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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:40:00 -0700
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+ The Project Gutenberg eBook of El Diablo Cojuelo, by AUTHOR.
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+<pre>
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+The Project Gutenberg EBook of El Diablo Cojuelo, by Luis Vélez de Guevara
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: El Diablo Cojuelo
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+Author: Luis Vélez de Guevara
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+Release Date: May 27, 2004 [EBook #12457]
+[This file last updated January 9, 2011]
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+Language: Spanish
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DIABLO CONJUELO ***
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+Stan Goodman, DP Spanish Team, Virginia Paque and the
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+<h1>EL DIABLO COJUELO</h1>
+
+<p class="c">Luis Vélez de Guevara<br/><br/>
+CLÁSICOS CASTELLANOS<br/><br/>
+EL DIABLO COJUELO<br/><br/>
+Luis Vélez de Guevara<br/><br/>
+PRÓLOGO Y NOTAS DE FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN<br/><br/>
+1922</p>
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+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>DEDICATORIA DE ESTA EDICI&Oacute;N</h2>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="left">A LA GRATA MEMORIA DEL INGENIOSÍSIMO</td></tr>
+<tr><td align="left">ESCRITOR HISPALENSE DON FELIPE PÉREZ Y GONZÁLEZ,</td></tr>
+<tr><td align="left">MI LEAL AMIGO DESDE LOS TAN REGOCIJADOS</td></tr>
+<tr><td align="left">COMO FUGACES AÑOS DE LA MOCEDAD.</td></tr>
+<tr><td align="right"><i>FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN</i></td></tr>
+</table>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<p>
+<a href="#EL_DIABLO_COJUELO"><b>EL DIABLO COJUELO</b></a><br />
+<a href="#PROLOGO_Y_NOTAS_DE_FRANCISCO_RODRIGUEZ_MARIN"><b>PRÓLOGO Y NOTAS DE FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN</b></a><br />
+<a href="#PROLOGO"><b>PRÓLOGO</b></a><br />
+<a href="#PROLOGO_A_LOS_MOSQUETEROS40_DE_LA_COMEDIA_DE_MADRID"><b>PRÓLOGO A LOS MOSQUETEROS[40] DE LA COMEDIA DE MADRID.</b></a><br />
+<a href="#DE_DON_JUAN_VELEZ_DE_GUEVARA_A_SU_PADRE"><b>DE DON JUAN VÉLEZ DE GUEVARA A SU PADRE.</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_PRIMERO"><b>TRANCO PRIMERO</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_II"><b>TRANCO II</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_III"><b>TRANCO III</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_IV"><b>TRANCO IV</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_V"><b>TRANCO V</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_VI"><b>TRANCO VI</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_VII"><b>TRANCO VII</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_VIII"><b>TRANCO VIII</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_IX"><b>TRANCO IX</b></a><br />
+<a href="#TRANCO_X"><b>TRANCO X</b></a><br />
+</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<a name="PROLOGO_Y_NOTAS_DE_FRANCISCO_RODRIGUEZ_MARIN" id="PROLOGO_Y_NOTAS_DE_FRANCISCO_RODRIGUEZ_MARIN"></a>
+
+<h2><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a>PRÓLOGO</h2>
+
+<p>Luis Vélez de Guevara&mdash;como dije en otra ocasión<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a>&mdash;fué tan pobre, que
+bien puede dudarse si en algún tiempo de su vida llegó a tener dos
+trajes en mediano uso; pero, en cambio, a los doscientos y mas años de
+su muerte tiene dos biografías diversas: la que le inventaron algunos
+escritores, que es la mas conocida<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a>, y la que despacio y a retazuelos,
+como de limosna, pero sólidamente, le vamos escribiendo algunos
+investigadores de nuestra historia literaria<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p>
+
+<p>Según la primera de entrambas biografías, Vélez nació en Ecija por enero
+de 1570, estudió Leyes en la Universidad de Sevilla y vino a ejercer su
+profesión a la Corte, en donde muy luego ganó estimación y fama por su
+sagacidad, gracejo y elocuencia. Defendiendo a cierto criminal captó a
+los jueces con su donaire; pero como el fiscal apelase de la benigna
+sentencia dictada, el reo fué condenado a muerte, y Luis Vélez a pagar
+una multa. Tuvo noticia de ello el Rey, y cuando conversó con el festivo
+abogado prendóse tanto de él, que no sólo le perdonó la multa, y la
+vida al delincuente, sino que, además, ya no pudo pasar sin el trato de
+Vélez de Guevara, a quien protegió sobremanera.</p>
+
+<p>Esto fué lo que suele llamarse hablar de memoria, porque en todo el
+relato no hay otra cosa verdadera que lo de ser Ecija la patria del
+escritor. Y lo realmente sucedido y cierto es, en este caso como en
+otros muchos, menos bello y agradable que la mentira. Véamoslo.</p>
+
+<p>Luis Vélez de Guevara nació en Ecija, a fines de julio de 1579, de
+padres hidalgos, pero pobres<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a>: sabido es que la hidalguía y la
+pobreza casi siempre anduvieron juntas<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a>. Estudió la Gramática en su
+ciudad natal, y por julio de 1596 se graduó de bachiller en Artes en la
+Universidad de Osuna, eximiéndose por pobre de pagar los derechos
+académicos<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a>. Seguidamente entró a servir como paje a don Rodrigo de
+Castro, cardenal arzobispo de Sevilla, a quien acompañó en el viaje que
+hizo a Madrid y a Valencia para asistir en las bodas de Felipe III y
+doña Margarita de Austria, de las cuales y de sus esplendorosas fiestas
+trató el poeta adolescente en un poemita que hizo imprimir en Sevilla, a
+su regreso<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>.</p>
+
+<p>Murió el Cardenal en septiembre de 1600; pero a esta sazón no perduraba
+Vélez en su palacio, pues, ya harto talludo para paje, dos meses antes
+había dejado su empleo, a fin de abrazar la profesión de las armas. Él,
+en un memorial dirigido al Rey, dijo haber permanecido seis años en la
+milicia<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>; pero que exageró en cuanto a la duración de su vida
+soldadesca demuéstrase con otras palabras suyas, porque él mismo, muchos
+años antes, había declarado que en el estío de 1603 estaba en
+Valladolid, y en tal declaración, prestada en Sevilla a 26 de mayo de
+1604 e inédita hasta ahora, llamábase nuestro poeta, sin mencionar para
+cosa alguna la cualidad de soldado, «vecino al presente en esta ciudad,
+en la collación de Santa Marina»<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>.</p>
+
+<p>Ya apellidándose Vélez de Guevara, en lugar de Vélez de Santander, como
+se había llamado hasta poco antes<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>, escribió y publicó en 1608 un
+nuevo opúsculo poético intitulado <i>Elogio del Ivramento del sereníssimo
+Príncipe don Felipe Domingo, Quarto deste nombre</i>, y en la portada de
+esta obrita se decía criado del Conde de Saldaña. Había entrado, en
+efecto, a su servicio como gentilhombre antes o poco después de enviudar
+de su primer matrimonio: del primero de los cuatro con que probó su
+grande afición a este santo sacramento<a name="FNanchor_11_11" id="FNanchor_11_11"></a><a href="#Footnote_11_11" class="fnanchor">[11]</a>.</p>
+
+<p>Para sus nuevas nupcias con doña Úrsula Ramisi Bravo de Laguna<a name="FNanchor_12_12" id="FNanchor_12_12"></a><a href="#Footnote_12_12" class="fnanchor">[12]</a>, el
+mencionado Conde le hizo donación de cuatrocientos ducados, amén de
+señalarle una pensión anual vitalicia de otros doscientos; pero estas
+larguezas de los grandes de antaño eran comúnmente más nominales que
+efectivas, porque a la hora de cobrar&mdash;tan endeudados andaban de
+ordinario&mdash;solían desvanecerse como el humo. Y en 1618, fallecida su
+segunda mujer, que le dejó, amén de algún otro hijo, a Juan, sucesor de
+su padre en la profesión y en el ingenio<a name="FNanchor_13_13" id="FNanchor_13_13"></a><a href="#Footnote_13_13" class="fnanchor">[13]</a>, nuestro escritor contrajo
+nuevo matrimonio, que la muerte había de romper antes que pasaran dos
+años, con doña Ana María del Valle<a name="FNanchor_14_14" id="FNanchor_14_14"></a><a href="#Footnote_14_14" class="fnanchor">[14]</a>; y dejando la casa del conde de
+Saldaña, pasó a la del marqués de Peñafiel, manirroto primogénito del
+gran duque de Osuna, a cuyo servicio estuvo, asimismo como gentilhombre,
+cerca de un bienio<a name="FNanchor_15_15" id="FNanchor_15_15"></a><a href="#Footnote_15_15" class="fnanchor">[15]</a>.</p>
+
+<p>Los continuos apuros, la perdurable indigencia y la negra fortuna de
+Luis Vélez de Guevara en los años de 1622 y siguientes están pintados de
+mano maestra por él mismo en cinco memoriales en verso que salieron a
+luz pocos años ha<a name="FNanchor_16_16" id="FNanchor_16_16"></a><a href="#Footnote_16_16" class="fnanchor">[16]</a>. Ora pretende un humilde puesto en la servidumbre
+del cardenal e infante don Fernando; ora, ya frustrado este propósito,
+logra en 1623 la efímera portería de cámara del Príncipe de Gales,
+nuestro huésped; ya, en 1624, obtiene, después de grande esfuerzo, la
+también harto breve mayordomía del archiduque Carlos, muerto aún no
+transcurrido un mes desde su llegada a Madrid, y más adelante solicita
+infructuosamente del Rey, alegando sus méritos y servicios y la nobleza
+de su linaje, una plaza de ayuda de su guardarropa. Al cabo, este hombre
+celebrado y aplaudido de todos por sus excelentes comedias, a la par que
+por su deliciosa y amenísima conversación, aludiendo a la cual había
+escrito Cervantes:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«Topé a Luis Vélez, <i>honra y alegría</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y discreción del trato cortesano</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y abracéle en la calle a medio día»,</span><br />
+</p>
+
+<p>consiguió en 1625 entrar definitivamente en la servidumbre de Palacio,
+ocupando una plaza de ujier de cámara de Su Majestad. Pero esto, que
+parecía algo, era muy poco, salvo en lo honorífico, pues no tuvo
+señalada ración, y hasta el año de 1635, en que el infortunado poeta
+entró en gajes<a name="FNanchor_17_17" id="FNanchor_17_17"></a><a href="#Footnote_17_17" class="fnanchor">[17]</a>, siguió condenado a vivir de lo poco que entonces
+producían las obras dramáticas<a name="FNanchor_18_18" id="FNanchor_18_18"></a><a href="#Footnote_18_18" class="fnanchor">[18]</a> y de lo que pedía a sus amigos; tanto
+fué así, que se hicieron proverbiales su extremada pobreza y sus donosas
+esquelas petitorias, casi siempre en verso.<a name="FNanchor_19_19" id="FNanchor_19_19"></a><a href="#Footnote_19_19" class="fnanchor">[19]</a></p>
+
+<p>Como si compartiendo la escasez de recursos se cupiese a menos porción
+de ella, Vélez se casó aún por cuarta vez, en 1626, con una viuda
+llamada doña María López de Palacios,<a name="FNanchor_20_20" id="FNanchor_20_20"></a><a href="#Footnote_20_20" class="fnanchor">[20]</a> bien que ésta aportó a su
+nuevo enlace algunos bienes; mas pronto fueron vendidos, y juntos y
+procreando y criando algunos hijos, vivieron entrambos cónyuges en
+cristiana estrecheza, hasta el día 9 de noviembre de 1644, en que
+falleció el donairoso autor de tantos primores literarios<a name="FNanchor_21_21" id="FNanchor_21_21"></a><a href="#Footnote_21_21" class="fnanchor">[21]</a>. Su
+testamento, otorgado cuatro días antes, contiene una larga lista de
+pequeñas deudas. Al comienzo de este documento consignó: «Iten, declaro
+que por el presente estoy muy alcançado y necesitado de hacienda, para
+poder disponer y dejar las misas que yo quisiera por mi alma».<a name="FNanchor_22_22" id="FNanchor_22_22"></a><a href="#Footnote_22_22" class="fnanchor">[22]</a></p>
+
+<p>Vélez de Guevara fué celebradísimo de sus contemporáneos, así por la
+amenidad de su trato, que le ganaba amigos en todas partes, como por su
+facundia poética y su florido e inagotable ingenio. Claramonte llamábale
+en 1613, en el <i>Inquiridion</i> que va al fin de su <i>Letanía moral</i>,
+«floridissimo ingenio de Ezija, de quien esperamos grandes escritos y
+trabajos, y a hecho hasta oy muchas famosas comedias». Cervantes no le
+elogió menos en estos dos tercetos del cap. II de su <i>Viage del Parnaso</i>
+(1614):</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«Este que es escogido entre millares,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de Gueuara Luys Vélez es el brauo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que se puede llamar quita pesares.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Es Poeta Gigante, en quien alauo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">el verso numeroso, el peregrino</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ingenio, si vn Gnaton nos pinta, o vn Dauo.»</span><br />
+</p>
+
+<p>Lope de Vega le ensalzó dos veces, en sendas epístolas de <i>La Filomena,
+con otras diversas Rimas, Prosas y Versos</i> (1621):</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«Aquí de Valdivielso el santo empleo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">De Luis Vélez, florido y elocuente,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">La lira que ya fué del dulce Orfeo.»</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">«...Y el famoso Luis Vélez, que tenía</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">En éxtasis las Musas, que a sus labios</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Iban por dulce néctar y ambrosía.»</span><br />
+</p>
+
+<p>Y aun volvió a loarle en la silva II de su <i>Laurel de Apolo</i>, publicado
+en 1630:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«Ni en Écija dejara</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">el florido Luis Vélez de Guevara</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de ser su nuevo Apolo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que pudo darle solo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y sólo en sus escritos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con flores de conceptos infinitos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">lo que los tres que faltan:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">así sus versos de oro</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con blando estilo la materia esmaltan.»</span><br />
+</p>
+
+<p>¿Para qué seguir transcribiendo frases laudatorias? Baste recordar muy
+resumidamente que Tamayo de Vargas (1622) ponderó su donaire; y don
+Fernando de Vera y Mendoza (1627) le llamó «el Rey de Romanos»; y Pérez
+de Montalván (1632) encareció los «pensamientos sutiles, arrojamientos
+poéticos y versos excelentísimos y bizarros» de sus comedias; y Salas
+Barbadillo (1635) afirmó que «en el Parnaso no se conocen otras salinas
+sino las de su felicissimo ingenio»....</p>
+
+<p>El insigne poeta ecijano, hoy más famoso por su novela intitulada <i>El
+Diablo Cojuelo</i>, aún muy leída, que por sus obras teatrales,
+desterradas, como todas las antiguas, de la escena actual,
+principalmente por falta de buenos cómicos y consiguiente carencia de
+buenas compañías, escribió más de cuatrocientas comedias, de las cuales
+ha llegado hasta nosotros un centenar escaso. Por éstas se le puede
+diputar, si no como autor de señaladísima personalidad literaria, a lo
+menos, como uno de los más aventajados discípulos de Lope de Vega, cuyas
+huellas siguió tan constante y acertadamente, que a las veces se hace
+harto difícil diferenciarlos. Tal sucede, verbigracia, con la comedia
+intitulada <i>Los Novios de Hornachuelos</i>, que pasa comúnmente por obra de
+Lope; pero hay alguna indicación antigua que la atribuye a Vélez de
+Guevara, y, leída y estudiada, quédase perplejo el entendimiento más
+avisado, sin resolverse a adjudicarla con cabal certeza a ninguno de
+entrambos ingenios. La misma grande semejanza con las de Lope se echa de
+ver en todas las comedias del poeta ecijano: las fuentes, unas; iguales
+los procedimientos; igualmente rica la dicción; análogo el nervio en lo
+dramático; parecidísimas las gracias en lo festivo, e idéntica en ambos
+la propensión a avalorar lo propio entreverándolo con todos los
+elementos del <i>folklore</i> nacional; aquí, con la conseja vulgar y la
+tradición legendaria; allá, con el refrán hábilmente desleído y glosado
+en cuatro o seis versos; acullá, con la vieja cancioncilla histórica,
+que siempre, por lo grata, parece nueva a los oídos españoles; y en otro
+lado, en fin, con el sabroso cuentecillo popular, picante sin demasía.</p>
+
+<p>De <i>El Diablo Cojuelo</i>, única de las obras de Vélez que ha conservado
+para su nombre alguna parte de la amplia popularidad que disfrutó en
+vida, se han hecho en nuestros días, amén de tal cual edición corriente,
+dos eruditas y anotadas. Ambas se deben a la vasta cultura y harto
+probada laboriosidad de don Adolfo Bonilla y San Martín, ventajosamente
+conocido en el campo literario y en el filosófico. Enderezando un
+antiguo entuerto que se había hecho a Vélez de Guevara con interpretarle
+desaforadamente<a name="FNanchor_23_23" id="FNanchor_23_23"></a><a href="#Footnote_23_23" class="fnanchor">[23]</a>, publicó la primera de estas dos ediciones (Vigo,
+1902); pero como mi antiguo camarada y docto amigo don Felipe Pérez y
+González, cuyo felicísimo ingenio estaba emparentado muy de cerca, a
+pesar de los siglos que se habían puesto en medio, con el del donairoso
+ecijano, juntase burla burlando, artículo por artículo, en <i>La
+Ilustración Española y Americana</i>, para formar un libro muy interesante
+y ameno, que sacó a luz en 1903 bajo el título de <i>El Diablo Cojuelo:
+notas y comentarios</i>, libro en el cual patentizó algunos errores de las
+notas del señor Bonilla, éste, en 1910, año en que tras cruelísima
+enfermedad pasó a mejor vida su festivo, pero amable corrector&mdash;que no
+sin fundamento había usado en su mocedad el seudónimo de <i>Urbano
+Cortés</i>&mdash;, dió a la estampa en Madrid una nueva edición de la obrita de
+Vélez, mejoradas las notas y reconocido con nobleza el valioso auxilio
+que para ello le había prestado el tan culto como donairoso escritor
+hispalense<a name="FNanchor_24_24" id="FNanchor_24_24"></a><a href="#Footnote_24_24" class="fnanchor">[24]</a>.</p>
+
+<p>Pero, aun así, <i>El Diablo Cojuelo</i> ¿se había hecho del todo accesible a
+la inteligencia de los lectores medianamente ilustrados de nuestros
+días? Aun rectificadas en su segunda edición, ¿bastan las notas del
+señor Bonilla para ahorrar tropiezos, en muchos lugares de la novela,
+hasta a los lectores más avisados e instruidos? A estas preguntas, que
+algunos aficionados a las letras nos hacíamos, respondió, como si
+estuviera en nuestro pensamiento, don Enrique Nercasseau y Morán, en su
+discurso de recepción leído ante la Academia Chilena, correspondiente de
+la Española, el día 21 de noviembre de 1915<a name="FNanchor_25_25" id="FNanchor_25_25"></a><a href="#Footnote_25_25" class="fnanchor">[25]</a>: «La novela toda de
+Vélez de Guevara&mdash;dijo&mdash;es una sátira cortés de la sociedad de su
+tiempo, felicísima en la mayor parte de sus cuadros, y no afeada por la
+licencia y crudeza tan comunes en las novelas de la época. <i>El Diablo
+Cojuelo</i> sería una narración clásica de primer orden, y aun leíble hoy
+día, si no la deslustrara el conceptismo, y si no se hallara
+sobreabundante en equívocos y frases convencionales de difícil o
+imposible comprensión en nuestra era. Aun después del trabajo llevado a
+cabo por don Adolfo Bonilla y San Martín en su edición de Madrid de
+1910, la novela de Vélez de Guevara queda aguardando un comentario que
+la explique y la ponga al alcance general.» Ese comentario que el señor
+Nercasseau echaba de menos es el que, con temeridad que no puede buscar
+disculpa en la inexperiencia de los pocos años, he intentado en la
+presente edición. ¿Habré conseguido darle cima? Nuestro señor el público
+lo dirá: a su inapelable fallo me someto gustoso.</p>
+
+<p>En las aprobaciones insertas en la edición príncipe de <i>El Diablo
+Cojuelo</i> elogiaron esta novela fray Diego Niseno, padre basilio, y fray
+Juan Ponce de León, de la orden de los Mínimos. En sentir del primero,
+la obrita contiene «muchas cosas de mucha moralidad y enseñança,
+escritas con la sazón y variedad que de tal ingenio se podían esperar.
+Merece&mdash;añadió&mdash;la licencia que pide, porque este linage de escritos es
+difícil de enquadernar con lo honesto y recatado de nuestras christianas
+leyes, y Luis Vélez ha sido en éste gloriosa excepción desta vniuersal
+dolencia.» Más extremado es el parecer del segundo, que encarece el
+sazonado gusto de Vélez, «por auer puesto la naturaleza en su ingenio la
+elegancia del estilo, la suabidad del dezir, la aduertencia en el
+colocar, la atenta circunspección en las palabras, y todo con tal modo,
+que dexa suspensa la razón sobre a qual de estas partes se deba con más
+justificación la primacia: en todo este discurso se corre la cortina a
+los conocidos engaños deste mundo, de modo que, para penetrarlos con
+sutileza, no necesita nuestra Nación de salir de sus estendidos límites,
+pues dentro de sí cría sugetos que, aun en sueños y burlas, la dexan
+superiormente ilustrada». Diametralmente opuesta a estas opiniones fué
+la de Francisco Santos, pues dijo en <i>El Arca de Noé y Campana de
+Belilla</i><a name="FNanchor_26_26" id="FNanchor_26_26"></a><a href="#Footnote_26_26" class="fnanchor">[26]</a>: «Tocó la Campana y desaparecieron todos los Autores de
+viejo, siguiéndolos vno que avia venido tarde, y también llevava vn
+libro en las manos, que preguntando a Noe quién era, me dixo: el libro
+se intitula el Diablo Cojuelo, Aventuras de Don Cleofas Leandro Perez
+Zambullo, digno de que le consumiera vn Polvorista: está sin enseñança
+buena, ni moralidad, y esto, sobre acabar como la nieve....» «Ni tanto,
+ni tan poco», podría haberse dicho a los tres censores, porque, en
+realidad de verdad, la novelita de Vélez de Guevara, que se muestra en
+ella como un buen discípulo de Quevedo, de cuyas obras cómicas y
+satíricas tiene reminiscencias muy frecuentes, sin ser una maravilla, es
+de agradable lectura, y más lo fuera sin la pesada y adulatoria
+enumeración de todo aquel inacabable señorío que el autor, en el tranco
+VIII, hace pasar por el espejo de Rufina María, dispuesto <i>ad hoc</i> por
+el redomado desenredomado.</p>
+
+<p>En la visión, que pudiéramos llamar cinematográfica, de los diez trancos
+o capítulos en que está dividido <i>El Diablo Cojuelo</i>, cada uno sabe a
+cosa diferente de los demás: son cuadros distintos e independientes
+entre sí, que no tienen de común sino la intervención, o la presencia
+cuando menos, de los dos héroes de la novela. El tranco II, verbigracia,
+en que entrambos, desde el capitel de la torre de San Salvador,
+descubierta «la carne del pastelón de Madrid», otean después de la media
+noche cuanto sucede en la coronada villa, trae a la memoria, por la
+traza y manera, como indiqué en las notas de mi edición crítica del
+<i>Quijote</i><a name="FNanchor_27_27" id="FNanchor_27_27"></a><a href="#Footnote_27_27" class="fnanchor">[27]</a>, aquella inspección que desde la torre de la Giralda de
+Sevilla, y acompañado asimismo de un <i>cicerone</i>, el maestro Desengaño,
+había hecho Rodrigo Fernández de Ribera, autor de <i>Los Antoios de meior
+vista</i><a name="FNanchor_28_28" id="FNanchor_28_28"></a><a href="#Footnote_28_28" class="fnanchor">[28]</a>. El desaforado poeta del tranco IV es pariente propincuo de
+otros dos muy conocidos en nuestra literatura: el del <i>Coloquio de los
+Perros</i>, de Cervantes, y el de la <i>Vida del Buscón,</i> de Quevedo. A hacer
+entretenida y agradable la lectura de <i>El Diablo Cojuelo</i> contribuyen
+con lo ingenioso de la invención la interesante variedad de las escenas,
+la soltura y viveza del diálogo, y, especialmente, el chispeante gracejo
+de Vélez de Guevara. En cambio, la elocución suele ser descuidadilla,
+entre otras cosas, por la excesiva abundancia de gerundios.</p>
+
+<p>Del Diablo Cojuelo, entremetido espíritu infernal que da nombre y ser a
+la novela, trató el señor Bonilla en una breve nota. Mucho más merecía
+el que «trujo al mundo la zarabanda, el déligo y la chacona», y yo he de
+volver hoy por su negra honrilla, recordando la mucha familiaridad que
+nosotros los españoles hemos tenido con él. Háyase de llamar Renfas, o
+Asmodeo, o de otro cualquier modo, es lo cierto que este travieso
+diablillo, con parecer de menor cuantía y ser cojo por añadidura, tomó
+entre nosotros tal importancia, que nada malo se pudo hacer sin él. «<i>El
+Diablillo Cojo</i> sabe más que el otro», enseñó el refrán, y cuando en el
+calor de la ira se dijo a alguno que le llevase el diablo, no faltó
+quien, rectificando festivamente, respondiera: «<i>El Diablo Cojuelo</i>, que
+es más ligero». En las fórmulas supersticiosas llevábanle y traíanle
+como un zarandillo nuestras hechiceras de los siglos XVI y XVII, para
+que les llevase y trajese sus galanes y paniaguados, y le daban prisa,
+y le adulaban celebrando su ligereza. Véanse algunos ejemplos. Doña
+Antonia Mexía declaró, entre otras cosas, en un proceso que se le siguió
+por los años de 1633<a name="FNanchor_29_29" id="FNanchor_29_29"></a><a href="#Footnote_29_29" class="fnanchor">[29]</a>: «Que habrá seis años que la dicha Beatriz dixo
+a ésta que tomase un pedernal y le pusiese la mano encima y dixese:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">Estos cinco dedos pongo en este muro;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cinco demonios conjuro:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a Barrabás, a Satanás,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a Lucifer, a Bercebú,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>al Diablo Cojuelo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que es buen mensajero</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que me traigan a fulano luego</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a mi querer y a mi mandar.»</span><br />
+</p>
+
+<p>Y así, en 1668, Agueda Rodríguez, vecina de Madridejos, también
+procesada por hechicería<a name="FNanchor_30_30" id="FNanchor_30_30"></a><a href="#Footnote_30_30" class="fnanchor">[30]</a>:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«...<i>Diablo Cojuelo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>tráemele luego</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">diablo del pozo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tráemele, que no es casado; que es mozo;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">diablo de la Quintería,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tráemele en la fería;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">diablo de la plaza,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tráemele en danza....»</span><br />
+</p>
+
+<p>Teníase al Diablo Cojuelo, como dice el refrán, por el más listo de
+todos: Esperanza Bonfilla, procesada por la Inquisición de Valencia en
+1600, hizo que cierta mujer, para atraer a un hombre, «hiciese vn
+conjuro en la forma siguiente: tomando vna escoba, la puso vna toca como
+muger, y encendida vna bela que no fuese bendita, se arrodilló delante
+de la escoba, y sin haçer cruz, juntas las manos, dixo:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">Marta, Martica,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no la santa ni la digna,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ni la digna de rogar,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ni la que está en el altar,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sino la que de noche andas por las beredas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y los días por las encrebelladas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">yo te conjuro con Satanás y con Barrabás,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con Bercebú y todos los diablos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y con el diablo coxo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que corre mas que todos</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que todos vais a fulano</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y le deis tiempo para vestirse</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y le traigais por puntos ante mí y mis ojos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sin hacerle mal»<a name="FNanchor_31_31" id="FNanchor_31_31"></a><a href="#Footnote_31_31" class="fnanchor">[31]</a>.</span><br />
+</p>
+
+<p>Corría más, y tenía más poder que sus iguales y superiores, o no supo lo
+que se pescaba Isabel del Pozo al hacer sus conjuros, ni María
+Castellanos cuando lo declaró ante la Inquisición de Toledo en 1631<a name="FNanchor_32_32" id="FNanchor_32_32"></a><a href="#Footnote_32_32" class="fnanchor">[32]</a>,
+pues decía: «... que tomó en las manos dicha Isabel del Poço un poco de
+sal de sardinas y çilantro, lo qual mezcló todo y lo echaba de una mano
+en otra diciendo:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">Conjúrote, sal y çilantro,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con Barrabás,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>con el Diablo cojuelo, que puede más.</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">No te conjuro por sal y çilantro,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sino por el corazón de fulano;</span><br />
+</p>
+
+<p>y echando la sal y çilantro en la lumbre, proseguía diciendo:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">Así como te has de quemar,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">se queme el corazón de fulano,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y aquí me le traygas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y conjúrote por la reina Sardineta,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y con la tataranieta,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y con los navegantes que navegan por la mar.»</span><br />
+</p>
+
+<p>Pero la cualidad de diablo bullidor y zaragatero, aficionado a bailes y
+holgorios y a meter en danza a los mortales, haciéndoles ganar el
+infierno alegremente, de ningún texto inquisitorial resulta tan clara
+como de la manifestación de otra hechicera de Madridejos, llamada Mari
+Fernández, que, procesada en 1532, al ser interrogada, trajo a colación,
+como vamos a ver, un estragado fragmento de cierto curiosísimo romance,
+desconocido hoy<a name="FNanchor_33_33" id="FNanchor_33_33"></a><a href="#Footnote_33_33" class="fnanchor">[33]</a>: «Preguntada sy ha dicho esta declarante a alguna
+persona como avia hecho çerco con ynvocacion de diablos, que eran
+berzebú y satanás <i>y el diablo coxuelo</i>, diziendo esta declarante que
+sin <i>el diablo coxuelo</i> no se podía hazer aquel çerco, y que en aquel
+çerco que hizo avia esta declarante visto lo quel diablo queria hazer
+contra çierta persona, que diga lo que çerca desto ha dicho e fecho,
+dixo que ella suele cantar vn Romance que dize:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">A caça yba bienhecho</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por Riberas de la mar,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no por mengua de vjno</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ni menos mengua de pan;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por miedo del Rey Ramjro</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que lo querja matar.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Ellos en aquesto estando</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">enbjaronle a llamar.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Vamonos, dixo, amigo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vamonos, dixo, a çenar;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de que ovjeremos çenado</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">dios dixo lo que será;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">desque ovjeron çenado</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tomó libros en sus manos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y començó de Rezar;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a los pecados mayores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">enpeçolos de llamar:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¿Qué es de ti, berzebu,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">qué es de ti, barravas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>qué es de ti, diablo coxuelo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que eras tú el juglar</i>?...»</span><br />
+</p>
+
+<p>Tanto don Adolfo Bonilla como don Felipe Pérez indagaron con prolijidad
+cuándo hubo de escribir su obrita Vélez de Guevara, y si la escribió
+seguidamente, o a trozos y aun con largos intervalos entre unos y otros
+capítulos. Convienen ambos investigadores en esta última creencia, pero
+no en lo demás; porque si en opinión de Pérez y González la novela fué
+escrita después de febrero de 1636 y antes de mayo de 1639, a juicio de
+Bonilla, Vélez empezó a escribirla después de febrero de 1637 y la
+terminó hacia julio de 1640<a name="FNanchor_34_34" id="FNanchor_34_34"></a><a href="#Footnote_34_34" class="fnanchor">[34]</a>. No creo que el poner en claro este
+punto, siendo corto, como lo es, dentro de la ordinaria duración de la
+vida humana, el tiempo comprendido entre unas fechas y otras, merezca el
+ímprobo trabajo que echaron sobre sí estos denodados eruditos<a name="FNanchor_35_35" id="FNanchor_35_35"></a><a href="#Footnote_35_35" class="fnanchor">[35]</a>.</p>
+
+<p>Unas advertencias, para terminar.</p>
+
+<p>«Vélez de Guevara, como Quevedo&mdash;notó el señor Bonilla&mdash;, es un
+escolástico del idioma. No hay que perder una sola de sus palabras, no
+hay que confiar en el valor directo de cualquiera de sus frases, porque
+lo mejor del cuento pasaría quizás inadvertido. Es preciso estar siempre
+ojo avizor para saborear como es debido aquellas atrevidas metáforas,
+aquellas extravagantes relaciones, aquellos estupendos equívocos,
+aquellas arbitrarias licencias en que se complace. Esta indispensable
+atención fatiga en ocasiones; pero hace sacar doble fruto de la lectura
+de un libro cuyo atractivo consiste, más bien que en el interés de los
+lances, en la ingeniosidad de los pensamientos. Sólo el muy
+familiarizado con los secretos del habla podrá darse cabal cuenta de las
+bellezas de una obra semejante.» Exactísimo todo ello, y porque lo es y
+a los más de los lectores falta esa extremada familiaridad a que se
+refiere el señor Bonilla, no podían buenamente pasar sin nota muchas de
+las frases que no la tienen en sus ediciones. Ciento treinta y cinco que
+están en este caso señalé de primera intención cuando, leído el
+sobredicho discurso del señor Nercasseau y Morán, me sentí deseoso de
+preparar, para la simpática colección de «Clásicos Castellanos», esta
+humilde edicioncita de <i>El Diablo Cojuelo.</i></p>
+
+<p>Como el señor Bonilla, «procuro pecar antes por carta de más que por
+carta de menos, por lo cual a veces he explicado palabras y giros que
+podrán parecer a los eruditos de muy llana inteligencia. Téngase en
+cuenta, sin embargo&mdash;añado con él&mdash;, que me dirijo a la generalidad y
+que mi propósito es facilitar la comprensión del libro de Vélez de
+Guevara a todo género de lectores.» Con mayor motivo había yo de hacer
+lo propio en una edición vulgarizadora, como es la presente. Pero aun
+así, he huído con mucho cuidado de escribir notas por las cuales se me
+pudiese encasillar junto a Lucas de Valdés y Toro, aquel empecatado
+cirujano cordobés que en 1630 dió a la estampa un opúsculo perogrullesco
+intitulado así: <i>Tratado en que se prueba que la nieve es fría y
+húmeda<a name="FNanchor_36_36" id="FNanchor_36_36"></a><a href="#Footnote_36_36" class="fnanchor">[36]</a></i>.</p>
+
+<p>No obstantes mi buena voluntad y la diligencia con que procuré evitarlo,
+se me han quedado por entender algunas frases del texto. Hay quien,
+puesto a anotar uno cualquiera, explica lo que buenamente se le alcanza,
+y en cuanto a lo que no, hace, como dicen, la vista gorda y pasa de
+largo sin decir palabra, dando a colegir con su silencio que aquello que
+no explicó no lo ha menester, por ser cosa llanísima. Jamás cometí esa
+reprobable fullería: antes por el contrario, en casos tales confieso
+paladinamente que aquel lugar merece y pide explicación, y que, por
+malos de mis pecados, yo no acerté a dársela<a name="FNanchor_37_37" id="FNanchor_37_37"></a><a href="#Footnote_37_37" class="fnanchor">[37]</a>.</p>
+
+<p>Por último, aunque en esta edición sigo el texto de la original de Vélez
+de Guevara (Madrid, Imprenta del Reyno, 1641), no la he copiado tan
+fielmente, tan servilmente, que reproduzca su endiablada ortografía,
+digo, la de los bárbaros cajistas que compusieron los moldes. «Para
+regalar a los lectores&mdash;escribí trece años ha<a name="FNanchor_38_38" id="FNanchor_38_38"></a><a href="#Footnote_38_38" class="fnanchor">[38]</a>&mdash;con bocados como
+<i>abaricia</i>, <i>hajo, coetes, hizquierda, voca, vobos, obtica,
+valbucientes, abitos, hancas y hacechar</i>, como lo hizo el señor Bonilla
+reproduciendo la edición príncipe de <i>El Diablo Cojuelo</i>, siempre hay
+tiempo, o, dicho mejor, no debe haberlo nunca. Ya no es poco <i>hacer
+morder el ajo</i> a uno; pero hacerle morder el <i>hajo</i> es crueldad doblada,
+porque pica aún más la <i>hache</i> que el <i>ajo</i> mismo.»</p>
+
+<p>Y con esto, lector amable, quédate a Dios, y perdóname si te causé
+enfado o tedio con la lectura de mi prólogo.</p>
+
+<p>FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN.</p>
+
+<p><i>Madrid, 2 de junio de 1918</i>.</p>
+
+<p><a name="EL_DIABLO_COJUELO" id="EL_DIABLO_COJUELO"></p>
+
+<h1>EL DIABLO COJUELO</h1>
+
+<h2>DEDICATORIA DE VÉLEZ DE GUEVARA</h2>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="left">[AL EXCMO. SR. D. RODRIGO DE SANDOVAL,</td></tr>
+<tr><td align="left">DE SILVA, DE MENDOZA Y DE LA CERDA,</td></tr>
+<tr><td align="left">PRÍNCIPE DE MÉLITO, DUQUE DE PASTRANA,</td></tr>
+<tr><td align="left">DE ESTREMERA Y FRANCAVILA, ETC.]</td></tr>
+</table>
+
+<p>Excelentísimo señor:</p>
+
+<p>La generosa condición de V.E., patria general de los ingenios, donde
+todos hallan seguro asilo, ha solicitado mi desconfianza para rescatar
+del olvido de una naveta<a name="FNanchor_39_39" id="FNanchor_39_39"></a><a href="#Footnote_39_39" class="fnanchor">[39]</a>, en que estaba entre otros borradores míos,
+este volumen que llamo <i>El Diablo Cojuelo</i>, escrito con particular
+capricho, porque al amparo de tan gran Mecenas salga menos cobarde a dar
+noticia de las ignorancias del dueño. A cuya sombra excelentísima la
+invidia me mirará ociosa, la emulación muda, y desairada la
+competencia; que con estas seguridades no naufragará esta novela y podrá
+andar con su cara descubierta por el mundo. Guarde Dios a V.E., como sus
+criados deseamos y hemos menester.</p>
+
+<p>Criado de V.E., que sus pies besa,</p>
+
+<p>LUIS VÉLEZ DE GUEVARA.</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="PROLOGO_A_LOS_MOSQUETEROS40_DE_LA_COMEDIA_DE_MADRID" id="PROLOGO_A_LOS_MOSQUETEROS40_DE_LA_COMEDIA_DE_MADRID"></a>PRÓLOGO A LOS MOSQUETEROS<a name="FNanchor_40_40" id="FNanchor_40_40"></a><a href="#Footnote_40_40" class="fnanchor">[40]</a> DE LA COMEDIA DE MADRID.</h2>
+
+<p>Gracias a Dios, mosqueteros míos, o vuestros, jueces de los aplausos
+cómicos por la costumbre y mal abuso, que una vez tomaré la pluma sin el
+miedo de vuestros silbos, pues este discurso del Diablo Cojuelo nace a
+luz concebido sin teatro original fuera de vuestra juridición; que aun
+del riesgo de la censura del leello está privilegiado por vuestra
+naturaleza, pues casi ninguno de vosotros sabe deletrear; que nacistes
+para número de los demás, y para pescados de los estanques<a name="FNanchor_41_41" id="FNanchor_41_41"></a><a href="#Footnote_41_41" class="fnanchor">[41]</a><a name="FNanchor_42_42" id="FNanchor_42_42"></a><a href="#Footnote_42_42" class="fnanchor">[42]</a>, de
+los corrales<a name="FNanchor_43_43" id="FNanchor_43_43"></a><a href="#Footnote_43_43" class="fnanchor">[43]</a>, esperando, las bocas abiertas<a name="FNanchor_44_44" id="FNanchor_44_44"></a><a href="#Footnote_44_44" class="fnanchor">[44]</a>, el golpe del
+concepto por el oído y por la manotada del cómico, y no por el ingenio.
+Allá os lo habed con vosotros mismos, que sois corchetes<a name="FNanchor_45_45" id="FNanchor_45_45"></a><a href="#Footnote_45_45" class="fnanchor">[45]</a> de la
+Fortuna, dando las más veces premio a lo que aun no merece oídos, y
+abatís lo que merece estar sobre las estrellas; pero no se me da de
+vosotros dos caracoles: hágame Dios bien con mi prosa<a name="FNanchor_46_46" id="FNanchor_46_46"></a><a href="#Footnote_46_46" class="fnanchor">[46]</a>, entretanto
+que otros fluctúan por las maretas<a name="FNanchor_47_47" id="FNanchor_47_47"></a><a href="#Footnote_47_47" class="fnanchor">[47]</a> de vuestros aplausos, de quien
+nos libre Dios por su infinita misericordia, Amén, Jesús.</p>
+
+<h2>CARTA DE RECOMENDACIÓN AL CÁNDIDO<a name="FNanchor_48_48" id="FNanchor_48_48"></a><a href="#Footnote_48_48" class="fnanchor">[48]</a> O MORENO LECTOR.</h2>
+
+<p>Lector amigo: yo he escrito este discurso, que no me he atrevido a
+llamarle libro, pasándome de la jineta de los consonantes<a name="FNanchor_49_49" id="FNanchor_49_49"></a><a href="#Footnote_49_49" class="fnanchor">[49]</a> a la brida
+de la prosa, en las vacantes que me han dado las despensas<a name="FNanchor_50_50" id="FNanchor_50_50"></a><a href="#Footnote_50_50" class="fnanchor">[50]</a> de mi
+familia y los autores de las comedias por su Majestad<a name="FNanchor_51_51" id="FNanchor_51_51"></a><a href="#Footnote_51_51" class="fnanchor">[51]</a>; y como es <i>El
+Diablo Cojuelo</i>, no lo reparto en capítulos, sino en trancos<a name="FNanchor_52_52" id="FNanchor_52_52"></a><a href="#Footnote_52_52" class="fnanchor">[52]</a>.
+Suplícote que los des en su leyenda<a name="FNanchor_53_53" id="FNanchor_53_53"></a><a href="#Footnote_53_53" class="fnanchor">[53]</a>, porque tendrás menos que
+censurarme, y yo que agradecerte<a name="FNanchor_54_54" id="FNanchor_54_54"></a><a href="#Footnote_54_54" class="fnanchor">[54]</a>. Y, por no ser para más<a name="FNanchor_55_55" id="FNanchor_55_55"></a><a href="#Footnote_55_55" class="fnanchor">[55]</a> ceso, y
+no de rogar a Dios que me conserve en tu gracia.</p>
+
+<p>De Madrid, a los que fueren entonces del mes y del año, y tal y tal y
+tal<a name="FNanchor_56_56" id="FNanchor_56_56"></a><a href="#Footnote_56_56" class="fnanchor">[56]</a>.</p>
+
+<p>EL AUTOR Y EL TEXTO.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="DE_DON_JUAN_VELEZ_DE_GUEVARA_A_SU_PADRE"
+id="DE_DON_JUAN_VELEZ_DE_GUEVARA_A_SU_PADRE"></a>SONATO DE DON JUAN VÉLEZ DE GUEVARA A SU PADRE.
+<a name="FNanchor_57_57" id="FNanchor_57_57"></a><a href="#Footnote_57_57" class="fnanchor">[57]</a></h2>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">Luz en quien se encendió la vital mía,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">De cuya llama soy originado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Bien que la vida sólo te he imitado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Que el alma fuera en mí vana porfía,</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Si eres el sol de nuestra Pöesía,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Viva más que él tu aplauso eternizado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Y pues un vivir solo es limitado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">No te estreches al término de un día.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Hoy junta en el deleite la enseñanza</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Tu ingenio, a quien el tiempo no consuma,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Pues también viene a ser aplauso suyo.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Y sufra la modestia esta alabanza</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">A quien, por parecer más hijo tuyo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Quisiera ser un rasgo de tu pluma.</span><br />
+</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_PRIMERO" id="TRANCO_PRIMERO"></a>TRANCO PRIMERO</h2>
+
+<p>Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto,
+hora menguada para las calles<a name="FNanchor_58_58" id="FNanchor_58_58"></a><a href="#Footnote_58_58" class="fnanchor">[58]</a>, y, por faltar la luna, juridición y
+término redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El
+Prado boqueaba coches<a name="FNanchor_59_59" id="FNanchor_59_59"></a><a href="#Footnote_59_59" class="fnanchor">[59]</a> en la última jornada de su paseo, y en los
+baños de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados más de
+la arena que limpios del agua<a name="FNanchor_60_60" id="FNanchor_60_60"></a><a href="#Footnote_60_60" class="fnanchor">[60]</a>, decían el <i>Ite, río<a name="FNanchor_61_61" id="FNanchor_61_61"></a><a href="#Footnote_61_61" class="fnanchor">[61]</a></i> <i>es<a name="FNanchor_62_62" id="FNanchor_62_62"></a><a href="#Footnote_62_62" class="fnanchor">[62]</a></i>,
+cuando don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, hidalgo a cuatro vientos<a name="FNanchor_63_63" id="FNanchor_63_63"></a><a href="#Footnote_63_63" class="fnanchor">[63]</a>,
+caballero huracán y encrucijada de apellidos<a name="FNanchor_64_64" id="FNanchor_64_64"></a><a href="#Footnote_64_64" class="fnanchor">[64]</a>, galán de noviciado y
+estudiante de profesión, con un broquel y una espada, aprendía a gato
+por el caballete de un tejado, huyendo de la justicia, que le venía a
+los alcances<a name="FNanchor_65_65" id="FNanchor_65_65"></a><a href="#Footnote_65_65" class="fnanchor">[65]</a> por un estrupo<a name="FNanchor_66_66" id="FNanchor_66_66"></a><a href="#Footnote_66_66" class="fnanchor">[66]</a> que no lo había comido ni
+bebido<a name="FNanchor_67_67" id="FNanchor_67_67"></a><a href="#Footnote_67_67" class="fnanchor">[67]</a>, que en el pleito de acreedores de una doncella al uso estaba
+graduado en el lugar veintidoseno<a name="FNanchor_68_68" id="FNanchor_68_68"></a><a href="#Footnote_68_68" class="fnanchor">[68]</a>, pretendiendo que el pobre
+licenciado escotase solo lo que tantos habían merendado<a name="FNanchor_69_69" id="FNanchor_69_69"></a><a href="#Footnote_69_69" class="fnanchor">[69]</a>; y como
+solicitaba escaparse del «para en uno son<a name="FNanchor_70_70" id="FNanchor_70_70"></a><a href="#Footnote_70_70" class="fnanchor">[70]</a>» (sentencia difinitiva
+del cura de la parroquia y auto que no lo revoca si no es el vicario
+Responso<a name="FNanchor_71_71" id="FNanchor_71_71"></a><a href="#Footnote_71_71" class="fnanchor">[71]</a>, juez de la otra vida), no dificultó arrojarse desde el ala
+del susodicho tejado, como si las tuviera, a la buarda<a name="FNanchor_72_72" id="FNanchor_72_72"></a><a href="#Footnote_72_72" class="fnanchor">[72]</a> de otro que
+estaba confinante, nordesteado de una luz que por ella escasamente se
+brujuleaba, estrella de la tormenta que corría, en cuyo desván puso los
+pies y la boca<a name="FNanchor_73_73" id="FNanchor_73_73"></a><a href="#Footnote_73_73" class="fnanchor">[73]</a> a un mismo tiempo, saludándolo como a puerto de tales
+naufragios, y dejando burlados los ministros del agarro<a name="FNanchor_74_74" id="FNanchor_74_74"></a><a href="#Footnote_74_74" class="fnanchor">[74]</a> y los
+honrados pensamientos de mi señora doña Tomasa de Bitigudiño<a name="FNanchor_75_75" id="FNanchor_75_75"></a><a href="#Footnote_75_75" class="fnanchor">[75]</a>,
+doncella chanflona<a name="FNanchor_76_76" id="FNanchor_76_76"></a><a href="#Footnote_76_76" class="fnanchor">[76]</a> que se pasaba de noche como cuarto falso, que,
+para que surtiese efecto su bellaquería, había cometido otro estelionato
+más con el capitán de los jinetes a gatas que corrían las costas<a name="FNanchor_77_77" id="FNanchor_77_77"></a><a href="#Footnote_77_77" class="fnanchor">[77]</a> de
+aquellos tejados en su demanda, y volvían corridos de que se les
+hubiese escapado aquel bajel de capa y espada<a name="FNanchor_78_78" id="FNanchor_78_78"></a><a href="#Footnote_78_78" class="fnanchor">[78]</a> que llevaba cautiva la
+honra de aquella señora mohatrera de doncellazgos<a name="FNanchor_79_79" id="FNanchor_79_79"></a><a href="#Footnote_79_79" class="fnanchor">[79]</a>, que juraba entre
+sí tomar satisfacción deste desaire en otro inocente, chapetón<a name="FNanchor_80_80" id="FNanchor_80_80"></a><a href="#Footnote_80_80" class="fnanchor">[80]</a> de
+embustes doncelliles, fiada en una madre que ella llamaba <i>tía,</i> liga
+donde había caído tanto pájaro forastero.</p>
+
+<p>A estas horas, el Estudiante, no creyendo su buen suceso<a name="FNanchor_81_81" id="FNanchor_81_81"></a><a href="#Footnote_81_81" class="fnanchor">[81]</a> y
+deshollinando con el vestido y los ojos el zaquizamí, admiraba la región
+donde había arribado, por las estranjeras estravagancias de que estaba
+adornada la tal espelunca, cuyo avariento farol era un candil de
+garabato, que descubría sobre una mesa antigua de cadena<a name="FNanchor_82_82" id="FNanchor_82_82"></a><a href="#Footnote_82_82" class="fnanchor">[82]</a> papeles
+infinitos, mal compuestos y ordenados, escritos de caracteres
+matemáticos, unas efemérides abiertas<a name="FNanchor_83_83" id="FNanchor_83_83"></a><a href="#Footnote_83_83" class="fnanchor">[83]</a>, dos esferas y algunos
+compases y cuadrantes, ciertas señales de que vivía en el cuarto de más
+abajo algún astrólogo, dueño de aquella confusa oficina y embustera
+ciencia; y llegándose don Cleofás curiosamente, como quien profesaba
+letras y era algo inclinado a aquella profesión, a revolver los trastos
+astrológicos, oyó un suspiro entre ellos mismos, que, pareciéndole
+imaginación o ilusión de la noche, pasó adelante con la atención
+papeleando los memoriales de Euclides y embelecos de Copérnico;
+escuchando segunda vez repetir el suspiro, entonces, pareciéndole que no
+era engaño de la fantasía, sino verdad que se había venido a los oídos,
+dijo con desgarro y ademán de estudiante valiente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién diablos suspira aquí?, respondiéndole al mismo tiempo una voz
+entre humana y estranjera:</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy, señor Licenciado, que estoy en esta redoma, adonde me tiene
+preso ese astrólogo que vive ahí abajo, porque también tiene su punta
+de la mágica negra<a name="FNanchor_84_84" id="FNanchor_84_84"></a><a href="#Footnote_84_84" class="fnanchor">[84]</a>, y es mi alcaide dos años habrá.</p>
+
+<p>&mdash;Luego ¿familiar eres?&mdash;dijo el Estudiante<a name="FNanchor_85_85" id="FNanchor_85_85"></a><a href="#Footnote_85_85" class="fnanchor">[85]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Harto me holgara yo&mdash;respondieron<a name="FNanchor_86_86" id="FNanchor_86_86"></a><a href="#Footnote_86_86" class="fnanchor">[86]</a> de la redoma&mdash;que entrara uno
+de la Santa Inquisición, para que, metiéndole a él en otra de cal y
+canto, me sacara a mí desta jaula de papagayos de piedra azufre. Pero tú
+has llegado a tiempo que me puedes rescatar, porque este a cuyos
+conjuros estoy asistiendo me tiene ocioso, sin emplearme en nada, siendo
+yo el espíritu más travieso del infierno.</p>
+
+<p>Don Cleofás, espumando valor, prerrogativa de estudiante de Alcalá, le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres demonio plebeyo, u de los de nombre?</p>
+
+<p>&mdash;Y de gran nombre&mdash;le repitió el vidro endemoniado&mdash;, y el más
+celebrado en entrambos mundos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres Lucifer?&mdash;le repitió don Cleofás.</p>
+
+<p>&mdash;Ése es demonio de dueñas y escuderos&mdash;le respondió la voz.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres Satanás?&mdash;prosiguió el Estudiante.</p>
+
+<p>&mdash;Ése es demonio de sastres y carniceros&mdash;volvió la voz a repetille.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres Bercebú?&mdash;volvió a preguntalle don Cleofás.</p>
+
+<p>Y la voz a respondelle:</p>
+
+<p>&mdash;Ése es demonio de tahures, amancebados y carreteros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eres Barrabás<a name="FNanchor_87_87" id="FNanchor_87_87"></a><a href="#Footnote_87_87" class="fnanchor">[87]</a>, Belial, Astarot?&mdash;finalmente le dijo el
+Estudiante.</p>
+
+<p>&mdash;Esos son demonios de mayores ocupaciones&mdash;le respondió la voz&mdash;:
+demonio más por menudo soy, aunque me meto en todo: yo soy las pulgas
+del infierno, la chisme<a name="FNanchor_88_88" id="FNanchor_88_88"></a><a href="#Footnote_88_88" class="fnanchor">[88]</a>, el enredo, la usura, la mohatra; yo truje
+al mundo la zarabanda<a name="FNanchor_89_89" id="FNanchor_89_89"></a><a href="#Footnote_89_89" class="fnanchor">[89]</a>, el déligo<a name="FNanchor_90_90" id="FNanchor_90_90"></a><a href="#Footnote_90_90" class="fnanchor">[90]</a>, la chacona<a name="FNanchor_91_91" id="FNanchor_91_91"></a><a href="#Footnote_91_91" class="fnanchor">[91]</a>, el
+bullicuzcuz<a name="FNanchor_92_92" id="FNanchor_92_92"></a><a href="#Footnote_92_92" class="fnanchor">[92]</a>, las cosquillas de la capona<a name="FNanchor_93_93" id="FNanchor_93_93"></a><a href="#Footnote_93_93" class="fnanchor">[93]</a>, el guiriguirigay, el
+zambapalo, la mariona, el avilipinti, el pollo, la carretería, el
+hermano Bartolo, el carcañal, el guineo, el colorín colorado<a name="FNanchor_94_94" id="FNanchor_94_94"></a><a href="#Footnote_94_94" class="fnanchor">[94]</a>; yo
+inventé las pandorgas<a name="FNanchor_95_95" id="FNanchor_95_95"></a><a href="#Footnote_95_95" class="fnanchor">[95]</a>; las jácaras<a name="FNanchor_96_96" id="FNanchor_96_96"></a><a href="#Footnote_96_96" class="fnanchor">[96]</a>, las papalatas<a name="FNanchor_97_97" id="FNanchor_97_97"></a><a href="#Footnote_97_97" class="fnanchor">[97]</a>, los
+comos<a name="FNanchor_98_98" id="FNanchor_98_98"></a><a href="#Footnote_98_98" class="fnanchor">[98]</a>, las mortecinas<a name="FNanchor_99_99" id="FNanchor_99_99"></a><a href="#Footnote_99_99" class="fnanchor">[99]</a>, los títeres<a name="FNanchor_100_100" id="FNanchor_100_100"></a><a href="#Footnote_100_100" class="fnanchor">[100]</a>, los volatines<a name="FNanchor_101_101" id="FNanchor_101_101"></a><a href="#Footnote_101_101" class="fnanchor">[101]</a>,
+los saltambancos<a name="FNanchor_102_102" id="FNanchor_102_102"></a><a href="#Footnote_102_102" class="fnanchor">[102]</a>, los maesecorales<a name="FNanchor_103_103" id="FNanchor_103_103"></a><a href="#Footnote_103_103" class="fnanchor">[103]</a>, y, al fin, yo me llamo el
+Diablo Cojuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Con decir eso&mdash;dijo el Estudiante&mdash;hubiéramos ahorrado lo demás: vuesa
+merced me conozca por su servidor; que hay muchos días que le deseaba
+conocer. Pero, ¿no me dirá, señor Diablo Cojuelo, por qué le pusieron
+este nombre, a diferencia de los demás, habiendo todos caído desde tan
+alto, que pudieran quedar todos de la misma suerte y con el mismo
+apellido<a name="FNanchor_104_104" id="FNanchor_104_104"></a><a href="#Footnote_104_104" class="fnanchor">[104]</a>?</p>
+
+<p>&mdash;Yo, señor don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, que ya le sé el suyo, o
+los suyos&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, porque hemos sido vecinos por esa dama que
+galanteaba y por quien le ha corrido la justicia esta noche, y de quien
+después le contaré maravillas, me llamo desta manera porque fuí el
+primero de los que se levantaron en el rebelión<a name="FNanchor_105_105" id="FNanchor_105_105"></a><a href="#Footnote_105_105" class="fnanchor">[105]</a> celestial, y de los
+que cayeron y todo<a name="FNanchor_106_106" id="FNanchor_106_106"></a><a href="#Footnote_106_106" class="fnanchor">[106]</a>; y como los demás dieron sobre mí, me
+estropearon, y ansí, quedé más que todos señalado de la mano de Dios y
+de los pies de todos los diablos, y con este sobrenombre; mas no por eso
+menos ágil para todas las facciones que se ofrecen en los países bajos,
+en cuyas impresas nunca me he quedado atrás, antes me he adelantado a
+todos; que, camino del infierno, tanto anda el cojo como el viento<a name="FNanchor_107_107" id="FNanchor_107_107"></a><a href="#Footnote_107_107" class="fnanchor">[107]</a>;
+aunque nunca he estado más sin reputación que ahora en poder deste
+vinagre, a quien por trato<a name="FNanchor_108_108" id="FNanchor_108_108"></a><a href="#Footnote_108_108" class="fnanchor">[108]</a> me entregaron mis propios compañeros,
+porque los traía al retortero a todos<a name="FNanchor_109_109" id="FNanchor_109_109"></a><a href="#Footnote_109_109" class="fnanchor">[109]</a>, como dice el refrán de
+Castilla, y cada momento a los más agudos les daba gato por demonio.
+Sácame deste Argel de vidro; que yo te pagaré el rescate en muchos
+gustos, a fe de demonio, porque me precio de amigo de mi amigo, con mis
+tachas buenas y malas<a name="FNanchor_110_110" id="FNanchor_110_110"></a><a href="#Footnote_110_110" class="fnanchor">[110]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo quieres&mdash;dijo don Cleofás mudando la cortesía<a name="FNanchor_111_111" id="FNanchor_111_111"></a><a href="#Footnote_111_111" class="fnanchor">[111]</a> con la
+familiaridad de la conversación&mdash;que yo haga lo que tú no puedes siendo
+demonio tan mañoso?</p>
+
+<p>&mdash;A mí no me es concedido&mdash;dijo el Espíritu&mdash;, y a ti sí, por ser hombre
+con el privilegio del baptismo y libre del poder de los conjuros, con
+quien han hecho pacto los príncipes de la Guinea infernal<a name="FNanchor_112_112" id="FNanchor_112_112"></a><a href="#Footnote_112_112" class="fnanchor">[112]</a>. Toma un
+cuadrante de esos y haz pedazos esta redoma; que luego en derramándome
+me verás visible y palpable.</p>
+
+<p>No fué escrupuloso ni perezoso don Cleofás, y ejecutando lo que el
+Espíritu le dijo, hizo con el instrumento astronómico jigote<a name="FNanchor_113_113" id="FNanchor_113_113"></a><a href="#Footnote_113_113" class="fnanchor">[113]</a> del
+vaso, inundando la mesa sobredicha de un licor turbio, escabeche en que
+se conservaba el tal Diablillo; y volviendo los ojos al suelo, vió en
+él un hombrecillo de pequeña estatura, afirmado en dos muletas<a name="FNanchor_114_114" id="FNanchor_114_114"></a><a href="#Footnote_114_114" class="fnanchor">[114]</a>,
+sembrado de chichones mayores de marca<a name="FNanchor_115_115" id="FNanchor_115_115"></a><a href="#Footnote_115_115" class="fnanchor">[115]</a>, calabacino de testa y badea
+de cogote, chato de narices, la boca formidable y apuntalada en dos
+colmillos solos, que no tenían más muela ni diente los desiertos de las
+encías, erizados los bigotes como si hubiera barbado en Hircania<a name="FNanchor_116_116" id="FNanchor_116_116"></a><a href="#Footnote_116_116" class="fnanchor">[116]</a>;
+los pelos de su nacimiento, ralos, uno aquí y otro allí<a name="FNanchor_117_117" id="FNanchor_117_117"></a><a href="#Footnote_117_117" class="fnanchor">[117]</a>, a fuer de
+los espárragos, legumbre<a name="FNanchor_118_118" id="FNanchor_118_118"></a><a href="#Footnote_118_118" class="fnanchor">[118]</a> tan enemiga de la compañía, que si no es
+para venderlos en manojos, no se juntan. Bien hayan los berros, que
+nacen unos entrepernados con otros, como vecindades de la Corte, perdone
+la malicia la comparación.</p>
+
+<p>Asco le dió a don Cleofás la figura, aunque necesitaba de su favor para
+salir del desván, ratonera del Astrólogo en que había caído huyendo de
+los gatos que le siguieron (salvo el guante<a name="FNanchor_119_119" id="FNanchor_119_119"></a><a href="#Footnote_119_119" class="fnanchor">[119]</a> a la metáfora), y
+asiéndole por la mano el Cojuelo y diciéndole: «Vamos, don Cleofás, que
+quiero comenzar a pagarte en algo lo que te debo», salieron los dos por
+la buarda como si los dispararan de un tiro<a name="FNanchor_120_120" id="FNanchor_120_120"></a><a href="#Footnote_120_120" class="fnanchor">[120]</a> de artillería, no
+parando de volar hasta hacer pie en el capitel de la torre de San
+Salvador<a name="FNanchor_121_121" id="FNanchor_121_121"></a><a href="#Footnote_121_121" class="fnanchor">[121]</a>, mayor atalaya de Madrid, a tiempo que su reloj daba la
+una, hora que tocaba a recoger el mundo poco a poco al descanso del
+sueño; treguas que dan los cuidados a la vida, siendo común el silencio
+a las fieras y a los hombres; medida que a todos hace iguales; habiendo
+una priesa notable a quitarse zapatos y medias, calzones y jubones,
+basquiñas<a name="FNanchor_122_122" id="FNanchor_122_122"></a><a href="#Footnote_122_122" class="fnanchor">[122]</a>, verdugados<a name="FNanchor_123_123" id="FNanchor_123_123"></a><a href="#Footnote_123_123" class="fnanchor">[123]</a>, guardainfantes<a name="FNanchor_124_124" id="FNanchor_124_124"></a><a href="#Footnote_124_124" class="fnanchor">[124]</a>, polleras<a name="FNanchor_125_125" id="FNanchor_125_125"></a><a href="#Footnote_125_125" class="fnanchor">[125]</a>,
+enaguas y guardapiés, para acostarse hombres y mujeres, quedando las
+humanidades menos mesuradas, y volviéndose a los primeros originales,
+que comenzaron el mundo horros de todas estas baratijas; y
+engestándose<a name="FNanchor_126_126" id="FNanchor_126_126"></a><a href="#Footnote_126_126" class="fnanchor">[126]</a> al camarada, el Cojuelo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Don Cleofás, desde esta picota<a name="FNanchor_127_127" id="FNanchor_127_127"></a><a href="#Footnote_127_127" class="fnanchor">[127]</a> de las nubes, que es el lugar más
+eminente de Madrid, malaño<a name="FNanchor_128_128" id="FNanchor_128_128"></a><a href="#Footnote_128_128" class="fnanchor">[128]</a> para Menipo en los diálogos de Luciano,
+te he de enseñar todo lo más notable que a estas horas pasa en esta
+Babilonia española, que en la confusión fué esotra con ella segunda
+deste nombre.</p>
+
+<p>Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólica, lo
+hojaldrado<a name="FNanchor_129_129" id="FNanchor_129_129"></a><a href="#Footnote_129_129" class="fnanchor">[129]</a>, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como
+entonces estaba, patentemente, que por el mucho calor estivo estaba con
+menos celosías, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca
+del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fué de capas y
+gorras.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_II" id="TRANCO_II"></a>TRANCO II</h2>
+
+<p>Quedó don Cleofás absorto en aquella pepitoria<a name="FNanchor_130_130" id="FNanchor_130_130"></a><a href="#Footnote_130_130" class="fnanchor">[130]</a> humana de tanta
+diversidad de manos, pies y cabezas, y haciendo grandes admiraciones,
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Es posible que para tantos hombres, mujeres y niños hay<a name="FNanchor_131_131" id="FNanchor_131_131"></a><a href="#Footnote_131_131" class="fnanchor">[131]</a> lienzo
+para colchones, sábanas y camisas? Déjame que me asombre que entre las
+grandezas de la Providencia divina no sea ésta la menor.</p>
+
+<p>Entonces el Cojuelo, previniéndole, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Advierte que quiero empezar a enseñarte distintamente, en este teatro
+donde tantas figuras representan, las más notables, en cuya variedad
+está su hermosura. Mira allí primeramente cómo están sentados muchos
+caballeros y señores a una mesa opulentísima, acabando una media
+noche<a name="FNanchor_132_132" id="FNanchor_132_132"></a><a href="#Footnote_132_132" class="fnanchor">[132]</a>; que eso les han quitado a los relojes no más.</p>
+
+<p>Don Cleofás le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Todas esas caras conozco; pero sus bolsas no, si no es para
+servillas<a name="FNanchor_133_133" id="FNanchor_133_133"></a><a href="#Footnote_133_133" class="fnanchor">[133]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Hanse pasado a los estranjeros, porque las trataban muy mal estos
+príncipes cristianos&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, y se han quedado, con las
+caponas<a name="FNanchor_134_134" id="FNanchor_134_134"></a><a href="#Footnote_134_134" class="fnanchor">[134]</a>, sin ejercicio.</p>
+
+<p>&mdash;Dejémoslos cenar&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, que yo aseguro que no se
+levanten de la mesa sin haber concertado un juego de cañas para cuando
+Dios fuere servido, y pasemos adelante; que a estos magnates los más de
+los días les beso yo las manos, y estas caravanas las ando yo las más de
+las noches, porque he sido dos meses culto vergonzante de la proa<a name="FNanchor_135_135" id="FNanchor_135_135"></a><a href="#Footnote_135_135" class="fnanchor">[135]</a>
+de uno de ellos y estoy encurtido de excelencias y señorías, solamente
+buenas para veneradas.</p>
+
+<p>&mdash;Mira allí&mdash;prosiguió el Cojuelo&mdash;cómo se está quejando de la orina un
+letrado, tan ancho de barba<a name="FNanchor_136_136" id="FNanchor_136_136"></a><a href="#Footnote_136_136" class="fnanchor">[136]</a> y tan espeso, que parece que saca un
+delfín la cola por las almohadas. Allí está pariendo doña Fáfula<a name="FNanchor_137_137" id="FNanchor_137_137"></a><a href="#Footnote_137_137" class="fnanchor">[137]</a>, y
+don Toribio su indigno consorte, como si fuera suyo lo que paría, muy
+oficioso y lastimado; y está el dueño de la obra a pierna suelta en
+esotro barrio, roncando y descuidado del suceso. Mira aquel preciado de
+lindo, o aquel lindo de los más preciados, cómo duerme con bigotera<a name="FNanchor_138_138" id="FNanchor_138_138"></a><a href="#Footnote_138_138" class="fnanchor">[138]</a>
+torcidas de papel en las guedejas y el copete<a name="FNanchor_139_139" id="FNanchor_139_139"></a><a href="#Footnote_139_139" class="fnanchor">[139]</a>, sebillo en las
+manos<a name="FNanchor_140_140" id="FNanchor_140_140"></a><a href="#Footnote_140_140" class="fnanchor">[140]</a>, y guantes descabezados<a name="FNanchor_141_141" id="FNanchor_141_141"></a><a href="#Footnote_141_141" class="fnanchor">[141]</a>, y tanta pasa<a name="FNanchor_142_142" id="FNanchor_142_142"></a><a href="#Footnote_142_142" class="fnanchor">[142]</a> en el rostro,
+que pueden hacer colación<a name="FNanchor_143_143" id="FNanchor_143_143"></a><a href="#Footnote_143_143" class="fnanchor">[143]</a> en él toda la cuaresma que viene. Allí,
+más adelante, está una vieja, grandísima hechicera, haciendo en un
+almirez una medicina de drogas restringentes para remendar una doncella
+sobre su palabra<a name="FNanchor_144_144" id="FNanchor_144_144"></a><a href="#Footnote_144_144" class="fnanchor">[144]</a>, que se ha de desposar mañana. Y allí, en aquel
+aposentillo estrecho, están dos enfermos en dos camas, y se han
+purgado juntos, y sobre quién ha hecho más cursos<a name="FNanchor_145_145" id="FNanchor_145_145"></a><a href="#Footnote_145_145" class="fnanchor">[145]</a>, como si se
+hubieran de graduar en la facultad, se han levantado a matar a
+almohadazos. Vuelve allí, y mira con atención cómo se está untando una
+hipócrita a lo moderno, para hallarse en una gran junta de brujas que
+hay entre San Sebastián y Fuenterrabía, y a fe que nos habíamos de ver
+en ella si no temiera el riesgo de ser conocido del demonio que
+hace<a name="FNanchor_146_146" id="FNanchor_146_146"></a><a href="#Footnote_146_146" class="fnanchor">[146]</a> el cabrón, porque le di una bofetada a mano abierta en la
+antecámara de Lucifer, sobre unas palabras mayores que tuvimos; que
+también entre los diablos hay libro del duelo<a name="FNanchor_147_147" id="FNanchor_147_147"></a><a href="#Footnote_147_147" class="fnanchor">[147]</a>, porque el autor que
+le compuso es hijo de vecino del infierno. Pero mucho más nos podemos
+entretener por acá, y más si pones los ojos en aquellos dos ladrones que
+han entrado por un balcón en casa de aquel estranjero rico, con una
+llave maestra, porque las ganzúas son a lo antiguo, y han llegado donde
+está aquel talego de vara y media estofado de patacones<a name="FNanchor_148_148" id="FNanchor_148_148"></a><a href="#Footnote_148_148" class="fnanchor">[148]</a> de a ocho,
+a la luz de una linterna que llevan, que, por ser tan grande y no poder
+arrancalle de una vez, por el riesgo del ruido, determinan abrille, y
+henchir las faltriqueras y los calzones, y volver otra noche por lo
+demás, y comenzando a desatalle, saca el tal estranjero (que estaba
+dentro dél guardando su dinero, por no fialle de nadie) la cabeza,
+diciendo: «Señores ladrones, acá estamos todos»<a name="FNanchor_149_149" id="FNanchor_149_149"></a><a href="#Footnote_149_149" class="fnanchor">[149]</a>, cayendo
+espantados uno a un lado y otro a otro, como resurreción de aldea<a name="FNanchor_150_150" id="FNanchor_150_150"></a><a href="#Footnote_150_150" class="fnanchor">[150]</a>,
+y se vuelven gateando a salir por donde entraron.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor fuera&mdash;dijo don Cleofás&mdash;que le hubieran llevado sin desatar en
+el capullo de su dinero, porque no le sucediera ese desaire, pues que
+cada estranjero es un talego bautizado<a name="FNanchor_151_151" id="FNanchor_151_151"></a><a href="#Footnote_151_151" class="fnanchor">[151]</a>; que no sirven de otra cosa
+en nuestra república y en la suya, por nuestra mala maña.</p>
+
+<p>Pero, ¿quién es aquella abada<a name="FNanchor_152_152" id="FNanchor_152_152"></a><a href="#Footnote_152_152" class="fnanchor">[152]</a> con camisa de mujer, que no solamente
+la cama le viene estrecha, sino la casa y Madrid, que hace roncando más
+ruido que la Bermuda<a name="FNanchor_153_153" id="FNanchor_153_153"></a><a href="#Footnote_153_153" class="fnanchor">[153]</a>, y, al parecer, [bebe]<a name="FNanchor_154_154" id="FNanchor_154_154"></a><a href="#Footnote_154_154" class="fnanchor">[154]</a> cámaras de tinajas
+y come jigotes de bóvedas?</p>
+
+<p>&mdash;Aquélla ha sido cuba de Sahagún<a name="FNanchor_155_155" id="FNanchor_155_155"></a><a href="#Footnote_155_155" class="fnanchor">[155]</a>, y no profesó&mdash;dijo el
+Cojuelo&mdash;si no es el mundo de agora, que está para dar un estallido, y
+todo junto puede ser siendo quien es: que es una bodegonera tan rica,
+que tiene, a dar<a name="FNanchor_156_156" id="FNanchor_156_156"></a><a href="#Footnote_156_156" class="fnanchor">[156]</a> rocín por carnero y gato por conejo a los
+estómagos del vuelo<a name="FNanchor_157_157" id="FNanchor_157_157"></a><a href="#Footnote_157_157" class="fnanchor">[157]</a>, seis casas en Madrid, y en la puerta de
+Guadalajara<a name="FNanchor_158_158" id="FNanchor_158_158"></a><a href="#Footnote_158_158" class="fnanchor">[158]</a> más de veinte mil ducados, y con una capilla que ha
+hecho para su entierro y dos capellanías que ha fundado, se piensa ir al
+cielo derecha; que aunque pongan una garrucha en la estrella de Venus y
+un alzaprima en las Siete Cabrillas, me parece que será imposible que
+suba allá aquel tonel; y como ha cobrado buena fama<a name="FNanchor_159_159" id="FNanchor_159_159"></a><a href="#Footnote_159_159" class="fnanchor">[159]</a>, se ha echado
+a dormir de aquella suerte.</p>
+
+<p>&mdash;Aténgome&mdash;dijo don Cleofás&mdash;a aquel caballero tasajo que tiene el
+alma en cecina, que ha echado de ver que es caballero en un hábito<a name="FNanchor_160_160" id="FNanchor_160_160"></a><a href="#Footnote_160_160" class="fnanchor">[160]</a>
+que le he visto en una ropilla<a name="FNanchor_161_161" id="FNanchor_161_161"></a><a href="#Footnote_161_161" class="fnanchor">[161]</a> a la cabecera, y no es el mayor
+remiendo que tiene, y duerme enroscado como lamprea empanada, porque la
+cama es media sotanilla, que le llega a las rodillas no más.</p>
+
+<p>&mdash;Aquél&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;es pretendiente, y está demasiado de gordo y
+bien tratado para el oficio que ejercita. Bien haya aquel tabernero de
+Corte, que se quita de esos cuidados y es cura de su vino, que le está
+bautizando en los pellejos y las tinajas, y a estas horas está hecho
+diluvio<a name="FNanchor_162_162" id="FNanchor_162_162"></a><a href="#Footnote_162_162" class="fnanchor">[162]</a> en pena, con su embudo en la mano, y antes de mil
+años<a name="FNanchor_163_163" id="FNanchor_163_163"></a><a href="#Footnote_163_163" class="fnanchor">[163]</a> espero verle jugar cañas<a name="FNanchor_164_164" id="FNanchor_164_164"></a><a href="#Footnote_164_164" class="fnanchor">[164]</a> por el nacimiento de algún
+príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué mucho&mdash;dijo don Cleofás&mdash;si es tabernero y puede emborrachar a la
+Fortuna?</p>
+
+<p>&mdash;No hayas miedo&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;que se vea en eso aquel alquimista
+que está en aquel sótano con unos fuelles, inspirando una hornilla llena
+de lumbre, sobre la cual tiene un perol con mil variedades de
+ingredientes, muy presumido de acabar la piedra filosofal y hacer el
+oro; que ha diez años que anda en esta pretensión, por haber leído el
+arte de Reimundo Lulio y los autores químicos que hablan<a name="FNanchor_165_165" id="FNanchor_165_165"></a><a href="#Footnote_165_165" class="fnanchor">[165]</a> en este
+mismo imposible.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es&mdash;dijo don Cleofás&mdash;que nadie ha acertado a hacer el oro
+si no es Dios, y el sol, con comisión particular suya.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es cierto&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, pues nosotros no hemos salido con
+ello. Vuelve allí, y acompáñame a reír de aquel marido y mujer, tan
+amigos de coche, que todo lo que habían de gastar en vestir, calzar y
+componer su casa lo han empleado en aquel que está sin caballos agora, y
+comen y cenan y duermen dentro dél, sin que hayan salido de su
+reclusión, ni aun para las necesidades corporales, en cuatro años que ha
+que le compraron<a name="FNanchor_166_166" id="FNanchor_166_166"></a><a href="#Footnote_166_166" class="fnanchor">[166]</a>; que están encochados, como emparedados, y ha sido
+tanta la costumbre de no salir dél, que les sirve el coche de conchas,
+como a la tortuga y al galápago, que en tarascando cualquiera dellos la
+cabeza fuera dél, la vuelven a meter luego, como quien la tiene fuera de
+su natural, y se resfrían y acatarran en sacando pie, pierna o mano
+desta estrecha religión; y pienso que quieren ahora labrar un desván en
+él para ensancharse y alquilalle a otros dos vecinos tan inclinados a
+coche, que se contentarán con vivir en el caballete dél.</p>
+
+<p>&mdash;Esos&mdash;dijo don Cleofás&mdash;se han de ir al infierno en coche y en alma.</p>
+
+<p>&mdash;No es penitencia para menos&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;. Diferentemente le
+sucede a esotro pobre y casado, que vive en esotra casa más adelante,
+que después de no haber podido dormir desde que se acostó, con un órgano
+al oído de niños tiples, contraltos, terceruelas<a name="FNanchor_167_167" id="FNanchor_167_167"></a><a href="#Footnote_167_167" class="fnanchor">[167]</a> y otros mil
+guisados de voces que han inventado para llorar, ahora que se iba a
+trasponer un poco, le ha tocado a rebato un mal de madre de su mujer,
+tan terrible, que no ha dejado ruda en la vecindad<a name="FNanchor_168_168" id="FNanchor_168_168"></a><a href="#Footnote_168_168" class="fnanchor">[168]</a>, lana ni papel
+quemado, escudilla untada con ajo, ligaduras, bebidas, humazos y
+trescientas cosas más<a name="FNanchor_169_169" id="FNanchor_169_169"></a><a href="#Footnote_169_169" class="fnanchor">[169]</a>, y a él le ha dado, de andar en camisa, un
+dolor de ijada, con que imagino que se ha de desquitar del dolor de
+madre de su mujer.</p>
+
+<p>&mdash;No están tan despiertos en aquella casa&mdash;dijo don Cleofás&mdash;donde está
+echando una escala aquel caballero que, al parecer, da asalto al cuarto
+y a la honra del que vive en él; que no es buena señal, habiendo
+escaleras dentro, querer entrar por las de fuera.</p>
+
+<p>&mdash;Allí&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;vive un caballero viejo y rico que tiene una
+hija muy hermosa y doncella, y rabia por dejallo de ser con un marqués,
+que es el que da la escalada, que dice que se ha de casar con ella, que
+es papel que ha hecho con otras diez u doce, y lo ha representado mal;
+pero esta noche no conseguirá lo que desea, porque viene un alcalde de
+ronda, y es muy antigua costumbre de nosotros ser muy regatones<a name="FNanchor_170_170" id="FNanchor_170_170"></a><a href="#Footnote_170_170" class="fnanchor">[170]</a> en
+los gustos, y, como dice vuestro refrán, si la podemos dar roma, no la
+damos aguileña<a name="FNanchor_171_171" id="FNanchor_171_171"></a><a href="#Footnote_171_171" class="fnanchor">[171]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué voces&mdash;dijo don Cleofás&mdash;son las que dan en esotra casa más
+adelante, que parece que pregonan algún demonio que se ha perdido?</p>
+
+<p>&mdash;No seré yo, que me he rescatado&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, si no es que me
+llaman a pregones del infierno por el quebrantamiento de la redoma; pero
+aquél es un garitero que ha dado esta noche ciento y cincuenta barajas,
+y se ha endiablado de cólera porque no le han pagado ninguna y se van
+los actores y los reos con las costas en el cuerpo, tras una pendencia
+de barato<a name="FNanchor_172_172" id="FNanchor_172_172"></a><a href="#Footnote_172_172" class="fnanchor">[172]</a> sobre uno que juzgó mal una suerte, y los mete en paz
+aquella música que dan a cuatro voces en esotra calle unos criados de un
+señor a una mujer de un sastre que ha jurado que los ha de coser a
+puñaladas<a name="FNanchor_173_173" id="FNanchor_173_173"></a><a href="#Footnote_173_173" class="fnanchor">[173]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Si yo fuera el marido&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, más los tuviera por gatos
+que por músicos.</p>
+
+<p>&mdash;Agora te parecerán galgos&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, porque otro competidor
+de la sastra, con una gavilla de seis o siete, vienen sacando las
+espadas, y los Orfeos de la maesa, reparando la primera invasión con las
+guitarras, hacen una fuga<a name="FNanchor_174_174" id="FNanchor_174_174"></a><a href="#Footnote_174_174" class="fnanchor">[174]</a> de cuatro o cinco calles. Pero vuelve
+allí los ojos, verás cómo se va desnudando aquel hidalgo que ha rondado
+toda la noche, tan caballero del milagro<a name="FNanchor_175_175" id="FNanchor_175_175"></a><a href="#Footnote_175_175" class="fnanchor">[175]</a> en las tripas como en las
+demás facciones, pues quitándose una cabellera, queda calvo; y las
+narices de carátula, chato; y unos bigotes postizos, lampiño; y un brazo
+de palo, estropeado; que pudiera irse más camino de la sepoltura que de
+la cama. En esotra casa más arriba está durmiendo un mentiroso con una
+notable pesadilla, porque sueña que dice verdad. Allí un vizconde, entre
+sueños, está muy vano porque ha regateado la excelencia a un grande.
+Allí está muriendo un fullero, y ayudándole a bien morir un testigo
+falso, y por darle la bula de la Cruzada, le da una baraja de naipes,
+porque muera como vivió, y él, boqueando, por decir «Jesús», ha dicho
+«flux». Allí, más arriba, un boticario está mezclando la piedra
+bezar<a name="FNanchor_176_176" id="FNanchor_176_176"></a><a href="#Footnote_176_176" class="fnanchor">[176]</a> con los polvos de sen. Allí sacan un médico de su casa para
+una apoplejía que le ha dado a un obispo. Allí llevan aquella comadre
+para partear a una preñada de medio ojo<a name="FNanchor_177_177" id="FNanchor_177_177"></a><a href="#Footnote_177_177" class="fnanchor">[177]</a>, que ha tenido dicha en
+darle los dolores a estas horas. Allí doña Tomasa, tu dama, en enaguas,
+está abriendo la puerta a otro; que a estas horas le oye de amor.</p>
+
+<p>&mdash;Déjame&mdash;dijo don Cleofás&mdash;: bajaré sobre ella a matarla a coces.</p>
+
+<p>&mdash;Para estas ocasiones se hizo el <i>tate, tate</i><a name="FNanchor_178_178" id="FNanchor_178_178"></a><a href="#Footnote_178_178" class="fnanchor">[178]</a>&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;;
+que no es salto para de burlas. Y te espantas de pocas cosas<a name="FNanchor_179_179" id="FNanchor_179_179"></a><a href="#Footnote_179_179" class="fnanchor">[179]</a>: que
+sin este enamorado murciégalo<a name="FNanchor_180_180" id="FNanchor_180_180"></a><a href="#Footnote_180_180" class="fnanchor">[180]</a>, hay otros ochenta, para quien<a name="FNanchor_181_181" id="FNanchor_181_181"></a><a href="#Footnote_181_181" class="fnanchor">[181]</a>
+tiene repartidas las horas del día y de la noche.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por vida del mundo&mdash;dijo don Cleofás&mdash;que la tenía por una santa!</p>
+
+<p>&mdash;Nunca te creas de ligero&mdash;le replicó el Diablillo&mdash;. Y vuelve los ojos
+a mi Astrólogo, verás con las pulgas y inquietud que duerme: debe de
+haber sentido pasos en su desván y recela algún detrimento de su redoma.
+Consuélese con su vecino, que mientras está roncando a más y mejor, le
+están sacando a su mujer, como muela, sin sentillo, aquellos dos
+soldados.</p>
+
+<p>&mdash;Del mal lo menos&mdash;dijo don Cleofás&mdash;; que yo sé del marido
+ochodurmiente<a name="FNanchor_182_182" id="FNanchor_182_182"></a><a href="#Footnote_182_182" class="fnanchor">[182]</a> que dirá<a name="FNanchor_183_183" id="FNanchor_183_183"></a><a href="#Footnote_183_183" class="fnanchor">[183]</a> cuando despierto lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Mira allí&mdash;prosiguió el Cojuelo&mdash;aquel barbero, que soñando se ha
+levantado, y ha echado unas ventosas a su mujer, y la ha quemado con las
+estopas las tablas de los muslos, y ella da gritos, y él, despertando,
+la consuela diciendo que aquella diligencia es bueno que esté hecha para
+cuando fuere menester. Vuelve allí los ojos a aquella cuadrilla de
+sastres que están acabando unas vistas<a name="FNanchor_184_184" id="FNanchor_184_184"></a><a href="#Footnote_184_184" class="fnanchor">[184]</a> para un tonto que se casa a
+ciegas, que es lo mismo que por relación, con una doncella tarasca, fea,
+pobre y necia, y le han hecho creer al contrario con un retrato que le
+trujo un casamentero, que a estas horas se está levantando con un
+pleitista que vive pared y medio dél<a name="FNanchor_185_185" id="FNanchor_185_185"></a><a href="#Footnote_185_185" class="fnanchor">[185]</a>, el uno a cansar ministros y
+el otro a casar todo el linaje humano; que solamente tú, por estar tan
+alto, estás seguro deste demonio, que en algún modo lo es más que yo.
+Vuelve los ojos y mira aquel cazador mentecato del gallo<a name="FNanchor_186_186" id="FNanchor_186_186"></a><a href="#Footnote_186_186" class="fnanchor">[186]</a>, que está
+ensillando su rocín a estas horas y poniendo la escopeta debajo del
+caparazón, y deja de dormir de aquí a las nueve de la mañana por ir a
+matar un conejo, que le costaría mucho menos aunque le comprara en la
+despensa de Judas<a name="FNanchor_187_187" id="FNanchor_187_187"></a><a href="#Footnote_187_187" class="fnanchor">[187]</a>. Y al mismo tiempo advierte cómo a la puerta de
+aquel rico avariento echan un niño, que por partes de<a name="FNanchor_188_188" id="FNanchor_188_188"></a><a href="#Footnote_188_188" class="fnanchor">[188]</a> su padre
+puede pretender la beca del Antecristo<a name="FNanchor_189_189" id="FNanchor_189_189"></a><a href="#Footnote_189_189" class="fnanchor">[189]</a>, y él, en grado de
+apelación, da con él en casa de un señor que vive junto a la suya, que
+tiene talle de comérselo antes que criallo, porque ha días que su
+despensa espera el domingo de casi ración<a name="FNanchor_190_190" id="FNanchor_190_190"></a><a href="#Footnote_190_190" class="fnanchor">[190]</a>. Pero ya el día no nos
+deja pasar adelante; que el agua ardiente y el letuario<a name="FNanchor_191_191" id="FNanchor_191_191"></a><a href="#Footnote_191_191" class="fnanchor">[191]</a> son sus
+primeros crepúsculos, y viene el sol haciendo cosquillas a las
+estrellas, que están jugando a salga la parida<a name="FNanchor_192_192" id="FNanchor_192_192"></a><a href="#Footnote_192_192" class="fnanchor">[192]</a>, y dorando la
+píldora<a name="FNanchor_193_193" id="FNanchor_193_193"></a><a href="#Footnote_193_193" class="fnanchor">[193]</a> del mundo, tocando al arma a tantas bolsas y talegos y
+dando rebato a tantas ollas, sartenes y cazuelas, y no quiero que se
+valga de mi industria para ver los secretos que le negó la noche:
+cuéstele brujeleallo por resquicios, claraboyas y chimeneas.</p>
+
+<p>Y volviendo a poner la tapa al pastelón, se bajaron a las calles.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_III" id="TRANCO_III"></a>TRANCO III</h2>
+
+<p>Ya comenzaban en el puchero humano de la Corte a hervir hombres y
+mujeres, unos hacia arriba, y otros hacia abajo, y otros de través,
+haciendo un cruzado<a name="FNanchor_194_194" id="FNanchor_194_194"></a><a href="#Footnote_194_194" class="fnanchor">[194]</a> al son de su misma confusión<a name="FNanchor_195_195" id="FNanchor_195_195"></a><a href="#Footnote_195_195" class="fnanchor">[195]</a>, y el piélago
+racional de Madrid a sembrarse de ballenas<a name="FNanchor_196_196" id="FNanchor_196_196"></a><a href="#Footnote_196_196" class="fnanchor">[196]</a> con ruedas, que por otro
+nombre llaman coches, trabándose la batalla del día, cada uno con
+disinio y negocio diferente, y pretendiéndose engañar los unos a los
+otros, levantándose una polvareda de embustes y mentiras, que no se
+descubría una brizna de verdad por un ojo de la cara<a name="FNanchor_197_197" id="FNanchor_197_197"></a><a href="#Footnote_197_197" class="fnanchor">[197]</a>, y don Cleofás
+iba siguiendo a su camarada, que le había metido por una calle algo
+angosta, llena de espejos por una parte y por otra, donde estaban muchas
+damas y lindos mirándose y poniéndose de diferentes posturas de bocas,
+guedejas, semblantes, ojos, bigotes, brazos y manos, haciéndose
+cocos<a name="FNanchor_198_198" id="FNanchor_198_198"></a><a href="#Footnote_198_198" class="fnanchor">[198]</a> a ellos mismos. Preguntóle don Cleofás qué calle era aquélla,
+que le parecía que no la había visto en Madrid, y respondióle el
+Cojuelo:</p>
+
+<p>&mdash;Ésta se llama la calle de los Gestos, que solamente saben a ella estas
+figuras de la baraja de la Corte, que vienen aquí a tomar el gesto con
+que han de andar aquel día, y salen con perlesía de lindeza, unos con la
+boquita de riñón<a name="FNanchor_199_199" id="FNanchor_199_199"></a><a href="#Footnote_199_199" class="fnanchor">[199]</a>, otros con los ojitos dormidos, roncando<a name="FNanchor_200_200" id="FNanchor_200_200"></a><a href="#Footnote_200_200" class="fnanchor">[200]</a>
+hermosura, y todos con los dos dedos de las manos, índice y meñique,
+levantados, y esotros, de <i>Gloria Patri</i><a name="FNanchor_201_201" id="FNanchor_201_201"></a><a href="#Footnote_201_201" class="fnanchor">[201]</a>. Pero salgámonos muy
+apriesa de aquí; que con tener estómago de demonio y no haberme mareado
+las maretas<a name="FNanchor_202_202" id="FNanchor_202_202"></a><a href="#Footnote_202_202" class="fnanchor">[202]</a> del infierno, me le han revuelto estas sabandijas, que
+nacieron para desacreditar la naturaleza y el rentoy<a name="FNanchor_203_203" id="FNanchor_203_203"></a><a href="#Footnote_203_203" class="fnanchor">[203]</a>.</p>
+
+<p>Con esto, salieron desta calle a una plazuela donde había gran concurso
+de viejas que había sido damas cortesanas<a name="FNanchor_204_204" id="FNanchor_204_204"></a><a href="#Footnote_204_204" class="fnanchor">[204]</a>, y mozas que entraban a
+ser lo que ellas habían sido, en grande contratación unas con otras.
