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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 11070 ***
+
+LA FONTANA DE ORO
+
+B. PÉREZ GALDÓS
+
+
+[Illustration: ARS-NATURA-VERITAS]
+
+
+
+
+
+MADRID 1921
+
+
+
+Los hechos históricos ó novelescos contados en este libro, se refieren á
+uno de los periodos de turbación política y social más graves é
+interesantes en la gran época de reorganización, que principió en 1812 y
+no parece próxima á terminar todavía. Mucho después de escrito este
+libro, pues sólo sus últimas páginas son posteriores á la Revolución de
+Septiembre, me ha parecido de alguna oportunidad en los días que
+atravesamos, por la relación que pudiera encontrarse entre muchos
+sucesos aquí referidos y algo de lo que aquí pasa; relación nacida, sin
+duda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorable
+período de 1820-23. Esta es la principal de las razones que me han
+inducido á publicarlo.
+
+
+B.P.G.
+
+
+Diciembre de 1870.
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+
+ I.--La carrera de San Jerónimo en 1821.
+ II.--El club patriótico
+ III.--Un lance patriótico y sus consecuencias
+ IV.--Coletilla
+ V.--La compañera de Coletilla
+ VI.--El sobrino de Coletilla
+ VII.--La voz interior
+ VIII.--Hoy llega
+ IX.--Los primeros pasos
+ X.--La primera batalla
+ XI.--La tragedia de _Los Gracos_
+ XII.--La batalla de Platerías
+ XIII.--No llega el esperado.--Llegada de un importuno
+ XIV.--La determinación
+ XV.--Las tres ruinas
+ XVI.--El siglo décimoctavo
+ XVII.--El sueño del liberal
+ XVIII.--Diálogo entre ayer y hoy
+ XIX.--El abate
+ XX.--Bozmediano
+ XXI.--¡Libre!
+ XXII.--El _vía-crucis_ de Lázaro
+ XXIII.--La Inquisición
+ XXIV.--_Rosa mística_
+ XXV.--_Virgo prudentísima_
+ XXVI.--Los disidentes de _La Fontana_
+ XXVII.--Se queda sola
+ XXVIII.--El ridículo
+ XXIX.--Las horas fatales
+ XXX.--_Virgo fidelis_
+ XXXI.--La reunión misteriosa
+ XXXII.--_La Fontanilla_
+ XXXIII.--Las arpías se ponen tristes
+ XXXIV.--El complot.--Triunfo de Lázaro
+ XXXV.--El bonete del Nuncio
+ XXXVI.--Aclaraciones
+ XXXVII.--El _vía-crucis_ de Clara
+XXXVIII.--Continuación del _vía-crucis_
+ XXXIX.--Un momento de calma
+ XL.--El gran atentado
+ XLI.--Fernando el Deseado
+ XLII.--_Virgo potens_
+ XLIII.--Conclusión
+
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+
+
+#La Carrera de San Jerónimo en 1821#.
+
+
+Durante los seis inolvidables años que mediaron entre 1814 y 1820, la
+villa de Madrid presenció muchos festejos oficiales con motivo de
+ciertos sucesos declarados _faustos_ en la _Gaceta_ de entonces. Se
+alzaban arcos de triunfo, se tendían colgaduras de damasco, salían á la
+calle las comunidades y cofradías con sus pendones al frente, y en todas
+las esquinas se ponían escudos y tarjetones, donde el poeta Arriaza
+estampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, el
+pueblo no se manifestaba sino como un convidado mas, añadido á la lista
+de alcaldes, funcionarios, gentiles-hombres, frailes y generales; no era
+otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y
+señaladas en los artículos del programa, y desempeñaba como tal el papel
+que la etiqueta le prescribía.
+
+Las cosas pasaron de distinta manera en el período del 20 al 23, en que
+ocurrieron los sucesos que aquí referimos. Entonces la ceremonia no
+existía, el pueblo se manifestaba diariamente sin previa designación de
+puestos impresa en la _Gaceta;_ y sin necesidad de arcos, ni oriflamas,
+ni banderas, ni escudos, ponía en movimiento á la villa entera; hacía de
+sus calles un gran teatro de inmenso regocijo ó ruidosa locura; turbaba
+con un solo grito la calma de aquel que se llamó el _Deseado_ por una
+burla de la historia, y solía agruparse con sordo rumor junto á las
+puertas de Palacio, de la casa de Villa ó de la iglesia de Doña María
+de Aragón, donde las Cortes estaban.
+
+Años de muchos lances fueron aquellos para la destartalada, sucia,
+incómoda, desapacible y obscura villa! Sin embargo, no era ya Madrid
+aquel lugarón fastuoso del tiempo de los reyes tudescos; sus gloriosas
+jornadas del 2 de Mayo y del 3 de Diciembre, su iniciativa en los
+asuntos políticos, la enaltecían, sobremanera. Era, además, el foro de
+la legislación constituyente de aquella época, y la cátedra en que la
+juventud más brillante de España ejercía con elocuencia la enseñanza del
+nuevo derecho.
+
+A pesar de todos estos honores, la villa y corte tenía un aspecto muy
+desagradable. Mari-Blanca continuaba en la Puerta del Sol como la más
+concreta expresión artística de la cultura matritense. Inmutable en su
+grosero pedestal, la estatua, que en anteriores siglos había asistido al
+tumulto de Oropesa y al motín de Esquilache, presidía ahora el
+espectáculo de la actividad revolucionaria de este buen pueblo, que
+siempre convergía á aquel sitio en sus ovaciones y en sus trastornos.
+
+Si fuera posible trasladar al lector á las gradas de San Felipe,
+capitolio de la chismografía política y social, ó sentarle en el húmedo
+escaño de la fuente de Mari-Blanca, punto de reunión de un público más
+plebeyo, comprendería cuan distinto de lo que hoy vemos era lo que veían
+nuestros abuelos hace medio siglo. De fijo llamaría su atención que una
+gran parte de los ociosos, que en aquel sitio se reúnen desde que
+existe, lo abandonaban á la caída de la tarde para dirigirse á la
+Carrera de San Jerónimo ó á otra de las calles inmediatas. Aquel público
+iba á los clubs, á las reuniones patrióticas, á _La Fontana de Oro_, al
+_Grande Oriente_, á _Lorencini_, á la _Cruz de Malta_. En los grupos
+sobresalían algunas personas que, por su ademán solemne, su mirada
+protectora, parecían ser tenidos en grande estima por los demás.
+Aparentaban querer imponer silencio á la multitud; otras veces,
+extendiendo los brazos en cruz, volvíanse atrás como quien pide
+atención: todo esto hecho con una oficiosa gravedad que indicaba influjo
+muy grande ó presunción no pequeña.
+
+La mayor porte se dirigía á la Carrera. Es porque allí estaba el club
+más concurrido, el más agitado, el más popular de los clubs: _La Fontana
+Se Oro_. Ya entraremos también en el café revolucionario. Antes
+crucemos, desde el Buen Suceso á los Italianos, esta alegre y animada
+Carrera de los Padres Jerónimos, que era entonces lo que es hoy y lo
+que será siempre: la calle más concurrida de la capital.
+
+Pero hoy, cuando veis que la mayor parte de la calle está formada por
+viviendas particulares, no podéis comprender lo que era entonces una vía
+pública ocupada casi totalmente por los tristes paredones de tres ó
+cuatro conventos. Imposible es comprender hoy la obscuridad que
+proyectaban sobre la entrada de la Carrera el ancho paredón del
+Monasterio de la Victoria por un lado, y la sucia y corroída tapia del
+Buen Suceso por otro. Más allá formaban en línea de batalla las monjas
+de Pinto; por encima de la tapia, que servía de prolongación al
+convento, se veían las copas de los cipreses plantados junto á las
+tumbas. Enfrente campeaba la ermita de los Italianos, no menos ridícula
+entonces que hoy, y más abajo, en lo más rápido del declive, el Espíritu
+Santo, que después fué Congreso de los Diputados.
+
+Las casas de los grandes alternaban con los conventos. En lo más bajo de
+la calle se veía la vasta fachada del palacio de Medinaceli, con su
+ancho escudo, sus innumerables ventanas, su jardín á un lado y su
+fundación piadosa á otro; enfrente los Valmedianos, los Pignatellis y
+Gonzagas; más acá los Pandos y Macedas, y, finalmente, la casa de Híjar,
+que hasta hace poco ostentaba en su puerta la cadena histórica,
+distintivo de la hospitalidad ofrecida á un monarca. Quedaba para catas
+particulares, para tiendas y sitios públicos la tercera parte de la
+calle: esto es lo que describiremos con más detención, porque es
+importante dar á conocer el gran escenario donde tendrán lugar algunos
+importantes hechos de esta historia.
+
+Entrando por la Puerta del Sol, y pasado el convento de la Victoria, se
+hallaba un gran pórtico, entrada de una antiquísima casa que, á pesar de
+su escudo decorativo, grabado en la clave del balcón, era en aquel
+tiempo una casa de vecindad en que vivían hasta media docena de honradas
+familias. Su noble origen era indudable; pero fué adquirida no sabemos
+cómo por la comunidad vecina, que la alquiló para atender á sus
+necesidades. En dicho portal, bastante espacioso para que entraran por
+él las enormes carrozas de su primitivo señor, tenía su establecimiento
+un memorialista, secretario de certificaciones y misivas; y en el mismo
+portal, un poco más adentro, estaban los almacenes de quincalla de un
+hermano de dicho memorialista, que había venido de Ocafia á la Corte
+para _hacer carrera_ en el comercio. Constaba su tienda de tres
+menguados cajoncillos, en que había algunos paquetes de peines, unas
+cuantas cajas de obleas, juguetes de chicos y un gran manojo de rosarios
+con cruces y medallones de estaño.
+
+La parte de la izquierda, y especialmente el rincón contiguo á la
+puerta, era un lugar en que el público ejercía un incontestable derecho
+de servidumbre. Era un centro urinario: la secreción pública había
+trocado aquel rincón en foco de inmundicia, y especialmente por las
+noches la ofrenda líquida aumentaba de tal modo, que el escribiente y su
+hermano hacían propósito firme de abandonar el local. En vano se
+amonestaba al público con terribles pragmáticas de policía urbana,
+promulgadas por la autorizada voz del memorialista. El público no
+renunciaba por esto á su costumbre, y de seguro lo habrían pasado mal
+los dos hermanos si hubieran tratado de impedir por la fuerza la
+libertad mingitoria, autorizada por un derecho consuetudinario que,
+según la feliz expresión de un parroquiano de aquel sitio, radicaba en
+la naturaleza del hombre y en la hospitalidad forzosa del vecindario.
+
+Enfrente de este portal clásico había una puertecilla, y por los dos
+yelmos de Mambrino, labrados en finísimo metal del Alcaraz y
+suspendidos á un lado y otro, se venía en conocimiento de que aquello
+era una barbería. Por mucho de notable que tuviera el exterior de este
+establecimiento, con su puerta verde, sus cortinas blancas, su redoma de
+sanguijuelas, su cartel de letras rojas, adornado con dos viñetas dignas
+de Maella, que representaban la una un individuo en el momento de ser
+afeitado, y la otra una dama á quien sangraban en un pie, mucho más
+notable era su interior. Tres mozos, capitaneados por el maestro
+Calleja, rapaban semanalmente las barbas de un centenar de liberales de
+los más recalcitrantes. Allí se discutía, se hablaba del Rey, de las
+Cortes, del Congreso de Verona, de la _Santa Alianza_. Oiríais allí la
+peroración contundente del oficial primero y más antiguo, mozo que se
+decía pariente de Poilier, el mártir de la libertad. Al compás de la
+navaja se recitaban versos amenizados con agudezas políticas; y las
+voces _camarilla, coletilla, trágala, Elio, la Bisbal, Vinuesa_,
+formaban el fondo de la conversación. Pero lo más notable de la barbería
+más notable de Madrid, era su dueño, Gaspar Calleja (se había quitado el
+Don después de 1820), héroe de la revolución, y uno de los mayores
+enemigos que tuvo Fernando el año 14. Así lo decía él.
+
+Más lejos estaba la tienda de géneros de unos irlandeses establecidos
+aquí desde el siglo pasado. Vendían, juntamente con el raso y el
+organdí, encajes flamencos y catalanes, alepín para chalecos, ante para
+pantalones, corbatas de color de las llamadas _guirindolas_, y
+_carrikes_ de cuatro cuellos, que estaban entonces en moda. El patrón
+era un irlandés gordo y suculento, de cara encendida, lustrosa y redonda
+como un queso de Flandes. Tenía fama de ser un servilón de á folio,
+pero, si esto era cierto, las circunstancias constitucionales del país,
+y especialmente de la Carrera de San Jerónimo, le obligaban á
+disimularlo. Fundábanse los que tan feo vicio imputaban al irlandés, en
+que cuando pasaba por la calle la Majestad de Fernando ó Amalia, la
+Alteza de _mi tío el doctor_ ó de don Carlos, el buen comerciante dejaba
+apresuradamente su vara y su escritorio para correr á la puerta,
+asomándose con ansiedad y mirando la real comitiva con muestras de
+ternura y adhesión. Pero esto pasaba, y el irlandés volvía á su habitual
+tarea, haciendo todas las protestas que sus amigos le exigían.
+
+Cerca de la tienda del irlandés se abría la puerta de una librería, en
+cuyo mezquino escaparate se mostraban abierto por su primera hoja
+algunos libros, tales como la _Historia de España_, por Duchesne; las
+novelas de Voltaire, traducidas por autor anónimo; _Las noches_ de
+Young; el _Viajador sensible_, y la novela de _Arturo y Arabella_, que
+gozaba de gran popularidad en aquella época. Algunas obras de Montiano,
+Porcell, Arriaza, Olavide, Feijóo, un tratado del lenguaje de las flores
+y la _Guía del comadrón_, completaban el repertorio.
+
+Al lado, y como formando juego con este templo literario, estaba una
+tienda de perfumería y de bisutería con algunos objetos de caza, de
+tocador y de encina, que todo esto formaban comercio común en aquellos
+días. Por entre los botes de pomadas y cosméticos; por entre las cajas
+de alfileres y juguetes, se descubría el perfil arqueológico de una
+vieja que era ama, dependiente y aun fabricante de algunas drogas. Más
+allá había otra tienda obscura, estrecha y casi subterránea en que se
+vendían papel, tinta y cosas de escritorio, amén de algún braguero ú
+otro aparato ortopédico de singular forma. En la puerta pendía colgado
+de una espetera un manojo de plumas de ganso, y en lo más profundo y más
+lóbrego de la tienda lucían como los ojos de un lechuzo en el recinto de
+una caverna, los dos espejuelos resplandecientes de don Anatalio Mas,
+gran jefe de aquel gran comercio.
+
+Enfrente había una tienda de comestibles; pero de comestibles
+aristocráticos. Existía allí un horno célebre, que asaba por Navidades
+más de cuatrocientos pavos de distintos calibres. Las empanadas de
+perdices y de liebres no tenía rival; sus pasteles eran celebérrimos,
+y nada igualaba á los lechoncillos asados que salían de aquel gran
+laboratorio. En días de convite, de cumpleaños ó de boda, no encargar
+los principales platos á casa de _Perico el Mahonés_ (así le
+llamaban), hubiera sido indisculpable desacato. Al por menor se
+vendían en la tienda: rosquillas, bizcochos, galletas de Inglaterra y
+mantecadas de Astorga.
+
+No lejos de esta tienda se hallaban las sedas, los hilos, los algodones,
+las lanas, las madejas y cintas de doña Ambrosia (antes de 1820 la
+llamaban la tía Ambrosia), respetable matrona, comerciante en hilado: el
+exterior de su tienda parecía la boca escénica de un teatro de aldea.
+Por aquí colgaba á guisa de pendón, una pieza de lanilla encarnada; por
+allí un ceñidor de majo; más allá ostentaba una madeja sus innumerables
+hilos blancos, semejando los pistilos de gigantesca flor; de lo alto
+pendía algún camisolín, infantiles trajes de mameluco, cenefas de
+percal, sartas de pañuelos, refajos y colgaduras. Encima de todo esto,
+una larga tabla en figura de media, pintada de negro, fija en la muralla
+y perpendicular á ella, servía de muestra principal. En el interior todo
+era armonía y buen gusto; en el trípode del centro tenían poderoso
+cimiento las caderas de doña Ambrosia, y más arriba se ostentaba el
+pecho ciclópeo y corpulento busto de la misma. Era española rancia,
+manchega y natural de Quintanar de la Orden, por más señas; señora de
+muy nobles y cristianos sentimientos. Respecto á sus ideas políticas,
+cosa esencial entonces, baste decir que quedó resuelto después de
+grandes controversias en toda la calle, que era una servilona de lo más
+exagerado.
+
+Estas tiendas, con sus respectivos muestrarios y sus tenderos
+respectivos, constituían la decoración de la calle; había además una
+decoración movible y pintoresca, formada por el gentío que en todas
+direcciones cruzaba, como hoy, por aquél sitio. Entonces los trajes eran
+singularísimos. ¿Quién podría describir hoy la oscilación de aquellos
+puntiagudos faldones de casaca? ¿Y aquellos sombreros de felpa con el
+ala retorcida y la copa aguda como pilón de azúcar? ¿Se comprenden hoy
+los tremendos sellos de reloj, pesados como badajos de campana, que iban
+marcando con impertinente retintín el paso del individuo? Pues ¿y las
+botas á la _farolé_ y las mangas de jamón, que serían el último grado de
+la ridiculez, si no existieran los tupés hiperbólicos, que asimilaban
+perfectamente la cabeza de un cristiano á la de un guacamayo?
+
+El gremio cocheril exhibía allí también sus más característicos
+individuos. Lo menos veinte veces al día pasaban por esta calle las
+carrozas de los grandes que en las inmediaciones vivían. Estas carrozas,
+que ya se han sumergido en los obscuros abismos del no ser, se componían
+de una especie de navío de línea, colocado sobre una armazón de hierro;
+esta armazón se movía con la pausada y solemne revolución de cuatro
+ruedas, que no tenían velocidad más que para recoger el fango del piso y
+arrojarlo sobre la gente de á pie. El vehículo era un inmenso cajón: los
+de los días gordos estaban adornados con placas de carey. Por lo común
+las paredes de los ordinarios eran de nogal bruñido, ó de caoba, con
+finísimas incrustaciones de marfil ó metal blanco. En lo profundo de
+aquel antro se veía el nobilísimo perfil de algún prócer esclarecido, ó
+de alguna vieja esclarecidamente fea. Detrás de esta máquina, clavados
+en pie sobre una tabla, y asidos á pesadas borlas, iban dos grandes
+levitones que, en unión de dos enormes sombreros, servían para
+patentizar la presencia de dos graves lacayos, figuras simbólicas de la
+etiqueta, sin alma, sin movimientos y sin vida. En la proa se elevaba el
+cochero, que en pesadez y gordura tenía por únicos rivales á las mulas,
+aunque éstas solían ser más racionales que él.
+
+Rodaba por otro lado el vehículo público, tartana calesa ó galera, el
+carromato tirado por una reata de bestias escuálidas; y entre todo esto
+el esportillero con su carga, el mozo con sus cuerdas, el aguador con su
+cuba, el prendero con su saco y una pila de seis ó siete sombreros en la
+cabeza, el ciego con su guitarra y el chispero con su sartén.
+
+Mientras nos detenemos en esta descripción, los grupos avanzan hacia la
+mitad de la calle y desaparecen por una puerta estrecha, entrada á un
+local, que no debe de ser pequeño, pues tiene capacidad para tanta
+gente. Aquélla es la célebre _Fontana de Oro, café y fonda_, según el
+cartel que hay sobre la puerta; es el centro de reunión de la juventud
+ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiración,
+ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y de oír su aplauso
+irreflexivo. Allí se había constituido un club, el más célebre é
+influyente de aquella época. Sus oradores, entonces neófitos exaltados
+de un nuevo culto, han dirigido en lo sucesivo la política del país;
+muchos de ellos viven hoy, y no son por cierto tan amantes del bello
+principio que entonces predicaban.
+
+Pero no tenemos que considerar lo que muchos de aquellos jóvenes fueron
+en años posteriores. Nuestra historia no pasa más acá de 1821. Entonces
+una democracia nacida en los trastornos de la revolución y alzamiento
+nacional, fundaba el moderno criterio político, que en cincuenta años se
+ha ido difícilmente elaborando. Grandes delirios bastardearon un tanto
+los nobles esfuerzos de aquella juventud, que tomó sobre sí la gran
+tarea de formar y educar la opinión que hasta entonces no existía. Los
+clubs, que comenzaron siendo cátedras elocuentes y palestra de la
+discusión científica, salieron del círculo de sus funciones propias
+aspirando á dirigir los negocios públicos, á amonestar á los gobiernos é
+imponerse á la nación. En este terreno fué fácil que las personalidades
+sucedieran á los principios, que se despertaran las ambiciones, y lo que
+es peor, que la venalidad, cáncer de la política, corrompiera los
+caracteres. Los verdaderos patriotas lucharon mucho tiempo contra esta
+invasión. El absolutismo, disfrazado con la máscara de la más abominable
+demagogia, socavó los clubs, los dominó y vendiólos al fin. Es que la
+juventud de 1820, llena de fe y de valor, fué demasiado crédula ó
+demasiado generosa. O no conoció la falacia de sus supuestos amigos, ó
+conociéndola, creyó posible vencerles con armas nobles, con la
+persuasión y la propaganda.
+
+Una sociedad decrépita, pero conservando aún esa tenacidad
+incontrastable que distingue á algunos viejos, sostenía encarnizada
+guerra con una sociedad lozana y vigorosa llamada á la posesión del
+porvenir. En este libro asistiremos á algunos de sus encuentros.
+
+Sigamos nuestra narración. Los curiosos se paraban ante la _Fontana_;
+salían los tenderos á las puertas; el barbero Calleja, que se hacía
+llamar _ciudadano Calleja_, estaba también en su puerta pasando una
+navaja, y contemplando el club y á sus parroquianos con una mirada
+presuntuosa, que quería decir: "si yo fuera allá...."
+
+Algunas personas se acercaron á la barbería formando corro alrededor del
+maestro. Uno llegó muy presuroso, y preguntó:
+
+"¿Qué hay? ¿Ocurre algo?"
+
+Era el recién venido uno de esos individuos de edad indefinible, de esos
+que parecen viejos ó jóvenes, según la fuerza de la luz ó la expresión
+que dan al semblante.
+
+Su estatura era pequeña, y tenía la cabeza casi inmediatamente adherida
+al tronco, sin más cuello que el necesario para no ser enteramente
+jorobado. El abdomen le abultaba bastante, y generalmente cruzaba las
+manos sobre él con movimiento de cariñosa conservación. Sus ojos eran
+medio cerrados y pequeños, pero muy vivos, formando armoniosa simetría
+con sus labios delgados, largos y elásticos, que en los momentos más
+ardorosos de la conversación avanzaban formando un tubo acústico que
+daba á su voz intensidad extraordinaria. A pesar de su traje seglar,
+había en este personaje no sé qué de frailuno. Su cabeza parecía hecha
+pura la redondez del cerquillo, y ancho gabán que envolvía su cuerpo,
+más que gabán, parecía un hábito. Tenía la voz muy destemplada y acre;
+pero sus movimientos eran sumamente expresivos y vehementes.
+
+Para concluir, diremos que este hombre se llamaba Gil de nombre y
+Carrascosa de apellido; educáronle los frailes agustinos de Móstoles, y
+ya estaba dispuesto para profesar, cuando se marchó del convento,
+dejando á los Padres con tres palmos de boca abierta. A fines de siglo
+logró, por amistades palaciegas, que le hicieran abate; mas en 1812
+perdió el beneficio, y depuso el capisayo. Desde entonces fué ardiente
+liberal hasta la vuelta de Fernando, en que sus relaciones con el
+favorito Alagón le proporcionaron un destino de covachuelista con diez
+mil reales. Entonces era absolutista decidido; pero la Jura de la
+Constitución por Fernando en 1820 le hizo variar de opiniones hasta el
+punto de llegar á alistarse en la sociedad de los _Comuneros_ y formar
+pandilla con los más exaltados. Cuando tengamos ocasión de penetrar en
+la vida privada de Carrascosa, sabremos algunos detalles de cierta
+aventura con una beldad quintañona de la calle de la Gorguera, y
+sabremos también los malos ratos que con este motivo le hizo pasar
+cierto estudiantillo, poeta clásico, autor de la nunca bien ponderada
+tragedia de los Gracos.
+
+"¿Pues no ha de ocurrir?--dijo Calleja.--Hoy tenemos sesión
+extraordinaria en la _Fontana_. Se trata de pedir al Rey que nombre un
+Ministerio exaltado, porque el que está no nos gusta. Tendremos discurso
+de Alcalá Galiano.
+
+--Aquel andaluz feo...
+
+--Si, ese mismo. El que el mes pasado dijo: _No haya perdón ni tregua
+para los enemigos de la libertad. ¿Qué quieren esos espíritus obscuros,
+esos...?_ Y por aquí seguía con un pico de oro....
+
+--Ya les dará que hacer--observó Carrascosa--¡Qué elocuencia! ¡Qué
+talento el de ese muchacho!
+
+--Pues yo, señor don Gil--manifestó Calleja,--respetando la opinión de
+usted, para mi tan competente, diré...."
+
+Y aquí tosió dos veces, emitió un par de gruñidos por vía de proemio,
+y continuó:
+
+"Diré que, aunque admiro como el que más las dotes del joven Alcalá
+Galiano, prefiero á Romero Alpuente, porque es más expresivo, más
+fuerte, más ... pues. Dice todas las cosas con un arranque ... por
+ejemplo, aquello de ¡_al que quiera hierro, hierro_! y aquello de ¡_no
+buscan los tiranos su apoyo en la vara de la justicia; búscanle en los
+maderos del cadalso, en el hombro deshonrado del verdugo_! Si le digo á
+usted que es un....
+
+--Pues yo--contestó el ex abate,--aunque admiro también á Romero
+Alpuente, prefiero á Alcalá Galiano, porque es más exacto, más
+razonador....
+
+--Se engaña usted, amigo Carrascosa. No me compare usted á ese hombre
+con el mío; que todos los oradores de España no llegan al zancajo de
+Romero Alpuente. Pues ¿y aquel pasaje de los _abajos_? Cuando decía:
+¡_Abajo los privilegios, abajo lo superfluo, abajo ese lujo que llaman
+rey..._! ¡Ah! Si es mucha boca aquella."
+
+Calleja repetía estos trozos de discurso con mucho énfasis y afectación.
+Recordaba la mitad de lo que oía, y al llegar la ocasión comenzaba á
+desembuchar aquel arsenal oratorio, mezclándolo todo y haciendo de
+distintos fragmentos una homilía substancial y disparatada. Se nos
+olvidaba decir que este ciudadano Calleja era un hombre muy corpulento y
+obeso; pero aunque parecía hecho expresamente por la Naturaleza para
+patentizar los puntos de semejanza que puede haber entre un ser humano y
+un toro, su voz era tan clueca, fallida y aternerada, que daba risa
+oírle declamar los retazos de discursos que aprendía en la _Fontana_.
+
+Pues no estamos conformes--contestó Carrascosa, accionando con mucho
+aplomo,--porque ¿qué tiene que ver esa elocuencia con la de Alcalá, el
+cual es hombre que, cuando dice "allá voy", le levanta á uno los pies
+del suelo?
+
+--Es verdad--dijo, terciando en el debate, uno de los circunstantes, que
+debía de ser torero, á juzgar por su traje y la trenza que en el cogote
+tenía;--es verdad. Cuando Alcalá embiste á los tiranos y se empieza á
+calentar.... Pues no fué mal puyazo el que le metió el otro día á la
+Inquisición. Pero, sobre todo, lo que más me gusta es cuando empieza
+bajito y después va subiendo, subiendo la voz.... Les digo á ustedes que
+es el espada de los _oraores_.
+
+--Señores--afirmó Calleja,--repito que todos esos son unos muñecos al
+lado de Romero Alpuente. ¡Cómo puso á los frailes hace dos noches! ¿A
+que no saben ustedes lo que les dijo? ¿A que no saben...? Ni al mismo
+demonio se le ocurre.... Pues los llamó.... _¡sepulcros blanqueados!_...
+Miren qué mollera de hombre....
+
+--No se empeñe usted, Calleja--refunfuñó el ex covachuelista con alguna
+impertinencia.
+
+--Pero venga usted acá, señor don Gil--dijo Calleja, haciendo todo lo
+posible por engrosar la voz.--¡Si sabré yo quién es Alcalá Galiano y los
+puntillos que calzan todos ellos! ¡A mí con esas! Yo, que les calo á
+todos desde que les veo, y no tengo más que oírles decir _castañas_ para
+saber de qué palo están hechos....
+
+--Creo, señor don Gaspar, que está usted muy equivocado, y no sé por qué
+se cree usted tan competente,--indicó Carrascosa en tono muy grave.
+
+--¿Pues no he de serlo? ¡Yo, que paso las noches oyéndoles á todos, no
+saber lo que son! Vamos, que algunos que se tienen por muy buenos, no
+son más que ingenios de ración y equitación.
+
+--Es verdad también que Romero Alpuente no es ningún rana--dijo otro de
+los presentes.
+
+--¿Cómo rana?--exclamó, animándose, Calleja.--¡Que le sobra talento por
+los tejados!... Y á usted, señor Carrascosa, ¿quién le ha dicho que yo
+no soy competente? ¿Quién es usted para saberlo?
+
+--¿Que quién soy? ¿Y usted qué entiende de discursos?
+
+--Vamos, señor don Gil, no apure usted mi paciencia. Le digo á usted que
+le tengo por un ignorante lleno de presunción.
+
+--Respete usted, señor Calleja--exclamó don Gil un poco
+conmovido;--respete usted á los que por sus estudios están en el caso
+de... Yo... yo soy graduado en cánones en la Complutense.
+
+--Cánones, ya. Eso es cosa de latín. ¿Qué tiene que ver eso con la
+política? No se meta usted en esas cuestiones, que no son para cabezas
+ramplonas y de cuatro suelas.
+
+--Usted es el que no debe meterse en ellas--exclamó Carrascosa sin
+poderse contener;--y el tiempo que le dejan libre las barbas de sus
+parroquianos, debe emplearlo en arreglar su casa.
+
+--Oiga usted, señor pedante complutense, canonista, teatino, ó lo que
+sea, váyase á mondar patatas al convento de Móstoles, donde estará más
+en su lugar que aquí.
+
+--Caballero--dijo Carrascosa, poniéndose de color de un tomate y mirando
+á todos lados para pedir auxilio, porque aunque tenía al barbero por lo
+que era, por un solemne gallina, no se atreva con aquel corpachón de
+ocho pies.
+
+--Y ahora que recuerdo--añadió con desdén el rapista,--no me ha pagado
+usted las sanguijuelas que llevó para esa señora de la cal é de la
+Gorguera, hermana del tambor mayor de la Guardia Real.
+
+--¿También me llama usted estafador? Mejor haría el ciudadano Calleja
+en acordarse de los diez y nueve reales que le prestó mi primo, el
+que tiene la pollería en la calle Mayor; reales que le ha pagado como
+mi abuela.
+
+--Vamos, que tú y el pollero sois los dos del mismo estambre.
+
+--Sí, y acuérdese de la guitarrilla que le robó á Perico Sardina el día
+de la merienda en Migas Calientes.
+
+--¿La guitarrilla, eh? ¿Dice usted que yo le robé una guitarrilla?
+Vamos, no me venga usted á mí con indirectas...--contestó el barbero,
+queriendo parecer sereno.
+
+--Véngase usted aquí con pamplinas: si no le conoceremos, señor
+_Callejón angosto_.
+
+--Anda, que te quedaste con la colecta el día de San Antón. ¡Catorce
+pesos! Pero entonces eras realista y andabas al rabo de Otolaza para
+que te hiciera limpia-polvos de alguna cocina. Entonces dabas vivas
+al Rey absoluto, y en la estudiantina del Carnaval le ofreciste un
+ramillete en el Prado. Anda, aprende conmigo, que, aunque barbero, he
+sido siempre liberal, sí, señores. Liberal aunque barbero; que yo no soy
+cualquier vende-humos, sino un ciudadano honrado y liberal como
+cualquiera. Pero miren á estos realistones: ahora han cambiado de
+casaca. Después que con sus delaciones tenían las cárceles atarugadas de
+gente; se agarran á la Constitución, y ya están en campaña como toro en
+plaza, dando vivas á la libertad.
+
+--Señor Calleja, usted es un insolente.
+
+--¡Servilón!
+
+Esta voz era el mayor de los insultos en aquella época, Cuando se
+pronunciaba, no había remedio: era preciso reñir.
+
+Ya el arma ingeniosa, que la industria ha creado para el mejoramiento y
+cultivo de las barbas de la mitad del género humano se alzaba en la
+mano del iracundo barbero; ya el agudo filo resplandecía en lo alto,
+próximo á caer sobre el indefenso cráneo del que fué lego, abate y
+covachuelista, cuando otra mano providencial atajó el golpe tremendo
+que iba á partir en dos tajadas á todo un graduado en cánones de la
+Complutense. Esta mano protectora era la mano robusta de la mujer de
+Calleja, la cual, desconcertada y trémula al ver desde el rincón de su
+tienda la actitud terriblemente agresiva de su esposo, dejó con rapidez
+la labor, echó en tierra al chicuelo, que en uno de sus monumentales
+pechos se alimentaba, y arreglándose lo mejor que pudo el mal
+encubierto seno, corrió á la puerta y libró al pobre Carrascosa de una
+muerte segura.
+
+Las tres figuras permanecieron algunos segundos formando un bello grupo.
+Calleja con el brazo alzado y el rostro encendido; su esposa, que era
+tan gigantesca como él, le sostenía el brazo; el pobre Gil, mudo y
+petrificado de espanto. Doña Teresa Burguillos, que así se llamaba la
+dama, era de formas colosales y bastas; pero tenía en aquellos momentos
+cierta majestad en su actitud, la cual recordada á Minerva en el momento
+de detener la mano de Aquiles, pronta á desnudar el terrible acero
+clásico. El Agamenón de la Covachuela ofrecía un aspecto poco académico
+en verdad.
+
+"Ciudadano Calleja--dijo aquella señora en tono muy reposado,--no
+emplees tus armas contra ese pelón, que se pudre á todo podrir:
+guárdalas para los tiranos."
+
+Calleja cerró, pues, la navaja, y la guardó para los tiranos.
+
+Don Gil se apartó de allí, llevado por algunos amigos, que quisieron
+impedir una catástrofe; y poco después, el grupo que allí se había
+formado quedaba disuelto.
+
+La amazona cerró la puerta, y dentro continuó su perorata interrumpida.
+No queremos referir las muchas cosas buenas que dijo, mientras el
+muchacho se apoderaba otra vez del pecho, que tan bruscamente había
+perdido. Basto decir, para que se comprenda lo que valía doña Teresa
+Burguillos, que sabía leer, aunque con muchas dificultades, hallándose
+expuesta á entender las cosas al revés; que á fuerza de mascullones
+podía enterarse de algunos discursos escritos, reteniéndolos en la
+memoria; que alentada por la barberil elocuencia y liberalesca conducta
+de su esposo, se había hecho una gran política, y que era muy entusiasta
+de Riego y de Quiroga, aunque más que los _hombres de sable_ le gustaban
+los _hombres de palabra_, llegando hasta decir que no conocía caballero
+más galantemente discreto que _Paco_ (así mismo) Martínez de La Rosa. Es
+casi seguro que manifestó deseos de tener delante al _bárbaro Elio_ para
+clavarle sus tijeras en el corazón. Penetremos ahora en la _Fontana_.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+
+
+#El club patriótico#.
+
+
+En la _Fontana_ es preciso demarcar dos recintos, dos hemisferios: el
+correspondiente al café, y el correspondiente á la política. En el
+primer recinto había unas cuantas mesas destinadas al servicio. Más al
+fondo, y formando un ángulo, estaba el local en que se celebraban las
+sesiones. Al principio el orador se ponía en pie sobre una mesa, y
+hablaba; después el dueño del café se vió en la necesidad de construir
+una tribuna. El gentío que allí concurría era tan considerable, que fué
+preciso arreglar el local, poniendo bancos _ad hoc_; después, á
+consecuencia de los altercados que este club tuvo con el _Grande
+Oriente_, se demarcaron las filiaciones políticas; los exaltados se
+encasillaron en la _Fontana_, y expulsaron á los que no lo eran. Por
+último, se determinó que las sesiones fueran secretas, y entonces se
+trasladó el club al piso principal. Los que abajo hacían el gasto
+tomando café ó chocolate, sentían en los momentos agitados de la
+polémica un estruendo espantoso en las regiones superiores, de tal modo,
+que algunos, temiendo que se les viniera encima el techo con toda la
+mole patriótica que sustentaba, tomaron las de Villadiego, abandonando
+la costumbre inveterada de concurrir al café.
+
+Una de las cuestiones que más preocupaban al dueño fué la manera de
+armonizar lo mejor posible el patriotismo y el negocio, las sesiones del
+club y las visitas de los parroquianos. Dirigió conciliadoras
+amonestaciones para que no hicieran ruido pero esto parece que fué
+interpretado como un primer conato de servilismo, y aumentó el ruido, y
+se fueron los parroquianos.
+
+En la época á que nuestra historia se refiere, las sesiones estaban
+todavía en la planta baja. Aquéllos fueron los buenos días de la
+_Fontana_. Cada bebedor de café formaba parte del público.
+
+Entre los numerosos defectos de aquel local, no se contaba el de ser
+excesivamente espacioso: era, por el contrario, estrecho, irregular,
+bajo, casi subterráneo. Las gruesas vigas que sostenían el techo no
+guardaban simetría. Para formar el café fué preciso derribar algunos
+tabiques, dejando en pie aquellas vigas; y una vez obtenido el espacio
+suficiente, se pensó en decorarlo con arte.
+
+Los artistas escogidos para esto eran los más hábiles pintores de
+muestra de la Villa. Tendieron su mirada de águila por las estrechas
+paredes, las gruesas columnas y el pesado techo del local, y unánimes
+convinieron en que lo principal era poner unos capiteles á aquellas
+columnas. Improvisaron unas volutas, que parecían tener por modelo las
+morcillas extremeñas, y las clavaron, pintándolas después de amarillo.
+Se pensó después en una cenefa que hiciera el papel de friso en todo lo
+largo del salón; mas como ninguno de los artistas sabía tallar
+bajo-relieves, ni se conocían las maravillas del cartón-piedra, se
+convino en que lo mejor sería comprar un listón de papel pintado en los
+almacenes de un marsellés recientemente establecido en la calle de
+Majaderitos. Así se hizo, y un día después la cenefa, engrudada por los
+mozos del café, fué puesta en su sitio. Representaba unos cráneos de
+macho cabrío, de cuyos cuernos pendían cintas de flores que iban á
+enredarse simétricamente en varios tirsos adornados con manojos de
+frutas, formando todo un conjunto anaecreóntico-fúnebre de muy mal
+efecto. Las columnas fueron pintadas de blanco con ráfagas de rosa y
+verde, destinadas á hacer creer que eran de jaspe. En los dos testeros
+próximos á la entrada, se colocaron espejos como de á vara; pero no
+enterizos, sino formados por dos trozos de cristal unidos por una barra
+de hojalata. Estos espejos fueron cubiertos con un velo verde para
+impedir el uso de los derechos de domicilio que allí pretendían tener
+todas las moscas de la calle. A cada lado de estos espejos se colocó un
+quinqué, sostenido por una peana anaecreóntico, donde se
+apoyaba el receptáculo; y éste recibía diariamente de las entrañas de
+una alcuza, que detrás del mostrador había, la substancia necesaria para
+arder macilento, humeante, triste y hediondo hasta más de media noche,
+hora en que su luz, cansada de alumbrar, vacilaba á un lado y otro como
+quien dice _no_, y se extinguía, dejando que salvaran la patria á
+obscuras los apóstoles de la libertad.
+
+El humo de estos quinqués, el humo de los cigarros, el humo del café
+habían causado considerable deterioro en el dorado de los espejos, en el
+amarillo de los capiteles, en los jaspes y en el friso clásico. Solo por
+tradición se sabía la figura y color de las pinturas del techo, debidas
+al pincel del peor de los discípulos de Maella.
+
+Los muebles eran muy modestos; reducíanse á unas mesas de palo, pintadas
+de color castaño simulando caoba en la parte inferior, y embadurnadas de
+blanco para imitar mármol en la parte superior, y á medio centenar de
+banquillos de ajusticiado, cubiertos con cojines de hule, cuya crin, por
+innumerables agujeros, se salía con mucho gusto de su encierro.
+
+El mostrador era ancho, estaba colocado sobre un escalón, y en su
+fachada tenía un medallón donde las iniciales del amo se entrelazaban en
+confuso jeroglífico. Detrás de este catafalco asomaba la imperturbable
+imagen del cafetero, y á un lado y otro de éste, dos estantes donde se
+encerraban hasta cuatro docenas de botellas. Al través de la mitad de
+estos cristales se veían también bollos, libras de chocolate y algunas
+naranjas; y decimos la mitad de los cristales, porque la otra mitad no
+existía, siendo sustituida por pedazos de papel escrito, perfectamente
+pegados con obleas encarnadas. Por encima de las botellas, por encima
+del estante, por encima de los hombros del amo, se veía saltar un gato
+enorme, que pasaba la mayor parte del día acurrucado en un rincón,
+durmiendo el sueño de la felicidad y de la hartura. Era un gato
+prudente, que jamás interrumpía la discusión, ni se permitía maullar ni
+derribar ninguna botella en los momentos críticos. Este gato se llamaba
+Robespierre.
+
+En el local que hemos descrito se reunía la ardiente juventud de 1820.
+¿De dónde habían salido aquellos jóvenes? Unos salieron de las
+Constituyentes del año 12, esfuerzo de pocos, que acabó iluminando á
+muchos. Otros se educaron en los seis años de opresión posteriores á la
+vuelta de Fernando. Algunos brotaron en el trastorno del año 20, más
+fecundo tal vez que el del 12. ¿Qué fué de ellos? Unos vagaron
+proscriptos en tierra extranjera durante los diez años de Calomarde;
+otros perecieron en los aciagos días que siguieron á la triste victoria
+de los cien mil nietos de San Luis. Entre los que lograron vivir más que
+el inicuo Fernando, algunos defendieron el mismo principio con igual
+entereza; otros, creyendo sustentarle, tropezaron con las exigencias de
+una generación nueva. Encontráronse con que la generación posterior
+avanzaba más que ellos, y no quisieron seguirla.
+
+Al crearse el club, no tuvo más objeto que discutir en principio las
+cuestiones políticas; pero poco á poco aquel noble palenque, abierto
+para esclarecer la inteligencia del pueblo, se bastardeó. Quisieron los
+fontanistas tener influencia directa en el gobierno. Pedían solemnemente
+la destitución de un ministro, el nombramiento de una autoridad.
+Demarcaron los dos partidos _moderado y exaltado_, estableciendo una
+barrera entre ambos. Pero aún descendieron más. Como en la _Fontana_ se
+agitaban las pasiones del pueblo, el Gobierno permitía sus excesos para
+amedrentar al Rey, que era su enemigo. El Rey, entre tanto, fomentaba
+secretamente el ardor de la _Fontana_, porque veía en él un peligro para
+la libertad. La tradición nos ha enseñado que Fernando corrompió á
+alguno de los oradores é introdujo allí ciertos malvados que fraguaban
+motines y disturbios con objeto de desacreditar el sistema
+constitucional. Pero los ministros, que descubrían esta astucia de
+Fernando, cerraban la _Fontana_, y entonces ésta se irritaba contra el
+Gobierno y trataba de derribarlo. Fomentaba el Rey el escándalo por
+medio de agentes disfrazados; ayudaba el club á los ministros; éstos le
+herían; vengábase aquél, y giraban todos en un círculo de intrigas, sin
+que los crédulos patriotas que allí formaban la opinión conociesen la
+oculta transcendencia de sus cuestiones.
+
+Pero oigamos á Calleja que pide á voz en cuello que comience la sesión.
+Dos elementos de desorden minaban la _Fontana_: la ignorancia y la
+perfidia. En el primero ocupaba un lugar de preferencia el barbero
+Calleja. Este patriota capitaneaba una turba de aplaudidores semejantes
+á él, y la tal cuadrilla alborotaba de tal modo cuando subía á la
+tribuna un orador que no era de su gusto, que se pensó seriamente en
+prohibirle la entrada.
+
+En la noche á que nos referimos, nuestro hombre daba con sus pesadas
+manos tales palmadas, que sonaban como golpes de batán y los demás
+metían ruido dando porrazos en el suelo con los bastones. En vano pedían
+silencio y moderación los del interior, personas entre las cuales había
+diputados, militares de alta graduación, oradores famosos. Los
+bullangueros no callaron hasta que subió á la tribuna Alcalá Galiano.
+
+Era éste un joven de estatura más que regular, erguido, delgado, de
+cabeza grande y modales desenvueltos y francos. Tenía el rostro
+bastante grosero, y la cabeza poblada de encrespados cabellos. Su boca
+era grande, y muy toscos los labios; pero en el conjunto de la fisonomía
+había una clara expresión de noble atrevimiento, y en su mirada profunda
+la penetración y el fuego de los ingenios de la antigua raza.
+
+Comenzó á hablar relatando un suceso de la sesión anterior, que había
+dado ocasión á que salieran de la _Fontana_ Garelli, Toreno y Martínez
+de la Rosa. Indicó las diferencias de principios que en lo sucesivo
+habían de separar á los moderados de los exaltados, y pintó la situación
+del Gobierno con exactitud y delicadeza. Pero cuando con más robusta voz
+y elocuencia más vigorosa hacía un cuadro de las pasadas desdichas de la
+nación, ocurrió un incidente que le obligó á interrumpir su discurso.
+Era que se oía en la calle fuerte ruido de voces, el cual creció
+formando gran algazara. Muchísimos se levantaron y salieron. El
+auditorio empezó á disminuir, y al fin disminuyó de tal modo, que el
+orador no tuvo más remedio que callarse.
+
+Cortado y colérico estaba el andaluz cuando bajó de la tribuna. [Nota 1:
+El mismo Alcalá Galiano refiere con mucha franqueza este suceso en sus
+anotaciones á _Historia de España_, por Durham.] El tumulto aumentaba
+fuera, y por fin no quedaron en el café sino cinco ó seis personas.
+Estas querían satisfacer la curiosidad, y acompañadas del mismo Galiano,
+salieron también.
+
+En diez minutos la _Fontana_ se quedó sin gente, y el rumor exterior
+pasaba, se oía cada vez más lejano, porque andaba á buen paso la oleada
+de pueblo que lo producía. Todas las señales eran de que había comenzado
+una de aquellas asonadas tan frecuentes entonces.
+
+Era ya tarde: los quinqués habían llegado al tercer período de su
+reverberación dificultosa, es decir, estaban en los instantes
+precursores de su completo aniquilamiento, y las mechas despedían humo
+más hediondo y abundante. Uno de los mozos se había marchado á dormir;
+otro roncaba junto á la puerta, y el tercero había salido con los
+parroquianos. A lo lejos se oía un eco de voces siniestras, las voces
+del tumulto popular, que rodaba por la villa agitándola toda.
+
+El cafetero continuaba inmóvil en su trípode. Dos luminosos puntos de
+claridad verdosa brillaban detrás de él. Era Robespierre que se acercaba
+á su amo, y saltando por encima de sus hombros, se ponía delante para
+recibir una caricia. El hombre del café le pasó la mano afectuosamente
+por el lomo, y el animal, agradecido, alzó el rabo, arqueó el espinazo,
+se lamió los bigotes, y después de estirarse muy á la sabor, se volvió á
+su rincón, donde se agazapó de nuevo.
+
+Frente por frente al mostrador, y en el más obscuro sitio del café,
+principió á destacarse una figura humana, invisible hasta entonces. Esta
+persona salía de la sombra, y avanzando lentamente hacia el mostrador,
+entraba en el foco de la escasa luz que aclaraba el recinto, siendo
+posible entonces observar las formas de aquel silencioso y extraño
+personaje.
+
+Era un hombre de edad avanzada; pero en vez de la decrepitud propia de
+sus años, mostraba entereza, vigor y energía. Su cara era huesosa,
+irregular, sumamente abultada en la parte superior; la frente tenía una
+exagerada convexidad, mientras la boca y los carrillos quedaban
+reducidos á muy mezquinas proporciones. A esto contribuía la falta
+absoluta de dientes, que, habiendo hecho de la boca una concavidad
+vacía, determinaba en sus labios y en sus mejillas depresiones profundas
+que hacían resaltar más la angulosa armazón de sus quijadas. En su
+cuello, los tendones, huesos y nervios formaban como una serie de piezas
+articuladas, cuyo movimiento mecánico se observaba muy bien, á pesar de
+la piel que las cubría. Los ojos eran grandes y revelaban haber sido
+hermosos. Por extraño fenómeno, mientras los cabellos habían
+emblanquecido enteramente, las cejas conservaban el color de la
+juventud, y estaban formadas de pelos muy fuertes, rígidos y erizados.
+Su nariz corva y fina debió también haber sido muy hermosa, aunque al
+fin por la fuerza de los años, se había afilado y encorvado más, hasta
+el punto de ser enteramente igual al pico de un ave de rapiña. Alrededor
+de su boca, que no era más que una hendidura, y encima de sus quijadas,
+que no eran otra cosa que un armazón, crecía un vello tenaz, los fuertes
+retoños blancos de su barba que, afeitada semanalmente en cuarenta años,
+despuntaban rígidos y brillantes como alambres de plata. Hacían más
+singular el aspecto de esta cara dos enormes orejas extendidas,
+colgantes y transparentes. La amplitud dé estos pabellones
+cartilaginosos correspondía á la extrema delicadeza timpánica del
+individuo, la cual, en vez de disminuir, parecía aumentar con la edad.
+Su mirada era como la mirada de los pájaros nocturnos, intensa, luminosa
+y más siniestra por el contraste obscuro de sus grandes cejas, por la
+elasticidad y sutileza de sus párpados sombríos, que en la obscuridad
+se dilataban mostrando dos pupilas muy claras. Estas, además de ver
+mucho, parecía que iluminaban lo que veían. Esta mirada anunciaba la
+vitalidad de su espíritu, sostenido á pesar del deterioro del cuerpo, el
+cual era inclinado hacia adelante, delgado y de poca talla. Sus manos
+eran muy flacas, pudiéndose contar en ellas las venas y los nervios; los
+dedos parecían, por lo angulosos y puntiagudos, garras de pájaro rapaz.
+
+La piel de la frente era amarilla y arrugada como las hojas de un
+incunable; y mientras hablaba, esta piel se movía rápidamente y se
+replegaba sobre las cejas formando una serie de círculos concéntricos
+alrededor de los ojos, que remataban en semejanza con un lechuzo. Vestía
+de negro, y en la cabeza llevaba una gorrilla de terciopelo.
+
+Cuando este hombre estuvo cerca del mostrador, levantóse el cafetero con
+recelo, se fué á la puerta de la calle y escuchó atentamente algún
+tiempo; volvió, se asomó á un ventanillo que daba al patio, y después
+repitió la misma operación en una puerta que daba á la escalera. De los
+tres mozos del café, uno solo estaba allí, roncando sobre un banco: el
+amo le despertó y le despidió. Atrancada bien la puerta, volvió aquel á
+su trípode, y estableciéndose en ella, miró al del gorro, como si
+esperara de él una gran cosa.
+
+¡Buena la han armado!--dijo en voz alta, seguro de no ser escuchado por
+voces extrañas--¡Otro alboroto esta noche! Y dicen que la Guardia Real
+prepara un gran tumulto. Usted, D. Elías, debe saberlo.
+
+--Deje usted andar, amigo; deje usted andar, que ya llegarán,--dijo el
+flaco con voz sonora y profunda.
+
+Y metiendo la mano en el bolsillo, sacó un pequeño envoltorio que, por
+el sonido que produjo al ser puesto sobre la mesa, indicaba contener
+dinero. El cafetero miró con singular expresión de cariño el envoltorio,
+mientras el viejo lo desenvolvió con mucha cachaza, y sacando unas onzas
+que dentro había, comenzó á contar.
+
+Al ruido de las monedas, Robespierre abrió los ojos; y viendo que no era
+cosa que le interesaba, los volvió á cerrar, quedándose otra vez
+dormido. El viejo contó diez medias onzas, y se las dió al del café.
+
+--Vamos, señor D. Elías--dijo éste descontento.--¿Qué hago yo con
+cinco onzas?
+
+--Por cinco onzas se vende la diosa misma de la libertad,--replicó Elías
+sin mirar al cafetero.
+
+--Quite usted allá: aquí hay patriotas que no dirán "viva el Rey" por
+todo el oro del mundo.
+
+--Si: es mucha entereza la de esos señores--exclamó Elías con un acento
+de ironía que debía de ser el acento habitual de su palabra.
+
+--Vaya usted á ofrecer dinero á Alcalá Galiano y á Moreno Guerra....
+
+--Esos alborotan allá, en las Cortes; de esos no se trata. Tratamos de
+los que alborotan aquí.
+
+--Pues le aseguro á usted, señor don Elías de mi alma, que con lo que me
+ha dado, no tengo ni para la correa del zapato del orador más malo de
+este club.
+
+--Le digo á usted que basta con eso. El señor no está para gastos.
+
+--¡Y que tacaño se vuelve el Absoluto! Mala landre le mate, si con estas
+miserias logra derribar la Constitución.
+
+--Deje usted andar, que ya se arreglará esto--contestó el viejo dando un
+suspiro. Y al darlo cerró la boca de tal modo, que parecía que la
+mandíbula inferior se le quedaba incrustada dentro de la superior.
+
+--Pero, don Elías de mis pecados, ¿qué quiere usted que haga yo con
+cinco onzas...? ¿Qué le pareció aquel sargentón que habló anoche? Dicen
+que es un bruto; pero lo cierto es que hace ruido y nos sirve bien, pues
+me cuesta un ojo de la cara cada párrafo de aquéllos que sublevan la
+multitud y ponen al pueblo encendido... ¡Y hay otros tan reacios, don
+Elías...! Anteanoche subió á la tribuna uno que suele venir ahí con el
+barbero Calleja: ¡qué voz de becerro tenía! Empezó á hablar de la
+Convención, y dijo que era preciso cortar las cabezas de adormidera. Le
+aplaudieron mucho, y yo confieso que fué una gran cosa, aunque, á decir
+verdad, no le entendí más que si hubiera hablado en judío. Cuando acabó
+la sesión, quise picarle para que hablara segunda vez; pero no sé si
+caló mis intenciones; lo cierto es que dijo que me iba á cortar el
+pescuezo, añadiendo que no me descuidara. ¡Qué susto me llevé! ¡Y esto
+se me paga tan mal! Aquel discurso que pronunció anoche á última hora el
+estudiantillo valenciano, me costó dos raciones de carne estofada y dos
+botellas de vino ¡Ay! Si llegaran á saber estos manejos Alcalá Galiano y
+Flórez Estrada ... le digo á usted que me voy á reír de gusto.
+
+--Esas son las cabezas de adormidera que es preciso cortar--exclamó el
+viejo, guiñando el ojo y haciendo con la mano derecha, movida
+horizontalmente, la señal de quien corta alguna cosa.
+
+--Pues fuera una lástima, porque son buenos chicos. Yo, francamente se
+lo digo á usted, aunque soy en lo íntimo de mi corazón partidario
+amantísimo de mi Rey absoluto, cuando oigo á esos muchachos, y
+especialmente cuando veo á Alcalá Galiano subir á la tribuna, y empieza
+á echar flores por aquella boca, y después culebras, me da un
+escarabajeo tan grande, que me baila el corazón y me dan ganas de
+abrazarle.
+
+--Déjalos que griten: eso precisamente es lo que se busca. Mira el motín
+de esta noche: á ellos se les debe. Con muchos así, pronto estallará la
+cuerda. Eso es lo que quiere el Rey. ¡Oh! Ya verás qué pronto se
+despedazarán unos á otros.
+
+--¿Pero qué hago yo con cinco onzas?--volvió á decir el dueño del café.
+
+--Ya lo he dicho El Rey no está para despilfarros, y para levantar de
+cascos á está gente no es preciso mucho dinero.
+
+--¿Que no? Pregúnteselo usted á aquel lego exclaustrado que escribe _El
+Azote_; ya me tiene comidas tres onzas de las que usted me trajo la
+semana pasada. ¿Pues y aquel oficialito que pronunció hace días aquel
+fuerte discurso en que dijo: _Calendas Cartagos_...?
+
+--_Delenda est Carthago_, querrá usted decir.
+
+--Eso es: _dilenda ó calenda_, lo mismo da--dijo el del café.--¡Pues ese
+oficialito tiene unas tragaderas! Me comió dos empanadas de conejo como
+dos ruedas de molino. Y sobre todo, con decirle á usted que para
+conseguir que Andresillo Corcho saliera por esas calles gritando, como
+usted vió muy bien el domingo, tuve que pagarle todas sus deudas, que
+eran ocho meses al casero, y qué sé yo cuántos piquillos sueltos á los
+amigos... Y luego no gana uno para sustos, don Elías. Vuelvo á repetirle
+á usted que si los liberales de copete descubren estas socaliñas, no me
+dejarán un hueso en su lugar.
+
+--Mucha cautela, ten mucha cautela: nada de papeles escritos, no me
+dirijas cartas, no fíes al papel ni una idea sobre este punto,--le dijo
+Elías con severidad.
+
+--Y dígame usted--continuó el del café, bajando la voz como si
+temiera ser oído por Robespierre;--dígame usted, ¿cuándo se alza la
+Guardia Real?
+
+--No sé--dijo Elías, encogiéndose de hombros.
+
+--Dicen que la _Santa Alianza_ ha escrito al Rey.
+
+Elías debía ser hombre prudentísimo, porque contestó "no sé" á secas
+como á la primera pregunta.
+
+Entonces se oyó otra vez, aunque muy lejano, el mismo ruido de voces,
+que hizo salir del club á toda la concurrencia.
+
+"Creo que piensan allanar la casa de Toreno.
+
+--Bien: me alegro--dijo el viejo con siniestra satisfacción.--Veo que
+empiezan á devorarse unos á otros. No podía suceder otra cosa. ¡Oh! Yo
+entiendo á esta canalla. ¿Y qué había de suceder? ¿España podrá estar
+mucho tiempo en manos de una gavilla de pensadores desesperados? Si esto
+durara, yo dudaría de la Providencia, que arregla á las naciones como da
+aliento á los individuos, España está sin Rey, que es estar sin gloria,
+sin vida y sin honor. ¿Había, por ventura, Constitución cuando España
+fué el primer país del mundo? Eso de hacer el pueblo las leyes es lo más
+monstruoso que cabe. ¿Cuándo se ha visto que el que ha de ser mandado
+haga las leyes? ¿Sería justo que nuestros criados nos mandaran? Aquí no
+hay Rey ni Dios esto se acabará; yo te jure que se acabará."
+
+Al decir esto, el viejo abría los ojos y apretaba los puños con furor.
+El del café no pudo resistir al encanto de tanta elocuencia, levantóse
+de su trípode y le abrazó. Al alargar sus manos con entusiasmo, una
+botella cayó y fué rodando hasta dar un golpe á Robespierre, el cual,
+despertando súbitamente, dió un atroz maullido y fué á buscar regiones
+más tranquilas en lo alto del armario de los bizcochos.
+
+Elías sacó de su bolsillo una pequeña faja negra, que le servía de
+tapabocas, se la envolvió al cuello y se dispuso á salir. El cafetero,
+con su oficiosidad acostumbrada en presencia de aquel personaje, se
+dirigió á abrirle la puerta. Ya principiaba á despuntar el día. El viejo
+realista salió sin saludar á su amigo y tomó la dirección de su casa.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+
+
+#Un lance patriótico y sus consecuencias#.
+
+
+Don Elías cruzaba la Carrera de San Jerónimo, cuando vió que hacia él
+venían unos cuantos hombres que reían y gritaban dando vivas á la
+Constitución y á Riego. Trató de evitar el encuentro, y tomó la otra
+acera; pero ellos pasaron también, y uno le detuvo.
+
+Eran cinco individuos, y de ellos tres, por lo menos, estaban
+completamente embriagados. Nuestro ya conocido Calleja les mandaba.
+Componíase la cuadrilla de un chalán del barrio de Gilimón y un matutero
+del Salitre, un caballero particular conocido en Madrid por sus trampas
+y gran prestigio en la plazuela de la Cebada, y finalmente, un mocetón
+alto, flaco y negro, que tenía fama de guerrillero, y del cual se
+contaban maravillas en las campañas de 1809 y después en los sucesos del
+20. El sello de sus hazañas marcaba siniestramente su rostro en un
+chirlo, que le cogía desde la frente hasta el carrillo, cegándole un ojo
+y abollándole media nariz.
+
+Los cinco detuvieran al anciano.
+
+"¡Mátale, mátale!--dijo con aguardentosa voz el matutero, pinchando con
+la varita que llevaba en la mano el pecho de Elías.
+
+--No, déjale, Perico. ¿De qué vale espachurrar á este bicho?
+
+--Si es Coletilla--exclamó él del chirlo reconociéndole.--Coletilla,
+el amigo de Vinuesa, el que anda por los clubs para contarle al Rey
+lo que pasa.
+
+--¡Que cante el _Trágula!_--dijo el chalán, que estaba envuelto desde el
+pescuezo á la rabadilla en un ceñidor encarnado, por entre cuyo pliegues
+asomaba el puño de uno de aquellos célebres alfileres de Albacete que
+tanto dan que hacer á la justicia.
+
+--Tres Pesetas, coge por ese brazo al señorito."
+
+Tres Pesetas puso su mano sobre el gorro de Elías y se lo tiró al suelo,
+dejando al aire la pelada calva del anciano. Carcajada sonora acogió
+este movimiento.
+
+"¡Miren que orejazas de mochuelo!--añadió el guerrillero, tirándole de
+la derecha hasta inclinarle la cabeza sobre el hombro.
+
+--_Pos_ no tiene mala cabeza _é pelailla pa_ jugar á los trucos--dijo el
+matutero, dándole un papirotazo en mitad del cráneo."
+
+El realista estaba lívido de cólera: apretaba los puños en convulsión
+nerviosa, y en sus ojos brillaron lágrimas de despecho. En esto Calleja,
+que parecía tener gran autoridad entre aquella gente, se agarró al brazo
+de Elías, y exclamó, riendo con la desenfrenada hilaridad de la
+embriaguez:
+
+"Ven, bravucón, ven con nosotros. Ciudadanos--prosiguió, volviéndose á
+los otros:--éste es el gran Coletilla, el mismo Coletilla. Seremos
+amigos. Nos va á presentar al Rey constitucional para que nos haga...."
+
+--¡_Menistros_!--gritó el matutero enarbolando su vara.
+
+--Ciudadanos, ¡viva el Rey absoluto, viva Coletilla!
+
+--Vamos á _jaserle_ comunero de la gran _comuniá_--dijo el
+matutero.--Primera prueba. ¡Que salte!
+
+--¡Que salte!
+
+--¡Que salte!
+
+Y uno de ellos tomó de la mano á Elías como para hacerle saltar,
+mientras otro, empujándole con violencia, le hizo caer al suelo.
+
+"_Zegunda_ prueba--chilló Tres Pesetas:--toma esta espada, pincha á uno
+de nosotros."
+
+Y sacando un sable le dió de plano tan fuerte golpe, que le obligó á
+caer en opuesto sentido.
+
+"Dí '¡viva la constitución!'
+
+--¿Pues no lo ha _é ezir?_ Y si no, yo tengo aquí unas
+_explicaeras_...--vociferó el matutero, sacando su navaja.
+
+--Este tunante fué el que delató al cojo de Málaga--dijo el caballero
+particular.
+
+--Y el amigo de Vinuesa.
+
+--Señores, éste no es más que Coletilla, el gran Coletilla--afirmó
+Calleja con mucha gravedad."
+
+La ferocidad se pintaba en los ojos del matutero y del chalán. El de la
+cicatriz cogió por el cuello á Elías, y con su mano vigorosa le apretó
+contra el suelo.
+
+"Suéltalo, Chaleco; déjalo tendido."
+
+Es de advertir que el matutero era conocido entre los de su calaña por
+el extravagante nombre de Chaleco.
+
+"Déjamelo á mi--exclamó el chalán.--_Tríncalo por el piscuezo; quío_ ver
+lo que tienen esos realistas dentro del buche."
+
+Muy mal parado estaba el infeliz Elías; y ya se encomendaba á Dios con
+toda su alma, cuando la inesperada llegada de un nuevo personaje puso
+tregua á la cólera de sus enemigos, salvándole de una muerte segura.
+
+Era un militar alto, joven, bien parecido y persona de noble casa sin
+duda, porque, á pesar de su juventud, llevaba charreteras de una alta
+graduación. Traía largo capote azul, y uno de aquellos antiguos y
+pesados sables, capaces de cercenar de un tajo la cabeza de cualquier
+enemigo. Al verle que se interponía en defensa del anciano, los otros se
+apartaron con cierto respeto, y ninguno se atrevió á insistir.
+
+"Vamos, señores, dejen ustedes en paz á ese pobre viejo, que no les hace
+ningún daño--dijo el militar.
+
+--Si es Coletilla, el mismo Coletilla.
+
+--Pero sois cinco contra él, y él es un pobre señor indefenso.
+
+--Eso mismo decía yo--exclamó Calleja, con la misma risa de borracho.
+
+--_Poz_ que diga '¡viva el Rey constitucional!'
+
+--Lo dirá cuando se vea libre de vosotros. Yo respondo de que es un buen
+liberal y hombre de bien.
+
+--¡Si es un servilón!--exclamó Chaleco.
+
+¿Y qué queréis hacer con él?--preguntó el militar.
+
+--Poca cosa--dijo Tres Pesetas, que era el más atrevido.--No más que
+abrirle un tragaluz en la barriga _pa_ que salgan á misa las _asaúras_.
+
+--Vamos, marchaos á vuestras casas--dijo el militar con mucha
+entereza:--yo le defiendo.
+
+--¿Usía?
+
+--Sí, yo. Marchaos, yo respondo de él.
+
+--Pues sino _ize_ ¡viva la...!
+
+--Dí '¡viva la Constitución!'--exclamaron todos á la vez, menos Calleja,
+que se estaba riendo como un idiota.
+
+--Vamos--manifestó el militar, dirigiéndose á Elías: dígalo usted, es
+cosa que cuesta poco, y además hoy debe decirlo todo buen español.
+
+--¡Que lo diga!
+
+--¡Que lo _iga_ pronto!"
+
+El militar persistía en que dijera aquellas palabras, como un medio de
+verse libre; pero Elías continuaba en silencio.
+
+"Vamos padrito, pronto--dijo el matutero.
+
+--¡No!--exclamó Elías con profunda voz y trémulo de indignación."
+
+Entonces Tres Pesetas alzó la vara sobre el viejo; los demás se
+dispusieron á acometerle, y fué preciso que el militar empleara todas
+sus fuerzas y todo su prestigio para impedir un mal desenlace.
+
+"Diga usted ¡viva la Constitución!"
+
+--¡No!--repitió Elías. Y como si recibiera inspiración del cielo, en un
+arrebato de supremo valor exclamó:
+
+"¡Muera!"
+
+Los cuatro desalmados rugieron con ira; pero el militar parecía resuelto
+á defender á Elías hasta el último trance.
+
+"Apartaos--dijo.--Este hombre está loco. ¿No conocéis que está loco?
+
+--Que retire esas palabras--dijo riendo siempre Calleja, que aun en la
+embriaguez blasonaba de usar con propiedad las formulas parlamentarias.
+
+--¿Qué _rítire_ ni _ritire_?
+
+--Si, está loco--dijo Chaleco;--y si no está loco, está bo ... bo
+... borracho.
+
+--¡Eso es ... eso ... borracho!--gritó Calleja, que al fin había
+necesitado apoyarse en la pared para no caer en tierra."
+
+Algunos vecinos se habían asomado; algunos transeúntes trabaron
+conversación con el venerable Tres Pesetas, y ya sea que un ebrio se
+distrae fácilmente, ya que les impusiera temor la actitud firme del
+militar, lo cierto es que los cuatro amigos de Calleja dejaron en paz á
+Elías, el cual, ayudado de su protector, se levantó como pudo y se puso
+el gorro que casi había perdido la forma bajo los pies del matutero. El
+militar, al detener con un vigoroso esfuerzo el movimiento agresivo de
+Chaleco contra Elías, se rozó la mano izquierda con la extremidad
+puntiaguda de la empuñadura de la navaja que el mozo llevaba en la faja.
+Esta rozadura le levantó un poco la piel y le hizo derramar alguna
+sangre. El militar se envolvió la mano en un pañuelo, y con la derecha
+tomó el brazo del viejo. Este se hallaba magullado, roto y en un estado
+de desfallecimiento tal, que no podía andar sino á pasos cortos y
+vacilando á cada momento.
+
+El militar le sostuvo con fuerza, y andando con él muy lentamente, le
+preguntó dónde estaba su casa para llevarle á ella. Elías, sin
+contestarle, le encaminó haciéndole señas por la calle de Alcalá,
+dirigiéndose á la del Barquillo para tomar al fin la de Válgame Dios,
+donde aquel buen hombre vivía.
+
+El joven militar era sin duda poco amante del silencio, y de carácter
+alegre y comunicativo, porque por el camino comenzó á hablar con
+singular volubilidad, pareciendo que el obstinado mutismo del viejo
+estimulaba más su prolija locuacidad.
+
+No podemos transcribir los términos precisos en que habló éste, que
+desde ahora es nuestro amigo, y nos acompañará en todo el tránsito de
+esta dilatada historia; pero conociendo su carácter como lo
+conocemos, es seguro que no será aventurado poner en boca suya éstas
+ó parecidas palabras:
+
+"Hay que deplorar, amigo mío, en esta imperfecta vida humana, que las
+cosas mejores y más bellas tienen siempre un lado malo; fatal obscuridad
+que proyecta en breve parte de su esfera lo más resplandeciente y
+luminoso. Las instituciones más justas y buenas, ideadas por el hombre
+para producir efectos de bien común, ofrecen en los primeros tiempos de
+práctica extraños resultados, que hacen dudar á los de poca fe de la
+bondad y justicia de ellas. Los hombres mismos que fabrican un objeto de
+sutil mecanismo, vacilan en los primeros momentos del uso, y no aciertan
+á regular su compás y reposado movimiento. La libertad política,
+aplicación al gobierno del más bello de los atributos del hombre, es el
+ideal de los Estados. ¡Pero qué penosos son los primeros días de
+práctica! ¡Como nos aturde y desespera el primer ensayo de esta máquina!
+
+"El mayor inconveniente es la impaciencia. Hay que tener perseverancia y
+fe, esperar á que la libertad dé sus frutos y no condenarla desde el
+primer día. ¿No sería loco el que plantando un árbol le arrancara
+desesperado al ver que no echaba raíces, crecía y daba flores y frutos
+al primer día?"
+
+Es probable que el militar no empleara estos mismos términos; pero es
+seguro que las ideas eran las mismas. Lo cierto es que al concluir
+esperó á ver si su peroración producía algún efecto en el viejo; pero
+éste sumamente abstraído, daba muestras de no atender á sus palabras y
+de hacer en su interior otras consideraciones no menos transcendentales
+y profundas.
+
+"Es de deplorar--continuó el militar reforzando su elocuencia con un
+poco de mímica,--es de deplorar que los primeros derechos concedidos por
+la libertad sean mal empleados por algunos hombres. El hábito de la
+libertad es uno de los más difíciles de adquirir y tenemos que sufrir
+los desaciertos de los que por su natural rudeza tardan más en adquirir
+este hábito. Pero no desconfiemos por eso, amigo. Usted, que es sin duda
+buen liberal, y yo, que lo soy muy mucho, sabremos esperar. No
+maldigamos al sol porque en los primeros momentos de la mañana produce
+molestia en nuestros ojos, cuando salen bruscamente de la obscuridad y
+del sueño."
+
+Paróse por segunda vez el joven para tomar aliento y ver si la fisonomía
+del anciano daba señales de aprobación; pero no observó en aquel rostro
+singular otra cosa que abstracción y melancolía.
+
+"Esos que le han detenido á usted--continuó el militar,--no son
+liberales. O son agentes ocultos del absolutismo, ó ignorantes soeces
+sin razón ni conciencia. O libertinos sin instrucción, ó alborotadores
+asalariados. ¿Será preciso quitarles la libertad y no devolvérsela hasta
+que reciban educación ó castigo? Entonces, ¿habrá libertad para unos, y
+para otros no? Ha de haberla para todos, ó quitársela á todos. ¿Y es
+justo renunciar á los beneficios de un sistema por el mal uso que
+algunos pocos hacen de él? No: más vale que tengan libertad ciento que
+no la comprenden, que la pierda uno solo que conoce su valor. Los males
+que con ella pudieron ocasionar los ignorantes son inferiores al inmenso
+bien que un solo hombre ilustrado puede hacer con ella. No privemos de
+la libertad á un discreto por quitársela á cien imprudentes."
+
+El joven se paró por tercera vez por dos razones: primera, porque no
+tenía más que decir (insistimos en que no empleó las mismas palabras); y
+segunda, porque el viejo, al llegar á su calle, se detuvo en una puerta,
+y dijo: "Aquí." El viejo había concluido, y el militar iba á dejar á su
+nuevo amigo; pero notó que estaba éste cada vez más desfallecido y
+corría peligro de no poder subir si le abandonaba. El locuaz y discreto
+joven entró, pues, en la casa sosteniendo al realista, que apenas podía
+dar un paso.
+
+La mansión de Elías se ostentaba en la mitad de la calle de Válgame
+Dios, donde hacía veces de palacio. Colocada entre dos casas _á la
+malicia_, aparecía allí con proporciones gigantescas, sin que por eso
+tuviera más que dos pisos altos, de los cuales el superior gozaba la
+singular preeminencia de ser habitado por nuestro héroe.
+
+La fachada era mezquina, fea. El cuarto bajo servía de oficina á las
+ruidosas ocupaciones de un machacador de hierro, que surtía de sartenes,
+asadores y herraduras á todo el barrio del Barquillo. Los balcones del
+principal eran fiel remedo de los jardines colgantes de Babilonia,
+porque había en ellos muchos tiestos con flores, muchas matas que
+estaban en camino de ser árboles, juntamente con tres jaulas de
+codornices y dos reclamos, que por la noche daban armonía á toda la
+calle. En medio de esta selva y de estos gorjeos se veía una muestra de
+_Prestamista sobre alhajas_.
+
+El portal era angosto y muy largo. Para llegar á la escalera, que estaba
+en lo profundo, se corrían mil peligros á causa de las sinuosidades del
+terreno, en el cual los hoyos, llenos de inmundicia, alternaban con
+puntiagudos guijarros, alzados media cuarta. La escalera era angosta, y
+sus paredes, blanqueadas en tiempo de Felipe V, cuando menos, se
+hallaban en el presente siglo cubiertas de una venerable rapa de mugre,
+excepto en la faja ó zona por donde rozaban los codos de los que subían,
+la cual tenía singular pulimento. En uno de los tramos había, no un
+candil, sino el sitio de un candil manifestado en una gran chorrera de
+aceite hacia abajo, una gran chorrera de humo hacia arriba, y en la
+convergencia de ambas manchas un clavo ennegrecido.
+
+Llegaron al segundo, y el militar llamó. Sin duda, alguna persona
+esperaba con impaciencia, porque la puerta se abrió al momento. Abrióla
+una joven como de diez y ocho años de edad, que al ver el aspecto
+abatido del viejo, y sobre todo al ver que un desconocido le
+acompañaba, cosa sin duda muy rara en él, dejó escapar una exclamación
+de temor y sorpresa.
+
+"¿Qué hay? ¿Qué le ha pasado á usted?" dijo cerrando la puerta, después
+que los dos estaban en el pasillo.
+
+E inmediatamente marchó delante y abrió la puerta de una sala, donde
+entraron los tres. El anciano no habló palabra, y se dejó raer en un
+sillón con muestras de dolor.
+
+"¿Pero está usted herido? ¿A ver? Nada--dijo la joven examinando con
+mucha solicitud á Elías y tomándole la mano.
+
+No ha sido nada--dijo el militar, que se había descubierto
+respetuosamente,--no ha sido nada: pasaba hace un momento por la calle,
+y cinco hombres soeces que le encontraron quisieron que cantara no sé
+qué cosa, y el señor, que no estaba para cantos, se negó."
+
+La joven miró al militar con expresión de estupor. Parecía no comprender
+nada de lo que éste había dicho.
+
+"Eran unos borrachos que quisieron hacerle daño; pero pasé yo
+felizmente... No se asuste usted: no tiene nada."
+
+Elías pareció un poco repuesto; apartó con despego á la joven, y su
+semblante principió á serenarse.
+
+"¡Ay! qué miedo he tenido esta noche--dijo la joven.--Esperándole hora
+tras hora y sin parecer.... Luego esos alborotos en la calle.... A media
+noche pasaron por ahí unos hombres gritando. Pascuala y yo nos
+escondimos allí dentro, y nos sentamos en un rincón temblando de miedo.
+¡Cómo gritaban! Después sentimos muchos golpes ... decían que iban á
+matar á uno. Nosotras nos pusimos á llorar: Pascuala se desmayó; pero yo
+procuré animarme, y juntas empezamos á rezar de rodillas delante de la
+Virgen que está allí dentro. Después se fué alejando el ruido; sentimos
+unos quejidos en la calle. ¡Ay! no lo quiero recordar. Todavía no se me
+ha quitado el susto."
+
+El militar oyó con interés estas palabras; pero sin dejar de oirlas
+dirigió su atención á reconocer el sitio en que se hallaba y á examinar
+el aspecto de la amable persona que en él vivía.
+
+La casa era modesta; pero la sencillez y el aseo revelaban en ella un
+bienestar pacífico.
+
+La joven llamó su atención más que la casa. Clara (que así se llamaba,)
+representaba más de diez y ocho años y menos de veintidós. Sin embargo,
+estamos seguros de que no tenía más que diez y siete. Su estatura era
+más bien alta que baja, y su talle, su busto, su cuerpo todo tenían las
+formas gallardas y las bellas proporciones que han sido siempre
+patrimonio de las hijas de las dos Castillas. El color de su rostro,
+propiamente castellano también, era muy pálido, no con esa palidez
+intensa y calenturienta de las andaluzas sino con la marmórea y fresca
+blancura de las hijas de Alcalá, Segovia y Madrid. En los ojos negros y
+grandes había puesto todos sus signos de expresión la tristeza. Su nariz
+era delgada y correcta, aunque demasiado pequeña; su frente pequeña
+también, pero de un corte muy bello; su boca muy hermosa y embellecida
+más por la graciosa forma de la barba y la garganta, cuya voluptuosidad
+y redondez contribuía á hacer de su semblante uno de los más
+encantadores palmos de cara que se había ofrecido á las miradas del
+militar desconocido, el cual (digámoslo de paso) era hombre corrido en
+asuntos femeninos.
+
+El peinado de Clara podía rigurosamente ser tachado de provinciano,
+porque se alzaba en un moño de tres tramos sobre la corona. Este modo de
+peinarse era ya desusado en la corte; pero la belleza suele generalmente
+triunfar de la moda, y Clara estaba muy bien con su trenza piramidal. El
+traje era de los que usaba entonces la clase no acomodada, pero tampoco
+pobre, es decir, un guardapiés de tela clara con pintas de flores,
+mangas estrechas hasta el puño, talle un poco alto y el corte del cuello
+cuadrado y adornado de múltiples encajes.
+
+La investigación del militar duró mucho menos de lo que hemos empleado
+en describir la figura. Durante algunos segundos estuvieron los tres
+personajes inmóviles el uno frente al otro sin decir palabra, hasta que
+el viejo, como continuando una peroración interior, exclamó con un
+repentino acceso de ira y lanzando de sus ojos rápidamente iluminados
+una mirada feroz.
+
+"¡Infames, perros! Quisiera tener en mi mano un arma terrible que en un
+momento acabara con todos esos miserables. ¡Ah! Pero ellos no tienen la
+culpa. Tienen la culpa los otros, los sabios, los declamadores, los que
+les educan, esos malvados charlatanes que profanan el don de la palabra
+en los infames conciliábulos de las Cortes. Tienen la culpa los
+revolucionarios, rebeldes á su Rey, blasfemos de su Dios, escarnio del
+linaje humano. ¡Oh, Dios de justicia! ¿No veré yo el día de la
+venganza?"
+
+El militar estaba atónito y algo corrido. Parecíale que aquello era una
+réplica indirecta á su expresiva disertación del camino; y aunque se le
+ocurrió contestarla, vió en el rostro de Elías una expresión de
+contumacia y ferocidad que le intimidó. Su atención estaba en parte
+reconcentrada en la compañera del realista. Clara miraba al viejo con la
+indiferencia propia de la costumbre, y al mismo tiempo miraba á su
+protector como si se avergonzara de la extrañeza que le causaban las
+palabras del viejo.
+
+El militar, poco cuidadoso al fin de las imprecaciones del realista,
+comenzó á sentir interés hacia aquella pobrecilla, que, sin saber por
+qué, le inspiró mucha lástima desde el principio.
+
+Pero llegó un momento en que el joven sintió su situación embarazosa.
+Elías continuaba en voz baja su soliloquio sin cuidarse de él; era
+preciso marcharse; y eso de marcharse sin satisfacer un poco la
+curiosidad y hablar otro poco con la joven, no le gustaba. Miró á Elías
+con insistencia y se acercó á él; pero éste no daba muestras de fijar en
+el otro la atención, ni tenía gratitud, ni afecto, ni cortesía, ni era,
+al parecer, cortado por el común patrón de los demás hombres. Al fin,
+viéndole tan abstraído, resolvió tomar pretexto de la protección que le
+había dispensado para hacer hablar á la muchacha.
+
+--No tema usted nada--le dijo en voz baja, apartándose hacia la
+ventana.--No ha recibido golpe ninguno. Está aterrado por lo sorpresa y
+la ira; pero se calmará.
+
+--Sí, se calmará ... un poco.
+
+--Y se pondrá contento.
+
+--Contento, no.
+
+--Cuidado: por usted no estará triste.
+
+Esto, que podía pasar por una galantería, no hizo efecto ninguno en
+Clara. Volvióse para mirar á Elías, que continuaba en la misma postura,
+gesticulando á solas. De tiempo en tiempo profería sus adjetivos
+predilectos "¡Malvados, perros!"
+
+El militar arriesgó entonces la pregunta, y bajando más la voz, y
+apartándose hasta llegar al hueco de la ventana, dijo:
+
+"Tal vez será indiscreción la pregunta que voy á hacerle á usted;
+pero me disculpa el gran interés que por ese caballero me he tomado,
+y el deseo de servirle bien en lo que pueda. ¿Este señor está en su
+cabal juicio?"
+
+Clara miró al militar con expresión de gran asombro; y como si la
+pregunta fuera una revelación, contestó:
+
+--"¿Loco?..." Y después de una pausa, añadió encogiéndose de
+hombros: "No sé."
+
+La curiosidad del militar creció.
+
+--No lo tome usted á agravio; pero su conducta, sus palabras en aquella
+pendencia, lo sombrío de su aspecto, lo que ahora acaba de decir, me
+hacen creer que padece una enajenación.
+
+Clara miraba al joven con expresión que tenía algo de afirmativa.
+
+--Yo no sé--dijo al fin.--El pobrecito padece mucho. Yo también padezco
+de verle. No está nunca alegre: á veces creo que se me va á morir en un
+arrebato de ira. Pasa las noches leyendo libros, escribiendo cartas, y á
+veces habla consigo mismo como ahora. A Pascuala y á mí nos da mucho
+miedo: la sentimos levantarse y pasear precipitadamente, dando vueltas
+en este cuarto. De día sale temprano, y está fuera toda la noche.
+
+El militar sintió aumentarse la compasión que Clara le inspiró desde el
+principio, porque le parecía que aquella infeliz era una mártir, que
+sufría resignada los atropellos de un loco.
+
+--Pero usted--dijo con el mayor interés, ¿no es víctima de sus
+bruscos ademanes? ¿No la maltrata á usted? Entonces sería cosa de
+declararle rematado.
+
+--¿A mí? No--dijo Clara;--no me ha maltratado nunca.
+
+Parecerá extraño que Clara, sin conocer al militar, le hiciera
+declaraciones que parecen de íntima confianza; pero esto, que en
+circunstancias ordinarias sería raro, en este caso no lo era. Clara
+había vivido siempre en compañía de aquel viejo: era huérfana, no tenía
+parientes ni amigas, no salía nunca, no se comunicaba con nadie, se
+consumía en el desierto de aquella casa, sin otra cosa que algunos
+recuerdos y algunas esperanzas que luego conoceremos. Su carácter era
+extremadamente sencillo: un incidente imprevisto le ponía delante á un
+hombre cortés y generoso que para satisfacer su curiosidad empleaba
+hábiles recursos de conversación, y ella le dijo lo que quería saber; se
+lo dijo obedeciendo á una poderosa necesidad de desahogo, hija de su
+aislamiento y melancolía.
+
+El curioso no se atrevía á continuar investigando: ya iba á despedirle
+mal de su grado, cuando Clara vió que tenía una mano ensangrentada, y
+exclamó sobrecogida:
+
+--¡Está usted herido!
+
+--No es nada: un rasguño.
+
+--Pero sale mucha sangre. ¡Jesús! tiene usted la mano destrozada.
+
+--¡Oh! no es nada.... Con un poco de agua....
+
+--Voy al momento.
+
+Clara se marchó muy á prisa y volvió á poco rato, entrando en la
+habitación inmediata: traía una jofaina, que puso sobre la mesa, y llamó
+al militar, que no tardó en acercarse.
+
+--¿Y tiene familia?--dijo éste tocando el agua con la mano para ver si
+estaba muy fría.
+
+--¿Familia?--contestó Clara con su naturalidad acostumbrada.--No: me
+quería mucho. Yo deseo tanto que se le quiten de la cabeza esas
+manías.... Antes era muy bueno para mí, y estaba muy alegre.... Yo era
+muy niña entonces.
+
+--Antes era muy bueno. ¿Y ahora no lo es?
+
+--Sí; pero ahora.... Como tiene tantas cosas en qué pensar....
+
+--¿Y desde cuando ha variado?
+
+--Hace mucho tiempo, cuando hubo muchos alborotos y dijeron que iban á
+matar á ... ¿al Rey?... no sé á quién. Pero antes de eso, ya estaba casi
+siempre alterado. Cuando yo era muy niña ... No ... entonces salíamos
+los domingos á paseo, y me llevaba á Chamartín y comíamos en el campo
+con Pascuala.
+
+--¿Y ahora no sale usted nunca de aquí?
+
+--Nunca--dijo Clara, como si aquella soledad en que vivía fuera la cosa
+más natural del mundo.
+
+El militar se interesaba cada vez más por la persona que tan
+repentinamente había conocido. Cada vez sospechaba más que aquella
+infeliz era víctima de las brutalidades del fanático. Desde el sitio en
+que se hallaba, veía al viejo sentado en un sillón y entregado á su mudo
+frenesí. Mirando después á Clara, cuya gracia sencilla y melancólica
+franqueza formaban contraste con el terrible realista, se aumentó su
+confusión, su curiosidad y sus temores.
+
+--¿Y usted no sale para distraerse, para ver y reponerse de estar aquí
+encerrada tanto tiempo?--le dijo casi conmovido.
+
+--¿Yo?... ¿para qué salgo? Me pongo triste cuando salgo. No veo la calle
+sino cuando voy á las Góngoras los domingos muy temprano; pero al verme
+fuera, me parece que estoy más sola que aquí.
+
+--¿Y él no tiene empeño en que usted se divierta, en que pase
+agradablemente la vida?--dijo el militar casi asustado de su curiosidad
+y mirando de soslayo á Elías para ver si atendía á su conversación.
+
+--¿El? Pero yo no quiero divertirme ... porque ... ¿qué voy yo hacer
+fuera de aquí? El dice que debo estar siempre en la casa.
+
+--¿Pero usted no trata á nadie, no ve á nadie?
+
+--A Pascuala, que me quiere mucho.
+
+Ya el militar tenía ganas de saber quién era aquella Pascuala.
+
+--¿Y esa Pascuala es amiga de usted?
+
+--Es la criada.
+
+--Ya... ¿Y no tiene usted más amiga? A la edad de usted es natural y
+conveniente la amistad de las jóvenes, y, sobre todo, no se puede vivir
+de esa manera. Es preciso....
+
+--Yo estoy bien así. El dice que no debo conocer á nadie.
+
+--¿Y la obliga á usted á llevar esta vida tan triste?
+
+--No me obliga. Yo, si quisiera, podría salir. El no está nunca aquí.
+Pero yo ... Dios me libre ... ¿A dónde había de ir?
+
+El militar no sabía qué pensar. ¿Qué relaciones existían entre aquel
+monomaníaco y aquella joven? ¿Sería su padre, su marido?...--No--decía
+para sí.--Es repugnante sospechar que puedan existir los vínculos del
+matrimonio entre los dos.
+
+--No extrañe usted mis preguntas--dijo, continuando con
+ansiedad;--pero me interesan mucho ustedes dos. ¿Y á él nadie le
+visita, nadie viene á verle?
+
+--Conoce mucho á unas señoras, que llaman las señoras de Porreño. Son
+nobles y fueron muy ricas.
+
+--¿Y vienen aquí?
+
+--Muy pocas veces. Él las quiere mucho.
+
+--Y esas, que presumo serán personas de buenos sentimientos, ¿no le
+tienen á usted cariño, no la quieren?
+
+--¿A mí? Una vez me dijeron que yo parecía ser una buena muchacha.
+
+-¿Y nada más? ¿No le han dicho más?
+
+--¡Ah! son muy buenas. El dice que son muy buenas. Una de ellas dicen
+que es santa.
+
+Estas declaraciones eran hechas por Clara con una ingenuidad tan
+espontánea, que conmovía al que pudiera oirlas. Para que el lector, que
+aún no conoce la infinita bondad de este carácter, no estrañe la
+franqueza leal y la sublime indiscreción de la pobre Clara, añadiremos
+que durante años enteros esta desgraciada no veía más persona que don
+Elías, Pascuala, y á veces, muy de tarde en tarde, las tres melancólicas
+efigies de las señoras de Porreño. Su vida era un silencio prolongado y
+un hastío lento. Tan solo pudieron reanimarla y darle alguna felicidad
+los cuarenta días que, seis meses antes de estos sucesos, había pasado
+en Ateca, pueblo de Aragón, á donde Elías la mandó para que disfrutara
+del campo. Más adelante veremos por qué tomó Elías esta determinación, y
+lo que resultó del viaje de Clara.
+
+--Pero es posible--continuó el militar, olvidado de que Elías estaba
+cerca--¿es posible que pase usted la vida de esta manera, sin más
+compañía que la de ese hombre? ¿Y no ha salido usted nunca de aquí, no
+ha ido al campo?
+
+--Sí; estuve unos días fuera, hace seis meses.
+
+--¿En dónde?
+
+--En Ateca. El me mandó. Me puse mala, y fuí allá á restablecerme.
+Estuve en su pueblo.
+
+--Ya.--dijo el militar, contento de haber encontrado un motivo, aunque
+pequeño, para suponer que aquel hombre no era enteramente feroz.
+
+--¿Y lo pasó usted bien?
+
+--¡Ah! sí: me alegré mucho de estar allí.
+
+--¿Y no quiera usted volver?
+
+--¡Oh! sí,--exclamó Clara, sin poder contener una exclamación expansiva.
+
+--Usted no debe estar aquí; usted tiene el corazón más bondadoso que
+puede existir. ¿Para qué, sino para la sociedad, puede haber creado Dios
+un conjunto de gracias y méritos semejante? ¡A cuántos podría usted
+hacer felices! ¿No ha pensado en esto? Piense usted en esto.
+
+Clara no pareció hacer caso de la galantería. Quedó en silencio y
+con los ojos bajos, tal vez ocupada en _pensar en aquello_, como el
+joven le aconsejó. ¿Quién sabe cuáles serían sus reflexiones en
+aquellos momentos?
+
+El curioso esperaba una contestación, cuando Elías, mirando hacía la
+habitación en que hablaban, exclamó:
+
+"¡Clara, Clara!"
+
+El militar se dirigió rápidamente hacia él, y disimulando su
+turbación, le dijo:
+
+"Caballero, no he querido marcharme hasta estar seguro de su mejoría.
+Aquí le contaba á esta niña el caso, y le hacía una relación de la
+imprudencia de aquellos hombres. Ya le veo á usted tranquilo y fuerte, y
+me retiro, diciéndole que puede disponer de mí para cuanto yo pueda
+serle útil.
+
+--Gracias--contestó secamente Elías.--Clara, acompaña á este caballero.
+
+Era preciso retirarse; ya no había pretexto alguno para permanecer allí.
+Su mano estaba perfectamente vendada, y su protegido le había indicado
+la puerta. El impresionable joven no sabía que hacer para no salir. Miró
+á Clara para ver si leía en sus ojos el deseo de que no se marchara;
+pero ella manifestaba la mayor indiferencia, y hasta se había adelantado
+á abrir la puerta.
+
+No había mas remedio. El militar tendió una mano al realista, que alargó
+dos dedos fríos y huesosos, y salió de la sala; al llegar á la puerta,
+quiso entablar de nuevo la conversación; pero la reverencia que le hizo
+la joven acabó de desesperarle. Salió, y se paró fuera otra vez.
+
+--No olvide usted lo que le he dicho. Usted no puede vivir de esta
+manara--dijo, bajando el primer escalón.--Es preciso que usted...
+
+--¡Clara, Clara!--exclamó el fanático desde dentro con voz fuerte."
+
+Clara cerró la puerta, y el militar se quedó cortado y aturdido en la
+escalera. Su primer intento fué llamar otra vez, llamar hasta que ella
+saliera; pero reflexionó en lo imprudente de semejante conducta. Bajó
+con lentitud.--¿Qué misterio hay en esta casa?--decía para sí.--Al
+hallarse en la calle, sintió mas viva su curiosidad, y la compasión
+hacia la joven era mas intensa.--¿Es su hija, es su mujer, es su
+sobrina, es su protegida?--exclamó.--¡Oh! No es posible renunciar á
+saber los secretos de esta casa. ¿Cómo renunciar á oírlos de la boca de
+Clara, que los contaba con tanta ingenuidad?
+
+Anduvo un buen trecho por la calle, y se paró, miró á la casa. Ella
+misma no me recibirá--dijo:--esto ha sido una casualidad. Y si vuelvo
+¿con qué pretexto?... ¡Cuánto debe padecer esa infeliz! Tiene cara de
+sufrir mucho ... en compañía de esa fiera, sin ver á nadie ni hablar
+con nadie....
+
+Maquinalmente se dirigió otra vez á la casa, y continuando su
+soliloquio, decía:--Tal vez la riña por haber hablado conmigo; tal vez,
+aparentando distracción, oyó cuanto me dijo, se habrá ofendido y la
+maltratará.
+
+Entró, subió, procurando no ser sentido. Llegó á la puerta y se detuvo.
+Su mano tornó maquinalmente el cordón de la campanilla. Si hubiera
+sentido el menor rumor de disputa; si hubiera sentido la voz agria del
+viejo, habría llamado con todas sus fuerzas. Pero nada sintió; aplicó el
+oído. Un silencio sepulcral reinaba en la casa. De repente sintió una
+voz de mujer que cantaba, sintió pasar una persona rápidamente por el
+pasillo en que estaba la puerta; sintió el ruido del traje, rozando con
+las paredes al correr, y sintió la voz, la voz que, al pasar tan cerca,
+resonó con timbre delicado y expresivo. Era Clara, que cantaba y corría.
+¿Era acaso feliz? Nuevo misterio.
+
+El curioso se sintió más confundido: soltó el cordón, y paso á paso, y
+muy quedito, bajó mirando á todos lados con cautela como un ladrón.
+Salió á la calle: marchó resuelto á alejarse: llegó á la esquina, se
+paró, miró á la casa, y al fin, tomando una resolución, emprendió su
+camino en dirección á su casa, donde le dejaremos por ahora preocupado y
+aturdido; para volver á ocuparnos de los amigos de la calle de Válgame
+Dios, cuya vida y caracteres necesitan historia y explicación.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+
+
+#Coletilla.#
+
+
+El hombre extraño, que conocemos con el nombre de Elías, nació allá en
+el año 1762 en el pueblo de Ateca, lugar aragonés que se encuentra como
+vamos de Sigüenza á Calatayud. Fueron sus felices padres Esteban Orejón
+y Valdemorillo y Nicolasa Paredes: él, labrador honrado; ella, hija
+única del vinculero más rico del vecino pueblo de Cariñena. A los nueve
+meses justos de matrimonio nació un tierno vástago que, por las
+circunstancias que á la preñez y al parto acompañaron, á grandes empresas
+y notables prodigios estaba destinado. Es el caso que doña Nicolasa tuvo
+allá por el quinto mes un sueño extraordinario, en el cual vió que el
+fruto de su vientre, ya crecido y entrado en años, era arrebatado al
+cielo en un carro de fuego; más tarde la buena señora daba en soñar
+todas las noches que su hijo era consejero del Despacho, padre
+provincial, venticuatro, racionero, deán y hasta obispo, rey, emperador
+ó, cuando menos, papa ó archipapa.
+
+Llegó al fin el alumbramiento, y encomendándose á Dios y á cierto
+comadrón que había en Ateca, hombre de gran ingenio, dió á luz un niño,
+el cual no entró en el mundo con señales de elegido entre los elegidos,
+sino tan flaco, enteco y encanijado, que no parecía sino que su madre,
+distraída en aquel perpetuo soñar de coronas y tiaras, había apartado su
+organismo de la nutrición del muchachejo.
+
+Pero aunque éste nació como cualquier hijo del hombre, no por eso
+dejaron de verificarse al exterior algunos prodigios. Observóse en el
+cielo de Ateca la conjunción nunca vista de las siete Cabrillas con
+Mercurio; la luna apareció en figura de anillo, y al fin salió por el
+horizonte un cometa que se paseó por la bóveda del cielo como Pedro por
+su casa. El boticario del pueblo, que se daba á observar los astros,
+entendía algo de judiciaria y tenía sus pelos de nigromante, vió todas
+aquellas cosas celestiales aparecidas en el cielo de Ateca, y dijo con
+gran solemnidad que eran señales de que aquel niño sería pasmo y gloria
+del universo mundo. La conjunción significaba que dos naciones se
+unirían contra él; el cometa que él los vencería á todos, y el anillo de
+la luna á cualquiera se le alcanzaba que era signo de la inmortalidad.
+
+"Porque--decía don Pablo (que así se llamaba el boticario)--á mi no se
+me escapa nada en esto de círculos celestiales; y cosa que yo barrunto,
+ello ha de ser verdad, como esto es chocolate."
+
+Efectivamente: chocolate, y del mejor de Torroba, era el que durante los
+solemnes augurios tomaba, merced á la gratitud generosa de los Orejones.
+
+En el bautismo hubo un holgorio que déjelo usted estar. Hubo en gran
+abundancia vino aragonés, grandes ensaimadas, bollos de á cuarta,
+hogazas de á media vara, gran pierna de carnero, pimientos riojanos y
+unos bizcochos como el puño, fabricados por las monjas del Carmen
+Descalzo de Daroca. El más obsequiado era don Pablo á causa de sus
+augurios, que él consideraba dignos de grabarse en bronces y pintarse en
+tablas. Entusiasmado por la generosidad con que pagaban sus trabajos
+astronómicos, compuso una décima en que llamaba á los Orejones
+_protectores de la ciencia_.
+
+El niño crecía. Inútil es decir que durante su infancia parecían
+adquirir fundamento las esperanzas de sus padres. ¡Qué precocidad! Todo
+lo que el niño hacía era prodigioso nunca visto ni oído. Abría la boca
+para articular una sílaba: ya había dicho una sentencia. ¿Pedía la teta?
+Aquello era, según la opinión del astrólogo, un incomprensible aforismo.
+Pasaban dos, cuatro y seis años, y con la edad crecía la fama del joven
+Orejoncito.
+
+¿Sabe usted lo que he visto, señora Nicolasa?--decía el farmacéutico
+un día con cierto tono de misterio que asustó á la buena mujer.
+
+--¿Qué hay, señor don Pablo Bragas?
+
+--Que Elisico estaba ayer jugando con unas gallinas, y les pegaba á los
+pollos con una caña, que á ser manejada por más fuertes manos, no les
+dejara con vida. "Muchacho, le dije: ¿por qué castigas á esos
+animalejos?" "Porque son pollos, contestó, y los quiero matar."--"¿Y qué
+te han hecho, verduguillo."--"Les estoy mandando que digan _pío_, y no
+quieren." Vea, usted, señora doña Nicolasa, vea usted. Esto está fuera
+de lo común, por la sentencia y el gran tuétano que encierra: _Quia
+pulii sunt_. Lo mismo dijo el Dialéctico cuando zurraba á los
+jansenistas: _Quia, heretici sunt!_
+
+Doña Nicolasa Paredes, dicho sea en honor de la verdad, no comprendía
+muy bien el _tuétano_ que encerraban las palabras de su hijo; pero
+agradecida á las cariñosas profecías de don Pablo Bragas, tendió un
+mantel y puso delante del amigo una taza de sopas en caldo gordo, que
+darían rabia á un teatino.
+
+Elías creció mas, y siguiendo la discreta opinión de un lector del
+convento de dominicos de Tarazona, que fué á predicar á Ateca el día de
+la Patrona del pueblo, le mandaron á estudiar humanidades con los padres
+de dicho convento. Ya tenía doce años; allí creció su reputación, y á
+poco fué tan gran latino, que ni Polibio, ni Eusebio, ni Casiodoro se le
+igualaran.
