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diff --git a/11070-0.txt b/11070-0.txt new file mode 100644 index 0000000..d611aff --- /dev/null +++ b/11070-0.txt @@ -0,0 +1,15149 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 11070 *** + +LA FONTANA DE ORO + +B. PÉREZ GALDÓS + + +[Illustration: ARS-NATURA-VERITAS] + + + + + +MADRID 1921 + + + +Los hechos históricos ó novelescos contados en este libro, se refieren á +uno de los periodos de turbación política y social más graves é +interesantes en la gran época de reorganización, que principió en 1812 y +no parece próxima á terminar todavía. Mucho después de escrito este +libro, pues sólo sus últimas páginas son posteriores á la Revolución de +Septiembre, me ha parecido de alguna oportunidad en los días que +atravesamos, por la relación que pudiera encontrarse entre muchos +sucesos aquí referidos y algo de lo que aquí pasa; relación nacida, sin +duda, de la semejanza que la crisis actual tiene con el memorable +período de 1820-23. Esta es la principal de las razones que me han +inducido á publicarlo. + + +B.P.G. + + +Diciembre de 1870. + + + +ÍNDICE + + + + I.--La carrera de San Jerónimo en 1821. + II.--El club patriótico + III.--Un lance patriótico y sus consecuencias + IV.--Coletilla + V.--La compañera de Coletilla + VI.--El sobrino de Coletilla + VII.--La voz interior + VIII.--Hoy llega + IX.--Los primeros pasos + X.--La primera batalla + XI.--La tragedia de _Los Gracos_ + XII.--La batalla de Platerías + XIII.--No llega el esperado.--Llegada de un importuno + XIV.--La determinación + XV.--Las tres ruinas + XVI.--El siglo décimoctavo + XVII.--El sueño del liberal + XVIII.--Diálogo entre ayer y hoy + XIX.--El abate + XX.--Bozmediano + XXI.--¡Libre! + XXII.--El _vía-crucis_ de Lázaro + XXIII.--La Inquisición + XXIV.--_Rosa mística_ + XXV.--_Virgo prudentísima_ + XXVI.--Los disidentes de _La Fontana_ + XXVII.--Se queda sola + XXVIII.--El ridículo + XXIX.--Las horas fatales + XXX.--_Virgo fidelis_ + XXXI.--La reunión misteriosa + XXXII.--_La Fontanilla_ + XXXIII.--Las arpías se ponen tristes + XXXIV.--El complot.--Triunfo de Lázaro + XXXV.--El bonete del Nuncio + XXXVI.--Aclaraciones + XXXVII.--El _vía-crucis_ de Clara +XXXVIII.--Continuación del _vía-crucis_ + XXXIX.--Un momento de calma + XL.--El gran atentado + XLI.--Fernando el Deseado + XLII.--_Virgo potens_ + XLIII.--Conclusión + + + + + + +CAPÍTULO PRIMERO + + + +#La Carrera de San Jerónimo en 1821#. + + +Durante los seis inolvidables años que mediaron entre 1814 y 1820, la +villa de Madrid presenció muchos festejos oficiales con motivo de +ciertos sucesos declarados _faustos_ en la _Gaceta_ de entonces. Se +alzaban arcos de triunfo, se tendían colgaduras de damasco, salían á la +calle las comunidades y cofradías con sus pendones al frente, y en todas +las esquinas se ponían escudos y tarjetones, donde el poeta Arriaza +estampaba sus pobres versos de circunstancias. En aquellas fiestas, el +pueblo no se manifestaba sino como un convidado mas, añadido á la lista +de alcaldes, funcionarios, gentiles-hombres, frailes y generales; no era +otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y +señaladas en los artículos del programa, y desempeñaba como tal el papel +que la etiqueta le prescribía. + +Las cosas pasaron de distinta manera en el período del 20 al 23, en que +ocurrieron los sucesos que aquí referimos. Entonces la ceremonia no +existía, el pueblo se manifestaba diariamente sin previa designación de +puestos impresa en la _Gaceta;_ y sin necesidad de arcos, ni oriflamas, +ni banderas, ni escudos, ponía en movimiento á la villa entera; hacía de +sus calles un gran teatro de inmenso regocijo ó ruidosa locura; turbaba +con un solo grito la calma de aquel que se llamó el _Deseado_ por una +burla de la historia, y solía agruparse con sordo rumor junto á las +puertas de Palacio, de la casa de Villa ó de la iglesia de Doña María +de Aragón, donde las Cortes estaban. + +Años de muchos lances fueron aquellos para la destartalada, sucia, +incómoda, desapacible y obscura villa! Sin embargo, no era ya Madrid +aquel lugarón fastuoso del tiempo de los reyes tudescos; sus gloriosas +jornadas del 2 de Mayo y del 3 de Diciembre, su iniciativa en los +asuntos políticos, la enaltecían, sobremanera. Era, además, el foro de +la legislación constituyente de aquella época, y la cátedra en que la +juventud más brillante de España ejercía con elocuencia la enseñanza del +nuevo derecho. + +A pesar de todos estos honores, la villa y corte tenía un aspecto muy +desagradable. Mari-Blanca continuaba en la Puerta del Sol como la más +concreta expresión artística de la cultura matritense. Inmutable en su +grosero pedestal, la estatua, que en anteriores siglos había asistido al +tumulto de Oropesa y al motín de Esquilache, presidía ahora el +espectáculo de la actividad revolucionaria de este buen pueblo, que +siempre convergía á aquel sitio en sus ovaciones y en sus trastornos. + +Si fuera posible trasladar al lector á las gradas de San Felipe, +capitolio de la chismografía política y social, ó sentarle en el húmedo +escaño de la fuente de Mari-Blanca, punto de reunión de un público más +plebeyo, comprendería cuan distinto de lo que hoy vemos era lo que veían +nuestros abuelos hace medio siglo. De fijo llamaría su atención que una +gran parte de los ociosos, que en aquel sitio se reúnen desde que +existe, lo abandonaban á la caída de la tarde para dirigirse á la +Carrera de San Jerónimo ó á otra de las calles inmediatas. Aquel público +iba á los clubs, á las reuniones patrióticas, á _La Fontana de Oro_, al +_Grande Oriente_, á _Lorencini_, á la _Cruz de Malta_. En los grupos +sobresalían algunas personas que, por su ademán solemne, su mirada +protectora, parecían ser tenidos en grande estima por los demás. +Aparentaban querer imponer silencio á la multitud; otras veces, +extendiendo los brazos en cruz, volvíanse atrás como quien pide +atención: todo esto hecho con una oficiosa gravedad que indicaba influjo +muy grande ó presunción no pequeña. + +La mayor porte se dirigía á la Carrera. Es porque allí estaba el club +más concurrido, el más agitado, el más popular de los clubs: _La Fontana +Se Oro_. Ya entraremos también en el café revolucionario. Antes +crucemos, desde el Buen Suceso á los Italianos, esta alegre y animada +Carrera de los Padres Jerónimos, que era entonces lo que es hoy y lo +que será siempre: la calle más concurrida de la capital. + +Pero hoy, cuando veis que la mayor parte de la calle está formada por +viviendas particulares, no podéis comprender lo que era entonces una vía +pública ocupada casi totalmente por los tristes paredones de tres ó +cuatro conventos. Imposible es comprender hoy la obscuridad que +proyectaban sobre la entrada de la Carrera el ancho paredón del +Monasterio de la Victoria por un lado, y la sucia y corroída tapia del +Buen Suceso por otro. Más allá formaban en línea de batalla las monjas +de Pinto; por encima de la tapia, que servía de prolongación al +convento, se veían las copas de los cipreses plantados junto á las +tumbas. Enfrente campeaba la ermita de los Italianos, no menos ridícula +entonces que hoy, y más abajo, en lo más rápido del declive, el Espíritu +Santo, que después fué Congreso de los Diputados. + +Las casas de los grandes alternaban con los conventos. En lo más bajo de +la calle se veía la vasta fachada del palacio de Medinaceli, con su +ancho escudo, sus innumerables ventanas, su jardín á un lado y su +fundación piadosa á otro; enfrente los Valmedianos, los Pignatellis y +Gonzagas; más acá los Pandos y Macedas, y, finalmente, la casa de Híjar, +que hasta hace poco ostentaba en su puerta la cadena histórica, +distintivo de la hospitalidad ofrecida á un monarca. Quedaba para catas +particulares, para tiendas y sitios públicos la tercera parte de la +calle: esto es lo que describiremos con más detención, porque es +importante dar á conocer el gran escenario donde tendrán lugar algunos +importantes hechos de esta historia. + +Entrando por la Puerta del Sol, y pasado el convento de la Victoria, se +hallaba un gran pórtico, entrada de una antiquísima casa que, á pesar de +su escudo decorativo, grabado en la clave del balcón, era en aquel +tiempo una casa de vecindad en que vivían hasta media docena de honradas +familias. Su noble origen era indudable; pero fué adquirida no sabemos +cómo por la comunidad vecina, que la alquiló para atender á sus +necesidades. En dicho portal, bastante espacioso para que entraran por +él las enormes carrozas de su primitivo señor, tenía su establecimiento +un memorialista, secretario de certificaciones y misivas; y en el mismo +portal, un poco más adentro, estaban los almacenes de quincalla de un +hermano de dicho memorialista, que había venido de Ocafia á la Corte +para _hacer carrera_ en el comercio. Constaba su tienda de tres +menguados cajoncillos, en que había algunos paquetes de peines, unas +cuantas cajas de obleas, juguetes de chicos y un gran manojo de rosarios +con cruces y medallones de estaño. + +La parte de la izquierda, y especialmente el rincón contiguo á la +puerta, era un lugar en que el público ejercía un incontestable derecho +de servidumbre. Era un centro urinario: la secreción pública había +trocado aquel rincón en foco de inmundicia, y especialmente por las +noches la ofrenda líquida aumentaba de tal modo, que el escribiente y su +hermano hacían propósito firme de abandonar el local. En vano se +amonestaba al público con terribles pragmáticas de policía urbana, +promulgadas por la autorizada voz del memorialista. El público no +renunciaba por esto á su costumbre, y de seguro lo habrían pasado mal +los dos hermanos si hubieran tratado de impedir por la fuerza la +libertad mingitoria, autorizada por un derecho consuetudinario que, +según la feliz expresión de un parroquiano de aquel sitio, radicaba en +la naturaleza del hombre y en la hospitalidad forzosa del vecindario. + +Enfrente de este portal clásico había una puertecilla, y por los dos +yelmos de Mambrino, labrados en finísimo metal del Alcaraz y +suspendidos á un lado y otro, se venía en conocimiento de que aquello +era una barbería. Por mucho de notable que tuviera el exterior de este +establecimiento, con su puerta verde, sus cortinas blancas, su redoma de +sanguijuelas, su cartel de letras rojas, adornado con dos viñetas dignas +de Maella, que representaban la una un individuo en el momento de ser +afeitado, y la otra una dama á quien sangraban en un pie, mucho más +notable era su interior. Tres mozos, capitaneados por el maestro +Calleja, rapaban semanalmente las barbas de un centenar de liberales de +los más recalcitrantes. Allí se discutía, se hablaba del Rey, de las +Cortes, del Congreso de Verona, de la _Santa Alianza_. Oiríais allí la +peroración contundente del oficial primero y más antiguo, mozo que se +decía pariente de Poilier, el mártir de la libertad. Al compás de la +navaja se recitaban versos amenizados con agudezas políticas; y las +voces _camarilla, coletilla, trágala, Elio, la Bisbal, Vinuesa_, +formaban el fondo de la conversación. Pero lo más notable de la barbería +más notable de Madrid, era su dueño, Gaspar Calleja (se había quitado el +Don después de 1820), héroe de la revolución, y uno de los mayores +enemigos que tuvo Fernando el año 14. Así lo decía él. + +Más lejos estaba la tienda de géneros de unos irlandeses establecidos +aquí desde el siglo pasado. Vendían, juntamente con el raso y el +organdí, encajes flamencos y catalanes, alepín para chalecos, ante para +pantalones, corbatas de color de las llamadas _guirindolas_, y +_carrikes_ de cuatro cuellos, que estaban entonces en moda. El patrón +era un irlandés gordo y suculento, de cara encendida, lustrosa y redonda +como un queso de Flandes. Tenía fama de ser un servilón de á folio, +pero, si esto era cierto, las circunstancias constitucionales del país, +y especialmente de la Carrera de San Jerónimo, le obligaban á +disimularlo. Fundábanse los que tan feo vicio imputaban al irlandés, en +que cuando pasaba por la calle la Majestad de Fernando ó Amalia, la +Alteza de _mi tío el doctor_ ó de don Carlos, el buen comerciante dejaba +apresuradamente su vara y su escritorio para correr á la puerta, +asomándose con ansiedad y mirando la real comitiva con muestras de +ternura y adhesión. Pero esto pasaba, y el irlandés volvía á su habitual +tarea, haciendo todas las protestas que sus amigos le exigían. + +Cerca de la tienda del irlandés se abría la puerta de una librería, en +cuyo mezquino escaparate se mostraban abierto por su primera hoja +algunos libros, tales como la _Historia de España_, por Duchesne; las +novelas de Voltaire, traducidas por autor anónimo; _Las noches_ de +Young; el _Viajador sensible_, y la novela de _Arturo y Arabella_, que +gozaba de gran popularidad en aquella época. Algunas obras de Montiano, +Porcell, Arriaza, Olavide, Feijóo, un tratado del lenguaje de las flores +y la _Guía del comadrón_, completaban el repertorio. + +Al lado, y como formando juego con este templo literario, estaba una +tienda de perfumería y de bisutería con algunos objetos de caza, de +tocador y de encina, que todo esto formaban comercio común en aquellos +días. Por entre los botes de pomadas y cosméticos; por entre las cajas +de alfileres y juguetes, se descubría el perfil arqueológico de una +vieja que era ama, dependiente y aun fabricante de algunas drogas. Más +allá había otra tienda obscura, estrecha y casi subterránea en que se +vendían papel, tinta y cosas de escritorio, amén de algún braguero ú +otro aparato ortopédico de singular forma. En la puerta pendía colgado +de una espetera un manojo de plumas de ganso, y en lo más profundo y más +lóbrego de la tienda lucían como los ojos de un lechuzo en el recinto de +una caverna, los dos espejuelos resplandecientes de don Anatalio Mas, +gran jefe de aquel gran comercio. + +Enfrente había una tienda de comestibles; pero de comestibles +aristocráticos. Existía allí un horno célebre, que asaba por Navidades +más de cuatrocientos pavos de distintos calibres. Las empanadas de +perdices y de liebres no tenía rival; sus pasteles eran celebérrimos, +y nada igualaba á los lechoncillos asados que salían de aquel gran +laboratorio. En días de convite, de cumpleaños ó de boda, no encargar +los principales platos á casa de _Perico el Mahonés_ (así le +llamaban), hubiera sido indisculpable desacato. Al por menor se +vendían en la tienda: rosquillas, bizcochos, galletas de Inglaterra y +mantecadas de Astorga. + +No lejos de esta tienda se hallaban las sedas, los hilos, los algodones, +las lanas, las madejas y cintas de doña Ambrosia (antes de 1820 la +llamaban la tía Ambrosia), respetable matrona, comerciante en hilado: el +exterior de su tienda parecía la boca escénica de un teatro de aldea. +Por aquí colgaba á guisa de pendón, una pieza de lanilla encarnada; por +allí un ceñidor de majo; más allá ostentaba una madeja sus innumerables +hilos blancos, semejando los pistilos de gigantesca flor; de lo alto +pendía algún camisolín, infantiles trajes de mameluco, cenefas de +percal, sartas de pañuelos, refajos y colgaduras. Encima de todo esto, +una larga tabla en figura de media, pintada de negro, fija en la muralla +y perpendicular á ella, servía de muestra principal. En el interior todo +era armonía y buen gusto; en el trípode del centro tenían poderoso +cimiento las caderas de doña Ambrosia, y más arriba se ostentaba el +pecho ciclópeo y corpulento busto de la misma. Era española rancia, +manchega y natural de Quintanar de la Orden, por más señas; señora de +muy nobles y cristianos sentimientos. Respecto á sus ideas políticas, +cosa esencial entonces, baste decir que quedó resuelto después de +grandes controversias en toda la calle, que era una servilona de lo más +exagerado. + +Estas tiendas, con sus respectivos muestrarios y sus tenderos +respectivos, constituían la decoración de la calle; había además una +decoración movible y pintoresca, formada por el gentío que en todas +direcciones cruzaba, como hoy, por aquél sitio. Entonces los trajes eran +singularísimos. ¿Quién podría describir hoy la oscilación de aquellos +puntiagudos faldones de casaca? ¿Y aquellos sombreros de felpa con el +ala retorcida y la copa aguda como pilón de azúcar? ¿Se comprenden hoy +los tremendos sellos de reloj, pesados como badajos de campana, que iban +marcando con impertinente retintín el paso del individuo? Pues ¿y las +botas á la _farolé_ y las mangas de jamón, que serían el último grado de +la ridiculez, si no existieran los tupés hiperbólicos, que asimilaban +perfectamente la cabeza de un cristiano á la de un guacamayo? + +El gremio cocheril exhibía allí también sus más característicos +individuos. Lo menos veinte veces al día pasaban por esta calle las +carrozas de los grandes que en las inmediaciones vivían. Estas carrozas, +que ya se han sumergido en los obscuros abismos del no ser, se componían +de una especie de navío de línea, colocado sobre una armazón de hierro; +esta armazón se movía con la pausada y solemne revolución de cuatro +ruedas, que no tenían velocidad más que para recoger el fango del piso y +arrojarlo sobre la gente de á pie. El vehículo era un inmenso cajón: los +de los días gordos estaban adornados con placas de carey. Por lo común +las paredes de los ordinarios eran de nogal bruñido, ó de caoba, con +finísimas incrustaciones de marfil ó metal blanco. En lo profundo de +aquel antro se veía el nobilísimo perfil de algún prócer esclarecido, ó +de alguna vieja esclarecidamente fea. Detrás de esta máquina, clavados +en pie sobre una tabla, y asidos á pesadas borlas, iban dos grandes +levitones que, en unión de dos enormes sombreros, servían para +patentizar la presencia de dos graves lacayos, figuras simbólicas de la +etiqueta, sin alma, sin movimientos y sin vida. En la proa se elevaba el +cochero, que en pesadez y gordura tenía por únicos rivales á las mulas, +aunque éstas solían ser más racionales que él. + +Rodaba por otro lado el vehículo público, tartana calesa ó galera, el +carromato tirado por una reata de bestias escuálidas; y entre todo esto +el esportillero con su carga, el mozo con sus cuerdas, el aguador con su +cuba, el prendero con su saco y una pila de seis ó siete sombreros en la +cabeza, el ciego con su guitarra y el chispero con su sartén. + +Mientras nos detenemos en esta descripción, los grupos avanzan hacia la +mitad de la calle y desaparecen por una puerta estrecha, entrada á un +local, que no debe de ser pequeño, pues tiene capacidad para tanta +gente. Aquélla es la célebre _Fontana de Oro, café y fonda_, según el +cartel que hay sobre la puerta; es el centro de reunión de la juventud +ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiración, +ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y de oír su aplauso +irreflexivo. Allí se había constituido un club, el más célebre é +influyente de aquella época. Sus oradores, entonces neófitos exaltados +de un nuevo culto, han dirigido en lo sucesivo la política del país; +muchos de ellos viven hoy, y no son por cierto tan amantes del bello +principio que entonces predicaban. + +Pero no tenemos que considerar lo que muchos de aquellos jóvenes fueron +en años posteriores. Nuestra historia no pasa más acá de 1821. Entonces +una democracia nacida en los trastornos de la revolución y alzamiento +nacional, fundaba el moderno criterio político, que en cincuenta años se +ha ido difícilmente elaborando. Grandes delirios bastardearon un tanto +los nobles esfuerzos de aquella juventud, que tomó sobre sí la gran +tarea de formar y educar la opinión que hasta entonces no existía. Los +clubs, que comenzaron siendo cátedras elocuentes y palestra de la +discusión científica, salieron del círculo de sus funciones propias +aspirando á dirigir los negocios públicos, á amonestar á los gobiernos é +imponerse á la nación. En este terreno fué fácil que las personalidades +sucedieran á los principios, que se despertaran las ambiciones, y lo que +es peor, que la venalidad, cáncer de la política, corrompiera los +caracteres. Los verdaderos patriotas lucharon mucho tiempo contra esta +invasión. El absolutismo, disfrazado con la máscara de la más abominable +demagogia, socavó los clubs, los dominó y vendiólos al fin. Es que la +juventud de 1820, llena de fe y de valor, fué demasiado crédula ó +demasiado generosa. O no conoció la falacia de sus supuestos amigos, ó +conociéndola, creyó posible vencerles con armas nobles, con la +persuasión y la propaganda. + +Una sociedad decrépita, pero conservando aún esa tenacidad +incontrastable que distingue á algunos viejos, sostenía encarnizada +guerra con una sociedad lozana y vigorosa llamada á la posesión del +porvenir. En este libro asistiremos á algunos de sus encuentros. + +Sigamos nuestra narración. Los curiosos se paraban ante la _Fontana_; +salían los tenderos á las puertas; el barbero Calleja, que se hacía +llamar _ciudadano Calleja_, estaba también en su puerta pasando una +navaja, y contemplando el club y á sus parroquianos con una mirada +presuntuosa, que quería decir: "si yo fuera allá...." + +Algunas personas se acercaron á la barbería formando corro alrededor del +maestro. Uno llegó muy presuroso, y preguntó: + +"¿Qué hay? ¿Ocurre algo?" + +Era el recién venido uno de esos individuos de edad indefinible, de esos +que parecen viejos ó jóvenes, según la fuerza de la luz ó la expresión +que dan al semblante. + +Su estatura era pequeña, y tenía la cabeza casi inmediatamente adherida +al tronco, sin más cuello que el necesario para no ser enteramente +jorobado. El abdomen le abultaba bastante, y generalmente cruzaba las +manos sobre él con movimiento de cariñosa conservación. Sus ojos eran +medio cerrados y pequeños, pero muy vivos, formando armoniosa simetría +con sus labios delgados, largos y elásticos, que en los momentos más +ardorosos de la conversación avanzaban formando un tubo acústico que +daba á su voz intensidad extraordinaria. A pesar de su traje seglar, +había en este personaje no sé qué de frailuno. Su cabeza parecía hecha +pura la redondez del cerquillo, y ancho gabán que envolvía su cuerpo, +más que gabán, parecía un hábito. Tenía la voz muy destemplada y acre; +pero sus movimientos eran sumamente expresivos y vehementes. + +Para concluir, diremos que este hombre se llamaba Gil de nombre y +Carrascosa de apellido; educáronle los frailes agustinos de Móstoles, y +ya estaba dispuesto para profesar, cuando se marchó del convento, +dejando á los Padres con tres palmos de boca abierta. A fines de siglo +logró, por amistades palaciegas, que le hicieran abate; mas en 1812 +perdió el beneficio, y depuso el capisayo. Desde entonces fué ardiente +liberal hasta la vuelta de Fernando, en que sus relaciones con el +favorito Alagón le proporcionaron un destino de covachuelista con diez +mil reales. Entonces era absolutista decidido; pero la Jura de la +Constitución por Fernando en 1820 le hizo variar de opiniones hasta el +punto de llegar á alistarse en la sociedad de los _Comuneros_ y formar +pandilla con los más exaltados. Cuando tengamos ocasión de penetrar en +la vida privada de Carrascosa, sabremos algunos detalles de cierta +aventura con una beldad quintañona de la calle de la Gorguera, y +sabremos también los malos ratos que con este motivo le hizo pasar +cierto estudiantillo, poeta clásico, autor de la nunca bien ponderada +tragedia de los Gracos. + +"¿Pues no ha de ocurrir?--dijo Calleja.--Hoy tenemos sesión +extraordinaria en la _Fontana_. Se trata de pedir al Rey que nombre un +Ministerio exaltado, porque el que está no nos gusta. Tendremos discurso +de Alcalá Galiano. + +--Aquel andaluz feo... + +--Si, ese mismo. El que el mes pasado dijo: _No haya perdón ni tregua +para los enemigos de la libertad. ¿Qué quieren esos espíritus obscuros, +esos...?_ Y por aquí seguía con un pico de oro.... + +--Ya les dará que hacer--observó Carrascosa--¡Qué elocuencia! ¡Qué +talento el de ese muchacho! + +--Pues yo, señor don Gil--manifestó Calleja,--respetando la opinión de +usted, para mi tan competente, diré...." + +Y aquí tosió dos veces, emitió un par de gruñidos por vía de proemio, +y continuó: + +"Diré que, aunque admiro como el que más las dotes del joven Alcalá +Galiano, prefiero á Romero Alpuente, porque es más expresivo, más +fuerte, más ... pues. Dice todas las cosas con un arranque ... por +ejemplo, aquello de ¡_al que quiera hierro, hierro_! y aquello de ¡_no +buscan los tiranos su apoyo en la vara de la justicia; búscanle en los +maderos del cadalso, en el hombro deshonrado del verdugo_! Si le digo á +usted que es un.... + +--Pues yo--contestó el ex abate,--aunque admiro también á Romero +Alpuente, prefiero á Alcalá Galiano, porque es más exacto, más +razonador.... + +--Se engaña usted, amigo Carrascosa. No me compare usted á ese hombre +con el mío; que todos los oradores de España no llegan al zancajo de +Romero Alpuente. Pues ¿y aquel pasaje de los _abajos_? Cuando decía: +¡_Abajo los privilegios, abajo lo superfluo, abajo ese lujo que llaman +rey..._! ¡Ah! Si es mucha boca aquella." + +Calleja repetía estos trozos de discurso con mucho énfasis y afectación. +Recordaba la mitad de lo que oía, y al llegar la ocasión comenzaba á +desembuchar aquel arsenal oratorio, mezclándolo todo y haciendo de +distintos fragmentos una homilía substancial y disparatada. Se nos +olvidaba decir que este ciudadano Calleja era un hombre muy corpulento y +obeso; pero aunque parecía hecho expresamente por la Naturaleza para +patentizar los puntos de semejanza que puede haber entre un ser humano y +un toro, su voz era tan clueca, fallida y aternerada, que daba risa +oírle declamar los retazos de discursos que aprendía en la _Fontana_. + +Pues no estamos conformes--contestó Carrascosa, accionando con mucho +aplomo,--porque ¿qué tiene que ver esa elocuencia con la de Alcalá, el +cual es hombre que, cuando dice "allá voy", le levanta á uno los pies +del suelo? + +--Es verdad--dijo, terciando en el debate, uno de los circunstantes, que +debía de ser torero, á juzgar por su traje y la trenza que en el cogote +tenía;--es verdad. Cuando Alcalá embiste á los tiranos y se empieza á +calentar.... Pues no fué mal puyazo el que le metió el otro día á la +Inquisición. Pero, sobre todo, lo que más me gusta es cuando empieza +bajito y después va subiendo, subiendo la voz.... Les digo á ustedes que +es el espada de los _oraores_. + +--Señores--afirmó Calleja,--repito que todos esos son unos muñecos al +lado de Romero Alpuente. ¡Cómo puso á los frailes hace dos noches! ¿A +que no saben ustedes lo que les dijo? ¿A que no saben...? Ni al mismo +demonio se le ocurre.... Pues los llamó.... _¡sepulcros blanqueados!_... +Miren qué mollera de hombre.... + +--No se empeñe usted, Calleja--refunfuñó el ex covachuelista con alguna +impertinencia. + +--Pero venga usted acá, señor don Gil--dijo Calleja, haciendo todo lo +posible por engrosar la voz.--¡Si sabré yo quién es Alcalá Galiano y los +puntillos que calzan todos ellos! ¡A mí con esas! Yo, que les calo á +todos desde que les veo, y no tengo más que oírles decir _castañas_ para +saber de qué palo están hechos.... + +--Creo, señor don Gaspar, que está usted muy equivocado, y no sé por qué +se cree usted tan competente,--indicó Carrascosa en tono muy grave. + +--¿Pues no he de serlo? ¡Yo, que paso las noches oyéndoles á todos, no +saber lo que son! Vamos, que algunos que se tienen por muy buenos, no +son más que ingenios de ración y equitación. + +--Es verdad también que Romero Alpuente no es ningún rana--dijo otro de +los presentes. + +--¿Cómo rana?--exclamó, animándose, Calleja.--¡Que le sobra talento por +los tejados!... Y á usted, señor Carrascosa, ¿quién le ha dicho que yo +no soy competente? ¿Quién es usted para saberlo? + +--¿Que quién soy? ¿Y usted qué entiende de discursos? + +--Vamos, señor don Gil, no apure usted mi paciencia. Le digo á usted que +le tengo por un ignorante lleno de presunción. + +--Respete usted, señor Calleja--exclamó don Gil un poco +conmovido;--respete usted á los que por sus estudios están en el caso +de... Yo... yo soy graduado en cánones en la Complutense. + +--Cánones, ya. Eso es cosa de latín. ¿Qué tiene que ver eso con la +política? No se meta usted en esas cuestiones, que no son para cabezas +ramplonas y de cuatro suelas. + +--Usted es el que no debe meterse en ellas--exclamó Carrascosa sin +poderse contener;--y el tiempo que le dejan libre las barbas de sus +parroquianos, debe emplearlo en arreglar su casa. + +--Oiga usted, señor pedante complutense, canonista, teatino, ó lo que +sea, váyase á mondar patatas al convento de Móstoles, donde estará más +en su lugar que aquí. + +--Caballero--dijo Carrascosa, poniéndose de color de un tomate y mirando +á todos lados para pedir auxilio, porque aunque tenía al barbero por lo +que era, por un solemne gallina, no se atreva con aquel corpachón de +ocho pies. + +--Y ahora que recuerdo--añadió con desdén el rapista,--no me ha pagado +usted las sanguijuelas que llevó para esa señora de la cal é de la +Gorguera, hermana del tambor mayor de la Guardia Real. + +--¿También me llama usted estafador? Mejor haría el ciudadano Calleja +en acordarse de los diez y nueve reales que le prestó mi primo, el +que tiene la pollería en la calle Mayor; reales que le ha pagado como +mi abuela. + +--Vamos, que tú y el pollero sois los dos del mismo estambre. + +--Sí, y acuérdese de la guitarrilla que le robó á Perico Sardina el día +de la merienda en Migas Calientes. + +--¿La guitarrilla, eh? ¿Dice usted que yo le robé una guitarrilla? +Vamos, no me venga usted á mí con indirectas...--contestó el barbero, +queriendo parecer sereno. + +--Véngase usted aquí con pamplinas: si no le conoceremos, señor +_Callejón angosto_. + +--Anda, que te quedaste con la colecta el día de San Antón. ¡Catorce +pesos! Pero entonces eras realista y andabas al rabo de Otolaza para +que te hiciera limpia-polvos de alguna cocina. Entonces dabas vivas +al Rey absoluto, y en la estudiantina del Carnaval le ofreciste un +ramillete en el Prado. Anda, aprende conmigo, que, aunque barbero, he +sido siempre liberal, sí, señores. Liberal aunque barbero; que yo no soy +cualquier vende-humos, sino un ciudadano honrado y liberal como +cualquiera. Pero miren á estos realistones: ahora han cambiado de +casaca. Después que con sus delaciones tenían las cárceles atarugadas de +gente; se agarran á la Constitución, y ya están en campaña como toro en +plaza, dando vivas á la libertad. + +--Señor Calleja, usted es un insolente. + +--¡Servilón! + +Esta voz era el mayor de los insultos en aquella época, Cuando se +pronunciaba, no había remedio: era preciso reñir. + +Ya el arma ingeniosa, que la industria ha creado para el mejoramiento y +cultivo de las barbas de la mitad del género humano se alzaba en la +mano del iracundo barbero; ya el agudo filo resplandecía en lo alto, +próximo á caer sobre el indefenso cráneo del que fué lego, abate y +covachuelista, cuando otra mano providencial atajó el golpe tremendo +que iba á partir en dos tajadas á todo un graduado en cánones de la +Complutense. Esta mano protectora era la mano robusta de la mujer de +Calleja, la cual, desconcertada y trémula al ver desde el rincón de su +tienda la actitud terriblemente agresiva de su esposo, dejó con rapidez +la labor, echó en tierra al chicuelo, que en uno de sus monumentales +pechos se alimentaba, y arreglándose lo mejor que pudo el mal +encubierto seno, corrió á la puerta y libró al pobre Carrascosa de una +muerte segura. + +Las tres figuras permanecieron algunos segundos formando un bello grupo. +Calleja con el brazo alzado y el rostro encendido; su esposa, que era +tan gigantesca como él, le sostenía el brazo; el pobre Gil, mudo y +petrificado de espanto. Doña Teresa Burguillos, que así se llamaba la +dama, era de formas colosales y bastas; pero tenía en aquellos momentos +cierta majestad en su actitud, la cual recordada á Minerva en el momento +de detener la mano de Aquiles, pronta á desnudar el terrible acero +clásico. El Agamenón de la Covachuela ofrecía un aspecto poco académico +en verdad. + +"Ciudadano Calleja--dijo aquella señora en tono muy reposado,--no +emplees tus armas contra ese pelón, que se pudre á todo podrir: +guárdalas para los tiranos." + +Calleja cerró, pues, la navaja, y la guardó para los tiranos. + +Don Gil se apartó de allí, llevado por algunos amigos, que quisieron +impedir una catástrofe; y poco después, el grupo que allí se había +formado quedaba disuelto. + +La amazona cerró la puerta, y dentro continuó su perorata interrumpida. +No queremos referir las muchas cosas buenas que dijo, mientras el +muchacho se apoderaba otra vez del pecho, que tan bruscamente había +perdido. Basto decir, para que se comprenda lo que valía doña Teresa +Burguillos, que sabía leer, aunque con muchas dificultades, hallándose +expuesta á entender las cosas al revés; que á fuerza de mascullones +podía enterarse de algunos discursos escritos, reteniéndolos en la +memoria; que alentada por la barberil elocuencia y liberalesca conducta +de su esposo, se había hecho una gran política, y que era muy entusiasta +de Riego y de Quiroga, aunque más que los _hombres de sable_ le gustaban +los _hombres de palabra_, llegando hasta decir que no conocía caballero +más galantemente discreto que _Paco_ (así mismo) Martínez de La Rosa. Es +casi seguro que manifestó deseos de tener delante al _bárbaro Elio_ para +clavarle sus tijeras en el corazón. Penetremos ahora en la _Fontana_. + + + + + +CAPÍTULO II + + + +#El club patriótico#. + + +En la _Fontana_ es preciso demarcar dos recintos, dos hemisferios: el +correspondiente al café, y el correspondiente á la política. En el +primer recinto había unas cuantas mesas destinadas al servicio. Más al +fondo, y formando un ángulo, estaba el local en que se celebraban las +sesiones. Al principio el orador se ponía en pie sobre una mesa, y +hablaba; después el dueño del café se vió en la necesidad de construir +una tribuna. El gentío que allí concurría era tan considerable, que fué +preciso arreglar el local, poniendo bancos _ad hoc_; después, á +consecuencia de los altercados que este club tuvo con el _Grande +Oriente_, se demarcaron las filiaciones políticas; los exaltados se +encasillaron en la _Fontana_, y expulsaron á los que no lo eran. Por +último, se determinó que las sesiones fueran secretas, y entonces se +trasladó el club al piso principal. Los que abajo hacían el gasto +tomando café ó chocolate, sentían en los momentos agitados de la +polémica un estruendo espantoso en las regiones superiores, de tal modo, +que algunos, temiendo que se les viniera encima el techo con toda la +mole patriótica que sustentaba, tomaron las de Villadiego, abandonando +la costumbre inveterada de concurrir al café. + +Una de las cuestiones que más preocupaban al dueño fué la manera de +armonizar lo mejor posible el patriotismo y el negocio, las sesiones del +club y las visitas de los parroquianos. Dirigió conciliadoras +amonestaciones para que no hicieran ruido pero esto parece que fué +interpretado como un primer conato de servilismo, y aumentó el ruido, y +se fueron los parroquianos. + +En la época á que nuestra historia se refiere, las sesiones estaban +todavía en la planta baja. Aquéllos fueron los buenos días de la +_Fontana_. Cada bebedor de café formaba parte del público. + +Entre los numerosos defectos de aquel local, no se contaba el de ser +excesivamente espacioso: era, por el contrario, estrecho, irregular, +bajo, casi subterráneo. Las gruesas vigas que sostenían el techo no +guardaban simetría. Para formar el café fué preciso derribar algunos +tabiques, dejando en pie aquellas vigas; y una vez obtenido el espacio +suficiente, se pensó en decorarlo con arte. + +Los artistas escogidos para esto eran los más hábiles pintores de +muestra de la Villa. Tendieron su mirada de águila por las estrechas +paredes, las gruesas columnas y el pesado techo del local, y unánimes +convinieron en que lo principal era poner unos capiteles á aquellas +columnas. Improvisaron unas volutas, que parecían tener por modelo las +morcillas extremeñas, y las clavaron, pintándolas después de amarillo. +Se pensó después en una cenefa que hiciera el papel de friso en todo lo +largo del salón; mas como ninguno de los artistas sabía tallar +bajo-relieves, ni se conocían las maravillas del cartón-piedra, se +convino en que lo mejor sería comprar un listón de papel pintado en los +almacenes de un marsellés recientemente establecido en la calle de +Majaderitos. Así se hizo, y un día después la cenefa, engrudada por los +mozos del café, fué puesta en su sitio. Representaba unos cráneos de +macho cabrío, de cuyos cuernos pendían cintas de flores que iban á +enredarse simétricamente en varios tirsos adornados con manojos de +frutas, formando todo un conjunto anaecreóntico-fúnebre de muy mal +efecto. Las columnas fueron pintadas de blanco con ráfagas de rosa y +verde, destinadas á hacer creer que eran de jaspe. En los dos testeros +próximos á la entrada, se colocaron espejos como de á vara; pero no +enterizos, sino formados por dos trozos de cristal unidos por una barra +de hojalata. Estos espejos fueron cubiertos con un velo verde para +impedir el uso de los derechos de domicilio que allí pretendían tener +todas las moscas de la calle. A cada lado de estos espejos se colocó un +quinqué, sostenido por una peana anaecreóntico, donde se +apoyaba el receptáculo; y éste recibía diariamente de las entrañas de +una alcuza, que detrás del mostrador había, la substancia necesaria para +arder macilento, humeante, triste y hediondo hasta más de media noche, +hora en que su luz, cansada de alumbrar, vacilaba á un lado y otro como +quien dice _no_, y se extinguía, dejando que salvaran la patria á +obscuras los apóstoles de la libertad. + +El humo de estos quinqués, el humo de los cigarros, el humo del café +habían causado considerable deterioro en el dorado de los espejos, en el +amarillo de los capiteles, en los jaspes y en el friso clásico. Solo por +tradición se sabía la figura y color de las pinturas del techo, debidas +al pincel del peor de los discípulos de Maella. + +Los muebles eran muy modestos; reducíanse á unas mesas de palo, pintadas +de color castaño simulando caoba en la parte inferior, y embadurnadas de +blanco para imitar mármol en la parte superior, y á medio centenar de +banquillos de ajusticiado, cubiertos con cojines de hule, cuya crin, por +innumerables agujeros, se salía con mucho gusto de su encierro. + +El mostrador era ancho, estaba colocado sobre un escalón, y en su +fachada tenía un medallón donde las iniciales del amo se entrelazaban en +confuso jeroglífico. Detrás de este catafalco asomaba la imperturbable +imagen del cafetero, y á un lado y otro de éste, dos estantes donde se +encerraban hasta cuatro docenas de botellas. Al través de la mitad de +estos cristales se veían también bollos, libras de chocolate y algunas +naranjas; y decimos la mitad de los cristales, porque la otra mitad no +existía, siendo sustituida por pedazos de papel escrito, perfectamente +pegados con obleas encarnadas. Por encima de las botellas, por encima +del estante, por encima de los hombros del amo, se veía saltar un gato +enorme, que pasaba la mayor parte del día acurrucado en un rincón, +durmiendo el sueño de la felicidad y de la hartura. Era un gato +prudente, que jamás interrumpía la discusión, ni se permitía maullar ni +derribar ninguna botella en los momentos críticos. Este gato se llamaba +Robespierre. + +En el local que hemos descrito se reunía la ardiente juventud de 1820. +¿De dónde habían salido aquellos jóvenes? Unos salieron de las +Constituyentes del año 12, esfuerzo de pocos, que acabó iluminando á +muchos. Otros se educaron en los seis años de opresión posteriores á la +vuelta de Fernando. Algunos brotaron en el trastorno del año 20, más +fecundo tal vez que el del 12. ¿Qué fué de ellos? Unos vagaron +proscriptos en tierra extranjera durante los diez años de Calomarde; +otros perecieron en los aciagos días que siguieron á la triste victoria +de los cien mil nietos de San Luis. Entre los que lograron vivir más que +el inicuo Fernando, algunos defendieron el mismo principio con igual +entereza; otros, creyendo sustentarle, tropezaron con las exigencias de +una generación nueva. Encontráronse con que la generación posterior +avanzaba más que ellos, y no quisieron seguirla. + +Al crearse el club, no tuvo más objeto que discutir en principio las +cuestiones políticas; pero poco á poco aquel noble palenque, abierto +para esclarecer la inteligencia del pueblo, se bastardeó. Quisieron los +fontanistas tener influencia directa en el gobierno. Pedían solemnemente +la destitución de un ministro, el nombramiento de una autoridad. +Demarcaron los dos partidos _moderado y exaltado_, estableciendo una +barrera entre ambos. Pero aún descendieron más. Como en la _Fontana_ se +agitaban las pasiones del pueblo, el Gobierno permitía sus excesos para +amedrentar al Rey, que era su enemigo. El Rey, entre tanto, fomentaba +secretamente el ardor de la _Fontana_, porque veía en él un peligro para +la libertad. La tradición nos ha enseñado que Fernando corrompió á +alguno de los oradores é introdujo allí ciertos malvados que fraguaban +motines y disturbios con objeto de desacreditar el sistema +constitucional. Pero los ministros, que descubrían esta astucia de +Fernando, cerraban la _Fontana_, y entonces ésta se irritaba contra el +Gobierno y trataba de derribarlo. Fomentaba el Rey el escándalo por +medio de agentes disfrazados; ayudaba el club á los ministros; éstos le +herían; vengábase aquél, y giraban todos en un círculo de intrigas, sin +que los crédulos patriotas que allí formaban la opinión conociesen la +oculta transcendencia de sus cuestiones. + +Pero oigamos á Calleja que pide á voz en cuello que comience la sesión. +Dos elementos de desorden minaban la _Fontana_: la ignorancia y la +perfidia. En el primero ocupaba un lugar de preferencia el barbero +Calleja. Este patriota capitaneaba una turba de aplaudidores semejantes +á él, y la tal cuadrilla alborotaba de tal modo cuando subía á la +tribuna un orador que no era de su gusto, que se pensó seriamente en +prohibirle la entrada. + +En la noche á que nos referimos, nuestro hombre daba con sus pesadas +manos tales palmadas, que sonaban como golpes de batán y los demás +metían ruido dando porrazos en el suelo con los bastones. En vano pedían +silencio y moderación los del interior, personas entre las cuales había +diputados, militares de alta graduación, oradores famosos. Los +bullangueros no callaron hasta que subió á la tribuna Alcalá Galiano. + +Era éste un joven de estatura más que regular, erguido, delgado, de +cabeza grande y modales desenvueltos y francos. Tenía el rostro +bastante grosero, y la cabeza poblada de encrespados cabellos. Su boca +era grande, y muy toscos los labios; pero en el conjunto de la fisonomía +había una clara expresión de noble atrevimiento, y en su mirada profunda +la penetración y el fuego de los ingenios de la antigua raza. + +Comenzó á hablar relatando un suceso de la sesión anterior, que había +dado ocasión á que salieran de la _Fontana_ Garelli, Toreno y Martínez +de la Rosa. Indicó las diferencias de principios que en lo sucesivo +habían de separar á los moderados de los exaltados, y pintó la situación +del Gobierno con exactitud y delicadeza. Pero cuando con más robusta voz +y elocuencia más vigorosa hacía un cuadro de las pasadas desdichas de la +nación, ocurrió un incidente que le obligó á interrumpir su discurso. +Era que se oía en la calle fuerte ruido de voces, el cual creció +formando gran algazara. Muchísimos se levantaron y salieron. El +auditorio empezó á disminuir, y al fin disminuyó de tal modo, que el +orador no tuvo más remedio que callarse. + +Cortado y colérico estaba el andaluz cuando bajó de la tribuna. [Nota 1: +El mismo Alcalá Galiano refiere con mucha franqueza este suceso en sus +anotaciones á _Historia de España_, por Durham.] El tumulto aumentaba +fuera, y por fin no quedaron en el café sino cinco ó seis personas. +Estas querían satisfacer la curiosidad, y acompañadas del mismo Galiano, +salieron también. + +En diez minutos la _Fontana_ se quedó sin gente, y el rumor exterior +pasaba, se oía cada vez más lejano, porque andaba á buen paso la oleada +de pueblo que lo producía. Todas las señales eran de que había comenzado +una de aquellas asonadas tan frecuentes entonces. + +Era ya tarde: los quinqués habían llegado al tercer período de su +reverberación dificultosa, es decir, estaban en los instantes +precursores de su completo aniquilamiento, y las mechas despedían humo +más hediondo y abundante. Uno de los mozos se había marchado á dormir; +otro roncaba junto á la puerta, y el tercero había salido con los +parroquianos. A lo lejos se oía un eco de voces siniestras, las voces +del tumulto popular, que rodaba por la villa agitándola toda. + +El cafetero continuaba inmóvil en su trípode. Dos luminosos puntos de +claridad verdosa brillaban detrás de él. Era Robespierre que se acercaba +á su amo, y saltando por encima de sus hombros, se ponía delante para +recibir una caricia. El hombre del café le pasó la mano afectuosamente +por el lomo, y el animal, agradecido, alzó el rabo, arqueó el espinazo, +se lamió los bigotes, y después de estirarse muy á la sabor, se volvió á +su rincón, donde se agazapó de nuevo. + +Frente por frente al mostrador, y en el más obscuro sitio del café, +principió á destacarse una figura humana, invisible hasta entonces. Esta +persona salía de la sombra, y avanzando lentamente hacia el mostrador, +entraba en el foco de la escasa luz que aclaraba el recinto, siendo +posible entonces observar las formas de aquel silencioso y extraño +personaje. + +Era un hombre de edad avanzada; pero en vez de la decrepitud propia de +sus años, mostraba entereza, vigor y energía. Su cara era huesosa, +irregular, sumamente abultada en la parte superior; la frente tenía una +exagerada convexidad, mientras la boca y los carrillos quedaban +reducidos á muy mezquinas proporciones. A esto contribuía la falta +absoluta de dientes, que, habiendo hecho de la boca una concavidad +vacía, determinaba en sus labios y en sus mejillas depresiones profundas +que hacían resaltar más la angulosa armazón de sus quijadas. En su +cuello, los tendones, huesos y nervios formaban como una serie de piezas +articuladas, cuyo movimiento mecánico se observaba muy bien, á pesar de +la piel que las cubría. Los ojos eran grandes y revelaban haber sido +hermosos. Por extraño fenómeno, mientras los cabellos habían +emblanquecido enteramente, las cejas conservaban el color de la +juventud, y estaban formadas de pelos muy fuertes, rígidos y erizados. +Su nariz corva y fina debió también haber sido muy hermosa, aunque al +fin por la fuerza de los años, se había afilado y encorvado más, hasta +el punto de ser enteramente igual al pico de un ave de rapiña. Alrededor +de su boca, que no era más que una hendidura, y encima de sus quijadas, +que no eran otra cosa que un armazón, crecía un vello tenaz, los fuertes +retoños blancos de su barba que, afeitada semanalmente en cuarenta años, +despuntaban rígidos y brillantes como alambres de plata. Hacían más +singular el aspecto de esta cara dos enormes orejas extendidas, +colgantes y transparentes. La amplitud dé estos pabellones +cartilaginosos correspondía á la extrema delicadeza timpánica del +individuo, la cual, en vez de disminuir, parecía aumentar con la edad. +Su mirada era como la mirada de los pájaros nocturnos, intensa, luminosa +y más siniestra por el contraste obscuro de sus grandes cejas, por la +elasticidad y sutileza de sus párpados sombríos, que en la obscuridad +se dilataban mostrando dos pupilas muy claras. Estas, además de ver +mucho, parecía que iluminaban lo que veían. Esta mirada anunciaba la +vitalidad de su espíritu, sostenido á pesar del deterioro del cuerpo, el +cual era inclinado hacia adelante, delgado y de poca talla. Sus manos +eran muy flacas, pudiéndose contar en ellas las venas y los nervios; los +dedos parecían, por lo angulosos y puntiagudos, garras de pájaro rapaz. + +La piel de la frente era amarilla y arrugada como las hojas de un +incunable; y mientras hablaba, esta piel se movía rápidamente y se +replegaba sobre las cejas formando una serie de círculos concéntricos +alrededor de los ojos, que remataban en semejanza con un lechuzo. Vestía +de negro, y en la cabeza llevaba una gorrilla de terciopelo. + +Cuando este hombre estuvo cerca del mostrador, levantóse el cafetero con +recelo, se fué á la puerta de la calle y escuchó atentamente algún +tiempo; volvió, se asomó á un ventanillo que daba al patio, y después +repitió la misma operación en una puerta que daba á la escalera. De los +tres mozos del café, uno solo estaba allí, roncando sobre un banco: el +amo le despertó y le despidió. Atrancada bien la puerta, volvió aquel á +su trípode, y estableciéndose en ella, miró al del gorro, como si +esperara de él una gran cosa. + +¡Buena la han armado!--dijo en voz alta, seguro de no ser escuchado por +voces extrañas--¡Otro alboroto esta noche! Y dicen que la Guardia Real +prepara un gran tumulto. Usted, D. Elías, debe saberlo. + +--Deje usted andar, amigo; deje usted andar, que ya llegarán,--dijo el +flaco con voz sonora y profunda. + +Y metiendo la mano en el bolsillo, sacó un pequeño envoltorio que, por +el sonido que produjo al ser puesto sobre la mesa, indicaba contener +dinero. El cafetero miró con singular expresión de cariño el envoltorio, +mientras el viejo lo desenvolvió con mucha cachaza, y sacando unas onzas +que dentro había, comenzó á contar. + +Al ruido de las monedas, Robespierre abrió los ojos; y viendo que no era +cosa que le interesaba, los volvió á cerrar, quedándose otra vez +dormido. El viejo contó diez medias onzas, y se las dió al del café. + +--Vamos, señor D. Elías--dijo éste descontento.--¿Qué hago yo con +cinco onzas? + +--Por cinco onzas se vende la diosa misma de la libertad,--replicó Elías +sin mirar al cafetero. + +--Quite usted allá: aquí hay patriotas que no dirán "viva el Rey" por +todo el oro del mundo. + +--Si: es mucha entereza la de esos señores--exclamó Elías con un acento +de ironía que debía de ser el acento habitual de su palabra. + +--Vaya usted á ofrecer dinero á Alcalá Galiano y á Moreno Guerra.... + +--Esos alborotan allá, en las Cortes; de esos no se trata. Tratamos de +los que alborotan aquí. + +--Pues le aseguro á usted, señor don Elías de mi alma, que con lo que me +ha dado, no tengo ni para la correa del zapato del orador más malo de +este club. + +--Le digo á usted que basta con eso. El señor no está para gastos. + +--¡Y que tacaño se vuelve el Absoluto! Mala landre le mate, si con estas +miserias logra derribar la Constitución. + +--Deje usted andar, que ya se arreglará esto--contestó el viejo dando un +suspiro. Y al darlo cerró la boca de tal modo, que parecía que la +mandíbula inferior se le quedaba incrustada dentro de la superior. + +--Pero, don Elías de mis pecados, ¿qué quiere usted que haga yo con +cinco onzas...? ¿Qué le pareció aquel sargentón que habló anoche? Dicen +que es un bruto; pero lo cierto es que hace ruido y nos sirve bien, pues +me cuesta un ojo de la cara cada párrafo de aquéllos que sublevan la +multitud y ponen al pueblo encendido... ¡Y hay otros tan reacios, don +Elías...! Anteanoche subió á la tribuna uno que suele venir ahí con el +barbero Calleja: ¡qué voz de becerro tenía! Empezó á hablar de la +Convención, y dijo que era preciso cortar las cabezas de adormidera. Le +aplaudieron mucho, y yo confieso que fué una gran cosa, aunque, á decir +verdad, no le entendí más que si hubiera hablado en judío. Cuando acabó +la sesión, quise picarle para que hablara segunda vez; pero no sé si +caló mis intenciones; lo cierto es que dijo que me iba á cortar el +pescuezo, añadiendo que no me descuidara. ¡Qué susto me llevé! ¡Y esto +se me paga tan mal! Aquel discurso que pronunció anoche á última hora el +estudiantillo valenciano, me costó dos raciones de carne estofada y dos +botellas de vino ¡Ay! Si llegaran á saber estos manejos Alcalá Galiano y +Flórez Estrada ... le digo á usted que me voy á reír de gusto. + +--Esas son las cabezas de adormidera que es preciso cortar--exclamó el +viejo, guiñando el ojo y haciendo con la mano derecha, movida +horizontalmente, la señal de quien corta alguna cosa. + +--Pues fuera una lástima, porque son buenos chicos. Yo, francamente se +lo digo á usted, aunque soy en lo íntimo de mi corazón partidario +amantísimo de mi Rey absoluto, cuando oigo á esos muchachos, y +especialmente cuando veo á Alcalá Galiano subir á la tribuna, y empieza +á echar flores por aquella boca, y después culebras, me da un +escarabajeo tan grande, que me baila el corazón y me dan ganas de +abrazarle. + +--Déjalos que griten: eso precisamente es lo que se busca. Mira el motín +de esta noche: á ellos se les debe. Con muchos así, pronto estallará la +cuerda. Eso es lo que quiere el Rey. ¡Oh! Ya verás qué pronto se +despedazarán unos á otros. + +--¿Pero qué hago yo con cinco onzas?--volvió á decir el dueño del café. + +--Ya lo he dicho El Rey no está para despilfarros, y para levantar de +cascos á está gente no es preciso mucho dinero. + +--¿Que no? Pregúnteselo usted á aquel lego exclaustrado que escribe _El +Azote_; ya me tiene comidas tres onzas de las que usted me trajo la +semana pasada. ¿Pues y aquel oficialito que pronunció hace días aquel +fuerte discurso en que dijo: _Calendas Cartagos_...? + +--_Delenda est Carthago_, querrá usted decir. + +--Eso es: _dilenda ó calenda_, lo mismo da--dijo el del café.--¡Pues ese +oficialito tiene unas tragaderas! Me comió dos empanadas de conejo como +dos ruedas de molino. Y sobre todo, con decirle á usted que para +conseguir que Andresillo Corcho saliera por esas calles gritando, como +usted vió muy bien el domingo, tuve que pagarle todas sus deudas, que +eran ocho meses al casero, y qué sé yo cuántos piquillos sueltos á los +amigos... Y luego no gana uno para sustos, don Elías. Vuelvo á repetirle +á usted que si los liberales de copete descubren estas socaliñas, no me +dejarán un hueso en su lugar. + +--Mucha cautela, ten mucha cautela: nada de papeles escritos, no me +dirijas cartas, no fíes al papel ni una idea sobre este punto,--le dijo +Elías con severidad. + +--Y dígame usted--continuó el del café, bajando la voz como si +temiera ser oído por Robespierre;--dígame usted, ¿cuándo se alza la +Guardia Real? + +--No sé--dijo Elías, encogiéndose de hombros. + +--Dicen que la _Santa Alianza_ ha escrito al Rey. + +Elías debía ser hombre prudentísimo, porque contestó "no sé" á secas +como á la primera pregunta. + +Entonces se oyó otra vez, aunque muy lejano, el mismo ruido de voces, +que hizo salir del club á toda la concurrencia. + +"Creo que piensan allanar la casa de Toreno. + +--Bien: me alegro--dijo el viejo con siniestra satisfacción.--Veo que +empiezan á devorarse unos á otros. No podía suceder otra cosa. ¡Oh! Yo +entiendo á esta canalla. ¿Y qué había de suceder? ¿España podrá estar +mucho tiempo en manos de una gavilla de pensadores desesperados? Si esto +durara, yo dudaría de la Providencia, que arregla á las naciones como da +aliento á los individuos, España está sin Rey, que es estar sin gloria, +sin vida y sin honor. ¿Había, por ventura, Constitución cuando España +fué el primer país del mundo? Eso de hacer el pueblo las leyes es lo más +monstruoso que cabe. ¿Cuándo se ha visto que el que ha de ser mandado +haga las leyes? ¿Sería justo que nuestros criados nos mandaran? Aquí no +hay Rey ni Dios esto se acabará; yo te jure que se acabará." + +Al decir esto, el viejo abría los ojos y apretaba los puños con furor. +El del café no pudo resistir al encanto de tanta elocuencia, levantóse +de su trípode y le abrazó. Al alargar sus manos con entusiasmo, una +botella cayó y fué rodando hasta dar un golpe á Robespierre, el cual, +despertando súbitamente, dió un atroz maullido y fué á buscar regiones +más tranquilas en lo alto del armario de los bizcochos. + +Elías sacó de su bolsillo una pequeña faja negra, que le servía de +tapabocas, se la envolvió al cuello y se dispuso á salir. El cafetero, +con su oficiosidad acostumbrada en presencia de aquel personaje, se +dirigió á abrirle la puerta. Ya principiaba á despuntar el día. El viejo +realista salió sin saludar á su amigo y tomó la dirección de su casa. + + + + + +CAPÍTULO III + + + +#Un lance patriótico y sus consecuencias#. + + +Don Elías cruzaba la Carrera de San Jerónimo, cuando vió que hacia él +venían unos cuantos hombres que reían y gritaban dando vivas á la +Constitución y á Riego. Trató de evitar el encuentro, y tomó la otra +acera; pero ellos pasaron también, y uno le detuvo. + +Eran cinco individuos, y de ellos tres, por lo menos, estaban +completamente embriagados. Nuestro ya conocido Calleja les mandaba. +Componíase la cuadrilla de un chalán del barrio de Gilimón y un matutero +del Salitre, un caballero particular conocido en Madrid por sus trampas +y gran prestigio en la plazuela de la Cebada, y finalmente, un mocetón +alto, flaco y negro, que tenía fama de guerrillero, y del cual se +contaban maravillas en las campañas de 1809 y después en los sucesos del +20. El sello de sus hazañas marcaba siniestramente su rostro en un +chirlo, que le cogía desde la frente hasta el carrillo, cegándole un ojo +y abollándole media nariz. + +Los cinco detuvieran al anciano. + +"¡Mátale, mátale!--dijo con aguardentosa voz el matutero, pinchando con +la varita que llevaba en la mano el pecho de Elías. + +--No, déjale, Perico. ¿De qué vale espachurrar á este bicho? + +--Si es Coletilla--exclamó él del chirlo reconociéndole.--Coletilla, +el amigo de Vinuesa, el que anda por los clubs para contarle al Rey +lo que pasa. + +--¡Que cante el _Trágula!_--dijo el chalán, que estaba envuelto desde el +pescuezo á la rabadilla en un ceñidor encarnado, por entre cuyo pliegues +asomaba el puño de uno de aquellos célebres alfileres de Albacete que +tanto dan que hacer á la justicia. + +--Tres Pesetas, coge por ese brazo al señorito." + +Tres Pesetas puso su mano sobre el gorro de Elías y se lo tiró al suelo, +dejando al aire la pelada calva del anciano. Carcajada sonora acogió +este movimiento. + +"¡Miren que orejazas de mochuelo!--añadió el guerrillero, tirándole de +la derecha hasta inclinarle la cabeza sobre el hombro. + +--_Pos_ no tiene mala cabeza _é pelailla pa_ jugar á los trucos--dijo el +matutero, dándole un papirotazo en mitad del cráneo." + +El realista estaba lívido de cólera: apretaba los puños en convulsión +nerviosa, y en sus ojos brillaron lágrimas de despecho. En esto Calleja, +que parecía tener gran autoridad entre aquella gente, se agarró al brazo +de Elías, y exclamó, riendo con la desenfrenada hilaridad de la +embriaguez: + +"Ven, bravucón, ven con nosotros. Ciudadanos--prosiguió, volviéndose á +los otros:--éste es el gran Coletilla, el mismo Coletilla. Seremos +amigos. Nos va á presentar al Rey constitucional para que nos haga...." + +--¡_Menistros_!--gritó el matutero enarbolando su vara. + +--Ciudadanos, ¡viva el Rey absoluto, viva Coletilla! + +--Vamos á _jaserle_ comunero de la gran _comuniá_--dijo el +matutero.--Primera prueba. ¡Que salte! + +--¡Que salte! + +--¡Que salte! + +Y uno de ellos tomó de la mano á Elías como para hacerle saltar, +mientras otro, empujándole con violencia, le hizo caer al suelo. + +"_Zegunda_ prueba--chilló Tres Pesetas:--toma esta espada, pincha á uno +de nosotros." + +Y sacando un sable le dió de plano tan fuerte golpe, que le obligó á +caer en opuesto sentido. + +"Dí '¡viva la constitución!' + +--¿Pues no lo ha _é ezir?_ Y si no, yo tengo aquí unas +_explicaeras_...--vociferó el matutero, sacando su navaja. + +--Este tunante fué el que delató al cojo de Málaga--dijo el caballero +particular. + +--Y el amigo de Vinuesa. + +--Señores, éste no es más que Coletilla, el gran Coletilla--afirmó +Calleja con mucha gravedad." + +La ferocidad se pintaba en los ojos del matutero y del chalán. El de la +cicatriz cogió por el cuello á Elías, y con su mano vigorosa le apretó +contra el suelo. + +"Suéltalo, Chaleco; déjalo tendido." + +Es de advertir que el matutero era conocido entre los de su calaña por +el extravagante nombre de Chaleco. + +"Déjamelo á mi--exclamó el chalán.--_Tríncalo por el piscuezo; quío_ ver +lo que tienen esos realistas dentro del buche." + +Muy mal parado estaba el infeliz Elías; y ya se encomendaba á Dios con +toda su alma, cuando la inesperada llegada de un nuevo personaje puso +tregua á la cólera de sus enemigos, salvándole de una muerte segura. + +Era un militar alto, joven, bien parecido y persona de noble casa sin +duda, porque, á pesar de su juventud, llevaba charreteras de una alta +graduación. Traía largo capote azul, y uno de aquellos antiguos y +pesados sables, capaces de cercenar de un tajo la cabeza de cualquier +enemigo. Al verle que se interponía en defensa del anciano, los otros se +apartaron con cierto respeto, y ninguno se atrevió á insistir. + +"Vamos, señores, dejen ustedes en paz á ese pobre viejo, que no les hace +ningún daño--dijo el militar. + +--Si es Coletilla, el mismo Coletilla. + +--Pero sois cinco contra él, y él es un pobre señor indefenso. + +--Eso mismo decía yo--exclamó Calleja, con la misma risa de borracho. + +--_Poz_ que diga '¡viva el Rey constitucional!' + +--Lo dirá cuando se vea libre de vosotros. Yo respondo de que es un buen +liberal y hombre de bien. + +--¡Si es un servilón!--exclamó Chaleco. + +¿Y qué queréis hacer con él?--preguntó el militar. + +--Poca cosa--dijo Tres Pesetas, que era el más atrevido.--No más que +abrirle un tragaluz en la barriga _pa_ que salgan á misa las _asaúras_. + +--Vamos, marchaos á vuestras casas--dijo el militar con mucha +entereza:--yo le defiendo. + +--¿Usía? + +--Sí, yo. Marchaos, yo respondo de él. + +--Pues sino _ize_ ¡viva la...! + +--Dí '¡viva la Constitución!'--exclamaron todos á la vez, menos Calleja, +que se estaba riendo como un idiota. + +--Vamos--manifestó el militar, dirigiéndose á Elías: dígalo usted, es +cosa que cuesta poco, y además hoy debe decirlo todo buen español. + +--¡Que lo diga! + +--¡Que lo _iga_ pronto!" + +El militar persistía en que dijera aquellas palabras, como un medio de +verse libre; pero Elías continuaba en silencio. + +"Vamos padrito, pronto--dijo el matutero. + +--¡No!--exclamó Elías con profunda voz y trémulo de indignación." + +Entonces Tres Pesetas alzó la vara sobre el viejo; los demás se +dispusieron á acometerle, y fué preciso que el militar empleara todas +sus fuerzas y todo su prestigio para impedir un mal desenlace. + +"Diga usted ¡viva la Constitución!" + +--¡No!--repitió Elías. Y como si recibiera inspiración del cielo, en un +arrebato de supremo valor exclamó: + +"¡Muera!" + +Los cuatro desalmados rugieron con ira; pero el militar parecía resuelto +á defender á Elías hasta el último trance. + +"Apartaos--dijo.--Este hombre está loco. ¿No conocéis que está loco? + +--Que retire esas palabras--dijo riendo siempre Calleja, que aun en la +embriaguez blasonaba de usar con propiedad las formulas parlamentarias. + +--¿Qué _rítire_ ni _ritire_? + +--Si, está loco--dijo Chaleco;--y si no está loco, está bo ... bo +... borracho. + +--¡Eso es ... eso ... borracho!--gritó Calleja, que al fin había +necesitado apoyarse en la pared para no caer en tierra." + +Algunos vecinos se habían asomado; algunos transeúntes trabaron +conversación con el venerable Tres Pesetas, y ya sea que un ebrio se +distrae fácilmente, ya que les impusiera temor la actitud firme del +militar, lo cierto es que los cuatro amigos de Calleja dejaron en paz á +Elías, el cual, ayudado de su protector, se levantó como pudo y se puso +el gorro que casi había perdido la forma bajo los pies del matutero. El +militar, al detener con un vigoroso esfuerzo el movimiento agresivo de +Chaleco contra Elías, se rozó la mano izquierda con la extremidad +puntiaguda de la empuñadura de la navaja que el mozo llevaba en la faja. +Esta rozadura le levantó un poco la piel y le hizo derramar alguna +sangre. El militar se envolvió la mano en un pañuelo, y con la derecha +tomó el brazo del viejo. Este se hallaba magullado, roto y en un estado +de desfallecimiento tal, que no podía andar sino á pasos cortos y +vacilando á cada momento. + +El militar le sostuvo con fuerza, y andando con él muy lentamente, le +preguntó dónde estaba su casa para llevarle á ella. Elías, sin +contestarle, le encaminó haciéndole señas por la calle de Alcalá, +dirigiéndose á la del Barquillo para tomar al fin la de Válgame Dios, +donde aquel buen hombre vivía. + +El joven militar era sin duda poco amante del silencio, y de carácter +alegre y comunicativo, porque por el camino comenzó á hablar con +singular volubilidad, pareciendo que el obstinado mutismo del viejo +estimulaba más su prolija locuacidad. + +No podemos transcribir los términos precisos en que habló éste, que +desde ahora es nuestro amigo, y nos acompañará en todo el tránsito de +esta dilatada historia; pero conociendo su carácter como lo +conocemos, es seguro que no será aventurado poner en boca suya éstas +ó parecidas palabras: + +"Hay que deplorar, amigo mío, en esta imperfecta vida humana, que las +cosas mejores y más bellas tienen siempre un lado malo; fatal obscuridad +que proyecta en breve parte de su esfera lo más resplandeciente y +luminoso. Las instituciones más justas y buenas, ideadas por el hombre +para producir efectos de bien común, ofrecen en los primeros tiempos de +práctica extraños resultados, que hacen dudar á los de poca fe de la +bondad y justicia de ellas. Los hombres mismos que fabrican un objeto de +sutil mecanismo, vacilan en los primeros momentos del uso, y no aciertan +á regular su compás y reposado movimiento. La libertad política, +aplicación al gobierno del más bello de los atributos del hombre, es el +ideal de los Estados. ¡Pero qué penosos son los primeros días de +práctica! ¡Como nos aturde y desespera el primer ensayo de esta máquina! + +"El mayor inconveniente es la impaciencia. Hay que tener perseverancia y +fe, esperar á que la libertad dé sus frutos y no condenarla desde el +primer día. ¿No sería loco el que plantando un árbol le arrancara +desesperado al ver que no echaba raíces, crecía y daba flores y frutos +al primer día?" + +Es probable que el militar no empleara estos mismos términos; pero es +seguro que las ideas eran las mismas. Lo cierto es que al concluir +esperó á ver si su peroración producía algún efecto en el viejo; pero +éste sumamente abstraído, daba muestras de no atender á sus palabras y +de hacer en su interior otras consideraciones no menos transcendentales +y profundas. + +"Es de deplorar--continuó el militar reforzando su elocuencia con un +poco de mímica,--es de deplorar que los primeros derechos concedidos por +la libertad sean mal empleados por algunos hombres. El hábito de la +libertad es uno de los más difíciles de adquirir y tenemos que sufrir +los desaciertos de los que por su natural rudeza tardan más en adquirir +este hábito. Pero no desconfiemos por eso, amigo. Usted, que es sin duda +buen liberal, y yo, que lo soy muy mucho, sabremos esperar. No +maldigamos al sol porque en los primeros momentos de la mañana produce +molestia en nuestros ojos, cuando salen bruscamente de la obscuridad y +del sueño." + +Paróse por segunda vez el joven para tomar aliento y ver si la fisonomía +del anciano daba señales de aprobación; pero no observó en aquel rostro +singular otra cosa que abstracción y melancolía. + +"Esos que le han detenido á usted--continuó el militar,--no son +liberales. O son agentes ocultos del absolutismo, ó ignorantes soeces +sin razón ni conciencia. O libertinos sin instrucción, ó alborotadores +asalariados. ¿Será preciso quitarles la libertad y no devolvérsela hasta +que reciban educación ó castigo? Entonces, ¿habrá libertad para unos, y +para otros no? Ha de haberla para todos, ó quitársela á todos. ¿Y es +justo renunciar á los beneficios de un sistema por el mal uso que +algunos pocos hacen de él? No: más vale que tengan libertad ciento que +no la comprenden, que la pierda uno solo que conoce su valor. Los males +que con ella pudieron ocasionar los ignorantes son inferiores al inmenso +bien que un solo hombre ilustrado puede hacer con ella. No privemos de +la libertad á un discreto por quitársela á cien imprudentes." + +El joven se paró por tercera vez por dos razones: primera, porque no +tenía más que decir (insistimos en que no empleó las mismas palabras); y +segunda, porque el viejo, al llegar á su calle, se detuvo en una puerta, +y dijo: "Aquí." El viejo había concluido, y el militar iba á dejar á su +nuevo amigo; pero notó que estaba éste cada vez más desfallecido y +corría peligro de no poder subir si le abandonaba. El locuaz y discreto +joven entró, pues, en la casa sosteniendo al realista, que apenas podía +dar un paso. + +La mansión de Elías se ostentaba en la mitad de la calle de Válgame +Dios, donde hacía veces de palacio. Colocada entre dos casas _á la +malicia_, aparecía allí con proporciones gigantescas, sin que por eso +tuviera más que dos pisos altos, de los cuales el superior gozaba la +singular preeminencia de ser habitado por nuestro héroe. + +La fachada era mezquina, fea. El cuarto bajo servía de oficina á las +ruidosas ocupaciones de un machacador de hierro, que surtía de sartenes, +asadores y herraduras á todo el barrio del Barquillo. Los balcones del +principal eran fiel remedo de los jardines colgantes de Babilonia, +porque había en ellos muchos tiestos con flores, muchas matas que +estaban en camino de ser árboles, juntamente con tres jaulas de +codornices y dos reclamos, que por la noche daban armonía á toda la +calle. En medio de esta selva y de estos gorjeos se veía una muestra de +_Prestamista sobre alhajas_. + +El portal era angosto y muy largo. Para llegar á la escalera, que estaba +en lo profundo, se corrían mil peligros á causa de las sinuosidades del +terreno, en el cual los hoyos, llenos de inmundicia, alternaban con +puntiagudos guijarros, alzados media cuarta. La escalera era angosta, y +sus paredes, blanqueadas en tiempo de Felipe V, cuando menos, se +hallaban en el presente siglo cubiertas de una venerable rapa de mugre, +excepto en la faja ó zona por donde rozaban los codos de los que subían, +la cual tenía singular pulimento. En uno de los tramos había, no un +candil, sino el sitio de un candil manifestado en una gran chorrera de +aceite hacia abajo, una gran chorrera de humo hacia arriba, y en la +convergencia de ambas manchas un clavo ennegrecido. + +Llegaron al segundo, y el militar llamó. Sin duda, alguna persona +esperaba con impaciencia, porque la puerta se abrió al momento. Abrióla +una joven como de diez y ocho años de edad, que al ver el aspecto +abatido del viejo, y sobre todo al ver que un desconocido le +acompañaba, cosa sin duda muy rara en él, dejó escapar una exclamación +de temor y sorpresa. + +"¿Qué hay? ¿Qué le ha pasado á usted?" dijo cerrando la puerta, después +que los dos estaban en el pasillo. + +E inmediatamente marchó delante y abrió la puerta de una sala, donde +entraron los tres. El anciano no habló palabra, y se dejó raer en un +sillón con muestras de dolor. + +"¿Pero está usted herido? ¿A ver? Nada--dijo la joven examinando con +mucha solicitud á Elías y tomándole la mano. + +No ha sido nada--dijo el militar, que se había descubierto +respetuosamente,--no ha sido nada: pasaba hace un momento por la calle, +y cinco hombres soeces que le encontraron quisieron que cantara no sé +qué cosa, y el señor, que no estaba para cantos, se negó." + +La joven miró al militar con expresión de estupor. Parecía no comprender +nada de lo que éste había dicho. + +"Eran unos borrachos que quisieron hacerle daño; pero pasé yo +felizmente... No se asuste usted: no tiene nada." + +Elías pareció un poco repuesto; apartó con despego á la joven, y su +semblante principió á serenarse. + +"¡Ay! qué miedo he tenido esta noche--dijo la joven.--Esperándole hora +tras hora y sin parecer.... Luego esos alborotos en la calle.... A media +noche pasaron por ahí unos hombres gritando. Pascuala y yo nos +escondimos allí dentro, y nos sentamos en un rincón temblando de miedo. +¡Cómo gritaban! Después sentimos muchos golpes ... decían que iban á +matar á uno. Nosotras nos pusimos á llorar: Pascuala se desmayó; pero yo +procuré animarme, y juntas empezamos á rezar de rodillas delante de la +Virgen que está allí dentro. Después se fué alejando el ruido; sentimos +unos quejidos en la calle. ¡Ay! no lo quiero recordar. Todavía no se me +ha quitado el susto." + +El militar oyó con interés estas palabras; pero sin dejar de oirlas +dirigió su atención á reconocer el sitio en que se hallaba y á examinar +el aspecto de la amable persona que en él vivía. + +La casa era modesta; pero la sencillez y el aseo revelaban en ella un +bienestar pacífico. + +La joven llamó su atención más que la casa. Clara (que así se llamaba,) +representaba más de diez y ocho años y menos de veintidós. Sin embargo, +estamos seguros de que no tenía más que diez y siete. Su estatura era +más bien alta que baja, y su talle, su busto, su cuerpo todo tenían las +formas gallardas y las bellas proporciones que han sido siempre +patrimonio de las hijas de las dos Castillas. El color de su rostro, +propiamente castellano también, era muy pálido, no con esa palidez +intensa y calenturienta de las andaluzas sino con la marmórea y fresca +blancura de las hijas de Alcalá, Segovia y Madrid. En los ojos negros y +grandes había puesto todos sus signos de expresión la tristeza. Su nariz +era delgada y correcta, aunque demasiado pequeña; su frente pequeña +también, pero de un corte muy bello; su boca muy hermosa y embellecida +más por la graciosa forma de la barba y la garganta, cuya voluptuosidad +y redondez contribuía á hacer de su semblante uno de los más +encantadores palmos de cara que se había ofrecido á las miradas del +militar desconocido, el cual (digámoslo de paso) era hombre corrido en +asuntos femeninos. + +El peinado de Clara podía rigurosamente ser tachado de provinciano, +porque se alzaba en un moño de tres tramos sobre la corona. Este modo de +peinarse era ya desusado en la corte; pero la belleza suele generalmente +triunfar de la moda, y Clara estaba muy bien con su trenza piramidal. El +traje era de los que usaba entonces la clase no acomodada, pero tampoco +pobre, es decir, un guardapiés de tela clara con pintas de flores, +mangas estrechas hasta el puño, talle un poco alto y el corte del cuello +cuadrado y adornado de múltiples encajes. + +La investigación del militar duró mucho menos de lo que hemos empleado +en describir la figura. Durante algunos segundos estuvieron los tres +personajes inmóviles el uno frente al otro sin decir palabra, hasta que +el viejo, como continuando una peroración interior, exclamó con un +repentino acceso de ira y lanzando de sus ojos rápidamente iluminados +una mirada feroz. + +"¡Infames, perros! Quisiera tener en mi mano un arma terrible que en un +momento acabara con todos esos miserables. ¡Ah! Pero ellos no tienen la +culpa. Tienen la culpa los otros, los sabios, los declamadores, los que +les educan, esos malvados charlatanes que profanan el don de la palabra +en los infames conciliábulos de las Cortes. Tienen la culpa los +revolucionarios, rebeldes á su Rey, blasfemos de su Dios, escarnio del +linaje humano. ¡Oh, Dios de justicia! ¿No veré yo el día de la +venganza?" + +El militar estaba atónito y algo corrido. Parecíale que aquello era una +réplica indirecta á su expresiva disertación del camino; y aunque se le +ocurrió contestarla, vió en el rostro de Elías una expresión de +contumacia y ferocidad que le intimidó. Su atención estaba en parte +reconcentrada en la compañera del realista. Clara miraba al viejo con la +indiferencia propia de la costumbre, y al mismo tiempo miraba á su +protector como si se avergonzara de la extrañeza que le causaban las +palabras del viejo. + +El militar, poco cuidadoso al fin de las imprecaciones del realista, +comenzó á sentir interés hacia aquella pobrecilla, que, sin saber por +qué, le inspiró mucha lástima desde el principio. + +Pero llegó un momento en que el joven sintió su situación embarazosa. +Elías continuaba en voz baja su soliloquio sin cuidarse de él; era +preciso marcharse; y eso de marcharse sin satisfacer un poco la +curiosidad y hablar otro poco con la joven, no le gustaba. Miró á Elías +con insistencia y se acercó á él; pero éste no daba muestras de fijar en +el otro la atención, ni tenía gratitud, ni afecto, ni cortesía, ni era, +al parecer, cortado por el común patrón de los demás hombres. Al fin, +viéndole tan abstraído, resolvió tomar pretexto de la protección que le +había dispensado para hacer hablar á la muchacha. + +--No tema usted nada--le dijo en voz baja, apartándose hacia la +ventana.--No ha recibido golpe ninguno. Está aterrado por lo sorpresa y +la ira; pero se calmará. + +--Sí, se calmará ... un poco. + +--Y se pondrá contento. + +--Contento, no. + +--Cuidado: por usted no estará triste. + +Esto, que podía pasar por una galantería, no hizo efecto ninguno en +Clara. Volvióse para mirar á Elías, que continuaba en la misma postura, +gesticulando á solas. De tiempo en tiempo profería sus adjetivos +predilectos "¡Malvados, perros!" + +El militar arriesgó entonces la pregunta, y bajando más la voz, y +apartándose hasta llegar al hueco de la ventana, dijo: + +"Tal vez será indiscreción la pregunta que voy á hacerle á usted; +pero me disculpa el gran interés que por ese caballero me he tomado, +y el deseo de servirle bien en lo que pueda. ¿Este señor está en su +cabal juicio?" + +Clara miró al militar con expresión de gran asombro; y como si la +pregunta fuera una revelación, contestó: + +--"¿Loco?..." Y después de una pausa, añadió encogiéndose de +hombros: "No sé." + +La curiosidad del militar creció. + +--No lo tome usted á agravio; pero su conducta, sus palabras en aquella +pendencia, lo sombrío de su aspecto, lo que ahora acaba de decir, me +hacen creer que padece una enajenación. + +Clara miraba al joven con expresión que tenía algo de afirmativa. + +--Yo no sé--dijo al fin.--El pobrecito padece mucho. Yo también padezco +de verle. No está nunca alegre: á veces creo que se me va á morir en un +arrebato de ira. Pasa las noches leyendo libros, escribiendo cartas, y á +veces habla consigo mismo como ahora. A Pascuala y á mí nos da mucho +miedo: la sentimos levantarse y pasear precipitadamente, dando vueltas +en este cuarto. De día sale temprano, y está fuera toda la noche. + +El militar sintió aumentarse la compasión que Clara le inspiró desde el +principio, porque le parecía que aquella infeliz era una mártir, que +sufría resignada los atropellos de un loco. + +--Pero usted--dijo con el mayor interés, ¿no es víctima de sus +bruscos ademanes? ¿No la maltrata á usted? Entonces sería cosa de +declararle rematado. + +--¿A mí? No--dijo Clara;--no me ha maltratado nunca. + +Parecerá extraño que Clara, sin conocer al militar, le hiciera +declaraciones que parecen de íntima confianza; pero esto, que en +circunstancias ordinarias sería raro, en este caso no lo era. Clara +había vivido siempre en compañía de aquel viejo: era huérfana, no tenía +parientes ni amigas, no salía nunca, no se comunicaba con nadie, se +consumía en el desierto de aquella casa, sin otra cosa que algunos +recuerdos y algunas esperanzas que luego conoceremos. Su carácter era +extremadamente sencillo: un incidente imprevisto le ponía delante á un +hombre cortés y generoso que para satisfacer su curiosidad empleaba +hábiles recursos de conversación, y ella le dijo lo que quería saber; se +lo dijo obedeciendo á una poderosa necesidad de desahogo, hija de su +aislamiento y melancolía. + +El curioso no se atrevía á continuar investigando: ya iba á despedirle +mal de su grado, cuando Clara vió que tenía una mano ensangrentada, y +exclamó sobrecogida: + +--¡Está usted herido! + +--No es nada: un rasguño. + +--Pero sale mucha sangre. ¡Jesús! tiene usted la mano destrozada. + +--¡Oh! no es nada.... Con un poco de agua.... + +--Voy al momento. + +Clara se marchó muy á prisa y volvió á poco rato, entrando en la +habitación inmediata: traía una jofaina, que puso sobre la mesa, y llamó +al militar, que no tardó en acercarse. + +--¿Y tiene familia?--dijo éste tocando el agua con la mano para ver si +estaba muy fría. + +--¿Familia?--contestó Clara con su naturalidad acostumbrada.--No: me +quería mucho. Yo deseo tanto que se le quiten de la cabeza esas +manías.... Antes era muy bueno para mí, y estaba muy alegre.... Yo era +muy niña entonces. + +--Antes era muy bueno. ¿Y ahora no lo es? + +--Sí; pero ahora.... Como tiene tantas cosas en qué pensar.... + +--¿Y desde cuando ha variado? + +--Hace mucho tiempo, cuando hubo muchos alborotos y dijeron que iban á +matar á ... ¿al Rey?... no sé á quién. Pero antes de eso, ya estaba casi +siempre alterado. Cuando yo era muy niña ... No ... entonces salíamos +los domingos á paseo, y me llevaba á Chamartín y comíamos en el campo +con Pascuala. + +--¿Y ahora no sale usted nunca de aquí? + +--Nunca--dijo Clara, como si aquella soledad en que vivía fuera la cosa +más natural del mundo. + +El militar se interesaba cada vez más por la persona que tan +repentinamente había conocido. Cada vez sospechaba más que aquella +infeliz era víctima de las brutalidades del fanático. Desde el sitio en +que se hallaba, veía al viejo sentado en un sillón y entregado á su mudo +frenesí. Mirando después á Clara, cuya gracia sencilla y melancólica +franqueza formaban contraste con el terrible realista, se aumentó su +confusión, su curiosidad y sus temores. + +--¿Y usted no sale para distraerse, para ver y reponerse de estar aquí +encerrada tanto tiempo?--le dijo casi conmovido. + +--¿Yo?... ¿para qué salgo? Me pongo triste cuando salgo. No veo la calle +sino cuando voy á las Góngoras los domingos muy temprano; pero al verme +fuera, me parece que estoy más sola que aquí. + +--¿Y él no tiene empeño en que usted se divierta, en que pase +agradablemente la vida?--dijo el militar casi asustado de su curiosidad +y mirando de soslayo á Elías para ver si atendía á su conversación. + +--¿El? Pero yo no quiero divertirme ... porque ... ¿qué voy yo hacer +fuera de aquí? El dice que debo estar siempre en la casa. + +--¿Pero usted no trata á nadie, no ve á nadie? + +--A Pascuala, que me quiere mucho. + +Ya el militar tenía ganas de saber quién era aquella Pascuala. + +--¿Y esa Pascuala es amiga de usted? + +--Es la criada. + +--Ya... ¿Y no tiene usted más amiga? A la edad de usted es natural y +conveniente la amistad de las jóvenes, y, sobre todo, no se puede vivir +de esa manera. Es preciso.... + +--Yo estoy bien así. El dice que no debo conocer á nadie. + +--¿Y la obliga á usted á llevar esta vida tan triste? + +--No me obliga. Yo, si quisiera, podría salir. El no está nunca aquí. +Pero yo ... Dios me libre ... ¿A dónde había de ir? + +El militar no sabía qué pensar. ¿Qué relaciones existían entre aquel +monomaníaco y aquella joven? ¿Sería su padre, su marido?...--No--decía +para sí.