+Preguntó el Estudiante a su camarada qué sitio era aquél, que tampoco le
+había visto, y él le respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Éste es el baratillo de los apellidos, que aquellas damas pasas
+truecan con estas mozas albillas<a name="FNanchor_205_205" id="FNanchor_205_205"></a><a href="#Footnote_205_205" class="fnanchor">[205]</a> por medias traídas, por zapatos
+viejos, valonas, tocas y ligas, como ya no las han menester; que el
+Guzmán, el Mendoza, el Enríquez, el Cerda, el Cueva, el Silva, el
+Castro, el Girón<a name="FNanchor_206_206" id="FNanchor_206_206"></a><a href="#Footnote_206_206" class="fnanchor">[206]</a>, el Toledo, el Pacheco, el Córdova, el Manrique de
+Lara, el Osorio, el Aragón, el Guevara y otros generosos apellidos los
+ceden a quien los ha menester ahora para el oficio que comienza, y ellas
+quedan con sus patronímicos primeros de Hernández, Martínez, López,
+Rodríguez, Pérez, González, etcétera; porque al fin de los años mil,
+vuelven los nombres<a name="FNanchor_207_207" id="FNanchor_207_207"></a><a href="#Footnote_207_207" class="fnanchor">[207]</a> por donde solían ir.</p>
+
+<p>&mdash;Cada día&mdash;dijo el Estudiante&mdash;hay cosas nuevas en la Corte.</p>
+
+<p>Y, a mano izquierda, entraron a otra plazuela al modo de la de los
+Herradores<a name="FNanchor_208_208" id="FNanchor_208_208"></a><a href="#Footnote_208_208" class="fnanchor">[208]</a>, donde se alquilaban tías, hermanos, primos y maridos,
+como lacayos y escuderos, para damas de achaque<a name="FNanchor_209_209" id="FNanchor_209_209"></a><a href="#Footnote_209_209" class="fnanchor">[209]</a> que quieren pasar
+en la Corte con buen nombre y encarecer su mercadería.</p>
+
+<p>A la mano derecha deste seminario andante estaba un grande edificio, a
+manera de templo sin altar, y en medio dél, una pila grande de piedra,
+llena de libros de caballerías y novelas<a name="FNanchor_210_210" id="FNanchor_210_210"></a><a href="#Footnote_210_210" class="fnanchor">[210]</a>, y alrededor, muchos
+muchachos de diez a diez y siete años y algunas doncelluelas de la misma
+edad, y cada uno y cada una con su padrino al lado, y don Cleofás le
+preguntó<a name="FNanchor_211_211" id="FNanchor_211_211"></a><a href="#Footnote_211_211" class="fnanchor">[211]</a> a su compañero que le dijese qué era esto, que todo le
+parecía que lo iba soñando. El Cojuelo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Algo tiene de eso este fantástico aparato; pero ésta es, don Cleofás,
+en efeto, la pila de los dones, y aquí se bautizan los que vienen a la
+Corte sin él. Todos aquellos muchachos son pajes para señores, y
+aquellas muchachas, doncellas para señoras de media talla<a name="FNanchor_212_212" id="FNanchor_212_212"></a><a href="#Footnote_212_212" class="fnanchor">[212]</a>, que han
+menester el don para la autoridad de las casas que entran a servir<a name="FNanchor_213_213" id="FNanchor_213_213"></a><a href="#Footnote_213_213" class="fnanchor">[213]</a>,
+y agora les acaban de bautizar con el don. Por allí entra agora una
+fregona con un vestido alquilado, que la trae su ama a sacar de don,
+como de pila, para darla el tusón<a name="FNanchor_214_214" id="FNanchor_214_214"></a><a href="#Footnote_214_214" class="fnanchor">[214]</a> de las damas, porque le pague en
+esta moneda lo que le ha costado el crialla, y aun ella parece que se
+quiere volver al paño<a name="FNanchor_215_215" id="FNanchor_215_215"></a><a href="#Footnote_215_215" class="fnanchor">[215]</a>, según viene bruñida de esmeril.</p>
+
+<p>&mdash;Un moño y unos dientes postizos y un guardainfante pueden hacer esos
+milagros&mdash;dijo don Cleofás&mdash;. Pero ¿qué acompañamiento&mdash;prosiguió
+diciendo&mdash;es este que entra agora, de tanta gente lucida, por la puerta
+deste templo consagrado al uso del siglo?</p>
+
+<p>&mdash;Traen a bautizar&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;un regidor muy rico, de un lugar
+aquí cercano, de edad de setenta años, que se viene al don por su pie,
+porque sin él le han aconsejado sus parientes que no cae tan bien el
+regimiento. Llámase Pascual, y vienen altercando si sobre <i>Pascual</i> le
+vendrá bien el <i>don</i>, que parece don estravagante<a name="FNanchor_216_216" id="FNanchor_216_216"></a><a href="#Footnote_216_216" class="fnanchor">[216]</a> de la iglesia de
+los dones.</p>
+
+<p>&mdash;Ya tienen ejemplar&mdash;dijo don Cleofás&mdash;en don Pascual, ese que llamaron
+todos loco, y yo, Diógenes de la ropa vieja, que andaba cubierta la
+cabeza con la capa, sin sombrero, en traje de profeta, por esas calles.</p>
+
+<p>&mdash;Mudáranle el nombre, a mi parecer&mdash;prosiguió el Cojuelo&mdash;, por no
+tener en su lugar regidor Pascual, como cirio de los regidores.</p>
+
+<p>&mdash;Dios les inspire&mdash;dijo don Cleofás&mdash;lo que más convenga a su
+regimiento, como la cristiandad de los regidores ha menester.</p>
+
+<p>&mdash;En acabando de tomar el señor regidor&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;el agua del
+don, espera allí un italiano hacer lo mismo con un elefante que ha
+traído a enseñar a la puerta del Sol.</p>
+
+<p>&mdash;Los más suelen llamarse&mdash;dijo el Estudiante&mdash;don Pedros, don Juanes y
+don Alonsos. No sé cómo ha tenido tanto descuido su ayo o naire, como lo
+llaman los de la India Oriental; plebeyo debía de ser este animal, pues
+ha llegado tan tarde al don. Vive Dios que me le he de quitar yo, porque
+me desbautizan y desdonan los que veo.</p>
+
+<p>&mdash;Sígueme&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, y no te amohines; que bien sabe el <i>don</i>
+dónde está; que se te ha caído en el <i>Cleofás</i> como la sopa en la miel.</p>
+
+<p>Con esto, salieron del soñado (al parecer) edificio, y enfrente dél
+descubrieron otro, cuya portada estaba pintada de sonajas, guitarras,
+gaitas zamoranas, cencerros, cascabeles, ginebras<a name="FNanchor_217_217" id="FNanchor_217_217"></a><a href="#Footnote_217_217" class="fnanchor">[217]</a>, caracoles,
+castrapuercos<a name="FNanchor_218_218" id="FNanchor_218_218"></a><a href="#Footnote_218_218" class="fnanchor">[218]</a>, pandorga prodigiosa de la vida, y preguntó don
+Cleofás a su amigo qué casa era aquella que mostraba en la portada tanta
+variedad de instrumentos vulgares<a name="FNanchor_219_219" id="FNanchor_219_219"></a><a href="#Footnote_219_219" class="fnanchor">[219]</a>,&mdash;que tampoco la he visto en la
+Corte, y me parece que hay dentro mucho regocijo y entretinimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Esta es la casa de los locos&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;que ha poco que se
+instituyó en la Corte, entre unas obras pías que dejó un hombre muy rico
+y muy cuerdo, donde se castigan y curan locuras que hasta agora no lo
+habían parecido.</p>
+
+<p>&mdash;Entremos dentro&mdash;dijo don Cleofás&mdash;por aquel postiguillo que está
+abierto, y veamos esta novedad de locos.</p>
+
+<p>Y, diciendo y haciendo, se entraron los dos, uno tras otro; pasando un
+zaguán, donde estaban algunos de los convalecientes pidiendo limosna
+para los que estaban furiosos, llegaron a un patio cuadrado, cercado de
+celdas pequeñas por arriba y por abajo, que cada una dellas ocupaba un
+personaje de los susodichos. A la puerta de una dellas estaba un hombre,
+muy bien tratado de vestido, escribiendo sobre la rodilla y sentado
+sobre una banqueta, sin levantar los ojos del papel, y se había sacado
+uno con la pluma sin sentillo. El Cojuelo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aquél es un loco arbitrista<a name="FNanchor_220_220" id="FNanchor_220_220"></a><a href="#Footnote_220_220" class="fnanchor">[220]</a> que ha dado en decir que ha de hacer
+la reducción de los cuartos, y ha escrito sobre ello más hojas de papel
+que tuvo el pleito de don Alvaro de Luna.</p>
+
+<p>&mdash;Bien haya quien le trujo a esta casa&mdash;dijo don Cleofás&mdash;; que son los
+locos más perjudiciales de la república.</p>
+
+<p>&mdash;Esotro que está en esotro aposentillo&mdash;prosiguió el Cojuelo&mdash;es un
+ciego enamorado, que está con aquel retrato en la mano<a name="FNanchor_221_221" id="FNanchor_221_221"></a><a href="#Footnote_221_221" class="fnanchor">[221]</a>, de su
+dama, y aquellos papeles que le ha escrito, como si pudiera ver lo uno
+ni leer lo otro, y da en decir que ve con los oídos. En esotro
+aposentillo lleno de papeles y libros está un gramaticón<a name="FNanchor_222_222" id="FNanchor_222_222"></a><a href="#Footnote_222_222" class="fnanchor">[222]</a> que perdió
+el juicio buscándole a un verbo griego el gerundio. Aquel que está a la
+puerta de esotro aposentillo con unas alforjas al hombro y en calzón
+blanco, le han traído porque, siendo cochero, que andaba siempre a
+caballo, tomó oficio de correo de a pie. Esotro que está en esotro de
+más arriba con un halcón en la mano, es un caballero que, habiendo
+heredado mucho de sus padres, lo gastó todo en la cetrería y no le ha
+quedado más que aquel halcón en la mano, que se las come de hambre. Allí
+está un criado de un señor que, teniendo qué comer, se puso a servir.
+Allí está un bailarín que se ha quedado sin son, bailando en seco. Más
+adelante está un historiador que se volvió loco de sentimiento de
+haberse perdido tres décadas de Tito Livio. Más adelante está un
+colegial cercado de mitras, probándose la que le viene mejor, porque dió
+en decir que había de ser obispo. Luego, en esotro aposentillo, está un
+letrado que se desvaneció en pretender plaza de ropa<a name="FNanchor_223_223" id="FNanchor_223_223"></a><a href="#Footnote_223_223" class="fnanchor">[223]</a>, y de letrado
+dió en sastre, y está siempre cortando y cosiendo garnachas. En esotra
+celda, sobre un cofre lleno de doblones, cerrado con tres llaves, está
+sentado un rico avariento, que sin tener hijo ni pariente que le herede,
+se da muy mala vida, siendo esclavos de su dinero y no comiendo más que
+un pastel<a name="FNanchor_224_224" id="FNanchor_224_224"></a><a href="#Footnote_224_224" class="fnanchor">[224]</a> de a cuatro, ni cenando más que una ensalada de pepinos,
+y le sirve de cepo su misma riqueza. Aquel que canta en esotra jaula es
+un músico sinsonte, que remeda los demás pájaros, y vuelve de cada
+pasaje como de un parasismo. Está preso en esta cárcel de los delictos
+del juicio, porque siempre cantaba, y cuando le rogaban que cantase,
+dejaba de cantar.</p>
+
+<p>&mdash;Impertinencia es ésa casi de todos los desta profesión.</p>
+
+<p>&mdash;En el brocal de aquel pozo que está en medio del patio se está mirando
+siempre una dama muy hermosa, como lo verás si ella alza la cabeza, hija
+de pobres y humildes padres, que queriéndose casar con ella muchos
+hombres ricos y caballeros, ninguno la contentó, y en todos halló una y
+muchas faltas, y está atada allí en una cadena porque, como Narciso,
+enamorada de su hermosura, no se anegue en el agua que le sirve de
+espejo, no teniendo en lo que pisa<a name="FNanchor_225_225" id="FNanchor_225_225"></a><a href="#Footnote_225_225" class="fnanchor">[225]</a> al sol ni a todas las estrellas.
+En aquel pobre aposentillo enfrente, pintado por defuera de llamas, está
+un demonio casado, que se volvió loco con la condición de su mujer.</p>
+
+<p>Entonces don Cleofás le dijo al compañero que le enseñaba todo este
+retablo de duelos:</p>
+
+<p>&mdash;Vámonos de aquí, no nos embarguen<a name="FNanchor_226_226" id="FNanchor_226_226"></a><a href="#Footnote_226_226" class="fnanchor">[226]</a> por alguna locura que nosotros
+ignoramos; porque en el mundo todos somos locos, los unos de los
+otros<a name="FNanchor_227_227" id="FNanchor_227_227"></a><a href="#Footnote_227_227" class="fnanchor">[227]</a>.</p>
+
+<p>El Cojuelo dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero tomar tu consejo, porque, pues los demonios enloquecen, no hay
+que fiar de sí nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Desde vuestra primera soberbia&mdash;dijo don Cleofás&mdash;todos lo estáis; que
+el infierno es casa de todos los locos más furiosos del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Aprovechado estás&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, pues hablas en lenguaje
+ajustado.</p>
+
+<p>Con esta conversación salieron de la casa susodicha, y a mano derecha
+dieron en una calle algo dilatada, que por una parte y por otra estaba
+colgada de ataúdes, y unos sacristanes con sus sobrepellices<a name="FNanchor_228_228" id="FNanchor_228_228"></a><a href="#Footnote_228_228" class="fnanchor">[228]</a>
+paseándose junto a ellos, y muchos sepultureros abriendo varios
+sepulcros, y don Cleofás le dijo a su camarada:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué calle es ésta, que me ha admirado más que cuantas he visto, y me
+pudiera obligar a hablar más espiritualmente que con lo primero de que
+tú te admiraste?</p>
+
+<p>&mdash;Ésta es más temporal y del siglo que ninguna&mdash;le respondió el
+Cojuelo&mdash;, y la más necesaria, porque es la ropería de los agüelos,
+donde<a name="FNanchor_229_229" id="FNanchor_229_229"></a><a href="#Footnote_229_229" class="fnanchor">[229]</a> cualquiera, para todos los actos positivos<a name="FNanchor_230_230" id="FNanchor_230_230"></a><a href="#Footnote_230_230" class="fnanchor">[230]</a> que se le
+ofrece y se quiere vestir de un agüelo, porque el suyo no le viene bien,
+o está traído, se viene aquí, y por su dinero escoge el que le está más
+a propósito. Mira allí aquel caballero torzuelo<a name="FNanchor_231_231" id="FNanchor_231_231"></a><a href="#Footnote_231_231" class="fnanchor">[231]</a> cómo se está
+probando una agüela que ha menester, y esotro, hijo de quien él
+quisiere, se está vistiendo otro agüelo, y le viene largo de talle.
+Esotro más abajo da por otro agüelo el suyo, y dineros encima, y no se
+acaba de concertar, porque le tiene más de costa al sacristán, que es el
+ropero. Otro, a esotra parte, llega a volver un agüelo suyo de dentro
+afuera y de atrás adelante, y a tremendallo con la agüela de otro. Otro
+viene allí con la justicia a hacer que le vuelvan un agüelo que le
+habían hurtado, y le ha hallado colgado en la ropería. Si hubieres
+menester algún agüelo o agüela para algún crédito de tu calidad, a
+tiempo estamos, don Cleofás Leandro; que yo tengo aquí un ropero amigo
+que desnuda los difuntos la primera noche que los entierran, y nos le
+fiará por el tiempo que quisieres.</p>
+
+<p>&mdash;Dineros he menester yo; que agüelos no&mdash;respondió el Estudiante&mdash;: con
+los míos me haga Dios bien<a name="FNanchor_232_232" id="FNanchor_232_232"></a><a href="#Footnote_232_232" class="fnanchor">[232]</a>; que me han dicho mis padres que
+deciendo de Leandro el animoso, el que pasaba el mar de Abido</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«en amoroso fuego todo ardiendo»<a name="FNanchor_233_233" id="FNanchor_233_233"></a><a href="#Footnote_233_233" class="fnanchor">[233]</a>,</span><br />
+</p>
+
+<p>y tengo mi ejecutoria en las obras sueltas de Boscán y Garcilaso<a name="FNanchor_234_234" id="FNanchor_234_234"></a><a href="#Footnote_234_234" class="fnanchor">[234]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Contra hidalguía en verso&mdash;dijo el Diablillo&mdash;no hay olvido ni
+chancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser
+hidalgo en consonantes.</p>
+
+<p>&mdash;Si a mí me hicieran merced<a name="FNanchor_235_235" id="FNanchor_235_235"></a><a href="#Footnote_235_235" class="fnanchor">[235]</a>&mdash;prosiguió don Cleofás&mdash;, entre
+Salicio y Nemoroso<a name="FNanchor_236_236" id="FNanchor_236_236"></a><a href="#Footnote_236_236" class="fnanchor">[236]</a> se habían de hacer mis diligencias, que no me
+habían de costar cien reales; que allí tengo mi Montaña, mi Galicia, mi
+Vizcaya y mis Asturias<a name="FNanchor_237_237" id="FNanchor_237_237"></a><a href="#Footnote_237_237" class="fnanchor">[237]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos vanidades agora&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;: que ya sé que eres muy
+bien nacido en verso y en prosa, y vamos en busca de un figón, a
+almorzar y descansar, que bien lo habrás menester por lo trasnochado y
+madrugado, y después proseguiremos nuestras aventuras.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_IV" id="TRANCO_IV"></a>TRANCO IV</h2>
+
+<p>Dejemos a estos caballeros en su figón almorzando y descansando, que sin
+dineros pedían las pajaritas que andaban volando por el aire<a name="FNanchor_238_238" id="FNanchor_238_238"></a><a href="#Footnote_238_238" class="fnanchor">[238]</a> y al
+fénix empanado<a name="FNanchor_239_239" id="FNanchor_239_239"></a><a href="#Footnote_239_239" class="fnanchor">[239]</a>, y volvamos a nuestro astrólogo regoldano<a name="FNanchor_240_240" id="FNanchor_240_240"></a><a href="#Footnote_240_240" class="fnanchor">[240]</a> y
+nigromante enjerto, que se había vestido con algún cuidado de haber
+sentido pasos en el desván la noche antes, y, subiendo a él, halló las
+ruinas que había dejado su familiar en los pedazos de la redoma, y
+mojados sus papeles, y el tal Espíritu ausente; y viendo el estrago y la
+falta de su Demoñuelo, comenzó a mesarse las barbas y los cabellos, y a
+romper sus vestiduras<a name="FNanchor_241_241" id="FNanchor_241_241"></a><a href="#Footnote_241_241" class="fnanchor">[241]</a>, como rey a lo antiguo. Y estando haciendo
+semejantes estremos y lamentaciones, entró un diablejo zurdo, mozo de
+retrete de Satanás, diciendo que Satanás su señor le besaba las
+manos<a name="FNanchor_242_242" id="FNanchor_242_242"></a><a href="#Footnote_242_242" class="fnanchor">[242]</a>; que había sentido la bellaquería que había usado el Cojuelo;
+que él trataría de que se castigase, y que entre tanto se quedase él
+sirviéndole en su lugar. Agradeció mucho el cuidado el Astrólogo y
+encerró el tal espíritu en una sortija de un topacio grande, que traía
+en un dedo, que antes había sido de un médico, con que a todos cuantos
+había tomado el pulso había muerto. Y en el infierno se juntaron entre
+tanto, en sala plena, los más graves jueces de aquel distrito, y
+haciendo notorio a todos el delito del tal Cojuelo, mandaron despachar
+requisitoria para que le prendiesen en cualquier parte que le hallasen,
+y se le dió esta comisión<a name="FNanchor_243_243" id="FNanchor_243_243"></a><a href="#Footnote_243_243" class="fnanchor">[243]</a> a Cienllamas, demonio comisionario que
+había dado muy buena cuenta de otras que le habían encargado, y
+llevándose consigo por corchetes a Chispa y a Redina, demonios a la
+veinte<a name="FNanchor_244_244" id="FNanchor_244_244"></a><a href="#Footnote_244_244" class="fnanchor">[244]</a>, y subiéndose en la mula de Liñán<a name="FNanchor_245_245" id="FNanchor_245_245"></a><a href="#Footnote_245_245" class="fnanchor">[245]</a>, salió del infierno
+con vara alta<a name="FNanchor_246_246" id="FNanchor_246_246"></a><a href="#Footnote_246_246" class="fnanchor">[246]</a> de justicia en busca del dicho delincuente.</p>
+
+<p>En este tiempo, sobre la paga de lo que habían almorzado habían tenido
+una pesadumbre el revoltoso Diablillo y don Cleofás con el Figón<a name="FNanchor_247_247" id="FNanchor_247_247"></a><a href="#Footnote_247_247" class="fnanchor">[247]</a>,
+en que intervinieron asadores y torteras, porque lo que es del diablo,
+el diablo se lo ha de llevar, y acudiendo la justicia al alboroto, se
+salieron por una ventana, y cuando el alguacil de Corte con la gente que
+llevaba pensaba cogellos, estaban ya de esotra parte de Getafe, en
+demanda de Toledo, y dentro de un minuto, en las ventillas de Torrejón,
+y en un cerrar de ojos, a vista de la puerta de Visagra, dejando la real
+fábrica del hospital de afuera a la derecha mano; y volviéndose el
+Estudiante al camarada, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Lindos atajos sabes: malhaya quien no caminara contigo todo el mundo,
+mejor que con el Infante don Pedro de Portugal, el que anduvo las
+siete<a name="FNanchor_248_248" id="FNanchor_248_248"></a><a href="#Footnote_248_248" class="fnanchor">[248]</a> partidas dél.</p>
+
+<p>&mdash;Somos gente de buena maña&mdash;respondió el Cojuelo.</p>
+
+<p>Y cuando estaban hablando en esto, llegaban al barrio que llaman de la
+Sangre de Cristo y al mesón de la Sevillana<a name="FNanchor_249_249" id="FNanchor_249_249"></a><a href="#Footnote_249_249" class="fnanchor">[249]</a>, que es el mejor de
+aquella ciudad. El Diablo Cojuelo le dijo al Estudiante:</p>
+
+<p>&mdash;Ésta es muy buena posada para pasar esta noche y para descansar de la
+pasada; éntrate dentro y pide un aposento y que te aderecen de cenar;
+que a mí me importa llegarme esta noche a Constantinopla a alborotar el
+serrallo del Gran Turco y hacer degollar doce o trece hermanos que
+tiene, por miedo de que no conspiren<a name="FNanchor_250_250" id="FNanchor_250_250"></a><a href="#Footnote_250_250" class="fnanchor">[250]</a> a la Corona, y volverme de
+camino por los Cantones de los esguízaros<a name="FNanchor_251_251" id="FNanchor_251_251"></a><a href="#Footnote_251_251" class="fnanchor">[251]</a> y por Ginebra a otras
+diligencias deste modo, por sobornar con algunos servicios a mi amo,
+que debe de estar muy indignado contra mí por la travesura pasada; que
+yo estaré contigo antes que den las siete de la mañana.</p>
+
+<p>Y, diciendo y haciendo, se metió por esos aires como por una viña
+vendimiada, meando la pajuela<a name="FNanchor_252_252" id="FNanchor_252_252"></a><a href="#Footnote_252_252" class="fnanchor">[252]</a> a todo pajarote y ciudadano de la
+región etérea, a fuer de los de la jerigonza crítica<a name="FNanchor_253_253" id="FNanchor_253_253"></a><a href="#Footnote_253_253" class="fnanchor">[253]</a>, y don
+Cleofás se entró a tomar posada, que, aunque estaba llena de muchos
+pasajeros que habían venido con los galeones y pasaban a la Corte, con
+todo, al güésped nuevo hicieron cortesía, porque la persona de don
+Cleofás traía consigo cartas de recomendación<a name="FNanchor_254_254" id="FNanchor_254_254"></a><a href="#Footnote_254_254" class="fnanchor">[254]</a>, como dicen los
+cortesanos antiguos.</p>
+
+<p>Convidáronle a cenar unos caballeros soldados aquella noche,
+preguntándole nuevas de Madrid, y después de haber cumplido con la
+celebridad de los brindis por el Rey (Dios le guarde), por sus damas y
+sus amigos<a name="FNanchor_255_255" id="FNanchor_255_255"></a><a href="#Footnote_255_255" class="fnanchor">[255]</a>, y haber dado las aceitunas<a name="FNanchor_256_256" id="FNanchor_256_256"></a><a href="#Footnote_256_256" class="fnanchor">[256]</a> con los palillos carta
+de pago de la cena, se fué cada uno a recoger a su aposento, porque
+habían de tomar la madrugada para llegar con tiempo a Madrid, y don
+Cleofás hizo lo mismo en el que le señaló el Güésped, sintiendo la
+soledad<a name="FNanchor_257_257" id="FNanchor_257_257"></a><a href="#Footnote_257_257" class="fnanchor">[257]</a> del compañero en algún modo, porque le traía tan
+entretenido; y haciendo varios discursos sobre el almohada, se quedó
+como un pajarito<a name="FNanchor_258_258" id="FNanchor_258_258"></a><a href="#Footnote_258_258" class="fnanchor">[258]</a>, jurando al silencio de las sombras, como lo demás
+del mundo, el mesón de la Sevillana el natural vasallaje con el sueño,
+que solas [las]<a name="FNanchor_259_259" id="FNanchor_259_259"></a><a href="#Footnote_259_259" class="fnanchor">[259]</a> grullas, los murciélagos y lechuzas estaban de
+posta a su cuerpo de guardia, cuando a las dos de la noche unas
+temerosas voces repetían: «¡Fuego, fuego!» despertaron a los dormidos
+pasajeros, con el sobresalto y asombro que suele causar cualquier
+alboroto a los que están durmiendo, y más oyendo apellidar «¡fuego!»,
+voz que con más terror atemoriza los ánimos más constantes, rodando unos
+las escaleras por bajar más apriesa, otros, saltando por las ventanas
+que caían al patio de la posada, otros que, por las pulgas u temor de
+las chinches, dormían en cueros, como vinagre, hechos Adanes del
+baratillo<a name="FNanchor_260_260" id="FNanchor_260_260"></a><a href="#Footnote_260_260" class="fnanchor">[260]</a>, poniendo las manos donde habían de estar las hojas de
+higuera, siguiendo a los demás, y acompañándolos don Cleofás, con los
+calzones revueltos al brazo y una alfajía que, por no encontrar la
+espada, halló acaso en su aposento, como si en los incendios y fantasmas
+importase andar a palos ni a cuchilladas, natural socorro del miedo en
+las repentinas invasiones.</p>
+
+<p>Salió, en esto, el Güésped en camisa, los pies en unas empanadas de
+Frenegal<a name="FNanchor_261_261" id="FNanchor_261_261"></a><a href="#Footnote_261_261" class="fnanchor">[261]</a>, cinchado con una faja de grana de polvo<a name="FNanchor_262_262" id="FNanchor_262_262"></a><a href="#Footnote_262_262" class="fnanchor">[262]</a> el estómago,
+y un candil de garabato en la mano, diciendo que se sosegasen; que aquel
+ruido no era de cuidado; que se volviesen a sus camas, que él pondría
+remedio en ello. Apretóle don Cleofás, como más amigo de saber, le
+dijese la causa de aquel alboroto; que no se había de volver a acostar
+sin descifrar aquel misterio. El Güésped le dijo muy severo<a name="FNanchor_263_263" id="FNanchor_263_263"></a><a href="#Footnote_263_263" class="fnanchor">[263]</a> que era
+un estudiante de Madrid, que había dos u tres meses que entró a posar en
+su casa, y que era poeta de los que hacen comedias, y que había escrito
+dos, que se las habían chillado en Toledo y apedreado como viñas<a name="FNanchor_264_264" id="FNanchor_264_264"></a><a href="#Footnote_264_264" class="fnanchor">[264]</a>, y
+que estaba acabando de escribir la comedia de <i>Troya abrasada</i>, y que
+sin duda debía de haber llegado al paso del incendio, y se convertía
+tanto en lo que escribía, que habría dado aquellas voces; que por otras
+experiencias pasadas sacaba él que aquello era verdad infalible como él
+decía; que para confirmallo subiesen con él a su aposento y hallarían
+verdadero este discurso.</p>
+
+<p>Siguieron al Güésped todos de la suerte que estaban, y entrando en el
+aposento del tal Poeta, le hallaron tendido en el suelo, despedazada la
+media sotanilla, revolcado en papeles y echando espumarajos por la boca,
+y pronunciando con mucho desmayo: «¡Fuego, fuego!», que casi no podía
+echar la habla, porque se le había metido monja. Llegaron a él muertos
+de risa y llenos de piedad todos, diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;Señor Licenciado, vuelva en sí y mire si quiere beber o comer algo
+para este desmayo.</p>
+
+<p>Entonces el Poeta, levantando como pudo la cabeza, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si es Eneas y Anquises, con los Penates y el amado Ascanio, ¿qué
+aguardáis aquí, que está ya el Ilión hecho cenizas, y Príamo, Paris y
+Policena, Hécuba y Andrómaca han dado el fatal tributo a la muerte, y a
+Elena, causa de tanto daño, llevan su presa Menalao<a name="FNanchor_265_265" id="FNanchor_265_265"></a><a href="#Footnote_265_265" class="fnanchor">[265]</a> y Agamenón? Y
+lo peor es que los mirmidones se han apoderado del tesoro troyano.</p>
+
+<p>&mdash;Vuelva a su juicio&mdash;dijo el Gúesped&mdash;; que aquí no hay almidones ni
+toda esa tropelía de disparates que ha referido, y mucho mejor fuera
+llevalle a casa del Nuncio<a name="FNanchor_266_266" id="FNanchor_266_266"></a><a href="#Footnote_266_266" class="fnanchor">[266]</a>, donde pudiera ser con bien justa causa
+mayoral de los locos, y metelle en cura; que se le han subido los
+consonantes a la cabeza, como tabardillo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué bien entiende de afectos el señor Güésped!&mdash;respondió el Poeta,
+encorporándose un poco más.</p>
+
+<p>&mdash;De afectos ni de afeites&mdash;dijo el Güésped&mdash;no quiero entender, sino de
+mi negocio: lo que importa es que mañana hagamos cuenta de lo que me
+debe de posada, y se vaya con Dios; que no quiero tener en ella quien me
+la alborote cada día con estas locuras: basten las pasadas, pues
+comenzando a escribir, recién llegado aquí, la comedia de <i>El Marqués de
+Mantua</i>, que zozobró y fué una de las silbadas, fueron tantas las
+prevenciones de la caza y las voces que dió, llamando a los perros
+Melampo, Oliveros, Saltamontes, Tragavientos, etcétera, y el «¡Ataja,
+ataja!» y el «¡Guarda el oso cerdoso, y el jabalí colmilludo!», que
+malparió una señora preñada que pasaba del Andalucía a Madrid, del
+sobresalto; y en esotra de <i>El Saco de Roma</i>, que entrambas parecieron
+cual tenga la salud<a name="FNanchor_267_267" id="FNanchor_267_267"></a><a href="#Footnote_267_267" class="fnanchor">[267]</a>, fué el<a name="FNanchor_268_268" id="FNanchor_268_268"></a><a href="#Footnote_268_268" class="fnanchor">[268]</a> estruendo de las cajas y
+trompetas, haciendo pedazos las puertas y ventanas deste aposento a tan
+desusadas horas como éstas, y el «¡Cierra, España!»<a name="FNanchor_269_269" id="FNanchor_269_269"></a><a href="#Footnote_269_269" class="fnanchor">[269]</a>, «¡Santiago, y
+a ellos!», y el jugar la artillería con la boca<a name="FNanchor_270_270" id="FNanchor_270_270"></a><a href="#Footnote_270_270" class="fnanchor">[270]</a>, como si hubiera
+ido a la escuela con un petardo, o criádose con el basilisco de
+Malta<a name="FNanchor_271_271" id="FNanchor_271_271"></a><a href="#Footnote_271_271" class="fnanchor">[271]</a>, que engañó el rebato a una compañía de infantería que
+alojaron<a name="FNanchor_272_272" id="FNanchor_272_272"></a><a href="#Footnote_272_272" class="fnanchor">[272]</a> aquella noche en mi casa, de suerte, que, tocando al arma,
+se hubieron de hacer a escuras unos soldados pedazos con otros,
+acudiendo al ruido medio Toledo con la justicia, echándome las puertas
+abajo, y amenazó a hacer una de todos los diablos; que es poeta grulla,
+que siempre está en vela, y halla consonantes a cualquiera hora de la
+noche y de la madrugada.</p>
+
+<p>El Poeta dijo entonces:</p>
+
+<p>&mdash;Mucho mayor alboroto fuera si yo acabara aquella comedia de que tiene
+vuesa merced en prendas dos jornadas por lo que le debo, que la llamo
+<i>Las Tinieblas de Palestina</i>, donde es fuerza que se rompa el velo de el
+Templo en la tercera jornada, y se escurezca el sol y la luna, y se den
+unas piedras con otras, y se venga abajo toda la fábrica celestial con
+truenos y relámpagos, cometas y exhalaciones, en sentimiento de su
+Hacedor; que por faltarme los nombres que he de poner a los sayones no
+la he acabado. ¡Ahí me dirá vuesa merced, señor Güésped, qué fuera ello!</p>
+
+<p>&mdash;Váyase&mdash;dijo el Mesonerazo&mdash;a acaballa al Calvario, aunque no faltará
+en cualquiera parte que la escriba o la representen quien le crucifique
+a silbos, legumbre y edificio<a name="FNanchor_273_273" id="FNanchor_273_273"></a><a href="#Footnote_273_273" class="fnanchor">[273]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Antes resucitan con mis comedias los autores&mdash;dijo el Poeta&mdash;; y para
+que conozcan todos vuesas mercedes esta verdad y admiren el estilo que
+llevan todas las que yo escribo, ya que se han levantado a tan buen
+tiempo, quiero leelles ésta.</p>
+
+<p>Y, diciendo y haciendo, tomó en la mano una rima de vueltas de cartas
+viejas, cuyo bulto se encaminaba más a pleito de tenuta<a name="FNanchor_274_274" id="FNanchor_274_274"></a><a href="#Footnote_274_274" class="fnanchor">[274]</a> que a
+comedia, y arqueando las cejas y deshollinándose los bigotes, dijo,
+leyendo el título, de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Tragedia Troyana, Astucias de Sinón, Caballo griego, Amantes
+adúlteros y Reyes endemoniados</i>. Sale lo primero por el patio, sin haber
+cantado, el Paladión<a name="FNanchor_275_275" id="FNanchor_275_275"></a><a href="#Footnote_275_275" class="fnanchor">[275]</a>, con cuatro mil griegos por lo menos, armados
+de punta en blanco<a name="FNanchor_276_276" id="FNanchor_276_276"></a><a href="#Footnote_276_276" class="fnanchor">[276]</a>, dentro dél.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo&mdash;le replicó un caballero soldado de aquellos que estaban en
+cueros, que parece que se habían de echar a nadar en la comedia&mdash;puede
+toda esa máquina entrar por ningún patio ni coliseo de cuantos hay en
+España, ni por el del Buen Retiro, afrenta de los romanos anfiteatros,
+ni por una plaza de toros?</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen remedio!&mdash;respondió el Poeta&mdash;. Derribaráse el corral y dos
+calles junto a él para que quepa esta tramoya, que es la más portentosa
+y nueva que los teatros han visto; que no siempre sucede hacerse una
+comedia como ésta, y será tanta la ganancia, que podrá muy bien a sus
+ancas sufrir todo este gasto. Pero escuchen, que ya comienza la obra, y
+atención, por mi amor. Salen por el tablado, con mucho ruido de
+chirimías y atabalillos, Príamo, rey de Troya, y el príncipe Paris, y
+Elena, muy bizarra en un palafrén, en medio, y el Rey a la mano derecha
+(que siempre desta manera guardo el decoro a las personas reales), y
+luego, tras ellos, en palafrenes negros, de la misma suerte, once mil
+dueñas a caballo.</p>
+
+<p>&mdash;Más dificultosa apariencia es ésa que esotra&mdash;dijo uno de los
+oyentes&mdash;, porque es imposible que tantas dueñas juntas se hallen.</p>
+
+<p>&mdash;Algunas se harán de pasta<a name="FNanchor_277_277" id="FNanchor_277_277"></a><a href="#Footnote_277_277" class="fnanchor">[277]</a>&mdash;dijo el Poeta&mdash;, y las demás se
+juntarán de aquí para allí; fuera de que si se hace en la Corte, ¿qué
+señora habrá que no envíe sus dueñas prestadas para una cosa tan grande,
+por estar los días que se representare la comedia, que será, por lo
+menos, siete u ocho meses, libres de tan cansadas sabandijas?<a name="FNanchor_278_278" id="FNanchor_278_278"></a><a href="#Footnote_278_278" class="fnanchor">[278]</a></p>
+
+<p>Hubiéronse de caer de risa los oyones<a name="FNanchor_279_279" id="FNanchor_279_279"></a><a href="#Footnote_279_279" class="fnanchor">[279]</a>, y de una carcajada se
+llevaron media hora de reloj, al son de los disparates del tal Poeta, y
+él prosiguió diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No hay que reírse; que si Dios me tiene de sus consonantes, he de
+rellenar el mundo de comedias mías, y ha de ser Lope de Vega (prodigioso
+monstruo español y nuevo Tostado en verso) niño de teta conmigo, y
+después me he de retirar a escribir un poema heroico para mi
+posteridad, que mis hijos o mis sucesores hereden, en que tengan toda su
+vida que roer sílabas. Y agora oigan vuesas mercedes...:&mdash;amagando a
+comenzar (el brazo derecho levantado) los versos de la comedia, cuando
+todos a una voz le dijeron que lo dejase para más espacio, y el Güésped,
+indignado, que sabía poco de filis<a name="FNanchor_280_280" id="FNanchor_280_280"></a><a href="#Footnote_280_280" class="fnanchor">[280]</a>, le volvió a advertir que no
+había de estar un día más en la posada.</p>
+
+<p>La encamisada<a name="FNanchor_281_281" id="FNanchor_281_281"></a><a href="#Footnote_281_281" class="fnanchor">[281]</a>, pues, de los caballeros y soldados se puso a mediar
+con el Güésped el caso<a name="FNanchor_282_282" id="FNanchor_282_282"></a><a href="#Footnote_282_282" class="fnanchor">[282]</a>, y don Cleofás, sobre un <i>Arte poética</i> de
+Rengifo<a name="FNanchor_283_283" id="FNanchor_283_283"></a><a href="#Footnote_283_283" class="fnanchor">[283]</a>, que estaba también corriendo borrasca entre esotros
+legajos por el suelo, tomó pleito homenaje<a name="FNanchor_284_284" id="FNanchor_284_284"></a><a href="#Footnote_284_284" class="fnanchor">[284]</a> al tal poeta, puestas
+las manos sobre los consonantes, jurando que no escribiría más comedias
+de ruido, sino de capa y espada, con que quedó el Güésped satisfecho; y
+con esto se volvieron a sus camas, y el Poeta, calzado y vestido, con su
+comedia en la mano, se quedó tan aturdido sobre la suya, que apostó a
+roncar con los Sietes Durmientes<a name="FNanchor_285_285" id="FNanchor_285_285"></a><a href="#Footnote_285_285" class="fnanchor">[285]</a>, a peligro de no valer la moneda
+cuando despertase.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_V" id="TRANCO_V"></a>TRANCO V</h2>
+
+<p>Dentro de muy pocas horas lo fué de volverse a levantar los güéspedes al
+quitar<a name="FNanchor_286_286" id="FNanchor_286_286"></a><a href="#Footnote_286_286" class="fnanchor">[286]</a>, haciendo la cuenta con ellos de la noche pasada el güésped
+de por vida, esperezándose y bostezando de lo trasnochado con el Poeta,
+y trataron de caminar, ensillando los mozos de mulas y poniendo los
+frenos al son de seguidillas y jácaras, y brindándose con vino y pullas
+los unos a los otros, ribeteándolas con tabaco en polvo y en humo,
+cuando don Cleofás también despertó, tratando de vestirse, con algunas
+<i>saudades</i><a name="FNanchor_287_287" id="FNanchor_287_287"></a><a href="#Footnote_287_287" class="fnanchor">[287]</a> de su dama: que las malas correspondencias de las
+mujeres a veces despiertan más la voluntad; y antes que diesen las ocho,
+como había dicho, entró por el aposento el camarada, en traje turquesco,
+con almalafa y turbante, señales ciertas de venir de aquel país,
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Heme tardado mucho en el viaje, señor Licenciado?</p>
+
+<p>El le respondió sonriéndose:</p>
+
+<p>&mdash;Menos se tardó vuesa merced desde el cielo al infierno, con haber más
+leguas, cuando rodó con todos esos príncipes que no han podido gatear
+otra vez a la maroma de donde cayeron.</p>
+
+<p>&mdash;¿Al amigo, señor don Cleofás&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;, chinche en el
+ojo<a name="FNanchor_288_288" id="FNanchor_288_288"></a><a href="#Footnote_288_288" class="fnanchor">[288]</a>, como dice el refrán de Castilla? ¡Bueno, bueno!</p>
+
+<p>&mdash;Pocos hay&mdash;respondió el Estudiante&mdash;que en ofreciéndose el chiste,
+miren esos respetos; pero esto lo digo yo en galantería<a name="FNanchor_289_289" id="FNanchor_289_289"></a><a href="#Footnote_289_289" class="fnanchor">[289]</a>, y la
+amistad<a name="FNanchor_290_290" id="FNanchor_290_290"></a><a href="#Footnote_290_290" class="fnanchor">[290]</a> que hay ya entre nosotros. Mas dejando esto aparte, ¿cómo
+nos ha ido<a name="FNanchor_291_291" id="FNanchor_291_291"></a><a href="#Footnote_291_291" class="fnanchor">[291]</a> por esos mundos?</p>
+
+<p>&mdash;Hice todo a lo que fuí, y mucho más&mdash;respondió el genízaro recién
+venido&mdash;, y si quisiera, me jurara por Gran Turco aquella buena gente;
+que a fe que alguna guarda mejor su palabra, y saben decir verdad y
+hacer amistades, que vosotros los cristianos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué presto te pagaste!&mdash;dijo don Cleofás&mdash;. Algún cuarto debes de
+tener de demonio villano.</p>
+
+<p>&mdash;Es imposible&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;, porque decendemos todos de la
+más noble y más alta Montaña de la tierra y del cielo, y aunque seamos
+zapatero de viejo, en siendo montañeses, todos somos hidalgos<a name="FNanchor_292_292" id="FNanchor_292_292"></a><a href="#Footnote_292_292" class="fnanchor">[292]</a>; que
+muchos dellos nacen, como los escarabajos y los ratones, de la
+putrefacción.</p>
+
+<p>&mdash;Bien sé que sabes Filosofía&mdash;le dijo don Cleofás&mdash;mejor que si la
+hubieras estudiado en Alcalá, y que eres maestro en primeras licencias.
+Dejemos estas digresiones y acaba de darme cuenta de tu jornada.</p>
+
+<p>&mdash;Con el traje del país, como ves&mdash;respondió el Diablillo&mdash;, por
+ensuciallos todos, como cierto amigo que, por desaseado en estremo,
+ensució el de soldado, el de peregrino y estudiante, volví por los
+Cantones, por la Bertolina<a name="FNanchor_293_293" id="FNanchor_293_293"></a><a href="#Footnote_293_293" class="fnanchor">[293]</a> y Ginebra, y no tuve que hacer nada en
+estos países, porque sus paisanos son demonios de sí mismos, y éste es
+el juro de heredad que más seguro tenemos en el infierno, después de las
+Indias<a name="FNanchor_294_294" id="FNanchor_294_294"></a><a href="#Footnote_294_294" class="fnanchor">[294]</a>. Fuí a Venecia, por ver una población tan prodigiosa, que
+está fundada en el mar, y de su natural condición tan bajel de argamasa
+y sillería, que, como la tiene en peso el piélago Mediterráneo, se
+vuelve a cualquier viento que le sopla. Estuve en la plaza de San
+Marcos, platicando con unos criados de unos clarísimos<a name="FNanchor_295_295" id="FNanchor_295_295"></a><a href="#Footnote_295_295" class="fnanchor">[295]</a>, esta
+mañana, y hablando en<a name="FNanchor_296_296" id="FNanchor_296_296"></a><a href="#Footnote_296_296" class="fnanchor">[296]</a> las gacetas de la guerra, les dije que en
+Constantinopla se había sabido, por espías que estaban en España, que
+hay grandes prevenciones della, y tan prodigiosas, que hasta los
+difuntos se levantan, al son de las cajas, de los sepulcros para este
+efeto, y hay quien diga que entre ellos había resucitado el gran Duque
+de Osuna<a name="FNanchor_297_297" id="FNanchor_297_297"></a><a href="#Footnote_297_297" class="fnanchor">[297]</a>; y apenas lo acabé de pronunciar, cuando me escurrí, por
+no perder tiempo en mis diligencias, y, dejando el seno adriático me
+sorbí la Marca de Ancona, y por la Romanía, a la mano izquierda, dejé a
+Roma, porque aun los demonios, por cabeza de la Iglesia militante,
+veneramos su población. Pasé por Florencia a Milán, que no se le da con
+su castillo dos blancas de la Europa. Vi a Génova<a name="FNanchor_298_298" id="FNanchor_298_298"></a><a href="#Footnote_298_298" class="fnanchor">[298]</a> la bella, talego
+del mundo, llena de novedades, y, golfo lanzado<a name="FNanchor_299_299" id="FNanchor_299_299"></a><a href="#Footnote_299_299" class="fnanchor">[299]</a>, toqué a
+Vinaroz<a name="FNanchor_300_300" id="FNanchor_300_300"></a><a href="#Footnote_300_300" class="fnanchor">[300]</a> y a los Alfaques, pasando el de León y Narbona. Llegué a
+Valencia, que juega cañas dulces con la primavera, metíme en la Mancha,
+que no hay greda que la pueda sacar, entré en Madrid, y supe que unos
+parientes de tu dama te andaban a buscar para matarte, porque dicen que
+la has dejado sin reputación; y lo peor es lo que me chismeó
+Zancadilla, demonio espía del infierno y sobrestante de las tentaciones:
+que me andaba a buscar Cienllamas con una requisitoria; y soy de
+parecer, para oviar<a name="FNanchor_301_301" id="FNanchor_301_301"></a><a href="#Footnote_301_301" class="fnanchor">[301]</a> estos dos riesgos, que pongamos tierra en
+medio. Vámonos al Andulucía<a name="FNanchor_302_302" id="FNanchor_302_302"></a><a href="#Footnote_302_302" class="fnanchor">[302]</a>, que es la más ancha del mundo; y pues
+yo te hago la costa, no tienes que temer nada; que, con el romance que
+dice:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 3.5em;">«Tendré el invierno en Sevilla</span><br />
+<span style="margin-left: 3.5em;">y el veranito en Granada»<a name="FNanchor_303_303" id="FNanchor_303_303"></a><a href="#Footnote_303_303" class="fnanchor">[303]</a>,</span><br />
+</p>
+
+<p>no hemos de dejar lugar en ella que no trajinemos.</p>
+
+<p>Y volviéndose a la ventana que salía a la calle, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Hágote puerta de mesón. Vamos, y sígueme por ella, don Cleofás; que
+hemos de ir a comer a la venta de Darazután<a name="FNanchor_304_304" id="FNanchor_304_304"></a><a href="#Footnote_304_304" class="fnanchor">[304]</a>, que es en
+Sierra-morena, veinte y dos o veinte y tres leguas<a name="FNanchor_305_305" id="FNanchor_305_305"></a><a href="#Footnote_305_305" class="fnanchor">[305]</a> de aquí.</p>
+
+<p>&mdash;No importa&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, si eres demonio de portante<a name="FNanchor_306_306" id="FNanchor_306_306"></a><a href="#Footnote_306_306" class="fnanchor">[306]</a>,
+aunque cojo.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, salieron los dos por la ventana, flechados de sí
+mismos<a name="FNanchor_307_307" id="FNanchor_307_307"></a><a href="#Footnote_307_307" class="fnanchor">[307]</a>, y el Güésped, desde la puerta, dándole voces al Estudiante
+cuando le vió por el aire, diciendo que le pagase la cama y la posada, y
+don Cleofás respondiendo que en volviendo del Andalucía cumpliría con
+sus obligaciones; y el Güésped, que parecía que lo soñaba, se volvió
+santiguando y diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Pluguiera a Dios, como se me va éste, se me fuera el Poeta, aunque se
+me llevara la cama y todo asida a la cola.</p>
+
+<p>Ya, en esto, el Cojuelo y don Cleofás descubrían la dicha venta, y,
+apeándose del aire, entraron en ella, pidiendo al Ventero de comer, y él
+les dijo que no había quedado en la venta más que un conejo y un
+perdigón, que estaban en aquel asador entreteniéndose a la lumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Pues trasládenlos a un plato&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, señor Ventero, y
+venga el salmorejo<a name="FNanchor_308_308" id="FNanchor_308_308"></a><a href="#Footnote_308_308" class="fnanchor">[308]</a>, poniéndonos la mesa, pan, vino y salero.</p>
+
+<p>El Ventero respondió que fuese en buen hora; pero que esperasen que
+acabasen de comer unos estranjeros que estaban en eso, porque en la
+venta no había otra mesa más que la que ellos ocupaban. Don Cleofás
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Por no esperar, si estos señores nos dan licencia, podremos comer
+juntos, y ya que ellos van en la silla, nosotros iremos en las ancas.</p>
+
+<p>Y sentándose los dos al paso que lo decían, fué todo uno, trayéndoles el
+Ventero la porción susodicha, con todas sus adherencias y
+incidencias<a name="FNanchor_309_309" id="FNanchor_309_309"></a><a href="#Footnote_309_309" class="fnanchor">[309]</a>, y comenzaron a comer en compañía de los estranjeros,
+que el uno era francés, el otro inglés, el otro italiano y el otro
+tudesco, que había ya pespuntado la comida más aprisa a brindis de vino
+blanco y clarete, y tenía a orza la testa<a name="FNanchor_310_310" id="FNanchor_310_310"></a><a href="#Footnote_310_310" class="fnanchor">[310]</a>, con señales de vómito y
+tiempo borrascoso, tan zorra<a name="FNanchor_311_311" id="FNanchor_311_311"></a><a href="#Footnote_311_311" class="fnanchor">[311]</a> de cuatro costados<a name="FNanchor_312_312" id="FNanchor_312_312"></a><a href="#Footnote_312_312" class="fnanchor">[312]</a>, que pudiera
+temelle el corral de gallinas del Ventero. El Italiano preguntó a don
+Cleofás que de adonde venía, y él le respondió que de Madrid. Repitió el
+Italiano:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué nuevas hay de la guerra, señor Español?</p>
+
+<p>Don Cleofás le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Agora todo es guerra.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿contra quién dicen?&mdash;replicó el Francés.</p>
+
+<p>&mdash;Contra todo el mundo&mdash;le respondió don Cleofás&mdash;, para ponerlo todo él
+a los pies del Rey de España.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a fe&mdash;replió el Francés&mdash;que primero que el Rey de España....</p>
+
+<p>Y antes que acabase la razón el Gabacho, dijo don Cleofás:</p>
+
+<p>&mdash;El Rey de España....</p>
+
+<p>Y el Cojuelo le fué a la mano, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Déjame, don Cleofás, responder a mí, que soy español por la vida, y
+con quien vengo, vengo<a name="FNanchor_313_313" id="FNanchor_313_313"></a><a href="#Footnote_313_313" class="fnanchor">[313]</a>; que les quiero con alabanzas del Rey de
+España dar un tapaboca a estos borrachos, que si leen las historias
+della, hallarán que por Rey de Castilla tiene virtud de sacar demonios,
+que es más generosa cirujía que curar lamparones<a name="FNanchor_314_314" id="FNanchor_314_314"></a><a href="#Footnote_314_314" class="fnanchor">[314]</a>.</p>
+
+<p>Los estranjeros, habiendo visto callar al Español, estaban muy
+falsos<a name="FNanchor_315_315" id="FNanchor_315_315"></a><a href="#Footnote_315_315" class="fnanchor">[315]</a>, cuando el Cojuelo, sentándose mejor y tomando la mano<a name="FNanchor_316_316" id="FNanchor_316_316"></a><a href="#Footnote_316_316" class="fnanchor">[316]</a>,
+y en traje castellano, que ya había dejado a la guardarropa del viento
+el turquesco, les dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Señores míos, mi camarada iba a responder, y a mí, por tener más edad,
+me toca el hacello; escúchenme atentamente, por caridad. El Rey de
+España es un generosísimo lebrel, que pasa acaso solo por una calle, y
+no hay gozque en ella que a ladralle no salga, sin hacer caso de
+ninguno, hasta que se juntan tantos, que se atreve uno, al desembocar
+della a otra, pensando que es sufrimiento y no desprecio, a besalle con
+la boca la cola; entonces vuelve, y dando una manotada a unos y otra a
+otros, huyen todos de manera, que no saben dónde meterse, y queda la
+calle tan barrida de gozques y con tanto silencio, que aun a ladrar no
+se atreven, sino a morder las piedras, de rabia. Esto mismo le sucede
+siempre con los reyes contrarios, con las señorías y potentados, que son
+todos gozques con su Majestad<a name="FNanchor_317_317" id="FNanchor_317_317"></a><a href="#Footnote_317_317" class="fnanchor">[317]</a> Católica; pero guárdese el que se
+atreviere a besarle la cola; que ha de llevar manotada que escarmiente
+de suerte a los demás, que no hallen dónde meterse, huyendo dél<a name="FNanchor_318_318" id="FNanchor_318_318"></a><a href="#Footnote_318_318" class="fnanchor">[318]</a>.</p>
+
+<p>Los estranjeros se comenzaron a escarapelar, y el Francés le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, bugre, coquín español!</p>
+
+<p>Y el Italiano:</p>
+
+<p>&mdash;¡Forfante, marrano español!</p>
+
+<p>Y el Inglés:</p>
+
+<p>&mdash;¡Nitesgut español<a name="FNanchor_319_319" id="FNanchor_319_319"></a><a href="#Footnote_319_319" class="fnanchor">[319]</a>!</p>
+
+<p>Y el Tudesco estaba de suerte, que lo dió por recibido, dando permisión
+que hablasen los demás por él en aquellas cortes.</p>
+
+<p>Don Cleofás, que los vió palotear y echar espadañas de vino y herejías
+contra lo que había dicho su camarada, acostumbrado a sufrir poco y al
+refrán de «quien da luego, da dos veces», levantando el banco en que
+estaban sentados los dos, dió tras ellos, adelantándose el compañero
+con las muletas en la mano, manejándolas tan bien, que dió con el
+Francés en el tejado de otra venta que estaba tres leguas de allí, y en
+una necesaria de Ciudad Real con el Italiano<a name="FNanchor_320_320" id="FNanchor_320_320"></a><a href="#Footnote_320_320" class="fnanchor">[320]</a>, porque muriese hacia
+donde pecan, y con el Inglés, de cabeza en una caldera de agua hirviendo
+que tenían para pelar un puerco en casa de un labrador de Adamuz; y al
+Tudesco, que se había anticipado a caer de bruces a los pies de Cleofás,
+le volvió al puerto de Santa María, de donde había salido quince días
+antes, a dormir la zorra<a name="FNanchor_321_321" id="FNanchor_321_321"></a><a href="#Footnote_321_321" class="fnanchor">[321]</a>. El Ventero se quiso poner en medio, y dió
+con él en Peralvillo<a name="FNanchor_322_322" id="FNanchor_322_322"></a><a href="#Footnote_322_322" class="fnanchor">[322]</a>, entre aquellas cecinas de Gestas, como en su
+centro.</p>
+
+<p>Volviéronse, con esto, a sentar a comer de los despojos que había dejado
+el enemigo, muy de espacio, y estando en los postreros lances de la
+comida, entraron algunos mozos de mulas en la venta, llamando al Güésped
+y pidiendo vino, y tras ellos, en el mismo carruaje, una compañía de
+representantes que pasaban de Córdoba a la Corte, con ganas de tomar un
+refresco en la venta. Venían las damas en jamugas, con bohemios<a name="FNanchor_323_323" id="FNanchor_323_323"></a><a href="#Footnote_323_323" class="fnanchor">[323]</a>,
+sombreros con plumas y mascarillas en los rostros, los chapines<a name="FNanchor_324_324" id="FNanchor_324_324"></a><a href="#Footnote_324_324" class="fnanchor">[324]</a>,
+con plata, colgando de los respaldares de los sillones; y ellos, unos
+con portamanteos sin cojines, y otros sin cojines ni portamanteos, las
+capas dobladas debajo, las valonas<a name="FNanchor_325_325" id="FNanchor_325_325"></a><a href="#Footnote_325_325" class="fnanchor">[325]</a> en los sombreros, con alforjas
+detrás; y los músicos, con la guitarras en cajas delante de los arzones,
+y algunos dellos ciclanes de estribos<a name="FNanchor_326_326" id="FNanchor_326_326"></a><a href="#Footnote_326_326" class="fnanchor">[326]</a>, y otros, eunucos, con los
+mozos que le sirven<a name="FNanchor_327_327" id="FNanchor_327_327"></a><a href="#Footnote_327_327" class="fnanchor">[327]</a> a las ancas, unos con espuelas sobre los
+zapatos y las medias, y otros con botas de rodillera, sin ninguna; otros
+con varas para hacer andar sus cabalgaduras y las de las mujeres. Los
+apellidos de los más eran valencianos, y los nombres de las
+representantas<a name="FNanchor_328_328" id="FNanchor_328_328"></a><a href="#Footnote_328_328" class="fnanchor">[328]</a> se resolvían en Marianas y Anas Marías, hablando
+todo recalcado<a name="FNanchor_329_329" id="FNanchor_329_329"></a><a href="#Footnote_329_329" class="fnanchor">[329]</a>, con el tono de la representación. La conversación
+con que entraron en la venta era decir que habían robado a Lisboa,
+asombrado a Córdoba y escandalizado a Sevilla, y que habían de despoblar
+a Madrid<a name="FNanchor_330_330" id="FNanchor_330_330"></a><a href="#Footnote_330_330" class="fnanchor">[330]</a>, porque con sola la loa que llevaban para la entrada, de
+un tundidor de Ecija<a name="FNanchor_331_331" id="FNanchor_331_331"></a><a href="#Footnote_331_331" class="fnanchor">[331]</a>, habían de derribar cuantos autores entrasen
+en la Corte. Con esto, se fueron arrojando de las cabalgaduras, y los
+maridos, muy severos<a name="FNanchor_332_332" id="FNanchor_332_332"></a><a href="#Footnote_332_332" class="fnanchor">[332]</a>, apeando en los brazos a sus mujeres, llamando
+todos al Güésped,</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">«y él de nada se dolía»<a name="FNanchor_333_333" id="FNanchor_333_333"></a><a href="#Footnote_333_333" class="fnanchor">[333]</a>.</span><br />
+</p>
+
+<p>La Autora se asentó en una alhombrilla que la echaron en el suelo; las
+demás princesas, alrededor, y el Autor andaba solicitando el regalo de
+todos, como pastor de aquel ganado. Y dijo el Cojuelo:</p>
+
+<p>&mdash;Con el señor Autor estoy en pecado mortal de parte de mis camaradas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;dijo don Cleofás.</p>
+
+<p>Respondió el Diablillo:</p>
+
+<p>&mdash;Porque es el peor representante del mundo, y hace siempre los demonios
+en los autos del Corpus, y está perdigado<a name="FNanchor_334_334" id="FNanchor_334_334"></a><a href="#Footnote_334_334" class="fnanchor">[334]</a> para demonio de veras, y
+para que haga en el infierno los autores si se representaren comedias;
+que algunas hacen estas farándulas, que aun para el infierno son malas.</p>
+
+<p>&mdash;Uno he visto aquí&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, entre los demás compañeros, que
+le he deseado cruzar la cara, porque me galanteó en Alcalá una doncella,
+moza mía, que se enamoró dél viéndole hacer un rey de Dinamarca.</p>
+
+<p>&mdash;Doncella&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;debía de ser de allá<a name="FNanchor_335_335" id="FNanchor_335_335"></a><a href="#Footnote_335_335" class="fnanchor">[335]</a>; pero si
+quieres&mdash;prosiguió&mdash;que tomemos los dos venganza del Autor y del
+Representante, espera y verás cómo lo trazo; porque agora quieren
+repartir una comedia con que han de secundar en Madrid, y sobre los
+papeles has de ver lo que pasa.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo que decía esto el Cojuelo, el apuntador de la Compañía
+sacó de un alforja los de una comedia de Claramonte<a name="FNanchor_336_336" id="FNanchor_336_336"></a><a href="#Footnote_336_336" class="fnanchor">[336]</a>, que había
+acabado de copiar en Adamuz el tiempo que estuvieron allí, diciendo al
+Autor:</p>
+
+<p>&mdash;Aquí será razón que se repartan estos papeles, entretanto que se
+adereza la comida y parece el Güésped.</p>
+
+<p>El Autor vino en ello, porque se dejaba gobernar del tal Apuntador, como
+de hombre que tenía grandísima curia en la comedia, y había sido
+estudiante en Salamanca, y le llamaban el Filósofo por mal nombre; y
+llegando con el papel de la segunda dama a Ana María, mujer del que
+cantaba los bajetes y bailaba los días de Corpus, habiéndole dado la
+primera dama a Mariana, la mujer del que cobraba y que hacía su parte
+también en las comedias de tramoya, arrojándole, dijo que ella había
+entrado para partir entre<a name="FNanchor_337_337" id="FNanchor_337_337"></a><a href="#Footnote_337_337" class="fnanchor">[337]</a> las dos los primeros papeles, y que
+siempre le daban los segundos, y que ella podía enseñar a representar a
+cuantas andaban en la comedia, porque había representado al lado de las
+mayores representantas del mundo y en la legua<a name="FNanchor_338_338" id="FNanchor_338_338"></a><a href="#Footnote_338_338" class="fnanchor">[338]</a> la llamaban
+Amarilis<a name="FNanchor_339_339" id="FNanchor_339_339"></a><a href="#Footnote_339_339" class="fnanchor">[339]</a>, segunda deste nombre. Esotra le dijo que no sabría mirar
+lo que ella con su zapato representaba<a name="FNanchor_340_340" id="FNanchor_340_340"></a><a href="#Footnote_340_340" class="fnanchor">[340]</a>, respondiéndole esotra que
+de cuándo acá tenía tanta soberbia, sabiendo que en Sevilla le prestó
+hasta las enaguas para hacer el papel de Dido<a name="FNanchor_341_341" id="FNanchor_341_341"></a><a href="#Footnote_341_341" class="fnanchor">[341]</a> en la gran comedia de
+don Guillén de Castro, echando a perder la comedia y haciendo que
+silbasen la compañía.</p>
+
+<p>&mdash;Tú eres la silbada&mdash;dijo esotra&mdash;, y tu ánima<a name="FNanchor_342_342" id="FNanchor_342_342"></a><a href="#Footnote_342_342" class="fnanchor">[342]</a>.</p>
+
+<p>Llegando a las manos y diciéndose palabras mayores, y tan grandes, que
+alcanzaron a los maridos; y sacando unos con otros las espadas, comenzó
+una batalla de comedia, metiéndolos en paz los mozos de mulas con los
+frenos que acababan de quitar; y dejándolos empelotados, se salieron don
+Cleofás y el Cojuelo de la venta al camino de Andalucía, quedándose
+abrasando a cuchilladas la compañía que fuera un Roncesvalles del
+molino del papel<a name="FNanchor_343_343" id="FNanchor_343_343"></a><a href="#Footnote_343_343" class="fnanchor">[343]</a> si el Ventero no llegara con la Hermandad<a name="FNanchor_344_344" id="FNanchor_344_344"></a><a href="#Footnote_344_344" class="fnanchor">[344]</a> en
+busca de los dos que se fueron, para prendello, con escopetas, chuzos y
+ballestas; y hallando esta nueva matanza en su venta, y jarros, tinajas
+y platos hechos tantos<a name="FNanchor_345_345" id="FNanchor_345_345"></a><a href="#Footnote_345_345" class="fnanchor">[345]</a> en la refriega, los apaciguaron, y
+prendieron a los dichos representantes para llevarlos a Ciudad Real,
+habiendo de tener otra pelaza más pesada con el alguacil que los traía a
+Madrid por orden de los arrendadores, con comisión del Consejo<a name="FNanchor_346_346" id="FNanchor_346_346"></a><a href="#Footnote_346_346" class="fnanchor">[346]</a>.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_VI" id="TRANCO_VI"></a>TRANCO VI</h2>
+
+<p>En este tiempo, nuestros caminantes, tragando leguas de aire, como si
+fueran camaleones<a name="FNanchor_347_347" id="FNanchor_347_347"></a><a href="#Footnote_347_347" class="fnanchor">[347]</a> de alquiler, habían pasado a Adamuz, del gran
+Marqués del Carpio, Haro y nobilísimo decendiente de los señores
+antiguos de Vizcaya, y padre ilustrísimo del mayor Mecenas<a name="FNanchor_348_348" id="FNanchor_348_348"></a><a href="#Footnote_348_348" class="fnanchor">[348]</a> que los
+antiguos ingenios y modernos han tenido, y caballero que igualó con sus
+generosas partes su modestia. Y habiéndose sorbido de los siete vados y
+las ventas de Alcolea, se pusieron a vista de Córdoba por su fertilísima
+campiña y por sus celebradas dehesas gamonosas<a name="FNanchor_349_349" id="FNanchor_349_349"></a><a href="#Footnote_349_349" class="fnanchor">[349]</a>, donde nacen y
+pacen tantos brutos, hijos del Céfiro más que los que fingió la
+antigüedad en el Tajo portugués<a name="FNanchor_350_350" id="FNanchor_350_350"></a><a href="#Footnote_350_350" class="fnanchor">[350]</a>; y entrando por el Campo de la
+Verdad<a name="FNanchor_351_351" id="FNanchor_351_351"></a><a href="#Footnote_351_351" class="fnanchor">[351]</a> (pocas veces pisado de gente desta calaña) a la Colonia<a name="FNanchor_352_352" id="FNanchor_352_352"></a><a href="#Footnote_352_352" class="fnanchor">[352]</a>
+y populosa patria de dos Sénecas y un Lucano, y del padre de la Poesía
+española, el celebrado Góngora, a tiempo que se celebraban fiestas de
+toros aquel día, y juego de cañas, acto positivo<a name="FNanchor_353_353" id="FNanchor_353_353"></a><a href="#Footnote_353_353" class="fnanchor">[353]</a> que más
+excelentemente ejecutan los caballeros de aquella ciudad, y tomando
+posada en el mesón de las Rejas<a name="FNanchor_354_354" id="FNanchor_354_354"></a><a href="#Footnote_354_354" class="fnanchor">[354]</a>, que estaba lleno de forasteros que
+habían concurrido a esta celebridad, se apercibieron para ir a vellas,
+limpiándose el polvo de las nubes; y llegando a la Corredera<a name="FNanchor_355_355" id="FNanchor_355_355"></a><a href="#Footnote_355_355" class="fnanchor">[355]</a>, que
+es la plaza donde siempre se hacen estas festividades, se pusieron a ver
+un juego de esgrima que estaba en medio del concurso de la gente, que en
+estas ocasiones suele siempre en aquella provincia preceder a las
+fiestas, a cuya esfera no había llegado la línea recta, ni el ángulo
+obtuso ni oblicuo<a name="FNanchor_356_356" id="FNanchor_356_356"></a><a href="#Footnote_356_356" class="fnanchor">[356]</a>; que todavía se platicaba el uñas arriba y el
+uñas abajo de la destreza primitiva que nuestros primeros padres
+usaron; y acordándose don Cleofás de lo que dice el ingeniosísimo
+Quevedo en su <i>Buscón</i><a name="FNanchor_357_357" id="FNanchor_357_357"></a><a href="#Footnote_357_357" class="fnanchor">[357]</a>, pensó<a name="FNanchor_358_358" id="FNanchor_358_358"></a><a href="#Footnote_358_358" class="fnanchor">[358]</a> perecer de risa, bien que se
+debe al insigne don Luis Pacheco de Narváez haber sacado de la obscura
+tiniebla de la vulgaridad a luz la verdad deste arte, y del caos de
+tantas opiniones las demonstraciones matemáticas desta verdad.</p>
+
+<p>Había dejado en esta ocasión la espada negra<a name="FNanchor_359_359" id="FNanchor_359_359"></a><a href="#Footnote_359_359" class="fnanchor">[359]</a> un mozo de Montilla,
+bravo aporreador, quedando en el puesto otro de los Pedroches, no menos
+bizarro campeón, y arrojándose, entre otros que la fueron a tomar muy
+apriesa, don Cleofás la levantó primero que todos, admirando la
+resolución de el forastero, que en el ademán les pareció castellano, y
+dando a su camarada la capa y la espada, como es costumbre, puso
+bizarramente las plantas en la palestra. En esto, el Maestro, con el
+montante<a name="FNanchor_360_360" id="FNanchor_360_360"></a><a href="#Footnote_360_360" class="fnanchor">[360]</a>, barriendo los pies a los mirones, abrió la rueda, dando
+aplauso<a name="FNanchor_361_361" id="FNanchor_361_361"></a><a href="#Footnote_361_361" class="fnanchor">[361]</a> a la pendencia vellorí<a name="FNanchor_362_362" id="FNanchor_362_362"></a><a href="#Footnote_362_362" class="fnanchor">[362]</a>, pues se hacía con espadas
+mulatas; y partiendo el andaluz y el estudiante castellano uno para el
+otro airosamente, corrieron una ida y venida sin tocarse al pelo de la
+ropa, y a la segunda, don Cleofás, que tenía algunas revelaciones de
+Carranza, por el cuarto círculo<a name="FNanchor_363_363" id="FNanchor_363_363"></a><a href="#Footnote_363_363" class="fnanchor">[363]</a> le dió al andaluz con la zapatilla
+un golpe de pechos, y él, metiendo el brazal, un tajo a don Cleofás en
+la cabeza, sobre la guarnición de la espada; y convirtiendo don Cleofás
+el reparo en revés, con un movimiento accidental<a name="FNanchor_364_364" id="FNanchor_364_364"></a><a href="#Footnote_364_364" class="fnanchor">[364]</a>, dió tan grande
+tamborilada al contrario, que sonó como si la hubiera dado en la
+tumba<a name="FNanchor_365_365" id="FNanchor_365_365"></a><a href="#Footnote_365_365" class="fnanchor">[365]</a> de los Castillas. Alborotáronse algunos amigos y conocidos,
+que había en el corro, y sobre el montante del señor Maestro le entraron
+tirando algunas estocadillas veniales al tal don Cleofás, que con la
+zapatilla, como con agua bendita, se las quitó, y apelando a su espada y
+capa, y el Cojuelo a sus muletas, hicieron tanta riza<a name="FNanchor_366_366" id="FNanchor_366_366"></a><a href="#Footnote_366_366" class="fnanchor">[366]</a> en el montón
+agavillado, que fué menester echalles un toro para ponellos en paz: tan
+valiente montante de Sierramorena, que a dos o tres mandobles puso la
+plaza más despejada que pudieran la guarda tudesca y española, a costa
+de algunas bragas que hicieron por detrás cíclopes a sus dueños<a name="FNanchor_367_367" id="FNanchor_367_367"></a><a href="#Footnote_367_367" class="fnanchor">[367]</a>,
+encaramándose a un tablado don Cleofás y su camarada, muy falsos<a name="FNanchor_368_368" id="FNanchor_368_368"></a><a href="#Footnote_368_368" class="fnanchor">[368]</a>,
+a ver la fiesta, haciéndose aire con los sombreros, como si tal no
+hubiera pasado por ellos; y acechándolos unos alguaciles, porque en
+estas ocasiones siempre quiebra la soga por lo más forastero<a name="FNanchor_369_369" id="FNanchor_369_369"></a><a href="#Footnote_369_369" class="fnanchor">[369]</a>,
+habiendo dejarretado el toro, llegaron desde la plaza a caballo,
+diciéndoles:</p>
+
+<p>&mdash;Señor Licenciado y señor Cojo, bajen acá, que los llama el señor
+Corregidor.</p>
+
+<p>Y haciendo don Cleofás y su compañero orejas de mercader, comenzaron los
+ministros o vaqueros de la justicia a quererlo intentar con las varas, y
+agarrándose cada uno de la suya, a vara por barba<a name="FNanchor_370_370" id="FNanchor_370_370"></a><a href="#Footnote_370_370" class="fnanchor">[370]</a>, dijeron a los
+tales ministros, quitándoselas de las manos de cuajo:</p>
+
+<p>&mdash;Sígan[n]os vuesas mercedes si se atreven a alcanzarnos.</p>
+
+<p>Y levantándose por el aire, parecieron cohetes voladores, y los dichos
+alguaciles, capados de varas, pedían a los gorriones «¡Favor a la
+justicia!»<a name="FNanchor_371_371" id="FNanchor_371_371"></a><a href="#Footnote_371_371" class="fnanchor">[371]</a>, quedándose suspensos y atribuyendo la agilidad de los
+nuevos volatines a sueño, haciendo tan alta punta<a name="FNanchor_372_372" id="FNanchor_372_372"></a><a href="#Footnote_372_372" class="fnanchor">[372]</a> los dos halcones,
+salvando a Guadalcázar, del ilustre Marqués de este título, del claro
+apellido de los Córdovas, que dieron sobre el rollo de Écija, diciéndole
+el Cojuelo a don Cleofás:</p>
+
+<p>&mdash;Mira qué gentil árbol berroqueño, que suele llevar hombres, como otros
+fruta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué coluna tan grande es ésta?&mdash;le preguntó don Cleofás.</p>
+
+<p>&mdash;El celebrado rollo<a name="FNanchor_373_373" id="FNanchor_373_373"></a><a href="#Footnote_373_373" class="fnanchor">[373]</a> del mundo&mdash;le respondió el Cojuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Luego ¿esta ciudad es Écija?&mdash;le repitió don Cleofás.</p>
+
+<p>&mdash;Ésta <i>es</i> Écija, la más fértil población de Andalucía&mdash;dijo el
+Diablillo&mdash;, que tiene aquel sol<a name="FNanchor_374_374" id="FNanchor_374_374"></a><a href="#Footnote_374_374" class="fnanchor">[374]</a> por armas a la entrada de esa
+hermosa puente, cuyos ojos rasgados lloran a Genil, caudaloso río que
+tiene su solar en Sierra Nevada, y después, haciendo con el Darro
+maridaje de cristal, viene a calzar de plata estos hermosos edificios y
+tanto pueblo de abril y mayo<a name="FNanchor_375_375" id="FNanchor_375_375"></a><a href="#Footnote_375_375" class="fnanchor">[375]</a>. De aquí fué Garci Sánchez de
+Badajoz<a name="FNanchor_376_376" id="FNanchor_376_376"></a><a href="#Footnote_376_376" class="fnanchor">[376]</a>, aquel insigne poeta castellano; y en esta ciudad solamente
+se coge el algodón<a name="FNanchor_377_377" id="FNanchor_377_377"></a><a href="#Footnote_377_377" class="fnanchor">[377]</a>, semilla que en toda España no nace, además de
+otros veinte y cuatro frutos, sin sembrallos, de que se vale para vender
+la gente necesitada; su comarca también es fertilísima<a name="FNanchor_378_378" id="FNanchor_378_378"></a><a href="#Footnote_378_378" class="fnanchor">[378]</a>. Montilla
+cae aquí a mano izquierda, habitación de los heroicos marqueses de
+Priego, Córdovas y Aguilares, de cuya gran casa salió, para honra de
+España, el que mereció llamarse Gran Capitán por antonomasia, y hoy a su
+Marqués ilustrísimo se le ha acrecentado la casa de Feria, por morir sin
+hijos aquel gran portento de Italia, que malogró la Fortuna, de envidia;
+cuyo gran sucesor, siendo mudo, ocupa a grandezas en silencio elocuente
+las lenguas de la Fama. Más abajo está Lucena, del Alcaide de los
+Donceles, Duque de Cardona, en cuyo océano de blasones se anegó la gran
+casa de Lerma. Luego, Cabra, celebrada por su sima<a name="FNanchor_379_379" id="FNanchor_379_379"></a><a href="#Footnote_379_379" class="fnanchor">[379]</a>, tan profunda
+como la antigüedad de sus dueños, pregona con las lenguas de sus
+almenas, que es del ínclito Duque de Sesa y Soma, y que la vive hoy su
+entendido y bizarro heredero. Luego Osuna se ofrece a la demarcación
+destos ilustres edificios, blasonando con tantos maestres Girones la
+altivez de sus duques; y veinte y dos leguas de aquí cae la hermosísima
+Granada, paraíso de Mahoma, que no en vano la defendieron tanto sus
+valientes africanos españoles, de cuya Alhambra y Alcazaba es alcaide el
+nobilísimo Marqués de Mondéjar, padre del generoso conde de Tendilla,
+Mendozas del Ave María y credo de los caballeros. No nos olvidemos, de
+camino, de Guadix, ciudad antigua y celebrada por sus melones<a name="FNanchor_380_380" id="FNanchor_380_380"></a><a href="#Footnote_380_380" class="fnanchor">[380]</a>, y
+mucho más por el divino ingenio del doctor Mira de Mescua<a name="FNanchor_381_381" id="FNanchor_381_381"></a><a href="#Footnote_381_381" class="fnanchor">[381]</a>, hijo
+suyo y arcediano.</p>
+
+<p>Cuando iba el Cojuelo refiriendo esto, llegaron a la Plaza Mayor de
+Ecija, que es la más insigne del Andalucía, y junto a una fuente que
+tiene en medio del jaspe, con cuatro ninfas gigantas de alabastro
+derramando lanzas de cristal<a name="FNanchor_382_382" id="FNanchor_382_382"></a><a href="#Footnote_382_382" class="fnanchor">[382]</a>, estaban unos ciegos sobre un banco,
+de pies, y mucha gente de capa parda de auditorio, cantando la relación
+muy verdadera que trataba de cómo una maldita dueña se había hecho
+preñada del diablo, y que por permisión de Dios había parido una manada
+de lechones, con un romance de don Alvaro de Luna y una letrilla contra
+los demonios, que decía:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 9em;">«Lucifer tiene muermo,</span><br />
+<span style="margin-left: 10em;">Satanás, sarna,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">y el Diablo Cojuelo</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">tiene almorranas.</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">Almorranas y muermo,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">sarna y ladillas,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">su mujer se las quita</span><br />
+<span style="margin-left: 10em;">con tenacillas.»<a name="FNanchor_383_383" id="FNanchor_383_383"></a><a href="#Footnote_383_383" class="fnanchor">[383]</a></span><br />
+</p>
+
+<p>El Cojuelo le dijo a don Cleofás:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué te parece los testimonios que nos levantan estos ciegos y las
+sátiras que nos hacen? Ninguna raza de gente se nos atreve a nosotros si
+no son éstos, que tienen más ánimo que los mayores ingenios; pero esta
+vez me lo han de pagar, castigándose ellos mismos por sus propias manos,
+y daré, de camino, venganza a las dueñas, porque no hay en el mundo
+quien no las quiera mal, y nosotros las tenemos grandes obligaciones,
+porque nos ayudan a nuestros embustes; que son demonias hembras<a name="FNanchor_384_384" id="FNanchor_384_384"></a><a href="#Footnote_384_384" class="fnanchor">[384]</a>.</p>
+
+<p>Y sobre la entonación de las coplas metió el Cojuelo tanta cizaña entre
+los ciegos, que, arrempujándose primero, y cayendo dellos en el pilón de
+la fuente, y esotros en el suelo, volviéndose a juntar, se mataron a
+palos, dando barato<a name="FNanchor_385_385" id="FNanchor_385_385"></a><a href="#Footnote_385_385" class="fnanchor">[385]</a>, de camino, a los oyentes, que les respondieron
+con algunos puñetes y coces. Y como llegaron a Écija con las varas de
+los alguaciles de Córdoba, pensando que traían alguna gran comisión de
+la Corte, llegó la justicia de la ciudad a hacelles fiesta y a
+lisonjeallos con ofrecerles sus posadas, y ellos, valiéndose de la
+ocasión, admitieron las ofertas, con que fueron regalados como cuerpos
+de rey; y preguntándoles qué era el negocio que traían para Écija, el
+Cojuelo les respondió que era contra los médicos y boticarios, y visita
+general de beatas; y que a los médicos se les venía a vedar que después
+de matar un enfermo, no les valiese<a name="FNanchor_386_386" id="FNanchor_386_386"></a><a href="#Footnote_386_386" class="fnanchor">[386]</a> la mula por sagrado; y que,
+cuando no se saliese con esto, por lo menos, a los boticarios que
+errasen las purgas, que no pudiesen ser castigados si se retrujesen<a name="FNanchor_387_387" id="FNanchor_387_387"></a><a href="#Footnote_387_387" class="fnanchor">[387]</a>
+en los cimenterios de las mulas de los médicos, que son las ancas<a name="FNanchor_388_388" id="FNanchor_388_388"></a><a href="#Footnote_388_388" class="fnanchor">[388]</a>;
+y que a las beatas se les venía a quitar el tomar tabaco, beber
+chocolate y comer jigote.</p>
+
+<p>Parecióle al Alguacil Mayor, que no era lerdo y tenía su punta de hacer
+jácaras y entremeses, que hacían burla dellos, y quiso agarrallos para
+dar con ellos en la trena, y después sacudilles el polvo y batanalles el
+cordobán, por embelecadores, embusteros y alguaciles chanflones<a name="FNanchor_389_389" id="FNanchor_389_389"></a><a href="#Footnote_389_389" class="fnanchor">[389]</a>; y
+levantando el Cojuelo una polvareda de piedra azufre y asiendo a don
+Cleofás por la mano, se desaparecieron, entre la cólera y
+resolución<a name="FNanchor_390_390" id="FNanchor_390_390"></a><a href="#Footnote_390_390" class="fnanchor">[390]</a> de los ministros ecijanos, dejándolos tosiendo y
+estornudando, dándose de cabezadas unos a otros sin entenderse, haciendo
+los neblíes de la más obscura Noruega<a name="FNanchor_391_391" id="FNanchor_391_391"></a><a href="#Footnote_391_391" class="fnanchor">[391]</a> puntas a diferentes partes; y
+dejando a la derecha a Palma, donde se junta Genil con Guadalquivir<a name="FNanchor_392_392" id="FNanchor_392_392"></a><a href="#Footnote_392_392" class="fnanchor">[392]</a>
+por el vicario de las aguas, villa antigua de los Bocanegras y
+Portocarreros, y de quien fué dueño aquel gran cortesano y valiente
+caballero don Luis Portocarrero, cuyo corazón excedió muchas varas a su
+estatura, y luego a la Monclova, bosque deliciosísimo y monte de Clovio,
+valeroso capitán romano, y posesión hoy de otro Portocarrero y Enríquez,
+no menos gran caballero que el pasado, y a la hermosa villa de Fuentes,
+de quien fué marqués el bizarro y no vencido don Juan Claros de Guzmán
+el Bueno, que, después de muchos servicios a su rey, murió en Flandes
+con lástima de todos y envidia de más, hijo de la gran casa de
+Medina-Sidonia, donde todos sus Guzmanes son Buenos por apellido, por
+sangre y por sus personas esclarecidas, sin tocar al pelo de la ropa a
+Marchena, habitación noble de los duques de Arcos, marqueses que fueron
+de Cádiz, de quien hoy es meritísimo señor el excelentísimo duque don
+Rodrigo Ponce de León, en quien se cifran todas las proezas y grandezas
+heroicas de sus antepasados, columbrando desde más lejos a Villanueva
+del Río, de los marqueses de Villanueva, Enríquez y Riberas, y hoy de
+don Antonio Álvarez de Toledo y Beamonte, marqués suyo y duque de
+Güesca, heredero ilustre del gran Duque de Alba, Condestable de Navarra,
+llegaron de un vuelo los dos pajarotes de camarada<a name="FNanchor_393_393" id="FNanchor_393_393"></a><a href="#Footnote_393_393" class="fnanchor">[393]</a>, no siendo ésta
+la mayor pareja que habían corrido, al pie de la cuesta de Carmona, en
+su dilatada, fértil y celebrada vega, donde les anocheció, diciéndole
+don Cleofás al amigo:</p>
+
+<p>&mdash;Camarada, descansemos un poco, que es mucho pajarear éste, y nos
+metemos a lechuzas silvestres; que la serenidad de la noche y el verano
+brindan a pasalla en el campo.</p>
+
+<p>&mdash;Soy de ese parecer&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;: tendamos la raspa<a name="FNanchor_394_394" id="FNanchor_394_394"></a><a href="#Footnote_394_394" class="fnanchor">[394]</a> en este
+pradillo junto a este arroyo, espejo donde se están tocando las
+estrellas, porque aguardan a la madrugada visita del sol, Gran Turco de
+todas esas señoras.</p>
+
+<p>Y don Cleofás, poniendo el ferreruelo<a name="FNanchor_395_395" id="FNanchor_395_395"></a><a href="#Footnote_395_395" class="fnanchor">[395]</a> por cabecera y la espada
+sobre el estómago, acomodó el individuo, y estando boca arriba, paseando
+con los ojos la bóveda celestial, cuya fábrica portentosa al más ciego
+gentil obliga a rastrear que la mano de su artífice es de Dios, y de
+gran Dios, le dijo al camarada:</p>
+
+<p>&mdash;¿No me dirás, pues has vivido en aquellos barrios, si esas estrellas
+son tan grandes como esos astrólogos dicen cuando hablan de su magnitud,
+y en qué cielo están, y cuantos cielos hay, para que no nos den
+papillas<a name="FNanchor_396_396" id="FNanchor_396_396"></a><a href="#Footnote_396_396" class="fnanchor">[396]</a> cada día con tantas y tan diversas opiniones, haciéndonos
+bobos a los demás con líneas y coluros imaginados, y si es verdad que
+los planetas tienen epiciclos, y el movimiento de cada cielo, desde el
+primer móvil al remiso y al trepidante, y dónde están los signos de
+estos luceros escribanos, porque yo desengañe al mundo y no nos vendan
+imaginaciones por verdades?</p>
+
+<p>El Cojuelo le respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Don Cleofás, nuestra caída fué tan apriesa, que no nos dejó reparar en
+nada; y a fee que si Lucifer no se hubiera traído tras de sí la tercera
+parte de las estrellas<a name="FNanchor_397_397" id="FNanchor_397_397"></a><a href="#Footnote_397_397" class="fnanchor">[397]</a>, como repiten tantas veces en los autos del
+Corpus, aun hubiera más en que haceros más garatusas la Astrología. Esto
+todo sea con perdón del antojo del Galileo<a name="FNanchor_398_398" id="FNanchor_398_398"></a><a href="#Footnote_398_398" class="fnanchor">[398]</a> y el del gran don Juan
+de Espina<a name="FNanchor_399_399" id="FNanchor_399_399"></a><a href="#Footnote_399_399" class="fnanchor">[399]</a>, cuya célebre casa y peregrina silla son ideas de su raro
+ingenio; que yo hablo de antojos abajo, como de tejas, y salvo la
+óbtica<a name="FNanchor_400_400" id="FNanchor_400_400"></a><a href="#Footnote_400_400" class="fnanchor">[400]</a> destos señores antojadizos que han descubierto al sol un
+lunar en el lado izquierdo, y en la luna han linceado montes y valles, y
+han visto a Venus <i>cornuta</i>. Lo que yo sé decir, que el poco tiempo que
+estuve por allá arriba nunca oí nombrar la Bocina, el Carro, la <i>Espica
+Vírginis,</i> la <i>Ursa major</i> ni la <i>Ursa minor,</i> las Pléyades ni las
+Helíades, nombres que los de la Astrología les han dado, y esa que
+llamaron <i>Vía Láctea,</i> y ahora los vulgares Camino de Santiago, por
+donde anda tanto el cojo como el sano; que si esto fuera así, yo
+también, por lo cojo, había de andar por aquel camino<a name="FNanchor_401_401" id="FNanchor_401_401"></a><a href="#Footnote_401_401" class="fnanchor">[401]</a>, siendo hijo
+de vecino de aquella provincia.</p>
+
+<p>Ya en estas razones últimas se había agradecido al sueño el tal Don
+Cleofás, dejando al compañero de posta<a name="FNanchor_402_402" id="FNanchor_402_402"></a><a href="#Footnote_402_402" class="fnanchor">[402]</a> como grulla<a name="FNanchor_403_403" id="FNanchor_403_403"></a><a href="#Footnote_403_403" class="fnanchor">[403]</a> de la otra
+vida, cuando un gran estruendo de clarines y cabalgaduras le despertó
+sobresaltado, recelando que se le llevaba a otra parte más desacomodada
+el que le había agasajado hasta entonces; pero el Diablillo le sosegó,
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No te alborotes, don Cleofás; que, estando conmigo, no tienes que
+temer nada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ¿qué ruido tan grande es éste&mdash;le replicó el Estudiante.</p>
+
+<p>&mdash;Yo te lo diré&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, si acabas de despertar y me escuchas
+con atención.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_VII" id="TRANCO_VII"></a>TRANCO VII</h2>
+
+<p>El Estudiante se incorporó entonces, supliendo con bostezos y esperezos
+lo que le faltaba por dormir, y prosiguió el Diablillo, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Todo este estruendo trae consigo la casa de la Fortuna, que pasa al
+Asia Mayor a asistir a una batalla campal entre el Mogor y el Sofí, para
+dar la victoria a quien menos la mereciere. Escucha y mira; que esta que
+pasa es su recámara, y en lugar de acémilas van mercaderes y hombres de
+negocios que llaman, cargados de cajas de moneda de oro y plata, con
+reposteros bordados encima con las armas de la Fortuna, que son los
+cuatro vientos, y un harpón en una torre, moviéndose a todos cuatro,
+sogas y garrotes del mismo metal que llevan, y, con ir con tanto peso,
+van descansados, a su parecer. Esta tropa inumerable que pasa ahora mal
+concertada es de oficiales de boca, cocineros, mozos de cocina,
+botilleres, reposteros, despenseros, panaderos, veedores, y la demás
+canalla que toca a la bucólica. Estos que vienen agora a pie, con
+fieltros blancos terciados por los hombros, son lacayos de la Fortuna,
+que son los mayores ingenios que ha tenido el mundo, entre los cuales va
+Homero, Píndaro, Anacreonte, Virgilio, Ovidio, Horacio, Silio Itálico,
+Lucano, Claudiano, Estacio Papinio, Juvenal, Marcial, Catulo, Propercio,
+el Petrarca, Sanazaro, el Taso, el Bembo, el Dante, el Guarino, el
+Ariosto, el caballero Marino, Juan de Mena, Castillejo, Gregorio
+Hernández, Garci Sánchez, Camoes y otros muchos que han sido en
+diferentes provincias príncipes de la Poesía.</p>
+
+<p>&mdash;Por cierto que han medrado poco&mdash;dijo el Estudiante&mdash;, pues no han
+pasado de lacayos de la Fortuna.</p>
+
+<p>&mdash;No hay en su casa&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;quien tenga lo que merece.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué escuadrón es éste tan lucido, con joyas de diamantes y cadenas y
+vestidos lloviendo oro y perlas&mdash;prosiguió el Estudiante&mdash;, que llevan
+tantos pajes en cuerpo que los alumbran con tantas hachas blancas, y
+van sobre filósofos antiguos que les sirven de caballos, de tan malos
+talles, que los más son corcovados, cojos, mancos, calvos, narigones,
+tuertos, zurdos y balbucientes?</p>
+
+<p>&mdash;Éstos son&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;potentados, príncipes y grandes señores
+del mundo, que van acompañando a la Fortuna, de quien han recibido los
+estados y las riquezas que tienen, y, con ser tan poderosos y ricos, son
+los más necios y miserables de la tierra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen gusto ha tenido la Fortuna, por cierto!&mdash;dijo don Cleofás&mdash;.