+
+Tenía quince años cuando se celebró un consejo de familia para resolver
+si se le mandaba al Seminario de Tudela ó á la Universidad de Alcalá;
+pero al fin fueron tantas y de tanto peso las razonas de don Pablo
+Bragas en favor de la Complutense, que se adoptó su dictamen. El
+prodigio de la Naturaleza fué puesto sobre un macho, en compañía da unas
+alforjas que encerraban algunas, tortas y dos azumbres de vino, y
+después de algunos lloriqueos de doña Nicolás y de algunos dísticos que
+ensartó el de los astros, Elías partió en dirección de la patria del
+inmortal Cervantes, adonde llegó en cuatro días: de viaje.
+
+Entonces doña Nicolasa tuvo una hija. Ningún trastorno sufrió la
+Naturaleza en su nacimiento.
+
+Elías estudió en Alcalá cánones y teología. Durante sus estudios, en
+que mostró grande aplicación, los maestros no cesaron de poner en las
+mismas nubes al que tanto honraba la ilustre estirpe de los Orejones.
+Unos esperaban en él un Luis Vives, otros un Escobar, cuál un Sánchez,
+cuál un Vázquez ó un Arias Montano. Y efectivamente, el joven era
+aplicado. Pasábase las noches en vela, devorando á Eusebio, á Cavalario
+y á Grotius. Atarugábase con enormes raciones diarias del libro _De
+locis teologices,_ y cuando iba á clase descollaba entre todos.
+Entonces principiaron á marcarse los rasgos fundamentales de su
+carácter, el cual consistía en orgullo muy grande, unido á gran
+sequedad de trato y á rigidez de maneras, por lo cual sus compañeros no
+le tenían ningún cariño.
+
+Pero su reputación de sabio era general. Fué á su pueblo, y al entrar en
+él lo primero que vió fué la venerable efigie de don Pablo Bragas, que
+le saludó con un pomposo arqueo de cintura. Junto á él estaban el
+alcalde, el cura y lo más notable de Ateca, incluso el herrador. Bragas
+sacó un papel del bolsillo y leyó un discurso, mitad en latín y mitad en
+castellano, que aplaudieron todos menos el obsequiado. En la casa le
+esperaban la señora Nicolasa, que se estaba poniendo vieja, y Orejón
+_senior,_ que se conservaba muy fuerte. Su pequeña hermana era ya una
+muchacha; pero la pobre más fama tenía de traviesa que de sabía. Hubo
+una pequeña fiestecilla de confianza con abundancia de bollos, de los
+cuales la mitad (sea dicho en honor de la imparcialidad) fueron
+consumidos por don Pablo Bragas.
+
+ En el pueblo continuó Elías consagrado al estudio. Su sequedad aumentó,
+ y se determinó más su orgullo; pero los padres no notaban tal cosa, y
+ estaban amartelados con el joven. Si alguna vez los ofendía
+ momentáneamente la rigidez de su trato, contentábanse luego con oír de
+ boca de Bragas un panegírico, cuyo epílogo era siempre tazón de
+ chocolate ó magra de gran calibre.
+
+Elías tenía treinta años cuando marchó á la Corte. No sabemos si él, al
+tomar esta determinación, soñó con adquirir la gloria que los astros,
+por boca de un sabio, habían anunciado. El, sin duda, tenía dispuesto
+algún plan. Al llegar á Madrid trabó relaciones muy íntimas con los
+Padres del convento de Trinitarios, que eran sabios como unos templos.
+Hizo asimismo estrechas relaciones con un señor de la nobleza
+perteneciente á la casa ilustre de los Porreños y Venegas, marqueses de
+la Jarandilla; y tomó tal afición á esta familia, que la sirvió
+fielmente en la prosperidad, y fué su mayordomo, aun después de la ruina
+de la casa, acontecida al fin de la guerra. Al estallar ésta en 1808,
+Elías dejó sus costumbres sedentarias, sus Pandectas, su Digesto y sus
+Dacretales, para militar en las filas de Echevarri y el Empecinado;
+hizo con el primero toda la campaña de Navarra, y organizó una porción
+de somatenes en Castilla al pasar Napoleón de vuelta de Madrid.
+
+Concluida la guerra, pasó por su pueblo: su padre había muerto; su
+hermana era ya mujer y se había casado con un pariente labrador; su
+madre estaba tullida y enferma. Bragas había perdido su buen humor y su
+afición á los astros; pero no su amor á Elisico, ni el convencimiento
+profundo de que _dos naciones se unirían contra él, y que él las
+vencería á las dos_.
+
+En Ateca supo el incremento que tomaba el partido constitucional y el
+entusiasmo con que en toda la Península era mirada la Asamblea de Cádiz.
+Advirtamos que Elías detestaba de muerte á los constitucionales. Aquel
+hombre, que desde que tuvo uso de razón no vivió sino con la
+inteligencia, ni en su juventud experimentó los naturales sentimientos
+de amistad y afecto, estaba á los cuarenta años enardecido con una
+fuerte y violentísima pasión. Esta pasión era el amor al despotismo, el
+odio á toda tolerancia, á toda libertad; era un realista furibundo,
+atroz, y su fanatismo llegaba hasta hacerle capaz de la mayor
+abnegación, del sacrificio, del martirio. Su carácter era apasionado por
+naturaleza, aunque los asiduos estudios le habían comprimido y
+desfigurado. Pero al llegar á aquella época, en que era imposible á todo
+español apartar la vista del gran problema que se trataba de resolver,
+la escondida vehemencia de sentimientos de Elías se manifestó, y no en
+forma de amor, ni de avaricia, ni de ambición: se manifestó en forma de
+pasión política, de adhesión frenética á un sistema y odio profundo al
+contrario.
+
+Como consecuencia de esta evolución de su carácter, se desarrollaron en
+él una fuerza de voluntad y una energía tales, que le hubieran llevado á
+los más grandes hechos, á tener ocasión para ello. Su inteligencia, que
+era muy perspicaz y cultivada del modo que hemos dicho, prestaba más
+fuerza á aquel sentimiento exagerado; y el consorcio extraño de sus
+facultades intelectuales con su gran pasión, unido á su trato indomable,
+hacía de él uno de esos seres monstruosos, que la observación
+superficial califica ligeramente de este modo: un loco.
+
+Hundido el sistema constitucional en 1814, Elías fué feliz; pero no por
+eso vivió tranquilo, porque comenzó á tomar parte en la vida activa de
+la política, que es en todas ocasiones una vida poco agradable. Trabó
+amistad con el duque de Alagón, individuo de la odiosa camarilla;
+entraba en los conciliábulos de Palacio, y se _honró_ con la amistad de
+aquel príncipe que deshonró á su patria. Entonces tomaba parte en los
+sordos manejos de aquella corte infame.
+
+Pero vino el año 20, y nuestro personaje entró en el período de rabia
+crónica, de desorden moral y frenética tenacidad en que le hemos
+conocido. Ya sabemos poco más ó menos cómo vivía: su actividad había
+redoblado, y conspiraba con una constancia de que no se ha visto
+ejemplo. En relaciones secretas con la corte, procuraba organizar una
+reacción, y todos los medios se adoptaban si conducían al fin deseado.
+Iba á los clubs, atizaba alborotos, frecuentaba las reuniones de
+realistas y aun de los liberales. Todo lo averiguaba y lo aprovechaba
+todo. Pero ya sonaban públicamente algunas acusaciones contra él; ya se
+decía que había pertenecido á la camarilla: ya se le indicaba como
+conspirador, y más de una vez se vió amenazado por gentes que pretendían
+conocerle ó le conocían en efecto.
+
+Todos los que le conocían de vista en los círculos patrióticos le
+llamaban _Coletilla_, apodo elaborado en la barbería de Calleja, algunos
+días después del famoso aditamento que puso el Rey al discurso de la
+Corona. Aquel apéndice literario, que tan mal efecto produjo, era
+designado en el pueblo con la palabra _Coletilla_. La idea de que Elías
+era amigo del Rey, unió en la mente del pueblo la persona del fanático y
+aquella palabra: los nombres que el pueblo graba en la frente de un
+individuo con su sello de fuego, no se borran nunca. Así es que Elías se
+llamaba así, para todo el mundo.
+
+Sus pocos amigos únicamente se cuidaban bien de nombrarle así.
+
+Concluiremos consagrando un recuerdo á uno de los principales héroes de
+este capítulo. Nuestro amigo don Pablo Bragas murió en Ateca á los
+noventa y un años de edad, de calenturas gástricas, debidas al doble
+efecto de un hartazgo de salpicón y de un constipado que cogió
+examinando la conjunción de Arcturus con Marte en una noche de Enero.
+
+Desde entonces la astronomía está en Ateca en lastimosa decadencia.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+
+
+#La compañera de Coletilla#.
+
+
+En Diciembre de 1808 militaba Elías, como hemos dicho, en una partida
+que había levantado en Segovia el Empecinado. Tuvieron varios
+encuentros con los franceses, hasta que Soult, que salió en persecución
+de Moore, encontró á los guerrilleros y les hizo retroceder hacia
+Valladolid; de allí siguieron avanzando hacia el Norte y llegaron hasta
+Astorga. Elías se quedó en Sahagún con unos cuantos hombres, dispuestos
+á organizar allí una partida considerable que hostilizara á Ney en su
+salida de Galicia.
+
+En Sahagún había un coronel segoviano que, habiéndose casado allí, vivía
+retirado del servicio militar. Era hombre de elevado carácter, de mucho
+corazón y de bien cultivada inteligencia; había sido muy rico, pero
+deparóle el cielo ó el infierno una esposa que ni de encargo hubiera
+salido tan díscola, intratable y antojadiza. El pobre militar hacía
+cuanto era imaginable para dominar el carácter de aquel basilisco, en
+quien parecían haberse reunido todas las malas cualidades que la
+naturaleza suele emplear en la elaboración de las mujeres. Empezó por
+hacerse excesivamente devota, y tal era su mojigatería, que abandonaba á
+su marido y su casa para pasarse todo el santo día entre monjas, padres
+graves, cofrades, penitentes, sin ocuparse más que de rosarios,
+escapularios, letanías, horas, antífona y cabildeos. Vivía entre el
+confesonario, el locutorio, la celda y la sacristía, hecha un santo de
+palo, con el cuello torcido, la mirada en el suelo, avinagrado el gesto,
+y la voz siempre clueca y comprimida.
+
+En los pocos momentos que pasaba en su casa era intratable. En todo
+cuanto decía su pobre marido encontraba ella pensamientos pecaminosos;
+todas las acciones de él eran mundanas: le quemaba los libros, le sacaba
+el dinero para obras pías, le llenaba la casa de padres misioneros,
+teatinos y premostratenses; y en cuanto se hablaba do conciencia y de
+pecados, empezaba á mentar los de todo el mundo, sacando á la
+publicidad de una tertulia frailuna la vida y milagros del vecindario,
+para condenarla como escandalosa y corruptora de las buenas costumbres.
+En tocando á este punto le daban arrebatos de santa cólera, y entonces
+no se la podía aguantar.
+
+Pero de repente la insoportable beata se volvió del revés; el fondo de
+su carácter era una volubilidad extremada. Cambiando repentinamente,
+adoptó un género de vida muy mundano: se salía de capa y se andaba por
+esos mundos dando zancajos con el pretexto de que tenía una fuerte
+afección moral y necesitaba distracción. Acompañábala algún militar
+joven ó algún abate verde. Su marido, viendo que era imposible detenerla
+en casa, tuvo que consentir en aquella vida voladera; que si bien le
+costaba una parte de su fortuna, le libraba por algún tiempo de las
+impertinencias de aquel demonio.
+
+La tercera metamorfosis de doña Clara fué peor. Le dió por ponerse
+enferma, y entonces no había malestar, ni dolencia, ni afección crónica,
+ni ataque agudo que no viniera á afligir su cuerpo. Agotó todos los
+ungüentos, específicos y tisanas; puso sobre un pie á todos los
+boticarios, curanderos, médicos y protomédicos, y visitó todos los baños
+minerales de España, desde Ledesma á Paracuellos, desde Lanjarón á
+Fitero. Lo único que parecía aliviarla era el circunstanciado relato de
+sus males que hacía á todos los teatinos, franciscanos, mínimos y
+premostratenses, con quienes volvió á entibiar místicas relaciones.
+
+Chacón, su pobre esposo, cogía el cielo con las manos, y aun llegó á
+aplicarle el eficaz cauterio de unos cuantos palos, que no produjeron
+otro efecto que recrudecer la feroz impertinencia de aquel enemigo.
+
+Al mismo tiempo la fortuna del matrimonio tocaba á su término, y el
+desventurado marido temblaba al considerar qué sería en lo porvenir de
+su pobre hija, entonces de cinco años de edad. La devota, la enferma
+había tenido, antes de ser enferma y devota, una niña que se llamaba
+Clara, como ella, único fruto de aquel malaventurado matrimonio.
+
+Doña Clara se curó cuando lo tuvo por conveniente, y se entregó de nuevo
+á las cosas de la Iglesia, tomándolo tan á pechos que no había día en
+que no se mortificase con disciplinazos, que se oían desde la calle.
+Estábase de rodillas y en cruz una hora seguida; cuando empezaba á
+contar los éxtasis que _le daban_ y las visiones que _tenía,_ era el
+cuento de las cabras de Sancho. El esposo pedía á Dios que le librara
+de aquel infierno vivo. Doña Clara no amaba á su hija ni á su esposo, y
+éste que la había amado mucho, concluyó por aborrecerla.
+
+Al fin _la Chacona_ (así la llamaban en el pueblo) dejó otra vez la
+vida devota, y de la noche á la mañana se marchó á Portugal á _tomar
+aires_. Felizmente Dios la iluminó, y de Portugal se fué al Brasil
+con unos misioneros. No se supo más de ella. El pundonoroso y leal
+esposo respiró: estaba libre, pero pobre, enteramente pobre sin otra
+cosa que un sueldo mezquino; tranquilo en cuanto á lo presente, pero
+inquieto siempre que pensaba en aquella niña infeliz que iba á quedar
+en la miseria.
+
+En la mitad de Diciembre de 1808 todo el pueblo de Sahagún salió al
+camino real lleno de curiosidad. El emperador Napoleón I pasaba por allí
+para dirigirse á Astorga en persecución de los ingleses. Llegó al
+pueblo, descansó dos horas, y siguió su camino, seguido de una gran
+parte del ejército que ocupaba á España. Cuando los franceses, guiados
+por Napoleón, estuvieron lejos, Sahagún se atumultuó; tomaron las armas
+todos los jóvenes, y mandados por Elías y el cura de Carrión, se
+disponían á pelear con unos regimientos franceses, que al día siguiente
+habían de pasar por allí para unirse al cuerpo del ejército.
+
+Aquella tarde Chacón abrazaba y besaba tiernamente á su hija, que, al
+ver llorar á su padre, lloraba también sin saber porqué. El coronel
+tenía un proyecto, el único que podía darle alguna esperanza de asegurar
+en lo futuro el bienestar de Clara. Había resuelto entrar en campaña,
+avanzar en su carrera y seguir á la nación en aquella crisis, seguro de
+que le pagaría sus servicios. Escribió al Empecinado pidiéndole órdenes,
+y éste le contestó que se pusiera al frente de los 500 hombres de
+Sahagún, y procurase batir á los regimientos franceses que iban á unirse
+con Napoleón en Astorga. El bravo militar, aclamado jefe de la partida
+que Elías y el cura de Carrión organizaron, salió aquella noche, dejando
+á su hija en poder de dos antiguas criadas. Situáronse á un cuarto de
+legua del pueblo, y al amanecer del siguiente día se vieron brillar á lo
+lejos las bayonetas de los franceses. La guerrilla les hostilizó con
+fuegos esparcidos: al principio, los franceses vacilaron con la
+sorpresa; mas repuestos un poco, atacaron á los nuestros. El combate fué
+encarnizado. Elías y Chacón se miraron con angustia. "¡Son tres veces
+mas que nosotros!--dijo Chacón;--pero _no importa_: ¡adelante!"
+
+Retrocedieron hasta la entrada del pueblo: allí la lucha fué horrible.
+Desde las ventanas, desde las esquinas disparaban los paisanos contra
+el enemigo, cuyas filas se diezmaban. El coronel mandaba á los suyos con
+un denuedo sin ejemplo. A la partida unióse al fin el resto del pueblo.
+Un esfuerzo más, y los franceses eran vencidos. Este esfuerzo se hizo:
+costó muchas vidas; pero los franceses, no queriendo perder más gente,
+emprendieron la retirada hacia Valencia de Don Juan.
+
+El pueblo todo les siguió, con Chacón á la cabeza; pero aún no había
+andado éste veinte pasos, cuando fué herido por una bala: dió un grito y
+cayó bañado en su sangre. Las mujeres le rodearon, llorando todas al
+verle herido; él dijo algunas palabras, volvieron los suyos, y entre
+cuatro le llevaron á su casa. Antes de llegar á ella ya estaba muerto.
+
+Reinaba en el pueblo la consternación, porque habían perecido muchos
+hijos y muchos maridos; las madres y las esposas gritaban por las calles
+con amargos y dolorosos lamentos. Delante de la puerta de la casa de
+Chacón había un grupo de mujeres silenciosas que contemplaban el cadáver
+del coronel, teñido en sangre, con la frente partida y destrozado el
+pecho. Algunos niños, en quienes podía más la curiosidad que el miedo,
+se habían acercado hasta tocarle los dedos, las espuelas y el cinturón.
+Nadie hablaba en aquella escena, y sólo la pobre Clarita, consternada al
+ver que todos la miraban llorando, comenzó á llamar con fuertes voces á
+su padre, cuya muerte no comprendía.
+
+--Qué niña es ésta?--preguntó Elías.
+
+--Es su hija,--contestó una mujer que la tenía abrazada.
+
+--¿Y no tiene madre?--
+
+--No, señor,--
+
+--¿Y qué vamos á hacer de ella?--dijo Elías mirando al cura de Carrión y
+á los demás cabecillas del tumulto.
+
+Todos se encogieron de hombros y besaron á Clara.
+
+--Nosotros nos quedaremos con ella,--dijeron las dos mujeres que habían
+servido al coronel cuando era rico.
+
+--No--dijo Elías:--yo la recojo. Me la llevaré conmigo, la educaré.--
+
+Las mujeres aquellas eran muy pobres. Gran cariño les inspiraba Clarita;
+pero al tenerla á su lado la condenaban á ser pobre como ellas para toda
+la vida. Consideraban á don Elías como persona de posición y carácter, y
+no dudaron, por lo tanto, en dejarle la niña.
+
+Permaneció, sin embargo, en Sahagún hasta 1812, época en que el
+realista dejó las armas y se retiró á Madrid. Entonces le acompañó
+Clara, que no pudo separarse de sus pobres amigas sin llorar mucho, ni
+pudo acostumbrarse tampoco á mirar cara á cara á su protector, porque le
+daba mucho miedo.
+
+Grande fué su tristeza cuando al despertar en un hermoso día de Mayo se
+encontró entre las obscuras paredes de la casa que conocemos en la calle
+de Válgame Dios; y esta tristeza aumentó cuando la llevaron al
+convento-colegio de ciertas hermanas de una Orden famosa, que enseñaban
+á las niñas del barrio lo poquito que sabían. Tenía la escuela todo lo
+sombrío del convento, sin tener su claustro melancólico y su dulce paz.
+Dirigíanla unas cuantas viejas, entre quienes descollaba por su
+displicencia, fealdad y decrepitud una tal madre Angustias, que usaba
+una caña muy larga para castigar á las niñas, y unas antiparras verdes,
+que más que para verlas mejor, le servían para que las pobrecillas no
+conocieran cuándo las miraba.
+
+Las niñas se levantaban muy temprano, y rezaban; almorzaban unas sopas
+de ajos, en que solía nadar tal cual garbanzo de la víspera, y después
+pasaban al estudio, que era ejercicio de lectura, en el cual desempeñaba
+el principal papel la caña de doña Angustias. Trazaban luego, por
+espacio de dos horas, sendos garabatos en un papel rayado; y después de
+contestar de memoria á las preguntas de un catecismo, cosían tres horas
+largas, hasta que llegaba la del juego. El recreo tenía lugar en un
+patio obscuro y hediondo, cuya vegetación consistía en un pobre clavel
+amarillento y tísico que crecía en un puchero inservible, erigido en
+tiesto de flores. Las niñas jugaban un rato en aquella pocilga, hasta
+que la madre Angustias sonaba desde su cuarto una siniestra campanilla,
+que reunía en torno á su caña á los tristes ángeles del muladar.
+
+Después de comer llevaba el rosario la madre Brígida, por no poder
+hacerlo la madre Angustias, á causa del asma que la afligía,
+entrecortándole la voz. Aquel rosario era interminable, porque detrás de
+sus infinitos paternóster venían las letanías, llagas, misterios,
+jaculatorias, oraciones, gozos y endechas místicas. La noche las
+sorprendía en aquel devoto ejercicio, y era muy común que alguna de las
+chiquillas, rendida bajo el peso moral de tan monótono y cansado rezo,
+bostezara tres veces y se durmiera al fin benditamente. Parapetada
+detrás de sus antiparras, la madre Angustias observaba los bostezos y
+acariciaba su caña dictatorial sin decir palabra á la culpable,
+esperando á que se durmiera, y entonces ¡ira de Dios! le sacudía un
+cañazo, seguido de una retahila de insinuaciones coléricas. Las otras
+niñas, que no esperaban más que un motivo de distracción y
+entretenimiento, al ver la triste figura que hacía su compañera al
+despertar bruscamente, soltaban la risa, se interrumpía el rezo, gruñía
+la madre Brígida, cacareaba la madre Angustias, y llovían los cañazos á
+diestra y siniestra. Al anochecer continuaban las lecciones y el
+catecismo. La madre Angustias les decía: "Ahora el ca ... ca ...
+tecismo. Madre Brí ... Brí ... Brígida, la que no lo sepa, al ca ... ca
+... caramanchón."
+
+Y se marchaba á acostar, porque padecía de ciertos ahoguillos, y tenía
+que ponerse todas las noches paños calientes en el estómago.
+
+Clarita y otras niñas de la escuela creían á pie juntillas que la madre
+Angustias no tenía ojos, y que todas sus facultades ópticas residían en
+aquellos dos temibles vidrios verdes, engastados en una armazón rancia y
+enmohecida; y acontecía que para imitarla cortaban dos redondeles de
+papel verde del forro del catecismo y se lo pegaban con saliva en los
+ojos, con lo cual se morían de risa. Como no podían ver gota con
+aquellos parches, sorprendiólas un día la madre Petronila, que era un
+vinagre, y después de darles muchos coscorrones, las condenó á no comer
+ni jugar aquel día, ¡Qué horas pasaron las pobres!
+
+Otra vez se hallaban todas en el patio, y ocurriósele á un pajarito muy
+flaco meterse allí por el tejado y posarse, después de chocar en los
+muros, en el entristecido clavel. ¡Qué algazara se armó! Aquél fué el
+mayor acontecimiento del año. Con pañuelos, con mantos, con cuanto
+hallaron á mano, le persiguieron hasta cogerle; atáronle un hilo en una
+de las patas, y Clara le guardó muy bien en un cajoncillo donde tenía la
+costura. A escondidas le echaban de comer por las noches; pero el
+animalito enflaquecía y se ponía más triste cada vez. Una noche, en el
+momento en que el rezo iba á principiar, Clara tenía abierto el
+costurero, y fingiendo arreglar dentro de él alguna cosa, se ocupaba en
+abrirle la boca al pajarito y meterle á la fuerza unas migajas de pan
+que había guardado en el bolsillo, cuando de repente alzó el vuelo el
+animal, revoloteó por la habitación con el hilo atado en la pata, y fué
+á pararse ¿dónde creeréis? en la misma cabeza de doña Angustias, que al
+verse profanada de aquel modo, tomó tal cólera, que el asma le ahogó la
+voz y estuvo gesticulando en silencio diez minutos, roja como un tomate.
+Clara se quedó yerta de miedo.
+
+"Cla ... Cla ... Cla ... rita--exclamó la madre Angustias ciega de
+furor.--¡Niña mal ... mal criada! ¡Qué desaca ... ca ... cato es éste?
+Esta noche al ca ... ca ... caramanchón."
+
+Clara fué condenada aquella noche á dormir en el caramanchón, última
+pena que sólo se aplicaba muy de tarde en tarde á los más negros y
+raros delitos. Doña Angustias continuó en su cacareo hasta que vió
+cumplida la terrible orden; y á la hora en que acostumbraban á
+recogerse, Clara fué llevada al presidio, que era un desván obscuro,
+fétido y pavoroso. La pobrecilla no cabía en sí de miedo al verse sola
+en aquel tugurio, entre mil objetos cuya forma no podía apreciar,
+tendida en un miserable jergón y expuesta al aire colado, que por una
+ventanilla entraba. En su desvelo, sintió las pisadas de los ratones
+que en aquellos climas vivían; pisadas que en sus oídos resonaban como
+si fueran producidas por los pies de un ejército de gigantes. Se
+encogió, se envolvió toda en su manta, escondiendo los pies, las manos
+y la cabeza; pero las ratas corrían por encima, y saltaban, iban y
+venían con una algarabía espantosa. También contribuyó á aumentar el
+pavor de la niña una disputa que en el tejado vecino se trabó entre dos
+gatos bullangueros que lanzaban maullidos lúgubres y desentonados. La
+pobre no pudo dormir, y el día la encontró hecha un ovillo, empapada en
+sudor frío y temblando de miedo.
+
+Entre estos sucesos extraordinarios y la diaria tarea del estudio y la
+costura, aterrada siempre por la fascinación terrible de los espejuelos
+de la madre Angustias, pasó Clara cuatro años, hasta que, cumplidos los
+once, vino Elías por ella y se la llevó á su casa.
+
+El realista no sabía al principio qué hacer de aquella niña: ocurrióle
+hacerla monja; pero impulsado por un repentino egoísmo, resolvió
+conservarla á su lado. Era solo: su casa necesitaba una mujer. ¿Quién
+mejor que Clara? Su inteligencia no estaba bien cultivada, pues no sabía
+sino leer, escribir y hacer algunas cuentas; pero, en cambio, cosía muy
+bien y entendía de toda clase de labores.
+
+La hija de la Chacona creció en casa de Coletilla, y fué mujer. Creció
+sin juegos, sin amables compañeras, sin alegrías, sin esas saludables y
+útiles expansiones que conducen felizmente de la niñez á la juventud.
+Elías no la trataba mal, pero tampoco era muy cariñoso son ella.
+
+Los domingos la solía llevar á la Florida ó á la Virgen del Puerto; una
+vez la llevó al teatro, y Clara creyó que era verdad lo que estaban
+representando. Los paseos dominicales cesaron cuando Elías tuvo
+ocupaciones y preocupaciones que le apartaban de su casa: entonces ella
+se limitó á oír misa muy de mañana en las monjas de Góngora, y en esta
+expedición lo acompañaba, una criada alcarreña llamada Pascuala, que
+Coletilla había tomado á su servicio.
+
+Este encierro perpetuo hubiera agriado y pervertido tal vez otro
+carácter menos dulce y bondadoso que el de Clara, la cual llegó á creer
+que aquella vida era cosa muy natural, y que no debía aspirar á otra
+cosa; así es que vivía tranquila, melancólicamente feliz, y á veces
+alegre. Y, sin embargo, semanas enteras pasaban sin que una persona
+extraña penetrara en la casa del fanático. Parecía que toda la sociedad
+quería huir de aquella jaula en que estaba encerrado su mayor enemigo.
+
+Sólo una excepción existía en aquel aislamiento normal. Ya hemos dicho
+que don Elías fué amigo y servidor de una antigua é ilustre casa.
+Después de la ruina de los Porreños y Venegas, sólo quedaron tres
+individuos, tres dueñas venerables que conservaron relaciones amistosas
+con el realista. Muy de tarde en tarde iban á visitarle. Tenían un trato
+seco; eran intolerantes, rígidas, orgullosas. Nunca hablaban á Clara
+sino con palabras solemnes, que daban tristeza y abatían el ánimo. No
+podían prescindir de la etiqueta, ni aun delante de una pobre muchacha y
+eran tan ceremoniosas y tiesas, que Clara les llegó á tomar antipatía,
+porque siempre que iban á la casa dejaban allí una sombra de tristeza
+que duraba mucho tiempo en el alma de la huérfana.
+
+En los últimos años, Coletilla entraba, como hemos dicho, en el período
+álgido de su frenesí político; la cólera era su estado normal, y era
+cosa imposible que en su fanáticas obsesiones pudiera aquella alma
+irascible tener cariños y finezas para la pobre compañera que tanto las
+necesitaba. Por el contrario, mostrábase muy duro con ella; se estaba
+sin hablarle semanas enteras; otras veces la reprendía con acrimonia y
+sin motivo: la llamaba frívola y casquivana. Un día, al ver que la
+desventurada se había peinado con menos sencillez que de ordinario, y se
+había vestido, reformando un poco su natural elegancia con el poderoso
+instinto de la moda, que las mujeres más apartadas del mundo poseen, la
+riñó, repitiéndole muchas veces esta frase que le costó lágrimas á la
+infeliz: "Clara, te has echado á perder." Otras veces le daba al viejo
+por vigilarla, y le prohibía asomarse al balcón y abrir la puerta, es
+decir, la abandonaba ó la martirizaba, según el estado de aquel espíritu
+perturbador y cruel.
+
+Clara se puso mala; se iba agostando con lentitud como el clavel que
+crecía difícilmente en el patio de la escuela. Su melancolía creció, se
+puso descolorida y extenuada, y llegó á hacer temer graves peligros
+para su salud. Coletilla no pudo permanecer indiferente á la enfermedad
+de su protegida, y trajo un médico el cual expresó su dictamen muy
+brevemente, diciendo: "Si usted no manda á esta chica al campo se muere
+antes de un mes."
+
+El realista pensó que la muerte de aquella muchacha sería un
+contratiempo. Recordó que su hermana vivía en Ateca con su familia, y
+formó su plan.
+
+Escribió dos letras y algunos días después Clara entraba en el pueblo
+con el corazón rebosando de alegría.
+
+Benéfica reacción se verificó en su salud, y su espíritu, tanto tiempo
+abatido por el fastidio y el encierro, se reanimó con el pleno goce de
+la Naturaleza y el trato de personas alegres que la atendían y la
+amaban. Aquellos días fueron una segunda vida para la desdichada mártir,
+porque se regeneró materialmente, adquiriendo lozanía, frescura y vigor:
+sus ojos, acostumbrados á la obscuridad de cuatro paredes, recorrían ya
+un largo horizonte: sus pasos la llevaban á grandes distancias: su voz
+era escuchada por amigas joviales y francas, por jóvenes sencillos, por
+viejos cariñosos; su alegría era comprendida y compartida por otros; sus
+inocentes deseos satisfechos; conocía la amistad, la vida familiar, la
+confianza; gozaba de un cielo hermoso, de un aire puro, de un bienestar
+sobrio y tranquilo, de felices y no monótonos días, de sosegadas y
+apacibles noches.
+
+Pero durante la permanencia de Clara en Ateca pasaron cosas que
+influyeron poderosamente en el resto de su vida. Vamos á referirlas,
+porque de ellas se deriva casi toda esta historia; y por tan importantes
+y graves, las dejamos para el capítulo siguiente, donde las verá el
+lector, si está decidido á no abandonarnos.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+
+
+#El sobrino de Coletilla.#
+
+
+Marta, la hermana de Elías, había quedado viuda con un hijo llamado
+Lázaro, que después de estudiar Humanidades en Tudela, pasó á la
+Universidad de Zaragoza. Era éste un mozo como de veintitrés á
+veinticinco años, de agradable presencia, de ingenio muy precoz, de
+imaginación viva, de palabra fácil y difusa, muy impresionable y
+vehemente, y de recto y noble corazón.
+
+Las nuevas ideas, que entonces conmovían profundamente el corazón de la
+juventud, habían hallado en el joven Lázaro un creyente decidido. Era
+uno de los que, brotados en el tumulto de un aula de Filosofía militaban
+con pasión generosa en las filas de los propagadores políticos, entonces
+tan necesarios.
+
+Sucedió que los estudiantes zaragozanos trabaron una pendencia con los
+socios de cierto club político; el asunto tomó proporciones, intervino
+la autoridad universitaria, y Lázaro se vió obligado á salir de
+Zaragoza, perdiendo curso. Esto pasaba en los días en que, destituido
+Riego del mando de capitán general de Aragón, hubo en aquella ciudad
+tumultos y manifestaciones, que el Gobierno quiso reprimir. Lázaro, que
+estaba á punto de concluir la carrera, conoció la gravedad de su
+situación y el disgusto que tendrían su madre y su abuelo, á quienes
+amaba mucho. Quiso reclamar, pero fué inútil, y tuvo que retirarse á su
+pueblo, triste, avergonzado y lleno de dudas y temores.
+
+Pero al entrar en su casa, agitado por la zozobra y los remordimientos,
+vió en compañía de su madre á una persona desconocida que desde el
+primer momento le produjo una secreta impresión de alegría,
+imponiéndole, sin saber por qué, consuelo y esperanza. Confesó lo que le
+pasaba, sin disminuir la gravedad del caso, por lo cual don Fermín, su
+abuelo paterno, se puso serio y quiso enfadarse, y su madre lloró un
+poco. Pero la persona desconocida, que parecía estar allí para alegrar
+la casa, disipó la cólera del primero y secó las lágrimas de la
+segunda, mientras Lázaro, con la cabeza baja y humedecidos los ojos,
+permanecía inmóvil delante de sus jueces y de su defensor sin decir
+palabra, aunque á la verdad no era preciso, porque la joven le defendía
+muy bien sin desplegar gran elocuencia, ni emplear otros recursos que su
+claro y natural sentido, su acrisolado y generoso sentimiento.
+
+El pobre Lázaro estaba tan turbado, que se le figuraba que aquella
+persona era una aparición, un ser enviado del cielo para ampararle en
+aquellos apurados momentos. Esperaba verla desaparecer al concluir su
+misión, y la miraba con ese estupor silencioso que causa lo
+sobrenatural y desconocido. No tenía antecedentes de aquella joven, ni
+había sospechado que existiera y se encontrara allí. Pero la imagen no
+se desvanecía, y, por el contrario, continuaba viéndola adornada con
+todos los encantos físicos y morales que pueden poseer los ángeles de
+este mundo.
+
+No se habló más del asunto. Lázaro fué perdonado, pero no salió de sus
+confusiones. Explicáronle quién era Clara y por qué estaba allí; más no
+por eso pudo dominar el estudiante la respetuosa y fuerte sorpresa que
+le había producido.
+
+Estuvo encogido y como asombrado todo el día, y temblóle la voz cuando
+quiso hablar con ella, y se calló al fin por temor de decir mil
+disparates. Al día siguiente despertó con una alegría exaltada, á la que
+sucedía bruscamente una tristeza sin igual. Su aturdimiento tomaba fases
+muy diversas tan pronto se veía atacado de un apetito insaciable de
+verbosidad que no podía contener; tan pronto hacía esfuerzos inauditos
+para pronunciar una palabra, sin llegar á conseguirlo. Era un
+polaticómano ferviente, y en Zaragoza se había distinguido por sus
+elocuentes arengas en los clubs, que le habían dado mucha celebridad; en
+sus conversaciones privadas se expresaba también con mucho entusiasmo y
+corrección pero esta vez de todo hablaba menos de política. Parecía que
+no existían ya para él ni la revolución francesa, ni el _Emilio_, de
+Rousseau, ni las _Carta de Talleyrand_, ni el Diccionario, de Voltaire.
+Se había olvidado de todo esto, y sólo pensaba en la fórmula más
+expresiva y exacta para decirle á Clara que la había visto en sueños
+aquella noche. Recurrió al sistema de las circunlocuciones, pensó
+después en decirlo á secas y sin ambajes, acordóse de que las alegorías
+se habían inventado para aquel caso, y probó todos los medios sin lograr
+con ninguno su objeto.
+
+Pasaron dos ó tres días sin que hallara un modo de ser explícito.
+Cuando estaba solo, sí; entonces hablaba, hablaba consigo mismo, y aun
+parecías entablar misteriosos diálogos con aquel hermoso espíritu, que
+encontraba siempre en todas partes, acompañándole en sus soledades é
+insomnios; espíritu lleno de luz y con formas de mujer, que brotaba del
+seno mismo de la noche para mirarle inmóvil, callado y sereno. Delante
+de esta sombra era Lázaro muy elocuente, y siempre acertaba á expresar
+lo que sentía; y sentía tanto el pobre, que á veces le daba uno de esos
+accesos vehementes, en que el organismo se conmueve todo, quebrantado y
+oprimido por la enorme expansión del espíritu. Salía de la casa por no
+hallarse bien en ella, y volvía á entrar por no hallarse bien fuera. Por
+fin, había logrado formular un diálogo con Clara. La primera vez que
+pudo hablar con ella un cuarto de hora seguido, se mostró muy enojado.
+¿Enojado? ¿Porqué? Después empezó á darle las gracias. ¿Las gracias?
+¿Por qué? Después le pidió perdón. ¿Perdón? ¿De qué? Y acto continuo le
+dijo que se iba á volver loco. ¿Loco?... Su andar era errante. Se
+dirigía á todas partes, y no llegaba á ninguna; se hallaba siempre donde
+no quería estar. Pero á pesar de estas evoluciones de ciego, acontecía
+que si Clara iba á alguna parte, ¡qué casualidad! encontraba en ella á
+Lázaro que la esperaba.
+
+El alma de la muchacha no estaba sujeta á estas extrañas perturbaciones.
+Siempre sensible y feliz en su serenidad inocente, se dejaba llevar por
+la corriente de una vida sin agitación ni contratiempos. En su sitio
+propio, para dar paz al ánimo y descanso á la fantasía, vivía sin
+sentirlo digámoslo así; y si alguna vez la entristecía algún
+pensamiento, era el pensamiento de volver á la calle de Válgame Dios. La
+amistad, casi desconocida por ella, fué entonces causa de que adquiriera
+esa sutil delicadeza, que caracteriza los afectos femeninos, y esa
+fluidez de ingenio que tanto los embellece y adorna.
+
+Había en el pueblo otra joven de la misma edad é idéntico carácter,
+llamada Ana, hija de un rico labrador. Ana y Clara se hicieron íntimas
+amigas en pocos días de trato. Ibanse todas las tardes á una huerta
+perteneciente al padre de Ana, y allí, entretenidas con sus labores, se
+pasaban conversando largas horas. En esta comunicación de las dos
+jóvenes, Clara se desarrollaba moralmente con una rapidez desconocida.
+Para quien había pasado su juventud en compañía de un viejo excéntrico é
+insociable, aquellas franquezas inocentes y el cambio simultáneo de
+pensamientos, comunicados sin disimulo y en toda su hermosa sencillez
+natural, realizaron en el alma de la huérfana una revelación de sí
+misma, que fijó y fortaleció más su bello carácter.
+
+Cuando las dos amigas iban á la huerta, la maldita casualidad hacía que
+Lázaro pasara por la entrada precisamente en el mismo momento en que
+ellas llegaban. La conversación empezaba todas las tardes á las cuatro,
+y duraba basta el anochecer. Ni un solo día en todo el tiempo que pasó
+Clara en Ateca dejaron de ir á la huerta las dos muchachas, y ni un solo
+día dejó Lázaro de encontrarlas allí por casualidad. En aquellas
+conversaciones, que eran cada vez más íntimas, se notaba algunas veces
+que, por efecto de los accidentes del diálogo escénico, Ana callaba ó
+hablaba aparte en voz baja, mientras el bueno del estudiante y la picara
+Clara charlaban muy quedito y muy juntos el uno del otro. La cara,
+angustiosa á veces, á veces pálida, ya animada, ya triste, del joven,
+anunciaba que el tema del coloquio era muy interesante, ¿Qué decían? De
+pronto unas largas pausas, en que uno y otro se quedaban mirando á la
+tierra un buen rato, permitían á Ana alguna alusión ingeniosa, cuya
+gracia alababa y reía ella sola. Clara y Lázaro parecía que no estaban
+para risa. Callaban, hasta que un monosílabo aquí, un gesto allá,
+volvían á estimular de nuevo la conversación. A veces él se ponía á
+meditar como recapacitando lo que iba á decir; y él, que tan buena
+memoria tenía, se encontraba con que se le habían olvidado (¡otra
+casualidad!) los admirables trozos de elocuencia que tenía preparados.
+¿Hablaban del pasado, del presente, del porvenir? ¿Trazaban un plan,
+planteaban un proyecto? Es probable que nada de esto fuera objeto de
+aquellos íntimos debates: no hacían sus voces otra cosa que expresar mil
+inquietudes interiores, pintar ciertas turbaciones del espíritu,
+formular preguntas intensamente apasionadas, cuyas réplicas aumentaban
+la pasión; confesar secretos, cuya profundidad crecía al ser confesados;
+hacer juramentos, manifestar ciertas dudas, cuya resolución daba origen
+á otras mil dudas; pedir explicaciones de misterios, que engendran
+misterios sin fin; explicar lo inexplicable, medir lo infinito, agotar
+lo inagotable.
+
+A veces interrumpía Ana estas comunicaciones impenetrables, diciendo:
+
+--Pero, mujer, ¿no ves cómo va ese bordado? ¿En qué estás pensando?--
+
+En efecto; Clara, que estaba bordando sobre cañamazo, con lanas de
+colores, una cabecita de ángel rodeada por una guirnalda de flores, le
+había hecho los ojos de estambre rojo y los labios con estambre negro;
+las flores tenían todos los colores tan trastornados, que no se sabía lo
+que aquello era. Al oír la observación de su amiga, Clara se puso del
+color de los ojos del ángel.
+
+Veinte y treinta días se pasan muy pronto cuando hay citas cuotidianas
+en una huerta, diálogos anhelantes, dudas no resueltas, preguntas mal
+contestadas y angelitos bordados con los labios negros. Así es que llegó
+un día en que Lázaro se puso á jurar por todos los santos del cielo que
+no permitía que Clara se fuera de allí. Se ponía fastidioso al tocar
+este punto; repetía la misma cosa infinitas veces, y á lo mejor empezaba
+á relatar un sueño que había tenido la noche anterior, del cual sueño se
+desprendía la imposibilidad absoluta de que él y Clara se pudieran
+separar. Ella se ponía muy pensativa y no decía palabra en media hora;
+los pobres chicos miraban al cielo alternativamente, como si en el cielo
+se hallara escrita la solución de aquel problema.
+
+Se separaban. Clara depositaba sus amarguras en el seno de su amiga Ana.
+Lázaro confiaba á las profundidades de la noche el gran vértigo que
+sentía dentro de sí; no dormía, porque una serie interminable y
+rapidísima de razonamientos confusos, mezclados con imágenes vagamente
+percibidas, le sostenían en vigilia invencible y dolorosa. El día volvía
+á darles esperanza, la tarde venía á unirlos, el anochecer volvía á
+entristecerlos. Así se acercaba el día funesto.
+
+Cuando se teme de ese modo la llegada de un día que nos ha de traer algo
+malo, la imaginación tiene como una extraordinaria fuerza de odio, con
+la cual personifica ese día que se detesta; la imaginación ve acercarse
+este día, y lo ve en figura de no sé qué monstruo amenazador que avanza
+con la mano alzada y la mirada llena de ira. Hay días en que el sol no
+debiera salir.
+
+Pero el designado para la vuelta de Clara á Madrid el sol, ¡qué
+crueldad! salió. Sus primeros rayos llevaron la desolación al alma de
+los dos jóvenes, amenazados de una separación. Parece que cuando se
+verifica una separación de esa clase, cuando se disuelve y destruye esa
+unidad misteriosa y fundamental de la vida humana, unidad constituida
+por la totalidad complementaria de dos individuos, parece, decimos, que
+debía ocurrir un cataclismo en la Naturaleza; pero eso que llamamos
+comúnmente los elementos, es ciego é insensible. Se hunde un continente
+y se chocan dos océanos por la más insignificante de esas causas
+mecánicas que nacen en el centro de la materia; pero nada sucede, nada
+se mueve en la inerte y ciega máquina del mundo, cuando se altera el
+grande, el inmenso equilibrio de los corazones.
+
+Aquella mañana sintió Lázaro un dolor desconocido. Avanzaba el día: el
+estudiante fué á casa de Ana y la encontró llorando; se asustó de verla
+llorar; volvió á su casa, quiso entrar en el cuarto donde Clara hacía
+los preparativos de su viaje, pero se tuvo miedo á si mismo. La vió
+salir después pálida y con los ojos cansados de llorar. Al ver que se
+despedía de su madre y de su abuelo, Lázaro corrió fuera por temor de
+que intentara también despedirse de él. Salió y anduvo á prisa mucho
+tiempo; salió del pueblo y se internó en el camino, lejos, muy lejos del
+pueblo. De pronto sintió el ruido da la diligencia, que se acercaba. El
+joven se detuvo, retrocedió; la diligencia pasó rápidamente. Allí iba la
+huérfana desolada, con el rostro oculto entre las manos. Las demás
+personas que iban con ella se reían de verla así. Lázaro la nombró, la
+llamó dando un fuerte grito, y sin darse cuenta de ello corrió tras el
+coche larguísimo trecho, hasta que el cansancio le obligó á detenerse.
+La diligencia desapareció.
+
+Regresó al pueblo ya entrada la noche: al pasar por la huerta notó que
+unos pájaros que acostumbraban dormir allí formaban diabólica algazara
+con sus cantos disparatados y su inquieto aleteo. Apresuró el paso para
+no oír aquello y entró en su casa. Su madre y su abuelo estaban muy
+pensativos y melancólicos; ni les habló ni le hablaron. Quedóse solo; se
+encerró y quiso leer un libro; quiso dormir, y quiso arrancarse de la
+mente una como corona de hierro inflamado que se la quemaba y oprimía;
+pero era imposible. Aquello era una irradiación, que, á ser visible,
+hubiera parecido una aureola. En su fiebre se quedó aletargado, y en su
+letargo le pareció que de su cabeza brotaban llamas vivísimas que no
+podía sofocar, y que sus sesos hervían como un metal derretido.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+
+
+#La voz interior#.
+
+
+Aquel muchacho era sumamente impresionable, nervioso, de temperamento
+ideal, dispuesto á vivir siempre de lo imaginario. Nadie le igualaba en
+forjar incidentes venideros, enlazándolos para hacer con ellos una vida
+muy dramática y muy interesante; trabajaba involuntariamente con el
+pensamiento en la elaboración de estas acciones futuras; y siempre tenía
+ante la imaginación aquella gran perspectiva de hechos en que
+desempeñaba la principal parte una sola figura, él solo, Lázaro. Esta
+visión perpetua, fenómeno propio de la juventud, tenía en él
+proporciones extraordinarias; su fantasía tenía una poderosa fuerza
+conceptiva, y puede asegurarse que esta gran facultad era para él un
+enemigo implacable, un demonio atormentador.
+
+Con este carácter, fácil era que brotaran en él todas las grandes
+pasiones expansivas, y que crecieran hasta llevarle á la exaltación. En
+épocas como aquella, la política, el proselitismo, el espíritu de secta
+engendraba grandes pasiones. El heroísmo cívico, la abnegación y esa
+tenacidad catoniana que brillan en algunos personajes de todas las
+revoluciones, la venalidad solapada, la traición, la sanguinaria
+crueldad y el encono vengativo que se han visto en otros, provienen de
+la pasión política. Lázaro tuvo esta pasión: sintió en sí el ardor del
+patriotismo, creyóse llamado á ser apóstol de las nuevas ideas, y con
+ardiente fe y noble sentimiento las abrazó.
+
+¿Pero existen estas resoluciones inquebrantables sin mezcla de egoísmo?
+Egoísmo sublime, pero egoísmo al fin. Lázaro tenía ambición. ¿Pero qué
+clase de ambición? Esa que no se dirige sino al enaltecimiento moral del
+individuo, que sólo aspira á un premio muy sencillo, á la simple
+gratitud. Pero la gratitud de la humanidad ó de un pueblo es la cosa de
+más valor que hay en la tierra. El que es digno de ella la tendrá,
+porque un hombre puede ser ingrato; pero un pueblo en la serie de la
+historia, jamás. En una vida cabe el error; pero en las cien
+generaciones de un pueblo, que se analizan unas á otras, no cabe el
+error, y el que ha merecido esa gratitud la tiene sin remedio, aunque
+sea tarde.
+
+Lázaro aspiraba á la gloria; quería satisfacer una vanidad: cada hombre
+tiene su vanidad. La del joven aragonés consistía en cumplir una gran
+misión, en realizar alguna empresa gigantesca. Cuál era esta misión, es
+cosa que no sabía á punto fijo. Los jóvenes como aquél no gustan de
+concretar las cosas porque temen la realidad; creen demasiado en la
+predestinación, y engañados por la brillantez del sueño, piensan que los
+sucesos han de venir á buscarlos, en vez de buscar ellos á los sucesos.
+
+Después que se retiró de Zaragoza y fué á Ateca, una figura iba
+perpetuamente unida á la suya en aquellas escenas futuras. ¡Insensato!
+¿Qué piensas hacer de ella? Una reina. ¿De dónde? Será simplemente la
+mujer de un gran hombre. Menos tal vez: la mujer de un hombre obscuro...
+Concluía por concretar el objeto de todas sus quimeras á un retiro
+pacífico, á un matrimonio feliz.
+
+Pero era preciso meditar, trazar un plan, ver la manera más fácil de
+unirse á ella.
+
+Clara era huérfana, él pobre. He aquí dos contratiempos ocurridos desde
+el principio. ¡Ah! Pero él trabajaría; sería activo, ingenioso, astuto.
+Bien sabía él que tenía talento. ¿Pero debía ser un simple agricultor?
+No: eso era poco para él. Debía ir á Madrid, hacerse oír, buscar un
+nombre, un puesto. Esto sería cosa muy fácil para quien tenía tales
+aptitudes. ¿No era seguro que al llegar Lázaro á la corte, centro
+entonces, como ahora, de la actividad intelectual del país, adquiriría
+nombre, posición, fortuna? Sin duda. Ya debían conocerle de oídas por
+sus discursos pronunciados en Zaragoza. En aquel tiempo los jóvenes se
+abrían paso fácilmente entre la multitud decrépita; aquellos que, con
+todo el vigor de la fe y toda la fuerza de la edad primera, emprendían
+la propagación de las nuevas ideas, se imponía infaliblemente,
+adquiriendo una alta y envidiada posición social. El se creía superior,
+¿á qué negarlo? En la profundidad de su conciencia sentía una voz que
+sin cesar decía: "Yo valgo. Es preciso buscar los sucesos antes que
+ellos vengan á buscarnos. Animo, pues."
+
+Estos pensamientos eran los que ocupaban la mente de Lázaro en los días
+que siguieron á la partida de Clara. Cuando su determinación se hizo
+firme, vió con entusiasmo que su inteligencia adquirió más vigor y su
+pecho más osadía. Parecíale que su voz era capaz de emitir los más
+profundos, los más calurosos, los más verdaderos acentos en defensa de
+los nobles principios de la época; le parecía que nada igualaba á su
+facilidad de expresión, á su lógica terrible, á su frase pintoresca y
+expresiva. En lo más callado de la noche, cuando en parajes solitarios
+se entregaba á sus meditaciones, se oía, se estaba oyendo. Una voz
+elocuente resonaba dentro de él, y mudo y reconcentrado asistía á las
+maravillas é internas manifestaciones de su propio genio. Era auditorio
+de sí mismo, y le parecía que jamás había tenido el verbo humano frases
+más bellas, lógica más segura, entonación más vigorosa. Se aplaudía; le
+parecía que en torno suyo multitud infinita de sombras aglomeradas le
+aplaudían también; que resonaba un intenso palmoteo, cuyo fragor llenaba
+toda la tierra.
+
+De vuelta á su casa dormía, y durante el sueño continuaba resonando en
+su cerebro la misma voz que hacía estremecer miles de corazones; que
+llevaba el entusiasmo ó el espanto á ejércitos enteros de ciudadanos; y
+entonces se le figuraba que dentro de su ser había una misteriosa
+entidad sonora, un espíritu locuaz, que sostenía constantemente allá en
+su profundo núcleo la más brillante y enérgica peroración.
+
+Lázaro tenía el genio de la elocuencia. El lo conocía: estaba seguro
+de ello. Cada día que pasaba sin que un gran auditorio le escuchara,
+le parecía que se perdían en el vacío y en el silencio de un desierto
+aquellas voces admirables que sentía dentro de sí. No había tiempo
+que perder.
+
+Dijo á su abuelo que se iba á Madrid. El pobre viejo se puso á llorar, y
+dijo entre sollozos y babas que aquella resolución era muy grave y
+convenía meditarla.
+
+--¿Y qué vas tú á hacer allá?--decía después, queriendo aparecer
+incomodado: ¡Tienes una letra tan mala!...
+
+Estaba entonces en Ateca un tal don Gil Carrascosa (el mismo personaje á
+quien vimos disputar con cierto barbero en el primer capítulo de esta
+historia), el cual tenía amistad con Coletilla. El abuelo consultó con
+el ex-abate la resolución de Lázaro, y éste opinó que se debía escribir
+al tío. El viejo tomó la pluma y con vacilante mano trazó esta carta,
+que recibió el realista pocos días después.
+
+"Querido y respetable señor: Lazarillo, mi nieto y sobrino de vuesa
+merced, quiere ir á Madrid. Se le ha puesto en la cabeza que ahí podrá
+hacer fortuna: dice que no puede estar en el pueblo. Y, en efecto,
+querido señor, esto está malo. La cosecha de este año no nos da ni la
+simiente, y el pobre chico tiene más afición á los libros que al arado.
+Le diré á vuesa merced, respetable señor, que Lázaro es un mozo muy
+despierto: sabe muchos libros de memoria, y ha leído cuatro veces de la
+cruz á la fecha un tomo que le llaman _Los grandes hombres de Plutarco_,
+el cual me ha asegurado no ser cosa de herejía; que si lo fuera no lo
+había de leer en mis días. Entiende de leyes, y á veces se pone á
+escribir y llena unos cuadernos de cosas muy buenas, aunque yo no las
+entiendo. Es buen cristiano y muy respetuoso y cortés con todo el mundo.
+No ocultaré sus defectos, respetable señor; y por lo mismo que le
+quiero, diré á vuesa merced cuál es su gran defecto, para ver si con su
+talento y su gran sabiduría lo puede corregir. Es el caso que
+difícilmente podrá hacer cosa buena en la Corte, porque tiene muy mala
+letra y no le luce lo que sabe. Siento mucho tener que revelar esta
+flaqueza suya; pero antes que nada es mi conciencia, y por todo el oro
+del mundo no ocultaría sus defectos. Creo, sin embargo, que con un buen
+maestro, como los hay en la Corte, podrá corregirse si se aplica. De
+este modo llegará, andando el tiempo, á ser apto para desempeñar una
+plaza de dos mil reales en alguna covachuela, como mi señor abuelo, que
+en paz descanse. Yo deseo que haga fortuna, porque le quiero con toda mi
+alma; y así, deseo que vuesa merced, con su gran tino y universal
+sabiduría, me informe si será posible sacar algo de provecho de este
+muchacho, diciéndome al mismo tiempo si puedo contar con su protección.
+Hágalo vuesa merced, por Dios, que es el único hijo de su hermana, y
+nosotros, que estamos pobres, no podemos hacerle feliz."
+
+
+_Su respetuoso y reverente servidor_.
+
+#FERMÍN...#
+
+
+Pasaron tres meses sin que don Elías contestara. Al fin contestó,
+advirtiendo que esperara un poco, que avisaría si podía venir ó no. Un
+mes después escribió de nuevo llamando á Lázaro á su lado, y
+añadiendo que de su comportamiento y disposiciones dependía el que
+hiciera fortuna.
+
+Lázaro no cabía en sí de gozo. Quiso partir el mismo día; pero los
+ruegos de su madre y de su abuelo le obligaron á aguardar dos más.
+
+El joven estudiante sabía, por las tradiciones de la familia, que su tío
+era hombre muy sabio, y se le había antojado que había de ser un gran
+liberal. No comprendía que un hombre muy sabio dejara de ser muy amante
+de la libertad.
+
+La carta de Coletilla fué recibida en los primeros días de Septiembre de
+1821, en que ocurren los primeros acontecimientos que hemos referido.
+Poco después de la lamentable escena de la barbería y de la entrada del
+militar en la casa de Clara, ocurrió el viaje de Lázaro á Madrid. Clara
+no lo supo antes del día en que debía llegar.
+
+Ahora podemos seguir naturalmente el curso de los sucesos de esta
+puntual historia. Dejaremos á Lázaro preparándose á partir. Su madre y
+su abuelo le despiden llorando, el alcalde le abraza diciendo que ya ve
+en él nada menos que un secretario del Despacho; el cura le da dos
+bollos maimones para el camino y le echa un sermón fastidioso. El
+estudiante sube á la galera, y con más ilusiones que dineros toma el
+camino de la Corte.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO VIII
+
+
+
+#Hoy llega#.
+
+
+Tres días después de la aventura descrita en el capítulo segundo, estaba
+Clara muy de mañana encerrada en el cuarto que le servía de habitación.
+El fanático le había dicho pocas horas antes que esperaba á su sobrino,
+y que era preciso acomodarle allí hasta que se mudaran todos á una nueva
+casa que pensaba tomar.
+
+Clara se quedó absorta al oír esta noticia, y no pudo contestar palabra,
+porque la sorpresa le embargaba la voz. Cuando quedó sola se encerró en
+su cuarto.
+
+Era éste pequeño é irregular: estaba en lo más interior de la casa, y
+tenía una ventana estrecha, con vidrios de dudosa transparencia, que
+daba á un patio, de esos que por lo profundos y estrechos parecen
+verdaderos pozos. Enfrente y á los lados se abrían tres filas de
+ventanas mezquinas, respiraderos de otras tantas celdas, donde se
+albergaban familias bulliciosas. El cuarto de Clara tenía el usufructo
+de un rayo de luz desde las once á las once y media, hora en que pasaba
+á iluminar las regiones tropicales del tercer piso. Aquel rayo de luz no
+traía nunca colores, ni paisaje, ni horizonte, ni alegría.
+
+El patio era un recinto populoso, el centro de un enjambre humano. A
+ciertas horas asomaban por aquellos agujeros otras tantas cabezas: esto
+sucedía en los grandes acontecimientos, cuando la herrera del piso bajo
+y la planchadora del cuarto resolvían al aire libre alguna cuestión de
+honor, ó cuando la manola del tercero y la zurcidora de enfrente
+entablaban pleito sobre la propiedad de la ropa tendida.
+
+Por lo demás, allí reinaba siempre una paz octaviana, y era cosa de ver
+la amable franqueza con que la esterera pedía prestada una sartén á la
+vecina de la izquierda, y la confianza íntima con que dialogaban en el
+quinto el soldado y la mujer del zapatero. Enlazaban unas ventanas con
+otras, á guisa de circuitos telegráficos, varias cuerdas de donde
+colgaban algunas despilfarradas camisas, y de vez en cuando tal cual
+lonja de tasajo, sobre el cual descendía en el silencio de la noche una
+caña con anzuelo, manejada por las hábiles manos del estudiante del
+sotabanco.
+
+La vidriera del cuarto de Clara no se abría nunca. Elías la había
+clavado por dentro desde que ocupó la casa.
+
+Si la perspectiva del patio era desapacible, el interior de la
+habitación tenía indudablemente cierto encanto, no porque en él hubiera
+cosas bellas, sino por la sencillez y modestia que allí reinaba, y el
+cuidadoso aseo y esmero, única elegancia de los pobres. Veíase, en
+primer término, una voluminosa cómoda, compuesta de seis enormes gavetas
+con sus labores de talla junto á las cerraduras, y algunas
+incrustaciones un poco carcomidas; encima un mueble decorativo bastante
+viejo, que representaba una figura de Parca con una de las manos alzada
+en actitud de sostener algo; pero en lugar del reloj que en otro tiempo
+cargaba, sostenía en tiempo de Clara una caja forrada en papeles de
+color, la cual debía guardar utensilios de labor femenina. En lugar de
+la redoma de cristal, tapaba todo esto un pedazo de gasa, sujeto con
+cintas azules á las piernas de la diosa, la cual ostentaba en su
+profano pecho un escapulario de la Virgen del Carmen.
+
+Una mesa de tocador, tres sillas de viejo nogal, pesadas y lustrosas,
+un cojincillo erizado de agujas y alfileres, banqueta y cama de caoba
+de muy voluminosa arquitectura, cubierta con manta palentina,
+completaban el ajuar.
+
+Clara estaba delante de su espejo, y se ocupaba en enredarse en la
+coronilla una gruesa trenza de pelo negro, recientemente tejida y
+terminada en la punta con un atadijo del mismo pelo y un lazo encarnado.
+Dos órdenes de pequeños rizos; guedejas sutiles, retorcidas con
+negligencia, le adornaban la frente, y de las sienes blancas, cuya piel
+transparentaba ligeramente la raya azulada de alguna vena, le caían dos
+airosos mechones.
+
+No hay actitud más propia para apreciar debidamente las formas
+académicas de una mujer, que esa que toma cuando alza las manos y se
+enrolla una trenza en la cabeza, dejando ver el busto, el talle, el
+cuello en toda su redondez. Tiéndense los músculos del pecho, se
+contornea la espalda, y el ángulo del codo y las suaves curvas del
+hombro describen en su dilatación graciosas líneas que dan armoniosa
+expresión escultural á toda la figura.
+
+Concluida la operación del peinado, Clara echó una mirada de deseo y
+desconfianza á la última gaveta de la enorme cómoda en donde tenía su
+ropa. Es que allí existía, guardado con singular esmero, un traje que
+Elías le había comprado algunos años antes, cuando era menos adusto y
+gruñón. Este traje, que era lo más lujoso y bello que la huérfana
+poseía, tenía la forma y los colores más en moda en aquella época:
+cuerpo de terciopelo negro con prolijos dibujos de pasamanería, y
+guardapiés de seda pajizo, adornado con una gran franja, como de á
+tercia, de encaje negro. Dudaba si sacarlo ó no: quería ponérselo, y
+temía ponérselo; quería lucir aquel día su mejor vestido, y temió al
+mismo tiempo estar demasiado guapa con él. ¿Por qué? Y se detenía
+pensativa y triste, sin atreverse á sacar á la luz pública aquel tesoro
+tanto tiempo escondido. ¿Por qué? Porque Elías se había puesto tan
+fastidioso (así decía ella), estaba tan maniático y la reñía tanto sin
+motivo... ¡qué singularidad! La semana anterior estaba cosiendo y
+arreglando la cenefa del vestido que se había roto, cuando entró aquel
+hombre, y bruscamente le dijo:
+
+--¿Qué haces ahí...? Siempre pensando en componerte. ¿Para qué te ocupas
+en esas fruslerías?
+
+Ella, la verdad sea dicha, aunque tenía una razonable contestación
+que dar á aquella pregunta, no se atrevió; y doblando tristemente su
+obra, fué á sepultarla en la cómoda. Elías no se ablandó por esta
+prueba de sumisión, y en tono más agrio y severo le dijo al verla
+tirar de la gaveta:
+
+--Cuando digo que te has echado á perder....
+
+Pero no fué esto lo peor que escuchó la pobrecilla mientras, llena de
+vergüenza, devolvía á la tumba aquel despojo que había querido profanar
+sacándolo de tan venerable asilo. No fué esto lo peor que oyó, porque el
+viejo, bajando la voz y como si hablara consigo mismo, dijo:
+
+--Al fin tendré que tomar una determinación contigo.
+
+¡Jesús, santos y santas del cielo! ¡Qué determinación será esa!... ¡Si
+querrá también el viejo encerrarla á ella en la misma gaveta como una
+prenda sin uso!...
+
+Aquello de la determinación la tuvo preocupada muchos días. En vano
+trató de sondear el ánimo del viejo. ¡Ay! Pero si ella no sabía sondear
+ánimos de nadie... El único medio de que se hubiera valido para
+averiguarlo era preguntárselo sencillamente, y á esto no se atrevía.
+
+Aún hubo más. Por la triste calle de Válgame Dios solía pasar una
+ramilletera, que en su cesta llevaba algunos manojos de claveles, dos
+decenas de rosas y muchas, muchísimas violetas. Clara observaba al
+través de los cristales el paso de aquellos frescos colores que le
+atraían el alma, de aquellos suaves aromas que anhelaba aspirar desde el
+balcón. Un día se decidió á comprar unas flores, y mandó á Pascuala por
+ellas. Clara las tomó, las besó mil veces, les puso agua, las acarició,
+se las puso en el seno, en la cabeza, y no pudo menos de mirarse al
+espejo con aquel atavío; las volvió á poner en el agua, y, por último,
+las dejó quietas en un búcaro, que tuvo la imprudencia de colocar donde
+Coletilla ponía su bastón y su sombrero cuando llegaba de la calle. ¡Oh!
+Sin duda él, al entrar, se había de poner alegre viendo las flores. Las
+flores le gustarían mucho. ¡Qué sorpresa tendría!... Esto pensaba ella.
+Decididamente era una tonta.
+
+El fanático llegó y se acercó á la mesa; pero al poner en ella su
+sombrero, chocó éste con el vaso, que cayó al suelo, soltando las flores
+y vertiendo el agua en las mismas piernas del realista.
+
+El hombre montó en cólera, y mirando con furor á la huérfana, que estaba
+temblando, gritó:
+
+--¿Qué flores son estas? ¿Quién te ha mandado comprar estas flores?
+Clara, ¿qué devaneos son estos? ¡Coqueta! No hay ya remedio. Te has
+echado á perder. ¿También quieres llenarme de flores la casa?
+
+Clara quiso contestarle; pero aunque hizo todo lo posible, no le
+contestó nada. Elías pisoteó las flores con furia.
+
+--Estoy resuelto á tomar la determinación.
+
+Otra vez la determinación, ¿Qué determinación sería aquella? pensaba
+Clara en el colmo de su confusión y de su miedo. Después, retirada á su
+cuarto, pensó en lo mismo, y decía para sí: "¿Querrá matarme?"
+
+Aquella noche no pudo dormir. A eso de las doce sintió que Elías se
+paseaba en su cuarto con más agitación que de ordinario. Hasta lo
+pareció oír algunas palabras, que no debían ser cosa buena. Levantóse
+Clara muy quedito movida de la curiosidad, y poco á poco se acercó con
+mucha cautela á la puerta del cuarto de Elías, y miró por el agujero de
+la llave. Elías gesticulaba marchando: de pronto se paró, se acercó á
+una gaveta y sacó un cuchillo muy grande, muy grande y muy afilado,
+resplandeciente y fino. Le estuvo mirando á la luz, examinándolo bien, y
+después lo volvió á guardar. Clara, al ver esto, estuvo á punto de
+desmayarse. Retiróse á su cuarto y se acostó temblando, arropándose
+bien. Desde la noche que pasó en el camaranchón de doña Angustias en
+compañía de los ratones, no había tenido un miedo igual. A la madrugada
+se adormeció un poco; pero en su sueño se le presentaban multitud de
+cuchillos como el que había visto, y á veces uno solo, pero tan grande,
+que bastara por sí á cercenar cincuenta cabezas á la vez. Arropábase más
+á cada momento, creyendo en los extravíos del sueño que el cuchillo, á
+pesar de su puntiaguda forma y de su brillante filo, no podía penetrar
+las sábanas.
+
+Al día siguiente se serenó, y después se reía de haber temido que Elías
+podría matarla.
+
+Poro, sin embargo, no se atrevía á ponerse el traje. Aquella bella
+prenda pecaminosa había de dormir el sueño de la eternidad en lo más
+hondo de la cómoda, donde seria pasto de gusanos.
+
+Clara no había podido determinar en su entendimiento lo que para ella
+podía resultar de la venida de Lázaro. En su grande alegría no veía en
+aquello más que un suceso muy feliz, sin detenerse á considerar los
+sucesos que posteriormente se podían derivar de aquella llegada. Algunas
+ideas vagas acompañaron tan sólo aquel sentimiento expansivo y
+desinteresado. El sería un joven de posición. ¿Cómo no? Sin discurrir en
+el medio, Clara pensó en un cambio de suerte. Sin saber cómo, se unían
+en su entendimiento y confusión indisoluble la idea de la llegada de
+Lázaro y la idea de emanciparse un poco de la fastidiosa (no calificaba
+de otra manera) tutela de don Elías. A su mente vino la idea del
+matrimonio. Vino, sí, varias veces; pero casi no era idea aquello: era
+una percepción confusa, una esperanza tímida y como recelosa. Por
+último, ya llegó á pensar, á pensar verdaderamente en esto. Una
+percepción confusa, dijimos, sí: esta percepción la ocupaba
+constantemente. Lázaro iba á ser su marido. Clara también sabía ver los
+días futuros, y veía á su marido junto á ella en un lugar que no era
+aquél, en una casa que no era aquélla, en otros sitios, en otra tierra.
+Y en otro mundo, ¿por qué no? Esto hubiera sido lo más acertado...
+
+Aquel día estaba muy alegre, reía por la menor causa, se ruborizaba sin
+motivo, estaba inquieta y sin sosiego, quedábase pensativa un largo
+rato, y después parecía hablar consigo misma.
+
+Las nueve serían cuando Pascuala volvió de la calle, y entró en el
+cuarto de Clara.
+
+Era Pascuala una mujer que formaba á su lado el contraste más violento
+que puede existir entre dos ejemplares de la familia humana. Era una
+moza vigorosa y hombruna, apacentada en los campos alcarreños, alta de
+pecho, ancha de caderas, de mejillas rojas, boca grande, nariz chica,
+frente estrecha, pelo recogido en un gran moño, color encendido, pesadas
+manos, ojos grandes y negros.
+
+Acercóse á la joven, y misteriosamente le dijo:
+
+--¿Sabe usted lo que me ha _pasao?_
+
+--¿Qué?--dijo Ciara alarmada.
+
+--Que he visto al _melitarito_ del otro día, el que estuvo aquí cuando
+el señor vino malo.
+
+-¿Y qué?
+
+--¿Qué? Nada, sino que me ha _asustao_, porque me dijo que quería entrar,
+y como estamos solas, pensé que me pasaría algo ... porque como
+es una así tan guapetona.... Y no tiene una mala cara.... Ya ve usted.
+
+--¡Ah! ¿El oficial aquél del otro día?... ¿Y dices que se quería
+meter aquí?
+
+--Sí; y después me preguntó por usted.
+
+--¿Por mí? ¿Y qué le dijiste?
+
+--Que estaba _güena._ Después dijo que si estaba aquí _el viejo._ Ya ve
+usted qué poco respeto. ¡El viejo! ¡Qué irreverencia! Yo le dije que no.
+El me dijo que quería entrar á hablar conmigo... Pero vamos ... ya soy
+muy maliciosa, y yo me malicio....
+
+--¿Qué?
+
+--A mí no me engañan así con palabritas. Como es una tan guapetona....
+
+--No tengas cuidado--dijo Clara riendo.--Es que está enamorado de ti y
+quiere casarse contigo. Si lo sabe el tabernero....
+
+--¿Mi Pascual? No lo sabrá... Si llegara á saber mi Pascual que hay un
+señorito que dice chicoleos á Pascuala....
+
+Advirtamos que esta fregona tenía por novio á un Pascual que había
+fundado nada menos que una taberna en la calle del Humilladero. Aquellas
+relaciones honestas y nobles parecían muy encaminadas al matrimonio; y
+como ella era _así tan guapetona_, habría probabilidades de que aquel
+par de Pascuales se unieran ante la Iglesia para dar hijos al mundo y
+agua al vino.
+
+--Pues como Pascual lo llegue á saber....
+
+--Pero yo soy muy picara ... y se me ha puesto en la cabeza... ¿Sabe
+usted lo que se me ha puesto en la cabeza?
+
+-¿Qué?
+
+--Que él no quiere entrar aquí por mí, sino por usted.
+
+--¿Por mí? No seas tonta--replicó Clara, riendo con la mayor
+naturalidad.
+
+--¿Le dejo entrar?
+
+--No, cuidado. Por Dios, no hagas tal. No vuelvas á hablarle más. ¿A qué
+tiene que venir aquí ese caballero?
+
+--Yo me malicio ... aunque una sea así tan guapetona.... Yo me malicio
+que á mí no me quiere _pa_ maldita de Dios la cosa ... porque al fin,
+siempre una es criada y él un caballero.... Pues parece persona muy
+principal. Digo... ¿Le dejo entrar?
+
+--¡Jesús, Pascuala, no lo vuelvas á decir!--exclamó seriamente
+Clara.--¿Pero á qué quiere entrar aquí ese caballero?
+
+--Toma, á verla á usted.
+
+--¿Y para qué quiere verme á mí?
+
+--Toma, para verla.
+
+--¡Qué ocurrencia!--murmuró pensativa.
+
+En esto se sintió un campanillazo. Abrieron y entró Coletilla.
+
+Las dos muchachas seguían su coloquio cuando sintieron en la calle rumor
+de voces agitadas, algunos gritos y pasos precipitados. Asomáronse los
+tres, y vieron que discurrían varios grupos por la calle. Los chisperos
+más famosos del barrio dejaban sus hierros y salían en busca de
+aventuras. Coletilla lanzó una mirada de rencoroso desdén sobre los
+transeúntes, y cerrando con estrépito el balcón, dijo;
+
+--¡Otra asonada!
+
+Las dos muchachas temblaron acordándose del miedo que tuvieron pocas
+noches antes.
+
+--¡Ay, cuándo se acabarán estas cosas!--observó Clara.
+
+--¡Pronto!--dijo con sequedad el viejo, sentándose y tomando una carta
+que había sobre la mesa.
+
+La leyó; después tomó su capa y su sombrero, y dijo á las chicas:
+
+--Voy á salir; tengo que hacer: no volveré en toda la tarde. Mi sobrino
+llegará esta noche á eso de las ocho: yo no vendré hasta las diez lo más
+temprano. Que me espere aquí.
+
+Y embozándose en su capa, miró un triste reloj, que contaba con
+tristísimo compás la vida en el testero de la sala.
+
+--No abráis á nadie: cuidado, cuidado con la puerta. Echad todos
+los cerrojos. Cuando venga mi sobrino, dadle algo que comer y que
+me aguarde.
+
+--¿Pero cómo va usted á salir con esos alborotos?--dijo Clara con
+temor.--No nos deje usted solas: tenemos mucho miedo.
+
+--¡A mí ¿Qué me han de hacer á mí? ¡Ay de ellos!--murmuró con ahogado
+furor.--Tened cuidado con la puerta os repito.
+
+Y después, como hablando consigo mismo, dijo en voz baja:
+
+--Sí es preciso tomar una determinación ... buena determinación.
+
+Clara pudo oírlo, y pensó en la cómoda, en el traje, en las flores, en
+el cuchillo y en la determinación, en aquella maldita determinación que
+no conocía. Pero aun esto, que la tuvo cabizbaja y melancólica un buen
+rato, no fué bastante para quitarle la felicidad que aquel día rebosaba
+en su alma.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO IX
+
+
+
+#Los primeros pasos#.
+
+
+Los grupos de la calle crecían. La población toda presentaba ese aspecto
+extraño y desordenado que no es tumulto popular, pero sí lo que le
+precede. Era el 18 de Septiembre de 1821. La mayor parte de los
+habitantes de Madrid estaban en la calle. El ansioso ¿qué hay? salía de
+todas las bocas. En tales ocasiones basta que se paren dos para que en
+seguida se vayan adhiriendo otros hasta formar un espeso grupo. Entonces
+todos los que vemos nos parecen _malas caras_. El accidente más curioso
+en tales días es el que ofrece la llegada de la persona que se supone
+enterada de lo que va á haber. Rodéanle: el _enterado_ se hace de rogar,
+principia á hablar en lenguaje simbólico para aumentar la curiosidad,
+sienta por base que sin la más profunda discreción y la promesa de
+guardar el secreto, no puede decir lo que sabe. Todos le juran por lo
+más sagrado que guardarán el secreto, y, por fin, el hombre empieza á
+contar la cosa con mucha obscuridad; excitado por los oyentes, se decide
+á ser claro, y les encaja tres ó cuatro bolas de tente-tieso, que los
+otros se tragan con avidez, desbandándose en seguida para ir á vomitarla
+en otros grupos: tan indigestos son esta clase de secretos.
+
+La tarde á que nos referimos era casualmente cierto lo que nuestro amigo
+Calleja, _enterado_ oficial de la _Fontana_, contaba en uno de los
+grupos formados en la Carrera.
+
+--Pues qué, ¿no saben ustedes?--decía bajando la voz y haciendo unos
+gestos dignos del único espartano que, escapado en las Termópilas, llevó
+á Atenas la noticia de aquella catástrofe memorable.--¿No saben ustedes?
+Pues no hay más sino que mañana habrá procesión cívica en honor de
+Riego, cuyo retrato será paseado por todas las calles de la Corte.
+
+--Bien, bien--dijo uno de los oyentes.--¿Íbamos á consentir que se
+maltratara al héroe de las Cabezas, al fundador de las libertades
+de España?
+
+--Pues lo grave es que el Gobierno está decidido á que no haya
+procesión. Pero es cosa decidida. La _Fontana_ lo ha resuelto y se hará:
+ya está preparado el retrato. Y por cierto que es una linda obra: está
+representado de uniforme, y con el libro de la Constitución en la mano.
+¡Gran retrato! Como que lo hizo mi primo, el que pintó la muestra del
+café _Vicentini_.
+
+--¿Y el Gobierno prohibe la fiesta?
+
+--Sí: no le gustan esas cosas. Pero habrá procesión ó no somos
+españoles. El Gobierno la prohibe.
+
+En efecto: en aquel momento las esquinas recibían un emplasto oficial,
+en que se leía el bando prohibiendo la fiesta preparada por los clubs
+para el siguiente día. La tropa estaba sobre las armas.
+
+--Y esta noche tenemos gran sesión en la _Fontana_.
+
+--Mira, Perico, guárdame un buen sitio esta noche--dijo un joven que
+formaba parte del grupo;--guárdame un puesto, que tengo que ir esta noche
+á primera hora al parador del _Agujero_ á recibir unos amigos que vienen
+de Zaragoza.
+
+Y después añadió con misterio, dirigiéndose á otros dos ó tres que
+parecían amigos suyos:
+
+--Buenos chicos aquellos chicos de Zaragoza, de que os he hablado. Esta
+noche llegan. Son del club republicano de allá. Buenos chicos.
+
+El grupo se disolvió; al mismo tiempo, la siniestra figura de
+Tres Pesetas cruzaba por la calle, unida á la no menos desapacible de
+Chaleco.
+
+Del grupo salieron tres jóvenes de los que hablaron anteriormente. Eran
+tres mancebos como de veinticinco años. No podemos llamarles lechuguinos
+netos; pero tampoco podía decirse de ellos que carecían de toda
+distinción y elegancia. Eran amigos íntimos, que compartían sus fatigas
+y sus goces, las fatigas de la pobreza estudiantil y loa goces del aura
+popular, conquistada con artículos de periódicos y discursos en el club.
+
+El uno era un joven de familia distinguida, segundón, á quien habían
+mandado á estudiar Cánones y sagrada Teología en Salamanca, con el
+objeto de que fuera sacerdote y disfrutara unas pingües capellanías que
+habían pertenecido á un su tío, chantre de la catedral de Calahorra.
+Capellán te vean mis ojos, que obispo como tenerlo en el puño. En
+efecto: Javier, que así se llamaba el muchacho, hubiera sido obispo,
+porque su familia tenía gran influencia. Pero el chico, que no amaba los
+hábitos y se sentía impresionado por las nuevas ideas, hizo su hatillo,
+y falto de dineros, aunque no de osadía, se puso en camino, y se plantó
+en Madrid el mismo bendito año de 1820. Vagó por las calles solo; pero
+pronto tuvo bastantes amigos; escribió á su abuelita, que le concedió un
+medio perdón y algunos cuartos (pocos, porque la familia, aunque la más
+noble del territorio leonés, se hallaba en situación muy precaria);
+marchó después á Zaragoza, donde vivió algunos meses, figurando mucho en
+los clubs democráticos, y volvió después á la Corte, no muy bien comido
+ni bebido, pero alegre en demasía. Escribía en _El Universal_ furibundos
+artículos, y contento con su poquito de gloria, iba pasando la vida,
+pobre, aunque bien quisto. Cautivaba á todos por la amabilidad de su
+carácter y lo generoso de sus sentimientos. En política profesaba
+opiniones muy radicales, y pertenecía á la fracción llamada entonces
+_exaltada_.
+
+En la misma militaba el segundo de estos tres amigos que describimos, el
+cual era andaluz, de veintrés años, delgado, pequeño y flexible. En
+Ecija, su patria, pasaba el tiempo escribiendo verbos á Marica, á
+Ramona, á Paca, á la fuente, á la luna y á todo. Pero todo causa, y la
+poesía á secas no es de lo que más entretiene: un día se encontró
+aburrido y pensó salir del pueblo. Pasó por allí á la sazón el ejército
+de Riego, y aquellas tropas excitaron su curiosidad.
+
+Preguntó; le dijeron que eran los soldados de la libertad, y esto resonó
+en sus oídos con cierta agradable armonía. "Me voy con ellos", dijo á
+sus padres. Estos eran muy pobres, y contestaron: "Hijo, vete con Dios,
+y que El te haga bueno y feliz; pórtate bien, y no te olvides de
+nosotros."
+
+El poeta siguió el ejército, llorando sus padres, y aun es fama que
+lloraron á escondidas tres de las chicas más guapas de Ecija. Al llegar
+á Madrid, el joven volvió á ser poeta, y entonces hacía versos al Rey
+cuando abría las Cortes, á Amalia, á Riego, á Alcalá Galiano, á Quiroga,
+á Argüelles. En su vida cortesana, este poeta, que, como después
+veremos, pertenecía á la escuela clásica en todo su vigor, pasó algunos
+clásicos apurillos; mas después, escribiendo en casa de un abogado,
+desempeñando funciones modestas en el periódico _El Censor_, vivía
+siempre alegre, siempre poeta, siempre clásico, apreciado de sus amigos,
+con alguna fama de calavera, pero también con opinión de joven listo y
+de buen fondo.
+
+La fisonomía del tercero no era tan agradable ni predisponía tanto su
+favor como la de los anteriores. Sin embargo, tenía fama de buen chico;
+y en cuanto á opiniones políticas, no podía echársele en cara la
+tibieza, porque era frenético republicano. Algunos mal intencionados
+decían que en el fondo era realista, y que sólo por cálculo hacía alarde
+de aquel radicalismo intransigente. Pero aún no tenemos motivo para
+aceptar esta aseveración, que es quizá una calumnia. Llamábanle el
+Doctrino, porque había estudiado primeras letras en el colegio de San
+Ildefonso. No podía negarse que había en su carácter cierta astucia
+disimulada, y en sus modales alguna afectación bastante notoria. Era
+hijo natural de un vidriero, que le reconoció al morir, dejándole
+pequeña fortuna; pero los albaceas testamentarios, á quienes el difunto
+dió amplios poderes, hicieron un inventario, del cual resultaba que el
+vidriero no había dejado en el mundo cosa alguna de valor. El Doctrino
+les pedía dinero, y ellos le solían decir: "Tome usted para un
+semestre." Y le daban una onza.
+
+Pero sus amigos le ayudaban á vivir, le mantenían y le compraban algún
+levitón de pana. Era notorio (y aun llegó á tratarse seriamente del
+asunto) que poco antes de la época en que esta historia comienza, el
+Doctrino gastaba más dinero que de costumbre; y cuando sus amigos le
+preguntaban el origen de aquel caudal, respondía evasivamente y mudaba
+de conversación.
+
+Estos tres jóvenes eran inseparables, sin que alteraran la paz las
+desventuras pasajeras del uno, ni las ganancias fortuitas del otro. La
+onza semestral del Doctrino perecía en _Lorencini_ ó en la _Fontana_ en
+dos días de café, chocolate y jerez; pero después Javier escribía un
+artículo tremendo sobre la soberanía nacional para comprarle unas botas
+al poeta clásico, y el mismo Doctrino sacaba de un misterioso bolsillo
+un doblón de á cinco para atender á las necesidades amorosas de Javier,
+que tenía pendiente cierta cuestión con la hija de un coronel de
+caballería, hombre atroz y fiero como un cosaco.
+
+Estos tres jóvenes vagaron juntos por las calles, acercándose á los
+grupos, preguntando á todos, contando noticias fraguadas por la fecunda
+imaginación del poeta, hasta que, llegada la noche, se dirigieron al
+parador del _Agujero_, sito en la calle de Fúcar, á esperar á unos
+amigos de Javier, que llegaban aquella misma noche de Zaragoza.
+
+Ni en la arquitectura antigua ni en la moderna se ha conocido un
+monumento que justificara mejor su nombre que el parador del _Agujero_
+en la calle de Fúcar. Este nombre, creado por la imaginación popular,
+había llegado á ser oficial y á verse escrito con enormes y torcidas
+letras de negro humo sobre la pared blanquecina de la fachada. Un
+portalón ancho, pero no muy alto, la daba entrada; y esta puerta, cuyo
+dintel consistía en una inmensa viga horizontal, algo encorvada por el
+peso de los pisos principales, era la entrada de un largo y obscuro
+callejón que daba al destartalado patio. Este patio estaba rodeado por
+pesados corredores de madera, en los cuales se veían algunas puertas
+numeradas.
+
+En lo alto residía el establecimiento patronil de _La
+Riojana,_antonomasia imperecedera que se conservó por tres generaciones.
+Allí se servía á los viajeros, recién descoyuntados y molidos por el
+suave movimiento de las galeras, algún pedazo de atún con cebolla, algún
+capón, si era Navidad ó por San Isidro, callos á discreción, lonjas
+escasas de queso manchego, perdiz manida, con valdepeñas y pardillo.
+Esta comida frugal, servida en estrechos recintos y no muy limpios
+manteles, era la primera estación que corría el viajero para entrar
+después en el _vía crucis_ de las posadas y albergues de la villa.
+
+Dos veces al día un ruido áspero y creciente aumentaba la normal
+algarabía del barrio. Se oían las campanillas, el chasquido del látigo y
+un estrépito de ruedas que de bache en bache, de guijarro en guijarro
+iban saltando. La máquina llegaba frente al portal, y aquí era donde se
+probaba la habilidad náutico-cocheril del mayoral: la máquina daba una
+vuelta, los machos entraban en el portalón, y tras ellos el vehículo,
+siendo entonces el ruido tan formidable, que la casa parecía venirse al
+suelo. El navío daba fondo en el patio, los brutos eran desenganchados,
+el mayoral bajaba de lo alto de su trono, y los viajeros, que aún se
+mantenían con la cabeza inclinada, y muy agachados, resabio de cuando
+atravesaron el portal, notaban al fin que no tenían el techo en la
+corona, se admiraban de verse con vida, y descendían también.
+
+Aquí, si había parientes esperando, empezaban los abrazos, los besos,
+las felicitaciones. Era propinado con algún real mal contado el cochero,
+y cada cual se iba por su camino, siendo costumbre tomar allí mismo, en
+los aposentos de la Riojana, un preámbulo estomacal para poder subir la
+calle de Atocha, que era entonces algo más inaccesible que ahora.
+
+Esta vez, cuando la nave hizo su parada definitiva en el patio, hubo una
+aclamación general. El Doctrino abrazó á sus amigos.
+
+--¡Javier!
+
+--¡Lázaro!
+
+Y se abrazaron con efusión. Después de los monosílabos de alegría y
+sorpresa, el segundo dijo al primero:
+
+--¿Tú en Madrid? ... al fin! ¿Vienes de Ateca?
+
+--Sí.
+
+--Bien. No podías llegar más á tiempo. ¿Y los amigos de Zaragoza? ¿Pero
+de dónde vienes? ... ¿Y el club ... y nuestro club? ...
+
+--Ya sabes que nos lo disolvieron. Hace seis meses que estoy en Ateca.
+
+--¿Y estarás mucho aquí?
+
+--Siempre!
+
+--Bien. Aquí la juventud, la vida. Y si he de decirte la verdad ...
+hacemos falta.--Sí ... ¿oh?
+
+--Señores, aquí tenéis á mi amigo, al grande orador del club de
+Zaragoza, mi amigo y compañero.
+
+Los demás jóvenes, tanto viajeros como visitadores, rodearon al
+aragonés.
+
+Expliquemos. Cuando Javier estuvo en Zaragoza, trabó amistad muy íntima
+con Lázaro. En el club propagaron ambos las ideas democráticas
+(democracia de 1820)que entonces cundieron rápidamente por aquella noble
+ciudad. Privadamente estos dos jóvenes, afines por carácter y
+temperamento, se miraban como hermanos, tenían una misma bolsa, comían
+en un mismo plato, y confundían en un común sentimiento sus pesares y
+alegrías. Desde la salida de Lázaro para su pueblo no se habían visto.
+
+--Cuánto me alegro de que vengas acá!--dijo Javier, abrazándole otra
+vez.--Hacen falta jóvenes como tú. La juventud de ayer se va
+corrompiendo: unos se enervan, otros retroceden y algunos se venden por
+falta de fe.
+
+--Señores, vamos á _Vicentini_--dijo el Doctrino, llevándose á
+sus amigos.
+
+--¿Qué _Vicentini_? A _La Cruz de Malta_. Allí hay muchos aragoneses,
+todos son aragoneses.
+
+--Este no viene sino á la _Fontana_--dijo Javier, señalando á su amigo.
+
+--Viva la _Fontana_, el rey de los clubs!
+
+--Y el club de los reyes--dijo uno que se escurrió como si hubiera dicho
+una imprudencia.
+
+--¿Quién ha dicho eso?--exclamó el Doctrino furioso.
+
+--No hagas caso: es uno de los que creen esas calumnias--indicó
+Javier.--Vamos, señores: esta noche hay gran sesión en la _Fontana_.
+
+--Mañana me llevarás allá--dijo Lázaro á su amigo con empeño.
+
+--¿Cómo mañana? Esta noche misma, ahora mismo. ¿Vas á perder la más
+importante sesión que se ha visto ni verá?
+
+--¿Pero cómo puedo ir esta noche? Si acabo de llegar. Tengo que ir á
+casa de mi tío.
+
+--¿Tienes aquí un tío? ¿Es liberal?
+
+--Presumo que sí: no le conozco.
+
+--¿Y ahora vas allá?
+
+--Naturalmente.
+
+--¡Qué disparate! Déjate ahora de tíos. Vente á la _Fontana_. Son las
+ocho: ya va á empezar. A la salida irás á tu casa.
+
+--Hombre ... eso no me parece bien--dijo Lázaro suspenso.
+
+--¿Pero cómo vas á perder esta sesión? Habla Alcalá Galiano, Romero
+Alpuente, Flórez Estrada, Garelli y Moreno Guerra. No habrá otra sesión
+como ésta. ¿Qué más da que vayas á tu casa ahora ó á las doce? Tu tío
+creerá que no ha llegado la diligencia.
+
+--Hombre, no. Estoy cansado. Me esperan tal vez en su casa.
+
+--No seas tonto. Vente á la _Fontana_. No hay más remedio sino que vas.
+¿Dónde vive tu tío?
+
+--Calle de Válgame Dios.
+
+--¡Jesús, qué lejos! No vayas allá ahora.
+
+Lázaro tenía un vivo deseo de llegar pronto á casa de su tío: ya se
+comprenderá por qué. Pero le era humanamente imposible, porque su
+cariñoso amigo le llevaba casi por fuerza al club. Además, las razones
+con que disculpaba aquella determinación tenían también algún peso en su
+mente. Aquel recibimiento caluroso, la noticia de aquella gran sesión de
+la célebre _Fontana_, estimularon el entusiasmo á que siempre propendía
+su carácter, y se dejó llevar.
+
+Quién sabe si había algo de providencial en aquella extemporánea visita
+á la _Fontana_. Sería cosa de ver que sin sacudir el polvo del camino
+(esto pensaba él) le acogieran con aplauso en el club más ilustre y
+célebre de la monarquía. Tal vez le conocían ya de oídas por sus
+brillantes discursos de Zaragoza. ¿Cómo tal vez? Sin duda le conocían
+ya. A estos pensamientos se mezclaba el orgullo de que á oídos de Clara
+llegara al día siguiente su nombre llevado por la fama. Una apoteosis se
+le presentaba confusamente ante la vista. ¿Por qué no? Sin duda aquello
+era providencial.
+
+Así es que la resistencia que al principio opuso fué disminuyendo á
+medida que se acercaba á la _Fontana_. No le tengáis por loco todavía.
+
+Llegaron. La puerta estaba obstruida por un inmenso gentío. Pero el
+Doctrino con los suyos, y Javier con Lázaro y el poeta, tuvieron medio
+de entrar por un patio interior. La sesión era muy agitada. Un orador
+acusaba al Gobierno de la destitución de Riego. Contó lo que había
+pasado en Zaragoza, y acusó á los habitantes de esta ciudad por no haber
+defendido á su General.
+
+--Poner la mano--decía--en un héroe como Riego, es la mayor de las
+profanaciones. ¿Y qué ha hecho Zaragoza? ¡Oh! la ciudad en que tal cosa
+ha pasado permaneció muda y permitió que su Capitán General fuera
+destituido; dejó que un vil esbirro manchara la sagrada investidura de
+la autoridad, despojando de ella á Riego. _(Grandes aplausos.)_ Se ha
+dado el pretexto de que Riego fomentaba el desorden en todo Aragón. Esto
+no es cierto: es una mentira fraguada en esos obscuros conciliábulos de
+cierto palacio que no quiero nombrar. _(Rumores y risas.)_ Se le manda
+de cuartel á Lérida como un sospechoso, y se entrega el mando al jefe
+político. ¿Quién es ese jefe político? Siempre fué enemigo de la
+libertad. Todos le conocéis: es un enemigo encubierto de la libertad.
+¡Abajo los disfraces! _(Aplausos.)_ Lo que se quiere bien lo conocéis:
+es ir apartando poco á poco de los cargos públicos á los buenos
+liberales, para poner en ellos á esos hipócritas que se llaman nuestros
+amigos, y nos detestan en el fondo de sus corazones corrompidos. _(¡Sí!
+¡sí! ¡sí!)_ ¿Qué se pretende? ¿A dónde nos conducen? ¿Qué va á resultar
+de esto? ¡Ay de la libertad que hemos conquistado! Mucha atención,
+ciudadanos. No os descuidéis. Estad alerta, ó si no, ¡ay de la libertad!
+_(Bien, bien.)_
+
+Pero lo repito, señores: ¡de quien tengo más quejas es del pueblo de
+Zaragoza, de ese pueblo que yo creí el más grande de la tierra y que no
+lo es!... ¡No, no lo es! _(Rumores.)_ ¿Por qué permitió que Riego fuera
+destituido? ¿Por qué le dejó marchar? ¿Y es ésta la ciudad de 1808? No,
+yo diré á esa ciudad: no te conozco, Zaragoza. Tú no eres Zaragoza. Ya
+no sabes levantarte como un solo aragonés. Has dejado atropellar á
+Riego. ¡Tú nos salvaste en otro tiempo; pero hoy, Zaragoza, nos has
+perdido! _(Grandes y continuados aplausos.)_
+
+Un joven se levantó (era aragonés).
+
+--Protesto--dijo con la mayor energía--contra las acusaciones lanzadas á
+mi patria, á la noble capital de Aragón, por ese señor, cuyo nombre no
+sé ... ni quiero saberlo. _(Una voz dice: Alcalá Galiano.)_ Mi patria
+no ha olvidado su honor. ¿Qué queréis que hiciera contra lo mandado en
+un decreto del Gobierno constitucional?...
+
+--Desobedecerlo--gritaron varias voces.
+
+--Señores, dejadme continuar.
+
+--¡Que siga, que siga!
+
+--Protesto en nombre de mis paisanos, y afirmo que es Zaragoza el pueblo
+de España que más ha hecho en todos tiempos por la libertad. ¿No se le
+acusa de ser un foco de exaltación republicana? ¿No se ha dicho que de
+allí salen las ideas más disolventes, que allí se elabora una
+conspiración para sostener la República?
+
+--Hechos quiero y no palabras--dijo el primer orador.
+
+--Pues hechos tendréis. ¿No sabéis que existe en Zaragoza un club, cuya
+influencia y prestigio alcanzan á todo Aragón? Ese club, llamado
+_democrático,_ ha sido en dos años la más entusiasta y eficaz asamblea
+de la nación. Lo que allí se ha predicado bien lo sabéis. Las voces
+elocuentes que allí han resonado bien autorizadas son. La propaganda que
+allí se ha hecho ha llegado hasta aquí. _(Rumores.)_
+
+--No sabemos lo que es ese club. Siempre nos hablan ustedes los
+aragoneses del club de Zaragoza, y aun hoy no sabemos lo que es eso.
+¿Qué es eso? Mucho discurso democrático, pero ningún acierto para hacer
+propaganda y formar un partido. Pero en último resultado, ¿cuáles son
+las teorías de ese club tan decantado? Yo desconfío de él. ¿Quién habla
+de ese club? Conozcamos á sus hombres. Creo que la mayor parte de los
+que estamos aquí reunidos miran á esa insignificante reunión con el
+desdén que merece. _(Voces y algazara.)_
+
+Muchos aragoneses se levantaron apostrofando al orador. Lázaro escuchaba
+todo, inmutándose por grados. Sus amigos le decían en voz baja que
+defendiese al club de Zaragoza. De repente un aragonés se levantó en
+medio de la sala, y señalando al sitio donde se hallaba Lázaro con los
+demás llegados aquella noche, dijo:
+
+--Presentes están algunos señores que han pertenecido á ese club.
+
+Todos miraron á aquel sitio.
+
+--Bien--dijo el orador.--Si están ahí esos señores, que hablen, que nos
+digan lo que es ese club y qué ha hecho. Queremos oírles: que hablen.
+
+--¡Aquí está el orador más notable del club democrático de
+Zaragoza!--dijo en voz muy alta Javier, señalando á su amigo.
+
+--¡Sí, sí!--dijeron todos los aragoneses que había en el recinto,
+reconociendo á su compatriota.--Defiéndanos usted, defiéndanos.
+
+Todas las miradas se fijaron en Lázaro. ¡Cosa singular! En aquel momento
+una súbita transformación se verificó en el ánimo del joven. Se sintió
+turbado, se esforzó en saludar, quiso decir algo y no pudo. Pero le
+impelían hacia la tribuna, y no había remedio. Si no hablaba, ¿qué
+dirían de él? Lázaro había brillado en Zaragoza por su elocuencia; había
+aprendido á dominar la multitud, á sobreponerse á ella, á manejarla á su
+antojo. Pero en aquella ocasión se encontraba novicio, se desconocía,
+tenía miedo.
+
+--¡Que hable, que hable!
+
+--Abrid paso--exclamó uno de los diputados más notables de las Cortes
+de entonces.
+
+Lázaro tuvo una inspiración. El recuerdo de su joven y amable amiga le
+fortalecía; y á la manera de aquellos caballeros antiguos, que invocaban
+el auxilio soberano de su dama antes de entrar en combate, procuró
+evocar todas las imágenes de gloria y felicidad que le habían dado
+estímulo. Ensanchado el pecho con esto, subió á la tribuna. Desde arriba
+miró aquella multitud de cabezas apiñadas, y recibió de un golpe las
+miradas curiosas de tantos ojos.
+
+Aquello le pareció un abismo. Su rostro, encendido por la turbación, se
+puso bruscamente muy pálido. Hubiera querido hablar con los ojos
+cerrados. Aquellos diputados, aquellos escritores, aquellos políticos
+eminentes que veía en torno suyo, le daban miedo. Pero él tenía mucho
+corazón, y logró dominarse un poco. ¿Pero cómo iba á empezar? ¿Qué iba á
+decir? En un supremo esfuerzo de inteligencia recogió sus ideas, formuló
+mentalmente una oración, miró al auditorio... El auditorio le miró á él,
+y observó que estaba pálido como un cadáver. Lázaro tosió; el auditorio
+tosió también. La primera palabra se hacía esperar mucho; por fin el
+orador tomó aliento, y desafiando aquel abismo de curiosidad que se
+abría ante él, comenzó á hablar.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO X
+
+
+
+#La primera batalla#.
+
+
+Lázaro era un poco retórico en la augusta cátedra del club democrático
+de Zaragoza. Parece que allí tenían buena acogida ciertas fórmulas del
+decir que nuestro joven había aprendido con su maestro de Humanidades de
+Tudela, varón docto de la escuela pura de Luzán. El joven tenía, sin
+embargo, el instinto de la elocuencia tribunicia, seca, rotunda,
+incisiva, desnuda. La _Fontana_, por desgracia en aquella ocasión, era
+enemiga declarada de la retórica, y más enemiga aún de las frases
+hechas, de los lugares comunes y de esos preámbulos oficiosos,
+neciamente corteses y en extremo fastidiosos de la oratoria académica.
+
+Lázaro tuvo la mala tentación (porque tentación del demonio fué sin
+duda) de empezar con aquella de _su pequeñez en presencia de tantos
+grandes hombres_, y lo _escogido é ilustrado del auditorio_, siguiendo
+después lo de su _confusión_ y su _necesidad de indulgencia_, sus
+_escasas fuerzas_, etc., etc. El exordio fué largo: otra desventura.
+Algunas voces dijeron: "Al grano, al grano."
+
+Pero á Lázaro le fué un poco difícil dar con el grano, lo cual no es de
+extrañar, porque no estaba preparado, ni había vuelto aún de la
+sorpresa. En vano hizo una sinécdoque de las más expresivas; en vano
+quiso dominar al público con cuatro litotes y dos ó tres metonimias: no
+era aquel su camino. Dijo algunas generalidades que á él le parecían muy
+nuevas, pero que en realidad eran viejísimas, y concluyó un párrafo con
+dos ó tres sentencias plutarquianas, que á él le parecían encajar como
+de molde, pero que no produjeron sensación ninguna. El esperaba un
+aplauso: nadie aplaudió.