--Es repugnante sospechar que puedan existir los vínculos del +matrimonio entre los dos. + +--No extrañe usted mis preguntas--dijo, continuando con +ansiedad;--pero me interesan mucho ustedes dos. ¿Y á él nadie le +visita, nadie viene á verle? + +--Conoce mucho á unas señoras, que llaman las señoras de Porreño. Son +nobles y fueron muy ricas. + +--¿Y vienen aquí? + +--Muy pocas veces. Él las quiere mucho. + +--Y esas, que presumo serán personas de buenos sentimientos, ¿no le +tienen á usted cariño, no la quieren? + +--¿A mí? Una vez me dijeron que yo parecía ser una buena muchacha. + +-¿Y nada más? ¿No le han dicho más? + +--¡Ah! son muy buenas. El dice que son muy buenas. Una de ellas dicen +que es santa. + +Estas declaraciones eran hechas por Clara con una ingenuidad tan +espontánea, que conmovía al que pudiera oirlas. Para que el lector, que +aún no conoce la infinita bondad de este carácter, no estrañe la +franqueza leal y la sublime indiscreción de la pobre Clara, añadiremos +que durante años enteros esta desgraciada no veía más persona que don +Elías, Pascuala, y á veces, muy de tarde en tarde, las tres melancólicas +efigies de las señoras de Porreño. Su vida era un silencio prolongado y +un hastío lento. Tan solo pudieron reanimarla y darle alguna felicidad +los cuarenta días que, seis meses antes de estos sucesos, había pasado +en Ateca, pueblo de Aragón, á donde Elías la mandó para que disfrutara +del campo. Más adelante veremos por qué tomó Elías esta determinación, y +lo que resultó del viaje de Clara. + +--Pero es posible--continuó el militar, olvidado de que Elías estaba +cerca--¿es posible que pase usted la vida de esta manera, sin más +compañía que la de ese hombre? ¿Y no ha salido usted nunca de aquí, no +ha ido al campo? + +--Sí; estuve unos días fuera, hace seis meses. + +--¿En dónde? + +--En Ateca. El me mandó. Me puse mala, y fuí allá á restablecerme. +Estuve en su pueblo. + +--Ya.--dijo el militar, contento de haber encontrado un motivo, aunque +pequeño, para suponer que aquel hombre no era enteramente feroz. + +--¿Y lo pasó usted bien? + +--¡Ah! sí: me alegré mucho de estar allí. + +--¿Y no quiera usted volver? + +--¡Oh! sí,--exclamó Clara, sin poder contener una exclamación expansiva. + +--Usted no debe estar aquí; usted tiene el corazón más bondadoso que +puede existir. ¿Para qué, sino para la sociedad, puede haber creado Dios +un conjunto de gracias y méritos semejante? ¡A cuántos podría usted +hacer felices! ¿No ha pensado en esto? Piense usted en esto. + +Clara no pareció hacer caso de la galantería. Quedó en silencio y +con los ojos bajos, tal vez ocupada en _pensar en aquello_, como el +joven le aconsejó. ¿Quién sabe cuáles serían sus reflexiones en +aquellos momentos? + +El curioso esperaba una contestación, cuando Elías, mirando hacía la +habitación en que hablaban, exclamó: + +"¡Clara, Clara!" + +El militar se dirigió rápidamente hacia él, y disimulando su +turbación, le dijo: + +"Caballero, no he querido marcharme hasta estar seguro de su mejoría. +Aquí le contaba á esta niña el caso, y le hacía una relación de la +imprudencia de aquellos hombres. Ya le veo á usted tranquilo y fuerte, y +me retiro, diciéndole que puede disponer de mí para cuanto yo pueda +serle útil. + +--Gracias--contestó secamente Elías.--Clara, acompaña á este caballero. + +Era preciso retirarse; ya no había pretexto alguno para permanecer allí. +Su mano estaba perfectamente vendada, y su protegido le había indicado +la puerta. El impresionable joven no sabía que hacer para no salir. Miró +á Clara para ver si leía en sus ojos el deseo de que no se marchara; +pero ella manifestaba la mayor indiferencia, y hasta se había adelantado +á abrir la puerta. + +No había mas remedio. El militar tendió una mano al realista, que alargó +dos dedos fríos y huesosos, y salió de la sala; al llegar á la puerta, +quiso entablar de nuevo la conversación; pero la reverencia que le hizo +la joven acabó de desesperarle. Salió, y se paró fuera otra vez. + +--No olvide usted lo que le he dicho. Usted no puede vivir de esta +manara--dijo, bajando el primer escalón.--Es preciso que usted... + +--¡Clara, Clara!--exclamó el fanático desde dentro con voz fuerte." + +Clara cerró la puerta, y el militar se quedó cortado y aturdido en la +escalera. Su primer intento fué llamar otra vez, llamar hasta que ella +saliera; pero reflexionó en lo imprudente de semejante conducta. Bajó +con lentitud.--¿Qué misterio hay en esta casa?--decía para sí.--Al +hallarse en la calle, sintió mas viva su curiosidad, y la compasión +hacia la joven era mas intensa.--¿Es su hija, es su mujer, es su +sobrina, es su protegida?--exclamó.--¡Oh! No es posible renunciar á +saber los secretos de esta casa. ¿Cómo renunciar á oírlos de la boca de +Clara, que los contaba con tanta ingenuidad? + +Anduvo un buen trecho por la calle, y se paró, miró á la casa. Ella +misma no me recibirá--dijo:--esto ha sido una casualidad. Y si vuelvo +¿con qué pretexto?... ¡Cuánto debe padecer esa infeliz! Tiene cara de +sufrir mucho ... en compañía de esa fiera, sin ver á nadie ni hablar +con nadie.... + +Maquinalmente se dirigió otra vez á la casa, y continuando su +soliloquio, decía:--Tal vez la riña por haber hablado conmigo; tal vez, +aparentando distracción, oyó cuanto me dijo, se habrá ofendido y la +maltratará. + +Entró, subió, procurando no ser sentido. Llegó á la puerta y se detuvo. +Su mano tornó maquinalmente el cordón de la campanilla. Si hubiera +sentido el menor rumor de disputa; si hubiera sentido la voz agria del +viejo, habría llamado con todas sus fuerzas. Pero nada sintió; aplicó el +oído. Un silencio sepulcral reinaba en la casa. De repente sintió una +voz de mujer que cantaba, sintió pasar una persona rápidamente por el +pasillo en que estaba la puerta; sintió el ruido del traje, rozando con +las paredes al correr, y sintió la voz, la voz que, al pasar tan cerca, +resonó con timbre delicado y expresivo. Era Clara, que cantaba y corría. +¿Era acaso feliz? Nuevo misterio. + +El curioso se sintió más confundido: soltó el cordón, y paso á paso, y +muy quedito, bajó mirando á todos lados con cautela como un ladrón. +Salió á la calle: marchó resuelto á alejarse: llegó á la esquina, se +paró, miró á la casa, y al fin, tomando una resolución, emprendió su +camino en dirección á su casa, donde le dejaremos por ahora preocupado y +aturdido; para volver á ocuparnos de los amigos de la calle de Válgame +Dios, cuya vida y caracteres necesitan historia y explicación. + + + + + +CAPÍTULO IV + + + +#Coletilla.# + + +El hombre extraño, que conocemos con el nombre de Elías, nació allá en +el año 1762 en el pueblo de Ateca, lugar aragonés que se encuentra como +vamos de Sigüenza á Calatayud. Fueron sus felices padres Esteban Orejón +y Valdemorillo y Nicolasa Paredes: él, labrador honrado; ella, hija +única del vinculero más rico del vecino pueblo de Cariñena. A los nueve +meses justos de matrimonio nació un tierno vástago que, por las +circunstancias que á la preñez y al parto acompañaron, á grandes empresas +y notables prodigios estaba destinado. Es el caso que doña Nicolasa tuvo +allá por el quinto mes un sueño extraordinario, en el cual vió que el +fruto de su vientre, ya crecido y entrado en años, era arrebatado al +cielo en un carro de fuego; más tarde la buena señora daba en soñar +todas las noches que su hijo era consejero del Despacho, padre +provincial, venticuatro, racionero, deán y hasta obispo, rey, emperador +ó, cuando menos, papa ó archipapa. + +Llegó al fin el alumbramiento, y encomendándose á Dios y á cierto +comadrón que había en Ateca, hombre de gran ingenio, dió á luz un niño, +el cual no entró en el mundo con señales de elegido entre los elegidos, +sino tan flaco, enteco y encanijado, que no parecía sino que su madre, +distraída en aquel perpetuo soñar de coronas y tiaras, había apartado su +organismo de la nutrición del muchachejo. + +Pero aunque éste nació como cualquier hijo del hombre, no por eso +dejaron de verificarse al exterior algunos prodigios. Observóse en el +cielo de Ateca la conjunción nunca vista de las siete Cabrillas con +Mercurio; la luna apareció en figura de anillo, y al fin salió por el +horizonte un cometa que se paseó por la bóveda del cielo como Pedro por +su casa. El boticario del pueblo, que se daba á observar los astros, +entendía algo de judiciaria y tenía sus pelos de nigromante, vió todas +aquellas cosas celestiales aparecidas en el cielo de Ateca, y dijo con +gran solemnidad que eran señales de que aquel niño sería pasmo y gloria +del universo mundo. La conjunción significaba que dos naciones se +unirían contra él; el cometa que él los vencería á todos, y el anillo de +la luna á cualquiera se le alcanzaba que era signo de la inmortalidad. + +"Porque--decía don Pablo (que así se llamaba el boticario)--á mi no se +me escapa nada en esto de círculos celestiales; y cosa que yo barrunto, +ello ha de ser verdad, como esto es chocolate." + +Efectivamente: chocolate, y del mejor de Torroba, era el que durante los +solemnes augurios tomaba, merced á la gratitud generosa de los Orejones. + +En el bautismo hubo un holgorio que déjelo usted estar. Hubo en gran +abundancia vino aragonés, grandes ensaimadas, bollos de á cuarta, +hogazas de á media vara, gran pierna de carnero, pimientos riojanos y +unos bizcochos como el puño, fabricados por las monjas del Carmen +Descalzo de Daroca. El más obsequiado era don Pablo á causa de sus +augurios, que él consideraba dignos de grabarse en bronces y pintarse en +tablas. Entusiasmado por la generosidad con que pagaban sus trabajos +astronómicos, compuso una décima en que llamaba á los Orejones +_protectores de la ciencia_. + +El niño crecía. Inútil es decir que durante su infancia parecían +adquirir fundamento las esperanzas de sus padres. ¡Qué precocidad! Todo +lo que el niño hacía era prodigioso nunca visto ni oído. Abría la boca +para articular una sílaba: ya había dicho una sentencia. ¿Pedía la teta? +Aquello era, según la opinión del astrólogo, un incomprensible aforismo. +Pasaban dos, cuatro y seis años, y con la edad crecía la fama del joven +Orejoncito. + +¿Sabe usted lo que he visto, señora Nicolasa?--decía el farmacéutico +un día con cierto tono de misterio que asustó á la buena mujer. + +--¿Qué hay, señor don Pablo Bragas? + +--Que Elisico estaba ayer jugando con unas gallinas, y les pegaba á los +pollos con una caña, que á ser manejada por más fuertes manos, no les +dejara con vida. "Muchacho, le dije: ¿por qué castigas á esos +animalejos?" "Porque son pollos, contestó, y los quiero matar."--"¿Y qué +te han hecho, verduguillo."--"Les estoy mandando que digan _pío_, y no +quieren." Vea, usted, señora doña Nicolasa, vea usted. Esto está fuera +de lo común, por la sentencia y el gran tuétano que encierra: _Quia +pulii sunt_. Lo mismo dijo el Dialéctico cuando zurraba á los +jansenistas: _Quia, heretici sunt!_ + +Doña Nicolasa Paredes, dicho sea en honor de la verdad, no comprendía +muy bien el _tuétano_ que encerraban las palabras de su hijo; pero +agradecida á las cariñosas profecías de don Pablo Bragas, tendió un +mantel y puso delante del amigo una taza de sopas en caldo gordo, que +darían rabia á un teatino. + +Elías creció mas, y siguiendo la discreta opinión de un lector del +convento de dominicos de Tarazona, que fué á predicar á Ateca el día de +la Patrona del pueblo, le mandaron á estudiar humanidades con los padres +de dicho convento. Ya tenía doce años; allí creció su reputación, y á +poco fué tan gran latino, que ni Polibio, ni Eusebio, ni Casiodoro se le +igualaran. + +Tenía quince años cuando se celebró un consejo de familia para resolver +si se le mandaba al Seminario de Tudela ó á la Universidad de Alcalá; +pero al fin fueron tantas y de tanto peso las razonas de don Pablo +Bragas en favor de la Complutense, que se adoptó su dictamen. El +prodigio de la Naturaleza fué puesto sobre un macho, en compañía da unas +alforjas que encerraban algunas, tortas y dos azumbres de vino, y +después de algunos lloriqueos de doña Nicolás y de algunos dísticos que +ensartó el de los astros, Elías partió en dirección de la patria del +inmortal Cervantes, adonde llegó en cuatro días: de viaje. + +Entonces doña Nicolasa tuvo una hija. Ningún trastorno sufrió la +Naturaleza en su nacimiento. + +Elías estudió en Alcalá cánones y teología. Durante sus estudios, en +que mostró grande aplicación, los maestros no cesaron de poner en las +mismas nubes al que tanto honraba la ilustre estirpe de los Orejones. +Unos esperaban en él un Luis Vives, otros un Escobar, cuál un Sánchez, +cuál un Vázquez ó un Arias Montano. Y efectivamente, el joven era +aplicado. Pasábase las noches en vela, devorando á Eusebio, á Cavalario +y á Grotius. Atarugábase con enormes raciones diarias del libro _De +locis teologices,_ y cuando iba á clase descollaba entre todos. +Entonces principiaron á marcarse los rasgos fundamentales de su +carácter, el cual consistía en orgullo muy grande, unido á gran +sequedad de trato y á rigidez de maneras, por lo cual sus compañeros no +le tenían ningún cariño. + +Pero su reputación de sabio era general. Fué á su pueblo, y al entrar en +él lo primero que vió fué la venerable efigie de don Pablo Bragas, que +le saludó con un pomposo arqueo de cintura. Junto á él estaban el +alcalde, el cura y lo más notable de Ateca, incluso el herrador. Bragas +sacó un papel del bolsillo y leyó un discurso, mitad en latín y mitad en +castellano, que aplaudieron todos menos el obsequiado. En la casa le +esperaban la señora Nicolasa, que se estaba poniendo vieja, y Orejón +_senior,_ que se conservaba muy fuerte. Su pequeña hermana era ya una +muchacha; pero la pobre más fama tenía de traviesa que de sabía. Hubo +una pequeña fiestecilla de confianza con abundancia de bollos, de los +cuales la mitad (sea dicho en honor de la imparcialidad) fueron +consumidos por don Pablo Bragas. + + En el pueblo continuó Elías consagrado al estudio. Su sequedad aumentó, + y se determinó más su orgullo; pero los padres no notaban tal cosa, y + estaban amartelados con el joven. Si alguna vez los ofendía + momentáneamente la rigidez de su trato, contentábanse luego con oír de + boca de Bragas un panegírico, cuyo epílogo era siempre tazón de + chocolate ó magra de gran calibre. + +Elías tenía treinta años cuando marchó á la Corte. No sabemos si él, al +tomar esta determinación, soñó con adquirir la gloria que los astros, +por boca de un sabio, habían anunciado. El, sin duda, tenía dispuesto +algún plan. Al llegar á Madrid trabó relaciones muy íntimas con los +Padres del convento de Trinitarios, que eran sabios como unos templos. +Hizo asimismo estrechas relaciones con un señor de la nobleza +perteneciente á la casa ilustre de los Porreños y Venegas, marqueses de +la Jarandilla; y tomó tal afición á esta familia, que la sirvió +fielmente en la prosperidad, y fué su mayordomo, aun después de la ruina +de la casa, acontecida al fin de la guerra. Al estallar ésta en 1808, +Elías dejó sus costumbres sedentarias, sus Pandectas, su Digesto y sus +Dacretales, para militar en las filas de Echevarri y el Empecinado; +hizo con el primero toda la campaña de Navarra, y organizó una porción +de somatenes en Castilla al pasar Napoleón de vuelta de Madrid. + +Concluida la guerra, pasó por su pueblo: su padre había muerto; su +hermana era ya mujer y se había casado con un pariente labrador; su +madre estaba tullida y enferma. Bragas había perdido su buen humor y su +afición á los astros; pero no su amor á Elisico, ni el convencimiento +profundo de que _dos naciones se unirían contra él, y que él las +vencería á las dos_. + +En Ateca supo el incremento que tomaba el partido constitucional y el +entusiasmo con que en toda la Península era mirada la Asamblea de Cádiz. +Advirtamos que Elías detestaba de muerte á los constitucionales. Aquel +hombre, que desde que tuvo uso de razón no vivió sino con la +inteligencia, ni en su juventud experimentó los naturales sentimientos +de amistad y afecto, estaba á los cuarenta años enardecido con una +fuerte y violentísima pasión. Esta pasión era el amor al despotismo, el +odio á toda tolerancia, á toda libertad; era un realista furibundo, +atroz, y su fanatismo llegaba hasta hacerle capaz de la mayor +abnegación, del sacrificio, del martirio. Su carácter era apasionado por +naturaleza, aunque los asiduos estudios le habían comprimido y +desfigurado. Pero al llegar á aquella época, en que era imposible á todo +español apartar la vista del gran problema que se trataba de resolver, +la escondida vehemencia de sentimientos de Elías se manifestó, y no en +forma de amor, ni de avaricia, ni de ambición: se manifestó en forma de +pasión política, de adhesión frenética á un sistema y odio profundo al +contrario. + +Como consecuencia de esta evolución de su carácter, se desarrollaron en +él una fuerza de voluntad y una energía tales, que le hubieran llevado á +los más grandes hechos, á tener ocasión para ello. Su inteligencia, que +era muy perspicaz y cultivada del modo que hemos dicho, prestaba más +fuerza á aquel sentimiento exagerado; y el consorcio extraño de sus +facultades intelectuales con su gran pasión, unido á su trato indomable, +hacía de él uno de esos seres monstruosos, que la observación +superficial califica ligeramente de este modo: un loco. + +Hundido el sistema constitucional en 1814, Elías fué feliz; pero no por +eso vivió tranquilo, porque comenzó á tomar parte en la vida activa de +la política, que es en todas ocasiones una vida poco agradable. Trabó +amistad con el duque de Alagón, individuo de la odiosa camarilla; +entraba en los conciliábulos de Palacio, y se _honró_ con la amistad de +aquel príncipe que deshonró á su patria. Entonces tomaba parte en los +sordos manejos de aquella corte infame. + +Pero vino el año 20, y nuestro personaje entró en el período de rabia +crónica, de desorden moral y frenética tenacidad en que le hemos +conocido. Ya sabemos poco más ó menos cómo vivía: su actividad había +redoblado, y conspiraba con una constancia de que no se ha visto +ejemplo. En relaciones secretas con la corte, procuraba organizar una +reacción, y todos los medios se adoptaban si conducían al fin deseado. +Iba á los clubs, atizaba alborotos, frecuentaba las reuniones de +realistas y aun de los liberales. Todo lo averiguaba y lo aprovechaba +todo. Pero ya sonaban públicamente algunas acusaciones contra él; ya se +decía que había pertenecido á la camarilla: ya se le indicaba como +conspirador, y más de una vez se vió amenazado por gentes que pretendían +conocerle ó le conocían en efecto. + +Todos los que le conocían de vista en los círculos patrióticos le +llamaban _Coletilla_, apodo elaborado en la barbería de Calleja, algunos +días después del famoso aditamento que puso el Rey al discurso de la +Corona. Aquel apéndice literario, que tan mal efecto produjo, era +designado en el pueblo con la palabra _Coletilla_. La idea de que Elías +era amigo del Rey, unió en la mente del pueblo la persona del fanático y +aquella palabra: los nombres que el pueblo graba en la frente de un +individuo con su sello de fuego, no se borran nunca. Así es que Elías se +llamaba así, para todo el mundo. + +Sus pocos amigos únicamente se cuidaban bien de nombrarle así. + +Concluiremos consagrando un recuerdo á uno de los principales héroes de +este capítulo. Nuestro amigo don Pablo Bragas murió en Ateca á los +noventa y un años de edad, de calenturas gástricas, debidas al doble +efecto de un hartazgo de salpicón y de un constipado que cogió +examinando la conjunción de Arcturus con Marte en una noche de Enero. + +Desde entonces la astronomía está en Ateca en lastimosa decadencia. + + + + + +CAPÍTULO V + + + +#La compañera de Coletilla#. + + +En Diciembre de 1808 militaba Elías, como hemos dicho, en una partida +que había levantado en Segovia el Empecinado. Tuvieron varios +encuentros con los franceses, hasta que Soult, que salió en persecución +de Moore, encontró á los guerrilleros y les hizo retroceder hacia +Valladolid; de allí siguieron avanzando hacia el Norte y llegaron hasta +Astorga. Elías se quedó en Sahagún con unos cuantos hombres, dispuestos +á organizar allí una partida considerable que hostilizara á Ney en su +salida de Galicia. + +En Sahagún había un coronel segoviano que, habiéndose casado allí, vivía +retirado del servicio militar. Era hombre de elevado carácter, de mucho +corazón y de bien cultivada inteligencia; había sido muy rico, pero +deparóle el cielo ó el infierno una esposa que ni de encargo hubiera +salido tan díscola, intratable y antojadiza. El pobre militar hacía +cuanto era imaginable para dominar el carácter de aquel basilisco, en +quien parecían haberse reunido todas las malas cualidades que la +naturaleza suele emplear en la elaboración de las mujeres. Empezó por +hacerse excesivamente devota, y tal era su mojigatería, que abandonaba á +su marido y su casa para pasarse todo el santo día entre monjas, padres +graves, cofrades, penitentes, sin ocuparse más que de rosarios, +escapularios, letanías, horas, antífona y cabildeos. Vivía entre el +confesonario, el locutorio, la celda y la sacristía, hecha un santo de +palo, con el cuello torcido, la mirada en el suelo, avinagrado el gesto, +y la voz siempre clueca y comprimida. + +En los pocos momentos que pasaba en su casa era intratable. En todo +cuanto decía su pobre marido encontraba ella pensamientos pecaminosos; +todas las acciones de él eran mundanas: le quemaba los libros, le sacaba +el dinero para obras pías, le llenaba la casa de padres misioneros, +teatinos y premostratenses; y en cuanto se hablaba do conciencia y de +pecados, empezaba á mentar los de todo el mundo, sacando á la +publicidad de una tertulia frailuna la vida y milagros del vecindario, +para condenarla como escandalosa y corruptora de las buenas costumbres. +En tocando á este punto le daban arrebatos de santa cólera, y entonces +no se la podía aguantar. + +Pero de repente la insoportable beata se volvió del revés; el fondo de +su carácter era una volubilidad extremada. Cambiando repentinamente, +adoptó un género de vida muy mundano: se salía de capa y se andaba por +esos mundos dando zancajos con el pretexto de que tenía una fuerte +afección moral y necesitaba distracción. Acompañábala algún militar +joven ó algún abate verde. Su marido, viendo que era imposible detenerla +en casa, tuvo que consentir en aquella vida voladera; que si bien le +costaba una parte de su fortuna, le libraba por algún tiempo de las +impertinencias de aquel demonio. + +La tercera metamorfosis de doña Clara fué peor. Le dió por ponerse +enferma, y entonces no había malestar, ni dolencia, ni afección crónica, +ni ataque agudo que no viniera á afligir su cuerpo. Agotó todos los +ungüentos, específicos y tisanas; puso sobre un pie á todos los +boticarios, curanderos, médicos y protomédicos, y visitó todos los baños +minerales de España, desde Ledesma á Paracuellos, desde Lanjarón á +Fitero. Lo único que parecía aliviarla era el circunstanciado relato de +sus males que hacía á todos los teatinos, franciscanos, mínimos y +premostratenses, con quienes volvió á entibiar místicas relaciones. + +Chacón, su pobre esposo, cogía el cielo con las manos, y aun llegó á +aplicarle el eficaz cauterio de unos cuantos palos, que no produjeron +otro efecto que recrudecer la feroz impertinencia de aquel enemigo. + +Al mismo tiempo la fortuna del matrimonio tocaba á su término, y el +desventurado marido temblaba al considerar qué sería en lo porvenir de +su pobre hija, entonces de cinco años de edad. La devota, la enferma +había tenido, antes de ser enferma y devota, una niña que se llamaba +Clara, como ella, único fruto de aquel malaventurado matrimonio. + +Doña Clara se curó cuando lo tuvo por conveniente, y se entregó de nuevo +á las cosas de la Iglesia, tomándolo tan á pechos que no había día en +que no se mortificase con disciplinazos, que se oían desde la calle. +Estábase de rodillas y en cruz una hora seguida; cuando empezaba á +contar los éxtasis que _le daban_ y las visiones que _tenía,_ era el +cuento de las cabras de Sancho. El esposo pedía á Dios que le librara +de aquel infierno vivo. Doña Clara no amaba á su hija ni á su esposo, y +éste que la había amado mucho, concluyó por aborrecerla. + +Al fin _la Chacona_ (así la llamaban en el pueblo) dejó otra vez la +vida devota, y de la noche á la mañana se marchó á Portugal á _tomar +aires_. Felizmente Dios la iluminó, y de Portugal se fué al Brasil +con unos misioneros. No se supo más de ella. El pundonoroso y leal +esposo respiró: estaba libre, pero pobre, enteramente pobre sin otra +cosa que un sueldo mezquino; tranquilo en cuanto á lo presente, pero +inquieto siempre que pensaba en aquella niña infeliz que iba á quedar +en la miseria. + +En la mitad de Diciembre de 1808 todo el pueblo de Sahagún salió al +camino real lleno de curiosidad. El emperador Napoleón I pasaba por allí +para dirigirse á Astorga en persecución de los ingleses. Llegó al +pueblo, descansó dos horas, y siguió su camino, seguido de una gran +parte del ejército que ocupaba á España. Cuando los franceses, guiados +por Napoleón, estuvieron lejos, Sahagún se atumultuó; tomaron las armas +todos los jóvenes, y mandados por Elías y el cura de Carrión, se +disponían á pelear con unos regimientos franceses, que al día siguiente +habían de pasar por allí para unirse al cuerpo del ejército. + +Aquella tarde Chacón abrazaba y besaba tiernamente á su hija, que, al +ver llorar á su padre, lloraba también sin saber porqué. El coronel +tenía un proyecto, el único que podía darle alguna esperanza de asegurar +en lo futuro el bienestar de Clara. Había resuelto entrar en campaña, +avanzar en su carrera y seguir á la nación en aquella crisis, seguro de +que le pagaría sus servicios. Escribió al Empecinado pidiéndole órdenes, +y éste le contestó que se pusiera al frente de los 500 hombres de +Sahagún, y procurase batir á los regimientos franceses que iban á unirse +con Napoleón en Astorga. El bravo militar, aclamado jefe de la partida +que Elías y el cura de Carrión organizaron, salió aquella noche, dejando +á su hija en poder de dos antiguas criadas. Situáronse á un cuarto de +legua del pueblo, y al amanecer del siguiente día se vieron brillar á lo +lejos las bayonetas de los franceses. La guerrilla les hostilizó con +fuegos esparcidos: al principio, los franceses vacilaron con la +sorpresa; mas repuestos un poco, atacaron á los nuestros. El combate fué +encarnizado. Elías y Chacón se miraron con angustia. "¡Son tres veces +mas que nosotros!--dijo Chacón;--pero _no importa_: ¡adelante!" + +Retrocedieron hasta la entrada del pueblo: allí la lucha fué horrible. +Desde las ventanas, desde las esquinas disparaban los paisanos contra +el enemigo, cuyas filas se diezmaban. El coronel mandaba á los suyos con +un denuedo sin ejemplo. A la partida unióse al fin el resto del pueblo. +Un esfuerzo más, y los franceses eran vencidos. Este esfuerzo se hizo: +costó muchas vidas; pero los franceses, no queriendo perder más gente, +emprendieron la retirada hacia Valencia de Don Juan. + +El pueblo todo les siguió, con Chacón á la cabeza; pero aún no había +andado éste veinte pasos, cuando fué herido por una bala: dió un grito y +cayó bañado en su sangre. Las mujeres le rodearon, llorando todas al +verle herido; él dijo algunas palabras, volvieron los suyos, y entre +cuatro le llevaron á su casa. Antes de llegar á ella ya estaba muerto. + +Reinaba en el pueblo la consternación, porque habían perecido muchos +hijos y muchos maridos; las madres y las esposas gritaban por las calles +con amargos y dolorosos lamentos. Delante de la puerta de la casa de +Chacón había un grupo de mujeres silenciosas que contemplaban el cadáver +del coronel, teñido en sangre, con la frente partida y destrozado el +pecho. Algunos niños, en quienes podía más la curiosidad que el miedo, +se habían acercado hasta tocarle los dedos, las espuelas y el cinturón. +Nadie hablaba en aquella escena, y sólo la pobre Clarita, consternada al +ver que todos la miraban llorando, comenzó á llamar con fuertes voces á +su padre, cuya muerte no comprendía. + +--Qué niña es ésta?--preguntó Elías. + +--Es su hija,--contestó una mujer que la tenía abrazada. + +--¿Y no tiene madre?-- + +--No, señor,-- + +--¿Y qué vamos á hacer de ella?--dijo Elías mirando al cura de Carrión y +á los demás cabecillas del tumulto. + +Todos se encogieron de hombros y besaron á Clara. + +--Nosotros nos quedaremos con ella,--dijeron las dos mujeres que habían +servido al coronel cuando era rico. + +--No--dijo Elías:--yo la recojo. Me la llevaré conmigo, la educaré.-- + +Las mujeres aquellas eran muy pobres. Gran cariño les inspiraba Clarita; +pero al tenerla á su lado la condenaban á ser pobre como ellas para toda +la vida. Consideraban á don Elías como persona de posición y carácter, y +no dudaron, por lo tanto, en dejarle la niña. + +Permaneció, sin embargo, en Sahagún hasta 1812, época en que el +realista dejó las armas y se retiró á Madrid. Entonces le acompañó +Clara, que no pudo separarse de sus pobres amigas sin llorar mucho, ni +pudo acostumbrarse tampoco á mirar cara á cara á su protector, porque le +daba mucho miedo. + +Grande fué su tristeza cuando al despertar en un hermoso día de Mayo se +encontró entre las obscuras paredes de la casa que conocemos en la calle +de Válgame Dios; y esta tristeza aumentó cuando la llevaron al +convento-colegio de ciertas hermanas de una Orden famosa, que enseñaban +á las niñas del barrio lo poquito que sabían. Tenía la escuela todo lo +sombrío del convento, sin tener su claustro melancólico y su dulce paz. +Dirigíanla unas cuantas viejas, entre quienes descollaba por su +displicencia, fealdad y decrepitud una tal madre Angustias, que usaba +una caña muy larga para castigar á las niñas, y unas antiparras verdes, +que más que para verlas mejor, le servían para que las pobrecillas no +conocieran cuándo las miraba. + +Las niñas se levantaban muy temprano, y rezaban; almorzaban unas sopas +de ajos, en que solía nadar tal cual garbanzo de la víspera, y después +pasaban al estudio, que era ejercicio de lectura, en el cual desempeñaba +el principal papel la caña de doña Angustias. Trazaban luego, por +espacio de dos horas, sendos garabatos en un papel rayado; y después de +contestar de memoria á las preguntas de un catecismo, cosían tres horas +largas, hasta que llegaba la del juego. El recreo tenía lugar en un +patio obscuro y hediondo, cuya vegetación consistía en un pobre clavel +amarillento y tísico que crecía en un puchero inservible, erigido en +tiesto de flores. Las niñas jugaban un rato en aquella pocilga, hasta +que la madre Angustias sonaba desde su cuarto una siniestra campanilla, +que reunía en torno á su caña á los tristes ángeles del muladar. + +Después de comer llevaba el rosario la madre Brígida, por no poder +hacerlo la madre Angustias, á causa del asma que la afligía, +entrecortándole la voz. Aquel rosario era interminable, porque detrás de +sus infinitos paternóster venían las letanías, llagas, misterios, +jaculatorias, oraciones, gozos y endechas místicas. La noche las +sorprendía en aquel devoto ejercicio, y era muy común que alguna de las +chiquillas, rendida bajo el peso moral de tan monótono y cansado rezo, +bostezara tres veces y se durmiera al fin benditamente. Parapetada +detrás de sus antiparras, la madre Angustias observaba los bostezos y +acariciaba su caña dictatorial sin decir palabra á la culpable, +esperando á que se durmiera, y entonces ¡ira de Dios! le sacudía un +cañazo, seguido de una retahila de insinuaciones coléricas. Las otras +niñas, que no esperaban más que un motivo de distracción y +entretenimiento, al ver la triste figura que hacía su compañera al +despertar bruscamente, soltaban la risa, se interrumpía el rezo, gruñía +la madre Brígida, cacareaba la madre Angustias, y llovían los cañazos á +diestra y siniestra. Al anochecer continuaban las lecciones y el +catecismo. La madre Angustias les decía: "Ahora el ca ... ca ... +tecismo. Madre Brí ... Brí ... Brígida, la que no lo sepa, al ca ... ca +... caramanchón." + +Y se marchaba á acostar, porque padecía de ciertos ahoguillos, y tenía +que ponerse todas las noches paños calientes en el estómago. + +Clarita y otras niñas de la escuela creían á pie juntillas que la madre +Angustias no tenía ojos, y que todas sus facultades ópticas residían en +aquellos dos temibles vidrios verdes, engastados en una armazón rancia y +enmohecida; y acontecía que para imitarla cortaban dos redondeles de +papel verde del forro del catecismo y se lo pegaban con saliva en los +ojos, con lo cual se morían de risa. Como no podían ver gota con +aquellos parches, sorprendiólas un día la madre Petronila, que era un +vinagre, y después de darles muchos coscorrones, las condenó á no comer +ni jugar aquel día, ¡Qué horas pasaron las pobres! + +Otra vez se hallaban todas en el patio, y ocurriósele á un pajarito muy +flaco meterse allí por el tejado y posarse, después de chocar en los +muros, en el entristecido clavel. ¡Qué algazara se armó! Aquél fué el +mayor acontecimiento del año. Con pañuelos, con mantos, con cuanto +hallaron á mano, le persiguieron hasta cogerle; atáronle un hilo en una +de las patas, y Clara le guardó muy bien en un cajoncillo donde tenía la +costura. A escondidas le echaban de comer por las noches; pero el +animalito enflaquecía y se ponía más triste cada vez. Una noche, en el +momento en que el rezo iba á principiar, Clara tenía abierto el +costurero, y fingiendo arreglar dentro de él alguna cosa, se ocupaba en +abrirle la boca al pajarito y meterle á la fuerza unas migajas de pan +que había guardado en el bolsillo, cuando de repente alzó el vuelo el +animal, revoloteó por la habitación con el hilo atado en la pata, y fué +á pararse ¿dónde creeréis? en la misma cabeza de doña Angustias, que al +verse profanada de aquel modo, tomó tal cólera, que el asma le ahogó la +voz y estuvo gesticulando en silencio diez minutos, roja como un tomate. +Clara se quedó yerta de miedo. + +"Cla ... Cla ... Cla ... rita--exclamó la madre Angustias ciega de +furor.--¡Niña mal ... mal criada! ¡Qué desaca ... ca ... cato es éste? +Esta noche al ca ... ca ... caramanchón." + +Clara fué condenada aquella noche á dormir en el caramanchón, última +pena que sólo se aplicaba muy de tarde en tarde á los más negros y +raros delitos. Doña Angustias continuó en su cacareo hasta que vió +cumplida la terrible orden; y á la hora en que acostumbraban á +recogerse, Clara fué llevada al presidio, que era un desván obscuro, +fétido y pavoroso. La pobrecilla no cabía en sí de miedo al verse sola +en aquel tugurio, entre mil objetos cuya forma no podía apreciar, +tendida en un miserable jergón y expuesta al aire colado, que por una +ventanilla entraba. En su desvelo, sintió las pisadas de los ratones +que en aquellos climas vivían; pisadas que en sus oídos resonaban como +si fueran producidas por los pies de un ejército de gigantes. Se +encogió, se envolvió toda en su manta, escondiendo los pies, las manos +y la cabeza; pero las ratas corrían por encima, y saltaban, iban y +venían con una algarabía espantosa. También contribuyó á aumentar el +pavor de la niña una disputa que en el tejado vecino se trabó entre dos +gatos bullangueros que lanzaban maullidos lúgubres y desentonados. La +pobre no pudo dormir, y el día la encontró hecha un ovillo, empapada en +sudor frío y temblando de miedo. + +Entre estos sucesos extraordinarios y la diaria tarea del estudio y la +costura, aterrada siempre por la fascinación terrible de los espejuelos +de la madre Angustias, pasó Clara cuatro años, hasta que, cumplidos los +once, vino Elías por ella y se la llevó á su casa. + +El realista no sabía al principio qué hacer de aquella niña: ocurrióle +hacerla monja; pero impulsado por un repentino egoísmo, resolvió +conservarla á su lado. Era solo: su casa necesitaba una mujer. ¿Quién +mejor que Clara? Su inteligencia no estaba bien cultivada, pues no sabía +sino leer, escribir y hacer algunas cuentas; pero, en cambio, cosía muy +bien y entendía de toda clase de labores. + +La hija de la Chacona creció en casa de Coletilla, y fué mujer. Creció +sin juegos, sin amables compañeras, sin alegrías, sin esas saludables y +útiles expansiones que conducen felizmente de la niñez á la juventud. +Elías no la trataba mal, pero tampoco era muy cariñoso son ella. + +Los domingos la solía llevar á la Florida ó á la Virgen del Puerto; una +vez la llevó al teatro, y Clara creyó que era verdad lo que estaban +representando. Los paseos dominicales cesaron cuando Elías tuvo +ocupaciones y preocupaciones que le apartaban de su casa: entonces ella +se limitó á oír misa muy de mañana en las monjas de Góngora, y en esta +expedición lo acompañaba, una criada alcarreña llamada Pascuala, que +Coletilla había tomado á su servicio. + +Este encierro perpetuo hubiera agriado y pervertido tal vez otro +carácter menos dulce y bondadoso que el de Clara, la cual llegó á creer +que aquella vida era cosa muy natural, y que no debía aspirar á otra +cosa; así es que vivía tranquila, melancólicamente feliz, y á veces +alegre. Y, sin embargo, semanas enteras pasaban sin que una persona +extraña penetrara en la casa del fanático. Parecía que toda la sociedad +quería huir de aquella jaula en que estaba encerrado su mayor enemigo. + +Sólo una excepción existía en aquel aislamiento normal. Ya hemos dicho +que don Elías fué amigo y servidor de una antigua é ilustre casa. +Después de la ruina de los Porreños y Venegas, sólo quedaron tres +individuos, tres dueñas venerables que conservaron relaciones amistosas +con el realista. Muy de tarde en tarde iban á visitarle. Tenían un trato +seco; eran intolerantes, rígidas, orgullosas. Nunca hablaban á Clara +sino con palabras solemnes, que daban tristeza y abatían el ánimo. No +podían prescindir de la etiqueta, ni aun delante de una pobre muchacha y +eran tan ceremoniosas y tiesas, que Clara les llegó á tomar antipatía, +porque siempre que iban á la casa dejaban allí una sombra de tristeza +que duraba mucho tiempo en el alma de la huérfana. + +En los últimos años, Coletilla entraba, como hemos dicho, en el período +álgido de su frenesí político; la cólera era su estado normal, y era +cosa imposible que en su fanáticas obsesiones pudiera aquella alma +irascible tener cariños y finezas para la pobre compañera que tanto las +necesitaba. Por el contrario, mostrábase muy duro con ella; se estaba +sin hablarle semanas enteras; otras veces la reprendía con acrimonia y +sin motivo: la llamaba frívola y casquivana. Un día, al ver que la +desventurada se había peinado con menos sencillez que de ordinario, y se +había vestido, reformando un poco su natural elegancia con el poderoso +instinto de la moda, que las mujeres más apartadas del mundo poseen, la +riñó, repitiéndole muchas veces esta frase que le costó lágrimas á la +infeliz: "Clara, te has echado á perder." Otras veces le daba al viejo +por vigilarla, y le prohibía asomarse al balcón y abrir la puerta, es +decir, la abandonaba ó la martirizaba, según el estado de aquel espíritu +perturbador y cruel. + +Clara se puso mala; se iba agostando con lentitud como el clavel que +crecía difícilmente en el patio de la escuela. Su melancolía creció, se +puso descolorida y extenuada, y llegó á hacer temer graves peligros +para su salud. Coletilla no pudo permanecer indiferente á la enfermedad +de su protegida, y trajo un médico el cual expresó su dictamen muy +brevemente, diciendo: "Si usted no manda á esta chica al campo se muere +antes de un mes." + +El realista pensó que la muerte de aquella muchacha sería un +contratiempo. Recordó que su hermana vivía en Ateca con su familia, y +formó su plan. + +Escribió dos letras y algunos días después Clara entraba en el pueblo +con el corazón rebosando de alegría. + +Benéfica reacción se verificó en su salud, y su espíritu, tanto tiempo +abatido por el fastidio y el encierro, se reanimó con el pleno goce de +la Naturaleza y el trato de personas alegres que la atendían y la +amaban. Aquellos días fueron una segunda vida para la desdichada mártir, +porque se regeneró materialmente, adquiriendo lozanía, frescura y vigor: +sus ojos, acostumbrados á la obscuridad de cuatro paredes, recorrían ya +un largo horizonte: sus pasos la llevaban á grandes distancias: su voz +era escuchada por amigas joviales y francas, por jóvenes sencillos, por +viejos cariñosos; su alegría era comprendida y compartida por otros; sus +inocentes deseos satisfechos; conocía la amistad, la vida familiar, la +confianza; gozaba de un cielo hermoso, de un aire puro, de un bienestar +sobrio y tranquilo, de felices y no monótonos días, de sosegadas y +apacibles noches. + +Pero durante la permanencia de Clara en Ateca pasaron cosas que +influyeron poderosamente en el resto de su vida. Vamos á referirlas, +porque de ellas se deriva casi toda esta historia; y por tan importantes +y graves, las dejamos para el capítulo siguiente, donde las verá el +lector, si está decidido á no abandonarnos. + + + + + +CAPÍTULO VI + + + +#El sobrino de Coletilla.# + + +Marta, la hermana de Elías, había quedado viuda con un hijo llamado +Lázaro, que después de estudiar Humanidades en Tudela, pasó á la +Universidad de Zaragoza. Era éste un mozo como de veintitrés á +veinticinco años, de agradable presencia, de ingenio muy precoz, de +imaginación viva, de palabra fácil y difusa, muy impresionable y +vehemente, y de recto y noble corazón. + +Las nuevas ideas, que entonces conmovían profundamente el corazón de la +juventud, habían hallado en el joven Lázaro un creyente decidido. Era +uno de los que, brotados en el tumulto de un aula de Filosofía militaban +con pasión generosa en las filas de los propagadores políticos, entonces +tan necesarios. + +Sucedió que los estudiantes zaragozanos trabaron una pendencia con los +socios de cierto club político; el asunto tomó proporciones, intervino +la autoridad universitaria, y Lázaro se vió obligado á salir de +Zaragoza, perdiendo curso. Esto pasaba en los días en que, destituido +Riego del mando de capitán general de Aragón, hubo en aquella ciudad +tumultos y manifestaciones, que el Gobierno quiso reprimir. Lázaro, que +estaba á punto de concluir la carrera, conoció la gravedad de su +situación y el disgusto que tendrían su madre y su abuelo, á quienes +amaba mucho. Quiso reclamar, pero fué inútil, y tuvo que retirarse á su +pueblo, triste, avergonzado y lleno de dudas y temores. + +Pero al entrar en su casa, agitado por la zozobra y los remordimientos, +vió en compañía de su madre á una persona desconocida que desde el +primer momento le produjo una secreta impresión de alegría, +imponiéndole, sin saber por qué, consuelo y esperanza. Confesó lo que le +pasaba, sin disminuir la gravedad del caso, por lo cual don Fermín, su +abuelo paterno, se puso serio y quiso enfadarse, y su madre lloró un +poco. Pero la persona desconocida, que parecía estar allí para alegrar +la casa, disipó la cólera del primero y secó las lágrimas de la +segunda, mientras Lázaro, con la cabeza baja y humedecidos los ojos, +permanecía inmóvil delante de sus jueces y de su defensor sin decir +palabra, aunque á la verdad no era preciso, porque la joven le defendía +muy bien sin desplegar gran elocuencia, ni emplear otros recursos que su +claro y natural sentido, su acrisolado y generoso sentimiento. + +El pobre Lázaro estaba tan turbado, que se le figuraba que aquella +persona era una aparición, un ser enviado del cielo para ampararle en +aquellos apurados momentos. Esperaba verla desaparecer al concluir su +misión, y la miraba con ese estupor silencioso que causa lo +sobrenatural y desconocido. No tenía antecedentes de aquella joven, ni +había sospechado que existiera y se encontrara allí. Pero la imagen no +se desvanecía, y, por el contrario, continuaba viéndola adornada con +todos los encantos físicos y morales que pueden poseer los ángeles de +este mundo. + +No se habló más del asunto. Lázaro fué perdonado, pero no salió de sus +confusiones. Explicáronle quién era Clara y por qué estaba allí; más no +por eso pudo dominar el estudiante la respetuosa y fuerte sorpresa que +le había producido. + +Estuvo encogido y como asombrado todo el día, y temblóle la voz cuando +quiso hablar con ella, y se calló al fin por temor de decir mil +disparates. Al día siguiente despertó con una alegría exaltada, á la que +sucedía bruscamente una tristeza sin igual. Su aturdimiento tomaba fases +muy diversas tan pronto se veía atacado de un apetito insaciable de +verbosidad que no podía contener; tan pronto hacía esfuerzos inauditos +para pronunciar una palabra, sin llegar á conseguirlo. Era un +polaticómano ferviente, y en Zaragoza se había distinguido por sus +elocuentes arengas en los clubs, que le habían dado mucha celebridad; en +sus conversaciones privadas se expresaba también con mucho entusiasmo y +corrección pero esta vez de todo hablaba menos de política. Parecía que +no existían ya para él ni la revolución francesa, ni el _Emilio_, de +Rousseau, ni las _Carta de Talleyrand_, ni el Diccionario, de Voltaire. +Se había olvidado de todo esto, y sólo pensaba en la fórmula más +expresiva y exacta para decirle á Clara que la había visto en sueños +aquella noche. Recurrió al sistema de las circunlocuciones, pensó +después en decirlo á secas y sin ambajes, acordóse de que las alegorías +se habían inventado para aquel caso, y probó todos los medios sin lograr +con ninguno su objeto. + +Pasaron dos ó tres días sin que hallara un modo de ser explícito. +Cuando estaba solo, sí; entonces hablaba, hablaba consigo mismo, y aun +parecías entablar misteriosos diálogos con aquel hermoso espíritu, que +encontraba siempre en todas partes, acompañándole en sus soledades é +insomnios; espíritu lleno de luz y con formas de mujer, que brotaba del +seno mismo de la noche para mirarle inmóvil, callado y sereno. Delante +de esta sombra era Lázaro muy elocuente, y siempre acertaba á expresar +lo que sentía; y sentía tanto el pobre, que á veces le daba uno de esos +accesos vehementes, en que el organismo se conmueve todo, quebrantado y +oprimido por la enorme expansión del espíritu. Salía de la casa por no +hallarse bien en ella, y volvía á entrar por no hallarse bien fuera. Por +fin, había logrado formular un diálogo con Clara. La primera vez que +pudo hablar con ella un cuarto de hora seguido, se mostró muy enojado. +¿Enojado? ¿Porqué? Después empezó á darle las gracias. ¿Las gracias? +¿Por qué? Después le pidió perdón. ¿Perdón? ¿De qué? Y acto continuo le +dijo que se iba á volver loco. ¿Loco?... Su andar era errante. Se +dirigía á todas partes, y no llegaba á ninguna; se hallaba siempre donde +no quería estar. Pero á pesar de estas evoluciones de ciego, acontecía +que si Clara iba á alguna parte, ¡qué casualidad! encontraba en ella á +Lázaro que la esperaba. + +El alma de la muchacha no estaba sujeta á estas extrañas perturbaciones. +Siempre sensible y feliz en su serenidad inocente, se dejaba llevar por +la corriente de una vida sin agitación ni contratiempos. En su sitio +propio, para dar paz al ánimo y descanso á la fantasía, vivía sin +sentirlo digámoslo así; y si alguna vez la entristecía algún +pensamiento, era el pensamiento de volver á la calle de Válgame Dios. La +amistad, casi desconocida por ella, fué entonces causa de que adquiriera +esa sutil delicadeza, que caracteriza los afectos femeninos, y esa +fluidez de ingenio que tanto los embellece y adorna. + +Había en el pueblo otra joven de la misma edad é idéntico carácter, +llamada Ana, hija de un rico labrador. Ana y Clara se hicieron íntimas +amigas en pocos días de trato. Ibanse todas las tardes á una huerta +perteneciente al padre de Ana, y allí, entretenidas con sus labores, se +pasaban conversando largas horas. En esta comunicación de las dos +jóvenes, Clara se desarrollaba moralmente con una rapidez desconocida. +Para quien había pasado su juventud en compañía de un viejo excéntrico é +insociable, aquellas franquezas inocentes y el cambio simultáneo de +pensamientos, comunicados sin disimulo y en toda su hermosa sencillez +natural, realizaron en el alma de la huérfana una revelación de sí +misma, que fijó y fortaleció más su bello carácter. + +Cuando las dos amigas iban á la huerta, la maldita casualidad hacía que +Lázaro pasara por la entrada precisamente en el mismo momento en que +ellas llegaban. La conversación empezaba todas las tardes á las cuatro, +y duraba basta el anochecer. Ni un solo día en todo el tiempo que pasó +Clara en Ateca dejaron de ir á la huerta las dos muchachas, y ni un solo +día dejó Lázaro de encontrarlas allí por casualidad. En aquellas +conversaciones, que eran cada vez más íntimas, se notaba algunas veces +que, por efecto de los accidentes del diálogo escénico, Ana callaba ó +hablaba aparte en voz baja, mientras el bueno del estudiante y la picara +Clara charlaban muy quedito y muy juntos el uno del otro. La cara, +angustiosa á veces, á veces pálida, ya animada, ya triste, del joven, +anunciaba que el tema del coloquio era muy interesante, ¿Qué decían? De +pronto unas largas pausas, en que uno y otro se quedaban mirando á la +tierra un buen rato, permitían á Ana alguna alusión ingeniosa, cuya +gracia alababa y reía ella sola. Clara y Lázaro parecía que no estaban +para risa. Callaban, hasta que un monosílabo aquí, un gesto allá, +volvían á estimular de nuevo la conversación. A veces él se ponía á +meditar como recapacitando lo que iba á decir; y él, que tan buena +memoria tenía, se encontraba con que se le habían olvidado (¡otra +casualidad!) los admirables trozos de elocuencia que tenía preparados. +¿Hablaban del pasado, del presente, del porvenir? ¿Trazaban un plan, +planteaban un proyecto? Es probable que nada de esto fuera objeto de +aquellos íntimos debates: no hacían sus voces otra cosa que expresar mil +inquietudes interiores, pintar ciertas turbaciones del espíritu, +formular preguntas intensamente apasionadas, cuyas réplicas aumentaban +la pasión; confesar secretos, cuya profundidad crecía al ser confesados; +hacer juramentos, manifestar ciertas dudas, cuya resolución daba origen +á otras mil dudas; pedir explicaciones de misterios, que engendran +misterios sin fin; explicar lo inexplicable, medir lo infinito, agotar +lo inagotable. + +A veces interrumpía Ana estas comunicaciones impenetrables, diciendo: + +--Pero, mujer, ¿no ves cómo va ese bordado? ¿En qué estás pensando?-- + +En efecto; Clara, que estaba bordando sobre cañamazo, con lanas de +colores, una cabecita de ángel rodeada por una guirnalda de flores, le +había hecho los ojos de estambre rojo y los labios con estambre negro; +las flores tenían todos los colores tan trastornados, que no se sabía lo +que aquello era. Al oír la observación de su amiga, Clara se puso del +color de los ojos del ángel. + +Veinte y treinta días se pasan muy pronto cuando hay citas cuotidianas +en una huerta, diálogos anhelantes, dudas no resueltas, preguntas mal +contestadas y angelitos bordados con los labios negros. Así es que llegó +un día en que Lázaro se puso á jurar por todos los santos del cielo que +no permitía que Clara se fuera de allí. Se ponía fastidioso al tocar +este punto; repetía la misma cosa infinitas veces, y á lo mejor empezaba +á relatar un sueño que había tenido la noche anterior, del cual sueño se +desprendía la imposibilidad absoluta de que él y Clara se pudieran +separar. Ella se ponía muy pensativa y no decía palabra en media hora; +los pobres chicos miraban al cielo alternativamente, como si en el cielo +se hallara escrita la solución de aquel problema. + +Se separaban. Clara depositaba sus amarguras en el seno de su amiga Ana. +Lázaro confiaba á las profundidades de la noche el gran vértigo que +sentía dentro de sí; no dormía, porque una serie interminable y +rapidísima de razonamientos confusos, mezclados con imágenes vagamente +percibidas, le sostenían en vigilia invencible y dolorosa. El día volvía +á darles esperanza, la tarde venía á unirlos, el anochecer volvía á +entristecerlos. Así se acercaba el día funesto. + +Cuando se teme de ese modo la llegada de un día que nos ha de traer algo +malo, la imaginación tiene como una extraordinaria fuerza de odio, con +la cual personifica ese día que se detesta; la imaginación ve acercarse +este día, y lo ve en figura de no sé qué monstruo amenazador que avanza +con la mano alzada y la mirada llena de ira. Hay días en que el sol no +debiera salir. + +Pero el designado para la vuelta de Clara á Madrid el sol, ¡qué +crueldad! salió. Sus primeros rayos llevaron la desolación al alma de +los dos jóvenes, amenazados de una separación. Parece que cuando se +verifica una separación de esa clase, cuando se disuelve y destruye esa +unidad misteriosa y fundamental de la vida humana, unidad constituida +por la totalidad complementaria de dos individuos, parece, decimos, que +debía ocurrir un cataclismo en la Naturaleza; pero eso que llamamos +comúnmente los elementos, es ciego é insensible. Se hunde un continente +y se chocan dos océanos por la más insignificante de esas causas +mecánicas que nacen en el centro de la materia; pero nada sucede, nada +se mueve en la inerte y ciega máquina del mundo, cuando se altera el +grande, el inmenso equilibrio de los corazones. + +Aquella mañana sintió Lázaro un dolor desconocido. Avanzaba el día: el +estudiante fué á casa de Ana y la encontró llorando; se asustó de verla +llorar; volvió á su casa, quiso entrar en el cuarto donde Clara hacía +los preparativos de su viaje, pero se tuvo miedo á si mismo. La vió +salir después pálida y con los ojos cansados de llorar. Al ver que se +despedía de su madre y de su abuelo, Lázaro corrió fuera por temor de +que intentara también despedirse de él. Salió y anduvo á prisa mucho +tiempo; salió del pueblo y se internó en el camino, lejos, muy lejos del +pueblo. De pronto sintió el ruido da la diligencia, que se acercaba. El +joven se detuvo, retrocedió; la diligencia pasó rápidamente. Allí iba la +huérfana desolada, con el rostro oculto entre las manos. Las demás +personas que iban con ella se reían de verla así. Lázaro la nombró, la +llamó dando un fuerte grito, y sin darse cuenta de ello corrió tras el +coche larguísimo trecho, hasta que el cansancio le obligó á detenerse. +La diligencia desapareció. + +Regresó al pueblo ya entrada la noche: al pasar por la huerta notó que +unos pájaros que acostumbraban dormir allí formaban diabólica algazara +con sus cantos disparatados y su inquieto aleteo. Apresuró el paso para +no oír aquello y entró en su casa. Su madre y su abuelo estaban muy +pensativos y melancólicos; ni les habló ni le hablaron. Quedóse solo; se +encerró y quiso leer un libro; quiso dormir, y quiso arrancarse de la +mente una como corona de hierro inflamado que se la quemaba y oprimía; +pero era imposible. Aquello era una irradiación, que, á ser visible, +hubiera parecido una aureola. En su fiebre se quedó aletargado, y en su +letargo le pareció que de su cabeza brotaban llamas vivísimas que no +podía sofocar, y que sus sesos hervían como un metal derretido. + + + + + +CAPÍTULO VII + + + +#La voz interior#. + + +Aquel muchacho era sumamente impresionable, nervioso, de temperamento +ideal, dispuesto á vivir siempre de lo imaginario. Nadie le igualaba en +forjar incidentes venideros, enlazándolos para hacer con ellos una vida +muy dramática y muy interesante; trabajaba involuntariamente con el +pensamiento en la elaboración de estas acciones futuras; y siempre tenía +ante la imaginación aquella gran perspectiva de hechos en que +desempeñaba la principal parte una sola figura, él solo, Lázaro. Esta +visión perpetua, fenómeno propio de la juventud, tenía en él +proporciones extraordinarias; su fantasía tenía una poderosa fuerza +conceptiva, y puede asegurarse que esta gran facultad era para él un +enemigo implacable, un demonio atormentador. + +Con este carácter, fácil era que brotaran en él todas las grandes +pasiones expansivas, y que crecieran hasta llevarle á la exaltación. En +épocas como aquella, la política, el proselitismo, el espíritu de secta +engendraba grandes pasiones. El heroísmo cívico, la abnegación y esa +tenacidad catoniana que brillan en algunos personajes de todas las +revoluciones, la venalidad solapada, la traición, la sanguinaria +crueldad y el encono vengativo que se han visto en otros, provienen de +la pasión política. Lázaro tuvo esta pasión: sintió en sí el ardor del +patriotismo, creyóse llamado á ser apóstol de las nuevas ideas, y con +ardiente fe y noble sentimiento las abrazó. + +¿Pero existen estas resoluciones inquebrantables sin mezcla de egoísmo? +Egoísmo sublime, pero egoísmo al fin. Lázaro tenía ambición. ¿Pero qué +clase de ambición? Esa que no se dirige sino al enaltecimiento moral del +individuo, que sólo aspira á un premio muy sencillo, á la simple +gratitud. Pero la gratitud de la humanidad ó de un pueblo es la cosa de +más valor que hay en la tierra. El que es digno de ella la tendrá, +porque un hombre puede ser ingrato; pero un pueblo en la serie de la +historia, jamás. En una vida cabe el error; pero en las cien +generaciones de un pueblo, que se analizan unas á otras, no cabe el +error, y el que ha merecido esa gratitud la tiene sin remedio, aunque +sea tarde. + +Lázaro aspiraba á la gloria; quería satisfacer una vanidad: cada hombre +tiene su vanidad. La del joven aragonés consistía en cumplir una gran +misión, en realizar alguna empresa gigantesca. Cuál era esta misión, es +cosa que no sabía á punto fijo. Los jóvenes como aquél no gustan de +concretar las cosas porque temen la realidad; creen demasiado en la +predestinación, y engañados por la brillantez del sueño, piensan que los +sucesos han de venir á buscarlos, en vez de buscar ellos á los sucesos. + +Después que se retiró de Zaragoza y fué á Ateca, una figura iba +perpetuamente unida á la suya en aquellas escenas futuras. ¡Insensato! +¿Qué piensas hacer de ella? Una reina. ¿De dónde? Será simplemente la +mujer de un gran hombre. Menos tal vez: la mujer de un hombre obscuro... +Concluía por concretar el objeto de todas sus quimeras á un retiro +pacífico, á un matrimonio feliz. + +Pero era preciso meditar, trazar un plan, ver la manera más fácil de +unirse á ella. + +Clara era huérfana, él pobre. He aquí dos contratiempos ocurridos desde +el principio. ¡Ah! Pero él trabajaría; sería activo, ingenioso, astuto. +Bien sabía él que tenía talento. ¿Pero debía ser un simple agricultor? +No: eso era poco para él. Debía ir á Madrid, hacerse oír, buscar un +nombre, un puesto. Esto sería cosa muy fácil para quien tenía tales +aptitudes. ¿No era seguro que al llegar Lázaro á la corte, centro +entonces, como ahora, de la actividad intelectual del país, adquiriría +nombre, posición, fortuna? Sin duda. Ya debían conocerle de oídas por +sus discursos pronunciados en Zaragoza. En aquel tiempo los jóvenes se +abrían paso fácilmente entre la multitud decrépita; aquellos que, con +todo el vigor de la fe y toda la fuerza de la edad primera, emprendían +la propagación de las nuevas ideas, se imponía infaliblemente, +adquiriendo una alta y envidiada posición social. El se creía superior, +¿á qué negarlo? En la profundidad de su conciencia sentía una voz que +sin cesar decía: "Yo valgo. Es preciso buscar los sucesos antes que +ellos vengan á buscarnos. Animo, pues." + +Estos pensamientos eran los que ocupaban la mente de Lázaro en los días +que siguieron á la partida de Clara. Cuando su determinación se hizo +firme, vió con entusiasmo que su inteligencia adquirió más vigor y su +pecho más osadía. Parecíale que su voz era capaz de emitir los más +profundos, los más calurosos, los más verdaderos acentos en defensa de +los nobles principios de la época; le parecía que nada igualaba á su +facilidad de expresión, á su lógica terrible, á su frase pintoresca y +expresiva. En lo más callado de la noche, cuando en parajes solitarios +se entregaba á sus meditaciones, se oía, se estaba oyendo. Una voz +elocuente resonaba dentro de él, y mudo y reconcentrado asistía á las +maravillas é internas manifestaciones de su propio genio. Era auditorio +de sí mismo, y le parecía que jamás había tenido el verbo humano frases +más bellas, lógica más segura, entonación más vigorosa. Se aplaudía; le +parecía que en torno suyo multitud infinita de sombras aglomeradas le +aplaudían también; que resonaba un intenso palmoteo, cuyo fragor llenaba +toda la tierra. + +De vuelta á su casa dormía, y durante el sueño continuaba resonando en +su cerebro la misma voz que hacía estremecer miles de corazones; que +llevaba el entusiasmo ó el espanto á ejércitos enteros de ciudadanos; y +entonces se le figuraba que dentro de su ser había una misteriosa +entidad sonora, un espíritu locuaz, que sostenía constantemente allá en +su profundo núcleo la más brillante y enérgica peroración. + +Lázaro tenía el genio de la elocuencia. El lo conocía: estaba seguro +de ello. Cada día que pasaba sin que un gran auditorio le escuchara, +le parecía que se perdían en el vacío y en el silencio de un desierto +aquellas voces admirables que sentía dentro de sí. No había tiempo +que perder. + +Dijo á su abuelo que se iba á Madrid. El pobre viejo se puso á llorar, y +dijo entre sollozos y babas que aquella resolución era muy grave y +convenía meditarla. + +--¿Y qué vas tú á hacer allá?--decía después, queriendo aparecer +incomodado: ¡Tienes una letra tan mala!... + +Estaba entonces en Ateca un tal don Gil Carrascosa (el mismo personaje á +quien vimos disputar con cierto barbero en el primer capítulo de esta +historia), el cual tenía amistad con Coletilla. El abuelo consultó con +el ex-abate la resolución de Lázaro, y éste opinó que se debía escribir +al tío. El viejo tomó la pluma y con vacilante mano trazó esta carta, +que recibió el realista pocos días después. + +"Querido y respetable señor: Lazarillo, mi nieto y sobrino de vuesa +merced, quiere ir á Madrid. Se le ha puesto en la cabeza que ahí podrá +hacer fortuna: dice que no puede estar en el pueblo. Y, en efecto, +querido señor, esto está malo. La cosecha de este año no nos da ni la +simiente, y el pobre chico tiene más afición á los libros que al arado. +Le diré á vuesa merced, respetable señor, que Lázaro es un mozo muy +despierto: sabe muchos libros de memoria, y ha leído cuatro veces de la +cruz á la fecha un tomo que le llaman _Los grandes hombres de Plutarco_, +el cual me ha asegurado no ser cosa de herejía; que si lo fuera no lo +había de leer en mis días. Entiende de leyes, y á veces se pone á +escribir y llena unos cuadernos de cosas muy buenas, aunque yo no las +entiendo. Es buen cristiano y muy respetuoso y cortés con todo el mundo. +No ocultaré sus defectos, respetable señor; y por lo mismo que le +quiero, diré á vuesa merced cuál es su gran defecto, para ver si con su +talento y su gran sabiduría lo puede corregir. Es el caso que +difícilmente podrá hacer cosa buena en la Corte, porque tiene muy mala +letra y no le luce lo que sabe. Siento mucho tener que revelar esta +flaqueza suya; pero antes que nada es mi conciencia, y por todo el oro +del mundo no ocultaría sus defectos. Creo, sin embargo, que con un buen +maestro, como los hay en la Corte, podrá corregirse si se aplica. De +este modo llegará, andando el tiempo, á ser apto para desempeñar una +plaza de dos mil reales en alguna covachuela, como mi señor abuelo, que +en paz descanse. Yo deseo que haga fortuna, porque le quiero con toda mi +alma; y así, deseo que vuesa merced, con su gran tino y universal +sabiduría, me informe si será posible sacar algo de provecho de este +muchacho, diciéndome al mismo tiempo si puedo contar con su protección. +Hágalo vuesa merced, por Dios, que es el único hijo de su hermana, y +nosotros, que estamos pobres, no podemos hacerle feliz." + + +_Su respetuoso y reverente servidor_. + +#FERMÍN...# + + +Pasaron tres meses sin que don Elías contestara. Al fin contestó, +advirtiendo que esperara un poco, que avisaría si podía venir ó no. Un +mes después escribió de nuevo llamando á Lázaro á su lado, y +añadiendo que de su comportamiento y disposiciones dependía el que +hiciera fortuna. + +Lázaro no cabía en sí de gozo. Quiso partir el mismo día; pero los +ruegos de su madre y de su abuelo le obligaron á aguardar dos más. + +El joven estudiante sabía, por las tradiciones de la familia, que su tío +era hombre muy sabio, y se le había antojado que había de ser un gran +liberal. No comprendía que un hombre muy sabio dejara de ser muy amante +de la libertad. + +La carta de Coletilla fué recibida en los primeros días de Septiembre de +1821, en que ocurren los primeros acontecimientos que hemos referido. +Poco después de la lamentable escena de la barbería y de la entrada del +militar en la casa de Clara, ocurrió el viaje de Lázaro á Madrid. Clara +no lo supo antes del día en que debía llegar. + +Ahora podemos seguir naturalmente el curso de los sucesos de esta +puntual historia. Dejaremos á Lázaro preparándose á partir. Su madre y +su abuelo le despiden llorando, el alcalde le abraza diciendo que ya ve +en él nada menos que un secretario del Despacho; el cura le da dos +bollos maimones para el camino y le echa un sermón fastidioso. El +estudiante sube á la galera, y con más ilusiones que dineros toma el +camino de la Corte. + + + + + +CAPÍTULO VIII + + + +#Hoy llega#. + + +Tres días después de la aventura descrita en el capítulo segundo, estaba +Clara muy de mañana encerrada en el cuarto que le servía de habitación. +El fanático le había dicho pocas horas antes que esperaba á su sobrino, +y que era preciso acomodarle allí hasta que se mudaran todos á una nueva +casa que pensaba tomar. + +Clara se quedó absorta al oír esta noticia, y no pudo contestar palabra, +porque la sorpresa le embargaba la voz. Cuando quedó sola se encerró en +su cuarto. + +Era éste pequeño é irregular: estaba en lo más interior de la casa, y +tenía una ventana estrecha, con vidrios de dudosa transparencia, que +daba á un patio, de esos que por lo profundos y estrechos parecen +verdaderos pozos. Enfrente y á los lados se abrían tres filas de +ventanas mezquinas, respiraderos de otras tantas celdas, donde se +albergaban familias bulliciosas. El cuarto de Clara tenía el usufructo +de un rayo de luz desde las once á las once y media, hora en que pasaba +á iluminar las regiones tropicales del tercer piso. Aquel rayo de luz no +traía nunca colores, ni paisaje, ni horizonte, ni alegría. + +El patio era un recinto populoso, el centro de un enjambre humano. A +ciertas horas asomaban por aquellos agujeros otras tantas cabezas: esto +sucedía en los grandes acontecimientos, cuando la herrera del piso bajo +y la planchadora del cuarto resolvían al aire libre alguna cuestión de +honor, ó cuando la manola del tercero y la zurcidora de enfrente +entablaban pleito sobre la propiedad de la ropa tendida. + +Por lo demás, allí reinaba siempre una paz octaviana, y era cosa de ver +la amable franqueza con que la esterera pedía prestada una sartén á la +vecina de la izquierda, y la confianza íntima con que dialogaban en el +quinto el soldado y la mujer del zapatero. Enlazaban unas ventanas con +otras, á guisa de circuitos telegráficos, varias cuerdas de donde +colgaban algunas despilfarradas camisas, y de vez en cuando tal cual +lonja de tasajo, sobre el cual descendía en el silencio de la noche una +caña con anzuelo, manejada por las hábiles manos del estudiante del +sotabanco. + +La vidriera del cuarto de Clara no se abría nunca. Elías la había +clavado por dentro desde que ocupó la casa. + +Si la perspectiva del patio era desapacible, el interior de la +habitación tenía indudablemente cierto encanto, no porque en él hubiera +cosas bellas, sino por la sencillez y modestia que allí reinaba, y el +cuidadoso aseo y esmero, única elegancia de los pobres. Veíase, en +primer término, una voluminosa cómoda, compuesta de seis enormes gavetas +con sus labores de talla junto á las cerraduras, y algunas +incrustaciones un poco carcomidas; encima un mueble decorativo bastante +viejo, que representaba una figura de Parca con una de las manos alzada +en actitud de sostener algo; pero en lugar del reloj que en otro tiempo +cargaba, sostenía en tiempo de Clara una caja forrada en papeles de +color, la cual debía guardar utensilios de labor femenina. En lugar de +la redoma de cristal, tapaba todo esto un pedazo de gasa, sujeto con +cintas azules á las piernas de la diosa, la cual ostentaba en su +profano pecho un escapulario de la Virgen del Carmen. + +Una mesa de tocador, tres sillas de viejo nogal, pesadas y lustrosas, +un cojincillo erizado de agujas y alfileres, banqueta y cama de caoba +de muy voluminosa arquitectura, cubierta con manta palentina, +completaban el ajuar. + +Clara estaba delante de su espejo, y se ocupaba en enredarse en la +coronilla una gruesa trenza de pelo negro, recientemente tejida y +terminada en la punta con un atadijo del mismo pelo y un lazo encarnado. +Dos órdenes de pequeños rizos; guedejas sutiles, retorcidas con +negligencia, le adornaban la frente, y de las sienes blancas, cuya piel +transparentaba ligeramente la raya azulada de alguna vena, le caían dos +airosos mechones. + +No hay actitud más propia para apreciar debidamente las formas +académicas de una mujer, que esa que toma cuando alza las manos y se +enrolla una trenza en la cabeza, dejando ver el busto, el talle, el +cuello en toda su redondez. Tiéndense los músculos del pecho, se +contornea la espalda, y el ángulo del codo y las suaves curvas del +hombro describen en su dilatación graciosas líneas que dan armoniosa +expresión escultural á toda la figura. + +Concluida la operación del peinado, Clara echó una mirada de deseo y +desconfianza á la última gaveta de la enorme cómoda en donde tenía su +ropa. Es que allí existía, guardado con singular esmero, un traje que +Elías le había comprado algunos años antes, cuando era menos adusto y +gruñón. Este traje, que era lo más lujoso y bello que la huérfana +poseía, tenía la forma y los colores más en moda en aquella época: +cuerpo de terciopelo negro con prolijos dibujos de pasamanería, y +guardapiés de seda pajizo, adornado con una gran franja, como de á +tercia, de encaje negro. Dudaba si sacarlo ó no: quería ponérselo, y +temía ponérselo; quería lucir aquel día su mejor vestido, y temió al +mismo tiempo estar demasiado guapa con él. ¿Por qué? Y se detenía +pensativa y triste, sin atreverse á sacar á la luz pública aquel tesoro +tanto tiempo escondido. ¿Por qué? Porque Elías se había puesto tan +fastidioso (así decía ella), estaba tan maniático y la reñía tanto sin +motivo... ¡qué singularidad! La semana anterior estaba cosiendo y +arreglando la cenefa del vestido que se había roto, cuando entró aquel +hombre, y bruscamente le dijo: + +--¿Qué haces ahí...? Siempre pensando en componerte. ¿Para qué te ocupas +en esas fruslerías? + +Ella, la verdad sea dicha, aunque tenía una razonable contestación +que dar á aquella pregunta, no se atrevió; y doblando tristemente su +obra, fué á sepultarla en la cómoda. Elías no se ablandó por esta +prueba de sumisión, y en tono más agrio y severo le dijo al verla +tirar de la gaveta: + +--Cuando digo que te has echado á perder.... + +Pero no fué esto lo peor que escuchó la pobrecilla mientras, llena de +vergüenza, devolvía á la tumba aquel despojo que había querido profanar +sacándolo de tan venerable asilo. No fué esto lo peor que oyó, porque el +viejo, bajando la voz y como si hablara consigo mismo, dijo: + +--Al fin tendré que tomar una determinación contigo. + +¡Jesús, santos y santas del cielo! ¡Qué determinación será esa!... ¡Si +querrá también el viejo encerrarla á ella en la misma gaveta como una +prenda sin uso!... + +Aquello de la determinación la tuvo preocupada muchos días. En vano +trató de sondear el ánimo del viejo. ¡Ay! Pero si ella no sabía sondear +ánimos de nadie... El único medio de que se hubiera valido para +averiguarlo era preguntárselo sencillamente, y á esto no se atrevía. + +Aún hubo más. Por la triste calle de Válgame Dios solía pasar una +ramilletera, que en su cesta llevaba algunos manojos de claveles, dos +decenas de rosas y muchas, muchísimas violetas. Clara observaba al +través de los cristales el paso de aquellos frescos colores que le +atraían el alma, de aquellos suaves aromas que anhelaba aspirar desde el +balcón. Un día se decidió á comprar unas flores, y mandó á Pascuala por +ellas. Clara las tomó, las besó mil veces, les puso agua, las acarició, +se las puso en el seno, en la cabeza, y no pudo menos de mirarse al +espejo con aquel atavío; las volvió á poner en el agua, y, por último, +las dejó quietas en un búcaro, que tuvo la imprudencia de colocar donde +Coletilla ponía su bastón y su sombrero cuando llegaba de la calle. ¡Oh! +Sin duda él, al entrar, se había de poner alegre viendo las flores. Las +flores le gustarían mucho. ¡Qué sorpresa tendría!... Esto pensaba ella. +Decididamente era una tonta. + +El fanático llegó y se acercó á la mesa; pero al poner en ella su +sombrero, chocó éste con el vaso, que cayó al suelo, soltando las flores +y vertiendo el agua en las mismas piernas del realista. + +El hombre montó en cólera, y mirando con furor á la huérfana, que estaba +temblando, gritó: + +--¿Qué flores son estas? ¿Quién te ha mandado comprar estas flores? +Clara, ¿qué devaneos son estos? ¡Coqueta! No hay ya remedio. Te has +echado á perder. ¿También quieres llenarme de flores la casa? + +Clara quiso contestarle; pero aunque hizo todo lo posible, no le +contestó nada. Elías pisoteó las flores con furia. + +--Estoy resuelto á tomar la determinación. + +Otra vez la determinación, ¿Qué determinación sería aquella? pensaba +Clara en el colmo de su confusión y de su miedo. Después, retirada á su +cuarto, pensó en lo mismo, y decía para sí: "¿Querrá matarme?" + +Aquella noche no pudo dormir. A eso de las doce sintió que Elías se +paseaba en su cuarto con más agitación que de ordinario. Hasta lo +pareció oír algunas palabras, que no debían ser cosa buena. Levantóse +Clara muy quedito movida de la curiosidad, y poco á poco se acercó con +mucha cautela á la puerta del cuarto de Elías, y miró por el agujero de +la llave. Elías gesticulaba marchando: de pronto se paró, se acercó á +una gaveta y sacó un cuchillo muy grande, muy grande y muy afilado, +resplandeciente y fino. Le estuvo mirando á la luz, examinándolo bien, y +después lo volvió á guardar. Clara, al ver esto, estuvo á punto de +desmayarse. Retiróse á su cuarto y se acostó temblando, arropándose +bien. Desde la noche que pasó en el camaranchón de doña Angustias en +compañía de los ratones, no había tenido un miedo igual. A la madrugada +se adormeció un poco; pero en su sueño se le presentaban multitud de +cuchillos como el que había visto, y á veces uno solo, pero tan grande, +que bastara por sí á cercenar cincuenta cabezas á la vez. Arropábase más +á cada momento, creyendo en los extravíos del sueño que el cuchillo, á +pesar de su puntiaguda forma y de su brillante filo, no podía penetrar +las sábanas. + +Al día siguiente se serenó, y después se reía de haber temido que Elías +podría matarla. + +Poro, sin embargo, no se atrevía á ponerse el traje. Aquella bella +prenda pecaminosa había de dormir el sueño de la eternidad en lo más +hondo de la cómoda, donde seria pasto de gusanos. + +Clara no había podido determinar en su entendimiento lo que para ella +podía resultar de la venida de Lázaro. En su grande alegría no veía en +aquello más que un suceso muy feliz, sin detenerse á considerar los +sucesos que posteriormente se podían derivar de aquella llegada. Algunas +ideas vagas acompañaron tan sólo aquel sentimiento expansivo y +desinteresado. El sería un joven de posición. ¿Cómo no? Sin discurrir en +el medio, Clara pensó en un cambio de suerte. Sin saber cómo, se unían +en su entendimiento y confusión indisoluble la idea de la llegada de +Lázaro y la idea de emanciparse un poco de la fastidiosa (no calificaba +de otra manera) tutela de don Elías. A su mente vino la idea del +matrimonio. Vino, sí, varias veces; pero casi no era idea aquello: era +una percepción confusa, una esperanza tímida y como recelosa. Por +último, ya llegó á pensar, á pensar verdaderamente en esto. Una +percepción confusa, dijimos, sí: esta percepción la ocupaba +constantemente. Lázaro iba á ser su marido. Clara también sabía ver los +días futuros, y veía á su marido junto á ella en un lugar que no era +aquél, en una casa que no era aquélla, en otros sitios, en otra tierra. +Y en otro mundo, ¿por qué no? Esto hubiera sido lo más acertado... + +Aquel día estaba muy alegre, reía por la menor causa, se ruborizaba sin +motivo, estaba inquieta y sin sosiego, quedábase pensativa un largo +rato, y después parecía hablar consigo misma. + +Las nueve serían cuando Pascuala volvió de la calle, y entró en el +cuarto de Clara. + +Era Pascuala una mujer que formaba á su lado el contraste más violento +que puede existir entre dos ejemplares de la familia humana. Era una +moza vigorosa y hombruna, apacentada en los campos alcarreños, alta de +pecho, ancha de caderas, de mejillas rojas, boca grande, nariz chica, +frente estrecha, pelo recogido en un gran moño, color encendido, pesadas +manos, ojos grandes y negros. + +Acercóse á la joven, y misteriosamente le dijo: + +--¿Sabe usted lo que me ha _pasao?_ + +--¿Qué?--dijo Ciara alarmada. + +--Que he visto al _melitarito_ del otro día, el que estuvo aquí cuando +el señor vino malo. + +-¿Y qué? + +--¿Qué? Nada, sino que me ha _asustao_, porque me dijo que quería entrar, +y como estamos solas, pensé que me pasaría algo ... porque como +es una así tan guapetona.... Y no tiene una mala cara.... Ya ve usted. + +--¡Ah! ¿El oficial aquél del otro día?... ¿Y dices que se quería +meter aquí? + +--Sí; y después me preguntó por usted. + +--¿Por mí? ¿Y qué le dijiste? + +--Que estaba _güena._ Después dijo que si estaba aquí _el viejo._ Ya ve +usted qué poco respeto. ¡El viejo! ¡Qué irreverencia! Yo le dije que no. +El me dijo que quería entrar á hablar conmigo... Pero vamos ... ya soy +muy maliciosa, y yo me malicio.... + +--¿Qué? + +--A mí no me engañan así con palabritas. Como es una tan guapetona.... + +--No tengas cuidado--dijo Clara riendo.--Es que está enamorado de ti y +quiere casarse contigo. Si lo sabe el tabernero.... + +--¿Mi Pascual? No lo sabrá... Si llegara á saber mi Pascual que hay un +señorito que dice chicoleos á Pascuala.... + +Advirtamos que esta fregona tenía por novio á un Pascual que había +fundado nada menos que una taberna en la calle del Humilladero. Aquellas +relaciones honestas y nobles parecían muy encaminadas al matrimonio; y +como ella era _así tan guapetona_, habría probabilidades de que aquel +par de Pascuales se unieran ante la Iglesia para dar hijos al mundo y +agua al vino. + +--Pues como Pascual lo llegue á saber.... + +--Pero yo soy muy picara ... y se me ha puesto en la cabeza... ¿Sabe +usted lo que se me ha puesto en la cabeza? + +-¿Qué? + +--Que él no quiere entrar aquí por mí, sino por usted. + +--¿Por mí? No seas tonta--replicó Clara, riendo con la mayor +naturalidad. + +--¿Le dejo entrar? + +--No, cuidado. Por Dios, no hagas tal. No vuelvas á hablarle más. ¿A qué +tiene que venir aquí ese caballero? + +--Yo me malicio ... aunque una sea así tan guapetona.... Yo me malicio +que á mí no me quiere _pa_ maldita de Dios la cosa ... porque al fin, +siempre una es criada y él un caballero.... Pues parece persona muy +principal. Digo... ¿Le dejo entrar? + +--¡Jesús, Pascuala, no lo vuelvas á decir!--exclamó seriamente +Clara.--¿Pero á qué quiere entrar aquí ese caballero? + +--Toma, á verla á usted. + +--¿Y para qué quiere verme á mí? + +--Toma, para verla. + +--¡Qué ocurrencia!--murmuró pensativa. + +En esto se sintió un campanillazo. Abrieron y entró Coletilla. + +Las dos muchachas seguían su coloquio cuando sintieron en la calle rumor +de voces agitadas, algunos gritos y pasos precipitados. Asomáronse los +tres, y vieron que discurrían varios grupos por la calle. Los chisperos +más famosos del barrio dejaban sus hierros y salían en busca de +aventuras. Coletilla lanzó una mirada de rencoroso desdén sobre los +transeúntes, y cerrando con estrépito el balcón, dijo; + +--¡Otra asonada! + +Las dos muchachas temblaron acordándose del miedo que tuvieron pocas +noches antes. + +--¡Ay, cuándo se acabarán estas cosas!--observó Clara. + +--¡Pronto!--dijo con sequedad el viejo, sentándose y tomando una carta +que había sobre la mesa. + +La leyó; después tomó su capa y su sombrero, y dijo á las chicas: + +--Voy á salir; tengo que hacer: no volveré en toda la tarde. Mi sobrino +llegará esta noche á eso de las ocho: yo no vendré hasta las diez lo más +temprano. Que me espere aquí. + +Y embozándose en su capa, miró un triste reloj, que contaba con +tristísimo compás la vida en el testero de la sala. + +--No abráis á nadie: cuidado, cuidado con la puerta. Echad todos +los cerrojos. Cuando venga mi sobrino, dadle algo que comer y que +me aguarde. + +--¿Pero cómo va usted á salir con esos alborotos?--dijo Clara con +temor.--No nos deje usted solas: tenemos mucho miedo. + +--¡A mí ¿Qué me han de hacer á mí? ¡Ay de ellos!--murmuró con ahogado +furor.--Tened cuidado con la puerta os repito. + +Y después, como hablando consigo mismo, dijo en voz baja: + +--Sí es preciso tomar una determinación ... buena determinación. + +Clara pudo oírlo, y pensó en la cómoda, en el traje, en las flores, en +el cuchillo y en la determinación, en aquella maldita determinación que +no conocía. Pero aun esto, que la tuvo cabizbaja y melancólica un buen +rato, no fué bastante para quitarle la felicidad que aquel día rebosaba +en su alma. + + + + + +CAPÍTULO IX + + + +#Los primeros pasos#. + + +Los grupos de la calle crecían. La población toda presentaba ese aspecto +extraño y desordenado que no es tumulto popular, pero sí lo que le +precede. Era el 18 de Septiembre de 1821. La mayor parte de los +habitantes de Madrid estaban en la calle. El ansioso ¿qué hay? salía de +todas las bocas. En tales ocasiones basta que se paren dos para que en +seguida se vayan adhiriendo otros hasta formar un espeso grupo. Entonces +todos los que vemos nos parecen _malas caras_. El accidente más curioso +en tales días es el que ofrece la llegada de la persona que se supone +enterada de lo que va á haber. Rodéanle: el _enterado_ se hace de rogar, +principia á hablar en lenguaje simbólico para aumentar la curiosidad, +sienta por base que sin la más profunda discreción y la promesa de +guardar el secreto, no puede decir lo que sabe. Todos le juran por lo +más sagrado que guardarán el secreto, y, por fin, el hombre empieza á +contar la cosa con mucha obscuridad; excitado por los oyentes, se decide +á ser claro, y les encaja tres ó cuatro bolas de tente-tieso, que los +otros se tragan con avidez, desbandándose en seguida para ir á vomitarla +en otros grupos: tan indigestos son esta clase de secretos. + +La tarde á que nos referimos era casualmente cierto lo que nuestro amigo +Calleja, _enterado_ oficial de la _Fontana_, contaba en uno de los +grupos formados en la Carrera. + +--Pues qué, ¿no saben ustedes?--decía bajando la voz y haciendo unos +gestos dignos del único espartano que, escapado en las Termópilas, llevó +á Atenas la noticia de aquella catástrofe memorable.