+¡Bien se le parece<a name="FNanchor_404_404" id="FNanchor_404_404"></a><a href="#Footnote_404_404" class="fnanchor">[404]</a> que tiene nombre de mujer: que escoge lo peor!</p>
+
+<p>&mdash;Primero lo debieron a la naturaleza&mdash;respondió el Cojuelo, y prosiguió
+diciendo&mdash;; Aquel gigante que viene sobre un dromedario, con un ojo, y
+ése ciego, solamente, en la mitad de la frente, con un árbol en las
+manos de suma magnitud, lleno de bastones, mitras, laureles, hábitos,
+capelos, coronas y tiaras, es Polifemo, que después que le cegó Ulises,
+le ha dado la Fortuna a cargo aquella escarpia de dignidades, para que
+las reparta a ciegas y va siempre junto al carro triunfal de la Fortuna,
+que es aquel que le tiran cincuenta emperadores griegos y romanos, y
+ella viene cercada de faroles de cristal, con cirios pascuales
+encendidos dentro dellos, sobre una rueda llena de arcaduces de plata,
+que siempre está llenándolos y vaciándolos de viento, y esotro pie, en
+el elemento mismo, que está lleno de camaleones que le van dando
+memoriales, y ella rompiéndolos. Ahora vienen siguiéndola sus damas en
+elefantes, con sillones de oro sembrados de balajes, rubíes y
+crisólitos. La primera es la Necedad, camarera mayor suya, y aunque fea,
+muy favorecida. La Mudanza es esotra, que va dando cédulas de
+casamiento, y no cumpliendo ninguna. Esotra es la Lisonja, vestida a la
+francesa de tornasoles de aguas, y lleva en la cabeza un iris de colores
+por tocado, y en cada mano cien lenguas. Aquella que la sucede, vestida
+de negro, sin oro ni joya, de linda cara y talle, que viene llorosa, es
+la Hermosura: una dama muy noble y muy olvidada de los favores de su
+ama. La Envidia la sigue y la persigue, con un vestido pajizo, bordado
+de basiliscos y corazones.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre esa dama&mdash;dijo don Cleofás&mdash;come grosura<a name="FNanchor_405_405" id="FNanchor_405_405"></a><a href="#Footnote_405_405" class="fnanchor">[405]</a>: que es halcón
+de las alcándaras de palacio.</p>
+
+<p>&mdash;Esotra que viene&mdash;prosiguió el Cojuelo&mdash;, que parece que va preñada,
+es la Ambición, que está hidrópica de deseos y de imaginaciones. Esotra
+es la Avaricia, que está opilada de oro<a name="FNanchor_406_406" id="FNanchor_406_406"></a><a href="#Footnote_406_406" class="fnanchor">[406]</a>, y no quiere tomar el
+acero<a name="FNanchor_407_407" id="FNanchor_407_407"></a><a href="#Footnote_407_407" class="fnanchor">[407]</a>, porque es más bajo metal. Aquellas que vienen, con tocas
+largas y antojos, sobre minotauros<a name="FNanchor_408_408" id="FNanchor_408_408"></a><a href="#Footnote_408_408" class="fnanchor">[408]</a>, son la Usura, la Simonía, la
+Mohatra, la Chisme<a name="FNanchor_409_409" id="FNanchor_409_409"></a><a href="#Footnote_409_409" class="fnanchor">[409]</a>, la Baraja<a name="FNanchor_410_410" id="FNanchor_410_410"></a><a href="#Footnote_410_410" class="fnanchor">[410]</a>, la Soberbia, la Invención, la
+Hazañería, dueñas de la Fortuna. Los que vienen galanteando a estas
+señoras todas y alumbrándolas con antorchas de colores diferentes son
+ladrones, fulleros, astrólogos, espías, hipócritas, monederos falsos,
+casamenteros, noveleros, corredores<a name="FNanchor_411_411" id="FNanchor_411_411"></a><a href="#Footnote_411_411" class="fnanchor">[411]</a>, glotones y borrachos. Aquel
+que viene sobre el asno de oro<a name="FNanchor_412_412" id="FNanchor_412_412"></a><a href="#Footnote_412_412" class="fnanchor">[412]</a> de Lucio Apuleyo es Creso, mayordomo
+mayor de la Fortuna, y a su mano izquierda, Astolfo, su caballerizo
+mayor. Aquellos que van sobre cubas con ruedas y velicómenes<a name="FNanchor_413_413" id="FNanchor_413_413"></a><a href="#Footnote_413_413" class="fnanchor">[413]</a> en las
+manos, dando carcajadas de risa, son sus gentiles hombres de la copa,
+que han sido taberneros de Corte primero. Aquella escuadra de
+selvajes<a name="FNanchor_414_414" id="FNanchor_414_414"></a><a href="#Footnote_414_414" class="fnanchor">[414]</a> que vienen en jumentos de albarda son contadores,
+tesoreros, escribanos de raciones, administradores, historiadores,
+letrados, correspondientes<a name="FNanchor_415_415" id="FNanchor_415_415"></a><a href="#Footnote_415_415" class="fnanchor">[415]</a>, agentes de la Fortuna, y llevan manos
+de almireces por plumas, y por papel, pieles de abadas. Tras dellos
+viene una silla de manos, bordada de trofeos, para las visitas de la
+Fortuna; los silleros son Pitágoras, Diógenes, Aristóteles, Platón, y
+otros filósofos para remudar, con camisolas y calzones de tela de nácar,
+herrados los rostros con eses y clavos<a name="FNanchor_416_416" id="FNanchor_416_416"></a><a href="#Footnote_416_416" class="fnanchor">[416]</a>. Aquellos que vienen agora
+de tres en tres, sobre tumbas enlutadas, a la jineta y a la brida, son
+médicos de la cámara y de la familia, boticarios y barberos de la
+Fortuna. Agora cierra todo este escuadrón y acompañamiento aquella
+prodigiosísima torre andante, que es la de Babilonia, llena de gigantes,
+de enanos, de bailarines y representantes, de instrumentos músicos y
+marciales, de voces, de algazaras, que se ven y oyen por infinitas
+ventanas que tiene el edificio, coronadas de luminarias y flechando
+girándulas<a name="FNanchor_417_417" id="FNanchor_417_417"></a><a href="#Footnote_417_417" class="fnanchor">[417]</a> y cohetes voladores<a name="FNanchor_418_418" id="FNanchor_418_418"></a><a href="#Footnote_418_418" class="fnanchor">[418]</a>; y en un balcón grande de la
+fachada va la Esperanza: una jayana vestida de verde, muy larga de
+estatura, y muchos pretendientes por abajo, a pie, soldados, capitanes,
+abogados, artífices y profesores de diferentes ciencias, mal vestidos,
+hambrientos y desesperados, dándola voces, y con la confusión no se
+entienden los unos a los otros, ni los otros a los unos. Y por otro
+balcón del lado derecho va la Prosperidad, coronada de espigas de oro y
+vestida de brocado de tres altos<a name="FNanchor_419_419" id="FNanchor_419_419"></a><a href="#Footnote_419_419" class="fnanchor">[419]</a>, bordado de las cuatro estaciones
+del año, sembrando talegos sobre muchos mentecatos ricos, que van en
+literas roncando, que no los han menester y piensan que los sueñan.
+Ahora sigue todo este aparato una infinita tropa de carros largos,
+llenos de comida y vestidos de mujeres y de hombres, que es la
+guardarropa de la Fortuna; y con ir tantos como la siguen desnudos y
+hambrientos, no les da un bocado que coman ni un trapo con que se
+cubran, y aunque los repartiera con ellos, no les vinieran bien, que
+están hechos solamente a medida de los dichosos.</p>
+
+<p>Seguía este carruaje un escuadrón volante de locos, a pie, y a caballo,
+y en coches, con diferentes temas, que habían perdido el juicio de
+varios sucesos de la Fortuna por mar y por tierra, unos riéndose, otros
+llorando, otros cantando, otros callando, y todos renegando della<a name="FNanchor_420_420" id="FNanchor_420_420"></a><a href="#Footnote_420_420" class="fnanchor">[420]</a>;
+y no tomaba de otros parecer, diligencia para no acertar nada,
+desapareciendo toda esta máquina confusa una polvareda espantosa, en
+cuyo temeroso piélago se anegó toda esta confusión, llegando el día, que
+fué mucho que no se perdiera el sol con la grande polvareda, como don
+Beltrán<a name="FNanchor_421_421" id="FNanchor_421_421"></a><a href="#Footnote_421_421" class="fnanchor">[421]</a> de los planetas, subiéndose los dos camaradas la cuesta
+arriba a la recién bautizada ciudad de Carmona<a name="FNanchor_422_422" id="FNanchor_422_422"></a><a href="#Footnote_422_422" class="fnanchor">[422]</a>, atalaya del
+Andalucía, de cielo tan sereno<a name="FNanchor_423_423" id="FNanchor_423_423"></a><a href="#Footnote_423_423" class="fnanchor">[423]</a>, que nunca le tuvo, y adonde no han
+conocido al catarro si no es para serville<a name="FNanchor_424_424" id="FNanchor_424_424"></a><a href="#Footnote_424_424" class="fnanchor">[424]</a>; y tomando refresco de
+unos conejos y unos pollos en un mesón que se llama de los Caballeros,
+pasaron a Sevilla, cuya giralda y torre<a name="FNanchor_425_425" id="FNanchor_425_425"></a><a href="#Footnote_425_425" class="fnanchor">[425]</a> tan celebrada se descubre
+desde la venta de Peromingo<a name="FNanchor_426_426" id="FNanchor_426_426"></a><a href="#Footnote_426_426" class="fnanchor">[426]</a> el Alto, tan hija de vecino de los
+aires, que parece que se descalabra en las estrellas.</p>
+
+<p>Admiró a don Cleofás el sitio de su dilatada población, y de la que
+hacen tantos diversos bajeles en el Guadalquivir, valla de cristal de
+Sevilla y de Triana<a name="FNanchor_427_427" id="FNanchor_427_427"></a><a href="#Footnote_427_427" class="fnanchor">[427]</a>, distinguiéndose de más cerca la hermosura de
+sus edificios, que parece que han muerto vírgines<a name="FNanchor_428_428" id="FNanchor_428_428"></a><a href="#Footnote_428_428" class="fnanchor">[428]</a> y mártires,
+porque todos están con palmas en las manos, que son las que se
+descuellan de sus peregrinos pensiles, entre tantos cidros, naranjos,
+limones, laureles y cipreses; llegando en breve espacio a Torreblanca,
+una legua larga desta insigne ciudad, desde donde comienza su Calzada y
+los caños de Carmona, hermosísima puente de arcos, por donde entra el
+río Guadaira<a name="FNanchor_429_429" id="FNanchor_429_429"></a><a href="#Footnote_429_429" class="fnanchor">[429]</a> en Sevilla, cuya hidrópica sed se le bebe todo, sin
+dejar apenas una gota para tributar al mar, que es solamente el río en
+todo el mundo que está previligiado deste pecho<a name="FNanchor_430_430" id="FNanchor_430_430"></a><a href="#Footnote_430_430" class="fnanchor">[430]</a>; haciendo mayor la
+belleza desta entrada infinitas granjas, por una parte y por otra, que
+en cada una se cifra un jardín terrenal, granizando azahares, mosquetas
+y jazmines reales. Y al mismo tiempo que ellos iban llegando a la puerta
+de Carmona, atisbó el Cojuelo entrar por ella a caballo, con vara alta y
+los dos corchetes que sacó del infierno, a Cienllamas; y volviéndose a
+don Cleofás, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aquel que entra por la puerta de Carmona es comisario de mis amos, que
+viene contra mí a Sevilla: menester es guardarnos.</p>
+
+<p>&mdash;No se me da dos blancas<a name="FNanchor_431_431" id="FNanchor_431_431"></a><a href="#Footnote_431_431" class="fnanchor">[431]</a>&mdash;dijo don Cleofás&mdash;; que yo estoy
+matriculado en Alcalá, y no tiene ningún tribunal juridicción<a name="FNanchor_432_432" id="FNanchor_432_432"></a><a href="#Footnote_432_432" class="fnanchor">[432]</a> en mi
+persona; y fuera de eso, dicen que es Sevilla lugar tan confuso, que no
+nos hallarán, si queremos, todos cuantos hurones tiene Lucifer y
+Bercebú<a name="FNanchor_433_433" id="FNanchor_433_433"></a><a href="#Footnote_433_433" class="fnanchor">[433]</a>.</p>
+
+<p>Entrándose en la ciudad los dos a buen paso y guiando el Cojuelo, la
+barba sobre el hombro<a name="FNanchor_434_434" id="FNanchor_434_434"></a><a href="#Footnote_434_434" class="fnanchor">[434]</a>, fueron hilvanando calles, y, llegando a una
+plazuela, reparó don Cleofás en un edificio sumptuoso de unas casas que
+tenían una portada ostentosa de alabastro y unos corredores dilatados de
+la misma piedra. Preguntóle don Cleofás al Cojuelo qué templo era aquél,
+y él le respondió que no era templo, aunque tenía tantas cruces de
+Jerusalén del mismo relieve de mármol, sino las casas de los duques de
+Alcalá, marqueses de Tarifa<a name="FNanchor_435_435" id="FNanchor_435_435"></a><a href="#Footnote_435_435" class="fnanchor">[435]</a>, conde de los Molares y adelantados
+mayores de Andalucía, cuya grandeza ha heredado hoy el gran Duque de
+Medina Celi, por falta de hijos herederos, que aunque fuera mayor, no le
+hiciera más: que por Fox y Cerda es lo más que puede ser.</p>
+
+<p>&mdash;Ya conozco ese príncipe&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, y le he visto en la
+Corte, y es tan generoso y entendido como gran señor.</p>
+
+<p>Con esta plática llegaron a la Cabeza del Rey don Pedro, cuya calle se
+llama el Candilejo<a name="FNanchor_436_436" id="FNanchor_436_436"></a><a href="#Footnote_436_436" class="fnanchor">[436]</a>, y atravesando por cal<a name="FNanchor_437_437" id="FNanchor_437_437"></a><a href="#Footnote_437_437" class="fnanchor">[437]</a> de Abades, la
+Borciguinería<a name="FNanchor_438_438" id="FNanchor_438_438"></a><a href="#Footnote_438_438" class="fnanchor">[438]</a> y el Atambor<a name="FNanchor_439_439" id="FNanchor_439_439"></a><a href="#Footnote_439_439" class="fnanchor">[439]</a>, llegaron a las calles<a name="FNanchor_440_440" id="FNanchor_440_440"></a><a href="#Footnote_440_440" class="fnanchor">[440]</a> del
+Agua<a name="FNanchor_441_441" id="FNanchor_441_441"></a><a href="#Footnote_441_441" class="fnanchor">[441]</a>, donde tomaron posada, que son las más recatadas de Sevilla.</p>
+
+<p>En este tiempo, a nuestro Astrólogo o Mágico se lo había llevado de una
+aplopejía<a name="FNanchor_442_442" id="FNanchor_442_442"></a><a href="#Footnote_442_442" class="fnanchor">[442]</a> el demoñuelo zurdo que sustituía al Cojuelo, y bajó a
+pedir justicia a Lucifer en el güeso del alma, sin las mondaduras del
+cuerpo, del quebrantamiento de su redoma; y doña Tomasa, no olvidando
+los desaires de don Cleofás, trataba con otra requisitoria de venir a
+Sevilla, con un galán nuevo que tenía, soldado de los galeones, para
+tomar venganza casándose con el licenciado Vireno de Madrid la Olimpia
+de mala mano<a name="FNanchor_443_443" id="FNanchor_443_443"></a><a href="#Footnote_443_443" class="fnanchor">[443]</a>, sabiendo que se había escapado allá. Don Cleofás y su
+camarada no salían de su posada, por desmentir las espías de Cienllamas
+y de Chispa y Redina, y subiéndose a un terrado una tarde, de los que
+tienen todas las casas de Sevilla, a tomar el fresco y a ver desde lo
+alto más particularmente los edificios de aquella populosa ciudad,
+estómago de España y del mundo, que reparte a todas las provincias dél
+la sustancia de lo que traga a las Indias en plata y oro (que es
+avestruz de la Europa, pues digiere más generosos metales)<a name="FNanchor_444_444" id="FNanchor_444_444"></a><a href="#Footnote_444_444" class="fnanchor">[444]</a>,
+espantándose don Cleofás de aquel numeroso ejército de edificios, tan
+epilogado, que si se derramara, no cupiera en toda la Andalucía, le dijo
+a su compañero:</p>
+
+<p>&mdash;Enséñame desde aquí algunos particulares, si se descubren a la vista.</p>
+
+<p>El Cojuelo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya por aquella torre que descubrimos desde tan lejos discurrirás que
+esa bellísima fábrica que está arrimada a ella es la Iglesia Mayor y
+mayor templo de cuantos fabricó la antigüedad ni el siglo de agora
+reconoce. No quiero decirte por menudo sus grandezas; basta afirmarte
+que su cirio pascual pesa ochenta y cuatro arrobas de cera<a name="FNanchor_445_445" id="FNanchor_445_445"></a><a href="#Footnote_445_445" class="fnanchor">[445]</a>, y el
+candelero de tinieblas, de grandeza notable, es de bronce, y de tanta
+ostentación y artificio, que si fuera de oro no hubiera costado
+tanto<a name="FNanchor_446_446" id="FNanchor_446_446"></a><a href="#Footnote_446_446" class="fnanchor">[446]</a>. Su custodia es otra torre de plata, de la misma fábrica y
+modelo<a name="FNanchor_447_447" id="FNanchor_447_447"></a><a href="#Footnote_447_447" class="fnanchor">[447]</a>; su trascoro no perdonó piedra esquisita y preciosa a los
+minerales; su monumento es un templo portátil de Salomón<a name="FNanchor_448_448" id="FNanchor_448_448"></a><a href="#Footnote_448_448" class="fnanchor">[448]</a>.</p>
+
+<p>Pero salgámonos della; que aun con las relaciones ni los pensamientos no
+podemos los demonios pasealla, y vuelve los ojos a aquel edificio que se
+llama la Lonja<a name="FNanchor_449_449" id="FNanchor_449_449"></a><a href="#Footnote_449_449" class="fnanchor">[449]</a>, cortada del pernil de San Lorenzo el Real, diseño
+de don Felipe II, y a mano derecha della está el Alcázar, posada real y
+antigua de los reyes de Castilla, fértil albergue de la primavera, de
+quien es ilustrísimo Alcaide el Conde Duque de Sanlúcar la Mayor, gran
+Adtlante<a name="FNanchor_450_450" id="FNanchor_450_450"></a><a href="#Footnote_450_450" class="fnanchor">[450]</a> del Hércules de España, cuya prudentísima cabeza es el
+reloj del gobierno de su monarquía; que a no estar labrado el Buen
+Retiro<a name="FNanchor_451_451" id="FNanchor_451_451"></a><a href="#Footnote_451_451" class="fnanchor">[451]</a>, fábrica de inimitable ejemplar por el edificio, los
+jardines y estanques, tuviera este palacio sevillano la primacía de
+todas las casas reales del mundo, poniendo en primer lugar el real salón
+que la majestad del rey don Felipe IV el Grande ha copiado de su divina
+idea, donde todas las admiraciones vienen cortas, y las mayores
+grandezas enjaguadas<a name="FNanchor_452_452" id="FNanchor_452_452"></a><a href="#Footnote_452_452" class="fnanchor">[452]</a>. Más adelante está la Casa de la Contratación,
+que tantas veces se ve enladrillada de barras de oro y de plata<a name="FNanchor_453_453" id="FNanchor_453_453"></a><a href="#Footnote_453_453" class="fnanchor">[453]</a>.
+Luego está la casa del bizarro Conde de Cantillana, gran cortesano,
+galán y palaciego, airoso caballero de la plaza<a name="FNanchor_454_454" id="FNanchor_454_454"></a><a href="#Footnote_454_454" class="fnanchor">[454]</a>, crédito de sus
+aplausos y alegría de sus Reyes; que esto confiesan los toros de Tarifa
+y Jarama cuando cumplen con sus rejones, como con la parroquia<a name="FNanchor_455_455" id="FNanchor_455_455"></a><a href="#Footnote_455_455" class="fnanchor">[455]</a>.
+Luego está, junto a la puerta de Jerez, la gran Casa de la Moneda, donde
+siempre hay montones de oro y de plata<a name="FNanchor_456_456" id="FNanchor_456_456"></a><a href="#Footnote_456_456" class="fnanchor">[456]</a>, como de trigo, y junto a
+ella, el Aduana, tarasca de todas las mercaderías del mundo, con dos
+bocas, una a la ciudad y otra al río, donde está la Torre del Oro y el
+muelle, chupadera de cuanto traen amontonado los galeones en los
+tuétanos de sus camarotes. A mano derecha está la puente de Triana<a name="FNanchor_457_457" id="FNanchor_457_457"></a><a href="#Footnote_457_457" class="fnanchor">[457]</a>,
+de madera, sobre trece barcos. Y más abajo, en el margen del celebrado
+río, las Cuevas, monasterio insigne de la Cartuja de San Bruno, que, con
+profesar el silencio mudo, vive a la lengua del agua<a name="FNanchor_458_458" id="FNanchor_458_458"></a><a href="#Footnote_458_458" class="fnanchor">[458]</a>.</p>
+
+<p>A estotra parte, sobre la orilla de Guadalquivir<a name="FNanchor_459_459" id="FNanchor_459_459"></a><a href="#Footnote_459_459" class="fnanchor">[459]</a>, está Gelves,
+donde todos los romances antiguos de moros<a name="FNanchor_460_460" id="FNanchor_460_460"></a><a href="#Footnote_460_460" class="fnanchor">[460]</a> iban a jugar cañas, y
+hoy de sus ilustres condes<a name="FNanchor_461_461" id="FNanchor_461_461"></a><a href="#Footnote_461_461" class="fnanchor">[461]</a> y del gran Duque de Veragua, hijo y
+retrato de tan gran padre;</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 4em;">que es, para no tener a mundos miedo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Portugal y Colón, Castro y Toledo<a name="FNanchor_462_462" id="FNanchor_462_462"></a><a href="#Footnote_462_462" class="fnanchor">[462]</a>.</span><br />
+</p>
+
+<p>&mdash;Soltáronsete&mdash;dijo don Cleofás&mdash;los consonantes, camarada.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidado fué, y no descuido&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;, porque me deba más
+que prosa el dueño destas alabanzas.</p>
+
+<p>Y prosiguió diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Allí es el Alamillo, donde se pescan los sábalos<a name="FNanchor_463_463" id="FNanchor_463_463"></a><a href="#Footnote_463_463" class="fnanchor">[463]</a>, albures y
+sollos, y más abajo cae el Algaba, de los esclarecidos marqueses deste
+título, de Ardales, y condes de Teba, Guzmanes en todo. De esotra parte
+cae el Castellar, de los Ramírez y Saavedras, y a la vuelta,
+Villamanrique, de las Zúñigas<a name="FNanchor_464_464" id="FNanchor_464_464"></a><a href="#Footnote_464_464" class="fnanchor">[464]</a>, de la gran casa de Béjar, cuyo
+último malogrado marqués fué Guzmán dos veces Bueno, sobrino del gran
+Patriarca de las Indias, capellán y limosnero mayor del Rey, cuya
+generosa piedad se taracea con su oficio y con su sangre, y hermano del
+gran Duque de Sidonia<a name="FNanchor_465_465" id="FNanchor_465_465"></a><a href="#Footnote_465_465" class="fnanchor">[465]</a>, cuyo solio es Sanlúcar de Barrameda, corte
+suya, que está ese río abajo, siendo Narciso del Océano y Generalísimo
+del Andalucía y de las costas del mar de España, a cuyo bastón y siempre
+planta vencedora obedece el agua y la tierra, asegurando a su Rey toda
+su monarquía en aquel promontorio donde asiste<a name="FNanchor_466_466" id="FNanchor_466_466"></a><a href="#Footnote_466_466" class="fnanchor">[466]</a>, para blasón del
+mundo. Y pues ya llega la noche, y destas alabanzas no puedo salir menos
+que callando para encarecellas, dejemos para mañana lo demás;&mdash;bajándose
+del terrado a tratar que se aderezase la cena, y a salir un poco por la
+ciudad a su insigne Alameda, que hizo y adornó con las dos colunas de
+Hércules el Conde de Barajas<a name="FNanchor_467_467" id="FNanchor_467_467"></a><a href="#Footnote_467_467" class="fnanchor">[467]</a>, asistente de Sevilla, y después, de
+Castilla dignísimo presidente.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_VIII" id="TRANCO_VIII"></a>TRANCO VIII</h2>
+
+<p>Ya, para ejecutar su disignio<a name="FNanchor_468_468" id="FNanchor_468_468"></a><a href="#Footnote_468_468" class="fnanchor">[468]</a>, había tomado doña Tomasa<a name="FNanchor_469_469" id="FNanchor_469_469"></a><a href="#Footnote_469_469" class="fnanchor">[469]</a> (que
+siempre tomaba, por cumplir con su nombre y su condición) una litera
+para Sevilla, y una acémila en que llevar algunos baúles para su ropa
+blanca y algunas galas, con las del dicho galán soldado, que, metiéndose
+los dos en la dicha litera, partieron de Madrid, como unos
+hermanos<a name="FNanchor_470_470" id="FNanchor_470_470"></a><a href="#Footnote_470_470" class="fnanchor">[470]</a>, con la requisitoria que hemos referido. Y a nuestro
+Astrólogo no le habían dado sepultura, sobre las barajas de un
+testamento que había hecho unos días antes y descubrieron en un
+escritorio unos deudos suyos, y estaba la justicia poniendo en razón
+esta litispendencia. Y el Cojuelo y don Cleofás, que habían dormido
+hasta las dos de la tarde, por haber andado rondando la noche antes, la
+mayor parte della, por Sevilla, después de haber comido algunos pescados
+regalados<a name="FNanchor_471_471" id="FNanchor_471_471"></a><a href="#Footnote_471_471" class="fnanchor">[471]</a> de aquella ciudad y del pan que llaman de Gallegos<a name="FNanchor_472_472" id="FNanchor_472_472"></a><a href="#Footnote_472_472" class="fnanchor">[472]</a>,
+que es el mejor del mundo, y habiendo dormido la siesta (bien que el
+compañero siempre velaba, haciendo diligencias para lisonjear a su dueño
+en razón de su delito), se subieron al dicho terrado, como la tarde
+antes, y enseñándole algunos particulares edificios a su compañero, de
+los que habían quedado sin referir la tarde antes en aquel golfo de
+pueblos, suspiró dos veces don Cleofás, y preguntóle el Cojuelo:</p>
+
+<p>&mdash;¿De qué te has acordado, amigo? ¿Qué memorias te han dividido esas dos
+exhalaciones de fuego desde el corazón a la boca?</p>
+
+<p>&mdash;Camarada&mdash;le respondió el Estudiante&mdash;, acordéme de la calle Mayor de
+Madrid y de su insigne paseo a estas horas, hasta dar en el Prado.</p>
+
+<p>&mdash;Fácil cosa será verle&mdash;dijo el Diablillo&mdash;tan al vivo como está
+pasando agora: pide un espejo a la Güéspeda y tendrás el mejor rato que
+has tenido en tu vida; que aunque yo, por la posta, en un abrir y cerrar
+de ojos, te pudiera poner en él<a name="FNanchor_473_473" id="FNanchor_473_473"></a><a href="#Footnote_473_473" class="fnanchor">[473]</a>, porque las que yo conozco comen
+alas del viento por cebada, no quiero que dejemos a Sevilla<a name="FNanchor_474_474" id="FNanchor_474_474"></a><a href="#Footnote_474_474" class="fnanchor">[474]</a> hasta
+ver en qué paran las diligencias de Cienllamas y las de tu dama, que
+viene caminando acá, y me hallo en este lugar muy bien<a name="FNanchor_475_475" id="FNanchor_475_475"></a><a href="#Footnote_475_475" class="fnanchor">[475]</a>, porque
+alcanzan a él las conciencias de Indias.</p>
+
+<p>A este mismo tiempo subía a su terrado Rufina María, que así se llamaba
+la güéspeda, dama entre nogal y granadillo, por no llamarla mulata, gran
+piloto de los rumbos más secretos de Sevilla, y alfaneque<a name="FNanchor_476_476" id="FNanchor_476_476"></a><a href="#Footnote_476_476" class="fnanchor">[476]</a> de volar
+una bolsa de bretón desde su faldriquera a las garras de tanta
+doncelliponiente<a name="FNanchor_477_477" id="FNanchor_477_477"></a><a href="#Footnote_477_477" class="fnanchor">[477]</a> como venían a valerse della. Iba en jubón de
+holanda blanca acuchillado<a name="FNanchor_478_478" id="FNanchor_478_478"></a><a href="#Footnote_478_478" class="fnanchor">[478]</a>, con una enaguas blancas de
+cotonía<a name="FNanchor_479_479" id="FNanchor_479_479"></a><a href="#Footnote_479_479" class="fnanchor">[479]</a>, zapato de ponleví<a name="FNanchor_480_480" id="FNanchor_480_480"></a><a href="#Footnote_480_480" class="fnanchor">[480]</a>, con escarpín<a name="FNanchor_481_481" id="FNanchor_481_481"></a><a href="#Footnote_481_481" class="fnanchor">[481]</a> sin media, como
+es usanza en esta tierra entre la gente tapetada<a name="FNanchor_482_482" id="FNanchor_482_482"></a><a href="#Footnote_482_482" class="fnanchor">[482]</a>, que a estas horas
+se subía a su azotea a tocar<a name="FNanchor_483_483" id="FNanchor_483_483"></a><a href="#Footnote_483_483" class="fnanchor">[483]</a> de la tarántula con un peine y un
+espejo que podía ser de armar<a name="FNanchor_484_484" id="FNanchor_484_484"></a><a href="#Footnote_484_484" class="fnanchor">[484]</a>; y el Cojuelo, viendo la ocasión, se
+le pidió con mucha cortesía para el dicho efeto, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Bien puede estar aquí la señora Güéspeda; que yo sé que tiene
+inclinación a estas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, señor!&mdash;respondió la Rufina María&mdash;, si son de la
+nigromancía<a name="FNanchor_485_485" id="FNanchor_485_485"></a><a href="#Footnote_485_485" class="fnanchor">[485]</a>, me pierdo por ellas; que nací en Triana, y sé echar
+las habas<a name="FNanchor_486_486" id="FNanchor_486_486"></a><a href="#Footnote_486_486" class="fnanchor">[486]</a> y andar el cedazo<a name="FNanchor_487_487" id="FNanchor_487_487"></a><a href="#Footnote_487_487" class="fnanchor">[487]</a> mejor que cuantas hay de mi
+tamaño, y tengo otros primores mejores, que fiaré de vuesas mercedes si
+me la hacen, aunque todos los que son entendidos me dicen que son
+disparates.</p>
+
+<p>&mdash;No dicen mal&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;; pero, con todo eso, señora Rufina
+María, de tan gran talento se pueden fiar los que yo quiero enseñar a mi
+camarada. Esté atenta.</p>
+
+<p>Y tomando el espejo en la mano, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aquí quiero enseñalles a los dos lo que a estas horas pasa en la calle
+Mayor<a name="FNanchor_488_488" id="FNanchor_488_488"></a><a href="#Footnote_488_488" class="fnanchor">[488]</a> de Madrid, que esto sólo un demonio lo puede hacer, y yo. Y
+adviértase que en las alabanzas de los señores que pasaren, que es
+mesa<a name="FNanchor_489_489" id="FNanchor_489_489"></a><a href="#Footnote_489_489" class="fnanchor">[489]</a> redonda<a name="FNanchor_490_490" id="FNanchor_490_490"></a><a href="#Footnote_490_490" class="fnanchor">[490]</a>, que cada uno de por sí hace cabecera, y que no
+es pleito de acreedores, que tienen unos antelaciones a otros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, señor!&mdash;dijo la tal Rufina&mdash;, comience vuesa merced, que será
+mucho de ver; que yo cuando niña estuve en la Corte con una dama que se
+fué tras de un caballero del hábito de Calatrava que vino a hacer aquí
+unas pruebas, y después me volvieron mis padres a Sevilla, y quedé con
+grande inclinación a esa calle, y me holgaría de volverla a ver, aunque
+sea en este espejo.</p>
+
+<p>Apenas acabó de decir esto la Güéspeda, cuando comenzaron a pasar
+coches, carrozas, y literas, y sillas, y caballeros a caballo, y tanta
+diversidad de hermosuras y de galas, que parecía que se habían soltado
+abril y mayo y desatado las estrellas<a name="FNanchor_491_491" id="FNanchor_491_491"></a><a href="#Footnote_491_491" class="fnanchor">[491]</a>. Y don Cleofás, con tanto
+ojo<a name="FNanchor_492_492" id="FNanchor_492_492"></a><a href="#Footnote_492_492" class="fnanchor">[492]</a>, por ver si pasaba doña Tomasa; que todavía la tenía en el
+corazón, sin haberse templado con tantos desengaños. ¡Oh proclive
+humanidad nuestra, que con los malos términos se abrasa, y con los
+agasajos se destempla<a name="FNanchor_493_493" id="FNanchor_493_493"></a><a href="#Footnote_493_493" class="fnanchor">[493]</a>! Pero la tal doña Tomasa, a aquellas horas,
+ya había pasado de Illescas en su litera de dos yemas<a name="FNanchor_494_494" id="FNanchor_494_494"></a><a href="#Footnote_494_494" class="fnanchor">[494]</a>.</p>
+
+<p>La Rufina María estaba sin juicio mirando tantas figuras como en aquel
+teatro del mundo iban representando papeles diferentes, y dijo al
+Cojuelo:</p>
+
+<p>&mdash;Señor Güésped, enséñeme al Rey y a la Reina; que los deseo ver y no
+quiero perder esta ocasión.</p>
+
+<p>&mdash;Hija&mdash;le respondió el Cojuelo&mdash;, en estos paseos ordinarios no salen
+Sus Majestades; si quiere ver sus retratos al vivo, presto llegaremos
+adonde cumpla su deseo.</p>
+
+<p>&mdash;Sea en hora buena&mdash;dijo la tal Rufina, y prosiguió, diciendo&mdash;: ¿Quién
+es este caballero y gran señor que pasa agora con tanto lucimiento de
+lacayos y pajes en ese coche que puede ser carroza del sol?</p>
+
+<p>El Cojuelo le respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Este es el almirante de Castilla don Juan Alfonso Enríquez de Cabrera,
+duque de Medina de Ríoseco y conde de Módica, terror de Francia en
+Fuenterrabía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, señor!&mdash;dijo la Rufina&mdash;. ¿Aquél nos echó los franceses de
+España? Dios le guarde muchos años.</p>
+
+<p>&mdash;El y el gran Marqués de los Vélez&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;fueron los
+Pelayos segundos, sin segundos, de su patria Castilla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién viene en aquella carroza que parece de la Primavera?&mdash;preguntó
+la Rufina.</p>
+
+<p>&mdash;Allí viene&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;el Conde de Oropesa y Alcaudete, sangre
+de Toledo, Pimentel, y de la real de Portugal, príncipe de grandes
+partes; y el que va a su mano derecha es el Conde de Luna su primo,
+Quiñones y Pimentel, señor de la casa de Benavides en León, hijo
+primogénito del Conde de Benavente, que es Luna que también resplandece
+de día. El Conde de Lemos y Andrade, marqués de Sarria, pertiguero mayor
+de Santiago, Castro y Enríquez, del gran Duque de Arjona, viene en aquel
+coche; tan entendido y generoso como gran señor. Y en esotro, el Conde
+de Monterrey y Fuentes, presidente de Italia, que ha venido de ser
+Virrey de Nápoles, dejando de su gobierno tanto aplauso a las dos
+Sicilias y sucediéndole en esta dignidad el Duque de las Torres, marqués
+de Liche<a name="FNanchor_495_495" id="FNanchor_495_495"></a><a href="#Footnote_495_495" class="fnanchor">[495]</a> y de Toral, señor del castillo de Aviados, sumiller de
+corps de su Majestad, príncipe de Astillano, y duque de Sabioneta, que
+este título es el más compatible con su grandeza; a quien acompaña, con
+no menos sangre y divino ingenio, en Italia, el Marqués de
+Alcañizas<a name="FNanchor_496_496" id="FNanchor_496_496"></a><a href="#Footnote_496_496" class="fnanchor">[496]</a>, Almansa, Enríquez y Borja. Allí viene el Condestable
+prudentísimo Velasco, gentilhombre de la cámara de su Majestad, con su
+hermano el Marqués del Fresno. El Duque de Hijar le sigue, Silva, y
+Mendoza, y Sarmiento, marqués de Alenquer y Ribadeo, gran cortesano y
+hombre de a caballo grande en entrambas sillas<a name="FNanchor_497_497" id="FNanchor_497_497"></a><a href="#Footnote_497_497" class="fnanchor">[497]</a>, que por el último
+título que hemos dicho tiene previlegio de comer con los Reyes la Pascua
+deste nombre. Va con él el Marqués de los Balbases, Espínola, cuyo
+apellido puso su gran padre sobre las estrellas. Allí va el Conde de
+Altamira, Moscoso y Sandoval, gran señor y caballero en todo,
+caballerizo mayor de su Majestad de la Reina. Allí pasa el Marqués de
+Pobar, Aragón, con don Antonio de Aragón su hermano, del Consejo de
+Ordenes y del supremo de la Inquisición. Los que atraviesan en aquel
+coche agora son el Marqués de Jódar y el Conde de Peñaranda, del Consejo
+Real de Castilla, ambos Simancas<a name="FNanchor_498_498" id="FNanchor_498_498"></a><a href="#Footnote_498_498" class="fnanchor">[498]</a> de la jurispericia como de la
+nobleza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién son aquellos dos mozos que van juntos&mdash;preguntó Rufina&mdash;, de
+una misma edad, al parecer, y que llevan<a name="FNanchor_499_499" id="FNanchor_499_499"></a><a href="#Footnote_499_499" class="fnanchor">[499]</a> llaves doradas?</p>
+
+<p>&mdash;El Marqués de la Hinojosa&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;, conde de Aguilar y
+señor de los Cameros, Ramírez y Arellano, es el uno, y el otro es el
+Marqués de Aytona, favorecedor de la Música y de la Poesía, que heredó,
+hasta la posteridad, de su padre, entrambos camaristas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué coche es aquél tan lleno, que va espumando sangre<a name="FNanchor_500_500" id="FNanchor_500_500"></a><a href="#Footnote_500_500" class="fnanchor">[500]</a>
+generosísima en tantos bizarros mozos?&mdash;preguntó la tal Güéspeda.</p>
+
+<p>&mdash;Es del Duque del Infantado&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, cabeza de los Mendozas
+y Sandoval de varón, marqués de Santillana y del Cenete, conde de
+Saldaña y del Real de Manzanares, hijo y retrato de tan gran padre. Los
+que van con él son el Marqués de Almenara, el más bizarro, galán y bien
+visto de la Corte, hijo del gran Marqués de Orani, el Almirante de
+Aragón, perfecto caballero, el Marqués de San Román, caballero de veras,
+heredero del gran Marqués de Velada, rayo de Orán, de Holanda y
+Gelanda, y su hermano el Marqués de Salinas, que iguala el alma con el
+cuerpo, copias vivas de tan gran padre, y don Iñigo Hurtado de Mendoza,
+primo del Duque del Infantado, grandes caballeros todos y señores, que
+ellos solos pueden alabarse a ellos mismos<a name="FNanchor_501_502" id="FNanchor_501_502"></a><a href="#Footnote_501_502" class="fnanchor">[501]</a> con decir quién son; que
+todas lenguas de la Fama no bastan. Va con ellos don Francisco de
+Mendoza, gentilhombre cortesano, favorecido de todos y diestro en
+entrambas sillas de la espada blanca y negra<a name="FNanchor_502_503" id="FNanchor_502_503"></a><a href="#Footnote_502_503" class="fnanchor">[502]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tropa es esta que viene agora a caballo?&mdash;preguntó la Rufina.</p>
+
+<p>&mdash;Si pasan a espacio, te lo diré&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;. Estos dos primeros
+son el Conde de Melgar y el Marqués de Peñafiel, que llevan en sus
+títulos sus aplausos; don Baltasar de Zúñiga, el Conde de Brandevilla su
+hermano, hijos del Marqués de Mirabel, y que lo parecen en todo; el
+Conde de Medellín, Portocarrero de varón, y el Príncipe de Arambergue,
+primogénito del Duque de Ariscot; el Marqués de la Guardia, que tiene
+título de ángel; el Marqués de la Liseda, Silva y Manrique de Lara, y
+[don] Diego Gómez de Sandoval, comendador mayor de Calatrava, marqués de
+Villazores, Añover y Humanes, don Baltasar de Guzmán y Mendoza, heredero
+de la gran casa de Orgaz; Arias Gonzalo, primogénito del Conde de
+Puñonrostro, imitando las bizarrías de su padre y afianzando las
+imitaciones de su muy invencible agüelo. Allí vienen el Conde de Molina
+y don Antonio Mesía de Tobar su hermano, siendo crédito recíprocamente
+el uno del otro. Y entre ellos, don Francisco Luzón, blasón deste
+apellido en Madrid, cuyo magnánimo corazón hallara<a name="FNanchor_503_504" id="FNanchor_503_504"></a><a href="#Footnote_503_504" class="fnanchor">[503]</a> estrecha posada
+en un gigante. Va con él don José de Castrejón, deudo suyo, gran
+caballero, y ambos, sobrinos del ilustrísimo Presidente de Castilla. En
+este coche que les sigue viene el Duque de Pastrana, cabeza de los
+Silvas, estudioso príncipe y gran señor, con el Marqués de Palacios,
+mayordomo del Rey y decendiente único de Men Rodríguez de Sanabria,
+señor de la Puebla de Sanabria, mayordomo mayor del rey don Pedro; el
+Conde de Grajal, gran señor, y el Conde de Galve, su hermano del Duque,
+molde de buenos caballeros, y en quien se hallara, si se perdiera<a name="FNanchor_504_505" id="FNanchor_504_505"></a><a href="#Footnote_504_505" class="fnanchor">[504]</a>,
+la cortesía. Los demás que van acompañándole son hombres insignes de
+diferentes profesiones; que éste es siempre su séquito. Viene hablando
+en otro coche con el Príncipe de Esquilache su tío y con el Duque de
+Villahermosa don Carlos, su hermano, éste, del Consejo de Estado de su
+Majestad, y esotro, príncipe de los ingenios. Va con ellos el duque mozo
+de Villahermosa, don Fernando, en quien lo entendido y lo bizarro corren
+parejas, y don Fernando de Borja, comendador mayor de Montesa, de la
+cámara de su Majestad, con veinte y dos cursos de virrey, que se puede
+graduar de Catón Uticense y Censorino. Allí viene el Marqués de Santa
+Cruz, Neptuno español y mayordomo mayor de la Reina nuestra señora.
+Aquél es el Conde de Alba de Liste, con el Marqués de Tabara y el
+Conde de Puñonrostro. Y tras ellos, el Duque de Nochera, Héctor
+napolitano y gobernador hoy de Aragón. En ese coche que se sigue viene
+el Conde de Coruña, Mendoza y Hurtado de las Nueve Musas, honra de los
+consonantes castellanos, en compañía del Conde de la Puebla de
+Montalbán, Pacheco y Girón. Allí, el Marqués de Malagón, Ulloa y
+Saavedra, y el Marqués de Malpica, Barroso y Ribera, y el de Frómista,
+padre del Marqués de Caracena, celebrado por Marte castellano en Italia,
+y el Conde de Orgaz, Guzmán y Mendoza, de Santo Domingo y San
+Ilefonso<a name="FNanchor_505_506" id="FNanchor_505_506"></a><a href="#Footnote_505_506" class="fnanchor">[505]</a>, todos Mayordomos del Rey. Aquel que va en aquel coche es
+el Marqués de Floresdávila, Zúñiga y Cueva, tío del gran Duque de
+Alburquerque, que hoy está sirviendo con una pica en Flandes, capitán
+general de Orán, donde fué asombro del África levantando las banderas de
+su Rey veinte y cinco leguas dentro de la Berbería. Allí va el Conde de
+Castrollano, napolitano Adonis. Allí va el Conde de Garcíes, Quesada y
+andaluz gallardo, el Marqués de Velmar<a name="FNanchor_506_507" id="FNanchor_506_507"></a><a href="#Footnote_506_507" class="fnanchor">[506]</a>, el Marqués de Tarazona,
+Conde de Ayala, Toledo y Fonseca, el Conde de Santisteban y Cocentaina y
+el Conde de Cifuentes, divinos ingenios; el Conde de la Calzada, y tras
+él, el Duque de Peñaranda, Sandoval y Zúñiga. Y en esotro coche, don
+Antonio de Luna y don Claudio Pimentel, del Consejo de Ordenes, Cástor y
+Pólux de la amistad y de la generosidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, señor!, aquel que pasa en aquel coche&mdash;dijo la Rufina&mdash;, si no me
+engaño, es de Sevilla, y se llama Luis Ponce de Sandoval, Marqués de
+Valdeencinas, y como que me crié en su casa.</p>
+
+<p>El Cojuelo respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Es un muy gran caballero y el más bien quisto que hay en esta tierra
+ni en la Corte; que no es pequeño encarecimiento. Y aquel con quien va
+es el Marqués de Ayamonte, estirado título de Castilla y Zúñiga de
+varón; y no menos que él es ese que viene en ese coche, el Conde de la
+Puebla del Maestre, que tiene más maestres en su sangre que condes, mozo
+de grandes esperanzas, y lo fuera de mayores posesiones si tuviera de su
+parte la atención de la Fortuna. Allí pasa el Conde de Castrillo, Haro,
+hermano del gran Marqués de Carpio, presidente de Indias, y tras él, el
+Marqués de Ladrada<a name="FNanchor_507_508" id="FNanchor_507_508"></a><a href="#Footnote_507_508" class="fnanchor">[507]</a> y el Conde de Baños, padre y hijo, Cerdas, de la
+gran casa de Medinaceli. Esotro es el Marqués de los Trujillos, bizarro
+caballero. Y tras ellos, el Conde de Fuensalida, con don Jaime Manuel,
+de la cámara de su Majestad y hermano del Duque de Maqueda y
+Nájara<a name="FNanchor_508_509" id="FNanchor_508_509"></a><a href="#Footnote_508_509" class="fnanchor">[508]</a>, que hoy gobierna el tridente de ambos mares.</p>
+
+<p>&mdash;Dígame vuesa merced, señor Licenciado&mdash;dijo la Rufina&mdash;: ¿qué casas
+sumptuosas son estas que están enfrente destas joyeras?</p>
+
+<p>&mdash;Son del Conde de Oñate<a name="FNanchor_509_510" id="FNanchor_509_510"></a><a href="#Footnote_509_510" class="fnanchor">[509]</a>&mdash;dijo el Diablillo&mdash;, timbre
+esclarecídisimo de los Ladrones de Guevara, Mercurio Mayor<a name="FNanchor_510_511" id="FNanchor_510_511"></a><a href="#Footnote_510_511" class="fnanchor">[510]</a> de
+España y Conde de Villamediana, hijo de un padre que hace emperadores, y
+es hoy presidente de Ordenes.</p>
+
+<p>&mdash;Y aquellas gradas que están allí enfrente&mdash;prosiguió la tal Rufina
+María&mdash;, tan llenas de gente, ¿de qué templo son, o qué hacen allí tanta
+variedad de hombres vestidos de diferentes colores?</p>
+
+<p>&mdash;Aquéllas son las gradas de San Felipe&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;,
+convento de San Agustín, que es el mentidero<a name="FNanchor_511_512" id="FNanchor_511_512"></a><a href="#Footnote_511_512" class="fnanchor">[511]</a> de los soldados, de
+adonde salen las nuevas primero que los sucesos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué entierro es éste tan sumptuoso que pasa por la calle
+Mayor?&mdash;preguntó don Cleofás, que estaba tan aturdido<a name="FNanchor_512_513" id="FNanchor_512_513"></a><a href="#Footnote_512_513" class="fnanchor">[512]</a> como la
+mulata.</p>
+
+<p>&mdash;Éste es el de nuestro Astrólogo&mdash;respondió el Cojuelo&mdash;, que ayunó
+toda su vida, para que se lo coman todos éstos en su muerte, y siendo su
+retiro tan grande cuando vivo, ordenó que le paseasen por la calle Mayor
+después de muerto<a name="FNanchor_513_514" id="FNanchor_513_514"></a><a href="#Footnote_513_514" class="fnanchor">[513]</a>, en el testamento que hallaron sus parientes.</p>
+
+<p>&mdash;Bellaco coche&mdash;dijo don Cleofás&mdash;es un ataúd para ese paseo.</p>
+
+<p>&mdash;Los más ordinarios son ésos&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, y los que ruedan más
+en el mundo. Y ahora me parece&mdash;prosiguió diciendo&mdash;que estarán mis amos
+menos indignados conmigo, pues la prenda que solicitaban por mí la
+tienen allá, hasta que vaya estotra mitad, que es el cuerpo, a regalarse
+en aquellos baños de piedra azufre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Con sus tizones se lo coma<a name="FNanchor_514_515" id="FNanchor_514_515"></a><a href="#Footnote_514_515" class="fnanchor">[514]</a>!&mdash;dijo don Cleofás.</p>
+
+<p>Y la Rufina estaba absorta mirando su calle Mayor, que no les entendió
+la plática, y volviéndose a ella el Cojuelo, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ya vamos llegando, señora Güéspeda, donde cumpla lo que desea; que ésa
+es la puerta del Sol y la plaza de armas de la mejor fruta<a name="FNanchor_515_516" id="FNanchor_515_516"></a><a href="#Footnote_515_516" class="fnanchor">[515]</a> que hay
+en Madrid. Aquella bellísima fuente de lapislázuli y alabastro es la del
+Buen Suceso<a name="FNanchor_516_517" id="FNanchor_516_517"></a><a href="#Footnote_516_517" class="fnanchor">[516]</a>, adonde, como en pleito de acreedores, están los
+aguadores gallegos y coritos gozando de sus antelaciones para llenar de
+agua los cántaros. Aquélla es la Victoria<a name="FNanchor_517_518" id="FNanchor_517_518"></a><a href="#Footnote_517_518" class="fnanchor">[517]</a>, de frailes mínimos de
+San Francisco de Paula, retrato de aquel humilde y seráfico portento que
+en el palacio de Dios ocupa el asiento de nuestro soberbio príncipe
+Lucifer; y mire allí enfrente los retratos que yo la prometí
+enseñar;&mdash;sin estar la dicha mulata en la plática que hacia don Cleofás
+había dirigido el tal Cojuelo, y diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué linda hilera de señores, que parece que están vivos!</p>
+
+<p>&mdash;El Rey nuestro señor es el primero&mdash;dijo el Cojuelo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hombre está!&mdash;dijo la mulata&mdash;. ¡Qué bizarros bigotes tiene, y
+cómo parece rey en la cara y en el arte! ¡Qué hermosa que está<a name="FNanchor_518_519" id="FNanchor_518_519"></a><a href="#Footnote_518_519" class="fnanchor">[518]</a>
+junto a él la Reina nuestra señora, y qué bien vestida y tocada! ¡Dios
+nos la guarde! Y aquel niño de oro que se sigue luego, ¿quién es?</p>
+
+<p>&mdash;El Príncipe, nuestro señor&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, que pienso que le crió
+Dios en la turquesa de los ángeles.</p>
+
+<p>&mdash;Dios le bendiga&mdash;replicó Rufina&mdash;, y mi ojo no le haga mal<a name="FNanchor_519_520" id="FNanchor_519_520"></a><a href="#Footnote_519_520" class="fnanchor">[519]</a>; y
+viviendo más que el mundo, nunca herede a su padre, y viva su padre más
+siglos que tiene almenas en su monarquía. ¡Ay, señor!&mdash;prosiguió
+Rufina&mdash;, ¿quién es aquel caballero que, al parecer, está vestido a la
+turquesca, con aquella señora tan linda al lado, vestida a la española?</p>
+
+<p>&mdash;No es&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;traje turquesco; que es la usanza húngara,
+como ha sido rey de Hungría: que es Ferdinando de Austria, cesáreo
+emperador de Alemania y rey de Romanos, y la emperatriz su esposa María,
+serenísima infanta de Castilla, que hasta los demonios&mdash;volviéndose a
+don Cleofás&mdash;celebramos sus grandezas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es aquel de tan hermosa cara y tan alentadas
+guedejas<a name="FNanchor_520_521" id="FNanchor_520_521"></a><a href="#Footnote_520_521" class="fnanchor">[520]</a>&mdash;preguntó la Mulata&mdash;, que está también en la cuadrilla
+vestido de soldado, tan galán, tan bizarro y tan airoso, que se lleva
+los ojos de todos, y tiene tanto auditorio mirándole?</p>
+
+<p>&mdash;Aquél es el serenísimo infante don Fernando&mdash;respondió el
+Cojuelo&mdash;questá por su hermano gobernando los estados de Flandes, y es
+arzobispo de Toledo y cardenal de España, y ha dado al infierno las
+mayores entradas de franceses y holandeses que ha tenido jamás después
+que<a name="FNanchor_521_522" id="FNanchor_521_522"></a><a href="#Footnote_521_522" class="fnanchor">[521]</a> se representa en él la eternidad de Dios, aunque entren las de
+Jerjes y Darío, y pienso que ha de hacer dar grada<a name="FNanchor_522_523" id="FNanchor_522_523"></a><a href="#Footnote_522_523" class="fnanchor">[522]</a> a mujeres de las
+luteranas y calvinistas y protestantes que siguen la seta de sus
+maridos, tanto, que los más de los días vuelve el dinero el purgatorio.</p>
+
+<p>&mdash;Gana me da, si pudiera&mdash;dijo la Mulata&mdash;, de dalle mil besos.</p>
+
+<p>&mdash;En país está&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, que tendrá el original bastante
+mercadería de eso; que esta ceremonia dejó Judas sembrada en aquellos
+países<a name="FNanchor_523_524" id="FNanchor_523_524"></a><a href="#Footnote_523_524" class="fnanchor">[523]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, cómo me pesa&mdash;dijo la Rufina&mdash;que va anocheciendo, y
+encubriéndose el concurso de la calle Mayor!</p>
+
+<p>&mdash;Ya todo ha bajado al Prado<a name="FNanchor_524_525" id="FNanchor_524_525"></a><a href="#Footnote_524_525" class="fnanchor">[524]</a>&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, y no hay nada que
+ver en ella; tome vuesa merced su espejo; que otro día le enseñaremos en
+él el río de Manzanares<a name="FNanchor_525_526" id="FNanchor_525_526"></a><a href="#Footnote_525_526" class="fnanchor">[525]</a>, que se llama <i>río</i> porque <i>se ríe</i> de los
+que van a bañarse en él, no teniendo agua; que solamente tiene regada la
+arena, y pasa el verano de noche<a name="FNanchor_526_527" id="FNanchor_526_527"></a><a href="#Footnote_526_527" class="fnanchor">[526]</a>, como río navarrisco<a name="FNanchor_527_528" id="FNanchor_527_528"></a><a href="#Footnote_527_528" class="fnanchor">[527]</a>, siendo
+el más merendado y cenado de cuantos ríos hay en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;El más caudal<a name="FNanchor_528_529" id="FNanchor_528_529"></a><a href="#Footnote_528_529" class="fnanchor">[528]</a> dél es&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, pues lleva más hombres,
+mujeres y coches que pescados los dos mares.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me espantaba yo&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;que no volvías por tu río.
+Respóndele eso al vizcaíno que dijo: «O vende puente, o compra río».</p>
+
+<p>&mdash;No ha menester mayor río Madrid<a name="FNanchor_529_530" id="FNanchor_529_530"></a><a href="#Footnote_529_530" class="fnanchor">[529]</a>&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, pues hay
+muchos en él que se ahogan en poca agua, y en menos se ahogara aquel
+regidor que entró en el Ayuntamiento de las ranas del Molino
+quemado<a name="FNanchor_530_531" id="FNanchor_530_531"></a><a href="#Footnote_530_531" class="fnanchor">[530]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué galante eres&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, don Cleofás, hasta contra tus
+regidores!</p>
+
+<p>Bajándose con esto de la azutea, y la Rufina protestando al Cojuelo que
+le había de cumplir la palabra al día siguiente. Todo lo cual y lo que
+más sucediere se deja para esotro tranco.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_IX" id="TRANCO_IX"></a>TRANCO IX</h2>
+
+<p>Y saliéndose al ejercicio de la noche pasada, aunque las calles de
+Sevilla, en la mayor parte, son hijas del Laberinto de Creta, como el
+Cojuelo era el Teseo de todas, sin el ovillo de Ariadna, llegaron al
+barrio del Duque, que es una plaza más ancha que las demás, ilustrada de
+las ostentosas casas de los Duques de Sidonia, como lo muestra sobre sus
+armas y coronel un niño con una daga en la mano<a name="FNanchor_531_532" id="FNanchor_531_532"></a><a href="#Footnote_531_532" class="fnanchor">[531]</a>, segundo Isaac en
+el hecho, como esotro en la obediencia, el dicho que murió sacrificado a
+la lealtad de su padre don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, alcaide de
+Tarifa; aposento siempre de los asistentes de Sevilla, y hoy del que con
+tanta aprobación lo es, el Conde de Salvatierra<a name="FNanchor_532_533" id="FNanchor_532_533"></a><a href="#Footnote_532_533" class="fnanchor">[532]</a>, gentilhombre de la
+cámara del señor infante Fernando y segundo Licurgo del gobierno. Y al
+entrar por la calle de las Armas, que se sigue luego a siniestra mano,
+en un gran cuarto bajo, cuyas rejas rasgadas descubrían algunas luces,
+vieron mucha gente de buena capa<a name="FNanchor_533_534" id="FNanchor_533_534"></a><a href="#Footnote_533_534" class="fnanchor">[533]</a> sentados con grande orden, y uno
+en una silla con un bufete delante, una campanilla, recado de escribir y
+papeles, y dos acólitos a los lados, y algunas mujeres con mantos, de
+medio ojo<a name="FNanchor_534_535" id="FNanchor_534_535"></a><a href="#Footnote_534_535" class="fnanchor">[534]</a>, sentadas en el suelo, que era un espacio que hacían
+los asientos, y el Cojuelo le dijo a don Cleofás:</p>
+
+<p>&mdash;Esta es una academia de los mayores ingenios de Sevilla, que se juntan
+en esta casa a conferir cosas de la profesión y hacer versos a
+diferentes asumptos<a name="FNanchor_535_536" id="FNanchor_535_536"></a><a href="#Footnote_535_536" class="fnanchor">[535]</a>: si quieres (pues eres hombre inclinado a esta
+habilidad), éntrate a entretener dentro; que por güéspedes y forasteros
+no podemos dejar de ser muy bien recibidos.</p>
+
+<p>Don Cleofás le respondió:</p>
+
+<p>&mdash;En ninguna parte nos podemos entretener tanto: entremos norabuena.</p>
+
+<p>Y trayendo en el aire, para entrar más de rebozo, el Diablillo dos pares
+de antojos, con sus cuerdas de guitarra para las orejas, que se las
+quitó a dos descorteses, que con este achaque palían su descortesía, que
+estaban durmiendo, por ejercella de noche y de día, entraron muy
+severos en la dicha Academia, que apatrocinaba, con el agasajo que
+suele, el Conde de la Torre, Ribera, y Saavedra, y Guzmán, y cabeza y
+varón de los Riberas. El presidente era Antonio Ortiz Melgarejo, de la
+insignia de San Juan<a name="FNanchor_536_537" id="FNanchor_536_537"></a><a href="#Footnote_536_537" class="fnanchor">[536]</a>, ingenio eminente de la Música y de la Poesía,
+cuya casa fué siempre el museo de la Poesía y de la Música. Era
+secretario Alvaro de Cubillo, ingenio granadino que había venido a
+Sevilla a algunos negocios de su importancia<a name="FNanchor_537_538" id="FNanchor_537_538"></a><a href="#Footnote_537_538" class="fnanchor">[537]</a>, excelente cómico y
+grande versificador, con aquel fuego andaluz que todos los que nacen en
+aquel clima tienen, y Blas de las Casas<a name="FNanchor_538_539" id="FNanchor_538_539"></a><a href="#Footnote_538_539" class="fnanchor">[538]</a> era fiscal, espíritu
+divino en lo divino y humano. Eran, entre los demás académicos,
+conocidos don Cristóbal de Rozas<a name="FNanchor_539_540" id="FNanchor_539_540"></a><a href="#Footnote_539_540" class="fnanchor">[539]</a> y don Diego de Rosas, ingenios
+peregrinos que han honrado el poema dramático<a name="FNanchor_540_541" id="FNanchor_540_541"></a><a href="#Footnote_540_541" class="fnanchor">[540]</a>, y don García de
+Coronel y Salcedo<a name="FNanchor_541_542" id="FNanchor_541_542"></a><a href="#Footnote_541_542" class="fnanchor">[541]</a>, fénix de las letras humanas y primer<a name="FNanchor_542_543" id="FNanchor_542_543"></a><a href="#Footnote_542_543" class="fnanchor">[542]</a>
+Píndaro andaluz.</p>
+
+<p>Levantáronse todos cuando entraron los forasteros, haciéndolos acomodar
+en los mejores lugares que se hallaron, y, sosegada la Academia al
+repique de la campanilla del Presidente, habiendo referido algunos
+versos de los sujetos<a name="FNanchor_543_544" id="FNanchor_543_544"></a><a href="#Footnote_543_544" class="fnanchor">[543]</a> que habían dado en la pasada, y que daban
+fin en los que entonces había leído con una silva al Fénix, que leyó
+doña Ana Caro<a name="FNanchor_544_545" id="FNanchor_544_545"></a><a href="#Footnote_544_545" class="fnanchor">[544]</a>, décima musa sevillana<a name="FNanchor_545_546" id="FNanchor_545_546"></a><a href="#Footnote_545_546" class="fnanchor">[545]</a>, les pidió el Presidente
+a los dos forasteros que por honrar aquella academia repitiesen algunos
+versos suyos, que era imposible dejar de hacerlos muy buenos los que
+habían entrado a oír los pasados; y don Cleofás, sin hacerse más de
+rogar, por parecer castellano entendido y cortesano de nacimiento,
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo obedezco, con este soneto que escribí a la gran máscara del Rey
+nuestro señor, que se celebró en el Prado alto, junto al Buen Retiro,
+tan grande anfiteatro, que borró la memoria de los antiguos griegos y
+romanos.</p>
+
+<p>Callaron todos, y dijo en alta voz, con acción bizarra y airoso ademán,
+desta suerte<a name="FNanchor_546_547" id="FNanchor_546_547"></a><a href="#Footnote_546_547" class="fnanchor">[546]</a>:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 12.5em;">SONETO</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Aquel que, más allá de hombre, vestido</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">De sus propios augustos esplendores,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Al sol por virrey tiene, y en mayores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Climas su nombre estrecha esclarecido,</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Aquel que, sobre un céfiro nacido,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Entre los ciudadanos moradores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Del Betis, a quien más que pació flores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Plumas para ser pájaro ha bebido,</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Aquel que a luz y a tornos desafía,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">En la mayor palestra que vió el suelo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Cuanta le ve estrellada monarquía,</span><br />
+
+<span style="margin-left: 4em;">Es, a pesar del bárbaro desvelo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Filipo el Grande, que, árbitro del día,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Está partiendo imperios con el Cielo;</span><br />
+</p>
+
+<p>aplaudiéndolo toda la Academia con vítores y un dilatado estruendo
+festivo; y apercibiéndose el Cojuelo para otro, destosiéndose como es
+costumbre en los hombres, siendo él espíritu, dijo deste modo:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 5em;">A UN SASTRE TAN CABALLERO, QUE NO QUERÍA CORTAR</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">LOS VESTIDOS DE SUS AMIGOS, REMITIÉNDOLOS A SU</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">MASEBARRILETE<a name="FNanchor_547_548" id="FNanchor_547_548"></a><a href="#Footnote_547_548" class="fnanchor">[547]</a>.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 14.5em;">SONETO</span><br />
+
+<span style="margin-left: 7em;">Pánfilo, ya que los eternos dioses,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Por el secreto fin de su juicio,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">No te han hecho tribuno ni patricio,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Con que a la dignidad del César oses,</span><br />
+
+<span style="margin-left: 7em;">Razón será que el ánimo reposes,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Haciendo en ti oblación y sacrificio;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Que dicen que no acudes a tu oficio</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Estos que cortan lo que tú no coses.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 7em;">Los ojos vuelve a tu primer estado:</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Las togas cose, y de vestillas deja;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Que un plebeyo no aspira al consulado.</span><br />
+
+<span style="margin-left: 7em;">Esto, Pánfilo, Roma te aconseja;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">No digan que de plumas que has hurtado</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Te has querido vestir, como corneja.</span><br />
+</p>
+
+<p>El soneto fué muy aplaudido de toda la Academia, diciendo los más
+noticiosos della que parecía epigrama de Marcial, o en su tiempo
+compuesto de algún poeta que le quiso imitar, y otros dijeron que
+adolecía<a name="FNanchor_548_549" id="FNanchor_548_549"></a><a href="#Footnote_548_549" class="fnanchor">[548]</a> del Doctor<a name="FNanchor_549_550" id="FNanchor_549_550"></a><a href="#Footnote_549_550" class="fnanchor">[549]</a> de Villahermosa, divino Juvenal aragonés,
+pidiendo el Conde de la Torre a don Cleofás y al Cojuelo que honrasen
+aquella junta lo que estuviesen en Sevilla, y que dijesen los nombres
+supuestos con que habían de asistilla, como se usó en la Corusca y en la
+academia<a name="FNanchor_550_551" id="FNanchor_550_551"></a><a href="#Footnote_550_551" class="fnanchor">[550]</a> de Capua, de Nápoles, de Roma y de Florencia, en Italia,
+y como se acostumbraba en aquélla. Don Cleofás dijo que se llamaba <i>el
+Engañado,</i> y el Cojuelo, <i>el Engañador,</i> sin entenderse el fundamento
+que tenían los dos nombres; y repartiendo los asuntos para la academia
+venidera, nombraron por presidente della al <i>Engañado</i> y por fiscal al
+<i>Engañador,</i> porque el oficio de secretario no se mudaba, haciéndoles
+esta lisonja por forasteros, y porque les pareció a todos que eran
+ingenios singulares. Y sacando una guitarra una dama de las tapadas,
+templada sin sentillo<a name="FNanchor_551_552" id="FNanchor_551_552"></a><a href="#Footnote_551_552" class="fnanchor">[551]</a>, con otras dos cantaron a tres voces un
+romance excelentísimo de don Antonio de Mendoza<a name="FNanchor_552_553" id="FNanchor_552_553"></a><a href="#Footnote_552_553" class="fnanchor">[552]</a>, soberano ingenio
+montañés, y dueño eminentísimo del estilo lírico, a cuya divina música
+vendrán estrechos todos los agasajos de su fortuna. Con que se acabó la
+academia de aquella noche, diviéndose los unos de los otros para sus
+posadas, aunque todavía era temprano, porque no habían dado las nueve, y
+don Cleofás y el Cojuelo se bajaron hacia el Almeda, con pretexto de
+tomar el fresco en la Alamenilla<a name="FNanchor_553_554" id="FNanchor_553_554"></a><a href="#Footnote_553_554" class="fnanchor">[553]</a>, baluarte bellísimo que resiste a
+Guadalquivir, para que no anegue aquel gran pueblo en las continuas y
+soberbias avenidas suyas. Y llegando a vista de San Clemente el Real,
+que estaba en el camino, a mano izquierda, convento ilustrísimo de
+monjas, que son señoras de todo aquel barrio, y de vasallos fuera dél,
+patronazgo magnífico de los Reyes, fundado por el santo rey don
+Fernando porque el día de su advocación ganó aquella ciudad de los
+moros<a name="FNanchor_554_555" id="FNanchor_554_555"></a><a href="#Footnote_554_555" class="fnanchor">[554]</a>, le dijo el Cojuelo a don Cleofás.</p>
+
+<p>&mdash;Este real edificio es jaula sagrada de un serafín, o Serafina, que fué
+primero dulcísimo ruiseñor del Tejo<a name="FNanchor_555_556" id="FNanchor_555_556"></a><a href="#Footnote_555_556" class="fnanchor">[555]</a>, cuya divina y extranjera voz
+no cabe en los oídos humanos, y sube en simétrica armonía a solicitar
+la capilla impirea, prodigio nunca visto en el diapasón ni en la
+naturaleza; pero no por eso previlegiada de la envidia.</p>
+
+<p>A estos hipérboles<a name="FNanchor_556_557" id="FNanchor_556_557"></a><a href="#Footnote_556_557" class="fnanchor">[556]</a> iba dando carrete (verdades pocas veces
+ejecutadas de su lengua), cuando, al revolver otra calle, pocas veces
+paseada a tales horas de nadie, oyeron grandes carcajadas de risa<a name="FNanchor_557_558" id="FNanchor_557_558"></a><a href="#Footnote_557_558" class="fnanchor">[557]</a> y
+aplausos de regocijo en una casa baja, edificio humilde que se indiciaba
+de jardín por unas pequeñas verjas de una reja algo alta del suelo, que
+malparía algunos relámpagos de luces, escasamente conocidos de los que
+pasaban. Y preguntóle al Cojuelo don Cleofás qué casa era aquella donde
+había tanto regocijo a aquellas horas. El Diablillo le respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Éste se llama el garito de los pobres; que aquí se juntan ellos y
+ellas, después de haber pedido todo el día, a entretenerse y a jugar, y
+a nombrar los puestos donde han de mendigar esotro día, porque no se
+encuentren unas limosnas con otras. Entremos dentro y nos entretendremos
+un rato; que, sin ser vistos ni oídos, haciéndonos invisibles con mi
+buena maña, hemos de registrar este conclave de San Lázaro.</p>
+
+<p>Y con estas palabras, tomando a don Cleofás por la mano, se entraron por
+un balconcillo que a la mano derecha tenía la mendiga habitación, porque
+en la puerta tenían puesto portero porque no entrasen más de los que
+ellos quisiesen y los que fuesen señalados de la mano de Dios<a name="FNanchor_558_559" id="FNanchor_558_559"></a><a href="#Footnote_558_559" class="fnanchor">[558]</a>; y
+bajando por un caracolillo a una sala baja, algo espaciosa, cuyas
+ventanas salían a un jardinillo de ortigas y malvas, como de gente que
+había nacido<a name="FNanchor_559_560" id="FNanchor_559_560"></a><a href="#Footnote_559_560" class="fnanchor">[559]</a> en ellas, la hallaron ocupada con mucha orden de los
+pobres que habían venido, comenzando a jugar al rento y limetas<a name="FNanchor_560_561" id="FNanchor_560_561"></a><a href="#Footnote_560_561" class="fnanchor">[560]</a> de
+vino de Alanís y Cazalla<a name="FNanchor_561_562" id="FNanchor_561_562"></a><a href="#Footnote_561_562" class="fnanchor">[561]</a>, que en aquel lugar nunca lo hay
+razonable, y algunos mirones, sentados también, y en pie. La mesa sobre
+que se jugaba era de pino, con tres pies y otro supuesto, que podía
+pedir limosna como ellos, un candelero de barro con una antorcha de
+brea, y los naipes con dos dedos de moho hacia cecina<a name="FNanchor_562_563" id="FNanchor_562_563"></a><a href="#Footnote_562_563" class="fnanchor">[562]</a>, de puro
+manejados de aquellos príncipes, y el barato que se sacaba se iba
+poniendo sobre el candelero. Y a estotra parte estaba el estrado de las
+señoras, sobre una estera de esparto, de retorno del ivierno pasado; tan
+remendados todos y todas, que parece que les habían cortado de vestir de
+jaspes de los muladares. Y entrando don Cleofás y su compañero y
+diciendo una pobra, fué todo uno. «Ya viene el Diablo Cojuelo», alteróse
+don Cleofás y dijo a su camarada:</p>
+
+<p>&mdash;Juro a Dios que nos han conocido.</p>
+
+<p>&mdash;No te sobresaltes&mdash;respondió el Diablillo&mdash;; que no nos han conocido
+ni nos pueden ver, como te previne; que el que ha dicho la pobra que
+viene es aquel que entra agora, que trae una pierna de palo y una muleta
+en la mano y se viene quitando la montera, y entre ellos le llaman el
+Diablo Cojuelo por mal nombre, que es un bellaco, mal pobre, embustero y
+ladrón, y estoy harto cansado con él y con ellas porque le llaman así,
+que es una sátira que me han hecho con esto, y que yo he sentido mucho;
+pero esta noche pienso que me lo ha de pagar, aunque sea con la mano del
+gato<a name="FNanchor_563_564" id="FNanchor_563_564"></a><a href="#Footnote_563_564" class="fnanchor">[563]</a>, como dicen.</p>
+
+<p>&mdash;Muy grande atrevimiento&mdash;dijo don Cleofás&mdash;ha sido quererlas apostar
+contigo, siendo tú el demonio más travieso del infierno, y no te la hará
+nadie que no te la pague.</p>
+
+<p>&mdash;Estos pobres&mdash;dijo Cojuelo&mdash;, como son de Sevilla, campan también de
+valientes<a name="FNanchor_564_565" id="FNanchor_564_565"></a><a href="#Footnote_564_565" class="fnanchor">[564]</a>, y reñirán con los diablos; pero no se alabará, si yo
+puedo, éste de haber salido horro desta chanza; que en el mundo se me
+han atrevido solamente tres linajes de gente: representantes, ciegos y
+pobres<a name="FNanchor_565_566" id="FNanchor_565_566"></a><a href="#Footnote_565_566" class="fnanchor">[565]</a>; que los demás embusteros y gente deste género pasan por
+demonios como yo.</p>
+
+<p>En esto, se había acomodado o sentádose en el suelo el Piedepalo, Diablo
+Cojuelo segundo deste nombre, diciendo muchas galanterías a las damas, y
+entró el Murciélago, llamado así porque pedía de noche a gritos por las
+calles, con Sopaenvino, que le había encontrado agazapado en una taberna
+y sacado por el rastro de los mosquitos que salían dél, como de la cuba
+de Sahagún. Convidóles con su asiento el Chicharro y el Gallo, el uno,
+que cantaba pidiendo por las siestas en verano y despertando los
+lirones<a name="FNanchor_566_567" id="FNanchor_566_567"></a><a href="#Footnote_566_567" class="fnanchor">[566]</a>; el otro mendigaba por las madrugadas; y tomando el suelo
+por mejor asiento, porque cualquiera cosa más alta los desvanecía, y
+estando en esto, entró un pobre en un carretón, a quien llamaban el
+Duque, y todos se levantaron, ellos y ellas, a hacelle cortesía; y él,
+quitándose un sombrerillo que había sido de un carril<a name="FNanchor_567_568" id="FNanchor_567_568"></a><a href="#Footnote_567_568" class="fnanchor">[567]</a> de un pozo,
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Por mi amor que se estén quedos y quedas, o me volveré a ir.</p>
+
+<p>Temieron el disfavor, y llegándole el muchacho que le traía el carretón
+a la mesa donde se jugaba, pidió cartas. Faraón, que era uno de los del
+juego, llamado desta suerte porque pedía con plagas a las puertas de las
+iglesias, y el Sargento, nombrado así porque tenía un brazo menos<a name="FNanchor_568_569" id="FNanchor_568_569"></a><a href="#Footnote_568_569" class="fnanchor">[568]</a>,
+le dijeron que los dejase jugar su excelencia, que estaban picados; que
+después harían lo que les mandaba; viniéndose el Duque con el Marqués de
+los Chapines, que era un pobre que andaba arrastrando<a name="FNanchor_569_570" id="FNanchor_569_570"></a><a href="#Footnote_569_570" class="fnanchor">[569]</a>, y de la
+cintura arriba muy galán, y estaba entreteniendo las damas, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Con vusía<a name="FNanchor_570_571" id="FNanchor_570_571"></a><a href="#Footnote_570_571" class="fnanchor">[570]</a> me vengo, que está más bien parado.</p>
+
+<p>Y a ninguno de los dos les habían las damas menester para nada.</p>
+
+<p>La Postillona, llamada deste nombre porque pedía a las veinte<a name="FNanchor_571_572" id="FNanchor_571_572"></a><a href="#Footnote_571_572" class="fnanchor">[571]</a>
+limosna, no dejando calle ni barrio que no anduviese cada día, tuvo
+palabras con la Berlinga, tan larga como el nombre<a name="FNanchor_572_573" id="FNanchor_572_573"></a><a href="#Footnote_572_573" class="fnanchor">[572]</a>, que había sido
+senda de Esgueva a Zapardiel, sobre celos del Duque; y la Paulina<a name="FNanchor_573_574" id="FNanchor_573_574"></a><a href="#Footnote_573_574" class="fnanchor">[573]</a>,
+que apellidaban ansí porque maldecía a quien no le daba limosna, se picó
+con la Galeona, que llamaban desta suerte porque andaba artillada de
+niños que alquilaba para pedir, sobre haber dicho unas palabras
+preñadas<a name="FNanchor_574_575" id="FNanchor_574_575"></a><a href="#Footnote_574_575" class="fnanchor">[574]</a> al Marqués, sin dar causa su señoría a ello, metiéndose
+la Lagartija y la Mendruga a revolverlas más, y el Piedepalo a las
+vueltas, con las Fuerzas de Hércules, que eran dos pobres, uno sobre
+otro, que a no meterse Zampalimosnas, que era el garitero, de por medio,
+y Pericón el de la Barquera, y Embudo el Temerario, Tragadardos,
+Zancayo, Peruétano y Ahorcasopas, hubiera un paloteado<a name="FNanchor_575_576" id="FNanchor_575_576"></a><a href="#Footnote_575_576" class="fnanchor">[575]</a>, entre los
+pobres y pobras, de los diablos. El Duque y el Marqués interpusieron
+sus autoridades, y para quietallo de todo punto inviaron por un
+particular<a name="FNanchor_576_577" id="FNanchor_576_577"></a><a href="#Footnote_576_577" class="fnanchor">[576]</a>, que trujo luego Piedepalo, para pagarlo de
+bonete<a name="FNanchor_577_578" id="FNanchor_577_578"></a><a href="#Footnote_577_578" class="fnanchor">[577]</a>, que fueron unos ciegos y una gaita zamorana que muy cerca
+de allí se recogían, que fué menester pagárselo adelantado porque se
+levantasen, y se concertó en treinta cuartos, y dijo el Duque que no se
+había pagado tan caro particular jamás, por vida de la Duquesa<a name="FNanchor_578_579" id="FNanchor_578_579"></a><a href="#Footnote_578_579" class="fnanchor">[578]</a>. Y
+al mismo tiempo que entró Piedepalo con el particular, se entró tras
+ellos Cienllamas, con la vara en la pretina<a name="FNanchor_579_580" id="FNanchor_579_580"></a><a href="#Footnote_579_580" class="fnanchor">[579]</a>, y Chispa y Redina con
+él, preguntando:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es aquí el Diablo Cojuelo? Que he tenido soplo que está aquí en
+este garito de los pobres, y no me ha de salir ninguno deste aposento
+hasta reconocellos a todos, porque me importa hacer esta prisión.</p>
+
+<p>Los pobres y las pobras se escarapelaron viendo la justicia en su
+garito, y el verdadero Diablo Cojuelo, como quien deja la capa al toro,
+dejó a Cienllamas cebado con el pobrismo, y por el caracolillo se
+volvieron a salir del garito él y don Cleofás.</p>
+
+<p>&mdash;Este es&mdash;dijo el Duque señalando a Piedepalo&mdash;; que nosotros, ni
+hombres como nosotros, no hemos de defender de la justicia a hombres tan
+delincuentes;&mdash;tomando venganza de algunos embustes que les había hecho
+en las limosnas de la sopa de los conventos; y agarrando con él Chispa y
+Redina, comenzó a pedir iglesia<a name="FNanchor_580_581" id="FNanchor_580_581"></a><a href="#Footnote_580_581" class="fnanchor">[580]</a> a grandes voces Piedepalo que en un
+bodegón hiciera lo mismo, queriendo dalles a entender que era ermita, y
+no garito, donde estaban, y que todos y todas habían venido a hacer
+oración a ella. El tal Cienllamas y Chispa y Redina comenzaron a sacalle
+arrastrando, diciéndole, entre algunos puñetes y mojicones:</p>
+
+<p>&mdash;No penséis, ladrón, que os habéis de escapar con esos embustes de
+nuestras manos; que ya os conocemos.</p>
+
+<p>Entonces el Marqués<a name="FNanchor_581_582" id="FNanchor_581_582"></a><a href="#Footnote_581_582" class="fnanchor">[581]</a>, metiendo las manos en los chapines, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué hemos de consentir que no contradiga el Duque que lleve
+preso un alguacil a un pobrete como el Cojuelo? ¡Por vida de la
+Marquesa<a name="FNanchor_582_583" id="FNanchor_582_583"></a><a href="#Footnote_582_583" class="fnanchor">[582]</a> que no lo ha de llevar!</p>
+
+<p>Y haciéndose los demás pobres y pobras de su parte, y apagando las
+luces, comenzaron con los asientos y con las muletas y bordones a
+zamarrealle a él y a sus corchetes a escuras, tocándoles los ciegos la
+gaita zamorana y los demás instrumentos, a cuyo son no se oían los unos
+a los otros, acabando la culebra<a name="FNanchor_583_584" id="FNanchor_583_584"></a><a href="#Footnote_583_584" class="fnanchor">[583]</a> con el día y con desaparecerse los
+apaleados.</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="TRANCO_X" id="TRANCO_X"></a>TRANCO X</h2>
+
+<p>En este tiempo llegaban a Gradas<a name="FNanchor_584_585" id="FNanchor_584_585"></a><a href="#Footnote_584_585" class="fnanchor">[584]</a> su camarada y don Cleofás<a name="FNanchor_585_586" id="FNanchor_585_586"></a><a href="#Footnote_585_586" class="fnanchor">[585]</a>,
+tratando de mudarse de aquella posada, porque ya tenía rastro dellos
+Cienllamas, cuando vieron entrar por la posta, tras un postillón, dos
+caballeros soldados vestidos a la moda, y díjole el Cojuelo a don
+Cleofás.</p>
+
+<p>&mdash;Estos van a tomar posada y apearse a Caldebayona<a name="FNanchor_586_587" id="FNanchor_586_587"></a><a href="#Footnote_586_587" class="fnanchor">[586]</a> o a la
+Pajería<a name="FNanchor_587_588" id="FNanchor_587_588"></a><a href="#Footnote_587_588" class="fnanchor">[587]</a>, y es tu dama y el soldado que viene en su compañía, que,
+por acabar más presto la jornada, dejaron la litera y tomaron postas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Juro a Dios&mdash;dijo don Cleofás&mdash;que lo he de ir a matar antes que se
+apee, y a cortalle las piernas<a name="FNanchor_588_589" id="FNanchor_588_589"></a><a href="#Footnote_588_589" class="fnanchor">[588]</a> a doña Tomasa!</p>
+
+<p>Sin riesgo tuyo se hará todo eso&mdash;dijo el Cojuelo&mdash;, ni sin tanta
+demostración pública: gobiérnate por mí agora; que yo te dejaré
+satisfecho.</p>
+
+<p>&mdash;Con eso me has templado&mdash;dijo don Cleofás&mdash;; que estaba loco de celos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sé qué enfermedad es ésa, pues se compara a todo el infierno<a name="FNanchor_589_590" id="FNanchor_589_590"></a><a href="#Footnote_589_590" class="fnanchor">[589]</a>
+junto&mdash;dijo el Diablillo&mdash;. Vámonos a casa de nuestra mulata: almorzarás
+y conmutarás en sueño la pendencia; y acuérdate que has de ser
+presidente de la Academia, y yo fiscal.</p>
+
+<p>&mdash;Pardiez&mdash;dijo don Cleofás&mdash;, todo se me había olvidado con la
+pesadumbre; pero es razón que cumplamos nuestras palabras como quien
+somos.</p>
+
+<p>Y habiéndose mudado de la posada de Rufina otro día<a name="FNanchor_590_591" id="FNanchor_590_591"></a><a href="#Footnote_590_591" class="fnanchor">[590]</a> a otra de la
+Morería<a name="FNanchor_591_592" id="FNanchor_591_592"></a><a href="#Footnote_591_592" class="fnanchor">[591]</a>, más recatada, pasaron los que faltaron para la Academia
+en estudiar y escribir los sujetos que les habían dado y en hacer don
+Cleofás una oración para preludio della, como es costumbre y obligación
+de las presidencias de tales actos; y, llegado el día, se aderezaron lo
+mejor que pudieron, y al anochecer partieron a la palestra, donde les
+esperaban todos los ingenios con admiraciones de los suyos, y con los
+mismos antojos<a name="FNanchor_592_593" id="FNanchor_592_593"></a><a href="#Footnote_592_593" class="fnanchor">[592]</a> de la preñez pasada se fueron sentando en los
+lugares que les tocaban; y haciendo señal con la campanilla para obligar
+al silencio, don Cleofás, llamado <i>el Engañado</i> en la Academia, hizo una
+oración excelentísima en verso de silva, cuyos números ataron los oídos
+al aplauso y desataron los asombros a sus alabanzas. Y en pronunciando
+la última palabra, que es el <i>Dixi</i><a name="FNanchor_593_594" id="FNanchor_593_594"></a><a href="#Footnote_593_594" class="fnanchor">[593]</a>, volviendo a resonar el pájaro
+de plata, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo quiero parecer presidente en publicar agora, después de mi oración,
+unas premáticas que guarden los divinos ingenios que me han constituido
+en esta dignidad;&mdash;leyendo desta manera un papel que traía doblado en el
+pecho:</p>
+
+<p>«PREMÁTICAS Y ORDENANZAS QUE SE HAN DE GUARDAR EN LA INGENIOSA ACADEMIA
+SEVILLANA DESDE HOY EN ADELANTE.</p>
+
+<p>»Y por que se celebren y publiquen con la solemnidad que es necesaria,
+sirviendo de atabales los cuatro vientos y de trompetas el Músico de
+Tracia<a name="FNanchor_594_595" id="FNanchor_594_595"></a><a href="#Footnote_594_595" class="fnanchor">[594]</a>, tan marido, que por su mujer <i>descendit ad inferos</i>, y
+Arión, que, siendo de los piratas con quien navegaba arrojado al mar
+por roballe, le dió un delfín en su escamosa espalda, al son de su
+instrumento, jamugas para que no naufragase, <i>et coetus, et Amphion
+Thebanae conditor urbis</i><a name="FNanchor_595_596" id="FNanchor_595_596"></a><a href="#Footnote_595_596" class="fnanchor">[595]</a>; y pregonero la Fama, que penetra
+provincias y elementos, y secretario que se las dicte Virgilio Marón,
+príncipe de los poetas, digan desta suerte:</p>
+
+<p>»Don Apolo, por la gracia de la Poesía, rey de las Musas, príncipe de la
+Aurora, conde y señor de los oráculos de Delfos y Delo, duque del Pindo,
+archiduque de las dos Frentes del Parnaso y marqués de la Fuente
+Cabalina, etc., a todos los poetas heroicos, épicos, trágicos, cómicos,
+ditirámbicos, dramáticos<a name="FNanchor_596_597" id="FNanchor_596_597"></a><a href="#Footnote_596_597" class="fnanchor">[596]</a>, autistas, entremeseros, bailinistas<a name="FNanchor_597_598" id="FNanchor_597_598"></a><a href="#Footnote_597_598" class="fnanchor">[597]</a>
+y villancieres<a name="FNanchor_598_599" id="FNanchor_598_599"></a><a href="#Footnote_598_599" class="fnanchor">[598]</a>, y los demás del nuestro dominio, ansí seglares como
+eclesiásticos, salud y consonantes.</p>
+
+<p>»Sepades: como, advirtiendo las grandes desórdenes y desperdicios con que
+han vivido hasta aquí los que manejan nuestros ridmos<a name="FNanchor_599_600" id="FNanchor_599_600"></a><a href="#Footnote_599_600" class="fnanchor">[599]</a>, y que son
+tantos los que sin temor de Dios y de sus conciencias, componen,
+escriben y hacen versos, salteando y capeando de noche y de día los
+estilos, conceptos y modos<a name="FNanchor_600_601" id="FNanchor_600_601"></a><a href="#Footnote_600_601" class="fnanchor">[600]</a> de decir de los mayores, no imitándolos
+con la templanza y perífrasis que aconseja Aristóteles, Horacio y César
+Escalígero, y los demás censores que nuestra Poética advierten, sino
+remendándose con centones de los otros y haciendo mohatras de versos,
+fullerías y trapazas, y para poner remedio en esto, como es justo,
+ordenamos y mandamos lo siguiente:</p>
+
+<p>»Primeramente se manda que todos escriban con voces castellanas, sin
+introducillas de otras lenguas, y que el que dijere <i>fulgor</i>, <i>libar,
+numen, purpurear, nieta, trámite, afectar, pompa, trémula, amago,
+idilio</i><a name="FNanchor_601_602" id="FNanchor_601_602"></a><a href="#Footnote_601_602" class="fnanchor">[601]</a> ni otras desta manera, ni introdujere posposiciones<a name="FNanchor_602_603" id="FNanchor_602_603"></a><a href="#Footnote_602_603" class="fnanchor">[602]</a>
+desatinadas, quede privado de poeta por dos academias, y a segunda vez,
+confiscadas sus sílabas y arados de sal<a name="FNanchor_603_604" id="FNanchor_603_604"></a><a href="#Footnote_603_604" class="fnanchor">[603]</a> sus consonantes, como
+traidores a su lengua materna.</p>
+
+<p>»Item, que nadie lea sus versos en idioma de jarabe, ni con gárgaras de
+algarabía en el gútur<a name="FNanchor_604_605" id="FNanchor_604_605"></a><a href="#Footnote_604_605" class="fnanchor">[604]</a>, sino en nuestra castellana pronunciación,
+pena de no ser oídos de nadie.</p>
+
+<p>»Item, por cuanto celebraron el fénix en la academia pasada en tantos
+géneros de versos, y en otras muchas ocasiones lo han hecho otros,
+levantándole testimonios a esta ave<a name="FNanchor_605_606" id="FNanchor_605_606"></a><a href="#Footnote_605_606" class="fnanchor">[605]</a> y llamándola hija y heredera de
+sí propia y pájaro del sol, sin haberle tomado una mano ni haberla
+conocido si no es para servilla, ni haber ningún testigo de vista de su
+nido, y ser alarbe de los pájaros, pues en ninguna región ha encontrado
+nadie su aduar, mandamos que se ponga perpetuo silencio en su memoria,
+atento que es alabanza supersticiosa y pájaro de ningún provecho para
+nadie, pues ni sus plumas sirven en las galas cortesanas ni militares,
+ni nadie ha escrito con ellas, ni su voz ha dado música a ningún
+melancólico, ni sus pechugas alimento a ningún enfermo; que es pájaro
+duende, pues dicen que le hay, y no le encuentra nadie, y ave solamente
+para sí; finalmente, sospechosa de su sangre, pues no tiene agüelo que
+no haya sido quemado; estando en el mundo el pájaro celeste, el cisne,
+el águila, que no era bobo Júpiter, pues la eligió por su embajatriz, la
+garza, el neblí, la paloma de Venus, el pelícano, afrenta de los
+miserables<a name="FNanchor_606_607" id="FNanchor_606_607"></a><a href="#Footnote_606_607" class="fnanchor">[606]</a>, y, finalmente, el capón de leche<a name="FNanchor_607_608" id="FNanchor_607_608"></a><a href="#Footnote_607_608" class="fnanchor">[607]</a>, con quien los
+demás son unos pícaros. Este sí que debe alabarse, y mátenle un fénix a
+quien sea su devoto, cuando tenga más necesidad de comer. Dios se lo
+perdone a Claudiano, que celebró esta necedad imaginada, para que todos
+los poetas pecasen en él.</p>
+
+<p>»Item, porque a nuestra noticia ha venido que hay un linaje de poetas y
+poetisas hacia palaciegos, que hacen más estrecha vida que los monjes
+del Paular<a name="FNanchor_608_609" id="FNanchor_608_609"></a><a href="#Footnote_608_609" class="fnanchor">[608]</a>, porque con ocho o diez vocablos solamente, que son
+<i>crédito, descrédito, recato, desperdicio, ferrión, desmán, atento,
+valido, desvalido, baja fortuna, estar falso, explayarse</i>, quieren
+expresar todos sus conceptos y dejar a Dios solamente que los entienda,
+mandamos que les den otros cincuenta vocablos más de ayuda de costa, del
+tesoro de la Academia, para valerse dellos, con tal que, si no lo
+hicieren, caigan en pena de menguados y de no ser entendidos, como si
+hablaran en vascuence.</p>
+
+<p>»Item, que en las comedias se quite el desmesurarse los embajadores con
+los reyes, y que de aquí en adelante no le<a name="FNanchor_609_610" id="FNanchor_609_610"></a><a href="#Footnote_609_610" class="fnanchor">[609]</a> valga la ley del
+mensajero<a name="FNanchor_610_611" id="FNanchor_610_611"></a><a href="#Footnote_610_611" class="fnanchor">[610]</a>; que ningún príncipe en ellas se finja hortelano por
+ninguna infanta, y que a las de León se les vuelva su honra con
+chirimías<a name="FNanchor_611_612" id="FNanchor_611_612"></a><a href="#Footnote_611_612" class="fnanchor">[611]</a>, por los testimonios que las han levantado; que los
+lacayos graciosos no se entremetan con las personas reales si no es en
+el campo, o en las calles de noche; que para querer dormirse sin qué ni
+para qué, no se diga: «Sueño me toma», ni otros versos por el
+consonante, como decir a <i>rey</i>, «porque es justísima ley», ni a <i>padre</i>,
+«porque a mi honra más cuadre», ni las demás; «A furia me provocó»<a name="FNanchor_612_613" id="FNanchor_612_613"></a><a href="#Footnote_612_613" class="fnanchor">[612]</a>,
+«Aquí para entre los dos» y otras civilidades, ni que se disculpen sin
+disculparse, diciendo:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 6em;">«Porque un consonante obliga</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">a lo que el hombre no piensa»<a name="FNanchor_613_614" id="FNanchor_613_614"></a><a href="#Footnote_613_614" class="fnanchor">[613]</a>.</span><br />
+</p>
+
+<p>»Y al poeta que en ellas incurriere de aquí adelante, la primera vez le
+silben, y la secunda, sirva a su Majestad con dos comedias en Orán<a name="FNanchor_614_615" id="FNanchor_614_615"></a><a href="#Footnote_614_615" class="fnanchor">[614]</a>.</p>
+
+<p>»Item, que los poetas más antiguos se repartan por sus turnos a dar
+limosna de sonetos, canciones, madrigales, silvas, décimas, romances y
+todos los demás géneros de versos a poetas vergonzantes que piden de
+noche, y a recoger los que hallaren enfermos comentando, o perdidos en
+las <i>Soledades</i> de don Luis de Góngora; que haya una portería en la
+Academia, por donde se dé sopa de versos a los poetas mendigos.</p>
+
+<p>»Item, que se instituya una Hermandad y Peralvillo contra los poetas
+monteses y jabalíes<a name="FNanchor_615_616" id="FNanchor_615_616"></a><a href="#Footnote_615_616" class="fnanchor">[615]</a>.</p>
+
+<p>»Item, mandamos que las comedias de moros se bauticen dentro de cuarenta
+días o salgan del reino.</p>
+
+<p>»Item, que ningún poeta, por necesidad ni amor, pueda ser pastor de
+cabras ni ovejas, ni de otra res semejante, salvo si fuere tan Hijo
+Pródigo, que, disipando sus consonantes en cosas ilícitas, quedare sin
+ninguno sobre qué caer poeta<a name="FNanchor_616_617" id="FNanchor_616_617"></a><a href="#Footnote_616_617" class="fnanchor">[616]</a>; mandamos que en tal caso, en pena de
+su pecado, guarde cochinos.</p>
+
+<p>»Item, que ningún poeta sea osado a hablar mal de los otros si no es dos
+veces en la semana.</p>
+
+<p>»Item, que al poeta que hiciere poema heroico no se le dé de plazo más
+que un año y medio, y que lo que más tardare se entienda que es falta de
+la musa; que a los poetas satíricos no se les dé lugar en las academias,
+y se tengan por poetas bandidos y fuera del gremio de la poesía noble, y
+que se pregonen las tallas<a name="FNanchor_617_618" id="FNanchor_617_618"></a><a href="#Footnote_617_618" class="fnanchor">[617]</a> de sus consonantes, como de hombres
+facinerosos a la república. Que ningún hijo de poeta que no hiciere
+versos no pueda<a name="FNanchor_618_619" id="FNanchor_618_619"></a><a href="#Footnote_618_619" class="fnanchor">[618]</a> jurar por vida de su padre, porque parece que no es
+su hijo.</p>
+
+<p>»Item, que el poeta que sirviere a señor ninguno<a name="FNanchor_619_620" id="FNanchor_619_620"></a><a href="#Footnote_619_620" class="fnanchor">[619]</a>, muera de hambre
+por ello.</p>
+
+<p>»Y, al fin, estas premáticas y ordenanzas se obedezcan y ejecuten como
+si fueran leyes establecidas de nuestros príncipes, reyes y emperadores
+de la Poesía. Mándanse pregonar, porque venga a noticia de todos.»</p>
+
+<p>Celebradísimo fué el papel de <i>el Engañado</i> por peregrino y caprichoso,
+sacando, al mismo tiempo que le acababa, otro del pecho <i>el Engañador</i>,
+llamado así en la Academia y en los tres hemisferios<a name="FNanchor_620_621" id="FNanchor_620_621"></a><a href="#Footnote_620_621" class="fnanchor">[620]</a>, y fiscal de
+la presente, que decía desta manera:</p>
+
+<p>«PRONÓSTICO Y LUNARIO DEL AÑO QUE VIENE, AL MERIDIANO DE SEVILLA Y
+MADRID, CONTRA LOS POETAS, MÚSICOS Y PINTORES. COMPUESTO POR «EL
+ENGAÑADOR», ACADÉMICO DE LA INSIGNE ACADEMIA DEL BETIS, Y DIRIGIDO A
+PERICO DE LOS PALOTES, PROTO-DEMONIO Y POETA DE DIOS TE LA DEPARE
+BUENA»;</p>
+
+<p>interrumpiendo estas últimas razones un alguacil de los veinte<a name="FNanchor_621_622" id="FNanchor_621_622"></a><a href="#Footnote_621_622" class="fnanchor">[621]</a>,
+guarnecido de corchetes<a name="FNanchor_622_623" id="FNanchor_622_623"></a><a href="#Footnote_622_623" class="fnanchor">[622]</a> (y tantos, que si fueran de plata,
+pudiera<a name="FNanchor_623_624" id="FNanchor_623_624"></a><a href="#Footnote_623_624" class="fnanchor">[623]</a> competir con la capitana y almiranta de los galeones cuando
+vuelven de retorno con las entrañas del Potosí y los corazones de los
+que los esperan y los traen), doña Tomasa y su soldado, como entraron
+por la posta para estar a la vista de la ejecución de su requisitoria;
+la Academia se alteró con la intempestiva visita, y el atrevido
+Alguacil dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vuesas mercedes no se alboroten: que yo vengo a hacer mi oficio y a
+prender no menos que al señor Presidente, porque es orden de Madrid, y
+la he de hacer de Evangelio<a name="FNanchor_624_625" id="FNanchor_624_625"></a><a href="#Footnote_624_625" class="fnanchor">[624]</a>.</p>
+
+<p>Palotearon los académicos, y don Cleofás se espeluzó tanto y cuanto, y
+el Fiscal, que era el Cojuelo, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No te sobresaltes<a name="FNanchor_625_626" id="FNanchor_625_626"></a><a href="#Footnote_625_626" class="fnanchor">[625]</a>, don Cleofás, y déjate prender, no nos perdamos
+en esta ocasión; que yo te sacaré a paz y a salvo de todo<a name="FNanchor_626_627" id="FNanchor_626_627"></a><a href="#Footnote_626_627" class="fnanchor">[626]</a>.</p>
+
+<p>Y volviendo a los demás, les dijo lo mismo, y que no convenía en aquel
+lance resistencia ninguna; que si fuera menester, <i>el Engañado</i> y él
+metieran a todos los alguaciles de Sevilla las cabras en el corral<a name="FNanchor_627_628" id="FNanchor_627_628"></a><a href="#Footnote_627_628" class="fnanchor">[627]</a>.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre hay aquí&mdash;dijo un estudiantón del Corpus<a name="FNanchor_628_629" id="FNanchor_628_629"></a><a href="#Footnote_628_629" class="fnanchor">[628]</a>, graduado por la
+Feria y el pendón verde<a name="FNanchor_629_630" id="FNanchor_629_630"></a><a href="#Footnote_629_630" class="fnanchor">[629]</a>&mdash;, que, si es menester, no dejará oreja de
+ministro a manteazos, siendo yo el menor de todos estos señores.</p>
+
+<p>El Alguacil trató de su negocio sin meterse en más dimes ni diretes,
+deseando más que hubiese dares y tomares, y doña Tomasa estuvo empuñada
+la espada y terciada la capa a punto de pelear al lado de su soldado;
+que era, sobre alentada<a name="FNanchor_630_631" id="FNanchor_630_631"></a><a href="#Footnote_630_631" class="fnanchor">[630]</a>, muy diestra, como había tanto que jugaba
+las armas<a name="FNanchor_631_632" id="FNanchor_631_632"></a><a href="#Footnote_631_632" class="fnanchor">[631]</a>, hasta que vió sacar preso al que le negaba la deuda,
+libre de polvo y paja. El Cojuelo se fué tras ellos, y la Academia se
+malogró aquella noche, y murió de viruelas locas.</p>
+
+<p>El Cojuelo, arrimándose al Alguacil, le dijo aparte, metiéndole un
+bolsillo en la mano, de trecientos escudos:</p>
+
+<p>&mdash;Señor mío, vuesa merced ablande su cólera con este diaquilón<a name="FNanchor_632_633" id="FNanchor_632_633"></a><a href="#Footnote_632_633" class="fnanchor">[632]</a>
+mayor, que son ciento y cincuenta doblones de a dos.</p>
+
+<p>Respondiéndole el Alguacil, al mismo tiempo que los recibió:</p>
+
+<p>&mdash;Vuesas mercedes perdonen el haberme equivocado, y el señor Licenciado
+se vaya libre y sin costas, más de las que le hemos hecho; que yo me he
+puesto a un riesgo muy grande habiendo errado el golpe.</p>
+
+<p>El soldado y la señora doña Tomasa, que también habían regalado al
+Alguacil, por más protestas que le hicieron entonces, no le pudieron
+poner en razón, y ya a estas horas estaban los dos camaradas tan lejos
+dellos, que habían llegado al río y al Pasaje<a name="FNanchor_633_634" id="FNanchor_633_634"></a><a href="#Footnote_633_634" class="fnanchor">[633]</a>, que llaman, por
+donde pasan de Sevilla a Triana y vuelven de Triana a Sevilla, y,
+tomando un barco, durmieron aquella noche en la calle del Altozano,
+calle Mayor<a name="FNanchor_634_635" id="FNanchor_634_635"></a><a href="#Footnote_634_635" class="fnanchor">[634]</a> de aquel ilustre arrabal, y la Vitigudino y su galán se
+fueron muy desairados a lo mismo a su posada, y el Alguacil a la suya,
+haciendo mil discursos con sus trecientos escudos, y el Cojuelo madrugó
+sin dormir, dejando al compañero en Triana, para espiar en Sevilla lo
+que pasaba acerca de las causas de los dos, revolviendo de paso dos o
+tres pendencias en el Arenal<a name="FNanchor_635_636" id="FNanchor_635_636"></a><a href="#Footnote_635_636" class="fnanchor">[635]</a>.</p>
+
+<p>Y el Alguacil despertó más temprano, con el alborozo de sus doblones,
+que había puesto debajo de las almohadas, y, metiendo la mano, no los
+halló; y levantándose a buscallos, se vió emparedado de carbón, y todos
+los aposentos de la casa de la misma suerte, porque no faltase lo que
+suele ser siempre del dinero que da el diablo<a name="FNanchor_636_637" id="FNanchor_636_637"></a><a href="#Footnote_636_637" class="fnanchor">[636]</a>, y tan sitiado desta
+mercadería, que fué necesario salir por una ventana que estaba junto al
+techo, y en saliendo, se le volvió todo el carbón ceniza; que si no
+fuera ansí, tomara después por partido dejar lo alguacil por carbonero,
+si fuera el carbón de la encina del infierno<a name="FNanchor_637_638" id="FNanchor_637_638"></a><a href="#Footnote_637_638" class="fnanchor">[637]</a>, que nunca se acaba,
+amén, Jesús.</p>
+
+<p>El Cojuelo iba dando notables risadas entre sí, sabiendo lo que le había
+sucedido al Alguacil con el soborno. Saliendo, en este tiempo, por cal
+de Tintores<a name="FNanchor_638_639" id="FNanchor_638_639"></a><a href="#Footnote_638_639" class="fnanchor">[638]</a> a la plaza de San Francisco, y habiendo andado muy
+pocos pasos, volvió la cabeza y vió que le venían siguiendo Cienllamas,
+Chispa y Redina; y, dejando las muletas, comenzó a correr, y ellos tras
+él, a grandes voces diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tengan ese cojo ladrón!</p>
+
+<p>Y cuando casi le echaban las garras Chispa y Redina, venía un escribano
+del número<a name="FNanchor_639_640" id="FNanchor_639_640"></a><a href="#Footnote_639_640" class="fnanchor">[639]</a> bostezando, y metiósele el Cojuelo por la boca, calzado
+y vestido, tomando iglesia, la que más a su propósito pudo hallar<a name="FNanchor_640_641" id="FNanchor_640_641"></a><a href="#Footnote_640_641" class="fnanchor">[640]</a>.
