anterior; pero esto no les aflige: los viejos comen poco. Lo que les
+aterra es el cansancio. Llegaron &aacute; las diez: ni un carruaje, ni un
+hombre en la estaci&oacute;n que quisiera cargar con sus paquetes. Todos est&aacute;n
+en la guerra. Llevan tres horas buscando su camino.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos en Par&iacute;s unos sobrinos&mdash;contin&uacute;a la anciana.</p>
+
+<p>Pero se interrumpe al ver que Filem&oacute;n se ha desmayado, precisamente
+ahora que descansa. Los curiosos del bulevar, que esperan siempre un
+suceso, se aglomeran en torno del banco. La protectora empuja &eacute; insulta,
+sin dejar de ocuparse de los viejos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y viven cerca los parientes?</p>
+
+<p>&mdash;Plaza de la Bastilla&mdash;contesta Baucis, que no sabe d&oacute;nde est&aacute; la
+plaza.</p>
+
+<p>Un murmullo de tristeza; un gesto de l&aacute;stima. Todos miran el extremo
+del bulevar, que se pierde en la noche. &iexcl;Tan lejos!... &iexcl;No llegar&aacute;n
+nunca! Circulan pocos autom&oacute;viles; s&oacute;lo de vez en cuando pasa alguno.</p>
+
+<p>Los brazos de la bienhechora trazan imperiosos manoteos; su voz intenta
+detener &aacute; los veh&iacute;culos que se deslizan veloces. Carcajadas &oacute; palabras
+de menosprecio contestan &aacute; sus llamamientos, y ella, indignada contra
+los ch&oacute;fers insolentes, da suelta al l&eacute;xico de su c&oacute;lera, intercalando
+con frecuencia la frase m&aacute;s c&eacute;lebre de Waterloo.</p>
+
+<p>Cuando transcurren algunos minutos sin que pasen veh&iacute;culos, vuelve al
+lado de los viejos para animarlos con su energ&iacute;a. Ella los instalar&aacute; en
+un carruaje; pueden descansar tranquilos.</p>
+
+<p>De pronto salta en medio del bulevar. Viene mugiendo un autom&oacute;vil del
+ej&eacute;rcito, desocupado y enorme, &aacute; toda fuerza de su motor. El soldado que
+lo gu&iacute;a cambia de direcci&oacute;n para no aplastar &aacute; esta desesperada que
+permanece inm&oacute;vil, con los brazos en alto.</p>
+
+<p>Su prudencia resulta in&uacute;til, pues la mujer, movi&eacute;ndose en igual sentido,
+marcha &aacute; su encuentro. La multitud grita de angustia. Con un violento
+tir&oacute;n de frenos, el autom&oacute;vil se detiene cuando su parte delantera
+empuja ya &aacute; esta suicida. Debe haber recibido un fuerte golpe.</p>
+
+<p>El ch&oacute;fer, un artillero de pelo rojo y aspecto campesino, que lleva
+sobre el uniforme un chaquet&oacute;n de caucho, increpa &aacute; la muchacha, la
+insulta por el sobresalto que le ha hecho sufrir. Ella, como si no le
+oyese, le dice con autoridad, tute&aacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Vas &aacute; llevar &aacute; estos dos viajeros. Es ah&iacute; cerca, &aacute; la Bastilla.</p>
+
+<p>La sorpresa deja estupefacto al soldado. Luego r&iacute;e ante lo absurdo de la
+proposici&oacute;n. Va de prisa, tiene que entrar en el cuartel cuanto antes.
+Le grita que se aleje, que salga de entre las ruedas. Ella afirma que no
+se mover&aacute;, &eacute; intenta tenderse en el suelo para que el veh&iacute;culo la
+aplaste al ponerse en marcha.</p>
+
+<p>El artillero jura indignado, tomando por testigos &aacute; los curiosos. Esto
+no es serio; le van &aacute; castigar; el cuartel...los oficiales.... Pero ella
+est&aacute; ya en el pescante, inclinando hacia el conductor su rostro ce&ntilde;udo,
+esforz&aacute;ndose por encontrar un gesto de graciosa seducci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te recompensar&eacute;. Ll&eacute;valos y te dar&eacute; un beso.</p>
+
+<p>Sonr&iacute;e el soldado d&eacute;bilmente, mir&aacute;ndola &aacute; la cara para apreciar el valor
+del ofrecimiento. No es gran cosa, pero &iexcl;qu&eacute; diablo! un beso siempre
+resulta agradable.</p>
+
+<p>La gente r&iacute;e y palmotea, y la muchacha, mientras tanto, se aprovecha de
+esta situaci&oacute;n para instalar &aacute; los viejos en el veh&iacute;culo con todos sus
+paquetes.</p>
+
+<p>El ch&oacute;fer pone en movimiento su motor.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, <i>Madame</i>&mdash;dice lloriqueando Baucis, mientras Filem&oacute;n articula
+gemidos de gratitud.</p>
+
+<p>Pero <i>Madame</i> no les oye, ocupada en depositar dos besos sonoros en las
+mejillas del artillero, brillantes y ennegrecidas por la grasa de los
+engranajes. &laquo;Toma...toma.&raquo;</p>
+
+<p>Se aleja el autom&oacute;vil y se deshacen los grupos. Las pezu&ntilde;itas de
+terciopelo vuelven hacia el banco. Una de ellas cojea dolorosamente.
+Siento la tentaci&oacute;n de besar tambi&eacute;n, de besar &aacute; la muchacha &aacute;cida; pero
+me inspira miedo.</p>
+
+<p>Temo que interprete torcidamente mis intenciones.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LA_LOCA_DE_LA_CASA" id="LA_LOCA_DE_LA_CASA"></a><a href="#capitulos">LA LOCA DE LA CASA</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Todos los viajeros, antes de abandonar la vieja ciudad de la Flandes
+francesa, o&iacute;an la misma pregunta:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha visto usted al se&ntilde;or Simoulin?...</p>
+
+<p>No importaba que hubiesen invertido varias horas en la visita de la
+catedral, cuyas sombr&iacute;as capillas est&aacute;n llenas de cuadros antiguos.
+Tampoco era bastante para conocer la ciudad haber recorrido sus iglesias
+y conventos de la &eacute;poca de la dominaci&oacute;n espa&ntilde;ola, as&iacute; como las hermosas
+viviendas de los burgueses de otros siglos. El conocimiento quedaba
+incompleto si los curiosos prescind&iacute;an de visitar el Museo-Biblioteca, y
+en &eacute;l &aacute; su famoso director, que unos llamaban simplemente &laquo;el se&ntilde;or
+Simoulin&raquo;, como si no fuese necesario a&ntilde;adir nada para que el mundo
+entero se inclinase respetuosamente, y otros designaban con mayor
+simplicidad a&uacute;n, diciendo &laquo;nuestro poeta&raquo;.</p>
+
+<p>De todas las curiosidades de la urbe flamenca, la m&aacute;s notable, la que
+indudablemente le envidiaban las dem&aacute;s ciudades de la tierra, era
+Simoulin, &laquo;nuestro poeta&raquo;. En esto se mostraban acordes todos los
+vecinos y los tres peri&oacute;dicos de la poblaci&oacute;n, completamente
+antag&oacute;nicos &eacute; irreconciliables en las dem&aacute;s cuestiones referentes &aacute; la
+pol&iacute;tica municipal.</p>
+
+<p>Sin embargo, nadie pod&iacute;a ense&ntilde;ar la casa natalicia de esta gloria de la
+localidad. El gran Simoulin era del Sur de Francia, un meridional del
+pa&iacute;s de los olivos y las cigarras, que hab&iacute;a llegado siendo muy joven &aacute;
+la ciudad, para encargarse del Museo-Biblioteca en formaci&oacute;n. Pero en
+ella hab&iacute;a contra&iacute;do matrimonio, en ella hab&iacute;an nacido sus hijos y sus
+nietos, y la gente acab&oacute; por olvidar su origen, viendo en &eacute;l &aacute; un
+compatriota que era motivo de orgullo para la provincia.</p>
+
+<p>Un sentimiento de gratitud se un&iacute;a &aacute; la general admiraci&oacute;n. Gracias &aacute;
+Simoulin, el Museo se hab&iacute;a llenado de objetos que acreditaban las
+pasadas glorias del pa&iacute;s; gracias &aacute; &laquo;nuestro poeta&raquo;, los fabricantes de
+cerveza y de pa&ntilde;os, gentes ricas y de pocas letras, que constitu&iacute;an la
+aristocracia de la ciudad, pod&iacute;an hablar, sin miedo &aacute; equivocarse, de
+los obispos, guerreros y burgomaestres de otros siglos que
+indudablemente eran sus ascendientes.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, el personaje impon&iacute;a admiraci&oacute;n con su aspecto. Los que le
+contemplaban por primera vez sonre&iacute;an satisfechos. &laquo;As&iacute; se hab&iacute;an
+imaginado al grande hombre; no pod&iacute;a ser de otro modo.&raquo; Y parec&iacute;an
+venerar con sus ojos las luengas barbas blancas, las dos crenchas de su
+cabellera, onduladas y brillantes como las vertientes de una monta&ntilde;a
+cubierta de nieve. De pie, perd&iacute;a gran parte de su majestad, por ser
+peque&ntilde;o de estatura y mostrarse agitado continuamente &aacute; causa de su
+inquietud nerviosa. Sentado en su Museo, recordaba al Padre Eterno, &aacute;
+pesar de las arrugas de su rostro y el mal color de su tez, impregnada
+del polvo de los libros y de las piezas arqueol&oacute;gicas.</p>
+
+<p>Cuando hablaba&mdash;y el gran Simoulin era incapaz de callar as&iacute; que ten&iacute;a
+un oyente&mdash;, su palabra parec&iacute;a difundir en torno de &eacute;l una aureola de
+prestigio hist&oacute;rico. Todas las celebridades de la segunda mitad del
+pasado siglo las hab&iacute;a conocido el grande hombre. Recordaba como amigos
+de ayer &aacute; V&iacute;ctor Hugo y &aacute; Gambetta. Con este &uacute;ltimo hab&iacute;a tenido,
+indudablemente, cierto trato, cuando el futuro gobernante de la
+Rep&uacute;blica andaba echando sus discursos de tribuno republicano por los
+caf&eacute;s del Barrio Latino. Al grandioso poeta lo hab&iacute;a visto una vez nada
+m&aacute;s, confundido en una comisi&oacute;n de estudiantes que fu&eacute; &aacute; saludarle &aacute; la
+vuelta de su destierro en Guernesey. Pero esto s&oacute;lo representaba &aacute; los
+ojos de los admiradores de Simoulin un detalle hist&oacute;rico insignificante,
+y todos repet&iacute;an, con la firmeza del que dice la verdad:</p>
+
+<p>&mdash;V&iacute;ctor Hugo, que fu&eacute; &iacute;ntimo amigo de nuestro Simoulin.</p>
+
+<p>De otras amistades hablaba el grande hombre con m&aacute;s exactitud. En el
+Barrio Latino hab&iacute;a tenido por camaradas &aacute; Zola, &aacute; Daudet y &aacute; otros
+escritores de su generaci&oacute;n. Esto era indiscutible. Pod&iacute;a ense&ntilde;ar cartas
+de todos ellos, cartas breves, de un afecto forzoso, pero en las que
+vibraba la nostalgia de la juventud, ya lejana; cartas que los hombres
+c&eacute;lebres contestan por deber &aacute; los camaradas de los primeros pasos que
+cayeron rendidos en la mitad del camino. Y los admiradores del director
+del Museo-Biblioteca repet&iacute;an lo que tantas veces hab&iacute;an le&iacute;do en los
+peri&oacute;dicos locales:</p>
+
+<p>&mdash;Hubiese sido el primer poeta del mundo, de querer seguir en Par&iacute;s.
+Para &eacute;l era la gloria que ahora disfrutan muchos con menos talento. Pero
+prefiri&oacute; vivir entre nosotros....</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo no adorar &aacute; un hombre que hab&iacute;a hecho tal sacrificio en honor de
+la antigua y adormecida ciudad!...</p>
+
+<p>Todos en ella se esforzaban por corresponder &aacute; tal abnegaci&oacute;n,
+haci&eacute;ndole grata la existencia. El Consejo municipal atend&iacute;a sus
+indicaciones con tanto respeto como el Colegio de cardenales escucha la
+voz del Papa. Aunque la ciudad no tuviese dinero, lo encontraba siempre
+para las mejoras de su Museo-Biblioteca. Los subprefectos enviados de
+Par&iacute;s visitaban inmediatamente al grande hombre. Un presidente de la
+Rep&uacute;blica, al pronunciar su discurso durante una permanencia de breves
+horas en la ciudad, hab&iacute;a saludado &aacute; Simoulin como la m&aacute;s alta gloria de
+la regi&oacute;n. Los industriales del pa&iacute;s, que s&oacute;lo aceptaban alianzas con
+gente de dinero, hab&iacute;an admitido como yernos &aacute; los hijos del poeta.</p>
+
+<p>Su gloria se extend&iacute;a por toda la provincia como algo irresistible,
+reflej&aacute;ndose en las provincias lim&iacute;trofes. En toda ceremonia oficial,
+los peri&oacute;dicos se cuidaban, ante todo, de anunciar: &laquo;Hablar&aacute; el ilustre
+Simoulin.&raquo; Unas veces era un discurso patri&oacute;tico; otras, una oda de
+circunstancias. Los organizadores de banquetes contaban con un medio
+seguro para evitar el fracaso: &laquo;A los postres, pronunciar&aacute; un brindis
+nuestro poeta.&raquo; Y en pocas horas no quedaba un asiento disponible.</p>
+
+<p>Todos los que en la ciudad se sent&iacute;an tentados por el demonio de la
+literatura acud&iacute;an &aacute; la Biblioteca para pedir consejo al ilustre
+maestro. Los recib&iacute;a como amigos antiguos, y, arrastrado por su
+vehemencia verbal, dejaba pronto de ocuparse de ellos para hablar de su
+propia persona.</p>
+
+<p>&mdash;Un d&iacute;a, el abuelo Hugo me dijo que....</p>
+
+<p>Por las tardes se reun&iacute;an en su casa los admiradores de su ciencia
+hist&oacute;rica: varios se&ntilde;ores retirados de la magistratura, del comercio &oacute;
+de las armas, que en vez de entretenerse coleccionando sellos, se hab&iacute;an
+dedicado &aacute; la arqueolog&iacute;a provincial.</p>
+
+<p>El disc&iacute;pulo preferido era el comandante Pierrefonds, un hombre corto de
+estatura, fornido, parco en palabras, de mal car&aacute;cter, que gru&ntilde;&iacute;a &aacute; la
+menor contradicci&oacute;n bajo su recio bigote rojo y blanco. Ten&iacute;a el gesto
+reconcentrado y amenazante de un perro feroz y mudo. S&oacute;lo el maestro
+Simoulin se atrev&iacute;a &aacute; bromear con &eacute;l. Viv&iacute;a solitario, en una casa de
+las afueras, con una vieja ama de llaves y una colecci&oacute;n de monedas
+antiguas, &aacute; la que pensaba dedicar el resto de su existencia de c&eacute;libe.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a retirado del ej&eacute;rcito con verdadero placer al llegar &aacute; la edad
+reglamentaria, despu&eacute;s de una serie de campa&ntilde;as coloniales penosas y sin
+gloria, que hab&iacute;an quebrantado su salud y agriado su car&aacute;cter. S&oacute;lo le
+interesaba actualmente la numism&aacute;tica, y no reconoc&iacute;a otra grandeza
+humana que la de su eminente amigo y maestro. Su ambici&oacute;n era ser el
+primero de los &laquo;simoulinistas&raquo;, y los que envidiaban su privanza,
+vi&eacute;ndole acompa&ntilde;ar al grande hombre &aacute; todas partes, lo hab&iacute;an apodado
+&laquo;el dogo del poeta&raquo;.</p>
+
+<p>Esta veneraci&oacute;n no cegaba al rudo comandante hasta el punto de hacerle
+desconocer los defectos de su maestro. Pierrefonds era capaz de dejarse
+matar si le exig&iacute;an una mentira &aacute; cambio de la existencia; nunca
+recordaba haber faltado &aacute; la verdad voluntariamente; &iexcl;y, en cambio, su
+admirado maestro!...</p>
+
+<p>Dudaba el militar antes de definir la verdadera personalidad moral del
+ilustre Simoulin.... Lo mismo les ocurr&iacute;a &aacute; muchos de los disc&iacute;pulos. En
+la misma incertidumbre estaban sus hijos, su vieja esposa, todos los que
+le trataban de cerca.</p>
+
+<p>&iquest;El poeta era un embustero?...</p>
+
+<p>No; no lo era. El que miente lo hace con un fin interesado, por orgullo
+&oacute; por perjudicar &aacute; otro. Y el ilustre maestro no ment&iacute;a; lo que hac&iacute;a,
+simplemente, era ignorar la verdad, huir de ella cuando la encontraba al
+paso.... Y si le obligaban &aacute; mirarla de frente, la ve&iacute;a con unos ojos
+distintos &aacute; los ojos de los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>Las cosas nunca eran para &eacute;l como para los otros; siempre las
+contemplaba como quer&iacute;a que fuesen y no de acuerdo con la realidad.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, carec&iacute;a por completo del sentimiento de la medida, inclin&aacute;ndose
+&aacute; la exageraci&oacute;n para aumentar &oacute; disminuir las cosas. Unas veces hablaba
+de su ciudad como de una urbe igual &aacute; Londres &oacute; Nueva York. Otras veces
+la compadec&iacute;a cual si fuese una aldea. Las personas pasaban &aacute; ser en su
+apreciaci&oacute;n semidioses &oacute; monstruos; nada guardaba para &eacute;l sus
+proporciones regulares: ni seres ni objetos.</p>
+
+<p>Uno de sus admiradores, antiguo juez aficionado &aacute; las disquisiciones
+filos&oacute;ficas, hab&iacute;a hecho su diagn&oacute;stico.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene la enfermedad de muchos grandes hombres. Su peor enemigo es &laquo;la
+loca de la casa&raquo;.</p>
+
+<p>Este era el apodo que el fil&oacute;sofo Malebranche hab&iacute;a dado &aacute; la
+imaginaci&oacute;n. Hab&iacute;a d&iacute;as en que &laquo;la loca&raquo; dorm&iacute;a detr&aacute;s de la frente, en
+el piso m&aacute;s alto de aquel edificio humano, y el poeta se mostraba tan
+razonable y justo en sus apreciaciones como un fabricante de pa&ntilde;os de la
+localidad. Otras veces, la inquilina del cr&aacute;neo se despertaba impetuosa,
+haciendo toda clase de cabriolas y extravagancias, y el ilustre maestro
+pasaba de golpe &aacute; vivir en un mundo quim&eacute;rico, mientras su cuerpo se
+mov&iacute;a en este mundo terrenal. Sus ojos miraban, para ver lo que no ve&iacute;an
+los otros, sus manos pose&iacute;an un tacto sobrenatural, mientras su boca iba
+emitiendo, con acento de sinceridad, errores y exageraciones
+equivalentes &aacute; grandes mentiras.</p>
+
+<p>El rudo Pierrefonds lamentaba estos excesos de &laquo;la loca de la casa&raquo;,
+pero no por ello compadec&iacute;a &aacute; su maestro.</p>
+
+<p>&mdash;Todos los genios fueron as&iacute;.</p>
+
+<p>Recordaba &aacute; Balzac y &aacute; otros escritores imaginativos, que poblaron su
+vida pr&aacute;ctica de absurdas concepciones, acept&aacute;ndolas como realidades.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, &iexcl;qui&eacute;n sabe si era &laquo;la loca de la casa&raquo; la que hab&iacute;a hecho que
+este hombre del pa&iacute;s de los olivos y las cigarras conquistase con tanta
+rapidez la vieja ciudad dormida y sin ensue&ntilde;os!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>La guerra vino &aacute; aumentar considerablemente la gloria de Simoulin.</p>
+
+<p>En un mes, su actividad muscular y su actividad mental funcionaron con
+m&aacute;s apresuramiento que durante varios a&ntilde;os. Se le vi&oacute; en todas partes:
+en la estaci&oacute;n del ferrocarril despidiendo &aacute; los hombres que iban &aacute;
+incorporarse &aacute; sus regimientos; en el paseo principal, donde, al caer la
+tarde, entonaban las m&uacute;sicas himnos patri&oacute;ticos coreados por la
+muchedumbre. La gente interrump&iacute;a sus cantos al ver las blancas melenas
+del poeta. &laquo;&iexcl;Que hable el se&ntilde;or Simoulin!&raquo;, gritaban mil voces. Y al
+poco rato lloraban las mujeres, rug&iacute;an de entusiasmo los hombres que a&uacute;n
+no hab&iacute;an ido al ej&eacute;rcito, y hasta las banderas tricolores parec&iacute;an
+aletear con m&aacute;s fuerza, como azotadas por el vendaval patri&oacute;tico del
+l&iacute;rico orador.</p>
+
+<p>Cruzaba los brazos lo mismo que Napole&oacute;n despu&eacute;s de una victoria; otras
+veces manoteaba y rug&iacute;a igual &aacute; Dant&oacute;n al declarar la patria en peligro.
+Los m&aacute;s grandes personajes hist&oacute;ricos pasaban por &eacute;l, y de tal modo se
+identificaba con sus evocaciones, que Simoulin era el primer enga&ntilde;ado.
+Promet&iacute;a el triunfo con la certidumbre de un gran estratega capaz de
+derrotar &aacute; los enemigos cuando se lo propusiese; hac&iacute;a llorar &aacute; su
+p&uacute;blico con una sugesti&oacute;n irresistible, pero &eacute;l era el primero en verter
+l&aacute;grimas, conmovido por su propia elocuencia al describir la injusta
+agresi&oacute;n que sufr&iacute;a la patria.</p>
+
+<p>Esta vida imaginativa y elocuente dur&oacute; s&oacute;lo unas semanas. Simoulin se
+mostraba insensible &aacute; las malas noticias. Eran, seg&uacute;n &eacute;l, invenciones de
+los enemigos. Pero &iexcl;ay! la realidad se encarg&oacute; de despertarle un d&iacute;a,
+con rudo manotazo. Los alemanes se hab&iacute;an extendido por B&eacute;lgica &eacute; iban &aacute;
+pasar de un momento &aacute; otro la vecina frontera, entrando en Francia.
+Muchos vecinos de la ciudad hu&iacute;an. Algunos burgueses prudentes
+insinuaron al poeta la conveniencia de retirarse &aacute; Par&iacute;s, por creer que
+el gobierno necesitar&iacute;a la colaboraci&oacute;n de un hombre tan c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que vengan los enemigos!&mdash;contest&oacute; con sencillez&mdash;. Aqu&iacute; los aguardo.</p>
+
+<p>Sus hijos estaban en el ej&eacute;rcito; las mujeres de la familia se hab&iacute;an
+ido &aacute; una ciudad del interior con todos los nietos. Simoulin,
+completamente solo, se consideraba preparado para toda clase de
+hero&iacute;smos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n&mdash;le hab&iacute;a dicho Pierrefonds.</p>
+
+<p>El comandante consideraba una felon&iacute;a abandonar la ciudad. Al declararse
+la guerra, hab&iacute;a sufrido una amarga decepci&oacute;n viendo que no lo
+aceptaban para combatir en el frente, &aacute; causa de sus enfermedades de
+antiguo soldado colonial. Al fin, para que no insistiese en sus quejas,
+lo hicieron director de un modesto servicio de administraci&oacute;n militar en
+la misma ciudad.</p>
+
+<p>&mdash;Mientras el ministro de la Guerra no me ordene otra cosa, aqu&iacute; estar&eacute;.</p>
+
+<p>Y como el ministro de la Guerra, preocupado por el avituallamiento y la
+suerte de los ej&eacute;rcitos en retirada hacia el Marne, no se acord&oacute; de que
+exista en el mundo un comandante Pierrefonds encargado de unos cuantos
+centenares de capotes viejos, el belicoso numism&aacute;tico pudo ver desde una
+ventana de su casa c&oacute;mo llegaban &aacute; la ciudad los primeros pelotones de
+hulanos.</p>
+
+<p>El ama de gobierno tuvo que arrodillarse ante &eacute;l, abrazando sus piernas
+y record&aacute;ndole las dulces intimidades de otros tiempos ya olvidados.
+S&oacute;lo as&iacute; consigui&oacute; arrancar de sus manos el viejo rev&oacute;lver con el que
+pretend&iacute;a recibir &aacute; tiros &aacute; los invasores. Por su culpa pod&iacute;an morir
+fusilados muchos vecinos de la ciudad, seg&uacute;n afirmaba su vetusta
+compa&ntilde;era. Adem&aacute;s, se acord&oacute; de los consejos del maestro:</p>
+
+<p>&mdash;Pierrefonds, cuando vengan (si es que vienen), mostr&eacute;monos grandes y
+altivos en la desgracia. Un hero&iacute;smo que se sacrifica es muchas veces
+m&aacute;s poderoso que el hero&iacute;smo que vence.</p>
+
+<p>El ilustre Simoulin tuvo numerosas ocasiones de conocer este sacrificio
+predicado por &eacute;l. Cuando intent&oacute; presentarse &aacute; los generales invasores
+para formular una elocuente protesta contra los atropellos cometidos por
+sus tropas, s&oacute;lo pudo ver &aacute; un oficial, que le contest&oacute; sarc&aacute;sticamente,
+acabando por amenazarle con el fusilamiento. Nadie hac&iacute;a caso de su
+nombre; aquellos guerreros vestidos de gris verdoso parec&iacute;an oirlo por
+primera vez. Los hijos del pa&iacute;s que meses antes rodeaban al poeta con
+su cari&ntilde;oso entusiasmo no pod&iacute;an servirle ahora de consuelo. Unos
+estaban en la guerra; otros hab&iacute;an hu&iacute;do; los dem&aacute;s sufr&iacute;an en la ciudad
+toda clase de vejaciones, y para evitarlas, se manten&iacute;an ocultos en sus
+casas.</p>
+
+<p>El poeta sufri&oacute; el tormento del hambre y el suplicio a&uacute;n m&aacute;s intolerable
+de la humillaci&oacute;n. &iexcl;Qui&eacute;n hubiese podido reconocer &aacute; los pocos meses de
+tiran&iacute;a alemana al ilustre director de la Biblioteca!... Parec&iacute;a haber
+vivido diez a&ntilde;os en unas cuantas semanas. Estaba triste. &laquo;La loca de la
+casa&raquo; hab&iacute;a abandonado indudablemente aquel desv&aacute;n de su cuerpo en el
+que tantas cabriolas llevaba hechas.</p>
+
+<p>Al encontrarse con alg&uacute;n grupo de m&iacute;seros compatriotas, intentaba
+reanimarlos lo mismo que cuando hablaba en la plaza p&uacute;blica bajo el
+aleteo de las banderas, coreado por trompetas y tambores.</p>
+
+<p>&mdash;Esto pasar&aacute; pronto. He recibido magn&iacute;ficas noticias, que no puedo
+decir.... &iexcl;Los nuestros se aproximan!</p>
+
+<p>Pero su voz ten&iacute;a el sonido de una moneda falsa. Necesitaba enga&ntilde;arse &aacute;
+s&iacute; mismo para hablar con el entusiasmo de otros tiempos, y &laquo;la loca de
+la casa&raquo; &iexcl;ay! parec&iacute;a haber muerto.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, los alemanes, aburridos sin duda de repetir mon&oacute;tonamente los
+mismos procedimientos de intimidaci&oacute;n&mdash;quema de edificios,
+fusilamientos, trabajos forzados&mdash;, pusieron en pr&aacute;ctica un nuevo
+suplicio. La esclavitud del vencido, castigo de las guerras antiguas,
+fu&eacute; resucitada por los invasores. Una parte del vecindario se vi&oacute;
+deportada al interior de Alemania para trabajar las tierras del
+vencedor.</p>
+
+<p>Viejos, mujeres y adolescentes formaron una masa de desesperaci&oacute;n y
+miseria, encuadrada por los caballos y las lanzas de los jinetes
+alemanes. Al frente de este reba&ntilde;o de esclavos figuraban, para mayor
+escarnio, los dos vecinos m&aacute;s respetables que hab&iacute;an quedado en la
+ciudad: Simoulin y su disc&iacute;pulo Pierrefonds.</p>
+
+<p>&mdash;Comandante&mdash;dijo el poeta una vez m&aacute;s&mdash;, piense que el hero&iacute;smo que se
+sacrifica es m&aacute;s grande, etc....</p>
+
+<p>Le daba miedo el aspecto del veterano. Ten&iacute;a los ojos inyectados de
+sangre; bufaba de c&oacute;lera, haciendo temblar su bigote. Parec&iacute;a no o&iacute;r &aacute;
+su maestro. Pensaba por primera vez que hab&iacute;a sido una gran torpeza no
+moverse de la ciudad. Envidiaba &aacute; los que pod&iacute;an morir en el frente.
+&laquo;&iexcl;El comandante Pierrefonds llevado en cuadrilla, como un esclavo
+negro!... &iexcl;Ira de Dios!&raquo;</p>
+
+<p>Hab&iacute;a pasado los d&iacute;as oculto en su casa, para no ver &aacute; los invasores. Su
+ama de llaves le evitaba toda salida, temiendo que hiciese un disparate.
+Pero ahora los ten&iacute;a ante sus ojos; pod&iacute;a verlos de cerca....</p>
+
+<p>No eran muchos: un destacamento de infanter&iacute;a y unas cuantas parejas de
+hulanos iban &aacute; escoltar &aacute; los deportados hasta otra estaci&oacute;n algo
+lejana.</p>
+
+<p>Un jefe &uacute;nico vigilaba desde lo alto de su caballo los preparativos de
+marcha de este reba&ntilde;o dolorido: un militar p&aacute;lido y de una delgadez
+asc&eacute;tica. Simoulin crey&oacute; ver en &eacute;l una expresi&oacute;n de cansancio y de
+remordimiento. Tal vez exageraba su rigidez militar para hacer menos
+visible la verg&uuml;enza que le produc&iacute;a esta vil funci&oacute;n de guardador de
+esclavos.</p>
+
+<p>Pierrefonds, en cambio, le miraba fijamente, por ser el jefe. Al iniciar
+el grupo su marcha, pasando ante el caballo del alem&aacute;n, estall&oacute; la
+c&oacute;lera del comandante, muda y reconcentrada hasta entonces. Quiso morir
+fusilado antes que dar un paso m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Abajo Guillermo! &iexcl;Mueran los verdugos!&mdash;grit&oacute; con una voz ronca.</p>
+
+<p>El hombre &aacute; caballo parpade&oacute; vivamente bajo la visera de su gorra, hizo
+un movimiento de sorpresa y de c&oacute;lera; qued&oacute; indeciso contemplando al
+prisionero. Los ojos agresivos de &eacute;ste parecieron devolverle la calma, y
+mir&oacute; &aacute; otra parte, levantando los hombros levemente.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Suicida!&raquo; Y esta palabra, que pareci&oacute; proferir el enemigo con su
+indiferencia afectada, irrit&oacute; a&uacute;n m&aacute;s al comandante. Tambi&eacute;n le irrit&oacute;
+el automatismo de aquellos soldados, que indudablemente le hab&iacute;an
+entendido; pero eran incapaces de o&iacute;r mientras no oyese su jefe.</p>
+
+<p>Quiso lanzar por segunda vez el insulto, pero no pudo. Alguien le tiraba
+del brazo; una cara se pegaba &aacute; la suya, hundiendo en sus ojos una
+mirada de espanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pierrefonds! &iexcl;Amigo m&iacute;o! &iquest;Est&aacute; usted loco? &iexcl;Por Dios, c&aacute;llese! Va
+usted &aacute; conseguir que nos fusilen &aacute; todos.</p>
+
+<p>Y Simoulin dijo esto con tal expresi&oacute;n de angustia, que el comandante
+desisti&oacute; de continuar.</p>
+
+<p>Pero el miedo sufrido hizo rencoroso al poeta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; disparate!&mdash;continu&oacute; diciendo&mdash;. &iexcl;Pero eso es una ni&ntilde;ada sin
+objeto, impropia de su edad!...</p>
+
+<p>Y transcurrieron muchos d&iacute;as sin que el grande hombre le perdonase el
+susto pasado.</p>
+
+<p>A pesar de los sufrimientos de su esclavitud, cada d&iacute;a mayores, Simoulin
+dec&iacute;a de pronto, mir&aacute;ndole con ojos severos:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;d&oacute;nde ten&iacute;a usted la cabeza?... &iquest;Qu&eacute; se propuso usted al lanzar
+aquellos gritos absurdos?... &iquest;Quer&iacute;a usted mi muerte y la de tantos
+infelices?</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Al terminar la guerra recobr&oacute; poco &aacute; poco la ciudad su antiguo aspecto.
+Empezaron &aacute; volver &aacute; ella los vecinos hu&iacute;dos, y los que hab&iacute;an soportado
+durante m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os la dominaci&oacute;n extranjera les relataban sus
+miserias.</p>
+
+<p>Regresaron tambi&eacute;n en peque&ntilde;os grupos los deportados al interior de
+Alemania, pero su n&uacute;mero hab&iacute;a disminuido durante la esclavitud. Eran
+muchos los que se quedaban para siempre en las entra&ntilde;as de aquella
+tierra aborrecida y hostil.</p>
+
+<p>Entre tantas desgracias, representaba una alegr&iacute;a para la ciudad la
+certeza de que Simoulin, &laquo;nuestro poeta&raquo;, no hab&iacute;a muerto. Es m&aacute;s; al
+principio, los enemigos lo hab&iacute;an tratado sin ninguna consideraci&oacute;n,
+pero el m&eacute;rito no puede permanecer mucho tiempo en la obscuridad, y
+cierto profesor alem&aacute;n que hab&iacute;a sostenido en otro tiempo
+correspondencia con el grande hombre sobre hallazgos arqueol&oacute;gicos, al
+saberle prisionero, consigui&oacute; trasladarlo &aacute; su ciudad, haci&eacute;ndole m&aacute;s
+llevadero el cautiverio. El poeta hizo part&iacute;cipe de esta buena suerte al
+comandante, en su calidad de numism&aacute;tico, y para los dos transcurri&oacute; el
+per&iacute;odo de cautiverio en una dependencia humillante pero soportable.</p>
+
+<p>La ciudad, &aacute; pesar de sus recientes tristezas, hizo grandes preparativos
+para recibir &aacute; Simoulin &aacute; su vuelta de Alemania. Ya era algo m&aacute;s que un
+gran poeta, gloria de su pa&iacute;s adoptivo; hab&iacute;a pasado &aacute; convertirse en
+h&eacute;roe, digno de servir de ejemplo &aacute; las generaciones futuras. Cuando
+tantos hu&iacute;an, &eacute;l continuaba en su puesto, y el brillo de su gloria era
+tal, que los feroces enemigos hab&iacute;an acabado por respetarlo, trat&aacute;ndole
+casi con tanta admiraci&oacute;n como sus convecinos.</p>
+
+<p>Un aplauso inmenso salud&oacute; &aacute; Simoulin al descender del tren. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; viejo
+est&aacute;!&raquo; Y las mujeres, vestidas de luto, lloraban, olvidando
+moment&aacute;neamente sus dolores para no ver mas que los sufrimientos del
+adorado grande hombre. Pero aunque hab&iacute;a perdido en el destierro una
+parte de su cabellera de plata, conservaba intacto su entusiasmo, su
+inquietud movediza, su verbosidad l&iacute;rica, que volvi&oacute; &aacute; estremecer la
+ciudad lo mismo que un soplo primaveral.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s, como un perro fiel, llegaba Pierrefonds, sin que los a&ntilde;os de
+esclavitud hubiesen dejado en &eacute;l ninguna huella aparente, reconcentrado
+y agrio lo mismo que antes, pero con una expresi&oacute;n de inmensa melancol&iacute;a
+en los ojos. Los alemanes le hab&iacute;an robado su colecci&oacute;n de monedas. Ya
+no le quedaba en su casa mas que el ama de llaves. &iquest;Qu&eacute; entretenimiento
+pod&iacute;a encontrar un hombre despu&eacute;s de esto?... &iquest;Era posible, &aacute; sus a&ntilde;os,
+empezar una nueva colecci&oacute;n?...</p>
+
+<p>Desalentado, segu&iacute;a &aacute; Simoulin por la fuerza de la costumbre, abri&eacute;ndose
+paso entre un gent&iacute;o que aclamaba al maestro y no lo reconoc&iacute;a &aacute; &eacute;l.</p>
+
+<p>Cuando el poeta, conducido en alto por un grupo de j&oacute;venes, fu&eacute;
+depositado en el gran balc&oacute;n del Palacio Municipal, extendi&oacute; sus manos
+augustas sobre la plaza negra de muchedumbre y rompi&oacute; &aacute; hablar como en
+sus mejores tiempos.</p>
+
+<p>Pasar&aacute;n varias generaciones antes que se extinga en el pa&iacute;s el recuerdo
+de este discurso.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; de aplausos! &iexcl;Qu&eacute; de l&aacute;grimas de emoci&oacute;n!... El poeta describi&oacute; el
+martirio de la ciudad; los sufrimientos de sus hijos, arreados como
+esclavos; la agon&iacute;a de los que murieron de miseria lejos de la amada
+tierra natal.</p>
+
+<p>Luego crey&oacute; llegado el momento de hablar un poco de su persona.</p>
+
+<p>&mdash;No me tribut&eacute;is honores&mdash;dijo modestamente&mdash;. He cumplido mi deber, lo
+mismo que mis compa&ntilde;eros de desgracia. Todos nos hemos mostrado grandes
+y altivos frente al invasor; todos hemos sido h&eacute;roes con el hero&iacute;smo del
+que se sacrifica, m&aacute;s poderoso mil veces que el hero&iacute;smo que vence.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; tuvo que detenerse, ahogada su voz por el estr&eacute;pito de una ovaci&oacute;n
+inmensa.</p>
+
+<p>&mdash;Permitidme, para terminar&mdash;continu&oacute;&mdash;, que os relate una breve
+historia, como demostraci&oacute;n de lo que puede el hero&iacute;smo humano cuando no
+teme &aacute; la muerte. Callar&iacute;a, si mi persona fuese la &uacute;nica que figur&oacute; en
+este suceso; pero otro que est&aacute; cerca de m&iacute; hizo tanto como yo, y mi
+modestia no debe arrebatarle la gloria que le corresponde.</p>
+
+<p>Simoulin describi&oacute; la salida del triste reba&ntilde;o humano conducido &aacute; la
+esclavitud. Al frente iban &eacute;l y el comandante.</p>
+
+<p>&mdash;Y al pasar ante el jefe de aquellos bandidos, Pierrefonds y yo,
+estrechamente abrazados, deseando morir, le gritamos en pleno rostro:
+&laquo;&iexcl;Abajo Guillermo! &iexcl;Mueran los verdugos!&raquo;</p>
+
+<p>El comandante, que estaba en el balc&oacute;n junto al grande hombre, abri&oacute; los
+ojos con asombro y espanto, mientras le temblaban los bigotes, como si
+no pudiese contener una avalancha de frases de protesta.</p>
+
+<p>Pero el orador, uniendo la acci&oacute;n &aacute; la palabra, se hab&iacute;a abrazado &aacute; &eacute;l
+nerviosamente, desafiando con la mirada &aacute; un enemigo imaginario y
+dispuesto al fusilamiento. Adem&aacute;s, era imposible hablar. La muchedumbre
+rug&iacute;a de entusiasmo; los aplausos sonaban como una granizada
+interminable.</p>
+
+<p>&laquo;La loca de la casa&raquo; hab&iacute;a resucitado, haciendo otra vez de las suyas.</p>
+
+<p>Y el comandante, libr&aacute;ndose del abrazo, acab&oacute; por inclinar su cabeza,
+rojo de verg&uuml;enza al pensar que aceptaba una mentira, pero agradeciendo
+al p&uacute;blico aquella ovaci&oacute;n, la primera de toda su existencia.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>IV</h2>
+
+
+<p>Transcurrieron dos a&ntilde;os. Hasta en Par&iacute;s se habl&oacute; muchas veces del
+hero&iacute;smo del poeta Simoulin, que quiso morir insultando &aacute; los invasores.
+&iexcl;Viejo heroico!...</p>
+
+<p>En la ciudad todos conoc&iacute;an su grito. Ya no era s&oacute;lo &laquo;nuestro poeta&raquo;;
+era el hombre que hab&iacute;a gritado: &laquo;&iexcl;Abajo Guillermo! &iexcl;Mueran los
+verdugos!&raquo; Hasta los ni&ntilde;os de las escuelas sab&iacute;an esto, por haberlo o&iacute;do
+&aacute; sus profesores, y al encontrar al se&ntilde;or Simoulin se descubr&iacute;an con
+veneraci&oacute;n, como si viesen pasar la bandera de la patria.</p>
+
+<p>El comandante Pierrefonds viv&iacute;a desorientado, dudando de sus sentidos,
+crey&eacute;ndose algunas veces juguete de &laquo;la loca de la casa&raquo; que tambi&eacute;n
+llevaba en lo m&aacute;s alto de su cuerpo, como todos los seres humanos, pero
+que hasta entonces hab&iacute;a vivido dormitando y ahora empezaba &aacute;
+atormentarle con sus jugarretas.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a la seguridad de que el maestro hab&iacute;a hablado de &eacute;l en su
+discurso. Es cierto que se atribuy&oacute;, por un exceso imaginativo, la mitad
+del acto de su disc&iacute;pulo, pero concedi&eacute;ndole generosamente la otra
+mitad. De eso estaba seguro Pierrefonds. Recordaba con orgullo los
+aplausos del p&uacute;blico dirigidos &aacute; su persona....</p>
+
+<p>Pero este p&uacute;blico ya no se acordaba de &eacute;l. La muchedumbre parec&iacute;a haber
+perdido la memoria. Nadie se imaginaba ya al grande hombre abraz&aacute;ndose
+al comandante para morir. Las masas no aman la gloria colectiva, &aacute; causa
+de su vaguedad; quieren algo preciso &eacute; individual, les gusta el h&eacute;roe
+aislado y bien &aacute; la vista. Y por esto hablaban todos del grito del se&ntilde;or
+Simoulin, del heroico reto del se&ntilde;or Simoulin &aacute; los enemigos, sin
+mencionar para nada al comandante.</p>
+
+<p>El grande hombre, contagiado por el olvido general, tampoco recordaba su
+invenci&oacute;n del abrazo y la haza&ntilde;a en com&uacute;n. Ve&iacute;a las cosas como quer&iacute;a
+verlas &laquo;la loca de la casa&raquo;; se contemplaba elevando la diestra&mdash;tal vez
+como le iba &aacute; representar en lo futuro una estatua de bronce en el mejor
+paseo de la ciudad&mdash;y lanzando el grito famoso. Hasta pod&iacute;a describir
+exactamente, con su gran poder imaginativo, c&oacute;mo ocurri&oacute; el hecho. Y al
+transcurrir el tiempo, iba encontrando en su memoria nuevos detalles que
+a&ntilde;adir &aacute; la primitiva visi&oacute;n, todos de indiscutible veracidad.</p>
+
+<p>El comandante empez&oacute; &aacute; aborrecer de un modo definitivo todo lo que le
+rodeaba. Muchas veces dud&oacute; de s&iacute; mismo. &iquest;Lo que &eacute;l cre&iacute;a la verdad no
+ser&iacute;a un sue&ntilde;o, y los otros, al olvidarse de &eacute;l, estar&iacute;an verdaderamente
+en lo cierto?...</p>
+
+<p>Luego, recobrando la fe en s&iacute; mismo, despreciaba &aacute; sus conciudadanos y
+no quer&iacute;a salir de su casa.</p>
+
+<p>&iquest;Para qu&eacute; ver gentes? &iquest;Para o&iacute;rles alabar al se&ntilde;or Simoulin y su grito
+hist&oacute;rico?...</p>
+
+<p>Ya no ve&iacute;a al maestro. Le resultaba intolerable la inocente seguridad
+con que describ&iacute;a su haza&ntilde;a. &laquo;La loca de la casa&raquo; se mostraba en &eacute;l como
+una desvergonzada, indigna del trato con personas decentes. Adem&aacute;s, los
+alemanes le hab&iacute;an robado sus monedas y sus medallas, y le era doloroso
+volver &aacute; conversar con el maestro sobre cuestiones numism&aacute;ticas.</p>
+
+<p>Su &uacute;nica ocupaci&oacute;n fu&eacute; bostezar leyendo libros viejos, regar su peque&ntilde;o
+jard&iacute;n y hacer comparaciones entre su vejez y la de su ama de llaves.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, vi&oacute; turbada esta soledad. Le visitaron los organizadores de un
+banquete en honor de &laquo;nuestro poeta&raquo;, con motivo de la nueva
+condecoraci&oacute;n que le hab&iacute;a concedido el gobierno.</p>
+
+<p>Iba &aacute; ser la fiesta m&aacute;s importante de todas las que se hab&iacute;an tributado
+al grande hombre. Tal vez la &uacute;ltima. &iexcl;El pobre estaba tan viejo!...
+Vendr&iacute;an de Par&iacute;s diputados y senadores; hasta el ministro de
+Instrucci&oacute;n p&uacute;blica hab&iacute;a prometido su asistencia.</p>
+
+<p>&mdash;Y el maestro&mdash;continuaron los organizadores&mdash;ha preguntado por usted.
+Se extra&ntilde;a de no verle. &iexcl;Le gustar&iacute;a tanto tenerlo cerca, en la mesa!...</p>
+
+<p>El enfurru&ntilde;ado comandante se neg&oacute; &aacute; asistir &aacute; la fiesta, pero su vieja
+compa&ntilde;era le aconsej&oacute; lo contrario. Le conven&iacute;a ver &aacute; sus antiguos
+amigos; necesitaba distraerse....</p>
+
+<p>Al fin, accedi&oacute;. Le hab&iacute;a conmovido la suposici&oacute;n de que esta fiesta en
+honor de su antiguo maestro pod&iacute;a ser la &uacute;ltima. Deseaba verle. &iexcl;Qui&eacute;n
+sabe si no le ver&iacute;a m&aacute;s!...</p>
+
+<p>La noche del banquete, el poeta le recibi&oacute; con los brazos abiertos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Pierrefonds!... &iexcl;Valeroso compa&ntilde;ero de miserias y de
+esclavitud!...</p>
+
+<p>Y lo present&oacute; al ministro y &aacute; todos los personajes llegados de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Un h&eacute;roe, se&ntilde;ores; un verdadero soldado y un gran patriota.</p>
+
+<p>Pierrefonds gru&ntilde;i&oacute; dulcemente, y su bigote se contrajo con algo que
+parec&iacute;a una sonrisa. Se sinti&oacute; arrepentido interiormente de sus c&oacute;leras.
+El maestro era bueno; su fama la repart&iacute;a con los humildes. Todo lo
+anterior hab&iacute;a sido, indudablemente, obra de los envidiosos, que
+deseaban separarlos.</p>
+
+<p>Durante el banquete, Simoulin no le perdi&oacute; de vista. El comandante no
+pod&iacute;a estar a su lado; aspirar &aacute; esto hubiera sido un disparate. El
+maestro ten&iacute;a por vecinos de mesa &aacute; los grandes personajes venidos de la
+capital. Pero lo hab&iacute;a hecho sentar al alcance de su voz y de sus ojos,
+y hasta levant&oacute; su copa una vez mirando a Pierrefonds.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A la salud de mi heroico compa&ntilde;ero!...</p>
+
+<p>&iexcl;Simp&aacute;tico maestro! &iquest;C&oacute;mo no quererle?... Su alma desconoc&iacute;a la
+injusticia.</p>
+
+<p>Al llegar la hora de los brindis, hablaron como una docena de se&ntilde;ores.
+Luego, el poeta pronunci&oacute; su discurso de gracias.</p>
+
+<p>Fu&eacute; una hermosa pieza oratoria; y como Simoulin, &aacute; pesar de su lirismo,
+gustaba de tener siempre un tema fijo, en torno del cual pod&iacute;a enroscar
+caprichosamente sus improvisaciones, escogi&oacute; uno: &laquo;el valor c&iacute;vico y el
+valor guerrero&raquo;.</p>
+
+<p>In&uacute;til es decir que, desde los primeros p&aacute;rrafos, el pobre valor
+guerrero qued&oacute; muy por debajo del valor c&iacute;vico.</p>
+
+<p>Tal vez por esto, Pierrefonds, que era militar, empez&oacute; a sentir cierta
+inquietud. Le daban miedo los ojos brillantes del maestro, unos ojos
+juveniles, detr&aacute;s de cuyos cristales empezaba &aacute; danzar &laquo;la loca de la
+casa&raquo;. Adivin&oacute; que el alma del poeta no estaba all&iacute;. Volaba por un mundo
+fant&aacute;stico, y volver&iacute;a dentro de unos instantes, derramando sobre la
+mesa, como flores reales, todas las rosas quim&eacute;ricas recogidas en su
+viaje. &iquest;Qu&eacute; iba &aacute; decir?... Su palabra continuaba fluyendo, sonora,
+f&aacute;cil, entusi&aacute;stica.</p>
+
+<p>&mdash;Y para terminar, se&ntilde;ores, puedo citaros un ejemplo, que har&aacute; ver,
+mejor que todas mis palabras, lo que son los dos valores.</p>
+
+<p>&raquo;Aqu&iacute; est&aacute; mi amigo el comandante Pierrefonds, mi compa&ntilde;ero de
+cautiverio, un verdadero h&eacute;roe, un soldado cubierto de condecoraciones y
+de heridas, que realiz&oacute; las mayores haza&ntilde;as en nuestras guerras
+coloniales. Su valor guerrero es indiscutible. Yo no soy mas que un
+pobre poeta, capaz, en determinados momentos, de mostrar cierto valor
+c&iacute;vico.</p>
+
+<p>&raquo;Ya conoc&eacute;is la escena de nuestra salida de esta ciudad como prisioneros
+de los alemanes. La prensa, el libro y hasta el grabado han reproducido
+esta escena, tribut&aacute;ndome con ello una gloria que no merezco. Yo
+grit&eacute;.... lo que grit&eacute;; fu&eacute; algo superior &aacute; mi voluntad, que tal vez me
+aconsejaba ser prudente. Pero el valor c&iacute;vico, cuando despierta, no
+conoce el peligro.</p>
+
+<p>&raquo;Y apenas grit&eacute; &laquo;&iexcl;Abajo Guillermo! &iexcl;Mueran los verdugos!&raquo; este hombre de
+guerra, h&eacute;roe de cien campa&ntilde;as, tal vez porque tiene un sentido de la
+realidad m&aacute;s exacto que yo, que no soy mas que un pobre poeta, me agarr&oacute;
+las manos, suplic&aacute;ndome: &laquo;&iexcl;Por Dios, maestro! &iexcl;Nada de locuras! &iexcl;Nos va
+usted a hacer matar a todos!...&raquo; Esto no lo habr&aacute; olvidado seguramente
+mi querido camarada de infortunio. Y como es un soldado de valor
+indiscutible, podr&aacute; reconocer tambi&eacute;n sin rubor alguno que tal vez en
+aquella ocasi&oacute;n sinti&oacute; cierto miedo, el primer miedo de toda su vida.</p>
+
+<p>El comandante no pudo protestar. Una aclamaci&oacute;n ensordecedora hab&iacute;a
+interrumpido la elocuencia del orador. Todos le tend&iacute;an las manos,
+conmovidos por la sinceridad y la sencillez de sus palabras. Y el poeta
+heroico se sent&oacute;, jadeando de emoci&oacute;n y de fatiga. Su discurso hab&iacute;a
+terminado.</p>
+
+<p>Pierrefonds opt&oacute; por marcharse, sin que el p&uacute;blico reparase en su fuga,
+ni en sus gestos col&eacute;ricos, ni en las palabras de indignaci&oacute;n que iba
+barboteando.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de aquella noche, nadie le ha visto m&aacute;s.</p>
+
+<p>Tal vez no quiere salir &aacute; la calle; tal vez ha renunciado para siempre &aacute;
+vivir en la misma ciudad que el poeta y su &laquo;loca de la casa&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LA_SUBLEVACION_DE_MARTINEZ" id="LA_SUBLEVACION_DE_MARTINEZ"></a><a href="#capitulos">LA SUBLEVACI&Oacute;N DE MART&Iacute;NEZ</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Despu&eacute;s que triunf&oacute; la revoluci&oacute;n, y sus caudillos, instalados
+definitivamente en la capital de M&eacute;jico, se repartieron los principales
+cargos&mdash;desde presidente de la Rep&uacute;blica hasta rector de la
+Universidad&mdash;, el valeroso Doroteo Mart&iacute;nez empez&oacute; &aacute; sentirse aburrido,
+sin atinar con la causa.</p>
+
+<p>En verdad, no pod&iacute;a quejarse de su suerte. Seis a&ntilde;os antes era segundo
+capataz en la hacienda de un gran se&ntilde;or que pasaba la mayor parte del
+tiempo en Par&iacute;s.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a mont&oacute; a caballo para seguir &aacute; los vengadores de Madero y derribar
+a su asesino Huerta. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a de ser revolucionario, &aacute;
+semejanza de otros mejicanos de tan humilde origen como &eacute;l, que llegaban
+&aacute; ministros y hasta presidentes?... Guadalupe su mujer, car&aacute;cter
+desp&oacute;tico, opuesto sistem&aacute;ticamente &aacute; todas sus decisiones, acept&oacute; esta
+vez con entusiasmo el proyecto de dedicarse &aacute; la guerra.</p>
+
+<p>&mdash;A ver si llegas a general&mdash;le dijo&mdash;. &iexcl;Est&aacute; una tan cansada de ver
+generalas que empezaron siendo criadas!...</p>
+
+<p>El miedo a la mujer, una buena suerte incansable y el af&aacute;n de que su
+nombre apareciese en letras de imprenta y fuese cantado en verso con
+acompa&ntilde;amiento de guitarra, le empujaron en su ascensi&oacute;n gloriosa. A los
+treinta a&ntilde;os se vi&oacute; general de brigada, sin haber tropezado con grandes
+obst&aacute;culos. Su astucia de campesino le hizo saltar oportunamente de un
+grupo &aacute; otro en las contiendas civiles que surgieron al final de la
+revoluci&oacute;n, adivinando qui&eacute;n iba &aacute; triunfar y qui&eacute;n iba &aacute; sumirse para
+siempre en la desgracia y el olvido.</p>
+
+<p>Su primer jefe y maestro fu&eacute; Pancho Villa. A sus &oacute;rdenes hizo la mayor
+parte de la guerra; pero al verlo en lucha con Carranza, presinti&oacute; que
+este antiguo &laquo;ranchero&raquo;, de porte solemne y ase&ntilde;orado, al que llamaban
+&laquo;el viejo barb&oacute;n&raquo;, ten&iacute;a m&aacute;s aspecto de presidente que el antiguo
+bandido, y se fu&eacute; con &eacute;l.</p>
+
+<p>Por segunda vez Guadalupe reconoci&oacute; que su esposo era &aacute; veces capaz de
+resoluciones acertadas.</p>
+
+<p>El guerrillero, durante la presidencia de Carranza, conoci&oacute; todas las
+dulzuras del poder. De la capital de M&eacute;jico le llegaban grandes sobres
+con el sello del gobierno llevando esta inscripci&oacute;n: &laquo;Al ciudadano
+general Doroteo Mart&iacute;nez, comandante de las tropas en operaciones.&raquo;</p>
+
+<p>Su autoridad se extend&iacute;a nominalmente sobre un territorio m&aacute;s grande que
+algunas naciones de Europa, pero s&oacute;lo era efectiva en la poblaci&oacute;n donde
+hab&iacute;a establecido su Estado Mayor y en otros grupos urbanos ocupados por
+sus tropas.</p>
+
+<p>La importancia de estas tropas tambi&eacute;n era m&aacute;s ilusoria que real. Vistas
+desde las oficinas ministeriales de M&eacute;jico, constaban de una docena de
+miles de hombres, con casi igual n&uacute;mero de caballos. Sobre el terreno de
+las operaciones los regimientos se achicaban hasta convertirse en
+partidas; los miles de combatientes bajaban &aacute; ser centenares; y los
+caballos, que deb&iacute;an estar pr&oacute;ximos &aacute; morir de un revent&oacute;n, seg&uacute;n las
+monta&ntilde;as de forraje que llevaban consumidas&mdash;a juzgar por las cuentas
+pagadas por el Ministerio de la Guerra&mdash;, eran escu&aacute;lidos jamelgos que
+pastaban en los campos de los particulares, aliment&aacute;ndose &aacute; la ventura
+con lo que pod&iacute;an encontrar.</p>
+
+<p>El general, siguiendo una respetable tradici&oacute;n, se guardaba
+tranquilamente los sueldos de los combatientes que no exist&iacute;an y el
+valor de los piensos que jam&aacute;s hab&iacute;an olido sus caballos. De alg&uacute;n modo
+deb&iacute;a pagar la patria los servicios pret&eacute;ritos de sus h&eacute;roes y los que
+le seguir&iacute;an prestando en el resto de sus d&iacute;as.</p>
+
+<p>Continuaba en guerra el pa&iacute;s. En vano el gobierno de la capital hac&iacute;a
+decir &aacute; los peri&oacute;dicos que s&oacute;lo se manten&iacute;an en armas algunos bandidos,
+&aacute; los que pensaba exterminar de un momento &aacute; otro. Lo de que fuesen
+bandidos &oacute; no lo fuesen quedaba reservado &aacute; la apreciaci&oacute;n siempre
+divergente de los gobernantes y de sus enemigos; pero lo cierto era que
+los que corr&iacute;an montes y campos, haciendo saltar trenes con dinamita,
+quemando poblaciones, fusilando prisioneros y llev&aacute;ndose mujeres, hab&iacute;an
+convivido como camaradas de armas con los mismos que marchaban ahora en
+su persecuci&oacute;n.</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez se tuteaba con todos los insurrectos que ten&iacute;a encargo de
+fusilar as&iacute; que cayesen en sus manos. Meses antes eran todav&iacute;a tan
+generales como &eacute;l. Hasta le obligaban &aacute; marchar contra su antiguo &iacute;dolo
+el temible Villa, y procuraba hacerlo con la mayor discreci&oacute;n, como un
+esgrimista novel que se bate con su maestro.</p>
+
+<p>Perseguidos y perseguidores parec&iacute;an evitar los golpes decisivos. Los
+adversarios de Mart&iacute;nez propalaban en la capital que &eacute;ste ten&iacute;a m&aacute;s
+empe&ntilde;o en eternizar la guerra que los mismos insurrectos. La paz
+significaba para &eacute;l, como para los otros jefes de operaciones, la
+supresi&oacute;n de los regimientos fantasmas y de los piensos de la caballada
+no menos irreales.</p>
+
+<p>Pero el valeroso Doroteo despreciaba estas invenciones de la
+malevolencia. &iexcl;Qu&eacute; hombre ilustre carece de envidiosos!</p>
+
+<p>Hab&iacute;a perdido su timidez de los primeros tiempos de la revoluci&oacute;n,
+cuando rondaba en torno de los caudillos principales como un oficial de
+lealtad perruna, siempre dispuesto &aacute; encargarse de las misiones
+peligrosas. Empezaba a creer que hab&iacute;a nacido para cumplir una misi&oacute;n
+hist&oacute;rica, seg&uacute;n afirmaban sus aduladores. Al marcharse &aacute; la guerra,
+s&oacute;lo sab&iacute;a trazar su firma como un jerogl&iacute;fico, y aun esto lo hab&iacute;a
+aprendido durante unos meses que pas&oacute; en la c&aacute;rcel &aacute; causa de ciertas
+pu&ntilde;aladas recibidas por alguien que pretend&iacute;a casarse con la que ahora
+era su mujer. Durante la guerra se familiariz&oacute; con la literatura
+declamatoria de las proclamas y los art&iacute;culos revolucionarios, y pudo
+llegar &aacute; leer de corrido estos impresos, siempre que fuesen de letra
+gruesa.</p>
+
+<p>Ahora ten&iacute;a como secretario &aacute; un periodista tra&iacute;do de la capital, joven
+poeta, que redactaba todos los decretos que el comandante de operaciones
+dirig&iacute;a &aacute; los pobladores de su territorio, tratando en ellos muchas
+veces sobre los destinos de la humanidad futura y la revoluci&oacute;n
+universal, como si fuesen dedicados &aacute; los habitantes del planeta entero.</p>
+
+<p>Al verse tan bien servido por la pluma del secretario, Mart&iacute;nez, cuando
+no estaba de operaciones, sent&iacute;a la necesidad de convertir en leyes
+todas las ideas simples y nuevas para &eacute;l que herv&iacute;an en su cerebro.</p>
+
+<p>&mdash;Sandoval, vamos &aacute; escribir media docena de decretos&mdash;dec&iacute;a despu&eacute;s de
+las comidas, como si esto suavizase su digesti&oacute;n.</p>
+
+<p>Y &aacute; un mismo tiempo legislaba sobre la limpieza de las calles de la
+ciudad, sobre el amor libre, sobre la hora de empezar el espect&aacute;culo en
+los cinemat&oacute;grafos y sobre un nuevo reparto de la propiedad rural. Los
+decretos siempre terminaban condenando &aacute; ser pasados por las armas &aacute;
+todos los que desobedeciesen las &oacute;rdenes de su autor. La gente,
+familiarizada con el peligro y la muerte, no hac&iacute;a gran caso de ellos.
+&iexcl;Eran tantos los decretos, y por otra parte tan poco numerosas las
+personas del distrito que sab&iacute;an leer!</p>
+
+<p>Pero si rara vez llegaban &aacute; ser una realidad positiva, estos documentos
+serv&iacute;an de un modo maravilloso al general cuando deseaba suprimir &aacute;
+alguien. Siempre ocurr&iacute;a que este importuno hab&iacute;a desobedecido alguna de
+sus leyes tan minuciosas y tan diversas, y el Consejo de guerra que se
+reun&iacute;a en el <i>foyer</i> del teatro de la ciudad no necesitaba discutir
+mucho para enviar al acusado al cementerio, lugar donde se verificaban
+los fusilamientos de rebeldes, evit&aacute;ndose de este modo las molestias de
+una larga conducci&oacute;n de los cad&aacute;veres.</p>
+
+<p>Estos castigos extremados apenas alteraban la popularidad de Mart&iacute;nez.
+&iexcl;Qu&eacute; general no hab&iacute;a hecho otro tanto! En el populacho, medio indio,
+persist&iacute;a el alma de sus crueles ascendientes, los cuales veneraban &aacute;
+sus dioses cuanto m&aacute;s sedientos se mostraban de sangre y seg&uacute;n el n&uacute;mero
+de v&iacute;ctimas &aacute; las que se extra&iacute;a el coraz&oacute;n en sus altares.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, Mart&iacute;nez casi gozaba honores de gloria nacional. Su secretario
+rara vez lo designaba por su apellido. Era por antonomasia &laquo;el h&eacute;roe de
+Cerro Pardo&raquo;, lugar donde hab&iacute;a batido &aacute; los &laquo;soldados de la tiran&iacute;a&raquo;
+durante la revoluci&oacute;n. Otros generales se ve&iacute;an venerados como
+semidioses por haber perdido un brazo &oacute; una pierna. Mart&iacute;nez hab&iacute;a
+perdido una oreja en Cerro Pardo, y mostraba con orgullo su sien mocha
+en las ceremonias oficiales. Pero con una guedeja de su largo cabello
+procuraba ocultar la falta del pabell&oacute;n auditivo, siempre que, abusando
+de la adormecida fiereza de la generala, se atrev&iacute;a &aacute; visitar &aacute; ciertas
+se&ntilde;oras admiradoras de su hero&iacute;smo.</p>
+
+<p>Muchas de las comunicaciones que enviaba Sandoval al gobierno de M&eacute;jico
+eran devueltas con una nota pidiendo un estilo m&aacute;s claro, por considerar
+el texto incomprensible. El h&eacute;roe se indignaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para esto hemos hecho la revoluci&oacute;n? En el Ministerio de la Guerra no
+hay mas que gente atrasada; reaccionarios que no pueden entender lo que
+es el simbolismo.</p>
+
+<p>Como todos los simples que s&oacute;lo han recibido una instrucci&oacute;n primaria y
+tard&iacute;a, amaba con entusiasmo el estilo complicado y los neologismos que
+exigen largas explicaciones.</p>
+
+<p>El libro m&aacute;s interesante de la &eacute;poca presente iba &aacute; ser la <i>Historia del
+general Doroteo Martines</i>, obra voluminosa que estaba escribiendo su
+secretario. De ella, lo m&aacute;s apreciado por el autor y por el protagonista
+era el &laquo;Cap&iacute;tulo ochenta y dos&raquo;, titulado as&iacute;: &laquo;De c&oacute;mo el general, a
+pesar de ser antimilitarista, comunista y &aacute;crata, se vi&oacute; obligado &aacute;
+fusilar &aacute; doscientos cincuenta compa&ntilde;eros de armas que se rebelaron
+contra el gobierno, faltando &aacute; la disciplina.&raquo;</p>
+
+<p>En la vida ordinaria era una buena persona, que hablaba con voz t&iacute;mida,
+ceceando lo mismo que un ni&ntilde;o, y si su interlocutor le miraba fijamente,
+apartaba los ojos como avergonzado. Los efectos de su bondad y su
+sencillez se extend&iacute;an hasta Europa. Como ejerc&iacute;a una autoridad de
+proc&oacute;nsul sobre su comarca natal, una de sus primeras disposiciones fu&eacute;
+apoderarse de la gran propiedad en la que hab&iacute;a trabajado como humilde
+capataz.</p>
+
+<p>El propietario, residente en Par&iacute;s, recibi&oacute; de &eacute;l una carta dulce y
+respetuosa: &laquo;Venga usted por aqu&iacute;, patroncito; tendr&eacute; un verdadero gusto
+en verle. Arreglaremos cuentas sobre su hacienda. Le manifestar&eacute; mi
+agradecimiento por sus bondades con este su antiguo servidor.&raquo;</p>
+
+<p>Pero el propietario, que era mejicano y conoc&iacute;a &aacute; su gente, no pens&oacute; un
+momento en volver &aacute; un pa&iacute;s donde los capataces se convierten en
+generales. Se sent&iacute;a mejor cerca de los Campos El&iacute;seos, aunque tuviera
+que recurrir &aacute; pr&eacute;stamos y trampas para compensar las rentas que ya no
+llegaban del otro lado del Oc&eacute;ano. Prefer&iacute;a ver el Arco de Triunfo con
+hambre, antes que la sonrisa melosa y los ojos terriblemente dulces del
+h&eacute;roe de Cerro Pardo.</p>
+
+<p>Los comerciantes de la ciudad, extranjeros todos ellos que daban parte &aacute;
+Mart&iacute;nez en sus negocios y no se atrev&iacute;an &aacute; acometer empresa alguna sin
+tenerle por consocio, le hab&iacute;an regalado por suscripci&oacute;n una espada
+&laquo;art&iacute;stica&raquo; y un uniforme de general.</p>
+
+<p>Este uniforme, mezcla de japon&eacute;s y de alem&aacute;n, qued&oacute; en una silla, bajo
+la mirada pensativa del h&eacute;roe. La gorra con entorchados deslumbrantes y
+un &aacute;guila de oro enorme, los bordados de las mangas y las hombreras,
+parec&iacute;an herir su vista.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy un ciudadano&mdash;dijo &aacute; su secretario&mdash;. (No olvide usted,
+Sandoval, de repetirlo en el libro.) Yo soy un ciudadano, y estos
+uniformes son los que perdieron &aacute; muchos de mis camaradas que han muerto
+fusilados por traidores.</p>
+
+<p>Y como &eacute;l prefer&iacute;a ser ciudadano, sigui&oacute; usando sus trajes civiles, una
+indumentaria so&ntilde;ada sin duda en sus tiempos de pobreza como algo
+magn&iacute;fico y quim&eacute;rico: trajes de pa&ntilde;o azul celeste &oacute; verde esmeralda,
+corbatas y pa&ntilde;uelos con las tintas del arco iris, productos de f&aacute;bricas
+misteriosas de Inglaterra &oacute; los Estados Unidos, cuya existencia ignora
+el com&uacute;n de los mortales y que parecen trabajar &uacute;nicamente para la
+elegancia masculina de los tr&oacute;picos. Una placa de esmalte con un &aacute;guila,
+fija en una de sus solapas, revelaba &aacute; los dem&aacute;s mortales su condici&oacute;n
+de general.</p>
+
+<p>Pero un d&iacute;a se mostr&oacute; en los salones del antiguo palacio del obispo,
+convertido en comandancia de armas, vistiendo el deslumbrante uniforme.</p>
+
+<p>&mdash;Somos d&eacute;biles, Sandoval&mdash;dijo melanc&oacute;licamente&mdash;. Me lo he puesto para
+dar gusto &aacute; la generala.</p>
+
+<p>Un viejo tendero espa&ntilde;ol&mdash;el iniciador de la suscripci&oacute;n&mdash;se entusiasm&oacute;
+al verle.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s m&aacute;s hermoso que el sol. Pareces Bismarck...pareces Hindenburg.
+As&iacute; deber&iacute;as ir todos los d&iacute;as, Dorote&iacute;to.</p>
+
+<p>Y le acariciaba el vientre con suaves palmadas. Era el &uacute;nico que pod&iacute;a
+tutearle, como un privilegio de la &eacute;poca en que el general frecuentaba
+la tienda del <i>gachup&iacute;n</i> como simple pe&oacute;n, llev&aacute;ndose al fiado de comer
+y de beber. Adem&aacute;s, este personaje opulento y respetable era el que se
+encargaba de figurar como &uacute;nico contratista en todos los servicios de
+las tropas.</p>
+
+<p>Para darle gusto, as&iacute; como &aacute; su Guadalupe, se sacrific&oacute; al fin el
+general, vistiendo su uniforme de gala siempre que estaba en la ciudad.
+Al salir de operaciones volv&iacute;a &aacute; cubrirse con el enorme sombrero
+mejicano, poco menor que un paraguas, &uacute;nica prenda uniforme de sus
+soldados en tiempo ordinario.</p>
+
+<p>Su gloria y su poder no encontraban obst&aacute;culo alguno en el rinc&oacute;n de la
+Rep&uacute;blica sometido &aacute; su autoridad. Los j&oacute;venes empleados en los
+ministerios de la capital se agrupaban para reir, leyendo en voz alta
+las comunicaciones enviadas por el h&eacute;roe de Cerro Pardo.</p>
+
+<p>Los grandes peri&oacute;dicos comentaban con una iron&iacute;a algo miedosa las
+sublimidades laber&iacute;nticas de su estilo. Pero el presidente y los
+ministros restablec&iacute;an el prestigio del h&eacute;roe:</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Mart&iacute;nez?... Algo tonto y vanidoso, pero un hombre leal, un soldado
+fiel, y adem&aacute;s un h&eacute;roe.&raquo;</p>
+
+<p>Era tan com&uacute;n en la historia del pa&iacute;s la traici&oacute;n, el sublevarse los
+generales contra el gobierno con las mismas tropas facilitadas por &eacute;ste,
+que Doroteo resultaba un personaje excepcional.</p>
+
+<p>Todo cuanto hiciese se lo tolerar&iacute;an los gobernantes. Firmemente
+asegurado en su situaci&oacute;n, no tem&iacute;a &aacute; Dios ni &aacute; los hombres.</p>
+
+<p>&Uacute;nicamente una persona le infund&iacute;a miedo: su mujer.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Cuando el capataz Doroteo dej&oacute; de trabajar para irse con los
+revolucionarios, Guadalupe no dud&oacute; un momento en seguirle.</p>
+
+<p>Un mejicano debe ir &aacute; todas partes con su mujer, hasta &aacute; la guerra. Lo
+mismo los defensores del gobierno que los revolucionarios, llevaban con
+ellos &aacute; sus mujeres, apodadas &laquo;soldaderas&raquo;, que eran las que remediaban
+la ausencia de administraci&oacute;n militar, cuidando cada una del alimento de
+su hombre.</p>
+
+<p>Durante las marchas iban &aacute; vanguardia, rodeadas de enjambres de ni&ntilde;os y
+con las ropas de la familia formando un l&iacute;o sobre su cabeza. Lo robaban
+todo, arrasaban los campos, como una nube de langosta, y cuando las
+tropas hac&iacute;an alto, encontraban ya la hoguera ardiendo y la comida en su
+punto. Los primeros contactos entre ambos bandos los realizaban casi
+siempre las dos vanguardias de &laquo;soldaderas&raquo;. Olvidando moment&aacute;neamente
+su antagonismo, se vend&iacute;an unas &aacute; otras lo que consideraban superfluo.
+El defensor del gobierno, por mediaci&oacute;n de su compa&ntilde;era, facilitaba
+v&iacute;veres al rebelde. Otras veces ocurr&iacute;a lo contrario.</p>
+
+<p>La moneda carec&iacute;a casi siempre de valor en estas transacciones. El bando
+falto de municiones s&oacute;lo quer&iacute;a vender su pan &aacute; cambio de cartuchos, y
+el que los ten&iacute;a los entregaba, ansioso de comer, sin fijarse en que,
+horas despu&eacute;s, estos mismos proyectiles pod&iacute;an darle la muerte. Al
+entablarse el combate, las &laquo;soldaderas&raquo; y sus enjambres de chiquillos se
+retiraban &aacute; retaguardia. Otras veces, si el momento era angustioso, la
+hembra se mezclaba en la pelea para sostener al compa&ntilde;ero herido y
+seguir tirando con su fusil.</p>
+
+<p>Guadalupe vivi&oacute; as&iacute;; hizo marchas interminables &aacute; pie &oacute; &aacute; la grupa del
+caballo de su hombre. Pero como Doroteo obtuvo r&aacute;pidamente sus primeros
+ascensos, pronto se elev&oacute; sobre la muchedumbre de &laquo;soldaderas&raquo; de tez
+amarillenta, cabellera aceitosa y ojos ardientes, asombrosamente flacas.</p>
+
+<p>Fu&eacute; la capitana Mart&iacute;nez, luego la comandanta, y ya no tuvo que avanzar
+al trote junto &aacute; los jinetes, llevando sobre su cabeza el colchoncillo y
+las ropas que constitu&iacute;an el ajuar andante del matrimonio. Doroteo,
+excelente esposo, hab&iacute;a matado &aacute; un oficial del gobierno para regalarle
+&aacute; ella su caballo.</p>
+
+<p>Al ser coronel, su generosidad marital dese&oacute; algo m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si pudiese robar un autom&oacute;vil para &laquo;la vieja&raquo;!...</p>
+
+<p>&laquo;La vieja&raquo; era Guadalupe, que ten&iacute;a entonces veintis&eacute;is a&ntilde;os. No
+resultaba dif&iacute;cil hacerse due&ntilde;o de un autom&oacute;vil. Abundaban mucho en un
+pa&iacute;s vecino &aacute; los Estados Unidos y con la frontera libre. No hab&iacute;a
+revolucionario de alguna graduaci&oacute;n que no tuviese el suyo. La
+importancia de los jefes se med&iacute;a por los parques de autom&oacute;viles que
+llevaban detr&aacute;s de ellos.</p>
+
+<p>Y la coronela hizo la guerra en un veh&iacute;culo americano. Su adquisici&oacute;n
+s&oacute;lo cost&oacute; &aacute; Mart&iacute;nez dos palabras breves y el apoyar su rev&oacute;lver en el
+pecho del primitivo due&ntilde;o.</p>
+
+<p>El ch&oacute;fer era un mestizo de enorme sombrer&oacute;n y descalzo, que llevaba el
+fusil entre las dos manos fijas en el volante. Dentro iba Guadalupe y
+toda su casa: un l&iacute;o de colchones, dos sacos para la ropa sucia, una
+criadita mestiza que se sentaba &aacute; sus pies, tres gatos y un perro en la
+banqueta, junto &aacute; la se&ntilde;ora, y un loro que se paseaba por la capota
+recogida, sirviendo de remate trasero &aacute; este veh&iacute;culo triunfal. Todos
+los autom&oacute;viles ignoraban la limpieza desde muchos meses. La lluvia y el
+barro hab&iacute;an cubierto su exterior con una costra parda y agrietada.
+Parec&iacute;an forrados de piel de elefante. Como la esposa de Mart&iacute;nez era
+relativamente esbelta, su veh&iacute;culo se limitaba &aacute; chillar por la falta de
+aceite y de aseo. Otros ten&iacute;an un muelle roto y saltaban sobre sus
+ruedas, acost&aacute;ndose como una barca pr&oacute;xima &aacute; zozobrar. Siempre se
+inclinaban del lado donde acostumbraba &aacute; sentarse la generala &oacute; la
+ministra, con la abrumadora majestad de su centenar de kilos carnales.</p>
+
+<p>Los revolucionarios marchaban como lo permit&iacute;an las exigencias
+topogr&aacute;ficas: unas veces en fila, extendi&eacute;ndose leguas y leguas; otras
+en masa horizontal &aacute; trav&eacute;s de las llanuras, llevando en torno un
+segundo ej&eacute;rcito de mujeres y chiquillos. Lo mismo hab&iacute;an avanzado en
+otros siglos las grandes invasiones hist&oacute;ricas. Eran como las antiguas
+naciones en marcha, que arrastraban detr&aacute;s de ellas los seres y los
+muebles que forman la familia.</p>
+
+<p>Algunas veces llegaban &aacute; ser veinte mil, todos &aacute; caballo, sin
+medicamentos, sin v&iacute;veres, confiando al azar la vida del d&iacute;a siguiente.
+Cada uno hac&iacute;a la misma recomendaci&oacute;n al camarada: &laquo;Si me hieren en el
+pecho &oacute; en el est&oacute;mago, dame un tiro en la cabeza. Prefiero esto &aacute;
+quedar vivo junto al camino.&raquo;</p>
+
+<p>No pod&iacute;an ser considerados como caballer&iacute;a, &aacute; pesar de que todos iban
+montados. Carec&iacute;an de armas blancas y no pod&iacute;an dar una carga. Eran
+infantes que s&oacute;lo echaban pie &aacute; tierra en el momento de empezar el fuego
+contra el enemigo. Hasta los generales llevaban el rifle atravesado
+sobre el delantero de la silla.</p>
+
+<p>La &uacute;nica infanter&iacute;a era la de los <i>yaquis</i>, indios monta&ntilde;eses que no
+hab&iacute;an querido aprender de los conquistadores espa&ntilde;oles el arte de
+cabalgar y mostraban a&uacute;n cierta repugnancia ante el caballo. Estos
+<i>yaquis</i> figuraban como enemigos de todos los gobiernos desde la &eacute;poca
+de Porfirio D&iacute;az, que cometi&oacute; el sacrilegio de implantar en sus tierras
+el tel&eacute;grafo y el ferrocarril. Se dejaban convencer f&aacute;cilmente por los
+revolucionarios, con la esperanza de que &eacute;stos les librasen de
+innovaciones vergonzosas. En los combates eran los &uacute;nicos que se bat&iacute;an
+avanzando.</p>
+
+<p>La muchedumbre montada, al emprender su marcha todos los amaneceres,
+ve&iacute;a &aacute; los <i>yaquis</i> tranquilos en su campamento, como si pensasen
+quedarse all&iacute;. Cuando al llegar la noche, despu&eacute;s de una larga jornada &aacute;
+caballo, se deten&iacute;an para descansar, encontraban instalados ya &aacute; los
+mismos indios en el lugar designado de antemano, como si hubiesen
+llegado volando y sin fatiga aparente. Puestos en cuclillas escuchaban
+con atenci&oacute;n religiosa el repiqueteo de los tamborcillos pendientes de
+las mu&ntilde;ecas de sus jefes, instrumentos que serv&iacute;an &aacute; la vez para sus
+fiestas y para transmitir &oacute;rdenes.</p>
+
+<p>La imagen de su esposa Guadalupe iba unida siempre &aacute; estos recuerdos de
+la guerra. Al principio la mujer mostraba cierto pavor; el silbido de
+las balas parec&iacute;a irritar sus nervios. Un d&iacute;a, para recoger &aacute; su hombre
+herido, tuvo que lanzarse en pleno combate, y desde entonces consider&oacute;
+poca cosa el intervenir en las operaciones de guerra.</p>
+
+<p>Las &laquo;soldaderas&raquo; hablaban de ella como de una gloria de su sexo,
+coloc&aacute;ndola al nivel de los jefes m&aacute;s c&eacute;lebres de la revoluci&oacute;n. Los
+hombres, por galanter&iacute;a instintiva, admiraban su haza&ntilde;as, exager&aacute;ndolas,
+como si nadie pudiese igualarlas. Todo el ej&eacute;rcito repiti&oacute; lo mismo al
+hablar de los esposos Mart&iacute;nez. &laquo;&Eacute;l es un buen soldado, un
+valiente...pero como hay muchos. Ella vale m&aacute;s. &iexcl;Qu&eacute; mujer!...&raquo;</p>
+
+<p>Su conducta durante la vida azarosa de marchas y campamentos contribuy&oacute;
+&aacute; aumentar su fama. Guadalupe ten&iacute;a mal car&aacute;cter. Muchas veces, al
+rozarse su autom&oacute;vil con el de alguna generala&mdash;igualmente cargado de
+colchones, sacos de ropa sucia, cuadr&uacute;pedos, aves y numerosos
+chiquillos&mdash;, empezaban &aacute; insultarse ambas damas por si la una pretend&iacute;a
+cortar el paso &aacute; la otra. La coronela, sin consideraci&oacute;n &aacute; su grado
+inferior, recordaba &aacute; la generala las aventuras amorosas de su se&ntilde;ora
+madre &oacute; la &eacute;poca en que sus t&iacute;as lavaban la ropa de los soldados. Hasta
+que el heroico Mart&iacute;nez, avisado del incidente, acud&iacute;a &aacute; todo galope
+para meter su caballo entre ambas furias.</p>
+
+<p>Los hombres, al recordar que esta mujer se bat&iacute;a lo mismo que ellos,
+encontraban l&oacute;gico que se considerase superior &aacute; las otras, gordas aves
+dom&eacute;sticas que se hab&iacute;an lanzado al campo para marchar detr&aacute;s de los
+combatientes, escarbando con el pico el terreno de la lucha, en busca de
+los residuos de la victoria.</p>
+
+<p>Su fidelidad matrimonial era tambi&eacute;n muy admirada. Uno de los grandes
+jefes hab&iacute;a recibido de ella varios latigazos cierto d&iacute;a que os&oacute; algunos
+atrevimientos con la amazona. El mismo personaje golpeado acab&oacute; por
+arrepentirse, y &aacute; impulsos de la admiraci&oacute;n, fu&eacute; en adelante un
+protector de Mart&iacute;nez y de su esposa.</p>
+
+<p>Cuando Doroteo lleg&oacute; &aacute; general, sus envidiosos atribuyeron toda la
+carrera del h&eacute;roe &aacute; la influencia de Guadalupe. &laquo;No es que sea menos
+valiente que los dem&aacute;s&mdash;dec&iacute;an&mdash;; pero &aacute; causa de su compa&ntilde;era, los de
+arriba se fijan en sus acciones, que, realizadas por otros, quedar&iacute;an
+ignoradas.&raquo;</p>
+
+<p>Al terminar la guerra, cuando Mart&iacute;nez pas&oacute; &aacute; ser defensor del gobierno
+reci&eacute;n constitu&iacute;do, Guadalupe no quiso prolongar sus haza&ntilde;as militares.
+Era rid&iacute;culo que la esposa de un comandante de operaciones saliese al
+campo &aacute; perseguir &aacute; los rebeldes, muchos de los cuales hab&iacute;a conocido
+ella meses antes como amigos, teni&eacute;ndolos por excelentes personas.</p>
+
+<p>Renanci&oacute; a las costumbres violentas de campa&ntilde;a, &aacute; los largos galopes, al
+autom&oacute;vil sucio y hasta &aacute; las palabrotas aprendidas en sus a&ntilde;os de
+existencia varonil. Fu&eacute; en adelante la &laquo;se&ntilde;ora generala&raquo; y quiso
+rivalizar con Mart&iacute;nez en esplendores de lujo.</p>
+
+<p>Las gentes de la ciudad casi se sintieron cegadas por el resplandor de
+las joyas que en ciertos d&iacute;as la cubrieron desde la garganta al vientre.
+Doroteo hab&iacute;a trabajado bien, lo mismo que todos los padres de familia
+mezclados en la revoluci&oacute;n. No ten&iacute;a hijos, como los otros, pero ten&iacute;a
+&aacute; Guadalupe; y siempre que en sus correr&iacute;as ve&iacute;a algo vistoso y de
+precio, sacaba el enorme rev&oacute;lver de su funda, diciendo: &laquo;Esto para mi
+vieja...y esto otro tambi&eacute;n.&raquo;</p>
+
+<p>Total: que la esposa del h&eacute;roe de Cerro Pardo pose&iacute;a una colecci&oacute;n
+enorme de alhajas, y los maliciosos las encontraban iguales &aacute; las que
+hab&iacute;an comprado en Londres y en Nueva York ciertas familias del M&eacute;jico
+anterior que andaban ahora vagabundas, lejos del pa&iacute;s.</p>
+
+<p>Guadalupe hu&iacute;a de la ostentaci&oacute;n en los d&iacute;as ordinarios y se limitaba &aacute;
+llevar simplemente media docena de sortijas de brillantes, un reloj con
+pulsera de platino en una mu&ntilde;eca, otro igual en la mu&ntilde;eca opuesta y un
+tercer reloj m&aacute;s grande colgando del cuello.</p>
+
+<p>As&iacute; se mostraba por las tardes &aacute; la admiraci&oacute;n p&uacute;blica, ocupando uno de
+los ocho autom&oacute;viles que pose&iacute;a el h&eacute;roe como recuerdo de sus campa&ntilde;as.
+Su paseo favorito era la calle central de la ciudad, una alameda con
+&aacute;rboles seculares, de cuyas ramas pend&iacute;an &aacute; veces hombres ahorcados.
+Eran ladrones, mestizos incorregibles que hurtaban gallinas, hortalizas
+y otras cosas igualmente preciosas &aacute; pesar de los decretos del general.
+Y Mart&iacute;nez, que era enemigo inexorable del robo, les aplicaba sin
+compasi&oacute;n la pena decretada por su dictadura revolucionaria.</p>
+
+<p>Guadalupe casi ten&iacute;a una corte. Las damas del pasado r&eacute;gimen&mdash;la
+aristocracia del pa&iacute;s&mdash;la visitaban y adulaban, para defender de este
+modo su tranquilidad y sus bienes. Los subordinados de su esposo, cuando
+deseaban algo, prefer&iacute;an ped&iacute;rselo &aacute; la generala, como si creyesen m&aacute;s
+en su autoridad que en la de Mart&iacute;nez. Ella los tuteaba con una bondad
+superior. Volv&iacute;a &aacute; ser la compa&ntilde;era de armas que se hab&iacute;a encargado
+muchas veces de guisar en el campo para su marido y todos los de su
+Estado Mayor.</p>
+
+<p>Recordaba con cierta nostalgia los a&ntilde;os de guerra, pero ten&iacute;a por mejor
+el tiempo actual. &iexcl;Ojal&aacute; no se acabasen nunca los insurrectos y su
+marido fuese perpetuamente comandante de operaciones!...</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez se sent&iacute;a menos contento en su interior. Empezaba &aacute; pesarle la
+autoridad de su esposa. &iquest;De qu&eacute; le serv&iacute;a haber llegado &aacute; h&eacute;roe
+nacional, si Guadalupe le inspiraba un miedo superior &aacute; su voluntad? No
+val&iacute;a la pena haber hecho una revoluci&oacute;n para verse privado de realizar
+sus gustos.</p>
+
+<p>Luego de pensar esto, miraba &aacute; su mujer largamente, con una reflexiva
+atenci&oacute;n que ella no llegaba &aacute; adivinar, acostumbrada &aacute; tener en poco
+todo lo de su marido. A&uacute;n la encontraba hermosa &aacute; los treinta y tantos
+a&ntilde;os, lo mismo que cuando se casaron. Producto de varios cruzamientos de
+espa&ntilde;oles con indias, tal vez hab&iacute;a adem&aacute;s en sus venas cierta parte de
+sangre africana. Unos ojos grandes, h&uacute;medos y ligeramente oblicuos; una
+dentadura fuerte y deslumbrante entre los labios gruesos de rosa
+obscuro; una carne pomposa y p&aacute;lida, y una cabellera exuberante, negra y
+con tendencia &aacute; rizarse apenas la abandonaba el peine, eran los
+componentes principales de su belleza.</p>
+
+<p>As&iacute; la vi&oacute; Doroteo durante diez a&ntilde;os, como si fuese una criatura
+insensible al tiempo, y as&iacute; la hubiese visto siempre.</p>
+
+<p>Pero un d&iacute;a se di&oacute; cuenta de que empezaba &aacute; disgregarse su armon&iacute;a
+corporal, como si las tres sangres que exist&iacute;an en ella se hubiesen
+cansado de permanecer revueltas, aisl&aacute;ndose, para asomar cada una por
+separado &aacute; la superficie. Sobre la tez blanca empez&oacute; &aacute; esparcirse una
+especie de viruela subcut&aacute;nea, formada de puntos negros peque&ntilde;&iacute;simos,
+como granos de p&oacute;lvora. En una mejilla y en otras partes menos visibles
+se marcaban &oacute; desaparec&iacute;an, seg&uacute;n los d&iacute;as, grandes manchas viol&aacute;ceas.