--¿No saben ustedes? +Pues no hay más sino que mañana habrá procesión cívica en honor de +Riego, cuyo retrato será paseado por todas las calles de la Corte. + +--Bien, bien--dijo uno de los oyentes.--¿Íbamos á consentir que se +maltratara al héroe de las Cabezas, al fundador de las libertades +de España? + +--Pues lo grave es que el Gobierno está decidido á que no haya +procesión. Pero es cosa decidida. La _Fontana_ lo ha resuelto y se hará: +ya está preparado el retrato. Y por cierto que es una linda obra: está +representado de uniforme, y con el libro de la Constitución en la mano. +¡Gran retrato! Como que lo hizo mi primo, el que pintó la muestra del +café _Vicentini_. + +--¿Y el Gobierno prohibe la fiesta? + +--Sí: no le gustan esas cosas. Pero habrá procesión ó no somos +españoles. El Gobierno la prohibe. + +En efecto: en aquel momento las esquinas recibían un emplasto oficial, +en que se leía el bando prohibiendo la fiesta preparada por los clubs +para el siguiente día. La tropa estaba sobre las armas. + +--Y esta noche tenemos gran sesión en la _Fontana_. + +--Mira, Perico, guárdame un buen sitio esta noche--dijo un joven que +formaba parte del grupo;--guárdame un puesto, que tengo que ir esta noche +á primera hora al parador del _Agujero_ á recibir unos amigos que vienen +de Zaragoza. + +Y después añadió con misterio, dirigiéndose á otros dos ó tres que +parecían amigos suyos: + +--Buenos chicos aquellos chicos de Zaragoza, de que os he hablado. Esta +noche llegan. Son del club republicano de allá. Buenos chicos. + +El grupo se disolvió; al mismo tiempo, la siniestra figura de +Tres Pesetas cruzaba por la calle, unida á la no menos desapacible de +Chaleco. + +Del grupo salieron tres jóvenes de los que hablaron anteriormente. Eran +tres mancebos como de veinticinco años. No podemos llamarles lechuguinos +netos; pero tampoco podía decirse de ellos que carecían de toda +distinción y elegancia. Eran amigos íntimos, que compartían sus fatigas +y sus goces, las fatigas de la pobreza estudiantil y loa goces del aura +popular, conquistada con artículos de periódicos y discursos en el club. + +El uno era un joven de familia distinguida, segundón, á quien habían +mandado á estudiar Cánones y sagrada Teología en Salamanca, con el +objeto de que fuera sacerdote y disfrutara unas pingües capellanías que +habían pertenecido á un su tío, chantre de la catedral de Calahorra. +Capellán te vean mis ojos, que obispo como tenerlo en el puño. En +efecto: Javier, que así se llamaba el muchacho, hubiera sido obispo, +porque su familia tenía gran influencia. Pero el chico, que no amaba los +hábitos y se sentía impresionado por las nuevas ideas, hizo su hatillo, +y falto de dineros, aunque no de osadía, se puso en camino, y se plantó +en Madrid el mismo bendito año de 1820. Vagó por las calles solo; pero +pronto tuvo bastantes amigos; escribió á su abuelita, que le concedió un +medio perdón y algunos cuartos (pocos, porque la familia, aunque la más +noble del territorio leonés, se hallaba en situación muy precaria); +marchó después á Zaragoza, donde vivió algunos meses, figurando mucho en +los clubs democráticos, y volvió después á la Corte, no muy bien comido +ni bebido, pero alegre en demasía. Escribía en _El Universal_ furibundos +artículos, y contento con su poquito de gloria, iba pasando la vida, +pobre, aunque bien quisto. Cautivaba á todos por la amabilidad de su +carácter y lo generoso de sus sentimientos. En política profesaba +opiniones muy radicales, y pertenecía á la fracción llamada entonces +_exaltada_. + +En la misma militaba el segundo de estos tres amigos que describimos, el +cual era andaluz, de veintrés años, delgado, pequeño y flexible. En +Ecija, su patria, pasaba el tiempo escribiendo verbos á Marica, á +Ramona, á Paca, á la fuente, á la luna y á todo. Pero todo causa, y la +poesía á secas no es de lo que más entretiene: un día se encontró +aburrido y pensó salir del pueblo. Pasó por allí á la sazón el ejército +de Riego, y aquellas tropas excitaron su curiosidad. + +Preguntó; le dijeron que eran los soldados de la libertad, y esto resonó +en sus oídos con cierta agradable armonía. "Me voy con ellos", dijo á +sus padres. Estos eran muy pobres, y contestaron: "Hijo, vete con Dios, +y que El te haga bueno y feliz; pórtate bien, y no te olvides de +nosotros." + +El poeta siguió el ejército, llorando sus padres, y aun es fama que +lloraron á escondidas tres de las chicas más guapas de Ecija. Al llegar +á Madrid, el joven volvió á ser poeta, y entonces hacía versos al Rey +cuando abría las Cortes, á Amalia, á Riego, á Alcalá Galiano, á Quiroga, +á Argüelles. En su vida cortesana, este poeta, que, como después +veremos, pertenecía á la escuela clásica en todo su vigor, pasó algunos +clásicos apurillos; mas después, escribiendo en casa de un abogado, +desempeñando funciones modestas en el periódico _El Censor_, vivía +siempre alegre, siempre poeta, siempre clásico, apreciado de sus amigos, +con alguna fama de calavera, pero también con opinión de joven listo y +de buen fondo. + +La fisonomía del tercero no era tan agradable ni predisponía tanto su +favor como la de los anteriores. Sin embargo, tenía fama de buen chico; +y en cuanto á opiniones políticas, no podía echársele en cara la +tibieza, porque era frenético republicano. Algunos mal intencionados +decían que en el fondo era realista, y que sólo por cálculo hacía alarde +de aquel radicalismo intransigente. Pero aún no tenemos motivo para +aceptar esta aseveración, que es quizá una calumnia. Llamábanle el +Doctrino, porque había estudiado primeras letras en el colegio de San +Ildefonso. No podía negarse que había en su carácter cierta astucia +disimulada, y en sus modales alguna afectación bastante notoria. Era +hijo natural de un vidriero, que le reconoció al morir, dejándole +pequeña fortuna; pero los albaceas testamentarios, á quienes el difunto +dió amplios poderes, hicieron un inventario, del cual resultaba que el +vidriero no había dejado en el mundo cosa alguna de valor. El Doctrino +les pedía dinero, y ellos le solían decir: "Tome usted para un +semestre." Y le daban una onza. + +Pero sus amigos le ayudaban á vivir, le mantenían y le compraban algún +levitón de pana. Era notorio (y aun llegó á tratarse seriamente del +asunto) que poco antes de la época en que esta historia comienza, el +Doctrino gastaba más dinero que de costumbre; y cuando sus amigos le +preguntaban el origen de aquel caudal, respondía evasivamente y mudaba +de conversación. + +Estos tres jóvenes eran inseparables, sin que alteraran la paz las +desventuras pasajeras del uno, ni las ganancias fortuitas del otro. La +onza semestral del Doctrino perecía en _Lorencini_ ó en la _Fontana_ en +dos días de café, chocolate y jerez; pero después Javier escribía un +artículo tremendo sobre la soberanía nacional para comprarle unas botas +al poeta clásico, y el mismo Doctrino sacaba de un misterioso bolsillo +un doblón de á cinco para atender á las necesidades amorosas de Javier, +que tenía pendiente cierta cuestión con la hija de un coronel de +caballería, hombre atroz y fiero como un cosaco. + +Estos tres jóvenes vagaron juntos por las calles, acercándose á los +grupos, preguntando á todos, contando noticias fraguadas por la fecunda +imaginación del poeta, hasta que, llegada la noche, se dirigieron al +parador del _Agujero_, sito en la calle de Fúcar, á esperar á unos +amigos de Javier, que llegaban aquella misma noche de Zaragoza. + +Ni en la arquitectura antigua ni en la moderna se ha conocido un +monumento que justificara mejor su nombre que el parador del _Agujero_ +en la calle de Fúcar. Este nombre, creado por la imaginación popular, +había llegado á ser oficial y á verse escrito con enormes y torcidas +letras de negro humo sobre la pared blanquecina de la fachada. Un +portalón ancho, pero no muy alto, la daba entrada; y esta puerta, cuyo +dintel consistía en una inmensa viga horizontal, algo encorvada por el +peso de los pisos principales, era la entrada de un largo y obscuro +callejón que daba al destartalado patio. Este patio estaba rodeado por +pesados corredores de madera, en los cuales se veían algunas puertas +numeradas. + +En lo alto residía el establecimiento patronil de _La +Riojana,_antonomasia imperecedera que se conservó por tres generaciones. +Allí se servía á los viajeros, recién descoyuntados y molidos por el +suave movimiento de las galeras, algún pedazo de atún con cebolla, algún +capón, si era Navidad ó por San Isidro, callos á discreción, lonjas +escasas de queso manchego, perdiz manida, con valdepeñas y pardillo. +Esta comida frugal, servida en estrechos recintos y no muy limpios +manteles, era la primera estación que corría el viajero para entrar +después en el _vía crucis_ de las posadas y albergues de la villa. + +Dos veces al día un ruido áspero y creciente aumentaba la normal +algarabía del barrio. Se oían las campanillas, el chasquido del látigo y +un estrépito de ruedas que de bache en bache, de guijarro en guijarro +iban saltando. La máquina llegaba frente al portal, y aquí era donde se +probaba la habilidad náutico-cocheril del mayoral: la máquina daba una +vuelta, los machos entraban en el portalón, y tras ellos el vehículo, +siendo entonces el ruido tan formidable, que la casa parecía venirse al +suelo. El navío daba fondo en el patio, los brutos eran desenganchados, +el mayoral bajaba de lo alto de su trono, y los viajeros, que aún se +mantenían con la cabeza inclinada, y muy agachados, resabio de cuando +atravesaron el portal, notaban al fin que no tenían el techo en la +corona, se admiraban de verse con vida, y descendían también. + +Aquí, si había parientes esperando, empezaban los abrazos, los besos, +las felicitaciones. Era propinado con algún real mal contado el cochero, +y cada cual se iba por su camino, siendo costumbre tomar allí mismo, en +los aposentos de la Riojana, un preámbulo estomacal para poder subir la +calle de Atocha, que era entonces algo más inaccesible que ahora. + +Esta vez, cuando la nave hizo su parada definitiva en el patio, hubo una +aclamación general. El Doctrino abrazó á sus amigos. + +--¡Javier! + +--¡Lázaro! + +Y se abrazaron con efusión. Después de los monosílabos de alegría y +sorpresa, el segundo dijo al primero: + +--¿Tú en Madrid? ... al fin! ¿Vienes de Ateca? + +--Sí. + +--Bien. No podías llegar más á tiempo. ¿Y los amigos de Zaragoza? ¿Pero +de dónde vienes? ... ¿Y el club ... y nuestro club? ... + +--Ya sabes que nos lo disolvieron. Hace seis meses que estoy en Ateca. + +--¿Y estarás mucho aquí? + +--Siempre! + +--Bien. Aquí la juventud, la vida. Y si he de decirte la verdad ... +hacemos falta.--Sí ... ¿oh? + +--Señores, aquí tenéis á mi amigo, al grande orador del club de +Zaragoza, mi amigo y compañero. + +Los demás jóvenes, tanto viajeros como visitadores, rodearon al +aragonés. + +Expliquemos. Cuando Javier estuvo en Zaragoza, trabó amistad muy íntima +con Lázaro. En el club propagaron ambos las ideas democráticas +(democracia de 1820)que entonces cundieron rápidamente por aquella noble +ciudad. Privadamente estos dos jóvenes, afines por carácter y +temperamento, se miraban como hermanos, tenían una misma bolsa, comían +en un mismo plato, y confundían en un común sentimiento sus pesares y +alegrías. Desde la salida de Lázaro para su pueblo no se habían visto. + +--Cuánto me alegro de que vengas acá!--dijo Javier, abrazándole otra +vez.--Hacen falta jóvenes como tú. La juventud de ayer se va +corrompiendo: unos se enervan, otros retroceden y algunos se venden por +falta de fe. + +--Señores, vamos á _Vicentini_--dijo el Doctrino, llevándose á +sus amigos. + +--¿Qué _Vicentini_? A _La Cruz de Malta_. Allí hay muchos aragoneses, +todos son aragoneses. + +--Este no viene sino á la _Fontana_--dijo Javier, señalando á su amigo. + +--Viva la _Fontana_, el rey de los clubs! + +--Y el club de los reyes--dijo uno que se escurrió como si hubiera dicho +una imprudencia. + +--¿Quién ha dicho eso?--exclamó el Doctrino furioso. + +--No hagas caso: es uno de los que creen esas calumnias--indicó +Javier.--Vamos, señores: esta noche hay gran sesión en la _Fontana_. + +--Mañana me llevarás allá--dijo Lázaro á su amigo con empeño. + +--¿Cómo mañana? Esta noche misma, ahora mismo. ¿Vas á perder la más +importante sesión que se ha visto ni verá? + +--¿Pero cómo puedo ir esta noche? Si acabo de llegar. Tengo que ir á +casa de mi tío. + +--¿Tienes aquí un tío? ¿Es liberal? + +--Presumo que sí: no le conozco. + +--¿Y ahora vas allá? + +--Naturalmente. + +--¡Qué disparate! Déjate ahora de tíos. Vente á la _Fontana_. Son las +ocho: ya va á empezar. A la salida irás á tu casa. + +--Hombre ... eso no me parece bien--dijo Lázaro suspenso. + +--¿Pero cómo vas á perder esta sesión? Habla Alcalá Galiano, Romero +Alpuente, Flórez Estrada, Garelli y Moreno Guerra. No habrá otra sesión +como ésta. ¿Qué más da que vayas á tu casa ahora ó á las doce? Tu tío +creerá que no ha llegado la diligencia. + +--Hombre, no. Estoy cansado. Me esperan tal vez en su casa. + +--No seas tonto. Vente á la _Fontana_. No hay más remedio sino que vas. +¿Dónde vive tu tío? + +--Calle de Válgame Dios. + +--¡Jesús, qué lejos! No vayas allá ahora. + +Lázaro tenía un vivo deseo de llegar pronto á casa de su tío: ya se +comprenderá por qué. Pero le era humanamente imposible, porque su +cariñoso amigo le llevaba casi por fuerza al club. Además, las razones +con que disculpaba aquella determinación tenían también algún peso en su +mente. Aquel recibimiento caluroso, la noticia de aquella gran sesión de +la célebre _Fontana_, estimularon el entusiasmo á que siempre propendía +su carácter, y se dejó llevar. + +Quién sabe si había algo de providencial en aquella extemporánea visita +á la _Fontana_. Sería cosa de ver que sin sacudir el polvo del camino +(esto pensaba él) le acogieran con aplauso en el club más ilustre y +célebre de la monarquía. Tal vez le conocían ya de oídas por sus +brillantes discursos de Zaragoza. ¿Cómo tal vez? Sin duda le conocían +ya. A estos pensamientos se mezclaba el orgullo de que á oídos de Clara +llegara al día siguiente su nombre llevado por la fama. Una apoteosis se +le presentaba confusamente ante la vista. ¿Por qué no? Sin duda aquello +era providencial. + +Así es que la resistencia que al principio opuso fué disminuyendo á +medida que se acercaba á la _Fontana_. No le tengáis por loco todavía. + +Llegaron. La puerta estaba obstruida por un inmenso gentío. Pero el +Doctrino con los suyos, y Javier con Lázaro y el poeta, tuvieron medio +de entrar por un patio interior. La sesión era muy agitada. Un orador +acusaba al Gobierno de la destitución de Riego. Contó lo que había +pasado en Zaragoza, y acusó á los habitantes de esta ciudad por no haber +defendido á su General. + +--Poner la mano--decía--en un héroe como Riego, es la mayor de las +profanaciones. ¿Y qué ha hecho Zaragoza? ¡Oh! la ciudad en que tal cosa +ha pasado permaneció muda y permitió que su Capitán General fuera +destituido; dejó que un vil esbirro manchara la sagrada investidura de +la autoridad, despojando de ella á Riego. _(Grandes aplausos.)_ Se ha +dado el pretexto de que Riego fomentaba el desorden en todo Aragón. Esto +no es cierto: es una mentira fraguada en esos obscuros conciliábulos de +cierto palacio que no quiero nombrar. _(Rumores y risas.)_ Se le manda +de cuartel á Lérida como un sospechoso, y se entrega el mando al jefe +político. ¿Quién es ese jefe político? Siempre fué enemigo de la +libertad. Todos le conocéis: es un enemigo encubierto de la libertad. +¡Abajo los disfraces! _(Aplausos.)_ Lo que se quiere bien lo conocéis: +es ir apartando poco á poco de los cargos públicos á los buenos +liberales, para poner en ellos á esos hipócritas que se llaman nuestros +amigos, y nos detestan en el fondo de sus corazones corrompidos. _(¡Sí! +¡sí! ¡sí!)_ ¿Qué se pretende? ¿A dónde nos conducen? ¿Qué va á resultar +de esto? ¡Ay de la libertad que hemos conquistado! Mucha atención, +ciudadanos. No os descuidéis. Estad alerta, ó si no, ¡ay de la libertad! +_(Bien, bien.)_ + +Pero lo repito, señores: ¡de quien tengo más quejas es del pueblo de +Zaragoza, de ese pueblo que yo creí el más grande de la tierra y que no +lo es!... ¡No, no lo es! _(Rumores.)_ ¿Por qué permitió que Riego fuera +destituido? ¿Por qué le dejó marchar? ¿Y es ésta la ciudad de 1808? No, +yo diré á esa ciudad: no te conozco, Zaragoza. Tú no eres Zaragoza. Ya +no sabes levantarte como un solo aragonés. Has dejado atropellar á +Riego. ¡Tú nos salvaste en otro tiempo; pero hoy, Zaragoza, nos has +perdido! _(Grandes y continuados aplausos.)_ + +Un joven se levantó (era aragonés). + +--Protesto--dijo con la mayor energía--contra las acusaciones lanzadas á +mi patria, á la noble capital de Aragón, por ese señor, cuyo nombre no +sé ... ni quiero saberlo. _(Una voz dice: Alcalá Galiano.)_ Mi patria +no ha olvidado su honor. ¿Qué queréis que hiciera contra lo mandado en +un decreto del Gobierno constitucional?... + +--Desobedecerlo--gritaron varias voces. + +--Señores, dejadme continuar. + +--¡Que siga, que siga! + +--Protesto en nombre de mis paisanos, y afirmo que es Zaragoza el pueblo +de España que más ha hecho en todos tiempos por la libertad. ¿No se le +acusa de ser un foco de exaltación republicana? ¿No se ha dicho que de +allí salen las ideas más disolventes, que allí se elabora una +conspiración para sostener la República? + +--Hechos quiero y no palabras--dijo el primer orador. + +--Pues hechos tendréis. ¿No sabéis que existe en Zaragoza un club, cuya +influencia y prestigio alcanzan á todo Aragón? Ese club, llamado +_democrático,_ ha sido en dos años la más entusiasta y eficaz asamblea +de la nación. Lo que allí se ha predicado bien lo sabéis. Las voces +elocuentes que allí han resonado bien autorizadas son. La propaganda que +allí se ha hecho ha llegado hasta aquí. _(Rumores.)_ + +--No sabemos lo que es ese club. Siempre nos hablan ustedes los +aragoneses del club de Zaragoza, y aun hoy no sabemos lo que es eso. +¿Qué es eso? Mucho discurso democrático, pero ningún acierto para hacer +propaganda y formar un partido. Pero en último resultado, ¿cuáles son +las teorías de ese club tan decantado? Yo desconfío de él. ¿Quién habla +de ese club? Conozcamos á sus hombres. Creo que la mayor parte de los +que estamos aquí reunidos miran á esa insignificante reunión con el +desdén que merece. _(Voces y algazara.)_ + +Muchos aragoneses se levantaron apostrofando al orador. Lázaro escuchaba +todo, inmutándose por grados. Sus amigos le decían en voz baja que +defendiese al club de Zaragoza. De repente un aragonés se levantó en +medio de la sala, y señalando al sitio donde se hallaba Lázaro con los +demás llegados aquella noche, dijo: + +--Presentes están algunos señores que han pertenecido á ese club. + +Todos miraron á aquel sitio. + +--Bien--dijo el orador.--Si están ahí esos señores, que hablen, que nos +digan lo que es ese club y qué ha hecho. Queremos oírles: que hablen. + +--¡Aquí está el orador más notable del club democrático de +Zaragoza!--dijo en voz muy alta Javier, señalando á su amigo. + +--¡Sí, sí!--dijeron todos los aragoneses que había en el recinto, +reconociendo á su compatriota.--Defiéndanos usted, defiéndanos. + +Todas las miradas se fijaron en Lázaro. ¡Cosa singular! En aquel momento +una súbita transformación se verificó en el ánimo del joven. Se sintió +turbado, se esforzó en saludar, quiso decir algo y no pudo. Pero le +impelían hacia la tribuna, y no había remedio. Si no hablaba, ¿qué +dirían de él? Lázaro había brillado en Zaragoza por su elocuencia; había +aprendido á dominar la multitud, á sobreponerse á ella, á manejarla á su +antojo. Pero en aquella ocasión se encontraba novicio, se desconocía, +tenía miedo. + +--¡Que hable, que hable! + +--Abrid paso--exclamó uno de los diputados más notables de las Cortes +de entonces. + +Lázaro tuvo una inspiración. El recuerdo de su joven y amable amiga le +fortalecía; y á la manera de aquellos caballeros antiguos, que invocaban +el auxilio soberano de su dama antes de entrar en combate, procuró +evocar todas las imágenes de gloria y felicidad que le habían dado +estímulo. Ensanchado el pecho con esto, subió á la tribuna. Desde arriba +miró aquella multitud de cabezas apiñadas, y recibió de un golpe las +miradas curiosas de tantos ojos. + +Aquello le pareció un abismo. Su rostro, encendido por la turbación, se +puso bruscamente muy pálido. Hubiera querido hablar con los ojos +cerrados. Aquellos diputados, aquellos escritores, aquellos políticos +eminentes que veía en torno suyo, le daban miedo. Pero él tenía mucho +corazón, y logró dominarse un poco. ¿Pero cómo iba á empezar? ¿Qué iba á +decir? En un supremo esfuerzo de inteligencia recogió sus ideas, formuló +mentalmente una oración, miró al auditorio... El auditorio le miró á él, +y observó que estaba pálido como un cadáver. Lázaro tosió; el auditorio +tosió también. La primera palabra se hacía esperar mucho; por fin el +orador tomó aliento, y desafiando aquel abismo de curiosidad que se +abría ante él, comenzó á hablar. + + + + + +CAPÍTULO X + + + +#La primera batalla#. + + +Lázaro era un poco retórico en la augusta cátedra del club democrático +de Zaragoza. Parece que allí tenían buena acogida ciertas fórmulas del +decir que nuestro joven había aprendido con su maestro de Humanidades de +Tudela, varón docto de la escuela pura de Luzán. El joven tenía, sin +embargo, el instinto de la elocuencia tribunicia, seca, rotunda, +incisiva, desnuda. La _Fontana_, por desgracia en aquella ocasión, era +enemiga declarada de la retórica, y más enemiga aún de las frases +hechas, de los lugares comunes y de esos preámbulos oficiosos, +neciamente corteses y en extremo fastidiosos de la oratoria académica. + +Lázaro tuvo la mala tentación (porque tentación del demonio fué sin +duda) de empezar con aquella de _su pequeñez en presencia de tantos +grandes hombres_, y lo _escogido é ilustrado del auditorio_, siguiendo +después lo de su _confusión_ y su _necesidad de indulgencia_, sus +_escasas fuerzas_, etc., etc. El exordio fué largo: otra desventura. +Algunas voces dijeron: "Al grano, al grano." + +Pero á Lázaro le fué un poco difícil dar con el grano, lo cual no es de +extrañar, porque no estaba preparado, ni había vuelto aún de la +sorpresa. En vano hizo una sinécdoque de las más expresivas; en vano +quiso dominar al público con cuatro litotes y dos ó tres metonimias: no +era aquel su camino. Dijo algunas generalidades que á él le parecían muy +nuevas, pero que en realidad eran viejísimas, y concluyó un párrafo con +dos ó tres sentencias plutarquianas, que á él le parecían encajar como +de molde, pero que no produjeron sensación ninguna. El esperaba un +aplauso: nadie aplaudió. + +Lázaro estaba acostumbrado á oír aplausos desde el principio: esto le +daba estímulo. La frialdad que notaba en el auditorio en aquella +ocasión, le desanimó. Quiso pensar en esto, y casi estuvo á punto de no +saber qué decir. Y, sin embargo, él tenía fijos en la imaginación +algunos magníficos pensamientos; pero ¡cosa singular! no los podía +decir. Le parecía verlos escritos delante; pero por un misterio, natural +en aquellos momentos, no encontraba la forma oratoria para expresarlos. +¡Qué contrariedad! Poco á poco hasta la voz se le enronqueció. Sin duda +había en el espíritu de nuestro amigo una influencia maligna. Hablaba +con frialdad unas veces; notábalo él mismo, y al querer corregirlo, +gritaba demasiado. Las ideas le faltaban, las imágenes se le +desvanecían, las palabras se le atropellaban en la boca. + +¡Ah! ¿Dónde estaban aquellas peroraciones internas, llenas de vida, de +vehemencia, persuasivas como una voz divina? ¿Dónde aquella lógica +terrible que en la profundidad de sus deliquios oratorios hervía en su +cerebro, el cual parecía pequeño para tantas ideas? ¿Dónde estaban los +pensamientos sublimes, la facundia descriptiva, la facultad pintoresca, +la sentencia concisa y profunda? Sí: él sentía bullir todo eso allá +dentro; dentro de aquel Lázaro solitario y apasionado que hablaba á la +Naturaleza en el silencio de la noche, que hablaba á la Sociedad en lo +profundo de un sueño. Las ideas, las formas, el lenguaje, todo lo tenía, +todo lo sentía dentro de sí; pero no podía, no podía de ningún modo +expresarlo. + +En todo orador hay dos entidades: el orador, propiamente dicho, y el +hombre. Cuando el primero se dirige á la multitud, el segundo queda +atrás, dentro, mejor dicho, hablando también. Dos peroraciones +simultáneas son producidas por un mismo cerebro. Una es verbal y sonora: +dejémosla al público. Otra es profunda y muda: examinémosla. Lázaro +describía, apostrofaba, rebatía, exponía, declamaba. Interiormente, la +otra voz parecía decir esto: "¡Qué mal lo estoy haciendo! ¡No me +aplauden! ¿Qué debo decir ahora?... ¿Trataré éste punto?... No lo +trato.... ¿Y aquella idea que antes me ocurrió?... ¡Se me ha +escapado!..." Y al mismo tiempo no interrumpía su oración; continuaba +defendiendo el club de Zaragoza, explanaba un sistema democrático, y +hacía además una breve historia de la República. Pero la voz de dentro +seguía de este modo: "No sé qué hacer... ¿Por qué no me aplauden?... No +me conozco... Yo tenía tantos argumentos... ¿Dónde están?... ¡Ah! Voy á +emitir esta gran idea... Ya la he dicho.... No ha hecho efecto... +Procuraré ser esmerado en la frase... Esta oración va bien... ¿Como la +terminaré?... ¡Qué apuro!... No doy con el adjetivo... ¡Demonio de +adjetivo!... ¡Ahí terminaré con un apostrofe ... allá va.... No ha hecho +efecto ... no me aplauden." + +Así hablaba el alma atribulada de Lázaro, mientras con los medios +exteriores se dirigía al auditorio en un discurso, confuso, tortuoso, +desigual y falto de lógica. + +Empezaron las toses. Dicen los oradores que al oír las toses en las +pausas de sus discursos, se les hiela la sangre. Lázaro las oyó +repetidas y comunicadas á todo el auditorio, y resonaron en su corazón +como siniestros ecos. El tosió también. ¡Ah! la tos le concedió cuatro +segundos de descanso: hizo un esfuerzo desesperado, tomó algunas ideas +en aquel depósito que tenía en la mente, se apoderó de ellas con +firmeza, y prosiguió hablando: + +"Allá va eso, decía la lengua interior; allá van ... las expondré de este +modo ... no mejor de este otro ... no ... mejor del otro ... de +cualquier modo ... ¡Oh! hay allí uno que se está riendo... Y otro que +cuchichea. Pero qué tos les ha entrado... No les gusta lo que digo ahora +... ni esto tampoco ... ánimo. Concluiré este párrafo con una cita... +allá va... ¡Ah! tampoco ha hecho efecto..." + +Compréndase bien que estas frases que nadie oye y el discurso que oyen +todos, guardan perfecto paralelismo. + +¡Ah, qué misterios hay en la inteligencia humana, y qué fenómenos tan +extraños en sus relaciones con la palabra humana! + +¿Por qué fracasó el discurso del aragonés? ¿Fracasó por la reunión +diabólica de mil accidentes, ajenos á la naturaleza de su notable +ingenio y de su fácil palabra? ¿De quién fué la culpa, de él ó del +público? Aquí hay otro gran misterio. El público y el orador tienden á +fascinarse mutuamente. El primero mira y oye: no sabemos lo que es más +terrible, si la mirada ó el oído. Las miles de pupilas dan vértigo. La +atención de tanta gente dirigida á una sola voz confunde y anonada. El +orador, por su parte, ve y oye: ve la serenidad anhelante ó desdeñosa, y +oye toser. Por eso Lázaro hubiera deseado en algunos momentos de aquella +noche ser sordo y ciego. Pero el orador tiene sobre el público una +ventaja; tiene un arma, además de la palabra: el gesto. El también +fascina, él también lleva en sus ojos aquel vértigo que confunde y +anonada; él generalmente mira hacia abajo para ver al público; puede +mover sus brazos y su cabeza cuando el público está como atado de pies y +manos, inmóvil y viviendo sólo de atención. + +Aquella noche fatal, Lázaro y el público no se fascinaron mutuamente, no +se impusieron el uno al otro, no se comunicaron. Ni Lázaro persuadió al +público, ni este aplaudió al orador. Un público no persuadido y un +orador no aplaudido se rechazan, se repelen con energía. "Es preciso +que calles," hay que decir á éste. "Es preciso que te marches," hay que +decir á aquél. + +El joven aragonés había tenido la peor de las tentaciones: la tentación +de ser largo y difuso. Un segundo más de lo regular basta á concluir la +paciencia de un auditorio y á trocar su interés en hastío. Lázaro vió +pasar este segundo sin notarlo. Indudablemente no se comprendieron el +uno al otro. ¿Se despreciaron mutuamente? ¿Se temieron mutuamente? Tal +vez empezaron por temerse; pero es lo cierto que acabaron por +despreciarse. + +Lo singular es que si se hubiera preguntado á cualquiera particularmente +su opinión sobre el discurso, habría dado tal vez una opinión no +desfavorable; pero la opinión de un público no es la suma de las +opiniones de los individuos que lo forman, no; en la opinión colectiva +de aquél hay algo fatal, algo no comprendido en las leyes del sentido +humano. Decididamente, Lázaro fracasaba. + +Veinte veces se le ocurrió que era preciso concluir. ¿Pero cómo? No se +atrevía. Iba á concluir mal. ¡Qué horror! Y para terminar mal, valía más +no terminar, seguir hablando, siempre, siempre, siempre. Buscaba el +final y no podía encontrarlo. ¡Y el final es tan importante! Podía +rehabilitarse en un momento de inspiración. ¡Oh! la idea de concluir +sin un aplauso le daba horror. Por eso temía el final y lo evitaba. +Pero era preciso acabar: á las toses siguieron los bostezos, á los +cuchicheos los murmullos. Buscaba sin cesar el remate; daba vueltas +alrededor del asunto, procurando una salida airosa; pero no encontraba +escapatoria; la palabra se deslizaba de su boca, y afluía continua, sin +solución, infinita. + +"Es preciso concluir," decía la voz interior. "¿Concluir? No hallo el +fin, y el fin ha de ser bueno ... ¡Dios mío, ampárame! Resumiré ... +recapitularé ... pero ya no me acuerdo de lo que he dicho ... ¿Pediré +perdón al auditorio?... No: eso es rebajarme...." Al fin le ocurrió la +oración final, y la empezó; pero al llegar al final, otra oración se +enlazó con ella, y con ésta otra, y otra, y otra. Su discurso era una +oscilación sin término; pero el público se impacientaba. Ni un minuto +más: se apoderó del último período, resucito á que fuera el último. +Pronunció al fin el postrer substantivo; y después, alzando la voz, +emitió con graduación los tres adjetivos que le acompañaban para darle +fuerza y calló. + +La postrera palabra de aquel malhadado discurso vibró en el espacio, +sola, seca, triste, con fúnebre resonancia. Ni un aplauso ni una +exclamación satisfactoria la recogió. Su voz había caído en el abismo +sin producir un eco. Parecíale que no había hablado, que su discurso +había sido una de aquellas mudas, aunque elocuentes, manifestaciones +internas de su genio oratorio. Estaba en un desierto; rodeábale una +noche. ¿Qué había dicho? Nada. Y había hablado mucho. Aquello fué como +si diera golpes en el vacío, como si hiriera en una sombra creyéndola +cuerpo humano, como si hubiera encendido un sol en un mundo de ciegos. +Bajó con el alma atribulada, oprimido el corazón, ardiente y turbada la +cabeza, bañado el rostro en sudor frío. + +En vano Javier quiso rehabilitarle dando algunas palmadas tardías. El +público, animal implacable, le mandó callar. Lázaro tuvo la presencia de +espíritu suficiente para contemplar cara á cara aquellas cien bocas que +bostezaban. Robespierre se desesperaba en el mostrador con suprema +expresión de fastidio. + +--Lo he hecho muy mal--dijo tristemente el orador al oído de su amigo. + +--Ya lo harás mejor otro día. Eres un gran hombre; pero no has tocado en +el _quid_. Con una lección mía estarás al corriente. Otro va á hablar: +atiende ahora. + +--No: yo me voy á casa de mi tío. No puedo estar aquí más tiempo. Me +ahogo. + +--Espera á ver lo que éste va á decir. + +Un segundo orador subió á la tribuna á disipar el fastidio que la +peroración de Lázaro había causado. Mientras la multitud celebraba con +aplausos maquinales las frases de su orador favorito, el otro se iba +sumergiendo lentamente en profunda melancolía. Nada es más terrible que +estos momentos de desencanto en que el alma yace atormentada por los +dolores de la caída: el tormento de esta situación consiste en cierta +ridiculez que rodea todos los recuerdos de las pasadas ilusiones. Todas +las frases de íntimo elogio, de profundo orgullo con que antes se regaló +la imaginación, resuenan con eco de burla en la pobre alma abatida, +llena de vergüenza. + +"Pero es preciso intentar una rehabilitación--decía Lázaro para sí.--¿Y +cómo? Todos murmuran de mí, y si mañana se ofrece hablar de mi discurso, +dirán todos que fué detestable, malísimo. Correrá de boca en boca, +llegará á oídos de todas las personas que me interesan. Ella lo sabrá, +se reirá tal vez de mí. Todos se reirán ahora." + +Lo más particular es que desde que bajó de la tribuna empezaron á +ocurrirle grandes pensamientos, magníficos recursos de elocuencia, +soberbios golpes de efecto, citas oportunísimas; y estaba seguro de que +diciendo aquello, arrancaría grandes aplausos. Pero ya era tarde: estaba +allí mudo y perplejo, cubierto su espíritu de una nube sombría. + +Entre tanto, el nuevo orador divagaba á sus anchas por el campo de la +historia y de la política, y, por último, expuso la necesidad de la +manifestación preparada para el siguiente día. Todos se levantaron +unánimes, gritando: "¡Sí!" Todos prometieron concurrir, y tres ó cuatro, +encargados del ceremonial, dieron cuenta del arreglo de la procesión, se +fijó la hora, se designó el punto de reunión. Los _bravos_ sucedieron á +los aplausos, y los aplausos á los _bravos_, y al fin la sesión terminó. + +Los socios comenzaron á salir; pero aquella fracción ignorante y +turbulenta, que ocupaba siempre uno de los rincones del café, no creyó +conveniente salir sin decir algo. Calleja subió á una silla y gritó, +dirigiéndose á los suyos. + +--¡Señores, serenata á Morillo! + +La idea fué acogida con estrépito. Morillo era el Capitán general de +Castilla la Nueva. Enemigo do asonadas tumultuosas, había tomado sus +medidas para impedir la procesión. Una parte del pueblo se agolpó junto +á su casa en la noche del 17, atronando toda la calle con espantosa +cencerrada. + +--¡Serenata á Morillo!--dijo Calleja saliendo de la _Fontana_ y +reuniendo toda la gente dispuesta para el caso que por allí pasaba. + +No sabemos por donde vino; pero allí estaba Tres Pesetas. Nuestros tres +amigos y Lázaro salieron de los últimos y se acercaron por curiosidad al +grupo que Calleja había formado. + +Entre tanto, el barbero pasó en dos zancajos á la otra acera, y se +acercó á la puerta de su casa. Su mujer salió á encontrarle. + +--Ciudadano, ¿has hablado?--le dijo. + +--No, ciudadanita mía. No puede ser esta noche; pero lo que es mañana, ó +hablo, ó me corto la lengua. Ya tengo estudiado el principio, y no se me +olvidará una letra. Cuando hable, me los como. + +--Estoy por no dejarte entrar--le contestó gravemente su mujer.--Si yo +llevara calzones, ya me habían de oír. Así y todo, si me pusiera á ello, +los volvía locos ... Si yo tuviera calzones, andaba por esos _clubes_ á +qué quieres boca. Porque tengo más verdades aquí en el buche.... + +--Ya verás mañana á la noche si hablo ó no. Es que cuando voy á empezar +me hace unas cosquillas la lengua ... y me trabo. Pero no tengas cuidado +que los voy á dejar aturrullados. + +--¡Serenata á Morillo!--dijeron cien voces.--Señores--exclamó uno de los +mas célebres oradores de la _Fontana_--váyase cada uno á su casa, que +estos desórdenes nos van á desacreditar. Cada uno en paz á su casa; nada +de gritos. + +Estos discretos consejos fueron saludados con murmullo prolongado de +reprobación. + +--¿Quién es ese servilón?--dijo una voz aguardentosa, que no era otra +que la del sin par Chaleco. + +--A casa de Morillo--repitió Calleja.--Mujer, tráeme el almirez. + +El gentío aumentaba con nuevas remesas enviadas de la plazuela de la +Cebada y del barrio del Salitre. Los socios de la _Fontana_ se habían +marchado, cerróse el club y sólo quedaron en la calle los tres amigos y +Lázaro, que se despedía para ir en casa de su tío. + +--Espera un instante para ver lo que sale de aquí--le dijo Javier +deteniéndole. + +A la sazón una persona daba fuertes golpes á la puerta de Calleja. + +--¿Qué hay?--dijo éste acercándose é interrumpiendo una patriótica y +barberil alocución que había comenzado. + +--Que vaya usted en seguida á sangrar á don Liborio que está muy malito. + +--Demonio de enfermo: mañana le sangraré. + +--No puede esperar: vaya usted pronto--exclamó el criado. + +--Señores, ¿qué hago?--preguntó el barbero á sus amigos. + +--No vayas, Calleja: que se sangre él solo. Esta no es noche de +sangrías. ¡A casa de Morillo! + +--Señores ... yo quisiera cumplir ... porque ya ven ustedes ... mi +profesión. La ciencia es lo primero. + +--No vayas, Calleja. + +--Señores, volveré en seguida. A ver--añadió abriendo la puerta de su +casa,--ciudadana, tráeme las lancetas. + +La ciudadana salió muy afligida, y le dijo: + +--A ver cómo le ponemos una ayuda á Joaquinito, que está muy malo. ¡Si +vieras qué vomitona le ha dado! ¿Se la pongo de malvas? + +--Póngasela de demonios cocidos, hermana--exclamó Tres Pesetas +furibundo. + +--Poco á poco, señores--contestó Calleja.--¿De malvas ó de aceite? +Déjenme ustedes ver cómo se arregla eso; porque para mí ... ¿por qué lo +he de negar? la ciencia es lo primero. + +Lázaro insistía en dejar á sus tres amigos: tan aburrido y +melancólico estaba. + +--Espera, hombre--le decía Javier deteniéndole aún. Espera á ver lo que +hacen estos bárbaros. + +--¡Qué es eso de bárbaros!--exclamaron con furia los que más cerca +estaban, volviéndose hacia los amigos con tanto interés, que hasta el +mismo Calleja dejó la ciencia por salir en defensa de la +Corporación.--¿Qué es eso de bárbaros, caballeriles? + +--¿Quiénes son esos pelandingues?--dijo uno. + +--Este es el aragonés que nos rezó el rosario esta noche. ¡Qué modo +de hablar! + +--Si parecía un sermón de Viernes Santo.... + +--El diablo me lleve si no les acaricio las muelas á esos +catacaldos--dijo Tres Pesetas, dispuesto á hacer lo que decía. + +Javier, el Doctrino, el poeta clásico, vieron una tempestad sobre sus +cabezas; pero el poeta clásico, que era el mismo enemigo, no se acobardó +y tuvo el antojo de llamar _rapista_ al grandioso Calleja. La chispa +saltó, y la lucha era inminente; pero tan desigual, que los cuatro mozos +no quisieron arriesgarse á ella, volvieron las espaldas y apretaron á +correr, unidos siempre, dirigiéndose á la calle de la Victoria. Muchos +de los contrarios les siguieron dando voces y arrojándoles piedras; pero +los fugitivos andaban muy ligeros y lograron refugiarse en la calle de +la Gorguera, metiéndose en el portal de la casa en que uno de ellos +vivía. Cerraron cuidadosamente por dentro. Un enorme canto, lanzado por +las robustas manos de Tres Pesetas, chocó en la puerta tan fuertemente, +que si hubiera cogido á alguno le hace añicos. Felizmente los jóvenes +estaban seguros, y los de fuera, al ver que la presa se les había +escapado, retrocedieron, marchándose todos á dar una armoniosa +cencerrada al Capitán general de Madrid. + + + + + +CAPÍTULO XI + + + +#La tragedia de los Gracos.# + + +Luego que sintieron alejarse á sus perseguidores, los amigos subieron. +Allí vivía el poeta clásico. + +--¿Tienes que cenar?--le preguntó el Doctrino. + +--Un magnífico festín--contestó el poeta.--Un cuarterón de queso +manchego y una botella de Cariñena. Mandaremos por unos buñuelos á la +taberna de la esquina. + +Lázaro tenía un hambre espantosa. Desde las nueve de la mañana no había +probado cosa ninguna, y el cansancio del camino, los esfuerzos mentales +y la gran fatiga moral de aquella noche le habían rendido hasta el punto +de que no podía tenerse. Subió con los demás, sin fuerzas para emprender +á aquella hora el viaje á casa de su tío. La comitiva, guiada por el +poeta clásico, se internó en la escalera. + +No hay viaje al polo Norte que ofrezca más peligros que una escalera +angosta de casa madrileña cuando la obscuridad más completa reina en +ella. Comenzáis dando tumbos aquí y allí; de repente tropezáis con la +pared: chocáis con una puerta, y el ruido alarma á la vecindad. Dais con +el sombrero en un candil que, aunque extinguido por falta de aceite, +tiene lo bastante para poneros como nuevos. Y todo esto es llevadero +cuando no se encuentra al truhán que baja ó al galán que sube, cuando no +sentís el retintín de la ganzúa que intenta abrir una puerta, cuando no +resbaláis en las substancias depositadas por los gatos sobre los +escalones, cuando no tropezáis con la amorosa conjunción de dos +estrellas que pelan la pava en el último tramo. + +Por fin la expedición llegó á las regiones boreales de la casa, á la +elevada zona en que el poeta había hecho su nido. Tocaron, y abierta la +puerta, nuestros amigos se encontraron frente á frente de una mujer que, +con soñolientos ojos y rostro avinagrado, alzaba la mano sosteniendo un +candil, próximo á imitar la sabía conducta de los de la escalera. Este +candil comunicó su luz á otro mejor acondicionado que había en el cuarto +donde entraron los cuatro jóvenes. La dama echó el cerrojo á la puerta +de la escalera, y dando las buenas noches con entonación de un responso, +se fué. No había andado cuatro pasos cuando volvió, y arrebujándose bien +en su manto, con honestos y recatados ademanes, dijo: + +--Por Dios, don Ramón, no hagan ustedes ruido, que está alborotada la +vecindad con la algarabía que se arma aquí todas las noches. Porque, ya +ve usted ... Una es comidilla de las gentes de abajo. La encajera ha ido +diciendo que esto era una taberna, y que no se podía vivir en esta casa. +Ya ven ustedes ... como una es mujer de opinión.... + +La señora que tan celosa se mostraba de la opinión de su casa era doña +Leoncia Iturriabeytia, vizcaína, como es fácil conocer por su apellido; +patrona de aquel establecimiento, mujer de bien, como de cuarenta años +mal contados, de buen aspecto, robustas formas, alta estatura cara +redonda y carácter bonachón y más que sencillo. + +--Señora, déjenos usted en paz--le contestó Javier.--Si viniera don Gil +con nosotros, no se incomodaría usted. + +--Vaya, ya empieza usted con sus bromas, don Javier. + +--¿Y cuándo se casa usted doña Leoncia? + +--¿Yo casarme? ¿Yo?--dijo doña Leoncia con mal disimulada satisfacción. + +--Pues sepa usted que se lleva un buen mozo. Don Gil es hombre que hará +carrera ... está en buena edad.... + +Una carcajada de los otros dos y una sonrisa forzada de la patrona +acogieron aquellas palabras. La vizcaína tenía un pretendiente, y éste +era don Gil Carrascosa, aquel individuo que fué lego, abate +covachuelista y cuanto hay que ser. Corrían por la vecindad rumores +alarmantes respecto á la existencia de cierta buena concordia, parecida +á la familiaridad, entre el poeta clásico y doña Leoncia, la vizcaína. +No penetremos en lo sagrado de estos clásicos y patroniles secretos. + +Doña Leoncia notó la presencia de un desconocido, y quiso darse tono. Se +puso seria, y reprendió á los estudiantes por su poca formalidad. +Después hizo un pomposo ademán, algunas cortesías, y se marchó. + +--Adiós Ariadna, Antígone, Sofonisba, Penélope--dijo cuando la vió fuera +el poeta, que gustaba mucho de aplicarle aquellos nombres heroicos. + +Poco después de esta despedida se sintieron ronquidos muy broncos y +prolongados. Era Ariadna, Antígone, Sofonisba, Penélope, que dormía en +el interior. ¡Cuán felices son las semidiosas! + +Javier y el Doctrino tomaron en competencia posesión de la cama. Lázaro +se acomodó lo mejor que pudo en una silla de tres pies y medio, y el +poeta continuó en pie haciendo los honores del sotabanco. Del cajón de +la cómoda sacó un pedazo de queso envuelto en un papel, que se había +hecho transparente. Un cuchillo, una botella y un plato, en que había +panecillo y medio, salieron de otro rincón, y el festín fué preparado en +la mesa, para lo cual se hizo preciso apartar á un lado dos tragedias en +verso heroico, un retrato de mujer roído de ratones, un ejemplar de la +Constitución, un tintero de cuerno y una babucha, dentro de la cual +había unas tijeras, una caja de obleas y medio tomo del teatro de +Crebillon. + +El cuarto aquel era curioso. La cama se ostentaba lo más horizontal que +le era posible sobre dos banquillos, cuyas tablas sostenían un jergón de +tan tortuosa superficie, que el durmiente rodaba en él de cima en cima +antes de poder conciliar el sueño. Una estera de esparto, finísima en +los tiempos de Carlos III, cubría las dos terceras partes del piso, +siendo inútiles todos los esfuerzos de doña Leoncia para estirarla hasta +cubrir lo que faltaba. Inmenso baúl alternaba con la cama, y á juzgar +por lo corroído del cuero y la suciedad acumulada entre él y la pared, +los ratones habían tomado por su cuenta la empresa de colonizar aquel +recinto. Adornaban las paredes algunos cuadros: el más notable era un +trabajo de pluma hecho por el tío del cuñado del abuelo de la vizcaína, +que había sido insigne calígrafo, y toda la lámina estaba llena de +rasgos, líneas, letras raras, rúbricas y floreos de pluma, trabajo +ilegible por ser tan excelente. Por otro lado pendía de la pared un +cuadrito de marco ex-dorado, que encerraba las habilidades juveniles de +la abuela de doña Leoncia, bordadora de lo más fino. Al lado de estos +monumentos de familia estaban un par de figurines del Directorio y una +Virgen del Pilar, simplemente pegada en la pared con cuatro obleas. + +Ramón echaba vino en un vaso que iba corriendo de mano en mano; el queso +fué distribuido, y el pan desapareció en poco tiempo. Lázaro no se +mostraba parco en comer, porque la verdad era que tenía buen apetito y +se sentía desfallecer por momentos. + +--Vamos, Ramoncillo--dijo el Doctrino--léenos un poco de esa tragedia +para llorar, que llamas _Petra_. + +--¿Qué Petra ni Petra?--replicó el poeta.--No seas bárbaro: _Fedra_ +querrás decir.--Lo mismo me da Fedra que Pancrasia. + +--Ya he dejado ese asunto ... eso no es nuevo. Ahora lo que conviene es +un asunto patriótico.--Eso me gusta. + +--Al fin me decidí por los gracos.... Amigos, qué hombres eran aquellos! + +--A ver--dijo el Doctrino.--Léenos algo de esos grajos. Debe ser +cosa graciosa. + +--Pero ven acá, loco--dijo Javier:--¿por qué no haces una tragedia de +cosas del día en que salgan hombres como éstos de ahora? + +--No seas tonto--dijo el poeta riendo con la mayor buena fe:--ahora no +hay héroes. + +--Majadero, ¿pues cómo llamas á Churruca, á Alvarez y á Daoiz? + +--Sí; pero eso son héroes de casaca. + +Ramón tenía talento y facultades de poeta; pero había nacido en una +época funesta para las letras. El frío clasicismo agostaba en flor los +ingenios, que educados en la retórica francesa, y siguiendo los +principios del prosaico Montiano, del rígido Luzán, del insoportable +Hermosilla, no atinaban á utilizar los elementos poéticos que en aquel +tiempo nuestra sociedad les ofrecía. + +El pueblo, alimentador de los teatros, no comprendía el alto ditirambo +de griegos y romanos; y al mismo tiempo, ningún poeta acercaba á poner +héroes españoles en la escena. Nasarre en tanto llamaba bárbaro á +Calderón, y _La vida es sueño_ no era más que delirio. Aquella +restauración clásica fué fecunda para la comedia, porque produjo á +Moratín hijo. Pero el drama, la fábula patética que retrata las grandes +conmociones del alma, y pinta los más visibles caracteres de la +sociedad, no existía entonces. + +Se hacían algunas tragedias, obras pálidas y sin vida, porque no eran +animadas por la inspiración nacional, ni nuestro pueblo vivía en ellas, +ni nuestros héroes tampoco. "Ya sabemos lo que son esos héroes tiesos, +acartonados, de las tragedias clásicas: siempre los mismos. No se +concibe el amor á la libertad sin _Bruto_, ni el odio al imperio sin +_Cinna_. ¿Cómo puede haber pasión sin Fedra, y fatalidad sin _Edipo_, y +parricidio sin _Orestes_ y rebelión sin _Prometeo_, y amor á la +independencia sin _Persas_? En tiempo de nuestro amigo Ramón, los +jóvenes creían esto; y había algunas personas graves que encontraban á +Crebillon más inspirado que Lope, y Rotrou más grande que Moreto." + +El poeta de que hablamos escribió su correspondiente _Alceste_, con +algún acto de un _Bellerofonte_ y varias escenas de tragedia bíblica, +también de cajón entonces. Tuvo una inspiración después, y quiso dejar +tan trillado camino. Ideó un _Subieski_, un _Solimán,_ un _Arnoldo de +Brescia_, y, por último, un _Padilla_; pero no bien había escrito +algunos versos, retrocedió por miedo á la antigüedad, y se fijó en los +_Gracos._ Dió principio á la obra, y la remató poco antes de las escenas +que estamos refiriendo. + +Ya le tenemos sentado sobre la mesa, con el manuscrito en la mano y +alumbrado por el candilejo. El Doctrino y Javier se disputaban la causa +con nuevo furor, y Lázaro, que estaba sentado en la silla, había cedido +al cansancio, y apoyado en la misma cama, esperaba la primera escena de +los Gracos. + +Javier tosió, y leyó las listas de los personajes de la tragedia, +seguida de la retahila de tribunos, lictores, centuriones, patricios, +pueblo, esclavos. Después relató la decoración, que era la plaza +pública, sitio de confidencias, de citas, de discursos, de secretos, de +escándalos, de juicios, de todo. Luego empezó el acto. Salía el _tribuno +primero,_ y le decía al _tribuno segundo_ si había visto á Cayo; el +tribuno segundo le contestaba al _tribuno primero_ que no; pero después +venía el _tribuno tercero_ y decía á los dos anteriores que Cayo estaba +en casa del sacerdote Ennio Sofronio, y que después vendría á confiarles +sus planes en la plaza pública. Estos se van, y saliendo el _hombre del +pueblo primero_, le dice al _hombre del pueblo segundo_ que el pan está +caro, y que los pobres se están comiendo los codos de hambre, lo cual +exaspera al _hombre del pueblo tercero_, que jura por Neptuno y el hijo +de Maya que aquello no ha de quedar así. Cada uno se va por donde ha +venido, y sale después Cornelia, que se pregunta por qué estará tan +agitado; triste Cayo; dice que rehusó las _viandas ricas de opulenta +mesa_, para irse á vagar silencioso y abstraído por la margen que baña +_del lento Tíber la corriente undosa_. Pero pronto viene á sacarla de +dudas el mismo Cayo en persona, que, alarmado por unas palabras que le +dijo el _tribuno tercero_ allá entre bastidores, viene á dar con su +madre y le manda que escuche y tiemble, con cuyo mandato Cornelia se +hace toda oídos y se pone á temblar como un azogado. Cayo le dice que los +dioses le ayudarán en su empresa, con lo cual la otra se tranquiliza y +se le quita el tembloreo. También dice que antes de faltar á su +propósito se tragará el Averno á la tierra; beberá el ciervo _(de +capital ramaje)_ la mar salobre, y se criará la carpa en las crestas +del más alto cerro de Trinacria. Después de estos desahogos, cae el +telón, y cada uno se va por donde ha venido. + +Pero ya cuando Cayo hacía estos juramentos, cerró los ojos el Doctrino, +poco preocupado de que el Averno se tragara á Italia, y comenzó á roncar +suavemente como un dios holgazán. El poeta no notó este incidente, y +entró en el acto segundo; pero al llegar al delicado punto en que +Cornelia le refiere á su confidente el sueño que ha tenido, empezó +Javier á hacer lo mismo, y se durmió también. Y allá, cuando el poeta se +internaba en los laberintos del acto tercero; cuando el senador Rufo +Pompilio se le sube á las barbas al senador Sexto Lucio Flaco (el cual, +sea dicho de paso, no miraba con malos ojos á la matrona Cornelia, +aunque era dueña un poco madura); cuando todo esto pasaba, Lázaro, que +había resistido por cortesía, no pudo más, y acomodándose en la silla y +en el borde de la cama, dió algunas cabezadas, y se durmió también +olímpicamente, comenzando á soñar dormido, que era cuando menos soñaba. + +El poeta concluyó el tercer acto, en que había un motín; y antes de +empezar la lectura del cuarto, miró en torno suyo y vió aquella escena +de desolación. "Dormidos. Oh dioses!" exclamó, penetrado aún del +espíritu clásico. + +Pero era natural. ¿Quién soporta una tragedia con plaza pública, +verdadero almacén de endecasílabos? ¿Quién soporta una tan grande ración +de clasicismo á aquellas horas, después de oír veinte discursos, después +de haber cenado? + +Aún faltaba algo. El candilejo, que sin duda era también poco amante de +lo clásico y estaba empalagado de tanto endecasílabo, no quiso alumbrar +más tiempo la plaza pública, y se apagó. Ramón cerró á obscuras su +manuscrito; comprendió que lo mejor que podía hacer era imitar á sus +amigos; bajó de la mesa, tomó la capa, se envolvió en ella, y tendióse +de largo sobre el bendito suelo. Poco después estaba tan profundamente +dormido como los demás. Así terminó la tragedia de los Gracos. Nos ha +sido imposible averiguar si al fin el senador Bufo Pompilio dió al +senador Sexto Lucio Flaco el bofetón que deseaba. + + + + + +CAPÍTULO XII + + + +#La batalla de Platerías#. + + +El sol y doña Leoncia aparecieron con igual esplendor y hermosura en las +primeras horas del siguiente día. La patrona, dejando las ociosas lanas, +dió principio á su tocado, que era algo complicado, porque consistía en +una restauración concienzuda de todos los deterioros que en su persona +hacían lentamente los años. + +Después de dar al viento la poca abundante cabellera, comenzaba á tejer +un moño, que, á no recibir el refuerzo de unos hinchados cojinillos, no +sería más grande que un huevo. Pasaba inmediatamente á adobarse el +rostro, operación verificada tan hábil y discretamente, que no conociera +la _verdad de su mentira_ ni el mismo don Gil, que era la persona que +más se acercaba á ella durante el día. A veces solía usar cierto +pincelito; pero esto no era más que en los días clásicos, y no hacemos +alto en ello por ahora. En estas ocupaciones estaba, mal ceñidas las +faldas, sin corsé y descubiertas con negligente desnudez las dos +terceras partes de su voluminoso seno, cuando una persona entró en la +casa, y acercándose al cuarto de la diosa, dió un par de golpecitos en +la puerta. + +--¿Quién?--dijo alarmada la vizcaína. + +--Yo. + +--Por Dios, Carrascosa, no entre usted, que estoy.... + +Pero Carrascosa empujó la puerta, y la hubiera abierto á no impedírselo +por dentro la asustadiza y honesta dama, que dejó el afeite y se ciñó el +vestido rápidamente para acudir á defender la plaza. + +--Leoncia, Leoncia, mira que soy yo, tu Gil. + +--Don Gil, don Gil, no sea usted pesado. Siempre viene usted cuando +está una arreglándose. Espere usted. Pase á la cocina, que tengo +que hablarle. + +--Yo también tengo que hablarte,--dijo Carrascosa, aplicando el ojo á la +cerradura por probar si veía algo. + +Doña Leoncia no tardó en arreglarse: se ciñó el corsé, se puso las +últimas horquillas, se aplicó dos ó tres alfileres al pecho, se echó un +mantón sobre los hombros, y pasó á la cocina. + +--Sabes que vengo muy incomodado--le dijo don Gil, mientras la dama, que +se había acercado al hornillo, se esforzaba en encender con pajuela unos +carbones;--sabes que estoy muy incomodado, Leoncia, con lo que dice la +gente, y vengo á que me saques de dudas; porque, en fin, tengo esto +atravesado en el gaznate y no lo puedo pasar. + +--¿Qué? ¿á ver? ... ¿á ver que majaderías traes hoy?--Nada, sino que la +gente da en decir que tú ...--Aquí el ex-covachuelista se detuvo, como +si efectivamente se le atragantara una cosa en las fauces.--¿Qué yo? ... +¿á ver? ¿qué?--dijo la patrona, soplando los carbones. + +--Que tú ... quiero decir ... que ese jovencito que hace versos y vive +en ese gabinete, está muy fino contigo, y te está cortejando ... Me dijo +la frutera que ayer te vió salir con él de paseo, y.... + +--No me vengas acá con majaderías--dijo doña Leoncia, alzando en su +derecha mano una badila de cobre que en aquellos momentos le servía: lo +que hay es que como una es mujer de opinión, ha de estar todo el mundo +ocupándose de una para decir lo que se le antoja. ¡Vaya, don Gil! ¿Y +usted se anda en chismes con la frutera? ¡Buena está ella! No me vuelva +usted acá con enredos. Lo que hay es que no puede una mover un pie sin +que venga toda la vecindad á decir por qué sí y por qué no. + +--Cepos quedos--dijo Carrascosa,--que yo no dudo de que seas una mujer +muy principal; pero debe evitarse que la gente ande diciendo cosas ... +porque.... + +--No me hables de eso, Gil: Gil, no me hables de eso dijo fingiéndose +incomodada doña Leoncia;--que todos los hombres son unos engañosos, y +está una muy escarmentada ... no ... digo ... muy.... Le han dicho á una +lo que son los hombres ... Y si no, miren al prestamista de abajo que +todos los días desayuna á su mujer con cincuenta palos. + +--¡Oh, Leoncia de mis pecados! Y piensas que yo no te he de tratar como +una dócil ovejuela que eres ... Mira, no seas tonta: puesto que nos +hemos de arreglar y es preciso mantener la opinión, bueno sería que +echaras de tu casa á ese mozalbete, y que se fuera con sus versos á +otra parte. + +--Pues digo que no. Si hablan, que hablen; si _injurian_, que +_enjurien_. Yo soy mujer de opinión. + +--Jesús, Leoncia: ¿y no me haces ese gusto? + +Doña Leoncia empezó á reír con mucha gana; y el buen Carrascosa, que no +estaba dispuesto aquel día á ponerse serio, se serenó y concluyó por +reírse también. + +--Mira que esta tarde voy con doña Patronila y la Juliana á merendar á +Chamartín. Doña Ramona vendrá también, y si tú vienes, cantarás aquellas +seguidillas que sabes. + +--Yo no estoy para seguidillas. Lo que me carga es que vaya ese don +Ramoncito, que me tiene ya hasta aquí. Mira, mira, Leoncia: si lo echas, +estaré cantando seguidillas cuatro días seguidos. ¡Ah! No me acordaba: +¿sabes que estamos arreglando una procesión en las Maravillas? Ya te +proporcionaré un balcón para que la veas. Va á estar muy lucida, y salen +más de veinticinco santos y todas las cofradías de Madrid. + +--Mira, Gil, no te andes con procesiones, que es cosa que no me gusta. +¿Con que vienes á Chamartín? + +--Sí: bueno es que nos vayamos allá, porque hoy hay jarana en Madrid, y +se me antoja que habrá tiros por esas calles. + +--¡Jesús; y Santa Librada! ¡Otra jarana!--dijo la vizcaína con el rostro +descompuesto y mudado de color.--Pero ¿qué hay? + +--Ahí es nada. Que esos locos de la _Fontana_ van á pasear el retrato de +Riego con música y todo. La autoridad ha prohibido esa procesión, y +ellos dicen que la habrá. Veremos quien gana. Ya anda la gente por ahí +alborotada y pronto hemos de ver el tumulto. + +En efecto, el ruido no se hizo esperar: un gentío inmenso ocupaba la +vecina plazuela de Santa Ana, y hasta la tranquila mansión de doña +Leoncia llegó el rumor de las voces. La criada, que venía de comprar, +entró dando gritos de terror y diciendo que había sentido unos +grandes cañonazos. A los gritos de la gallega despertaron los tres +amigos y Lázaro. + +--¿Qué hay?--dijo Javier.--¿Qué algazara es esa? + +--¿Qué ha de ser sino la procesión?--dijo el Doctrino. + +Lázaro se levantó dolorido, porque con la molesta posición que en el +sueño tomó, parecía que se le había roto el espinazo. Abrieron el balcón +y miraron. Doña Leoncia entró en el cuarto del poeta dando alaridos y +manoteando. + +--¡Jesús!, ¡Jesús! ¡No abran ustedes el balcón, que se nos va á meter +aquí alguna bomba! ¿No oyen ustedes los cañonazos? ¡Jesús, que disparos +tan fuertes! + +--Señora, usted está soñando con los cañonazos. + +--No te alarmes, Artemisa, Electra.... + +--¡Cierren ese balcón! + +Los cuatro jóvenes eran muy curiosos para contentarse con mirar desde +el balcón. Bajaron á la calle con mucha prisa para unirse al gentío, +aunque Lázaro pensaba dejar aquello y marcharse inmediatamente á casa +de su tío, recogiendo de antemano su mezquino equipaje en el parador +del Agujero. + +--¿Quién es ese joven?--dijo don Gil á la patrona luego que los cuatro +habían bajado. + +--No sé quién es: le trajeron anoche. + +Carrascosa creyó reconocer en aquel joven al sobrino de su amigo, á +quien había tratado en Ateca; y queriendo cerciorarse, porque sin duda +le interesaba, bajó tras ellos. Los cuatro jóvenes se mezclaron al +gentío: no se podía dar un paso. La procesión estaba organizada, y +pronto iba á emprender la marcha para salir á la calle de Atocha. Gran +confusión reinaba en la multitud, y eran vanos los esfuerzos de dos ó +tres personas para poner en filas ordenadas al pueblo y dirigirle. + +Lázaro trató de marchar á donde debía; pero tuvo una tentación, que le +hizo detener meditabundo y preocupado. Al ver aquella multitud, su +imaginación, abatida y exánime desde la singular escena del café, volvió +á remontarse tomando su acostumbrado vuelo. Allí estaba reunido un +pueblo, dispuesto á una gran manifestación. Confuso y como asustado de +su empresa, la muchedumbre vacilaba, no tenía fijeza ni determinación: +sin duda allí faltaba algo. Lázaro quiso dominarse rechazando la +tentación. Se alejó del pueblo y volvió á acercarse á él. +"Sí--pensaba,--aquí falta algo: falta una voz." + +Había llegado aquel momento supremo de las agitaciones populares en que +las turbas se paran silenciosas, alterados los miles de corazones por un +solo y profundo temor, trastornadas las mil cabezas con una sola duda. +Falta que una voz sola diga lo que todos sienten. En estos momentos +solemnes es cuando vemos un cuerpo elevarse sobre miles de cuerpos y una +mano temblorosa extenderse sobre tantas cabezas. Una voz expresa lo que +en tantos cerebros pugna para adquirir formas orales; esa voz dice lo +que una multitud no puede decir; porque la multitud que obra como un +solo cuerpo con decisión y seguridad, no tiene otra voz que el rumor +salvaje compuesto de infinitos y desiguales sonidos. + +Cuando aquel hombre ha hablado, la multitud ha dicho lo que tenía que +decir; la multitud se conoce, ha podido recoger y unificar sus fuerzas, +ha adquirido lo que no tenía: conciencia y unidad. Ya no es un conjunto +inorgánico de fuerzas ciegas: es un cuerpo inteligente cuya actividad +tiende á un objeto fijo, bueno ó malo, pero al cual se encamina con +decisión y conocimiento. + +Esto pensaba Lázaro. ¿Podría él ser ese medio de expresión? ¿Sería el +Verbo revelador de aquel cuerpo ciego é inconsciente? ¿Hablaría ó no +hablaría? La masa en tanto se arremolinaba y se extendía por la plazuela +del Ángel. Lázaro la siguió como fascinado; después se apartó con miedo +de ella y de sí mismo. Pero no podía resolverse á retirarse. ¿Hablaría ó +no? Le oirían de seguro. ¿Como no, si había de decir cosas tan bellas? +El estaba seguro de que las diría. Las palabras que había de decir +estaban escritas con letras de fuego en el espacio. + +Ya el retrato avanzaba llevado por cuatro socios de la _Fontana_. Sonaba +la música, el gentío rodeaba el lienzo, y todos se movían sin adelantar, +oscilaban sin extenderse, se revolvían confundiéndose. Sin duda faltaba +algo. Lázaro se mezcló en el torbellino. Sus ojos brillaban con +extraordinario resplandor; su inquietud era una convulsión, su agitación +una fiebre, su mirada un rayo. Cruzábanle por la mente extrañas y +sublimes formas de elocuencia; latíale el corazón con rapidez +desenfrenada; las sienes le quemaban, y sentía en su garganta una +vibración sonora, que no necesitaba más que un poco de aire para ser voz +elocuente y robusta. + +Vió que alzaban el retrato, que la turba se arremolinaba en circuitos +sin fin, y vió agitarse en el aire multitud de pañuelos blancos que +salían de aquel torbellino como una espuma. + +La comitiva desordenada siguió por la calle de Atocha y penetró en la +Plaza Mayor. Allí se difundió un poco. Pero después trató de atravesar +el arco de la calle de la Amargura para entrar en Platerías. El gran +monstruo midió de una mirada el volumen de sus miembros multiplicados y +la anchura del arco por donde había de pasar. El camello iba á pasar por +el ojo de la aguja. Hubo un movimiento convulsivo de codos, y los +abdómenes se deprimieron, giraban los cuerpos, y algunos sombreros +saltaron á impulsos de las repercusiones y choques de tantas cabezas. +Algunas voces trataron de pronunciar una orden para vencer aquella +dificultad, problema de obstetricia sin duda. + +--Delante el retrato. Dejen pasar el retrato--decían. Era imposible; la +gente se agolpaba de tal modo, que el retrato no podía pasar. Al fin, +tras largos esfuerzos, el retrato pasó por el arco. Detrás seguía con +la mayor confusión la gran masa de gente. La multitud que llenaba la +plaza se había parado y esperaba. El retrato y sus corifeos +desembocaron en la calle Mayor; pero al llegar allí, una sorpresa sin +igual detuvo la procesión. Dos filas de soldados formaban en las +Platerías, llegando más allá de la plazuela de la Villa. Las picas de +un escuadrón de lanceros brillaban á lo lejos, y delante de esta tropa +estaba, el Capitán General de Madrid, á caballo, esperando con grande +aplomo y entereza. Este hombre avanzó seguido de dos ó tres, y +señalando con el sable, intimó la orden de retirada á los del retrato. +Hubo una rápida consulta de miradas entre éstos. Una autoridad civil se +acercó también, y con los mejores ademanes dijo que se fuera cada cual +á su casa y renunciaran á aquella manifestación, porque el Gobierno +estaba resuelto á que no dieran un paso más. El aspecto de la tropa +impresionó vivamente á los del retrato; además, éstos contaban con la +ayuda del regimiento de Sagunto, y el regimiento de Sagunto estaba +encerrado y perfectamente custodiado en su cuartel. + +Trataron, sin embargo, de pasar adelante, y dijeron que aquella +manifestación era puramente moral; que no trataban de producir ningún +trastorno, ni era agresiva su actitud, ni tenían más objeto que +tributar un homenaje de admiración al héroe que había dado la libertad +á su patria. + +"¡Cada uno á su casa! Atrás el retrato", dijo resueltamente Morillo. + +La defensa era imposible. La procesión no tenía armas. + +La supuesta debilidad del Gobierno se había trocado en inquebrantable +firmeza. Algunos empezaron á desertar, desfilando por la calle de +Milaneses y la plazuela de San Miguel. El retrato descansaba en tierra y +se movía adelante y atrás, poco seguro en manos de sus portadores. Estos +hablaron: pero todo fué inútil: la gente empezó á retroceder, algunos á +gritar, y hubo también quien quiso oponer resistencia á la tropa. + +Entre tanto el gentío que ocupaba la plaza permanecía inmóvil. ¿Quién +era aquél que entre tanta gente se elevaba, y agitando las manos, +profería voces que la muchedumbre aplaudía? El orador hablaba bien, sin +duda: grandes aclamaciones acogían sus palabras; pero los continuos +empellones, los gritos de los pisoteados y estrujados no permitían á +aquél expresarse con desahogo. + +Algunos pedían silencio; pero el silencio en toda la plaza era +imposible. A lo mejor, los que en el arco discutían con la autoridad, +retrocedieron al ver que la tropa resistía. La confusión entonces llegó +á su término. El orador continuó su filípica; pero la continuó excitando +al pueblo á que no cediera en su empeño de verificar la manifestación. +Estaba lívido, anhelante, y cada palabra suya era como un latigazo que +estimulaba á la muchedumbre á seguir adelante. + +En tanto las tropas avanzaban despejando la plaza, y algunos eran tan +osados, que delante de los caballos oponían resistencia y vociferaban +apostrofando á Morillo y á su gente. + +--¡A esos que gritan!--dijo el que mandaba el piquete. Arremolinóse el +gentío. Muchos corrieron á escape. Otros dieron vueltas, arrastrados +por la oleada, ó permanecieron turbados sin saber qué partido tomar. +Lázaro calló. + +--¿Quién gritaba?--dijo el capitán,--A los que gritan. Prender á los +que gritan. + +Lázaro quiso huir; pero el brazo vigoroso de un soldado le detuvo +fuertemente. + +--Prender á los que gritan. Este es el predicador. ¡A ese! + +Lázaro pasó de una mano fuerte á otra fortísima. Apenas se daba cuenta +de que le habían prendido. Creyó que le soltarían en seguida, é intentó +desasirse, aunque inútilmente. + +-¡Atrás, atrás! ¡Fuera de la plaza!--continuaba el capitán. + +Y era bien obedecido, porque el gentío se desbandaba á toda prisa. La +procesión fracasó. El retrato quedó hecho trizas en medio de la plaza; +la tropa tomó todas las entradas. + +¿Qué fué de Lázaro? Un cuarto de hora después entraba, honrosamente +custodiado, por las puertas de la cárcel de Villa, y era introducido +también honrosamente en un tristísimo, obscuro y sucio calabozo. + + + + + +CAPÍTULO XIII + + + +#No llega el esperado.--Llegada de un importuno.# + + +De todos los procedimientos que el espíritu emplea para atormentarse á +sí mismo, el más terrible es esperar. Contra esto no hay remedio. +Parece que ha de ser fácil resolverse á no esperar, apartar la +imaginación de la cosa esperada, y vivir sólo en un punto de la vida, en +un momento del tiempo, sin esa dolorosa aspiración á lo venidero que +desquicia el ser, sacándole de su centro. + +Cuando se espera lo que ha de llegar las horas son siglos; cuando se +espera lo que debió llegar, las horas vuelan como segundos. Clara estaba +á la hora de las diez con el alma suspensa, trémula y atenta, llena de +inquietud y zozobra. Pasa de las diez, y el viajero no viene; el reloj +vuela de las once á las doce, y de las doce á la una. Pascuala tenía +mucho miedo, porque el ruido de gentes que en la calle se sentía +aumentaba á cada hora. Las dos estaban sentadas en el cuarto interior, y +no decían cosa ninguna, ni la criada contaba aquellos cuentos de las +ninfas y el dragoncillo, que había aprendido en su pueblo, ni la +huérfana se reía con la franca expansión y natural sencillez de su +carácter. Ambas estaban muy silenciosas: se miraban con ansiedad cuando +algún ruido se sentía en la escalera; y al cerciorarse de que no era lo +que aguardaban, caían la una en su abatimiento indiferente, la otra en +su calmosa, melancólica y disimulada agitación. + +Clara, á la madrugada, entró en el período de las conjeturas; forma con +que el espíritu se da todos los tormentos imaginables. ¿Qué le había +pasado? ¿Volcaría el coche? ¿le habrían salido ladrones con aquellos +tremendos trabucos que pintan en las estampas? ¿Habría desistido del +viaje? ¿Tendría tal vez amores con alguna muchacha del pueblo? ¿Le +detendría alguna partida de realistas? Todo le ocurría menos lo cierto. +En estos momentos fácil es tranquilizarse teniendo un poco de serenidad; +pero nadie la tiene, y una ceguera profunda sustituye á la normal +lucidez del entendimiento. Basta razonar en calma y decir: "¿No ha +venido? Se habrá detenido casualmente. Mañana vendrá." Pero en vez de +hacer este lógico razonamiento, lo que generalmente se piensa es esto: +"¿No ha venido? Pues se ha muerto: le mataron." + +Luego la noche contribuye á este tormento; la noche, que á todo da +formas horribles, lo mismo á las cosas materiales que á las visiones +internas. Clara, que no había podido ni podía dormir, no cesaba de +percibir informes, bultos, sangre, obscuridad, repentinamente opuesta á +una gran luz que alumbra horrores. Da calentura esa situación. +Impaciencia febril se apodera de la sangre que se agita y circula, como +si la rapidez de su marcha acelerase la llegada de lo que se espera. +Esta contrariedad de nuestro deseo es más terrible, porque es lenta, sin +límites. Delante no se ve sino la eternidad. No vienen á la mente las +modificaciones que puede traer el próximo día. Aquella noche y aquella +soledad parece que no han de tener fin. + +Las primeras luces del día no hicieron, sin embargo, otra cosa que +aumentar su tristeza. ¡Ayer! ¡Desde ayer le había estado esperando! +Deseaba salir fuera y correr, preguntando á todos por el desventurado +joven. Abrió el balcón, miró á la calle, creyendo que iba á verle pasar, +y examinó á todos los transeúntes. Entonces le llamó la atención una +persona que, fija en la esquina, la miraba con tenacidad. Segura de que +no era él volvió la cara, y no se cuidó más de aquella persona. + +Cerró el balcón, porque sentía fatiga y mucha necesidad irresistible de +dormir. Fué á su cuarto, y sentada en una silla, recostó la cabeza sobre +la cama. Pero en vez de dormir empezó á cavilar con tanto desvarío y +agitación como durante la noche. Elías tampoco había vuelto. ¿Qué sería +de él? ¡Oh, qué luz! Tal vez le había encontrado y estarían juntos en +alguna parte. + +En esto entró Pascuala que venía de la calle. La alcarreña se acercó á +Clara, adornando la redonda y vasta fachada de su cara con +impertinente sonrisa. + +--¿Sabe usted lo que ha _pasao_? + +--¿Qué? ¿qué hay?--dijo Clara con interés. + +--Que aquel caballerito del otro día ... pues ... el señor militar ... +me paró en la esquina. + +--¿Y á mí qué me importa eso? + +--Que dice que viene acá. + +--¡Jesús, acá! ¿Y á qué viene acá? Estamos solas. + +--Pues es un caballero muy cumplido. + +--¿Si? Pues no me he fijado. + +--¿No le vió usted el otro día aquí ... cuando el señor vino malo? + +--Sí: parecía una buena persona. ¿Pero á qué quiere volver aquí? + +--Usted bien se lo malicia. ¡Ah, qué picarona es usted! En aquel momento +sonaron en el bolsillo de Pascuala las pesetas que el militar le había +dado. Después se sintieron pasos en la escalera y sonó muy débilmente la +campanilla. + +--Es él--dijo la alcarreña. + +Y antes que Clara pudiera impedírselo, la moza corrió, abrió la puerta, +y el militar, que ya conocemos, entró en el pasillo, se descubrió con +respeto y se acercó á Clara. + +--¿A quién buscaba usted?--dijo Clara.--No está: ha salido. + +--Sí está, no ha salido,--contestó el militar con aplomo. + +--¿Quién? ¿Pero á quién buscaba usted? + +--Fácil es comprender que no busco á ese viejo, cuyo trato aleja en vez +de atraer á las personas. + +--¿Pero qué quiere decir? ¿á qué viene usted?--le preguntó Clara con +ligera expresión de alarma.--Estoy sola, váyase usted. + +--Por lo mismo no me voy. + +--Si usted no se va, llamaré, gritaré,--dijo Clara, resuelta sin duda á +hacer lo que decía. + +--Entonces reñiremos,--afirmó el militar con sonrisa de amistosa +franqueza, que desarmó en parte el enojo de Clara. + +--¡Por Dios, que va á llegar! ¿Pero quién es usted? ¿A qué viene usted +aquí? ¿Quién le ha dado licencia para entrar? Usted es el que vino el +otro día con él. Ya le reconozco; pero no entiendo á qué viene hoy. +¡Pascuala, Pascuala! + +--No me mire usted como enemigo. Mi entrada ha sido singular; pero no +soy un ladrón ni un asesino. Vengo como amigo: traigo paz y amistad. No +tenga usted miedo, Clara. Vengo como amigo. Ya nos conocemos de un solo +día, cuando vine aquí sosteniendo á ese pobre señor. + +--¡Oh! y ahora puede venir--dijo Clara alarmada. Márchese usted, por +Dios. Yo no le conozco, ni me importa todo eso que me ha dicho. Si +él llega.... + +--Lo que menos me importa es ese viejo--contestó el militar.--Antes me +interesaba un poco. Creí que era de usted pariente, su esposo tal vez. +Pero después he sabido que es un tiranuelo que vive para martiriza á una +pobre huérfana, que se muere da melancolía encerrada aquí. No puedo +ver con indiferencia que una persona tan guapa, tan amable, tan digna de +ser feliz, pase la vida en poder de esa fiera. + +--¡Oh! Pues yo estoy bien así. Le agradezco á usted su bondad--contestó +Clara;--pero no es necesaria. Váyase usted, por Dios. + +--No me iré, no--dijo el militar, exaltándose un poco. Hace algunos días +que me preocupa la idea de los martirios que usted debe sufrir. Siento +un deseo muy grande de libertarla á usted de ese maniático, y creo que +realizaré este propósito. He pasado por ahí cien veces al día y me ha +dado horror el aspecto sombrío de esta casa, sepulcro en vida de tan +bella criatura. Usted se reirá de mí, lo comprendo. Le parecerá extraño +este interés que tomo por una persona á quien sólo he visto una vez; +pero de este misterio no hay que hablar ahora. Lo que importa es que +usted se decida á hacer lo que yo le aconseje. Sepa usted que he jurado +no permitir que muera aquí de hastío y soledad. Estoy seguro de que +usted, que con tanta sencillez me comunicó la única vez que nos vimos +parte de sus desventuras, tendrá hoy la confianza que necesito, sabrá +apreciar la nobleza de mis propósitos y no se opondrá á que se realicen. + +Clara no sabía qué contestar. Estaba confundida al ver el generoso y +fraternal interés que tenía por ella una persona á quien había visto tan +poco. Esto hubiera llenado de orgullo á otra mujer; pero Clara era muy +modesta, y ante aquella manifestación afectuosa no tuvo más que gratitud +y vergüenza. Nunca creyó merecer aquello. + +--Yo lo agradezco mucho, señor--dijo;--pero.... + +La verdad es que no podía decirle que era feliz y que deseaba continuar +aquel género de vida. Era cierto lo que el militar decía. Era imposible +vivir en compañía de aquella fiera. ¿Pero acaso no esperaba su salvación +de otra persona? Esta idea la indujo á rechazar con más energía las +ofertas que aquél le hacía. + +--Usted no conoce á la persona con quien vive--continuó el +militar.--Usted no le conoce, yo sí: ya me he informado de su carácter y +de sus ideas. No sólo es un hombre extravagante é intratable, sino un +fanático sin corazón, un hombre feroz, de perversos instintos y cálculos +terribles. No: usted no puede seguir más tiempo en manos de ese hombre, +que no es su pariente, ni su amigo: que se llama su protector, para +hacer de usted una víctima de su orgullo brutal. + +Clara comprendió, por la vehemencia con que el joven hablaba, que era +cierto su interés, y conoció también que la pintura que del viejo hacía +no era exagerada. El desconocido obraba con la mayor nobleza, sinceridad +y buena fe. Era uno de esos caracteres inclinados á las aventuras +difíciles y que implicaban la salvación peligrosa de los que sufrían. Su +espíritu caballeresco, su corazón inclinado al bien, hallaron en aquel +suceso un motivo de ocupación, y dedicó toda su actividad á la +realización del más generoso propósito. Además, un sentimiento bastante +enérgico de simpatía hacia aquella pobre huérfana, le impulsaba á +proceder con tanta diligencia. Más adelante conoceremos el nombre y los +hechos de este noble, caballero. + +--Pero no esté usted más tiempo aquí--dijo Clara.--¿Cómo quiere usted +convencerme de que se interesa por mí, si precisamente estando aquí me +prueba lo contrario? Si él viene y le encuentra en la casa.... + +--No dirá nada. Ese hombre es tan miserable, que no le importa ni la +felicidad ni el honor de usted: todo lo mirará con indiferencia. A usted +no le queda más amparo que yo. + +La huérfana, al oír estas palabras sintió un frío en el alma. El momento +en que eran dichas hacía que parecieran una gran verdad. Su único, +legítimo y verdadero amigo no vendría. Ya no le quedaba más amparo que +el de un advenedizo. + +--Nada más que yo; pero es bastante--continuó el joven con afectada +voz.--Siga usted el plan que yo le marque: no haga usted caso de ese +viejo. Yo seré para usted todo lo que puede ser un hombre de corazón y +honradez. Tenga usted en mí la confianza que se tiene en lo que nos ha +de salvar.... Y ahora, Clara, me voy. Pero no tardaré en volver á dar +mis órdenes á la pobre prisionera, cuya felicidad pende de mí. ¡Qué +orgullo siento en esto! Yo estaré siempre alerta. Si le ocurre á usted +una nueva desventura, no necesita avisarme. Yo me hallaré aquí para +socorrerla y animarla. No le queda á usted más amparo que yo. Piénselo +usted bien. Adiós. + +La decisión de aquel hombre desconocido, insinuado tan novelescamente en +los secretos de la casa, era muy firme. Se había propuesto emprender una +aventura generosa, á que le inclinaban al mismo tiempo un sentimiento de +simpatía, y el deseo inveterado en él, de hacer bien. + +Si había un poco de egoísmo en él, después lo veremos. Ya se marchaba, +cuando Pascuala salió de la cocina asustada, y dijo: + +--¡El amo! + +--No abras--dijo Clara temerosa.--Espera: escóndase usted. + +Pero Elías, que tenía llave, no necesitaba que le abrieran para entrar. + +--No importa--dijo el militar, que trataba de serenar á Clara. + +Coletilla abrió y entró. Venía cabizbajo y abstraído. Dió algunos pasos +por el corredor sin ver al intruso; mas al llegar al extremo, notó aquel +bulto, alzó la cabeza, y vió al joven, que se inclinaba ante él con +mucho respeto. + + + + + +CAPÍTULO XIV + + + +#La determinación.# + + +--¿Qué busca usted? ¿quién es usted? ¿qué hace usted aquí? + +--¿No me conoce usted? Soy el que hace unos días le trajo á usted muy +mal parado á su casa, y venía á ver si estaba usted ya completamente +restablecido. + +--Si, señor; estoy bueno--contestó bruscamente, y entrando en la sala, á +donde le siguió el joven:--¿no se ofrece nada más? + +--Nada más, y me retiro: acabo de llegar--dijo con afectada naturalidad +el militar.--Me retiro repitiéndole que me intereso mucho por su salud. + +--Bien: ya me lo dijo usted el otro día,--respondió Coletilla dirigiendo +miradas recelosas á Clara y á Pascuala. + +--¿Y no me manda usted nada? + +--Nada más sino que me deje usted en paz. ¿No va usted á la procesión? +Está muy lucida. + +--No estoy para procesiones. + +--¿Le gusta á usted saber lo que pasa en las casas de los +realistas?--añadió el anciano con el acento amargo y receloso propio de +su carácter.--Aquí no se conspira. Y si yo conspirara, lo haría de modo +que no vinieran á sorprenderme los lechuguinos de la Milicia Nacional. + +Clara estaba temblando. La parecía que el militar, ofendido por aquel +insulto, iba á desenvainar el tremendo sable que llevaba en la cintura y +á descargarlo sobre la cabeza del realista. Pero aquel sonrió +desdeñosamente y dijo: + +--Amigo, veo que me juzga usted mal. Puede estar seguro de que no me +ocuparé en delatarle. ¿Qué daño puede hacer usted? + +--¿Yo?... Daño....--respondió el fanático con una mueca feroz, que en él +equivalía á la sonrisa. + +--Poco será el que usted haga y por poco tiempo. Eso se lo juro á usted. +Con que voy á hacerle el favor de marcharme. Adiós. + +Dirigióse á la salida, no sin tratar de expresar á Clara con una mirada +lo que antes le había dicho con muchas palabras, es decir, que confiara +en él y esperara. Hubiera querido verse acompañado de la joven hasta la +puerta; pero la infeliz no se atrevió. Cuando el militar estuvo fuera, +Coletilla se volvió á Clara, y con irritados ademanes, le dijo: + +--¿Hace mucho que entró aquí ese hombre? + +--No, señor: un momento antes de usted llegar--respondió +temblando Clara. + +--¿Y por qué le habéis abierto? ¿No dije que no abrierais á nadie? + +--Venía á preguntar por usted. + +--¿Por mí? Ya...--contestó Elías con furia.--Algún espía del +Gobierno. Pero ya me figuro la verdad. Este es algún mozalbete que te +hace la corte. + +--¿A mí? No, señor. Si no le conozco, no le he visto nunca, dijo Clara +temblando. + +--Pues yo le he visto rondando esta calle. Sí, señora, le he visto. No +me lo niegues. ¡Tú tienes tratos con él, tú le has hablado, tú le has +dado cita aquí!... + +Clara no había visto nunca á Elías tan encolerizado contra ella. Las +inculpaciones que le hacía ofendieron tanto su inocencia, que en aquel +momento sintió lo que nunca había sentido: una secreta aversión hacia +aquel hombre. + +--Yo he sido un padre para ti, Clara; pero tú no has sabido apreciar +mi protección--continuó Coletilla con encono.