+Quisieron entrarse tras él a sacalle deste sagrado Chispa, Redina y
+Cienllamas, y salió a defender su juridición una cuadrilla de sastres,
+que les hicieron resistencia a agujazos y a dedalazos, obligando a
+Cienllamas a inviar a Redina al infierno por orden de lo que se había de
+hacer; y lo que trujo<a name="FNanchor_641_642" id="FNanchor_641_642"></a><a href="#Footnote_641_642" class="fnanchor">[641]</a> en los aires fué que, con el Escribano y los
+sastres, diesen con el Cojuelo en los infiernos<a name="FNanchor_642_643" id="FNanchor_642_643"></a><a href="#Footnote_642_643" class="fnanchor">[642]</a>. Ejecutóse como se
+dijo, y fué tanto lo que los revolvió el Escribano, después de haberle
+hecho gormar al Cojuelo, que tuvieron por bien los jueces de aquel
+partido echallo fuera, y que se volviese a su escritorio, dejando a los
+sastres en rehenes, para unas libreas que habían de hacer a Lucifer a la
+festividad del nacimiento del Antecristo; tratando doña Tomasa,
+desengañada, de pasarse a las Indias con el tal soldado, y don Cleofás,
+de volverse a Alcalá a acabar sus estudios, habiendo sabido el mal
+suceso de la prisión de su Diablillo, desengañado de que hasta los
+diablos tienen sus alguaciles, y que los alguaciles tienen a los
+diablos<a name="FNanchor_643_644" id="FNanchor_643_644"></a><a href="#Footnote_643_644" class="fnanchor">[643]</a>. Con que<a name="FNanchor_644_645" id="FNanchor_644_645"></a><a href="#Footnote_644_645" class="fnanchor">[644]</a> da fin esta novela, y su dueño gracias a
+Dios porque le sacó della con bien, suplicando a quien la leyere que se
+entretenga y no se pudra en su leyenda<a name="FNanchor_645_646" id="FNanchor_645_646"></a><a href="#Footnote_645_646" class="fnanchor">[645]</a>, y verá qué bien se halla.</p>
+
+<div class="footnotes"><h3>FOOTNOTES:</h3></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> En la conferencia leída en el teatro Español la noche del 4
+de febrero de 1910, al estrenarse la refundición de <i>La Luna de la
+Sierra</i>, hecha por don Cristóbal de Castro.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Narróla&mdash;mejor diría <i>marróla</i>&mdash;don Joaquín María Ferrer,
+en el prólogo de su edición de <i>El Diablo Cojuelo</i> (París, 1828), y la
+extractó muchos años después don Cayetano A. de la Barrera, en su
+<i>Catálogo bibliográfico y biográfico del Teatro antiguo español</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Las investigaciones serias acerca de la vida del insigne
+autor astigitano datan de los postreros años del siglo XIX. Yo encontré,
+y publiqué muy en extracto en mi estudio sobre <i>Cervantes y la
+Universidad de Osuna</i>, inserto en el tomo II del <i>Homenaje a Menéndez y
+Pelayo en el año vigésimo de su profesorado</i> (Madrid, 1899), el acta del
+grado de bachiller en Artes de Vélez; en 1902 hallaba el muy diligente y
+erudito don Antonio Paz y Melia, y sacábala a luz en <i>la Revista de
+Archivos, Bibliotecas y Museos</i>, una carta de don Juan Vélez de Guevara,
+hijo del poeta ecijano, escrita en 20 de octubre de 1645, documento
+interesante, porque contiene, aunque abreviadamente y con algunos
+errores de importancia, la biografía del autor de <i>El Diablo Cojuelo</i>.
+Poco después, don Felipe Pérez y González, al par que comentaba con
+acierto algunos de los pasajes más oscuros de esta novela, dedicóse con
+feliz éxito a allegar datos para la vida de su autor, y diólos a conocer
+en diversos artículos, que publicó en <i>La Ilustración Española y
+Americana</i> y reimprimió juntos en 1903, con otros de carácter crítico.
+Entretanto, el meritísimo Pérez Pastor descubría y acopiaba muchas
+noticias peregrinas referentes a los que en el buen tiempo fueron
+próceres de nuestras letras, a Vélez de Guevara entre ellos; no menos de
+cincuenta y cuatro documentos tocantes a él insertó en la tercera parte,
+última publicada (Madrid, 1907), de su excelente <i>Bibliografía
+Madrileña</i> (págs. 499-515). Amén de esto, en 1902, don Adolfo Bonilla y
+San Martín daba a la estampa en la <i>Revista de Aragón</i> diversas poesías
+de Luis Vélez, las más de ellas inéditas hasta entonces, y de las cuales
+hay especialmente cuatro&mdash;las cuatro primeras&mdash;llenas de indicaciones
+muy interesantes para la vida de su autor, razón por la cual en 1908 las
+reproduje anotadas, con otra inédita, en la <i>Revista de Archivos,
+Bibliotecas y Museos</i>. A la buena luz de tan valiosos hallazgos, podía
+ya intentarse sin temeridad la empresa de componer una biografía
+circunstanciada de Vélez, cosa que ha efectuado don Emilio Cotarelo en
+el <i>Boletín de la Real Academia Española</i>, cuadernos de diciembre de
+1916 y abril de 1917, no sin aportar algunos otros datos debidos a sus
+investigaciones.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> Fué hijo del licenciado Diego Vélez de Dueñas, nacido en
+Jerez de la Frontera, y de doña Francisca Negrete de Santander, natural
+de Ecija, quienes habían contraído matrimonio en esta ciudad, siendo él
+vecino de Sevilla, a 10 de febrero de 1573. Vélez de Dueñas&mdash;descendiente
+de don Llorente Vélez de Guevara, uno
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«de los trescientos hidalgos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que ganaron a Jerez»,</span><br />
+</p><p>
+como recordó, andando el tiempo, el autor de <i>Reinar después de
+morir</i>&mdash;era hijo de Alonso Rodríguez Vélez y de doña Isabel de Dueñas, y
+se llamó indistintamente Diego de Dueñas y Diego Rodríguez de Dueñas
+mientras fué estudiante. Para graduarse de bachiller en Leyes en la
+Universidad de Sevilla (22 de septiembre de 1570), presentó los
+siguientes recaudos: casi seis meses que en la dicha facultad había
+cursado en Salamanca por los años de 1563, 64 y 65; dos cursos más,
+oídos en Sevilla, el último, desde 1.º de mayo de 1568 hasta 7 de mayo
+de 1569, y cinco lecciones de leyes que había leído. (Archivo
+universitario de Sevilla, libro 1.º de Diligencias y colaciones de
+grados menores, desde 1570 hasta 1574.) Este sujeto es, como columbré
+diez años ha, el mismo lincenciado Dueñas, poeta más que razonable,
+autor de once de las composiciones coleccionadas en Méjico, en 1577,
+bajo el título de <i>Flores de varia poesía</i> (Biblioteca Nacional de
+Madrid, Ms. 2973), y el mismo a quien se refirió el licenciado Francisco
+Pacheco, jerezano como él, en su interesante composición intitulada <i>La
+sátira apologética en defensa del divino Dueñas</i>, escrita en 1569,
+anotada por mí y publicada en la <i>Revista de Archivos, Bibliotecas y
+Museos</i> (1907-1908). Trasladado a Écija desde su casamiento, allí vivió
+pobremente ejerciendo la abogacía y criando otros hijos, entre ellos, a
+Diego, nacido en 1586 y poeta como su padre y su hermano, vistiéndose y
+vistiendo a su familia de fiado, de lo cual es buena muestra cierta
+escritura que encontré en aquel archivo de protocolos, al buscar
+documentos cervantinos (Antonio Trapel, libro 1.º de 1588, fol. 1899), y
+componiendo de cuando en cuando tal cual epigrama latino, como el que
+hizo en elogio de don Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, para el
+<i>Comentario en breve compendio de disciplina militar</i>, escrito por el
+licenciado Mosquera de Figueroa (Madrid, Luis Sánchez, 1596).
+</p><p>
+Doña Francisca Negrete de Santander era hija del licenciado Diego de
+Santander, oriundo de la Montaña, y de doña María de Medina, vecinos de
+Écija. De estos Negretes y Santanderes, unos habían negociado en las
+Indias, y otros eran hombres de estudios, como lo demuestran los
+diversos datos que allegué: el doctor Pedro de Santander y su mujer doña
+Inés Melgarejo, vecinos de Sevilla, él hijo del doctor Negrete, se
+despacharon a la Nueva España, con los suyos, antes de mediar el siglo
+XVI (Archivo general de Indias, Licencias de pasajeros, 1534 y 1554 (43,
+2, 1/5), relación núm. 74 del cuaderno 9.º). En 25 de septiembre de
+1553, Diego Negrete de Santander, vecino de Sevilla, hijo de Bernardo
+Negrete de Santander y de Isabel Gómez Adalid, se despachó por mercader
+por tres años para Tierra Firme y Popayán (<i>Ibid.</i>, al fin de la primera
+hoja). El bachiller Juan de Santander, natural de Écija, probó en 17 de
+marzo de 1554 haber ganado un curso de Medicina, «oyendo del doctor
+gudiel y del doctor ferrer» (Archivo universitario de Osuna, Pruebas de
+cursos, fol. 6 del cuaderno del dicho año), y en 4 de mayo de 1555 probó
+otro en la Universidad complutense (Archivo Universitario de Alcalá, hoy
+en el Histórico Nacional, Pruebas de cursos de 1540 a 1555, fol. 714
+vto.). Con el nombre de Juan Antonio de Santander, se graduó en Medicina
+en la misma Universidad a 16 de mayo de 1555, y repitiendo en Osuna para
+licenciado, se le asignaron puntos, hizo el examen secreto y se le
+confirió el grado en 28 de agosto de 1568, doctorándose en 16 de mayo de
+1569 (Registro 1.º de grados, fol. 22 del dicho año), a presencia del
+duque de Osuna don Pedro Girón, de su hijo don Juan, marqués de
+Peñafiel, de don Alonso Téllez Girón, hermano natural del Duque y de
+muchos doctores y maestros. En la propia Universidad se graduó de
+bachiller en Artes, a 28 de julio de 1587, Alonso de Santander (Registro
+2.º de Grados, fol. 28 de este año), asimismo natural de Écija, a quien
+vuelvo a encontrar en Alcalá ganando un curso de Teología escolástica en
+8 de mayo de 1590. (Archivo universitario de Alcalá, pruebas de cursos
+de 1590 a 1593, fol. 21 del dicho año.) Y, en fin, un Pedro de Santander
+figura, para la devolución de la blanca de carne, entre los dignidades,
+canónigos, racioneros y capellanes de la Iglesia Mayor de Sevilla, en el
+año de 1596 (Archivo Municipal de Sevilla, Libros de Propios, asientos
+de 12 de junio de 1597). Este prebendado, probable deudo de Luis Vélez
+de Guevara, fué quizás quien le hizo entrar de paje en el palacio de don
+Rodrigo de Castro, cardenal arzobispo de Sevilla.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> Así vino a decirlo Cervantes en la jorn. III de <i>La gran
+sultana doña Catalina de Oviedo</i>:
+</p>
+<p>
+<br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... hidalgo, pero no rico:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">maldición del siglo nuestro;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que parece que ser pobre</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">al ser hidalgo está anexo.»</span><br />
+</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> En 1902 envié desde Sevilla copia literal del acta de este
+grado a don Felipe Pérez y González, en cuyo citado libro, págs. 132 y
+siguientes, puede leerla el curioso.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> <i>Las bodas de los Católicos Reyes de España don Felipe III
+y doña Margarita de Austria, celebradas en la insigne ciudad de
+Valencia. Por Luis Vélez de Santander.</i> Sevilla, 1599.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> En uno de los reimpresos por mí (<i>Cinco poesías
+autobiográficas de Luis Vélez de Guevara</i>. Madrid, 1908, pág. 11):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Esto es cuanto al Archiduque;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cuanto a marciales papeles</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de servicios <i>de seis años</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">escuchadme atentamente.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Si busca Antonio de Losa</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">soldados que a hablaros entren,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que no sin causa el aplauso</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vuestro su atención merece,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Saboya me vió y Milán;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en los años diez y siete</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de mi edad, medié la pica</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">al grabado peto fuerte<i>(a)</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con el tercio de Bretaña,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">siguiendo al Conde de Fuentes</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">desde Baya de Zahona,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por ambiciones de nieve,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">hasta que, treguas haciendo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con Saboya los franceses,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pasé a Nápoles, de donde</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a buscar en sus bajeles</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">la caravana salí</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por todo el mar del Oriente,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con don Pedro de Toledo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">rayo español de Berzeli.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">De plomo, como de gorra,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">nos saludamos mil veces</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">las turquescas escopetas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con los cristianos mosquetes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">descubrimos las montañas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de la provincia que tiene</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">el obelisco de Dios</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en prisión irreverente,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">hasta que el heroico brazo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vuestro a rescatar se llegue,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">para que el número diez</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">acrecentéis a los Nueve,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y en la primera jornada</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de Argel fué mi coselete,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">espejo al sol, que, Narciso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por mi se negó a las fuentes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">llegando a Valladolid</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">la misma noche del viernes</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que, para dicha del mundo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vos nacéis y Cristo muere.»</span><br />
+</p><p>
+<i>(a)</i> Como veremos en seguida, no tenía diez y siete, sino veintiún
+años, cuando dejó su plaza de paje. Trascordóse, pues, Vélez, o, lo que
+más creo, le hizo escribir <i>diez y siete</i> la fuerza del asonante.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> En pleito promovido por don Jerónimo de Leyva en abril de
+1604 ante el Provisor general del arzobispado de Sevilla, con motivo de
+haber presentado don Francisco de Acuña, canónigo de aquella Santa
+Iglesia, unas letras del Auditor de la Cámara de Su Santidad, por las
+cuales le subdelegaba plenariamente sus veces para averiguar si don
+Alonso de Ulloa había sido criado del cardenal don Rodrigo de Castro,
+declararon a tenor de cierto interrogatorio diversos testigos, entre
+ellos Luis Vélez de Santander, o sea nuestro Vélez de Guevara, y Lope de
+Vega Carpio. Mi querido amigo el docto cervantista don Adolfo Rodríguez
+Jurado, que halló este pleito, sacó a la luz pública la interesante
+declaración de Lope en el <i>Boletín de la Real Academia Sevillana de
+Buenas Letras</i> (septiembre de 1917), y me ha favorecido copiando para mí
+la declaración de Vélez, por la cual se viene en conocimiento de algunas
+cosas muy importantes para su biografía. Dijo «que es de hedad de veynte
+y cinco años poco más o menos», y respondiendo a la pregunta primera,
+que «conoció al Ilmo. don Rodrigo de Castro, arçobispo que fue de
+Sevilla, por queste testigo le sirvio de paje quatro años, que el
+postrero fue en el que murio el dicho cardenal, porque dos meses antes
+que muriera salió este testigo del su servicio....» A la segunda: «que
+sabe que el dicho don alonso de ulloa murió en la ciudad de toro por el
+mes de agosto del año pasado de seiscientos e tres, y este testigo le
+vido en valladolid quince días o veynte antes que muriese....» Y a la
+sexta: «queste testigo fue con el dicho cardenal a la dicha jornada de
+madrid, valencia y binaros, donde también fué el dicho don alonso de
+ulloa....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> Añadió al <i>Vélez</i> el <i>Guevara</i> y omitió el apellido
+materno, bien que en Écija siguieron llamándole <i>Vélez de Dueñas</i>, como
+a su padre. En 1630, año en que escribía el licenciado Andrés Florindo
+su <i>Addicion al libro de Eciia y svs grandezas</i> (Sevilla, Luis
+Estupiñán, 1631), aún le nombraba así (fol. 4): «Otro insigne Cavallero
+desta Ciudad, de excelente ingenio, mui universal en todas historias
+(otro don Alonso de Ercilla, o Luis <i>Vélez de Dueñas</i>)....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_11_11" id="Footnote_11_11"></a><a href="#FNanchor_11_11"><span class="label">[11]</span></a> Como nota el señor Cotarelo, Vélez de Guevara siempre hizo
+caso omiso de este primer matrimonio, al cual tampoco se refirió su hijo
+don Juan en la carta dirigida a Pellicer que publicó el señor Paz y
+Melia; pero en la canción que Salcedo Coronel dedicó a la muerte de
+nuestro poeta (<i>Cristales de Helicona</i>, Madrid, Diego Díaz de la
+Carrera, 1649-1650, folio 31 vto.) hay una tan clara y circunstanciada
+alusión a este enlace, que no sé cómo se desvirtúe:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Coronado de aplausos y victorias</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">volviste a España, que fiel previno</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en agradables lazos de Himeneo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">refrenar la inquietud de tu destino.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Ingrato el esplendor a tus memorias</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ardió en las teas que encendió el deseo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y entre infaustos gemidos sin aseo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">al tálamo condujo temerosa</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pronuba Juno a tu querida esposa,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que en dulce nudo apenas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">se vió a tu firme voluntad unida,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cuando, de acerbo golpe interrumpida,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sulcó estigias arenas:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Eurídice feliz fuera, si el llanto</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no impidiera la fuerza de tu canto.»</span><br />
+</p><p>
+¿Qué enlace fué éste? ¿Tuvo acaso más de arrebatado y soldadesco que de
+sacramental?</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_12_12" id="Footnote_12_12"></a><a href="#FNanchor_12_12"><span class="label">[12]</span></a> 24 de septiembre de 1608. Véase la partida matrimonial en
+el citado libro de Pérez y González, pág. 192.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_13_13" id="Footnote_13_13"></a><a href="#FNanchor_13_13"><span class="label">[13]</span></a> Bautizado a 9 de febrero de 1611 (Pérez y González, obra
+citada, pág. 193). A este hijo y a la unión de que fué dichoso fruto se
+refirió Salcedo Coronel en la estancia que sigue a la transcrita poco
+ha:
+</p><p>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Segunda vez a más fecundos lazos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">rendiste la cerviz aún no domada,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">gustoso de tu mismo vencimiento,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por quien, dichosamente dilatada,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">conseguiste en recíprocos abrazos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">la virtud que inspiró sagrado aliento,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">hijo, en fin, que formó tu entendimiento</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">aún más que la común naturaleza,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">porque lograse con igual grandeza,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">agradecido el mundo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">fénix que del primero renaciese</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y tus doctas cenizas ofreciese</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">al templo en que facundo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Apolo, por cien bocas espirante,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tus alabanzas dignamente cante.»</span><br />
+</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_14_14" id="Footnote_14_14"></a><a href="#FNanchor_14_14"><span class="label">[14]</span></a> Pérez y González, obra citada, pág. 196.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_15_15" id="Footnote_15_15"></a><a href="#FNanchor_15_15"><span class="label">[15]</span></a> También le señaló pensión el Marqués de Peñafiel:
+cuatrocientos ducados en cada un año, desde 1.º de enero de 1622; pero
+amén de salir de ordinario inciertas las mercedes de los señores de
+aquel tiempo, en las manos de Luis Vélez no había dinero, presente o
+futuro, que no se volviera sal y agua.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_16_16" id="Footnote_16_16"></a><a href="#FNanchor_16_16"><span class="label">[16]</span></a> A estos memoriales me he referido en la nota última de la
+pág. IX.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_17_17" id="Footnote_17_17"></a><a href="#FNanchor_17_17"><span class="label">[17]</span></a> Pérez y González, obra citada, pág. 203.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_18_18" id="Footnote_18_18"></a><a href="#FNanchor_18_18"><span class="label">[18]</span></a> Sólo producían lo poco en que las compraban los autores de
+compañía o las corporaciones que las habían encargado: seiscientos
+reales, u ochocientos a lo sumo. Por lo menos de seiscientos no creía
+Jerónimo Dalmao, en 1616, que Luis Vélez se prestase a componer cierta
+comedia a lo divino <i>(Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos</i>, 1878).
+Y don Pedro Calderón, en la jorn. I de <i>Nadie fíe su secreto</i>, comedia
+anterior al año 1651, hizo decir a dos de sus interlocutores:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«D. ARIAS. Aquí la doncella vive....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">LÁZARO.&nbsp; &nbsp; Ni la oigas ni la veas,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">señor, hasta que se haga;</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">que son como las comedias:</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">sin saber si es buena o mala,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;"><i>ochocientos reales cuesta</i></span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;"><i>la primera vez</i>; mas luego</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">dan por un real ochocientas.</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">Déjala imprimir primero;</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">que comedias y doncellas,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">como estén dadas al molde,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">las hallarás por docenas.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_19_19" id="Footnote_19_19"></a><a href="#FNanchor_19_19"><span class="label">[19]</span></a> Lope, en una de sus cartas al duque de Sessa (Barrera,
+Adiciones a la <i>Nueva biografía de Lope de Vega</i>, página 616): «Hablaré,
+pues V. Ex.ª lo manda, a Vallejo; que, en fin,
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Mi sotana sin reparos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tiene, por ser de probecho,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">quatro bocas en el pecho,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mas todas para alabaros.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Y no es por ynportunaros</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">al hablar en mi sotana,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pues tengo por cosa llana,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">según es agradecida,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que si os alaba rompida,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mexor os alabe sana.</span><br />
+</p><p>
+<i>Parece cosa de Luis Vélez;</i> mas, Señor, V. Ex.ª tubo la culpa; que yo
+me havía remitido a la onrra portuguesa, que en Castilla llaman
+bayeta.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_20_20" id="Footnote_20_20"></a><a href="#FNanchor_20_20"><span class="label">[20]</span></a> Pérez Pastor, <i>Bibliografía Madrileña,</i> tomo III, pág.
+509.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_21_21" id="Footnote_21_21"></a><a href="#FNanchor_21_21"><span class="label">[21]</span></a> Pérez y González, obra citada, pág. 207.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_22_22" id="Footnote_22_22"></a><a href="#FNanchor_22_22"><span class="label">[22]</span></a> Pérez y González, obra citada, pág. 210.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_23_23" id="Footnote_23_23"></a><a href="#FNanchor_23_23"><span class="label">[23]</span></a> A fines del año 1851 un señor Pianitzky, pensando en
+traducir al ruso <i>El Diablo Cojuelo</i>, pidió explicaciones a la Academia
+Española acerca de ciertas dudas que se le habían ofrecido. Dado encargo
+al académico don Agustín Durán para que respondiese, este señor, por
+abril del año siguiente, dió cuenta de haberlo cumplido, en la medida de
+sus fuerzas. Pero ¡cómo lo cumplió, Dios santo! Hago gracia al lector de
+los demás trámites de aquel desdichado asunto: baste decir, para que los
+manes de Durán no se irriten demasiado, que en aquella ocasión durmió
+Homero a pierna suelta, y durmieron con él cuantos pusieron las manos, o
+formulariamente hicieron que las ponían, que es lo más probable, en las
+empecatadas <i>ilustraciones</i> de Durán. Aquella larga serie de lamentables
+yerros, que el lector curioso puede examinar en el departamento de
+manuscritos de la Biblioteca Nacional (Ms. 13881)&mdash;pues a ella fueron a
+parar, con la del, por otra parte, meritísimo colector de nuestros
+romances, los borradores de su inverosímil trabajo&mdash;, convidaba, ¿qué
+digo convidaba?, requería a volver por la honra del malparado Vélez, y,
+en general, por los fueros de nuestro idioma; el señor Bonilla no
+resistió a tentación tan plausible, y es de justicia reconocer que en
+mucha parte logró su intento, explicando bien muchas cosas de que Durán
+no había sabido darse acertada cuenta.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_24_24" id="Footnote_24_24"></a><a href="#FNanchor_24_24"><span class="label">[24]</span></a> Footnote de la pág. VIII de la introducción: «Tuve entonces
+[en 1902] la fortuna (que por tal la disputo) de hallar un erudito y
+amable crítico en la persona del señor don Felipe Pérez y González, el
+cual publicó en <i>La Ilustración Española y Americana</i> y reunió después
+en un volumen (<i>El Diablo Cojuelo</i>, Madrid, 1903) algunas <i>notas</i> acerca
+de mis Comentarios, que inmerecidamente declaró «dignos de aplauso y
+alabanza». La disconformidad en que estoy con algunas de sus
+apreciaciones no obsta para que reconozca la exactitud de otras, ni para
+que aproveche con gratitud sus enseñanzas, como aprovecharé y agradeceré
+siempre las que se me den con fundamento. Aspiro constantemente a
+realizar trabajos útiles, pero jamás tuve la ridícula pretensión de que
+fuesen perfectos.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_25_25" id="Footnote_25_25"></a><a href="#FNanchor_25_25"><span class="label">[25]</span></a> Santiago de Chile, Imprenta de San José, 1915, página 15.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_26_26" id="Footnote_26_26"></a><a href="#FNanchor_26_26"><span class="label">[26]</span></a> Pág. 190 de la edición de Zaragoza, s.i., 1697.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_27_27" id="Footnote_27_27"></a><a href="#FNanchor_27_27"><span class="label">[27]</span></a> Tomo IV, pág. 386, 13.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_28_28" id="Footnote_28_28"></a><a href="#FNanchor_28_28"><span class="label">[28]</span></a> Sin lugar ni año, pero en Sevilla, hacia 1630.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_29_29" id="Footnote_29_29"></a><a href="#FNanchor_29_29"><span class="label">[29]</span></a> Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo
+91 de causas, núm. 176, fol. 85.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_30_30" id="Footnote_30_30"></a><a href="#FNanchor_30_30"><span class="label">[30]</span></a> <i>Ibid</i>., legajo 94, núm. 226.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_31_31" id="Footnote_31_31"></a><a href="#FNanchor_31_31"><span class="label">[31]</span></a> Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia,
+legajo 25 de causas, núm. 1.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_32_32" id="Footnote_32_32"></a><a href="#FNanchor_32_32"><span class="label">[32]</span></a> Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo
+83 de causas, núm. 41.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_33_33" id="Footnote_33_33"></a><a href="#FNanchor_33_33"><span class="label">[33]</span></a> Inquisición de Toledo, legajo 86 de causas, número 73.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_34_34" id="Footnote_34_34"></a><a href="#FNanchor_34_34"><span class="label">[34]</span></a> El señor Bonilla, al opinar en esto contra Pérez y
+González, opinó también contra sí, pues en su edición de 1902, página
+XXVII, había dicho: «Podemos concluír, pues, que <i>El Diablo Cojuelo,</i>
+empezado hacia 1630, hubo de terminarse después del mes de febrero de
+1637, fecha de las mencionada fiestas»; refiriéndose a las celebradas en
+el Retiro, en que Luis Vélez, como presidente, leyó el mismo soneto que
+don Cleofás lee en la Academia Sevillana (tranco IX de la presente
+edición) y, con leves variantes, las mismas <i>Premáticas y ordenanzas</i>
+que lee en otra junta de la sobredicha Academia (tranco X.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_35_35" id="Footnote_35_35"></a><a href="#FNanchor_35_35"><span class="label">[35]</span></a> También yo caí en la tentación de hacer sobre ello algunas
+pesquisas, y a este fin, pues al principio del tranco IX se nombra
+como asistente de Sevilla al Conde de Salvatierra, averigüé cuándo tomó
+posesión de este cargo y cuándo cesó en su ejercicio, por si lo uno o lo
+otro diese alguna luz para el pleito. No la da: su asistencia duró desde
+el día 24 de abril de 1634 hasta el 3 de julio de 1642, en que dió
+posesión al Conde de la Puebla del Maestre, y haciéndome el razonamiento
+que en el texto queda, sobreseí en la investigación.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_36_36" id="Footnote_36_36"></a><a href="#FNanchor_36_36"><span class="label">[36]</span></a> Córdoba, Salvador de Cea, 1630. 4 hs. sin foliar.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_37_37" id="Footnote_37_37"></a><a href="#FNanchor_37_37"><span class="label">[37]</span></a> Verbigracia, en un pasaje del tranco I y en otro del IX.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_38_38" id="Footnote_38_38"></a><a href="#FNanchor_38_38"><span class="label">[38]</span></a> Página 237 de mi edición crítica de <i>Rinconete y
+Cortadillo</i> (Sevilla, 1905). A mayor abundamiento, vea el curioso,
+porque es concluyente y <i>definitivo</i>&mdash;como dicen ahora&mdash;algo de lo que
+advirtió el sabio maestro Menéndez y Pelayo para explicar por qué en la
+hermosa edición académica de las <i>Obras de Lope de Vega</i> no había de
+copiar servilmente los antiguos textos: «...Publíquense
+enhorabuena&mdash;observaba&mdash;con estricto rigor paleográfico (y no de otro
+modo deben publicarse) todos los monumentos literarios anteriores a la
+era de los Reyes Católicos; pero séanos lícito disfrutar, como de cosa
+familiar y doméstica, de todo el tesoro de nuestras letras clásicas, y
+no nos empeñemos en ahuyentar a las gentes de la lección de nuestros
+autores de la edad de oro, presentándolos en textos de aspecto
+repulsivo, sólo para que algún filólogo tenga el placer de saber a
+ciencia cierta que Calderón, en <i>El Mágico prodigioso</i> escribió (verso
+754), <i>hedad</i> con <i>h</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_39_39" id="Footnote_39_39"></a><a href="#FNanchor_39_39"><span class="label">[39]</span></a> <i>Naveta</i>, en su antigua acepción de <i>gaveta</i> o cajoncillo
+corredizo de una papelera o escritorio: <i>vne leyette d'vn cabinet ou
+d'autre chose</i>, definió César Oudin en <i>Le Tresor des devx langves
+espagnolle et françoise</i>. (Sírvome de la edición de París, M.DC.XLV.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_40_40" id="Footnote_40_40"></a><a href="#FNanchor_40_40"><span class="label">[40]</span></a> Llamaban <i>mosqueteros</i>, como dice el <i>Diccionario</i> de la
+Academia, a los que en los antiguos corrales de comedias las veían de
+pie desde la parte posterior del patio. Y a silbar a los cómicos
+llamaban, consiguientemente, <i>mosquetear</i>, verbo que falta en el dicho
+léxico. Ruiz de Alarcón, en el acto I de <i>Mudarse por mejorarse</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«REDONDO. ...Representante afamado</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">has visto, por sólo errar</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">vna sílaba, quedar</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">a silbos <i>mosqueteado</i>.»</span><br />
+</p><p>
+A lo que parece, o era reciente el silbar en el teatro cuando el
+admirable poeta mejicano escribió <i>Todo es ventura</i>, o se había
+introducido de nuevo esa grosera costumbre, pues en el acto I dicen dos
+interlocutores:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«DUQUE. ¿Tú, Fabio?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">FABIO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Yo, en la comedia.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">DUQUE. ¿Pareció bien?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">FABIO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; No, señor,</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">con ser divino su autor;</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">porque si no se remedia</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;"><i>esta nueva introdución</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;"><i>de los silbos</i>, es forzoso</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">que pierda el más ingenioso</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">a los versos la afición.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_41_41" id="Footnote_41_41"></a><a href="#FNanchor_41_41"><span class="label">[41]</span></a> Vélez de Guevara fué muy dado a buscar el donaire
+acomodando a su intento los modismos y refranes vulgares, por medio del
+trueque de una o más de sus palabras. Así, iremos viendo, verbigracia,
+en el curso de esta novela, <i>Dar gato por demonio, Irse al infierno en
+coche y en alma, Preñada de medio ojo, Astrólogo regoldano, Lo que es
+del diablo, el diablo se lo ha de llevar, Si Dios me tiene de sus
+consonantes, Siempre quiebra la soga por lo más forastero, Salud y
+consonantes, Servir a su Majestad con dos comedias en Orán,</i> meras
+modificaciones de los refranes y frases <i>Dar gato por liebre, Irse al
+infierno en cuerpo y alma, Tapada de medio ojo, Castaña regoldana, Lo
+que es del agua, el agua se lo lleva, Si Dios me tiene de su mano,
+Siempre quiebra la soga por lo más delgado, Salud y gracia</i>, y <i>Servirá
+su Majestad con dos lanzas en Orán</i>. Tales acomodamientos pertenecen,
+sin duda, a la clase de <i>chistes baratos</i>; quiero decir que cuestan
+poco al ingenio de su inventor. Por fortuna, Vélez de Guevara tiene, y
+sabe lucirlos, méritos de muchos más quilates que estas gracias frías.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_42_42" id="Footnote_42_42"></a><a href="#FNanchor_42_42"><span class="label">[42]</span></a> Lo de haber nacido <i>para número de los demás</i> puede ser
+reminiscencia de aquel verso de una de las epístolas de Horacio:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«Nos numeri sumus, <i>fruges consumere nati</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Análogamente Ruiz de Alarcón, en el acto I de <i>La verdad sospechosa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. GARCÍA.&nbsp; Quien vive sin ser sentido,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">quien <i>sólo el número aumenta</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y hace lo que todos hacen,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">¿en qué difiere de bestia?»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_43_43" id="Footnote_43_43"></a><a href="#FNanchor_43_43"><span class="label">[43]</span></a> Sabidísimo es que se llamaba <i>corral de comedias</i>, como
+dice el <i>Diccionario</i> comúnmente llamado <i>de autoridades</i>, «la casa,
+patio o theatro donde se representan las comedias. Diósele este
+nombre&mdash;añade&mdash;porque ordinariamente están descubiertos».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_44_44" id="Footnote_44_44"></a><a href="#FNanchor_44_44"><span class="label">[44]</span></a> <i>Las bocas abiertas</i>, especie de ablativo absoluto,
+frecuentemente usado por nuestros escritores.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_45_45" id="Footnote_45_45"></a><a href="#FNanchor_45_45"><span class="label">[45]</span></a> Llamóse <i>corchetes</i>, figuradamente, a ciertos ministros
+inferiores de la justicia, servidores de los alguaciles, porque, en
+frase de Covarrubias, <i>Tesoro de la lengua castellana, o española,</i>
+«asen como estos ganchuelos».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_46_46" id="Footnote_46_46"></a><a href="#FNanchor_46_46"><span class="label">[46]</span></a> <i>Con lo mío me haga Dios merced</i>, decíase para indicar que
+no se deseaba nada allegado con riesgo o por mal camino. Así lo dijeron,
+simple o socarronamente, aquellos benéficos forajidos de la Sierra de
+Cabrilla que partían con el robado lo que éste llevaba. De ellos dice
+Luque Fajardo (<i>Fiel desengaño</i> <i>contra la ociosidad y los juegos,
+Madrid, 1606,</i> fol. 291) que, habiendo tropezado con ellos un labrador
+«y como no llevase más de quinze reales, que eran expensas de su viaje,
+hecha la quenta cabian a siete y medio; no se hallaua a la sazon trueque
+de vn real, y el buen labrador (que diera aquella cantidad, y otra de
+más momento, por verse fuera de sus manos) rogauales encarecidamente
+tomassen ocho reales, porque él se contentaua con siete.&mdash;De ninguna
+manera (respondieron ellos): <i>con lo que es nuestro nos haga Dios
+merced</i>».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_47_47" id="Footnote_47_47"></a><a href="#FNanchor_47_47"><span class="label">[47]</span></a> <i>Mareta</i>, en la acepción figurada que registra el léxico
+de la Academia: «Rumor de muchedumbre que empieza a agitarse, o bien a
+sosegarse después de agitación violenta».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_48_48" id="Footnote_48_48"></a><a href="#FNanchor_48_48"><span class="label">[48]</span></a> En los prólogos se ha solido llamar al lector <i>cándido,
+benévolo, pío</i> y otras cosas a este tono, y Vélez juega de las dos
+acepciones del primero de estos vocablos, oponiendo a <i>cándido,</i> que
+etimológicamente significa <i>blanco</i>, el adjetivo <i>moreno</i>, cosa parecida
+a estotro donaire que por los años de 1612 había usado Quevedo en el
+prólogo de <i>El Mundo por de dentro</i>: «Al lector, como Dios me lo
+deparare, <i>cándido</i> o <i>purpúreo, pío</i> o <i>cruel, benigno</i> o <i>sin
+sarna</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_49_49" id="Footnote_49_49"></a><a href="#FNanchor_49_49"><span class="label">[49]</span></a> Dice <i>de la jineta de los consonantes</i> por lo encogido que
+va el poeta sujetándose al metro y la rima; <i>y la brida de la prosa,</i>
+porque en ella se extiende el ingenio libremente. Sabidísimo es que el
+que cabalgaba a la jineta llevaba encogidas las piernas, y estiradas a
+todo su largo el que cabalgaba a la brida.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_50_50" id="Footnote_50_50"></a><a href="#FNanchor_50_50"><span class="label">[50]</span></a> <i>Despensas</i>, más bien que <i>gastos o costas</i>, significa en
+este lugar <i>necesidades</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_51_51" id="Footnote_51_51"></a><a href="#FNanchor_51_51"><span class="label">[51]</span></a> Llamábase <i>autores de comedias por su Majestad</i> a los
+empresarios teatrales que tenían licencia real para formar compañía.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_52_52" id="Footnote_52_52"></a><a href="#FNanchor_52_52"><span class="label">[52]</span></a> Porque algunos cojos andan a <i>trancos</i> se les suele llamar
+festivamente <i>cojitrancos</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_53_53" id="Footnote_53_53"></a><a href="#FNanchor_53_53"><span class="label">[53]</span></a> <i>Leyenda</i>, en su antigua acepción de <i>lectura. Leenda</i>
+dice todavía el vulgo andaluz.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_54_54" id="Footnote_54_54"></a><a href="#FNanchor_54_54"><span class="label">[54]</span></a> <i>Y yo menos que agradecerte</i>, quiere decir.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_55_55" id="Footnote_55_55"></a><a href="#FNanchor_55_55"><span class="label">[55]</span></a> <i>Por no ser para más</i> era expresión usual en la respuesta
+de las cartas y billetes de antaño. Véase, por ejemplo, el borrador de
+una escrita al Secretario de la Universidad de Alcalá de Henares por un
+su dependiente. Está al fin del libro de matrículas de 1566: «Los días
+pasados me hicieron merced de responderme con aquellos caballeros, los
+quales vinieron de su tierra de V.m.; y <i>por no ser para más</i> la carta
+que V.m. me ynbió no escribo más a V.m. el secretario mi señor. Oi lunes
+a catorze de mayo.» (Archivo Histórico Nacional.) Por donaire, pasó tal
+expresión a la plática verbal; así, verbigracia, en el <i>Quijote</i> (II,
+34), por boca de un supuesto demonio: «Y <i>por no ser para más</i> mi
+venida, no ha de ser más mi estada.» Y Pérez de Montalván, en la jornada
+I de <i>La Doncella de labor</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D.ª ISABEL.&nbsp; ...Y lo demás, finalmente,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">es que ya las doce son,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y que ha venido la silla,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y por ser tarde me voy,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">de vos muy enamorada, <i>(A D. Diego</i>.)</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y muy celosa de vos; <i>(A D.ª Elvira</i>.)</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y <i>por no ser para más,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">a buenas noches, adiós.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_56_56" id="Footnote_56_56"></a><a href="#FNanchor_56_56"><span class="label">[56]</span></a> <i>A los que fueren entonces</i>, es decir, <i>a los días del mes
+que fueren</i> entonces, cuando el libro salga a luz.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_57_57" id="Footnote_57_57"></a><a href="#FNanchor_57_57"><span class="label">[57]</span></a> Don Juan Vélez de Guevara nació en Madrid y fué bautizado
+en la iglesia parroquial de San Andrés, a 9 de febrero de 1611. Publicó
+su partida bautismal mi inolvidable amigo don Felipe Pérez y González,
+en su excelente libro intitulado <i>El Diablo Cojuelo: notas y
+comentarios</i> (Madrid, 1903), página 193.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_58_58" id="Footnote_58_58"></a><a href="#FNanchor_58_58"><span class="label">[58]</span></a> De llamar los hechiceros <i>hora menguada</i> a la que ya
+estaba acabándose, por suponer que el resto de ella era ocasionado a
+malos sucesos, se pasó a dar ese nombre al «tiempo fatal o desgraciado
+en que se sucede un daño o no se logra lo que se desea». Y Vélez llama a
+la de las once de la noche <i>hora menguada para las calles</i>, porque en
+ella, al tiempo en que supone la acción de su relato, se vertían, por
+las puertas de las casas, las aguas inmundas. Así se mandó y pregonó en
+la coronada villa a 23 de septiembre de 1639, por acuerdo de los
+alcaldes de casa y corte (Archivo Histórico Nacional, Libros de gobierno
+de la Sala de Alcaldes, fol. 221 del dicho año): «... que ninguna
+persona bacie por las ventanas y canelones agua ni ynmundicias ni otras
+cosas, sino por las puertas de las calles; <i>en berano las puedan baciar
+a las once dadas de la noche</i>, y en ybierno dadas las diez della, pena
+de quatro años de destierro y veinte ducados a los amos que lo
+consintieren, y de zien azotes y seis años de destierro a los criados y
+criadas que lo hecharen, y de pagar los daños que hicieren....» Por esta
+hora del «¡agua va!» Ruiz de Alarcón hizo decir a Hernando, de noche y
+en la calle, en el acto III de <i>Los Favores del mundo</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«¡Poh! ¡Mal hubiesen los gatos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que dan algalia a estos botes!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Ya empiezan las cosas malas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de entre las once y las doce</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_59_59" id="Footnote_59_59"></a><a href="#FNanchor_59_59"><span class="label">[59]</span></a> Con esto de <i>boqueaba coches</i> se quiere decir que daba
+las boqueadas el pasear por el Prado, del cual salían ya los pocos
+coches que quedaban en él.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_60_60" id="Footnote_60_60"></a><a href="#FNanchor_60_60"><span class="label">[60]</span></a> Porque el agua del Manzanares no cubría las desnudeces de
+los que se bañaban en él, dijo Celia en <i>La Dorotea</i>, de Lope de Vega,
+acto II, escena II: «... ¿cómo puedes negar la culpa que tiene [el río]
+en que, siendo los veranos tan humilde, se deja entrar de mil géneros de
+hombres y mujeres, hecho un valle de Josafat?»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_61_61" id="Footnote_61_61"></a><a href="#FNanchor_61_61"><span class="label">[61]</span></a> Con los donaires que se han escrito a costa del ruin
+caudal del Manzanares se podrían llenar muchas páginas. Véanse siquiera
+dos muestras. Tirso de Molina, en un romance que insertó en sus
+<i>Cigarrales de Toledo</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Según arenas criáis</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y estáis ya caduco y viejo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">moriréis de mal de orina,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">como no os remedie el cielo.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Como Alcalá y Salamanca,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tenéis, y no sois colegio,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vacaciones en verano</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y curso sólo en invierno.»</span><br />
+</p><p>
+Y Castillo Solórzano, <i>Tiempo de Regozijo, y Carnestolendas de Madrid</i>
+(Madrid, Luis Sánchez, 1627), fol. 114 vuelto:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...Este, pues, charco ambulante,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">olla de tantos mondongos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pelador de pies de puerco,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">si no de panças de tomo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">reseruó entre dos alisos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tres álamos y dos pobos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">para retirados baños,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cierto cristal, aunque poco.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_62_62" id="Footnote_62_62"></a><a href="#FNanchor_62_62"><span class="label">[62]</span></a> <i>Ite, rio est</i>, dicho macarrónicamente, a imitación del
+<i>Ite, missa est</i>, como si dijeran: «¡Ea, se acabó el río!», porque la
+poca agua que de él quedaba se la habían llevado los Adanes y las Evas
+en las sábanas con que se habían enjugado. El señor Bonilla dice en las
+notas de su edición de 1910&mdash;pocas veces aludiré a la de Vigo
+(1902)&mdash;que Vélez, con las palabras <i>Ite, rio est</i>, «evidentemente se
+refiere al canon de la misa». Si él está en lo cierto, no lo está el
+<i>Diccionario</i> de la Academia Española, según el cual <i>canon</i> es aquella
+parte de la misa que comienza en el <i>Te igitur</i> y acaba con el <i>Pater
+noster</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_63_63" id="Footnote_63_63"></a><a href="#FNanchor_63_63"><span class="label">[63]</span></a> A diferencia del señor Bonilla, paréceme que con la frase
+<i>hidalgo a cuatro vientos</i> no quiso decir nuestro autor que <i>don
+Cleofás</i>, yendo por el tejado, «se hallaba expuesto a todos los aires»,
+sino que era un hacia hidalgo, sin casa solariega, y, por tanto, a la
+intemperie o a <i>los cuatro vientos</i>. Él mismo dice más adelante que por
+lo de llamarse Leandro, como el infortunado amador de Hero, tenía su
+ejecutoria en las obras de Boscán y Garcilaso.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_64_64" id="Footnote_64_64"></a><a href="#FNanchor_64_64"><span class="label">[64]</span></a> Para ser encrucijada <i>de apellidos</i> le faltaban dos, pues
+no tenía más de otros tantos. Vélez contó con ellos los dos nombres de
+pila.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_65_65" id="Footnote_65_65"></a><a href="#FNanchor_65_65"><span class="label">[65]</span></a> Hoy diríamos <i>que le iba a los alcances</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_66_66" id="Footnote_66_66"></a><a href="#FNanchor_66_66"><span class="label">[66]</span></a> Decir, por metátesis, <i>estrupo</i> fué cosa corriente en los
+siglos XV, XVI y XVII. Véase algún ejemplo. Fernán Pérez de Guzmán, en
+su <i>Confesión rimada</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«De aqueste mal cuerpo otro nombre es</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que se llama <i>estrupo</i>, e su propia maldad</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">es en desflorar la virginidad....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_67_67" id="Footnote_67_67"></a><a href="#FNanchor_67_67"><span class="label">[67]</span></a> Refiérese a la expresión vulgar figurada <i>sin comerlo ni
+beberlo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_68_68" id="Footnote_68_68"></a><a href="#FNanchor_68_68"><span class="label">[68]</span></a> <i>Veintidoseno</i>, dicho en buen romance, y no <i>vigésimo
+segundo</i>, que sería decirlo a la latina.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_69_69" id="Footnote_69_69"></a><a href="#FNanchor_69_69"><span class="label">[69]</span></a> Por estas <i>multiestupradas</i> de fines del siglo XVI y todo
+el XVII decía Mateo Alemán en su <i>Guzmán de Alfarache</i>, parte I, libro
+III, cap. II: «... nunca quien lo come lo paga, o por grandísima
+desgracia. Siempre suele salir horro el dañador, y después lo echan a la
+buena barba; siempre suele recambiar en un desdichado.» Y, más tarde,
+Moreto, en la jorn. II de <i>Todo es enredos amor</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. FÉLIX. ...Porque hay mujeres en esta</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">ciudad, de corta fortuna,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que al cebo de su belleza</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">suelen traer muchos peces,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">y al ignorante que pesca</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">el anzuelo de su cara</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">le echan la justicia a cuestas</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">y la cruz del matrimonio.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_70_70" id="Footnote_70_70"></a><a href="#FNanchor_70_70"><span class="label">[70]</span></a> A las palabras <i>para en uno son</i> pone el señor Bonilla por
+comentario: «Frase del ceremonial religioso del matrimonio». Ignoro de
+dónde pudo sacar esta peregrina especie. <i>En uno</i> significa
+<i>juntamente</i>, como se echa de ver en muchas cédulas reales de Don
+Alfonso el Sabio, dadas <i>en uno</i> con la reina Yolant su mujer, y en
+otras de Don Fernando IV: «E nos el sobredicho rey, regnante <i>en uno</i>
+con la reina doña Constanza mi mujer....» Y <i>para en uno son</i> díjose de
+los novios, desposados o por desposar, en el sentido de que están
+destinados para vivir <i>en uno</i> o <i>juntamente</i>. Así lo demuestran los
+siguientes pasajes de Lope de Vega. En el acto I de <i>Peribáñez y el
+Comendador de Ocaña</i> cantan los músicos:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Y a los nuevos desposados</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">eche Dios la bendición;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">parabién les den los prados,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pues hoy <i>para en uno son</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Y en el acto I de <i>Fuente Ovejuna</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LAURENCIA.&nbsp; ...En todo el lugar hay moza,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">o mozo en el prado o soto,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que no se afirme diciendo</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que ya <i>para en uno somos</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_71_71" id="Footnote_71_71"></a><a href="#FNanchor_71_71"><span class="label">[71]</span></a> Llama a la muerte <i>el vicario Responso</i>, porque, como el
+vicario o juez eclesiástico, tiene poder para separar a los casados.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_72_72" id="Footnote_72_72"></a><a href="#FNanchor_72_72"><span class="label">[72]</span></a> El léxico de la Academia registra las formas <i>boarda</i> y
+<i>buharda</i>, y no la que ocurre en este lugar del texto.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_73_73" id="Footnote_73_73"></a><a href="#FNanchor_73_73"><span class="label">[73]</span></a> Añade <i>y la boca</i> aludiendo a la costumbre de besar la
+tierra los que llegaban a ella después de haber corrido grande peligro
+en el mar. Así dice el Cautivo en el <i>Quijote</i> (I, 41): «Embestimos en
+la arena, salimos a tierra, <i>besamos el suelo</i>, y con lágrimas de muy
+alegrísimo contento dimos todos gracias a Dios....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_74_74" id="Footnote_74_74"></a><a href="#FNanchor_74_74"><span class="label">[74]</span></a> Llama <i>ministros del agarro</i> a los que antes (7, 4)[45]
+había llamado <i>corchetes</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_75_75" id="Footnote_75_75"></a><a href="#FNanchor_75_75"><span class="label">[75]</span></a> Así en la edición original, que páginas adelante estampa
+<i>Bitigudino</i>. Es apellido tomado del nombre <i>Vitigudino</i>, villa de la
+provincia de Salamanca.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_76_76" id="Footnote_76_76"></a><a href="#FNanchor_76_76"><span class="label">[76]</span></a> <i>Moneda chanflona</i> es la toscamente falsificada, difícil
+de pasar sino cuando hay poca luz. Nuestros diccionarios registran el
+aumentativo <i>chanflón,</i> y no el positivo <i>chanfla</i>, muy corriente en
+Andalucía con idéntico significado. Y aun de <i>chanfla</i> dicen <i>¡Chanfle!</i>
+al acabar de contar alguna cosa poco creíble, como si dijeran: <i>¡Pase,
+como moneda chanflona</i>!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_77_77" id="Footnote_77_77"></a><a href="#FNanchor_77_77"><span class="label">[77]</span></a> <i>A gatas</i>, porque andaban a cuatro pies por los tejados en
+busca de don Cleofás; y <i>jinetes que corrían sus costas</i>, por alusión a
+la que se llamó y llama Cervantes (<i>Quijote</i>, I, 41) <i>caballería de la
+costa</i>, de la cual trató largamente Pérez y González en <i>El Diablo
+Cojuelo: notas y comentarios</i>, páginas 13-17.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_78_78" id="Footnote_78_78"></a><a href="#FNanchor_78_78"><span class="label">[78]</span></a> Toda esta alegoría es alusión a los frecuentes desembarcos
+que hacían en nuestras costas los corsarios moros, y a la presa que de
+ellas solían arrebatar, no obstante el cuidado de los <i>atajadores</i> o
+<i>jinetes de la costa</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_79_79" id="Footnote_79_79"></a><a href="#FNanchor_79_79"><span class="label">[79]</span></a> <i>Mohatrera de doncellazgos</i>, porque, como el mohatrero,
+volvía a quedarse con lo mismo que vendía; en este caso, con la propia
+fingida doncellez, vendida ya a tantos galanes. «<i>Mohatra</i>&mdash;dice
+Covarrubias&mdash;es la compra fingida que se haze vendiendo el mercader a
+más precio del justo y teniendo otro de manga que lo buelva a comprar
+con dinero contante a menos precio.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_80_80" id="Footnote_80_80"></a><a href="#FNanchor_80_80"><span class="label">[80]</span></a> <i>Chapetón,</i> significando <i>inocente</i> o <i>boquirrubio</i>.
+Llamaban <i>chapetón</i> en Indias a los que, por recién llegados, ignoraban
+las costumbres y trato de aquella tierra. El adjetivo <i>doncellil</i> falta
+en el <i>Diccionario</i> de la Academia.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_81_81" id="Footnote_81_81"></a><a href="#FNanchor_81_81"><span class="label">[81]</span></a> Contra lo que pudiera sospecharse, <i>suceso</i>, en
+equivalencia de <i>éxito</i> o <i>resultado</i>, no tiene nada de galicismo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_82_82" id="Footnote_82_82"></a><a href="#FNanchor_82_82"><span class="label">[82]</span></a> El señor Bonilla, anotando este lugar, habla de la <i>silla</i>
+llamada <i>cadera, cadiera o cadira</i>, y de unas <i>mesas de cadera</i> o <i>de
+cadiera</i>; pero no de la <i>mesa de cadena</i>. Por si, como creo, puede
+aprovechar a algún investigador más afortunado que nosotros, diré que en
+la almoneda de los bienes que quedaron por muerte del maestro Juan de
+Mallara se lee: «yten <i>vna mesa vieja de cadena</i> con su banco....»
+(Archivo de Protocolos de Sevilla, Gaspar Romano, libro 2.º de 1571,
+fol. 1991.) Y en el inventario de los bienes de don Carlos de Álava:
+«yten otra mesa de nogal de gonzes <i>con el banco de cadena</i>». (Archivo
+de Protocolos de Valladolid. Juan Ramos, 1604, folio 133 vto.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_83_83" id="Footnote_83_83"></a><a href="#FNanchor_83_83"><span class="label">[83]</span></a> Claro es que se refiere a lo que el léxico de la Academia
+llama <i>efemérides astronómicas.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_84_84" id="Footnote_84_84"></a><a href="#FNanchor_84_84"><span class="label">[84]</span></a> La <i>magia</i> o <i>mágica negra</i> a diferencia de la blanca, que
+es lo que podríamos llamar mera prestidigitación y <i>física recreativa</i>,
+fué siempre arte reprobado, porque nada se hace en él sin pacto expreso
+o tácito con el demonio.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_85_85" id="Footnote_85_85"></a><a href="#FNanchor_85_85"><span class="label">[85]</span></a> Era cosa general creer que los hechiceros solían tener un
+demonio familiar metido en una redoma. Rojas Zorrilla en la jorn. II de
+<i>Lo que quería ver el Marqués de Villena</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ZAMBAPALO. Señor, he de hablar de veras:</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">yo tengo miedo.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MARQUÉS.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ¿Por qué?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ZAMBAPALO.&nbsp; Porque deste hombre me cuentan</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">que tiene en una redoma</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">un demonio.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_86_86" id="Footnote_86_86"></a><a href="#FNanchor_86_86"><span class="label">[86]</span></a> <i>Respondieron</i>, plural impersonal muy frecuente en
+nuestros buenos escritores de antaño, y aún hoy en el habla de nuestro
+vulgo. Véase en mi edición del <i>Quijote</i>, publicada en esta colección de
+<i>Clásicos Castellanos</i>, cómo lo usaba Cervantes (VI, 53, 14, 125, 3,
+137, 8; VII, 14, 5, etc.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_87_87" id="Footnote_87_87"></a><a href="#FNanchor_87_87"><span class="label">[87]</span></a> En la superstición peninsular&mdash;como en otro lugar
+indiqué&mdash;los cuatro diablos mayores del infierno son <i>Lucifer, Belcebú,
+Satanás y Barrabás.</i> Así lo decía en 1512, en una de sus confesiones,
+Juan de Chaves (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia,
+legajo 24 de causas, núm. 8): «... e yo lamé e cridé a satanás, y a
+Amanecidos, y a la rreyna Siuilla, y algunas vezes a los quatro mayores
+del Infierno, es a saber, a Lucifer, belzebuc, satanás y barrabas....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_88_88" id="Footnote_88_88"></a><a href="#FNanchor_88_88"><span class="label">[88]</span></a> <i>Chisme</i> era femenino en los siglos XVI y XVII. Juan de
+Castellanos, <i>Elegías de varones ilustres de Indias</i>, parte I, elegía
+VI, canto I:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Huye <i>la chisme</i>, cesa la conseja,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">crece contento, nace regocijo....»</span><br />
+</p><p>
+Covarrubias, en este artículo: «... assi el chismoso dize a hurtadillas
+<i>la chisme</i> a la oreja, que parece llegó tan solo a soplalla....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_89_89" id="Footnote_89_89"></a><a href="#FNanchor_89_89"><span class="label">[89]</span></a> Recónditas son las más de estas cosas que el diablillo
+enredomado dice haber traído al mundo: sería preciso ser punto menos
+diablo que él mismo para averiguar noticias de algunas de ellas; pero de
+otras puede decirse algo, y aun de tal cual se ha dicho no poco en
+libros antiguos y modernos. De la <i>zarabanda</i> traté con bastante espacio
+en mi <i>Loaysa de «El Celoso Extremeño»</i> (Sevilla, 1901), páginas
+257-287, y para su estudio aporta el señor Bonilla otros datos
+estimables.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_90_90" id="Footnote_90_90"></a><a href="#FNanchor_90_90"><span class="label">[90]</span></a> Del <i>déligo</i> llamándole <i>deligo,</i> sólo dice Bonilla:
+«Baile de la época», y el señor Puyol y Alonso, en su edición de <i>La
+Pícara Justina</i> (Madrid, 1912), tomo III, página 155, a las palabras «en
+el ayre repiqué mis castañetas de repica punto, <i>a lo deligo</i>, y di dos
+vueltas a buen son», comenta: «Era un género de baile», y cita el pasaje
+de <i>El Diablo Cojuelo</i>. Algo podré añadir yo. En primer lugar, este
+baile se llamaba <i>déligo,</i> y no <i>deligo;</i> lo demuestra Lope de Vega en
+el siguiente pasaje del acto II de <i>Los Locos de Valencia</i>.
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«FEDRA.&nbsp; Bailemos, que estamos tristes.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">GERARDO.&nbsp; Creciendo va su porfía.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 11em;"><i>(Bailen.)</i></span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">LAIDA. <i>Déligo, déligo, déligo</i>....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">GERARDO.&nbsp; ¿Qué es esto, sobrina mía?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">FLORA. <i>Que déligo del andéligo.</i>»</span><br />
+</p><p>
+Haciendo breve a <i>déligo</i> y <i>andéligo</i> no constarían los versos en que
+están estos nombres. <i>Andéligo</i> llamaban también a este baile, como se
+echa de ver en el ejemplo que antecede y en un pasaje del <i>Romancero
+general</i>, folio 425 vto. de la edición de 1604, por la cual cito
+siempre:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«No viue ufana Seuilla</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con tantas damas de precio</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que les tiene puesto el vso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">aunque valen mucho menos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ni tiene tantos deuotos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">aquel donayre inquieto</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de <i>andéligo</i> y zarabanda</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de Guadalquiuir a Ebro....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_91_91" id="Footnote_91_91"></a><a href="#FNanchor_91_91"><span class="label">[91]</span></a> Del baile de la <i>chacona</i> traté en mi citado estudio sobre
+<i>El Loaysa</i>, pág. 282. Véase además la nota 124 de Amezúa en su
+excelente edición crítica de <i>El Casamiento engañoso y el Coloquio de
+los perros</i>. De <i>la zarabanda</i> y <i>la chacona</i> tomaron nombre ciertas
+ropas mujeriles (<i>Romancero general</i>, fol. 387 vto.):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...Ni que traygan verdugados,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">alzacuellos y gorgeras,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vrracos, bobos, <i>chaconas,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>çarabandas</i> ni arandelas.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_92_92" id="Footnote_92_92"></a><a href="#FNanchor_92_92"><span class="label">[92]</span></a> Al <i>bullicuzcuz</i> se refiere, como presume el señor
+Bonilla, esta letra que trae Quevedo en <i>El entremetido y la Dueña y el
+Soplón</i>, y claro es que, según por ella se infiere, el <i>bullicuzcuz</i> era
+un baile, y no un juego:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Zarabullí,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Ay, bullí, bullí, de zambullí,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>bullí, cuz, cuz</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de la Vera-Cruz,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">yo me bullo y me meneo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">me bailo, me zangoteo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">me refocilo y recreo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por medio maravedí.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Zarabullí.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_93_93" id="Footnote_93_93"></a><a href="#FNanchor_93_93"><span class="label">[93]</span></a> <i>La capona</i> era un baile andaluz, propio de gente
+apicarada, a juzgar por lo que dice Quevedo en su romance intitulado
+<i>Cortes de dos bailes</i> (Musa V):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Muy lampiña <i>la Capona</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y con ademanes brujos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>por Córdoba y por el Potro</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">viene calzada de triunfos.»</span><br />
+</p><p>
+<i>La capona</i> no fué sino <i>la chacona</i> remozada, según se colige por estos
+versos de Salas Barbadillo en su <i>Entremés del Prado en Madrid y Baile
+de la Capona</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D.ª JULIA. ¿Puede haber cosa buena si es <i>capona</i>?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ROBLEDO.&nbsp; &nbsp; Sólo una que llaman <i>la chacona</i>.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª TOMASA. <i>La chacona</i> ¿no es baile muy antiguo?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ROBLEDO.&nbsp; &nbsp; Remozóla un capón con gran donaire.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ROSALES.&nbsp; &nbsp; Son los capones gente de buen aire.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_94_94" id="Footnote_94_94"></a><a href="#FNanchor_94_94"><span class="label">[94]</span></a> De algunos de estotros bailes populares, como de tal cual
+de los antes nombrados, trata don Emilio Cotarelo en su introducción a
+la <i>Colección de entremeses, loas...,</i> publicada en la <i>Nueva Biblioteca
+de Autores Españoles.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_95_95" id="Footnote_95_95"></a><a href="#FNanchor_95_95"><span class="label">[95]</span></a> Según Covarrubias, «<i>pandorga</i> es vna consonancia alocada
+y de mucho ruido, que resulta de variedad de instrumentos.» Gómez de
+Tejada, en un pasaje (que cita el <i>Diccionario</i> de autoridades) de su
+<i>León prodigioso</i>, contrapone <i>pandorga</i> a <i>música.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_96_96" id="Footnote_96_96"></a><a href="#FNanchor_96_96"><span class="label">[96]</span></a> Don Juan de Caramuel, en su <i>Rhytmica</i> (apud <i>Sanctum
+Angelum della Fratta; ex Typographia Episcopalis Satrianensi,
+M.DC.LXV</i>), al tratar (pág. 135) <i>De versibus quos</i> xacara <i>appellat
+Hispanus</i>, quiere que este vocablo venga de la raíz hebrea <i>zacar =
+meminisse</i>, de donde <i>zácara = memoria, commemoratio, narratio</i>. No hay
+tal cosa, sino que al <i>rufián</i> llamaron <i>jácaro</i> o <i>jaque</i> en el habla
+germanesca, y <i>jacarandina</i> a esta habla, y <i>jácara</i> al cantar de los
+<i>jaques o jácaros</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_97_97" id="Footnote_97_97"></a><a href="#FNanchor_97_97"><span class="label">[97]</span></a> El señor Bonilla asegura que <i>las papalatas</i> son un
+«género de juego popular», y no habría holgado añadir de dónde tomó esta
+noticia. De mí confieso que no he hallado esa palabra más que en el
+texto de Vélez.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_98_98" id="Footnote_98_98"></a><a href="#FNanchor_98_98"><span class="label">[98]</span></a> Estos <i>comos</i> no son ni parientes lejanos de otros <i>comos</i>
+griegos que registra en su <i>Vniuersal vocabulario</i> Alonso de Palencia, y
+recuerda el señor Bonilla antes de venir a parar al significado que
+tienen en la enumeración de Vélez de Guevara. <i>Como</i>, en esta acepción,
+significa <i>burla, chasco</i>, y así lo dice en su <i>Diccionario</i> la
+Academia, si bien da por anticuada tal voz. Si no es anticuado lo que se
+ha dicho con alguna frecuencia desde el tiempo de los Reyes Católicos
+acá (y ésta es la norma que sigue la Academia), <i>como</i> no es voz
+anticuada, porque la han usado Tirso de Molina, Quevedo, Cubillo de
+Aragón, Salas Barbadillo, Belmonte, Quiñones de Benavente y muchos
+otros.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_99_99" id="Footnote_99_99"></a><a href="#FNanchor_99_99"><span class="label">[99]</span></a> Sospecho que esta <i>mortecina</i>, que no hallo en nuestros
+vocabularios, es lo que por otro nombre se llamó <i>culebra</i>, pesadísima
+broma, especialmente carcelaria, de que traté en <i>El Loaysa de «El
+Celoso Extremeño»</i>, pág. 175, nota, y que define el <i>Diccionario</i>
+académico en la cuarta acepción de la voz <i>culebra</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_100_100" id="Footnote_100_100"></a><a href="#FNanchor_100_100"><span class="label">[100]</span></a> <i>Títeres,</i> dicho por las figurillas que los titereros,
+como el maese Pedro del <i>Quijote</i>, mostraban en sus retablos. De los
+antiguos <i>títeres</i>, además de la frase figurada <i>No quedó títere con
+cabeza</i>, perdura en el habla vulgar otra, que falta en el léxico de la
+Academia: <i>Dársela a uno por boca de títere.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_101_101" id="Footnote_101_101"></a><a href="#FNanchor_101_101"><span class="label">[101]</span></a> Hoy llamamos <i>volatines</i> a los ejercicios del <i>volatín</i>
+de años atrás, y a éste, <i>funámbulo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_102_102" id="Footnote_102_102"></a><a href="#FNanchor_102_102"><span class="label">[102]</span></a> <i>Saltabanco</i> llama preferentemente la Academia, aunque
+registra además las formas <i>saltabancos, saltaembanco</i> y
+<i>saltaembancos</i>, a los charlatanes de plazuela que, sobre un banco o
+mesilla, con aprensión escasa y cháchara abundante, engañan a la gente
+popular vendiéndole fingidos medicamentos, o embaucándola con
+cualesquier otras socaliñas. Como suelen ser o suponerse extranjeros, el
+vulgo, a lo menos en Andalucía, extranjeriza el nombre y los llama
+<i>saltimbanquis</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_103_103" id="Footnote_103_103"></a><a href="#FNanchor_103_103"><span class="label">[103]</span></a> <i>Maese Coral</i> nombraban al que hacía juegos de manos, o
+de pasa, pasa, porque, según Covarrubias, art. <i>coral</i>, «los charlatanes
+y embusteros que traen estos juegos se desnudan de capa y sayo, y quedan
+en vnas jaquetas o almillas coloradas, que parecen troncos de coral».