+Era la madurez precoz de la criolla de diversos or&iacute;genes. Adem&aacute;s, &iexcl;sus
+palabras rudas y violentas, su ignorancia, su deseo de mantenerlo
+sometido, trat&aacute;ndole despectivamente en presencia de las gentes!...</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez vi&oacute; todo esto de pronto, pero fu&eacute; porque acababa de encontrar
+un t&eacute;rmino de comparaci&oacute;n en otra mujer.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Cuando Guadalupe deseaba dar broma al general en presencia de sus
+contertulios, se expresaba as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Este viejo, aqu&iacute; donde ustedes lo ven, anda enamorado, loco, detr&aacute;s de
+la <i>Gringuita</i>.</p>
+
+<p>Cerrando una mano, le apuntaba con el dedo &iacute;ndice, y a&ntilde;ad&iacute;a, amenazante:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que te pille yo, y ver&aacute;s lo que es bueno!</p>
+
+<p>Pero &aacute; continuaci&oacute;n, considerando que la broma hab&iacute;a durado bastante,
+dec&iacute;a con gravedad:</p>
+
+<p>&mdash;La <i>Gringuita</i> es una joven muy apreciable, que gana su vida y
+mantiene &aacute; todos sus hermanos. Adem&aacute;s, &iexcl;lo que sabe! Yo me quedo
+asombrada escuch&aacute;ndola. Parece mentira que una mujer pueda estudiar
+tanto.... Perder&iacute;as el tiempo, viejo. Esa no te hace caso &aacute; ti.</p>
+
+<p>Era hija de un maestro de escuela que hab&iacute;a muerto el a&ntilde;o anterior. Se
+educaba en los Estados Unidos cuando esta desgracia la oblig&oacute; &aacute; volver
+al pa&iacute;s, dejando incompletos sus estudios. Quer&iacute;a servir de madre &aacute; sus
+hermanos menores, que despu&eacute;s de muerto el padre, quedaban completamente
+solos en la casa. Seis a&ntilde;os de vida en Nueva York hab&iacute;an desfigurado &aacute;
+esta joven mejicana, d&aacute;ndole otras costumbres y hasta un aspecto f&iacute;sico
+completamente diferente.</p>
+
+<p>Los personajes de la ciudad la proteg&iacute;an, seducidos por sus finas
+maneras y por la sencillez con que hablaba de unos estudios que s&oacute;lo
+conoc&iacute;an ellos de o&iacute;das. La hab&iacute;an colocado como maestra en una de las
+principales escuelas y promet&iacute;an ayudarla en la realizaci&oacute;n de todas las
+innovaciones que proyectaba.</p>
+
+<p>Algunas solteronas feas y de car&aacute;cter agriado torc&iacute;an el gesto ante el
+entusiasmo pedag&oacute;gico de los hombres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro!... &iexcl;La <i>Gringuita</i> es tan primorosa!...</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez figuraba entre los protectores de la maestra.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy un hombre de progreso, &iquest;saben?&mdash;dec&iacute;a al hablar de ella&mdash;; por
+eso me interesan los proyectos de esa ni&ntilde;a que ha estudiado con los
+<i>gringos</i>. Su pobre padre tuvo una excelente idea al enviarla &aacute; Nueva
+York para que aprendiese lo que no sabemos nosotros. La aprecio mucho,
+por su seriedad sobre todo. En cuanto &aacute; su hermosura, de la que tanto
+hablan las malas lenguas, &iexcl;pchs!...</p>
+
+<p>El general hac&iacute;a un gesto de duda que casi llegaba &aacute; ser despectivo.
+Ten&iacute;a raz&oacute;n: la belleza de Dora no era extraordinaria. La maestrita
+pose&iacute;a el encanto de la juventud, una juventud &aacute;gil y sana, mantenida
+por los deportes y la higiene.</p>
+
+<p>Pero lo que se callaba Doroteo era que &eacute;l la prefer&iacute;a &aacute; las beldades del
+pa&iacute;s por lo mismo que resultaba distinta &aacute; todas. Como recuerdo de su
+madre&mdash;una extranjera que se hab&iacute;a casado en M&eacute;jico con el maestro para
+producir media docena de hijos y morirse inmediatamente&mdash;, ten&iacute;a el pelo
+de un rubio ceniciento y los ojos verdes claros. En cambio, todas las
+mujeres del pa&iacute;s eran morenas p&aacute;lidas, con cabelleras de un negro
+intenso.</p>
+
+<p>Dora iba vestida con unos trajecitos baratos, sencillos y elegantes, que
+el general hab&iacute;a admirado muchas veces en los peri&oacute;dicos ilustrados.
+Tocaba el piano, cantaba en ingl&eacute;s y ten&iacute;a la soltura y las formas
+gimn&aacute;sticas de un muchacho.</p>
+
+<p>La generala centelleaba de joyas, iba envuelta en sedas y bordados, como
+la imagen de la Virgen patrona de la ciudad; llevaba peinetas altas como
+torres sobre su apretada cabellera; tocaba la guitarra y prescind&iacute;a de
+sentarse en los sillones y en todo mueble que tuviese brazos, por miedo
+&aacute; no poder introducir entre ellos sus exuberancias dorsales.</p>
+
+<p>Cuando la maestrita se pon&iacute;a bajo un rayo de sol, su cutis blanco
+parec&iacute;a dorarse con la luminosidad de un vello fin&iacute;simo semejante al de
+los frutos en saz&oacute;n. Igual hab&iacute;a sido Guadalupe en otros tiempos, pero
+ahora un bigote cada vez menos discreto empezaba &aacute; entenebrecer su boca.</p>
+
+<p>El h&eacute;roe visitaba con frecuencia la escuela de Dora, lanzando discursos
+&aacute; los ni&ntilde;os, en los que repet&iacute;a que la revoluci&oacute;n se hab&iacute;a hecho
+especialmente para el fomento de la ense&ntilde;anza. Tambi&eacute;n se apresuraba &aacute;
+entrar en el sal&oacute;n de su mujer siempre que le avisaban que la maestrita
+hac&iacute;a tertulia &aacute; do&ntilde;a Guadalupe. Delante de la gente balbuceaba
+preguntas sobre los progresos de los <i>gringos</i>, abriendo los ojos con
+asombro cuando la joven le hablaba de la grandeza de su amada Columbia
+University, en la que hab&iacute;a pasado sus mejores a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Usted dirigir&aacute; una Universidad igual &oacute; parecida, se&ntilde;orita: yo se lo
+prometo. El gobierno dar&aacute; los millones que se necesiten para
+construirla. Y si no los da, soy capaz de.... En fin, &iquest;qu&eacute; no har&eacute; yo
+por la instrucci&oacute;n? &iquest;qu&eacute; no har&eacute; por...?</p>
+
+<p>Iba &aacute; a&ntilde;adir &laquo;por usted&raquo;, pero se deten&iacute;a mirando &aacute; la pomposa generala.
+Luego, por un deseo irresistible de establecer comparaciones, comenzaba
+&aacute; admirar con ojos disimulados la belleza especial de esta joven que
+parec&iacute;a un muchacho con faldas, sintiendo al mismo tiempo en su paladar
+el sabor &aacute;cido y picante de un fruto todav&iacute;a verde.</p>
+
+<p>Tuvo que abstenerse de sacar &aacute; bailar &aacute; la maestrita cuando se
+celebraban fiestas en la Comandancia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre viejo!&mdash;le dec&iacute;a Guadalupe&mdash;. &iquest;No ves que aburres &aacute; esa pobre
+se&ntilde;orita? Adem&aacute;s, la gente se r&iacute;e un poco de ti.</p>
+
+<p>&iexcl;Re&iacute;rse del h&eacute;roe de Cerro Pardo!... Que probasen &aacute; hacerlo francamente,
+y &eacute;l enviar&iacute;a &aacute; los burlones &aacute; dar una vuelta por el <i>foyer</i> del teatro,
+donde funcionaba el Consejo de guerra siempre que lo exig&iacute;a la salud de
+la patria.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, con los ojos hinchados por el insomnio, le entreg&oacute; un papel
+&aacute; su secretario.</p>
+
+<p>&mdash;Sandoval, d&iacute;game qu&eacute; le parece. Cuando yo era muchacho y a&uacute;n no hab&iacute;a
+aprendido &aacute; leer, invent&eacute; muchos versos como &eacute;stos, mientras punteaba la
+guitarra. Usted pondr&aacute; lo que les falte: yo entiendo poco en eso de la
+ortograf&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; me dice de ellos?</p>
+
+<p>El poeta se acord&oacute; de dos ocasiones en que el h&eacute;roe, irritado por su
+franqueza, le hab&iacute;a dado varias bofetadas, manifestando luego su
+arrepentimiento con valiosos regalos. Olvid&oacute; los regalos para acordarse
+&uacute;nicamente de los golpes, y tuvo prisa en manifestar su entusiasmo por
+los versos. Eran de amor, &eacute; iban dirigidos &aacute; una mujer cuyo nombre
+quedaba en el misterio, pero el secretario la reconoci&oacute; desde la primera
+estrofa.</p>
+
+<p>&mdash;Publ&iacute;quelos ma&ntilde;ana mismo en el mejor sitio de mi diario oficial. Como
+firma, la misma que llevan: <i>El caballero de la ardiente mirada</i>. Es un
+apodo que encontr&eacute; en no s&eacute; qu&eacute; novela, y me gust&oacute; tanto, que lo he
+guardado para m&iacute;.</p>
+
+<p>Sandoval quiso marcharse con los versos, pero el autor todav&iacute;a le di&oacute;
+otra orden.</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana escriba &aacute; m&aacute;quina un an&oacute;nimo para la persona que usted sabe, y
+d&iacute;gale que <i>El caballero de la ardiente mirada</i> y el general Mart&iacute;nez
+son una misma persona.</p>
+
+<p>No consider&oacute; suficiente esta indiscreci&oacute;n, en vista de la serena
+indiferencia de la maestra, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s hizo una visita &aacute; la
+escuela, declarando &aacute; Dora de pronto todos los deseos, las esperanzas y
+las contrariedades que formaban lo que &eacute;l llamaba &laquo;el mayor amor de mi
+vida&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, general!... &iexcl;Haberse fijado en una pobrecita como yo!...</p>
+
+<p>Parec&iacute;a pr&oacute;xima &aacute; desmayarse de sorpresa, como si nunca hubiese
+sospechado esta pasi&oacute;n, extra&ntilde;&aacute;ndose de ella con toda la ingenuidad de
+que es capaz el disimulo femenil. Pero hac&iacute;a meses que se hab&iacute;a dado
+cuenta del enamoramiento del h&eacute;roe, riendo &aacute; solas de sus t&iacute;midas
+insinuaciones.</p>
+
+<p>En vano Mart&iacute;nez habl&oacute; de su amor. La maestrita mov&iacute;a la cabeza
+negativamente. La existencia no era para ella una sucesi&oacute;n de delicias.
+Graves deberes la obligaban &aacute; mirar las cosas con seriedad. Era pobre:
+deb&iacute;a mantener y educar &aacute; sus hermanos.</p>
+
+<p>&mdash;Yo me casar&eacute; con usted&mdash;dijo Mart&iacute;nez con un tono dram&aacute;tico, como si
+arrostrase el mayor de los peligros&mdash;. Comprender&aacute; usted que he pensado
+en eso antes de hablarla. Usted no es una &laquo;pelada&raquo;; usted es una
+se&ntilde;orita, una profesora que ha estudiado, y yo respeto mucho &aacute; las
+personas cient&iacute;ficas....</p>
+
+<p>Luego a&ntilde;adi&oacute; triunfalmente:</p>
+
+<p>&mdash;Por algo nos hemos batido en la revoluci&oacute;n, para algo hemos
+establecido el divorcio.</p>
+
+<p>Los enemigos de la revoluci&oacute;n afirmaban que era m&aacute;s urgente que el
+divorcio dar una ley obligando &aacute; las parejas &aacute; casarse, pues la mayor&iacute;a
+de las gentes del pa&iacute;s, para evitar gastos y molestias, prescind&iacute;an de
+las formalidades del matrimonio, viviendo en estado natural, como sus
+ascendientes. Pero Doroteo se sent&iacute;a ahora satisfecho de haber dado su
+sangre por el triunfo del divorcio.</p>
+
+<p>Dora no participaba de este entusiasmo. Pareci&oacute; asustarse de verdad,
+temblando ante la idea de casarse con Mart&iacute;nez, m&aacute;s a&uacute;n que si &eacute;ste
+hubiese intentado una violencia contra ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; horror!... &iexcl;Divorciarse usted de la generala!... &iexcl;Tener yo por
+enemiga &aacute; do&ntilde;a Guadalupe!...</p>
+
+<p>S&oacute;lo la suposici&oacute;n de que la amazona gloriosa pudiera perseguirla con su
+venganza hac&iacute;a temblar las piernas de la maestra. El general particip&oacute;
+por reflejo de esta inquietud. Su Guadalupe era realmente temible, pero
+esto no pod&iacute;a impedir que empezase &aacute; odiarla. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo iba &aacute; sufrir
+su despotismo?...</p>
+
+<p>Los meses sucesivos fueron de desaliento para el h&eacute;roe. Dora evitaba los
+encuentros con &eacute;l, apelando &aacute; ciertas astucias que el general no pod&iacute;a
+prever.</p>
+
+<p>Cada vez la deseaba con mayor vehemencia. En ciertos momentos volv&iacute;a &aacute;
+resucitar el guerrillero en el interior del comandante en jefe de
+operaciones.</p>
+
+<p>&iquest;No le era f&aacute;cil robar &aacute; la profesora y llev&aacute;rsela al campo? &Eacute;l ten&iacute;a
+entre su gente muchos hombres de confianza. Pero &aacute; continuaci&oacute;n se
+acordaba de sus enemigos, de los peri&oacute;dicos de la capital, de que Dora
+era &laquo;una persona cient&iacute;fica&raquo; y el asunto meter&iacute;a ruido. &iexcl;Un partidario
+de la instrucci&oacute;n y del progreso robando &aacute; una se&ntilde;orita del
+profesorado!... Adem&aacute;s, pensaba en do&ntilde;a Guadalupe, que segu&iacute;a repitiendo
+su cari&ntilde;osa amenaza, pero cada vez con tono menos cordial, eriz&aacute;ndosele
+un poco el mostacho, apunt&aacute;ndole con un &iacute;ndice como si le apuntase con
+un rev&oacute;lver. &laquo;&iexcl;Que te pille yo, y ver&aacute;s lo que es bueno!&raquo;</p>
+
+<p>Por otra parte, las gentes empezaban &aacute; murmurar que la <i>Gringuita</i> ten&iacute;a
+un novio. Era un joven de la localidad, que rivalizaba con Sandoval en
+la confecci&oacute;n de versos &laquo;&aacute; la moderna&raquo; y adem&aacute;s hac&iacute;a discursos contra
+el gobierno. Su pobreza resultaba igual &aacute; la de Dora, pero esto no
+impedir&iacute;a que se casasen muy pronto. &iexcl;Y mientras tanto, &eacute;l, h&eacute;roe
+nacional, gobernante omnipotente, tendr&iacute;a que mantenerse impasible al
+lado de su do&ntilde;a Guadalupe! &iexcl;Ira de Dios! &iquest;Para esto hab&iacute;a hecho la
+revoluci&oacute;n?...</p>
+
+<p>Los sucesos pol&iacute;ticos le obligaron &aacute; olvidar moment&aacute;neamente sus
+tristezas amorosas. El &laquo;viejo barb&oacute;n&raquo; fu&eacute; derribado de la presidencia de
+la Rep&uacute;blica por varios generales, antiguos amigos de &eacute;l y de Mart&iacute;nez.
+&Eacute;ste, &aacute; pesar de sus preocupaciones, supo inclinarse instintivamente del
+lado de los que iban &aacute; triunfar.</p>
+
+<p>Cuando asesinaron &aacute; Carranza, el heroico Doroteo se encontr&oacute; en
+excelentes relaciones con los vencedores y tan comandante de operaciones
+como en el gobierno anterior. Pero &iexcl;ay! su alto cargo tal vez iba &aacute;
+quedar anulado por innecesario.</p>
+
+<p>Los diversos partidos que infestaban el pa&iacute;s de insurrectos en armas
+parec&iacute;an haber ajustado una tregua junto al cad&aacute;ver de Carranza. Todos
+mostraban un t&aacute;cito deseo de someterse al nuevo gobierno, para hacer ver
+al mundo que en M&eacute;jico es posible la paz, aunque s&oacute;lo sea por una
+temporada.</p>
+
+<p>Los guerrilleros rebeldes se iban presentando &aacute; Mart&iacute;nez y &aacute; otros
+generales. Hasta Pancho Villa, el eterno insurrecto, se someti&oacute; &aacute; los
+nuevos personajes instalados en la capital, pero con una sumisi&oacute;n
+orgullosa y magn&iacute;ficamente retribuida. Le daban un mill&oacute;n de pesos, le
+pagaban los atrasos de toda su gente, y adem&aacute;s le permit&iacute;an que se
+estableciese en un pueblo, rodeado de sus m&aacute;s seguros partidarios. Lo
+importante era hacer ver en el extranjero que ya no quedaba ning&uacute;n
+insurrecto.</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez se irrit&oacute; al enterarse de lo que le regalaban &aacute; su antiguo
+maestro, como si esto representase una injusticia para &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Sea usted leal&mdash;dec&iacute;a con amargura&mdash;, mant&eacute;ngase disciplinado, y no le
+dar&aacute;n nada.... &iexcl;Pensar que no me he sublevado nunca y siempre he estado
+con los gobiernos!</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Guadalupe se preocupaba m&aacute;s a&uacute;n que su esposo del nuevo estado
+pol&iacute;tico. Los gobernantes de ahora eran compa&ntilde;eros de revoluci&oacute;n &aacute; los
+que no hab&iacute;an visto en varios a&ntilde;os. Era preciso buscar un puesto de
+reposo bien retribu&iacute;do, hasta que hubiesen otra vez insurrectos en el
+campo y jefaturas de operaciones. La verdadera historia de M&eacute;jico no iba
+&aacute; cortarse para siempre.</p>
+
+<p>Pens&oacute; en la conveniencia de que Mart&iacute;nez hiciese un viajecito &aacute; la
+capital para reanudar amistades. Luego dud&oacute; de sus condiciones para este
+trabajo. Era mejor que fuese ella. Precisamente su protector de los
+tiempos revolucionarios, aquel personaje del que hab&iacute;a tenido que
+defenderse con el l&aacute;tigo, figuraba entre los gobernantes provisionales
+y era uno de los que aspiraban &aacute; la presidencia de la Rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>Los peri&oacute;dicos de la capital anunciaron la llegada de la generala
+Mart&iacute;nez, &laquo;digna compa&ntilde;era del h&eacute;roe de Cerro Pardo&raquo;; y pocos d&iacute;as
+despu&eacute;s ocurri&oacute; el hecho inaudito, inexplicable, que produjo m&aacute;s emoci&oacute;n
+y extra&ntilde;eza tra&ntilde;eza en el pa&iacute;s que la mayor parte de las revoluciones
+anteriores.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, los habitantes de la ciudad gobernada por Mart&iacute;nez vieron
+agruparse en el paseo de la Alameda y la plaza principal varios
+centenares de jinetes con grandes sombreros y la carabina apoyada en un
+muslo. Los jefes gritaban indignados:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Han violado la Constituci&oacute;n!...</p>
+
+<p>Los transe&uacute;ntes empezaron &aacute; correr para meterse en sus casas. Que
+hubiesen violado &aacute; la Constituci&oacute;n les importaba poco. La pobre estaba
+hecha &aacute; estas pruebas y pod&iacute;a considerarse la persona m&aacute;s violada de
+todo M&eacute;jico. En su vida no hab&iacute;a servido para otra cosa. Pero la gente,
+que se imaginaba vivir libre por alg&uacute;n tiempo de la calamidad de las
+sublevaciones militares, hu&iacute;a miedosa al ver que volv&iacute;an &aacute; empezar.</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez, con botas altas, dos rev&oacute;lveres al cinto y su gran sombrero
+campesino de fieltro adornado con el &aacute;guila de general, escuchaba &aacute; su
+jefe de Estado Mayor.</p>
+
+<p>&mdash;Todo est&aacute; listo. Nuestra gente se muestra conforme. Ya se aburr&iacute;a de
+tanta paz. &iquest;Qu&eacute; grito damos?</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Han violado la Constituci&oacute;n! &iexcl;Abajo el gobierno!&raquo;&mdash;dijo gravemente
+el caudillo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso ya lo hemos gritado, general. Pero falta un viva. &iquest;A qui&eacute;n le
+damos viva?</p>
+
+<p>Mart&iacute;nez se rasc&oacute; la cabeza por debajo del sombrero.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;.... Esperemos. Hay que pensarlo. Yo ver&eacute; qu&eacute; personaje quiere
+ponerse &aacute; la cabeza de nuestra revoluci&oacute;n. No faltar&aacute; alguno. Debemos
+salvar la patria.</p>
+
+<p>Por el momento, los sublevados s&oacute;lo pudieron gritar: &laquo;&iexcl;Han violado la
+Constituci&oacute;n!&raquo; Pero ellos, por su parte, tambi&eacute;n deseaban violar algo; y
+como en toda sublevaci&oacute;n mejicana bien ordenada y que se respeta,
+empezaron por asaltar, carabina en mano, las tiendas de los extranjeros
+&oacute; &aacute; derribar sus puertas si estaban cerradas, llev&aacute;ndose el dinero y los
+g&eacute;neros. Adem&aacute;s, golpearon &eacute; hirieron &aacute; unos cuantos olvidadizos del
+pasado que se atrev&iacute;an &aacute; protestar y hablaban de sus c&oacute;nsules, como si
+las revoluciones de los a&ntilde;os anteriores no les hubiesen ense&ntilde;ado nada.</p>
+
+<p>Los soldados quer&iacute;an terminar pronto su trabajo. Estaban enterados del
+programa de todo general que se subleva en una ciudad. Lo primero es
+marcharse antes de que lleguen las fuerzas mejor organizadas que
+guarnecen la capital con toda su artiller&iacute;a. Despu&eacute;s vuelven &aacute; ella si
+han adquirido nuevas fuerzas en el campo.</p>
+
+<p>Lo mismo ocurri&oacute; esta vez. Doroteo Mart&iacute;nez se fu&eacute; de la ciudad con sus
+&laquo;leales&raquo;; pero como necesitaba consolarse de que hubiesen violado &aacute; la
+Constituci&oacute;n, se llev&oacute; &aacute; viva fuerza &aacute; Dora. Sus hermanitos lloraron
+mostrando los pu&ntilde;os impotentes &aacute; un autom&oacute;vil en el que gritaba y se
+agitaba la maestrita sin poder librarse de sus raptores.</p>
+
+<p>Todo el resto de la naci&oacute;n se asombr&oacute; tanto como el vecindario de la
+ciudad. Una sublevaci&oacute;n no ten&iacute;a nada de extraordinario. En diez a&ntilde;os no
+se hab&iacute;a visto otra cosa. &iquest;Pero sublevarse Mart&iacute;nez, que siempre hab&iacute;a
+estado de acuerdo con los que mandaban?...</p>
+
+<p>En el Palacio de M&eacute;jico, el presidente provisional, los ministros y los
+personajes que dirig&iacute;an al gobierno se miraban con extra&ntilde;eza al comentar
+este acto inexplicable.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;qu&eacute; le ha dado &aacute; ese hombre?... &iquest;Qu&eacute; es lo que busca?... Si
+deseaba algo, no ten&iacute;a mas que haberlo pedido.</p>
+
+<p>El asombro les hac&iacute;a suponer fuerzas ocultas y temibles detr&aacute;s del
+sublevado. Algunos hablaron de meter inmediatamente en la c&aacute;rcel &aacute;
+varios personajes de la capital para someterlos &aacute; un Consejo de guerra.</p>
+
+<p>El poderoso caudillo que pasaba por ser el protector de Mart&iacute;nez y de su
+esposa parec&iacute;a m&aacute;s indignado que los otros, para librarse de este modo
+de toda sospecha de complicidad.</p>
+
+<p>Precisamente cuando hablaba de la conveniencia de fusilar &aacute; un hombre
+que no se hab&iacute;a sublevado nunca y s&oacute;lo se decid&iacute;a &aacute; hacerlo cuando los
+antiguos insurrectos acordaban mantenerse en paz, anunciaron &aacute; la
+generala Mart&iacute;nez.</p>
+
+<p>Entr&oacute; do&ntilde;a Guadalupe. Muchos de los presentes, que eran j&oacute;venes y ten&iacute;an
+aficiones literarias, creyeron ver la imagen de la Venganza. Parec&iacute;a con
+m&aacute;s bigote; los ojos le brillaban de tal modo, que era dif&iacute;cil mirarla
+de frente. Sobre la torre de su cabellera temblaba un gran sombrero de
+terciopelo que hab&iacute;a sustituido moment&aacute;neamente &aacute; la gran peineta de su
+vida de sal&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le parece &aacute; usted bien lo que ha hecho ese imb&eacute;cil?&mdash;grit&oacute; el
+protector antes de saludarla&mdash;. &iquest;No merece que...?</p>
+
+<p>Pero se detuvo, impresionado por el aspecto de la generala. Nunca la
+hab&iacute;a visto tan interesante: ni aun cuando se defendi&oacute; de &eacute;l con el
+l&aacute;tigo.</p>
+
+<p>&mdash;Vengo &aacute; pedir al gobierno&mdash;dijo solemnemente la amazona&mdash;que me d&eacute; el
+mando de un batall&oacute;n. Yo me encargo de batir &aacute; ese sinverg&uuml;enz&oacute;n.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute; que lo traer&iacute;a all&iacute; mismo, atado con una cinta de sus enaguas.</p>
+
+<p>El presidente, los ministros y dem&aacute;s personajes empezaron &aacute; mirar con
+cierto inter&eacute;s risue&ntilde;o &aacute; la generala, dejando &aacute; su compa&ntilde;ero la tarea de
+contestarle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calma, do&ntilde;a Guadalupe!&mdash;dijo &eacute;ste&mdash;. Hablemos en serio. Un batall&oacute;n
+no se le entrega &aacute; una mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, pido que se me permita marchar con las fuerzas que saldr&aacute;n &aacute;
+perseguirle. Ya sabe usted que yo he hecho la guerra. Deseo ir como
+simple soldado.</p>
+
+<p>El personaje intent&oacute; desviar la conversaci&oacute;n, para no repetir su
+negativa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;por qu&eacute; se ha sublevado ese hombre? &iquest;Qu&eacute; mal le ha hecho el
+gobierno?...</p>
+
+<p>La generala contest&oacute; con un gesto de extra&ntilde;eza. &iquest;Qu&eacute; ten&iacute;a que ver el
+gobierno en tal asunto?... Luego, sus ojos se humedecieron con l&aacute;grimas
+de c&oacute;lera. Su voz se puso ronca y apret&oacute; los pu&ntilde;os:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si &eacute;l los quiere mucho &aacute; todos ustedes!... Acabo de hablar con
+personas que vienen de all&aacute;, y s&eacute; bien lo que digo. No; ese canalla no
+se ha sublevado contra el gobierno. Se ha sublevado &uacute;nicamente contra
+m&iacute;.... &iexcl;Contra m&iacute;, que soy su mujer!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="EL_EMPLEADO_DEL_COCHE-CAMA" id="EL_EMPLEADO_DEL_COCHE-CAMA"></a><a href="#capitulos">EL EMPLEADO DEL COCHE-CAMA</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>A las once de la noche, en el expreso Par&iacute;s-Roma, el empleado procede &aacute;
+la operaci&oacute;n de convertir en lechos el asiento y el respaldo del
+departamento que ocupo.</p>
+
+<p>Mientras golpea colchonetas y despliega s&aacute;banas, empieza &aacute; hablar con la
+verbosidad de un hombre condenado &aacute; largos silencios. Es un expansivo
+que necesita emitir sus ideas y sus preocupaciones. Si yo no estuviese
+de pie en la puerta, hablar&iacute;a con las almohadas que introduce &aacute;
+sacudidas en unas fundas nuevas, sosteniendo su extremo entre los
+dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Triste guerra, se&ntilde;or&mdash;dice con la boca llena de lienzo&mdash;. &iexcl;Ay, cu&aacute;ndo
+terminar&aacute;! Mi hijo...mi pobre hijo....</p>
+
+<p>Es m&aacute;s viejo que los empleados de antes; no tiene el aire del <i>steward</i>
+abrochado hasta el ment&oacute;n que acud&iacute;a en tiempo de paz al sonido del
+timbre con un aire de <i>gentleman</i> venido &aacute; menos, de Ruy Blas que guarda
+su secreto. M&aacute;s bien parece un obrero disfrazado con el uniforme de
+color casta&ntilde;a. Es robusto, cuadrado, con las manos rudas y el bigote
+canoso. Habla con familiaridad; se ve que no le costar&iacute;a ning&uacute;n
+esfuerzo estrechar la diestra de los viajeros. Su hijo ha muerto; su
+yerno ha muerto; los dos eran empleados de &laquo;la compa&ntilde;&iacute;a&raquo;, y los se&ntilde;ores
+de la Direcci&oacute;n le han dado una plaza para que mantenga &aacute; sus nietos. El
+personal escasea; adem&aacute;s, &eacute;l conoce el italiano, por haber trabajado
+alg&uacute;n tiempo en un arsenal de G&eacute;nova.</p>
+
+<p>&mdash;Yo era antes torneador de hierro&mdash;dice con cierto orgullo&mdash;, obrero
+consciente y sindicado.</p>
+
+<p>Una leve contracci&oacute;n de su bigote, que equivale &aacute; una sonrisa amarga,
+parece subrayar este recuerdo del pasado. &iexcl;Qu&eacute; de transformaciones!
+Luego, el viejo socialista a&ntilde;ade &aacute; guisa de consuelo:</p>
+
+<p>&mdash;Hay que tomar el tiempo como se presenta. Algunos &laquo;camaradas&raquo; son
+ahora ministros en compa&ntilde;&iacute;a de los burgueses, para servir al pa&iacute;s. Yo
+hago la cama &aacute; los ricos, para que coma mi familia.... &iexcl;Ay, mi hijo!</p>
+
+<p>Adivino su deseo de echar mano &aacute; la cartera que lleva sobre el pecho
+para extraer cierto pliego mugriento y rugoso. Ya me ley&oacute; dos p&aacute;ginas
+media hora despu&eacute;s de haber subido al vag&oacute;n. Es la &uacute;ltima carta de su
+hijo, enviada desde las trincheras. Conozco igualmente la historia del
+muerto: un mozo esbelto, de rubio bigote y finos ademanes, que atra&iacute;a
+las miradas de las viajeras solas, haci&eacute;ndolas reconocer la injusticia
+de la suerte, que reparte sus bienes sobre la tierra con escandalosa
+desigualdad. Le hirieron en Charleroi, y cur&oacute; &aacute; los quince d&iacute;as; luego
+volvieron &aacute; herirle en el Yser, y pas&oacute; dos meses en cama; finalmente lo
+alcanz&oacute; un ob&uacute;s en un combate sin nombre, en una de las mil acciones
+obscuras por la posesi&oacute;n de unos cuantos metros de zanja. El padre
+consigui&oacute; verlo, una sola vez, en un hospital de Par&iacute;s. En realidad no
+lo vi&oacute;, pues s&oacute;lo tuvo ante sus ojos una bola de algodones y vendajes
+sobre una almohada; un fajamiento de momia, del que part&iacute;an ronquidos
+de dolor y una mirada vidriosa y resignada.</p>
+
+<p>&mdash;Le hab&iacute;an destrozado la mand&iacute;bula, se&ntilde;or; no pod&iacute;a hablar. El cr&aacute;neo
+tambi&eacute;n lo ten&iacute;a roto.... Y ya no le vi m&aacute;s. Ahora lo tengo en un
+cementerio cerca de Par&iacute;s, y voy &aacute; visitarle siempre que estoy libre de
+servicio.</p>
+
+<p>No llora, no puede llorar. Su dolor, en vez de escaparse &aacute; trav&eacute;s de los
+ojos, se esparce por el cerebro, corre entre las cordilleras de los
+l&oacute;bulos, se desliza como humo de suave locura por las revueltas
+callejuelas de sus anfractuosidades. Empieza &aacute; mostrar la pesadez del
+mani&aacute;tico, hablando &aacute; todos del muerto; ve el universo entero &aacute; trav&eacute;s
+de su hijo.</p>
+
+<p>A pesar de esto, se da cuenta de que yo deseo dormir y deja para el d&iacute;a
+siguiente la repetici&oacute;n de su historia, siempre nueva &eacute; interesante para
+&eacute;l. &laquo;&iexcl;Buenas noches!&raquo; Media hora despu&eacute;s, tendido en la obscuridad, oigo
+en el inmediato pasillo su voz que domina el chirrido de los ejes, la
+melopea de oleaje costero que lanzan las ruedas, los saltos crujientes
+del vag&oacute;n, iguales &aacute; los de un camarote de trasatl&aacute;ntico. Habla con unos
+oficiales ingleses que van &aacute; embarcarse en Brindis; les lee la &uacute;ltima
+carta de esperanza. Los cortos espacios de silencio traen hasta mi,
+caprichosamente, algunos renglones, como pedazos de papel arrastrados
+por el hurac&aacute;n: &laquo;Pap&aacute;: cuando termine la guerra....&raquo;</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>Alguien ha anonadado con su presencia &aacute; los que ocupamos el resto del
+vag&oacute;n. Los oficiales ingleses, con todas las condecoraciones que adornan
+sus pechos y su tez curtida por el sol de ex&oacute;ticas campa&ntilde;as, no
+existen; unas condesas italianas, que han de bajar en Tur&iacute;n y ostentan
+coronas en los forros de sus maletas, quedan como aplastadas en su
+compartimiento; yo doy gracias humildemente al igualitario progreso de
+los tiempos actuales, que me permite dormir separado por un tabique de
+madera de la persona que descansa en la pieza inmediata.</p>
+
+<p>Dos se&ntilde;oras vestidas de negro han subido en Par&iacute;s. Un grupo de hombres
+ha permanecido en el and&eacute;n hasta el &uacute;ltimo instante mir&aacute;ndolas con mudo
+respeto: unos en traje civil, de sobria elegancia, esbeltos, bien
+afeitados, con un mon&oacute;culo bajo la ceja arqueada, secretarios y
+agregados de la Embajada brit&aacute;nica; otros con uniforme de marino, pero
+uniforme de batalla, sin faldones, sin dorados, apoy&aacute;ndose en un
+bastoncillo de paseo, ostentando en la visera de la gorra el reborde de
+laureles que distingue &aacute; los jefes superiores.</p>
+
+<p>Circula por el vag&oacute;n el nombre de una de las viajeras. Es una duquesa de
+la corte de Inglaterra, una amiga de la difunta reina Victoria,
+cincuenta a&ntilde;os de historial brit&aacute;nico encerrados en un cuerpo que debi&oacute;
+ser hermoso y ahora aparece algo hinchado por la edad y plebeyamente
+enrojecido. Una corona de cabellos blancos suaviza la tez subida de
+color; los ojos son los &uacute;nicos que conservan en su majestuoso azul el
+reflejo de la pasada gloria. Lleva un gorrito albo y enca&ntilde;onado debajo
+del luengo velo de luto. Su acompa&ntilde;ante es m&aacute;s alta, m&aacute;s estirada, menos
+accesible, como si recogiese en su enjuta persona de dama de compa&ntilde;&iacute;a
+todo el orgullo y la altivez de que se despoja la se&ntilde;ora. La duquesa
+sonr&iacute;e ante la solicitud demasiado expansiva del empleado del vag&oacute;n,
+mientras la honorable dom&eacute;stica la acoge con un gesto duro y fr&iacute;o.</p>
+
+<p>Antes de dormirme, desfilan por mi memoria los recuerdos que guardo de
+esta anciana c&eacute;lebre que est&aacute; tendida &aacute; cincuenta cent&iacute;metros de mi
+cuerpo. La veo como la vi muchas veces en los grabados de las
+ilustraciones inglesas, con su diadema de brillantes y el pecho
+constelado de joyas y condecoraciones, asistiendo &aacute; las fiestas de su
+regia amiga, &aacute; sus jubileos de estr&eacute;pito universal, &aacute; las coronaciones
+de su hijo y de su nieto. Es pairesa no s&eacute; cu&aacute;ntas veces. Posee calles
+enteras de Londres; vastos parques donde corre el zorro perseguido por
+un tropel de jinetes de casaca roja que galopan entre rugidos de
+trompas; castillos en Escocia al borde de lagos verdes que hacen
+recordar las novelas de W&aacute;lter Scott; vastas posesiones en Irlanda que
+sirvieron algunas veces de nocturno escenario &aacute; las haza&ntilde;as de los
+fenianos de negro antifaz. Su primer marido fu&eacute; virrey de las Indias, y
+ella recibi&oacute; el homenaje de las muchedumbres p&aacute;lidas y misteriosas en lo
+alto de un elefante blanco, dentro de un templete de filigrana de oro
+semejante &aacute; un relicario. Su segundo esposo presidi&oacute; ministerios y
+arregl&oacute; los destinos del planeta hablando hasta media noche en la C&aacute;mara
+de los Comunes ante los hombres que simbolizan la majestad de Inglaterra
+con el sombrero calado y los pies en el respaldo del banco anterior. Dos
+lores disc&iacute;pulos de Jorge Brumell murieron por ella. Uno se peg&oacute; un tiro
+teniendo ante su boca un pa&ntilde;uelo de blondas, lo &uacute;nico que hab&iacute;a
+conseguido de la gentil duquesa. Otro, desesperado, se hizo pastor
+metodista y fu&eacute; &aacute; evangelizar ciertas islas de Ocean&iacute;a, donde su primer
+serm&oacute;n termin&oacute; en hoguera y fest&iacute;n de can&iacute;bales. Esta dama empeque&ntilde;ecida
+por los a&ntilde;os, gorda y de mejillas rojas y brillantes como manzanas, ha
+cazado el tigre en Asia, el hipop&oacute;tamo y el le&oacute;n en &Aacute;frica, tiene un
+yate que es casi un trasatl&aacute;ntico, en el que ha vivido a&ntilde;os enteros, y
+no encuentra en toda la superficie del globo un lugar que tiente su
+curiosidad.</p>
+
+<p>Antes de partir el tren, el empleado del vag&oacute;n sab&iacute;a ya el motivo que ha
+arrancado &aacute; la duquesa de su castillo cerca de Londres, haci&eacute;ndola
+atravesar Par&iacute;s de estaci&oacute;n &aacute; estaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Va &aacute; Brindis&mdash;me ha dicho&mdash;para recibir el cad&aacute;ver de su nieto, un
+aviador que acaba de morir en los Dardanelos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Algo entrada la ma&ntilde;ana salgo al pasillo. Los vidrios de las ventanas
+est&aacute;n opacos &aacute; causa del frio exterior. Por los regueros que traza el
+vaho al licuarse se ven monta&ntilde;as alt&iacute;simas y blancas, bosques de hayas
+encaperuzadas de algod&oacute;n, caser&iacute;os que tienen gruesos planos nos de
+nieve sobre las vertientes de sus tejados. Estamos atravesando la Saboya
+francesa; subimos, con bruscas alternativas de lobreguez de t&uacute;nel y
+picante luz de nieve, las laderas de los Alpes. Nos aproximamos &aacute;
+Italia.</p>
+
+<p>El viejo habla con la dama de compa&ntilde;&iacute;a, que parece humanizada por la
+emoci&oacute;n. Tiene a&uacute;n en la mano la carta mugrienta y tr&aacute;gica, que acaba de
+leer una vez m&aacute;s.</p>
+
+<p>Cuando vuelvo de tomar el desayuno en el vag&oacute;n-restor&aacute;n, le encuentro
+solo. Me habla de la gran dama, que ocupa todo un departamento, y de su
+acompa&ntilde;ante, que viaja con tanto desahogo como la se&ntilde;ora. &iexcl;El dinero
+que debe tener esta duquesa!... Y sin embargo, sufre lo mismo que &eacute;l:
+m&aacute;s a&uacute;n tal vez. &Eacute;l tiene su hija, los hijos de su hija, y los tres
+ni&ntilde;os que ha dejado el h&eacute;roe obscuro cuya carta lee &aacute; todos. La gran
+se&ntilde;ora no tiene &aacute; nadie en la tierra. Su nieto era el &uacute;nico heredero de
+su nombre y su fortuna. Las pair&iacute;as, los millones, van &aacute; pasar &aacute; lejanos
+parientes.</p>
+
+<p>Me se&ntilde;ala una gran caja de cart&oacute;n que ocupa derecha todo el espacio
+entre dos puertas. La ha entreabierto poco antes la dama de compa&ntilde;&iacute;a.
+Contiene una corona que cubrir&aacute; en Brindis el f&eacute;retro del aviador al ser
+descendido &aacute; tierra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una maravilla!&mdash;dice&mdash;. La ha comprado en Londres esa se&ntilde;ora alta y
+enjuta. Hay en ella palmas y flores, muchas flores, que parecen de
+verdad. Se podr&iacute;a adornar con ellas un centenar de sombreros de precio.</p>
+
+<p>El antiguo obrero &laquo;consciente&raquo; reaparece &aacute; trav&eacute;s de esta admiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, el dinero!... Hasta en la muerte nos separa. &iexcl;Y pensar que cuando
+yo visito &aacute; mi pobrecito hijo s&oacute;lo puedo llevarle ramos de violetas de &aacute;
+diez c&eacute;ntimos!...</p>
+
+<p>Veo &aacute; la duquesa al pasar ante la puerta de su camarote. Est&aacute; erguida en
+su asiento, con la capota blanca y negra, de la que pende un largo velo,
+enguantada, r&iacute;gida, lo mismo que la vi en la noche anterior, como si no
+hubiese dormido. Contempla el nevado paisaje que pasa veloz por las
+ventanillas; pero su pensamiento se halla lejos.</p>
+
+<p>Me entrego &aacute; la lectura, y de pronto me distrae un rumor de voces en el
+departamento inmediato. Es el empleado que habla y la duquesa que habla
+igualmente. Adivino fragmentos de la carta del pobre muerto: &laquo;Confianza,
+pap&aacute;. A&uacute;n quedan para nosotros d&iacute;as felices....&raquo; La curiosidad me hace
+transitar por el pasillo. El viejo est&aacute; de pie, con la gorra puesta,
+como corresponde &aacute; un hombre que viste uniforme. La gran se&ntilde;ora ha
+perdido el arrebol de su fresca vejez; amarillea, se lleva &aacute; los ojos
+las puntas de un guante. Tal vez es ella la que ha llamado al hombre, al
+conocer su historia por el relato de su acompa&ntilde;ante; tal vez el viejo se
+ha introducido en su camarote, con el atrevimiento del dolor.</p>
+
+<p>Vuelvo &aacute; o&iacute;r desde mi asiento el rumor de sus voces. Ahora es la duquesa
+la que lee, lentamente, con las vacilaciones que acompa&ntilde;an &aacute; una
+traducci&oacute;n. Tiene en las manos la &uacute;ltima carta de su nieto; y el
+empleado, que no puede llorar, lanza ronquidos de pena cuando la voz de
+la duquesa hace una pausa. Su entusiasmo y su dolor ignoran la manera
+correcta de manifestarse: &laquo;&iexcl;Nombre de Dios, qu&eacute; mozo!... Y pensar que
+estos son los que mueren, y quedamos nosotros, se&ntilde;ora, que no servimos
+para nada.&raquo;</p>
+
+<p>Vuelvo &aacute; pasar ante la puerta abierta. El viejo se ha sentado junto &aacute; la
+gran dama, que llora en silencio. Sus manazas toman instintivamente, sin
+saber lo que hacen, la diestra enguantada y fina, oprimi&eacute;ndola
+cari&ntilde;osamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, se&ntilde;ora duquesa!...</p>
+
+<p>La voz suena respetuosa y t&iacute;mida, pero sus manos y sus ojos son
+confianzudos y tiernos. Habla con ella lo mismo que si fuese una comadre
+llorosa de su barrio, abrumada por una noticia fatal. Decididamente la
+guerra ha trastornado todas las organizaciones. Los socialistas son
+ministros y los viejos obreros revolucionarios acarician las manos de
+las duquesas que lloran. Nos aproximamos &aacute; la frontera italiana. Veo el
+chamberguito con pluma de gallo y el ferreruelo gris de los cazadores
+alpinos. El tren refrena su marcha ante las primeras casas de la
+estaci&oacute;n de Mod&agrave;ne. Vamos &aacute; cambiar de vag&oacute;n. El empleado, con un
+esfuerzo doloroso, vuelve &aacute; la realidad y corre de un lado &aacute; otro para
+devolver sus billetes &aacute; los pasajeros. Yo le doy cinco francos. &laquo;Muchas
+gracias.&raquo; Y me abandona, sin bajar siquiera las maletas que est&aacute;n en la
+cornisa de red. Los oficiales brit&aacute;nicos no le dan nada. El ingl&eacute;s
+supone que cada hombre recibe la recompensa de su trabajo, y no quiere
+ofenderle con una limosna llamada propina. Las condesas de las m&uacute;ltiples
+coronas le entregan con gesto teatral una pieza de dos liras, y &eacute;l se la
+guarda sin mirarla. Toda su atenci&oacute;n est&aacute; concentrada en el servicio de
+la duquesa. Llama &aacute; los mozos de la estaci&oacute;n, les va pasando los bultos
+del equipaje, desciende al muelle para vigilar c&oacute;mo los apilan en una
+carretilla. La gran se&ntilde;ora se aproxima para decirle adi&oacute;s, y &eacute;l le
+estrecha la mano, ante los ojos escandalizados de la acompa&ntilde;ante.</p>
+
+<p>Algo siente entre los dedos que le estremece y le hace mirar su mano. La
+duquesa conoce la parsimonia de su acompa&ntilde;ante, encargada de los
+peque&ntilde;os desembolsos, y es ella la que da la propina. &iexcl;Cien francos!...
+El viejo duda ante el billete, ve &aacute; los nietos, ve &aacute; su hija que trabaja
+del amanecer &aacute; media noche, pero luego lo rechaza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, no, se&ntilde;ora duquesa!</p>
+
+<p>&Eacute;l es de su mundo, y su mundo tiene reglas de hidalgu&iacute;a y buena
+educaci&oacute;n como cualquiera otro. A nosotros pueden tomarnos el dinero;
+somos extranjeros que pasan indiferentes junto &aacute; su persona. Pero no
+aceptar&aacute; un c&eacute;ntimo por servir &aacute; un camarada, &aacute; un amigo con el que ha
+chocado el vaso. Y &eacute;l ha bebido con la gran se&ntilde;ora; han saboreado juntos
+el vino de la tristeza y del consuelo, han tocado sus copas rebosantes
+de dolor. Adivina ella estos sentimientos confusos con su delicadeza de
+alta dama, y no insiste, volviendo &aacute; guardarse el billete. Habla en
+ingl&eacute;s, y su acompa&ntilde;ante, con visible molestia, toma de la carretilla
+una gran caja de cart&oacute;n, la corona admirada, y se la entrega al viejo.</p>
+
+<p>&mdash;Para su hijo, para la tumba del h&eacute;roe.</p>
+
+<p>Y se aleja majestuosa &aacute; pesar de su ancianidad, marchando por el and&eacute;n
+como si fuese una galer&iacute;a de la corte.</p>
+
+<p>El empleado queda al pie del vag&oacute;n, con los brazos ocupados por la caja,
+sufriendo la verg&uuml;enza de no poder ocultar sus l&aacute;grimas, que se deslizan
+hasta el duro bigote.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora duquesa!... &iexcl;Ah, se&ntilde;ora duquesa!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LOS_CUATRO_HIJOS_DE_EVA" id="LOS_CUATRO_HIJOS_DE_EVA"></a><a href="#capitulos">LOS CUATRO HIJOS DE EVA</a></h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>I</h2>
+
+
+<p>Iba &aacute; terminar la siega en la gran estancia argentina llamada &laquo;La
+Nacional&raquo;. Los hombres venidos de todas partes para recoger la cosecha
+hu&iacute;an del amontonamiento en las casas de los peones y en las
+dependencias donde estaban guardadas las m&aacute;quinas de labranza con los
+fardos de alfalfa seca. Prefer&iacute;an dormir al aire libre, teniendo por
+almohada el saco que conten&iacute;a todos sus bienes terrenales y les hab&iacute;a
+acompa&ntilde;ado en sus peregrinaciones incesantes.</p>
+
+<p>Se encontraban all&iacute; hombres de casi todos los pa&iacute;ses de Europa. Algunos
+eternos vagabundos se hab&iacute;an lanzado &aacute; correr la tierra entera para
+saciar su sed de aventuras, y estaban temporalmente en la pampa
+argentina, unos cuantos meses nada m&aacute;s, antes de trasladar su existencia
+inquieta &aacute; la Australia &oacute; al Cabo de Buena Esperanza. Otros, simples
+labriegos, espa&ntilde;oles &oacute; italianos, hab&iacute;an atravesado el Atl&aacute;ntico
+atra&iacute;dos por la estupenda novedad de ganar seis pesos diarios por el
+mismo trabajo que en su pa&iacute;s era pagado con unos cuantos c&eacute;ntimos.</p>
+
+<p>Los m&aacute;s de los segadores pertenec&iacute;an &aacute; la clase de emigrantes que los
+propietarios argentinos llaman &laquo;golondrinas&raquo;; p&aacute;jaros humanos que cada
+a&ntilde;o, cuando las primeras nieves cubren el suelo de su pa&iacute;s, abandonan
+las costas de Europa, levantando el vuelo hacia el clima m&aacute;s c&aacute;lido del
+hemisferio meridional. Trabajan duramente verano y oto&ntilde;o, y cuando el
+viento pampero empieza &aacute; azotar las llanuras, asustados por la
+proximidad del invierno, regresan &aacute; los lugares de procedencia, donde la
+tierra empieza &aacute; despertar entonces bajo las primeras caricias
+primaverales.</p>
+
+<p>Cada a&ntilde;o vuelven, apretados como un reba&ntilde;o en la proa de los mugrientos
+vapores de emigrantes, para trabajar en las estancias y reunir sus
+econom&iacute;as, so&ntilde;ando incesantemente con el lejano pa&iacute;s. Parecen resbalar
+sobre el suelo de la Rep&uacute;blica Argentina, sin hacer el menor esfuerzo
+para arraigarse en &eacute;l. Una vez terminada la recolecci&oacute;n, huyen, llevando
+en la faja el producto de su trabajo y dispuestos &aacute; volver al a&ntilde;o
+siguiente.</p>
+
+<p>La hora de la cena era el mejor momento de la jornada para los segadores
+de &laquo;La Nacional&raquo;. Se reun&iacute;an en grupos, atra&iacute;dos por el v&iacute;nculo del
+origen com&uacute;n &oacute; por el encanto personal de la simpat&iacute;a. Cenaban al aire
+libre, sentados en el suelo alrededor de la marmita humeante. Aunque las
+noches fuesen c&aacute;lidas, encend&iacute;an hogueras, buscando la protecci&oacute;n de las
+llamas y del humo contra los feroces mosquitos, dominadores de la
+llanura.</p>
+
+<p>Algunos segadores que pose&iacute;an un poder instintivo de dominaci&oacute;n trataban
+&aacute; sus camaradas como jefes. Dentro de estos grupos que, procedentes de
+diversos lugares de la tierra, hab&iacute;an venido &aacute; juntarse en un rinc&oacute;n de
+la Am&eacute;rica del Sur, todos los procedimientos de selecci&oacute;n social y las
+lentas evoluciones que modelan &aacute; un pueblo se realizaban en pocos d&iacute;as.
+Los que hab&iacute;an nacido para el mando &oacute; los que se distingu&iacute;an de sus
+camaradas por cualquier don especial se elevaban r&aacute;pidamente sobre
+ellos. Unos eran respetados por su coraje, otros por su palabra
+oratoria, otros por su experiencia.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Correa, un vejete enjuto, descarnado, pero todav&iacute;a fuerte &aacute; pesar
+de su edad, era el or&aacute;culo de los segadores espa&ntilde;oles. Su conocimiento
+profundo de los hombres, sus consejos astutos, su larga familiaridad con
+la Rep&uacute;blica Argentina, donde trabajaba hac&iacute;a treinta a&ntilde;os, le
+proporcionaban una s&oacute;lida reputaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Era una especie de patriarca para sus compatriotas&mdash;especialmente para
+los reci&eacute;n llegados&mdash;, y &eacute;l se aprovechaba de tal prestigio escogiendo
+el mejor lugar cerca del caldero, cuando llegaba la hora de la cena, y
+el rinc&oacute;n m&aacute;s c&oacute;modo para dormir. Tambi&eacute;n elud&iacute;a los trabajos pesados,
+confi&aacute;ndoselos &aacute; alguno de sus fervientes admiradores.</p>
+
+<p>Un anochecer, despu&eacute;s de la cena, el t&iacute;o Correa, sentado en el suelo,
+contemplaba su plato de metal ya vacio, dando chupadas al mismo tiempo &aacute;
+un cigarro que se resist&iacute;a &aacute; arder.</p>
+
+<p>Su camisa entreabierta dejaba &aacute; la vista la desnudez de un pecho
+cubierto de espesa pelambrera gris. En torno de &eacute;l, unos veinticinco
+segadores espa&ntilde;oles formaban corro sentados en el suelo, y los &uacute;ltimos
+fulgores de la hoguera se reflejaban en sus rostros barnizados por la
+causticidad del sol.</p>
+
+<p>Algunas estrellas empezaban &aacute; titilar sobre la p&uacute;rpura de un cielo
+ensangrentado por el ocaso. Los campos se extend&iacute;an p&aacute;lidos, con los
+contornos esfumados por la incierta luz del anochecer. Los hab&iacute;a que
+estaban ya segados y exhalaban por sus heridas todav&iacute;a abiertas el calor
+almacenado en su seno. Otros conservaban su onduloso manto de espigas,
+que empezaba &aacute; estremecerse bajo los primeros soplos de la brisa
+nocturna. Las m&aacute;quinas agr&iacute;colas se destacaban sobre el rojo sombr&iacute;o del
+horizonte como animales monstruosos que empezasen &aacute; surgir de las
+profundidades de la noche. Los tractores autom&oacute;viles y las trilladoras
+parec&iacute;an tomar en la obscuridad creciente los mismos contornos de los
+seres gigantescos que hab&iacute;an corrido por estas llanuras en los tiempos
+prehist&oacute;ricos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, hijos m&iacute;os!&mdash;dijo el t&iacute;o Correa quej&aacute;ndose de un persistente
+dolor en sus articulaciones&mdash;. &iexcl;Lo que ha de trabajar y sufrir un hombre
+para ganarse el pan de cada d&iacute;a!...</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esta lamentaci&oacute;n sigui&oacute; hablando, en medio de un profundo
+silencio. Todos los ojos estaban fijos en &eacute;l. Sus compatriotas esperaban
+un cuento divertido que les hiciera reir &oacute; una historia interesante que
+les obligase &aacute; estirar el cuello con asombro y curiosidad, hasta la hora
+de acostarse. Pero en la presente noche el viejo se mostraba taciturno y
+m&aacute;s dispuesto &aacute; las lamentaciones que &aacute; distraer &aacute; camaradas.</p>
+
+<p>&mdash;Y siempre ser&aacute; as&iacute;&mdash;continu&oacute;&mdash;. El mal no tiene remedio. Siempre habr&aacute;
+ricos y pobres, y los que han nacido para servir &aacute; los otros tienen que
+resignarse con su triste suerte. Bien lo dec&iacute;a mi abuela, y eso que fu&eacute;
+mujer. Eva es la que tiene la culpa de la falta de igualdad que hay en
+el mundo, y los que pasamos la vida rabiando para servir y engordar &aacute;
+los otros debemos maldecir &aacute; la primera mujer por la esclavitud &aacute; que
+nos conden&oacute;. Pero &iquest;qu&eacute; cosa mala no han hecho las mujeres?</p>
+
+<p>El deseo de quejarse que sent&iacute;a esta noche le hizo recordar &aacute; un espa&ntilde;ol
+llevado por la ma&ntilde;ana al pueblo m&aacute;s pr&oacute;ximo, &oacute; sea &aacute; treinta kil&oacute;metros
+de la estancia, para que lo curasen. Uno de sus brazos hab&iacute;a sido
+alcanzando por el engranaje de una trilladora, sufriendo una
+trituraci&oacute;n horrible. El infeliz iba &aacute; quedar mutilado para siempre,
+arrastrando una vida de miserias y privaciones.</p>
+
+<p>El recuerdo de tal suceso aument&oacute; la inquietud y la tristeza de los que
+escuchaban &aacute; Correa; pero como si &eacute;ste se arrepintiese del silencio
+tr&aacute;gico que pesaba en torno de &eacute;l, se apresur&oacute; &aacute; a&ntilde;adir:</p>
+
+<p>&mdash;Es una v&iacute;ctima m&aacute;s de la injusticia de nuestra abuela. Eva es la &uacute;nica
+responsable de que las cosas marchen tan mal en nuestro mundo.</p>
+
+<p>Y como sus camaradas, especialmente los que le conoc&iacute;an poco tiempo,
+mostraban un vehemente deseo de saber por qu&eacute; motivo era Eva la
+responsable de sus desgracias, el viejo empez&oacute; &aacute; contar &aacute; su modo la
+mala broma que la primera mujer se hab&iacute;a permitido con los hombres.</p>
+
+<p>El t&iacute;o Correa ten&iacute;a &laquo;sus letras&raquo;. En su pa&iacute;s natal llevaba ejercidas
+diversas profesiones, mostr&aacute;ndose siempre un incansable lector de
+diarios. Adem&aacute;s, hab&iacute;a asistido &aacute; muchas reuniones pol&iacute;ticas y trabajado
+en las elecciones, pronunciando discursos &aacute; su modo en las tabernas del
+pueblo.</p>
+
+<p>Lo que iba &aacute; contar ahora no era un cuento. Se trataba de un &laquo;sucedido&raquo;,
+aunque extremadamente remoto, pues ocurri&oacute; algunos a&ntilde;os despu&eacute;s que Ad&aacute;n
+y Eva fueron expulsados del Para&iacute;so y condenados &aacute; ganar el pan con el
+sudor de su rostro....</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo hubo de trabajar el pobre Ad&aacute;n!... El t&iacute;o Correa fu&eacute; enumerando
+todas las cosas que el primer hombre se vi&oacute; obligado &aacute; improvisar para
+cumplir sus obligaciones de padre de familia. En unos cuantos d&iacute;as tuvo
+que hacer de alba&ntilde;il, de carpintero y de cerrajero, construyendo una
+casa para albergar &aacute; Eva y &aacute; sus hijos.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s hubo de domesticar &aacute; muchos animales, para que su trabajo
+resultase m&aacute;s f&aacute;cil y su nutrici&oacute;n m&aacute;s abundante. Enganch&oacute; al caballo,
+puso el yugo al buey, persuadi&oacute; &aacute; la vaca de que deb&iacute;a permanecer quieta
+en un establo y dejarse orde&ntilde;ar resignadamente; tambi&eacute;n logr&oacute; convencer
+&aacute; la gallina y al cerdo de que les conven&iacute;a vivir cerca del hombre, para
+que &eacute;ste pudiera matarlos c&oacute;modamente cada vez que le apeteciese
+alimentarse con sus despojos.</p>
+
+<p>&mdash;Y adem&aacute;s&mdash;continu&oacute; el segador&mdash;, Ad&aacute;n tuvo que desmontar las tierras
+v&iacute;rgenes antes de cultivarlas, y echar abajo &aacute;rboles inmensos, y todo lo
+hizo con herramientas de madera y de piedra inventadas por &eacute;l. No
+olvid&eacute;is, hijos m&iacute;os, que en esa &eacute;poca, Ca&iacute;n, que es el primer herrero
+de que habla la Historia, estaba todav&iacute;a dando chupones &aacute; los pechos de
+su madre....</p>
+
+<p>Como el hombre no vive s&oacute;lo de pan y las golosinas son las que hacen la
+vida agradable, Ad&aacute;n prest&oacute; m&aacute;s atenci&oacute;n &aacute; su huerto, donde crec&iacute;an los
+primeros &aacute;rboles frutales, que &aacute; los campos, donde cultivaba otros
+art&iacute;culos m&aacute;s s&oacute;lidos &eacute; importantes para la nutrici&oacute;n. El t&iacute;o Correa,
+excitado por los recuerdos de su pa&iacute;s en esta pampa mon&oacute;tona, donde s&oacute;lo
+hay trigo y carne, iba mencionando los &aacute;rboles de dulces frutos que
+embellecieron el primer huerto creado por el hombre. Describ&iacute;a la
+higuera, de hojas puntiagudas como manos abiertas, cuyo tronco rugoso y
+gris parece forrado con piel de elefante, y que en las ma&ntilde;anas de sol
+deja caer de rama en rama un fruto que, al aplastarse en el suelo, abre
+sus entra&ntilde;as rojas y granuladas. Hab&iacute;a tambi&eacute;n en dicho huerto el
+naranjo, con su perfume de amor y sus redondas c&aacute;psulas de miel
+encerradas en esferas de oro; y las diversas clases de melocotones, y el
+pl&aacute;tano, y el mel&oacute;n, que vive junto al suelo para absorber mejor sus
+jugos, concentr&aacute;ndolos en una carne de dulce marfil.</p>
+
+<p>A veces Ad&aacute;n recordaba el manzano del Para&iacute;so y la serpiente enrollada &aacute;
+su tronco que hab&iacute;a dado consejos &aacute; su mujer, inspir&aacute;ndole est&uacute;pidos
+deseos. Pero al contemplar luego su huerto, se encog&iacute;a de hombros. La
+obra de sus manos le parec&iacute;a m&aacute;s firme y de mayor porvenir que la
+creaci&oacute;n improvisada del Para&iacute;so.</p>
+
+<p>&mdash;Pod&iacute;a sentirse orgulloso de su obra&mdash;continu&oacute; el viejo&mdash;, pero su
+trabajo le costaba. Habr&iacute;ais sentido l&aacute;stima al verle tan consumido.
+S&oacute;lo le quedaban los huesos y la piel, despu&eacute;s de tantos esfuerzos.
+Parec&iacute;a tener dos siglos m&aacute;s que su edad. En cambio, Eva pod&iacute;a pasar por
+su biznieta.</p>
+
+<p>Esto &uacute;ltimo no sorprend&iacute;a al t&iacute;o Correa. En sus andanzas, hab&iacute;a viajado
+por los pa&iacute;ses m&aacute;s adelantados y modernos, observando muchas veces que
+el marido trabaja con una intensidad extraordinaria, pasando el d&iacute;a
+fuera de su domicilio en lucha &aacute;spera por conquistar el dinero, mientras
+la mujer se queda en su sal&oacute;n tocando el piano y recibiendo visitas. Y
+como resultado de esta desigualdad en el trabajo, las mujeres parecen
+las hijas de sus esposos, y &eacute;stos mueren, generalmente, mucho antes que
+ellas.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; verdaderamente qui&eacute;n muri&oacute; antes, si Eva &oacute; Ad&aacute;n&mdash;continu&oacute; el
+viejo&mdash;; pero apostar&iacute;a, sin miedo &aacute; perder, que fu&eacute; el pobre Ad&aacute;n. Eva
+debi&oacute; sobrevivirle, siendo una viuda rica de las que saben administrar
+sus bienes; y as&iacute; vivir&iacute;a mucho tiempo, amada y respetada por sus hijos,
+para que no los excluyese del testamento.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre Ad&aacute;n!... A veces su cansancio era tan grande despu&eacute;s del trabajo,
+que le faltaba la respiraci&oacute;n y tomaba asiento en el umbral de su casa,
+para reposar un poco.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a pasado el d&iacute;a entero cavando la tierra &oacute; domando el caballo
+salvaje y el toro feroz. Sent&iacute;a un fuerte deseo de contemplar &aacute; su Eva
+unos instantes; el mismo deseo que sienten muchos de adorar &aacute; los seres
+que los maltratan; la admiraci&oacute;n irresistible que nos inspira todo lo
+que nos cuesta muy caro. &iquest;Y esta mujer no le hab&iacute;a costado el
+Para&iacute;so?...</p>
+
+<p>Eva parec&iacute;a siempre hermosa, &aacute; pesar de que daba al mundo un ni&ntilde;o todos
+los a&ntilde;os, y &aacute; veces dos. No pod&iacute;a hacer menos, teniendo la misi&oacute;n de
+poblar la tierra entera.</p>
+
+<p>Apenas Ad&aacute;n, sentado en el umbral de la puerta, se enjugaba el sudor de
+la frente y empezaba &aacute; gustar la dulce voluptuosidad del reposo, cuando
+la voz de Eva le arrancaba de este deleite fugitivo.</p>
+
+<p>&mdash;Oye, Ad&aacute;n: ya que no tienes nada que hacer, pod&iacute;as entretenerte
+poniendo la mesa.</p>
+
+<p>Otras veces Eva se mostraba injusta y cruel.</p>
+
+<p>&mdash;Ad&aacute;n, l&aacute;vame los platos. Es una verg&uuml;enza que est&eacute;s ah&iacute;, mano sobre
+mano, mientras yo me mato de trabajar.</p>
+
+<p>Pero en ciertas ocasiones tomaba el tono de una s&uacute;plica dulce y
+acariciante.</p>
+
+<p>&mdash;Oye, maridito m&iacute;o: t&uacute; que eres tan bueno, &iquest;por qu&eacute; no das un paseo al
+beb&eacute; en su cochecito? El &uacute;ltimo que ha nacido, &iquest;sabes? el que lleva el
+n&uacute;mero setenta y dos. Ya ves, alma m&iacute;a, que, sola como estoy, no puedo
+llegar &aacute; cuidarlos &aacute; todos.</p>
+
+<p>Y el trabajador infatigable, procreador de un mundo entero, deb&iacute;a poner
+la mesa, lavar los platos y pasear al reci&eacute;n nacido en un cochecito de
+su invenci&oacute;n.</p>
+
+<p>Eva trabajaba igualmente. No era floja labor limpiar los mocos, todas
+las ma&ntilde;anas, &aacute; siete docenas de ni&ntilde;os, lavarlos y ponerlos &aacute; secar al
+sol, &eacute; impedir que se peleasen entre ellos hasta la hora del almuerzo.
+Pero su vida estaba agriada por otras preocupaciones.</p>
+
+<p>Al encontrarse fuera del Para&iacute;so, sinti&oacute; inmediatamente los primeros
+tormentos del pudor y de la verg&uuml;enza. Su larga cabellera ya no le
+pareci&oacute; bastante para ocultar su desnudez, como en los tiempos en que no
+hab&iacute;a escuchado a&uacute;n &aacute; la maligna serpiente. Vi&eacute;ndose en el mundo vulgar,
+como simple mujer de labrador, despu&eacute;s de haber sido primera dama en el
+Para&iacute;so, tuvo que hacerse &aacute; toda prisa un manto de hojas secas que la
+protegiese del fr&iacute;o y le permitiera mostrarse con un aspecto de persona
+decente ante los seres celestiales.... Pero &iquest;c&oacute;mo puede una se&ntilde;ora tener
+buen aspecto llevando siempre el mismo vestido?... Esto equival&iacute;a,
+adem&aacute;s, &aacute; colocarse al mismo nivel de los animales inferiores, que desde
+que nacen hasta que mueren llevan siempre el mismo pelaje, las mismas
+plumas &oacute; el mismo caparaz&oacute;n.</p>
+
+<p>Eva era un ser razonable, capaz de las infinitas variaciones que forman
+el progreso, y por esto se dedic&oacute; &aacute; perfeccionar el arte del
+embellecimiento de su persona.</p>
+
+<p>Con el noble deseo de sostener la superioridad humana sobre los dem&aacute;s
+seres creados, se hizo un vestido nuevo todos los d&iacute;as. Esta resoluci&oacute;n
+no era dictada por la vanidad, ni por el fr&iacute;volo deseo de gustar &aacute; los
+hombres &oacute; de hacer rabiar &aacute; las amigas, como han pretendido despu&eacute;s
+algunos fil&oacute;sofos malhumorados.</p>
+
+<p>Eva puso &aacute; contribuci&oacute;n para su adorno todos los recursos de la
+Naturaleza: las fibras de las plantas, las pieles de los cuadr&uacute;pedos,
+las cortezas de los &aacute;rboles, las plumas de los p&aacute;jaros, las piedras
+brillantes &oacute; coloreadas que la tierra vomita en sus accesos de c&oacute;lera.</p>
+
+<p>La tarea de inventar nuevos vestidos y adornos fu&eacute; tan importante para
+ella y de tal modo dese&oacute; la novedad y la variedad, que la vida cambi&oacute;
+completamente en la granja de Ad&aacute;n. Los hijos no vieron &aacute; su madre en
+muchas horas, y &aacute; veces durante jornadas enteras. Los peque&ntilde;os se
+revolcaban en el suelo, cubiertos de una costra de suciedad, mientras
+los mayores re&ntilde;&iacute;an &aacute; pu&ntilde;etazos para dominarse unos &aacute; otros, &oacute; golpeaban
+&aacute; los hermanos d&eacute;biles que se resist&iacute;an &aacute; servirles de esclavos.</p>
+
+<p>A veces la tribu entera se pon&iacute;a de acuerdo para saquear la despensa
+paternal, devorando en unas cuantas horas todas las provisiones que Ad&aacute;n
+hab&iacute;a almacenado para una semana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mam&aacute;! &iexcl;Mam&aacute;!...</p>
+
+<p>Un coro de voces infantiles estallaba en el interior de la casa, como si
+implorase socorro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Callad, demonios! Dejadme en paz. Es imposible tener un rato de
+tranquilidad en esta casa.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de imponer silencio con voz amenazante, Eva reanudaba el curso
+de sus meditaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos: &iquest;qu&eacute; tal resultar&iacute;a una capa de piel de pantera con cuello de
+plumas de lorito, y un sombrero de cortezas adornado con rosas y rabos
+de mono?...</p>
+
+<p>Su imaginaci&oacute;n no se cansaba de concebir las m&aacute;s prodigiosas creaciones
+para el ornato de su persona. Luchaba entre el deseo de mostrar los
+ocultos tesoros de su belleza y un sentimiento de modestia y de pudor
+propio de una madre.</p>
+
+<p>Cuando se decid&iacute;a por una falda corta que apenas le llegaba &aacute; las
+rodillas, inventaba inmediatamente, &aacute; guisa de compensaci&oacute;n, unas mangas
+muy largas y un cuello que sub&iacute;a hasta sus orejas. Si, en un acceso de
+coqueter&iacute;a audaz, creaba un traje de ceremonia, sin mangas y muy
+escotado, buscaba inmediatamente volver &aacute; la virtud, fabric&aacute;ndose una
+falda que le cubr&iacute;a la punta de los pies y arrastraba la cola sobre el
+suelo, con un fru-fru semejante al ruido oto&ntilde;al de las hojas secas.</p>
+
+<p>Mientras tanto, Ad&aacute;n iba casi desnudo, mostrando sus verg&uuml;enzas de puro
+pobre. Su ropero s&oacute;lo conten&iacute;a unas cuantas pieles de oveja viejas y
+rotas que estaban esperando una recomposici&oacute;n. Pero la mujer, ocupada en
+sus fantas&iacute;as suntuarias, no encontraba nunca media hora libre para este
+remiendo.</p>
+
+<p>El primer hombre mostraba una viva admiraci&oacute;n por las transformaciones
+continuas que iba notando en Eva. Una ma&ntilde;ana su cabellera ostentaba el
+rojo ardiente del mediod&iacute;a; &aacute; la ma&ntilde;ana siguiente ten&iacute;a el oro suave de
+la aurora; dos d&iacute;as despu&eacute;s sus cabellos mostraban la negrura profunda
+de la noche. Ciertas tardes ven&iacute;a al encuentro de Ad&aacute;n con una falda
+voluminosa, casi esf&eacute;rica desde el talle &aacute; los pies, y tan ancha, que le
+era dif&iacute;cil pasar la puerta. Pero como la moda est&aacute; formada de cambios
+bruscos y contrastes violentos, al d&iacute;a siguiente mostraba una segunda
+falda, tan estrecha y ajustada como la funda de un espad&iacute;n, y apenas si
+pod&iacute;a marchar, saltando lo mismo que un p&aacute;jaro.</p>
+
+<p>Su rostro tambi&eacute;n pasaba por estas extremadas transformaciones. A lo
+mejor estaba p&aacute;lida, con la blancura del polvo de los caminos, cual s&iacute;
+acabase de sufrir una emoci&oacute;n mortal; otras veces sus mejillas eran tan
+rojas que parec&iacute;an reflejar el fuego del sol poniente.</p>
+
+<p>Ad&aacute;n se sent&iacute;a feliz al contemplarla, &aacute; pesar de que ella lo maltrataba
+lo mismo que antes, oblig&aacute;ndole &aacute; desempe&ntilde;ar muchas funciones dom&eacute;sticas
+cuando ven&iacute;a cansado del trabajo en los campos. El pobre, gracias &aacute; tan
+costosas transformaciones, cre&iacute;a tener una mujer nueva cada veinticuatro
+horas.</p>
+
+<p>Eva, en cambio, se aburr&iacute;a, con un tedio mortal. &iquest;Para qu&eacute; adornarse
+tanto, si ning&uacute;n otro ser humano, aparte de su marido, pod&iacute;a verla?...
+Sin embargo, estaba convencida de que era la admiraci&oacute;n de todo cuanto
+le rodeaba.</p>
+
+<p>Su vanidad hab&iacute;a acabado por hacerla entender el lenguaje de los
+animales y de las cosas, incomprensible hasta entonces para las
+personas.</p>
+
+<p>Cada vez que sal&iacute;a de su casa, la selva entera se animaba con un
+murmullo de curiosidad femenil; los p&aacute;jaros dejaban de volar, los
+cuadr&uacute;pedos se deten&iacute;an en mitad de sus carreras locas, y los peces
+sacaban la cabeza sobre la superficie de r&iacute;os y estanques.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos lo que ha inventado hoy para imitarnos&mdash;gritaban los loros y
+los monos insolentes desde lo alto de los &aacute;rboles.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muy bien, hija m&iacute;a!&mdash;aprobaba el elefante con lentos movimientos de
+su trompa y el toro agitando su armado testuz.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Venid &aacute; ver la &uacute;ltima creaci&oacute;n de Eva!&mdash;piaban millares de p&aacute;jaros en
+el follaje.</p>
+
+<p>Esta ovaci&oacute;n de la Naturaleza, que en los primeros d&iacute;as hizo enrojecer
+de orgullo &aacute; nuestra primera madre, fu&eacute; acogida finalmente con
+indiferencia por ella. Era el aplauso de una muchedumbre inferior, y Eva
+aspiraba &aacute; la aprobaci&oacute;n de sus iguales. La &uacute;nica persona &iexcl;ay! que pod&iacute;a
+admirar los inventos y los matices de su buen gusto era su marido; y un
+marido es un ser respetable que merece cierta atenci&oacute;n, sobre todo
+cuando mantiene la casa, pero resulta rid&iacute;culo que las mujeres se vistan
+para no ser admiradas mas que por sus esposos. Es como si un poeta
+hiciese sus versos &uacute;nicamente para leerlos &aacute; los individuos de su
+familia.</p>
+
+<p>No; la mujer es una artista, y como todos los artistas, necesita un
+p&uacute;blico grande, inmenso, &aacute; quien inspirar la admiraci&oacute;n y el deseo,
+aunque no piense ni remotamente en satisfacer ese deseo.... Y como no
+hab&iacute;a en el mundo otro hombre que su marido, y &eacute;ste le interesaba muy
+poco, Eva empez&oacute; &aacute; pensar en los bienaventurados que habitan el cielo y
+muchas veces hab&iacute;an ido &aacute; hacerle visitas cuando ella ocupaba el
+Para&iacute;so.</p>
+
+<p>Al llegar aqu&iacute;, el t&iacute;o Correa interrumpi&oacute; su relato para dar una
+explicaci&oacute;n que consideraba necesaria.</p>
+
+<p>Como Dios es un rey, los que le rodean se esfuerzan por imitar &aacute; los
+cortesanos terrenales, adoptando todos los sentimientos y las pasiones
+de su regio amo con m&aacute;s firmeza que &eacute;ste. Apenas el Omnipotente
+manifest&oacute; su c&oacute;lera contra Eva y su marido arroj&aacute;ndolos del Para&iacute;so, los
+habitantes del cielo rompieron sus amistades con ella y con Ad&aacute;n,
+retir&aacute;ndoles el saludo y evitando todo encuentro.</p>
+
+<p>A veces, cuando Eva se contemplaba en el cristal de un peque&ntilde;o lago que
+le serv&iacute;a de espejo, o&iacute;a &aacute; sus espaldas un ruido de alas. Era un
+arc&aacute;ngel que iba &aacute; llevar un recado del Se&ntilde;or, cumpliendo sus funciones
+de mensajero celeste.</p>
+
+<p>Eva lo reconoc&iacute;a, se acordaba perfectamente de que le hab&iacute;a sido
+presentado asistiendo &aacute; sus recepciones en el Para&iacute;so. Pero en vano
+tos&iacute;a &oacute; cantaba entre dientes para atraer su atenci&oacute;n, adoptando
+posturas interesantes; el viajero a&eacute;reo se resist&iacute;a &aacute; reconocerla,
+batiendo con apresuramiento sus alas para alejarse lo m&aacute;s pronto
+posible.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De qu&eacute; le sirve &aacute; una ser hermosa y vestir bien, si no recibe visitas
+y est&aacute; condenada &aacute; vivir al margen de la sociedad!&mdash;dec&iacute;a Eva
+amargamente.</p>
+
+<p>Y &aacute; impulsos de su rabia, desgarraba sus trajes m&aacute;s originales apenas
+terminados, buscando adem&aacute;s camorra al pobre Ad&aacute;n, para acusarlo de ser
+el &uacute;nico autor de la p&eacute;rdida del Para&iacute;so.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, t&uacute; fuiste, &iexcl;no lo niegues!&mdash;gritaba ella&mdash;. T&uacute; me hiciste perder
+aquel jard&iacute;n tan agradable y distinguido, con todas mis brillantes
+relaciones. T&uacute; hiciste no s&eacute; qu&eacute; l&iacute;o con la serpiente, excitando la
+c&oacute;lera del Se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Y el pobre Ad&aacute;n s&oacute;lo sab&iacute;a decir, como &uacute;nico remedio expuesto
+t&iacute;midamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si te ocupases un poco m&aacute;s de los ni&ntilde;os! &iexcl;Si dedicases menos tiempo &aacute;
+tus modas!...</p>
+
+<p>Al oir estos consejos vulgares, la indignaci&oacute;n daba &aacute; Eva un lenguaje
+po&eacute;tico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres acaso que vaya desnuda?&mdash;dec&iacute;a con altivez&mdash;. Mira lo que
+hace el viento; es menos interesante que yo, no tiene cuerpo, y sin
+embargo se envuelve en una capa de polvo al correr &aacute; lo largo de los
+caminos y de un manto de hojas secas cuando atraviesa las selvas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>II</h2>
+
+
+<p>De vez en cuando un querub&iacute;n volaba en torno &aacute; la granja, como un palomo
+perdido.</p>
+
+<p>Huyendo por algunas horas de la tarea de hacer gorgoritos en los coros
+celestiales, hab&iacute;a osado descender &aacute; las regiones terrestres, con la
+esperanza de que el Se&ntilde;or le perdonar&iacute;a esta escapada cuando le contase
+lo que hab&iacute;a visto y c&oacute;mo progresaban los negocios de los humanos
+despu&eacute;s del pecado original.</p>
+
+<p>Eva, con sus ojos de mujer curiosa, no tardaba en descubrir la carita
+mofletuda que le estaba espiando medio oculta en las espesuras del
+follaje. Entonces, iniciando una de sus m&aacute;s hermosas sonrisas, lo
+llamaba:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, chiquit&iacute;n, &iquest;vienes de all&aacute; arriba? &iquest;C&oacute;mo est&aacute; el Se&ntilde;or?</p>
+
+<p>Vi&eacute;ndose descubierto, el ni&ntilde;o celestial se aproximaba hasta dejarse caer
+sobre las rodillas de nuestra madre.</p>
+
+<p>El Se&ntilde;or se manten&iacute;a, como siempre, inmutable y magn&iacute;fico.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando le veas&mdash;continuaba Eva&mdash;, dile que estoy muy arrepentida de mi
+desobediencia. &iexcl;Qu&eacute; tiempo tan agradable el que pas&eacute; en el Para&iacute;so! &iexcl;Qu&eacute;
+espl&eacute;ndidas recepciones daba yo all&aacute;! &iexcl;Y qu&eacute; <i>buffet</i> tan
+distinguido!... &iexcl;Ay, las tortas celestiales!...</p>
+
+<p>Una de sus melancol&iacute;as m&aacute;s dolorosas era &aacute; causa de las tortas
+celestiales. Eva lamentaba su p&eacute;rdida tanto como la de la amistad de los
+bienaventurados.</p>
+
+<p>En vano Ad&aacute;n se calentaba la cabeza buscando algo adecuado para
+sustituirlas. Hizo tortas de trigo, que roci&oacute; con la miel de las abejas,
+recientemente subyugadas; sec&oacute; los frutos de la vi&ntilde;a, inventando las
+pasas antes que el vino, y as&iacute; lleg&oacute; &aacute; descubrir el <i>pudding</i>. Pero
+ninguna de tales golosinas pudo hacer olvidar &aacute; su mujer las tortas
+deliciosas que ella encargaba &aacute; los pasteleros del cielo para sus t&eacute;s
+paradis&iacute;acos de cinco &aacute; siete de la tarde.</p>
+
+<p>&mdash;Dile tambi&eacute;n&mdash;continuaba Eva&mdash;que ahora trabajamos y sufrimos mucho.
+Dile que deseamos verle, una vez solamente, para presentarle nuestras
+excusas. Mi marido y yo necesitamos convencernos de que &Eacute;l no nos guarda
+rencor.</p>
+
+<p>&mdash;Se har&aacute; como se pide&mdash;contestaba el peque&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>Y dando dos &oacute; tres golpes de ala, se perd&iacute;a en las nubes.</p>
+
+<p>Pero por m&aacute;s recados de esta clase que di&oacute;, nunca pudo conseguir una
+respuesta de lo alto. En general, la mayor parte de los vol&aacute;tiles
+celestes jam&aacute;s volv&iacute;an &aacute; las regiones terrenales, pero de tarde en tarde
+la mujer de Ad&aacute;n lograba reconocer la cara de alguno de estos seres
+alados.</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; qui&eacute;n eres, peque&ntilde;o&mdash;dec&iacute;a&mdash;. La semana pasada te vi rondando por
+estos sitios. &iquest;Diste al Se&ntilde;or mi recado? &iquest;Qu&eacute; es lo que contest&oacute;?</p>
+
+<p>Las m&aacute;s de las veces los &aacute;ngeles permanec&iacute;an silenciosos &oacute; balbuceaban
+palabras sin ilaci&oacute;n, como ni&ntilde;os bien educados que no quieren decir
+cosas desagradables &aacute; una se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero &Eacute;l te habr&aacute; dado alguna respuesta!&mdash;insist&iacute;a Eva&mdash;. &iexcl;Vamos,
+habla!</p>
+
+<p>Y una vez encontr&oacute; &aacute; un querub&iacute;n peque&ntilde;ito, de cara mofletuda, que le
+respondi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora. Su Divina Majestad ha contestado algo. Al darle yo su
+recado, me dijo: &laquo;&iquest;Pero es que ese par de sinverg&uuml;enzas viven
+todav&iacute;a?...&raquo;</p>
+
+<p>Eva s&oacute;lo quiso ver en tales palabras una broma de ni&ntilde;o falto de buena
+crianza. Juzgaba imposible que el Se&ntilde;or hubiera dicho esto. Si insist&iacute;a
+en mantenerse invisible, era seguramente porque estaba muy ocupado en la
+direcci&oacute;n de sus dominios infinitos, no qued&aacute;ndole media hora libre para
+dar un paseo por la tierra.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana fu&eacute; recompensada su fe en la bondad divina. Se present&oacute; un
+mensajero celeste, saltando de nube en nube, y grit&oacute; &aacute; Eva:</p>
+
+<p>&mdash;Escucha, mujer: si no llueve esta tarde, es posible que el Se&ntilde;or venga
+&aacute; haceros una visita corta. &iexcl;Ha pasado tanto tiempo sin ver la
+tierra!... Anoche, hablando con el arc&aacute;ngel Miguel, le dijo: &laquo;A veces me
+pregunto en qu&eacute; habr&aacute;n venido &aacute; parar aquellos dos canallas
+desagradecidos que ten&iacute;amos en el Para&iacute;so. Me gustar&iacute;a verlos.&raquo;</p>
+
+<p>Eva qued&oacute; aturdida por la noticia, y llam&oacute; &aacute; Ad&aacute;n, que trabajaba en un
+campo pr&oacute;ximo.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo describir la agitaci&oacute;n que conmovi&oacute; &aacute; la granja!... El t&iacute;o Correa
+la comparaba con la fiesta del santo patrono en cualquier pueblo de
+Espa&ntilde;a, cuando las mujeres limpian en la v&iacute;spera sus casas, desde la
+puerta al tejado, preparando adem&aacute;s la gran comilitona del d&iacute;a
+siguiente.</p>
+
+<p>La esposa de Ad&aacute;n barri&oacute; y lav&oacute; los pisos de la entrada de la casa, de
+la cocina y del dormitorio. Tambi&eacute;n puso una colcha nueva sobre la cama
+y frot&oacute; las sillas con arena y jab&oacute;n. Despu&eacute;s inspeccion&oacute; el guardarropa
+de la familia, y al ver que las pieles de cordero de su marido no
+estaban presentables, le confeccion&oacute; en un momento una casaquilla de
+hojas secas. &iexcl;Para un hombre, bien estaba!</p>
+
+<p>El tiempo restante lo consagr&oacute; al adorno de su persona. Contempl&oacute; con
+mirada perpleja unos cuantos centenares de vestidos que hab&iacute;a hecho y
+rehecho, pregunt&aacute;ndose con desconsuelo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo me arreglar&eacute; para recibir dignamente &aacute; tan gran personaje?