+
+Lázaro estaba acostumbrado á oír aplausos desde el principio: esto le
+daba estímulo. La frialdad que notaba en el auditorio en aquella
+ocasión, le desanimó. Quiso pensar en esto, y casi estuvo á punto de no
+saber qué decir. Y, sin embargo, él tenía fijos en la imaginación
+algunos magníficos pensamientos; pero ¡cosa singular! no los podía
+decir. Le parecía verlos escritos delante; pero por un misterio, natural
+en aquellos momentos, no encontraba la forma oratoria para expresarlos.
+¡Qué contrariedad! Poco á poco hasta la voz se le enronqueció. Sin duda
+había en el espíritu de nuestro amigo una influencia maligna. Hablaba
+con frialdad unas veces; notábalo él mismo, y al querer corregirlo,
+gritaba demasiado. Las ideas le faltaban, las imágenes se le
+desvanecían, las palabras se le atropellaban en la boca.
+
+¡Ah! ¿Dónde estaban aquellas peroraciones internas, llenas de vida, de
+vehemencia, persuasivas como una voz divina? ¿Dónde aquella lógica
+terrible que en la profundidad de sus deliquios oratorios hervía en su
+cerebro, el cual parecía pequeño para tantas ideas? ¿Dónde estaban los
+pensamientos sublimes, la facundia descriptiva, la facultad pintoresca,
+la sentencia concisa y profunda? Sí: él sentía bullir todo eso allá
+dentro; dentro de aquel Lázaro solitario y apasionado que hablaba á la
+Naturaleza en el silencio de la noche, que hablaba á la Sociedad en lo
+profundo de un sueño. Las ideas, las formas, el lenguaje, todo lo tenía,
+todo lo sentía dentro de sí; pero no podía, no podía de ningún modo
+expresarlo.
+
+En todo orador hay dos entidades: el orador, propiamente dicho, y el
+hombre. Cuando el primero se dirige á la multitud, el segundo queda
+atrás, dentro, mejor dicho, hablando también. Dos peroraciones
+simultáneas son producidas por un mismo cerebro. Una es verbal y sonora:
+dejémosla al público. Otra es profunda y muda: examinémosla. Lázaro
+describía, apostrofaba, rebatía, exponía, declamaba. Interiormente, la
+otra voz parecía decir esto: "¡Qué mal lo estoy haciendo! ¡No me
+aplauden! ¿Qué debo decir ahora?... ¿Trataré éste punto?... No lo
+trato.... ¿Y aquella idea que antes me ocurrió?... ¡Se me ha
+escapado!..." Y al mismo tiempo no interrumpía su oración; continuaba
+defendiendo el club de Zaragoza, explanaba un sistema democrático, y
+hacía además una breve historia de la República. Pero la voz de dentro
+seguía de este modo: "No sé qué hacer... ¿Por qué no me aplauden?... No
+me conozco... Yo tenía tantos argumentos... ¿Dónde están?... ¡Ah! Voy á
+emitir esta gran idea... Ya la he dicho.... No ha hecho efecto...
+Procuraré ser esmerado en la frase... Esta oración va bien... ¿Como la
+terminaré?... ¡Qué apuro!... No doy con el adjetivo... ¡Demonio de
+adjetivo!... ¡Ahí terminaré con un apostrofe ... allá va.... No ha hecho
+efecto ... no me aplauden."
+
+Así hablaba el alma atribulada de Lázaro, mientras con los medios
+exteriores se dirigía al auditorio en un discurso, confuso, tortuoso,
+desigual y falto de lógica.
+
+Empezaron las toses. Dicen los oradores que al oír las toses en las
+pausas de sus discursos, se les hiela la sangre. Lázaro las oyó
+repetidas y comunicadas á todo el auditorio, y resonaron en su corazón
+como siniestros ecos. El tosió también. ¡Ah! la tos le concedió cuatro
+segundos de descanso: hizo un esfuerzo desesperado, tomó algunas ideas
+en aquel depósito que tenía en la mente, se apoderó de ellas con
+firmeza, y prosiguió hablando:
+
+"Allá va eso, decía la lengua interior; allá van ... las expondré de este
+modo ... no mejor de este otro ... no ... mejor del otro ... de
+cualquier modo ... ¡Oh! hay allí uno que se está riendo... Y otro que
+cuchichea. Pero qué tos les ha entrado... No les gusta lo que digo ahora
+... ni esto tampoco ... ánimo. Concluiré este párrafo con una cita...
+allá va... ¡Ah! tampoco ha hecho efecto..."
+
+Compréndase bien que estas frases que nadie oye y el discurso que oyen
+todos, guardan perfecto paralelismo.
+
+¡Ah, qué misterios hay en la inteligencia humana, y qué fenómenos tan
+extraños en sus relaciones con la palabra humana!
+
+¿Por qué fracasó el discurso del aragonés? ¿Fracasó por la reunión
+diabólica de mil accidentes, ajenos á la naturaleza de su notable
+ingenio y de su fácil palabra? ¿De quién fué la culpa, de él ó del
+público? Aquí hay otro gran misterio. El público y el orador tienden á
+fascinarse mutuamente. El primero mira y oye: no sabemos lo que es más
+terrible, si la mirada ó el oído. Las miles de pupilas dan vértigo. La
+atención de tanta gente dirigida á una sola voz confunde y anonada. El
+orador, por su parte, ve y oye: ve la serenidad anhelante ó desdeñosa, y
+oye toser. Por eso Lázaro hubiera deseado en algunos momentos de aquella
+noche ser sordo y ciego. Pero el orador tiene sobre el público una
+ventaja; tiene un arma, además de la palabra: el gesto. El también
+fascina, él también lleva en sus ojos aquel vértigo que confunde y
+anonada; él generalmente mira hacia abajo para ver al público; puede
+mover sus brazos y su cabeza cuando el público está como atado de pies y
+manos, inmóvil y viviendo sólo de atención.
+
+Aquella noche fatal, Lázaro y el público no se fascinaron mutuamente, no
+se impusieron el uno al otro, no se comunicaron. Ni Lázaro persuadió al
+público, ni este aplaudió al orador. Un público no persuadido y un
+orador no aplaudido se rechazan, se repelen con energía. "Es preciso
+que calles," hay que decir á éste. "Es preciso que te marches," hay que
+decir á aquél.
+
+El joven aragonés había tenido la peor de las tentaciones: la tentación
+de ser largo y difuso. Un segundo más de lo regular basta á concluir la
+paciencia de un auditorio y á trocar su interés en hastío. Lázaro vió
+pasar este segundo sin notarlo. Indudablemente no se comprendieron el
+uno al otro. ¿Se despreciaron mutuamente? ¿Se temieron mutuamente? Tal
+vez empezaron por temerse; pero es lo cierto que acabaron por
+despreciarse.
+
+Lo singular es que si se hubiera preguntado á cualquiera particularmente
+su opinión sobre el discurso, habría dado tal vez una opinión no
+desfavorable; pero la opinión de un público no es la suma de las
+opiniones de los individuos que lo forman, no; en la opinión colectiva
+de aquél hay algo fatal, algo no comprendido en las leyes del sentido
+humano. Decididamente, Lázaro fracasaba.
+
+Veinte veces se le ocurrió que era preciso concluir. ¿Pero cómo? No se
+atrevía. Iba á concluir mal. ¡Qué horror! Y para terminar mal, valía más
+no terminar, seguir hablando, siempre, siempre, siempre. Buscaba el
+final y no podía encontrarlo. ¡Y el final es tan importante! Podía
+rehabilitarse en un momento de inspiración. ¡Oh! la idea de concluir
+sin un aplauso le daba horror. Por eso temía el final y lo evitaba.
+Pero era preciso acabar: á las toses siguieron los bostezos, á los
+cuchicheos los murmullos. Buscaba sin cesar el remate; daba vueltas
+alrededor del asunto, procurando una salida airosa; pero no encontraba
+escapatoria; la palabra se deslizaba de su boca, y afluía continua, sin
+solución, infinita.
+
+"Es preciso concluir," decía la voz interior. "¿Concluir? No hallo el
+fin, y el fin ha de ser bueno ... ¡Dios mío, ampárame! Resumiré ...
+recapitularé ... pero ya no me acuerdo de lo que he dicho ... ¿Pediré
+perdón al auditorio?... No: eso es rebajarme...." Al fin le ocurrió la
+oración final, y la empezó; pero al llegar al final, otra oración se
+enlazó con ella, y con ésta otra, y otra, y otra. Su discurso era una
+oscilación sin término; pero el público se impacientaba. Ni un minuto
+más: se apoderó del último período, resucito á que fuera el último.
+Pronunció al fin el postrer substantivo; y después, alzando la voz,
+emitió con graduación los tres adjetivos que le acompañaban para darle
+fuerza y calló.
+
+La postrera palabra de aquel malhadado discurso vibró en el espacio,
+sola, seca, triste, con fúnebre resonancia. Ni un aplauso ni una
+exclamación satisfactoria la recogió. Su voz había caído en el abismo
+sin producir un eco. Parecíale que no había hablado, que su discurso
+había sido una de aquellas mudas, aunque elocuentes, manifestaciones
+internas de su genio oratorio. Estaba en un desierto; rodeábale una
+noche. ¿Qué había dicho? Nada. Y había hablado mucho. Aquello fué como
+si diera golpes en el vacío, como si hiriera en una sombra creyéndola
+cuerpo humano, como si hubiera encendido un sol en un mundo de ciegos.
+Bajó con el alma atribulada, oprimido el corazón, ardiente y turbada la
+cabeza, bañado el rostro en sudor frío.
+
+En vano Javier quiso rehabilitarle dando algunas palmadas tardías. El
+público, animal implacable, le mandó callar. Lázaro tuvo la presencia de
+espíritu suficiente para contemplar cara á cara aquellas cien bocas que
+bostezaban. Robespierre se desesperaba en el mostrador con suprema
+expresión de fastidio.
+
+--Lo he hecho muy mal--dijo tristemente el orador al oído de su amigo.
+
+--Ya lo harás mejor otro día. Eres un gran hombre; pero no has tocado en
+el _quid_. Con una lección mía estarás al corriente. Otro va á hablar:
+atiende ahora.
+
+--No: yo me voy á casa de mi tío. No puedo estar aquí más tiempo. Me
+ahogo.
+
+--Espera á ver lo que éste va á decir.
+
+Un segundo orador subió á la tribuna á disipar el fastidio que la
+peroración de Lázaro había causado. Mientras la multitud celebraba con
+aplausos maquinales las frases de su orador favorito, el otro se iba
+sumergiendo lentamente en profunda melancolía. Nada es más terrible que
+estos momentos de desencanto en que el alma yace atormentada por los
+dolores de la caída: el tormento de esta situación consiste en cierta
+ridiculez que rodea todos los recuerdos de las pasadas ilusiones. Todas
+las frases de íntimo elogio, de profundo orgullo con que antes se regaló
+la imaginación, resuenan con eco de burla en la pobre alma abatida,
+llena de vergüenza.
+
+"Pero es preciso intentar una rehabilitación--decía Lázaro para sí.--¿Y
+cómo? Todos murmuran de mí, y si mañana se ofrece hablar de mi discurso,
+dirán todos que fué detestable, malísimo. Correrá de boca en boca,
+llegará á oídos de todas las personas que me interesan. Ella lo sabrá,
+se reirá tal vez de mí. Todos se reirán ahora."
+
+Lo más particular es que desde que bajó de la tribuna empezaron á
+ocurrirle grandes pensamientos, magníficos recursos de elocuencia,
+soberbios golpes de efecto, citas oportunísimas; y estaba seguro de que
+diciendo aquello, arrancaría grandes aplausos. Pero ya era tarde: estaba
+allí mudo y perplejo, cubierto su espíritu de una nube sombría.
+
+Entre tanto, el nuevo orador divagaba á sus anchas por el campo de la
+historia y de la política, y, por último, expuso la necesidad de la
+manifestación preparada para el siguiente día. Todos se levantaron
+unánimes, gritando: "¡Sí!" Todos prometieron concurrir, y tres ó cuatro,
+encargados del ceremonial, dieron cuenta del arreglo de la procesión, se
+fijó la hora, se designó el punto de reunión. Los _bravos_ sucedieron á
+los aplausos, y los aplausos á los _bravos_, y al fin la sesión terminó.
+
+Los socios comenzaron á salir; pero aquella fracción ignorante y
+turbulenta, que ocupaba siempre uno de los rincones del café, no creyó
+conveniente salir sin decir algo. Calleja subió á una silla y gritó,
+dirigiéndose á los suyos.
+
+--¡Señores, serenata á Morillo!
+
+La idea fué acogida con estrépito. Morillo era el Capitán general de
+Castilla la Nueva. Enemigo do asonadas tumultuosas, había tomado sus
+medidas para impedir la procesión. Una parte del pueblo se agolpó junto
+á su casa en la noche del 17, atronando toda la calle con espantosa
+cencerrada.
+
+--¡Serenata á Morillo!--dijo Calleja saliendo de la _Fontana_ y
+reuniendo toda la gente dispuesta para el caso que por allí pasaba.
+
+No sabemos por donde vino; pero allí estaba Tres Pesetas. Nuestros tres
+amigos y Lázaro salieron de los últimos y se acercaron por curiosidad al
+grupo que Calleja había formado.
+
+Entre tanto, el barbero pasó en dos zancajos á la otra acera, y se
+acercó á la puerta de su casa. Su mujer salió á encontrarle.
+
+--Ciudadano, ¿has hablado?--le dijo.
+
+--No, ciudadanita mía. No puede ser esta noche; pero lo que es mañana, ó
+hablo, ó me corto la lengua. Ya tengo estudiado el principio, y no se me
+olvidará una letra. Cuando hable, me los como.
+
+--Estoy por no dejarte entrar--le contestó gravemente su mujer.--Si yo
+llevara calzones, ya me habían de oír. Así y todo, si me pusiera á ello,
+los volvía locos ... Si yo tuviera calzones, andaba por esos _clubes_ á
+qué quieres boca. Porque tengo más verdades aquí en el buche....
+
+--Ya verás mañana á la noche si hablo ó no. Es que cuando voy á empezar
+me hace unas cosquillas la lengua ... y me trabo. Pero no tengas cuidado
+que los voy á dejar aturrullados.
+
+--¡Serenata á Morillo!--dijeron cien voces.--Señores--exclamó uno de los
+mas célebres oradores de la _Fontana_--váyase cada uno á su casa, que
+estos desórdenes nos van á desacreditar. Cada uno en paz á su casa; nada
+de gritos.
+
+Estos discretos consejos fueron saludados con murmullo prolongado de
+reprobación.
+
+--¿Quién es ese servilón?--dijo una voz aguardentosa, que no era otra
+que la del sin par Chaleco.
+
+--A casa de Morillo--repitió Calleja.--Mujer, tráeme el almirez.
+
+El gentío aumentaba con nuevas remesas enviadas de la plazuela de la
+Cebada y del barrio del Salitre. Los socios de la _Fontana_ se habían
+marchado, cerróse el club y sólo quedaron en la calle los tres amigos y
+Lázaro, que se despedía para ir en casa de su tío.
+
+--Espera un instante para ver lo que sale de aquí--le dijo Javier
+deteniéndole.
+
+A la sazón una persona daba fuertes golpes á la puerta de Calleja.
+
+--¿Qué hay?--dijo éste acercándose é interrumpiendo una patriótica y
+barberil alocución que había comenzado.
+
+--Que vaya usted en seguida á sangrar á don Liborio que está muy malito.
+
+--Demonio de enfermo: mañana le sangraré.
+
+--No puede esperar: vaya usted pronto--exclamó el criado.
+
+--Señores, ¿qué hago?--preguntó el barbero á sus amigos.
+
+--No vayas, Calleja: que se sangre él solo. Esta no es noche de
+sangrías. ¡A casa de Morillo!
+
+--Señores ... yo quisiera cumplir ... porque ya ven ustedes ... mi
+profesión. La ciencia es lo primero.
+
+--No vayas, Calleja.
+
+--Señores, volveré en seguida. A ver--añadió abriendo la puerta de su
+casa,--ciudadana, tráeme las lancetas.
+
+La ciudadana salió muy afligida, y le dijo:
+
+--A ver cómo le ponemos una ayuda á Joaquinito, que está muy malo. ¡Si
+vieras qué vomitona le ha dado! ¿Se la pongo de malvas?
+
+--Póngasela de demonios cocidos, hermana--exclamó Tres Pesetas
+furibundo.
+
+--Poco á poco, señores--contestó Calleja.--¿De malvas ó de aceite?
+Déjenme ustedes ver cómo se arregla eso; porque para mí ... ¿por qué lo
+he de negar? la ciencia es lo primero.
+
+Lázaro insistía en dejar á sus tres amigos: tan aburrido y
+melancólico estaba.
+
+--Espera, hombre--le decía Javier deteniéndole aún. Espera á ver lo que
+hacen estos bárbaros.
+
+--¡Qué es eso de bárbaros!--exclamaron con furia los que más cerca
+estaban, volviéndose hacia los amigos con tanto interés, que hasta el
+mismo Calleja dejó la ciencia por salir en defensa de la
+Corporación.--¿Qué es eso de bárbaros, caballeriles?
+
+--¿Quiénes son esos pelandingues?--dijo uno.
+
+--Este es el aragonés que nos rezó el rosario esta noche. ¡Qué modo
+de hablar!
+
+--Si parecía un sermón de Viernes Santo....
+
+--El diablo me lleve si no les acaricio las muelas á esos
+catacaldos--dijo Tres Pesetas, dispuesto á hacer lo que decía.
+
+Javier, el Doctrino, el poeta clásico, vieron una tempestad sobre sus
+cabezas; pero el poeta clásico, que era el mismo enemigo, no se acobardó
+y tuvo el antojo de llamar _rapista_ al grandioso Calleja. La chispa
+saltó, y la lucha era inminente; pero tan desigual, que los cuatro mozos
+no quisieron arriesgarse á ella, volvieron las espaldas y apretaron á
+correr, unidos siempre, dirigiéndose á la calle de la Victoria. Muchos
+de los contrarios les siguieron dando voces y arrojándoles piedras; pero
+los fugitivos andaban muy ligeros y lograron refugiarse en la calle de
+la Gorguera, metiéndose en el portal de la casa en que uno de ellos
+vivía. Cerraron cuidadosamente por dentro. Un enorme canto, lanzado por
+las robustas manos de Tres Pesetas, chocó en la puerta tan fuertemente,
+que si hubiera cogido á alguno le hace añicos. Felizmente los jóvenes
+estaban seguros, y los de fuera, al ver que la presa se les había
+escapado, retrocedieron, marchándose todos á dar una armoniosa
+cencerrada al Capitán general de Madrid.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XI
+
+
+
+#La tragedia de los Gracos.#
+
+
+Luego que sintieron alejarse á sus perseguidores, los amigos subieron.
+Allí vivía el poeta clásico.
+
+--¿Tienes que cenar?--le preguntó el Doctrino.
+
+--Un magnífico festín--contestó el poeta.--Un cuarterón de queso
+manchego y una botella de Cariñena. Mandaremos por unos buñuelos á la
+taberna de la esquina.
+
+Lázaro tenía un hambre espantosa. Desde las nueve de la mañana no había
+probado cosa ninguna, y el cansancio del camino, los esfuerzos mentales
+y la gran fatiga moral de aquella noche le habían rendido hasta el punto
+de que no podía tenerse. Subió con los demás, sin fuerzas para emprender
+á aquella hora el viaje á casa de su tío. La comitiva, guiada por el
+poeta clásico, se internó en la escalera.
+
+No hay viaje al polo Norte que ofrezca más peligros que una escalera
+angosta de casa madrileña cuando la obscuridad más completa reina en
+ella. Comenzáis dando tumbos aquí y allí; de repente tropezáis con la
+pared: chocáis con una puerta, y el ruido alarma á la vecindad. Dais con
+el sombrero en un candil que, aunque extinguido por falta de aceite,
+tiene lo bastante para poneros como nuevos. Y todo esto es llevadero
+cuando no se encuentra al truhán que baja ó al galán que sube, cuando no
+sentís el retintín de la ganzúa que intenta abrir una puerta, cuando no
+resbaláis en las substancias depositadas por los gatos sobre los
+escalones, cuando no tropezáis con la amorosa conjunción de dos
+estrellas que pelan la pava en el último tramo.
+
+Por fin la expedición llegó á las regiones boreales de la casa, á la
+elevada zona en que el poeta había hecho su nido. Tocaron, y abierta la
+puerta, nuestros amigos se encontraron frente á frente de una mujer que,
+con soñolientos ojos y rostro avinagrado, alzaba la mano sosteniendo un
+candil, próximo á imitar la sabía conducta de los de la escalera. Este
+candil comunicó su luz á otro mejor acondicionado que había en el cuarto
+donde entraron los cuatro jóvenes. La dama echó el cerrojo á la puerta
+de la escalera, y dando las buenas noches con entonación de un responso,
+se fué. No había andado cuatro pasos cuando volvió, y arrebujándose bien
+en su manto, con honestos y recatados ademanes, dijo:
+
+--Por Dios, don Ramón, no hagan ustedes ruido, que está alborotada la
+vecindad con la algarabía que se arma aquí todas las noches. Porque, ya
+ve usted ... Una es comidilla de las gentes de abajo. La encajera ha ido
+diciendo que esto era una taberna, y que no se podía vivir en esta casa.
+Ya ven ustedes ... como una es mujer de opinión....
+
+La señora que tan celosa se mostraba de la opinión de su casa era doña
+Leoncia Iturriabeytia, vizcaína, como es fácil conocer por su apellido;
+patrona de aquel establecimiento, mujer de bien, como de cuarenta años
+mal contados, de buen aspecto, robustas formas, alta estatura cara
+redonda y carácter bonachón y más que sencillo.
+
+--Señora, déjenos usted en paz--le contestó Javier.--Si viniera don Gil
+con nosotros, no se incomodaría usted.
+
+--Vaya, ya empieza usted con sus bromas, don Javier.
+
+--¿Y cuándo se casa usted doña Leoncia?
+
+--¿Yo casarme? ¿Yo?--dijo doña Leoncia con mal disimulada satisfacción.
+
+--Pues sepa usted que se lleva un buen mozo. Don Gil es hombre que hará
+carrera ... está en buena edad....
+
+Una carcajada de los otros dos y una sonrisa forzada de la patrona
+acogieron aquellas palabras. La vizcaína tenía un pretendiente, y éste
+era don Gil Carrascosa, aquel individuo que fué lego, abate
+covachuelista y cuanto hay que ser. Corrían por la vecindad rumores
+alarmantes respecto á la existencia de cierta buena concordia, parecida
+á la familiaridad, entre el poeta clásico y doña Leoncia, la vizcaína.
+No penetremos en lo sagrado de estos clásicos y patroniles secretos.
+
+Doña Leoncia notó la presencia de un desconocido, y quiso darse tono. Se
+puso seria, y reprendió á los estudiantes por su poca formalidad.
+Después hizo un pomposo ademán, algunas cortesías, y se marchó.
+
+--Adiós Ariadna, Antígone, Sofonisba, Penélope--dijo cuando la vió fuera
+el poeta, que gustaba mucho de aplicarle aquellos nombres heroicos.
+
+Poco después de esta despedida se sintieron ronquidos muy broncos y
+prolongados. Era Ariadna, Antígone, Sofonisba, Penélope, que dormía en
+el interior. ¡Cuán felices son las semidiosas!
+
+Javier y el Doctrino tomaron en competencia posesión de la cama. Lázaro
+se acomodó lo mejor que pudo en una silla de tres pies y medio, y el
+poeta continuó en pie haciendo los honores del sotabanco. Del cajón de
+la cómoda sacó un pedazo de queso envuelto en un papel, que se había
+hecho transparente. Un cuchillo, una botella y un plato, en que había
+panecillo y medio, salieron de otro rincón, y el festín fué preparado en
+la mesa, para lo cual se hizo preciso apartar á un lado dos tragedias en
+verso heroico, un retrato de mujer roído de ratones, un ejemplar de la
+Constitución, un tintero de cuerno y una babucha, dentro de la cual
+había unas tijeras, una caja de obleas y medio tomo del teatro de
+Crebillon.
+
+El cuarto aquel era curioso. La cama se ostentaba lo más horizontal que
+le era posible sobre dos banquillos, cuyas tablas sostenían un jergón de
+tan tortuosa superficie, que el durmiente rodaba en él de cima en cima
+antes de poder conciliar el sueño. Una estera de esparto, finísima en
+los tiempos de Carlos III, cubría las dos terceras partes del piso,
+siendo inútiles todos los esfuerzos de doña Leoncia para estirarla hasta
+cubrir lo que faltaba. Inmenso baúl alternaba con la cama, y á juzgar
+por lo corroído del cuero y la suciedad acumulada entre él y la pared,
+los ratones habían tomado por su cuenta la empresa de colonizar aquel
+recinto. Adornaban las paredes algunos cuadros: el más notable era un
+trabajo de pluma hecho por el tío del cuñado del abuelo de la vizcaína,
+que había sido insigne calígrafo, y toda la lámina estaba llena de
+rasgos, líneas, letras raras, rúbricas y floreos de pluma, trabajo
+ilegible por ser tan excelente. Por otro lado pendía de la pared un
+cuadrito de marco ex-dorado, que encerraba las habilidades juveniles de
+la abuela de doña Leoncia, bordadora de lo más fino. Al lado de estos
+monumentos de familia estaban un par de figurines del Directorio y una
+Virgen del Pilar, simplemente pegada en la pared con cuatro obleas.
+
+Ramón echaba vino en un vaso que iba corriendo de mano en mano; el queso
+fué distribuido, y el pan desapareció en poco tiempo. Lázaro no se
+mostraba parco en comer, porque la verdad era que tenía buen apetito y
+se sentía desfallecer por momentos.
+
+--Vamos, Ramoncillo--dijo el Doctrino--léenos un poco de esa tragedia
+para llorar, que llamas _Petra_.
+
+--¿Qué Petra ni Petra?--replicó el poeta.--No seas bárbaro: _Fedra_
+querrás decir.--Lo mismo me da Fedra que Pancrasia.
+
+--Ya he dejado ese asunto ... eso no es nuevo. Ahora lo que conviene es
+un asunto patriótico.--Eso me gusta.
+
+--Al fin me decidí por los gracos.... Amigos, qué hombres eran aquellos!
+
+--A ver--dijo el Doctrino.--Léenos algo de esos grajos. Debe ser
+cosa graciosa.
+
+--Pero ven acá, loco--dijo Javier:--¿por qué no haces una tragedia de
+cosas del día en que salgan hombres como éstos de ahora?
+
+--No seas tonto--dijo el poeta riendo con la mayor buena fe:--ahora no
+hay héroes.
+
+--Majadero, ¿pues cómo llamas á Churruca, á Alvarez y á Daoiz?
+
+--Sí; pero eso son héroes de casaca.
+
+Ramón tenía talento y facultades de poeta; pero había nacido en una
+época funesta para las letras. El frío clasicismo agostaba en flor los
+ingenios, que educados en la retórica francesa, y siguiendo los
+principios del prosaico Montiano, del rígido Luzán, del insoportable
+Hermosilla, no atinaban á utilizar los elementos poéticos que en aquel
+tiempo nuestra sociedad les ofrecía.
+
+El pueblo, alimentador de los teatros, no comprendía el alto ditirambo
+de griegos y romanos; y al mismo tiempo, ningún poeta acercaba á poner
+héroes españoles en la escena. Nasarre en tanto llamaba bárbaro á
+Calderón, y _La vida es sueño_ no era más que delirio. Aquella
+restauración clásica fué fecunda para la comedia, porque produjo á
+Moratín hijo. Pero el drama, la fábula patética que retrata las grandes
+conmociones del alma, y pinta los más visibles caracteres de la
+sociedad, no existía entonces.
+
+Se hacían algunas tragedias, obras pálidas y sin vida, porque no eran
+animadas por la inspiración nacional, ni nuestro pueblo vivía en ellas,
+ni nuestros héroes tampoco. "Ya sabemos lo que son esos héroes tiesos,
+acartonados, de las tragedias clásicas: siempre los mismos. No se
+concibe el amor á la libertad sin _Bruto_, ni el odio al imperio sin
+_Cinna_. ¿Cómo puede haber pasión sin Fedra, y fatalidad sin _Edipo_, y
+parricidio sin _Orestes_ y rebelión sin _Prometeo_, y amor á la
+independencia sin _Persas_? En tiempo de nuestro amigo Ramón, los
+jóvenes creían esto; y había algunas personas graves que encontraban á
+Crebillon más inspirado que Lope, y Rotrou más grande que Moreto."
+
+El poeta de que hablamos escribió su correspondiente _Alceste_, con
+algún acto de un _Bellerofonte_ y varias escenas de tragedia bíblica,
+también de cajón entonces. Tuvo una inspiración después, y quiso dejar
+tan trillado camino. Ideó un _Subieski_, un _Solimán,_ un _Arnoldo de
+Brescia_, y, por último, un _Padilla_; pero no bien había escrito
+algunos versos, retrocedió por miedo á la antigüedad, y se fijó en los
+_Gracos._ Dió principio á la obra, y la remató poco antes de las escenas
+que estamos refiriendo.
+
+Ya le tenemos sentado sobre la mesa, con el manuscrito en la mano y
+alumbrado por el candilejo. El Doctrino y Javier se disputaban la causa
+con nuevo furor, y Lázaro, que estaba sentado en la silla, había cedido
+al cansancio, y apoyado en la misma cama, esperaba la primera escena de
+los Gracos.
+
+Javier tosió, y leyó las listas de los personajes de la tragedia,
+seguida de la retahila de tribunos, lictores, centuriones, patricios,
+pueblo, esclavos. Después relató la decoración, que era la plaza
+pública, sitio de confidencias, de citas, de discursos, de secretos, de
+escándalos, de juicios, de todo. Luego empezó el acto. Salía el _tribuno
+primero,_ y le decía al _tribuno segundo_ si había visto á Cayo; el
+tribuno segundo le contestaba al _tribuno primero_ que no; pero después
+venía el _tribuno tercero_ y decía á los dos anteriores que Cayo estaba
+en casa del sacerdote Ennio Sofronio, y que después vendría á confiarles
+sus planes en la plaza pública. Estos se van, y saliendo el _hombre del
+pueblo primero_, le dice al _hombre del pueblo segundo_ que el pan está
+caro, y que los pobres se están comiendo los codos de hambre, lo cual
+exaspera al _hombre del pueblo tercero_, que jura por Neptuno y el hijo
+de Maya que aquello no ha de quedar así. Cada uno se va por donde ha
+venido, y sale después Cornelia, que se pregunta por qué estará tan
+agitado; triste Cayo; dice que rehusó las _viandas ricas de opulenta
+mesa_, para irse á vagar silencioso y abstraído por la margen que baña
+_del lento Tíber la corriente undosa_. Pero pronto viene á sacarla de
+dudas el mismo Cayo en persona, que, alarmado por unas palabras que le
+dijo el _tribuno tercero_ allá entre bastidores, viene á dar con su
+madre y le manda que escuche y tiemble, con cuyo mandato Cornelia se
+hace toda oídos y se pone á temblar como un azogado. Cayo le dice que los
+dioses le ayudarán en su empresa, con lo cual la otra se tranquiliza y
+se le quita el tembloreo. También dice que antes de faltar á su
+propósito se tragará el Averno á la tierra; beberá el ciervo _(de
+capital ramaje)_ la mar salobre, y se criará la carpa en las crestas
+del más alto cerro de Trinacria. Después de estos desahogos, cae el
+telón, y cada uno se va por donde ha venido.
+
+Pero ya cuando Cayo hacía estos juramentos, cerró los ojos el Doctrino,
+poco preocupado de que el Averno se tragara á Italia, y comenzó á roncar
+suavemente como un dios holgazán. El poeta no notó este incidente, y
+entró en el acto segundo; pero al llegar al delicado punto en que
+Cornelia le refiere á su confidente el sueño que ha tenido, empezó
+Javier á hacer lo mismo, y se durmió también. Y allá, cuando el poeta se
+internaba en los laberintos del acto tercero; cuando el senador Rufo
+Pompilio se le sube á las barbas al senador Sexto Lucio Flaco (el cual,
+sea dicho de paso, no miraba con malos ojos á la matrona Cornelia,
+aunque era dueña un poco madura); cuando todo esto pasaba, Lázaro, que
+había resistido por cortesía, no pudo más, y acomodándose en la silla y
+en el borde de la cama, dió algunas cabezadas, y se durmió también
+olímpicamente, comenzando á soñar dormido, que era cuando menos soñaba.
+
+El poeta concluyó el tercer acto, en que había un motín; y antes de
+empezar la lectura del cuarto, miró en torno suyo y vió aquella escena
+de desolación. "Dormidos. Oh dioses!" exclamó, penetrado aún del
+espíritu clásico.
+
+Pero era natural. ¿Quién soporta una tragedia con plaza pública,
+verdadero almacén de endecasílabos? ¿Quién soporta una tan grande ración
+de clasicismo á aquellas horas, después de oír veinte discursos, después
+de haber cenado?
+
+Aún faltaba algo. El candilejo, que sin duda era también poco amante de
+lo clásico y estaba empalagado de tanto endecasílabo, no quiso alumbrar
+más tiempo la plaza pública, y se apagó. Ramón cerró á obscuras su
+manuscrito; comprendió que lo mejor que podía hacer era imitar á sus
+amigos; bajó de la mesa, tomó la capa, se envolvió en ella, y tendióse
+de largo sobre el bendito suelo. Poco después estaba tan profundamente
+dormido como los demás. Así terminó la tragedia de los Gracos. Nos ha
+sido imposible averiguar si al fin el senador Bufo Pompilio dió al
+senador Sexto Lucio Flaco el bofetón que deseaba.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XII
+
+
+
+#La batalla de Platerías#.
+
+
+El sol y doña Leoncia aparecieron con igual esplendor y hermosura en las
+primeras horas del siguiente día. La patrona, dejando las ociosas lanas,
+dió principio á su tocado, que era algo complicado, porque consistía en
+una restauración concienzuda de todos los deterioros que en su persona
+hacían lentamente los años.
+
+Después de dar al viento la poca abundante cabellera, comenzaba á tejer
+un moño, que, á no recibir el refuerzo de unos hinchados cojinillos, no
+sería más grande que un huevo. Pasaba inmediatamente á adobarse el
+rostro, operación verificada tan hábil y discretamente, que no conociera
+la _verdad de su mentira_ ni el mismo don Gil, que era la persona que
+más se acercaba á ella durante el día. A veces solía usar cierto
+pincelito; pero esto no era más que en los días clásicos, y no hacemos
+alto en ello por ahora. En estas ocupaciones estaba, mal ceñidas las
+faldas, sin corsé y descubiertas con negligente desnudez las dos
+terceras partes de su voluminoso seno, cuando una persona entró en la
+casa, y acercándose al cuarto de la diosa, dió un par de golpecitos en
+la puerta.
+
+--¿Quién?--dijo alarmada la vizcaína.
+
+--Yo.
+
+--Por Dios, Carrascosa, no entre usted, que estoy....
+
+Pero Carrascosa empujó la puerta, y la hubiera abierto á no impedírselo
+por dentro la asustadiza y honesta dama, que dejó el afeite y se ciñó el
+vestido rápidamente para acudir á defender la plaza.
+
+--Leoncia, Leoncia, mira que soy yo, tu Gil.
+
+--Don Gil, don Gil, no sea usted pesado. Siempre viene usted cuando
+está una arreglándose. Espere usted. Pase á la cocina, que tengo
+que hablarle.
+
+--Yo también tengo que hablarte,--dijo Carrascosa, aplicando el ojo á la
+cerradura por probar si veía algo.
+
+Doña Leoncia no tardó en arreglarse: se ciñó el corsé, se puso las
+últimas horquillas, se aplicó dos ó tres alfileres al pecho, se echó un
+mantón sobre los hombros, y pasó á la cocina.
+
+--Sabes que vengo muy incomodado--le dijo don Gil, mientras la dama, que
+se había acercado al hornillo, se esforzaba en encender con pajuela unos
+carbones;--sabes que estoy muy incomodado, Leoncia, con lo que dice la
+gente, y vengo á que me saques de dudas; porque, en fin, tengo esto
+atravesado en el gaznate y no lo puedo pasar.
+
+--¿Qué? ¿á ver? ... ¿á ver que majaderías traes hoy?--Nada, sino que la
+gente da en decir que tú ...--Aquí el ex-covachuelista se detuvo, como
+si efectivamente se le atragantara una cosa en las fauces.--¿Qué yo? ...
+¿á ver? ¿qué?--dijo la patrona, soplando los carbones.
+
+--Que tú ... quiero decir ... que ese jovencito que hace versos y vive
+en ese gabinete, está muy fino contigo, y te está cortejando ... Me dijo
+la frutera que ayer te vió salir con él de paseo, y....
+
+--No me vengas acá con majaderías--dijo doña Leoncia, alzando en su
+derecha mano una badila de cobre que en aquellos momentos le servía: lo
+que hay es que como una es mujer de opinión, ha de estar todo el mundo
+ocupándose de una para decir lo que se le antoja. ¡Vaya, don Gil! ¿Y
+usted se anda en chismes con la frutera? ¡Buena está ella! No me vuelva
+usted acá con enredos. Lo que hay es que no puede una mover un pie sin
+que venga toda la vecindad á decir por qué sí y por qué no.
+
+--Cepos quedos--dijo Carrascosa,--que yo no dudo de que seas una mujer
+muy principal; pero debe evitarse que la gente ande diciendo cosas ...
+porque....
+
+--No me hables de eso, Gil: Gil, no me hables de eso dijo fingiéndose
+incomodada doña Leoncia;--que todos los hombres son unos engañosos, y
+está una muy escarmentada ... no ... digo ... muy.... Le han dicho á una
+lo que son los hombres ... Y si no, miren al prestamista de abajo que
+todos los días desayuna á su mujer con cincuenta palos.
+
+--¡Oh, Leoncia de mis pecados! Y piensas que yo no te he de tratar como
+una dócil ovejuela que eres ... Mira, no seas tonta: puesto que nos
+hemos de arreglar y es preciso mantener la opinión, bueno sería que
+echaras de tu casa á ese mozalbete, y que se fuera con sus versos á
+otra parte.
+
+--Pues digo que no. Si hablan, que hablen; si _injurian_, que
+_enjurien_. Yo soy mujer de opinión.
+
+--Jesús, Leoncia: ¿y no me haces ese gusto?
+
+Doña Leoncia empezó á reír con mucha gana; y el buen Carrascosa, que no
+estaba dispuesto aquel día á ponerse serio, se serenó y concluyó por
+reírse también.
+
+--Mira que esta tarde voy con doña Patronila y la Juliana á merendar á
+Chamartín. Doña Ramona vendrá también, y si tú vienes, cantarás aquellas
+seguidillas que sabes.
+
+--Yo no estoy para seguidillas. Lo que me carga es que vaya ese don
+Ramoncito, que me tiene ya hasta aquí. Mira, mira, Leoncia: si lo echas,
+estaré cantando seguidillas cuatro días seguidos. ¡Ah! No me acordaba:
+¿sabes que estamos arreglando una procesión en las Maravillas? Ya te
+proporcionaré un balcón para que la veas. Va á estar muy lucida, y salen
+más de veinticinco santos y todas las cofradías de Madrid.
+
+--Mira, Gil, no te andes con procesiones, que es cosa que no me gusta.
+¿Con que vienes á Chamartín?
+
+--Sí: bueno es que nos vayamos allá, porque hoy hay jarana en Madrid, y
+se me antoja que habrá tiros por esas calles.
+
+--¡Jesús; y Santa Librada! ¡Otra jarana!--dijo la vizcaína con el rostro
+descompuesto y mudado de color.--Pero ¿qué hay?
+
+--Ahí es nada. Que esos locos de la _Fontana_ van á pasear el retrato de
+Riego con música y todo. La autoridad ha prohibido esa procesión, y
+ellos dicen que la habrá. Veremos quien gana. Ya anda la gente por ahí
+alborotada y pronto hemos de ver el tumulto.
+
+En efecto, el ruido no se hizo esperar: un gentío inmenso ocupaba la
+vecina plazuela de Santa Ana, y hasta la tranquila mansión de doña
+Leoncia llegó el rumor de las voces. La criada, que venía de comprar,
+entró dando gritos de terror y diciendo que había sentido unos
+grandes cañonazos. A los gritos de la gallega despertaron los tres
+amigos y Lázaro.
+
+--¿Qué hay?--dijo Javier.--¿Qué algazara es esa?
+
+--¿Qué ha de ser sino la procesión?--dijo el Doctrino.
+
+Lázaro se levantó dolorido, porque con la molesta posición que en el
+sueño tomó, parecía que se le había roto el espinazo. Abrieron el balcón
+y miraron. Doña Leoncia entró en el cuarto del poeta dando alaridos y
+manoteando.
+
+--¡Jesús!, ¡Jesús! ¡No abran ustedes el balcón, que se nos va á meter
+aquí alguna bomba! ¿No oyen ustedes los cañonazos? ¡Jesús, que disparos
+tan fuertes!
+
+--Señora, usted está soñando con los cañonazos.
+
+--No te alarmes, Artemisa, Electra....
+
+--¡Cierren ese balcón!
+
+Los cuatro jóvenes eran muy curiosos para contentarse con mirar desde
+el balcón. Bajaron á la calle con mucha prisa para unirse al gentío,
+aunque Lázaro pensaba dejar aquello y marcharse inmediatamente á casa
+de su tío, recogiendo de antemano su mezquino equipaje en el parador
+del Agujero.
+
+--¿Quién es ese joven?--dijo don Gil á la patrona luego que los cuatro
+habían bajado.
+
+--No sé quién es: le trajeron anoche.
+
+Carrascosa creyó reconocer en aquel joven al sobrino de su amigo, á
+quien había tratado en Ateca; y queriendo cerciorarse, porque sin duda
+le interesaba, bajó tras ellos. Los cuatro jóvenes se mezclaron al
+gentío: no se podía dar un paso. La procesión estaba organizada, y
+pronto iba á emprender la marcha para salir á la calle de Atocha. Gran
+confusión reinaba en la multitud, y eran vanos los esfuerzos de dos ó
+tres personas para poner en filas ordenadas al pueblo y dirigirle.
+
+Lázaro trató de marchar á donde debía; pero tuvo una tentación, que le
+hizo detener meditabundo y preocupado. Al ver aquella multitud, su
+imaginación, abatida y exánime desde la singular escena del café, volvió
+á remontarse tomando su acostumbrado vuelo. Allí estaba reunido un
+pueblo, dispuesto á una gran manifestación. Confuso y como asustado de
+su empresa, la muchedumbre vacilaba, no tenía fijeza ni determinación:
+sin duda allí faltaba algo. Lázaro quiso dominarse rechazando la
+tentación. Se alejó del pueblo y volvió á acercarse á él.
+"Sí--pensaba,--aquí falta algo: falta una voz."
+
+Había llegado aquel momento supremo de las agitaciones populares en que
+las turbas se paran silenciosas, alterados los miles de corazones por un
+solo y profundo temor, trastornadas las mil cabezas con una sola duda.
+Falta que una voz sola diga lo que todos sienten. En estos momentos
+solemnes es cuando vemos un cuerpo elevarse sobre miles de cuerpos y una
+mano temblorosa extenderse sobre tantas cabezas. Una voz expresa lo que
+en tantos cerebros pugna para adquirir formas orales; esa voz dice lo
+que una multitud no puede decir; porque la multitud que obra como un
+solo cuerpo con decisión y seguridad, no tiene otra voz que el rumor
+salvaje compuesto de infinitos y desiguales sonidos.
+
+Cuando aquel hombre ha hablado, la multitud ha dicho lo que tenía que
+decir; la multitud se conoce, ha podido recoger y unificar sus fuerzas,
+ha adquirido lo que no tenía: conciencia y unidad. Ya no es un conjunto
+inorgánico de fuerzas ciegas: es un cuerpo inteligente cuya actividad
+tiende á un objeto fijo, bueno ó malo, pero al cual se encamina con
+decisión y conocimiento.
+
+Esto pensaba Lázaro. ¿Podría él ser ese medio de expresión? ¿Sería el
+Verbo revelador de aquel cuerpo ciego é inconsciente? ¿Hablaría ó no
+hablaría? La masa en tanto se arremolinaba y se extendía por la plazuela
+del Ángel. Lázaro la siguió como fascinado; después se apartó con miedo
+de ella y de sí mismo. Pero no podía resolverse á retirarse. ¿Hablaría ó
+no? Le oirían de seguro. ¿Como no, si había de decir cosas tan bellas?
+El estaba seguro de que las diría. Las palabras que había de decir
+estaban escritas con letras de fuego en el espacio.
+
+Ya el retrato avanzaba llevado por cuatro socios de la _Fontana_. Sonaba
+la música, el gentío rodeaba el lienzo, y todos se movían sin adelantar,
+oscilaban sin extenderse, se revolvían confundiéndose. Sin duda faltaba
+algo. Lázaro se mezcló en el torbellino. Sus ojos brillaban con
+extraordinario resplandor; su inquietud era una convulsión, su agitación
+una fiebre, su mirada un rayo. Cruzábanle por la mente extrañas y
+sublimes formas de elocuencia; latíale el corazón con rapidez
+desenfrenada; las sienes le quemaban, y sentía en su garganta una
+vibración sonora, que no necesitaba más que un poco de aire para ser voz
+elocuente y robusta.
+
+Vió que alzaban el retrato, que la turba se arremolinaba en circuitos
+sin fin, y vió agitarse en el aire multitud de pañuelos blancos que
+salían de aquel torbellino como una espuma.
+
+La comitiva desordenada siguió por la calle de Atocha y penetró en la
+Plaza Mayor. Allí se difundió un poco. Pero después trató de atravesar
+el arco de la calle de la Amargura para entrar en Platerías. El gran
+monstruo midió de una mirada el volumen de sus miembros multiplicados y
+la anchura del arco por donde había de pasar. El camello iba á pasar por
+el ojo de la aguja. Hubo un movimiento convulsivo de codos, y los
+abdómenes se deprimieron, giraban los cuerpos, y algunos sombreros
+saltaron á impulsos de las repercusiones y choques de tantas cabezas.
+Algunas voces trataron de pronunciar una orden para vencer aquella
+dificultad, problema de obstetricia sin duda.
+
+--Delante el retrato. Dejen pasar el retrato--decían. Era imposible; la
+gente se agolpaba de tal modo, que el retrato no podía pasar. Al fin,
+tras largos esfuerzos, el retrato pasó por el arco. Detrás seguía con
+la mayor confusión la gran masa de gente. La multitud que llenaba la
+plaza se había parado y esperaba. El retrato y sus corifeos
+desembocaron en la calle Mayor; pero al llegar allí, una sorpresa sin
+igual detuvo la procesión. Dos filas de soldados formaban en las
+Platerías, llegando más allá de la plazuela de la Villa. Las picas de
+un escuadrón de lanceros brillaban á lo lejos, y delante de esta tropa
+estaba, el Capitán General de Madrid, á caballo, esperando con grande
+aplomo y entereza. Este hombre avanzó seguido de dos ó tres, y
+señalando con el sable, intimó la orden de retirada á los del retrato.
+Hubo una rápida consulta de miradas entre éstos. Una autoridad civil se
+acercó también, y con los mejores ademanes dijo que se fuera cada cual
+á su casa y renunciaran á aquella manifestación, porque el Gobierno
+estaba resuelto á que no dieran un paso más. El aspecto de la tropa
+impresionó vivamente á los del retrato; además, éstos contaban con la
+ayuda del regimiento de Sagunto, y el regimiento de Sagunto estaba
+encerrado y perfectamente custodiado en su cuartel.
+
+Trataron, sin embargo, de pasar adelante, y dijeron que aquella
+manifestación era puramente moral; que no trataban de producir ningún
+trastorno, ni era agresiva su actitud, ni tenían más objeto que
+tributar un homenaje de admiración al héroe que había dado la libertad
+á su patria.
+
+"¡Cada uno á su casa! Atrás el retrato", dijo resueltamente Morillo.
+
+La defensa era imposible. La procesión no tenía armas.
+
+La supuesta debilidad del Gobierno se había trocado en inquebrantable
+firmeza. Algunos empezaron á desertar, desfilando por la calle de
+Milaneses y la plazuela de San Miguel. El retrato descansaba en tierra y
+se movía adelante y atrás, poco seguro en manos de sus portadores. Estos
+hablaron: pero todo fué inútil: la gente empezó á retroceder, algunos á
+gritar, y hubo también quien quiso oponer resistencia á la tropa.
+
+Entre tanto el gentío que ocupaba la plaza permanecía inmóvil. ¿Quién
+era aquél que entre tanta gente se elevaba, y agitando las manos,
+profería voces que la muchedumbre aplaudía? El orador hablaba bien, sin
+duda: grandes aclamaciones acogían sus palabras; pero los continuos
+empellones, los gritos de los pisoteados y estrujados no permitían á
+aquél expresarse con desahogo.
+
+Algunos pedían silencio; pero el silencio en toda la plaza era
+imposible. A lo mejor, los que en el arco discutían con la autoridad,
+retrocedieron al ver que la tropa resistía. La confusión entonces llegó
+á su término. El orador continuó su filípica; pero la continuó excitando
+al pueblo á que no cediera en su empeño de verificar la manifestación.
+Estaba lívido, anhelante, y cada palabra suya era como un latigazo que
+estimulaba á la muchedumbre á seguir adelante.
+
+En tanto las tropas avanzaban despejando la plaza, y algunos eran tan
+osados, que delante de los caballos oponían resistencia y vociferaban
+apostrofando á Morillo y á su gente.
+
+--¡A esos que gritan!--dijo el que mandaba el piquete. Arremolinóse el
+gentío. Muchos corrieron á escape. Otros dieron vueltas, arrastrados
+por la oleada, ó permanecieron turbados sin saber qué partido tomar.
+Lázaro calló.
+
+--¿Quién gritaba?--dijo el capitán,--A los que gritan. Prender á los
+que gritan.
+
+Lázaro quiso huir; pero el brazo vigoroso de un soldado le detuvo
+fuertemente.
+
+--Prender á los que gritan. Este es el predicador. ¡A ese!
+
+Lázaro pasó de una mano fuerte á otra fortísima. Apenas se daba cuenta
+de que le habían prendido. Creyó que le soltarían en seguida, é intentó
+desasirse, aunque inútilmente.
+
+-¡Atrás, atrás! ¡Fuera de la plaza!--continuaba el capitán.
+
+Y era bien obedecido, porque el gentío se desbandaba á toda prisa. La
+procesión fracasó. El retrato quedó hecho trizas en medio de la plaza;
+la tropa tomó todas las entradas.
+
+¿Qué fué de Lázaro? Un cuarto de hora después entraba, honrosamente
+custodiado, por las puertas de la cárcel de Villa, y era introducido
+también honrosamente en un tristísimo, obscuro y sucio calabozo.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIII
+
+
+
+#No llega el esperado.--Llegada de un importuno.#
+
+
+De todos los procedimientos que el espíritu emplea para atormentarse á
+sí mismo, el más terrible es esperar. Contra esto no hay remedio.
+Parece que ha de ser fácil resolverse á no esperar, apartar la
+imaginación de la cosa esperada, y vivir sólo en un punto de la vida, en
+un momento del tiempo, sin esa dolorosa aspiración á lo venidero que
+desquicia el ser, sacándole de su centro.
+
+Cuando se espera lo que ha de llegar las horas son siglos; cuando se
+espera lo que debió llegar, las horas vuelan como segundos. Clara estaba
+á la hora de las diez con el alma suspensa, trémula y atenta, llena de
+inquietud y zozobra. Pasa de las diez, y el viajero no viene; el reloj
+vuela de las once á las doce, y de las doce á la una. Pascuala tenía
+mucho miedo, porque el ruido de gentes que en la calle se sentía
+aumentaba á cada hora. Las dos estaban sentadas en el cuarto interior, y
+no decían cosa ninguna, ni la criada contaba aquellos cuentos de las
+ninfas y el dragoncillo, que había aprendido en su pueblo, ni la
+huérfana se reía con la franca expansión y natural sencillez de su
+carácter. Ambas estaban muy silenciosas: se miraban con ansiedad cuando
+algún ruido se sentía en la escalera; y al cerciorarse de que no era lo
+que aguardaban, caían la una en su abatimiento indiferente, la otra en
+su calmosa, melancólica y disimulada agitación.
+
+Clara, á la madrugada, entró en el período de las conjeturas; forma con
+que el espíritu se da todos los tormentos imaginables. ¿Qué le había
+pasado? ¿Volcaría el coche? ¿le habrían salido ladrones con aquellos
+tremendos trabucos que pintan en las estampas? ¿Habría desistido del
+viaje? ¿Tendría tal vez amores con alguna muchacha del pueblo? ¿Le
+detendría alguna partida de realistas? Todo le ocurría menos lo cierto.
+En estos momentos fácil es tranquilizarse teniendo un poco de serenidad;
+pero nadie la tiene, y una ceguera profunda sustituye á la normal
+lucidez del entendimiento. Basta razonar en calma y decir: "¿No ha
+venido? Se habrá detenido casualmente. Mañana vendrá." Pero en vez de
+hacer este lógico razonamiento, lo que generalmente se piensa es esto:
+"¿No ha venido? Pues se ha muerto: le mataron."
+
+Luego la noche contribuye á este tormento; la noche, que á todo da
+formas horribles, lo mismo á las cosas materiales que á las visiones
+internas. Clara, que no había podido ni podía dormir, no cesaba de
+percibir informes, bultos, sangre, obscuridad, repentinamente opuesta á
+una gran luz que alumbra horrores. Da calentura esa situación.
+Impaciencia febril se apodera de la sangre que se agita y circula, como
+si la rapidez de su marcha acelerase la llegada de lo que se espera.
+Esta contrariedad de nuestro deseo es más terrible, porque es lenta, sin
+límites. Delante no se ve sino la eternidad. No vienen á la mente las
+modificaciones que puede traer el próximo día. Aquella noche y aquella
+soledad parece que no han de tener fin.
+
+Las primeras luces del día no hicieron, sin embargo, otra cosa que
+aumentar su tristeza. ¡Ayer! ¡Desde ayer le había estado esperando!
+Deseaba salir fuera y correr, preguntando á todos por el desventurado
+joven. Abrió el balcón, miró á la calle, creyendo que iba á verle pasar,
+y examinó á todos los transeúntes. Entonces le llamó la atención una
+persona que, fija en la esquina, la miraba con tenacidad. Segura de que
+no era él volvió la cara, y no se cuidó más de aquella persona.
+
+Cerró el balcón, porque sentía fatiga y mucha necesidad irresistible de
+dormir. Fué á su cuarto, y sentada en una silla, recostó la cabeza sobre
+la cama. Pero en vez de dormir empezó á cavilar con tanto desvarío y
+agitación como durante la noche. Elías tampoco había vuelto. ¿Qué sería
+de él? ¡Oh, qué luz! Tal vez le había encontrado y estarían juntos en
+alguna parte.
+
+En esto entró Pascuala que venía de la calle. La alcarreña se acercó á
+Clara, adornando la redonda y vasta fachada de su cara con
+impertinente sonrisa.
+
+--¿Sabe usted lo que ha _pasao_?
+
+--¿Qué? ¿qué hay?--dijo Clara con interés.
+
+--Que aquel caballerito del otro día ... pues ... el señor militar ...
+me paró en la esquina.
+
+--¿Y á mí qué me importa eso?
+
+--Que dice que viene acá.
+
+--¡Jesús, acá! ¿Y á qué viene acá? Estamos solas.
+
+--Pues es un caballero muy cumplido.
+
+--¿Si? Pues no me he fijado.
+
+--¿No le vió usted el otro día aquí ... cuando el señor vino malo?
+
+--Sí: parecía una buena persona. ¿Pero á qué quiere volver aquí?
+
+--Usted bien se lo malicia. ¡Ah, qué picarona es usted! En aquel momento
+sonaron en el bolsillo de Pascuala las pesetas que el militar le había
+dado. Después se sintieron pasos en la escalera y sonó muy débilmente la
+campanilla.
+
+--Es él--dijo la alcarreña.
+
+Y antes que Clara pudiera impedírselo, la moza corrió, abrió la puerta,
+y el militar, que ya conocemos, entró en el pasillo, se descubrió con
+respeto y se acercó á Clara.
+
+--¿A quién buscaba usted?--dijo Clara.--No está: ha salido.
+
+--Sí está, no ha salido,--contestó el militar con aplomo.
+
+--¿Quién? ¿Pero á quién buscaba usted?
+
+--Fácil es comprender que no busco á ese viejo, cuyo trato aleja en vez
+de atraer á las personas.
+
+--¿Pero qué quiere decir? ¿á qué viene usted?--le preguntó Clara con
+ligera expresión de alarma.--Estoy sola, váyase usted.
+
+--Por lo mismo no me voy.
+
+--Si usted no se va, llamaré, gritaré,--dijo Clara, resuelta sin duda á
+hacer lo que decía.
+
+--Entonces reñiremos,--afirmó el militar con sonrisa de amistosa
+franqueza, que desarmó en parte el enojo de Clara.
+
+--¡Por Dios, que va á llegar! ¿Pero quién es usted? ¿A qué viene usted
+aquí? ¿Quién le ha dado licencia para entrar? Usted es el que vino el
+otro día con él. Ya le reconozco; pero no entiendo á qué viene hoy.
+¡Pascuala, Pascuala!
+
+--No me mire usted como enemigo. Mi entrada ha sido singular; pero no
+soy un ladrón ni un asesino. Vengo como amigo: traigo paz y amistad. No
+tenga usted miedo, Clara. Vengo como amigo. Ya nos conocemos de un solo
+día, cuando vine aquí sosteniendo á ese pobre señor.
+
+--¡Oh! y ahora puede venir--dijo Clara alarmada. Márchese usted, por
+Dios. Yo no le conozco, ni me importa todo eso que me ha dicho. Si
+él llega....
+
+--Lo que menos me importa es ese viejo--contestó el militar.--Antes me
+interesaba un poco. Creí que era de usted pariente, su esposo tal vez.
+Pero después he sabido que es un tiranuelo que vive para martiriza á una
+pobre huérfana, que se muere da melancolía encerrada aquí. No puedo
+ver con indiferencia que una persona tan guapa, tan amable, tan digna de
+ser feliz, pase la vida en poder de esa fiera.
+
+--¡Oh! Pues yo estoy bien así. Le agradezco á usted su bondad--contestó
+Clara;--pero no es necesaria. Váyase usted, por Dios.
+
+--No me iré, no--dijo el militar, exaltándose un poco. Hace algunos días
+que me preocupa la idea de los martirios que usted debe sufrir. Siento
+un deseo muy grande de libertarla á usted de ese maniático, y creo que
+realizaré este propósito. He pasado por ahí cien veces al día y me ha
+dado horror el aspecto sombrío de esta casa, sepulcro en vida de tan
+bella criatura. Usted se reirá de mí, lo comprendo. Le parecerá extraño
+este interés que tomo por una persona á quien sólo he visto una vez;
+pero de este misterio no hay que hablar ahora. Lo que importa es que
+usted se decida á hacer lo que yo le aconseje. Sepa usted que he jurado
+no permitir que muera aquí de hastío y soledad. Estoy seguro de que
+usted, que con tanta sencillez me comunicó la única vez que nos vimos
+parte de sus desventuras, tendrá hoy la confianza que necesito, sabrá
+apreciar la nobleza de mis propósitos y no se opondrá á que se realicen.
+
+Clara no sabía qué contestar. Estaba confundida al ver el generoso y
+fraternal interés que tenía por ella una persona á quien había visto tan
+poco. Esto hubiera llenado de orgullo á otra mujer; pero Clara era muy
+modesta, y ante aquella manifestación afectuosa no tuvo más que gratitud
+y vergüenza. Nunca creyó merecer aquello.
+
+--Yo lo agradezco mucho, señor--dijo;--pero....
+
+La verdad es que no podía decirle que era feliz y que deseaba continuar
+aquel género de vida. Era cierto lo que el militar decía. Era imposible
+vivir en compañía de aquella fiera. ¿Pero acaso no esperaba su salvación
+de otra persona? Esta idea la indujo á rechazar con más energía las
+ofertas que aquél le hacía.
+
+--Usted no conoce á la persona con quien vive--continuó el
+militar.--Usted no le conoce, yo sí: ya me he informado de su carácter y
+de sus ideas. No sólo es un hombre extravagante é intratable, sino un
+fanático sin corazón, un hombre feroz, de perversos instintos y cálculos
+terribles. No: usted no puede seguir más tiempo en manos de ese hombre,
+que no es su pariente, ni su amigo: que se llama su protector, para
+hacer de usted una víctima de su orgullo brutal.
+
+Clara comprendió, por la vehemencia con que el joven hablaba, que era
+cierto su interés, y conoció también que la pintura que del viejo hacía
+no era exagerada. El desconocido obraba con la mayor nobleza, sinceridad
+y buena fe. Era uno de esos caracteres inclinados á las aventuras
+difíciles y que implicaban la salvación peligrosa de los que sufrían. Su
+espíritu caballeresco, su corazón inclinado al bien, hallaron en aquel
+suceso un motivo de ocupación, y dedicó toda su actividad á la
+realización del más generoso propósito. Además, un sentimiento bastante
+enérgico de simpatía hacia aquella pobre huérfana, le impulsaba á
+proceder con tanta diligencia. Más adelante conoceremos el nombre y los
+hechos de este noble, caballero.
+
+--Pero no esté usted más tiempo aquí--dijo Clara.--¿Cómo quiere usted
+convencerme de que se interesa por mí, si precisamente estando aquí me
+prueba lo contrario? Si él viene y le encuentra en la casa....
+
+--No dirá nada. Ese hombre es tan miserable, que no le importa ni la
+felicidad ni el honor de usted: todo lo mirará con indiferencia. A usted
+no le queda más amparo que yo.
+
+La huérfana, al oír estas palabras sintió un frío en el alma. El momento
+en que eran dichas hacía que parecieran una gran verdad. Su único,
+legítimo y verdadero amigo no vendría. Ya no le quedaba más amparo que
+el de un advenedizo.
+
+--Nada más que yo; pero es bastante--continuó el joven con afectada
+voz.--Siga usted el plan que yo le marque: no haga usted caso de ese
+viejo. Yo seré para usted todo lo que puede ser un hombre de corazón y
+honradez. Tenga usted en mí la confianza que se tiene en lo que nos ha
+de salvar.... Y ahora, Clara, me voy. Pero no tardaré en volver á dar
+mis órdenes á la pobre prisionera, cuya felicidad pende de mí. ¡Qué
+orgullo siento en esto! Yo estaré siempre alerta. Si le ocurre á usted
+una nueva desventura, no necesita avisarme. Yo me hallaré aquí para
+socorrerla y animarla. No le queda á usted más amparo que yo. Piénselo
+usted bien. Adiós.
+
+La decisión de aquel hombre desconocido, insinuado tan novelescamente en
+los secretos de la casa, era muy firme. Se había propuesto emprender una
+aventura generosa, á que le inclinaban al mismo tiempo un sentimiento de
+simpatía, y el deseo inveterado en él, de hacer bien.
+
+Si había un poco de egoísmo en él, después lo veremos. Ya se marchaba,
+cuando Pascuala salió de la cocina asustada, y dijo:
+
+--¡El amo!
+
+--No abras--dijo Clara temerosa.--Espera: escóndase usted.
+
+Pero Elías, que tenía llave, no necesitaba que le abrieran para entrar.
+
+--No importa--dijo el militar, que trataba de serenar á Clara.
+
+Coletilla abrió y entró. Venía cabizbajo y abstraído. Dió algunos pasos
+por el corredor sin ver al intruso; mas al llegar al extremo, notó aquel
+bulto, alzó la cabeza, y vió al joven, que se inclinaba ante él con
+mucho respeto.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIV
+
+
+
+#La determinación.#
+
+
+--¿Qué busca usted? ¿quién es usted? ¿qué hace usted aquí?
+
+--¿No me conoce usted? Soy el que hace unos días le trajo á usted muy
+mal parado á su casa, y venía á ver si estaba usted ya completamente
+restablecido.
+
+--Si, señor; estoy bueno--contestó bruscamente, y entrando en la sala, á
+donde le siguió el joven:--¿no se ofrece nada más?
+
+--Nada más, y me retiro: acabo de llegar--dijo con afectada naturalidad
+el militar.--Me retiro repitiéndole que me intereso mucho por su salud.
+
+--Bien: ya me lo dijo usted el otro día,--respondió Coletilla dirigiendo
+miradas recelosas á Clara y á Pascuala.
+
+--¿Y no me manda usted nada?
+
+--Nada más sino que me deje usted en paz. ¿No va usted á la procesión?
+Está muy lucida.
+
+--No estoy para procesiones.
+
+--¿Le gusta á usted saber lo que pasa en las casas de los
+realistas?--añadió el anciano con el acento amargo y receloso propio de
+su carácter.--Aquí no se conspira. Y si yo conspirara, lo haría de modo
+que no vinieran á sorprenderme los lechuguinos de la Milicia Nacional.
+
+Clara estaba temblando. La parecía que el militar, ofendido por aquel
+insulto, iba á desenvainar el tremendo sable que llevaba en la cintura y
+á descargarlo sobre la cabeza del realista. Pero aquel sonrió
+desdeñosamente y dijo:
+
+--Amigo, veo que me juzga usted mal. Puede estar seguro de que no me
+ocuparé en delatarle. ¿Qué daño puede hacer usted?
+
+--¿Yo?... Daño....--respondió el fanático con una mueca feroz, que en él
+equivalía á la sonrisa.
+
+--Poco será el que usted haga y por poco tiempo. Eso se lo juro á usted.
+Con que voy á hacerle el favor de marcharme. Adiós.
+
+Dirigióse á la salida, no sin tratar de expresar á Clara con una mirada
+lo que antes le había dicho con muchas palabras, es decir, que confiara
+en él y esperara. Hubiera querido verse acompañado de la joven hasta la
+puerta; pero la infeliz no se atrevió. Cuando el militar estuvo fuera,
+Coletilla se volvió á Clara, y con irritados ademanes, le dijo:
+
+--¿Hace mucho que entró aquí ese hombre?
+
+--No, señor: un momento antes de usted llegar--respondió
+temblando Clara.
+
+--¿Y por qué le habéis abierto? ¿No dije que no abrierais á nadie?
+
+--Venía á preguntar por usted.
+
+--¿Por mí? Ya...--contestó Elías con furia.--Algún espía del
+Gobierno. Pero ya me figuro la verdad. Este es algún mozalbete que te
+hace la corte.
+
+--¿A mí? No, señor. Si no le conozco, no le he visto nunca, dijo Clara
+temblando.
+
+--Pues yo le he visto rondando esta calle. Sí, señora, le he visto. No
+me lo niegues. ¡Tú tienes tratos con él, tú le has hablado, tú le has
+dado cita aquí!...
+
+Clara no había visto nunca á Elías tan encolerizado contra ella. Las
+inculpaciones que le hacía ofendieron tanto su inocencia, que en aquel
+momento sintió lo que nunca había sentido: una secreta aversión hacia
+aquel hombre.
+
+--Yo he sido un padre para ti, Clara; pero tú no has sabido apreciar
+mi protección--continuó Coletilla con encono.--Tú eres una ingrata,
+una mujer sin juicio; abusas de la libertad que te doy, abusas de mi
+alejamiento de la casa. Pero yo juro que te enmendarás. Es preciso que
+hoy mismo tome la determinación que había pensado. Si, hoy mismo.
+Ahora mismo.
+
+--Le digo á usted que no sé quien es ese hombre; que hoy ha entrado
+aquí á preguntar por usted. Yo no sé quién es ni me he ocupado nunca de
+semejante persona.
+
+--Hipócrita, ¿piensas que creo en tu aire de mosquita muerta? Fíese
+usted de las niñas apocaditas. Pero tus travesuras se concluirán,
+Clara. Ya no comprometerás otra vez mi reposo como hoy. Yo estoy
+siempre fuera, y no quiero que durante mi ausencia se convierta esta
+casa en un infame garito.
+
+Clara no podía creer aquellas palabras. Ya sabemos que era poco ducha en
+contestar cuando el terrible anciano la reprendía. Y esta vez su honor
+ofendido no encontró tampoco las palabras que en aquella situación
+convenían. Negó y lloró tan sólo, argumento que el realista tomó como la
+última expresión de la hipocresía y el engaño.
+
+--Prepárate, Clara, á salir de aquí. No mereces los sacrificios que he
+hecho por ti. A ver si ahora compras florecitas y arreglas cintajos para
+coquetear en la ventana. Vas á vivir de aquí en adelante en compañía de
+unas personas cuya protección no mereces tampoco. Pero éstas son tan
+caritativas, que te admitirán por consideraciones á mí. Prepárate. Esta
+tarde mismo voy á llevarte á casa de esas señoras, y allí vivirás. Ellas
+te enseñarán á ser mujer de bien, y allí veremos si vuelves á tus
+locuras, veremos si te apartas del buen camino. Vivirás con ellas; las
+ayudarás y servirás en sus labores, y te enseñarán lo que no puedes
+aprender en mi casa, sola y sin guía.
+
+--¡Las señoras de Porreño!--pensó Clara con horror, aquéllas tan erguidas
+y finchadas, que le daban miedo siempre que le hablaban, dejándole una
+impresión de tristeza que no podía borrar en muchos días.
+
+--Estas ideas del día--continuó Elías como hablando solo,--pervierten
+hasta á las muchachas más recatadas. ¡Estas ideas del día, esta lepra
+social!... ¡se difunde sin saber cómo!... ¡penetra en todas partes!
+¡Quién lo había de decir!... Ya se ve... sola en esta casa... Irás,
+Clara, en casa de esas señoras. Ten presente que no lo mereces, porque
+ellas son personas muy principales y virtuosas, libres del contagio del
+día. Haz cuenta que entras en un santuario.
+
+No había remedio. La fatal determinación, que, sin conocerla, había
+asustado tanto á la huérfana, estaba irremisiblemente tomada. Clara se
+iba á vivir con aquellas misteriosas señoras, en cuya casa, según
+Coletilla decía, no habían penetrado las ideas del día. Hacía tiempo que
+él tenía este deseo para vivir más á sus anchas; pero nunca se hubiera
+atrevido á proponerlo á las tres venerables matronas, si éstas, con una
+generosidad que él no se cansaba de admirar, no se lo hubieran indicado.
+Era ya cosa resuelta; así es que Coletilla, al ocurrir la escena que
+hemos referido, no quiso retardar ni un momento la determinación, y
+partió á casa de sus amigas á darles aviso, dejando á Clara entregada al
+dolor más profundo.
+
+Digamos algo de las relaciones que anteriormente había tenido Elías con
+aquellas tres nobilísimas damas.
+
+A fines del siglo era Elías mayordomo mayor de la casa de los Porreños y
+Venegas. La ruina de esta histórica casa data de aquella misma época.
+Don Baltasar Porreño, Marqués de Porreño, que había sido Consejero
+íntimo de Carlos IV, entabló un pleito con un pariente suyo,
+descendiente de los Marqueses de Vedia. Este pleito duró diez años, y en
+él perdió Porreño casi toda su fortuna, contrayendo deudas espantosas.
+Después tuvo la desdicha de sostener á Godoy en la conspiración de
+Aranjuez, y caído Carlos IV, el Príncipe heredero no perdonó medio de
+hacerle daño. Su hermano don Carlos Porreño cometió el despropósito de
+afrancesarse durante la guerra, y la protección de Junot y de Víctor no
+sirvieron sino para que fuera después condenado á perpetua proscripción.
+
+Aquella casa ilustre y poderosa llegó al extremo de la ruina con la
+muerte del Marqués; los acreedores embargaron sin respetar los preclaros
+timbres de la familia, y después de liquidadas las cuentas é
+inventariados los bienes muebles é inmuebles, no les quedó á los
+herederos sino una miseria. A la vuelta de Francia, Fernando olvidó que
+el Marqués de Porreño había sido su enemigo en la conspiración de
+Aranjuez, y concedió una pensión á su hermana. El hijo varón del Marqués
+había muerto en el viaje, navegando hacia América, y de la casa antigua
+y poderosa no quedaron más que tres señoras, á saber: la hermana y la
+hija del Marqués de Porreño, y la hija de su hermano don Carlos, que
+siguió á Napoleón, y murió, según se decía, en Praga, al volver de la
+campaña de Rusia.
+
+Después del triste fin de la casa, Elías siguió fiel á sus antiguos
+amos. Al volver de la guerra, se presentó á aquellos tres gloriosos
+vestigios y les ofreció de nuevo sus servicios; pero las tres damas no
+tenían ya bienes que administrar. De su caudalosa fortuna no les restaba
+sino unas tierras de pan llevar en el término de Colmenarejo, y unos
+viñedos de muy poco valor junto á Hiendelaencina. La administración se
+reducía á tomar las cuentas cada trimestre á dos colonos que cultivaban
+aquellas heredades. Pero las señoras de Porreño, después de su
+decadencia, miraban á Elías como un buen amigo, le trataban de igual á
+igual (¡lo que puede la decadencia!), aunque el antiguo mayordomo no
+traspasaba nunca, ni en sus conversaciones, el límite respetuoso que
+separa á un _hijo de zafios labradores_ (frase suya) de tres damas
+pertenecientes á la más esclarecida nobleza.
+
+Ellas no eran niñas. La hermana del Marqués, llamada doña María de la
+Paz Jesús, pasaba un poquito más allá de los cincuenta, aunque se
+conservaba muy bien. Su sobrina (hija mayor del mismo don Baltasar), que
+se llamaba Salomé, estaba haciendo constantemente intrincados cálculos
+para ver de qué manera, sumando sus años, podían resultar cuarenta tan
+sólo. La tercera, llamada doña Paulita (nunca se pudo quitar este
+diminutivo), hija de don Carlos, el afrancesado, tenía treinta y dos,
+cumplidos el día de la Encarnación. Esta doña Paulita era una santa.
+
+Vivían humildemente, casi pobremente; pero con mucho arreglo. Varias
+veces habían propuesto á Elías que se llevase á Clara á vivir con ellas,
+por la razón de que sola en su casa, la muchacha se había de contaminar
+necesariamente con las ideas del siglo. Coletilla no accedió al
+principio por respeto; pero al fin acogió la idea, y ya hemos visto como
+se preparó á realizarla. Además, doña María de la Paz Jesús, que era
+mujer de gran iniciativa, había concebido el proyecto de un arreglo
+doméstico muy conveniente para Elías y para ellas. Este proyecto
+consistía en que Elías tomara el piso segundo de aquella casa, el cual
+ellas tenían como depósito de los muebles de la grandiosa casa antigua,
+de que no habían querido desprenderse. El mayordomo aplazó para más
+adelante este arreglo.
+
+--Señoras, al fin traigo esa chica--dijo Coletilla, presentándose á las
+de Porreño.
+
+--Bien, amigo--exclamó Salomé;--tráigala usted en seguida, esta
+misma tarde.
+
+--Pero, señoras--continuó,--esa muchacha tiene muy mala cabeza. Es
+preciso que ustedes empleen en ella una severidad muy grande. De otro
+modo es imposible sacar partido.
+
+--¿Pero qué ha hecho?--exclamó doña Paulita, la santa.
+
+Elías contó la aparición del militar en su casa; contó los antecedentes
+peligrosos de Clara, su deseo de parecer bien, la compra de las flores,
+las composiciones del vestido, y las tres damas comenzaron á hacer
+aspavientos. Salomé entonó un sermón, y doña Paulita se hizo cuatro
+cruces desde la frente al estómago y desde un hombro á otro.
+
+--Descuide usted, amigo, que ya la enmendaremos dijo María de la
+Paz Jesús.
+
+--Bien se comprende esa desenvoltura ... las muchachas del día--dijo
+Salomé quitándose los espejuelos,--son todas así. Y ya ... como esa
+Clarita no tiene mala cara ... si ... una carilla así ... desvergonzada
+y graciosilla ... pues ... aquello no es hermosura.
+
+--Pero, don Elías, ¿es cierto eso de que ha hablado con
+hombres?--exclamó Paz con una solemnidad arquiepiscopal, que era en ella
+muy frecuente.--¿Pero qué basilisco es ese? ... Mas no importa. Ya la
+enmendaremos nosotras. Ya la enseñaremos á portarse como una mujer de
+bien.... ¡Ay! la honestidad está por los suelos. ¡Qué siglo!
+
+--¡Ahí!--exclamó doña Paulita, después de concluir en voz baja un Padre
+nuestro;--estas ideas del día ... ¡Jesús, qué sociedad! Pero todo se
+enmienda; y los más pecadores son los que más pronto salen de su error.
+Tráigala usted, don Elías, que yo confío en que esa desdichada entrará
+por el buen camino, y será una santa tal vez. ¿No lo fué María la
+Egipciaca?
+
+Elías manifestó con repetidos movimientos de cabeza que estaba conforme
+con estas apreciaciones. Salió de la casa, y una hora después volvió
+acompañado de Clara.
+
+Para hacer comprender lo que Clara encontró de terrible en la
+determinación del realista, conviene describir prolijamente la casa y
+sus extraordinarios habitantes.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XV
+
+
+
+#Las tres ruinas.#
+
+
+Las tres señoras de Porreño y Venegas vivían en una humilde casa de la
+calle de Belén: esta casa constaba de dos pisos altos, y aunque vieja no
+tenía mal aspecto, gracias á una reciente revocación. No había en la
+puerta escudo alguno, ni empresa heráldica, ni portero con galones en
+el zaguán, ni en el patio cuadra de alazanes, ni cochera con carroza
+nacarada, ni ostentosa litera. Pero si en el exterior ni en la entrada
+no se encontraba cosa alguna que revelase el altísimo origen de sus
+habitadores, en el interior, por el contrario, había mil objetos que
+inspiraban á la vez curiosidad y respeto.
+
+Es el caso que en la ruina de la familia, en aquella profana liquidación
+y en aquel bochornoso embargo que sucedió á la muerte del Marqués, pudo
+salvarse una parte de los muebles de la antigua casa (que estaba en la
+calle del Sacramento), y fueron transportados á la nueva y triste
+habitación, acomodándolos allí como mejor fué posible. Estos muebles
+ocupaban las dos terceras partes de la casa y casi todo el piso segundo,
+que también era de ellas. Les fué imposible entregar á la deshonra de
+una almoneda aquellos monumentos hereditarios, testigos de tantas
+grandezas y desventuras tantas.
+
+En el pasillo ó antesala, que era bastante espacioso, habían puesto un
+pesado armario de roble ennegrecido, con columnas salomónicas, gruesas
+chapas de metal blanco en las cerraduras y bisagras, y en lo alto un
+óvalo con el escudo de la casa de Porreño y Venegas, el cual escudo
+consistía en seis bandas rojas en la parte superior, y en la inferior
+tres veneros relucientes sobre plata y verde, además de una cabeza de
+sarraceno, circuído todo con una cadena y un lema que decía: _En la
+Puente de Lebrija peresci con Lope Díaz._ (No nos detendremos en la
+explicación de este sapientísimo lema, que aludía sin duda á la muerte
+del primer Porreño en alguna de las expediciones de Alfonso VIII en
+Andalucía.)
+
+Las paredes de la misma antesala estaban todas cubiertas con los
+retratos de quince generaciones de Porreños, que formaban la histórica
+galería de familia. Por un lado se veía á un antiguo prócer del tiempo
+del Rey nuestro señor don Felipe III, con la cara escuálida, largo y
+atusado bigote, barba puntiaguda, gorguera de tres filas de canjilones,
+vestido negro con sendos golpes de pasamanería, cruz de Calatrava,
+espada de rica empuñadura, escarcela y cadena de la Orden teutónica; á
+su lado una dama de talle estirado y rígido, traje acuchillado; gran
+faldellín bordado de plata y oro, y también enorme gorguera, cuyos
+blancos y simétricos pliegues rodeaban el rostro como una aureola de
+encaje. Por otro lado, descollaban las pelucas blancas, las enfocas
+bordadas y las camisas de chorrera; allí una dama con un perrito que
+enderezaba airosamente el rabo; acullá una vieja con un peinado de dos
+ó tres pisos, fortaleza de moños, plumas y arracadas; en fin, la galería
+era un museo de trajes y tocados, desde los más sencillos y airosos
+basta los más complicados y extravagantes.
+
+Algunos de estos venerandos cuadros estaban agujereados en la cara;
+otros habían perdido el color, y todos estaban sucios, corroídos y
+cubiertos con ese polvo clásico que tanto aman los anticuarios. En las
+habitaciones donde dormían, comían y trabajaban las tres damas, apenas
+era posible andar á causa de los muebles seculares con que estaban
+ocupadas. En la alcoba había una cama de matrimonio, que no parecía sino
+una catedral. Cuatro voluminosas columnas sostenían el techo, del cual
+pendían cortinas de damasco, cuyos colores primitivos se habían resuelto
+en un gris claro con abundantes rozaduras y algún disimulado y
+vergonzante remiendo; en otro cuarto se veían dos papeleras de talla con
+innumerables divisiones, adornadas de pequeñas figuras decorativas é
+incrustaciones de marfil y carey. Sobre una de ellas había un San
+Antonio muy viejo y carcomido, con un vestido flamante y una vara de
+flores de reciente hechura. Frente á esto, y en unos que fueron vistosos
+marcos de palo-santo, se veían ciertos dibujos chinescos, regalo que
+hizo al sexto Porreño (1548) su primo el príncipe de Antillano, que fué
+con los portugueses á la India. Al lado de esto se hallaban unos vasos
+mejicanos con estrambóticas pinturas y enrevesados signos, que no
+parecían sino cosa de herejía. Según tradición, conservada en la
+familia, estos vasos, traídos del Perú por el séptimo Porreño, almirante
+y consejero del rey (1603), fueron mirados al principio con gran recelo
+por la devota esposa de aquel señor, que creyendo fuesen cosa diabólica
+y hecha por las artes del demonio, como indicaban aquellos cabalísticos
+y no comprendidos signos, resolvió echarlos al fuego; y si no lo hizo
+fué porque se opuso el octavo Porreño (1832), el mismo que fué después
+consejero de Indias y gran sumiller del señor rey don Felipe IV. Junto á
+la cama campeaba un sillón de vaqueta chaveteado, testigo mudo del
+pasado de tres siglos. Sobre aquel cuero perdurable se habían sentado
+los gregüescos acairelados de un gentil hombre de la casa del Emperador;
+recibió tal vez las gentiles posaderas de algún padre provincial, amigo
+de la casa; quizás sostuvo los flacos muslos de algún familiar del Santo
+Oficio en los buenos tiempos de Carlos II, y, por último había sido
+honroso pedestal de aquellas humanidades que llevan un rabo en el
+occipucio y aparecían constantemente aforradas en la chupa y ensartadas
+en el espadín.
+
+No lejos de este monumento se encontraban dos ó tres arcones, de esos
+que tienen cerraduras semejantes á las de las puertas de una fortaleza,
+y eran verdaderas fortalezas, donde se depositaban los patacones, y
+donde se sepultaba la vajilla, la plata de familia, las alhajas y joyas
+de gran precio; pero ya no habla, en sus antros ningún tesoro, á no ser
+dos ó tres docenas de pesos que dentro de un calcetín guardaba doña Paz
+para los gastos de la casa. Encima de estos muebles se veían roperos sin
+ropa, jaulas sin pájaros, y arrinconado en la pared, un biombo de cuatro
+dobleces, mueble que, entre los demás, tenía no sé qué de alborozado y
+juvenil. Eran sus dibujos del gusto francos que la dinastía había traído
+á España; y en los cinco lienzos que lo formaban, había amanerados
+grupos de pastoras discretas y pastores con peluca al estilo de Watteau,
+género que hoy ha pasado á los abanicos.
+
+También existe (y si mal no recordamos estaba en la sala) un reloj de la
+misma época con su correspondiente fauno dorado; pero este reloj, que en
+los buenos tiempos de los Porreños había sido una maravilla de
+precisión, estaba parado y marcaba las doce de la noche del 31 de
+Diciembre de 1800, último año del siglo pasado, en que se paró para no
+volver á andar más, lo cual no dejaba de ser significativo en semejante
+casa. Desde dicha noche se detuvo, y no hubo medio de hacerle andar un
+segundo más. El reloj, como sus amas, no quiso entrar en este siglo.
+
+Un lienzo místico de pura escuela toledana ocupaba el centro de la sala
+al lado del décimo cuarto Porreño (padre feliz de doña Paz), pintado por
+Vanlóo. Este gran cuadro representaba, si no nos engaña la memoria, el
+triunfo del Rosario, y era un agregado de pequeñas composiciones
+dispuestas en elipse, un cada una de las cuales estaba un retrato de un
+fraile dominico, principiando por _Vicenzius_ y acabando por
+_Hyacinthus_. En el centro estaba la Virgen con Santo Domingo,
+arrodillado; y no tenía más defecto sino que en el sitio donde el pintor
+había puesto la cabeza del santo, puso la humedad un agujero muy profano
+y feo. Pero á pesar de esto, el lienzo era el _Sancta Sanctorum_ de la
+casa, y representaba los sentimientos y creencias da todos los Porreños,
+desde el que pereció en Andalucía con Lope Díaz, hasta las tres ruinosas
+damas, que en la época de nuestra historia quedaban para muestra de lo
+que son las glorias mundanas.
+
+En el cuarto de la devota ... (lo describimos de oídas, porque ningún
+mortal masculino pudo jamás entrar en él) había una Santa Librada,
+imagen de quien era especial devoto y fiel ahijado el tercer Porreño
+(1465). Con los años se le había roto la cabeza; pero doña Paulita tuvo
+buen cuidado de pegársela con un enorme pedazo de cera, si bien quedó la
+santa tan cuellitorcida, que daba lástima. Junto á la cama (pudoroso y
+casto mueble que nombramos con respeto) estaba el reclinatorio, al cual
+no se acercaban ni sus tías. Sobre él se erguía un hermoso Cristo de
+marfil, desfigurado por un faldellín de raso blanco, bordado de
+lentejuelas, y una cinta anchísima y un amplio lazo que de los pies le
+colgaba. El reclinatorio era una bella obra de talla del siglo XVI; pero
+un carpintero del XIX le había añadido para componerlo varios listones
+de pino, dignos de un barril de aceitunas. El cojín donde las rodillas
+de la santa se clavaban por espacio de cuatro horas todas las noches era
+tan viejo, que su origen se perdía en la obscuridad de los tiempos; su
+color era indefinible: la lana se salía á prisa por sus grandes roturas.
+
+Todas estas reliquias, recuerdo de pasadas glorias, de instituciones, de
+personas, de días pasados, tenían un aspecto respetable y solemne. Al
+entrar en aquella casa y ver aquellos objetos deteriorados por el
+tiempo, bellos aún en su miseria, el visitador se sentía sobrecogido de
+estupor y veneración. Pero las reliquias, las ruinas que más impresión
+producían, eran las tres damas nobles y deterioradas que allí vivían, y
+que en el momento de nuestra historia, correspondiente á este capítulo,
+estaban sentadas en la sala, puestas en fila. María de la Paz, la más
+vieja, en el centro; las otras dos á los lados. Una de ellas tenía en la
+mano un libro de horas, otra cosía, la tercera bordaba con hilo de plata
+un pequeño roponcillo de seda, que sin duda se destinaba á abrigar las
+carnes de algún santo de palo. Las tres, colocadas con simetría,
+silenciosas y tranquilamente ensimismadas en su oración ó su trabajo,
+ofrecían un cuadro sombrío, glacial, lúgubre. Describiremos los
+principales rasgos de esta trinidad ilustre.
+
+María de la Paz (quitémosla el doña, porque supimos casualmente que le
+agradaba verse despojada de aquel tratamiento), hermana menor del
+Marqués de Porreño, era una mujer de esas que pueden hacer creer que
+tienen cuarenta años, teniendo realmente más de cincuenta. Era alta,
+gruesa y robusta, de cara redonda y pecho abultado, que se hacia más
+ostensible por el singular empeño de ceñirse á la altura usada en tiempo
+de María Luisa. Su rostro, perfectamente esferoidal, descansaba sin más
+intermedio sobre el busto; y su pelo, negro aún por una condescendencia
+de los años, y partido en dos zonas sobre la frente, le tapaba entrambas
+orejas, recogiéndose atrás. Su nariz era pequeña y amoratada; su boca
+más pequeña aún y tan redonda, que parecía un botón encarnado; los ojos
+no muy grandes, la barba prominente, los dientes agudos, y uno de ellos
+le asomaba siempre cuando más cerrados tenía los labios. De la
+extremidad visible de sus orejas pendían dos enormes herretes de
+filigrana, que parecían dos pesos destinados á mantener en equilibrio
+aquella cabeza. En el siniestro lado tenía una grande y muy negra
+verruga, que asemejaba un exvoto puesto en el altar de su cara por la
+piedad de un católico. El cuerpo formaba gran armonía con el rostro; y
+en sus manos pequeñas, coloradas y gordas, resplandecían muchos anillos,
+en los que los brillantes habían sido hábilmente trocados por piedras
+falsas. Echemos un velo sobre estas lástimas.
+
+Salomé era un tipo enteramente contrario. Así como la figura de Paz no
+tenía nada de aristocrático, la de ésta era de esas que la rutina ó la
+moda califican, cuando son bellas, de aristocráticas. Era alta y flaca,
+flaca como un espectro. Su rostro amarillo había sido en tiempo de
+Carlos IV un óvalo muy bello; después era una cosa oblonga que medía una
+cuarta desde la raíz del pelo á la barba; su cutis, que había sido
+finísimo jaspe, era ya papel de un título de ejecutoria, y los años
+estaban trazados en él con arrugas tan rasgueadas que parecían la
+complicada rúbrica de un escribano. No se sabe cuántos años habían
+firmado sobre aquel rostro. Las cejas arqueadas y grandes eran
+delicadísimas: en otro tiempo tuvieron suave ondulación; pero ya se
+recogían, se dilataban y contraían como dos culebras. Debajo se abrían
+sus grandes ojos, cuyos párpados ennegrecidos, cálidos, venenosos y casi
+transparentes, se abatían como dos compuertas cuando Salomé quería
+expresar su desdén, que era cosa muy común. La nariz era afilada y tan
+flaca y huesosa, que los espejuelos, que solía usar, se le resbalaban
+por falta de cosa blanda en que agarrarse, viéndose la señora en la
+precisión de sujetárselos atrás con una cinta. Y, por último, para que
+esta efigie fuera más singular, adornaban airosamente su labio superior
+unos vellos negros que habían sido agraciado bozo y eran ya un bigotillo
+barbiponiente, con el cual formaban simetría dos ó tres pelos
+arraigados bajo la barba, apéndices de una longitud y lozanía que
+envidiara cualquier moscovita.
+
+El despecho crónico había dado á este rostro un mohín repulsivo y una
+siniestra contracción que se avenía muy bien con las formas de la
+figura y su atavío. Desaparecían los cabellos bajo un tocado de
+tristísimo aspecto, y el cuello, que fué comparado al del cisne por un
+poeta quejumbrón del tiempo de Comella, era ya delgado, sinuoso y
+escueto. Marcábanse en él los huesos, los tendones y las venas,
+formando como un manojo de cuerdas; y cuando hablaba alterándose un
+poco, aquellas mal cubiertas piezas anatómicas se movían y aguaban como
+las varas de un telar. Debajo de toda esta máquina se extendía en
+angosta superficie el seno de la dama, cuyas formas al exterior no
+podría apreciar en la época de nuestra historia el más experimentado
+geómetra, y más abajo la otra máquina de su talle y cuerpo, inaccesible
+también á la inducción; máquina que á fuerza de ataques nerviosos había
+llegado á la más completa morosidad. Cubríala un luengo traje negro.
+Entre los pliegues de un vastísimo pañuelo del mismo color, se
+destacaban dos manos blancas, finísimas, de un contorno y suavidad
+admirables. Pero no eran las manos la única cosa bella que se advertía
+en aquella ruina, no: tenía otra cosa mil veces más bella que las
+manos, y eran los dientes, que, salvados del general desastre, se
+conservaban hermosísimos, con perfecta regularidad, esmalte brillante é
+intachable forma. Oh, los dientes de aquella señora eran divinos: sólo
+ellos recordaban el antiguo esplendor; y cuando aquel vestigio se
+sonreía (cosa muy rara); cuando dejaba ver, contrastando con lo
+desapacible del rostro, las dos filas de dientes de incomparable
+hermosura, parecía que la belleza, la felicidad y la juventud se
+asomaban á su boca, ó que una luz aclaraba aquel rostro apagado.
+
+Doña Paulita (nunca pudo quitarse ni el _doña_ ni el diminutivo) no se
+parecía en nada ni á su tía ni á su prima. Era una santa, una santita.
+Sus ademanes estaban en armonía con su carácter, de tal modo, que verla
+y sentir ganas de rezarle un Padrenuestro era una misma cosa. Miraba
+constantemente al suelo, y su voz tenía un timbre nasal é impertinente
+como el de un monaguillo constipado. Cuando hablaba, cosa frecuente, lo
+hacía en ese tono que generalmente se llama de carretilla, como dicen
+los chicos la lección; en el tono en que se recitan las letanías y los
+gozos. Examinando atentamente su figura, se observaba que la expresión
+mística que en toda ella resplandecía, era más bien debida á un hábito
+de contracciones y movimientos, que á natural y congénita forma. No se
+crea por eso que era hipócrita, no: era una verdadera santa, una santa
+por convicción y por fervor.
+
+Tenía el rostro compungido y desapacible, pálido y ojeroso, áspera y
+morena la tez, con el circuito de los ojos como si acabara de llorar;
+las cejas muy negras y pobladas; la boca un poco grande y con cierta
+gracia innata, casi desfigurada por el mohín compungido de sus labios,
+hechos á la modulación silenciosa de palabras santas.
+
+El que fuera digno de gozar el singular privilegio de ser mirado por
+ella, habría advertido en sus ojos la inalterable fijeza, la expresión
+glacial, que son el primer distintivo de los ojos de un santo de palo.
+Pero había momentos, y de esto sólo el autor de este libro puede ser
+testigo; había momentos, decimos, en que las pupilas de la santa
+irradiaban una luz y un calor extraordinarios. Y es que, sin duda, el
+alma abrasada en amor divino se manifiesta siempre de un modo misterioso
+y con síntomas que el observador superficial no puede apreciar.
+
+Su vestido era recatado y monjil, no siendo posible certificar que bajo
+sus tocas hubiera algo parecido á una cabellera, aunque nos atrevemos á
+asegurar que la tenía, y muy hermosa. Su estatura no pasaba de mediana,
+y á pesar de la modestia, poca elegancia, y ninguna presunción con que
+vestía, era indudable que un mundano topógrafo, llamado á medir las
+formas de aquella santa, no se hubiera encontrado con tanta falta de
+datos como en presencia de su ilustre prima la acartonada Marta Salomé.
+
+Conocida esta trinidad ilustre, conviene recordar algunos antecedentes
+históricos. Allá por los años de 1790, los Porreños eran muy ricos,
+tenían gran boato y gozaban de mucha preponderancia en la Corte.
+Entonces Paz tenía diez y nueve años, y era tan fresca, robusta y
+coloradota, que un poeta de aquel tiempo la comparó á Juno. Decían sus
+primas por lo bajo que era muy orgullosa, y su padre el decimocuarto
+de los Porreños, aseguraba que no había príncipe ni duque que fuera
+digno de aquella flor. Estuvo arreglado su casamiento con un joven de
+la ilustre casa de Gaytán de Ayala; pero aconteció que el tal no gustó
+de Juno, y la boda fué un sueño. Es imposible pintar el dolor que tuvo
+la infeliz cuando María Luisa, hallándose una noche en casa de la
+duquesa de Chinchón, se permitió hacer, con su acostumbrada malicia,
+algunas apreciaciones un poco picantes sobre la gordura y redondez de
+nuestra diosa.
+
+Esto no fué, sin embargo, obstáculo para que, pasados cuatro meses, se
+ajustaran las bodas de Paz con un caballero irlandés que estaba en la
+embajada inglesa. Pero el diablo, que no duerme, hizo que ocurrieran á
+última hora algunas dificultades: el decimocuarto Parreño era cristiano
+muy viejo y muy temeroso de Dios; y cierto fraile de la Merced, que
+frecuentaba la casa y tomaba allí el chocolate todas las noches, dió en
+probar, con la autoridad de San Anselmo y Orígenes, que aquel
+caballerito irlandés era hereje y poco menos que judío. Alarmóse la
+susceptible conciencia del Marqués, y después de echarle un sermón
+consolatorio á Paz, ésta se quedó sin marido, con la triste
+circunstancia de que se ponía cada vez más gorda, y ni bajándose el
+talle podía disimular aquel mal. Por último, en Diciembre de 1795, Paz
+se casó con un pariente viejo y fastidioso, que cometió el singular
+despropósito de morirse á los siete días de casado, dejando á su mujer
+más gruesa, pero no en cinta. Por la rama femenina los Porreños se
+quedaron sin sucesión, lo cual hacía que el viejo Marqués, en sus
+accesos de melancolía, se pusiera á llorar como un niño, presagiando el
+triste fin y acabamiento de su gloriosa casa.
+
+Entonces murió el viejo: heredóle su hijo don Baltasar, padre de Salomé;
+y con ésta, cuya belleza era notable, había formado el padre proyectos
+matrimoniales que remediaran la ruina que ya le amenazaba. El pleito
+comenzaba á aparecer formidable, siniestro, terrible, como un monstruo
+de múltiples miembros; habíase apoderado de la casa, la estrechaba, la
+devoraba, la consumía. Un pleito es un incendio; pero más terrible,
+porque es más lento. La casa ilustre comenzaba á desmoronarse: era
+inútil que le quisieran poner un puntal aquí, otro allá; la casa se
+venía al suelo, porque el monstruo terrible no cesaba en su actividad
+destructora. Lo único que logró don Baltasar fué disimular su ruina.
+Nadie creía que aquella casa poderosa estaba devorada por los
+acreedores. Sólo Elías Orejón, que gozaba sin sueldo de las
+preeminencias de intendente, lo sabía. Don Baltasar fundaba su esperanza
+en Salomé, cuyo peinado de canastillo había seguramente gustado mucho al
+joven Duque de X..., que buscaba esposa en la tertulia de la citada
+Duquesa de Chinchón.
+
+Salomé era entonces una Sílfide. Ninguna le igualaba en esbeltez y
+delicadeza: vestía con suma gracia y sencillez, y bailaba el minueto da
+una manera tan sutil y ligera, que aparecía del modo menos terrestre
+que es posible en la figura humana.
+
+El Duque se enamoró de ella como un loco: hizo que uno de los más
+enfadosos poetas de aquel tiempo escribieran unas estrofas amatorias,
+que el joven apasionado deslizó suavemente en la mano de Salomé á la
+salida de un baile. Sentimos no tener á mano estas estrofas, porque son
+un documento notable y digno de ser conocido. En prosa neta contestó la
+joven; pero no fué menos expresivo su estilo. Hicieron amistades; de las
+amistades pasaron al galanteo, y del galanteo al proyecto de boda. Don
+Baltasar creyó en el afianzamiento de su casa; pero se llevó un terrible
+chasco. De repente los Duques de X ... se opusieron al casamiento de su
+hijo; Salomé estuvo siete días en cama con dolor de muelas; su padre oyó
+con sumisión la homilía que el fraile le espetó por vía de consuelo, y
+Elías Orejón le leyó en seguida unas terribles cuentas, que le hicieron
+el efecto de un tósigo.
+
+La joven empezó entonces á enflaquecer. Por un amigo de la casa hemos
+sabido que antes que el peinado de canastillo impresionara tan
+enérgicamente al joven Duque, había indicios para creer que á Salomé no
+le era del todo indiferente un teniente de húsares del Rey, que medía la
+calle del Sacramento lo menos cien veces al día. Es también seguro que
+Salomé pasaba muchas noches llorando, y que en aquel asunto
+intervinieron el fraile y el Marqués. El teniente fué mandado al Perú, y
+no se supo nada más de él.
+
+Es imposible expresar lo que sufrió la pobre alma de la joven Porreño
+con el terrible golpe del rompimiento de la boda. Ella esperaba no sé
+qué de aquel enlace. ¡Misterios femeninos! Lloró por el teniente y rabió
+por el Duquesito. Desde aquellos días principió á advertirse en ella la
+modificación que la llevó al estado en que la conocemos. La displicencia
+atrabiliaria, el desdén amargo, la impasibilidad indiferente aparecieron
+entonces, y se apoderaron por último, de su espíritu por completo. Llegó
+con los años á ser la persona más desapacible y de trato más fastidioso
+que pudiera concebirse, ella que había tenido un carácter tan flexible,
+un trato tan amable, una manera de insinuarse tan suave y halagüeña.
+
+No así doña Paulita, que siempre había encontrado consuelos en la
+religión. Desde niña había sido reputada como un ángel; no hacía más que
+rezar y cantar á estilo de coro, remedando lo que oía en las Carboneras.
+Los domingos decía misa en un pequeño altar, que ella misma había
+formado, y también predicaba desde lo alto de una mesa con gran regodeo
+de toda la servidumbre, que acudía para oírla desde los cuatro polos de
+la casa. Ya más grandecita, manifestaba un vehemente horror á los saraos
+y á los teatros; lo único que pudo agradarla un poco fué una función de
+toros, á que la llevó su padre, gran aficionado. Solamente iba doña
+Paulita al teatro cuando se representaba algún auto en la Cruz por
+fiestas de Corpus, pero siempre iba con permiso de su confesor.
+
+Entrada en los diez y ocho años, oyó con horror las proposiciones del
+decimoquinto Porreño, su tío, para que se casara.
+
+--Yo--dijo,--ó seré hija de Jesucristo, ó viviré en mi casa, ausente del
+mundo, buscando en ella un baluarte contra el demonio.