+También se llamó a los ejercicios de prestidigitación <i>juego de Maese
+Escolar o de Maese Gicomar</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_104_104" id="Footnote_104_104"></a><a href="#FNanchor_104_104"><span class="label">[104]</span></a> De la personalidad demoniaca llamada <i>el Diablo Cojuelo</i>
+he tratado con alguna extensión en el prólogo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_105_105" id="Footnote_105_105"></a><a href="#FNanchor_105_105"><span class="label">[105]</span></a> <i>Rebelión</i> era antaño del género masculino, y así Mármol
+Carvajal tituló uno de sus libros <i>Historia</i> del rebelión <i>y castigo de
+los moriscos del reino de Granada</i>. Francisco Santos, que tomó algo de
+la novela de Vélez de Guevara para sus <i>Postrimerías del hombre y
+Tribunal espantoso</i> (apud <i>Obras en prosa y verso</i>..., Madrid, 1723,
+tomo I, pág. 332), hace decir al Diablo Cojuelo: «Yo soy aquel que,
+aunque estropeado el cuerpo desde aquella batalla <i>del rebelión
+celestial</i>....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_106_106" id="Footnote_106_106"></a><a href="#FNanchor_106_106"><span class="label">[106]</span></a> <i>Y todo</i>, significando <i>también,</i> como en diversos
+lugares del <i>Quijote</i> (I, 176, 9; IV, 259, 11; VI, 34, 15; VII, 85, 7,
+etc.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_107_107" id="Footnote_107_107"></a><a href="#FNanchor_107_107"><span class="label">[107]</span></a> Es refrán contrahecho, parodia de aquel que dice: <i>Camino
+de Santiago, tanto anda el cojo como el sano</i>. También don Jerónimo
+Cáncer parodió este refrán, en un vejamen que dió siendo secretario de
+cierta Academia (<i>Obras poéticas de</i>..., pág. 107 de la edición de
+Madrid, Manuel Martín, 1761): «... porque <i>camino del Parnaso, tanto
+anda el cojo como el corcovado</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_108_108" id="Footnote_108_108"></a><a href="#FNanchor_108_108"><span class="label">[108]</span></a> Como dice el <i>Diccionario</i> de autoridades, <i>trato</i>,
+«figuradamente se toma por traición oculta e infidelidad con que,
+faltando a la fe debida, se ofrece entregar alguna plaza, ciudad o
+fortaleza al enemigo». Aquí se refiere a persona, pero con ese mismo
+significado.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_109_109" id="Footnote_109_109"></a><a href="#FNanchor_109_109"><span class="label">[109]</span></a> Si Vélez no confundió en este lugar lo que es refrán con
+lo que es modismo, parece que debe de haber, según esto, un refrán que
+diga: <i>El Diablo Cojuelo trae a los demás al retortero</i>, o cosa
+análoga.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_110_110" id="Footnote_110_110"></a><a href="#FNanchor_110_110"><span class="label">[110]</span></a> La frase <i>con sus tachas buenas y malas</i>, que aquí se
+aplica a sí propio el Cojuelo, es, como demostré en otra ocasión, un
+tópico de las antiguas escrituras de venta de caballerías. En el Archivo
+de Protocolos de Illescas, escribanía de Esquivias, encontré, al buscar
+documentos cervantinos, la escritura referente a una yegua (2 de
+noviembre de 1591) «que de vos compré e rezebi <i>con sus tachas buenas y
+malas</i>, encubiertas o descubiertas, a vso de feria....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_111_111" id="Footnote_111_111"></a><a href="#FNanchor_111_111"><span class="label">[111]</span></a> <i>Cortesía</i>, en su acepción, hoy poco usada, de
+<i>tratamiento</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_112_112" id="Footnote_112_112"></a><a href="#FNanchor_112_112"><span class="label">[112]</span></a> <i>Príncipes de la Guinea infernal</i>, aludiendo a ser el
+infierno, como la Guinea, patria de negros habitantes.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_113_113" id="Footnote_113_113"></a><a href="#FNanchor_113_113"><span class="label">[113]</span></a> De llamar <i>jigote</i> a la carne asada y picada menudamente
+se pasó a decir <i>hacer jigote</i> una cosa, o de una cosa, significando
+hacerla pedazos muy pequeños. Y aún, para más exagerar, como buen
+andaluz, escribió don Francisco de Leiva en la jorn. II de <i>El Socorro
+de los mantos</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. FERN.º&nbsp; Por Dios que la bellaca me ha picado.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MOSTACHÓN.&nbsp; <i>Hecho veinte jigotes</i> te ha dejado.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_114_114" id="Footnote_114_114"></a><a href="#FNanchor_114_114"><span class="label">[114]</span></a> En la edición príncipe, por yerro, <i>mulatas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_115_115" id="Footnote_115_115"></a><a href="#FNanchor_115_115"><span class="label">[115]</span></a> Díjose <i>mayores de marca</i>, o <i>de más de la marca</i>, por
+traslación de lo que se decía de las espadas, de los cuellos y de otras
+cosas que, como éstas, no debían exceder de la longitud o anchura que se
+les fijaba en pragmáticas u ordenanzas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_116_116" id="Footnote_116_116"></a><a href="#FNanchor_116_116"><span class="label">[116]</span></a> <i>Barbado en Hircania</i>, es decir, con los pelos de las
+barbas tan recios como tienen los tigres los de sus bigotes. Sabidísimo
+es que, especialmente en verso, pocas veces se nombra al tigre sin
+llamarle <i>hircano</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_117_117" id="Footnote_117_117"></a><a href="#FNanchor_117_117"><span class="label">[117]</span></a> También por este pasaje se echa de ver que Francisco
+Santos, aun habiendo formado tan desfavorable juicio de la novelita de
+Vélez de Guevara, como recordé en el prólogo, tuvo presente en sus
+<i>Postrimerías del hombre y Tribunal espantoso</i> la pintura que del Diablo
+Cojuelo hizo el escritor ecijano. Dice: «Este es Renfas, llamado por
+otro nombre el Cojuelo.... Aquí noté la figura del espíritu: era
+<i>pequeño</i>, y corcobado, <i>mala barba</i>, y <i>calvo</i>; descansando el cuerpo
+sobre dos muletas....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_118_118" id="Footnote_118_118"></a><a href="#FNanchor_118_118"><span class="label">[118]</span></a> Llamar <i>legumbre</i> a los espárragos es evidente
+impropiedad. Ya había dicho Covarrubias en 1611, que «<i>legumbre</i> es toda
+mata cuyo fruto o semilla nace en baynas, como son los garbanços,
+lentejas, hauas, frisoles, y otras semejantes». Aunque yo, siendo
+estudiante, tuve en Sevilla unos camaradas extremeños que al pescado y a
+cuanto no era carne llamaban despectivamente <i>legumbres</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_119_119" id="Footnote_119_119"></a><a href="#FNanchor_119_119"><span class="label">[119]</span></a> Como dice el <i>Diccionario</i> de la Academia, <i>salvo el
+guante</i> es «expresión familiar de que se usa para excusarse de no
+haberse quitado el guante al dar la mano a uno». Tirso de Molina, en el
+acto II de <i>Por el sótano y el torno</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«DON DUARTE. ...Quiso el cielo,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">cuando el planeta mayor</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">de púrpura entapizaba</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">su real peregrinación,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que tropezase mi dama</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">en un hoyo, a intercesión</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">de mis ruegos; que en Madrid</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">todo sirve a la ocasión.</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">Llegué diligente a darla</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">la mano, que recibió</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>salvo el guante</i>, aunque por él</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">rayo o nieve me abrasó....»</span><br />
+</p><p>
+Otras veces se rogaba que <i>se perdonara el guante</i>. Lope de Vega, en el
+acto I de <i>El Acero de Madrid</i>, hace decir a Lisardo al dar la mano a
+Belisa, que ha tropezado y caídose en la calle:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>«Perdone vuesa merced</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>el guante</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Y esto quiere decir de su metáfora Luis Vélez: <i>que se le perdone</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_120_120" id="Footnote_120_120"></a><a href="#FNanchor_120_120"><span class="label">[120]</span></a> <i>Tiro</i>, significando el cañón, y no, como hoy día, su
+carga ni su disparo. Rojas Zorrilla, en la jorn. I de <i>El Desafío de
+Carlos Quinto:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D.ª LEONOR.&nbsp; Ea, don Luis, vuelve en ti;</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">tu brazo la pica empuñe;</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">el coselete en tu pecho</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">al Otomano deslumbre;</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">digiere aquel hierro ardiente</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">que <i>el tiro de bronce</i> escupe.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_121_121" id="Footnote_121_121"></a><a href="#FNanchor_121_121"><span class="label">[121]</span></a> La iglesia parroquial de San Salvador, que por hallarse
+ruinosa fué derribada en 1842, estaba situada en la calle Mayor, frente
+a la plazuela de la Villa, a la cual daba nombre. Era quizá el templo
+madrileño más antiguo, pues como recuerda Jerónimo de Quintana en su
+<i>Historia de la antigüedad, nobleza y grandeza de la villa de Madrid</i>
+(Madrid, Imp. del Reyno, M.DC.XXIX), ya se la nombraba en la era de
+1257, reinando Don Fernando III. Véase Mesonero Romanos, <i>Manual de
+Madrid: descripción de la Corte y de la Villa</i> (Madrid, 1831), pág. 137,
+y <i>El Antiguo Madrid</i>, edición de 1881, tomo I, página 218. En la obra
+últimamente citada dice Mesonero que «la torre de la misma iglesia,
+apellidada <i>la atalaya de la villa</i>, era bastante elevada»; y en otro
+lugar (pág. 288), tratando del templo de Santa Cruz: «La torre ... era
+llamada <i>la atalaya de la corte</i>, así como la de San Salvador, <i>la
+atalaya de la villa</i>». O Mesonero tomó tal denominación de la novela de
+Vélez de Guevara, o éste la había tomado del habla vulgar.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_122_122" id="Footnote_122_122"></a><a href="#FNanchor_122_122"><span class="label">[122]</span></a> Llamábase <i>basquiña</i> a lo que también se dijo <i>saya</i> y
+hoy nombramos <i>falda</i>. Se ponía, según Covarrubias, «encima de los
+guardapieses y demás ropa».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_123_123" id="Footnote_123_123"></a><a href="#FNanchor_123_123"><span class="label">[123]</span></a> El <i>verdugado</i> era, como dice el <i>Diccionario</i> de
+autoridades, «vestidura que las mugeres usaban debajo de las basquiñas,
+al modo que hoy los tontillos....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_124_124" id="Footnote_124_124"></a><a href="#FNanchor_124_124"><span class="label">[124]</span></a> Era el <i>guardainfante</i>&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de
+autoridades&mdash;«cierto artificio muy hueco, hecho de alambres con cintas,
+que se ponían las mujeres en la cintura, y sobre él se ponían la
+basquiña.» Muy pintorescamente lo definió Rojas Zorrilla en la jorn. III
+de <i>Los tres blasones de España:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«REY DE CAST.ª ¿Que es <i>guardainfante</i>?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">GUARDAINFANTE.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Vn enredo</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">para ajustar a las gordas;</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">vn molde de engordar cuerpos;</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">es una plaza redonda</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">adonde pueden los diestros</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">entrar a jugar las armas,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">por lo grande y por lo extenso;</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">es un encubre-preñadas,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">estorbo de los aprietos,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">arillo de las barrigas,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">disfraz de los ornamentos;</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">y es, en fin, el <i>guardainfante</i></span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">vn enjugador perpetuo,</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">que está secando la ropa</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">sobre el natural brasero.»</span><br />
+</p><p>
+Don Juan de Zabaleta dice del <i>guardainfante</i> en el cap. II de <i>El Día de
+fiesta por la mañana</i> (apud <i>Obras históricas, políticas, filosóficas y
+morales, escritas por.... Con el Día de fiesta por Mañana, y Tarde, y
+los sucesos que en él passan</i> Madrid, Antonio Gonçalez de Reyes, 1692):
+«Este es el desatino más torpe en que el ansia de parecer bien ha caido.
+Si vna muger tuuiesse aquella redondez de cuerpo desde la cintura abaxo,
+¿huuiera quien se atreuiera a mirarla? Ponerse postizo vn defecto,
+¿puedelo hazer sino quien esté sin juizio? Ponerse postizo un ojo, vaya,
+porque los ojos son hermosura; pero ponerse vna hinchazón contrahecha,
+¿quién lo puede hazer que no esté fuera de tino?... Échase sobre el
+Guardainfante vna pollera con vnos ríos de oro por guarniciones....
+Ponese sobre la pollera vna basquiña con tanto ruedo, que colgada podía
+seruir de pavellon. Ahuecasela mucho, porque haga más pompa, o porque
+coja mucho ayre con que hazer su vanidad mayor.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_125_125" id="Footnote_125_125"></a><a href="#FNanchor_125_125"><span class="label">[125]</span></a> <i>Pollera</i> llamaban al brial o guardapiés, por su
+semejanza con el cesto en que se crían los pollos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_126_126" id="Footnote_126_126"></a><a href="#FNanchor_126_126"><span class="label">[126]</span></a> <i>Engestarse</i>, verbo no registrado en el léxico de la
+Academia, está usado aquí en la acepción de <i>volver el rostro</i> hacia
+alguna persona o cosa; <i>encararse</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_127_127" id="Footnote_127_127"></a><a href="#FNanchor_127_127"><span class="label">[127]</span></a> Aunque de ordinario se llamó <i>picota</i> al rollo,
+propiamente no es <i>picota</i> sino la <i>punta</i> o <i>pico</i> en que suele
+terminar. Vélez usa aquella voz en sentido figurado.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_128_128" id="Footnote_128_128"></a><a href="#FNanchor_128_128"><span class="label">[128]</span></a> Así, <i>malaño,</i> en la edición original, como, juntas las
+palabras, escribimos <i>noramala</i> y <i>norabuena</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_129_129" id="Footnote_129_129"></a><a href="#FNanchor_129_129"><span class="label">[129]</span></a> Llamaban <i>lo hojaldrado</i> a la parte del pastel que cubre
+la carne o dulce en él contenido.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_130_130" id="Footnote_130_130"></a><a href="#FNanchor_130_130"><span class="label">[130]</span></a> Nombrábase <i>pepitoria</i> a un guisado que se hacía con los
+cuellos, manos y pies de las aves. Era plato propio de sábado, día en
+que no se podían comer de los animales terrestres sino los despojos.
+Todo esto se indica en los siguientes versos de Anastasio Pantaleón de
+Ribera <i>(Obras de</i> ... Madrid, Francisco Martínez, 1634, fol. 55 vto.):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Del pájaro que en Arabia</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cinco edades vive enteras,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y naciendo de su muerte,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cunas le arrullan sabeas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">serán menudo jigote</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sus pechugas y caderas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y en sábado, pepitoria</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>sus alones, cuello y piernas</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_131_131" id="Footnote_131_131"></a><a href="#FNanchor_131_131"><span class="label">[131]</span></a> <i>Haya</i>, diríamos hoy.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_132_132" id="Footnote_132_132"></a><a href="#FNanchor_132_132"><span class="label">[132]</span></a> Era <i>hacer media noche</i>, según Covarrubias, «vn abuso
+grande de aguardar a que den las doze del Viernes en la noche para comer
+vna olla regalada de menudo». Tropológicamente, llamóse <i>media noche</i> a
+esa misma cena. Quevedo, dirigiéndose a una niña de quien quería ser
+tercera una vieja (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Cuando quieres persuadirme,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">dices que es mujer de porte:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mucho tiene de estafeta;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">temo que de ti la cobre.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">De docientas leguas huele</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">almuerzos y <i>medias noches</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">lo que come, bien lo sé;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mas no sé con lo que come.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_133_133" id="Footnote_133_133"></a><a href="#FNanchor_133_133"><span class="label">[133]</span></a> <i>No conocer</i> a uno <i>si no para servirle</i> es frase de
+comedimento que, por usual, no debiera faltar en el <i>Diccionario</i> de la
+Academia. Vélez vuelve a emplearla en los trancos VII y X. Castillo
+Solórzano, en <i>La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas</i>: «¿Cómo
+alguacil?&mdash;replicó el mismo alguacil&mdash;. ¿Conóceme vuesa merced? Yo le
+dije:&mdash;<i>No conozco a vuesa merced si no es para servirle</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_134_134" id="Footnote_134_134"></a><a href="#FNanchor_134_134"><span class="label">[134]</span></a> Llamóse <i>llave capona</i> o <i>capona</i> a secas, la que
+honoríficamente se concede a ciertos gentilhombres de la cámara real,
+sin ejercicio ni servidumbre, porque tal llave no tiene sino apariencia
+de tal, pues con ella no se abre ni se cierra puerta alguna. Moreto, en
+la jorn. III de <i>Antíoco y Seleuco</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«REINA.&nbsp; Y cuando sea mi esposo,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">como es cierto, ¿te parece</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que a mí ese amor me entristece?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">FLORETA.&nbsp; Pues, señora, ¿no es forzoso?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">REINA.&nbsp; &nbsp; ¿Por qué?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">FLORETA.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ¿No es claro el indicio?</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Porque hasta aquí tu persona</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">es, como <i>llave capona</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">esposa sin ejercicio.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_135_135" id="Footnote_135_135"></a><a href="#FNanchor_135_135"><span class="label">[135]</span></a> A propósito de esta frase, Pérez y González recordó (pág.
+75 de su mencionada obra) que se llamaba <i>proa</i> a la parte delantera del
+coche; que los asientos de éste se decían <i>de proa, de popa</i> y <i>de
+estribos</i>, y que «el <i>de proa</i> era el más humilde, destinado al modesto
+acompañante, ya servidor, ya devoto del personaje dueño del vehículo».
+Pero si en esto de <i>la proa</i> rectificó el erudito sevillano al señor
+Bonilla, que en su edición de Vigo (1902) había sospechado que se
+hubiese dicho en contraposición a la frase <i>jayanes de la popa</i>, no creo
+que estuviese igualmente acertado al presumir «que <i>culto</i> es una
+errata, y debe leerse <i>cultor</i>». A mi entender, con lo de <i>culto
+vergonzante</i> se quiso aludir a que los de escasa calidad que acompañaban
+a los magnates ocupando los asientos <i>de proa</i> de sus coches solían
+profesar de <i>cultos</i>, más o menos declaradamente, poniendo en tortura el
+magín para hacer frases adulatorias y de ingenio que agradaran a sus
+patronos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_136_136" id="Footnote_136_136"></a><a href="#FNanchor_136_136"><span class="label">[136]</span></a> Tanto era la barba cosa indispensable para los letrados,
+que dijo Quevedo en una de las letrillas de su Musa V:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Deseado he desde niño,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y antes, si puede ser antes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ver un médico sin guantes</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y un abogado lampiño.»</i></span><br />
+</p><p>
+Y que solían llevar la barba en forma de cola de delfín lo había dicho
+el mismo autor en un romance de la Musa VI:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Era Alejandro un mocito</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a manera de la hampa,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">muy menudo de faiciones</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y muy gótico de espaldas.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Barba de cola de pez</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>en alcance de garnacha</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_137_137" id="Footnote_137_137"></a><a href="#FNanchor_137_137"><span class="label">[137]</span></a> <i>Doña Fáfula,</i> como si dijera <i>doña Fulana</i>, o <i>doña
+Fabulana</i>, nombre este último que aun suele oírse en Andalucía, y con el
+cual parece tener estrecho parentesco el que ha originado esta nota.
+Véase antepuesto al apellido, como se anteponen estos otros nombres.
+Espinel, <i>Sátira contra las damas de Sevilla (Revista de Archivos,
+Bibliotecas y Museos</i>; mayo-junio de 1904):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«No había entonces doña Berenjena,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>doña Fáfula</i> Ortiz ni doña Paula,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sino Francisca, Paula, Minga, Elena.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_138_138" id="Footnote_138_138"></a><a href="#FNanchor_138_138"><span class="label">[138]</span></a> La <i>bigotera</i> está definida en el <i>Diccionario</i>
+académico; y que los presumidos solían ponérsela para dormir, para no
+descomponer sus bigotes, cuidadosamente peinados y levantados, dícenlo
+acá y allá nuestros escritores de antaño. Don Guillén de Castro, <i>El
+Narciso en su opinión</i>, jorn. I:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. GUTIERRE.&nbsp; ¿Bueno está el bigote?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">TADEO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Bueno.</span><br />
+<span style="margin-left: 10em;">Pero sobrado le cuesta</span><br />
+<span style="margin-left: 10em;">al que, como tú, se acuesta</span><br />
+<span style="margin-left: 10em;">como braquillo, con freno.»</span><br />
+</p><p>
+Y Lope de Vega, en el acto II de <i>El Cuerdo en su casa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«GILOTE.&nbsp; ...Hay mil tontos marquesotes</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">con cuidados de mujer,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que nacieron para ser</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">mártires de sus bigotes;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">mil que a bestias los condeno,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">porque ellas a dormir van</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">sin freno, y ellos están</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">toda la noche con freno.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_139_139" id="Footnote_139_139"></a><a href="#FNanchor_139_139"><span class="label">[139]</span></a> El uso masculino de los <i>copetes</i> y <i>guedejas</i>, por
+denotador de vil afeminamiento, fué prohibido en 1617; pero de tal
+manera continuó y aun se extendió años después, que a 13 de abril de
+1639 se dió en Madrid el <i>Pregon en qve sv Magestad manda qve por qvanto
+el abvso de las gvedejas y copetes con que andan algunos hombres, y los
+rizos con que componen el cabello, ha llegado a hazer escandalo en estos
+Reynos, ningun hombre pueda traer guedejas ni copete</i>. (Escudo real.)
+(En Madrid. En la imprenta de Francisco Martínez. Año M.DC.XXXIX) Se
+mandaba: «que ningún hombre pueda traer copete, o jaulilla, ni guedejas
+con crespo o otro rizo en el cabello, el qual no pueda passar de la
+oreja; y los barberos que hizieren qualquiera de las cosas susodichas,
+por la primera vez caygan e incurran en pena de veinte mil maravedis y
+diez días de carcel, y por la segunda la dicha pena doblada y quatro
+años de destierro desta Corte, o del lugar donde viuiere, y por la
+tercera sea lleuado por quatro años a vn presidio para que en ellos
+siruan. Y a las personas que traxeren copete o guedejas y rizos en la
+forma dicha no se les dé entrada en la Real presencia de su Magestad, ni
+en los Consejos, y los porteros se lo prohiban, y los Ministros no les
+puedan dar audiencia, ni oygan sobre sus pretensiones, reseruando a los
+señores del Consejo poder hazer la demostracion y castigo que
+conuenga....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_140_140" id="Footnote_140_140"></a><a href="#FNanchor_140_140"><span class="label">[140]</span></a> Mujeres y lindos cuidaban mucho de sus manos y de sus
+rostros, y para adobar éstos y aquéllas hacían mil extravagancias, y
+hasta verdaderas porquerías. En un libro inédito de recetas de afeites
+(Biblioteca Nacional, Manuscrito 2019) hallas con epígrafes como éstos:
+«Memoria de la manteca que doña María de Mendoza traía en las manos...»
+(fol. 13). «Recepta para hazer seuo para las manos, que se ha de traer
+nueve días» (fol. 52 vto.). ¡Véase qué «recepta para las manos»! (fol.
+16): «Tómese suziedad de perros de la blanca y muelanla y despues
+echenla con miel y con hueuo y ponganla en las manos, y no en las
+palmas, y tenganlo una noche y un día....» Y ¡véase qué «recepta para el
+rostro»! (fol. 66): «Tomareis tocino tanto como vn hueuo, que sea todo
+gruesso, e poneldo con vinagre fuerte que esté nueue días; tomareis
+sahin de culebra....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_141_141" id="Footnote_141_141"></a><a href="#FNanchor_141_141"><span class="label">[141]</span></a> <i>Descabezados</i>, para poder usar de las yemas de los dedos
+y valerse de las manos aun teniéndolas untadas con los sebillos. Porque
+es de notar que el hacer sudar las manos, enguantándolas, solía ser
+obligado complemento del untarlas. Terminantemente lo declara una receta
+para <i>muda de manos,</i> que hay hacia el fin de cierto libro de cocina y
+repostería (Biblioteca Nacional, Ms. 6058, fol. 167 vuelto): «Tomarás
+media libra de trementina labada nuebe vezes y quatro hiemas de huebos
+frescos y el agrio de dos limones redondos y seis dineros de cardenillo,
+todo mezclado; vntarás las manos antes de acostarte y <i>sudaráslas con
+guantes, y fiat confetio» (sic)</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_142_142" id="Footnote_142_142"></a><a href="#FNanchor_142_142"><span class="label">[142]</span></a> De estas <i>pasas</i> hablaba Areusa en el acto IX de <i>La
+Celestina</i>, levantando, por ruin envidia, mal testimonio a Melibea:
+«Todo el año se está encerrada con mudas de mil suciedades, por una vez
+que haya de salir donde pueda ser vista; enviste su cara con hiel y
+miel, con <i>uvas tostadas</i> y <i>higos pasados</i>, y con otras cosas....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_143_143" id="Footnote_143_143"></a><a href="#FNanchor_143_143"><span class="label">[143]</span></a> La colación de los ayunadores solía consistir en un poco
+de pan y dos o tres docenas de pasas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_144_144" id="Footnote_144_144"></a><a href="#FNanchor_144_144"><span class="label">[144]</span></a> <i>Una doncella sobre su palabra</i>, es decir, una que sólo
+tenía de doncella el hacerse pasar por tal.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_145_145" id="Footnote_145_145"></a><a href="#FNanchor_145_145"><span class="label">[145]</span></a> Vélez de Guevara juega del vocablo <i>curso</i> en dos de sus
+acepciones. También en esto le había precedido Quevedo, al relatar en un
+desenfadado romance (Musa IV) el <i>Ridículo suceso del trueco de dos
+medicinas</i>, haciendo decir a la triste desposada:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Tu cuerpo, que no me goza,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a lo menos, me gradúa,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">si los <i>cursos</i> a las novias</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">valen como a los que estudian.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_146_146" id="Footnote_146_146"></a><a href="#FNanchor_146_146"><span class="label">[146]</span></a> <i>Hacer</i>, en su frecuente acepción de <i>representar</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_147_147" id="Footnote_147_147"></a><a href="#FNanchor_147_147"><span class="label">[147]</span></a> Quizá se refiere a <i>Il Dvello del Mutio Iustinopolitano</i>,
+libro del cual se hicieron varias ediciones, muy difundidas en España,
+por nuestra constante comunicación con Italia.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_148_148" id="Footnote_148_148"></a><a href="#FNanchor_148_148"><span class="label">[148]</span></a> Antes y más propiamente que el <i>Diccionario</i> de
+autoridades definió el <i>patacón</i> César Oudin, en su <i>Tresor des devx
+langves</i>...: «Patacón, <i>monnoye de cuiure en Portugali, qui vaut enuiron
+deux liards, c'est aussi la grande reale d'argent de Castille de huict,
+c'est à dire de quarante sols</i>....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_149_149" id="Footnote_149_149"></a><a href="#FNanchor_149_149"><span class="label">[149]</span></a> Con sus propias palabras se llama ladrón al que iba a ser
+robado. La frase <i>acá estamos todos</i> tuvo origen, según el vulgo, en un
+cuentecillo relatado mil veces por las abuelas a sus nietezuelos: «Un
+duende hacía tantas diabluras en una casa, escondiendo mil cosillas, y
+rompiendo otras mil, que el inquilino, por huir de él, se resolvió a
+mudarse a otro barrio. Pero cuando, al llevar la última carrada de
+muebles, preguntó a su mujer: «&mdash;¿Falta algo?», se oyó la vocecilla del
+duende, que, escondido en un palanganero, decía: «<i>&mdash;¡Acá estamos
+todos!</i>» Es frase popular en Andalucía, y suele decirla el que llega a
+una reunión donde no se contaba con él: <i>¡Aquí estamos todos!, dijo el
+duende.</i> Ayala y Guzmán versificó este cuento, con poca fidelidad y
+menos gracia, en su comedia intitulada <i>Las Travesuras de don Luis
+Coello, primera parte</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_150_150" id="Footnote_150_150"></a><a href="#FNanchor_150_150"><span class="label">[150]</span></a> «Alude&mdash;dice el señor Bonilla&mdash;a los autos o misterios
+populares de la Resurrección de Cristo, en que al descender el ángel del
+cielo y revolver la piedra del sepulcro, se asombran los guardas y caen
+a un lado y a otro como muertos (Cf. <i>San Mateo</i>, XXVIII, 1-4.»)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_151_151" id="Footnote_151_151"></a><a href="#FNanchor_151_151"><span class="label">[151]</span></a> Algo que dije de Sevilla en el discurso preliminar de mi
+edición crítica de <i>Rinconete y Cortadillo</i> (Sevilla, 1905), página 13,
+es aplicable a toda la España de los siglos XVI y XVII: «Al olor, y,
+sobre todo, al sabor de estas cuantiosísimas riquezas [las que traían á
+la metrópoli las flotas de Indias] vivían en la magnífica ciudad del
+Guadalquivir una muchedumbre crecidísima de extranjeros, en especial, de
+italianos, flamencos y franceses, cada cual en busca de su avío y en
+solicitud de su medra; cada cual discurriendo medios e inventando artes,
+artimañas o artificios para apropiarse, industriosa y más o menos
+limpiamente, alguna mielecilla de las óptimas colmenas indianas,
+consolándose así de no haber sido ellos ni sus naciones los que tuvieron
+la dicha de descubrir y conquistar el Nuevo Mundo.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_152_152" id="Footnote_152_152"></a><a href="#FNanchor_152_152"><span class="label">[152]</span></a> <i>Abada</i>, o <i>bada</i>, que equivale a <i>rinoceronte</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_153_153" id="Footnote_153_153"></a><a href="#FNanchor_153_153"><span class="label">[153]</span></a> <i>La Bermuda</i>, como explicó Pérez y González (pág. 80 de
+<i>El Diablo Cojuelo: notas y comentarios</i>), «era la isla principal del
+grupo descubierto en América por el navegante español Juan Bermúdez....
+Lugar peligroso para la navegación, por los frecuentes temporales y
+terribles accidentes del mar y por los atrevimientos de los piratas
+extranjeros, allí corrían gravísimo riesgo los barcos que a España
+traían los tesoros americanos....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_154_154" id="Footnote_154_154"></a><a href="#FNanchor_154_154"><span class="label">[154]</span></a> En el texto original falta la palabra <i>bebe</i>, que suplo,
+como el señor Bonilla.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_155_155" id="Footnote_155_155"></a><a href="#FNanchor_155_155"><span class="label">[155]</span></a> De la renombrada <i>cuba de Sahagún</i> dijo Covarrubias en su
+<i>Tesoro</i>, compuesto en los primeros años del siglo XVII, que «cabía
+<i>tantas</i> mil cántaras, y dizen que oy sirve de echar trigo en ella,
+porque devia ser costosa y peligrosa de reparar y conservar».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_156_156" id="Footnote_156_156"></a><a href="#FNanchor_156_156"><span class="label">[156]</span></a> <i>A dar</i>, como si dijera <i>en dar</i>, que equivale a <i>dando</i>,
+porque es sabido que el infinitivo con <i>en</i> antepuesto equivale al
+gerundio. Véanse algunos ejemplos análogos al pasaje del texto. Guevara,
+<i>Menosprecio de corte y alabanza de aldea</i>, capítulo VIII: «... y a las
+vezes gana en la corte mejor de comer vn malsin <i>a malsinar</i> que no vn
+theologo <i>a predicar</i>». Cervantes, <i>Quijote</i>, II, 38: «... y sabía hacer
+una jaula de pájaros, que solamente <i>a hacerlas</i> pudiera ganar la
+vida....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_157_157" id="Footnote_157_157"></a><a href="#FNanchor_157_157"><span class="label">[157]</span></a> Como nota el señor Bonilla, Vélez de Guevara se refiere
+«a los huéspedes que como aves de paso paran en la posada, y reparan
+poco, porque no han de consumirlos por mucho tiempo, en los manjares que
+les sirven».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_158_158" id="Footnote_158_158"></a><a href="#FNanchor_158_158"><span class="label">[158]</span></a> La <i>puerta de Guadalajara</i>, que era una de las más
+famosas de Madrid, estaba situada en la calle Mayor, enfrente de la
+entrada o embocadura de la calle de los Milaneses y de Santiago. Aunque
+se quemó por septiembre de 1582, quedó su antiguo nombre al sitio en que
+tal puerta estuvo, como pasa hoy todavía con la llamada <i>puerta del
+Sol</i>. En aquel lugar tenían sus tiendas ricos mercaderes, a quienes
+muchas personas solían entregar sus ahorros para que se los invirtieran
+y manejaran.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_159_159" id="Footnote_159_159"></a><a href="#FNanchor_159_159"><span class="label">[159]</span></a> Es reminiscencia del refrán que dice: <i>Cobra buena fama,
+y échate a dormir</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_160_160" id="Footnote_160_160"></a><a href="#FNanchor_160_160"><span class="label">[160]</span></a> <i>Hábito,</i> en su antigua acepción de insignia con que se
+distinguen las órdenes militares. «<i>Cauallero de abito</i>&mdash;dice
+Covarrubias&mdash;, el que trae en el pecho la insignia de alguna orden de
+Cauallería, que comunmente llaman abitos.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_161_161" id="Footnote_161_161"></a><a href="#FNanchor_161_161"><span class="label">[161]</span></a> La <i>ropilla</i>, como dice el <i>Diccionario</i> de autoridades,
+era «vestidura corta con mangas y brahones, de quienes penden
+regularmente otras mangas sueltas o perdidas, y se viste ajustadamente
+al medio cuerpo, sobre el jubón».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_162_162" id="Footnote_162_162"></a><a href="#FNanchor_162_162"><span class="label">[162]</span></a> <i>Diluvio en pena</i>, como <i>alma en pena</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_163_163" id="Footnote_163_163"></a><a href="#FNanchor_163_163"><span class="label">[163]</span></a> <i>Antes de mil años</i>, es decir, <i>antes que pase mucho
+tiempo</i>. Es hipérbole andaluza: bien se echa de ver quién habla por boca
+del Cojuelo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_164_164" id="Footnote_164_164"></a><a href="#FNanchor_164_164"><span class="label">[164]</span></a> Como el jugar cañas era propio de caballeros, con estas
+palabras indica el Diablillo que pronto había de subir de categoría el
+tabernero bautizante, mudanza de que hubo, hay y habrá siempre grande
+copia de ejemplos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_165_165" id="Footnote_165_165"></a><a href="#FNanchor_165_165"><span class="label">[165]</span></a> <i>Hablar en</i> un asunto o negocio, que hoy decimos <i>hablar
+de</i>. Era régimen usualísimo en los siglos XVI y XVII (<i>Quijote</i>, I, 193,
+10; III, 17, 4; 311, 22; etc.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_166_166" id="Footnote_166_166"></a><a href="#FNanchor_166_166"><span class="label">[166]</span></a> También aquí sigue Vélez los pasos de Quevedo, que dijo
+en su <i>Sátira a los coches</i> (Musa VII):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Tras aquéllos llegó al puesto</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">vn coche verde, que ha sido</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">el sujeto a quien más debe</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">cierta mujer y marido.</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Desde el alba hasta la noche</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">les sirve de albergue y nido,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y aunque duermen dentro dél,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">ha dicho un contemplativo:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Aqueste es coche imprestable,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">porque ambos han prometido</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">no desamparar su popa</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">por cosa de aqueste siglo.»»</span><br />
+</p><p>
+A lo que parece, no había grande exageración en estas referencias. De
+una tal doña Juana decía otra dama en la jorn. I de <i>El socorro de los
+mantos</i>, comedia de don Francisco de Leiva y Ramírez de Arellane:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Yo donde vive os diré:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y es, porque busquéis el fin</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de ese fuego que os abrasa,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">la calle Mayor su casa</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y un coche su camarín.</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">En él de día y de noche</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">a sus gustos se dedica,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y aun harto se mortifica</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">en no dormir en el coche.»</span><br />
+</p><p>
+Y Calderón, en la jorn. II de <i>Nadie fíe su secreto</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LÁZARO. Laura vive aquí, que dijo:</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">«Con lo que la casa cuesta</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">de alquiler, he de hacer coche.»</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">Y respondiéndole a ella</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">dónde había de vivir,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">dijo: «Cuando coche tenga,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">en el coche todo el día,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">y la noche en la cochera.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_167_167" id="Footnote_167_167"></a><a href="#FNanchor_167_167"><span class="label">[167]</span></a> Para el señor Bonilla, <i>terceruela</i> «puede ser la tercera
+menor o semitono». Y yo, que <i>tampoco</i> sé lo que es <i>terceruela</i>&mdash;digo,
+a qué <i>terceruelas</i> se refiere Vélez de Guevara&mdash;y, a mayor
+abundamiento, no he logrado entender que <i>tercera menor</i> equivalga a
+<i>semitono</i>, recuerdo lo que un su interlocutor dijo a cierto poeta culto
+que intentaba comentar a otro, sin dejarse entender;
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 8em;">«&mdash;Comentador, comentaos.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_168_168" id="Footnote_168_168"></a><a href="#FNanchor_168_168"><span class="label">[168]</span></a> Todos estos son remedios populares para el mal de madre,
+muy usados cuando escribía Vélez y cuando, siglo y medio antes, compuso
+Rojas <i>La Celestina</i>, en cuyo acto VIII, como recuerda Bonilla, enumera
+la vieja protagonista las cosas con que se curaba ese mal: «Todo olor
+fuerte es bueno, así como de poleo, <i>ruda</i>, axienjos, humo de plumas de
+perdiz, de romero, de moxquete, de encienso, recebido con mucha
+diligencia, aprovecha e afloxa el dolor, e buelve poco a poco la madre a
+su lugar.» Especialmente, acudían a <i>la ruda</i>. Tirso de Molina en el
+acto I de <i>El Celoso prudente</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«CAROLA. ...Uno de la vecindad</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">buscaba (aquesto es sin duda)</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">de parte de la comadre</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>para cierto mal de madre</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>unos cogollos de ruda</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_169_169" id="Footnote_169_169"></a><a href="#FNanchor_169_169"><span class="label">[169]</span></a> <i>Y trescientas cosas más</i> es frase tomada del bordoncillo
+de un antiguo disparatorio que empieza:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Parió Marina en Orgaz,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y tañeron, y cantaron,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y bailaron y danzaron,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>y trescientas cosas más.»</i></span><br />
+</p><p>
+Cayó en gracia esta frase, y los poetas la llevaron y la trajeron, como
+a la <i>Inés</i> de <i>Yo te lo diré después</i>, y como un siglo antes habían
+llevado y traído a <i>la bella malmaridada</i>. Lope de Vega, en el acto III
+de <i>Los Novios de Hornachuelos:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«BERRUECO. ...Un Barrabás sois vestido,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">una fantasma calzada,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">una arpía bautizada,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y un camello con marido....</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Longinos a pie, Caifás,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">capón molde de hacer monas,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">India de las Amazonas</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>y trescientas cosas</i> más.»</span><br />
+</p><p>
+Tirso de Molina, <i>Cautela contra cautela</i>, acto I:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ENRIQUE. ¿No es bien nuevo amar a dos?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">CHIRIMÍA.&nbsp; No, señor, ni amar a mil;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">porque tú tienes criado</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que en un mismo tiempo ha amado</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">un salchichón, un pernil</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">y una bota de hipocrás,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">dos de Candia, cuatro griegas,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">treinta fregonas gallegas</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>y trescientas cosas más,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que es socorro y estribillo</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>de poetas de repente</i>.»</span><br />
+</p><p>
+El señor Foulché-Delbose publicó en la <i>Revue Hispanique</i> (tomos IX,
+261, y X, 234) un curioso estudio acerca de las <i>Coplas de Trescientas
+cosas más.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_170_170" id="Footnote_170_170"></a><a href="#FNanchor_170_170"><span class="label">[170]</span></a> <i>Regatones</i>, que hoy más bien diríamos <i>regateadores</i>,
+aunque esta palabra falta en el <i>Diccionario. Regatear</i>&mdash;dice
+Covarrubias&mdash;, «procurar abaxar el precio de la cosa que compra es muy
+del <i>regatón»</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_171_171" id="Footnote_171_171"></a><a href="#FNanchor_171_171"><span class="label">[171]</span></a> <i>Si la podemos dar roma, no la demos aguileña</i>, dice el
+refrán, aludiendo a moza, y no a nariz, contra lo que opina el señor
+Bonilla. Es dicho de ruines de alma atravesada, y lo recuerda Cervantes
+en el <i>Quijote</i> (II, 48): «... que yo he oído decir muchas veces y a
+muchos discretos, que si él [el diablo] puede, <i>antes os la dará roma
+que aguileña.»</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_172_172" id="Footnote_172_172"></a><a href="#FNanchor_172_172"><span class="label">[172]</span></a> Refiérese a una de las muchas pendencias que se promovían
+en los <i>mandrachos</i> o casas de juego sobre dar barato a los mirones que
+actuaban como jueces de las suertes dudosas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_173_173" id="Footnote_173_173"></a><a href="#FNanchor_173_173"><span class="label">[173]</span></a> Deslizáronsele aquí a Vélez dos versos endecasílabos:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...<i>a una mujer de un sastre que ha jurado</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que los ha de coser a puñaladas.»</i></span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_174_174" id="Footnote_174_174"></a><a href="#FNanchor_174_174"><span class="label">[174]</span></a> Juega del vocablo <i>fuga</i> en sus dos acepciones musical y
+de <i>huída</i>, y alude a la frecuencia con que huían los músicos callejeros
+al primer asomo de peligro, por lo cual dijo Lope de Vega en la silva
+III de <i>La Gatomaquia</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Los músicos, en viendo</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">el belicoso duelo comenzado,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">huyeron como suelen;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">que no hay garzas que vuelen</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">tan altas por los vientos,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">dicen que por guardar los instrumentos....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_175_175" id="Footnote_175_175"></a><a href="#FNanchor_175_175"><span class="label">[175]</span></a> Lo más corriente era llamar <i>caballero del milagro</i>, no a
+un sujeto como el que pinta Vélez, sino al que vivía bien, y hasta
+aparatosamente, sin que se le conociera renta, oficio ni beneficio. Lope
+de Vega, en el acto II de <i>El Caballero del milagro</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TRISTÁN. ¡Cosa es de ver la vida deste mozo!</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">¡Qué ricamente viste, y cómo gasta!</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">¿Cómo juega tan pródigo y reparte</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">lo que tiene entre todos sus amigos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">sin que le conozcan en su tierra</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">dos florines de renta o patrimonio?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LOFRASO.&nbsp; Por eso es <i>caballero del milagro</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_176_176" id="Footnote_176_176"></a><a href="#FNanchor_176_176"><span class="label">[176]</span></a> De la <i>piedra bezar</i>, «concreción calcárea que suele
+encontrarse en las vías digestivas y en las urinarias de algunos
+cuadrúpedos», escribió un curiosísimo tratado el doctor Nicolás
+Monardes, famoso médico y farmacólogo sevillano: <i>Dos libros, el vno que
+trata de todas las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales, que
+sirven al vso de la Medicina, y el otro que trata de la Piedra Bezaar, y
+de la Yerua Escuerçonera</i>. Cito por la edición de Sevilla, Hernando
+Díaz, 1569, la más antigua de las tres de que poseo ejemplares. La
+príncipe de estos <i>Dos libros</i> es también de Sevilla, 1565.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_177_177" id="Footnote_177_177"></a><a href="#FNanchor_177_177"><span class="label">[177]</span></a> Dice <i>preñada de medio ojo</i> para indicar que ocultaba su
+preñez, como ocultaban el rostro las que <i>se tapaban de medio ojo</i>. De
+éstas habrá ocasión de tratar en las notas del tranco IX.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_178_178" id="Footnote_178_178"></a><a href="#FNanchor_178_178"><span class="label">[178]</span></a> De <i>tate</i> se hacía festivamente una persona,
+anteponiéndole <i>Pero</i>, que es, a la vez que conjunción, nombre propio
+(<i>Per, Pero, Pedro</i>). Calderón, en la jornada II de <i>El médico de su
+honra</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«COQUÍN. <i>(Aparte.) ...Pero ¡tate!</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">(que es un <i>Pero</i> muy honrado</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">del celebrado linaje</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">de los <i>Tates</i> de Castilla),</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">porque el Rey está delante.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_179_179" id="Footnote_179_179"></a><a href="#FNanchor_179_179"><span class="label">[179]</span></a> <i>Pocas cosas</i> equivale a <i>cosas menudas</i> o <i>de poco
+momento</i>. Cervantes, <i>Quijote</i>, I, 20: «... y no querría que <i>pocas
+cosas</i> penase mi ánima en el otro mundo.» Calderón, en su <i>Entremés de
+las Carnestolendas</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«VEJETE.&nbsp; Hombre, ¿comes, o engulles?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">GRACIOSO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ¡Lindo chasco!</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>Pocas cosas</i>, señor, nunca las masco.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_180_180" id="Footnote_180_180"></a><a href="#FNanchor_180_180"><span class="label">[180]</span></a> <i>Murciégalo</i> (de <i>mur</i> y <i>caeculus</i>) como aún lo dice el
+vulgo, más etimológicamente que los que, con una metátesis innecesaria
+decimos <i>murciélago.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_181_181" id="Footnote_181_181"></a><a href="#FNanchor_181_181"><span class="label">[181]</span></a> <i>Quien</i>, haciendo a plural, cosa frecuentísima en
+nuestros escritores de los siglos XVI y XVII.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_182_182" id="Footnote_182_182"></a><a href="#FNanchor_182_182"><span class="label">[182]</span></a> Como recuerda el señor Bonilla, llamaron <i>los Siete
+Durmientes</i> «a siete hermanos que se dice sufrieron martirio en Éfeso,
+en tiempo del emperador Decio. Habiéndose ocultado estos hermanos en una
+caverna, fueron emparedados en ella de orden del Emperador; ciento
+noventa y seis años después se les encontró dormidos en el mismo sitio
+(Véase la <i>Leyenda áurea</i> de Jacobo de Vorágine)». Tirso de Molina, en
+el acto I de <i>La Villana de la Sagra</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«CARRASCO.&nbsp; ...Nunca de dormirme acabo;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">mas con vinos excelentes,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">si son siete los durmientes,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">yo seré <i>durmiente octavo</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_183_183" id="Footnote_183_183"></a><a href="#FNanchor_183_183"><span class="label">[183]</span></a> Es decir, <i>que dirá que no lo siente</i>. Juega del vocablo
+<i>sentir</i>, en dos de sus acepciones.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_184_184" id="Footnote_184_184"></a><a href="#FNanchor_184_184"><span class="label">[184]</span></a> «<i>Vistas</i>&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de autoridades&mdash;llaman
+los vestidos y tocador que los novios envían a sus futuras esposas.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_185_185" id="Footnote_185_185"></a><a href="#FNanchor_185_185"><span class="label">[185]</span></a> Contra lo que ligeramente pudiera imaginarse, <i>pared y
+medio</i> no es errata por <i>pared en medio</i>. «Error de caja» lo creyó el
+señor Fitzmaurice-Kelly al encontrar esa expresión en el capítulo XIX de
+la primera parte del <i>Quijote</i>. A los ejemplos que cité en nota del
+dicho capítulo podrían agregarse muchos otros: cuantos acertara a desear
+el más descontentadizo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_186_186" id="Footnote_186_186"></a><a href="#FNanchor_186_186"><span class="label">[186]</span></a> <i>Del gallo</i>, es decir de la hora en que canta el gallo,
+queriendo ya venir el día.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_187_187" id="Footnote_187_187"></a><a href="#FNanchor_187_187"><span class="label">[187]</span></a> Porque de Judas se dice que fué despensero, y los
+despenseros acaparaban muchos mantenimientos para venderlos a precios
+elevadísimos. Es frecuente en nuestros escritores festivos la alusión al
+oficio de Judas. Quevedo, por ejemplo, en su romance de <i>Los Borrachos</i>
+(Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...Y yo, que en diez y seis años</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que tengo de <i>despensero,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>aun no he podido ser Judas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y vender a mi maestro.»</span><br />
+</p><p>
+</p><p>
+Lope, aludiendo a la costumbre de ahorcar un pelele el Jueves Santo,
+figurando a Judas:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«MENDOZA. Y ¿qué importa que una dama</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">tenga el cuerpo diligente...,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">las caderas como en Flandes,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">las piernas como un jinete,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">si el rostro puede ser molde</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">de hacer diablos para el jueves</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">en que <i>al despensero</i> cuelgan</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que afrentó los calabreses?»</span><br />
+</p><p>
+«Los despenseros de los monasterios&mdash;dije en el discurso preliminar de
+mi edición crítica de <i>Rinconete y Cortadillo</i>&mdash;tomaban el pescado por
+cargas, diciendo ser para aquéllos, y revendíanlo después entre sus
+parroquianos; acordó el cabildo [de Sevilla] que se hablara a los
+priores y guardianes para que corrigiesen el abuso; pero no se logró la
+enmienda.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_188_188" id="Footnote_188_188"></a><a href="#FNanchor_188_188"><span class="label">[188]</span></a> <i>Por partes de,</i> y no por <i>por parte de</i>, como habría
+enmendado Clemencín si hubiese editado la presente novelita. <i>Por partes
+de</i>, o <i>de partes de</i>, solía decirse antaño, como demostré en mis notas
+al <i>Quijote</i> (IV, 267, 4).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_189_189" id="Footnote_189_189"></a><a href="#FNanchor_189_189"><span class="label">[189]</span></a> Pregunta el señor Bonilla: «¿Querrá decir Vélez que el
+padre de ese niño era infiel (judío o moro)?» No, ciertamente&mdash;respondo&mdash;,
+sino que ese niño, por partes de su padre, podía pretender tal beca como
+hijo de clérigo. Sabido es que, según la creencia vulgar, el Antecristo
+ha de ser hijo de un clérigo y una monja, y por éstas dijo Quevedo en una
+de sus <i>premáticas:</i> «Condenamos en los galanes de monjas los <i>antecristos
+pensamientos</i>....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_190_190" id="Footnote_190_190"></a><a href="#FNanchor_190_190"><span class="label">[190]</span></a> Debiera decir Vélez <i>el domingo de cuasi ración</i>, para
+que recordase mejor el de <i>Cuasimodo</i>, al cual quiso referirse.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_191_191" id="Footnote_191_191"></a><a href="#FNanchor_191_191"><span class="label">[191]</span></a> Llamaban <i>letuario, lectuario, electuario</i>, a cierto
+género de conserva, ya medicinal o ya simplemente alimenticia, como la
+que solía tomarse al par que el aguardiente. Quevedo, <i>Vida del buscón
+llamado don Pablos...,</i> libro II, cap. II: «Pasamos adelante, y en una
+esquina, por ser de mañana, tomamos dos tajadas de <i>letuario</i> y
+aguardiente de una picarona....» Las mujeres que vendían el <i>letuario</i>
+acostumbraban a pregonarlo por las calles en las primeras horas de la
+mañana. Lope de Vega, en unas décimas de la <i>Justa poética en la
+beatificación de San Isidro</i>, refiriéndose a esas horas:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...La mula el médico ensilla,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">da la purga el boticario,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>pregónase el letuario</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_192_192" id="Footnote_192_192"></a><a href="#FNanchor_192_192"><span class="label">[192]</span></a> Contra lo que dijo Durán y copió Bonilla, el juego de
+<i>salga la parida</i> no consiste en gritar los muchachos «ese refrán(?)
+cuando observan que la luna llena, atravesando grupos de nubes, va
+apareciendo clara en los sitios despejados». <i>Salga la parida</i>, como
+dice el <i>Diccionario</i> de autoridades, es «juego común con que se
+divierten los muchachos estrechándose y apretándose entre sí para echar
+a alguno del corro, en cuyo lugar admiten otro».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_193_193" id="Footnote_193_193"></a><a href="#FNanchor_193_193"><span class="label">[193]</span></a> Llama <i>píldora</i> al mundo, por lo esférico.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_194_194" id="Footnote_194_194"></a><a href="#FNanchor_194_194"><span class="label">[194]</span></a> Llaman <i>cruzado</i>, según el léxico de la Academia, a la
+«mudanza que hacen los que bailan, formando una cruz y volviendo a
+ocupar el lugar que antes tenían».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_195_195" id="Footnote_195_195"></a><a href="#FNanchor_195_195"><span class="label">[195]</span></a> Ocasionales o no, ocurren aquí dos versos octosílabos
+aconsonantados:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... <i>haciendo un cruzado al son</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de su misma confusión.»</i></span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_196_196" id="Footnote_196_196"></a><a href="#FNanchor_196_196"><span class="label">[196]</span></a> Llama a los coches <i>ballenas</i>, recordando la de Jonás,
+porque tragan y vomitan personas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_197_197" id="Footnote_197_197"></a><a href="#FNanchor_197_197"><span class="label">[197]</span></a> ¡Qué exacta alusión a las cien mil falsedades, engañifas
+y <i>cumplo-y-mientos</i> propios del trato cortesano!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_198_198" id="Footnote_198_198"></a><a href="#FNanchor_198_198"><span class="label">[198]</span></a> <i>Haciéndose cocos a ellos mismos</i>, o <i>a sí mismos</i>, que
+diríamos hoy, esto es, gustando de sí propios y recreándose en sus
+ademanes y miraduras, como unos Narcisos. <i>Hacer cocos</i> se dijo de
+<i>cocar</i>, que significa <i>agradar, captar la benevolencia</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_199_199" id="Footnote_199_199"></a><a href="#FNanchor_199_199"><span class="label">[199]</span></a> El señor Bonilla sospecha que <i>de riñón</i> sea errata, por
+<i>de piñón.</i> No hay tal cosa: la boquita que llamaban <i>de piñón</i> era
+naturalmente pequeña, como aquella a que se refiere el <i>Romancero
+general,</i> fol. 253:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Vna boca, chica era;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que con <i>vn piñón</i> se mide,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">segura de que haya otra</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que assi enamore y cautiue»;</span><br />
+</p><p>
+pero el texto se refiere a una boca achicada artificiosamente. Quien ve
+el riñón de un corderillo, ve una boca de esas frunciditas y amaricadas.
+Para persuadirse de que no hay la errata que sospechó Bonilla basta
+parar la atención en que a esta calle de espejos que pinta Vélez nadie
+iba a verse como era, sino a estudiar gestos; uno de ellos, el
+fruncimiento de labios. Quevedo, en <i>El Entremetido y la Dueña y el
+Soplón</i>, mencionó una de estas bocas estudiadamente fruncidas: «Y al
+punto, muy esparrancado de ojos, decía: «No hay sino dejar correr; Dios
+lo remedie, que tal y cual, lo del camino carretero: sí por sí, no por
+no»; y al decir «ello dirá», <i>ponía una boquita escarolada</i>, como le dé
+Dios la salud.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_200_200" id="Footnote_200_200"></a><a href="#FNanchor_200_200"><span class="label">[200]</span></a> <i>Roncando</i>, como los ojos de aquella Mari Pérez de quien
+dijo Quevedo (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Tus dos ojos, Mari Pérez,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de puro dormidos, roncan</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y duermen tanto, que sueñan</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que es gracia lo que es modorra.»</span><br />
+</p><p>
+Cuanto a ojos, como a todo lo del mundo, cambian las modas, y por esto
+decía Calderón, en la jorn. II de <i>Eco y Narciso</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«BATO.&nbsp; &nbsp; ...Vn tiempo que se dieron</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">en usar <i>ojos dormidos</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">no había hermosura despierta</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y todo era mirar bizco....»</span><br />
+</p><p>
+Pero si Vélez aprendió en Quevedo lo de <i>roncar los ojos</i>, de puro
+dormidos, una poetisa, doña Catalina Clara, aprendió de Vélez lo de
+<i>roncar hermosura</i>, pues escribió, retratando a cierta dama:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Sus ojos, que <i>hermosura están roncando</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">dormidos saben más que otros velando,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y dice en ellos cada niña airosa:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Nigra sum, sed formosa</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_201_201" id="Footnote_201_201"></a><a href="#FNanchor_201_201"><span class="label">[201]</span></a> <i>De Gloria Patri</i> quiere decir, como notó el señor Pérez
+y González en su citada obra, págs. 23 y 24, «inclinados como fieles que
+pronuncian o escuchan el <i>Gloria Patri</i>».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_202_202" id="Footnote_202_202"></a><a href="#FNanchor_202_202"><span class="label">[202]</span></a> Sobre las <i>maretas</i> quedó nota páginas atrás (8, 1)[47].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_203_203" id="Footnote_203_203"></a><a href="#FNanchor_203_203"><span class="label">[203]</span></a> <i>Para desacreditar la naturaleza</i>, porque le hacen
+poquísimo favor carilindos que no acaban de semejar hombres ni mujeres;
+y <i>para desacreditar el rentoy</i>, porque no parece sino que están jugando
+a este juego, en que los compañeros se entienden por medio de gestos y
+señas, a lo cual se refirió don Antonio Hurtado de Mendoza en estas
+seguidillas de la segunda parte del <i>Entremés de Micer Palomo</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«De las damas de hogaño, ¿qué te parece?</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">&mdash;Capadillo, pues juegan con seis y siete.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">&mdash;¿Y de las que se atapan en la comedia?</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>&mdash;Al rentoy, pues te muelen haciendo señas.»</i></span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_204_204" id="Footnote_204_204"></a><a href="#FNanchor_204_204"><span class="label">[204]</span></a> El nombre de <i>damas cortesanas</i> era uno de los muchos que
+se solían dar a las mujeres públicas. Así, en una representación de los
+Alcaldes de Casa y Corte al Rey (11 de enero de 1617): «Señor: Los
+Alcaldes dicen que de estar las mugeres de mala vida <i>que llaman damas
+cortesanas</i> alojadas en las calles principales desta corte y con
+libertad de vivir donde quieran sean seguido y siguen muy grandes
+inconuinientes....» (Archivo Histórico Nacional, Libros de gobierno de
+la Sala de Alcaldes, tomo VII, fol. 470.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_205_205" id="Footnote_205_205"></a><a href="#FNanchor_205_205"><span class="label">[205]</span></a> <i>Albillas</i>, como las uvas llamadas así, o <i>tempranillas</i>
+por otro nombre. <i>Tempranillas</i> asimismo llama el vulgo andaluz a las
+muchachas que, sobre cuajarse pronto de mujeres, dan a entender, por la
+demasiada viveza y libertad con que miran y hablan, que, jovencillas y
+todo, no les pesaría dejar de ser solteras.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_206_206" id="Footnote_206_206"></a><a href="#FNanchor_206_206"><span class="label">[206]</span></a> En Bonilla, <i>e Giron,</i> sin duda por errata.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_207_207" id="Footnote_207_207"></a><a href="#FNanchor_207_207"><span class="label">[207]</span></a> <i>Vuelven las aguas</i>..., dice el refrán, que Vélez acomodó
+aquí a su propósito.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_208_208" id="Footnote_208_208"></a><a href="#FNanchor_208_208"><span class="label">[208]</span></a> A la <i>plazuela de los Herradores</i>, aun hoy llamada así,
+concurrían los que alquilaban sus servicios. En los antedichos Libros de
+gobierno de la Sala de Alcaldes he visto un auto del año 1621 por el
+cual se mandó que los mozos de sillas (los que conducían las sillas de
+manos) asistiesen en la <i>plazuela de Herradores</i> y llevasen el correón
+al hombro. Y Tirso de Molina, en el acto III de <i>Por el sótano y el
+torno</i>, hace decir a Santillana, escudero viejo, cuando se dispone a
+dejar de servir a su ama, porque le ha reprendido:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«¡Miren, porque la doy luz</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de amantes embustidores!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Plazuela habrá de Herradores</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y puerta de Santa Cruz:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no me han de faltar dos reales</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y señoras de alquiler.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_209_209" id="Footnote_209_209"></a><a href="#FNanchor_209_209"><span class="label">[209]</span></a> <i>Damas de achaque</i>, o sea que se achacan o atribuyen
+falsamente la damería.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_210_210" id="Footnote_210_210"></a><a href="#FNanchor_210_210"><span class="label">[210]</span></a> Poco después dice de quiénes habían de ser pasto tales
+libros: respectivamente, de pajes y doncellas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_211_211" id="Footnote_211_211"></a><a href="#FNanchor_211_211"><span class="label">[211]</span></a> No tachará de defectuosa la expresión <i>le preguntó ...
+que le dijese</i> quien esté advertido de que, como <i>preguntar</i> significa
+<i>demandar</i> y <i>demandar</i> y <i>pedir</i> son una cosa misma, solía decirse
+<i>preguntar</i> por <i>pedir</i>, de lo cual hay en el <i>Quijote</i> muchos ejemplos
+(I, 137, 10; III, 85, 19, etc.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_212_212" id="Footnote_212_212"></a><a href="#FNanchor_212_212"><span class="label">[212]</span></a> Dice <i>de media talla</i>, como pudiera decir <i>de medio
+pelo</i>, o <i>de medio mogate</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_213_213" id="Footnote_213_213"></a><a href="#FNanchor_213_213"><span class="label">[213]</span></a> Bien explica esto don Fernando de Loreña en su <i>Entremés
+de los Relojes</i> (Biblioteca Nacional, Ms. 17237):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D.ª TORRE. Mira quién llama aquí, doña Escalera.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">QUITERIA.&nbsp; ¿Quién es doña Escalera?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª TORRE.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Vna criada.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">QUITERIA.&nbsp; ¿Con don?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª TORRE.&nbsp; Sí, <i>que autoriza una donada</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Del uso y abuso de los <i>dones</i> traté largamente en mi estudio sobre <i>El
+retrato de Cervantes</i> (Madrid, 1917), págs. 30-53.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_214_214" id="Footnote_214_214"></a><a href="#FNanchor_214_214"><span class="label">[214]</span></a> Por <i>el tusón de las damas</i> (que también se llamaba
+<i>damas</i>, a secas, a las <i>damas cortesanas</i>) ha de entenderse la
+categoría de las que entre ellas eran de mayor calidad, a las cuales
+llamaban <i>tusonas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_215_215" id="Footnote_215_215"></a><a href="#FNanchor_215_215"><span class="label">[215]</span></a> <i>Quererse volver al paño</i>, frase que no registra el
+<i>Diccionario</i>, pero que oí muchas veces en Andalucía, se dice de las
+alhajas muy limpias y brillantes, legítimas o falsas, por alusión al
+paño en que las tenía envueltas el platero o quincallero cuando las
+vendió.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_216_216" id="Footnote_216_216"></a><a href="#FNanchor_216_216"><span class="label">[216]</span></a> <i>Don extravagante</i>, como <i>clérigo extravagante</i>, que se
+dice de aquel que vive sin incorporarse a la clerecía de ninguna
+diócesis.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_217_217" id="Footnote_217_217"></a><a href="#FNanchor_217_217"><span class="label">[217]</span></a> La <i>ginebra</i> está bien definida en el <i>Diccionario</i>
+académico. Es el mismo grosero instrumento que los andaluces llamamos
+<i>carrasquiña.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_218_218" id="Footnote_218_218"></a><a href="#FNanchor_218_218"><span class="label">[218]</span></a> El <i>castrapuercos,</i> instrumentillo compuesto de algunos
+cañutos, es ni más ni menos que la zampoña con que suelen representar al
+Dios Pan. En el <i>Diccionario</i> de la Academia, como en el de autoridades
+y en el Tesoro de Covarrubias, <i>castrapuercas:</i> pero en el <i>Trésor</i> de
+Oudin, <i>«Castra puercos, vn sifflet de chastreur</i>». También se llamaba
+<i>castrador</i>, y debe tomarlo en cuenta la Academia Española, bajo la fe
+de Quevedo y Salas Barbadillo. El primero dijo en un romance referente a
+los bailes del vulgo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Suéltales las seguidillas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y a ejecutor de la vara,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y a la capona, que en llaves</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">hecha <i>castradores</i> anda.»</span><br />
+</p><p>
+Y el segundo, en el <i>Entremés del Prado de Madrid, y Baile de la
+Capona</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Para el baile previnieron</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">las cuerdas de una guitarra,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sin ver que a un baile capón</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vn <i>castrador</i> le bastaba.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_219_219" id="Footnote_219_219"></a><a href="#FNanchor_219_219"><span class="label">[219]</span></a> Iba narrando Vélez de Guevara, y súbitamente y sin
+preparación deja la palabra a don Cleofás. Estos cambios bruscos de la
+persona que habla, y aun de la persona a quien se habla, no escasean en
+nuestros escritores del buen tiempo, como de Cervantes hice notar en
+diversos lugares del <i>Quijote</i> (I, 10, 17; II, 136, 8; IV, 259, 21; VI,
+70, 3, etc.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_220_220" id="Footnote_220_220"></a><a href="#FNanchor_220_220"><span class="label">[220]</span></a> «Entre los muchos&mdash;dije en otra ocasión&mdash;que han escrito
+acerca de los arbitristas, plaga que infestó a España en los siglos XVI
+y XVII, merece mención señalada don Antonio Cánovas del Castillo, que
+trató de ellos en sus <i>Problemas contemporáneos</i> (Madrid, 1884), tomo I,
+págs. 305-328.... Mi querido amigo don Agustín G. de Amezúa, en su
+edición crítica de <i>El Casamiento engañoso y el Coloquio de los Perros</i>,
+páginas 147-151 y notas 349-351, cita algunos arbitrios notables por su
+extravagancia....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_221_221" id="Footnote_221_221"></a><a href="#FNanchor_221_221"><span class="label">[221]</span></a> Así en la edición original. A escribir hoy, de seguro
+habría dicho Vélez: «... que tiene en la mano el retrato de su
+dama....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_222_222" id="Footnote_222_222"></a><a href="#FNanchor_222_222"><span class="label">[222]</span></a> El gramático pedante y engreído, para quien no hay en el
+mundo cosa que valga dos maravedís sino sus gramatiquerías, fué siempre
+odiado por los escritores. El señor Bonilla recuerda lo que contra ellos
+dijo el doctor Suárez de Figueroa en su <i>Plaza universal de todas
+ciencias y artes</i> (1615). Y antes que Suárez, Barahona de Soto, en su
+<i>Angélica,</i> maltrató á los finchados gramaticones al incluírlos en la
+relación de aquellas gentes que Zenagrio, en la morada de Gleoricia, no
+se digna de mirar:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Tanto del soez <i>gramático</i> arrogante</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que, porque punta y coma sus diciones</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y ordena lo de atrás para adelante,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no estima los gravísimos varones....»</span><br />
+</p><p>
+Yo dije a un consumado gramático, veinte años ha: «¿Qué hará usted con
+toda su gramática, si no tiene nada que decir que interese al público?
+Usted posee un admirable libro de cocina, cierto; pero, vacía la
+despensa, ¿de qué pueden servirle sus excelentes fórmulas culinarias?»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_223_223" id="Footnote_223_223"></a><a href="#FNanchor_223_223"><span class="label">[223]</span></a> Como <i>ropa</i>, según una de las acepciones que registra
+Covarrubias, es «la vestidura suelta que traemos sobre la que está
+ceñida y junta al cuerpo», llamóse <i>ropa</i>, especialmente, a la talar, y
+<i>plazas de ropa</i> a los oficios o puestos en que se vestía toga o
+garnacha. Quevedo, en una de sus jácaras (Musa V), jugando de los verbos
+<i>bogar</i> y <i>abogar</i>.
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Por buen supuesto te tienen,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pues te envían a <i>bogar;</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>ropa</i> y <i>plaza</i> tienes cierta,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y a subir empezarás.»</span><br />
+</p><p>
+Y <i>ropas</i>, a secas, se llamó también a los oidores, como se echa de ver
+por otra jácara de Quevedo, en que dice un jaque encarcelado:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Porque no pueda salir,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">me engarzaron en las cormas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y siempre mandan que siga:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¿Quién entenderá las <i>ropas</i>?»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_224_224" id="Footnote_224_224"></a><a href="#FNanchor_224_224"><span class="label">[224]</span></a> El señor Bonilla, después de recordar con Covarrubias que
+<i>pastel</i> se dijo de <i>pasta</i>, y «es como una empanadilla hojaldrada, que
+tiene dentro carne picada o pistada», añade: «Los había de a real, de a
+cuatro, de a ocho, de a medio real, etcétera.» Y don Américo Castro,
+anotando en la <i>Vida del Buscón,</i> de Quevedo (pág. 89 de la edición de
+<i>Clásicos Castellanos</i>), aquel pasaje en que dice: «pero yo entiendo que
+los pasteleros desta tierra nos consolarán, acomodándole a [un ahorcado]
+en los de a cuatro», comentó: <i>«los de a cuatro</i>: pastel de a cuatro
+reales.» El señor Bonilla, antes de revisar en las pruebas su nota, pudo
+hacerse estas preguntas: «¿Cómo un avariento, por ahorrar, había de
+gastar cuatro reales en un pastel para su comida?» Pues ¿no era el
+pastel, según el invocado Covarrubias, «refugio de los que no pueden
+hazer olla?» Y el costo de la olla aun para dos personas, que no para
+una, ¿llegaba, ni con mucho, a <i>cuatro reales</i>? La Gerarda de <i>La
+Dorotea</i> de Lope (acto V, escena II), teniendo convidada, gastaba en su
+olla: «una libra de carnero, catorze marauedis; media de baca, seis, son
+veinte; de tozino, vn quarto, otro de carbón, de peregil y cebollas dos
+marauedis, y quatro de aceitunas, es vn real cabal»: ¿había, pues, de
+gastar el avariento cuatro reales en un pastel para sí solo, cuando,
+aunque se considere que <i>La Dorotea</i> se refiere a tiempo muy anterior al
+en que se alteraron los valores de la moneda de vellón, al escribir
+Zabaleta <i>El día de fiesta por la tarde</i>; publicado en 1659, «una libra
+de carnero valía once cuartos, y un pan cinco, y media azumbre de vino
+siete, veintitrés cuartos en junto, o sea once menos que el pastel de
+Vélez de Guevara?» Y esto preguntado, o parte de ello, la bien
+acreditada diligencia del señor Bonilla le habría abierto camino para
+averiguar cuánto costaba un <i>pastel de a cuatro</i> en el tiempo en que el
+escritor ecijano escribió su novela.
+</p><p>
+Pues otro tanto digo del señor Castro, y aun digo más: que pudo
+preguntarme sobre ese punto, como me preguntó sobre muchos otros. Esto,
+amén de que buena respuesta tenía en el capítulo XI del mismo libro I de
+<i>El Buscón,</i> donde un verdugo, un animero, un mulato y otros sujetos de
+esta laya comen, entre todos, después de algunas cosas de bodegón,
+«cinco <i>pasteles de a cuatro</i>. ¿Habían de gastar <i>veinte reales</i> en el
+postrecillo...?»
+</p><p>
+No, ciertamente no eran <i>de a cuatro reales</i> los <i>pasteles de a cuatro</i>,
+sino de la trigésimacuarta parte de ese valor: eran pasteles <i>de a
+cuatro maravedis.</i> Con dar un vistazo a los tan socorridos Libros de
+gobierno de la Sala de Alcaldes, que se conservan en el Archivo
+Histórico Nacional, habrían echado de ver los mencionados comentadores
+que en 1596 se mandó que no se hicieran pasteles y cubiletes <i>de a doce
+maravedís</i>, y sí <i>de a ocho y de a cuatro</i>; que en 1642 se trató de que
+no se hicieran pasteles <i>de a ochavo</i>, y que en 1644 mandaron los
+Alcaldes que no se impidiese la venta de cubiletes <i>de a cuatro
+cuartos</i>. A los que hacían pasteles de <i>a cuatro maravedis</i>, por la
+misma exigüidad de su precio, no se les podía exigir ninguna gollería,
+ni aun siquiera una mediana pulcritud; por eso dijo Quevedo en una de
+sus jácaras: (Musa V).
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Con las manos en la masa</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">está Domingo Tiznado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>haciendo tumbas a moscas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>en los pasteles de a cuatro</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Y en un romance de la Musa VI hizo decir a un manto plebeyo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Con poco temor de Dios,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pecaba en <i>pastel de a cuatro,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>pues vendí, en traje de carne,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>huesos, moscas, vaca y caldo</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_225_225" id="Footnote_225_225"></a><a href="#FNanchor_225_225"><span class="label">[225]</span></a> Es uno de los modos de decir que quiso desterrar Quevedo
+en la <i>Premática que este año de 1600 se ordenó</i>...: «... <i>no tiene a
+nadie en lo que pisa</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_226_226" id="Footnote_226_226"></a><a href="#FNanchor_226_226"><span class="label">[226]</span></a> Elíptico: <i>no sea que nos embarguen</i>, quiere decir.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_227_227" id="Footnote_227_227"></a><a href="#FNanchor_227_227"><span class="label">[227]</span></a> <i>Los unos de los otros</i>, como también lo dice Correas en
+su <i>Vocabulario de refranes</i>..., pág. 421 b, y <i>no los unos y los
+otros,</i> como malamente se suele enmendar ahora. Lope de Vega, en el acto
+II de <i>El Caballero del Sacramento</i>, explica bien el sentido del refrán:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«DORISTA. Leerla quiero, por ver</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">en mi desdicha un proverbio.</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>(Lee:) «Todos somos locos,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>los unos de los otros.»</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">¡Qué discretamente dice!</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Unos por otros hacemos</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">disparates y locuras;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">todos andamos sin seso,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">ya los padres por los hijos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">ya los deudos por los deudos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">ya las damas por sus cuyos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">ya por las damas sus dueños.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_228_228" id="Footnote_228_228"></a><a href="#FNanchor_228_228"><span class="label">[228]</span></a> <i>Sobrepelliezes</i>, dice la edición original, sin duda por
+errata.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_229_229" id="Footnote_229_229"></a><a href="#FNanchor_229_229"><span class="label">[229]</span></a> Este <i>donde</i>, equivalente a <i>de manera que</i>, quizás no se
+entenderá bien por quien ignore que está dicho a la andaluza, tal como
+alguna vez lo usó Cervantes: «Venida la noche, cenará con el Rey, Reina
+e Infanta, <i>donde</i> nunca quitará los ojos della, mirándola a furto de
+los circunstantes....» (<i>Quijote</i>, I, 21).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_230_230" id="Footnote_230_230"></a><a href="#FNanchor_230_230"><span class="label">[230]</span></a> <i>Actos positivos</i> son, como dice el <i>Diccionario</i>
+académico, los «hechos que califican la virtud, limpieza o nobleza de
+alguna persona o familia». Para las pruebas, por ejemplo, de limpieza y
+nobleza en lo escolar, tres <i>actos positivos</i> hacían cosa juzgada, según
+la <i>Nueva Recopilación,</i> leyes XXXV-XXXVII, tít. VII, libro I.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_231_231" id="Footnote_231_231"></a><a href="#FNanchor_231_231"><span class="label">[231]</span></a> Según Covarrubias (art. <i>torçuelo</i>), «los que saben de
+cetrería dizen que comunmente la cria de los açores es de tres pollos:
+los dos primeros se llaman primas y son hembras, y grandes de cuerpo; y
+el <i>torçuelo</i> es menor que ellas y es macho. Dixose <i>torçuelo</i>, quasi
+terçuelo, por ser tercero en orden....» Vélez de Guevara dice
+figuradamente <i>caballero torzuelo</i>, indicando su baja condición.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_232_232" id="Footnote_232_232"></a><a href="#FNanchor_232_232"><span class="label">[232]</span></a> Páginas atrás quedó nota acerca de una frase parecida a
+<i>con los míos me haga Dios bien</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_233_233" id="Footnote_233_233"></a><a href="#FNanchor_233_233"><span class="label">[233]</span></a> Este verso está impreso a renglón corrido, como prosa, en
+la edición original.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_234_234" id="Footnote_234_234"></a><a href="#FNanchor_234_234"><span class="label">[234]</span></a> Refiérese don Cleofás a su tocayo el Leandro amador de
+Hero y al soneto de Garcilaso que comienza:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Pasando el mar <i>Leandro el animoso,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>en amoroso juego todo ardiendo</i>....».</span><br />
+</p><p>
+soneto que, en efecto, figura en las diversas ediciones de <i>Las Obras de
+Boscan y algvnas de Garcilaso de la Vega, repartidas en qvatro libros</i>,
+fol. 121 de la de Anvers, Martín Nucio, 1556, que es la que poseo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_235_235" id="Footnote_235_235"></a><a href="#FNanchor_235_235"><span class="label">[235]</span></a> Elíptico: <i>merced de un hábito,</i> quiere decir.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_236_236" id="Footnote_236_236"></a><a href="#FNanchor_236_236"><span class="label">[236]</span></a> <i>Salicio y Nemoroso</i>, como es sabidísimo, son los
+interlocutores de la más famosa de las églogas de Garcilaso.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_237_237" id="Footnote_237_237"></a><a href="#FNanchor_237_237"><span class="label">[237]</span></a> Por aquí se averigua que don Cleofás, como de él se dijo
+en el tranco I (15, 2)[63], era <i>hidalgo a cuatro vientos</i>, sin otro solar
+que el muy conocido de los versos de Salicio y Nemoroso.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_238_238" id="Footnote_238_238"></a><a href="#FNanchor_238_238"><span class="label">[238]</span></a> <i>Pedir las pajaritas del aire</i> es una frase de
+encarecimiento equivalente a <i>pedir gollerías.</i> Espinel, en su <i>Sátira
+contra las damas de Sevilla</i>, tratando de las doncellitas de su tiempo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Luego les duele el hígado y el bazo;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">luego <i>piden las paxaras del ayre</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Esta frase llegó a hacerse tan enfadosa, por lo repetida, que don
+Francisco de Quevedo la proscribió en su <i>Premática</i> de 1600: «Quítanse
+por nuestra premática los modos de decir siguientes: <i>... las pajaritas
+que vuelan</i>....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_239_239" id="Footnote_239_239"></a><a href="#FNanchor_239_239"><span class="label">[239]</span></a> También solían pedir <i>el fénix empanado</i>, o cosas poco
+menos imposibles, bien que por broma y regodeo, los que comían en ventas
+y mesones. A los ejemplos que transcribe el señor Bonilla podrían
+añadirse otros, éste, verbigracia del <i>Entremés de los invencibles
+hechos de Don Quijote de la Mancha</i>, compuesta por Francisco de Ávila,
+publicado en 1617, y reimpreso en 1905 con prólogo y notas de don Felipe
+Pérez y González:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«MUJER.&nbsp; Estánme echando todos bernardinas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">pidiéndome imposibles por momentos.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">VENTERO. ¿Qué os piden, por mi vida?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MUJER.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Disparates:</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">los átomos del sol, <i>el ave fénix,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">y la leche de todas las cabrillas</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">VENTERO. ¿No veis, mujer, que aqueso es regodeo,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">y siempre se acostumbra por las ventas</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">echar pullas a todos?»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_240_240" id="Footnote_240_240"></a><a href="#FNanchor_240_240"><span class="label">[240]</span></a> <i>Regoldano</i> se dice del fruto del castaño silvestre, a
+diferencia del que da el injerto, que es mejor. Vélez aplica estos
+adjetivos al hechicero en sus respectivas cualidades de astrólogo y
+nigromante.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_241_241" id="Footnote_241_241"></a><a href="#FNanchor_241_241"><span class="label">[241]</span></a> Alude Vélez a algunos pasajes bíblicos, tales como éstos:
+<i>«Adprehendens autem David vestimenta sua scidit, omnesque viri qui erant
+cum eo</i> (II <i>Reyes</i>, I, 11).&mdash;<i>Quæ cum audisset Ezechias rex, scidit
+vestimenta sua</i>....» (II <i>Reyes</i>, XIX, 1).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_242_242" id="Footnote_242_242"></a><a href="#FNanchor_242_242"><span class="label">[242]</span></a> El <i>besar las manos</i> era obligado principio en todo
+mensaje verbal. Así comienza el suyo a don Quijote, en la cueva de
+Montesino (II, 23), la compañera y emisaria de Dulcinea: «Mi señora
+Dulcinea del Toboso <i>besa a vuesa merced las manos</i>, y suplica a vuesa
+merced se la haga de hacerla saber cómo está....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_243_243" id="Footnote_243_243"></a><a href="#FNanchor_243_243"><span class="label">[243]</span></a> El señor Bonilla corrige <i>comission</i> donde la edición
+príncipe dijo <i>comisson</i>, y no corrige, cuatro palabras después,
+<i>comissionario</i> donde la propia edición dice <i>comissonario</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_244_244" id="Footnote_244_244"></a><a href="#FNanchor_244_244"><span class="label">[244]</span></a> <i>Demonios a las veinte</i>, como <i>correos a las veinte</i>, que
+eran los que habían de andar veinte leguas cada veinticuatro horas. En
+el pleito entre Salvador de Toro y Pedro de Isunza, proveedores de las
+galeras reales, hay una certificación de Diego de Ruy Saenz (Puerto de
+Santa María, 8 de marzo de 1593) referente a haber despachado «tres
+correos, los dos a la ciudad de malaga y el otro a la villa de madrid,
+<i>a las veynte leguas».</i> (Archivo General de Simancas, Expedientes de
+Hacienda, leg. 516.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_245_245" id="Footnote_245_245"></a><a href="#FNanchor_245_245"><span class="label">[245]</span></a> Que <i>la mula de Liñán</i> es el aire, no ofrece duda; pero
+¿cuándo y por quién se dijo esta frase? Esto es lo que había que
+averiguar, y ni Durán, ni Pérez y González, ni Bonilla, ni yo, hemos
+tenido la fortuna de ponerlo en claro.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_246_246" id="Footnote_246_246"></a><a href="#FNanchor_246_246"><span class="label">[246]</span></a> <i>Vara alta</i>, esto es, <i>derecha, vertical</i>, quiere decir
+<i>autoridad, poder, jurisdicción.</i> Allí donde los investidos de autoridad
+dejaban de tenerla, soltaban o <i>bajaban las varas</i>. Esto ocurrió al
+entrar Felipe II en Portugal, según refiere Isidro Velázquez en <i>La
+entrada qve en el reino de Portvgal hizo la S.C.R.M. de don Philippe,
+invictíssimo Rey de las Españas, segundo deste nombre</i>.... (Lisboa,
+Manuel de Lyra, M.D.LXXXIII), fol. 70: «Prosiguiose el camino, y a la
+llegada de vn río, mojonera o diuision de los terminos de los Reynos,
+salio orden que los ministros de justicia Castellana <i>baxassen las
+varas</i>, o no las traxessen....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_247_247" id="Footnote_247_247"></a><a href="#FNanchor_247_247"><span class="label">[247]</span></a> En los siglos XVI y XVII se solía llamar <i>figones</i> a los
+que después se llamó <i>figoneros</i>, dejando aquel nombre para sus
+bodegones o fondines. Por un acuerdo de la Sala de Alcaldes pregonado a
+18 de mayo de 1595, se mandó que se notifique «a los que guisan de
+comer, que llaman <i>figones</i>» que no diesen de comer a las personas que
+fuesen a sus casas, ni manjar blanco, ni tostadas, ni pastelillos, ni
+otras cosas dulces. (Archivo Histórico Nacional. Libros de gobierno de
+la Sala de Alcaldes, tomo II, fol. 47.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_248_248" id="Footnote_248_248"></a><a href="#FNanchor_248_248"><span class="label">[248]</span></a> Como advierte el señor Bonilla, «el Infante don Pedro de
+Portugal recorrió, no las <i>siete</i>, sino las <i>cuatro</i> partidas del mundo.
+Así lo dice el mismo título de la obra famosa donde se relatan sus
+andanzas: <i>Libro del infante don Pedro de Portugal, que anduvo las
+quatro partidas del Mundo</i> (Çaragoça, Juan Millán, 1570).» ¿Por qué,
+pues, dijo el vulgo ser <i>siete,</i> y no <i>cuatro</i>, las tales <i>partidas?</i>
+Probablemente, según observé en otro lugar, por contaminación de esa
+frase con el nombre de nuestro célebre código <i>de las Siete Partidas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_249_249" id="Footnote_249_249"></a><a href="#FNanchor_249_249"><span class="label">[249]</span></a> Estas palabras patentizan que aún en el segundo tercio
+del siglo XVII perduraba con su renombre, si bien llamándose <i>de la
+Sevillana</i>, aquel célebre <i>mesón del Sevillano</i> que inmortalizó
+Cervantes haciéndole lugar de la acción de <i>La Ilustre fregona</i>. Véanse
+las noticias que acerca de esta posada di ha poco en el prólogo de mi
+edición crítica de la mencionada novela cervantina. (Madrid, 1917.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_250_250" id="Footnote_250_250"></a><a href="#FNanchor_250_250"><span class="label">[250]</span></a> <i>Por miedo que conspiren</i>, diríamos hoy, omitiendo ese
+<i>no</i> que en realidad redunda, pero que antaño se usaba con los verbos
+que significan temor, como noté en diversos lugares del <i>Quijote</i> (II,
+80, 15; III. 59, 24; 144, 12; 217, 8; IV, 50, 1; 126, 15, etc.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_251_251" id="Footnote_251_251"></a><a href="#FNanchor_251_251"><span class="label">[251]</span></a> El señor Bonilla puntuó así este pasaje: «... a otras
+diligencias, deste modo por sobornar....» En la edición príncipe no hay
+coma alguna después de la que sigue a la voz <i>esguízaros</i>, hasta otra
+que sigue a las palabras <i>contra mí</i>. Creo que el verdadero sentido
+requiere esa coma donde la he puesto: dice el Cojuelo que regresará por
+Suiza <i>a otras diligencias deste modo,</i> o sea, parecidas a la ya
+indicada de hacer degollar a los hermanos del Gran Turco.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_252_252" id="Footnote_252_252"></a><a href="#FNanchor_252_252"><span class="label">[252]</span></a> <i>«Mearle la pajuela</i>&mdash;dice Covarrubias&mdash;; género de
+desafío que usan los niños vnos contra otros.» Correas, en su
+<i>Vocabulario de refranes y frases proverbiales</i>, publicado por la
+Academia Española en 1905, explica la frase de esta manera (pág. 618
+<i>b</i>): «Vsaban los muchachos luchar, y a las tres caídas, el vencedor
+<i>cogía una pajuela</i> del suelo <i>y la meaba</i>, y con ella daba por la boca
+al vencido sin que lo viese, y de este modo le afrentaba, y así en otras
+cosas.» Pero tal frase tiene, además del significado natural, otro
+figurado, más usual, que definió así el <i>Diccionario</i> de autoridades:
+«Aventajarse, sobresalir y exceder a otro en la ejecución de alguna
+cosa», y éste, como nota el señor Bonilla, «es el sentido de la frase en
+el pasaje del <i>Cojuelo».</i> E igualmente en los siguientes versos de Lope
+(<i>Los novios de Hornachuelos</i>, acto III):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«EL REY.&nbsp; &nbsp; ¿Sois los novios mal contentos</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que celebra este lugar?</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">Llegad. No, no tengáis miedo.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">BERRUECO.&nbsp; &nbsp; Somos, señor; pero sepa</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que hay otros dos en el pueblo</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que <i>nos mean la pajuela</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">pues somos los dos con ellos</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">paloma y palomo....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_253_253" id="Footnote_253_253"></a><a href="#FNanchor_253_253"><span class="label">[253]</span></a> Con esto de <i>la jerigonza crítica</i> alude Vélez al
+culteranismo; a la <i>culta latiniparla</i>, como llamó Quevedo al
+vocabulario que usaron Góngora y sus secuaces.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_254_254" id="Footnote_254_254"></a><a href="#FNanchor_254_254"><span class="label">[254]</span></a> Aristóteles decía que la belleza es <i>una carta de favor</i>,
+y doña Isabel la Católica, que «el hombre de buena cara lleva consigo
+<i>carta de recomendación</i> para cualquier cosa que emprendiere».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_255_255" id="Footnote_255_255"></a><a href="#FNanchor_255_255"><span class="label">[255]</span></a> Claro que estos brindis eran <i>por las damas y los amigos</i>
+de los que brindaban y no por los del Rey.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_256_256" id="Footnote_256_256"></a><a href="#FNanchor_256_256"><span class="label">[256]</span></a> Dije en mi conferencia acerca de <i>El yantar de Alonso
+Quijano el Bueno</i> (Madrid, 1916), pág. 32: «...Pero lo más usado era
+acabar de comer con aceitunas», de donde se dijo: <i>llegué</i>, o <i>llegó a
+las aceitunas</i>, para significar que se llegó tarde a algún convite o
+reunión. El acabar de comer con este postre se menciona con frecuencia
+en nuestros libros del buen tiempo: Don Antonio Hurtado de Mendoza, en
+el <i>Entremés del Examinador micer Palomo</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«VALIENTE.&nbsp; Yo he tenido quinientos desafíos;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">he hecho sobre el duelo dos comentos;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">seiscientos antuviones he pegado</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y he reñido cien veces en ayunas.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MR. PALOMO. ¿Qué fuera <i>al fenecer las aceitunas</i>...?»</span><br />
+</p><p>
+Y por lo que hace al <i>palillo</i>, dije en la citada conferencia que «entre
+los abuelos de nuestros tatarabuelos era el <i>palillo</i> o mondadientes
+obligado postre último de toda comida; tanto, que entre gente hidalga el
+comer podía faltar, y aun faltaba, en efecto, muchas veces; pero el
+<i>palillo</i> no».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_257_257" id="Footnote_257_257"></a><a href="#FNanchor_257_257"><span class="label">[257]</span></a> En el <i>Quijote</i> (II, 44), apenas se hubo partido Sancho
+para su ínsula, «cuando don Quijote sintió su <i>soledad</i>», y de esta
+<i>soledad</i> dije en las notas de mi edición crítica de la inmortal novela
+de Cervantes lo que, aunque ésta peque por harto extensa, voy a
+transcribir: «Sintió, no la <i>soledad en que</i> le había dejado Sancho,
+como entendió malamente Unamuno, sino la <i>soledad de él;</i> la <i>soledad
+con que</i> lo había dejado; que aquí <i>soledad</i> no significa «falta de
+compañía», sino «pesar que se siente por la ausencia de una persona, y
+deseo de volverla a ver». Esta <i>soledad</i> es, ni más ni menos, la
+<i>saudade</i> portuguesa que en todo tiempo han pretendido imponernos los
+que ignoraban que acá la teníamos castellana, tan rancia, a lo menos,
+como la de nuestros vecinos. Véanse algunos ejemplos:
+</p><p>
+»De <i>sentir soledad</i> de una persona o cosa, como en el lugar que anoto.
+Rivadeneyra, <i>Flos sanctorum</i>, en la Ascensión del Señor.... «Los
+apóstoles también sentían la huerfanidad de tal padre, <i>la soledad de
+tal maestro</i>, de tal pastor y de tal capitán, especialmente viéndose
+entre tantos y tan crueles enemigos.» Lope de Vega, en el acto I de <i>El
+Animal de Hungría:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TEODOSIA. Rezien casada, y venida</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">a Ungría de Ingalaterra,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>sentí soledad notable</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>de mi tierra</i> en tierra agena.»</span><br />
+</p><p>
+»Lo mismo <i>tener soledad de</i>. Un cantarcillo del siglo XV:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">«Aldea donde nací,</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;"><i>soledad tengo de</i> ti.»</span><br />
+</p><p>
+»En el capítulo cxxvij del libro primero de <i>Don Clarian de Landanis,</i>
+fol. clxxxiiij: «<i>Teniendo</i> [Gradamisa] gran <i>soledad</i> de su buen amigo
+don clarian, dio vn sospiro y dixo consigo....» Don Felipe II, en carta
+escrita en Lisboa a 16 de abril de 1582 (Gachard, <i>Lettres de Philippe
+II à ses filles....):</i> «Y de lo que más <i>soledad he tenido es del cantar
+de los ruiseñores,</i> que ogaño no les he oydo, como esta casa es lexos
+del campo.»