+Verdaderamente, tengo muy poco que ponerme.</p>
+
+<p>Mir&oacute; con ternura una larga t&uacute;nica negra, de corte severo, que no dejaba
+visible ni una l&iacute;nea de su blanco cuerpo. Pero &aacute; continuaci&oacute;n pens&oacute; que,
+por ser hombres todos los visitantes, no conven&iacute;a recibirlos con tanta
+austeridad.</p>
+
+<p>Acababa de escoger uno de sus trajea mixtos, muy atrevido por un extremo
+y muy discreto por el otro, cuando lleg&oacute; &aacute; sus o&iacute;dos una verdadera
+tempestad de gritos y llantos. Toda su prole se sublevaba. S&oacute;lo se
+compon&iacute;a de unos cien muchachos, pero se hubiera dicho que la tierra
+entera hab&iacute;a empezado &aacute; gritar.</p>
+
+<p>Por primera vez en su vida Eva contempl&oacute; atentamente &aacute; sus hijos. Eran
+demasiado feos para presentarlos al Se&ntilde;or. Ten&iacute;an los cabellos en
+mara&ntilde;a, las mejillas manchadas de barro seco y las narices cubiertas de
+costras. Eva, absorbida por sus inventos de modista, los hab&iacute;a olvidado
+durante meses y meses.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo presento estos granujas &aacute; Dios?... El Todopoderoso va &aacute; creer
+que soy una sucia y una mala madre.... Porque el Se&ntilde;or es hombre, y los
+hombres no comprenden lo dif&iacute;cil que es cuidar &aacute; tantos chiquillos.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esto empez&oacute; &aacute; insultar &aacute; Ad&aacute;n, como si &eacute;ste fuese el
+responsable del abandono en que viv&iacute;an sus hijos.</p>
+
+<p>Pero transcurr&iacute;a el tiempo y era urgente tomar una resoluci&oacute;n. Luego de
+muchas dudas y titubeos, Eva escogi&oacute; &aacute; los hijos preferidos (&iquest;qu&eacute; madre
+no los tiene?) para lavarlos y vestirlos lo mejor que pudo. Despu&eacute;s
+empuj&oacute; &aacute; los otros &aacute; puro cachete, hasta dejarlos encerrados en un
+establo, bajo llave, &aacute; pesar de sus protestas.</p>
+
+<p>Ya llegaban los visitantes. Eva apenas tuvo tiempo de dar una &uacute;ltima
+mano al arreglo de su persona. Sacudi&oacute; su vestido para hacer desaparecer
+las arrugas de la lucha con la terrible chiquiller&iacute;a y se pas&oacute; un peine
+por los pelos alborotados.</p>
+
+<p>En el horizonte, una columna de nubes, blanca y luminosa, descendi&oacute; del
+cielo hasta posarse en la tierra. Empez&oacute; &aacute; sonar un ruido de alas
+innumerables, acompa&ntilde;ado por las voces de un coro inmenso, cuyos
+&laquo;&iexcl;hosanna!&raquo; repercutieron &aacute; trav&eacute;s del espacio infinito.</p>
+
+<p>Los primeros viajeros celestes, desembarcando de la nube que los hab&iacute;a
+tra&iacute;do, empezaron &aacute; remontar el sendero de la granja. Estaban envueltos
+en tal esplendor, que parec&iacute;a que todas las estrellas del firmamento
+hubiesen bajado &aacute; la tierra para juguetear entre los bancales de trigo
+cultivados por Ad&aacute;n.</p>
+
+<p>Iba delante la escolta de honor, compuesta de un destacamento de
+arc&aacute;ngeles cubiertos de cabeza &aacute; pies con centelleantes armaduras de
+oro. Despu&eacute;s de haber envainado sus sables, se acercaron &aacute; Eva para
+decirle unos cuantos chicoleos, asegurando que no pasaban por ella los
+a&ntilde;os y que se manten&iacute;a tan fresca y apetitosa como en los tiempos que
+habitaba el Para&iacute;so.</p>
+
+<p>&mdash;Los soldados son as&iacute;&mdash;explic&oacute; el t&iacute;o Correa&mdash;. All&aacute; donde van se lo
+comen todo, y lo que no se comen lo rompen &oacute; se lo apropian. Cuando ven
+&aacute; una mujer sienten excitado su hero&iacute;smo, lo mismo que si oyesen sonar
+el toque de asalto....</p>
+
+<p>Total: que algunos m&aacute;s atrevidos intentaron unir los actos &aacute; las
+palabras, abrazando &aacute; Eva. Pero &eacute;sta ten&iacute;a cerca su escoba, y los oblig&oacute;
+con una r&aacute;pida contraofensiva &aacute; refugiarse en la huerta, donde se
+subieron &aacute; los &aacute;rboles.</p>
+
+<p>El viejo segador ri&oacute; un poco, a&ntilde;adiendo despu&eacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;El pobre Ad&aacute;n no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. &laquo;&iexcl;Van &aacute; comerse todos mis higos y
+mis melocotones!&raquo;, grit&oacute; levantando los brazos. Para &eacute;l hubiera sido
+mejor un cicl&oacute;n en su huerto que la entrada de la alegre soldadesca.
+Pero como era hombre de tacto, aunque jur&oacute; un poco, acab&oacute; por callar.</p>
+
+<p>El Se&ntilde;or llegaba ya. Su barba era de plata y su cabeza ten&iacute;a como adorno
+un tri&aacute;ngulo resplandeciente que lanzaba rayos lo mismo que el sol.
+Detr&aacute;s ven&iacute;a Miguel, con una armadura incrustada de piedras preciosas
+formando fant&aacute;sticos dibujos. Cerraban la marcha todos los ministros y
+altos dignatarios de la corte celestial.</p>
+
+<p>&mdash;El Creador salud&oacute; &aacute; Ad&aacute;n con una sonrisa de l&aacute;stima&mdash;prosigui&oacute; el
+viejo&mdash;. &laquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s, infeliz?&raquo;, le pregunt&oacute;. &laquo;&iquest;Tu mujer no te ha
+metido en nuevos l&iacute;os?...&raquo; Despu&eacute;s acarici&oacute; &aacute; Eva, tom&aacute;ndole la
+barbilla. &laquo;&iexcl;Hola, buena pieza! &iquest;A&uacute;n contin&uacute;as haciendo locuras?&raquo;</p>
+
+<p>Conmovidos por tanta simplicidad, los esposos ofrecieron al Se&ntilde;or el
+&uacute;nico mueble que pose&iacute;an, semejante &aacute; un trono. Era una silla de brazos
+como las mejores que se pueden encontrar en una granja rica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; asiento, hijos m&iacute;os!&mdash;dijo el t&iacute;o Correa con entusiasmo&mdash;. Ancho,
+bland&iacute;simo, hecho con madera de algarrobo de la mejor y con cuerda de
+esparto bien tejido; un sill&oacute;n, en fin, como s&oacute;lo puede tenerlo un cura
+de pueblo rico.</p>
+
+<p>Sentado en &eacute;l Su Divina Majestad, fu&eacute; escuchando lo que le contaba Ad&aacute;n,
+sus fatigas, sus malos negocios, las dificultades que hab&iacute;a de vencer
+para ganar el sustento de &eacute;l y su familia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muy bien! &iexcl;Me alegro mucho!&mdash;dec&iacute;a el Se&ntilde;or, mientras una sonrisa
+agitaba su barba resplandeciente&mdash;. Eso te ense&ntilde;ar&aacute; &aacute; no desobedecer &aacute;
+tus superiores, y sobre todo, &aacute; no seguir los consejos de una hembra.
+&iquest;Cre&iacute;as acaso que ibas &aacute; comer gratis en el Para&iacute;so y hacer al mismo
+tiempo lo que se te antojase?... &iexcl;Sufre, hijo m&iacute;o! &iexcl;Trabaja y rabia! As&iacute;
+aprender&aacute;s lo que cuesta la libertad.</p>
+
+<p>El Se&ntilde;or contempl&oacute; luego &aacute; Eva. Desde mucho antes le hab&iacute;a dirigido
+r&aacute;pidas miradas de curiosidad y de indignaci&oacute;n. Era la primera vez que
+ve&iacute;a &aacute; una mujer vestida. &iquest;De d&oacute;nde hab&iacute;a salido este animal de plumaje
+fant&aacute;stico, este loro sin alas, cuya forma absurda y colores chillones
+no hubiera podido concebir &Eacute;l, ni aun en sus momentos de m&aacute;s fren&eacute;tica
+creaci&oacute;n?...</p>
+
+<p>D&aacute;ndose cuenta de que el Se&ntilde;or la observaba, Eva fu&eacute; adoptando las
+actitudes que consider&oacute; m&aacute;s interesantes, esforz&aacute;ndose por hacer valer
+con ellas las gracias de su cuerpo y la elegancia de sus adornos. Al
+mismo tiempo sonre&iacute;a, segura de s&iacute; misma.</p>
+
+<p>&mdash;Y el Todopoderoso&mdash;continu&oacute; el t&iacute;o Correa&mdash;no pudo menos de reconocer
+cierta gracia en estos adornos mujeriles que al principio hab&iacute;a
+considerado fe&iacute;simos.</p>
+
+<p>&mdash;Contin&uacute;a siendo la misma fr&iacute;vola de siempre&mdash;murmur&oacute; el Se&ntilde;or
+dirigi&eacute;ndose al gran capit&aacute;n Miguel, que le acompa&ntilde;aba &aacute; todas partes y
+se manten&iacute;a ahora de pie detr&aacute;s de su sill&oacute;n&mdash;. Es la misma cabeza de
+chorlito que conocimos en el Para&iacute;so.... Pero hay que confesar que sabe
+adornarse con gusto.</p>
+
+<p>Tal vez estas consideraciones, unidas &aacute; las sonrisas de Eva y al humilde
+silencio con que Ad&aacute;n acogi&oacute; las reprimendas del Se&ntilde;or, ablandaron el
+coraz&oacute;n de &eacute;ste. Pareci&oacute; arrepentirse de su anterior severidad, y a&ntilde;adi&oacute;
+con un tono de benevolencia:</p>
+
+<p>&mdash;No esper&eacute;is que os perdone, permitiendo que volv&aacute;is &aacute; disfrutar por
+segunda vez los placeres del Para&iacute;so. Lo que est&aacute; hecho ya est&aacute; hecho, y
+deb&eacute;is sufrir los efectos de mi maldici&oacute;n. Mi palabra es sagrada; y si
+la retirase, me desconocer&iacute;a &aacute; m&iacute; mismo.... Pero ya que he venido &aacute;
+veros, no quiero irme sin dejar un recuerdo de mi visita. A vosotros no
+puedo daros nada: los dos est&aacute;is malditos; pero vuestros hijos son
+inocentes y tendr&eacute; mucho gusto en hacer un don &aacute; cada uno de ellos....
+Yo hab&iacute;a cre&iacute;do que ten&iacute;ais una descendencia m&aacute;s numerosa. &iquest;S&oacute;lo cuatro
+hijos? Seguramente que no me arruinar&eacute; con mis regalos. Anda, Eva,
+tr&aacute;eme &aacute; tus peque&ntilde;os.</p>
+
+<p>Los cuatro pilletes se alinearon ante el Todopoderoso, que los examin&oacute;
+atentamente.</p>
+
+<p>&mdash;Ven aqu&iacute;, t&uacute;&mdash;dijo designando &aacute; un peque&ntilde;o, serio y gordo, de mirada
+penetrante y cejas fruncidas, que hab&iacute;a estado chup&aacute;ndose un dedo
+mientras escuchaba gravemente la conversaci&oacute;n&mdash;. Te confiero el poder
+de juzgar &aacute; tus iguales. Ser&aacute;s el dispensador de la justicia;
+interpretar&aacute;s seg&uacute;n tu criterio las leyes hechas por los otros; poseer&aacute;s
+el privilegio de establecer lo que es el Bien y lo que es el Mal,
+cambiando de opini&oacute;n cada siglo. Sujetar&aacute;s todos los delincuentes &aacute; las
+mismas reglas penales, medida tan cuerda y acertada como si los m&eacute;dicos
+pretendiesen curar &aacute; los enfermos con el mismo remedio. Tu situaci&oacute;n
+ser&aacute; en el mundo la m&aacute;s estable &eacute; inconmovible. Podr&aacute; ocurrir que los
+hombres duden con el tiempo de todo lo que les rodea. Hasta llegar&aacute; un
+d&iacute;a en que se atrevan &aacute; discutir mi existencia y &aacute; negarme. Pero no
+temas por ti. T&uacute; ser&aacute;s la Justicia augusta &eacute; infalible, incapaz de
+equivocarse, sin la cual no es posible la vida. Los mismos que ostenten
+como un t&iacute;tulo de gloria su incredulidad absoluta, se indignar&aacute;n si
+alguien tiene la audacia de poner en duda tu rectitud. Y si incurres en
+errores que cuestan la vida &oacute; la libertad &aacute; los hombres, la mayor&iacute;a
+disimular&aacute; tu horrible equivocaci&oacute;n, apelando al &laquo;car&aacute;cter sagrado de la
+cosa juzgada&raquo;.</p>
+
+<p>El Todopoderoso hizo se&ntilde;al para que avanzase un segundo muchacho.</p>
+
+<p>Era moreno, de aspecto jovial y atrevido, con la cabeza puntiaguda, la
+mand&iacute;bula cuadrada y unas orejas prominentes. Llevaba siempre en su mano
+derecha un bast&oacute;n, con el que pegaba &aacute; sus hermanos. A la hora de las
+comidas se apoderaba de las porciones de los otros, amenaz&aacute;ndoles si
+protestaban.</p>
+
+<p>Al llegar &aacute; corta distancia del Todopoderoso se cuadr&oacute;, con las manos
+pegadas &aacute; los muslos y los ojos fijos, lo mismo que un soldado alem&aacute;n
+bien disciplinado.</p>
+
+<p>Y el Se&ntilde;or le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; ser&aacute;s el hombre de guerra, el h&eacute;roe. Conducir&aacute;s tus semejantes &aacute;
+la muerte, como el matarife gu&iacute;a los reba&ntilde;os al matadero. Esto no
+impedir&aacute; que todos te admiren y te aclamen (hasta aquellos mismos que
+ser&aacute;n hechos pedazos bajo tu direcci&oacute;n), pues emplear&aacute;s como fetiches de
+poder inagotable las palabras Gloria, Honor, Patria, Bandera. Los
+hombres hablar&aacute;n con emoci&oacute;n de leyes morales y mandamientos religiosos
+que les ordenan &laquo;no matar&aacute;s&raquo;, &laquo;no robar&aacute;s&raquo;, &laquo;amar&aacute;s &aacute; tu pr&oacute;jimo como &aacute;
+ti mismo&raquo;; pero t&uacute;, guerrero semejante &aacute; un semidi&oacute;s, vivir&aacute;s m&aacute;s all&aacute;
+del Bien y del Mal. Si los otros hombres matan, ser&aacute;n juzgados como
+criminales y terminar&aacute;n sus d&iacute;as en un presidio &oacute; en el cadalso. T&uacute;, por
+el contrario, te agrandar&aacute;s en proporci&oacute;n de tus matanzas, y cuando las
+gentes te admiren cubierto de sangre humana, gritar&aacute;n &aacute; coro: &laquo;&iexcl;Este es
+un verdadero h&eacute;roe!&raquo;</p>
+
+<p>&raquo;Si alguna vez deseas un territorio, lo primero que har&aacute;s ser&aacute;
+apoderarte de &eacute;l por la fuerza, exterminando &aacute; todos los que intenten
+resistirse en nombre de sus antiguos derechos. Siempre encontrar&aacute;s
+jurisconsultos que se encarguen de probar, textos en mano, tu derecho &aacute;
+la posesi&oacute;n de las tierras conquistadas. Comete toda clase de
+atrocidades...pero vence. Nunca dejar&aacute;s de tener raz&oacute;n si eres
+victorioso. Nadie osa pedir cuentas al conquistador, y en sus templos,
+los sacerdotes de todas las religiones cantar&aacute;n por tu salud, celebrando
+tu triunfo. Inunda los pa&iacute;ses de sangre, pasa los pueblos &aacute; cuchillo,
+incendia las ciudades, mata, destruye, roba.... Esto no impedir&aacute; que los
+poetas te celebren y los historiadores perpet&uacute;en tus haza&ntilde;as m&aacute;s que si
+fueses un benefactor de la humanidad. Pero los que intenten imitarte y
+cometan tus mismas atrocidades sin vestir unas ropas de corte y color
+especiales llamadas uniforme, arrastrar&aacute;n una cadena en el calabozo de
+una c&aacute;rcel.... Puedes retirarte. &iexcl;Que avance otro!.</p>
+
+<p>El tercero era un adolescente, seco de carnes, nervioso, con una palidez
+verdosa y los ojos de mirada astuta.</p>
+
+<p>Reflexion&oacute; el Se&ntilde;or un instante antes de decidir lo que har&iacute;a de &eacute;l, y
+dijo finalmente:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; dirigir&aacute;s los negocios del mundo, siendo al mismo tiempo mercader y
+banquero. Prestar&aacute;s oro &aacute; los reyes, lo que te permitir&aacute; tratarlos como
+si fuesen tus iguales; y si llegas &aacute; arruinar &aacute; toda una naci&oacute;n en
+provecho tuyo, el mundo admirar&aacute; tu habilidad. Tus grandes combinaciones
+financieras extender&aacute;n el p&aacute;nico por el universo entero, haciendo pesar
+sobre las ciudades horas de angustia mortal. Tus victorias en la Bolsa
+ir&aacute;n acompa&ntilde;adas por los pistoletazos de tus v&iacute;ctimas empujadas al
+suicidio y los llantos de sus familias. Provocar&aacute;s guerras
+incomprensibles y favorecer&aacute;s tratados de paz ruinosos, siendo
+responsable del env&iacute;o de acorazados y de ej&eacute;rcitos expedicionarios para
+sostener tus reivindicaciones injustas y usurarias contra las naciones
+d&eacute;biles.</p>
+
+<p>&raquo;Tus hijos creer&aacute;n proteger las artes manteniendo lujosamente
+bailarinas, cantantes &oacute; simples portadoras de costosos trajes y joyas
+inauditas para halago de su orgullo. T&uacute;, retenido por tus negocios,
+envejecer&aacute;s y llegar&aacute;s tarde &aacute; la escena de la vida, para ser un Mecenas
+de esta especie, content&aacute;ndote con proteger &aacute; los pintores.</p>
+
+<p>&raquo;La disparidad de opiniones m&aacute;s absoluta acompa&ntilde;ar&aacute; el recuerdo de tu
+nombre durante treinta &oacute; cuarenta a&ntilde;os, porque tu nombre, como el de los
+tenores y el de los c&oacute;micos, vivir&aacute; nada m&aacute;s lo que vivan las personas
+que te conocieron. &laquo;Sirvi&oacute; al progreso humano&raquo;, dir&aacute;n algunos
+acord&aacute;ndose de tus flotas de buques mercantes y de las v&iacute;as f&eacute;rreas con
+que surcastes los desiertos. &laquo;Era un bandido&raquo;, afirmar&aacute;n otros pensando
+que por cada kil&oacute;metro de rieles colocados llenaste un cementerio de
+trabajadores. &laquo;Fu&eacute; un monstruo, que para ganar sus riquezas sacrific&oacute;
+m&aacute;s vidas humanas que un conquistador.&raquo; Y todos tendr&aacute;n raz&oacute;n, todos
+dir&aacute;n la verdad; porque lo que hay m&aacute;s divertido en la vida de los
+hombres es que todos ellos hablan de la verdad, de la verdad absoluta &eacute;
+indiscutible, ignorando que esta verdad absoluta no es mas que un
+ensue&ntilde;o y que siempre habr&aacute; tantas verdades como intereses.... Acu&eacute;rdate
+de esto y sigue tu camino.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; el turno al cuarto muchacho, y &eacute;ste avanz&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Viendo al tal mocoso, el Se&ntilde;or empez&oacute; &aacute; re&iacute;r&mdash;dijo el t&iacute;o Correa&mdash;.
+Apenas levantaba dos palmos del suelo; y el Omnipotente, como lo sabe
+todo, vi&oacute; que era el hijo preferido de su madre.</p>
+
+<p>&Eacute;sta &uacute;nicamente dudaba de la justicia de su preferencia al comparar &aacute;
+este peque&ntilde;o con el hermano de las orejas grandes, armado siempre con un
+garrote. La mujer se siente en todas ocasiones atra&iacute;da por el guerrero;
+pero cuando el peque&ntilde;o abr&iacute;a la boca, Eva, completamente subyugada,
+reconoc&iacute;a su superioridad sobre el belicoso mayor.</p>
+
+<p>El Omnipotente examin&oacute; al diminuto personaje con un regocijo mal
+disimulado. Se fij&oacute; en sus robustos hombros, su cabeza enorme y su
+amplia frente. Su mirada era orgullosa y sus labios se contra&iacute;an con una
+mueca en la que se mezclaban el menosprecio y la adulaci&oacute;n. Ten&iacute;a &aacute; la
+vez algo de comediante y de rey.</p>
+
+<p>No parec&iacute;a intimidado el chicuelo por la presencia del Creador. Se
+mantuvo erguido, con una mano sobre el pecho y la otra apoyada en el
+respaldo de una silla. Su frente elevada parec&iacute;a aguardar la inspiraci&oacute;n
+de lo alto. Mostraba la rigidez de un modelo, como si estuviera delante
+del escultor encargado de su futura estatua.</p>
+
+<p>Su madre le conoc&iacute;a bien. Cuando sent&iacute;a hambre y deseaba un pedazo de
+pan, nunca lo reclamaba &aacute; gritos, como los ni&ntilde;os ordinarios. Ten&iacute;a el
+sentimiento precoz de las f&oacute;rmulas parlamentarias, no conocidas a&uacute;n en
+el mundo, y dec&iacute;a gravemente:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Eva, perm&iacute;tame su se&ntilde;or&iacute;a una peque&ntilde;a interpelaci&oacute;n: &iquest;puedo
+tomar un poquito de pan?</p>
+
+<p>La madre apelaba &aacute; su auxilio cada vez que ten&iacute;a necesidad de mantener
+tranquila &aacute; la numerosa prole, mientras se consagraba &aacute; la confecci&oacute;n de
+sus trajes.</p>
+
+<p>&mdash;Ven aqu&iacute;, vida m&iacute;a&mdash;suplicaba Eva&mdash;. Hazme el favor de divertir &aacute; tus
+hermanos con uno de tus discursos.</p>
+
+<p>Y el ni&ntilde;o, empujado por su propia elocuencia, hablaba horas y horas, sin
+saber ciertamente lo que dec&iacute;a, dando tiempo &aacute; la madre para terminar su
+obra.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; ser&aacute;s el rey de la tierra&mdash;declar&oacute; el Todopoderoso&mdash;; t&uacute; ser&aacute;s el
+Orador, y con eso queda dicho todo. A pesar de su poder y su orgullo,
+tus hermanos vivir&aacute;n al amparo de tu palabra. El guerrero te obedecer&aacute;;
+el juez te servir&aacute; y sostendr&aacute;, para mantener su propia situaci&oacute;n; el
+banquero te dar&aacute; cuanto le pidas, para que seas su abogado y defiendas
+sus terribles combinaciones. Tu &uacute;nico m&eacute;rito consistir&aacute; en hablar bien,
+y eso es suficiente para que todos te consideren el hombre m&aacute;s sabio de
+la tierra.</p>
+
+<p>&raquo;Sin necesidad de estudiar los asuntos, hablar&aacute;s de ellos
+indefinidamente; si alguna vez necesitas mostrar conocimientos, ser&aacute;n de
+tercera &oacute; cuarta mano, y sin embargo las masas te aclamar&aacute;n como un
+genio. En los tiempos dif&iacute;ciles todos te buscar&aacute;n, viendo en ti la &uacute;nica
+esperanza de la patria. &laquo;Coloqu&eacute;mosle &aacute; la cabeza del gobierno, ya que
+habla mejor que todos&raquo;, dir&aacute;n las gentes.</p>
+
+<p>&raquo;La humanidad se deja regir por una l&oacute;gica absurda. Para gobernar una
+naci&oacute;n, para administrar su hacienda y hasta para mandar sus ej&eacute;rcitos,
+nadie vale lo que un buen orador, capaz de hablar a todas horas
+f&aacute;cilmente y sin fatiga. Cuando surja una guerra, t&uacute; dirigir&aacute;s desde tu
+sill&oacute;n &aacute; los generales; cuando llegue el momento de negociar la paz,
+confiar&aacute;n esta misi&oacute;n &aacute; un congreso de oradores. La palabra gobernar&aacute; al
+mundo m&aacute;s a&uacute;n que el sable. Habla, hijo m&iacute;o, habla elocuentemente y sin
+cansancio, y el mundo ser&aacute; tuyo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>III</h2>
+
+
+<p>Ad&aacute;n lloraba silenciosamente, agradeciendo las bondades del Se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Sus cuatro hijos acababan de recibir la dominaci&oacute;n de la tierra entera.</p>
+
+<p>Sin embargo, su esposa se mostraba inquieta. Varias veces estuvo &aacute; punto
+de interrumpir al Omnipotente pronunciando una palabra, una sola, pero
+call&oacute; en el &uacute;ltimo instante. &iquest;C&oacute;mo iba &aacute; detener la ola de
+bienaventuranzas celestiales que se desplomaba sobre sus cuatro
+hijos?... Pero el remordimiento oprim&iacute;a su coraz&oacute;n maternal.</p>
+
+<p>Pensaba en la caterva de peque&ntilde;os encerrada en el establo, que iba &aacute;
+quedar privada, por su culpa, de tan generoso reparto.</p>
+
+<p>Al fin murmur&oacute;, aproxim&aacute;ndose &aacute; Ad&aacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Voy &aacute; ense&ntilde;ar los otros al Se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Ya es tarde&mdash;objet&oacute; el marido&mdash;. Ser&iacute;a pedirle demasiadas cosas, y el
+Se&ntilde;or puede enfadarse.</p>
+
+<p>Precisamente, en el mismo momento el arc&aacute;ngel Miguel, que hab&iacute;a venido &aacute;
+visitar &aacute; los dos reprobos contra su voluntad, insisti&oacute; cerca de su
+divino amo para que diese por terminada la visita.</p>
+
+<p>Le era insoportable este capricho del Se&ntilde;or, pero protestaba de &eacute;l con
+toda la circunspecci&oacute;n de un ministro de la Guerra que lleva muchos
+siglos acompa&ntilde;ando &aacute; su soberano.</p>
+
+<p>&mdash;Majestad, se hace tarde&mdash;insinu&oacute; suavemente&mdash;. El sol se ocultar&aacute;
+dentro de poco, y las noches son ahora frescas. Ser&iacute;a imprudente, &aacute; los
+a&ntilde;os de Su Majestad, prolongar esta visita.</p>
+
+<p>Miguel parec&iacute;a inquieto. Hab&iacute;a una expresi&oacute;n de tristeza en los ojos de
+este guerrero rubio, y algunas canas brillantes como la plata cortaban
+el esplendor de su cabellera de oro.</p>
+
+<p>Pensaba en Lucifer.</p>
+
+<p>Lucifer hab&iacute;a sido tan rubio, tan arrogante y tan guerrero como &eacute;l.
+Ahora, con el nombre de Satan&aacute;s, era feo y estaba ca&iacute;do y pisoteado,
+como todos los rebeldes que no triunfan.</p>
+
+<p>Durante muchos siglos, Miguel hab&iacute;a permitido &aacute; los pintores y los
+escultores celestiales que le representasen teniendo bajo sus pies y su
+poderosa lanza &aacute; Satan&aacute;s, el camarada y el adversario de otros tiempos.
+No hab&iacute;a miedo de que alg&uacute;n habitante del reino celestial intentase una
+segunda sublevaci&oacute;n pretendiendo continuar la rebeld&iacute;a de Lucifer. Eran
+demasiado listos los de arriba para incurrir en error tan grosero. Pero
+el arc&aacute;ngel se daba cuenta de que Satan&aacute;s, inerte bajo sus plantas
+durante tantos siglos, como si se hubiese resignado para siempre &aacute; su
+derrota, empezaba &aacute; agitarse, queriendo renovar la lucha.</p>
+
+<p>El &aacute;ngel ca&iacute;do por su soberbia revolucionaria contaba indudablemente con
+refuerzos extraordinarios, y como &eacute;stos no pod&iacute;a encontrarlos en el
+cielo, Miguel tem&iacute;a que los buscase en la tierra, previendo una serie de
+batallas de las cuales no saldr&iacute;a siempre vencedor.</p>
+
+<p>Los papeles de la eterna tragedia iban tal vez &aacute; cambiarse. Satan&aacute;s
+pod&iacute;a resultar victorioso, irgui&eacute;ndose &aacute; su vez con arrogancia sobre el
+cuerpo ca&iacute;do de Miguel, vencedor en otros tiempos y ahora vencido.</p>
+
+<p>&mdash;Majestad&mdash;insisti&oacute; el guerrero&mdash;, dejemos cuanto antes &aacute; estos
+importunos.</p>
+
+<p>El Se&ntilde;or abandon&oacute; su sill&oacute;n. Fuera de la granja sonaron las notas
+chillonas de las trompetas de los arc&aacute;ngeles tocando llamada, y los
+rubios soldados de la escolta divina descendieron de los &aacute;rboles con tal
+violencia, que no dejaron en ellos fruto ni hoja. Una nube de langosta
+no lo hubiese hecho peor.</p>
+
+<p>La guardia se form&oacute; en dos filas ante la puerta, presentando sus armas,
+mientras el divino soberano sal&iacute;a lentamente, apoyado en un brazo de
+Miguel.</p>
+
+<p>Eva le cerr&oacute; el camino.</p>
+
+<p>&mdash;Majestad: un instante.</p>
+
+<p>Y corri&oacute; al establo, abriendo la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No he dicho toda la verdad!&mdash;grit&oacute; con una voz emocionada por el
+remordimiento&mdash;. Tengo otros hijos. &iexcl;Piedad, Se&ntilde;or, para estos peque&ntilde;os!
+&iexcl;Dadles un don cualquiera! &iexcl;Que vuestra divina misericordia no los
+olvide!</p>
+
+<p>El Todopoderoso contempl&oacute; &aacute; esta muchedumbre de ni&ntilde;os con estupor y
+repugnancia. Al mismo tiempo, su ministro de la Guerra frunc&iacute;a las
+cejas, llevando instintivamente la diestra &aacute; la empu&ntilde;adura del sable.</p>
+
+<p>Miguel reconoci&oacute; al futuro enemigo en esta horda sucia y revoltosa. Con
+estos monstruos contaba su adversario infernal para triunfar en el
+porvenir. Eran sus &uacute;ltimas reservas, las tropas de la desesperaci&oacute;n.
+&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima no poder aplastarlos all&iacute; mismo, antes de que llegasen &aacute;
+crecer!...</p>
+
+<p>&mdash;Vamonos, Se&ntilde;or&mdash;dijo empujando dulcemente &aacute; su soberano&mdash;. No hay que
+dar nada &aacute; esta canalla. Es mejor que todos perezcan.</p>
+
+<p>Y repeli&oacute; &aacute; Eva con rudeza, orden&aacute;ndole que no insistiese en su demanda
+presuntuosa.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo hacer nada, pobre mujer&mdash;dijo el Se&ntilde;or excus&aacute;ndose&mdash;. No me
+queda nada que darles. Sus cuatro hermanos se lo han llevado todo.... No
+llores; no me gustan las l&aacute;grimas femeninas; yo reflexionar&eacute; y tal vez
+encuentre algo para ellos.... Ya veremos m&aacute;s adelante.</p>
+
+<p>Pero la madre no se dej&oacute; convencer por estas promesas vagas:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or, dadles cualquier cosa, pero ahora mismo! No importa el
+donativo. &iquest;Qui&eacute;n sabe cu&aacute;ndo volver&aacute; por aqu&iacute; Su Majestad?... Me
+contento con un peque&ntilde;o regalo para cada uno; un empleo, una ocupaci&oacute;n.
+&iquest;Qu&eacute; va &aacute; ser, si no, de estos pobrecitos?...</p>
+
+<p>El arc&aacute;ngel iba &aacute; ordenar que una escuadra de la escolta celeste
+apartase &aacute; viva fuerza &aacute; esta mujer tenaz, cuando el Omnipotente
+encontr&oacute; una soluci&oacute;n gracias &aacute; su sabidur&iacute;a infinita.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n &eacute;l deseaba perder de vista cuanto antes la granja y su
+chiquiller&iacute;a repugnante.</p>
+
+<p>El Se&ntilde;or se acarici&oacute; su larga barba de plata y dijo &aacute; Eva:</p>
+
+<p>&mdash;No llores, mujer; ya les he encontrado una ocupaci&oacute;n, y no ser&aacute;
+ligera. Todos estos trabajar&aacute;n para mantener &aacute; sus cuatro hermanos,
+sirvi&eacute;ndoles eternamente.</p>
+
+<p>Hubo una larga pausa, y el t&iacute;o Correa termin&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vosotros y yo, y todos los que pasamos la vida encorvados sobre la
+tierra para sostener nuestra miserable existencia, somos los
+descendientes de aquellos infelices que nuestra primera madre encerr&oacute; en
+el establo.</p>
+
+<p>Los segadores quedaron en un prolongado y reflexivo silencio. Pero de
+pronto, una voz surgi&oacute; de la penumbra:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y las mujeres?... &iquest;Qu&eacute; hace usted de las mujeres?</p>
+
+<p>El t&iacute;o Correa, sorprendido y perplejo, pase&oacute; una mirada por el corro de
+oyentes, preguntando:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; mujeres son esas? &iquest;Qu&eacute; tienen que ver las mujeres con esta
+historia?</p>
+
+<p>El segador medio oculto en la obscuridad, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Eva, seguramente, tendr&iacute;a alguna vez hijas, pues de no ser as&iacute;, no
+existir&iacute;an mujeres actualmente, y las hay en todas partes...tal vez
+demasiadas; &iquest;no es esto, t&iacute;o Correa?... Lo que yo pregunto es cu&aacute;l fu&eacute;
+la suerte de las hijas de Eva. &iquest;Nuestra primera madre present&oacute; algunas
+al Se&ntilde;or, para que tambi&eacute;n les hiciera un regalo, &oacute; las encerr&oacute; &aacute; todas
+en el establo en compa&ntilde;&iacute;a de nuestros pobres abuelos?</p>
+
+<p>Un murmullo de curiosidad se elev&oacute; del corro, semejante al que surge de
+una reuni&oacute;n electoral cuando el discurso del candidato queda cortado por
+una objeci&oacute;n imprevista.</p>
+
+<p>Todos los ojos se volvieron hacia el viejo, que se rascaba la cabeza,
+mirando al suelo con una expresi&oacute;n de inquietud y de duda.</p>
+
+<p>De pronto sonri&oacute;, triunfante.</p>
+
+<p>&mdash;Bien se ve&mdash;dijo con una voz dulzona&mdash;que el que ha hecho esa pregunta
+es joven y sin experiencia. Eva era mujer y conoc&iacute;a demasiado bien las
+necesidades de las mujeres para perder el tiempo en peticiones
+in&uacute;tiles. Dios, con ser Dios y disponer de todo lo existente, no puede
+dar nada &aacute; las mujeres despu&eacute;s que han nacido.</p>
+
+<p>Hizo una larga pausa para gozar del silencio con que la curiosidad y el
+inter&eacute;s acog&iacute;an sus palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Antes de que ellas nazcan&mdash;continu&oacute;&mdash;, Dios puede darles la belleza y
+la gracia &aacute; manos llenas, y hasta algunas veces les da la discreci&oacute;n y
+el talento. Pero despu&eacute;s que est&aacute;n en el mundo, su &uacute;nica esperanza es el
+hombre. Todo lo que son y lo que tienen lo deben al hombre. Para ellas
+es el trabajo de los pobres, el poder de los que gobiernan, las haza&ntilde;as
+de los soldados, el dinero de los millonarios. Ellas son las que tuercen
+con m&aacute;s facilidad la dureza de la justicia.... No; las mujeres no tienen
+nada que pedir &aacute; Dios, pues todo lo reciben de los hombres.... Y los
+hombres, cuando trabajan por la gloria, por la ambici&oacute;n &oacute; por amor al
+dinero, no hacen en el fondo mas que trabajar por ellas y para ellas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="LA_CIGARRA_Y_LA_HORMIGA" id="LA_CIGARRA_Y_LA_HORMIGA"></a><a href="#capitulos">LA CIGARRA Y LA HORMIGA</a></h2>
+
+
+<p>Reverbera en las blancas fachadas el sol de las primeras horas de la
+tarde. Procuramos, en nuestros paseos por la plaza de un peque&ntilde;o pueblo
+valenciano, no salirnos de las islas de sombra que trazan los pl&aacute;tanos
+sobre la tierra rojiza y ardiente.</p>
+
+<p>Silencio de sue&ntilde;o, calma profunda de siesta veraniega. Los &uacute;nicos que
+vivimos en este ambiente exuberante de luz somos mi amigo y yo, que
+conversamos bajo los &aacute;rboles de la plaza, los ni&ntilde;os que ganguean &aacute;
+gritos sus lecciones en la escuela pr&oacute;xima, siguiendo el venerable
+m&eacute;todo morisco, y los enjambres de insectos que aletean, zumban y trepan
+en torno de los pl&aacute;tanos.</p>
+
+<p>Calla de pronto el coro escolar, y por las ventanas abiertas llega hasta
+nosotros la voz de un ni&ntilde;o, el m&aacute;s aplicado tal vez, que recita una
+f&aacute;bula: <i>La cigarra y la hormiga</i>.</p>
+
+<p>Como el griter&iacute;o de una muchedumbre alborotada que contesta &aacute;
+ultrajantes alusiones, suena el <i>ch&iacute;n-ch&iacute;n</i> de numerosas cigarras
+moviendo sus cimbalillos entre las cortinas del follaje.</p>
+
+<p>Mi amigo el naturalista se indigna mientras la voz infantil va
+desarrollando la acci&oacute;n de la conocida f&aacute;bula, la cigarra imprevisora y
+alegre que canta sin pensar en el porvenir, y cuando llega el invierno,
+transida de fr&iacute;o y vacilante de hambre, va en busca de la hormiga para
+implorar un pr&eacute;stamo. El animal ordenado y econ&oacute;mico, que tiene en torno
+los sacos llenos de cosecha y se prepara &aacute; invernar en op&iacute;para
+abundancia, no quiere o&iacute;r la s&uacute;plica de la bohemia y a&ntilde;ade &aacute; su negativa
+la burla cruel: &laquo;&iquest;No has pasado cantando el verano mientras yo
+trabajaba? Pues bien; ahora, baila.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Me irrita esta f&aacute;bula&mdash;dice el naturalista&mdash;. Es una historia inmoral,
+que ense&ntilde;a &aacute; los hombres desde su infancia el respeto &aacute; la avaricia y &aacute;
+la crueldad, el culto del ego&iacute;smo, la burla soez contra los idealistas,
+que piensan en algo m&aacute;s que la satisfacci&oacute;n de los apetitos materiales.
+Todo es mentira en este relato inventado hace miles de a&ntilde;os. La
+imprevisora y loca cigarra de la f&aacute;bula es un ser laborioso y dulce,
+explotado hasta la muerte. En cuanto &aacute; la hormiga, modelo de econom&iacute;a
+dom&eacute;stica que los padres ofrecen &aacute; los hijos, es una bestia rapaz que
+desde el mundo de la peque&ntilde;a animalidad influye fatalmente sobre los
+hombres. Nuestro planeta sufre guerras y se cubre de sangre cada vez que
+&aacute; un Imperio se le ocurre organizarse como un hormiguero, imitando su
+f&eacute;rrea disciplina, su m&eacute;todo para la acci&oacute;n, su soberbia, que tiende &aacute;
+enga&ntilde;ar y esclavizar todo cuanto le rodea....</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&mdash;Esa f&aacute;bula es una calumnia&mdash;contin&uacute;a mi amigo&mdash;. Los caracteres de sus
+protagonistas aparecen en ella escandalosamente invertidos. La hormiga
+es en realidad un ladr&oacute;n y la pobre cigarra una v&iacute;ctima.</p>
+
+<p>Al poeta La Fontaine (imitado despu&eacute;s por el fabulista espa&ntilde;ol) debemos
+el triunfo de este embuste, que, confiado &aacute; la memoria de los ni&ntilde;os,
+resulta inmortal. Supo describir con exactitud el car&aacute;cter del lobo, del
+zorro, del gato y otros animales protagonistas de sus historias. Los
+hab&iacute;a visto de cerca, eran de su pa&iacute;s. En todas las latitudes del mundo
+hablan las gentes de la cigarra &aacute; causa de la f&aacute;bula, y sin embargo, son
+muy pocos los que han visto cigarras. Este animal s&oacute;lo existe en la
+regi&oacute;n asoleada del olivo, y Par&iacute;s, donde vivi&oacute; La Fontaine, no tiene
+olivos.</p>
+
+<p>Es indudable que tom&oacute; esta historia de los griegos. Los ni&ntilde;os de la
+Atenas de Pericles, al ir &aacute; la escuela con su capacito de esparto lleno
+de higos secos y de olivas, se contaban el cuento de la cigarra
+imprevisora que tuvo que pedir un pr&eacute;stamo &aacute; la hormiga. Lo hab&iacute;an o&iacute;do
+&aacute; sus nodrizas y &aacute; sus madres cada vez que &eacute;stas les recomendaban la
+necesidad de ser sobrios y ahorradores. De aqu&iacute; data el error,
+verdaderamente incomprensible en un pa&iacute;s como Grecia que tiene cigarras.
+La f&aacute;bula, como casi todas las f&aacute;bulas, procede del pueblo indost&aacute;nico,
+gran contemplador de la Naturaleza. Los poetas del Ganges, que conoc&iacute;an
+exactamente la vida de las bestias, debieron poner la hormiga frente &aacute;
+otro animal. Los griegos lo sustituyeron con la cigarra (mon&oacute;tono cantor
+que met&iacute;an en jaulas para que meciese sus siestas), y as&iacute; ha llegado el
+relato hasta nosotros, falso &eacute; indestructible, como muchas leyendas
+gloriosas de la humanidad; viejo y respetable, como el ego&iacute;smo de los
+hombres, &oacute; lo que es lo mismo, como la historia del mundo.</p>
+
+<p>El sabio Fabre, poeta de los insectos, fu&eacute; el primero que, en nuestra
+&eacute;poca, escuchando &aacute; la cigarra en sus tierras de Provenza, se le ocurri&oacute;
+rectificar con observaciones directas la exactitud de la f&aacute;bula. Y
+qued&oacute; al descubierto la gran mentira que ha servido de ejemplo moral &aacute;
+los hombres y a&uacute;n continuar&aacute; sirviendo, pues la humanidad no deshace
+camino, ni modifica f&aacute;cilmente sus ideas elementales.</p>
+
+<p>F&iacute;jese, amigo m&iacute;o: la cigarra no puede implorar un pr&eacute;stamo para vivir
+en invierno, por la simple raz&oacute;n de que s&oacute;lo vive unas semanas y muere
+en el verano. La cigarra no pedir&aacute; nunca una limosna &aacute; la hormiga
+(aunque &eacute;sta fuese capaz de conced&eacute;rsela), porque los granos de trigo y
+los cad&aacute;veres de moscas y gusanos que guarda el negro pirata en los
+almacenes de su imperio subterr&aacute;neo de nada pueden servirle. La cigarra
+no come, chupa. Esta bestia dulce y pac&iacute;fica carece de mand&iacute;bulas y de
+boca. Su herramienta para la nutrici&oacute;n es una lanza perforada, una
+trompa sutil, con la que agujerea la corteza de las ramas. Su est&oacute;mago
+delicado no puede resistir los cereales y los cad&aacute;veres que alimentan &aacute;
+la hormiga, bestia feroz de quijadas triturantes y patas cortadoras.
+M&uacute;sica del sol, habitante de las alturas, poeta del follaje, se nutre
+&uacute;nicamente con el vino de la Naturaleza, con la savia que circula por
+las arterias de los &aacute;rboles. La cigarra no ha ido nunca en la realidad
+al encuentro de la hormiga. La ignora &oacute; huye de ella como de un enano
+grosero y mal&eacute;fico. Es la hormiga la que la busca y la acecha para
+aprovecharse de su trabajo.</p>
+
+<p>Ya ve cu&aacute;n lejos estamos de la f&aacute;bula ofensiva para la moral y la
+verdad, y c&oacute;mo se transforman radicalmente los caracteres de sus
+protagonistas.</p>
+
+<p>Cuando la primavera empieza &aacute; caldear el suelo, se animan las larvas que
+depositaron las cigarras muertas en el a&ntilde;o anterior. Surgen de las
+entra&ntilde;as de la tierra por un pozo circular que abren trabajosamente; se
+izan &aacute; la primera brizna de hierba que encuentran, desgarran su dorso
+repeliendo una envoltura seca como pergamino, y aparecen de un color
+verde tierno que r&aacute;pidamente se obscurece. Luego trepan &aacute; los &aacute;rboles,
+animando el silencio rumoroso de la Naturaleza con su m&uacute;sica incansable.
+En las horas de sol, la luz las embriaga con una borrachera ruidosa y
+agitan locamente sus c&iacute;mbalos, como los devotos del cortejo de
+Dionisios. Cuando todo el pueblo de los insectos desfallece de sed,
+ellas son las &uacute;nicas que viven en una abundancia regalada.</p>
+
+<p>Adivino desde aqu&iacute; lo que ocurre sobre nuestras cabezas, &aacute; pocos pasos
+de nosotros, entre esas ramas de las que salen zumbidos y aleteos.
+Moscas, abejas de todas clases, y sobre todo hormigas, muchas hormigas,
+van errando por las ramas en busca de una fuente. Las flores tienen la
+corola agostada por el calor, las hojas duermen contra&iacute;das bajo el sol,
+la vegetaci&oacute;n, marchita, espera el beso fresco del anochecer para
+reanimarse, recobrando su vital expansi&oacute;n. Y mientras la muchedumbre
+alada &oacute; rampante corre sedienta de un lado &aacute; otro, la cigarra se r&iacute;e de
+esta escasez. Con su rostro, que es sutil, duro y perforante como una
+barrena, taladra uno de los innumerables toneles de sus bodegas
+inagotables. Sin interrumpir su canto, ha abierto un agujero profundo en
+la corteza de una rama hinchada por el calor, llegando hasta la
+corriente de savia que circula madura por el sol, como un vino de
+generoso fermento. Conservando el tubo de succi&oacute;n hundido en este pozo,
+bebe y bebe con sensual inmovilidad, entregada por entero &aacute; los encantos
+del jarabe y de la estrofa. Es un Anacreonte del follaje, un poeta que
+declama &aacute; gritos con la copa entre los labios y los ojos en el cielo.</p>
+
+<p>Pero los sedientos la acechan; los par&aacute;sitos acuden para explotar su
+desinter&eacute;s. Un rezumamiento de l&iacute;quido azucarado en los bordes del
+brocal denuncia los placeres divinos de su recogimiento. Los importunos
+alados zumban pedig&uuml;e&ntilde;os en torno de la cigarra, interrumpiendo su
+musical embriaguez; pero los m&aacute;s temibles de estos intrusos son las
+hormigas, bestias de un ego&iacute;smo desvergonzado y arrollador. Las m&aacute;s
+peque&ntilde;as se deslizan por debajo del vientre de la cantora, que,
+bonachona y tolerante, levanta las patas traseras para no estorbar su
+camino. Las grandes se estremecen de c&oacute;lera, beben en los raudales que
+se escapan del pozo, se alejan para dar un paseo in&uacute;til por las ramas y
+regresan, cada vez m&aacute;s inquietas y agresivas. Al fin, atacan &aacute; la due&ntilde;a
+de la fuente, pretendiendo expulsarla para aprovecharse de su trabajo.
+Muerden al m&uacute;sico en el extremo de sus patas, le tiran de las alas,
+montan sobre su dorso para pellizcarle las antenas. Algunos bandidos m&aacute;s
+audaces se apoderan de su trompa de succi&oacute;n &eacute; intentan extraerla del
+pozo....</p>
+
+<p>Interrumpo al naturalista. Veo de pronto &aacute; los genios despreciados por
+las muchedumbres que luego se apropiaron su gloria con un orgullo
+nacional; veo &aacute; todos los artistas que abren fuentes de idealismo para
+la turba grosera, &eacute; inmediatamente quedan expulsados de las m&aacute;rgenes de
+su obra; veo &aacute; los poetas de la acci&oacute;n que derriban muros tradicionales,
+y nunca son los primeros que entran por la brecha, pues los sobrepasan
+los h&aacute;biles que se ocultaban &aacute; sus espaldas, prontos &aacute; aprovecharse del
+esfuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo mismo que en la vida humana!&mdash;exclamo con asombro&mdash;. &iexcl;Igual que
+entre los hombres!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; igual que entre los hombres&mdash;contesta el naturalista, y contin&uacute;a
+su relato.</p>
+
+<p>La cigarra es un elefante comparada con la hormiga, un monstruo
+antidiluviano que podr&iacute;a aplastarla desplom&aacute;ndose sobre ella. Pero no
+tiene mand&iacute;bulas ni es carnicera. Alimentada con n&eacute;ctares florales, su
+humor es bondadoso y tolerante, como el de los fil&oacute;sofos que han llegado
+&aacute; penetrar el secreto de los seres y las cosas. Adem&aacute;s, &iexcl;es tan numerosa
+la muchedumbre de los enanos ego&iacute;stas y rapaces!</p>
+
+<p>Al fin, el gigante, cansado de tantas molestias, abandona el pozo, pero
+antes de alejarse levanta una pata con soberano desprecio y lanza un
+chorro de orina sobre la masa laboriosa.</p>
+
+<p>&mdash;La venganza de los poetas&mdash;interrumpo yo, sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, la venganza de los poetas. Pero &iquest;qu&eacute; importa ese desahogo del
+bohemio cantor &aacute; la hormiga honrada, econ&oacute;mica y amiga del orden? Ya ha
+logrado su objeto; ya se ha hecho due&ntilde;a del trabajo ajeno. Lo malo es
+que el pozo se agota en su poder. Como carece de la bomba que atrae &aacute; la
+dulce savia, s&oacute;lo puede aprovechar el l&iacute;quido que exist&iacute;a en el fondo en
+el momento de la conquista. Absorbe hasta la &uacute;ltima gota, y cuando la
+fuente queda seca, marcha en escuadr&oacute;n &aacute; la descubierta de la cigarra,
+que ha abierto un segundo manantial, y le roba igualmente el fruto de su
+trabajo.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre cigarra! &iexcl;Infeliz artista del mundo de las hojas, calumniada en
+el mundo superior de los hombres!... Como no almacena, es una bohemia
+indigna de respeto; como se alimenta de miel y canta &aacute; todas horas, no
+trabaja seriamente; como carece de mand&iacute;bulas y abandona el sitio &aacute; los
+que se deslizan &aacute; traici&oacute;n por debajo de su vientre, los usureros
+subterr&aacute;neos, las bestias de patas ganchudas que engordan con los
+muertos, tienen derecho &aacute; robarle su obra.</p>
+
+<p>La hormiga, avara y sin entra&ntilde;as, la explota y la gobierna &aacute; pesar de
+su peque&ntilde;ez, lo mismo que en el mundo de la criminalidad vertical, los
+hombrea del &laquo;cofre-fuerte&raquo;, de la mano imantada que atrae &aacute; los c&eacute;ntimos
+y del pa&ntilde;o duro que exprime, dominan &aacute; las grandes masas.</p>
+
+<p>Hasta en su muerte se ve explotada la cigarra por el triunfante
+par&aacute;sito. Los restos del Orfeo del ramaje se disuelven en el est&oacute;mago
+del negro burgu&eacute;s subterr&aacute;neo.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de una vida de cinco &oacute; seis semanas, que le parece largu&iacute;sima,
+la cantora cae de lo alto del &aacute;rbol, extenuada por tanta m&uacute;sica, tanta
+poes&iacute;a, tanta embriaguez ruidosa. El sol seca su cad&aacute;ver y los
+transe&uacute;ntes lo aplastan con sus pies.</p>
+
+<p>Las hormigas salen formando batallones de sus obscuros cuarteles, donde
+viven sometidas &aacute; una disciplina &aacute; la prusiana, obedeciendo &aacute; su
+emperador, como un pueblo laborioso, culto y met&oacute;dico.</p>
+
+<p>Van &aacute; saquear para enriquecerse; van &aacute; invadir otros hormigueros con el
+prop&oacute;sito de esclavizar &aacute; sus habitantes y que trabajen para los
+conquistadores. La raz&oacute;n de Estado gu&iacute;a sus correr&iacute;as. &iexcl;Por algo la
+f&aacute;bula presenta &aacute; estas bestias como modelos de orden y buenas
+costumbres!</p>
+
+<p>En su avance triunfal, la vanguardia del ej&eacute;rcito encuentra &aacute; la ca&iacute;da
+cigarra, y los que vivieron de su trabajo vuelven &aacute; vivir de su muerte.
+Las patas y mand&iacute;bulas despedazan la rica pieza, la disecan, la
+tijeretean, la parten en migajas para almacenarla en el dep&oacute;sito de
+provisiones.</p>
+
+<p>Muchas veces el poeta a&uacute;n est&aacute; en la agon&iacute;a y sus alas baten el polvo
+con los &uacute;ltimos temblores. No importa. Su cuerpo se ennegrece cubierto
+por el tropel de enemigos. Lo despedazan en vida, tiran de sus
+miembros, lo descuartizan con un sabio m&eacute;todo de can&iacute;bales cient&iacute;ficos.</p>
+
+<p>Y esta es, amigo m&iacute;o, no la f&aacute;bula, sino la verdadera historia de <i>La
+cigarra y la hormiga</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo mismo que entre los hombres!&mdash;exclamo yo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo que entre los hombres&mdash;repite el naturalista.</p>
+
+<pre>
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's El préstamo de la difunta, by Vicente Blasco Ibanez
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA ***
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
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+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
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+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
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+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
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+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
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+where we have not received written confirmation of compliance. To
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+particular state visit https://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+approach us with offers to donate.
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+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
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+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
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+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
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@@ -0,0 +1,9479 @@
+Project Gutenberg's El préstamo de la difunta, by Vicente Blasco Ibanez
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.net
+
+
+Title: El préstamo de la difunta
+
+Author: Vicente Blasco Ibanez
+
+Release Date: December 9, 2004 [EBook #14308]
+
+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA ***
+
+
+
+
+Produced by Michael Ciesielski, Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team.
+
+
+
+
+
+
+EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA
+
+(NOVELAS)
+
+VICENTE BLASCO IBAÑEZ
+
+36.000 EJEMPLARES
+
+PROMETEO Germanías, 33. VALENCIA (Published in Spain)
+
+ES PROPIEDAD.--Reservados todos los derechos de reproducción,
+traducción y adaptación.
+
+1921, by V. Blasco Ibáñez.
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+El préstamo de la difunta.
+El monstruo.
+El rey de las praderas.
+Noche servia.
+Las plumas del caburé.
+Las vírgenes locas.
+La vieja del cinema.
+El automóvil del general.
+Un beso.
+La loca de la casa.
+La sublevación de Martínez.
+El empleado del coche-cama.
+Los cuatro hijos de Eva.
+La cigarra y la hormiga.
+
+
+
+
+EL PRÉSTAMO DE LA DIFUNTA
+
+
+
+
+I
+
+
+Cuando los vecinos del pequeño valle enclavado entre dos estribaciones
+de los Andes se enteraron de que Rosalindo Ovejero pensaba bajar á la
+ciudad de Salta para asistir á la procesión del célebre Cristo llamado
+«el Señor del Milagro», fueron muchos los que le buscaron para hacerle
+encomiendas piadosas.
+
+Años antes, cuando los negocios marchaban bien y era activo el comercio
+entre Salta, las salitreras de Chile y el Sur de Bolivia, siempre había
+arrieros ricos que por entusiasmo patriótico costeaban el viaje á todos
+sus convecinos, bajando en masa del empinado valle para intervenir en
+dicha fiesta religiosa. No iban solos. El escuadrón de hombres y mujeres
+á caballo escoltaba á una mula brillantemente enjaezada llevando sobre
+sus lomos una urna con la imagen del Niño Jesús, patrón del pueblecillo.
+
+Abandonando por unos días la ermita que le servía de templo, figuraba
+entre las imágenes que precedían al Señor del Milagro, esforzándose los
+organizadores de la expedición para que venciese por sus ricos adornos á
+los patrones de otros pueblos.
+
+El viaje de ida á la ciudad sólo duraba dos días. Los devotos del valle
+ansiaban llegar cuanto antes para hacer triunfar á su pequeño Jesús. En
+cambio, el viaje de vuelta duraba hasta tres semanas, pues los devotos
+expedicionarios, orgullosos de su éxito, se detenían en todos los
+poblados del camino.
+
+Organizaban bailes durante las horas de gran calor, que á veces se
+prolongaban hasta media noche, consumiendo en ellos grandes cantidades
+de _mate_ y toda clase de mezcolanzas alcohólicas. Los que poseían el
+don de la improvisación poética cantaban, con acompañamiento de
+guitarra, _décimas_, _endechas_ y _tristes_, mientras sus camaradas
+bailaban la _zamacueca_ chilena, el _triunfo_, la _refalosa_, la
+_mediacaña_ y el _gato_, con relaciones intercaladas.
+
+Algunas veces, este viaje, en el que resultaban más largos los descansos
+que las marchas, se veía perturbado por alguna pelea que hacía correr la
+sangre; pero nadie se escandalizaba, pues no es verosímil que una gente
+que va con armas y ha hecho viajes á través de los Andes pueda vivir en
+común durante varias semanas, bailando y bebiendo con mujeres, sin que
+los cuchillos se salgan solos de sus fundas.
+
+Ahora ya no habían arrieros gananciosos que dedicasen unas cuantas
+docenas de onzas de oro al viaje del Niño Jesús y de sus devotos. Los
+más ricos se habían ido del pueblecillo; sólo quedaban arrieros pobres,
+de los que aceptan un viaje á El Paposo en Chile ó á Tarija en Bolivia
+por lo que quieren darles los comerciantes de Salta.
+
+Rosalindo Ovejero era el único que deseaba seguir la tradición, bajando
+á la ciudad para acompañar al Señor del Milagro en su solemne paseo por
+las calles.
+
+Desde que anunció su viaje, el rancho de adobes con techumbre sostenida
+por grandes piedras, que había heredado de sus padres, empezó á recibir
+visitas. Todos acompañaban su encargo con un billete de á peso.
+
+Las mujeres le narraban, sin perdonar detalle, las grandes enfermedades
+de que las había salvado la imagen milagrosa. Sus entrañas dolorosamente
+quebrantadas por la maternidad se habían tranquilizado después de varios
+emplastos de hierbas de la Cordillera y de la promesa de asistir á la
+procesión del Cristo de Salta. Ellas no podían hacer el viaje, como en
+otros años; pero Rosalindo iba á representarlas, pues el Señor del
+Milagro es bondadoso y admite toda clase de sustituciones. Lo importante
+era pagar un cirio para que ardiese en su procesión.
+
+--Tomá, hijo, y cómpralo de los más grandes--le decían las mujeres al
+entregarle el dinero--. Te pido este favor porque fuí muy amiga de tu
+pobre mama.
+
+Después iban llegando los varones: pobres arrieros, curtidos por los
+vientos glaciales de la Cordillera que derriban á las mulas. Algunos,
+durante las grandes nevadas, habían quedado aislados meses enteros en
+una caverna--lo mismo que los náufragos que se refugian en una isla
+desierta--, teniendo que esperar la vuelta del buen tiempo, mientras á
+su lado morían los compañeros de hambre y de frío.
+
+--Tomá, Rosalindo, para que me lleves un cirio detrás del Señor. El y yo
+sabemos lo mucho que le debo.
+
+Todos mostraban una fe inmensa en este Cristo que había llegado al país
+poco después de los primeros conquistadores españoles, á través de las
+soledades del Pacífico, en un cajón flotante, sin vela ni remo, el cual
+fué á detenerse en un puerto del Perú. La imagen había escogido á Salta
+como punto de residencia, y desde entonces llevaba realizados miles y
+miles de milagros. Pero las gentes sencillas de la Cordillera no
+aceptaban que esta divinidad omnipotente traída por los blancos pudiese
+vivir sola, y su imaginación había creado otras divinidades secundarias.
+Respetaban mucho al Cristo de Salta, pero les inspiraba más miedo la
+«Viuda del farolito», una bruja que se aparecía de noche con un farol en
+una mano á los arrieros perdidos en los caminos. El que la encontraba
+debía hacer inmediatamente sus preparativos para irse al otro mundo,
+pues seguramente ocurriría su muerte antes de que se cumpliese un año.
+
+Rosalindo Ovejero contó los encargos antes de salir de su casa. Eran
+catorce cirios los que debía llevar en la procesión, y él sólo se creía
+capaz de sostener ocho, cuatro en cada mano, metidos entre los dedos.
+Luego pensó que siempre encontraría en los despachos de bebidas de Salta
+algún «amigazo» de buena voluntad que quisiera encargarse de los
+restantes, y emprendió el camino montado en un jaco que por el momento
+era toda su fortuna.
+
+Para representar dignamente á los convecinos pidió prestadas unas
+grandes espuelas que, según tradición, habían pertenecido á cierto
+gaucho salteño de los que á las órdenes de Güemes combatieron contra los
+españoles por la independencia del país. Se puso el menos viejo de sus
+ponchos, de color de mostaza, y un sombrero enorme, por debajo de cuyos
+bordes se escapaba una melena lacia é intensamente negra, uniéndose á
+sus barbas de Nazareno. La silla de montar tenía á ambos lados unas alas
+fuertes de correa, llamadas «guardamontes», para librar las piernas del
+jinete de los arañazos y golpes de los matorrales. De lejos, estas alas
+hacían del pobre jaco una caricatura del caballo de las Musas.
+
+Los dos orgullos del joven salteño eran su cabalgadura y su nombre. El
+nombre lo debía á una mestiza sentimental que había estudiado para
+maestra en la ciudad, llevando al pueblecito de los Andes el producto de
+sus desordenadas lecturas. Quiso crear una generación con arreglo á sus
+ideales poéticos, y á él le puso Rosalindo, á un hermano suyo que había
+muerto lo bautizó Idílio, y á una hermana que estaba ahora en Bolivia
+aconsejó que la llamasen Zobeida, como la esposa del sultán de _Las mil
+y una noches_.
+
+Rosalindo llegó á Salta el mismo día de la procesión. Era en Septiembre,
+cuando empieza la primavera en el hemisferio austral, y las calles
+estaban impregnadas del perfume de flores que exhalaban sus viejos
+jardines. Volteaban las campanas en las torres de iglesias y conventos,
+esbeltas construcciones de gran audacia en un país donde son frecuentes
+los temblores del suelo. Un regimiento de artillería de montaña
+acantonado en Salta por el gobierno de Buenos Aires iba á dar escolta al
+Señor del Milagro. Los frailes de los diversos monasterios circulaban
+por las calles, de aspecto colonial, y por la antigua Plaza de Armas,
+rodeada de soportales lo mismo que una vieja plaza de España. Sobre
+algunas puertas quedaba aún el escudo de piedra, revelador del orgullo
+nobiliario de los que construyeron el caserón en la época que aún no
+había nacido la República Argentina y el país era gobernado por los
+representantes de la monarquía española.
+
+Se presentó Ovejero puntualmente en la iglesia á la hora de la
+procesión. Desfilaron primeramente las diversas imágenes de los pueblos
+con su acompañamiento de devotos. Habían venido éstos de muchas leguas
+de distancia, bajando las montañas como rosarios de hormigas
+multicolores. Los hombres, al abandonar su caballo con alas de cuero y
+lazo formando rollo á un lado de la silla, marchaban con una torpeza de
+centauro, haciendo resonar á cada paso sus enormes espuelas. Con el
+sombrero sostenido por ambas manos y la cabeza inclinada, precedían
+humildemente á sus imágenes. Confundidos entre ellos pasaban sus
+chicuelos envueltos en ponchos rayados de rojo y negro, y sus mujeres,
+gordas y lustrosas mestizas, que parecían vestidas de máscaras á causa
+de sus faldas de colores chillones, verde, rosa ó escarlata.
+
+Las cofradías de la ciudad eran las que escoltaban al Cristo milagroso.
+Las señoritas de Salta iban de dos en dos, siguiendo las banderas y
+estandartes llevados por unos frailes ascéticos que parecían escapados
+de un cuadro de Zurbarán. Todas estas jóvenes aprovechaban la fiesta
+para estrenar sus trajes primaverales, blancos, rosa, de suave azul, ó
+de color de fresa. Cubrían sus peinados con enormes sombreros de altivas
+plumas; en una mano llevaban una vela rizada y sin encender, envuelta en
+un pañuelo de encajes, y con la otra se recogían y ceñían al cuerpo la
+falda, marcando al andar sus secretas amenidades.
+
+Esta devoción primaveral no tenía un rostro compungido. Las señoritas
+alzaban la cabeza para recibir los saludos de la gente de los balcones,
+ó acogían con ligera sonrisa las ojeadas de los jóvenes agrupados en las
+esquinas. La emoción religiosa sólo era visible en la muchedumbre
+rústica que ocupaba las aceras, gentes de tez cobriza, ademanes humildes
+y voces cantoras y dulzonas. Las mujeres iban cubiertas con un largo
+manto negro, igual al de las chilenas; los hombres con un poncho
+amarillento y ancho sombrero, duro y rígido como si fuese un casco.
+Todos se conmovían, hasta llorar, viendo entre las nubes de incienso de
+los sacerdotes y las bayonetas de los soldados al Cristo prodigioso
+clavado en la cruz, sin más vestido que un hueco faldellín de
+terciopelo.
+
+Detrás de la imagen arcaica desfilaba lo más interesante de la
+procesión: el ejército doliente de los que deseaban hacer pública su
+gratitud al Señor del Milagro por los favores recibidos. Eran «chinitas»
+de juvenil esbeltez y frescura jugosa, con una vela en la diestra y un
+manto negro sobre la falda hueca de color vistoso y amplios volantes.
+Por debajo de las rizadas enaguas aparecían sus pies desnudos, pues
+habían hecho promesa al Cristo de seguirle descalzas durante la
+procesión. Pasaban también ancianas apergaminadas y rugosas--como debía
+ser la «Viuda del farolito»--, que lanzaban suspiros y lágrimas
+contemplando el dorso del milagroso Señor. Y revueltos con las mujeres
+desfilaban los gauchos de cabeza trágica, barbudos, melenudos, curtidos
+por el sol y las nieves, con el poncho deshilachado y las botas rotas.
+Muchas de estas botas parecían bostezar, mostrando por la boca abierta
+de sus puntas los dedos de los pies, completamente libres.
+
+Ni uno solo de estos jinetes de perfil aguileño, andrajosos, fieros y
+corteses, dejaba de llevar con orgullo grandes espuelas. Antes morirían
+de hambre que abandonar su dignidad de hombres á caballo.
+
+Todos atendían á las pequeñas llamas que palpitaban sobre sus puños
+cerrados, cuidando de que no se apagasen. Algunos llevaban hasta cuatro
+velas encendidas entre los dedos de cada mano, cumpliendo así los
+encargos de los devotos ausentes. Rosalindo figuraba entre ellos, y un
+amigo que iba á su lado era portador de los seis cirios restantes. Los
+dos, por ser jóvenes, procuraban marchar entre las devotas de mejor
+aspecto.
+
+Ovejero no había dudado un momento en cumplir fielmente los encargos
+recibidos. Con la imagen milagrosa no valían trampas. Únicamente se
+permitió comprar los cirios más pequeños que los deseaban sus
+convecinos, reservándose la diferencia del precio para lo que vendría
+después de la procesión.
+
+Los entusiastas del Cristo que no habían podido comprar una vela
+necesitaban hacer algo en honor de la imagen, y metían un hombro debajo
+de sus andas para ayudar á los portadores. Pero eran tantos los que se
+aglomeraban para este esfuerzo superfluo y tan desordenados sus
+movimientos, que el Señor del Milagro se balanceaba, con peligro de
+venirse al suelo, y la policía creía necesario intervenir, ahuyentando á
+palos á los devotos excesivos.
+
+Cuando terminó la procesión, Rosalindo apagó los catorce cirios,
+calculando lo que podrían darle por los cabos. Luego, en compañía de su
+amigo, se dedicó á correr las diferentes casas «de alegría» existentes
+en la ciudad.
+
+En todas ellas se bailaba la _zamacueca_, llamada en el país la
+_chilenita_. Cerca de media noche, sudorosos de tanto bailar y de las
+numerosas copas de aguardiente de caña--fabricado en los ingenios de
+Tucumán--que llevaban bebidas, entraron en una casa de la misma especie,
+donde al son de un arpa bailaban varias mujeres con unos jinetes de
+estatura casi gigantesca. Eran gauchos venidos del Chaco conduciendo
+rebaños; hombretones de perfil aguileño y maneras nobles, que recordaban
+por su aspecto á los jinetes árabes de las leyendas.
+
+El arpa iba desgranando sus sonidos cristalinos, semejantes á los de una
+caja de música, y los gauchos saltaban acompañados por el retintín de
+sus espuelas, persiguiendo á las mestizas de bata flotante que
+balanceaban cadenciosamente el talle agitando en su diestra el pañuelo,
+sin el cual es imposible bailar la _chilenita_.
+
+Los punteados románticos del arpa tuvieron la virtud de crispar los
+nervios de Rosalindo, agriándole la bebida que llevaba en el cuerpo. Su
+amigo experimentó una sensación igual de desagrado, y los dos dieron
+forma á su malestar, hasta convertirlo en un odio implacable contra los
+gauchos del Chaco. ¿Qué venían á hacer en Salta, donde no habían
+nacido?... ¿Por qué se atrevían á bailar con las mujeres del país?...
+
+Los dos sabían bien que estas mujeres bailaban con todo el mundo, y que
+las más de ellas no eran de la tierra. Pero su acometividad necesitaba
+un pretexto, fuese el que fuese, y al poco rato, sin darse cuenta de
+cómo empezó la cuestión, se vieron con el cuchillo en la mano frente á
+los gauchos del Chaco, que también habían desnudado su facones.
+
+Hubo un herido; chillaron las mujeres; el hombre del arpa salió
+corriendo llevando á cuestas su instrumento, que gimió de dolor al
+chocar con las rejas salientes de la calle; acudieron los vecinos, y
+llegaron al fin los policías, que rondaban esta noche más que en el
+resto del año, conociendo por experiencia los efectos de la aglomeración
+en la fiesta del Señor del Milagro.
+
+Rosalindo se vió con su amigo en las afueras de la ciudad, al perder la
+excitación en que le habían puesto su cólera y la bebida.
+
+--Creo que lo has matado, hermano--dijo el compañero.
+
+Y como era hombre de experiencia en estos asuntos, le aconsejó que se
+marchase á Chile si no quería pasar varios años alojado gratuitamente en
+la penitenciaría de Salta.
+
+Todas las mujeres de la «casa alegre», así como los gauchos, habían
+visto perfectamente cómo daba Rosalindo la cuchillada al herido.
+Además, su arma había quedado abandonada en el lugar de la pelea.
+
+El camino para huir no era fácil. Tendría que atravesar la Quebrada del
+Diablo, siguiendo después un sendero abrupto á través de los Andes,
+hasta llegar al puerto del Pacífico llamado El Paposo. Muchos chilenos,
+huyendo de la justicia de su país, hacían este viaje, y bien podía él
+imitarlos por idéntico motivo, siguiendo la misma travesía, pero en
+sentido inverso.
+
+Rosalindo intentó ir á la mísera posada donde había dejado su caballo,
+pero cuando estaba cerca de ella tuvo que retroceder, avisado por el
+fiel camarada. La policía, más lista que ellos, estaba ya registrando
+los objetos de la pertenencia de Ovejero, entreteniendo así su espera
+hasta que se presentase el culpable.
+
+--Hay que huir, hermano--volvió á aconsejar el amigo.
+
+Juzgaba peligrosa, después de esto, la ruta más corta que conduce á la
+provincia de Copiapó en la vecina República de Chile. Era camino muy
+frecuentado por los arrieros, y la policía podía darle alcance. Ya que
+no tenía montura, lo acertado era tomar el camino más duro y abundante
+en peligros, pero que sólo frecuentan los de á pie. Como su ausencia iba
+á ser larga y le era preciso ganarse el pan, resultaba preferible esta
+ruta, pues al término de ella encontraría las famosas salitreras
+chilenas, donde siempre hay falta de hombres para el trabajo, y á veces
+se pagan jornales inauditos.
+
+Rosalindo conocía de fama este camino, llamado del Despoblado. Detrás
+del tal Despoblado se encontraba algo peor: la terrible Puna de Atacama,
+un desierto de inmensa desolación, donde morían los hombres y las
+bestias, unas veces de sed, otras de frío, y en algunas ocasiones caían
+abrumadas por el viento.
+
+Ovejero se guardó las espuelas en el cinto, renunciando á su dignidad
+de jinete para convertirse en peatón.
+
+--Si tienes suerte--continuó el camarada--, tal vez en veinte días ó en
+un mes llegues al puerto de Cobija ó á las salitreras de Antofagasta.
+Hay arrieros que han hecho el camino en ese tiempo.
+
+Y con la ternura que inspira el amigo en pleno infortunio, le dió su
+cuchillo y toda la pequeña moneda que pudo encontrar en los diferentes
+escondrijos de su traje.
+
+--Tomá, hermano; lo mismo harías tú por mi si yo me hubiese
+«desgraciado». ¡Que el Señor del Milagro te acompañe!
+
+Y Rosalindo Ovejero volvió la espalda á la ciudad de Salta, tomando el
+camino del Despoblado.
+
+
+
+
+II
+
+
+Lo conocía sin haber pasado nunca por él, como conocía todos los caminos
+y senderos de los Andes, donde hombres y cuadrúpedos son menos que
+hormigas, trepando lentamente por las arrugas y las aristas de unas
+montañas tan altas que impiden ver el cielo.
+
+Su padre se había dedicado al arrieraje, y todos sus antecesores
+vivieron del ejercicio de la misma profesión. Llevaban productos del
+país á los puertos del Pacífico, para traer en sus viajes de vuelta
+objetos de procedencia europea, pues Buenos Aires y los demás puertos
+argentinos están muy lejos. En su casa, Rosalindo sólo había oído
+hablar de peligrosos viajes á través de los Andes y de la altiplanicie
+desolada de Atacama.
+
+Después, en su adolescencia, fué de ayudante con algunos arrieros,
+cuidando las mulas en los malos pasos para que no se despeñasen. En
+estos viajes por las interminables soledades no temía á los hombres ni á
+las bestias. Para el vagabundo predispuesto á convertirse en salteador,
+tenía su cuchillo, y también para el puma, león de las altiplanicies
+desiertas, no más grande que un mastín, pero que el hambre mantiene en
+perpetua ferocidad, impulsándole á atacar al viajero. Lo único que le
+infundía cierto pavor en esta naturaleza grandiosa y muda, á través de
+la cual habían pasado y repasado sus ascendientes, eran los poderes
+misteriosos y confusos que parecían moverse en la soledad.
+
+Ovejero tenía un alma religiosa á su modo y propensa á las
+supersticiones.
+
+Creía en el Cristo de Salta, pero al lado de él seguía venerando á las
+antiguas divinidades indígenas, como todos los montañeses del país. El
+Señor del Milagro disponía indudablemente del poder que tienen los
+hombres blancos, dominadores del mundo, pero no por esto la Pacha-Mama
+dejaba de ser la reina de la Cordillera y de los valles inmediatos, como
+muchos siglos antes de la llegada de los españoles.
+
+La Pacha-Mama es una diosa benéfica que está en todas partes y lo sabe
+todo, resultando inútil querer ocultarle palabras ni pensamientos.
+Representa la madre tierra, y todo arriero que no es un desalmado, cada
+vez que bebe, deja caer algunas gotas, para que la buena señora no sufra
+sed. También cuando los hombres bien nacidos se entregan al placer de
+mascar coca, empiezan siempre por abrir con el pie un agujero en el
+suelo y entierran algunas hojas. La Pacha-Mama debe comer, para que el
+hambre no la irrite, mostrándose vengativa con sus hijos.
+
+Rosalindo sabía que la diosa no vive sola. Tiene un marido que es
+poderoso, pero con menos autoridad que ella: un dios semejante á los
+reyes consortes en los países donde la mujer puede heredar la corona.
+Este espíritu omnipotente se llama el Tata-Coquena, y es poseedor de
+todas las riquezas ocultas en las entrañas del globo.
+
+Muchos naturales del país se habían encontrado con los dos dioses cuando
+llevaban sus arrias por los desfiladeros de los Andes; pero siempre
+ocurría tal encuentro en días de tempestad, como si los dioses sólo
+pudieran dejarse ver á la luz de los relámpagos y acompañados por los
+truenos que ruedan con un estallido interminable de montaña en montaña y
+de valle en valle.
+
+La Pacha-Mama y el Tata-Coquena eran arrieros. ¿Qué otra cosa podían
+ser, poseyendo tantas riquezas?... Los que les veían no alcanzaban á
+contar todas las recuas de llamas, enormes como elefantes, que marchaban
+detrás de ellos. Las «petacas» ó maletas de que iban cargadas estas
+bestias gigantescas estaban repletas de coca, precioso cargamento que
+emocionaba más á los arrieros de la Cordillera que si fuese oro.
+
+Los del país no conocían riqueza que pudiera compararse con estas hojas
+secas y refrescantes, de las que se extrae la cocaína y que suprimen el
+hambre y la sed.
+
+El padre de Rosalindo se había encontrado algunas veces con la
+Pacha-Mama en tardes de tempestad, describiendo á su hijo cómo eran la
+diosa y su consorte, así como el lucido y majestuoso aspecto de sus
+recuas. Pero siempre le ocurría este encuentro después de un largo alto
+en el camino, en unión de otros arrieros, que había sido celebrado con
+fraternales libaciones.
+
+Al emprender su marcha por el Despoblado, pensó Rosalindo al mismo
+tiempo en el Cristo de Salta y en la Pacha-Mama. Las dos sangres que
+existían en él le daban cierto derecho á solicitar el amparo de ambas
+divinidades. Entre sus antecesores había un tendero español de Salta, y
+el resto de la familia guardaba los rasgos étnicos de los primitivos
+indios calchaquies. Si le abandonaba uno de los dioses, el otro, por
+rivalidad, le protegería.
+
+Después de esto se lanzó valerosamente á través del Despoblado.
+
+Los más horrendos paisajes de la Cordillera conocidos por él resultaban
+lugares deliciosos comparados con esta altiplanicie. La tierra sólo
+ofrecía una vegetación raquítica y espinosa al abrigo de las piedras. A
+veces encontraba montones de escorias metálicas y ruinas de pueblecitos
+y capillas, sin que ningún ser humano habitase en su proximidad. Eran
+los restos de establecimientos mineros creados por los conquistadores
+españoles cuando se extendieron por estos yermos en busca de metales
+preciosos. Los indios calchaquies se habían sublevado en otro tiempo,
+matando á los mineros, destruyendo sus pueblos y cegando los filones
+auríferos, de tal modo, que era imposible volver á encontrarlos.
+
+El paisaje se hacía cada vez más desolado y aterrador. Sobre esta
+altiplanicie, donde caía la nieve en ciertos meses, sepultando á los
+viajeros, no había ahora el menor rastro de humedad. Todo era seco,
+árido y hostil. Las riquezas minerales daban á las montañas colores
+inauditos. Había cumbres verdes, pero de un verde metálico; otras eran
+rojas ó anaranjadas.
+
+En ciertas oquedades existía una capa blanca y profunda, semejante al
+sedimento de un lago cuyas aguas acabasen de solidificarse. Estos lagos
+secos eran de borato. Caminó después días enteros sin encontrar ninguna
+vegetación. Únicamente en las quebradas secas crecían ciertos cactos del
+tamaño de un hombre, rectos como columnas espinosas. Estos cactos,
+vistos de lejos, daban la impresión de filas de soldados que descendían
+por las laderas en orden abierto.
+
+Rosalindo, en las primeras jornadas, encontró las chozas de algunos
+solitarios del Despoblado. Eran pastores de cabras--el rebaño del
+pobre--que realizaban el milagro de poder subsistir, ellos y sus
+animales, sobre una tierra estéril. Más adelante ya no encontró ninguna
+vivienda humana. La soledad absoluta, el silencio de las tierras
+muertas, la profundidad misteriosa de la carencia de toda vida, se
+abrieron ante sus pasos para cerrarse inmediatamente, absorbiéndolo.
+
+Para darse nuevos ánimos recordaba lo que había oído algunas veces sobre
+los primeros hombres blancos que atravesaron este desierto. Eran
+españoles con arcabuces y caballos, guerreros de pesadas armaduras que
+no sabían adonde les llevaban sus pasos é ignoraban igualmente si la
+horrible Puna de Atacama tendría fin. Su jefe se llamaba Almagro y había
+abandonado á Pizarro en el Perú para atravesar esta soledad aterradora,
+descubriendo al otro lado del desierto la tierra que luego se llamó
+Chile.
+
+«¡Qué hombres, pucha!», pensaba Rosalindo.
+
+Y se consideraba con mayores fuerzas para continuar el viaje. Él á lo
+menos sabía con certeza adonde se dirigía, y encontraba todos los
+detalles topográficos del terreno de acuerdo con los informes que le
+había proporcionado su camarada y los solitarios establecidos en los
+linderos del desierto.
+
+Ninguno de éstos, al darle hospitalidad en su vivienda, le hizo
+preguntas indiscretas. Adivinaban que huía por haberse «desgraciado», y
+como este infortunio le puede ocurrir á todo hombre que usa cuchillo, se
+limitaron á darle explicaciones sobre el rumbo que debía seguir,
+añadiendo algunos pedazos de carne de cabra seca, para que no muriese de
+hambre en su audaz travesía.
+
+Cuando hubo consumido todas sus vituallas, no por esto perdió el ánimo.
+Mientras conservase una bolsa que llevaba pendiente de su cinturón, no
+temía al hambre ni á la sed. En ella llevaba su provisión de coca,
+alimento maravilloso para los indígenas, porque da la insensibilidad de
+la parálisis y suspende el tormento de las necesidades, esparciendo á la
+vez por todo el organismo un alegre vigor. Gracias á este
+anestésico--considerado en el país como un manjar de origen
+divino--podría vivir días y días, sin que el hambre ni la sed
+dificultasen su viaje.
+
+Buscaba al cerrar la noche el abrigo natural de las piedras ó de los
+muros en ruinas que revelaban el emplazamiento de algún establecimiento
+minero arrasado dos siglos antes. Sólo reanudaba su marcha con la luz
+del sol, para ir guiándose por las señales que le habían indicado,
+evitando el perderse en esta tierra monótona, sin árboles, sin casas,
+sin ríos, que le pudiesen servir de punto de orientación.
+
+Lo que más le preocupaba era la posibilidad de que se levantase de
+pronto uno de los terribles vientos glaciales que barren la Puna.
+Mientras la atmósfera se mantuviese tranquila no se consideraba en
+peligro de muerte. El frío huracán, en esta altiplanicie donde es
+imposible encontrar refugio, resultaba tan temible como la nieve que
+sepulta.
+
+La rarefacción de la atmósfera representaba igualmente una fatiga mortal
+para los que cruzaban por primera vez las altiplanicies andinas. Pero
+Ovejero, habituado á respirar en las grandes alturas, estaba libre del
+llamado «mal de la Puna». Tenía el corazón sólido de los montañeses y su
+pecho dilatado le permitía respirar sin angustia en unas tierras
+situadas á más de tres mil metros sobre el Océano.
+
+Una mañana adivinó que había llegado al punto más culminante y difícil
+de su camino. Dos ó tres jornadas más allá empezaría su descenso hacia
+el Pacífico.
+
+«Debo estar cerca de la difunta Correa», pensó.
+
+Conocía de fama á la «difunta Correa», como todos los hijos de la tierra
+de Salta.
+
+Era una pobre mujer que se había lanzado á través del desierto á pie y
+con una criatura en los brazos. Su deseo era llegar á Chile en busca de
+un hombre: tal vez su marido, tal vez un amante que la había abandonado.
+Los vientos glaciales de la Puna la envolvieron en lo más alto de la
+planicie, y ella y su criatura, refugiadas en una oquedad del suelo,
+murieron de frío y de hambre. Meses después la descubrieron otros
+viandantes en el mismo estado que si acabase de morir, pues los
+cadáveres se mantienen en las secas alturas de la Puna en una
+conservación absoluta que parece desafiar á la muerte.
+
+La piedad de los vagabundos andinos abrió una fosa en el suelo estéril
+para enterrar á esta mujer, apellidada Correa, y á su niño, colocando
+sobre los cadáveres un montón de piedras como rústico monumento.
+
+Se extendió por todo el país la fama de la «difunta Correa». Eran muchos
+los que habían muerto en los senderos de la altiplanicie llamados
+«travesías», pero ninguno de los vagabundos fallecidos podía inspirar el
+mismo interés novelesco que esta mujer.
+
+La tumba de la difunta Correa fué en adelante el lugar de orientación
+para los que pasaban de Salta á Chile. Todo viandante se consideró
+obligado á rezar una oración por la difunta y á dejar una limosna encima
+de su sepulcro. Uno de los solitarios del Despoblado se instituyó á sí
+mismo administrador póstumo de la difunta, y cada seis meses ó cada año
+hacía el viaje hasta la tumba para incautarse de las limosnas,
+dedicándolas al pago de misas.
+
+Este asunto era llevado con una probidad supersticiosa. El dinero de las
+limosnas permanecía meses y meses sobre la tumba, sin que los
+viajeros--en su mayor parte hombres de tremenda historia--osasen tocar
+la más pequeña parte del depósito sagrado. Muy al contrario, todos
+procuraban dar aunque sólo fuesen unos centavos, por creer que una
+limosna á la difunta Correa era el medio más seguro de terminar el viaje
+felizmente.
+
+Rosalindo encontró al fin la tumba. Era un montón de piedras adosado á
+otras piedras que parecían la base de un muro desaparecido. Dos maderos
+negros y resquebrajados por el viento formaban una cruz, y al pie de
+ella había una vasija de hojalata, un antiguo bote de carne en conserva
+venido de Chicago á la América austral para acabar sirviendo de cepillo
+de limosnas sobre la sepultura de una mujer.
+
+Ovejero examinó su interior. Una piedra gruesa depositada en el fondo
+del bote servía para mantenerlo fijo sobre la tumba y que no lo
+arrebatase el viento. Al levantar la piedra, su mirada encontró el
+dinero de las limosnas: unos cuantos billetes de á peso y varias piezas
+de níquel. Tal vez había transcurrido un año sin que el administrador de
+la muerta viniese á recoger las limosnas.
+
+El gaucho conocía su deber, y se apresuró á cumplirlo. Con el sombrero
+en la mano, rezó todas las oraciones que guardaba en su memoria desde la
+niñez. «¡Pobre difunta Correa!...» Luego buscó en su cinto, á través de
+diversos objetos, el pañuelo anudado en cuyo interior guardaba toda su
+moneda.
+
+Sacó á luz lo que poseía. Únicamente le quedaban tres pesos con algunos
+centavos. Durante los primeros días del viaje había tenido que pagar en
+algunos altos del camino, pues los habitantes de las chozas no eran
+simples pastores, como los del desierto, y se ayudaban para vivir dando
+posada á los arrieros. Le quedaba muy poco para hacer una limosna
+espléndida.
+
+Pensó también con inquietud en lo que le esperaba al otro lado del
+desierto, cuando ya no estuviera solo y al encontrarse entre los
+primeros hombres renacieran otra vez las exigencias y los gastos de la
+vida social. Necesitaba dinero para continuar su viaje por tierra
+civilizada, para subsistir antes de que encontrase trabajo, y la
+cantidad que poseía no era suficiente.
+
+Empezaba á olvidarse, abismado en estos cálculos, de la difunta y de
+todo lo que le rodeaba, cuando un personaje inesperado le hizo volver á
+la realidad con su inquietante aparición.
+
+No estaba solo en el desierto. Vió al otro lado de la fila de piedras en
+forma de muro un perro enorme que gruñía, con la piel dorada cubierta de
+manchas de rojo obscuro. Vió también, al hacer un movimiento este
+animal, que tenía cabeza de gato, con bigotes hirsutos y unos ojos
+verdes que esparcían reflejos dorados.