--Tú eres una ingrata, +una mujer sin juicio; abusas de la libertad que te doy, abusas de mi +alejamiento de la casa. Pero yo juro que te enmendarás. Es preciso que +hoy mismo tome la determinación que había pensado. Si, hoy mismo. +Ahora mismo. + +--Le digo á usted que no sé quien es ese hombre; que hoy ha entrado +aquí á preguntar por usted. Yo no sé quién es ni me he ocupado nunca de +semejante persona. + +--Hipócrita, ¿piensas que creo en tu aire de mosquita muerta? Fíese +usted de las niñas apocaditas. Pero tus travesuras se concluirán, +Clara. Ya no comprometerás otra vez mi reposo como hoy. Yo estoy +siempre fuera, y no quiero que durante mi ausencia se convierta esta +casa en un infame garito. + +Clara no podía creer aquellas palabras. Ya sabemos que era poco ducha en +contestar cuando el terrible anciano la reprendía. Y esta vez su honor +ofendido no encontró tampoco las palabras que en aquella situación +convenían. Negó y lloró tan sólo, argumento que el realista tomó como la +última expresión de la hipocresía y el engaño. + +--Prepárate, Clara, á salir de aquí. No mereces los sacrificios que he +hecho por ti. A ver si ahora compras florecitas y arreglas cintajos para +coquetear en la ventana. Vas á vivir de aquí en adelante en compañía de +unas personas cuya protección no mereces tampoco. Pero éstas son tan +caritativas, que te admitirán por consideraciones á mí. Prepárate. Esta +tarde mismo voy á llevarte á casa de esas señoras, y allí vivirás. Ellas +te enseñarán á ser mujer de bien, y allí veremos si vuelves á tus +locuras, veremos si te apartas del buen camino. Vivirás con ellas; las +ayudarás y servirás en sus labores, y te enseñarán lo que no puedes +aprender en mi casa, sola y sin guía. + +--¡Las señoras de Porreño!--pensó Clara con horror, aquéllas tan erguidas +y finchadas, que le daban miedo siempre que le hablaban, dejándole una +impresión de tristeza que no podía borrar en muchos días. + +--Estas ideas del día--continuó Elías como hablando solo,--pervierten +hasta á las muchachas más recatadas. ¡Estas ideas del día, esta lepra +social!... ¡se difunde sin saber cómo!... ¡penetra en todas partes! +¡Quién lo había de decir!... Ya se ve... sola en esta casa... Irás, +Clara, en casa de esas señoras. Ten presente que no lo mereces, porque +ellas son personas muy principales y virtuosas, libres del contagio del +día. Haz cuenta que entras en un santuario. + +No había remedio. La fatal determinación, que, sin conocerla, había +asustado tanto á la huérfana, estaba irremisiblemente tomada. Clara se +iba á vivir con aquellas misteriosas señoras, en cuya casa, según +Coletilla decía, no habían penetrado las ideas del día. Hacía tiempo que +él tenía este deseo para vivir más á sus anchas; pero nunca se hubiera +atrevido á proponerlo á las tres venerables matronas, si éstas, con una +generosidad que él no se cansaba de admirar, no se lo hubieran indicado. +Era ya cosa resuelta; así es que Coletilla, al ocurrir la escena que +hemos referido, no quiso retardar ni un momento la determinación, y +partió á casa de sus amigas á darles aviso, dejando á Clara entregada al +dolor más profundo. + +Digamos algo de las relaciones que anteriormente había tenido Elías con +aquellas tres nobilísimas damas. + +A fines del siglo era Elías mayordomo mayor de la casa de los Porreños y +Venegas. La ruina de esta histórica casa data de aquella misma época. +Don Baltasar Porreño, Marqués de Porreño, que había sido Consejero +íntimo de Carlos IV, entabló un pleito con un pariente suyo, +descendiente de los Marqueses de Vedia. Este pleito duró diez años, y en +él perdió Porreño casi toda su fortuna, contrayendo deudas espantosas. +Después tuvo la desdicha de sostener á Godoy en la conspiración de +Aranjuez, y caído Carlos IV, el Príncipe heredero no perdonó medio de +hacerle daño. Su hermano don Carlos Porreño cometió el despropósito de +afrancesarse durante la guerra, y la protección de Junot y de Víctor no +sirvieron sino para que fuera después condenado á perpetua proscripción. + +Aquella casa ilustre y poderosa llegó al extremo de la ruina con la +muerte del Marqués; los acreedores embargaron sin respetar los preclaros +timbres de la familia, y después de liquidadas las cuentas é +inventariados los bienes muebles é inmuebles, no les quedó á los +herederos sino una miseria. A la vuelta de Francia, Fernando olvidó que +el Marqués de Porreño había sido su enemigo en la conspiración de +Aranjuez, y concedió una pensión á su hermana. El hijo varón del Marqués +había muerto en el viaje, navegando hacia América, y de la casa antigua +y poderosa no quedaron más que tres señoras, á saber: la hermana y la +hija del Marqués de Porreño, y la hija de su hermano don Carlos, que +siguió á Napoleón, y murió, según se decía, en Praga, al volver de la +campaña de Rusia. + +Después del triste fin de la casa, Elías siguió fiel á sus antiguos +amos. Al volver de la guerra, se presentó á aquellos tres gloriosos +vestigios y les ofreció de nuevo sus servicios; pero las tres damas no +tenían ya bienes que administrar. De su caudalosa fortuna no les restaba +sino unas tierras de pan llevar en el término de Colmenarejo, y unos +viñedos de muy poco valor junto á Hiendelaencina. La administración se +reducía á tomar las cuentas cada trimestre á dos colonos que cultivaban +aquellas heredades. Pero las señoras de Porreño, después de su +decadencia, miraban á Elías como un buen amigo, le trataban de igual á +igual (¡lo que puede la decadencia!), aunque el antiguo mayordomo no +traspasaba nunca, ni en sus conversaciones, el límite respetuoso que +separa á un _hijo de zafios labradores_ (frase suya) de tres damas +pertenecientes á la más esclarecida nobleza. + +Ellas no eran niñas. La hermana del Marqués, llamada doña María de la +Paz Jesús, pasaba un poquito más allá de los cincuenta, aunque se +conservaba muy bien. Su sobrina (hija mayor del mismo don Baltasar), que +se llamaba Salomé, estaba haciendo constantemente intrincados cálculos +para ver de qué manera, sumando sus años, podían resultar cuarenta tan +sólo. La tercera, llamada doña Paulita (nunca se pudo quitar este +diminutivo), hija de don Carlos, el afrancesado, tenía treinta y dos, +cumplidos el día de la Encarnación. Esta doña Paulita era una santa. + +Vivían humildemente, casi pobremente; pero con mucho arreglo. Varias +veces habían propuesto á Elías que se llevase á Clara á vivir con ellas, +por la razón de que sola en su casa, la muchacha se había de contaminar +necesariamente con las ideas del siglo. Coletilla no accedió al +principio por respeto; pero al fin acogió la idea, y ya hemos visto como +se preparó á realizarla. Además, doña María de la Paz Jesús, que era +mujer de gran iniciativa, había concebido el proyecto de un arreglo +doméstico muy conveniente para Elías y para ellas. Este proyecto +consistía en que Elías tomara el piso segundo de aquella casa, el cual +ellas tenían como depósito de los muebles de la grandiosa casa antigua, +de que no habían querido desprenderse. El mayordomo aplazó para más +adelante este arreglo. + +--Señoras, al fin traigo esa chica--dijo Coletilla, presentándose á las +de Porreño. + +--Bien, amigo--exclamó Salomé;--tráigala usted en seguida, esta +misma tarde. + +--Pero, señoras--continuó,--esa muchacha tiene muy mala cabeza. Es +preciso que ustedes empleen en ella una severidad muy grande. De otro +modo es imposible sacar partido. + +--¿Pero qué ha hecho?--exclamó doña Paulita, la santa. + +Elías contó la aparición del militar en su casa; contó los antecedentes +peligrosos de Clara, su deseo de parecer bien, la compra de las flores, +las composiciones del vestido, y las tres damas comenzaron á hacer +aspavientos. Salomé entonó un sermón, y doña Paulita se hizo cuatro +cruces desde la frente al estómago y desde un hombro á otro. + +--Descuide usted, amigo, que ya la enmendaremos dijo María de la +Paz Jesús. + +--Bien se comprende esa desenvoltura ... las muchachas del día--dijo +Salomé quitándose los espejuelos,--son todas así. Y ya ... como esa +Clarita no tiene mala cara ... si ... una carilla así ... desvergonzada +y graciosilla ... pues ... aquello no es hermosura. + +--Pero, don Elías, ¿es cierto eso de que ha hablado con +hombres?--exclamó Paz con una solemnidad arquiepiscopal, que era en ella +muy frecuente.--¿Pero qué basilisco es ese? ... Mas no importa. Ya la +enmendaremos nosotras. Ya la enseñaremos á portarse como una mujer de +bien.... ¡Ay! la honestidad está por los suelos. ¡Qué siglo! + +--¡Ahí!--exclamó doña Paulita, después de concluir en voz baja un Padre +nuestro;--estas ideas del día ... ¡Jesús, qué sociedad! Pero todo se +enmienda; y los más pecadores son los que más pronto salen de su error. +Tráigala usted, don Elías, que yo confío en que esa desdichada entrará +por el buen camino, y será una santa tal vez. ¿No lo fué María la +Egipciaca? + +Elías manifestó con repetidos movimientos de cabeza que estaba conforme +con estas apreciaciones. Salió de la casa, y una hora después volvió +acompañado de Clara. + +Para hacer comprender lo que Clara encontró de terrible en la +determinación del realista, conviene describir prolijamente la casa y +sus extraordinarios habitantes. + + + + + +CAPÍTULO XV + + + +#Las tres ruinas.# + + +Las tres señoras de Porreño y Venegas vivían en una humilde casa de la +calle de Belén: esta casa constaba de dos pisos altos, y aunque vieja no +tenía mal aspecto, gracias á una reciente revocación. No había en la +puerta escudo alguno, ni empresa heráldica, ni portero con galones en +el zaguán, ni en el patio cuadra de alazanes, ni cochera con carroza +nacarada, ni ostentosa litera. Pero si en el exterior ni en la entrada +no se encontraba cosa alguna que revelase el altísimo origen de sus +habitadores, en el interior, por el contrario, había mil objetos que +inspiraban á la vez curiosidad y respeto. + +Es el caso que en la ruina de la familia, en aquella profana liquidación +y en aquel bochornoso embargo que sucedió á la muerte del Marqués, pudo +salvarse una parte de los muebles de la antigua casa (que estaba en la +calle del Sacramento), y fueron transportados á la nueva y triste +habitación, acomodándolos allí como mejor fué posible. Estos muebles +ocupaban las dos terceras partes de la casa y casi todo el piso segundo, +que también era de ellas. Les fué imposible entregar á la deshonra de +una almoneda aquellos monumentos hereditarios, testigos de tantas +grandezas y desventuras tantas. + +En el pasillo ó antesala, que era bastante espacioso, habían puesto un +pesado armario de roble ennegrecido, con columnas salomónicas, gruesas +chapas de metal blanco en las cerraduras y bisagras, y en lo alto un +óvalo con el escudo de la casa de Porreño y Venegas, el cual escudo +consistía en seis bandas rojas en la parte superior, y en la inferior +tres veneros relucientes sobre plata y verde, además de una cabeza de +sarraceno, circuído todo con una cadena y un lema que decía: _En la +Puente de Lebrija peresci con Lope Díaz._ (No nos detendremos en la +explicación de este sapientísimo lema, que aludía sin duda á la muerte +del primer Porreño en alguna de las expediciones de Alfonso VIII en +Andalucía.) + +Las paredes de la misma antesala estaban todas cubiertas con los +retratos de quince generaciones de Porreños, que formaban la histórica +galería de familia. Por un lado se veía á un antiguo prócer del tiempo +del Rey nuestro señor don Felipe III, con la cara escuálida, largo y +atusado bigote, barba puntiaguda, gorguera de tres filas de canjilones, +vestido negro con sendos golpes de pasamanería, cruz de Calatrava, +espada de rica empuñadura, escarcela y cadena de la Orden teutónica; á +su lado una dama de talle estirado y rígido, traje acuchillado; gran +faldellín bordado de plata y oro, y también enorme gorguera, cuyos +blancos y simétricos pliegues rodeaban el rostro como una aureola de +encaje. Por otro lado, descollaban las pelucas blancas, las enfocas +bordadas y las camisas de chorrera; allí una dama con un perrito que +enderezaba airosamente el rabo; acullá una vieja con un peinado de dos +ó tres pisos, fortaleza de moños, plumas y arracadas; en fin, la galería +era un museo de trajes y tocados, desde los más sencillos y airosos +basta los más complicados y extravagantes. + +Algunos de estos venerandos cuadros estaban agujereados en la cara; +otros habían perdido el color, y todos estaban sucios, corroídos y +cubiertos con ese polvo clásico que tanto aman los anticuarios. En las +habitaciones donde dormían, comían y trabajaban las tres damas, apenas +era posible andar á causa de los muebles seculares con que estaban +ocupadas. En la alcoba había una cama de matrimonio, que no parecía sino +una catedral. Cuatro voluminosas columnas sostenían el techo, del cual +pendían cortinas de damasco, cuyos colores primitivos se habían resuelto +en un gris claro con abundantes rozaduras y algún disimulado y +vergonzante remiendo; en otro cuarto se veían dos papeleras de talla con +innumerables divisiones, adornadas de pequeñas figuras decorativas é +incrustaciones de marfil y carey. Sobre una de ellas había un San +Antonio muy viejo y carcomido, con un vestido flamante y una vara de +flores de reciente hechura. Frente á esto, y en unos que fueron vistosos +marcos de palo-santo, se veían ciertos dibujos chinescos, regalo que +hizo al sexto Porreño (1548) su primo el príncipe de Antillano, que fué +con los portugueses á la India. Al lado de esto se hallaban unos vasos +mejicanos con estrambóticas pinturas y enrevesados signos, que no +parecían sino cosa de herejía. Según tradición, conservada en la +familia, estos vasos, traídos del Perú por el séptimo Porreño, almirante +y consejero del rey (1603), fueron mirados al principio con gran recelo +por la devota esposa de aquel señor, que creyendo fuesen cosa diabólica +y hecha por las artes del demonio, como indicaban aquellos cabalísticos +y no comprendidos signos, resolvió echarlos al fuego; y si no lo hizo +fué porque se opuso el octavo Porreño (1832), el mismo que fué después +consejero de Indias y gran sumiller del señor rey don Felipe IV. Junto á +la cama campeaba un sillón de vaqueta chaveteado, testigo mudo del +pasado de tres siglos. Sobre aquel cuero perdurable se habían sentado +los gregüescos acairelados de un gentil hombre de la casa del Emperador; +recibió tal vez las gentiles posaderas de algún padre provincial, amigo +de la casa; quizás sostuvo los flacos muslos de algún familiar del Santo +Oficio en los buenos tiempos de Carlos II, y, por último había sido +honroso pedestal de aquellas humanidades que llevan un rabo en el +occipucio y aparecían constantemente aforradas en la chupa y ensartadas +en el espadín. + +No lejos de este monumento se encontraban dos ó tres arcones, de esos +que tienen cerraduras semejantes á las de las puertas de una fortaleza, +y eran verdaderas fortalezas, donde se depositaban los patacones, y +donde se sepultaba la vajilla, la plata de familia, las alhajas y joyas +de gran precio; pero ya no habla, en sus antros ningún tesoro, á no ser +dos ó tres docenas de pesos que dentro de un calcetín guardaba doña Paz +para los gastos de la casa. Encima de estos muebles se veían roperos sin +ropa, jaulas sin pájaros, y arrinconado en la pared, un biombo de cuatro +dobleces, mueble que, entre los demás, tenía no sé qué de alborozado y +juvenil. Eran sus dibujos del gusto francos que la dinastía había traído +á España; y en los cinco lienzos que lo formaban, había amanerados +grupos de pastoras discretas y pastores con peluca al estilo de Watteau, +género que hoy ha pasado á los abanicos. + +También existe (y si mal no recordamos estaba en la sala) un reloj de la +misma época con su correspondiente fauno dorado; pero este reloj, que en +los buenos tiempos de los Porreños había sido una maravilla de +precisión, estaba parado y marcaba las doce de la noche del 31 de +Diciembre de 1800, último año del siglo pasado, en que se paró para no +volver á andar más, lo cual no dejaba de ser significativo en semejante +casa. Desde dicha noche se detuvo, y no hubo medio de hacerle andar un +segundo más. El reloj, como sus amas, no quiso entrar en este siglo. + +Un lienzo místico de pura escuela toledana ocupaba el centro de la sala +al lado del décimo cuarto Porreño (padre feliz de doña Paz), pintado por +Vanlóo. Este gran cuadro representaba, si no nos engaña la memoria, el +triunfo del Rosario, y era un agregado de pequeñas composiciones +dispuestas en elipse, un cada una de las cuales estaba un retrato de un +fraile dominico, principiando por _Vicenzius_ y acabando por +_Hyacinthus_. En el centro estaba la Virgen con Santo Domingo, +arrodillado; y no tenía más defecto sino que en el sitio donde el pintor +había puesto la cabeza del santo, puso la humedad un agujero muy profano +y feo. Pero á pesar de esto, el lienzo era el _Sancta Sanctorum_ de la +casa, y representaba los sentimientos y creencias da todos los Porreños, +desde el que pereció en Andalucía con Lope Díaz, hasta las tres ruinosas +damas, que en la época de nuestra historia quedaban para muestra de lo +que son las glorias mundanas. + +En el cuarto de la devota ... (lo describimos de oídas, porque ningún +mortal masculino pudo jamás entrar en él) había una Santa Librada, +imagen de quien era especial devoto y fiel ahijado el tercer Porreño +(1465). Con los años se le había roto la cabeza; pero doña Paulita tuvo +buen cuidado de pegársela con un enorme pedazo de cera, si bien quedó la +santa tan cuellitorcida, que daba lástima. Junto á la cama (pudoroso y +casto mueble que nombramos con respeto) estaba el reclinatorio, al cual +no se acercaban ni sus tías. Sobre él se erguía un hermoso Cristo de +marfil, desfigurado por un faldellín de raso blanco, bordado de +lentejuelas, y una cinta anchísima y un amplio lazo que de los pies le +colgaba. El reclinatorio era una bella obra de talla del siglo XVI; pero +un carpintero del XIX le había añadido para componerlo varios listones +de pino, dignos de un barril de aceitunas. El cojín donde las rodillas +de la santa se clavaban por espacio de cuatro horas todas las noches era +tan viejo, que su origen se perdía en la obscuridad de los tiempos; su +color era indefinible: la lana se salía á prisa por sus grandes roturas. + +Todas estas reliquias, recuerdo de pasadas glorias, de instituciones, de +personas, de días pasados, tenían un aspecto respetable y solemne. Al +entrar en aquella casa y ver aquellos objetos deteriorados por el +tiempo, bellos aún en su miseria, el visitador se sentía sobrecogido de +estupor y veneración. Pero las reliquias, las ruinas que más impresión +producían, eran las tres damas nobles y deterioradas que allí vivían, y +que en el momento de nuestra historia, correspondiente á este capítulo, +estaban sentadas en la sala, puestas en fila. María de la Paz, la más +vieja, en el centro; las otras dos á los lados. Una de ellas tenía en la +mano un libro de horas, otra cosía, la tercera bordaba con hilo de plata +un pequeño roponcillo de seda, que sin duda se destinaba á abrigar las +carnes de algún santo de palo. Las tres, colocadas con simetría, +silenciosas y tranquilamente ensimismadas en su oración ó su trabajo, +ofrecían un cuadro sombrío, glacial, lúgubre. Describiremos los +principales rasgos de esta trinidad ilustre. + +María de la Paz (quitémosla el doña, porque supimos casualmente que le +agradaba verse despojada de aquel tratamiento), hermana menor del +Marqués de Porreño, era una mujer de esas que pueden hacer creer que +tienen cuarenta años, teniendo realmente más de cincuenta. Era alta, +gruesa y robusta, de cara redonda y pecho abultado, que se hacia más +ostensible por el singular empeño de ceñirse á la altura usada en tiempo +de María Luisa. Su rostro, perfectamente esferoidal, descansaba sin más +intermedio sobre el busto; y su pelo, negro aún por una condescendencia +de los años, y partido en dos zonas sobre la frente, le tapaba entrambas +orejas, recogiéndose atrás. Su nariz era pequeña y amoratada; su boca +más pequeña aún y tan redonda, que parecía un botón encarnado; los ojos +no muy grandes, la barba prominente, los dientes agudos, y uno de ellos +le asomaba siempre cuando más cerrados tenía los labios. De la +extremidad visible de sus orejas pendían dos enormes herretes de +filigrana, que parecían dos pesos destinados á mantener en equilibrio +aquella cabeza. En el siniestro lado tenía una grande y muy negra +verruga, que asemejaba un exvoto puesto en el altar de su cara por la +piedad de un católico. El cuerpo formaba gran armonía con el rostro; y +en sus manos pequeñas, coloradas y gordas, resplandecían muchos anillos, +en los que los brillantes habían sido hábilmente trocados por piedras +falsas. Echemos un velo sobre estas lástimas. + +Salomé era un tipo enteramente contrario. Así como la figura de Paz no +tenía nada de aristocrático, la de ésta era de esas que la rutina ó la +moda califican, cuando son bellas, de aristocráticas. Era alta y flaca, +flaca como un espectro. Su rostro amarillo había sido en tiempo de +Carlos IV un óvalo muy bello; después era una cosa oblonga que medía una +cuarta desde la raíz del pelo á la barba; su cutis, que había sido +finísimo jaspe, era ya papel de un título de ejecutoria, y los años +estaban trazados en él con arrugas tan rasgueadas que parecían la +complicada rúbrica de un escribano. No se sabe cuántos años habían +firmado sobre aquel rostro. Las cejas arqueadas y grandes eran +delicadísimas: en otro tiempo tuvieron suave ondulación; pero ya se +recogían, se dilataban y contraían como dos culebras. Debajo se abrían +sus grandes ojos, cuyos párpados ennegrecidos, cálidos, venenosos y casi +transparentes, se abatían como dos compuertas cuando Salomé quería +expresar su desdén, que era cosa muy común. La nariz era afilada y tan +flaca y huesosa, que los espejuelos, que solía usar, se le resbalaban +por falta de cosa blanda en que agarrarse, viéndose la señora en la +precisión de sujetárselos atrás con una cinta. Y, por último, para que +esta efigie fuera más singular, adornaban airosamente su labio superior +unos vellos negros que habían sido agraciado bozo y eran ya un bigotillo +barbiponiente, con el cual formaban simetría dos ó tres pelos +arraigados bajo la barba, apéndices de una longitud y lozanía que +envidiara cualquier moscovita. + +El despecho crónico había dado á este rostro un mohín repulsivo y una +siniestra contracción que se avenía muy bien con las formas de la +figura y su atavío. Desaparecían los cabellos bajo un tocado de +tristísimo aspecto, y el cuello, que fué comparado al del cisne por un +poeta quejumbrón del tiempo de Comella, era ya delgado, sinuoso y +escueto. Marcábanse en él los huesos, los tendones y las venas, +formando como un manojo de cuerdas; y cuando hablaba alterándose un +poco, aquellas mal cubiertas piezas anatómicas se movían y aguaban como +las varas de un telar. Debajo de toda esta máquina se extendía en +angosta superficie el seno de la dama, cuyas formas al exterior no +podría apreciar en la época de nuestra historia el más experimentado +geómetra, y más abajo la otra máquina de su talle y cuerpo, inaccesible +también á la inducción; máquina que á fuerza de ataques nerviosos había +llegado á la más completa morosidad. Cubríala un luengo traje negro. +Entre los pliegues de un vastísimo pañuelo del mismo color, se +destacaban dos manos blancas, finísimas, de un contorno y suavidad +admirables. Pero no eran las manos la única cosa bella que se advertía +en aquella ruina, no: tenía otra cosa mil veces más bella que las +manos, y eran los dientes, que, salvados del general desastre, se +conservaban hermosísimos, con perfecta regularidad, esmalte brillante é +intachable forma. Oh, los dientes de aquella señora eran divinos: sólo +ellos recordaban el antiguo esplendor; y cuando aquel vestigio se +sonreía (cosa muy rara); cuando dejaba ver, contrastando con lo +desapacible del rostro, las dos filas de dientes de incomparable +hermosura, parecía que la belleza, la felicidad y la juventud se +asomaban á su boca, ó que una luz aclaraba aquel rostro apagado. + +Doña Paulita (nunca pudo quitarse ni el _doña_ ni el diminutivo) no se +parecía en nada ni á su tía ni á su prima. Era una santa, una santita. +Sus ademanes estaban en armonía con su carácter, de tal modo, que verla +y sentir ganas de rezarle un Padrenuestro era una misma cosa. Miraba +constantemente al suelo, y su voz tenía un timbre nasal é impertinente +como el de un monaguillo constipado. Cuando hablaba, cosa frecuente, lo +hacía en ese tono que generalmente se llama de carretilla, como dicen +los chicos la lección; en el tono en que se recitan las letanías y los +gozos. Examinando atentamente su figura, se observaba que la expresión +mística que en toda ella resplandecía, era más bien debida á un hábito +de contracciones y movimientos, que á natural y congénita forma. No se +crea por eso que era hipócrita, no: era una verdadera santa, una santa +por convicción y por fervor. + +Tenía el rostro compungido y desapacible, pálido y ojeroso, áspera y +morena la tez, con el circuito de los ojos como si acabara de llorar; +las cejas muy negras y pobladas; la boca un poco grande y con cierta +gracia innata, casi desfigurada por el mohín compungido de sus labios, +hechos á la modulación silenciosa de palabras santas. + +El que fuera digno de gozar el singular privilegio de ser mirado por +ella, habría advertido en sus ojos la inalterable fijeza, la expresión +glacial, que son el primer distintivo de los ojos de un santo de palo. +Pero había momentos, y de esto sólo el autor de este libro puede ser +testigo; había momentos, decimos, en que las pupilas de la santa +irradiaban una luz y un calor extraordinarios. Y es que, sin duda, el +alma abrasada en amor divino se manifiesta siempre de un modo misterioso +y con síntomas que el observador superficial no puede apreciar. + +Su vestido era recatado y monjil, no siendo posible certificar que bajo +sus tocas hubiera algo parecido á una cabellera, aunque nos atrevemos á +asegurar que la tenía, y muy hermosa. Su estatura no pasaba de mediana, +y á pesar de la modestia, poca elegancia, y ninguna presunción con que +vestía, era indudable que un mundano topógrafo, llamado á medir las +formas de aquella santa, no se hubiera encontrado con tanta falta de +datos como en presencia de su ilustre prima la acartonada Marta Salomé. + +Conocida esta trinidad ilustre, conviene recordar algunos antecedentes +históricos. Allá por los años de 1790, los Porreños eran muy ricos, +tenían gran boato y gozaban de mucha preponderancia en la Corte. +Entonces Paz tenía diez y nueve años, y era tan fresca, robusta y +coloradota, que un poeta de aquel tiempo la comparó á Juno. Decían sus +primas por lo bajo que era muy orgullosa, y su padre el decimocuarto +de los Porreños, aseguraba que no había príncipe ni duque que fuera +digno de aquella flor. Estuvo arreglado su casamiento con un joven de +la ilustre casa de Gaytán de Ayala; pero aconteció que el tal no gustó +de Juno, y la boda fué un sueño. Es imposible pintar el dolor que tuvo +la infeliz cuando María Luisa, hallándose una noche en casa de la +duquesa de Chinchón, se permitió hacer, con su acostumbrada malicia, +algunas apreciaciones un poco picantes sobre la gordura y redondez de +nuestra diosa. + +Esto no fué, sin embargo, obstáculo para que, pasados cuatro meses, se +ajustaran las bodas de Paz con un caballero irlandés que estaba en la +embajada inglesa. Pero el diablo, que no duerme, hizo que ocurrieran á +última hora algunas dificultades: el decimocuarto Parreño era cristiano +muy viejo y muy temeroso de Dios; y cierto fraile de la Merced, que +frecuentaba la casa y tomaba allí el chocolate todas las noches, dió en +probar, con la autoridad de San Anselmo y Orígenes, que aquel +caballerito irlandés era hereje y poco menos que judío. Alarmóse la +susceptible conciencia del Marqués, y después de echarle un sermón +consolatorio á Paz, ésta se quedó sin marido, con la triste +circunstancia de que se ponía cada vez más gorda, y ni bajándose el +talle podía disimular aquel mal. Por último, en Diciembre de 1795, Paz +se casó con un pariente viejo y fastidioso, que cometió el singular +despropósito de morirse á los siete días de casado, dejando á su mujer +más gruesa, pero no en cinta. Por la rama femenina los Porreños se +quedaron sin sucesión, lo cual hacía que el viejo Marqués, en sus +accesos de melancolía, se pusiera á llorar como un niño, presagiando el +triste fin y acabamiento de su gloriosa casa. + +Entonces murió el viejo: heredóle su hijo don Baltasar, padre de Salomé; +y con ésta, cuya belleza era notable, había formado el padre proyectos +matrimoniales que remediaran la ruina que ya le amenazaba. El pleito +comenzaba á aparecer formidable, siniestro, terrible, como un monstruo +de múltiples miembros; habíase apoderado de la casa, la estrechaba, la +devoraba, la consumía. Un pleito es un incendio; pero más terrible, +porque es más lento. La casa ilustre comenzaba á desmoronarse: era +inútil que le quisieran poner un puntal aquí, otro allá; la casa se +venía al suelo, porque el monstruo terrible no cesaba en su actividad +destructora. Lo único que logró don Baltasar fué disimular su ruina. +Nadie creía que aquella casa poderosa estaba devorada por los +acreedores. Sólo Elías Orejón, que gozaba sin sueldo de las +preeminencias de intendente, lo sabía. Don Baltasar fundaba su esperanza +en Salomé, cuyo peinado de canastillo había seguramente gustado mucho al +joven Duque de X..., que buscaba esposa en la tertulia de la citada +Duquesa de Chinchón. + +Salomé era entonces una Sílfide. Ninguna le igualaba en esbeltez y +delicadeza: vestía con suma gracia y sencillez, y bailaba el minueto da +una manera tan sutil y ligera, que aparecía del modo menos terrestre +que es posible en la figura humana. + +El Duque se enamoró de ella como un loco: hizo que uno de los más +enfadosos poetas de aquel tiempo escribieran unas estrofas amatorias, +que el joven apasionado deslizó suavemente en la mano de Salomé á la +salida de un baile. Sentimos no tener á mano estas estrofas, porque son +un documento notable y digno de ser conocido. En prosa neta contestó la +joven; pero no fué menos expresivo su estilo. Hicieron amistades; de las +amistades pasaron al galanteo, y del galanteo al proyecto de boda. Don +Baltasar creyó en el afianzamiento de su casa; pero se llevó un terrible +chasco. De repente los Duques de X ... se opusieron al casamiento de su +hijo; Salomé estuvo siete días en cama con dolor de muelas; su padre oyó +con sumisión la homilía que el fraile le espetó por vía de consuelo, y +Elías Orejón le leyó en seguida unas terribles cuentas, que le hicieron +el efecto de un tósigo. + +La joven empezó entonces á enflaquecer. Por un amigo de la casa hemos +sabido que antes que el peinado de canastillo impresionara tan +enérgicamente al joven Duque, había indicios para creer que á Salomé no +le era del todo indiferente un teniente de húsares del Rey, que medía la +calle del Sacramento lo menos cien veces al día. Es también seguro que +Salomé pasaba muchas noches llorando, y que en aquel asunto +intervinieron el fraile y el Marqués. El teniente fué mandado al Perú, y +no se supo nada más de él. + +Es imposible expresar lo que sufrió la pobre alma de la joven Porreño +con el terrible golpe del rompimiento de la boda. Ella esperaba no sé +qué de aquel enlace. ¡Misterios femeninos! Lloró por el teniente y rabió +por el Duquesito. Desde aquellos días principió á advertirse en ella la +modificación que la llevó al estado en que la conocemos. La displicencia +atrabiliaria, el desdén amargo, la impasibilidad indiferente aparecieron +entonces, y se apoderaron por último, de su espíritu por completo. Llegó +con los años á ser la persona más desapacible y de trato más fastidioso +que pudiera concebirse, ella que había tenido un carácter tan flexible, +un trato tan amable, una manera de insinuarse tan suave y halagüeña. + +No así doña Paulita, que siempre había encontrado consuelos en la +religión. Desde niña había sido reputada como un ángel; no hacía más que +rezar y cantar á estilo de coro, remedando lo que oía en las Carboneras. +Los domingos decía misa en un pequeño altar, que ella misma había +formado, y también predicaba desde lo alto de una mesa con gran regodeo +de toda la servidumbre, que acudía para oírla desde los cuatro polos de +la casa. Ya más grandecita, manifestaba un vehemente horror á los saraos +y á los teatros; lo único que pudo agradarla un poco fué una función de +toros, á que la llevó su padre, gran aficionado. Solamente iba doña +Paulita al teatro cuando se representaba algún auto en la Cruz por +fiestas de Corpus, pero siempre iba con permiso de su confesor. + +Entrada en los diez y ocho años, oyó con horror las proposiciones del +decimoquinto Porreño, su tío, para que se casara. + +--Yo--dijo,--ó seré hija de Jesucristo, ó viviré en mi casa, ausente del +mundo, buscando en ella un baluarte contra el demonio. + +--Bien, hija mía: si es éste tu gusto--dijo el tío,--sea. Creció con los +años su devoción, pero no hipócrita, sino devoción verdadera, legítimo +fervor cristiano. Tenía grandes visiones, y en llegando la Cuaresma se +disciplinaba, y decían los criados que en las altas horas de la noche +sentían los azotes que se daba. En la época de la decadencia, cuando +vivían en la calle de Belén, visitaba todos los días á las vecinas +monjas de Góngora, conversando con ellas largas horas. Con ellas +consultaba sus visiones y contravisiones, relatando sus deliquios y +arrebatos de amor divino. Otros días llegaba muy apurada para contarles +cómo había sentido unas terribles tentaciones, y que bebiendo vinagre se +le habían quitado. + +Así pasaba los días en sabroso comercio con lo desconocido, lo mismo en +la época de su apogeo que en la de su decadencia. + +Estos tres ángeles caídos llevaban una vida monótona y triste. Su casa +era la casa del fastidio. Parecía que las tres se fastidiaban de las +tres, y cada una de las demás. + +Nos hemos olvidado de otro importante inquilino. Era un delicado +ejemplar de la raza canina, un perrito que representaba en la casa el +elemento irracional. Mas en este ser no se veían nunca la inquietud y +alborozo propios de su edad y de su raza; antes, por el contrario, era +tan melancólico como sus amas. En los tiempos do prosperidad había en +la casa muchos perros: dos falderos, un pachón y seis ó siete lebreles, +que acompañaban al decimocuarto Porreño cuando iba á cazar á su dehesa +de Sanchidrián.... Con la ruina de la casa desaparecieron los canes: +unos por muerte, otros porque el destino, implacable con la familia, +alejó de ella á sus más leales amigos. Mas en su decadencia, las tres +damas no podían pasarse sin perro: y es fama que un día, viniendo doña +Paz de visitar á sus amigas las Carboneras, al pasar por la Puerta del +Sol, vió á un hombre que vendía unos falderillos de pocos días. +Acercóse con emoción y cierta vergüenza, pagó uno con ocho cuartos y se +lo llevó bajo el manto. + +Instalado el perro en la casa, Salomé le puso nombre, y recordando las +lucubraciones mitológicas y pastoriles de los poetas que en el tiempo +de la Chinchón la obsequiaban con sus versos, le puso el nombre clásico +de Batilo. + +Este desventurado ser se hallaba en el momento de nuestra descripción +echado á los pies de María de la Paz, semejando en su actitud á los +perros ó cachorrillos que duermen el sueño del mármol inerte á los pies +de la estatua yacente de un sepulcro. + +Las de Porreño se levantaban á las siete de la mañana, tomaban un +chocolate del más barato, y se iban á las Góngoras. Oían tres misas y +parte de una cuarta. Si era domingo confesaban, y después volvían á +casa, quedándose generalmente doña Paulita en el locutorio á hablar de +las llagas de San Francisco. A la una comían (no tenían criada) una olla +decente _con menos de vaca que de carnero_, y algunos platos +condimentados por el instinto (no educación) culinario de María de la +Paz, que consideraba como la última de las humillaciones la de entrar en +la cocina. Después hacían labor. Una vez al año visitaban á cierta +condesa vieja que las conservaba alguna amistad á pesar de la desgracia. +Llegada la noche, rezaban _á trío_ por espacio de dos horas, y después +se acostaban. Al sumergirse en aquellas camas arquitectónicas, +verdaderos monumentos de otros tiempos, los tres vestigios de la familia +insigne de Porreño, vivos exóticamente en nuestros días, parecía que se +hastiaban del mundo de hoy y se volvían á su siglo. + +Concluyamos: la más inalterable armonía reinaba aparentemente entre +ellas. Parecían no tener más que un pensamiento y una voluntad. La +unción de Paulita se comunicaba á las otras dos, y la misantropía amarga +de Salomé se repetía igualmente en las demás. La alegría, el dolor, las +alteraciones de la pasión y del sentimiento no se conocían en aquella +región del fastidio. La unidad de aquella trinidad era un misterio. En +los momentos normales de la vida las tres no eran más que una: lo +antiguo manifestado en un triángulo equilátero; el hastío representado +en tres modos distintos, pero uno en esencia. + + + + + +CAPÍTULO XVI + + + +#El siglo décimoctavo.# + + +Estas eran las veneradas matronas con quienes iba á vivir nuestra pobre +amiga Clara; y en la posición en que las hemos descrito se hallaban +cuando Elías, trayendo de la mano á su ahijada, entró en la sala, y se +paró ante las tres damas, haciendo una profunda reverencia. Las tres +dirigieron á un tiempo los más impertinentes rayos de sus miradas sobre +el semblante de la infeliz muchacha, que estaba con los ojos bajos, el +alma oprimida y sin poder pronunciar una palabra. + +--¿Es ésta la niña que usted nos ha encargado, señor don Elías?--dijo +María de la Paz Jesús. + +--Sí señora, ya que son usías tan buenas que quieren admitirla aquí. Yo +espero que ella será agradecida á tanto honor, y sabrá corresponder á él +con su buena conducta. + +--Pero, es preciso corregirse, niña--dijo Paz;--y si es verdad lo que el +señor Elías nos ha dicho de usted ... y verdad debe ser cuando él lo +dice.... Siéntese usted. + +Los dos visitantes se sentaron en dos taburetes, magníficas joyas del +siglo decimoséptimo. + +--Si es verdad--dijo Salomé con desdén y cierta fatuidad:--es preciso +que usted se corrija. Esta casa, niña, impone al que la habita, deberes +muy sagrados. Nosotras no consentimos el menor escándalo, y cuando +protegemos (recalcó la palabra _protegemos_) á una persona, principiamos +por enseñarle lo que debe á sus protectores. + +--Estas ideas del día--añadió Paz,--lo invaden todo, niña. No extraño +que le haya alcanzado á usted su influencia pestilencial. Ya no hay +religión: los hombres corren desenfrenados á su ruina; y si Dios no se +apiada, se acabará el mundo. Pero en alguna parte se conservan los +sentimientos de honradez y pudor. Haga usted cuenta, niña, que ha dejado +un mundo de cieno para entrar en otro más perfecto. Dios ha iluminado á +su buen protector para que la ponga entre nosotras, que la libraremos de +la influencia infernal de las ideas del día. + +Y siguió disertando sobre las ideas del día con argumentos tan fuertes +y tal vehemencia de estilo, que Clara sintió picada su curiosidad; alzó +los ojos y se puso á mirar con asombro la efigie porreñana, de cuya boca +salía elocuencia tan terrible. + +--¡Usías son tan buenas!... son las únicas personas que pueden ofrecer +algún consuelo entre las borrascas del día--dijo Coletilla con voz menos +áspera que de ordinario, pues sólo era afable tratándose de las +Porreñas.--Usías le harán comprender lo que han sido y lo que son +todavía, porque aunque esto se ha desquiciado, aún quedan personas de +aquel tiempo tan grandes y nobles como entonces. Clara, haz cuenta que +habitas con las más dignas y elevadas señoras de la grandeza española, +que, al par de la virtud, atesoran todas aquellas prendas del alma que +distinguen á ciertas personas del bajo vulgo á que nosotros +pertenecemos. + +María de la Paz Jesús se irguió con toda la gallardía de que era capaz; +respiró y miró á un lado y otro con majestad perfectamente regia. Salomé +miró con angustiosa calma las colgaduras remendadas y raídas, los +muebles desvencijados y rotos. Doña Paulita dió un suspiro místico, y +continuó en silencio. + +Coletilla, cuando emitió tan gran pensamiento, se levantó y se fué, +después de saludar á las damas y hablar algo en voz baja con la más +vieja de las tres. Clara le miró partir, y aquel hombre, que le había +inspirado tanto miedo, que había sido siempre un tirano para ella, le +pareció un ángel tutelar que la abandonaba en tales momentos. Sintió +impulsos de correr á abrazarle para salir con él; le miró en silencio, y +cuando se hubo marchado observó á las tres viejas con terror, y dos +lágrimas de desconsuelo y angustia corrieron por sus mejillas. + +--No llores, niña--dijo Salomé:--esos sentimientos que manifiestas por +tu bienhechor son saludables; pero ¿de qué valen esas lágrimas tardías, +después de haber abusado de su bondad, poniendo en peligro la dignidad +de su casa? + +--¡Yo, señora!--exclamó Clara con asombro. + +--Sí, usted--afirmó doña Paz;--pero la juventud está desmoralizada: no +me admira. Esperamos, sin embargo, que usted se corrija. Ya se ve ... +con estas ideas del día, ¡qué había usted de hacer! + +--Es preciso perdonar--dijo doña Paulita con una voz agridulce y +atiplada, que parecía salir de lo profundo de un cepillo de iglesia. + +--Sí, perdonar; pero corregirse también--indicó Salomé con el aplomo de +un legislador.--Si no, á dónde iríamos á parar; porque el perdón sin +corrección produce peores efectos que el no perdonar. + +--Ese es un punto--contestó la devota--difícil de resolver, y que ha de +llevarnos á sostener una herejía. El perdón es bueno _en si_ y _por sí_, +como me lo probó el Padre Antonio el otro día. + +--Pero, hermana, ¿de qué sirve perdonar si el malo no se corrige y sigue +siendo malo?--dijo Salomé interesándose en aquella controversia, que +alteró la soporífera armonía de la trinidad por algunos minutos. + +--El perdón basta por sí para producir la gracia eficaz en el +perdonado--contestó la devota;--y si es así, que el perdonado se corrige +con la gracia tan sólo, luego la corrección del perdonador es ineficaz +para el perdonado. + +Olvidábamos decir que doña Paulita sabía un poco de latín, y que en la +época de la decadencia se había dedicado á leer el _Florilegio sagrado_ +y el _Thesaurum breve Patrum ac sententiarum_. Aquel argumento lo había +leído la noche antes, y por eso lo tenía tan á la mano. + +La controversia concluyó, y María de la Paz, más dada al sermón que á la +doctrina teológica, prosiguió arengando á Clara, que, sentada como un +reo en el banquillo, estaba aterrada en presencia de tan severos jueces. + +--La opinión de la mujer--decía la matrona,--es cristal finísimo que se +empaña al menor soplo. Aquélla que no se guarda á sí misma, no es +guardada; y mujeres hemos visto muy honestas que por no cuidar de su +nombre le han visto manchado sin motivo. La opinión es lo primero: +cuidad de vuestra fama, porque cuando se habla de una mujer, nada le +queda ya, y su misma inocencia no la consuela. + +Estas doctrinas sobre la opinión eran de la cosecha del fraile de la +Merced, que _in illo tempore_ frecuentaba la casa. A Paz se le quedaron +presentes sus argumentaciones, y en lo sucesivo no perdonaba ocasión de +sacarlas á cuento, creyendo que hablaba por su boca la misma sabiduría. +La devota manifestó con un _sin embargo_ que no estaba conforme con +aquella doctrina; pero el sermón, turbado por este pequeño incidente, +continuó después por mucho rato. + +--Y si no, dígame usted, niña--dijo Paz:--¿qué objeto tiene la mujer al +dar oídos á las palabras de los hombres, que son los que el demonio +elige para que propaguen estas ideas del día? ¿Usted á qué aspira en la +tierra? Por su nacimiento, por su educación, no puede aspirar á ocupar +un puesto en el mundo que la haga capaz de hacer bien á los inferiores. +O si no, vamos á ver: trataré de averiguar cuáles son sus pensamientos +sobre ciertas cosas, niña. ¿Qué espera usted, á qué aspira usted y de +qué modo piensa conducirse en el mundo? + +Clara no sabía qué contestar á esta pregunta. + +--Vamos, conteste usted--dijo Salomé con un tonillo que indicaba grandes +deseos de oír un disparate. + +--Diga, hermana--exclamó con la nariz la devota. + +--Yo ...--contestó Clara después de una pausa larga en que trató +de dominar su turbación ...--Yo ... les diré á ustedes ... soy ... +una mujer. + +Paz hizo con la cabeza un signo de asentimiento, y miró á sus +sobrinas de un modo que indicaba el profundo acierto que había en la +respuesta de Clara. + +--Vamos, niña, ¿qué piensa usted hacer en el mundo? ¿Cómo cuenta usted +vivir en lo sucesivo? ¿De qué modo? A ver--repitió Salomé con vehementes +ganas de que Clara no acertara con la respuesta. + +--Yo ...--contestó Clara,--lo que deseo es vivir ... pues. + +Paz inclinó de nuevo la majestuosa cabeza en señal de aprobación. + +--¿Y nada más? + +--Ser buena y.... + +--¿Y qué?--insistió Salomé, amostazada por el juicio y discreción que +había mostrado la examinada en las cuestiones anteriores--¿Y qué más? +¿No se le ha ocurrido á usted alguna cosa para lo porvenir? ¿No ha +esperado usted verse en otra posición, en otro estado del que hoy tiene? + +Clara continuaba no comprendiendo. + +--Pues queremos decir--añadió Paz,--que si á usted no le ha ocurrido ser +feliz de algún modo; figurarse que podía ser útil al mismo tiempo ... +pues ... porque las jóvenes del día tienen ciertos pensamientos sobre la +vida y la sociedad que conviene examinar en usted. + +--¿De qué manera--dijo Salomé--cree usted que debe vivir una mujer en +el mundo? ¿Cómo espera usted vivir en la sociedad para servirla y +serle útil? + +--¡Ah! sí--dijo Clara bruscamente, como si un rayo de luz repentina +hubiera iluminado su entendimiento, sugiriéndole una idea que agradara á +aquellas señoras. + +--¿A ver cómo? + +--Veamos. + +Clara tenía un sentido natural muy grande. Evocólo todo, y pensó en lo +que á ella le parecía ser los destinos de la mujer. Comprendió que si no +hubiera matrimonio se acabaría el mundo, y recordó haber pensado varias +veces que una mujer casándose sería lo que deben ser las mujeres. Con +esta dosis de lógica se aventuró á dar una respuesta á sus jueces, +segura de que las tres habían de quedar muy satisfechas y complacidas. + +--A ver, niña, diga usted de una vez. + +--¿Qué debe hacer la mujer en la sociedad para servirla y serle útil? + +--Casarse--dijo Clara con la mayor sencillez; y en el momento que +pronunció esta palabra, se aterró de lo que había dicho y se puso +como la grana. + +El lector habrá visto, si ha asistido á algún sermón gerundiano, que á +veces el predicador, no sabiendo qué medios emplear para conmover al +femenino auditorio, alza los brazos, pone en blanco los ojos, y con +tremenda voz nombra al demonio, diciendo que á todas se las va á llevar +en las alforjas al Infierno; habrá visto cómo cunde el pánico entre las +devotas: una llora, otra grita, ésta, se desmaya, aquélla principia á +hacerse cruces, y la iglesia toda resuena con las voces alarmantes, el +pataleo de los histéricos, el rumor de los suspiros y el retintín de las +cuentas del rosario. ¿El lector ha visto esto? Pues el efecto producido +en las tres damas por la respuesta de Clara fué enteramente igual al que +producen los apostrofes de un predicador endemoniado en el tímido y +dueñuesco auditorio de un novenario. + +--¡Qué horror!--exclamó Paz juntando las manos. + +--¡Jesús! ¡Jesús!--dijo Salomé tapándose los oídos. + +--_Et ne nos inducas_--profirió la devota alzando los ojos al cielo. + +Hubo un momento de confusión. Las tres se miraron con asombro. Doña +Paulita se replegó, doña Paz tambaleó en su asiento, y aun es fama que +el amarillo rostro de Salomé se tiñó de una leve púrpura, para lo cual +fué preciso sin duda que toda la sangre de su cuerpo se repartiera entre +sus dos mejillas. Hasta se asegura que Batilo, el más taciturno de los +perros conocidos, participó de la opinión general: se alzó sobre sus +patas, alargó el hocico y ladró. + +Pasados los primeros momentos de confusión, Paz recobró aliento, y dijo +con voz entrecortada por la cólera: + +--Niña, esas ideas no me llaman la atención. Ya la conocíamos á usted de +oídas. Ahora me explico su conducta.... Ya se ve ... ¡Oh! es preciso una +educación fuerte. + +--Pero, señoras ... yo ... ¿qué he dicho? ... yo--balbució Clara muy +turbada.--Una mujer ... si se casa.... ¿Pero casarse es ofender á Dios? + +--No, señora, no--contestó la matrona:--el matrimonio es cosa muy +principal; sin matrimonio no habría mundo. Pero lo que extrañamos es ver +á una mozuela de diez y siete años pensando sólo en casarse. + +Pero si yo no he pensado.... + +--No me interrumpa usted, niña ... ¡pensando en casarse!... ¿Qué locuras +no hará quien á esa edad no piensa mas que en el matrimonio? Así se +comprende que sea usted tan amiga de los hombres ... que los busque. + +--Señora, yo no he buscado á ningún hombre--dijo la muchacha con +angustia. + +--Todo lo sabemos; peso se equivoca usted si piensa que aquí vamos á +tolerar sus trapicheos. + +El corazón de Clara se llenó de amargura al oír aquellas palabras; no se +pudo contener, y rompió á llorar. + +Las tres manifestaban horrible crueldad en martirizarla. No podemos +explicarnos esto. ¿Era tal vez efecto de la reconcentración y sequedad +de espíritu producidas por la falta de trato con las gentes, por falta +de amor y de los goces de la vida? Sin duda las tres momias no podían +sufrir en calma que hubiera en alguna persona aspiraciones á la +felicidad. + +Doña Paulita, que ya tenía la palabra en la nariz para reprender á +Clara, se conmovió al verla ulcerar, y la tranquilizó diciéndole: + +--La Magdalena pecó y fué perdonada. Lo que ahora le falta á usted es un +sincero arrepentimiento. + +--¿Pero de qué me he de arrepentir?--dijo Clara sollozando. + +--¡Jesús! ¡qué tono tan del día y tan ... liberal!--exclamó Salomé, +creyendo decir una gracia. + +--El orgullo que usted ha manifestado en esa pregunta no tiene +disculpa--dijo Paz con desdén. + +--Cuando dicen las personas mayores que usted ha faltado...--añadió la +otra,--ellas sabrán por qué lo dicen, y usted no tiene que hacer más que +conformarse y callar. + +--Pero ¡ay! yo no sé en qué he podido faltar. + +--Cuando á usted se lo dicen, sus razones habrá para ello. + +--Pero si tengo la conciencia tranquila. + +--Más tranquila queda no replicando cuando los superiores dicen una +cosa. + +--La autoridad, niña--exclamó Paz,--la autoridad es necesaria... Ya nos +ha mostrado usted suficientemente la influencia fatal que en usted han +producido las ideas del día. El orgullo satánico, al rebelarse contra +los superiores; el contradecir... Esto es insoportable. De este modo +camina la sociedad á su ruina. Pero nosotras le traeremos á usted al +buen camino. + +--Por de pronto--dijo Salomé,--cuidado cómo se asoma usted á la ventana. + +--Queda terminantemente prohibido que se acerque usted á un balcón ó +ventana; que abra usted la puerta de la escalera. + +--Y que hable usted cuando no le pregunten. + +--Se ha de levantar usted á las cuatro de la mañana, que la pereza es +madre de todos los vicios. + +--Yo me levanto á la misma hora, hermana--dijo la devota,--Yo le +proporcionaré á usted ocasiones á esa hora de entretener el +entendimiento en cosas santas. + +--A ver sí de aquí en adelante tiene cuidado de no decir esos terribles +despropósitos que ahora ha dicho. + +--No volverá--dijo en un arrebato de amor al prójimo doña Paulita--Yo sé +que no volverá: yo confío en que será buena y obediente. Otros peores se +hicieron santos. + +--Cuidado cómo habla con nadie que venga á esta casa. Trabajará usted +en cuanto se le mande--continuó Paz, añadiendo un artículo á aquel +código fatal. + +--Pero no por, exceso--indicó oficiosamente doña Paulita, que el trabajo +es bueno para ahuyentar las ocasiones de pecar; pero con exceso es malo. + +--No será con exceso. Además es preciso que procure desechar de su +mente todas las cosas que ha pensado hasta aquí. ¡Cuidado con las ideas +del día que trae usted á este santuario de los buenos principios! No se +acuerde usted de lo pasado; y ahora que está usted encomendada á +nuestra tutela _para toda la vida_, no debe pensar sino en portarse +bien. Nosotras, ya que usted ha tenido la desgracia de perder á sus +padres, procuraremos dirigirla y enmendarla, siendo la autoridad que +tanto necesita. + +La huérfana bajo los ojos y cayó en profundo abatimiento. ¡Para toda la +vida! Hubiera querido morirse en aquel instante. No miró á las tres +arpías, ni les contestó. Su terror era tan grande que se lo secaron las +lágrimas, y quedó en este estado de perplejidad dolorosa que sigue á las +grandes crisis del alma. + +Dejémosla en su encierro para acudir á Lázaro, que gime en una prisión +de otra clase. + + + + + +CAPÍTULO XVII + + + +#El sueño del liberal#. + + +Cuando Lázaro vió cerrarse la puerta de su prisión y sintió perderse en +la galería los pasos de su carcelero, miró en torno suyo, y se halló +rodeado de la más profunda obscuridad. Luz entraba por una reja que en +lo alto de la pared había; pero él, viniendo de la calle, estaba +deslumbrado y no veía más que tinieblas. Por un momento le fué difícil +darse cuenta de su situación. Aquello le parecía un sueño. ¿Su viaje á +Madrid había sido cosa real ó visión percibida en aquel calabozo? + +Los pensamientos que en desorden y confusamente se agolparon en la mente +del joven, no son para referidos. El primer sentimiento que en él se +manifestó, fué una gran compasión de si mismo, que emanaba de la +ridiculez con que los hechos anteriores le presentaban á sus propios +ojos. El había creído que cada paso dado en la Corte sería un paso dado +hacia su futuro engrandecimiento é inmortalidad. El club patriótico más +célebre de España le había abierto sus puertas, ofreciéndole una +tribuna, un pedestal: la fortuna parecía haberle allanado todos los +caminos, y después... Pero no podía acusar á la fortuna. Esta le había +dado ocasión, sitio, auditorio; había puesto á su servicio un trastorno +popular; había dispuesto tolo para él un inmenso grupo de oyentes +trastornado y dispuestos á hacer la apoteosis del primer advenedizo. La +fortuna había organizado para él una manifestación popular, pronta á +improvisar un héroe en cada calle. La fortuna no debía ser acusada: él +tenía la culpa, él, que había nacido para una vida obscura tal vez para +ser un buen artesano, un buen labrador, y nada más. Y aquel saber +presuntuoso, aquellos conatos de pueril elocuencia, aquella vanidad +prematura de grande hombre, eran quizás tan sólo fenómenos nacidos de +esa serie de fantasmagorías que acompaña siempre á la juventud hasta +dejarla á las puertas de la virilidad. + +Después de pensar estas cosas, se fijó en su conversación. Estaba preso. +Le formarían causa por alterador del orden público. ¿Qué sería de él? +Además había cometido una gran falta en no visitar inmediatamente á su +tío. ¿Qué pensaría Clara? + +Al verse sumergido en una especie de sepulcro, su imaginación principió +á divagar. Estaba débil y muy fatigado. En cuarenta y ocho horas había +dormido apenas cinco; además la falta de alimento le extenuaba. Cediendo +al cansancio empezó á dormitar; mas no durmió con ese sueño que da +reposo al cuerpo y al espíritu, porque su excitación le impedía un +descanso profundo. Dormía con el letargo doloroso ó indeciso que +representa todas las visiones de la vigilia anterior de un modo +incoherente y monstruoso. + +En su sueño creía escuchar lamentos que resonaban en las bóvedas de la +Cárcel. La antigua Cárcel de Villa era un mal buhardillón, dividido en +celdas, donde los presos no tenían comodidad ni estaban seguros. La +prisión no tenía aquel horror majestuoso con que los poetas nos han +pintado todos los calabozos. Pero á Lázaro antojábasele un sombrío +edificio, gigantesco sepulcro de vivos, de altísimas y negras paredes, +de gruesos é inaccesibles torreones, con un gran foso lleno de aguas +cenagosas y verdes, con largas filas de mazmorras, de las cuales la más +lóbrega y subterránea era la suya. Se le figuraba estar á muchos pies +bajo tierra; creía que aquella reja daba á algún conducto misterioso, y +que detrás de los muros habría una presa de agua. En su sueño creyó +sentir el ruido de un torrente: el agua entraba con lentitud; enormes +ratas corrían buscando entre los pies del preso refugio contra el +naufragio. Todo se le representaba según las siniestras relaciones de +las cárceles de la Inquisición que había leído en sus libros. + +Después le parecía que los muros se apartaban: se encontraban en el +interior de una gran sala, cuyas paredes estaban tendidas de negro; en +el fondo había una mesa con un crucifijo y dos velas amarillas, y +sentados alrededor de esta mesa cinco hombres de espantosa mirada, cinco +inquisidores vestidos con la siniestra librea del Santo Oficio. Aquellos +hombres le hacían preguntas á que no podía contestar. Después se +acercaban á él cuatro sayones, le desnudaban, le ataban á la rueda de +una máquina horrible, la movían, rechinaban los ejes, crujían sus +huesos. El lanzaba gritos de dolor, es decir, ponía en ejercicio sus +órganos vocales: pero el sonido no se oía. + +Después la decoración y las figuras cambiaban; se le representaban dos +filas de hombres cubiertos con capuchón negro y agujereado en la cara +en el lugar de los ojos. Por el fondo venían los mismos que le +interrogaron, y uno de ellos traía enarbolado el mismo Santo Cristo +que presidió al tormento. Cantaban con voz lúgubre una salmodia que +parecía salir de lo más profundo de la tierra, y avanzaban todos, él +también, en pausada procesión. Gentío inmenso le contemplaba impasible +y frió: un fraile, también impasible, iba á su lado, pronunciando á su +oído palabras santas que él no pudo comprender. Le hablaba de la otra +vida y del alma. + +Después le pareció que la comitiva se detenía. Frente á frente vió una +claridad extraña, como toda claridad que brilla durante el día. Aquella +claridad se convirtió en llama, que brotaba de un montón de leña. La +llama crecía, crecía hasta llegar á una altura enorme; crujían los +leños, saltaban chispas; una columna de humo negro subía hasta tocar el +cielo. Después algunos hombres feroces, vestidos también con diabólico +uniforme, le ataban fuertemente de pies y manos, le acercaban á la +hoguera, le echaban en ella. En un momento de súbito é indescriptible +horror sintió arder rechinando sus cabellos, consumidos en un segundo; +sus ropas en otro segundo. Rechinó tenuemente el vello de toda su piel: +hirvió su carne con el chirrido intenso y discorde de todo cuerpo húmedo +que cae en el fuego. Respira fuego, bebió fuego, se convirtió en fuego +sensible y animado con los dolores de su propia combustión. Quiso +gritar: la llama no conduce el sonido. Quiso huir: no tenía movimiento, +no tenía cuerpo, no era más que una mecha. Quiso orar: no tenía +pensamiento; no era ya más que una pavesa, una masa de ceniza. El viento +le desmoronaba: se sentía difundirse en el espacio ardiente, se quemaba +ya quemado. No era más que humo: se consideraba subiendo en espiral +renegrida, y siempre quemándose, siempre quemándose y consumiéndose; +difundido ya, aniquilado, evaporado, acabado... hasta que al fin +despertó, cubierto todo con el sudor de la agonía. + +Despertó, porque un ruido de voces resonaba á su lado. La puerta de la +prisión se había abierto. Era la caída de la tarde. Un carcelero, que +traía una linterna, alumbraba y guiaba á otro hombre que venía á visitar +al preso. Este hombre era Coletilla. + + + + + +CAPÍTULO XVIII + + + +#Diálogo entre ayer y hoy#. + + +Elías se paró delante de su sobrino. Este balbució algunas palabras, le +saludo de un modo incoherente, y le dijo al fin, después de comenzar +muchas frases, que estaba seguro de tener delante á su buen tío; pero al +ver que éste no le daba contestación ni desarrugaba el ceño, se calló, +quedándose cabizbajo y lleno de vergüenza. + +Por último, el realista habló. + +--No debiera venir á verte, ni acordarme de ti. Mereces lo que te pasa. +No tengo lástima de tu miseria, y vengo á conocerte, nada más que á +conocerte. + +--Señor, yo... + +Lázaro no encontraba, la fórmula de una explicación. Coletilla sabía por +el abate don Gil lo que había sucedido á su sobrino. + +--Sé por qué te han puesto aquí. Un amigo que siguió tus pasos esta +mañana me lo ha contado todo. Has levantado la voz en medio de una turba +de charlatanes, y te han cogido preso. La justicia te ha puesto donde +debieran estar todos los charlatanes. + +Lázaro estaba cada vez más confuso. Aquellas palabras, dichas cuando, +más que reprensiones, necesitaba consuelo, concluyeron de abatirle. +Representósele el carácter de su tío como el más áspero é inflexible que +existía en la Naturaleza. + +--Me contaron tu hazaña--continuó el viejo con su habitual entonación +cavernosa,--y cuando supe que el delincuente era hijo de mi hermana, la +indignación y la vergüenza se apoderaron violentamente de mí. No creí +que fueras perturbador del orden público. Si tal cosa hubiera sabido, te +habrías quedado en el pueblo. Después he averiguado más. Sé que +llegaste, y en vez de ir á mi casa fuistes con unos badulaques al café +de la _Fontana_, donde te hicieron hablar y hablaste ... y por cierto +que lo hiciste muy mal. Todos se han reído de ti. Estuviste después +alborotando toda la noche con los que apedrearon la casa de Merilleu. + +--¡Ah! no, señor; yo no. + +--De cualquiera manera que sea, tu conducta es imperdonable. Pero dime: +¿desde cuándo te has metido á orador? No sabía yo que en Ateca hubiera +tanta elocuencia. Te habrán aplaudido los segadores en las eras, y te +has creído por eso un Demóstenes. + +El fanático reía con tan maligno acento de sarcasmo, que á Lázaro le +parecía tener delante un grotesco demonio. Cada palabra abría en el +corazón del pobre prisionero una nueva herida, y le abatía y +avergonzaba más. + +--Pero no extraño tus desvaríos--continuó Elías:--el desorden cunde por +todas partes. ¿Qué mucho que estos pedantuelos de aldea tengan tales +humos, cuando los sabios de la ciudad ofenden el sentido común con sus +ridículos debates? Sin duda algún garito de Zaragoza ha sido el primer +teatro de tu petulancia. + +La imaginación de Lázaro midió rápidamente el abismo que en ideas y +sentimientos le separaba de su tío. Pero se sentía dominado por él, y no +podía contradecirle. + +--Aquí--continuó el fanático con su espantosa burla, aquí puedes hablar á +tus anchas: nadie te molestará. Lo que puede ocurrir es que te crean +loco y te lleven á un manicomio. Allí debiera estar media España. Pero +no, ¿que digo media España? una pequeña parte, porque casi todos los +españoles conservamos el juicio. Sólo una porción de hombres mezquinos, +mezquinos de juicio, de carácter, de todo, manifiestan con su conducta +todo el extravío de que es capaz nuestra naturaleza. Pero esto +concluirá; yo te juro que concluirá, ó es preciso creer que no hay Dios +en el cielo, perder la fe y renegar del mundo y del alma. Mira, +Lázaro--continuó con tono vehemente y apretándole el brazo con tanta +fuerza, que le hizo retroceder inmutado y perplejo;--Lázaro, si tu eres +de esos, olvida que por tus venas corre mi sangre, olvida que soy +hermano de la que te dió el ser. Un abismo nos separa; no hay +reconciliación posible. Es preciso que nos odiemos de muerte. Huye de +mí; para mí no eres prójimo. Hay cosas que están por encima de los +vínculos de la familia. La vida no se reconcilia con la muerte, ni la +luz con la obscuridad. Adiós. + +Iba á salir; pero Lázaro, trémulo de asombro, le detuvo, y le dijo con +mucha turbación: + +--Pero, señor, no me abandone usted, hábleme usted. Yo quiero que +pensemos de la misma manera. + +A pesar de todo, el anciano le inspiraba respeto y veneración; y al ver +que reprochaba sus ideas, sintió ese impulso de subordinación tan +natural en un joven da temperamento impresionable. + +--Si eres de esos--continuó Elías,--vuelve á tu pueblo y no hables de +mí; no digas que me has visto; no creas que existo; y es verdad: para ti +he muerto. + +--Pero deje usted que me explique... + +--¿Qué vas á decir? + +--Yo pienso ... usted comprenderá que yo tengo mis ideas ... he leído y +tengo convicciones, sí, señor; estoy profundamente convencido.... + +--Tú, pobre niño, ¿qué puedes saber?... ¿qué convicciones puedes tener? +No sabes otra cosa más que las falsedades leídas en cuatro libros que +debieran arder en llamas alimentadas con los huesos de sus autores. + +A cada palabra se hundía más Lázaro. + +--¿Será posible--dijo con desconsuelo,--que usted me pueda arrancar mis +creencias, que yo he alimentado con tanto cariño y que me dan la vida? +No, no podrá usted: y si al fin, con la fuerza de su talento, pudiera +conseguirlo, yo le ruego que no lo haga y me abandone. Que nos separe +ese abismo que usted dice: y si yo estoy en el error... Pero no lo +estoy, yo sé que no lo estoy... + +--Iluso, fanático, vano ... porque sólo vanidad es eso, vanidad de +Satán--dijo Elías con severidad; y después añadió con más fuerza:--Pero +yo te sacaré de esa miseria. + +Estas palabras fueron pronunciadas con tan profundo acento de +convicción, que el sobrino no pudo contestarlas, y se hundió más. + +--¿Qué intentas hacer? ¿Qué esperas? ¿Piensas que esto va á continuar +así por mucho tiempo? Te equivocas, que España está á punto de reconocer +su error. Mira cómo rebulle por todas partes. El odio á la Constitución +late en todos los corazones honrados. Pronto verás al Rey recobrar sus +sagrados privilegios, que sólo Dios con la muerte puede quitarle. + +--¡Oh, señor! ¿Y lo que este pueblo ha conquistado con tanta sangre, +será perdido por el orgullo de un solo hombre? Si así fuera, yo +renegaría de nuestro linaje; y si España se dejara ultrajar de ese modo, +sería digna de mejor suerte. + +--¡Digna de mejor suerte,--dijo Elías con la más horrible expresión de +que era capaz su rostro abominable; digna de aniquilarse y desaparecer de +la tierra si no lo hiciera. + +--No, no lo puedo creer aunque usted me lo diga. Cuando yo no crea en +la libertad, no creeré en nada, y seré el más despreciable de los +hombres. Yo creo en la libertad que está en mi naturaleza, para que la +manifieste en los actos particulares de mi vida. Yo, ciudadano de esta +nación, tengo derecho á hacer las leyes que han de regirme; tengo +derecho á reunirme con mis hermanos para elegir un legislador. + +--Para darte leyes y obligarte á cumplirlas existe un hombre sagrado, +ungido por Dios. + +--No: yo y mis hermanos le ungimos. Es Rey porque nosotros queremos. Es +sagrado para mí si cumple el pacto solemne que ha hecho con todos y cada +uno. Si no, no. Pero lo cumplirá, lo ha jurado. + +--Hay juramentos--contestó sobriamente Coletilla,--cuyo cumplimiento es +un crimen. + +Lázaro sintió frío en el corazón. El aplomo con que aquellas palabras +fueron pronunciadas le anonadó más, y le hundió más. + +--Y todos esos héroes--se atrevió á decir el preso después de +meditar.--todos esos héroes, santificados por la Historia, que viven en +el recuerdo de los buenos y serán siempre orgullo del género humano; +todos esos que han vivido por la libertad, que han muerto por ella, +mártires deshonrados en su último día por la mano del verdugo, pero +enaltecidos después por la humanidad... ¿no quiere usted que yo les ame? +Y les venero; mi pequeñez no me permite imitarlos; pero por tener +ocasión de parecerme á ellos, diera toda mi vida, lo confieso. ¡Oh! si +la libertad no fuera la cosa más buena, sería la cosa más bella con la +memoria de tantos héroes. + +--¿Y esos son tus héroes? ¿Eso es lo que admiras? dijo Elías. + +--¿Pues á quién he de admirar? ¿á quién he de admirar? ¿A los tiranos? +¿A Nerón, matando á Séneca; á Felipe II, asesinando á Egmont y á Lanuza; +á Luis XV, descoyuntando á Damiens? + +--Era preciso enseñar á los franceses que no debía haber otro Ravaillac. + +--Pues la lección no hizo efecto, porque hace treinta años que un Rey +murió en un patíbulo. + +--¡Esos son tus semidioses, esos!--exclamó Elías con furia. + +--No: mis semidioses no son el exterminio, el terror ni el asesinato. +Lamento los desvaríos de todos; mas no extraño que, al huir da las +violencias de un extremo, se toque en las violencias de otro, pagando +los crímenes de siglos enteros con el crimen de un día. + +--No me hables más--dijo Coletilla con voz reposada y lúgubre:--ya sé +que eres de _esos_, de _esos_ á quienes no tengo palabras bastante duras +con que calificar. Tu Dios es un ciego espíritu de libertinaje; la norma +de tu conducta es el escándalo. Dime, insensato, ¿cuál es tu fin? ¿Qué +ves tú en ese porvenir? Supón que fueras un hombre notable entre los de +tu calaña, el más ciego de los ciegos, el más loco de los locos: ¿qué +harías, cuál sería tu aspiración? + +--Yo no tengo aspiraciones bastardas; no quiero medrar á la sombra de un +tirano que pague la adulación con dinero; yo no aspiro más que á la +gratitud del género humano, á la gloria. + +--¿Gloria por ese camino? La gloria no se consigue sino por el camino de +la lealtad, sirviendo á Dios y al Rey. No hay más gloria que la que Dios +da en su Paraíso, de la cual es simulacro é imperfecto remedo el culto +que da en los altares el linaje humano á los escogidos de Dios. Además, +la gloria en la tierra consiste en ser súbdito sumiso y obediente, no en +vociferar por calles y plazuelas. De esa gloria que tú has soñado no +pueden salir héroes, sino charlatanes y bandoleros. La gloria consiste +en cumplir el deber. + +--Pues yo cumplo mi deber tratando de emancipar á mis hermanos de una +odiosa tiranía, diciéndoles y probándoles que son libres, iguales ante +Dios y ante la ley. + +--El primero de los deberes es obedecer lo que la ley te mande. + +--¿Ciegamente? + +--Ciegamente. + +--Yo obedezco la ley que es tal ley, la que han hecho los que pueden +hacerla, elegidos por mí y mis hermanos, elegidos por todos. + +--A ti no te toca examinar la ley, sino obedecerla. + +--¿Y si me mandan una infamia? + +--No te la mandarán. + +--¿Y si me la mandan? + +--Te digo que no te la mandarán. Y si acaso Dios permitiera que tu Rey +te mandara alguna cosa contraria á la justicia, hazla, que Dios le +castigará á él y te premiará á ti en la otra vida. Serás mártir. ¿Qué +mayor gloria? El martirio del deber es grande y sublime. + +Lázaro se hundió más. + +--Observa--continuó Elías,--el espectáculo de esa nación. Unos cuantos +desalmados le dan leyes en nombre de un principio absurdo, contrario á +la Naturaleza. Sólo al Rey ha dado Dios soberanía. ¡Qué desorden! ¡El +Rey obligado por una turba de soldados rebeldes á jurar aquel Código +abominable! Lo juró; pero en el fondo de su alma lo detesta. No podía +ser de otra manera. Está prisionero, prisionero de sus vasallos que +juegan con él. El Rey se ve obligado á representar la más horrible +farsa. Jamás la dignidad real ha descendido tanto. Pero él se librará de +esta horrible tutela, porque Europa, si es preciso, se coaligará para +salvar á España. Ya España ha salvado á Europa. + +--No, no puedo creer--contestó Lázaro,--semejante iniquidad. Esta +invasión sería más odiosa que la de 1808, y también mejor castigada. + +--No lo creas: el Rey será restituido á su trono. Además, España no se +levantará; y si lo hace, será en favor de la intervención. ¿No ves +cómo manifiesta su voluntad? ¿No ves las facciones que aparecen por +todas partes? Todas las provincias se arman para proclamar al Soberano +absoluto, y aún no han aparecido las principales facciones. España se +alzará contra ese absurdo sistema, y Fernando volverá á ser nuestro +Rey amado. + +--¿Será posible?--dijo Lázaro con desaliento; y entonces se hundió más. + +--Tan posible, que no pasará mucho tiempo sin que lo veas. Ahora se va á +conocer el temple de las almas. Todos esos charlatanes que te han +llenado la cabeza de desatinos huirán avergonzados, yendo á esconder su +ignominia en tierra extranjera. Entonces se cubrirán de gloria los +hombres de corazón recto; los leales y patriotas lucharán contra una +plebe desenfrenada; lucharán por el derecho, por Dios y por el Rey; +vivirán eternamente en la memoria de todos, y sus nombres serán en lo +venidero un emblema de justicia y de honradez. Estos son los héroes, +Lázaro; éstos. + +Lázaro se acabó de hundir. Las palabras de su tío le impresionaban de +tal modo, que no tuvo aliento más que para decir tímidamente: + +--¿Esos nada más? + +--Nada más. La gloria es muy divina para que pueda coronar otra cosa que +la justicia y el deber. No esperes nada fuera de esto. El torbellino de +esa turba ciega te arrastra: ve con él. No te digo más. Camina á la +deshonra y la muerte. Adiós. Algún día te acordarás de mí. + +--No--exclamó Lázaro deteniéndole:--yo quiero que usted me aconseje y +me guíe.... Yo ... aunque tengo bastante fuerza de convicciones.... + +--¿Fuerza de convicciones?--dijo el fanático, deteniéndose y mirando á +su sobrino con desprecio. + +--Sí--contestó éste,--y no puedo perderlas, no quiero perderlas. + +--Bien: sigue por ese camino. Lejos de mí no esperes otra cosa que +deshonra, obscuridad. Yo te abandono á tu suerte. Hágame la cuenta de +que no te conozco. Te pondrán tal vez en libertad, irás con ellos, serás +vencido, y entonces ... ó huirás con ignominia, ó te entregarás á la +venganza de tus enemigos, que no tendrán perdón para ti, y harán bien. + +--¿Pero usted me abandona? + +--Sí: ya te he conocido. Vine sólo por conocerte. Ya sé quién eres. En +mi casa te espero; pero no vayas á ella sino convertido. + +--¡Ah, imposible! No iré. + +--Pues adiós--dijo Elías con decisión. + +--Adiós--repitió Lázaro con angustia. + +Coletilla salió. El joven no se atrevió á detenerle. No creyó que se +marchaba hasta que le vió fuera, y sintió que el carcelero cerraba la +puerta. Entonces tuvo impulsos de llamarle; gritó; no fué oído; lloró +lágrimas de desesperación; golpeó violentamente con sus manos la puerta +y el cerrojo, y al fin, cediendo á la fatiga y al trastorno mental, cayó +de nuevo en aquel letargo extraviado y doloroso de que le sacara +momentos antes la llegada de su tío. + + + + + +CAPÍTULO XIX + + + +#El abate#. + + +Al día siguiente, la casa de las tres ruinas contenía en su estrecha +capacidad seis personas: las tres Porreñas, Clara y dos visitas. + +Clara y la devota estaban encerradas en la habitación interior, +destinada á las prácticas ascéticas. La santa, concluida la oración +mental, se había sentado en un taburete, y poniendo un gran libro sobre +sus rodillas, leía con la cabeza inclinada á un lado, arqueadas las +cejas, bajos los párpados, y cruzadas las manos en ademán muy humilde. +Clara estaba á su lado, y como no debía llegar, en su flaca naturaleza, +á aquel alto grado de perfección, cosía como una pecadora, como una +infeliz mujer no acrisolada por las inflamaciones de amor divino. La +devota no se permitió otra expansión que referir á su compañero los +gozos y visiones que aquella noche había tenido. Después empezó un +examen de doctrina, y le hizo varias preguntas morales y teológicas, á +que contestó Clara con sencillez, guiándose por lo poco que sabía +positivamente y por lo que su buen sentido le sugería. Pero es el caso +que á doña Paulita siempre le parecían mal las respuestas de su +discípula. La reprendía, le explicaba con escolásticos giros y frases +nada comunes, y, por último, la llamaba ignorante y hereje, causándole +gran turbación y susto. + +De repente interrumpe sus lecturas y sus reprimendas, y exclama: + +--¡Ah! se me olvidaba una parte de mi rezo. Ya se ve, me he distraído +con los errores de usted, hija. Es preciso que usted piense de otro modo +y deseche esas ideas.... Pero digo que me olvidé de rezar ... por.... +--¿Qué ha olvidado usted?--le dijo Clara.--Me olvidé de rezar dos _Padre +nuestros_ por el sobrino de nuestro buen amigo don Elías. + +--Jesús; ¿Qué le ha pasado? ¿Qué es de él?--exclamó vivamente Clara sin +poderse contener. + +--No se asuste, hermana, que no ha muerto--contestó fríamente la devota. + +--¿Pues qué le ha pasado?--continuó Clara, que se había puesto pálida y +temblorosa. + +--Que está preso en la cárcel, y bien merecido.--¿Pues qué ha hecho? + +--Alborotar por esas calles y hablar en los clubs una serie de cosas tan +pérfidas ó infernales, que horroriza el recordarlas. Anoche nos contó +don Elías todo lo que ese desalmado joven ha hecho, y pasé un mal rato. + +Clara estuvo un momento sin poder articular palabra. La repentina +noticia la turbó tanto, que no se atrevió á preguntar más. + +--Hermana--prosiguió la devota,--¡qué muchachos los del dial! ¡Qué +horrible corrupción! Ese joven debe ser un monstruo. Pero ¡ay! debemos +tener compasión con los delincuentes que yerran. No es que crea yo, +como Orígenes, que hasta el diablo se ha de salvar. Pero debemos +compadecer y amar á los pecadores, aunque éstos sean de los más +empedernidos y rebeldes. + +--¿Pero qué ha hecho?--repitió Clara, haciendo un gran esfuerzo para +disimular su turbación. + +--No lo sé punto por punto; pero son cosas tan horribles.... Ha hecho lo +que otros tantos desvergonzados que andan por ahí. Esta sociedad está +perdida. A ver, hermana, si aprende usted pronto eso que le he dicho +sobre la gracia eficaz. + +--¿Pero está preso?--añadió Clara con más miedo.--Preso, sí, y no lo +soltarán tan pronto. Pero está usted inmutada ... Ya, le tiene +compasión, y es natural. La compasión á los semejantes es una de las +virtudes que más recomienda Tertuliano. Usted está pálida, hermana. +Pero, ya: es efecto de la compasión. Voy á rezar. Y dejando el libro, +tomó el rosario y rezó. Clara bajó la cabeza y siguió cosiendo. Era tal +su congoja, que no daba un punto á derechas; picóse los dedos muchas +veces, y la costura salió tan mal que pronto fué preciso desbaratarla y +coserla de nuevo. + +Dejémoslas y acudamos á las visitas. En la sala estaban María de la Paz, +Salomé, y delante de ellas, en pie y respetuosamente, Elías Orejón y el +ex-abate don Gil Carrascosa. + +Nada hemos hablado hasta ahora de la amistad de este singular personaje +con las venerables viejas. Carrascosa, en su calidad de abate +entrometido, frecuentaba la casa de Porreño, lo mismo que otras de la +más elevada jerarquía. Aún hemos oído contar á personas de toda +veracidad que el intruso y audaz hombrecillo había tenido una parte +principal en las misteriosas relaciones de Salomé con aquel joven +militar, á quien enviaron al Perú después del rompimiento de la dama con +el imberbe duque de X.... + +Carrascosa era hombre de mucha travesura y socaliña, sutil como el aire, +capaz de urdir en el seno de las familias las más hábiles marañas; iba y +venía sigilosamente su color de preparar fiestas, de arreglar +procesiones, y era, en resumen, un pícaro tercero. Así le llamamos por +no darle otro nombre un poco soez, que alguien le aplicó oportunamente y +conservó entre muchos con justicia. + +La amistad de las tres viejas se interrumpió con la desgracia, y sólo de +vez en cuando las visitaba, recordándoles los tiempos pasados con una +elocuencia y un calor que no agradaban á doña Paz. Últimamente, sus +visitas eran más frecuentes y mucho más afectuosas sus demostraciones +de amistad. El día en que los encontramos aquí había ido con Elías; y +por algo extraordinario iba sin duda, porque su vestido era el más +escogido y su cara estaba más lavada que de costumbre. Los puntiagudos +faldones de la mejor de sus tres casacas se balanceaban al compás de las +piernas en la parte posterior del cuerpo; el tupé había recibido doble +ración de pomada, y la corbata, aumentada con nuevos pliegues, formaba +un blanco follaje, una pechuga escarolada debajo de la barba. Cuando el +abate se ponía este traje, había pronunciado ya la _última ratio_ de su +peculiar elegancia. + +Coletilla se despedía ya después de haber saludado á las damas. No venía +sino á ratificar un tratado que últimamente ajustó con Paz. Ya sabemos +que las señoras tenían el segundo piso de la casa simplemente ocupado +con los muebles de familia de que no habían querido deshacerse. Este +piso era muy pequeño y abuhardillado, comunicándose con el principal por +una escalera interior. + +Las damas habían propuesto á Elías que se fuese á vivir á aquel sitio, +comiendo con ellas en calidad de huésped, y al buen viejo le vino este +arreglo como de molde, porque le producía un ahorro, y además le ponía +en estrecho contacto con sus antiguas amas, que tenía siempre en tanto +aprecio. Economía, comodidad, seguridad: estas tres ventajas vió en la +proposición, y aceptó. Aquel día vino á darles la respuesta definitiva: +sobre el precio no hubo disputas. + +Cuando Coletilla se marchó el abate se preparó á tomar la palabra: hizo +mil muecas, sacando á la superficie de su cara todo su repertorio de +sonrisas. No seremos indiscretos en decir, anticipándonos á la +declaración expresa del mismo don Gil, que iba á invitar á las tres +damas para una fiesta religiosa. También nos atrevemos á indicar, con +todas las reservas imaginables, que aquello no era más que un pretexto +que ocultaba otros fines. + +Cuando rompió á hablar, lo primero que hizo fué preguntar por doña +Paulita, y también por Clara, empleando algunas discretas reticencias. +Después dijo: + +--Pues yo venía á decir á ustedes si quieren honrar con su presencia la +función que la Hermandad de la Pasión y Muerte celebra mañana en la +iglesia de Maravillas. Yo soy el secretario de la Cofradía, y gracias á +mí se ha arreglado la fiesta. Yo les aseguro á ustedes que será de lo +más lucido que se ha visto en la Corte. + +--No será nunca como la que hicimos el año 98 en las Niñas de Loreto, +cuando se trasladó la Virgen de los Dolores del oratorio del +Olivar--dijo Salomé. + +--No fué el 98, sino el 3; que me acuerdo cómo si hubiera sido +ayer--dijo Paz. + +--Te digo que fué el 98--insistió la otra. + +--Estoy segura que fué el año 3--dijo Paz,--cuando el primo vino de la +guerra de Francia. + +--Que el 98, Paz--afirmó Salomé,--el 98. Hace ya veinticinco años. + +--Jesús, mujer: te aseguro que fué el año 3; me acuerdo bien. Yo tenía +entonces ... quince años. + +--Señoras, no hace al caso la fecha--dijo Carrascosa, cortando aquella +peligrosa cuestión. + +Y después continuó: + +--Gracias al petitorio que yo dirijo, se han reducido dos mil y pico de +reales. Tenemos misa con orquesta de capilla, y nos predica el padre +Lorenzo de Soto, que es un orador que vale un Perú. + +--¡Oh! no me le nombre usted--dijo Salomé, apartando la cara y +poniéndole delante de ella la mano abierta á guisa de pantalla:--es un +clérigo pervertido, contaminado con las ideas del día. Después que los +liberales le hicieron Provisor da Astorga, está en poder del demonio. +Hube de caerme muerta cuando el día de la fiesta de la Virgen de la +_Leche y Buen Parto_ le oí decir en San Luis que era preciso +reconciliarnos con los que habían trastornado á nuestra patria. ¿Cómo +puede haber llegado á ese extremo de perversión una persona ten docta +como el padre Lorenzo de Soto? + +--Señora, yo tengo para mí que es un gran predicador--dijo +Carrascosa.