+</p><p>
+»También se decía <i>hacer soledad</i> una persona o cosa, en equivalencia de
+apesadumbrar por su ausencia o falta. Santa Teresa, en carta a fray
+Jerónimo Gracián (Ávila, 10 de junio de 1579): «¡Oh, qué <i>soledad me
+hace</i>, cada día más, para el alma estar tan lexos de vuestra
+paternidad...!» En carta autógrafa de <i>Margareta</i> (doña Margarita de
+Austria) al rey don Felipe III (11 de octubre de 1599) decíale: «Señor,
+no puedo dejar describir a V. Md. para pasar con algún consuelo la
+<i>soledat q me ase</i>, q con aber tan pocas horas q se fui V.M. me pariçe q
+a mil años....»
+</p><p>
+»Muchos portugueses, y aun algunos españoles, verbigracia, don Adolfo de
+Castro en su <i>Himno a una palabra</i> (apud <i>Estudios prácticos de buen
+decir y de arcanidades del habla española,</i> Cádiz, 1880, pág. 293), han
+querido y creído que nuestra <i>soledad</i> no signifique enteramente lo que
+la <i>saudade</i> lusitana, o por lo menos, que sea mera traducción de ésta,
+afirmaciones contra las cuales protestó nuestro españolísimo Menéndez y
+Pelayo <i>(Orígenes de la Novela</i>, tomo I, pág. CCXXI) en estas palabras:
+<i>«Soledad,</i> en el sentido de melancolía que se siente por la ausencia de
+una persona amada o por el recuerdo del bien perdido, es palabra tan
+legítimamente castellana como es portuguesa <i>saudade</i>; se ha usado en
+todos los tiempos, da nombre a un género especial de cantares andaluces,
+y nuestro <i>Diccionario</i> académico consigna esta voz como de uso
+corriente.» Y en las <i>Adiciones y rectificaciones</i> del mismo tomo (pág.
+DXXVI) insertó la notable carta, ya publicada en la <i>Revue Hispanique</i>
+(1901), en que don Juan de Silva, portugués de origen, sostuvo y
+demostró que nuestra <i>soledad</i> expresa tanto y aún más que la <i>saudade</i>
+de nuestros vecinos.
+</p><p>
+»¿Se usa aún hoy en tal acepción la palabra <i>soledad</i>? En España no
+recuerdo haberla oído; pero en Colombia todavía llaman <i>soledades</i> a los
+pesares amorosos causados por la ausencia. Véase una linda copla popular
+de Casanare, publicada por fray Pedro Fabo del Corazón de María,
+cultísimo agustino recoleto, en su interesante libro intitulado <i>Idiomas
+y etnografía de la región oriental de Colombia</i> (Barcelona, 1911), pág.
+228:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Empréstame tus ojitos</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">para completar dos pares;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">que con los míos no puedo</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">llorar tantas <i>soledades</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_258_258" id="Footnote_258_258"></a><a href="#FNanchor_258_258"><span class="label">[258]</span></a> Para el léxico de la Academia, <i>quedarse como un
+pajarito</i> significa «morir con sosiego, sin hacer gestos ni ademanes.»
+Sea eso; pero sea también <i>quedarse muy dormido</i>, como en este lugar del
+texto, y así, dije en las <i>Mil trescientas comparaciones populares
+andaluzas</i> (Sevilla, 1899), páginas 104 y 105: <i>«Se queó como un
+pajarito...: Dormido,</i> y más a menudo, <i>muerto</i>; del que se duerme
+profundamente también se dice: <i>Se queó frito</i> o <i>fritito</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_259_259" id="Footnote_259_259"></a><a href="#FNanchor_259_259"><span class="label">[259]</span></a> Suplo un <i>las</i> que falta en el texto original, por
+omisión mecánica de una de dos sílabas iguales e inmediatas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_260_260" id="Footnote_260_260"></a><a href="#FNanchor_260_260"><span class="label">[260]</span></a> Con lo de <i>Adanes del baratillo</i> quizá se referiría Vélez
+a alguna tienda de baratijas en que se vendiesen figurillas de barro, y
+entre ellas la de nuestro primer padre.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_261_261" id="Footnote_261_261"></a><a href="#FNanchor_261_261"><span class="label">[261]</span></a> «Alusión&mdash;como dice el señor Bonilla&mdash;a unos zapatos de
+cuero.» Eran famosos los cueros curtidos en Fregenal de la Sierra, por
+lo cual, en una jácara de Quevedo, refiriéndose a <i>la penca</i> o azote del
+verdugo, dice Lampuga a la Perala:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Más me cuestas de pregones</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y <i>suela de Fregenal</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que valen seis azotados</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">si los llegas a tasar.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_262_262" id="Footnote_262_262"></a><a href="#FNanchor_262_262"><span class="label">[262]</span></a> <i>De grana de polvo,</i> es decir, teñida con el polvo de los
+gusanillos que llaman <i>grana</i>. También decían, a secas, <i>teñido,</i> o
+<i>teñida, de polvo</i>. Entre los regalos que los padres trinitarios de la
+Redención de cautivos hicieron al Rey de Argel en 1591 figuraba «una
+manta fraçada de la marca maior <i>teñida de polvo</i>, con su franxa de oro
+y seda», que había costado 19.550 maravedís. (Archivo Histórico
+Nacional, Libros de la Orden Trinitaria, 121 <i>b</i>, fol. 50 vto.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_263_263" id="Footnote_263_263"></a><a href="#FNanchor_263_263"><span class="label">[263]</span></a> <i>Severo</i>, en su acepción de <i>grave, serio, mesurado</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_264_264" id="Footnote_264_264"></a><a href="#FNanchor_264_264"><span class="label">[264]</span></a> Dice de las comedias de este loco que <i>se las habían
+apedreado como viñas,</i> recordando la frecuencia con que el pedrisco daña
+los viñedos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_265_265" id="Footnote_265_265"></a><a href="#FNanchor_265_265"><span class="label">[265]</span></a> <i>Menalao</i>, por <i>Menelao</i>, no es errata; solían decirlo
+así, por asimilación de vocales. Francisco Santos, en <i>Los Gigantones en
+Madrid por de fuera</i>, apud <i>Obras en prosa y verso</i>..., tomo I, pág.
+396: <i>«A Menalao</i>, por aver entrado en su casa Paris....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_266_266" id="Footnote_266_266"></a><a href="#FNanchor_266_266"><span class="label">[266]</span></a> La <i>Casa del Nuncio</i> llamaban al hospital de dementes de
+Toledo, porque lo fundó, a fines del siglo XV, un nuncio apostólico
+llamado don Francisco Ortiz. También solían llamarlo <i>el Nuncio</i>, a
+secas, y por las celdas o jaulas en que se encerraba a los locos
+furiosos, <i>los alberguillos de Toledo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_267_267" id="Footnote_267_267"></a><a href="#FNanchor_267_267"><span class="label">[267]</span></a> <i>Cual tenga la salud</i>, es decir, <i>mal</i>. Era corriente
+esta comparación imprecatoria. Véase algún ejemplo. Lope de Vega, en el
+acto II de <i>El Caballero de Illescas</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ROBERTO.&nbsp; ...Y tengo gracia en hacer</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">versos, que canto a un laúd.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">JUAN.&nbsp; &nbsp; <i>Cual tengáis vos la salud</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">todo eso debe ser.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_268_268" id="Footnote_268_268"></a><a href="#FNanchor_268_268"><span class="label">[268]</span></a> Parece que debiera decir: <i>fué tal</i>....</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_269_269" id="Footnote_269_269"></a><a href="#FNanchor_269_269"><span class="label">[269]</span></a> En mis notas al <i>Quijote</i> (VIII, 56, 10) expliqué por qué
+debe escribirse <i>¡Cierra, España!</i>, y no <i>¡Cierra España!</i>, como
+generalmente se estampa y se dice. <i>España</i> en esta locución es un
+vocativo, y exclamar <i>¡Cierra, España!</i> equivale a exclamar: <i>¡España,
+cierra</i>, o <i>faja, con los enemigos</i>!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_270_270" id="Footnote_270_270"></a><a href="#FNanchor_270_270"><span class="label">[270]</span></a> Exaltarse los poetas hasta el punto de tomar sus
+imaginaciones por realidades y parecer locos, nunca fué cosa harto rara:
+ya decía de Horacio su siervo: <i>«Aut insanit homo, aut versas facit</i>.»
+Ni fué raro tampoco el exagerarlo festivamente nuestros escritores.
+Pérez de Montalván, en la jorn. I de <i>No hay vida como la honra</i>.
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TRISTÁN. Señor, mi amo es poeta</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y los tales, cuando escriben,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">mudan más de cuatrocientas</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">caras en una hora sola;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">porque, si es de cosa tierna,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">se retozan ellos mismos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">se miman y se gorjean;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">si de guerras se ensayonan,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">se encolerizan y emperran</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">de manera, que tal vez,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">llevados de aquella idea,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">encasquetando el sombrero,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">al primero con que encuentran,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">como si fuera de Holanda,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">de Francia o Inglaterra,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">diciendo: «¡Santiago, a ellos!</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">»¡Cierra, España! ¡Todos mueran!»,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">le dan dos o tres puñadas,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">o le quiebran la cabeza.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_271_271" id="Footnote_271_271"></a><a href="#FNanchor_271_271"><span class="label">[271]</span></a> <i>El basilisco de Malta</i> debió de ser, como conjetura el
+señor Bonilla, nombre vulgar de una pieza de artillería que tuviese la
+Orden de San Juan en la isla de Malta.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_272_272" id="Footnote_272_272"></a><a href="#FNanchor_272_272"><span class="label">[272]</span></a> <i>Alojaron</i>, refiriéndose a <i>compañía,</i> que, como <i>gente,
+manada</i>, y los demás nombres colectivos, puede concertar, por silepsis,
+con un adjetivo o verbo en plural, cuando concurren los dos requisitos
+que menciona Bello en el §818 de su <i>Gramática,</i> anotada por Cuervo
+(pág. 215 de la edición de 1908).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_273_273" id="Footnote_273_273"></a><a href="#FNanchor_273_273"><span class="label">[273]</span></a> Por <i>legumbre</i> ha de entenderse aquí, aunque
+impropiamente, cosas arrojadizas de huerta, como tronchos, pepinos,
+nabos, etc. Las comedias de Cervantes&mdash;él lo dice&mdash;«se recitaron sin que
+se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza». Y con
+lo de <i>edificio</i> alude Vélez, como supone el señor Bonilla, a <i>cascote</i>
+o <i>escombros</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_274_274" id="Footnote_274_274"></a><a href="#FNanchor_274_274"><span class="label">[274]</span></a> <i>A pleito de tenuta</i>, o sea a pieza de autos judiciales
+tan abultada como solían ser las en que se trataba de la tenuta o
+posesión provisional de las rentas y frutos de un mayorazgo en litigio.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_275_275" id="Footnote_275_275"></a><a href="#FNanchor_275_275"><span class="label">[275]</span></a> Puigblanch, en sus <i>Opúsculos gramático-satíricos</i> (tomo
+1, pág. 30), sostiene fundadamente que, contra lo que creyeron muchos
+autores, el <i>Paladión</i> no fué el caballo de Troya, sino una pequeña
+imagen de la diosa Palas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_276_276" id="Footnote_276_276"></a><a href="#FNanchor_276_276"><span class="label">[276]</span></a> «<i>Armado de punta en blanco</i> quiere decir armado de pies
+a cabeza, con todas las piezas de un arnés, y las demás armas defensivas
+y ofensivas, desnudas, a punto y guisa de acometer y pelear.» (Correas,
+<i>Vocabulario de refranes</i>..., página 31 <i>a</i>).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_277_277" id="Footnote_277_277"></a><a href="#FNanchor_277_277"><span class="label">[277]</span></a> El socorrido expediente de hacer de pasta las dueñas que
+faltaran para completar el número de once mil parece reminiscencia de lo
+que cuenta Cervantes (<i>Quijote,</i> II, 48) de aquella señora «de quien se
+dice que tenía dos dueñas de bulto con sus antojos y almohadillas al
+cabo de su estrado, como que estaban labrando, y tanto le servían para
+la autoridad de la sala aquellas estatuas como las dueñas verdaderas».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_278_278" id="Footnote_278_278"></a><a href="#FNanchor_278_278"><span class="label">[278]</span></a> También Quevedo llamó <i>sabandijas</i> a las dueñas, pues
+hizo decir a una del gremio (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Fué Dios servido después</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de que yo me convirtiese</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">en <i>sabandija</i> tocada,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">en un lechuzo de <i>réquiem.»</i></span><br />
+</p><p>
+En ranas dijo el mismo autor, en <i>Las Zahurdas de Plutón,</i> haberlas
+visto convertidas: «Así supe como las dueñas de acá son ranas del
+infierno, que eternamente como ranas están hablando, sin ton y sin son,
+húmedas y en cieno, y son propiamente ranas infernales; porque las
+dueñas ni son carne ni pescado, como ellas. Diome grande risa el verlas
+convertidas en <i>sabandijas</i> tan pierniabiertas....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_279_279" id="Footnote_279_279"></a><a href="#FNanchor_279_279"><span class="label">[279]</span></a> <i>Oyones</i>, dicho en tono festivo por <i>oyentes</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_280_280" id="Footnote_280_280"></a><a href="#FNanchor_280_280"><span class="label">[280]</span></a> <i>Saber</i>, o <i>entender, poco de filis</i>, frase que falta en
+el <i>Diccionario</i>, significa no ser capaz de ciertas delicadezas o
+finuras. Calderón, en la jorn. II de <i>Guárdate del agua mansa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. TORIBIO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; Pues de mi cuidado</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">¿en qué estriban los desvelos?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">EUGENIA.&nbsp; &nbsp; Preguntádselo a los cielos,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">a los astros y a los hados,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que no inclinan mi albedrío.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D. TORIBIO.&nbsp; Pues en algo está el busilis.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">EUGENIA.&nbsp; &nbsp; En que vos no tenéis <i>filis</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">para ser esposo mío.»</span><br />
+</p><p>
+Picado don Toribio por esta expresión, aun sin entenderla, dice poco
+después a don Alonso:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5em;">«Y para que se averigüe</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">si los hombres como yo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tienen o no tienen <i>filis</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por no obligarme a retarla</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en extranjeros países,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">haced que me compren luego</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cuantos <i>filis</i> sean vendibles,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y cuesten lo que costaren.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_281_281" id="Footnote_281_281"></a><a href="#FNanchor_281_281"><span class="label">[281]</span></a> Por analogía con las <i>encamisadas</i> a que se refieren los
+diccionarios, llama Vélez <i>encamisada</i> a los sujetos que acudieron a las
+alarmantes voces del Poeta; bien que si los más de ellos estaban «hechos
+Adanes del baratillo, poniendo las manos donde habían de estar las hojas
+de higuera», más podía llamarse <i>descamisada</i> que <i>encamisada</i> a su
+junta o reunión.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_282_282" id="Footnote_282_282"></a><a href="#FNanchor_282_282"><span class="label">[282]</span></a> <i>Mediar el caso</i>, como <i>mediar la causa</i> (<i>Quijote</i>, I,
+46), y <i>médiese la partida</i> (II, 26).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_283_283" id="Footnote_283_283"></a><a href="#FNanchor_283_283"><span class="label">[283]</span></a> Se refiere a un ejemplar de alguna de las diversas
+ediciones que antes de mediar el siglo XVII se habían hecho del <i>Arte
+poética española</i> de Diego García Rengifo, publicada a nombre de Juan
+Díaz Rengifo, y cuya edición príncipe es de Salamanca, Miguel Serrano de
+Vargas, 1592.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_284_284" id="Footnote_284_284"></a><a href="#FNanchor_284_284"><span class="label">[284]</span></a> «<i>Omenaje</i> tanto quier dezir&mdash;según la ley V, título XXV
+de la partida IV&mdash;como tornarse ome de otro, e fazerse suyo por darle
+segurança sobre la cosa que prometiere de dar o de facer, que la
+cumpla.» Se hacía <i>pleito homenaje</i> metiendo la mano derecha, o las dos
+manos, entre las del que lo recibía, y jurando hasta tres veces cumplir
+aquello a que se obligaba. Véase, por ejemplo, un pleito homenaje tan
+ecijano como el mismo Vélez de Guevara y como el gran poeta Garci
+Sánchez de Badajoz, en manos de cuyo padre se hizo. En Écija, a 20 de
+marzo de 1475, ante el escribano Alfón de Aguilar, estando ayuntados en
+la casa del cabildo los honrados señores concejo, asistente, alcaldes,
+alguaciles, regidores, jurados y caballeros, y presente el comisario
+Francisco Velasco, en nombre y con poderes de «la muy alta y muy
+esclarecida Princesa, Reyna e señora nuestra señora la Reyna doña
+Isauel», habiendo recibido del concejo y el asistente «la fidelidad,
+juramento e omenaje que eran tenudos de fazer a la dicha señora Reyna
+como primogenita heredera destos Reynos de Castilla y de Leon, e al muy
+alto e esclarecido principe don Fernando su legitimo marido, luego el
+dicho Comisario en el dicho nombre e por virtud de los dichos poderes
+dixo que juraba e juró por el nombre de Dios e de Santa María e por las
+palabras de los santos evangelios e por la señal de la Cruz, en que puso
+su mano derecha, e fizo pleito omenage en manos de Fernan Sanchez de
+Badajoz, cauallero fijodalgo, una, dos e tres veces segun fuero e
+costumbre de España, so cargo del qual prometió e juró en el ánima e
+persona de la dicha señora Reyna de confirmar e guardar los privilegios
+e buenos usos e costumbres e ordenanzas, esenciones e libertades desta
+cibdad....» (Archivo Municipal de Écija).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_285_285" id="Footnote_285_285"></a><a href="#FNanchor_285_285"><span class="label">[285]</span></a> Esto se cuenta de los Siete Durmientes, de quienes ya
+traté en nota del tranco II (59, 16)[182]. Pérez de Montalván, en la
+jornada I de <i>Santo Domingo en Soriano</i>, se hizo eco de la vulgar
+conseja:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«CHOCOLATE. Si a la venganza saliesen</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">quantos ay en Sorïano,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y lloviera Dios valientes,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">con solo un dedo meñique,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">sin mover essotros nueve,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">los arrojara tan altos,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>que quando a baxar bolviessen,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">hallassen otra moneda,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>como los Siete Durmientes</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_286_286" id="Footnote_286_286"></a><a href="#FNanchor_286_286"><span class="label">[286]</span></a> Asemejándolos a los censos, Vélez llama <i>güéspedes al
+quitar</i> a los hospedados en el mesón, porque al ausentarse, dejaban de
+ser huéspedes, y <i>güésped de por vida</i> al mesonero, porque lo había de
+ser hasta su muerte. En este pasaje pudo echar de ver don Antonio de
+Valbuena que, contra lo que, sin duda ofuscado, defendió en algún
+periódico, <i>huésped,</i> como <i>hospes</i> latino, significa, y así lo advierte
+Covarrubias, tanto el forastero que viene a nuestra casa, o a nuestro
+pueblo, como el mesonero o el que tiene casa de posadas. En el cap. LIX
+de la segunda parte del <i>Quijote</i> ocurren juntas, como en el texto que
+anoto, las dos acepciones de esta voz: «¡Por Dios&mdash;respondió el
+<i>huésped</i> (el hospedador)&mdash;que es gentil relente el que mi <i>huésped</i> (el
+hospedado) tiene!»
+</p><p>
+El decir <i>al quitar</i> de cosas extrañas a los censos no fué original de
+Vélez de Guevara: ya se leía en el <i>Romancero general</i> (fol. 257 vto.):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Teneys vn custodio falso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">vn Argos astuto artero,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">más velador que velado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>novio al quitar, como censo</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Y en Tirso de Molina, acto II, de <i>La Villana de la Sagra</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«CARRASCO. No hay tal pariente en el mundo</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">como el dinero en la mano;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">éste es pariente de veras;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que lo demás es quimeras:</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">él es padre, primo, hermano.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D. LUIS.&nbsp; Carrasco, lo propio pienso</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que se usa en cualquier lugar.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">CARRASCO. <i>Hay parientes al quitar</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>que son de casta de censo</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_287_287" id="Footnote_287_287"></a><a href="#FNanchor_287_287"><span class="label">[287]</span></a> En cuanto a la voz <i>saudade</i>, véase lo dicho acerca de
+<i>soledad</i> en nota del tranco IV (95, 4)[257]. Aquí se ocurrió a Vélez usar
+el vocablo portugués, corriente en España; pero lo mismo pudo decir
+<i>soledad</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_288_288" id="Footnote_288_288"></a><a href="#FNanchor_288_288"><span class="label">[288]</span></a> El refrán dice: <i>De amigo a amigo, chinche en el ojo</i>, y
+enseña que no es discreto confiar en todos los que se nos venden por
+amigos. En lugar de <i>chinche</i>, algunos dijeron <i>chiz</i> (significando
+<i>agraz</i>), y otros, <i>chincha, china, chinilla</i> o <i>chineuela, chispa,
+chispe</i>, etc. <i>Sangre</i> dice el léxico de la Academia.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_289_289" id="Footnote_289_289"></a><a href="#FNanchor_289_289"><span class="label">[289]</span></a> <i>Galantería,</i> en la acepción de <i>broma</i> o <i>chanza</i>, no
+registrada en los diccionarios.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_290_290" id="Footnote_290_290"></a><a href="#FNanchor_290_290"><span class="label">[290]</span></a> Parece faltar un <i>por: y por la amistad</i>....</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_291_291" id="Footnote_291_291"></a><a href="#FNanchor_291_291"><span class="label">[291]</span></a> Algunos editores corrigieron: <i>¿cómo te ha ido</i>...? por
+no parar mientes en que el plural del texto es de frecuente uso popular:
+<i>¿Cómo andamos</i>?, decimos al preguntar a uno por su salud.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_292_292" id="Footnote_292_292"></a><a href="#FNanchor_292_292"><span class="label">[292]</span></a> No hay montañés que no se tenga por hidalgo: «Montañés,
+hidalgo es», dice un refrán, que yo supongo inventado por ellos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_293_293" id="Footnote_293_293"></a><a href="#FNanchor_293_293"><span class="label">[293]</span></a> Se refiere a la Valtelina, comarca situada entre el lago
+de Como y el Adda.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_294_294" id="Footnote_294_294"></a><a href="#FNanchor_294_294"><span class="label">[294]</span></a> En la edición príncipe hay coma después de la palabra
+<i>infierno</i>, y también después de <i>Indias</i> en el reclamo del folio 49
+recto, si bien a la vuelta se omitió. El señor Bonilla puntúa así: «...
+y este es el juro de heredad que más seguro tenemos en el infierno;
+después, de las Indias fuí a Venecia...»; pero como no ha dicho que
+fuese a las Indias, sino a Suiza, muy cercana a Italia y a la Valtelina,
+que era italiana, colígese que a tal puntuación es preferible la mía,
+aun siendo mía, máxime cuando con ella es clarísimo el sentido del
+pasaje. Y dijo el Diablillo que los suizos y valtelinos eran el mejor
+juro de heredad del infierno, <i>después de las Indias</i>, porque éstas no
+podían dejar de ser campo fertilísimo para aquél, por lo mal que los que
+iban allá solían cumplir con sus conciencias. Cabalmente por eso, en el
+tranco VIII, dice el Cojuelo, estando en Sevilla: «... y me hallo en este
+lugar muy bien, porque alcanzan a él las conciencias de Indias».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_295_295" id="Footnote_295_295"></a><a href="#FNanchor_295_295"><span class="label">[295]</span></a> <i>Clarísimo</i>&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de autoridades&mdash;«es
+también renombre y título honorífico con que en algunas repúblicas, y
+especialmente en la de Venecia, se distinguen algunas familias o sujetos
+de conocida nobleza».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_296_296" id="Footnote_296_296"></a><a href="#FNanchor_296_296"><span class="label">[296]</span></a> <i>Hablar en</i>, como en el tranco II, donde quedó nota (50,
+5)[165].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_297_297" id="Footnote_297_297"></a><a href="#FNanchor_297_297"><span class="label">[297]</span></a> Refiérese a don Pedro Girón; a aquel a quien, como dijo
+Quevedo en un soneto admirable, <i>faltó su patria</i>, y de quien escribió
+Lope de Vega, celebrando su vuelta de Italia (<i>Vega del Parnaso</i>, parte
+I):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5em;">«Tú solo, claro príncipe de Osuna,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de las armas de España en pie tuviste</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">la ofendida opinión, y a los gigantes</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">contrarios a su próspera fortuna,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Júpiter español, castigo diste,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y en sus aguas gimieron arrogantes....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_298_298" id="Footnote_298_298"></a><a href="#FNanchor_298_298"><span class="label">[298]</span></a> Entre tantos extranjeros como venían a España con la
+golosa determinación de catar la miel indiana de que hablé en nota del
+tranco II (46, 8)[151], los genoveses fueron las más escondedoras urracas
+de nuestro dinero, por lo cual dijo Quevedo de él en una de sus
+letrillas:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5em;">«Nace en las Indias honrado,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">donde el mundo le acompaña;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">viene a morir en España,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y es en Génova enterrado</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_299_299" id="Footnote_299_299"></a><a href="#FNanchor_299_299"><span class="label">[299]</span></a> <i>Golfo lanzado</i>, ablativo absoluto, o <i>de golfo</i>, o <i>a
+golfo lanzado</i>, modo adverbial, son frases italianas, muy corrientes en
+España en otro tiempo, por nuestra continua comunicación con Italia.
+«<i>Navigare, o Andare a golfo lanciato, vale Navigare per linea retta, a
+dirittura; contrario di Costeggiare.» (Vocabolario degli Accademici
+della Crusca</i>, 4.ª ed., Firenze, M.DCC.XXXI.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_300_300" id="Footnote_300_300"></a><a href="#FNanchor_300_300"><span class="label">[300]</span></a> Los que venían a España desde Génova solían desembarcar
+<i>en Vinaroz</i>. Así aquel supuesto conde italiano de Tirso de Molina, en
+el acto II de <i>La Huerta de Juan Fernández</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">TOMÁS.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; De Génova me sacó</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">la capitana o sargenta....</span><br />
+<span style="margin-left: 9.5em;">Desembarqué en <i>Vino-arroz</i>....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª PETRONILA. <i>Vinaroz</i> se llama.</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_301_301" id="Footnote_301_301"></a><a href="#FNanchor_301_301"><span class="label">[301]</span></a> <i>Oviar</i>, que es <i>obviar</i>, escrito como generalmente se
+pronuncia: el grupo <i>bv</i> es poco acomodado para labios españoles.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_302_302" id="Footnote_302_302"></a><a href="#FNanchor_302_302"><span class="label">[302]</span></a> <i>Andulucía,</i> por asimilación de vocales, como <i>purtugués,
+munumento, resulución</i>, etc.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_303_303" id="Footnote_303_303"></a><a href="#FNanchor_303_303"><span class="label">[303]</span></a> «La copla íntegra&mdash;nota Bonilla&mdash;se lee al final del
+<i>Entremés y baile del Invierno y el Verano</i>, de Benavente:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>«Tendré el invierno en Sevilla</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y el veranito en Granada</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en Motril la caña dulce</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y en Málaga la patata.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_304_304" id="Footnote_304_304"></a><a href="#FNanchor_304_304"><span class="label">[304]</span></a> En la edición príncipe, <i>de Durazután.</i> Téngolo por
+yerro, pues <i>de Daraçután</i> la llama el <i>Reportorio de todos los caminos
+de España</i> ... de Juan Villuga (Medina del Campo, Pedro de Castro,
+M.D.XLVI), en el itinerario de Toledo a Córdoba; y aun llamándola en
+otro <i>venta dalaruçatan</i>, se echa de ver que es errata, por <i>de
+daraçutan</i> o <i>de laraçután;</i> que también pudieron llamarla así,
+convertida la <i>d</i> en <i>l</i>, como en <i>lucho</i> por <i>ducho, litado</i> por
+<i>ditado</i>, etc.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_305_305" id="Footnote_305_305"></a><a href="#FNanchor_305_305"><span class="label">[305]</span></a> Pérez y González llamó la atención acerca del evidente
+yerro que hay en el señalamiento de esta distancia. En efecto, según el
+citado <i>Reportorio</i>, de Toledo a Córdoba hay veintinueve leguas y media,
+que empiezan a contarse así:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«a las ventas de diezma&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ij. m.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a horgaz&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ij. y media.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a yuenes&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; j.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a la venta guadalerce&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ij.</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a la venta daraçutan&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ij.»</span><br />
+</p><p>
+Son, pues, <i>diez leguas</i>, y no las <i>veintidós o veintitrés</i> que, quizás
+por andaluzada, dijo el Cojuelo. Por andaluzada, si no se lo hizo decir
+el cajista, porque es de notar que en la edición príncipe el número de
+leguas está en guarismo, y no habría sido difícil leer <i>22</i> ó <i>23</i> donde
+Vélez hubiese escrito confusamente <i>12</i> ó <i>13</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_306_306" id="Footnote_306_306"></a><a href="#FNanchor_306_306"><span class="label">[306]</span></a> Sabidísimo es que se llama <i>portante</i> aquel paso de las
+caballerías en que mueven a un tiempo la mano y el pie del mismo lado.
+Por extensión se dice del paso ligero de las personas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_307_307" id="Footnote_307_307"></a><a href="#FNanchor_307_307"><span class="label">[307]</span></a> <i>De sí mismos</i>, porque ningún arco los había lanzado al
+aire, y, con todo, salieron rápidos como saetas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_308_308" id="Footnote_308_308"></a><a href="#FNanchor_308_308"><span class="label">[308]</span></a> <i>Salmorejo</i>&mdash;dice Covarrubias&mdash;es «vn cierto género de
+salsa o escabeche con que suelen adereçarse los conejos, echándoles
+pimienta, sal y vinagre, y otras especies.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_309_309" id="Footnote_309_309"></a><a href="#FNanchor_309_309"><span class="label">[309]</span></a> <i>Lo de las adherencias e incidencias</i> es frase escribanil
+que solía usarse en las escrituras de poder, expresando que éste se daba
+no sólo para lo principal que era su objeto, sino también para sus
+<i>adherencias e incidencias</i>, o <i>para todo lo incidente y dependiente</i>, o
+<i>para todas sus anexidades y conexidades</i>; que de estas y aun de otras
+maneras se decía.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_310_310" id="Footnote_310_310"></a><a href="#FNanchor_310_310"><span class="label">[310]</span></a> «<i>ir el nauio a orça</i> es&mdash;dice Covarrubias&mdash;ir recostado
+a vn lado para poder tomar el viento que no le viene derecho y assi se
+pone la vela diferentemente.» De aquí, en sentido figurado, <i>tener a
+orza la testa</i>, significa, como dice el señor Bonilla, <i>tenerla
+inclinada</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_311_311" id="Footnote_311_311"></a><a href="#FNanchor_311_311"><span class="label">[311]</span></a> <i>Zorra</i> es uno de los nombres familiares de la
+<i>borrachera</i>, de donde, como registra Oudin en su <i>Tresor</i>, se dijo
+<i>estar hecho zorra, estre yure</i>, y <i>caçar vna zorra, s'enyurer. Tan
+zorra,</i> pues, es elíptico, por <i>tan hecho zorra</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_312_312" id="Footnote_312_312"></a><a href="#FNanchor_312_312"><span class="label">[312]</span></a> De llamarse <i>costados</i>, refiriéndose a una persona, a las
+líneas de sus abuelos paternos y maternos (<i>noble por todos cuatro
+costados</i>, etc.), vino a significar por extensión <i>de todo en todo,
+enteramente</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_313_313" id="Footnote_313_313"></a><a href="#FNanchor_313_313"><span class="label">[313]</span></a> <i>Con quien vengo, vengo</i> es máxima que indica que cada
+cual debe seguir el partido de aquel a quien acompaña, auxiliándole en
+cualquier peligro. Calderón tiene una comedia con tal frase por título,
+y a cuyo final don Juan, <i>por venir con quien viene</i>, llega a reñir con
+su mismo padre, admirado de lo cual el gobernador de Verona, dice
+Vrsino:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«A aquesto obliga el honor</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de quien a campaña sale</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con otro; que este es precepto</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de la ley del duelo.»</span><br />
+</p><p>
+El mismo autor en la jorn. II de <i>Cada uno para sí</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. FÉLIX.&nbsp; ...Pero sí sé, pues que sé</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">que la ley del duelo dijo</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">que yo <i>con quien vengo, vengo</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y así, a don Enrique sigo.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_314_314" id="Footnote_314_314"></a><a href="#FNanchor_314_314"><span class="label">[314]</span></a> Sobre estas virtudes curativas que se atribuyeron
+respectivamente a los reyes de Francia y a los de España, debe leerse
+una de las <i>Cartas eruditas y curiosas</i> del padre Feijóo, la XXV del
+tomo I. «Es hecho constante&mdash;dice en ella, y adviértase que la escribía
+aun no mediado el siglo XVIII&mdash;que a la Corte de Francia concurre de
+varias partes gran número de los que padecen la enfermedad dicha
+[lamparones], y que anualmente, el día de Pentecostés, el Rey
+Christianíssimo, haviendose confessado y comulgado en el convento de San
+Francisco, los toca a todos en la frente, puesta la mano en forma de
+Cruz, pronunciando aquellas palabras: <i>Rex tangitte, Deus sanat te, in
+nomine Patris, &amp; Filij &amp; Spiritus Sancti</i>. En unos autores he leído
+<i>sanat</i>, en otros <i>sanet</i>.» Y en cuanto a nuestros reyes: «Sepa más v.
+mrd. que el mismo Gaspar de los Reyes cita no menos que doze autores que
+afirman que los Reyes de Hespaña gozan la admirable prerogativa de
+expeler los Demonios de los cuerpos de los Energúmenos; y esto, sin más
+diligencia que ponerse en presencia de ellos.» Feijóo dice claramente
+que no creía en tales virtudes curativas de los monarcas de allá ni de
+los de acá, y, en efecto, o esa virtud se ha perdido, o, lo que es más
+probable, no la hubo nunca.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_315_315" id="Footnote_315_315"></a><a href="#FNanchor_315_315"><span class="label">[315]</span></a> <i>Falso</i> parece dicho aquí en una acepción que no
+registran los diccionarios. Quiere decir que los extranjeros se sonreían
+disimuladamente.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_316_316" id="Footnote_316_316"></a><a href="#FNanchor_316_316"><span class="label">[316]</span></a> «<i>Tomar la mano</i> se dize&mdash;según Covarrubias&mdash;el que se
+adelanta a los demás para hazer algún razonamiento.» <i>Quijote,</i> I, 29:
+«... y aunque luego quisiera el Cura consolarla y aconsejarla, <i>tomó</i>
+primero <i>la mano</i> Cardenio, diciendo....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_317_317" id="Footnote_317_317"></a><a href="#FNanchor_317_317"><span class="label">[317]</span></a> <i>Con su Majestad</i>, elíptico: <i>comparados con su Majestad</i>
+ha de entenderse.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_318_318" id="Footnote_318_318"></a><a href="#FNanchor_318_318"><span class="label">[318]</span></a> Este derramar juncia y poleo ensalzando hasta las nubes
+el poder de España era muy del tiempo de Luis Vélez de Guevara. Quevedo,
+en la reseña de una fiesta de toros (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Iba el Rey nuestro señor</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con su talle y con su cara</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">repitiendo hasta el Hermoso</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">los Filipes de su casta.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Lleva el Segundo en el seso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">lleva el Tercero en el alma,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y en el Cuarto lleva el Quinto,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en victorias que le aguardan.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Dije (no sé si lo oyó):</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Glorioso León de España,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no tienes para un pellizco</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en cien mil fardos de Holandas.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Si en Italia los franceses</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ya volvieron las espaldas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a los graznidos de un ganso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¿dónde pararán si bramas?»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_319_319" id="Footnote_319_319"></a><a href="#FNanchor_319_319"><span class="label">[319]</span></a> Las injurias que profieren el Francés y el Italiano,
+aunque españolizadas un tanto, se entienden fácilmente: <i>bugre (bougre)</i>
+significa <i>sodomita; coquín, bergante, belitre; forfante (furfante),
+bribón;</i> pero ¿y <i>nitesgut?</i> ¡Aquí de los diccionarios y de las
+conjeturas eruditas! Para el señor Bonilla, en sus notas a la edición de
+1902, <i>Nitesgut</i> era «vocablo que procede de la corrupción del alemán
+<i>Nichtsgut</i>, compuesto de <i>nicht&mdash; </i>nada, y <i>gut</i> = bueno». Pérez y
+González observó, con su discreción acostumbrada, lo uno, que
+<i>«¡Nitesgut!&mdash;</i>o como sea&mdash;es una frase ofensiva que Vélez de Guevara
+pone en boca de un inglés para insultar, seria y airadamente, a su
+contradictor»; y lo otro, que «no parece propio que, insultando al
+españolizado diablillo el francés en francés y el italiano en italiano,
+tuviera el inglés que recurrir a <i>inventar</i> dicterios alemanes, como si
+en su idioma no los hubiera; ni resulta natural que después de llamarlo
+el francés <i>pícaro y sodomita</i>, y el italiano, <i>traidor o judío y
+bribón,</i> el inglés se contentara con decirle: <i>¡Nada bueno español!,</i>
+porque esto, después de aquellos improperios, más que para encolerizar a
+don Cleofás y al diablo y sacarlos de sus casillas, hubiera servido, por
+el contraste, para hacerlos destornillar de risa». Hasta aquí iba bien y
+rebién mi antiguo camarada y queridísimo amigo Felipe Pérez; pero, por
+no ser menos que su comentado comentador, quiso, como él, echar su
+cuarto a filologías, y creyó sacar en claro que pues <i>nitty</i> significa
+en castellano <i>lleno de liendres</i>, y <i>goose</i> (léase <i>gus) mentecato,
+«niti gus</i> bien pudo convertirse, por obra y gracia del cajista, en ese
+<i>nitesgut</i> incomprensible». Últimamente, al volver al asunto el señor
+Bonilla en la edición de 1910, abandona su alemán de antaño y conjetura
+que <i>nitesgut «puede ser</i> un vocablo compuesto de <i>naughty</i> = revoltoso,
+malvado, y <i>guest</i>&mdash; huésped, palabras ambas&mdash;añade&mdash;que vienen de
+perilla al Cojuelo, y que Vélez juntó, escribiéndolas sin ortografía y
+atendiendo principalmente al sonido <i>(noti-guest)».</i>
+</p><p>
+No entraré yo por terreno donde es tan fácil desbarrar como revolver
+diversos diccionarios de lenguas que no se conocen, o, lo que suele ser
+peor, no se conocen bien; pero sí diré, abriendo camino para otros, que
+no me parece muy seguro que <i>nitesgut</i>, aun puesto en boca de un inglés,
+sea locución inglesa, porque mientras que Castillo Solórzano la hace
+decir a <i>un gabacho,</i> Lope la atribuye a <i>un tudesco</i>, por cierto
+pronunciándola <i>ni te gote</i>. Véanse los textos a que aludo, el primero,
+de un romance a una mujer roma (apud <i>Donayres del Parnaso. Segunda
+parte</i>, Madrid, Diego Flamenco, 1625, fol. 26):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Si te condenas, bien puedes</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">fiar tu romanitud</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de Lucifer, que ha de hazerte</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">entre demonios Monsiur.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Y dirás mascando brasas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">(siendo palo de su flux)</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>tan bien como el más gauacho,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>«nitifiston, nites gut.</i>»</span><br />
+</p><p>
+Y Lope, en el acto II de <i>El Caballero del Sacramento</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«CRISPÍN. Mucho encubren los vestidos;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">mas si me llegan a hablar</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">¡pardiez que yo quedo fresco!</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Que sólo sé <i>de tudesco</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">esto que llaman <i>brindar</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y el tener donde me quepa;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">porque <i>brindis y caraus</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>Deo gloria et santis laus,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">no hay niño que no lo sepa.</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Como me traten de vino,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">diré <i>«trinque, non denece</i>»,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>y «ni te gote fortece</i>»,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y pasaré mi camino.</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Y si en alguna ocasión,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">tales el tiempo las fragua,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">me convidaren con agua....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LUIS.&nbsp; &nbsp; ¿Qué dirás?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">CRISPÍN.&nbsp; <i>«Niti fiston.»</i></span><br />
+</p><p>
+Con todo esto, Vélez, a no dudar, tenía por inglesa la injuriosa
+expresión <i>nitesgut</i> o <i>nitis gut</i>, pues alterándola festivamente, la
+había empleado como tal muchos años antes de escribir su novela, en un
+soneto que compuso <i>cuando le nombraron portero del de Gales</i> (1623),
+soneto que descubrí en el Ms. 3796 de la Biblioteca Nacional y publiqué en
+1908 en la <i>Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos</i>, con otras
+poesías autobiográficas del mismo autor. Dice el último terceto:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«No tengo a <i>nitis brut</i> por buen lenguaje;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sáqueme Dios desta empanada <i>inglesa</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y deme para España buen viaje.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_320_320" id="Footnote_320_320"></a><a href="#FNanchor_320_320"><span class="label">[320]</span></a> Alude el autor satíricamente a los hábitos sodomíticos,
+antaño muy extendidos en Italia, por lo cual, en 1578, había dicho
+Vicente Espinel en su <i>Sátira contra las damas de Sevilla</i>, después de
+pintar muy al vivo a un mozuelo melifluo y alcorzado:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Todo el negocio va <i>por lo de Italia</i>.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡Volved, oh juventud bárbara y ciega,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a aquel antiguo ser de la Vandalia!»</span><br />
+</p><p>
+A la cuenta, don Pedro Francisco Lanini recordaba este pasaje de <i>El
+Diablo Cojuelo</i> cuando, al tratar de los disciplinantes en el <i>Entremés
+de la Tataratera</i>, hace decir a dos de sus interlocutores:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ITALIANO. En la Italia no azotamo</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">en la antífona.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">COSME.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <i>Es que pagan</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>por donde pecan</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_321_321" id="Footnote_321_321"></a><a href="#FNanchor_321_321"><span class="label">[321]</span></a> Toda esta reyerta con unos extranjeros es, como advirtió
+Pérez y González, reminiscencia e imitación de un pasaje quevediano de
+<i>La Hora de todos y la Fortuna con seso</i>: «Venían tres franceses por las
+montañas de Vizcaya a España, el uno con un carretoncillo de amolar
+tijeras y cuchillos por babador, el otro con dos corcovas de fuelles y
+ratoneras, y el tercero con un cajón de peines y alfileres. Topólos en
+lo más agrio de una cuesta descansando un español que pasaba a Francia a
+pie, con su capa al hombro. Sentáronse a descansar a la sombra de unos
+árboles: trabaron conversación.» Departen largamente, y en la plática
+sale a relucir el sanar de lamparones el Rey de Francia, y al cabo los
+cogió <i>la hora</i> y desatinando la cólera al español, dijo: «Los demonios
+me están retentando de mataros a puñaladas, y abernardarme, y hacer
+Roncesvalles estos montes. Los <i>bugres</i>, viéndole demudado y colérico,
+se levantaron con un zurrido <i>monsiur</i>, hablando galalones, pronunciando
+el <i>mon diú</i> en tropa, y la palabra <i>coquín</i>». Y enrédase gran batahola,
+hasta que unos pasajeros los desparten y se llevan al español a las
+ancas de una mula.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_322_322" id="Footnote_322_322"></a><a href="#FNanchor_322_322"><span class="label">[322]</span></a> De <i>Peralbillo</i> o <i>Peroalbillo</i>, lugar cercano a Ciudad
+Real en donde la Santa Hermandad ajusticiaba, asaeteándolos, a los
+malhechores, dijo Pedro de Medina en su <i>Libro de grandezas y cosas
+memorables de España</i> (Sevilla, M.D.xlix, fol. lxxxiij): «Saliendo yo
+desta ciudad para Toro, vi junto al camino en ciertas partes hombres
+asaetados en mucha cantidad, mayormente en vn lugar que se dize
+Peraluillo, y más adelante en vn cerro alto a donde está el arca, que es
+vn edificio en que se echan los huesos destos asaetados después que se
+caen de los palos....» Por esto último llama Vélez <i>cecinas</i> a tales
+despojos humanos, añadiendo de <i>Gestas</i>, en recuerdo del Mal Ladrón.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_323_323" id="Footnote_323_323"></a><a href="#FNanchor_323_323"><span class="label">[323]</span></a> <i>Bohemio</i>, según el <i>Diccionario</i> de autoridades, era
+«especie de ropa o capa pequeña al modo de capotillo, que pudo traher su
+nombre de la provincia de Boemia». Franciosini, en su <i>Vocabulario
+español e italiano</i>, había dicho de esta prenda: «un <i>mantelleto
+cortissimo, che in Ispagna soglion portar le donne quando vanno di
+fuora</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_324_324" id="Footnote_324_324"></a><a href="#FNanchor_324_324"><span class="label">[324]</span></a> Era el <i>chapín</i>&mdash;según Covarrubias&mdash;«calçado de las
+mugeres, con tres o quatro corchos: y algunas ay que llevan treze por
+dozena....» Dice Vélez <i>con plata</i>, porque acostumbraban poner a los
+chapines virillas de plata, tan anchas a las veces como indicó Tirso en
+el acto I de <i>La Huerta de Juan Fernández:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TOMASA.&nbsp; &nbsp; ...No gastara la mulata</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">manto fino de Sevilla,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>ni cubriera la virilla</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>el medio chapín, de plata</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Y llegó a ser tan general lo de las <i>virillas de plata</i>, que los tenían
+con tal adorno hasta las cortesanas de medio pelo. Quevedo pinta con
+chapines de esta clase a una cortesana ociosa (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«A la jineta sentada</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sobre un bajo taburete,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con su avantalillo blanco</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y su vestidillo verde,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en valoncilla redonda</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y perlas con brazaletes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con apretador de vidro</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y rizas entrambas sienes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con herraduras de plata</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y faldellín de ribetes....»</span><br />
+</p><p>
+Los chapines se ponían sobre los zapatos; pero, pues yendo las
+comediantas en sus jamugas, no los habían de llevar puestos, llevábanlos
+<i>colgando de los respaldares</i>, como dice el autor.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_325_325" id="Footnote_325_325"></a><a href="#FNanchor_325_325"><span class="label">[325]</span></a> Refiérese a los cuellos que llamaron <i>valonas</i>. Los
+llevaban estos comediantes en los sombreros, para no ajarlos ni
+ensuciarlos por el camino.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_326_326" id="Footnote_326_326"></a><a href="#FNanchor_326_326"><span class="label">[326]</span></a> Dice festivamente <i>ciclanes de estribos,</i> para indicar
+que llevaban uno, y no dos. <i>«Ciclán</i>&mdash;Dice Oudin en su <i>Tresor&mdash;vn qui
+n'a qu'vn testicule, que nous disons leger d'vn grain.»</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_327_327" id="Footnote_327_327"></a><a href="#FNanchor_327_327"><span class="label">[327]</span></a> Así, <i>le sirven</i>, en la edición original. El señor
+Bonilla añadió entre corchetes la <i>s</i> que gramaticalmente falta; yo no,
+porque más bien que a supresión mecánica de una de dos letras iguales e
+inmediatas, hubo de deberse esta omisión a emplear el <i>le</i> como dativo
+de plural, fenómeno sobre el cual, anotando el <i>Quijote</i>, llamé la
+atención más de una vez (II, 217, 6; III, 106, I; VII, 329, II, y VIII,
+67, 3).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_328_328" id="Footnote_328_328"></a><a href="#FNanchor_328_328"><span class="label">[328]</span></a> <i>Representantas</i>, como lo dijo Lope en el epígrafe de uno
+de sus sonetos, mal que pese a los feministas de hoy, que quieren que se
+diga <i>la consejero, la catedrático y</i> aun la <i>maestro</i>. Cervantes decía
+<i>preguntanta (Quijote,</i> II, 62).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_329_329" id="Footnote_329_329"></a><a href="#FNanchor_329_329"><span class="label">[329]</span></a> <i>Recalcado</i>, como adverbio: <i>recalcadamente</i>. Otro autor,
+no recuerdo cuál (quizás Quevedo), llamó <i>hablar jeringado</i> al hablar
+así, y está muy propiamente dicho, porque denota bien que salen las
+palabras premiosamente alquitaradas y como empujadas por el émbolo de
+una jeringa. <i>Recalcado</i> y <i>jeringado</i>, lo mismo que en otras calendas,
+siguen hablando hoy los malos cómicos, dentro y fuera del teatro.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_330_330" id="Footnote_330_330"></a><a href="#FNanchor_330_330"><span class="label">[330]</span></a> Los escritores de la última moda <i>(dernier cri</i>, suelen
+decir ellos) omitirían hoy la preposición y escribirían galicadamente:
+«... <i>que habían robado Lisboa, asombrado Córdoba y escandalizado
+Sevilla</i>, y que <i>habían de despoblar Madrid</i>....» Y es lo peor que, como
+todo se pega, menos lo bonito, hasta periódicos que siempre blasonaron
+de escribir a lo castizo han entrado por la pésima costumbre de
+prescindir de esa preposición en tales casos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_331_331" id="Footnote_331_331"></a><a href="#FNanchor_331_331"><span class="label">[331]</span></a> Probablemente sería persona de carne y hueso este
+<i>tundidor de Écija,</i> poeta a ratos. A vivir todavía mi buen amigo
+ecijano don Manuel Ostos y Ostos, él, con aquella grande afición que
+siempre tuvo a la historia de su ciudad, buscaría y rebuscaría, hasta
+hallar noticias de este autor de loas mencionado por su ilustre paisano
+Luis Vélez de Guevara.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_332_332" id="Footnote_332_332"></a><a href="#FNanchor_332_332"><span class="label">[332]</span></a> <i>Severo</i>, en la acepción de <i>grave, serio, mesurado</i>,
+como y indiqué en otro lugar (99, 8)[263].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_333_333" id="Footnote_333_333"></a><a href="#FNanchor_333_333"><span class="label">[333]</span></a> Este verso, que en la edición original está impreso a
+renglón tirado, como prosa, es del conocidísimo romance de Nerón:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Mira Nero de Tarpeya</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a Roma cómo se ardía;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">gritos dan niños e viejos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y él de nada se dolía.»</i></span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_334_334" id="Footnote_334_334"></a><a href="#FNanchor_334_334"><span class="label">[334]</span></a> <i>Perdigado</i> es, ciertamente, como dice el señor Bonilla
+con Covarrubias, «el que está señalado para hacer alguna justicia del».
+Pero, siendo eso, es también algo más: pruébalo el no convenir al
+<i>perdigado</i> del texto la definición del <i>Tesoro. Perdigarse</i> es,
+figuradamente, «disponerse a hacer bueno o malo», como dice Correas en
+su <i>Vocabulario de refranes</i> ..., página 601 <i>a</i>, y <i>perdigar</i>, según el
+léxico de la Academia, «disponer o preparar una cosa para un fin». Ahora
+sí se entiende el lugar del texto.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_335_335" id="Footnote_335_335"></a><a href="#FNanchor_335_335"><span class="label">[335]</span></a> <i>De allá: de Dinamarca</i>, dicho irónicamente por alusión a
+Oriana, la fiel amada y amante de Amadis de Gaula, a la cual se suele
+llamar <i>la Doncella de Dinamarca</i> en la historia de este caballero
+andante. Asimismo la recuerda Tomás en <i>La Ilustre fregona</i> de
+Cervantes, a propósito de las desenvueltas mozas de la posada del
+Sevillano: «¡Mirad qué <i>doncellas de Dinamarca</i> nos había ofrecido la
+suerte esta noche!»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_336_336" id="Footnote_336_336"></a><a href="#FNanchor_336_336"><span class="label">[336]</span></a> Refiérese a Andrés de Claramonte y Corroy, famoso
+escritor y representante murciano.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_337_337" id="Footnote_337_337"></a><a href="#FNanchor_337_337"><span class="label">[337]</span></a> En la edición príncipe, por errata, <i>entre los dos</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_338_338" id="Footnote_338_338"></a><a href="#FNanchor_338_338"><span class="label">[338]</span></a> <i>En la legua</i>, o, lo que es lo mismo, <i>entre los cómicos
+de la legua</i>, a la manera que se decía <i>en el siglo</i> y <i>en la
+religión.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_339_339" id="Footnote_339_339"></a><a href="#FNanchor_339_339"><span class="label">[339]</span></a> <i>Amarilis</i>, nombre con que era conocidísima la célebre
+comedianta María de Córdoba, mujer de Andrés de la Vega, autor de
+comedias, es decir, director y empresario de compañía.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_340_340" id="Footnote_340_340"></a><a href="#FNanchor_340_340"><span class="label">[340]</span></a> La expresión es elíptica al par que hiperbólica: quiere
+decir que no sabría, no ya representar lo que representaba ella aun con
+lo más humilde: con su zapato; pero <i>ni mirarlo</i> siquiera.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_341_341" id="Footnote_341_341"></a><a href="#FNanchor_341_341"><span class="label">[341]</span></a> Se refiere, como dice el señor Bonilla, a la comedia del
+bizarro ingenio valenciano intitulada <i>Dido y Eneas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_342_342" id="Footnote_342_342"></a><a href="#FNanchor_342_342"><span class="label">[342]</span></a> Devolviendo una imputación ofensiva, o rechazando una
+exigencia inadmisible, solía y suele añadirse, por énfasis <i>y tu alma</i>,
+o <i>y su alma</i>, bien que no lo registre el <i>Diccionario</i>. Véanse algunos
+ejemplos. Pérez de Montalván, en la jorn. I de <i>Santo Domingo en
+Soriano</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«PIERRES.&nbsp; &nbsp; ...Pero llégate al difunto</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y pregúntale a qué viene.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">CHOCOLATE.&nbsp; <i>Llegue el francés y su alma</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Don Francisco de Leiva, en la jorn. III de <i>La Dama presidente</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ANGELA.&nbsp; &nbsp; &nbsp; Otro criado....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MARTÍN.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; (Aquí entro yo.)</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ANGELA.&nbsp; &nbsp; &nbsp; Que allá tuvisteis declara</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">lo mismo.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">CÉSAR.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Ese es un borracho.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MARTÍN.&nbsp; &nbsp; &nbsp; <i>(¡Tú lo eres y tu alma</i>!)»</span><br />
+</p><p>
+Nuestro Vélez mismo, en <i>La Sarna de los banquetes</i>, apud <i>Flor de
+entremeses y sainetes de diferentes autores</i> (1657), página 20 de la
+edición de Menéndez y Pelayo, Madrid, 1903:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TARJETA.&nbsp; ¿Habrá un jarro de agua?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">CRIADO 1.º&nbsp; Y bueno.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">TARJETA.&nbsp; &nbsp; <i>Pues bébale él y su alma</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_343_343" id="Footnote_343_343"></a><a href="#FNanchor_343_343"><span class="label">[343]</span></a> Esta expresión es una de las más malas de entender que
+hay en <i>El Diablo Cojuelo</i>, con haber otras muy oscuras y difíciles. Por
+lo de Roncesvalles alude a la memorable batalla en que nuestro Bernardo
+del Carpio derrotó a los franceses y en que murieron los doce pares de
+Francia. <i>Molino del papel</i> se llama al edificio donde, para fabricarlo,
+se comienza por moler y reducir a pasta los trapos de que se hace.
+¿Habría <i>en Roncesvalles</i> cuando se escribió <i>El Diablo Cajuelo</i>, o poco
+antes, algún <i>molino de papel</i>? Porque si se averiguara que lo hubo,
+sería fácil de entender la afirmación, ya claramente burlona, de que la
+venta, a no llegar el Ventero con la Hermandad, habría sido <i>un
+Roncesvalles del molino del papel</i>; esto es, una parodia de la batalla
+de Roncesvalles.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_344_344" id="Footnote_344_344"></a><a href="#FNanchor_344_344"><span class="label">[344]</span></a> Con la <i>Hermandad</i>, o sea con algunos <i>cuadrilleros de la
+Santa Hermandad</i>, que, como es bien sabido, era una de las <i>tres santas</i>
+de quienes se dijo: «Tres Santas y un Honrado traen al Reino agobiado».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_345_345" id="Footnote_345_345"></a><a href="#FNanchor_345_345"><span class="label">[345]</span></a> <i>Tantos</i>, en la acepción de fichas o pedrezuelas menudas,
+propias para señalar los puntos que se ganan en ciertos juegos. Nuestro
+autor quiere decir que los jarros, tinajas y platos quedaron hechos
+tiestos menudos, tan pequeños como para servir de tantos a los
+jugadores. Lo mismo Quevedo, en la primera de sus jácaras (Musa V):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Sobre el pagar la patente,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">nos venimos a encontrar</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">yo y Perotudo el de Burgos:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">acabóse la amistad.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Hizo</i> en mi cabeza <i>tantos</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">un jarro que fué orinal</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y yo, con medio cuchillo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">le trinché medio quijar.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_346_346" id="Footnote_346_346"></a><a href="#FNanchor_346_346"><span class="label">[346]</span></a> Como una parte del producto de los teatros, en Madrid y
+en muchos pueblos, se aplicaba al sostenimiento de las casas de
+beneficencia, cuando estas mismas no eran propietarias de los coliseos,
+y las de la Corte necesitaban siempre esta importante ayuda de costa,
+cuidábase de que no faltaran compañías, requiriendo de orden del Consejo
+de Castilla a tales o cuales comediantes de los que andaban por otras
+regiones de España, para que acudiesen a Madrid, y hasta despachando
+algún alguacil que los condujese. Vea el curioso el citado libro de
+Pérez y González, págs. 87 y siguientes.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_347_347" id="Footnote_347_347"></a><a href="#FNanchor_347_347"><span class="label">[347]</span></a> Sabido es que de los camaleones cree el vulgo que se
+mantienen del aire.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_348_348" id="Footnote_348_348"></a><a href="#FNanchor_348_348"><span class="label">[348]</span></a> En lo <i>del mayor Mecenas</i> se refiere nuestro autor al
+Conde Duque de Olivares, hijo, en efecto, de don Diego López de Haro,
+quinto marqués del Carpio.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_349_349" id="Footnote_349_349"></a><a href="#FNanchor_349_349"><span class="label">[349]</span></a> Aunque la edición príncipe estampa <i>gamenosas</i>, y así,
+dicho de esas mismas dehesas, recuerdo haberlo leído en la comedia <i>El
+amigo hasta la muerte</i>, de Lope de Vega, ha de leerse <i>gamonosos,</i> de
+<i>gamón (asphodelus ramosas</i>), planta espontánea por la cual se dijo «Año
+de <i>gamones</i>, año de montones», bien que otros, burlándose del vaticinio
+refranesco, lo modifican así: «Año de <i>gamones</i>, año de hambrones» (pág.
+5 de mi libro intitulado <i>Los Refranes del Almanaque</i>; Sevilla, 1896).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_350_350" id="Footnote_350_350"></a><a href="#FNanchor_350_350"><span class="label">[350]</span></a> Esta fábula de la antigüedad había sido creída por hombre
+de tan buen entendimiento como Ambrosio de Morales, pues dijo en Las
+<i>Antigvedades de las civdades de España</i> (Alcalá de Henares, Juan Núñez
+de Lequerica, M.D.LXXV), fol. 32: «De tal manera son celebrados sobre
+todos los del mundo [los caballos españoles], que nadie les sale a la
+competencia. No es en ellos encarecimiento fabuloso de nuestros
+cauallos, aunque a Iustino le parezca tal, que las yeguas en Portugal y
+cerca de Lisboa se empreñauan del viento. Que clara verdad es de Plinio,
+que lo pudo ver estando acá, y de Marco Varron, que dize ser cosa
+aueriguada, y trae sus conueniencias, para que a nadie parezca estraña
+ni impossible. Más de propósito lo prueua con razones naturales
+Columela, y como español, que bien lo sabía, lo da por cosa manifiesta,
+y en que nadie dudaua.... El potrico que desta preñez nacía sacaua la
+ligereza de su padre el viento; mas no era de prouecho, pues jamás
+passaua de tres años.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_351_351" id="Footnote_351_351"></a><a href="#FNanchor_351_351"><span class="label">[351]</span></a> Los cordobeses llaman <i>Campo de la Verdad</i> al barrio del
+Espíritu Santo, unido a lo demás de la población por un antiquísimo
+puente de diez y seis arcos bajo el cual corre el Guadalquivir. Cuéntase
+que tal nombre se originó de una frase dicha por don Alonso Fernández de
+Córdoba en 1367, cuando don Pedro I de Castilla fué sobre aquella
+ciudad, auxiliado por el Rey de Granada (Don Teodomiro Ramírez de
+Arellano, <i>Paseos por Córdoba,</i> Córdoba, 1873-1877, tomo III, págs. 370
+y siguientes). Por el nombre de este barrio y por otras particularidades
+de topografía y nomenclatura local, se dijo festivamente que los
+cordobeses tienen <i>la Verdad en el Campo, la Salud en el Cementerio, la
+Caridad en el Potro y el punto en un cuerno</i>. Esto último se refiere a
+un altar llamado <i>del punto</i>, inmediato a un gran colmillo de elefante
+(cuerno según el vulgo) que, como símbolo de la fortaleza, pende de la
+bóveda de una de las naves de la Iglesia Catedral.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_352_352" id="Footnote_352_352"></a><a href="#FNanchor_352_352"><span class="label">[352]</span></a> Así el texto en la edición príncipe; pero probablemente
+falta una palabra: <i>a la Colonia Patricia</i>, diría el original, porque
+éste fué el nombre de la Córdoba romana, según vemos en sus monedas
+autónomas de aquella época.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_353_353" id="Footnote_353_353"></a><a href="#FNanchor_353_353"><span class="label">[353]</span></a> Acerca del significado de <i>acto positivo</i> quedó nota en
+el tranco III (83, 4)[230].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_354_354" id="Footnote_354_354"></a><a href="#FNanchor_354_354"><span class="label">[354]</span></a> Escribí preguntando por este antiguo mesón a don Enrique
+Romero de Torres, mi docto y amable <i>paisano</i> (porque él es natural de
+Córdoba y yo soy cordobés adoptivo), y ha satisfecho mi curiosidad,
+comunicándome que por el libro primero de padrones de confesiones de
+aquella iglesia catedral (1604-1609) consta que el <i>Mesón de las Rexas</i>
+era la segunda casa de la calle de la Herrería, hoy núm. 83 de la del
+Cardenal González. Y añadió mi amigo en su carta: «La casa es muy
+hermosa y por su aspecto debió de ser uno de los mejores mesones de
+aquella época; está situada cerca de la Puerta del Puente y en la vía
+principal de Córdoba, que era desde esta puerta hasta la que llamaban
+Puerta Nueva (que ya no existe), y que constituía la carretera de
+Sevilla a Madrid.» En el <i>mesón de las Rejas</i> solían hospedarse las
+compañías de comediantes que representaban en Córdoba: allí se alojaban
+en 1610 Pedro de Castro y Jerónima de la Fuente, de la compañía del famoso
+Granados, cuando se desposaron. (Véanse mis <i>Aportaciones para la
+historia del histrionismo español en los siglos</i> XVI y XVII, Madrid,
+1914, pág. 34.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_355_355" id="Footnote_355_355"></a><a href="#FNanchor_355_355"><span class="label">[355]</span></a> De la <i>Corredera</i>, sita en el barrio de San Pedro, dijo,
+entre otras cosas, el citado autor de los <i>Paseos por Córdoba,</i> tomo II,
+pág. 105: «Su nombre es el que en general se daba en muchas poblaciones
+al punto en que, por su extensión, se celebraban los actos más
+concurridos, y en particular las corridas de toros, cintas y cañas.
+Tiene una superficie de siete mil cuatrocientas noventa y seis varas
+cuadradas, es cuadrilonga y mide trescientos sesenta y dos pies de
+longitud por ciento treinta y ocho de latitud en la parte inferior, o
+sea el Arco bajo, y ciento cincuenta y seis en la superior; los balcones
+llegan, en sus tres filas, a cuatrocientos treinta y cinco, y los arcos
+de sus portales a cincuenta y nueve....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_356_356" id="Footnote_356_356"></a><a href="#FNanchor_356_356"><span class="label">[356]</span></a> Esta <i>línea</i> y estos ángulos son términos de lo que aún
+al mediar el siglo XVII se llamaba <i>nuevo arte de la destreza</i>, debido
+principalmente a los estudios y las obras de Jerónimo de Carranza y don
+Luis Pacheco de Narváez, su continuador.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_357_357" id="Footnote_357_357"></a><a href="#FNanchor_357_357"><span class="label">[357]</span></a> Alude Vélez&mdash;como dice Bonilla&mdash;al diestro retratado por
+Quevedo en su donosísima <i>Historia de la vida del buscón llamado don
+Pablos</i>. Quevedo, acérrimo enemigo de Pacheco de Narváez, se burlaba de
+su <i>nueva destreza</i>; no así Cervantes, que en el <i>Quijote</i> (II, 19) la
+ensalza y hace quedar vencido por ella al bachiller Corchuelo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_358_358" id="Footnote_358_358"></a><a href="#FNanchor_358_358"><span class="label">[358]</span></a> Este <i>pensar</i>, o <i>creer</i>, siempre usado en pretérito y
+ante infinitivo y equivalente a <i>imaginar</i>, es popularísimo en
+Andalucía, donde a menudo se oye: «<i>Pensé</i> morirme»; <i>«Creí</i> reventar de
+risa». Cervantes lo usó con frecuencia en el <i>Quijote: «Pensó</i> perder el
+juicio» (II, 23); «<i>me pensé</i> caer muerta de puro gozo» (II, 52).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_359_359" id="Footnote_359_359"></a><a href="#FNanchor_359_359"><span class="label">[359]</span></a> Llamaban <i>espadas negras</i>, porque tiraban a ese color, a
+las de hierro, sin lustre ni corte, que servían para los ejercicios de
+esgrima, y a las cuales, a fin de que no hiriesen con la punta, se les
+ponían en ella botones de cuero, dichos comúnmente <i>zapatillas</i>. Tirso,
+en el acto II de <i>La Huerta de Juan Fernández:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TOMASA.&nbsp; ...Dele al gusto puerta franca;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">quiera bien, que eso me alegra;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">ensaye en la <i>espada negra</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">tretas que logre en la <i>blanca</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_360_360" id="Footnote_360_360"></a><a href="#FNanchor_360_360"><span class="label">[360]</span></a> Dirigía los juegos de esgrima un maestro de destreza, con
+un <i>montante</i>, o espada grande de dos manos, con el cual, atravesándolo
+entre los luchadores cuando era menester, ponía fin a la contienda.
+También lo usaba, como dice el texto, haciendo ademán de <i>barrer los
+pies a los mirones</i>, para que, dando algunos pasos atrás, agrandasen la
+palestra.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_361_361" id="Footnote_361_361"></a><a href="#FNanchor_361_361"><span class="label">[361]</span></a> <i>Aplauso</i>, equivaliendo a <i>solemnidad</i> o <i>pompa</i>,
+acepción no registrada en el <i>Diccionario</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_362_362" id="Footnote_362_362"></a><a href="#FNanchor_362_362"><span class="label">[362]</span></a> El <i>vellorí o vellorín,</i> era según el <i>Diccionario</i> de
+autoridades, un «paño entrefino de color pardo ceniciento, u de lana sin
+teñir». Vélez llama <i>vellorí</i> a la pendencia, por alusión al color de
+las espadas, a las cuales, seguidamente y por la misma razón, da el
+nombre de <i>mulatas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_363_363" id="Footnote_363_363"></a><a href="#FNanchor_363_363"><span class="label">[363]</span></a> <i>Cuarto círculo</i> es un término de la destreza, que yo no
+he de definir, porque estas y otras voces técnicas que ocurren poco
+después se encuentran en cualquier diccionario. A estos círculos y a
+Pacheco de Narváez se refería el anónimo autor del <i>Entremés del
+Estudiante</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«PEROTE.&nbsp; Rebano y corto en <i>círculos pachecos</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">varas y plumas como cardos secos.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_364_364" id="Footnote_364_364"></a><a href="#FNanchor_364_364"><span class="label">[364]</span></a> <i>Movimiento accidental</i> es otro término de la llamada
+pomposamente <i>esgrima científica y filosofía de las armas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_365_365" id="Footnote_365_365"></a><a href="#FNanchor_365_365"><span class="label">[365]</span></a> Dice Covarrubias, en el artículo <i>tvmba</i> de su <i>Tesoro</i>:
+«Del ilustre linage de los Castillas se cuenta que en el entierro que
+tienen en Santa Clara de Valladolid dentro del coro de las Monjas,
+quando alguno dellos muere, se oyen muchos golpes que se dan en la tumba
+que está sobre la boueda do se entierran: y cuentan que en cierta
+ocasión, despues de auer oido estos golpes passó mas de vn año que no se
+supo quien era muerto, hasta que con vna armada que vino de las Indias
+se entendió auer muerto allá vn cauallero de la casa, el mesmo día que
+las Religiosas auian oido los golpes de la tumba....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_366_366" id="Footnote_366_366"></a><a href="#FNanchor_366_366"><span class="label">[366]</span></a> Si nuestros periodistas no hubieran olvidado que en
+castellano tenemos la palabra <i>riza</i>, que significa «destrozo o estrago
+que se hace en una cosa», y la frase <i>hacer riza</i>, equivalente a «causar
+gran destrozo y mortandad en una acción de guerra», es seguro que no
+acudirían a cercado ajeno por la palabra <i>razzia</i> ni por la frase <i>hacer
+razzia</i>, con lo cual lograrían tres cosas buenas: hablar en castellano,
+ahorrarse comillas o letra cursiva, y evitar que algún malpensado
+sospeche que el decir <i>razzia</i> es indicio de no conocer la palabra
+<i>riza</i>. ¿Ejemplos del uso de este vocablo? Hailos en abundancia; pero
+bástame citar dos. Lope de Vega, en el canto VIII de <i>La Dragontea:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... y como tero que la frente eriza,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en ellos <i>hace</i> sanguinosa <i>riza</i>.»</span><br />
+</p><p>
+El padre Baltasar Gracián, en <i>El Criticón,</i> primera parte, crisi V:
+«... de modo que en los más principales, como más lucidos, <i>auían hecho</i>
+las fieras mayor <i>riza</i>».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_367_367" id="Footnote_367_367"></a><a href="#FNanchor_367_367"><span class="label">[367]</span></a> Porque tales desbragados quedaron de suerte, que dejaron
+ver aquello en que dió el sol al don Bueso del antiguo romance.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_368_368" id="Footnote_368_368"></a><a href="#FNanchor_368_368"><span class="label">[368]</span></a> Sobre la frase <i>muy falsos</i> quedó nota en el tranco V
+(123, 4)[315].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_369_369" id="Footnote_369_369"></a><a href="#FNanchor_369_369"><span class="label">[369]</span></a> Modifica por donaire el conocidísimo refrán <i>Siempre
+quiebra la soga por lo más delgado</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_370_370" id="Footnote_370_370"></a><a href="#FNanchor_370_370"><span class="label">[370]</span></a> <i>Por barba</i>, como dice nuestro <i>Diccionario</i>, equivale a
+«por cabeza, o por persona». Así, como pudieran decir unos soldados
+cristianos, convidándose a matar moros, <i>¡A moro por barba!,</i> dijeron
+valientemente unos aficionados a la mesa: <i>«¡A perdiz por barba</i>, y
+caiga el que caiga!»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_371_371" id="Footnote_371_371"></a><a href="#FNanchor_371_371"><span class="label">[371]</span></a> <i>¡Favor a la justicia</i>!, porque éste era de ordinario el
+grito de alguaciles y corchetes, cuando no clamaban «<i>¡Favor al Rey!</i>»,
+de lo cual vino el decirse que tales ministros siempre llevaban el Rey
+en el cuerpo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_372_372" id="Footnote_372_372"></a><a href="#FNanchor_372_372"><span class="label">[372]</span></a> <i>Coger, dar, hacer</i> o <i>tomar puntas</i> es volar el ave de
+cetrería de un lado para otro, en diversas direcciones, pero subiendo
+siempre, en espera de sazón para caer sobre el animal en que quiere
+hacer presa.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_373_373" id="Footnote_373_373"></a><a href="#FNanchor_373_373"><span class="label">[373]</span></a> Para Covarrubias, <i>rollo</i> era «la picota o horca hecha de
+piedra en forma redonda, quasi <i>rótulo».</i> El <i>Diccionario</i> de la
+Academia lo define: «Columna de piedra ordinariamente rematada por una
+cruz, y que en lo antiguo era insignia de la jurisdicción de la villa».
+El rollo de Ecija, fué, como afirma Vélez, celebradísimo, y así, decía
+cierto poeta apicarado del <i>Romancero general</i> (fol. 470 vto.):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«De Cordoua he visto el Potro,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que ha engendrado pocos asnos;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">también la fuente del Toro,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que hizo a Lazarillo cauto;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de Ezija he visto el rollo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que el mundo celebra tanto</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">el Arenal de Seuilla</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y Corral de los Naranjos.»</span><br />
+</p><p>
+Don C. Bernaldo de Quirós nombra como aún existente el <i>rollo de Ecija</i>,
+en su interesante librito intitulado <i>La Picota</i> (Madrid, 1907), pág.
+13; pero ni lo describió, ni lo dió a conocer como otros, por medio del
+grabado, bien que no hubiera podido efectuarlo, por lo que ahora diré.
+</p><p>
+Como para estudiar las cosas de un pueblo debe empezarse&mdash;y Pero Grullo
+patrocinaría esta verdad&mdash;por consultar los libros que de aquel pueblo
+tratan, eso hice yo, y tomando el intitulado <i>¡¡Alfajores de Ecija</i>!!
+(Sevilla, 1909), de mi difunto amigo don Manuel Ostos, leí en la pág.
+68: «Potente y grande debía ser la curia ecijana, cuando el signo de la
+Justicia en Ecija, el altar en que se ofrecían los sacrificios a la
+diosa Justicia, <i>el Rollo</i>, con su hijillo <i>el Rolluelo</i>, que aún
+existe, o <i>Mesa del Rey,</i> como a los restos del <i>Rollo</i> denominábamos
+los ecijanos hace treinta años, tenía resonancia universal....» Y en
+otro libro del mismo malogrado autor (cuyo mérito no supieron apreciar
+los ecijanos tanto como debieran, quizá, y sin quizá, porque <i>nemo
+propheta est in patria sua</i>), en su <i>Bartolomé de Góngora</i> (Sevilla,
+1913), pág. 84, volvió a recordar <i>el Rolluelo</i>, en unos renglones en
+que rebosa el amor a la patria chica, y que no resisto al deseo de
+copiar, por honrar a un ecijano moderno en las notas del libro de un
+ecijano antiguo: «¿Puede existir&mdash;decía Ostos&mdash;algo menos artístico que
+<i>El Rolluelo</i>, y que más nos recuerde la bárbara época en que usaban ese
+<i>pimponote</i> para colgar los restos de los pobres reos que eran
+descuartizados?... Cuando cansados de zascandilear por la capital nos
+metemos en el tren y tras parada y parada llegamos molidos y maltrechos
+a las angosturas de la Argamasilla, lo primero que hace un buen ecijano
+es asomarse a la ventanilla de su departamento, y, ojo avizor, desde
+ella va señalando los caseríos, los predios, los accidentes del terreno
+que señalan la proximidad de Ecija: «<i>El Rolluelo</i> ... La Casilla Alta
+... El pozo de la Argamasilla ... Las arquillas del agua ...» Y luego,
+al minuto, si es de noche, se exclama: «Ya se ven las luces»; y si es de
+día: «Ya se ven las torres...: El Carmen ... La Victoria ... San Gil ...
+Santa María....» Y más adelante (pág. 69), por unos <i>Apuntes de lo
+ocurrido en Ecija desde el día 23 de Septiembre de 1868</i>, se viene en
+conocimiento de que el día 20 de octubre el Ayuntamiento acordó
+derribar, entre otras cosas, «<i>la Mesa del Rey</i>, o <i>el Rollo</i>, donde se
+descuartizaba en la antigüedad a los ahorcados para poner los miembros
+por los caminos». Y poco después: «Día veintisiete, se echa abajo <i>el
+Rollo</i> o <i>Mesa del Rey</i>.» No existía, pues, el famoso <i>rollo de Ecija</i>
+cuando el señor Bernaldo de Quirós escribió y publicó su libro.
+</p><p>
+Deseoso de más noticias, las pedí a mi antiguo y culto amigo donjuán de
+los Reyes Sotomayor, quien, con amabilidad y presteza que cordialmente
+le agradezco, respondió a mi interrogatorio en unas cuartillas que
+quisiera yo publicar íntegras; pero que no podré sino extractar, porque
+ya esta nota va siendo demasiado larga. El <i>Rollo</i> se elevaba cerca de
+la margen derecha del Genil, a la salida del puente, en dirección a
+Córdoba. Consistía en una gran columna de granito azul y negro, como de
+cinco a seis varas de altura, y de unas tres cuartas de diámetro. En su
+parte superior tenía una losa de piedra tosca, blanca, caliza, como de
+una vara en cuadro, puesta a modo de plato o bandeja, y sobre esta losa
+se veía un león sentado sobre sus patas traseras, que con las garras
+sujetaba contra su cuerpo, mirando al norte, el escudo de la ciudad de
+Ecija. ¡El escudo&mdash;glosaré yo&mdash;a que se refirió Vélez de Guevara
+diciendo: «Esta es Ecija, la más fértil población de Andalucía, <i>que
+tiene aquel sol por armas a la entrada de esa hermosa puente!»</i> La
+menguada cultura de unos ecijanos destruyó, por culpas del
+<i>rollo</i>&mdash;¡como si cupiera culpa en las cosas! y ¡como si el <i>rollo no
+fuera emblema</i> glorioso de libertad y de autonomía municipal!&mdash;,
+destruyó, decía, aquel escudo de piedra nombrado y celebrado por el
+insigne autor de <i>La Luna de la Sierra</i>. Derruido todo el monumento, la
+columna quedó tendida y medio enterrada a un lado de la carretera
+general de Madrid á Cádiz, y en tal estado continúa a la hora presente.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_374_374" id="Footnote_374_374"></a><a href="#FNanchor_374_374"><span class="label">[374]</span></a> En efecto, son las armas de Ecija un sol radiante, con la
+leyenda <i>Civitas solis vocabitur una</i>, tomada del <i>Libro de Isaías,</i>
+XIX, 18.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_375_375" id="Footnote_375_375"></a><a href="#FNanchor_375_375"><span class="label">[375]</span></a> Dice <i>pueblo de abril y mayo</i> por la muchedumbre de
+flores que <i>pueblan</i> en ese tiempo los prados andaluces.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_376_376" id="Footnote_376_376"></a><a href="#FNanchor_376_376"><span class="label">[376]</span></a> De Garci Sánchez de Badajoz he hallado peregrinas
+noticias, y pronto las publicaré en el <i>Boletín de la Real Academia
+Española;</i> de Juan Bermudo, de don Diego de Avalos, de Núñez de Navarro,
+de don Pedro Manuel Prieto, de tantos otros hombres eminentes que, como
+éstos, vieron la primera luz en Ecija, y de los modernos Pacheco, Mas y
+Prat, Giles, etcétera, acuérdese la <i>ciudad del sol</i>, ya que al presente
+cuenta con una juventud muy culta y activa.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_377_377" id="Footnote_377_377"></a><a href="#FNanchor_377_377"><span class="label">[377]</span></a> Esta especie de cogerse en Ecija el algodón estaba muy
+sabida; porque la divulgaron Pedro de Medina y su ampliador Pérez de
+Mesa en la <i>Primera y segunda parte de las grandezas y cosas más
+notables de España</i> (Alcalá de Henares, 1595), folio 128: «Cógese en
+ella [en Ecija] grande quantidad de algodón, de que se prouee mucha
+parte del reyno». Pero que sólo se cogiera el algodón en Ecija, no lo he
+visto sino en Florindo, <i>Addicion al libro de Eciia i svs grandezas</i>
+(Sevilla, Luis Estupiñan, 1631), fol. 31, donde dice, tratando de la
+especial influencia del sol en las tierras ecijanas: «Porque me consta
+por vista de ojos que en Marchena i Sevilla se a sembrado algodón, i
+llega a tener capullo, i no a madurar, ni abrir, ni ser de provecho. Lo
+cual es cierto que nace de la falta de calor, requisito para su
+perfección. Y pues en Ecija es tan perfecto y tan bueno....» Durante la
+dominación árabe se cultivó mucho el algodón en aquella ciudad; tanto
+que por él la llamaron algún tiempo <i>Medina Alcotón</i> (Varela y Escobar,
+<i>Bosquejo histórico de la ciudad de Ecija</i>, Sevilla, 1906, pág. 52).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_378_378" id="Footnote_378_378"></a><a href="#FNanchor_378_378"><span class="label">[378]</span></a> El humanista Francisco Cascales, en su <i>Discurso de la
+ciudad de Cartagena</i> (Valencia, Juan Chrysostomo Garriz, M.D.XCVIII)
+decía: «El campo, fertilíssimo, que de su bella gracia ofrece
+copiosissimamente caracoles, setas, hongos, criadillas, esparragos,
+salutíferas tortugas, infinidad de palmitos, grandes colmenares de buena
+miel y cera. A cuyo respeto dice bien el refrán: Cabritos y palmitos,
+miel y cera, de Cartagena». Pues bien, Ecija, a juzgar por el dicho de
+Vélez, se aventajaba a Cartagena con mucho. Mas ¿cuáles son los
+veinticuatro frutos que, «Sin sembrallos», da aquella campiña y vendía
+la gente necesitada? Probaré a enumerarlos, por los del campo de Osuna,
+mi pueblo natal, cuyo término linda con el de la <i>ciudad de las torres</i>.