+
+--Bien, hija mía: si es éste tu gusto--dijo el tío,--sea. Creció con los
+años su devoción, pero no hipócrita, sino devoción verdadera, legítimo
+fervor cristiano. Tenía grandes visiones, y en llegando la Cuaresma se
+disciplinaba, y decían los criados que en las altas horas de la noche
+sentían los azotes que se daba. En la época de la decadencia, cuando
+vivían en la calle de Belén, visitaba todos los días á las vecinas
+monjas de Góngora, conversando con ellas largas horas. Con ellas
+consultaba sus visiones y contravisiones, relatando sus deliquios y
+arrebatos de amor divino. Otros días llegaba muy apurada para contarles
+cómo había sentido unas terribles tentaciones, y que bebiendo vinagre se
+le habían quitado.
+
+Así pasaba los días en sabroso comercio con lo desconocido, lo mismo en
+la época de su apogeo que en la de su decadencia.
+
+Estos tres ángeles caídos llevaban una vida monótona y triste. Su casa
+era la casa del fastidio. Parecía que las tres se fastidiaban de las
+tres, y cada una de las demás.
+
+Nos hemos olvidado de otro importante inquilino. Era un delicado
+ejemplar de la raza canina, un perrito que representaba en la casa el
+elemento irracional. Mas en este ser no se veían nunca la inquietud y
+alborozo propios de su edad y de su raza; antes, por el contrario, era
+tan melancólico como sus amas. En los tiempos do prosperidad había en
+la casa muchos perros: dos falderos, un pachón y seis ó siete lebreles,
+que acompañaban al decimocuarto Porreño cuando iba á cazar á su dehesa
+de Sanchidrián.... Con la ruina de la casa desaparecieron los canes:
+unos por muerte, otros porque el destino, implacable con la familia,
+alejó de ella á sus más leales amigos. Mas en su decadencia, las tres
+damas no podían pasarse sin perro: y es fama que un día, viniendo doña
+Paz de visitar á sus amigas las Carboneras, al pasar por la Puerta del
+Sol, vió á un hombre que vendía unos falderillos de pocos días.
+Acercóse con emoción y cierta vergüenza, pagó uno con ocho cuartos y se
+lo llevó bajo el manto.
+
+Instalado el perro en la casa, Salomé le puso nombre, y recordando las
+lucubraciones mitológicas y pastoriles de los poetas que en el tiempo
+de la Chinchón la obsequiaban con sus versos, le puso el nombre clásico
+de Batilo.
+
+Este desventurado ser se hallaba en el momento de nuestra descripción
+echado á los pies de María de la Paz, semejando en su actitud á los
+perros ó cachorrillos que duermen el sueño del mármol inerte á los pies
+de la estatua yacente de un sepulcro.
+
+Las de Porreño se levantaban á las siete de la mañana, tomaban un
+chocolate del más barato, y se iban á las Góngoras. Oían tres misas y
+parte de una cuarta. Si era domingo confesaban, y después volvían á
+casa, quedándose generalmente doña Paulita en el locutorio á hablar de
+las llagas de San Francisco. A la una comían (no tenían criada) una olla
+decente _con menos de vaca que de carnero_, y algunos platos
+condimentados por el instinto (no educación) culinario de María de la
+Paz, que consideraba como la última de las humillaciones la de entrar en
+la cocina. Después hacían labor. Una vez al año visitaban á cierta
+condesa vieja que las conservaba alguna amistad á pesar de la desgracia.
+Llegada la noche, rezaban _á trío_ por espacio de dos horas, y después
+se acostaban. Al sumergirse en aquellas camas arquitectónicas,
+verdaderos monumentos de otros tiempos, los tres vestigios de la familia
+insigne de Porreño, vivos exóticamente en nuestros días, parecía que se
+hastiaban del mundo de hoy y se volvían á su siglo.
+
+Concluyamos: la más inalterable armonía reinaba aparentemente entre
+ellas. Parecían no tener más que un pensamiento y una voluntad. La
+unción de Paulita se comunicaba á las otras dos, y la misantropía amarga
+de Salomé se repetía igualmente en las demás. La alegría, el dolor, las
+alteraciones de la pasión y del sentimiento no se conocían en aquella
+región del fastidio. La unidad de aquella trinidad era un misterio. En
+los momentos normales de la vida las tres no eran más que una: lo
+antiguo manifestado en un triángulo equilátero; el hastío representado
+en tres modos distintos, pero uno en esencia.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XVI
+
+
+
+#El siglo décimoctavo.#
+
+
+Estas eran las veneradas matronas con quienes iba á vivir nuestra pobre
+amiga Clara; y en la posición en que las hemos descrito se hallaban
+cuando Elías, trayendo de la mano á su ahijada, entró en la sala, y se
+paró ante las tres damas, haciendo una profunda reverencia. Las tres
+dirigieron á un tiempo los más impertinentes rayos de sus miradas sobre
+el semblante de la infeliz muchacha, que estaba con los ojos bajos, el
+alma oprimida y sin poder pronunciar una palabra.
+
+--¿Es ésta la niña que usted nos ha encargado, señor don Elías?--dijo
+María de la Paz Jesús.
+
+--Sí señora, ya que son usías tan buenas que quieren admitirla aquí. Yo
+espero que ella será agradecida á tanto honor, y sabrá corresponder á él
+con su buena conducta.
+
+--Pero, es preciso corregirse, niña--dijo Paz;--y si es verdad lo que el
+señor Elías nos ha dicho de usted ... y verdad debe ser cuando él lo
+dice.... Siéntese usted.
+
+Los dos visitantes se sentaron en dos taburetes, magníficas joyas del
+siglo decimoséptimo.
+
+--Si es verdad--dijo Salomé con desdén y cierta fatuidad:--es preciso
+que usted se corrija. Esta casa, niña, impone al que la habita, deberes
+muy sagrados. Nosotras no consentimos el menor escándalo, y cuando
+protegemos (recalcó la palabra _protegemos_) á una persona, principiamos
+por enseñarle lo que debe á sus protectores.
+
+--Estas ideas del día--añadió Paz,--lo invaden todo, niña. No extraño
+que le haya alcanzado á usted su influencia pestilencial. Ya no hay
+religión: los hombres corren desenfrenados á su ruina; y si Dios no se
+apiada, se acabará el mundo. Pero en alguna parte se conservan los
+sentimientos de honradez y pudor. Haga usted cuenta, niña, que ha dejado
+un mundo de cieno para entrar en otro más perfecto. Dios ha iluminado á
+su buen protector para que la ponga entre nosotras, que la libraremos de
+la influencia infernal de las ideas del día.
+
+Y siguió disertando sobre las ideas del día con argumentos tan fuertes
+y tal vehemencia de estilo, que Clara sintió picada su curiosidad; alzó
+los ojos y se puso á mirar con asombro la efigie porreñana, de cuya boca
+salía elocuencia tan terrible.
+
+--¡Usías son tan buenas!... son las únicas personas que pueden ofrecer
+algún consuelo entre las borrascas del día--dijo Coletilla con voz menos
+áspera que de ordinario, pues sólo era afable tratándose de las
+Porreñas.--Usías le harán comprender lo que han sido y lo que son
+todavía, porque aunque esto se ha desquiciado, aún quedan personas de
+aquel tiempo tan grandes y nobles como entonces. Clara, haz cuenta que
+habitas con las más dignas y elevadas señoras de la grandeza española,
+que, al par de la virtud, atesoran todas aquellas prendas del alma que
+distinguen á ciertas personas del bajo vulgo á que nosotros
+pertenecemos.
+
+María de la Paz Jesús se irguió con toda la gallardía de que era capaz;
+respiró y miró á un lado y otro con majestad perfectamente regia. Salomé
+miró con angustiosa calma las colgaduras remendadas y raídas, los
+muebles desvencijados y rotos. Doña Paulita dió un suspiro místico, y
+continuó en silencio.
+
+Coletilla, cuando emitió tan gran pensamiento, se levantó y se fué,
+después de saludar á las damas y hablar algo en voz baja con la más
+vieja de las tres. Clara le miró partir, y aquel hombre, que le había
+inspirado tanto miedo, que había sido siempre un tirano para ella, le
+pareció un ángel tutelar que la abandonaba en tales momentos. Sintió
+impulsos de correr á abrazarle para salir con él; le miró en silencio, y
+cuando se hubo marchado observó á las tres viejas con terror, y dos
+lágrimas de desconsuelo y angustia corrieron por sus mejillas.
+
+--No llores, niña--dijo Salomé:--esos sentimientos que manifiestas por
+tu bienhechor son saludables; pero ¿de qué valen esas lágrimas tardías,
+después de haber abusado de su bondad, poniendo en peligro la dignidad
+de su casa?
+
+--¡Yo, señora!--exclamó Clara con asombro.
+
+--Sí, usted--afirmó doña Paz;--pero la juventud está desmoralizada: no
+me admira. Esperamos, sin embargo, que usted se corrija. Ya se ve ...
+con estas ideas del día, ¡qué había usted de hacer!
+
+--Es preciso perdonar--dijo doña Paulita con una voz agridulce y
+atiplada, que parecía salir de lo profundo de un cepillo de iglesia.
+
+--Sí, perdonar; pero corregirse también--indicó Salomé con el aplomo de
+un legislador.--Si no, á dónde iríamos á parar; porque el perdón sin
+corrección produce peores efectos que el no perdonar.
+
+--Ese es un punto--contestó la devota--difícil de resolver, y que ha de
+llevarnos á sostener una herejía. El perdón es bueno _en si_ y _por sí_,
+como me lo probó el Padre Antonio el otro día.
+
+--Pero, hermana, ¿de qué sirve perdonar si el malo no se corrige y sigue
+siendo malo?--dijo Salomé interesándose en aquella controversia, que
+alteró la soporífera armonía de la trinidad por algunos minutos.
+
+--El perdón basta por sí para producir la gracia eficaz en el
+perdonado--contestó la devota;--y si es así, que el perdonado se corrige
+con la gracia tan sólo, luego la corrección del perdonador es ineficaz
+para el perdonado.
+
+Olvidábamos decir que doña Paulita sabía un poco de latín, y que en la
+época de la decadencia se había dedicado á leer el _Florilegio sagrado_
+y el _Thesaurum breve Patrum ac sententiarum_. Aquel argumento lo había
+leído la noche antes, y por eso lo tenía tan á la mano.
+
+La controversia concluyó, y María de la Paz, más dada al sermón que á la
+doctrina teológica, prosiguió arengando á Clara, que, sentada como un
+reo en el banquillo, estaba aterrada en presencia de tan severos jueces.
+
+--La opinión de la mujer--decía la matrona,--es cristal finísimo que se
+empaña al menor soplo. Aquélla que no se guarda á sí misma, no es
+guardada; y mujeres hemos visto muy honestas que por no cuidar de su
+nombre le han visto manchado sin motivo. La opinión es lo primero:
+cuidad de vuestra fama, porque cuando se habla de una mujer, nada le
+queda ya, y su misma inocencia no la consuela.
+
+Estas doctrinas sobre la opinión eran de la cosecha del fraile de la
+Merced, que _in illo tempore_ frecuentaba la casa. A Paz se le quedaron
+presentes sus argumentaciones, y en lo sucesivo no perdonaba ocasión de
+sacarlas á cuento, creyendo que hablaba por su boca la misma sabiduría.
+La devota manifestó con un _sin embargo_ que no estaba conforme con
+aquella doctrina; pero el sermón, turbado por este pequeño incidente,
+continuó después por mucho rato.
+
+--Y si no, dígame usted, niña--dijo Paz:--¿qué objeto tiene la mujer al
+dar oídos á las palabras de los hombres, que son los que el demonio
+elige para que propaguen estas ideas del día? ¿Usted á qué aspira en la
+tierra? Por su nacimiento, por su educación, no puede aspirar á ocupar
+un puesto en el mundo que la haga capaz de hacer bien á los inferiores.
+O si no, vamos á ver: trataré de averiguar cuáles son sus pensamientos
+sobre ciertas cosas, niña. ¿Qué espera usted, á qué aspira usted y de
+qué modo piensa conducirse en el mundo?
+
+Clara no sabía qué contestar á esta pregunta.
+
+--Vamos, conteste usted--dijo Salomé con un tonillo que indicaba grandes
+deseos de oír un disparate.
+
+--Diga, hermana--exclamó con la nariz la devota.
+
+--Yo ...--contestó Clara después de una pausa larga en que trató
+de dominar su turbación ...--Yo ... les diré á ustedes ... soy ...
+una mujer.
+
+Paz hizo con la cabeza un signo de asentimiento, y miró á sus
+sobrinas de un modo que indicaba el profundo acierto que había en la
+respuesta de Clara.
+
+--Vamos, niña, ¿qué piensa usted hacer en el mundo? ¿Cómo cuenta usted
+vivir en lo sucesivo? ¿De qué modo? A ver--repitió Salomé con vehementes
+ganas de que Clara no acertara con la respuesta.
+
+--Yo ...--contestó Clara,--lo que deseo es vivir ... pues.
+
+Paz inclinó de nuevo la majestuosa cabeza en señal de aprobación.
+
+--¿Y nada más?
+
+--Ser buena y....
+
+--¿Y qué?--insistió Salomé, amostazada por el juicio y discreción que
+había mostrado la examinada en las cuestiones anteriores--¿Y qué más?
+¿No se le ha ocurrido á usted alguna cosa para lo porvenir? ¿No ha
+esperado usted verse en otra posición, en otro estado del que hoy tiene?
+
+Clara continuaba no comprendiendo.
+
+--Pues queremos decir--añadió Paz,--que si á usted no le ha ocurrido ser
+feliz de algún modo; figurarse que podía ser útil al mismo tiempo ...
+pues ... porque las jóvenes del día tienen ciertos pensamientos sobre la
+vida y la sociedad que conviene examinar en usted.
+
+--¿De qué manera--dijo Salomé--cree usted que debe vivir una mujer en
+el mundo? ¿Cómo espera usted vivir en la sociedad para servirla y
+serle útil?
+
+--¡Ah! sí--dijo Clara bruscamente, como si un rayo de luz repentina
+hubiera iluminado su entendimiento, sugiriéndole una idea que agradara á
+aquellas señoras.
+
+--¿A ver cómo?
+
+--Veamos.
+
+Clara tenía un sentido natural muy grande. Evocólo todo, y pensó en lo
+que á ella le parecía ser los destinos de la mujer. Comprendió que si no
+hubiera matrimonio se acabaría el mundo, y recordó haber pensado varias
+veces que una mujer casándose sería lo que deben ser las mujeres. Con
+esta dosis de lógica se aventuró á dar una respuesta á sus jueces,
+segura de que las tres habían de quedar muy satisfechas y complacidas.
+
+--A ver, niña, diga usted de una vez.
+
+--¿Qué debe hacer la mujer en la sociedad para servirla y serle útil?
+
+--Casarse--dijo Clara con la mayor sencillez; y en el momento que
+pronunció esta palabra, se aterró de lo que había dicho y se puso
+como la grana.
+
+El lector habrá visto, si ha asistido á algún sermón gerundiano, que á
+veces el predicador, no sabiendo qué medios emplear para conmover al
+femenino auditorio, alza los brazos, pone en blanco los ojos, y con
+tremenda voz nombra al demonio, diciendo que á todas se las va á llevar
+en las alforjas al Infierno; habrá visto cómo cunde el pánico entre las
+devotas: una llora, otra grita, ésta, se desmaya, aquélla principia á
+hacerse cruces, y la iglesia toda resuena con las voces alarmantes, el
+pataleo de los histéricos, el rumor de los suspiros y el retintín de las
+cuentas del rosario. ¿El lector ha visto esto? Pues el efecto producido
+en las tres damas por la respuesta de Clara fué enteramente igual al que
+producen los apostrofes de un predicador endemoniado en el tímido y
+dueñuesco auditorio de un novenario.
+
+--¡Qué horror!--exclamó Paz juntando las manos.
+
+--¡Jesús! ¡Jesús!--dijo Salomé tapándose los oídos.
+
+--_Et ne nos inducas_--profirió la devota alzando los ojos al cielo.
+
+Hubo un momento de confusión. Las tres se miraron con asombro. Doña
+Paulita se replegó, doña Paz tambaleó en su asiento, y aun es fama que
+el amarillo rostro de Salomé se tiñó de una leve púrpura, para lo cual
+fué preciso sin duda que toda la sangre de su cuerpo se repartiera entre
+sus dos mejillas. Hasta se asegura que Batilo, el más taciturno de los
+perros conocidos, participó de la opinión general: se alzó sobre sus
+patas, alargó el hocico y ladró.
+
+Pasados los primeros momentos de confusión, Paz recobró aliento, y dijo
+con voz entrecortada por la cólera:
+
+--Niña, esas ideas no me llaman la atención. Ya la conocíamos á usted de
+oídas. Ahora me explico su conducta.... Ya se ve ... ¡Oh! es preciso una
+educación fuerte.
+
+--Pero, señoras ... yo ... ¿qué he dicho? ... yo--balbució Clara muy
+turbada.--Una mujer ... si se casa.... ¿Pero casarse es ofender á Dios?
+
+--No, señora, no--contestó la matrona:--el matrimonio es cosa muy
+principal; sin matrimonio no habría mundo. Pero lo que extrañamos es ver
+á una mozuela de diez y siete años pensando sólo en casarse.
+
+Pero si yo no he pensado....
+
+--No me interrumpa usted, niña ... ¡pensando en casarse!... ¿Qué locuras
+no hará quien á esa edad no piensa mas que en el matrimonio? Así se
+comprende que sea usted tan amiga de los hombres ... que los busque.
+
+--Señora, yo no he buscado á ningún hombre--dijo la muchacha con
+angustia.
+
+--Todo lo sabemos; peso se equivoca usted si piensa que aquí vamos á
+tolerar sus trapicheos.
+
+El corazón de Clara se llenó de amargura al oír aquellas palabras; no se
+pudo contener, y rompió á llorar.
+
+Las tres manifestaban horrible crueldad en martirizarla. No podemos
+explicarnos esto. ¿Era tal vez efecto de la reconcentración y sequedad
+de espíritu producidas por la falta de trato con las gentes, por falta
+de amor y de los goces de la vida? Sin duda las tres momias no podían
+sufrir en calma que hubiera en alguna persona aspiraciones á la
+felicidad.
+
+Doña Paulita, que ya tenía la palabra en la nariz para reprender á
+Clara, se conmovió al verla ulcerar, y la tranquilizó diciéndole:
+
+--La Magdalena pecó y fué perdonada. Lo que ahora le falta á usted es un
+sincero arrepentimiento.
+
+--¿Pero de qué me he de arrepentir?--dijo Clara sollozando.
+
+--¡Jesús! ¡qué tono tan del día y tan ... liberal!--exclamó Salomé,
+creyendo decir una gracia.
+
+--El orgullo que usted ha manifestado en esa pregunta no tiene
+disculpa--dijo Paz con desdén.
+
+--Cuando dicen las personas mayores que usted ha faltado...--añadió la
+otra,--ellas sabrán por qué lo dicen, y usted no tiene que hacer más que
+conformarse y callar.
+
+--Pero ¡ay! yo no sé en qué he podido faltar.
+
+--Cuando á usted se lo dicen, sus razones habrá para ello.
+
+--Pero si tengo la conciencia tranquila.
+
+--Más tranquila queda no replicando cuando los superiores dicen una
+cosa.
+
+--La autoridad, niña--exclamó Paz,--la autoridad es necesaria... Ya nos
+ha mostrado usted suficientemente la influencia fatal que en usted han
+producido las ideas del día. El orgullo satánico, al rebelarse contra
+los superiores; el contradecir... Esto es insoportable. De este modo
+camina la sociedad á su ruina. Pero nosotras le traeremos á usted al
+buen camino.
+
+--Por de pronto--dijo Salomé,--cuidado cómo se asoma usted á la ventana.
+
+--Queda terminantemente prohibido que se acerque usted á un balcón ó
+ventana; que abra usted la puerta de la escalera.
+
+--Y que hable usted cuando no le pregunten.
+
+--Se ha de levantar usted á las cuatro de la mañana, que la pereza es
+madre de todos los vicios.
+
+--Yo me levanto á la misma hora, hermana--dijo la devota,--Yo le
+proporcionaré á usted ocasiones á esa hora de entretener el
+entendimiento en cosas santas.
+
+--A ver sí de aquí en adelante tiene cuidado de no decir esos terribles
+despropósitos que ahora ha dicho.
+
+--No volverá--dijo en un arrebato de amor al prójimo doña Paulita--Yo sé
+que no volverá: yo confío en que será buena y obediente. Otros peores se
+hicieron santos.
+
+--Cuidado cómo habla con nadie que venga á esta casa. Trabajará usted
+en cuanto se le mande--continuó Paz, añadiendo un artículo á aquel
+código fatal.
+
+--Pero no por, exceso--indicó oficiosamente doña Paulita, que el trabajo
+es bueno para ahuyentar las ocasiones de pecar; pero con exceso es malo.
+
+--No será con exceso. Además es preciso que procure desechar de su
+mente todas las cosas que ha pensado hasta aquí. ¡Cuidado con las ideas
+del día que trae usted á este santuario de los buenos principios! No se
+acuerde usted de lo pasado; y ahora que está usted encomendada á
+nuestra tutela _para toda la vida_, no debe pensar sino en portarse
+bien. Nosotras, ya que usted ha tenido la desgracia de perder á sus
+padres, procuraremos dirigirla y enmendarla, siendo la autoridad que
+tanto necesita.
+
+La huérfana bajo los ojos y cayó en profundo abatimiento. ¡Para toda la
+vida! Hubiera querido morirse en aquel instante. No miró á las tres
+arpías, ni les contestó. Su terror era tan grande que se lo secaron las
+lágrimas, y quedó en este estado de perplejidad dolorosa que sigue á las
+grandes crisis del alma.
+
+Dejémosla en su encierro para acudir á Lázaro, que gime en una prisión
+de otra clase.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XVII
+
+
+
+#El sueño del liberal#.
+
+
+Cuando Lázaro vió cerrarse la puerta de su prisión y sintió perderse en
+la galería los pasos de su carcelero, miró en torno suyo, y se halló
+rodeado de la más profunda obscuridad. Luz entraba por una reja que en
+lo alto de la pared había; pero él, viniendo de la calle, estaba
+deslumbrado y no veía más que tinieblas. Por un momento le fué difícil
+darse cuenta de su situación. Aquello le parecía un sueño. ¿Su viaje á
+Madrid había sido cosa real ó visión percibida en aquel calabozo?
+
+Los pensamientos que en desorden y confusamente se agolparon en la mente
+del joven, no son para referidos. El primer sentimiento que en él se
+manifestó, fué una gran compasión de si mismo, que emanaba de la
+ridiculez con que los hechos anteriores le presentaban á sus propios
+ojos. El había creído que cada paso dado en la Corte sería un paso dado
+hacia su futuro engrandecimiento é inmortalidad. El club patriótico más
+célebre de España le había abierto sus puertas, ofreciéndole una
+tribuna, un pedestal: la fortuna parecía haberle allanado todos los
+caminos, y después... Pero no podía acusar á la fortuna. Esta le había
+dado ocasión, sitio, auditorio; había puesto á su servicio un trastorno
+popular; había dispuesto tolo para él un inmenso grupo de oyentes
+trastornado y dispuestos á hacer la apoteosis del primer advenedizo. La
+fortuna había organizado para él una manifestación popular, pronta á
+improvisar un héroe en cada calle. La fortuna no debía ser acusada: él
+tenía la culpa, él, que había nacido para una vida obscura tal vez para
+ser un buen artesano, un buen labrador, y nada más. Y aquel saber
+presuntuoso, aquellos conatos de pueril elocuencia, aquella vanidad
+prematura de grande hombre, eran quizás tan sólo fenómenos nacidos de
+esa serie de fantasmagorías que acompaña siempre á la juventud hasta
+dejarla á las puertas de la virilidad.
+
+Después de pensar estas cosas, se fijó en su conversación. Estaba preso.
+Le formarían causa por alterador del orden público. ¿Qué sería de él?
+Además había cometido una gran falta en no visitar inmediatamente á su
+tío. ¿Qué pensaría Clara?
+
+Al verse sumergido en una especie de sepulcro, su imaginación principió
+á divagar. Estaba débil y muy fatigado. En cuarenta y ocho horas había
+dormido apenas cinco; además la falta de alimento le extenuaba. Cediendo
+al cansancio empezó á dormitar; mas no durmió con ese sueño que da
+reposo al cuerpo y al espíritu, porque su excitación le impedía un
+descanso profundo. Dormía con el letargo doloroso ó indeciso que
+representa todas las visiones de la vigilia anterior de un modo
+incoherente y monstruoso.
+
+En su sueño creía escuchar lamentos que resonaban en las bóvedas de la
+Cárcel. La antigua Cárcel de Villa era un mal buhardillón, dividido en
+celdas, donde los presos no tenían comodidad ni estaban seguros. La
+prisión no tenía aquel horror majestuoso con que los poetas nos han
+pintado todos los calabozos. Pero á Lázaro antojábasele un sombrío
+edificio, gigantesco sepulcro de vivos, de altísimas y negras paredes,
+de gruesos é inaccesibles torreones, con un gran foso lleno de aguas
+cenagosas y verdes, con largas filas de mazmorras, de las cuales la más
+lóbrega y subterránea era la suya. Se le figuraba estar á muchos pies
+bajo tierra; creía que aquella reja daba á algún conducto misterioso, y
+que detrás de los muros habría una presa de agua. En su sueño creyó
+sentir el ruido de un torrente: el agua entraba con lentitud; enormes
+ratas corrían buscando entre los pies del preso refugio contra el
+naufragio. Todo se le representaba según las siniestras relaciones de
+las cárceles de la Inquisición que había leído en sus libros.
+
+Después le parecía que los muros se apartaban: se encontraban en el
+interior de una gran sala, cuyas paredes estaban tendidas de negro; en
+el fondo había una mesa con un crucifijo y dos velas amarillas, y
+sentados alrededor de esta mesa cinco hombres de espantosa mirada, cinco
+inquisidores vestidos con la siniestra librea del Santo Oficio. Aquellos
+hombres le hacían preguntas á que no podía contestar. Después se
+acercaban á él cuatro sayones, le desnudaban, le ataban á la rueda de
+una máquina horrible, la movían, rechinaban los ejes, crujían sus
+huesos. El lanzaba gritos de dolor, es decir, ponía en ejercicio sus
+órganos vocales: pero el sonido no se oía.
+
+Después la decoración y las figuras cambiaban; se le representaban dos
+filas de hombres cubiertos con capuchón negro y agujereado en la cara
+en el lugar de los ojos. Por el fondo venían los mismos que le
+interrogaron, y uno de ellos traía enarbolado el mismo Santo Cristo
+que presidió al tormento. Cantaban con voz lúgubre una salmodia que
+parecía salir de lo más profundo de la tierra, y avanzaban todos, él
+también, en pausada procesión. Gentío inmenso le contemplaba impasible
+y frió: un fraile, también impasible, iba á su lado, pronunciando á su
+oído palabras santas que él no pudo comprender. Le hablaba de la otra
+vida y del alma.
+
+Después le pareció que la comitiva se detenía. Frente á frente vió una
+claridad extraña, como toda claridad que brilla durante el día. Aquella
+claridad se convirtió en llama, que brotaba de un montón de leña. La
+llama crecía, crecía hasta llegar á una altura enorme; crujían los
+leños, saltaban chispas; una columna de humo negro subía hasta tocar el
+cielo. Después algunos hombres feroces, vestidos también con diabólico
+uniforme, le ataban fuertemente de pies y manos, le acercaban á la
+hoguera, le echaban en ella. En un momento de súbito é indescriptible
+horror sintió arder rechinando sus cabellos, consumidos en un segundo;
+sus ropas en otro segundo. Rechinó tenuemente el vello de toda su piel:
+hirvió su carne con el chirrido intenso y discorde de todo cuerpo húmedo
+que cae en el fuego. Respira fuego, bebió fuego, se convirtió en fuego
+sensible y animado con los dolores de su propia combustión. Quiso
+gritar: la llama no conduce el sonido. Quiso huir: no tenía movimiento,
+no tenía cuerpo, no era más que una mecha. Quiso orar: no tenía
+pensamiento; no era ya más que una pavesa, una masa de ceniza. El viento
+le desmoronaba: se sentía difundirse en el espacio ardiente, se quemaba
+ya quemado. No era más que humo: se consideraba subiendo en espiral
+renegrida, y siempre quemándose, siempre quemándose y consumiéndose;
+difundido ya, aniquilado, evaporado, acabado... hasta que al fin
+despertó, cubierto todo con el sudor de la agonía.
+
+Despertó, porque un ruido de voces resonaba á su lado. La puerta de la
+prisión se había abierto. Era la caída de la tarde. Un carcelero, que
+traía una linterna, alumbraba y guiaba á otro hombre que venía á visitar
+al preso. Este hombre era Coletilla.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XVIII
+
+
+
+#Diálogo entre ayer y hoy#.
+
+
+Elías se paró delante de su sobrino. Este balbució algunas palabras, le
+saludo de un modo incoherente, y le dijo al fin, después de comenzar
+muchas frases, que estaba seguro de tener delante á su buen tío; pero al
+ver que éste no le daba contestación ni desarrugaba el ceño, se calló,
+quedándose cabizbajo y lleno de vergüenza.
+
+Por último, el realista habló.
+
+--No debiera venir á verte, ni acordarme de ti. Mereces lo que te pasa.
+No tengo lástima de tu miseria, y vengo á conocerte, nada más que á
+conocerte.
+
+--Señor, yo...
+
+Lázaro no encontraba, la fórmula de una explicación. Coletilla sabía por
+el abate don Gil lo que había sucedido á su sobrino.
+
+--Sé por qué te han puesto aquí. Un amigo que siguió tus pasos esta
+mañana me lo ha contado todo. Has levantado la voz en medio de una turba
+de charlatanes, y te han cogido preso. La justicia te ha puesto donde
+debieran estar todos los charlatanes.
+
+Lázaro estaba cada vez más confuso. Aquellas palabras, dichas cuando,
+más que reprensiones, necesitaba consuelo, concluyeron de abatirle.
+Representósele el carácter de su tío como el más áspero é inflexible que
+existía en la Naturaleza.
+
+--Me contaron tu hazaña--continuó el viejo con su habitual entonación
+cavernosa,--y cuando supe que el delincuente era hijo de mi hermana, la
+indignación y la vergüenza se apoderaron violentamente de mí. No creí
+que fueras perturbador del orden público. Si tal cosa hubiera sabido, te
+habrías quedado en el pueblo. Después he averiguado más. Sé que
+llegaste, y en vez de ir á mi casa fuistes con unos badulaques al café
+de la _Fontana_, donde te hicieron hablar y hablaste ... y por cierto
+que lo hiciste muy mal. Todos se han reído de ti. Estuviste después
+alborotando toda la noche con los que apedrearon la casa de Merilleu.
+
+--¡Ah! no, señor; yo no.
+
+--De cualquiera manera que sea, tu conducta es imperdonable. Pero dime:
+¿desde cuándo te has metido á orador? No sabía yo que en Ateca hubiera
+tanta elocuencia. Te habrán aplaudido los segadores en las eras, y te
+has creído por eso un Demóstenes.
+
+El fanático reía con tan maligno acento de sarcasmo, que á Lázaro le
+parecía tener delante un grotesco demonio. Cada palabra abría en el
+corazón del pobre prisionero una nueva herida, y le abatía y
+avergonzaba más.
+
+--Pero no extraño tus desvaríos--continuó Elías:--el desorden cunde por
+todas partes. ¿Qué mucho que estos pedantuelos de aldea tengan tales
+humos, cuando los sabios de la ciudad ofenden el sentido común con sus
+ridículos debates? Sin duda algún garito de Zaragoza ha sido el primer
+teatro de tu petulancia.
+
+La imaginación de Lázaro midió rápidamente el abismo que en ideas y
+sentimientos le separaba de su tío. Pero se sentía dominado por él, y no
+podía contradecirle.
+
+--Aquí--continuó el fanático con su espantosa burla, aquí puedes hablar á
+tus anchas: nadie te molestará. Lo que puede ocurrir es que te crean
+loco y te lleven á un manicomio. Allí debiera estar media España. Pero
+no, ¿que digo media España? una pequeña parte, porque casi todos los
+españoles conservamos el juicio. Sólo una porción de hombres mezquinos,
+mezquinos de juicio, de carácter, de todo, manifiestan con su conducta
+todo el extravío de que es capaz nuestra naturaleza. Pero esto
+concluirá; yo te juro que concluirá, ó es preciso creer que no hay Dios
+en el cielo, perder la fe y renegar del mundo y del alma. Mira,
+Lázaro--continuó con tono vehemente y apretándole el brazo con tanta
+fuerza, que le hizo retroceder inmutado y perplejo;--Lázaro, si tu eres
+de esos, olvida que por tus venas corre mi sangre, olvida que soy
+hermano de la que te dió el ser. Un abismo nos separa; no hay
+reconciliación posible. Es preciso que nos odiemos de muerte. Huye de
+mí; para mí no eres prójimo. Hay cosas que están por encima de los
+vínculos de la familia. La vida no se reconcilia con la muerte, ni la
+luz con la obscuridad. Adiós.
+
+Iba á salir; pero Lázaro, trémulo de asombro, le detuvo, y le dijo con
+mucha turbación:
+
+--Pero, señor, no me abandone usted, hábleme usted. Yo quiero que
+pensemos de la misma manera.
+
+A pesar de todo, el anciano le inspiraba respeto y veneración; y al ver
+que reprochaba sus ideas, sintió ese impulso de subordinación tan
+natural en un joven da temperamento impresionable.
+
+--Si eres de esos--continuó Elías,--vuelve á tu pueblo y no hables de
+mí; no digas que me has visto; no creas que existo; y es verdad: para ti
+he muerto.
+
+--Pero deje usted que me explique...
+
+--¿Qué vas á decir?
+
+--Yo pienso ... usted comprenderá que yo tengo mis ideas ... he leído y
+tengo convicciones, sí, señor; estoy profundamente convencido....
+
+--Tú, pobre niño, ¿qué puedes saber?... ¿qué convicciones puedes tener?
+No sabes otra cosa más que las falsedades leídas en cuatro libros que
+debieran arder en llamas alimentadas con los huesos de sus autores.
+
+A cada palabra se hundía más Lázaro.
+
+--¿Será posible--dijo con desconsuelo,--que usted me pueda arrancar mis
+creencias, que yo he alimentado con tanto cariño y que me dan la vida?
+No, no podrá usted: y si al fin, con la fuerza de su talento, pudiera
+conseguirlo, yo le ruego que no lo haga y me abandone. Que nos separe
+ese abismo que usted dice: y si yo estoy en el error... Pero no lo
+estoy, yo sé que no lo estoy...
+
+--Iluso, fanático, vano ... porque sólo vanidad es eso, vanidad de
+Satán--dijo Elías con severidad; y después añadió con más fuerza:--Pero
+yo te sacaré de esa miseria.
+
+Estas palabras fueron pronunciadas con tan profundo acento de
+convicción, que el sobrino no pudo contestarlas, y se hundió más.
+
+--¿Qué intentas hacer? ¿Qué esperas? ¿Piensas que esto va á continuar
+así por mucho tiempo? Te equivocas, que España está á punto de reconocer
+su error. Mira cómo rebulle por todas partes. El odio á la Constitución
+late en todos los corazones honrados. Pronto verás al Rey recobrar sus
+sagrados privilegios, que sólo Dios con la muerte puede quitarle.
+
+--¡Oh, señor! ¿Y lo que este pueblo ha conquistado con tanta sangre,
+será perdido por el orgullo de un solo hombre? Si así fuera, yo
+renegaría de nuestro linaje; y si España se dejara ultrajar de ese modo,
+sería digna de mejor suerte.
+
+--¡Digna de mejor suerte,--dijo Elías con la más horrible expresión de
+que era capaz su rostro abominable; digna de aniquilarse y desaparecer de
+la tierra si no lo hiciera.
+
+--No, no lo puedo creer aunque usted me lo diga. Cuando yo no crea en
+la libertad, no creeré en nada, y seré el más despreciable de los
+hombres. Yo creo en la libertad que está en mi naturaleza, para que la
+manifieste en los actos particulares de mi vida. Yo, ciudadano de esta
+nación, tengo derecho á hacer las leyes que han de regirme; tengo
+derecho á reunirme con mis hermanos para elegir un legislador.
+
+--Para darte leyes y obligarte á cumplirlas existe un hombre sagrado,
+ungido por Dios.
+
+--No: yo y mis hermanos le ungimos. Es Rey porque nosotros queremos. Es
+sagrado para mí si cumple el pacto solemne que ha hecho con todos y cada
+uno. Si no, no. Pero lo cumplirá, lo ha jurado.
+
+--Hay juramentos--contestó sobriamente Coletilla,--cuyo cumplimiento es
+un crimen.
+
+Lázaro sintió frío en el corazón. El aplomo con que aquellas palabras
+fueron pronunciadas le anonadó más, y le hundió más.
+
+--Y todos esos héroes--se atrevió á decir el preso después de
+meditar.--todos esos héroes, santificados por la Historia, que viven en
+el recuerdo de los buenos y serán siempre orgullo del género humano;
+todos esos que han vivido por la libertad, que han muerto por ella,
+mártires deshonrados en su último día por la mano del verdugo, pero
+enaltecidos después por la humanidad... ¿no quiere usted que yo les ame?
+Y les venero; mi pequeñez no me permite imitarlos; pero por tener
+ocasión de parecerme á ellos, diera toda mi vida, lo confieso. ¡Oh! si
+la libertad no fuera la cosa más buena, sería la cosa más bella con la
+memoria de tantos héroes.
+
+--¿Y esos son tus héroes? ¿Eso es lo que admiras? dijo Elías.
+
+--¿Pues á quién he de admirar? ¿á quién he de admirar? ¿A los tiranos?
+¿A Nerón, matando á Séneca; á Felipe II, asesinando á Egmont y á Lanuza;
+á Luis XV, descoyuntando á Damiens?
+
+--Era preciso enseñar á los franceses que no debía haber otro Ravaillac.
+
+--Pues la lección no hizo efecto, porque hace treinta años que un Rey
+murió en un patíbulo.
+
+--¡Esos son tus semidioses, esos!--exclamó Elías con furia.
+
+--No: mis semidioses no son el exterminio, el terror ni el asesinato.
+Lamento los desvaríos de todos; mas no extraño que, al huir da las
+violencias de un extremo, se toque en las violencias de otro, pagando
+los crímenes de siglos enteros con el crimen de un día.
+
+--No me hables más--dijo Coletilla con voz reposada y lúgubre:--ya sé
+que eres de _esos_, de _esos_ á quienes no tengo palabras bastante duras
+con que calificar. Tu Dios es un ciego espíritu de libertinaje; la norma
+de tu conducta es el escándalo. Dime, insensato, ¿cuál es tu fin? ¿Qué
+ves tú en ese porvenir? Supón que fueras un hombre notable entre los de
+tu calaña, el más ciego de los ciegos, el más loco de los locos: ¿qué
+harías, cuál sería tu aspiración?
+
+--Yo no tengo aspiraciones bastardas; no quiero medrar á la sombra de un
+tirano que pague la adulación con dinero; yo no aspiro más que á la
+gratitud del género humano, á la gloria.
+
+--¿Gloria por ese camino? La gloria no se consigue sino por el camino de
+la lealtad, sirviendo á Dios y al Rey. No hay más gloria que la que Dios
+da en su Paraíso, de la cual es simulacro é imperfecto remedo el culto
+que da en los altares el linaje humano á los escogidos de Dios. Además,
+la gloria en la tierra consiste en ser súbdito sumiso y obediente, no en
+vociferar por calles y plazuelas. De esa gloria que tú has soñado no
+pueden salir héroes, sino charlatanes y bandoleros. La gloria consiste
+en cumplir el deber.
+
+--Pues yo cumplo mi deber tratando de emancipar á mis hermanos de una
+odiosa tiranía, diciéndoles y probándoles que son libres, iguales ante
+Dios y ante la ley.
+
+--El primero de los deberes es obedecer lo que la ley te mande.
+
+--¿Ciegamente?
+
+--Ciegamente.
+
+--Yo obedezco la ley que es tal ley, la que han hecho los que pueden
+hacerla, elegidos por mí y mis hermanos, elegidos por todos.
+
+--A ti no te toca examinar la ley, sino obedecerla.
+
+--¿Y si me mandan una infamia?
+
+--No te la mandarán.
+
+--¿Y si me la mandan?
+
+--Te digo que no te la mandarán. Y si acaso Dios permitiera que tu Rey
+te mandara alguna cosa contraria á la justicia, hazla, que Dios le
+castigará á él y te premiará á ti en la otra vida. Serás mártir. ¿Qué
+mayor gloria? El martirio del deber es grande y sublime.
+
+Lázaro se hundió más.
+
+--Observa--continuó Elías,--el espectáculo de esa nación. Unos cuantos
+desalmados le dan leyes en nombre de un principio absurdo, contrario á
+la Naturaleza. Sólo al Rey ha dado Dios soberanía. ¡Qué desorden! ¡El
+Rey obligado por una turba de soldados rebeldes á jurar aquel Código
+abominable! Lo juró; pero en el fondo de su alma lo detesta. No podía
+ser de otra manera. Está prisionero, prisionero de sus vasallos que
+juegan con él. El Rey se ve obligado á representar la más horrible
+farsa. Jamás la dignidad real ha descendido tanto. Pero él se librará de
+esta horrible tutela, porque Europa, si es preciso, se coaligará para
+salvar á España. Ya España ha salvado á Europa.
+
+--No, no puedo creer--contestó Lázaro,--semejante iniquidad. Esta
+invasión sería más odiosa que la de 1808, y también mejor castigada.
+
+--No lo creas: el Rey será restituido á su trono. Además, España no se
+levantará; y si lo hace, será en favor de la intervención. ¿No ves
+cómo manifiesta su voluntad? ¿No ves las facciones que aparecen por
+todas partes? Todas las provincias se arman para proclamar al Soberano
+absoluto, y aún no han aparecido las principales facciones. España se
+alzará contra ese absurdo sistema, y Fernando volverá á ser nuestro
+Rey amado.
+
+--¿Será posible?--dijo Lázaro con desaliento; y entonces se hundió más.
+
+--Tan posible, que no pasará mucho tiempo sin que lo veas. Ahora se va á
+conocer el temple de las almas. Todos esos charlatanes que te han
+llenado la cabeza de desatinos huirán avergonzados, yendo á esconder su
+ignominia en tierra extranjera. Entonces se cubrirán de gloria los
+hombres de corazón recto; los leales y patriotas lucharán contra una
+plebe desenfrenada; lucharán por el derecho, por Dios y por el Rey;
+vivirán eternamente en la memoria de todos, y sus nombres serán en lo
+venidero un emblema de justicia y de honradez. Estos son los héroes,
+Lázaro; éstos.
+
+Lázaro se acabó de hundir. Las palabras de su tío le impresionaban de
+tal modo, que no tuvo aliento más que para decir tímidamente:
+
+--¿Esos nada más?
+
+--Nada más. La gloria es muy divina para que pueda coronar otra cosa que
+la justicia y el deber. No esperes nada fuera de esto. El torbellino de
+esa turba ciega te arrastra: ve con él. No te digo más. Camina á la
+deshonra y la muerte. Adiós. Algún día te acordarás de mí.
+
+--No--exclamó Lázaro deteniéndole:--yo quiero que usted me aconseje y
+me guíe.... Yo ... aunque tengo bastante fuerza de convicciones....
+
+--¿Fuerza de convicciones?--dijo el fanático, deteniéndose y mirando á
+su sobrino con desprecio.
+
+--Sí--contestó éste,--y no puedo perderlas, no quiero perderlas.
+
+--Bien: sigue por ese camino. Lejos de mí no esperes otra cosa que
+deshonra, obscuridad. Yo te abandono á tu suerte. Hágame la cuenta de
+que no te conozco. Te pondrán tal vez en libertad, irás con ellos, serás
+vencido, y entonces ... ó huirás con ignominia, ó te entregarás á la
+venganza de tus enemigos, que no tendrán perdón para ti, y harán bien.
+
+--¿Pero usted me abandona?
+
+--Sí: ya te he conocido. Vine sólo por conocerte. Ya sé quién eres. En
+mi casa te espero; pero no vayas á ella sino convertido.
+
+--¡Ah, imposible! No iré.
+
+--Pues adiós--dijo Elías con decisión.
+
+--Adiós--repitió Lázaro con angustia.
+
+Coletilla salió. El joven no se atrevió á detenerle. No creyó que se
+marchaba hasta que le vió fuera, y sintió que el carcelero cerraba la
+puerta. Entonces tuvo impulsos de llamarle; gritó; no fué oído; lloró
+lágrimas de desesperación; golpeó violentamente con sus manos la puerta
+y el cerrojo, y al fin, cediendo á la fatiga y al trastorno mental, cayó
+de nuevo en aquel letargo extraviado y doloroso de que le sacara
+momentos antes la llegada de su tío.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIX
+
+
+
+#El abate#.
+
+
+Al día siguiente, la casa de las tres ruinas contenía en su estrecha
+capacidad seis personas: las tres Porreñas, Clara y dos visitas.
+
+Clara y la devota estaban encerradas en la habitación interior,
+destinada á las prácticas ascéticas. La santa, concluida la oración
+mental, se había sentado en un taburete, y poniendo un gran libro sobre
+sus rodillas, leía con la cabeza inclinada á un lado, arqueadas las
+cejas, bajos los párpados, y cruzadas las manos en ademán muy humilde.
+Clara estaba á su lado, y como no debía llegar, en su flaca naturaleza,
+á aquel alto grado de perfección, cosía como una pecadora, como una
+infeliz mujer no acrisolada por las inflamaciones de amor divino. La
+devota no se permitió otra expansión que referir á su compañero los
+gozos y visiones que aquella noche había tenido. Después empezó un
+examen de doctrina, y le hizo varias preguntas morales y teológicas, á
+que contestó Clara con sencillez, guiándose por lo poco que sabía
+positivamente y por lo que su buen sentido le sugería. Pero es el caso
+que á doña Paulita siempre le parecían mal las respuestas de su
+discípula. La reprendía, le explicaba con escolásticos giros y frases
+nada comunes, y, por último, la llamaba ignorante y hereje, causándole
+gran turbación y susto.
+
+De repente interrumpe sus lecturas y sus reprimendas, y exclama:
+
+--¡Ah! se me olvidaba una parte de mi rezo. Ya se ve, me he distraído
+con los errores de usted, hija. Es preciso que usted piense de otro modo
+y deseche esas ideas.... Pero digo que me olvidé de rezar ... por....
+--¿Qué ha olvidado usted?--le dijo Clara.--Me olvidé de rezar dos _Padre
+nuestros_ por el sobrino de nuestro buen amigo don Elías.
+
+--Jesús; ¿Qué le ha pasado? ¿Qué es de él?--exclamó vivamente Clara sin
+poderse contener.
+
+--No se asuste, hermana, que no ha muerto--contestó fríamente la devota.
+
+--¿Pues qué le ha pasado?--continuó Clara, que se había puesto pálida y
+temblorosa.
+
+--Que está preso en la cárcel, y bien merecido.--¿Pues qué ha hecho?
+
+--Alborotar por esas calles y hablar en los clubs una serie de cosas tan
+pérfidas ó infernales, que horroriza el recordarlas. Anoche nos contó
+don Elías todo lo que ese desalmado joven ha hecho, y pasé un mal rato.
+
+Clara estuvo un momento sin poder articular palabra. La repentina
+noticia la turbó tanto, que no se atrevió á preguntar más.
+
+--Hermana--prosiguió la devota,--¡qué muchachos los del dial! ¡Qué
+horrible corrupción! Ese joven debe ser un monstruo. Pero ¡ay! debemos
+tener compasión con los delincuentes que yerran. No es que crea yo,
+como Orígenes, que hasta el diablo se ha de salvar. Pero debemos
+compadecer y amar á los pecadores, aunque éstos sean de los más
+empedernidos y rebeldes.
+
+--¿Pero qué ha hecho?--repitió Clara, haciendo un gran esfuerzo para
+disimular su turbación.
+
+--No lo sé punto por punto; pero son cosas tan horribles.... Ha hecho lo
+que otros tantos desvergonzados que andan por ahí. Esta sociedad está
+perdida. A ver, hermana, si aprende usted pronto eso que le he dicho
+sobre la gracia eficaz.
+
+--¿Pero está preso?--añadió Clara con más miedo.--Preso, sí, y no lo
+soltarán tan pronto. Pero está usted inmutada ... Ya, le tiene
+compasión, y es natural. La compasión á los semejantes es una de las
+virtudes que más recomienda Tertuliano. Usted está pálida, hermana.
+Pero, ya: es efecto de la compasión. Voy á rezar. Y dejando el libro,
+tomó el rosario y rezó. Clara bajó la cabeza y siguió cosiendo. Era tal
+su congoja, que no daba un punto á derechas; picóse los dedos muchas
+veces, y la costura salió tan mal que pronto fué preciso desbaratarla y
+coserla de nuevo.
+
+Dejémoslas y acudamos á las visitas. En la sala estaban María de la Paz,
+Salomé, y delante de ellas, en pie y respetuosamente, Elías Orejón y el
+ex-abate don Gil Carrascosa.
+
+Nada hemos hablado hasta ahora de la amistad de este singular personaje
+con las venerables viejas. Carrascosa, en su calidad de abate
+entrometido, frecuentaba la casa de Porreño, lo mismo que otras de la
+más elevada jerarquía. Aún hemos oído contar á personas de toda
+veracidad que el intruso y audaz hombrecillo había tenido una parte
+principal en las misteriosas relaciones de Salomé con aquel joven
+militar, á quien enviaron al Perú después del rompimiento de la dama con
+el imberbe duque de X....
+
+Carrascosa era hombre de mucha travesura y socaliña, sutil como el aire,
+capaz de urdir en el seno de las familias las más hábiles marañas; iba y
+venía sigilosamente su color de preparar fiestas, de arreglar
+procesiones, y era, en resumen, un pícaro tercero. Así le llamamos por
+no darle otro nombre un poco soez, que alguien le aplicó oportunamente y
+conservó entre muchos con justicia.
+
+La amistad de las tres viejas se interrumpió con la desgracia, y sólo de
+vez en cuando las visitaba, recordándoles los tiempos pasados con una
+elocuencia y un calor que no agradaban á doña Paz. Últimamente, sus
+visitas eran más frecuentes y mucho más afectuosas sus demostraciones
+de amistad. El día en que los encontramos aquí había ido con Elías; y
+por algo extraordinario iba sin duda, porque su vestido era el más
+escogido y su cara estaba más lavada que de costumbre. Los puntiagudos
+faldones de la mejor de sus tres casacas se balanceaban al compás de las
+piernas en la parte posterior del cuerpo; el tupé había recibido doble
+ración de pomada, y la corbata, aumentada con nuevos pliegues, formaba
+un blanco follaje, una pechuga escarolada debajo de la barba. Cuando el
+abate se ponía este traje, había pronunciado ya la _última ratio_ de su
+peculiar elegancia.
+
+Coletilla se despedía ya después de haber saludado á las damas. No venía
+sino á ratificar un tratado que últimamente ajustó con Paz. Ya sabemos
+que las señoras tenían el segundo piso de la casa simplemente ocupado
+con los muebles de familia de que no habían querido deshacerse. Este
+piso era muy pequeño y abuhardillado, comunicándose con el principal por
+una escalera interior.
+
+Las damas habían propuesto á Elías que se fuese á vivir á aquel sitio,
+comiendo con ellas en calidad de huésped, y al buen viejo le vino este
+arreglo como de molde, porque le producía un ahorro, y además le ponía
+en estrecho contacto con sus antiguas amas, que tenía siempre en tanto
+aprecio. Economía, comodidad, seguridad: estas tres ventajas vió en la
+proposición, y aceptó. Aquel día vino á darles la respuesta definitiva:
+sobre el precio no hubo disputas.
+
+Cuando Coletilla se marchó el abate se preparó á tomar la palabra: hizo
+mil muecas, sacando á la superficie de su cara todo su repertorio de
+sonrisas. No seremos indiscretos en decir, anticipándonos á la
+declaración expresa del mismo don Gil, que iba á invitar á las tres
+damas para una fiesta religiosa. También nos atrevemos á indicar, con
+todas las reservas imaginables, que aquello no era más que un pretexto
+que ocultaba otros fines.
+
+Cuando rompió á hablar, lo primero que hizo fué preguntar por doña
+Paulita, y también por Clara, empleando algunas discretas reticencias.
+Después dijo:
+
+--Pues yo venía á decir á ustedes si quieren honrar con su presencia la
+función que la Hermandad de la Pasión y Muerte celebra mañana en la
+iglesia de Maravillas. Yo soy el secretario de la Cofradía, y gracias á
+mí se ha arreglado la fiesta. Yo les aseguro á ustedes que será de lo
+más lucido que se ha visto en la Corte.
+
+--No será nunca como la que hicimos el año 98 en las Niñas de Loreto,
+cuando se trasladó la Virgen de los Dolores del oratorio del
+Olivar--dijo Salomé.
+
+--No fué el 98, sino el 3; que me acuerdo cómo si hubiera sido
+ayer--dijo Paz.
+
+--Te digo que fué el 98--insistió la otra.
+
+--Estoy segura que fué el año 3--dijo Paz,--cuando el primo vino de la
+guerra de Francia.
+
+--Que el 98, Paz--afirmó Salomé,--el 98. Hace ya veinticinco años.
+
+--Jesús, mujer: te aseguro que fué el año 3; me acuerdo bien. Yo tenía
+entonces ... quince años.
+
+--Señoras, no hace al caso la fecha--dijo Carrascosa, cortando aquella
+peligrosa cuestión.
+
+Y después continuó:
+
+--Gracias al petitorio que yo dirijo, se han reducido dos mil y pico de
+reales. Tenemos misa con orquesta de capilla, y nos predica el padre
+Lorenzo de Soto, que es un orador que vale un Perú.
+
+--¡Oh! no me le nombre usted--dijo Salomé, apartando la cara y
+poniéndole delante de ella la mano abierta á guisa de pantalla:--es un
+clérigo pervertido, contaminado con las ideas del día. Después que los
+liberales le hicieron Provisor da Astorga, está en poder del demonio.
+Hube de caerme muerta cuando el día de la fiesta de la Virgen de la
+_Leche y Buen Parto_ le oí decir en San Luis que era preciso
+reconciliarnos con los que habían trastornado á nuestra patria. ¿Cómo
+puede haber llegado á ese extremo de perversión una persona ten docta
+como el padre Lorenzo de Soto?
+
+--Señora, yo tengo para mí que es un gran predicador--dijo
+Carrascosa.--El año 12 fué, como ustedes saben, Diputado en aquellas
+Cortes; el 14 firmó la exposición de los _persas_.¡Noble carácter!
+Después, la amistad del Rey le ha elevado á puestos muy altos; y para
+probar su mérito, baste decir que él fué quien descubrió la
+conspiración de Porlier. Después del 20 se ha hecho enemigo de la
+Constitución, lo cual es digno de alabanza, porque de otro modo hubiera
+perdido su prebenda. Pero nada de esto hace al caso, sino que predica
+mañana, y que esta tarde tenemos Completas, en que cantan los tiples de
+Avila y el padre Melchor, franciscano de Segovia. Mañana oficiará el
+reverendo obispo do Mechoacán, y por la tarde habrá procesión, á que
+asistirá la Cofradía del Paso, la del Santo Sudario, y también irán los
+niños del Hospicio.
+
+--¡Ay, don Gil!--exclamó con acento de profundísimo desconsuelo María de
+la Paz,--¿Cómo se atreven á sacar los santos á la calle con estas
+cosas? Más querrán ellos estarse en sus casas que no salir á ver todas
+las iniquidades que cometen los hombres.
+
+--Puedo asegurar á usted--dijo el abate con sonrisa diabólicamente
+irónica--que no se han quejado, ni se quejarán por el paseo. Lo mejor de
+la procesión es la comitiva que tenemos organizada. Irán catorce
+vírgenes vestidas de blanco, con coronas de rosas, velos, escapularios,
+y cirios en las manos.
+
+--Esas comitivas--dijo con muy mal humor María de la Paz--no me hacen
+gracia. ¡Es una cosa tan mundana! Allí van los hombres sólo por ver á
+las muchachas; y las muchachas que hacen de vírgenes, van sólo á que las
+vean, y en lo menos que piensan es en los santos y en Dios. Esas son
+cosas de Francia, señor don Gil. Antes no se usaban aquí semejantes
+inmoralidades, y día vendrá en que se acaben costumbres tan
+escandalosas.
+
+El timbre nasal de la voz de doña Paulita, que se hallaba en la
+habitación inmediata, resonó en la tala, trayendo la opinión de la
+santa, que no por estar rezando dejaba de prestar atención á cuanto en
+la sala se decía.
+
+--¡Ah!--exclamó, alzando la voz para poder ser oída por don Gil--no me
+nombren esas procesiones de vírgenes mundanas. ¡Qué vírgenes serán esas
+que salen con coronas de rosas y cirios en las manos! Una vez vi eso, y
+me entró tal grima, que tuve que confesarme en seguida de la cólera que
+me había dado. No me nombren eso. ¡Qué escándalo, Dios mío! ¡A dónde
+iremos á parar así!
+
+--Pues, señoras--manifestó don Gil, respirando fuerte, como si con el
+aliento adquiriera la fuerza que contra tantos y tales enemigos
+necesitaba:--yo, señoras, respetando la opinión de ustedes, encuentro
+que esas procesiones son muy patéticas, muy expresivas, muy religiosas.
+De todos modos, ya la procesión está arreglada, y hay que llevarla
+acabo. Hemos estado buscando jóvenes, y ya hemos encontrado algunas;
+pero aún nos faltan cinco. La fiesta es mañana: y si no encontramos hoy
+esas que faltan, se va á deslucir la función. ¡Qué contratiempo! No
+saben ustedes cuánto he trabajado para buscarlas. Son muy guapas las
+que tengo ya.
+
+--Señor don Gil, por Dios--chilló Salomé en el tono de una honesta dama
+que reprende el atrevimiento de su galán.
+
+--Señoras, ¿qué tiene eso de particular? Si Dios las ha hecho guapas,
+¿qué vamos nosotros á hacer? Pero ¡ay! me faltan cinco. Por eso he
+venido aquí. Y se detuvo como cortado.
+
+--¡Ha venido usted aquí!--exclamó Paz abriendo mucho los ojos.
+
+--¡Ha venido usted aquí!--murmuró Salomé con súbito cambio de color.
+
+Las dos ruinas se miraron Aquella mirada fugaz fué terrible. Un
+observador oculto é inteligente hubiera advertido tal vez que en aquel
+mutuo rayo por una y otra lanzado, se examinaron, se despreciaron,
+cambiando como una expresión de rencor que cada una lanzó para la otra.
+Pero Carrascosa, aunque era buen observador, no pudo advertir al breve
+resplandor de aquella mirada fugaz como un relámpago, los dos abismos
+que, abierto el uno frente al otro, se contemplaron un instante,
+mostrándose todo su horror. No se crea por esto que tía y sobrina no se
+querían bien, no: se amaban, si cabe expresarlo así; se amaban como
+pueden amarse dos personas que se fastidian juntas. Sigamos.
+
+Un profundo y lejano suspiro anunció la admiración de doña Paulita.
+
+--Sí, he venido aquí á ver si ustedes consienten ...--continuó el abate.
+
+El retablo que en la persona de Paz hacía veces de rostro, se puso de
+color de remolacha, y los ojos de Salomé miraron al cielo, no sabemos si
+por un movimiento natural ó por una calculada combinación de ademanes.
+
+--Eso no tiene nada de particular, señoras, nada de particular; al
+contrario....
+
+--¡Señor don Gil!--dijo Salomé con una cosa parecida al rubor.
+
+--¡Señor don Gil!--exclamó Paz con toda la majestad de su carácter
+reunida en un solo gesto.
+
+El que había sido abate y covachuelista comprendió que le habían
+entendido mal.
+
+--Voy á rectificar--exclamó.
+
+--A rectificar, como dicen en las Cortes--indicó Salomé en un arrebato
+de amabilidad repentina é inexplicable que no pudo contener; amabilidad
+rarísima en ella y que era sin duda signo de una gran agitación.
+
+El buen humor de la segunda ruina era siniestro.
+
+--Quiero decir--continuó el abate, después de toser dos ó tres
+veces--que venía á ver si consentían ustedes en que esa joven ... esa
+joven que ustedes protegen....
+
+A Salomé le entró una tos convulsiva, no sabemos si originada por una
+causa física ó por la necesidad de disimular y no ofrecer á la
+contemplación de don Gil las arrugas triangulares y el color cárdeno
+que aparecieron en su cara al oír aquella proposición. María de la Paz
+se restregó un ojo como si le escociera. Oyóse la voz de doña Paulita
+que rezaba un latinajo incomprensible.
+
+--Esa joven--continuó Carrascosa,--que se llama ... ya no me acuerdo de
+su nombre. Pues ... esa que es tan guapita y tan modesta. De seguro no
+habrá en la procesión ninguna que la iguale.
+
+--¡Señor don Gil!--exclamó María de la Paz Jesús con explosión de cólera
+repentina.--¿Cómo se ha figurado usted que yo podía consentir en
+semejante cosa? Ya le he dicho á usted que esas comitivas me parecen muy
+indecentes, y si esa niña quisiera prestarse á ser escándalo de la
+Corte, no entraría más en esta casa. Por parte suya, no dudo que
+consintiera, porque es tan aficionada á coquetear por ahí, que si la
+dejaran había de estar todo el día en la calle detrás de los hombres.
+Pero no ... no me hable usted de eso.
+
+--Yo sospechaba desde el principio á dónde iba usted á parar, señor
+Carrascosa: pero quise aguardar á que se explicase--dijo Salomé con
+mucho desdén.
+
+--Señoras, veo que son ustedes inflexibles. Conozco mucho la noble
+entereza del carácter de ustedes y el tesón de sus principios para
+insistir más sobre este punto.
+
+En aquel momento doña Paulita, que, sin salir de la habitación interior,
+no perdía sílaba de lo que allí se decía, tomó parte en la conversación,
+variando de sitio para que la oyeran mejor.
+
+--¡Oh, Dios mío¡--dijo.--No consentiré yo tal cosa. ¡Hasta las personas
+más perfectas caen alguna vez! ¡Hasta de los hombres más de bien y de
+mejor conducta se vale el demonio para sus perversos fines! ¡Quién diría
+que usted, señor don Gil Carrascosa, había de ser instrumento de
+perdición para esta pobre muchacha!
+
+--¡Yo, señora mía!
+
+--No: ya sé que es sin querer, que á veces Dios permite que una persona
+buena sea, sin saberlo, causa de la perdición de otra. No le echo á
+usted la culpa. Pero esta pobre niña tiene quien vele por ella. No
+caerá otra vez; que gracias á un buen ángel ha salido ya del abismo la
+pobrecita, y se ha salvado. Ya está hecho lo principal; de modo que
+ahora, con una vida ejemplar consagrada enteramente á la oración, su
+alma se purificará por completo. No temas, niña--añadió, volviéndose
+del lado en que estaba Clara;--no temas, que no volverás á caer, y si
+saliste del pantano del mundo, ha sido para continuar pura y sin
+mancha lejos de él. Y no desconfíes de ella--prosiguió mirando á la
+sala y dirigiéndose á las dos esfinges: no desconfíes de ella, porque
+es muy buena.
+
+Salomé movió la cabeza en señal de duda.
+
+--Es muy buena, muy buena compañera mía--continuó la devota--Aunque el
+mundo trató de corromperla, ella tiene muy buen fondo, y el alma está
+santa: lo he conocido. Perderá la corteza de las viles pasiones que el
+mundo le ha enseñado. Estoy tan interesada en su salvación, que quiero
+unirme á ella para toda la vida y salvarla conmigo. ¡Os aseguro que así
+será! Amadla vosotras, que Dios manda amar á los pecadores, sobre todo
+cuando están arrepentidos. ¿No es verdad que estás arrepentida, hermana?
+
+No se oyó ninguna respuesta. Clara contestó sin duda que sí con un
+movimiento de cabeza. El sermón de la devota dejó un eco en la sala.
+
+--Señoras: para concluir, me permitiré una observación--dijo don
+Gil.--Yo no veo un escándalo en que la señora doña Clarita salga en la
+procesión de las vírgenes. Al contrario, bueno es que ostente la
+hermosura, que es obra de Dios; y la mujer que se esconde y no sale,
+impide que se admire una obra de Dios, cual es la hermosura. Esa joven
+es un ejemplar prodigioso de las hechuras de Dios, y haciendo que todos
+la vean es como se publican las alabanzas del autor de tantas
+maravillas.
+
+--Señor don Gil--objetó María de la Paz haciendo esfuerzos para aparecer
+serena:--no creía yo que fuese usted tan libertino. Vamos, nosotras
+teníamos de usted otra idea; creíamos que....
+
+--Yo soy, señora, un hombre como los demás. Admiro las obras bellas de
+la Naturaleza, y una mujer hermosa es....
+
+--Por Dios, señor de Carrascosa: en verdad tiene usted unas cosas
+...--dijo Salomé pasando la mano por el fragmento de cabellera que entre
+su apergaminada frente y su tocado aparecía.
+
+--¡Jesús! repórtese por Dios--dijo desde dentro la devota. Me horrorizan
+sus palabras.
+
+Algo más duró el importante diálogo; pero don Gil, viendo que no sacaba
+partido de las tres pécoras, varió de asunto, aunque con poca fortuna,
+porque sus amigas le mostraron mucho despego durante toda la visita. Al
+fin determinó marcharse; se levantó, hizo mil cortesías, les reiteró su
+respeto y admiración, prometió volver pronto, y se fué.
+
+Al llegar á la calle miró á todos los lados como buscando á alguno, y
+al poco rato salió del portal de una casa inmediata el joven militar que
+hemos conocido desde el principio de esta historia.
+
+-¿Qué hay?--preguntó á Carrascosa con mucho interés.
+
+-Nada, no quieren. Esas viejas son unos demonios contestó riendo de
+muy buena gana el abate.--Me parece que por ese camino no
+conseguiremos nada.
+
+-¡Diantre de viejas!
+
+-No la sacamos de esa casa si no ahorcamos á las tres arpías de los tres
+balcones, y á Coletilla del tejado.
+
+-Estoy decidido ya á lo que te dije ayer. Si no la puedo sacar, me cuelo
+yo dentro.
+
+-¡Hombre, qué empeño! ... Eso ya pica en historia. Vámonos de aquí,
+que si Coletilla nos ve, de seguro cae de su burro; vámonos y hablemos
+del asunto.
+
+-Eres lo más inútil ... Verás si yo la saco.
+
+-Quisiera verlo--contestó Gil; y los dos se alejaron en dirección á
+Santa Bárbara.
+
+-Ya tú has olvidado tus antiguas mafias, diablo de abate; ya no sirves
+para el caso. A ver cómo puedo yo entrar ahí; discurre un medio, un
+ardid cualquiera: ¿para qué te sirve esa travesura? á ver.
+
+-Hay un medio magnífico--contestó Carrascosa.
+
+-Pues explícate pronto.
+
+-Voy á explicarlo.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XX
+
+
+
+#Bozmediano#.
+
+
+Antes de dar á conocer en toda su extensión el coloquio de estos
+personajes, conviene dar noticias de uno de ellos, ya harto conocido por
+el lector. El militar que en el segundo capítulo de esta historia vimos
+prestando auxilio á Coletilla y después introduciéndose furtivamente en
+su casa, se llamaba don Claudio Bozmediano y Coello. Ya era tiempo de
+decir su nombre. Tenía treinta y dos años, y servía en el ejército con
+el grado de comandante. Su padre fué uno de los venerables legisladores
+de Cádiz. Hombre de talento, de notoria probidad, de elevada cuna y
+agradable presencia, había sido siempre muy amado de sus compatriotas. A
+la vuelta del Rey fué perseguido como todos, y tuvo que emigrar. Pero
+restablecido el sistema constitucional, el viejo Bozmediano volvió á
+España y ocupó uno de los más elevados puestos en la política.
+
+(Con el nombre de Bozmediano conoceremos en esta historia al hijo de
+aquel varón ilustre, cuyo verdadero nombre no podemos usar en nuestro
+relato por ser un personaje contemporáneo de memoria muy reciente.)
+
+Bozmediano, padre, era liberal de corazón. Trataba al Rey, y es seguro
+que hizo todo cuanto cabe en fuerza humana para dirigir por camino recto
+la torcida voluntad de aquel soberano falaz y perverso. Era rico, y
+jamás le movió el interés en asuntos políticos. El amor á su hijo y el
+patriotismo eran dos sentimientos profundos que, enlazados y
+confundidos, ocupaban todo su corazón.
+
+Bozmediano, hijo, que es el que más conocemos, era un joven de
+excelentes prendas; pero tenía un defecto que la edad disculpaba. Era
+tan aficionado á las muchachas, que el galantearlas entretenía la
+mayor parte de su vida, robando tal vez á la patria grandes servicios.
+No era un libertino: las quería con toda la buena fe que el naciente
+siglo XIX permitía; y aunque él aseguraba no haber encontrado la suya,
+entreteníase con las demás esperando. Pero al fin, ó la había
+encontrado, ó había hallado una que de fijo le entretendría más que
+las otras.
+
+Después que conoció á Clara, había perdido el reposo. No sólo la joven
+aquélla, por sus cualidades y encantos personales, le interesaba
+mucho, sino que en su vida había encontrado un misterio, para él
+interesantísimo, por ofrecerle lo que siempre buscaba con más afán:
+una aventura.
+
+La aventura se presentaba singularmente dramática, excitando al mismo
+tiempo el amor y la curiosidad de Claudio. La soledad de aquella
+huérfana que vivía en compañía de un viejo excéntrico, la tristeza y
+necesidad de desahogo que en ella había notado, eran causas bastantes
+para estimular un espíritu menos impresionable y caballeresco. Su
+intento, su gran aspiración, era descifrar el misterio de aquella casa,
+y después salvar la encantadora y desdichada muchacha de la odiosa tutela
+de su guardián.
+
+--Hay varios medios de entrar en la casa--decía Carrascosa tomando el
+brazo del militar:--paro hay uno que es excelente. Esas viejas tienen
+un arrendatario que ahora debe venir á pagarles sus rentas, lo poco que
+tienen. Lo sé por Elías. Estamos al aviso, le compramos, le hacemos
+escribir una carta diciendo que está enfermo y que envía á su hijo con
+el dinero; usted se disfrazará de labriego, entra en la casa, y una vez
+allí, ¡cataplum! le ha dado un desmayo, un accidente terrible. No tienen
+más remedio que dejarlo en la casa ... le meterán en un desván, y
+durante la noche, cuando ellas duerman, se apoderará de la chica, y ...
+á la calle.
+
+--Calla, imbécil: eso no puede ser. No sé en qué comedia he visto eso,
+que es muy bonito en el teatro; pero en la vida.... Yo quiero entrar en
+mi traje habitual, con mi nombre ... pero es preciso un pretexto, porque
+supongo que esas viejas serán la misma desconfianza.
+
+--Armarán un escándalo y será tal el vocerío que se oirá en Jetafe. Es
+preciso ir con tiento.
+
+--Pero, hombre--dijo Bozmediano, que no tenía noticia de que
+semejantes tipos existieran en el mundo,--¿qué gente es esa?... ¿Cuál
+es su carácter, su vida, sus hábitos, qué hacen y por qué está ahí esa
+pobre muchacha?
+
+--Dichoso usted que no conoce á esas diablas de Porreño. Son los pájaros
+más raros que hay en el mundo. Cuando tengo mal humor voy á reírme con
+ellas, oyéndolas disparatar. Fueron ricas, pero han venido á menos; creo
+que el día menos pensado se comerán unas á otras.
+
+--¿Y en qué se ocupan?
+
+En nada, mejor dicho, en rezar. Una de ellas es santa, y le aseguro á
+usted que cuando se pone á hablar de sus santidades es cosa de morirse
+de risa. ¡Y qué impertinentes son! Cuando les propuse lo de la
+procesión, con objeto de sacar de allí á Clarita, se pusieron hechas
+unos grifos. Ya me figuré yo que no consentirían; y en verdad, amigo,
+que el proyecto que acaba de fracasar era atrevidillo.
+
+--¿Y cómo ha venido aquí esa Clarita?
+
+--Yo no sé: cosas de Elías.
+
+--Hombre, hábleme usted de ese Elías. El día en que le conocí por
+primera vez me parecía lo más raro del mundo. Ya había yo oído hablar de
+Coletilla.
+
+--Elías es un loco rematado, es realista; pero con un fanatismo que le
+llevará hasta el martirio.
+
+--¿Y quiere á esa joven?
+
+--No sé: yo lo dudo. Coletilla no ama más que al Rey, mejor dicho, al
+Príncipe real.
+
+--Pues bien: á ver como me introduces en esa madriguera.
+
+--Es preciso entrar de _ocultis_--dijo con la más maliciosa
+sonrisa el abate.
+
+--Y qué sacamos de eso?--contestó en el colmo de la confusión
+Bozmediano.--Entro, por ejemplo, de noche: si alguna me ve, me creerá
+ladrón, chillara, y entonces ... ¡bonita aventura! Además, Clara no está
+prevenida, no tiene relaciones conmigo. ¿Qué voy yo á hacer allí? Yo
+quiero introducirme sin que se sospeche nada, entablar amistad con ella.
+
+--Tengo una idea--exclamó Gil golpeándose la frente.
+
+--¿A ver?
+
+--Usted va á entrar en un momento en que Clarita esté sola.
+
+--¿Sola? Pues esos demonios, si salen alguna vez, ¿la dejarán allí?
+
+--Sí.
+
+--¿Y cuándo salen?
+
+--Yo me encargo de averiguarlo y de arreglar eso.
+
+--Explícate mejor.
+
+--Lo primero que usted debe hacer, señor don Claudio es escribir una
+carta á la niña. Yo también me encargo de eso.
+
+--Bien: ellas salen; probablemente la dejarán encerrada, ¿Cómo entro yo?
+¿Voy á estar descerrajando puertas?
+
+--No, señor: usted entrará cómodamente y sin ruido.
+
+--A ver como es eso, diablo de abate.
+
+--¿Recuerda usted aquel vestido de abate que yo tenía allá por los
+años 10 y 12?
+
+--¿Qué he de recordar yo?--dijo Claudio, picado y curioso.
+
+--Calma, amiguito--contestó don Gil, poniéndole la mano en el
+pecho:--¿recuerda usted mi gorro y mis calcetas, un primor de costura
+y de corte?
+
+--¿Y qué tiene eso que ver con la...?
+
+--Vamos allá. Pues ese traje, ese gorro, esas calcetas, me las hicieron
+doña Nicolasa y doña Bibiana Remolinos, personas eminentes en el arte de
+coser, á quienes tendré el gusto hoy mismo de presentar á usted.
+
+--¿Pero qué jerga es esa? ¿Qué demonios tiene eso que ver con lo que
+te pregunto?
+
+--Usted no cae en la cuenta--contestó el socarrón del abate,--porque no
+sabe que esas dos señoras viven en la misma buhardilla en que hace diez
+años vivió la hija del herrero, Josefita Pandero, de quien anduvo tan
+enamorado el conde de Valdés de la Plata: es decir, en el número 6 de
+la calle de Belén. Yo anduve en el asunto.
+
+--Ya recuerdo haberte oído contar algo de eso. ¿Pero qué tengo yo que
+ver con Josefita Pandero ni con esas señoras Remolino...?
+
+--Usted no comprende lo que quiero decir, porque no recuerda que el
+conde de Valdés de la Plata, no pudiendo sonsacarle la niña al herrero,
+que la guardaba como si no fuera mujer, alquiló la casa inmediata, y no
+paró hasta abrir una comunicación que le permitió profanar el hogar de
+aquel testarudo Vulcano.
+
+--Ya....
+
+--Pues ... mis amigas las costureras viven en el número 6, donde vivió
+la hija del herrero, y mis amigas las Porreños viven en el 4, donde
+vivió el conde de Valdés de la Plata; y en resumen, si una puerta,
+hábilmente hecha, permitió á un caballero pasar del 4 al 6, también
+abrirá paso del 6 al 4 untándoles las uñas á esas costurerillas, que,
+dicho sea da paso y en honor de la verdad, tienen para el pespunte unas
+manos que son una gloria.
+
+--Ya comprendo. ¿Y esa puerta existe?
+
+--¡Pues no ha de existir! Yo la he visto, yo respondo de todo: me
+encargo de averiguar cuándo salen las arpías, de llevar la cartita y de
+facilitar el paso....
+
+--No es mala idea--dijo el militar--y, sobre todo, mala ó buena, yo la
+he de llevar á cabo. ¿Y qué haremos para que esa lechuza de Coletilla no
+nos estorbe?
+
+--Coletilla no nos estorbará. De lo menos que él se ocupa es de la
+muchacha, cuyo porvenir no le importa un comino. El no se ocupa más
+que de....
+
+--¿De conspirar, eh?
+
+--Pues ya. Amigo don Claudio, Elías es hombre fuerte y tiene amistades
+muy altas. Puede mucho, y así con su humildad y su melancolía es persona
+que maneja los títeres. Le digo á usted que se va á armar una....
+
+--¿Con que conspiran? Si conspiran los realistas, es seguro que tú
+estarás con ellos, ¿no?
+
+--Hombre, yo ...--contestó Gil maliciosamente--yo soy hombre de orden, y
+nada más. Si ando con Elías y me trato con los suyos, es sólo por
+enterarme de sus manejos, pues....
+
+--Siempre el mismo truhán redomado: nadie como tú ha sabido navegar á
+todos los vientos.
+
+--Ya sabe usted, señor don Claudio--contestó Carrascosa--que me acusaron
+de realista y me quitaron mi destino. ¿Yo qué iba á hacer? ¿Iba á
+morirme de hambre?
+
+Las ideas no dan de comer, amigo. Usted, que es rico, puede ser
+liberal. Yo soy muy pobre para permitirme ese lujo.
+
+--¡Solemne tunante!
+
+--Lo que hago es estar al cabo de todo. ¿Quiere usted que acabe de ser
+franco? Usted es buen amigo y buen caballero. Voy á ser franco. Pues
+sepa usted que esto se lo va á llevar la trampa. Esto se viene al suelo,
+y no tardará mucho. Se lo digo yo y bien puede creerme. Dice usted que
+soy un solemne tunante. Bien: pues yo le digo á usted que es un tonto
+rematado. Usted es de los que creen que esto va á seguir, y que va á
+haber libertad, y Constitución, y todas esas majaderías. ¡Qué chasco se
+van á llevar! Le repito que esto se lo lleva Barrabás, y si no,
+acuérdese de mí.
+
+--¿Ya empiezan las facciones, eh? Pues es cierto que les darán que
+hacer, porque los liberales no se maman el dedo, amigo Carrascosa.
+
+--¡Ah!--contestó el otro, riendo como un diablillo.--¿Que no se maman el
+dedo? Ya verá usted lo que va á salir de aquí. Usted, Bozmediano,
+arrímese á buen árbol.... Mire que se lo aconseja quien sabe lo que son
+estas cosas.... Pero volvamos al otro asunto. En lo concerniente á
+Clarita, voy á darle á usted un dato muy importante.
+
+--A ver.
+
+--Este Elías tenía un sobrino en Ateca. Clara estuvo allá hace unos
+meses. El sobrino es joven, decidorcillo, medio galanteador....
+¿Necesito decir más?
+
+--Vamos, ya pareció aquello--dijo Bozmediano con mucho interés.--Apuesto
+á que es su novio.
+
+--Pues ganará usted. Yo estuve en Ateca en aquellos días, y supe que los
+dos chicos se querían. Me parece que se quieren todavía.
+
+--¡Hola, hola! ¿esas tenemos?--dijo Bozmediano amostazado--¿Y cómo hasta
+ahora no me habías dado esa noticia?
+
+--Porque hasta hoy no había sabido que ese chico llegó y está en Madrid.
+
+--¿En Madrid?
+
+--Sí; pero se las compuso de tal modo, que llegar aquí y ser metido en
+la cárcel, fué todo uno.
+
+--¿Pues qué hizo?
+
+--Es muy aficionado á la política. Allá en Zaragoza hablaba mucho en
+los clubs. El chico estaba envanecido; llegó á Madrid; sus amigotes
+le llevaron á la _Fontana_; habló; á la mañana siguiente se mezcló
+en el tumulto de la procesión del retrato de Riego: chilló en la
+calle, alborotó, vino la policía, le echó mano y le llevó á la
+cárcel, donde está.
+
+--¿Y su tío no procura sacarlo?
+
+--Usted no conoce á esa fiera. Su tío, al saber que el muchacho era
+exaltado y que la echaba de orador, se puso hecho un veneno, fué á la
+cárcel, le riñó de lo lindo, y ha roto con él, diciéndole que mientras
+tenga aquellas ideas no parezca por su casa.
+
+--Ese hombre es lo más excéntrico ...
+
+--Sí, señor. Pero la pobre muchacha está seguramente pasando las
+mayores amarguras, y tendrá el corazón tamañito al ver lo que le pasa á
+su pobre amigo.
+
+Bozmediano permaneció meditabundo algunos instantes. Después dijo con
+mucha calma:
+
+--Ya sé lo que tengo que hacer.
+
+--¿Qué va usted á hacer?
+
+--Todo lo posible para que pongan en libertad á ese joven. Estoy seguro
+de que lo conseguiré.
+
+--¡Hombre, pues es usted lo más raro! ... No se comprende dijo sonriendo
+y con asombro don Gil.--¿Con que está usted haciendo el amor á la
+chica, y le va á poner en libertad al novio? Si digo yo que usted es
+tonto, don Claudio.
+
+--No tengo duda alguna: le pongo en libertad. Veremos cómo ella lo toma.
+Haremos que sepa que yo le he puesto en libertad, yo.
+
+--Buena la va usted á hacer. Estos entes caballerescos son
+incomprensibles. Ese muchacho será un estorbo más para nuestro plan,
+para el escalamiento y ...
+
+--No importa: allá veremos. Sobre lo demás, lo dicho, dicho ... La
+carta, alejamiento de las arpías, la puerta del desván....
+
+--Todo presto, todo arreglado. No hay más que hablar. Dios se la
+depare buena.
+
+Después de estas palabras se separaron. El ex-abate, al partir, se reía
+con muy buenas ganas del joven militar, á quien quería servir llevado de
+miras ulteriores, esperando un ventajoso arrimo en aquella situación
+política. El otro se dirigió á su casa, pensando á la vez en la
+repugnante astucia de don Gil y en los peligros de su aventura.
+
+El ardid amoroso que pensaba emplear Bozmediano era cosa muy común á
+principios del presente siglo, en que se conservaba aún la rigidez de
+los principios domésticos que habían hecho en tiempos anteriores una
+fortaleza de cada hogar.
+
+En el siglo XVII, cuando nuestra nacionalidad vigorosa, original y
+profundamente característica, no había recibido influjo extranjero, los
+españoles se componían de otro modo: iban á su objeto por medios más
+violentos, más decididos, más románticos, que indicaban antes la pasión
+que la intriga; más bien la resuelta actitud del valor que el ingenioso
+intento de la astucia. Aquél fué el siglo de los raptos del convento,
+de las escaladas por el jardín, de las fugas, de los atropellos, de los
+sublimes atrevimientos. Entonces hubo un galán, según dicen (el Conde
+da Villamediana), que quemó su casa sólo por el placer de sacar en
+brazos á una dama.
+
+La irrupción de costumbres francesas, verificada con la venida de la
+dinastía nueva á principios del siglo XVIII, modificó ésta como otras
+cosas. La sociedad que se imponía á la nuestra era menos grande, menos
+valerosa, menos apasionada; pero más culta, más refinada, más hipócrita.
+Con ella vinieron los abates, y vino la literatura clásica, fría,
+ceremoniosa, falsa, hipócrita también. La poesía pastoril, último grado
+de la hipocresía literaria, tuvo un renacimiento funesto en el siglo
+pasado. Al compás de los madrigales, los abates hacían el amor
+callandito en los salones. Los amantes, que componían versos de casto é
+insípido pastorileo, no podían entrar en las casas como aquéllos á
+quienes encubría su dignidad, y entraban disfrazados ó empleando los más
+extravagantes y rebuscados medios.
+
+Con la sociedad nueva vino la moda nueva. Esta trajo las pelucas
+blancas, los peinados complicados é hiperbólicos; y con el artificio
+de estos peinados se creó el peluquero de las damas, hombre gracioso
+que entraba en todos los tocadores, y era tercero en toda
+intriguilla de amor.
+
+Ningún siglo ha visto, como el décimoctavo, la astucia sirviendo al
+amor. Veíase á los amantes arrostrando la ridiculez de situaciones muy
+raras para poder hablar con sus damas. La casa era invadida; pero no
+como la invadían nuestros caballeros del siglo anterior, espada en mano,
+batiéndose con una turba de criados y dos docenas de alguaciles, sino
+astuta y solapadamente, engañando á las familias, abusando de la
+confianza ó encubriéndose con un disfraz ingenioso y á veces grosero.
+
+En 1821 estos procedimientos estaban aún en boga, y Bozmediano era
+maestro consumado en el asunto. Conocía el resorte de los barberos, de
+las terceras, de los abates, siendo muy diestro en el uso de disfraces,
+engaños y supercherías amables, como entonces se llamaba á estas cosas.
+Si no pudo emplearlos en la aventura que le vemos emprender, á causa de
+las singulares, costumbres de las tres señoras, no fué culpa suya; y
+sólo á los obstáculos y dificultades que presentaba el terreno, se
+debió, como él decía, que empleara medios un poco más violentos.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXI
+
+
+
+#¡Libre!#
+
+
+Ante todo, Bozmediano, guiado por un sentimiento fácil de comprender,
+resolvió firmemente hacer cuanto en su mano estuviera para poner en
+libertad al pobre Lázaro. Servir al que podía considerar como su rival,
+le parecía un acto que podía asegurarle la benevolencia de Clara; y esta
+benevolencia, bien y astutamente dirigida, podía convertirse en amor. No
+procedía éste como los amantes vulgares, en quienes la pasión no es más
+que un egoísmo un poco espiritualizado. En Bozmediano los movimientos de
+delicadeza y generosidad eran espontáneos y vehementes.
+
+No le fué difícil conseguir lo que apetecía. El secretario del jefe
+político, informado por la policía, le dijo que el preso era un
+agitador, pagado por los amigos de la reacción; pero Claudio lo disculpó
+cuanto pudo, diciendo que era un joven sin experiencia ni juicio; y al
+fin, después de muchos empeños y recomendaciones, se dió la orden para
+ponerle en libertad.
+
+Bozmediano se dirigió á la Cárcel de Villa. Lázaro, después de la visita
+de su tío, había caído en lúgubre abatimiento. Aquella fiebre angustiosa
+que llenaba la imaginación de alucinaciones terribles, haciéndole sufrir
+tan grandes tormentos, había degenerado en lento marasmo, en un letargo
+moral que le embrutecía. Su inteligencia, tan viva y brillante en otras
+ocasiones, estaba adormecida; y recostado en un rincón, con la vista
+fija en el ángulo opuesto, sus ojos buscaban la obscuridad como único
+descanso. El descuido, el abandono, la atonía y un sopor estúpido se
+pintaban en su actitud.
+
+Cuando le notificaron que estaba libre, tardó mucho en adquirir la
+completa noción de aquel cambio. Rehaciéndose un poco, creyó que á su
+tío debía semejante favor, con lo cual la persona de Elías ganó
+momentáneamente su afecto. Pero al salir encontró á Bozmediano que le
+saludó con mucha cortesía, repitiéndole que estaba libre y podía
+retirarse á su casa.
+
+Sintióse conmovido ante la generosidad desinteresada de aquella persona;
+pero pronto empezaron las dudas y la confusión. ¿Quién era aquel joven?
+¿Le había favorecido por generosidad ó por miras ocultas? No le conocía.
+¿Por dónde sabía su nombre y que estaba preso?
+
+Lázaro no pensó mucho en esto. Hablaron al salir, y le pareció que
+Bozmediano era bueno y honrado, dispuesto á la amistad y á las buenas
+acciones. Cuando marchaban juntos por la calle de Atocha, el aragonés
+escuchaba las palabras de su desconocido favorecedor con la tranquila
+atención de la inferioridad; admiraba sus maneras, su entendimiento, su
+fisonomía, su modo de expresarse, y en aquel momento le pareció el más
+cumplido caballero que había visto. Comprendió también que era un joven
+distinguido, rico é influyente, y su admiración tuvo mucho de respeto.
+
+--¿Pero á qué circunstancias debo este gran favor que usted me ha
+hecho?--decía Lázaro.--Quiero saber cómo podré pagar....
+
+Claudio, que quería eludir el verdadero motivo de aquel acto, divagó,
+dando á Lázaro una porción de señas que aumentaron su confusión: le
+habló de don Elías, de su pueblo, del club de Zaragoza, de la _Fontana_.
+
+--En fin--dijo, decidido á salir del atolladero:--no quiero llevarme el
+mérito de una acción que no debe usted agradecerme. Cada cosa en su
+lugar. Yo le he puesto á usted en libertad, pero no he sido más que un
+intermediario.
+
+Lázaro comenzó á ver obscura la situación. Paráronse, y se miraron. La
+sonrisa que en aquel momento se dibujó en los labios de Claudio, le
+pareció al otro cosa de muy mal agüero, y empezó á bajar á su
+favorecedor del alto pedestal en que le había puesto.
+
+--Sí--continuó el militar:--no es á mí á quien debe usted este favor; es
+á una persona que debe de querer á usted mucho, según las apariencias.
+
+Lázaro iba á pronunciar el nombre de Clara; pero se contuvo, porque
+multitud de pensamientos que se le agolparon á la imaginación, le
+hicieron detener un buen rato fija la vista en el militar. Aquel tropel
+de pensamientos fué una serie de rapidísimas nociones que se borraban
+unas á otras, sucediéndose con precipitado vértigo. Ella le conocía, le
+había visto; Bozmediano era una agradable persona: éste le había puesto
+en libertad; ella se lo rogó tal vez; ella le tenía lástima; él quiso
+complacerla. ¿A qué precio? ¿Con qué fin? ¿Desde cuando?...
+
+Por fin el aragonés se atrevió á preguntar quién era la persona á quién
+debía su libertad.
+
+--Vamos--dijo Bozmediano con cierta vocecilla impertinente.--Bien sabe
+usted lo que quiero decir. No es necesario pronunciar fu nombre. Es
+natural que se haga usted el desentendido. Como halaga tanto su amor
+propio el ser querido por persona de tanto mérito.... No sea usted
+ingrato, joven, que ella no lo merece.
+
+--No sé lo que quiere usted decir--manifestó Lázaro en el tono de un
+examinado desaplicado que se hace repetir la pregunta por retardar la
+contestación que no sabe.
+
+Bozmediano habló más; pero vino á decir lo mismo. A Lázaro le parecía un
+agravio inferido á Clara el publicar su afecto, el depositar tan honesta
+y delicada confidencia en el conocimiento de un intruso, sí, porque
+Bozmediano era un intruso, que se había metido á darle libertad sin que
+nadie se lo pidiese.
+
+--Bien sabe usted á quien aludo--dijo Claudio, dándole una palmada en el
+hombro con llaneza y confianza;--pero como usted está tan orgulloso con
+ser novio de esa joven, se da usted ese tono.
+
+--¡Oh! no--replicó el sobrino de Coletilla avergonzado.--La verdad es
+que no sé quién es esa persona que usted dice.
+
+Bozmediano estrechó la mano del joven aragonés y le hizo muchos
+ofrecimientos y protestas de amistad. El otro estaba tan aturdido, que
+lo contestó mal y con poca cortesía.
+
+--Sé dónde usted vive--dijo Claudio retirándose:--nos veremos. Y si no
+en la _Fontana_, á donde voy con frecuencia.
+
+Y se separó. Cuando estuvo á alguna distancia, Lázaro sintió impulsos de
+correr hacia él para darle las gracias con mayor respeto; pero en él
+luchaban el orgullo y los celos. Le dejó marchar sin decir nada.
+
+Bozmediano iba diciendo entre sí con mucha satisfacción:
+
+--Muy vulgar, muy vulgar....
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXII
+
+
+
+#El "vía crucis" de Lázaro#.
+
+
+Lázaro continuó andando sin dirección fija. Su brusca y misteriosa
+salida de la cárcel, el conocimiento de Bozmediano y el aturdimiento
+producido por sus palabras, le impidieron por algún tiempo darse clara
+cuenta de su difícil y rarísima situación. Pero cuando se vió solo y
+anduvo un buen rato, empezó á comprender que no tenía á donde ir, ni á
+quién dirigirse, ni con quién vivir. Las palabras dichas por el viejo no
+le dejaban duda respecto á su carácter. Era un realista fanático, un
+ciego amante de la tiranía. Con los ojos encendidos de cólera y el habla
+venenosa y fuerte, le había dicho que no fuera á su casa mientras no
+cambiara de ideas, ¿Qué hacer? Era imposible vivir con aquel hombre
+misántropo y cruel, melancólico y feroz como un fanático musulmán. ¡Cuán
+contrarias las ideas de uno y otro! ¿Qué podía hacer? ¿Fingir y ser
+hipócrita? ¿Aparentar un amor á la tiranía que le parecía criminal? "No:
+eso no puede ser", pensaba Lázaro. Además, en la agitación actual de los
+partidos, fingir semejantes ideas era peor que profesarlas. El viejo no
+podía admitirle en su casa. Entonces, ¿qué determinación debía tomar?
+¿Adónde iba? ¿Volvería á Ateca? ¿Y Clara?
+
+Al acordarse de su infortunada compañera, los pensamientos del joven
+tomaron otro sesgo. La idea de los pesares de aquella infeliz, condenada
+á vivir con un ser tan antipático, principió á atormentarle. Era preciso
+ir allá y ver lo que pasaba en la casa. ¿Pero cómo, si era imposible
+visitar á su tío?
+
+¿Iba ó no iba? La necesidad le apremiaba. Estaba solo, agobiado de
+extenuación, hambriento y desnudo. Doce cuartos era toda su fortuna;
+porque en el camino había perdido un doblón, y los gastos de viaje
+consumieron el otro. Entre tanto se acercaba la noche y no tenía dónde
+dormir. Si acudía á casa de sus amigos, temía no encontrarlos tan
+benévolos como la noche anterior. Además, eran pobres, tan pobres como
+él, y no podían darle agasajo.
+
+Era preciso ir. También se le ocurrió tomar el camino de su pueblo y
+volverse allá. Conocía un arriero en el parador, que le llevaría de
+fiado. Pero ¿y Clara?
+
+Estos eran sus pensamientos cuando acertó á pasar por la _Fontana_.
+Sintió gran algazara, paróse maquinalmente y tuvo intenciones de entrar.
+"No--dijo dominándose--no entraré." Y al mismo tiempo dió un paso hacia
+la puerta.
+
+Sin embargo, atracción fatal le arrastraba hacia aquel recinto, abismo
+de sus primeras y más bellas ilusiones.
+
+Los sonidos que allí dentro se oían retumbaban en su cerebro como ecos
+infernales de singular fascinación.
+
+Retrocedió, volvió á avanzar, se consultó, discutió mentalmente, y al
+fin, uniéndose la curiosidad á su instintivo deseo de entrar, no dudó
+más y entró.
+
+Estaban en una discusión muy acaloraba. Por todas partes se alzaban
+voces, lo mismo en la región turbulenta del público que en la del club.
+El que estaba en la tribuna logró dominar el ruido y pudo hacerse oír;
+pero bien pronto los gritos ahogaron de nuevo su voz. Trataba de la
+vergonzosa derrota que habían sufrido los exaltados ante la autoridad de
+Morillo, y algunos habían llevado esta cuestión á un terreno personal.
+Celosos del decoro de la sociedad y del buen nombre del partido, algunos
+oradores denunciaban _á los infames que, disfrazados con el nombre de
+liberales, iban á corromper á aquella asamblea, á hacer vergonzosos
+tratos en nombre del Rey, á comprar la elocuencia exaltada y á promover
+alborotos que no tenían otro objeto que desprestigiar el liberalismo y
+dar armas á la reacción._
+
+--¡Lobos--decía el orador--disfrazados de cordero, que vienen aquí
+fingiendo un amor á la libertad que no tienen! ¡Ofrecen oro á los
+oradores en pago de un discurso que exalte los ánimos de la multitud
+ignorante!
+
+--Sí: esos infames--decía otro orador--son los que preparan las asonadas
+y los que apedrean las casas de los Ministros. El objeto de esta
+asociación es sostener una cátedra permanente de las buenas ideas,
+dirigir los sufragios; pero nunca patrocinar el libertinaje, ni el
+escándalo, ni la anarquía.
+
+--No--gritó otro orador, en quien se fijaban las miradas de todos, y que
+se levantó lleno de ira á protestar contra las palabras anteriores.--No:
+aquí no hay traidores. Los que tal hacen no pertenecen á la raza de los
+humanos: no creo en ellos, y si los hay, que se digan sus nombres.
+Sepamos quiénes son; conozcámonos.
+
+--¡Que se digan los nombres!--repitieron cien voces.
+
+--Es preciso--decía el primer orador--purificar esta noble asamblea.
+Merced á los infames que la han corrompido, corren por la corte
+injuriosas calificaciones de nosotros y de nuestro club. ¡Que esos
+infames salgan de aquí!
+
+--¡Que se digan sus nombres!--respondió la multitud con un rugido.
+
+--No--decía otro:--esa especie de hombres no existe.
+
+--Sí existe--exclamó exasperado el primero.--Frecuentan este sitio
+personas que vienen á pagar con el oro del rey el frenesí oratorio que
+enloquece al pueblo.
+
+--¡Quién! ¡Quién!
+
+--¿Quién de nosotros--continuó el orador--no conoce al llamado Coletilla?
+Es un realista fanático, un malvado agente de la _casa grande_. ¿No le
+conocéis? Este hombre es una culebra que se desliza entre nosotros para
+corromper á los oradores jóvenes. Yo sé que muchos han recibido dinero
+en cambio de discursos muy calurosos. Las asonadas absurdas que vemos
+todos los días, ¿á qué se deben? No lo dudéis: ¡abrid los ojos, ciegos!
+Se deben al oro de Fernando de Borbón, al oro repartido por ese hombre
+insidioso, por ese Coletilla.
+
+--¿Quiénes son los venales? Sepámoslo.
+
+--Desconfiad de los autores de asonadas.
+
+--Ese es algún amigo del Gobierno--exclamó señalando al orador un
+individuo que estaba en la parte del público.
+
+--¿Amigo del Gobierno?--dijo el orador indignado.--¿Por qué? ¿Porque amo
+la libertad sin licencia, la petición sin escándalo? Vosotros amáis la
+anarquía y cedéis á la venalidad. Me dirijo á los aragoneses, que este
+sitio se distinguen por su lenguaje procaz y su amor á los alborotos.
+
+--¿Qué se atreve usted á decir?--exclamó Núñez levantándose como una
+furia y apostrofando al primer orador.
+
+--¡Qué injuria dirige usted á mis amigos, á mi!
+
+--Sí, señores--gritó el otro:--desconfiad de los aragoneses. Un aragonés
+agitó las turbas el día de la procesión del retrato.
+
+Algunos miraron á Lázaro que, mudo y helado, presenciaba aquella escena.
+
+--Y no lo dudéis--continuó el orador.--El que habló en aquella ocasión
+era un vil instrumento de los agentes del Rey.
+
+--¡Es éste! ¡Aquí está!--exclamó uno, señalando á Lázaro á la atención
+de toda la asamblea.
+
+--Sí: el sobrino de Coletilla.
+
+--¡Sobrino de Coletilla! ¡Sobrino de Coletilla!--repitieron
+muchas voces.
+
+Tumulto espantoso resonó en todo el ámbito. Todos se levantaron y
+miraron á Lázaro.
+
+--¡El que habló la otra noche excitando á la rebelión!
+
+--¡Alborotador de la Plaza Mayor!
+
+--¡El sobrino de Coletilla!
+
+Estas últimas palabras eran el mayor padrón de deshonra. Núñez se
+levantó á defender á su amigo; pero no pudo: su voz no fué escuchada.
+Muchos que temían verse acusados, en cuanto vieron el aluvión que sobre
+Lázaro caía, descargaron sobre él toda su ira.
+
+--¿Cuánto te dieron por los gritos del día de la procesión,
+prendita?--exclamó desde el rincón el augusto Calleja.
+
+--¡Afuera con él!
+
+--¡Fuera los traidores, fuera!
+
+--¡A la calle, á la calle!
+
+Lázaro trató en aquel momento supremo de desesperación de reunir todo su
+aplomo para hablar, para defenderse, para gritar, para decir á todos que
+era inocente, que era un infeliz, un pobre diablo, el último de los
+seres. No le escuchaban. No podía hablar, ni para defenderse, ni para
+despreciarlos: se doblegó bajo el peso insoportable de tanta mirada y de
+tanta cólera. La multitud redobló su furia al ver el estupor y la
+postración de su víctima, y tras las palabras vinieron los movimientos:
+le mandaron salir, le empujaron hacia la puerta, le echaron. El círculo
+en que le tenían se estrechaba cada vez más; el desdichado joven vió
+cien manos sobre su cuerpo; se sintió cogido, como si una culebra se le
+enroscara echándole fuertes nudos y apretándole en sus robustos anillos.
+El vocerío, el calor, la angustia, la vergüenza, le aturdieron hasta el
+punto de hacerle perder la claridad del conocimiento. Sintióse arrastrar
+sin ver quién le arrastraba; fuerzas descomunales tiraban de sus puños,
+le golpeaban la espalda, le impelían hacia fuera, sintió abrirse la
+puerta con estrépito, sintió que su cuerpo recibía una fuerte sacudida,
+sintióse arrojado y libre de aquellos brazos terribles; cayó al suelo.
+El ruido continuaba en torno suyo, formado principalmente de carcajadas
+infernales; pero al fin el ruido se alejó poco á poco: el infeliz
+comenzó á experimentar el dolor de la caída y el frío de la tierra.