--El año 12 fué, como ustedes saben, Diputado en aquellas +Cortes; el 14 firmó la exposición de los _persas_.¡Noble carácter! +Después, la amistad del Rey le ha elevado á puestos muy altos; y para +probar su mérito, baste decir que él fué quien descubrió la +conspiración de Porlier. Después del 20 se ha hecho enemigo de la +Constitución, lo cual es digno de alabanza, porque de otro modo hubiera +perdido su prebenda. Pero nada de esto hace al caso, sino que predica +mañana, y que esta tarde tenemos Completas, en que cantan los tiples de +Avila y el padre Melchor, franciscano de Segovia. Mañana oficiará el +reverendo obispo do Mechoacán, y por la tarde habrá procesión, á que +asistirá la Cofradía del Paso, la del Santo Sudario, y también irán los +niños del Hospicio. + +--¡Ay, don Gil!--exclamó con acento de profundísimo desconsuelo María de +la Paz,--¿Cómo se atreven á sacar los santos á la calle con estas +cosas? Más querrán ellos estarse en sus casas que no salir á ver todas +las iniquidades que cometen los hombres. + +--Puedo asegurar á usted--dijo el abate con sonrisa diabólicamente +irónica--que no se han quejado, ni se quejarán por el paseo. Lo mejor de +la procesión es la comitiva que tenemos organizada. Irán catorce +vírgenes vestidas de blanco, con coronas de rosas, velos, escapularios, +y cirios en las manos. + +--Esas comitivas--dijo con muy mal humor María de la Paz--no me hacen +gracia. ¡Es una cosa tan mundana! Allí van los hombres sólo por ver á +las muchachas; y las muchachas que hacen de vírgenes, van sólo á que las +vean, y en lo menos que piensan es en los santos y en Dios. Esas son +cosas de Francia, señor don Gil. Antes no se usaban aquí semejantes +inmoralidades, y día vendrá en que se acaben costumbres tan +escandalosas. + +El timbre nasal de la voz de doña Paulita, que se hallaba en la +habitación inmediata, resonó en la tala, trayendo la opinión de la +santa, que no por estar rezando dejaba de prestar atención á cuanto en +la sala se decía. + +--¡Ah!--exclamó, alzando la voz para poder ser oída por don Gil--no me +nombren esas procesiones de vírgenes mundanas. ¡Qué vírgenes serán esas +que salen con coronas de rosas y cirios en las manos! Una vez vi eso, y +me entró tal grima, que tuve que confesarme en seguida de la cólera que +me había dado. No me nombren eso. ¡Qué escándalo, Dios mío! ¡A dónde +iremos á parar así! + +--Pues, señoras--manifestó don Gil, respirando fuerte, como si con el +aliento adquiriera la fuerza que contra tantos y tales enemigos +necesitaba:--yo, señoras, respetando la opinión de ustedes, encuentro +que esas procesiones son muy patéticas, muy expresivas, muy religiosas. +De todos modos, ya la procesión está arreglada, y hay que llevarla +acabo. Hemos estado buscando jóvenes, y ya hemos encontrado algunas; +pero aún nos faltan cinco. La fiesta es mañana: y si no encontramos hoy +esas que faltan, se va á deslucir la función. ¡Qué contratiempo! No +saben ustedes cuánto he trabajado para buscarlas. Son muy guapas las +que tengo ya. + +--Señor don Gil, por Dios--chilló Salomé en el tono de una honesta dama +que reprende el atrevimiento de su galán. + +--Señoras, ¿qué tiene eso de particular? Si Dios las ha hecho guapas, +¿qué vamos nosotros á hacer? Pero ¡ay! me faltan cinco. Por eso he +venido aquí. Y se detuvo como cortado. + +--¡Ha venido usted aquí!--exclamó Paz abriendo mucho los ojos. + +--¡Ha venido usted aquí!--murmuró Salomé con súbito cambio de color. + +Las dos ruinas se miraron Aquella mirada fugaz fué terrible. Un +observador oculto é inteligente hubiera advertido tal vez que en aquel +mutuo rayo por una y otra lanzado, se examinaron, se despreciaron, +cambiando como una expresión de rencor que cada una lanzó para la otra. +Pero Carrascosa, aunque era buen observador, no pudo advertir al breve +resplandor de aquella mirada fugaz como un relámpago, los dos abismos +que, abierto el uno frente al otro, se contemplaron un instante, +mostrándose todo su horror. No se crea por esto que tía y sobrina no se +querían bien, no: se amaban, si cabe expresarlo así; se amaban como +pueden amarse dos personas que se fastidian juntas. Sigamos. + +Un profundo y lejano suspiro anunció la admiración de doña Paulita. + +--Sí, he venido aquí á ver si ustedes consienten ...--continuó el abate. + +El retablo que en la persona de Paz hacía veces de rostro, se puso de +color de remolacha, y los ojos de Salomé miraron al cielo, no sabemos si +por un movimiento natural ó por una calculada combinación de ademanes. + +--Eso no tiene nada de particular, señoras, nada de particular; al +contrario.... + +--¡Señor don Gil!--dijo Salomé con una cosa parecida al rubor. + +--¡Señor don Gil!--exclamó Paz con toda la majestad de su carácter +reunida en un solo gesto. + +El que había sido abate y covachuelista comprendió que le habían +entendido mal. + +--Voy á rectificar--exclamó. + +--A rectificar, como dicen en las Cortes--indicó Salomé en un arrebato +de amabilidad repentina é inexplicable que no pudo contener; amabilidad +rarísima en ella y que era sin duda signo de una gran agitación. + +El buen humor de la segunda ruina era siniestro. + +--Quiero decir--continuó el abate, después de toser dos ó tres +veces--que venía á ver si consentían ustedes en que esa joven ... esa +joven que ustedes protegen.... + +A Salomé le entró una tos convulsiva, no sabemos si originada por una +causa física ó por la necesidad de disimular y no ofrecer á la +contemplación de don Gil las arrugas triangulares y el color cárdeno +que aparecieron en su cara al oír aquella proposición. María de la Paz +se restregó un ojo como si le escociera. Oyóse la voz de doña Paulita +que rezaba un latinajo incomprensible. + +--Esa joven--continuó Carrascosa,--que se llama ... ya no me acuerdo de +su nombre. Pues ... esa que es tan guapita y tan modesta. De seguro no +habrá en la procesión ninguna que la iguale. + +--¡Señor don Gil!--exclamó María de la Paz Jesús con explosión de cólera +repentina.--¿Cómo se ha figurado usted que yo podía consentir en +semejante cosa? Ya le he dicho á usted que esas comitivas me parecen muy +indecentes, y si esa niña quisiera prestarse á ser escándalo de la +Corte, no entraría más en esta casa. Por parte suya, no dudo que +consintiera, porque es tan aficionada á coquetear por ahí, que si la +dejaran había de estar todo el día en la calle detrás de los hombres. +Pero no ... no me hable usted de eso. + +--Yo sospechaba desde el principio á dónde iba usted á parar, señor +Carrascosa: pero quise aguardar á que se explicase--dijo Salomé con +mucho desdén. + +--Señoras, veo que son ustedes inflexibles. Conozco mucho la noble +entereza del carácter de ustedes y el tesón de sus principios para +insistir más sobre este punto. + +En aquel momento doña Paulita, que, sin salir de la habitación interior, +no perdía sílaba de lo que allí se decía, tomó parte en la conversación, +variando de sitio para que la oyeran mejor. + +--¡Oh, Dios mío¡--dijo.--No consentiré yo tal cosa. ¡Hasta las personas +más perfectas caen alguna vez! ¡Hasta de los hombres más de bien y de +mejor conducta se vale el demonio para sus perversos fines! ¡Quién diría +que usted, señor don Gil Carrascosa, había de ser instrumento de +perdición para esta pobre muchacha! + +--¡Yo, señora mía! + +--No: ya sé que es sin querer, que á veces Dios permite que una persona +buena sea, sin saberlo, causa de la perdición de otra. No le echo á +usted la culpa. Pero esta pobre niña tiene quien vele por ella. No +caerá otra vez; que gracias á un buen ángel ha salido ya del abismo la +pobrecita, y se ha salvado. Ya está hecho lo principal; de modo que +ahora, con una vida ejemplar consagrada enteramente á la oración, su +alma se purificará por completo. No temas, niña--añadió, volviéndose +del lado en que estaba Clara;--no temas, que no volverás á caer, y si +saliste del pantano del mundo, ha sido para continuar pura y sin +mancha lejos de él. Y no desconfíes de ella--prosiguió mirando á la +sala y dirigiéndose á las dos esfinges: no desconfíes de ella, porque +es muy buena. + +Salomé movió la cabeza en señal de duda. + +--Es muy buena, muy buena compañera mía--continuó la devota--Aunque el +mundo trató de corromperla, ella tiene muy buen fondo, y el alma está +santa: lo he conocido. Perderá la corteza de las viles pasiones que el +mundo le ha enseñado. Estoy tan interesada en su salvación, que quiero +unirme á ella para toda la vida y salvarla conmigo. ¡Os aseguro que así +será! Amadla vosotras, que Dios manda amar á los pecadores, sobre todo +cuando están arrepentidos. ¿No es verdad que estás arrepentida, hermana? + +No se oyó ninguna respuesta. Clara contestó sin duda que sí con un +movimiento de cabeza. El sermón de la devota dejó un eco en la sala. + +--Señoras: para concluir, me permitiré una observación--dijo don +Gil.--Yo no veo un escándalo en que la señora doña Clarita salga en la +procesión de las vírgenes. Al contrario, bueno es que ostente la +hermosura, que es obra de Dios; y la mujer que se esconde y no sale, +impide que se admire una obra de Dios, cual es la hermosura. Esa joven +es un ejemplar prodigioso de las hechuras de Dios, y haciendo que todos +la vean es como se publican las alabanzas del autor de tantas +maravillas. + +--Señor don Gil--objetó María de la Paz haciendo esfuerzos para aparecer +serena:--no creía yo que fuese usted tan libertino. Vamos, nosotras +teníamos de usted otra idea; creíamos que.... + +--Yo soy, señora, un hombre como los demás. Admiro las obras bellas de +la Naturaleza, y una mujer hermosa es.... + +--Por Dios, señor de Carrascosa: en verdad tiene usted unas cosas +...--dijo Salomé pasando la mano por el fragmento de cabellera que entre +su apergaminada frente y su tocado aparecía. + +--¡Jesús! repórtese por Dios--dijo desde dentro la devota. Me horrorizan +sus palabras. + +Algo más duró el importante diálogo; pero don Gil, viendo que no sacaba +partido de las tres pécoras, varió de asunto, aunque con poca fortuna, +porque sus amigas le mostraron mucho despego durante toda la visita. Al +fin determinó marcharse; se levantó, hizo mil cortesías, les reiteró su +respeto y admiración, prometió volver pronto, y se fué. + +Al llegar á la calle miró á todos los lados como buscando á alguno, y +al poco rato salió del portal de una casa inmediata el joven militar que +hemos conocido desde el principio de esta historia. + +-¿Qué hay?--preguntó á Carrascosa con mucho interés. + +-Nada, no quieren. Esas viejas son unos demonios contestó riendo de +muy buena gana el abate.--Me parece que por ese camino no +conseguiremos nada. + +-¡Diantre de viejas! + +-No la sacamos de esa casa si no ahorcamos á las tres arpías de los tres +balcones, y á Coletilla del tejado. + +-Estoy decidido ya á lo que te dije ayer. Si no la puedo sacar, me cuelo +yo dentro. + +-¡Hombre, qué empeño! ... Eso ya pica en historia. Vámonos de aquí, +que si Coletilla nos ve, de seguro cae de su burro; vámonos y hablemos +del asunto. + +-Eres lo más inútil ... Verás si yo la saco. + +-Quisiera verlo--contestó Gil; y los dos se alejaron en dirección á +Santa Bárbara. + +-Ya tú has olvidado tus antiguas mafias, diablo de abate; ya no sirves +para el caso. A ver cómo puedo yo entrar ahí; discurre un medio, un +ardid cualquiera: ¿para qué te sirve esa travesura? á ver. + +-Hay un medio magnífico--contestó Carrascosa. + +-Pues explícate pronto. + +-Voy á explicarlo. + + + + + +CAPÍTULO XX + + + +#Bozmediano#. + + +Antes de dar á conocer en toda su extensión el coloquio de estos +personajes, conviene dar noticias de uno de ellos, ya harto conocido por +el lector. El militar que en el segundo capítulo de esta historia vimos +prestando auxilio á Coletilla y después introduciéndose furtivamente en +su casa, se llamaba don Claudio Bozmediano y Coello. Ya era tiempo de +decir su nombre. Tenía treinta y dos años, y servía en el ejército con +el grado de comandante. Su padre fué uno de los venerables legisladores +de Cádiz. Hombre de talento, de notoria probidad, de elevada cuna y +agradable presencia, había sido siempre muy amado de sus compatriotas. A +la vuelta del Rey fué perseguido como todos, y tuvo que emigrar. Pero +restablecido el sistema constitucional, el viejo Bozmediano volvió á +España y ocupó uno de los más elevados puestos en la política. + +(Con el nombre de Bozmediano conoceremos en esta historia al hijo de +aquel varón ilustre, cuyo verdadero nombre no podemos usar en nuestro +relato por ser un personaje contemporáneo de memoria muy reciente.) + +Bozmediano, padre, era liberal de corazón. Trataba al Rey, y es seguro +que hizo todo cuanto cabe en fuerza humana para dirigir por camino recto +la torcida voluntad de aquel soberano falaz y perverso. Era rico, y +jamás le movió el interés en asuntos políticos. El amor á su hijo y el +patriotismo eran dos sentimientos profundos que, enlazados y +confundidos, ocupaban todo su corazón. + +Bozmediano, hijo, que es el que más conocemos, era un joven de +excelentes prendas; pero tenía un defecto que la edad disculpaba. Era +tan aficionado á las muchachas, que el galantearlas entretenía la +mayor parte de su vida, robando tal vez á la patria grandes servicios. +No era un libertino: las quería con toda la buena fe que el naciente +siglo XIX permitía; y aunque él aseguraba no haber encontrado la suya, +entreteníase con las demás esperando. Pero al fin, ó la había +encontrado, ó había hallado una que de fijo le entretendría más que +las otras. + +Después que conoció á Clara, había perdido el reposo. No sólo la joven +aquélla, por sus cualidades y encantos personales, le interesaba +mucho, sino que en su vida había encontrado un misterio, para él +interesantísimo, por ofrecerle lo que siempre buscaba con más afán: +una aventura. + +La aventura se presentaba singularmente dramática, excitando al mismo +tiempo el amor y la curiosidad de Claudio. La soledad de aquella +huérfana que vivía en compañía de un viejo excéntrico, la tristeza y +necesidad de desahogo que en ella había notado, eran causas bastantes +para estimular un espíritu menos impresionable y caballeresco. Su +intento, su gran aspiración, era descifrar el misterio de aquella casa, +y después salvar la encantadora y desdichada muchacha de la odiosa tutela +de su guardián. + +--Hay varios medios de entrar en la casa--decía Carrascosa tomando el +brazo del militar:--paro hay uno que es excelente. Esas viejas tienen +un arrendatario que ahora debe venir á pagarles sus rentas, lo poco que +tienen. Lo sé por Elías. Estamos al aviso, le compramos, le hacemos +escribir una carta diciendo que está enfermo y que envía á su hijo con +el dinero; usted se disfrazará de labriego, entra en la casa, y una vez +allí, ¡cataplum! le ha dado un desmayo, un accidente terrible. No tienen +más remedio que dejarlo en la casa ... le meterán en un desván, y +durante la noche, cuando ellas duerman, se apoderará de la chica, y ... +á la calle. + +--Calla, imbécil: eso no puede ser. No sé en qué comedia he visto eso, +que es muy bonito en el teatro; pero en la vida.... Yo quiero entrar en +mi traje habitual, con mi nombre ... pero es preciso un pretexto, porque +supongo que esas viejas serán la misma desconfianza. + +--Armarán un escándalo y será tal el vocerío que se oirá en Jetafe. Es +preciso ir con tiento. + +--Pero, hombre--dijo Bozmediano, que no tenía noticia de que +semejantes tipos existieran en el mundo,--¿qué gente es esa?... ¿Cuál +es su carácter, su vida, sus hábitos, qué hacen y por qué está ahí esa +pobre muchacha? + +--Dichoso usted que no conoce á esas diablas de Porreño. Son los pájaros +más raros que hay en el mundo. Cuando tengo mal humor voy á reírme con +ellas, oyéndolas disparatar. Fueron ricas, pero han venido á menos; creo +que el día menos pensado se comerán unas á otras. + +--¿Y en qué se ocupan? + +En nada, mejor dicho, en rezar. Una de ellas es santa, y le aseguro á +usted que cuando se pone á hablar de sus santidades es cosa de morirse +de risa. ¡Y qué impertinentes son! Cuando les propuse lo de la +procesión, con objeto de sacar de allí á Clarita, se pusieron hechas +unos grifos. Ya me figuré yo que no consentirían; y en verdad, amigo, +que el proyecto que acaba de fracasar era atrevidillo. + +--¿Y cómo ha venido aquí esa Clarita? + +--Yo no sé: cosas de Elías. + +--Hombre, hábleme usted de ese Elías. El día en que le conocí por +primera vez me parecía lo más raro del mundo. Ya había yo oído hablar de +Coletilla. + +--Elías es un loco rematado, es realista; pero con un fanatismo que le +llevará hasta el martirio. + +--¿Y quiere á esa joven? + +--No sé: yo lo dudo. Coletilla no ama más que al Rey, mejor dicho, al +Príncipe real. + +--Pues bien: á ver como me introduces en esa madriguera. + +--Es preciso entrar de _ocultis_--dijo con la más maliciosa +sonrisa el abate. + +--Y qué sacamos de eso?--contestó en el colmo de la confusión +Bozmediano.--Entro, por ejemplo, de noche: si alguna me ve, me creerá +ladrón, chillara, y entonces ... ¡bonita aventura! Además, Clara no está +prevenida, no tiene relaciones conmigo. ¿Qué voy yo á hacer allí? Yo +quiero introducirme sin que se sospeche nada, entablar amistad con ella. + +--Tengo una idea--exclamó Gil golpeándose la frente. + +--¿A ver? + +--Usted va á entrar en un momento en que Clarita esté sola. + +--¿Sola? Pues esos demonios, si salen alguna vez, ¿la dejarán allí? + +--Sí. + +--¿Y cuándo salen? + +--Yo me encargo de averiguarlo y de arreglar eso. + +--Explícate mejor. + +--Lo primero que usted debe hacer, señor don Claudio es escribir una +carta á la niña. Yo también me encargo de eso. + +--Bien: ellas salen; probablemente la dejarán encerrada, ¿Cómo entro yo? +¿Voy á estar descerrajando puertas? + +--No, señor: usted entrará cómodamente y sin ruido. + +--A ver como es eso, diablo de abate. + +--¿Recuerda usted aquel vestido de abate que yo tenía allá por los +años 10 y 12? + +--¿Qué he de recordar yo?--dijo Claudio, picado y curioso. + +--Calma, amiguito--contestó don Gil, poniéndole la mano en el +pecho:--¿recuerda usted mi gorro y mis calcetas, un primor de costura +y de corte? + +--¿Y qué tiene eso que ver con la...? + +--Vamos allá. Pues ese traje, ese gorro, esas calcetas, me las hicieron +doña Nicolasa y doña Bibiana Remolinos, personas eminentes en el arte de +coser, á quienes tendré el gusto hoy mismo de presentar á usted. + +--¿Pero qué jerga es esa? ¿Qué demonios tiene eso que ver con lo que +te pregunto? + +--Usted no cae en la cuenta--contestó el socarrón del abate,--porque no +sabe que esas dos señoras viven en la misma buhardilla en que hace diez +años vivió la hija del herrero, Josefita Pandero, de quien anduvo tan +enamorado el conde de Valdés de la Plata: es decir, en el número 6 de +la calle de Belén. Yo anduve en el asunto. + +--Ya recuerdo haberte oído contar algo de eso. ¿Pero qué tengo yo que +ver con Josefita Pandero ni con esas señoras Remolino...? + +--Usted no comprende lo que quiero decir, porque no recuerda que el +conde de Valdés de la Plata, no pudiendo sonsacarle la niña al herrero, +que la guardaba como si no fuera mujer, alquiló la casa inmediata, y no +paró hasta abrir una comunicación que le permitió profanar el hogar de +aquel testarudo Vulcano. + +--Ya.... + +--Pues ... mis amigas las costureras viven en el número 6, donde vivió +la hija del herrero, y mis amigas las Porreños viven en el 4, donde +vivió el conde de Valdés de la Plata; y en resumen, si una puerta, +hábilmente hecha, permitió á un caballero pasar del 4 al 6, también +abrirá paso del 6 al 4 untándoles las uñas á esas costurerillas, que, +dicho sea da paso y en honor de la verdad, tienen para el pespunte unas +manos que son una gloria. + +--Ya comprendo. ¿Y esa puerta existe? + +--¡Pues no ha de existir! Yo la he visto, yo respondo de todo: me +encargo de averiguar cuándo salen las arpías, de llevar la cartita y de +facilitar el paso.... + +--No es mala idea--dijo el militar--y, sobre todo, mala ó buena, yo la +he de llevar á cabo. ¿Y qué haremos para que esa lechuza de Coletilla no +nos estorbe? + +--Coletilla no nos estorbará. De lo menos que él se ocupa es de la +muchacha, cuyo porvenir no le importa un comino. El no se ocupa más +que de.... + +--¿De conspirar, eh? + +--Pues ya. Amigo don Claudio, Elías es hombre fuerte y tiene amistades +muy altas. Puede mucho, y así con su humildad y su melancolía es persona +que maneja los títeres. Le digo á usted que se va á armar una.... + +--¿Con que conspiran? Si conspiran los realistas, es seguro que tú +estarás con ellos, ¿no? + +--Hombre, yo ...--contestó Gil maliciosamente--yo soy hombre de orden, y +nada más. Si ando con Elías y me trato con los suyos, es sólo por +enterarme de sus manejos, pues.... + +--Siempre el mismo truhán redomado: nadie como tú ha sabido navegar á +todos los vientos. + +--Ya sabe usted, señor don Claudio--contestó Carrascosa--que me acusaron +de realista y me quitaron mi destino. ¿Yo qué iba á hacer? ¿Iba á +morirme de hambre? + +Las ideas no dan de comer, amigo. Usted, que es rico, puede ser +liberal. Yo soy muy pobre para permitirme ese lujo. + +--¡Solemne tunante! + +--Lo que hago es estar al cabo de todo. ¿Quiere usted que acabe de ser +franco? Usted es buen amigo y buen caballero. Voy á ser franco. Pues +sepa usted que esto se lo va á llevar la trampa. Esto se viene al suelo, +y no tardará mucho. Se lo digo yo y bien puede creerme. Dice usted que +soy un solemne tunante. Bien: pues yo le digo á usted que es un tonto +rematado. Usted es de los que creen que esto va á seguir, y que va á +haber libertad, y Constitución, y todas esas majaderías. ¡Qué chasco se +van á llevar! Le repito que esto se lo lleva Barrabás, y si no, +acuérdese de mí. + +--¿Ya empiezan las facciones, eh? Pues es cierto que les darán que +hacer, porque los liberales no se maman el dedo, amigo Carrascosa. + +--¡Ah!--contestó el otro, riendo como un diablillo.--¿Que no se maman el +dedo? Ya verá usted lo que va á salir de aquí. Usted, Bozmediano, +arrímese á buen árbol.... Mire que se lo aconseja quien sabe lo que son +estas cosas.... Pero volvamos al otro asunto. En lo concerniente á +Clarita, voy á darle á usted un dato muy importante. + +--A ver. + +--Este Elías tenía un sobrino en Ateca. Clara estuvo allá hace unos +meses. El sobrino es joven, decidorcillo, medio galanteador.... +¿Necesito decir más? + +--Vamos, ya pareció aquello--dijo Bozmediano con mucho interés.--Apuesto +á que es su novio. + +--Pues ganará usted. Yo estuve en Ateca en aquellos días, y supe que los +dos chicos se querían. Me parece que se quieren todavía. + +--¡Hola, hola! ¿esas tenemos?--dijo Bozmediano amostazado--¿Y cómo hasta +ahora no me habías dado esa noticia? + +--Porque hasta hoy no había sabido que ese chico llegó y está en Madrid. + +--¿En Madrid? + +--Sí; pero se las compuso de tal modo, que llegar aquí y ser metido en +la cárcel, fué todo uno. + +--¿Pues qué hizo? + +--Es muy aficionado á la política. Allá en Zaragoza hablaba mucho en +los clubs. El chico estaba envanecido; llegó á Madrid; sus amigotes +le llevaron á la _Fontana_; habló; á la mañana siguiente se mezcló +en el tumulto de la procesión del retrato de Riego: chilló en la +calle, alborotó, vino la policía, le echó mano y le llevó á la +cárcel, donde está. + +--¿Y su tío no procura sacarlo? + +--Usted no conoce á esa fiera. Su tío, al saber que el muchacho era +exaltado y que la echaba de orador, se puso hecho un veneno, fué á la +cárcel, le riñó de lo lindo, y ha roto con él, diciéndole que mientras +tenga aquellas ideas no parezca por su casa. + +--Ese hombre es lo más excéntrico ... + +--Sí, señor. Pero la pobre muchacha está seguramente pasando las +mayores amarguras, y tendrá el corazón tamañito al ver lo que le pasa á +su pobre amigo. + +Bozmediano permaneció meditabundo algunos instantes. Después dijo con +mucha calma: + +--Ya sé lo que tengo que hacer. + +--¿Qué va usted á hacer? + +--Todo lo posible para que pongan en libertad á ese joven. Estoy seguro +de que lo conseguiré. + +--¡Hombre, pues es usted lo más raro! ... No se comprende dijo sonriendo +y con asombro don Gil.--¿Con que está usted haciendo el amor á la +chica, y le va á poner en libertad al novio? Si digo yo que usted es +tonto, don Claudio. + +--No tengo duda alguna: le pongo en libertad. Veremos cómo ella lo toma. +Haremos que sepa que yo le he puesto en libertad, yo. + +--Buena la va usted á hacer. Estos entes caballerescos son +incomprensibles. Ese muchacho será un estorbo más para nuestro plan, +para el escalamiento y ... + +--No importa: allá veremos. Sobre lo demás, lo dicho, dicho ... La +carta, alejamiento de las arpías, la puerta del desván.... + +--Todo presto, todo arreglado. No hay más que hablar. Dios se la +depare buena. + +Después de estas palabras se separaron. El ex-abate, al partir, se reía +con muy buenas ganas del joven militar, á quien quería servir llevado de +miras ulteriores, esperando un ventajoso arrimo en aquella situación +política. El otro se dirigió á su casa, pensando á la vez en la +repugnante astucia de don Gil y en los peligros de su aventura. + +El ardid amoroso que pensaba emplear Bozmediano era cosa muy común á +principios del presente siglo, en que se conservaba aún la rigidez de +los principios domésticos que habían hecho en tiempos anteriores una +fortaleza de cada hogar. + +En el siglo XVII, cuando nuestra nacionalidad vigorosa, original y +profundamente característica, no había recibido influjo extranjero, los +españoles se componían de otro modo: iban á su objeto por medios más +violentos, más decididos, más románticos, que indicaban antes la pasión +que la intriga; más bien la resuelta actitud del valor que el ingenioso +intento de la astucia. Aquél fué el siglo de los raptos del convento, +de las escaladas por el jardín, de las fugas, de los atropellos, de los +sublimes atrevimientos. Entonces hubo un galán, según dicen (el Conde +da Villamediana), que quemó su casa sólo por el placer de sacar en +brazos á una dama. + +La irrupción de costumbres francesas, verificada con la venida de la +dinastía nueva á principios del siglo XVIII, modificó ésta como otras +cosas. La sociedad que se imponía á la nuestra era menos grande, menos +valerosa, menos apasionada; pero más culta, más refinada, más hipócrita. +Con ella vinieron los abates, y vino la literatura clásica, fría, +ceremoniosa, falsa, hipócrita también. La poesía pastoril, último grado +de la hipocresía literaria, tuvo un renacimiento funesto en el siglo +pasado. Al compás de los madrigales, los abates hacían el amor +callandito en los salones. Los amantes, que componían versos de casto é +insípido pastorileo, no podían entrar en las casas como aquéllos á +quienes encubría su dignidad, y entraban disfrazados ó empleando los más +extravagantes y rebuscados medios. + +Con la sociedad nueva vino la moda nueva. Esta trajo las pelucas +blancas, los peinados complicados é hiperbólicos; y con el artificio +de estos peinados se creó el peluquero de las damas, hombre gracioso +que entraba en todos los tocadores, y era tercero en toda +intriguilla de amor. + +Ningún siglo ha visto, como el décimoctavo, la astucia sirviendo al +amor. Veíase á los amantes arrostrando la ridiculez de situaciones muy +raras para poder hablar con sus damas. La casa era invadida; pero no +como la invadían nuestros caballeros del siglo anterior, espada en mano, +batiéndose con una turba de criados y dos docenas de alguaciles, sino +astuta y solapadamente, engañando á las familias, abusando de la +confianza ó encubriéndose con un disfraz ingenioso y á veces grosero. + +En 1821 estos procedimientos estaban aún en boga, y Bozmediano era +maestro consumado en el asunto. Conocía el resorte de los barberos, de +las terceras, de los abates, siendo muy diestro en el uso de disfraces, +engaños y supercherías amables, como entonces se llamaba á estas cosas. +Si no pudo emplearlos en la aventura que le vemos emprender, á causa de +las singulares, costumbres de las tres señoras, no fué culpa suya; y +sólo á los obstáculos y dificultades que presentaba el terreno, se +debió, como él decía, que empleara medios un poco más violentos. + + + + + +CAPÍTULO XXI + + + +#¡Libre!# + + +Ante todo, Bozmediano, guiado por un sentimiento fácil de comprender, +resolvió firmemente hacer cuanto en su mano estuviera para poner en +libertad al pobre Lázaro. Servir al que podía considerar como su rival, +le parecía un acto que podía asegurarle la benevolencia de Clara; y esta +benevolencia, bien y astutamente dirigida, podía convertirse en amor. No +procedía éste como los amantes vulgares, en quienes la pasión no es más +que un egoísmo un poco espiritualizado. En Bozmediano los movimientos de +delicadeza y generosidad eran espontáneos y vehementes. + +No le fué difícil conseguir lo que apetecía. El secretario del jefe +político, informado por la policía, le dijo que el preso era un +agitador, pagado por los amigos de la reacción; pero Claudio lo disculpó +cuanto pudo, diciendo que era un joven sin experiencia ni juicio; y al +fin, después de muchos empeños y recomendaciones, se dió la orden para +ponerle en libertad. + +Bozmediano se dirigió á la Cárcel de Villa. Lázaro, después de la visita +de su tío, había caído en lúgubre abatimiento. Aquella fiebre angustiosa +que llenaba la imaginación de alucinaciones terribles, haciéndole sufrir +tan grandes tormentos, había degenerado en lento marasmo, en un letargo +moral que le embrutecía. Su inteligencia, tan viva y brillante en otras +ocasiones, estaba adormecida; y recostado en un rincón, con la vista +fija en el ángulo opuesto, sus ojos buscaban la obscuridad como único +descanso. El descuido, el abandono, la atonía y un sopor estúpido se +pintaban en su actitud. + +Cuando le notificaron que estaba libre, tardó mucho en adquirir la +completa noción de aquel cambio. Rehaciéndose un poco, creyó que á su +tío debía semejante favor, con lo cual la persona de Elías ganó +momentáneamente su afecto. Pero al salir encontró á Bozmediano que le +saludó con mucha cortesía, repitiéndole que estaba libre y podía +retirarse á su casa. + +Sintióse conmovido ante la generosidad desinteresada de aquella persona; +pero pronto empezaron las dudas y la confusión. ¿Quién era aquel joven? +¿Le había favorecido por generosidad ó por miras ocultas? No le conocía. +¿Por dónde sabía su nombre y que estaba preso? + +Lázaro no pensó mucho en esto. Hablaron al salir, y le pareció que +Bozmediano era bueno y honrado, dispuesto á la amistad y á las buenas +acciones. Cuando marchaban juntos por la calle de Atocha, el aragonés +escuchaba las palabras de su desconocido favorecedor con la tranquila +atención de la inferioridad; admiraba sus maneras, su entendimiento, su +fisonomía, su modo de expresarse, y en aquel momento le pareció el más +cumplido caballero que había visto. Comprendió también que era un joven +distinguido, rico é influyente, y su admiración tuvo mucho de respeto. + +--¿Pero á qué circunstancias debo este gran favor que usted me ha +hecho?--decía Lázaro.--Quiero saber cómo podré pagar.... + +Claudio, que quería eludir el verdadero motivo de aquel acto, divagó, +dando á Lázaro una porción de señas que aumentaron su confusión: le +habló de don Elías, de su pueblo, del club de Zaragoza, de la _Fontana_. + +--En fin--dijo, decidido á salir del atolladero:--no quiero llevarme el +mérito de una acción que no debe usted agradecerme. Cada cosa en su +lugar. Yo le he puesto á usted en libertad, pero no he sido más que un +intermediario. + +Lázaro comenzó á ver obscura la situación. Paráronse, y se miraron. La +sonrisa que en aquel momento se dibujó en los labios de Claudio, le +pareció al otro cosa de muy mal agüero, y empezó á bajar á su +favorecedor del alto pedestal en que le había puesto. + +--Sí--continuó el militar:--no es á mí á quien debe usted este favor; es +á una persona que debe de querer á usted mucho, según las apariencias. + +Lázaro iba á pronunciar el nombre de Clara; pero se contuvo, porque +multitud de pensamientos que se le agolparon á la imaginación, le +hicieron detener un buen rato fija la vista en el militar. Aquel tropel +de pensamientos fué una serie de rapidísimas nociones que se borraban +unas á otras, sucediéndose con precipitado vértigo. Ella le conocía, le +había visto; Bozmediano era una agradable persona: éste le había puesto +en libertad; ella se lo rogó tal vez; ella le tenía lástima; él quiso +complacerla. ¿A qué precio? ¿Con qué fin? ¿Desde cuando?... + +Por fin el aragonés se atrevió á preguntar quién era la persona á quién +debía su libertad. + +--Vamos--dijo Bozmediano con cierta vocecilla impertinente.--Bien sabe +usted lo que quiero decir. No es necesario pronunciar fu nombre. Es +natural que se haga usted el desentendido. Como halaga tanto su amor +propio el ser querido por persona de tanto mérito.... No sea usted +ingrato, joven, que ella no lo merece. + +--No sé lo que quiere usted decir--manifestó Lázaro en el tono de un +examinado desaplicado que se hace repetir la pregunta por retardar la +contestación que no sabe. + +Bozmediano habló más; pero vino á decir lo mismo. A Lázaro le parecía un +agravio inferido á Clara el publicar su afecto, el depositar tan honesta +y delicada confidencia en el conocimiento de un intruso, sí, porque +Bozmediano era un intruso, que se había metido á darle libertad sin que +nadie se lo pidiese. + +--Bien sabe usted á quien aludo--dijo Claudio, dándole una palmada en el +hombro con llaneza y confianza;--pero como usted está tan orgulloso con +ser novio de esa joven, se da usted ese tono. + +--¡Oh! no--replicó el sobrino de Coletilla avergonzado.--La verdad es +que no sé quién es esa persona que usted dice. + +Bozmediano estrechó la mano del joven aragonés y le hizo muchos +ofrecimientos y protestas de amistad. El otro estaba tan aturdido, que +lo contestó mal y con poca cortesía. + +--Sé dónde usted vive--dijo Claudio retirándose:--nos veremos. Y si no +en la _Fontana_, á donde voy con frecuencia. + +Y se separó. Cuando estuvo á alguna distancia, Lázaro sintió impulsos de +correr hacia él para darle las gracias con mayor respeto; pero en él +luchaban el orgullo y los celos. Le dejó marchar sin decir nada. + +Bozmediano iba diciendo entre sí con mucha satisfacción: + +--Muy vulgar, muy vulgar.... + + + + + +CAPÍTULO XXII + + + +#El "vía crucis" de Lázaro#. + + +Lázaro continuó andando sin dirección fija. Su brusca y misteriosa +salida de la cárcel, el conocimiento de Bozmediano y el aturdimiento +producido por sus palabras, le impidieron por algún tiempo darse clara +cuenta de su difícil y rarísima situación. Pero cuando se vió solo y +anduvo un buen rato, empezó á comprender que no tenía á donde ir, ni á +quién dirigirse, ni con quién vivir. Las palabras dichas por el viejo no +le dejaban duda respecto á su carácter. Era un realista fanático, un +ciego amante de la tiranía. Con los ojos encendidos de cólera y el habla +venenosa y fuerte, le había dicho que no fuera á su casa mientras no +cambiara de ideas, ¿Qué hacer? Era imposible vivir con aquel hombre +misántropo y cruel, melancólico y feroz como un fanático musulmán. ¡Cuán +contrarias las ideas de uno y otro! ¿Qué podía hacer? ¿Fingir y ser +hipócrita? ¿Aparentar un amor á la tiranía que le parecía criminal? "No: +eso no puede ser", pensaba Lázaro. Además, en la agitación actual de los +partidos, fingir semejantes ideas era peor que profesarlas. El viejo no +podía admitirle en su casa. Entonces, ¿qué determinación debía tomar? +¿Adónde iba? ¿Volvería á Ateca? ¿Y Clara? + +Al acordarse de su infortunada compañera, los pensamientos del joven +tomaron otro sesgo. La idea de los pesares de aquella infeliz, condenada +á vivir con un ser tan antipático, principió á atormentarle. Era preciso +ir allá y ver lo que pasaba en la casa. ¿Pero cómo, si era imposible +visitar á su tío? + +¿Iba ó no iba? La necesidad le apremiaba. Estaba solo, agobiado de +extenuación, hambriento y desnudo. Doce cuartos era toda su fortuna; +porque en el camino había perdido un doblón, y los gastos de viaje +consumieron el otro. Entre tanto se acercaba la noche y no tenía dónde +dormir. Si acudía á casa de sus amigos, temía no encontrarlos tan +benévolos como la noche anterior. Además, eran pobres, tan pobres como +él, y no podían darle agasajo. + +Era preciso ir. También se le ocurrió tomar el camino de su pueblo y +volverse allá. Conocía un arriero en el parador, que le llevaría de +fiado. Pero ¿y Clara? + +Estos eran sus pensamientos cuando acertó á pasar por la _Fontana_. +Sintió gran algazara, paróse maquinalmente y tuvo intenciones de entrar. +"No--dijo dominándose--no entraré." Y al mismo tiempo dió un paso hacia +la puerta. + +Sin embargo, atracción fatal le arrastraba hacia aquel recinto, abismo +de sus primeras y más bellas ilusiones. + +Los sonidos que allí dentro se oían retumbaban en su cerebro como ecos +infernales de singular fascinación. + +Retrocedió, volvió á avanzar, se consultó, discutió mentalmente, y al +fin, uniéndose la curiosidad á su instintivo deseo de entrar, no dudó +más y entró. + +Estaban en una discusión muy acaloraba. Por todas partes se alzaban +voces, lo mismo en la región turbulenta del público que en la del club. +El que estaba en la tribuna logró dominar el ruido y pudo hacerse oír; +pero bien pronto los gritos ahogaron de nuevo su voz. Trataba de la +vergonzosa derrota que habían sufrido los exaltados ante la autoridad de +Morillo, y algunos habían llevado esta cuestión á un terreno personal. +Celosos del decoro de la sociedad y del buen nombre del partido, algunos +oradores denunciaban _á los infames que, disfrazados con el nombre de +liberales, iban á corromper á aquella asamblea, á hacer vergonzosos +tratos en nombre del Rey, á comprar la elocuencia exaltada y á promover +alborotos que no tenían otro objeto que desprestigiar el liberalismo y +dar armas á la reacción._ + +--¡Lobos--decía el orador--disfrazados de cordero, que vienen aquí +fingiendo un amor á la libertad que no tienen! ¡Ofrecen oro á los +oradores en pago de un discurso que exalte los ánimos de la multitud +ignorante! + +--Sí: esos infames--decía otro orador--son los que preparan las asonadas +y los que apedrean las casas de los Ministros. El objeto de esta +asociación es sostener una cátedra permanente de las buenas ideas, +dirigir los sufragios; pero nunca patrocinar el libertinaje, ni el +escándalo, ni la anarquía. + +--No--gritó otro orador, en quien se fijaban las miradas de todos, y que +se levantó lleno de ira á protestar contra las palabras anteriores.--No: +aquí no hay traidores. Los que tal hacen no pertenecen á la raza de los +humanos: no creo en ellos, y si los hay, que se digan sus nombres. +Sepamos quiénes son; conozcámonos. + +--¡Que se digan los nombres!--repitieron cien voces. + +--Es preciso--decía el primer orador--purificar esta noble asamblea. +Merced á los infames que la han corrompido, corren por la corte +injuriosas calificaciones de nosotros y de nuestro club. ¡Que esos +infames salgan de aquí! + +--¡Que se digan sus nombres!--respondió la multitud con un rugido. + +--No--decía otro:--esa especie de hombres no existe. + +--Sí existe--exclamó exasperado el primero.--Frecuentan este sitio +personas que vienen á pagar con el oro del rey el frenesí oratorio que +enloquece al pueblo. + +--¡Quién! ¡Quién! + +--¿Quién de nosotros--continuó el orador--no conoce al llamado Coletilla? +Es un realista fanático, un malvado agente de la _casa grande_. ¿No le +conocéis? Este hombre es una culebra que se desliza entre nosotros para +corromper á los oradores jóvenes. Yo sé que muchos han recibido dinero +en cambio de discursos muy calurosos. Las asonadas absurdas que vemos +todos los días, ¿á qué se deben? No lo dudéis: ¡abrid los ojos, ciegos! +Se deben al oro de Fernando de Borbón, al oro repartido por ese hombre +insidioso, por ese Coletilla. + +--¿Quiénes son los venales? Sepámoslo. + +--Desconfiad de los autores de asonadas. + +--Ese es algún amigo del Gobierno--exclamó señalando al orador un +individuo que estaba en la parte del público. + +--¿Amigo del Gobierno?--dijo el orador indignado.--¿Por qué? ¿Porque amo +la libertad sin licencia, la petición sin escándalo? Vosotros amáis la +anarquía y cedéis á la venalidad. Me dirijo á los aragoneses, que este +sitio se distinguen por su lenguaje procaz y su amor á los alborotos. + +--¿Qué se atreve usted á decir?--exclamó Núñez levantándose como una +furia y apostrofando al primer orador. + +--¡Qué injuria dirige usted á mis amigos, á mi! + +--Sí, señores--gritó el otro:--desconfiad de los aragoneses. Un aragonés +agitó las turbas el día de la procesión del retrato. + +Algunos miraron á Lázaro que, mudo y helado, presenciaba aquella escena. + +--Y no lo dudéis--continuó el orador.--El que habló en aquella ocasión +era un vil instrumento de los agentes del Rey. + +--¡Es éste! ¡Aquí está!--exclamó uno, señalando á Lázaro á la atención +de toda la asamblea. + +--Sí: el sobrino de Coletilla. + +--¡Sobrino de Coletilla! ¡Sobrino de Coletilla!--repitieron +muchas voces. + +Tumulto espantoso resonó en todo el ámbito. Todos se levantaron y +miraron á Lázaro. + +--¡El que habló la otra noche excitando á la rebelión! + +--¡Alborotador de la Plaza Mayor! + +--¡El sobrino de Coletilla! + +Estas últimas palabras eran el mayor padrón de deshonra. Núñez se +levantó á defender á su amigo; pero no pudo: su voz no fué escuchada. +Muchos que temían verse acusados, en cuanto vieron el aluvión que sobre +Lázaro caía, descargaron sobre él toda su ira. + +--¿Cuánto te dieron por los gritos del día de la procesión, +prendita?--exclamó desde el rincón el augusto Calleja. + +--¡Afuera con él! + +--¡Fuera los traidores, fuera! + +--¡A la calle, á la calle! + +Lázaro trató en aquel momento supremo de desesperación de reunir todo su +aplomo para hablar, para defenderse, para gritar, para decir á todos que +era inocente, que era un infeliz, un pobre diablo, el último de los +seres. No le escuchaban. No podía hablar, ni para defenderse, ni para +despreciarlos: se doblegó bajo el peso insoportable de tanta mirada y de +tanta cólera. La multitud redobló su furia al ver el estupor y la +postración de su víctima, y tras las palabras vinieron los movimientos: +le mandaron salir, le empujaron hacia la puerta, le echaron. El círculo +en que le tenían se estrechaba cada vez más; el desdichado joven vió +cien manos sobre su cuerpo; se sintió cogido, como si una culebra se le +enroscara echándole fuertes nudos y apretándole en sus robustos anillos. +El vocerío, el calor, la angustia, la vergüenza, le aturdieron hasta el +punto de hacerle perder la claridad del conocimiento. Sintióse arrastrar +sin ver quién le arrastraba; fuerzas descomunales tiraban de sus puños, +le golpeaban la espalda, le impelían hacia fuera, sintió abrirse la +puerta con estrépito, sintió que su cuerpo recibía una fuerte sacudida, +sintióse arrojado y libre de aquellos brazos terribles; cayó al suelo. +El ruido continuaba en torno suyo, formado principalmente de carcajadas +infernales; pero al fin el ruido se alejó poco á poco: el infeliz +comenzó á experimentar el dolor de la caída y el frío de la tierra. +Estaba en la calle. + +Permaneció en el suelo algunos minutos sin darse clara cuenta de aquél +hecho, y el sudor que le cubría su rostro le produjo una impresión +glacial. Entonces adquirió conocimiento exacto de su situación, y vió +que estaba en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, inclinada la +frente, caído y revuelto el cabello. El sombrero rodaba á su lado, su +ropa estaba desgarrada y sentía un dolor agudísimo en el codo izquierdo, +duramente estropeado en la caída. El ruido de la _Fontana_ resonaba como +enjambre lejano: á los gritos se unían las palmadas, y una voz agitada y +sonora se elevaba á ratos sobre aquella tempestad de entusiasmo. + +Lázaro vió en torno suyo á tres pilletes que le contemplaban con burla, +y uno de ellos atisbaba una ocasión oportuna para quitarle el sombrero. +Los transeúntes principiaron á formar corro, y alguno llegó á inclinarse +con curiosidad para ver si el caído estaba difunto ó simplemente +desmayado. Levantóse, porque aquella curiosidad impertinente le +molestaba tanto como el rumor que de la _Fontana_ salía, y se alejó de +allí, dirigiéndose á la Puerta del Sol. Los gateras le seguían, +acompañados de algunos más; los serenos le dirigían de lleno la luz de +sus linternas, y los transeúntes se paraban mirándole alejarse, seguros +de que no era difunto ni estaba desmayado, sino simplemente borracho. + +Subió la calle de la Montera, y preguntó por la calle de Válgame Dios, +porque había resuelto dirigirse á Casa de su tío. Ya no dudaba: su +determinación era fija, y en aquel angustioso trance, la casa del +fanático, en cuya puerta había de dejar sus creencias, sus sentimientos, +le pareció un refugio de paz. + +Después de todo, los pocos días pasados en Madrid habían sido continuado +martirio, y la idea de la apostasía que en casa del realista se le +obligaba á hacer, no le molestaba tanto. Estaba herido de muerte en la +imaginación, es decir, flaqueaba por su parte más poderosa. Ya no era +aquel joven ardiente que se creía destinado á grandes fines; era un +pobre desheredado sin vigor de espíritu, sin esperanza y sin ideas. No +sabía lo que pensaba, no podía medir la inmensidad del trastorno que su +pariente le exigía, no estaba resuelto sino á echarse en brazos del +primero que fuera capaz de consolarle. + +Llegó por fin, después de preguntar mucho, á la calle de Válgame Dios. +Vió el número de la casa, miró á las ventanas del segundo piso y había +luz en las habitaciones. Sin duda estaba allí Clara cansada de +esperarle, desconfiada de verle otra vez. Entró en el zaguán y subió la +escalera tan agitado y palpitante, que al llegar á la puerta se detuvo +porque apenas podía respirar. Después de algunos segundos, en que trató +de reponerse, alargó la mano, tomó el cordón de la campanilla y tiró muy +suavemente, porque le parecía que iba á incomodar á su tío y á alarmar á +Clara si tocaba más de lo necesario para hacer constar en el interior la +presencia de un forastero. Pero la suavidad con que tiró su mano +temblorosa fué tal, que la campanilla no sonó. Quiso hacerlo con más +energía, y como estaba tan nervioso, tiró tanto que la campana atronó la +casa. Lázaro se asustó, creyendo que Elías iba á salir hecho una furia, +clamando contra el que así alborotaba. Largo rato pasó sin que nadie +abriera; pero al fin distinguió alguna claridad al través del +ventanillo; sintió pasos; una mano descorría la tabla, abrióse el +agujero y aparecieron dos ojos. + +No eran los de Clara. + +--¿Quién?--dijo desde dentro la voz de Pascuala. + +Lázaro preguntó por su tío. + +--Sí pero no está. + +--¿Vendrá pronto? Soy su sobrino. + +Pascuala abrió la puerta y Lázaro dió un paso hacia adentro sorprendido +de no oír la voz de Clara. + +--No vendrá ni pronto ni tarde, porque se ha _mudao_--contestó la +alcarreña. + +--¿Cómo? + +--Como que se ha _mudao_ hoy mismo. Yo estoy aquí todavía, porque quedan +algunas cosillas y el ropero grande, y estoy aquí _pa_ cuidarlo; pero +mañana me voy. + +--¿Y á dónde se ha mudado? + +--Aquí cerca, en la calle de Belén, en casa de unas señoras que llaman +de Porreño, que le han _cedío_ el cuarto segundo _pa_ que viva solo. + +--¿Y Clara?--preguntó Lázaro con mucha ansiedad. + +--Ésa hace ocho días que está allá viviendo con las señoras. El amo la +puso allí porque se _enfaó_ con ella. + +--A ver, á ver, ¿qué es lo que dices? + +--¡Ah! ¿Pero usted es sobrino del amo? + +--Sí. + +--Usted es aragonés. Dígame: ¿conoce por casualidad en Cariñena á +Ventura Palomino, hermano de Jusepe Palomino, que casó con Colasa +Sanahuja? + +--No--contestó Lázaro impaciente:--no soy de Cariñena. + +--¿Y sabe usted si ha _parío_ la mujer de Antón Telares, hermano de +mi novio Pascual, con quien me voy á casar la semana que entra, si +Dios me ayuda? + +--No sé, hermana; no conozco á esa gente. Pero diga usted, ¿por qué ha +ido Ciara á vivir con esas señoras? + +--¡Ah!--dijo la alcarreña riendo con mucha gana:--no me acordaba de que +era usted su novio. El amo la mandó allá, porque decía que no la podía +aguantar ... pues ... le diré á usted ... el amo es así, un poco ... +Decía que era una niña como las del día, que era muy sardesca ... Pero +ella es muy buena, y no sé cómo la pobre no se ha _podrío_ de tristeza +en esta casa. + +--¿Y salió con gusto de aquí? + +--A la verdad, caballero ... el amo tiene un genio, así ... vaya. Las +dos nos quedábamos muertas de miedo siempre que le veíamos entrar. No +nos hablaba nunca, y de noche, después de acostarnos, le sentíamos dando +unas patadas. + +--¿Y por qué la mandó á casa de esas señoras? + +--Vea usted, yo le voy á decir la verdad porque es de la casa. Había un +_melitarito_ que se metió un día en casa, porque vino acompañando al +amo, que fué _herío_ en la calle. Después pasaba todos los días por ahí, +y siempre que me encontraba en la calle me paraba _pa_ preguntarme por +doña Clarita. ¡Ay! un día me vió mi Pascual hablando con él, y por poco +... mi Pascual tiene un genio del demonio, y cuando se _enfaa_ ... usted +no supo cómo le pegó de cachetines al carnicero de ahí enfrente ... +Luego, como es una así ... tan guapetona. + +--Siga lo que iba contando: después sabremos lo que hace el señor +Pascual--dijo Lázaro, impaciente por las digresiones de la criada. + +--Pues decía que el _melitarito_, ofreciéndome dinero, quería +colarse aquí. + +--¿Y entró?... + +--Espere usted y seguiré contando. No pasaba de la esquina, y el amo le +alcanzó á ver algunas veces. Porque el amo, aunque parece que no ve +nada, lo _oserva_ todo. + +--Y ella, ¿qué decía? + +--Espere usted ... El me decía que quería entrar. + +--¿Y qué decía él de ella? + +--Que era muy guapa para estar aquí encerrada sin ver el mundo; que era +una lástima que una mujer así viviera en compañía de un viejo tan feo y +tan ... Decía: "yo la sacaré de aquí." + +--¿Y ella sabía que él decía eso? + +--Sí: él mismo se lo dijo. + +--Luego estuvo aquí--exclamó Lázaro con mucha ansiedad. + +--Espere usted. + +--Y ella, ¿qué decía de él? + +--Que era una persona amable y de muy buen trato; que era buen sujeto y +caballero muy cumplido. Un día se nos metió aquí. ¡Jesús, qué susto! + +--Y ella, ¿qué hizo? + +--Le dijo que se fuera. + +--¿Y se fué? + +--Ca: aquí estuvo hablando mil cosas. + +--Y ella, ¿qué le decía? + +--Que se fuera, porque la iba á comprometer; que si era verdad que se +interesaba por ella, se marchara al momento, no dando lugar á que le +vieran allí. + +--Y él, ¿qué dijo?--preguntó Lázaro, que no cabía en sí de zozobra. + +--Mil cosas, mil monerías. Lo cierto es que el amo entró y le vió. Se +enfadó mucho, nos riñó mucho. + +--Y á él, ¿qué le dijo? + +--Nada. A nosotras nos estuvo riñiendo todo el día. Después le dijo á +doña Clarita que era una loca; que ya estaba _cansao_ de sus coqueterías +... cosas del viejo, porque ella, la pobre ... por fin le dijo que la +iba á mandar á casa de esas tres viejas para que la corrigieran y la +enseñaran á buen vivir. + +--Pero ¿por qué causa mi tío la llama loca? ¿Qué ha hecho? + +--_Naa_; pero el amo dice que las ideas del día ... + +--¿Y qué más le dijo?--preguntó Lázaro, que no se cansaba nunca de las +terribles respuestas de aquel fatal interrogatorio. + +--Que debía aplicarse á la oración y á una vida santa. + +--¿Y ese militar no la ha vuelto á ver más? + +--Estos días le he visto rondando por la calle de Belén, y yo ... me +figuro....--¿A ver? ¿Qué se figura usted? + +--Me figuro ... El _melitarito_ es muy pillo ... apuesto á que se ha +colado allá. + +--¿Y usted no conoce á esas tres señoras?--dijo Lázaro, tratando de +disimular la mala impresión que la anterior respuesta le había +producido. + +--No: el amo decía que son buenas, y que una es santa. + +--¿Dónde viven? + +--En la calle de Bebén, núm. 4. Su tío vive en la misma casa. Ya las +conocerá usted. + +-Diga usted--preguntó Lázaro, después de una pausa, en que dudó si +marcharse ó prolongar más aquel coloquio doloroso;--diga usted, ¿ese +militar es un joven alto, con bigotes negros? ... + +--Sí: un poquito más alto que usted; tiene una voz muy clara y anda con +mucha gracia, y se ríe con mucha gracia. + +--¿No sabe usted cómo se llama? + +--No, señor: lo iba á averiguar; pero como mi Pascual es tan celoso, +tuve miedo. ¡Ah, qué hombre! Cuando se _enfaa_ ... + +Lázaro estuvo un momento silencioso contemplando la bárbara efigie de +aquella mujer, oráculo de su desventura. Después se hizo repetir las +señas de la nueva casa, y salió. + +Ya la determinación de ir allí era inquebrantable, y antes hubiera +muerto que dejar de hacerlo. La curiosidad, los celos, la necesidad de +encontrar una solución á aquella serie precipitada de dudas, le +impulsaban hacia la nueva casa. ¿Y la abjuración exigida? Casi no +pensaba ya en tal cosa. Sin duda alguna podía asegurar que el militar, +de quien le habló Pascuala, era el mismo que le acababa de poner en +libertad. ¡Nuevo y doloroso misterio! Hubiera dado muchos días de vida +por saber todo con claridad, y al mismo tiempo se horrorizaba al pensar +que iba á saberlo. La idea de la deslealtad de Clara, de su deshonra, +era demasiado grande en su horror, y no le cabía en la cabeza. Lo que +más le confundía era la extraña rapidez, la fatal impaciencia con que +se precipitaban sobre él tantas contrariedades, tantas amarguras, que +no le daban tiempo para buscar aliento y esperanza en su inteligencia y +en su corazón. + +Entró en la casa, y subió lentamente la escalera de la casa del siglo +décimoctavo. No pudo prescindir de una sensación de respeto hacia +aquellas tres damas, desconocidas todavía para él, que le parecían tres +perfectos modelos de virtud. Tocó, y le abrió una de ellas. La +decoración le afectó un poco: los retratos históricos de la antesala le +miraron todos con sus ojos apolillados. Lázaro tuvo miedo. Precedido por +Paz, atravesó por entre aquellas sombras que la débil luz del pasillo +hacía más misteriosas, y entró en la sala. + + + + + +CAPÍTULO XXIII + + + +#La Inquisición.# + + +Cuando Coletilla, después de instalado en el piso segundo, manifestó á +las señoras la probabilidad de que su sobrino fuese á vivir con él, +Salomé se quedó un poco pensativa; pero María de la Paz dijo que no +había inconveniente, supuesto que el joven, bajo la vigilancia y tutela +de su tío, habría de tener el comedimiento y la dignidad que aquella +casa imponía á sus habitantes. + +Lázaro, precedido por María de la Paz, entró en la sala. Lo primero que +vieron sus ojos fué á Clara, que estaba sentada junto á la devota y +cosía con la cabeza baja, sin atreverse á mirar á nadie. Vió su +turbación y su empeño en disimularla. Después miró á todos lados y vió á +su tío, respetuosamente sentado al lado de Salomé, cuyos reales estaban +plantados al extremo oriental de María de la Paz. Lázaro les vió á todos +inmóviles, como figuras de palo: todos le miraban, excepto Clara, la +cual insistía en acercar tanto los ojos á su labor, que era difícil +comprender cómo no se sacaba los ojos con la aguja. + +Elías miró á Lázaro con asombro. Paz con asombro, Salomé con asombro, +todos con asombro, y él mismo llegó á creer que era un fantasma evocado, +el temeroso espectro del sobrino de Coletilla. Salomé le indicó una +silla con el dedo en que tenía las sortijas, y Paz le dijo con el +registro de voz más desdeñoso y augusto: + +--Siéntese usted, caballerito. + +Cuando el joven dijo "gracias, señora," su voz resonó débil y dolorida, +anunciando tanto sufrimiento y postración, que Clara no pudo menos de +alzar los ojos y mirarle con súbita impresión de interés. Le encontró +muy pálido y abatido; comprendió lo que el infeliz había pasado en +aquellos días, y necesitó todo el esfuerzo de que su alma valerosa era +capaz para no echarse á llorar como una tonta en presencia de aquellas +tres rígidas damas y del furibundo Coletilla. + +--Ya estas señoras saben lo que has hecho al llegar á Madrid--dijo Elías +á su sobrino con mucha severidad. Paz y Salomé fruncieron el ceño para +que nadie pudiera poner en duda su indignación. Lázaro no contestó, +porque estaba muerto de vergüenza, y en aquel momento las dos damas le +parecían las dos personificaciones más perfectas de la justicia humana. + +--¿Recuerdas lo que te dije cuando fuí á verte á la cárcel? + +--Sí, señor: no lo he olvidado. + +--Ahora vivo aquí, en casa de estas señoras que nos han ofrecido á mí y +á Clara un asilo. + +--Sólo por usted, señor don Elías--dijo Salomé. + +--Ya lo sé; sólo por mí--contestó el viejo.--Pero yo--continuó +dirigiéndose á Lázaro,--si te llamé estando en la otra casa, ahora no me +atrevo á darte hospitalidad porque.... + +--Señor don Elías--dijo Paz,--de lo de arriba puede usted disponer á su +antojo. Ya sabe usted lo que hemos convenido. Sólo lo hacemos por usted. + +--Yo no puedo--prosiguió Elías, haciendo una gran reverencia,--yo no +puedo decir á este muchacho que se quede en esta casa. Su conducta ha +sido tan escandalosa, que no me atrevo.... + +--No hay falta, por grande que sea, que no pueda corregirse--dijo +Salomé, mirando con sublime protección al desdichado Lázaro, á quien +parecieron aquellas palabras el colmo de la generosidad. + +--Efectivamente--dijo Paz en tono de enfática indulgencia.--Hay faltas +tan enormes, que por su misma enormidad necesitan indulgencia. Mi +opinión es que este caballerito debe quedarse con usted, señor don +Elías, porque si no, ¿qué va á ser de él? + +Elías manifestó comprender. + +--¿Qué va á ser de él si continúa abandonado y sin guía?--prosiguió la +dama.--Por lo que ha pasado podemos colegir lo que pasará. Sin el amparo +de una persona tan virtuosa y magnánima como usted, ¿qué será de este +caballerito, en quien han germinado las semillas de todas las malas +ideas del día? + +--Yo creo que aún es tiempo, porque, aunque ha brotado la cizaña en esa +tierra malignamente fecunda, con un buen sistema de educación podrá ser +arrancada de raíz esa mala hierba, y aun expurgar y purificar la mala +tierra--dijo Salomé, que, desde el tiempo en que los poetas le dedicaban +madrigales, había conservado gran afición á las alegorías. + +--¿Qué te parece, Paula?--dijo Paz, que creía á veces que en aquella +casa no podía emitirse palabra ni consejo de ningún valor, sin ser +refrenado por el _exequatur_ ortodoxo de la devota. + +--Ella, que es una santa, dirá lo que se ha de hacer--exclamó Elías. + +Mientras todos le pedían su opinión, la devota contemplaba el rostro del +estudiante, como si quisiera leer en él su delito. Expresión de lástima +afectuosa y aun de admiración ingenua brillaba en los ojos de doña +Paulita, que en aquel momento parecía manifestarse naturalmente. Pero en +cuanto advirtió que le pedían un consejo, recordó su misión, arqueó las +cejas, y dió al viento la metálica voz con estas palabras: + +--¡Oh! ¿Qué hay que consultar sobre este punto? ¿Quién dice si se debe +perdonar al que ha faltado? ¿Quién hay tan poco cristiano que haga +semejante pregunta? ¡Perdonar! ¿Qué es grave la culpa? Mejor: Por lo +mismo necesita perdón y olvido. Y si fuera más delincuente más pronto la +perdonaría. + +Paz y Salomé miraron á la par á don Elías para complacerse en leer en +sus ojos la admiración que había de causarle tanta sabiduría. + +--¿Cómo me consultan ustedes eso?--continuó Paulita.--Digan dónde hay +pecadores para perdonarlos á todos. ¿Y os priváis de la alegría de +perdonar? No sólo digo á todos que le perdonen, sino también que le amen +como si nunca hubiera pecado. Acordaos del hijo pródigo. Hoy es día de +júbilo en esta casa, porque ha vuelto el delincuente, ha vuelto el que +se creía perdido para siempre. Voy á dar gracias á Dios por haberme +proporcionado el favor inefable de recibir en mi casa un delincuente +cargado de culpas, de poderle decir: "levántate y no vuelvas á pecar." + +Era fácil conocer en la mirada de la santa que hablaba en aquel momento +con profunda verdad y gran convicción. El pecador se sintió conmovido de +gratitud. Clara no hubiera hablado con tanta elocuencia; pero de seguro +pensaba y decía interiormente cosas parecidas. + +La devota se sonrió al concluir su homilía, acontecimiento rarísimo que +hubiera sorprendido á todos, si la preocupación de aquellos momentos +les hubiera permitido repararlo. El joven vió aquella sonrisa en la +boca de la que juzgaba santa (y lo era), y le pareció la cosa más +natural del mundo. Se sintió aligerado de un gran peso, respiró +tranquilo ante aquella profesión de bondad é indulgencia, y creyó +asistir al juicio supremo. + +--Visto el admirable dictamen de esta santa--dijo Elías, porque es una +santa, Lázaro, entiéndelo bien, te quedarás conmigo; pero en +expectativa, en entredicho. + +--No admito entredicho: perdón definitivo--dijo la devota. + +--Bien: perdonado, pero sujeto á vigilancia. A pesar de la actitud +severa de las dos damas y de su tío, Lázaro experimentó cierto descanso +moral en aquella casa. Advirtió á Clara silenciosa y apartada: no alzaba +los ojos, no decía palabra. + +Lázaro, siempre que miraba hacia aquel sitio, encontraba los ojos negros +de la devota fijos en él con tenaz atención. + +La escena se hallaba dispuesta de este modo: Paz y Salomé estaban +sentadas en la actitud ceremoniosa que les era habitual. A la derecha +tenían á Elías, y Lázaro se hallaba frente á ellas en la postura de un +reo. Detrás de las dos viejas, Clara y la devota formaban otro grupo +junto á un pequeño velador que sostenía la lámpara, cuya débil luz +iluminaba aquel cuadro. El resplandor daba de lleno en el rostro del +joven: en la sombra quedaban Clara y la devota, y los ojos negros, +profundamente negros de ésta, brillaban en el fondo sombrío de la sala +con vivacidad felina. Las dos viejas, que volvían la espalda al segundo +grupo, no veían nada; pero Lázaro, que estaba de frente, notaba la +expresión atentamente curiosa y fascinadora de aquellos dos ojos, y se +preguntaba qué podía haber en su fisonomía y en su persona que pudiera +excitar la curiosidad infatigable de aquella señora. + +Elías entre tanto no hubiera creído que aquel concilio ecuménico era +decoroso, sin hacer un pomposo elogio de las virtudes de los tres +venerandos restos de la ilustre familia de los Porreños. + +--En verdad, señoras--dijo,--que no sé cómo agradecer tantas bondades. +No sé á qué debo yo, persona de tan humilde origen, el que usías me +traten con tanta benevolencia y me colmen de favores. ¿Qué he hecho? +¿Quién soy? ¡Ah! Usías son la bondad y nobleza misma. ¡Cómo se conocen +la alteza del origen y la excelencia de la sangre! ¡Ah! ¡Usías se han +puesto de ser redentoras de todos los que en torno mío me abruman á +penas, amargando mi vida! ¿Y qué sería de esa pobre niña sin el amparo +de usías, cuando las ideas del día han echado en su corazón tan +perniciosas raíces? + +La devota dejó de mirar al recién venido y dijo: + +--No me la riñan más, que bastante ha padecido. Lázaro advirtió que +Clara se estremecía, poniéndose roja como una amapola. + +--No me la riñan más, que bastante la han reñido--añadió compungidamente +la devota.--Yo respondo de ella. Yo sé que tiene buen fondo, aunque al +exterior aparezcan los defectos de las pestilenciales ideas del siglo. +Yo sé que tiene buen fondo: ¿qué importan las faltas más graves, cuando +van seguidas del arrepentimiento? + +Lázaro advirtió que Clara hizo un movimiento, como si tratara de +contradecir aquellas palabras; pero en su ceguera no supo ver, no supo +apreciar que en aquel instante el alma de su amiga pasaba por el más +duro trance de dolor y paciencia de que es capaz la naturaleza humana. + +--Yo sé que se corregirá--continuó la devota.--¡No se ha de corregir! +Grandes pecadoras ha sido santas. Animo, amiga mía. Con la vista fija en +Dios, ¿qué se puede temer? Yo sé cómo se curan los males del espíritu, y +mi amiga Clara aparece ya bajo la benéfica influencia de una reacción +feliz. Perdonémosla también; yo respondo de que se corregirá. + +A Lázaro le llenaron de confusión estas palabras. ¿Qué había hecho +Clara? Estuvo casi dispuesto á levantarse, acercarse á ella y decirle en +alta voz: "Clara, ¿qué has hecho?" La miró y la vió llorar; miró á +todos, buscando en aquellas caras de pergamino la solución de tan gran +misterio; pero ninguna le reveló la culpa de la muchacha, ni aun la cara +de la devota, que, después del sermón, volvió á fijar en él, desde el +fondo sombrío de la sala, el intenso rayo de su mirada escrutadora y +ansiosa, suficiente á turbar á otro menos tímido. + + + + + +CAPÍTULO XXIV + + + +#Rosa mística.# + + +--Hoy no he rezado nada--decía la devota á Clara al día siguiente de la +entrada de Lázaro en casa de las Porreñas. + +Estaban sentadas las dos en el sitio de costumbre. Doña Paulita tenía en +la mano nada menos que á San Juan Crisóstomo. Clara bordaba en un +pequeño telar. Su cara expresaba la más calmosa y profunda melancolía. +En cambio la otra parecía muy inquieta, contra su costumbre. + +El observador hubiera visto moverse sus labios, deletreando en silencio +la lectura mística, mientras dirigía con súbita mirada los ojos hacia la +puerta, los tornaba en derredor, miraba á Clara sin fijeza, y, por +último, se quedaba con la vista fija en el espacio, como cuando nos +abandonamos á la contemplación de lo que no está junto á nosotros ni +donde estamos nosotros. A veces parecía prestar atención á algo que +pasaba fuera del cuarto; salía, se paraba en la puerta poniéndose en +escucha, volvía á entrar, se sentaba de nuevo, cogía el libro santo, +leía un poco, pasaba con la vista hojas enteras, miraba á Clara, +murmuraba un rezo, cerraba el _in folio_, lo volvía á abrir, y así +sucesivamente. Sin duda su espíritu vagaba sobre San Juan Crisóstomo, +sin penetrar, como de costumbre, en las entrañas de la teología. + +--Clara--dijo después de meditar un momento,--Clara, ¿sabes que me +parece que el cuarto donde se ha puesto al sobrino del señor don Elías +es un poco estrecho? + +--¿Estrecho?--dijo Clara, afectando indiferencia.--No: para un +hombre solo.... + +--¡Ah!--exclamó la devota.--¡Cómo se pervierte la juventud del día! +Porque un joven como ese, que parece tener buenos instintos ... ¿No? + +--Sí--contestó la otra sin levantar la cabeza. + +--¿Usted no le conocía antes? + +Clara, que quería guardar la más absoluta reserva, se decidió á decir +una mentira. Se avergonzaba de una denegación; pero en aquellas +circunstancias y en aquella casa, la verdad no sólo la avergonzaba, sino +que le daba miedo. Así es que dijo: + +--¿Yo? No.... + +--Es una lástima que se perviertan jóvenes así. ¡Ah! Pero no faltarán +buenas almas que oren por ellos y les ayuden á salir de la miseria. ¿No? + +--Es verdad--contestó Clara. + +--Y cuando se tiene buen fondo como ese joven, es cosa fácil. ¡Ah! Pero +usted me dijo que estuvo en el pueblo de donde es ese joven, ¿No estaba +él allí entonces? + +Clara, que no tenía costumbre de mentir, se vió muy apurada con aquella +pregunta; pero evocando toda la poca malignidad de su carácter, se +dominó y mintió otra vez diciendo: + +--No, no estaba. + +--Y allí, ¿qué decían de él?--preguntó la devota, abriendo á San Juan +Crisóstomo. + +--¿Qué decían?--contestó la huérfana, mirando la labor lo más de cerca +que le era posible.--Decían que era un joven muy leal, muy generoso, muy +bueno y de mucho talento. + +--Sí, ya se conoce que es un joven de buenas prendas--dijo la de +Porreño, abriendo á San Juan Crisóstomo.--¿Y tiene padres? + +--Tiene á su madre--contestó Clara, bajándose para recoger una cosa que +no se le había caído;--su madre, que es una cariñosa mujer, muy santa y +muy buena. + +--Pues ya ... Bien se conoce que así había de ser--afirmó Paula, +hojeando al santo.--Me figuro que será una mujer excelente. + +--Así es. + +--Bien merece ese joven que se le proteja. Cuando el alma es buena ... +¿Quien no pecará alguna vez? + +Al decir esto arqueó las cejas, miró el libro, hizo todos los esfuerzos +imaginables para leer medio renglón, y después de emplear cinco minutos +en tan importante tarea, volvió á hablar diciendo: + +--¿No tiene ninguna hermana? + +--No, señora. + +--¡Oh!--exclamó Paulita, dejando definitivamente á San Juan +Crisóstomo;--me olvidaba de mi rezo. Hermana, con la conversación de +usted me he distraído. Vamos á rezar. + +Pero en lugar de tomar el libro de oraciones, tomó un libro de Santa +Teresa, y lo abrió maquinalmente. Clara tomó el rosario, mientras la +devota empezó la salmodia con la vista fija en el libro y equivocándose +á cada momento. En lugar de decir un _Padre nuestro_ decía una _Salve_, +y se trastornó de tal modo el rezo, que al cabo de un momento se +encontraron perdidas en un laberinto sin saber en qué parte del rosario +se hallaban. + +--¡Ah, qué cabeza la mía!-dijo la santa deteniéndose;--pero ¡ay! con la +conversación de usted me he distraído. Sigamos. + +Pero en vez de pronunciar el _Pater noster_ fundamental, que es lo que +procedía para empezar de nuevo, clavó los ojos en el libro, y +maquinalmente leyó: + +--De dos maneras de amor quiero yo ahora tratar: uno es espiritual, +porque ninguna cosa parece le toca la sensualidad ni la ternura de +nuestra naturaleza; otro es espiritual, y que junta con él nuestra +sensualidad y flaqueza ...--Qué distracción!-observó después. + +Y apartó el libro con desdén, miró al techo y se estuvo quieta un buen +rato, sin dar señales de vivir en este mundo, permaneciendo tanto +tiempo inmóvil y con tal profundidad extasiada, que Clara se alarmó, y +tuvo al fin que decidirse á tirarle de la manga, con lo cual la devota +bajó del cielo. + +--¡Ay, hermana!--dijo vivamente.--Usted no sabe rezar el rosario; déme +acá. + +Y le quitó á Clara el rosario de las manos, lo tomó y empezó á contar +las cuentas una por una con tanta escrupulosidad, que empleó lo menos +diez minutos en tan difícil operación. Después rezó una Salve, á la que +contestó Clara con un _Pater noster_: las dos se miraron. Clara tembló, +porque creía que la devota la iba á reprender duramente, como de +costumbre, por su equivocación, pero ¿cuál fué su asombro al ver que la +santa desplegó suavemente los labios, se sonrió con una expansión +inefable, que nadie, absolutamente nadie, había observado jamás en +aquella casa, y acabó por reír con franqueza y desahogo, cosa fenomenal +y nunca vista en tan ejemplar mujer? + +Pero Clara, aunque se sorprendió mucho, no dió importancia al hecho. La +otra se sonrojó ligeramente, y tomando de nuevo el libro de Santa +Teresa, dijo: + +--Voy á ver si encuentro un pasaje que hay aquí recomendando la +penitencia. Hojeó el libro, y leyó. + +--_Sostenedme con flores y acompañadme con manzanas, porque desfallezco +de mal de amores_. ¡Oh, qué lenguaje tan divino es éste para mi +propósito! ¿Cómo, esposa santa, mataos la suavidad? Porque, según he +sabido algunas veces, es tan excesiva, que deshace el alma de manera que +no parece ya la hay para vivir y pedir flores.--No, no es esto; á ver +esto otro--dijo hojeando más:--Es, pues, esta oración una centellica que +comienza el Señor á encender en el alma del verdadero amor suyo, y +quiere que el alma vaya entendiendo qué cosa es este amor con +regalo.--Vamos, tampoco es esto. No he de encontrar hoy el pasaje. +Sigamos, hermana, en nuestro rezo. + +Empezó formalmente el rosario. Paula dijo un _Dios te salve_ el número +de veces necesario; pero al llegar al sitio del _Padre nuestro_, siguió +diciendo _Dios te salve_ hasta treinta veces, con tanta prisa, que no +esperaba á que la otra concluyera su _Santa María._ Clara contestaba +también muy á prisa para no quedarse atrás: así es que, por último, +apresurándose una y otra, resultaba que aquello parecía una apuesta de +velocidad en la pronunciación. Llegaron al fin sin aliento y muy +cansadas. Paulita tuvo necesidad de respirar el aire libre, abrió el +balcón y miró á la calle; hecho inusitado, cuya gravedad no comprendió +Clara tampoco. + +--¡Ay, que he abierto el balcón!--exclamó, comprendiendo la atrocidad +que había cometido.--¡He abierto el balcón! + +Y lo cerró con sobresalto, como una monja que hubiera sorprendido +abierta la reja del locutorio. + +--Hermana--dijo después,--¿sabe usted que he decidido no ayunar mañana? + +--Hará usted bien: es usted una santa; pero no ayune usted tanto, +señora: eso no es bueno. + +--Tienes razón, Clarita, y yo creo que esto que tengo es causado por el +excesivo celo. Bien me decía el padre Silvestre que la piedad en demasía +es perjudicial, porque mata el cuerpo, sin el cual el alma no puede +tener fortaleza. + +--Pero, ¿qué tiene usted?--preguntó Clara un poco alarmada. + +--No estoy buena--dijo la mujer mística restregándose entrambos ojos, +como si los tuviera doloridos por la vigilia ó cansados de +mirar.--Siento un calor aquí dentro ... y una agitación ... Pero es del +ayuno, hermana; es del ayuno. + +--Pues debe usted moderarse. Descanse unos días. + +--Sí, lo haré, y esta semana no rezaré oración doble, como hasta aquí, y +suprimiré horas por la noche. + +--Ya lo creo. ¿No es bastante rezar una vez? Si es usted una +perfecta santa. + +--¿No le parece á usted que es bastante una vez?--preguntó Paula con +mucha, ansiedad. + +--Sí; y debe usted tratar de reponerse. + +--¿Cómo ha dicho usted, Clarita? ¿Reponerme? Veo que sabe usted dar muy +buenos consejos. + +--Reponerse, sí ... Distraerse un poco.... Salir.... + +--¡Salir!--exclamó la mística tan asustada, que Clara se arrepintió del +consejo--¡Salir! y ¿á dónde? + +--Pues ... quiero decir ... que usted debe procurar ... pues.... Cuando +se está mucho tiempo encerrada en la casa, la salud se quebranta ... así +es que ... siempre es bueno ... salir un poco.... + +--¡Clara!--dijo doña Paulita con la expresión de estupor y gravedad del +que hace un gran descubrimiento.--¿Sabe usted que su consejo es muy +sabio? No creí yo ... Es verdad. Eso ¿por qué ha de ser malo? Yo siento +ahora que tengo necesidad de ... salir, de andar, de respirar.... Sí, +es preciso. + +Estaba inmutada. Parecía que en su espíritu y en su organismo se +verificaba una crisis muy transcendental. Toda ella se dilataba, como si +aquel día hubiera perdido de una vez la fuerza de concentración, la +ligadura interna que la comprimía desde el nacer. No podemos explicarnos +todavía nada de lo que por ella pasaba. + +--Debe usted cuidarse, debe usted vivir--dijo Clara. + +--Sí: debo cuidarme, debo vivir--repitió Paula en el tono de +estupefacción que emplea el que oye por vez primera la solución concisa +de un problema en que ha estado trabajando infructuosamente toda la +vida.--¡Debo vivir! + +En aquel momento sus ojos miraban en derredor, asombrados, asustados, +con melancolía y vaguedad, como el que no ha visto nunca un horizonte y +lo ve por primera vez. + +Pero de repente la dama se levantó agitada, se dirigió á su +reclinatorio, se arrodilló, abrió el libro de horas, inclinó el rostro +hacia él, ocultándolo entre las manos, y allí quedó sumergida en +profunda y concentrada meditación. Reposaba sin duda en el seno de Dios, +que tenía reservado á su santa el goce inefable de vagorosos y +celestiales deliquios. + +Durante el éxtasis, ¿quién podrá saber lo que pasó en aquella cabeza? +Dios tan solo. + + + + + +CAPÍTULO XXV + + + +#Virgo prudentísima.# + + +Visitemos á los dos huéspedes del cuarto segundo en la noche siguiente á +la de su instalación. Prodigioso esfuerzo del genio doméstico de María +de la Paz Jesús había podido acomodar dos camas en la habitación alta. + +Lázaro acababa de acostarse en la suya, tratando de reparar las fuerzas +perdidas; su tío velaba sentado en el sillón de vaqueta que junto á la +cama tenía, y se ocupaba en hojear unos papeles, leyendo á ratos y +escribiendo un poco algunas veces. + +De repente el viejo se volvía; miraba á su sobrino, que no podía +librarse de cierto temor cuando veía, dirigidos hacia él aquellos dos +ojos de lechuzo. Parecía querer hablar al joven de alguna cosa +importante, y no atreverse por no tener confianza en su discreción. +Después de la llegada de Lázaro á la casa, tío y sobrino no habían +hablado nada de política. El fanático creyó que su protegido no era +capaz de tener entereza y tesón para sostenerse en sus creencias. En +tanto, el exaltado liberal tuvo tanto que pensar en otras cosas, que +relegó á segundo término aquella cuestión, y se acordaba poco de la +apostasía que su tío le había exigido. + +Lázaro cedía á la fatiga, se dormía lentamente, cuando el viejo dijo con +voz fuerte: + +--Lázaro, ¿duermes? + +--¿Qué?--contestó el muchacho, despertando sobresaltado. + +--Voy á preguntarte una cosa. ¿Conoces en Zaragoza á un liberal que se +llamaba Bernabé del Arco? + +--Sí, señor--contestó Lázaro, que conocía y apreciaba mucho á aquella +persona, orador y escritor de nota. + +--Era de los exaltados, ¿eh?--indicó el fanático con mordaz ironía. + +--Sí, señor: es de los que sostienen las ideas más avanzadas--contestó +el sobrino, temeroso de pronunciar una palabra que ofendiera á su tío. + +--Es ... no: era, debes decir, porque pasó á mejor vida. + +--Cómo, ¿ha muerto? + +--Le han matado--dijo Elías con glacial indiferencia.--Mira la suerte +que aguarda á los locos, depravados, ilusos y perversos. ¿Ves? ¡Así +castiga el pueblo á los que le engañan! ¡Oh! Así deberían perecer los +habladores. + +El sobrino se calló; volvió el tío á su lectura, y no había pasado un +cuarto de hora, cuando se dirigió de nuevo al lecho del joven que, +vencido por el sueño, dormía ya profundamente, y gritó: + +--¡Despierta, Lázaro! + +Y despertó dando un salto, aterrado y convulso, como debemos despertar +el último día, cuando suene la trompeta del Juicio. Aquel viejo le había +de quitar también los únicos momentos de reposo que sus desventuras le +permitían. + +--¿Conoces aquí á un jovencito que se llama Alfonso Núñez, y á otro que +se llama Roberto, conocido generalmente por el Doctrino? + +--Sí, señor--contestó Lázaro atemorizado, por creer que también le iba +á participar la muerte de sus dos amigos. + +--Buenos chicos, ¿eh?--dijo Elías, riéndose como deben reír los brujos +en el aquelarre. + +El sobrino no contestó, contentándose con encomendar mentalmente á Dios +á su buen amigo Alfonso Núñez. + +--¡Tengo un plan!...--añadió el fanático con cierta satisfacción de sí +mismo,--plan soberbio. Si supieras, Lázaro. Pero tú eres muy tonto y no +puedes comprender esto. Son buenos chicos esos que te he dicho, ¿no? Así +... muy exaltados, muy amigos de embaucar al pueblo y pronunciar +discursos ... pues, así como tú. + +Lázaro su asustó más y comprendió menos. + +--Esos chicos valen mucho. ¡Si supieras qué útiles son! Amantes de la +libertad, habladores, impetuosos, entusiastas. ¡Ah! No temo yo á éstos +... Lo harán bien. ¡Plan magnífico! + +Después, como si se arrepintiera de haber dicho demasiado, apartó la +vista de su sobrino, murmuró algunas voces incoherentes, y volvió á +hojear sus papelotes, escribiendo algo y gruñendo siempre, sin dejar de +gesticular como si hablara con alguien. + +Lázaro miró un buen rato la lívida faz del viejo realista, que, +iluminada de lleno por la luz, ofrecía fantástico é infernal aspecto. +Las orejas se le transparentaban, los ojos parecían dos ascuas, y el +cráneo le lucía como un espejo convexo. Los singulares objetos que le +rodeaban, ó los que cubrían las paredes de la habitación, aumentaban el +terror del estudiante. Aquel sillín de vaqueta, testigo mudo del paso de +cien generaciones; aquellos cuadros viejos; los muebles de talla, +exornados con figuras grotescas y de rarísima forma, daban á la +decoración el aspecto do uno de esos destartalados laboratorios en que +un alquimista se consumía devorado por la ciencia y las telarañas. + +Después de cerrar los ojos, entregado por fin al sueño, el joven Lázaro +continuó viendo á su tío con los objetos que le rodeaban. +Representáronsele además las siniestras figuras de las señoras de +Porreño; y en su soñar disparatado, lo parecía que aquellas tres figuras +crecían, crecían hasta tocar las nubes y ocupaban todo el espacio: +Salomé como una columna que sustentaba el cielo; Paz, como nube +gigantesca que unía el Oriente con el Ocaso. Después le parecía que +menguaban, que disminuían hasta ser tamañitas: Paz como una nuez, Salomé +como un piñón, Paula como una lenteja. Oía la frailuna voz de la devota; +veía extraños y complicados resplandores, partidos de la lámpara del +viejo; veía la rojiza diafanidad de sus orejas como dos lonjas de carne +incandescente; veía la enormidad de su calva iluminada como un planeta; +y por último, todos estos confusos y desfigurados objetos se desviaban, +dejando todo el fondo obscuro de las visiones para la imagen de Clara +que, no desfigurada, sino en exacto retrato, se le representaba, alzando +la vista de una labor interrumpida para mirarle. En tanto le parecía +escuchar siempre una voz subterránea que clamaba: "Lázaro, ¿duermes? +Despierta, Lázaro." + +A la madrugada su sueño fué más profundo. Despertó á las ocho, y en los +primeros momentos tuvo que recoger sus ideas y meditar un poco para +saber dónde estaba y qué cosas le habían sucedido. Su tío había salido. +Levantóse y se vistió. No sabía qué hora era; pero el hambre le hizo +comprender que era hora de almorzar. Abrió la puerta, dirigiendo una +mirada á lo largo del pasillo y á lo profundo de la escalera, y el +primer objeto que encontraron sus ojos fué la figura de doña Paulita que +subía lentamente. + +--¿Ha descansado usted?--le preguntó con voz menos nasal é impertinente +que de ordinario. + +--Sí, señora: muchas gracias. + +--¿No le falta á usted algo? + +--Nada, señora. + +--Pero querrá usted comer alguna cosa. Aquí acostumbramos desayunarnos á +las siete. Es lo mejor. Pero son las ocho; mi tía es muy rigorista, y ha +dicho que, puesto que usted no estuvo á las siete en la mesa, no puede +almorzar. Esto es una disciplina necesaria. Bien sabe usted que sin +disciplina no puede haber orden. Ahora no puede usted tomar cosa alguna +hasta las dos de la tarde. + +--Señora, no importa: yo ...--dijo Lázaro, que era cortés, aunque estaba +muerto de hambre en aquel momento. + +--Pero no tema usted--continuó la devota, bajando la voz y mirando á +todos lados.