+
+Rosalindo conocía á esta bestia y no le inspiraba miedo. Era un puma que
+parecía dudar entre la audacia y el temor, entre la acometividad y la
+fuga. El hombre lo espantó con un alarido feroz, enviándole al mismo
+tiempo un peñascazo que le alcanzó en una pata. La fiera huyó en el
+primer momento, pero se detuvo á corta distancia. Aquel terreno lo
+consideraba como suyo. Sin duda permanecía junto á la tumba todo el año,
+por ser este el lugar más frecuentado en la soledad del desierto,
+resultándole fácil el nutrirse con los despojos de las caravanas ó el
+sorprender á un hombre ó á una bestia de carga en momentos de descuido.
+
+Al quedar lejos no quiso Rosalindo hostilizarle por segunda vez. Veía en
+él á un guardián de la tumba. Hasta pensó supersticiosamente si este
+felino de la altiplanicie, mezcla de león y de tigre, tendría algo del
+alma de la difunta, pues en los cuentos del país había oído hablar
+muchas veces de espíritus de personas que continúan su existencia dentro
+de cuerpos de animales.
+
+Dejó de ocuparse del puma para seguir mirando el bote de las limosnas.
+Una idea digna de ser tenida en cuenta acababa de surgir en su
+pensamiento en el mismo instante que le distrajo la presencia de la
+fiera.
+
+Él estaba vivo y tenía poco dinero; en cambio la difunta Correa estaba
+muerta hacía años y no necesitaba comer ni le era forzoso ir á Chile
+como él. Aquellas limosnas iban á quedar meses y meses debajo del
+pedrusco, hasta que se le ocurriese venir al encargado de recogerlas.
+¿No podían hacer un negocio honrado la difunta y él?...
+
+Rosalindo no quiso aceptar ni por un instante la idea de apoderarse de
+este dinero. Por ser de una muerta tenía un carácter sagrado, y además
+representaba cierta cantidad de misas para la salvación eterna de la
+madre y su criatura. Pero era posible una operación de crédito entre los
+dos, que no resultaba completamente nueva.
+
+Sabía por los arrieros y peatones de los Andes para lo que servían
+muchas veces estas tumbas con su depósito de limosnas. Como abundan las
+sepulturas en las diversas travesías de la Cordillera, los viandantes
+faltos de recursos se llevan con toda reverencia el dinero dedicado á
+los difuntos, pero dejando á éstos un recibo con la promesa solemne de
+devolverles una cantidad mayor.
+
+Ovejero pensó que él podía hacer lo mismo. La difunta Correa era una
+buena mujer y aceptaría seguramente desde el fondo de su tumba de
+piedras este préstamo. Él, por su parte, siempre había sido fiel á su
+palabra y además empeñaba su firma. Lo que se llevase lo devolvería
+quintuplicado, y la difunta iba á ganar como réditos de la operación un
+gran número de misas.
+
+Con la tranquilidad que comunica la pureza de la intención, fué
+recogiendo toda la moneda depositada en el fondo del bote. La contó:
+ocho pesos y cuarenta centavos. Luego buscó en su cinto un lápiz corto y
+romo, arrancando también un pedazo de papel de un diario viejo de Salta.
+
+La redacción del documento fué empresa larga y difícil. En su niñez
+había figurado entre los mejores alumnos de la escuela de su
+pueblecillo, pero siempre consideró la ortografía como el más
+horripilante de los tormentos de la juventud, á causa de la diferencia
+entre letras mayúsculas y minúsculas.
+
+En el borde blanco del periódico declaró que tomaba á préstamo de la
+difunta Correa la expresada cantidad, comprometiéndose á devolvérsela
+sobre la misma tumba en el plazo de un año; y para hacer más solemne su
+compromiso, metió en cada palabra dos ó tres mayúsculas. Después puso su
+firma: _Rosalindo Ovejero_, con las letras todo lo más grandes que le
+permitió la escasez del papel.
+
+Cuando se hubo guardado el dinero en el cinto, depositó su recibo en el
+fondo del bote, colocando la piedra exactamente sobre él, para que en
+ningún caso pudiera llevárselo el viento.
+
+Nada le quedaba que hacer allí. Ahora que se veía con más dinero para
+afrontar la existencia entre los hombres civilizados, deseaba salir
+cuanto antes del desierto.
+
+El puma se había ido aproximando con un gruñido hipócrita, como si
+esperase verle de espaldas para caer sobre él. Rosalindo se inclinó,
+enviándole otro peñascazo que le hizo huir por segunda vez de aquella
+tumba que consideraba como su guarida.
+
+Continuó el gaucho su marcha. Al día siguiente vió unos guanacos
+salvajes que corrían por el límite del horizonte. La vida vegetal y
+animal empezaba á reaparecer en el desierto. En los días siguientes los
+guanacos salieron á su encuentro formando manadas y los matorrales
+fueron más espesos y altos. La atmósfera resultaba más respirable; el
+terreno iba en descenso.
+
+A la semana siguiente el fugitivo de Salta encontró hombres y durmió en
+viviendas que formaban míseros pueblos.
+
+Siguió bajando, y al fin encontró el camino que se remonta á Bolivia y
+que en dirección opuesta iba á conducirle á la costa del Pacífico.
+
+
+
+
+III
+
+
+Pasó cerca de un año trabajando en las explotaciones salitreras
+establecidas por los chilenos en la costa del Pacífico. Vivió unas veces
+cerca de Antofagasta, otras en Iquique y hasta en Arica, junto á la
+frontera del Perú.
+
+El trabajo no era extremadamente duro y se ganaban buenos jornales.
+Europa necesitaba abono para sus campos, y especialmente en Alemania los
+arenales del Brandeburgo se negaban á dar patatas y remolachas si no
+recibían antes la nutrición del ázoe solidificado en las llanuras
+chilenas.
+
+Todos los pueblos vivían entonces en paz, y era preciso aumentar la
+producción del suelo para que una humanidad exuberante en demasía no se
+quedase sin comer. Llegaban vapores y veleros á los puertos del Pacífico
+cargados de carbón, y partían semanas después llevando sus bodegas
+repletas de salitre. Miles y miles de hombres trabajaban en el arranque
+de esta tierra blanca contenedora de un excitante fertilizador. Los
+brazos eran pagados con generosidad y el dinero corría abundantemente.
+
+Rosalindo celebró como una protección de la suerte el haber huído de su
+país natal, librándose para siempre de su pobre y ruda profesión de
+arriero. En pocas semanas ganó lo que al otro lado de los Andes le
+hubiese costado un año de trabajo. Además, su existencia era mucho más
+fácil y dulce en esta tierra de emigración.
+
+Hombres de diversos países trabajaban en las salitreras, y casi todos
+ellos vivían sin familia, pudiendo gastar alegremente sus considerables
+jornales. De aquí que, en días de fiesta, los obreros de gustos
+alcohólicos se entregasen á las más desordenadas fantasías en los cafés
+y los despachos de licores. No sabían cómo acabar su dinero en esta
+tierra de vida improvisada y escasas diversiones. Algunos disparaban sus
+revólveres escogiendo como blanco las botellas alineadas en la
+anaquelería detrás del mostrador. Era un lujo destrozar á tiros las
+botellas de champaña traídas de Europa, pagándolas luego á unos precios
+que hubiesen escandalizado á muchos ricos. Otros, para beber un simple
+vaso de vino, hacían abrir la espita de un tonel, dejando que chorrease
+en su vaso durante mucho tiempo lo mismo que una fuente, perdiéndose
+enormes cantidades de líquido. Luego pagaban con orgullo, delante de
+todos, para que se enterasen de su vanidad.
+
+Con estas fantasías y otras menos confesables engañaban su tedio en este
+país abundante en dinero pero de aspecto entristecedor. La riqueza
+estaba en la profunda capa de salitre que cubría el suelo; pero esta
+tierra blanca que servía para fertilizar los campos de Europa no
+toleraba aquí ninguna vegetación. Una esterilidad valiosa pero triste
+rodeaba las nuevas poblaciones. El mayor lujo de los ricos era tener en
+sus casas unas cuantas macetas de flores. El agua para su riego había
+costado tan cara como los vinos más célebres.
+
+Las interminables recuas de mulas, al acarrear del interior á los
+puertos las cargas de salitre, parecían acordarse melancólicamente de
+los campos donde habían nacido, con árboles, hierbas y arroyos. En las
+casas inmediatas á los caminos de esta tierra estéril, los dueños
+evitaban pintar sus cercas de verde, pues los pobres animales, engañados
+por el color, empezaban á roer los barrotes de madera, tomándolos por
+vegetales surgidos del suelo.
+
+Rosalindo acabó por adquirir el mismo aspecto de los obreros del país.
+Ya no quedaba nada en él del gaucho salteño. Se había cortado las
+melenas y transformado su traje. Además, siguió con atención, en los
+diversos lugares de su trabajo, las predicaciones de algunos obreros
+procedentes de Europa que hablaban contra las compañías salitreras,
+incitando á los compañeros á la revuelta. Pero una huelga seguida de
+incendios y saqueos fué sofocada inmediatamente por los soldados
+chilenos con abundante empleo de ametralladoras, lo que devolvió la
+prudencia á Rosalindo y á la mayoría de sus camaradas.
+
+Cuando llevaba ocho meses trabajando, experimentó una gran alegría al
+encontrarse con un hombre de su país que deseaba regresar á Salta.
+
+La vida de este hombre en las salitreras había sido menos agradable y
+fructuosa que la de Ovejero. Trabajó y ganó buenos jornales en los
+primeros meses; pero era jugador, y todas sus ganancias se quedaron en
+las llamadas casas «de remolienda». Al final, sus deudas y sus continuas
+peleas le obligaban á abandonar el país.
+
+Rosalindo, por ser un compatriota, atendió todas sus peticiones de
+dinero. Él no era jugador. Su vicio dominante había sido siempre la
+bebida, y aquí que ganaba mucho podía satisfacerlo con largueza, lo
+mismo que un caballero.
+
+Al saber que su compatriota iba á volver á Salta por la Puna de Atacama,
+el gaucho, que era hombre de honor, incapaz de olvidar sus compromisos,
+pensó en la antigua deuda, que le preocupaba con frecuencia y hasta
+algunas noches le había quitado el sueño.
+
+Mientras obsequiaba á su compatriota en un café de Antofagasta, le fué
+explicando su asunto.
+
+--Tú pasarás por donde la difunta Correa, ¿no es eso, hermano?... Pues
+bien; cuando llegues á su sepultura, le dejas bajo la piedra estos
+treinta pesos. Ella me dió ocho y unos centavos, pero hay que ser
+rumboso con los que nos favorecen, y además la pobre tal vez está
+necesitada de misas.
+
+Pidió también á su camarada que retirase el recibo escrito en un pedazo
+de periódico que había dejado en la tumba ó que fuese en busca del
+encargado de recoger las limosnas para pedirle el tal documento. Los
+asuntos de dinero deben llevarse con limpieza, sobre todo si hay
+muertos de por medio. Cuando el camarada tuviese el recibo en su poder,
+debía enviárselo por correo para su tranquilidad.... Y le entregó unos
+cuantos pesos más por la molestia que le pudiese ocasionar el encargo.
+
+Transcurrieron varios meses. Rosalindo trabajaba todos los días como un
+obrero de buenas costumbres. A pesar de que había sido hombre de pelea,
+evitaba las cuestiones en este mundo compuesto de gentes bravas y de
+todas procedencias, que para ir á ganarse el jornal llevaban siempre el
+cuchillo y el revólver. Él deseaba únicamente que le dejasen embriagarse
+en paz. De día trabajaba en la salitrera y de noche se emborrachaba en
+algún cafetín predilecto, hasta que ganaba su alojamiento tambaleándose,
+ó lo llevaba hasta él un compañero casi á rastras.
+
+De pronto se sintió enfermo. El médico, un joven recién llegado de
+Santiago, atribuyó su dolencia á los excesos alcohólicos; pero él creía
+saber mejor que este chileno presuntuoso cuál era la verdadera causa de
+su enfermedad.
+
+Dormía mal y su sueño estaba cortado por terribles visiones. Esta vida
+de alucinación dolorosa había empezado para él cierta noche en que se
+dirigía á su casa completamente ebrio.
+
+Una mujer le salió al paso: una mujer enjuta de carnes, con la tez algo
+cobriza y unos ojos grandes, negros, ardientes. Iba envuelta en un manto
+obscuro que había perdido su primer tinte y era del color llamado "ala
+de mosca". Agarrado á una de sus manos marchaba un niño cuya cabeza
+apenas le llegaba á las rodillas.
+
+Rosalindo no conocía á la difunta Correa ni jamás encontró á alguien que
+pudiera describírsela. Pero al ver a esta mujer por primera vez, quedó
+convencido de su identidad. Era la difunta Correa; no podía ser otra,
+¡Aquellos ojos!... ¡Aquel niño que la acompañaba!...
+
+Se quitó el sombrero con la misma expresión reverente que cuando había
+rezado ante su tumba.
+
+--¿En qué puedo servirla, señora?--dijo--. ¿Qué desea de mí?...
+
+La mujer permaneció muda, y sus ojos redondos, de un ardor obscuro, le
+miraron fijamente. Al entrar en su casucha cerró la puerta, y la
+difunta, siempre con su niño de la mano, se filtró á través de las
+maderas.
+
+Dormía Rosalindo en una pieza grande con siete compañeros más, pero
+aquella hembra dolorosa, como venía del otro mundo y todos los seres de
+allá dan poca importancia á las preocupaciones morales de la tierra, se
+metió entre tantos hombres, sin vacilación, permaneciendo erguida junto
+á la cama de Ovejero.
+
+Cada vez que éste abría los ojos la encontraba frente á él, inmóvil,
+rígida, mirándole con sus pupilas ardientes y fijas, no alteradas por el
+más leve parpadeo.
+
+A la mañana siguiente, el gaucho creyó haber atinado con la explicación
+de este encuentro. La pobre difunta había venido indudablemente á darle
+las gracias por los enormes réditos con que había acompañado la
+devolución del préstamo. Si permanecía muda y con aquellos ojos que
+infundían espanto, era porque las almas en pena no pueden mirar de
+distinto modo.
+
+Afirmado en esta creencia, no experimentó sorpresa alguna cuando, en la
+noche siguiente, al regresar ebrio de su cafetín, tropezó con la
+enlutada y su niño cerca de la casa.
+
+Por segunda vez se quitó el sombrero, gangueando sus palabras con una
+amabilidad de borracho.
+
+--No tiene usted nada que agradecerme, señora. La palabra es palabra, y
+lo que siento es no haber podido enviarle más para que la digan misas.
+El año que viene, cuando algún amigo mío vaya para allá, tal vez le haga
+otra remesa.
+
+Pero la mujer parecía no oírle y continuó fijando en él sus ojos
+inmóviles, mientras la cara del niño--una cara de muerto--se agitaba con
+el temblor de un llanto sin lágrimas y sin ruido.... Y la difunta le
+acompañó otra vez hasta su cama, manteniéndose inmóvil junto á ella, y
+desapareciendo únicamente con las primeras luces del amanecer.
+
+Este encuentro se fué repitiendo varias noches. Rosalindo bebía cada vez
+más, viendo en el alcohol un medio seguro de sumirse en el sueño y
+evitar tales visiones; pero contra su opinión, las visitas de la difunta
+se hacían más largas así como él aumentaba su embriaguez. Algunas veces,
+hasta en pleno sol, cuando trabajaba en el arranque de las rocas de
+salitre, la difunta surgía frente á él durante sus minutos de descanso.
+En vano le dirigía preguntas. La enlutada era muda y únicamente sabía
+mirarle con sus pupilas redondas y severas, mientras el niño continuaba
+su eterno llanto sin humedad y sin eco.
+
+«Hay en este asunto algo que no comprendo--pensaba Rosalindo--. ¿No le
+habrá entregado aquel amigazo el dinero que le di?»
+
+Se dedicó á averiguar el paradero de su compatriota. Pensó por un
+momento si se habría quedado con los pesos que le entregó para la
+muerta; pero inmediatamente repelió tal sospecha. Su camarada, aunque
+algo bandido y de perversas costumbres, era muy temeroso de Dios é
+incapaz de ponerse en mala situación con las ánimas del Purgatorio, á
+las que tenía gran respeto y no menos miedo.
+
+Al fin, un vagabundo que iba de boliche en boliche por las diversas
+salitreras para robar con sus malas artes de jugador el dinero de los
+trabajadores, le dió noticias sobre el desaparecido, después de repasar
+los recuerdos de su propia vida complicada y aventurera. A su amigo lo
+habían matado meses antes en un despacho de bebidas cerca de la
+Cordillera, cuando se dirigía desde Cobija á tomar el camino de la Puna.
+La cuchillada mortal había sido por cuestiones de juego.
+
+El gaucho, que no quería dudar de que la difunta hubiese recibido su
+préstamo con todos los intereses, quedó aterrado al recibir esta
+noticia. Empezó á calcular los meses transcurridos desde que dejó su
+recibo en la tumba del desierto. Hizo un gesto de satisfacción, como si
+acabase de resolver un problema difícil, al convencerse de que iba
+transcurrido más de un año, plazo que él mismo fijó en su papel. La
+difunta tenía derecho á reclamar. Ahora comprendía sus ojos severos
+fijos en él y la expresión dolorosa de aquella carita de muerto, que
+lloraba y lloraba con el tormento de un hambre del otro mundo, por
+faltarle el sustento de las misas.... ¡Y él, que despilfarraba sus
+jornales en bebidas y otros vicios menos confesables, estaba retardando
+la salvación de estos dos seres infelices al no devolverles un dinero
+que necesitaban para la salud de su alma!...
+
+Deseó que llegase pronto la noche y se le apareciese la difunta para
+darle sus explicaciones de deudor honrado. Pero por lo mismo que su
+deseo era vehemente, no pudo encontrarla en las cercanías de su casucha
+por más vueltas que dió en torno de ella, y eso que en la presente
+noche, para evitar palabras confusas y tergiversaciones en el negocio,
+había bebido muy poco. Fué cerca de la madrugada cuando Ovejero, que
+había conseguido dormirse, la vió al abrir sus ojos.
+
+--Señora, la falta no es mía; es de un amigo que se ha dejado matar,
+perdiendo mi dinero. Pero yo pagaré. Voy á buscar alguien que se
+encargue de devolver el préstamo, aunque tenga que costearle los gastos
+de viaje. Además aumentaré los intereses....
+
+No pudo seguir hablando. La difunta desapareció con su niño, como si la
+hubiesen tranquilizado estas promesas. Huía tal vez igualmente de los
+gritos y blasfemias de los otros obreros, que habían sido despertados
+por Rosalindo al hablar en voz alta. Estaban irritados contra el salteño
+porque todas las noches mostraba predilección en su borrachera por
+conversar con una mujer invisible. Y esta noche, en vez de hablar
+buenamente, había dado gritos. Todos ellos empezaron á tener por loco á
+su camarada.
+
+En mucho tiempo no volvió Ovejero á encontrarse con su acreedora. Esta
+ausencia le parecía natural. Las almas del otro mundo no necesitan
+esforzarse para conocer lo que hacen los vivos, y ella sabía que su
+deudor se ocupaba en devolverle el préstamo.
+
+Trabajó horas extraordinarias, bebió menos, fué reuniendo economías,
+pues deseaba hacerse perdonar con su generosidad el retraso en el pago
+de la deuda. Al mismo tiempo buscaba un hombre que se encargase de ir á
+depositar la cantidad sobre la tumba del desierto.
+
+Por más averiguaciones que hizo en los diversos campamentos salitreros y
+por más que escribió á los camaradas que tenía en otros puertos del
+Pacífico, no pudo encontrar un viajero que se propusiera volver al Norte
+de la Argentina siguiendo el desierto de Atacama.
+
+«Tendré que enviar un hombre á mis expensas--pensó--. Esto será caro,
+pero no importa; lo principal es dormir con tranquilidad y que no se me
+aparezca la pobre difunta llevando el niño de la mano....»
+
+¡Ay, el niño, con su llanto silencioso y su carita de muerto!... Este
+era el que le aterraba más en la lúgubre visión. La mujer le infundía
+respeto, pero no miedo; mientras que solamente al recordar el llanto
+extraño del hijo, sentía correr un espeluznamiento da pavor por todo su
+cuerpo. Era necesario redoblar su trabajo para reunir el dinero y
+encontrar á un hombre que lo llevase hasta la tumba....
+
+Y este hombre lo encontró al fin.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Era un chileno viejo llamado señor Juanito; pero las gentes del país,
+siempre predispuestas á cortar las palabras, sólo dejaban dos letras del
+tratamiento respetuoso á que su edad le daba derecho, llamándole _ño_
+Juanito.
+
+Siempre que abría su boca dejaba sumido á Ovejero en una resignada
+humildad. Su admiración por el viejo era tan grande, que consideró
+detalle de poca importancia el hecho de que no hubiese atravesado nunca
+la Puna de Atacama, ni conociera el lugar donde estaba el sepulcro de la
+difunta Correa. Un hombre de sus méritos sólo necesitaba unas cuantas
+explicaciones para hacer lo que le encargasen, aunque fuera en el otro
+extremo del planeta.
+
+Había vivido en la perpetua manía ambulatoria de algunos «rotos»
+chilenos, que llevan de la infancia á la muerte una existencia
+vagabunda. Deleitaba á Rosalindo contándole sus andanzas en el Japón, su
+vida de marinero á bordo de la flota turca y sus expediciones siendo
+niño á la California, en compañía de su padre, cuando la fiebre del oro
+arrastraba allá á gentes de todos los países. ¡Lo que podía importarle á
+un hombre de su temple lanzarse por la Puna de Atacama, hasta dar con la
+tumba de la difunta Correa!... Cosas más difíciles tenía en su historia,
+y no iba á ser la primera ni la décima vez que atravesase los Andes,
+pues lo había hecho hasta en pleno invierno, cuando los senderos quedan
+borrados por la nieve y ni los animales se atreven á salvar la inmensa
+barrera cubierta de blanco.
+
+Escuchaba con impaciencia los detalles facilitados por Rosalindo, al que
+llamaba siempre «el cuyano», apodo que los chilenos dan á los
+argentinos.
+
+--No añadas más--decía--. Desde aquí veo con los ojitos cerrados el
+rumbo que hay que seguir y la sepultura de la difunta, como si no
+hubiese visto otra cosa en mi vida.... Pero hablemos de cosas más
+interesantes, «cuyano».... ¿Cuánto piensas enviar á esa pobre señora?
+
+El gaucho, teniendo en cuenta lo que iba á costarle el mensajero,
+insistía en repetir un envío de treinta pesos. Pero _ño_ Juanito
+protestaba de la cifra, juzgándola mezquina.
+
+--Piensa que la difunta te está aguardando hace muchos meses. ¡A saber
+lo que llevará penado en el Purgatorio por no haber recibido tu dinero á
+tiempo! Tal vez le faltaban unas misas nada más para irse á la gloria, y
+tú se las has retardado.... Creo, «cuyano», que deberías rajarte hasta
+cincuenta pesos.
+
+Rosalindo acabó por aceptar la cifra, ya que este desembolso iba á
+librarle de nuevos encuentros con la difunta.
+
+Más difícil fué llegar á un acuerdo con _ño_ Juanito sobre sus gastos de
+viaje.
+
+Por menos de cien pesos no se movía de su tierra natal. El era muy
+patriota, y como estaba viejo, sólo por una suma decente podía correr
+el riesgo de que lo enterrasen fuera de Chile. Además, era justo que «el
+cuyano» lo indemnizara por los grandes perjuicios profesionales que iba
+á sufrir. Y enumeró todas las tabernas, llamadas «pulperías», y todas
+las casas «de remolienda» donde por la noche tocaba la guitarra cantando
+_cuecas_ y relatando cuentos verdes.
+
+--Tú mismo puedes ver cómo buscan en todas partes á _ño_ Juanito, y eso
+te permitirá apreciar el dinero que pierdo por servirte.... Pero lo hago
+con gusto porque me eres simpático, «cuyano».
+
+Y el gaucho, convencido de que no debía insistir, se dedicó á juntar la
+cantidad acordada, para que el viaje se realizase cuanto antes.
+
+Al fin entregó un día los ciento cincuenta pesos á _ño_ Juanito.
+
+--Mañana mismo--dijo el viejo--salgo para la Puna, y recto, recto, me
+planto no más en la tumba de esa señora. No añadas explicaciones;
+conozco la travesía. Antes de un mes me tienes aquí con el recibo.
+
+Y se marchó.
+
+Ovejero pasó unos días en plácida tranquilidad. Seguía bebiendo, pero
+esto no le impedía trabajar briosamente, pues le era necesario reunir
+nuevas economías después de permitirse el lujo de enviar un emisario
+especial al desierto de Atacama. Aunque volvió muchas noches á su
+casucha tambaleándose ó apoyado en el brazo de un compañero, jamás le
+salía al encuentro la mujer del manto negro llevando el niño de una
+mano. Tampoco despertaba á sus camaradas durante la noche con los
+monólogos de un ensueño violento.
+
+Transcurrió un mes sin que regresase el viejo. Rosalindo no se alarmó
+por esta tardanza. El tal _ño_ Juanito era un aventurero aficionado á
+cambiar de tierras, y tal vez había encontrado la de Salta muy á su
+gusto y andaba por las casas «de alegría» de la ciudad tañendo su
+guitarra y haciendo bailar la _chilenita_ á las mestizas hermosotas.
+Pero al transcurrir el segundo mes sin que llegase carta, Ovejero se
+mostró inquieto.
+
+Precisamente así que perdió su tranquilidad, la mujer del manto con el
+niño al lado volvió á aparecérsele. Tenía los ojos más redondos y más
+ardientes que antes. Su cara era más enjuta y cobriza, como si estuviese
+tostada por las llamas del Purgatorio. Y el niño.... ¡ay, el niño! El
+gaucho no podía mirarle sin un estremecimiento de terror.
+
+En vano habló á gritos para que le entendiese esta mujer que parecía
+sorda y muda, concentrando toda su vida en la mirada.
+
+--¿Qué ocurre, señora?... Yo he enviado el dinero. ¿No ha visto usted á
+_ño_ Juanito?
+
+Pero un estallido de maldiciones le cortó la palabra, haciendo huir á la
+visión.
+
+--¡Cállate, «cuyano» del demonio!--le gritaban los compañeros de
+alojamiento--. Ya estás hablando otra vez de la difunta y de la
+plata.... ¿Es que mataste alguna mujer allá en tu tierra, antes de
+venirte aquí?
+
+Al día siguiente, Rosalindo estaba tan preocupado que no acudió al
+trabajo.
+
+--Algo pasa que yo no sé--se decía--. ¿Habrán matado a _ño_ Juanito, lo
+mismo que mataron al otro?...
+
+Como necesitaba adquirir noticias del ausente, se fué al puerto de
+Antofagasta, donde el viejo chileno tenía numerosos amigos.
+
+Le bastó hablar con uno de ellos para convencerse de que _ño_ Juanito no
+había muerto y estaba á estas horas en pleno goce de su salud y su
+alegría vagabundas. La misma persona empezó á reir cuando «el cuyano» le
+habló de la marcha audaz del viejo á través de la Puna de Atacama. Ya
+no tenía piernas _ño_ Juanito para tales aventuras terrestres, y por eso
+sin duda había preferido embarcarse con dirección al Sur en uno de los
+vapores chilenos que hacen las escalas del Pacífico. Según las últimas
+noticias, él y su guitarra vagaban por Valparaíso, para mayor delicia de
+los marineros que frecuentan las casas alegres.
+
+Rosalindo lamentó que Valparaíso no estuviese más cerca, para
+interrumpir las _cuecas_ cantadas por el viejo con una puñalada igual á
+la que le había hecho huir de Salta.... El sacrificio de los ciento
+cincuenta pesos resultaba inútil, y la difunta vendría á turbar de nuevo
+sus noches con aquella presencia muda que parecía absorber su fuerza
+vital, dejándole al día siguiente anonadado por una dolencia
+inexplicable.
+
+Acudió fielmente la muerta á esta cita que él mismo la había dado en su
+imaginación.
+
+Todas las noches le esperó en el camino, entre el café y su alojamiento,
+deslizándose luego en éste, á pesar de que el gaucho se apresuraba á
+cerrar la puerta, dándose con ella en los talones. ¡Imposible librarse
+de su presencia y de la de aquel niño, cuya cara de muerto seguía
+espantándole á través de sus párpados cerrados!...
+
+--Tendré que ir yo mismo--se dijo con desesperación--. Debo hacer ese
+viaje, aunque me siento enfermo y sin fuerzas. Es preciso.... es
+preciso.
+
+Pero retardaba el momento de la partida, por flojedad física y por la
+atracción de un país en el que ganaba desahogadamente el dinero y no se
+sentía perseguido por los hombres.
+
+Acabó por familiarizarse con la terrible visión que le esperaba todas
+las noches. Cuando por casualidad estaba menos ebrio y la mujer del
+manto y su niño tardaban en presentarse, el gaucho experimentaba cierta
+decepción.
+
+Una noche, con gran sorpresa suya, no vió á la difunta y á su pequeño.
+Permaneció despierto en su cama hasta el amanecer, aguardando en vano la
+terrible visita.
+
+«Va á venir», pensaba, encontrando incomprensible esta ausencia,
+mientras en torno de él roncaban los compañeros exhalando un vaho
+alcohólico.
+
+La tranquilidad de la noche acabó por infundirle un nuevo miedo, más
+intenso que todos los que llevaba sufridos.
+
+Adivinó que iba á pasar algo extraordinario, algo inconcebible, cuyo
+misterio aumentaba su pavor.
+
+Y así fué.
+
+A la noche siguiente, una mujer le esperaba en el mismo lugar donde
+otras veces había salido á su encuentro la difunta Correa. Pero esta
+mujer no estaba envuelta en un manto negro ni la acompañaba un niño.
+Avanzó sola hacia él, y al estar cerca, sacó un brazo que llevaba oculto
+en la espalda, mostrando pendiente de la mano una luz.
+
+Rosalindo la reconoció, aunque no la había visto nunca. Era la «Viuda
+del farolito» y al mismo tiempo era también la difunta Correa.
+
+El brazo seco y verdoso, que parecía interminable, se extendió ante él,
+sirviendo de sostén á un farol rojizo que empezó á balancearse.... Y
+sintiendo el empujón de una fuerza irresistible, el gancho marchó hacia
+su alojamiento, iluminado por la linterna danzante, que esparcía en
+torno un remolino de manchas sangrientas y fúnebres harapos.
+
+Entró en la casa, y la luz tras de él. Se tendió en la cama, y el farol
+quedó inmóvil ante sus ojos. Más allá de su resplandor columbró en la
+penumbra el rostro de la «viuda», que era el mismo de la difunta, pero
+no inmóvil y severo, sino maligno, con una risa devoradora.
+
+Al fin, el hombre empezó á gritar, tembloroso de miedo:
+
+--¡Yo pagaré! ¡Es la falta de los otros!... Pero ¡por Dios, apague el
+farol; que yo no vea esa luz!
+
+Y como en las noches anteriores, los durmientes se despertaron lanzando
+juramentos; mas á pesar de sus protestas, Rosalindo siguió viendo á la
+«Viuda del farolito» y su terrible luz.
+
+--¡Ahí! ¡ahí!--gritaba despavorido, señalando al invisible fantasma.
+
+Las camaradas convinieron en la necesidad de obligar á este loco á que
+buscase otro alojamiento; pero la expulsión no impresionó gran cosa á
+Rosalindo. ¡Para lo que le quedaba de vivir allí!... Ya que era
+imposible hacer llegar hasta la tumba de su acreedora el dinero
+prestado, iría él mismo á pagar su deuda.
+
+Inmediatamente abandonó el trabajo é hizo sus preparativos de viaje. El
+tiempo no era propicio para emprender la travesía de la Cordillera por
+el desierto de Atacama. Iba á empezar el invierno. Pero Rosalindo movía
+la cabeza de un modo ambiguo cuando le aconsejaban que desistiese del
+viaje. Los otros no podían adivinar que su resolución no aceptaba
+demoras.
+
+La «Viuda del farolito» era una bruja implacable, y su aparición
+significaba un plazo mortal. El que la encontraba debía perecer antes de
+un año. Pero él tenía la esperanza de que si iba á pagar su deuda
+inmediatamente la amenaza quedaría sin efecto. ¿Cómo podría castigarle
+la bruja después de haber cumplido su compromiso?
+
+La falta de voluntad, consecuencia de su embriaguez, le hizo demorar el
+viaje algunas semanas. Sus compañeros de alojamiento toleraban que
+continuase entre ellos, con la esperanza de que partiría de un momento á
+otro. Transcurrió el tiempo sin que volvieran á presentarse la enlutada
+con el niño, ni la viuda con el farol. Ovejero bebía y su embriaguez no
+se poblaba de visiones. Pero una noche dió un alarido de hombre
+asesinado que despertó á sus camaradas.
+
+No veía á nadie, pero unas manos ocultas en la sombra tiraban de una de
+sus piernas con fuerza sobrenatural. Hasta creyó oír el crujido de sus
+músculos y sus huesos. A pesar de que los amigos rodeaban su cama las
+manos invisibles siguieron tirando de la pierna, mientras él lanzaba
+rugidos de suplicio.
+
+En la noche siguiente se repitió la misma tortura, acabando con la
+quebrantada energía del gaucho. Sintió un terror pueril al pensar que
+este suplicio podía repetirse todas las noches. Se acordaba de lo que
+había oído contar sobre los tormentos que la justicia aplicaba en otros
+siglos á los hombres. Iba á perecer descuartizado por aquellas manos
+invisibles que le oprimían como tenazas, tirando de sus miembros hasta
+hacerlos crujir.
+
+No dudó ya en emprender el viaje. Necesitaba ir á la tumba del desierto,
+no sólo para recobrar su tranquilidad; le era más urgente aún librarse
+del dolor y de la muerte.
+
+Malvendió todos los objetos que había adquirido en su época de
+abundancia, cuando no sabía en qué emplear los valiosos jornales; cobró
+varios préstamos hechos á ciertos amigos y de los que no se acordaba
+semanas antes. Así pudo comprar víveres y una mula vieja considerada
+inútil para el acarreo del salitre.
+
+Los dueños de las «pulperías» enclavadas en la vertiente de los Andes
+sobre el Pacífico le vieron pasar hacia la Puna de Atacama con su mula
+decrépita pero todavía animosa. Tenía la energía de los animales
+humildes, que hasta el último momento de su existencia aceptan la
+esclavitud del trabajo. En vano aquellos hombres dieron consejos al
+gaucho para que volviese atrás. Un viento glacial soplaba en la desierta
+extensión de la altiplanicie. Los últimos arrieros que acababan de bajar
+de la Puna declaraban el paso inaccesible para los que vinieran detrás
+de ellos. Rosalindo seguía adelante.
+
+Todavía encontró en los senderos de la vertiente del Pacífico á un
+arriero boliviano, con poncho rojo y sombrero de piel, que guiaba una
+fila de llamas, cada una con dos paquetes en los lomos. Venía huyendo de
+los huracanes de la altiplanicie.
+
+--No pase--dijo el indio--. Créame y siga camino conmigo. Allá arriba es
+imposible que pueda vivir un cristiano. El diablo se ha quedado de señor
+para todo el invierno.
+
+Pero Ovejero necesitaba ir al encuentro del diablo, para hacerse amigo
+de él y que no lo atormentase más.
+
+Siguió adelante, hasta llegar á la terrible Puna. Entró en el inmenso
+desierto sin agua y sin vegetación. Se infundía valor comparando su
+viaje actual con el que había hecho dos años antes. Ahora no iba solo.
+Una mula llevaba los víveres necesarios para un mes de viaje. Además,
+podía montar en ella al sentirse cansado, por ser actualmente sus
+jornadas más largas que cuando pasó á pie por estos mismos sitios....
+Pero ¡ay! entonces, aunque no tenía víveres, contaba con el vigor de la
+coca, ó mejor dicho, con la fuerza de una juventud sana que había ido
+disolviéndose allá abajo, en la orilla del mar.
+
+Le envolvieron los huracanes fríos de la altiplanicie, que parecían
+levantados por las alas de aquel demonio glacial, señor del desierto,
+de que hablaba el indio boliviano. La mula se negaba algunas veces á
+marchar, temiendo que el huracán la echase al suelo; pero el gaucho se
+agarraba á su lomo para no verse derribado igualmente por el viento y
+pinchaba al animal con la punta del cuchillo, obligándola así á reanudar
+su trote.
+
+«¡Adelante! ¡adelante!» Marchaba como un sonámbulo, concentrando toda su
+voluntad en el deseo de llegar pronto á la tumba.
+
+Pasó días enteros sin tocar las alforjas de víveres. No sentía hambre, y
+detenerse á comer representaba una pérdida de tiempo. Hacía alto al
+cerrar la noche para no perderse en la obscuridad; pero apenas se
+extendían las primeras luces del amanecer sobre este mundo desierto,
+reanudaba la marcha. Su pan se lo pasaba á la mula, dándole además
+generosamente los piensos guardados en un saco sobre las ancas del
+animal. Podía comerlos todos: lo importante era que continuase
+marchando.... Pero una mañana, en mitad de la jornada, cuando Ovejero se
+creía cerca de la tumba, el animal dobló sus patas y acabó por tenderse
+en el suelo. Fué inútil que lo golpease; y al fin, comprendiendo que no
+podría contar más con su auxilio, el hombre siguió adelante. Volvería al
+día siguiente para recoger lo que aún quedaba en las alforjas. Por el
+momento, lo urgente era llegar hasta la difunta Correa.
+
+Al marchar solo, sin el resguardo proporcionado por el cuerpo de la
+mula, se vió envuelto en las trombas que giraban sobre la desolada
+inmensidad, levantando columnas de una arena cortante, polvo de rocas.
+Repetidas veces tuvo que tenderse, no pudiendo resistir el empuje de los
+torbellinos. En una de ellas, sintió que el viento tiraba de sus piernas
+poniéndolas verticales, mientras él se mantenía agarrado á un pedrusco.
+
+Era tal su voluntad de avanzar, que marchó á gatas, aprovechando los
+intervalos entre las ráfagas. Hubo una larga calma, y entonces caminó
+verticalmente, reconociendo algunos detalles del paisaje que indicaban
+la proximidad del lugar buscado por él.
+
+Consideraba como una salvación poder marchar incesantemente. El frío de
+la altiplanicie había penetrado hasta sus huesos, dejándole yertos los
+brazos. En torno de su boca el aliento se convertía en escarcha. Los
+pelos de su bigote y de su barba se habían engruesado con una costra de
+hielo. Todo el calor de su vida parecía concentrarse en su cabeza y sus
+piernas.
+
+Ya distinguía la fila de pedruscos semejante á las ruinas de una pared.
+Después vió el montón que formaba la tumba y los dos maderos en cruz.
+
+Empezaba á soplar de nuevo el huracán cuando llegó ante el rústico
+mausoleo del desierto. Pero el gaucho parecía insensible á las
+ferocidades de la atmósfera y de la tierra. Toda su atención la
+concentraba en sus ojos, y vió al pie de la cruz el mismo bote que
+servía para recoger las limosnas, la misma piedra que ocupaba su fondo
+para sostenerlo, todo igual que dos años antes. Únicamente la vasija
+tenía su metal más oxidado y tal vez la piedra que la sujetaba no era la
+misma.
+
+«¡Al fin!...» ¡Cómo había deseado este momento!... Intentó quitarse el
+sombrero antes de hablar con la difunta, pero no pudo. No tenía manos,
+ni tampoco brazos. Pendían de sus hombros, pero ya no eran de él.
+
+Consideró como un detalle insignificante permanecer con el sombrero
+calado, y quiso hablar. Pero aunque hizo un esfuerzo extraordinario, no
+salió de su boca el más leve sonido. Tampoco dió importancia á este
+accidente. Su pensamiento no estaba mudo, y bastaría para que él y la
+difunta se entendiesen.
+
+--Aquí estoy, difunta Correa--dijo mentalmente--. He tardado un poco,
+pero no fué por mi culpa: bien lo sabe usted y su hijito. Traigo el
+préstamo, con los intereses que le prometí. Son cuarenta pesos.... No he
+podido traer más.... Me ha sido imposible juntar más....
+
+Fué á sacarlos de su cinto para que los viese la difunta, depositándolos
+después bajo la piedra, en el mismo lugar donde dejó su recibo, pero sus
+manos le habían abandonado. Hizo un esfuerzo desgarrador, sin conseguir
+tampoco que sus brazos se moviesen. ¡Muertos para siempre!... La misma
+parálisis había empezado á extenderse por sus piernas al quedar
+inmóviles, sin el cálido aceleramiento de la marcha.
+
+De pronto se doblaron y cayó de rodillas. Luego, sin saber por qué, y
+contra el mandato de su voluntad, que le gritaba: «¡No te tiendas! ¡no
+te entregues!», se fué acostando lentamente, como si la tierra tirase de
+él proporcionándole una voluptuosidad dolorosa.
+
+Quería dormir, pero al mismo tiempo el deseo de dejar bien claras las
+cuentas le hizo continuar sus explicaciones mentales. Él había traído el
+dinero: ¿por qué no quería aceptarlo la difunta? «Le digo,
+señora--continuó--, que no fué culpa mía. Me engañaron todos los que yo
+envié cuando era tiempo.... Pero ¿es que no quiere usted escucharme?...»
+
+Notó repentinamente que alguien le oía. Un ser viviente había surgido
+entre las piedras de la tumba, y avanzaba hacia él arrastrándose. Esta
+manera de moverse no le pareció extraordinaria. También él vivía en este
+momento á ras de tierra.
+
+Como le era imposible levantar su cabeza del suelo, oyó cómo se
+aproximaba aquel ser viviente, pero sin poder verlo. Debía ser la
+difunta Correa, que, apiadada de su inmovilidad, había abandonado la
+tumba para tomarle el dinero del cinto. Tal vez venía con ella la
+«Viuda del farolito».
+
+Escuchó también cierto ruido de dilatación, semejante al bostezo de un
+hambre larga y fiera. Pensó, con un estremecimiento mortal, si estas dos
+larvas implacables se arrastrarían hacia él para chupar su sangre,
+adquiriendo de este modo un nuevo vigor que les permitiera seguir
+apareciéndose á los hombres.
+
+Algo enorme y obscuro se interpuso entre su cara y la luz del desierto
+invernal. El gaucho vió unos ojos redondos junto á sus propios ojos, que
+parecían mirarse en el fondo de sus pupilas. Se acordó de las miradas
+fijas y ardientes de la difunta. Éstas tenían el mismo fulgor
+amenazante, pero no eran negras, sino verdes y con reflejos dorados.
+
+Inmediatamente sonó á un lado de su cráneo un rugido, que retumbó para
+él como un trueno capaz de conmover todo el desierto.
+
+Se abrió ante sus pupilas un abismo invertido de color de púrpura, con
+espumas babeantes y erizado de conos de marfil, unos agudos, otros
+retorcidos. Al mismo tiempo, sobre su pecho cayeron dos columnas duras
+como el hueso, apretándole contra la tierra, manteniéndolo en la
+inmovilidad de la presa vencida....
+
+Era el puma.
+
+
+
+
+EL MONSTRUO
+
+
+
+
+I
+
+
+Durante una semana, de cinco á siete de la tarde, el «todo París» de los
+té tango y los tés donde simplemente se murmura habló con insistencia
+del casamiento de Mauricio Delfour--heredero de la casa Delfour y
+Compañía, 250 millones de capital--con la bella Odette Marsac, nieta de
+un parlamentario célebre y casi olvidado que había sido candidato dos
+veces á la presidencia de la República.
+
+El matrimonio de un rey de la industria con una princesa republicana no
+es un suceso extraordinario en la vida de París, y sólo da motivo para
+media hora de conversación. ¡Pero estos dos eran tan interesantes!...
+
+Él había cruzado muchos ensueños femeninos como la personificación de
+todas las gracias y sabidurías humanas: copa de honor en carreras de
+jinetes _chic_, copa de honor en innumerables concursos de esgrima y
+tiro de pichón, copa de honor en la gran lucha de automóviles
+París-Nápoles. Su despacho iba tomando aspecto de comedor por el número
+de vasijas gloriosas que se alineaban sobre los muebles.
+
+Ahora añadía á sus triunfos corporales cierto prestigio de hombre de
+ciencia, dedicándose á la aviación, volando casi todas las semanas, y
+frunciendo el ceño con aire misterioso cuando alguien hablaba en su
+presencia de problemas de mecánica.
+
+Ella era Odette para sus amigas, la incomparable Odette, y para el resto
+del mundo mademoiselle Marsac, un nombre famoso, pues figuraba en todas
+las crónicas elegantes, en todos los estrenos, en todas las revistas de
+modas.
+
+Los meditabundos y sublimes modistos de la _rue de la Paix_ contaban con
+ella para lanzar en las grandes solemnidades de la vida parisién sus
+innovaciones de artista calenturiento. Su cuerpo incomparable hacía
+palidecer y suspirar á las mujeres: cincuenta y dos kilos de peso; un
+escote «ideal»; las clavículas marcando sus elegantes aristas como si
+fuesen un zócalo de la frágil columna del cuello; los omoplatos
+despegándose de la espalda lo mismo que alas nacientes; las piernas
+largas y casi rectas asomando tranquilas, sin miedo á la tentación, por
+el borde de la falda; una capa de substancia carnal repartida con
+parsimonia para recubrir solamente las rudezas del interno andamiaje; un
+cuerpo casi «aéreo», un pretexto para que los vestidos contuviesen algo
+en su interior y no se movieran solos. Y sobre este organismo
+supremamente distinguido un rostro alargado por el mentón en punta, con
+un pequeño redondel rojo, la boca; dos almendras enormes y negras, los
+ojos; dos tirabuzones sobre las orejas iguales á las patillas de un
+«toreador», y una torre de pelo mixto, con rizos propios y ajenos. La
+Venus moderna, tal como la adora en sus geniales ensueños un iluminador
+de figurines.
+
+A principios de 1914, un nuevo _sport_ había enloquecido á todas las
+gentes distinguidas de París y de las capitales de Europa y América que
+forman sus arrabales. El mundo decente movía las caderas bailando el
+tango. Y á la cabeza de esta humanidad «tangueante» figuraron Mauricio y
+Odette.
+
+El se había encerrado con un profesor argentino, jurando á los dioses no
+volver á la luz hasta poseer esta nueva ciencia, como poseía las otras.
+Y una tarde empezó á recibir la admiración del mundo, moviendo sus
+acharolados pies con altos tacones, su talle encorsetado por el ceñido
+_chaquet_, su cabeza de brillante laca con el pelo rígido y echado
+atrás, bajo las lámparas eléctricas de un hotel de los Campos Elíseos.
+
+Ella compartía la misma admiración en otro extremo de la escena, y los
+dos se buscaron con la atracción de dos astros que se presienten, con el
+irresistible impulso de dos afinidades electivas, para no separarse más.
+
+Bailaron en adelante el uno para el otro. Imposible encontrar el ritmo
+sublime en brazos distintos. Y sin romper el misterioso silencio de la
+danza sagrada, mientras se contoneaban, graves y meditabundos, con todas
+las potencias intelectuales fijas en el movimiento de los pies,
+reconocieron los dos la necesidad de no perder la pareja para seguir
+bailando eternamente.
+
+Así se amaron, así se casaron, y el «todo París» se levantó una mañana
+dos horas antes que de costumbre para asistir á una ceremonia nupcial
+adornada con la presencia de todos los poderosos de la industria y un
+sinnúmero de personajes políticos, amigos del abuelo de la desposada.
+
+El amor idílico de los recién casados no ofrecía dudas. Mauricio había
+procedido como un verdadero enamorado, diciendo ¡adiós!, sin esperanza
+de retorno, á sus varias amantes, sacerdotisas de las más nobles artes:
+la comedia, la ópera y el baile. ¡Se acabaron las locuras! Su mujercita
+y los estudios serios nada más. Ella seguía coqueteando como antes, pero
+por costumbre, sin dar pretexto á osados avances, queriendo añadir á la
+felicidad del esposo el incentivo del peligro.
+
+Habían instalado su dicha en el hotel de los Delfour, suntuoso edificio
+elevado por el primer millonario de la familia junto al parque Monceau,
+entre las viviendas de sus compañeros de riqueza y con la fachada
+posterior sobre el mismo jardín. La viuda Delfour se refugió en el
+último piso con los muebles de su antiguo esplendor, dejando libre el
+resto de la casa á su hijo y su nuera, para que ésta pudiese satisfacer
+sin obstáculo sus gustos decorativos.
+
+Todas las fantasías é incoherencias del estilo bizantino-persa, incubado
+en Munich, hicieron irrupción en esta casa de salones rojos y dorados é
+imponentes sillerías del tiempo de Napoleón III.
+
+Mamá Delfour, siempre vestida de negro, con el aire grave y reflexivo de
+una mujer que conoce el precio de la vida, presenció impasible las
+invenciones de la recién llegada: fiestas orientales que alborotaban el
+tranquilo hotel; tés danzantes; túnicas de lino transparente, estrechas
+como fundas y con enormes flores de realce, en las que encerraba su
+magra desnudez.
+
+Como su hijo adoraba á Odette, ella se esforzó en justificar todos los
+caprichos y saltos de humor de la nuera. ¡Pobre niña! Se había criado
+sin madre, viviendo como un muchacho.
+
+
+
+
+II
+
+
+Y vino la guerra. Uno de sus primeros efectos fué dilatar los ojos de la
+nueva señora Delfour con una expresión de asombro. ¡Pero era posible
+esta calamidad!... ¡Ahora que la gente se divertía más que nunca!...
+
+La suegra pareció crecerse, saliendo de su tímido encogimiento. Su
+mirada se posó sobre personas y cosas con grave lentitud, como si las
+reconociese de nuevo. Había visto mucho. Sus primeras palabras de amor
+con el fabricante Delfour se cruzaron en 1870, durante el sitio de
+París. Luego, de recién casada, había presenciado la tragedia de la
+_Commune_.
+
+El hijo se fué cuando su mujer empezaba á admirarle como un hombre
+nuevo, viendo realzadas sus gracias varoniles por las ventajas del
+uniforme. Quiso entrar en la aviación, pero la aviación marchaba mal al
+principio de la guerra, y para ser de una utilidad inmediata, permaneció
+en la artillería.
+
+También Odette quiso ser útil á su patria. Todas sus amigas frecuentaban
+los hospitales. Y se lanzó á ser enfermera, admirando el uniforme blanco
+con su capa azul y su alba toca: algo sencillo y nuevo que sentaba
+perfectamente á su belleza. Su afán por lucir esta última moda le hacía
+abandonar muchas veces á los enfermos, paseando en automóvil por el
+Bosque de Bolonia la blanca túnica con cruces rojas en las mangas y en
+el pecho. Mientras tanto, la viuda Delfour, sin abandonar su eterno
+traje negro de burguesa, pasaba días y noches en un hospital.
+
+La guerra ofrece sus satisfacciones y deleites. ¡Los tés entre mujeres,
+sin la presencia de hombres molestos que agobian con sus galanteos;
+vestidas todas ellas de blanco, como criadas de balneario, recibiendo
+las ojea das envidiosas de las que no llevan uniforme, y fabricando
+géneros de punto para los soldados con la torpe suficiencia de una labor
+enseñada recientemente por la doncella!...
+
+--Mi marido combate en Alsacia.... ¿Y el señor Delfour, dónde está?...
+
+El señor Delfour andaba del lado de Bélgica; y su esposa, lanzando en
+torno una mirada de orgullo, hacía el relato de sus glorias. Dos
+citaciones en la orden del día: cruz, segundo galón. Pero llovían
+héroes, y Odette experimentaba cierto despecho al oir que todas las
+otras casi decían lo mismo de sus hombres.
+
+¡No poder distinguirse!...
+
+Un día el hotel del parque Monceau se conmovió con una terrible crisis
+de nervios y de lágrimas, acompañada de choque de puertas, llegada de
+automóviles, desfile de médicos. El teniente Delfour estaba herido de
+gravedad por la explosión de una granada. Odette quiso marchar al lado
+de su esposa inmediatamente.... ¡Imposible!
+
+Luego quiso morir, mientras la madre permanecía erguida, silenciosa,
+pálida, con los ojos parpadeantes y secos, mordiéndose los labios.
+
+Al volver Odette á las reuniones íntimas, experimentó cierta
+satisfacción. Ninguna amiga osaba ya compararse con ella.
+
+--Mauricio está herido...gravemente herido.
+
+Y todas se apiadaban del esposo seductor maltratado por la guerra.
+
+La general admiración hizo que acabase por familiarizarse con las
+misteriosas heridas. ¿Cómo serían éstas?... Se imaginó á su marido
+cojeando, con una mana en un bastón y la otra apoyada en su brazo.
+Formarían una pareja interesante. El porvenir les reservaba aún largas
+horas de felicidad. Ella le protegería y le alegraría con ternuras de
+madre y caricias de amante.
+
+Una tarde, en la _rue Royale_, vió á un subteniente de pocos años, casi
+un niño, que marchaba al lado de su novia con una manga vacía. Mauricio
+también había perdido un brazo; estaba segura de ello. Por eso sus
+cartas breves, de una alegría penosa, eran siempre dictadas.... ¡No
+importa! Ella sería el apoyo de su esposo; su brazo sustituiría al brazo
+ausente. Lo interesante era volver á contemplar su rostro, mirarse en
+sus ojos claros, acariciadores y graciosamente irónicos. ¡Ay, cómo le
+amaba!...
+
+Las amigas la acogían siempre con la misma pregunta: «¿Cómo signe el
+herido?...» Y ella contestaba con seguridad: «Mejor. Pronto vendrá á
+París.»
+
+Y pasaron meses; y llegaron cartas y más cartas de letra extraña,
+dictadas por él. La madre, inquieta, interrogaba á, los antiguos amigos
+de la familia, graves varones que indudablemente ocultaban algo.
+
+--Las heridas son muchas; pero ya está fuera de peligro. ¡Valor! Lo
+importante es que viva.
+
+Una mañana Odette saltó de su lecho, súbitamente despertada por algo
+extraordinario que conmovía el hotel. Al levantar la cortina de una
+ventana, vió al otro lado de la verja un automóvil! cerrado, con cruces
+rojas. La marquesina de cristales de la escalinata apenas le dejó
+distinguir á un grupo de hombres que subían cuidadosamente algo
+envuelto, como un mueble frágil. Su corazón dió un salto. ¡Mauricio!...
+
+Cuando, mal vestida, se deslizó por la escalera, corriendo á un salón
+del piso bajo, los domésticos, azorados y trémulos, pretendieron
+detenerla.
+
+Entró, reconociendo inmediatamente la dolorosa cabeza que descansaba
+sobre las almohadas de un diván. Era él, atrozmente desfigurado, con las
+mejillas surcadas por el lívido arabesco de las cicatrices...pero era
+él.
+
+De sus ojos sólo quedaba uno. La falta del otro estaba oculta por una
+venda negra que moldeaba la cuenca vacía. Luego vió su pecho cubierto
+por el paño azul de una blusa vieja de oficial.
+
+Pero al llegar aquí, la mujer vaciló sobre sus pies, como si la sorpresa
+le asestase un puñetazo demoledor. Lanzó un grito.... El herido _no
+continuaba_. Le faltaban los brazos, le faltaban las piernas, era un
+tronco nada más, conservado por los prodigios de la cirugía; un harapo
+rematado por una cabeza viviente.
+
+--¡Odette!... ¡Odette!--murmuró la boca negruzca humildemente, como si
+pidiese perdón por su desgracia.
+
+Pero Odette había huído, atropellando á los criados que se agolpaban en
+la puerta. Corrió por los pisos superiores sin saber lo que hacía, dando
+alaridos como una mujer de la tragedia griega, chocando con muebles y
+paredes, mesándose los sueltos cabellos, loca de sorpresa, de miedo, de
+repugnancia.... ¡Y aquel monstruo era su marido!... ¡Y habría de
+permanecer junto á él toda su existencia!...
+
+--¡Odette!... ¡Odette!--seguía gimiendo abajo la voz humilde y dolorosa.
+
+El ojo único se fué cubriendo de lágrimas. Todos huían. Hasta los
+criados le contemplaban á distancia, buscando ocultarse cada uno detrás
+del compañero, queriendo escapar y avanzando la cabeza al mismo tiempo,
+con una expresión doble de curiosidad y repugnancia.
+
+Evitaban el tocarle, como si fuese algo gelatinoso y repelente: un pulpo
+con las extremidades rotas; una mucosidad informe de la guerra. Él, que
+tenía millones y tanto amaba la vida, quedaba al margen de la vida para
+siempre.
+
+Su miseria había creado el vacío. Hasta su perro favorito gemía á corta
+distancia, avanzando y retrocediendo en violentas alternativas de
+lealtad y de espanto.
+
+Y así sería siempre.... ¡Ay, morir! ¡Morir cuanto antes!
+
+De pronto, el grupo de domésticos se deshizo. Alguien había entrado con
+violencia. El monstruo vió un peinado blanco que venía hacia él; sintió
+en sus cortadas mejillas el contacto de una boca que acababa por
+acariciar frenética el vendaje de su órbita hueca. Un rocío tibio mojó
+su cuello; unos brazos nerviosos de pasión abarcaron su tronco informe,
+como si fuesen á mecerle....
+
+--¡Mamá!... ¡Oh, mamá!
+
+--¡Hijo mío! ¡hijo mío!
+
+
+
+
+EL REY DE LAS PRADERAS
+
+
+
+
+I
+
+
+Durante su último año en la Universidad de mujeres donde hacía sus
+estudios, la impetuosa Mina Graven expresó siempre el mismo deseo.
+
+Sus compañeras las _senior_, instaladas en el mismo cuerpo de edificio
+que ella, hablaban de la nueva vida que iban á encontrar al salir del
+colegio; y las _junior_, que empezaban sus estudios, las oían en un
+silencio respetuoso de seres inferiores.
+
+Una de las amigas de Mina pensaba casarse apenas volviese á su casa; era
+asunto convenido por las familias de los dos novios. Y este matrimonio
+de estudianta apenas emancipada de la vida escolar daba motivo para que
+todas las otras soñasen despiertas, á la hora del té, describiendo cada
+una de ellas la posición social y el aspecto físico del futuro esposo
+que aún se mantenía oculto en el misterio del porvenir.
+
+--Yo quiero casarme con un millonario que me pague los mayores lujos.
+
+--Yo, con un hombre que me quiera mucho y me obedezca en todo.... ¿Y tú,
+Mina?
+
+La intrépida señorita Graven daba siempre la misma respuesta:
+
+--Yo me casaré con un hombre célebre.
+
+Ella no necesitaba soñar con un millonario. Todas sabían que allá, en el
+Oeste, existen minas de oro y pozos de petróleo cuyo valor figura en
+forma de pedazos de papel, y que muchas de tales acciones estaban á su
+nombre en los libros del millonario James Foster (padre), su tutor.
+
+El viejo Craven había empezado su caza del dólar, como simple peón de
+mina, en California. La fortuna pareció divertirse siguiendo los pasos
+de este hombre que apenas sabía leer ni escribir. Un espíritu diabólico
+salido de las entrañas de la tierra le hablaba al oído, guiando sus
+manos.
+
+Allá donde él cavaba surgía oro, plata, ó, cuando menos, cobre.
+Perforaba un pozo para que los mineros de su campamento no muriesen de
+sed, y, en vez de encontrar agua, saltaba petróleo de su fondo. Detrás
+de su avance victorioso iban constituyéndose sociedades anónimas y
+sindicatos de capitalistas. En el Wall Street, los grandes capitanes del
+dinero recibían al viejo Craven como á un igual cuando se le ocurría
+perder una semana en el ferrocarril yendo de San Francisco á Nueva York.
+
+Podía haber dejado á su hija una fortuna inmensa; pero el minero era
+hombre de acción más que de administración, y se gozaba en emprender
+cada año un nuevo negocio, abandonando los mejores provechos de los
+anteriores á los consocios fríos y marrulleros que quedaban á sus
+espaldas. Él necesitaba ir siempre adelante, olvidando la buena suerte
+de ayer para soñar con la nueva fortuna de mañana.
+
+El señor Foster (padre), su compañero de miseria cuando ambos eran
+simples jornaleros, poseía una fortuna fortuna mayor que la suya, por
+haberse limitado á seguirle en las explotaciones segaras, dejándole
+avanzar solo en las que consideraba aventuradas. Pero, aun así, el día
+en que Graven murió, aplastado por la caída del andamiaje de un pozo de
+petróleo, su desconsolado camarada Foster, que era su albacea
+testamentario, se encontró, al hacer el balance, con que la única hija
+de su amigo representaba para el que se casase con ella unos sesenta
+millones de dólares.
+
+Por esto Mina, al oír hablar á sus amigas de un marido rico, sonreía con
+cierto desprecio. Ella no necesitaba dinero, y podía casarse con quien
+le placiese. Con no menos indiferencia acogía la imagen del atleta,
+hábil en todos los deportes, que evocaban otras. A la señorita Craven le
+bastaba con su propio atletismo. Su padre la había enviado á la famosa
+Universidad cuando era una pequeña salvaje de trece años, acostumbrada á
+galopar días enteros en las llanuras de Arizona sobre caballos domados
+por ella misma. Su madre, una mujer sencilla, había muerto como abrumada
+por la avalancha de millones que iba derrumbándose sobre su hogar; y
+Craven, preocupado por esta hija algo indómita que no le dejaba
+dedicarse con tranquilidad á sus negocios, la había metido en un colegio
+célebre para que fuese una gran señora como las que él había visto de
+lejos en las ciudades. La fama de este centro de enseñanza, establecido
+en un bosque de varias leguas, con lagos, montañas y palacios, había
+llegado confusamente hasta sus oídos. Le bastaba con saber que vivían en
+él varias hijas y sobrinas de antiguos presidentes. Y allá, envió á
+Mina, poco antes de su muerte.
+
+Ésta, aburrida y furiosa al verse encerrada en el enorme parque, que á
+ella le parecía pequeño, ideó varios planes terribles, que,
+afortunadamente, no puso nunca en práctica. Pensó incendiar el palacio
+en que estaba el gabinete de Física con sus instrumentos, creados
+únicamente para aburrir á las pobres muchachas; pensó igualmente,
+durante los primeros meses, en matar á tiros de revólver á cierto vejete
+que explicaba matemáticas y se había reído sarcásticamente de su
+ignorancia. Luego abandonó tales proyectos, y, con la ambición de
+demostrar que no era una salvaje, se entregó al cultivo de todas las
+artes que estaban de acuerdo con sus facultades.
+
+Llegó á ser la primera en el gimnasio. Saltó horas y horas el caballo de
+madera, con un volteo incansable, riendo de este ejercicio pueril con la
+superioridad de una amazona acostumbrada á ponerse de pie sobre caballos
+en pelo, apeándose y volviendo á subir en el animal sin que éste
+detuviese su carrera. Fué capitana de _polo-water_, atravesando como una
+náyade el profundo cristal de la piscina del gimnasio. En la clase de
+esgrima cansaba al profesor con su florete impetuoso y sus piernas de
+acero. La directora de la Universidad empezó á inspirarle cierta
+antipatía por haberle prohibido que tirase al revólver en un rincón del
+parque, lo mismo que tiraba de pequeña en algunos de los campamentos de
+Craven, ante los viejos mineros.
+
+La gloria estaba para ella en los ejercicios físicos, dejando á sus
+compañeras los laureles de las ciencias y de las letras. De todo el
+profesorado, amaba á la maestra de francés, porque podía hablar con ella
+de París y las artistas célebres como de un mundo lejano entrevisto en
+los periódicos de modas. También amaba á la maestra de español, que le
+describía cómo eran las corridas de toros y le enseñaba á ponerse la
+mantilla lo mismo que una andaluza.
+
+No necesitó de estudios penosos y áridos para sobrepasar á todas. La
+admiraban por su hermosura física de bello animal sano, vigoroso y de
+líneas correctas. Cada vez que en el _polo-water_ se arrojaba en la
+piscina de cabeza, sin más vestido que un ligero mallón de muchacho, el
+público lanzaba un murmullo aprobador, á pesar de la identidad de sexo.
+Los viejos profesores del establecimiento y los visitantes, que eran
+siempre personas graves, se sentían inquietos ante su cabellera de un
+rubio subido, igual á la llama de una antorcha, y la fijeza algo
+insolente y dominadora de sus ojos claros. Los hombres se ruborizaban
+sin saber por qué, apartando la mirada, como si no pudieran resistir el
+encuentro de sus pupilas.
+
+Ni millonarios, ni hombres de _sports_. Ella tomaría á quien quisiera
+escoger. Los hombres iban á ofrecerse á Mina Craven formando legión,
+satisfechos y felices si se dignaba hacerlos sus esclavos. Estaba segura
+de ello.... Y pasaba por su memoria la imagen de James Foster (hijo), un
+muchacho de orejas demasiado separadas del cráneo, fuerte mandíbula y
+ojos de perro bueno, que tenía un año más que ella.
+
+Inmediatamente, como un síntoma de cariño fraternal, sus dientes
+castañeteaban de cólera y se le cerraban los puños. ¡Qué deseos tan
+vehementes tenía de aporrear á este compañero de juegos infantiles!...
+
+Todos los veranos, al vivir juntos durante las vacaciones en la casa del
+tutor, Mina daba de puñetazos á su amigo, el cual, perdida la paciencia,
+acababa por devolverle los golpes.
+
+Y la señorita Graven, que había aprendido recientemente á batirse á la
+japonesa, deseaba, al abandonar el colegio, medirse con James
+definitivamente. Quería hacerlo caer á sus pies, como un adversario
+aborrecido y apreciado al mismo tiempo.
+
+
+
+
+II
+
+
+El viejo Foster, que nunca tenía bastantes horas para los negocios,
+aprobó con alegre laconismo los propósitos de la hija de su amigo. Su
+cargo de tutor le había proporcionado muchas inquietudes, y celebraba
+librarse de Mina por algún tiempo.
+
+Luego de salir de la Universidad, la joven había desaparecido, con gran
+espanto de Foster, que creyó en un secuestro ó un asesinato.
+Transcurrieron dos meses, y antes de que la policía hubiese averiguado
+su paradero, se presentó Mina tranquilamente en el despacho de su tutor.
+Quería conocer la vida de cerca, tal como es, y para esto había huído á
+Chicago, viviendo como una obrera. Pero las crueldades de la realidad le
+hicieron arrepentirse muy pronto de esta escapatoria, sugerida por
+ciertas lecturas, y volvió en busca de su tutor y de las comodidades que
+corresponden á una muchacha millonaria.
+
+Una dama vieja y pobre fué la encargada por Foster de acompañar á Mina,
+dando cierta respetabilidad á su juventud independiente y poco miedosa
+de la opinión ajena. El millonario, después de ordenar esto, ya no supo
+qué otra cosa podía hacer. Por eso se alegró cuando su pupila le dijo
+que pensaba viajar por Europa, acompañada de su escudero femenino.
+
+Mina Craven, atrevida de maneras como un muchacho, ganosa de desafiar la
+curiosidad de las gentes con sus audacias y excentricidades, fué una
+americana de las que pueden llamarse «de exportación». El viajero
+observador atraviesa los Estados Unidos, de Nueva York á San Francisco y
+de Chicago á Nueva Orleáns, viendo mujeres que son iguales á las de
+todas partes: buenas madres, buenas esposas, ó excelentes muchachas que
+aspiran á ser lo uno y lo otro. Sólo rodando por el viejo mundo, en
+París, en Londres ó en Roma, se encuentra la americana atrevida,
+arrolladoramente hermosa y de voluntad refractaria á los escrúpulos, la
+cual ha servido de modelo para tantos personajes de novela y de comedia.
+
+Los condes y marqueses deseosos de una heredera rica se agolparon en
+torno de miss Craven en los grandes hoteles, en las playas de moda y las
+estaciones invernales de Suiza. ¡Diez y nueve años, y sesenta millones
+de dólares!...
+
+--Miss, cásese usted--decía la dama acompañante, como si, á pesar del
+enorme sueldo que le había señalado el tutor, quisiera libertarse de la
+esclavitud que suponía aguantar el carácter desigual é imperioso de la
+joven.
+
+--Yo sólo me casaré con un hombre que sea célebre.
+
+Y Mina quedaba pensativa después de esta declaración. ¿Qué celebridad
+podía encontrar?...
+
+En Londres había creído enamorarse de un duque que databa del tiempo de
+los Estuardo. Después olvidó este amor, adivinando que en el porvenir
+tendría celos de la cuadra de dicho personaje. El duque la olvidaría por
+sus caballos de carreras. En Francia puso sus ojos en varios escritores
+célebres. Pero todos eran casados ó arrastraban desde su primera
+juventud compromisos ineludibles. Además, ¡tan viejos vistos de cerca!
+¡tan prosaicos en sus costumbres íntimas, á pesar de las raciones de
+idealismo y poesía que servían al público en forma de libros y piezas de
+teatro!...
+
+En Italia se interesó por dos pintores, y anduvo como loca durante una
+semana por un tenor de fama universal. Pero le bastó invitar una noche á
+comer á este ruiseñor humano, para desprenderse de sus ilusiones. ¡Qué
+torrente de necedades cuando hablaba! ¡Qué feo y vulgar al despojarse de
+sus trajes escénicos y limpiarse los colores del rostro!...
+
+Estando en Sevilla durante la Semana Santa, sintió interés por un torero
+joven al que adoraba España entera. El rey era su amigo; el presidente
+del Consejo de ministros preguntaba por su salud siempre que recibía una
+cornada. Era una gloria nacional, y Mina le siguió durante unas semanas
+de plaza en plaza. Pero, al fin, el héroe tuvo la misma suerte que los
+otros. No se atrevía á resistir la mirada de la millonada; balbuceaba al
+contestarle. Además, descubrió de pronto que este gladiador, que parecía
+un gigante en medio del circo, tendiendo la fiera cornuda muerta á sus
+plantas, apenas sobrepasaba con su cabeza los hombros de ella.
+
+Pensó, después de esto, si su felicidad consistiría en casarse con un
+boxeador campeón del mundo; pero le bastó presenciar un encuentro entre
+dos hombres medio desnudos, que parecían dos fardos de músculos
+barnizados de sudor, para renunciar á tal idea.
+
+¡Ay, el hombre célebre! ¿Dónde encontrarlo?... ¿En qué debía consistir
+su celebridad?...
+
+Mientras tanto, James Foster (hijo) le salía al encuentro en los lugares
+donde menos podía sospecharse su presencia. Se presentaba ruboroso,
+balbuciente, tímido, como un señor que desea pedir algo importante y
+asegura que ha venido á visitar á un amigo, por casualidad, aprovechando
+el haber pasado por cerca de la casa.
+
+--Estoy de paso para Australia; y al enterarme de que vivimos en el
+mismo hotel....
+
+Y la entrevista ocurría, por ejemplo, en Madrid. Según el joven Foster,
+todo el mundo era camino para ir adonde él deseaba. Otras veces, al
+encontrar á su compañera de infancia en Bucarest, decía ruborizándose:
+
+--Vengo de América, con dirección al Transvaal, y al pasar por aquí la
+encuentro. ¡Qué feliz casualidad!
+
+Foster (hijo) podía justificar con un motivo glorioso estos viajes
+incesantes que le hacían cruzar la tierra en todas direcciones. Mientras
+Foster (padre) reunía nuevos millones y defendía la integridad de los
+antiguos, él se dedicaba á la tarea de hacer su nombre célebre. Tal vez
+sentía este deseo á impulsos de una antigua rivalidad con Mina; tal vez
+aspiraba á la celebridad únicamente por serle grato.
+
+Buscaba la gloria siguiendo el camino de sus aficiones, y por esto se
+había dedicado á cazador, persiguiendo y matando animales peligrosos en
+todas las latitudes del planeta. La señorita Craven recibía con
+frecuencia periódicos deportivos con el retrato de James carabina en
+mano, vestido de viajero ártico ó cubierto con un gran fieltro de
+cazador del centro de África. Los artículos contaban sus hazañas, las
+heridas que llevaba recibidas, las aventuras tenebrosas de las que había
+salido con vida milagrosamente.
+
+Los ojos de ella pasaban sobre todo esto con fría curiosidad.
+
+--¡Pobre James! ¡Tan insignificante!... Será un buen marido para una
+mujer de inteligencia corta.
+
+Otras veces recibía regalos del cazador, que continuaba sus hazañas en
+el otro hemisferio del planeta: colmillos de elefante, astas de
+antílopes rarísimos, pieles de animales gigantescos. Y Mina, que
+admiraba estos envíos en el primer instante, acababa por despreciarlos
+al recordar á James.
+
+--¡Infeliz muchacho!... Si yo me dedicase á cazar, haría, seguramente,
+más que él.... Todo lo que cuentan los periódicos de sus hazañas debe
+pagarlo á tanto la palabra.
+
+Una primavera, encontrándose en Florencia, cambió instantáneamente la
+orientación de su vida. Vió su verdadero camino; se enteró de dónde
+estaba la celebridad.
+
+En aquel momento solicitaba su mano un conde del país, de una palidez
+aceitunada y ojos de brasa, el cual permanecía días enteros en el salón
+de espera del hotel, lo mismo que un empleado de agencia de viajes, para
+acompañarla en todas sus salidas.
+
+Mina era la vigésima millonaria americana á la que pretendía elevar,
+ofreciéndole su corona condal. Diez y nueve antes que ella habían
+renunciado á tan alto honor. Este heredero de un gran nombre histórico
+le enseñaba las fotografías de los diversos palacios de su familia,
+hermosos y venerables edificios, en los que no quedaba ni un cuadro ni
+un mueble, pues todo lo habían vendido sus antecesores. La aspiración
+suprema del nieto de tantos _condottieri_ era establecer el _comfort_
+moderno en sus palacios. Con calefacción central, con baños y con
+_water-closets_, ¡qué vida tan dulce podía pasarse en estos edificios
+creados por los grandes artistas del Renacimiento! La millonaria venida
+del otro lado del Atlántico podía realizar este milagro sólo con cederle
+su mano.
+
+Para conmoverla, enseñaba cartas de Maquiavelo, de Miguel Ángel, de
+Benvenuto Cellini y otros florentinos célebres, dirigidas á sus remotos
+ascendientes, únicos recuerdos de familia que se habían salvado, no se
+sabe cómo, de la rapacidad de los anticuarios. Mina reía de sus
+juramentos de amor acompañados de gestos trágicos, y lo convidaba á
+comer, exigiéndole que no faltase á sus costumbres y siguiera fumando
+entre plato y plato un largo cigarro atravesado por una paja, que
+esparcía un olor pestilente.
+
+Una noche, el conde, para agradecer sin duda estas amabilidades, la
+invitó á un cinematógrafo. Un verdadero dispendio: una lira por persona;
+¡pero cuando se aspira á casarse con una millonaria!...
+
+Mina tuvo que aguardar en la puerta unos minutos, mientras su enamorado
+tomaba los billetes, parlamentando largamente con el empleado de la
+taquilla. Llegó á sospechar si estaría pidiendo una reducción en el
+precio, por ser dos los billetes comprados.
+
+Un cartel de colores distrajo su atención. Un hombre aparecía en él á
+caballo, con la cara afeitada, gran sombrero, un pañuelo rojo sobre los
+hombros y dos revólveres en la cintura. Era una reproducción algo
+teatral de los jinetes que ella había conocido en su infancia. Encima de
+esta figura vió un nombre: «Lionel Gould». No era nuevo para ella; lo
+había oído alguna vez. Al pie del cartel encontró otro nombre: «El rey
+de las praderas». ¡Ah, sí! Este era el apodo de un artista americano
+llamado Gould, que había obtenido una celebridad universal interpretando
+el papel de _cow-boy_ vengador y caballeresco en un sinnúmero de dramas
+cinematográficos cuya acción se desarrollaba, invariablemente, á través
+de las llanuras del Sur de los Estados Unidos.
+
+Por primera vez miró Mina con atención al célebre artista de la tragedia
+silenciosa. Estaba segura de haberle visto en _films_ de los que sólo
+guardaba un vago recuerdo; pero ahora «El rey de las praderas» ofrecía
+para ella el encanto de una novedad.
+
+Le siguió con palpitaciones de verdadero interés mientras se batía, solo
+y á puñetazos, con un grupo de bandidos. Luego mató á un tigre; después
+los indios lo amarraron á un poste para quemarle vivo. ¡Cómo respiró al
+verle en salvo milagrosamente!... No había poder, en el cielo ni en la
+tierra, capaz de acabar con este buen mozo. Y por la atracción del
+contraste, miró un momento con ojos compasivos al conde de los palacios
+desamueblados, al nieto del protector de Miguel Ángel, que la hablaba de
+amor, pretendiendo separar su atención de las cosas interesantes que se
+desarrollaban sobre la blanca pantalla.
+
+Hubo un momento en que creyó que un alfiler olvidado sobre su pecho se
+le metía carne adentro. «El rey de las praderas» quedaba visible
+únicamente de busto, con una cabeza enorme, y anonadado por lo
+angustioso de su situación, bajaba la mirada. Luego iba elevando sus
+ojos, para fijarlos directamente en el público con una expresión de
+dolor pueril. Era un héroe, indudablemente; pero un héroe bueno y
+simple, lo mismo que un niño, y Mina sintió un deseo de consolarle, de
+protegerle, como si acabase de despertar la confusa maternidad que toda
+mujer lleva dormida en su interior. Después tuvo la intuición de que la
+tal mirada iba á significar mucho en su vida futura.
+
+A partir de esta noche, Lionel Gould le salió al encuentro en todas las
+ciudades de Italia que fué visitando y en las de otras naciones de
+Europa. De día, si se inmovilizaba su automóvil por una aglomeración de
+vehículos en una calle, era siempre frente á un cinematógrafo, y en la
+puerta figuraba «El rey de las praderas» á caballo, con su gran
+sombrero, sus revólveres y su pañuelo rojo. Si entraba en una sala de
+espectáculos, tenía la seguridad de que se apagarían inmediatamente las
+bombillas eléctricas, para que galopase por el lienzo iluminado el
+intrépido Lionel.
+
+Sus hazañas resultaban interminables. Jamás caballero andante ni héroe
+de novela moderna pasó por tantas aventaras. Le vió en peligro de muerte
+un sinnúmero de veces. Además, mataba gente como si matase moscas.
+Llevaba exterminadas muchas fieras, especialmente tigres, y á él nunca
+le ocurría un contratiempo que fuese irremediable. Le herían
+frecuentemente, le sometían á tormentos atroces; pero sanaba, al fin,
+con una rapidez portentosa. Y en casi todas las representaciones, ¡su
+mirada, aquella mirada de héroe niño, que hacía sentir á Mina el
+pinchazo de un alfiler olvidado!...
+
+Algunas damas encontradas en sus viajes contribuían, sin saberlo, á
+aumentar su preocupación:
+
+--Usted, que es americana, ¿ha visto alguna vez personalmente á Lionel
+Gould?...
+
+Una noche, Mina se convenció de que su acompañante era una vieja
+estúpida. La había llevado á ver una aventura sorprendente de «El rey de
+las praderas», y cuando el héroe lanzaba su mirada de angustia, miss
+Craven le preguntó en voz baja, con temblores de emoción:
+
+--¿Qué le parece?... ¿Verdad que es muy guapo?...
+
+La acompañante movió la cabeza. Sí, guapo; pero muy ordinario. Ella no
+amaba los _cow-boys_. Prefería los _films_ en que aparecen señoras
+elegantes y todos los hombres van vestidos de frac.
+
+De pronto, Mina mostró un patriotismo rabioso. ¿Qué hacía en Europa?...
+Sólo los _snobs_ podían perder su tiempo y su dinero en un continente
+viejo y aburrido. Ella era americana, y debía vivir en América.
+
+Y se embarcó, pensando que es necedad rodar por el mundo cuando, las más
+de las veces, lo que buscamos lo tenemos en la propia casa.
+
+
+
+
+III
+
+
+Al saber, en Nueva York, que Foster (padre) estaba en San Francisco,
+atravesó inmediatamente los Estados Unidos.
+
+Se había vuelto de repente mujer de orden; deseaba enterarse del estado
+de sus negocios; creía necesario conferenciar con su tutor. No sabía
+ciertamente qué podría decirle; pero consideraba urgente el verle, por
+el solo hecho de que vivía en California.
+
+Cuando llegó á San Francisco, supo que Foster se hallaba en una
+propiedad suya, á dos horas de ferrocarril, y desistió de su visita. Ya
+le vería más adelante; estaba cansada; le asustaba estas dos horas de
+tren, después de haber pasado una semana entera en vagón. Y, á pesar del
+tal cansancio, salió inmediatamente para Los Ángeles, un viaje cinco
+veces mayor.
+
+Pero tampoco en Los Ángeles estaba su reposo, y no paró hasta tres
+cuartos de hora más allá, en el pueblo de Hollywood, donde se fabrican
+la mayor parte de los _films_ que entretienen á la humanidad presente.
+
+Admiró la fresca hermosura de una población creada en pocos años, por la
+necesidad de sol y de cielo límpido que tiene la cinematografía. Vió
+avenidas formadas solamente de jardines y de estudios. Varios miles de
+artistas de ambos sexos, de maquinistas escénicos y de fotógrafos
+constituyen su único vecindario. En las calles, á la hora del _lunch_,
+se encuentran odaliscas arrastrando sus velos, españolas con mantilla,
+ó pieles rojas con penachos de plumas, según es el _film_ que está en
+ejecución. Las figurantas van á sus casas á almorzar sin quitarse el
+traje, por no perder tiempo.
+
+Sobre las vallas de los estudios se elevan, unas veces, la torre Eiffel,
+si la obra transcurre en París, y otras, el palacio de los Dogas
+venecianos ó los agudos minaretes de una mezquita oriental. Cuando el
+fotógrafo termina de dar vueltas á la última película, los albañiles
+demuelen estas sólidas construcciones de cemento para levantar otras
+inmediatamente, cambiando el aspecto de la «ciudad-camaleón».
+
+Mina fué rectamente en busca de lo que le había atraído cuando estaba al
+otro lado de la tierra. Avanzó con resolución, por lo mismo que estaba
+segura de que le esperaba un cruel desengaño. Esta celebridad sería,
+seguramente, como las otras.
+
+Una agencia de informes había puesto en movimiento sus detectives para
+hacer conocer á la millonaria todo el pasado de «El rey de las
+praderas».
+
+Lionel Gould--un nombre de teatro--había sido estudiante; pero su
+afición á la vida intensa y á las novelas de aventuras le hicieron
+abandonar la casa de sus padres á los diez y siete años, yéndose á Texas
+para llevar la existencia ruda de los _cow-boys_ que tantas veces había
+admirado en los libros. A los veintidós años, otro cambio de aficiones.
+El jinete de las llanuras, cansado de guardar vacas, se había hecho
+actor, sufriendo la vida errante y no menos aventurera que llevan en los
+Estados Unidos las gentes de teatro mediocres, saltando de pueblo en
+pueblo para trabajar una noche nada más.
+
+El éxito universal de la cinematografía le sacó de pronto de esta
+miserable situación. Todo lo que había aprendido en las praderas de
+Texas le sirvió para su gloria artística. Ningún actor supo como él
+montar á caballo, echar el lazo, batirse á puñetazos, manejar las armas.
+Allá, entre vaqueros de verdad, había sido un discípulo mediocre, un
+muchacho de la burguesía empeñado en hacerse _cow-boy_ bajo la obsesión
+de ciertas lecturas. En el cinematógrafo no tuvo rival, y fué al poco
+tiempo «El rey de las praderas».
+
+Antes de los treinta años había juntado una fortuna considerable y su
+nombre era famoso en la tierra entera.
+
+Un ayuda de cámara irlandés se encargaba de contestar, imitando su
+firma, los centenares de cartas femeniles que llegaban semanalmente de
+todos los extremos del planeta pidiendo á Gould un autógrafo
+sentimental.
+
+Mina vió su casa, elegante edificio de madera, verde y blanco, entre
+jardines siempre primaverales. Después lo vió á él, una tarde que
+trabajaba en el interior del estudio cinematográfico, bajo una luz
+lívida. «El rey de las praderas» se batía en aquellos momentos á
+silletazos y tiros de revólver con todos los parroquianos de una taberna
+del desierto.
+
+La primera impresión no fué buena. Miss Craven le vió alto, fornido, de
+arrogantes movimientos, tal como lo había contemplado muchas veces en
+los _films_, pero con la cara pintada de blanco, lo mismo que un
+Pierrot. La luz lívida y sepulcral de los tubos de mercurio exigía esta
+pintura de artista de circo.
+
+Pero Gould, impresionado por la presencia de la millonaria que era hija
+del difunto Craven y tenía por tutor á Foster (padre), dos nombres
+ilustres del Oeste, la saludó con una torpeza conmovedora. En su
+confusión, lanzó la mirada, la famosa mirada de héroe niño que parecía
+pedir auxilio, y Mina dejó de ver la cara cubierta de almidón, para
+fijarse únicamente en sus ojos implorantes.
+
+Desde este día, el gran artista terminó más pronto sus trabajos, para ir
+á Los Ángeles, donde miss Craven le había invitado á comer, ó para
+acompañarla en sus interesantes paseos á la hora en que muere el sol.
+
+Lionel recitaba versos, estaba más enterado que Mina de las cosas
+literarias, y ella acabó por admirarle como un espíritu delicado, como
+un «alma romántica», capaz de llenar de poesía la existencia de una
+mujer. Además, era «El rey de las praderas», el atleta irresistible que
+ningún hombre podía domeñar.
+
+Una visita inesperada perturbó esta existencia idílica.
+
+Se presentó en el lujoso hotel de Los Ángeles Foster (hijo), con todo su
+equipaje de escopetas y demás aparatos para la caza de bestias feroces.
+
+--¡Mi querida Mina! ¡Qué casualidad encontrarnos!... Vengo de Nueva
+York, para embarcarme en San Francisco. Voy al Congo....
+
+Y ruborizándose por este absurdo rodeo geográfico, se apresuró á añadir:
+
+--Quiero cazar donde no cazó el coronel Roosevelt. Voy á correr los
+países que él no visitó nunca.
+
+Un secreto instinto le avisaba, sin duda, el peligro, y venciendo esta
+vez la cortedad de su carácter, manifestó sus deseos. Mina Craven y
+James Foster (hijo) podían hacer una linda pareja. ¿Por qué no se
+casaban?...
+
+El gesto de lástima simpática que puso ella fué para acobardar al más
+valeroso cazador.
+
+--Yo sólo me casaré con un hombre célebre.
+
+Foster quiso protestar. Él no tenía la celebridad de un boxeador ó de un
+cantante de ópera; pero era alguien. Los periódicos hablaban de él.
+
+--Yo sólo me casaré con un héroe--añadió Mina.
+
+James creyó necesario insistir en sus méritos. Hizo memoria de los
+regalos enviados á Mina, especialmente de dos pieles de oso, enormes,
+con unas cabezas que metían espanto. Él, completamente solo, los había
+matado en Alaska.
+
+--¡Unos osos!--dijo ella, levantando los hombros--. Eso lo mata
+cualquiera.... ¿Cuántos tigres ha cazado usted, James?...
+
+El hijo de Foster inclinó la cabeza. Apenas quedaban tigres en el mundo.
+Él había pasado varios meses en la India, y, después de largas esperas,
+gastos y penalidades, sólo había conseguido matar uno.
+
+--¡Un tigre nada más!...
+
+Mina sonrió otra vez de lástima. Ella conocía á un cazador que llevaba
+matados más de treinta ante sus propios ojos, y no con largos
+intervalos, sino todas las noches.
+
+Foster (hijo), como hombre práctico, abandonó inmediatamente sus
+pretensiones, juzgándolas imposibles. «¡Adiós, Mina!» Ya no pensó en
+sobrepasar las hazañas africanas de Roosevelt. Lo que deseaba era
+tropezar en el Congo con un hipopótamo, un león ó cualquiera otra bestia
+misericordiosa, que, al desgarrarlo en pequeños pedazos, le librase del
+recuerdo de miss Craven la ingrata.