+Estaba en la calle.
+
+Permaneció en el suelo algunos minutos sin darse clara cuenta de aquél
+hecho, y el sudor que le cubría su rostro le produjo una impresión
+glacial. Entonces adquirió conocimiento exacto de su situación, y vió
+que estaba en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, inclinada la
+frente, caído y revuelto el cabello. El sombrero rodaba á su lado, su
+ropa estaba desgarrada y sentía un dolor agudísimo en el codo izquierdo,
+duramente estropeado en la caída. El ruido de la _Fontana_ resonaba como
+enjambre lejano: á los gritos se unían las palmadas, y una voz agitada y
+sonora se elevaba á ratos sobre aquella tempestad de entusiasmo.
+
+Lázaro vió en torno suyo á tres pilletes que le contemplaban con burla,
+y uno de ellos atisbaba una ocasión oportuna para quitarle el sombrero.
+Los transeúntes principiaron á formar corro, y alguno llegó á inclinarse
+con curiosidad para ver si el caído estaba difunto ó simplemente
+desmayado. Levantóse, porque aquella curiosidad impertinente le
+molestaba tanto como el rumor que de la _Fontana_ salía, y se alejó de
+allí, dirigiéndose á la Puerta del Sol. Los gateras le seguían,
+acompañados de algunos más; los serenos le dirigían de lleno la luz de
+sus linternas, y los transeúntes se paraban mirándole alejarse, seguros
+de que no era difunto ni estaba desmayado, sino simplemente borracho.
+
+Subió la calle de la Montera, y preguntó por la calle de Válgame Dios,
+porque había resuelto dirigirse á Casa de su tío. Ya no dudaba: su
+determinación era fija, y en aquel angustioso trance, la casa del
+fanático, en cuya puerta había de dejar sus creencias, sus sentimientos,
+le pareció un refugio de paz.
+
+Después de todo, los pocos días pasados en Madrid habían sido continuado
+martirio, y la idea de la apostasía que en casa del realista se le
+obligaba á hacer, no le molestaba tanto. Estaba herido de muerte en la
+imaginación, es decir, flaqueaba por su parte más poderosa. Ya no era
+aquel joven ardiente que se creía destinado á grandes fines; era un
+pobre desheredado sin vigor de espíritu, sin esperanza y sin ideas. No
+sabía lo que pensaba, no podía medir la inmensidad del trastorno que su
+pariente le exigía, no estaba resuelto sino á echarse en brazos del
+primero que fuera capaz de consolarle.
+
+Llegó por fin, después de preguntar mucho, á la calle de Válgame Dios.
+Vió el número de la casa, miró á las ventanas del segundo piso y había
+luz en las habitaciones. Sin duda estaba allí Clara cansada de
+esperarle, desconfiada de verle otra vez. Entró en el zaguán y subió la
+escalera tan agitado y palpitante, que al llegar á la puerta se detuvo
+porque apenas podía respirar. Después de algunos segundos, en que trató
+de reponerse, alargó la mano, tomó el cordón de la campanilla y tiró muy
+suavemente, porque le parecía que iba á incomodar á su tío y á alarmar á
+Clara si tocaba más de lo necesario para hacer constar en el interior la
+presencia de un forastero. Pero la suavidad con que tiró su mano
+temblorosa fué tal, que la campanilla no sonó. Quiso hacerlo con más
+energía, y como estaba tan nervioso, tiró tanto que la campana atronó la
+casa. Lázaro se asustó, creyendo que Elías iba á salir hecho una furia,
+clamando contra el que así alborotaba. Largo rato pasó sin que nadie
+abriera; pero al fin distinguió alguna claridad al través del
+ventanillo; sintió pasos; una mano descorría la tabla, abrióse el
+agujero y aparecieron dos ojos.
+
+No eran los de Clara.
+
+--¿Quién?--dijo desde dentro la voz de Pascuala.
+
+Lázaro preguntó por su tío.
+
+--Sí pero no está.
+
+--¿Vendrá pronto? Soy su sobrino.
+
+Pascuala abrió la puerta y Lázaro dió un paso hacia adentro sorprendido
+de no oír la voz de Clara.
+
+--No vendrá ni pronto ni tarde, porque se ha _mudao_--contestó la
+alcarreña.
+
+--¿Cómo?
+
+--Como que se ha _mudao_ hoy mismo. Yo estoy aquí todavía, porque quedan
+algunas cosillas y el ropero grande, y estoy aquí _pa_ cuidarlo; pero
+mañana me voy.
+
+--¿Y á dónde se ha mudado?
+
+--Aquí cerca, en la calle de Belén, en casa de unas señoras que llaman
+de Porreño, que le han _cedío_ el cuarto segundo _pa_ que viva solo.
+
+--¿Y Clara?--preguntó Lázaro con mucha ansiedad.
+
+--Ésa hace ocho días que está allá viviendo con las señoras. El amo la
+puso allí porque se _enfaó_ con ella.
+
+--A ver, á ver, ¿qué es lo que dices?
+
+--¡Ah! ¿Pero usted es sobrino del amo?
+
+--Sí.
+
+--Usted es aragonés. Dígame: ¿conoce por casualidad en Cariñena á
+Ventura Palomino, hermano de Jusepe Palomino, que casó con Colasa
+Sanahuja?
+
+--No--contestó Lázaro impaciente:--no soy de Cariñena.
+
+--¿Y sabe usted si ha _parío_ la mujer de Antón Telares, hermano de
+mi novio Pascual, con quien me voy á casar la semana que entra, si
+Dios me ayuda?
+
+--No sé, hermana; no conozco á esa gente. Pero diga usted, ¿por qué ha
+ido Ciara á vivir con esas señoras?
+
+--¡Ah!--dijo la alcarreña riendo con mucha gana:--no me acordaba de que
+era usted su novio. El amo la mandó allá, porque decía que no la podía
+aguantar ... pues ... le diré á usted ... el amo es así, un poco ...
+Decía que era una niña como las del día, que era muy sardesca ... Pero
+ella es muy buena, y no sé cómo la pobre no se ha _podrío_ de tristeza
+en esta casa.
+
+--¿Y salió con gusto de aquí?
+
+--A la verdad, caballero ... el amo tiene un genio, así ... vaya. Las
+dos nos quedábamos muertas de miedo siempre que le veíamos entrar. No
+nos hablaba nunca, y de noche, después de acostarnos, le sentíamos dando
+unas patadas.
+
+--¿Y por qué la mandó á casa de esas señoras?
+
+--Vea usted, yo le voy á decir la verdad porque es de la casa. Había un
+_melitarito_ que se metió un día en casa, porque vino acompañando al
+amo, que fué _herío_ en la calle. Después pasaba todos los días por ahí,
+y siempre que me encontraba en la calle me paraba _pa_ preguntarme por
+doña Clarita. ¡Ay! un día me vió mi Pascual hablando con él, y por poco
+... mi Pascual tiene un genio del demonio, y cuando se _enfaa_ ... usted
+no supo cómo le pegó de cachetines al carnicero de ahí enfrente ...
+Luego, como es una así ... tan guapetona.
+
+--Siga lo que iba contando: después sabremos lo que hace el señor
+Pascual--dijo Lázaro, impaciente por las digresiones de la criada.
+
+--Pues decía que el _melitarito_, ofreciéndome dinero, quería
+colarse aquí.
+
+--¿Y entró?...
+
+--Espere usted y seguiré contando. No pasaba de la esquina, y el amo le
+alcanzó á ver algunas veces. Porque el amo, aunque parece que no ve
+nada, lo _oserva_ todo.
+
+--Y ella, ¿qué decía?
+
+--Espere usted ... El me decía que quería entrar.
+
+--¿Y qué decía él de ella?
+
+--Que era muy guapa para estar aquí encerrada sin ver el mundo; que era
+una lástima que una mujer así viviera en compañía de un viejo tan feo y
+tan ... Decía: "yo la sacaré de aquí."
+
+--¿Y ella sabía que él decía eso?
+
+--Sí: él mismo se lo dijo.
+
+--Luego estuvo aquí--exclamó Lázaro con mucha ansiedad.
+
+--Espere usted.
+
+--Y ella, ¿qué decía de él?
+
+--Que era una persona amable y de muy buen trato; que era buen sujeto y
+caballero muy cumplido. Un día se nos metió aquí. ¡Jesús, qué susto!
+
+--Y ella, ¿qué hizo?
+
+--Le dijo que se fuera.
+
+--¿Y se fué?
+
+--Ca: aquí estuvo hablando mil cosas.
+
+--Y ella, ¿qué le decía?
+
+--Que se fuera, porque la iba á comprometer; que si era verdad que se
+interesaba por ella, se marchara al momento, no dando lugar á que le
+vieran allí.
+
+--Y él, ¿qué dijo?--preguntó Lázaro, que no cabía en sí de zozobra.
+
+--Mil cosas, mil monerías. Lo cierto es que el amo entró y le vió. Se
+enfadó mucho, nos riñó mucho.
+
+--Y á él, ¿qué le dijo?
+
+--Nada. A nosotras nos estuvo riñiendo todo el día. Después le dijo á
+doña Clarita que era una loca; que ya estaba _cansao_ de sus coqueterías
+... cosas del viejo, porque ella, la pobre ... por fin le dijo que la
+iba á mandar á casa de esas tres viejas para que la corrigieran y la
+enseñaran á buen vivir.
+
+--Pero ¿por qué causa mi tío la llama loca? ¿Qué ha hecho?
+
+--_Naa_; pero el amo dice que las ideas del día ...
+
+--¿Y qué más le dijo?--preguntó Lázaro, que no se cansaba nunca de las
+terribles respuestas de aquel fatal interrogatorio.
+
+--Que debía aplicarse á la oración y á una vida santa.
+
+--¿Y ese militar no la ha vuelto á ver más?
+
+--Estos días le he visto rondando por la calle de Belén, y yo ... me
+figuro....--¿A ver? ¿Qué se figura usted?
+
+--Me figuro ... El _melitarito_ es muy pillo ... apuesto á que se ha
+colado allá.
+
+--¿Y usted no conoce á esas tres señoras?--dijo Lázaro, tratando de
+disimular la mala impresión que la anterior respuesta le había
+producido.
+
+--No: el amo decía que son buenas, y que una es santa.
+
+--¿Dónde viven?
+
+--En la calle de Bebén, núm. 4. Su tío vive en la misma casa. Ya las
+conocerá usted.
+
+-Diga usted--preguntó Lázaro, después de una pausa, en que dudó si
+marcharse ó prolongar más aquel coloquio doloroso;--diga usted, ¿ese
+militar es un joven alto, con bigotes negros? ...
+
+--Sí: un poquito más alto que usted; tiene una voz muy clara y anda con
+mucha gracia, y se ríe con mucha gracia.
+
+--¿No sabe usted cómo se llama?
+
+--No, señor: lo iba á averiguar; pero como mi Pascual es tan celoso,
+tuve miedo. ¡Ah, qué hombre! Cuando se _enfaa_ ...
+
+Lázaro estuvo un momento silencioso contemplando la bárbara efigie de
+aquella mujer, oráculo de su desventura. Después se hizo repetir las
+señas de la nueva casa, y salió.
+
+Ya la determinación de ir allí era inquebrantable, y antes hubiera
+muerto que dejar de hacerlo. La curiosidad, los celos, la necesidad de
+encontrar una solución á aquella serie precipitada de dudas, le
+impulsaban hacia la nueva casa. ¿Y la abjuración exigida? Casi no
+pensaba ya en tal cosa. Sin duda alguna podía asegurar que el militar,
+de quien le habló Pascuala, era el mismo que le acababa de poner en
+libertad. ¡Nuevo y doloroso misterio! Hubiera dado muchos días de vida
+por saber todo con claridad, y al mismo tiempo se horrorizaba al pensar
+que iba á saberlo. La idea de la deslealtad de Clara, de su deshonra,
+era demasiado grande en su horror, y no le cabía en la cabeza. Lo que
+más le confundía era la extraña rapidez, la fatal impaciencia con que
+se precipitaban sobre él tantas contrariedades, tantas amarguras, que
+no le daban tiempo para buscar aliento y esperanza en su inteligencia y
+en su corazón.
+
+Entró en la casa, y subió lentamente la escalera de la casa del siglo
+décimoctavo. No pudo prescindir de una sensación de respeto hacia
+aquellas tres damas, desconocidas todavía para él, que le parecían tres
+perfectos modelos de virtud. Tocó, y le abrió una de ellas. La
+decoración le afectó un poco: los retratos históricos de la antesala le
+miraron todos con sus ojos apolillados. Lázaro tuvo miedo. Precedido por
+Paz, atravesó por entre aquellas sombras que la débil luz del pasillo
+hacía más misteriosas, y entró en la sala.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXIII
+
+
+
+#La Inquisición.#
+
+
+Cuando Coletilla, después de instalado en el piso segundo, manifestó á
+las señoras la probabilidad de que su sobrino fuese á vivir con él,
+Salomé se quedó un poco pensativa; pero María de la Paz dijo que no
+había inconveniente, supuesto que el joven, bajo la vigilancia y tutela
+de su tío, habría de tener el comedimiento y la dignidad que aquella
+casa imponía á sus habitantes.
+
+Lázaro, precedido por María de la Paz, entró en la sala. Lo primero que
+vieron sus ojos fué á Clara, que estaba sentada junto á la devota y
+cosía con la cabeza baja, sin atreverse á mirar á nadie. Vió su
+turbación y su empeño en disimularla. Después miró á todos lados y vió á
+su tío, respetuosamente sentado al lado de Salomé, cuyos reales estaban
+plantados al extremo oriental de María de la Paz. Lázaro les vió á todos
+inmóviles, como figuras de palo: todos le miraban, excepto Clara, la
+cual insistía en acercar tanto los ojos á su labor, que era difícil
+comprender cómo no se sacaba los ojos con la aguja.
+
+Elías miró á Lázaro con asombro. Paz con asombro, Salomé con asombro,
+todos con asombro, y él mismo llegó á creer que era un fantasma evocado,
+el temeroso espectro del sobrino de Coletilla. Salomé le indicó una
+silla con el dedo en que tenía las sortijas, y Paz le dijo con el
+registro de voz más desdeñoso y augusto:
+
+--Siéntese usted, caballerito.
+
+Cuando el joven dijo "gracias, señora," su voz resonó débil y dolorida,
+anunciando tanto sufrimiento y postración, que Clara no pudo menos de
+alzar los ojos y mirarle con súbita impresión de interés. Le encontró
+muy pálido y abatido; comprendió lo que el infeliz había pasado en
+aquellos días, y necesitó todo el esfuerzo de que su alma valerosa era
+capaz para no echarse á llorar como una tonta en presencia de aquellas
+tres rígidas damas y del furibundo Coletilla.
+
+--Ya estas señoras saben lo que has hecho al llegar á Madrid--dijo Elías
+á su sobrino con mucha severidad. Paz y Salomé fruncieron el ceño para
+que nadie pudiera poner en duda su indignación. Lázaro no contestó,
+porque estaba muerto de vergüenza, y en aquel momento las dos damas le
+parecían las dos personificaciones más perfectas de la justicia humana.
+
+--¿Recuerdas lo que te dije cuando fuí á verte á la cárcel?
+
+--Sí, señor: no lo he olvidado.
+
+--Ahora vivo aquí, en casa de estas señoras que nos han ofrecido á mí y
+á Clara un asilo.
+
+--Sólo por usted, señor don Elías--dijo Salomé.
+
+--Ya lo sé; sólo por mí--contestó el viejo.--Pero yo--continuó
+dirigiéndose á Lázaro,--si te llamé estando en la otra casa, ahora no me
+atrevo á darte hospitalidad porque....
+
+--Señor don Elías--dijo Paz,--de lo de arriba puede usted disponer á su
+antojo. Ya sabe usted lo que hemos convenido. Sólo lo hacemos por usted.
+
+--Yo no puedo--prosiguió Elías, haciendo una gran reverencia,--yo no
+puedo decir á este muchacho que se quede en esta casa. Su conducta ha
+sido tan escandalosa, que no me atrevo....
+
+--No hay falta, por grande que sea, que no pueda corregirse--dijo
+Salomé, mirando con sublime protección al desdichado Lázaro, á quien
+parecieron aquellas palabras el colmo de la generosidad.
+
+--Efectivamente--dijo Paz en tono de enfática indulgencia.--Hay faltas
+tan enormes, que por su misma enormidad necesitan indulgencia. Mi
+opinión es que este caballerito debe quedarse con usted, señor don
+Elías, porque si no, ¿qué va á ser de él?
+
+Elías manifestó comprender.
+
+--¿Qué va á ser de él si continúa abandonado y sin guía?--prosiguió la
+dama.--Por lo que ha pasado podemos colegir lo que pasará. Sin el amparo
+de una persona tan virtuosa y magnánima como usted, ¿qué será de este
+caballerito, en quien han germinado las semillas de todas las malas
+ideas del día?
+
+--Yo creo que aún es tiempo, porque, aunque ha brotado la cizaña en esa
+tierra malignamente fecunda, con un buen sistema de educación podrá ser
+arrancada de raíz esa mala hierba, y aun expurgar y purificar la mala
+tierra--dijo Salomé, que, desde el tiempo en que los poetas le dedicaban
+madrigales, había conservado gran afición á las alegorías.
+
+--¿Qué te parece, Paula?--dijo Paz, que creía á veces que en aquella
+casa no podía emitirse palabra ni consejo de ningún valor, sin ser
+refrenado por el _exequatur_ ortodoxo de la devota.
+
+--Ella, que es una santa, dirá lo que se ha de hacer--exclamó Elías.
+
+Mientras todos le pedían su opinión, la devota contemplaba el rostro del
+estudiante, como si quisiera leer en él su delito. Expresión de lástima
+afectuosa y aun de admiración ingenua brillaba en los ojos de doña
+Paulita, que en aquel momento parecía manifestarse naturalmente. Pero en
+cuanto advirtió que le pedían un consejo, recordó su misión, arqueó las
+cejas, y dió al viento la metálica voz con estas palabras:
+
+--¡Oh! ¿Qué hay que consultar sobre este punto? ¿Quién dice si se debe
+perdonar al que ha faltado? ¿Quién hay tan poco cristiano que haga
+semejante pregunta? ¡Perdonar! ¿Qué es grave la culpa? Mejor: Por lo
+mismo necesita perdón y olvido. Y si fuera más delincuente más pronto la
+perdonaría.
+
+Paz y Salomé miraron á la par á don Elías para complacerse en leer en
+sus ojos la admiración que había de causarle tanta sabiduría.
+
+--¿Cómo me consultan ustedes eso?--continuó Paulita.--Digan dónde hay
+pecadores para perdonarlos á todos. ¿Y os priváis de la alegría de
+perdonar? No sólo digo á todos que le perdonen, sino también que le amen
+como si nunca hubiera pecado. Acordaos del hijo pródigo. Hoy es día de
+júbilo en esta casa, porque ha vuelto el delincuente, ha vuelto el que
+se creía perdido para siempre. Voy á dar gracias á Dios por haberme
+proporcionado el favor inefable de recibir en mi casa un delincuente
+cargado de culpas, de poderle decir: "levántate y no vuelvas á pecar."
+
+Era fácil conocer en la mirada de la santa que hablaba en aquel momento
+con profunda verdad y gran convicción. El pecador se sintió conmovido de
+gratitud. Clara no hubiera hablado con tanta elocuencia; pero de seguro
+pensaba y decía interiormente cosas parecidas.
+
+La devota se sonrió al concluir su homilía, acontecimiento rarísimo que
+hubiera sorprendido á todos, si la preocupación de aquellos momentos
+les hubiera permitido repararlo. El joven vió aquella sonrisa en la
+boca de la que juzgaba santa (y lo era), y le pareció la cosa más
+natural del mundo. Se sintió aligerado de un gran peso, respiró
+tranquilo ante aquella profesión de bondad é indulgencia, y creyó
+asistir al juicio supremo.
+
+--Visto el admirable dictamen de esta santa--dijo Elías, porque es una
+santa, Lázaro, entiéndelo bien, te quedarás conmigo; pero en
+expectativa, en entredicho.
+
+--No admito entredicho: perdón definitivo--dijo la devota.
+
+--Bien: perdonado, pero sujeto á vigilancia. A pesar de la actitud
+severa de las dos damas y de su tío, Lázaro experimentó cierto descanso
+moral en aquella casa. Advirtió á Clara silenciosa y apartada: no alzaba
+los ojos, no decía palabra.
+
+Lázaro, siempre que miraba hacia aquel sitio, encontraba los ojos negros
+de la devota fijos en él con tenaz atención.
+
+La escena se hallaba dispuesta de este modo: Paz y Salomé estaban
+sentadas en la actitud ceremoniosa que les era habitual. A la derecha
+tenían á Elías, y Lázaro se hallaba frente á ellas en la postura de un
+reo. Detrás de las dos viejas, Clara y la devota formaban otro grupo
+junto á un pequeño velador que sostenía la lámpara, cuya débil luz
+iluminaba aquel cuadro. El resplandor daba de lleno en el rostro del
+joven: en la sombra quedaban Clara y la devota, y los ojos negros,
+profundamente negros de ésta, brillaban en el fondo sombrío de la sala
+con vivacidad felina. Las dos viejas, que volvían la espalda al segundo
+grupo, no veían nada; pero Lázaro, que estaba de frente, notaba la
+expresión atentamente curiosa y fascinadora de aquellos dos ojos, y se
+preguntaba qué podía haber en su fisonomía y en su persona que pudiera
+excitar la curiosidad infatigable de aquella señora.
+
+Elías entre tanto no hubiera creído que aquel concilio ecuménico era
+decoroso, sin hacer un pomposo elogio de las virtudes de los tres
+venerandos restos de la ilustre familia de los Porreños.
+
+--En verdad, señoras--dijo,--que no sé cómo agradecer tantas bondades.
+No sé á qué debo yo, persona de tan humilde origen, el que usías me
+traten con tanta benevolencia y me colmen de favores. ¿Qué he hecho?
+¿Quién soy? ¡Ah! Usías son la bondad y nobleza misma. ¡Cómo se conocen
+la alteza del origen y la excelencia de la sangre! ¡Ah! ¡Usías se han
+puesto de ser redentoras de todos los que en torno mío me abruman á
+penas, amargando mi vida! ¿Y qué sería de esa pobre niña sin el amparo
+de usías, cuando las ideas del día han echado en su corazón tan
+perniciosas raíces?
+
+La devota dejó de mirar al recién venido y dijo:
+
+--No me la riñan más, que bastante ha padecido. Lázaro advirtió que
+Clara se estremecía, poniéndose roja como una amapola.
+
+--No me la riñan más, que bastante la han reñido--añadió compungidamente
+la devota.--Yo respondo de ella. Yo sé que tiene buen fondo, aunque al
+exterior aparezcan los defectos de las pestilenciales ideas del siglo.
+Yo sé que tiene buen fondo: ¿qué importan las faltas más graves, cuando
+van seguidas del arrepentimiento?
+
+Lázaro advirtió que Clara hizo un movimiento, como si tratara de
+contradecir aquellas palabras; pero en su ceguera no supo ver, no supo
+apreciar que en aquel instante el alma de su amiga pasaba por el más
+duro trance de dolor y paciencia de que es capaz la naturaleza humana.
+
+--Yo sé que se corregirá--continuó la devota.--¡No se ha de corregir!
+Grandes pecadoras ha sido santas. Animo, amiga mía. Con la vista fija en
+Dios, ¿qué se puede temer? Yo sé cómo se curan los males del espíritu, y
+mi amiga Clara aparece ya bajo la benéfica influencia de una reacción
+feliz. Perdonémosla también; yo respondo de que se corregirá.
+
+A Lázaro le llenaron de confusión estas palabras. ¿Qué había hecho
+Clara? Estuvo casi dispuesto á levantarse, acercarse á ella y decirle en
+alta voz: "Clara, ¿qué has hecho?" La miró y la vió llorar; miró á
+todos, buscando en aquellas caras de pergamino la solución de tan gran
+misterio; pero ninguna le reveló la culpa de la muchacha, ni aun la cara
+de la devota, que, después del sermón, volvió á fijar en él, desde el
+fondo sombrío de la sala, el intenso rayo de su mirada escrutadora y
+ansiosa, suficiente á turbar á otro menos tímido.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXIV
+
+
+
+#Rosa mística.#
+
+
+--Hoy no he rezado nada--decía la devota á Clara al día siguiente de la
+entrada de Lázaro en casa de las Porreñas.
+
+Estaban sentadas las dos en el sitio de costumbre. Doña Paulita tenía en
+la mano nada menos que á San Juan Crisóstomo. Clara bordaba en un
+pequeño telar. Su cara expresaba la más calmosa y profunda melancolía.
+En cambio la otra parecía muy inquieta, contra su costumbre.
+
+El observador hubiera visto moverse sus labios, deletreando en silencio
+la lectura mística, mientras dirigía con súbita mirada los ojos hacia la
+puerta, los tornaba en derredor, miraba á Clara sin fijeza, y, por
+último, se quedaba con la vista fija en el espacio, como cuando nos
+abandonamos á la contemplación de lo que no está junto á nosotros ni
+donde estamos nosotros. A veces parecía prestar atención á algo que
+pasaba fuera del cuarto; salía, se paraba en la puerta poniéndose en
+escucha, volvía á entrar, se sentaba de nuevo, cogía el libro santo,
+leía un poco, pasaba con la vista hojas enteras, miraba á Clara,
+murmuraba un rezo, cerraba el _in folio_, lo volvía á abrir, y así
+sucesivamente. Sin duda su espíritu vagaba sobre San Juan Crisóstomo,
+sin penetrar, como de costumbre, en las entrañas de la teología.
+
+--Clara--dijo después de meditar un momento,--Clara, ¿sabes que me
+parece que el cuarto donde se ha puesto al sobrino del señor don Elías
+es un poco estrecho?
+
+--¿Estrecho?--dijo Clara, afectando indiferencia.--No: para un
+hombre solo....
+
+--¡Ah!--exclamó la devota.--¡Cómo se pervierte la juventud del día!
+Porque un joven como ese, que parece tener buenos instintos ... ¿No?
+
+--Sí--contestó la otra sin levantar la cabeza.
+
+--¿Usted no le conocía antes?
+
+Clara, que quería guardar la más absoluta reserva, se decidió á decir
+una mentira. Se avergonzaba de una denegación; pero en aquellas
+circunstancias y en aquella casa, la verdad no sólo la avergonzaba, sino
+que le daba miedo. Así es que dijo:
+
+--¿Yo? No....
+
+--Es una lástima que se perviertan jóvenes así. ¡Ah! Pero no faltarán
+buenas almas que oren por ellos y les ayuden á salir de la miseria. ¿No?
+
+--Es verdad--contestó Clara.
+
+--Y cuando se tiene buen fondo como ese joven, es cosa fácil. ¡Ah! Pero
+usted me dijo que estuvo en el pueblo de donde es ese joven, ¿No estaba
+él allí entonces?
+
+Clara, que no tenía costumbre de mentir, se vió muy apurada con aquella
+pregunta; pero evocando toda la poca malignidad de su carácter, se
+dominó y mintió otra vez diciendo:
+
+--No, no estaba.
+
+--Y allí, ¿qué decían de él?--preguntó la devota, abriendo á San Juan
+Crisóstomo.
+
+--¿Qué decían?--contestó la huérfana, mirando la labor lo más de cerca
+que le era posible.--Decían que era un joven muy leal, muy generoso, muy
+bueno y de mucho talento.
+
+--Sí, ya se conoce que es un joven de buenas prendas--dijo la de
+Porreño, abriendo á San Juan Crisóstomo.--¿Y tiene padres?
+
+--Tiene á su madre--contestó Clara, bajándose para recoger una cosa que
+no se le había caído;--su madre, que es una cariñosa mujer, muy santa y
+muy buena.
+
+--Pues ya ... Bien se conoce que así había de ser--afirmó Paula,
+hojeando al santo.--Me figuro que será una mujer excelente.
+
+--Así es.
+
+--Bien merece ese joven que se le proteja. Cuando el alma es buena ...
+¿Quien no pecará alguna vez?
+
+Al decir esto arqueó las cejas, miró el libro, hizo todos los esfuerzos
+imaginables para leer medio renglón, y después de emplear cinco minutos
+en tan importante tarea, volvió á hablar diciendo:
+
+--¿No tiene ninguna hermana?
+
+--No, señora.
+
+--¡Oh!--exclamó Paulita, dejando definitivamente á San Juan
+Crisóstomo;--me olvidaba de mi rezo. Hermana, con la conversación de
+usted me he distraído. Vamos á rezar.
+
+Pero en lugar de tomar el libro de oraciones, tomó un libro de Santa
+Teresa, y lo abrió maquinalmente. Clara tomó el rosario, mientras la
+devota empezó la salmodia con la vista fija en el libro y equivocándose
+á cada momento. En lugar de decir un _Padre nuestro_ decía una _Salve_,
+y se trastornó de tal modo el rezo, que al cabo de un momento se
+encontraron perdidas en un laberinto sin saber en qué parte del rosario
+se hallaban.
+
+--¡Ah, qué cabeza la mía!-dijo la santa deteniéndose;--pero ¡ay! con la
+conversación de usted me he distraído. Sigamos.
+
+Pero en vez de pronunciar el _Pater noster_ fundamental, que es lo que
+procedía para empezar de nuevo, clavó los ojos en el libro, y
+maquinalmente leyó:
+
+--De dos maneras de amor quiero yo ahora tratar: uno es espiritual,
+porque ninguna cosa parece le toca la sensualidad ni la ternura de
+nuestra naturaleza; otro es espiritual, y que junta con él nuestra
+sensualidad y flaqueza ...--Qué distracción!-observó después.
+
+Y apartó el libro con desdén, miró al techo y se estuvo quieta un buen
+rato, sin dar señales de vivir en este mundo, permaneciendo tanto
+tiempo inmóvil y con tal profundidad extasiada, que Clara se alarmó, y
+tuvo al fin que decidirse á tirarle de la manga, con lo cual la devota
+bajó del cielo.
+
+--¡Ay, hermana!--dijo vivamente.--Usted no sabe rezar el rosario; déme
+acá.
+
+Y le quitó á Clara el rosario de las manos, lo tomó y empezó á contar
+las cuentas una por una con tanta escrupulosidad, que empleó lo menos
+diez minutos en tan difícil operación. Después rezó una Salve, á la que
+contestó Clara con un _Pater noster_: las dos se miraron. Clara tembló,
+porque creía que la devota la iba á reprender duramente, como de
+costumbre, por su equivocación, pero ¿cuál fué su asombro al ver que la
+santa desplegó suavemente los labios, se sonrió con una expansión
+inefable, que nadie, absolutamente nadie, había observado jamás en
+aquella casa, y acabó por reír con franqueza y desahogo, cosa fenomenal
+y nunca vista en tan ejemplar mujer?
+
+Pero Clara, aunque se sorprendió mucho, no dió importancia al hecho. La
+otra se sonrojó ligeramente, y tomando de nuevo el libro de Santa
+Teresa, dijo:
+
+--Voy á ver si encuentro un pasaje que hay aquí recomendando la
+penitencia. Hojeó el libro, y leyó.
+
+--_Sostenedme con flores y acompañadme con manzanas, porque desfallezco
+de mal de amores_. ¡Oh, qué lenguaje tan divino es éste para mi
+propósito! ¿Cómo, esposa santa, mataos la suavidad? Porque, según he
+sabido algunas veces, es tan excesiva, que deshace el alma de manera que
+no parece ya la hay para vivir y pedir flores.--No, no es esto; á ver
+esto otro--dijo hojeando más:--Es, pues, esta oración una centellica que
+comienza el Señor á encender en el alma del verdadero amor suyo, y
+quiere que el alma vaya entendiendo qué cosa es este amor con
+regalo.--Vamos, tampoco es esto. No he de encontrar hoy el pasaje.
+Sigamos, hermana, en nuestro rezo.
+
+Empezó formalmente el rosario. Paula dijo un _Dios te salve_ el número
+de veces necesario; pero al llegar al sitio del _Padre nuestro_, siguió
+diciendo _Dios te salve_ hasta treinta veces, con tanta prisa, que no
+esperaba á que la otra concluyera su _Santa María._ Clara contestaba
+también muy á prisa para no quedarse atrás: así es que, por último,
+apresurándose una y otra, resultaba que aquello parecía una apuesta de
+velocidad en la pronunciación. Llegaron al fin sin aliento y muy
+cansadas. Paulita tuvo necesidad de respirar el aire libre, abrió el
+balcón y miró á la calle; hecho inusitado, cuya gravedad no comprendió
+Clara tampoco.
+
+--¡Ay, que he abierto el balcón!--exclamó, comprendiendo la atrocidad
+que había cometido.--¡He abierto el balcón!
+
+Y lo cerró con sobresalto, como una monja que hubiera sorprendido
+abierta la reja del locutorio.
+
+--Hermana--dijo después,--¿sabe usted que he decidido no ayunar mañana?
+
+--Hará usted bien: es usted una santa; pero no ayune usted tanto,
+señora: eso no es bueno.
+
+--Tienes razón, Clarita, y yo creo que esto que tengo es causado por el
+excesivo celo. Bien me decía el padre Silvestre que la piedad en demasía
+es perjudicial, porque mata el cuerpo, sin el cual el alma no puede
+tener fortaleza.
+
+--Pero, ¿qué tiene usted?--preguntó Clara un poco alarmada.
+
+--No estoy buena--dijo la mujer mística restregándose entrambos ojos,
+como si los tuviera doloridos por la vigilia ó cansados de
+mirar.--Siento un calor aquí dentro ... y una agitación ... Pero es del
+ayuno, hermana; es del ayuno.
+
+--Pues debe usted moderarse. Descanse unos días.
+
+--Sí, lo haré, y esta semana no rezaré oración doble, como hasta aquí, y
+suprimiré horas por la noche.
+
+--Ya lo creo. ¿No es bastante rezar una vez? Si es usted una
+perfecta santa.
+
+--¿No le parece á usted que es bastante una vez?--preguntó Paula con
+mucha, ansiedad.
+
+--Sí; y debe usted tratar de reponerse.
+
+--¿Cómo ha dicho usted, Clarita? ¿Reponerme? Veo que sabe usted dar muy
+buenos consejos.
+
+--Reponerse, sí ... Distraerse un poco.... Salir....
+
+--¡Salir!--exclamó la mística tan asustada, que Clara se arrepintió del
+consejo--¡Salir! y ¿á dónde?
+
+--Pues ... quiero decir ... que usted debe procurar ... pues.... Cuando
+se está mucho tiempo encerrada en la casa, la salud se quebranta ... así
+es que ... siempre es bueno ... salir un poco....
+
+--¡Clara!--dijo doña Paulita con la expresión de estupor y gravedad del
+que hace un gran descubrimiento.--¿Sabe usted que su consejo es muy
+sabio? No creí yo ... Es verdad. Eso ¿por qué ha de ser malo? Yo siento
+ahora que tengo necesidad de ... salir, de andar, de respirar.... Sí,
+es preciso.
+
+Estaba inmutada. Parecía que en su espíritu y en su organismo se
+verificaba una crisis muy transcendental. Toda ella se dilataba, como si
+aquel día hubiera perdido de una vez la fuerza de concentración, la
+ligadura interna que la comprimía desde el nacer. No podemos explicarnos
+todavía nada de lo que por ella pasaba.
+
+--Debe usted cuidarse, debe usted vivir--dijo Clara.
+
+--Sí: debo cuidarme, debo vivir--repitió Paula en el tono de
+estupefacción que emplea el que oye por vez primera la solución concisa
+de un problema en que ha estado trabajando infructuosamente toda la
+vida.--¡Debo vivir!
+
+En aquel momento sus ojos miraban en derredor, asombrados, asustados,
+con melancolía y vaguedad, como el que no ha visto nunca un horizonte y
+lo ve por primera vez.
+
+Pero de repente la dama se levantó agitada, se dirigió á su
+reclinatorio, se arrodilló, abrió el libro de horas, inclinó el rostro
+hacia él, ocultándolo entre las manos, y allí quedó sumergida en
+profunda y concentrada meditación. Reposaba sin duda en el seno de Dios,
+que tenía reservado á su santa el goce inefable de vagorosos y
+celestiales deliquios.
+
+Durante el éxtasis, ¿quién podrá saber lo que pasó en aquella cabeza?
+Dios tan solo.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXV
+
+
+
+#Virgo prudentísima.#
+
+
+Visitemos á los dos huéspedes del cuarto segundo en la noche siguiente á
+la de su instalación. Prodigioso esfuerzo del genio doméstico de María
+de la Paz Jesús había podido acomodar dos camas en la habitación alta.
+
+Lázaro acababa de acostarse en la suya, tratando de reparar las fuerzas
+perdidas; su tío velaba sentado en el sillón de vaqueta que junto á la
+cama tenía, y se ocupaba en hojear unos papeles, leyendo á ratos y
+escribiendo un poco algunas veces.
+
+De repente el viejo se volvía; miraba á su sobrino, que no podía
+librarse de cierto temor cuando veía, dirigidos hacia él aquellos dos
+ojos de lechuzo. Parecía querer hablar al joven de alguna cosa
+importante, y no atreverse por no tener confianza en su discreción.
+Después de la llegada de Lázaro á la casa, tío y sobrino no habían
+hablado nada de política. El fanático creyó que su protegido no era
+capaz de tener entereza y tesón para sostenerse en sus creencias. En
+tanto, el exaltado liberal tuvo tanto que pensar en otras cosas, que
+relegó á segundo término aquella cuestión, y se acordaba poco de la
+apostasía que su tío le había exigido.
+
+Lázaro cedía á la fatiga, se dormía lentamente, cuando el viejo dijo con
+voz fuerte:
+
+--Lázaro, ¿duermes?
+
+--¿Qué?--contestó el muchacho, despertando sobresaltado.
+
+--Voy á preguntarte una cosa. ¿Conoces en Zaragoza á un liberal que se
+llamaba Bernabé del Arco?
+
+--Sí, señor--contestó Lázaro, que conocía y apreciaba mucho á aquella
+persona, orador y escritor de nota.
+
+--Era de los exaltados, ¿eh?--indicó el fanático con mordaz ironía.
+
+--Sí, señor: es de los que sostienen las ideas más avanzadas--contestó
+el sobrino, temeroso de pronunciar una palabra que ofendiera á su tío.
+
+--Es ... no: era, debes decir, porque pasó á mejor vida.
+
+--Cómo, ¿ha muerto?
+
+--Le han matado--dijo Elías con glacial indiferencia.--Mira la suerte
+que aguarda á los locos, depravados, ilusos y perversos. ¿Ves? ¡Así
+castiga el pueblo á los que le engañan! ¡Oh! Así deberían perecer los
+habladores.
+
+El sobrino se calló; volvió el tío á su lectura, y no había pasado un
+cuarto de hora, cuando se dirigió de nuevo al lecho del joven que,
+vencido por el sueño, dormía ya profundamente, y gritó:
+
+--¡Despierta, Lázaro!
+
+Y despertó dando un salto, aterrado y convulso, como debemos despertar
+el último día, cuando suene la trompeta del Juicio. Aquel viejo le había
+de quitar también los únicos momentos de reposo que sus desventuras le
+permitían.
+
+--¿Conoces aquí á un jovencito que se llama Alfonso Núñez, y á otro que
+se llama Roberto, conocido generalmente por el Doctrino?
+
+--Sí, señor--contestó Lázaro atemorizado, por creer que también le iba
+á participar la muerte de sus dos amigos.
+
+--Buenos chicos, ¿eh?--dijo Elías, riéndose como deben reír los brujos
+en el aquelarre.
+
+El sobrino no contestó, contentándose con encomendar mentalmente á Dios
+á su buen amigo Alfonso Núñez.
+
+--¡Tengo un plan!...--añadió el fanático con cierta satisfacción de sí
+mismo,--plan soberbio. Si supieras, Lázaro. Pero tú eres muy tonto y no
+puedes comprender esto. Son buenos chicos esos que te he dicho, ¿no? Así
+... muy exaltados, muy amigos de embaucar al pueblo y pronunciar
+discursos ... pues, así como tú.
+
+Lázaro su asustó más y comprendió menos.
+
+--Esos chicos valen mucho. ¡Si supieras qué útiles son! Amantes de la
+libertad, habladores, impetuosos, entusiastas. ¡Ah! No temo yo á éstos
+... Lo harán bien. ¡Plan magnífico!
+
+Después, como si se arrepintiera de haber dicho demasiado, apartó la
+vista de su sobrino, murmuró algunas voces incoherentes, y volvió á
+hojear sus papelotes, escribiendo algo y gruñendo siempre, sin dejar de
+gesticular como si hablara con alguien.
+
+Lázaro miró un buen rato la lívida faz del viejo realista, que,
+iluminada de lleno por la luz, ofrecía fantástico é infernal aspecto.
+Las orejas se le transparentaban, los ojos parecían dos ascuas, y el
+cráneo le lucía como un espejo convexo. Los singulares objetos que le
+rodeaban, ó los que cubrían las paredes de la habitación, aumentaban el
+terror del estudiante. Aquel sillín de vaqueta, testigo mudo del paso de
+cien generaciones; aquellos cuadros viejos; los muebles de talla,
+exornados con figuras grotescas y de rarísima forma, daban á la
+decoración el aspecto do uno de esos destartalados laboratorios en que
+un alquimista se consumía devorado por la ciencia y las telarañas.
+
+Después de cerrar los ojos, entregado por fin al sueño, el joven Lázaro
+continuó viendo á su tío con los objetos que le rodeaban.
+Representáronsele además las siniestras figuras de las señoras de
+Porreño; y en su soñar disparatado, lo parecía que aquellas tres figuras
+crecían, crecían hasta tocar las nubes y ocupaban todo el espacio:
+Salomé como una columna que sustentaba el cielo; Paz, como nube
+gigantesca que unía el Oriente con el Ocaso. Después le parecía que
+menguaban, que disminuían hasta ser tamañitas: Paz como una nuez, Salomé
+como un piñón, Paula como una lenteja. Oía la frailuna voz de la devota;
+veía extraños y complicados resplandores, partidos de la lámpara del
+viejo; veía la rojiza diafanidad de sus orejas como dos lonjas de carne
+incandescente; veía la enormidad de su calva iluminada como un planeta;
+y por último, todos estos confusos y desfigurados objetos se desviaban,
+dejando todo el fondo obscuro de las visiones para la imagen de Clara
+que, no desfigurada, sino en exacto retrato, se le representaba, alzando
+la vista de una labor interrumpida para mirarle. En tanto le parecía
+escuchar siempre una voz subterránea que clamaba: "Lázaro, ¿duermes?
+Despierta, Lázaro."
+
+A la madrugada su sueño fué más profundo. Despertó á las ocho, y en los
+primeros momentos tuvo que recoger sus ideas y meditar un poco para
+saber dónde estaba y qué cosas le habían sucedido. Su tío había salido.
+Levantóse y se vistió. No sabía qué hora era; pero el hambre le hizo
+comprender que era hora de almorzar. Abrió la puerta, dirigiendo una
+mirada á lo largo del pasillo y á lo profundo de la escalera, y el
+primer objeto que encontraron sus ojos fué la figura de doña Paulita que
+subía lentamente.
+
+--¿Ha descansado usted?--le preguntó con voz menos nasal é impertinente
+que de ordinario.
+
+--Sí, señora: muchas gracias.
+
+--¿No le falta á usted algo?
+
+--Nada, señora.
+
+--Pero querrá usted comer alguna cosa. Aquí acostumbramos desayunarnos á
+las siete. Es lo mejor. Pero son las ocho; mi tía es muy rigorista, y ha
+dicho que, puesto que usted no estuvo á las siete en la mesa, no puede
+almorzar. Esto es una disciplina necesaria. Bien sabe usted que sin
+disciplina no puede haber orden. Ahora no puede usted tomar cosa alguna
+hasta las dos de la tarde.
+
+--Señora, no importa: yo ...--dijo Lázaro, que era cortés, aunque estaba
+muerto de hambre en aquel momento.
+
+--Pero no tema usted--continuó la devota, bajando la voz y mirando á
+todos lados.--Yo conozco que está usted desfallecido, y es preciso darle
+de comer. No salga usted de su cuarto.
+
+Dicho esto, bajó muy ligera, procurando no ser vista. El joven sintió
+más encendida su gratitud hacia aquella señora, que ya había hablado en
+su defensa la noche anterior.
+
+Al poco rato volvió la devota trayendo un desayuno que, aunque escaso,
+bastó para reponer al hambriento.
+
+--Mi hermana no lo llevará á mal--dijo;--pero no se lo diga usted. Yo
+hago esto por usted, porque comprendo que en un cuerpo débil no tiene
+fuerzas el espíritu.
+
+--Señora, no sé cómo pagarle tantos favores--contestó el mancebo
+sin mirarla.
+
+A las siete de aquella mañana, mientras Lázaro dormía rendido de
+cansancio, se suscitó una gran cuestión en el comedor, sobre si sería
+conveniente y disciplinario llamarle para almorzar. María de la Paz
+decía que no; Salomé dudaba, y la santa opinaba que sí. Las razones de
+la primera eran: que puesto que prefería el sueño á la comida, era
+preciso hacerle el gusto, con lo cual se iría acostumbrando á la
+disciplina. En vano quiso oponerse Paulita con gran copia de razones
+teológicas y morales, fundadas en el principio de _mens sana in corpore
+sano_: todo fué inútil. Sus palabras, oídas con respeto, no produjeron
+efecto. Elías decidió la cuestión, diciendo que su sobrino, además de
+liberal, era holgazán, y que había de renunciar á hacer de él nada
+bueno. Todos callaron y comieron. Clara no era admitida á la mesa común.
+
+Volvamos arriba. Lázaro se comía la ración con gran apetito. La dama le
+hacía mil preguntas, y él le contestaba procurando ser lo más cortés que
+el hambre le permitiera. Las preguntas eran de esta clase:
+
+--¿Creyó usted que no almorzaría hoy?
+
+--¡Ah, señora! no....
+
+--Porque yo no me olvidaba de que usted estaba sin comer.
+
+--Yo le doy á usted las gracias.
+
+--Pero usted no se lo figuraba--decía Paulita, ansiosa de apurar aquella
+cuestión hasta el fin.
+
+--No, señora; de ningún modo ... yo ... sí.... Pero ... ya.
+
+--Y su tío se opuso á que almorzara.
+
+--¡Ah! mi tío--dijo Lázaro, dejando de comer,--es un.... No: es un
+excelente hombre.
+
+--¡Oh, sí--dijo la devota mirando al cielo,--es un hombre
+ejemplar, un santo.
+
+--Si, sí: un santo.
+
+Lázaro, nuevo en aquella casa, no había tenido ocasión de penetrar el
+carácter de la persona que tenía delante en el momento de su desayuno.
+Por este motivo nada le llamó la atención; por eso no supo que nunca sus
+bellos ojos habían tenido un resplandor tan vivo, ni que jamás voz de
+monja alguna entonó salmodias con tan melodioso timbre como el de la voz
+de Paula al decir: "¿Usted creyó que no almorzaría hoy?" En ella, sin
+embargo, había gran naturalidad; y no es aventurado afirmar que en
+ningún tiempo se cruzaron sus manos blancas y finas con menos
+afectación, á diferencia de aquellos crispamientos de dedos que usaba
+tanto para acompañar y adornar sus peroraciones.
+
+--Aquí no será permitido que le hagan á usted daño alguno--dijo en el
+tono de quien hace una importante revelación.--No tema usted. Si ha
+cometido alguna falta...
+
+--¿Falta?--dijo el joven con tristeza.
+
+--¿Pues no decían que era usted un gran pecador?
+
+--¡Yo un gran pecador, señora!
+
+--No será tanto como dicen...--continuó doña Paulita, con una sonrisa
+tan mundana, que no parecía puesta en boca de una santa.
+
+---No--replicó el joven con efusión;--no es tanto como dicen, es verdad.
+Y si he de decirlo todo....
+
+--Acabe usted--dijo la otra con mucho interés.
+
+--Yo no sé qué falta he cometido--añadió Lázaro con melancolía.--Pero
+sí, faltas he cometido, no lo puedo negar....
+
+--¿A ver, á ver, qué faltas?--preguntó con mucha ansiedad la
+favorita de Dios.
+
+--Le diré á usted...--repuso él, preparándose á confesar.
+
+--Comprendo: algún extravío de joven. La juventud está llena de
+peligros, y los jóvenes, si se les deja solos....
+
+--Es verdad.
+
+--Cuénteme usted. Yo quiero que usted se corrija. Tal vez la falta es
+mucho menos grave de lo que usted mismo piensa. Tal vez no pasa de ser
+una ligereza trivial dijo con más ansiedad é interés Paula.--Dígame
+usted; yo le daré consejos.... Cuénteme usted.
+
+Lázaro permaneció pensativo un instante, y ya abría la boca para
+formular una contestación ó una excusa, cuando Elías se presentó en la
+puerta. La devota se turbó un poco; pero un momento le bastó para
+reponerse. El realista se quedó muy sorprendido al ver á la dama y al
+observar los restos del almuerzo, mientras su sobrino se avergonzaba de
+haberlo probado.
+
+--Pase usted, señor don Elías--exclamó ella con su unción
+acostumbrada;--pase usted: aquí estoy suplicando por amor de Dios á su
+sobrino que no le dé más disgustos. ¡Oh! Pero él se va arrepintiendo ya
+de los errores de su juventud. ¿Qué extraño es que la juventud peque,
+entregada á sí misma, sola por espinosos caminos? Le estoy recomendando
+la moderación, la cortesía, la prudencia. Pero veo que usted se admira
+de que le haya traído de comer. ¡Ah! confieso mi falta. Pero no he
+podido resistir los impulsos de la compasión. He sido débil; no he
+nacido para el rigor, y confieso que no tengo carácter, como debiera,
+para sostener la rigidez de la disciplina. Si he cometido una falta,
+perdóneme usted.
+
+Elías estuvo un rato sin saber qué contestar; pero tenía muy alta idea
+de la cristiandad de aquella señora para vacilar en probar cuanto hacía.
+Aquel acto le pareció una sublime prueba de caridad.
+
+--¡Señora, qué buena es usted!--dijo.
+
+--No es bondad, es debilidad. Conozco que hice mal.
+
+--¡Señora, usted es una santa! Aunque él no merece lo que usted ha
+hecho, esto sirve para hacer resaltar más las virtudes de usted.
+
+--¡Oh!--exclamó la elegida del Señor,--confieso que mi deber era
+seguir el dictamen de usted; pero no he podido resistir á un poderoso
+impulso de indulgencia. ¡Oh! si siempre pudiera una salir victoriosa
+de sí misma....
+
+--Mira, aprende--dijo Elías, volviéndose hacia Lázaro;--mira á esa
+santa; aprenda lo que es nobleza, generosidad, virtud.
+
+--No--dijo ella bajando los ojos.--Que no tome por modelo á esta
+pecadora.
+
+--Aprende, Lázaro--exclamó con exaltación el fanático.--Aquí tienes á la
+misma virtud.
+
+La santa hizo una gran reverencia y se marchó, dejando solos al tío y
+al sobrino.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXVI
+
+
+
+#Los disidentes de la Fontana#.
+
+
+Aquella mañana no ocurrió más incidente que el que hemos descrito.
+Lázaro subió y bajó varias veces furtivamente y con pasos de ladrón,
+tratando de ver á Clara; pero le fué imposible. Esperaba verla en la
+comida; mas también, como el día anterior, se frustraron sus deseos.
+
+Pusiéronse á las dos los manteles, y cada cual ocupó su sitio. La mesa
+era para doce cubiertos: ocupó un extremo María de la Paz, teniendo á su
+derecha á Salomé y á su izquierda á Elías, mientras la devota estaba
+erigida á la derecha de su prima. Al joven le pusieron enfrente, á
+tanta distancia del grupo principal, que para alcanzar su ración tenía
+que descoyuntarse los brazos. Sirvióse primero una sopa que, por lo
+flaca y aguda, parecía de Seminario; después siguió un macilento cocido,
+del cual tocaron á Lázaro hasta tres docenas de garbanzos, una hoja de
+col y media patata; después se repartieron unas seis onzas de carne que,
+en honor do la verdad, no era tan mala como escasa, y, por último, unas
+uvas tan arrugadas y amarillas, que era fácil creer en la existencia de
+un estrecho parentesco entre aquellas nobles frutas y la piel del rostro
+de Salomé. Terminó con esto el festín, durante el cual reinó en el
+comedor un silencio de refectorio, excepto cuando Elías dijo que tanta
+esplendidez le parecía dispendiosa, y elogió la sobriedad como
+fundamento de todas las virtudes.
+
+Después se rezó un poco, y las señoras se retiraron. María de la Paz
+había adquirido en el período de la decadencia el hábito de dormir la
+siesta, y ya durante los últimos _Agnus Dei_ del rezo estaba haciendo
+cortesías con los ojos cerrados. Lázaro subió con el mayor desconsuelo,
+por no haber logrado tampoco aquella vez el objeto de su constante afán.
+Aventuróse á bajar sin ser visto de su tío, recorrió lleno de zozobra y
+ansiedad el pasillo; pero nada consiguió. Todo estaba cerrado y en
+silencio, y sin duda los habitantes de la casa estaban sumergidos en el
+agradable sopor de la siesta ó en el letargo espiritual de la
+contemplación religiosa. Solamente Batilo, el melancólico perro, que
+había perdido los hábitos de su raza y no sabía ni ladrar, estaba
+paseando su hastío por el comedor, rasguñando de vez en cuando la puerta
+de un armario, donde probablemente yacían los exiguos despojos de la
+carne servida en la mesa aquella tarde.
+
+Subió Lázaro desesperado, pero al ver á su tío medio dormido en un
+sillón, no pudo resistir á la influencia letal que en todos sus
+habitantes ejercía aquella región del fastidio; preparóse también á
+dormir, y se tendió en su cama. No habían pasado diez minutos, cuando
+sintió fuertes campanillazos en el piso de abajo, y después la voz de
+Salomé unida á otras voces de hombre, entre las cuales creyó reconocer
+alguna. Levantóse y se asomó á la escalera.
+
+Eran cuatro personas que le buscaban, y la dama las dirigía al piso alto
+con muy mal humor. El joven reconoció entre aquéllos á su amigo Alfonso
+y al Doctrino. Estos y otros dos, que Lázaro no había visto nunca,
+subieron. Coletilla les había sentido en su sueño de lechuzo, y
+despertando súbitamente se adelantó hacia la puerta.
+
+--¡Hola, ustedes!...--exclamó de repente; pero mudando de tono en un
+instante brevísimo, dijo con afectada frialdad ó indiferencia:--¿Qué se
+les ofrecía á ustedes?
+
+Como Lázaro estaba puesto de espaldas á su tío, no vió que éste; puso el
+dedo en la boca é hizo una imperceptible seña al Doctrino. Después dijo
+haciendo un esfuerzo para aparecer complaciente:
+
+--Ya comprendo: ustedes venían en busca de mi sobrino.
+
+El joven estudiante tembló al pensar cuánto irritaría á su protector
+verla en compañía de aquellos exaltados.
+
+--¿Por mi?--preguntó, estrechando la mano de su amigo.
+
+--Sí--contestó el Doctrino, que comprendía lo que debía hacer.
+
+--Sí: veníamos por ti--dijo Alfonso.--Tenemos una reunión esta tarde, y
+queremos que vengas á ella. Es la reunión de los disidentes de la
+_Fontana_.
+
+Lázaro creyó que su tío se iba á poner hecho una furia al oír hablar de
+las reuniones de fontanistas. Pero contra lo que esperaba, le vió tan
+sereno como si oyera hablar de un concilio ecuménico. Tampoco tuvo la
+suficiente perspicacia ni la suficiente memoria para hacerse cargo de
+que podía haber alguna relación entre las preguntas que el fanático le
+había hecho la noche anterior, y la visita de aquellos amigos.
+
+--Sí, que vaya; ve--dijo Elías.
+
+La confusión de Lázaro aumentó; pero antes que saliera de su estupor,
+Alfonso le tomó del brazo, le condujo á la escalera, y poco después
+estaban en la calle.
+
+Los otros dos jóvenes, nos son hasta ahora desconocidos, si bien es
+probable que les hayamos visto en el departamento bullicioso de la
+_Fontana_, precisamente en la noche fatal en que Lázaro fué arrojado del
+club. El uno de ellos, nacido en Algodonales, era de los contertulios
+más asiduos del barbero Calleja; y no es aventurado afirmar que
+intervino en la cuasi-trágica escena que en el primer capítulo
+referimos. Se llamaba Francisco Aldama, y por ser andaluz y bastante
+aficionado al trato de los lidiadoras de toros, se le llamaba Curro
+Aldama, ó el Curro. Doña Teresa Burguillos, feliz consorte del barbero,
+era un poco torpe para la pronunciación de los nombres propios, y solía
+llamar _Aldaba_ al amigo y comilitón de su esposo. Era Curro Aldama ó
+Aldaba exaltado fontanista, de crasa ignorancia, y con aquella osadía
+que acompaña siempre á los necios. Se la echaba de gran patriota, y no
+sonaba cencerro en Madrid sin que él tomara parte en la danza.
+
+El otro era de muy diversa condición y figura. Sus aficiones literarias
+le habían hecho amigo del poeta clásico que hemos conocido habitando en
+el olimpo de doña Leoncia, la semidiosa de la calle de la Gorguera. Allí
+conoció á Alfonso Núñez, con quien trabó amistad; v bien pronto, aunque
+las musas le fueron propicias (se estrenó en la cruz, con buen éxito, un
+sainete pastoril suyo, titulado _Anfriso y Cenobio_), dejó las musas por
+la política, escribió en _El Universal_ y en _El Labriego_, charló en
+los clubs, y se decidió por el partido exaltado.
+
+Tenía mucho ingenio, dotes de orador y periodista, pero muy poca
+instrucción y una ligereza invencible. Frecuentaba la tienda de Calleja
+y el club de la _Cruz de Malta;_ pero últimamente se aseguraba que
+pertenecía á la tenebrosa sociedad de los _Comuneros_, aunque él lo
+negaba. Lo cierto es que en la _Fontana_ sospechaban de él, no sabemos
+si con fundamento. Se decía que era de los alborotadores pagados por la
+reacción; hasta que una noche, viendo que se le miraba con desconfianza,
+y aun se le hicieron alusiones picantes, desertó para no volver. Este
+era Cabanillas, joven de educación y talento, á quien no se podía ver
+sin repugnancia alternando con hombres desalmados como Tres Pesetas,
+Chaleco y el Matutero, que hemos tenido el gusto de conocer al principio
+de esta puntual narración.
+
+--Chico--decía Núñez,--¿sabes que hemos reñido con los de la _Fontana_?
+El lance de la otra noche nos ha obligado á romper con esa canalla.
+Estamos agraviados: también á nosotros nos han querido acusar como á ti;
+pero hemos alzado el vuelo y estamos fuera. Vamos á formar otro club.
+
+--Me calumniaron--exclamó Lázaro:--yo no sé qué demonio me tentó á mí
+para hablar aquella noche.
+
+--Si son unos mentecatos. Nada: allí se han figurado que no hay más
+liberales que ellos--afirmó Núñez;--y á los que defendemos la libertad
+verdadera y completa, nos llaman exaltados, alborotadores, y dicen que
+estamos vendidos.
+
+--Ya les arreglaremos las cuentas--dijo el Doctrino.
+
+--Pues oye--continuó Alfonso,--nosotros vamos á fundar otro club, el
+verdadero club revolucionario. A esos necios de la _Fontana_ les ha dado
+ahora por predicar el orden. ¡Qué orden ni qué ocho cuartos! Nosotros
+predicaremos la violencia, porque sin violencia no hay revolución; sin
+extirpar los obstáculos y arrancarlos de raíz, no se puede transformar
+este pueblo. Nosotros vamos á predicar la democracia; vamos á proclamar
+la soberanía suprema, absoluta del pueblo, á combatir el trono y á
+señalar los que en la gran purificación que se prepara deben ser
+arrancados de raíz, exterminados y concluidos. Tu vendrás á nuestro
+club, ¿no es verdad?
+
+--Veremos--contestó Lázaro muy preocupado.
+
+--Nuestra idea--continuó Alfonso,--es combatir á esos republicanos
+tibios que van á las Cortes y á los clubs para sermonear sobre el orden
+y la moderación. Exterminio á esa canalla, á esos hipócritas.
+
+--Sí--dijo el Curro,--porque si uno se deja dominar por esos tibios, se
+queda uno atrás; y no están los tiempos para quedarse uno atrás. Mucho
+tino, que el que ahora no saca algo....
+
+Con esta conversación llegaron á la calle de la Gorguera y á la casa de
+doña Leoncia; subieron al cuarto del poeta, que era el punto designado
+para las reuniones preparatorias del naciente club. Conoceremos el
+cuarto del poeta con el nombre de _La Fontanilla_, calificación oficial
+con que le designaron aquellos jóvenes.
+
+Acomodáronse como pudieron en las tres sillas y en la cama del poeta,
+mientras éste se hallaba en el interior de la casa, al lado de doña
+Leoncia, poco atento á la política. El Curro se sentó junto á la mesa y
+mostró desde el principio gran deferencia hacia una botella que allí
+había, puesta sin duda por la previsora mano del poeta clásico.
+
+--Vamos á ver--dijo Alfonso desde la presidencia, que era la cama:--á
+ver qué hacemos con esos liberales que nos calumnian y dicen que somos
+ebrios y agentes ocultos de la reacción.
+
+--Combatirles con razones--observó Lázaro;--demostrar que no somos
+agentes de la reacción. ¿Pero en qué se diferencian sus ideas de las
+nuestras? ¿No son ellos liberales? ¿No aman la Constitución?
+
+--Pero la aman á medias--dijo el Doctrino,--porque no aman el verdadero
+sacerdocio de la revolución, que es destruir.
+
+--Ya se ha destruido bastante--indicó Lázaro:--hagamos lo posible por
+llevar aunque no sea más que una piedra cada uno al gran edificio que se
+ha de levantar.
+
+--Nada de eso: sin destruir es inútil pensar en edificar. Debemos
+señalar al pueblo cuáles son sus enemigos, sus enemigos de siempre--dijo
+el Doctrino.
+
+--Pues eso es lo que yo decía--afirmó Aldama, decidiéndose, después de
+grandes vacilaciones, á probar el contenido de la botella.
+
+--Digo lo mismo--repitió Cabanillas.--Hoy estamos peor que antes: no hay
+otra diferencia sino algunas palabras más en nuestras bocas. Los
+ministros hablan de libertad, los diputados hablan de libertad, los de
+los clubs hablan de libertad; pero la libertad no se ve, no existe: es
+una farsa. Digo, señores, que prefiero á esta farsa los frailes de antes
+y el rey absoluto de antes.
+
+--¿Pues eso qué duda tiene?--dijo Núñez.--No hemos conquistado más que
+unas cuantas fórmulas. ¿Y de eso quién tiene la culpa sino los
+liberales, que nos hablan del orden y vuelta con el orden?...
+
+--¡Eso mismo decía yo!--exclamó el Curro, probando de nuevo la botella,
+que sin duda le había gustado.
+
+--Enseñar al pueblo á pedir justicia; y si no se la dan, á hacerse
+justicia por sí mismo es lo que conviene--dijo el Doctrino.
+
+--¡Cuánto han hablado esos hipócritas del hecho del cura de Tamajón,
+acusando al pueblo de que se hacía justicia por sí solo! ¿Pues qué había
+de hacer el pueblo, si veía que el Gobierno permitía la conspiración
+constante del Palacio real, y encarcelaba á los buenos liberales porque
+cantaban el _Trágala?_
+
+--Es claro: lo que quieren es engañar al pueblo, infundirle miedo con su
+orden, y siempre con su orden....
+
+--Mientras vivan ciertos hombres--dijo el Doctrino sombríamente,--nada
+adelantaremos. No conviene ahora decir quiénes son esos hombres que
+deban desaparecer; pero á su tiempo se nombrarán.
+
+El Doctrino tenía algo de lúgubre, hablaba poco, y siempre con una
+lentitud melancólica que anunciaba en él pensamientos ocultos y un frío
+y siniestro cálculo que no quería dejar traslucir.
+
+--Eso mismo digo yo--repitió Aldama, que estaba resuelto á no desairar
+la botella mientras tuviera dentro alguna cosa.
+
+--Pues lo primero, señores--dijo Alfonso,--es constituirnos de cualquier
+modo que sea. Veremos si se encuentra un buen local donde podamos
+reunimos en mayor número.
+
+--Nos reuniremos al aire libre si es preciso. Lo que nos importa es
+buscar gente, y de eso yo respondo. Pasado mañana nos congregaremos
+aquí, y yo traeré dos ó tres amigos, que es como si trajera medio
+Madrid. ¡Verán ustedes qué mozos!
+
+--Pues bien, hasta pasado mañana, tú vendrás, Lázaro--dijo Alfonso.--Yo
+mismo iré á buscarte. Quiero que no te desanimes ni te aburras. El
+porvenir es para nosotros, chico. Hay que hacerse lugar, porque esto
+está perdido. Las ideas van en baja, y fuerza es que la juventud sea lo
+que debe ser: la iniciadora y la reveladora de los grandes principios.
+
+--Vendré--dijo Lázaro con poca determinación. Levantáronse Alfonso y
+Cabanillas, y se despidieron.
+
+Lázaro hizo lo mismo, y los tres se marcharon. El Doctrino y el Curro
+quedaban allí. No es aventurado conjeturar que, al quedarse solos, la
+botella, á que tanta afición había mostrado Aldama, estaba
+completamente vacía.
+
+Cuando se vieron solos y sintieron bajar la escalera á los otros, el de
+la botella dijo:
+
+--¿Cuánto te ha dado ayer el tío Coletilla?
+
+--Mira--dijo el otro sacando cuatro onzas y algunos doblones de un
+bolsillo grasiento.
+
+--¡Ah, marrajo!--exclamó Aldama, mirando con brillantes y ávidos ojos el
+oro:--dame siquiera una. Debo cuatro meses de casa y más de seis duros
+de prestado.
+
+--Poco á poco: no hay que despilfarrar el tesoro del Rey--dijo el
+Doctrino, guardándose majestuosamente en el bolsillo el erario
+revolucionario.
+
+--Vamos, Doctrinillo, dámela. Ya sabes que tengo apalabrado á Perico
+Tinieblas, el del Portillo de Gilimón, que es hombre pintado para estas
+cosas. Y lo que es en la Plaza de la Cebada, no hay chalán que no sea
+capaz de comerse al Gobierno á una orden mía.
+
+--No: las cosas han da ir en regla. No puedo pagar sino á su tiempo:
+tengo esa orden. Pero no tengas cuidado, que cuando esta asamblea
+principie á dar frutos...
+
+--Dime: ¿y Alfonso Núñez, está en autos?...
+
+--No, no sospecha nada. Es un inocente y un visionario. Es de los que se
+dejan matar por las ideas. Estos son los hombres que nos hacen falta:
+muchachos de talento y de buena fe que hablen al pueblo y le llenen de
+agitación.
+
+--¿Y ese otro bobalicón que hemos ido á buscar hoy?
+
+--Ese es chico listo también, pero de una inocencia angelical. Tenemos
+muchos de éstos que son los que han de hacer la mejor parte sin costar
+nada. Cabanillas vale; pero ese no es tan barato: está el pobre muy mal,
+y hay que favorecerle. Ayer le encontré llorando en la casa; me dió
+mucha lástima. El trabaja con repugnancia en nuestro asunto; pero no
+tiene otro remedio, porque está sin un cuarto.
+
+--Pues mira que yo estoy también....
+
+--Verás qué bien va á salir esto--dijo el Doctrino bajando la voz.--Y
+para entonces ya podemos contar con fondos. Los tiempos están malos,
+Carrillo; y si uno no se agarra á los buenos faldones...
+
+--Eso mismo digo yo. Pero ¿me das ó no esa oncilla?
+
+--Espérate á pasado mañana. Tengo orden de no repartir todavía.
+
+El Curro y el Doctrino bajaron después de haberse despedido desde la
+puerta y á gritos del poeta clásico.
+
+La _Fontana de Oro_ sirvió al Rey y á la reacción más que los frailes y
+los facciosos, porque en ella había un cáncer que en vano trataban de
+cortar algunos hombres prudentes, expulsando á quien no era culpable. El
+cáncer de la venalidad continuó corrompiendo aquella asamblea, que no
+tenía un rival, sino una sucursal en la _Fontanilla_.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXVII
+
+
+
+#Se queda sola#.
+
+
+Cuando Lázaro volvió á su casa, tembló en presencia de Coletilla. Pero
+bien pronto su terror se trocó en sorpresa al ver que, lejos de
+mostrarse indignado el viejo por haberle visto en compañía de los
+frenéticos de la _Fontana_, estaba un poco menos adusto que de
+ordinario, y hasta llegó á manifestar cierta benevolencia, que era en él
+cosa muy rara.
+
+Aquella noche y á la mañana siguiente volvió Lázaro á intentar la
+difícil empresa de ver á Clara. Era cosa imposible, porque el sistema de
+clausura empleado en la joven por sus tres carceleras, por aquel Cerbero
+femenino de tres cabezas y tres cuerpos, era inexorable. Clara vivía
+peor que un cenobita, peor que esos prisioneros de que hablan las
+historias antiguas, sepultados en vida, cuerpos vivos para el dolor y
+los horrores de la soledad. ¡Dios tenga piedad de esta infeliz!
+
+Pero si Lázaro no podía verla, el abate Carrascosa pudo aquel día, con
+permiso de la devota, entrar á enterarse de la salud de _su señora doña
+Clarita_; y al hallarse con ella, sacó un papel del bolsillo, y
+haciéndole señas de que callase, se lo dió á la joven furtivamente. Sin
+decirle una palabra, salió.
+
+Clara se puso como la grana; su primer pensamiento fué romper la carta;
+pero le ocurrió que podía ser de Lázaro. Tal vez el pobre muchacho se
+había decidido á escribirle, no pudiendo verla, y se valió del abate,
+que era sin duda su amigo. Guardó en el seno la carta, y esperó.
+
+La devota no tardó en venir, y se sentó junto á ella.
+
+--¿No sabe usted--dijo--que vamos esta tarde á la procesión del
+Divino Pastor?
+
+--¿Sí?--contestó Clara maquinalmente.
+
+--Sí; pero usted no va. Han resuelto que se quede usted aquí, porque las
+jóvenes que están en penitencia no deben salir nunca de casa. ¿No piensa
+usted lo mismo?
+
+--Lo mismo--dijo Clara, temblando por miedo de que le conocieran en el
+semblante que tenía una carta escondida.
+
+--Vamos al balcón do una amiga nuestra, desde donde se ve todo
+perfectamente. Estará muy vistoso. De San Antón salen tres imágenes, y
+dicen que es también muy probable que salga el Cristo de las Llagas de
+la capilla de Santa María del Arco. Todo esto pasa por la calle de San
+Mateo, á donde vamos nosotras.
+
+No dijo más. Ya estaba arreglada para salir. Su vestido era el de las
+grandes solemnidades, el mismo de otras veces; pero ¡cosa singular! su
+toca estaba plegada en la frente con cierta presunción de monja novicia,
+presunción que no carecía de gracia. Su mantón, cuyo velo impenetrable
+le cubría otras veces completamente el rostro, aparecía ahora echado
+hacia atrás con una franqueza que el rígido dominico de la antigua casa
+de los Porreños habría calificado de desenvoltura.
+
+Si Clara hubiera estado menos preocupada en aquel momento y tenido un
+carácter más observador, sin duda se habría de admirar al ver á doña
+Paulita afectada de distracciones intermitentes; habría notado que se
+sonreía con frecuencia, moviéndose sin cesar; que después se ponía muy
+triste, permaneciendo quieta y como abstraída; que luego le daba una
+especie de acceso de despecho, crispaba los nervios y cerraba los ojos,
+erguía el cuello y parecía atenta á ruidos lejanos, no escuchados de
+otro alguno. Aún hay más: si Clara no hubiera tenido el rostro tan
+inclinado sobre la costura como de ordinario, habría reparado que la
+devota se levantó, y acercándose á un pequeño espejo de cristal de roca
+(obra admirable del siglo XVII, adquirido en Venecia por el undécimo
+Porreño), se estuvo mirando por espacio de tres minutos con singular
+atención. Hay pruebas irrecusables de que jamás en ningún tiempo había
+reflejado la histórica superficie de aquel espejo la faz de la dama.
+También sabemos que aquella no era la primera vez que se miraba; que la
+noche anterior y el día anterior se había mirado también, observándose,
+sobre todo por la noche, con gusto y calma. Es indudable que medio
+cerró los ojos para verse no sabemos con qué grado de luz, y que
+recogió después los labios, mostrando á la curiosidad insaciable del
+cristal lisonjero las dos blancas y nacaradas filas de sus hermosos
+dientes. Este fenómeno nos ha obligado á trabajar mucho para descifrar
+ciertos misterios, cuyo conocimiento es necesario para la continuación
+de esta historia.
+
+En el otro cuarto, María de la Paz y Salomé habían exhumado de las
+profanas gavetas unas vetustas vestiduras de seda valenciana, que habían
+sido en mejores tiempos elegante ornato de sus personas. Suspendieron en
+sus cabezas sobre solidísimas peinetas la mantilla negra de pesados
+encajes, y Paz abrió una pequeña caja de cartón en figura de ataúd, que
+aun conservaba el perfume fiambre de las guanterías de 1790, y de esta
+caja sacó un abanico de doscientas varillas que, al desplegarse como la
+cola de un pavo real, hacía más ruido que una perdigonada. Salomé se
+colgó en la muñeca de la mano izquierda un ridículo, donde puso, además
+de sus espejuelos, un frasquito de esencia y otras baratijas.
+
+--¿Y dejamos aquí á ese joven?--dijo Paz, mirando á su hermana
+con estupor.
+
+--¿Cómo? No es posible--contestó la del ridículo con espanto.--Si queda
+Clarita en casa....
+
+--¡Qué horror! Hay que llevar con nosotras á ese joven....--Pero
+¿qué dirán?...
+
+En esto entró la devota. Elías andaba por allí cerca.
+
+--¡Qué dirán si llevamos con nosotras á ese joven!...--continuó Paz.
+
+--¿A ese joven? ...--repitió Paulita.
+
+--Sí: ¿qué dirán? ¡Jesús!--exclamó Salomé.
+
+--Nada dirán--manifestó la devota, mirando para otro lado.--Es un
+servidor, un caballero que nos acompaña. Y, sobre todo, el mal está en
+las intenciones, no en las apariencias. ¿Qué pueden decir? Nosotras,
+es verdad que no necesitamos caballeros; pero no es indecoroso que
+ese joven nos acompañe. ¡Oh! No atendamos tanto á las preocupaciones
+del mundo.
+
+--Pero si á ese joven le conocen por libertino--dijo Paz--y le ven con
+nosotras....
+
+Ante este argumento vaciló un momento la mujer mística, y casi no supo
+qué contestar. Pero no era persona que se dejaba vencer fácilmente en
+una disputa, y tomando fuerzas, prosiguió:
+
+--¡Oh fragilidad de las cosas mundanas!...No temamos al qué dirán. Sobre
+todo, yo no creo que ese hombre sea un libertino. (Elías había entrado,
+y escuchaba con mucha atención á la devota.) Tiene buen corazón, y si ha
+cometido algún error es por falta de experiencia y de guía. Pero yo le
+he comprendido bien, y sé que se enmendará, si ya no se ha enmendado, y
+está derramando lágrimas ocultamente por sus yerros pasados. Que venga.
+
+Elías no la dejó concluir. Arrebatado de entusiasmo, alzó los
+brazos y gritó:
+
+--¡Lázaro, Lázaro!
+
+Antes que Lázaro llegara, el realista se lanzó fuera, y le trajo ó, más
+bien, le arrastró.
+
+--Arrodíllate ahí--le dijo con voz fuerte, presentándolo ante la
+devota.--Arrodíllate delante de esa santa. Ha dicho que tienes
+buen corazón.
+
+Lázaro estaba perplejo, las dos viejas absortas, la devota satisfecha y
+Elías entusiasmado. Que quieras, que no, el joven tuvo que hincarse.
+
+--Híncate, hombre, híncate--dijo el tío.--Ahora bésale la mano.
+
+Lázaro, que sin darse cuenta obedecía las órdenes violentas de su tío,
+besó respetuosamente la mano de la santa, y la tuvo estrechada un
+momento entre las suyas.
+
+--Prostérnate ante la virtud--decía Elías;--tú, pecador indigno de ser
+perdonado. Ha dicho que tenías buen corazón. No, señoras: no lo tiene.
+
+Doña Paulita hizo esfuerzos heroicos para aparecer con cierta dignidad
+arquiepiscopal en el momento en que Lázaro le besaba la mano,
+arrodillado ante ella; pero su decoro de santa fué vencido por lo mucho
+que empezaba á tener de mujer. Cuando sintió los labios del joven
+posados sobre la piel de su mano, tembló toda, se puso pálida y roja con
+intermitencias casi instantáneas, y una corriente de calor ardientísimo
+y una ráfaga de frío nervioso circularon alternativamente por su santo
+cuerpo, no acostumbrado al contacto de labios humanos.
+
+Después de una pausa, principió á recobrar su aplomo y dijo:
+
+--¡Qué locura! ¡Santa yo! Levántese usted, caballerito (no se atrevió á
+decir _joven_.) No he dicho más sino que confío en que tendrá buen
+juicio y se enmendará.
+
+--¿Pues no ha dicho que te perdona las faltas que has cometido? ¡Qué
+virtud! ¡Qué heroísmo cristiano!--exclamó Elías.--¿No te anonadas? Pero,
+hombre, levántate: ¿qué haces ahí de rodillas?
+
+El joven se levantó, mientras Paz ponía fin á esta vehemente y
+conmovedora escena, diciendo fríamente y con desdén: "Vámonos".
+
+--Prepárate á acompañar á estas señoras--dijo Coletilla.
+
+Al estudiante le contrarió mucho este mandato. El había oído decir en la
+mesa aquella mañana que Clara no iría á la procesión, y había formado
+sus proyectos para verla aquel día. La obligación de acompañar á las
+tres señoras le pareció la mayor desgracia que podía ocurrirle aquel
+día. ¿Pero cómo era posible resistir á las órdenes de aquel tirano?
+Lleno de despecho tomó su sombrero y bajó con las tres ilustres ruinas,
+que se llevaron una de las llaves de la casa, dejando á Clara la
+consigna de no salir del cuarto. Elías, que quedaba también en la casa,
+tenía la otra llave.
+
+No hacía cinco minutos que las Porreñas navegaban hacia la calle de
+San Mateo, cuando llegó el abate Carrascosa muy presuroso y tocó á
+la puerta.
+
+Elías bajó á abrirle.
+
+--Venga usted, amigo; venga usted al momento--le dijo con agitación.
+
+--¿Pero á donde, hombre, á donde? Está la casa sola. No puedo salir.
+
+--¿Que no puede usted salir?-dijo el abate asombrado.--Pues buena la hace
+usted si no sale al momento y viene conmigo á donde yo le lleve.
+
+--¿Pues qué hay, Carrascosa?
+
+--Venga usted, y hablaremos por el camino.
+
+--Hombre, la casa....
+
+--Qué casa ni qué ocho cuartos. Cierre usted y vámonos.
+
+--Queda aquí esa muchacha.
+
+--Pues déjela usted encerrada y venga, porque esto no es cosa para
+andarse con peros....
+
+--¿Pero qué hay? Sepámoslo.
+
+--Hay que si usted no viene ahora mismo conmigo á la _Fontanilla_ ... ya
+sabe usted ... el club de esos muchachuelos.... Si usted no viene
+conmigo, va á haber un conflicto.
+
+--¿Pero qué es ello, hombre?
+
+El abate no había inventado de antemano la mentira que necesitaba
+emplear para salir de la casa de Elías: así es que se vió aturdido por
+un momento; pero su astucia frailesca no le faltó.
+
+--Pues parece que esos chicos están alborotados, y dicen que usted
+les ha engañado: que usted no tiene poderes de ... de aquella
+persona; que usted....
+
+--¿Que no tengo poderes?--dijo Elías.--Cuidado con los niños.
+¡Liberalitos al fin!
+
+--Y parece que quieren armar un alboroto esta noche--dijo Carrascosa,
+seguro ya de la mentira que había de encajarle.
+
+--¡Esta noche!--exclamó Elías, llevándose las manos á la cabeza. ¡Esos
+chicos están locos! Lo van á echar todo á perder.... Pero quién les ha
+dicho que esta noche. ¡Vaya con los niños! Pero voy allá al momento.
+
+--Venga usted, porque si tarda....
+
+--Voy, voy al momento. Cerraré la puerta y me llevaré la llave. No
+importa. Las señoras tienen otra.
+
+--Vamos.
+
+El abate había conseguido su objeto, que era alejar á Coletilla de la
+casa aquella tarde, para que Clara se quedase sola. En tanto las
+esfinges se acercaban al término de su viaje, y Lázaro las seguía,
+revolviendo en su mente el plan que en un momento de colérica
+inspiración había concebido. Consistía este plan en dejar á las tres
+ruinas en medio de la calle, cuando ellas estuvieran más distraídas con
+la procesión, y volver atrás. Pero esto tenía sus inconvenientes. ¿Cómo
+entraba en la casa? ¿Rompiendo la puerta? ¿Y su tío que estaba dentro?
+Terrible era aquella situación. ¡Vivir con ella y no verla! Oir que
+continuamente imputaban á aquella infeliz faltas y crímenes inauditos, y
+no poder acercarse á ella y preguntarle. "¿Qué has hecho?".
+
+Las tres Porreñas marchaban acompasada y pomposamente, sin proferir una
+palabra. Así llegaron á la casa desde donde habían de ver pasar la
+procesión, que era la casa de un clérigo llamado don Silvestre
+Entrambasaguas y de su hermana doña Petronila Entrambasaguas.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXVIII
+
+
+
+#El ridículo.#
+
+
+Era don Silvestre un clérigo carilleno, bien cebado, grasiento, avaro,
+de carácter jovial, algo tonto, mal teólogo y predicador tan campanudo
+como hueco. Su hermana era una dueña quintañona, gruesa y muy pequeña,
+con la nariz del tamaño de una almendra y del color de un tomate,
+abultadísimo el pecho, y el talle y las caderas tan voluminosas que le
+daban el aspecto de un barril. Las tres ruinas aristocráticas no
+hubieran nunca descendido en sus buenos tiempos á tratarse con aquel par
+de personas de baja extracción (porque eran hijos de un tocinero de
+Almendralejo, y él cuidó cerdos en las dehesas de Badajoz hasta que
+entró en el Seminario); pero en los tiempos de decadencia podían
+visitarse y tratarse, aunque siempre con cierto decoro, y estableciendo
+tácitamente la diferencia de las antiguas jerarquías. Se habían conocido
+en el locutorio de las Góngoras, en cuyo convento existía una monja
+perteneciente al linaje de los Entrambasaguas. La amistad de las
+Porreñas y don Silvestre y su hermana llevaba ya cuatro años de mutuas
+cortesías, de mutuas fórmulas urbanas y de confianzas decorosas.
+
+Tomaron asiento las tres, y enteraron á sus amigos de quién era aquel
+joven que _decorosamente_ las acompañaba. María de la Paz, en su afán de
+decirlo todo, expuso, con su lucidez acostumbrada, que aquel caballerito
+había estado en el camino de la perdición á causa de las malas
+compañías; pero añadió que ellas le protegían, y esperaban lograr
+traerlo al buen camino.
+
+--¿De dónde eres, muchacho?--dijo el padre, que era muy brusco, muy
+francote, y trataba de _tú_ á todo el mundo.
+
+--De Ateca, en Aragón.
+
+--¿Ateca? ¡Buena tierra! ¡Buenos torreznos! ¡Buena fruta!... ¿Y no
+estudias, hombre, no estudias?
+
+--Sí, señor: estudio para abogado.
+
+--¡Bueno está eso!--dijo el clérigo con risa brutal. ¡Abogado! ¿De qué
+sirve eso? ¿Por qué no estudias Teología y Cánones?
+
+--Algo de eso estudié en Zaragoza.
+
+--¡Zaragoza! ¡Buena tierra! Buen carnero, buen lomo; pero no como en mi
+tierra, en Extremadura ... porque yo soy extremeño. Dime, ¿por qué no
+has estudiado para cura?
+
+--Porque no tengo vocación para esa carrera.
+
+Doña Paz hizo un gesto de sorpresa y reprobación, como si el joven
+hubiera dicho una gran irreverencia. Después, acumulando en su rostro
+todos los rasgos de desdén y acritud de su gran repertorio, dijo:
+
+--¡Ah! señor don Silvestre, con mucha razón le sorprenden á usted los
+despropósitos de este joven; pero no tiene usted en cuenta que ha
+vivido hasta hace poco en el más lamentable extravío. Ya se corregirá;
+hay una persona que ha tomado á cargo su educación, y creemos que
+logrará el intento.
+
+--¡Que no tenía vocación!--exclamó Entrambasaguas con voz de
+trueno:--eso es una irreverencia.
+
+El estudiante bajó los ojos aturdido ó indignado. Después miró como
+único consuelo á la devota, por ver si, como otras veces, salía á
+defenderle; pero la devota, que miraba también con atención
+contemplativa, pensaba en otra cosa que en defenderlo.
+
+--Mi señora doña Paulita--dijo el clérigo dirigiéndose á la _rosa
+mística,_--¿sabe usted que he leído el libro _De albigensium
+erroribus_, y estoy conforme con lo que dice el Padre Paravicino, que
+_pietas in pietate contra ecclesia nulla contemnere pios?_ ¿Qué le
+parece á usted esta opinión? Porque _a doemonio numquam salus
+inveniatur_. Vamos, diga usted que es gran teóloga.
+
+Paulita no contestó; y otro menos bruto que el Padre Silvestre
+hubiera comprendido que aquella extemporánea consulta teológica la
+contrariaba mucho en tal momento. El instinto femenino se sublevó
+allí contra toda la unción consuetudinaria de la santa. No contestó,
+y ¡cosa singular! la que siempre se había ruborizado cuando en
+presencia de los curas le hablaban de cosas mundanas, se ruborizaba
+ahora porque la hablaban de Teología.
+
+--Yo no sé ... yo no entiendo ... yo no he leído ese libro--contestó al
+fin, viendo que el majadero de Entrambasaguas repitió su pregunta,
+adornada con dos ó tres festones más de latín.
+
+--¿Pues no me lo recomendó usted aquel día que hablamos en el
+locutorio de las monjas con el obispo de Calahorra, cuando dijo usted
+aquello de San Dionisio Areopagita, que empieza ...? ¿A ver cómo
+empieza? ¿No se acuerda?
+
+--Yo no--dijo la devota, muy colorada y muy inquieta, por no hallar
+pretexto para mudar de conversación.
+
+--¿Pero no me recomendó usted ese libro _De albigensium erroribus?_ Si
+me dijo usted que era lo mejor que se había escrito ...--insistió el
+majagranzas del clérigo.
+
+Un rumor popular y el áspero tañido de los fagotes vinieron á sacar de
+apuros á nuestra amiga anunciando la procesión. Se dispuso ocupar
+inmediatamente los dos balcones: en uno se colocó el clérigo con María
+de la Paz y Salomé; en otro se colocó la gorda, doña Paulita y Lázaro.
+Un enorme tiesto, donde crecía con extraordinaria lozanía una adelfa,
+estorbaba la comodidad de estas tres personas. La gorda estaba en medio,
+y era imposible acomodarse con holgura á causa de doña Petronila y de la
+adelfa. Pero al fin, después de mil cumplimientos, la devota se encontró
+en medio, teniendo á la derecha á Lázaro y á la hermana del clérigo á la
+izquierda.
+
+La procesión empezó á desfilar. El clérigo hablaba por los seis, y
+hablaba tan fuerte, que los transeúntes se quedaban mirando á los
+balcones. Algunos de los curiosos notaron en el rostro de doña Paulita
+una muy grande agitación, y el autor de este libro, que era uno de los
+que pasaban, notó con sorpresa (porqué conocía de oídas su carácter) que
+entre la frente de la dama y los cabellos del joven, no había otra cosa
+que algunas hojas y una flor de la adelfa criada en el balcón. Lázaro no
+atendía al gentío ni á los santos ni á nada. El despecho por encontrarse
+allí mal de su grado le ocupaba todo.
+
+En el otro balcón hacía don Silvestre detallado relato de las cofradías,
+pendones, estandartes, imágenes y corporaciones que iban desfilando.
+Salomé ostentaba en su muñeca el ridículo, que caía sobre el antepecho
+del balcón, ofreciendo al asombro del numeroso público los vivos colores
+de sus mostacillas azules y de sus lentejuelas doradas. Era el tal
+ridículo primorosa obra, en cuya elaboración tomaron parte las delicadas
+manos de su dueña; obra del siglo pasado y del año 94, en que la dama lo
+lució en los paseos de la Florida los días de invierno, con gran
+aceptación de la juventud de entonces. Salomé profesaba mucho cariño á
+aquella prenda, porque le parecía que al ceñirla á su muñeca llevaba
+consigo un amuleto de perpetua juventud.
+
+--Se te va á caer--le dijo su tía, viendo cómo se balanceaba la prenda
+sobre el antepecho del balcón.
+
+--No se cae--dijo Salomé, que gustaba mucho de lucir en las grandes
+solemnidades aquel mueble hereditario, y creía que desde la calle hacía
+un efecto magnífico.
+
+La ordenada turba de monagos, clérigos, cofrades, archicofrades y
+penitentes seguía desfilando. La gorda y su hermano se hacían lenguas
+cada vez que pasaba un estandarte, una cruz. El codo de Lázaro tocaba el
+codo de la devota, y ésta tenía cruzadas las manos, y la cabeza
+inclinada á un lado, porque sin duda le halagaba el suave roce de las
+adelfas. Después se pasó la mano por los ojos como si se apartara un
+velo imaginario.
+
+Cuando la procesión estaba en su lleno, digámoslo así, un grito
+resonó en el balcón inmediato. ¡Oh dolor! El ridículo de Salomé había
+caído á la calle.
+
+--¡Y está en él la llave de la casal--dijo Paz con terror.
+
+Lázaro no necesitó oír más; su determinación fué rapidísima. Se quitó
+del balcón, y dijo vivamente:
+
+--Voy á buscarlo.
+
+El ridículo cayó sobre las cabezas de los transeúntes; pasó de mano en
+mano, y fué arrastrado por la multitud do tal modo, que un momento
+después de caído estaba á gran distancia. Lázaro, que vió esto, bajó
+rápidamente, llegó á la calle y atravesó, con mucho trabajo, por entre
+la multitud. Su determinación era decisiva.
+
+--¡Qué feliz coincidencial--decía para sí.--Allí está la llave: la tomo,
+corro á la casa, abro; el viejo debe estar arriba durmiendo la siesta:
+entro, la veo, la hablo, la digo ... qué sé yo lo que le voy á decir ...
+y me vuelvo á escape. Si las viejas sospechan, inventaré cualquier
+mentira. No hay más remedio.
+
+Al fin llegó jadeando y con mucha fatiga al extraviado ridículo. Lo
+tenía una mujer que lo estaba registrando, y viendo, que no contenía
+cosa de valor, no parecía mostrar gran empeño en conservarlo. Lázaro lo
+tomó. El oleaje del gentío le había llevado á gran distancia de la casa
+de Entrambasaguas. Desde el balcón no podían verle. No dudó más, y echó
+á correr por una de las calles transversales hacia la casa.
+
+La ansiedad propia de la situación y la marcha precipitada le agitaron
+de tal modo, que tuvo que detenerse para respirar. Por fin la vería sin
+duda. Llegó á la casa, entró, subió la escalera; pero antes de
+resolverse á abrir se detuvo, y necesitó apoyarse en la pared, porque la
+agitación le había quitado las fuerzas. Pensó que ella se asustaría al
+verle entrar tan descompuesto, al sentir abrir la puerta. Por fin, con
+la mayor cautela, puso la llave en la cerradura, le dió vueltas y abrió
+muy quedo. Entró, volvió á cerrar y dió algunos pasos. Era ya tarde: la
+casa estaba obscura; no veía nada. Anduvo á tientas un rato. Al fin
+distinguió los objetos, y siguió por el pasillo.
+
+Silencio sepulcral reinaba en la casa. "Sin duda don Elías duerme
+arriba"--pensó, y siguió andando hasta acercarse á la puerta del cuarto
+donde Clara debía estar. "Para que no se asuste" pensó Lázaro, trémulo
+de emoción, como quien va á cometer un crimen,--lo mejor será
+acercarme á la puerta y llamarla muy quedito. "Así no se asustará."
+Avanzó más, llegó á la puerta, y tomando aliento para pronunciar las
+dos sílabas de aquel nombre que amaba tanto, se paró, y con voz baja y
+conmovida dijo: "Clara."
+
+Pero en el instante mismo en que pronunció esta palabra, se estremeció
+de sorpresa y terror. Un frío intenso circuló por todo su cuerpo; toda
+la sangre se le agolpó al corazón, que latía con violencia
+desenfrenada, y quedó inmóvil como estatua junto á la puerta. En el
+momento de pronunciar el nombre de Clara, había sentido dentro de la
+habitación una voz de hombre, una voz de mujer y pasos precipitados.
+Pronto veremos lo que hizo.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXIX
+
+
+
+#Las horas fatales.#
+
+
+A las cuatro de aquella tarde, cuando, después de salir las tres damas,
+Clara se encontró sola, quiso satisfacer su curiosidad leyendo la carta
+que le había dado el abate; pero observó que Elías andaba por el
+pasillo: tuvo miedo, y la guardó. Media hora después, habiendo Coletilla
+salido con Carrascosa, se quedó sola, enteramente sola y encerrada.
+Entonces abrió la carta. Era sin duda de Lázaro, y casi sabía punto por
+punto lo que había de decir. Pero su sorpresa fué grande cuando miró la
+firma y vió: _Claudio_.
+
+--¡Claudio! ¿quién es Claudio?--exclamó con la mayor confusión.
+
+La carta decía así:
+
+"Ya te he devuelto, amiga mía, á ese joven prisionero á quien tanto
+quieres. Yo le he sacado de la cárcel, donde el infeliz estaba á punto
+de morirse de hambre y de frío; le he sacado tan solo porque es tu
+amigo. Ya sabes que tú y yo somos también verdaderos amigos. Ese joven
+parece que te quiere bien; pero no como yo, que te idolatro; y tan
+desventurado soy ausente de ti, que hoy voy á intentar verte y hablarte
+entrando por una casa vecina. No te llame la atención: estoy decidido.
+Por mí han salido esas tres viejas; por mí ha salido Elías; por sí ha
+salido Lázaro. Estás sola y encerrada; encerrada para todos menos para
+mí, que te veré esta tarde. No tengas miedo: sólo quiero verte y
+hablarte. Te lo asegura, te lo promete el que te adora.--_Claudio_."
+
+--¡Claudio!--dijo Clara doblando la carta:--¿quién es este hombre?
+¡Y quiere entrar aquí! ¡Jesús, qué miedo! ¿Qué debo hacer? ¿Cerrar
+las puertas?
+
+Clara empezó á temblar de miedo; no podía tomar resolución ninguna. Por
+fin evocó todo su valor: se dirigió á la puerta que daba al pasillo, y
+le echó el cerrojo; después corrió á la puerta que comunicaba con la
+habitación inmediata con intento de cerrarla también; pero ya era tarde,
+porque Bozmediano entró muy tranquilo en el cuarto.
+
+--¡Jesús!--exclamó Clara, retrocediendo con espanto. Váyase usted, por
+Dios. ¡Qué atrevimiento! Pero no pudo seguir, y se echó á llorar.
+
+--¡Váyase usted.... Si vienen.... Por Dios, señor caballero (no se
+acordaba del nombre). Váyase usted.... Usted es muy bueno y me dejará
+sola. Si vienen ahora, ¿qué van á decir?
+
+--No vendrán: tranquilízate--dijo Bozmediano algo contrariado por aquel
+recibimiento.--Somos ya verdaderamente amigos. Hoy vengo á hablarte, á
+verte. Ya sabes que me he declarado tu protector.
+
+En el sistema amatorio de Bozmediano estaba el tutear á las muchachas á
+la tercera entrevista.
+
+--Yo no quiero que usted me proteja. Si estoy muy bien aquí--afirmó
+Clara con angustia.
+
+--¿Bien aquí?--dijo el militar, cerrando los puños. ¿Bien aquí? Como que
+voy á ahorcar á esas tres arpías que te están martirizando. Cuando
+pienso que un viejo fanático y tres mujeres ridículas están hoy en el
+mundo sólo para mortificarte y asesinar lentamente á la más noble y
+amable criatura que ha nacido.
+
+--Si á mí no me atormentan--dijo Clara, cuya atroz inquietud se
+manifestaba en un llanto entrecortado, que acobardó por un momento al
+galán aventurero.--Váyase usted, por Dios, yo se lo ruego, se lo pido
+por Dios y todos los santos.
+
+--¿Irme sin ti? Eso no puede ser.
+
+--Jamás consentiré yo en salir con usted--exclamó la joven con
+resolución.--Váyase usted, señor caballero (otra vez no se podía acordar
+del nombre): usted es muy bueno, yo lo sé. Pero si tarda un momento más
+en marcharse, le odiaré toda mi vida. Váyase usted, por piedad.
+
+--Y si me voy, ¿qué va á ser de ti, pobrecilla?--dijo Bozmediano con
+melancolía.--Si yo te abandono, ¿qué va á ser de ti en poder de estos
+cuatro demonios? ¿Cómo he de consentir el crimen espantoso de este
+encierro, de esta soledad, de este marasmo, de esta tortura lenta que te
+aplican esas infames? No, Clara: tú me conoces muy bien en las pocas
+veces que me has tratado para saber que yo no puedo consentir tal cosa.
+Si yo te abandono, pasará un día y otro día sin que nadie se atreva á
+hacer cosa alguna para salvarte. Ese joven, á quien yo he sacado de la
+cárcel, tiene una imaginación disparatada; pero no resolución ni ánimo
+para sacarte de penas. Esta es la verdad: no esperes nada de quien nada
+puede ni nada sabe hacer por ti. Créeme: no tienes más esperanza que yo.
+Y por mi parte, seguro estoy de que no te opondrás á mi resolución, que
+no tiene más objeto que tu felicidad.
+
+--Pero si yo no quiero que haga usted mi felicidad dijo Clara más
+inquieta.
+
+--Pues entonces, ¿quién la va á hacer? Huérfana, sola en el mundo,
+rodeada de enemigos y de malvados, sin que haya nadie que se interese
+por ti....
+
+--¡Oh!--dijo la huérfana vivamente, creyendo encontrar un gran
+argumento:--sí, sí tengo quien se interese.
+
+--No, no lo creas, no. Ese joven no hará nada: le conozco, conozco su
+carácter. La prueba es que vive aquí hace días, que sabe tus
+sufrimientos y nada ha hecho por aliviarlos. ¿Ha intentado algo? No: yo
+sé que no. No se atreve.
+
+--¿Que no se atreve? Sí, sí ... Pero váyase usted, por Dios. Si
+vienen ... No se detenga usted un momento más; yo se lo ruego. Me va
+usted á perder.
+
+--Clara, Lázaro no hará nada por ti. Su imaginación está embebida en la
+política. No esperes nada de él.
+
+--Sí, sí espero: me salvará. Estoy segura de ello--dijo
+dolorosamente la joven.
+
+--¿Por dónde lo sabes?
+
+--El mismo me lo ha dicho.
+
+--¿El? No puede ser. Yo dudo que haya podido verte, según me han dicho.
+
+--Pero me verá, me salvará. Yo no necesito de usted.
+
+--Sí necesitas de mí. Tengo esa vanagloria, única recompensa del grande
+amor que te tengo--dijo Bozmediano con expresión clarísima de verdad.
+
+--Pero si yo no le quiero á usted ni le puedo querer. No le he visto más
+que dos veces, y eso sin mi licencia.
+
+--Ese poco tiempo ha bastado para que te quiera yo.
+
+--Yo se lo agradezco á usted; pero cuando se vaya dijo la huérfana.--¡Qué
+modo tan raro tiene usted de favorecerme, asustándome de esta manera y
+comprometiéndome! ¡Ah! Váyase usted, por Dios. Van á llegar y le van á
+ver aquí. ¡Jesús, qué hombre!
+
+--No vendrán. La procesión es larga.
+
+--¿Pero si viene él?
+
+--¿Quién es él?
+
+--El viejo.
+
+--Ese primero muere que venir.
+
+-¿Pero si le ve á usted la vecindad? Y, sobre todo, aunque no le vean
+... Yo no quiero que esté usted más tiempo aquí; no le quiero ver.
+
+Clara estaba tan consternada y era tan resuelta su actitud, que
+Bozmediano empezó á dudar del éxito de su aventura, y estuvo un
+rato indeciso.
+
+--Clara--prosiguió sentándose con familiaridad,--tu no me conoces. No
+sabes de lo que yo soy capaz. Yo soy capaz hasta de sofocar mis
+sentimientos haciendo por tu felicidad el sacrificio de la mía. Tú no me
+conoces, ni aciertas á juzgarme, ni ves en esta empresa que acometo otra
+cosa que una intención dañada y vil. Si viera junto á ti á alguna
+persona capaz de sacarte de esta miseria, no me opondría á que me
+dijeras, como me has dicho, que no me quieres ver. Yo dejaría entonces á
+otro el orgullo de quererte y hacerte feliz; pero esto no es posible. Tu
+situación es tan desesperada, que quiero salvarte á pasar tuyo,
+arrostrando hasta tu ingratitud, que es lo que más temo. Si me ves aquí,
+es porque nadie existe en esta casa que pueda ampararte.
+
+--Bien: yo lo agradezco, señor caballero; pero déjeme usted. ¡Ay! Si
+Lázaro sabe que ha estado usted aquí....