--Yo conozco que está usted desfallecido, y es preciso darle +de comer. No salga usted de su cuarto. + +Dicho esto, bajó muy ligera, procurando no ser vista. El joven sintió +más encendida su gratitud hacia aquella señora, que ya había hablado en +su defensa la noche anterior. + +Al poco rato volvió la devota trayendo un desayuno que, aunque escaso, +bastó para reponer al hambriento. + +--Mi hermana no lo llevará á mal--dijo;--pero no se lo diga usted. Yo +hago esto por usted, porque comprendo que en un cuerpo débil no tiene +fuerzas el espíritu. + +--Señora, no sé cómo pagarle tantos favores--contestó el mancebo +sin mirarla. + +A las siete de aquella mañana, mientras Lázaro dormía rendido de +cansancio, se suscitó una gran cuestión en el comedor, sobre si sería +conveniente y disciplinario llamarle para almorzar. María de la Paz +decía que no; Salomé dudaba, y la santa opinaba que sí. Las razones de +la primera eran: que puesto que prefería el sueño á la comida, era +preciso hacerle el gusto, con lo cual se iría acostumbrando á la +disciplina. En vano quiso oponerse Paulita con gran copia de razones +teológicas y morales, fundadas en el principio de _mens sana in corpore +sano_: todo fué inútil. Sus palabras, oídas con respeto, no produjeron +efecto. Elías decidió la cuestión, diciendo que su sobrino, además de +liberal, era holgazán, y que había de renunciar á hacer de él nada +bueno. Todos callaron y comieron. Clara no era admitida á la mesa común. + +Volvamos arriba. Lázaro se comía la ración con gran apetito. La dama le +hacía mil preguntas, y él le contestaba procurando ser lo más cortés que +el hambre le permitiera. Las preguntas eran de esta clase: + +--¿Creyó usted que no almorzaría hoy? + +--¡Ah, señora! no.... + +--Porque yo no me olvidaba de que usted estaba sin comer. + +--Yo le doy á usted las gracias. + +--Pero usted no se lo figuraba--decía Paulita, ansiosa de apurar aquella +cuestión hasta el fin. + +--No, señora; de ningún modo ... yo ... sí.... Pero ... ya. + +--Y su tío se opuso á que almorzara. + +--¡Ah! mi tío--dijo Lázaro, dejando de comer,--es un.... No: es un +excelente hombre. + +--¡Oh, sí--dijo la devota mirando al cielo,--es un hombre +ejemplar, un santo. + +--Si, sí: un santo. + +Lázaro, nuevo en aquella casa, no había tenido ocasión de penetrar el +carácter de la persona que tenía delante en el momento de su desayuno. +Por este motivo nada le llamó la atención; por eso no supo que nunca sus +bellos ojos habían tenido un resplandor tan vivo, ni que jamás voz de +monja alguna entonó salmodias con tan melodioso timbre como el de la voz +de Paula al decir: "¿Usted creyó que no almorzaría hoy?" En ella, sin +embargo, había gran naturalidad; y no es aventurado afirmar que en +ningún tiempo se cruzaron sus manos blancas y finas con menos +afectación, á diferencia de aquellos crispamientos de dedos que usaba +tanto para acompañar y adornar sus peroraciones. + +--Aquí no será permitido que le hagan á usted daño alguno--dijo en el +tono de quien hace una importante revelación.--No tema usted. Si ha +cometido alguna falta... + +--¿Falta?--dijo el joven con tristeza. + +--¿Pues no decían que era usted un gran pecador? + +--¡Yo un gran pecador, señora! + +--No será tanto como dicen...--continuó doña Paulita, con una sonrisa +tan mundana, que no parecía puesta en boca de una santa. + +---No--replicó el joven con efusión;--no es tanto como dicen, es verdad. +Y si he de decirlo todo.... + +--Acabe usted--dijo la otra con mucho interés. + +--Yo no sé qué falta he cometido--añadió Lázaro con melancolía.--Pero +sí, faltas he cometido, no lo puedo negar.... + +--¿A ver, á ver, qué faltas?--preguntó con mucha ansiedad la +favorita de Dios. + +--Le diré á usted...--repuso él, preparándose á confesar. + +--Comprendo: algún extravío de joven. La juventud está llena de +peligros, y los jóvenes, si se les deja solos.... + +--Es verdad. + +--Cuénteme usted. Yo quiero que usted se corrija. Tal vez la falta es +mucho menos grave de lo que usted mismo piensa. Tal vez no pasa de ser +una ligereza trivial dijo con más ansiedad é interés Paula.--Dígame +usted; yo le daré consejos.... Cuénteme usted. + +Lázaro permaneció pensativo un instante, y ya abría la boca para +formular una contestación ó una excusa, cuando Elías se presentó en la +puerta. La devota se turbó un poco; pero un momento le bastó para +reponerse. El realista se quedó muy sorprendido al ver á la dama y al +observar los restos del almuerzo, mientras su sobrino se avergonzaba de +haberlo probado. + +--Pase usted, señor don Elías--exclamó ella con su unción +acostumbrada;--pase usted: aquí estoy suplicando por amor de Dios á su +sobrino que no le dé más disgustos. ¡Oh! Pero él se va arrepintiendo ya +de los errores de su juventud. ¿Qué extraño es que la juventud peque, +entregada á sí misma, sola por espinosos caminos? Le estoy recomendando +la moderación, la cortesía, la prudencia. Pero veo que usted se admira +de que le haya traído de comer. ¡Ah! confieso mi falta. Pero no he +podido resistir los impulsos de la compasión. He sido débil; no he +nacido para el rigor, y confieso que no tengo carácter, como debiera, +para sostener la rigidez de la disciplina. Si he cometido una falta, +perdóneme usted. + +Elías estuvo un rato sin saber qué contestar; pero tenía muy alta idea +de la cristiandad de aquella señora para vacilar en probar cuanto hacía. +Aquel acto le pareció una sublime prueba de caridad. + +--¡Señora, qué buena es usted!--dijo. + +--No es bondad, es debilidad. Conozco que hice mal. + +--¡Señora, usted es una santa! Aunque él no merece lo que usted ha +hecho, esto sirve para hacer resaltar más las virtudes de usted. + +--¡Oh!--exclamó la elegida del Señor,--confieso que mi deber era +seguir el dictamen de usted; pero no he podido resistir á un poderoso +impulso de indulgencia. ¡Oh! si siempre pudiera una salir victoriosa +de sí misma.... + +--Mira, aprende--dijo Elías, volviéndose hacia Lázaro;--mira á esa +santa; aprenda lo que es nobleza, generosidad, virtud. + +--No--dijo ella bajando los ojos.--Que no tome por modelo á esta +pecadora. + +--Aprende, Lázaro--exclamó con exaltación el fanático.--Aquí tienes á la +misma virtud. + +La santa hizo una gran reverencia y se marchó, dejando solos al tío y +al sobrino. + + + + + +CAPÍTULO XXVI + + + +#Los disidentes de la Fontana#. + + +Aquella mañana no ocurrió más incidente que el que hemos descrito. +Lázaro subió y bajó varias veces furtivamente y con pasos de ladrón, +tratando de ver á Clara; pero le fué imposible. Esperaba verla en la +comida; mas también, como el día anterior, se frustraron sus deseos. + +Pusiéronse á las dos los manteles, y cada cual ocupó su sitio. La mesa +era para doce cubiertos: ocupó un extremo María de la Paz, teniendo á su +derecha á Salomé y á su izquierda á Elías, mientras la devota estaba +erigida á la derecha de su prima. Al joven le pusieron enfrente, á +tanta distancia del grupo principal, que para alcanzar su ración tenía +que descoyuntarse los brazos. Sirvióse primero una sopa que, por lo +flaca y aguda, parecía de Seminario; después siguió un macilento cocido, +del cual tocaron á Lázaro hasta tres docenas de garbanzos, una hoja de +col y media patata; después se repartieron unas seis onzas de carne que, +en honor do la verdad, no era tan mala como escasa, y, por último, unas +uvas tan arrugadas y amarillas, que era fácil creer en la existencia de +un estrecho parentesco entre aquellas nobles frutas y la piel del rostro +de Salomé. Terminó con esto el festín, durante el cual reinó en el +comedor un silencio de refectorio, excepto cuando Elías dijo que tanta +esplendidez le parecía dispendiosa, y elogió la sobriedad como +fundamento de todas las virtudes. + +Después se rezó un poco, y las señoras se retiraron. María de la Paz +había adquirido en el período de la decadencia el hábito de dormir la +siesta, y ya durante los últimos _Agnus Dei_ del rezo estaba haciendo +cortesías con los ojos cerrados. Lázaro subió con el mayor desconsuelo, +por no haber logrado tampoco aquella vez el objeto de su constante afán. +Aventuróse á bajar sin ser visto de su tío, recorrió lleno de zozobra y +ansiedad el pasillo; pero nada consiguió. Todo estaba cerrado y en +silencio, y sin duda los habitantes de la casa estaban sumergidos en el +agradable sopor de la siesta ó en el letargo espiritual de la +contemplación religiosa. Solamente Batilo, el melancólico perro, que +había perdido los hábitos de su raza y no sabía ni ladrar, estaba +paseando su hastío por el comedor, rasguñando de vez en cuando la puerta +de un armario, donde probablemente yacían los exiguos despojos de la +carne servida en la mesa aquella tarde. + +Subió Lázaro desesperado, pero al ver á su tío medio dormido en un +sillón, no pudo resistir á la influencia letal que en todos sus +habitantes ejercía aquella región del fastidio; preparóse también á +dormir, y se tendió en su cama. No habían pasado diez minutos, cuando +sintió fuertes campanillazos en el piso de abajo, y después la voz de +Salomé unida á otras voces de hombre, entre las cuales creyó reconocer +alguna. Levantóse y se asomó á la escalera. + +Eran cuatro personas que le buscaban, y la dama las dirigía al piso alto +con muy mal humor. El joven reconoció entre aquéllos á su amigo Alfonso +y al Doctrino. Estos y otros dos, que Lázaro no había visto nunca, +subieron. Coletilla les había sentido en su sueño de lechuzo, y +despertando súbitamente se adelantó hacia la puerta. + +--¡Hola, ustedes!...--exclamó de repente; pero mudando de tono en un +instante brevísimo, dijo con afectada frialdad ó indiferencia:--¿Qué se +les ofrecía á ustedes? + +Como Lázaro estaba puesto de espaldas á su tío, no vió que éste; puso el +dedo en la boca é hizo una imperceptible seña al Doctrino. Después dijo +haciendo un esfuerzo para aparecer complaciente: + +--Ya comprendo: ustedes venían en busca de mi sobrino. + +El joven estudiante tembló al pensar cuánto irritaría á su protector +verla en compañía de aquellos exaltados. + +--¿Por mi?--preguntó, estrechando la mano de su amigo. + +--Sí--contestó el Doctrino, que comprendía lo que debía hacer. + +--Sí: veníamos por ti--dijo Alfonso.--Tenemos una reunión esta tarde, y +queremos que vengas á ella. Es la reunión de los disidentes de la +_Fontana_. + +Lázaro creyó que su tío se iba á poner hecho una furia al oír hablar de +las reuniones de fontanistas. Pero contra lo que esperaba, le vió tan +sereno como si oyera hablar de un concilio ecuménico. Tampoco tuvo la +suficiente perspicacia ni la suficiente memoria para hacerse cargo de +que podía haber alguna relación entre las preguntas que el fanático le +había hecho la noche anterior, y la visita de aquellos amigos. + +--Sí, que vaya; ve--dijo Elías. + +La confusión de Lázaro aumentó; pero antes que saliera de su estupor, +Alfonso le tomó del brazo, le condujo á la escalera, y poco después +estaban en la calle. + +Los otros dos jóvenes, nos son hasta ahora desconocidos, si bien es +probable que les hayamos visto en el departamento bullicioso de la +_Fontana_, precisamente en la noche fatal en que Lázaro fué arrojado del +club. El uno de ellos, nacido en Algodonales, era de los contertulios +más asiduos del barbero Calleja; y no es aventurado afirmar que +intervino en la cuasi-trágica escena que en el primer capítulo +referimos. Se llamaba Francisco Aldama, y por ser andaluz y bastante +aficionado al trato de los lidiadoras de toros, se le llamaba Curro +Aldama, ó el Curro. Doña Teresa Burguillos, feliz consorte del barbero, +era un poco torpe para la pronunciación de los nombres propios, y solía +llamar _Aldaba_ al amigo y comilitón de su esposo. Era Curro Aldama ó +Aldaba exaltado fontanista, de crasa ignorancia, y con aquella osadía +que acompaña siempre á los necios. Se la echaba de gran patriota, y no +sonaba cencerro en Madrid sin que él tomara parte en la danza. + +El otro era de muy diversa condición y figura. Sus aficiones literarias +le habían hecho amigo del poeta clásico que hemos conocido habitando en +el olimpo de doña Leoncia, la semidiosa de la calle de la Gorguera. Allí +conoció á Alfonso Núñez, con quien trabó amistad; v bien pronto, aunque +las musas le fueron propicias (se estrenó en la cruz, con buen éxito, un +sainete pastoril suyo, titulado _Anfriso y Cenobio_), dejó las musas por +la política, escribió en _El Universal_ y en _El Labriego_, charló en +los clubs, y se decidió por el partido exaltado. + +Tenía mucho ingenio, dotes de orador y periodista, pero muy poca +instrucción y una ligereza invencible. Frecuentaba la tienda de Calleja +y el club de la _Cruz de Malta;_ pero últimamente se aseguraba que +pertenecía á la tenebrosa sociedad de los _Comuneros_, aunque él lo +negaba. Lo cierto es que en la _Fontana_ sospechaban de él, no sabemos +si con fundamento. Se decía que era de los alborotadores pagados por la +reacción; hasta que una noche, viendo que se le miraba con desconfianza, +y aun se le hicieron alusiones picantes, desertó para no volver. Este +era Cabanillas, joven de educación y talento, á quien no se podía ver +sin repugnancia alternando con hombres desalmados como Tres Pesetas, +Chaleco y el Matutero, que hemos tenido el gusto de conocer al principio +de esta puntual narración. + +--Chico--decía Núñez,--¿sabes que hemos reñido con los de la _Fontana_? +El lance de la otra noche nos ha obligado á romper con esa canalla. +Estamos agraviados: también á nosotros nos han querido acusar como á ti; +pero hemos alzado el vuelo y estamos fuera. Vamos á formar otro club. + +--Me calumniaron--exclamó Lázaro:--yo no sé qué demonio me tentó á mí +para hablar aquella noche. + +--Si son unos mentecatos. Nada: allí se han figurado que no hay más +liberales que ellos--afirmó Núñez;--y á los que defendemos la libertad +verdadera y completa, nos llaman exaltados, alborotadores, y dicen que +estamos vendidos. + +--Ya les arreglaremos las cuentas--dijo el Doctrino. + +--Pues oye--continuó Alfonso,--nosotros vamos á fundar otro club, el +verdadero club revolucionario. A esos necios de la _Fontana_ les ha dado +ahora por predicar el orden. ¡Qué orden ni qué ocho cuartos! Nosotros +predicaremos la violencia, porque sin violencia no hay revolución; sin +extirpar los obstáculos y arrancarlos de raíz, no se puede transformar +este pueblo. Nosotros vamos á predicar la democracia; vamos á proclamar +la soberanía suprema, absoluta del pueblo, á combatir el trono y á +señalar los que en la gran purificación que se prepara deben ser +arrancados de raíz, exterminados y concluidos. Tu vendrás á nuestro +club, ¿no es verdad? + +--Veremos--contestó Lázaro muy preocupado. + +--Nuestra idea--continuó Alfonso,--es combatir á esos republicanos +tibios que van á las Cortes y á los clubs para sermonear sobre el orden +y la moderación. Exterminio á esa canalla, á esos hipócritas. + +--Sí--dijo el Curro,--porque si uno se deja dominar por esos tibios, se +queda uno atrás; y no están los tiempos para quedarse uno atrás. Mucho +tino, que el que ahora no saca algo.... + +Con esta conversación llegaron á la calle de la Gorguera y á la casa de +doña Leoncia; subieron al cuarto del poeta, que era el punto designado +para las reuniones preparatorias del naciente club. Conoceremos el +cuarto del poeta con el nombre de _La Fontanilla_, calificación oficial +con que le designaron aquellos jóvenes. + +Acomodáronse como pudieron en las tres sillas y en la cama del poeta, +mientras éste se hallaba en el interior de la casa, al lado de doña +Leoncia, poco atento á la política. El Curro se sentó junto á la mesa y +mostró desde el principio gran deferencia hacia una botella que allí +había, puesta sin duda por la previsora mano del poeta clásico. + +--Vamos á ver--dijo Alfonso desde la presidencia, que era la cama:--á +ver qué hacemos con esos liberales que nos calumnian y dicen que somos +ebrios y agentes ocultos de la reacción. + +--Combatirles con razones--observó Lázaro;--demostrar que no somos +agentes de la reacción. ¿Pero en qué se diferencian sus ideas de las +nuestras? ¿No son ellos liberales? ¿No aman la Constitución? + +--Pero la aman á medias--dijo el Doctrino,--porque no aman el verdadero +sacerdocio de la revolución, que es destruir. + +--Ya se ha destruido bastante--indicó Lázaro:--hagamos lo posible por +llevar aunque no sea más que una piedra cada uno al gran edificio que se +ha de levantar. + +--Nada de eso: sin destruir es inútil pensar en edificar. Debemos +señalar al pueblo cuáles son sus enemigos, sus enemigos de siempre--dijo +el Doctrino. + +--Pues eso es lo que yo decía--afirmó Aldama, decidiéndose, después de +grandes vacilaciones, á probar el contenido de la botella. + +--Digo lo mismo--repitió Cabanillas.--Hoy estamos peor que antes: no hay +otra diferencia sino algunas palabras más en nuestras bocas. Los +ministros hablan de libertad, los diputados hablan de libertad, los de +los clubs hablan de libertad; pero la libertad no se ve, no existe: es +una farsa. Digo, señores, que prefiero á esta farsa los frailes de antes +y el rey absoluto de antes. + +--¿Pues eso qué duda tiene?--dijo Núñez.--No hemos conquistado más que +unas cuantas fórmulas. ¿Y de eso quién tiene la culpa sino los +liberales, que nos hablan del orden y vuelta con el orden?... + +--¡Eso mismo decía yo!--exclamó el Curro, probando de nuevo la botella, +que sin duda le había gustado. + +--Enseñar al pueblo á pedir justicia; y si no se la dan, á hacerse +justicia por sí mismo es lo que conviene--dijo el Doctrino. + +--¡Cuánto han hablado esos hipócritas del hecho del cura de Tamajón, +acusando al pueblo de que se hacía justicia por sí solo! ¿Pues qué había +de hacer el pueblo, si veía que el Gobierno permitía la conspiración +constante del Palacio real, y encarcelaba á los buenos liberales porque +cantaban el _Trágala?_ + +--Es claro: lo que quieren es engañar al pueblo, infundirle miedo con su +orden, y siempre con su orden.... + +--Mientras vivan ciertos hombres--dijo el Doctrino sombríamente,--nada +adelantaremos. No conviene ahora decir quiénes son esos hombres que +deban desaparecer; pero á su tiempo se nombrarán. + +El Doctrino tenía algo de lúgubre, hablaba poco, y siempre con una +lentitud melancólica que anunciaba en él pensamientos ocultos y un frío +y siniestro cálculo que no quería dejar traslucir. + +--Eso mismo digo yo--repitió Aldama, que estaba resuelto á no desairar +la botella mientras tuviera dentro alguna cosa. + +--Pues lo primero, señores--dijo Alfonso,--es constituirnos de cualquier +modo que sea. Veremos si se encuentra un buen local donde podamos +reunimos en mayor número. + +--Nos reuniremos al aire libre si es preciso. Lo que nos importa es +buscar gente, y de eso yo respondo. Pasado mañana nos congregaremos +aquí, y yo traeré dos ó tres amigos, que es como si trajera medio +Madrid. ¡Verán ustedes qué mozos! + +--Pues bien, hasta pasado mañana, tú vendrás, Lázaro--dijo Alfonso.--Yo +mismo iré á buscarte. Quiero que no te desanimes ni te aburras. El +porvenir es para nosotros, chico. Hay que hacerse lugar, porque esto +está perdido. Las ideas van en baja, y fuerza es que la juventud sea lo +que debe ser: la iniciadora y la reveladora de los grandes principios. + +--Vendré--dijo Lázaro con poca determinación. Levantáronse Alfonso y +Cabanillas, y se despidieron. + +Lázaro hizo lo mismo, y los tres se marcharon. El Doctrino y el Curro +quedaban allí. No es aventurado conjeturar que, al quedarse solos, la +botella, á que tanta afición había mostrado Aldama, estaba +completamente vacía. + +Cuando se vieron solos y sintieron bajar la escalera á los otros, el de +la botella dijo: + +--¿Cuánto te ha dado ayer el tío Coletilla? + +--Mira--dijo el otro sacando cuatro onzas y algunos doblones de un +bolsillo grasiento. + +--¡Ah, marrajo!--exclamó Aldama, mirando con brillantes y ávidos ojos el +oro:--dame siquiera una. Debo cuatro meses de casa y más de seis duros +de prestado. + +--Poco á poco: no hay que despilfarrar el tesoro del Rey--dijo el +Doctrino, guardándose majestuosamente en el bolsillo el erario +revolucionario. + +--Vamos, Doctrinillo, dámela. Ya sabes que tengo apalabrado á Perico +Tinieblas, el del Portillo de Gilimón, que es hombre pintado para estas +cosas. Y lo que es en la Plaza de la Cebada, no hay chalán que no sea +capaz de comerse al Gobierno á una orden mía. + +--No: las cosas han da ir en regla. No puedo pagar sino á su tiempo: +tengo esa orden. Pero no tengas cuidado, que cuando esta asamblea +principie á dar frutos... + +--Dime: ¿y Alfonso Núñez, está en autos?... + +--No, no sospecha nada. Es un inocente y un visionario. Es de los que se +dejan matar por las ideas. Estos son los hombres que nos hacen falta: +muchachos de talento y de buena fe que hablen al pueblo y le llenen de +agitación. + +--¿Y ese otro bobalicón que hemos ido á buscar hoy? + +--Ese es chico listo también, pero de una inocencia angelical. Tenemos +muchos de éstos que son los que han de hacer la mejor parte sin costar +nada. Cabanillas vale; pero ese no es tan barato: está el pobre muy mal, +y hay que favorecerle. Ayer le encontré llorando en la casa; me dió +mucha lástima. El trabaja con repugnancia en nuestro asunto; pero no +tiene otro remedio, porque está sin un cuarto. + +--Pues mira que yo estoy también.... + +--Verás qué bien va á salir esto--dijo el Doctrino bajando la voz.--Y +para entonces ya podemos contar con fondos. Los tiempos están malos, +Carrillo; y si uno no se agarra á los buenos faldones... + +--Eso mismo digo yo. Pero ¿me das ó no esa oncilla? + +--Espérate á pasado mañana. Tengo orden de no repartir todavía. + +El Curro y el Doctrino bajaron después de haberse despedido desde la +puerta y á gritos del poeta clásico. + +La _Fontana de Oro_ sirvió al Rey y á la reacción más que los frailes y +los facciosos, porque en ella había un cáncer que en vano trataban de +cortar algunos hombres prudentes, expulsando á quien no era culpable. El +cáncer de la venalidad continuó corrompiendo aquella asamblea, que no +tenía un rival, sino una sucursal en la _Fontanilla_. + + + + + +CAPÍTULO XXVII + + + +#Se queda sola#. + + +Cuando Lázaro volvió á su casa, tembló en presencia de Coletilla. Pero +bien pronto su terror se trocó en sorpresa al ver que, lejos de +mostrarse indignado el viejo por haberle visto en compañía de los +frenéticos de la _Fontana_, estaba un poco menos adusto que de +ordinario, y hasta llegó á manifestar cierta benevolencia, que era en él +cosa muy rara. + +Aquella noche y á la mañana siguiente volvió Lázaro á intentar la +difícil empresa de ver á Clara. Era cosa imposible, porque el sistema de +clausura empleado en la joven por sus tres carceleras, por aquel Cerbero +femenino de tres cabezas y tres cuerpos, era inexorable. Clara vivía +peor que un cenobita, peor que esos prisioneros de que hablan las +historias antiguas, sepultados en vida, cuerpos vivos para el dolor y +los horrores de la soledad. ¡Dios tenga piedad de esta infeliz! + +Pero si Lázaro no podía verla, el abate Carrascosa pudo aquel día, con +permiso de la devota, entrar á enterarse de la salud de _su señora doña +Clarita_; y al hallarse con ella, sacó un papel del bolsillo, y +haciéndole señas de que callase, se lo dió á la joven furtivamente. Sin +decirle una palabra, salió. + +Clara se puso como la grana; su primer pensamiento fué romper la carta; +pero le ocurrió que podía ser de Lázaro. Tal vez el pobre muchacho se +había decidido á escribirle, no pudiendo verla, y se valió del abate, +que era sin duda su amigo. Guardó en el seno la carta, y esperó. + +La devota no tardó en venir, y se sentó junto á ella. + +--¿No sabe usted--dijo--que vamos esta tarde á la procesión del +Divino Pastor? + +--¿Sí?--contestó Clara maquinalmente. + +--Sí; pero usted no va. Han resuelto que se quede usted aquí, porque las +jóvenes que están en penitencia no deben salir nunca de casa. ¿No piensa +usted lo mismo? + +--Lo mismo--dijo Clara, temblando por miedo de que le conocieran en el +semblante que tenía una carta escondida. + +--Vamos al balcón do una amiga nuestra, desde donde se ve todo +perfectamente. Estará muy vistoso. De San Antón salen tres imágenes, y +dicen que es también muy probable que salga el Cristo de las Llagas de +la capilla de Santa María del Arco. Todo esto pasa por la calle de San +Mateo, á donde vamos nosotras. + +No dijo más. Ya estaba arreglada para salir. Su vestido era el de las +grandes solemnidades, el mismo de otras veces; pero ¡cosa singular! su +toca estaba plegada en la frente con cierta presunción de monja novicia, +presunción que no carecía de gracia. Su mantón, cuyo velo impenetrable +le cubría otras veces completamente el rostro, aparecía ahora echado +hacia atrás con una franqueza que el rígido dominico de la antigua casa +de los Porreños habría calificado de desenvoltura. + +Si Clara hubiera estado menos preocupada en aquel momento y tenido un +carácter más observador, sin duda se habría de admirar al ver á doña +Paulita afectada de distracciones intermitentes; habría notado que se +sonreía con frecuencia, moviéndose sin cesar; que después se ponía muy +triste, permaneciendo quieta y como abstraída; que luego le daba una +especie de acceso de despecho, crispaba los nervios y cerraba los ojos, +erguía el cuello y parecía atenta á ruidos lejanos, no escuchados de +otro alguno. Aún hay más: si Clara no hubiera tenido el rostro tan +inclinado sobre la costura como de ordinario, habría reparado que la +devota se levantó, y acercándose á un pequeño espejo de cristal de roca +(obra admirable del siglo XVII, adquirido en Venecia por el undécimo +Porreño), se estuvo mirando por espacio de tres minutos con singular +atención. Hay pruebas irrecusables de que jamás en ningún tiempo había +reflejado la histórica superficie de aquel espejo la faz de la dama. +También sabemos que aquella no era la primera vez que se miraba; que la +noche anterior y el día anterior se había mirado también, observándose, +sobre todo por la noche, con gusto y calma. Es indudable que medio +cerró los ojos para verse no sabemos con qué grado de luz, y que +recogió después los labios, mostrando á la curiosidad insaciable del +cristal lisonjero las dos blancas y nacaradas filas de sus hermosos +dientes. Este fenómeno nos ha obligado á trabajar mucho para descifrar +ciertos misterios, cuyo conocimiento es necesario para la continuación +de esta historia. + +En el otro cuarto, María de la Paz y Salomé habían exhumado de las +profanas gavetas unas vetustas vestiduras de seda valenciana, que habían +sido en mejores tiempos elegante ornato de sus personas. Suspendieron en +sus cabezas sobre solidísimas peinetas la mantilla negra de pesados +encajes, y Paz abrió una pequeña caja de cartón en figura de ataúd, que +aun conservaba el perfume fiambre de las guanterías de 1790, y de esta +caja sacó un abanico de doscientas varillas que, al desplegarse como la +cola de un pavo real, hacía más ruido que una perdigonada. Salomé se +colgó en la muñeca de la mano izquierda un ridículo, donde puso, además +de sus espejuelos, un frasquito de esencia y otras baratijas. + +--¿Y dejamos aquí á ese joven?--dijo Paz, mirando á su hermana +con estupor. + +--¿Cómo? No es posible--contestó la del ridículo con espanto.--Si queda +Clarita en casa.... + +--¡Qué horror! Hay que llevar con nosotras á ese joven....--Pero +¿qué dirán?... + +En esto entró la devota. Elías andaba por allí cerca. + +--¡Qué dirán si llevamos con nosotras á ese joven!...--continuó Paz. + +--¿A ese joven? ...--repitió Paulita. + +--Sí: ¿qué dirán? ¡Jesús!--exclamó Salomé. + +--Nada dirán--manifestó la devota, mirando para otro lado.--Es un +servidor, un caballero que nos acompaña. Y, sobre todo, el mal está en +las intenciones, no en las apariencias. ¿Qué pueden decir? Nosotras, +es verdad que no necesitamos caballeros; pero no es indecoroso que +ese joven nos acompañe. ¡Oh! No atendamos tanto á las preocupaciones +del mundo. + +--Pero si á ese joven le conocen por libertino--dijo Paz--y le ven con +nosotras.... + +Ante este argumento vaciló un momento la mujer mística, y casi no supo +qué contestar. Pero no era persona que se dejaba vencer fácilmente en +una disputa, y tomando fuerzas, prosiguió: + +--¡Oh fragilidad de las cosas mundanas!...No temamos al qué dirán. Sobre +todo, yo no creo que ese hombre sea un libertino. (Elías había entrado, +y escuchaba con mucha atención á la devota.) Tiene buen corazón, y si ha +cometido algún error es por falta de experiencia y de guía. Pero yo le +he comprendido bien, y sé que se enmendará, si ya no se ha enmendado, y +está derramando lágrimas ocultamente por sus yerros pasados. Que venga. + +Elías no la dejó concluir. Arrebatado de entusiasmo, alzó los +brazos y gritó: + +--¡Lázaro, Lázaro! + +Antes que Lázaro llegara, el realista se lanzó fuera, y le trajo ó, más +bien, le arrastró. + +--Arrodíllate ahí--le dijo con voz fuerte, presentándolo ante la +devota.--Arrodíllate delante de esa santa. Ha dicho que tienes +buen corazón. + +Lázaro estaba perplejo, las dos viejas absortas, la devota satisfecha y +Elías entusiasmado. Que quieras, que no, el joven tuvo que hincarse. + +--Híncate, hombre, híncate--dijo el tío.--Ahora bésale la mano. + +Lázaro, que sin darse cuenta obedecía las órdenes violentas de su tío, +besó respetuosamente la mano de la santa, y la tuvo estrechada un +momento entre las suyas. + +--Prostérnate ante la virtud--decía Elías;--tú, pecador indigno de ser +perdonado. Ha dicho que tenías buen corazón. No, señoras: no lo tiene. + +Doña Paulita hizo esfuerzos heroicos para aparecer con cierta dignidad +arquiepiscopal en el momento en que Lázaro le besaba la mano, +arrodillado ante ella; pero su decoro de santa fué vencido por lo mucho +que empezaba á tener de mujer. Cuando sintió los labios del joven +posados sobre la piel de su mano, tembló toda, se puso pálida y roja con +intermitencias casi instantáneas, y una corriente de calor ardientísimo +y una ráfaga de frío nervioso circularon alternativamente por su santo +cuerpo, no acostumbrado al contacto de labios humanos. + +Después de una pausa, principió á recobrar su aplomo y dijo: + +--¡Qué locura! ¡Santa yo! Levántese usted, caballerito (no se atrevió á +decir _joven_.) No he dicho más sino que confío en que tendrá buen +juicio y se enmendará. + +--¿Pues no ha dicho que te perdona las faltas que has cometido? ¡Qué +virtud! ¡Qué heroísmo cristiano!--exclamó Elías.--¿No te anonadas? Pero, +hombre, levántate: ¿qué haces ahí de rodillas? + +El joven se levantó, mientras Paz ponía fin á esta vehemente y +conmovedora escena, diciendo fríamente y con desdén: "Vámonos". + +--Prepárate á acompañar á estas señoras--dijo Coletilla. + +Al estudiante le contrarió mucho este mandato. El había oído decir en la +mesa aquella mañana que Clara no iría á la procesión, y había formado +sus proyectos para verla aquel día. La obligación de acompañar á las +tres señoras le pareció la mayor desgracia que podía ocurrirle aquel +día. ¿Pero cómo era posible resistir á las órdenes de aquel tirano? +Lleno de despecho tomó su sombrero y bajó con las tres ilustres ruinas, +que se llevaron una de las llaves de la casa, dejando á Clara la +consigna de no salir del cuarto. Elías, que quedaba también en la casa, +tenía la otra llave. + +No hacía cinco minutos que las Porreñas navegaban hacia la calle de +San Mateo, cuando llegó el abate Carrascosa muy presuroso y tocó á +la puerta. + +Elías bajó á abrirle. + +--Venga usted, amigo; venga usted al momento--le dijo con agitación. + +--¿Pero á donde, hombre, á donde? Está la casa sola. No puedo salir. + +--¿Que no puede usted salir?-dijo el abate asombrado.--Pues buena la hace +usted si no sale al momento y viene conmigo á donde yo le lleve. + +--¿Pues qué hay, Carrascosa? + +--Venga usted, y hablaremos por el camino. + +--Hombre, la casa.... + +--Qué casa ni qué ocho cuartos. Cierre usted y vámonos. + +--Queda aquí esa muchacha. + +--Pues déjela usted encerrada y venga, porque esto no es cosa para +andarse con peros.... + +--¿Pero qué hay? Sepámoslo. + +--Hay que si usted no viene ahora mismo conmigo á la _Fontanilla_ ... ya +sabe usted ... el club de esos muchachuelos.... Si usted no viene +conmigo, va á haber un conflicto. + +--¿Pero qué es ello, hombre? + +El abate no había inventado de antemano la mentira que necesitaba +emplear para salir de la casa de Elías: así es que se vió aturdido por +un momento; pero su astucia frailesca no le faltó. + +--Pues parece que esos chicos están alborotados, y dicen que usted +les ha engañado: que usted no tiene poderes de ... de aquella +persona; que usted.... + +--¿Que no tengo poderes?--dijo Elías.--Cuidado con los niños. +¡Liberalitos al fin! + +--Y parece que quieren armar un alboroto esta noche--dijo Carrascosa, +seguro ya de la mentira que había de encajarle. + +--¡Esta noche!--exclamó Elías, llevándose las manos á la cabeza. ¡Esos +chicos están locos! Lo van á echar todo á perder.... Pero quién les ha +dicho que esta noche. ¡Vaya con los niños! Pero voy allá al momento. + +--Venga usted, porque si tarda.... + +--Voy, voy al momento. Cerraré la puerta y me llevaré la llave. No +importa. Las señoras tienen otra. + +--Vamos. + +El abate había conseguido su objeto, que era alejar á Coletilla de la +casa aquella tarde, para que Clara se quedase sola. En tanto las +esfinges se acercaban al término de su viaje, y Lázaro las seguía, +revolviendo en su mente el plan que en un momento de colérica +inspiración había concebido. Consistía este plan en dejar á las tres +ruinas en medio de la calle, cuando ellas estuvieran más distraídas con +la procesión, y volver atrás. Pero esto tenía sus inconvenientes. ¿Cómo +entraba en la casa? ¿Rompiendo la puerta? ¿Y su tío que estaba dentro? +Terrible era aquella situación. ¡Vivir con ella y no verla! Oir que +continuamente imputaban á aquella infeliz faltas y crímenes inauditos, y +no poder acercarse á ella y preguntarle. "¿Qué has hecho?". + +Las tres Porreñas marchaban acompasada y pomposamente, sin proferir una +palabra. Así llegaron á la casa desde donde habían de ver pasar la +procesión, que era la casa de un clérigo llamado don Silvestre +Entrambasaguas y de su hermana doña Petronila Entrambasaguas. + + + + + +CAPÍTULO XXVIII + + + +#El ridículo.# + + +Era don Silvestre un clérigo carilleno, bien cebado, grasiento, avaro, +de carácter jovial, algo tonto, mal teólogo y predicador tan campanudo +como hueco. Su hermana era una dueña quintañona, gruesa y muy pequeña, +con la nariz del tamaño de una almendra y del color de un tomate, +abultadísimo el pecho, y el talle y las caderas tan voluminosas que le +daban el aspecto de un barril. Las tres ruinas aristocráticas no +hubieran nunca descendido en sus buenos tiempos á tratarse con aquel par +de personas de baja extracción (porque eran hijos de un tocinero de +Almendralejo, y él cuidó cerdos en las dehesas de Badajoz hasta que +entró en el Seminario); pero en los tiempos de decadencia podían +visitarse y tratarse, aunque siempre con cierto decoro, y estableciendo +tácitamente la diferencia de las antiguas jerarquías. Se habían conocido +en el locutorio de las Góngoras, en cuyo convento existía una monja +perteneciente al linaje de los Entrambasaguas. La amistad de las +Porreñas y don Silvestre y su hermana llevaba ya cuatro años de mutuas +cortesías, de mutuas fórmulas urbanas y de confianzas decorosas. + +Tomaron asiento las tres, y enteraron á sus amigos de quién era aquel +joven que _decorosamente_ las acompañaba. María de la Paz, en su afán de +decirlo todo, expuso, con su lucidez acostumbrada, que aquel caballerito +había estado en el camino de la perdición á causa de las malas +compañías; pero añadió que ellas le protegían, y esperaban lograr +traerlo al buen camino. + +--¿De dónde eres, muchacho?--dijo el padre, que era muy brusco, muy +francote, y trataba de _tú_ á todo el mundo. + +--De Ateca, en Aragón. + +--¿Ateca? ¡Buena tierra! ¡Buenos torreznos! ¡Buena fruta!... ¿Y no +estudias, hombre, no estudias? + +--Sí, señor: estudio para abogado. + +--¡Bueno está eso!--dijo el clérigo con risa brutal. ¡Abogado! ¿De qué +sirve eso? ¿Por qué no estudias Teología y Cánones? + +--Algo de eso estudié en Zaragoza. + +--¡Zaragoza! ¡Buena tierra! Buen carnero, buen lomo; pero no como en mi +tierra, en Extremadura ... porque yo soy extremeño. Dime, ¿por qué no +has estudiado para cura? + +--Porque no tengo vocación para esa carrera. + +Doña Paz hizo un gesto de sorpresa y reprobación, como si el joven +hubiera dicho una gran irreverencia. Después, acumulando en su rostro +todos los rasgos de desdén y acritud de su gran repertorio, dijo: + +--¡Ah! señor don Silvestre, con mucha razón le sorprenden á usted los +despropósitos de este joven; pero no tiene usted en cuenta que ha +vivido hasta hace poco en el más lamentable extravío. Ya se corregirá; +hay una persona que ha tomado á cargo su educación, y creemos que +logrará el intento. + +--¡Que no tenía vocación!--exclamó Entrambasaguas con voz de +trueno:--eso es una irreverencia. + +El estudiante bajó los ojos aturdido ó indignado. Después miró como +único consuelo á la devota, por ver si, como otras veces, salía á +defenderle; pero la devota, que miraba también con atención +contemplativa, pensaba en otra cosa que en defenderlo. + +--Mi señora doña Paulita--dijo el clérigo dirigiéndose á la _rosa +mística,_--¿sabe usted que he leído el libro _De albigensium +erroribus_, y estoy conforme con lo que dice el Padre Paravicino, que +_pietas in pietate contra ecclesia nulla contemnere pios?_ ¿Qué le +parece á usted esta opinión? Porque _a doemonio numquam salus +inveniatur_. Vamos, diga usted que es gran teóloga. + +Paulita no contestó; y otro menos bruto que el Padre Silvestre +hubiera comprendido que aquella extemporánea consulta teológica la +contrariaba mucho en tal momento. El instinto femenino se sublevó +allí contra toda la unción consuetudinaria de la santa. No contestó, +y ¡cosa singular! la que siempre se había ruborizado cuando en +presencia de los curas le hablaban de cosas mundanas, se ruborizaba +ahora porque la hablaban de Teología. + +--Yo no sé ... yo no entiendo ... yo no he leído ese libro--contestó al +fin, viendo que el majadero de Entrambasaguas repitió su pregunta, +adornada con dos ó tres festones más de latín. + +--¿Pues no me lo recomendó usted aquel día que hablamos en el +locutorio de las monjas con el obispo de Calahorra, cuando dijo usted +aquello de San Dionisio Areopagita, que empieza ...? ¿A ver cómo +empieza? ¿No se acuerda? + +--Yo no--dijo la devota, muy colorada y muy inquieta, por no hallar +pretexto para mudar de conversación. + +--¿Pero no me recomendó usted ese libro _De albigensium erroribus?_ Si +me dijo usted que era lo mejor que se había escrito ...--insistió el +majagranzas del clérigo. + +Un rumor popular y el áspero tañido de los fagotes vinieron á sacar de +apuros á nuestra amiga anunciando la procesión. Se dispuso ocupar +inmediatamente los dos balcones: en uno se colocó el clérigo con María +de la Paz y Salomé; en otro se colocó la gorda, doña Paulita y Lázaro. +Un enorme tiesto, donde crecía con extraordinaria lozanía una adelfa, +estorbaba la comodidad de estas tres personas. La gorda estaba en medio, +y era imposible acomodarse con holgura á causa de doña Petronila y de la +adelfa. Pero al fin, después de mil cumplimientos, la devota se encontró +en medio, teniendo á la derecha á Lázaro y á la hermana del clérigo á la +izquierda. + +La procesión empezó á desfilar. El clérigo hablaba por los seis, y +hablaba tan fuerte, que los transeúntes se quedaban mirando á los +balcones. Algunos de los curiosos notaron en el rostro de doña Paulita +una muy grande agitación, y el autor de este libro, que era uno de los +que pasaban, notó con sorpresa (porqué conocía de oídas su carácter) que +entre la frente de la dama y los cabellos del joven, no había otra cosa +que algunas hojas y una flor de la adelfa criada en el balcón. Lázaro no +atendía al gentío ni á los santos ni á nada. El despecho por encontrarse +allí mal de su grado le ocupaba todo. + +En el otro balcón hacía don Silvestre detallado relato de las cofradías, +pendones, estandartes, imágenes y corporaciones que iban desfilando. +Salomé ostentaba en su muñeca el ridículo, que caía sobre el antepecho +del balcón, ofreciendo al asombro del numeroso público los vivos colores +de sus mostacillas azules y de sus lentejuelas doradas. Era el tal +ridículo primorosa obra, en cuya elaboración tomaron parte las delicadas +manos de su dueña; obra del siglo pasado y del año 94, en que la dama lo +lució en los paseos de la Florida los días de invierno, con gran +aceptación de la juventud de entonces. Salomé profesaba mucho cariño á +aquella prenda, porque le parecía que al ceñirla á su muñeca llevaba +consigo un amuleto de perpetua juventud. + +--Se te va á caer--le dijo su tía, viendo cómo se balanceaba la prenda +sobre el antepecho del balcón. + +--No se cae--dijo Salomé, que gustaba mucho de lucir en las grandes +solemnidades aquel mueble hereditario, y creía que desde la calle hacía +un efecto magnífico. + +La ordenada turba de monagos, clérigos, cofrades, archicofrades y +penitentes seguía desfilando. La gorda y su hermano se hacían lenguas +cada vez que pasaba un estandarte, una cruz. El codo de Lázaro tocaba el +codo de la devota, y ésta tenía cruzadas las manos, y la cabeza +inclinada á un lado, porque sin duda le halagaba el suave roce de las +adelfas. Después se pasó la mano por los ojos como si se apartara un +velo imaginario. + +Cuando la procesión estaba en su lleno, digámoslo así, un grito +resonó en el balcón inmediato. ¡Oh dolor! El ridículo de Salomé había +caído á la calle. + +--¡Y está en él la llave de la casal--dijo Paz con terror. + +Lázaro no necesitó oír más; su determinación fué rapidísima. Se quitó +del balcón, y dijo vivamente: + +--Voy á buscarlo. + +El ridículo cayó sobre las cabezas de los transeúntes; pasó de mano en +mano, y fué arrastrado por la multitud do tal modo, que un momento +después de caído estaba á gran distancia. Lázaro, que vió esto, bajó +rápidamente, llegó á la calle y atravesó, con mucho trabajo, por entre +la multitud. Su determinación era decisiva. + +--¡Qué feliz coincidencial--decía para sí.--Allí está la llave: la tomo, +corro á la casa, abro; el viejo debe estar arriba durmiendo la siesta: +entro, la veo, la hablo, la digo ... qué sé yo lo que le voy á decir ... +y me vuelvo á escape. Si las viejas sospechan, inventaré cualquier +mentira. No hay más remedio. + +Al fin llegó jadeando y con mucha fatiga al extraviado ridículo. Lo +tenía una mujer que lo estaba registrando, y viendo, que no contenía +cosa de valor, no parecía mostrar gran empeño en conservarlo. Lázaro lo +tomó. El oleaje del gentío le había llevado á gran distancia de la casa +de Entrambasaguas. Desde el balcón no podían verle. No dudó más, y echó +á correr por una de las calles transversales hacia la casa. + +La ansiedad propia de la situación y la marcha precipitada le agitaron +de tal modo, que tuvo que detenerse para respirar. Por fin la vería sin +duda. Llegó á la casa, entró, subió la escalera; pero antes de +resolverse á abrir se detuvo, y necesitó apoyarse en la pared, porque la +agitación le había quitado las fuerzas. Pensó que ella se asustaría al +verle entrar tan descompuesto, al sentir abrir la puerta. Por fin, con +la mayor cautela, puso la llave en la cerradura, le dió vueltas y abrió +muy quedo. Entró, volvió á cerrar y dió algunos pasos. Era ya tarde: la +casa estaba obscura; no veía nada. Anduvo á tientas un rato. Al fin +distinguió los objetos, y siguió por el pasillo. + +Silencio sepulcral reinaba en la casa. "Sin duda don Elías duerme +arriba"--pensó, y siguió andando hasta acercarse á la puerta del cuarto +donde Clara debía estar. "Para que no se asuste" pensó Lázaro, trémulo +de emoción, como quien va á cometer un crimen,--lo mejor será +acercarme á la puerta y llamarla muy quedito. "Así no se asustará." +Avanzó más, llegó á la puerta, y tomando aliento para pronunciar las +dos sílabas de aquel nombre que amaba tanto, se paró, y con voz baja y +conmovida dijo: "Clara." + +Pero en el instante mismo en que pronunció esta palabra, se estremeció +de sorpresa y terror. Un frío intenso circuló por todo su cuerpo; toda +la sangre se le agolpó al corazón, que latía con violencia +desenfrenada, y quedó inmóvil como estatua junto á la puerta. En el +momento de pronunciar el nombre de Clara, había sentido dentro de la +habitación una voz de hombre, una voz de mujer y pasos precipitados. +Pronto veremos lo que hizo. + + + + + +CAPÍTULO XXIX + + + +#Las horas fatales.# + + +A las cuatro de aquella tarde, cuando, después de salir las tres damas, +Clara se encontró sola, quiso satisfacer su curiosidad leyendo la carta +que le había dado el abate; pero observó que Elías andaba por el +pasillo: tuvo miedo, y la guardó. Media hora después, habiendo Coletilla +salido con Carrascosa, se quedó sola, enteramente sola y encerrada. +Entonces abrió la carta. Era sin duda de Lázaro, y casi sabía punto por +punto lo que había de decir. Pero su sorpresa fué grande cuando miró la +firma y vió: _Claudio_. + +--¡Claudio! ¿quién es Claudio?--exclamó con la mayor confusión. + +La carta decía así: + +"Ya te he devuelto, amiga mía, á ese joven prisionero á quien tanto +quieres. Yo le he sacado de la cárcel, donde el infeliz estaba á punto +de morirse de hambre y de frío; le he sacado tan solo porque es tu +amigo. Ya sabes que tú y yo somos también verdaderos amigos. Ese joven +parece que te quiere bien; pero no como yo, que te idolatro; y tan +desventurado soy ausente de ti, que hoy voy á intentar verte y hablarte +entrando por una casa vecina. No te llame la atención: estoy decidido. +Por mí han salido esas tres viejas; por mí ha salido Elías; por sí ha +salido Lázaro. Estás sola y encerrada; encerrada para todos menos para +mí, que te veré esta tarde. No tengas miedo: sólo quiero verte y +hablarte. Te lo asegura, te lo promete el que te adora.--_Claudio_." + +--¡Claudio!--dijo Clara doblando la carta:--¿quién es este hombre? +¡Y quiere entrar aquí! ¡Jesús, qué miedo! ¿Qué debo hacer? ¿Cerrar +las puertas? + +Clara empezó á temblar de miedo; no podía tomar resolución ninguna. Por +fin evocó todo su valor: se dirigió á la puerta que daba al pasillo, y +le echó el cerrojo; después corrió á la puerta que comunicaba con la +habitación inmediata con intento de cerrarla también; pero ya era tarde, +porque Bozmediano entró muy tranquilo en el cuarto. + +--¡Jesús!--exclamó Clara, retrocediendo con espanto. Váyase usted, por +Dios. ¡Qué atrevimiento! Pero no pudo seguir, y se echó á llorar. + +--¡Váyase usted.... Si vienen.... Por Dios, señor caballero (no se +acordaba del nombre). Váyase usted.... Usted es muy bueno y me dejará +sola. Si vienen ahora, ¿qué van á decir? + +--No vendrán: tranquilízate--dijo Bozmediano algo contrariado por aquel +recibimiento.--Somos ya verdaderamente amigos. Hoy vengo á hablarte, á +verte. Ya sabes que me he declarado tu protector. + +En el sistema amatorio de Bozmediano estaba el tutear á las muchachas á +la tercera entrevista. + +--Yo no quiero que usted me proteja. Si estoy muy bien aquí--afirmó +Clara con angustia. + +--¿Bien aquí?--dijo el militar, cerrando los puños. ¿Bien aquí? Como que +voy á ahorcar á esas tres arpías que te están martirizando. Cuando +pienso que un viejo fanático y tres mujeres ridículas están hoy en el +mundo sólo para mortificarte y asesinar lentamente á la más noble y +amable criatura que ha nacido. + +--Si á mí no me atormentan--dijo Clara, cuya atroz inquietud se +manifestaba en un llanto entrecortado, que acobardó por un momento al +galán aventurero.--Váyase usted, por Dios, yo se lo ruego, se lo pido +por Dios y todos los santos. + +--¿Irme sin ti? Eso no puede ser. + +--Jamás consentiré yo en salir con usted--exclamó la joven con +resolución.--Váyase usted, señor caballero (otra vez no se podía acordar +del nombre): usted es muy bueno, yo lo sé. Pero si tarda un momento más +en marcharse, le odiaré toda mi vida. Váyase usted, por piedad. + +--Y si me voy, ¿qué va á ser de ti, pobrecilla?--dijo Bozmediano con +melancolía.--Si yo te abandono, ¿qué va á ser de ti en poder de estos +cuatro demonios? ¿Cómo he de consentir el crimen espantoso de este +encierro, de esta soledad, de este marasmo, de esta tortura lenta que te +aplican esas infames? No, Clara: tú me conoces muy bien en las pocas +veces que me has tratado para saber que yo no puedo consentir tal cosa. +Si yo te abandono, pasará un día y otro día sin que nadie se atreva á +hacer cosa alguna para salvarte. Ese joven, á quien yo he sacado de la +cárcel, tiene una imaginación disparatada; pero no resolución ni ánimo +para sacarte de penas. Esta es la verdad: no esperes nada de quien nada +puede ni nada sabe hacer por ti. Créeme: no tienes más esperanza que yo. +Y por mi parte, seguro estoy de que no te opondrás á mi resolución, que +no tiene más objeto que tu felicidad. + +--Pero si yo no quiero que haga usted mi felicidad dijo Clara más +inquieta. + +--Pues entonces, ¿quién la va á hacer? Huérfana, sola en el mundo, +rodeada de enemigos y de malvados, sin que haya nadie que se interese +por ti.... + +--¡Oh!--dijo la huérfana vivamente, creyendo encontrar un gran +argumento:--sí, sí tengo quien se interese. + +--No, no lo creas, no. Ese joven no hará nada: le conozco, conozco su +carácter. La prueba es que vive aquí hace días, que sabe tus +sufrimientos y nada ha hecho por aliviarlos. ¿Ha intentado algo? No: yo +sé que no. No se atreve. + +--¿Que no se atreve? Sí, sí ... Pero váyase usted, por Dios. Si +vienen ... No se detenga usted un momento más; yo se lo ruego. Me va +usted á perder. + +--Clara, Lázaro no hará nada por ti. Su imaginación está embebida en la +política. No esperes nada de él. + +--Sí, sí espero: me salvará. Estoy segura de ello--dijo +dolorosamente la joven. + +--¿Por dónde lo sabes? + +--El mismo me lo ha dicho. + +--¿El? No puede ser. Yo dudo que haya podido verte, según me han dicho. + +--Pero me verá, me salvará. Yo no necesito de usted. + +--Sí necesitas de mí. Tengo esa vanagloria, única recompensa del grande +amor que te tengo--dijo Bozmediano con expresión clarísima de verdad. + +--Pero si yo no le quiero á usted ni le puedo querer. No le he visto más +que dos veces, y eso sin mi licencia. + +--Ese poco tiempo ha bastado para que te quiera yo. + +--Yo se lo agradezco á usted; pero cuando se vaya dijo la huérfana.--¡Qué +modo tan raro tiene usted de favorecerme, asustándome de esta manera y +comprometiéndome! ¡Ah! Váyase usted, por Dios. Van á llegar y le van á +ver aquí. ¡Jesús, qué hombre! + +--No vendrán. La procesión es larga. + +--¿Pero si viene él? + +--¿Quién es él? + +--El viejo. + +--Ese primero muere que venir. + +-¿Pero si le ve á usted la vecindad? Y, sobre todo, aunque no le vean +... Yo no quiero que esté usted más tiempo aquí; no le quiero ver. + +Clara estaba tan consternada y era tan resuelta su actitud, que +Bozmediano empezó á dudar del éxito de su aventura, y estuvo un +rato indeciso. + +--Clara--prosiguió sentándose con familiaridad,--tu no me conoces. No +sabes de lo que yo soy capaz. Yo soy capaz hasta de sofocar mis +sentimientos haciendo por tu felicidad el sacrificio de la mía. Tú no me +conoces, ni aciertas á juzgarme, ni ves en esta empresa que acometo otra +cosa que una intención dañada y vil. Si viera junto á ti á alguna +persona capaz de sacarte de esta miseria, no me opondría á que me +dijeras, como me has dicho, que no me quieres ver. Yo dejaría entonces á +otro el orgullo de quererte y hacerte feliz; pero esto no es posible. Tu +situación es tan desesperada, que quiero salvarte á pasar tuyo, +arrostrando hasta tu ingratitud, que es lo que más temo. Si me ves aquí, +es porque nadie existe en esta casa que pueda ampararte. + +--Bien: yo lo agradezco, señor caballero; pero déjeme usted. ¡Ay! Si +Lázaro sabe que ha estado usted aquí.... + +--Si lo sabe, nada le importa. El no piensa más que en política; ni en +aquella cabeza hay la discreción y la astucia que tú necesitas para +salir de aquí. En aquel corazón no caben más que las desenfrenadas y +vulgares pasiones del pueblo, capaces tal vez de un hecho notable, pero +inútiles para consolar á un ser débil y delicado. + +--Sí, él me salvará: yo lo sé--repitió Clara un poco menos asustada y +más triste.--No, no lo esperes. + +--Sí, lo espero. ¿Por qué no lo he de esperar? ¿Por qué me dice usted +eso? ¿Qué sabe usted lo que él puede hacer por mi? + +--¿Pero es posible que le quieras tanto?--dijo Bozmediano, que no creía +encontrar tanta firmeza. + +--Sí, le quiero. Pero usted, ¿á qué me pregunta esas cosas? + +--Lo pregunto por saberlo--dijo con mucha calma el militar.--Ahora +repito que tú no sospechas de qué acciones soy yo capaz. ¿Creerás que es +posible, si me pruebas que le quieres tanto, que yo le comprenda en esta +protección generosa que te consagro, y me interese por los dos tanto +como ahora me intereso por ti? Pero falta una condición para esto. Dudo +mucho que él te quiera como tú mereces, y si es como yo sospecho, le +creeré un hombre indigno y le apartaré de ti cuanto pueda. Le saqué de +la cárcel para probarte que procedo en estas cosas, como en todo, con +buena fe y caballerosidad. Cuando te vi por primera vez, y comprendí lo +que era tu vida, la poca esperanza de tu porvenir y la bondad de tu +corazón, me dió tanta lástima, que ... no sé ... casi te amé desde aquel +momento como ahora. Para mí fué entonces el amor tan poco egoísta, que +no entraba para nada mi persona en las cavilaciones que día y noche +ocupaban mi imaginación. Después supe que existía, un joven á quien tú +querías mucho; supe que este joven estaba preso y le puse en libertad +por ti y para ti. Nunca tuve intención de apartaros á los dos; al +contrario, mi deseo era uniros si él lo merecía. Pues bien: yo me he +convencido de que él no merece tal cosa y es indigno de ti. Clara no +supo qué contestar á estas palabras. Y á la verdad que no era fácil +conocer si tan elocuente expansión de bondad y afecto era verdadera ó +simplemente un ardid galante de los que también usan los seductores. + +--Sí; pero entre tanto--dijo la muchacha,--usted me compromete; usted me +pierde para siempre. Si viene alguno de la casa y lo ve, ó descubre que +ha entrado aquí.... + +--Nadie lo puede descubrir.... ¿Pero es cierto, Clara que quieres +tanto á ese muchacho?--dijo Bozmediano, queriendo imprimir á sus +palabras cierto tono de jovialidad, que estaba muy lejos de tener en +aquel momento. + +El joven galanteador había errado el tiro; el aventurero de amor creyó +que había deslumbrado á Clara con la conversación de sus dos primeras +visitas. "Y era que tenía muy alta idea de sus propias dotes personales +para dudar de que una muchacha sencilla, educada por un fanático, y sin +conocer otras pasiones que las vulgares inclinaciones de aldea, pudiera +resistir á ellas. Creyó asimismo que el hecho de poner en libertad al +que podía considerar como rival, influiría mucho en el ánimo de la +huérfana. El había empleado otras veces con mucho éxito procedimientos +parecidos. Además, Lázaro le había parecido algo brusco, poco amable, +poco digno de ser amado, poco interesante." + +--Sí--contestó Clara,--le quiero. Se lo juro á usted, que dice que me +tiene amistad.--¿Y le quiere usted mucho?--Mucho. Vaya, ahora se puede +usted marchar. El militar se quedó muy pensativo. Vióse un poco ridículo +en aquella situación; pero siempre triunfaba de su amor propio la bondad +de su corazón. En aquel momento pensaba en renunciar por completo á todo +y tratar por cualquier medio de contribuir á la felicidad de los dos +muchachos. + +--¿Pero no se marcha usted?--dijo Clara, volviendo á su inquietud. + +--Sí, me marcho ya. Pero ... no--añadió con determinación,--no puedo +consentir que te quedes en este sepulcro. Me parece que si te dejo aquí +no he de verte más. Pero ese hombre, ese exaltado, ¿en qué piensa? ¿qué +hace? ¿cómo tiene alma para verte en poder de esas arpías, y no pegar +fuego á esta casa maldita? + +--El me quiere--dijo Clara, resuelta á decir todo lo que pudiera +determinarle á marcharse. + +--No: te dejará morir de hastío en esta cárcel. Lo sé; conozco bien +á ese loco. + +--¡Oh! se interesa por mí: estoy segura de ello.--¿Nada más que eso? ¡Se +interesa!--Padece mucho al verme así--exclamó Clara con dolor. + +--¡Oh! Las tres pécoras de esta casa me la han de pagar. ¿Pero es cierto +que te mortifican? + +--¡Oh! me consumo--dijo Clara sin poder contener una triste franqueza. + +--¡Malditas! ¿Pero ese hombre, qué hace? + +--Hará mucho, hará lo que pueda. Es pobre.... + +--¡Pobre!--dijo él muy pensativo.--¿Y qué esperas de una persona que +sólo podrá hacerte más infeliz? ¡Oh, juro que si ese joven no te +corresponde, me la ha de pagar! Bozmediano se levantó. En aquel momento +la palidez de Clara aumentó súbitamente, porque creyó que sentía abrir +la puerta de la escalera; pero Claudio la tranquilizó diciéndole que se +equivocaba. + +--No temas nada--dijo prestando atención;--nadie puede venir. + +--¿Pero á qué está usted aquí más tiempo?--dijo ella, repuesta del +susto.--¿No le he dicho ya lo que quería saber? + +--Sí, y me voy. Ahora sí, me voy; pero es para volver. + +--¿Otra vez? + +--Sí: insisto en creer que no hay para ti más esperanza que yo. El +marcharme ahora no quiere decir que te abandone, no. Me voy para +ocuparme de ustedes; yo me enteraré de lo que vale ese muchacho. Si no +es digno de ti.... + +En este momento una voz apagada, trémula y conmovida pronunció +distintamente en el corredor la palabra "Clara". + +La joven se quedó petrificada de espanto, y la mirada que dirigió á +Bozmediano hizo comprender á éste cuánto la había comprometido. El galán +creyó que el mejor partido que podía tomar era marcharse muy quedo, +seguro de que la persona que había dicho "Clara", con voz que no +conoció, no podía haberle sentido. Hizo señas á la huérfana de que +callara, y se dirigió rápidamente, y con mucha cautela, á la puerta por +donde había entrado. La joven no se movía, y sólo en sus facciones se +podía conocer su gran turbación. + +Bozmediano salió. La voz dijo más fuertemente: "Clara, Clara, abre." +Era la voz de Lázaro. El sintió desde fuera que había un hombre en +el cuarto; sintió sus pasos al huir. Después oyó en lo más interior +de la casa ruido como de un mueble que cae, y corrió allá frenético +de indignación y sobresalto. Entró en el comedor, luego en un +pequeño pasillo que daba á un patio, subió la escalera que conducía +al piso segundo y á la buhardilla; pero al llegar arriba, ya +Bozmediano había desaparecido, y sólo pudo ver un bulto que se +ocultaba, cerrando vivamente una puerta desconocida. También le +pareció ver la figura diabólica del abate en el momento brevísimo en +que la puerta estuvo abierta. + +--¡Bandidos!--gritó con voz terrible. Nunca, había sentido impresión tan +fuerte. Trató de derribar aquella puerta misteriosa; pero manos muy +fuertes lo impedían de la otra parte. Bajó como un loco, volvió al +comedor, entró en la alcoba de la devota por donde mismo había entrado +Bozmediano, y pasó al cuarto donde estaba Clara. Encontróla temblando, +con los ojos llenos de lágrimas. + +Cuando le vió entrar, la infeliz dijo, casi sin poder articular +las palabras: + +--¡Ah! Lázaro, Lázaro, oye ... te diré ... espera. Pero la voz se le +anudó en la garganta, y no pudo hacer otra cosa que llorar como un niño. + +--¿Qué me vas á decir? Calla--exclamó Lázaro con voz colérica.--Calla, y +no hables más delante de gentes. ¿Aquí quién estaba...? ¡Ese militar...! +¿Pero es cierto lo que dicen...? Yo no lo había querido creer, +aunque lo creían todos. Clara, Clara, ¿qué ha sido de ti, qué has hecho? +¡Yo no lo quería creer! Si todos los santos del Cielo me lo hubieran +jurado hace un mes, les hubiera dicho que mentían. Pero ya lo he visto, +ya lo he visto. + +La huérfana lloraba como si fuera culpable ... Por fin pudo decir: + +--Por Dios, escúchame. Yo te contaré.--¿Qué me vas á contar?--dijo él +más colérico.--Pero si voy á matar á ese hombre ... ¡Oh! Clara--añadió +transformando su ira en intenso dolor.--¿Cómo has podido tú ...? Yo estoy +loco, sin duda. Lo que he visto es una locura. + +--No ... yo te explicaré--le dijo ella recobrando su valor.--Ese hombre, +yo no lo conozco ... Un día entró en casa ... me dijo.... + +--No me hables, no me mires ... Todo lo he sabido. ¿Por qué mi tío te +puso en esta casa? ¿Qué hiciste allá? ¿Por qué estas señoras te tienen +encerrada y sin ver á nadie? ¿Qué has hecho? No te puedes disculpar, no. +Soy un necio si hago caso de las disculpas que me vas á dar. Bastantes +pruebas he tenido. ¡Y fuí tan ciego que nada quise creer! ... Nada más +debo decirte ... ¿Por qué te he conocido? Mía es la culpa; no tengo +derecho para acusarte. Eres libre. Adiós. + +Y salió muy á prisa sin esperar respuesta. Salió como un demente, y dió +muchas vueltas por la casa sin saber á dónde iba. Si en aquel momento +se le hubiera presentado su tío, reprendiéndole con su impertinencia +acostumbrada, Lázaro le hubiera atropellado, le hubiera maltratado, +hiriéndole tal vez. Al fin llegó á la puerta, trató de recobrar su +serenidad, abrió y bajó. Una vez en la calle, sintió el corazón tan +oprimido, que le fué imposible dejar de llorar. + +Pero no le faltó calma hasta el punto de olvidar que las viejas le +esperaban, y que su ausencia podía aumentar la gravedad de aquella +aventura. Dirigióse á la calle de San Mateo, procurando por el camino +dominar su agitación y disimular todo lo posible. Después de atravesar +varias calles sin acertar con lo que buscaba, llegó á la casa de los +Entrambasaguas. Felizmente aun duraba la procesión. Entró en la casa, +subió y halló á Salomé en extremo impaciente, mientras María de la Paz +se hallaba en un estado de irascibilidad terrible. + +--Ha tardado usted más de una hora: ¿dónde ha ido usted?--exclamó +mirando al joven con recelo. + +--Señora ... señora ...--dijo Lázaro balbuciente,--no he podido ... Se +ha agolpado la gente en la calle ... y me he encontrado entre la +multitud sin poder volver. Después una mujer cogió el ridículo y echó á +correr por esas calles. Ya se ve: tuve que seguir tras ella, y casi no +la alcanzo. + +--Vamos, caballerito ... Si ha estado despejada la calle desde +hace una hora. + +Salomé se apoderó de la prenda que creía perdida, y registró á ver si +faltaba algo. + +--Sin duda se ha ido á perorar á algún club--dijo cuando vió que nada +faltaba y que lo era imposible reprender á Lázaro por otro motivo. + +--¡Hombre, hombre!--dijo Entrambasaguas:--¿también tú charlas en los +_clubes_? Eso es una iniquidad: mira que te condenas. + +La devota no dijo nada: pudo su admirable instinto, que recientemente +había adquirido extraordinaria fuerza, comprender que á Lázaro le había +pasado algo durante su ausencia. No llegó á sospechar lo que fué, ni +dónde fué; pero pensó mucho en aquello, mientras las últimas figuras de +la procesión desfilaren por la calle. + +--¡Ay! vámonos, que es tarde--exclamó María de la Paz. + +--¿Ya se van ustedes?--dijo el clérigo, que no veía la hora de que se +marcharan, porque desde la cocina llegaban á sus narices los olores de +la olla de carnero que le estaban preparando. + +--Mi señor don Silvestre--dijo Paz,--no podemos detenernos, porque +ahora no somos libres. Nos hemos echado encima una carga muy pesada: la +tutela y educación de una joven que nos dará muchos disgustos. + +--¿Qué es eso? + +--Es una joven desamparada--continuó Paz,--que estaba en casa de un +amigo nuestro, soltero grave, el cual no podía sufrir sus +travesuras. Parece que ella es algo levantada de cascos; y viendo +que no la podía sujetar, nos la entregó para que la corrigiéramos +... Todo por amor de Dios. + +--¿Y les da á ustedes disgustos?--preguntó con oficiosidad la hermana de +don Silvestre Entrambasaguas. + +--Todavía--contestó Paz,--la verdad sea dicha, no se ha portado mal; +pero yo nunca me equivoco, y cuando á mí se me fija una persona aquí ... +(y señaló la frente) y aquélla me parece que es una buena pieza. + +Lázaro oyó esta apología de su infeliz amiga con toda la atención de que +era capaz. Pero no se agitó más de lo que estaba, porque era imposible. + +--¿Qué tienes, Paula? dijo Paz á la devota, que estaba muy pálida y con +muestras muy claras de no encontrarse bien. + +En efecto: todos la miraron, y notaron en ella las señales de un +malestar creciente. Tenía los ojos encendidos y el aliento penoso. + +--Nada--dijo la devota, queriendo animarse. + +--Sin duda se ha constipado en el balcón. + +--Sí: corre esta tarde un airecillo, que ya, ya ...--indicó el +clérigo;--pero váyase usted á su casa, y abrigándose bien.... + +--Eso no será nada--dijo doña Petronila Entrambasaguas, que estaba muy +impaciente, porque ciertos olores, venidos en mensaje de la cocina, le +anunciaban que el carnero se estaba quemando á toda prisa. + +Las damas se dirigieron á la puerta. El clérigo se dió un golpe en la +frente como quien recuerda una cosa importante, y dijo á doña Paulita: + +--¡Ah! señora mía, si tuviera usted la bondad de hacerme un favor.... + +--¿Qué, señor don Silvestre? + +--Que se dignara usted repasar un sermón que he escrito y voy á predicar +en San Antonio el 17 de Enero. Usted que es gran teóloga, y muchas veces +me ha dado su opinión sobre otros grandes sermones míos, deseo que vea +ahora éste. + +--Yo no entiendo de eso--replicó la santa con repugnancia. + +--Sí entiende--dijo Paz complacida. + +--¡Qué modestia!--exclamó Entrambasaguas.--La santidad unida al talento. +Pero yo sé, aunque usted quiera ocultarlo, que es una gran teóloga. Si á +veces la he estado oyendo con la boca abierta, como si oyera á todos los +Padres de la Iglesia.... + +--Deje usted eso--murmuró la devota con visible disgusto.--Yo no +entiendo de esas cosas. + +--Es sobre el tema de la tentación quinta de San Antón. Bien sabe +usted aquello, cuando el demonio se le presentó en figura de ... de +muchacha, pues.... + +Y corrió presuroso á su gaveta, cogió un legajo y se lo entregó á doña +Paulita, que lo tomó del peor humor del mundo. Cayósele de la mano, +recogiólo con presteza el predicador, y se lo volvió á dar diciéndole: + +--¿Pero está usted mala de veras? Veo que no puede usted tenerse en pie. +Le tengo dicho que es bueno hasta cierto punto el ayuno, y nada más ... +y usted siempre en sus trece.... + +--Esta niña, con sus ayunos y sus penitencias...--dijo María de la Paz. + +--¿Quiere usted una taza de caldo?--preguntó el clérigo; y se +interrumpió antes de concluir, porque su hermana, con tanta presteza +como disimulo, le tiró del manteo, indicándole la indiscreción de la +oferta que acababa de hacer. + +--Gracias, no es preciso: esto no es nada. + +--Recójase usted temprano--dijo la gorda.--No le conviene á usted tomar +ahora caldo ni cosa ninguna. A casa. Y poniéndole la mano en la frente, +continuó:--Tiene usted mucha fiebre: á casa pronto. + +La comitiva salió. El clérigo cogió el velón en sus robustas manos, y +alumbró la escalera. Cuando ya estaban abajo, Entrambasaguas gritó +desde arriba: + +--Fíjese usted, señora doña Paula, en aquel pasaje que +dice: "Cuando en diluvio de soles con corpulenta, corpórea efigie al +mundo vino...." Por aquello de _corpus corporum in corpore uno_.... +Fíjese usted bien en este pasaje, que tengo algunas dudas +sobre si.... + +Doña Paulita no contestó ni miró siquiera al ramplón Gerundiano. +Salieran á la calle, y Lázaro estaba tan enfrascado en sus pensamientos, +que empezó á andar, dejando atrás á las dos señoras. + +--¡Eh! caballerito--dijo Salomé, que estaba muy biliosa aquella +tarde,--¿qué manera de portarse es esa? ¿Nos deja solas en medio +de la calle? + +--¡Oh! qué caballero tan cumplido hemos traído--dijo Paz, cuyo +temperamento sanguíneo tenía aquella tarde, sin causa conocida, una +irritabilidad inusitada. + +Lázaro retrocedió y moderó el pago + +--Y bien podría usted--añadió la dama,--portarse mejor delante de las +personas extrañas. Ni siquiera ha saludado usted á aquellas ... gentes +(Paz usaba esta denominación general y vaga, para designar á todas las +personas que por su progenie estaban en escalón más bajo que ella en la +jerarquía social.) ¡Qué dirán de nosotras! ¡Ah! Paulita, no puede andar. +Vamos, don Lázaro, dé usted el brazo á mi sobrina. Apóyate en don +Lázaro, Paula, que estás muy mala. ¡Ah! Triste cosa es llevar por +acompañante á un caballerito como éste. + +El aragonés balbuceó algunas excusas, y dió el brazo á doña Paulita. +Andando, sintió que la devota pesaba en su brazo como si fuera de plomo. +Iba muy arrebujada, en su mantón y caminaba con dificultad. + +--Va usted muy á prisa--dijo, pesando más fuertemente en el brazo +del joven. + +Lázaro moderó el paso.--Ande usted un poco más--dijo después, +aligerándose de peso, hasta el punto de que él se sintió arrastrado. + +Lázaro avivó el paso. + +--¡Qué noche tan clara!--exclamó ella deteniéndose y mirando al cielo. + +Lázaro se detuvo y miró al cielo. Las otras dos marchaban detrás á +alguna distancia. + +--Nunca he visto una noche así. Nunca he visto las estrellas brillar +de ese modo, ni moverse así ... con esa vibración que parece que +están hablando. + +--¡Hablando!--dijo Lázaro muy sorprendido del símil de la santa. + +--¿Usted extraña eso?--dijo ella, mirándole con tal fijeza é intensidad, +que el mancebo creyó que dos estrellas habían bajado á esconderse en los +ojos de Paulita. + +--Sí: ¿no le parece á usted...? + +--Señora, yo las veo; pero....--Pues á mí me parece que las oigo. + +En esto se cayó al suelo, desprendido de las manos de la dama, el +manuscrito de Silvestre Entrambasaguas. + +--Señora--dijo el joven, inclinándose para recogerlo, observe usted que +se ha caído este sermón. + +--Déjelo usted--exclamó ella con mucha viveza; y tirándole del brazo +para impedirle que recogiera el manuscrito, avivó después el paso. + +--No hay duda--dijo Lázaro para sí.--Esta mujer tiene mucha fiebre; ya +empieza á delirar. + +Y entonces la mujer mística andaba tan á prisa, que bien pronto +alcanzaron á las dos ruinas mayores. Mas pronto hubo de moderarse su +ímpetu, y tan despacio iba, que tardó mucho para avanzar veinte pasos. +Cada vez pesaba más la teóloga en el brazo del estudiante: al llegar á +la casa, la enferma no podía ya dar un paso, y Lázaro le rodeó con su +brazo la cintura para impedir que cayera. Erale imposible subir, porque +la dama se inclinaba á uno y otro lado sin poderse tener. En tanto, el +joven observaba que tenía demudado el semblante, cerrados los ojos, +flojos y caídos los brazos; hizo un esfuerzo heroico, la cogió en sus +brazos y la subió. La cabeza de la enferma descansó sobre sus hombros, y +Lázaro notó que el contacto de su frente le quemaba el cuello. + +--Tiene mucha fiebre--dijo depositándola en el pasillo, porque Paz no le +permitió que llegara á la alcoba. Entráronla en su cuarto las otras dos, +bastante alarmadas con tan repentina desazón; pero pronto volvieron más +tranquilas, y se fueron al comedor á cenar un salpicón que habían dejado +preparado. + +Reinaba en la casa profundo silencio. Lázaro subió la escalera interior +para irse á su cuarto; y al subir no pudo menos de detenerse, porque +sintió una voz que le hería el corazón. Era la voz de Clara, que +preguntaba ó contestaba no sabemos qué cosa á la devota. El joven +apresuró el paso para huir de aquella voz que no quería oír más. + + + + + +CAPÍTULO XXX + + + +#Virgo fidelis#. + + +Lázaro no encontró arriba á su tío. Estaba el infeliz mancebo sumamente +impresionado por el incidente ocurrido, y no cabía en sí de cólera, de +amargura, de sobresalto. Imposible le era tranquilizarse, tanto más, +cuanto que tenía siempre ante la imaginación la figura de Clara, de +rodillas, con los ojos llenos de lágrimas y los brazos cruzados. Dábale +compasión y después ira, sucediéndose tan atropelladamente estos dos +sentimientos, que creyó sentir como una ebullición en el pecho y un +vértigo en la cabeza. A los arrebatos del encono sucedía el abatimiento +del desengaño, ignorando al mismo tiempo si amaba aún á aquella infeliz +ó si la despreciaba. + +Pasaron las horas; la noche avanzó, y él continuaba en la agitación. No +pensaba acostarse, ni sentía sueño, ni necesidad de reposo; antes al +contrario, los impulsos de su naturaleza eran hacia la zozobra, la +inquietud, el movimiento. Silencio lúgubre, no interrumpido por ruido +alguno, reinaba en la casa. Parecía que todos dormían: él tan sólo +velaba sin duda; y saliendo al corredor, donde le causaba algún alivio +el aire fresco de la noche, se paseó allí mucho tiempo. Dieron las +nueve, las diez, las once. Al fin se detuvo, aturdido por su propio +vaivén: apoyóse en el antepecho, y ocultando entre las manos su cabeza, +estuvo de este modo un largo rato devorando su agonía. De pronto creyó +sentir rumor extraño, alzó la cabeza, y en el fondo del corredor creyó +ver una figura humana que avanzaba. El corazón le latió con tal +violencia, que creyó que el pecho se le rompía. La forma aquella, que +sin duda era de mujer, avanzó, destacándose en la obscuridad. Venía +cubierto de una cosa enteramente blanca, que la hacía más fantástica, y +el reflejo de la luna parecía despedir de sí cierta luz misteriosa. +Cuando estuvo cerca, Lázaro la reconoció: era la devota cuyo semblante +traía las señales del insomnio y la fiebre. + +--¡Lázaro!--dijo con voz muy débil y muy conmovida. + +--Señora--contestó con mucha sorpresa.--¿Usted aquí á estas horas? ... +con esa fiebre ... ¿No está usted enferma? + +--¿Yo? ...--murmuró ella con una especie de extravío;--¿yo? ... no ... +yo estoy buena. Estoy mejor. + +--Creí que estaría usted durmiendo. Le conviene el reposo. + +--Yo--contestó ella con una singular entonación que alarmó á +Lázaro,--yo ... yo no duermo, yo no puedo dormir. Hace muchas noches +que no cierro los ojos. + +--¿Pues qué tiene usted?--preguntó Lázaro mirándola con mucha +atención.--Usted no está buena. Usted es una santa: pero la santidad con +exceso es perjudicial, señora. + +--Yo no soy santa--dijo la dama:--soy una pecadora. + +--No diga usted eso, por Dios. Usted es una santa, ¡qué felicidad! +¡Tener tranquila la conciencia! Dirigir todo su amor al que no engaña, +ni es falso, ni desleal: á Dios.... Esta es la mayor de las felicidades. + +--Hable usted bajo--dijo la devota. + +--Y luego--continuó él,--estar libre de odios, de rencores, de +desengaños.... + +--Más bajo--indicó la dama, y su voz parecía un suspiro. + +--Estar libre de rencores--prosiguió Lázaro en voz muy baja:--¡amar sin +recelo, sin temor; despreciar el mundo, las traiciones, las asechanzas; +hallar regocijo en las persecuciones, y sacar consuelo hasta de las +desventuras!... ¡Oh, qué feliz es usted...! + +Después de una pausa, la voz de la mujer mística resonó como un eco +lejano para decir: + +--No, amigo mío: yo no soy feliz; soy muy desgraciada. + +Sólo estando muy cerca de ella, como estaba el sobrino de Coletilla en +aquel momento, era posible oír aquellas palabras. + +--¡Soy muy desgraciada!--repitió con un rumor débil, sordo, apagado, +como esos murmullos de rezo que turban en las horas de tranquilidad el +profundo silencio de las catedrales. + +--¿Qué mayor consuelo--dijo Lázaro,--que vivir con el espíritu en +regiones de paz, donde no hay infamias ni perfidias? Elevarse con +exaltación y amor, disfrutar con toda pureza de las dulzuras de una +comunicación con Dios, y vivir orando, confiada en el pago de tanto +amor, en la gratitud infalible del objeto amado. ¡Oh, qué felicidad! + +El joven aragonés tenía tan ocupado el ánimo con sus propias amarguras, +que no atendió; con la observación y la curiosidad que el caso exigía, á +las raras señales de alteración física y moral que otro menos abstraído +hubiera visto en la santa y edificante faz de doña Paulita. + +--¡Vivir en la oración!--continuó.--¡Vivir orando con los ojos del alma +fijos en el eterno y leal amor! ¡Repetir incesantemente su nombre y sus +alabanzas! ¡Eso si es felicidad! + +--No--dijo del mismo modo la mujer perfecta;--yo no rezo, yo no +puedo rezar. + +--¡Ay!--exclamó él.--Eso lo dice usted porque en su modestia le parece +que aún no es bastante perfecta. Si usted conociese la miseria de otros, +comprendería á qué inmensa altura se halla sobre los demás. + +La devota bajó los ojos, y con gran melancolía y tierna voz dijo: + +--¿Y qué miseria hay mayor que la mía? + +--Es usted demasiado buena. Todo el mundo sabe muy bien que usted es +una santa, una verdadera santa. + +--¿Quiere usted que le haga una confesión?--dijo Paula, mirándole como +se mira á un confesor.--Pues yo también lo creí; yo también creí que era +una santa; pero ya no lo creo. + +--¡Ah!--exclamó Lázaro:--yo no necesito que nadie me diga lo que usted +es para saberlo. Yo mismo lo he comprendido. Cuando una criatura tan +perfecta ha descendido hasta mí para defenderme y disculpar mis faltas, +es indudable que no es como los demás. Yo me veía acosado por todas +partes, me trataban todos aquí con acritud ó menosprecio. Usted sola +alzó la voz, y la ha alzado varias veces después en favor mío, para +decir que no era yo tan malo como creían. ¿cree usted que yo he +olvidado, que podría, olvidar eso? No, señora. Yo seré todo lo que +quieran; pero no soy ingrato. Yo tendré siempre grabadas en mi memoria +las palabras que usted ha pronunciado en defensa mía. Usted es una +santa: yo lo diré á todo el mundo. + +--¡Oh!--dijo la devota con la misma plañidera voz: nunca creí que fuera +usted tan malo como decían. En la cara conozco yo esas cosas. No me +equivoco nunca, y estoy casi segura de que le han calumniado, de que +quieren agobiarle y confundirlo con acusaciones impertinentes. + +--¿Eso pensó usted de mí? + +--Sí: segura estoy--contestó ella,--de que su corazón es bueno y recto; +que si alguna falta ha cometido, fué por ligereza y falta de previsión. +Creo también que no le aman á usted como se merece. + +--Señora, ¿qué ha dicho usted?--preguntó el estudiante +vivamente.--Eso me parte el corazón porque es una verdad en que estaba +yo pensando ahora. + +--Sí: no le aman á usted como se merece--repitió Paulita.--Su tío es +demasiado duro. + +Un observador despreocupado hubiera advertido que la santa se acercó +unas pulgadas más á Lázaro, el cual, impresionado por la verdad que oyó +de boca de aquel oráculo, estuvo á punto de abrazarla, y lo hubiera +hecho á no impedírselo el respeto que la jerarquía y decoro evangélico +de la teóloga la infundían. + +--Su tío de usted, el señor don Elías--continuó la mujer +mística,--observo que trata á su sobrino con demasiado rigor. + +--Y otros también--dijo Lázaro, volviendo el rostro. + +--¿Y cómo quieren que sea buena una persona que no es amada?--dijo con +admirable misticismo la dama. Cuando un ser recibe ingratitudes y +desprecios, sus sentimientos se agrían, se esteriliza la fuente del bien +y del amor que hay en todo pecho humano.--Cuando un ser no es amado, ha +de ser malo por precisión. + +--¡Qué discreción, qué discreción, señora!--exclamó el joven con +entusiasmo.--Ya fué usted mi consuelo otras veces. La consideraba á +usted santa; pero ahora veo que su sabiduría iguala á su virtud, y á su +lado me encuentro tan pequeño, que me da vergüenza. + +--Sí: una persona á quien se trata con tanta dureza no puede ser +buena--dijo Paula.--El amor hace prodigios; hace de los hombres incultos +y malos, hombres mansos y buenos; hace de los melancólicos y descreídos, +seres felices, creyentes y cariñosos. + +--¡Qué ciencia la de usted! Esa es la ciencia que sólo pertenece á la +santidad. ¡Dichosa quien puede ver las miserias de la tierra desde +tan grande altura, y puede juzgar serenamente de todo! Usted sí que +conoce el mundo. + +--No, Lázaro: yo no sé lo que es el mundo. + +-¡Oh! Entonces es usted más feliz todavía. + +--Yo--dijo la mujer perfecta, después de una pausa en que miró al cielo +fijamente como quien lee alguna cosa,--yo pasé mi niñez en la austera +casa de mis tíos, recibiendo de personas devotas la más ejemplar +educación. Desde que tuve uso de razón aprendí á orar; mis primeras +palabras fueron el rezo. Los primeros años de mi vida pasaron en un +convento, donde me vi rodeada de Madres santas y cariñosas que me +enseñaron el camino de la perfección. Mi juventud fué pasando de este +modo en ocupaciones devotas. Hace quince años que estoy rezando sin +cesar, y casi sin notario. He vivido en Dios desde la cuna: no sé lo que +soy, no sé si he vivido. + +--¡Dios mío, qué ángel es usted!--dijo Lázaro.--¡Qué perfección! Yo la +admiro á usted y la venero, señora. + +--No soy digna de veneración, sino de lástima--contestó con mucha +amargura. + +Y dió un suspiro profundísimo que parecía sacar al espacio los misterios +encerrados en el _Sancta sanctorum_ de su pecho. + +--¡Digna de lástima!--exclamó el aragonés sorprendido.--¿Pues qué puede +usted apetecer? ¿Qué la preocupa? Algún escrúpulo de conciencia, el +deseo de mayor perfección. Yo sí que soy desgraciado; yo, señora, no +debiera estar en el mundo. + +--¿Pero qué tiene usted?--preguntó Paula con mucho interés.--Dígamelo +usted todo. ¿No dice usted que le he consolado otras veces? Ahora le +consolaré si me descubre una nueva desventura. Cuénteme usted. + +--Mis desdichas no son para contadas. Además, usted es demasiado +buena para oirlas. Se horrorizará usted y se turbaría la paz serena +de su espíritu. + +--¡Oh! no: cuénteme usted. Tal vez alguna falta muy grave. No importa; +cuéntemela usted, que yo se la perdono antes de saberla. + +--Falta mía no es. + +--¿Falta de otro? ¿A ver?--dijo la mística con ansiosa curiosidad. + +--Deje usted para mí todas esas amarguras, señora. Eso es para mí; +es un triste patrimonio de que solo puede disfrutar mi corazón, +hecho para eso. + +--¿Qué es, Lázaro?... ¡Ah! Todo lo comprendo: su tío de usted es muy +cruel. No le quiere á usted. Mas no hay que apurarse por eso, amigo mío. +No todos le tratarán á usted con el mismo rigor. Alguien le amará. + +--No, no me importa--manifestó Lázaro, cuyas penas se recrudecieron en +aquel momento;--No me importa que me traten con desdén, que me +aborrezcan todos, que me detesten. Yo no he nacido para otra cosa. + +--Está usted muy agitado. ¿Y delante de mí se desespera usted de ese +modo?