+De primer intento anoto los frutos siguientes: setas, macucas o
+criadillas de tierra, espárragos, palmitos, uvas de palma o palmiches,
+moras de zarza, cardillos, tagarninas, morrillas o alcachofas de púas,
+higos chumbos, berros, alcaparras, alcaparrones, orégano, poleo,
+hinojos, almoradux, tomillo salsero, palo dulce o regaliz, flor de
+manzanilla. Son veinte, y para las cuatro que me faltan, se me ocurren
+el esparto, algunas hierbas tintóreas, como la gualda, y diversas
+plantas medicinales, como las malvas, la borraja, el culantrillo, etc.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_379_379" id="Footnote_379_379"></a><a href="#FNanchor_379_379"><span class="label">[379]</span></a> Esta renombrada sima está a cinco kilómetros de la
+ciudad, en la falda oriental de la sierra. Tiene de profundidad 146
+varas castellanas. Mencionáronla, entre otros autores, el cartujano don
+Juan de Padilla, en <i>Los doze triumphos de los doze Apostoles</i> (1521);
+Gonzalo Gómez de Luque, en su <i>Celidon de Iberia</i> (1583), y Cervantes,
+en <i>El Celoso extremeño (Novelas ejemplares</i>, 1613), en la <i>Adjunta al
+Parnaso (Viage del Parnaso</i>, 1614) y en el cap. XIV de la segunda parte
+del <i>Quijote</i> (1615).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_380_380" id="Footnote_380_380"></a><a href="#FNanchor_380_380"><span class="label">[380]</span></a> A la celebridad de los melones de Guadix aludía el
+guadijeño Ginés, en la jorn. III de <i>La Niña de Gómez Arias</i>, de
+Calderón:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Pues ¿hasme gozado a mi,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">ni yo te he desagradado</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">siendo <i>melón de Guadix</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de mala calaña, para</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">que tu me vendas así?»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_381_381" id="Footnote_381_381"></a><a href="#FNanchor_381_381"><span class="label">[381]</span></a> Del doctor Mira de Amescua (así firmaba él, y no
+<i>Mescua</i>) y de su arcedianato di algunas noticias hasta entonces
+ignoradas en mi libro acerca de Pedro Espinosa (págs. 91-96) y otras en
+mi folleto intitulado <i>El apócrifo «secreto de Cervantes</i>» (Madrid,
+1916), págs. 60-64.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_382_382" id="Footnote_382_382"></a><a href="#FNanchor_382_382"><span class="label">[382]</span></a> Esta fuente databa de principios del último tercio del
+siglo XVI: don Manuel Varela y Escobar (<i>Bosquejo histórico de la ciudad
+de Ecija</i>, pág. 107) vió y copió una inscripción por la cual consta que
+reinando Felipe II, año de 1567, «Ecija, truxo el agua y mandó hazer las
+fuentes». De las ninfas trató don Juan M.ª Garay y Conde en sus <i>Breves
+apuntes histórico-descriptivos de la ciudad de Ecija</i> (Ecija, 1851),
+pág. 436, diciendo: «A un estremo de este paseo [del de la Plaza Mayor]
+se encuentra una hermosa fuente, circundada también de arbolado y
+asientos de piedra: su mar es un gran polígono de nueve varas de
+diámetro y una de profundidad; cuatro ninfas de altura más que natural y
+de buena escultura, que se dicen las Amazonas, dan un caño de agua por
+medio de un cantarillo, y este lindo grupo sostiene un gran tazón de
+jaspe de una sola pieza, con dos varas y media de diámetro y cuatro
+caños a su borde....» ¿Qué ha sido de esta fuente? Al hacerse en 1866 la
+reforma de la Plaza Mayor, fué desmontada y «sus piedras o bloques de
+jaspe encarnado, con las ninfas y demás componentes de la obra fueron
+enterrados al lado Sur de la Plaza, a poca distancia y profundidad de
+donde antes se levantaba, y allí yacen esperando que una mano caritativa
+y amante del arte y del embellecimiento de la ciudad las desentierre y
+erija de nuevo....» Esto me dicen de Ecija, y yo escribí a don Eduardo
+García de Castro, actual alcalde de aquella ciudad, que, pues tal
+fuente, cualquiera que sea su mérito, debe conservarse en sitio céntrico
+y muy transitado, por haber hecho mención de ella un ecijano tan ilustre
+en una tan famosa novela, celebraría poder asentar en mis notas a <i>El
+Diablo Cojuelo</i> «que la Ecija de hoy, lejos de ser la que ayer
+<i>enterraba</i> sus preseas más estimables, por cierto sin reemplazarlas con
+otras mejores o tan buenas, enmienda antiguos yerros y vuelve por el
+buen nombre de su cultura». Las respuestas han sido dos: la primera,
+«Allá veremos»; y la segunda, «No hay consignación para <i>exhumar</i> la
+fuente». ¡Pero la hubo para <i>inhumarla</i>! Repare en ello, por su honra,
+<i>la ciudad del sol</i>: ¡es una vergüenza tener enterrado ese monumento!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_383_383" id="Footnote_383_383"></a><a href="#FNanchor_383_383"><span class="label">[383]</span></a> Quizá son auténticamente de ciego estas seguidillas, y
+no obra de Vélez de Guevara; a lo menos, muy de ciegos era acabar sus
+relaciones con algún villancico contra el Diablo Cojuelo, a juzgar por
+lo que, refiriéndose a un ciego relacionista, dice Rojas Zorrilla en la
+jorn. I de <i>El más impropio verdugo por la mas justa venganza</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«COSME. Para un ciego en verso y prosa</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">era «relación famosa</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">(diciendo a voces) que trata</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">como, dando testimonio</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de corazón paladín,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">vn mancebo florentín</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">peleó con el demonio,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y, haciendo a su ardor lisonjas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">a arrojarle se dispuso</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">por una escala que puso</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">a un monasterio de monjas;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y después, dando en el suelo,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">volvió a acometellas bravo;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>con un villancico al cabo</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>contra el Diablillo Cojuelo</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_384_384" id="Footnote_384_384"></a><a href="#FNanchor_384_384"><span class="label">[384]</span></a> En nota del tranco IV (107, 6)[278] vimos cómo Quevedo en
+<i>Las Zahurdas de Plutón</i> pinta a las dueñas convertidas en ranas, y
+cierto es que se las tenía por lo peor y más abominable del mundo. En un
+ejemplar apostillado de mano (letra del siglo XVII) del libro intitulado
+<i>Vida política de todos los estados de mugeres</i>, de fray Juan de la
+Cerda, diciendo el autor, al folio 394, con referencia a unas palabras
+de cierta mujer que estaba en el cielo, «y así lo hizo la devota
+<i>dueña</i>», el apostillador, sin parar mientes en que esta palabra estaba
+usada en la acepción de <i>matrona</i>, escribió al margen: «¿<i>Dueñas</i> en la
+gloria?, linda cosa».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_385_385" id="Footnote_385_385"></a><a href="#FNanchor_385_385"><span class="label">[385]</span></a> <i>Dando barato</i>, es decir, repartiendo entre los
+concurrentes algo de lo que traían entre manos. Algunos <i>baratos</i> de
+esta clase quedaron en proverbio, como <i>el barato de Juan del Carpio</i>,
+que aporreó a su mujer pidiéndole barato, y <i>el barato de Cordobilla</i>,
+que explica así Correas (<i>Vocabulario de refranes</i>..., pág. 88 <i>a</i>):
+«Vno que se llamaba Cordovilla alumbró toda una noche a unos que
+jugaban, porque le diesen barato, y después tuvieron enfado y diéronle
+con el candelero».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_386_386" id="Footnote_386_386"></a><a href="#FNanchor_386_386"><span class="label">[386]</span></a> <i>A vedar que ... no les valiese.... Hoy lo</i> diríamos sin
+ese <i>no</i> que en lo antiguo acompañaba a los verbos de negación o
+privación.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_387_387" id="Footnote_387_387"></a><a href="#FNanchor_387_387"><span class="label">[387]</span></a> <i>Aunque se retrujesen</i>, quiere decir. El <i>si</i> suele
+equivaler a <i>aunque</i>, como noté en diversos lugares del <i>Quijote</i> (II,
+216, 10; VIII, 125, 10, etc.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_388_388" id="Footnote_388_388"></a><a href="#FNanchor_388_388"><span class="label">[388]</span></a> Según advirtió Pérez y González (págs. 56 y 57 de su tan
+citado libro), el mismo Vélez explicó este pasaje en la jorn. I de <i>El
+Diablo está en Cantillana</i>, de donde es el siguiente diálogo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">«PERAFÁN.&nbsp; ¿Cómo dejas a Sevilla?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">RODRIGO.&nbsp; &nbsp; Como siempre: buena y brava,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">dime un filo en el Corral</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">de los Olmos, y una mandria</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">tuvo un no sé qué conmigo,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">sobre si pasa o no pasa:</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">llevó una mohada a cuenta,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">siguióme la gurullada,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">no pude tomar iglesia</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">ni embajador, y en <i>las ancas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 9em;"><i>de la mula de un doctor</i></span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">me salvé con linda gracia.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">PERAFÁN.&nbsp; &nbsp; ¿En las ancas de la mula</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">de un doctor?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">RODRIGO.&nbsp; Pues dime, ¿hay casa</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">de embajador, hay iglesia,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">hay torre, hay tierra del Papa,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">de preeminencias mayores,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">pues hay médico que acaba</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">de matar cuarenta enfermos</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y no hay quien le pida nada</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">en poniéndose en la silla?</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>Pues lo mismo son las ancas</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que el platicante más zurdo,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">en asiendo la gualdrapa,</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>aunque mate, es como asirse</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>de una iglesia a las aldabas</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">que hay aquestos privilegios</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">en las mulas doctoradas.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_389_389" id="Footnote_389_389"></a><a href="#FNanchor_389_389"><span class="label">[389]</span></a> <i>Alguaciles chanflones</i>, como <i>doncella chanflona</i> en el
+tranco I (18, 5)[76], donde quedó nota.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_390_390" id="Footnote_390_390"></a><a href="#FNanchor_390_390"><span class="label">[390]</span></a> Pérez y González creyó errata <i>resolución:</i> «Debe ser
+<i>revolución;</i> inquietud, alteración, alboroto».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_391_391" id="Footnote_391_391"></a><a href="#FNanchor_391_391"><span class="label">[391]</span></a> Los buenos neblíes eran de Noruega, tierra donde apenas
+luce el sol; pero el Cojuelo era neblí de otra Noruega aún más obscura:
+del infierno.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_392_392" id="Footnote_392_392"></a><a href="#FNanchor_392_392"><span class="label">[392]</span></a> Aquí supone nuestro autor que el Genil y el Guadalquivir
+se juntan o casan por <i>el vicario de las aguas</i>, como habló del <i>vicario
+Responso</i> en el tranco I, donde quedó nota (17, 2)[71].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_393_393" id="Footnote_393_393"></a><a href="#FNanchor_393_393"><span class="label">[393]</span></a> Pues en el uso actual <i>camarada</i> sólo significa
+<i>compañero,</i> y con tal significado ocurre poco después, podría parecer
+que no hace buen sentido esta expresión. <i>Camarada</i>, en este lugar,
+significa <i>compañía.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_394_394" id="Footnote_394_394"></a><a href="#FNanchor_394_394"><span class="label">[394]</span></a> <i>Tender la raspa</i>, o <i>tender raspa</i>, es acostarse para
+dormir o descansar. Quevedo, en una de sus jácaras:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Llegamos a Babilonia</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">un miércoles por la noche;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>tendí raspa</i> en el mesón</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de Catalina de Torres.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_395_395" id="Footnote_395_395"></a><a href="#FNanchor_395_395"><span class="label">[395]</span></a> El <i>ferreruelo</i> o <i>herreruelo</i> era una capa sin capilla.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_396_396" id="Footnote_396_396"></a><a href="#FNanchor_396_396"><span class="label">[396]</span></a> Como advierte Covarrubias, <i>dar papilla</i> a uno, o
+<i>papillas</i>, es «engañarle o tratarle como a niño». «No piense vuesa
+merced <i>darme papilla</i>», dice un ventero en el <i>Quijote</i> (I, 32).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_397_397" id="Footnote_397_397"></a><a href="#FNanchor_397_397"><span class="label">[397]</span></a> Díjolo, verbigracia, el maestro Valdivielso, en el auto
+de <i>El Hospital de los locos</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LUZBEL.&nbsp; Tres partes había de estrellas</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">encima la impírea bola,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">siendo yo de las más bellas;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>mas derribé con la cola</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>la tercera parte dellas</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_398_398" id="Footnote_398_398"></a><a href="#FNanchor_398_398"><span class="label">[398]</span></a> <i>Del Galileo</i>, antepuesto el artículo al nombre propio, a
+la manera italiana.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_399_399" id="Footnote_399_399"></a><a href="#FNanchor_399_399"><span class="label">[399]</span></a> Acerca de este hombre extravagante, sus aficiones y su
+museo, puede verse el libro de don Emilio Cotarelo, intitulado <i>Don Juan
+de Espina</i>, Madrid, 1908.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_400_400" id="Footnote_400_400"></a><a href="#FNanchor_400_400"><span class="label">[400]</span></a> Así, <i>óbtica,</i> en la edición príncipe, tal como el vulgo
+solía y suele pronunciarlo. «Conocida es&mdash;dice don Rufino José Cuervo
+(<i>Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano</i>, §756 de la 6.ª
+edición, París, 1914)&mdash;la repugnancia que tiene el castellano a usar las
+explosivas sordas en fin de sílaba. ... y hoy es comunísimo pronunciar
+... con <i>b optar, opción, aptitud</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_401_401" id="Footnote_401_401"></a><a href="#FNanchor_401_401"><span class="label">[401]</span></a> Para hacer su chiste, Vélez de Guevara, por boca del
+Cojuelo, confunde el <i>camino de Santiago de Compostela</i>, que es el
+aludido en el refrán, con el otro <i>camino de Santiago</i> o <i>Vía láctea.</i>
+Es curiosa la conjetura de Faria y Sousa acerca del nombre vulgar
+castellano de la <i>Vía láctea.</i> Dice, comentando una octava de los
+<i>Lusiadas</i>, de Camoens: «En griego se llama <i>Galaxia</i>, que vale <i>vía de
+leche</i>, i es lo que el vulgo llama <i>Camino de Santiago</i>; que devia
+principiarse en dezir <i>Camino de Galicia,</i> por corrupción de
+<i>Galaxia</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_402_402" id="Footnote_402_402"></a><a href="#FNanchor_402_402"><span class="label">[402]</span></a> <i>De posta</i>, equivalente a <i>de centinela</i>. Rey de Artieda,
+en un soneto de los <i>Discvrsos, epístolas</i> y <i>epigramas de Artemidoro</i>
+(Zaragoza, Angelo Tavanno, 1605), fol. 104, usa las dos formas, <i>hacer
+centinela</i> y <i>hacer la posta</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Como a su parecer la bruxa vuela</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y vntada se encarama y precipita,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">assi un soldado, dentro vna garita,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">esto pensaua, <i>haziendo centinela</i>....</span><br />
+</p>
+<hr style="width: 45%" />
+<p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Con esto, se acabó de <i>hazer la posta</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y hallóse en cuerpo, con la pica al hombro.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_403_403" id="Footnote_403_403"></a><a href="#FNanchor_403_403"><span class="label">[403]</span></a> Pues el Diablillo era cojo, píntalo nuestro autor velando
+sobre un solo pie, como cuentan de la grulla, que, en efecto, duerme con
+un pie levantado, y añaden que la que está de centinela para avisar a
+las demás de cualquier peligro tiene sujeta una piedra en ese pie, a fin
+de no dormirse; de donde dijo Mateo Alemán en su <i>Guzmán de Alfarache</i>,
+parte II, libro II, cap. IX: «No hay duda que siempre continuaba velando
+su honestidad, <i>como la grulla, la piedra del amor de Dios levantada del
+suelo</i>....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_404_404" id="Footnote_404_404"></a><a href="#FNanchor_404_404"><span class="label">[404]</span></a> <i>Parecer</i>, significando, más bien que <i>ver, notar</i> o
+<i>advertir</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_405_405" id="Footnote_405_405"></a><a href="#FNanchor_405_405"><span class="label">[405]</span></a> <i>Grosura</i>, en una acepción no registrada en el léxico de
+la Academia, es, como dice Covarrubias, «lo interno y estremo de los
+animales; conuiene a saber, cabeça, pies, y manos, y asadura». En las
+condiciones que se pusieron para el obligado de la carne en la villa y
+corte de Madrid, año de 1624, hay una referente a los despojos, que dice
+(Libros de Gobierno de la Sala de Alcaldes, tomo XIV, fol. 732): «Con
+condición que no sea obligado a dar despojos de carnero, que se entiende
+cabezas y asaduras y vientres, los sábados de cada semana que fueren <i>de
+grossura</i> más de tan solamente al Rey y Reyna nuestros señores y al
+señor ynfante y a los señores del Consejo Real....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_406_406" id="Footnote_406_406"></a><a href="#FNanchor_406_406"><span class="label">[406]</span></a> Dice el señor Bonilla «que se recomendaban como remedios
+de ella [de la opilación] <i>comer barro</i>....» No sé de dónde pudo sacar
+tal especie, cuando precisamente el <i>comer barro</i> era causa de aquella
+enfermedad. Zabaleta, en <i>El día de fiesta por la tarde</i>, capítulo
+referente a <i>El estrado</i>: «Apéanse a este tiempo de vn coche en la
+puerta de la casa vna muger mayor, que tiene el marido en vn govierno en
+las Indias, y vna hija suya donzella <i>opilada</i>, tan sin color como si no
+viuiera. Nadie juzgará que salia del coche para la visita, sino para la
+sepultura. <i>Comía</i> esta doncella <i>barro</i>, linda golosina. ¿Quánto diera
+esta moça por estar enterrada, por tener la boca llena de tierra? Dios
+hizo a esta muger de barro, y ella con el barro se deshaze.» Quevedo, en
+su musa VI, tiene un soneto dirigido <i>A Amarili, que tenía unos pedazos
+de búcaro en la boca, y estaba muy al cabo, de comerlos</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_407_407" id="Footnote_407_407"></a><a href="#FNanchor_407_407"><span class="label">[407]</span></a> <i>Tomar el acero</i>, como dice el <i>Diccionario</i> de
+autoridades, era «remedio que se da a los que están opilados, que se
+compone del acero, de diversas maneras preparado».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_408_408" id="Footnote_408_408"></a><a href="#FNanchor_408_408"><span class="label">[408]</span></a> Llamó <i>Minotauro</i> la mitología clásica al monstruo que
+nació de la unión de Pasifae, mujer de Minos, con un toro. Según
+Apolodoro, Higinio y otros, tenía de hombre el cuerpo y de toro la
+cabeza. Matóle Teseo en el famoso laberinto de Creta.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_409_409" id="Footnote_409_409"></a><a href="#FNanchor_409_409"><span class="label">[409]</span></a> <i>Chisme</i>, femenino, como en el tranco I, donde quedó nota
+(23, 4)[88].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_410_410" id="Footnote_410_410"></a><a href="#FNanchor_410_410"><span class="label">[410]</span></a> <i>Baraja</i>, en su acepción de <i>contienda</i> o <i>reyerta</i>; de
+donde se dijo <i>barajar</i>, «reñir, altercar o contender unos con otros».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_411_411" id="Footnote_411_411"></a><a href="#FNanchor_411_411"><span class="label">[411]</span></a> En la edición príncipe, por mera errata, que copió el
+señor Bonilla, <i>coredores</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_412_412" id="Footnote_412_412"></a><a href="#FNanchor_412_412"><span class="label">[412]</span></a> Sabidísimo es que este asno no era <i>de oro</i>, aunque se
+llamara así al libro en que de él se trata, cosa que parece haber
+olvidado Vélez de Guevara al hacerlo, por su nombre, cabalgadura del
+riquísimo Creso.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_413_413" id="Footnote_413_413"></a><a href="#FNanchor_413_413"><span class="label">[413]</span></a> <i>Velicómen</i>, palabra que intrigó grandemente al señor
+Bonilla en su primera edición de <i>El Diablo Cojuelo</i>, y que antes que
+Vélez había usado Quevedo en <i>La Hora de todos</i>, significa <i>copa</i> o
+vaso, del alemán <i>Wilkommenbecher</i>. No todos se habían olvidado del
+texto del Señor de la Torre de Juan Abad: el maestro Cávia, después de
+cenar con unos amigos, como otros que llegaron les preguntasen qué
+hacían, respondió:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Ya repletos los abdómenes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">alzamos los <i>velicómenes.</i>»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_414_414" id="Footnote_414_414"></a><a href="#FNanchor_414_414"><span class="label">[414]</span></a> <i>Selvajes</i>, que hoy, menos etimológicamente, decimos
+<i>salvajes</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_415_415" id="Footnote_415_415"></a><a href="#FNanchor_415_415"><span class="label">[415]</span></a> <i>Correspondientes</i>, dicho por lo que ahora llamamos
+<i>corresponsales</i>. Castillo Solórzano, <i>La Garduña de Sevilla y anzuelo
+de las bolsas</i>, cap. IV: «Había Marquina tomado por una deuda a un
+<i>correspondiente</i> suyo, que había quebrado, una heredad fuera de la
+ciudad....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_416_416" id="Footnote_416_416"></a><a href="#FNanchor_416_416"><span class="label">[416]</span></a> Entre las diversas marcas con que solía herrarse a los
+esclavos en los siglos XVI y XVII, era la más frecuente la de una S y un
+clavo, para indicar <i>esclavo</i>. Gestoso, en su interesante artículo sobre
+<i>La compraventa de los esclavos en Sevilla</i>, apud <i>Curiosidades antiguas
+sevillanas</i> (Sevilla, 1910), págs. 83 y siguientes, reseña algunos
+documentos en que hay referencias a esta marca. Indicaré uno: en el
+testamento de Pedro García de Quesada (9 de marzo de 1520) se menciona
+«vn esclabo moro del cabo, de hedad de quinze a diez y seys años
+herrado en la cara, en vn carrillo con vna <i>S</i>, y en otro vn clavo, que
+se dize abrahem....» La S y el clavo pasaron pronto a la literatura.
+Baltasar del Alcázar, pág. 5 de mi edición de sus <i>Poesías</i> (Madrid,
+1910):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Pusome en el alma <i>el clavo</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">su dulce nombre <i>y la S</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">porque ninguno pudiese</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">saber de quién soy esclavo.»</span><br />
+</p><p>
+Lope de Vega, en la jorn. III de los <i>Trabajos de Jacob</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«RUBÉN. Señor, todos queremos, pues es justo,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">quedar por tus esclavos:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>eses</i> imprima <i>y clavos</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">en todos nuestros rostros hierro adusto....»</span><br />
+</p><p>
+Y, figuradamente, se dijo <i>echar</i> a uno <i>una ese y un clavo</i> en la
+acepción de tenerle cautivada con beneficios su voluntad. Así en <i>La
+Pícara Justina</i>: «Por cierto, señora, en lo que toca al ofrecerme el
+empréstito, usted <i>me ha echado una ese y un clavo,</i> y una argolla, y un
+virote, y una cadena, y unos grillos....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_417_417" id="Footnote_417_417"></a><a href="#FNanchor_417_417"><span class="label">[417]</span></a> <i>Girándula</i> es, como dice Covarrubias, «cierta rueda
+llena de cohetes, que dando bueltas a la redonda, y girándose, despide
+de sí rayos de fuego a modo de cometa, con muy grandes tronidos».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_418_418" id="Footnote_418_418"></a><a href="#FNanchor_418_418"><span class="label">[418]</span></a> Dice <i>cohetes voladores</i> para diferenciarlos de los
+<i>rastreros</i>, también llamados <i>buscapiés.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_419_419" id="Footnote_419_419"></a><a href="#FNanchor_419_419"><span class="label">[419]</span></a> El mejor <i>brocado</i> era <i>de tres altos</i>, como dije en mis
+notas al <i>Quijote</i> (V, 186, 20).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_420_420" id="Footnote_420_420"></a><a href="#FNanchor_420_420"><span class="label">[420]</span></a> Esta pintura de la instabilidad de la fortuna trae a la
+memoria aquella otra muy notable de Lope, en el acto II de <i>Porfiando
+vence amor</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«FABIO.&nbsp; &nbsp; ¿Sabes cómo es la fortuna?</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">Como un baile de comedia:</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">ella toca, y bailan todos;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">ya están aquestos aquí,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y ya los otros allí,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">mudándose de mil modos.</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">Donde aquél tiene la cara,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">éste las espaldas tiene;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">uno pasa, y otro viene,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y hasta el fin ninguno para.</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">Nadie tiene lugar cierto</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">donde le piensa tener,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">porque todo viene a ser</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">desconcertado concierto.</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">Aquí dos bailando están,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y cuando suelen volver</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">el rostro, ya la mujer</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">baila con otro galán.</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">El que en este sitio estaba,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">ya no está; que siempre vi</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">andar de aquí para allí</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">hasta que el baile se acaba.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_421_421" id="Footnote_421_421"></a><a href="#FNanchor_421_421"><span class="label">[421]</span></a> Popularizado sobremanera aquel romance sobre la muerte de
+don Beltrán en Roncesvalles, en que se lee:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«<i>Con la mucha polvareda,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>perdimos a don Beltrane</i>...»,</span><br />
+</p><p>
+se hizo esta frase topiquillo vulgar y con frecuencia nuestros poetas la
+acomodaron festivamente en sus versos, más o menos variada. Así, por
+ejemplo, Lope de Vega, en la jorn. II de <i>El Buen vecino</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«BITONTO.&nbsp; ...Que son bastantes indicios</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">desto el haberme dejado,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">entre el marcial alarido</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">y la confusa arboleda</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">de las armas, sin sentido,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>con la mucha polvareda,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>como don Beltrán perdido</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Tirso de Molina, en el acto I de <i>Desde Toledo a Madrid</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«CARREÑO.&nbsp; ...Hasta que en una vereda,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>con la grande polvareda,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>perdimos a don Beltrane</i>:</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">digo que a Madrid perdimos</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">de vista....»</span><br />
+</p><p>
+Y, en fin, dejando atrás muchas otras citas, Quevedo, en su romance
+sobre los cuellos (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Los polvos azules truje</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">del rebelado Flamenco,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y con la gran polvareda,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>perdimos a don Dinero</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_422_422" id="Footnote_422_422"></a><a href="#FNanchor_422_422"><span class="label">[422]</span></a> Refiérese, como nota el señor Bonilla, al título de
+ciudad concedido a Carmona por Felipe IV en 1630.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_423_423" id="Footnote_423_423"></a><a href="#FNanchor_423_423"><span class="label">[423]</span></a> Juega de la voz <i>sereno</i>, adjetivo en una parte y
+sustantivo en otra: <i>que nunca le tuvo</i>, es decir, que por ser Carmona
+de cielo tan <i>sereno</i>, no se conoce en ella el <i>sereno</i> o humedad
+atmosférica propia de la noche. A esto atribuye seguidamente el no
+padecerse allí el catarro.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_424_424" id="Footnote_424_424"></a><a href="#FNanchor_424_424"><span class="label">[424]</span></a> De la frase de comedimiento <i>no conocer</i> a uno <i>sino para
+servirle</i> traté en nota del tranco II (38, 14)[133].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_425_425" id="Footnote_425_425"></a><a href="#FNanchor_425_425"><span class="label">[425]</span></a> Aunque hoy, generalmente, llamamos <i>la Giralda</i> a la
+torre de la Catedral de Sevilla, este nombre no es sino el de la esbelta
+y por todos estilos <i>airosa</i> figura que le sirve de remate y veleta: una
+hermosa imagen de la Victoria. He aquí lo que de ella y de la torre dijo
+Alonso Morgado en su <i>Historia de Sevilla</i>... (Sevilla, Andrea Pescioni
+y Juan de León, 1583), pág. 285 de la reimpresión hecha por la efímera
+Sociedad del «Archivo Hispalense» (Sevilla, 1887): «...Toda ella [la
+torre] es quadrada, y cado un lienço en igual proporción de cincuenta
+pies de ancho y en vn mismo nivel de quadro, sin desmenguar ni crecer
+por la parte de afuera poco ni mucho en toda la altura donde vemos las
+campanas.... Desde el suelo hasta en altura de ochenta y siete pies es
+todo raso y sin alguna moldura. Mas desde allí hasta lo más alto, sube
+por medio de cada lienço vna orden de ventanas, y tantas galanterias,
+que hazen hermosissima la vista....» Trata después del cuerpo de
+campanas, y añade: «... y luego vna bola dorada de cinco pies de altura,
+y encima vna Victoria, que es vna hermosa imagen de bronze, en que se
+remata [la torre], dorada y a partes encarnada, do lo ha menester, que
+tiene de altura quatro varas y media de medir, y de peso veynte y ocho
+quintales, con vn ramo en la mano derecha, tambien de bronze, que pesa
+dos quintales, que en tanta distancia de altura le da mucha gracia. Y en
+la mano yzquierda, vna grande vela de quatro quintales, y también de
+bronze, que denota y señala qualquiera viento que corra y sople, tras la
+qual se va la misma Victoria con tanta facilidad y ligereza como si
+fuera vna pluma: tal es el artificio maravilloso sobre que está
+puesta.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_426_426" id="Footnote_426_426"></a><a href="#FNanchor_426_426"><span class="label">[426]</span></a> Los últimos lugares del itinerario de Córdoba a Sevilla,
+según el citado <i>Reportorio</i> de Juan Villuga son:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«a la venta ronquera&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ij</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a la venta <i>peromingo</i>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; j</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a la venta de lorsa&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; media</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a las ventas de las talleras&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; m</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a las ventas de torre blanca&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; j</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">a seuilla&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; j.»</span><br />
+</p><p>
+E igualmente en otras <i>Guías o Reportorios</i> que no hicieron sino copiar
+a Villuga, con tal cual ligera modificación, verbigracia, la <i>Guía de
+caminos para ir y venir por todas las provincias de España</i> que precede
+al <i>Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas missivas, y responder
+en ellas en todos géneros, y especies de correspondencia a lo
+moderno</i>.... (Barcelona, Jayme Ossét, 1765).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_427_427" id="Footnote_427_427"></a><a href="#FNanchor_427_427"><span class="label">[427]</span></a> <i>Senda de plata</i> había llamado Lope de Vega al
+Guadalquivir (<i>La Esclava de su galán</i>, acto I):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ELENA. Divídese Sevilla, como sabes,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">por este ilustre y caudaloso río,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">senda de plata por quien tantas naves</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">le reconocen feudo y señorío.»</span><br />
+</p><p>
+«A la verdad&mdash;dije en el discurso preliminar de mi edición crítica de
+<i>Rinconete y Cortadillo</i> (pág. 15)&mdash;quien desde la esbelta torre de la
+Giralda mira hacia el río por el sitio del puente y de la del Oro, si ha
+leído alguna vez la comedia <i>El Diablo está en Cantillana</i>, del famoso
+ecijano Luis Vélez, no puede menos de recordar aquellos versos de la
+jornada I, en que, después de encarecer la nobleza y bizarría de
+Sevilla, alábala por otras excelencias y dice:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... tan populosa, que, haciendo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">montes de soberbias casas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">impedir quiso que el Betis</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tributase al mar de España;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y él, rompiendo por en medio,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">parece que agora aparta</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de la una parte a Sevilla,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de la otra parte a Triana,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cuyos edificios bellos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">le presentan la batalla,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y, a no estar en medio el río,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pienso que escaramuzaran.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_428_428" id="Footnote_428_428"></a><a href="#FNanchor_428_428"><span class="label">[428]</span></a> <i>Vírgines</i>, a la latina, aún frecuente en el siglo XVII,
+como <i>imágines, volúmines</i>, etc.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_429_429" id="Footnote_429_429"></a><a href="#FNanchor_429_429"><span class="label">[429]</span></a> Hoy, en Sevilla, y hasta en la misma Alcalá, que tiene
+por sobrenombre el nombre de este río, no es raro oír llamarle
+<i>Guadaira</i>, en lugar de <i>Guadaíra</i>, que es como ha de decirse y como se
+dijo por nuestros abuelos. En una <i>Relación</i> del recebimiento de Felipe
+II en Sevilla (1570), por Gaspar Rodríguez:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«Alcalá de <i>Guadayra</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">estaua y tambien Utrera;</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mostrandose placentera,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">con ojos alegres mira</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la gran ganancia que espera.»</span><br />
+</p><p>
+Igualmente Tirso de Molina, en el acto II de <i>En Madrid y en una casa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D.ª MANUELA.&nbsp; ...Aquella estancia, pues, que caudalosa</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">de esquilmos de Amaltea,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">regalo a los sentidos, los recrea,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">en nombre y en efectos deleitosa,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">y por el logro que en sus ondas mira,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">el Betis ronda y baña <i>Guadaíra</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">ocasionaba amena mis recreos.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_430_430" id="Footnote_430_430"></a><a href="#FNanchor_430_430"><span class="label">[430]</span></a> ¿De dónde pudo sacar Vélez de Guevara la errada noticia
+de que el Guadaíra, por medio de los caños de Carmona, surte de agua
+potable a Sevilla, y esto, tan enteramente, que aquel río es el único
+que no paga tributo al mar...? Presumo que lo tomaría, por
+inadvertencia, del epígrafe del capítulo en que Alonso Morgado, en su
+citada <i>Historia de Sevilla</i>, trata «De los caños de Carmona <i>y río que
+entra por ellos en Sevilla</i>, y se reparte en fuentes por toda la ciudad»
+(pág. 148 de la edición moderna). Morgado llamó figuradamente <i>río</i> al
+gran caudal de agua que se conduce por los tales caños, y Vélez, que
+aunque había vivido en Sevilla mucho tiempo, no conocería bien los
+pormenores de su abastecimiento de aguas, vió el dicho epígrafe, y lo
+entendió a la letra. No lo hubiera entendido así a leer el muy raro
+libro del maestro Juan de Mallara intitulado <i>Recebimiento que hizo la
+muy noble y muy leal Ciudad de Seuilla, a la C.R.M. del Rey D. Philipe
+N.S.... Con vna breve descripcion de la Ciudad y su tierra</i> (Sevilla,
+Alonso Escriuano, 1570), en cuyo fol. 132 dice, tratando de Alcalá de
+Guadaíra: «Entre las cosas que tiene de notar es la fuente de los caños
+que llaman de Carmona, no porque vengan de Carmona, sino porque desde
+Torreblanca hasta Sevilla vienen por el mesmo camino y calçada que van a
+Carmona. Ay vna peña leuantada en vn cerro, con vna profunda cueua a
+donde baxan por sus gradas, y halla se siempre allí vn manantial de agua
+tan gruesso como vn cuerpo de vn buey, que de tiempos sin memoria a esta
+nuestra edad ante de Romanos, y despues en todos los siglos esta fuente
+ha estado con el golpe de agua que aora tiene, sin apocarse o
+enturuiarse.... Esta sale por vna canal de piedra tosca. Tiene sus
+acequias, que duran mas de legua y media, yendo algun espacio por dentro
+de los montes, lleuando sus lumbreras a trechos, hasta que viene a dar
+en Torreblanca do passa vn molino, y despues va por vn lado del camino
+hasta la Cruz y allí buelue a mano yzquierda, y comiença a subir desde
+el suelo por arcos de vna vara, y dos, y estado, hasta otro molino donde
+se parte la tercia parte para la huerta del Rey, y de allí van los caños
+leuantandose todo lo que la ciudad tiene de baxa, llegando al peso y
+sitio de Seuilla. Subiendo por cima de la puerta donde está el
+repartimiento del agua, y de allí va por los muros que encaminan a la
+puerta de la Carne hasta el Alcaçar mucha desta agua; en fin, <i>es vn
+grande río</i> [de esto debió de tomar su expresión figurada Alonso
+Morgado] que todo se consume dentro de la ciudad sin salir gota, ni
+bastar Guadalquiuir a no quitar la falta que estos caños hazen, quando
+ay algun impedimento en ellos. El principio desta agua en Alcalá está
+con grande guarda, y tiene su llaue....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_431_431" id="Footnote_431_431"></a><a href="#FNanchor_431_431"><span class="label">[431]</span></a> La <i>blanca</i> valía medio maravedí, y no huelga advertirlo,
+porque muchas personas cultas, dejándose llevar por lo que suena el
+nombre, imaginan que la <i>blanca</i> era una moneda de plata. Por alusión a
+su escasísimo valor se dijeron algunas frases, que registra Covarrubias
+en su <i>Tesoro</i>: «No aver <i>blanca</i>, no tener dinero. No valer vna
+<i>blanca</i>, valer poco. Pagar <i>blanca</i> a <i>blanca</i>, muy poco a poco. De
+tres a <i>blanca</i>, cosa muy vil....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_432_432" id="Footnote_432_432"></a><a href="#FNanchor_432_432"><span class="label">[432]</span></a> Alude a la exención del fuero ordinario de cuantos
+estaban matriculados en la Universidad de Alcalá, como, generalmente, en
+cualquiera otra de las del reino.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_433_433" id="Footnote_433_433"></a><a href="#FNanchor_433_433"><span class="label">[433]</span></a> El mismo Vélez de Guevara había llamado a Sevilla, en la
+jorn. I de <i>Más pesa el rey que la sangre</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Este <i>Cairo español</i>, esta</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Babilonia castellana</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">este ejército de almenas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">este escándalo de casas....»</span><br />
+</p><p>
+Y Ruiz de Alarcón, por boca del gracioso, en el acto II de <i>Ganar
+amigos</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«¡Válgate Dios, confusión</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y embeleco de Sevilla!...</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Un hombre conozco yo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que es tahur, y desde el día</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que a un desdichado inocente</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en el garito empestilla,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">se va al de otro barrio, que es</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">como pasarse a Turquía:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cursa en él hasta pegarle</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a otro blanco con la misma,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y va visitando así</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por sus turnos las ermitas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y en acabando la rueda,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">se vuelve a la más antigua,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">donde, como los tahures</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">se trasiegan cada día,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">o no va ya su acreedor,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">o él hace del que se olvida,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">o tiene conchas la deuda,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">del tiempo largo prescripta.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_434_434" id="Footnote_434_434"></a><a href="#FNanchor_434_434"><span class="label">[434]</span></a> Como escribe Covarrubias, <i>traer la barba sobre el
+hombro</i> es «viuir recatado y con rezelo, como hazen los que tienen
+enemigos, que van bolviendo el rostro a vn lado y a otro....» Es uno de
+los modos de decir que proscribió Quevedo en la <i>Premática</i> de 1600. Y
+Quiñones de Benavente, en su <i>Entremés de las Civilidades</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Dícenme por asombro:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Señor, <i>traé la barba sobre el hombro</i>.»</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">No es buen consejo ése,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">porque si yo trajese</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">la barba sobre el hombro solo un día</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cordero de <i>agnus Dei</i> parecería.»</span><br />
+</p><p>
+Bien que esto último ya se lo tiene Quevedo en el prólogo de su <i>Cuento
+de cuentos</i>: «<i>Andar la barba sobre el hombro</i>, quien lo tuviere por
+buen consejo lo pruebe, y andará hecho corderito de <i>agnus dei</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_435_435" id="Footnote_435_435"></a><a href="#FNanchor_435_435"><span class="label">[435]</span></a> Este edificio, que aun hoy subsiste, es la famosa <i>Casa
+de Pilatos</i>, visitadísima de cuantos curiosos van a Sevilla, por las
+notables riquezas artísticas que contiene. De este nombre ha inducido
+recientemente un escritor italiano, Rosadi, que Pilatos fué natural de
+Sevilla, pues tenía y aun tiene casa en ella(!!!). La Casa de Pilatos
+fué edificada por don Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa y
+duque de Alcalá, cuando volvió de Tierra Santa en 1520. Devotísimo de la
+Pasión de Jesucristo, hizo en Sevilla una <i>Vía Sacra</i>, que empezando en
+su nuevo palacio, que recuerda la fortaleza de la Torre Antonia,
+residencia del gobernador militar de Roma en Jerusalén, terminaba en el
+monumental humilladero de la llamada Cruz del Campo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_436_436" id="Footnote_436_436"></a><a href="#FNanchor_436_436"><span class="label">[436]</span></a> Esto no era ni es así enteramente: no se nombraba <i>el
+Candilejo</i> a la calle en que está <i>la cabeza del Rey don Pedro</i>, pues,
+como dice Pérez y González, «la <i>calle del Candilejo</i> llamábase antes
+<i>de los Cuatro Cantillos</i>, y a la <i>Cabeza del Rey don Pedro</i> le decían
+<i>calle del Velador</i>». El suceso de marras, tan universalmente conocido,
+que holgaría el contarlo una vez más, ocurrió junto a la esquina que
+forman ambas calles. Y añade el docto escritor sevillano que, contra lo
+que creyeron algunos historiógrafos hispalenses, «sábese hoy de modo
+cierto que la primitiva cabeza que mandó hacer y poner el rey don Pedro
+(y que era sólo una cabeza como cortada y separada del cuerpo por el
+hacha del verdugo) no era de piedra. Según testimonio de quien la
+poseyó, recogido por el canónigo doctor don Ambrosio de la Cuesta en un
+tomo de <i>Memorias históricas sevillanas</i>, la cabeza era «de barro,
+cocida y pintada, con el pelo corto, que sólo le cubría el cuello,
+cortado alrededor y cercenado por la frente como entonces se usaba, sin
+bigotes ni barbas, el rostro algo abultado y en la cabeza un bonete
+redondo, traje de aquel tiempo». En dichas <i>Memorias</i> léese también que
+«cuando desapareció aquella cabeza, la Ciudad acordó que se hiciese una
+efigie de piedra, que representase la persona del rey don Pedro en traje
+e insignias reales y se pusiesen las armas de Castilla y León en un
+escudo a costa de la Ciudad y se colocase en un nicho el bulto del Rey,
+de medio cuerpo».
+</p><p>
+De todo ello trató eruditamente don José Gestoso en su <i>Sevilla
+monumental y artística,</i> tomo III, pág. 396, y a esta obra remite Pérez
+y González, y yo con él. En las frecuentes investigaciones que hice
+durante mucho tiempo en el Archivo Municipal de Sevilla, encontré,
+examinando las actas capitulares (escribanía segunda), diversas noticias
+referentes a la nueva <i>Cabeza del rey don Pedro</i>: Cabildos de 30 de
+julio y 24 de septiembre de 1599: Peticiones del escultor Marcos de
+Cabrera para que se le pague su hechura.&mdash;Cabildo de 15 de octubre de
+1604: «... y la echura de la caueza del Rey don Pedro que está en poder
+del jurado Juan de Perea se ponga en el sitio que está mandado.»&mdash;Cabildos
+de 10 de septiembre de 1607 y 26 de septiembre de 1608: Nuevo acuerdo de
+que se ponga en el Candilejo, como estaba prevenido.&mdash;Cabildo de 19 de
+agosto de 1609: Propuso don Fernando de Ulloa que se pusiera en el sitio
+en que está mandado la cabeza del Rey don Pedro.&mdash;Cabildos de 17 y 20 de
+octubre de 1612: Otros acuerdos sobre lo mismo. La piedra de que se hizo
+tal busto se había pagado en 1598. (Libros de Propios, 8 de junio de aquel
+año.)</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_437_437" id="Footnote_437_437"></a><a href="#FNanchor_437_437"><span class="label">[437]</span></a> <i>Cal</i>, por <i>calle</i>, como más adelante (tranco X) <i>cal
+de Tintores</i>. Y fueron tan para en uno, a las veces, la calle y su
+nombre, que se escribieron como una sola palabra (<i>Caldebayona,
+Calderredes</i>), y aun olvidando que el <i>cal</i> no era del nombre,
+rebautizaron en Osuna, mi pueblo natal, la <i>cal de Negros</i> o
+<i>Caldenegros</i>, llamándola <i>calle de Caldenegros</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_438_438" id="Footnote_438_438"></a><a href="#FNanchor_438_438"><span class="label">[438]</span></a> <i>Borciguinería</i>, por asimilación de vocales, en lugar de
+<i>Borceguinería</i>. Esta fué una de las muchas calles que tomaron su nombre
+del repartimiento hecho por San Fernando, porque la señaló para los
+fabricantes de borceguíes. Los modernos, sin tener en cuenta la
+venerable antigüedad del nombre, lo han sustituído por el de <i>Mateos
+Gago</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_439_439" id="Footnote_439_439"></a><a href="#FNanchor_439_439"><span class="label">[439]</span></a> <i>El Atambor</i>, como dice don Félix González de León en su
+<i>Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de Sevilla</i>
+(Sevilla, 1839), pág. 127, era una plazoleta muy pequeña, situada en la
+Borceguinería. La llamarían <i>el Atambor</i> por alusión a su figura y aun
+quizás a su reducido espacio. En ella, al mediar el siglo XVI, había un
+arquillo con una imagen: en 1547 Juan Alemán, deudo propincuo del autor
+del <i>Guzmán de Alfarache</i>, arrendó a Bernardino de Morales unas casas
+«que son el arquillo de la ymagen del <i>atambor</i>». (Archivo de protocolos
+de Sevilla, García de León, libro 3.º de 1547, fol. 2554.) En esta
+plazuela tuvieron su antigua casa los condes de Gelves, hasta que
+trasladaron su morada a la collación de la Magdalena.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_440_440" id="Footnote_440_440"></a><a href="#FNanchor_440_440"><span class="label">[440]</span></a> <i>Calles</i>, y no <i>calle</i>, porque se refiere a la
+propiamente llamada <i>del Agua</i> y a la inmediata <i>del Chorro</i>, ambas de
+la collación de Santa Cruz y pertenecientes a la antigua Alhamía de
+Sevilla. Cerca de ellas, como dice González de León, está el muro de la
+ciudad por donde pasan las aguas de los Caños de Carmona que van al
+vecino Alcázar.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_441_441" id="Footnote_441_441"></a><a href="#FNanchor_441_441"><span class="label">[441]</span></a> «La calle del Agua&mdash;dice el señor Bonilla&mdash;distaba mucho
+de ser recatada, y este vocablo, como advierte el señor Pérez y González
+(obra citada, pág. 113), está empleado por Vélez con intención
+satírica.» Y copia, para demostrarlo, un texto de Cristóbal de Chaves en
+que se habla de cierto rufián que sacó una doncella y «la puso <i>en el
+lugar más público de Sevilla,</i> que era una calle que la llaman <i>del
+Agua</i>, donde había otras muchas mujeres que vivían como las del
+partido». Pero nótese que el mismo texto alegado demuestra que Pérez y
+González y Bonilla no estuvieron en lo cierto. La <i>casa pública</i> se
+llamó así, no porque estuviese en sitio muy <i>público</i> o transitado, sino
+por la condición de sus mujeres. Al contrario, estaba, en todas las
+ciudades y villas, y bien se alcanza por qué, en los lugares más
+escondidos y secretos. Aún hoy no hay mejor medio para lograr que se
+mude a otra casa una mujer de mala nota que tenerle muy alumbrada la
+calle, cosa que retrae a los que hubieran de buscarla. El vicio requiere
+oscuridad, cuando todavía no ha llegado al límite de la desvergüenza.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_442_442" id="Footnote_442_442"></a><a href="#FNanchor_442_442"><span class="label">[442]</span></a> <i>Aplopejía</i>, metátesis vulgar de <i>apoplejía.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_443_443" id="Footnote_443_443"></a><a href="#FNanchor_443_443"><span class="label">[443]</span></a> La historia de los amores de <i>Vireno</i> y <i>Olimpia</i> y del
+consiguiente abandono de ella, está contada por Ludovico Ariosto en los
+cantos IX y X del <i>Orlando furioso</i>. En el <i>Romancero general</i> hay un
+romance (fol. 41 vto.) en que Olimpia, ya abandonada, se lamenta de la
+deslealtad de su amante:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">«Svbida en vn alta roca</span><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">donde bate el mar insano,</span><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">del engañoso Bireno</span><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">Olimpia se quexa en vano.</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">Traidor tirano.»</span><br />
+</p><p>
+Y Altisidora, en el <i>Quijote</i> (II, 57), apostrofa en burlas al desdeñoso
+Caballero manchego, diciéndole:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«<i>Cruel Vireno</i>, fugitivo Eneas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Barrabás te acompañe, allá te avengas.»</span><br />
+</p><p>
+La frase <i>de mala mano</i>, que falta en el <i>Diccionario</i> de la Academia,
+se decía de los malos pintores y de sus obras, y de ahí se pasó a
+decirlo figuradamente de otras muchas cosas, equivaliendo a <i>de mala
+calidad</i> o <i>de poco mérito.</i> Véanse algunos ejemplos. <i>Quijote</i>, II, 52:
+«Las nuevas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija <i>con un
+pintor de mala mano....</i>» Lope de Vega, en el acto I de <i>Santiago el
+Verde</i>, por boca de Celia, refiriéndose a que se solían pintar buenas
+manos en los retratos:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Los pintores dan en eso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">porque, por lo menos, digan</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que es de buena mano el lienzo</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Y Castillo Solórzano, en el <i>Entremés del Casamentero</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«MUJER. ¿Un poeta en crepúsculo? Bien dijo:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">que hay versos que, con ser <i>de mala mano</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">por escuros parecen del Ticiano.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_444_444" id="Footnote_444_444"></a><a href="#FNanchor_444_444"><span class="label">[444]</span></a> Alude nuestro autor a la vulgar creencia de que el
+avestruz digiere el hierro. A lo propio se refirió Rojas Zorrilla en la
+jorn. I de <i>El Desafío de Carlos Quinto</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D.ª LEONOR. Ea, don Luis, vuelve en ti;</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">tu brazo la pica empuñe;</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">el coselete en tu pecho</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">al Otomano deslumbre;</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>digiere aquel hierro ardiente</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>que el tiro de bronce escupe,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;">y sean para sus balas</span><br />
+<span style="margin-left: 8.5em;"><i>tus entrañas avestruces</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_445_445" id="Footnote_445_445"></a><a href="#FNanchor_445_445"><span class="label">[445]</span></a> A ser esto así, se habría acrecentado su peso en ocho
+arrobas desde el tiempo en que Morgado escribió su <i>Historia de
+Sevilla</i>, pues dijo en ella (pág. 317 de la reimpresión): «En lo que
+menos se imagina, se manifiesta también la gran magestad y riqueza de la
+Sancta Iglesia. Pues ¿quién dirá que el Cirio Pascual (que a su tiempo
+se pone en la Capilla Mayor muy dorado y labrado) tiene de peso <i>setenta
+y seys arrobas de cera</i>?»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_446_446" id="Footnote_446_446"></a><a href="#FNanchor_446_446"><span class="label">[446]</span></a> De este famoso candelero dice Morgado en su <i>Historia</i>
+<i>de Sevilla</i> que «es la mayor parte de bronze», y que lo juzgan «por el
+más curioso y que más tiene que ver (con quinze figuras de Sanctos de
+bulto por el alto) que otro ninguno. El qual por su mucho peso tiene en
+los assientos sus ruedas de bronze, con que lo llevan dende la
+sachristia, donde se guarda, al choro por las semanas sanctas». Con
+hipérbole andaluza trató del cirio pascual y del tenebrario de la
+Catedral de Sevilla aquel <i>cicerone</i> que figura en <i>Los Antoios de meior
+vista</i> de Rodrigo Fernández de Ribera (fol. 6 de la edición príncipe):
+«¿A visto v.m., dijo, un Candelero de Tinieblas, en que se ingieren las
+velas con que se dicen? Pues dos mil i sietecientos i treinta i seis
+quintales, docientas arrobas i diez libras de bronce tiene, i creo que
+cinco onças. Poco cree v.m. de tanto peso, repliqué yo. Pero todo me le
+[e]chó encima quando me lo acabó de decir, i sin dejarme respirar,
+aunque dejó el Candelero, prosiguió: Pues si v.m. aguarda a la Pasqua
+Florida, que bien podrá por esto solo (i era por san Iuán), verá un
+Cirio, que de solo cera, sin el pavilo, que es de algodon de la India de
+Portugal, i se trae para solo esto cargada una nave.... Ahorrele la
+traída de la cera, i quedeme a descansar entre tanto algodon....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_447_447" id="Footnote_447_447"></a><a href="#FNanchor_447_447"><span class="label">[447]</span></a> De esta famosa custodia dice Morgado (pág. 313 de su
+<i>Historia de Sevilla</i>) que Juan de Arfe tardó seis años en hacerla, y
+añade: «Tiene de altor tres varas y media, sin la Cruz de vna quarta que
+lleva por remate. Tiene de peso mil y trezientos marcos, que hazen
+veynte y seys arrobas de plata, y de costa treynta y seys mil ducados,
+con todas hechuras....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_448_448" id="Footnote_448_448"></a><a href="#FNanchor_448_448"><span class="label">[448]</span></a> El antiguo monumento de la Catedral de Sevilla, al
+cual&mdash;dice Morgado (pág. 314)&mdash;«con razonable conjetura se le da el
+nombre de Templo de Salomón..., es de forma octógona, con quatro vistas
+principales, de a nueve pies de coluna a coluna, y otras quatro vistas
+menores con la mitad de claro de las mayores».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_449_449" id="Footnote_449_449"></a><a href="#FNanchor_449_449"><span class="label">[449]</span></a> Nuestro autor juega del vocablo, por el doble significado
+de <i>lonja</i>, y alude a que la de Sevilla, como San Lorenzo del Escorial,
+fué traza de Juan de Herrera. La universidad de mercaderes sevillanos
+acordó en 1585 levantar este soberbio edificio frente a la puerta de San
+Cristóbal, de la Catedral, y en él se empezó a negociar a 14 de agosto
+de 1598.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_450_450" id="Footnote_450_450"></a><a href="#FNanchor_450_450"><span class="label">[450]</span></a> Así, <i>Adtlante</i>, en la edición príncipe, y aun pudo decir
+<i>Adlante</i>, sin la <i>t</i>, porque así solía y suele pronunciarlo el vulgo.
+En otro lugar (tranco X) leeremos <i>ridmo</i>, por <i>ritmo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_451_451" id="Footnote_451_451"></a><a href="#FNanchor_451_451"><span class="label">[451]</span></a> Acerca del <i>Retiro</i>, o <i>Buen Retiro</i>, el curioso puede
+ver el interesante capítulo que le dedicó Mesonero Romanos en <i>El
+Antiguo Madrid</i>, tomo II, págs. 161-175. Para una nota baste decir que
+la fundación de este real sitio se empezó el año de 1631, por lo que se
+llamó <i>el Gallinero</i>, junto a la huerta de San Jerónimo; que en 1632 se
+terminaron la plaza y cuerpo principal del palacio; que en octubre del
+mismo año se efectuó en ella algún juego de cañas, y que de entonces en
+adelante el Retiro fué lugar de frecuentes y fastuosos divertimientos
+cortesanos, entre los cuales tuvieron preferencia las representaciones
+de obras de los más celebrados autores de aquel tiempo: Calderón de la
+Barca, Mendoza, Solís, etc. De los antiguos edificios del Retiro sólo
+uno resta en pie: el vulgarmente llamado <i>el Casón,</i> donde al presente
+está instalado el Museo de Reproducciones Artísticas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_452_452" id="Footnote_452_452"></a><a href="#FNanchor_452_452"><span class="label">[452]</span></a> Muchas ediciones leyeron <i>enjauladas</i>, siguiendo a la de
+Zaragoza, 1671. En la de Vigo, 1902, el señor Bonilla declaró que
+«<i>enjaguadas</i> está por <i>purificadas</i> o <i>depuradas</i>», e intentó apoyarlo
+en Covarrubias y el <i>Diccionario</i> de autoridades. Pérez y González,
+entendiendo que en el pasaje del texto «ni el <i>enjaguar</i> ni el
+<i>enjuagar</i> ni el <i>enjaular</i> encajan», conjeturó que se trataba de una
+errata y que debía leerse <i>amen-guadas</i> donde la edición príncipe
+estampó <i>enja-guadas</i>, «y cuando menos&mdash;añadió&mdash;, el sentido de la frase
+quedará completo y claro, sin necesidad de meter las grandezas en jaulas
+como si fueran loros, ni de echarlas en lavaderos como si se tratara de
+ropa sucia». En su edición de 1910 Bonilla insiste en que «<i>enjaguadas</i>
+(metátesis de <i>enjuagadas</i>) encaja perfectamente en el texto», pues al
+decirse del Real Salón del Buen Retiro que «todas las admiraciones
+vienen cortas, y las mayores grandezas <i>enjaguadas</i>», se da a entender
+«que toda alabanza era escasa, y que las mayores grandezas se
+encontraban allí <i>mejoradas, depuradas, purificadas,</i> elevadas a un
+grado superior».
+</p><p>
+Creo que serán contados los que acompañen al señor Bonilla en la
+persuasión de que, entendido como él propone, queda claro el sentido del
+pasaje, y por ello he de probar a explicarlo. <i>Enjaguar</i>, de donde por
+metátesis se dijo <i>enjuagar</i>, proviene de <i>ex aquare</i>, y ante todas
+cosas significa <i>ensaguar</i>, o <i>enaguar</i>, esto es, <i>aguar</i>, una de cuyas
+acepciones vulgares, regístrela o no el <i>Diccionario</i>, equivale a
+aminorar de calidad alguna cosa, como sucede al vino cuando se agua.
+Entendido así, está clara la expresión, y se conserva el paralelismo o
+correlatividad que existe (siquiera no la viese el señor Bonilla) entre
+la afirmación de que «todas las admiraciones vienen cortas», y la otra
+afirmación de que «las mayores grandezas [vienen] <i>enjaguadas</i>», o
+<i>aguadas</i>, que es como decir, <i>bastardeadas</i>, o <i>desmejoradas:
+frustradas</i>; que esta acepción, figuradamente, suele tener el verbo
+<i>aguar</i>, y así se dice <i>se aguó la fiesta; me aguaron el contento</i>.
+Quien dude que <i>enjaguar o ensaguar</i> significa ante todo <i>aguar</i>, vea si
+<i>ensangostar</i> y <i>ensanchar</i> (de <i>ex angustare</i> y <i>ex ampliare</i>) no
+significan respectivamente <i>angostar</i> y <i>anchar</i>, verbo este último que,
+como <i>enanchar</i>, se usa en Andalucía y en algunas repúblicas
+hispanoamericanas.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_453_453" id="Footnote_453_453"></a><a href="#FNanchor_453_453"><span class="label">[453]</span></a> De la enormidad de riquezas que solían pasar por la Casa
+de la Contratación de Indias dije algo en el discurso preliminar de mi
+edición crítica de <i>Rinconete y Cortadillo</i>, pág. 11.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_454_454" id="Footnote_454_454"></a><a href="#FNanchor_454_454"><span class="label">[454]</span></a> Tratando de la Plaza de la Universidad y Colegio de Maese
+Rodrigo, dice don Félix González de León en su <i>Noticia artística,
+histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos
+de ... Sevilla, y de muchas casas particulares</i> ... (Sevilla, 1844),
+tomo I, pág. 146: «La casa oriunda de los señores Vicentelos de Leca,
+hoy Condes de Cantillana, es otro de los edificios que están en esta
+plaza, como ya se dijo. Esta casa, comúnmente conocida por la <i>del
+Corzo</i>..., es una de las magníficas de esta gran población. Se entra por
+un patio zaguán en que, como en todas las principales, están las
+cocheras, caballerizas y cuartos de criados, y se pasa al patio,
+cuadrado, diáfano y alegre, con sus respectivos corredores bajos y altos
+formados de arcos sobre iguales y hermosas columnas de mármol. En él
+están las multiplicadas y amplias habitaciones, muchas de ellas,
+cubiertas sus paredes de ricos alicatados de buenos azulejos, y el piso
+de losas de Génova. Hay también ameno y delicioso jardín y las piezas
+del piso alto están cubiertas de muy costosos artesonados.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_455_455" id="Footnote_455_455"></a><a href="#FNanchor_455_455"><span class="label">[455]</span></a> Quiere decir que así como es forzoso a las personas
+cumplir con la parroquia, esto es, confesar y comulgar, a lo menos una
+vez en el año, así también era forzoso a los toros tarifeños y jarameños
+experimentar cada año los rejones del Conde de Cantillana. Es juego de
+palabras revesado, sobre irreverente.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_456_456" id="Footnote_456_456"></a><a href="#FNanchor_456_456"><span class="label">[456]</span></a> Pedro de Medina, corregido y ampliado por el rondeño
+Diego Pérez de Mesa, <i>Primera y segunda parte de las grandezas y cosas
+notables de España</i> (Alcalá de Henares, 1590), fol. 128 vto.: «Ay en
+Seuilla vna casa de moneda que a mi parecer es la mexor del mundo, y
+donde más moneda se labra. Porque ordinariamente andan labrando y
+batiendo la moneda ciento y ochenta hombres: de manera, que cada día se
+labran setecientos marcos de oro y plata. Haze admiracion ver los
+montones de moneda que en ella ay. Desta casa salen continuamente requas
+cargadas de oro y plata amonedada, como si fuesse otra mercaduría
+común.... Cárganse en esta ciudad [de mercaderías] para solamente las
+Indias más de cien naos cada año, y la mayor parte de las mismas naos
+vueluen cargadas de oro y plata y otras riquezas....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_457_457" id="Footnote_457_457"></a><a href="#FNanchor_457_457"><span class="label">[457]</span></a> De la antigua puente de barcas de Sevilla dijo Lope de
+Vega en el acto I de <i>La Esclava de su galán</i>, refiriéndose al casco de
+la ciudad y a su populoso y alegre barrio de Triana:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ELENA.&nbsp; ... en esta puente de maderos graves,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">sin pies que toquen a su centro frío,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">mano que las dos partes divididas</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">por una y otra orilla tiene asidas.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_458_458" id="Footnote_458_458"></a><a href="#FNanchor_458_458"><span class="label">[458]</span></a> Por estar el monasterio de las Cuevas a <i>la lengua del
+agua</i>, llamaban vulgarmente <i>espantaalbures</i> a la campana con que sus
+monjes tocaban a maitines. Lope de Vega, en el acto III de <i>El Amigo
+hasta la muerte</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«GUZMÁN.&nbsp; ...Cené y brindé por tu salud en tanto,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">incitado de almejas temerarias;</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">pero apenas sonaba <i>espantaalbures</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">(ya sabes que es campana de las Cuevas),</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">cuando, llamando un envarado destos</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">con seis esbirros, me metió en la cárcel.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_459_459" id="Footnote_459_459"></a><a href="#FNanchor_459_459"><span class="label">[459]</span></a> El señor Bonilla, por muy disculpable distracción, leyó
+<i>del Guadalquivir</i>. De ordinario no se ponía artículo a los nombres de
+los ríos, como indiqué en mis notas a <i>El Licenciado Vidriera (Novelas
+ejemplares de Cervantes</i>, tomo II, 9, 3, edición de <i>Clásicos
+Castellanos</i>).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_460_460" id="Footnote_460_460"></a><a href="#FNanchor_460_460"><span class="label">[460]</span></a> No <i>todos</i> los romances de moros; pero sí algunos,
+especialmente los de la serie de Gazul, incluída en el <i>Romancero
+general</i>. Al fol. 4, verbigracia:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Por la playa de Sanlucar</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">galan passeando viene</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">el animoso Ganzul <i>(sic)</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de blanco, morado y verde.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Quiérese partir el moro</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>a jugar cañas a Gelues</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_461_461" id="Footnote_461_461"></a><a href="#FNanchor_461_461"><span class="label">[461]</span></a> En la edición príncipe, <i>da sus ilustres condes</i>,
+evidentemente por errata.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_462_462" id="Footnote_462_462"></a><a href="#FNanchor_462_462"><span class="label">[462]</span></a> Estos dos versos están impresos corridamente, como prosa,
+en la edición original.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_463_463" id="Footnote_463_463"></a><a href="#FNanchor_463_463"><span class="label">[463]</span></a> Refiérese a la huerta del Alamillo, que estaba próxima a
+las Cuevas y, como este monasterio, a la orilla derecha del
+Guadalquivir. Eran famosos los <i>sábalos del Alamillo</i>, y Lope de Vega,
+en la jorn. I de <i>Los Vargas de Castilla</i>, los recordó por boca de
+Millán:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Adiós, Sevilla soberbio...,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">pan de Gandul de mi vida,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">roscas de Utrera del cielo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">alcaparrón como el puño,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">aceitunas como el cuerpo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>sábalos del Alamillo</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_464_464" id="Footnote_464_464"></a><a href="#FNanchor_464_464"><span class="label">[464]</span></a> Así la edición príncipe; pero quizá es errata, por <i>los
+Zúñigas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_465_465" id="Footnote_465_465"></a><a href="#FNanchor_465_465"><span class="label">[465]</span></a> <i>De Medina Sidonia</i>, quiere decir.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_466_466" id="Footnote_466_466"></a><a href="#FNanchor_466_466"><span class="label">[466]</span></a> Cuando estos elogios salieron a luz, el duque don Gaspar
+Alonso de Guzmán el Bueno había dejado de merecerlos de todo en todo,
+por un hecho harto deplorable: por la traidora confabulación para
+separar a Portugal y Andalucía de la obediencia de Felipe IV. Véase
+resumida esta negra historia en mi libro intitulado <i>Pedro Espinosa</i>
+(Madrid, 1906), págs. 313 y siguientes.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_467_467" id="Footnote_467_467"></a><a href="#FNanchor_467_467"><span class="label">[467]</span></a> A don Francisco Zapata, conde de Barajas, se debió, en
+efecto, el saneamiento de aquella parte de la ciudad que se llamaba la
+Laguna, convertida por él en deleitosa alameda, hermoseada con tres
+copiosas fuentes, que en 1587, cuando Morgado publicó su <i>Historia de
+Sevilla</i>, regaban todo el año «los mil y setecientos árboles que, entre
+alisos, alamos blancos, naranjos, cipreses y árboles de parayso, fueron
+en esta Laguna plantados....» A la entrada de la nueva Alameda, sobre
+grandes pedestales, se colocaron dos esbeltas columnas, gruesas de
+catorce palmos en redondo y altas de cuatro estados, y encima de ellas,
+respectivamente, las estatuas de Hércules, fundador de la ciudad, y
+Julio César, que la cercó de murallas. Toda esta obra se acabó el año de
+1574, y ha de reconocerse que salió mal su cuenta al Conde de Barajas,
+pues queriendo que la hermosa Alameda sirviese para honesto solaz y
+esparcimiento de Sevilla, no lo vió conseguido; antes cargó sobre ella,
+especialmente en las noches de la primavera y el verano, tal turba de
+mujeres perdidas y de mancebillos boquirrubios y hombres pícaros y
+arrufianados, que cuatro años despues, en 1578, Vicente Espinel, que
+vivió muy desbaratadamente una temporada en la ciudad del Betis, comenzó
+así la <i>Sátira contra las damas de Sevilla</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Invicto César, Hércules famoso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">espeio y luz de valerosos pechos,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">patrones deste suelo venturoso,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ya que permite el hado que estéis hechos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de la Alameda vigilantes guardas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">injusto premio a tan gallardos pechos....»</span><br />
+</p><p>
+Y dijo después:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Vuelva Zapata y su jardín reforme;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que pues le hizo al culto de Diana,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">no es bien que en putería se transforme.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_468_468" id="Footnote_468_468"></a><a href="#FNanchor_468_468"><span class="label">[468]</span></a> <i>Disignio</i>, dicho un poco a la italiana; y aun
+enteramente en italiano <i>(disegno)</i> lo escribió tal cual vez el
+sevillano Juan de la Cueva:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 12.5em;">«... quel Francés furioso</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">viene a nosotros con <i>diseños</i> fieros.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_469_469" id="Footnote_469_469"></a><a href="#FNanchor_469_469"><span class="label">[469]</span></a> Era Tomasa, en lo tornajona, como la célebre Marica del
+romance de Quevedo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Tomando estaba sudores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Marica en el hospital;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que el tomar era costumbre</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y el remedio era sudar.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_470_470" id="Footnote_470_470"></a><a href="#FNanchor_470_470"><span class="label">[470]</span></a> <i>Como unos hermanos</i>, es decir, como unos cuadrilleros de
+la Santa Hermandad que fuesen con requisitoria en busca de algún
+malhechor.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_471_471" id="Footnote_471_471"></a><a href="#FNanchor_471_471"><span class="label">[471]</span></a> <i>Regalados</i>, en la acepción de <i>agradables</i> y
+<i>deleitosos</i> como dijo Lope de Vega:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Pan de Sevilla, <i>regalado</i> y tierno,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">masado por la blanca y limpia mano</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de alguna que os quisiera para yerno.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_472_472" id="Footnote_472_472"></a><a href="#FNanchor_472_472"><span class="label">[472]</span></a> Hasta ahora han sido inútiles cuantas diligencias se han
+practicado para averiguar por qué se llamara <i>de Gallegos</i> este
+celebrado pan. Presumo que se apellidaría <i>Gallegos</i> el panadero que lo
+fabricaba.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_473_473" id="Footnote_473_473"></a><a href="#FNanchor_473_473"><span class="label">[473]</span></a> <i>En él,</i> refiriéndose <i>al Prado</i>, y claro que no <i>al
+espejo</i> como en rigor gramatical podría colegirse.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_474_474" id="Footnote_474_474"></a><a href="#FNanchor_474_474"><span class="label">[474]</span></a> Ocurren aquí, como en el tranco II (56, 3)[173] dos versos
+en decasílabos ocasionales:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... <i>comen alas del viento por cebada,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>no quiero que dejemos a Sevilla</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_475_475" id="Footnote_475_475"></a><a href="#FNanchor_475_475"><span class="label">[475]</span></a> El hallarse muy bien el Cojuelo en Sevilla conviene con
+lo que Santa Teresa de Jesús dijo de esta ciudad en el cap. XXV de su
+<i>Libro de las Fundaciones</i>: «No sé si la misma clima de la tierra, que
+he oído siempre decir <i>los demonios tienen más mano allí para tentar</i>,
+que se la debe de dar Dios, y en esto me apretaron a mí, que nunca me vi
+más pusilánime y cobarde en mi vida que allí me hallé: yo, cierto, a mí
+mesma no me conocía.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_476_476" id="Footnote_476_476"></a><a href="#FNanchor_476_476"><span class="label">[476]</span></a> <i>Alfaneques</i> se llamaban unos halcones muy usados por los
+cazadores de cetrería, y <i>volar</i> está dicho, no en la acepción
+germanesca de <i>hurtar</i>, como creyó el señor Bonilla, sino, aunque
+figuradamente, en la cinegética de hacer que el ave se levante y vuele.
+<i>Bretón</i> sí está usado en la genérica y germanesca de <i>extranjero</i>. Así,
+la frase <i>alfaneque de volar una bolsa de bretón</i> equivale a tercera a
+propósito para trasponer la bolsa de cualquier extranjero incauto desde
+la faldriquera de éste a las sonrosadas uñas de cualquiera doncellita de
+alquiler.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_477_477" id="Footnote_477_477"></a><a href="#FNanchor_477_477"><span class="label">[477]</span></a> <i>Doncelliponiente</i>, a imitación de <i>barbiponiente</i> o
+<i>barbipungente</i>, que se dice del mancebo a quien empieza a salir la
+barba, pero también del principiante en una facultad u oficio. Nuestro
+autor, pues, llama <i>doncelliponientes</i> a las jóvenes aún poco
+experimentadas en la venta y reventa de su doncellez, y necesitadas, por
+tanto, de los sabios consejos de la experta mulata.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_478_478" id="Footnote_478_478"></a><a href="#FNanchor_478_478"><span class="label">[478]</span></a> <i>Acuchillado</i>, esto es, abierta a trechos la tela y
+puestos en las aberturas piezas fusiformes de otro tejido, de color
+diferente de aquélla.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_479_479" id="Footnote_479_479"></a><a href="#FNanchor_479_479"><span class="label">[479]</span></a> Llamaban y llamamos <i>cotonía</i> a cierta tela hecha de hilo
+de <i>algodón.</i> Son tan añejos esta tela y su nombre, que nuestro vulgo,
+cuando quiere ponderar la antigüedad de un dicho o costumbre, suele
+decir: «Eso es más viejo que la <i>cotonía.</i>»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_480_480" id="Footnote_480_480"></a><a href="#FNanchor_480_480"><span class="label">[480]</span></a> <i>Ponleví</i>, del francés <i>pont levis, puente levadiza</i>.
+«Forma especial&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de la Academia&mdash;que se dió a los
+zapatos y chapines, según moda traída de Francia. El tacón era de
+madera, muy alto, inclinado hacia adelante y con disminución progresiva
+por su parte semicircular, desde su arranque hasta abajo.» A mi ver,
+huelga en esta definición la referencia a los chapines, pues éstos jamás
+tuvieron tacón; al contrario, el zapato con tacón vino a sustituírlos,
+dando, aunque sólo en el carcañal, la altura que el chapín daba a todo
+el pie. Al tacón solían llamar <i>talón.</i> Lope, en el acto I de <i>El
+Desprecio agradecido</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. BERNARDO. Cien escudos tenéis ciertos</span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">por un zapatillo suyo.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">INÉS.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ¿Tan prestísimo?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D. BERNARDO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Soy tierno.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">INÉS.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Pues ¿para qué le queréis?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D. BERNARDO.&nbsp; Para traerle aquí dentro.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">INÉS.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Son <i>de ponleví: el talón</i></span><br />
+<span style="margin-left: 9em;">os hará mal en el pecho.»</span><br />
+</p><p>
+Como el <i>tacón,</i> terminado en semicírculo pequeño, venía a acabar hacia
+la mitad del largo del zapato, tal como hoy, los pies mayores parecían
+diminutos, especialmente en la huella. El mismo Lope, en el acto I de
+<i>Las Bizarrías de Belisa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«TELLO. ...Hay enanas; las hay con larga trampa:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">unas con pie de apóstol, <i>consoladas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>del ponleví, que imprime poca estampa</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_481_481" id="Footnote_481_481"></a><a href="#FNanchor_481_481"><span class="label">[481]</span></a> «<i>Escarpín</i>&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de autoridades&mdash;,
+funda pequeña de lienzo blanco con que se viste y cubre el pie, y se
+pone debaxo de la media o calza.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_482_482" id="Footnote_482_482"></a><a href="#FNanchor_482_482"><span class="label">[482]</span></a> <i>Tapetado</i>, según Covarrubias, es el cuero envesado, dado
+color negro. En el auto de <i>La Paciencia de Job</i>, de autor anónimo, dice
+el bobo a Satán:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«¿Mi hermano sois vos? Si tal ha parido</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mi madre, yo muera vestido y calzado:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mi madre era blanca, vos sois <i>tapetado</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Y Quevedo, describiendo una <i>Boda de negros</i> (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Iba afeitada la novia</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">todo el <i>tapetado</i> gesto</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">con hollín y con carbón</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y con tinta de sombreros.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_483_483" id="Footnote_483_483"></a><a href="#FNanchor_483_483"><span class="label">[483]</span></a> <i>Se subía a tocar</i>, es decir, a <i>tocarse</i>, a arreglar su
+tocado; pero, jugando del verbo <i>tocar</i>, añade lo de <i>tocar de la
+tarántula,</i> por alusión a que se hacía <i>tocar</i> o tentar el cabello por
+la <i>tarántula</i> de sus dedos; que eso semejaban con el teclear por toda
+la cabeza. No hay aquí, pues, contra lo que imaginaron los señores Durán
+y Bonilla, referencia alguna a la música o tonada llamada <i>de la
+tarántula.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_484_484" id="Footnote_484_484"></a><a href="#FNanchor_484_484"><span class="label">[484]</span></a> <i>Espejo de armar</i>, expresión que el léxico de la Academia
+da por anticuada, siendo así que se usó mucho en los siglos XVI y XVII,
+es&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de autoridades&mdash;«el que es de bastante grandor
+para poder verse en él todo el cuerpo humano u la mayor parte de él».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_485_485" id="Footnote_485_485"></a><a href="#FNanchor_485_485"><span class="label">[485]</span></a> Leo <i>nigromancía</i> (y no <i>nigromancia</i>, al uso de hoy),
+porque en el siglo XVII aún se pronunciaba así. Calderón, en la jorn. I
+de <i>El Jardín de Falerina</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LISIDANTE. Tú, que, sabia, la gran <i>piromancía</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">escribes en pirámides de fuego....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">MARFISA.&nbsp; &nbsp; Tú, que en el aire, a los conjuros ciego,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">das a las aves la <i>eteromancía</i>....</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LISIDANTE.&nbsp; Tú, que en sepulcros la <i>nigromancía</i></span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">ejecutas....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_486_486" id="Footnote_486_486"></a><a href="#FNanchor_486_486"><span class="label">[486]</span></a> Visto que el <i>Diccionario</i> de la Academia sólo dice que
+<i>echar las habas</i> es «hacer hechizos o sortilegios», el señor Bonilla ha
+reparado muy justamente: «Pero claro es que los <i>hechizos</i> o
+<i>sortilegios</i> se podían hacer de muchas maneras, y una de ellas era
+<i>echando las habas</i>.» Y esto advertido, cita dos versos de Quevedo, que
+dicen:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«En mi vida <i>eché las habas</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">antes me echaba a mí propia»,</span><br />
+</p><p>
+y con ellos da por terminada su nota. Nos quedamos, por tanto, sin saber
+qué era <i>echar las habas</i>, aun después de ver bien rectificada la
+definición de la Academia.
+</p><p>
+<i>Echemos las habas</i>: quiero decir, veamos cómo y para qué se echaban,
+aunque esta nota exceda de la extensión que de ordinario tienen las del
+presente libro. Y para lograr bien nuestro propósito, tomemos por
+maestras a las mismas gitanas que poco antes del año 1633 (tiempo en que
+ya la Rufina María del texto practicaba esas habilidades) tenían por
+discípula, en la villa y corte de Madrid, a doña Antonia Mexía, la cual,
+pesarosa, después, de su aprendizaje, se denunció al Tribunal del Santo
+Oficio (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo 91 de
+causas, número 176), manifestando, entre otras cosas: «Que las dichas
+gitanas le enseñaron <i>la suerte de las habas</i> en esta manera...: que
+tomase nueue hauas, un poco de carbon, un grano de sal, un poco de çera,
+un ochauo, un poco de piedra lumbre, un poco de açufre, un poco de pan,
+un poco de paño colorado, un poco de paño açul, y que las dos de las
+hauas las señalase mordiendolas, o las más que quisiese, diciendo este
+es Juan (su marido), este es Francisco, y esta Catalina, y que si
+saliese la mordida, que es la persona que se quiere, junto al carbon,
+significa noche; si junto a la sal, gusto; junto a çera, martelo, que
+quiere deçir golpe, porraço o cosa semejante; junto al ochauo, que abrá
+dinero; junto a la piedra alumbre, con lo colorado, sangre; y junto a
+lo açul, çelos; y junto al açufre, si sale con la sal, oro, y si sale
+solo, pesadumbre; junto al pan, que abrá comida....»
+</p><p>
+La sentencia de otro proceso inquisitorial, dictada en 1638, acaso en
+los mismos días en que Vélez de Guevara revelaba las aficiones
+hechicerescas de Rufina, nos permite ver en funciones a Isabel Bautista,
+natural de Sevilla, quizá trianera como la mulata huéspeda del Cojuelo y
+de don Cleofás (Inquisición de Toledo, legajo 82, núm. 26): «... sacó una
+bolsilla colorada con unas habas, y las echó, y entre ellas un poco de
+paño azul, y alumbre, y un poco de carbon, y un medio real, y otro
+pedazo de grana, diciendo que el paño azul significaba celos, y el
+alumbre, y el carbón, noche, y el medio real, que les habían de dar
+plata, y echó vn maravedí, que significaba que les habían de dar
+cuartos, y el paño de grana, alegría, todo lo qual echó sobre vn paño
+colorado, y las dichas habas traya a la mano halagándolas «hijitas mias,
+decid la verdad», y luego las soltaba, y en cayendo las habas las decía:
+«Rociadas con el rocio del cielo», y hablaba entre dientes, que no se le
+entendía lo que decía, y volvió a decir: «Vosotras decid la verdad, que
+la decis más que el Evangelio»; y a la dicha muger le dijo señalando
+vnas habas: «Este es tu padre, esta eres tú y esta tu madre; ya viene
+por el camino; muy pronto le verás», señalando entre las habas y las
+demás cosas el camino que decía por donde venía.» La propia Isabel
+Bautista había declarado en su confesión «... que era verdad que echó
+las habas, y que eran nueve pares, todas señaladas cuál era macho y
+hembra; que echaba además una haba partida y que las palabras que decía
+entre dientes eran santas y buenas, porque decía:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5em;">«Con San Pedro y San Pablo</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">y el apostol Santiago</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">y con el bienaventurado San Cebrian,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">suertes echasteis en la mar;</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">muertas las echasteis,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">vivas las sacasteis;</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">así me saqueis</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">vivas y verdaderas estas suertes.</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Si fulano ha de venir,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">salga en camino»;</span><br />
+</p><p>
+que era hacer camino las habas, apartándose unas de otras, que era que
+venía la persona que esperaban, y si se juntaban, era que no venía, y si
+salía el haba junto al carbón, era que venía de noche, y si junto al
+paño colorado, era alegría, y si junto a la sal, que habían de tener
+gusto, y si junto al ochavo, que le darían dineros, y si salía el haba
+junto al haba partida, era ropa que le habían de dar....» También solían
+echar entre las demás cosas un pedazo de yeso blanco, que significaba
+dolor, y un cantillo redondo de haba, que representaba a la iglesia.
+Algunas echadoras de habas, antes de empezar a practicar con ellas, las
+bautizaban, metiéndolas en las pilas del agua bendita de tres templos, y
+el conjurarlas antes de echarlas era constante, metiéranlas o no en la
+boca. Doña Catalina Márquez de Avalos, mujer del capitán Francisco
+Alonso de la Serna (Madrid), compareciendo a delatarse de su voluntad en
+1631 (Inquisición de Toledo, leg. 90, núm. 161), manifestó, entre otras
+cosas, que decía a las habas, teniéndolas en la boca:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Hijas amadas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">hijas queridas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por el labrador que os sembró,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por la tierra en que estuvistes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por San Pedro, por San Pablo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por el apostol Santiago,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por el mar, por las arenas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">por San Cebrian,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que echó suertes en la mar,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que ansí como le salieron ciertas y verdaderas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">ansí me digáis lo que os quiero preguntar.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_487_487" id="Footnote_487_487"></a><a href="#FNanchor_487_487"><span class="label">[487]</span></a> Para el señor Bonilla, <i>andar el cedazo</i> es «lo mismo que
+<i>adivinar por tela de cedazo</i>», especie que quiso justificar con el
+<i>Diccionario</i> de autoridades, según el cual es «el ejercicio de la arte
+mágica, cuando el demonio hace que los profesores de esta diabólica
+ciencia, mirando por un cedazo, vean las cosas que están muy distantes,
+ocultas, o por venir, a lo cual llamó la gentilidad <i>coscinomancia</i>».
+Pero no sólo ahí está la frase con que el señor Bonilla intentó explicar
+lo de <i>andar el cedazo: «adivinar por tela cedaço</i>&mdash;dice Covarrubias,
+art. <i>cedaço</i>&mdash;es dezir lo que claramente se ve y se entiende ser assi,
+porque como dize otro Proverbio, muy ciego es el que no ve por tela de
+cedaço.» Con todo esto, pues <i>ver</i> uno una cosa <i>por tela de cedazo</i>
+significa, según el léxico actual de la Academia, «verla o entenderla
+confusamente, o juzgarla, no como es en sí, sino como se la presenta su
+pasión o preocupación», voy a demostrar que en este punto el
+<i>Diccionario</i> de autoridades y cuantos le han seguido <i>vieron por tela
+de cedazo</i>. Con acudir a nuestra literatura bastaría, y aun sobraría
+mucho, para convencerse de que <i>andar el cedazo</i> no es ni lejano
+pariente de <i>adivinar</i>, ni de <i>ver, por tela de cedazo</i>, y aun el
+mencionárselo casi siempre con el <i>echar las habas</i> da, por sí solo,
+clara sospecha de ser otra especie de sortilegio. Cervantes, en la
+cantaleta del acto I de <i>El Rufián dichoso</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...La que en darse a sí excedió</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a las godeñas más francas;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>la que echa por cinco blancas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>las habas y el cedacillo</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Tirso de Molina, en el acto 1 de <i>En Madrid y en una casa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«MAJUELO. ¡Lo de Toledo ha sabido</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">también! ¡Vive Dios que <i>ha habido</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>haba y cedazo</i>!»</span><br />
+</p><p>
+Y Ruiz de Alarcón, en el acto II de <i>La Cueva de Salamanca</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LUCÍA. ¿Hay alguna que no tenga,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">si ausente o celosa está,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">un poco de <i>echar las habas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y un mucho de conjurar</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>el cedacillo</i>, el rosario</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">(que de eso les sirve ya)</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">el chapín y la tijera,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">espejo de agua o cristal....»</span><br />
+</p><p>
+Pero si estos ejemplos indican sobradamente que lo <i>del cedazo</i> era un
+sortilegio, que jamás podría hacerse mirando al través de la tela,
+estotras citas demostrarán muy claro que tal sortilegio se hacía
+<i>moviendo</i> o <i>moviéndose, el cedazo</i>, cosa que ya se echaba de ver por
+la expresión <i>andar el cedazo</i>, usada por Vélez de Guevara. Agustín de
+Rojas, en el libro I de <i>El Viaje entretenido</i>, cuenta que las
+hechicerías de una vieja su amiga vinieron a parar en que la
+encorozaron, y después, ida a Antequera, «cogiéronla <i>haciendo bailar un
+cedazo y echando unas habas</i>, y diéronle otros doscientos tocinos».
+Mateo Alemán dice en su <i>Guzmán de Alfarache</i>, parte II, libro III, cap.
+III: «Respóndame por vida de sus ojos..., si pasando la raya sin rebozo
+ni temor de Dios, <i>no dejó cedazo con sosiego, ni habas en su lugar, que
+todo no lo hizo bailar</i>, por malos medios y con palabras detestadas y
+prohibidas por nuestra santa religión....» Y, en fin, Quevedo, en el
+soneto referente a una hechicera antigua, que deja sus herramientas a
+otra reciente (Musa VI):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Esta redoma rebosando babas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>el cedazo que sabe hacer corvetas</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">estas que se metieron a profetas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con poco miramiento, siendo <i>habas</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Ahora bien, ¿quiere el lector ver qué corvetas eran las que sabía hacer
+el cedazo de la vieja de Quevedo? Pues sin ninguna clase de hechicería
+nos lo va a revelar María López, que era vecina de Malagón por los años
+de 1625; la cual, dando su declaración en causa contra Ana Hernández
+(Inquisición de Toledo, legajo 88, núm. 117), manifestó que esta Ana le
+pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería,
+dijo que tenía un mozo en Almagro y deseaba saber si la esperaba o si
+había de venir; «y tomó las tisseras y las hincó en el aro del çedazo la
+una punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tissera,
+y la otra tissera puesta en cruz, colgando el çedazo dellas, y diciendo
+unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el çedazo muy
+reçio a la redonda, y le dixo la susodicha: «Yo me voy mañana, que me
+esperan»; y quando no era ansi lo que quería, se estaba quedo el
+çedazo».
+</p><p>
+Las palabras que María López no había entendido eran el conjuro propio
+del sortilegio. Tengo hasta cuatro o cinco versiones de él, halladas en
+otros tantos procesos inquisitoriales; pero las dejo a un lado,
+prefiriendo una recogida de la tradición oral en nuestros días, de boca
+de ciertos gitanos errantes, por mi buen amigo don Pedro Díaz Cassou,
+excelente folklorista murciano, con el nombre de <i>Orasión der seaso</i>.
+Dice así:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«San Simón,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">suerte quiero arcansá,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que me digas la berdá,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">las tijeras están agarrás;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en er seaso están clavás;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">personas que reselo boy a nombrá;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que ande er seaso si la sospecha es berdá.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">San Simón que lo sabe lo declarará.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Entro y consiento en er pauto creminá.»</span><br />
+</p><p>
+¿Está ahora bien claro que <i>andar el cedazo y adivinar por tela de
+cedazo</i> son dos cosas distintas, aunque el cedazo sea un solo cedazo
+verdadero?</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_488_488" id="Footnote_488_488"></a><a href="#FNanchor_488_488"><span class="label">[488]</span></a> Ruiz de Alarcón, en el acto I de <i>Mudarse por mejorarse</i>,
+explicaba así la razón del nombre de esta calle:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LEONOR.&nbsp; ¡<i>Calle Mayor</i>! ¿Tan grande es,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que iguala a su nombre y fama?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª CLARA.&nbsp; Diréte por qué se llama</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>la calle Mayor</i>.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LEONOR.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Di, pues.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª CLARA.&nbsp; Filipo es el rey mayor,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">Madrid, su corte, y en ella</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">la mayor y la más bella</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">calle es la <i>calle Mayor</i>.</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">Luego ha sido justa ley</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>la calle Mayor</i> llamar</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">a la mayor del lugar</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que aposenta al mayor rey.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_489_489" id="Footnote_489_489"></a><a href="#FNanchor_489_489"><span class="label">[489]</span></a> Hoy diríamos <i>es mesa</i>, sin repetir el <i>que</i> de la línea
+anterior. De este <i>que</i> superfluo traté largamente en una nota del
+<i>Quijote</i> (I, 229, 16).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_490_490" id="Footnote_490_490"></a><a href="#FNanchor_490_490"><span class="label">[490]</span></a> Por eso se llamaron caballeros <i>de la Tabla Redonda</i>
+aquellos de que se acompañaba el rey Artús.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_491_491" id="Footnote_491_491"></a><a href="#FNanchor_491_491"><span class="label">[491]</span></a> Bien se echa de ver que el Cojuelo mostró a Rufina María
+la calle Mayor en una de las tardes que en Madrid llamaban <i>de rua</i>.
+Mesonero Romanos, en <i>El Antiguo Madrid</i>, tomo I, pág. 265, tratando de
+la estancia del Príncipe de Gales en la coronada Villa, cuando en 1623
+vino a ofrecer su mano a doña María, hermana de Felipe IV, dice: «El
+domingo siguiente hubo <i>rua o paseo por la calle Mayor</i>, a que asistió
+gran concurso de príncipes y magnates en sus carrozas, y todas las
+hermosas de la Corte».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_492_492" id="Footnote_492_492"></a><a href="#FNanchor_492_492"><span class="label">[492]</span></a> <i>Con tanto ojo</i>, elíptico, por <i>con tanto ojo abierto</i>,
+frases que faltan en el <i>Diccionario</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_493_493" id="Footnote_493_493"></a><a href="#FNanchor_493_493"><span class="label">[493]</span></a> Ocasionalmente ocurren aquí, como pocas páginas atrás
+(205, 23)[474], dos versos endecasílabos:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... <i>que con los malos términos se abrasa,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y con los agasajos se destempla</i>!»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_494_494" id="Footnote_494_494"></a><a href="#FNanchor_494_494"><span class="label">[494]</span></a> Dice <i>de dos yemas</i>, como de los huevos nombrados así,
+bien que la <i>litera</i>, por lo común, tenía dos asientos. «Es&mdash;nota el
+<i>Diccionario</i> de autoridades&mdash;de la misma hechura que la silla de manos,
+algo más prolongada, y con dos assientos, aunque algunas veces no los
+tiene, y en su lugar se tienden colchones, y en este caso va recostado
+el que la ocupa. Llévanla dos machos, mulas o caballos, afianzadas las
+varas en dos grandes sillones.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_495_495" id="Footnote_495_495"></a><a href="#FNanchor_495_495"><span class="label">[495]</span></a> Así en la edición príncipe, por <i>Eliche</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_496_496" id="Footnote_496_496"></a><a href="#FNanchor_496_496"><span class="label">[496]</span></a> <i>Alcañizas</i> en la edición original, por <i>Alcañices.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_497_497" id="Footnote_497_497"></a><a href="#FNanchor_497_497"><span class="label">[497]</span></a> Mejor sintaxis fuera ésta: y <i>grande hombre de a caballo</i>
+en entrambas sillas. Alude a las dos maneras de cabalgar: la brida y la
+jineta. Recuérdese lo dicho en nota de los preliminares (9, 6)[49].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_498_498" id="Footnote_498_498"></a><a href="#FNanchor_498_498"><span class="label">[498]</span></a> Dice <i>Simancas</i>, por decir con alguna novedad
+<i>archivos</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_499_499" id="Footnote_499_499"></a><a href="#FNanchor_499_499"><span class="label">[499]</span></a> En la edición original, sin duda por yerro, <i>de vna misma
+edad y al parecer que lleuan</i>....</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_500_500" id="Footnote_500_500"></a><a href="#FNanchor_500_500"><span class="label">[500]</span></a> <i>Espumando sangre generosísima</i>, como <i>espumando valor</i>
+en el tranco I (22, 5) [Nota del transcriptor: "Don Cleofás, espumando
+valor, prerrogativa de estudiante de Alcalá, le dijo:"]
+"Don Cleofás, espumando
+valor, prerrogativa de estudiante de Alcalá, le dijo:".</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_501_502" id="Footnote_501_502"></a><a href="#FNanchor_501_502"><span class="label">[501]</span></a> <i>A sí mismos</i>, diríamos hoy.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_502_503" id="Footnote_502_503"></a><a href="#FNanchor_502_503"><span class="label">[502]</span></a> Hace aplicación, algo violentamente, del cabalgar en
+ambas sillas, de la brida y de la jineta, a la destreza en ambas
+espadas, negra y blanca. Deslizáronsele aquí a Vélez no menos de cinco
+versos octosílabos involuntarios:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«<i>... don Francisco de Mendoza,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>gentilhombre cortesano,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>favorecido de todos</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y diestro en entrambas sillas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de la espada blanca y negra.</i>»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_503_504" id="Footnote_503_504"></a><a href="#FNanchor_503_504"><span class="label">[503]</span></a> <i>Hallará</i>, en la edición príncipe, pero sin duda es
+errata, por <i>hallara</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_504_505" id="Footnote_504_505"></a><a href="#FNanchor_504_505"><span class="label">[504]</span></a> Es manera tópica de alabanza. En el <i>Quijote</i> (II, 17),
+dice el Caballero del Verde Gabán al Ingenioso Hidalgo: «... entiendo
+que si las ordenanzas y leyes de la caballería andante <i>se perdiesen, se
+hallarían</i> en el pecho de vuesa merced como en su mismo depósito y
+archivo.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_505_506" id="Footnote_505_506"></a><a href="#FNanchor_505_506"><span class="label">[505]</span></a> El señor Bonilla corrigió <i>Ildefonso</i>, notando al pie de
+la página que el texto original dice <i>Ilefonso</i>. E <i>Ilefonso</i> se decía,
+y se escribía, y se estampaba. Rector del Colegio de San <i>Ilefonso</i>, de
+Sanlúcar de Barrameda, se llamó Pedro Espinosa en las portadas de sus
+obras <i>Espejo de cristal (1625), El Perro y la Calentura (1625), Elogio
+al retrato de ... don Manuel Alonso Perez de Guzman el Bueno ... (1625),
+Panegírico a la ... ciudad Antequera</i> (1626) y <i>Pronostico
+judiciario</i> ... (1627).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_506_507" id="Footnote_506_507"></a><a href="#FNanchor_506_507"><span class="label">[506]</span></a> <i>Velmar</i>, por <i>Bedmar</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_507_508" id="Footnote_507_508"></a><a href="#FNanchor_507_508"><span class="label">[507]</span></a> <i>Ladrada,</i> por <i>la Adrada</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_508_509" id="Footnote_508_509"></a><a href="#FNanchor_508_509"><span class="label">[508]</span></a> <i>Nájara</i>, por <i>Nájera.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_509_510" id="Footnote_509_510"></a><a href="#FNanchor_509_510"><span class="label">[509]</span></a> Jerónimo de Quintana, en su <i>Historia de la antigüedad,
+nobleza, y grandeza de la villa de Madrid</i> (Madrid, Imprenta del Reyno,
+M.DC.XXIX), fol. 376 vto., menciona muchas casas «de grandes señores
+fabricadas con sumptuosidad, hermosura y grandeza», y, entre ellas, «las
+del Conde de Oñate, en la calle Mayor». Y Mesonero Romanos, en <i>El
+Antiguo Madrid</i>, tomo I, pág. 259, dice: «Esta casa-palacio, una de las
+más espaciosas e importantes de la grandeza, debió ser construída a
+fines del siglo XVI, si bien la portada y balcón principal son obra del
+XVII o principios del pasado, al estilo apellidado <i>churrigueresco</i>».