+
+--Si lo sabe, nada le importa. El no piensa más que en política; ni en
+aquella cabeza hay la discreción y la astucia que tú necesitas para
+salir de aquí. En aquel corazón no caben más que las desenfrenadas y
+vulgares pasiones del pueblo, capaces tal vez de un hecho notable, pero
+inútiles para consolar á un ser débil y delicado.
+
+--Sí, él me salvará: yo lo sé--repitió Clara un poco menos asustada y
+más triste.--No, no lo esperes.
+
+--Sí, lo espero. ¿Por qué no lo he de esperar? ¿Por qué me dice usted
+eso? ¿Qué sabe usted lo que él puede hacer por mi?
+
+--¿Pero es posible que le quieras tanto?--dijo Bozmediano, que no creía
+encontrar tanta firmeza.
+
+--Sí, le quiero. Pero usted, ¿á qué me pregunta esas cosas?
+
+--Lo pregunto por saberlo--dijo con mucha calma el militar.--Ahora
+repito que tú no sospechas de qué acciones soy yo capaz. ¿Creerás que es
+posible, si me pruebas que le quieres tanto, que yo le comprenda en esta
+protección generosa que te consagro, y me interese por los dos tanto
+como ahora me intereso por ti? Pero falta una condición para esto. Dudo
+mucho que él te quiera como tú mereces, y si es como yo sospecho, le
+creeré un hombre indigno y le apartaré de ti cuanto pueda. Le saqué de
+la cárcel para probarte que procedo en estas cosas, como en todo, con
+buena fe y caballerosidad. Cuando te vi por primera vez, y comprendí lo
+que era tu vida, la poca esperanza de tu porvenir y la bondad de tu
+corazón, me dió tanta lástima, que ... no sé ... casi te amé desde aquel
+momento como ahora. Para mí fué entonces el amor tan poco egoísta, que
+no entraba para nada mi persona en las cavilaciones que día y noche
+ocupaban mi imaginación. Después supe que existía, un joven á quien tú
+querías mucho; supe que este joven estaba preso y le puse en libertad
+por ti y para ti. Nunca tuve intención de apartaros á los dos; al
+contrario, mi deseo era uniros si él lo merecía. Pues bien: yo me he
+convencido de que él no merece tal cosa y es indigno de ti. Clara no
+supo qué contestar á estas palabras. Y á la verdad que no era fácil
+conocer si tan elocuente expansión de bondad y afecto era verdadera ó
+simplemente un ardid galante de los que también usan los seductores.
+
+--Sí; pero entre tanto--dijo la muchacha,--usted me compromete; usted me
+pierde para siempre. Si viene alguno de la casa y lo ve, ó descubre que
+ha entrado aquí....
+
+--Nadie lo puede descubrir.... ¿Pero es cierto, Clara que quieres
+tanto á ese muchacho?--dijo Bozmediano, queriendo imprimir á sus
+palabras cierto tono de jovialidad, que estaba muy lejos de tener en
+aquel momento.
+
+El joven galanteador había errado el tiro; el aventurero de amor creyó
+que había deslumbrado á Clara con la conversación de sus dos primeras
+visitas. "Y era que tenía muy alta idea de sus propias dotes personales
+para dudar de que una muchacha sencilla, educada por un fanático, y sin
+conocer otras pasiones que las vulgares inclinaciones de aldea, pudiera
+resistir á ellas. Creyó asimismo que el hecho de poner en libertad al
+que podía considerar como rival, influiría mucho en el ánimo de la
+huérfana. El había empleado otras veces con mucho éxito procedimientos
+parecidos. Además, Lázaro le había parecido algo brusco, poco amable,
+poco digno de ser amado, poco interesante."
+
+--Sí--contestó Clara,--le quiero. Se lo juro á usted, que dice que me
+tiene amistad.--¿Y le quiere usted mucho?--Mucho. Vaya, ahora se puede
+usted marchar. El militar se quedó muy pensativo. Vióse un poco ridículo
+en aquella situación; pero siempre triunfaba de su amor propio la bondad
+de su corazón. En aquel momento pensaba en renunciar por completo á todo
+y tratar por cualquier medio de contribuir á la felicidad de los dos
+muchachos.
+
+--¿Pero no se marcha usted?--dijo Clara, volviendo á su inquietud.
+
+--Sí, me marcho ya. Pero ... no--añadió con determinación,--no puedo
+consentir que te quedes en este sepulcro. Me parece que si te dejo aquí
+no he de verte más. Pero ese hombre, ese exaltado, ¿en qué piensa? ¿qué
+hace? ¿cómo tiene alma para verte en poder de esas arpías, y no pegar
+fuego á esta casa maldita?
+
+--El me quiere--dijo Clara, resuelta á decir todo lo que pudiera
+determinarle á marcharse.
+
+--No: te dejará morir de hastío en esta cárcel. Lo sé; conozco bien
+á ese loco.
+
+--¡Oh! se interesa por mí: estoy segura de ello.--¿Nada más que eso? ¡Se
+interesa!--Padece mucho al verme así--exclamó Clara con dolor.
+
+--¡Oh! Las tres pécoras de esta casa me la han de pagar. ¿Pero es cierto
+que te mortifican?
+
+--¡Oh! me consumo--dijo Clara sin poder contener una triste franqueza.
+
+--¡Malditas! ¿Pero ese hombre, qué hace?
+
+--Hará mucho, hará lo que pueda. Es pobre....
+
+--¡Pobre!--dijo él muy pensativo.--¿Y qué esperas de una persona que
+sólo podrá hacerte más infeliz? ¡Oh, juro que si ese joven no te
+corresponde, me la ha de pagar! Bozmediano se levantó. En aquel momento
+la palidez de Clara aumentó súbitamente, porque creyó que sentía abrir
+la puerta de la escalera; pero Claudio la tranquilizó diciéndole que se
+equivocaba.
+
+--No temas nada--dijo prestando atención;--nadie puede venir.
+
+--¿Pero á qué está usted aquí más tiempo?--dijo ella, repuesta del
+susto.--¿No le he dicho ya lo que quería saber?
+
+--Sí, y me voy. Ahora sí, me voy; pero es para volver.
+
+--¿Otra vez?
+
+--Sí: insisto en creer que no hay para ti más esperanza que yo. El
+marcharme ahora no quiere decir que te abandone, no. Me voy para
+ocuparme de ustedes; yo me enteraré de lo que vale ese muchacho. Si no
+es digno de ti....
+
+En este momento una voz apagada, trémula y conmovida pronunció
+distintamente en el corredor la palabra "Clara".
+
+La joven se quedó petrificada de espanto, y la mirada que dirigió á
+Bozmediano hizo comprender á éste cuánto la había comprometido. El galán
+creyó que el mejor partido que podía tomar era marcharse muy quedo,
+seguro de que la persona que había dicho "Clara", con voz que no
+conoció, no podía haberle sentido. Hizo señas á la huérfana de que
+callara, y se dirigió rápidamente, y con mucha cautela, á la puerta por
+donde había entrado. La joven no se movía, y sólo en sus facciones se
+podía conocer su gran turbación.
+
+Bozmediano salió. La voz dijo más fuertemente: "Clara, Clara, abre."
+Era la voz de Lázaro. El sintió desde fuera que había un hombre en
+el cuarto; sintió sus pasos al huir. Después oyó en lo más interior
+de la casa ruido como de un mueble que cae, y corrió allá frenético
+de indignación y sobresalto. Entró en el comedor, luego en un
+pequeño pasillo que daba á un patio, subió la escalera que conducía
+al piso segundo y á la buhardilla; pero al llegar arriba, ya
+Bozmediano había desaparecido, y sólo pudo ver un bulto que se
+ocultaba, cerrando vivamente una puerta desconocida. También le
+pareció ver la figura diabólica del abate en el momento brevísimo en
+que la puerta estuvo abierta.
+
+--¡Bandidos!--gritó con voz terrible. Nunca, había sentido impresión tan
+fuerte. Trató de derribar aquella puerta misteriosa; pero manos muy
+fuertes lo impedían de la otra parte. Bajó como un loco, volvió al
+comedor, entró en la alcoba de la devota por donde mismo había entrado
+Bozmediano, y pasó al cuarto donde estaba Clara. Encontróla temblando,
+con los ojos llenos de lágrimas.
+
+Cuando le vió entrar, la infeliz dijo, casi sin poder articular
+las palabras:
+
+--¡Ah! Lázaro, Lázaro, oye ... te diré ... espera. Pero la voz se le
+anudó en la garganta, y no pudo hacer otra cosa que llorar como un niño.
+
+--¿Qué me vas á decir? Calla--exclamó Lázaro con voz colérica.--Calla, y
+no hables más delante de gentes. ¿Aquí quién estaba...? ¡Ese militar...!
+¿Pero es cierto lo que dicen...? Yo no lo había querido creer,
+aunque lo creían todos. Clara, Clara, ¿qué ha sido de ti, qué has hecho?
+¡Yo no lo quería creer! Si todos los santos del Cielo me lo hubieran
+jurado hace un mes, les hubiera dicho que mentían. Pero ya lo he visto,
+ya lo he visto.
+
+La huérfana lloraba como si fuera culpable ... Por fin pudo decir:
+
+--Por Dios, escúchame. Yo te contaré.--¿Qué me vas á contar?--dijo él
+más colérico.--Pero si voy á matar á ese hombre ... ¡Oh! Clara--añadió
+transformando su ira en intenso dolor.--¿Cómo has podido tú ...? Yo estoy
+loco, sin duda. Lo que he visto es una locura.
+
+--No ... yo te explicaré--le dijo ella recobrando su valor.--Ese hombre,
+yo no lo conozco ... Un día entró en casa ... me dijo....
+
+--No me hables, no me mires ... Todo lo he sabido. ¿Por qué mi tío te
+puso en esta casa? ¿Qué hiciste allá? ¿Por qué estas señoras te tienen
+encerrada y sin ver á nadie? ¿Qué has hecho? No te puedes disculpar, no.
+Soy un necio si hago caso de las disculpas que me vas á dar. Bastantes
+pruebas he tenido. ¡Y fuí tan ciego que nada quise creer! ... Nada más
+debo decirte ... ¿Por qué te he conocido? Mía es la culpa; no tengo
+derecho para acusarte. Eres libre. Adiós.
+
+Y salió muy á prisa sin esperar respuesta. Salió como un demente, y dió
+muchas vueltas por la casa sin saber á dónde iba. Si en aquel momento
+se le hubiera presentado su tío, reprendiéndole con su impertinencia
+acostumbrada, Lázaro le hubiera atropellado, le hubiera maltratado,
+hiriéndole tal vez. Al fin llegó á la puerta, trató de recobrar su
+serenidad, abrió y bajó. Una vez en la calle, sintió el corazón tan
+oprimido, que le fué imposible dejar de llorar.
+
+Pero no le faltó calma hasta el punto de olvidar que las viejas le
+esperaban, y que su ausencia podía aumentar la gravedad de aquella
+aventura. Dirigióse á la calle de San Mateo, procurando por el camino
+dominar su agitación y disimular todo lo posible. Después de atravesar
+varias calles sin acertar con lo que buscaba, llegó á la casa de los
+Entrambasaguas. Felizmente aun duraba la procesión. Entró en la casa,
+subió y halló á Salomé en extremo impaciente, mientras María de la Paz
+se hallaba en un estado de irascibilidad terrible.
+
+--Ha tardado usted más de una hora: ¿dónde ha ido usted?--exclamó
+mirando al joven con recelo.
+
+--Señora ... señora ...--dijo Lázaro balbuciente,--no he podido ... Se
+ha agolpado la gente en la calle ... y me he encontrado entre la
+multitud sin poder volver. Después una mujer cogió el ridículo y echó á
+correr por esas calles. Ya se ve: tuve que seguir tras ella, y casi no
+la alcanzo.
+
+--Vamos, caballerito ... Si ha estado despejada la calle desde
+hace una hora.
+
+Salomé se apoderó de la prenda que creía perdida, y registró á ver si
+faltaba algo.
+
+--Sin duda se ha ido á perorar á algún club--dijo cuando vió que nada
+faltaba y que lo era imposible reprender á Lázaro por otro motivo.
+
+--¡Hombre, hombre!--dijo Entrambasaguas:--¿también tú charlas en los
+_clubes_? Eso es una iniquidad: mira que te condenas.
+
+La devota no dijo nada: pudo su admirable instinto, que recientemente
+había adquirido extraordinaria fuerza, comprender que á Lázaro le había
+pasado algo durante su ausencia. No llegó á sospechar lo que fué, ni
+dónde fué; pero pensó mucho en aquello, mientras las últimas figuras de
+la procesión desfilaren por la calle.
+
+--¡Ay! vámonos, que es tarde--exclamó María de la Paz.
+
+--¿Ya se van ustedes?--dijo el clérigo, que no veía la hora de que se
+marcharan, porque desde la cocina llegaban á sus narices los olores de
+la olla de carnero que le estaban preparando.
+
+--Mi señor don Silvestre--dijo Paz,--no podemos detenernos, porque
+ahora no somos libres. Nos hemos echado encima una carga muy pesada: la
+tutela y educación de una joven que nos dará muchos disgustos.
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Es una joven desamparada--continuó Paz,--que estaba en casa de un
+amigo nuestro, soltero grave, el cual no podía sufrir sus
+travesuras. Parece que ella es algo levantada de cascos; y viendo
+que no la podía sujetar, nos la entregó para que la corrigiéramos
+... Todo por amor de Dios.
+
+--¿Y les da á ustedes disgustos?--preguntó con oficiosidad la hermana de
+don Silvestre Entrambasaguas.
+
+--Todavía--contestó Paz,--la verdad sea dicha, no se ha portado mal;
+pero yo nunca me equivoco, y cuando á mí se me fija una persona aquí ...
+(y señaló la frente) y aquélla me parece que es una buena pieza.
+
+Lázaro oyó esta apología de su infeliz amiga con toda la atención de que
+era capaz. Pero no se agitó más de lo que estaba, porque era imposible.
+
+--¿Qué tienes, Paula? dijo Paz á la devota, que estaba muy pálida y con
+muestras muy claras de no encontrarse bien.
+
+En efecto: todos la miraron, y notaron en ella las señales de un
+malestar creciente. Tenía los ojos encendidos y el aliento penoso.
+
+--Nada--dijo la devota, queriendo animarse.
+
+--Sin duda se ha constipado en el balcón.
+
+--Sí: corre esta tarde un airecillo, que ya, ya ...--indicó el
+clérigo;--pero váyase usted á su casa, y abrigándose bien....
+
+--Eso no será nada--dijo doña Petronila Entrambasaguas, que estaba muy
+impaciente, porque ciertos olores, venidos en mensaje de la cocina, le
+anunciaban que el carnero se estaba quemando á toda prisa.
+
+Las damas se dirigieron á la puerta. El clérigo se dió un golpe en la
+frente como quien recuerda una cosa importante, y dijo á doña Paulita:
+
+--¡Ah! señora mía, si tuviera usted la bondad de hacerme un favor....
+
+--¿Qué, señor don Silvestre?
+
+--Que se dignara usted repasar un sermón que he escrito y voy á predicar
+en San Antonio el 17 de Enero. Usted que es gran teóloga, y muchas veces
+me ha dado su opinión sobre otros grandes sermones míos, deseo que vea
+ahora éste.
+
+--Yo no entiendo de eso--replicó la santa con repugnancia.
+
+--Sí entiende--dijo Paz complacida.
+
+--¡Qué modestia!--exclamó Entrambasaguas.--La santidad unida al talento.
+Pero yo sé, aunque usted quiera ocultarlo, que es una gran teóloga. Si á
+veces la he estado oyendo con la boca abierta, como si oyera á todos los
+Padres de la Iglesia....
+
+--Deje usted eso--murmuró la devota con visible disgusto.--Yo no
+entiendo de esas cosas.
+
+--Es sobre el tema de la tentación quinta de San Antón. Bien sabe
+usted aquello, cuando el demonio se le presentó en figura de ... de
+muchacha, pues....
+
+Y corrió presuroso á su gaveta, cogió un legajo y se lo entregó á doña
+Paulita, que lo tomó del peor humor del mundo. Cayósele de la mano,
+recogiólo con presteza el predicador, y se lo volvió á dar diciéndole:
+
+--¿Pero está usted mala de veras? Veo que no puede usted tenerse en pie.
+Le tengo dicho que es bueno hasta cierto punto el ayuno, y nada más ...
+y usted siempre en sus trece....
+
+--Esta niña, con sus ayunos y sus penitencias...--dijo María de la Paz.
+
+--¿Quiere usted una taza de caldo?--preguntó el clérigo; y se
+interrumpió antes de concluir, porque su hermana, con tanta presteza
+como disimulo, le tiró del manteo, indicándole la indiscreción de la
+oferta que acababa de hacer.
+
+--Gracias, no es preciso: esto no es nada.
+
+--Recójase usted temprano--dijo la gorda.--No le conviene á usted tomar
+ahora caldo ni cosa ninguna. A casa. Y poniéndole la mano en la frente,
+continuó:--Tiene usted mucha fiebre: á casa pronto.
+
+La comitiva salió. El clérigo cogió el velón en sus robustas manos, y
+alumbró la escalera. Cuando ya estaban abajo, Entrambasaguas gritó
+desde arriba:
+
+--Fíjese usted, señora doña Paula, en aquel pasaje que
+dice: "Cuando en diluvio de soles con corpulenta, corpórea efigie al
+mundo vino...." Por aquello de _corpus corporum in corpore uno_....
+Fíjese usted bien en este pasaje, que tengo algunas dudas
+sobre si....
+
+Doña Paulita no contestó ni miró siquiera al ramplón Gerundiano.
+Salieran á la calle, y Lázaro estaba tan enfrascado en sus pensamientos,
+que empezó á andar, dejando atrás á las dos señoras.
+
+--¡Eh! caballerito--dijo Salomé, que estaba muy biliosa aquella
+tarde,--¿qué manera de portarse es esa? ¿Nos deja solas en medio
+de la calle?
+
+--¡Oh! qué caballero tan cumplido hemos traído--dijo Paz, cuyo
+temperamento sanguíneo tenía aquella tarde, sin causa conocida, una
+irritabilidad inusitada.
+
+Lázaro retrocedió y moderó el pago
+
+--Y bien podría usted--añadió la dama,--portarse mejor delante de las
+personas extrañas. Ni siquiera ha saludado usted á aquellas ... gentes
+(Paz usaba esta denominación general y vaga, para designar á todas las
+personas que por su progenie estaban en escalón más bajo que ella en la
+jerarquía social.) ¡Qué dirán de nosotras! ¡Ah! Paulita, no puede andar.
+Vamos, don Lázaro, dé usted el brazo á mi sobrina. Apóyate en don
+Lázaro, Paula, que estás muy mala. ¡Ah! Triste cosa es llevar por
+acompañante á un caballerito como éste.
+
+El aragonés balbuceó algunas excusas, y dió el brazo á doña Paulita.
+Andando, sintió que la devota pesaba en su brazo como si fuera de plomo.
+Iba muy arrebujada, en su mantón y caminaba con dificultad.
+
+--Va usted muy á prisa--dijo, pesando más fuertemente en el brazo
+del joven.
+
+Lázaro moderó el paso.--Ande usted un poco más--dijo después,
+aligerándose de peso, hasta el punto de que él se sintió arrastrado.
+
+Lázaro avivó el paso.
+
+--¡Qué noche tan clara!--exclamó ella deteniéndose y mirando al cielo.
+
+Lázaro se detuvo y miró al cielo. Las otras dos marchaban detrás á
+alguna distancia.
+
+--Nunca he visto una noche así. Nunca he visto las estrellas brillar
+de ese modo, ni moverse así ... con esa vibración que parece que
+están hablando.
+
+--¡Hablando!--dijo Lázaro muy sorprendido del símil de la santa.
+
+--¿Usted extraña eso?--dijo ella, mirándole con tal fijeza é intensidad,
+que el mancebo creyó que dos estrellas habían bajado á esconderse en los
+ojos de Paulita.
+
+--Sí: ¿no le parece á usted...?
+
+--Señora, yo las veo; pero....--Pues á mí me parece que las oigo.
+
+En esto se cayó al suelo, desprendido de las manos de la dama, el
+manuscrito de Silvestre Entrambasaguas.
+
+--Señora--dijo el joven, inclinándose para recogerlo, observe usted que
+se ha caído este sermón.
+
+--Déjelo usted--exclamó ella con mucha viveza; y tirándole del brazo
+para impedirle que recogiera el manuscrito, avivó después el paso.
+
+--No hay duda--dijo Lázaro para sí.--Esta mujer tiene mucha fiebre; ya
+empieza á delirar.
+
+Y entonces la mujer mística andaba tan á prisa, que bien pronto
+alcanzaron á las dos ruinas mayores. Mas pronto hubo de moderarse su
+ímpetu, y tan despacio iba, que tardó mucho para avanzar veinte pasos.
+Cada vez pesaba más la teóloga en el brazo del estudiante: al llegar á
+la casa, la enferma no podía ya dar un paso, y Lázaro le rodeó con su
+brazo la cintura para impedir que cayera. Erale imposible subir, porque
+la dama se inclinaba á uno y otro lado sin poderse tener. En tanto, el
+joven observaba que tenía demudado el semblante, cerrados los ojos,
+flojos y caídos los brazos; hizo un esfuerzo heroico, la cogió en sus
+brazos y la subió. La cabeza de la enferma descansó sobre sus hombros, y
+Lázaro notó que el contacto de su frente le quemaba el cuello.
+
+--Tiene mucha fiebre--dijo depositándola en el pasillo, porque Paz no le
+permitió que llegara á la alcoba. Entráronla en su cuarto las otras dos,
+bastante alarmadas con tan repentina desazón; pero pronto volvieron más
+tranquilas, y se fueron al comedor á cenar un salpicón que habían dejado
+preparado.
+
+Reinaba en la casa profundo silencio. Lázaro subió la escalera interior
+para irse á su cuarto; y al subir no pudo menos de detenerse, porque
+sintió una voz que le hería el corazón. Era la voz de Clara, que
+preguntaba ó contestaba no sabemos qué cosa á la devota. El joven
+apresuró el paso para huir de aquella voz que no quería oír más.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXX
+
+
+
+#Virgo fidelis#.
+
+
+Lázaro no encontró arriba á su tío. Estaba el infeliz mancebo sumamente
+impresionado por el incidente ocurrido, y no cabía en sí de cólera, de
+amargura, de sobresalto. Imposible le era tranquilizarse, tanto más,
+cuanto que tenía siempre ante la imaginación la figura de Clara, de
+rodillas, con los ojos llenos de lágrimas y los brazos cruzados. Dábale
+compasión y después ira, sucediéndose tan atropelladamente estos dos
+sentimientos, que creyó sentir como una ebullición en el pecho y un
+vértigo en la cabeza. A los arrebatos del encono sucedía el abatimiento
+del desengaño, ignorando al mismo tiempo si amaba aún á aquella infeliz
+ó si la despreciaba.
+
+Pasaron las horas; la noche avanzó, y él continuaba en la agitación. No
+pensaba acostarse, ni sentía sueño, ni necesidad de reposo; antes al
+contrario, los impulsos de su naturaleza eran hacia la zozobra, la
+inquietud, el movimiento. Silencio lúgubre, no interrumpido por ruido
+alguno, reinaba en la casa. Parecía que todos dormían: él tan sólo
+velaba sin duda; y saliendo al corredor, donde le causaba algún alivio
+el aire fresco de la noche, se paseó allí mucho tiempo. Dieron las
+nueve, las diez, las once. Al fin se detuvo, aturdido por su propio
+vaivén: apoyóse en el antepecho, y ocultando entre las manos su cabeza,
+estuvo de este modo un largo rato devorando su agonía. De pronto creyó
+sentir rumor extraño, alzó la cabeza, y en el fondo del corredor creyó
+ver una figura humana que avanzaba. El corazón le latió con tal
+violencia, que creyó que el pecho se le rompía. La forma aquella, que
+sin duda era de mujer, avanzó, destacándose en la obscuridad. Venía
+cubierto de una cosa enteramente blanca, que la hacía más fantástica, y
+el reflejo de la luna parecía despedir de sí cierta luz misteriosa.
+Cuando estuvo cerca, Lázaro la reconoció: era la devota cuyo semblante
+traía las señales del insomnio y la fiebre.
+
+--¡Lázaro!--dijo con voz muy débil y muy conmovida.
+
+--Señora--contestó con mucha sorpresa.--¿Usted aquí á estas horas? ...
+con esa fiebre ... ¿No está usted enferma?
+
+--¿Yo? ...--murmuró ella con una especie de extravío;--¿yo? ... no ...
+yo estoy buena. Estoy mejor.
+
+--Creí que estaría usted durmiendo. Le conviene el reposo.
+
+--Yo--contestó ella con una singular entonación que alarmó á
+Lázaro,--yo ... yo no duermo, yo no puedo dormir. Hace muchas noches
+que no cierro los ojos.
+
+--¿Pues qué tiene usted?--preguntó Lázaro mirándola con mucha
+atención.--Usted no está buena. Usted es una santa: pero la santidad con
+exceso es perjudicial, señora.
+
+--Yo no soy santa--dijo la dama:--soy una pecadora.
+
+--No diga usted eso, por Dios. Usted es una santa, ¡qué felicidad!
+¡Tener tranquila la conciencia! Dirigir todo su amor al que no engaña,
+ni es falso, ni desleal: á Dios.... Esta es la mayor de las felicidades.
+
+--Hable usted bajo--dijo la devota.
+
+--Y luego--continuó él,--estar libre de odios, de rencores, de
+desengaños....
+
+--Más bajo--indicó la dama, y su voz parecía un suspiro.
+
+--Estar libre de rencores--prosiguió Lázaro en voz muy baja:--¡amar sin
+recelo, sin temor; despreciar el mundo, las traiciones, las asechanzas;
+hallar regocijo en las persecuciones, y sacar consuelo hasta de las
+desventuras!... ¡Oh, qué feliz es usted...!
+
+Después de una pausa, la voz de la mujer mística resonó como un eco
+lejano para decir:
+
+--No, amigo mío: yo no soy feliz; soy muy desgraciada.
+
+Sólo estando muy cerca de ella, como estaba el sobrino de Coletilla en
+aquel momento, era posible oír aquellas palabras.
+
+--¡Soy muy desgraciada!--repitió con un rumor débil, sordo, apagado,
+como esos murmullos de rezo que turban en las horas de tranquilidad el
+profundo silencio de las catedrales.
+
+--¿Qué mayor consuelo--dijo Lázaro,--que vivir con el espíritu en
+regiones de paz, donde no hay infamias ni perfidias? Elevarse con
+exaltación y amor, disfrutar con toda pureza de las dulzuras de una
+comunicación con Dios, y vivir orando, confiada en el pago de tanto
+amor, en la gratitud infalible del objeto amado. ¡Oh, qué felicidad!
+
+El joven aragonés tenía tan ocupado el ánimo con sus propias amarguras,
+que no atendió; con la observación y la curiosidad que el caso exigía, á
+las raras señales de alteración física y moral que otro menos abstraído
+hubiera visto en la santa y edificante faz de doña Paulita.
+
+--¡Vivir en la oración!--continuó.--¡Vivir orando con los ojos del alma
+fijos en el eterno y leal amor! ¡Repetir incesantemente su nombre y sus
+alabanzas! ¡Eso si es felicidad!
+
+--No--dijo del mismo modo la mujer perfecta;--yo no rezo, yo no
+puedo rezar.
+
+--¡Ay!--exclamó él.--Eso lo dice usted porque en su modestia le parece
+que aún no es bastante perfecta. Si usted conociese la miseria de otros,
+comprendería á qué inmensa altura se halla sobre los demás.
+
+La devota bajó los ojos, y con gran melancolía y tierna voz dijo:
+
+--¿Y qué miseria hay mayor que la mía?
+
+--Es usted demasiado buena. Todo el mundo sabe muy bien que usted es
+una santa, una verdadera santa.
+
+--¿Quiere usted que le haga una confesión?--dijo Paula, mirándole como
+se mira á un confesor.--Pues yo también lo creí; yo también creí que era
+una santa; pero ya no lo creo.
+
+--¡Ah!--exclamó Lázaro:--yo no necesito que nadie me diga lo que usted
+es para saberlo. Yo mismo lo he comprendido. Cuando una criatura tan
+perfecta ha descendido hasta mí para defenderme y disculpar mis faltas,
+es indudable que no es como los demás. Yo me veía acosado por todas
+partes, me trataban todos aquí con acritud ó menosprecio. Usted sola
+alzó la voz, y la ha alzado varias veces después en favor mío, para
+decir que no era yo tan malo como creían. ¿cree usted que yo he
+olvidado, que podría, olvidar eso? No, señora. Yo seré todo lo que
+quieran; pero no soy ingrato. Yo tendré siempre grabadas en mi memoria
+las palabras que usted ha pronunciado en defensa mía. Usted es una
+santa: yo lo diré á todo el mundo.
+
+--¡Oh!--dijo la devota con la misma plañidera voz: nunca creí que fuera
+usted tan malo como decían. En la cara conozco yo esas cosas. No me
+equivoco nunca, y estoy casi segura de que le han calumniado, de que
+quieren agobiarle y confundirlo con acusaciones impertinentes.
+
+--¿Eso pensó usted de mí?
+
+--Sí: segura estoy--contestó ella,--de que su corazón es bueno y recto;
+que si alguna falta ha cometido, fué por ligereza y falta de previsión.
+Creo también que no le aman á usted como se merece.
+
+--Señora, ¿qué ha dicho usted?--preguntó el estudiante
+vivamente.--Eso me parte el corazón porque es una verdad en que estaba
+yo pensando ahora.
+
+--Sí: no le aman á usted como se merece--repitió Paulita.--Su tío es
+demasiado duro.
+
+Un observador despreocupado hubiera advertido que la santa se acercó
+unas pulgadas más á Lázaro, el cual, impresionado por la verdad que oyó
+de boca de aquel oráculo, estuvo á punto de abrazarla, y lo hubiera
+hecho á no impedírselo el respeto que la jerarquía y decoro evangélico
+de la teóloga la infundían.
+
+--Su tío de usted, el señor don Elías--continuó la mujer
+mística,--observo que trata á su sobrino con demasiado rigor.
+
+--Y otros también--dijo Lázaro, volviendo el rostro.
+
+--¿Y cómo quieren que sea buena una persona que no es amada?--dijo con
+admirable misticismo la dama. Cuando un ser recibe ingratitudes y
+desprecios, sus sentimientos se agrían, se esteriliza la fuente del bien
+y del amor que hay en todo pecho humano.--Cuando un ser no es amado, ha
+de ser malo por precisión.
+
+--¡Qué discreción, qué discreción, señora!--exclamó el joven con
+entusiasmo.--Ya fué usted mi consuelo otras veces. La consideraba á
+usted santa; pero ahora veo que su sabiduría iguala á su virtud, y á su
+lado me encuentro tan pequeño, que me da vergüenza.
+
+--Sí: una persona á quien se trata con tanta dureza no puede ser
+buena--dijo Paula.--El amor hace prodigios; hace de los hombres incultos
+y malos, hombres mansos y buenos; hace de los melancólicos y descreídos,
+seres felices, creyentes y cariñosos.
+
+--¡Qué ciencia la de usted! Esa es la ciencia que sólo pertenece á la
+santidad. ¡Dichosa quien puede ver las miserias de la tierra desde
+tan grande altura, y puede juzgar serenamente de todo! Usted sí que
+conoce el mundo.
+
+--No, Lázaro: yo no sé lo que es el mundo.
+
+-¡Oh! Entonces es usted más feliz todavía.
+
+--Yo--dijo la mujer perfecta, después de una pausa en que miró al cielo
+fijamente como quien lee alguna cosa,--yo pasé mi niñez en la austera
+casa de mis tíos, recibiendo de personas devotas la más ejemplar
+educación. Desde que tuve uso de razón aprendí á orar; mis primeras
+palabras fueron el rezo. Los primeros años de mi vida pasaron en un
+convento, donde me vi rodeada de Madres santas y cariñosas que me
+enseñaron el camino de la perfección. Mi juventud fué pasando de este
+modo en ocupaciones devotas. Hace quince años que estoy rezando sin
+cesar, y casi sin notario. He vivido en Dios desde la cuna: no sé lo que
+soy, no sé si he vivido.
+
+--¡Dios mío, qué ángel es usted!--dijo Lázaro.--¡Qué perfección! Yo la
+admiro á usted y la venero, señora.
+
+--No soy digna de veneración, sino de lástima--contestó con mucha
+amargura.
+
+Y dió un suspiro profundísimo que parecía sacar al espacio los misterios
+encerrados en el _Sancta sanctorum_ de su pecho.
+
+--¡Digna de lástima!--exclamó el aragonés sorprendido.--¿Pues qué puede
+usted apetecer? ¿Qué la preocupa? Algún escrúpulo de conciencia, el
+deseo de mayor perfección. Yo sí que soy desgraciado; yo, señora, no
+debiera estar en el mundo.
+
+--¿Pero qué tiene usted?--preguntó Paula con mucho interés.--Dígamelo
+usted todo. ¿No dice usted que le he consolado otras veces? Ahora le
+consolaré si me descubre una nueva desventura. Cuénteme usted.
+
+--Mis desdichas no son para contadas. Además, usted es demasiado
+buena para oirlas. Se horrorizará usted y se turbaría la paz serena
+de su espíritu.
+
+--¡Oh! no: cuénteme usted. Tal vez alguna falta muy grave. No importa;
+cuéntemela usted, que yo se la perdono antes de saberla.
+
+--Falta mía no es.
+
+--¿Falta de otro? ¿A ver?--dijo la mística con ansiosa curiosidad.
+
+--Deje usted para mí todas esas amarguras, señora. Eso es para mí;
+es un triste patrimonio de que solo puede disfrutar mi corazón,
+hecho para eso.
+
+--¿Qué es, Lázaro?... ¡Ah! Todo lo comprendo: su tío de usted es muy
+cruel. No le quiere á usted. Mas no hay que apurarse por eso, amigo mío.
+No todos le tratarán á usted con el mismo rigor. Alguien le amará.
+
+--No, no me importa--manifestó Lázaro, cuyas penas se recrudecieron en
+aquel momento;--No me importa que me traten con desdén, que me
+aborrezcan todos, que me detesten. Yo no he nacido para otra cosa.
+
+--Está usted muy agitado. ¿Y delante de mí se desespera usted de ese
+modo?--dijo la devota con suave acento do reprensión.
+
+--Perdóneme usted, señora; no sé lo que digo. Usted es demasiado buena,
+y no comprende estas cosas. Usted no conoce el mundo. Usted no conoce
+cuanta iniquidad, cuanta perfidia, cuánto desengaño, cuánto cinismo hay
+en él. Usted no conoce más que lo bueno, no conoce más que á Dios.
+
+--Esa desesperación que usted manifiesta, Lázaro, no es nada buena. Eso
+le llevará á usted al infortunio y á la muerte.
+
+--Quiere usted, con su inmensa bondad, aplicarme á mí los consuelos de
+la religión: eso no es para mí, no lo merezco.
+
+--Usted lo merece todo, consuelo, amistad, amor. Yo sé lo que merece, y,
+por lo tanto, lo tendrá. Sentimientos como los de usted no han de estar
+olvidados tanto tiempo.
+
+--¡Bendita sea usted mil veces! Pero se equivoca, eso no es para mí.
+
+--Usted merece amor y todo lo que el corazón puede dar. Usted se llama
+desventurado, y su agitación, Lázaro, no tiene fundamento alguno. Hay
+males peores, males que nacen de repente en el corazón y crecen con
+tanta rapidez, que no dan esperanza de remedio. Todo lo que á la persona
+rodea entonces, todo lo que está dentro y fuera de sí, se vuelve en su
+daño. La vida es un peso insoportable: le molesta lo presente, le da
+hastío lo pasado y terror lo porvenir.
+
+La devota hablaba con voz muy baja, y con grave y tristísimo son. La
+noche había obscurecido, y los ojos de Paulita, que siempre en momentos
+dados habían tenido brillo extraordinario, resplandecían aquella noche
+como dos ascuas fosforescentes, cuya luz hacían más penetrante y
+siniestra la obscuridad de sus párpados, ennegrecidos por el insomnio,
+la fiebre y la excitación moral de que estaba poseída.
+
+--¡Ay de aquellos que no se han conocido, que se han engañado á sí
+mismos y han dejado torcerse á la naturaleza y falsificarse el carácter
+sin reparar en ello! Esos, cuando lo callado hable, cuando lo oculto
+salga, cuando lo disfrazado se descubra, serán víctimas de los más
+espantosos sufrimientos. Se sentirán nacer de nuevo en edad avanzada;
+notarán que han vivido muchos años sin sentido; notarán que el nuevo ser
+originado por una tardía transformación se desarrolla intolerante,
+orgulloso, pidiendo todo lo que le pertenece, lo que es suyo, lo que una
+vida ficticia y engañosa no le ha sabido dar; pidiendo sentimientos que
+el viejo ser, el ser inerte, indiferente y frío, no ha conocido. ¡Qué
+luchas tan terribles resultan de este despertar tardío! ¡Oh, esto es
+espantoso!
+
+Tenemos datos para creer que la devota no dijo esto con las mismas
+palabras empleadas en nuestro escrito. Pero si el lector lo encuentra
+inverosímil, si no le parece propio de la boca en que lo hemos puesto,
+considérelo dicho por el autor, que es lo mismo. Ella dijo algo parecido
+á esto, siendo el mismo pensamiento, aunque distintas las frases.
+
+Indudablemente estas confesiones de la devota son, como habrá el lector
+comprendido, bastante obscuras, y no dan todavía ninguna luz acerca de
+la crisis que indudablemente agitaba aquel purísimo y perfecto espíritu.
+Lo cierto es que una gran transformación se verificaba en su carácter.
+Lázaro, la verdad sea dicha, no entendió muy bien las solemnes y como
+sibilíticas palabras que oyó de los trémulos labios de la santa: y él
+atribuyó la obscuridad de tal explicación á la influencia de las
+lecturas místicas en la manera de expresarse aquella señora y á los
+hábitos de un estilo más discreto que claro, como acontece generalmente
+en las personas absorbidas por la contemplación. Así es que se limitó á
+contestar:--Sí, señora; es espantoso.
+
+--¡Qué terrible es el amor en sus exigencias!--dijo la santa,--sobre
+todo cuando se cree ofendido, cuando pide el pago de una gran deuda que
+con él se ha contraído, cuando no transige ni espera, sino que se
+presenta exigiéndolo todo de una vez.
+
+--¡Sí: qué terrible es esto!--contestó Lázaro.--¡Feliz es usted, que no
+lo conoce más que de oídas!
+
+--¿De oídas?--dijo ella.--Sí--añadió después de una breve pausa,--he
+oído lo que dicen los amantes; pero la mayor parte de ellos encuentran
+en los accidentes del mundo mil medios para poder conservar la vida en
+la lucha terrible. Sólo algunos, según dicen, por circunstancias
+especiales de carácter y posición, tienen el triste privilegio de morir
+irremisiblemente sin victoria y sin defensa.
+
+--¡Oh, cómo lee en mi corazón!--pensó el estudiante muy conmovido, y sin
+comprender la profundidad psicológica de aquellas palabras, ni su
+aplicación y significado en aquel momento.
+
+--Usted no comprende esas cosas, Lázaro.--¿Que no?--dijo éste.--¿Que no?
+Desgraciadamente las comprendo. Para usted, sí; para usted, que es una
+criatura perfecta, una escogida de Dios, están veladas estas dolorosas
+miserias. Usted no ve estos horrores. ¡Dichosa ceguera la de aquellos
+cuyos ojos cerró Dios al venir al mundo!
+
+--Es verdad ... no lo sé ...--dijo Paula con una ironía tan marcada, que
+fué preciso todo el extravío de Lázaro para no notarlo.--No lo sé, no
+entiendo de eso. Soy una tonta devota.
+
+Estas últimas palabras, dichas con cierto despecho fueron bastantes á
+fijar la atención del interlocutor. Este no contestó ni preguntó más
+sobre el asunto que trataban; acercóse á la dama, que se había apartado
+de él retrocediendo, y notó que lloraba. ¡Oh confusión de confusiones!
+
+--Pero ¿qué tiene usted, señora?--le dijo.--Nada, nada, nada--contestó
+con una graduación descendente. El último _nada_ sólo lo oyeron los
+labios con que fué pronunciado.
+
+--¡Usted está enferma y ha salido usted de su cuarto á esta hora! Eso no
+es bueno, señora. Se va usted á poner peor.
+
+--Es verdad, estoy enferma--dijo ella acercándose.¡enferma para
+siempre!
+
+--¡Enferma para siempre! Usted padece, y es, sin duda, por efecto de su
+excesiva devoción. Usted aspira al cielo: ¿á qué otra cosa podía aspirar
+un alma tan bella?
+
+--Sí--dijo Paula con voz muy triste:--no quiero más que reposar en paz.
+
+--¡Qué bella es la muerte!--dijo Lázaro patéticamente:--sólo ella nos
+puede consolar. Por mi parte, señora, le digo á usted con franqueza que
+quisiera morirme en estos momentos.
+
+--¡Morir!-exclamó la devota con repentino arrebato de interés, y
+acercándose más, mucho más al joven.--¡Morir, no! Usted debe vivir.
+Quién sabe lo que Dios le tiene á usted reservado en el mundo.
+
+--¿A mí?
+
+--Sí: tal vez días de felicidad al lado de personas que le amen. ¡Oh,
+cuántos seres existirán tal vez que se crean felices sólo con que usted
+lo sea! Yo sé que los habrá.
+
+--¡Qué buena es usted, señora!--repitió Lázaro.--Para mí no puede haber
+nada de eso. O no merezco otra cosa, ó estoy maldito de Dios.
+
+--¡Ay! no diga usted tales cosas--exclamó ella, juntando las manos.
+
+--Perdóneme usted, señora: no sé lo que me digo. A pesar de todo, usted
+me consuela, y hallo en su presencia no sé que grata expansión. No
+podré nunca olvidar que sólo usted se atrevió á defenderme cuando todos
+me acusaban.
+
+Al decir esto, Lázaro no pudo menos de advertir que la santa dejó caer
+pesadamente los brazos, y miró al cielo. Su rostro, de color suavemente
+moreno y sin ningún matiz rojo en las mejillas, estaba en aquellos
+momentos pálido y sombreado por la proyección de sus cabellos, cuya
+magnitud, belleza y negrura no era comparable sino á la intensidad
+tenebrosa de sus ojos negros que, después de la metamorfosis, habían
+adquirido una expresión desconocida. No sabemos si fué efecto de la
+casualidad ó si lo hizo de intento; pero es lo cierto que, contra su
+costumbre, tenía simplemente la cabeza cubierta con un pañuelo, y que
+durante el diálogo sus magníficos cabellos, tesoro disimulado por el
+misticismo, se desataron y cayeron gradualmente por la espalda. Nunca
+había visto Lázaro una cabellera igual: parecía en la obscuridad de la
+noche una toca negra que descendía hasta la cintura. Mientras hablaba,
+la santa solía apartarse á un lado y otro de la frente las dos ramas
+principales de aquel encanto, que nació en aquella noche en el calor de
+una confidencia apenas intentada. Lázaro, que observó largo rato á la
+dama, notó que lloraba, y que, apartándose de él lentamente, se apoyó en
+la pared con muestras de gran postración y abatimiento.
+
+--Pero usted llora--dijo, arrepentido de haber hablado tanto y
+deteniéndola;--usted está muy agobiada. ¿Por qué no ha reposado usted?
+
+--Yo no puedo reposar, yo no puedo dormir--murmuró la devota con voz más
+bronca y grave que de ordinario.
+
+--¿Por qué salió usted á estas horas estando así?
+
+--Me ahogaba, y he tenido que salir á respirar el aire.
+
+--Pero usted llora. Por Dios, ¿qué tiene Usted?
+
+La enferma no contestó.
+
+--¿Está usted muy enferma, muy enferma?--continuó Lázaro.
+
+--Sí--dijo ella de un modo imperceptible.
+
+--¿Hace mucho?--Hace poco.
+
+--Señora, retírese usted, yo se lo suplico. Sus manos parecen de fuego,
+su frente quema.
+
+Lázaro le tomó las manos, y notó en ellas un calor excesivo; se atrevió
+á ponerle la mano en la frente, y creyó tocar un cuerpo inflamado. Al
+mismo tiempo la santa temblaba, como si su cuerpo recibiera la impresión
+del hielo.
+
+--Usted tiene frío, tiene convulsiones--dijo;--retírese usted.
+
+Ella continuaba en la misma actitud; cerró los ojos como quien siente
+un pesado sueño, é inclinó la cabeza, buscando apoyo. Lázaro tuvo
+miedo; estuvo por llamar; la asió por un brazo, y dispuesto á hacerla
+retirar, le dijo:
+
+--Vamos, señora, es muy tarde. Usted no se encuentra bien aquí. Vamos,
+¿quiere usted que se llame á algún médico?
+
+--No--dijo ella, abriendo los ojos y mirándole con cierta ironía.--No:
+¿para qué un médico?
+
+--Su salud es muy preciosa--dijo Lázaro, por cuya cabeza pasó
+rápidamente una sospecha.--Consérvela usted bien; será siempre mi mayor
+alegría saber que usted está buena y disfrutando de la salud necesaria
+para hacer el bien. No me voy de aquí sin la seguridad de que queda
+usted enteramente buena.
+
+--¡Marcharse usted!--exclamó ella con un repentino movimiento que la
+animó.--Sí, marcharme.
+
+--¡Usted se va!--continuó con otro movimiento que tenía algo de salto y
+poniendo siniestro brillo en sus ojos.
+
+--Sí, naturalmente.
+
+Al oír esto, la devota, con instantánea fuerza, le asió con su mano
+convulsa el brazo, y estrechándole violentamente, dijo:
+
+--No, ¡no se irá usted!
+
+En el mismo momento en que esto decía, se sintió que abrían la puerta de
+la calle. Era Elías que entraba; se le sentía subir. Venía alumbrado por
+una linterna, y como de costumbre, hablando solo.
+
+--Retírese usted--dijo con viveza la mística.--¿Y usted se queda aquí?
+
+--Retírese usted á su cuarto. Que no le vea levantado. Échese usted en
+la cama. Finja que duerme.--¿Pero usted? ...
+
+--Vamos. Entre usted en su cuarto. Que ya llega ... Pronto.
+
+Lázaro se retiró, empujado por ella precipitadamente. Entró corriendo en
+su cuarto antes que Coletilla llegara, y arrojándose en el lecho, fingió
+que dormía. El fanático entró poco después y se acostó murmurando.
+Cuando apagó la luz, Lázaro se incorporó en su lecho con mucha cautela,
+y asomándose por una ventana que daba al corredor, miró hacia afuera.
+Aún estaba allí la dama con el rostro vuelto hacia la ventana. Lázaro se
+volvió á acostar, y pasado un cuarto de hora en que caviló cuanto puede
+cavilar cabeza humana, se asomó de nuevo y vió la misma figura blanca,
+inmóvil en el mismo sitio y con los dos terribles ojos negros fijos en
+la ventana. Aquello le acabó de confundir. Pasó mucho tiempo mirando
+cada cinco minutos, y siempre veía la misma figura, hasta que al fin ya
+no miró más porque le daba miedo.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXI
+
+
+
+#La reunión misteriosa.#
+
+
+Al anochecer del siguiente día salió Lázaro de su casa. Había pasado
+toda la mañana averiguando dónde vivía Bozmediano, y en las pocas horas
+que permaneció en la casa de las tres nobilísimas damas, oyó decir que
+doña Paulita estaba muy mala, y que Clara no estaba buena. Salomé se le
+presentó varias veces, más impertinente que de costumbre, para
+recordarle que la tarde anterior no había saludado á Entrambasaguas; y
+María de la Paz Jesús hizo todo lo posible por encontrar pretextos para
+reprenderle, lo que su admirable instinto de inquisidora logró
+repetidas veces.
+
+Lázaro salió, y ya entrada la noche penetraba en los solitarios barrios
+de la Flor Baja, donde está la habitación de los Bozmedianos.
+
+Entró en el portal y preguntó por don Claudio. El portero, que era
+hombre de mal genio con los humildes, le contestó con muy desagradable
+talante que no estaba.
+
+Lázaro se quedó parado un buen rato, mirando al portero, como si le
+pareciera inverosímil la declaración de aquella sibila con gabán
+galonado. Este creyó que no lo había dicho bastante claro, y
+repitió:--¡No está!
+
+Pero el joven tenía mucho interés en ver á Bozmediano aquella noche; así
+es que no se dió por satisfecho y preguntó:
+
+--¿Cuándo vendrá?
+
+El otro creyó que esta pregunta, hecha por un joven que no parecía ser
+de la primera nobleza, que no había venido en coche, que no era militar
+ni tenía botas á la _farolé_ era una pregunta muy inconveniente y falta
+de sentido común. Se sonrió con aire de superioridad, y metiéndose las
+manos en los bolsillos, dijo:
+
+--¿Cómo quiere usted que sepa yo cuándo viene? Vendrá ... cuando venga.
+
+--Es que tengo precisión de verle esta misma noche. ¿A qué hora
+suele venir?
+
+--No tiene hora fija--dijo el portero volviendo la espalda y
+dirigiéndose á la portería.
+
+Después volvió y dijo:
+
+--Si usted quiere dejarle algún recado....
+
+--No--replicó Lázaro;--necesito verle yo mismo.
+
+--Pues mañana temprano ...--dijo el criado en un tono que era fácil de
+traducir por "váyase usted."
+
+Lázaro comprendió que era imposible sacar más partido de aquel
+cancerbero, y salió; pero tenía vivos deseos de ver á Bozmediano aquella
+misma noche. Parecíale que cada hora que pasaba después del fatal
+momento en que le vió desaparecer por la buhardilla, añadía nueva
+intensidad á su agravio. Para él era Bozmediano entonces el ser más
+odioso y repugnante que había nacido. Creíale inspirado tan sólo por las
+ideas más bajas y groseras, y veía en él un cobarde seductor incapaz de
+nada generoso ni bueno. Se contemplaba como superior, muy superior á
+aquel hombre insidioso, y creía que sólo con verle el criminal conocería
+toda su bajeza. A veces le daban arrebatos de súbita cólera, tan fuerte
+y violenta, que al tener al militar ante sí, se lanzarla sobre él
+dispuesto á arrancarle por cualquier medio la vida. Con estos
+sentimientos, el estudiante decidió no apartarse de la casa para esperar
+á que entrara, si estaba fuera, ó cogerle al salir, si estaba dentro.
+Pasó á la acera de enfrente y empezó á pasearse, resuelto á no abandonar
+su puesto en toda la noche, esperando con la inquebrantable paciencia
+que da el deseo de venganza.
+
+Las diez serían cuando Lázaro vió que salían de la casa tres personas.
+Acercóse con disimulo, y vió que una de ellas era Claudio. Apoyado en su
+brazo, y andando con lentitud, iba un anciano, que juzgó sería su padre.
+La otra persona era un militar; los tres hablaban con calor. Lázaro les
+siguió á alguna distancia, comprendiendo que no era aquélla la mejor
+ocasión para hablar á Bozmediano; pero se decidió á seguirles hasta ver
+dónde paraban. Anduvieron varias calles, y al fin llegaron á la plazuela
+de Afligidos; se detuvieron ante una puerta enorme, de las que en aquel
+antiquísimo sitio dan entrada á las vetustas casas del siglo XVII, y
+Bozmediano, el joven, tocó. No tardaron en abrirles, y entraron. Lázaro,
+que les observaba desde lejos, notó que parecían recatarse, procurando
+no ser vistos. El militar entró el último, después de mirar á todos los
+rincones de la plazuela. Bien pronto se vió luz en una de las ventanas
+de la casa, pero una mano cerró las maderas y no se vió más claridad.
+
+Sin saber por qué, la imaginación del estudiante no pudo menos de
+atribuir á la entrada de aquellas personas en tal casa cierto misterio:
+se acercó, miró el número, y cuando se alejaba, dispuesto ya á
+retirarse, vió que venían otras dos personas embozadas hasta los ojos.
+Pasó junto á ellas Lázaro, fingiendo que seguía su camino, y
+refugiándose tras la esquina de la calle de las Negras, observó que
+tocaron, que les abrieron sin tardanza, y que entraron. Tal vez será
+casualidad--pensó el joven;--pero algo tiene de extraño la reunión de
+aquellas personas en el mismo sitio.
+
+No pasaron diez minutos, cuando Lázaro vió aparecer, viniendo del
+portillo de San Bernardino, á otros tres personajes, igualmente
+embozados; observó que se detenían para ver si les miraban, y por
+último, después de tocar, entraron en la casa. "Ya van ocho", dijo para
+sí, y esperó á ver si venía otra remesa.
+
+Poco después uno solo, que desembocó por la calle de Osuna y marchando
+muy á prisa. Detrás de éste aparecieron dos, que no necesitaron tocar,
+y, por último, llegaron uno tras otro cinco más, que entraron
+sucesivamente y separados.
+
+--Sin duda hay aquí algo--dijo Lázaro.--Han entrado diez y seis. Es un
+club secreto, una conspiración, tal vez una logia de masones. A las once
+se retiró viendo que hacía una hora que no entraba nadie; peto se retiró
+resuelto á volver la noche siguiente para observar si aquello se
+repetía. Era evidente para él que allí se verificaba una reunión de
+personas graves, sin duda con algún fin político. Odiaba de muerte á
+Bozmediano, y este sentimiento le llevó á sentar el principio de que lo
+que allí se trataba no podía ser cosa buena.
+
+Retiróse á la calle de Válgame Dios, muy pesaroso por no haber podido
+tener con su enemigo la terrible entrevista que él se había imaginado.
+
+No es descriptible la ira que de María de la Paz se había apoderado con
+motivo de la tardanza del joven. Baste decir, para dar una idea de la
+irascibilidad de la dama á quien los poetas del tiempo de Cadalso
+compararon con Juno, que se levantó, no diremos que en paños menores,
+pero sí menos pomposamente vestida, cubierta y ataviada que de
+ordinario, para decir al caballerito que si se figuraba que aquella casa
+era suya (de él), y que si tenía propósito de pasar la noche, mientras
+ella viviera, en los clubs y en los garitos de Madrid. Añadió que estaba
+cerciorada de que su conducta (la de Lázaro) no cambiaría nunca, y que
+era preciso desistir del empeño de hacer entrar un rayo de luz en tan
+obscura y desorganizada cabeza. Dijo asimismo que sólo á un exceso de su
+caritativa bondad (de ella), debía (él) el gran favor de ser admitido en
+aquella santa casa, aunque presagiaba que no estaría mucho tiempo más en
+ella á causa de sus maldades y abominables calaveradas ... que
+deshonraban aquella santa casa. Y siempre con la santa casa. Así se lo
+dijo, y siempre con voz muy alta. El joven le contestó muy quedo:
+
+--Señora, he tenido que hacer....
+
+Pero ella no le dejó concluir, y dando gritos exclamó:
+
+--No alce usted la voz, caballerito. ¿A qué grita usted de ese modo?
+Está mi sobrina muy mala, y viene usted á incomodarla. Si no ha venido
+aquí más que para incomodar....
+
+--¿Que está muy mala doña Paulita?--dijo en voz casi imperceptible
+el muchacho.
+
+--Sí, señor; y usted, con esas voces, no la deja reposar.
+
+--Pero si yo no he alzado la voz....
+
+--Calle usted, señor don Lázaro, calle usted, y no me desmienta.
+
+En esta disputa estaban cuando Salomé apareció, diciendo:
+
+--¡Por Dios, que está Paula con el recargo, y con este ruido se va
+á agravar!
+
+--Este caballerito da unos gritos ...--dijo Paz, alzando mucho la
+voz.--¿Ves? Ha venido á las doce. ¿Qué te parece, Salomé? Habrá estado
+en algún club de gente perdida. ¡Bonita alhaja hemos metido en casa! ¿Y
+dice usted, caballerito, que ha tenido que hacer?
+
+--Sí, señora: he tenido cierto negocio--contestó Lázaro un poco
+amostazado con las impertinencias de las dos viejas....
+
+--¡Buenos negocios serán esos!--indicó Salomé.--Pero á ver si baja la
+voz, que mi prima no puede sufrir esos gritos. Apenas entró usted ... yo
+no sé cómo pudo sentirle. Lo cierto es que le sintió entrar, le conoció
+en los pasos, despertó con mucho sobresalto, y cuando escuchó su voz se
+incorporó en el lecho con mucha agitación, manifestando que le molestaba
+mucho su voz. Con que calle usted, y procure no hacer ruido con esos
+taconazos.... Vamos, ya puede usted retirarse....
+
+--Señoras, buenas noches.
+
+Aun no había dado un paso, cuando Clara apareció muy alterada, diciendo:
+
+--Señoras, vengan ustedes, que se quiere salir de la cama ... No la
+puedo sujetar. En cuanto sintió esta conversación, se levantó muy á
+prisa, diciendo que venía acá.
+
+--¡Ah! Vamos á ver--dijo Paz, entrando en la habitación.
+
+--Empieza á delirar--dijo Salomé, entrando también con Clara.
+
+Lázaro subió pensando en aquel nuevo misterio de la mujer santa.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXII
+
+
+
+#La Fontanilla.#
+
+
+No encontró á su tío, que aquel día no había parecido por la casa. Si
+hemos de verle nosotros, tenemos que dirigirnos al naciente club de
+_La Fontanilla_, donde el buen realista conversaba muy calurosamente
+con el Doctrino y con el otro joven llamado Aldama, de quien ya
+tenemos noticia.
+
+Indiquemos la variación que había ocurrido en aquella casa. El poeta
+había volado. Por fin consiguió Carrascosa el objeto de sus afanes; la
+vizcaína se decidió á echar al poeta con todo su bagaje de Gracos, musas
+y ninfas clásicas. Pudo mucho en la conciencia de la jamona la opinión
+del vecindario, que se mostraba cada vez más explícito en cuanto á las
+supuestas relaciones entre la semidiosa y su cantor. Conjeturas podrían
+hacerse sobre la desaparición del joven, y hay indicios para creer que
+pocas horas antes de la partida estuvo la patrona hablando muy por lo
+bajo con su huésped.
+
+Ausente el poeta y desocupado el parnasillo, don Gil trajo de la calle
+de las Urosas el baúl, que contenía sus tres casacas, su peluca del
+tiempo de Esquilache, sus cuatro camisas con chorrera, su capa y su
+espadín enmohecido, y se instaló donde había estado el autor de _Los
+Gracos_. Colgó en la pared un cuadro de familia que representaba las
+postrimerías del hombre en diabólicas y extravagantes alegorías, y allí
+quedó, huésped de su adorada. Creemos oportuno advertir que la causa de
+la afición de don Gil á la vizcaína era que él tenía conocimiento, por
+papeles que tuvo ocasión de ver mientras fué covachuelista, de un
+derecho á ciertas tierras y casas de labor en Oñate, el cual había
+recaído en aquella doña Leoncia sin que ella misma lo supiera. El abate
+pensaba realizar un buen negocio, ya haciéndose por cualquier medio
+poseedor del derecho, ya pleiteando por cuenta de ella, con esperanza de
+sacar un buen bocado. Su hambre era tanta como su ingenio, razón por la
+cual había probabilidad de que saliera adelante con su empresa.
+Dejémosle allá dedicado á la ardua tarea de conquistar á la semidiosa, y
+asistamos á la sesión de _La Fontanilla_.
+
+El Doctrino decía á Coletilla:
+
+--Mucho me temo que eso no salga bien: yo cuento con gente decidida;
+pero el golpe es demasiado terrible, amigo don Elías, y temo que se
+alborote la opinión pública.
+
+--Si ya la opinión pública se ha presentado contra ellos; si les señala
+con execración--observó Elías con mucha vehemencia.--Parece que no
+conoce usted al pueblo. ¿No ve usted cómo están _La Fontana, Lorencini,
+La Cruz de Malta_ y _Los Comuneros_? ¿No ve usted cómo los liberales
+exaltados truenan contra los que llaman tibios, es decir, contra los que
+apoyan al Gobierno y forman la mayoría llamada _sensata_ en las Cortes?
+Pues bien: el pueblo está furioso contra esos tibios; ya usted sabe cómo
+se ha logrado encender esa ira. El pueblo está pidiendo su destrucción,
+porque cree que es el mejor medio de conseguir la libertad. Cumplamos la
+voluntad del pueblo.
+
+Indescriptibles son el sarcasmo y la diabólica malicia con que Coletilla
+pronunciaba estas palabras. Ya comprenderá el lector la marcha que
+llevaban los planes de aquel viejo demonio del absolutismo. El caminaba
+seguro hacia su fin: la paciencia, la constancia, la reflexión madura,
+la astuta discreción le guiaba; era hombre hábil y con facultad
+portentosa para idear y poner en práctica proyectos como el que le vemos
+desarrollar ahora.
+
+--Bien--contestó el Doctrino:--yo convengo en que es preciso hacer eso
+que usted dice, y ver el modo de que el pueblo bajo satisfaga su
+sangriento deseo. El no sabe lo que quiere ni por qué le quiere. Ha
+adquirido por distintos medios esas ideas, y es preciso llevarle á su
+realización. Pero me parece que aún no es tiempo, señor don Elías. Los
+hombres señalados para víctimas conservan aún mucho prestigio. El pueblo
+no les quiere, es cierto, porque al pueblo se le ha extraviado y se le
+ha engañado; pero tienen apoyo en la clase media y en una parte de la
+aristocracia. Creo que no ha llegado aún el golpe de mano que usted
+viene preparando.
+
+--¡Qué niño es usted!--dijo el realista;--¿qué importa que esa gente
+tenga algún prestigio? ¿Y no significa nada el apoyo de aquella persona
+tan alta ... de aquél que todo lo puede? ...
+
+--Del Rey, dígalo usted de una vez.
+
+--Ya sabe usted cual es el pensamiento del Rey. Ante el público, ante la
+Europa, esos hombres son sus amigos: algunos son sus ministros, otros
+son sus consejeros de Estado, otros los diputados que apoyan sus
+decretos en las Cortes. Aparentemente el Rey les ama; pero en realidad
+les odia, les detesta. Por ellos se entroniza el sistema constitucional;
+ellos dan fuerza al liberalismo. Ya veis cómo para acabar con el
+liberalismo, hay que acabar con ellos.
+
+Esto lo dijo con una resolución tan cínica y tan descarada veracidad,
+que el mismo Doctrino, que era un infame, sintió cierta repugnancia.
+
+--Pues bien--continuó Coletilla:--toda la execración del atentado caerá
+sobre los liberales exaltados, que son los que lo perpetran; el golpe va
+á herir directamente al liberalismo. Se verá que el liberalismo se mata
+á sí mismo; que los más exaltados de sus secuaces devoran á los más
+prudentes. ¿Qué ha de hacer la Patria aterrada en presencia de este
+horror? Renegar del liberalismo, facilitar el santo propósito del Rey de
+restablecer el antiguo sistema. El golpe está muy bien preparado: una
+parte de los liberales arde en deseo de aniquilar á la otra parte. El
+suicidio del liberalismo es inminente. Favorezcámoslo, impulsémoslo. Tal
+vez mañana será tarde; tal vez, si nos detenemos, puede verificarse una
+reconciliación, y entonces....
+
+--Reconciliación no: eso es imposible--dijo el Doctrino preocupado.--Los
+exaltados de la _Fontana_ y de los otros clubs han llegado ya á un
+estado de intransigencia tal.... Al pueblo se le ha predicado mucha
+doctrina de intolerancia y de exterminio para que se detenga en su
+aspiración. No hay remedio: esos que se oponen en las Cortes y en los
+clubs á las exageraciones de la libertad, van á ser atropellados por
+ella. No es posible reconciliación; por lo mismo creo que debe y puede
+esperarse un poco á ver si esos hombres pierden de una vez la poca
+popularidad que les queda.
+
+--Esas cosas se han de hacer con decisión; si no, no se hacen--dijo
+Elías.--Veo que usted no ha nacido para los golpes de circunstancias. Yo
+creo que esta semana debe verificarse el desenlace de mi plan, y lo
+tendrá, aunque usted no quiera ayudarme.
+
+--Ayudarle á usted, eso sí. Hemos hecho un pacto: usted es el que ha de
+mandar. Aunque disintamos en un punto, no por eso nos separaremos. Yo
+obedezco, y la responsabilidad del éxito cae sobre mí. Pero en la
+desgracia, usted no me ha de abandonar: así lo hemos pactado.
+
+--Eso no: respecto á lo que he dicho á usted, no hay que insistir.
+Tendrá lo que desea, más aún.
+
+--Pues no espero más que las órdenes de usted.
+
+--Es indudable--dijo Elías, después de una pausa, que ellos se han
+propuesto marchar de acuerdo y destruir las pequeñas diferencias que
+entre ellos había. Martínez de la Rosa y Toreno se dan la mano con el
+ministro Feliú y con el mismo Argüelles.
+
+--¿Y qué?
+
+--Que eso es lo que conviene á nuestro plan.
+
+--Excepto Argüelles, todos son muy odiados del pueblo, y no creo que
+exista hombre alguno á quien más aborrezcan los exaltados que el
+ministro Feliú.
+
+--Pues bien--dijo Coletilla:--yo estoy seguro, segurísimo de que esos
+que he nombrado, y además Valdés, Álava, García Herreros, el poeta
+Quintana, el consejero de Estado Bozmediano y otros, se reúnen, no sé
+si de día ó de noche, con todos los ministros y algunos generales. Sin
+duda tienen algún proyecto entre manos, algún complot, quién sabe si
+contra el Rey.
+
+--¿Y no sabe usted dónde se reúnen?
+
+--No lo sé; estoy rabiando por averiguarlo. Figúrese usted qué ocasión.
+Precisamente son los que ... Le diré á usted cómo he sabido que esos
+pájaros se reúnen algunas noches, no sé si todas las noches. Hace
+algunos días estaba Feliú en el cuarto del Rey. No había consejo; estaba
+el conde de T. contando chascarrillos. El Rey se reía mucho, y el
+ministro también para que no le acusaran de irreverente. Después Su
+Majestad dijo que quería ver el decreto de la beneficencia que Feliú
+tenía preparado, porque estaba delante el obispo de León, y el Rey
+quería mostrárselo. Sacó del bolsillo su excelencia el manuscrito, y al
+mismo tiempo se le cayó un papel muy pequeño, sobre el cual Su Majestad,
+que es más ladino que Merlín, puso inmediatamente el pie. El ministro
+notó la caída del papel, pero no se dió por entendido. Leyó su decreto,
+dijo el prelado que no le gustaba, y el Rey que estaba complacidísimo.
+Grande era su curiosidad por saber si aquel papel decía algo
+interesante, y apresuró la despedida del ministro. Quedóse solo y me
+llamó; juntos leímos el papel, que decía: _A las diez; van por fin,
+Argüelles y Calatrava. No falte usted_.
+
+Esto nos aumentó la curiosidad. Mandamos á las diez á una persona que
+fuera á espiar la salida del ministro de su casa para observar dónde
+iba. Pero Feliú no salió; tampoco salieron de la suyas Argüelles ni
+Calatrava, y fué que el maldito, como notó que Su Majestad había puesto
+el pie sobre el papel, quiso desorientarle y no fué á la cita, avisando
+á tiempo á Argüelles y á Calatrava para que no fueran tampoco.
+
+--¿Y después no ha tratado usted de averiguar?
+
+--Sí: á la noche siguiente, fué una persona á casa de Feliú á preguntar
+por él, y le dijeron que no estaba. Quedóse por aquellos alrededores;
+pero no le vió entrar ni salir en toda la noche. Yo sospechaba que
+Toreno, Martínez de la Rosa, Valdés, Alavá y Bozmediano entraban en
+aquel cotarro, y después de las diez mandé á sus casas personas que
+preguntaran por ellos con cualquier pretexto: ninguno estaba. He sabido
+que Quintana, que va al Príncipe con frecuencia, ha salido antes de las
+diez; he sabido que Bozmediano y su hijo, que asistían á la tertulia del
+marqués de las Amarillas, se marchaban á eso de las diez los tres
+juntos. Esto se ha repetido varias noches.
+
+--¿Y no se les sigue para saber dónde van?
+
+--Sí; y se ha observado que cada uno entra en su casa: esto lo hacen
+para desorientar al que los sigue. Algunas noches se les ha visto
+dirigirse á otros sitios; pero nunca se ha notado que todos vayan á uno
+mismo. Pero ya lo averiguaremos, descuide usted.
+
+--Pues si esa reunión es cierta--dijo el Doctrino,--es un _complot_ sin
+duda: ¡qué ocasión!
+
+--¡Y quería usted dejarla pasar! Es preciso que esa gente aparezca á los
+ojos del pueblo como urdiendo un plan de golpe de Estado contra la
+Constitución. El pueblo es fácil de engañar.
+
+--El pueblo creerá eso y todo lo que sea preciso.
+
+--Vamos, ¿y qué ha hecho usted esta mañana?--preguntó Coletilla.--¿Ha
+hablado usted á los de _Lorencini_?
+
+--Estamos de acuerdo.
+
+--Y los _Comuneros_ ¿se deciden á marchar con ustedes?
+
+--Ya vió usted lo que dijo el otro día el jefe de los exaltados allí.
+Estamos convenidos.
+
+--Bien--dijo Elías.
+
+--Grandes turbas de gente obedecen ciegamente nuestro mandato. Eso bueno
+tienen las ideas exaltadas: que es muy fácil llevar al pueblo al terreno
+de los hechos, incitándole con ellas. El pueblo se deja llevar, y le
+gusta que le lleven.
+
+--¡Bendita la nación!--dijo Elías con una mirada igual á la del demonio
+cuando tentó á Jesús;--bendita la nación que tiene un pueblo tan
+impresionable y dócil, porque si bien puede extraviarse, puede también
+servir de instrumento para volver al buen camino, y luego con un sistema
+de represión el pueblo no volverá á ser impresionado por nadie.
+
+Apenas había pronunciado Coletilla estos terribles aforismos,
+cuando se sintió ruido en la escalera. Eran algunos jóvenes socios
+del club naciente.
+
+--Escóndase usted ahí--dijo el Doctrino á Coletilla. Estos no le
+han de ver.
+
+Escondióse el realista en una alcoba inmediata, y entraron Alfonso
+Núñez, Cabanillas y otro que hasta hoy no conocemos, y era Juan Pinilla,
+gran orador de los _Comuneros_, apóstol de las ideas más disolventes y
+extravagantes. Estaba ya en autos con el Doctrino; ambos servían á
+Coletilla mediante respetables sumas y la promesa, solemnemente
+asegurada, de un destino en las Intendencias de Cuba ó Filipinas. Otros
+muchos entraban en el infame complot, y entre ellos una gran parte sin
+interés, guiados sólo por patriotismo mal entendido, por la ignorancia ó
+la ambición. Estos eran los más desdichados.
+
+--¿Qué hay?--dijo Núñez.--¿Te has convencido ya de que esto no puede
+retardarse? Mañana será tarde. He tenido ocasión de ver cómo están los
+ánimos perfectamente preparados para nuestro objeto. Los ministros,
+los diputados de la fracción _sensata_, son detestados: la tempestad
+ruge sobre sus cabezas. Hay que hacerla estallar. Salvamos la
+libertad, ¿sí ó no?
+
+--La salvamos--dijo el Doctrino.--Cuando contamos nuestras filas y vemos
+que la mayoría de España está con nosotros, ¿no hemos de tener
+confianza?
+
+--Eso mismo digo yo--manifestó Aldama, que en presencia de Coletilla no
+hablaba nunca; pero sabía recobrar, cuando él no estaba, el uso de su
+muletilla.
+
+--¿No ha venido Lázaro?--preguntó el Doctrino á Alfonso.
+
+--No estaba en su casa. Tal vez venga más tarde.
+
+--Esta noche vendrá Jorge Bessieres, el gran republicano francés--dijo
+Juan Pinilla, comunero y republicano.
+
+Era Pinilla un hombre de gran talla, casi tan corpulento como el barbero
+Calleja, pero de más claridad en la mollera. Abogado sin pleitos, más
+por la violencia é informalidad de su carácter, que por falta de
+talento; era gran terrorista, y su mayor afán era desempeñar el papel de
+acusador el día en que la Junta de salud pública decretara el exterminio
+de una gran porción de ciudadanos, empezando por el Rey. Fernando estaba
+ya sentenciado en los papeles de Pinilla, con otros menos dignos que él
+de la guillotina. Poco después de este furibundo demagogo, otro
+personaje entró en escena.
+
+--¿Quién será?--dijo el Doctrino sintiendo los pasos.--Apuesto á que es
+el mismo Lobo en persona.
+
+Un hombre alto, flaco y vestido de negro entró en la habitación. Era don
+Julián Lobo, célebre republicano que después fué faccioso y uno de los
+más sanguinarios chacales del absolutismo. No es fácil decir si en la
+época en que lo presentamos era verdadero demagogo ó simplemente un
+absolutista disfrazado, como otros muchos. Lo cierto es que hacía alarde
+de las más exageradas opiniones, y sus discursos, pronunciados en
+_Lorencini_, eran elocuentes y fanáticos. Conspiró mucho con los
+liberales exaltados contra el gobierno Feliú, y después contra el
+gobierno de Martínez de la Rosa. Hay quien asegura que tomó parte en las
+primeras facciones con Misas y el Trapense, y es indudable que al fin de
+los tres años constitucionales se presentó descaradamente con una
+partida en Moncayo, donde hizo estragos. Entronizado de nuevo el
+absolutismo, se ordenó de mayores (ya lo era de menores antes de 1821);
+obtuvo el arcedianato de Ciudad-Rodrigo con asiento en el coro de
+Salamanca, y lo disfrutó muchos años.
+
+--Señores--dijo con mucha solemnidad--albricias: la _Fontana_ es
+nuestra.
+
+--¿Qué hay? Cuente usted--dijeron todos con gran interés.
+
+--Que nos han dejado libre el campo. Los últimos que quedaban del
+partido _tibio_ se han marchado, viendo que la opinión se va tras
+nosotros. Anoche le han dado una silba horrible. Han acordado marcharse
+todos, y el amo del café, Grippini, ha venido á decirme que si queremos
+continuar nosotros las sesiones....
+
+--¿Pues no hemos de continuar? Esta noche misma--dijo Alfonso con
+entusiasmo.
+
+--Bien por la _Fontana_. La _Fontana_ es nuestra--gritó el Doctrino.
+
+--Lo mismo ha pasado en _Lorencini_. Se han marchado esos señores con su
+_orden_ y su _cordura_.
+
+--El campo en nuestro. Convocar á la gente para esta noche.
+
+--¡Todo el mundo á la _Fontanal_!
+
+--A la _Fontana_, á las diez.
+
+En la sesión preparatoria de la _Fontanilla_ no ocurrió nada de notable.
+Los principales cabecillas del complot se dieron cita para una
+conferencia secreta que tendría lugar aquella noche en el salón interior
+de la _Fontana_, á las nueve, y se despidieron para retirarse, quedando
+allí Aldama y el Doctrino. Cuando se vieron solos, llamaron á Elías que
+apareció con cara de júbilo, la cual en aquel hombre era la cara más
+diabólica y repulsiva del mundo.
+
+--¿Qué le parece á usted?--dijo el Doctrino.
+
+--Bien, bien.
+
+--Vamos á echar un trago--añadió el joven, tomando de manos de Aldama
+una botella que éste habla sacado, no sabemos de dónde, al desaparecer
+los compañeros.
+
+--Yo no bebo, no--dijo Elías tomando la botella y echando vino en el
+vaso de los otros dos.--Yo no bebo.
+
+--Esta noche en la _fontana._ ¿Va usted?
+
+--Sí, iré... pues no--respondió Coletilla con mucha ironía.--Yo también
+soy liberal.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXIII
+
+
+
+#Las arpías se ponen tristes#.
+
+
+Mucho le asombró á Lázaro lo que pasó en la casa de la calle de Belén el
+día después de su excursión á la plazuela de Afligidos, que fué el día
+mismo de la sesión que hemos referido. Serían las tres de la tarde
+cuando entró su tío; las dos arpías se abalanzaron hacia él, y con la
+hiel propia de sus caracteres emponzoñados, le dijeron, disputándose á
+cuál hablaba primero:
+
+--¡Ah, señor don Elías: no sabe usted lo incomodadas que nos tiene este
+mozalbete! ¿No sabe usted á qué hora entró anoche? ¿Lo creerá usted? ¡A
+las doce!... ¡Qué escándalo! ¡En una casa como ésta, en una casa de
+paz, de decoro, de virtudes! A las doce entró este caballerito, que sin
+duda pasó la noche en alguno de esos _clubes_, como dicen, alborotando y
+aprendiendo todas esas herejías que andan ahora por ahí. ¿Qué le parece
+á usted? ¿Pero no se irrita usted, señor don Elías? Y lo peor es que
+entró haciendo un ruido con esos taconazos ... y dando unas voces....
+Porque como está Paulita tan mala, es el caso que se alteró con el ruido
+y quiso salirse de la cama. ¡Ay qué hombre! Crea usted que ya nos tiene
+consumidas su sobrinito, señor don Elías, y es preciso que tome usted
+una determinación, porque esta casa ... ya ve usted ... esta casa....
+
+Todo lo dijo casi en su totalidad Paz, aunque á Salomé pertenecieron
+algunas palabras. Pero viendo las dos que la filípica no hacía efecto
+ninguno en Coletilla (y esto era lo que asombraba á Lázaro), tomó la
+palabra Salomé sola para decir:
+
+--¿Y no sabe usted que este ... joven es de los más mal educados que he
+visto? Pues el otro día estuvimos en casa de don Silvestre
+Entrambasaguas, y se portó tan groseramente que nos dió vergüenza de ir
+en su compañía. Luego por la calle andaba con unas carreras... En fin,
+si usted no se decide á sacarlo de los _clubes_....
+
+(Advertimos, para que el lector no extrañe la singularidad de este
+plural, que la dama, para explicarla, aseguraba que no decía _clubs_,
+por lo mismo que no decía _candils ni fusils_, en lo cual no andaba del
+todo descaminada.)
+
+Lázaro sintió impulsos de agarrar por el moño á uno y otro basilisco, y
+dar allí un ejemplo del vejamen que podía sufrir la aristocracia
+histórica en la ilustre familia de los Porreños, pero su indignación se
+calmó al observar que su tío, lejos de escuchar con ira aquellas
+acusaciones, se sonrió, y pasándole la mano por el hombro casi
+cariñosamente, si es permitido usar esta palabra, dijo:
+
+No se incomoden ustedes por tan poca cosa. Si llegó tarde, fué sin duda
+porque tuvo alguna ocupación: eso no tiene nada de particular. Lázaro se
+porta bien: yo se lo aseguro á ustedes.
+
+--¡Jesús, señor don Elías!--exclamó Salomé como si oyera una
+obscenidad.--¡Jesús, señor don Elías: yo esperaba de usted algún
+miramiento para con nosotras!
+
+--Pero, señoras, digo tan sólo que si mi sobrino llegó tarde, fué porque
+tuvo algo que hacer.
+
+--No esperaba yo de usted semejantes palabras--indicó Paz, poniendo
+los ojos, la boca y la nariz en la misma disposición compungida que si
+fuera á llorar.
+
+--No sé en qué podemos nosotras haber faltado--observó Salomé,
+poniéndose verde y haciendo también un gran esfuerzo para hacer creer
+que si no lloraba era por no faltar á las conveniencias sociales.--No sé
+en qué podemos nosotras haber faltado para que usted nos diga eso.
+--Como está una en desgracia...--murmuró Paz bajando la cara para que se
+creyera que devoraba una humillación.
+
+--Pero, señoras--dijo Coletilla con mucha seriedad,--yo no he agraviado
+á ustedes; he disculpado á mi sobrino solamente....
+
+--Como está una en desgracia...--añadió la dama continuando la queja
+interrumpida,--ya no se nos guardan ciertas consideraciones, y se nos
+desmiente cuando afirmamos una cosa.
+
+--¡Yo, señoras mías!--balbució Elías.--En otro tiempo--dijo Salomé,
+respirando fuerte y acumulando en la mirada todo el desdén de su
+carácter,--en otro tiempo no pasaba así. Cada persona se mantenía en su
+lugar, y el que estaba obligado á acatarnos, no llegaba nunca hasta
+nosotros sino con el mayor respeto y cortesía. Hoy todo ha cambiado.
+
+--¡Hoy todo ha cambiado! ¡Cómo ha de ser!--exclamó Paz, que después de
+incalculables esfuerzos consiguió su objeto, el cual consistía en que
+una lagrimita rodara por sus mejillas atomatadas.
+
+--Adiós, señor don Elías--dijo Salomé, hecha un veneno porque el
+realista no se arrodilló á sus plantas como esperaba.
+
+--Adiós, señor don Elías--repitió Paz, viendo que su lagrimita no
+ablandaba el duro corazón del antiguo mayordomo.
+
+--Pero vengan ustedes acá, señoras.... Las dos volvieron rápidamente.
+
+--Yo estoy confuso; no sé por qué toman ustedes ese tono. No sé en qué
+puedo haberlas ofendido. ¿Qué he dicho?
+
+--Ha dicho usted lo que no quiero recordar--dijo Paz, limpiándose la
+consabida.
+
+--Ha dicho usted que su sobrino se enmendará. ¡Oh! no puedo creer que
+usted...--exclamó Salomé.--Adiós, señor don Elías.--Adiós, señor don
+Elías. Se fueron. El fanático volvió pronto de su estupor, y después,
+dando poca importancia á aquel asunto, se dirigió á su sobrino y dijo:
+
+--Vamos, Lázaro: esta noche se reúnen tus amigos en la _Fontana_. Hay
+gran sesión: no faltes. Yo no me opongo á que cada cual manifieste sus
+opiniones; tú tienes las tuyas: yo las respeto. Sé que tienes talento y
+quiero que te conozcan. Ve á la _Fontana_, ve esta noche.
+
+Lázaro se quedó absorto, y apenas creía que lo dijera aquello el hombre
+intransigente que tantas recriminaciones le había hecho por sus ideas
+liberales; pero acostumbrado ya á las cosas raras é inverosímiles, no se
+preocupó mucho.
+
+Llegó la hora de comer, y la santa ceremonia del pan de cada día fué tan
+silenciosa, que aquella casa parecía de duelo. Baste decir que á Salomé
+se le olvidó pasarle los garbanzos á Lázaro, y que este, por no dar
+lugar á un nuevo conflicto, ni los pidió ni los tomó. Tampoco en la
+ración del realista estuvo muy pródiga doña Paz, pues se le olvidó
+ponerle carne, en lo cual aquel grande hombre, que sólo vivía de
+espíritu, no hizo alto. La otra vieja hizo cuanto en ser humano cabe
+para dar á entender que no tenía apetito; pero de todos los medios que
+se conocen para probar tal cosa, dejó de emplear el mejor, que es no
+comer. A tanto no llegaron sus esfuerzos. Paz dió algunos suspiros entre
+bocado y bocado. El único suceso importante que turbó la calma de
+aquella comida melancólica y callada, fué una ligera disputa suscitada
+entre las dos arpías, porque Salomé decía que el estofado se quemó por
+culpa de Paz, y ésta aseguraba lo contrario. Al concluir, Elías dió
+tregua á sus meditaciones para preguntar:
+
+--Pero ¿no está mejor doña Paulita? ¡Bah! supongo que no será nada.
+
+Salomé se apresuró á llevar á la boca una uva, que tenía entre sus
+delicados dedos, para poder decir:
+
+--¿Que no será nada? Crea usted que está bastante grave.
+
+Al decir esto, los movimientos de la delgada piel y los huesos angulosos
+de su gaznate indicaron que la uva había pasado.
+
+--¿Pero es cosa de gravedad?--dijo Elías.
+
+--¿Qué, tanto le interesa á usted?--preguntó con mucha hinchazón María
+de la Paz, que sentía renacer en sí todas las fuerzas de su antigua
+habilidosa elocuencia de salón.
+
+--¿Pues no me ha de interesar?--dijo Elías sintiendo herido su amor
+propio de mayordomo.--Pero voy, si ustedes me permiten, á verla.
+
+--No puede usted ahora, porque está durmiendo.
+
+--La va usted á molestar.
+
+Las dos se sonrieron satisfechas de la humillación que creían arrojar
+sobre Elías, retirándole momentáneamente su confianza.
+
+--Pues si no puede ser, me retiro.
+
+--Vaya usted con Dios.
+
+--Si se ofrece algo, señoras ...--dijo el realista.
+
+Y contra lo que ellas esperaban, el realista se marchó, dejándolas muy
+contrariadas.
+
+--¡Ay!--exclamó Salomé,--¿será posible?
+
+--¿Qué?--dijo Paz alarmada.
+
+--Que las ideas del día hayan también....
+
+--¿Será posible?...
+
+--¡También él!...
+
+El ámbito del comedor resonó con la vibración de dos suspiros que eran
+dos poemas. Pero ningún suceso grave resultó de aquel singular estado de
+sus caracteres, á no ser que quiera considerarse como tal el gran
+puntapié que se llevó el perrito Batilo sin motivo serio que lo
+explicara.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXIV
+
+
+
+#El complot.--Triunfo de Lázaro.#
+
+
+Lázaro no pudo tampoco aquel día encontrar á Bozmediano. Su deseo de
+hablarle, de pedirle cuenta de su infamia, de demostrarle la lealtad de
+su conducta y de castigarle sin lástima ninguna, aumentaba á cada hora.
+Buscóle con afán, porque ciertos agravios dan una paciencia y una
+tenacidad que las más grandes empresas inspiran rara vez al hombre.
+
+En la casa le decían constantemente que no estaba; paseaba de largo á
+largo la calle sin verle aparecer; llegó la noche, y á eso de las diez
+vió salir á las mismas tres personas de la noche anterior. Eran ellos.
+Bozmediano, padre é hijo, y el otro militar salieron por una puerta que
+se abría á un callejón obscuro, y se encaminaron á la plazuela de
+Afligidos, dando un gran rodeo. Apostóse el joven Otra vez detrás de
+la esquina de la calle de las Negras, y les vió entrar en la propia
+casa. Al poco rato entró otra persona, después tres, después dos; en
+fin, los mismos de la noche anterior. Reflexionando entonces Lázaro que
+su grande objeto, hablar y confundir á Bozmediano, no lo podía
+conseguir, viendo entrar desconocidos en una casa desconocida, se
+retiró, dirigiéndose á la _Fontana_ para asistir á la gran sesión de
+que su tío le había hablado.
+
+Desde el anochecer estaban en el café de la Carrera de San Jerónimo el
+Doctrino, Pinilla, Aldama y otros dos individuos de los que más trato
+tenían con el bolsillo del intendente revolucionario Elías Orejón.
+
+--No hay otro medio mejor que el que Coletilla nos ha propuesto--decía
+el Doctrino.--Indudablemente ese zorro tiene talento.
+
+--Pero es preciso tomar antes buenas medidas--indicó Pinilla--porque
+esos golpes, si salen mal, son terribles.... Escojamos buena gente, y
+que todos nos sigan y vayan al mismo objeto sin decir nada hasta no
+estar sobre ellos. Que sólo sepan la verdad del objeto treinta ó
+cuarenta hombres probados.
+
+--Eso ha de ser así: yo respondo de ello.--Ellos también parece que ven
+venir la lucha y se preparan para la defensa. Hoy lo dijo Toreno en las
+Cortes--observó Pinilla.--Pero les va á ser difícil escapar. El pueblo
+está irritado contra ellos; el pueblo quiere libertad, y ha de
+atropellar á los que intentan no permitirle llegar hasta el fin.
+
+--La gran dificultad consiste en no poderles coger reunidos en un solo
+punto. Lo bueno sería invadir el Congreso; pero el de la casa grande no
+quiere tal cosa. Hay que ir cazándoles guarida por guarida, y esto hace
+más difícil y complicado el asunto... Pero concretemos. En resumen, ¿qué
+es lo que se debe hacer?
+
+--La cuestión es muy sencilla--dijo el Doctrino, echándose atrás el
+sombrero y bajando la voz.--Todo se reduce á lo siguiente: Hay un
+partido, unos cuantos hombres que se llaman liberales sensatos, que
+predican el orden y el respeto á las leyes. Todo esto es muy bueno. Pero
+el pueblo ha cobrado gran odio á esa gente, que es, según cree el Rey,
+el apoyo de la Constitución. El pueblo ha llegado tras largas
+sugestiones á desear vivamente, con razón ó sin ella, la ... desaparición
+de esos hombres. Bien: conduzcamos al pueblo al logro de su deseo. El
+pueblo lo quiere, cúmplase la voluntad nacional. Después de estas
+irrisorias y diabólicas palabras, el Doctrino se detuvo para leer el
+efecto de su exposición en las caras de los oyentes.
+
+--Bien--continuó:--hay veinte ó treinta hombres señalados ya en la
+opinión como víctimas.
+
+--¿Cómo víctimas?--interrumpió Pinilla.
+
+--Sí, ha de haber un atropello. Hasta dónde llegará este atropello, es
+lo que no puedo decir á ustedes. Ya sabemos lo que es este pueblo.
+
+--¿Pero ese atropello parará en una matanza?--preguntó uno de los dos
+desconocidos.
+
+--Eso es lo que no sé. Atropello ha de haber. Las personas que lo han de
+sufrir están aquí apuntadas en mi cartera. No son sólo los ministros.
+
+--Y después, ¿qué pasará?--dijo el otro.--Verificado el hecho (y supongo
+que llegue al último extremo, á un sacrificio horrible), ¿qué tendremos?
+Se apoderará del poder el partido exaltado; tendremos un período de
+dictadura, de terror y represalias espantosas. ¿A donde iremos á parar?
+A la anarquía más horrible.
+
+--No importa--dijo el Doctrino.--El Rey cuenta con eso, y lo desea. De
+esa anarquía ha de salir triunfante un absolutismo, que es su objeto. Y
+lo conseguirá; eso es indudable.--¿Y contra quiénes se dirige el motín?
+
+--Contra muchos: ya conocéis quiénes son. Los políticos que se llaman de
+talla, los que guían la marcha de las Cortes, los influyentes. No se
+olvidará al presuntuoso Argüelles ni al célebre, más que célebre,
+Calatrava.
+
+--Hombre, sentiría que se escapara el bueno del consejero Bozmediano,
+que tuvo la desfachatez de decir en las Cortes que si el Gobierno no
+tenía á raya á los exaltados, peligraba la libertad y la Patria.
+
+--¿Cómo se había de escapar ese pez? Ese es de los primeros. Pues si es
+el que inspira al Gobierno... ¿Quién clama todos los días porque se
+cierren los clubs? El. ¿Quién es el autor de aquellos decretos sobre
+imprenta? El. ¿Quién indujo al Gobierno á la destitución de Riego? El.
+
+--¡Pues no digo nada de su hijito el señor don Claudio Bozmediano, que
+al principio era socio de la _Fontanal_ dijo uno de los desconocidos.
+
+--¡Oh!--exclamó vivamente el señor Pinilla, como si sintiera una herida
+en el corazón.--¿Ese perro habla de escapar? Le odio, le detesto, no le
+tendría compasión aunque le viera asado en parrillas. Sólo por acabar
+con ese condenado, entraría yo en la conspiración.
+
+--¿Pues que te ha pasado con él?--le preguntaron.
+
+--¿Qué me ha pasado?--dijo Pinilla, lívido de cólera. Hace algún tiempo
+iba ese señor á _Lorencini_. Una noche hablaba yo en contra del
+absolutismo y de los frailes: todos me aplaudían, y él también. Después
+dije no sé qué cosa contra los militares: el calló; pero al concluir mi
+discurso, vino á hablar conmigo y me expresó con algunas palabras su
+disgusto. Yo no esperé más: hacía tiempo que me cargaba aquel hombre, le
+tenía ojeriza sin saber por qué; le dije que me importaba poco su
+opinión. Me contestó, le contesté yo más fuerte, hasta que al fin, de
+palabra en palabra, le dije cierta cosa, sabida de todo el mundo,
+respecto á su madre, que fué muy levantada de cascos. El no esperó más,
+y de repente ... no lo puedo contar, porque se me sube toda la sangre al
+rostro. El puso su pesada mano en mi cara, y la imprimió con tal fuerza,
+que desde entonces la siento siempre aquí ... aquí ... quemándome como
+un hierro candente. Reñimos: él es mucho más fuerte que yo, y me venció.
+Después nos desafiamos, y me hirió; he vuelto á tener otro altercado con
+él, y me volvió á ... En fin, le odio de muerte. Uno de los dos tiene
+que destruir al otro: no hay remedio.
+
+--Pues no escapará, ni su padre tampoco.
+
+--Lo mismo digo yo--exclamó Aldama, que estaba muy pesaroso porque el
+amo del café no le había querido fiar una botella de Málaga.
+
+--Chitón, que viene alguien. ¿Quién es? ¡Ah! Lázaro Lázaro entró y
+saludó á su amigo.
+
+--Buenas noches, buena pieza--le dijo el Doctrino.--Ya estamos otra vez
+en la _Fontana_; ya somos dueños del club, de nuestro club; ya se fué
+aquella horda de necios. Esta noche hablará usted y será aplaudido.
+Sabrán apreciar lo que usted vale.
+
+--¡Ah! yo no hablo más--replicó Lázaro con cierta amargura, porque se
+había llegado á convencer de que no había nacido para la tribuna.
+
+--Mire usted--dijo Pinilla al Doctrino, continuando la conversación
+interrumpida,--ese Bozmediano es además un hombre inmoral, de detestable
+conducta; un libertino, como lo fué su padre, escándalo de la corte de
+Carlos III.
+
+Lázaro prestó mucha atención.
+
+--No se ocupa más que en seducir muchachas. ¡Cuántas familias son hoy
+desgraciadas á causa de sus hazañas! ¡Oh! los bandidos de esta clase
+deben ser quitados de entre los hombres.
+
+--Hablan ustedes de una persona que me ocupa mucho en estos
+momentos--dijo Lázaro.--¿Usted le conoce? ¿Usted sabe cuáles son los
+hábitos de ese malvado?
+
+--¿Pues no lo he de saber?--manifestó Pinilla.
+
+--Yo le he buscado ayer--dijo Lázaro;--le he buscado hoy sin poderle
+encontrar, porque tengo que ajustar ciertas cuentas con él. Yo le
+encontraré aunque tenga que andar toda la tierra.
+
+--Cuidado, joven, que ese maldecido maneja bien las armas. Tiene una
+mano admirable.
+
+--No me importa: ya nos arreglaremos.
+
+--¿Y le ha buscado usted?
+
+--Si: no le he podido encontrar; es decir, sí le he encontrado, le he
+visto; pero no en disposición de hablar con él. Iba con dos más, al
+parecer á una reunión secreta, á que concurrían otros hombres, que
+aparecían sucesivamente y entraban en una casa.
+
+--¿Dónde?--preguntó con vivo interés el Doctrino.
+
+--En una plazuela; según después he averiguado, se llama de Afligidos.
+
+--¿En la plazuela de Afligidos?--dijo el otro con asombro.--Es en la
+casa de Álava... ¿Y eran muchos? ¿A qué hora?
+
+Lázaro contó detenidamente todo lo que habla visto en la citada plazuela
+dos noches seguidas y á la misma hora.
+
+--No necesito más--dijo el Doctrino al oído de Pinilla.
+
+Esto pasaba en una pequeña sala interior de la _Fontana_, donde el amo
+tenía algunos centenares de botellas vacías, y dos ó tres barriles,
+vacíos también, con gran sentimiento, de Curro Aldama. Cuando Lázaro
+concluyó su relato, se sintió el ruido de aplausos y las voces
+entusiastas que resonaban en el recinto del café. Hablaba con mucha
+elocuencia Alfonso Núñez. Más de doscientos jóvenes exaltados, lleno el
+espíritu de pasión expansiva, le aplaudían con entusiasmo. El joven
+orador comunicaba su indiscreta fe á aquella masa de juventud inocente y
+soñadora, cuando cuatro infames, á dos pasos de allí, preparaban un
+sangriento desastre. Estas iniquidades, proyectadas por pocos y llevadas
+á cabo por muchos con la sencillez propia de las turbas engañadas, son
+muy frecuentes en las revoluciones. El gentío obra á veces obedeciendo á
+una sola de sus voces, cualesquiera que sea: se mueve todo á impulso de
+uno solo de sus miembros por una solidaridad fatal.
+
+La _Fontana_ estaba aquella noche elocuente, ciega, grande en su
+desvarío. Iba á perpetrar un crimen sin conocerlo. Su elocuencia era la
+justificación prematura de un hecho sangriento; y para el que conocía su
+próxima realización, las galas de aquella oratoria juvenil eran
+espantosas y sombrías.
+
+Lázaro entró en el café: aún no se atrevió, aunque tema la persuasión de
+ser recibido con benevolencia, á presentarse en el centro del club. Se
+quedó en un rincón, dispuesto á ser simple espectador; pero algunos
+pidieron que hablara; Alfonso le empujó hacia la tribuna; el mismo dueño
+del café se lo suplicó con insistencia, y la mayor parte de la juventud,
+que formaba el público, le aplaudió, tributándole una ovación
+anticipada. No pudo eximirse: se resolvió á hablar, subió á la tribuna y
+empezó. Felizmente no le aconteció aquella vez lo que en la desgraciada
+noche de su llegada; no perdió la serenidad al encararse con las mil
+cabezas del público y ver abierto ante sí el abismo de tanta atención,
+expresada en tantos ojos. Sin dificultad ninguna encontró el asunto de
+su discurso, y desde las primeras frases vió desarrollarse ante su
+imaginación en serie muy clara todas las ideas que habían de constituir
+la disertación. A cada palabra sentía presentarse la siguiente; pero sin
+atropellarse, con la calma de la verdadera inspiración que afluye al
+espíritu y no se precipita. La elocuencia muda de sus horas de silencio
+y soledad, salía por primera vez á su boca, sorprendiéndole á él mismo,
+que se oía con tanto gozo como podía oírle el público. Aquellas páginas
+no escritas, aquellas oraciones no emitidas por voz humana, salían á sus
+labios con tanta facilidad que parecían aprendidas de memoria desde
+largo tiempo. Sin darse cuenta de ello, dejó de ser retórico aquella
+vez. Su instinto de orador se alejó de aquel peligro, y expresándose á
+veces con demasiada sencillez, no ocurrió tampoco en el desaliño ni la
+vulgaridad. La espontánea brillantez de sus medios oratorios, la
+profunda entonación de verdad y sentimiento que daba á sus afirmaciones,
+la habilidad con que sabía explotar la pasión y la fantasía del
+auditorio, le ayudaron en aquella empresa, en la cual su ingenio
+apareció en altísimo lugar, grande, espontáneo, robusto de ideas y
+formas, como realmente era.
+
+--¿Cómo queréis que haya libertad--decía,--si unos cuantos se erigen en
+sacerdotes exclusivos de ella, cuando ese gran sacerdocio á todos nos
+corresponde y no es patrimonio de ninguna clase? Pasó el monopolio de la
+riqueza, de la ilustración, del predominio y de la influencia, ¿Hemos de
+consentir ahora el monopolio de las ideas? _(Grandes aplausos.)_ Por
+este camino vamos á tener aquí una cosa parecida á las castas del
+Oriente. _(Risas.)_ Entre los millones de ciudadanos que pertenecen á la
+sagrada comunión del liberalismo, vemos surgir una casta privilegiada,
+que se cree única conservadora del orden, única cumplidora de las leyes,
+única apta para dirigir la opinión. ¿Hemos de consentir esto? ¿Hemos de
+ser siempre esclavos? ¿Esclavos ayer del despotismo de uno, esclavos hoy
+del orgullo de ciento? Mil veces peor es este absolutismo que el que
+hemos sacudido. Prefiero ver al tirano desenmascarado y franco,
+mostrando su torva, sanguinaria faz de demonio; prefiero la insolencia
+desnuda de un bárbaro abominable, abortado por el infierno, á la
+hipócrita crueldad, al despotismo encubierto y disfrazado de estos
+hombres que nos mandan y nos dirigen escudados con el nombre de
+liberales, haciendo leyes á su antojo, para después obligarnos con el
+respeto á la ley; seduciéndonos con el nombre de libertad para después
+ametrallarnos en nombre del orden; llamándose representantes de todos
+nosotros para después insultarnos en las Cortes llamándonos bandidos.
+_(Aplausos.)_ No puede durar mucho tiempo el imperio de la injusticia.
+Felizmente aún no han puesto mordazas en todas nuestras bocas; aún no
+han atado todas nuestras manos; aún podemos alzar un brazo para
+señalarles; aún tenemos alientos en nuestros pechos para poder decir:
+"ese." Están entre nosotros, les conocemos. Esta gran revolución no ha
+llegado á su augusto apogeo, no ha llegado al punto supremo de justicia:
+ha sido hasta ahora un paso tan sólo, el primer paso. ¿Nos detendremos
+con timidez asustados de nuestra propia obra? No: estamos en un
+intermedio horrible: la mitad de este camino de abrojos es el mayor de
+los peligros. Detenerse en esta mitad es caer, es peor que volver atrás,
+es peor que no haber empezado. Hay que optar entre los dos extremos: ó
+seguir adelante, ó maldecir la hora en que hemos nacido. _(Grandes y
+estrepitosos aplausos.)_
+
+Lázaro notó, mientras pronunciaba estos párrafos, que entre las mil
+figuras del auditorio, y allá en lo obscuro de un rincón, había una cara
+en cuyos ojos brillaban el entusiasmo y la ansiedad. Las manos flacas y
+huesosas de aquel personaje aplaudían, resonando como dos piedras
+cóncavas. Le miraba sin cesar mientras hablaba, y á no encontrarse el
+orador muy poseído de su asunto y muy fuerte en su posición respecto al
+auditorio, se hubiera turbado sin remedio, dando al traste con el
+discurso. La persona que así le miraba y le aplaudía era su tío. Aquello
+era incomprensible, y el joven hubiera pensado mucho en semejante cosa,
+si las cariñosas y ardientes manifestaciones de que fué objeto no le
+distrajeran mucho tiempo después de concluido su discurso.