--dijo la devota con suave acento do reprensión. + +--Perdóneme usted, señora; no sé lo que digo. Usted es demasiado buena, +y no comprende estas cosas. Usted no conoce el mundo. Usted no conoce +cuanta iniquidad, cuanta perfidia, cuánto desengaño, cuánto cinismo hay +en él. Usted no conoce más que lo bueno, no conoce más que á Dios. + +--Esa desesperación que usted manifiesta, Lázaro, no es nada buena. Eso +le llevará á usted al infortunio y á la muerte. + +--Quiere usted, con su inmensa bondad, aplicarme á mí los consuelos de +la religión: eso no es para mí, no lo merezco. + +--Usted lo merece todo, consuelo, amistad, amor. Yo sé lo que merece, y, +por lo tanto, lo tendrá. Sentimientos como los de usted no han de estar +olvidados tanto tiempo. + +--¡Bendita sea usted mil veces! Pero se equivoca, eso no es para mí. + +--Usted merece amor y todo lo que el corazón puede dar. Usted se llama +desventurado, y su agitación, Lázaro, no tiene fundamento alguno. Hay +males peores, males que nacen de repente en el corazón y crecen con +tanta rapidez, que no dan esperanza de remedio. Todo lo que á la persona +rodea entonces, todo lo que está dentro y fuera de sí, se vuelve en su +daño. La vida es un peso insoportable: le molesta lo presente, le da +hastío lo pasado y terror lo porvenir. + +La devota hablaba con voz muy baja, y con grave y tristísimo son. La +noche había obscurecido, y los ojos de Paulita, que siempre en momentos +dados habían tenido brillo extraordinario, resplandecían aquella noche +como dos ascuas fosforescentes, cuya luz hacían más penetrante y +siniestra la obscuridad de sus párpados, ennegrecidos por el insomnio, +la fiebre y la excitación moral de que estaba poseída. + +--¡Ay de aquellos que no se han conocido, que se han engañado á sí +mismos y han dejado torcerse á la naturaleza y falsificarse el carácter +sin reparar en ello! Esos, cuando lo callado hable, cuando lo oculto +salga, cuando lo disfrazado se descubra, serán víctimas de los más +espantosos sufrimientos. Se sentirán nacer de nuevo en edad avanzada; +notarán que han vivido muchos años sin sentido; notarán que el nuevo ser +originado por una tardía transformación se desarrolla intolerante, +orgulloso, pidiendo todo lo que le pertenece, lo que es suyo, lo que una +vida ficticia y engañosa no le ha sabido dar; pidiendo sentimientos que +el viejo ser, el ser inerte, indiferente y frío, no ha conocido. ¡Qué +luchas tan terribles resultan de este despertar tardío! ¡Oh, esto es +espantoso! + +Tenemos datos para creer que la devota no dijo esto con las mismas +palabras empleadas en nuestro escrito. Pero si el lector lo encuentra +inverosímil, si no le parece propio de la boca en que lo hemos puesto, +considérelo dicho por el autor, que es lo mismo. Ella dijo algo parecido +á esto, siendo el mismo pensamiento, aunque distintas las frases. + +Indudablemente estas confesiones de la devota son, como habrá el lector +comprendido, bastante obscuras, y no dan todavía ninguna luz acerca de +la crisis que indudablemente agitaba aquel purísimo y perfecto espíritu. +Lo cierto es que una gran transformación se verificaba en su carácter. +Lázaro, la verdad sea dicha, no entendió muy bien las solemnes y como +sibilíticas palabras que oyó de los trémulos labios de la santa: y él +atribuyó la obscuridad de tal explicación á la influencia de las +lecturas místicas en la manera de expresarse aquella señora y á los +hábitos de un estilo más discreto que claro, como acontece generalmente +en las personas absorbidas por la contemplación. Así es que se limitó á +contestar:--Sí, señora; es espantoso. + +--¡Qué terrible es el amor en sus exigencias!--dijo la santa,--sobre +todo cuando se cree ofendido, cuando pide el pago de una gran deuda que +con él se ha contraído, cuando no transige ni espera, sino que se +presenta exigiéndolo todo de una vez. + +--¡Sí: qué terrible es esto!--contestó Lázaro.--¡Feliz es usted, que no +lo conoce más que de oídas! + +--¿De oídas?--dijo ella.--Sí--añadió después de una breve pausa,--he +oído lo que dicen los amantes; pero la mayor parte de ellos encuentran +en los accidentes del mundo mil medios para poder conservar la vida en +la lucha terrible. Sólo algunos, según dicen, por circunstancias +especiales de carácter y posición, tienen el triste privilegio de morir +irremisiblemente sin victoria y sin defensa. + +--¡Oh, cómo lee en mi corazón!--pensó el estudiante muy conmovido, y sin +comprender la profundidad psicológica de aquellas palabras, ni su +aplicación y significado en aquel momento. + +--Usted no comprende esas cosas, Lázaro.--¿Que no?--dijo éste.--¿Que no? +Desgraciadamente las comprendo. Para usted, sí; para usted, que es una +criatura perfecta, una escogida de Dios, están veladas estas dolorosas +miserias. Usted no ve estos horrores. ¡Dichosa ceguera la de aquellos +cuyos ojos cerró Dios al venir al mundo! + +--Es verdad ... no lo sé ...--dijo Paula con una ironía tan marcada, que +fué preciso todo el extravío de Lázaro para no notarlo.--No lo sé, no +entiendo de eso. Soy una tonta devota. + +Estas últimas palabras, dichas con cierto despecho fueron bastantes á +fijar la atención del interlocutor. Este no contestó ni preguntó más +sobre el asunto que trataban; acercóse á la dama, que se había apartado +de él retrocediendo, y notó que lloraba. ¡Oh confusión de confusiones! + +--Pero ¿qué tiene usted, señora?--le dijo.--Nada, nada, nada--contestó +con una graduación descendente. El último _nada_ sólo lo oyeron los +labios con que fué pronunciado. + +--¡Usted está enferma y ha salido usted de su cuarto á esta hora! Eso no +es bueno, señora. Se va usted á poner peor. + +--Es verdad, estoy enferma--dijo ella acercándose.¡enferma para +siempre! + +--¡Enferma para siempre! Usted padece, y es, sin duda, por efecto de su +excesiva devoción. Usted aspira al cielo: ¿á qué otra cosa podía aspirar +un alma tan bella? + +--Sí--dijo Paula con voz muy triste:--no quiero más que reposar en paz. + +--¡Qué bella es la muerte!--dijo Lázaro patéticamente:--sólo ella nos +puede consolar. Por mi parte, señora, le digo á usted con franqueza que +quisiera morirme en estos momentos. + +--¡Morir!-exclamó la devota con repentino arrebato de interés, y +acercándose más, mucho más al joven.--¡Morir, no! Usted debe vivir. +Quién sabe lo que Dios le tiene á usted reservado en el mundo. + +--¿A mí? + +--Sí: tal vez días de felicidad al lado de personas que le amen. ¡Oh, +cuántos seres existirán tal vez que se crean felices sólo con que usted +lo sea! Yo sé que los habrá. + +--¡Qué buena es usted, señora!--repitió Lázaro.--Para mí no puede haber +nada de eso. O no merezco otra cosa, ó estoy maldito de Dios. + +--¡Ay! no diga usted tales cosas--exclamó ella, juntando las manos. + +--Perdóneme usted, señora: no sé lo que me digo. A pesar de todo, usted +me consuela, y hallo en su presencia no sé que grata expansión. No +podré nunca olvidar que sólo usted se atrevió á defenderme cuando todos +me acusaban. + +Al decir esto, Lázaro no pudo menos de advertir que la santa dejó caer +pesadamente los brazos, y miró al cielo. Su rostro, de color suavemente +moreno y sin ningún matiz rojo en las mejillas, estaba en aquellos +momentos pálido y sombreado por la proyección de sus cabellos, cuya +magnitud, belleza y negrura no era comparable sino á la intensidad +tenebrosa de sus ojos negros que, después de la metamorfosis, habían +adquirido una expresión desconocida. No sabemos si fué efecto de la +casualidad ó si lo hizo de intento; pero es lo cierto que, contra su +costumbre, tenía simplemente la cabeza cubierta con un pañuelo, y que +durante el diálogo sus magníficos cabellos, tesoro disimulado por el +misticismo, se desataron y cayeron gradualmente por la espalda. Nunca +había visto Lázaro una cabellera igual: parecía en la obscuridad de la +noche una toca negra que descendía hasta la cintura. Mientras hablaba, +la santa solía apartarse á un lado y otro de la frente las dos ramas +principales de aquel encanto, que nació en aquella noche en el calor de +una confidencia apenas intentada. Lázaro, que observó largo rato á la +dama, notó que lloraba, y que, apartándose de él lentamente, se apoyó en +la pared con muestras de gran postración y abatimiento. + +--Pero usted llora--dijo, arrepentido de haber hablado tanto y +deteniéndola;--usted está muy agobiada. ¿Por qué no ha reposado usted? + +--Yo no puedo reposar, yo no puedo dormir--murmuró la devota con voz más +bronca y grave que de ordinario. + +--¿Por qué salió usted á estas horas estando así? + +--Me ahogaba, y he tenido que salir á respirar el aire. + +--Pero usted llora. Por Dios, ¿qué tiene Usted? + +La enferma no contestó. + +--¿Está usted muy enferma, muy enferma?--continuó Lázaro. + +--Sí--dijo ella de un modo imperceptible. + +--¿Hace mucho?--Hace poco. + +--Señora, retírese usted, yo se lo suplico. Sus manos parecen de fuego, +su frente quema. + +Lázaro le tomó las manos, y notó en ellas un calor excesivo; se atrevió +á ponerle la mano en la frente, y creyó tocar un cuerpo inflamado. Al +mismo tiempo la santa temblaba, como si su cuerpo recibiera la impresión +del hielo. + +--Usted tiene frío, tiene convulsiones--dijo;--retírese usted. + +Ella continuaba en la misma actitud; cerró los ojos como quien siente +un pesado sueño, é inclinó la cabeza, buscando apoyo. Lázaro tuvo +miedo; estuvo por llamar; la asió por un brazo, y dispuesto á hacerla +retirar, le dijo: + +--Vamos, señora, es muy tarde. Usted no se encuentra bien aquí. Vamos, +¿quiere usted que se llame á algún médico? + +--No--dijo ella, abriendo los ojos y mirándole con cierta ironía.--No: +¿para qué un médico? + +--Su salud es muy preciosa--dijo Lázaro, por cuya cabeza pasó +rápidamente una sospecha.--Consérvela usted bien; será siempre mi mayor +alegría saber que usted está buena y disfrutando de la salud necesaria +para hacer el bien. No me voy de aquí sin la seguridad de que queda +usted enteramente buena. + +--¡Marcharse usted!--exclamó ella con un repentino movimiento que la +animó.--Sí, marcharme. + +--¡Usted se va!--continuó con otro movimiento que tenía algo de salto y +poniendo siniestro brillo en sus ojos. + +--Sí, naturalmente. + +Al oír esto, la devota, con instantánea fuerza, le asió con su mano +convulsa el brazo, y estrechándole violentamente, dijo: + +--No, ¡no se irá usted! + +En el mismo momento en que esto decía, se sintió que abrían la puerta de +la calle. Era Elías que entraba; se le sentía subir. Venía alumbrado por +una linterna, y como de costumbre, hablando solo. + +--Retírese usted--dijo con viveza la mística.--¿Y usted se queda aquí? + +--Retírese usted á su cuarto. Que no le vea levantado. Échese usted en +la cama. Finja que duerme.--¿Pero usted? ... + +--Vamos. Entre usted en su cuarto. Que ya llega ... Pronto. + +Lázaro se retiró, empujado por ella precipitadamente. Entró corriendo en +su cuarto antes que Coletilla llegara, y arrojándose en el lecho, fingió +que dormía. El fanático entró poco después y se acostó murmurando. +Cuando apagó la luz, Lázaro se incorporó en su lecho con mucha cautela, +y asomándose por una ventana que daba al corredor, miró hacia afuera. +Aún estaba allí la dama con el rostro vuelto hacia la ventana. Lázaro se +volvió á acostar, y pasado un cuarto de hora en que caviló cuanto puede +cavilar cabeza humana, se asomó de nuevo y vió la misma figura blanca, +inmóvil en el mismo sitio y con los dos terribles ojos negros fijos en +la ventana. Aquello le acabó de confundir. Pasó mucho tiempo mirando +cada cinco minutos, y siempre veía la misma figura, hasta que al fin ya +no miró más porque le daba miedo. + + + + + +CAPÍTULO XXXI + + + +#La reunión misteriosa.# + + +Al anochecer del siguiente día salió Lázaro de su casa. Había pasado +toda la mañana averiguando dónde vivía Bozmediano, y en las pocas horas +que permaneció en la casa de las tres nobilísimas damas, oyó decir que +doña Paulita estaba muy mala, y que Clara no estaba buena. Salomé se le +presentó varias veces, más impertinente que de costumbre, para +recordarle que la tarde anterior no había saludado á Entrambasaguas; y +María de la Paz Jesús hizo todo lo posible por encontrar pretextos para +reprenderle, lo que su admirable instinto de inquisidora logró +repetidas veces. + +Lázaro salió, y ya entrada la noche penetraba en los solitarios barrios +de la Flor Baja, donde está la habitación de los Bozmedianos. + +Entró en el portal y preguntó por don Claudio. El portero, que era +hombre de mal genio con los humildes, le contestó con muy desagradable +talante que no estaba. + +Lázaro se quedó parado un buen rato, mirando al portero, como si le +pareciera inverosímil la declaración de aquella sibila con gabán +galonado. Este creyó que no lo había dicho bastante claro, y +repitió:--¡No está! + +Pero el joven tenía mucho interés en ver á Bozmediano aquella noche; así +es que no se dió por satisfecho y preguntó: + +--¿Cuándo vendrá? + +El otro creyó que esta pregunta, hecha por un joven que no parecía ser +de la primera nobleza, que no había venido en coche, que no era militar +ni tenía botas á la _farolé_ era una pregunta muy inconveniente y falta +de sentido común. Se sonrió con aire de superioridad, y metiéndose las +manos en los bolsillos, dijo: + +--¿Cómo quiere usted que sepa yo cuándo viene? Vendrá ... cuando venga. + +--Es que tengo precisión de verle esta misma noche. ¿A qué hora +suele venir? + +--No tiene hora fija--dijo el portero volviendo la espalda y +dirigiéndose á la portería. + +Después volvió y dijo: + +--Si usted quiere dejarle algún recado.... + +--No--replicó Lázaro;--necesito verle yo mismo. + +--Pues mañana temprano ...--dijo el criado en un tono que era fácil de +traducir por "váyase usted." + +Lázaro comprendió que era imposible sacar más partido de aquel +cancerbero, y salió; pero tenía vivos deseos de ver á Bozmediano aquella +misma noche. Parecíale que cada hora que pasaba después del fatal +momento en que le vió desaparecer por la buhardilla, añadía nueva +intensidad á su agravio. Para él era Bozmediano entonces el ser más +odioso y repugnante que había nacido. Creíale inspirado tan sólo por las +ideas más bajas y groseras, y veía en él un cobarde seductor incapaz de +nada generoso ni bueno. Se contemplaba como superior, muy superior á +aquel hombre insidioso, y creía que sólo con verle el criminal conocería +toda su bajeza. A veces le daban arrebatos de súbita cólera, tan fuerte +y violenta, que al tener al militar ante sí, se lanzarla sobre él +dispuesto á arrancarle por cualquier medio la vida. Con estos +sentimientos, el estudiante decidió no apartarse de la casa para esperar +á que entrara, si estaba fuera, ó cogerle al salir, si estaba dentro. +Pasó á la acera de enfrente y empezó á pasearse, resuelto á no abandonar +su puesto en toda la noche, esperando con la inquebrantable paciencia +que da el deseo de venganza. + +Las diez serían cuando Lázaro vió que salían de la casa tres personas. +Acercóse con disimulo, y vió que una de ellas era Claudio. Apoyado en su +brazo, y andando con lentitud, iba un anciano, que juzgó sería su padre. +La otra persona era un militar; los tres hablaban con calor. Lázaro les +siguió á alguna distancia, comprendiendo que no era aquélla la mejor +ocasión para hablar á Bozmediano; pero se decidió á seguirles hasta ver +dónde paraban. Anduvieron varias calles, y al fin llegaron á la plazuela +de Afligidos; se detuvieron ante una puerta enorme, de las que en aquel +antiquísimo sitio dan entrada á las vetustas casas del siglo XVII, y +Bozmediano, el joven, tocó. No tardaron en abrirles, y entraron. Lázaro, +que les observaba desde lejos, notó que parecían recatarse, procurando +no ser vistos. El militar entró el último, después de mirar á todos los +rincones de la plazuela. Bien pronto se vió luz en una de las ventanas +de la casa, pero una mano cerró las maderas y no se vió más claridad. + +Sin saber por qué, la imaginación del estudiante no pudo menos de +atribuir á la entrada de aquellas personas en tal casa cierto misterio: +se acercó, miró el número, y cuando se alejaba, dispuesto ya á +retirarse, vió que venían otras dos personas embozadas hasta los ojos. +Pasó junto á ellas Lázaro, fingiendo que seguía su camino, y +refugiándose tras la esquina de la calle de las Negras, observó que +tocaron, que les abrieron sin tardanza, y que entraron. Tal vez será +casualidad--pensó el joven;--pero algo tiene de extraño la reunión de +aquellas personas en el mismo sitio. + +No pasaron diez minutos, cuando Lázaro vió aparecer, viniendo del +portillo de San Bernardino, á otros tres personajes, igualmente +embozados; observó que se detenían para ver si les miraban, y por +último, después de tocar, entraron en la casa. "Ya van ocho", dijo para +sí, y esperó á ver si venía otra remesa. + +Poco después uno solo, que desembocó por la calle de Osuna y marchando +muy á prisa. Detrás de éste aparecieron dos, que no necesitaron tocar, +y, por último, llegaron uno tras otro cinco más, que entraron +sucesivamente y separados. + +--Sin duda hay aquí algo--dijo Lázaro.--Han entrado diez y seis. Es un +club secreto, una conspiración, tal vez una logia de masones. A las once +se retiró viendo que hacía una hora que no entraba nadie; peto se retiró +resuelto á volver la noche siguiente para observar si aquello se +repetía. Era evidente para él que allí se verificaba una reunión de +personas graves, sin duda con algún fin político. Odiaba de muerte á +Bozmediano, y este sentimiento le llevó á sentar el principio de que lo +que allí se trataba no podía ser cosa buena. + +Retiróse á la calle de Válgame Dios, muy pesaroso por no haber podido +tener con su enemigo la terrible entrevista que él se había imaginado. + +No es descriptible la ira que de María de la Paz se había apoderado con +motivo de la tardanza del joven. Baste decir, para dar una idea de la +irascibilidad de la dama á quien los poetas del tiempo de Cadalso +compararon con Juno, que se levantó, no diremos que en paños menores, +pero sí menos pomposamente vestida, cubierta y ataviada que de +ordinario, para decir al caballerito que si se figuraba que aquella casa +era suya (de él), y que si tenía propósito de pasar la noche, mientras +ella viviera, en los clubs y en los garitos de Madrid. Añadió que estaba +cerciorada de que su conducta (la de Lázaro) no cambiaría nunca, y que +era preciso desistir del empeño de hacer entrar un rayo de luz en tan +obscura y desorganizada cabeza. Dijo asimismo que sólo á un exceso de su +caritativa bondad (de ella), debía (él) el gran favor de ser admitido en +aquella santa casa, aunque presagiaba que no estaría mucho tiempo más en +ella á causa de sus maldades y abominables calaveradas ... que +deshonraban aquella santa casa. Y siempre con la santa casa. Así se lo +dijo, y siempre con voz muy alta. El joven le contestó muy quedo: + +--Señora, he tenido que hacer.... + +Pero ella no le dejó concluir, y dando gritos exclamó: + +--No alce usted la voz, caballerito. ¿A qué grita usted de ese modo? +Está mi sobrina muy mala, y viene usted á incomodarla. Si no ha venido +aquí más que para incomodar.... + +--¿Que está muy mala doña Paulita?--dijo en voz casi imperceptible +el muchacho. + +--Sí, señor; y usted, con esas voces, no la deja reposar. + +--Pero si yo no he alzado la voz.... + +--Calle usted, señor don Lázaro, calle usted, y no me desmienta. + +En esta disputa estaban cuando Salomé apareció, diciendo: + +--¡Por Dios, que está Paula con el recargo, y con este ruido se va +á agravar! + +--Este caballerito da unos gritos ...--dijo Paz, alzando mucho la +voz.--¿Ves? Ha venido á las doce. ¿Qué te parece, Salomé? Habrá estado +en algún club de gente perdida. ¡Bonita alhaja hemos metido en casa! ¿Y +dice usted, caballerito, que ha tenido que hacer? + +--Sí, señora: he tenido cierto negocio--contestó Lázaro un poco +amostazado con las impertinencias de las dos viejas.... + +--¡Buenos negocios serán esos!--indicó Salomé.--Pero á ver si baja la +voz, que mi prima no puede sufrir esos gritos. Apenas entró usted ... yo +no sé cómo pudo sentirle. Lo cierto es que le sintió entrar, le conoció +en los pasos, despertó con mucho sobresalto, y cuando escuchó su voz se +incorporó en el lecho con mucha agitación, manifestando que le molestaba +mucho su voz. Con que calle usted, y procure no hacer ruido con esos +taconazos.... Vamos, ya puede usted retirarse.... + +--Señoras, buenas noches. + +Aun no había dado un paso, cuando Clara apareció muy alterada, diciendo: + +--Señoras, vengan ustedes, que se quiere salir de la cama ... No la +puedo sujetar. En cuanto sintió esta conversación, se levantó muy á +prisa, diciendo que venía acá. + +--¡Ah! Vamos á ver--dijo Paz, entrando en la habitación. + +--Empieza á delirar--dijo Salomé, entrando también con Clara. + +Lázaro subió pensando en aquel nuevo misterio de la mujer santa. + + + + + +CAPÍTULO XXXII + + + +#La Fontanilla.# + + +No encontró á su tío, que aquel día no había parecido por la casa. Si +hemos de verle nosotros, tenemos que dirigirnos al naciente club de +_La Fontanilla_, donde el buen realista conversaba muy calurosamente +con el Doctrino y con el otro joven llamado Aldama, de quien ya +tenemos noticia. + +Indiquemos la variación que había ocurrido en aquella casa. El poeta +había volado. Por fin consiguió Carrascosa el objeto de sus afanes; la +vizcaína se decidió á echar al poeta con todo su bagaje de Gracos, musas +y ninfas clásicas. Pudo mucho en la conciencia de la jamona la opinión +del vecindario, que se mostraba cada vez más explícito en cuanto á las +supuestas relaciones entre la semidiosa y su cantor. Conjeturas podrían +hacerse sobre la desaparición del joven, y hay indicios para creer que +pocas horas antes de la partida estuvo la patrona hablando muy por lo +bajo con su huésped. + +Ausente el poeta y desocupado el parnasillo, don Gil trajo de la calle +de las Urosas el baúl, que contenía sus tres casacas, su peluca del +tiempo de Esquilache, sus cuatro camisas con chorrera, su capa y su +espadín enmohecido, y se instaló donde había estado el autor de _Los +Gracos_. Colgó en la pared un cuadro de familia que representaba las +postrimerías del hombre en diabólicas y extravagantes alegorías, y allí +quedó, huésped de su adorada. Creemos oportuno advertir que la causa de +la afición de don Gil á la vizcaína era que él tenía conocimiento, por +papeles que tuvo ocasión de ver mientras fué covachuelista, de un +derecho á ciertas tierras y casas de labor en Oñate, el cual había +recaído en aquella doña Leoncia sin que ella misma lo supiera. El abate +pensaba realizar un buen negocio, ya haciéndose por cualquier medio +poseedor del derecho, ya pleiteando por cuenta de ella, con esperanza de +sacar un buen bocado. Su hambre era tanta como su ingenio, razón por la +cual había probabilidad de que saliera adelante con su empresa. +Dejémosle allá dedicado á la ardua tarea de conquistar á la semidiosa, y +asistamos á la sesión de _La Fontanilla_. + +El Doctrino decía á Coletilla: + +--Mucho me temo que eso no salga bien: yo cuento con gente decidida; +pero el golpe es demasiado terrible, amigo don Elías, y temo que se +alborote la opinión pública. + +--Si ya la opinión pública se ha presentado contra ellos; si les señala +con execración--observó Elías con mucha vehemencia.--Parece que no +conoce usted al pueblo. ¿No ve usted cómo están _La Fontana, Lorencini, +La Cruz de Malta_ y _Los Comuneros_? ¿No ve usted cómo los liberales +exaltados truenan contra los que llaman tibios, es decir, contra los que +apoyan al Gobierno y forman la mayoría llamada _sensata_ en las Cortes? +Pues bien: el pueblo está furioso contra esos tibios; ya usted sabe cómo +se ha logrado encender esa ira. El pueblo está pidiendo su destrucción, +porque cree que es el mejor medio de conseguir la libertad. Cumplamos la +voluntad del pueblo. + +Indescriptibles son el sarcasmo y la diabólica malicia con que Coletilla +pronunciaba estas palabras. Ya comprenderá el lector la marcha que +llevaban los planes de aquel viejo demonio del absolutismo. El caminaba +seguro hacia su fin: la paciencia, la constancia, la reflexión madura, +la astuta discreción le guiaba; era hombre hábil y con facultad +portentosa para idear y poner en práctica proyectos como el que le vemos +desarrollar ahora. + +--Bien--contestó el Doctrino:--yo convengo en que es preciso hacer eso +que usted dice, y ver el modo de que el pueblo bajo satisfaga su +sangriento deseo. El no sabe lo que quiere ni por qué le quiere. Ha +adquirido por distintos medios esas ideas, y es preciso llevarle á su +realización. Pero me parece que aún no es tiempo, señor don Elías. Los +hombres señalados para víctimas conservan aún mucho prestigio. El pueblo +no les quiere, es cierto, porque al pueblo se le ha extraviado y se le +ha engañado; pero tienen apoyo en la clase media y en una parte de la +aristocracia. Creo que no ha llegado aún el golpe de mano que usted +viene preparando. + +--¡Qué niño es usted!--dijo el realista;--¿qué importa que esa gente +tenga algún prestigio? ¿Y no significa nada el apoyo de aquella persona +tan alta ... de aquél que todo lo puede? ... + +--Del Rey, dígalo usted de una vez. + +--Ya sabe usted cual es el pensamiento del Rey. Ante el público, ante la +Europa, esos hombres son sus amigos: algunos son sus ministros, otros +son sus consejeros de Estado, otros los diputados que apoyan sus +decretos en las Cortes. Aparentemente el Rey les ama; pero en realidad +les odia, les detesta. Por ellos se entroniza el sistema constitucional; +ellos dan fuerza al liberalismo. Ya veis cómo para acabar con el +liberalismo, hay que acabar con ellos. + +Esto lo dijo con una resolución tan cínica y tan descarada veracidad, +que el mismo Doctrino, que era un infame, sintió cierta repugnancia. + +--Pues bien--continuó Coletilla:--toda la execración del atentado caerá +sobre los liberales exaltados, que son los que lo perpetran; el golpe va +á herir directamente al liberalismo. Se verá que el liberalismo se mata +á sí mismo; que los más exaltados de sus secuaces devoran á los más +prudentes. ¿Qué ha de hacer la Patria aterrada en presencia de este +horror? Renegar del liberalismo, facilitar el santo propósito del Rey de +restablecer el antiguo sistema. El golpe está muy bien preparado: una +parte de los liberales arde en deseo de aniquilar á la otra parte. El +suicidio del liberalismo es inminente. Favorezcámoslo, impulsémoslo. Tal +vez mañana será tarde; tal vez, si nos detenemos, puede verificarse una +reconciliación, y entonces.... + +--Reconciliación no: eso es imposible--dijo el Doctrino preocupado.--Los +exaltados de la _Fontana_ y de los otros clubs han llegado ya á un +estado de intransigencia tal.... Al pueblo se le ha predicado mucha +doctrina de intolerancia y de exterminio para que se detenga en su +aspiración. No hay remedio: esos que se oponen en las Cortes y en los +clubs á las exageraciones de la libertad, van á ser atropellados por +ella. No es posible reconciliación; por lo mismo creo que debe y puede +esperarse un poco á ver si esos hombres pierden de una vez la poca +popularidad que les queda. + +--Esas cosas se han de hacer con decisión; si no, no se hacen--dijo +Elías.--Veo que usted no ha nacido para los golpes de circunstancias. Yo +creo que esta semana debe verificarse el desenlace de mi plan, y lo +tendrá, aunque usted no quiera ayudarme. + +--Ayudarle á usted, eso sí. Hemos hecho un pacto: usted es el que ha de +mandar. Aunque disintamos en un punto, no por eso nos separaremos. Yo +obedezco, y la responsabilidad del éxito cae sobre mí. Pero en la +desgracia, usted no me ha de abandonar: así lo hemos pactado. + +--Eso no: respecto á lo que he dicho á usted, no hay que insistir. +Tendrá lo que desea, más aún. + +--Pues no espero más que las órdenes de usted. + +--Es indudable--dijo Elías, después de una pausa, que ellos se han +propuesto marchar de acuerdo y destruir las pequeñas diferencias que +entre ellos había. Martínez de la Rosa y Toreno se dan la mano con el +ministro Feliú y con el mismo Argüelles. + +--¿Y qué? + +--Que eso es lo que conviene á nuestro plan. + +--Excepto Argüelles, todos son muy odiados del pueblo, y no creo que +exista hombre alguno á quien más aborrezcan los exaltados que el +ministro Feliú. + +--Pues bien--dijo Coletilla:--yo estoy seguro, segurísimo de que esos +que he nombrado, y además Valdés, Álava, García Herreros, el poeta +Quintana, el consejero de Estado Bozmediano y otros, se reúnen, no sé +si de día ó de noche, con todos los ministros y algunos generales. Sin +duda tienen algún proyecto entre manos, algún complot, quién sabe si +contra el Rey. + +--¿Y no sabe usted dónde se reúnen? + +--No lo sé; estoy rabiando por averiguarlo. Figúrese usted qué ocasión. +Precisamente son los que ... Le diré á usted cómo he sabido que esos +pájaros se reúnen algunas noches, no sé si todas las noches. Hace +algunos días estaba Feliú en el cuarto del Rey. No había consejo; estaba +el conde de T. contando chascarrillos. El Rey se reía mucho, y el +ministro también para que no le acusaran de irreverente. Después Su +Majestad dijo que quería ver el decreto de la beneficencia que Feliú +tenía preparado, porque estaba delante el obispo de León, y el Rey +quería mostrárselo. Sacó del bolsillo su excelencia el manuscrito, y al +mismo tiempo se le cayó un papel muy pequeño, sobre el cual Su Majestad, +que es más ladino que Merlín, puso inmediatamente el pie. El ministro +notó la caída del papel, pero no se dió por entendido. Leyó su decreto, +dijo el prelado que no le gustaba, y el Rey que estaba complacidísimo. +Grande era su curiosidad por saber si aquel papel decía algo +interesante, y apresuró la despedida del ministro. Quedóse solo y me +llamó; juntos leímos el papel, que decía: _A las diez; van por fin, +Argüelles y Calatrava. No falte usted_. + +Esto nos aumentó la curiosidad. Mandamos á las diez á una persona que +fuera á espiar la salida del ministro de su casa para observar dónde +iba. Pero Feliú no salió; tampoco salieron de la suyas Argüelles ni +Calatrava, y fué que el maldito, como notó que Su Majestad había puesto +el pie sobre el papel, quiso desorientarle y no fué á la cita, avisando +á tiempo á Argüelles y á Calatrava para que no fueran tampoco. + +--¿Y después no ha tratado usted de averiguar? + +--Sí: á la noche siguiente, fué una persona á casa de Feliú á preguntar +por él, y le dijeron que no estaba. Quedóse por aquellos alrededores; +pero no le vió entrar ni salir en toda la noche. Yo sospechaba que +Toreno, Martínez de la Rosa, Valdés, Alavá y Bozmediano entraban en +aquel cotarro, y después de las diez mandé á sus casas personas que +preguntaran por ellos con cualquier pretexto: ninguno estaba. He sabido +que Quintana, que va al Príncipe con frecuencia, ha salido antes de las +diez; he sabido que Bozmediano y su hijo, que asistían á la tertulia del +marqués de las Amarillas, se marchaban á eso de las diez los tres +juntos. Esto se ha repetido varias noches. + +--¿Y no se les sigue para saber dónde van? + +--Sí; y se ha observado que cada uno entra en su casa: esto lo hacen +para desorientar al que los sigue. Algunas noches se les ha visto +dirigirse á otros sitios; pero nunca se ha notado que todos vayan á uno +mismo. Pero ya lo averiguaremos, descuide usted. + +--Pues si esa reunión es cierta--dijo el Doctrino,--es un _complot_ sin +duda: ¡qué ocasión! + +--¡Y quería usted dejarla pasar! Es preciso que esa gente aparezca á los +ojos del pueblo como urdiendo un plan de golpe de Estado contra la +Constitución. El pueblo es fácil de engañar. + +--El pueblo creerá eso y todo lo que sea preciso. + +--Vamos, ¿y qué ha hecho usted esta mañana?--preguntó Coletilla.--¿Ha +hablado usted á los de _Lorencini_? + +--Estamos de acuerdo. + +--Y los _Comuneros_ ¿se deciden á marchar con ustedes? + +--Ya vió usted lo que dijo el otro día el jefe de los exaltados allí. +Estamos convenidos. + +--Bien--dijo Elías. + +--Grandes turbas de gente obedecen ciegamente nuestro mandato. Eso bueno +tienen las ideas exaltadas: que es muy fácil llevar al pueblo al terreno +de los hechos, incitándole con ellas. El pueblo se deja llevar, y le +gusta que le lleven. + +--¡Bendita la nación!--dijo Elías con una mirada igual á la del demonio +cuando tentó á Jesús;--bendita la nación que tiene un pueblo tan +impresionable y dócil, porque si bien puede extraviarse, puede también +servir de instrumento para volver al buen camino, y luego con un sistema +de represión el pueblo no volverá á ser impresionado por nadie. + +Apenas había pronunciado Coletilla estos terribles aforismos, +cuando se sintió ruido en la escalera. Eran algunos jóvenes socios +del club naciente. + +--Escóndase usted ahí--dijo el Doctrino á Coletilla. Estos no le +han de ver. + +Escondióse el realista en una alcoba inmediata, y entraron Alfonso +Núñez, Cabanillas y otro que hasta hoy no conocemos, y era Juan Pinilla, +gran orador de los _Comuneros_, apóstol de las ideas más disolventes y +extravagantes. Estaba ya en autos con el Doctrino; ambos servían á +Coletilla mediante respetables sumas y la promesa, solemnemente +asegurada, de un destino en las Intendencias de Cuba ó Filipinas. Otros +muchos entraban en el infame complot, y entre ellos una gran parte sin +interés, guiados sólo por patriotismo mal entendido, por la ignorancia ó +la ambición. Estos eran los más desdichados. + +--¿Qué hay?--dijo Núñez.--¿Te has convencido ya de que esto no puede +retardarse? Mañana será tarde. He tenido ocasión de ver cómo están los +ánimos perfectamente preparados para nuestro objeto. Los ministros, +los diputados de la fracción _sensata_, son detestados: la tempestad +ruge sobre sus cabezas. Hay que hacerla estallar. Salvamos la +libertad, ¿sí ó no? + +--La salvamos--dijo el Doctrino.--Cuando contamos nuestras filas y vemos +que la mayoría de España está con nosotros, ¿no hemos de tener +confianza? + +--Eso mismo digo yo--manifestó Aldama, que en presencia de Coletilla no +hablaba nunca; pero sabía recobrar, cuando él no estaba, el uso de su +muletilla. + +--¿No ha venido Lázaro?--preguntó el Doctrino á Alfonso. + +--No estaba en su casa. Tal vez venga más tarde. + +--Esta noche vendrá Jorge Bessieres, el gran republicano francés--dijo +Juan Pinilla, comunero y republicano. + +Era Pinilla un hombre de gran talla, casi tan corpulento como el barbero +Calleja, pero de más claridad en la mollera. Abogado sin pleitos, más +por la violencia é informalidad de su carácter, que por falta de +talento; era gran terrorista, y su mayor afán era desempeñar el papel de +acusador el día en que la Junta de salud pública decretara el exterminio +de una gran porción de ciudadanos, empezando por el Rey. Fernando estaba +ya sentenciado en los papeles de Pinilla, con otros menos dignos que él +de la guillotina. Poco después de este furibundo demagogo, otro +personaje entró en escena. + +--¿Quién será?--dijo el Doctrino sintiendo los pasos.--Apuesto á que es +el mismo Lobo en persona. + +Un hombre alto, flaco y vestido de negro entró en la habitación. Era don +Julián Lobo, célebre republicano que después fué faccioso y uno de los +más sanguinarios chacales del absolutismo. No es fácil decir si en la +época en que lo presentamos era verdadero demagogo ó simplemente un +absolutista disfrazado, como otros muchos. Lo cierto es que hacía alarde +de las más exageradas opiniones, y sus discursos, pronunciados en +_Lorencini_, eran elocuentes y fanáticos. Conspiró mucho con los +liberales exaltados contra el gobierno Feliú, y después contra el +gobierno de Martínez de la Rosa. Hay quien asegura que tomó parte en las +primeras facciones con Misas y el Trapense, y es indudable que al fin de +los tres años constitucionales se presentó descaradamente con una +partida en Moncayo, donde hizo estragos. Entronizado de nuevo el +absolutismo, se ordenó de mayores (ya lo era de menores antes de 1821); +obtuvo el arcedianato de Ciudad-Rodrigo con asiento en el coro de +Salamanca, y lo disfrutó muchos años. + +--Señores--dijo con mucha solemnidad--albricias: la _Fontana_ es +nuestra. + +--¿Qué hay? Cuente usted--dijeron todos con gran interés. + +--Que nos han dejado libre el campo. Los últimos que quedaban del +partido _tibio_ se han marchado, viendo que la opinión se va tras +nosotros. Anoche le han dado una silba horrible. Han acordado marcharse +todos, y el amo del café, Grippini, ha venido á decirme que si queremos +continuar nosotros las sesiones.... + +--¿Pues no hemos de continuar? Esta noche misma--dijo Alfonso con +entusiasmo. + +--Bien por la _Fontana_. La _Fontana_ es nuestra--gritó el Doctrino. + +--Lo mismo ha pasado en _Lorencini_. Se han marchado esos señores con su +_orden_ y su _cordura_. + +--El campo en nuestro. Convocar á la gente para esta noche. + +--¡Todo el mundo á la _Fontanal_! + +--A la _Fontana_, á las diez. + +En la sesión preparatoria de la _Fontanilla_ no ocurrió nada de notable. +Los principales cabecillas del complot se dieron cita para una +conferencia secreta que tendría lugar aquella noche en el salón interior +de la _Fontana_, á las nueve, y se despidieron para retirarse, quedando +allí Aldama y el Doctrino. Cuando se vieron solos, llamaron á Elías que +apareció con cara de júbilo, la cual en aquel hombre era la cara más +diabólica y repulsiva del mundo. + +--¿Qué le parece á usted?--dijo el Doctrino. + +--Bien, bien. + +--Vamos á echar un trago--añadió el joven, tomando de manos de Aldama +una botella que éste habla sacado, no sabemos de dónde, al desaparecer +los compañeros. + +--Yo no bebo, no--dijo Elías tomando la botella y echando vino en el +vaso de los otros dos.--Yo no bebo. + +--Esta noche en la _fontana._ ¿Va usted? + +--Sí, iré... pues no--respondió Coletilla con mucha ironía.--Yo también +soy liberal. + + + + + +CAPÍTULO XXXIII + + + +#Las arpías se ponen tristes#. + + +Mucho le asombró á Lázaro lo que pasó en la casa de la calle de Belén el +día después de su excursión á la plazuela de Afligidos, que fué el día +mismo de la sesión que hemos referido. Serían las tres de la tarde +cuando entró su tío; las dos arpías se abalanzaron hacia él, y con la +hiel propia de sus caracteres emponzoñados, le dijeron, disputándose á +cuál hablaba primero: + +--¡Ah, señor don Elías: no sabe usted lo incomodadas que nos tiene este +mozalbete! ¿No sabe usted á qué hora entró anoche? ¿Lo creerá usted? ¡A +las doce!... ¡Qué escándalo! ¡En una casa como ésta, en una casa de +paz, de decoro, de virtudes! A las doce entró este caballerito, que sin +duda pasó la noche en alguno de esos _clubes_, como dicen, alborotando y +aprendiendo todas esas herejías que andan ahora por ahí. ¿Qué le parece +á usted? ¿Pero no se irrita usted, señor don Elías? Y lo peor es que +entró haciendo un ruido con esos taconazos ... y dando unas voces.... +Porque como está Paulita tan mala, es el caso que se alteró con el ruido +y quiso salirse de la cama. ¡Ay qué hombre! Crea usted que ya nos tiene +consumidas su sobrinito, señor don Elías, y es preciso que tome usted +una determinación, porque esta casa ... ya ve usted ... esta casa.... + +Todo lo dijo casi en su totalidad Paz, aunque á Salomé pertenecieron +algunas palabras. Pero viendo las dos que la filípica no hacía efecto +ninguno en Coletilla (y esto era lo que asombraba á Lázaro), tomó la +palabra Salomé sola para decir: + +--¿Y no sabe usted que este ... joven es de los más mal educados que he +visto? Pues el otro día estuvimos en casa de don Silvestre +Entrambasaguas, y se portó tan groseramente que nos dió vergüenza de ir +en su compañía. Luego por la calle andaba con unas carreras... En fin, +si usted no se decide á sacarlo de los _clubes_.... + +(Advertimos, para que el lector no extrañe la singularidad de este +plural, que la dama, para explicarla, aseguraba que no decía _clubs_, +por lo mismo que no decía _candils ni fusils_, en lo cual no andaba del +todo descaminada.) + +Lázaro sintió impulsos de agarrar por el moño á uno y otro basilisco, y +dar allí un ejemplo del vejamen que podía sufrir la aristocracia +histórica en la ilustre familia de los Porreños, pero su indignación se +calmó al observar que su tío, lejos de escuchar con ira aquellas +acusaciones, se sonrió, y pasándole la mano por el hombro casi +cariñosamente, si es permitido usar esta palabra, dijo: + +No se incomoden ustedes por tan poca cosa. Si llegó tarde, fué sin duda +porque tuvo alguna ocupación: eso no tiene nada de particular. Lázaro se +porta bien: yo se lo aseguro á ustedes. + +--¡Jesús, señor don Elías!--exclamó Salomé como si oyera una +obscenidad.--¡Jesús, señor don Elías: yo esperaba de usted algún +miramiento para con nosotras! + +--Pero, señoras, digo tan sólo que si mi sobrino llegó tarde, fué porque +tuvo algo que hacer. + +--No esperaba yo de usted semejantes palabras--indicó Paz, poniendo +los ojos, la boca y la nariz en la misma disposición compungida que si +fuera á llorar. + +--No sé en qué podemos nosotras haber faltado--observó Salomé, +poniéndose verde y haciendo también un gran esfuerzo para hacer creer +que si no lloraba era por no faltar á las conveniencias sociales.--No sé +en qué podemos nosotras haber faltado para que usted nos diga eso. +--Como está una en desgracia...--murmuró Paz bajando la cara para que se +creyera que devoraba una humillación. + +--Pero, señoras--dijo Coletilla con mucha seriedad,--yo no he agraviado +á ustedes; he disculpado á mi sobrino solamente.... + +--Como está una en desgracia...--añadió la dama continuando la queja +interrumpida,--ya no se nos guardan ciertas consideraciones, y se nos +desmiente cuando afirmamos una cosa. + +--¡Yo, señoras mías!--balbució Elías.--En otro tiempo--dijo Salomé, +respirando fuerte y acumulando en la mirada todo el desdén de su +carácter,--en otro tiempo no pasaba así. Cada persona se mantenía en su +lugar, y el que estaba obligado á acatarnos, no llegaba nunca hasta +nosotros sino con el mayor respeto y cortesía. Hoy todo ha cambiado. + +--¡Hoy todo ha cambiado! ¡Cómo ha de ser!--exclamó Paz, que después de +incalculables esfuerzos consiguió su objeto, el cual consistía en que +una lagrimita rodara por sus mejillas atomatadas. + +--Adiós, señor don Elías--dijo Salomé, hecha un veneno porque el +realista no se arrodilló á sus plantas como esperaba. + +--Adiós, señor don Elías--repitió Paz, viendo que su lagrimita no +ablandaba el duro corazón del antiguo mayordomo. + +--Pero vengan ustedes acá, señoras.... Las dos volvieron rápidamente. + +--Yo estoy confuso; no sé por qué toman ustedes ese tono. No sé en qué +puedo haberlas ofendido. ¿Qué he dicho? + +--Ha dicho usted lo que no quiero recordar--dijo Paz, limpiándose la +consabida. + +--Ha dicho usted que su sobrino se enmendará. ¡Oh! no puedo creer que +usted...--exclamó Salomé.--Adiós, señor don Elías.--Adiós, señor don +Elías. Se fueron. El fanático volvió pronto de su estupor, y después, +dando poca importancia á aquel asunto, se dirigió á su sobrino y dijo: + +--Vamos, Lázaro: esta noche se reúnen tus amigos en la _Fontana_. Hay +gran sesión: no faltes. Yo no me opongo á que cada cual manifieste sus +opiniones; tú tienes las tuyas: yo las respeto. Sé que tienes talento y +quiero que te conozcan. Ve á la _Fontana_, ve esta noche. + +Lázaro se quedó absorto, y apenas creía que lo dijera aquello el hombre +intransigente que tantas recriminaciones le había hecho por sus ideas +liberales; pero acostumbrado ya á las cosas raras é inverosímiles, no se +preocupó mucho. + +Llegó la hora de comer, y la santa ceremonia del pan de cada día fué tan +silenciosa, que aquella casa parecía de duelo. Baste decir que á Salomé +se le olvidó pasarle los garbanzos á Lázaro, y que este, por no dar +lugar á un nuevo conflicto, ni los pidió ni los tomó. Tampoco en la +ración del realista estuvo muy pródiga doña Paz, pues se le olvidó +ponerle carne, en lo cual aquel grande hombre, que sólo vivía de +espíritu, no hizo alto. La otra vieja hizo cuanto en ser humano cabe +para dar á entender que no tenía apetito; pero de todos los medios que +se conocen para probar tal cosa, dejó de emplear el mejor, que es no +comer. A tanto no llegaron sus esfuerzos. Paz dió algunos suspiros entre +bocado y bocado. El único suceso importante que turbó la calma de +aquella comida melancólica y callada, fué una ligera disputa suscitada +entre las dos arpías, porque Salomé decía que el estofado se quemó por +culpa de Paz, y ésta aseguraba lo contrario. Al concluir, Elías dió +tregua á sus meditaciones para preguntar: + +--Pero ¿no está mejor doña Paulita? ¡Bah! supongo que no será nada. + +Salomé se apresuró á llevar á la boca una uva, que tenía entre sus +delicados dedos, para poder decir: + +--¿Que no será nada? Crea usted que está bastante grave. + +Al decir esto, los movimientos de la delgada piel y los huesos angulosos +de su gaznate indicaron que la uva había pasado. + +--¿Pero es cosa de gravedad?--dijo Elías. + +--¿Qué, tanto le interesa á usted?--preguntó con mucha hinchazón María +de la Paz, que sentía renacer en sí todas las fuerzas de su antigua +habilidosa elocuencia de salón. + +--¿Pues no me ha de interesar?--dijo Elías sintiendo herido su amor +propio de mayordomo.--Pero voy, si ustedes me permiten, á verla. + +--No puede usted ahora, porque está durmiendo. + +--La va usted á molestar. + +Las dos se sonrieron satisfechas de la humillación que creían arrojar +sobre Elías, retirándole momentáneamente su confianza. + +--Pues si no puede ser, me retiro. + +--Vaya usted con Dios. + +--Si se ofrece algo, señoras ...--dijo el realista. + +Y contra lo que ellas esperaban, el realista se marchó, dejándolas muy +contrariadas. + +--¡Ay!--exclamó Salomé,--¿será posible? + +--¿Qué?--dijo Paz alarmada. + +--Que las ideas del día hayan también.... + +--¿Será posible?... + +--¡También él!... + +El ámbito del comedor resonó con la vibración de dos suspiros que eran +dos poemas. Pero ningún suceso grave resultó de aquel singular estado de +sus caracteres, á no ser que quiera considerarse como tal el gran +puntapié que se llevó el perrito Batilo sin motivo serio que lo +explicara. + + + + + +CAPÍTULO XXXIV + + + +#El complot.--Triunfo de Lázaro.# + + +Lázaro no pudo tampoco aquel día encontrar á Bozmediano. Su deseo de +hablarle, de pedirle cuenta de su infamia, de demostrarle la lealtad de +su conducta y de castigarle sin lástima ninguna, aumentaba á cada hora. +Buscóle con afán, porque ciertos agravios dan una paciencia y una +tenacidad que las más grandes empresas inspiran rara vez al hombre. + +En la casa le decían constantemente que no estaba; paseaba de largo á +largo la calle sin verle aparecer; llegó la noche, y á eso de las diez +vió salir á las mismas tres personas de la noche anterior. Eran ellos. +Bozmediano, padre é hijo, y el otro militar salieron por una puerta que +se abría á un callejón obscuro, y se encaminaron á la plazuela de +Afligidos, dando un gran rodeo. Apostóse el joven Otra vez detrás de +la esquina de la calle de las Negras, y les vió entrar en la propia +casa. Al poco rato entró otra persona, después tres, después dos; en +fin, los mismos de la noche anterior. Reflexionando entonces Lázaro que +su grande objeto, hablar y confundir á Bozmediano, no lo podía +conseguir, viendo entrar desconocidos en una casa desconocida, se +retiró, dirigiéndose á la _Fontana_ para asistir á la gran sesión de +que su tío le había hablado. + +Desde el anochecer estaban en el café de la Carrera de San Jerónimo el +Doctrino, Pinilla, Aldama y otros dos individuos de los que más trato +tenían con el bolsillo del intendente revolucionario Elías Orejón. + +--No hay otro medio mejor que el que Coletilla nos ha propuesto--decía +el Doctrino.--Indudablemente ese zorro tiene talento. + +--Pero es preciso tomar antes buenas medidas--indicó Pinilla--porque +esos golpes, si salen mal, son terribles.... Escojamos buena gente, y +que todos nos sigan y vayan al mismo objeto sin decir nada hasta no +estar sobre ellos. Que sólo sepan la verdad del objeto treinta ó +cuarenta hombres probados. + +--Eso ha de ser así: yo respondo de ello.--Ellos también parece que ven +venir la lucha y se preparan para la defensa. Hoy lo dijo Toreno en las +Cortes--observó Pinilla.--Pero les va á ser difícil escapar. El pueblo +está irritado contra ellos; el pueblo quiere libertad, y ha de +atropellar á los que intentan no permitirle llegar hasta el fin. + +--La gran dificultad consiste en no poderles coger reunidos en un solo +punto. Lo bueno sería invadir el Congreso; pero el de la casa grande no +quiere tal cosa. Hay que ir cazándoles guarida por guarida, y esto hace +más difícil y complicado el asunto... Pero concretemos. En resumen, ¿qué +es lo que se debe hacer? + +--La cuestión es muy sencilla--dijo el Doctrino, echándose atrás el +sombrero y bajando la voz.--Todo se reduce á lo siguiente: Hay un +partido, unos cuantos hombres que se llaman liberales sensatos, que +predican el orden y el respeto á las leyes. Todo esto es muy bueno. Pero +el pueblo ha cobrado gran odio á esa gente, que es, según cree el Rey, +el apoyo de la Constitución. El pueblo ha llegado tras largas +sugestiones á desear vivamente, con razón ó sin ella, la ... desaparición +de esos hombres. Bien: conduzcamos al pueblo al logro de su deseo. El +pueblo lo quiere, cúmplase la voluntad nacional. Después de estas +irrisorias y diabólicas palabras, el Doctrino se detuvo para leer el +efecto de su exposición en las caras de los oyentes. + +--Bien--continuó:--hay veinte ó treinta hombres señalados ya en la +opinión como víctimas. + +--¿Cómo víctimas?--interrumpió Pinilla. + +--Sí, ha de haber un atropello. Hasta dónde llegará este atropello, es +lo que no puedo decir á ustedes. Ya sabemos lo que es este pueblo. + +--¿Pero ese atropello parará en una matanza?--preguntó uno de los dos +desconocidos. + +--Eso es lo que no sé. Atropello ha de haber. Las personas que lo han de +sufrir están aquí apuntadas en mi cartera. No son sólo los ministros. + +--Y después, ¿qué pasará?--dijo el otro.--Verificado el hecho (y supongo +que llegue al último extremo, á un sacrificio horrible), ¿qué tendremos? +Se apoderará del poder el partido exaltado; tendremos un período de +dictadura, de terror y represalias espantosas. ¿A donde iremos á parar? +A la anarquía más horrible. + +--No importa--dijo el Doctrino.--El Rey cuenta con eso, y lo desea. De +esa anarquía ha de salir triunfante un absolutismo, que es su objeto. Y +lo conseguirá; eso es indudable.--¿Y contra quiénes se dirige el motín? + +--Contra muchos: ya conocéis quiénes son. Los políticos que se llaman de +talla, los que guían la marcha de las Cortes, los influyentes. No se +olvidará al presuntuoso Argüelles ni al célebre, más que célebre, +Calatrava. + +--Hombre, sentiría que se escapara el bueno del consejero Bozmediano, +que tuvo la desfachatez de decir en las Cortes que si el Gobierno no +tenía á raya á los exaltados, peligraba la libertad y la Patria. + +--¿Cómo se había de escapar ese pez? Ese es de los primeros. Pues si es +el que inspira al Gobierno... ¿Quién clama todos los días porque se +cierren los clubs? El. ¿Quién es el autor de aquellos decretos sobre +imprenta? El. ¿Quién indujo al Gobierno á la destitución de Riego? El. + +--¡Pues no digo nada de su hijito el señor don Claudio Bozmediano, que +al principio era socio de la _Fontanal_ dijo uno de los desconocidos. + +--¡Oh!--exclamó vivamente el señor Pinilla, como si sintiera una herida +en el corazón.--¿Ese perro habla de escapar? Le odio, le detesto, no le +tendría compasión aunque le viera asado en parrillas. Sólo por acabar +con ese condenado, entraría yo en la conspiración. + +--¿Pues que te ha pasado con él?--le preguntaron. + +--¿Qué me ha pasado?--dijo Pinilla, lívido de cólera. Hace algún tiempo +iba ese señor á _Lorencini_. Una noche hablaba yo en contra del +absolutismo y de los frailes: todos me aplaudían, y él también. Después +dije no sé qué cosa contra los militares: el calló; pero al concluir mi +discurso, vino á hablar conmigo y me expresó con algunas palabras su +disgusto. Yo no esperé más: hacía tiempo que me cargaba aquel hombre, le +tenía ojeriza sin saber por qué; le dije que me importaba poco su +opinión. Me contestó, le contesté yo más fuerte, hasta que al fin, de +palabra en palabra, le dije cierta cosa, sabida de todo el mundo, +respecto á su madre, que fué muy levantada de cascos. El no esperó más, +y de repente ... no lo puedo contar, porque se me sube toda la sangre al +rostro. El puso su pesada mano en mi cara, y la imprimió con tal fuerza, +que desde entonces la siento siempre aquí ... aquí ... quemándome como +un hierro candente. Reñimos: él es mucho más fuerte que yo, y me venció. +Después nos desafiamos, y me hirió; he vuelto á tener otro altercado con +él, y me volvió á ... En fin, le odio de muerte. Uno de los dos tiene +que destruir al otro: no hay remedio. + +--Pues no escapará, ni su padre tampoco. + +--Lo mismo digo yo--exclamó Aldama, que estaba muy pesaroso porque el +amo del café no le había querido fiar una botella de Málaga. + +--Chitón, que viene alguien. ¿Quién es? ¡Ah! Lázaro Lázaro entró y +saludó á su amigo. + +--Buenas noches, buena pieza--le dijo el Doctrino.--Ya estamos otra vez +en la _Fontana_; ya somos dueños del club, de nuestro club; ya se fué +aquella horda de necios. Esta noche hablará usted y será aplaudido. +Sabrán apreciar lo que usted vale. + +--¡Ah! yo no hablo más--replicó Lázaro con cierta amargura, porque se +había llegado á convencer de que no había nacido para la tribuna. + +--Mire usted--dijo Pinilla al Doctrino, continuando la conversación +interrumpida,--ese Bozmediano es además un hombre inmoral, de detestable +conducta; un libertino, como lo fué su padre, escándalo de la corte de +Carlos III. + +Lázaro prestó mucha atención. + +--No se ocupa más que en seducir muchachas. ¡Cuántas familias son hoy +desgraciadas á causa de sus hazañas! ¡Oh! los bandidos de esta clase +deben ser quitados de entre los hombres. + +--Hablan ustedes de una persona que me ocupa mucho en estos +momentos--dijo Lázaro.--¿Usted le conoce? ¿Usted sabe cuáles son los +hábitos de ese malvado? + +--¿Pues no lo he de saber?--manifestó Pinilla. + +--Yo le he buscado ayer--dijo Lázaro;--le he buscado hoy sin poderle +encontrar, porque tengo que ajustar ciertas cuentas con él. Yo le +encontraré aunque tenga que andar toda la tierra. + +--Cuidado, joven, que ese maldecido maneja bien las armas. Tiene una +mano admirable. + +--No me importa: ya nos arreglaremos. + +--¿Y le ha buscado usted? + +--Si: no le he podido encontrar; es decir, sí le he encontrado, le he +visto; pero no en disposición de hablar con él. Iba con dos más, al +parecer á una reunión secreta, á que concurrían otros hombres, que +aparecían sucesivamente y entraban en una casa. + +--¿Dónde?--preguntó con vivo interés el Doctrino. + +--En una plazuela; según después he averiguado, se llama de Afligidos. + +--¿En la plazuela de Afligidos?--dijo el otro con asombro.--Es en la +casa de Álava... ¿Y eran muchos? ¿A qué hora? + +Lázaro contó detenidamente todo lo que habla visto en la citada plazuela +dos noches seguidas y á la misma hora. + +--No necesito más--dijo el Doctrino al oído de Pinilla. + +Esto pasaba en una pequeña sala interior de la _Fontana_, donde el amo +tenía algunos centenares de botellas vacías, y dos ó tres barriles, +vacíos también, con gran sentimiento, de Curro Aldama. Cuando Lázaro +concluyó su relato, se sintió el ruido de aplausos y las voces +entusiastas que resonaban en el recinto del café. Hablaba con mucha +elocuencia Alfonso Núñez. Más de doscientos jóvenes exaltados, lleno el +espíritu de pasión expansiva, le aplaudían con entusiasmo. El joven +orador comunicaba su indiscreta fe á aquella masa de juventud inocente y +soñadora, cuando cuatro infames, á dos pasos de allí, preparaban un +sangriento desastre. Estas iniquidades, proyectadas por pocos y llevadas +á cabo por muchos con la sencillez propia de las turbas engañadas, son +muy frecuentes en las revoluciones. El gentío obra á veces obedeciendo á +una sola de sus voces, cualesquiera que sea: se mueve todo á impulso de +uno solo de sus miembros por una solidaridad fatal. + +La _Fontana_ estaba aquella noche elocuente, ciega, grande en su +desvarío. Iba á perpetrar un crimen sin conocerlo. Su elocuencia era la +justificación prematura de un hecho sangriento; y para el que conocía su +próxima realización, las galas de aquella oratoria juvenil eran +espantosas y sombrías. + +Lázaro entró en el café: aún no se atrevió, aunque tema la persuasión de +ser recibido con benevolencia, á presentarse en el centro del club. Se +quedó en un rincón, dispuesto á ser simple espectador; pero algunos +pidieron que hablara; Alfonso le empujó hacia la tribuna; el mismo dueño +del café se lo suplicó con insistencia, y la mayor parte de la juventud, +que formaba el público, le aplaudió, tributándole una ovación +anticipada. No pudo eximirse: se resolvió á hablar, subió á la tribuna y +empezó. Felizmente no le aconteció aquella vez lo que en la desgraciada +noche de su llegada; no perdió la serenidad al encararse con las mil +cabezas del público y ver abierto ante sí el abismo de tanta atención, +expresada en tantos ojos. Sin dificultad ninguna encontró el asunto de +su discurso, y desde las primeras frases vió desarrollarse ante su +imaginación en serie muy clara todas las ideas que habían de constituir +la disertación. A cada palabra sentía presentarse la siguiente; pero sin +atropellarse, con la calma de la verdadera inspiración que afluye al +espíritu y no se precipita. La elocuencia muda de sus horas de silencio +y soledad, salía por primera vez á su boca, sorprendiéndole á él mismo, +que se oía con tanto gozo como podía oírle el público. Aquellas páginas +no escritas, aquellas oraciones no emitidas por voz humana, salían á sus +labios con tanta facilidad que parecían aprendidas de memoria desde +largo tiempo. Sin darse cuenta de ello, dejó de ser retórico aquella +vez. Su instinto de orador se alejó de aquel peligro, y expresándose á +veces con demasiada sencillez, no ocurrió tampoco en el desaliño ni la +vulgaridad. La espontánea brillantez de sus medios oratorios, la +profunda entonación de verdad y sentimiento que daba á sus afirmaciones, +la habilidad con que sabía explotar la pasión y la fantasía del +auditorio, le ayudaron en aquella empresa, en la cual su ingenio +apareció en altísimo lugar, grande, espontáneo, robusto de ideas y +formas, como realmente era. + +--¿Cómo queréis que haya libertad--decía,--si unos cuantos se erigen en +sacerdotes exclusivos de ella, cuando ese gran sacerdocio á todos nos +corresponde y no es patrimonio de ninguna clase? Pasó el monopolio de la +riqueza, de la ilustración, del predominio y de la influencia, ¿Hemos de +consentir ahora el monopolio de las ideas? _(Grandes aplausos.)_ Por +este camino vamos á tener aquí una cosa parecida á las castas del +Oriente. _(Risas.)_ Entre los millones de ciudadanos que pertenecen á la +sagrada comunión del liberalismo, vemos surgir una casta privilegiada, +que se cree única conservadora del orden, única cumplidora de las leyes, +única apta para dirigir la opinión. ¿Hemos de consentir esto? ¿Hemos de +ser siempre esclavos? ¿Esclavos ayer del despotismo de uno, esclavos hoy +del orgullo de ciento? Mil veces peor es este absolutismo que el que +hemos sacudido. Prefiero ver al tirano desenmascarado y franco, +mostrando su torva, sanguinaria faz de demonio; prefiero la insolencia +desnuda de un bárbaro abominable, abortado por el infierno, á la +hipócrita crueldad, al despotismo encubierto y disfrazado de estos +hombres que nos mandan y nos dirigen escudados con el nombre de +liberales, haciendo leyes á su antojo, para después obligarnos con el +respeto á la ley; seduciéndonos con el nombre de libertad para después +ametrallarnos en nombre del orden; llamándose representantes de todos +nosotros para después insultarnos en las Cortes llamándonos bandidos. +_(Aplausos.)_ No puede durar mucho tiempo el imperio de la injusticia. +Felizmente aún no han puesto mordazas en todas nuestras bocas; aún no +han atado todas nuestras manos; aún podemos alzar un brazo para +señalarles; aún tenemos alientos en nuestros pechos para poder decir: +"ese." Están entre nosotros, les conocemos. Esta gran revolución no ha +llegado á su augusto apogeo, no ha llegado al punto supremo de justicia: +ha sido hasta ahora un paso tan sólo, el primer paso. ¿Nos detendremos +con timidez asustados de nuestra propia obra? No: estamos en un +intermedio horrible: la mitad de este camino de abrojos es el mayor de +los peligros. Detenerse en esta mitad es caer, es peor que volver atrás, +es peor que no haber empezado. Hay que optar entre los dos extremos: ó +seguir adelante, ó maldecir la hora en que hemos nacido. _(Grandes y +estrepitosos aplausos.)_ + +Lázaro notó, mientras pronunciaba estos párrafos, que entre las mil +figuras del auditorio, y allá en lo obscuro de un rincón, había una cara +en cuyos ojos brillaban el entusiasmo y la ansiedad. Las manos flacas y +huesosas de aquel personaje aplaudían, resonando como dos piedras +cóncavas. Le miraba sin cesar mientras hablaba, y á no encontrarse el +orador muy poseído de su asunto y muy fuerte en su posición respecto al +auditorio, se hubiera turbado sin remedio, dando al traste con el +discurso. La persona que así le miraba y le aplaudía era su tío. Aquello +era incomprensible, y el joven hubiera pensado mucho en semejante cosa, +si las cariñosas y ardientes manifestaciones de que fué objeto no le +distrajeran mucho tiempo después de concluido su discurso. + +Otro habló después de él, y al fin, después de tantos discursos, el +público empezó á desfilar. Alfonso y Cabanillas se fueron á la calle, +llevados por los grandes grupos en que se descompuso aquella masa de +gente. Agitada fué aquella noche en todo Madrid, y es positivo que la +autoridad, ordinariamente bastante descuidada y débil, tomó algunas +precauciones. En la _Fontana_ quedaban á la madrugada el Doctrino, +Pinilla, Lobo, Lázaro y otros. + +--¡Bien lo ha hecho usted!--le decía el Doctrino á Lázaro.--Yo me lo +esperaba. Esta noche nuestro partido adquiere con la palabra de +usted una fuerza terrible. Don Elías, puede usted estar orgulloso de +su sobrino. + +--Sí que lo estoy--dijo Coletilla sonriéndose como acostumbran hacerlo +los chacales y las zorras, á quienes ha puesto la Naturaleza una +contracción diabólica en el rostro.--Sí que lo estoy: no creí yo que +fuera este chico tan listo, que, á saberlo, ya hubiera yo hecho lo +posible para que.... + +Lázaro comenzó á ver obscuro en aquella intrusión de su tío en las +sesiones de los exaltados. Cruzó por su imaginación una sospecha +horrible. Cuando se marchó á la casa iba recordando la acusación que en +la noche de su expulsión le habían dirigido en aquel mismo sitio; +recordó el diálogo que con su tío había tenido en la cárcel; recordó +todas sus palabras, expresión del más ciego fanatismo; y cuanto más +meditaba y recordaba, menos podía explicarse que su tío permitiera el +ser llamado _gran liberal_. Aunque algunas sospechas vagas le +atormentaron, no vió el gran abismo en todo su horror y profundidad; no +presagió el movimiento á que había dado impulso con su palabra, ni +comprendió el ardid tenebroso, la colisión sangrienta que de las cabezas +aturdidas de la _Fontana_ y de las voluntades agitadas de algunos +jóvenes, hacía su arma mas terrible. + +Pero al llegar á la casa esperaba á Lázaro una sorpresa que había de +hacerle olvidar su discurso, á su tío y á la _Fontana_. Al entrar, ya +cercano el día, encontró á doña Paz muy alborotada, á Salomé rondando la +casa con luz, y á las dos tan coléricas y destempladas, que no pudo +menos de reír á pesar del estado de su espíritu. + +--¡Gracias á Dios que viene usted! Estamos solas--le dijo temblando la +más vieja. + +--¿Qué hay, señoras? + +--Tememos que alguien se entre por esos tejados. + +--¿Cómo, quién se va á atrever? + +--¿No sabe usted lo que ha pasado, caballerito?--dijo Paz.--Esa +Clarita.... ¡Qué horror, qué perversión!... + +--¿Para cuándo es el patíbulo?--exclamó Salomé.--¡Un hombre, un hombre +ha entrado aquí por esa niña, un seductor! ¡Y nosotras tan ciegas que la +recogimos! + +--¡Ay, mi Dios! ¡qué horrible atentado! + +--¿Y cuándo entró ese hombre?--preguntó, comprendiendo que habían +descubierto la entrada de Bozmediano. + +--El domingo, aquella tarde que estuvimos en la procesión. + +--Y ella, ¿dónde está?--preguntó el joven, creyendo que había llegado el +momento de aclarar aquel asunto. + +--¡Qué horror! ¿Y usted pregunta dónde está? ¡La hemos arrojado, la +hemos echado!--dijo Paz, con expresión de venganzasatisfecha.--¿Habíamos +de consentir aquí semejante monstruo? + +--¡Qué degradación! ¡Y en esta casa!--exclamó Salomé, poniéndose +ambas manos sobre la cara.--Señor, ¿qué expiación es esta? ¿Qué +pecado hemos cometido? + +--¿Y dónde está? + +--¿Que dónde está? ¿Qué sé yo? La hemos arrojado. + +--¿Pero dónde ha ido? + +--¿Qué sé yo? Vaya á la calle, que es donde siempre ha debido estar. +¡Oh! Ella se habrá ido muy contenta por ahí. + +--Si esa gente ha nacido por la calle--dijo Salomé, con un gesto de +repugnancia.--¡Qué ignominia! + +--¿Pero ustedes la han arrojado así...? ¿Dónde ha de ir la +pobrecilla?--preguntó Lázaro, que, á pesar de su agravio, no podía ver +con calma que se injuriara y se maltratara de aquel modo á un ser +desvalido. + +--¿Qué sé yo dónde ha ido? ¡Al infierno!--dijo María de la Paz riendo. + +--Señor, ¿es posible que haya tanta infamia en el mundo? ¡Oh! Las ideas +del día ...--murmuró Salomé, alzando las manos al cielo en actitud +declamatoria. + +Antes de decir lo que hizo Lázaro al encontrarse con tan estupenda +novedad, contemos lo que pasó aquella noche en la vivienda de las tres +damas. Coletilla había salido diciendo que no volvería hasta dentro de +tres días, por tener que ocuparse fuera de cierto asunto; y ellas +estaban comentando esta rara determinación, cuando aconteció un suceso +que dió por resultado la expulsión definitiva de la huérfana. + + + + + +CAPÍTULO XXXV + + + +#El bonete del Nuncio.# + + +La sastrería clerical fué industria muy socorrida y floreciente en el +siglo pasado. Había muchos clérigos, y además gran cosecha de abates, +gente toda que vestía con primor y coquetería. Los que á tal industria +se dedicaban obtuvieron pingües ganancias, y esto fué causa de que se +dedicaran á explotarla muchos menestrales de ambos sexos, educados al +principio en la sastrería profana. En el presente siglo la industria en +cuestión estaba muy decaída, no sabemos si porque había menos clérigos ó +porque había más sastres. En el quinto piso de la casa de Tócame Roque, +situada en la calle de Belén, tenían su nido dos hermanas, sastras de +ropas sagradas, que habían venido muy á menos. En sus mocedades habían +cosido muchos manteos y sobrepellices para los canónigos de Toledo y +para los clérigos de la corte; pero en la época de nuestra historia, por +razones sociales que no es oportuno consignar, sólo consagraban su +mísera existencia á remendar las verdinegras hopalandas de algún +escolapio ó de algún teniente cura pobre y andrajoso. Hacían de peras á +higos un bonete para un capellán de Palacio ó para el señor fiscal de la +Rota, y nada más. Eran muy pobres, pero soportaban con paciencia la +desgracia sin exhalar una queja. Sólo una de ellas decía de cuando en +cuando con un suspiro, mientras revolvía los escasos trapos negros de su +santa industria: "Ya no hay religión." + +No tenían otro amigo que el abate don Gil Carrascosa, que, según ha +llegado á nuestra noticia, tuvo en sus tiempos ciertos dimes y diretes +con una de ellas. El las visitaba, les proporcionaba algún trabajo y +solía darles algún rato de tertulia, contándoles las cosas de Madrid. +Pero si las de Remolinos (que así se llamaban) no tenían más que un +amigo, en cambio tenían un enemigo implacable, sanguinario, feroz. Este +enemigo era otra sastra, que vivía pared por medio, y que, por la +natural divergencia de opiniones entre los que se dedican á una misma +industria, les había declarado guerra á muerte. Para martirizarla, +además de sus improperios y apodos, tenía un gato, que creemos nacido +expresamente para entrarse en el cuarto de las dos hermanas y hacer allí +cuantas inconveniencias puede hacer el gato de un enemigo. Tenía además +la doña Rosalía un amante _del comercio_, que la visitaba todas las +noches, en compañía de una guitarra; y era este amante un ser creado de +encargo por el infierno para cantar y tocar toda la noche en aquella +casa y no dejar dormir á las dos sastras de ropas sagradas. + +Doña Rosalía tenía más trabajo que sus vecinas las de Remolinos (ó las +_Remolinas_, como generalmente las llamaban), y además hacía cuanto +puede hacer una mujer envidiosa para quitarles á sus rivales el poco +que tenían. Aconteció que un paje de la Nunciatura, feligrés antiguo +de doña Rosalía, y muy admirador de su buen color, se atrevió á +aspirar á no sabemos que honestas confianzas; picóse la dama, picóse +más el paje, y al día siguiente, al traer el bonete del Nuncio para +que le echaran un zurcido, en vez de dárselo á doña Rosalía se lo +entregó á las dos hermanas. + +Cuando doña Rosalía supo que el bonete de la Nunciatura estaba en manos +de sus rivales, le pareció que había recibido la más grande ofensa: +rompió relaciones con la Curia romana, dijo mil improperios al paje, +encargó á su gato ciertas sucias comisiones cerca de las dos vecinas +(comisiones que el animal cumplió con gran puntualidad), se acercó á la +puerta de las dos infelices, y les dijo mil cosas estupendas, que +hicieron proferir á la más vieja de las dos en su lamentación +acostumbrada: "Ya no hay religión." + +Pero Rosalía buscaba una venganza terrible. ¿Cómo? Mucho le asombró ver +entrar al abate con un militar desconocido. La casa estaba dispuesta de +tal modo, que acercándose á la puerta se oía cuanto en los cuartos +inmediatos se hablaba. Todos sabemos los fines de la visita de +Bozmediano á las de Remolinos. Doña Rosalía lo adivinó también, cuando, +poniéndose en acecho, le vió pasar á la casa inmediata por una puerta +condenada que daba al desván antiguo. Se calló y esperó. Comprendió la +taimada que allí había aventura amorosa, y en esto supo hallar un medio +feliz para su venganza. Vió entrar y salir á Bozmediano, y calculando +que aquella entrada fraudulenta se repetiría, esperó á que se repitiera, +para ir inmediatamente, y mientras el joven estuviera dentro, á la casa +contigua á denunciar el hecho. El joven sería sorprendido, habría un +gran escándalo, se harían averiguaciones, ella declararía por dónde +habría entrado, y cátate á las Remolinas camino de la cárcel en castigo +de su complicidad en aquel delito de escalamiento y abuso de confianza. + +Esperó un día, dos, tres, hasta que viendo que la escena no se repetía, +resolvió en su alto criterio denunciar el hecho de una vez á la familia +interesada, no sea que, retardándolo, pudiera ser puesto en duda. + +Pensado y hecho. Púsose un mantón, bajó, entró en casa de las Porreñas, +tocó, le abrieron, y se encaró con la faz majestuosa de María de la Paz +Jesús, que de muy mal talante le preguntó: + +--¿Qué quiere usted? + +--Venía á ver al amo de esta casa para decirle una cosa,--dijo +Rosalía entrando. + +--¡Qué irreverencia!--pensó María de la Paz, viéndola entrar de +rondón.--Salomé, una luz. + +Anochecía, y con la obscuridad no podía la dama ver claramente el rostro +de la que la visitaba. Salomé trajo un quinqué á la sala, donde las dos +se personaron. + +--¿Qué se le ofrece á usted?--preguntó Paz, midiendo con una mirada el +cuerpo de doña Rosalía. + +--¿Quién es el amo de esta casa? + +--Yo soy--dijo Paz un poco alarmada con el misterio que parecía envolver +aquella inesperada visita. + +--Pues vengo á decirla á usted ... ¿usted no sabe lo que pasa? + +--¿Qué pasa?--dijo Salomé, creyendo que se hundía el techo. + +--No se asuste usted, señora, porque al fin y al cabo, sabiéndolo, se +puede evitar que vuelva á suceder. + +--¡Por Dios, explíqueme usted, señora!--dijo Paz, en el tono de la +impaciencia y la superioridad. + +--Pues han de saber ustedes--dijo con misterio doña Rosalía,--que esta +casa... Pues ... les diré á ustedes: yo vivo en la casa de al lado en el +cuarto piso, y soy sastra, con perdón de ustedes, y coso toda la ropa de +casa del señor Nuncio del Papa, y la del Patriarca de las Indias; coso á +todo el arzobispado de Toledo, y á veces coso á la capilla de Palacio. + +Esta relación de las altas jerarquías que servía la aguja de doña +Rosalía, le dió cierta importancia á los ojos de María de la Paz Jesús. + +--Yo vivo allá arriba y he visto... ¿Pero ustedes no han caído en ello? + +--¿En qué? + +--En ese hombre que ha entrado aquí. + +--¿Qué hombre? ¿qué dice?--exclamaron á una las dos ruinas en el tono +del que siente estallar un volcán. + +--Pues yo venía á avisárselo á ustedes para que evitaran que otra vez +pasara. Es el caso que en la buhardilla de la casa en que yo vivo hay +una puertecilla que da á la buhardilla de esta casa. + +La cara que pusieron las Porreñas no cabe en ninguna descripción. + +--Sí--continuó la sastra--y un joven militar se metió una tarde por esa +puerta de que hablo; se metió aquí... Yo me malicié, cuando le vi, que +habla aquí alguna jovencita. + +--Pero señora--dijo Paz, poniéndose en pie--¿está usted segura de lo que +dice? ¡Un hombre ha entrado aquí ... aquí, en esta casa! + +--Sí, señora: yo lo he observado. Se coló por el cuarto de unas vecinas +... amigas mías. Yo lo he visto. + +--¿Cuándo? preguntó Salomé tomando aliento, porque ya el aliento +le faltaba. + +--El domingo por la tarde. + +--¿A qué hora? + +--A eso de las cinco. + +--¡Cuando estábamos en la procesión! ¡Qué escándalo! Esa niña +desvergonzada ... esa muchachuela.... Bien me lo sospechaba yo--dijo +Paz, con las manos puestas en la cabeza y paseándose por la sala +como una loca. + +--¡Ay! no sirvo para estas cosas... ¡Yo me descompongo!--balbució +Salomé, inclinándose sobre el sofá con muestras de experimentar +un vahído. + +--Pero, señoras, no se alarmen ustedes--dijo doña Rosalía, queriendo +calmar á las dos damas.--¿Tienen ustedes alguna hija? + +--No, señora: nosotras no tenemos ninguna, hija--contestó con mucho +enfado María de la Paz:--es una mozuela, una loca que admitimos aquí por +compasión, esperando que se corrigiera; pero ... ya me lo sospechaba yo. +¡Qué alhaja! ¿Ves lo que yo decía? Dios mío, ¿para qué admitimos aquí á +semejante mujerzuela? + +--Señora--manifestó Salomé, oprimiéndose el estómago y rehaciéndose de +su vahído.--Cuente usted, aclare usted eso. ¡Ay! Es demasiado horrible. +Nosotras no estamos acostumbradas á esas cosas, y tales hechos nos +confunden; yo, sobre todo, no puedo soportar.... + +--Pues no lo duden ustedes. El joven se coló en la casa el domingo por +la tarde, y estuvo aquí como una hora. Averígüenlo ustedes y verán cómo +es cierto. + +--Si parece increíble--dijo Paz, sentándose otra vez. Esta casa, esta +honrada casa ... ¿Y cómo existe esa puerta? ¿Cómo es posible...? + +--Existe de muy antiguo, sólo que estaba condenada. Si ustedes quieren +verla pueden subir á la buhardilla, y examinando bien, la encontrarán. + +--Pero él, ese monstruo, ¿por dónde pudo llegar? + +--La tal puerta--continuó doña Rosalía--da al cuarto de unas costureras +amigas mías. Las pobrecillas no cosen más que á sacristanes y curas de +aldea¡ y cosen mal. Ellas quieren darse tono, y dicen que cosen á la +catedral de Segovia; pero es mentira. No las crean ustedes. + +--Y él, ¿entró por ese cuarto? + +--Sí: es un militar, alto, buen mozo. + +--¡Jesús, qué horror! Yo no puedo oír esto--exclamó Salomé, +estirándose, con muestras de un segundo ataque. Les dió dinero á esas +mujeres--continuó doña Rosalía--porque ellas están muy pobres: no ganan +nada. Como lo hacen tan mal ... No cosen más que al teniente cura de +San Martín. + +--Es preciso tomar una determinación, Paz; una determinación +pronta--dijo Salomé volviendo en sí.--Porque si no, la honra de la casa +está comprometida.--Señora--añadió, volviéndose á doña Rosalía--no +extrañe usted esta congoja; no estamos acostumbradas á golpes de esta +clase. Nosotras, por nuestro nacimiento, nuestra educación y nuestra +religiosidad, hemos estado siempre por encima de todas esas miserias. +¡Ay! nosotras hemos tenido la culpa por nuestra excesiva caridad. +Figúrese usted que acogimos sin recelo á una víbora en nuestra casa, +aunque teníamos malos informes de su conducta; la acogimos creyendo que +se enmendaría. ¡Pero ya ve usted qué almas tan perversas! ¡Qué sociedad! +¡Qué siglo! Bien me lo figuraba yo, á pesar de lo que decía mi sobrina, +que es una santa, y se empeñaba, guiada por su buen corazón, en que esa +muchacha se iba á corregir. ¿Cómo puede corregirse un monstruo +semejante? ¡Qué deshonra, qué vilipendio! ¡Ay! yo no sirvo para estos +casos; me confundo, me descompongo y no puedo tomar ninguna +determinación. + +--Sí, hay que tomar una determinación--afirmó con mucho encono María de +la Paz.--Si no, ¿qué va á ser de la honra de nuestra casa? Hay que poner +inmediatamente á la puerta de la calle á esa mozuela, sin consultar á +don Elías. El ha de aprobarlo; y sobre todo, aunque no lo apruebe. ¿Pues +no se ha atrevido á decirnos esta mañana que su sobrino se enmendará? +¡Si está una viendo unos horrores! ... ¡Qué siglo, qué costumbres! +¡Hasta él...! + +--Haz lo que quieras, Paz--dijo Salomé, afectando mansedumbre y cierta +postración, que ella creía sentaba muy bien en su nervioso +cuerpo.--Haz lo que quieras, sin reparar en lo que pueda opinar ese +señor mayordomo, que él nada tiene que mandar aquí. Despide á esa +muchacha; que se vaya con las de su calaña. ¡Oh! No quiero recordar lo +que esta señora ha contado. + +Hasta el perro, que no ladraba; el melancólico Batilo, estaba +consternado. Habíase plantado frente á doña Rosalía, y miraba, con la +atención de un can preocupado, el buen color de la costurera que había +traído la desolación á aquella casa. + +--Señora--dijo Paz con un poco de cortesía,--le agradecemos á usted el +aviso que nos ha dado, mostrando, como es natural, su celo é interés por +la honra de nuestra casa. Cuando despidamos á esa muchacha, nos +mudaremos de aquí. ¡Ay, y yo que le había tomado cariño á este santo +retiro! Aquí vivíamos tranquilamente y en paz, no con la comodidad que +en nuestra antigua casa; pero, en fin, tranquilas y ... Señora, usted +nos ha librado de la deshonra, porque ¿qué hubiera sido de nosotras, +solas aquí y expuestas á las asechanzas alevosas de ese militar? ¡Oh! no +lo quiero pensar. + +--Es un militar joven, alto, buen mozo, y parece ser persona muy +distinguida. + +--¡Joven, buen mozo y de buen porte!--dijo Salomé disponiendo su cuerpo +para el tercer paroxismo. + +--¡Joven, buen mozo y de buen porte!--exclamó Paz en el colmo de la +indignación.--¿Es esto creíble? ¡Qué circunstancias tan agravantes! + +--¡No siga usted, por Dios!--dijo Salomé ya medio desmayada. + +--No siga usted, que mi sobrina es muy impresionable y no puede oír +ciertas cosas. Estamos acostumbradas.... + +Doña Rosalía se levantó para marcharse, porque creía haber cumplido +satisfactoriamente su misión. Entonces pasó una cosa singular: cuando +la sastra se acercaba á la puerta, Batilo, el perro misántropo, que en +aquella mansión había olvidado los hábitos propios de su raza, corrió +tras ella, se agitó convulsivamente como quien hace un gran esfuerzo, y +ladró, ladró como un mastín ante un salteador; persiguió á la mujer +dando agudos aullidos, y hasta llegó á pillarle entre sus inofensivos +dientes el traje y el mantón. Paz se alarmó y Salomé se tapó los +oídos, como si oyera el aullido, de un chacal. Defendieron entre las +dos á doña Rosalía de la agresión inesperada del animal; fuese la +sastra, y las dos arpías se miraron cara á cara, comunicándose +mutuamente su respectiva bilis. + +Es indispensable apuntar que en su afán de llegar pronto á donde estaba +Clara, se aturdieron, sin poder tomar la puerta, y al fin chocaron una +con otra con gran confusión. + +--Mujer, que me echas al suelo--dijo una. + +--Mujer, qué cosas tienes--gruñó la otra. + +Entraron en el cuarto donde estaba acostada la devota ... Esta reposaba +tranquilamente, pero no dormía; tenía clavados los ojos en el techo con +muestras de meditación profunda. Sentada junto á la cama estaba Clara, +que hacía de enfermera y acompañante de la santa. Cuando las dos +Porreñas entraron, Clara les conoció en las caras que se preparaba una +escena terrible. Asustóse mucho, y se acercó más al lecho, como buscando +un refugio al lado de la sagrada persona de doña Paulita. + +--¡Niña!--dijo Paz con la lengua turbada y muy alterado el rostro.--Ya +sabemos todas las infamias de usted. Merece usted ir á la cárcel por +comprometer la honra de una casa como ésta. Si no temiera rebajar mi +dignidad.... + +--Señoras--murmuró Clara temblando,--¿pues yo qué he hecho? + +--¿Pues yo qué hecho?--dijo, remedándola con gesto grotesco, +Salomé.--Miren la hipócrita, ¡qué monstruo, Dios mío! Paula, no te +asustes--añadió, acercándose á la cama;--no nos des un nuevo disgusto. +Ya sabemos qué clase de persona hemos recibido en nuestra casa. + +--Todo se ha descubierto, niña--continuó Paz--Ya no nos engañará usted +más con su cara de mosquita muerta. Pero ¡qué atrevimiento, qué +iniquidad! Debiera usted morirse de vergüenza. + +--Señora, yo no sé de qué habla usted--dijo Clara, perdiendo por +completo la serenidad. + +--¡Insolente! Y aún se atreve á disimular, después de tanta +desvergüenza. ¿Cree usted que está tratando con personas como usted? +¡Miren la necia! tan necia como perversa. Ahora mismo va usted á salir +de esta casa. + +El primer sentimiento de Clara al oír esto, fué una repentina alegría. +¡Salir de allí! Ya había perdido esa esperanza. Pero la situación +aquélla no era para alegrarse. Pronto lo conoció, y esperó resignada el +fin de su sentencia. + +--Dile, dile la causa--indicó Salomé, afectando gran respeto al +procedimiento. + +--La causa bien la sabe ella--dijo Paz;--pero no puedo contener la +cólera. De veras digo que si no fuera porque soy persona ... ¡qué +horror! La causa es ... no te asustes, Paula; la causa es que mientras +nosotras salimos de casa á alguna visita, se entra aquí un hombre por +los tejados; sí: un militar, buen mozo, alto, persona ... ¿cómo dijo? de +buen porte ... pero no te asustes, Paulita: esto hay que aceptarlo con +resignación. + +Si no temiera asustar á su prima, que estaba enferma, á Salomé le +hubiera dado un cuarto conato de vahído. Pero se contentó con mirar á la +devota con ojos muy aterrados. La santa no hizo más que mirar á Clara +con cierta perplejidad; y contra lo que sus parientes esperaban, no citó +ningún texto latino, ni predicó ningún sermón sobre la inconveniencia é +irreligiosidad de que entraran por los tejados los militares buenos +mozos, altos y de buen porte. Clara, á pesar de su inocencia, se quedó +aterrada como una culpable. + +--¿Se atreve usted á negarlo?--dijo Paz, dando algunos pasos hacia ella +con el resplandor de la ira en los ojos. + +--Yo ... no--dijo Clara, retrocediendo con espanto.--Sí ... sí lo +niego.--Después añadió, haciendo un esfuerzo por calmarse y calmar á su +juez:--Óigame usted, señora: yo le contaré la verdad; le diré lo que ha +sido. Yo soy inocente; yo no he permitido.... + +--¡Jesús, Jesús! Yo no sirvo para estas cosas--clamó Salomé volviendo el +rostro.--No puedo, no puedo oír esto. + +--¿Que usted no ha permitido...? ¿Todavía tiene atrevimiento para +negarlo? + +--Yo ... yo no niego--contestó la huérfana muy consternada.--Pero yo, +¿qué culpa tengo de que ese hombre...? + +--¿También le quiere usted disculpar á él? Esto nos faltaba que ver. No +puede haber perdón para tanta alevosía. ¡Pagar de este modo el asilo que +le hemos dado sin merecerlo! Pero bien dije yo que de usted no podíamos +sacar cosa buena. + +--Señoras--dijo Clara deshaciéndose en lágrimas,--yo les juro á ustedes +por Dios y por todos los santos, que por mí no ha entrado ningún hombre; +que yo no soy culpable de todo eso que ustedes dicen. Yo se lo juro por +Dios y por la Virgen. + +--¡Insolente! Aún se atreve á disculparse. + +--En verdad, esto es más de lo que puede sufrir mi débil +constitución--dijo la otra arpía.--Paulita, no te asustes: procura tomar +esto con indiferencia, que puedes agravarte. + +--¡Dios mío! ¿Cómo lo he de decir?--exclamó Clara con la mayor +amargura.