+Demolido este edificio pocos años ha, para ensanchar la calle Mayor, su
+portada, sueltas pero numeradas las piedras de que se compone, espera,
+en el jardín del Museo Arqueológico Nacional, que se determine dónde ha
+de levantarse de nuevo, para conservarla como preciada muestra del
+estilo arquitectónico a que pertenece.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_510_511" id="Footnote_510_511"></a><a href="#FNanchor_510_511"><span class="label">[510]</span></a> Como antes (230, 22) dijo <i>Simancas</i>, por decir con
+novedad <i>archivos</i>, ahora dice <i>Mercurio Mayor</i>, por no decir <i>Correo
+Mayor</i>. Sabido es que Mercurio fué, no ya el correo, sino hasta el
+correveidile y terceruelo de los dioses.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_511_512" id="Footnote_511_512"></a><a href="#FNanchor_511_512"><span class="label">[511]</span></a> Se refiere al célebre <i>mentidero</i> de Madrid, del cual, en
+el cap. I del <i>Viage del Parnaso</i>, fol. 3 vto. de la edición príncipe,
+se había despedido Cervantes diciendo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«A Dios de san Felipe el gran passeo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">donde si baxa o sube el Turco galgo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">como en Gazeta de Venecia leo.»</span><br />
+</p><p>
+Moreto, en la jorn. I de <i>De fuera vendrá</i>..., pinta admirablemente, por
+boca de un alférez, cuán rápidamente crecía la diaria almáciga de
+embustes en las famosas Gradas:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ALFÉREZ. Mas al despique apelo;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que yo con estas gradas me consuelo</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">de San Felipe, donde mi contento</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">es ver luego creído lo que miento.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LISARDO.&nbsp; ¡Que no sepáis salir de aquestas gradas!</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ALFÉREZ.&nbsp; Amigo, aquí se ven los camaradas.</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Estas losas me tienen hechizado;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que en todo el mundo tierra no he encontrado</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">tan fértil de mentiras.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LISARDO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ¿De qué suerte?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ALFÉREZ.&nbsp; Crecen tan bien aquí, que la más fuerte</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">sembrarla por la noche me sucede,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y a la mañana ya regarse puede.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LISARDO.&nbsp; De vuestro humor, por Dios, me estoy riendo.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ALFÉREZ.&nbsp; Por la mañana yo, al irme vistiendo,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">pienso una mentirilla de mi mano,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">vengo luego, y aquí la siembro en grano,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y crece tanto, que de allí a dos horas</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">hallo quien con tal fuerza la prosiga,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que a contármela vuelve con espiga.</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Aquí del Rey más saben que en palacio;</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">del Turco, esto se finge más de espacio,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">porque le hacen la armada por diciembre,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">y viene a España a fines de setiembre....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_512_513" id="Footnote_512_513"></a><a href="#FNanchor_512_513"><span class="label">[512]</span></a> En la edición principe, sin duda por yerro del impresor,
+se lee así, y lo mismo en las del señor Bonilla: «¿Qué entierro es este
+tan sumptuoso, <i>preguntó don Cleofás, que passa por la calle Mayor, que
+estaua tan aturdido....</i>»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_513_514" id="Footnote_513_514"></a><a href="#FNanchor_513_514"><span class="label">[513]</span></a> El lujoso entierro del Astrólogo sería, <i>plus minusve</i>,
+como aquel que pinta Quevedo en <i>El mundo por de dentro</i>: «En esto,
+llegamos a la calle Mayor.... Tomamos puesto conveniente para registrar
+lo que pasaba: fué un entierro, en esta forma: venían envainados en unos
+sayos grandes de diferentes colores unos pícaros, haciendo una taracea
+de muñidores. Pasó esta recua incensando con las campanillas; seguían
+los muchachos de la Dotrina, meninos de la muerte y lacayuelos del
+ataúd, chirriando la calavera; seguíanse luego doce galloferos,
+hipócritas de la pobreza, con doce hachas, acompañando el cuerpo y
+abrigando a los de la Capacha, que, hombreando, testificaban el peso de
+la difunta....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_514_515" id="Footnote_514_515"></a><a href="#FNanchor_514_515"><span class="label">[514]</span></a> Como si dijera, tal como suele decirse: <i>¡Con su pan se
+lo coma!</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_515_516" id="Footnote_515_516"></a><a href="#FNanchor_515_516"><span class="label">[515]</span></a> Vendíase, en efecto, mucha fruta en la Puerta del Sol.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_516_517" id="Footnote_516_517"></a><a href="#FNanchor_516_517"><span class="label">[516]</span></a> El antiguo Hospital Real de Corte se llamó, como su
+iglesia, <i>del Buen Suceso</i>, por una imagen de la Virgen que bajo tal
+advocación se veneraba en ella. «Esta plaza&mdash;dice Mesonero Romanos <i>(El
+antiguo Madrid</i>, tomo II, pág. 115)&mdash;, o más bien espaciosa encrucijada
+de las diversas calles principales de la población, presentaba la figura
+que todos recordamos, de un prolongado trapecio, y se hallaba dominada
+en su frente principal, entre las calles de Alcalá y San Jerónimo, por
+la modesta fachada de la iglesia del Buen Suceso, la cual, antes de la
+ocupación francesa, estaba algo más decorada, y tenía una pequeña lonja
+o atrio con verjas de hierro. Delante de ella estaba la famosa fuente
+churrigueresca de principios del siglo pasado, y que reemplazó a otra no
+menos extravagante, si hemos de creer a la vista de ella que estampa
+Álvarez Colmenar en la obra titulada <i>Annales d'Espagne et de Portugal</i>.
+Una y otra estuvieron coronadas por la estatua de Venus, no la Medicea,
+de Pafos o de Citeres, sino la célebre <i>Mariblanca</i>, que hoy yace
+relegada a la plazuela de las Descalzas.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_517_518" id="Footnote_517_518"></a><a href="#FNanchor_517_518"><span class="label">[517]</span></a> Dice Mesonero (<i>El antiguo Madrid</i>, tomo I, pág. 291) que
+el convento de la Victoria, con su iglesia, huerta y tahona ocupaba gran
+parte de una manzana, y dió lugar con su derribo (1836) a la formación
+de la calle de Espoz y Mina, al ensanche de la de la Victoria, y a la
+construcción entre ambas de las manzanas de casas de los señores
+Mariátegui y Mateu, pasaje o galería cubierta, y otros varios edificios.
+Los lugares respectivos de la Victoria y de la fuente del Buen Suceso
+están bien indicados en los siguientes versos de Tirso de Molina (<i>Por
+el sótano y el torno</i>, acto II):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. DUARTE. Salieron las dos hermanas,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">que, a ser tres como eran dos,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">las tres Gracias en mentira</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">fueran verdaderas hoy.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 8em;">De las manos y tapadas,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">hacia la Puerta del Sol</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">echaron, y yo tras ellas</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">siguiendo sus pasos voy.</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">Llegamos al Buen Suceso</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">(bueno me lo dé el amor),</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">por las gradas de la fuente</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">ellas, por la puerta yo</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">frontera de la Victoria....»</span><br />
+</p><p>
+Hartzenbusch, al llegar aquí, pone esta nota. «<i>Ventana</i>, dice la
+edición que seguimos; pero es claro que se habla de la puerta del Buen
+Suceso, frente a la calle de Espoz y Mina, cuya entrada era antes la
+lonja del convento de la Victoria.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_518_519" id="Footnote_518_519"></a><a href="#FNanchor_518_519"><span class="label">[518]</span></a> <i>Estar</i>, por <i>ser</i>, como en más de un lugar del <i>Quijote</i>
+(I, 292, 7; III, 333, 16, etc.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_519_520" id="Footnote_519_520"></a><a href="#FNanchor_519_520"><span class="label">[519]</span></a> Así solían decir al ver a un niño, refiriéndose al mal de
+ojo, las que iban, o podían ir, para brujas. Esto, cuando con el propio
+intento no le daban una higa, porque, como decía Covarrubias, «también
+es cosa vsada al que ha parecido bien darle vna higa diciendo: tomá para
+que no os ahogen (<i>aojen</i>)». Igualmente se hacía y se decía esto por vía
+de pulla, y así Feliciano de Silva, por boca de Elicia, en la cena XXXIX
+de la <i>Segunda comedia de Celestina</i>: «¡Al diablo la vieja, que no se
+contenta con cuanto ha ganado conmigo, sino que si tengo amor a uno, no
+le tengo de osar mirar! <i>¡Toma para tus ojos</i>: que yo le hablaré aunque
+te pese...!»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_520_521" id="Footnote_520_521"></a><a href="#FNanchor_520_521"><span class="label">[520]</span></a> En la edición príncipe, <i>guedegas</i>, por evidente errata,
+que copia el señor Bonilla.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_521_522" id="Footnote_521_522"></a><a href="#FNanchor_521_522"><span class="label">[521]</span></a> <i>Después que</i>, equivaliendo a <i>desde que</i>, usadísimo en
+los siglos XVI y XVII, como advertí más de una vez en mis notas al
+<i>Quijote</i> (I, 265, 8; II, 74, 4; III, 124, 17; IV, 282, 12, etc.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_522_523" id="Footnote_522_523"></a><a href="#FNanchor_522_523"><span class="label">[522]</span></a> Siguiendo su alegoría, dice <i>dar grada</i>, por alusión a la
+<i>grada</i> o escaño corrido que en el teatro ocupaban las mujeres.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_523_524" id="Footnote_523_524"></a><a href="#FNanchor_523_524"><span class="label">[523]</span></a> Alude a la costumbre, general en algunas naciones, de
+saludarse besándose públicamente hombres y mujeres, de la cual decía
+Juan Minsheu, por boca de Guillermo, en el sexto de sus <i>Pleasant and
+delightfvll dialogves in Spanish and English</i> ... (Londres, Edm.
+Bellifant, 1599), pág. 51: «Yo para mi tengo que la mayor causa de la
+desoluçion en algunas mugeres de Ynglaterra es esta costumbre de
+besallas en público, por que con esto pierden la verguença y a el
+tocamiento del beso, les entra vn veneno que las ynficiona». Y poco
+después:
+</p><p>
+«EGIDIO. ¿En España no se vsa besar los hombres a las mugeres?
+</p><p>
+DIEGO. Sí, besan los maridos a sus mugeres, y esto allá detrás de siete
+paredes, donde aun la luz no los pueda ver.
+</p><p>
+GUILLERMO. Es porque los españoles son demasiadamente celosos.
+</p><p>
+ALONSO. No, sino porque somos tan trabiessos, que no hemos menester este
+apetito para hacer mil malos recaudos. ¿Qué sería si tubiessemos essa
+ocasion?»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_524_525" id="Footnote_524_525"></a><a href="#FNanchor_524_525"><span class="label">[524]</span></a> <i>La calle Mayor</i> y <i>el Prado</i>: en estas dos universidades
+estudiaban discreción y cortesanía los galanes y las damas de Madrid.
+Lope de Vega, en el acto II de <i>El Desconfiado</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«PEDRO. ...Que una mujer en la Corte</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">es imposible ser necia,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y más cuando ella se precia</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de que esta fama le importe;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">pues para tomar el grado</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de doctas, gastan, señor,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>cursos de calle Mayor</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>y cuodlibetos del Prado»</i>.</span><br />
+</p><p>
+El enamorado, pues, tenía ambos lugares, <i>la calle Mayor</i> o <i>Carrera</i> y
+<i>el Prado de San Jerónimo,</i> por estaciones principalísimas de su diaria
+devoción. Calderón de la Barca, en la jorn. I de <i>Hombre pobre todo es
+trazas</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. DIEGO.&nbsp; Por la mañana estaré</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">en la iglesia a que acudís;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">por la tarde, si salís,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">en <i>la Carrera</i> os veré;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">al anochecer, iré</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>al Prado</i>, al coche arrimador</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">luego, en la calle embozadador</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">ved si advierte bien mi amor</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">horas de <i>calle Mayor</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">misa, reja, coche y <i>Prado</i>.»</span><br />
+</p><p>
+De este paseo se lee en la <i>Primera y segunda parte de las grandezas y
+cosas notables de España</i>, de Pedro de Medina, corregidas y ampliadas
+por Pérez de Mesa, fol. 205: «A la otra mano derecha del mismo
+monasterio [de San Jerónimo], saliendo de las casas, ay otra alameda
+tambien muy apacible, con dos órdenes de árboles, que hazen vna calle
+muy larga hasta salir al camino que llaman de Atocha.... Llaman a estas
+alamedas <i>el prado de san Hieronymo</i>, donde de invierno al sol y de
+verano a goçar de la frescura, es cosa muy de ver y de mucha recreacion
+la multitud de gente que sale, de viçarrisimas damas, de bien dispuestos
+caualleros, y de muchos señores y señoras principales, en coches y
+carroças. Aqui se goza con gran deleyte y gusto de la frescura del
+viento todas las tardes y noches del estío, y de muchas buenas
+musicas....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_525_526" id="Footnote_525_526"></a><a href="#FNanchor_525_526"><span class="label">[525]</span></a> Así en la edición príncipe, aunque sin acentuar el
+pronombre, pues no se acostumbraba hacerlo. El señor Bonilla leyó
+equivocadamente: «que otro día le enseñaremos en el río de Mançanares»,
+diciendo abajo en nota: «El texto repite «el». Claro es que no se
+trataba de enseñar <i>el espejo en el río</i>, como parece haber entendido el
+señor Bonilla, sino de enseñar <i>el río en el espejo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_526_527" id="Footnote_526_527"></a><a href="#FNanchor_526_527"><span class="label">[526]</span></a> <i>Y pasa el verano de noche</i>, es decir, <i>y pasa durante el
+verano de noche</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_527_528" id="Footnote_527_528"></a><a href="#FNanchor_527_528"><span class="label">[527]</span></a> Compara Vélez el Manzanares con la moneda de Navarra, o
+<i>navarrisca</i>, que no era de curso legal en Castilla, pero que solía
+pasarse de noche, a favor de la poca luz, como las monedas chanflonas de
+que traté en nota del tranco I (18, 5)[76]. La voz <i>navarrisco</i> falta en
+el <i>Diccionario</i> de la Academia, aun habiendo sido de uso muy corriente.
+Juan de Castellanos, <i>Elegías de varones ilustres de Indias</i>, parte II,
+<i>Elogio de Rojas,</i> canto IV:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... y el <i>navarrisco</i>, que por ellas muere,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">dijo que le dará cuanto pidiere.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_528_529" id="Footnote_528_529"></a><a href="#FNanchor_528_529"><span class="label">[528]</span></a> <i>Caudal</i>, como adjetivo, equivalente a <i>caudaloso</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_529_530" id="Footnote_529_530"></a><a href="#FNanchor_529_530"><span class="label">[529]</span></a> Otros dijeron que el Manzanares, tan merendado, cenado y
+concurrido de gente, era río que lo tenía todo, excepto río. Calderón,
+en la jorn. I de <i>Fuego de Dios en el querer bien</i>, refiriéndose á las
+orillas del Manzanares en una tarde de julio:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«D. ALVARO. Aquí cantan, allí bailan,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">aquí parlan, allí gritan,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">aquí riñen, allí juegan,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">meriendan aquí, allí brindan:</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">país tan hermoso y vario,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">que para ser la Florida</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">estación de todo el orbe</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">la más bella, hermosa y rica,</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;"><i>sólo al río falta el río</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 8em;">mas ya es objeción antigua.»</span><br />
+</p><p>
+Y Lope de Vega había comenzado así un soneto de <i>Burguillos</i> en que
+<i>Laméntase Manzanares de tener tan gran puente:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Quítenme aquesta puente que me mata,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">señores regidores de la villa;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">miren que me ha quebrado una costilla:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que, aunque me viene grande, me maltrata.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_530_531" id="Footnote_530_531"></a><a href="#FNanchor_530_531"><span class="label">[530]</span></a> No sé a qué conseja o cuentecillo se refiere aquí don
+Cleofás. A no pedir lo del ahogarse que las ayuntadas fuesen <i>ranas</i>, se
+podría sospechar que estaba errado el texto, por <i>ratas</i>. A lo menos, en
+Andalucía es muy vulgar la desenfadada expresión: <i>¡Al ... diablo,
+ratas; que se quemó el molino</i>!</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_531_532" id="Footnote_531_532"></a><a href="#FNanchor_531_532"><span class="label">[531]</span></a> A este escudo se había referido Lope de Vega en el acto
+II de <i>El Anzuelo de Fenisa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ALBANO.&nbsp; ...Tiene el Duque de Medina</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">(ya entenderás que es Sidonia)</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">justo a su casa en Sevilla</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">un corredor de pelota....</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">Tiene aqueste corredor,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">no enfrente, sino en la popa,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">las armas de los Guzmanes,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">y sobre el timbre y las hojas</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">que con diversos penachos</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">cercan el escudo y orlas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">al gran don Alfonso Pérez</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">de Guzmán que el Bueno nombran,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">sobre el muro de Tarifa,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">que al moro la daga arroja</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">para que mate a su hijo</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">(¡divina hazaña española!),</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">y debajo de las armas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">aquella sierpe espantosa</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">que mató en África, haciendo</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">la hazaña de Hércules corta....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_532_533" id="Footnote_532_533"></a><a href="#FNanchor_532_533"><span class="label">[532]</span></a> Del Conde de Salvatierra traté en el prólogo.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_533_534" id="Footnote_533_534"></a><a href="#FNanchor_533_534"><span class="label">[533]</span></a> <i>De buena capa</i>, es decir, <i>de buena apariencia</i>. También
+se decía <i>de buena ropa</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_534_535" id="Footnote_534_535"></a><a href="#FNanchor_534_535"><span class="label">[534]</span></a> Puntúo como la edición príncipe: <i>«... con mantos, de
+medio ojo</i>, sentadas en el suelo»; esto es, <i>tapadas de medio ojo</i>, que
+era una de las maneras de taparse, y no <i>con manto de medio ojo</i>, como
+lee el señor Bonilla, porque nunca hubo tal suerte de mantos. De las
+mujeres sevillanas decía Alonso Morgado (pág. 142 de su <i>Historia de
+Sevilla</i>): «Vsan el vestido muy redondo, precian se de andar muy
+derechas y menudo el passo, y assi las haze el buen donayre y gallardia
+conocidas por todo el Reyno, en especial por la gracia con que se
+loçanean <i>y se atapan los rostros con los mantos, y miran de vn ojo»</i>.
+¿De dónde vino el taparse de esta manera? A esto responde fray Juan de
+la Puente, recordado por Antonio de León Pinelo en su curioso libro
+<i>Velos Antiguos i modernos en los rostros de las mugeres, sus
+conueniencias, y daños</i> ... (Madrid, Juan Sánchez, 1641), fol. 47 vto.:
+«De los Árabes tomaron las mugeres españolas el <i>taparse de medio ojo</i>,
+de lo qual las alaba Tertuliano....» Y añade León Pinelo (fol. 48) que,
+«como las Moriscas siempre andavan tapadas con sus almalafas o sabanas
+blancas..., en vistiéndose a lo Español, convirtiéndolas en los mantos
+negros, dieron en taparse con ellos del modo que solian con las
+sabanas.... I como es uso garvoso, lascivo, alegre i (como dezimos) de
+garavato, i las Moriscas, por ser todas de excelentes ojos, andavan assi
+más briosas i apuestas que las Españolas, i estas avian començado, ya
+desde antes del año de MDxxvj, a agradarse del Tapado, i a usarle
+también, confundiendose por este modo las unas con las otras, llegó a
+introduzirse del todo por este de sesenta i seis o sesenta i siete
+[alude a una pragmática sobre mudar de trajes los moriscos, promulgada
+en 1566]: i fue con tanto excesso, que veinte años después, en las
+Cortes de Madrid de MDxxxvj, se trató de su prohibicion, que se promulgó
+la vez primera por ley el de noventa....» El <i>taparse de medio ojo</i>,
+aunque se extendió por casi toda España y fué comunísimo en la Corte,
+era señaladamente sevillano. Así Lope, en el acto I de <i>Las Bizarrías de
+Belisa</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Ponte <i>el manto sevillano;</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>no saques más de una estrella</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Y Tirso de Molina, en el acto I de <i>El Amor médico</i>, cuya acción pasa en
+Sevilla:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«¿Qué quieres que diga?</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Cada cual su rumbo siga:</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tu amor, tú; yo, a la tapada;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que el diablo del sombrerete,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que parece tajador</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de aldea, para mi humor</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tiene no sé qué sainete</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que alienta mis disparates.</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡Oh anascote, oh caifascote,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">oh basquiña de picote,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">oh ensaladas de tomates</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de coloradas mejillas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">dulces a un tiempo y picantes!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡oh chapines, no brillantes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">mas negros y con virillas!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡Oh <i>medio ojo</i> que me aojó!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡Oh atisbar de basilisco!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡Oh <i>tapada a lo morisco</i>!</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">¡Oh fiesta, y no de la O!»</span><br />
+</p><p>
+La costumbre de taparse las mujeres, de medio ojo, o derribando el manto
+hasta la barba, y aun hasta el pecho, arraigó tanto, que en balde fué
+objeto de reiteradas prohibiciones en el último tercio del siglo XVI y
+en el primero del siguiente. Por el citado capítulo de Cortes de 1586 se
+prohibió que las mujeres anduviesen tapadas, y sobre su observancia y
+cumplimiento se publicó una pragmática en 1594, mandada guardar por otra
+de 1600, que es la ley XIV, cap. XX, tít. XII, libro VII de la <i>Nueva
+Recopilación</i>; pero como, aun así, esto no se cumplia, por otra
+pragmática, dada en Madrid a 12 de abril de 1639, se mandó «que en estos
+Reinos y Señoríos todas las mugeres de qualquier estado y calidad que
+sean anden descubiertos los rostros, de manera que puedan ser vistas y
+conocidas, sin que en ninguna manera puedan tapar el rostro en todo ni
+en parte con mantos ni otra cosa...,» y que, además de la pena de tres
+mil maravedís que se había impuesto por las pragmáticas y leyes
+anteriores, «por la primera vez caigan e incurran en perdimiento del
+manto y de diez mil marauedis, aplicados por tercias partes, y por la
+segunda, los dichos diez mil marauedis sean veinte, y se pueda imponer
+pena de destierro, segun la calidad y estado de la muger».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_535_536" id="Footnote_535_536"></a><a href="#FNanchor_535_536"><span class="label">[535]</span></a> La academia sevillana a que alude Vélez debió realmente
+de existir; pero de ella no han quedado más noticias que las que aquí da
+nuestro autor. Así, pues, mi docto amigo don Joaquín Hazañas, en su
+<i>Noticia de las Academias Literarias, Artísticas y Científicas</i> de los
+siglos XVII y XVIII (Sevilla, 1888), se limitó, en cuanto a la de la
+calle de las Armas, a reseñar el pasaje del escritor ecijano.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_536_537" id="Footnote_536_537"></a><a href="#FNanchor_536_537"><span class="label">[536]</span></a> Antonio Ortiz Melgarejo había nacido en 1580, pues al
+declarar (diciembre de 1637) en las pruebas de Juan Antonio del Alcázar
+y Zúñiga para el hábito de Calatrava, dijo tener cincuenta y siete años.
+Por esta declaración consta que, en efecto, era presbítero y del hábito
+de San Juan (Archivo Histórico Nacional, Pruebas de Calatrava, núm. 72,
+fols. 81 y 82).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_537_538" id="Footnote_537_538"></a><a href="#FNanchor_537_538"><span class="label">[537]</span></a> Qué negocios fueran éstos no se sabe; pero sí que por los
+años de 1635 y 1637 se representaron en Sevilla algunos autos del Corpus
+compuestos por Cubillo de Aragón, por los cuales la ciudad le libró
+ciertos dineros (Sánchez-Arjona, <i>Noticias referentes a los anales del
+Teatro en Sevilla desde Lope de Rueda hasta fines del siglo XVII</i>,
+Sevilla, 1898, páginas 300 y sigts.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_538_539" id="Footnote_538_539"></a><a href="#FNanchor_538_539"><span class="label">[538]</span></a> Lo poco que se sabía de Blas de las Casas Alés, y algo
+más que logré averiguar, está resumido en mi libro <i>Pedro Espinosa</i>
+(Madrid, 1906), págs. 270 y 277. Además, de un curioso papel inédito
+suyo di noticia, y aun copia, al fin de las <i>Obras de Pedro Espinosa</i>
+(Madrid, 1909), págs. 409 y sigts.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_539_540" id="Footnote_539_540"></a><a href="#FNanchor_539_540"><span class="label">[539]</span></a> Don Cristóbal de Rozas, quizás antequerano, fué autor de
+tres obras dramáticas citadas por Barrera en su <i>Catálogo bibliográfico
+y biográfico del Teatro antiguo español</i>.... De don Diego de Rosas puede
+presumirse que sea el don Diego de Rosas y Argomedo citado en el mismo
+<i>Catálogo</i> como autor de la comedia <i>Donde hay valor, hay honor</i>, cuyo
+manuscrito poseyó don Agustín Durán, bien que la misma obra fué impresa
+con otras de diversos autores en Zaragoza, 1640, bajo el nombre de <i>don
+Diego de Rojas</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_540_541" id="Footnote_540_541"></a><a href="#FNanchor_540_541"><span class="label">[540]</span></a> <i>Dragmático</i> en la edición original.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_541_542" id="Footnote_541_542"></a><a href="#FNanchor_541_542"><span class="label">[541]</span></a> Don García de Salcedo y Coronel es escritor muy conocido
+en nuestra república de las letras por sus diversas colecciones de
+poesías, y aún más que por ellas, por sus comentos de Góngora. Tuvo
+estrecha amistad con Vélez, cuya muerte lamentó en dos composiciones
+insertas en sus <i>Cristales de Helicona</i> (1649).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_542_543" id="Footnote_542_543"></a><a href="#FNanchor_542_543"><span class="label">[542]</span></a> <i>Primero</i>, en la acepción de <i>sobresaliente</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_543_544" id="Footnote_543_544"></a><a href="#FNanchor_543_544"><span class="label">[543]</span></a> <i>Sujeto</i>, en su acepción, hoy poco usada, de <i>materia</i>,
+<i>tema</i> o <i>asunto</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_544_545" id="Footnote_544_545"></a><a href="#FNanchor_544_545"><span class="label">[544]</span></a> Llamábase esta celebrada poetisa doña Ana Caro de Mallén,
+y de ella dió curiosas noticias don Manuel Serrano y Sanz en sus
+<i>Apuntes para una Biblioteca de Escritoras españolas desde el año 1401
+al 1833</i> (Madrid, 1903), y aun reprodujo algunos de sus trabajos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_545_546" id="Footnote_545_546"></a><a href="#FNanchor_545_546"><span class="label">[545]</span></a> <i>Décima musa andaluza</i> se la llama en el epígrafe de su
+comedia <i>El Conde de Partinuplés,</i> publicada en el <i>Laurel de Comedias
+de diferentes autores. Quarta parte</i> (Madrid, Imprenta Real, 1653). Fué
+muy frecuente esta denominación de <i>décima musa</i>. Garcilaso, al
+principio de uno de sus sonetos:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Ilustre honor del nombre de Cardona,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>décima moradora del Parnaso</i>...»;</span><br />
+</p><p>
+y dijo el Brocense en su comento: «Muchos han usado esta frasi, de
+llamar a la damas doctas <i>Décima Musa</i> o <i>Quarta Gracia,</i> siendo las
+Musas nueve y las Gracias tres....» Lope de Vega había escrito en 1604,
+en la <i>Representación moral del Viaje del alma</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...Doña Oliva de Nantes, <i>musa décima</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y doña Valentina de Pinedo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">la <i>cuarta gracia</i>, o verso o prosa escriba.»</span><br />
+</p><p>
+Y años después, en la silva II del <i>Laurel de Apolo</i>, dijo de Juliana
+Morella:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...Porque mejor por ti, <i>que has hecho cuatro</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>las Gracias, y las Musas diez</i>, pudiera</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que por Safo Antipatro</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">decir aquella hipérbole....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_546_547" id="Footnote_546_547"></a><a href="#FNanchor_546_547"><span class="label">[546]</span></a> En efecto, el soneto que a continuación lee don Cleofás
+había sido escrito por Vélez a la máscara que indica, celebrada en la
+noche del domingo 15 de febrero de 1637, y lo leyó por vía de
+introducción a la oración que hizo en el certamen literario que presidió
+el viernes siguiente.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_547_548" id="Footnote_547_548"></a><a href="#FNanchor_547_548"><span class="label">[547]</span></a> Comentó Durán y copió Bonilla, acerca de este
+<i>masebarrilete:</i> «Según el sentido del período, puede entenderse que
+habla del Sota u oficial mayor del sastre. Acaso Barrilete sea algún
+personaje que haga papel de oficial de sastre en algún entremés o en
+alguna jácara. Si así fuere, el autor habrá usado de dicha palabra
+aludiendo al personaje popularizado en la escena cómica o en el romance
+popular.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_548_549" id="Footnote_548_549"></a><a href="#FNanchor_548_549"><span class="label">[548]</span></a> De las acepciones de <i>adolecer</i> que hallo en los léxicos,
+la que menos desconviene a este pasaje es la de «aficionarse o
+apasionarse por alguna cosa o por algún sujeto», y aun ésta no
+satisface.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_549_550" id="Footnote_549_550"></a><a href="#FNanchor_549_550"><span class="label">[549]</span></a> A lo que creo, <i>Doctor</i> es errata, por <i>Rector</i>, pues sin
+duda se refiere a Bartolomé Leonardo de Argensola, que tuvo esa
+<i>rectoría.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_550_551" id="Footnote_550_551"></a><a href="#FNanchor_550_551"><span class="label">[550]</span></a> Refiérese Vélez de Guevara a la renombrada <i>Academia de
+la Crusca</i>, fundada en Florencia en el siglo XVI.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_551_552" id="Footnote_551_552"></a><a href="#FNanchor_551_552"><span class="label">[551]</span></a> <i>Templada sin sentillo</i> es gentil encarecimiento, pues el
+oír templar un instrumento fué siempre cosa harto molesta, por lo cual
+don Guillén de Castro hizo decir a un rey en la jornada I de <i>El Amor
+constante</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«Cante, pues, lo que cantare,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">muy melancólico sea,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>y no temple, porque es cosa</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>que nunca esperarla pude</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Este y otros fastidiosos preliminares del tañer y el cantar resumió
+Quiñones de Benavente en su <i>Entremés de los Mariones:</i>
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«MARÍA.&nbsp; Músico, desabrigue la guitarra</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">y haciéndola sonar como chicharra,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;"><i>sin templar, sin toser, sin escombrarse,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;"><i>ni aguardar a la súplica o al ruego</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">cante un romance, y pagaréle luego.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_552_553" id="Footnote_552_553"></a><a href="#FNanchor_552_553"><span class="label">[552]</span></a> Se refiere a don Antonio Hurtado de Mendoza, excelente
+autor dramático y lírico.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_553_554" id="Footnote_553_554"></a><a href="#FNanchor_553_554"><span class="label">[553]</span></a> González de León, en su citada <i>Noticia histórica</i>...,
+página 472, dice de <i>la Almenilla</i>: «La puerta inmediata [a la de San
+Juan], que pertenece al mismo cuartel y parroquia de Omnium Sanctorum,
+se llama de la Barqueta, por estar junto a ella la barca pública que
+tiene la ciudad para facilitar el tránsito del río por esta parte.»
+Antiguamente se llamó <i>de la Almenilla</i>, por una que tenía encima.
+También se llamó de Vib-arragel, por el nombre de la plaza que tiene
+junto. Pero por extensión se nombró <i>la Almenilla</i> a esta plaza, en la
+cual&mdash;dice el mismo autor&mdash;«está el sitio que llaman el Blanquillo, que
+es un pedazo de la muralla que da sobre el río, muy ancho, al cual se
+sube por dos cómodas escaleras de piedra, y su suelo está ladrillado y
+muy cómodo, por lo que en otro tiempo había en él muchas funciones y
+bailes en las noches de verano.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_554_555" id="Footnote_554_555"></a><a href="#FNanchor_554_555"><span class="label">[554]</span></a> El real monasterio de San Clemente, de Sevilla, en la
+collación de San Lorenzo, siempre se tuvo, como dice Morgado (pág. 435),
+«por el más antiguo y primero que de Monjas en ella fué fundado después
+de ganada de poder de los Moros...», y su compás, «llamado (por ser
+suyo) de San Clemente, que tiene poco menos de trezientos vezínos,
+posseen y an posseído continuamente sus Monjas, con verdadero título y
+real donación».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_555_556" id="Footnote_555_556"></a><a href="#FNanchor_555_556"><span class="label">[555]</span></a> El señor Bonilla leyó <i>del Tejo</i>, como la edición
+príncipe; pero rectificó al pie de la página: «Por <i>Tajo</i>.» Y yo,
+releyendo el pasaje de Vélez y viendo asociado a lo del <i>Tejo</i> (que me
+traía a la memoria aquellos versos del preclaro poeta Camoens:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>«Vejo o puro, suave e brando</i> Tejo,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Com as concavas barcas, que nadando</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>Vão pondo em doce effeito seu desejo</i>...,»)</span><br />
+</p><p>
+lo de la <i>estranjera voz</i> de aquel <i>Seraphin</i> o <i>Seraphina</i>, me di a
+sospechar si en San Clemente habría habido, por el tiempo en que Vélez
+escribía su novela, o poco antes, alguna monja portuguesa, tan famosa
+por su buena voz como aquella otra monja de Santa Paula, también en
+Sevilla, de que habló Cervantes en <i>La Española inglesa</i>. Y esto
+pensado, acudí una vez más, como en otros casos, á la bondadosa voluntad
+de mi antiguo amigo y compañero de aulas don José María de Valdenebro,
+rogándole que hiciera en San Clemente la deseada investigación. Hecha
+está, y véase cuán acertada ha salido mi conjetura. En 30 de octubre de
+1630, el doctor Alonso Jofre de Loaysa, visitador de monjas de aquella
+ciudad, estando a la reja del comulgatorio del convento de San Clemente
+el Real, exploró a doña Mariana, a doña Ana María <i>Serafina</i> y doña
+Isabel Bravo, de diez y nueve, diez y siete y quince años
+respectivamente, hijas de González Gómez Bravo y de Leonor Rodríguez,
+<i>vecinos de Lisboa</i>, antes de darles el hábito de novicias del dicho
+convento. Y dado en el mismo día, las tres hermanas profesaron en 16 de
+abril de 1632. La que nos interesa firmó en el acta de la profesión <i>Ana
+Sarafina</i>. Esta monja era, pues, el <i>serafín</i>, o <i>Serafina</i>, que había
+sido primero dulcísimo ruiseñor <i>del Tejo</i>. Y conviene añadir que al
+practicarse tal búsqueda, con el inmejorable resultado que acabamos de
+ver, las monjas de San Clemente, enteradas del objeto de ella, han
+manifestado que por referencia venida de unas en otras saben que hubo en
+su convento una cantora tan admirable, «que se llenaba la iglesia por
+oírla, y a más, el compás, cundiendo por toda la ciudad sus elogios».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_556_557" id="Footnote_556_557"></a><a href="#FNanchor_556_557"><span class="label">[556]</span></a> <i>Hipérbole,</i> femenino hoy, fué masculino en otras
+calendas. Tirso de Molina, en sus <i>Cigarrales de Toledo</i>: «Buscando
+estoy comparaciones para las mexillas de quien ellas son <i>el hypérbole,</i>
+y no las hallo....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_557_558" id="Footnote_557_558"></a><a href="#FNanchor_557_558"><span class="label">[557]</span></a> <i>Carcajadas de risa</i>, pleonasmo aun muy usado por el
+vulgo, especialmente en Andalucía. También lo tiene Espinel en sus
+<i>Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_558_559" id="Footnote_558_559"></a><a href="#FNanchor_558_559"><span class="label">[558]</span></a> Como dice el léxico de la Academia, <i>señalado de la mano
+de Dios</i> es frase «con que se suele zaherir al que tiene un defecto
+corporal».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_559_560" id="Footnote_559_560"></a><a href="#FNanchor_559_560"><span class="label">[559]</span></a> Se dice <i>nacido en las malvas</i> del que tuvo humilde
+origen, y aun añaden tal cual vez <i>criado en las ortigas</i>. Góngora, en
+una de sus letrillas burlescas:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Al que pretende más salvas</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y ceremonias mayores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que se deben por señores</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">a los Infantados y Albas,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">siendo <i>nacido en las malvas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y criado en las ortigas</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">cinco higas.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_560_561" id="Footnote_560_561"></a><a href="#FNanchor_560_561"><span class="label">[560]</span></a> Por <i>limeta</i> nunca se entendió <i>vaso</i> sino genéricamente;
+es y fué siempre <i>botella, redoma</i>. Oudin, en su <i>Tresor des devx
+langues...: «Limeta, vne espece de phiole de verre comme ce que l'on
+appelle á Paris un bocal</i>.» Y Franciosini, en su <i>Vocabolario</i>, la da
+por equivalente de <i>guastada</i> o <i>caraffa</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_561_562" id="Footnote_561_562"></a><a href="#FNanchor_561_562"><span class="label">[561]</span></a> Entre los vinos andaluces eran muy celebrados los de
+<i>Alanís</i> y <i>Cazalla</i>. Cervantes, en el <i>El Licenciado Vidriera: «</i>...
+ofreció a Esquivias, <i>a Alanís, a Cazalla</i>, Guadalcanal y la
+Membrilla....» Sería bien fácil citar veinte o más autores que celebran
+estos vinos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_562_563" id="Footnote_562_563"></a><a href="#FNanchor_562_563"><span class="label">[562]</span></a> Como si dijera: <i>de moho que tiraba a cecina</i>. Quevedo,
+en la <i>Visita de los chistes</i>: «Y diles a todos los <i>dones</i> a teja vana,
+caballeros chirles, <i>hacia hidalgos</i> y casi dones, que hagan bien por
+mi....» <i>Hacia</i>, así antepuesto, es menos que <i>semi</i> y mucho menos que
+casi, porque no denota sino tendencia ó dirección.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_563_564" id="Footnote_563_564"></a><a href="#FNanchor_563_564"><span class="label">[563]</span></a> Llaman figuradamente <i>sacar la sardina con la mano del
+gato</i> a servirse de otro para que se arriesgue, o haga la costa, en
+costa de nuestra utilidad.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_564_565" id="Footnote_564_565"></a><a href="#FNanchor_564_565"><span class="label">[564]</span></a> De la proverbial valentía&mdash;o, mejor,
+<i>valentonería</i>&mdash;sevillana dije en el discurso preliminar de mi edición
+crítica de <i>Rinconete y Cortadillo</i> (pág. 71): «Mas ¡también singular
+cosa! con esa propensión al ocio coexistían, en los hombres de todas las
+clases sociales, una altivez y un como orgullo, provenientes en mucha
+parte de ser hijos de la magnífica ciudad, y aun de solo residir en
+ella, que solían traducirse, cuando no en actos de ostensible valor, en
+contiendas verbales llenas de interjecciones, pésetes, mentises e
+hiperbólicas amenazas, en que ponía lo menos el propósito de hacer daño
+a nadie, y ponían lo más la exuberancia de fantasía y la facundia
+retórica que da pródigamente a sus naturales aquella noble y
+privilegiada tierra.» Y añadí poco después: «Quien lo hereda, no lo
+hurta, y como de herencia tenían los sevillanos aquel decoro, y aquella
+noble arrogancia. «Todos, hasta los niños&mdash;escribía el bachiller Luis de
+Peraza, cabalmente hacia el año referido (1540)&mdash;, presumen de hombres,
+y andan con sus «espadicas» a los lados, y aun se las pegan a las veces
+con «el diablo». Con razón, pues, decía Castillo Solórzano en <i>La
+Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas</i>, capítulo III: «... demás
+desto era un poco dado a la valentía, cosa en que pecan todos los más
+hijos de Sevilla que se crían libres como este que decimos». No había,
+pues, de ser una excepción de la regla la pobrería hispalense.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_565_566" id="Footnote_565_566"></a><a href="#FNanchor_565_566"><span class="label">[565]</span></a> Aquí parece aludir el Cojuelo a las seguidillas y
+villancicos en que los ciegos solían burlarse de él, como dije en nota
+del tranco VI (158, 4)[383].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_566_567" id="Footnote_566_567"></a><a href="#FNanchor_566_567"><span class="label">[566]</span></a> <i>Hasta a los lirones</i>, quiere decir.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_567_568" id="Footnote_567_568"></a><a href="#FNanchor_567_568"><span class="label">[567]</span></a> <i>Carril</i> o <i>carrillo</i> llaman en Andalucía a la garrucha
+por donde pasa la soga con que se saca el agua del pozo; y para que el
+eje, que es de hierro, no se entorpezca con las lluvias, suelen cobijar
+la tal polea con una esportilla de palma o un sombrerillo viejo. Uno de
+ese jaez era el que lucía el Duque.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_568_569" id="Footnote_568_569"></a><a href="#FNanchor_568_569"><span class="label">[568]</span></a> No he logrado hallar explicación a esto de llamar el
+Sargento a un mendigo «porque tenía un brazo menos». Creo que ha de
+referirse alguna insignia (lazo, capona, o cosa semejante) que los
+sargentos llevarían en un solo brazo. Con todo, a más señores.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_569_570" id="Footnote_569_570"></a><a href="#FNanchor_569_570"><span class="label">[569]</span></a> El andar arrastrando, por solo ello, no explica el por
+qué del mote de este marqués. Le llamaban Marqués de los Chapines porque
+para andar se ayudaba de las manos, calzados en ellas unos chapines
+viejos. Así dice Vélez poco después (265, 12). «Entonces el Conde [es
+errata, por <i>Marqués</i>], metiendo las manos en los chapines....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_570_571" id="Footnote_570_571"></a><a href="#FNanchor_570_571"><span class="label">[570]</span></a> <i>Vusía,</i> contracto de <i>vuestra señoría.</i> Falta en el
+<i>Diccionario</i> de la Academia, que registra, entre otros, <i>vueseñoría,
+useñoría y usiría.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_571_572" id="Footnote_571_572"></a><a href="#FNanchor_571_572"><span class="label">[571]</span></a> Recuérdese lo dicho en nota del tranco IV a propósito de
+la frase <i>demonios a las veinte</i> (89, 18)[244].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_572_573" id="Footnote_572_573"></a><a href="#FNanchor_572_573"><span class="label">[572]</span></a> Pérez y González recuerda que estos dos ríos eran famosos
+por lo sucios y mal olientes, tanto, que Salas Barbadillo, en una jácara
+inserta en su novelita picaresca titulada <i>La Ingeniosa Elena, hija de
+Celestina</i>, pone asimismo juntos sus nombres, «como en competencia de
+suciedad»;
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«A Valladolid la rica,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">con quien el sol suele hacer</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">tal divorcio, que el invierno</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de sus ojos no le ve,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">donde <i>el espeso Esguevilla,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>émulo de Zapardiel,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>portador de malas nuevas</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>para las narices es</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Y pregunta Pérez y González: «Al decir Vélez de Guevara que la Berlinga
+había sido <i>senda de Esgueva a Zapardiel</i>, ¿quería referirse a la
+distancia que media entre ambos ríos, o quería indicar que aquella pobre
+mendiga era sucia en extremo, como si hubiera reunido la suciedad de
+Zapardiel y de Esgueva?» A mi parecer, con todo ello quiso decir de esta
+pordiosera que era tan sucia como larga, aun llamándose la Berlinga.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_573_574" id="Footnote_573_574"></a><a href="#FNanchor_573_574"><span class="label">[573]</span></a> <i>Paulina</i>, como dice el <i>Diccionario</i> de autoridades, es
+«la carta o edicto de excomunión que se expide en el Tribunal de la
+Nunciatura, u otro Pontificio. Llamóse assi porque en tiempo del papa
+Paulo III tomó fuerza la costumbre de estos edictos. Por extensión se
+dice por el conjunto de palabras injuriosas con que uno zahiere a
+otro».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_574_575" id="Footnote_574_575"></a><a href="#FNanchor_574_575"><span class="label">[574]</span></a> <i>Palabra preñada</i>, según el <i>Diccionario</i> de autoridades,
+es «el dicho que incluye en si más sentido del que manifiesta, y se dexa
+al discurso del que lo oye».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_575_576" id="Footnote_575_576"></a><a href="#FNanchor_575_576"><span class="label">[575]</span></a> Hoy lo diríamos con más clara sintaxis: «hubiera entre
+pobres y pobras un paloteado de los diablos». Esta pobrería lisiada y
+mendigante, por serlo, nunca podría menos de parecerse mucho a la que
+esbozó Quevedo en su <i>Boda de pordioseros</i> (Musa V):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«...Quando por una calle</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">el Manquillo de Ronda</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">entró, dando chillidos,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">recogiendo la mosca:</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Denme, nobles cristianos,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">por tan alta señora,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">ansí nunca se vean,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">su bendita limosna.»</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Columpiado en muletas</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y devanado en sogas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Juanazo se venía</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">profesando de horca.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">En un carretoncillo,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y al cuello unas alforjas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Pallares, con casquete</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y torcida la boca,</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y el Ronquillo a su lado,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">fingiendo la temblona,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">cada cual por su acera</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">desataron la prosa,</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y levantando el grito,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">dijeron con voz hosca</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">lo del aire corruto</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y aquello de la hora.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Con sus llagas postizas,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Arenas el de Soria</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">pide para una bula,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">que eternamente compra.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Romero el estudiante,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">con sotanilla corta,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y con el <i>quidam pauper</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">los bodegones ronda.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Con niños alquilados,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">que de continuo lloran</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">a poder de pellizcos,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">por lastimar las bolsas,</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">la taimada Gallega,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">más bellaca que tonta,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">entró de casa en casa,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">bribando la gallofa....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_576_577" id="Footnote_576_577"></a><a href="#FNanchor_576_577"><span class="label">[576]</span></a> Como dice el <i>Diccionario</i> de autoridades, se llamaba
+<i>particular</i> «la comedia que se representa por los farsantes fuera del
+theatro público». Agustín de Rojas decía en <i>El Viaje entretenido:</i>
+«Hacen <i>particulares</i> a gallina asada, liebre cocida, cuatro reales en
+la bolsa, dos azumbres de vino en casa, y a doce reales una fiesta con
+otra». Y Quiñones de Benavente, en el <i>Baile de los Zarrapastrones</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 1.5em;">«BRAS. Prega a Dios que no seais Menga</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">con quien los poetas anden</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">de día con las comedias,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">de noche en <i>particulares</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_577_578" id="Footnote_577_578"></a><a href="#FNanchor_577_578"><span class="label">[577]</span></a> <i>Para pagarlo de bonete</i>, esto es, de la limosna que para
+ello se recogiera entre la pobrería; <i>echando</i>, como dicen, <i>un
+guante.</i></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_578_579" id="Footnote_578_579"></a><a href="#FNanchor_578_579"><span class="label">[578]</span></a> Entre personas principales era cosa muy frecuente el
+jurar por la vida del cónyuge&mdash;así, verbigracia, la Duquesa en el
+<i>Quijote</i> (II, 31)&mdash;, y Vélez, donosamente, pone tal juramento en boca
+de este Duque de los Andrajos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_579_580" id="Footnote_579_580"></a><a href="#FNanchor_579_580"><span class="label">[579]</span></a> En la pretina o cinto solían llevar la vara los
+alguaciles, para tener desembarazadas y libres entrambas manos. Lo mismo
+hacen los arrieros, como dice esta copla popular:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Echemos la despedida,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">la que echan los harrieros:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>con la vara en la cintura</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«¡Harre, borrico platero!»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_580_581" id="Footnote_580_581"></a><a href="#FNanchor_580_581"><span class="label">[580]</span></a> <i>Por iglesia</i>, en una de sus acepciones, se entiende el
+refugio, favor e inmunidad que da a quien se vale de su sagrado.
+Dijeron, pues, <i>pedir iglesia</i> a alegar esa inmunidad, bien por estar
+acogido a lugar que tenía ese privilegio, o bien por haber sido sacado
+de él por fuerza. Pero como a todo criminal a quien detenía la justicia
+importaba mucho hacer entender que tenía ganado el derecho de asilo, por
+estar, o haber estado, acogido, era frecuente el <i>llamarse Iglesia,</i> es
+decir, el empeñarse en no responder otra palabra que <i>Iglesia</i> a cuanto
+le preguntaban. Quevedo, en una de sus jácaras:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Tienen gran tirria conmigo</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">los confesores de historias;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">mas sólo <i>iglesia me llamo</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">pueden hacer que responda.»</span><br />
+</p><p>
+Y Lope de Vega, en el acto III de <i>El Alcalde mayor</i>, donde Rosarda hace
+llamar a Dinardo, que está preso en la cárcel, y cuando le traen con
+grillos, dicen:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ROSARDA. ¿Conocías a Camilo?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">DINARDO.&nbsp; <i>Iglesia</i>.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">ROSARDA.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; (Pluguiera a Dios</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que nos viésemos los dos</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">a su puerta.) ¡Lindo estilo</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">de delincuentes! El día</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que al campo salió contigo,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">¿no llevabas otro amigo?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">DINARDO.&nbsp; <i>Iglesia</i>.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">BERNARDO.&nbsp; Verdad sería.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_581_582" id="Footnote_581_582"></a><a href="#FNanchor_581_582"><span class="label">[581]</span></a> Como nota el señor Bonilla, <i>el Conde</i>, ahora, y <i>la
+Condesa</i> cinco líneas después, que así se lee en la edición príncipe,
+son manifiestas erratas, por <i>el Marqués</i> y <i>la Marquesa</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_582_583" id="Footnote_582_583"></a><a href="#FNanchor_582_583"><span class="label">[582]</span></a> Nuevo juramento aristocrático, como atrás el del Duque.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_583_584" id="Footnote_583_584"></a><a href="#FNanchor_583_584"><span class="label">[583]</span></a> Dar <i>culebra</i>&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de autoridades&mdash;«es
+dar algún chasco pesado, que suele ser con golpes».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_584_585" id="Footnote_584_585"></a><a href="#FNanchor_584_585"><span class="label">[584]</span></a> Eran y son las famosísimas <i>Gradas</i>, según a fines del
+siglo XVI las describió Mateo Alemán <i>(Guzmán de Alfarache</i>, parte I,
+libro I, cap. II), «un andén o paseo hecho a la redonda della [de la
+Iglesia Mayor o Catedral] por la parte de afuera, tan alto como a los
+pechos, considerado desde lo llano de la calle, todo cercado de gruesos
+mármoles y fuertes cadenas». Durante el siglo XVI y casi todo el
+siguiente&mdash;advertí en mi edición crítica de <i>Rinconete y Cortadillo</i>,
+pág. 383&mdash;«<i>las Gradas</i> fueron el sitio más concurrido de Sevilla:
+tienda donde se vendía y se compraba de todo lo que no eran cosas de
+comer; almoneda de cuanto la muerte y la pobreza hacían salir de las
+casas; mentidero de toda la ciudad; lugar en que los ciegos rezaban o
+mascullaban sus oraciones; punto de cita para todo sevillano, y plaza de
+curiosidad para todo forastero.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_585_586" id="Footnote_585_586"></a><a href="#FNanchor_585_586"><span class="label">[585]</span></a> Hoy no sería de buen pasar decirlo así: diríamos <i>don
+Cleofás y su camarada</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_586_587" id="Footnote_586_587"></a><a href="#FNanchor_586_587"><span class="label">[586]</span></a> <i>La calle de Bayona</i>&mdash;dice González de León, <i>Noticia
+histórica del origen de los nombres de las calles de Sevilla,</i> pág.
+204&mdash;«es otra de las calles que tomaron el nombre después de la
+conquista, de la nación o provincia que pasó a habitarlas.... No es muy
+ancha; sus casas son cómodas y grandes, y pasa, tomando una vuelta, de
+las Gradas de Poniente de la catedral, pasada la callejuela de la Mosca,
+a la puerta del Arenal». En esta calle tuvo su casa de posadas el ex
+farandulero y notable amigo de Cervantes Tomás Gutiérrez, de quien hemos
+sacado a luz curiosas noticias mi querido amigo don Adolfo Rodríguez
+Jurado y yo en diversos trabajos cervantinos. Recientemente han mudado
+el nombre de esta calle, llamándola de <i>Federico Sánchez Bedoya</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_587_588" id="Footnote_587_588"></a><a href="#FNanchor_587_588"><span class="label">[587]</span></a> La antigua calle <i>de la Pajería,</i> también nombrada en
+otro tiempo <i>del Mesón de los Caballeros</i>, se llama desde años ha <i>de
+Zaragoza</i>, en conmemoración del bizarrísimo comportamiento de los
+zaragozanos durante nuestra gloriosa guerra de la Independencia.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_588_589" id="Footnote_588_589"></a><a href="#FNanchor_588_589"><span class="label">[588]</span></a> Era grande agravio cortar la cara a una mujer, porque
+esto, sobre menoscabar su hermosura, hacía pública para siempre la
+afrenta, por ir indeleblemente marcada en el sitio más visible; pero a
+las malas mujeres se las solía amenazar además con <i>cortarles las
+piernas</i>, dando a entender con ello que por su torpe oficio las tenían
+poco menos a la vista que el rostro.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_589_590" id="Footnote_589_590"></a><a href="#FNanchor_589_590"><span class="label">[589]</span></a> Así lo dijo Andrés de Claramonte, en la jorn. III de <i>De
+lo vivo a lo pintado</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«LISBELLA. Cuando yo no os conocía,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">viles y bárbaros celos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">como engañáis, como cielos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">por deidades os tenía;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">mas después que he conocido</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">vuestros rigores eternos,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>veo que sois los infiernos</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">en que padece el sentido.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_590_591" id="Footnote_590_591"></a><a href="#FNanchor_590_591"><span class="label">[590]</span></a> <i>Otro día,</i> en equivalencia de <i>al día siguiente</i>, como
+en muchos lugares del <i>Quijote</i> (II, 331, 4; III, 30, 15; IV, 91, 6; VI,
+26, 1, etc.).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_591_592" id="Footnote_591_592"></a><a href="#FNanchor_591_592"><span class="label">[591]</span></a> La calle de <i>la Morería,</i> que va desde la de San Pedro a
+la plaza de los Descalzos, perteneció al barrio que se llamó <i>del
+Adarvejo</i> y habitaron los moros hasta que en 1503 se les expulsó por
+mandado de los Reyes Católicos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_592_593" id="Footnote_592_593"></a><a href="#FNanchor_592_593"><span class="label">[592]</span></a> Refiriéndose Vélez a los <i>antojos</i> o <i>anteojos</i> con que
+el Cojuelo y don Cleofás concurrieron a la academia anterior, juega de
+aquel vocablo en sus dos acepciones.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_593_594" id="Footnote_593_594"></a><a href="#FNanchor_593_594"><span class="label">[593]</span></a> Con el <i>dixi</i>, en efecto, del cual nos queda el <i>he
+dicho</i> de hoy, solían terminarse las oraciones académicas. En el
+<i>Quijote</i> (II, 36), Trifaldín el de la Barba Blanca no acaba el discurso
+que hace en casa de los Duques sin el <i>Dije</i> de rúbrica.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_594_595" id="Footnote_594_595"></a><a href="#FNanchor_594_595"><span class="label">[594]</span></a> Claro es que se refiere a Orfeo y a su mujer Eurídice.
+Quizá Vélez le llamó <i>el Músico de Tracia</i> recordando aquellos versos de
+Lope, en <i>La Gatomaquia</i>, silva I:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«...Cantó un soneto en voz medio formada</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en la arteria bocal, con tanta gracia</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">como pudiera <i>el músico de Tracia</i>....»</span><br />
+</p><p>
+Pero antes que Lope, le había llamado así Camoens en una de sus elegías:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«E o musico de Thracia, <i>ja seguro</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>De perder sua Eurydice tangendo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>M'ajudara ferindo o ar escuro</i>.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_595_596" id="Footnote_595_596"></a><a href="#FNanchor_595_596"><span class="label">[595]</span></a> Reminiscencia de una de las epístolas de Horacio, citada
+por el señor Bonilla.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_596_597" id="Footnote_596_597"></a><a href="#FNanchor_596_597"><span class="label">[596]</span></a> Nuevamente se lee <i>dragmáticos</i> en la edición original,
+como <i>dragmático</i> en el tranco anterior (245, 2)[540].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_597_598" id="Footnote_597_598"></a><a href="#FNanchor_597_598"><span class="label">[597]</span></a> Llamaban <i>bailinistas</i> a los que escribían la letra para
+los bailes. A continuación de las <i>Pregmáticas y Ordenanzas</i> de la
+academia que se celebró en el Buen Retiro en 1637, presidida por Luis
+Vélez de Guevara, que no son sino estas mismas, con ligeras variantes
+(Biblioteca Nacional, Ms. 10293), hay algunas <i>cédulas</i>, una de las
+cuales comienza así: «A un poeta <i>bailinista</i> nuevo se le han perdido
+dos seguidillas y unas mudanças de cruzado....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_598_599" id="Footnote_598_599"></a><a href="#FNanchor_598_599"><span class="label">[598]</span></a> Dice festivamente <i>villancieres</i>, por <i>poetas de
+villancicos</i>, como se decía, al uso de Borgoña, <i>panetier</i>, <i>salsier</i>,
+<i>grefier</i>, etc. Tirso de Molina, en el acto II de <i>Privar contra su
+gusto</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">«CALVO.&nbsp; Ha dado en mudar los nombres</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">el palacio a sus oficios,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">en nuestra España novicios;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">ya llama a sus gentilhombres</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>acroyes</i>; ya hay <i>sanserván,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>furriel, costiller, salsier,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>guardamangel, sumiller,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>panatiel</i>, que guarda el pan,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">y otros mil; con que deseo</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que el palacio me sustente</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">y ocupe principalmente</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">entre aquestos del bureo,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">por holgarme y burear.</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">Quisiera yo, pues, señora,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">que, siendo mi intercesora,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">el Duque me hiciera dar</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">uno que, acabado en <i>el</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">a los demás imitara</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">y de nuevo se criara.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">INFANTA. Y ¿cuál es?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 3em;">CALVO.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <i>Murmuratiel</i>.»</span><br />
+</p><p>
+<i>El Titeretier</i> (por <i>El Titerero</i> o <i>El Titiritero</i>) se titula una
+mojiganga de don Francisco de Avellaneda, núm. 3260 del <i>Catálogo de las
+piezas del Teatro que se conservan en el departamento de Manuscritos de
+la Biblioteca Nacional</i>. Y el mismo Vélez, en un romance dirigido al Rey
+(véase mi folleto intitulado <i>Cinco poesías autobiográficas de Luis
+Vélez de Guevara</i>):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... que agora son más que nunca</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">sus escudos menesteres,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">para caminar con Vos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">desde aquí a Jerusalén,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">protestando que será</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">en todo el Pentecostés</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de las alabanzas vuestras</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">eterno <i>versifiquier</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_599_600" id="Footnote_599_600"></a><a href="#FNanchor_599_600"><span class="label">[599]</span></a> Así, <i>ridmos</i>, en la edición príncipe, cambiada la <i>t</i> en
+<i>d</i>, como en <i>atmósfera</i>, <i>atlántico</i>, etc., que el vulgo, por la ley
+del menor esfuerzo, pronuncia <i>admósfera</i>, <i>adlántico</i>, etc.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_600_601" id="Footnote_600_601"></a><a href="#FNanchor_600_601"><span class="label">[600]</span></a> El señor Bonilla leyó distraídamente <i>modo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_601_602" id="Footnote_601_602"></a><a href="#FNanchor_601_602"><span class="label">[601]</span></a> De estas once voces que reprobaba por nuevas y exóticas
+Vélez de Guevara, diez son hoy de uso corriente, y aun <i>purpurear</i>, que
+se emplea poco, está, como las otras, en todos los diccionarios. Cuando
+al hojear nuestros libros del siglo XVII encuentro listas de palabras
+que entonces se rechazaban por nuevas, y ahora estamos a pique de
+arrinconarlas por antiguas, la resistencia que mi clásica educación
+literaria opuso siempre al habla modernista que va cundiendo tira a
+ceder, de tal manera, que me desconozco. Veo, además, que entre estas
+novedades con que quieren regalarnos hay muchas que no lo son sino
+porque cayeron en desuso cuatro o cinco siglos ha, y recuerdo aquel
+<i>Multa renascentur</i> ... de Horacio, que aprendí en la adolescencia y que
+el cordobés Rosal acomodaba en verso, en esta guisa:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Muchos vocablos serán</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">estimados, que cayeron,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y muchos que florecieron</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">otra vez se olvidarán.»</span><br />
+</p><p>
+Vea el curioso, para demostración de ello, algunas listas de palabras
+cuyo uso o abuso afeaban nuestros antiguos dramáticos. Lope de Vega, en
+el acto I de <i>El Desprecio agradecido</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«FLORELA. ¡Qué bueno estuvo esta tarde</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">el Prado!</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LISARDA.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; La procesión</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">de los coches fué notable.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">FLORELA.&nbsp; ¡Bravo humo, brava gloria,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">brava prosa de galanes!</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">Muy valido anduvo <i>riesgo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>superior, inexcusable,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>valimiento, acción, despejo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>ruidoso, activo, desaire,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>lucimiento</i> y <i>carabanas</i>.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">LISARDA.&nbsp; ¡Caso extraño! ¡Que el lenguaje</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">tenga sus tiempos también!</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">FLORELA.&nbsp; Vienen a ser novedades</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">las cosas que se olvidaron.»</span><br />
+</p><p>
+Lo de <i>bravo humo</i> y <i>brava gloria</i> se refiere&mdash;y dígolo porque hoy no
+es fácil de entender&mdash;a los mantos que se llamaron <i>de humo</i> y <i>de
+gloria</i>. Tirso de Molina, en el acto III de <i>Celos con celos se curan</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«GASCÓN.&nbsp; ...Miren vuesirías dos</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">cuál anda ya nuestro idioma:</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">todo es <i>brilla, emula, aroma,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;"><i>fatal</i>.... ¡Oh! Maldiga Dios</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">al primer dogmatizante</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">que se vistió de <i>candor</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Y Rojas Zorrilla, en la jorn. I de <i>Entre bobos anda el juego, don Lucas
+del Cigarral</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«ANDREA.&nbsp; ¿Habla culto?</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">D.ª ISABEL.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Nunca entabla</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">lenguaje disparatado;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">antes, por hablar cortado,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">corta todo lo que habla.</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">Vocablos de estrado son</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">con los que a obligarme empieza:</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">dice <i>crédito, fineza,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;"><i>recato, halago, atención</i>....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_602_603" id="Footnote_602_603"></a><a href="#FNanchor_602_603"><span class="label">[602]</span></a> <i>Posposiciones</i>, o sea <i>transposiciones</i>, pues en ellas
+siempre hay palabra o expresión <i>pospuesta</i>, que con buena sintaxis no
+lo estaría. Llegó a arraigar tanto el abuso de esta licencia, por poetas
+y aun por prosistas, en la primera mitad del siglo XVII, que ni las
+mayores burlas fueron freno que los contuviese. En vano escribió Quevedo
+contra Góngora y sus secuaces aquella <i>receta para hacer soledades en un
+día</i>, que empezaba:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Quien quisiere ser culto en solo un día,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>la jeri</i> (aprenderá) <i>gonza</i> siguiente...»,</span><br />
+</p><p>
+y en balde Lope de Vega, en la silva IV de <i>La Gatomaquia</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">«...Y con estas demencias y furores,</span><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;"><i>en una de fregar cayó caldera</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">(trasposición se llama esta figura)</span><br />
+<span style="margin-left: 4.5em;">de agua acabada de quitar del fuego....»</span><br />
+</p><p>
+Pero en todo nuestro parnaso no se hallará una burla tan donosa contra
+el hipérbaton gongorino como aquel soneto que el mismo Lope insertó en
+el acto I de <i>El Capellán de la Virgen</i>. Dice así:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Inés, tus bellos ya me matan ojos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y al alma roban pensamientos mía,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">desde aquel triste que te vieron día</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con tan crueles por tu causa enojos.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Tus cabellos, prisiones de amor, rojos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">con tal me hacen vivir melancolía,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que tu fiera en mis lágrimas porfía</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">dará de mis la cuenta a Dios despojos.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Creyendo que de mi no amor se acuerde,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">temerario levántase deseo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de ver a quien me por desdenes pierde.</span><br />
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">Que es venturoso si se admite empleo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">esperanza de amor me dice verde,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">viendo que te desde tan lejos veo.»</span><br />
+</p><p>
+Este soneto está, además, con leves variantes, en una colección de
+<i>Poesías manuscritas</i> (letra del siglo XVII), procedente de la librería
+de Usoz y que hoy para en la Biblioteca Nacional, Mss. 3795-97, tomo I,
+fol. 103.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_603_604" id="Footnote_603_604"></a><a href="#FNanchor_603_604"><span class="label">[603]</span></a> <i>Sembrados de sal</i>, quiere decir, como se acostumbraba
+hacer con el solar de las casas de algunos traidores, después de
+derribarlas, a fin de que ni hierbas produjese aquel terreno.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_604_605" id="Footnote_604_605"></a><a href="#FNanchor_604_605"><span class="label">[604]</span></a> Lo dice en latín, por donaire: <i>guttur = garganta</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_605_606" id="Footnote_605_606"></a><a href="#FNanchor_605_606"><span class="label">[605]</span></a> Bien se echa de ver que Vélez, al decir todo esto del
+fénix, tenía en memoria el romance de Quevedo: uno de los cuatro
+referentes a otros tantos animales fabulosos (<i>la phénix</i>, el pelícano,
+el basilisco y el unicornio). Lo de «hija y heredera de sí propia» y lo
+de que «en ninguna región nadie ha encontrado su aduar» son
+reminiscencias de estos versos de aquel romance:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Tú, a quien ha dado la aurora</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">una celda y una ermita,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>y sólo saben tu nido</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>las coplas y las mentiras</i>;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">tú, <i>linaje de ti propria,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>descendiente de ti misma</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">abreviado matrimonio,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">marido y esposa en cifra....»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_606_607" id="Footnote_606_607"></a><a href="#FNanchor_606_607"><span class="label">[606]</span></a> <i>Afrenta de los miserables</i>, porque, según la fábula, se
+abre el pecho para alimentar con su sangre a sus hijos.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_607_608" id="Footnote_607_608"></a><a href="#FNanchor_607_608"><span class="label">[607]</span></a> <i>El capón de leche</i> citábase como el más apetitoso de los
+manjares. Lope de Vega, en una epístola, hablando de la muerte:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Tan presto se merienda los ayunos</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">como los hartos del <i>capón de leche</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">y pasados por agua sorbe algunos.»</span><br /></p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_608_609" id="Footnote_608_609"></a><a href="#FNanchor_608_609"><span class="label">[608]</span></a> <i>El Paular</i> fué un famoso monasterio de Cartujos, en la
+provincia de Madrid.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_609_610" id="Footnote_609_610"></a><a href="#FNanchor_609_610"><span class="label">[609]</span></a> Acerca del <i>le</i> usado como dativo de plural quedó nota en
+el tranco V (131, 5)[327].</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_610_611" id="Footnote_610_611"></a><a href="#FNanchor_610_611"><span class="label">[610]</span></a> Un antiguo romance de Bernardo del Carpio vulgarizó
+sobremanera lo que se suele llamar <i>la ley del mensajero</i>, en los versos
+siguientes, recordados por Cervantes en el <i>Quijote</i> (II, 10), y por
+otros muchos escritores:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«Con cartas un mensajero</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">el Rey al Carpio envió;</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Bernardo, como es discreto,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">de traición se receló.</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">Las cartas echa en el suelo,</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">y al mensajero ansí habló:</span><br />
+<span style="margin-left: 6em;">«<i>Mensajero sois, amigo:</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6em;"><i>non mereceis culpa, non</i>....»</span><br />
+</p><p>
+En la escena II de la <i>Comedia llamada Florinea</i>, del bachiller Juan
+Rodríguez Florián (1554) dice Belisea al paje de Floriano: «... y en
+saber cúyo eres entiendo cúya será la carta, y en saber cúya ella sea,
+sé que busco de mi enojo su daño y tu perdicion por mensajero: dado que
+diz que <i>los mensajeros no merescen culpa</i>....» Y en la escena VI (fol.
+23) dice la misma Belisea: «Vengas, paje, en buen hora: y porque <i>de ley
+de mensajero no meresces pena</i>, aunque no te limpias de la culpa....»
+Con todo esto, para tal exención el mensajero había de ser de casa
+extraña, porque del de la propia decía otra cosa el refrán: «Mensajero
+de casa, palos demanda.» Así, en el <i>Diálogo de los pajes</i>, de Diego de
+Hermosilla, escrito hacia el año de 1575, aunque nunca impreso hasta el
+de 1901, rogando Lorza a Godoy, criado del Duque, que recuerde a éste
+que ha de pagar cierta deuda, respóndele Godoy: «Id, señor, con Dios...;
+y en esotro, vos por carta se lo acordad al Duque, porque mensajero de
+casa, palos demanda; que sienten mucho que sus criados les traigan a la
+memoria ninguna cosa de las que ellos están obligados a hacer....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_611_612" id="Footnote_611_612"></a><a href="#FNanchor_611_612"><span class="label">[611]</span></a> Así se acostumbraba volver la honra a los deshonrados
+injustamente, bien que el remedio, como dicen, solía ser peor que la
+enfermedad. Cuéntase&mdash;y lo tiene referido en una de sus comedias uno de
+nuestros mejores ingenios, no recuerdo cuál&mdash;que habiendo sido azotado
+injustamente un sujeto, él logró que se reconociese el error, por lo
+cual le sacaron en público a caballo y con chirimías, proclamando el
+pregonero su inocencia; mas con ello sólo se consiguió que todo el mundo
+le llamase <i>el azotado</i>, siendo así que antes del ruidoso desagravio muy
+pocos habían tenido noticia de la injusta pena.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_612_613" id="Footnote_612_613"></a><a href="#FNanchor_612_613"><span class="label">[612]</span></a> Esto de <i>a furia me provoco</i> es un ripio de cuyo uso
+pocos poetas del tiempo de Vélez se escaparían, ni él mismo quizás. Sólo
+de Lope, del gran Lope, versificador correcto y facilísimo, podrían
+citarse muchos ejemplos. Véanse dos. En el acto III de <i>Contra valor no
+hay desdicha</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«REY.&nbsp; &nbsp; &nbsp; ...Di, villano, al otro infame</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que mi nieto no se llame:</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que <i>a más furor me provoco</i>.»</span><br />
+</p><p>
+En el acto II de <i>Dineros son calidad</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«CAMILA.&nbsp; ...Ya el mundo dello se admira:</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">que es, <i>si a furia me provoco</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">espada en manos de loco</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">lengua en la mujer con ira.»</span><br />
+</p><p>
+Y <i>a risa</i>, porque lo que importaba era el <i>provoco</i>, para la
+consonancia con <i>loco, poco, toco</i>, etc. El mismo Lope, en el acto III
+de <i>Santiago el Verde</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 1.5em;">«CELIA.&nbsp; &nbsp; Yo, Teodora, haré muy poco</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">en dejarte un hombre tal;</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">pues <i>a risa me provoco</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">de ver que siendo oficial</span><br />
+<span style="margin-left: 7.5em;">tuviese intento tan loco.»</span><br /></p>
+</div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_613_614" id="Footnote_613_614"></a><a href="#FNanchor_613_614"><span class="label">[613]</span></a> Estos dos versos, estampados como prosa en la edición
+original, tienen curiosa historia. Cuando, antes de terminar el siglo
+XVI, ciertos percances amorosos de que fueron consecuencia algunos
+desahogos satíricos dieron con Lope de Vega, desterrado de Madrid, en la
+hermosa ciudad del Turia, compuso, entre otros romances, uno que se
+encuentra en el <i>Romancero general</i>, fol. 153 de la edición de 1604, y
+que empieza así:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«Hortelano era Belardo</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">de las huertas de Valencia</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>que los trabajos obligan</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>a lo que el hombre no piensa</i>.»</span><br />
+</p><p>
+Vulgarizóse la sentencia contenida en los dos versos últimamente
+copiados, y, corriendo el tiempo, al escribir en 1620 un largo romance
+para la conclusión de la justa poética celebrada con motivo de la
+beatificación de San Isidro, los parodió su mismo autor en la forma
+siguiente:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«En la glosa del soneto</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">fué mayor la diferencia,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">porque el acabar en <i>fruto</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">adonde tan pocos quedan,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">hizo buscar consonantes</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que, aun referidos, disuenan;</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>porque un consonante obliga</i></span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>a lo que el hombre no piensa</i>.»</span><br /></p>
+</div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_614_615" id="Footnote_614_615"></a><a href="#FNanchor_614_615"><span class="label">[614]</span></a> <i>Servir con dos comedias en Orán</i>, como <i>con dos lanzas</i>,
+que era condena que solía imponerse a algunos nobles.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_615_616" id="Footnote_615_616"></a><a href="#FNanchor_615_616"><span class="label">[615]</span></a> Hace adjetivo a <i>jabalí</i>, y lo es, en efecto, aunque por
+tal no lo tenga el <i>Diccionario</i>. En Andalucía rara vez dicen <i>jabalí</i> a
+secas, sino <i>cochino jabalí</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_616_617" id="Footnote_616_617"></a><a href="#FNanchor_616_617"><span class="label">[616]</span></a> <i>Sobre qué caer poeta</i>, dicho a imitación de <i>no tener
+sobre qué caer</i>, o <i>caerse, muerto</i>, que equivale a haber llegado a la
+más extremada pobreza.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_617_618" id="Footnote_617_618"></a><a href="#FNanchor_617_618"><span class="label">[617]</span></a> <i>Talla</i>, en la acepción de premio que se ofrece por la
+prisión de un criminal.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_618_619" id="Footnote_618_619"></a><a href="#FNanchor_618_619"><span class="label">[618]</span></a> Hoy omitiríamos el <i>no</i>, diciendo: «Que ningún hijo de
+poeta ... pueda jurar...»; pero en otro tiempo solía decirse con ese
+<i>no</i>, que bien se echa de ver que en realidad no redunda, ordenando de
+otra manera las palabras: «Que <i>no</i> pueda jurar ningún hijo de
+poeta....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_619_620" id="Footnote_619_620"></a><a href="#FNanchor_619_620"><span class="label">[619]</span></a> <i>Ninguno</i>, equivaliendo a <i>alguno</i>. «Los negativos de
+origen positivo&mdash;dice Bello, <i>Gramática,</i> anotada por Cuervo (París,
+1908)&mdash;se emplean a veces en su significado antiguo ... y aun sucede que
+por analogía se extiende el mismo uso a los que son negativos de suyo y
+lo han sido siempre: «Las más altas empresas que hombre <i>ninguno</i> haya
+acabado en el mundo, esto es, <i>hombre alguno, nadie</i>.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_620_621" id="Footnote_620_621"></a><a href="#FNanchor_620_621"><span class="label">[620]</span></a> Nuestro mundo no puede tener más de dos <i>hemisferios,</i> o
+miente la etimología del vocablo; pero Vélez cuenta por otro, del mundo
+ultraterreno, la región infernal.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_621_622" id="Footnote_621_622"></a><a href="#FNanchor_621_622"><span class="label">[621]</span></a> <i>Alguacil de los veinte</i>.&mdash;«Frase&mdash;dice el señor Bonilla
+en su comento&mdash;con la cual alude Vélez al número de los alguaciles de
+Sevilla». No, no eran <i>veinte</i> los alguaciles de aquella ciudad; sino
+que, además de otros muchos de diferentes clases y categorías (alguacil
+mayor, sus tenientes, alguacil de las entregas, alguacil de Triana, y
+alguaciles de los tribunales y juzgados), había unos alguaciles de a
+caballo, llamados <i>de los veinte</i>, porque éste, por tasa, era su
+número.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_622_623" id="Footnote_622_623"></a><a href="#FNanchor_622_623"><span class="label">[622]</span></a> Juego de las acepciones del vocablo <i>corchete</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_623_624" id="Footnote_623_624"></a><a href="#FNanchor_623_624"><span class="label">[623]</span></a> En la edición príncipe, por errata, <i>pudieran</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_624_625" id="Footnote_624_625"></a><a href="#FNanchor_624_625"><span class="label">[624]</span></a> <i>Y la he de hacer de Evangelio</i>. Juega de la palabra
+<i>orden</i>, dando a entender que siendo <i>orden</i> (mandato) de Madrid, la ha
+de convertir en <i>orden</i> (grado sacerdotal) de Evangelio, es decir, la ha
+de hacer tan verdadera (por lo bien cumplida) como el Evangelio.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_625_626" id="Footnote_625_626"></a><a href="#FNanchor_625_626"><span class="label">[625]</span></a> <i>No</i>, antepuesto a un subjuntivo, suele equivaler a <i>no
+sea que. Quijote</i>, I, 34: «Acaba, corre, aguija, camina, <i>no se esfogue</i>
+con la tardanza el fuego de la cólera que tengo....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_626_627" id="Footnote_626_627"></a><a href="#FNanchor_626_627"><span class="label">[626]</span></a> <i>Sacar a paz y a salvo</i> a uno es, como dice el
+<i>Diccionario</i> de la Academia, «librarle de todo peligro y riesgo». Tal
+frase nació del objeto de aquellas escrituras en que, habiendo una
+persona, en otras anteriores o simultáneas, salido por fiador de otra
+persona, ésta se obligaba a sacarla con bien de cualquiera reclamación o
+procedimiento que con tal motivo se intentara o siguiera. Tales
+escrituras se llamaban de <i>a paz y a salvo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_627_628" id="Footnote_627_628"></a><a href="#FNanchor_627_628"><span class="label">[627]</span></a> <i>Meterle</i> a uno <i>las cabras en el corral</i> es, como dice
+el léxico de la Academia, <i>atemorizarle, infundirle miedo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_628_629" id="Footnote_628_629"></a><a href="#FNanchor_628_629"><span class="label">[628]</span></a> A este <i>académico</i> llama Vélez <i>un estudiantón del
+Corpus</i>, no como conjeturaba el señor Puyol y Alonso y decía el señor
+Bonilla, porque estudiase el <i>Corpus juris civilis</i> o el <i>Corpus juris
+canonici</i>, sino refiriéndose, tal cual lo notó Pérez y González, a su
+corpulencia y aspecto, lo mismo que pudo llamarle <i>un gigantón del
+Corpus</i>, por alusión a los que sacaban en la procesión del Sacramento,
+que por cierto solían ir vestidos con sotana, manteo y valona, a lo
+estudiante. «La paronomasia&mdash;añade el malogrado escritor
+hispalense&mdash;entre <i>estudiantón</i> y <i>gigantón</i> bien puede servir para
+hacer la frase sin que lo <i>del Corpus</i> tuviera más alcance, o acaso con
+la intención de referirse más claramente a la estatura y fortaleza,
+teniendo en cuenta que el <i>estudiantón</i> no sería pequeño ni desmirriado,
+cuando ofrecía «no dejar oreja de ministro a manteazos.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_629_630" id="Footnote_629_630"></a>
+<a href="#FNanchor_629_630"><span class="label">[629]</span></a>
+En el tan citado libro de Pérez y González, págs. 33, 41
+y 140, hay para colmar las medidas al más deseoso de entender a derechas
+y cabalmente qué sea esto de <i>graduado por la Feria y pendón verde</i>. Se
+llamó <i>de la Heria y pendón verde</i> una sublevación popular que ocurrió
+en Sevilla por los años de 1521, porque los amotinados, en su mayoría
+gente avalentada del barrio de <i>la Heria</i> o <i>Feria</i>, para llevar alguna
+insignia o bandera, sacaron de la inmediata iglesia parroquial de Omnium
+Sanctorum un estandarte verde cogido a los moros, que por trofeo estaba
+colgado en la capilla de Jesús Nazareno. La gente de <i>la Heria</i> tenía
+merecida fama de ahigadada y pendenciera, por lo cual, en la jorn. I de
+<i>El Rufián dichoso</i>, de Cervantes, una mujer alaba a Lugo diciendo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«¿Hay más que ver que le dan</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">parias los más arrogantes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de la Heria los matantes</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">los bravos de San Román?»</span><br />
+</p><p>
+Y desde aquel motín de 1521, para nombrar gente del bronce y
+arrufianada, fuera o no de Sevilla y del dicho barrio, se la llamó, tal
+cual vez <i>gente de la Feria y pendón verde</i>. En uno de los romances de
+germanía publicados por Juan Hidalgo:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5em;">«Un hombre que ser solía</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">tenido hace algunos meses</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">por uno de los que llaman</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>de la Heria y pendón verde</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">vino huyendo de Sevilla,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">que es Chipre de los valientes,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">por no sé qué niñerías,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">robos, capeos y muertes.»</span><br />
+</p><p>
+Y hasta a los ojos salteadores se les dió ese dictado. Quiñones de
+Benavente, en su <i>Entremés de los Cuatro galanes</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 4em;">«... ojos de rastro y estafa,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">jiferitos y corchetes,</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;">que son rufianes azules</span><br />
+<span style="margin-left: 4em;"><i>de la Heria y pendón verde</i>.»</span><br /></p>
+</div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_630_631" id="Footnote_630_631"></a><a href="#FNanchor_630_631"><span class="label">[630]</span></a> Hoy lo diríamos sin posponer la oración causal: «que,
+como había tanto que jugaba las armas, era, sobre alentada, muy
+diestra....» En los siglos XVI y XVII fué muy frecuente esa posposición,
+cosa que demostré con diversos ejemplos en mis notas al <i>Quijote</i> (VII,
+41, 2).</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_631_632" id="Footnote_631_632"></a><a href="#FNanchor_631_632"><span class="label">[631]</span></a> <i>Que jugaba las armas</i>, frase satírica, de cuya intención
+y alcance sabrá darse cuenta el lector.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_632_633" id="Footnote_632_633"></a><a href="#FNanchor_632_633"><span class="label">[632]</span></a> El <i>diaquilón</i> era&mdash;dice el <i>Diccionario</i> de
+autoridades&mdash;«emplasto compuesto de varios zumos viscosos de hierbas,
+que usa la Cirujía para ablandar tumores».</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_633_634" id="Footnote_633_634"></a><a href="#FNanchor_633_634"><span class="label">[633]</span></a> Morgado, en su <i>Historia de Sevilla</i>, pág. 174: «... y
+assi mismo [pueden contarse por excelencia de la ciudad] los muchos
+barqueros que biven de solo passar gente de vna a otra vanda en <i>el
+Passaje</i> de Sevilla a Triana, aun con estar a pocos pasos por cima la
+puente....»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_634_635" id="Footnote_634_635"></a><a href="#FNanchor_634_635"><span class="label">[634]</span></a> <i>El Altozano</i> de Triana no era calle, sino una plaza a la
+salida del puente de barcas. Mal-lara, <i>Recebimiento</i>..., fol. 48:
+«... la Puente está armada sobre barcos grandes, es de gruessos maderos y
+tablas, que viene a parar al <i>Altoçano</i> de Triana, junto al Castillo
+adonde está el Sancto officio de la Inquisición....» Vélez, al decir
+«<i>la calle del Altozano</i>, calle Mayor de aquel ilustre arrabal»,
+comparándola con la calle Mayor de Madrid, se refirió, sin duda, a la
+que en 1839, cuando González de León publicó su <i>Noticia histórica del
+origen de los nombres de las calles de ... Sevilla</i>, se llamaba calle
+<i>Larga,</i> y de la cual dijo: «No tiene la ciudad una calle en su
+longitud, anchura y rectitud que pueda igualarse con esta. Llega desde
+<i>el altosano</i> al puerto de camaroneros, que es casi la mitad de la
+estensión de toda Triana.»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_635_636" id="Footnote_635_636"></a><a href="#FNanchor_635_636"><span class="label">[635]</span></a> Nombraban <i>el Arenal</i> a una grande explanada que había
+entre la ciudad y el río, y en la cual se labró después todo el que hoy
+llaman barrio de la Carretería. Lope de Vega tiene una comedia
+intitulada <i>El Arenal de Sevilla</i>, porque una buena parte de su acción
+sucede en este sitio, concurridísimo antaño de gente de todas las
+naciones del mundo, y por eso mismo, de la flor de la picaresca
+andaluza.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_636_637" id="Footnote_636_637"></a><a href="#FNanchor_636_637"><span class="label">[636]</span></a> Más comúnmente se dice de los tesoros de los duendes lo de
+convertirse en carbón; así Cervantes, en el <i>Quijote</i> (II, 67): «... y
+los tesoros de los caballeros andantes son, <i>como los de los duendes</i>,
+aparentes y falsos....» Y Tirso de Molina, en el acto II de <i>Cautela
+contra cautela</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 1.5em;">«CHIRIMÍA. Lo que da mujer es viento:</span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>tesoros de duende son.</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;"><i>¡No se nos vuelva carbón!</i></span><br />
+<span style="margin-left: 7em;">¡Abre la caja con tiento!»</span><br /></p>
+</div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_637_638" id="Footnote_637_638"></a><a href="#FNanchor_637_638"><span class="label">[637]</span></a> Alude a la conseja según la cual en medio del infierno
+hay una encina de cuyas ramas se hace todo el carbón que allí se
+consume, sin que se amengüe jamás en este menester la leña de aquel
+gigantesco árbol.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_638_639" id="Footnote_638_639"></a><a href="#FNanchor_638_639"><span class="label">[638]</span></a> Hasta pocos años ha conservaba su antiguo nombre esta
+calle, que sale por uno de los extremos a la llamada hoy <i>de Fernández y
+González</i>, antes <i>de Vizcaínos, y de Castro</i> en tiempo de Cervantes, y
+por el otro extremo a la calle <i>de Zaragoza</i>, que se nombró <i>de la
+Pajería</i>. Hoy la calle de <i>Tintores</i> se llama de <i>Joaquín Guichot</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_639_640" id="Footnote_639_640"></a><a href="#FNanchor_639_640"><span class="label">[639]</span></a> <i>Un escribano del número,</i> que quiere decir uno de los
+veinticuatro escribanos que por tasa había en Sevilla, ante quienes se
+otorgaban las escrituras públicas. Había, además, muchos otros
+escribanos: los de los juzgados, los de provincia, los de rentas reales,
+etc.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_640_641" id="Footnote_640_641"></a><a href="#FNanchor_640_641"><span class="label">[640]</span></a> De la moralidad de los escribanos y de estar perdigados
+para el infierno se escribió tanto, que sería bien prolija tarea
+resumirlo. Vea el lector un texto, por todos. Mateo Alemán <i>(Guzmán de
+Alfarache</i>, parte I, libro I, cap. I), después de enumerar las proezas
+escribaniles, dijo: «Y así, me parece que cuando alguno se salva..., al
+entrar en la gloria dirán los ángeles unos a otros, llenos de alegría:
+«<i>Laetamini in domino</i>: ¡escribano en el cielo, fruta nueva, fruta
+nueva!»</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_641_642" id="Footnote_641_642"></a><a href="#FNanchor_641_642"><span class="label">[641]</span></a> Así en la edición original; pero quizás <i>lo que trujo</i> es
+errata, por <i>la que trujo</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_642_643" id="Footnote_642_643"></a><a href="#FNanchor_642_643"><span class="label">[642]</span></a> La opinión vulgar siempre hizo de una misma camarada a
+escribanos y sastres, y de ahí la conocida copla:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5em;">«<i>Un sastre y un escribano</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>fueron al infierno juntos:</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">el sastre se fué por varas,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">y el escribano por puntos.»</span><br />
+</p><p>
+Que es alusión a los puntos de la pluma. Quevedo, con quien siempre
+estuvieron muy malquistos los sastres, dijo en la <i>Visita de los
+chistes</i>: «Pues sastres, ¿a quién no matarán las mentiras y largas de
+los sastres, y hurtos? Y son tales, que para llamar a la desdicha peor
+nombre, la llaman <i>desastre</i>, del sastre....» E hizo decir a Escarramán
+en una de sus jácaras (Musa V):
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">«Como el ánima del sastre</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">suelen los diablos llevar,</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">iba en poder de corchetes</span><br />
+<span style="margin-left: 5.5em;">tu desdichado jayán.»</span><br />
+</p><p>
+Años después, Tirso de Molina, recordó estos versos de Quevedo en su
+comedia <i>Santo y sastre</i>:
+</p><p><br />
+<span style="margin-left: 2em;">«PENDÓN. Mira que te han de agarrar</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;">cuando la muerte te arrastre,</span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;"><i>como el ánima del sastre</i></span><br />
+<span style="margin-left: 6.5em;"><i>suelen los diablos llevar</i>.»</span><br /></p>
+</div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_643_644" id="Footnote_643_644"></a><a href="#FNanchor_643_644"><span class="label">[643]</span></a> Juega del verbo <i>tener</i> en dos de sus acepciones: la de
+<i>poseer</i> y la de <i>asir</i>.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_644_645" id="Footnote_644_645"></a><a href="#FNanchor_644_645"><span class="label">[644]</span></a> Este <i>con que</i> equivale a <i>con lo que</i> o <i>con lo cual</i>, y
+aunque poco usado ahora, ocurre con frecuencia en nuestros escritores de
+antaño.</p></div>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_645_646" id="Footnote_645_646"></a><a href="#FNanchor_645_646"><span class="label">[645]</span></a> <i>No se pudra en su leyenda</i>, es decir, <i>no se enfade</i>, o
+<i>aburra, con su lectura</i>.</p></div>
+
+<h2>ÍNDICE</h2>
+
+<p>Dedicatoria de esta edición<br />
+Prólogo de la misma<br />
+Dedicatoria de Vélez de Guevara<br />
+Prólogo a los mosqueteros de la comedia de Madrid<br />
+Carta de recomendación al cándido o moreno lector<br />
+Soneto de don Juan Vélez de Guevara a su padre</p>
+
+<p>Tranco I<br />
+Tranco II<br />
+Tranco III<br />
+Tranco IV<br />
+Tranco V<br />
+Tranco VI<br />
+Tranco VII<br />
+Tranco VIII<br />
+Tranco IX<br />
+Tranco X</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's El Diablo Conjuelo, by Luis Vélez de Guevara
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL DIABLO CONJUELO ***
+
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+Foundation
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+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
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