+
+Después de esta entrevista, la millonaria creyó necesario acelerar los
+acontecimientos. Ella fué la que tomó la iniciativa, sabiendo que «El
+rey de las praderas» se mostraba tímido en su presencia, quedando como
+adormecido bajo el poder de sus ojos.
+
+--Ya estoy cansada de ser miss Craven. Ahora deseo ser mistress Gould.
+¿Está usted conforme, Lionel?
+
+Aunque él hubiese dicho que no, Mina habría preparado lo mismo el
+matrimonio.
+
+Llevando tras de ella al célebre Lionel, como si lo raptase, se marchó
+á San Francisco para visitar á su tutor. Esta vez Foster (padre) estaba
+en su despacho.
+
+--Le presento á mi futuro esposo. Me caso esta misma semana con «El rey
+de las praderas».
+
+El millonario abrió la boca á impulsos de la sorpresa, mostrando todo el
+oro y el marfil de su interior. Luego pensó que un hombre de negocios no
+debe asombrarse nunca, y acabó por reír, con una carcajada ruidosa que
+dejó visible otra vez toda la riqueza de su dentadura.
+
+--¡Original!... ¡Verdaderamente original!
+
+
+
+
+IV
+
+
+Mina se consideró la mujer más feliz de la tierra. El escándalo de unas
+amigas y los comentarios burlones de las otras fueron para ella un
+motivo de orgullo.
+
+--¡Envidiosas!... ¡De qué buena gana me quitarían mi «rey de las
+praderas»!
+
+Gould era aún más dichoso. Los millones de su esposa suponían poco en
+esta felicidad. Él ganaba miles de dólares por semana.... Pero le
+enorgullecía haberse casado, siendo un simple cómico, con la hija única
+de Craven, llamado en vida «el Cristóbal Colón del petróleo».
+
+Un gran contento físico vino á confundirse, además, con este amor
+admirativo.
+
+Gould estaba harto de sus compañeras de trabajo. Un convencionalismo de
+la cinematografía americana, inventado no se sabe por quién, exige que
+todos los actores sean grandes, y las artistas, liliputienses. Lionel,
+que admiraba las hembras de su talla, tenía que trabajar con muñecas que
+apenas le pasaban del codo, mujeres «de bolsillo», que podía meter en
+cualquiera abertura de su traje.
+
+A su esposa, la esbelta y fuerte Mina, la besaba de frente, sin
+necesidad de bajar la cabeza y doblar las vértebras. Además, las otras
+iban pintadas de blanco, como payasos; llevaban pegadas á los párpados
+unas tirillas erizadas de pelos, que fingían larguísimas pestañas, y en
+los momentos de emoción se colocaban unas gotitas de glicerina, que
+luego, en el film, resultaban lágrimas.... En cambio, la nueva mistress
+Gould era de una esplendidez corporal, fresca y firme, que parecía
+esparcir el perfume de los bosques cuando despiertan bajo el soplo de la
+primavera. ¡Oh, adorada Mina!
+
+Se lanzaron á viajar por el mundo. Ella exigió que Lionel abandonase el
+arte cinematográfico. Más adelante, ¿quién sabe?... Un hombre célebre se
+debe á su celebridad. Pero, por el momento, «El rey de las praderas»
+debía ser para ella únicamente.
+
+La vida conyugal no le trajo ninguna decepción. El célebre Gould fué, al
+mismo tiempo, un marido enamorado y un servidor respetuoso. Además,
+¡cómo se sentía ella protegida al lado del héroe! ¡Qué impresión de
+orgullo y de seguridad cuando se abrazaba á él, percibiendo la fuerza
+almacenada en su vigoroso organismo!...
+
+Muchas veces, al marchar apoyada en su brazo, tocaba amorosamente el
+bíceps contraído. Era fuerte, pero no de un vigor extraordinario. Ella
+había visto en los circos y en los pugilatos de boxeadores musculaturas
+más poderosas. Pero inmediatamente pensaba en las hazañas de «El rey de
+las praderas». La cinematografía tiene sus _trucs_ y sus misterios, como
+todas las cosas teatrales; pero la verdad siempre es la verdad, y ella
+había visto á su Lionel levantar troncos enormes, agarrar á un enemigo y
+arrojarlo por la ventana como si fuese un pañuelo, echar puertas
+abajo....
+
+«Y es que el músculo--pensaba Mina--no lo es todo; vale más la energía
+interior y misteriosa, que sólo poseen los héroes.» Su Lionel,
+indudablemente, era á modo de una batería eléctrica, que en ciertos
+momentos de excitación podía desenvolver una fuerza inmensa. Ella le
+había visto batiéndose con ocho á la vez, y sabía hasta dónde era capaz
+de llegar.
+
+--¡Oh, Lionel!... ¡Mi hércules adorado!
+
+Una noche, estando en Marsella de paso para Egipto, Mina quiso pasear
+por el Puerto Viejo, á la luz de la luna. ¡Ver los buques antiguos del
+Mediterráneo dormidos sobre las aguas de plata! ¡Creerse en tiempos de
+la _Odisea_ al contemplar las filas de pequeños veleros procedentes de
+Grecia!...
+
+Los muelles desiertos resultaban peligrosos después de media noche. En
+las callejuelas cercanas bullían rameras de la más extremada abyección,
+juntas con negros, con marineros levantinos, con marroquíes é
+indostánicos, con vagabundos de todo el planeta. Pero la millonaria no
+conocía el miedo. Además, iba apoyada en el más fuerte de los brazos.
+
+Su cabellera de aurora, su andar majestuoso, el perfume que iban
+sembrando sus pasos, el brillo de un diamante en su diestra
+desenguantada, hicieron detenerse á sus espaldas á cuatro hombres
+morenos, de robustez cuadrada y rostros inquietantes, que se consultaron
+con voces roncas de ebrio.
+
+Gould sólo tuvo tiempo para abandonar el brazo de su mujer y girar
+sobre sus talones, avisado por las palabras confusas de estos
+vagabundos, que parecían ponerse de acuerdo.
+
+Los cuatro cayeron sobre él, que los recibió gallardamente con sus puños
+poderosos.
+
+Mina quedó á pocos pasos, más curiosa que asustada, saboreando de
+antemano la gran corrección que iban á recibir los bandidos. «El rey de
+las praderas» terminaría la pelea en unos segundos.
+
+Pero el pobre «rey», después de defenderse con una arrogancia teatral,
+sin vacilación alguna, seguro de su triunfo, vino al suelo tristemente,
+como se derrumban al dar los primeros pasos en la existencia todos los
+que han vivido una vida de ilusión.
+
+Tres de aquellos miserables siguieron golpeando al caído para rematarlo,
+mientras el otro avanzaba hacia Mina con cierta indecisión, al ver que
+no intentaba huir.
+
+Miss Craven, á pesar de sus fantasías, había conservado mucho del
+espíritu práctico de su padre, y sabía todo lo que una persona previsora
+no debe olvidar en sus viajes. Brilló en su diestra, salido no se sabe
+de dónde, un juguete plateado, la última novedad para la defensa
+personal: nueve tiros. Sonó una detonación, y el hombre se hizo atrás,
+lanzando juramentos y llevándose una mano al pecho. Sonó un nuevo
+disparo, y empezó á dar traspiés otro de los que estaban inclinados,
+sobre Lionel dándole golpes. Siguió apretando el gatillo, y los tiros
+hicieron desaparecer á aquellos facinerosos, unos corriendo, otros
+balanceándose dolorosamente, mientras de las callejuelas cercanas
+empezaba á salir gente. Mina se arrodilló junto á su marido.
+
+--¡Oh, Lionel! ¡Mi rey!... ¿Te han matado?
+
+Cuando, semanas después, pudieron salir de Marsella, la vida conyugal
+era otra. Gould, todavía convaleciente de sus heridas, parecía sentir
+vergüenza delante de su esposa. «¡No haber sabido defenderte!...»,
+decían sus ojos. Y lanzaba á continuación su mirada suplicante.
+
+Esta mirada devolvía á Mina un pálido recuerdo del antiguo afecto. Sólo
+esta mirada era verdad. Todo lo demás del héroe, pura mentira. Su marido
+resultaba un pobre muchacho, simple y bueno, necesitado de que lo
+protegiesen. Ella lo defendería, como en la noche de Marsella. ¡Adiós,
+amor! Sólo quedaba en la millonaria un afecto que tenía mucho de
+maternal.
+
+Los dos, con la pesada tristeza del desengaño, se aburrieron en todas
+partes, y acortaron su viaje para volver á los Estados Unidos.
+
+Creían adivinarse en los ojos sus respectivos pensamientos.
+
+--Se divorciará apenas lleguemos á Nueva York.... Mejor: volveré á
+dedicarme á la cinematografía.
+
+Pero esto representaba para Gould un suplicio. ¡Separarse de Mina, á la
+que amaba ahora más que antes, con la ternura de la gratitud y la
+amargura del remordimiento!...
+
+Ella también pensaba en el divorcio.
+
+--¡Todo mentira!... Tendré que rehacer mi existencia con otro.
+
+Y empezó á pensar en África y en los continuadores de las cacerías de
+Roosevelt.
+
+Al llegar á Nueva York, los periódicos hablaron de Mina por ser la
+esposa del célebre Gould. Las amigas seguían envidiándole el «rey de las
+praderas» y encontraban muy interesante su matrimonio. ¿Era prudente,
+después de esto, abandonar á su buen mozo, para que lo agarrase otra
+mujer?...
+
+La vida en intimidad resultaba triste y penosa. El recuerdo de aquella
+noche se interponía entre los dos. El pobre «rey» conoció una reina que
+no había sospechado nunca: injusta, rencorosa, sarcástica, propensa á
+encontrar malo todo lo de su marido.
+
+Una mañana, á la hora del _breakfast_, por una discusión insignificante,
+la misma mano que había disparado varios tiros en el Puerto Viejo de
+Marsella agarró un plato y lo arrojó contra la cara del hombre célebre.
+La porcelana se hizo pedazos, hiriéndole. Lionel se limpió la sangre de
+una mejilla, y luego miró á su esposa con aquellos ojos de niño
+abandonado é implorante.
+
+--¡Oh, mi rey!--gritó ella, refugiándose en sus brazos--. ¡Pobrecito
+mío!... Perdóname; soy una loca. No te abandonaré nunca.
+
+Y durante todo el día, Gould conoció la más amorosa y sumisa de las
+mujeres.
+
+Desde entonces la vida de los dos se desarrolló con violentas
+alternativas: primeramente discusiones buscadas por ella, que terminaban
+con golpes, y luego, tras la mirada implorante del esposo, la feliz
+reconciliación. Hasta le permitió que volviese al arte cinematográfico,
+siendo protagonista da varios _films_, cuyos argumentos se hacía relatar
+ella anticipadamente. Su Lionel sólo debía aparecer en el círculo
+luminoso realizando hazañas nunca vistas.
+
+Jamás había hablado con tanto entusiasmo de su esposo. Lo mismo en
+presencia de él que estando á solas con sus amigas, hacía elogios del
+héroe, ensalzando su fuerza irresistible, su valor temerario.
+
+Lionel Gould era siempre el mismo. Estaba orgullosa de llevar su nombre.
+
+Después de esto sonreía con verdadera satisfacción, halagada por
+orgullosos pensamientos que nadie podía adivinar.
+
+Sí; su marido continuaba siendo el invencible, el único, «El rey de las
+praderas», y con esto quedaba dicho todo.
+
+Pero ella, en su casa, le pegaba al «rey de las praderas».
+
+
+
+
+NOCHE SERVIA
+
+
+
+
+I
+
+
+Las once de la noche. Es el momento en que cierran sus puertas los
+teatros de París. Media hora antes, cafés y _restaurants_ han echado
+igualmente su público á la calle.
+
+Nuestro grupo queda indeciso en una acera del bulevar, mientras se
+desliza en la penumbra la muchedumbre que sale de los espectáculos. Los
+faroles, escasos y encapuchados, derraman una luz fúnebre, rápidamente
+absorbida por la sombra. El cielo negro, con parpadeos de fulgor
+sideral, atrae las miradas inquietas. Antes, la noche sólo tenía
+estrellas; ahora puede ofrecer de pronto teatrales mangas de luz en cuyo
+extremo amarillea el zepelín como un cigarro de ámbar.
+
+Sentimos el deseo de prolongar nuestra velada. Somos cuatro: un escritor
+francés, dos capitanes servios y yo. ¿Adonde ir en este París obscuro,
+que tiene cerradas todas sus puertas?... Uno de los servios nos habla
+del _bar_ de cierto hotel elegante, que continúa abierto para los
+huéspedes del establecimiento. Todos los oficiales que quieren
+trasnochar se deslizan en él como si fuesen de la casa. Es un secreto
+que se comunican los hermanos de armas de diversas naciones cuando pasan
+unos días en París.
+
+Entramos cautelosamente en el salón, profusamente iluminado. El tránsito
+es brusco de la calle obscura á este _hall_, que parece el interior de
+un enorme fanal, con sus innumerables espejos reflejando racimos de
+ampollas eléctricas. Creemos haber saltado en el tiempo, cayendo dos
+años atrás. Mujeres elegantes y pintadas, champaña, violines que gimen
+las notas de una danza de negros con el temblor sentimental de las
+romanzas desgarradoras. Es un espectáculo de antes de la guerra. Pero en
+la concurrencia masculina no se ve un solo frac.
+
+Todos los hombres llevan uniformes--oficiales franceses, belgas,
+ingleses, rusos, servios--, y estos uniformes son polvorientos y
+sombríos. Los violines los tocan unos militares británicos, que
+contestan con sonrisas de brillante marfil á los aplausos y aclamaciones
+del público. Sustituyen á los antiguos ziganos de casaca roja. Las
+mujeres señalan á uno de ellos, repitiéndose el nombre del padre, lord
+célebre por su nobleza y sus millones. «Gocemos locamente, hermanos, que
+mañana hemos de morir.»
+
+Y todos estos hombres, que han colgado su vida como ofrenda en el altar
+de la diosa pálida, beben la existencia á grandes tragos, ríen, copean,
+cantan y besan con el entusiasmo exasperado de los marinos que pasan una
+noche en tierra y al romper el alba deben volver al encuentro de la
+tempestad.
+
+
+
+
+II
+
+
+Los dos servios son jóvenes y parecen satisfechos de que las aventuras
+de su patria les hayan arrastrado hasta París, ciudad de ensueño que
+tantas veces ocupó su pensamiento en la bárbara monotonía de una
+guarnición del interior.
+
+Ambos «saben relatar», habilidad ordinaria en un país donde casi todos
+son poetas. Lamartine, al recorrer hace tres cuartos de siglo la Servia
+feudataria de los turcos, quedó asombrado de la importancia de la poesía
+en este pueblo de pastores y guerreros. Como muy pocos conocían el
+abecedario, emplearon el verso para guardar más estrechamente las ideas
+de su memoria. Los «guzleros» fueron los historiadores nacionales, y
+todos prolongaron la _Ilíada_ servia improvisando nuevos cantos.
+
+Mientras beben champaña, los dos capitanes evocan las miserias de su
+retirada hace unos meses; la lucha con él hambre y el frío; las batallas
+en la nieve, uno contra diez; el éxodo de las multitudes, personas y
+animales en pavorosa confusión, al mismo tiempo que á la cola de la
+columna crepitan incesantemente fusiles y ametralladoras; los pueblos
+que arden; los heridos y rezagados aullando entre llamas; las mujeres
+con el vientre abierto, viendo en su agonía una espiral de cuervos que
+descienden ávidos; la marcha del octogenario rey Pedro, sin más apoyo
+que una rama nudosa, agarrotado por el reumatismo, y continuando su
+calvario á través de los blancos desfiladeros, encorvado, silencioso,
+desafiando al destino como un monarca shakespiriano.
+
+Examino á mis dos servios mientras hablan. Son mocetones carnosos,
+esbeltos, duros, con la nariz extremadamente aguileña, un verdadero pico
+de ave de combate. Llevan erguidos bigotes. Por debajo de la gorra, que
+tiene la forma de una casita con doble tejado de vertiente interior, se
+escapa una media melena de peluquero heroico. Son el hombre ideal, el
+«artista», tal como lo veían las señoritas sentimentales de hace
+cuarenta años, pero con uniforme color de mostaza y el aire tranquilo y
+audaz de los que viven en continuo roce con la muerte.
+
+Siguen hablando. Relatan cosas ocurridas hace unos meses, y parece que
+recitan las remotas hazañas de Marko Kralievitch, el Cid servio, que
+peleaba con las _wilas_, vampiros de los bosques, armadas de una
+serpiente á guisa de lanza. Estos hombres que evocan sus recuerdos en un
+_bar_ de París han vivido hace unas semanas la existencia bárbara é
+implacable de la humanidad en su más cruel infancia.
+
+El amigo francés se ha marchado. Uno de los capitanes interrumpe su
+relato para lanzar ojeadas á una mesa próxima. Le interesan, sin duda,
+dos pupilas circundadas de negro que se fijan en él, entre el ala de un
+gran sombrero empenachado y la pluma sedosa de un boa blanco. Al fin,
+con irresistible atracción, se traslada de nuestra mesa á la otra. Poco
+después desaparece, y con él se borran el sombrero y el boa.
+
+Me veo á solas con el capitán más joven, que es el que menos ha hablado.
+Bebe; mira el reloj que está sobre el mostrador. Vuelve á beber. Me
+examina un momento con esa mirada que precede siempre á una confidencia
+grave. Adivino su necesidad de comunicar algo penoso que le atormentaba
+memoria con una gravitación de suplicio. Mira otra vez el reloj. La una.
+
+--Fué á esta misma hora--dice sin preámbulo, saltando del pensamiento á
+la palabra para continuar un monólogo mudo--. Hoy hace cuatro meses.
+
+Y mientras él sigue hablando, yo veo la noche obscura, el valle cubierto
+de nieve, las montañas blancas, de las que emergen hayas y pinos
+sacudiendo al viento las vedijas algodonadas de su ramaje. Veo también
+las ruinas de un caserío, y en estas ruinas el extremo de la retaguardia
+de una división servia que se retira hacia la costa del Adriático.
+
+
+
+
+III
+
+
+Mi amigo manda el extremo de esta retaguardia, una masa de hombres que
+fué una compañía y ahora es una muchedumbre. A la unidad militar se han
+adherido campesinos embrutecidos por la persecución y la desgracia, que
+se mueven como autómatas y á los que hay que arrear á golpes; mujeres
+que aullan arrastrando rosarios de pequeñuelos; otras mujeres, morenas,
+altas y huesudas, que callan con trágico silencio, é inclinándose sobre
+los muertos les toman el fusil y la cartuchera.
+
+La sombra se colora con la pincelada roja y fugaz del disparo surgiendo
+de las ruinas. De las profundidades lóbregas contestan otros fulgores
+mortales. En el ambiente negro zumban los proyectiles, invisibles
+insectos de la noche.
+
+Al amanecer será el ataque arrollador, irresistible. Ignoran quién es
+el enemigo que se va amasando en la sombra. ¿Alemanes, austríacos,
+búlgaros, turcos?... ¡Son tantos contra ellos!
+
+--Debíamos retroceder--continúa el servio--, abandonando lo que nos
+estorbase. Necesitábamos ganar la montaña antes de que viniese el día.
+
+Los largos cordones de mujeres, niños y viejos se habían sumido ya en la
+noche, revueltos con las bestias portadoras de fardos. Sólo quedaban en
+la aldea loa hombres útiles, que hacían fuego al amparo de los
+escombros. Una parte de ellos emprendió á su vez la retirada. De pronto,
+el capitán sufrió la angustia de un mal recuerdo.
+
+--¡Los heridos! ¿Qué hacer de ellos?...
+
+En un granero de techo agujereado, tendidos en la paja, había más de
+cincuenta cuerpos humanos sumidos en doloroso sopor ó revolviéndose
+entre lamentos. Eran heridos de los días anteriores que hablan logrado
+arrastrarse hasta allí; heridos de la misma noche, que restañaban la
+sangre fresca con vendajes improvisados; mujeres alcanzadas por las
+salpicaduras del combate.
+
+El capitán entró en este refugio, que olía á carne descompuesta, sangre
+seca, ropas sucias y alientos agrios. A sus primeras palabras, todos los
+que conservaban alguna energía se agitaron bajo la luz humosa del único
+farol. Cesaron los quejidos. Se hizo un silencio de sorpresa, de pavor,
+como si estos moribundos pudiesen temer algo más grave que la muerte.
+
+Al oír que iban á quedar abandonados á la clemencia del enemigo, todos
+intentaron un movimiento para incorporarse; pero los más volvieron á
+caer.
+
+Un coro de súplicas desesperadas, de ruegos dolorosos, llegó hasta el
+capitán y los soldados que le seguían....
+
+--¡Hermanos, no nos dejéis!... ¡Hermanos, por Jesús!
+
+Luego reconocieron lentamente la necesidad del abandono, aceptando su
+suerte con resignación. ¿Pero caer en manos de los adversarios? ¿Quedar
+á merced del búlgaro ó el turco, enemigos de largos siglos?... Los ojos
+completaron lo que las bocas no se atrevían á proferir. Ser servio
+equivale á una maldición cuando se cae prisionero. Muchos que estaban
+próximos á morir temblaban ante la idea de perder su libertad.
+
+La venganza balkánica es algo más temible que la muerte.
+
+--¡Hermano!... ¡hermano!...
+
+El capitán, adivinando los deseos ocultos en estas súplicas, evitaba el
+mirarles.
+
+--¿Lo queréis?--preguntó varias veces.
+
+Todos movieron la cabeza afirmativamente. Ya que era preciso este
+abandono, no debía alejarse la retaguardia dejando á sus espaldas un
+servio con vida.
+
+¿No hubiera suplicado el capitán lo mismo al verse en idéntica
+situación?...
+
+La retirada, con sus dificultades de aprovisionamiento, hacía escasear
+las municiones. Los combatientes guardaban avaramente sus cartuchos.
+
+El capitán desenvainó el sable. Algunos soldados habían empezado ya el
+trabajo empleando las bayonetas, pero su labor era torpe, desmañada,
+ruidosa: cuchilladas á ciegas, agonías interminables, arroyos de sangre.
+Todos los heridos se arrastraban hacia el capitán, atraídos por su
+categoría, que representaba un honor, y admirados de su hábil prontitud.
+
+--¡A mí, hermano!... ¡A mi!
+
+Teniendo hacia fuera el filo del sable, los hería con la punta en el
+cuello, buscando partir la yugular del primer golpe.
+
+--_¡Tac!... ¡tac!..._--marcaba el capitán, evocando ante mi esta escena
+de horror.
+
+Acudían arrastrándose sobre manos y pies; surgían como larvas de las
+sombras de los rincones; se apelotonaban contra sus piernas. Él había
+intentado volver la cara para no presenciar su obra; los ojos se le
+llenaban de lágrimas.... Pero este desfallecimiento sólo servía para
+herir torpemente, repitiendo los golpes y prolongando el dolor.
+¡Serenidad! ¡Mano fuerte y corazón duro!... _¡Tac!... ¡tac!..._
+
+--¡Hermano, á mi!... ¡A mí!
+
+Se disputaban el sitio, como si temieran la llegada del enemigo antes de
+que el fraternal sacrificador finalizase su tarea. Habían aprendido
+instintivamente la postura favorable. Ladeaban la cabeza para que el
+cuello en tensión ofreciese la arteria rígida y visible á la picadura
+mortal. «¡Hermano, á mí!» Y expeliendo un caño de sangre se recostaban
+sobre los otros cuerpos, que iban vaciándose lo mismo que odres rojos.
+
+ * * * * *
+
+El _bar_ empieza á despoblarse. Salen mujeres apoyadas en brazos con
+galones, dejando detrás de ellas una estela de perfumes y polvos de
+arroz. Los violines de los ingleses lanzan sus últimos lamentos, entre
+risas de alegría infantil.
+
+El servio tiene en la mano un pequeño cuchillo sucio de crema, y con el
+gesto de un hombre que no puede olvidar, que no olvidará, nunca, sigue
+golpeando maquinalmente la mesa.... _¡Tac!... ¡tac!..._
+
+
+
+
+LAS PLUMAS DEL CABURÉ
+
+
+
+
+I
+
+
+Morales iba á seguir disparando su mauser, pero Jaramillo, que estaba,
+como él, con una rodilla en tierra y la cara apoyada en la culata del
+fusil, le dijo á gritos, para dominar con su voz el estruendo de las
+descargas:
+
+--Es inútil que tires; no lo matarás. Ese hombre tiene un _payé_ de gran
+poder.
+
+Habían desembarcado, cerca de media noche, en el muelle de la ciudad.
+Dos vaporcitos los habían transbordado de la otra orilla del río Paraná.
+Eran poco más de cien hombres, reclatados en el Paraguay ó en la
+gobernación del Chaco, casi todos ellos hijos del Estado de Corrientes,
+que andaban errantes, fuera de su país, por aventuras políticas ó de
+amor. Mezclados con estos rebeldes autóctonos iban unos cuantos hombres
+de acción, amadores del peligro por el peligro, que se trasladaban de
+una á otra de las provincias excéntricas de la Argentina, allí donde era
+posible que surgiesen revoluciones.
+
+Confiando en la audacia inverosímil que representaba este golpe de mano,
+en la sorpresa que iban á sufrir los adversarios, avanzaron por las
+calles como por un terreno conocido, dirigiéndose al cuartel de la
+policía. Los vecinos que tomaban el fresco ante sus casas saltaban de
+las sillas y desaparecían, adivinando lo que significaba este rápido
+avance de hombres armados.
+
+Cuando los invasores llegaron frente al cuartel, vieron cómo se cerraban
+sus puertas y cómo salían de sus ventanas los primeros fogonazos. ¡Golpe
+errado! Pero nadie pensó en huir. Porque la sorpresa fracasase, no iban
+á privarse del gusto de seguir cambiando tiros con los aborrecidos
+contrarios.
+
+--¡Viva el doctor Sepúlveda! ¡Abajo el gobierno usurpador!
+
+Y repartidos en grupos ocuparon todas las bocacalles que daban á la
+plaza, disparando contra el cuartel.
+
+Un hombre gordo y obscuro de color, oficial de la policía, se mostraba
+en una de las ventanas con una tranquilidad asombrosa. Extendiendo un
+brazo, disparaba su revólver contra los rebeldes:
+
+--¡Canallas! ¡Hijos de...tal! ¡Perros!
+
+Luego, sacando otro brazo, disparaba el segundo revólver, se metía
+adentro para cargar sus armas y volvía á aparecer.
+
+La mayor parte de los asaltantes parecieron olvidar el motivo político
+que los había traído hasta allí. Ya no pensaban en el «gobierno
+usurpador» ni en asaltar el cuartel. Toda su atención la concentraron en
+aquel hombre que seguía insultándoles sin tomar precauciones. Llovían
+las balas en torno de su persona, pero ni una sola lograba tocarle.
+
+--No gastes tus cartuchos, hermano--continuó Jaramillo, con una
+expresión fatalista--. Ese hombre posee un talismán, un _payé_ que le
+hace invulnerable como el diablo.... ¿Quién sabe si lleva en el pecho
+alguna pluma de caburé?
+
+Morales cesó de disparar. Tenía una ciega confianza en la sabiduría de
+su compañero. Además, conocía desde su niñez el poder de una pluma de
+caburé.
+
+--¡Viva el partido blanco! ¡Abajo Sepúlveda! ¡Mueran los colorados!
+
+Era el refuerzo enemigo que llegaba. Sonaron nuevos tiros en el fondo de
+las calles. Pasada la primera sorpresa, acudían las otras fuerzas del
+gobierno en socorro del cuartel.
+
+--Esto se acabó. Hay que retirarse--dijo Jaramillo.
+
+Los dos camaradas corrieron hacia el muelle, doblando el cuerpo para
+hacerse más pequeños ante las balas con que los perseguía el enemigo.
+Otros siguieron defendiéndose rudamente á sus espaldas.
+
+Llegaron al puerto á tiempo para ver cómo uno de los vaporcitos huía río
+arriba, perdiéndose en la noche, y cómo el otro empezaba á apartarse del
+muelle de madera. Esto no extrañó á Jaramillo.
+
+--¡Qué puede esperarse de extranjeros, de _gringos_ que carecen de
+fervor político y no son del partido!...
+
+Es natural, tratándose de dos capitanes genoveses.
+
+Pero él y Morales, con su agilidad de hijos de la selva, saltaron en el
+vacío negro, cayendo precisamente sobre el borde de la cubierta
+fugitiva. Unos milímetros menos, y se perdían en el agua lóbrega poblada
+de caimanes.... ¡Que Dios protegiese á los valientes que se quedaban en
+tierra!
+
+Cuando las luces del puerto empezaron á borrarse en la obscuridad,
+Jaramillo, considerándose seguro, empezó á formular sus protestas.
+
+--¿A quién se le ocurre hacer revoluciones á media noche?... Es la peor
+de las horas, cuando todo el mundo vive y está despierto. Eso podrá ser
+en los países donde hace frío y la gente se acuesta temprano, ¿pero
+aquí?... Aquí, la hora mejor para la revolución es la una de la tarde.
+
+Todos los oyentes aprobaron con gestos silenciosos. Desembarcando á la
+hora de la siesta, habrían entrado por las calles sin que nadie los
+viese, lo mismo que á través de una ciudad muerta; habrían sorprendido
+el cuartel, matando á la guardia, que seguramente estaría tendida á la
+sombra y roncando.
+
+--Es una locura--continuó Jaramillo--intentar ataques de noche en un
+país como el nuestro. No hay mas que acordarse de lo que pasa en la
+selva.
+
+Como todos eran hijos de la selva, persistieron en sus muestras de
+aprobación. Durante las horas de sol y de calor era cuando la selva
+dormía, sin un estremecimiento, sin un latido, con una calma de tumba.
+Luego, al morir la tarde, despertaba la vida; los insectos empezaban á
+zumbar, los pájaros sacudían sus alas, los cuadrúpedos estiraban sus
+patas, y en la sombra todos se agitaban para ofender ó para defenderse,
+para devorar ó ser devorados. La vida renacía con el fresco de la noche,
+reanudando sus aventuras y sus tragedias.
+
+Morales admiró una vez más la sabiduría de su amigo. Era hijo de un
+brujo y había heredado muchos de los secretos paternales.
+
+A veces, esta vida nocturna de la selva se paralizaba con una larga
+pausa de angustioso silencio.
+
+Era porque rondaba cerca el jaguar, el tigre americano, de piel pintada
+á redondeles, al que los indios guaraníes, en su lenguaje, apodan «el
+Señor».
+
+Otras veces, el silencio tenía un motivo más claro y determinado. Un
+grito estridente rasgaba la lobreguez, un alarido feroz, que hacía
+estremecer á los que lo escuchaban. Este grito inmenso salía de la
+garganta de un pájaro poco más grande que el puño, una especie de
+mochuelo del tamaño de un pichón de cría. Todas las bestias, las que
+vuelan, las que corren y las que se arrastran, se echaban á temblar
+cuando oían este alarido.
+
+Morales no había logrado ver nunca al pájaro diminuto, soberano de la
+selva, pero lo conocía de fama desde su niñez.
+
+Tenía por armas su pico, un terrible pico fuerte como el acero mejor
+templado, y una infernal mala intención. Allí donde clavaba su arma
+abría orificio, y el golpe iba dirigido siempre á la cabeza del
+adversario, devorando inmediatamente su cerebro al descubierto. No había
+cráneo que pudiera resistir á sus perseverantes picotazos, iguales á
+golpes de barreno. Atacaba al toro, al tigre, al caimán, blindado de
+planchas duras como un navío de guerra.
+
+Este volátil pequeño y de malicia diabólica era el caburé.
+
+
+
+
+II
+
+
+Morales y Jaramillo debían tal vez sus apellidos y la poca sangre
+europea que corría por sus venas á dos conquistadores españoles llegados
+al país siglos antes; pero en realidad eran dos mestizos guaraníes,
+pequeños, ágiles, débiles de miembros aparentemente, y con una
+resistencia asombrosa para la fatiga y las privaciones.
+
+Unidos por una amistad fraternal, se presentaban juntos á buscar trabajo
+en las cortas de árboles, en las explotaciones de hierba _mate_ ó en los
+desmontes de un ferrocarril que estaban construyendo los _gringos_.
+
+Trabajaban con verdadero furor, como si se peleasen á muerte con un
+enemigo. Los capataces recién llegados de Europa parecían asombrados. ¿Y
+aún dicen que los indios son perezosos?... Pero al cobrar el jornal de
+la semana desaparecían, y sus protectores y admiradores los esperaban en
+vano todo el lunes siguiente. Sólo cuando quedaba consumido el último
+centavo en las tabernas donde hay acordeón y baile, pensaban en reanudar
+el maldecido trabajo.
+
+Las beldades cobrizas, descalzas, de gruesa trenza entre los omoplatos y
+falda blanca ó de color rosa, se asomaban á las puertas de sus ranchos
+para verlos pasar. Llevaban el calzón claro sujeto al tobillo por ligas
+de piel, los pies metidos en danzantes babuchas, un poncho avellanado
+cubriendo el busto, y un pañuelo rojo en el cuello. Este último era para
+ellos el detalle más precioso de su indumentaria. Podrían ir rotos y con
+las carnes más secretas al aire, pero sin un pañuelo rojo, ¡nunca! Era
+la señal del partido, el símbolo de los «colorados», así como los otros,
+los adversarios, llevaban siempre en el cuello un pañuelo blanco.
+
+Los dos traían bajo el brazo sus espadas; no espadas viejas y con
+agarrador de madera, como los pobretones, sino con empuñadura de
+coruscante dorado y vaina de cuero, iguales á las que usaban los
+guardias municipales de la ciudad. De sus remotos ascendientes de la
+conquista les quedaba un amor irresistible á la espada. Las armas de
+fuego eran buenas para las revoluciones. Las querellas de amor y de
+bebida debían ventilarse, tizona en mano, á espaldas de la taberna.
+
+Con el enfundado acero bajo el brazo, envueltos en su poncho y levantada
+el ala del fieltro sobre la frente, parecían dos caricaturas de los
+hidalgos de capa y espada, sus legítimos abuelos.
+
+Cuando la policía visitaba los bailes indígenas, ocultaban ellos sus
+armas metiéndoselas en la faja, á lo largo del calzoncillo, lo que les
+obligaba á continuar la danza con una pierna rígida, lo mismo que si
+estuviesen paralíticos.
+
+Un día, en uno de estos bailes, Morales, que era el menos listo de los
+dos pero el más dispuesto á la pelea, metió su espada por el vientre de
+cierto individuo que se empeñaba en danzar con la misma moza que él,
+echándole las tripas afuera.
+
+--Aquí no ha pasado nada. ¡Siga la fiesta!
+
+Se llevaron al muerto. Su familia se encargaría de levantarle una
+capillita al borde del camino y de ponerle cirios todas las noches. Un
+simple incidente; algo que se ve todos los días.
+
+Pero la policía entrometida no quiso aceptar el suceso con la misma
+calma que la gente, y prendió á Morales.
+
+--Una venganza política--dijo éste al entrar en la cárcel--. Bien se ve
+que mandan los usurpadores. ¡Como soy colorado!...
+
+Al registrarlo en presencia del juez, encontraron que debajo de sus
+ropas llevaba el cuerpo cubierto de plumas de avestruz. Jaramillo hacía
+lo mismo. Era un secreto de su padre el brujo; el mejor medio para
+vencer en agilidad á los enemigos.
+
+Le dió rabia ver cómo reía el juez ante tal descubrimiento. Todos los
+abogados jóvenes, que habían estudiado en Buenos Airea y despreciaban á
+los nativos, eran unos ignorantes.
+
+--A no ser por estas plumas, doctor--dijo Morales--, el difunto tal vez
+me habría matado. Mire cómo fui yo el más ligero y le clavé por el
+vientre.
+
+Le quitaron las plumas, le quitaron la espada, é iban á quitarle la
+libertad durante un buen número de años, por ser el muerto de los del
+pañuelo blanco, cuando Morales se escapó de la penitenciaría,
+refugiándose en el Paraguay, cuya frontera sólo está á dos horas de
+distancia.
+
+Jaramillo, que andaba desorientado durante su ausencia, quiso seguirle,
+y para justificar la fuga y no ser menos que su amigo, mató á otro
+«pañuelo blanco» antes de pasar á la vecina nación.
+
+Trabajaron en los llamados «hierbales» donde se cosecha el _mate_, té
+del país puesto de moda por los jesuítas en otros tiempos, cuando
+gobernaban la República teocrática de las Misiones, fundada por ellos
+entre el Brasil, el Paraguay y la Argentina.
+
+Deseosos de volver á su patria, los dos interrumpieron su trabajo
+repetidas veces para tomar parte en las intentonas revolucionarias del
+partido. El grande hombre de los «colorados», el doctor Sepúlveda, vivía
+tranquilamente en Buenos Aires, esperando el momento de regenerar su
+provincia. Mientras tanto, los partidarios del doctor hacían toda clase
+de esfuerzos para lograr su triunfo: revoluciones de día, revoluciones
+de noche; sublevaciones en la ciudad, sublevaciones en el campo.
+
+La gente de Buenos Aires apenas prestaba atención á estas hazañas y
+revueltas en la lejanísima provincia. ¡La Argentina es tan grande!
+Además, todo esto ocurría en un extremo del país, vecino al Brasil y al
+Paraguay; en una tierra que es argentina políticamente, pero por la raza
+es más bien paraguaya, y cuyos habitantes hablan generalmente el
+guaraní.
+
+Después del sangriento fracaso de aquella intentona nocturna, los dos
+volvieron á trabajar en el Paraguay, en la recolección del _mate_. Ellos
+eran los más inmediatos consumidores, pues sentados al borde del gran
+rio en las horas de descanso, chupaban incesantemente el canuto hundido
+en la pequeña calabaza rellena de hierba olorosa y de agua caliente que
+sostenían en una mano.
+
+Hablaban de la tierra natal con voz lenta y entornando los ojos, como si
+fueran á dormirse. Algunas veces, la conversación recaía sobre Jaramillo
+padre y su prodigiosa ciencia.
+
+--Yo le vi--decía Morales con respeto--curar á los enfermos en menos que
+se reza un credo. Les chupaba la parte enferma ó ponía la boca en su
+boca, aspirando su aliento. Luego escupía un gusano, una piedra, una
+culebra pequeña ó una araña. Era la enfermedad que acababa de sacarles
+del cuerpo.... Algunos se morían; pero era porque les faltaba paciencia
+para esperar la curación y llamaban al médico.
+
+--El mejor de sus secretos--insinuaba Jaramillo--es el que cura la
+mordedura de las víboras. Me lo reveló poco antes de morir. Vale más que
+una herencia de muchas talegas de onzas de oro.
+
+--Dímelo, hermano--suplicaba Morales.
+
+Su amigo parecía sobresaltarse.
+
+--No lo esperes. Únicamente se puede revelar el secreto el día de
+Viernes Santo. Si lo cuento otro día, perderé mi poder curativo hasta el
+Viernes Santo del año siguiente.
+
+Pero Morales empezó á importunar á su compañero con una tenacidad
+infantil durante semanas y semanas. Se acordaba de haber visto operar á
+Jaramillo padre cierto día que un vecino había regresado á su rancho con
+el brazo hinchado y negro por la mordedura de una serpiente. El brujo le
+había puesto unos remedios enérgicos sobre la herida, murmurando luego
+una invocación misteriosa sobre el reptil, muerto de un garrotazo.
+
+Tú no eres un buen compañero--decía Morales con tristeza--. Yo te miro
+como mi única familia, y tú guardas secretos conmigo.
+
+Jaramillo no quería quedarse desarmado por su indiscreción. ¿Y si le
+mordía á Morales uno de estos bichos venenosos al andar descalzo por los
+hierbales?...
+
+--No hay miedo--decía el otro--. Acuérdate que me diste unas ligas de
+piel de anta, y las víboras huyen de mis pies al percibir el olor de
+este cuero.
+
+Al fin, una tarde, Jaramillo hizo un esfuerzo, sacrificándose por la
+amistad.
+
+--Ya que lo quieres....
+
+Y cerrando los ojos le reveló el gran secreto. No había mas que
+inclinarse sobre la serpiente muerta y decirle en voz baja: «No eres
+víbora, que eres grillo.»
+
+Inmediatamente el veneno perdía su poder ponzoñoso dentro del cuerpo de
+la víctima.
+
+--¿Nada más?--preguntó Morales con visible decepción--. ¿Eso es todo?
+
+Eso era todo. Pero las palabras había que decirlas en guaraní. Las
+serpientes, por ser del país, no pueden entender el español, lengua de
+Buenos Aires.
+
+--Y ahora--terminó con melancolía Jaramillo--tendré que esperar hasta,
+el próximo Viernes Santo.
+
+De pronto empezó á hacer frecuentes viajes á Asunción, la capital del
+Paraguay. Su amigo, alarmado por estas ausencias, le obligó á confesar
+la causa.
+
+--Lo he visto--dijo Jaramillo misteriosamente.
+
+Aunque no dió el nombre de lo que había visto, bastó el tono de su voz
+para que Morales adivinase á quién se refería.
+
+Era el caburé. No podía ser otro. Los dos hablaban con frecuencia de él.
+
+¡Quién tuviera una pluma de caburé, para ser invulnerable y por lo
+mismo el hombre más valeroso de la tierra!... Hasta el mismo Jaramillo
+padre, con toda su sabiduría, no había conseguido ver nunca un caburé en
+sus manos. Era muy difícil apoderarse de él. Por esto repitió el hijo,
+con una expresión de orgullo:
+
+--Lo he visto: como te veo á ti.
+
+Su poseedor era un _gringo_ que vivía en Asunción sin más objeto que
+estudiar los animales y las plantas del país; un doctor alemán, gordo,
+rubicundo, de gafas doradas, muy amigo de bromear con las gentes simples
+del campo, para sonsacarles noticias. En el patio de su casa, que era
+tan grande como un claustro de convento, tenía numerosos pájaros y
+cuadrúpedos, y en mitad de él, ocupando una jaula especial, como rey de
+esta pequeño é inquieto mundo, al que podía hacer enmudecer con sólo un
+grito, estaba el caburé.
+
+Al encontrar el doctor varias veces á Jaramillo inmóvil en la puerta de
+su casa, mirando desde el otro lado de la cancela al famoso pájaro, le
+había hecho pasar para mostrárselo de cerca.
+
+--¡Qué joya! ¿eh?...--decia con orgullo--. Me cuesta más oro que pesa.
+Es una verdadera casualidad tener uno vivo.
+
+Pero daba por bien empleados sus sacrificios pensando en el volumen de
+ochocientas páginas que iba á escribir, para Berlín, sobre el caburé y
+sus costumbres, libro que le valdría el premio de varias Academias.
+
+A los dos amigos se les ocurrió lo mismo: robar la prodigiosa bestia ó
+llevarse cuando menos algunas de sus plumas.
+
+El golpe sólo podía darse á la hora de la siesta. Jaramillo amaba esta
+hora como la más segura. Morales se quedaría en la calle para auxiliar á
+su compañero. ¿Quién puede adivinar lo futuro? Tal vez gritase el
+alemán, y fuese preciso matarlo. ¡Una vida menos significa tan poco!...
+
+Entró Jaramillo en la casa saltando la tapia del patio trasero. Luego se
+deslizó, con los pies descalzos, por los frescos corredores, sin
+producir ruido alguno. Al pasar junto á una puerta oyó ronquidos. El
+alemán, deseoso de amoldarse en todo á las costumbres del país, dormía
+la siesta.
+
+El mestizo salió al patio grande, deteniéndose frente á la jaula del
+centro, rodeada de arbustos con flores enormes, rojas y de cinco puntas,
+llamadas «estrella federal».
+
+Allí estaba la célebre bestia: una especie de mochuelo diminuto, de pico
+breve y encorvado. Se miraron fijamente, lo mismo que si fuesen á
+entablar un combate. Los ojos redondos del animal, unos ojos de oro con
+una cuenta negra en el centro, contemplaron al hombre ferozmente. Luego
+parpadearon, como vencidos por la mirada humana.
+
+Jaramillo no quiso perder tiempo. Con una contorsión de muñeca arrancó
+el candado de la jaula. Luego avanzó la diestra audazmente, y á pesar de
+su deseo de mantenerse silencioso, lanzó un rugido.
+
+--¡Ah, pájaro del diablo!...
+
+Tenía un dedo atravesado de parte á parte. No era un picotazo; era una
+puñalada. Un berbiquí ardiente acababa de perforarle la carne y el
+hueso.
+
+Sobreponiéndose al dolor, cerró la mano ensangrentada para aprisionar á
+su enemigo. Deseaba ahogarlo y al mismo tiempo no quería oprimirle de
+una manera mortal, pues la pluma del caburé sólo conserva sus milagrosas
+cualidades cuando ha sido arrancada estando la bestia viva.
+
+Con la otra mano libre le despojó de las plumas de atrás, y el animal
+lanzó un alarido al mismo tiempo que repetía su picotazo.
+
+El grito espeluznante fué seguido de un profundo silencio. Los animales
+del patio callaron medrosos, ocultándose en lo más profundo de sus
+viviendas. Pareció que se inmovilizaba la vida en todo el barrio.
+
+A impulsos del dolor, el mestizo había arrojado al caburé contra el
+suelo de la jaula, huyendo luego hacia la calle. El pájaro, viendo la
+jaula abierta, saltó fuera de ella como si pretendiese perseguir á su
+enemigo; pero después torció de rumbo, subiéndose al alero del tejado
+para desaparecer finalmente.
+
+Jaramillo descorrió el cerrojo de la cancela, saliendo á la calle. Allí
+le esperaba su fiel Morales. No llevaba espada--esta expedición era de
+las de arma corta--; pero tenía la mano puesta por debajo del poncho en
+el puño de una faca, por lo que pudiera ocurrir.
+
+--¿Qué es eso, hermano?--preguntó al ver la diestra ensangrentada de su
+compañero--. ¿Quién te ha herido?
+
+El otro levantó los hombros con indiferencia, limitándose á mostrarle
+tres plumas pequeñas que llevaba entre los dedos.
+
+Desde aquella tarde cambió radicalmente la vida de los dos. Jaramillo
+tuvo que ir en busca de un curandero amigo de su padre. Su dedo herido
+se había puesto negro, y era preciso cortarlo para que la podredumbre
+venenosa no le llegase al corazón. El mago indígena afiló en una piedra
+el mismo cuchillo de que se servía para rascarle el barro á su caballejo
+y para partir el pan. La amputación fué dolorosa; pero á Jaramillo le
+bastaba mirar la bolsita que llevaba pendiente sobre el pecho, con las
+plumas del caburé dentro, para recobrar su valor. Bien podía sufrirse un
+poco á cambio de tan poderoso talismán. Morales estaba triste y hablaba
+con timidez, como el que desea hacer una petición y no se atreve,
+midiendo su importancia. Al fin se decidió.
+
+--Hermano, ¿si me dieses una de las plumas?... Piensa que siempre nos lo
+hemos partido todo, como si fuésemos de la misma madre. Tú tienes tres
+plumas; ¿qué te cuesta regalarme una? Serás igualmente poderoso con dos.
+Basta una sola para que nadie pueda herirte.
+
+Pero aunque Jaramillo no había frecuentado la escuela, sabía que tres
+son más que dos, y estaba seguro de que, conservando las tres plumas, su
+poder resultaría más grande. Además, no podía admitir que Morales, luego
+de conservar sus dedos completos, quisiera igualarse con él. Le gustaba
+tenerlo bajo el imperio de su superioridad.
+
+Y efectivamente, Morales empezó á sentirse esclavo. Su amigo era ahora
+otro hombre. Le hacía ejecutar su propio trabajo mientras él descansaba;
+le exigía su dinero; hasta le quitó una paraguaya de tez blanca y andar
+arrogante que al principio se había mostrado prendada de él.
+
+«Debo matarlo--empezó á pensar--. Ya no podemos vivir juntos.»
+
+Pero tuvo que repeler inmediatamente este mal pensamiento. Era imposible
+matar á Jaramillo mientras guardase su talismán, la bolsita con plumas
+de caburé, que le hacía invulnerable.
+
+Y el déspota, animado por la resignación fatalista de Morales, extremó
+sus audacias. Un día lo abofeteó porque no le obedecía con rapidez, y al
+salir indemne de este atrevimiento, repitió á todas horas sus
+atropellos.
+
+«¿A qué no se atreverá, llevando en el pecho lo que lleva?», se decía
+Morales con envidia.
+
+Ni los hombres ni las fieras podían inspirar miedo á Jaramillo. En una
+taberna del campo se batió con cinco paraguayos de los más bravos,
+resultando ileso y vencedor. Nadaba en el río todos los días, á pesar de
+que ninguno de los que trabajaban en el hierbal osaba hacerlo, por miedo
+al «Tatita», ó sea al «Abuelo» en la lengua del país.
+
+Este «Abuelo» era un «yacaré», un caimán famoso por su tamaño desde el
+lugar donde se forma el río de la Plata hasta lo más alto del Paraná.
+Los viejos del país, que saben adivinar la edad de los caimanes, le
+atribuían unos cuatrocientos años. Tal vez había visto de pequeño cómo
+los primeros españoles remontaron el río en sus naves de velas cuadradas
+con leones y castillos pintados.
+
+--Allá está «el Tatita»--decían los del hierbal.
+
+Y señalaban una especie de tronco rugoso y verde que descansaba en el
+barro de una isleta cercana, lo mismo que un árbol muerto traído por la
+corriente.
+
+Como desde la última revolución paraguaya eran abundantes los mausers en
+los ranchos, empezaba un tiroteo contra la bestia centenaria. Algunos
+tiradores le marcaban el lomo á balazos. Tarea inútil: los proyectiles
+levantaban esquirlas de su coraza, pero el enorme lagarto apenas se
+movía, como si todos estos balazos fuesen para él leves cosquilleos. Si
+los cazadores se aproximaban, finalmente, en una barca, se dejaba ir
+perezosamente al fondo del río, levantando una corona de espumas
+amarillentas.
+
+Morales había nadado de pequeño entre los yacarés, sin gran emoción.
+Pero eran caimanes tan inexpertos y tiernos como él. Los temibles son
+los viejos, á los que llaman «cebados» por haber comido carne de hombre.
+Así que la prueban una vez, quedan aficionados á ella para siempre, ¡y
+este «Abuelo» llevaba pasadas por su estómago tantas generaciones
+humanas!...
+
+Siempre que Jaramillo se lanzaba a nadar, Morales, por un recuerdo de
+su antigua amistad, le hacía la misma recomendación:
+
+--¡Cuidado con «el Tatita»!
+
+El otro se alejaba, braceando alegremente, hacia el centro del río, en
+busca de las aguas profundas. ¡El cuidado que podía inspirarle un yacaré
+más viejo que las Américas!...
+
+Un domingo, cuando Morales, sentado en la orilla, terminaba de fumar un
+cigarro paraguayo, que hacía caer por las comisuras de sus labios dos
+chorros de zumo negro, Jaramillo se echó al río. Morales, por estar en
+alto, pudo ver algo obscuro y enorme que se deslizaba entre dos aguas
+con la velocidad de un torpedo, viniendo en ángulo recto al encuentro
+del nadador.
+
+--«El Tatita»--se dijo--. Sólo puede ser él.
+
+Su camarada agitó los brazos desesperadamente, lanzó un alarido, y á
+continuación desapareció, como si tirase de él una fuerza irresistible.
+
+Más que el hecho en sí, aturdió y desconcertó á Morales la posibilidad
+de que pudiese ocurrir. Todas las creencias de su vida temblaron,
+próximas á derrumbarse. Era para perder la fe.
+
+--No, no es posible; Jaramillo tiene un talismán; Jaramillo no puede
+morir....
+
+Instintivamente fué hacia el lugar donde el nadador había dejado sus
+ropas. Una sonrisa de certidumbre, de confianza recobrada, dilató su
+rostro.
+
+--¡Bien decía yo!...
+
+Sobre las ropas estaba la bolsita, el irresistible _payé_. El muerto se
+había despojado de él antes de echarse al río, tal vez por distracción,
+tal vez por algún otro motivo desconocido de Morales.
+
+Éste pensó que existe una Providencia, como aseguran los padres
+misioneros. Luego se imaginó que tal vez aquel yacaré tan viejo como el
+río era alguna divinidad misteriosa que se encargaba de vengar á los
+humildes.
+
+Y sin vacilación se colgó del cuello la bolsita, con el mismo aire de un
+soberano que se ciñese la corona del mundo.
+
+
+
+
+III
+
+
+La suerte acudió en seguida á sonreirle.
+
+Triunfaron inesperadamente los «colorados». Ellos, que llevaban hechas
+tantas revoluciones, volvieron á apoderarse del gobierno del modo más
+pacífico y prosaico. El doctor Sepúlveda, siempre en Buenos Aires,
+consiguió que el gobierno federal enviase á su provincia una comisión
+interventora encargada de examinar los actos administrativos de los
+enemigos. Esta intervención puso al descubierto cosas censurables--como
+ocurre siempre en tales casos--, y el resultado fué que los «blancos»
+tuvieron que abandonar el poder y entraron á gobernar los «colorados».
+
+Volvió Morales á su patria con el orgullo y la aureola de un mártir
+político. El grande hombre del partido, que era ahora gobernador de la
+provincia, le estrechó la mano, honor que hizo llorar al mestizo.
+
+--Te conozco, héroe; eres un superviviente de la noche inolvidable. Ya
+quedan pocos.... ¿Qué deseas obtener?...
+
+Morales era de fácil contentamiento. Quería, simplemente, entrar en la
+Policía. Llevaba muchos años recibiendo golpes de los enemigos, y
+deseaba, á su vez, darse el gusto de devolverlos.
+
+Sus antiguos amigos lo encontraban en las calles de la ciudad con
+zapatos--¡un tormento!--, levitilla azul de botones dorados, y un casco
+inglés, blanco. La espada ya no la llevaba bajo el brazo ni oculta en el
+pantalón. Le pendía de la cintura, como á los militares, como á todos
+los que representan el orden y pueden pegar.
+
+Su carrera fué rápida, y al término de ella le salió al encuentro la
+gloria. No hubo en todo el país un policía más valiente. ¿Qué puede
+temer un hombre que lleva en el pecho un talismán de plumas de
+caburé?... Cuando había algo difícil y peligroso que hacer, sus jefes
+daban siempre la misma orden:
+
+--¡Que llamen á Morales!
+
+En vano los rebeldes á la autoridad sacaban sus pistolas en tabernas y
+bailes. Antes de que disparasen, el mestizo se las arrebataba de un
+manotazo. Algunas veces conseguían hacer fuego; pero las balas se
+limitaban á agujerear su casco ó ciertas superfluidades del uniforme,
+sin tocar nunca su carne. Y él salía de estas pruebas sonriente y
+tranquilo, como de cosas ordinarias y bien sabidas de antemano.
+
+En cambio, la certeza de ser invulnerable le proporcionaba un gran
+empuje para la acción. No teniendo que preocuparse de la defensa,
+concentraba todas sus potencias en el ataque, y no había mano más pronta
+y ágil que la suya. Si alguien se negaba á obedecerle, veía
+inmediatamente desdoblarse al mestizo, hasta convertirse en una compañía
+entera de Morales, todos espada en mano. Recibía un cintarazo por la
+izquierda, y al volverse encontraba un segundo Morales que le atizaba
+por la derecha. Luego un tercer Morales le tiraba al cráneo por lo alto,
+un cuarto lo hacía saltar golpeandole entre las piernas, y así
+sucesivamente, hasta que pedía misericordia.
+
+Los más valientes de la provincia empezaron á hablar de él con temor,
+adivinando su secreto.
+
+--Es inútil hacer nada contra su persona. Debe tener un _payé_.
+
+Sus jefes le hubieran hecho oficial, pero no sabía leer. Se limitaron á
+darle los galones de cabo, y él creyó necesario, para el ornato de su
+nueva dignidad, dejarse crecer en forma de bigote los contados pelos de
+su rostro cobrizo.
+
+En los días de gran mercado, las mujeres del campo, que venían á la
+capital montadas á estilo de hombre en sus caballejos de largo pelaje,
+admiraban al célebre policía. Le llamaban don Morales, poniendo el _don_
+ante el apellido, como es de uso en el país. Todas ellas palidecían al
+ver al héroe, pretendiendo atraerlo con las más dulces miradas de sus
+ojos oblicuos.
+
+Una mañana, estando de servicio en el Mercado, don Morales se tropezó
+con cierto _gringo_ corpulento, forzudo y rojo, al que había conocido
+años antes en el Paraguay.
+
+--¡Don Macperson!... ¡Qué sorpresa! ¿Cómo le va?...
+
+Se abrazaron. El policía lo despreciaba, como á todos los extranjeros,
+pero al mismo tiempo sentía por él una gran admiración.
+
+El desprecio era porque ignoraba el _guaraní_ y hablaba mal el español,
+signos evidentes de inferioridad mental. Además, como todos los
+_gringos_, tenía los pies enormes y calzaba zapatos que parecían navíos,
+lo que denuncia un origen ordinario en un país donde los hombres
+ostentan el pie pequeño y alto de empeine, lo mismo que una dama.
+
+Lo admiraba porque era capaz de pasar un día entero con su noche sin
+levantarse de la mesa, vaciando botella tras botella. Además, tenía la
+elocuencia de un predicador cuando ensalzaba las virtudes curativas del
+_whisky_, remedio infalible para todos los disgustos y todas las
+enfermedades.
+
+Morales hasta conocía sus manías. Cuando había bebido más de una copa,
+se irritaba si le llamaban inglés.
+
+--Mi no ser inglés--decía en un español balbuceante--; mi ser escocés.
+
+Llevaba un sinnúmero de años viviendo en la América del Sur. Había sido
+buscador de esmeraldas en Colombia, minero de plata en el Perú y de
+estaño en Bolivia, exportador de salitre en Chile, ganadero en
+Argentina, vendedor de hierba _mate_ en Paraguay y borracho consecuente
+en todas partes. Unas veces se veía patrono, otras modesto empleado; tan
+pronto daba dinero á los simples conocidos, como solicitaba un préstamo
+para continuar sus viajes. Ahora--según declaró á Morales desde las
+primeras palabras--se ocupaba en comprar novillos, como representante de
+cierta casa del Uruguay que fabricaba carne líquida para los niños y los
+adultos débiles.
+
+Esta carne líquida le hacía sonreír de lástima. ¡Habiendo _whisky_ en la
+tierra!...
+
+Morales vaciló mirando su propio uniforme. Era una autoridad, y sólo
+podía entrar en las tabernas para imponer respeto. Pero luego se
+enterneció mirando al _gringo_. ¡Un viejo compañero!...
+
+--Oiga, don Macperson, ¿si fuésemos á tomar una copa?...
+
+Entraron en una taberna del Mercado, y el dueño, en atención á Morales,
+les puso una mesilla en el fondo del corral. No había _whisky_, pero
+sacó una ginebra que arrancó elogios al extranjero.
+
+--Beba, Don; beba todo lo que quiera--dijo el policía--. Ya sabe que yo
+aprecio mucho á los ingleses, y ahora que soy alguien en mi país....
+
+--Mi no ser inglés; mi ser escocés.
+
+Recordó Morales la manía de su amigo. Muy bien; él apreciaba también
+mucho á los escoceses. Y después de esto, como si solicitase la
+admiración del _gringo_, habló de sus hazañas y del respeto medroso con
+que le miraban todos.
+
+--Lo sé, lo sé--dijo el extranjero.
+
+Había oído hablar mucho del cabo don Morales, y su asombro era sincero,
+aunque algo molesto para el héroe. No podía comprender que este mozo
+pequeño, enjuto y enclenque en apariencia inspirase miedo á nadie. Lo
+contempló con una curiosidad algo irónica desde la altura de su
+corpulencia; le acarició los brazos con sus manazas, sonriendo al
+encontrar inmediatamente el hueso bajo los músculos nervudos pero
+delgados.
+
+Un recuerdo surgido repentinamente en su memoria hizo esta sonrisa más
+insolente aún. Se vió en un hierbal del Paraguay algunos años antes,
+teniendo una disputa con Morales, que era su peón. El mestizo tiraba de
+la espada; pero él, de un manotazo, le quitaba la espada, propinándole
+después unos cuantos puñetazos de boxeador que le dejaban inánime en el
+suelo.
+
+Por un fenómeno de simpatía mental, Morales evocó al mismo tiempo este
+recuerdo, pero añadiéndole una segunda parte. Se vió tendido al
+anochecer en los hierbales, esperando al _gringo_, que después de darle
+los puñetazos iba á pasar la noche en Asunción. Al tenerle cerca, le
+disparaba un pistoletazo. Quedaba mal herido el escocés, guardaba cama
+varias semanas, y luego de restablecerse se iba del país, convencido de
+que no es prudente tener cuestiones con la gente cobriza.
+
+Se miraron largamente los dos hombres.
+
+--¡Famoso Morales!... ¡Encontrármelo hecho un héroe!...
+
+--¡Este don Macperson! ¿Por qué lo querré tanto?...
+
+Y se estrecharon las manos por encima del tarro de ginebra, que empezaba
+á estar casi vacío.
+
+Pero ya no se miraban lo mismo que antes. Detrás de sus pupilas
+persistía el mal recuerdo del pasado.
+
+El policía mostraba empeño en que le admirase el otro. Toda la ginebra
+descendida á su estómago pareció alborotarse con la sospecha de que el
+_gringo_ no creía en su valor y tenía por mentiras las hazañas que
+llevaba realizadas.
+
+De su español aprendido en Buenos Aires, prefería el escocés una palabra
+que siempre había irritado á Morales. Cuando le contaban cosas
+inverosímiles, levantaba los hombros, diciendo con desprecio:
+
+--¡_Macanas!... ¡Todo macanas_!
+
+Adivinó que en el pensamiento del _gringo_ estaba resonando
+incesantemente la misma palabra en aquellos momentos. «¿Las valentías
+del cabo Morales? ¡_Macanas_! ¡Todo _macanas_!»
+
+El deseo de verse admirado le hizo ser humilde y revelar su secreto.
+
+--Vea, don Escocés. Si soy valiente, reconozco que no hay en ello gran
+mérito. Aunque quisiera ser cobarde, no podría. Tengo un _payé_
+poderosísimo: llevo en el pecho tres plumas de caburé. Usted es casi del
+país; usted sabe lo que es eso. No hay hombre ni fiera que pueda nada
+contra mí.
+
+--¡_Macanas!... ¡Todo macanas_!
+
+Ya había surgido la terrible palabra. El policía empalideció al verse
+desmentido con un tono de desprecio.
+
+--Pero ¿no le digo que tengo un _payé_?... Mírelo. A usted solo se lo
+enseño.
+
+Y se desabrochó la levitilla y la camisa, mostrando la pequeña bolsa de
+cuero sudada y negruzca que pendía sobre su pecho.
+
+--¡_Macanas!... ¡Macanas_!--repitió el extranjero, apurando el resto de
+la botella de barro y empezando otra que acababa de traer el dueño del
+cafetín.
+
+Irritado Morales, habló de su infortunado camarada Jaramillo, del doctor
+germánico, del caburé, del caimán «el Abuelo»; contó toda su historia,
+sin que el otro cambiase de actitud.
+
+El mestizo se puso de pie. Podía el _gringo_ dudar de las virtudes de su
+madre, si gustaba de ello; por eso no dejarían de ser amigos. En
+realidad, él no estaba seguro de quién había sido su padre. Las gentes
+del país prescinden con frecuencia del casamiento, por los muchos
+papelotes, molestias y gastos que exige. ¿Pero dudar de su talismán?...
+¿Tener por falsa su historia?...
+
+--Oiga, don Inglés.
+
+El escocés quiso protestar al oir que le llamaban así, paro se quedó con
+la boca entreabierta por la sorpresa, dándose cuenta de que este error
+era intencionado y representaba un insulto.
+
+--Oiga, don Inglés. Vamos á hacer una prueba.
+
+Había sacado de un bolsillo de su pantalón una pistola de dos cañones de
+enorme calibre. Él tenía sus armas á la vista y sus armas ocultas.
+
+Se la ofreció al extranjero; y éste, que también se había puesto de pie
+con mal gesto, la tomó sin saber lo que hacía.
+
+--Yo puedo matarlo á usted, si quiero, y usted, en cambio, no puede
+hacerme nada á mí.... Pero no abusaré. Prefiero que se convenza por sus
+propios ojos. A ver si así se le ablanda esa cabezota dura de bruto que
+tiene.... ¡Tire!
+
+Se abrió con ambas manos sus ropas, mostrando el pecho desnudo y la
+prodigiosa bolsita. Podía el gringo hacer fuego sin cuidado. Se lo decía
+él con aire de reto.
+
+Macperson, á pesar de su embriaguez, reconoció que la proposición era
+absurda. Aquel mestizo se había vuelto loco, y en su soberbia confianza
+hasta parecía burlarse de él.
+
+--Tiene usted miedo de tirar, y hace bien. La bala rebotará sobre mi
+pecho y puede herirle á usted. Coloqúese de modo que no le alcance.
+
+El otro, como si no entendiese estas recomendaciones, se había limitado
+á poner horizontal la pistola, apuntando al pecho que tenía enfrente.
+
+--¡Mira que tiro!--dijo al fin con tono de amenaza--. Déjate de
+_macanas_, ó tiro.
+
+Se perdió entre los dos todo respeto. Se miraron como enemigos.
+
+--¡Tira, _gringo_ del demonio, para que puedas convencerte!... ¡Cuando
+te digo que tengo un _payé_!...
+
+--¡Mira que hago fuego!--volvió á repetir el otro con voz aún más
+sombría.
+
+--¡Tira de una vez, hijo de perra!... Tú no eres escocés.... Tú eres....
+
+No pudo seguir.
+
+--¡Ya que lo quieres!...
+
+Y el _gringo_ apretó los dos gatillos al mismo tiempo.
+
+Una nube blanca se extendió ante sus ojos.
+
+Al disolverse el humo y extinguirse el doble trueno, vió á Morales
+tendido á sus pies. Tenía los brazos abiertos, el pecho destrozado y una
+sonrisa helada, de soberbia confianza, de fe inconmovible, que iba á ser
+el último de sus gestos.
+
+
+
+
+LAS VÍRGENES LOCAS
+
+
+
+
+I
+
+
+Eran dos hermanas, Berta y Julieta, huérfanas de un diplomático que
+había hecho desarrollarse su niñez en lejanos países del Extremo Oriente
+y la América del Sur; dos hermanas libres de toda vigilancia de familia,
+jóvenes, de escasa renta y numerosas relaciones, que figuraban en todas
+las fiestas de París. Los tés de la tarde que se convierten en bailes
+las veían llegar con exacta puntualidad. Una ráfaga alegre parecía
+seguir el revoloteo de sus faldas.
+
+--Ya están aquí las señoritas de Maxeville.
+
+Y los violines sonaban con más dulzura, las luces adquirían mayor brillo
+en el crepúsculo invernal, los hombres entornaban los ojos acariciándose
+el bigote, y algunas matronas corrían instintivamente sus sillas atrás,
+apartando los ojos como si viesen de pronto, formando montón, todas las
+perversiones de la época.
+
+Ninguna joven osaba imitar los vestidos audaces, los ademanes
+excéntricos, las palabras de sentido ambiguo que formaban el encanto
+picante y perturbador de las dos hermanas. Todos los atrevimientos
+perturbadores del gran mundo encontraban su apoyo. Habían dado los
+primeros pasos hacía la gloria bailando el _cake-walk_ en los salones,
+hace muchos años, ¡muchos! cinco ó seis cuando menos, en la época remota
+que la humanidad gustaba aún de tales vejeces. Después apadrinaron la
+«danza del oso», el tango, la machicha y la furlana.
+
+Su inconsciente regocijo, al ir más allá de los límites permitidos,
+escandalizaba á las señoras viejas. Luego, hasta las más adustas
+acababan por perdonarlas. «Unas locas estas Maxeville.... ¡Pero tan
+buenas!»
+
+Todos conocían su existencia en un quinto piso, sin otra servidumbre que
+una vieja doméstica que hacía oficios de madre, suspirando al recordar
+las extinguidas grandezas de Su Excelencia el ministro plenipotenciario.
+Todos se daban cuenta de sus esfuerzos sonrientes y dolorosos para
+conservar el antiguo rango con una modesta pensión procedente del padre
+y una corta renta de la madre; sus habilidades taumatúrgicas para
+mostrarse bien vestidas á poco precio; su adopción de modas audaces,
+destinadas al fracaso, para ocultar con pretexto de originalidad el
+escaso valor de su indumentaria.
+
+Las gentes murmuradoras denunciaban sus ocultos convenios con modistas y
+sombrereras, que les proveían gratis para que propagasen sus
+invenciones. Pero aquí se detenía la maledicencia. De sus costumbres, de
+su vida en la casa, ni una palabra. Las rancias familias diplomáticas
+que habían conocido al ministro jamás tuvieron que amonestarlas por una
+imprudencia irreparable.
+
+El despecho de los hombres era también un certificado de su honestidad.
+Corrían hacia ellas, atraídos por su exterior desenvuelto. Se
+atropellaban unos á otros, como en una empresa fácil donde todo el éxito
+estriba en llegar antes que los demás. Risas provocativas, ojeadas
+misteriosas, palabras que parecían de esperanza.... Y poco después, uno
+por uno, los conquistadores desandaban el camino, cabizbajos y
+encolerizados, como un perro que se imagina encontrar un hueso y rompe
+sus colmillos en una piedra.
+
+--Unas astutas las pequeñas Maxeville; unas malignas, que, faltas de
+dote, buscan un marido á su modo.
+
+Los mismos que decían esto habían acabado por designarlas con un mote.
+Las señoritas de Maxeville fueron en adelante «las vírgenes locas».
+
+Todo resultaba exacto en este apodo, el defecto y la cualidad. Nadie
+ponía en duda su locura, ni lo otro. Eran como los directores de ciertos
+Bancos, que charlan en el ventanillo de la caja, sonríen, remueven las
+llaves, infunden esperanzas, pero no hacen el más pequeño préstamo á
+crédito, ni el más leve anticipo sobre promesas lejanas.
+
+Las vírgenes locas iban á triunfar finalmente en su desesperada batalla
+con los hombres. La mayor, Berta, había conquistado la voluntad de un
+ingeniero ruso, que se mostraba dispuesto á hacerla su esposa. La menor
+casi había conseguido lo mismo con un oficial joven; sólo le quedaba por
+vencer la resistencia de una madre orgullosa y tradicionalista, que
+vivía en provincias....
+
+En esto, un trompetazo desgarrador, insolente, brutal, cortó el ambiente
+de músicas sensuales y danzas voluptuosas con que se adormecían los
+humanos. Y la gente feliz corrió de un lado á otro, en pavoroso
+revoltijo, como los pasajeros de un trasatlántico que bailan en los
+dorados salones, vestidos de etiqueta, y de pronto escuchan, la voz de
+alarma de un tripulante: «¡Fuego en las bodegas!»
+
+
+
+
+II
+
+
+El segundo día de la movilización, la gente agolpada en las
+inmediaciones de la estación del Este las vió llegar vestidas de negro,
+con un traje sobrio y casi monacal, un pequeño sombrero semejante á una
+gorra, un bolsito de mano y un paquete con lo más indispensable para la
+vida: dos camisas, dos pares de medias.
+
+Las vírgenes locas se iban sin ruido, sin frases heroicas, sin dos
+líneas en los periódicos. Sus relaciones mundanas las habían aprovechado
+para conseguir rápidamente sus deseos. Marchaban á Verdún, á la
+frontera, al lugar del peligro, donde todos esperaban que ocurriese el
+primer choque. Llevaban una carta para los directores del servicio
+sanitario. Parecían más altas, más robustas, de paso más firme. Su
+belleza de parisienses á la moda había desaparecido. Eran mujeres
+iguales á las que lloraban ó gritaban de entusiasmo al otro lado de la
+verja; sin colorete, sin artificios, con el pelo libre de postizos, con
+las mejillas limpias y los ojos agrandados por una emoción que había
+venido á sustituir los antiguos retoques del lápiz negro: ojos serenos
+que miraban al porvenir heroicamente, adivinando la proximidad de la
+desgracia.
+
+Y se perdieron entre la multitud de hombres uniformados, caballos y
+cañones. Y su recuerdo se perdió igualmente en la memoria de todos los
+que una semana antes comentaban sus palabras y gestos. La gente
+necesitaba pensar en su propia suerte; el peligro no dejaba tiempo para
+mirar el exterior. ¡Pobres vírgenes locas! ¡Infelices muñecas de París
+arrebatadas por la tempestad cuando daban vueltas y sonreían con sus
+bocas pintadas, á los sones de una cajita de música!...
+
+De tarde en tarde, las damas reunidas para hacer tejidos de lana
+destinados al ejército evocaban su nombre al pasar revista á los muertos
+y los ausentes. «¿Las pequeñas Maxeville?...» Realizaban proezas á su
+modo en los hospitales del frente de guerra. Donde ellas estaban, los
+hombres se morían sonriendo. En algunas ocasiones habían llegado hasta
+los mismos lugares de combate, oyendo el silbido de los proyectiles. El
+nombre de la mayor aparecía citado en una orden del día.
+
+Y siempre el mismo comentario final: «Eran buenas. Algo locas, pero de
+hermoso corazón.»
+
+Transcurrió un año de guerra. Un día circuló la noticia de que Berta
+había muerto, víctima de su abnegación. Poco después ya no la nombraron.
+¡Eran tan frecuentes los heroísmos! ¡Desaparecían diariamente tantos
+nombres conocidos!...
+
+
+
+
+III
+
+
+Detrás de la línea de combate, en un hospital instalado en un castillo
+ruinoso, encontré meses después á la última virgen loca.
+
+No la hubiese reconocido. Pasó por una avenida del parque, casi
+saltando, con la toca revoloteante y moviendo bajo la blanca falda el
+ágil compás de sus piernas enjutas. Llevaba en las manos pálidas y
+transparentes un paquete de ropas. Su nariz y sus orejas brillaban con
+una claridad de vidrio sonrosado bajo la luz del sol. Parecía un cuerpo
+diáfano, con la transparencia malsana de la miseria física. Toda la vida
+se concentraba en sus ojos.
+
+Un médico militar que venía conmigo me confirmó su identidad.
+
+--Es la señorita de Maxeville: una joven del gran mundo antes de la
+guerra.
+
+El doctor sólo la conocía algunos meses. Había presenciado la muerte de
+la otra, una muerte horrible, cuyo recuerdo le estremecía aún. Se había
+contaminado al curar las heridas de un moribundo perdido durante tres
+días en el fondo de un embudo de tierra abierto por el estallido de un
+proyectil enorme. Su agonía duró cuarenta y ocho horas, ennegreciéndose
+lentamente con la expansión de la sangre envenenada, aullando entre
+nerviosos estertores, doblándose como un arco sobre la cabeza y los
+pies, que se clavaban en el lecho. Y la otra hermana se había negado á
+separarse de ella, abrazando el cuerpo convulsivo, besando sus ojos que
+no veían, su boca que sólo sabía rugir.
+
+--¡Berta, corazón mío! ¡No te mueras!... ¡No te mueras!
+
+Toda la vida juntas; toda la vida unidas por la orfandad necesitada de
+defensa, por la alegría que colorea la pobreza, por el deseo de crearse
+una posición antes de que terminase su juventud, ¡y verla morir ante sus
+ojos, entre tormentos desgarradores, sin poder salvarla, sin encontrar
+el medio de hacer plácidos y dulces sus últimos instantes!...
+
+--¡Pobre muchacha!--prosiguió el médico--. Ha visto perecer como un
+animal rabioso á la que era toda su familia. Poco después se enteró de
+la muerte de cierto oficial que deseaba ser su marido. Todos en el
+castillo admiran su energía.
+
+»No sé cuándo come, no sé cuándo duerme. So la ve en todas partes, y á
+pesar de esto, los heridos lamentan su ausencia. «Que venga la señorita
+Julieta....» Es el médico moral de esta casa. En muchos casos vale más
+que nosotros. Ella y su pobre hermana han realizado estupendas
+curaciones.
+
+Las vi con la imaginación--mientras escuchaba al doctor--yendo de sala
+en sala como apariciones de salud que esparcían en torno la dulce
+alegría de vivir. Con los oficiales se mostraban algo recelosas. Eran
+hombres de su mundo, y tal vez por esto los juzgaban temibles, no
+pasando en su intimidad más allá de una solicitud natural y grave. Al
+entrar en las piezas ocupadas por el populacho doloroso, se
+transfiguraban, animando con su regocijo el ambiente cargado de
+lamentos, de perfume de drogas y hedor de carnes rotas.
+
+El recuerdo de madres y novias adquiría mayor relieve al ser evocado por
+sus labios. Describían los paisajes risueños del suelo natal á los
+enfermos ilusionados que poco después habían de morir; cantaban á media
+voz las canciones del terruño; encontraban con su instinto de mujeres de
+salón las conversaciones que más podían agradar á cada uno. La mayor
+había pasado una semana hablando de Ulises y la _Odisea_ con un
+licenciado en letras que agonizaba lentamente, pensando en su tesis de
+doctor que jamás llegaría á leer en la Sorbona. Mientras tanto, Julieta
+escribía cartas. El rudo marinero del Finisterre, el campesino de los
+departamentos centrales, el obrero burlón de la ciudad, el marroquí
+sombrío, el negro pueril, veían abrirse ante su pensamiento bellezas
+desconocidas, paisajes no sospechados. La señorita blanca era la
+poesía, la delicada sensualidad de vivir que llegaba hasta ellos.
+
+--¡Besa!--ordenaba Julieta presentando ante sus labios descoloridos una
+flor que acababa de arrancar del parque--. Un enamorado _chic_ debe
+enviar estos recuerdos.
+
+É introducía la flor en la carta escrita por ella, monumento de
+admiración para el firmante, orgulloso y conmovido de suscribir tales
+ternezas. Una hora antes de amanecer--la hora fatal en los hospitales--,
+cuando el día apunta y el moribundo se extingue, los estertores de
+agonía murmuraban siempre el mismo deseo: «_Mademoiselle_.... Una
+cualquiera de las dos señoritas.»
+
+Y ellas, que acababan de adormecerse en el silencio de plomo que precede
+á la llegada de la luz, acudían corriendo para presenciar una agonía
+más, para animar la mano yerta con el contacto de su mano, para
+disimular los pasos de la muerte con sus palabras que sonaban lo mismo
+que monedas de oro, con sus risas que parecían vibraciones de fino
+cristal.
+
+
+
+
+IV
+
+
+--Y esta pobre--continuó el médico--prosigue la santa obra de la
+alegría. Cuando se ve sola, piensa en la otra, piensa en el oficial
+muerto, y huye en busca de los agonizantes, como si el dolor ajeno fuese
+su refugio. La sala de los incurables, de los que están condenados á
+morir, es su lugar preferido. Y canta, cuando minutos antes suspiraba á
+solas; ríe, con los ojos cargados aún de lágrimas.
+
+»Nosotros fingimos no ver lo que hace. ¿De qué sirven los reglamentos
+ante la muerte?... Lo que importa es que proporcione un poco de alegría
+al que se va. Cada uno hace el bien como puede. Anoche la sorprendí
+empleando su método en la sala de los desesperados. Tenemos un tirador
+marroquí con las piernas y el vientre deshechos. Va á morir de un
+momento á otro; tal vez ha terminado á estas horas. Tenemos un alemán
+que está en la cama inmediata. Los colocaron así inadvertidamente; ahora
+es tarde para moverlos.
+
+»Los hombres de Europa olvidan sus rencores al verse en los límites de
+la vida. Este africano es de cólera larga. Cuando cree que no le ven,
+enseña el puño al enemigo inmediato, que le mira con unos ojos redondos
+y asombrados, lo mismo que si estuviesen aún en el campo de combate. La
+señorita de Maxeville corre hacia él, fingiéndose irritada.
+
+»--¿Qué es eso, Alí?... Quieto, ó me enfado contigo.
+
+»--No te enfades, señorita--murmura el moro--. Lo respetaré, ya que lo
+pides. Pero esta noche, cuando te marches, iré á su cama y le cortaré la
+cabeza.
+
+»Y no puede moverse. Anoche rugía de dolor, alterando con sus gritos el
+silencio del dormitorio, quitando el sueño á los otros heridos, pugnando
+por levantarse para ir en busca del adversario y saciar en él su furia.
+
+La señorita de Maxeville es la única que sabe calmar á estos hombres. Yo
+vi, á la tenue luz del dormitorio, cómo empezó á bailar, con un plato en
+la mano. Este plato le servía de pandereta. Movía las caderas, retorcía
+el busto, acompañaba con balanceos su monótona canturía oriental,
+sonreía lo mismo que una mujer de aduar que baila ante la tribu la
+«danza del vientre».
+
+Los heridos soñolientos sacaban sus cabezas sobre los embozos, pugnando
+por moverse; las bocas negruzcas se animaban con una sonrisa pálida;
+las miradas ardorosas seguían con avidez el cuerpo de la danzarina, que
+iba trazando en los muros una procesión de siluetas.
+
+El marroquí se había incorporado, como un chacal que desea saltar y
+tiene las patas rotas. Su admiración se escapaba en roncos barboteos.
+
+--¡Oh, sonrisa del anochecer!... ¡Alegría de la sombra!... ¡Señorita
+blanca!
+
+
+
+
+LA VIEJA DEL CINEMA
+
+
+
+
+I
+
+
+El comisario de Policía miró duramente á la mujer de pelo blanco que se
+había sentado ante su escritorio sin que él la invitase. Luego bajó la
+cabeza para leer el papel que le presentaba un agente puesto de pie al
+lado de su sillón.
+
+--Escándalo en un cinema--dijo, al mismo tiempo que leía--; insultos á
+la autoridad; atentado de hecho contra un agente.... ¿Qué tiene usted
+que alegar?
+
+La vieja, que había permanecido hasta entonces mirando fijamente al
+comisario y á su subordinado tal vez sin verlos, hizo un movimiento de
+sorpresa, lo mismo que si despertase.
+
+--Yo, señor comisario, vendo hortalizas por las mañanas en la _rue
+Lepic_. No soy de tienda; llevo mis verduras en un carrito. Todos los
+del barrio me conocen. Hace cuarenta años que tengo allí mi puesto
+ambulante, y....
+
+El funcionario quiso interrumpirla, pero ella se enojó.
+
+--¡Si el señor comisario no me deja hablar!... Cada uno se expresa como
+puede y contesta como su inteligencia se lo permite.
+
+El comisario se reclinó en un brazo del sillón, y poniendo los ojos en
+alto empezó á juguetear con el cortapapeles. Estaba acostumbrado á los
+delincuentes verbosos que no acaban de hablar nunca. ¡Paciencia!...
+
+--En 1870, cuando la otra guerra--continuó la vieja--, tenía yo
+veintidós años. Mi marido fué guardia nacional durante el sitio de París
+y yo cantinera de su batallón. En una de las salidas contra los
+prusianos hirieron á mi hombre, y le salvé la vida. Luego tuve que
+trabajar mucho para mantener á un marido inválido y á una hija única....
+Mi marido murió; mi hija murió también, dejándome dos nietos.
+
+Hizo una pausa para darse cuenta de si la escuchaban. No lo supo con
+certeza. El agente permanecía rígido y silencioso, como un buen soldado,
+junto al comisario. Éste silbaba ligeramente, moviendo el cuchillo de
+madera y mirando al techo.
+
+--Mi nieta--continuó la vieja, sin inmutarse por esta falta de
+atención--se llama Julieta, baila en los teatros, y es célebre. El señor
+comisario debe haber visto su retrato muchas veces en los periódicos y
+en los carteles de las esquinas. Sólo la encuentro de tarde en tarde.
+Una mañana, cuando iba yo empujando mi carretilla, casi me atropelló su
+automóvil. Esto la hizo llorar, asegurando que era por culpa mía, porque
+yo no quiero vivir con ella y me empeño en seguir vendiendo verduras, lo
+mismo que cuando Julieta y su hermano eran pequeños.... Cada uno es como
+es. A mí, aunque soy pobre, no me gusta la manera de vivir de las
+artistas. ¿Digo mal, señor comisario?...
+
+El comisario había cesado de silbar y miraba á la verdulera con cierto
+interés. Debía conocer á su nieta, la célebre bailarina. Iba á hacerle
+alguna pregunta sobre ella, cuando la vieja siguió hablando.
+
+--Mi preferido fué siempre Alberto, un obrero aficionado á los libros.
+Yo, aunque deseo vivir independiente, iba todos los días á su casa,
+ayudaba á su mujer, jugaba con su hijo. ¡Un biznieto! Imagínese qué
+alegría, señor comisario. No todos llegan á ser bisabuelos.
+
+Se detuvo un instante, como embelesada por dulces recuerdos.
+
+--¡Los días felices de la paz!--añadió--. Un domingo fuimos de campo;
+comimos junto al Sena para celebrar el ascenso de Alberto á primer
+contramaestre de su fábrica.... Dos semanas después estalló la guerra.
+
+El comisario hizo un gesto, que la vieja creyó de cansancio.
+
+--Sí; ya sé que llevamos cuatro años de guerra y á todos aburre hablar
+de estas cosas. No insistiré, señor comisario. Me han dicho que hasta en
+los teatros y en los periódicos están cansados de la guerra y sus
+aventuras. ¡Además, mi historia es la de tantas y tantas mujeres!...
+Alberto fué á incorporarse á su regimiento en los primeros días de la
+movilización. No lo vi hasta un año después, que volvió del frente
+vestido de soldado. Luego vino otra vez. Yo había acabado por
+acostumbrarme á esta situación. Me imaginaba que sólo los otros hombres
+podían morir, ¡pero mi Alberto!... Un día recibí un papel, que nos hizo
+llorar á mí y á su mujer. Después nos visitó un compañero de mi nieto
+para traernos varios objetos suyos.
+
+La voz de la vieja se enronqueció.
+
+--Y ya no lo vi más, señor comisario.... Ellos me lo mataron.
+
+Pero acordándose de su promesa, hizo un esfuerzo para serenarse y no
+hablar de la guerra.
+
+--La viuda de Alberto trabaja ahora en una fábrica de municiones al
+otro lado de París, y yo sólo de tarde en tarde puedo ver á mi biznieto.
+Hay que ganarse la vida.... Además, ¿por qué no decirlo? desde que murió
+Alberto gusto de entrar en la taberna más que antes. Cada uno mata su
+pena como puede. Estoy en los setenta, y á esa edad, cuando hay que
+levantarse antes del alba para ir á los Mercados centrales á comprar el
+género, un vasito de vez en cuando es la mejor de las medicinas. ¿No lo
+cree usted así, señor comisario?...
+
+El silencio del aludido quiso demostrar á la vieja lo inoportuna que era
+su pregunta. Pero ella continuó, con cierta precipitación que revelaba
+la proximidad de la parte más interesante de su relato.
+
+--Hoy, al anochecer, estuve en la taberna con el tío Crainqueville. El
+señor comisario debe conocerlo. Sus desgracias andan escritas en libros
+y comedias.
+
+Este nombre pareció despertar un vago recuerdo en la memoria del
+funcionario. La afirmación de que con sus aventuras se habían escrito
+libros le hizo interesarse en una rebusca mental. Luego levantó los
+hombros é hizo un gesto de incredulidad.
+
+--Su historia--continuó la vieja--la ha escrito un señor Anatole, que
+trabaja al otro lado del Sena, en un taller de sabios. Es un palacio con
+una cúpula, donde dan recetas para que la gente rica pueda hablar bien.
+
+El comisario se incorporó en su sillón, impulsado por la sorpresa. Aquel
+taller de sabios á la orilla del Sena era sin duda la Academia Francesa;
+la casa de la cúpula, el Instituto; y el tal Anatole no podía ser otro
+que Anatole France.
+
+--¿Pero existe el tío Crainqueville?--preguntó con incredulidad.
+
+--Treinta años lo conozco, señor. Vendemos en diferentes barrios, pero
+nos vemos todas las madrugadas al hacer nuestras compras, y por la noche
+volvemos á encontrarnos en la misma taberna. ¡Un infeliz! Ahora sus
+asuntos andan mal; trabaja poco; sabe demasiado. Su protector le enseñó
+muchas cosas; él me las dice, y yo paso las horas muertas en la taberna
+escuchándole.