+
+Otro habló después de él, y al fin, después de tantos discursos, el
+público empezó á desfilar. Alfonso y Cabanillas se fueron á la calle,
+llevados por los grandes grupos en que se descompuso aquella masa de
+gente. Agitada fué aquella noche en todo Madrid, y es positivo que la
+autoridad, ordinariamente bastante descuidada y débil, tomó algunas
+precauciones. En la _Fontana_ quedaban á la madrugada el Doctrino,
+Pinilla, Lobo, Lázaro y otros.
+
+--¡Bien lo ha hecho usted!--le decía el Doctrino á Lázaro.--Yo me lo
+esperaba. Esta noche nuestro partido adquiere con la palabra de
+usted una fuerza terrible. Don Elías, puede usted estar orgulloso de
+su sobrino.
+
+--Sí que lo estoy--dijo Coletilla sonriéndose como acostumbran hacerlo
+los chacales y las zorras, á quienes ha puesto la Naturaleza una
+contracción diabólica en el rostro.--Sí que lo estoy: no creí yo que
+fuera este chico tan listo, que, á saberlo, ya hubiera yo hecho lo
+posible para que....
+
+Lázaro comenzó á ver obscuro en aquella intrusión de su tío en las
+sesiones de los exaltados. Cruzó por su imaginación una sospecha
+horrible. Cuando se marchó á la casa iba recordando la acusación que en
+la noche de su expulsión le habían dirigido en aquel mismo sitio;
+recordó el diálogo que con su tío había tenido en la cárcel; recordó
+todas sus palabras, expresión del más ciego fanatismo; y cuanto más
+meditaba y recordaba, menos podía explicarse que su tío permitiera el
+ser llamado _gran liberal_. Aunque algunas sospechas vagas le
+atormentaron, no vió el gran abismo en todo su horror y profundidad; no
+presagió el movimiento á que había dado impulso con su palabra, ni
+comprendió el ardid tenebroso, la colisión sangrienta que de las cabezas
+aturdidas de la _Fontana_ y de las voluntades agitadas de algunos
+jóvenes, hacía su arma mas terrible.
+
+Pero al llegar á la casa esperaba á Lázaro una sorpresa que había de
+hacerle olvidar su discurso, á su tío y á la _Fontana_. Al entrar, ya
+cercano el día, encontró á doña Paz muy alborotada, á Salomé rondando la
+casa con luz, y á las dos tan coléricas y destempladas, que no pudo
+menos de reír á pesar del estado de su espíritu.
+
+--¡Gracias á Dios que viene usted! Estamos solas--le dijo temblando la
+más vieja.
+
+--¿Qué hay, señoras?
+
+--Tememos que alguien se entre por esos tejados.
+
+--¿Cómo, quién se va á atrever?
+
+--¿No sabe usted lo que ha pasado, caballerito?--dijo Paz.--Esa
+Clarita.... ¡Qué horror, qué perversión!...
+
+--¿Para cuándo es el patíbulo?--exclamó Salomé.--¡Un hombre, un hombre
+ha entrado aquí por esa niña, un seductor! ¡Y nosotras tan ciegas que la
+recogimos!
+
+--¡Ay, mi Dios! ¡qué horrible atentado!
+
+--¿Y cuándo entró ese hombre?--preguntó, comprendiendo que habían
+descubierto la entrada de Bozmediano.
+
+--El domingo, aquella tarde que estuvimos en la procesión.
+
+--Y ella, ¿dónde está?--preguntó el joven, creyendo que había llegado el
+momento de aclarar aquel asunto.
+
+--¡Qué horror! ¿Y usted pregunta dónde está? ¡La hemos arrojado, la
+hemos echado!--dijo Paz, con expresión de venganzasatisfecha.--¿Habíamos
+de consentir aquí semejante monstruo?
+
+--¡Qué degradación! ¡Y en esta casa!--exclamó Salomé, poniéndose
+ambas manos sobre la cara.--Señor, ¿qué expiación es esta? ¿Qué
+pecado hemos cometido?
+
+--¿Y dónde está?
+
+--¿Que dónde está? ¿Qué sé yo? La hemos arrojado.
+
+--¿Pero dónde ha ido?
+
+--¿Qué sé yo? Vaya á la calle, que es donde siempre ha debido estar.
+¡Oh! Ella se habrá ido muy contenta por ahí.
+
+--Si esa gente ha nacido por la calle--dijo Salomé, con un gesto de
+repugnancia.--¡Qué ignominia!
+
+--¿Pero ustedes la han arrojado así...? ¿Dónde ha de ir la
+pobrecilla?--preguntó Lázaro, que, á pesar de su agravio, no podía ver
+con calma que se injuriara y se maltratara de aquel modo á un ser
+desvalido.
+
+--¿Qué sé yo dónde ha ido? ¡Al infierno!--dijo María de la Paz riendo.
+
+--Señor, ¿es posible que haya tanta infamia en el mundo? ¡Oh! Las ideas
+del día ...--murmuró Salomé, alzando las manos al cielo en actitud
+declamatoria.
+
+Antes de decir lo que hizo Lázaro al encontrarse con tan estupenda
+novedad, contemos lo que pasó aquella noche en la vivienda de las tres
+damas. Coletilla había salido diciendo que no volvería hasta dentro de
+tres días, por tener que ocuparse fuera de cierto asunto; y ellas
+estaban comentando esta rara determinación, cuando aconteció un suceso
+que dió por resultado la expulsión definitiva de la huérfana.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXV
+
+
+
+#El bonete del Nuncio.#
+
+
+La sastrería clerical fué industria muy socorrida y floreciente en el
+siglo pasado. Había muchos clérigos, y además gran cosecha de abates,
+gente toda que vestía con primor y coquetería. Los que á tal industria
+se dedicaban obtuvieron pingües ganancias, y esto fué causa de que se
+dedicaran á explotarla muchos menestrales de ambos sexos, educados al
+principio en la sastrería profana. En el presente siglo la industria en
+cuestión estaba muy decaída, no sabemos si porque había menos clérigos ó
+porque había más sastres. En el quinto piso de la casa de Tócame Roque,
+situada en la calle de Belén, tenían su nido dos hermanas, sastras de
+ropas sagradas, que habían venido muy á menos. En sus mocedades habían
+cosido muchos manteos y sobrepellices para los canónigos de Toledo y
+para los clérigos de la corte; pero en la época de nuestra historia, por
+razones sociales que no es oportuno consignar, sólo consagraban su
+mísera existencia á remendar las verdinegras hopalandas de algún
+escolapio ó de algún teniente cura pobre y andrajoso. Hacían de peras á
+higos un bonete para un capellán de Palacio ó para el señor fiscal de la
+Rota, y nada más. Eran muy pobres, pero soportaban con paciencia la
+desgracia sin exhalar una queja. Sólo una de ellas decía de cuando en
+cuando con un suspiro, mientras revolvía los escasos trapos negros de su
+santa industria: "Ya no hay religión."
+
+No tenían otro amigo que el abate don Gil Carrascosa, que, según ha
+llegado á nuestra noticia, tuvo en sus tiempos ciertos dimes y diretes
+con una de ellas. El las visitaba, les proporcionaba algún trabajo y
+solía darles algún rato de tertulia, contándoles las cosas de Madrid.
+Pero si las de Remolinos (que así se llamaban) no tenían más que un
+amigo, en cambio tenían un enemigo implacable, sanguinario, feroz. Este
+enemigo era otra sastra, que vivía pared por medio, y que, por la
+natural divergencia de opiniones entre los que se dedican á una misma
+industria, les había declarado guerra á muerte. Para martirizarla,
+además de sus improperios y apodos, tenía un gato, que creemos nacido
+expresamente para entrarse en el cuarto de las dos hermanas y hacer allí
+cuantas inconveniencias puede hacer el gato de un enemigo. Tenía además
+la doña Rosalía un amante _del comercio_, que la visitaba todas las
+noches, en compañía de una guitarra; y era este amante un ser creado de
+encargo por el infierno para cantar y tocar toda la noche en aquella
+casa y no dejar dormir á las dos sastras de ropas sagradas.
+
+Doña Rosalía tenía más trabajo que sus vecinas las de Remolinos (ó las
+_Remolinas_, como generalmente las llamaban), y además hacía cuanto
+puede hacer una mujer envidiosa para quitarles á sus rivales el poco
+que tenían. Aconteció que un paje de la Nunciatura, feligrés antiguo
+de doña Rosalía, y muy admirador de su buen color, se atrevió á
+aspirar á no sabemos que honestas confianzas; picóse la dama, picóse
+más el paje, y al día siguiente, al traer el bonete del Nuncio para
+que le echaran un zurcido, en vez de dárselo á doña Rosalía se lo
+entregó á las dos hermanas.
+
+Cuando doña Rosalía supo que el bonete de la Nunciatura estaba en manos
+de sus rivales, le pareció que había recibido la más grande ofensa:
+rompió relaciones con la Curia romana, dijo mil improperios al paje,
+encargó á su gato ciertas sucias comisiones cerca de las dos vecinas
+(comisiones que el animal cumplió con gran puntualidad), se acercó á la
+puerta de las dos infelices, y les dijo mil cosas estupendas, que
+hicieron proferir á la más vieja de las dos en su lamentación
+acostumbrada: "Ya no hay religión."
+
+Pero Rosalía buscaba una venganza terrible. ¿Cómo? Mucho le asombró ver
+entrar al abate con un militar desconocido. La casa estaba dispuesta de
+tal modo, que acercándose á la puerta se oía cuanto en los cuartos
+inmediatos se hablaba. Todos sabemos los fines de la visita de
+Bozmediano á las de Remolinos. Doña Rosalía lo adivinó también, cuando,
+poniéndose en acecho, le vió pasar á la casa inmediata por una puerta
+condenada que daba al desván antiguo. Se calló y esperó. Comprendió la
+taimada que allí había aventura amorosa, y en esto supo hallar un medio
+feliz para su venganza. Vió entrar y salir á Bozmediano, y calculando
+que aquella entrada fraudulenta se repetiría, esperó á que se repitiera,
+para ir inmediatamente, y mientras el joven estuviera dentro, á la casa
+contigua á denunciar el hecho. El joven sería sorprendido, habría un
+gran escándalo, se harían averiguaciones, ella declararía por dónde
+habría entrado, y cátate á las Remolinas camino de la cárcel en castigo
+de su complicidad en aquel delito de escalamiento y abuso de confianza.
+
+Esperó un día, dos, tres, hasta que viendo que la escena no se repetía,
+resolvió en su alto criterio denunciar el hecho de una vez á la familia
+interesada, no sea que, retardándolo, pudiera ser puesto en duda.
+
+Pensado y hecho. Púsose un mantón, bajó, entró en casa de las Porreñas,
+tocó, le abrieron, y se encaró con la faz majestuosa de María de la Paz
+Jesús, que de muy mal talante le preguntó:
+
+--¿Qué quiere usted?
+
+--Venía á ver al amo de esta casa para decirle una cosa,--dijo
+Rosalía entrando.
+
+--¡Qué irreverencia!--pensó María de la Paz, viéndola entrar de
+rondón.--Salomé, una luz.
+
+Anochecía, y con la obscuridad no podía la dama ver claramente el rostro
+de la que la visitaba. Salomé trajo un quinqué á la sala, donde las dos
+se personaron.
+
+--¿Qué se le ofrece á usted?--preguntó Paz, midiendo con una mirada el
+cuerpo de doña Rosalía.
+
+--¿Quién es el amo de esta casa?
+
+--Yo soy--dijo Paz un poco alarmada con el misterio que parecía envolver
+aquella inesperada visita.
+
+--Pues vengo á decirla á usted ... ¿usted no sabe lo que pasa?
+
+--¿Qué pasa?--dijo Salomé, creyendo que se hundía el techo.
+
+--No se asuste usted, señora, porque al fin y al cabo, sabiéndolo, se
+puede evitar que vuelva á suceder.
+
+--¡Por Dios, explíqueme usted, señora!--dijo Paz, en el tono de la
+impaciencia y la superioridad.
+
+--Pues han de saber ustedes--dijo con misterio doña Rosalía,--que esta
+casa... Pues ... les diré á ustedes: yo vivo en la casa de al lado en el
+cuarto piso, y soy sastra, con perdón de ustedes, y coso toda la ropa de
+casa del señor Nuncio del Papa, y la del Patriarca de las Indias; coso á
+todo el arzobispado de Toledo, y á veces coso á la capilla de Palacio.
+
+Esta relación de las altas jerarquías que servía la aguja de doña
+Rosalía, le dió cierta importancia á los ojos de María de la Paz Jesús.
+
+--Yo vivo allá arriba y he visto... ¿Pero ustedes no han caído en ello?
+
+--¿En qué?
+
+--En ese hombre que ha entrado aquí.
+
+--¿Qué hombre? ¿qué dice?--exclamaron á una las dos ruinas en el tono
+del que siente estallar un volcán.
+
+--Pues yo venía á avisárselo á ustedes para que evitaran que otra vez
+pasara. Es el caso que en la buhardilla de la casa en que yo vivo hay
+una puertecilla que da á la buhardilla de esta casa.
+
+La cara que pusieron las Porreñas no cabe en ninguna descripción.
+
+--Sí--continuó la sastra--y un joven militar se metió una tarde por esa
+puerta de que hablo; se metió aquí... Yo me malicié, cuando le vi, que
+habla aquí alguna jovencita.
+
+--Pero señora--dijo Paz, poniéndose en pie--¿está usted segura de lo que
+dice? ¡Un hombre ha entrado aquí ... aquí, en esta casa!
+
+--Sí, señora: yo lo he observado. Se coló por el cuarto de unas vecinas
+... amigas mías. Yo lo he visto.
+
+--¿Cuándo? preguntó Salomé tomando aliento, porque ya el aliento
+le faltaba.
+
+--El domingo por la tarde.
+
+--¿A qué hora?
+
+--A eso de las cinco.
+
+--¡Cuando estábamos en la procesión! ¡Qué escándalo! Esa niña
+desvergonzada ... esa muchachuela.... Bien me lo sospechaba yo--dijo
+Paz, con las manos puestas en la cabeza y paseándose por la sala
+como una loca.
+
+--¡Ay! no sirvo para estas cosas... ¡Yo me descompongo!--balbució
+Salomé, inclinándose sobre el sofá con muestras de experimentar
+un vahído.
+
+--Pero, señoras, no se alarmen ustedes--dijo doña Rosalía, queriendo
+calmar á las dos damas.--¿Tienen ustedes alguna hija?
+
+--No, señora: nosotras no tenemos ninguna, hija--contestó con mucho
+enfado María de la Paz:--es una mozuela, una loca que admitimos aquí por
+compasión, esperando que se corrigiera; pero ... ya me lo sospechaba yo.
+¡Qué alhaja! ¿Ves lo que yo decía? Dios mío, ¿para qué admitimos aquí á
+semejante mujerzuela?
+
+--Señora--manifestó Salomé, oprimiéndose el estómago y rehaciéndose de
+su vahído.--Cuente usted, aclare usted eso. ¡Ay! Es demasiado horrible.
+Nosotras no estamos acostumbradas á esas cosas, y tales hechos nos
+confunden; yo, sobre todo, no puedo soportar....
+
+--Pues no lo duden ustedes. El joven se coló en la casa el domingo por
+la tarde, y estuvo aquí como una hora. Averígüenlo ustedes y verán cómo
+es cierto.
+
+--Si parece increíble--dijo Paz, sentándose otra vez. Esta casa, esta
+honrada casa ... ¿Y cómo existe esa puerta? ¿Cómo es posible...?
+
+--Existe de muy antiguo, sólo que estaba condenada. Si ustedes quieren
+verla pueden subir á la buhardilla, y examinando bien, la encontrarán.
+
+--Pero él, ese monstruo, ¿por dónde pudo llegar?
+
+--La tal puerta--continuó doña Rosalía--da al cuarto de unas costureras
+amigas mías. Las pobrecillas no cosen más que á sacristanes y curas de
+aldea¡ y cosen mal. Ellas quieren darse tono, y dicen que cosen á la
+catedral de Segovia; pero es mentira. No las crean ustedes.
+
+--Y él, ¿entró por ese cuarto?
+
+--Sí: es un militar, alto, buen mozo.
+
+--¡Jesús, qué horror! Yo no puedo oír esto--exclamó Salomé,
+estirándose, con muestras de un segundo ataque. Les dió dinero á esas
+mujeres--continuó doña Rosalía--porque ellas están muy pobres: no ganan
+nada. Como lo hacen tan mal ... No cosen más que al teniente cura de
+San Martín.
+
+--Es preciso tomar una determinación, Paz; una determinación
+pronta--dijo Salomé volviendo en sí.--Porque si no, la honra de la casa
+está comprometida.--Señora--añadió, volviéndose á doña Rosalía--no
+extrañe usted esta congoja; no estamos acostumbradas á golpes de esta
+clase. Nosotras, por nuestro nacimiento, nuestra educación y nuestra
+religiosidad, hemos estado siempre por encima de todas esas miserias.
+¡Ay! nosotras hemos tenido la culpa por nuestra excesiva caridad.
+Figúrese usted que acogimos sin recelo á una víbora en nuestra casa,
+aunque teníamos malos informes de su conducta; la acogimos creyendo que
+se enmendaría. ¡Pero ya ve usted qué almas tan perversas! ¡Qué sociedad!
+¡Qué siglo! Bien me lo figuraba yo, á pesar de lo que decía mi sobrina,
+que es una santa, y se empeñaba, guiada por su buen corazón, en que esa
+muchacha se iba á corregir. ¿Cómo puede corregirse un monstruo
+semejante? ¡Qué deshonra, qué vilipendio! ¡Ay! yo no sirvo para estos
+casos; me confundo, me descompongo y no puedo tomar ninguna
+determinación.
+
+--Sí, hay que tomar una determinación--afirmó con mucho encono María de
+la Paz.--Si no, ¿qué va á ser de la honra de nuestra casa? Hay que poner
+inmediatamente á la puerta de la calle á esa mozuela, sin consultar á
+don Elías. El ha de aprobarlo; y sobre todo, aunque no lo apruebe. ¿Pues
+no se ha atrevido á decirnos esta mañana que su sobrino se enmendará?
+¡Si está una viendo unos horrores! ... ¡Qué siglo, qué costumbres!
+¡Hasta él...!
+
+--Haz lo que quieras, Paz--dijo Salomé, afectando mansedumbre y cierta
+postración, que ella creía sentaba muy bien en su nervioso
+cuerpo.--Haz lo que quieras, sin reparar en lo que pueda opinar ese
+señor mayordomo, que él nada tiene que mandar aquí. Despide á esa
+muchacha; que se vaya con las de su calaña. ¡Oh! No quiero recordar lo
+que esta señora ha contado.
+
+Hasta el perro, que no ladraba; el melancólico Batilo, estaba
+consternado. Habíase plantado frente á doña Rosalía, y miraba, con la
+atención de un can preocupado, el buen color de la costurera que había
+traído la desolación á aquella casa.
+
+--Señora--dijo Paz con un poco de cortesía,--le agradecemos á usted el
+aviso que nos ha dado, mostrando, como es natural, su celo é interés por
+la honra de nuestra casa. Cuando despidamos á esa muchacha, nos
+mudaremos de aquí. ¡Ay, y yo que le había tomado cariño á este santo
+retiro! Aquí vivíamos tranquilamente y en paz, no con la comodidad que
+en nuestra antigua casa; pero, en fin, tranquilas y ... Señora, usted
+nos ha librado de la deshonra, porque ¿qué hubiera sido de nosotras,
+solas aquí y expuestas á las asechanzas alevosas de ese militar? ¡Oh! no
+lo quiero pensar.
+
+--Es un militar joven, alto, buen mozo, y parece ser persona muy
+distinguida.
+
+--¡Joven, buen mozo y de buen porte!--dijo Salomé disponiendo su cuerpo
+para el tercer paroxismo.
+
+--¡Joven, buen mozo y de buen porte!--exclamó Paz en el colmo de la
+indignación.--¿Es esto creíble? ¡Qué circunstancias tan agravantes!
+
+--¡No siga usted, por Dios!--dijo Salomé ya medio desmayada.
+
+--No siga usted, que mi sobrina es muy impresionable y no puede oír
+ciertas cosas. Estamos acostumbradas....
+
+Doña Rosalía se levantó para marcharse, porque creía haber cumplido
+satisfactoriamente su misión. Entonces pasó una cosa singular: cuando
+la sastra se acercaba á la puerta, Batilo, el perro misántropo, que en
+aquella mansión había olvidado los hábitos propios de su raza, corrió
+tras ella, se agitó convulsivamente como quien hace un gran esfuerzo, y
+ladró, ladró como un mastín ante un salteador; persiguió á la mujer
+dando agudos aullidos, y hasta llegó á pillarle entre sus inofensivos
+dientes el traje y el mantón. Paz se alarmó y Salomé se tapó los
+oídos, como si oyera el aullido, de un chacal. Defendieron entre las
+dos á doña Rosalía de la agresión inesperada del animal; fuese la
+sastra, y las dos arpías se miraron cara á cara, comunicándose
+mutuamente su respectiva bilis.
+
+Es indispensable apuntar que en su afán de llegar pronto á donde estaba
+Clara, se aturdieron, sin poder tomar la puerta, y al fin chocaron una
+con otra con gran confusión.
+
+--Mujer, que me echas al suelo--dijo una.
+
+--Mujer, qué cosas tienes--gruñó la otra.
+
+Entraron en el cuarto donde estaba acostada la devota ... Esta reposaba
+tranquilamente, pero no dormía; tenía clavados los ojos en el techo con
+muestras de meditación profunda. Sentada junto á la cama estaba Clara,
+que hacía de enfermera y acompañante de la santa. Cuando las dos
+Porreñas entraron, Clara les conoció en las caras que se preparaba una
+escena terrible. Asustóse mucho, y se acercó más al lecho, como buscando
+un refugio al lado de la sagrada persona de doña Paulita.
+
+--¡Niña!--dijo Paz con la lengua turbada y muy alterado el rostro.--Ya
+sabemos todas las infamias de usted. Merece usted ir á la cárcel por
+comprometer la honra de una casa como ésta. Si no temiera rebajar mi
+dignidad....
+
+--Señoras--murmuró Clara temblando,--¿pues yo qué he hecho?
+
+--¿Pues yo qué hecho?--dijo, remedándola con gesto grotesco,
+Salomé.--Miren la hipócrita, ¡qué monstruo, Dios mío! Paula, no te
+asustes--añadió, acercándose á la cama;--no nos des un nuevo disgusto.
+Ya sabemos qué clase de persona hemos recibido en nuestra casa.
+
+--Todo se ha descubierto, niña--continuó Paz--Ya no nos engañará usted
+más con su cara de mosquita muerta. Pero ¡qué atrevimiento, qué
+iniquidad! Debiera usted morirse de vergüenza.
+
+--Señora, yo no sé de qué habla usted--dijo Clara, perdiendo por
+completo la serenidad.
+
+--¡Insolente! Y aún se atreve á disimular, después de tanta
+desvergüenza. ¿Cree usted que está tratando con personas como usted?
+¡Miren la necia! tan necia como perversa. Ahora mismo va usted á salir
+de esta casa.
+
+El primer sentimiento de Clara al oír esto, fué una repentina alegría.
+¡Salir de allí! Ya había perdido esa esperanza. Pero la situación
+aquélla no era para alegrarse. Pronto lo conoció, y esperó resignada el
+fin de su sentencia.
+
+--Dile, dile la causa--indicó Salomé, afectando gran respeto al
+procedimiento.
+
+--La causa bien la sabe ella--dijo Paz;--pero no puedo contener la
+cólera. De veras digo que si no fuera porque soy persona ... ¡qué
+horror! La causa es ... no te asustes, Paula; la causa es que mientras
+nosotras salimos de casa á alguna visita, se entra aquí un hombre por
+los tejados; sí: un militar, buen mozo, alto, persona ... ¿cómo dijo? de
+buen porte ... pero no te asustes, Paulita: esto hay que aceptarlo con
+resignación.
+
+Si no temiera asustar á su prima, que estaba enferma, á Salomé le
+hubiera dado un cuarto conato de vahído. Pero se contentó con mirar á la
+devota con ojos muy aterrados. La santa no hizo más que mirar á Clara
+con cierta perplejidad; y contra lo que sus parientes esperaban, no citó
+ningún texto latino, ni predicó ningún sermón sobre la inconveniencia é
+irreligiosidad de que entraran por los tejados los militares buenos
+mozos, altos y de buen porte. Clara, á pesar de su inocencia, se quedó
+aterrada como una culpable.
+
+--¿Se atreve usted á negarlo?--dijo Paz, dando algunos pasos hacia ella
+con el resplandor de la ira en los ojos.
+
+--Yo ... no--dijo Clara, retrocediendo con espanto.--Sí ... sí lo
+niego.--Después añadió, haciendo un esfuerzo por calmarse y calmar á su
+juez:--Óigame usted, señora: yo le contaré la verdad; le diré lo que ha
+sido. Yo soy inocente; yo no he permitido....
+
+--¡Jesús, Jesús! Yo no sirvo para estas cosas--clamó Salomé volviendo el
+rostro.--No puedo, no puedo oír esto.
+
+--¿Que usted no ha permitido...? ¿Todavía tiene atrevimiento para
+negarlo?
+
+--Yo ... yo no niego--contestó la huérfana muy consternada.--Pero yo,
+¿qué culpa tengo de que ese hombre...?
+
+--¿También le quiere usted disculpar á él? Esto nos faltaba que ver. No
+puede haber perdón para tanta alevosía. ¡Pagar de este modo el asilo que
+le hemos dado sin merecerlo! Pero bien dije yo que de usted no podíamos
+sacar cosa buena.
+
+--Señoras--dijo Clara deshaciéndose en lágrimas,--yo les juro á ustedes
+por Dios y por todos los santos, que por mí no ha entrado ningún hombre;
+que yo no soy culpable de todo eso que ustedes dicen. Yo se lo juro por
+Dios y por la Virgen.
+
+--¡Insolente! Aún se atreve á disculparse.
+
+--En verdad, esto es más de lo que puede sufrir mi débil
+constitución--dijo la otra arpía.--Paulita, no te asustes: procura tomar
+esto con indiferencia, que puedes agravarte.
+
+--¡Dios mío! ¿Cómo lo he de decir?--exclamó Clara con la mayor
+amargura.--¿Qué haré, qué diré para que me crean? ¿A quién me volveré?
+Yo no quiero vivir así. No tengo padres, ni hermanos, ni amigos, ni
+nadie que me defienda y me proteja. Señora, yo se lo juro á usted. No me
+diga otra vez esas cosas que me ha dicho, porque yo no las merezco.
+
+--Vamos, prepárese usted á marcharse al momento--dijo Paz con crueldad
+espantosa.
+
+--¡Marcharme! Sí, me marcharé. Yo no quiero molestarlas á ustedes; pero
+¡ay! esas cosas que han dicho de mí... Yo no he deshonrado la casa, yo
+no he deshonrado á nadie. Pero yo soy muy desgraciada; soy huérfana,
+pobre y sola; y como no tengo á nadie que me proteja, por eso nadie me
+guarda consideración y todos me tratan con desprecio. Yo no merezco eso;
+yo no he hecho nada de eso que usted dice; yo soy inocente.
+
+--No sé cómo me contengo--dijo Paz.--Ni un instante más. Se marcha usted
+de aquí, y vaya donde quiera. Yo sé que usted se alegra. Usted no desea
+otra cosa que andar sola por esas calles; usted ha nacido para la calle.
+Vamos, pronto. Y nada me importa que don Elías se oponga ó no. Lo
+aprobará. El sabe que interesarse por tan despreciable criatura es cosa
+inútil. Váyase usted pronto.
+
+--Señora--dijo Clara, poniéndose de rodillas junto al lecho y
+estrechándole las manos á la devota. Señora, usted me defenderá; usted
+que es tan buena, que es una santa; usted que ya me defendió otra vez.
+¿No es verdad que usted sabe que yo soy inocente? Dígalo usted: me están
+calumniando. ¿Qué va á ser de mí si usted no me defiende?
+
+La devota no había hablado palabra: continuaba como distraída y ajena á
+todo aquello. Cuando sintió las manos de la que había sido, aunque por
+poco tiempo, su compañera y amiga, volvió hacia ella la cara cubierta de
+palidez, y expresando cierta atonía, la miró, y con voz tenue y como
+indiferente, dijo: "¿Yo?" Calló en seguida. Salomé separó á Clara con un
+ademán desdeñoso del lecho de su prima, diciendo:
+
+--Nuestra paciencia nos va á perder. Cuidado, Paz, que somos demasiado
+condescendientes. ¿Cómo es que está todavía aquí esta mujer?
+
+--Al momento á la calle. Vamos, pronto--dijo Paz. Recoja usted sus
+bártulos, y al momento. Haga usted un lío de su ropa.
+
+--Señora, por Dios, no me eche usted así--dijo Clara, poniéndose de
+rodillas y cruzando las manos.--A estas horas ... sola ... yo no conozco
+á nadie ... ¿Qué va á ser de mí? ¿A dónde voy? Espere usted, por la
+Virgen Santísima, á que venga don Elías, que, siendo huérfana, me
+recogió.... El no me abandonará de este modo ... Estoy segura.
+
+--Nada, nada. ¿Aun espera usted engañarle otra vez? Salga usted al
+momento de nuestra casa.
+
+--Pero, señoras--continuó Clara,--¿adonde voy? Sola, de noche ... yo
+tengo miedo ... yo tengo mucho miedo ... yo no conozco á nadie....
+
+--¿Que no conoce á nadie? ¿Y tiene valor para decir...?--exclamó Salomé,
+apartando el rostro y persignándose con sus afilados dedos.--¿Pues y el
+caballero joven, alto, buen mozo?
+
+--Señora, espere usted, por Dios, á que venga mi protector: yo se lo
+ruego por la gloria de su madre.
+
+La idea de que viniera Coletilla é impidiera la expulsión de la
+huérfana, puso á Salomé en grave peligro de que le diera el
+quinto ataque.
+
+--¡Qué agonía!--dijo sentándose.--Francamente, nuestra excesiva
+benevolencia nos trae á estos extremos.
+
+--No tarde usted un instante--dijo Paz con la satisfacción de la
+venganza.--Márchese usted inmediatamente.
+
+La desventurada huérfana se dirigió otra vez, como última esperanza, á
+la santa, que reposaba en su lecho con la inmovilidad y la pesadez de la
+estatua yacente de un sepulcro. Clara tomó una de sus manos que colgaba
+fuera de las ropas y la besó con efusión, regándola con sus lágrimas;
+llanto de la inocencia provocado por la crueldad de aquellos verdugos.
+
+--Señora, otra vez se lo pido--exclamó con voz apenas inteligible;--no
+me abandone usted, usted es una santa. No permita que me echen así ... á
+estas horas ... yo tengo miedo. No me abandone usted.
+
+La mujer mística retiró lentamente su mano y la escondió entre las
+sábanas. Volvió el rostro, miró á la víctima, y sin inmutarse, dijo con
+la misma voz helada: "¿Yo?"
+
+--No se puede resistir tal insolencia--afirmó Paz asiendo á Clara por un
+brazo y apartándolo violentamente de la cama.
+
+--Si usted no se marcha ahora mismo de aquí, llamo á un alguacil
+para que le haga entender sus deberes.--Ya Salomé se había acercado
+á la cómoda donde Clara guardaba su escaso ajuar, y recogía todo
+formando un lío.
+
+--No tengas cuidado, Paz--decía entre tanto;--yo estoy registrando su
+ropa, no sea que se lleve alguna cosa. No se lleva nada.
+
+--¡Señoras de mi alma!--dijo Clara en el colmo de la desesperación.--No
+me echen así: yo no he cometido falta ninguna; yo no he hecho lo que
+ustedes dicen; yo soy inocente. Que lo diga esa señora que es una santa
+y me conoce. Yo estoy segura de que lo dirá.
+
+La devota volvió á moverse, y con la voz que atribuyen á los espectros
+evocados, repitió otra vez: "¿Yo?".
+
+--No me echen ustedes--continuó Clara sin saber ya á quien suplicar.--Yo
+no lo merezco. ¿A dónde puedo ir á estas horas sola? No conozco á nadie.
+Tengo miedo ... me voy á perder.
+
+--Vamos, aquí tiene usted su ropa--dijo Salomé poniéndole el lío
+en la mano.
+
+--No, no lo puedo creer. Ustedes no serán tan inhumanas. Esperarán á
+mañana; esperarán á que venga él.
+
+--Ha dicho que no vendrá hasta dentro de tres días. ¿Cree usted que él
+no se ocupa de otra cosa que de proteger mozuelas como usted?
+
+Diciendo esto, Paz tomaba por un brazo á Clara y la llevaba con grande
+esfuerzo hacia la puerta. La pobre huérfana tenía sin duda mucha fuerza
+de espíritu cuando no cayó allí mismo sin sentido; y sin duda era
+también harto angelical y delicada, cuando no contestó con injurias á
+las injurias de la cuménide aristocrática, baldón de los Porreños. Aun
+creía la infeliz que sus ruegos podían ablandar á aquellos dos
+energúmenos de corazón empedernido por el hastío, la insociabilidad y la
+amargura de una vida claustral. Aun les suplicó: otra vez se volvió á
+arrodillar delante de María de la Paz, y le tomó las manos, aquellas
+manos nacidas sin duda para un puñal. La vieja la retiró con violencia;
+su brazo se alzó; y á pesar de la dignidad que procuraba imprimir
+siempre á su carácter, á pesar de la nobleza de su raza, á que parecía
+deber igualarse en la nobleza de sus sentimientos, maltrató á una
+huérfana infeliz á quien antes había calumniado. La vieja ridícula,
+presuntuosa, devota, expresión humana de la mayor necedad que pueda
+unirse al mayor orgullo, puso su mano en el rostro de la doncella
+abandonada y débil, que ofendía sin duda, con su juventud y su sencillez
+el amor propio de aquellos demonios de impertinencia.
+
+--¡Ay, ay, ay! Paz, por Dios, no te arriesgues--dijo Salomé chillando
+con horror, como si la inofensiva Clara tuviera un puñal en la
+mano.--Déjala, déjala.
+
+--¡La mataría!--dijo Paz apretando los puños y ahogada por la cólera.
+
+Salomé puso sobre los hombros de Clara el mantón, que al entrar en la
+casa había traído. Después extendió sus brazos de esqueleto y la empujó
+hacia la puerta con tal violencia, que la desdichada huérfana estuvo á
+punto de caer al suelo. En tanto decía:
+
+--No sirvo para estas cosas. Me descompongo. Váyase usted pronto, niña.
+No dé lugar á que la tratemos con rigor.
+
+Clara salió; fué arrojada por los brazos robustos de la vieja Paz, y por
+los brazos entecos y nerviosos de la vieja Salomé. Aún es probable que
+ésta, al darle el último empuje, crispó sus dedos de gavilán, haciendo
+presa con sus uñas en un brazo de la víctima. La puerta se cerró con
+gran estrépito, y las voces destempladas de los dos demonios sonaron por
+mucho tiempo en el interior. La huérfana bajó con el corazón oprimido;
+no tenía fuerzas ni voz; casi no tenía conocimiento claro de su
+situación. Bajó y se encontró en la calle; sola en la calle, sola en el
+mundo, sin asilo, el cielo encima, desolación en derredor, ni un rostro
+conocido, ¿A dónde iba? En el portal sintió ruido y volvió la cara: era
+el perro melancólico que la seguía. El pobre animal había salido de la
+casa por primera vez, y parecía decidido á no volver á entrar, pues
+saltaba y chillaba con un gozo, una travesura y un aire de expansión
+desconocidos en él.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXVI
+
+
+
+#Aclaraciones#.
+
+
+Al oír Lázaro de boca de las dos esfinges la noticia de la expulsión de
+su antigua amiga, sintió deseos de coger por el moño á entrambas
+nobilísimas damas y darles allí el castigo de su crueldad. A pesar de su
+agravio, y de que no conocía las razones que habían tenido para echarla
+á la calle, un gran interés por aquella infeliz se despertó en su
+corazón. Indudablemente, á él le tocaba ampararla en aquel trance,
+apartarla del vicio á que su soledad podía conducirla, socorrerla, en
+fin, porque habla sido su amiga, le había amado, y en tales casos es de
+corazones generosos y buenos olvidar las injurias y pagarlas con nobles
+acciones. Viendo que no le daban razón de su paradero, bajó y salió
+dispuesto á buscarla. Pero ¿dónde, dónde la iba á encontrar? Clara no
+conocía á nadie en Madrid. Sí: conocía á Bozmediano. Esta idea enfrió
+repentinamente la generosidad del joven. "Tal vez--pensaba--se marchó,
+porque Bozmediano la indujo á ello; tal vez ya la tenía consigo." Esto
+avivó los celos y el rencor del estudiante, que resolvió no descansar
+hasta descubrir el misterio de aquella salida y pedir cuentas á Claudio
+de su grande traición.
+
+Con esta idea se dirigió á casa de éste, dispuesto á dar un escándalo en
+la casa si no le permitían verle. Lo probable, según él, era que Clara
+estuviera allí. Los celos le cegaban al pensar que aquella joven, que
+algunos meses antes se le había aparecido con todo el encanto de la
+sencillez y de la gracia, de la virtud doliente y de la tranquilidad
+doméstica, había cedido á las sugestiones de un libertino sin
+conciencia. Era preciso no dejar sin castigo aquella infamia. "Aún me
+interesa mucho--decía;--aún la quiero mucho para que perdone yo esta
+injuria, que me parece hecha á una persona mía; injuria que cae sobre
+mí, que iba á ser...."
+
+Llegó á la casa de Bozmediano y esperó, paseando en la calle, á que
+avanzara el día. Cuando sintió las ocho, entró y preguntó al portero.
+Este, que ya le conocía de verle allí los días anteriores, no le puso
+tan mala cara como antes, porque recordó cierto diálogo que con su amo
+había tenido á propósito de aquella visita. Le había dicho que un joven
+vino á preguntar por él sesenta veces seguidas. Al amo picóle la
+curiosidad, y quiso saber las señas; dióselas el portero con mucha
+exactitud, y sospechando Bozmediano que podía ser Lázaro, advirtió al
+doméstico que si volvía estando él allí, le introdujera inmediatamente.
+Claudio sospechaba á qué podía venir el joven, y lejos de rehuir la
+visita, la deseaba.
+
+Pero el portero, á pesar de lo terminante de la orden, creyó que era un
+desacato recibir á aquella hora á un joven que no era militar, ni venía
+en coche, ni traía botas á la _farolé_. Hízole esperar un buen rato, y
+por fin le introdujo, después de avisar para que despertaran al
+señorito. Este tardó un cuarto de hora en salir de su cuarto.
+
+--Ya debe usted suponer á lo que vengo--dijo Lázaro sin
+saludarle:--usted me conoce, usted me dió la libertad. Yo creía que
+desde entonces podía haber entre nosotros la amistad que á mí me imponía
+la gratitud; pero usted no ha querido; usted ha seducido y deshonrado á
+una pobre muchacha, á quien considero yo como mi hermana. Si usted me
+sacó de la cárcel para hacer más grande la injuria que he recibido, hizo
+usted bien, por mi parte, porque estoy libre para pedirle cuenta de su
+acción, que es la acción más infame que puede cometer un hombre.
+
+--Yo no cometo acciones infames. No le dejo pronunciar una palabra más
+sin que antes se apresure á desdecirse. Sí, usted se desdirá. Todo eso
+es una calumnia. Yo no he seducido ni he deshonrado á joven alguna.
+Usted está ciego de furor y extraviado por la pasión. Le han engañado á
+usted, y solo por saber que está usted engañado, tolero las palabras que
+he oído. Pero me será muy fácil sacarle á usted de su error.
+
+--Eso es lo que quiero--dijo Lázaro.--Si usted me convenciera de lo
+contrario ... Pero no podrá usted convencerme. Yo le he visto á
+usted, le he visto salir como un ladrón de la casa en que Clara
+estaba recogida. Usted ha entrado allí por ella, ha entrado llamado
+tal vez por ella.
+
+--¡Oh, no!--exclamó Claudio, interrumpiéndole.--Siéntese usted; hablemos
+con calma. No anticipe usted juicios temerarios. Yo los voy á
+desvanecer.
+
+--Hable usted. No habrá palabras, no habrá nada que pueda desvanecer el
+juicio que se forma al ver á un hombre que penetra á hurtadillas en la
+casa en que una joven está sola, y mucho más cuando estos juicios están
+formados después de antecedentes muy claros. Yo no he venido aquí á que
+usted me explique nada. No tengo duda, sino certidumbre, de la infamia
+que usted ha cometido. He venido tan sólo á tener el placer de decirle
+á usted que es un mal caballero y un hombre corrompido; á sufrir las
+consecuencias de esta acusación, porque yo no temo á adversario
+ninguno, por temible y fuerte que sea, cuando me creo obligado á vengar
+un agravio.
+
+--Pues yo, que jamás he tratado de evadirme de las consecuencias de un
+asunto semejante--dijo Bozmediano con mucha energía;--yo, que no me dejo
+castigar de nadie, ni he permitido que jamás hombre alguno pronuncie
+contra mí una voz injuriosa, una reticencia, una alusión cualquiera, voy
+ahora á explicarme con usted en esta cuestión, esperando que se convenza
+y retire todo eso que ha dicho usted al entrar aquí. Todo lo comprendo,
+es natural: por lo mismo lo olvido hasta ver si, después de lo que yo
+digo, insiste usted en repetirlo.
+
+--Hable usted: yo lo deseo.
+
+--Yo no he visto á Clara más que tres veces--continuó Bozmediano.--Ella
+no sabe ni cómo me llamo, ni quién soy. Me ha visto poco, y le soy tan
+indiferente, que puedo asegurar que ocupo en su corazón el mismo lugar
+que una persona desconocida. Un día encontré á ese malhadado viejo
+fanático en la calle: le llevé á su casa, y vi á Clara por primera vez.
+Me habló; y con la sencillez propia de su carácter y la franqueza que da
+la necesidad de expansión y trato, me contó algunas cosas de aquella
+casa. No le negaré á usted que desde entonces me interesó muchísimo; que
+pensé en que nada podía satisfacerme tanto como sacarla de la prisión,
+darle alegría y librarla de la tutela de aquel hombre sombrío, capaz de
+poner triste á la misma felicidad.
+
+Bozmediano contó después la segunda entrevista con Clara, recordando
+hasta algunas palabras de sus diálogos con ella. El otro joven oía con
+mucha atención aquel relato, hecho con toda la veracidad posible.
+
+--Yo seré franco, y no ocultaré á usted mis sentimientos, mis primeras
+intenciones--continuó--para que pueda usted juzgarme mejor. Al
+principio vi en Clara el objeto de una aventura; y á pesar de que me
+inspiraba mucha lástima y un verdadero interés, no podía menos de
+proceder con cierta ligereza en la formación de mis planes. No lo
+negaré: yo no pretendo desfigurar los hechos; esta confesión es igual á
+la que haría un moribundo ante un sacerdote. Pero ó las circunstancias
+ó ella torcieron mi plan primitivo. Ella tiene un carácter angelical.
+Llena de bondad y sencillez, es capaz de vencer las sugestiones de todo
+hombre que no sea un vil ó un libertino. Le confieso á usted que, por
+último, fué tal la fuerza que en mí tomó el primer sentimiento
+afectuoso y compasivo que me había inspirado, que concluí por amarla.
+No puedo negar que, á pesar de haberme infundido este amor verdadero,
+yo persistía en mi propósito de sacarla de allí violentamente, de
+llevármela como una cosa mía. No consideraba esto como un agravio, y
+hubiera matado á cualquiera que, interpuesto entre ella y yo, me la
+hubiera quitado. Yo supe--no me lo dijo ella--que existía una persona á
+quien quería mucho. Esto me desconcertó. Supe que estaba usted en la
+cárcel, y no vacilé un momento. Comprendí que si ella le quería á usted
+verdaderamente, la mejor acción que en mí cabía era ponerle á usted en
+libertad, devolvérsele. ¡Qué complicación! De este modo pensaba yo
+ganar en su concepto. No se asombre usted: yo me he creído siempre
+práctico en estas cuestiones; y dado el carácter de Clara, es seguro
+que más le amaría á usted cuanto más durara su prisión. Pero yo no
+contaba con otros muchos tesoros de bondad de aquel carácter. Usted
+vivía con ella, y la vigilancia, la crueldad de tres señoras ridículas y
+de un viejo extravagante impedían que la viera, que la socorriera,
+librándola de tantos martirios. Usted vivía allí, y no le hablaba, no
+le consolaba, no aparentaba quererla. "He aquí mi ocasión--dije
+yo.--Lázaro aparece á sus ojos como un ingrato: ¿no será posible que
+ella le desprecie? Su situación en aquella casa fúnebre, la tristeza en
+que vive y se consume, ¿no serán causa de que desee libertad, vida,
+afectos, todo lo que allí no tiene, ni puede, ni sabe darle ese joven
+indiferente, ocupado por la pasión política? Confiese usted que la
+situación era la más á propósito para que yo aspirara á merecer de ella
+algo más que gratitud. Resolví sacarla de allí, llevármela. Fui tan
+ciego, que no preví su resistencia, su fidelidad, su grande afecto al
+primer amigo; afecto más fuerte que todos los martirios y todas las
+privaciones. Dispuse entrar en la casa cuando estuviera sola, y entré
+por donde usted sabe. Ella, al verme, se asustó tanto, que casi me
+arrepentí de haber dado aquel paso. Me suplicó que saliera, me lo pidió
+de rodillas; yo le dije que no esperara nada, que usted no podría ni
+sabría salvarla del poder de aquella gente cruel. Nada, no me oyó. Su
+propósito era inquebrantable. Conocí que su fidelidad era la más grande
+de sus virtudes; y creyendo que era imposible arrancarle la primera
+imagen, la imagen que nada puede borrar, desistí de mi intento. Ella no
+quería escucharme; se desesperaba al comprender cuánto podía
+comprometerla mi entrada en la casa; me pedía llorando que la dejara
+entregada á su tristeza, á su soledad. Confieso que nunca me he visto
+tan pequeño como entonces, en presencia de aquella criatura débil,
+incorruptible, no sólo á las promesas del amor de un joven, sino aun al
+soborno de la libertad, de la posición, de la felicidad. Al marcharme,
+sentí que alguien entraba en la casa. No sé quién era; yo huí por no
+comprometerla; huí aterrado por la idea de que, á pesar de mis
+precauciones, alguien de la casa había descubierto mi entrada."
+
+--Era yo--dijo Lázaro:--yo le vi salir á usted por la buhardilla.
+
+--Lo que he referido á usted--afirmó Bozmediano solemnemente, es la pura
+verdad. No he omitido nada que me pudiera honrar, ni nada tampoco que me
+pudiera deprimir ó ponerme en ridículo. Es la pura verdad; se lo juro á
+usted por la salvación de mi madre, cuyo retrato está allí, y siempre me
+parece que me está mirando.
+
+Claudio señaló un retrato que había en la habitación; y al hacer su
+juramento, tenían sus palabras tal entonación de sinceridad, que Lázaro
+no pudo contestar lo que un momento antes pensaba.
+
+--Sin embargo--dijo Lázaro, que creía que aquella declaración no podía
+satisfacerle,--yo quiero que usted me dé alguna prueba positiva. Usted
+comprenderá que en estos asuntos no basta, no puede bastar la palabra.
+
+--¿Que no puede bastar la palabra? No basta, es cierto, para espíritus
+preocupados. Hay ciertas cosas que no se pueden certificar de otro modo.
+A veces la afirmación de una persona es suficiente para llevar al ánimo
+de otra la convicción más profunda. No puedo creer que usted, si hace á
+Clara la acusación que á mí me ha hecho; si ella, con la serenidad de la
+inocencia, le contesta á usted la verdad, no puedo figurarme de ningún
+modo que usted no la crea. Háblele usted; rompa el silencio de aquella
+casa; véala usted un momento; oiga su voz, y si ante las declaraciones
+que ella le haga persiste usted en creerla culpable, no es digno, lo
+digo cien veces, no es digno de mirarla.
+
+Lázaro no pudo resistir á la gran fuerza de estas palabras. Era
+imposible, según él pensó, que la ficción y la astucia dé un hombre
+pudieran llegar á ocultar la verdad de aquel modo. Bozmediano no mentía.
+
+--¡Oh, calle usted!--dijo Lázaro sin poderse contener: ó es usted el
+histrión más perfecto, ó dice la verdad. Yo, que jamás he mentido, que
+no sé ni puedo fingir, siento una fuerte inclinación á creer lo que
+usted me ha dicho. Pero tiene el corazón unas susceptibilidades y
+escrúpulos de que la razón y la palabra no pueden librarle.
+
+--Veamos á Clara--dijo Claudio con resolución.--¿Dónde?
+
+--En casa de esos demonios. Si es posible, acogotaremos á las tres
+viejas.--Clara no está allí ya. La han despedido.
+
+--¿Y por qué? ¿Dónde está?
+
+--No lo sé--dijo Lázaro tristemente.
+
+--Pero, ¿á dónde ha ido?
+
+--Esa es mi duda, mi angustia. ¿A dónde puede haber ido? No conoce á
+nadie. Encontrándose sola en la calle, ¿dónde estará? Yo creí...
+francamente, creí que estuviera aquí.
+
+--¡Aquí!
+
+--Yo pensé que usted la había inducido á salir; que había venido en
+busca de usted, á quien conocía.
+
+--¿Y aún cree usted que está aquí?--preguntó Bozmediano sonriendo.
+
+--Ahora... no afirmo nada ... dudo.
+
+--Y si le pruebo á usted que no está aquí ni ha venido, ¿qué
+creerá usted?
+
+--Aun así no será posible arrancar la última raíz de mi recelo; aún no
+lograré la evidencia que necesito; evidencia que nada ni nadie me
+podrá dar.
+
+--La adquirirá usted por su propio sentimiento. Hay cosas que se crean
+por revelación, que nada ni nadie puede destruir. Hay cosas de que no se
+puede dudar, porque su evidencia está encarnada en nuestro ser, y dudar
+de ellas es algo semejante á la muerte. Vamos á buscarla.
+
+--¿Dónde?
+
+--Vamos á buscarla. Por lo mismo que no conoce á nadie, es más fácil
+encontrarla. Estoy seguro de que la encontraremos.
+
+--Recorreremos todas las calles, preguntaremos á la policía, nos
+informaremos de todo el mundo--dijo Lázaro.
+
+--Si, sí; haremos todo eso.
+
+--Iremos á los hospitales, á los asilos; entraremos, si es preciso, en
+todas las casas.
+
+--Sí.
+
+--Iremos á la antigua casa; preguntaremos á la portera, á los vecinos,
+al tendero más próximo.
+
+--Eso es. Diga usted, ¿no había en aquella casa una criada?
+
+--Sí, había una. No sé su nombre.
+
+-¿Dónde estará? Si la encontramos, tal vez nos dé alguna luz. Puede ser
+que se haya dirigido á ella. Recuerdo que esa criada me dijo que iba á
+casarse con un tabernero, y que tendría una tienda. Si esa mujer tiene
+casa abierta y Clara sabía dónde está esa casa, es seguro, casi seguro
+que habrá ido allá.
+
+--Efectivamente--dijo Lázaro.--Vamos á ver si averiguamos dónde está
+esa mujer.
+
+Salieron y se encaminaron á la calle de Válgame Dios. Preguntaron á la
+portera de la antigua casa si se había alquilado de nuevo el cuarto
+segundo. Dijo la portera que no. Preguntáronle el nombre de la criada y
+si sabía su paradero.
+
+--Se llama Pascuala--contestó:--está casada con un tabernero llamado
+Pascual; pero no sé dónde viven. El tabernero de la calle del Barquillo
+debe saberlo, porque es compadre suyo.
+
+Este hombre les dijo que los Pascuales vivían en la calle del
+Humilladero, y los dos jóvenes se dirigieron inmediatamente allá.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXVII
+
+
+
+#El "vía-crucis" de Clara.#
+
+
+Mucho horror inspiraba á la huérfana la casa de las de Porreño, aunque
+no tenía otra. Así es que su primer impulso al verse en la calle fué
+huir, correr sin saber á dónde iba, para no ver más tan odiosos sitios.
+Anduvo corto trecho, dobló la esquina y se paró. Entonces comprendió
+mejor que antes lo terrible de su situación. Al ver que no podía
+dirigirse á ninguna parte, porque á nadie conocía, le ocurrió esperar
+cerca de la casa á que entraran Elías ó su sobrino. Pero el primero
+había dicho que no volvería hasta dentro de tres días, y el segundo, que
+sospechaba tan mal de ella, sería capaz de confirmarse en su creencia al
+verla arrojada de la casa por las señoras. Ella necesitaba, sin embargo,
+ver á Lázaro y contarle todo. Si él daba crédito á su explicación, ¿qué
+harían los dos, tan desamparado el uno como el otro? Decidió, sin
+embargo, esperarle allí, apoyada en la esquina; pero le daba tanto
+miedo... Parecíale que iba á salir por la reja cercana una gran mano
+negra, que la cogería llevándosela dentro: ¡qué horror! De repente
+sintió al extremo de la calle fuerte ruido de voces. Eran unos hombres
+que venían borrachos profiriendo horribles juramentos, atropellando y
+riendo desenfrenadamente como una turba de demonios regocijados. La
+joven sintió tal sobresalto, que no pudo permanecer allí un instante más
+y echó á correr con mucha ligereza. Los hombres corrían también, y ella
+se figuraba que le tocaban la espalda, y creía sentir junto á sus
+propios oídos las infernales palabras de ellos. Corrió mucho por toda la
+calle del Barquillo, seguida del perro misántropo, y al fin, fatigada y
+sin aliento, se detuvo: las risas resonaban muy lejos ... ya no la
+seguían ... respiró porque no podía dar un paso. Después siguió andando
+lentamente; no se atrevía á volver, porque las risas habían cesado y se
+oían terribles imprecaciones. Algunas piedras, lanzadas por mano
+vigorosa, cayeron junto á ella. Batilo se volvió lleno de despecho y
+ladró como nunca había ladrado, con verdadera elocuencia canina.
+
+Después de esto, avivó Clara el paso y llegó á la calle de Alcalá. Miró
+á derecha é izquierda, sin saber qué camino tomar. Subió hacia la Puerta
+de Sol; pero no había llegado á San José cuando vió que por la calle
+abajo venía gente, muchísima gente: ella no había visto nunca tanta
+gente reunida. La calle le parecía tan grande, que no conocía distancia
+alguna á que referirla, pues para ella las casas hacían horizonte, y
+aquella gente que venía se le representaba como un mar agitado
+sordamente, y avanzando, avanzando como si quisiera tragarla. Sin
+deliberar volvió atrás y bajó hacia el Prado. El gentío bajaba también:
+sordo rumor resonaba en la calle. La muchedumbre traía algunas luces, y
+de cuando en cuando una voz pronunciaba muy alto un _viva_,
+contestándole otra tremenda y múltiple voz. La gente bajaba, y Clara
+bajaba delante. Aquello le dió más miedo que los borrachos; pero cuando
+se encaró con la Cibeles, cuando vió aquella gran figura blanca en un
+carro tirado por dos monstruos blancos, se detuvo aterrada. Había visto
+alguna vez la Cibeles; pero la oscuridad de la noche, la soledad y el
+estado de excitación y dolencia en que se encontraba su espíritu, hacían
+que todos los objetos fueran para ella objetos de temor, todos con
+extrañas y fantásticas formas. Los leones de mármol le parecía que iban
+corriendo con velocísima carrera, galopando sin moverse de allí. La
+pobre miró atrás, y vió que la gente avanzaba siempre, haciendo más
+ruido: no quiso ver más aquello, y tomando hacia la derecha, entró en el
+Prado. Este sitio le pareció tan grande, que creía no llegar nunca al
+fin. Jamás había visto una llanura igual, campo de tristeza, de
+ilimitada extensión; los árboles de derecha é izquierda se le antojaban
+fantasmas negros que estaban allí con los brazos abiertos; brazos
+enormes con manos horribles de largos y retorcidos dedos. Anduvo mucho,
+hasta que al fin vió delante de sí una cosa blanca, una como figura de
+hombre, de un hombre muy alto, y sobre todo muy blanco. Se fué acercando
+poco á poco, porque aquella figura se le representaba marchando con
+pasos enormes. Era el Neptuno de la fuente, que en medio de la
+obscuridad proyectada por los árboles se le figuraba como otro fantasma.
+La infeliz tenía muy extraviados los sentidos á causa del terrible
+trastorno de su espíritu. Torció á la derecha, por evitar que llegara
+hasta ella aquel figurón blanco, y encontró enfrente la Carrera de San
+Jerónimo. Empezó á subir; pero estaba tan fatigada, que la pendiente de
+la calle le parecía inaccesible. Subió, pero con mucha lentitud, porque
+apenas podía andar: en la parte correspondiente á los Italianos creía
+ella ver la cumbre de una montaña; y cuando medía con la vista aquella
+eminencia, pensaba que en toda la noche no iba á llegar arriba.
+
+No pudo avanzar más, y se sentó en el hueco de una puerta. Sentía gran
+postración en todos sus miembros, y además un frío intenso que,
+creciendo por grados, llegó á producirle una convulsión dolorosa.
+Arropóse lo mejor que pudo, y pensó en el medio de volver á la casa para
+esperar á Lázaro en la puerta. Entonces le ocurrió súbitamente la idea
+de dirigirse á casa de Pascuala. Ella recordaba muy bien el nombre de la
+calle donde vivía el tabernero con quien la criada se había casado.
+Sabía que la taberna estaba en la calle del Humilladero; pero ¿cómo iba
+á la tal calle? Resolvió preguntar á algún transeúnte, y si daba con la
+casa, allí pasaría la noche, aplazando todo lo demás para el siguiente
+día. Segura estaba de que Pascuala la recibiría con los brazos abiertos.
+Pero ¿dónde estaba la calle? Instintivamente oró á la Virgen, pidiéndole
+que estuviera cerca de la calle del Humilladero. Pero la Virgen no la
+oyó, porque la calle estaba muy lejos. Resuelta á preguntar, se levantó;
+vió venir á un hombre, pero no se atrevió á detenerle; pasó otro,
+algunos más, y Clara no preguntó á ninguno. Tenía miedo de aproximarse á
+ellos. Por último, se acercó una mujer, la joven la detuvo y
+respetuosamente la hizo su pregunta.
+
+--¿La calle del Humilladero?--dijo la mujer, que era una vieja arrugada
+y con voz gangosa.
+
+--Sí, señora.
+
+--¿Le parece á usted que está bien detener á las personas honradas de
+este modo?--contestó la vieja muy incomodada.--Ya sé lo que quieren
+estas bribonas cuando detienen á una; que no van sino á meterle la mano
+en los bolsillos cuando está una más descuidada, contestando: "Váyase
+noramala la muy piojosa, y si no llamo á un alguacil."
+
+Antes que concluyera la vieja, se apartó Clara, y fué tal su angustia al
+pensar que todos la tratarían de igual modo, que casi estuvo á punto de
+abandonarse á su desesperación, dejándose morir allí de hambre, de frío
+y de dolor. Pero la desventura infunde valor; recobró algún ánimo y se
+dispuso á seguir preguntando, cuando vió llegar á una mujer andrajosa
+que traía un niño de la mano y otro en brazos. A Clara le pareció que
+aquella mujer debía ser persona muy generosa y compasiva, y que le había
+de responder á su pregunta. Pero antes de ser interpelada, la mujer
+andrajosa habló á Clara en estos términos:
+
+--Una limosna, señora, por amor de Dios, que tengo mi marido en cama, y
+estos dos niñitos no han probado nada en todo el santo día... Siquiera
+un _chavito_.
+
+Después, observando que Clara no tenía aspecto de persona que da
+limosna, sino más bien de mujer desvalida y enferma, se figuró que pedía
+también _chavitos_, y variando de tono, le dijo:
+
+--Oye, chica: ven conmigo y le sacaremos un duro al tío gordo de la
+esquina.--¿Qué?--dijo Clara, confusa ante aquella proposición.
+--¿Apostamos á que no _tan dao_ ni un bendito _chavo_ esta noche? Yo he
+_sacao_ ya un _rial_: mira. Pero hay en aquella tienda un _mardito_
+pañero que es muy caritativo. Ayer le _ije_ que tenía una hija enferma
+en cama, y me dió una peseta. Si _quiés_ que le saquemos más, ven
+conmigo esta noche, chica, y verás. Entramos: tú te haces que te vas
+cayendo, y te pones un pañuelo _atao_ á la cara, y empiezas ó dar unos
+_chillíos_ que partan el corazón. Oye, así: ¡ay! ¡ay! ¡ay!
+
+Y dió unos cuantos quejidos tan lastimeros, que Clara tuvo angustia de
+oírlos. Después siguió:
+
+--Mira, ven; entramos: yo le digo que eres mi hija y que no has comido
+un _bocao_, y que el _méico_ te ha recetado una cosa que cuesta un duro.
+Tú dices que no la _quies_ tomar, y que si saco el duro, compre pan _pa_
+estos niños que se están muriendo. Yo digo que sea el duro _pa_ la
+_meicina_; tú que sea _pa_ los niños, y así ... verás cómo se ablanda...
+y _pué_ que nos dé dos... partiremos: te daré á ti dos _riales,_ y....
+Anda, ven: ponte este pañuelo en la cara.--Señora, yo tengo que hacer,
+no puedo--dijo Clara, que creía no deber darle otra razón menos
+cortés. ¿Sabe usted dónde está la calle del...?
+
+--¡Qué calle de los _dimonios_!--dijo la mujer; y viendo que pasaban
+dos caballeros se acercó á ellos, diciéndole al chico que llevaba de la
+mano:--Muchacho, cojea.
+
+El muchacho cojeó, y se acercaron á los caballeros, repitiendo su
+muletilla. Clara se retiró entonces; anduvo á buen paso, y llegó, por
+último, á la plazuela del Espíritu Santo; subió más, hasta que se
+encontró en la esquina de la calle del Prado, y por allí pensó seguir,
+porque veía en ella bastantes personas, y creía encontrar allí quien la
+informara bien.
+
+Batilo iba delante. Un perro vivaracho y pequeño, descarado, ratonero,
+de éstos que pasean su vanidad por las calles de Madrid, se acercó al
+can melancólico, y le dió una embestida con el hocico. Batilo era muy
+tímido; pero sintiendo herido su amor propio, ladró. El ratonero, que no
+deseaba sino provocación, ladró también, atreviéndose á dar un mordisco
+al pobre faldero. Este te defendió como pudo; y á poco rato vino un
+porrazo que, con terribles aullidos, empezó á perseguir al ratonero.
+Luego vino otro perro, y otro, y otro: en dos segundos se reunieron allí
+doce perros, que armaron espantosa algarabía. Luchaban unos con otros,
+cayendo y levantándose en revuelta confusión, mordiéndose, saltando y
+atropellando entre los movimientos de su horrible contienda á Batilo y
+al ratonero, que, revueltos entre las patas de los contendientes,
+recibían los ultrajes de todos. Al ruido se detuvieron algunas personas;
+el amo de uno de los perros terció en la pelea, y dijo ciertas frases
+injuriosas al amo de otro. Clara, al ver que se reunía tanta gente, y
+que algunos mozos la miraban con atención impertinente, avivó el paso;
+tomó la calle arriba para huir de aquellas miradas. Pero los mozos la
+siguieron, y ella quiso ir más á prisa; ellos también; ella más aún,
+hasta que se decidió á correr, y corrió con toda la velocidad que podía.
+Entonces una mujer gritó desde una puerta con voz chillona y angustiada:
+"¡A esa, á esa, á esa!" Un hombre la detuvo por el brazo; muchas mujeres
+la rodearon, y se formó en un momento un grupo de más de treinta
+personas en torno á ella. La huérfana estaba tan trémula y aterrada, que
+no dijo palabra, ni trató de huir, ni lloró siquiera. Creyó tener en
+derredor un círculo de asesinos.
+
+--¿Qué ha hecho? ¿qué hay?--dijo uno.
+
+--Que ha _robao_ ese lío que lleva bajo el brazo.
+
+--Muchacha, ¿donde has tomado ese lío?--dijo el que la tenía asida.
+
+Clara no contestó
+
+--A la cárcel con ella--dijo uno de los presentes.
+
+--¿Dónde has tomado ese lío, muchacha?
+
+La joven se repuso un poco, y con voz tenue, dijo:
+
+--Es mío.
+
+--¿Qué es suyo?--dijo una de las mujeres.--Si la vi yo correr como una
+_desalación._ Apuesto á que lo cogió en la casa del número 15.
+
+--No, que venía de más abajo--dijo otra.
+
+--Apuesto que es de casa de la _sa_ Nicolasa, la pupilera de ahí
+enfrente--dijo otra mujer.
+
+--Usted miente, señora--dijo un hombre alto, que parecía ser persona del
+toreo, á juzgar por su vestido y el rabicoleto que tenía en la
+nuca.--Usted miente: esta señora no ha salido de casa de la pupilera, ni
+del número 16; venía de más abajo.
+
+--¡Miren ese pelele!--gritó la mujer.--¿_Poz_ no dice que yo miento?
+
+--Usted miente, señora. Esa muchacha no ha _robao naa_, que venía de
+abajo, y corrió porque la venían siguiendo esos lechuguinos. Yo lo he
+_oservao_, y si hay alguno que me desmienta, aquí estoy yo, que soy un
+hombrera _pa_ otro hombre.
+
+--Tanta bulla _pa naa_--dijo, soltando á Clara, el que la tenía asida.
+
+--Pues que si lo ha robado, si no lo ha robado ... Cuando yo digo una
+cosa.... Si estuviera aquí mi Blas, se vería si hay un hombre _pa_ otro
+hombre--murmuró, volviendo la espalda, la promovedora de aquel alboroto.
+
+--Vamos, señores, aquí no se ha _robao naa_--dijo el majo con
+decisión.--Aquí están ustedes de más. Largo el camino.
+
+El público (llamémosle así) encontró muy convincentes las últimas
+razones del hombre de los toros, y aún más las insinuaciones que hizo
+con un tremendo palo de puño de plomo que llevaba en la mano, y empezó
+á desfilar.
+
+---Vamos, prendita, no tenga usted miedo--dijo el hombre del rabicoleto,
+cuando se quedó solo con Clara.--Venga usted conmigo, y no tenga reparo,
+que yo soy un hombre _pa_ otro hombre. ¿Pero se _pué_ saber á dónde iba
+la personita? Yo la llevaré á usted, porque soy un hombre _pa_....
+
+--Voy á la calle del Humilladero.
+
+--Del Humilla ... ¿que?
+
+--Del Humilladero.
+
+--Ya sé ... ¿pero _pa_ qué va usted tan lejos? Si usted se echa á
+andar ahora, llegara allí _pasao_ mañana por la noche. Con que no tenga
+usted prisa....
+
+--Sí, señor, tengo prisa; y aunque esté lejos, he de ir en seguida
+¿Quiere usted hacerme el favor de decirme por dónde debo ir?
+
+--_Miste_: coge usted esta calleja arriba, siempre _pa_ arriba ... pero
+yo la voy á llevar á usted. Aunque, _pa_ decir verdad, más valía que se
+viniera conmigo. ¡Ay! ¡Jesús, qué guapa es usted! _Poz_ no había
+reparado ... Venga usted.
+
+--No puedo detenerme, _señor caballero_--dijo Clara con mucho
+miedo.--Dígame dónde está esa calle, y yo me iré sola.
+
+--¡Sola! ¿Y yo podía ser tan becerro que la iba á dejar ir sola por esas
+calles, esta noche que hay _rivolución_...? Bueno soy yo _pa_ ... Venga
+usted conmigo. Le _igo_ que no lo pasará mal: yo conozco aquí cerca un
+_colmao_ donde hacen unas magras que....
+
+Diciendo esto, el torero tomó á Clara por un brazo y quiso internarla
+por la calle del Lobo.
+
+--Suélteme usted, caballero--dijo Clara desasiéndose:--tengo que hacer;
+por Dios, suélteme usted.
+
+--Pues es lo _mesmo_ que un puerco-espín. ¡Bah! Si es usted muy guapa
+para ser tan picona. Le _igo_ que ... Pero, en fin, yo la acompañaré á
+esa calle.
+
+--No: dígame usted por dónde debo ir. Yo iré sola.
+
+--¿Sola? si hay _rivolución. ¿_Pa_ que le peguen á usted un tiro y me la
+_ejen_ frita en _mitá_ la calle?...
+
+--Yo quiero ir sola--dijo ella separándole.
+
+La compañía y la solicitud impertinente de aquel hombre le inspiraba
+mucha desconfianza. Su intento era huir de él y preguntar á otro. Pero
+aunque avivó mucho el paso, él seguía siempre á su lado diciéndole mil
+cosas. Un incidente feliz (algo feliz había de pasar aquella noche) vino
+á librar á Clara de aquel moscón. Iban por la plazuela de Santa Ana,
+cuando sintieron detrás gritos de mujer. El majo no volvió la cara; pero
+tuvo buen cuidado de embozarse bien en su capa para no ser conocido.
+
+--_Arrastrao, endino_--dijo la mujer, que era alta, gruesa hombruna y
+con voz aterradora y aguardentosa.--Espera, espera, que te voy á sentar
+los cinco en esa cara de documento.
+
+Al decir esto, tiro al majo de la capa, y con mano más pesada que una
+maza de batán, cogió á Clara por un brazo y la detuvo.
+
+--Si no fuera porque está aquí esta señora--dijo el chulo, cuadrándose
+ante la jamona--ahora _mesmo_ te volvía las narices al revés.
+
+--¡_Arrastrao_!--dijo la maja cuadrándose y moviendo la cabeza--¿tengo
+yo cara de cabrona? ¿Te _paece_ que por una cara de escoba como esta voy
+yo á consentir?...
+
+--¡Calla!--exclamó el otro--ó te _ejo_ sin piernas.
+
+--Mira, Juan Mortaja, que voy á sacarle los ojos á esta rabuja si ahora
+_mesmo_ no vienes conmigo. ¿Le parece á usted que á una mujer como yo se
+la...? Juan Mortaja, cuando _igo_ que vamos á tener que....
+
+--No haga usted caso--dijo el torero, dirigiéndose á Clara, que estaba
+sin aliento, oprimida por la mano de la jamona, como la tórtola en las
+garras del gavilán--No haga usted caso, niña, que ésta suele rezarle un
+Padre nuestro á _san cuartillo_.
+
+--_¡Reendino!_--exclamó con trágico furor la maja, soltando á Clara y
+echando rápidamente mano á la cintura, de la cual sacó una navaja, que
+esgrimió con el donaire y la presteza de un matutero.
+
+--¡Saco _e_ demonios!--dijo el otro, enarbolando el palo.
+
+No sabemos cómo concluyó la pendencia, porque hemos de seguir á Clara; y
+ésta, en cuanto se vió libre de la zarpa de la dama de Juan Mortaja, se
+escapó ligeramente, y á buen paso, seguida siempre de Batilo, llegó á la
+plazuela del Ángel. La desventurada no sabía ya qué partido tomar; se
+horrorizaba al pensar que entre los miles de habitantes de este enjambre
+no había uno que le dijera el nombre de la calle donde estaba el único
+asilo que podía acojer á la huérfana abandonada, sola, injuriada, medio
+muerta de miedo y dolor. Creyó que Dios la abandonaba ó que no había
+Dios; que su destino la obligaba á optar entre la inquisición espantosa
+de las dos Porreñas, y aquel abandono, aquel vagar por un desierto,
+repelida por todos ó solicitada por la depravación ó el vicio.
+
+Se decidió á hacer otra tentativa. Detúvose ante un hombre que, con un
+farol y un gancho, revolvía escombros, y le hizo su pregunta.
+
+--¿La calle del Humilladero?--dijo el trapero, incorporándose y
+haciendo con el gancho ciertos movimientos semejantes á los que hace
+con su varilla un director de orquesta.--Esa calle está ... Voy á darle
+á usted una receta para que la encuentre en seguida. Pues eche usted á
+andar ... y vaya mirando con atención los letreros de todas las calles.
+¿Sabe usted leer?
+
+--Sí, señor--dijo Clara.
+
+--Pues cuando usted vea un letrero que diga así: "calle del
+Humilladero", allí _mesmo_ es.
+
+El trapero se quedó muy satisfecho de su apotegma, y volviendo á
+inclinarse, enterró su gancho investigador en el montón de inmundicia
+que delante tenía. Clara se retiró muy angustiada; y principiando á
+perder ya el conocimiento exacto de su desventura, hallábase próxima á
+entrar en ese período de atonía que precede á las grandes enajenaciones.
+Dirigió de nuevo mentales súplicas á Dios y á la Virgen para que la
+sacaran de aquella situación; y aún rezaba, cuando vió llegarse hacia
+ella á una persona que le inspiró mucha confianza. Dió algunos pasos
+hacia aquella persona, que era un clérigo de más que mediana edad, gordo
+y pequeño. Venía con su rosario en la mano y la vista fija en el suelo.
+La huérfana respiró con tranquilidad, porque aquel personaje venerable
+que tenía ante sí debía de ser un santo varón, de esos cuyo fin en la
+tierra es consolar á los afligidos y ayudar á los débiles.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXVIII
+
+
+
+#Continuación del "vía-crucis".#
+
+
+Parecía el clérigo hombre pequeño, á juzgar por su vestido, que era muy
+raído y verdinegro. Era él de edad madura, y á juzgar por su pronunciada
+y redonda panza, parecía hombre que no se daba mala vida. Tenía la cara
+redonda y amoratada, con dos ojillos muy vivos y una nariz que parecía
+haber servido de modelo á la Naturaleza para la creación de las patatas.
+No puede decirse que su fisonomía fuera antipática: sonreía con bondad,
+y, sobre todo, había en sus ojuelos cierta gracia y una volubilidad
+amable. Cuando vió á Clara y oyó la pregunta que ésta le hizo con el
+mayor respeto, guardó el rosario, se ladeó el sombrero (porque era éste
+tan grande, que tapaba con él á cuantos se le ponían delante), y dijo:
+
+--¿La calle del Humilladero? Sí, hija mía, sí: sé dónde está, sí, pero
+es muy lejos. No podrá usted ir sola; su perderá usted, hija mía. Venga
+usted y yo la pondré en camino.
+
+Y volvió atrás. Siguiéronle Batilo y Clara, que creyó al fin haber
+encontrado el hilo del laberinto.
+
+--Pero, hija mía, ¿cómo es que usted va sola? ¡A estas horas ... tan
+sola!--dijo el padre con voz agridulce.
+
+--Tengo que ir á una casa que conozco--repuso Clara por dar alguna
+respuesta.
+
+--¿Pero va usted sola? ¡A estas horas! ... Hija mía, ¿por qué es eso?
+
+--No tengo quien me acompaña. Soy sola.
+
+--¿Que es usted sola? ¡Jesús, María y José! ¡Qué calamidad! ¿Pero no
+tiene usted padres?
+
+--No, señor.
+
+--¿Es usted sola, enteramente sola? ¡Jesús, María y José! Esto no va
+bien, hija mía. ¿Pero no tiene usted ningún pariente? Vamos, irá usted á
+casa de algún pariente.
+
+--No, señor, no. Voy á casa de una mujer que conozco. No conozco á nadie
+más que á ella.
+
+--Vamos, ya conocerá usted á alguna otra persona--dijo el cura parándose
+y fijando en el semblante de Clara sus picarescos ojuelos.--¿De dónde
+viene usted ahora?
+
+--De casa de unas señoras, donde estaba.
+
+--¿Y allí no conoció usted más que á esas señoras?
+
+--No, señor--dijo Clara asustada del giro que tomaban las preguntas
+del clérigo.
+
+--Vamos, juraría yo que ha conocido usted á algún muchachuelo ... Eso no
+tiene nada de particular, hija mía: para eso es la juventud. Eso no
+tiene nada de particular. ¡Bah! no se ponga usted encarnada. Por las
+llagas de Jesucristo, que no me enfado yo por eso ... no.
+
+Al decir esto, el cura se paró otra vez, y volvió á fijar en la huérfana
+sus pequeños y vivaces ojos, acompañando esta mirada con una santa
+sonrisa de astucia, que haría honor á cualquier alumno de Seminario,
+conocedor de la obra de Sánchez, titulada _De Matrimonio_.
+
+--Porque hija mía, el mundo es así--continuó.--Yo, que conozco las
+debilidades de ambos sexos, puedo hablar sobre este punto. Y luego yo
+tengo una práctica tal, que en seguida comprendo. Sobre todo, como usted
+es tan guapita....
+
+Turbóse mucho la joven con aquellas palabras; pero la esperanza de que
+pronto llegarían á la decantada calle del Humilladero, la serenó,
+haciéndole más llevaderas las amabilidades del buen hombre.
+
+--Si, hija mía: yo soy gran admirador de las obras de la Naturaleza, y
+cuando estas obras son bellas, las admiro más. Yo, francamente lo digo,
+no soy gazmoño. Lo cortés no quita lo valiente. Aunque uno sea
+sacerdote ... porque admirar á la Naturaleza no es pecado.
+
+Con estas y otras cosas habían pasado la calle de Atocha y llegado á la
+Plaza Mayor; atravesáronla, dirigiéndose á la plazuela de San Miguel.
+
+--Venga usted, venga usted--dijo, tomando el brazo á Clara, al ver que
+manifestaba cierto recelo de internarse por el arco obscuro que da á la
+plazuela del Conde de Miranda.--Venga usted, que conmigo va segura...
+Pues decía que lo cortés no quita lo valiente... Pero no me ha seguido
+usted contando eso del muchachuelo.
+
+--Si yo no he contado nada--dijo Clara, haciendo un movimiento
+disimulado para desasir su brazo de la mano del cura.
+
+--Sí: algo hay, hija mía; yo lo he conocido. Si eso no tiene nada de
+particular. Ya... ¿hay vergüencilla? Vamos, cuénteme usted, que yo ia
+absuelvo en seguida. A las niñas bonitas se les perdona todo.
+
+Diciendo esto, miró de nuevo á Clara; pero ya no se sonreía: estaba
+serio, y había en su voz cierta agitación que ella no pudo notar.
+
+--Cuidado, no se caiga usted--dijo, extendiendo su brazo por la cintura
+de la huérfana, como si ésta hubiera tropezado.
+
+--¡Ay!--dijo ella más confusa y separándose del cura.--¡Cuándo
+llegaremos á esa calle!... ¿Está muy lejos todavía?
+
+--Sí, hija mía: está lejos, muy lejos. ¿Pero qué prisa tiene usted?
+
+--¡Ah! sí, tengo mucha prisa. Pero no se moleste usted más. Dígame por
+dónde debo ir ... y seguiré sola.
+
+--¡Ah! no acertará usted en toda la noche. Está muy lejos. ¿Pero qué
+prisa tienes, hija mía? Veo que estás muy cansada. ¿No te convendría
+descansar un poquito?
+
+--¡Oh! no, señor; no puedo descansar--dijo Clara, aterrada ante la idea
+de que la llevaran á una sacristía.
+
+--Sí, hija mía: estás muy fatigadita, y yo no tengo corazón para verte
+andar por esas calles á estas horas y con este frío.
+
+--No importa, señor cura: no me puedo detener.
+
+--¡Jesús, María y José! No he visto nunca una muchacha más arisca.
+Yo ... no gusto de gente así, porque me gusta que las niñas sean
+amables y buenas.
+
+En esto entraban en el callejón de Puñonrostro. Paróse el cura y tomó
+una mano á Clara, que se retiró, apartándose de él.
+
+--Hija mía, por Jesús, María y José, te digo que se me parte el corazón
+de verte así sola por esas calles, á estas horas, con este frío... Mira:
+yo tengo un buen brasero arriba.... Porque aquí vivo yo, aquí á espaldas
+de San Justo, que es mi iglesia. Pues si quieres descansar un ratito....
+
+--No, Padre: yo quiero ir á la calle del Humilladero. Dígame usted dónde
+está, ya que no me ha llevado á ella.
+
+--¡Qué Humilladero, ni Humilladero! ya me tienes loco con tu calle. Pues
+no estás poco impertinente--dijo el clérigo con más agitación y mucha
+impaciencia.--Ven, hija mía, y me contarás eso del muchachuelo.
+
+El infame plan se reveló de pronto en el entendimiento de Clara con todo
+su horror y repugnancia.
+
+--Señor--repitió--dígame por dónde voy.
+
+--Sube, sube--dijo él colocado ya en la puerta de su casa.--Sube; no te
+pesará. Si supieras qué bueno soy yo.... Porque lo cortés no quita lo
+valiente. Y mañana te vas á tu Humilladero, ó si no quieres ir....
+
+--Señor, por Dios, dígame por dónde debo ir. Yo me vuelvo loca. ¿Para
+qué me ha traído usted aquí? ¿Y dónde estoy? Puede ser que ahora esté
+más lejos del punto á donde quiero ir.
+
+--Sube, hija mía, sube--dijo el clérigo abriendo la puerta--y hablaremos
+de eso. Yo te diré dónde está esa calle, y mañana podrás....
+
+--No, yo no le quiero ver á usted más. Pero dígame por dónde debo
+dirigirme. ¿Por qué me ha engañado usted?
+
+La joven rompió á llorar como un niño. El cleriguillo había perdido su
+amabilidad; sus ojuelos expresaban el mayor despecho; su labio inferior,
+masa informe y pendiente, le temblaba por la rabia de la contrariedad y
+del desengaño.
+
+--¿Está lejos esa calle, señor? ¿Está lejos?
+
+El cura miró á Clara con desdén, hizo un gesto despreciativo, y
+entró diciendo:
+
+--Sí, chica: está lejos, muy lejos.
+
+Y cerró violentamente con mano colérica la puerta, que produjo fuerte
+estampido.
+
+Algo tranquilizó á Clara el verse libre de aquel malvado; pero al pensar
+que no había podido adquirir noticia alguna de lo que buscaba; al verse
+en aquel callejón estrecho y obscuro, donde no aparecían indicios de
+vivienda humana; al considerar que por un extremo podía aparecer un
+hombre y por el otro extremo otro, avanzando hacia el centro y
+cogiéndola entre los dos, fué tal su pavor, que estuvo á punto de caer
+al suelo sin sentido. También se la figuraba que la enorme muralla de la
+casa del Cordón y la de San justo iban á reunirse, aplastándola en
+medio. Un supremo esfuerzo, una carrera en que el espíritu agitado, más
+bien que el cuerpo, parecía trasladarse, la llevó á la calle del
+Sacramento. Al fin vió una luz que se movía; era un sereno. Aquel
+encuentro la infundió algún valor; acercóse á él, y le repitió su
+pregunta, tantas veces hecha, y nunca contestada. El sereno, de muy mal
+humor, pero con buena intención, le dió la dirección verdadera.
+
+--Baje usted esa cuestecita por detrás del Sacramento; baje usted
+siempre hasta que llegue á la calle de Segovia; en seguida sube usted
+derecha, siempre adelante, hasta encontrar la Morería; entra por ella
+hasta llegar á la calle de don Pedro; después sigue por ésta hasta la
+plazuela de los Carros, y enfrente de la capilla de San Isidro,
+encuentra usted la calle del Humilladero.--Le repitió las señas y le dió
+las buenas noches.
+
+La huérfana se retiró muy agradecida. Al fin encontraba la dirección de
+aquella maldita calle. Tomó por el camino indicado y bajó la cuesta de
+los Consejos. ¡Qué triste y pavoroso lugar! El piso parece que huye bajo
+los pies del transeúnte: tal es la pendiente. A Clara, que estaba
+completamente desfallecida y con la cabeza debilitada, le parecía caerse
+á cada paso, y que el suelo se iba inclinando más cada vez, negándose á
+soportarla. Llegó á creer que nunca terminaba aquel descender
+precipitado, hasta que por fin sus pies pisaron en llano. Estaba en la
+calle de Segovia, y se le figuraba haber caído en un abismo. No era
+posible, pensaba ella, que el sereno le hubiera dicho la verdad. ¿Estaba
+aquel sitio habitado por seres de este mundo? De noche, y en aquella
+lobreguez, parecía la profundidad de un barranco, de esos que escogen
+para sus conventículos los duendes y las brujas. Mirando hacia arriba,
+le parecía que se inclinaban, amenazando caer, las dos masas de
+habitaciones que á un lado y otro de la calle se levantan.
+
+Clara siguió, sin embargo, la dirección que el sereno le había
+indicado: distinguió delante de sí la cuesta escarpada de los Ciegos, y
+pensó que era imposible trepar por allí, intentólo á pesar de todo,
+tropezando con montones de escombros y ruinas: las casas se veían
+arriba suspendidas, al parecer, como nido de buitre en lo alto de la
+eminencia. Ella se sintió sin fuerzas para escalar aquello; no
+distinguía senda alguna, ni había allí nada que indicase el paso de
+seres humanos. No se oía voz alguna, sino de tiempo en tiempo, y
+resonando muy lejos, gritos de mujeres. Los gritos resonaban como si
+una bandada de aves, con palabra humana, se cerniera graznando en lo
+más alto del cielo. De repente oyóse una voz infantil que venía de
+abajo. Era una niña que subía sola, y cantando, por la calle de
+Segovia, dirigiéndose á la Morería. Clara vió con asombro que la niña,
+sin cesar de cantar, subía la cuesta y trepaba, encontrando una vereda
+entre tantos escombros. Se levantó é intentó seguirla. La niña no la
+vió y marchaba delante muy alegre, al parecer. Pero de pronto advirtió
+el ruido de los pasos de la que la seguía; volvióse; vió aquel bulto
+que en medio de la noche andaba tras ella, y lanzándose en súbita
+carrera empezó á gritar: ¡Madre, madre: brujas, brujas!
+
+La huérfana sintió entonces más claros los gritos de las mujeres, y
+llegó también á creer que había brujas por allí. Las mujeres parecía
+como que bajaban, y sus voces confusas y discordantes semejaban el
+altercado frenético de una horda de euménides. Retrocedió Clara y volvió
+á bajar, estando á punto de resbalar y caer algunas veces. Hallóse de
+nuevo en la calle de Segovia, y entonces los gritos femeninos llegaban á
+sus oídos como si la horda de aves con palabra humana hubiera levantado
+el vuelo tornando á las altas regiones.
+
+Empezó á llover: caían gotas muy gruesas, que la imaginación
+calenturienta de la huérfana sentía en el piso como si éste fuera una
+caja sonora. La lluvia aumentaba; las gotas caían con extraordinaria
+rapidez, dejando en las piedras un disco obscuro, semejante á una pieza
+de dos cuartos que, repetidos infinitamente, concluyeron por teñir de
+negro reluciente todas las piedras. Clara se arropó; apoyóse en una gran
+piedra sillar que allí había, y, con el alma agotada ya, miró al cielo
+buscando la luna, una estrella, cualquier cosa que no fuera negra y
+horrible, cualquier cosa que no hubiera visto aquella noche en otra
+parte; pero no vió ni estrella ni luna: tan sólo allá abajo, en la
+dirección del puente y en el horizonte que tras la otra orilla del
+Manzanares se dibuja, vió una lumbre rojiza, esa claridad violenta de
+encendido color, que es en noches tempestuosas como una fiebre del
+cielo. Se le ve arder calenturiento y agitado por súbitas y precipitadas
+exhalaciones, mientras toda su inmensa extensión permanece obscura y
+helada. Aquella luz impresionó la mente de Clara de un modo muy extraño.
+Lejos de infundirle temor, le pareció ver allí alguna cosa interna, más
+profunda que el profundo cielo, que parecía estar abierto por aquel
+punto. Creía ver oleadas de luz, emanadas de un foco incandescente;
+formas humanas, cuerpos sin sombra, que oscilaban con caprichosas
+revoluciones. Parecíale como una falanje de astros humanos, de cielos y
+mundos en forma de seres vivos, que allí se determinaban dentro del
+espacio mismo de una llama sin fin; cada uno engendraba miles, cada mil
+un millón; se alejaban y volvían, se obscurecían tenuamente, y de nuevo
+adquirían el brillo de la más intensa luz.
+
+Cuando apartó la vista de aquella claridad, miró al lado opuesto; miró á
+la calle, en derredor, y no vió nada. Esperó un rato, mirando siempre, y
+tampoco vió nada. Creyó que estaba ciega, y en vano quería, con atención
+afanosa, descubrir algún objeto. La lluvia había crecido de una manera
+espantosa: un torrente bajaba por la Cuesta de los Ciegos y otro por la
+de los Consejos; la calle recogía estas dos vertientes y arrojaba hacia
+el puente un barranco fangoso. Ella continuaba sin ver; sentía que sus
+pies se enterraban en fango; el ruido era horrible. Se le concluyó el
+ánimo; creyó que no le quedaba más recurso que cerrar los ojos, que ya
+no veían, y dejarse morir allí, dejarse arrastrar por aquella agua que
+iba hacia el río con precipitación vertiginosa.
+
+Un relámpago intenso iluminó aquel abismo. Entonces pudo ver á la
+repentina luz las dos masas obscuras de casas que á un lado y otro se
+alzaban. Pero después volvió á quedar sumergida en su profunda ceguera.
+Las rodillas se le doblaban; el agua le habla calado toda la ropa;
+Batilo gruñía como un perro náufrago. A pesar del ruido de la lluvia,
+los gritos de las mujeres se sentían otra vez, discordantes, agudos,
+como confuso chirrido de pájaros nocturnos, resonando encima, allá
+arriba. La enferma fantasía de Clara creyó reconocer en aquellas voces
+un horrible y áspero trío de las Porreñas, que volaban, envueltas en
+espantosas nubes, dando al viento las voces de su impertinencia, de su
+amargo despecho y de su envidia. Hasta le pareció ver á Salomé, que se
+cernía en lo más alto, agitando rápidamente sus luengas vestiduras á
+manera de alas, y mostrando hacia abajo las encorvadas y angulosas
+falanjes de sus dedos, terminados con uñas de lechuza.
+
+La lluvia empezó á disminuir. Ruido de campanillas y ruedas indicó á
+Clara que una galera acababa de pasar la calzada del puente y entraba en
+la calle: esto la animó un poco, porque sentía la voz del arriero, que
+con tremendos palos estimulaba á sus caballerías á subir la cuesta.
+Levantóse la joven dispuesta á hacer la última tentativa preguntando al
+arriero. Llegó la galera, y Clara se adelantó hacia la mitad del camino;
+pero, una de las mulas, que era muy espantadiza, dió un salto y casi
+vuelca la galera. El arriero empezó á proferir votos y juramentos. El
+animal se resistió á dar un paso; pegaba el arriero, coceaba la arisca
+mula, y la otra, queriendo aprovechar tan buena ocasión de reposar su
+fatigado cuerpo, que había hecho la jornada de Navalcarnero en seis
+horas, se hechó al suelo muy sibaríticamente, esperando á que estuviera
+resuelta la pendencia entre su amo y su compañera. La mula quedó casi
+totalmente enterrada en fango, y cuando el arriero vió tal cosa, y que
+la galera se había inclinado de un lado, hincando el eje en el suelo, se
+puso hecho un demonio: llamó en su auxilio á todos los santos del cielo
+y á todos los demonios del infierno, se tiró de los cabellos y hasta
+empezó á darse latigazos de rabia.
+
+Clara, que se creyó causante de aquel desperfecto, tuvo bastante fuerza
+para huir de las iras del carretero, que, á haberla visto, la hubiera
+maltratado; corrió hacia arriba, y no paró hasta la esquina de la
+plazuela de la Paja. Allí encontró otro sereno y le hizo su pregunta.
+
+--Está usted cerca--le dijo éste.--Suba usted esa plazuela; pase usted
+aquel arco que se ve allí, donde está la imagen de la Virgen con el
+farol, y llegará á la plazuela de los Carros. Enfrente está la calle del
+Humilladero.
+
+Clara empezó á creer otra vez que había Dios, y siguió la dirección
+indicada. Al fin estaba cerca, al fin llegaba. La esperanza le dió
+ánimo; pero al acercarse al arco que unía entonces la capilla del Obispo
+con la casa de los Lasos, se avivó su miedo. Se figuraba que aquel arco
+no podía conducir sino á una caverna, y además le parecía que detrás
+estaba una figura corpulenta, que no era otra que María de la Paz Jesús,
+apostada allí para asirla cuando pasara, arrebatándola con una mano
+grande y crispada, para llevársela por los aires.
+
+Pero la esperanza puede mucho. Cerró los ojos, y corriendo velozmente,
+pasó. La plaza de los Carros ya le parecía más habitable y menos triste:
+pasaban algunas personas, se veían no pocas luces. Miró los letreros de
+todas las calles que de allí partían, y al fin, llena de alborozo, leyó
+el nombre de la que buscaba. Entró en ella, y á los pocos pasos vió una
+puerta, á cuyos lados había pintados racimos alegóricos y unas botellas
+que indicaban muy claro que aquello era taberna. "Aquí es", dijo, y se
+acercó. La puerta estaba abierta, y dentro había dos mujeres y un
+hombre. Preguntó si vivía allí un tal Pascual, tabernero, casado con una
+tal Pascuala.
+
+--Aquí no hay _nengún_ Pascual--dijo una de las mujeres.
+
+--¿Sabe usted si es aquí cerca?--preguntó Clara.--¿No hay otra taberna
+en esta calle?
+
+--No, que yo sepa.
+
+Clara volvió á creer que no había Dios.
+
+--¿Qué estás diciendo ahí, _enreaora_?--exclamó el hombre.--Siempre te
+has de meter en lo que no te toca. Sí, señora. Hay otra tienda de vinos
+de un tal Pascual ... sí, señora: ahí en el número 14.
+
+La huérfana dió las gracias, y fué allá, palpitante de agitación y
+alegría. Antes de llegar al número 14, sintió ruidos de guitarras y
+voces de hombres. Al acercarse á la puerta vió á muchos que cantaban y
+bailaban con la exaltación de la embriaguez; y aunque no vió á Pascuala,
+aunque aquella gente le inspiraba mucho recelo, subió el escalón de la
+entrada y presentándose preguntó por su antigua criada.
+
+--_¡Ole ole_!--dijeron dos ó tres de aquellos insignes personajes,
+mientras uno de ellos avanzó hacia la joven, y abrazándola
+estrechamente, la llevó al centro de la taberna.
+
+--¡Viva el buen trapío!
+
+Clara dió un grito de terror al encontrarse en los brazos de aquel
+desalmado, y gritó con todas sus fuerzas:
+
+--¡Pascuala!
+
+--¿Qué? ¿quién es?--dijo una voz de mujer;--¿á ver qué es eso?
+
+Pascuala se presentó y al ver que había allí una mujer y que estaba en
+brazos de su marido, dió á éste en la cara un mojicón, que, á ser más
+fuerte, no le dejara con narices.
+
+--No fuí yo--contestó Pascual:--fué ese _dimomio_ de Chaleco.
+
+--Sí fué él, que la ha traído y la tenía escondida, señora
+Pascuala,--declaró Tres Pesetas con uno de sus frecuentes rasgos
+de malicia.
+
+--¡Doña Clarita!--dijo Pascuala abrazando á Clara con más suavidad que
+su marido y llevándola adentro.
+
+Al encontrarse en el dormitorio de los Pascuales, la sobrina de
+Coletilla, que había agotado todas las fuerzas de su cuerpo y de su
+espíritu en aquella noche, se dejó caer en una silla y perdió el
+conocimiento.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXIX
+
+
+
+#Un momento de calma#.
+
+
+Bozmediano y Lázaro hablaron poco por el camino. Al llegar á la casa de
+Pascual, serían las diez de la mañana, lo primero que vieron fué á
+Pascuala fregando vasos. Preguntáronle si había venido Clara á su casa,
+y ella contestó:
+
+--Anoche, si, señor; después de media noche vino. Pero ya reconozco al
+caballerito sobrino de mi amo, que estuvo allá á preguntarme por su tío.
+
+--¡Gracias á Dios!--exclamó éste.--¡Qué suerte hemos tenido!
+
+--La pobre llegó esta mañana y se desmayó--dijo Pascuala.--Está, muy
+malita; todavía no ha hablado palabra, si no es _pa_ delirar. Vino que
+no se podía tener, toda mojada, temblando de frío, y las lágrimas le
+corrían por la cara abajo.
+
+--¿Dónde está?
+
+--Allí, en mi alcoba y en mi cama. Pascual se quedó en el desván y yo
+en el suelo, al lado de ella. Está muy malita: empezó á dar unas
+manotadas y á decir que venían volando unas ... ¿cómo dijo? "Las tres,
+las tres volando", decía, y así estuvo hasta hace una hora, que calló y
+se quedó dormida.
+
+Los dos jóvenes pasaron adentro, y cuando la tabernera abrió un poco la
+ventana para que entrara alguna luz, pudieron ver acostada en el lecho
+aquella agraciada figura, en cuyo semblante extenuado y pálido se
+pintaban los síntomas de una postración y un malestar muy grandes.
+Dormía, y la violenta posición de su cabeza indicaba que antes del sueño
+la había atormentado uno de esos letargos dolorosos en que el cuerpo
+obedece con bruscos movimientos á todos los delirios de la mente
+enferma. Pascuala cogió entre sus manos la cabeza de la joven y la
+colocó con menos molestia; la entró uno de los brazos, que colgaba fuera
+de las sábanas; arregló éstas y las almohadas, y cerró un poco más la
+ventana, por que no entrara más claridad que la necesaria para no estar
+á obscuras.
+
+--Usted ya no sale de aquí--dijo Bozmediano á Lázaro.
+
+--No--replicó éste, preocupado y contemplando á la enferma tan de cerca,
+que sentía su respiración agitada y difícil como si un pequeño volcán
+existiera entre las sábanas.
+
+--Creo que, al despertar, despertará con el delirio. Usted debe quedarse
+aquí hasta ver en qué para esto--indicó Bozmediano;--yo me marcho. Si me
+ve, creo que mi presencia no será lo que más la tranquilice. Mañana le
+espero á usted en mi casa sin falta: tenemos que hablar.
+
+Lázaro no contestó. Si su susceptible desconfianza no se había extirpado
+completamente, en aquellos momentos no podía pensar en tan delicado
+asunto. Experimentaba emoción muy grande para detenerse en dudas crueles
+y rencores poco generosos, que un alma elevada deja siempre á un lado al
+contemplar los grandes infortunios.
+
+Cuando Claudio se marchó, Lázaro se sentó junto al lecho, y allí estuvo
+mucho tiempo inmóvil mirando á la enferma, estatua que contemplaba otra
+estatua, casi tan pálido como ella, esperando á cada expansión del
+aliento que despertara, observando con la atención moribunda de amante
+la oscilación de aquella vida comprometida en una crisis. Por fin Clara
+se movió, pronunciando algunas voces mal articuladas. El joven pudo
+distinguir claramente: "¡Señora, por Dios!..." Después agitó una de sus
+manos como quien quiere retirar algo, y por fin abrió los ojos. Se
+apartó los cabellos que en desorden le cubrían la cara; tuvo un gran
+rato la mano ante los ojos, y la apartó después. Sus ojos se clavaron en
+la persona que tenía delante, y por mucho tiempo permaneció mirándole,
+cual si no tuviera conocimiento de lo que veía, ó como si su sorpresa
+fuera tal que no pudiera creer lo que estaba viendo. Después extendió el
+brazo lentamente hacia él y le nombró con voz muy débil.
+
+--¿No sabes por qué estoy aquí?--dijo Lázaro conmovido.--Me parece que
+no nos hemos visto desde mi pueblo. Aún no creo que hayas podido estar
+en aquella maldita casa.
+
+--¿En qué casa?--dijo Clara, como afectada de profunda confusión.
+
+--Allí, en casa de esas mujeres--contestó él con tristeza, recordando
+los dolores de aquella vivienda.
+
+--¡Ay!--exclamó Clara.--Yo no quiero volver; quiero morirme aquí antes
+que volver. Estoy en casa de Pascuala, ¿no?
+
+Al decir esto, reconocía el sitio con ansiosa mirada.
+
+--Sí; ya no estás, ya no estamos allí--dijo él, acercándose más.
+
+--No volveré, no me llevarán. ¿No es verdad? Tú no volverás tampoco.
+
+--¡Qué he de volver! Si aquella casa ha sido más terrible para mi que el
+infierno mismo. La detesto, y detesto á los que la habitan. Allí he
+padecido en una sola noche más que en toda mi vida. Ya no vuelvo, no.
+
+Clara pareció escuchar esto con mucha atención; después le estuvo
+mirando fijamente por largo rato con cierto asombro.
+
+--¿Por qué me miras así?--preguntó Lázaro.
+
+La huérfana tardó en responder; pero al fin, con voz lenta y
+cariñosa, dijo:
+
+--¿Hace mucho tiempo que no te he visto?
+
+--No hace tanto. Me viste una tarde: el domingo.
+
+--Sí ... ya me acuerdo. ¡Qué día! ¿Sabes que me echaron porque decían
+que había entrado un hombre en la casa? ¿Sabes? ... ¡Qué malas son!
+
+--¿Y no entró?
+
+--Sí entró, sí ... ¿pero yo qué culpa tenía? Ellas dicen que entró por
+mí. ¡Qué malas son!
+
+--¿Y no entró por ti?
+
+--¿Por mi?--contestó Clara con la voz entrecortada y muy
+débil.--¿Por mi?
+
+Después se detuvo como recordando, y dijo:
+
+--Sí, por mi. El me dijo que iba á sacarme de allí, que quería hacerme
+feliz. Me dió mucho miedo.
+
+Decía todo esto con una vaguedad que indicaba cuán débiles estaban sus
+facultades mentales.
+
+--Me dió mucho miedo--continuó;--aún me parece que le estoy viendo. Al
+principio pensé que me iba á matar; pero ... no me mató. Dijo que me
+quería llevar consigo; que él me quería ver feliz ... Me había escrito
+una carta.
+
+--¿Una carta?--dijo Lázaro vivamente.