+
+Hizo una pausa antes de reanudar su relato donde lo había abandonado.
+
+--Digo que nos encontramos al anochecer en la taberna. Luego, como á las
+nueve, salimos, y sin saber por qué, me detuve en la puerta de un
+cinema, sintiendo deseos de entrar. Me atrajo un cartel con una
+alsaciana muy hermosa defendiéndose de un alemán feroz. Yo adoro esta
+clase de historias. Soy muy patriota. Tal vez es porque he visto dos
+guerras.... Pero no hablemos de la guerra. El tío Crainqueville se negó
+á entrar, y eso que yo pagaba. No sé en realidad qué es lo que le gusta.
+Todo le hace sonreír con aire de lástima. Entré sola, y debí entrar con
+mal pie. ¿No ha notado el señor comisario cómo algunas veces todo nos
+sale torcido, y cuando queremos agradar ofendemos á las gentes, lo mismo
+que si un demonio nos guiase?...
+
+El comisario no se dignó contestar.
+
+--Me disgusté con la señora que vende en la taquilla por si una moneda
+era buena ó falsa; discutí también con el que recoge las entradas porque
+acudió en su defensa.... Dentro, en la sala, la misma mala suerte. Mis
+vecinos de fila se quejaron, diciendo que había entrado con demasiada
+violencia. Mala voluntad de su parte, pues á mí no me gusta molestar á
+nadie. Una remilgada, cerca de mí, se atrevió á decir que yo olía á
+vino. Otro insolente aludió á mis anchuras, dudando de que cupiesen en
+el asiento. Les contesté como sé hacerlo y el público protestó á gritos,
+asegurando que perturbaba el espectáculo. Si me callé al fin, fué
+porque había empezado la historia de la alsaciana y su perseguidor. Una
+historia interesante. Yo se la contaría á usted, señor comisario, pero
+temo molestarle. Además, no sé cómo termina; no me dejaron ver el final.
+
+El comisario había vuelto á mirar al techo y á silbar por lo bajo para
+distraer su impaciencia.
+
+--Un señor que estaba detrás de mí y parecía muy entendido en esto del
+cinema, daba en voz baja sus opiniones á los vecinos.... De pronto, la
+alsaciana se iba al frente, huyendo de su perseguidor, y empezaban á
+verse las trincheras con muchos soldados, las cocinas, los cañones. El
+señor entendido decía que estas vistas no pertenecían en realidad á la
+historia; que eran, ¿cómo diré yo? lo mismo que retales que le habían
+puesto al _film_. ¿Me explico bien, señor comisario? Cosas viejas de la
+guerra que habían aprovechado; algo así como los remiendos que se echan
+á la ropa para que parezca mejor.... Pero yo no entiendo de esto, y las
+vistas me han parecido magníficas.
+
+»De pronto salió en el telón el interior de una trinchera, con muchos
+soldados descansando. Uno de ellos escribía una carta sobre sus
+rodillas, puesto de espaldas al público. Poco á poco volvió la cabeza y
+sonrió á las gentes. Yo dudé, creyendo que veía mal. Luego debí gritar.
+¡Era mi nieto!...
+
+»Me levanté para verle mejor; quise ir hacia mi Alberto. Tal vez pasé
+entre la gente con demasiada violencia. El público debió creer que era
+alguna farsa mía y acudieron los empleados, y muchos espectadores me
+cerraron el paso. Intenté hablar y no me dejaron. No quisieron oir mis
+explicaciones; me creían borracha. Acabé por batirme á puñetazos con los
+que me empujaban hacia la puerta. Llamaron al mismo agente que está
+ahora aquí. Dicen que lo insulté, que le mordí en una mano. Ignoro cómo
+pude hacerlo. Estaba tal vez loca en aquel instante. Es verdad que este
+señor me llevó á empujones, sin querer oirme; que no me permitió seguir
+viendo á mi Alberto....
+
+Hizo una larga pausa. Sus ojos empezaron á humedecerse.
+
+--Y así es--terminó la vieja--como he vuelto á encontrar á mi nieto....
+Pido perdón al señor comisario.... Pido perdón al señor agente.
+
+Bajó la cabeza, juntó las manos y miró al suelo, refugiándose
+voluntariamente en el silencio, confiándose á la suerte, sin insistir
+más en su defensa, mientras sus lágrimas empezaban á correr mejillas
+abajo.
+
+El comisario no dijo nada. Miró al agente que tenía á su lado, un
+veterano con la Cruz de Guerra sobre el pecho del uniforme y varios
+galones en una manga indicadores de sus campañas. Él también miró á su
+superior. Había permanecido impasible hasta entonces, pero varias veces
+se mordió el recio bigote.
+
+Los dos hombres parecieron entenderse con la mirada. El comisario
+devolvió al agente el parte redactado por él media hora antes en la sala
+de espera de la Comisaría dando cuenta del escándalo ocurrido en el
+cinema.
+
+El veterano, sin decir una palabra, rasgó el papel en menudos pedazos.
+
+--Buena mujer, puede usted marcharse.
+
+La voz del comisario sacó á la vieja de su abstracción. ¿Era cierto que
+la dejaban irse?... ¡Qué señores tan buenos!
+
+--¿Y podré volver al cinema?--añadió con ansiedad--. ¿Me dejarán ver
+todas las noches á mi pequeño?
+
+Los dos hombres rieron de su simpleza, contestando con un gesto
+afirmativo.
+
+Salió de la Comisaría lentamente. No convenía que la viesen huir como el
+que tiene la conciencia sucia.
+
+Pero al llegar á la calle, se convenció de que nadie la espiaba, y
+recogiéndose las faldas, echó á correr con una ligereza juvenil. Su
+arrugado rostro se dilató, jadeando de fatiga; sus cabellos blancos se
+escaparon en desorden de la pañoleta de punto con que abrigaba su
+cabeza.
+
+Cuando llegó al cinematógrafo, salían de él los últimos grupos de
+espectadores. Los empleados apagaban las luces y retiraban los carteles.
+La vieja vió luego cómo cerraban las puertas.
+
+Se mantuvo inmóvil, con un codo apoyado en la pared y la frente en una
+mano. Lloraba con una angustia infantil.
+
+--¡Esperar hasta mañana!--murmuró--. ¡No ver á mi pequeño en tantas
+horas!...
+
+
+
+
+II
+
+
+A la noche siguiente la vieja se presentó en el cinema con un aire de
+humildad. Se encorvaba para pasar inadvertida. Se aproximó al despacho
+de billetes, volviendo el rostro para que no la reconociese la empleada.
+
+Pero el hombre encargado de guardar la puerta corrió hacia ella:
+
+--¡Ah, no! ¿Viene usted á mover escándalo otra vez?... Para usted no hay
+entrada.
+
+--Déjeme pasar, buen señor. Le juro que seré muy juiciosa.
+
+Hablaba con una dulzura infantil, y el empleado acabó por reir, lo mismo
+que la mujer de la taquilla.
+
+La vieja los saludó á los dos con agradecimiento al ver que la dejaban
+pasar. Luego saludó también á un policía inmóvil en el pasillo de
+entrada, como si fuese un antiguo amigo. No le parecía el mismo de la
+noche anterior...pero ¡por si acaso era!...
+
+Dentro de la sala procedió con modestia y afabilidad. Saludó á todos los
+espectadores que encontraba al paso con una cortesía extremada, sin
+obtener contestación. Algunos se limitaron á mirarla extrañados.
+
+«Es una loca», parecían decir con sus ojos.
+
+Se encogió en su asiento y procuró ocupar el menor espacio, por miedo á
+molestar á sus vecinos. Al principio volvió repetidas veces la cabeza
+para ver si la observaban los empleados del cinema y recibir su
+aprobación. Pero el espectáculo la hizo olvidarse pronto de la realidad.
+El alemán perseguía ya á la alsaciana, desarrollándose sobre el lienzo
+blanco las complicadas aventuras de la novela cinematográfica. Luego
+aparecían las trincheras y el soldado que escribía la carta puesto de
+espaldas, y al volver la cabeza hacia el público, mostraba su rostro.
+
+--¡Alberto!... ¡Alberto!...
+
+La vieja tuvo que hacer un esfuerzo enorme para contenerse. Le subía
+este grito á la garganta con estertores dolorosos. Pero tembló ante la
+idea de escandalizar á los espectadores, como en la noche anterior. Le
+arrojarían del local para siempre; no podría ver más á su soldado.
+
+El miedo la hizo contenerse, y su emoción ruidosa se deshizo en
+lágrimas. Para desahogar su pecho, hablaba en voz muy queda, una voz
+que sonaba hacia dentro del cuerpo, mientras sus ojos lacrimosos seguían
+contemplando con devoción todo lo que pasaba por el lienzo.
+
+--¡Alberto!... ¡Pequeño mío!... Soy yo, tu abuela; ¿no me conoces?...
+Vendré á verte todas las noches.... ¡todas las noches!
+
+En la representación siguiente lloró menos. A la salida, habló con el
+hombre de la puerta con cierta familiaridad, como si ella también fuese
+de la casa.
+
+--¿Ha visto usted qué bien «trabaja» mi nieto?...
+
+Y el empleado, que había oído ya varias veces su historia sin prestarle
+mucha atención, se llevó un dedo á la frente mirando á la mujer de la
+taquilla.
+
+Los dos se entendieron con una sonrisa que decía lo mismo: «Está loca,
+verdaderamente loca.»
+
+La vieja apenas pudo dormir aquella noche. Sentía intranquila su
+conciencia. Era una egoísta que guardaba para ella toda la felicidad de
+su descubrimiento. Alberto tenía en el mundo de los vivos alguien más
+que su abuela.
+
+A la mañana siguiente vendió apresuradamente las verduras, sin cuidarse
+de la ganancia, y guardó su carretoncillo mucho antes que los
+compañeros. El Metro la puso en las afueras de París. Se vió en un
+paisaje grisáceo, yermo, con fábricas humeantes y casas de ladrillo,
+tristes como prisiones, en las que vivían los obreros.
+
+Habló con la portera de una de estas viviendas. Su biznieto estaba en la
+escuela y la mujer de Alberto trabajaba en la fábrica.
+
+Fué luego á la tal fábrica, y el conserje, un inválido, le cerró el
+paso. Prohibida la entrada; ningún curioso podía introducirse en los
+talleres, porque en ellos se torneaban obuses.
+
+Pero la vieja, pegada tenazmente al arco de la puerta, pudo ver de lejos
+á varias mujeres que pasaban y repasaban por los patios, en las
+evoluciones de su trabajo, todas ellas con pantalones anchos, lo mismo
+que si fuesen ciclistas. Casi rió de sorpresa al darse cuenta de que una
+especie de muchacho pequeño y delgado, con amplios calzones azules,
+abandonaba la carretilla que iba empujando, llena de virutas de acero,
+para saludarla desde lejos. Era la mujer de Alberto.
+
+Cuando sonó la campana de mediodía y las trabajadoras salieron para
+almorzar, la vieja pudo verla de cerca. Tenía una palidez cenicienta y
+sus ojos eran más grandes que nunca, rodeados de aureolas azuladas y
+dolorosas.
+
+Rompió á llorar al enterarse de que su marido aparecía todas las noches
+en un cinema, después de haber muerto hacía un año.
+
+--¿Cómo puede ser eso?...
+
+Su asombro era tan grande, que cortaba su llanto. Hacía esfuerzos
+inútiles para entender á la vieja, la cual iba repitiendo las
+explicaciones que había escuchado, aunque sin comprenderlas mejor que la
+otra.
+
+--Lo cierto es que Alberto trabaja en el cinema. Ven con el niño; os
+espero esta noche.
+
+Hizo su invitación con aire de mando. A las ocho la encontrarían en la
+puerta del cinematógrafo, situado casi en el extremo opuesto de la gran
+ciudad. Después se separaron, pues los pobres no tienen tiempo que
+perder.
+
+La vieja los vió llegar puntualmente. Llevaba la viuda un vestidito
+negro adquirido en un bazar; el niño iba con su mejor ropa y peinado
+como un paje.
+
+Al ver que la obrera intentaba ir hacia la taquilla, la vieja se opuso.
+
+--¿Qué es eso?... Aquí pago yo. Me aprecian mucho; soy como de la casa.
+
+Y para demostrar su confianza bromeó con la vendedora de billetes. Luego
+estrechó una mano del hombre que guardaba la puerta--su antiguo
+enemigo--, dándole un cigarro barato que había comprado momentos antes.
+
+--Los pequeños regalos mantienen las amistades. Tome usted, señor.
+
+Dentro de la sala saludó á la acomodadora como si fuese una antigua
+conocida.
+
+--Son la mujer y el hijo de mi nieto, el que trabaja en la obra--dijo,
+dándola al mismo tiempo unas cuantas piezas de cobre.
+
+Y se sentó con orgullo en las sillas designadas por la empleada,
+juzgándolas mejores que las otras.
+
+Pero la satisfacción de mostrar á sus acompañantes la inmensa influencia
+de que gozaba en este lugar público duró muy poco. Al aparecer Alberto,
+temió que gritase también aquella mujercita vestida de luto que tenía á
+su lado. Pero era silenciosa en su dolor. Contempló la visión con unas
+pupilas agrandadas é inquietantes, que hacían recordar los ojos de los
+aficionados á la morfina. Cerraba los labios con fuerza, y por ambos
+lados de su boca corrían dos hilos de lágrimas.
+
+El enlutado pajecillo miraba con la inconsciencia de una edad en que se
+oye hablar de la muerte sin saber lo que es. Aquel soldado lo conocía
+él: era su padre; lo había visto llegar á su casa vestido así. ¿Por qué
+no volvía?...
+
+--¡Papá...papá!...--murmuró, tendiendo sus manecitas hacia la visión.
+
+Y la madre y la bisabuela, sin dejar de llorar, le empujaron dulcemente
+en la obscuridad para que permaneciese quieto.
+
+A la salida, antes de despedirse junto á la puerta del cinema, la vieja
+tomó su aire imperativo:
+
+--Mañana aquí, á la misma hora. Yo pago.
+
+La viuda pareció extrañarse de tal invitación.
+
+--Vivo al otro lado de París; un verdadero viaje. Me he de levantar
+temprano para el trabajo; debo ocuparme del niño antes de enviarlo á la
+escuela. ¡Imposible!... Además, ¿para qué volver? Alberto no resucitará,
+y este espectáculo me mata.
+
+La vieja la siguió con los ojos mientras se alejaba con su niño
+titubeante de sueño. Siempre había creído á esta mujercita de poco
+corazón.
+
+--¡Ay! La única que se acuerda verdaderamente de Alberto soy yo.
+
+Anduvo triste y malhumorada todo el día siguiente. Al anochecer se
+encontró en la taberna con el tío Crainqueville. Aunque el verdulero
+filósofo hablaba poco y pasaba entre las personas y las cosas sin
+preocuparse de ellas, pareció interesarse por los actos de su vieja
+camarada. La había observado silenciosamente. Desde hacía unos días era
+otra mujer. Gastaba mucho dinero; convidaba á todo el mundo; llegaba
+tarde á los Mercados, comprando lo más caro y lo peor, para vender luego
+al público con mayor baratura que los demás.
+
+--Te vas á arruinar, estás gastando tu capital.
+
+Pero no obstante sus consejos, siguió bebiendo todos los vasos que quiso
+ofrecerle la vieja.
+
+A las ocho, ésta se mostró impaciente.
+
+--Adiós, Crainqueville. Te dejo, si no quieres acompañarme. Me espera mi
+nieto; ya sabes que trabaja en el cinema.
+
+--¡Pero si á tu nieto lo mataron!...
+
+--Es verdad que lo mataron; pero trabaja en el cinema.
+
+El filósofo se limitó á encogerse de hombros. Sabía por su maestro y
+protector que no hay que asombrarse de nada en este mundo.
+
+Hasta los actos más ordinarios y comunes resultan incoherentes cuando se
+les estudia de cerca. Era inútil, pues, exigir lógica en los sucesos
+extraordinarios de nuestra vida.
+
+
+
+
+III
+
+
+La vieja, después de apoyar un dedo en el timbre de la verja, examinó su
+vestido de seda negra. Databa de los tiempos de su pobre hija. Ella
+misma lo había cortado é hilvanado; pero de la primera hechura quedaba
+muy poco, después de los retoques que se habían sucedido durante su
+larga existencia.
+
+Reconoció que no estaba del todo mal. Algo pasado de moda; pero el
+género bueno siempre es apreciado por las personas inteligentes, y ahora
+ya no se fabrican sedas como las de antes. La cabeza la llevaba desnuda.
+Sentíase orgullosa de su pelo blanco, duro y abundante.
+
+Admiró al otro lado de la verja el pequeño hotel rodeado de árboles. ¡Lo
+que una mujer puede ganar con sus pies!... Pero la proximidad de una
+jovenzuela con delantal y gorro blancos no le permitió continuar su
+examen. Esta doméstica elegante avanzaba atraída por el llamamiento del
+timbre. A la vieja le fué antipática por sus ademanes varoniles, por la
+mirada altiva con que la midió de pies á cabeza y por su voz áspera.
+
+--Buena mujer, si es para pedir un socorro á la señora, venga otro día.
+La señora no está.
+
+Balbuceó la vieja de indignación.
+
+¡El puñetazo que se llevaría la tal, de no existir la verja entre las
+dos!... Empezaba á dirigir terribles alusiones al pecho plano de la
+doncella, á sus angulosidades de muchacho, subiendo rápidamente el
+diapasón de sus ofensas, cuando sintió que la cogían de los hombros.
+
+Al volver la cabeza, vió junto á la acera un automóvil que acababa de
+detenerse. Una señora elegante salida de él la sonreía, intentando
+abrazarla.
+
+--¡Abuelita!... ¡abuelita!
+
+Lo primero en que se fijó la vieja fué que la bailarina célebre iba
+vestida de luto: un luto vistoso y sobradamente llamativo, pero luto al
+fin, que sólo podía ser por su hermano Alberto.
+
+Se sintió empujada cariñosamente al otro lado de la verja que acababa de
+abrir la doncella. Quiso anonadar con una mirada y un bufido á la
+insolente; pero ésta había bajado los ojos, no pudiendo resistirse á su
+confusión.
+
+¡La que había tomado por una mendiga era la abuela de la señorita!...
+
+Al mismo tiempo lamentaba en su interior las injusticias de la suerte.
+Ella había hecho estudios de bachillerato; tenía arriba en su habitación
+un cuaderno lleno de versos, y sin embargo, no venía ningún príncipe de
+leyenda á llevársela, regalándole un hotel igual al de la otra.
+
+La vieja marchó de asombro en asombro al recorrer los salones de la
+bailarina. Ella se había imaginado el lujo de otra manera: grandes y
+ostentosas sillerías, muebles monumentales, y aquí apenas encontraba
+donde sentarse. Sólo veía divanes bajos y cojines en el suelo. Los
+muebles eran de aspecto tan frágil, que no osaba tocarlos; los colores
+de paredes y cortinas, tan raros y complicados, que daban el vértigo á
+sus ojos.
+
+Apenas hubo nombrado á Alberto, la nieta se conmovió, perdiendo su
+alegría de pájaro.
+
+--¡Cómo he sentido su muerte!--dijo con los ojos húmedos--. Nos
+llevábamos mal; apenas nos veíamos. Él no podía comprender mi modo de
+vivir. Pero lo amaba de veras.
+
+Tomó un retrato que estaba sobre una mesilla, en lugar preferente, y lo
+besó. Era el retrato de Alberto. Esta fidelidad en el recuerdo conmovió
+profundamente á la abuela. ¿Y aún decían que si Julieta era esto ó
+aquello, por su profesión y su manera de vivir?... ¡Un alma de oro!
+
+Su entusiasmo fué enfriándose un poco al notar la serenidad con que
+escuchaba la bailarina el relato de su descubrimiento en el cinema.
+
+--Es curioso--se limitó á decir--, verdaderamente curioso.
+
+Y adivinó cuál era el deseo de su abuela.
+
+--¿Quieres llevarme á verlo? Bueno; te acompañaré esta noche, pero con
+una condición: la de que te quedarás á comer conmigo.
+
+El recuerdo de su hermano había hecho surgir en ella otros recuerdos.
+
+--¡Ay, abuelita! No es el pobre Alberto el único que fué á la guerra.
+Otros hay que viven aún; y los que viven inspiran mayores preocupaciones
+que los muertos.
+
+Pensaba en su amigo, un joven rico que la verdulera no había visto
+nunca, pero, según murmuraba la gente, acabaría casándose con Julieta.
+
+No pudieron hablar más. Era la hora del té, y empezaron á llegar las
+amigas de la señora, todas vestidas con unos trajes elegantes, raros y
+vistosos, que hacían parpadear á la vieja, desorientándola en sus
+opiniones. Algunas, á pesar de sus extraordinarias vestimentas,
+envidiaban el luto de Julieta. Una de ellas fué más lejos en la
+manifestación de sus deseos:
+
+--¡Qué suerte tener un muerto en la familia! ¡El negro sienta tan
+bien!...
+
+Todas fumaban. Se habían tendido en el suelo, sobre pieles de oso blanco
+ó redondos almohadones de seda, abullonados y con un botón hondo en el
+centro, semejantes á calabazas. Unas se estiraban lo mismo que fieras
+perezosas, sin reparar en lo que dejaban al descubierto; otras apoyaban
+la mandíbula en las rodillas, mientras mantenían éstas entre sus brazos
+cruzados.
+
+El té estaba en el suelo, sobre una gran bandeja de plata, en la que
+movía la lámpara de alcohol su penacho azul casi invisible.
+
+Julieta había hecho valientemente la presentación de la vieja á sus
+amigas.
+
+--Mi abuelita, que vende hortalizas todas las mañanas en la _rue Lepic_.
+Yo estoy orgullosa de mis ascendientes, lo mismo que un nieto de los
+Cruzados.
+
+Risa general de las señoras, que poco á poco olvidaron á la vieja. Ésta
+quiso irse. No gustaba de tales costumbres, pero al mismo tiempo temía
+ofender á su nieta.
+
+Pasó cautelosamente de silla en silla, como una chicuela que desea
+escaparse, llegando de este modo hasta el comedor. Allí cobró ánimo, y
+poniéndose de pie, se aventuró francamente en un pasadizo inmediato.
+
+Casi tropezó con la doncella, que volvía al salón llevando más agua
+caliente para el té. La vieja la saludó con un bufido implacable.
+
+--¡Presumida!... ¡Fea!
+
+Después de este insulto supremo se sintió más ágil, y empezó á bajar
+unos peldaños, hasta dar con la cocina.
+
+Aquí admiró más que en los salones el bienestar de su nieta. ¡Qué
+abundancia! ¡Qué de cacerolas brillantes como astros!...
+
+La cocinera le hizo los honores de sus dominios, colocando sobre la mesa
+una botella y dos vasos. La bebieron entera, hablando de sus penas.
+Luego sacó un retrato y le dió un beso, mostrándolo á su visitante.
+
+--Mi hijo es cazador alpino, lo que llaman «diablo azul», y está en los
+Vosgos.
+
+La vieja, por no ser menos, sacó también del pecho un retrato de
+soldado.
+
+--A mi nieto lo mataron; pero ahora trabaja en un cinema todas las
+noches.
+
+La cocinera se movió nerviosamente en su asiento, abriendo mucho los
+ojos. Decididamente aquella vieja estaba loca, como le había dicho la
+doncella. Pero calló, por ser la abuela de la señora.
+
+Hasta la hora de la comida se mantuvo la verdulera en este paraíso,
+admirando sus magnificencias. Luego sintió nostalgia y cierta cortedad
+al verse arriba, en el comedor, sentada á una mesa enorme, teniendo
+enfrente á su nieta, y más allá á un criado ceremonioso que tampoco le
+era simpático.
+
+Admiraba los manjares, reconociendo que nunca había comido tan bien,
+pero sentía un vivo deseo de terminar cuanto antes.
+
+Miró el reloj de la chimenea. Eran cerca de las ocho.
+
+--No tengas prisa, abuelita. Hay tiempo. Mi automóvil nos llevará en un
+instante.
+
+De pronto, una conmoción en todo el hotel: repiqueteo de timbres,
+alaridos de sorpresa de la doncella antipática, choque de puertas, voces
+de hombres.
+
+La doncella entró corriendo:
+
+--Señora.... ¡Es el señor!
+
+No dijo más, pero la vieja lo adivinó todo. «El señor» sólo podía ser
+uno. Y vió á un buen mozo con uniforme de aviador, que entraba
+violentamente, como una tromba. No tuvo que avanzar mucho, pues la
+bailarina corrió á refugiarse en sus brazos.
+
+Julieta hablaba de él, momentos antes, con tristeza. Hacía seis meses
+que no le veía. Era imposible obtener una licencia en estos momentos.
+
+El aviador dió explicaciones, con voz entrecortada.
+
+--Un permiso inesperado.... Una breve comisión en París.... Veinticuatro
+horas nada más....
+
+No pudo seguir hablando. Los dos se habían abrazado, balanceándose con
+las explosiones de su alegría. Empezó á rasgarse el silencio con unos
+besos sonoros y escandalosos como los taponazos del champaña.
+
+La vieja se levantó, ceñuda y grave. Allí estaba de sobra una persona;
+no necesitaba que se lo dijesen.
+
+Al verla salir, Julieta se desasió de los brazos amorosos, corriendo
+hacia ella para dar explicaciones.
+
+--Ya ves.... Sólo viene por veinticuatro horas.... Imposible hoy....
+Otro día. Es preciso atender á los vivos.
+
+Se vió la vieja en la soledad de la calle helada y negra. Los
+reverberos, encapuchonados á causa de los ataques aéreos, sólo servían,
+con su breve radio de luz, para dar mayor intensidad á la lobreguez
+general.
+
+Mientras marchaba, acompañó su paso repitiendo las mismas palabras, como
+si fuesen una letanía:
+
+--La vida quiere vivir. Los vivos necesitan vivir.... ¡Ay del que muere!
+Los muertos huyen más aprisa que los vivos....
+
+Todos abandonaban á los muertos. Hasta en la sala del cinema notó la
+misma ingratitud. Aquella noche sólo había una veintena de personas. El
+público de este cinematógrafo de barrio estaba ya cansado de las
+aventuras de la perseguida alsaciana. Todos conocían su historia.
+
+La vieja ocupó su asiento con la majestad de un monarca que se hace dar
+una representación para él solo. Al aparecer su nieto, le habló en voz
+baja, con dulzura.
+
+--Buenas noches, pequeño mío. Todos te abandonan, todos te olvidan. La
+vida es así.... Pero no temas; tu abuela no te dejará nunca. Aquí me
+tendrás todas las noches.... ¡todas las noches!
+
+
+
+
+IV
+
+
+La noticia empezó á circular después de mediodía, vaga é indecisa.
+
+«¡La paz! ¡Acaba de ajustarse la paz!»
+
+Pero tantas veces se había dicho esto mismo, sin verlo realizado luego,
+que la vieja no creyó la noticia.
+
+A media tarde todos se convencieron de que era verdad. El gobierno
+anunciaba un armisticio, solicitado por los enemigos.
+
+La verdulera se encontró de pronto envuelta y arrastrada por una
+avalancha de gente que parecía rodar hacia el centro de París. Se
+mostraba frenética de alegría como todos; gritaba como todos.
+
+Hasta la llegada de la noche vivió una existencia de ensueño; creyó
+seguir las inverosímiles aventuras de una pesadilla. Pero esta pesadilla
+era agradable y sus delirios no los inspiraba el terror, sino el
+entusiasmo.
+
+Se vió en la plaza de la Concordia. La muchedumbre, rugiendo cantos
+patrióticos, hacía rodar los cañones cogidos á los alemanes que estaban
+expuestos en la gran plaza.
+
+Un grupo de mozalbetes hizo montar á la vieja sobre uno de estos
+cañones, como si fuese un carro triunfal, arrastrando la pieza de
+artillería por las calles inmediatas.
+
+Ella, con los blancos cabellos en desorden, elevaba los brazos cantando
+la _Marsellesa_. La muchedumbre la saludaba con aplausos. Nadie sabía
+quién era, pero su paso iba despertando la veneración instintiva que
+infunde la ancianidad. Algunos creían contemplar la vieja gloria de la
+Revolución, que despertaba triunfante después de un siglo de letargo.
+
+De pronto se vió á pie y sola. Había desaparecido el cañón y los jóvenes
+que tiraban de él. Ahora estaban en la _rue Royale_, frente á los
+restoranes más elegantes. Los parroquianos de Maxim--gentes ricas que
+podían permitirse este lujo--regalaban botellas de champaña á la
+muchedumbre para solemnizar el suceso.
+
+Sin saber cómo, se encontró hablando con un grupo de soldados
+americanos. Ella adoraba á los americanos. Los reconocía únicamente por
+su sombrero de fieltro con cuatro hoyos simétricos y terminado en punta.
+¡Hermosos muchachos, sanos, fuertes y con aire de buenos! A algunos les
+encontraba cierto parecido con Alberto.
+
+--¡Vivan los Estados Unidos!
+
+Se entendía con estos soldados por medio de gestos y de guiños, más que
+por palabras. Pero esto importaba poco.... ¡Cuando hay simpatía y buena
+voluntad!...
+
+Y ellos, regocijados por la alegría de la vieja, reían como niños
+grandes, con una carcajada sonora que marcaba bajo la piel la fuerte
+osamenta de las mandíbulas y dejaba al descubierto el luminoso marfil
+de unas dentaduras envidiables.
+
+La vieja se levantó la falda para rebuscar en una bolsa de lienzo
+pendiente sobre las enaguas, donde guardaba el capital de su comercio.
+Estaba en fondos y podía convidar á sus nuevos amigos.
+
+Los soldados protestaron, riendo. «¿Admitir convites de una mujer?»
+
+El único que hablaba bien el francés de todos ellos replicó con alegre
+protesta:
+
+--Nosotros somos más ricos que usted. Nosotros cobramos en dólares.
+
+Ella miró el puñado de monedas de cobre que tenía en una mano. Céntimos,
+nada más; pero ¿qué importaba?...
+
+--Estáis en mi casa, y os invito. Si me decís que no, soy capaz de
+llorar.
+
+Entraron en un café, y durante media hora los robustos soldados del
+sombrero puntiagudo bebieron, riendo á carcajadas de las palabras y los
+gestos de la alegre vieja.
+
+Luego se vió bebiendo con hombres de otros países que vestían distintos
+uniformes, y hasta con soldados franceses, que, á pesar de la locura
+general, conservaban un gesto sombrío, como hombres que aún no hubiesen
+acabado de despertar de una pesadilla horrorosa prolongada durante años
+y años.
+
+Al anochecer, la vieja se sintió fatigada. Parecía que toda aquella
+muchedumbre hubiese marchado sobre ella; creía haber recibido millones
+de golpes.
+
+El instinto la llevó hacia su barrio, caminando con lentitud,
+arrastrando casi los pies. Pero á pesar de esta fatiga, juntó su voz á
+las aclamaciones de todos los grupos que encontraba al paso.
+
+La necesidad de descansar y la costumbre la hicieron meterse en la
+taberna.
+
+Allí estaba Crainqueville, solitario y silencioso, sentado ante un vaso
+vacío, cuyo fondo contemplaba tristemente.
+
+--También te convido á ti--dijo la vieja--. Hoy es un gran día. ¡La paz!
+¿Qué dices tú de la paz?
+
+Crainqueville levantó los hombros. Luego, animado por la vista del nuevo
+vaso que le ofrecía su amiga, se dignó hablar.
+
+--Tal vez la humanidad procure ser mejor después de esta prueba
+terrible; tal vez se regenere y aprenda á vivir por primera vez con un
+poco de lógica.
+
+Luego sonrió irónicamente, como su maestro. Se sentía invadido por la
+eterna duda, y continuó:
+
+--Aunque nadie puede afirmar si esta pobre humanidad merece la pena de
+ser regenerada y que alguien se ocupe de su porvenir....
+
+Mucho más tarde, la vieja sintió la atracción de un nuevo deseo. Se
+acordó con delicia de la obscura sala del cinema y de sus vistas, que
+ella consideraba como algo celestial. ¡Qué felicidad estar allá dos
+horas, en un asiento cómodo, conversando mentalmente con su nieto! El
+pobre Alberto no debía conocer aún la gran noticia que conmovía á París
+y al mundo entero. Ella iba á comunicársela.
+
+--Adiós, Crainqueville; mi nieto me espera. Para el pobre no hay
+fiestas. Esta noche trabajará como todas.
+
+El filósofo ambulante, que había terminado por aceptar la vida ilusoria
+de su compañera, creyó del caso darle algunos consejos.
+
+--Te estás matando. Apenas comes; bebes demasiado. Gastas tu dinero
+exageradamente; vas á perder tu capital. Ayer tuviste que tomar la mitad
+de tu género al fiado.... Además, en una semana parece que hayas vivido
+varios años.
+
+Pero después de la cuerda reprimenda, volvió á sonreir con su eterna
+sonrisa de duda.
+
+--En fin, ¡si eso te divierte!... ¡Si encuentras en ello tu
+felicidad!...
+
+La vieja marchó apresuradamente hacia el cinema, á pesar de sus piernas
+entumecidas que casi se negaban á sostenerla. Allá, en la sala
+agradable, descansaría cómodamente.
+
+Las calles estaban obscuras aún, como en las noches de la guerra
+preñadas de amenazas aéreas. Pero la muchedumbre formaba grupos. Sonaban
+instrumentos de música y se improvisaban bailes en las encrucijadas.
+
+Al penetrar en el atrio del cinema, el empleado que guardaba la puerta
+salió á su encuentro alegremente.
+
+--¡Viva la paz, abuela!
+
+Luego añadió, como si recordase algo de escasa importancia:
+
+--Esta noche ya no «trabaja» su nieto.... ¡Se acabó! Todo es nuevo. Pero
+la representación vale la pena.
+
+-¿Qué?...
+
+La vieja había apoyado la espalda en el muro, intensamente pálida, con
+los ojos desmesuradamente abiertos. El empleado fué dando explicaciones
+para contestar á su exclamación angustiosa.
+
+--Han transcurrido siete días. ¡Cambio completo de programa! El público
+estaba fatigado ya de la historia de la muchacha de Alsacia y del
+alemán. Ahora, con la paz, habrá que dar otras cosas. ¡Nada de
+guerra!... Hay que olvidar, hay que alegrarse.... Entre.... Tenemos esta
+noche una película americana que hace rugir de risa.
+
+La vieja vaciló sobre las piernas, á pesar de que se había desvanecido
+instantáneamente la dulce turbación de su mansa embriaguez.
+
+--¡No verle más!... ¡no verle más!--gemía.
+
+Luego resumió su desesperación en una frase:
+
+--Me lo han matado por segunda vez.
+
+El público que iba á entrar en el cinema se agolpó en torno de esta
+mujer desfalleciente, próxima á caer al suelo. El empleado, por
+conmiseración y por evitar aglomeraciones en la puerta, intentó alegrar
+á la vieja.
+
+--¡Ánimo, abuela!... No va usted á morirse hoy, un día de tanta
+felicidad, porque hemos cambiado el programa.... Además...además....
+
+Había pedido á la mujer de la taquilla un periódico, y empezó á
+examinarlo con precipitación, empinándose sobre la punta de los pies
+para recibir mejor la luz de una lámpara pendiente del techo. Al mismo
+tiempo hablaba entre dientes.
+
+--Veamos.... Esta estúpida historia de la alsaciana deben darla en
+alguna parte. Un mal _film_ de ocasión, hecho de recortes. Estará,
+seguramente, en los cinemas de quinta clase.... Eso es; helo aquí.
+
+Y dirigiéndose á la vieja, le dió el nombre de una calle y el título de
+un cinematógrafo.
+
+--Un poco lejos, abuela; en Grenelle, al otro lado de París; ¡pero
+tomando el Metro!... Allí encontrará á su nieto durante una semana.
+
+No se acordó más de ella, para seguir ocupándose del público que entraba
+y entraba, atraído por el programa nuevo.
+
+La vieja se vió otra vez en la calle. No tenía mas que una idea.
+
+«¡Me lo han matado!--pensaba--. En este día en que todos ríen, me lo han
+matado por segunda vez.»
+
+Reapareció su enérgica voluntad de luchadora obscura y humilde. Se lo
+habían matado allí; pero iba á resucitar en otra parte. Debía ir á su
+encuentro.
+
+Buscó bajo su falda aquella bolsa de tela que contenía sus capitales. Su
+diestra sólo encontró el vacío. Después de tenaces exploraciones,
+salieron á luz unas cuantas monedas de cobre sosteniéndose entre sus
+dedos. Cincuenta céntimos en total.
+
+Sólo disponía de lo preciso para comprar una entrada en aquel cinema
+desconocido de Grenelle.
+
+No le quedaba dinero para tomar un billete del Metro. Todo lo había
+gastado en sus ruidosas aventuras de la tarde. Tendría que ir á pie; y
+era tan lejos.... ¡tan lejos!
+
+Un mal pensamiento contrajo su frente.
+
+--¡Si pidiese limosna!... Hoy es un día de regocijo general. Se
+apiadarán de mí al verme tan vieja, tan cansada....
+
+Pero á pesar de su cansancio se irguió, con un gesto de altivez
+ofendida. No había mendigado nunca, y á los setenta años era tarde para
+empezar.
+
+--Debo verle...necesito verle.
+
+La fatiga le hizo caer en un banco entre dos árboles del bulevar.
+Brillaban en la penumbra las puertas de cafés y tabernas como bocas de
+horno. Se confundían en alegre discordancia las diversas músicas.
+Pasaban parejas amorosas, perdiéndose en la obscuridad; guerreros de
+remotos países que abarcaban con un brazo el talle de una mujer.
+
+--¡Tan lejos!... ¡tan lejos!--seguía suspirando la vieja.
+
+Vió de pronto un soldado que le sonreía, un soldado todo blanco desde el
+casco de trinchera hasta los gruesos zapatos. A través de su cuerpo se
+veían los árboles, el banco cercano, las gentes que pasaban. Parecía de
+cristal, de humo sutil, de espuma impalpable.
+
+La hizo señas para que la siguiese, y echó á andar al ver que la vieja
+le obedecía.
+
+--¡Ay, mis piernas!... No podré seguir. Son varios kilómetros. ¡No
+llegaré nunca!...
+
+Se dejó caer en otro banco y el soldado transparente se detuvo,
+volviendo hacia ella un rostro sombrío, desesperadamente sombrío.
+
+--No te pongas triste. ¡Si supieras cuán cansada estoy! Pero tu abuela
+no te abandonará nunca.... Alberto, espérame. ¡Allá voy, pequeño mío!
+
+Y haciendo un esfuerzo supremo, se levantó y siguió marchando en pos del
+fantasma por las calles interminables, negras, heladas....
+
+Como marchamos todos á través de las asperezas de la vida, guiados por
+nuestros recuerdos, al encuentro de la Ilusión.
+
+
+
+
+EL AUTOMÓVIL DEL GENERAL
+
+
+
+
+I
+
+
+El periodista Isidro Maltrana habló así á sus amigos en un pequeño
+restorán de Broadway:
+
+--Me veo obligado á buscarme la vida en Nueva York. Ya no puedo volver á
+Méjico. ¡Qué desgracia! ¡Tan bien que me ha ido allá durante once
+años!...
+
+Ustedes saben que soy español, y no tengo otra herramienta para ganarme
+el pan que una pluma fácil y sin escrúpulos. No recordemos las aventuras
+de mi primera juventud. Deben conocerlas ustedes, pues con ellas se han
+escrito libros. Son, en realidad, sucesos vulgares, que sólo merecen
+atención por el ambiente de tristeza desgarradora en que se
+desarrollaron.
+
+Hace años me lancé á recorrer la América de habla española. Entré por
+Buenos Aires y he salido por la frontera de Texas. Una hazaña de
+conquistador de otros siglos; algo como el paseo del capitán Orellana,
+que partió del Perú y, navegando de un río grande á otro mayor, se vió
+de pronto en el Atlántico, después de haber bajado todo el curso del
+Amazonas.
+
+No sonrían ustedes; ya sé que mis viajes en buque de vapor, en
+ferrocarril ó en mula, no pueden compararse con los penosos avances de
+aquellos exploradores de piernas de acero y pechos de bronce. Pero no
+crean tampoco que mis andanzas á través de la tierra americana han sido
+envidiables por su comodidad. También yo he sufrido grandes privaciones.
+Los conquistadores, que tuvieron que luchar con el hambre de las
+interminables soledades, acallaban su estómago apretándose un punto más
+el cinturón, y seguían adelante, con el arcabuz al hombro. Yo he tenido
+que apretarme igualmente el cinturón muchas veces; pero siempre
+encontraba, al fin, en las Repúblicas pequeñas, algún tirano, ó
+aspirante á tirano, que se encargaba de mantenerme á cambio de insultos
+á sus adversarios y de elogios disparatados á su persona.
+
+Al pasar de España á América, deseé cambiar de profesión. Me habían
+dicho que en esta parte del mundo todos los emigrantes cambian de
+oficio, como las culebras cambian de piel al modificarse el ambiente con
+el curso de las estaciones.
+
+Eso será verdad tratándose de los demás; ¡pero los que nacimos siervos
+de la pluma!...
+
+Quise en Argentina cultivar la tierra, pero fracasé completamente, y
+volví al periodismo vagabundo, lo que me hizo marchar de República en
+República, siempre hacia el Norte.
+
+No recordemos esta época de literatura ambulante y servil. Otro, tal vez
+estaría orgulloso de ella, y hasta escribiría sus Memorias. Fuí amigo de
+varios presidentes; á unos les he servido de bufón, á otros de consejero
+secreto. He redactado, á la vez, crónicas de vida elegante para las
+presidentas y proyectos de Constitución que sus graves maridos
+presentaban al pueblo como producto de nocturnas meditaciones. He huído
+de algunos de estos protectores, por miedo á que me fusilasen; sabía
+demasiados secretos. A otros los he visto caer asesinados cuando
+mostraban una confianza majestuosa igual á la de los dioses inmortales.
+He insultado á hombres que no conocía, para servir con ello á hombres
+que despreciaba por conocerlos demasiado.
+
+¿Que mi oficio es vergonzoso?... Soy el primero en confesarlo. Y lo peor
+es que no me ha enriquecido; sólo me dió para vivir con intermitencias
+de locos derroches y largas penurias. Cuando triunfaban mis protectores,
+nunca tenían tiempo para regalar algo duradero al que les había ayudado
+con su pluma venenosa.
+
+Además, reconozco mi defecto; soy un bohemio, un vagabundo que nunca se
+siente bien allí donde está, y espera encontrar algo mejor yendo más
+lejos.
+
+No me creo el único. Los periodistas errantes y los cómicos somos la
+última y miserable prolongación de la España conquistadora. Vamos y
+venimos desde el estrecho de Magallanes á la frontera de California,
+pasando á través de diez y ocho naciones que hablan nuestra lengua,
+conociendo en unas partes la riqueza y en otras el hambre; aquí, el
+aplauso y la admiración; más allá, el insulto y la fuga. Algunos, en sus
+correrías, hasta tropiezan con la Fortuna, y son sus amigos por corto
+tiempo. Todos, finalmente, terminan sus días en la miseria.
+
+Pero no divaguemos. Quiero decir que, después de mis andanzas por la
+América del Sur y la América del Centro, di fondo en Méjico, hace poco
+más de diez años. ¡Hermoso y simpático país! En ninguna parte he vivido
+mejor.
+
+Ya estaría de vuelta allá, á pesar de la última revolución, que me hizo
+huir; pero no me atrevo.
+
+Existe de por medio el maldito asunto del automóvil del general.
+
+
+
+
+
+II
+
+
+Parecía que Méjico me estuviese esperando, como uno de esos volcanes
+bondadosos y bien educados que permanecen tranquilos durante siglos y,
+apenas un explorador huella su cumbre por primera vez, empiezan á rugir
+y á soltar humaredas á guisa de saludo.
+
+Treinta años llevaba el país de dormitar en paz; pero al llegar yo
+despertó, amenizando mi existencia con una serie de revoluciones que
+todavía no han terminado.
+
+¡Lo que he visto en diez años!... Porfirio Díaz, que parecía eterno,
+escapando para morir en un hotel del viejo mundo. Madero, un hombre
+bueno, que gobernaba moviendo veladores y conversando con los espíritus,
+fué cazado á balazos, lo mismo que un corderillo dulce, en las cuevas
+del palacio presidencial. El alcohólico Huerta acabó sus días en una
+cárcel de los Estados Unidos, desesperado porque no le dejaban beber. Al
+viejo Carranza, que parecía construido para vivir un siglo, lo acaban de
+asesinar.
+
+En diez años, ¡cuatro presidentes que han terminado de mala manera ó han
+muerto en una cama que no era suya! Reconozcamos que es demasiada
+tragedia para tan corto tiempo. Esta sucesión de presidentes mejicanos
+recuerda á los reyes y héroes griegos de la dinastía de los Atreidas,
+que terminaban siempre de un modo fatal.
+
+Pero yo, que soy franco hasta el cinismo, confieso que no guardo un
+triste recuerdo de los largos años de revolución, ni he derramado una
+lágrima en memoria de estos señores que conocieron los goces de una
+autoridad sin límites y la desesperación de un final trágico.
+
+Al principio fuí simplemente escritor de á caballo. No tenía periódicos
+que hacer, y servía de secretario á los generales que mandaban las
+fuerzas revolucionarias. Redacté proclamas dirigidas á los pueblos,
+alocuciones á las tropas, y describí en un estilo lírico los grandes
+triunfos de los insurrectos sobre los soldados del gobierno, llamados
+«federales». Nunca, en mis escritos, dejé de establecer discretos
+paralelos entre las campañas napoleónicas y las de los caudillos á cuyo
+servicio me había entregado.
+
+Conocía bien á mi gente. Uno de los generales, que fué mi amo durante
+seis meses, al ver la polvareda levantada por unos cuantos centenares de
+enemigos, se volvía siempre hacia nosotros, los de su Estado Mayor, para
+decirnos con aire inspirado:
+
+--Napoleón, en este caso, hubiera hecho seguramente lo que yo....
+
+Y hacía lo que hubiese hecho Napoleón.
+
+¡Ay, amigos míos! Recuerdo bien nuestras famosas batallas, aunque
+siempre las veía de lejos. ¡Lo que sentí muchas veces no haber aprendido
+á montar á caballo desde mi niñez, no ser hombre de campo, para
+improvisarme general lo mismo que los otros!... ¡Quién sabe si lo habría
+hecho mejor!...
+
+Las tales batallas podían ser tituladas así porque tomaban parte en
+ellas veinte mil ó treinta mil hombres. En Méjico nunca faltan hombres
+para pelear y morir. Hay siempre más que fusiles. Pero, en realidad,
+eran simples riñas de grupo á grupo, dejando á la iniciativa de cada
+pelotón la marcha del combate. Tiraban y tiraban hasta agotar las
+municiones, sin hacer uso jamás del arma blanca. Ninguno tenía bayoneta.
+Se mataban durante horas y horas, y al final el bando que se veía sin
+cartuchos se retiraba, dejando el campo al otro.
+
+Todos éramos de caballería, porque hacíamos las marchas á caballo; pero
+en el momento del combate los jinetes se convertían en infantes.
+Teníamos artillería. Cada bando procuraba poseer cañones más gruesos que
+los del adversario, y estos cañones tiraban y tiraban, con un estruendo
+ensordecedor.
+
+Recuerdo el asombro y la indignación de un oficial alemán que venía con
+nosotros, al ver cómo funcionaba la artillería.
+
+(Advierto á ustedes que todos los revolucionarios éramos germanófilos,
+por odio á los Estados Unidos y á Inglaterra. Nos comparábamos con los
+bolcheviques rusos, deseábamos la derrota de la República francesa y el
+triunfo de Guillermo II. Los alemanes intervenían con frecuencia en
+nuestras campañas.... Pero no desviemos el relato. ¡Adelante!)
+
+--General--clamó el prusiano--, los artilleros no saben apuntar. Tiran
+al aire. Sólo desean hacer ruido.
+
+Y el general, que se las echaba de ingenioso, contestó, levantando los
+hombros:
+
+--Déjelos. No es necesario que hagan más. La artillería sólo sirve para
+asustar _pendejos_.
+
+Después de estas batallas, cuando quedábamos vencedores por haber podido
+hacer fuego media hora más que los otros, venían los comentarios y las
+explicaciones del triunfo. Aquí entraba yo como estratega. Describía
+moniobras que nadie había visto; suponía en el general y sus
+colaboradores órdenes que nadie había dado; explicaba el presente con
+arreglo á mis lecturas pasadas, y siempre encontraba el medio de
+emparentar la batalla reciente con alguna de las de la juventud de
+Bonaparte. No había miedo de que alguien protestase escandalizado.
+
+--¡Este Maltrana!--oía decir á mis espaldas--. ¡Lo que sabe!... ¡Lo que
+ha leído!...
+
+Y, por el momento, no me daban cosas de más provecho que tales elogios y
+un amplio permiso para apropiarme lo ajeno. Pero esto último no
+representaba gran cosa, por ir yo acompañado de gentes listas, que, al
+ser del país, siempre llegaban antes allí donde había algo que coger.
+
+Cuando triunfamos, y los jefes del ejército revolucionario ocuparon la
+presidencia de la República, los ministerios y demás sitios públicos, mi
+suerte empezó á afirmarse. Escribí en los diarios del nuevo gobierno
+cuando había que insultar á los enemigos ó hacer al país brillantes
+promesas.
+
+¡El dinero que gané en aquellos tiempos, no muy lejanos, pero que me
+parecen ya remotísimos!...
+
+Tenía serios adversarios. La mayor parte de los generales eran hombres
+que no vacilaban ante ningún obstáculo. De «rancheros» ó bohemios de la
+ciudad, se habían convertido en generales heroicos. ¿Por qué no podían
+ser igualmente escritores?...
+
+Como Julio César después de sus campañas, cada uno de ellos quiso
+escribir sus _Comentarios_. Pero César no escribía, dictaba, y sin duda
+por esto, los más de ellos me tomaron como secretario, confiándome sus
+hechos heroicos para que los realzase con la música de mi estilo.
+Además, cobraba todos los meses una subvención en cada uno de los
+diversos ministerios, para tomar fuerzas y poder llevar adelante la
+magna y voluminosa obra que estaba escribiendo sobre la revolución
+triunfante.
+
+¡Lástima que la última revuelta militar haya matado este libro antes de
+nacer! Ustedes saben que yo he cultivado la paradoja, como único pan que
+me nutre. Pues bien; esta obra iba á ser la mejor de todas las mías.
+
+Comparaba en ella á Wáshington con nuestro presidente, é inútil es decir
+quién de ellos quedaba sobre el otro. Luego establecía un paralelo
+crítico entre el ataque de Cerro Pelado y la batalla de Arcole; la
+sorpresa del Barranco de los Santos y la batalla de Austerlitz; y así
+seguía comparando otras acciones de guerra, hasta conseguir que el
+«corso de los cabellos lacios» (¡siempre Napoleón!) quedase al nivel de
+mis sabios caudillos de machete al cinto y lazo de cuerda formando rollo
+en el arzón de la silla.
+
+El final del libro era lo mejor: una demostración clarísima de que la
+civilización de los Estados Unidos resulta inferior á la civilización
+mejicana, y debe ser vencida por ésta, para bien de los mismos yanquis.
+Así trabajarán menos, no necesitarán tanto dinero para vivir, conocerán
+mejor la alegría de la existencia.
+
+Les aseguro á ustedes que es una lástima que hayan sido arrojados del
+gobierno mis protectores y no quede allá quien me subvencione para
+terminar el libro. ¡Un verdadero éxito! Traducido al inglés, se hubiesen
+vendido centenares de ediciones. ¡Esta gente de Nueva York gusta tanto
+de libros que la hagan reir!...
+
+Pero no se impacienten ustedes. Adivino en sus ojos lo que piensan: «el
+automóvil del general». Desean saber qué general es el de mi historia y
+por qué su automóvil me cierra el camino para volver á Méjico.
+
+A ello vamos, amigos míos.
+
+
+
+
+III
+
+
+De todos los personajes que conocí en el período de la guerra, el que
+demostró mayor interés por mi persona y me protegió más eficazmente fué
+el general Castillejo.
+
+En sus momentos de efusión amistosa, que eran muy raros, me llamaba
+Maltranita, y eso que yo podía ser casi su padre, ó cuando menos un
+hermano muy mayor. Este general (uno de los consejeros más íntimos y
+escuchados del presidente) sólo tenía veintisiete años. Es cierto que
+los otros generales y ministros no eran, ordinariamente, de mayor edad.
+Cuando el viejo Carranza reunía los primeros funcionarios y héroes de la
+República, parecía un director de colegio pasando examen á sus
+discípulos.
+
+Castillejo es pequeño de cuerpo, nervioso y ágil, con un color moreno
+ardiente que se aproxima al tono del chocolate con leche. Lo más notable
+en él son los ojos, brillantes y autoritarios cuando quiere mirar de
+frente, lo que ocurre pocas veces. Su vista parece siempre fugitiva,
+como si la distrajera algún mal pensamiento. Sus cejas oblicuas y su
+cutis obscuro se armonizan poco con su ángulo facial, abierto y europeo.
+Es, como muchos de nuestra América, el resaltado de tres orígenes:
+indio, africano y español.
+
+Sus amigos le tenían en alto concepto, hablando de él con admiración y
+miedo.
+
+--¡Un hombre de cuidado!... No conviene tenerlo de enemigo. ¡Sabe
+mucho!...
+
+Además, quitaba y ponía ministros, daba mandos en el ejército á los
+compañeros que le seguían ciegamente, y obligaba á salir del país á sus
+adversarios ó los enviaba á ciertas provincias de la costa del golfo de
+Méjico, donde la gente de las altas mesetas puede contraer enfermedades
+de muerte.
+
+Sus enemigos recordaban la facilidad con que había fusilado durante la
+guerra á los prisioneros. Pero ¿quién puede hacer el balance de los
+fusilamientos ordenados allá por unos y por otros? ¡He visto tantos!...
+¡Cuesta tan poco dar una orden que suprime á un hombre!...
+
+Nunca tuve con él motivos de queja. ¡Excelente muchacho! Hasta creo que
+me admiraba un poquito á causa de mi pluma, y eso que era incapaz de
+admirar á nadie, convencido como estaba de que la presidencia de la
+República le correspondía de derecho. Pero aún no creía llegado el
+momento de ocuparla.
+
+Nuestra intimidad dató de un libro que escribí para él después de la
+guerra: _Historia de la división del Oeste_. Esta división era la horda
+á caballo que había mandado mi general Castillejo. Inútil es decir que
+la tal división lo había hecho todo, y á ella se debía únicamente el
+triunfo revolucionario.
+
+Lo malo es que yo mismo, con esta mano pecadora, había escrito también
+la _Historia de la división del Este_, y la del Norte, y la del Sur, y
+la del Centro, y cada una de estas divisiones era la mejor entre todas y
+lo había hecho todo, y los demás generales no habían servido mas que de
+estorbo.
+
+Pero como estos libros iban firmados por sus respectivos héroes, y cada
+uno callaba mi nombre, Castillejo apreció su historia como la mejor de
+todas, paladeando las hermosuras de mi estilo lo mismo que si le
+perteneciesen.
+
+Andaba muy ocupado en la elección del nuevo presidente. El gobierno
+surgido de la revolución deseaba dos cosas á la vez: hacer unas
+elecciones que pareciesen legales y sacar triunfante de ellas al
+candidato que tenía escogido, y á nadie más. Varios generales se
+presentaban también como candidatos, amenazando con hacer una revolución
+si no salían triunfantes. Todos hablaban de legalidad y de respeto á la
+ley, al mismo tiempo que se llevaban una mano al costado para
+convencerse de que tenían el revólver listo. Y el país, fatigado de diez
+años de revolución, les dejaba hablar, deseando en el fondo de su ánimo
+que se matasen entre ellos, pero dispuesto á votar por el gobierno ó por
+el general que derribase al gobierno. La única manera de vivir seguro en
+aquella tierra es irse con el que manda.
+
+Mi general era el hombre de confianza del presidente y el sostenedor de
+la candidatura patrocinada por éste. Como los otros aspirantes á la
+presidencia pertenecían al ejército, la candidatura gubernamental usaba
+el título de «antimilitarista». Castillejo y otros compañeros de
+generalato, que habían fusilado centenares de hombres, quemado
+estaciones y pueblos, y vivían en plena paz con la misma violencia que
+cuando hacían la guerra, pronunciaban discursos sobre discursos,
+cantando las excelencias de ser gobernados por un «civil» y la necesidad
+de terminar con el militarismo.
+
+Yo combatía con la pluma, siguiendo las órdenes de mi jefe. En Méjico es
+más fácil este trabajo que en otras partes. Cuenta uno con el argumento
+precioso de «la intervención norteamericana». El periodista que defiende
+al gobierno puede describir á los hombres de la oposición como «malos
+patriotas, que con sus insurrecciones provocan la anarquía y hacen
+inevitable una invasión de los norteamericanos para el restablecimiento
+del orden». Y á su vez, los escritores de la oposición, al atacar al
+gobierno, afirman que éste comete tales atrocidades, que, «al final, los
+Estados Unidos tendrán que intervenir para derrocar su tiranía». Sin el
+fantasma de la intervención norteamericana, ¿quién podría escribir en
+Méjico?...
+
+Además, hay otro recurso de éxito seguro. Cuando no se sabe qué decir de
+un enemigo político, ó cuando se recibe el encargo de insultar á alguien
+que ha pintado el país tal como es, se emplea siempre la misma injuria:
+«Vendido al pérfido oro yanqui.» ¡Y qué inagotable resulta el tal oro!
+Todos los días hay alguien que se vende á él por enormes cantidades. Si
+se suman los millones, tal vez no quepan en la Tesorería Federal.
+
+Y lo más gracioso es que los que escriben esto piensan al mismo tiempo:
+«¿Dónde demonios estará la puerta de la oficina en la que se hacen tales
+compras?... ¿Quién será el encargado de recibir á los que desean
+venderse?...»
+
+Yo mismo, queridos amigos, quisiera saber si ustedes, por ser más viejos
+en la tierra yanqui, están enterados de á qué personaje hay que
+dirigirse en Wáshington para dicho asunto. ¡Me gustaría tanto estar
+enterado!...
+
+Pero ¿callan ustedes?... ¿No saben qué decir?... Sigamos con nuestro
+general.
+
+Siempre que leía uno de mis artículos contra los enemigos de la
+candidatura del gobierno, celebraba con entusiasmo los insultos más
+atroces.
+
+--¡Qué pluma la suya, Maltranita!... ¿Cómo pagarle sus servicios á la
+buena causa?
+
+Muy fácilmente; yo no podía aspirar á una legación diplomática ni á un
+ministerio cuando triunfase nuestra candidatura; eso quedaba para los
+mejicanos. Mis aspiraciones eran más modestas.
+
+--Me contento, mi general, con que me envíe usted á Nueva York cuando
+vaya allá una comisión á hacer compras para el gobierno. Lo mismo da que
+compren autocamiones, máquinas de escribir, zapatos ó papel para las
+oficinas. Sólo pido ser el agente comprador de la comisión. Me doy por
+satisfecho con el diez por ciento. ¿Que adquieren por un millón?... Cien
+mil dólares para mí. ¿Que compran por valor de dos?... Pues doscientos
+mil. Con eso me retiro á España y dejo de escribir, aunque lloren de
+pena las nueve Musas.
+
+Castillejo juzgaba mediocres mis pretensiones. Ahora trabajaba por hacer
+presidente á un amigo. Luego le tocaría á él. Sólo tenía que esperar yo
+cuatro años, y entonces me daría lo que desease.
+
+¡Esperar en un país donde mueren de una manera trágica cuatro
+presidentes en sólo diez años!... No; prefería que me diesen
+inmediatamente el modesto cargo de comprador en Nueva York.
+
+Pero Castillejo no estaba para fijarse en mi escepticismo; cada día se
+mostraba más preocupado por el éxito de su campaña electoral. ¡Cosa
+rara! No le inquietaban los generales candidatos que parecían próximos á
+sublevarse contra el gobierno. El objeto de sus preocupaciones era un
+joven, casi de su edad, el ingeniero Taboada, que se había educado en
+los Estados Unidos y tenía la pretensión de exigir que se implantase de
+golpe en Méjico todo el sistema democrático, con su respeto á la ley y á
+las opiniones ajenas, que había conocido en la vecina República.
+
+Sin más apoyo que unos cuantos amigos tan ilusos como él, presentaba su
+candidatura á la presidencia, afirmando que era la «única candidatura
+civil».
+
+--¡Pero si ese muchacho es un loco!--decía yo, extrañado de la
+preocupación de Castillejo--. ¡Si no puede juntar más allá de un
+centenar de votos!... Ya que usted le hace el honor de tenerle en
+cuenta, voy á demolerlo con un artículo. Diré que está vendido á los
+Estados Unidos y por eso pretende implantar entre nosotros las
+costumbres y sistemas de allá. Voy á demostrar que ha recibido tres
+millones de Wáshington para su candidatura.... Si le parecen poco,
+escribiré cinco millones. Da lo mismo. ¡Con decir que yo he visto con
+mis ojos cómo los recibía!...
+
+Y escribí esto, y otras cosas. Necesitaba no quedarme á la zaga de los
+periodistas del país, que me vencían muchas veces en la invención de
+estupendas mentiras.
+
+Pero noto que se impacientan ustedes. ¡Calma! Ahora sí que llegamos de
+veras al automóvil del general.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Algunos de los allegados á Castillejo se mostraban terribles en sus
+ofrecimientos.
+
+--General, ya que le estorba tanto ese ingenierillo, no tiene mas que
+darnos una orden. Es lo más fácil librarse de él.
+
+¡Como si el general necesitase de tales consejos! Eran muchos los que
+habían desaparecido misteriosamente de la existencia diaria, y los
+calumniadores pretendían que únicamente Castillejo podía saber dónde
+estaban. Todos debajo del suelo.
+
+--¡Qué disparate!--protestaba el general--. Los candidatos militares
+atribuirían al gobierno la muerte de Taboada; la gente que ahora se ríe
+de él lo veneraría como un mártir. No; dejemos de pensar en ese hombre.
+
+Y yo adivinaba que seguía pensando en él, con su gesto reconcentrado é
+inquietante que hacía decir á las gentes: «Castillejo, muy malo como
+enemigo.»
+
+Uno de los amigotes que le acompañaban en sus francachelas nocturnas me
+reveló el secreto.
+
+--Lo que sufre el general son unos celos que le tienen loco, lo mismo
+que un dolor de muelas. Ahora, Olga del Monte adora al ingeniero.
+
+Esta Olga del Monte era la Aspasia de la revolución mejicana. Hija de
+una familia distinguida de la capital, sus excesos imaginativos y reales
+habían acabado por arrastrarla á una vida que era la vergüenza de su
+parentela. Iba teñida de rojo escandalosamente, en un país donde las más
+de las mujeres son morenas. Había pasado una temporada en París á
+expensas de varios protectores, lo que imponía un irresistible respeto á
+los jóvenes centauros de la revolución, ignorantes de toda tierra que no
+fuese la suya. Además, tocaba el piano y el arpa, suspiraba romanzas
+mejicanas y fabricaba versos.... Tenía de sobra para traer como locos á
+todos los generales mozos. Algunos de ellos, á pesar de sus
+declamaciones contra el derecho de propiedad y contra las desigualdades
+de clase, lo que más apreciaban en Olga era su origen. Les producía
+confusión y orgullo á la vez pensar que eran amigos y protectores de una
+hija de gran familia de la capital, cuando hacía pocos años figuraban
+aún como jornaleros del campo ó vagabundos en lejanas provincias.
+
+Regalos cuantiosos llovían sobre ella. Los vencedores mostraban la misma
+generosidad de los bandidos después del reparto de un botín fácilmente
+conquistado. Olga se tomaba á veces el trabajo de desfigurar las joyas
+robadas. En otras ocasiones lucía los ricos despojos tal como se los
+habían dado, y las gentes señalaban sus brillantes, sus esmeraldas y sus
+perlas, nombrando á las verdaderas dueñas de estas alhajas. Eran señoras
+del régimen anterior derrumbado por la revolución, que andaban ahora
+fugitivas por el extranjero.
+
+Mi general, que tenía un alma puerilmente romántica, se mostraba
+orgulloso de haber vencido á varios compañeros de profesión. Él era
+ahora el único que podía considerarse dueño de esta poética criatura. La
+abrumaba con sus presentes; había trasladado de su casa á la de la
+hermosa todo lo recogido cuando entró en la ciudad de Méjico al frente
+de su división del Oeste, ¡y bien sabe Dios que Castillejo no era tonto
+ni perezoso para esta clase de trabajos!
+
+Pero la vaporosa criatura, harta sin duda de las magnificencias del
+saqueo, quería mostrarse ahora desinteresada, prefiriendo á los hombres
+pobres y perseguidos, sin duda porque todos los que la rodeaban eran
+ricos, fanfarrones é insolentes. Y por esta necesidad de cambio y de
+contraste, abandonó á nuestro general, enamorándose de Taboada.
+
+El ingeniero era débil de cuerpo, dulce de maneras, odiaba á los
+soldadotes, hablaba de la regeneración de los caídos y del advenimiento
+de los pobres al poder. Además, los triunfadores se reían de él y tal
+vez lo matasen el día menos esperado. ¿Qué héroe más interesante podía
+encontrar una mujer de sentimientos sublimes y «mal comprendidos», como
+se creía esta muchacha?...
+
+En vano Castillejo apeló á las seducciones del gobernante para vencer su
+desvío. Él haría que el presidente la enviase á Nueva York y luego á
+París, con un cargamento de grandes sombreros mejicanos, trajes
+vistosos y cien mil pesos al año, para que cantase y bailase á estilo
+del país en los principales teatros. Iba á ser casi un personaje
+oficial; haría propaganda mejicana por el mundo. ¡Quién sabe si la
+historia patria hablaría alguna vez de ella con agradecimiento!... Pero
+Olga contestó negativamente. Prefería á su ingeniero. É igualmente fué
+rehusando otras proposiciones no menos productivas y honoríficas.
+
+Los consejeros de Castillejo seguían, mientras tanto, insinuándole su
+remedio dulcemente.
+
+--¡Si usted quisiera, mi general!... Una palabrita nada más, diga una
+palabrita, y no volverá á estorbarle ese mozo.
+
+Pero Castillejo protestaba con una bondad que metía miedo. La alarma de
+su recta conciencia era para espeluznar á cualquiera.
+
+--¡Que nadie toque á ese hombre!--decía--. Ninguna mano humana debe
+ofenderle. Supondría, en caso de agresión, que yo ó el gobierno habíamos
+dado la orden. ¡Lo declaro sagrado!...
+
+Y escuchándole, pensaba que, si mi protector quería declararme «sagrado»
+con la misma voz y poniendo los mismos ojos, consideraría oportuno tomar
+el primer tren que saliese para la frontera de los Estados Unidos.
+
+Los incidentes de la campaña electoral hicieron que Castillejo olvidase
+á Olga. Pero no podía olvidar igualmente al ingeniero.
+
+Seguido de sus apóstoles (dos docenas de inocentes, poseedores de una
+audacia loca), Taboada iba pronunciando discursos contra el gobierno,
+que pretendía imponer á la fuerza su candidato, y contra los otros
+candidatos, generales que no valían más que su contrincante. Él era el
+«único político civil» capaz de implantar el régimen democrático. Pero
+nadie le escuchaba, y si la muchedumbre, en calzoncillos y cubierta con
+enormes sombreros, le oía alguna vez, era para interrumpir sus discursos
+llamándole «yanqui», «mal mejicano», «traidor» y otras cosas por el
+estilo.
+
+Ahora, amigos míos, sí que van á conocer ustedes de veras el automóvil
+del general. Ya entra en escena. ¡Atención!
+
+
+
+
+V
+
+
+Lo había traído Castillejo de los Estados Unidos para las necesidades de
+la campaña electoral. Poseía muchos. ¿Qué caudillo mejicano carece de
+automóvil?... Los más de ellos hasta tienen un coche-salón para viajar
+por las vías férreas. ¡Lo que puede importarles media docena de
+automóviles, cuando, al principio de la revolución, sólo necesitaban
+entrar, pistola en mano, en un _garage_ para llevarse lo mejor de él!...
+
+Castillejo no podía sufrir que lo comparasen con sus rústicos camaradas
+de generalato. Es un hombre de progreso, casi un sabio. Admira á los
+Estados Unidos por las armas de fuego y los automóviles que se fabrican
+aquí. Esto no es mucho, pero es algo. Para ser general mejicano no
+resulta indispensable conocer la existencia de Edgardo Poe y de Emerson.
+
+--Pero ¿ha visto usted--me decía--qué joyas tan bellas producen esos
+_gringos_?
+
+La joya bella era el automóvil recién llegado: una máquina esbelta,
+ligera, incansable, como un corcel de ensueño. No quiero decir la marca.
+Creerían ustedes que estoy pagado por la casa constructora. Baste decir
+que era un gran automóvil, el mejor de los Estados Unidos, y no añado
+más. Yo lo admiraba tanto como mi general.
+
+Muchas noches, antes de dejarme en la redacción de su periódico para que
+escribiese el artículo, Castillejo me paseaba por las principales calles
+de Méjico, mejor dicho, por la única avenida que, con diversos nombres y
+variable anchura, se extiende varios kilómetros, desde la vieja plaza
+donde está el palacio del gobierno hasta el Parque de Chapultepec.
+
+Ustedes saben cómo son de noche las calles de Méjico: no hay ciudad en
+el mundo mejor alumbrada y con menos gente.
+
+Los focos eléctricos brillan formando racimos, para iluminar una soledad
+de desierto. Cree uno deslizarse por una de esas ciudades de _Las mil y
+una noches_, donde todo ha quedado inmóvil y dormido por obra de
+encantamiento.
+
+En los primeros años de la revolución este silencio era amenizado de vez
+en cuando con agradables diversiones. Los oficiales corrían las calles
+en automóviles de alquiler, disparando sus revólveres. Se tiroteaban de
+unos carruajes á otros. ¡Asunto de divertirse un poco!...
+
+Ahora, con los preparativos electorales, no había tiros; pero la gente
+se metía en sus casas más pronto que nunca, presintiendo que iba á
+surgir una revolución.
+
+Los escasos transeúntes veían pasar, de Chapultepec á la gran plaza y de
+la gran plaza á Chapultepec, el carruaje del general partiendo el aire
+lo mismo que una flecha, como si en realidad tuviese prisa en llegar á
+alguna parte. «¡Ahí va Castillejo!», se decían con respeto y miedo. Y si
+se atrevían á insultar á alguien con su pensamiento, era al extranjero,
+al miserable _gachupín_ Maltrana, sentado en el sitio de honor.
+Castillejo prefería siempre la parte delantera. Unas veces empuñaba el
+volante, otras se mantenía al lado de su chófer, un indiazo de ojos
+feroces y sonrisa boba que manejaba el vehículo con una autoridad
+natural, como si el automovilismo datase de los tiempos de Moctezuma.
+
+Nunca he creído tanto en la fidelidad de los presentimientos como cierta
+noche que intenté negarme á acompañar al general en su paseo nocturno.
+Es verdad que Castillejo no parecía el mismo. Iba con gorra de viaje y
+un grueso gabán, cuyo cuello le tapaba media cara. Tenía en los ojos un
+brillo agresivo. Su aliento olía á alcohol, circunstancia
+extraordinaria, pues el general es sobrio.
+
+No pude excusarme con mi trabajo. Eran las once, y Castillejo había
+esperado á que terminase mi artículo.
+
+--Suba--me ordenó con aspereza, lo mismo que si mandase á su
+horda-división.
+
+Y subí para verme solo en el fondo del automóvil, pues él continuó al
+lado de su chófer.
+
+Aún siento orgullo y angustia al recordar cómo fuí presintiendo
+confusamente lo que iba á ocurrir.
+
+Me arrepentí de inspirar tanto interés á Castillejo. Este bárbaro iba á
+hacer algo terrible y quería que yo lo presenciase. Necesitaba mi
+emoción como un aplauso.
+
+Empecé á pensar en el ingeniero, luego en Olga, y fuí adivinando todos
+los actos de mi protector con algunos minutos de antelación. Casi fué un
+deporte agradable para mí ver cómo la realidad se iba plegando á mis
+inducciones.
+
+El automóvil abandonó las calles iluminadas, como yo había previsto.
+Luego, atravesando vías silenciosas y obscuras, entró en una barriada de
+edificios nuevos. Íbamos hacia la casa de Olga del Monte. Pero ¿qué
+interés tenía el general de mezclarme en sus rencores amorosos?...
+
+Se detuvo el vehículo en una avenida bordeada de copudos fresnos y
+anchas aceras. Los reverberos no eran tan numerosos como en el centro de
+la capital. La frondosidad de los árboles extendía una doble masa de
+sombra á lo largo de la calle, dejando tres fajas de luz crepuscular:
+una en medio, y las otras dos junto á las casas. El carruaje, al quedar
+inmóvil, apagó sus faros, lo mismo que un buque que ancla y desea
+permanecer inadvertido.
+
+Dos hombres con grandes sombreros de palma se acercaron al carruaje: dos
+mocetones de cara aviesa, que nunca había yo visto. Pero también los
+adiviné. Eran de los que esperaban del general «una palabrita nada más».
+Iban á suprimir, indudablemente, al ingeniero.
+
+El pobre Taboada estaría, sin duda, en aquellos momentos hablando á Olga
+de sus ilusiones y sus esperanzas, sin sospechar que la muerte le
+aguardaba en la calle.
+
+--Debéis mirarlo como persona sagrada--oí que decía el general en voz
+baja--. ¡Únicamente en caso de que escapase!...
+
+Se trastornó todo el edificio de suposiciones elevado por mi inducción.
+Si Taboada debía ser sagrado para aquellos hombres, ¿qué podían hacer
+con él?
+
+Miré repetidas veces hacia el lugar donde sabía que estaba la casa de
+Oiga, pero no alcancé á verla, pues me la ocultaban los árboles.
+
+El general abandonó el volante, cambiando de sitio con su chófer. La
+habilidad de éste le inspiraba, sin duda, más confianza que su propia
+habilidad. Hablaron en voz baja, al mismo tiempo que el indio
+acariciaba las llaves y palancas de la máquina con gruñidos de
+satisfacción.
+
+Yo no entiendo de automóviles; pero adivinaba en aquel carruaje un
+organismo maravilloso que iba á obedecer fielmente al espíritu maligno
+de sus conductores. Parecía muerto, sin el menor latido que denunciase
+su vida interior; pero bastaba un ligero movimiento de mano para que se
+estremeciese instantáneamente todo él, como un caballo que desea
+lanzarse á una carrera loca.
+
+--Prepárese á conocer algo primoroso, Maltranita--dijo Castillejo en voz
+queda, sin volver la cabeza--. Presenciará usted una caza nunca vista.
+
+Pero ¿qué necesidad tenía este demonio de general de hacerme ver cosas
+«primorosas»?...
+
+Pasaron cinco minutos, ó una hora, no lo sé bien. En tales casos no
+existe el tiempo.
+
+De pronto oí un ruido de voces broncas, una disputa de ebrios. Los dos
+hombres del sombrerón se querellaban bajo los árboles.
+
+Otro hombre pequeño surgió, un poco más allá, de la sombra proyectada
+por los fresnos, como si pretendiese atravesar la avenida, pasando á la
+acera opuesta.
+
+Mi agudeza adivinatoria volvió á romper el misterio con luminosas
+cuchilladas. Vi (sin verla en la realidad) la puerta de la casa de Olga
+abriéndose para dar salida al ingeniero. Éste titubeaba un poco al
+sentir que la puerta se había cerrado detrás de él, al mismo tiempo que,
+algunos pasos más allá, dos hombres, dos «pelados», empezaban á discutir
+de un modo amenazador, como si fueran á pelearse. ¡Mal encuentro!
+Taboada se llevaba una mano atrás, buscando el revólver, inseparable
+compañero de toda vida mejicana. Luego, deseoso de evitar el peligro,
+en vez de seguir á lo largo de la acera, atravesaba la avenida para
+continuar su camino por el lado opuesto....
+
+No pude pensar más. Me sentí sacudido violentamente de los pies á la
+cabeza por el brutal arranque del automóvil; me creí arrojado á lo alto,
+como si el carruaje, después de rodar sobre la tierra unos momentos, se
+elevase á través de la atmósfera.
+
+Perdí desde este momento la normalidad de mis sentidos, para no
+recobrarla hasta el día siguiente. Todo me pareció indeterminado é
+irreal, lo mismo que los episodios de un ensueño.
+
+Vi cómo el hombre intentaba retroceder, esquivando el automóvil salido
+repentinamente de la sombra. Pero el vehículo se oblicuó para alcanzarle
+en su retirada. Entonces pretendió avanzar lo mismo que antes, y la
+máquina perseguidora cambió otra vez de dirección, marchando rectamente
+á su encuentro.
+
+Todo esto fué rapidísimo, casi instantáneo, sucediéndose las imágenes
+con una velocidad que las fundía unas en otras. Sólo recuerdo el salto
+grotesco y horrible, un salto de fusilado, que dió la víctima al
+desaparecer bajo el automóvil con los brazos abiertos.
+
+El vehículo se levantó como una lancha sobre una pequeña ola. Pero esta
+ola era sólida, y su dureza pareció crujir.
+
+Miré detrás de mí instintivamente. Una sombra negra, una especie de
+larva, quedaba tendida sobre el pavimento. Se retorcía con dolorosas
+contracciones, lo mismo que un reptil partido en dos. Salían gemidos é
+insultos de este paquete humano que intentaba elevarse sobre sus brazos,
+arrastrando las piernas rotas.
+
+--¡Brutos!... ¡Me han matado!
+
+Pero instantáneamente dejé de verle. Apareció ante mis ojos el extremo
+opuesto de la avenida. El automóvil acababa de virar, con tanta
+facilidad, que caí sobre uno de sus costados, vencido por la brusca
+rotación.
+
+Se deslizaba de nuevo en busca del caído, y éste, al verle venir, ya no
+gritó. Tal vez el miedo le hizo callar; tal vez se imaginaba el infeliz
+que los del vehículo regresaban para darle auxilio, y enmudecía,
+arrepentido de sus exclamaciones anteriores.
+
+Ahora la ola fué más dura, más violenta. El automóvil se levantó como si
+fuera á volcarse, y hubo un chasquido de tonel que se rompe, estallando
+á la vez duelas y aros. Todavía viró el vehículo varias veces, con la
+horrible facilidad de su ágil mecanismo, pasando siempre por el mismo
+lugar. ¿Cuántas fueron las vueltas?... No lo sé. El obstáculo que
+encontraban las ruedas era cada vez más blando, menos violento; ya no
+lanzaba crujidos de leña seca.
+
+Al día siguiente todos los periódicos hablaron de la muerte casual del
+pobre Taboada cuando se dirigía á su domicilio. El suceso dió tema para
+declamaciones contra la barbarie de los automovilistas que marchan á
+toda velocidad por las calles, matando al pacífico transeúnte.
+
+El periódico nuestro hasta hizo el elogio fúnebre del ingeniero,
+declarando que «había que reconocer noblemente en este enemigo político
+á un hombre de talento, á un gran patriota lamentablemente
+desorientado».
+
+Y nada más.... A los pocos días nadie se acordó del infeliz.
+
+Otros sucesos preocupaban á la nación. Se sublevaron los generales
+candidatos, al convencerse de que no triunfarían legalmente. Muchos
+creyeron necesario traicionar al gobierno, para seguir una vez más las
+costumbres del país. El presidente fué asesinado, y yo, como primera
+providencia, me escapé á los Estados Unidos. Tiempo tendría de volver,
+cuando se aclarase la tormenta, para servir á los nuevos amos.
+
+Castillejo cayó prisionero, y aún está en la cárcel. Sus dignos
+camaradas de generalato le siguen no sé cuántos procesos de carácter
+político; pero lo peor es que, recientemente, han empezado a acusarle
+por el asesinato del ingeniero.
+
+Nadie cree ya en el accidente del automóvil. Parece que fueron muchos
+los que presenciaron lo ocurrido desde sus ventanas prudentemente
+entornadas. Tal vez lo vió uno nada más, y los otros hablan por agradar
+á los vencedores. ¡La soledad nocturna de las calles de Méjico!...
+Detrás de cada persiana hay ojos que sólo ven cuando les conviene; bocas
+mudas que sólo hablan cuando llega el momento oportuno.
+
+Ustedes creen, tal vez, que yo podría volver allá, sin ningún
+peligro.... En realidad, nada malo hice en dicho asunto, y aún me
+estremezco al recordar el susto que me dió el maldito general.
+
+Pero no volveré; pueden estar seguros de ello. Conozco á mis antiguos
+amigos. Castillejo es mejicano y sus acusadores también. Yo no soy mas
+que un extranjero, un español, un _gachupín_, y todos acabarían por
+ponerse de acuerdo para afirmar que fué Maltrana el que guiaba el
+automóvil.
+
+Noto también que les causa á ustedes cierta satisfacción el espíritu de
+justicia que demuestran los nuevos gobernantes al perseguir á Castillejo
+por su delito.
+
+Me asombro de su inocencia. ¡Pero si cualquiera de aquellos generales ha
+ordenado docenas de crímenes igualmente atroces!...
+
+No es justicia, es venganza; y más aún que esto, es envidia, amargura
+anta la superioridad ajena.
+
+Detestan á Castillejo porque les inspira admiración. Hablan de él como
+los pintores de una nueva manera de expresar la luz, como los escritores
+de las imágenes originales encontradas por un colega.
+
+Lo que más les irrita es que ya no podrán emplear sin escándalo el
+procedimiento del automóvil. Ha perdido toda novedad. ¡Y á cada uno de
+ellos le hubiese gustado tanto ser el primero!...
+
+
+
+
+UN BESO
+
+
+Esto ocurrió á principios de Septiembre, días antes de la batalla del
+Marne, cuando la invasión alemana se extendía por Francia, llegando
+hasta las cercanías de París.
+
+El alumbrado empezaba á ser escaso, por miedo á los «taubes», que habían
+hecho sus primeras apariciones. Cafés y restoranes cerraban sus puertas
+poco después de ponerse el sol, para evitar las tertulias del gentío
+ocioso, que comenta, critica y se indigna. El paseante nocturno no
+encontraba una silla en toda la ciudad; pero á pesar de esto, la
+muchedumbre seguía en los bulevares hasta la madrugada, esperando sin
+saber qué, yendo de un extremo á otro en busca de noticias, disputándose
+los bancos, que en tiempo ordinario están vacíos.
+
+Varias corrientes humanas venían á perderse en la masa estacionada entre
+la Magdalena y la plaza de la República. Eran los refugiados de los
+departamentos del Norte, que huían ante el avance del enemigo, buscando
+amparo en la capital.
+
+Llegaban los trenes desbordándose en racimos de personas. La gente se
+sostenía fuera de los vagones, se instalaba en las techumbres, escalaba
+la locomotora, Días enteros invertían estos trenes en salvar un espacio
+recorrido ordinariamente en pocas horas. Permanecían inmóviles en los
+apartaderos de las estaciones, cediendo el paso á los convoyes
+militares. Y cuando al fin, molidos de cansancio, medio asfixiados por
+el calor y el amontonamiento, entraban los fugitivos en París, á media
+noche ó al amanecer, no sabían adonde dirigirse, vagaban por las calles
+y acababan instalando su campamento en una acera, como si estuviesen en
+pleno desierto.
+
+ * * * * *
+
+La una de la madrugada. Me apresuro á sentarme en el vacío todavía
+caliente que me ofrece un banco del bulevar, adelantándome á otros
+rivales que también lo desean.
+
+Llevo cuatro horas de paseo incesante en la noche caliginosa. Sobre los
+tejados pasan las mangas blancas de los reflectores, regleteando de luz
+el ébano del cielo. Contemplo, con la satisfacción de un privilegiado, á
+la muchedumbre desheredada que se desliza en la penumbra lanzando
+miradas codiciosas al banco. El reposo me hace sentir todo el peso de la
+fatiga anterior. Reconozco que si los hulanos apareciesen de pronto
+trotando por el centro de la calle, no me movería.
+
+Una pierna me transmite su calor á través de una tenue faldamenta de
+verano. Me fijo en mi vecina, muchacha de las que siguen viniendo al
+bulevar por costumbre, pero sin esperanza alguna, pues el tiempo no está
+para bagatelas.
+
+Tiene la nariz respingada, los ojos algo oblicuos, y un hociquito
+gracioso coronado por un sombrero de cuatro francos noventa. El cuerpo
+pequeño, ágil y flaco, va envuelto en un vestido de los que fabrican á
+centenares los grandes almacenes para uniformar con elegancia barata á
+las parisienses pobres. Por debajo de la falda asoman unas pezuñitas de
+terciopelo polvoriento. Sonríe con un esfuerzo visible, frunciendo al
+mismo tiempo las cejas. Se adivina que es una mujer ácida, de las que
+«hacen historias» á los amigos; una especie de calamar amoroso, que
+esparce en torno la amarga tinta de su mal carácter.
+
+Conversa con una respetable matrona que vuelve llorosa de la estación de
+despedir á su hijo, que es soldado. Junto á ella está una hija de
+catorce años, mirando á la vecina con ojos curiosos y admirativos. Los
+que ocupan el resto del banco dormitan con la cabeza baja ó sueñan
+despiertos contemplando el cielo.
+
+La burguesa, al hablar, gratifica á la muchacha ácida con un solemne
+_Madame_. Hace un mes habría abandonado el asiento, á pesar de su
+cansancio, para evitarse tal vecindad. ¡Pero ahora!... La inquietud nos
+ha hecho á todos bien educados y tolerantes. París es un buque en
+peligro, y sus pasajeros olvidan las preocupaciones y rencillas de los
+días de calma, para buscarse fraternalmente.
+
+Sigo su conversación fingiéndome distraído. La madre es pesimista.
+¡Maldita guerra! Parece que las cosas marchan mal. Le van á matar al
+hijo; casi está segura de ello; y sus ojos se humedecen con una
+desesperación prematura. Los enemigos están cerca; van á entrar en París
+«como la otra vez».... Pero la joven malhumorada muestra un optimismo
+agresivo.
+
+--No, no entrarán, _Madame_.... Y si entran, yo no quiero verlo, no me
+da la gana; no podría. Me arrojaré antes al Sena.... Pero no; mejor será
+que me quede en mi ventana, y al primero que entre en la calle le
+enviaré....
+
+Y enumera todos los objetos de uso íntimo que piensa emplear como
+proyectiles. Vibra en ella la resolución absurdamente heroica de los
+insensatos gloriosos que protestan para hacerse fusilar.
+
+Algo pasa por la acera que interrumpe estos propósitos desesperados.
+Avanza lentamente un matrimonio de viejos: dos seres pequeñitos,
+arrugados, trémulos, que se detienen un momento, respiran con avidez,
+gimen é intentan seguir adelante. Ella, vestida de negro, con una capota
+de plumajes roídos por la polilla, se muestra la más animosa. Es enjuta
+y obscura; sus miembros, flacos y nudosos, parecen sarmientos trenzados.
+Se pasa de mano á mano una maleta que tira de ella con insufrible
+pesadez, encorvándola hacia el suelo.
+
+A pesar de su cansancio, intenta auxiliar al hombre, que es una especie
+de momia. Su cabeza de pelos ralos aún parece más grande moviéndose
+sobre un cuello cartilaginoso, del que surgen los ligamentos con duro
+relieve. Los dos son de una vejez extremada; parecen escapados de una
+tumba. Les atormentan los paquetes que intentan arrastrar; caminan
+tambaleándose, como la hormiga que empuja un grano superior á su
+estatura. En este cansancio aplastante se adivina un nuevo suplicio, el
+de ir vestidos con las ropas guardadas durante muchos años para las
+grandes ceremonias de la vida: ella con falda de seda dura y crujiente;
+él puesto de levita y paletó de invierno.
+
+El viejo deja caer el fardo que lleva en los brazos, y luego se desploma
+sobre este asiento improvisado.
+
+--No puedo más.... Voy á morir.
+
+Gime como un pequeñuelo. Su pobre cabeza de ave desplumada se agita con
+el hipo que precede al llanto.
+
+--Valor, mi hombre.... Tal vez no estamos lejos. ¡Un esfuerzo!
+
+La viejecita quiere mostrarse enérgica y contiene sus lágrimas. Se
+adivina que en la casa que dejaron á sus espaldas era ella la dirección,
+la voluntad, la palabra vehemente. Su diestra escamosa, abandonando á la
+otra mano todo el peso de la maleta, acaricia las mejillas del viejo. Es
+un gesto maternal para infundirle ánimo; tal vez es un halago amoroso
+que se repite después de un paréntesis de medio siglo. ¡Quién sabe! ¡La
+guerra ha despertado tantas cosas que parecían dormidas para siempre!...
+
+Yo me imagino el infortunio de esos dos seres que representan ciento
+setenta años. Son Filemón y Baucis, que acaban de ver su apergaminado
+idilio roto por la invasión. Tienen el aspecto de antiguos habitantes de
+la ciudad que han ido á pasar el resto de su existencia en el campo,
+dejándose cubrir por las petrificaciones ásperas y saludables de la vida
+rústica. Tal vez fueron pequeños tenderos; tal vez ganó él su retiro en
+una oficina. Cuando no existían aún los hombres maduros del presente, se
+refugiaron los dos en esta felicidad mediocre, en este aislamiento
+egoísta soñado durante largos años de trabajo: una casita rodeada de
+flores, con algunos árboles; un gallinero para ella, un pedazo de tierra
+para él, aficionado al cultivo de legumbres.
+
+Entraron en este nirvana burgués cuando los ferrocarriles eran menos aún
+que las diligencias, cuando la humanidad soñaba á la luz del petróleo,
+cuando un despacho telegráfico representaba un suceso culminante en una
+vida.... Y de pronto, el miedo á la invasión alemana, que suprime un
+pueblo en unas cuantas horas, les ha impulsado á huir de una vivienda
+que era á modo de una secreción de sus organismos. Luego se han visto en
+París, aturdidos por la muchedumbre y por la noche, desamparados, no
+sabiendo cómo seguir su camino.
+
+--Valor, mi hombre--repite la esposa.
+
+Pero tiene que olvidarse de su compañero para dar gracias, con una
+cortesía de otros tiempos, á alguien que le toma la maleta é intenta
+levantar al viejo.
+
+Es la muchacha ácida, que da órdenes y empuja con irresistible
+autoridad.
+
+Ahora reconozco que no lo pasará bien el primer hulano que entre en su
+calle. Con un simple ademán limpia de gente una parte del banco, para
+que se instalen con amplitud los dos ancianos.
+
+Queda espacio libre, pero yo me guardo bien de volver á sentarme. No
+quiero recibir un bufido con acompañamiento de varios nombres de
+pescados deshonrosos.
+
+Sin duda la presencia de estos viejos ha resucitado en la memoria de la
+muchacha la imagen de otros viejos largamente olvidados.
+
+La trémula Baucis da explicaciones. Dos días en ferrocarril. Han huído
+con todo lo que pudieron llevarse. Su última comida fué en la tarde del
+día anterior; pero esto no les aflige: los viejos comen poco. Lo que les
+aterra es el cansancio. Llegaron á las diez: ni un carruaje, ni un
+hombre en la estación que quisiera cargar con sus paquetes. Todos están
+en la guerra. Llevan tres horas buscando su camino.
+
+--Tenemos en París unos sobrinos--continúa la anciana.
+
+Pero se interrumpe al ver que Filemón se ha desmayado, precisamente
+ahora que descansa. Los curiosos del bulevar, que esperan siempre un
+suceso, se aglomeran en torno del banco. La protectora empuja é insulta,
+sin dejar de ocuparse de los viejos.
+
+--¿Y viven cerca los parientes?
+
+--Plaza de la Bastilla--contesta Baucis, que no sabe dónde está la
+plaza.
+
+Un murmullo de tristeza; un gesto de lástima. Todos miran el extremo
+del bulevar, que se pierde en la noche. ¡Tan lejos!... ¡No llegarán
+nunca! Circulan pocos automóviles; sólo de vez en cuando pasa alguno.
+
+Los brazos de la bienhechora trazan imperiosos manoteos; su voz intenta
+detener á los vehículos que se deslizan veloces. Carcajadas ó palabras
+de menosprecio contestan á sus llamamientos, y ella, indignada contra
+los chófers insolentes, da suelta al léxico de su cólera, intercalando
+con frecuencia la frase más célebre de Waterloo.
+
+Cuando transcurren algunos minutos sin que pasen vehículos, vuelve al
+lado de los viejos para animarlos con su energía. Ella los instalará en
+un carruaje; pueden descansar tranquilos.
+
+De pronto salta en medio del bulevar. Viene mugiendo un automóvil del
+ejército, desocupado y enorme, á toda fuerza de su motor. El soldado que
+lo guía cambia de dirección para no aplastar á esta desesperada que
+permanece inmóvil, con los brazos en alto.
+
+Su prudencia resulta inútil, pues la mujer, moviéndose en igual sentido,
+marcha á su encuentro. La multitud grita de angustia. Con un violento
+tirón de frenos, el automóvil se detiene cuando su parte delantera
+empuja ya á esta suicida. Debe haber recibido un fuerte golpe.
+
+El chófer, un artillero de pelo rojo y aspecto campesino, que lleva
+sobre el uniforme un chaquetón de caucho, increpa á la muchacha, la
+insulta por el sobresalto que le ha hecho sufrir. Ella, como si no le
+oyese, le dice con autoridad, tuteándole:
+
+--Vas á llevar á estos dos viajeros. Es ahí cerca, á la Bastilla.
+
+La sorpresa deja estupefacto al soldado. Luego ríe ante lo absurdo de la
+proposición. Va de prisa, tiene que entrar en el cuartel cuanto antes.
+Le grita que se aleje, que salga de entre las ruedas. Ella afirma que no
+se moverá, é intenta tenderse en el suelo para que el vehículo la
+aplaste al ponerse en marcha.
+
+El artillero jura indignado, tomando por testigos á los curiosos. Esto
+no es serio; le van á castigar; el cuartel...los oficiales.... Pero ella
+está ya en el pescante, inclinando hacia el conductor su rostro ceñudo,
+esforzándose por encontrar un gesto de graciosa seducción.
+
+--Yo te recompensaré. Llévalos y te daré un beso.
+
+Sonríe el soldado débilmente, mirándola á la cara para apreciar el valor
+del ofrecimiento. No es gran cosa, pero ¡qué diablo! un beso siempre
+resulta agradable.
+
+La gente ríe y palmotea, y la muchacha, mientras tanto, se aprovecha de
+esta situación para instalar á los viejos en el vehículo con todos sus
+paquetes.
+
+El chófer pone en movimiento su motor.
+
+--Gracias, _Madame_--dice lloriqueando Baucis, mientras Filemón articula
+gemidos de gratitud.
+
+Pero _Madame_ no les oye, ocupada en depositar dos besos sonoros en las
+mejillas del artillero, brillantes y ennegrecidas por la grasa de los
+engranajes. «Toma...toma.»
+
+Se aleja el automóvil y se deshacen los grupos. Las pezuñitas de
+terciopelo vuelven hacia el banco. Una de ellas cojea dolorosamente.
+Siento la tentación de besar también, de besar á la muchacha ácida; pero
+me inspira miedo.
+
+Temo que interprete torcidamente mis intenciones.
+
+
+
+
+LA LOCA DE LA CASA
+
+
+
+
+I
+
+
+Todos los viajeros, antes de abandonar la vieja ciudad de la Flandes
+francesa, oían la misma pregunta:
+
+--¿Ha visto usted al señor Simoulin?...
+
+No importaba que hubiesen invertido varias horas en la visita de la
+catedral, cuyas sombrías capillas están llenas de cuadros antiguos.
+Tampoco era bastante para conocer la ciudad haber recorrido sus iglesias
+y conventos de la época de la dominación española, así como las hermosas
+viviendas de los burgueses de otros siglos. El conocimiento quedaba
+incompleto si los curiosos prescindían de visitar el Museo-Biblioteca, y
+en él á su famoso director, que unos llamaban simplemente «el señor
+Simoulin», como si no fuese necesario añadir nada para que el mundo
+entero se inclinase respetuosamente, y otros designaban con mayor
+simplicidad aún, diciendo «nuestro poeta».
+
+De todas las curiosidades de la urbe flamenca, la más notable, la que
+indudablemente le envidiaban las demás ciudades de la tierra, era
+Simoulin, «nuestro poeta». En esto se mostraban acordes todos los
+vecinos y los tres periódicos de la población, completamente
+antagónicos é irreconciliables en las demás cuestiones referentes á la
+política municipal.
+
+Sin embargo, nadie podía enseñar la casa natalicia de esta gloria de la
+localidad. El gran Simoulin era del Sur de Francia, un meridional del
+país de los olivos y las cigarras, que había llegado siendo muy joven á
+la ciudad, para encargarse del Museo-Biblioteca en formación. Pero en
+ella había contraído matrimonio, en ella habían nacido sus hijos y sus
+nietos, y la gente acabó por olvidar su origen, viendo en él á un
+compatriota que era motivo de orgullo para la provincia.
+
+Un sentimiento de gratitud se unía á la general admiración. Gracias á
+Simoulin, el Museo se había llenado de objetos que acreditaban las
+pasadas glorias del país; gracias á «nuestro poeta», los fabricantes de
+cerveza y de paños, gentes ricas y de pocas letras, que constituían la
+aristocracia de la ciudad, podían hablar, sin miedo á equivocarse, de
+los obispos, guerreros y burgomaestres de otros siglos que
+indudablemente eran sus ascendientes.
+
+Además, el personaje imponía admiración con su aspecto. Los que le
+contemplaban por primera vez sonreían satisfechos. «Así se habían
+imaginado al grande hombre; no podía ser de otro modo.» Y parecían
+venerar con sus ojos las luengas barbas blancas, las dos crenchas de su
+cabellera, onduladas y brillantes como las vertientes de una montaña
+cubierta de nieve. De pie, perdía gran parte de su majestad, por ser
+pequeño de estatura y mostrarse agitado continuamente á causa de su
+inquietud nerviosa. Sentado en su Museo, recordaba al Padre Eterno, á
+pesar de las arrugas de su rostro y el mal color de su tez, impregnada
+del polvo de los libros y de las piezas arqueológicas.
+
+Cuando hablaba--y el gran Simoulin era incapaz de callar así que tenía
+un oyente--, su palabra parecía difundir en torno de él una aureola de
+prestigio histórico. Todas las celebridades de la segunda mitad del
+pasado siglo las había conocido el grande hombre. Recordaba como amigos
+de ayer á Víctor Hugo y á Gambetta. Con este último había tenido,
+indudablemente, cierto trato, cuando el futuro gobernante de la
+República andaba echando sus discursos de tribuno republicano por los
+cafés del Barrio Latino. Al grandioso poeta lo había visto una vez nada
+más, confundido en una comisión de estudiantes que fué á saludarle á la
+vuelta de su destierro en Guernesey. Pero esto sólo representaba á los
+ojos de los admiradores de Simoulin un detalle histórico insignificante,
+y todos repetían, con la firmeza del que dice la verdad:
+
+--Víctor Hugo, que fué íntimo amigo de nuestro Simoulin.
+
+De otras amistades hablaba el grande hombre con más exactitud. En el
+Barrio Latino había tenido por camaradas á Zola, á Daudet y á otros
+escritores de su generación. Esto era indiscutible. Podía enseñar cartas
+de todos ellos, cartas breves, de un afecto forzoso, pero en las que
+vibraba la nostalgia de la juventud, ya lejana; cartas que los hombres
+célebres contestan por deber á los camaradas de los primeros pasos que
+cayeron rendidos en la mitad del camino. Y los admiradores del director
+del Museo-Biblioteca repetían lo que tantas veces habían leído en los
+periódicos locales:
+
+--Hubiese sido el primer poeta del mundo, de querer seguir en París.
+Para él era la gloria que ahora disfrutan muchos con menos talento. Pero
+prefirió vivir entre nosotros....
+
+¡Cómo no adorar á un hombre que había hecho tal sacrificio en honor de
+la antigua y adormecida ciudad!...
+
+Todos en ella se esforzaban por corresponder á tal abnegación,
+haciéndole grata la existencia. El Consejo municipal atendía sus
+indicaciones con tanto respeto como el Colegio de cardenales escucha la
+voz del Papa. Aunque la ciudad no tuviese dinero, lo encontraba siempre
+para las mejoras de su Museo-Biblioteca. Los subprefectos enviados de
+París visitaban inmediatamente al grande hombre. Un presidente de la
+República, al pronunciar su discurso durante una permanencia de breves
+horas en la ciudad, había saludado á Simoulin como la más alta gloria de
+la región. Los industriales del país, que sólo aceptaban alianzas con
+gente de dinero, habían admitido como yernos á los hijos del poeta.
+
+Su gloria se extendía por toda la provincia como algo irresistible,
+reflejándose en las provincias limítrofes. En toda ceremonia oficial,
+los periódicos se cuidaban, ante todo, de anunciar: «Hablará el ilustre
+Simoulin.» Unas veces era un discurso patriótico; otras, una oda de
+circunstancias. Los organizadores de banquetes contaban con un medio
+seguro para evitar el fracaso: «A los postres, pronunciará un brindis
+nuestro poeta.» Y en pocas horas no quedaba un asiento disponible.
+
+Todos los que en la ciudad se sentían tentados por el demonio de la
+literatura acudían á la Biblioteca para pedir consejo al ilustre
+maestro. Los recibía como amigos antiguos, y, arrastrado por su
+vehemencia verbal, dejaba pronto de ocuparse de ellos para hablar de su
+propia persona.
+
+--Un día, el abuelo Hugo me dijo que....
+
+Por las tardes se reunían en su casa los admiradores de su ciencia
+histórica: varios señores retirados de la magistratura, del comercio ó
+de las armas, que en vez de entretenerse coleccionando sellos, se habían
+dedicado á la arqueología provincial.
+
+El discípulo preferido era el comandante Pierrefonds, un hombre corto de
+estatura, fornido, parco en palabras, de mal carácter, que gruñía á la
+menor contradicción bajo su recio bigote rojo y blanco. Tenía el gesto
+reconcentrado y amenazante de un perro feroz y mudo. Sólo el maestro
+Simoulin se atrevía á bromear con él. Vivía solitario, en una casa de
+las afueras, con una vieja ama de llaves y una colección de monedas
+antiguas, á la que pensaba dedicar el resto de su existencia de célibe.
+
+Se había retirado del ejército con verdadero placer al llegar á la edad
+reglamentaria, después de una serie de campañas coloniales penosas y sin
+gloria, que habían quebrantado su salud y agriado su carácter. Sólo le
+interesaba actualmente la numismática, y no reconocía otra grandeza
+humana que la de su eminente amigo y maestro. Su ambición era ser el
+primero de los «simoulinistas», y los que envidiaban su privanza,
+viéndole acompañar al grande hombre á todas partes, lo habían apodado
+«el dogo del poeta».
+
+Esta veneración no cegaba al rudo comandante hasta el punto de hacerle
+desconocer los defectos de su maestro. Pierrefonds era capaz de dejarse
+matar si le exigían una mentira á cambio de la existencia; nunca
+recordaba haber faltado á la verdad voluntariamente; ¡y, en cambio, su
+admirado maestro!...
+
+Dudaba el militar antes de definir la verdadera personalidad moral del
+ilustre Simoulin.... Lo mismo les ocurría á muchos de los discípulos. En
+la misma incertidumbre estaban sus hijos, su vieja esposa, todos los que
+le trataban de cerca.
+
+¿El poeta era un embustero?...
+
+No; no lo era. El que miente lo hace con un fin interesado, por orgullo
+ó por perjudicar á otro. Y el ilustre maestro no mentía; lo que hacía,
+simplemente, era ignorar la verdad, huir de ella cuando la encontraba al
+paso.... Y si le obligaban á mirarla de frente, la veía con unos ojos
+distintos á los ojos de los demás.
+
+Las cosas nunca eran para él como para los otros; siempre las
+contemplaba como quería que fuesen y no de acuerdo con la realidad.
+
+Además, carecía por completo del sentimiento de la medida, inclinándose
+á la exageración para aumentar ó disminuir las cosas. Unas veces hablaba
+de su ciudad como de una urbe igual á Londres ó Nueva York. Otras veces
+la compadecía cual si fuese una aldea. Las personas pasaban á ser en su
+apreciación semidioses ó monstruos; nada guardaba para él sus
+proporciones regulares: ni seres ni objetos.
+
+Uno de sus admiradores, antiguo juez aficionado á las disquisiciones
+filosóficas, había hecho su diagnóstico.
+
+--Tiene la enfermedad de muchos grandes hombres. Su peor enemigo es «la
+loca de la casa».
+
+Este era el apodo que el filósofo Malebranche había dado á la
+imaginación. Había días en que «la loca» dormía detrás de la frente, en
+el piso más alto de aquel edificio humano, y el poeta se mostraba tan
+razonable y justo en sus apreciaciones como un fabricante de paños de la
+localidad. Otras veces, la inquilina del cráneo se despertaba impetuosa,
+haciendo toda clase de cabriolas y extravagancias, y el ilustre maestro
+pasaba de golpe á vivir en un mundo quimérico, mientras su cuerpo se
+movía en este mundo terrenal. Sus ojos miraban, para ver lo que no veían
+los otros, sus manos poseían un tacto sobrenatural, mientras su boca iba
+emitiendo, con acento de sinceridad, errores y exageraciones
+equivalentes á grandes mentiras.
+
+El rudo Pierrefonds lamentaba estos excesos de «la loca de la casa»,
+pero no por ello compadecía á su maestro.
+
+--Todos los genios fueron así.
+
+Recordaba á Balzac y á otros escritores imaginativos, que poblaron su
+vida práctica de absurdas concepciones, aceptándolas como realidades.
+
+Además, ¡quién sabe si era «la loca de la casa» la que había hecho que
+este hombre del país de los olivos y las cigarras conquistase con tanta
+rapidez la vieja ciudad dormida y sin ensueños!...
+
+
+
+
+II
+
+
+La guerra vino á aumentar considerablemente la gloria de Simoulin.
+
+En un mes, su actividad muscular y su actividad mental funcionaron con
+más apresuramiento que durante varios años. Se le vió en todas partes:
+en la estación del ferrocarril despidiendo á los hombres que iban á
+incorporarse á sus regimientos; en el paseo principal, donde, al caer la
+tarde, entonaban las músicas himnos patrióticos coreados por la
+muchedumbre. La gente interrumpía sus cantos al ver las blancas melenas
+del poeta. «¡Que hable el señor Simoulin!», gritaban mil voces. Y al
+poco rato lloraban las mujeres, rugían de entusiasmo los hombres que aún
+no habían ido al ejército, y hasta las banderas tricolores parecían
+aletear con más fuerza, como azotadas por el vendaval patriótico del
+lírico orador.
+
+Cruzaba los brazos lo mismo que Napoleón después de una victoria; otras
+veces manoteaba y rugía igual á Dantón al declarar la patria en peligro.
+Los más grandes personajes históricos pasaban por él, y de tal modo se
+identificaba con sus evocaciones, que Simoulin era el primer engañado.
+Prometía el triunfo con la certidumbre de un gran estratega capaz de
+derrotar á los enemigos cuando se lo propusiese; hacía llorar á su
+público con una sugestión irresistible, pero él era el primero en verter
+lágrimas, conmovido por su propia elocuencia al describir la injusta
+agresión que sufría la patria.
+
+Esta vida imaginativa y elocuente duró sólo unas semanas. Simoulin se
+mostraba insensible á las malas noticias. Eran, según él, invenciones de
+los enemigos. Pero ¡ay! la realidad se encargó de despertarle un día,
+con rudo manotazo. Los alemanes se habían extendido por Bélgica é iban á
+pasar de un momento á otro la vecina frontera, entrando en Francia.
+Muchos vecinos de la ciudad huían. Algunos burgueses prudentes
+insinuaron al poeta la conveniencia de retirarse á París, por creer que
+el gobierno necesitaría la colaboración de un hombre tan célebre.
+
+--¡Que vengan los enemigos!--contestó con sencillez--. Aquí los aguardo.
+
+Sus hijos estaban en el ejército; las mujeres de la familia se habían
+ido á una ciudad del interior con todos los nietos. Simoulin,
+completamente solo, se consideraba preparado para toda clase de
+heroísmos.
+
+--Yo también--le había dicho Pierrefonds.
+
+El comandante consideraba una felonía abandonar la ciudad. Al declararse
+la guerra, había sufrido una amarga decepción viendo que no lo
+aceptaban para combatir en el frente, á causa de sus enfermedades de
+antiguo soldado colonial. Al fin, para que no insistiese en sus quejas,
+lo hicieron director de un modesto servicio de administración militar en
+la misma ciudad.
+
+--Mientras el ministro de la Guerra no me ordene otra cosa, aquí estaré.
+
+Y como el ministro de la Guerra, preocupado por el avituallamiento y la
+suerte de los ejércitos en retirada hacia el Marne, no se acordó de que
+exista en el mundo un comandante Pierrefonds encargado de unos cuantos
+centenares de capotes viejos, el belicoso numismático pudo ver desde una
+ventana de su casa cómo llegaban á la ciudad los primeros pelotones de
+hulanos.
+
+El ama de gobierno tuvo que arrodillarse ante él, abrazando sus piernas
+y recordándole las dulces intimidades de otros tiempos ya olvidados.
+Sólo así consiguió arrancar de sus manos el viejo revólver con el que
+pretendía recibir á tiros á los invasores. Por su culpa podían morir
+fusilados muchos vecinos de la ciudad, según afirmaba su vetusta
+compañera. Además, se acordó de los consejos del maestro:
+
+--Pierrefonds, cuando vengan (si es que vienen), mostrémonos grandes y
+altivos en la desgracia. Un heroísmo que se sacrifica es muchas veces
+más poderoso que el heroísmo que vence.
+
+El ilustre Simoulin tuvo numerosas ocasiones de conocer este sacrificio
+predicado por él. Cuando intentó presentarse á los generales invasores
+para formular una elocuente protesta contra los atropellos cometidos por
+sus tropas, sólo pudo ver á un oficial, que le contestó sarcásticamente,
+acabando por amenazarle con el fusilamiento. Nadie hacía caso de su
+nombre; aquellos guerreros vestidos de gris verdoso parecían oirlo por
+primera vez. Los hijos del país que meses antes rodeaban al poeta con
+su cariñoso entusiasmo no podían servirle ahora de consuelo. Unos
+estaban en la guerra; otros habían huído; los demás sufrían en la ciudad
+toda clase de vejaciones, y para evitarlas, se mantenían ocultos en sus
+casas.
+
+El poeta sufrió el tormento del hambre y el suplicio aún más intolerable
+de la humillación. ¡Quién hubiese podido reconocer á los pocos meses de
+tiranía alemana al ilustre director de la Biblioteca!... Parecía haber
+vivido diez años en unas cuantas semanas. Estaba triste. «La loca de la
+casa» había abandonado indudablemente aquel desván de su cuerpo en el
+que tantas cabriolas llevaba hechas.
+
+Al encontrarse con algún grupo de míseros compatriotas, intentaba
+reanimarlos lo mismo que cuando hablaba en la plaza pública bajo el
+aleteo de las banderas, coreado por trompetas y tambores.
+
+--Esto pasará pronto. He recibido magníficas noticias, que no puedo
+decir.... ¡Los nuestros se aproximan!
+
+Pero su voz tenía el sonido de una moneda falsa. Necesitaba engañarse á
+sí mismo para hablar con el entusiasmo de otros tiempos, y «la loca de
+la casa» ¡ay! parecía haber muerto.
+
+Un día, los alemanes, aburridos sin duda de repetir monótonamente los
+mismos procedimientos de intimidación--quema de edificios,
+fusilamientos, trabajos forzados--, pusieron en práctica un nuevo
+suplicio. La esclavitud del vencido, castigo de las guerras antiguas,
+fué resucitada por los invasores. Una parte del vecindario se vió
+deportada al interior de Alemania para trabajar las tierras del
+vencedor.
+
+Viejos, mujeres y adolescentes formaron una masa de desesperación y
+miseria, encuadrada por los caballos y las lanzas de los jinetes
+alemanes. Al frente de este rebaño de esclavos figuraban, para mayor
+escarnio, los dos vecinos más respetables que habían quedado en la
+ciudad: Simoulin y su discípulo Pierrefonds.
+
+--Comandante--dijo el poeta una vez más--, piense que el heroísmo que se
+sacrifica es más grande, etc....
+
+Le daba miedo el aspecto del veterano. Tenía los ojos inyectados de
+sangre; bufaba de cólera, haciendo temblar su bigote. Parecía no oír á
+su maestro. Pensaba por primera vez que había sido una gran torpeza no
+moverse de la ciudad. Envidiaba á los que podían morir en el frente.
+«¡El comandante Pierrefonds llevado en cuadrilla, como un esclavo
+negro!... ¡Ira de Dios!»
+
+Había pasado los días oculto en su casa, para no ver á los invasores. Su
+ama de llaves le evitaba toda salida, temiendo que hiciese un disparate.
+Pero ahora los tenía ante sus ojos; podía verlos de cerca....
+
+No eran muchos: un destacamento de infantería y unas cuantas parejas de
+hulanos iban á escoltar á los deportados hasta otra estación algo
+lejana.
+
+Un jefe único vigilaba desde lo alto de su caballo los preparativos de
+marcha de este rebaño dolorido: un militar pálido y de una delgadez
+ascética. Simoulin creyó ver en él una expresión de cansancio y de
+remordimiento. Tal vez exageraba su rigidez militar para hacer menos
+visible la vergüenza que le producía esta vil función de guardador de
+esclavos.
+
+Pierrefonds, en cambio, le miraba fijamente, por ser el jefe. Al iniciar
+el grupo su marcha, pasando ante el caballo del alemán, estalló la
+cólera del comandante, muda y reconcentrada hasta entonces. Quiso morir
+fusilado antes que dar un paso más.
+
+--¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los verdugos!--gritó con una voz ronca.
+
+El hombre á caballo parpadeó vivamente bajo la visera de su gorra, hizo
+un movimiento de sorpresa y de cólera; quedó indeciso contemplando al
+prisionero. Los ojos agresivos de éste parecieron devolverle la calma, y
+miró á otra parte, levantando los hombros levemente.
+
+«¡Suicida!» Y esta palabra, que pareció proferir el enemigo con su
+indiferencia afectada, irritó aún más al comandante. También le irritó
+el automatismo de aquellos soldados, que indudablemente le habían
+entendido; pero eran incapaces de oír mientras no oyese su jefe.
+
+Quiso lanzar por segunda vez el insulto, pero no pudo. Alguien le tiraba
+del brazo; una cara se pegaba á la suya, hundiendo en sus ojos una
+mirada de espanto.
+
+--¡Pierrefonds! ¡Amigo mío! ¿Está usted loco? ¡Por Dios, cállese! Va
+usted á conseguir que nos fusilen á todos.
+
+Y Simoulin dijo esto con tal expresión de angustia, que el comandante
+desistió de continuar.
+
+Pero el miedo sufrido hizo rencoroso al poeta.
+
+--¡Qué disparate!--continuó diciendo--. ¡Pero eso es una niñada sin
+objeto, impropia de su edad!...
+
+Y transcurrieron muchos días sin que el grande hombre le perdonase el
+susto pasado.
+
+A pesar de los sufrimientos de su esclavitud, cada día mayores, Simoulin
+decía de pronto, mirándole con ojos severos:
+
+--Pero ¿dónde tenía usted la cabeza?... ¿Qué se propuso usted al lanzar
+aquellos gritos absurdos?... ¿Quería usted mi muerte y la de tantos
+infelices?
+
+
+
+
+III
+
+
+Al terminar la guerra recobró poco á poco la ciudad su antiguo aspecto.
+Empezaron á volver á ella los vecinos huídos, y los que habían soportado
+durante más de cuatro años la dominación extranjera les relataban sus
+miserias.
+
+Regresaron también en pequeños grupos los deportados al interior de
+Alemania, pero su número había disminuido durante la esclavitud. Eran
+muchos los que se quedaban para siempre en las entrañas de aquella
+tierra aborrecida y hostil.
+
+Entre tantas desgracias, representaba una alegría para la ciudad la
+certeza de que Simoulin, «nuestro poeta», no había muerto. Es más; al
+principio, los enemigos lo habían tratado sin ninguna consideración,
+pero el mérito no puede permanecer mucho tiempo en la obscuridad, y
+cierto profesor alemán que había sostenido en otro tiempo
+correspondencia con el grande hombre sobre hallazgos arqueológicos, al
+saberle prisionero, consiguió trasladarlo á su ciudad, haciéndole más
+llevadero el cautiverio. El poeta hizo partícipe de esta buena suerte al
+comandante, en su calidad de numismático, y para los dos transcurrió el
+período de cautiverio en una dependencia humillante pero soportable.
+
+La ciudad, á pesar de sus recientes tristezas, hizo grandes preparativos
+para recibir á Simoulin á su vuelta de Alemania. Ya era algo más que un
+gran poeta, gloria de su país adoptivo; había pasado á convertirse en
+héroe, digno de servir de ejemplo á las generaciones futuras. Cuando
+tantos huían, él continuaba en su puesto, y el brillo de su gloria era
+tal, que los feroces enemigos habían acabado por respetarlo, tratándole
+casi con tanta admiración como sus convecinos.
+
+Un aplauso inmenso saludó á Simoulin al descender del tren. «¡Qué viejo
+está!» Y las mujeres, vestidas de luto, lloraban, olvidando
+momentáneamente sus dolores para no ver mas que los sufrimientos del
+adorado grande hombre. Pero aunque había perdido en el destierro una
+parte de su cabellera de plata, conservaba intacto su entusiasmo, su
+inquietud movediza, su verbosidad lírica, que volvió á estremecer la
+ciudad lo mismo que un soplo primaveral.
+
+Detrás, como un perro fiel, llegaba Pierrefonds, sin que los años de
+esclavitud hubiesen dejado en él ninguna huella aparente, reconcentrado
+y agrio lo mismo que antes, pero con una expresión de inmensa melancolía
+en los ojos. Los alemanes le habían robado su colección de monedas. Ya
+no le quedaba en su casa mas que el ama de llaves. ¿Qué entretenimiento
+podía encontrar un hombre después de esto?... ¿Era posible, á sus años,
+empezar una nueva colección?...
+
+Desalentado, seguía á Simoulin por la fuerza de la costumbre, abriéndose
+paso entre un gentío que aclamaba al maestro y no lo reconocía á él.
+
+Cuando el poeta, conducido en alto por un grupo de jóvenes, fué
+depositado en el gran balcón del Palacio Municipal, extendió sus manos
+augustas sobre la plaza negra de muchedumbre y rompió á hablar como en
+sus mejores tiempos.
+
+Pasarán varias generaciones antes que se extinga en el país el recuerdo
+de este discurso.
+
+¡Qué de aplausos! ¡Qué de lágrimas de emoción!... El poeta describió el
+martirio de la ciudad; los sufrimientos de sus hijos, arreados como
+esclavos; la agonía de los que murieron de miseria lejos de la amada
+tierra natal.
+
+Luego creyó llegado el momento de hablar un poco de su persona.
+
+--No me tributéis honores--dijo modestamente--. He cumplido mi deber, lo
+mismo que mis compañeros de desgracia. Todos nos hemos mostrado grandes
+y altivos frente al invasor; todos hemos sido héroes con el heroísmo del
+que se sacrifica, más poderoso mil veces que el heroísmo que vence.
+
+Aquí tuvo que detenerse, ahogada su voz por el estrépito de una ovación
+inmensa.
+
+--Permitidme, para terminar--continuó--, que os relate una breve
+historia, como demostración de lo que puede el heroísmo humano cuando no
+teme á la muerte. Callaría, si mi persona fuese la única que figuró en
+este suceso; pero otro que está cerca de mí hizo tanto como yo, y mi
+modestia no debe arrebatarle la gloria que le corresponde.
+
+Simoulin describió la salida del triste rebaño humano conducido á la
+esclavitud. Al frente iban él y el comandante.
+
+--Y al pasar ante el jefe de aquellos bandidos, Pierrefonds y yo,
+estrechamente abrazados, deseando morir, le gritamos en pleno rostro:
+«¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los verdugos!»
+
+El comandante, que estaba en el balcón junto al grande hombre, abrió los
+ojos con asombro y espanto, mientras le temblaban los bigotes, como si
+no pudiese contener una avalancha de frases de protesta.
+
+Pero el orador, uniendo la acción á la palabra, se había abrazado á él
+nerviosamente, desafiando con la mirada á un enemigo imaginario y
+dispuesto al fusilamiento. Además, era imposible hablar. La muchedumbre
+rugía de entusiasmo; los aplausos sonaban como una granizada
+interminable.
+
+«La loca de la casa» había resucitado, haciendo otra vez de las suyas.
+
+Y el comandante, librándose del abrazo, acabó por inclinar su cabeza,
+rojo de vergüenza al pensar que aceptaba una mentira, pero agradeciendo
+al público aquella ovación, la primera de toda su existencia.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Transcurrieron dos años. Hasta en París se habló muchas veces del
+heroísmo del poeta Simoulin, que quiso morir insultando á los invasores.
+¡Viejo heroico!...
+
+En la ciudad todos conocían su grito. Ya no era sólo «nuestro poeta»;
+era el hombre que había gritado: «¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los
+verdugos!» Hasta los niños de las escuelas sabían esto, por haberlo oído
+á sus profesores, y al encontrar al señor Simoulin se descubrían con
+veneración, como si viesen pasar la bandera de la patria.
+
+El comandante Pierrefonds vivía desorientado, dudando de sus sentidos,
+creyéndose algunas veces juguete de «la loca de la casa» que también
+llevaba en lo más alto de su cuerpo, como todos los seres humanos, pero
+que hasta entonces había vivido dormitando y ahora empezaba á
+atormentarle con sus jugarretas.
+
+Tenía la seguridad de que el maestro había hablado de él en su
+discurso. Es cierto que se atribuyó, por un exceso imaginativo, la mitad
+del acto de su discípulo, pero concediéndole generosamente la otra
+mitad. De eso estaba seguro Pierrefonds. Recordaba con orgullo los
+aplausos del público dirigidos á su persona....
+
+Pero este público ya no se acordaba de él. La muchedumbre parecía haber
+perdido la memoria. Nadie se imaginaba ya al grande hombre abrazándose
+al comandante para morir. Las masas no aman la gloria colectiva, á causa
+de su vaguedad; quieren algo preciso é individual, les gusta el héroe
+aislado y bien á la vista. Y por esto hablaban todos del grito del señor
+Simoulin, del heroico reto del señor Simoulin á los enemigos, sin
+mencionar para nada al comandante.
+
+El grande hombre, contagiado por el olvido general, tampoco recordaba su
+invención del abrazo y la hazaña en común. Veía las cosas como quería
+verlas «la loca de la casa»; se contemplaba elevando la diestra--tal vez
+como le iba á representar en lo futuro una estatua de bronce en el mejor
+paseo de la ciudad--y lanzando el grito famoso. Hasta podía describir
+exactamente, con su gran poder imaginativo, cómo ocurrió el hecho. Y al
+transcurrir el tiempo, iba encontrando en su memoria nuevos detalles que
+añadir á la primitiva visión, todos de indiscutible veracidad.
+
+El comandante empezó á aborrecer de un modo definitivo todo lo que le
+rodeaba. Muchas veces dudó de sí mismo. ¿Lo que él creía la verdad no
+sería un sueño, y los otros, al olvidarse de él, estarían verdaderamente
+en lo cierto?...
+
+Luego, recobrando la fe en sí mismo, despreciaba á sus conciudadanos y
+no quería salir de su casa.
+
+¿Para qué ver gentes? ¿Para oírles alabar al señor Simoulin y su grito
+histórico?...
+
+Ya no veía al maestro. Le resultaba intolerable la inocente seguridad
+con que describía su hazaña. «La loca de la casa» se mostraba en él como
+una desvergonzada, indigna del trato con personas decentes. Además, los
+alemanes le habían robado sus monedas y sus medallas, y le era doloroso
+volver á conversar con el maestro sobre cuestiones numismáticas.
+
+Su única ocupación fué bostezar leyendo libros viejos, regar su pequeño
+jardín y hacer comparaciones entre su vejez y la de su ama de llaves.
+
+Un día, vió turbada esta soledad. Le visitaron los organizadores de un
+banquete en honor de «nuestro poeta», con motivo de la nueva
+condecoración que le había concedido el gobierno.
+
+Iba á ser la fiesta más importante de todas las que se habían tributado
+al grande hombre. Tal vez la última. ¡El pobre estaba tan viejo!...
+Vendrían de París diputados y senadores; hasta el ministro de
+Instrucción pública había prometido su asistencia.
+
+--Y el maestro--continuaron los organizadores--ha preguntado por usted.
+Se extraña de no verle. ¡Le gustaría tanto tenerlo cerca, en la mesa!...
+
+El enfurruñado comandante se negó á asistir á la fiesta, pero su vieja
+compañera le aconsejó lo contrario. Le convenía ver á sus antiguos
+amigos; necesitaba distraerse....
+
+Al fin, accedió. Le había conmovido la suposición de que esta fiesta en
+honor de su antiguo maestro podía ser la última. Deseaba verle. ¡Quién
+sabe si no le vería más!...
+
+La noche del banquete, el poeta le recibió con los brazos abiertos.
+
+--¡Ah, Pierrefonds!... ¡Valeroso compañero de miserias y de
+esclavitud!...
+
+Y lo presentó al ministro y á todos los personajes llegados de París.
+
+--Un héroe, señores; un verdadero soldado y un gran patriota.
+
+Pierrefonds gruñió dulcemente, y su bigote se contrajo con algo que
+parecía una sonrisa. Se sintió arrepentido interiormente de sus cóleras.
+El maestro era bueno; su fama la repartía con los humildes. Todo lo
+anterior había sido, indudablemente, obra de los envidiosos, que
+deseaban separarlos.
+
+Durante el banquete, Simoulin no le perdió de vista. El comandante no
+podía estar a su lado; aspirar á esto hubiera sido un disparate. El
+maestro tenía por vecinos de mesa á los grandes personajes venidos de la
+capital. Pero lo había hecho sentar al alcance de su voz y de sus ojos,
+y hasta levantó su copa una vez mirando a Pierrefonds.
+
+--¡A la salud de mi heroico compañero!...
+
+¡Simpático maestro! ¿Cómo no quererle?... Su alma desconocía la
+injusticia.
+
+Al llegar la hora de los brindis, hablaron como una docena de señores.
+Luego, el poeta pronunció su discurso de gracias.
+
+Fué una hermosa pieza oratoria; y como Simoulin, á pesar de su lirismo,
+gustaba de tener siempre un tema fijo, en torno del cual podía enroscar
+caprichosamente sus improvisaciones, escogió uno: «el valor cívico y el
+valor guerrero».
+
+Inútil es decir que, desde los primeros párrafos, el pobre valor
+guerrero quedó muy por debajo del valor cívico.
+
+Tal vez por esto, Pierrefonds, que era militar, empezó a sentir cierta
+inquietud. Le daban miedo los ojos brillantes del maestro, unos ojos
+juveniles, detrás de cuyos cristales empezaba á danzar «la loca de la
+casa». Adivinó que el alma del poeta no estaba allí. Volaba por un mundo
+fantástico, y volvería dentro de unos instantes, derramando sobre la
+mesa, como flores reales, todas las rosas quiméricas recogidas en su
+viaje. ¿Qué iba á decir?... Su palabra continuaba fluyendo, sonora,
+fácil, entusiástica.
+
+--Y para terminar, señores, puedo citaros un ejemplo, que hará ver,
+mejor que todas mis palabras, lo que son los dos valores.
+
+»Aquí está mi amigo el comandante Pierrefonds, mi compañero de
+cautiverio, un verdadero héroe, un soldado cubierto de condecoraciones y
+de heridas, que realizó las mayores hazañas en nuestras guerras
+coloniales. Su valor guerrero es indiscutible. Yo no soy mas que un
+pobre poeta, capaz, en determinados momentos, de mostrar cierto valor
+cívico.
+
+»Ya conocéis la escena de nuestra salida de esta ciudad como prisioneros
+de los alemanes. La prensa, el libro y hasta el grabado han reproducido
+esta escena, tributándome con ello una gloria que no merezco. Yo
+grité.... lo que grité; fué algo superior á mi voluntad, que tal vez me
+aconsejaba ser prudente. Pero el valor cívico, cuando despierta, no
+conoce el peligro.
+
+»Y apenas grité «¡Abajo Guillermo! ¡Mueran los verdugos!» este hombre de
+guerra, héroe de cien campañas, tal vez porque tiene un sentido de la
+realidad más exacto que yo, que no soy mas que un pobre poeta, me agarró
+las manos, suplicándome: «¡Por Dios, maestro! ¡Nada de locuras! ¡Nos va
+usted a hacer matar a todos!...» Esto no lo habrá olvidado seguramente
+mi querido camarada de infortunio. Y como es un soldado de valor
+indiscutible, podrá reconocer también sin rubor alguno que tal vez en
+aquella ocasión sintió cierto miedo, el primer miedo de toda su vida.
+
+El comandante no pudo protestar. Una aclamación ensordecedora había
+interrumpido la elocuencia del orador. Todos le tendían las manos,
+conmovidos por la sinceridad y la sencillez de sus palabras. Y el poeta
+heroico se sentó, jadeando de emoción y de fatiga. Su discurso había
+terminado.
+
+Pierrefonds optó por marcharse, sin que el público reparase en su fuga,
+ni en sus gestos coléricos, ni en las palabras de indignación que iba
+barboteando.
+
+Después de aquella noche, nadie le ha visto más.
+
+Tal vez no quiere salir á la calle; tal vez ha renunciado para siempre á
+vivir en la misma ciudad que el poeta y su «loca de la casa».
+
+
+
+
+LA SUBLEVACIÓN DE MARTÍNEZ
+
+
+
+
+I
+
+
+Después que triunfó la revolución, y sus caudillos, instalados
+definitivamente en la capital de Méjico, se repartieron los principales
+cargos--desde presidente de la República hasta rector de la
+Universidad--, el valeroso Doroteo Martínez empezó á sentirse aburrido,
+sin atinar con la causa.
+
+En verdad, no podía quejarse de su suerte. Seis años antes era segundo
+capataz en la hacienda de un gran señor que pasaba la mayor parte del
+tiempo en París.
+
+Un día montó a caballo para seguir á los vengadores de Madero y derribar
+a su asesino Huerta. ¿Por qué no había de ser revolucionario, á
+semejanza de otros mejicanos de tan humilde origen como él, que llegaban
+á ministros y hasta presidentes?... Guadalupe su mujer, carácter
+despótico, opuesto sistemáticamente á todas sus decisiones, aceptó esta
+vez con entusiasmo el proyecto de dedicarse á la guerra.
+
+--A ver si llegas a general--le dijo--. ¡Está una tan cansada de ver
+generalas que empezaron siendo criadas!...
+
+El miedo a la mujer, una buena suerte incansable y el afán de que su
+nombre apareciese en letras de imprenta y fuese cantado en verso con
+acompañamiento de guitarra, le empujaron en su ascensión gloriosa. A los
+treinta años se vió general de brigada, sin haber tropezado con grandes
+obstáculos. Su astucia de campesino le hizo saltar oportunamente de un
+grupo á otro en las contiendas civiles que surgieron al final de la
+revolución, adivinando quién iba á triunfar y quién iba á sumirse para
+siempre en la desgracia y el olvido.
+
+Su primer jefe y maestro fué Pancho Villa. A sus órdenes hizo la mayor
+parte de la guerra; pero al verlo en lucha con Carranza, presintió que
+este antiguo «ranchero», de porte solemne y aseñorado, al que llamaban
+«el viejo barbón», tenía más aspecto de presidente que el antiguo
+bandido, y se fué con él.
+
+Por segunda vez Guadalupe reconoció que su esposo era á veces capaz de
+resoluciones acertadas.
+
+El guerrillero, durante la presidencia de Carranza, conoció todas las
+dulzuras del poder. De la capital de Méjico le llegaban grandes sobres
+con el sello del gobierno llevando esta inscripción: «Al ciudadano
+general Doroteo Martínez, comandante de las tropas en operaciones.»
+
+Su autoridad se extendía nominalmente sobre un territorio más grande que
+algunas naciones de Europa, pero sólo era efectiva en la población donde
+había establecido su Estado Mayor y en otros grupos urbanos ocupados por
+sus tropas.
+
+La importancia de estas tropas también era más ilusoria que real. Vistas
+desde las oficinas ministeriales de Méjico, constaban de una docena de
+miles de hombres, con casi igual número de caballos. Sobre el terreno de
+las operaciones los regimientos se achicaban hasta convertirse en
+partidas; los miles de combatientes bajaban á ser centenares; y los
+caballos, que debían estar próximos á morir de un reventón, según las
+montañas de forraje que llevaban consumidas--a juzgar por las cuentas
+pagadas por el Ministerio de la Guerra--, eran escuálidos jamelgos que
+pastaban en los campos de los particulares, alimentándose á la ventura
+con lo que podían encontrar.
+
+El general, siguiendo una respetable tradición, se guardaba
+tranquilamente los sueldos de los combatientes que no existían y el
+valor de los piensos que jamás habían olido sus caballos. De algún modo
+debía pagar la patria los servicios pretéritos de sus héroes y los que
+le seguirían prestando en el resto de sus días.
+
+Continuaba en guerra el país. En vano el gobierno de la capital hacía
+decir á los periódicos que sólo se mantenían en armas algunos bandidos,
+á los que pensaba exterminar de un momento á otro. Lo de que fuesen
+bandidos ó no lo fuesen quedaba reservado á la apreciación siempre
+divergente de los gobernantes y de sus enemigos; pero lo cierto era que
+los que corrían montes y campos, haciendo saltar trenes con dinamita,
+quemando poblaciones, fusilando prisioneros y llevándose mujeres, habían
+convivido como camaradas de armas con los mismos que marchaban ahora en
+su persecución.
+
+Martínez se tuteaba con todos los insurrectos que tenía encargo de
+fusilar así que cayesen en sus manos. Meses antes eran todavía tan
+generales como él. Hasta le obligaban á marchar contra su antiguo ídolo
+el temible Villa, y procuraba hacerlo con la mayor discreción, como un
+esgrimista novel que se bate con su maestro.
+
+Perseguidos y perseguidores parecían evitar los golpes decisivos. Los
+adversarios de Martínez propalaban en la capital que éste tenía más
+empeño en eternizar la guerra que los mismos insurrectos. La paz
+significaba para él, como para los otros jefes de operaciones, la
+supresión de los regimientos fantasmas y de los piensos de la caballada
+no menos irreales.
+
+Pero el valeroso Doroteo despreciaba estas invenciones de la
+malevolencia. ¡Qué hombre ilustre carece de envidiosos!
+
+Había perdido su timidez de los primeros tiempos de la revolución,
+cuando rondaba en torno de los caudillos principales como un oficial de
+lealtad perruna, siempre dispuesto á encargarse de las misiones
+peligrosas. Empezaba a creer que había nacido para cumplir una misión
+histórica, según afirmaban sus aduladores. Al marcharse á la guerra,
+sólo sabía trazar su firma como un jeroglífico, y aun esto lo había
+aprendido durante unos meses que pasó en la cárcel á causa de ciertas
+puñaladas recibidas por alguien que pretendía casarse con la que ahora
+era su mujer. Durante la guerra se familiarizó con la literatura
+declamatoria de las proclamas y los artículos revolucionarios, y pudo
+llegar á leer de corrido estos impresos, siempre que fuesen de letra
+gruesa.
+
+Ahora tenía como secretario á un periodista traído de la capital, joven
+poeta, que redactaba todos los decretos que el comandante de operaciones
+dirigía á los pobladores de su territorio, tratando en ellos muchas
+veces sobre los destinos de la humanidad futura y la revolución
+universal, como si fuesen dedicados á los habitantes del planeta entero.
+
+Al verse tan bien servido por la pluma del secretario, Martínez, cuando
+no estaba de operaciones, sentía la necesidad de convertir en leyes
+todas las ideas simples y nuevas para él que hervían en su cerebro.
+
+--Sandoval, vamos á escribir media docena de decretos--decía después de
+las comidas, como si esto suavizase su digestión.
+
+Y á un mismo tiempo legislaba sobre la limpieza de las calles de la
+ciudad, sobre el amor libre, sobre la hora de empezar el espectáculo en
+los cinematógrafos y sobre un nuevo reparto de la propiedad rural. Los
+decretos siempre terminaban condenando á ser pasados por las armas á
+todos los que desobedeciesen las órdenes de su autor. La gente,
+familiarizada con el peligro y la muerte, no hacía gran caso de ellos.
+¡Eran tantos los decretos, y por otra parte tan poco numerosas las
+personas del distrito que sabían leer!
+
+Pero si rara vez llegaban á ser una realidad positiva, estos documentos
+servían de un modo maravilloso al general cuando deseaba suprimir á
+alguien. Siempre ocurría que este importuno había desobedecido alguna de
+sus leyes tan minuciosas y tan diversas, y el Consejo de guerra que se
+reunía en el _foyer_ del teatro de la ciudad no necesitaba discutir
+mucho para enviar al acusado al cementerio, lugar donde se verificaban
+los fusilamientos de rebeldes, evitándose de este modo las molestias de
+una larga conducción de los cadáveres.
+
+Estos castigos extremados apenas alteraban la popularidad de Martínez.
+¡Qué general no había hecho otro tanto! En el populacho, medio indio,
+persistía el alma de sus crueles ascendientes, los cuales veneraban á
+sus dioses cuanto más sedientos se mostraban de sangre y según el número
+de víctimas á las que se extraía el corazón en sus altares.
+
+Además, Martínez casi gozaba honores de gloria nacional. Su secretario
+rara vez lo designaba por su apellido. Era por antonomasia «el héroe de
+Cerro Pardo», lugar donde había batido á los «soldados de la tiranía»
+durante la revolución. Otros generales se veían venerados como
+semidioses por haber perdido un brazo ó una pierna. Martínez había
+perdido una oreja en Cerro Pardo, y mostraba con orgullo su sien mocha
+en las ceremonias oficiales. Pero con una guedeja de su largo cabello
+procuraba ocultar la falta del pabellón auditivo, siempre que, abusando
+de la adormecida fiereza de la generala, se atrevía á visitar á ciertas
+señoras admiradoras de su heroísmo.
+
+Muchas de las comunicaciones que enviaba Sandoval al gobierno de Méjico
+eran devueltas con una nota pidiendo un estilo más claro, por considerar
+el texto incomprensible. El héroe se indignaba.
+
+--¿Para esto hemos hecho la revolución? En el Ministerio de la Guerra no
+hay mas que gente atrasada; reaccionarios que no pueden entender lo que
+es el simbolismo.
+
+Como todos los simples que sólo han recibido una instrucción primaria y
+tardía, amaba con entusiasmo el estilo complicado y los neologismos que
+exigen largas explicaciones.
+
+El libro más interesante de la época presente iba á ser la _Historia del
+general Doroteo Martines_, obra voluminosa que estaba escribiendo su
+secretario. De ella, lo más apreciado por el autor y por el protagonista
+era el «Capítulo ochenta y dos», titulado así: «De cómo el general, a
+pesar de ser antimilitarista, comunista y ácrata, se vió obligado á
+fusilar á doscientos cincuenta compañeros de armas que se rebelaron
+contra el gobierno, faltando á la disciplina.»
+
+En la vida ordinaria era una buena persona, que hablaba con voz tímida,
+ceceando lo mismo que un niño, y si su interlocutor le miraba fijamente,
+apartaba los ojos como avergonzado. Los efectos de su bondad y su
+sencillez se extendían hasta Europa. Como ejercía una autoridad de
+procónsul sobre su comarca natal, una de sus primeras disposiciones fué
+apoderarse de la gran propiedad en la que había trabajado como humilde
+capataz.
+
+El propietario, residente en París, recibió de él una carta dulce y
+respetuosa: «Venga usted por aquí, patroncito; tendré un verdadero gusto
+en verle. Arreglaremos cuentas sobre su hacienda. Le manifestaré mi
+agradecimiento por sus bondades con este su antiguo servidor.»
+
+Pero el propietario, que era mejicano y conocía á su gente, no pensó un
+momento en volver á un país donde los capataces se convierten en
+generales. Se sentía mejor cerca de los Campos Elíseos, aunque tuviera
+que recurrir á préstamos y trampas para compensar las rentas que ya no
+llegaban del otro lado del Océano. Prefería ver el Arco de Triunfo con
+hambre, antes que la sonrisa melosa y los ojos terriblemente dulces del
+héroe de Cerro Pardo.
+
+Los comerciantes de la ciudad, extranjeros todos ellos que daban parte á
+Martínez en sus negocios y no se atrevían á acometer empresa alguna sin
+tenerle por consocio, le habían regalado por suscripción una espada
+«artística» y un uniforme de general.
+
+Este uniforme, mezcla de japonés y de alemán, quedó en una silla, bajo
+la mirada pensativa del héroe. La gorra con entorchados deslumbrantes y
+un águila de oro enorme, los bordados de las mangas y las hombreras,
+parecían herir su vista.
+
+--Yo soy un ciudadano--dijo á su secretario--. (No olvide usted,
+Sandoval, de repetirlo en el libro.) Yo soy un ciudadano, y estos
+uniformes son los que perdieron á muchos de mis camaradas que han muerto
+fusilados por traidores.
+
+Y como él prefería ser ciudadano, siguió usando sus trajes civiles, una
+indumentaria soñada sin duda en sus tiempos de pobreza como algo
+magnífico y quimérico: trajes de paño azul celeste ó verde esmeralda,
+corbatas y pañuelos con las tintas del arco iris, productos de fábricas
+misteriosas de Inglaterra ó los Estados Unidos, cuya existencia ignora
+el común de los mortales y que parecen trabajar únicamente para la
+elegancia masculina de los trópicos. Una placa de esmalte con un águila,
+fija en una de sus solapas, revelaba á los demás mortales su condición
+de general.
+
+Pero un día se mostró en los salones del antiguo palacio del obispo,
+convertido en comandancia de armas, vistiendo el deslumbrante uniforme.
+
+--Somos débiles, Sandoval--dijo melancólicamente--. Me lo he puesto para
+dar gusto á la generala.
+
+Un viejo tendero español--el iniciador de la suscripción--se entusiasmó
+al verle.
+
+--Estás más hermoso que el sol. Pareces Bismarck...pareces Hindenburg.
+Así deberías ir todos los días, Doroteíto.
+
+Y le acariciaba el vientre con suaves palmadas. Era el único que podía
+tutearle, como un privilegio de la época en que el general frecuentaba
+la tienda del _gachupín_ como simple peón, llevándose al fiado de comer
+y de beber. Además, este personaje opulento y respetable era el que se
+encargaba de figurar como único contratista en todos los servicios de
+las tropas.
+
+Para darle gusto, así como á su Guadalupe, se sacrificó al fin el
+general, vistiendo su uniforme de gala siempre que estaba en la ciudad.
+Al salir de operaciones volvía á cubrirse con el enorme sombrero
+mejicano, poco menor que un paraguas, única prenda uniforme de sus
+soldados en tiempo ordinario.
+
+Su gloria y su poder no encontraban obstáculo alguno en el rincón de la
+República sometido á su autoridad. Los jóvenes empleados en los
+ministerios de la capital se agrupaban para reir, leyendo en voz alta
+las comunicaciones enviadas por el héroe de Cerro Pardo.
+
+Los grandes periódicos comentaban con una ironía algo miedosa las
+sublimidades laberínticas de su estilo. Pero el presidente y los
+ministros restablecían el prestigio del héroe:
+
+«¿Martínez?... Algo tonto y vanidoso, pero un hombre leal, un soldado
+fiel, y además un héroe.»
+
+Era tan común en la historia del país la traición, el sublevarse los
+generales contra el gobierno con las mismas tropas facilitadas por éste,
+que Doroteo resultaba un personaje excepcional.
+
+Todo cuanto hiciese se lo tolerarían los gobernantes. Firmemente
+asegurado en su situación, no temía á Dios ni á los hombres.
+
+Únicamente una persona le infundía miedo: su mujer.
+
+
+
+
+II
+
+
+Cuando el capataz Doroteo dejó de trabajar para irse con los
+revolucionarios, Guadalupe no dudó un momento en seguirle.
+
+Un mejicano debe ir á todas partes con su mujer, hasta á la guerra. Lo
+mismo los defensores del gobierno que los revolucionarios, llevaban con
+ellos á sus mujeres, apodadas «soldaderas», que eran las que remediaban
+la ausencia de administración militar, cuidando cada una del alimento de
+su hombre.
+
+Durante las marchas iban á vanguardia, rodeadas de enjambres de niños y
+con las ropas de la familia formando un lío sobre su cabeza. Lo robaban
+todo, arrasaban los campos, como una nube de langosta, y cuando las
+tropas hacían alto, encontraban ya la hoguera ardiendo y la comida en su
+punto. Los primeros contactos entre ambos bandos los realizaban casi
+siempre las dos vanguardias de «soldaderas». Olvidando momentáneamente
+su antagonismo, se vendían unas á otras lo que consideraban superfluo.
+El defensor del gobierno, por mediación de su compañera, facilitaba
+víveres al rebelde. Otras veces ocurría lo contrario.
+
+La moneda carecía casi siempre de valor en estas transacciones. El bando
+falto de municiones sólo quería vender su pan á cambio de cartuchos, y
+el que los tenía los entregaba, ansioso de comer, sin fijarse en que,
+horas después, estos mismos proyectiles podían darle la muerte. Al
+entablarse el combate, las «soldaderas» y sus enjambres de chiquillos se
+retiraban á retaguardia. Otras veces, si el momento era angustioso, la
+hembra se mezclaba en la pelea para sostener al compañero herido y
+seguir tirando con su fusil.
+
+Guadalupe vivió así; hizo marchas interminables á pie ó á la grupa del
+caballo de su hombre. Pero como Doroteo obtuvo rápidamente sus primeros
+ascensos, pronto se elevó sobre la muchedumbre de «soldaderas» de tez
+amarillenta, cabellera aceitosa y ojos ardientes, asombrosamente flacas.
+
+Fué la capitana Martínez, luego la comandanta, y ya no tuvo que avanzar
+al trote junto á los jinetes, llevando sobre su cabeza el colchoncillo y
+las ropas que constituían el ajuar andante del matrimonio. Doroteo,
+excelente esposo, había matado á un oficial del gobierno para regalarle
+á ella su caballo.
+
+Al ser coronel, su generosidad marital deseó algo más.
+
+--¡Si pudiese robar un automóvil para «la vieja»!...
+
+«La vieja» era Guadalupe, que tenía entonces veintiséis años. No
+resultaba difícil hacerse dueño de un automóvil. Abundaban mucho en un
+país vecino á los Estados Unidos y con la frontera libre. No había
+revolucionario de alguna graduación que no tuviese el suyo. La
+importancia de los jefes se medía por los parques de automóviles que
+llevaban detrás de ellos.
+
+Y la coronela hizo la guerra en un vehículo americano. Su adquisición
+sólo costó á Martínez dos palabras breves y el apoyar su revólver en el
+pecho del primitivo dueño.
+
+El chófer era un mestizo de enorme sombrerón y descalzo, que llevaba el
+fusil entre las dos manos fijas en el volante. Dentro iba Guadalupe y
+toda su casa: un lío de colchones, dos sacos para la ropa sucia, una
+criadita mestiza que se sentaba á sus pies, tres gatos y un perro en la
+banqueta, junto á la señora, y un loro que se paseaba por la capota
+recogida, sirviendo de remate trasero á este vehículo triunfal. Todos
+los automóviles ignoraban la limpieza desde muchos meses. La lluvia y el
+barro habían cubierto su exterior con una costra parda y agrietada.
+Parecían forrados de piel de elefante. Como la esposa de Martínez era
+relativamente esbelta, su vehículo se limitaba á chillar por la falta de
+aceite y de aseo. Otros tenían un muelle roto y saltaban sobre sus
+ruedas, acostándose como una barca próxima á zozobrar. Siempre se
+inclinaban del lado donde acostumbraba á sentarse la generala ó la
+ministra, con la abrumadora majestad de su centenar de kilos carnales.
+
+Los revolucionarios marchaban como lo permitían las exigencias
+topográficas: unas veces en fila, extendiéndose leguas y leguas; otras
+en masa horizontal á través de las llanuras, llevando en torno un
+segundo ejército de mujeres y chiquillos. Lo mismo habían avanzado en
+otros siglos las grandes invasiones históricas. Eran como las antiguas
+naciones en marcha, que arrastraban detrás de ellas los seres y los
+muebles que forman la familia.
+
+Algunas veces llegaban á ser veinte mil, todos á caballo, sin
+medicamentos, sin víveres, confiando al azar la vida del día siguiente.
+Cada uno hacía la misma recomendación al camarada: «Si me hieren en el
+pecho ó en el estómago, dame un tiro en la cabeza. Prefiero esto á
+quedar vivo junto al camino.»
+
+No podían ser considerados como caballería, á pesar de que todos iban
+montados. Carecían de armas blancas y no podían dar una carga. Eran
+infantes que sólo echaban pie á tierra en el momento de empezar el fuego
+contra el enemigo. Hasta los generales llevaban el rifle atravesado
+sobre el delantero de la silla.
+
+La única infantería era la de los _yaquis_, indios montañeses que no
+habían querido aprender de los conquistadores españoles el arte de
+cabalgar y mostraban aún cierta repugnancia ante el caballo. Estos
+_yaquis_ figuraban como enemigos de todos los gobiernos desde la época
+de Porfirio Díaz, que cometió el sacrilegio de implantar en sus tierras
+el telégrafo y el ferrocarril. Se dejaban convencer fácilmente por los
+revolucionarios, con la esperanza de que éstos les librasen de
+innovaciones vergonzosas. En los combates eran los únicos que se batían
+avanzando.
+
+La muchedumbre montada, al emprender su marcha todos los amaneceres,
+veía á los _yaquis_ tranquilos en su campamento, como si pensasen
+quedarse allí. Cuando al llegar la noche, después de una larga jornada á
+caballo, se detenían para descansar, encontraban instalados ya á los
+mismos indios en el lugar designado de antemano, como si hubiesen
+llegado volando y sin fatiga aparente. Puestos en cuclillas escuchaban
+con atención religiosa el repiqueteo de los tamborcillos pendientes de
+las muñecas de sus jefes, instrumentos que servían á la vez para sus
+fiestas y para transmitir órdenes.
+
+La imagen de su esposa Guadalupe iba unida siempre á estos recuerdos de
+la guerra. Al principio la mujer mostraba cierto pavor; el silbido de
+las balas parecía irritar sus nervios. Un día, para recoger á su hombre
+herido, tuvo que lanzarse en pleno combate, y desde entonces consideró
+poca cosa el intervenir en las operaciones de guerra.
+
+Las «soldaderas» hablaban de ella como de una gloria de su sexo,
+colocándola al nivel de los jefes más célebres de la revolución. Los
+hombres, por galantería instintiva, admiraban su hazañas, exagerándolas,
+como si nadie pudiese igualarlas. Todo el ejército repitió lo mismo al
+hablar de los esposos Martínez. «Él es un buen soldado, un
+valiente...pero como hay muchos. Ella vale más. ¡Qué mujer!...»
+
+Su conducta durante la vida azarosa de marchas y campamentos contribuyó
+á aumentar su fama. Guadalupe tenía mal carácter. Muchas veces, al
+rozarse su automóvil con el de alguna generala--igualmente cargado de
+colchones, sacos de ropa sucia, cuadrúpedos, aves y numerosos
+chiquillos--, empezaban á insultarse ambas damas por si la una pretendía
+cortar el paso á la otra. La coronela, sin consideración á su grado
+inferior, recordaba á la generala las aventuras amorosas de su señora
+madre ó la época en que sus tías lavaban la ropa de los soldados. Hasta
+que el heroico Martínez, avisado del incidente, acudía á todo galope
+para meter su caballo entre ambas furias.
+
+Los hombres, al recordar que esta mujer se batía lo mismo que ellos,
+encontraban lógico que se considerase superior á las otras, gordas aves
+domésticas que se habían lanzado al campo para marchar detrás de los
+combatientes, escarbando con el pico el terreno de la lucha, en busca de
+los residuos de la victoria.
+
+Su fidelidad matrimonial era también muy admirada. Uno de los grandes
+jefes había recibido de ella varios latigazos cierto día que osó algunos
+atrevimientos con la amazona. El mismo personaje golpeado acabó por
+arrepentirse, y á impulsos de la admiración, fué en adelante un
+protector de Martínez y de su esposa.
+
+Cuando Doroteo llegó á general, sus envidiosos atribuyeron toda la
+carrera del héroe á la influencia de Guadalupe. «No es que sea menos
+valiente que los demás--decían--; pero á causa de su compañera, los de
+arriba se fijan en sus acciones, que, realizadas por otros, quedarían
+ignoradas.»
+
+Al terminar la guerra, cuando Martínez pasó á ser defensor del gobierno
+recién constituído, Guadalupe no quiso prolongar sus hazañas militares.
+Era ridículo que la esposa de un comandante de operaciones saliese al
+campo á perseguir á los rebeldes, muchos de los cuales había conocido
+ella meses antes como amigos, teniéndolos por excelentes personas.
+
+Renanció a las costumbres violentas de campaña, á los largos galopes, al
+automóvil sucio y hasta á las palabrotas aprendidas en sus años de
+existencia varonil. Fué en adelante la «señora generala» y quiso
+rivalizar con Martínez en esplendores de lujo.
+
+Las gentes de la ciudad casi se sintieron cegadas por el resplandor de
+las joyas que en ciertos días la cubrieron desde la garganta al vientre.
+Doroteo había trabajado bien, lo mismo que todos los padres de familia
+mezclados en la revolución. No tenía hijos, como los otros, pero tenía
+á Guadalupe; y siempre que en sus correrías veía algo vistoso y de
+precio, sacaba el enorme revólver de su funda, diciendo: «Esto para mi
+vieja...y esto otro también.»
+
+Total: que la esposa del héroe de Cerro Pardo poseía una colección
+enorme de alhajas, y los maliciosos las encontraban iguales á las que
+habían comprado en Londres y en Nueva York ciertas familias del Méjico
+anterior que andaban ahora vagabundas, lejos del país.
+
+Guadalupe huía de la ostentación en los días ordinarios y se limitaba á
+llevar simplemente media docena de sortijas de brillantes, un reloj con
+pulsera de platino en una muñeca, otro igual en la muñeca opuesta y un
+tercer reloj más grande colgando del cuello.
+
+Así se mostraba por las tardes á la admiración pública, ocupando uno de
+los ocho automóviles que poseía el héroe como recuerdo de sus campañas.
+Su paseo favorito era la calle central de la ciudad, una alameda con
+árboles seculares, de cuyas ramas pendían á veces hombres ahorcados.
+Eran ladrones, mestizos incorregibles que hurtaban gallinas, hortalizas
+y otras cosas igualmente preciosas á pesar de los decretos del general.
+Y Martínez, que era enemigo inexorable del robo, les aplicaba sin
+compasión la pena decretada por su dictadura revolucionaria.
+
+Guadalupe casi tenía una corte. Las damas del pasado régimen--la
+aristocracia del país--la visitaban y adulaban, para defender de este
+modo su tranquilidad y sus bienes. Los subordinados de su esposo, cuando
+deseaban algo, preferían pedírselo á la generala, como si creyesen más
+en su autoridad que en la de Martínez. Ella los tuteaba con una bondad
+superior. Volvía á ser la compañera de armas que se había encargado
+muchas veces de guisar en el campo para su marido y todos los de su
+Estado Mayor.
+
+Recordaba con cierta nostalgia los años de guerra, pero tenía por mejor
+el tiempo actual. ¡Ojalá no se acabasen nunca los insurrectos y su
+marido fuese perpetuamente comandante de operaciones!...
+
+Martínez se sentía menos contento en su interior. Empezaba á pesarle la
+autoridad de su esposa. ¿De qué le servía haber llegado á héroe
+nacional, si Guadalupe le inspiraba un miedo superior á su voluntad? No
+valía la pena haber hecho una revolución para verse privado de realizar
+sus gustos.
+
+Luego de pensar esto, miraba á su mujer largamente, con una reflexiva
+atención que ella no llegaba á adivinar, acostumbrada á tener en poco
+todo lo de su marido. Aún la encontraba hermosa á los treinta y tantos
+años, lo mismo que cuando se casaron. Producto de varios cruzamientos de
+españoles con indias, tal vez había además en sus venas cierta parte de
+sangre africana. Unos ojos grandes, húmedos y ligeramente oblicuos; una
+dentadura fuerte y deslumbrante entre los labios gruesos de rosa
+obscuro; una carne pomposa y pálida, y una cabellera exuberante, negra y
+con tendencia á rizarse apenas la abandonaba el peine, eran los
+componentes principales de su belleza.
+
+Así la vió Doroteo durante diez años, como si fuese una criatura
+insensible al tiempo, y así la hubiese visto siempre.
+
+Pero un día se dió cuenta de que empezaba á disgregarse su armonía
+corporal, como si las tres sangres que existían en ella se hubiesen
+cansado de permanecer revueltas, aislándose, para asomar cada una por
+separado á la superficie. Sobre la tez blanca empezó á esparcirse una
+especie de viruela subcutánea, formada de puntos negros pequeñísimos,
+como granos de pólvora. En una mejilla y en otras partes menos visibles
+se marcaban ó desaparecían, según los días, grandes manchas violáceas.
+Era la madurez precoz de la criolla de diversos orígenes. Además, ¡sus
+palabras rudas y violentas, su ignorancia, su deseo de mantenerlo
+sometido, tratándole despectivamente en presencia de las gentes!...
+
+Martínez vió todo esto de pronto, pero fué porque acababa de encontrar
+un término de comparación en otra mujer.
+
+
+
+
+III
+
+
+Cuando Guadalupe deseaba dar broma al general en presencia de sus
+contertulios, se expresaba así:
+
+--Este viejo, aquí donde ustedes lo ven, anda enamorado, loco, detrás de
+la _Gringuita_.
+
+Cerrando una mano, le apuntaba con el dedo índice, y añadía, amenazante:
+
+--¡Que te pille yo, y verás lo que es bueno!
+
+Pero á continuación, considerando que la broma había durado bastante,
+decía con gravedad:
+
+--La _Gringuita_ es una joven muy apreciable, que gana su vida y
+mantiene á todos sus hermanos. Además, ¡lo que sabe! Yo me quedo
+asombrada escuchándola. Parece mentira que una mujer pueda estudiar
+tanto.... Perderías el tiempo, viejo. Esa no te hace caso á ti.
+
+Era hija de un maestro de escuela que había muerto el año anterior. Se
+educaba en los Estados Unidos cuando esta desgracia la obligó á volver
+al país, dejando incompletos sus estudios. Quería servir de madre á sus
+hermanos menores, que después de muerto el padre, quedaban completamente
+solos en la casa. Seis años de vida en Nueva York habían desfigurado á
+esta joven mejicana, dándole otras costumbres y hasta un aspecto físico
+completamente diferente.
+
+Los personajes de la ciudad la protegían, seducidos por sus finas
+maneras y por la sencillez con que hablaba de unos estudios que sólo
+conocían ellos de oídas. La habían colocado como maestra en una de las
+principales escuelas y prometían ayudarla en la realización de todas las
+innovaciones que proyectaba.
+
+Algunas solteronas feas y de carácter agriado torcían el gesto ante el
+entusiasmo pedagógico de los hombres.
+
+--¡Claro!... ¡La _Gringuita_ es tan primorosa!...
+
+Martínez figuraba entre los protectores de la maestra.
+
+--Yo soy un hombre de progreso, ¿saben?--decía al hablar de ella--; por
+eso me interesan los proyectos de esa niña que ha estudiado con los
+_gringos_. Su pobre padre tuvo una excelente idea al enviarla á Nueva
+York para que aprendiese lo que no sabemos nosotros. La aprecio mucho,
+por su seriedad sobre todo. En cuanto á su hermosura, de la que tanto
+hablan las malas lenguas, ¡pchs!...
+
+El general hacía un gesto de duda que casi llegaba á ser despectivo.
+Tenía razón: la belleza de Dora no era extraordinaria. La maestrita
+poseía el encanto de la juventud, una juventud ágil y sana, mantenida
+por los deportes y la higiene.
+
+Pero lo que se callaba Doroteo era que él la prefería á las beldades del
+país por lo mismo que resultaba distinta á todas. Como recuerdo de su
+madre--una extranjera que se había casado en Méjico con el maestro para
+producir media docena de hijos y morirse inmediatamente--, tenía el pelo
+de un rubio ceniciento y los ojos verdes claros. En cambio, todas las
+mujeres del país eran morenas pálidas, con cabelleras de un negro
+intenso.
+
+Dora iba vestida con unos trajecitos baratos, sencillos y elegantes, que
+el general había admirado muchas veces en los periódicos ilustrados.
+Tocaba el piano, cantaba en inglés y tenía la soltura y las formas
+gimnásticas de un muchacho.
+
+La generala centelleaba de joyas, iba envuelta en sedas y bordados, como
+la imagen de la Virgen patrona de la ciudad; llevaba peinetas altas como
+torres sobre su apretada cabellera; tocaba la guitarra y prescindía de
+sentarse en los sillones y en todo mueble que tuviese brazos, por miedo
+á no poder introducir entre ellos sus exuberancias dorsales.
+
+Cuando la maestrita se ponía bajo un rayo de sol, su cutis blanco
+parecía dorarse con la luminosidad de un vello finísimo semejante al de
+los frutos en sazón. Igual había sido Guadalupe en otros tiempos, pero
+ahora un bigote cada vez menos discreto empezaba á entenebrecer su boca.
+
+El héroe visitaba con frecuencia la escuela de Dora, lanzando discursos
+á los niños, en los que repetía que la revolución se había hecho
+especialmente para el fomento de la enseñanza. También se apresuraba á
+entrar en el salón de su mujer siempre que le avisaban que la maestrita
+hacía tertulia á doña Guadalupe. Delante de la gente balbuceaba
+preguntas sobre los progresos de los _gringos_, abriendo los ojos con
+asombro cuando la joven le hablaba de la grandeza de su amada Columbia
+University, en la que había pasado sus mejores años.
+
+--Usted dirigirá una Universidad igual ó parecida, señorita: yo se lo
+prometo. El gobierno dará los millones que se necesiten para
+construirla. Y si no los da, soy capaz de.... En fin, ¿qué no haré yo
+por la instrucción? ¿qué no haré por...?
+
+Iba á añadir «por usted», pero se detenía mirando á la pomposa generala.
+Luego, por un deseo irresistible de establecer comparaciones, comenzaba
+á admirar con ojos disimulados la belleza especial de esta joven que
+parecía un muchacho con faldas, sintiendo al mismo tiempo en su paladar
+el sabor ácido y picante de un fruto todavía verde.
+
+Tuvo que abstenerse de sacar á bailar á la maestrita cuando se
+celebraban fiestas en la Comandancia.
+
+--¡Pobre viejo!--le decía Guadalupe--. ¿No ves que aburres á esa pobre
+señorita? Además, la gente se ríe un poco de ti.
+
+¡Reírse del héroe de Cerro Pardo!... Que probasen á hacerlo francamente,
+y él enviaría á los burlones á dar una vuelta por el _foyer_ del teatro,
+donde funcionaba el Consejo de guerra siempre que lo exigía la salud de
+la patria.
+
+Una mañana, con los ojos hinchados por el insomnio, le entregó un papel
+á su secretario.
+
+--Sandoval, dígame qué le parece. Cuando yo era muchacho y aún no había
+aprendido á leer, inventé muchos versos como éstos, mientras punteaba la
+guitarra. Usted pondrá lo que les falte: yo entiendo poco en eso de la
+ortografía. ¿Qué me dice de ellos?
+
+El poeta se acordó de dos ocasiones en que el héroe, irritado por su
+franqueza, le había dado varias bofetadas, manifestando luego su
+arrepentimiento con valiosos regalos. Olvidó los regalos para acordarse
+únicamente de los golpes, y tuvo prisa en manifestar su entusiasmo por
+los versos. Eran de amor, é iban dirigidos á una mujer cuyo nombre
+quedaba en el misterio, pero el secretario la reconoció desde la primera
+estrofa.
+
+--Publíquelos mañana mismo en el mejor sitio de mi diario oficial. Como
+firma, la misma que llevan: _El caballero de la ardiente mirada_. Es un
+apodo que encontré en no sé qué novela, y me gustó tanto, que lo he
+guardado para mí.
+
+Sandoval quiso marcharse con los versos, pero el autor todavía le dió
+otra orden.
+
+--Mañana escriba á máquina un anónimo para la persona que usted sabe, y
+dígale que _El caballero de la ardiente mirada_ y el general Martínez
+son una misma persona.
+
+No consideró suficiente esta indiscreción, en vista de la serena
+indiferencia de la maestra, y pocos días después hizo una visita á la
+escuela, declarando á Dora de pronto todos los deseos, las esperanzas y
+las contrariedades que formaban lo que él llamaba «el mayor amor de mi
+vida».
+
+--¡Oh, general!... ¡Haberse fijado en una pobrecita como yo!...
+
+Parecía próxima á desmayarse de sorpresa, como si nunca hubiese
+sospechado esta pasión, extrañándose de ella con toda la ingenuidad de
+que es capaz el disimulo femenil. Pero hacía meses que se había dado
+cuenta del enamoramiento del héroe, riendo á solas de sus tímidas
+insinuaciones.
+
+En vano Martínez habló de su amor. La maestrita movía la cabeza
+negativamente. La existencia no era para ella una sucesión de delicias.
+Graves deberes la obligaban á mirar las cosas con seriedad. Era pobre:
+debía mantener y educar á sus hermanos.
+
+--Yo me casaré con usted--dijo Martínez con un tono dramático, como si
+arrostrase el mayor de los peligros--. Comprenderá usted que he pensado
+en eso antes de hablarla. Usted no es una «pelada»; usted es una
+señorita, una profesora que ha estudiado, y yo respeto mucho á las
+personas científicas....
+
+Luego añadió triunfalmente:
+
+--Por algo nos hemos batido en la revolución, para algo hemos
+establecido el divorcio.
+
+Los enemigos de la revolución afirmaban que era más urgente que el
+divorcio dar una ley obligando á las parejas á casarse, pues la mayoría
+de las gentes del país, para evitar gastos y molestias, prescindían de
+las formalidades del matrimonio, viviendo en estado natural, como sus
+ascendientes. Pero Doroteo se sentía ahora satisfecho de haber dado su
+sangre por el triunfo del divorcio.
+
+Dora no participaba de este entusiasmo. Pareció asustarse de verdad,
+temblando ante la idea de casarse con Martínez, más aún que si éste
+hubiese intentado una violencia contra ella.
+
+--¡Qué horror!... ¡Divorciarse usted de la generala!... ¡Tener yo por
+enemiga á doña Guadalupe!...
+
+Sólo la suposición de que la amazona gloriosa pudiera perseguirla con su
+venganza hacía temblar las piernas de la maestra. El general participó
+por reflejo de esta inquietud. Su Guadalupe era realmente temible, pero
+esto no podía impedir que empezase á odiarla. ¿Hasta cuándo iba á sufrir
+su despotismo?...
+
+Los meses sucesivos fueron de desaliento para el héroe. Dora evitaba los
+encuentros con él, apelando á ciertas astucias que el general no podía
+prever.
+
+Cada vez la deseaba con mayor vehemencia. En ciertos momentos volvía á
+resucitar el guerrillero en el interior del comandante en jefe de
+operaciones.
+
+¿No le era fácil robar á la profesora y llevársela al campo? Él tenía
+entre su gente muchos hombres de confianza. Pero á continuación se
+acordaba de sus enemigos, de los periódicos de la capital, de que Dora
+era «una persona científica» y el asunto metería ruido. ¡Un partidario
+de la instrucción y del progreso robando á una señorita del
+profesorado!... Además, pensaba en doña Guadalupe, que seguía repitiendo
+su cariñosa amenaza, pero cada vez con tono menos cordial, erizándosele
+un poco el mostacho, apuntándole con un índice como si le apuntase con
+un revólver. «¡Que te pille yo, y verás lo que es bueno!»
+
+Por otra parte, las gentes empezaban á murmurar que la _Gringuita_ tenía
+un novio. Era un joven de la localidad, que rivalizaba con Sandoval en
+la confección de versos «á la moderna» y además hacía discursos contra
+el gobierno. Su pobreza resultaba igual á la de Dora, pero esto no
+impediría que se casasen muy pronto. ¡Y mientras tanto, él, héroe
+nacional, gobernante omnipotente, tendría que mantenerse impasible al
+lado de su doña Guadalupe! ¡Ira de Dios! ¿Para esto había hecho la
+revolución?...
+
+Los sucesos políticos le obligaron á olvidar momentáneamente sus
+tristezas amorosas. El «viejo barbón» fué derribado de la presidencia de
+la República por varios generales, antiguos amigos de él y de Martínez.
+Éste, á pesar de sus preocupaciones, supo inclinarse instintivamente del
+lado de los que iban á triunfar.
+
+Cuando asesinaron á Carranza, el heroico Doroteo se encontró en
+excelentes relaciones con los vencedores y tan comandante de operaciones
+como en el gobierno anterior. Pero ¡ay! su alto cargo tal vez iba á
+quedar anulado por innecesario.
+
+Los diversos partidos que infestaban el país de insurrectos en armas
+parecían haber ajustado una tregua junto al cadáver de Carranza. Todos
+mostraban un tácito deseo de someterse al nuevo gobierno, para hacer ver
+al mundo que en Méjico es posible la paz, aunque sólo sea por una
+temporada.
+
+Los guerrilleros rebeldes se iban presentando á Martínez y á otros
+generales. Hasta Pancho Villa, el eterno insurrecto, se sometió á los
+nuevos personajes instalados en la capital, pero con una sumisión
+orgullosa y magníficamente retribuida. Le daban un millón de pesos, le
+pagaban los atrasos de toda su gente, y además le permitían que se
+estableciese en un pueblo, rodeado de sus más seguros partidarios. Lo
+importante era hacer ver en el extranjero que ya no quedaba ningún
+insurrecto.
+
+Martínez se irritó al enterarse de lo que le regalaban á su antiguo
+maestro, como si esto representase una injusticia para él.
+
+--Sea usted leal--decía con amargura--, manténgase disciplinado, y no le
+darán nada.... ¡Pensar que no me he sublevado nunca y siempre he estado
+con los gobiernos!
+
+Doña Guadalupe se preocupaba más aún que su esposo del nuevo estado
+político. Los gobernantes de ahora eran compañeros de revolución á los
+que no habían visto en varios años. Era preciso buscar un puesto de
+reposo bien retribuído, hasta que hubiesen otra vez insurrectos en el
+campo y jefaturas de operaciones. La verdadera historia de Méjico no iba
+á cortarse para siempre.
+
+Pensó en la conveniencia de que Martínez hiciese un viajecito á la
+capital para reanudar amistades. Luego dudó de sus condiciones para este
+trabajo. Era mejor que fuese ella. Precisamente su protector de los
+tiempos revolucionarios, aquel personaje del que había tenido que
+defenderse con el látigo, figuraba entre los gobernantes provisionales
+y era uno de los que aspiraban á la presidencia de la República.
+
+Los periódicos de la capital anunciaron la llegada de la generala
+Martínez, «digna compañera del héroe de Cerro Pardo»; y pocos días
+después ocurrió el hecho inaudito, inexplicable, que produjo más emoción
+y extrañeza trañeza en el país que la mayor parte de las revoluciones
+anteriores.
+
+Una mañana, los habitantes de la ciudad gobernada por Martínez vieron
+agruparse en el paseo de la Alameda y la plaza principal varios
+centenares de jinetes con grandes sombreros y la carabina apoyada en un
+muslo. Los jefes gritaban indignados:
+
+--¡Han violado la Constitución!...
+
+Los transeúntes empezaron á correr para meterse en sus casas. Que
+hubiesen violado á la Constitución les importaba poco. La pobre estaba
+hecha á estas pruebas y podía considerarse la persona más violada de
+todo Méjico. En su vida no había servido para otra cosa. Pero la gente,
+que se imaginaba vivir libre por algún tiempo de la calamidad de las
+sublevaciones militares, huía miedosa al ver que volvían á empezar.
+
+Martínez, con botas altas, dos revólveres al cinto y su gran sombrero
+campesino de fieltro adornado con el águila de general, escuchaba á su
+jefe de Estado Mayor.
+
+--Todo está listo. Nuestra gente se muestra conforme. Ya se aburría de
+tanta paz. ¿Qué grito damos?
+
+--«¡Han violado la Constitución! ¡Abajo el gobierno!»--dijo gravemente
+el caudillo.
+
+--Eso ya lo hemos gritado, general. Pero falta un viva. ¿A quién le
+damos viva?
+
+Martínez se rascó la cabeza por debajo del sombrero.
+
+--No sé.... Esperemos. Hay que pensarlo. Yo veré qué personaje quiere
+ponerse á la cabeza de nuestra revolución. No faltará alguno. Debemos
+salvar la patria.
+
+Por el momento, los sublevados sólo pudieron gritar: «¡Han violado la
+Constitución!» Pero ellos, por su parte, también deseaban violar algo; y
+como en toda sublevación mejicana bien ordenada y que se respeta,
+empezaron por asaltar, carabina en mano, las tiendas de los extranjeros
+ó á derribar sus puertas si estaban cerradas, llevándose el dinero y los
+géneros. Además, golpearon é hirieron á unos cuantos olvidadizos del
+pasado que se atrevían á protestar y hablaban de sus cónsules, como si
+las revoluciones de los años anteriores no les hubiesen enseñado nada.
+
+Los soldados querían terminar pronto su trabajo. Estaban enterados del
+programa de todo general que se subleva en una ciudad. Lo primero es
+marcharse antes de que lleguen las fuerzas mejor organizadas que
+guarnecen la capital con toda su artillería. Después vuelven á ella si
+han adquirido nuevas fuerzas en el campo.
+
+Lo mismo ocurrió esta vez. Doroteo Martínez se fué de la ciudad con sus
+«leales»; pero como necesitaba consolarse de que hubiesen violado á la
+Constitución, se llevó á viva fuerza á Dora. Sus hermanitos lloraron
+mostrando los puños impotentes á un automóvil en el que gritaba y se
+agitaba la maestrita sin poder librarse de sus raptores.
+
+Todo el resto de la nación se asombró tanto como el vecindario de la
+ciudad. Una sublevación no tenía nada de extraordinario. En diez años no
+se había visto otra cosa. ¿Pero sublevarse Martínez, que siempre había
+estado de acuerdo con los que mandaban?...
+
+En el Palacio de Méjico, el presidente provisional, los ministros y los
+personajes que dirigían al gobierno se miraban con extrañeza al comentar
+este acto inexplicable.
+
+--Pero ¿qué le ha dado á ese hombre?... ¿Qué es lo que busca?... Si
+deseaba algo, no tenía mas que haberlo pedido.
+
+El asombro les hacía suponer fuerzas ocultas y temibles detrás del
+sublevado. Algunos hablaron de meter inmediatamente en la cárcel á
+varios personajes de la capital para someterlos á un Consejo de guerra.
+
+El poderoso caudillo que pasaba por ser el protector de Martínez y de su
+esposa parecía más indignado que los otros, para librarse de este modo
+de toda sospecha de complicidad.
+
+Precisamente cuando hablaba de la conveniencia de fusilar á un hombre
+que no se había sublevado nunca y sólo se decidía á hacerlo cuando los
+antiguos insurrectos acordaban mantenerse en paz, anunciaron á la
+generala Martínez.
+
+Entró doña Guadalupe. Muchos de los presentes, que eran jóvenes y tenían
+aficiones literarias, creyeron ver la imagen de la Venganza. Parecía con
+más bigote; los ojos le brillaban de tal modo, que era difícil mirarla
+de frente. Sobre la torre de su cabellera temblaba un gran sombrero de
+terciopelo que había sustituido momentáneamente á la gran peineta de su
+vida de salón.