+
+--Si; me la dió aquel viejo feo, feo, feo....
+
+--¿Dónde está la carta?
+
+--¿La carta ... la carta...? No sé. Yo la tenía en el bolsillo.
+
+--¿Dónde está tu ropa?
+
+--No sé ... La carta ... ¡Ah!, ya me acuerdo ... la rompí toda, y la
+hice unos pedacitos muy chicos, muy chicos.
+
+--¿Por qué la has roto? ... dijo Lázaro, deplorando no tener aquel
+documento.--¿Y no recuerdas haberme visto á mi aquella tarde?
+
+--Si, sí; sí lo recuerdo--contestó, mostrando que nunca había olvidado
+tal cosa. Entraste muy enfadado. Yo estuve llorando toda la noche.
+Después me dió un mareo en la cabeza ... Yo creí que me iba á morir, y
+me alegré.
+
+La melancólica serenidad que había en estas declaraciones conmovió á
+Lázaro de tal modo, que no se atrevía á preguntar más, porque herir la
+delicadeza de aquel ángel le parecía crueldad sin ejemplo. Aún quiso
+hacer la última pregunta de este modo:
+
+--¿Y qué te dije aquella tarde?
+
+--¿Qué me dijiste? ... Eso sí que se me ha olvidado ... No, ya lo
+recuerdo: me dijiste....
+
+Aquí se detuvo; sin duda le faltó el habla ó el entendimiento. Tenía los
+ojos húmedos, y se apartaba otra vez el cabello que le cubría parte de
+la frente. Lázaro se sintió humillado. Casi le avergonzaba la cruel y
+brusca acusación que su conducta en aquella tarde memorable había hecho
+á la inocencia. No había prescindido aún enteramente de la ley social
+que exige pruebas positivas para la aclaración de ciertos hechos; pero
+aun poseyendo aquella susceptibilidad irreflexiva, no podía resistir á
+la fuerza de persuasión que en las respuestas de la huérfana había. En
+su corazón no cabía, no era posible que cupiera la duda, después de
+oírla; y si la voz de un demonio atormentador resonaba internamente para
+recordarle el deber social de no darse por satisfecho, él parecería como
+que aplazaba para más tarde la investigación de la evidencia en aquel
+asunto, abandonándose por entonces á la efusión consoladora del afecto
+que sentía tan vivo como antes.
+
+--No me expliques más--dijo Lázaro, viéndola llorar.--Veo que aquellos
+demonios tienen la culpa de todo. ¡Maldito sea quien te llevó allá!
+Ellas te han calumniado, estoy seguro de ello. Siempre estaban hablando
+de faltas cometidas, de pecados ... y qué sé yo. Lo mismo decían de mi.
+Las dos aseguraban que yo era un malvado, y que había cometido no sé qué
+crimen. Esto me admiraba, porque yo no había cometido ninguna falta
+grave. Lo mismo juzgué de ti. Tú eras la víctima de su rigor, de su
+suspicacia, de su disciplina, como ellas decían.
+
+--Yo no las quiero ver más--decía Clara;--anoche las estuve viendo toda
+la noche en sueños. Me parecía que doña Salomé estaba revoloteando
+encima de mi, mostrándome sus ojos rencorosos y sus uñas terribles; me
+parecía que doña Paz estaba detrás de la cama, y que de tiempo en tiempo
+sacaba el brazo para abofetearme. Estuve temblando y envuelta en mis
+sábanas para no verlas; pero siempre las veía. ¡Qué feas son!
+
+--Tranquilízate dijo Lázaro, viendo en el tono de su amiga los síntomas
+de un nuevo delirio. Ya no volverás á casa de esas fieras. Yo estoy
+aquí; tú te has creído abandonada, mientras yo existía. No sé si tengo
+la culpa de, esto; si la tengo, descuida, que sabré remediarlo. ¡Y yo
+que no he vivido sino por ti, que te he tenido por guía y por
+inspiración de todos mis actos! Bien te dije, cuando nos conocimos, que
+Dios nos había puesto en camino de encontrarnos para que no nos
+separáramos nunca. Adondequiera que he ido te he llevado siempre en mi
+corazón y en mi cabeza, creyendo por ti y esperando por ti. Desde que
+nos conocimos no hemos cesado de estar juntos, de caminar juntos por la
+senda de la vida, á lo menos en lo que á mí corresponde. Cuando vine á
+Madrid, aunque no nos vimos inmediatamente, no di un paso por estas
+calles que no fuera dado hacia ti. Me prendieron por una ligereza mía,
+que no fué ningún crimen, como decían aquellas mujeres; y si soporté
+aquel contratiempo, si no me suicidé estrellándome la cabeza contra los
+muros de la cárcel, fué porque en la obscuridad me parecía siempre que
+te estaba mirando en un rincón, en pie, con el rostro sereno, como es tu
+costumbre. Yo no he podido, después que te conozco, pensar nada futuro
+sin que á mis ideas acompañara la idea de tu persona como parte de mí
+mismo. No he podido pensar en la adquisición de alguna cosa, de algún
+objeto, de alguna felicidad, sin que pensara en que tú disfrutarías de
+todo eso antes que yo. No he tenido desgracia alguna ni pérdida sin
+figurarme que estabas á mi lado llorando conmigo. Si he aspirado á
+alguna hora feliz, siempre he tenido presente que nuestras dos vidas
+llegarían juntas á esa hora. No he podido concebir que uno de los dos
+existiera solo en el mundo: esto me ha parecido siempre imposible.
+¿Sabes que ahora me parece que fué ayer cuando saliste de mi casa para
+volver aquí? Y lo que ha pasado después yo quiero borrarlo de mis
+recuerdos. Aborrezco estos días como se aborrece una pesadilla. ¿Tú no
+me has dicho también que aborreces aquella casa y aquella gente? Y lo
+creo. No puedo acostumbrarme á la idea de que pensemos de distinta
+manera. Si yo llegara á creer de una manera evidente que no me querías,
+no sé cómo podría vivir; y si aún vivo después de aquella tarde, es
+porque la duda me ha dado vida, duda en que ya no quiero pensar: la he
+tenido como un deber, me la impuse yo mismo; pero ya rechazo esta
+tiranía. Cuando te he visto, me parece que ha retrocedido el tiempo.
+Dudar de ti se me figura un crimen; y si lo he cometido, no te pido
+perdón, porque sé que ya me lo has perdonado.
+
+Durante esta expansiva manifestación, le escuchaba la enferma con una
+especie de trastorno. Al fin lloraba con tan deshecho llanto como si en
+aquel momento y con aquellas lágrimas se desahogaran los dolores de toda
+su vida, desde el incidente del pajarito en casa de la madre Angustias
+hasta la escena de la expulsión en casa de las Porreñas.
+
+El joven no quiso menoscabar con una palabra más la elocuencia de
+aquellas lágrimas. El calor y la pulsación precipitada de la mano de
+Clara, que tenía entre las suyas, le indicaron que la fiebre aumentaba,
+tal vez por la agitación de aquel diálogo, en que él había puesto toda
+su elocuencia, y ella toda su sinceridad.
+
+--Es preciso cuidarte mucho--dijo Lázaro.
+
+--Sí--contestó ella;--quiero vivir.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XL
+
+
+
+#El gran atentado#.
+
+
+Por la tarde llegó un médico enviado por Bozmediano. Vió á la enferma, y
+después de prescribirle mucho reposo, se retiró, dando muy poca
+importancia á aquella crisis, originada de una fuerte agitación moral.
+Durmióse Clara, entrando en un período de calma, de que hasta entonces
+no había disfrutado. En tanto Lázaro, que ardía en deseos de tomar una
+determinación decisiva en su vida, pensaba hablar con su tío aquella
+misma noche, romper con él, separarse de un hombre que era autor de
+todas sus desventuras. Deseaba ver á las dos Porreñas, echarles en cara
+su crueldad y su hipocresía. Si la dignidad de varón no se lo impidiera,
+seguramente su primer acto aquella noche hubiera sido coger por el moño
+á doña Paz y hacerle inclinar la cabeza hasta el suelo.
+
+Lo urgente y decoroso era suspender relaciones con aquel hombre
+fanático, que le parecía más repugnante después que se reunía
+descaradamente con los jóvenes exaltados, y hasta llegaba á darse el
+título de liberal. No le importaba quedar solo y sin apoyo, pobre, más
+pobre que antes. Pero él se encontraba con fuerzas para trabajar;
+trabajaría en una profesión, en un oficio cualquiera. Y si en Madrid no
+podía conseguirlo, se volvería á su pueblo, donde por lo menos tenía
+seguro el pan.
+
+Salió, pues, ya entrada la noche, dejando á Pascuala el encargo de no
+apartarse de Clara; y recordando que su tío había hablado de no volver á
+casa de las Porreñas hasta después de tres días, pensó dirigirse á _La
+Fontana_ ó á casa del abate. Fué á _La Fontana_: entró en el cuarto
+interior, donde se reunían confidencialmente los principales políticos
+del club, y no lo encontró. No había allí otra persona que el señor
+Pinilla, que se paseaba muy agitado con las manos metidas en los
+bolsillos y el sombrero enterrado hasta los ojos.
+
+--¡Hola, amiguito!--dijo al ver á Lázaro.--¿Cómo usted por aquí á
+estas horas?
+
+--Busco á mi tío.
+
+--¡Ah! No le hallará usted. Está en una parte ... Ya sé yo dónde está.
+Está donde entran pocos.
+
+--¿No vendrá esta noche?
+
+--¿Esta noche? ¡Quia! ¿Cómo ha de venir esta noche?
+
+--¿Pues qué hay esta noche?
+
+--Lo gordo--dijo Pinilla con misterio.--Pero, ¡bah!, usted lo sabe mejor
+que yo. Si es su sobrino....
+
+--No, no sé nada--dijo Lázaro sorprendido.
+
+--¿Pero no le han designado á usted su puesto? ¿No le han dicho lo que
+ha de hacer? ¿No trabaja usted como todos en esta gran obra?
+
+--¿Qué obra?
+
+--Esta noche, amigo, esta noche es ella.
+
+-¿Qué? ¿Hay algo? Efectivamente, he notado, al venir, cierta agitación
+en la villa.
+
+--Pues ya verá usted á eso de las diez....
+
+--¿Y no hay sesión esta noche?
+
+--¡Sesión! ¡Brrr!--exclamó Pinilla, haciendo con la boca un
+estrambótico sonido.--Esta no es noche de palabras, es noche de hechos.
+Mucho se ha hablado ya.
+
+Pues no estoy enterado de nada. Ello es que desde anoche no vengo por
+aquí.
+
+--Pues busque usted al Doctrino, que debe estar allá por Lavapiés, y le
+dirá lo que tiene que hacer; porque supongo, amigo, que usted no querrá
+quedarse atrás. ¡Fuera miedo! Yo sé que la primera vez esto es algo
+imponente, sobre todo para el que nunca ha oído tiros. Pero, en fin,
+teniendo ánimo....
+
+--Pero explíqueme usted lo que hay--dijo Lázaro, fingiendo cierta
+complacencia para que el otro no vacilara en contarle todo.
+
+--Hay--dijo Pinilla--que esta noche es el gran golpe, el golpe
+decisivo, el último esfuerzo del liberalismo vergonzante. Es preciso
+arrollar á los _discretos_ que nos cierran el paso. Sí, amigo mío; al
+fin tendremos libertad.
+
+--Vaya--dijo Lázaro, afectando incredulidad para saber más,--algún
+motincillo insignificante....
+
+--¿Motincillo? Algo más--dijo el otro, sentándose y avivando con una
+badila el escaso fuego que en un brasero había.
+
+Robespierre subió sobre sus rodillas de un salto y se acurrucó allí con
+admirable franqueza republicana.
+
+--Pues yo voy también allá--dijo Lázaro, deseando que Pinilla
+desembuchara.
+
+--Vaya usted en busca del Doctrino y le designará su puesto. Yo creo que
+hasta estará mal visto que usted no figure en este asunto, después de
+haber pronunciado el discurso que oímos anoche. ¡Qué discurso, amigo! Es
+usted un gran orador. Si viera usted cuánto gustó: está la gente
+entusiasmada. Hoy he oído á un zapatero de la calle de la Comadre
+repetir de memoria un trozo largo de lo que usted dijo anoche.
+
+--Pero cuénteme usted. ¿Qué habrá?
+
+--Es muy sencillo. Es preciso pasar por encima de los falsos
+liberales que están hoy en el Poder. Es preciso pasar; pues bien:
+esta noche se pasará.
+
+--¿Y de qué manera?
+
+--Estas cosas no se hacen sino de una sola manera. Usted bien lo sabe.
+La revolución necesita estas medidas prontas y decisivas. Se pasa por
+encima de ellos exterminándolos.
+
+--¡Exterminándolos!--dijo Lázaro horrorizado.
+
+--Pues ya. Sólo así se puede arrancar de raíz una mala semilla. Es el
+único medio; convengo en que es terrible, pero es eficaz.
+
+--¿De modo que va á haber aquí una matanza?
+
+--El pueblo está irritado, y con razón. Se derribó la tiranía; se creyó
+que íbamos á tener libertad, y nos han engañado. Cuatro tiranuelos nos
+mandan constitucionalmente, y constitucionalmente nos persiguen como
+antes. Esto no nos satisface; queremos más. Adelante, pues.
+
+--Pero el medio es espantoso. Yo no quiero para mi patria los horrores
+de la Revolución francesa. Después de un Terror no puede venir sino la
+dictadura. Yo no quiero que pase aquí lo que en Francia, donde á causa
+de los excesos de la Revolución, la libertad ha muerto para siempre.
+
+--Eso es música, amigo, música.
+
+--Esa es la verdad. ¿Pero es posible que mis amigos, los individuos de
+ese club, que han predicado el uso de los derechos adquiridos como único
+medio de llegar á la libertad...? No lo puedo creer.
+
+--Amigo--dijo Pinilla, mirándole con mucha sorna,--usted lo dijo; ¿no se
+acuerda usted ya de aquella parte de su discurso en que decía: "¿Nos
+detendremos con timidez, asustados de nuestra propia obra? No. Estamos
+en un intermedio horrible. La mitad de este camino de abrojos es el
+mayor de los peligros. Detenerse en esta mitad es caer; es peor que no
+haber empezado."
+
+--Si--dijo Lázaro confundido;--pero yo no quise decir que se llegara á
+ese fin quitando, puñal en mano, todo obstáculo; yo quiero que se llegue
+á ese fin por los medios legales.
+
+--Sí, usted quiso decir eso; pero la gente lo entendió de otra
+manera, y esta noche va usted á ver cómo se entienden esas cosas.
+Desengáñese usted, amigo: no hay otro camino más que ése; los medios
+legales son pamplinas, créame usted. Esta noche se verá; hay la
+ocasión más propicia ... Figúrese usted que se reúnen todos en un
+sitio. Sí; se reúnen fatalmente, y no es preciso ir marcando con
+sangre las casas de cada uno.
+
+--¿Quién se reúne?--preguntó Lázaro con agitación.
+
+--¡Ellos! Los _prudentes_. Tienen ahora unas reuniones secretas, sin
+duda con objeto de fraguar algún complot para quitarnos la poca libertad
+que tenemos. Por una casualidad se ha descubierto que algunos ministros
+y diputados de los más influyentes de la mayoría se reúnen en una casa
+de la plaza de Afligidos.
+
+--¿Pero es cierto?--dijo Lázaro, procurando disimular su turbación.
+
+--Sí; no sé quién lo ha descubierto. Lo que sé es que se lo dijeron al
+Doctrino, y él fué allá y les vió salir. Después no sé por qué medio se
+ha enterado de quiénes son todos ellos. Allí van Quintana, Martínez de
+la Rosa, Calatrava, Álava, y hasta Alcalá Galiano se ha metido entre
+esa gente.
+
+Lázaro quedó mudo de terror.
+
+--Lo que más me complace--continuó Pinilla--es que cae también el joven
+Bozmediano, que también se ha metido á político, educado por su padre.
+
+--¡Bozmediano!
+
+--Sí; es un hombre tan odioso para mi, que me parece que si no le veo
+ensartado me muero de un berrinche.
+
+--¿Y qué le ha hecho á usted?
+
+--Ahí tuvimos una pendencia en _Lorencini_. Reñimos. Fué por un discurso
+mío; es cuento largo. Este no escapa, ni el padre tampoco, que es el
+orgullo mismo, y fué el que pidió en el Congreso que se cerraran las
+Sociedades secretas. ¡Buenos están los dos! Pero no escapan, eso no.
+Para eso estaré yo allí. A las doce no hay quien me arranque de la
+plazuela de Afligidos.
+
+--¿De modo que van á asesinar á esos hombres, cogiéndolos á todos
+desprevenidos?
+
+--En buen castellano, eso es. El pueblo de Madrid lo hará bien; los
+detesta, y allá irán unas turbas que ya, ya ... ¿Conque al fin no va
+usted á que le designen su puesto?
+
+--Sí--dijo Lázaro para disimular su propósito.--Voy.
+
+--Yo espero aquí un recadillo del amo del café.
+
+--Adiós--dijo Lázaro, saliendo con precipitación.
+
+Su resolución era irrevocable. No podía permitir que se llevara á efecto
+aquel complot infame. Por él, sólo por él, habían tenido noticia de la
+reunión que en aquel sitio celebraban las víctimas indicadas, y á él
+correspondía evitarlo. Corrió hacia la plazuela de Afligidos con objeto
+de llamar en aquella casa misteriosa y prevenirles contra el atentado
+que se preparaba.
+
+Por el camino encontró muchos grupos de gente sospechosa. Iban algunos
+armados de trabucos, ceñida la cabeza con el pañuelo aragonés, cómodo
+tocado de las revoluciones. Su actitud y sus rumores anunciaban la
+agitación que en el pueblo reinaba. Iba á cometerse un gran crimen.
+¿Sabía el pueblo lo que iba á hacer y á qué principio obedecía
+haciéndolo? Lázaro meditaba todas estas cosas por el camino y decía:
+"No, no es esto lo que yo prediqué"; y al mismo tiempo la idea de que el
+violento discurso pronunciado por él la noche anterior hubiera tenido
+una parte de complicidad en la actitud del pueblo, le desesperaba.
+
+Encontraba cada vez más grupos sospechosos, y aun oyó proferir algunos
+_mueras_ lejanos. Al llegar á la calle Ancha vió un grupo más
+numeroso. Pasó cerca sin intención de pararse, cuando uno se adelantó
+hacia él y le detuvo. ¿Quién podía ser sino el pomposo Calleja, el
+barbero insigne de _La Fontana_? Haciendo grandes aspavientos y dando
+al viento su atiplada voz, puso sus pesadas manos sobre los hombros
+del joven, y dijo:
+
+--¡Eh!, muchachos, aquí está el gran hombre, nuestro hombre. Bien decía
+yo que no había de faltar. ¡Eh!, muchachos, aquí lo tenéis.
+
+Todo el grupo rodeó en un momento á Lázaro.--Es el que habló anoche.
+¡Bien por el pico de oro!--dijo uno, agitando su gorra.
+
+--Que venga con nosotros; nombrémosle capitán--dijo Tres Pesetas, que se
+había erigido en alférez y llevaba una cinta amarilla en la manga.
+
+--No; que se ponga ahí, encima de ese barril y nos hable--exclamó otro,
+que por las señas debía ser Matutero, el que atropello á Coletilla,
+según referimos al principio.
+
+--Que hable, que hable--gritó una mujer alta, huesosa, descarnada y
+siniestra, que parecía la imagen misma de la anarquía.--¡Que hable,
+que hable!
+
+--Señores--dijo Calleja alzando el dedo como si quisiera horadar el
+firmamento.--Ya no es tiempo de hablar, es tiempo de obrar. Bien lo dijo
+este señor anoche: "Adelante en el camino; retroceder es la muerte;
+pararse es la infamia." Yo lo hubiera dicho lo mismo; sólo que yo no me
+he decidido á hablar todavía; pero si llego á enfadarme....
+
+--¡Bien, bien!--chillaron muchas voces.
+
+Lázaro sudaba con impaciencia y angustia. No sabía cómo romper aquel
+círculo de atletas que le rodeaba. Dió algunas excusas, empujó por un
+lado, abrió brecha por otro; pero aun así no consiguió verse
+completamente libre, porque el barbero, echándole el brazo por encima y
+hablando en voz baja con la actitud y tono confidencialmente misterioso
+que cuadra á dos grandes hombres al comunicarse una idea que ha de
+salvar al mundo, dijo:
+
+--Yo, señor don Lázaro, tengo todo este barrio por mío. ¿A usted le han
+dado órdenes para que mande aquí? Yo ... francamente, le admiro á usted
+mucho como orador, porque anoche dijo usted cosas que nos pusieron los
+pelos de punta; pero....
+
+--¿Qué quiere usted decir?
+
+--Que yo, señor don Lázaro, soy un hombre que ha salvado la patria
+muchas veces y derramado mucha sangre en defensa de la libertad; y por
+lo mismo, yo ... estoy encargado de este barrio, y me parece que el
+barrio está en buenas manos. Por lo tanto, yo quiero saber si usted
+trae aquí la comisión de encargarse del barrio; porque como usted
+habló anoche y dijo ... pudieran haberle designado un puesto de honor
+... y yo, francamente, aunque no hablo, soy hombre que sabe hacer las
+cosas; y si usted se encargase del barrio, yo protestaría ... porque
+ya ve usted....
+
+--No--dijo el joven tranquilizándole,--no le quitaré á usted el mando de
+este barrio ni de otro ninguno; yo no mando barrios.
+
+--Bien decía yo--repuso el barbero con la mayor satisfacción--que usted
+no me quitaría el mando de mi barrio; pero creía que le habían mandado
+por no tener confianza en mi. Pero ha de saber usted que donde está
+Calleja la libertad está asegurada.
+
+-¡Oh, si! ya lo supongo--dijo Lázaro, procurando quitarse de encima el
+peso de aquel brazo, que le hundía de la manera más despótica.--Quédese
+usted tranquilo.
+
+--¿Va usted á alguna comisión del Doctrino ó de Lobo?
+
+--No; voy á un asunto.
+
+--Esta no es noche de asuntos.
+
+--Buenas noches--dijo Lázaro apartándose.
+
+La venganza que tomarían los exaltados, autores del complot, si sabían
+que por él había fracasado su crimen, sería espantosa; pero ¿qué le
+importaba la venganza? Era preciso evitar el crimen. Importábale poco
+por el momento que estallara el motín con un simple fin político. Lo que
+no podía soportar era que se asesinara á una docena de hombres
+indefensos é inocentes. ¿Cuál era la causa de este atentado? Era una
+horrible invención del absolutismo, que se había valido del partido
+exaltado para realizarla, y había excitado las pasiones del pueblo para
+hacerle instrumento de su execrable objeto. Nada de esto se escondió
+entonces á la natural perspicacia del joven, y pudo muy bien
+confirmarse en su sospecha al recordar algunas palabras de su tío, su
+conducta misteriosa é incomprensible.
+
+Llegó á la plazuela de Afligidos cerca de las once. Si aquella noche
+había reunión, ya todos debían estar dentro. La plaza estaba desierta.
+Acercóse á las calles inmediatas por ver si había gente en acecho, y no
+vió nada. Sólo en la calle de las Negras divisó algunas sombras lejanas,
+un pelotón de gente como de diez personas. También hacia el portillo de
+San Bernardino se movían algunos bultos. Creyó que no había que perder
+tiempo; llegóse á la puerta, y asiendo el aldabón, dió algunos golpes
+con mucha fuerza.
+
+Claudio Bozmediano, que es la persona á quien debemos las noticias y
+datos de que se ha formado este libro, nos ha contado que cuando los
+personajes de la reunión sintieron aquellos aldabonazos tan fuertes, se
+quedaron mudos y petrificados de sorpresa y temor. Todos sabían que
+aquella noche, era noche de motín; pero creían que sería uno de tantos,
+y que con las precauciones tomadas por la autoridad militar, no pasaría
+de ser una manifestación con algunos tiros, dos ó tres heridos y regular
+número de presos. Aguardaron un momento á ver si se repetían, y,
+efectivamente, se repitieron con más fuerza.
+
+--No hay más remedio que bajar á ver quién es.
+
+--Yo bajaré--dijo Bozmediano, hijo.--¿Pero díganme ustedes qué hago si
+es...? ¿Quién podrá ser?
+
+--Esa es la confusión dijo otro.--Sin duda el motín de esta noche tiene
+alguna alta misión que cumplir cerca de nosotros. No lo duden ustedes,
+señores: este motín viene de Palacio, como todos. Nuestra reunión se ha
+descubierto.
+
+--Hay que bajar--dijo Bozmediano al oír que los golpes se repetían con
+más fuerza. Bajaremos tres, los que parezcamos menos comprometidos. ¿Hay
+dos que, como yo, no sean ministros ni diputados?
+
+Otro joven y un viejo se levantaron.
+
+--Nosotros bajaremos. Los demás pueden salir todos á la huerta del
+Príncipe Pío, á la cual se entra por el patio. No hay tiempo que perder.
+Recoger esas notas, y á la huerta.
+
+--Mejor será quemarlas--dijo otro, arrojando al brasero unos papeles,
+que se consumieron muy pronto.
+
+Todos bajaron por una escalera interior, dirigiéndose á la huerta,
+excepto Bozmediano y los otros dos, que, bajando por la escalera
+principal, llegaron á la puerta. Claudio gritó:
+
+--¿Quién va?
+
+--Abra usted--dijo Lázaro.
+
+--¿Quién es? ¿Qué busca usted?
+
+--Busco á don Claudio Bozmediano.
+
+Este creyó reconocer la voz del sobrino de Coletilla, y se figuró que,
+después de tanta alarma, se reduciría todo á un simple asunto personal
+entre los dos. Abrió la puerta y repitió:
+
+--¿Quién es?
+
+--Don Claudio Bozmediano, ¿está aquí?--dijo Lázaro sin
+reconocerle.--Tengo que hablarle de un asunto urgentísimo que no admite
+demora alguna.
+
+--Pase usted, amigo.
+
+El criado que allí tenían trajo una luz. Lázaro entró, y sin más
+preámbulo, conociendo la gravedad de las circunstancias, exclamó
+muy agitado:
+
+-Márchense ustedes de aquí; aún es tiempo.
+
+--¿Qué hay?
+
+--Un complot horrible, el más espantoso atropello. Yo lo sé ... estoy
+seguro. Márchense ustedes inmediatamente, ahora mismo.
+
+-¿Pero quién? ¿Pero quién?--dijeron los otros con mucha cólera.
+
+-Esos ...--contestó el joven,--los exaltados. Hay una maquinación
+infernal en el movimiento de esta noche. Yo lo sé ... he venido á
+prevenirles á ustedes y á impedir este atentado.
+
+Se internaron los tres, dirigiéndose á la huerta, donde los demás
+esperaban.
+
+--Señores, ¿qué hacemos?--dijo Bozmediano.--El motín de esta noche se
+dirige á nosotros. Han amotinado al pueblo para cometer, en nombre de la
+libertad, un horrendo crimen. La bullanga se hace en nombre del partido
+exaltado; pero ¿no presumen ustedes quién es el verdadero autor de este
+movimiento?
+
+--¡El Rey, el Rey!--dijeron con terribles voces todos los que estaban
+allí reunidos.
+
+--Pues es preciso recibir á esos miserables como merecen.
+
+--Lo mejor es huir; no nos hallarán aquí, y punto concluido--dijo otro.
+
+--No; es preciso enseñar al Rey cómo deben ser tratados sus viles
+instrumentos. Basta de contemplaciones. Ya era de esperar esto. Lleno
+está Madrid de agentes que se ingieren en las Sociedades secretas,
+pagan á algunos de los oradores más furibundos para que aticen los
+rencores del pueblo contra la autoridad constitucional. Ya ha llegado el
+instante supremo de su empresa diabólica. Muchos imprudentes les ayudan
+sin saber lo que hacen. Pero hoy es imposible distinguir. Demos un
+escarmiento.
+
+--¿Qué hacemos?
+
+--Ahí á dos pasos está el cuartel--dijo uno de ellos, que era militar de
+alta graduación. Voy á traer dos compañías. Las saco por la Ronda, y con
+gran sigilo las meto aquí en la huerta. Ni un hombre en la calle, ni un
+centinela, nada. Que cuando lleguen esas turbas crean que estamos
+desprevenidos; que intenten allanar la casa; que derriben la puerta.
+
+--¿Y nos marchamos?
+
+--Opino que no. Aquí todo el mundo.
+
+--Pues aquí todo el mundo.
+
+A la media noche, una turba tumultuosa, animada con todas las voces de
+un motín y todos los alaridos de una bacanal, invadía las calles de San
+Bernardino, del Duque de Osuna y del Conde-Duque. Llegó á la plazuela
+de Afligidos y la ocupó casi toda, uniéndose á los que, entrando por el
+Portillo, habían llegado un poco antes. La puerta de la casa de que
+hemos hablado resonó con tremendos hachazos; todo el largo de la tapia
+del Príncipe Pío estaba ocupado por el pueblo, y algunos pelotones de
+gente armada estaban en la Montaña, en la parte contigua á dicha
+puerta. El callejón de la Cara de Dios contenía más de trescientas
+personas; y la algarabía era tan grande, que no se podían distinguir
+claramente las voces pronunciadas por los más exaltados, los _mueras_,
+los _vivas_ con que la multitud trataba de infundirse á sí misma
+animación y bríos. Imposible es referir los vaivenes, las convulsiones,
+los bramidos con que se manifestaba la pasión colectiva del inmenso
+pólipo difundido allí, comprimido con estrechez en aquel recinto. El
+monstruo oprimió con su más fuerte músculo la puerta de la casa. Vino
+ésta por fin al suelo, y diez, quince, veinte personas se precipitaron
+en el portal dando gritos aterradores; pero al llegar al patio, hubo un
+instante de vacilación, de terrible sorpresa. Doble fila de soldados
+apuntaba á la multitud, que, confiada en su fuerza, no pudo resistir un
+movimiento de terror, retrocediendo al ver que se la recibía de aquella
+manera. "Atrás", dijo la voz del jefe. "¡Adelante! ¡Mueran los
+traidores", exclamó otra voz en el portal. En el mismo instante sonó un
+tiro y cayó un soldado. Hizo fuego sin reparo la tropa, y una descarga
+nutrida envió más de veinte proyectiles sobre la muchedumbre. La
+confusión fué entonces espantosa: avanzó la tropa; retrocedieron los
+paisanos, no sin disparar bastantes tiros y agitar las navajas, arma
+para ellos más segura que el trabuco. La gente de la calle sintió el
+retroceso de los del portal, y se replegó, abriéndoles paso. Al mismo
+tiempo un escuadrón de caballería bajaba por la calle del Conde-Duque,
+y un batallón de nacionales avanzaba por la del Portillo, impidiendo la
+salida de los amotinados. Hubo luchas parciales; pero, no obstante, la
+dispersión del pueblo fué completa, desde que los del portal, recibidos
+por una descarga, retrocedieron hacia la plaza. La corrida que cruzó
+por la calle de San Bernardino y la plaza de San Marcial arrastró en su
+rapidez á la mayor parte de las personas acumuladas allí por la
+curiosidad ó la participación en el motín. En vano algunos de los
+llamados jefes trataron de impedir aquella desorganización con
+improvisadas filípicas. La dispersión creció hasta el punto de que sólo
+quedaron en la plazuela Lobo, Perico Ganzúa, Pinilla y el cadáver del
+Doctrino, que, herido mortalmente en el cráneo al entrar en el portal,
+había podido retroceder hasta la plaza, donde cayó. Quince ó veinte le
+rodeaban, dudando si escapar con los demás ó defenderse. Las tropas de
+la casa no habían salido; la caballería avanzaba, y los nacionales
+llegaban ya al palacio de Liria.
+
+--Es una locura; huyamos--gritó Pinilla.
+
+--¿Y qué hacemos con éste?--dijo uno, señalando el cadáver del Doctrino.
+
+--¿Qué hemos de hacer? ¡Bonita reliquia para cargar con ella!
+
+--¿Tiene algún papel en el bolsillo? ¡A ver, quitárselo pronto!
+
+Pinilla le registró cuidadosamente.
+
+--No tiene papeles, pero sí un bolsillo.
+
+--A ver, venga--dijo Lobo.
+
+Pinilla se lo guardó en su cinto; todos corrieron, y la plaza quedó
+desierta hasta que la ocupó la tropa.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XLI
+
+
+
+#Fernando el Deseado.#
+
+
+No hemos examinado aquella agitada sociedad más que en una sola faz. Las
+altas regiones del Poder han permanecido impenetrables para nosotros;
+pero ahora nos toca hacer una excursión hacia los elevados lugares,
+lugares que llamaba el público la _Casa Grande_, para conocer, aunque no
+con la profundidad que el caso exige, la fuente del abominable complot
+anteriormente descrito.
+
+En una sala del pabellón, que forma un martillo en la fachada oriental
+de Palacio, estaba Fernando VII en la misma noche del motín. En aquel
+pequeño despacho no recibía á los ministros; aquélla no era la cámara:
+era la camarilla. Allí habían privado grandemente en épocas anteriores
+el duque de Alagón, Lozano de Torres, Chamorro, Tattischief y otros
+memorables personajes de los seis años que siguieron á la vuelta de
+Valencey. Alguna vez los ministros eran favorecidos con su admisión en
+aquel recinto de perfidias y adulación, y allí las sonrisas de Fernando
+para sus secretarios eran siempre siniestras. Cuando sonreía á un
+liberal, malo. Este axioma cortesano tuvo gran boga del 20 al 23.
+
+Aquella noche estaba con Coletilla, su perro favorito. Sentados junto á
+una mesa el uno frente al otro, tenían delante unos papeles, que sin
+duda eran cosa importante por la atención con que los leían y anotaban y
+por la actitud satisfecha con que el Rey celebraba lo que allí estaba
+escrito. Fernando se permitía algunas agudezas de vez en cuando, porque
+era hombre, como todos saben, que poseía en grado eminente la propensión
+á la burla, que ha sido siempre constantemente adorno del carácter
+borbónico. Coletilla, que no acostumbraba á reírse, reía también, por
+considerar desacato no reproducir en su fisonomía complaciente y esclava
+todas las alteraciones de la regia faz de su amo.
+
+--Señor, esta noche--dijo--es la noche de la redención. ¡Dios quiera en
+su altísima justicia que nuestra empresa llegue á feliz término! Yo así
+lo espero; confío mucho en el valor de los que están encargados del
+negocio. Señor, V.M. recobrará sus divinos atributos, usurpados por una
+turba de habladores sin honor ni nobleza. España va á despertar. ¡Ay de
+aquellos que sean sorprendidos en el error, cuando la patria sacuda su
+letargo, abra los ojos y vea...!
+
+Fernando no contestó: había inclinado la cabeza y parecía muy
+meditabundo. La luz de una lujosa lámpara le iluminaba completamente el
+rostro, aquel rostro execrable que, para mayor desventura nuestra,
+reprodujeron infinidad de artistas, desde Goya hasta Madrazo. Es
+terrible la infinita abundancia de retratos de aquella cara repulsiva
+que nos legó su reinado. España está infestada de efigies de Fernando
+VII, ya en estampa, ya en lienzo. Esa cara no se parece á la de tirano
+alguno, como Fernando no se parece á ningún tirano. Es la suya la más
+antipática de las fisonomías, así como es su carácter el más vil que ha
+podido caber en un ser humano. Estupenda nariz, que sin ser deforme como
+la del conde-duque de Olivares, ni larga como la de Cicerón, ni gruesa
+como la de Quevedo, ni tosca como la de Luis XI, era más fea que todas
+éstas, formaba el más importante rasgo de su rostro, bastante lleno,
+abultado en la parte inferior, y colocado en un cuerpo de buenas
+proporciones. La vanidad austríaca no hubiera puesto su boca prominente
+debajo de la nariz borbónica, símbolo de doblez, con más acierto y
+simetría que como estaba en la cara de Fernando VII. Dos patillas muy
+negras y pequeñas le adornaban los carrillos, y sus pelos, erizados á un
+lado y otro, parecían puestos allí para darle la apariencia de un tigre
+en caso de que su carácter cobarde le permitiera dejar de ser chacal.
+Eran sus ojos grandes y muy negros, adornados con pobladísima ceja que
+los sombreaba, dándoles una apariencia por demás siniestra y hosca.
+
+Respecto á su carácter, ¿qué diremos? Este hombre nos hirió demasiado,
+nos abofeteó demasiado para que podamos olvidarle. Fernando VII fué el
+monstruo más execrable que ha abortado el derecho divino. Como hombre,
+reunía todo lo malo que cabe en nuestra naturaleza; como rey, resumió en
+sí cuanto de flaco y torpe puede caber en la potestad real. La
+revolución de 1812, primera convulsión de esta lucha de cincuenta años,
+que aún dura y tal vez durará muchos más, trató de abatir la tiranía de
+aquel demonio, y en sus dos tentativas no lo consiguió. La revolución
+hubiera abatido á Nerón, á Felipe II, y no abatió á Fernando VII. Es
+porque este hombre no luchó nunca frente á frente con sus enemigos, ni
+les dió campo. No fué nuestro tirano descarado y descubiertamente
+abominable; fué un histrión que hubiera sido ridículo á no tratarse del
+engaño de un pueblo. Nos engañó desde niño, cuando, fraguando una
+conspiración contra un favorito aborrecido, muy superior á Fernando por
+su inteligencia, adquirió una popularidad que pronto pagó España con la
+sangre de sus mejores hijos. Fernando fué mal hijo: conspiró contra su
+padre Carlos IV, cuya imbecilidad no disminuía el valor de su
+benevolencia; conspiró contra el trono que debía heredar más tarde, y
+aun amenazó la vida del que le dió el ser. Después se arrastró á los
+pies de Napoleón como un pordiosero, mientras España entera sostenía por
+él una lucha que asombró al mundo. Al volver del destierro pagó los
+esfuerzos de los que él llamaba sus vasallos con la más fría ingratitud,
+con la más necia arrogancia, con la anulación de todos los derechos
+proclamados por los constituyentes de Cádiz, con el destierro ó la
+muerte de los españoles más esclarecidos; encendió de nuevo las hogueras
+de la Inquisición; se rodeó de hombres soeces, despreciables é
+ignorantes, que influían en los destinos públicos como hubiera podido
+influir Aranda en las decisiones de Carlos III; persiguió la virtud, el
+saber, el valor; dió abrigo á la necedad, á la doblez, á la cobardía,
+las tres fases de su carácter. Restablecido á pesar suyo el sistema
+constitucional, tascó el freno, disimuló como él sabía disimular,
+guardando el veneno de su rabia, devorando su propio despecho,
+encubriendo sus intentos con palabras que nunca pronunció antes sin risa
+ó encono. Lo que es capaz de tramar un ser de éstos, tan hipócritas como
+cobardes, se comprende por lo que tramó Fernando en aquellos tres años
+desde las mil facciones y complots realistas, alimentados por él, hasta
+el complot final de los cien mil hijos de San Luis, que Francia mandó al
+Trocadero. Así recobró lo que en jerga real llamaba él sus derechos,
+inaugurando los diez años de fusilamientos y persecuciones en que la
+figura de Tadeo Calomarde apareció al lado de Fernando, como Caifás al
+lado de Pilato. El pacto sangriento de estos dos monstruos terminó en
+1823, en que Dios arrancó de la tierra el alma del Rey, y entregó su
+cuerpo á los sótanos del Escorial, donde aún creemos que no ha acabado
+de pudrirse.
+
+Pero con este fin no acabaron nuestras desdichas. Fernando VII nos dejó
+una herencia peor que él mismo, si es posible: nos dejó á su hermano y á
+su hija, que encendieron espantosa guerra. Aquel rey que había engañado
+á su padre, á sus maestros, á sus amigos, á sus ministros, á sus
+partidarios, á sus enemigos, á sus cuatro esposas, á sus hermanos, á su
+pueblo, á sus aliados, á todo el mundo, engañó también á la misma
+muerte, que creyó hacernos felices librándonos de semejante diablo. El
+rasgo de miseria y escándalo no ha terminado aún entre nosotros.
+
+Pero no hagamos historia y sigamos nuestro cuento.
+
+--¿Y olvidaréis, señor, lo que me habéis prometido para mi
+sobrinillo?--dijo Elías.--¡Ah!, yo quisiera que V.M. le conociera: es el
+botarate mayor que ha nacido. Anoche habló en _La Fontana_ y les volvió
+locos. Le aplaudían con unas ganas ... Yo también le aplaudí. Con tres
+oradores así nos hubiéramos ahorrado mucho dinero. El pobre ha hecho
+bastante. Sí, señor; mi sobrino lo merece, lo merece....
+
+--Basta que sea tu sobrino, y que tú tengas empeño en darle ese
+destinillo ... Sí; te lo nombro consejero de la Intendencia de
+Filipinas. Hará carrera. A mí me gustan los chicos así ... exaltados....
+
+--Señor--dijo Elías humillando su cabeza hasta tocar con la nariz el
+tapete de la mesa,--yo no sé cómo V.M. no se cansa de protegerme. Yo,
+que jamás oculto la verdad á V.M., me atrevo á decirle respetuosamente
+que mi sobrinillo no merece semejante favor. Es un loco: tiene la cabeza
+llena de desatinos, y creo que jamás será un hombre formal. Si me atreví
+á pedir á V.M. ese favor, fué por los servicios que ha prestado el chico
+á nuestra santa causa, uniéndose á esos admirables, aunque indirectos,
+instrumentos de justicia que esta noche van á salvar la patria.
+
+--Tu sobrino merece el destino, y punto concluido. Aquí tengo el
+decreto--dijo el Rey mostrando uno de los papeles.
+
+Después añadió sonriendo:
+
+--Al fin llegará un día en que promulgue una ley por mi cuenta y riesgo.
+Si viniera Feliú y viera estos decretos hechos y firmados por mi sin
+consultarle....
+
+--Me parece que no los verán Feliú ni otros muchos: de eso
+respondo--dijo Coletilla siniestramente.--Dios permitirá que las sabias
+leyes de un rey justo salgan á luz pública y lleven el orden, la
+obediencia y el respeto al ánimo de todos los españoles. Mañana, señor,
+mañana. Lo primero, señor--prosiguió después de haber mirado al cielo un
+buen rato,--es nombrar los capitanes generales y los regentes de todas
+las Audiencias, gente de confianza que vaya al momento á cumplir las
+leyes perentorias de seguridad pública que les daréis. El Rey hizo con
+la mano ese gesto frecuentísimo que indica la actitud de castigar. Una
+contracción de boca dió la última expresión á aquel gesto admirable.
+
+--Señor--continuó el consejero áulico,--yo me atrevería á recomendar á
+V.M. una cosa; y es que nada sería más funesto que una clemencia, que
+podríamos llamar criminal. Recuerde V.M. lo del año 14. Si ahora, como
+entonces, se contenta V.M. con mandar al Fijo de Ceuta á ciertas
+personas....
+
+Coletilla, aunque observaba siempre en la conversación las fórmulas de
+la etiqueta absolutista, hizo con la mano, fijando el pulgar bajo la
+barba y agitando los demás dedos, un gesto que el Rey entendió
+perfectamente.
+
+--Ya veremos lo que se hace--dijo Fernando, significando con una
+oscilación de su labio que no sería tan blando como en 1814.--Ya son las
+doce--añadió mirando un reloj.--¿Sabes que no se siente por ahí todo el
+ruido que fuera de desear?
+
+--Por aquí no vendrán, señor. Ya saben que está aquí la Guardia Real,
+que no admite bromas.
+
+--Ya la Guardia sabe lo que tiene que hacer: acercarse aquí y no hacer
+manifestaciones en favor de nadie. Después....
+
+--Me parece que siento ruido de voces ... allá ... hacia los Caños--dijo
+Coletilla acercándose al balcón y aplicando el oído con la insidiosa
+cautela de un ratero.
+
+--Sí; pero es hacia San Marcial, hacia allá abajo. Creo que en la plaza
+de Afligidos pasa algo ya--dijo el Rey.
+
+--Sí; allí deben estar ya. Allí es la cosa ... ¿No se horroriza V.M. al
+considerar qué planes inicuos podría fraguar allí esa gente? Tal vez
+algún atentado contra el Trono ó contra la vida de V.M. ¿Quién sabe?
+Todo se puede esperar de liberales.
+
+--Alguna coalición parlamentaria, como dicen. Pensarían presentar alguna
+ley, y se ponían de acuerdo con la mayoría para votarla.
+
+--Para eso, señor, no se reúnen tantas personas de noche, con tales
+precauciones y con el mayor secreto.
+
+--Es que me tienen miedo--dijo el Borbón.--Saben muy bien que yo puedo
+destruir sus planes acá con mi gramática parda, sin andarme en
+constitucionalidades. ¡Oh! Bien me conocen ellos. También me figuro que
+han tenido noticia por algún conducto de mis relaciones con la Santa
+Alianza, ó habrán sabido mi correspondencia con Luis XVIII. Pero con tal
+que lo de esta noche salga bien, poco importa lo demás.
+
+En Palacio cundió la alarma con las noticias que llegaron del tumulto de
+la capital. El Monarca, cuando recibió á sus gentileshombres y al jefe
+de la Guardia, se mostró muy sorprendido, y hasta juró que tendrían los
+amotinados pronto y ejemplar castigo. Volvió á la camarilla y al lado de
+su consejero áulico, que estaba alborozado por haber sentido una
+algazara más fuerte que la anterior.
+
+--Señor--murmuró,--ya, ya ... Por el ruido parece como que vuelven.
+
+--¿Vuelven? dijo el Rey con ansiedad.--¿De dónde?
+
+--De allí. ¡Vuelven! Tal vez trayendo por trofeo....
+
+Mucho tiempo estuvieron los dos escuchando con grande atención y
+ansiedad. Pasaron media hora en silencio, sólo interrumpido por algunas
+frases de Coletilla y algunos monosílabos del Deseado. Al fin sintieron
+el ruido de un coche que paraba á las puertas de Palacio.
+
+--¿Quién será?--dijo el Rey con una gran alteración de semblante y
+pasando á la cámara.
+
+Anunciaron al ministro de la Gobernación. Fernando volvió á la camarilla
+y miró á Elías con una cara en que el consejero leyó despecho y
+desaliento.
+
+--¡El ministro de la Gobernación! ¿No me dijiste que iba también allí?
+
+--Señor--dijo Coletilla, en la actitud de una zorra apaleada,--preciso
+es que haya acontecido algo extraordinario. Feliú también iba allá.
+
+--¡Está aquí!--dijo Fernando, hiriendo fuertemente el suelo con el
+pie.--Todo se ha perdido. Feliú viene; escóndete por ahí cerca. Le
+recibiré aquí mismo. Quiero que oigas lo que dice.
+
+Escondióse Coletilla. El Rey hizo pasar al ministro á la camarilla.
+Venía Feliú muy agitado; pero Fernando estaba sereno, al menos en
+apariencia. Indicó que acababa en aquel momento de tener noticia de una
+borrasca popular, y que la juzgaba de poca importancia.
+
+--Señor--dijo el secretario,--más que un motín producido por el
+descontento del pueblo, parece esto un complot ideado por personas que
+hacen de ese mismo pueblo un instrumento de disolución y anarquía.
+
+--¿Pero quién, pero quién?--dijo Fernando fingiéndose incomodado, y lo
+estaba en realidad, aunque por causa distinta.
+
+--Esos exaltados, enemigos constantes del Gobierno de V.M., porque no
+les permite llevar el uso de los derechos hasta el desenfreno.
+
+--¿Pero qué piden esta noche?
+
+--Han pretendido allanar la casa de Álava; han intentado asesinarle, á
+juzgar por la actitud de las turbas que allí se reunieron. Pero avisado
+oportunamente por un joven que estaba en el secreto de la conspiración,
+dió parte y se colocaron algunas fuerzas dentro de la casa, pudiendo
+evitar un horrible crimen.
+
+--¿Y dónde ha sido eso?
+
+--En la plazuela de Afligidos.
+
+--¿No vivía Álava en la calle de Amaniel?--preguntó el Rey con una
+mirada que estuvo á punto de turbarle.
+
+--Si, señor: allí vivía; pero desde algún tiempo se ha mudado á esta
+otra casa, que es suya también. Por fortuna, las turbas no han podido
+realizar su infame designio. Al separarme yo de mis compañeros, el
+ministro de la Guerra había dado las órdenes necesarias, y el orden
+estaba restablecido completamente.
+
+--Pero no puedo comprender que se amotinara todo un pueblo para
+atropellar á un solo hombre. ¿No sería que en esa casa se reunían muchos
+de los que el pueblo odia? De cualquier modo que sea, es preciso un
+pronto castigo. Espero que no os dejaréis burlar por esa canalla. Caiga
+el peso de la ley sobre ella, y á ver si de una vez se acaban estos
+motines, Feliú, que bien se puede asegurar que desde que tienen libertad
+los españoles no nos acostamos un día tranquilos.
+
+--Señor, los esfuerzos del Gobierno son inútiles para conseguir ese fin.
+Es cosa que desespera y aturde ver cómo nos es imposible tranquilizar á
+ciertas gentes. Por todas partes aparecen partidas de facciosos movidas
+por una parte del clero. Hay todavía muchos espíritus apocados que no
+quieren creer que el interés de V.M. y de la nación consiste en el
+sistema que todos amamos y defendemos. Hay personas tan ciegas, que aún
+no han llegado á comprender que es V.M. el que más ama y el que más
+desea su cumplimiento. Todas las leyes liberales que V.M. sanciona y
+promulga con gran sabiduría, no bastan á convencerles. ¿Qué hacemos
+contra tales gentes?
+
+Fernando estaba ciego de furor al comprender adonde iban dirigidas las
+embozadas alusiones del ministro. Era tan rastrero y cobarde, que, á
+pesar de su ira, habló para fulminar anatemas contra los que aún soñaban
+con la restauración del absolutismo.
+
+--El atentado de esta noche se ha reprimido--dijo el ministro.--¡Quiera
+Dios que podamos impedir los que traten de perpetrar mañana! Es preciso
+buscar en su origen el remedio de este mal. Yo creo que el partido
+exaltado no es el único autor de estos desórdenes.
+
+--¿Pues quién?--preguntó el Rey, que, á pesar de su cobardía, sintió
+en aquel momento herida su dignidad, y se puso muyencendido.--¿Quién,
+Feliú?
+
+--Señor, yo me encargaré de averiguarlo, y propondré á V.M. los medios
+de darles un ejemplar castigo. Se sabe que entre la juventud más
+acalorada se ingieren ciertas personas que jamás tuvieron nota de
+liberales ni mucho menos. Dicen que esas personas trabajan continuamente
+para llevar al pueblo á los excesos que lamentamos. Esas gentes, señor,
+son, á mi modo de ver, los enemigos de V.M. Sobre ellos debemos dirigir
+los ojos de la vigilancia y la mano de la justicia.
+
+--Sí--contestó Fernando con su acostumbrada hipocresía.--Si; hay
+insensatos que juzgan que para mi hay gloria, hay dignidad fuera de la
+Constitución, y estoy dispuesto á castigar á ésos con más rigor que á
+los frenéticos demagogos. Energía, energía es lo que quiero.
+
+--Señor, no tengo palabras con que abominar bastante la conducta de un
+hombre muy conocido en Madrid; uno que ha tenido la osadía de usar,
+profanándolo, el nombre de V.M. para disculpar sus horribles
+maquinaciones. Ese hombre es más criminal que los mayores asesinos, que
+los más rabiosos anarquistas; ese hombre corrompe al pueblo, corrompe á
+la juventud exaltada; frecuenta los clubs ... Pero nada de esto sería
+grave si no se atreviera á tomar en boca un nombre que aman todos los
+españoles como símbolo de paz y libertad. Ese hombre se llama Elías, y
+es conocido por Coletilla en los clubs.
+
+--Pues á ése y á otros como ése es preciso exterminarlos--dijo el Rey,
+usando su palabra favorita.--Esa canalla es la que más daño hace á mis
+intenciones, extraviando la opinión del pueblo.
+
+--Yo respondo, señor, que de esta vez haré todo lo posible para que ese
+hombre no se escape. Ya otras veces se ha procurado prenderle; pero no
+sé cómo consigue evadirse de la Justicia, y pasea después su cinismo por
+todas las calles de Madrid, por todos los clubs. Esta vez no creo que se
+nos escape. Ya daremos con él. Precisamente esta noche, Bozmediano, que
+se hallaba en casa de Álava, me ha dicho que tuvo noticia del complot
+pocas horas antes de haber sido intentado, por un sobrino del mismo
+Coletilla, joven que el infame quiso poner al servicio de sus viles
+propósitos.
+
+--Pues es preciso premiar á ese joven--dijo Fernando, empeñado cada vez
+más en disimular la agitación que le dominaba.
+
+--Si, señor; es un joven de mérito, según me ha dicho Bozmediano, y muy
+buen liberal. Antes de ocurrir este lance me lo había propuesto para una
+plaza de oficial en el Consejo de Estado, y lo he concedido.
+
+--Bien; me gusta que se premie esa clase de servicios.
+
+--Mañana podré traer á V.M. un parte detallado de lo ocurrido esta
+noche. Además, creo que el ministro de la Guerra no tardará, y él
+enterará á V.M. de las precauciones que hemos tomado.
+
+--¿Esta noche?--dijo el Rey con hastío.
+
+--Veo que V.M. quiere descansar. Por esta noche no hay nada que temer.
+Puede V.M. reposar tranquilo.
+
+--Bien; puedes retirarte.
+
+Fuése el ministro, y es de creer que se fué satisfecho por haber dicho
+cosas que sólo en aquellos momentos de irritación y sobresalto se
+hubiera atrevido á decir al Soberano. Feliú era hombre tímido, y es la
+verdad que á su indecisión se debieron muchos de los lamentables sucesos
+ocurridos en aquel trastornado período.
+
+Cuando Fernando se encontró solo abrió una mampara, y Elías, que estaba
+oculto, se presentó. La imagen del consejero áulico daba pavor. Estaba
+lívido; le temblaban los labios, secos por el calor de un aliento que
+sacaba del pecho el fuego de todos sus rencores. Crispaba los puños, y
+aun se hería con ellos en la frente, produciendo el sonido desapacible
+que resulta de la seca vibración de dos huesos que se chocan.
+
+--¿Ves?--le dijo el Rey, encendido de furor y dando en el suelo una
+real patada, que estremeció la sala.--¿Ves lo que ha pasado? ¿Oíste?
+Vuelve á decirme que todo era cosa segura, que confiara en ti, que tú lo
+harías todo. ¡Ah, qué desgraciado soy!--añadió con desaliento.--¡Que no
+encuentre yo un hombre! ¡Un hombre es lo que yo necesito, un hombre!
+
+--Señor--murmuró Elías, alejado del Rey como el perro que ha recibido un
+palo de su amo.--Señor, nos han vendido!... ¡Ese sobrino mío, ese infame
+nos ha vendido!
+
+--No--dijo Fernando con repentino acceso de ira;--tú, con tu imprudente
+conducta, me has comprometido. Ya ves, todo el mundo sabe que eres
+agente mío. ¿No viste cómo con buenas palabras me lo dijo Feliú? ¡Oh, le
+hubiera arrancado la lengua! ¡Tú me has vendido!
+
+--Señor--replicó Coletilla con voz en que había algo de llanto,--señor,
+traspasadme el corazón, pero no digáis que os he vendido. Yo no puedo
+venderos. Abofeteadme; escupidme, señor, antes que decirme tal cosa ...
+Vuestra causa ha sido siempre mi único pensamiento; á ella me he
+dedicado con toda la actividad de que soy capaz. Es que Dios, señor,
+permite ciertas cosas; Dios pone á prueba nuestro temple y nuestro
+valor. No me culpéis á mí, señor; yo os he servido como un perro.
+
+En aquel momento, podemos asegurarlo, Coletilla habría quedado muy
+satisfecho si Fernando hubiera cogido en su cobarde mano la espada
+augusta de sus mayores, atravesándole con ella. Pero Fernando no hizo
+tal cosa. Coletilla sintió todo el menosprecio de su amo, y aquel
+puntapié moral le lastimó más que una puñalada. El fanático realista
+hubiera visto con terror, pero no con asombro, que el Deseado le mandara
+colgar de una almena ó le hiciera apoyar la cabeza sobre el tajo feudal
+para recibir el hachazo del verdugo. Acercóse al Rey, se le arrodilló
+delante, y dijo con gran energía:
+
+--Señor: yo os juro, en nombre de vuestros mayores, que esta derrota
+aparente que hemos sufrido no es más que el preludio de la gran victoria
+que ha de poner remate á nuestra empresa. ¡Yo os lo juro! Despreciad las
+alusiones de Feliú, despreciadlo todo. Seguid; sigamos. Los leales
+existen; sólo falta el primer paso. ¿Tropezamos esta noche? Mañana no
+tropezaremos: os respondo de ello, os lo juro.
+
+Levantóse lentamente; hizo una profunda reverencia, inclinándose lo más
+que pudo, y se dirigió á la puerta, volviendo el rostro varias veces á
+ver si el Rey le miraba. El Rey no le miró. Estaba muy ensimismado; de
+vez en cuando hería el suelo con el pie, ocultando la cabeza entre las
+manos sin decir palabra. Coletilla, desde la puerta, esperó una mirada
+del Deseado; no la consiguió, y fuése, sintiendo, al par de su
+concentrada rabia, dolorosa impresión de agravios y desconsuelo que le
+ponía en el corazón un dolor inaudito.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XLII
+
+
+
+#Virgo potens#.
+
+
+Lázaro quedó dentro de la casa de Álava durante los breves y angustiosos
+momentos que duró la tentativa de lucha entre el pueblo y la tropa.
+Sentían desde allí el rumor popular, y por instantes creyeron que había
+llegado la última hora de todos ellos. El objeto que allí reunía á los
+ilustres personajes era tratar de los medios que podían emplearse para
+impedir las frecuentes conspiraciones de Palacio. Pueden burlarse las
+cábalas de un partido, de dos; pero contra las del Soberano, símbolo de
+legalidad, ¿qué fuerza puede tener un Ministerio? Si hay algo más
+terrible que la anarquía, son las camarillas. Contra esto no hay arma
+eficaz, á no ser el arma de un regicida. No podemos asegurar si en
+aquellas reuniones se trató de poner en práctica el artículo de la
+Constitución; idea que después, con gran escándalo de Europa, se realizó
+en las Cortes de Sevilla del año 23. Pero sí podemos asegurar que
+aquellos hombres se ocuparon, con la aflicción y desaliento que era
+natural, de los rumores de intervención francesa, de las relaciones
+secretas de Fernando con Luis XVIII, y, por último, del ejército de
+observación puesto por el Gobierno francés en la frontera con el
+pretexto de cordón sanitario.
+
+Volvamos á nuestro cuento. Cuando terminó el peligro y se alejó la
+multitud, la mayor parte de las personas permanecieron en la
+huerta, subiendo á la casa tan sólo los tres que habían de figurar
+en el reconocimiento ordenado por la autoridad. Todo se arregló de
+modo que en el parte del capitán general que había de publicarse
+al día siguiente, no figurara la existencia de reunión secreta ni
+cosa parecida.
+
+Al amanecer se fueron todos custodiados por la tropa y con mucho sigilo.
+Lázaro, sin que nadie le custodiara, se fué á la calle del Humilladero.
+Clara, que había tenido noticia del alboroto de aquella noche, estaba en
+la mayor inquietud. A cada ruido que sonaba en la calle se incorporaba
+con grande agitación y sobresalto. Decíale Pascuala mil cosas divertidas
+para distraerla, y á cada momento le contaba las estratagemas que tuvo
+que poner en juego para que su Pascual no se echara á la calle, teniendo
+que encerrarle en la casa y esconderle la escopeta en lo más profundo
+del sótano. El tabernero, que en realidad era un hombre pacífico, viendo
+que le cerraban la puerta y le impedían ir á cubrirse de gloria en las
+calles, se bebió lo mejor de su comercio, y sin hacer alborotos, porque
+también eran pacíficas las monas que cogía, se tendió en el banco y
+empezó á roncar de tal modo, que parecía su voz una burla durmiente del
+ronquido popular que sonaba en las calles.
+
+Esperó Clara toda la noche con mortal inquietud; pasó una hora y otra
+hora, y rezó todas las oraciones que sabía, sin olvidar las que le había
+enseñado doña Paulita. Su buen amigo no volvió hasta la mañana. Cuando
+ella vió que no estaba herido, que no le faltaba ningún brazo, ni media
+cabeza, ni tenía en el pecho ningún tremendo, sangriento agujero, como
+ella había soñado con horror, se quedó tranquila y en extremo contenta.
+
+--¡Si vieras lo que he hecho esta noche!--dijo Lázaro, sentándose
+fatigado y sin aliento junto al lecho.--He salvado la vida á más de
+veinte personas, los hombres más esclarecidos de España. Iban á ser
+villanamente asesinados esta noche.
+
+--¡Jesús!--exclamó Pascuala, llevándose las manos á la cabeza.--¡Qué me
+alegro de que mi Pascual no hubiera salido! Si sale, me lo asesinan.
+
+--Una infernal maquinación estaba preparada para matarlos en un sitio
+en que estaban reunidos. Todo por ese hombre malvado ... ¡Si vieras
+qué tumulto!
+
+--¡Ah, no salgas, por Dios!--dijo Clara.
+
+--Es preciso salir. Sé que tratan de prender á mi tío, que tratan de
+hacerle justicia. Lo merece, es cierto; pero yo que hice cuanto pude
+para impedir la realización de sus inicuos planes, trataré también de
+salvarle á él. Es hermano de mi madre. Si avisándole que tratan de
+prenderle se salva, y no le aviso, mi conducta es criminal. Es un
+infame, con vergüenza lo confieso; pero si no impido su persecución y su
+muerte, tendré remordimientos toda mi vida.
+
+La huérfana no pudo resistir un sentimiento de lástima y piedad hacia
+aquel hombre excéntrico que, sin dejar de ser su tirano, había sido su
+protector y el amparo de su niñez.
+
+--Sí, sí; ve--dijo.--¡Pobre hombre! ¿Qué ha hecho? Pero no vayas tú; ¿no
+podrías mandarle un recado?
+
+--Yo mismo debo ir. Volveré pronto; no temas nada. ¿Qué me puede
+suceder?
+
+--¡Ay, Dios mío! Todavía me parece que siento aquellos gritos de anoche
+... ¿Y si se enfada contigo y te riñe?
+
+--¿Quién?
+
+--¡Él! Ese hombre, que debe estar más rabioso que nunca.
+
+--No me importa. Hoy será la última vez que le vea.
+
+--¿Y si vas á la casa y encuentras á las dos señoras, y doña Salomé te
+dice algo que te ofenda, y te habla de mi diciendo que soy incorregible?
+
+--Si me dice algo que me ofenda, me importará poco; pero si me habla de
+ti, pienso que será la última vez que se atreva á pronunciar tu nombre.
+
+--¿Y si descubren que estoy aquí y vienen las tres á atormentarme
+diciéndome que soy muy mal educada? ¡Oh!, si las veo entrar, me muero.
+
+--No vendrán--indicó Lázaro sonriendo.--Y si vienen, estaré yo aquí.
+
+--Ve entonces--dijo Clara con una melancolía que detuvo al aragonés un
+momento y quebrantó un poco su resolución irrevocable.
+
+--Adiós ... es preciso. Volveré pronto.
+
+No quiso esperar más tiempo; salió y dirigióse á la inquisición de la
+calle de Belén. Las ocho serían cuando entró en casa de las
+nobilísimas damas. Paz y Salomé no estaban allí, porque habían salido
+á buscar casa. Cuando la devota abrió la puerta y vió á Lázaro, su
+sorpresa y su turbación fueron tales, que permaneció buen rato sin
+decirle palabra, mirándole bien, como si creyera que aquella imagen
+era el efecto de una visión.
+
+--¡Ah!--exclamó, cerrando la puerta, una vez que Lázaro estaba
+dentro.--Yo creí que no le vería á usted más.
+
+Sintió el joven un alivio cuando supo que las dos arpías estaban fuera.
+Doña Paulita le inspiraba respeto y gratitud, pues no había oído jamás
+la menor recriminación en su boca, ni Clara le había dicho que tuviera
+queja ninguna de ella. El recuerdo de la escena y diálogos misteriosos
+ocurridos algunas noches antes, le puso muy pensativo. Sin saber por
+qué, cuando se vió solo en aquella casa sombría, en compañía de aquella
+mujer pálida, con la vista extraviada y el rostro enflaquecido por tres
+días de delirio y calentura; cuando notó sus ligeras convulsiones, su
+agitada respiración, su mirada viva, sin saber por qué, lo repetimos,
+tuvo miedo.
+
+--¿Está mi tío?--preguntó.--Tengo que verle.
+
+--No está; desde ayer no parece.
+
+--¡Qué contrariedad! Tengo que verle hoy mismo.
+
+--Tal vez venga á la hora de comer.
+
+--No quisiera esperar; he de verle antes. Además, yo no como aquí; yo no
+vuelvo acá, señora ... Ahora me despido de usted para no volver más.
+
+Doña Paulita se quedó mirando al joven como si oyera de sus labios la
+cosa más inverosímil y más absurda.
+
+--¡Para no volver!--dijo cerrando los ojos.--No, no lo puedo creer; no
+es cierto.
+
+---Sí, señora; es cierto. Yo no puedo estar en esta casa ni un día más.
+Adiós, señora.
+
+--Lázaro--murmuró la devota, asiéndose al brazo derecho del joven como
+un náufrago que encuentra una tabla en momentos desesperados.--¡Usted se
+va ... se va! Y yo me quedo aquí para siempre. ¡Oh!, quiero morirme mil
+veces primero.
+
+El joven estaba confundido. Aterrábale la actitud dolorida de la mujer
+mística, sus labios trémulos y secos, la expresión de su rostro, que
+anunciaba la más grande desesperación.
+
+--Yo soy una muerta, yo no vivo--dijo ella.--Yo no puedo vivir de esta
+manera ... Ya le dije á usted que no era santa, y ¡cuán cierto es! Hace
+tiempo que me he transformado ... Puedo nacer á la verdadera vida, puedo
+salvarme, puedo salvar mi alma, que va á sucumbir si permanezco de este
+modo. Yo espero vivir.... Al ver que usted tardaba, la esperanza comenzó
+á faltarme; pero usted ha venido. ¿No puedo creer que Dios me lo ha
+enviado? Hay cosas que nosotras no podemos decir; pero yo las digo,
+porque me siento destrozada interiormente. Ha llegado para mí el momento
+de dejar una ficción que me mata; yo no sé fingir. Creí que Dios me
+reservaba para una vida ejemplar, de continua devoción y tranquilidad;
+pero Dios se ha burlado de mi, me ha engañado, me ha hecho ver que la
+virtud con que yo estaba tan orgullosa no era otra cosa que una farsa, y
+aquella aparente perfección un desvarío. Yo no había vivido aún, ni me
+había conocido. No puedo estar más aquí; porque esto sería prolongar
+este engaño, que antes fué mi mayor placer y ahora mi mayor martirio.
+
+--Señora--dijo Lázaro, que comprendió al fin toda la profundidad del
+nuevo carácter de la devota, y vió claro en lo que antes era para él un
+misterio.--No se agite usted sin razón. Sea usted libre y no sacrifique
+su felicidad á exigencias de familia. Las dos señoras que viven con
+usted son muy intransigentes.
+
+Quería el joven evadirse, con esta salida, de la contestación enojosa
+que las palabras y la actitud de la santa parecían exigir.
+
+--No me importa su carácter--dijo ésta.--Yo las quiero, son mis
+parientas y compañeras de toda mi vida. Después que yo tome una
+resolución irrevocable, poco me importa lo que ellas puedan decir ó
+hacer. Yo estoy decidida, Lázaro.
+
+Y en vano buscaban sus ojos en el semblante del joven indicios de los
+sentimientos que con tanta ansiedad le pedía. El hacía esfuerzos por
+permanecer inmutable ante aquella santa mujer, agitada por las
+alternativas de un arrebato místico; y no sabiendo qué decir, dió un
+paso hacia la puerta.
+
+--No--dijo la devota, deteniéndole con más fuerza. ¿Marcharse usted? ¡Qué
+idea! ¿Qué va á ser de mi? ¡Sola para siempre! La muerte lenta que me
+espera es peor que si ahora mismo me matara usted ... ¡Y decía que era
+agradecido! Usted es la misma ingratitud. Siempre lo he creído. Hay
+personas que no merecen recibir la más ligera prueba de afecto. Usted es
+uno de ésos. Y, sin embargo, por una fatalidad que nos cuesta tantas
+lágrimas, siempre van dirigidos los más grandes tesoros de amor á las
+personas que menos los merecen.
+
+--No, por Dios; no me llame usted ingrato respondió Lázaro, viendo que
+era ya imposible evadirse á las declaraciones que la teóloga exigía de
+un modo tan apremiante.--Yo no soy ingrato, y menos con usted, que tan
+bondadosa ha sido conmigo.
+
+--Si usted olvidara eso, sería el más infame de los hombres. A pesar de
+todo, siempre creí que no era usted tan malo como decían. Usted será
+bueno; la felicidad hace buenas á las personas. Yo también espero serlo
+... ¡Ah! ¿No sabe usted en qué he pensado? He tenido estos días llena la
+cabeza con unas ideas ... No lo puedo contar. ¿Sabe usted? Pienso que
+estoy destinada á largos días de paz y felicidad, de que disfrutará
+alguien conmigo.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó Lázaro, algo tranquilizado por la esperanza de
+que aquella nueva idea apartaría la conversación del fastidioso tema por
+que había empezado.
+
+--Es--continuó la santa con una amabilidad forzada que la hacía más
+lúgubre,--es que yo he pensado que no puede existir perfección mayor que
+la que ofrece la vida doméstica con todos los deberes, todos los goces,
+todos los dolores que en sí lleva la familia. ¡Ay!, meditando sobre esto
+he comprendido la esterilidad de mis rosarios, de mis rezos. ¿Qué estado
+puede igualarse por su dignidad y nobleza al estado de la esposa, de
+cuya solicitud penden tantas felicidades, la vida de tantos seres?
+
+--Efectivamente, señora--dijo Lázaro muy confuso;--eso es cierto. Pero
+las personas que, como usted, se elevan tanto por la meditación y la
+abstracción; que se libran de las flaquezas humanas por su fortaleza,
+son mucho más perfectas.
+
+--¿Perfectas? ¡Qué loco es usted! ¿Y qué ha dicho usted de flaquezas?
+¿Llama usted flaquezas á la verdad de nuestra naturaleza, que se
+manifiestan como Dios las ha criado?
+
+El aturdimiento del joven no tuvo límites.
+
+--Aspirar á hacer la felicidad--continuó ella--de muchos seres por el
+amor y los lazos de la familia, ¿es eso lo que usted llama flaquezas?
+
+--No, señora; eso no.
+
+--¡Oh! Usted se va á asustar de lo que le voy á decir. No lo creerá
+usted; es inconcebible.
+
+Lázaro, que creía ya que doña Paulita Porreño no podía decir nada más
+inconcebible, tembló ante la promesa de nuevas y más extrañas
+confidencias.
+
+--Para realizar la felicidad y la paz con que yo he soñado, no basta el
+amor; es decir, que para evitar mil irregularidades y disgustos es
+necesaria además otra cosa. Cuando en la vida ocurren dificultades, el
+mutuo amor se ve diariamente acibarado. Tiembla el uno por el otro;
+tiemblan los dos por los hijos; la felicidad se ve comprometida á cada
+instante; asusta el día de mañana; se tienen remordimientos de haberse
+unido. Yo he comprendido esto á fuerza de imitación, y también me parece
+que lo he leído en no sé qué libro.
+
+--Es verdad, señora; yo comprendo lo que usted quiere decir--observó
+Lázaro, admirado de tanta sabiduría.
+
+--Pues yo voy á decir á usted una cosa que le sorprenderá mucho,
+Lázaro--dijo Paulita, dirigiendo hacia el joven toda la melancolía y el
+suave interés de su mirada. Voy á decirle á usted una cosa que le
+sorprenderá sobremanera: yo soy rica.
+
+Efectivamente, Lázaro se quedó absorto.
+
+--Sí--continuó ella,--yo soy rica. Usted se maravilla. Conociendo la
+vida que llevamos ... Este es un secreto que sólo confío á quien debo
+confiarlo: á usted, única persona que ... El uso que yo pienso hacer de
+esa riqueza, ya usted lo ha comprendido. Yo no debo hacer declaraciones
+innecesarias. Nosotros nos hemos comprendido, hemos confundido nuestros
+propósitos en uno sólo, ¿no es verdad?
+
+--Sí, señora--dijo Lázaro, por contestar de algún modo á aquella
+profundísima y grave pregunta.
+
+--Yo soy rica. Hace poco hubiera dejado perder mi fortuna sin cuidado
+ninguno. Siempre he despreciado todo eso. Pero hoy no; hoy pienso en ese
+tesoro como un medio de vida. Para mí nada quiero; pero los hombres que
+tienen ambición necesitan todo eso. Lo necesitamos, ¿no es cierto?
+
+Lázaro, después de un momento de angustiosa vacilación, dijo otra vez:
+
+--Si, señora.
+
+--Era yo muy niña--continuó la dama;--había muerto mi tío; reinaba en
+la casa la mayor desolación; nos preparábamos á mudar de habitación; ya
+éramos pobres. Mi tía y mi prima estaban llorando; pero al mismo tiempo
+muy ocupadas en la mudanza y en recoger los pocos muebles que nos
+quedaron después del embargo. En un viejo reclinatorio de nogal había
+hecho yo un altar, donde rezaba mucho. Teníalo cerrado por las noches,
+y al abrirlo por las mañanas, al ver mis santos y mis imágenes, me
+parecía tener allí un pedazo de cielo. Aquel día fué muy triste para
+mí, porque tuve que desclavar mi altar del sitio donde estaba, y muchos
+santos se me rompieron, dejando en el mueble el pedazo por donde
+estaban pegados. En esta operación sentí que cedía bajo mi mano la
+tabla del fondo, y quedaba descubierto un hueco. En este hueco había
+una cajita muy bella de madera labrada. Traté de abrirla y la abrí sin
+esfuerzo: estaba llena de dinero, casi todo en onzas muy antiguas.
+Cerré la caja; ajusté la tabla que cubría el hueco, dejándola
+cuidadosamente como estaba, y me callé. Trajeron el mueble á esta casa,
+y en mi cuarto ha estado hasta hoy. Al principio miré aquello como un
+juguete, como una reliquia. De noche, en el silencio de esta casa, lo
+abría, contemplando con estupor las hermosas monedas que dentro había.
+Varias veces traté de revelarlo; pero me detenía un recelo
+supersticioso. A veces soñaba con fundar algún día una obra piadosa. No
+he tocado nunca aquel dinero, y á pesar de la estrechez con que hemos
+vivido, jamás me atreví á gastar ni un solo doblón. Me parecía que
+debía guardar aquello para otros dias, que yo esperaba sin saber
+por qué. Por instinto lo conservaba intacto, aunque pensaba que jamás
+cambiaría de estado. El tesoro existe en el mismo sitio en que lo
+encontré. Ha llegado el momento de usarlo para las necesidades de
+nuestra vida. Es mío; ¿puedo dudarlo? Pertenecía á alguno de mis
+parientes, que lo depositó allí para tenerlo seguro. A mí me pertenece
+ahora; á mí, que lo encontré. Daré, sin embargo, la mitad á mi prima y
+á mi tía, y si me acusan de no haberlo mostrado antes, les diré que, á
+no haberlo conservado, me sería hoy imposible labrar las felicidades
+que pienso labrar, y dar á mi vida y á la vida de otros la expansión
+que necesitan. Lázaro no quiso agravar la situación, y repitió:
+
+--Sí, señora.
+
+La devota entró en su cuarto y volvió al poco rato con una cajita que
+mostró al joven, diciendo cariñosamente:
+
+--Aquí está. Es mía, es nuestra.
+
+Y al decir esto se acercó á él con la caja, sostenida en las dos manos y
+apoyada en el seno. La caja tocaba al pecho de Lázaro, y éste sentía el
+empuje con tanta fuerza, que, por no caer, tuvo que dar un paso atrás y
+extender los brazos hasta tocar los hombros de la santa.
+
+--Hace usted bien--dijo el aragonés.--¿De qué sirve guardar ese dinero,
+que puede ser útil á usted y á otros?
+
+--Si--contestó Paulita con efusión.--Es nuestro. Ya no sabía Lázaro qué
+partido tomar. Se decidió á concluir de una vez aquella penosa
+situación.
+
+--Señora--dijo,--yo me retiro. Es preciso que me retire....
+
+--Sí--contesta ella,--y yo también. Vamos. Nos iremos juntos.
+
+--¡Usted, señora, usted...!--exclamó Lázaro descompuesto.
+
+--Sí, los dos. Vamos.
+
+--Señora, usted delira. Eso es imposible.
+
+--¡Imposible, imposible! No podemos quedarnos aquí.
+
+--Es preciso que nos separemos, señora. Otra cosa sería una
+inconveniencia y una desgracia tal vez.
+
+--¿Qué dices?--balbuceó la santa con extravío. Su aspecto en aquellos
+momentos infundía temor. Asemejábase á los enfermos atacados de
+epilepsia cuando están á punto de caer en un angustioso paroxismo. Una
+contracción, producida, al parecer, por el hábito de la sonrisa; una
+tensión violenta de los párpados, como quien expresa el último grado del
+asombro; palidez mortal, interrumpida por súbitas inflamaciones de
+rubor; voz semejante á un quejido fatigoso y animada de repente con
+vibración desentonada, eran los caracteres de su dolencia, próxima á
+llegar al período de mayor exacerbación.
+
+--¿Qué dices?--repitió después de una pausa.
+
+--Usted está enferma, muy enferma, señora--dijo Lázaro, que empezó á
+creer que doña Paulita deliraba ó estaba loca.
+
+La mujer mística sonrió de un modo inefable mirando al cielo y
+estrechando contra su pecho la caja del tesoro, como si fuera la persona
+del mismo Lázaro. Después tomó al joven por el brazo, y atrayéndole
+suavemente, dijo:
+
+--Vamos, no entraremos más en este sepulcro.
+
+--Usted no debe salir, no puede salir. ¿Qué dirán esas señoras? Cálmese
+usted, por Dios, y reflexione....
+
+--Vamos.
+
+--¿Adonde hemos de ir? ¡Los dos! ¿No ve usted que eso es imposible?
+¿Para qué? ¿Para qué nos vamos juntos?
+
+Al oír esto, la devota se conmovió de pies á cabeza. Como si toda la
+pasión acumulada y oculta en tantos años brotara en ella de una vez con
+violenta sacudida, exclamó con fuerza:
+
+--¡Necio!, ¿no ves que te adoro?
+
+Lázaro quedó petrificado. La dama había hablado con toda la expresión de
+la verdad humana; se había revelado en un solo esfuerzo y del modo más
+categórico. Aquella violenta confesión la dejó postrada y sin aliento,
+como si con sus palabras exhalara la mitad del alma. Lázaro le dijo con
+mucha vehemencia:
+
+--No lo merezco, señora. Yo soy muy inferior á usted; yo soy un
+miserable, indigno de esa pasión. Pero no puedo estar aquí más. Ahora
+más que nunca es mi deber declarar que soy el más malvado de todos los
+hombres si no me aparto de aquí al instante. Obstáculos terribles que yo
+no puedo ni podré nunca vencer se oponen á que yo manifieste nunca otra
+cosa. Separémonos para siempre; otra cosa es imposible, imposible,
+imposible....
+
+Dijo esto con mucha energía, y se disponía á marcharse. La devota hizo
+un gesto angustioso, cual si quisiera hablar. Parecía que después de lo
+que dijo había quedado muda. Al fin pudo proferir estas palabras:
+
+--Ven ... oye ... vamos....
+
+--¡Jamás, señora, jamás!--exclamó el joven, dirigiéndose hacia la
+puerta.
+
+La devota inclinó la cabeza, agitó los brazos, soltando la caja; se
+doblegó después de vacilar un momento, retrocediendo y avanzando; dió
+un grito y cayó al suelo. Su cuerpo hizo retemblar el piso; las monedas
+se esparcieron en derredor suyo; movió repetidas veces la cabeza,
+afectada, al parecer, de un profundo dolor interno; llevóse ambas manos
+al pecho, crispando los dedos, y al fin quedó quieta, sin más
+movimiento que las expansiones violentas de su pecho, sacudido por una
+respiración fuerte y ruidosa. Acudió Lázaro á levantarla con presteza,
+y en el mismo momento se oyó el ruido de una llave y entraron muy
+tranquilas Salomé y María de la Paz.
+
+Júzgese lo extraño de aquella aparición y de aquella escena: Paulita,
+tendida, con los síntomas de un grave accidente; Lázaro, demudado y
+confuso; gran cantidad de monedas de oro, cosa desconocida en aquella
+casa, derramadas con abandono por el suelo, y las dos arpías en la
+puerta, mirándose como dos espectros.
+
+El primer objeto que atrajo las miradas de Salomé fué el oro esparcido;
+su primer movimiento fué lanzarse sobre él y empezar á recoger las
+monedas, arrodillada en el suelo. Paz miró á Lázaro, se puso lívida de
+miedo; miró á la devota, se llenó de ira, dió algunos pasos, y
+recobrando la majestad de su carácter, preguntó:
+
+--¿Qué es esto?
+
+--Señora--dijo Lázaro, procurando dominar su situación,--un triste
+suceso ... Doña Paulita está muy enferma ... Le ha dado un
+accidente. Estábamos hablando.... ¡qué conflicto! Ahora mismo, ahora
+mismo ha caído.
+
+--¿Pero ese dinero...?--dijo Paz.
+
+--Es suyo.
+
+--¡Suyo!--exclamó la arpía con codicia.
+
+Y volviéndose á Salomé, que recogía el oro, añadió:
+
+--Dámelo, dámelo; yo he de guardar eso.
+
+--Yo lo guardaré.
+
+--¿Pero de dónde ha sacado ella ese dinero?--dijo la otra.
+
+Lo tenía hace mucho tiempo contestó Lázaro, procurando, mientras las
+Porreñas se ocupaban del oro, prestar algún alivio á la pobre enferma.
+
+Paz, de rodillas, recogía monedas; Salomé, de rodillas, recogía también;
+pero la gruesa, con su pesada mano, no igualaba en presteza á la
+nerviosa, que iba más ligera y cogía dos piezas en lo que su tía
+atrapaba una. Salomé parecía una loca. La mano izquierda de Paz, cuando
+recibía de la derecha una nueva onza ó doblón, se cerraba, apretando los
+robustos dedos y aferrándose sobre el oro con la firmeza y el ajuste de
+una máquina. Al fin iban desapareciendo del suelo las áureas piezas.
+Quedaban cuatro, tres, dos; quedaba una. Las manos de entrambas Porreñas
+se lanzaron con presteza brutal sobre la última, y cayeron una sobre
+otra, aplastándose allí mutuamente en repetidos golpes. Las dos ruinas
+se miraron: parece que se querían tragar mutuamente. ¿Cuál de los dos
+caracteres vencería al otro? Paz estaba hinchada de cólera, de orgullo;
+estaba amoratada, apoplética. Salomé estaba amarilla y jadeante de
+rencor, envidia y ansiedad. Sus labios, entreabiertos, mostraban los
+blancos y finísimos dientes, como si quisiera infundir miedo á su rival
+con aquella arma. Las dos estaban de rodillas y apoyadas en las manos, y
+en aquella actitud, semejante en algo á la de las esfinges, las dos
+arpías, revelando con intempestivo vigor sus encontradas pasiones, eran
+como bestias feroces. Después de un rato de silencio, en que todas las
+fuerzas de la envidia humana se midieron de una mirada con todas las
+fuerzas del orgullo, la pantera dijo á la foca:
+
+--¡Esto es mío!
+
+--¡Tuyo! ¿Qué dices, imbécil? Esto es mío: era de mi padre ... Yo sé que
+lo había guardado en alguna parte; pero no sabía yo dónde estaba.
+
+--¡Vanidosa!--dijo Salomé, adelantando un brazo y una pierna.--Tu
+nos has sumergido en la pobreza; tú tenías escondido este dinero.
+¡Qué infamia!
+
+--¡Hipócrita!--exclamó Paz retrocediendo,--quítate de mi presencia.
+Dame ese dinero; no nos robes otra vez. Esto es mío.
+
+--Era de mi padre: yo lo heredo. ¿Qué tienes tú que ver con esto? Dame
+ese dinero.
+
+Paz vió á Salomé cerca de sí. Alzó su brazo derecho y sacudió con
+poderoso empuje la mano contra la cara de su sobrina, dándole un bofetón
+tan fuerte, que ésta cayó al suelo como herida por una maza. Pero se
+irguió sobre sus piernas, vació en el bolsillo las monedas que tenía en
+la mano, se retiró un poco, como los carnívoros cuando van á dar el
+salto, y se abalanzó hacia su tía. Antes que ésta pudiera defenderse,
+los diez dedos puntiagudos y como acerados de su contraria estaban sobre
+su cara, pegados cual si tuvieran un gancho en cada falange. Clavó las
+uñas con frenesí en las carnosas mejillas y tiró después, dejando ocho
+surcos sangrientos en la faz augusta de la vanidosa. Lanzó ésta un grito
+de dolor. Lázaro tuvo que intervenir, y mientras levantaba del suelo á
+Paz, recogió la nerviosa todas las monedas que su rival dejó caer en el
+combate; se envolvió en un manto con presteza convulsa, y apretándose el
+bolsillo, salió corriendo de la sala, tomó la escalera, descendió por
+ella y huyó.
+
+Lázaro no quiso presenciar más tiempo aquella escena. Vomitaba la vieja
+su ira contra él, le decía las mayores injurias, le llamaba cobarde,
+mandándole perseguir á su sobrina. El joven no podía resistir más el
+horror que le inspiraba aquella casa maldita. Miró á la devota, que
+permanecía aún sin movimiento, y afligido por la sin igual desventura de
+mujer tan infeliz, salió de la casa.
+
+
+
+
+
+CAPÍTULO XLIII
+
+
+
+#Conclusión.#
+
+
+Deseoso Lázaro de ver á su tío aquella mañana, fué á casa del abate
+Carrascosa, y allí encontró otra escena de desolación. Estaba el ex
+abate en su cuarto, sentado en una silla, con los pies sobre la
+traviesa, en tal actitud, que parecía un pájaro posado sobre una rama.
+Apoyaba los codos en las rodillas, sustentando la cabeza con las manos,
+como si quisiera apuntalarla. Su expresión de tristeza era tal, y le
+hacia tan raro, que el joven no pudo menos de preguntarle:
+
+--¿Qué tiene usted, don Gil?
+
+--¡Ay, don Lázaro, qué iniquidad! Se ha marchado. ¿Ve usted qué
+iniquidad? ¡Yo, que la quería tanto! ...
+
+Lázaro comprendió que doña Leoncia, el avecilla vizcaína, había volado.
+
+--¿Pero cómo ha sido eso? ¿Qué motivo...?
+
+--¡Es la más horrible conspiración! ... Ese chisgarabís, ese tunante, el
+poetastro que vivía en ese cuarto, se la ha llevado. ¡Qué horror!
+¡Siempre he aborrecido de muerte á los copleros!
+
+--Consuélese usted, don Gil. Vamos á otra cosa. ¿Sabe usted dónde
+está mi tío?
+
+--Si le digo á usted que no he visto iniquidad semejante--murmuró el
+abate, sin hacer caso de la pregunta. Y tenía una herencia, un
+legadillo.... ¡Maldito catacaldos!
+
+--Esa es la vida, don Gil.... Hay que conformarse.
+
+--Tenía un legadillo.... Yo lo descubrí en la covachuela.
+
+--Conque diga usted: ¿dónde podré encontrar á mi tío?
+
+--Yo ... si he de decir á usted la verdad--prosiguió el abate, abstraído
+por su desgracia,--no lo siento por ella, porque al fin y al cabo ...
+pero tenía un legadillo....
+
+--¿No me responde usted?
+
+--Tenía un legadillo....
+
+--Es imposible sacarle una respuesta.
+
+--Tenía un legadillo....
+
+Comprendió Lázaro que era inútil toda indagación. Salió de la casa,
+dejando al abate en la misma actitud de mochuelo posado, y se fué á la
+calle del Humilladero, donde encontró á Bozmediano, que le esperaba con
+inquietud, y al verle llegar, le dijo:
+
+--Amigo, le persiguen á usted. Es preciso tomar precauciones.
+
+--¿Quién me persigue?
+
+--Fácil es comprender que habrá personas disgustadas por lo que
+hizo usted anoche. Esas personas le persiguen á usted; yo estoy
+seguro de ello.
+
+--Ya comprendo--repuso Lázaro.--¿Pero qué me importa?
+
+--Hay que tomar precauciones, porque si se vengan, será de un modo
+terrible. Mucho cuidado. Ahora han estado en la taberna cuatro personas,
+que creo han traído el encargo de ver cuándo entraba y salía usted. Me
+parece que lo mejor es que se marchen ustedes esta noche misma de
+Madrid. Una vez que estén fuera y lejos....
+
+--¡Qué contrariedad! Pero yo deseo salir. Nos marcharemos.
+
+--Pues entretanto no salga usted á la calle. Yo arreglaré el viaje, y lo
+haré de modo que nadie lo sepa. Sé que le buscan á usted, y los que le
+buscan saben hacer las cosas.
+
+--¿Y cómo han averiguado que estoy aquí?
+
+--Dejemos eso. Hay que partir esta noche ó mañana mismo. Aquí no está
+usted seguro. Mucho cuidado ... Yo volveré, y veremos el modo de salir
+sin peligro. Creo que se conseguirá. Hasta luego.
+
+Retiróse Bozmediano, y Lázaro entró á ver á Clara
+
+--¿Las encontraste?--le preguntó la sobrina de Coletilla con curiosidad
+y cierto temor.
+
+--Sí--contestó él sonriendo al recordar la escena de las monedas, que
+refirió después sin omitir el extraño incidente de doña Paulita.
+
+Oyó Clara con mucho interés este último punto, y después dijo con
+tristeza:
+
+--Ya lo sabía.
+
+--¿Cómo? ¿Ella te ha dicho algo?
+
+--No; pero lo he conocido, me lo habla figurado. Tenía una sospecha ...
+Aquella mujer es muy rara. ¡Si vieras qué miedo me daba cuando se ponía
+á orar, quedándose mucho tiempo quieta é insensible, como si estuviera
+muerta! Se ponía de rodillas, miraba al techo, y así estaba dos ó tres
+horas sin moverse, y hasta parecía que no respiraba. La tocaba yo, y
+nada; la llamaba, y no respondía. Por fin, después de mucho tiempo,
+daba un suspiro y volvía en si.
+
+--¿Y eso le pasaba con frecuencia?
+
+--Si; muchas veces.
+
+--Hay una enfermedad--dijo Lázaro--que llaman la catalepsia, y consiste
+en un paroxismo, durante el cual la persona pierde el movimiento y el
+habla, quedándose como muerta. Dicen que una de las causas que motivan
+esta enfermedad es el misticismo religioso y el hábito de los éxtasis
+y visiones.
+
+--Eso será lo que tiene. ¡Pobre Paulita!
+
+Aquella noche estaban los dos en el mismo cuarto, sentados junto á una
+escasa lumbre. Clara se había levantado completamente restablecida.
+Lázaro revolvía en su imaginación los peregrinos incidentes de los días
+anteriores. Los dos estaban muy tristes; se comunicaban mirándose su
+tristeza, y callaban. Tal vez pensaban en planes para lo futuro; quizás
+ella estaba inquieta por la situación difícil en que uno y otro se
+encontraban. Entonces entró Pascuala y dijo:
+
+--¡Qué miedo! Desde el anochecer están paseándose por delante de la
+puerta unos hombres. Esta tarde vinieron también. ¡Qué fachas! A veces
+se paran á mirar _pa_ dentro, y me temo que si viene Pascual y los ve se
+va á armar una ... ¡porque tiene un genio! ... se creerá que vienen por
+mi ... porque como es una así ... tan guapetona ...
+
+--Cierre usted la puerta.
+
+--Ya cerré.
+
+Clara se quedó pálida como un difunto. Ya le parecía que por ventanas y
+puertas entraba una horda de facinerosos armados de puñales, pistolas,
+cuerdas y otros instrumentos horribles.
+
+--Cierra bien. Apaga esa luz. ¿Si se irán á entrar por esa
+ventana?--dijo señalando un tragaluz por donde el gato, que tanto
+respeto inspiraba al señor de Batilo, entraba con dificultad. Aquel
+tragaluz daba á un patio perteneciente á la misma casa.
+
+Batilo, que sin duda entendió lo del peligro en que los jóvenes se
+hallaban, y quería probar que, aunque misántropo, era un perro
+resuelto á todo, ladró en un tono que quería decir: "Nada hay que
+temer mientras esté yo."
+
+Un poco más tarde, Clara, que miraba con recelo aquel tragaluz
+maldecido, se estremeció con horrible sacudimiento, dió un grito muy
+agudo y sus ojos expresaron el pavor más grande.
+
+--¿Qué tienes, qué hay?--dijo Lázaro con sobresalto. Clara, tal vez
+dominada por el miedo, había creído ver instantáneamente en el tragaluz
+los ojos vivos, la nariz puntiaguda de Elías Orejón, su tirano y
+protector.
+
+--¿Eres tonta?--le dijo Lázaro.--¿No ves que eso es efecto del miedo?
+
+El miró y examinó atentamente: no había nadie. Salieron al patio, que
+estaba lleno de escombros y de leña, y tampoco vieron nada.
+Indudablemente había sido efecto del miedo.
+
+El día siguiente pasó sin ningún suceso notable, y al anochecer llegó
+Bozmediano. Lázaro, desde que le vió entrar, conoció que no estaba
+tranquilo.
+
+--¿Qué hay?
+
+--Mucho peligro. Le acechan á usted. Yo he venido acompañado, por temor
+de tener algún encuentro. Pero no tema usted. He traído bastante gente y
+estamos seguros. Ahora mismo se van á marchar ustedes.
+
+--¿Y saldremos ahora mismo?--dijo Clara con alegría, esperando no ver
+más aquel tragaluz y dejar para siempre á Madrid.
+
+--Sí, ahora mismo. Ya les he preparado un coche para que vayan de aquí á
+Torrejón, donde tengo yo una casa. Allí pueden descansar hasta pasado
+mañana, que pasa por allí una diligencia para Alcalá, y de Alcalá pueden
+dirigirse á Aragón cuando quieran.
+
+--¿Y cuándo llegaremos á Torrejón?
+
+--Antes de que amanezca. Van ustedes en un coche de mi casa y con gente
+de mi confianza. No tienen nada que temer: buenas mulas y buena
+compañía. En Torrejón están ustedes seguros ... Aquí ... no lo creo. Es
+preciso salir de esta casa y de Madrid inmediatamente.
+
+--Pues vamos--dijo Lázaro con resolución.--No perdamos tiempo.
+
+Rápidamente se prepararon uno y otro.
+
+--¿No hay una puerta que dé á otra calle?--preguntó Bozmediano á
+Pascuala.
+
+--Sí, señor; pero hay que pasar por la casa del carbonero, que tiene
+salida á la otra calle.
+
+--Bien; por ahí saldremos. El coche espera en las afueras del portillo
+de Gilimón. Los hombres que yo he traído están en la tienda. Que entren,
+y saldremos todos por esa otra calle.
+
+Pocos momentos después salían todos, incluso el perro de las
+Porreñas, á quien Clara no quiso abandonar. Despidiéronse los
+viajeros de Pascuala, y se dirigieron, acompañados de Bozmediano y
+su gente, al portillo de Gilimón. Muy aprisa, por no dar lugar á que
+algún curioso los descubriera, subieron al coche. El cochero y su
+zagal iban en el pescante; un criado, hombre fuerte, armado de fusil,
+iba dentro con Lázaro y Clara. Despidiólos Bozmediano muy
+cordialmente y un tanto conmovido, y partió el coche por la ronda
+para tomar la carretera de Aragón.
+
+Tantas precauciones no eran inútiles, y es seguro que sin ellas habrían
+tenido los fugitivos un mal encuentro, y quizás alguna desventurada
+aventura que hubiera desviado las cosas del buen camino que llevaban. La
+inquietud de Lázaro y los sustos de Clara no concluyeron hasta más allá
+de Alcalá; y había realmente motivo para ello, porque el jurar de
+Coletilla contra su sobrino era tal (según informes adquiridos por el
+autor), que había jurado quitarle la vida. Pero Dios lo dispuso de otra
+manera, y llevó sanos y contentos á la villa aragonesa á los dos
+principales personajes de esta verídica historia, los cuales, una vez
+descansados del viaje y repuestos del susto, no pensaron más que en
+casarse; acertada idea que á toda persona en aquellas circunstancias se
+le hubiera ocurrido. En ningún apunte de los que el autor ha tenido á la
+vista para su trabajo consta el día en que se casaron; pero está probado
+que no esperaron mucho tiempo, y que tuvieron venturosa sucesión. De
+esto son pruebas evidentes varios mocetones que, años adelante, vieron
+Bozmediano y el autor en un viaje que hicieron á un lugar de Aragón para
+asuntos que no vienen al caso.
+
+Cómo se acomodó Lázaro en su pueblo y qué medios de subsistencia pudo
+allegar, es cosa larga de contar. Baste decir que renunció por completo,
+inducido á ello por su mujer y por sus propios escarmientos, á los
+ruidosos éxitos de Madrid y á las lides políticas. Tuvo el raro talento
+de sofocar su naciente ambición y confinarse en su pueblo, buscando en
+una vida obscura, pacífica, laboriosa y honrada la satisfacción de los
+más legítimos deseos del hombre. Ni él ni su intachable esposa se
+arrepintieron de esto en el transcurso de su larga vida. Así, en tan
+dilatado período, el nombre de nuestro amigo, que había estado en
+candidatura, digámoslo así, para entrar en la celebridad, no figuró en
+la _Guía Oficial_, ni en listas de funcionarios, ni en corporaciones, ni
+en juntas, ni en nada que pudiera hacerle traspasar las fronteras de
+aquel reducido término de Ateca. Con paciencia y trabajo fué
+alimentando la exigua propiedad de sus mayores, y llegó á ser hombre de
+posición desahogada.
+
+Así me lo ha contado Bozmediano, de quien recibí también noticias muy
+interesantes de los demás personajes de esta historia. Especial deseo
+tenía yo de saber algo de Coletilla; y un día que la suerte me deparó
+un buen encuentro con don Claudio y sacamos á colación los sucesos que
+referidos quedan, me vino á las mientes Coletilla, y hablamos
+largamente de él.
+
+--Ya el demonio se lo llevó--me dijo mi amigo.--Parece que aquel hombre
+excéntrico recibió el más horrible castigo que, dado su carácter, podría
+recibir. El Rey le despreció después del triunfo de 1824. Un día se
+empeñaba Elías en ver al Rey; venía de la facción; había luchado por el
+absolutismo como semejante hombre podía luchar por semejante causa.
+Fernando, entre cuyos vicios descollaba la ingratitud, mandó salir
+expresamente al lacayo del último de sus ayudas de cámara con orden
+terminante de apalear á Coletilla dondequiera que le encontrase. Bajó el
+lacayo y vapuleó al realista. Así pagan los tiranuelos. Después de este
+lance, el fanático se puso malo. Dijeron algunos que se había dejado
+morir de hambre; otros que se había vuelto loco; otros, y esto parece lo
+más cierto, que le mató una profunda hipocondría.
+
+--Y las señoras de Porreño, ¿qué fué de ellas?--le pregunté.
+
+--Nada he podido averiguar de doña Salomé contestó.--Creo que ha
+desaparecido de Madrid. Doña María de la Paz Jesús estaba en Segovia,
+donde tenía una casa de huéspedes. Respecto á doña Paulita, sí he tenido
+muchas noticias.
+
+--¡Qué singular pasión la suya!
+
+--Sí; después empezó á padecer ataques muy frecuentes de catalepsia. En
+cuanto á su pasión, hay que reconocer que el recogimiento de su vida y
+la circunstancia de haberse formado un carácter ficticio, influyeron en
+aquella explosión repentina. Habíase educado en la vida devota, y la
+condición mundana de nuestra naturaleza no se reveló en ella en edad
+oportuna á causa de las anomalías de la juventud. Fué una niña hasta los
+treinta años; y creo que hubiera sido una excelente mujer, adornada de
+todas las prendas de lealtad y delicadeza que deben adornar á una
+esposa, si aquella perfección engañosa, hija de una falsa educación, no
+torciera en ella su verdadero carácter. Repitiendo lo que ella decía,
+aunque modificándolo para no proferir una blasfemia, podemos asegurar
+que la Naturaleza, no Dios, se burló de ella.
+
+Poco después de las últimas escenas de esta historia se retiró á un
+convento, y allí tenía opinión de santa, á lo cual contribuyó mucho la
+catalepsia. Creyéronla muerta varias veces, y hasta trataron de
+enterrarla en una ocasión; mas durante las exequias volvió en sí,
+pronunciando un nombre que interpretaron todas las monjas como una señal
+de santidad, pues entendían que repetía las palabras de Jesús: _Lázaro,
+despierta_. Indudablemente era una santa. Ocho teólogos lo probaron con
+ochocientos silogismos. Su vida era ejemplar, su trato tristísimo; oraba
+mucho, y se dormía, se quedaba en éxtasis casi todos los días. Uno de
+estos éxtasis fué tan largo, que las monjas sospecharon que no saldría
+de él. Así fué, en efecto: no volvió en sí. Pero las monjas, por no
+exponerse á un nuevo chasco, esperaron lo más posible, y al fin se
+decidieron á enterrarla, seguras de que estaba bien muerta.
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+Madrid, 1867-68.
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+#FIN DE "LA FONTANA DE ORO"#
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+End of Project Gutenberg's La Fontana de Oro, by Benito Pérez Galdós
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+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 11070 ***