+
+--¿Le parece á usted bien lo que ha hecho ese imbécil?--gritó el
+protector antes de saludarla--. ¿No merece que...?
+
+Pero se detuvo, impresionado por el aspecto de la generala. Nunca la
+había visto tan interesante: ni aun cuando se defendió de él con el
+látigo.
+
+--Vengo á pedir al gobierno--dijo solemnemente la amazona--que me dé el
+mando de un batallón. Yo me encargo de batir á ese sinvergüenzón.
+
+Y añadió que lo traería allí mismo, atado con una cinta de sus enaguas.
+
+El presidente, los ministros y demás personajes empezaron á mirar con
+cierto interés risueño á la generala, dejando á su compañero la tarea de
+contestarle.
+
+--¡Calma, doña Guadalupe!--dijo éste--. Hablemos en serio. Un batallón
+no se le entrega á una mujer.
+
+--Entonces, pido que se me permita marchar con las fuerzas que saldrán á
+perseguirle. Ya sabe usted que yo he hecho la guerra. Deseo ir como
+simple soldado.
+
+El personaje intentó desviar la conversación, para no repetir su
+negativa.
+
+--Pero ¿por qué se ha sublevado ese hombre? ¿Qué mal le ha hecho el
+gobierno?...
+
+La generala contestó con un gesto de extrañeza. ¿Qué tenía que ver el
+gobierno en tal asunto?... Luego, sus ojos se humedecieron con lágrimas
+de cólera. Su voz se puso ronca y apretó los puños:
+
+--¡Si él los quiere mucho á todos ustedes!... Acabo de hablar con
+personas que vienen de allá, y sé bien lo que digo. No; ese canalla no
+se ha sublevado contra el gobierno. Se ha sublevado únicamente contra
+mí.... ¡Contra mí, que soy su mujer!
+
+
+
+
+EL EMPLEADO DEL COCHE-CAMA
+
+
+
+
+I
+
+
+A las once de la noche, en el expreso París-Roma, el empleado procede á
+la operación de convertir en lechos el asiento y el respaldo del
+departamento que ocupo.
+
+Mientras golpea colchonetas y despliega sábanas, empieza á hablar con la
+verbosidad de un hombre condenado á largos silencios. Es un expansivo
+que necesita emitir sus ideas y sus preocupaciones. Si yo no estuviese
+de pie en la puerta, hablaría con las almohadas que introduce á
+sacudidas en unas fundas nuevas, sosteniendo su extremo entre los
+dientes.
+
+--Triste guerra, señor--dice con la boca llena de lienzo--. ¡Ay, cuándo
+terminará! Mi hijo...mi pobre hijo....
+
+Es más viejo que los empleados de antes; no tiene el aire del _steward_
+abrochado hasta el mentón que acudía en tiempo de paz al sonido del
+timbre con un aire de _gentleman_ venido á menos, de Ruy Blas que guarda
+su secreto. Más bien parece un obrero disfrazado con el uniforme de
+color castaña. Es robusto, cuadrado, con las manos rudas y el bigote
+canoso. Habla con familiaridad; se ve que no le costaría ningún
+esfuerzo estrechar la diestra de los viajeros. Su hijo ha muerto; su
+yerno ha muerto; los dos eran empleados de «la compañía», y los señores
+de la Dirección le han dado una plaza para que mantenga á sus nietos. El
+personal escasea; además, él conoce el italiano, por haber trabajado
+algún tiempo en un arsenal de Génova.
+
+--Yo era antes torneador de hierro--dice con cierto orgullo--, obrero
+consciente y sindicado.
+
+Una leve contracción de su bigote, que equivale á una sonrisa amarga,
+parece subrayar este recuerdo del pasado. ¡Qué de transformaciones!
+Luego, el viejo socialista añade á guisa de consuelo:
+
+--Hay que tomar el tiempo como se presenta. Algunos «camaradas» son
+ahora ministros en compañía de los burgueses, para servir al país. Yo
+hago la cama á los ricos, para que coma mi familia.... ¡Ay, mi hijo!
+
+Adivino su deseo de echar mano á la cartera que lleva sobre el pecho
+para extraer cierto pliego mugriento y rugoso. Ya me leyó dos páginas
+media hora después de haber subido al vagón. Es la última carta de su
+hijo, enviada desde las trincheras. Conozco igualmente la historia del
+muerto: un mozo esbelto, de rubio bigote y finos ademanes, que atraía
+las miradas de las viajeras solas, haciéndolas reconocer la injusticia
+de la suerte, que reparte sus bienes sobre la tierra con escandalosa
+desigualdad. Le hirieron en Charleroi, y curó á los quince días; luego
+volvieron á herirle en el Yser, y pasó dos meses en cama; finalmente lo
+alcanzó un obús en un combate sin nombre, en una de las mil acciones
+obscuras por la posesión de unos cuantos metros de zanja. El padre
+consiguió verlo, una sola vez, en un hospital de París. En realidad no
+lo vió, pues sólo tuvo ante sus ojos una bola de algodones y vendajes
+sobre una almohada; un fajamiento de momia, del que partían ronquidos
+de dolor y una mirada vidriosa y resignada.
+
+--Le habían destrozado la mandíbula, señor; no podía hablar. El cráneo
+también lo tenía roto.... Y ya no le vi más. Ahora lo tengo en un
+cementerio cerca de París, y voy á visitarle siempre que estoy libre de
+servicio.
+
+No llora, no puede llorar. Su dolor, en vez de escaparse á través de los
+ojos, se esparce por el cerebro, corre entre las cordilleras de los
+lóbulos, se desliza como humo de suave locura por las revueltas
+callejuelas de sus anfractuosidades. Empieza á mostrar la pesadez del
+maniático, hablando á todos del muerto; ve el universo entero á través
+de su hijo.
+
+A pesar de esto, se da cuenta de que yo deseo dormir y deja para el día
+siguiente la repetición de su historia, siempre nueva é interesante para
+él. «¡Buenas noches!» Media hora después, tendido en la obscuridad, oigo
+en el inmediato pasillo su voz que domina el chirrido de los ejes, la
+melopea de oleaje costero que lanzan las ruedas, los saltos crujientes
+del vagón, iguales á los de un camarote de trasatlántico. Habla con unos
+oficiales ingleses que van á embarcarse en Brindis; les lee la última
+carta de esperanza. Los cortos espacios de silencio traen hasta mi,
+caprichosamente, algunos renglones, como pedazos de papel arrastrados
+por el huracán: «Papá: cuando termine la guerra....»
+
+
+
+
+II
+
+
+Alguien ha anonadado con su presencia á los que ocupamos el resto del
+vagón. Los oficiales ingleses, con todas las condecoraciones que adornan
+sus pechos y su tez curtida por el sol de exóticas campañas, no
+existen; unas condesas italianas, que han de bajar en Turín y ostentan
+coronas en los forros de sus maletas, quedan como aplastadas en su
+compartimiento; yo doy gracias humildemente al igualitario progreso de
+los tiempos actuales, que me permite dormir separado por un tabique de
+madera de la persona que descansa en la pieza inmediata.
+
+Dos señoras vestidas de negro han subido en París. Un grupo de hombres
+ha permanecido en el andén hasta el último instante mirándolas con mudo
+respeto: unos en traje civil, de sobria elegancia, esbeltos, bien
+afeitados, con un monóculo bajo la ceja arqueada, secretarios y
+agregados de la Embajada británica; otros con uniforme de marino, pero
+uniforme de batalla, sin faldones, sin dorados, apoyándose en un
+bastoncillo de paseo, ostentando en la visera de la gorra el reborde de
+laureles que distingue á los jefes superiores.
+
+Circula por el vagón el nombre de una de las viajeras. Es una duquesa de
+la corte de Inglaterra, una amiga de la difunta reina Victoria,
+cincuenta años de historial británico encerrados en un cuerpo que debió
+ser hermoso y ahora aparece algo hinchado por la edad y plebeyamente
+enrojecido. Una corona de cabellos blancos suaviza la tez subida de
+color; los ojos son los únicos que conservan en su majestuoso azul el
+reflejo de la pasada gloria. Lleva un gorrito albo y encañonado debajo
+del luengo velo de luto. Su acompañante es más alta, más estirada, menos
+accesible, como si recogiese en su enjuta persona de dama de compañía
+todo el orgullo y la altivez de que se despoja la señora. La duquesa
+sonríe ante la solicitud demasiado expansiva del empleado del vagón,
+mientras la honorable doméstica la acoge con un gesto duro y frío.
+
+Antes de dormirme, desfilan por mi memoria los recuerdos que guardo de
+esta anciana célebre que está tendida á cincuenta centímetros de mi
+cuerpo. La veo como la vi muchas veces en los grabados de las
+ilustraciones inglesas, con su diadema de brillantes y el pecho
+constelado de joyas y condecoraciones, asistiendo á las fiestas de su
+regia amiga, á sus jubileos de estrépito universal, á las coronaciones
+de su hijo y de su nieto. Es pairesa no sé cuántas veces. Posee calles
+enteras de Londres; vastos parques donde corre el zorro perseguido por
+un tropel de jinetes de casaca roja que galopan entre rugidos de
+trompas; castillos en Escocia al borde de lagos verdes que hacen
+recordar las novelas de Wálter Scott; vastas posesiones en Irlanda que
+sirvieron algunas veces de nocturno escenario á las hazañas de los
+fenianos de negro antifaz. Su primer marido fué virrey de las Indias, y
+ella recibió el homenaje de las muchedumbres pálidas y misteriosas en lo
+alto de un elefante blanco, dentro de un templete de filigrana de oro
+semejante á un relicario. Su segundo esposo presidió ministerios y
+arregló los destinos del planeta hablando hasta media noche en la Cámara
+de los Comunes ante los hombres que simbolizan la majestad de Inglaterra
+con el sombrero calado y los pies en el respaldo del banco anterior. Dos
+lores discípulos de Jorge Brumell murieron por ella. Uno se pegó un tiro
+teniendo ante su boca un pañuelo de blondas, lo único que había
+conseguido de la gentil duquesa. Otro, desesperado, se hizo pastor
+metodista y fué á evangelizar ciertas islas de Oceanía, donde su primer
+sermón terminó en hoguera y festín de caníbales. Esta dama empequeñecida
+por los años, gorda y de mejillas rojas y brillantes como manzanas, ha
+cazado el tigre en Asia, el hipopótamo y el león en África, tiene un
+yate que es casi un trasatlántico, en el que ha vivido años enteros, y
+no encuentra en toda la superficie del globo un lugar que tiente su
+curiosidad.
+
+Antes de partir el tren, el empleado del vagón sabía ya el motivo que ha
+arrancado á la duquesa de su castillo cerca de Londres, haciéndola
+atravesar París de estación á estación.
+
+--Va á Brindis--me ha dicho--para recibir el cadáver de su nieto, un
+aviador que acaba de morir en los Dardanelos.
+
+
+
+
+III
+
+
+Algo entrada la mañana salgo al pasillo. Los vidrios de las ventanas
+están opacos á causa del frio exterior. Por los regueros que traza el
+vaho al licuarse se ven montañas altísimas y blancas, bosques de hayas
+encaperuzadas de algodón, caseríos que tienen gruesos planos nos de
+nieve sobre las vertientes de sus tejados. Estamos atravesando la Saboya
+francesa; subimos, con bruscas alternativas de lobreguez de túnel y
+picante luz de nieve, las laderas de los Alpes. Nos aproximamos á
+Italia.
+
+El viejo habla con la dama de compañía, que parece humanizada por la
+emoción. Tiene aún en la mano la carta mugrienta y trágica, que acaba de
+leer una vez más.
+
+Cuando vuelvo de tomar el desayuno en el vagón-restorán, le encuentro
+solo. Me habla de la gran dama, que ocupa todo un departamento, y de su
+acompañante, que viaja con tanto desahogo como la señora. ¡El dinero
+que debe tener esta duquesa!... Y sin embargo, sufre lo mismo que él:
+más aún tal vez. Él tiene su hija, los hijos de su hija, y los tres
+niños que ha dejado el héroe obscuro cuya carta lee á todos. La gran
+señora no tiene á nadie en la tierra. Su nieto era el único heredero de
+su nombre y su fortuna. Las pairías, los millones, van á pasar á lejanos
+parientes.
+
+Me señala una gran caja de cartón que ocupa derecha todo el espacio
+entre dos puertas. La ha entreabierto poco antes la dama de compañía.
+Contiene una corona que cubrirá en Brindis el féretro del aviador al ser
+descendido á tierra.
+
+--¡Una maravilla!--dice--. La ha comprado en Londres esa señora alta y
+enjuta. Hay en ella palmas y flores, muchas flores, que parecen de
+verdad. Se podría adornar con ellas un centenar de sombreros de precio.
+
+El antiguo obrero «consciente» reaparece á través de esta admiración.
+
+--¡Ah, el dinero!... Hasta en la muerte nos separa. ¡Y pensar que cuando
+yo visito á mi pobrecito hijo sólo puedo llevarle ramos de violetas de á
+diez céntimos!...
+
+Veo á la duquesa al pasar ante la puerta de su camarote. Está erguida en
+su asiento, con la capota blanca y negra, de la que pende un largo velo,
+enguantada, rígida, lo mismo que la vi en la noche anterior, como si no
+hubiese dormido. Contempla el nevado paisaje que pasa veloz por las
+ventanillas; pero su pensamiento se halla lejos.
+
+Me entrego á la lectura, y de pronto me distrae un rumor de voces en el
+departamento inmediato. Es el empleado que habla y la duquesa que habla
+igualmente. Adivino fragmentos de la carta del pobre muerto: «Confianza,
+papá. Aún quedan para nosotros días felices....» La curiosidad me hace
+transitar por el pasillo. El viejo está de pie, con la gorra puesta,
+como corresponde á un hombre que viste uniforme. La gran señora ha
+perdido el arrebol de su fresca vejez; amarillea, se lleva á los ojos
+las puntas de un guante. Tal vez es ella la que ha llamado al hombre, al
+conocer su historia por el relato de su acompañante; tal vez el viejo se
+ha introducido en su camarote, con el atrevimiento del dolor.
+
+Vuelvo á oír desde mi asiento el rumor de sus voces. Ahora es la duquesa
+la que lee, lentamente, con las vacilaciones que acompañan á una
+traducción. Tiene en las manos la última carta de su nieto; y el
+empleado, que no puede llorar, lanza ronquidos de pena cuando la voz de
+la duquesa hace una pansa. Su entusiasmo y su dolor ignoran la manera
+correcta de manifestarse: «¡Nombre de Dios, qué mozo!... Y pensar que
+estos son los que mueren, y quedamos nosotros, señora, que no servimos
+para nada.»
+
+Vuelvo á pasar ante la puerta abierta. El viejo se ha sentado junto á la
+gran dama, que llora en silencio. Sus manazas toman instintivamente, sin
+saber lo que hacen, la diestra enguantada y fina, oprimiéndola
+cariñosamente.
+
+--¡Ah, señora duquesa!...
+
+La voz suena respetuosa y tímida, pero sus manos y sus ojos son
+confianzudos y tiernos. Habla con ella lo mismo que si fuese una comadre
+llorosa de su barrio, abrumada por una noticia fatal. Decididamente la
+guerra ha trastornado todas las organizaciones. Los socialistas son
+ministros y los viejos obreros revolucionarios acarician las manos de
+las duquesas que lloran. Nos aproximamos á la frontera italiana. Veo el
+chamberguito con pluma de gallo y el ferreruelo gris de los cazadores
+alpinos. El tren refrena su marcha ante las primeras casas de la
+estación de Modàne. Vamos á cambiar de vagón. El empleado, con un
+esfuerzo doloroso, vuelve á la realidad y corre de un lado á otro para
+devolver sus billetes á los pasajeros. Yo le doy cinco francos. «Muchas
+gracias.» Y me abandona, sin bajar siquiera las maletas que están en la
+cornisa de red. Los oficiales británicos no le dan nada. El inglés
+supone que cada hombre recibe la recompensa de su trabajo, y no quiere
+ofenderle con una limosna llamada propina. Las condesas de las múltiples
+coronas le entregan con gesto teatral una pieza de dos liras, y él se la
+guarda sin mirarla. Toda su atención está concentrada en el servicio de
+la duquesa. Llama á los mozos de la estación, les va pasando los bultos
+del equipaje, desciende al muelle para vigilar cómo los apilan en una
+carretilla. La gran señora se aproxima para decirle adiós, y él le
+estrecha la mano, ante los ojos escandalizados de la acompañante.
+
+Algo siente entre los dedos que le estremece y le hace mirar su mano. La
+duquesa conoce la parsimonia de su acompañante, encargada de los
+pequeños desembolsos, y es ella la que da la propina. ¡Cien francos!...
+El viejo duda ante el billete, ve á los nietos, ve á su hija que trabaja
+del amanecer á media noche, pero luego lo rechaza.
+
+--¡Ah, no, señora duquesa!
+
+Él es de su mundo, y su mundo tiene reglas de hidalguía y buena
+educación como cualquiera otro. A nosotros pueden tomarnos el dinero;
+somos extranjeros que pasan indiferentes junto á su persona. Pero no
+aceptará un céntimo por servir á un camarada, á un amigo con el que ha
+chocado el vaso. Y él ha bebido con la gran señora; han saboreado juntos
+el vino de la tristeza y del consuelo, han tocado sus copas rebosantes
+de dolor. Adivina ella estos sentimientos confusos con su delicadeza de
+alta dama, y no insiste, volviendo á guardarse el billete. Habla en
+inglés, y su acompañante, con visible molestia, toma de la carretilla
+una gran caja de cartón, la corona admirada, y se la entrega al viejo.
+
+--Para su hijo, para la tumba del héroe.
+
+Y se aleja majestuosa á pesar de su ancianidad, marchando por el andén
+como si fuese una galería de la corte.
+
+El empleado queda al pie del vagón, con los brazos ocupados por la caja,
+sufriendo la vergüenza de no poder ocultar sus lágrimas, que se deslizan
+hasta el duro bigote.
+
+--¡Señora duquesa!... ¡Ah, señora duquesa!
+
+
+
+
+LOS CUATRO HIJOS DE EVA
+
+
+
+
+I
+
+
+Iba á terminar la siega en la gran estancia argentina llamada «La
+Nacional». Los hombres venidos de todas partes para recoger la cosecha
+huían del amontonamiento en las casas de los peones y en las
+dependencias donde estaban guardadas las máquinas de labranza con los
+fardos de alfalfa seca. Preferían dormir al aire libre, teniendo por
+almohada el saco que contenía todos sus bienes terrenales y les había
+acompañado en sus peregrinaciones incesantes.
+
+Se encontraban allí hombres de casi todos los países de Europa. Algunos
+eternos vagabundos se habían lanzado á correr la tierra entera para
+saciar su sed de aventuras, y estaban temporalmente en la pampa
+argentina, unos cuantos meses nada más, antes de trasladar su existencia
+inquieta á la Australia ó al Cabo de Buena Esperanza. Otros, simples
+labriegos, españoles ó italianos, habían atravesado el Atlántico
+atraídos por la estupenda novedad de ganar seis pesos diarios por el
+mismo trabajo que en su país era pagado con unos cuantos céntimos.
+
+Los más de los segadores pertenecían á la clase de emigrantes que los
+propietarios argentinos llaman «golondrinas»; pájaros humanos que cada
+año, cuando las primeras nieves cubren el suelo de su país, abandonan
+las costas de Europa, levantando el vuelo hacia el clima más cálido del
+hemisferio meridional. Trabajan duramente verano y otoño, y cuando el
+viento pampero empieza á azotar las llanuras, asustados por la
+proximidad del invierno, regresan á los lugares de procedencia, donde la
+tierra empieza á despertar entonces bajo las primeras caricias
+primaverales.
+
+Cada año vuelven, apretados como un rebaño en la proa de los mugrientos
+vapores de emigrantes, para trabajar en las estancias y reunir sus
+economías, soñando incesantemente con el lejano país. Parecen resbalar
+sobre el suelo de la República Argentina, sin hacer el menor esfuerzo
+para arraigarse en él. Una vez terminada la recolección, huyen, llevando
+en la faja el producto de su trabajo y dispuestos á volver al año
+siguiente.
+
+La hora de la cena era el mejor momento de la jornada para los segadores
+de «La Nacional». Se reunían en grupos, atraídos por el vínculo del
+origen común ó por el encanto personal de la simpatía. Cenaban al aire
+libre, sentados en el suelo alrededor de la marmita humeante. Aunque las
+noches fuesen cálidas, encendían hogueras, buscando la protección de las
+llamas y del humo contra los feroces mosquitos, dominadores de la
+llanura.
+
+Algunos segadores que poseían un poder instintivo de dominación trataban
+á sus camaradas como jefes. Dentro de estos grupos que, procedentes de
+diversos lagares de la tierra, habían venido á juntarse en un rincón de
+la América del Sur, todos los procedimientos de selección social y las
+lentas evoluciones que modelan á un pueblo se realizaban en pocos días.
+Los que habían nacido para el mando ó los que se distinguían de sus
+camaradas por cualquier don especial se elevaban rápidamente sobre
+ellos. Unos eran respetados por su coraje, otros por su palabra
+oratoria, otros por su experiencia.
+
+El tío Correa, un vejete enjuto, descarnado, pero todavía fuerte á pesar
+de su edad, era el oráculo de los segadores españoles. Su conocimiento
+profundo de los hombres, sus consejos astutos, su larga familiaridad con
+la República Argentina, donde trabajaba hacía treinta años, le
+proporcionaban una sólida reputación.
+
+Era una especie de patriarca para sus compatriotas--especialmente para
+los recién llegados--, y él se aprovechaba de tal prestigio escogiendo
+el mejor lugar cerca del caldero, cuando llegaba la hora de la cena, y
+el rincón más cómodo para dormir. También eludía los trabajos pesados,
+confiándoselos á alguno de sus fervientes admiradores.
+
+Un anochecer, después de la cena, el tío Correa, sentado en el suelo,
+contemplaba su plato de metal ya vacio, dando chupadas al mismo tiempo á
+un cigarro que se resistía á arder.
+
+Su camisa entreabierta dejaba á la vista la desnudez de un pecho
+cubierto de espesa pelambrera gris. En torno de él, unos veinticinco
+segadores españoles formaban corro sentados en el suelo, y los últimos
+fulgores de la hoguera se reflejaban en sus rostros barnizados por la
+causticidad del sol.
+
+Algunas estrellas empezaban á titilar sobre la púrpura de un cielo
+ensangrentado por el ocaso. Los campos se extendían pálidos, con los
+contornos esfumados por la incierta luz del anochecer. Los había que
+estaban ya segados y exhalaban por sus heridas todavía abiertas el calor
+almacenado en su seno. Otros conservaban su onduloso manto de espigas,
+que empezaba á estremecerse bajo los primeros soplos de la brisa
+nocturna. Las máquinas agrícolas se destacaban sobre el rojo sombrío del
+horizonte como animales monstruosos que empezasen á surgir de las
+profundidades de la noche. Los tractores automóviles y las trilladoras
+parecían tomar en la obscuridad creciente los mismos contornos de los
+seres gigantescos que habían corrido por estas llanuras en los tiempos
+prehistóricos.
+
+--¡Ay, hijos míos!--dijo el tío Correa quejándose de un persistente
+dolor en sus articulaciones--. ¡Lo que ha de trabajar y sufrir un hombre
+para ganarse el pan de cada día!...
+
+Después de esta lamentación siguió hablando, en medio de un profundo
+silencio. Todos los ojos estaban fijos en él. Sus compatriotas esperaban
+un cuento divertido que les hiciera reir ó una historia interesante que
+les obligase á estirar el cuello con asombro y curiosidad, hasta la hora
+de acostarse. Pero en la presente noche el viejo se mostraba taciturno y
+más dispuesto á las lamentaciones que á distraer á camaradas.
+
+--Y siempre será así--continuó--. El mal no tiene remedio. Siempre habrá
+ricos y pobres, y los que han nacido para servir á los otros tienen que
+resignarse con su triste suerte. Bien lo decía mi abuela, y eso que fué
+mujer. Eva es la que tiene la culpa de la falta de igualdad que hay en
+el mundo, y los que pasamos la vida rabiando para servir y engordar á
+los otros debemos maldecir á la primera mujer por la esclavitud á que
+nos condenó. Pero ¿qué cosa mala no han hecho las mujeres?
+
+El deseo de quejarse que sentía esta noche le hizo recordar á un español
+llevado por la mañana al pueblo más próximo, ó sea á treinta kilómetros
+de la estancia, para que lo curasen. Uno de sus brazos había sido
+alcanzando por el engranaje de una trilladora, sufriendo una
+trituración horrible. El infeliz iba á quedar mutilado para siempre,
+arrastrando una vida de miserias y privaciones.
+
+El recuerdo de tal suceso aumentó la inquietud y la tristeza de los que
+escuchaban á Correa; pero como si éste se arrepintiese del silencio
+trágico que pesaba en torno de él, se apresuró á añadir:
+
+--Es una víctima más de la injusticia de nuestra abuela. Eva es la única
+responsable de que las cosas marchen tan mal en nuestro mundo.
+
+Y como sus camaradas, especialmente los que le conocían poco tiempo,
+mostraban un vehemente deseo de saber por qué motivo era Eva la
+responsable de sus desgracias, el viejo empezó á contar á su modo la
+mala broma que la primera mujer se había permitido con los hombres.
+
+El tío Correa tenía «sus letras». En su país natal llevaba ejercidas
+diversas profesiones, mostrándose siempre un incansable lector de
+diarios. Además, había asistido á muchas reuniones políticas y trabajado
+en las elecciones, pronunciando discursos á su modo en las tabernas del
+pueblo.
+
+Lo que iba á contar ahora no era un cuento. Se trataba de un «sucedido»,
+aunque extremadamente remoto, pues ocurrió algunos años después que Adán
+y Eva fueron expulsados del Paraíso y condenados á ganar el pan con el
+sudor de su rostro....
+
+¡Cómo hubo de trabajar el pobre Adán!... El tío Correa fué enumerando
+todas las cosas que el primer hombre se vió obligado á improvisar para
+cumplir sus obligaciones de padre de familia. En unos cuantos días tuvo
+que hacer de albañil, de carpintero y de cerrajero, construyendo una
+casa para albergar á Eva y á sus hijos.
+
+Después hubo de domesticar á muchos animales, para que su trabajo
+resultase más fácil y su nutrición más abundante. Enganchó al caballo,
+puso el yugo al buey, persuadió á la vaca de que debía permanecer quieta
+en un establo y dejarse ordeñar resignadamente; también logró convencer
+á la gallina y al cerdo de que les convenía vivir cerca del hombre, para
+que éste pudiera matarlos cómodamente cada vez que le apeteciese
+alimentarse con sus despojos.
+
+--Y además--continuó el segador--, Adán tuvo que desmontar las tierras
+vírgenes antes de cultivarlas, y echar abajo árboles inmensos, y todo lo
+hizo con herramientas de madera y de piedra inventadas por él. No
+olvidéis, hijos míos, que en esa época, Caín, que es el primer herrero
+de que habla la Historia, estaba todavía dando chupones á los pechos de
+su madre....
+
+Como el hombre no vive sólo de pan y las golosinas son las que hacen la
+vida agradable, Adán prestó más atención á su huerto, donde crecían los
+primeros árboles frutales, que á los campos, donde cultivaba otros
+artículos más sólidos é importantes para la nutrición. EL tío Correa,
+excitado por los recuerdos de su país en esta pampa monótona, donde sólo
+hay trigo y carne, iba mencionando los árboles de dulces frutos que
+embellecieron el primer huerto creado por el hombre. Describía la
+higuera, de hojas puntiagudas como manos abiertas, cuyo tronco rugoso y
+gris parece forrado con piel de elefante, y que en las mañanas de sol
+deja caer de rama en rama un fruto que, al aplastarse en el suelo, abre
+sus entrañas rojas y granuladas. Había también en dicho huerto el
+naranjo, con su perfume de amor y sus redondas cápsulas de miel
+encerradas en esferas de oro; y las diversas clases de melocotones, y el
+plátano, y el melón, que vive junto al suelo para absorber mejor sus
+jugos, concentrándolos en una carne de dulce marfil.
+
+A veces Adán recordaba el manzano del Paraíso y la serpiente enrollada á
+su tronco que había dado consejos á su mujer, inspirándole estúpidos
+deseos. Pero al contemplar luego su huerto, se encogía de hombros. La
+obra de sus manos le parecía más firme y de mayor porvenir que la
+creación improvisada del Paraíso.
+
+--Podía sentirse orgulloso de su obra--continuó el viejo--, pero su
+trabajo le costaba. Habríais sentido lástima al verle tan consumido.
+Sólo le quedaban los huesos y la piel, después de tantos esfuerzos.
+Parecía tener dos siglos más que su edad. En cambio, Eva podía pasar por
+su biznieta.
+
+Esto último no sorprendía al tío Correa. En sus andanzas, había viajado
+por los países más adelantados y modernos, observando muchas veces que
+el marido trabaja con una intensidad extraordinaria, pasando el día
+fuera de su domicilio en lucha áspera por conquistar el dinero, mientras
+la mujer se queda en su salón tocando el piano y recibiendo visitas. Y
+como resultado de esta desigualdad en el trabajo, las mujeres parecen
+las hijas de sus esposos, y éstos mueren, generalmente, mucho antes que
+ellas.
+
+--Yo no sé verdaderamente quién murió antes, si Eva ó Adán--continuó el
+viejo--; pero apostaría, sin miedo á perder, que fué el pobre Adán. Eva
+debió sobrevivirle, siendo una viuda rica de las que saben administrar
+sus bienes; y así viviría mucho tiempo, amada y respetada por sus hijos,
+para que no los excluyese del testamento.
+
+¡Pobre Adán!... A veces su cansancio era tan grande después del trabajo,
+que le faltaba la respiración y tomaba asiento en el umbral de su casa,
+para reposar un poco.
+
+Había pasado el día entero cavando la tierra ó domando el caballo
+salvaje y el toro feroz. Sentía un fuerte deseo de contemplar á su Eva
+unos instantes; el mismo deseo que sienten muchos de adorar á los seres
+que los maltratan; la admiración irresistible que nos inspira todo lo
+que nos cuesta muy caro. ¿Y esta mujer no le había costado el
+Paraíso?...
+
+Eva parecía siempre hermosa, á pesar de que daba al mundo un niño todos
+los años, y á veces dos. No podía hacer menos, teniendo la misión de
+poblar la tierra entera.
+
+Apenas Adán, sentado en el umbral de la puerta, se enjugaba el sudor de
+la frente y empezaba á gustar la dulce voluptuosidad del reposo, cuando
+la voz de Eva le arrancaba de este deleite fugitivo.
+
+--Oye, Adán: ya que no tienes nada que hacer, podías entretenerte
+poniendo la mesa.
+
+Otras veces Eva se mostraba injusta y cruel.
+
+--Adán, lávame los platos. Es una vergüenza que estés ahí, mano sobre
+mano, mientras yo me mato de trabajar.
+
+Pero en ciertas ocasiones tomaba el tono de una súplica dulce y
+acariciante.
+
+--Oye, maridito mío: tú que eres tan bueno, ¿por qué no das un paseo al
+bebé en su cochecito? El último que ha nacido, ¿sabes? el que lleva el
+número setenta y dos. Ya ves, alma mía, que, sola como estoy, no puedo
+llegar á cuidarlos á todos.
+
+Y el trabajador infatigable, procreador de un mundo entero, debía poner
+la mesa, lavar los platos y pasear al recién nacido en un cochecito de
+su invención.
+
+Eva trabajaba igualmente. No era floja labor limpiar los mocos, todas
+las mañanas, á siete docenas de niños, lavarlos y ponerlos á secar al
+sol, é impedir que se peleasen entre ellos hasta la hora del almuerzo.
+Pero su vida estaba agriada por otras preocupaciones.
+
+Al encontrarse fuera del Paraíso, sintió inmediatamente los primeros
+tormentos del pudor y de la vergüenza. Su larga cabellera ya no le
+pareció bastante para ocultar su desnudez, como en los tiempos en que no
+había escuchado aún á la maligna serpiente. Viéndose en el mundo vulgar,
+como simple mujer de labrador, después de haber sido primera dama en el
+Paraíso, tuvo que hacerse á toda prisa un manto de hojas secas que la
+protegiese del frío y le permitiera mostrarse con un aspecto de persona
+decente ante los seres celestiales.... Pero ¿cómo puede una señora tener
+buen aspecto llevando siempre el mismo vestido?... Esto equivalía,
+además, á colocarse al mismo nivel de los animales inferiores, que desde
+que nacen hasta que mueren llevan siempre el mismo pelaje, las mismas
+plumas ó el mismo caparazón.
+
+Eva era un ser razonable, capaz de las infinitas variaciones que forman
+el progreso, y por esto se dedicó á perfeccionar el arte del
+embellecimiento de su persona.
+
+Con el noble deseo de sostener la superioridad humana sobre los demás
+seres creados, se hizo un vestido nuevo todos los días. Esta resolución
+no era dictada por la vanidad, ni por el frívolo deseo de gustar á los
+hombres ó de hacer rabiar á las amigas, como han pretendido después
+algunos filósofos malhumorados.
+
+Eva puso á contribución para su adorno todos los recursos de la
+Naturaleza: las fibras de las plantas, las pieles de los cuadrúpedos,
+las cortezas de los árboles, las plumas de los pájaros, las piedras
+brillantes ó coloreadas que la tierra vomita en sus accesos de cólera.
+
+La tarea de inventar nuevos vestidos y adornos fué tan importante para
+ella y de tal modo deseó la novedad y la variedad, que la vida cambió
+completamente en la granja de Adán. Los hijos no vieron á su madre en
+muchas horas, y á veces durante jornadas enteras. Los pequeños se
+revolcaban en el suelo, cubiertos de una costra de suciedad, mientras
+los mayores reñían á puñetazos para dominarse unos á otros, ó golpeaban
+á los hermanos débiles que se resistían á servirles de esclavos.
+
+A veces la tribu entera se ponía de acuerdo para saquear la despensa
+paternal, devorando en unas cuantas horas todas las provisiones que Adán
+había almacenado para una semana.
+
+--¡Mamá! ¡Mamá!...
+
+Un coro de voces infantiles estallaba en el interior de la casa, como si
+implorase socorro.
+
+--¡Callad, demonios! Dejadme en paz. Es imposible tener un rato de
+tranquilidad en esta casa.
+
+Y después de imponer silencio con voz amenazante, Eva reanudaba el curso
+de sus meditaciones.
+
+--Veamos: ¿qué tal resultaría una capa de piel de pantera con cuello de
+plumas de lorito, y un sombrero de cortezas adornado con rosas y rabos
+de mono?...
+
+Su imaginación no se cansaba de concebir las más prodigiosas creaciones
+para el ornato de su persona. Luchaba entre el deseo de mostrar los
+ocultos tesoros de su belleza y un sentimiento de modestia y de pudor
+propio de una madre.
+
+Cuando se decidía por una falda corta que apenas le llegaba á las
+rodillas, inventaba inmediatamente, á guisa de compensación, unas mangas
+muy largas y un cuello que subía hasta sus orejas. Si, en un acceso de
+coquetería audaz, creaba un traje de ceremonia, sin mangas y muy
+escotado, buscaba inmediatamente volver á la virtud, fabricándose una
+falda que le cubría la punta de los pies y arrastraba la cola sobre el
+suelo, con un fru-fru semejante al ruido otoñal de las hojas secas.
+
+Mientras tanto, Adán iba casi desnudo, mostrando sus vergüenzas de puro
+pobre. Su ropero sólo contenía unas cuantas pieles de oveja viejas y
+rotas que estaban esperando una recomposición. Pero la mujer, ocupada en
+sus fantasías suntuarias, no encontraba nunca media hora libre para este
+remiendo.
+
+El primer hombre mostraba una viva admiración por las transformaciones
+continuas que iba notando en Eva. Una mañana su cabellera ostentaba el
+rojo ardiente del mediodía; á la mañana siguiente tenía el oro suave de
+la aurora; dos días después sus cabellos mostraban la negrura profunda
+de la noche. Ciertas tardes venía al encuentro de Adán con una falda
+voluminosa, casi esférica desde el talle á los pies, y tan ancha, que le
+era difícil pasar la puerta. Pero como la moda está formada de cambios
+bruscos y contrastes violentos, al día siguiente mostraba una segunda
+falda, tan estrecha y ajustada como la funda de un espadín, y apenas si
+podía marchar, saltando lo mismo que un pájaro.
+
+Su rostro también pasaba por estas extremadas transformaciones. A lo
+mejor estaba pálida, con la blancura del polvo de los caminos, cual sí
+acabase de sufrir una emoción mortal; otras veces sus mejillas eran tan
+rojas que parecían reflejar el fuego del sol poniente.
+
+Adán se sentía feliz al contemplarla, á pesar de que ella lo maltrataba
+lo mismo que antes, obligándole á desempeñar muchas funciones domésticas
+cuando venía cansado del trabajo en los campos. El pobre, gracias á tan
+costosas transformaciones, creía tener una mujer nueva cada veinticuatro
+horas.
+
+Eva, en cambio, se aburría, con un tedio mortal. ¿Para qué adornarse
+tanto, si ningún otro ser humano, aparte de su marido, podía verla?...
+Sin embargo, estaba convencida de que era la admiración de todo cuanto
+le rodeaba.
+
+Su vanidad había acabado por hacerla entender el lenguaje de los
+animales y de las cosas, incomprensible hasta entonces para las
+personas.
+
+Cada vez que salía de su casa, la selva entera se animaba con un
+murmullo de curiosidad femenil; los pájaros dejaban de volar, los
+cuadrúpedos se detenían en mitad de sus carreras locas, y los peces
+sacaban la cabeza sobre la superficie de ríos y estanques.
+
+--Veamos lo que ha inventado hoy para imitarnos--gritaban los loros y
+los monos insolentes desde lo alto de los árboles.
+
+--¡Muy bien, hija mía!--aprobaba el elefante con lentos movimientos de
+su trompa y el toro agitando su armado testuz.
+
+--¡Venid á ver la última creación de Eva!--piaban millares de pájaros en
+el follaje.
+
+Esta ovación de la Naturaleza, que en los primeros días hizo enrojecer
+de orgullo á nuestra primera madre, fué acogida finalmente con
+indiferencia por ella. Era el aplauso de una muchedumbre inferior, y Eva
+aspiraba á la aprobación de sus iguales. La única persona ¡ay! que podía
+admirar los inventos y los matices de su buen gusto era su marido; y un
+marido es un ser respetable que merece cierta atención, sobre todo
+cuando mantiene la casa, pero resulta ridículo que las mujeres se vistan
+para no ser admiradas mas que por sus esposos. Es como si un poeta
+hiciese sus versos únicamente para leerlos á los individuos de su
+familia.
+
+No; la mujer es una artista, y como todos los artistas, necesita un
+público grande, inmenso, á quien inspirar la admiración y el deseo,
+aunque no piense ni remotamente en satisfacer ese deseo.... Y como no
+había en el mundo otro hombre que su marido, y éste le interesaba muy
+poco, Eva empezó á pensar en los bienaventurados que habitan el cielo y
+muchas veces habían ido á hacerle visitas cuando ella ocupaba el
+Paraíso.
+
+Al llegar aquí, el tío Correa interrumpió su relato para dar una
+explicación que consideraba necesaria.
+
+Como Dios es un rey, los que le rodean se esfuerzan por imitar á los
+cortesanos terrenales, adoptando todos los sentimientos y las pasiones
+de su regio amo con más firmeza que éste. Apenas el Omnipotente
+manifestó su cólera contra Eva y su marido arrojándolos del Paraíso, los
+habitantes del cielo rompieron sus amistades con ella y con Adán,
+retirándoles el saludo y evitando todo encuentro.
+
+A veces, cuando Eva se contemplaba en el cristal de un pequeño lago que
+le servía de espejo, oía á sus espaldas un ruido de alas. Era un
+arcángel que iba á llevar un recado del Señor, cumpliendo sus funciones
+de mensajero celeste.
+
+Eva lo reconocía, se acordaba perfectamente de que le había sido
+presentado asistiendo á sus recepciones en el Paraíso. Pero en vano
+tosía ó cantaba entre dientes para atraer su atención, adoptando
+posturas interesantes; el viajero aéreo se resistía á reconocerla,
+batiendo con apresuramiento sus alas para alejarse lo más pronto
+posible.
+
+--¡De qué le sirve á una ser hermosa y vestir bien, si no recibe visitas
+y está condenada á vivir al margen de la sociedad!--decía Eva
+amargamente.
+
+Y á impulsos de su rabia, desgarraba sus trajes más originales apenas
+terminados, buscando además camorra al pobre Adán, para acusarlo de ser
+el único autor de la pérdida del Paraíso.
+
+--Sí, tú fuiste, ¡no lo niegues!--gritaba ella--. Tú me hiciste perder
+aquel jardín tan agradable y distinguido, con todas mis brillantes
+relaciones. Tú hiciste no sé qué lío con la serpiente, excitando la
+cólera del Señor.
+
+Y el pobre Adán sólo sabía decir, como único remedio expuesto
+tímidamente:
+
+--¡Si te ocupases un poco más de los niños! ¡Si dedicases menos tiempo á
+tus modas!...
+
+Al oir estos consejos vulgares, la indignación daba á Eva un lenguaje
+poético.
+
+--¿Quieres acaso que vaya desnuda?--decía con altivez--. Mira lo que
+hace el viento; es menos interesante que yo, no tiene cuerpo, y sin
+embargo se envuelve en una capa de polvo al correr á lo largo de los
+caminos y de un manto de hojas secas cuando atraviesa las selvas.
+
+
+
+
+II
+
+
+De vez en cuando un querubín volaba en torno á la granja, como un palomo
+perdido.
+
+Huyendo por algunas horas de la tarea de hacer gorgoritos en los coros
+celestiales, había osado descender á las regiones terrestres, con la
+esperanza de que el Señor le perdonaría esta escapada cuando le contase
+lo que había visto y cómo progresaban los negocios de los humanos
+después del pecado original.
+
+Eva, con sus ojos de mujer curiosa, no tardaba en descubrir la carita
+mofletuda que le estaba espiando medio oculta en las espesuras del
+follaje. Entonces, iniciando una de sus más hermosas sonrisas, lo
+llamaba:
+
+--Oye, chiquitín, ¿vienes de allá arriba? ¿Cómo está el Señor?
+
+Viéndose descubierto, el niño celestial se aproximaba hasta dejarse caer
+sobre las rodillas de nuestra madre.
+
+El Señor se mantenía, como siempre, inmutable y magnífico.
+
+--Cuando le veas--continuaba Eva--, dile que estoy muy arrepentida de mi
+desobediencia. ¡Qué tiempo tan agradable el que pasé en el Paraíso! ¡Qué
+espléndidas recepciones daba yo allá! ¡Y qué _buffet_ tan
+distinguido!... ¡Ay, las tortas celestiales!...
+
+Una de sus melancolías más dolorosas era á causa de las tortas
+celestiales. Eva lamentaba su pérdida tanto como la de la amistad de los
+bienaventurados.
+
+En vano Adán se calentaba la cabeza buscando algo adecuado para
+sustituirlas. Hizo tortas de trigo, que roció con la miel de las abejas,
+recientemente subyugadas; secó los frutos de la viña, inventando las
+pasas antes que el vino, y así llegó á descubrir el _pudding_. Pero
+ninguna de tales golosinas pudo hacer olvidar á su mujer las tortas
+deliciosas que ella encargaba á los pasteleros del cielo para sus tés
+paradisíacos de cinco á siete de la tarde.
+
+--Dile también--continuaba Eva--que ahora trabajamos y sufrimos mucho.
+Dile que deseamos verle, una vez solamente, para presentarle nuestras
+excusas. Mi marido y yo necesitamos convencernos de que Él no nos guarda
+rencor.
+
+--Se hará como se pide--contestaba el pequeñuelo.
+
+Y dando dos ó tres golpes de ala, se perdía en las nubes.
+
+Pero por más recados de esta clase que dió, nunca pudo conseguir una
+respuesta de lo alto. En general, la mayor parte de los volátiles
+celestes jamás volvían á las regiones terrenales, pero de tarde en tarde
+la mujer de Adán lograba reconocer la cara de alguno de estos seres
+alados.
+
+--Sé quién eres, pequeño--decía--. La semana pasada te vi rondando por
+estos sitios. ¿Diste al Señor mi recado? ¿Qué es lo que contestó?
+
+Las más de las veces los ángeles permanecían silenciosos ó balbuceaban
+palabras sin ilación, como niños bien educados que no quieren decir
+cosas desagradables á una señora.
+
+--¡Pero Él te habrá dado alguna respuesta!--insistía Eva--. ¡Vamos,
+habla!
+
+Y una vez encontró á un querubín pequeñito, de cara mofletuda, que le
+respondió:
+
+--Sí, señora. Su Divina Majestad ha contestado algo. Al darle yo su
+recado, me dijo: «¿Pero es que ese par de sinvergüenzas viven
+todavía?...»
+
+Eva sólo quiso ver en tales palabras una broma de niño falto de buena
+crianza. Juzgaba imposible que el Señor hubiera dicho esto. Si insistía
+en mantenerse invisible, era seguramente porque estaba muy ocupado en la
+dirección de sus dominios infinitos, no quedándole media hora libre para
+dar un paseo por la tierra.
+
+Una mañana fué recompensada su fe en la bondad divina. Se presentó un
+mensajero celeste, saltando de nube en nube, y gritó á Eva:
+
+--Escucha, mujer: si no llueve esta tarde, es posible que el Señor venga
+á haceros una visita corta. ¡Ha pasado tanto tiempo sin ver la
+tierra!... Anoche, hablando con el arcángel Miguel, le dijo: «A veces me
+pregunto en qué habrán venido á parar aquellos dos canallas
+desagradecidos que teníamos en el Paraíso. Me gustaría verlos.»
+
+Eva quedó aturdida por la noticia, y llamó á Adán, que trabajaba en un
+campo próximo.
+
+¡Cómo describir la agitación que conmovió á la granja!... El tío Correa
+la comparaba con la fiesta del santo patrono en cualquier pueblo de
+España, cuando las mujeres limpian en la víspera sus casas, desde la
+puerta al tejado, preparando además la gran comilitona del día
+siguiente.
+
+La esposa de Adán barrió y lavó los pisos de la entrada de la casa, de
+la cocina y del dormitorio. También puso una colcha nueva sobre la cama
+y frotó las sillas con arena y jabón. Después inspeccionó el guardarropa
+de la familia, y al ver que las pieles de cordero de su marido no
+estaban presentables, le confeccionó en un momento una casaquilla de
+hojas secas. ¡Para un hombre, bien estaba!
+
+El tiempo restante lo consagró al adorno de su persona. Contempló con
+mirada perpleja unos cuantos centenares de vestidos que había hecho y
+rehecho, preguntándose con desconsuelo:
+
+--¿Cómo me arreglaré para recibir dignamente á tan gran personaje?
+Verdaderamente, tengo muy poco que ponerme.
+
+Miró con ternura una larga túnica negra, de corte severo, que no dejaba
+visible ni una línea de su blanco cuerpo. Pero á continuación pensó que,
+por ser hombres todos los visitantes, no convenía recibirlos con tanta
+austeridad.
+
+Acababa de escoger uno de sus trajea mixtos, muy atrevido por un extremo
+y muy discreto por el otro, cuando llegó á sus oídos una verdadera
+tempestad de gritos y llantos. Toda su prole se sublevaba. Sólo se
+componía de unos cien muchachos, pero se hubiera dicho que la tierra
+entera había empezado á gritar.
+
+Por primera vez en su vida Eva contempló atentamente á sus hijos. Eran
+demasiado feos para presentarlos al Señor. Tenían los cabellos en
+maraña, las mejillas manchadas de barro seco y las narices cubiertas de
+costras. Eva, absorbida por sus inventos de modista, los había olvidado
+durante meses y meses.
+
+--¿Cómo presento estos granujas á Dios?... El Todopoderoso va á creer
+que soy una sucia y una mala madre.... Porque el Señor es hombre, y los
+hombres no comprenden lo difícil que es cuidar á tantos chiquillos.
+
+Después de esto empezó á insultar á Adán, como si éste fuese el
+responsable del abandono en que vivían sus hijos.
+
+Pero transcurría el tiempo y era urgente tomar una resolución. Luego de
+muchas dudas y titubeos, Eva escogió á los hijos preferidos (¿qué madre
+no los tiene?) para lavarlos y vestirlos lo mejor que pudo. Después
+empujó á los otros á puro cachete, hasta dejarlos encerrados en un
+establo, bajo llave, á pesar de sus protestas.
+
+Ya llegaban los visitantes. Eva apenas tuvo tiempo de dar una última
+mano al arreglo de su persona. Sacudió su vestido para hacer desaparecer
+las arrugas de la lucha con la terrible chiquillería y se pasó un peine
+por los pelos alborotados.
+
+En el horizonte, una columna de nubes, blanca y luminosa, descendió del
+cielo hasta posarse en la tierra. Empezó á sonar un ruido de alas
+innumerables, acompañado por las voces de un coro inmenso, cuyos
+«¡hosanna!» repercutieron á través del espacio infinito.
+
+Los primeros viajeros celestes, desembarcando de la nube que los había
+traído, empezaron á remontar el sendero de la granja. Estaban envueltos
+en tal esplendor, que parecía que todas las estrellas del firmamento
+hubiesen bajado á la tierra para juguetear entre los bancales de trigo
+cultivados por Adán.
+
+Iba delante la escolta de honor, compuesta de un destacamento de
+arcángeles cubiertos de cabeza á pies con centelleantes armaduras de
+oro. Después de haber envainado sus sables, se acercaron á Eva para
+decirle unos cuantos chicoleos, asegurando que no pasaban por ella los
+años y que se mantenía tan fresca y apetitosa como en los tiempos que
+habitaba el Paraíso.
+
+--Los soldados son así--explicó el tío Correa--. Allá donde van se lo
+comen todo, y lo que no se comen lo rompen ó se lo apropian. Cuando ven
+á una mujer sienten excitado su heroísmo, lo mismo que si oyesen sonar
+el toque de asalto....
+
+Total: que algunos más atrevidos intentaron unir los actos á las
+palabras, abrazando á Eva. Pero ésta tenía cerca su escoba, y los obligó
+con una rápida contraofensiva á refugiarse en la huerta, donde se
+subieron á los árboles.
+
+El viejo segador rió un poco, añadiendo después:
+
+--El pobre Adán no sabía qué hacer. «¡Van á comerse todos mis higos y
+mis melocotones!», gritó levantando los brazos. Para él hubiera sido
+mejor un ciclón en su huerto que la entrada de la alegre soldadesca.
+Pero como era hombre de tacto, aunque juró un poco, acabó por callar.
+
+El Señor llegaba ya. Su barba era de plata y su cabeza tenía como adorno
+un triángulo resplandeciente que lanzaba rayos lo mismo que el sol.
+Detrás venía Miguel, con una armadura incrustada de piedras preciosas
+formando fantásticos dibujos. Cerraban la marcha todos los ministros y
+altos dignatarios de la corte celestial.
+
+--El Creador saludó á Adán con una sonrisa de lástima--prosiguió el
+viejo--. «¿Cómo estás, infeliz?», le preguntó. «¿Tu mujer no te ha
+metido en nuevos líos?...» Después acarició á Eva, tomándole la
+barbilla. «¡Hola, buena pieza! ¿Aún continúas haciendo locuras?»
+
+Conmovidos por tanta simplicidad, los esposos ofrecieron al Señor el
+único mueble que poseían, semejante á un trono. Era una silla de brazos
+como las mejores que se pueden encontrar en una granja rica.
+
+--¡Qué asiento, hijos míos!--dijo el tío Correa con entusiasmo--. Ancho,
+blandísimo, hecho con madera de algarrobo de la mejor y con cuerda de
+esparto bien tejido; un sillón, en fin, como sólo puede tenerlo un cura
+de pueblo rico.
+
+Sentado en él Su Divina Majestad, fué escuchando lo que le contaba Adán,
+sus fatigas, sus malos negocios, las dificultades que había de vencer
+para ganar el sustento de él y su familia.
+
+--¡Muy bien! ¡Me alegro mucho!--decía el Señor, mientras una sonrisa
+agitaba su barba resplandeciente--. Eso te enseñará á no desobedecer á
+tus superiores, y sobre todo, á no seguir los consejos de una hembra.
+¿Creías acaso que ibas á comer gratis en el Paraíso y hacer al mismo
+tiempo lo que se te antojase?... ¡Sufre, hijo mío! ¡Trabaja y rabia! Así
+aprenderás lo que cuesta la libertad.
+
+El Señor contempló luego á Eva. Desde mucho antes le había dirigido
+rápidas miradas de curiosidad y de indignación. Era la primera vez que
+veía á una mujer vestida. ¿De dónde había salido este animal de plumaje
+fantástico, este loro sin alas, cuya forma absurda y colores chillones
+no hubiera podido concebir Él, ni aun en sus momentos de más frenética
+creación?...
+
+Dándose cuenta de que el Señor la observaba, Eva fué adoptando las
+actitudes que consideró más interesantes, esforzándose por hacer valer
+con ellas las gracias de su cuerpo y la elegancia de sus adornos. Al
+mismo tiempo sonreía, segura de sí misma.
+
+--Y el Todopoderoso--continuó el tío Correa--no pudo menos de reconocer
+cierta gracia en estos adornos mujeriles que al principio había
+considerado feísimos.
+
+--Continúa siendo la misma frívola de siempre--murmuró el Señor
+dirigiéndose al gran capitán Miguel, que le acompañaba á todas partes y
+se mantenía ahora de pie detrás de su sillón--. Es la misma cabeza de
+chorlito que conocimos en el Paraíso.... Pero hay que confesar que sabe
+adornarse con gusto.
+
+Tal vez estas consideraciones, unidas á las sonrisas de Eva y al humilde
+silencio con que Adán acogió las reprimendas del Señor, ablandaron el
+corazón de éste. Pareció arrepentirse de su anterior severidad, y añadió
+con un tono de benevolencia:
+
+--No esperéis que os perdone, permitiendo que volváis á disfrutar por
+segunda vez los placeres del Paraíso. Lo que está hecho ya está hecho, y
+debéis sufrir los efectos de mi maldición. Mi palabra es sagrada; y si
+la retirase, me desconocería á mí mismo.... Pero ya que he venido á
+veros, no quiero irme sin dejar un recuerdo de mi visita. A vosotros no
+puedo daros nada: los dos estáis malditos; pero vuestros hijos son
+inocentes y tendré mucho gusto en hacer un don á cada uno de ellos....
+Yo había creído que teníais una descendencia más numerosa. ¿Sólo cuatro
+hijos? Seguramente que no me arruinaré con mis regalos. Anda, Eva,
+tráeme á tus pequeños.
+
+Los cuatro pilletes se alinearon ante el Todopoderoso, que los examinó
+atentamente.
+
+--Ven aquí, tú--dijo designando á un pequeño, serio y gordo, de mirada
+penetrante y cejas fruncidas, que había estado chupándose un dedo
+mientras escuchaba gravemente la conversación--. Te confiero el poder
+de juzgar á tus iguales. Serás el dispensador de la justicia;
+interpretarás según tu criterio las leyes hechas por los otros; poseerás
+el privilegio de establecer lo que es el Bien y lo que es el Mal,
+cambiando de opinión cada siglo. Sujetarás todos los delincuentes á las
+mismas reglas penales, medida tan cuerda y acertada como si los médicos
+pretendiesen curar á los enfermos con el mismo remedio. Tu situación
+será en el mundo la más estable é inconmovible. Podrá ocurrir que los
+hombres duden con el tiempo de todo lo que les rodea. Hasta llegará un
+día en que se atrevan á discutir mi existencia y á negarme. Pero no
+temas por ti. Tú serás la Justicia augusta é infalible, incapaz de
+equivocarse, sin la cual no es posible la vida. Los mismos que ostenten
+como un título de gloria su incredulidad absoluta, se indignarán si
+alguien tiene la audacia de poner en duda tu rectitud. Y si incurres en
+errores que cuestan la vida ó la libertad á los hombres, la mayoría
+disimulará tu horrible equivocación, apelando al «carácter sagrado de la
+cosa juzgada».
+
+El Todopoderoso hizo señal para que avanzase un segundo muchacho.
+
+Era moreno, de aspecto jovial y atrevido, con la cabeza puntiaguda, la
+mandíbula cuadrada y unas orejas prominentes. Llevaba siempre en su mano
+derecha un bastón, con el que pegaba á sus hermanos. A la hora de las
+comidas se apoderaba de las porciones de los otros, amenazándoles si
+protestaban.
+
+Al llegar á corta distancia del Todopoderoso se cuadró, con las manos
+pegadas á los muslos y los ojos fijos, lo mismo que un soldado alemán
+bien disciplinado.
+
+Y el Señor le dijo:
+
+--Tú serás el hombre de guerra, el héroe. Conducirás tus semejantes á
+la muerte, como el matarife guía los rebaños al matadero. Esto no
+impedirá que todos te admiren y te aclamen (hasta aquellos mismos que
+serán hechos pedazos bajo tu dirección), pues emplearás como fetiches de
+poder inagotable las palabras Gloria, Honor, Patria, Bandera. Los
+hombres hablarán con emoción de leyes morales y mandamientos religiosos
+que les ordenan «no matarás», «no robarás», «amarás á tu prójimo como á
+ti mismo»; pero tú, guerrero semejante á un semidiós, vivirás más allá
+del Bien y del Mal. Si los otros hombres matan, serán juzgados como
+criminales y terminarán sus días en un presidio ó en el cadalso. Tú, por
+el contrario, te agrandarás en proporción de tus matanzas, y cuando las
+gentes te admiren cubierto de sangre humana, gritarán á coro: «¡Este es
+un verdadero héroe!»
+
+»Si alguna vez deseas un territorio, lo primero que harás será
+apoderarte de él por la fuerza, exterminando á todos los que intenten
+resistirse en nombre de sus antiguos derechos. Siempre encontrarás
+jurisconsultos que se encarguen de probar, textos en mano, tu derecho á
+la posesión de las tierras conquistadas. Comete toda clase de
+atrocidades...pero vence. Nunca dejarás de tener razón si eres
+victorioso. Nadie osa pedir cuentas al conquistador, y en sus templos,
+los sacerdotes de todas las religiones cantarán por tu salud, celebrando
+tu triunfo. Inunda los países de sangre, pasa los pueblos á cuchillo,
+incendia las ciudades, mata, destruye, roba.... Esto no impedirá que los
+poetas te celebren y los historiadores perpetúen tus hazañas más que si
+fueses un benefactor de la humanidad. Pero los que intenten imitarte y
+cometan tus mismas atrocidades sin vestir unas ropas de corte y color
+especiales llamadas uniforme, arrastrarán una cadena en el calabozo de
+una cárcel.... Puedes retirarte. ¡Que avance otro!.
+
+El tercero era un adolescente, seco de carnes, nervioso, con una palidez
+verdosa y los ojos de mirada astuta.
+
+Reflexionó el Señor un instante antes de decidir lo que haría de él, y
+dijo finalmente:
+
+--Tú dirigirás los negocios del mundo, siendo al mismo tiempo mercader y
+banquero. Prestarás oro á los reyes, lo que te permitirá tratarlos como
+si fuesen tus iguales; y si llegas á arruinar á toda una nación en
+provecho tuyo, el mundo admirará tu habilidad. Tus grandes combinaciones
+financieras extenderán el pánico por el universo entero, haciendo pesar
+sobre las ciudades horas de angustia mortal. Tus victorias en la Bolsa
+irán acompañadas por los pistoletazos de tus víctimas empujadas al
+suicidio y los llantos de sus familias. Provocarás guerras
+incomprensibles y favorecerás tratados de paz ruinosos, siendo
+responsable del envío de acorazados y de ejércitos expedicionarios para
+sostener tus reivindicaciones injustas y usurarias contra las naciones
+débiles.
+
+»Tus hijos creerán proteger las artes manteniendo lujosamente
+bailarinas, cantantes ó simples portadoras de costosos trajes y joyas
+inauditas para halago de su orgullo. Tú, retenido por tus negocios,
+envejecerás y llegarás tarde á la escena de la vida, para ser un Mecenas
+de esta especie, contentándote con proteger á los pintores.
+
+»La disparidad de opiniones más absoluta acompañará el recuerdo de tu
+nombre durante treinta ó cuarenta años, porque tu nombre, como el de los
+tenores y el de los cómicos, vivirá nada más lo que vivan las personas
+que te conocieron. «Sirvió al progreso humano», dirán algunos
+acordándose de tus flotas de buques mercantes y de las vías férreas con
+que surcastes los desiertos. «Era un bandido», afirmarán otros pensando
+que por cada kilómetro de rieles colocados llenaste un cementerio de
+trabajadores. «Fué un monstruo, que para ganar sus riquezas sacrificó
+más vidas humanas que un conquistador.» Y todos tendrán razón, todos
+dirán la verdad; porque lo que hay más divertido en la vida de los
+hombres es que todos ellos hablan de la verdad, de la verdad absoluta é
+indiscutible, ignorando que esta verdad absoluta no es mas que un
+ensueño y que siempre habrá tantas verdades como intereses.... Acuérdate
+de esto y sigue tu camino.
+
+Llegó el turno al cuarto muchacho, y éste avanzó.
+
+--Viendo al tal mocoso, el Señor empezó á reír--dijo el tío Correa--.
+Apenas levantaba dos palmos del suelo; y el Omnipotente, como lo sabe
+todo, vió que era el hijo preferido de su madre.
+
+Ésta únicamente dudaba de la justicia de su preferencia al comparar á
+este pequeño con el hermano de las orejas grandes, armado siempre con un
+garrote. La mujer se siente en todas ocasiones atraída por el guerrero;
+pero cuando el pequeño abría la boca, Eva, completamente subyugada,
+reconocía su superioridad sobre el belicoso mayor.
+
+El Omnipotente examinó al diminuto personaje con un regocijo mal
+disimulado. Se fijó en sus robustos hombros, su cabeza enorme y su
+amplia frente. Su mirada era orgullosa y sus labios se contraían con una
+mueca en la que se mezclaban el menosprecio y la adulación. Tenía á la
+vez algo de comediante y de rey.
+
+No parecía intimidado el chicuelo por la presencia del Creador. Se
+mantuvo erguido, con una mano sobre el pecho y la otra apoyada en el
+respaldo de una silla. Su frente elevada parecía aguardar la inspiración
+de lo alto. Mostraba la rigidez de un modelo, como si estuviera delante
+del escultor encargado de su futura estatua.
+
+Su madre le conocía bien. Cuando sentía hambre y deseaba un pedazo de
+pan, nunca lo reclamaba á gritos, como los niños ordinarios. Tenía el
+sentimiento precoz de las fórmulas parlamentarias, no conocidas aún en
+el mundo, y decía gravemente:
+
+--Señora Eva, permítame su señoría una pequeña interpelación: ¿puedo
+tomar un poquito de pan?
+
+La madre apelaba á su auxilio cada vez que tenía necesidad de mantener
+tranquila á la numerosa prole, mientras se consagraba á la confección de
+sus trajes.
+
+--Ven aquí, vida mía--suplicaba Eva--. Hazme el favor de divertir á tus
+hermanos con uno de tus discursos.
+
+Y el niño, empujado por su propia elocuencia, hablaba horas y horas, sin
+saber ciertamente lo que decía, dando tiempo á la madre para terminar su
+obra.
+
+--Tú serás el rey de la tierra--declaró el Todopoderoso--; tú serás el
+Orador, y con eso queda dicho todo. A pesar de su poder y su orgullo,
+tus hermanos vivirán al amparo de tu palabra. El guerrero te obedecerá;
+el juez te servirá y sostendrá, para mantener su propia situación; el
+banquero te dará cuanto le pidas, para que seas su abogado y defiendas
+sus terribles combinaciones. Tu único mérito consistirá en hablar bien,
+y eso es suficiente para que todos te consideren el hombre más sabio de
+la tierra.
+
+»Sin necesidad de estudiar los asuntos, hablarás de ellos
+indefinidamente; si alguna vez necesitas mostrar conocimientos, serán de
+tercera ó cuarta mano, y sin embargo las masas te aclamarán como un
+genio. En los tiempos difíciles todos te buscarán, viendo en ti la única
+esperanza de la patria. «Coloquémosle á la cabeza del gobierno, ya que
+habla mejor que todos», dirán las gentes.
+
+»La humanidad se deja regir por una lógica absurda. Para gobernar una
+nación, para administrar su hacienda y hasta para mandar sus ejércitos,
+nadie vale lo que un buen orador, capaz de hablar a todas horas
+fácilmente y sin fatiga. Cuando surja una guerra, tú dirigirás desde tu
+sillón á los generales; cuando llegue el momento de negociar la paz,
+confiarán esta misión á un congreso de oradores. La palabra gobernará al
+mundo más aún que el sable. Habla, hijo mío, habla elocuentemente y sin
+cansancio, y el mundo será tuyo.
+
+
+
+
+III
+
+
+Adán lloraba silenciosamente, agradeciendo las bondades del Señor.
+
+Sus cuatro hijos acababan de recibir la dominación de la tierra entera.
+
+Sin embargo, su esposa se mostraba inquieta. Varias veces estuvo á punto
+de interrumpir al Omnipotente pronunciando una palabra, una sola, pero
+calló en el último instante. ¿Cómo iba á detener la ola de
+bienaventuranzas celestiales que se desplomaba sobre sus cuatro
+hijos?... Pero el remordimiento oprimía su corazón maternal.
+
+Pensaba en la caterva de pequeños encerrada en el establo, que iba á
+quedar privada, por su culpa, de tan generoso reparto.
+
+Al fin murmuró, aproximándose á Adán:
+
+--Voy á enseñar los otros al Señor.
+
+--Ya es tarde--objetó el marido--. Sería pedirle demasiadas cosas, y el
+Señor puede enfadarse.
+
+Precisamente, en el mismo momento el arcángel Miguel, que había venido á
+visitar á los dos reprobos contra su voluntad, insistió cerca de su
+divino amo para que diese por terminada la visita.
+
+Le era insoportable este capricho del Señor, pero protestaba de él con
+toda la circunspección de un ministro de la Guerra que lleva muchos
+siglos acompañando á su soberano.
+
+--Majestad, se hace tarde--insinuó suavemente--. El sol se ocultará
+dentro de poco, y las noches son ahora frescas. Sería imprudente, á los
+años de Su Majestad, prolongar esta visita.
+
+Miguel parecía inquieto. Había una expresión de tristeza en los ojos de
+este guerrero rubio, y algunas canas brillantes como la plata cortaban
+el esplendor de su cabellera de oro.
+
+Pensaba en Lucifer.
+
+Lucifer había sido tan rubio, tan arrogante y tan guerrero como él.
+Ahora, con el nombre de Satanás, era feo y estaba caído y pisoteado,
+como todos los rebeldes que no triunfan.
+
+Durante muchos siglos, Miguel había permitido á los pintores y los
+escultores celestiales que le representasen teniendo bajo sus pies y su
+poderosa lanza á Satanás, el camarada y el adversario de otros tiempos.
+No había miedo de que algún habitante del reino celestial intentase una
+segunda sublevación pretendiendo continuar la rebeldía de Lucifer. Eran
+demasiado listos los de arriba para incurrir en error tan grosero. Pero
+el arcángel se daba cuenta de que Satanás, inerte bajo sus plantas
+durante tantos siglos, como si se hubiese resignado para siempre á su
+derrota, empezaba á agitarse, queriendo renovar la lucha.
+
+El ángel caído por su soberbia revolucionaria contaba indudablemente con
+refuerzos extraordinarios, y como éstos no podía encontrarlos en el
+cielo, Miguel temía que los buscase en la tierra, previendo una serie de
+batallas de las cuales no saldría siempre vencedor.
+
+Los papeles de la eterna tragedia iban tal vez á cambiarse. Satanás
+podía resultar victorioso, irguiéndose á su vez con arrogancia sobre el
+cuerpo caído de Miguel, vencedor en otros tiempos y ahora vencido.
+
+--Majestad--insistió el guerrero--, dejemos cuanto antes á estos
+importunos.
+
+El Señor abandonó su sillón. Fuera de la granja sonaron las notas
+chillonas de las trompetas de los arcángeles tocando llamada, y los
+rubios soldados de la escolta divina descendieron de los árboles con tal
+violencia, que no dejaron en ellos fruto ni hoja. Una nube de langosta
+no lo hubiese hecho peor.
+
+La guardia se formó en dos filas ante la puerta, presentando sus armas,
+mientras el divino soberano salía lentamente, apoyado en un brazo de
+Miguel.
+
+Eva le cerró el camino.
+
+--Majestad: un instante.
+
+Y corrió al establo, abriendo la puerta.
+
+--¡No he dicho toda la verdad!--gritó con una voz emocionada por el
+remordimiento--. Tengo otros hijos. ¡Piedad, Señor, para estos pequeños!
+¡Dadles un don cualquiera! ¡Que vuestra divina misericordia no los
+olvide!
+
+El Todopoderoso contempló á esta muchedumbre de niños con estupor y
+repugnancia. Al mismo tiempo, su ministro de la Guerra fruncía las
+cejas, llevando instintivamente la diestra á la empuñadura del sable.
+
+Miguel reconoció al futuro enemigo en esta horda sucia y revoltosa. Con
+estos monstruos contaba su adversario infernal para triunfar en el
+porvenir. Eran sus últimas reservas, las tropas de la desesperación.
+¡Qué lástima no poder aplastarlos allí mismo, antes de que llegasen á
+crecer!...
+
+--Vamonos, Señor--dijo empujando dulcemente á su soberano--. No hay que
+dar nada á esta canalla. Es mejor que todos perezcan.
+
+Y repelió á Eva con rudeza, ordenándole que no insistiese en su demanda
+presuntuosa.
+
+--No puedo hacer nada, pobre mujer--dijo el Señor excusándose--. No me
+queda nada que darles. Sus cuatro hermanos se lo han llevado todo.... No
+llores; no me gustan las lágrimas femeninas; yo reflexionaré y tal vez
+encuentre algo para ellos.... Ya veremos más adelante.
+
+Pero la madre no se dejó convencer por estas promesas vagas:
+
+--¡Señor, dadles cualquier cosa, pero ahora mismo! No importa el
+donativo. ¿Quién sabe cuándo volverá por aquí Su Majestad?... Me
+contento con un pequeño regalo para cada uno; un empleo, una ocupación.
+¿Qué va á ser, si no, de estos pobrecitos?...
+
+El arcángel iba á ordenar que una escuadra de la escolta celeste
+apartase á viva fuerza á esta mujer tenaz, cuando el Omnipotente
+encontró una solución gracias á su sabiduría infinita.
+
+También él deseaba perder de vista cuanto antes la granja y su
+chiquillería repugnante.
+
+El Señor se acarició su larga barba de plata y dijo á Eva:
+
+--No llores, mujer; ya les he encontrado una ocupación, y no será
+ligera. Todos estos trabajarán para mantener á sus cuatro hermanos,
+sirviéndoles eternamente.
+
+Hubo una larga pausa, y el tío Correa terminó así:
+
+--Vosotros y yo, y todos los que pasamos la vida encorvados sobre la
+tierra para sostener nuestra miserable existencia, somos los
+descendientes de aquellos infelices que nuestra primera madre encerró en
+el establo.
+
+Los segadores quedaron en un prolongado y reflexivo silencio. Pero de
+pronto, una voz surgió de la penumbra:
+
+--¿Y las mujeres?... ¿Qué hace usted de las mujeres?
+
+El tío Correa, sorprendido y perplejo, paseó una mirada por el corro de
+oyentes, preguntando:
+
+--¿Qué mujeres son esas? ¿Qué tienen que ver las mujeres con esta
+historia?
+
+El segador medio oculto en la obscuridad, añadió:
+
+--Eva, seguramente, tendría alguna vez hijas, pues de no ser así, no
+existirían mujeres actualmente, y las hay en todas partes...tal vez
+demasiadas; ¿no es esto, tío Correa?... Lo que yo pregunto es cuál fué
+la suerte de las hijas de Eva. ¿Nuestra primera madre presentó algunas
+al Señor, para que también les hiciera un regalo, ó las encerró á todas
+en el establo en compañía de nuestros pobres abuelos?
+
+Un murmullo de curiosidad se elevó del corro, semejante al que surge de
+una reunión electoral cuando el discurso del candidato queda cortado por
+una objeción imprevista.
+
+Todos los ojos se volvieron hacia el viejo, que se rascaba la cabeza,
+mirando al suelo con una expresión de inquietud y de duda.
+
+De pronto sonrió, triunfante.
+
+--Bien se ve--dijo con una voz dulzona--que el que ha hecho esa pregunta
+es joven y sin experiencia. Eva era mujer y conocía demasiado bjen las
+necesidades de las mujeres para perder el tiempo en peticiones
+inútiles. Dios, con ser Dios y disponer de todo lo existente, no puede
+dar nada á las mujeres después que han nacido.
+
+Hizo una larga pausa para gozar del silencio con que la curiosidad y el
+interés acogían sus palabras.
+
+--Antes de que ellas nazcan--continuó--, Dios puede darles la belleza y
+la gracia á manos llenas, y hasta algunas veces les da la discreción y
+el talento. Pero después que están en el mundo, su única esperanza es el
+hombre. Todo lo que son y lo que tienen lo deben al hombre. Para ellas
+es el trabajo de los pobres, el poder de los que gobiernan, las hazañas
+de los soldados, el dinero de los millonarios. Ellas son las que tuercen
+con más facilidad la dureza de la justicia.... No; las mujeres no tienen
+nada que pedir á Dios, pues todo lo reciben de los hombres.... Y los
+hombres, cuando trabajan por la gloria, por la ambición ó por amor al
+dinero, no hacen en el fondo mas que trabajar por ellas y para ellas.
+
+
+
+
+LA CIGARRA Y LA HORMIGA
+
+
+Reverbera en las blancas fachadas el sol de las primeras horas de la
+tarde. Procuramos, en nuestros paseos por la plaza de un pequeño pueblo
+valenciano, no salirnos de las islas de sombra que trazan los plátanos
+sobre la tierra rojiza y ardiente.
+
+Silencio de sueño, calma profunda de siesta veraniega. Los únicos que
+vivimos en este ambiente exuberante de luz somos mi amigo y yo, que
+conversamos bajo los árboles de la plaza, los niños que ganguean á
+gritos sus lecciones en la escuela próxima, siguiendo el venerable
+método morisco, y los enjambres de insectos que aletean, zumban y trepan
+en torno de los plátanos.
+
+Calla de pronto el coro escolar, y por las ventanas abiertas llega hasta
+nosotros la voz de un niño, el más aplicado tal vez, que recita una
+fábula: _La cigarra y la hormiga_.
+
+Como el griterío de una muchedumbre alborotada que contesta á
+ultrajantes alusiones, suena el _chín-chín_ de numerosas cigarras
+moviendo sus cimbalillos entre las cortinas del follaje.
+
+Mi amigo el naturalista se indigna mientras la voz infantil va
+desarrollando la acción de la conocida fábula, la cigarra imprevisora y
+alegre que canta sin pensar en el porvenir, y cuando llega el invierno,
+transida de frío y vacilante de hambre, va en busca de la hormiga para
+implorar un préstamo. El animal ordenado y económico, que tiene en torno
+los sacos llenos de cosecha y se prepara á invernar en opípara
+abundancia, no quiere oír la súplica de la bohemia y añade á su negativa
+la burla cruel: «¿No has pasado cantando el verano mientras yo
+trabajaba? Pues bien; ahora, baila.»
+
+--Me irrita esta fábula--dice el naturalista--. Es una historia inmoral,
+que enseña á los hombres desde su infancia el respeto á la avaricia y á
+la crueldad, el culto del egoísmo, la burla soez contra los idealistas,
+que piensan en algo más que la satisfacción de los apetitos materiales.
+Todo es mentira en este relato inventado hace miles de años. La
+imprevisora y loca cigarra de la fábula es un ser laborioso y dulce,
+explotado hasta la muerte. En cuanto á la hormiga, modelo de economía
+doméstica que los padres ofrecen á los hijos, es una bestia rapaz que
+desde el mundo de la pequeña animalidad influye fatalmente sobre los
+hombres. Nuestro planeta sufre guerras y se cubre de sangre cada vez que
+á un Imperio se le ocurre organizarse como un hormiguero, imitando su
+férrea disciplina, su método para la acción, su soberbia, que tiende á
+engañar y esclavizar todo cuanto le rodea....
+
+ * * * * *
+
+--Esa fábula es una calumnia--continúa mi amigo--. Los caracteres de sus
+protagonistas aparecen en ella escandalosamente invertidos. La hormiga
+es en realidad un ladrón y la pobre cigarra una víctima.
+
+Al poeta La Fontaine (imitado después por el fabulista español) debemos
+el triunfo de este embuste, que, confiado á la memoria de los niños,
+resulta inmortal. Supo describir con exactitud el carácter del lobo, del
+zorro, del gato y otros animales protagonistas de sus historias. Los
+había visto de cerca, eran de su país. En todas las latitudes del mundo
+hablan las gentes de la cigarra á causa de la fábula, y sin embargo, son
+muy pocos los que han visto cigarras. Este animal sólo existe en la
+región asoleada del olivo, y París, donde vivió La Fontaine, no tiene
+olivos.
+
+Es indudable que tomó esta historia de los griegos. Los niños de la
+Atenas de Pericles, al ir á la escuela con su capacito de esparto lleno
+de higos secos y de olivas, se contaban el cuento de la cigarra
+imprevisora que tuvo que pedir un préstamo á la hormiga. Lo habían oído
+á sus nodrizas y á sus madres cada vez que éstas les recomendaban la
+necesidad de ser sobrios y ahorradores. De aquí data el error,
+verdaderamente incomprensible en un país como Grecia que tiene cigarras.
+La fábula, como casi todas las fábulas, procede del pueblo indostánico,
+gran contemplador de la Naturaleza. Los poetas del Ganges, que conocían
+exactamente la vida de las bestias, debieron poner la hormiga frente á
+otro animal. Los griegos lo sustituyeron con la cigarra (monótono cantor
+que metían en jaulas para que meciese sus siestas), y así ha llegado el
+relato hasta nosotros, falso é indestructible, como muchas leyendas
+gloriosas de la humanidad; viejo y respetable, como el egoísmo de los
+hombres, ó lo que es lo mismo, como la historia del mundo.
+
+El sabio Fabre, poeta de los insectos, fué el primero que, en nuestra
+época, escuchando á la cigarra en sus tierras de Provenza, se le ocurrió
+rectificar con observaciones directas la exactitud de la fábula. Y
+quedó al descubierto la gran mentira que ha servido de ejemplo moral á
+los hombres y aún continuará sirviendo, pues la humanidad no deshace
+camino, ni modifica fácilmente sus ideas elementales.
+
+Fíjese, amigo mío: la cigarra no puede implorar un préstamo para vivir
+en invierno, por la simple razón de que sólo vive unas semanas y muere
+en el verano. La cigarra no pedirá nunca una limosna á la hormiga
+(aunque ésta fuese capaz de concedérsela), porque los granos de trigo y
+los cadáveres de moscas y gusanos que guarda el negro pirata en los
+almacenes de su imperio subterráneo de nada pueden servirle. La cigarra
+no come, chupa. Esta bestia dulce y pacífica carece de mandíbulas y de
+boca. Su herramienta para la nutrición es una lanza perforada, una
+trompa sutil, con la que agujerea la corteza de las ramas. Su estómago
+delicado no puede resistir los cereales y los cadáveres que alimentan á
+la hormiga, bestia feroz de quijadas triturantes y patas cortadoras.
+Música del sol, habitante de las alturas, poeta del follaje, se nutre
+únicamente con el vino de la Naturaleza, con la savia que circula por
+las arterias de los árboles. La cigarra no ha ido nunca en la realidad
+al encuentro de la hormiga. La ignora ó huye de ella como de un enano
+grosero y maléfico. Es la hormiga la que la busca y la acecha para
+aprovecharse de su trabajo.
+
+Ya ve cuán lejos estamos de la fábula ofensiva para la moral y la
+verdad, y cómo se transforman radicalmente los caracteres de sus
+protagonistas.
+
+Cuando la primavera empieza á caldear el suelo, se animan las larvas que
+depositaron las cigarras muertas en el año anterior. Surgen de las
+entrañas de la tierra por un pozo circular que abren trabajosamente; se
+izan á la primera brizna de hierba que encuentran, desgarran su dorso
+repeliendo una envoltura seca como pergamino, y aparecen de un color
+verde tierno que rápidamente se obscurece. Luego trepan á los árboles,
+animando el silencio rumoroso de la Naturaleza con su música incansable.
+En las horas de sol, la luz las embriaga con una borrachera ruidosa y
+agitan locamente sus címbalos, como los devotos del cortejo de
+Dionisios. Cuando todo el pueblo de los insectos desfallece de sed,
+ellas son las únicas que viven en una abundancia regalada.
+
+Adivino desde aquí lo que ocurre sobre nuestras cabezas, á pocos pasos
+de nosotros, entre esas ramas de las que salen zumbidos y aleteos.
+Moscas, abejas de todas clases, y sobre todo hormigas, muchas hormigas,
+van errando por las ramas en busca de una fuente. Las flores tienen la
+corola agostada por el calor, las hojas duermen contraídas bajo el sol,
+la vegetación, marchita, espera el beso fresco del anochecer para
+reanimarse, recobrando su vital expansión. Y mientras la muchedumbre
+alada ó rampante corre sedienta de un lado á otro, la cigarra se ríe de
+esta escasez. Con su rostro, que es sutil, duro y perforante como una
+barrena, taladra uno de los innumerables toneles de sus bodegas
+inagotables. Sin interrumpir su canto, ha abierto un agujero profundo en
+la corteza de una rama hinchada por el calor, llegando hasta la
+corriente de savia que circula madura por el sol, como un vino de
+generoso fermento. Conservando el tubo de succión hundido en este pozo,
+bebe y bebe con sensual inmovilidad, entregada por entero á los encantos
+del jarabe y de la estrofa. Es un Anacreonte del follaje, un poeta que
+declama á gritos con la copa entre los labios y los ojos en el cielo.
+
+Pero los sedientos la acechan; los parásitos acuden para explotar su
+desinterés. Un rezumamiento de líquido azucarado en los bordes del
+brocal denuncia los placeres divinos de su recogimiento. Los importunos
+alados zumban pedigüeños en torno de la cigarra, interrumpiendo su
+musical embriaguez; pero los más temibles de estos intrusos son las
+hormigas, bestias de un egoísmo desvergonzado y arrollador. Las más
+pequeñas se deslizan por debajo del vientre de la cantora, que,
+bonachona y tolerante, levanta las patas traseras para no estorbar su
+camino. Las grandes se estremecen de cólera, beben en los raudales que
+se escapan del pozo, se alejan para dar un paseo inútil por las ramas y
+regresan, cada vez más inquietas y agresivas. Al fin, atacan á la dueña
+de la fuente, pretendiendo expulsarla para aprovecharse de su trabajo.
+Muerden al músico en el extremo de sus patas, le tiran de las alas,
+montan sobre su dorso para pellizcarle las antenas. Algunos bandidos más
+audaces se apoderan de su trompa de succión é intentan extraerla del
+pozo....
+
+Interrumpo al naturalista. Veo de pronto á los genios despreciados por
+las muchedumbres que luego se apropiaron su gloria con un orgullo
+nacional; veo á todos los artistas que abren fuentes de idealismo para
+la turba grosera, é inmediatamente quedan expulsados de las márgenes de
+su obra; veo á los poetas de la acción que derriban muros tradicionales,
+y nunca son los primeros que entran por la brecha, pues los sobrepasan
+los hábiles que se ocultaban á sus espaldas, prontos á aprovecharse del
+esfuerzo.
+
+--¡Lo mismo que en la vida humana!--exclamo con asombro--. ¡Igual que
+entre los hombres!
+
+--Sí; igual que entre los hombres--contesta el naturalista, y continúa
+su relato.
+
+La cigarra es un elefante comparada con la hormiga, un monstruo
+antidiluviano que podría aplastarla desplomándose sobre ella. Pero no
+tiene mandíbulas ni es carnicera. Alimentada con néctares florales, su
+humor es bondadoso y tolerante, como el de los filósofos que han llegado
+á penetrar el secreto de los seres y las cosas. Además, ¡es tan numerosa
+la muchedumbre de los enanos egoístas y rapaces!
+
+Al fin, el gigante, cansado de tantas molestias, abandona el pozo, pero
+antes de alejarse levanta una pata con soberano desprecio y lanza un
+chorro de orina sobre la masa laboriosa.
+
+--La venganza de los poetas--interrumpo yo, sonriendo.
+
+--Sí, la venganza de los poetas. Pero ¿qué importa ese desahogo del
+bohemio cantor á la hormiga honrada, económica y amiga del orden? Ya ha
+logrado su objeto; ya se ha hecho dueña del trabajo ajeno. Lo malo es
+que el pozo se agota en su poder. Como carece de la bomba que atrae á la
+dulce savia, sólo puede aprovechar el líquido que existía en el fondo en
+el momento de la conquista. Absorbe hasta la última gota, y cuando la
+fuente queda seca, marcha en escuadrón á la descubierta de la cigarra,
+que ha abierto un segundo manantial, y le roba igualmente el fruto de su
+trabajo.
+
+¡Pobre cigarra! ¡Infeliz artista del mundo de las hojas, calumniada en
+el mundo superior de los hombres!... Como no almacena, es una bohemia
+indigna de respeto; como se alimenta de miel y canta á todas horas, no
+trabaja seriamente; como carece de mandíbulas y abandona el sitio á los
+que se deslizan á traición por debajo de su vientre, los usureros
+subterráneos, las bestias de patas ganchudas que engordan con los
+muertos, tienen derecho á robarle su obra.
+
+La hormiga, avara y sin entrañas, la explota y la gobierna á pesar de
+su pequeñez, lo mismo que en el mundo de la criminalidad vertical, los
+hombrea del «cofre-fuerte», de la mano imantada que atrae á los céntimos
+y del paño duro que exprime, dominan á las grandes masas.
+
+Hasta en su muerte se ve explotada la cigarra por el triunfante
+parásito. Los restos del Orfeo del ramaje se disuelven en el estómago
+del negro burgués subterráneo.
+
+Después de una vida de cinco ó seis semanas, que le parece larguísima,
+la cantora cae de lo alto del árbol, extenuada por tanta música, tanta
+poesía, tanta embriaguez ruidosa. El sol seca su cadáver y los
+transeúntes lo aplastan con sus pies.
+
+Las hormigas salen formando batallones de sus obscuros cuarteles, donde
+viven sometidas á una disciplina á la prusiana, obedeciendo á su
+emperador, como un pueblo laborioso, culto y metódico.
+
+Van á saquear para enriquecerse; van á invadir otros hormigueros con el
+propósito de esclavizar á sus habitantes y que trabajen para los
+conquistadores. La razón de Estado guía sus correrías. ¡Por algo la
+fábula presenta á estas bestias como modelos de orden y buenas
+costumbres!
+
+En su avance triunfal, la vanguardia del ejército encuentra á la caída
+cigarra, y los que vivieron de su trabajo vuelven á vivir de su muerte.
+Las patas y mandíbulas despedazan la rica pieza, la disecan, la
+tijeretean, la parten en migajas para almacenarla en el depósito de
+provisiones.
+
+Muchas veces el poeta aún está en la agonía y sus alas baten el polvo
+con los últimos temblores. No importa. Su cuerpo se ennegrece cubierto
+por el tropel de enemigos. Lo despedazan en vida, tiran de sus
+miembros, lo descuartizan con un sabio método de caníbales científicos.
+
+Y esta es, amigo mío, no la fábula, sino la verdadera historia de _La
+cigarra y la hormiga_.
+
+--¡Lo mismo que entre los hombres!--exclamo yo.
+
+--Lo mismo que entre los hombres--repite el naturalista.
+
+
+
+
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+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.net
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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