--¿Qué haré, qué diré para que me crean? ¿A quién me volveré? +Yo no quiero vivir así. No tengo padres, ni hermanos, ni amigos, ni +nadie que me defienda y me proteja. Señora, yo se lo juro á usted. No me +diga otra vez esas cosas que me ha dicho, porque yo no las merezco. + +--Vamos, prepárese usted á marcharse al momento--dijo Paz con crueldad +espantosa. + +--¡Marcharme! Sí, me marcharé. Yo no quiero molestarlas á ustedes; pero +¡ay! esas cosas que han dicho de mí... Yo no he deshonrado la casa, yo +no he deshonrado á nadie. Pero yo soy muy desgraciada; soy huérfana, +pobre y sola; y como no tengo á nadie que me proteja, por eso nadie me +guarda consideración y todos me tratan con desprecio. Yo no merezco eso; +yo no he hecho nada de eso que usted dice; yo soy inocente. + +--No sé cómo me contengo--dijo Paz.--Ni un instante más. Se marcha usted +de aquí, y vaya donde quiera. Yo sé que usted se alegra. Usted no desea +otra cosa que andar sola por esas calles; usted ha nacido para la calle. +Vamos, pronto. Y nada me importa que don Elías se oponga ó no. Lo +aprobará. El sabe que interesarse por tan despreciable criatura es cosa +inútil. Váyase usted pronto. + +--Señora--dijo Clara, poniéndose de rodillas junto al lecho y +estrechándole las manos á la devota. Señora, usted me defenderá; usted +que es tan buena, que es una santa; usted que ya me defendió otra vez. +¿No es verdad que usted sabe que yo soy inocente? Dígalo usted: me están +calumniando. ¿Qué va á ser de mí si usted no me defiende? + +La devota no había hablado palabra: continuaba como distraída y ajena á +todo aquello. Cuando sintió las manos de la que había sido, aunque por +poco tiempo, su compañera y amiga, volvió hacia ella la cara cubierta de +palidez, y expresando cierta atonía, la miró, y con voz tenue y como +indiferente, dijo: "¿Yo?" Calló en seguida. Salomé separó á Clara con un +ademán desdeñoso del lecho de su prima, diciendo: + +--Nuestra paciencia nos va á perder. Cuidado, Paz, que somos demasiado +condescendientes. ¿Cómo es que está todavía aquí esta mujer? + +--Al momento á la calle. Vamos, pronto--dijo Paz. Recoja usted sus +bártulos, y al momento. Haga usted un lío de su ropa. + +--Señora, por Dios, no me eche usted así--dijo Clara, poniéndose de +rodillas y cruzando las manos.--A estas horas ... sola ... yo no conozco +á nadie ... ¿Qué va á ser de mí? ¿A dónde voy? Espere usted, por la +Virgen Santísima, á que venga don Elías, que, siendo huérfana, me +recogió.... El no me abandonará de este modo ... Estoy segura. + +--Nada, nada. ¿Aun espera usted engañarle otra vez? Salga usted al +momento de nuestra casa. + +--Pero, señoras--continuó Clara,--¿adonde voy? Sola, de noche ... yo +tengo miedo ... yo tengo mucho miedo ... yo no conozco á nadie.... + +--¿Que no conoce á nadie? ¿Y tiene valor para decir...?--exclamó Salomé, +apartando el rostro y persignándose con sus afilados dedos.--¿Pues y el +caballero joven, alto, buen mozo? + +--Señora, espere usted, por Dios, á que venga mi protector: yo se lo +ruego por la gloria de su madre. + +La idea de que viniera Coletilla é impidiera la expulsión de la +huérfana, puso á Salomé en grave peligro de que le diera el +quinto ataque. + +--¡Qué agonía!--dijo sentándose.--Francamente, nuestra excesiva +benevolencia nos trae á estos extremos. + +--No tarde usted un instante--dijo Paz con la satisfacción de la +venganza.--Márchese usted inmediatamente. + +La desventurada huérfana se dirigió otra vez, como última esperanza, á +la santa, que reposaba en su lecho con la inmovilidad y la pesadez de la +estatua yacente de un sepulcro. Clara tomó una de sus manos que colgaba +fuera de las ropas y la besó con efusión, regándola con sus lágrimas; +llanto de la inocencia provocado por la crueldad de aquellos verdugos. + +--Señora, otra vez se lo pido--exclamó con voz apenas inteligible;--no +me abandone usted, usted es una santa. No permita que me echen así ... á +estas horas ... yo tengo miedo. No me abandone usted. + +La mujer mística retiró lentamente su mano y la escondió entre las +sábanas. Volvió el rostro, miró á la víctima, y sin inmutarse, dijo con +la misma voz helada: "¿Yo?" + +--No se puede resistir tal insolencia--afirmó Paz asiendo á Clara por un +brazo y apartándolo violentamente de la cama. + +--Si usted no se marcha ahora mismo de aquí, llamo á un alguacil +para que le haga entender sus deberes.--Ya Salomé se había acercado +á la cómoda donde Clara guardaba su escaso ajuar, y recogía todo +formando un lío. + +--No tengas cuidado, Paz--decía entre tanto;--yo estoy registrando su +ropa, no sea que se lleve alguna cosa. No se lleva nada. + +--¡Señoras de mi alma!--dijo Clara en el colmo de la desesperación.--No +me echen así: yo no he cometido falta ninguna; yo no he hecho lo que +ustedes dicen; yo soy inocente. Que lo diga esa señora que es una santa +y me conoce. Yo estoy segura de que lo dirá. + +La devota volvió á moverse, y con la voz que atribuyen á los espectros +evocados, repitió otra vez: "¿Yo?". + +--No me echen ustedes--continuó Clara sin saber ya á quien suplicar.--Yo +no lo merezco. ¿A dónde puedo ir á estas horas sola? No conozco á nadie. +Tengo miedo ... me voy á perder. + +--Vamos, aquí tiene usted su ropa--dijo Salomé poniéndole el lío +en la mano. + +--No, no lo puedo creer. Ustedes no serán tan inhumanas. Esperarán á +mañana; esperarán á que venga él. + +--Ha dicho que no vendrá hasta dentro de tres días. ¿Cree usted que él +no se ocupa de otra cosa que de proteger mozuelas como usted? + +Diciendo esto, Paz tomaba por un brazo á Clara y la llevaba con grande +esfuerzo hacia la puerta. La pobre huérfana tenía sin duda mucha fuerza +de espíritu cuando no cayó allí mismo sin sentido; y sin duda era +también harto angelical y delicada, cuando no contestó con injurias á +las injurias de la cuménide aristocrática, baldón de los Porreños. Aun +creía la infeliz que sus ruegos podían ablandar á aquellos dos +energúmenos de corazón empedernido por el hastío, la insociabilidad y la +amargura de una vida claustral. Aun les suplicó: otra vez se volvió á +arrodillar delante de María de la Paz, y le tomó las manos, aquellas +manos nacidas sin duda para un puñal. La vieja la retiró con violencia; +su brazo se alzó; y á pesar de la dignidad que procuraba imprimir +siempre á su carácter, á pesar de la nobleza de su raza, á que parecía +deber igualarse en la nobleza de sus sentimientos, maltrató á una +huérfana infeliz á quien antes había calumniado. La vieja ridícula, +presuntuosa, devota, expresión humana de la mayor necedad que pueda +unirse al mayor orgullo, puso su mano en el rostro de la doncella +abandonada y débil, que ofendía sin duda, con su juventud y su sencillez +el amor propio de aquellos demonios de impertinencia. + +--¡Ay, ay, ay! Paz, por Dios, no te arriesgues--dijo Salomé chillando +con horror, como si la inofensiva Clara tuviera un puñal en la +mano.--Déjala, déjala. + +--¡La mataría!--dijo Paz apretando los puños y ahogada por la cólera. + +Salomé puso sobre los hombros de Clara el mantón, que al entrar en la +casa había traído. Después extendió sus brazos de esqueleto y la empujó +hacia la puerta con tal violencia, que la desdichada huérfana estuvo á +punto de caer al suelo. En tanto decía: + +--No sirvo para estas cosas. Me descompongo. Váyase usted pronto, niña. +No dé lugar á que la tratemos con rigor. + +Clara salió; fué arrojada por los brazos robustos de la vieja Paz, y por +los brazos entecos y nerviosos de la vieja Salomé. Aún es probable que +ésta, al darle el último empuje, crispó sus dedos de gavilán, haciendo +presa con sus uñas en un brazo de la víctima. La puerta se cerró con +gran estrépito, y las voces destempladas de los dos demonios sonaron por +mucho tiempo en el interior. La huérfana bajó con el corazón oprimido; +no tenía fuerzas ni voz; casi no tenía conocimiento claro de su +situación. Bajó y se encontró en la calle; sola en la calle, sola en el +mundo, sin asilo, el cielo encima, desolación en derredor, ni un rostro +conocido, ¿A dónde iba? En el portal sintió ruido y volvió la cara: era +el perro melancólico que la seguía. El pobre animal había salido de la +casa por primera vez, y parecía decidido á no volver á entrar, pues +saltaba y chillaba con un gozo, una travesura y un aire de expansión +desconocidos en él. + + + + + +CAPÍTULO XXXVI + + + +#Aclaraciones#. + + +Al oír Lázaro de boca de las dos esfinges la noticia de la expulsión de +su antigua amiga, sintió deseos de coger por el moño á entrambas +nobilísimas damas y darles allí el castigo de su crueldad. A pesar de su +agravio, y de que no conocía las razones que habían tenido para echarla +á la calle, un gran interés por aquella infeliz se despertó en su +corazón. Indudablemente, á él le tocaba ampararla en aquel trance, +apartarla del vicio á que su soledad podía conducirla, socorrerla, en +fin, porque habla sido su amiga, le había amado, y en tales casos es de +corazones generosos y buenos olvidar las injurias y pagarlas con nobles +acciones. Viendo que no le daban razón de su paradero, bajó y salió +dispuesto á buscarla. Pero ¿dónde, dónde la iba á encontrar? Clara no +conocía á nadie en Madrid. Sí: conocía á Bozmediano. Esta idea enfrió +repentinamente la generosidad del joven. "Tal vez--pensaba--se marchó, +porque Bozmediano la indujo á ello; tal vez ya la tenía consigo." Esto +avivó los celos y el rencor del estudiante, que resolvió no descansar +hasta descubrir el misterio de aquella salida y pedir cuentas á Claudio +de su grande traición. + +Con esta idea se dirigió á casa de éste, dispuesto á dar un escándalo en +la casa si no le permitían verle. Lo probable, según él, era que Clara +estuviera allí. Los celos le cegaban al pensar que aquella joven, que +algunos meses antes se le había aparecido con todo el encanto de la +sencillez y de la gracia, de la virtud doliente y de la tranquilidad +doméstica, había cedido á las sugestiones de un libertino sin +conciencia. Era preciso no dejar sin castigo aquella infamia. "Aún me +interesa mucho--decía;--aún la quiero mucho para que perdone yo esta +injuria, que me parece hecha á una persona mía; injuria que cae sobre +mí, que iba á ser...." + +Llegó á la casa de Bozmediano y esperó, paseando en la calle, á que +avanzara el día. Cuando sintió las ocho, entró y preguntó al portero. +Este, que ya le conocía de verle allí los días anteriores, no le puso +tan mala cara como antes, porque recordó cierto diálogo que con su amo +había tenido á propósito de aquella visita. Le había dicho que un joven +vino á preguntar por él sesenta veces seguidas. Al amo picóle la +curiosidad, y quiso saber las señas; dióselas el portero con mucha +exactitud, y sospechando Bozmediano que podía ser Lázaro, advirtió al +doméstico que si volvía estando él allí, le introdujera inmediatamente. +Claudio sospechaba á qué podía venir el joven, y lejos de rehuir la +visita, la deseaba. + +Pero el portero, á pesar de lo terminante de la orden, creyó que era un +desacato recibir á aquella hora á un joven que no era militar, ni venía +en coche, ni traía botas á la _farolé_. Hízole esperar un buen rato, y +por fin le introdujo, después de avisar para que despertaran al +señorito. Este tardó un cuarto de hora en salir de su cuarto. + +--Ya debe usted suponer á lo que vengo--dijo Lázaro sin +saludarle:--usted me conoce, usted me dió la libertad. Yo creía que +desde entonces podía haber entre nosotros la amistad que á mí me imponía +la gratitud; pero usted no ha querido; usted ha seducido y deshonrado á +una pobre muchacha, á quien considero yo como mi hermana. Si usted me +sacó de la cárcel para hacer más grande la injuria que he recibido, hizo +usted bien, por mi parte, porque estoy libre para pedirle cuenta de su +acción, que es la acción más infame que puede cometer un hombre. + +--Yo no cometo acciones infames. No le dejo pronunciar una palabra más +sin que antes se apresure á desdecirse. Sí, usted se desdirá. Todo eso +es una calumnia. Yo no he seducido ni he deshonrado á joven alguna. +Usted está ciego de furor y extraviado por la pasión. Le han engañado á +usted, y solo por saber que está usted engañado, tolero las palabras que +he oído. Pero me será muy fácil sacarle á usted de su error. + +--Eso es lo que quiero--dijo Lázaro.--Si usted me convenciera de lo +contrario ... Pero no podrá usted convencerme. Yo le he visto á +usted, le he visto salir como un ladrón de la casa en que Clara +estaba recogida. Usted ha entrado allí por ella, ha entrado llamado +tal vez por ella. + +--¡Oh, no!--exclamó Claudio, interrumpiéndole.--Siéntese usted; hablemos +con calma. No anticipe usted juicios temerarios. Yo los voy á +desvanecer. + +--Hable usted. No habrá palabras, no habrá nada que pueda desvanecer el +juicio que se forma al ver á un hombre que penetra á hurtadillas en la +casa en que una joven está sola, y mucho más cuando estos juicios están +formados después de antecedentes muy claros. Yo no he venido aquí á que +usted me explique nada. No tengo duda, sino certidumbre, de la infamia +que usted ha cometido. He venido tan sólo á tener el placer de decirle +á usted que es un mal caballero y un hombre corrompido; á sufrir las +consecuencias de esta acusación, porque yo no temo á adversario +ninguno, por temible y fuerte que sea, cuando me creo obligado á vengar +un agravio. + +--Pues yo, que jamás he tratado de evadirme de las consecuencias de un +asunto semejante--dijo Bozmediano con mucha energía;--yo, que no me dejo +castigar de nadie, ni he permitido que jamás hombre alguno pronuncie +contra mí una voz injuriosa, una reticencia, una alusión cualquiera, voy +ahora á explicarme con usted en esta cuestión, esperando que se convenza +y retire todo eso que ha dicho usted al entrar aquí. Todo lo comprendo, +es natural: por lo mismo lo olvido hasta ver si, después de lo que yo +digo, insiste usted en repetirlo. + +--Hable usted: yo lo deseo. + +--Yo no he visto á Clara más que tres veces--continuó Bozmediano.--Ella +no sabe ni cómo me llamo, ni quién soy. Me ha visto poco, y le soy tan +indiferente, que puedo asegurar que ocupo en su corazón el mismo lugar +que una persona desconocida. Un día encontré á ese malhadado viejo +fanático en la calle: le llevé á su casa, y vi á Clara por primera vez. +Me habló; y con la sencillez propia de su carácter y la franqueza que da +la necesidad de expansión y trato, me contó algunas cosas de aquella +casa. No le negaré á usted que desde entonces me interesó muchísimo; que +pensé en que nada podía satisfacerme tanto como sacarla de la prisión, +darle alegría y librarla de la tutela de aquel hombre sombrío, capaz de +poner triste á la misma felicidad. + +Bozmediano contó después la segunda entrevista con Clara, recordando +hasta algunas palabras de sus diálogos con ella. El otro joven oía con +mucha atención aquel relato, hecho con toda la veracidad posible. + +--Yo seré franco, y no ocultaré á usted mis sentimientos, mis primeras +intenciones--continuó--para que pueda usted juzgarme mejor. Al +principio vi en Clara el objeto de una aventura; y á pesar de que me +inspiraba mucha lástima y un verdadero interés, no podía menos de +proceder con cierta ligereza en la formación de mis planes. No lo +negaré: yo no pretendo desfigurar los hechos; esta confesión es igual á +la que haría un moribundo ante un sacerdote. Pero ó las circunstancias +ó ella torcieron mi plan primitivo. Ella tiene un carácter angelical. +Llena de bondad y sencillez, es capaz de vencer las sugestiones de todo +hombre que no sea un vil ó un libertino. Le confieso á usted que, por +último, fué tal la fuerza que en mí tomó el primer sentimiento +afectuoso y compasivo que me había inspirado, que concluí por amarla. +No puedo negar que, á pesar de haberme infundido este amor verdadero, +yo persistía en mi propósito de sacarla de allí violentamente, de +llevármela como una cosa mía. No consideraba esto como un agravio, y +hubiera matado á cualquiera que, interpuesto entre ella y yo, me la +hubiera quitado. Yo supe--no me lo dijo ella--que existía una persona á +quien quería mucho. Esto me desconcertó. Supe que estaba usted en la +cárcel, y no vacilé un momento. Comprendí que si ella le quería á usted +verdaderamente, la mejor acción que en mí cabía era ponerle á usted en +libertad, devolvérsele. ¡Qué complicación! De este modo pensaba yo +ganar en su concepto. No se asombre usted: yo me he creído siempre +práctico en estas cuestiones; y dado el carácter de Clara, es seguro +que más le amaría á usted cuanto más durara su prisión. Pero yo no +contaba con otros muchos tesoros de bondad de aquel carácter. Usted +vivía con ella, y la vigilancia, la crueldad de tres señoras ridículas y +de un viejo extravagante impedían que la viera, que la socorriera, +librándola de tantos martirios. Usted vivía allí, y no le hablaba, no +le consolaba, no aparentaba quererla. "He aquí mi ocasión--dije +yo.--Lázaro aparece á sus ojos como un ingrato: ¿no será posible que +ella le desprecie? Su situación en aquella casa fúnebre, la tristeza en +que vive y se consume, ¿no serán causa de que desee libertad, vida, +afectos, todo lo que allí no tiene, ni puede, ni sabe darle ese joven +indiferente, ocupado por la pasión política? Confiese usted que la +situación era la más á propósito para que yo aspirara á merecer de ella +algo más que gratitud. Resolví sacarla de allí, llevármela. Fui tan +ciego, que no preví su resistencia, su fidelidad, su grande afecto al +primer amigo; afecto más fuerte que todos los martirios y todas las +privaciones. Dispuse entrar en la casa cuando estuviera sola, y entré +por donde usted sabe. Ella, al verme, se asustó tanto, que casi me +arrepentí de haber dado aquel paso. Me suplicó que saliera, me lo pidió +de rodillas; yo le dije que no esperara nada, que usted no podría ni +sabría salvarla del poder de aquella gente cruel. Nada, no me oyó. Su +propósito era inquebrantable. Conocí que su fidelidad era la más grande +de sus virtudes; y creyendo que era imposible arrancarle la primera +imagen, la imagen que nada puede borrar, desistí de mi intento. Ella no +quería escucharme; se desesperaba al comprender cuánto podía +comprometerla mi entrada en la casa; me pedía llorando que la dejara +entregada á su tristeza, á su soledad. Confieso que nunca me he visto +tan pequeño como entonces, en presencia de aquella criatura débil, +incorruptible, no sólo á las promesas del amor de un joven, sino aun al +soborno de la libertad, de la posición, de la felicidad. Al marcharme, +sentí que alguien entraba en la casa. No sé quién era; yo huí por no +comprometerla; huí aterrado por la idea de que, á pesar de mis +precauciones, alguien de la casa había descubierto mi entrada." + +--Era yo--dijo Lázaro:--yo le vi salir á usted por la buhardilla. + +--Lo que he referido á usted--afirmó Bozmediano solemnemente, es la pura +verdad. No he omitido nada que me pudiera honrar, ni nada tampoco que me +pudiera deprimir ó ponerme en ridículo. Es la pura verdad; se lo juro á +usted por la salvación de mi madre, cuyo retrato está allí, y siempre me +parece que me está mirando. + +Claudio señaló un retrato que había en la habitación; y al hacer su +juramento, tenían sus palabras tal entonación de sinceridad, que Lázaro +no pudo contestar lo que un momento antes pensaba. + +--Sin embargo--dijo Lázaro, que creía que aquella declaración no podía +satisfacerle,--yo quiero que usted me dé alguna prueba positiva. Usted +comprenderá que en estos asuntos no basta, no puede bastar la palabra. + +--¿Que no puede bastar la palabra? No basta, es cierto, para espíritus +preocupados. Hay ciertas cosas que no se pueden certificar de otro modo. +A veces la afirmación de una persona es suficiente para llevar al ánimo +de otra la convicción más profunda. No puedo creer que usted, si hace á +Clara la acusación que á mí me ha hecho; si ella, con la serenidad de la +inocencia, le contesta á usted la verdad, no puedo figurarme de ningún +modo que usted no la crea. Háblele usted; rompa el silencio de aquella +casa; véala usted un momento; oiga su voz, y si ante las declaraciones +que ella le haga persiste usted en creerla culpable, no es digno, lo +digo cien veces, no es digno de mirarla. + +Lázaro no pudo resistir á la gran fuerza de estas palabras. Era +imposible, según él pensó, que la ficción y la astucia dé un hombre +pudieran llegar á ocultar la verdad de aquel modo. Bozmediano no mentía. + +--¡Oh, calle usted!--dijo Lázaro sin poderse contener: ó es usted el +histrión más perfecto, ó dice la verdad. Yo, que jamás he mentido, que +no sé ni puedo fingir, siento una fuerte inclinación á creer lo que +usted me ha dicho. Pero tiene el corazón unas susceptibilidades y +escrúpulos de que la razón y la palabra no pueden librarle. + +--Veamos á Clara--dijo Claudio con resolución.--¿Dónde? + +--En casa de esos demonios. Si es posible, acogotaremos á las tres +viejas.--Clara no está allí ya. La han despedido. + +--¿Y por qué? ¿Dónde está? + +--No lo sé--dijo Lázaro tristemente. + +--Pero, ¿á dónde ha ido? + +--Esa es mi duda, mi angustia. ¿A dónde puede haber ido? No conoce á +nadie. Encontrándose sola en la calle, ¿dónde estará? Yo creí... +francamente, creí que estuviera aquí. + +--¡Aquí! + +--Yo pensé que usted la había inducido á salir; que había venido en +busca de usted, á quien conocía. + +--¿Y aún cree usted que está aquí?--preguntó Bozmediano sonriendo. + +--Ahora... no afirmo nada ... dudo. + +--Y si le pruebo á usted que no está aquí ni ha venido, ¿qué +creerá usted? + +--Aun así no será posible arrancar la última raíz de mi recelo; aún no +lograré la evidencia que necesito; evidencia que nada ni nadie me +podrá dar. + +--La adquirirá usted por su propio sentimiento. Hay cosas que se crean +por revelación, que nada ni nadie puede destruir. Hay cosas de que no se +puede dudar, porque su evidencia está encarnada en nuestro ser, y dudar +de ellas es algo semejante á la muerte. Vamos á buscarla. + +--¿Dónde? + +--Vamos á buscarla. Por lo mismo que no conoce á nadie, es más fácil +encontrarla. Estoy seguro de que la encontraremos. + +--Recorreremos todas las calles, preguntaremos á la policía, nos +informaremos de todo el mundo--dijo Lázaro. + +--Si, sí; haremos todo eso. + +--Iremos á los hospitales, á los asilos; entraremos, si es preciso, en +todas las casas. + +--Sí. + +--Iremos á la antigua casa; preguntaremos á la portera, á los vecinos, +al tendero más próximo. + +--Eso es. Diga usted, ¿no había en aquella casa una criada? + +--Sí, había una. No sé su nombre. + +-¿Dónde estará? Si la encontramos, tal vez nos dé alguna luz. Puede ser +que se haya dirigido á ella. Recuerdo que esa criada me dijo que iba á +casarse con un tabernero, y que tendría una tienda. Si esa mujer tiene +casa abierta y Clara sabía dónde está esa casa, es seguro, casi seguro +que habrá ido allá. + +--Efectivamente--dijo Lázaro.--Vamos á ver si averiguamos dónde está +esa mujer. + +Salieron y se encaminaron á la calle de Válgame Dios. Preguntaron á la +portera de la antigua casa si se había alquilado de nuevo el cuarto +segundo. Dijo la portera que no. Preguntáronle el nombre de la criada y +si sabía su paradero. + +--Se llama Pascuala--contestó:--está casada con un tabernero llamado +Pascual; pero no sé dónde viven. El tabernero de la calle del Barquillo +debe saberlo, porque es compadre suyo. + +Este hombre les dijo que los Pascuales vivían en la calle del +Humilladero, y los dos jóvenes se dirigieron inmediatamente allá. + + + + + +CAPÍTULO XXXVII + + + +#El "vía-crucis" de Clara.# + + +Mucho horror inspiraba á la huérfana la casa de las de Porreño, aunque +no tenía otra. Así es que su primer impulso al verse en la calle fué +huir, correr sin saber á dónde iba, para no ver más tan odiosos sitios. +Anduvo corto trecho, dobló la esquina y se paró. Entonces comprendió +mejor que antes lo terrible de su situación. Al ver que no podía +dirigirse á ninguna parte, porque á nadie conocía, le ocurrió esperar +cerca de la casa á que entraran Elías ó su sobrino. Pero el primero +había dicho que no volvería hasta dentro de tres días, y el segundo, que +sospechaba tan mal de ella, sería capaz de confirmarse en su creencia al +verla arrojada de la casa por las señoras. Ella necesitaba, sin embargo, +ver á Lázaro y contarle todo. Si él daba crédito á su explicación, ¿qué +harían los dos, tan desamparado el uno como el otro? Decidió, sin +embargo, esperarle allí, apoyada en la esquina; pero le daba tanto +miedo... Parecíale que iba á salir por la reja cercana una gran mano +negra, que la cogería llevándosela dentro: ¡qué horror! De repente +sintió al extremo de la calle fuerte ruido de voces. Eran unos hombres +que venían borrachos profiriendo horribles juramentos, atropellando y +riendo desenfrenadamente como una turba de demonios regocijados. La +joven sintió tal sobresalto, que no pudo permanecer allí un instante más +y echó á correr con mucha ligereza. Los hombres corrían también, y ella +se figuraba que le tocaban la espalda, y creía sentir junto á sus +propios oídos las infernales palabras de ellos. Corrió mucho por toda la +calle del Barquillo, seguida del perro misántropo, y al fin, fatigada y +sin aliento, se detuvo: las risas resonaban muy lejos ... ya no la +seguían ... respiró porque no podía dar un paso. Después siguió andando +lentamente; no se atrevía á volver, porque las risas habían cesado y se +oían terribles imprecaciones. Algunas piedras, lanzadas por mano +vigorosa, cayeron junto á ella. Batilo se volvió lleno de despecho y +ladró como nunca había ladrado, con verdadera elocuencia canina. + +Después de esto, avivó Clara el paso y llegó á la calle de Alcalá. Miró +á derecha é izquierda, sin saber qué camino tomar. Subió hacia la Puerta +de Sol; pero no había llegado á San José cuando vió que por la calle +abajo venía gente, muchísima gente: ella no había visto nunca tanta +gente reunida. La calle le parecía tan grande, que no conocía distancia +alguna á que referirla, pues para ella las casas hacían horizonte, y +aquella gente que venía se le representaba como un mar agitado +sordamente, y avanzando, avanzando como si quisiera tragarla. Sin +deliberar volvió atrás y bajó hacia el Prado. El gentío bajaba también: +sordo rumor resonaba en la calle. La muchedumbre traía algunas luces, y +de cuando en cuando una voz pronunciaba muy alto un _viva_, +contestándole otra tremenda y múltiple voz. La gente bajaba, y Clara +bajaba delante. Aquello le dió más miedo que los borrachos; pero cuando +se encaró con la Cibeles, cuando vió aquella gran figura blanca en un +carro tirado por dos monstruos blancos, se detuvo aterrada. Había visto +alguna vez la Cibeles; pero la oscuridad de la noche, la soledad y el +estado de excitación y dolencia en que se encontraba su espíritu, hacían +que todos los objetos fueran para ella objetos de temor, todos con +extrañas y fantásticas formas. Los leones de mármol le parecía que iban +corriendo con velocísima carrera, galopando sin moverse de allí. La +pobre miró atrás, y vió que la gente avanzaba siempre, haciendo más +ruido: no quiso ver más aquello, y tomando hacia la derecha, entró en el +Prado. Este sitio le pareció tan grande, que creía no llegar nunca al +fin. Jamás había visto una llanura igual, campo de tristeza, de +ilimitada extensión; los árboles de derecha é izquierda se le antojaban +fantasmas negros que estaban allí con los brazos abiertos; brazos +enormes con manos horribles de largos y retorcidos dedos. Anduvo mucho, +hasta que al fin vió delante de sí una cosa blanca, una como figura de +hombre, de un hombre muy alto, y sobre todo muy blanco. Se fué acercando +poco á poco, porque aquella figura se le representaba marchando con +pasos enormes. Era el Neptuno de la fuente, que en medio de la +obscuridad proyectada por los árboles se le figuraba como otro fantasma. +La infeliz tenía muy extraviados los sentidos á causa del terrible +trastorno de su espíritu. Torció á la derecha, por evitar que llegara +hasta ella aquel figurón blanco, y encontró enfrente la Carrera de San +Jerónimo. Empezó á subir; pero estaba tan fatigada, que la pendiente de +la calle le parecía inaccesible. Subió, pero con mucha lentitud, porque +apenas podía andar: en la parte correspondiente á los Italianos creía +ella ver la cumbre de una montaña; y cuando medía con la vista aquella +eminencia, pensaba que en toda la noche no iba á llegar arriba. + +No pudo avanzar más, y se sentó en el hueco de una puerta. Sentía gran +postración en todos sus miembros, y además un frío intenso que, +creciendo por grados, llegó á producirle una convulsión dolorosa. +Arropóse lo mejor que pudo, y pensó en el medio de volver á la casa para +esperar á Lázaro en la puerta. Entonces le ocurrió súbitamente la idea +de dirigirse á casa de Pascuala. Ella recordaba muy bien el nombre de la +calle donde vivía el tabernero con quien la criada se había casado. +Sabía que la taberna estaba en la calle del Humilladero; pero ¿cómo iba +á la tal calle? Resolvió preguntar á algún transeúnte, y si daba con la +casa, allí pasaría la noche, aplazando todo lo demás para el siguiente +día. Segura estaba de que Pascuala la recibiría con los brazos abiertos. +Pero ¿dónde estaba la calle? Instintivamente oró á la Virgen, pidiéndole +que estuviera cerca de la calle del Humilladero. Pero la Virgen no la +oyó, porque la calle estaba muy lejos. Resuelta á preguntar, se levantó; +vió venir á un hombre, pero no se atrevió á detenerle; pasó otro, +algunos más, y Clara no preguntó á ninguno. Tenía miedo de aproximarse á +ellos. Por último, se acercó una mujer, la joven la detuvo y +respetuosamente la hizo su pregunta. + +--¿La calle del Humilladero?--dijo la mujer, que era una vieja arrugada +y con voz gangosa. + +--Sí, señora. + +--¿Le parece á usted que está bien detener á las personas honradas de +este modo?--contestó la vieja muy incomodada.--Ya sé lo que quieren +estas bribonas cuando detienen á una; que no van sino á meterle la mano +en los bolsillos cuando está una más descuidada, contestando: "Váyase +noramala la muy piojosa, y si no llamo á un alguacil." + +Antes que concluyera la vieja, se apartó Clara, y fué tal su angustia al +pensar que todos la tratarían de igual modo, que casi estuvo á punto de +abandonarse á su desesperación, dejándose morir allí de hambre, de frío +y de dolor. Pero la desventura infunde valor; recobró algún ánimo y se +dispuso á seguir preguntando, cuando vió llegar á una mujer andrajosa +que traía un niño de la mano y otro en brazos. A Clara le pareció que +aquella mujer debía ser persona muy generosa y compasiva, y que le había +de responder á su pregunta. Pero antes de ser interpelada, la mujer +andrajosa habló á Clara en estos términos: + +--Una limosna, señora, por amor de Dios, que tengo mi marido en cama, y +estos dos niñitos no han probado nada en todo el santo día... Siquiera +un _chavito_. + +Después, observando que Clara no tenía aspecto de persona que da +limosna, sino más bien de mujer desvalida y enferma, se figuró que pedía +también _chavitos_, y variando de tono, le dijo: + +--Oye, chica: ven conmigo y le sacaremos un duro al tío gordo de la +esquina.--¿Qué?--dijo Clara, confusa ante aquella proposición. +--¿Apostamos á que no _tan dao_ ni un bendito _chavo_ esta noche? Yo he +_sacao_ ya un _rial_: mira. Pero hay en aquella tienda un _mardito_ +pañero que es muy caritativo. Ayer le _ije_ que tenía una hija enferma +en cama, y me dió una peseta. Si _quiés_ que le saquemos más, ven +conmigo esta noche, chica, y verás. Entramos: tú te haces que te vas +cayendo, y te pones un pañuelo _atao_ á la cara, y empiezas ó dar unos +_chillíos_ que partan el corazón. Oye, así: ¡ay! ¡ay! ¡ay! + +Y dió unos cuantos quejidos tan lastimeros, que Clara tuvo angustia de +oírlos. Después siguió: + +--Mira, ven; entramos: yo le digo que eres mi hija y que no has comido +un _bocao_, y que el _méico_ te ha recetado una cosa que cuesta un duro. +Tú dices que no la _quies_ tomar, y que si saco el duro, compre pan _pa_ +estos niños que se están muriendo. Yo digo que sea el duro _pa_ la +_meicina_; tú que sea _pa_ los niños, y así ... verás cómo se ablanda... +y _pué_ que nos dé dos... partiremos: te daré á ti dos _riales,_ y.... +Anda, ven: ponte este pañuelo en la cara.--Señora, yo tengo que hacer, +no puedo--dijo Clara, que creía no deber darle otra razón menos +cortés. ¿Sabe usted dónde está la calle del...? + +--¡Qué calle de los _dimonios_!--dijo la mujer; y viendo que pasaban +dos caballeros se acercó á ellos, diciéndole al chico que llevaba de la +mano:--Muchacho, cojea. + +El muchacho cojeó, y se acercaron á los caballeros, repitiendo su +muletilla. Clara se retiró entonces; anduvo á buen paso, y llegó, por +último, á la plazuela del Espíritu Santo; subió más, hasta que se +encontró en la esquina de la calle del Prado, y por allí pensó seguir, +porque veía en ella bastantes personas, y creía encontrar allí quien la +informara bien. + +Batilo iba delante. Un perro vivaracho y pequeño, descarado, ratonero, +de éstos que pasean su vanidad por las calles de Madrid, se acercó al +can melancólico, y le dió una embestida con el hocico. Batilo era muy +tímido; pero sintiendo herido su amor propio, ladró. El ratonero, que no +deseaba sino provocación, ladró también, atreviéndose á dar un mordisco +al pobre faldero. Este te defendió como pudo; y á poco rato vino un +porrazo que, con terribles aullidos, empezó á perseguir al ratonero. +Luego vino otro perro, y otro, y otro: en dos segundos se reunieron allí +doce perros, que armaron espantosa algarabía. Luchaban unos con otros, +cayendo y levantándose en revuelta confusión, mordiéndose, saltando y +atropellando entre los movimientos de su horrible contienda á Batilo y +al ratonero, que, revueltos entre las patas de los contendientes, +recibían los ultrajes de todos. Al ruido se detuvieron algunas personas; +el amo de uno de los perros terció en la pelea, y dijo ciertas frases +injuriosas al amo de otro. Clara, al ver que se reunía tanta gente, y +que algunos mozos la miraban con atención impertinente, avivó el paso; +tomó la calle arriba para huir de aquellas miradas. Pero los mozos la +siguieron, y ella quiso ir más á prisa; ellos también; ella más aún, +hasta que se decidió á correr, y corrió con toda la velocidad que podía. +Entonces una mujer gritó desde una puerta con voz chillona y angustiada: +"¡A esa, á esa, á esa!" Un hombre la detuvo por el brazo; muchas mujeres +la rodearon, y se formó en un momento un grupo de más de treinta +personas en torno á ella. La huérfana estaba tan trémula y aterrada, que +no dijo palabra, ni trató de huir, ni lloró siquiera. Creyó tener en +derredor un círculo de asesinos. + +--¿Qué ha hecho? ¿qué hay?--dijo uno. + +--Que ha _robao_ ese lío que lleva bajo el brazo. + +--Muchacha, ¿donde has tomado ese lío?--dijo el que la tenía asida. + +Clara no contestó + +--A la cárcel con ella--dijo uno de los presentes. + +--¿Dónde has tomado ese lío, muchacha? + +La joven se repuso un poco, y con voz tenue, dijo: + +--Es mío. + +--¿Qué es suyo?--dijo una de las mujeres.--Si la vi yo correr como una +_desalación._ Apuesto á que lo cogió en la casa del número 15. + +--No, que venía de más abajo--dijo otra. + +--Apuesto que es de casa de la _sa_ Nicolasa, la pupilera de ahí +enfrente--dijo otra mujer. + +--Usted miente, señora--dijo un hombre alto, que parecía ser persona del +toreo, á juzgar por su vestido y el rabicoleto que tenía en la +nuca.--Usted miente: esta señora no ha salido de casa de la pupilera, ni +del número 16; venía de más abajo. + +--¡Miren ese pelele!--gritó la mujer.--¿_Poz_ no dice que yo miento? + +--Usted miente, señora. Esa muchacha no ha _robao naa_, que venía de +abajo, y corrió porque la venían siguiendo esos lechuguinos. Yo lo he +_oservao_, y si hay alguno que me desmienta, aquí estoy yo, que soy un +hombrera _pa_ otro hombre. + +--Tanta bulla _pa naa_--dijo, soltando á Clara, el que la tenía asida. + +--Pues que si lo ha robado, si no lo ha robado ... Cuando yo digo una +cosa.... Si estuviera aquí mi Blas, se vería si hay un hombre _pa_ otro +hombre--murmuró, volviendo la espalda, la promovedora de aquel alboroto. + +--Vamos, señores, aquí no se ha _robao naa_--dijo el majo con +decisión.--Aquí están ustedes de más. Largo el camino. + +El público (llamémosle así) encontró muy convincentes las últimas +razones del hombre de los toros, y aún más las insinuaciones que hizo +con un tremendo palo de puño de plomo que llevaba en la mano, y empezó +á desfilar. + +---Vamos, prendita, no tenga usted miedo--dijo el hombre del rabicoleto, +cuando se quedó solo con Clara.--Venga usted conmigo, y no tenga reparo, +que yo soy un hombre _pa_ otro hombre. ¿Pero se _pué_ saber á dónde iba +la personita? Yo la llevaré á usted, porque soy un hombre _pa_.... + +--Voy á la calle del Humilladero. + +--Del Humilla ... ¿que? + +--Del Humilladero. + +--Ya sé ... ¿pero _pa_ qué va usted tan lejos? Si usted se echa á +andar ahora, llegara allí _pasao_ mañana por la noche. Con que no tenga +usted prisa.... + +--Sí, señor, tengo prisa; y aunque esté lejos, he de ir en seguida +¿Quiere usted hacerme el favor de decirme por dónde debo ir? + +--_Miste_: coge usted esta calleja arriba, siempre _pa_ arriba ... pero +yo la voy á llevar á usted. Aunque, _pa_ decir verdad, más valía que se +viniera conmigo. ¡Ay! ¡Jesús, qué guapa es usted! _Poz_ no había +reparado ... Venga usted. + +--No puedo detenerme, _señor caballero_--dijo Clara con mucho +miedo.--Dígame dónde está esa calle, y yo me iré sola. + +--¡Sola! ¿Y yo podía ser tan becerro que la iba á dejar ir sola por esas +calles, esta noche que hay _rivolución_...? Bueno soy yo _pa_ ... Venga +usted conmigo. Le _igo_ que no lo pasará mal: yo conozco aquí cerca un +_colmao_ donde hacen unas magras que.... + +Diciendo esto, el torero tomó á Clara por un brazo y quiso internarla +por la calle del Lobo. + +--Suélteme usted, caballero--dijo Clara desasiéndose:--tengo que hacer; +por Dios, suélteme usted. + +--Pues es lo _mesmo_ que un puerco-espín. ¡Bah! Si es usted muy guapa +para ser tan picona. Le _igo_ que ... Pero, en fin, yo la acompañaré á +esa calle. + +--No: dígame usted por dónde debo ir. Yo iré sola. + +--¿Sola? si hay _rivolución. ¿_Pa_ que le peguen á usted un tiro y me la +_ejen_ frita en _mitá_ la calle?... + +--Yo quiero ir sola--dijo ella separándole. + +La compañía y la solicitud impertinente de aquel hombre le inspiraba +mucha desconfianza. Su intento era huir de él y preguntar á otro. Pero +aunque avivó mucho el paso, él seguía siempre á su lado diciéndole mil +cosas. Un incidente feliz (algo feliz había de pasar aquella noche) vino +á librar á Clara de aquel moscón. Iban por la plazuela de Santa Ana, +cuando sintieron detrás gritos de mujer. El majo no volvió la cara; pero +tuvo buen cuidado de embozarse bien en su capa para no ser conocido. + +--_Arrastrao, endino_--dijo la mujer, que era alta, gruesa hombruna y +con voz aterradora y aguardentosa.--Espera, espera, que te voy á sentar +los cinco en esa cara de documento. + +Al decir esto, tiro al majo de la capa, y con mano más pesada que una +maza de batán, cogió á Clara por un brazo y la detuvo. + +--Si no fuera porque está aquí esta señora--dijo el chulo, cuadrándose +ante la jamona--ahora _mesmo_ te volvía las narices al revés. + +--¡_Arrastrao_!--dijo la maja cuadrándose y moviendo la cabeza--¿tengo +yo cara de cabrona? ¿Te _paece_ que por una cara de escoba como esta voy +yo á consentir?... + +--¡Calla!--exclamó el otro--ó te _ejo_ sin piernas. + +--Mira, Juan Mortaja, que voy á sacarle los ojos á esta rabuja si ahora +_mesmo_ no vienes conmigo. ¿Le parece á usted que á una mujer como yo se +la...? Juan Mortaja, cuando _igo_ que vamos á tener que.... + +--No haga usted caso--dijo el torero, dirigiéndose á Clara, que estaba +sin aliento, oprimida por la mano de la jamona, como la tórtola en las +garras del gavilán--No haga usted caso, niña, que ésta suele rezarle un +Padre nuestro á _san cuartillo_. + +--_¡Reendino!_--exclamó con trágico furor la maja, soltando á Clara y +echando rápidamente mano á la cintura, de la cual sacó una navaja, que +esgrimió con el donaire y la presteza de un matutero. + +--¡Saco _e_ demonios!--dijo el otro, enarbolando el palo. + +No sabemos cómo concluyó la pendencia, porque hemos de seguir á Clara; y +ésta, en cuanto se vió libre de la zarpa de la dama de Juan Mortaja, se +escapó ligeramente, y á buen paso, seguida siempre de Batilo, llegó á la +plazuela del Ángel. La desventurada no sabía ya qué partido tomar; se +horrorizaba al pensar que entre los miles de habitantes de este enjambre +no había uno que le dijera el nombre de la calle donde estaba el único +asilo que podía acojer á la huérfana abandonada, sola, injuriada, medio +muerta de miedo y dolor. Creyó que Dios la abandonaba ó que no había +Dios; que su destino la obligaba á optar entre la inquisición espantosa +de las dos Porreñas, y aquel abandono, aquel vagar por un desierto, +repelida por todos ó solicitada por la depravación ó el vicio. + +Se decidió á hacer otra tentativa. Detúvose ante un hombre que, con un +farol y un gancho, revolvía escombros, y le hizo su pregunta. + +--¿La calle del Humilladero?--dijo el trapero, incorporándose y +haciendo con el gancho ciertos movimientos semejantes á los que hace +con su varilla un director de orquesta.--Esa calle está ... Voy á darle +á usted una receta para que la encuentre en seguida. Pues eche usted á +andar ... y vaya mirando con atención los letreros de todas las calles. +¿Sabe usted leer? + +--Sí, señor--dijo Clara. + +--Pues cuando usted vea un letrero que diga así: "calle del +Humilladero", allí _mesmo_ es. + +El trapero se quedó muy satisfecho de su apotegma, y volviendo á +inclinarse, enterró su gancho investigador en el montón de inmundicia +que delante tenía. Clara se retiró muy angustiada; y principiando á +perder ya el conocimiento exacto de su desventura, hallábase próxima á +entrar en ese período de atonía que precede á las grandes enajenaciones. +Dirigió de nuevo mentales súplicas á Dios y á la Virgen para que la +sacaran de aquella situación; y aún rezaba, cuando vió llegarse hacia +ella á una persona que le inspiró mucha confianza. Dió algunos pasos +hacia aquella persona, que era un clérigo de más que mediana edad, gordo +y pequeño. Venía con su rosario en la mano y la vista fija en el suelo. +La huérfana respiró con tranquilidad, porque aquel personaje venerable +que tenía ante sí debía de ser un santo varón, de esos cuyo fin en la +tierra es consolar á los afligidos y ayudar á los débiles. + + + + + +CAPÍTULO XXXVIII + + + +#Continuación del "vía-crucis".# + + +Parecía el clérigo hombre pequeño, á juzgar por su vestido, que era muy +raído y verdinegro. Era él de edad madura, y á juzgar por su pronunciada +y redonda panza, parecía hombre que no se daba mala vida. Tenía la cara +redonda y amoratada, con dos ojillos muy vivos y una nariz que parecía +haber servido de modelo á la Naturaleza para la creación de las patatas. +No puede decirse que su fisonomía fuera antipática: sonreía con bondad, +y, sobre todo, había en sus ojuelos cierta gracia y una volubilidad +amable. Cuando vió á Clara y oyó la pregunta que ésta le hizo con el +mayor respeto, guardó el rosario, se ladeó el sombrero (porque era éste +tan grande, que tapaba con él á cuantos se le ponían delante), y dijo: + +--¿La calle del Humilladero? Sí, hija mía, sí: sé dónde está, sí, pero +es muy lejos. No podrá usted ir sola; su perderá usted, hija mía. Venga +usted y yo la pondré en camino. + +Y volvió atrás. Siguiéronle Batilo y Clara, que creyó al fin haber +encontrado el hilo del laberinto. + +--Pero, hija mía, ¿cómo es que usted va sola? ¡A estas horas ... tan +sola!--dijo el padre con voz agridulce. + +--Tengo que ir á una casa que conozco--repuso Clara por dar alguna +respuesta. + +--¿Pero va usted sola? ¡A estas horas! ... Hija mía, ¿por qué es eso? + +--No tengo quien me acompaña. Soy sola. + +--¿Que es usted sola? ¡Jesús, María y José! ¡Qué calamidad! ¿Pero no +tiene usted padres? + +--No, señor. + +--¿Es usted sola, enteramente sola? ¡Jesús, María y José! Esto no va +bien, hija mía. ¿Pero no tiene usted ningún pariente? Vamos, irá usted á +casa de algún pariente. + +--No, señor, no. Voy á casa de una mujer que conozco. No conozco á nadie +más que á ella. + +--Vamos, ya conocerá usted á alguna otra persona--dijo el cura parándose +y fijando en el semblante de Clara sus picarescos ojuelos.--¿De dónde +viene usted ahora? + +--De casa de unas señoras, donde estaba. + +--¿Y allí no conoció usted más que á esas señoras? + +--No, señor--dijo Clara asustada del giro que tomaban las preguntas +del clérigo. + +--Vamos, juraría yo que ha conocido usted á algún muchachuelo ... Eso no +tiene nada de particular, hija mía: para eso es la juventud. Eso no +tiene nada de particular. ¡Bah! no se ponga usted encarnada. Por las +llagas de Jesucristo, que no me enfado yo por eso ... no. + +Al decir esto, el cura se paró otra vez, y volvió á fijar en la huérfana +sus pequeños y vivaces ojos, acompañando esta mirada con una santa +sonrisa de astucia, que haría honor á cualquier alumno de Seminario, +conocedor de la obra de Sánchez, titulada _De Matrimonio_. + +--Porque hija mía, el mundo es así--continuó.--Yo, que conozco las +debilidades de ambos sexos, puedo hablar sobre este punto. Y luego yo +tengo una práctica tal, que en seguida comprendo. Sobre todo, como usted +es tan guapita.... + +Turbóse mucho la joven con aquellas palabras; pero la esperanza de que +pronto llegarían á la decantada calle del Humilladero, la serenó, +haciéndole más llevaderas las amabilidades del buen hombre. + +--Si, hija mía: yo soy gran admirador de las obras de la Naturaleza, y +cuando estas obras son bellas, las admiro más. Yo, francamente lo digo, +no soy gazmoño. Lo cortés no quita lo valiente. Aunque uno sea +sacerdote ... porque admirar á la Naturaleza no es pecado. + +Con estas y otras cosas habían pasado la calle de Atocha y llegado á la +Plaza Mayor; atravesáronla, dirigiéndose á la plazuela de San Miguel. + +--Venga usted, venga usted--dijo, tomando el brazo á Clara, al ver que +manifestaba cierto recelo de internarse por el arco obscuro que da á la +plazuela del Conde de Miranda.--Venga usted, que conmigo va segura... +Pues decía que lo cortés no quita lo valiente... Pero no me ha seguido +usted contando eso del muchachuelo. + +--Si yo no he contado nada--dijo Clara, haciendo un movimiento +disimulado para desasir su brazo de la mano del cura. + +--Sí: algo hay, hija mía; yo lo he conocido. Si eso no tiene nada de +particular. Ya... ¿hay vergüencilla? Vamos, cuénteme usted, que yo ia +absuelvo en seguida. A las niñas bonitas se les perdona todo. + +Diciendo esto, miró de nuevo á Clara; pero ya no se sonreía: estaba +serio, y había en su voz cierta agitación que ella no pudo notar. + +--Cuidado, no se caiga usted--dijo, extendiendo su brazo por la cintura +de la huérfana, como si ésta hubiera tropezado. + +--¡Ay!--dijo ella más confusa y separándose del cura.--¡Cuándo +llegaremos á esa calle!... ¿Está muy lejos todavía? + +--Sí, hija mía: está lejos, muy lejos. ¿Pero qué prisa tiene usted? + +--¡Ah! sí, tengo mucha prisa. Pero no se moleste usted más. Dígame por +dónde debo ir ... y seguiré sola. + +--¡Ah! no acertará usted en toda la noche. Está muy lejos. ¿Pero qué +prisa tienes, hija mía? Veo que estás muy cansada. ¿No te convendría +descansar un poquito? + +--¡Oh! no, señor; no puedo descansar--dijo Clara, aterrada ante la idea +de que la llevaran á una sacristía. + +--Sí, hija mía: estás muy fatigadita, y yo no tengo corazón para verte +andar por esas calles á estas horas y con este frío. + +--No importa, señor cura: no me puedo detener. + +--¡Jesús, María y José! No he visto nunca una muchacha más arisca. +Yo ... no gusto de gente así, porque me gusta que las niñas sean +amables y buenas. + +En esto entraban en el callejón de Puñonrostro. Paróse el cura y tomó +una mano á Clara, que se retiró, apartándose de él. + +--Hija mía, por Jesús, María y José, te digo que se me parte el corazón +de verte así sola por esas calles, á estas horas, con este frío... Mira: +yo tengo un buen brasero arriba.... Porque aquí vivo yo, aquí á espaldas +de San Justo, que es mi iglesia. Pues si quieres descansar un ratito.... + +--No, Padre: yo quiero ir á la calle del Humilladero. Dígame usted dónde +está, ya que no me ha llevado á ella. + +--¡Qué Humilladero, ni Humilladero! ya me tienes loco con tu calle. Pues +no estás poco impertinente--dijo el clérigo con más agitación y mucha +impaciencia.--Ven, hija mía, y me contarás eso del muchachuelo. + +El infame plan se reveló de pronto en el entendimiento de Clara con todo +su horror y repugnancia. + +--Señor--repitió--dígame por dónde voy. + +--Sube, sube--dijo él colocado ya en la puerta de su casa.--Sube; no te +pesará. Si supieras qué bueno soy yo.... Porque lo cortés no quita lo +valiente. Y mañana te vas á tu Humilladero, ó si no quieres ir.... + +--Señor, por Dios, dígame por dónde debo ir. Yo me vuelvo loca. ¿Para +qué me ha traído usted aquí? ¿Y dónde estoy? Puede ser que ahora esté +más lejos del punto á donde quiero ir. + +--Sube, hija mía, sube--dijo el clérigo abriendo la puerta--y hablaremos +de eso. Yo te diré dónde está esa calle, y mañana podrás.... + +--No, yo no le quiero ver á usted más. Pero dígame por dónde debo +dirigirme. ¿Por qué me ha engañado usted? + +La joven rompió á llorar como un niño. El cleriguillo había perdido su +amabilidad; sus ojuelos expresaban el mayor despecho; su labio inferior, +masa informe y pendiente, le temblaba por la rabia de la contrariedad y +del desengaño. + +--¿Está lejos esa calle, señor? ¿Está lejos? + +El cura miró á Clara con desdén, hizo un gesto despreciativo, y +entró diciendo: + +--Sí, chica: está lejos, muy lejos. + +Y cerró violentamente con mano colérica la puerta, que produjo fuerte +estampido. + +Algo tranquilizó á Clara el verse libre de aquel malvado; pero al pensar +que no había podido adquirir noticia alguna de lo que buscaba; al verse +en aquel callejón estrecho y obscuro, donde no aparecían indicios de +vivienda humana; al considerar que por un extremo podía aparecer un +hombre y por el otro extremo otro, avanzando hacia el centro y +cogiéndola entre los dos, fué tal su pavor, que estuvo á punto de caer +al suelo sin sentido. También se la figuraba que la enorme muralla de la +casa del Cordón y la de San justo iban á reunirse, aplastándola en +medio. Un supremo esfuerzo, una carrera en que el espíritu agitado, más +bien que el cuerpo, parecía trasladarse, la llevó á la calle del +Sacramento. Al fin vió una luz que se movía; era un sereno. Aquel +encuentro la infundió algún valor; acercóse á él, y le repitió su +pregunta, tantas veces hecha, y nunca contestada. El sereno, de muy mal +humor, pero con buena intención, le dió la dirección verdadera. + +--Baje usted esa cuestecita por detrás del Sacramento; baje usted +siempre hasta que llegue á la calle de Segovia; en seguida sube usted +derecha, siempre adelante, hasta encontrar la Morería; entra por ella +hasta llegar á la calle de don Pedro; después sigue por ésta hasta la +plazuela de los Carros, y enfrente de la capilla de San Isidro, +encuentra usted la calle del Humilladero.--Le repitió las señas y le dió +las buenas noches. + +La huérfana se retiró muy agradecida. Al fin encontraba la dirección de +aquella maldita calle. Tomó por el camino indicado y bajó la cuesta de +los Consejos. ¡Qué triste y pavoroso lugar! El piso parece que huye bajo +los pies del transeúnte: tal es la pendiente. A Clara, que estaba +completamente desfallecida y con la cabeza debilitada, le parecía caerse +á cada paso, y que el suelo se iba inclinando más cada vez, negándose á +soportarla. Llegó á creer que nunca terminaba aquel descender +precipitado, hasta que por fin sus pies pisaron en llano. Estaba en la +calle de Segovia, y se le figuraba haber caído en un abismo. No era +posible, pensaba ella, que el sereno le hubiera dicho la verdad. ¿Estaba +aquel sitio habitado por seres de este mundo? De noche, y en aquella +lobreguez, parecía la profundidad de un barranco, de esos que escogen +para sus conventículos los duendes y las brujas. Mirando hacia arriba, +le parecía que se inclinaban, amenazando caer, las dos masas de +habitaciones que á un lado y otro de la calle se levantan. + +Clara siguió, sin embargo, la dirección que el sereno le había +indicado: distinguió delante de sí la cuesta escarpada de los Ciegos, y +pensó que era imposible trepar por allí, intentólo á pesar de todo, +tropezando con montones de escombros y ruinas: las casas se veían +arriba suspendidas, al parecer, como nido de buitre en lo alto de la +eminencia. Ella se sintió sin fuerzas para escalar aquello; no +distinguía senda alguna, ni había allí nada que indicase el paso de +seres humanos. No se oía voz alguna, sino de tiempo en tiempo, y +resonando muy lejos, gritos de mujeres. Los gritos resonaban como si +una bandada de aves, con palabra humana, se cerniera graznando en lo +más alto del cielo. De repente oyóse una voz infantil que venía de +abajo. Era una niña que subía sola, y cantando, por la calle de +Segovia, dirigiéndose á la Morería. Clara vió con asombro que la niña, +sin cesar de cantar, subía la cuesta y trepaba, encontrando una vereda +entre tantos escombros. Se levantó é intentó seguirla. La niña no la +vió y marchaba delante muy alegre, al parecer. Pero de pronto advirtió +el ruido de los pasos de la que la seguía; volvióse; vió aquel bulto +que en medio de la noche andaba tras ella, y lanzándose en súbita +carrera empezó á gritar: ¡Madre, madre: brujas, brujas! + +La huérfana sintió entonces más claros los gritos de las mujeres, y +llegó también á creer que había brujas por allí. Las mujeres parecía +como que bajaban, y sus voces confusas y discordantes semejaban el +altercado frenético de una horda de euménides. Retrocedió Clara y volvió +á bajar, estando á punto de resbalar y caer algunas veces. Hallóse de +nuevo en la calle de Segovia, y entonces los gritos femeninos llegaban á +sus oídos como si la horda de aves con palabra humana hubiera levantado +el vuelo tornando á las altas regiones. + +Empezó á llover: caían gotas muy gruesas, que la imaginación +calenturienta de la huérfana sentía en el piso como si éste fuera una +caja sonora. La lluvia aumentaba; las gotas caían con extraordinaria +rapidez, dejando en las piedras un disco obscuro, semejante á una pieza +de dos cuartos que, repetidos infinitamente, concluyeron por teñir de +negro reluciente todas las piedras. Clara se arropó; apoyóse en una gran +piedra sillar que allí había, y, con el alma agotada ya, miró al cielo +buscando la luna, una estrella, cualquier cosa que no fuera negra y +horrible, cualquier cosa que no hubiera visto aquella noche en otra +parte; pero no vió ni estrella ni luna: tan sólo allá abajo, en la +dirección del puente y en el horizonte que tras la otra orilla del +Manzanares se dibuja, vió una lumbre rojiza, esa claridad violenta de +encendido color, que es en noches tempestuosas como una fiebre del +cielo. Se le ve arder calenturiento y agitado por súbitas y precipitadas +exhalaciones, mientras toda su inmensa extensión permanece obscura y +helada. Aquella luz impresionó la mente de Clara de un modo muy extraño. +Lejos de infundirle temor, le pareció ver allí alguna cosa interna, más +profunda que el profundo cielo, que parecía estar abierto por aquel +punto. Creía ver oleadas de luz, emanadas de un foco incandescente; +formas humanas, cuerpos sin sombra, que oscilaban con caprichosas +revoluciones. Parecíale como una falanje de astros humanos, de cielos y +mundos en forma de seres vivos, que allí se determinaban dentro del +espacio mismo de una llama sin fin; cada uno engendraba miles, cada mil +un millón; se alejaban y volvían, se obscurecían tenuamente, y de nuevo +adquirían el brillo de la más intensa luz. + +Cuando apartó la vista de aquella claridad, miró al lado opuesto; miró á +la calle, en derredor, y no vió nada. Esperó un rato, mirando siempre, y +tampoco vió nada. Creyó que estaba ciega, y en vano quería, con atención +afanosa, descubrir algún objeto. La lluvia había crecido de una manera +espantosa: un torrente bajaba por la Cuesta de los Ciegos y otro por la +de los Consejos; la calle recogía estas dos vertientes y arrojaba hacia +el puente un barranco fangoso. Ella continuaba sin ver; sentía que sus +pies se enterraban en fango; el ruido era horrible. Se le concluyó el +ánimo; creyó que no le quedaba más recurso que cerrar los ojos, que ya +no veían, y dejarse morir allí, dejarse arrastrar por aquella agua que +iba hacia el río con precipitación vertiginosa. + +Un relámpago intenso iluminó aquel abismo. Entonces pudo ver á la +repentina luz las dos masas obscuras de casas que á un lado y otro se +alzaban. Pero después volvió á quedar sumergida en su profunda ceguera. +Las rodillas se le doblaban; el agua le habla calado toda la ropa; +Batilo gruñía como un perro náufrago. A pesar del ruido de la lluvia, +los gritos de las mujeres se sentían otra vez, discordantes, agudos, +como confuso chirrido de pájaros nocturnos, resonando encima, allá +arriba. La enferma fantasía de Clara creyó reconocer en aquellas voces +un horrible y áspero trío de las Porreñas, que volaban, envueltas en +espantosas nubes, dando al viento las voces de su impertinencia, de su +amargo despecho y de su envidia. Hasta le pareció ver á Salomé, que se +cernía en lo más alto, agitando rápidamente sus luengas vestiduras á +manera de alas, y mostrando hacia abajo las encorvadas y angulosas +falanjes de sus dedos, terminados con uñas de lechuza. + +La lluvia empezó á disminuir. Ruido de campanillas y ruedas indicó á +Clara que una galera acababa de pasar la calzada del puente y entraba en +la calle: esto la animó un poco, porque sentía la voz del arriero, que +con tremendos palos estimulaba á sus caballerías á subir la cuesta. +Levantóse la joven dispuesta á hacer la última tentativa preguntando al +arriero. Llegó la galera, y Clara se adelantó hacia la mitad del camino; +pero, una de las mulas, que era muy espantadiza, dió un salto y casi +vuelca la galera. El arriero empezó á proferir votos y juramentos. El +animal se resistió á dar un paso; pegaba el arriero, coceaba la arisca +mula, y la otra, queriendo aprovechar tan buena ocasión de reposar su +fatigado cuerpo, que había hecho la jornada de Navalcarnero en seis +horas, se hechó al suelo muy sibaríticamente, esperando á que estuviera +resuelta la pendencia entre su amo y su compañera. La mula quedó casi +totalmente enterrada en fango, y cuando el arriero vió tal cosa, y que +la galera se había inclinado de un lado, hincando el eje en el suelo, se +puso hecho un demonio: llamó en su auxilio á todos los santos del cielo +y á todos los demonios del infierno, se tiró de los cabellos y hasta +empezó á darse latigazos de rabia. + +Clara, que se creyó causante de aquel desperfecto, tuvo bastante fuerza +para huir de las iras del carretero, que, á haberla visto, la hubiera +maltratado; corrió hacia arriba, y no paró hasta la esquina de la +plazuela de la Paja. Allí encontró otro sereno y le hizo su pregunta. + +--Está usted cerca--le dijo éste.--Suba usted esa plazuela; pase usted +aquel arco que se ve allí, donde está la imagen de la Virgen con el +farol, y llegará á la plazuela de los Carros. Enfrente está la calle del +Humilladero. + +Clara empezó á creer otra vez que había Dios, y siguió la dirección +indicada. Al fin estaba cerca, al fin llegaba. La esperanza le dió +ánimo; pero al acercarse al arco que unía entonces la capilla del Obispo +con la casa de los Lasos, se avivó su miedo. Se figuraba que aquel arco +no podía conducir sino á una caverna, y además le parecía que detrás +estaba una figura corpulenta, que no era otra que María de la Paz Jesús, +apostada allí para asirla cuando pasara, arrebatándola con una mano +grande y crispada, para llevársela por los aires. + +Pero la esperanza puede mucho. Cerró los ojos, y corriendo velozmente, +pasó. La plaza de los Carros ya le parecía más habitable y menos triste: +pasaban algunas personas, se veían no pocas luces. Miró los letreros de +todas las calles que de allí partían, y al fin, llena de alborozo, leyó +el nombre de la que buscaba. Entró en ella, y á los pocos pasos vió una +puerta, á cuyos lados había pintados racimos alegóricos y unas botellas +que indicaban muy claro que aquello era taberna. "Aquí es", dijo, y se +acercó. La puerta estaba abierta, y dentro había dos mujeres y un +hombre. Preguntó si vivía allí un tal Pascual, tabernero, casado con una +tal Pascuala. + +--Aquí no hay _nengún_ Pascual--dijo una de las mujeres. + +--¿Sabe usted si es aquí cerca?--preguntó Clara.--¿No hay otra taberna +en esta calle? + +--No, que yo sepa. + +Clara volvió á creer que no había Dios. + +--¿Qué estás diciendo ahí, _enreaora_?--exclamó el hombre.--Siempre te +has de meter en lo que no te toca. Sí, señora. Hay otra tienda de vinos +de un tal Pascual ... sí, señora: ahí en el número 14. + +La huérfana dió las gracias, y fué allá, palpitante de agitación y +alegría. Antes de llegar al número 14, sintió ruidos de guitarras y +voces de hombres. Al acercarse á la puerta vió á muchos que cantaban y +bailaban con la exaltación de la embriaguez; y aunque no vió á Pascuala, +aunque aquella gente le inspiraba mucho recelo, subió el escalón de la +entrada y presentándose preguntó por su antigua criada. + +--_¡Ole ole_!--dijeron dos ó tres de aquellos insignes personajes, +mientras uno de ellos avanzó hacia la joven, y abrazándola +estrechamente, la llevó al centro de la taberna. + +--¡Viva el buen trapío! + +Clara dió un grito de terror al encontrarse en los brazos de aquel +desalmado, y gritó con todas sus fuerzas: + +--¡Pascuala! + +--¿Qué? ¿quién es?--dijo una voz de mujer;--¿á ver qué es eso? + +Pascuala se presentó y al ver que había allí una mujer y que estaba en +brazos de su marido, dió á éste en la cara un mojicón, que, á ser más +fuerte, no le dejara con narices. + +--No fuí yo--contestó Pascual:--fué ese _dimomio_ de Chaleco. + +--Sí fué él, que la ha traído y la tenía escondida, señora +Pascuala,--declaró Tres Pesetas con uno de sus frecuentes rasgos +de malicia. + +--¡Doña Clarita!--dijo Pascuala abrazando á Clara con más suavidad que +su marido y llevándola adentro. + +Al encontrarse en el dormitorio de los Pascuales, la sobrina de +Coletilla, que había agotado todas las fuerzas de su cuerpo y de su +espíritu en aquella noche, se dejó caer en una silla y perdió el +conocimiento. + + + + + +CAPÍTULO XXXIX + + + +#Un momento de calma#. + + +Bozmediano y Lázaro hablaron poco por el camino. Al llegar á la casa de +Pascual, serían las diez de la mañana, lo primero que vieron fué á +Pascuala fregando vasos. Preguntáronle si había venido Clara á su casa, +y ella contestó: + +--Anoche, si, señor; después de media noche vino. Pero ya reconozco al +caballerito sobrino de mi amo, que estuvo allá á preguntarme por su tío. + +--¡Gracias á Dios!--exclamó éste.--¡Qué suerte hemos tenido! + +--La pobre llegó esta mañana y se desmayó--dijo Pascuala.--Está, muy +malita; todavía no ha hablado palabra, si no es _pa_ delirar. Vino que +no se podía tener, toda mojada, temblando de frío, y las lágrimas le +corrían por la cara abajo. + +--¿Dónde está? + +--Allí, en mi alcoba y en mi cama. Pascual se quedó en el desván y yo +en el suelo, al lado de ella. Está muy malita: empezó á dar unas +manotadas y á decir que venían volando unas ... ¿cómo dijo? "Las tres, +las tres volando", decía, y así estuvo hasta hace una hora, que calló y +se quedó dormida. + +Los dos jóvenes pasaron adentro, y cuando la tabernera abrió un poco la +ventana para que entrara alguna luz, pudieron ver acostada en el lecho +aquella agraciada figura, en cuyo semblante extenuado y pálido se +pintaban los síntomas de una postración y un malestar muy grandes. +Dormía, y la violenta posición de su cabeza indicaba que antes del sueño +la había atormentado uno de esos letargos dolorosos en que el cuerpo +obedece con bruscos movimientos á todos los delirios de la mente +enferma. Pascuala cogió entre sus manos la cabeza de la joven y la +colocó con menos molestia; la entró uno de los brazos, que colgaba fuera +de las sábanas; arregló éstas y las almohadas, y cerró un poco más la +ventana, por que no entrara más claridad que la necesaria para no estar +á obscuras. + +--Usted ya no sale de aquí--dijo Bozmediano á Lázaro. + +--No--replicó éste, preocupado y contemplando á la enferma tan de cerca, +que sentía su respiración agitada y difícil como si un pequeño volcán +existiera entre las sábanas. + +--Creo que, al despertar, despertará con el delirio. Usted debe quedarse +aquí hasta ver en qué para esto--indicó Bozmediano;--yo me marcho. Si me +ve, creo que mi presencia no será lo que más la tranquilice. Mañana le +espero á usted en mi casa sin falta: tenemos que hablar. + +Lázaro no contestó. Si su susceptible desconfianza no se había extirpado +completamente, en aquellos momentos no podía pensar en tan delicado +asunto. Experimentaba emoción muy grande para detenerse en dudas crueles +y rencores poco generosos, que un alma elevada deja siempre á un lado al +contemplar los grandes infortunios. + +Cuando Claudio se marchó, Lázaro se sentó junto al lecho, y allí estuvo +mucho tiempo inmóvil mirando á la enferma, estatua que contemplaba otra +estatua, casi tan pálido como ella, esperando á cada expansión del +aliento que despertara, observando con la atención moribunda de amante +la oscilación de aquella vida comprometida en una crisis. Por fin Clara +se movió, pronunciando algunas voces mal articuladas. El joven pudo +distinguir claramente: "¡Señora, por Dios!..." Después agitó una de sus +manos como quien quiere retirar algo, y por fin abrió los ojos. Se +apartó los cabellos que en desorden le cubrían la cara; tuvo un gran +rato la mano ante los ojos, y la apartó después. Sus ojos se clavaron en +la persona que tenía delante, y por mucho tiempo permaneció mirándole, +cual si no tuviera conocimiento de lo que veía, ó como si su sorpresa +fuera tal que no pudiera creer lo que estaba viendo. Después extendió el +brazo lentamente hacia él y le nombró con voz muy débil. + +--¿No sabes por qué estoy aquí?--dijo Lázaro conmovido.--Me parece que +no nos hemos visto desde mi pueblo. Aún no creo que hayas podido estar +en aquella maldita casa. + +--¿En qué casa?--dijo Clara, como afectada de profunda confusión. + +--Allí, en casa de esas mujeres--contestó él con tristeza, recordando +los dolores de aquella vivienda. + +--¡Ay!--exclamó Clara.--Yo no quiero volver; quiero morirme aquí antes +que volver. Estoy en casa de Pascuala, ¿no? + +Al decir esto, reconocía el sitio con ansiosa mirada. + +--Sí; ya no estás, ya no estamos allí--dijo él, acercándose más. + +--No volveré, no me llevarán. ¿No es verdad? Tú no volverás tampoco. + +--¡Qué he de volver! Si aquella casa ha sido más terrible para mi que el +infierno mismo. La detesto, y detesto á los que la habitan. Allí he +padecido en una sola noche más que en toda mi vida. Ya no vuelvo, no. + +Clara pareció escuchar esto con mucha atención; después le estuvo +mirando fijamente por largo rato con cierto asombro. + +--¿Por qué me miras así?--preguntó Lázaro. + +La huérfana tardó en responder; pero al fin, con voz lenta y +cariñosa, dijo: + +--¿Hace mucho tiempo que no te he visto? + +--No hace tanto. Me viste una tarde: el domingo. + +--Sí ... ya me acuerdo. ¡Qué día! ¿Sabes que me echaron porque decían +que había entrado un hombre en la casa? ¿Sabes? ... ¡Qué malas son! + +--¿Y no entró? + +--Sí entró, sí ... ¿pero yo qué culpa tenía? Ellas dicen que entró por +mí. ¡Qué malas son! + +--¿Y no entró por ti? + +--¿Por mi?--contestó Clara con la voz entrecortada y muy +débil.--¿Por mi? + +Después se detuvo como recordando, y dijo: + +--Sí, por mi. El me dijo que iba á sacarme de allí, que quería hacerme +feliz. Me dió mucho miedo. + +Decía todo esto con una vaguedad que indicaba cuán débiles estaban sus +facultades mentales. + +--Me dió mucho miedo--continuó;--aún me parece que le estoy viendo. Al +principio pensé que me iba á matar; pero ... no me mató. Dijo que me +quería llevar consigo; que él me quería ver feliz ... Me había escrito +una carta. + +--¿Una carta?--dijo Lázaro vivamente. + +--Si; me la dió aquel viejo feo, feo, feo.... + +--¿Dónde está la carta? + +--¿La carta ... la carta...? No sé. Yo la tenía en el bolsillo. + +--¿Dónde está tu ropa? + +--No sé ... La carta ... ¡Ah!, ya me acuerdo ... la rompí toda, y la +hice unos pedacitos muy chicos, muy chicos. + +--¿Por qué la has roto? ... dijo Lázaro, deplorando no tener aquel +documento.--¿Y no recuerdas haberme visto á mi aquella tarde? + +--Si, sí; sí lo recuerdo--contestó, mostrando que nunca había olvidado +tal cosa. Entraste muy enfadado. Yo estuve llorando toda la noche. +Después me dió un mareo en la cabeza ... Yo creí que me iba á morir, y +me alegré. + +La melancólica serenidad que había en estas declaraciones conmovió á +Lázaro de tal modo, que no se atrevía á preguntar más, porque herir la +delicadeza de aquel ángel le parecía crueldad sin ejemplo. Aún quiso +hacer la última pregunta de este modo: + +--¿Y qué te dije aquella tarde? + +--¿Qué me dijiste? ... Eso sí que se me ha olvidado ... No, ya lo +recuerdo: me dijiste.... + +Aquí se detuvo; sin duda le faltó el habla ó el entendimiento. Tenía los +ojos húmedos, y se apartaba otra vez el cabello que le cubría parte de +la frente. Lázaro se sintió humillado. Casi le avergonzaba la cruel y +brusca acusación que su conducta en aquella tarde memorable había hecho +á la inocencia. No había prescindido aún enteramente de la ley social +que exige pruebas positivas para la aclaración de ciertos hechos; pero +aun poseyendo aquella susceptibilidad irreflexiva, no podía resistir á +la fuerza de persuasión que en las respuestas de la huérfana había. En +su corazón no cabía, no era posible que cupiera la duda, después de +oírla; y si la voz de un demonio atormentador resonaba internamente para +recordarle el deber social de no darse por satisfecho, él parecería como +que aplazaba para más tarde la investigación de la evidencia en aquel +asunto, abandonándose por entonces á la efusión consoladora del afecto +que sentía tan vivo como antes. + +--No me expliques más--dijo Lázaro, viéndola llorar.--Veo que aquellos +demonios tienen la culpa de todo. ¡Maldito sea quien te llevó allá! +Ellas te han calumniado, estoy seguro de ello. Siempre estaban hablando +de faltas cometidas, de pecados ... y qué sé yo. Lo mismo decían de mi. +Las dos aseguraban que yo era un malvado, y que había cometido no sé qué +crimen. Esto me admiraba, porque yo no había cometido ninguna falta +grave. Lo mismo juzgué de ti. Tú eras la víctima de su rigor, de su +suspicacia, de su disciplina, como ellas decían. + +--Yo no las quiero ver más--decía Clara;--anoche las estuve viendo toda +la noche en sueños. Me parecía que doña Salomé estaba revoloteando +encima de mi, mostrándome sus ojos rencorosos y sus uñas terribles; me +parecía que doña Paz estaba detrás de la cama, y que de tiempo en tiempo +sacaba el brazo para abofetearme. Estuve temblando y envuelta en mis +sábanas para no verlas; pero siempre las veía. ¡Qué feas son! + +--Tranquilízate dijo Lázaro, viendo en el tono de su amiga los síntomas +de un nuevo delirio. Ya no volverás á casa de esas fieras. Yo estoy +aquí; tú te has creído abandonada, mientras yo existía. No sé si tengo +la culpa de, esto; si la tengo, descuida, que sabré remediarlo. ¡Y yo +que no he vivido sino por ti, que te he tenido por guía y por +inspiración de todos mis actos! Bien te dije, cuando nos conocimos, que +Dios nos había puesto en camino de encontrarnos para que no nos +separáramos nunca. Adondequiera que he ido te he llevado siempre en mi +corazón y en mi cabeza, creyendo por ti y esperando por ti. Desde que +nos conocimos no hemos cesado de estar juntos, de caminar juntos por la +senda de la vida, á lo menos en lo que á mí corresponde. Cuando vine á +Madrid, aunque no nos vimos inmediatamente, no di un paso por estas +calles que no fuera dado hacia ti. Me prendieron por una ligereza mía, +que no fué ningún crimen, como decían aquellas mujeres; y si soporté +aquel contratiempo, si no me suicidé estrellándome la cabeza contra los +muros de la cárcel, fué porque en la obscuridad me parecía siempre que +te estaba mirando en un rincón, en pie, con el rostro sereno, como es tu +costumbre. Yo no he podido, después que te conozco, pensar nada futuro +sin que á mis ideas acompañara la idea de tu persona como parte de mí +mismo. No he podido pensar en la adquisición de alguna cosa, de algún +objeto, de alguna felicidad, sin que pensara en que tú disfrutarías de +todo eso antes que yo. No he tenido desgracia alguna ni pérdida sin +figurarme que estabas á mi lado llorando conmigo. Si he aspirado á +alguna hora feliz, siempre he tenido presente que nuestras dos vidas +llegarían juntas á esa hora. No he podido concebir que uno de los dos +existiera solo en el mundo: esto me ha parecido siempre imposible. +¿Sabes que ahora me parece que fué ayer cuando saliste de mi casa para +volver aquí? Y lo que ha pasado después yo quiero borrarlo de mis +recuerdos. Aborrezco estos días como se aborrece una pesadilla. ¿Tú no +me has dicho también que aborreces aquella casa y aquella gente? Y lo +creo. No puedo acostumbrarme á la idea de que pensemos de distinta +manera. Si yo llegara á creer de una manera evidente que no me querías, +no sé cómo podría vivir; y si aún vivo después de aquella tarde, es +porque la duda me ha dado vida, duda en que ya no quiero pensar: la he +tenido como un deber, me la impuse yo mismo; pero ya rechazo esta +tiranía. Cuando te he visto, me parece que ha retrocedido el tiempo. +Dudar de ti se me figura un crimen; y si lo he cometido, no te pido +perdón, porque sé que ya me lo has perdonado. + +Durante esta expansiva manifestación, le escuchaba la enferma con una +especie de trastorno. Al fin lloraba con tan deshecho llanto como si en +aquel momento y con aquellas lágrimas se desahogaran los dolores de toda +su vida, desde el incidente del pajarito en casa de la madre Angustias +hasta la escena de la expulsión en casa de las Porreñas. + +El joven no quiso menoscabar con una palabra más la elocuencia de +aquellas lágrimas. El calor y la pulsación precipitada de la mano de +Clara, que tenía entre las suyas, le indicaron que la fiebre aumentaba, +tal vez por la agitación de aquel diálogo, en que él había puesto toda +su elocuencia, y ella toda su sinceridad. + +--Es preciso cuidarte mucho--dijo Lázaro. + +--Sí--contestó ella;--quiero vivir. + + + + + +CAPÍTULO XL + + + +#El gran atentado#. + + +Por la tarde llegó un médico enviado por Bozmediano. Vió á la enferma, y +después de prescribirle mucho reposo, se retiró, dando muy poca +importancia á aquella crisis, originada de una fuerte agitación moral. +Durmióse Clara, entrando en un período de calma, de que hasta entonces +no había disfrutado. En tanto Lázaro, que ardía en deseos de tomar una +determinación decisiva en su vida, pensaba hablar con su tío aquella +misma noche, romper con él, separarse de un hombre que era autor de +todas sus desventuras. Deseaba ver á las dos Porreñas, echarles en cara +su crueldad y su hipocresía. Si la dignidad de varón no se lo impidiera, +seguramente su primer acto aquella noche hubiera sido coger por el moño +á doña Paz y hacerle inclinar la cabeza hasta el suelo. + +Lo urgente y decoroso era suspender relaciones con aquel hombre +fanático, que le parecía más repugnante después que se reunía +descaradamente con los jóvenes exaltados, y hasta llegaba á darse el +título de liberal. No le importaba quedar solo y sin apoyo, pobre, más +pobre que antes. Pero él se encontraba con fuerzas para trabajar; +trabajaría en una profesión, en un oficio cualquiera. Y si en Madrid no +podía conseguirlo, se volvería á su pueblo, donde por lo menos tenía +seguro el pan. + +Salió, pues, ya entrada la noche, dejando á Pascuala el encargo de no +apartarse de Clara; y recordando que su tío había hablado de no volver á +casa de las Porreñas hasta después de tres días, pensó dirigirse á _La +Fontana_ ó á casa del abate. Fué á _La Fontana_: entró en el cuarto +interior, donde se reunían confidencialmente los principales políticos +del club, y no lo encontró. No había allí otra persona que el señor +Pinilla, que se paseaba muy agitado con las manos metidas en los +bolsillos y el sombrero enterrado hasta los ojos. + +--¡Hola, amiguito!--dijo al ver á Lázaro.--¿Cómo usted por aquí á +estas horas? + +--Busco á mi tío. + +--¡Ah! No le hallará usted. Está en una parte ... Ya sé yo dónde está. +Está donde entran pocos. + +--¿No vendrá esta noche? + +--¿Esta noche? ¡Quia! ¿Cómo ha de venir esta noche? + +--¿Pues qué hay esta noche? + +--Lo gordo--dijo Pinilla con misterio.--Pero, ¡bah!, usted lo sabe mejor +que yo. Si es su sobrino.... + +--No, no sé nada--dijo Lázaro sorprendido. + +--¿Pero no le han designado á usted su puesto? ¿No le han dicho lo que +ha de hacer? ¿No trabaja usted como todos en esta gran obra? + +--¿Qué obra? + +--Esta noche, amigo, esta noche es ella. + +-¿Qué? ¿Hay algo? Efectivamente, he notado, al venir, cierta agitación +en la villa. + +--Pues ya verá usted á eso de las diez.... + +--¿Y no hay sesión esta noche? + +--¡Sesión! ¡Brrr!--exclamó Pinilla, haciendo con la boca un +estrambótico sonido.--Esta no es noche de palabras, es noche de hechos. +Mucho se ha hablado ya. + +Pues no estoy enterado de nada. Ello es que desde anoche no vengo por +aquí. + +--Pues busque usted al Doctrino, que debe estar allá por Lavapiés, y le +dirá lo que tiene que hacer; porque supongo, amigo, que usted no querrá +quedarse atrás. ¡Fuera miedo! Yo sé que la primera vez esto es algo +imponente, sobre todo para el que nunca ha oído tiros. Pero, en fin, +teniendo ánimo.... + +--Pero explíqueme usted lo que hay--dijo Lázaro, fingiendo cierta +complacencia para que el otro no vacilara en contarle todo. + +--Hay--dijo Pinilla--que esta noche es el gran golpe, el golpe +decisivo, el último esfuerzo del liberalismo vergonzante. Es preciso +arrollar á los _discretos_ que nos cierran el paso. Sí, amigo mío; al +fin tendremos libertad. + +--Vaya--dijo Lázaro, afectando incredulidad para saber más,--algún +motincillo insignificante.... + +--¿Motincillo? Algo más--dijo el otro, sentándose y avivando con una +badila el escaso fuego que en un brasero había. + +Robespierre subió sobre sus rodillas de un salto y se acurrucó allí con +admirable franqueza republicana. + +--Pues yo voy también allá--dijo Lázaro, deseando que Pinilla +desembuchara. + +--Vaya usted en busca del Doctrino y le designará su puesto. Yo creo que +hasta estará mal visto que usted no figure en este asunto, después de +haber pronunciado el discurso que oímos anoche. ¡Qué discurso, amigo! Es +usted un gran orador. Si viera usted cuánto gustó: está la gente +entusiasmada. Hoy he oído á un zapatero de la calle de la Comadre +repetir de memoria un trozo largo de lo que usted dijo anoche. + +--Pero cuénteme usted. ¿Qué habrá? + +--Es muy sencillo. Es preciso pasar por encima de los falsos +liberales que están hoy en el Poder. Es preciso pasar; pues bien: +esta noche se pasará. + +--¿Y de qué manera? + +--Estas cosas no se hacen sino de una sola manera. Usted bien lo sabe. +La revolución necesita estas medidas prontas y decisivas. Se pasa por +encima de ellos exterminándolos. + +--¡Exterminándolos!--dijo Lázaro horrorizado. + +--Pues ya. Sólo así se puede arrancar de raíz una mala semilla. Es el +único medio; convengo en que es terrible, pero es eficaz. + +--¿De modo que va á haber aquí una matanza? + +--El pueblo está irritado, y con razón. Se derribó la tiranía; se creyó +que íbamos á tener libertad, y nos han engañado. Cuatro tiranuelos nos +mandan constitucionalmente, y constitucionalmente nos persiguen como +antes. Esto no nos satisface; queremos más. Adelante, pues. + +--Pero el medio es espantoso. Yo no quiero para mi patria los horrores +de la Revolución francesa. Después de un Terror no puede venir sino la +dictadura. Yo no quiero que pase aquí lo que en Francia, donde á causa +de los excesos de la Revolución, la libertad ha muerto para siempre. + +--Eso es música, amigo, música. + +--Esa es la verdad. ¿Pero es posible que mis amigos, los individuos de +ese club, que han predicado el uso de los derechos adquiridos como único +medio de llegar á la libertad...? No lo puedo creer. + +--Amigo--dijo Pinilla, mirándole con mucha sorna,--usted lo dijo; ¿no se +acuerda usted ya de aquella parte de su discurso en que decía: "¿Nos +detendremos con timidez, asustados de nuestra propia obra? No. Estamos +en un intermedio horrible. La mitad de este camino de abrojos es el +mayor de los peligros. Detenerse en esta mitad es caer; es peor que no +haber empezado." + +--Si--dijo Lázaro confundido;--pero yo no quise decir que se llegara á +ese fin quitando, puñal en mano, todo obstáculo; yo quiero que se llegue +á ese fin por los medios legales. + +--Sí, usted quiso decir eso; pero la gente lo entendió de otra +manera, y esta noche va usted á ver cómo se entienden esas cosas. +Desengáñese usted, amigo: no hay otro camino más que ése; los medios +legales son pamplinas, créame usted. Esta noche se verá; hay la +ocasión más propicia ... Figúrese usted que se reúnen todos en un +sitio. Sí; se reúnen fatalmente, y no es preciso ir marcando con +sangre las casas de cada uno. + +--¿Quién se reúne?--preguntó Lázaro con agitación. + +--¡Ellos! Los _prudentes_. Tienen ahora unas reuniones secretas, sin +duda con objeto de fraguar algún complot para quitarnos la poca libertad +que tenemos. Por una casualidad se ha descubierto que algunos ministros +y diputados de los más influyentes de la mayoría se reúnen en una casa +de la plaza de Afligidos. + +--¿Pero es cierto?--dijo Lázaro, procurando disimular su turbación. + +--Sí; no sé quién lo ha descubierto. Lo que sé es que se lo dijeron al +Doctrino, y él fué allá y les vió salir. Después no sé por qué medio se +ha enterado de quiénes son todos ellos. Allí van Quintana, Martínez de +la Rosa, Calatrava, Álava, y hasta Alcalá Galiano se ha metido entre +esa gente. + +Lázaro quedó mudo de terror. + +--Lo que más me complace--continuó Pinilla--es que cae también el joven +Bozmediano, que también se ha metido á político, educado por su padre. + +--¡Bozmediano! + +--Sí; es un hombre tan odioso para mi, que me parece que si no le veo +ensartado me muero de un berrinche. + +--¿Y qué le ha hecho á usted? + +--Ahí tuvimos una pendencia en _Lorencini_. Reñimos. Fué por un discurso +mío; es cuento largo. Este no escapa, ni el padre tampoco, que es el +orgullo mismo, y fué el que pidió en el Congreso que se cerraran las +Sociedades secretas. ¡Buenos están los dos! Pero no escapan, eso no. +Para eso estaré yo allí. A las doce no hay quien me arranque de la +plazuela de Afligidos. + +--¿De modo que van á asesinar á esos hombres, cogiéndolos á todos +desprevenidos? + +--En buen castellano, eso es. El pueblo de Madrid lo hará bien; los +detesta, y allá irán unas turbas que ya, ya ... ¿Conque al fin no va +usted á que le designen su puesto? + +--Sí--dijo Lázaro para disimular su propósito.--Voy. + +--Yo espero aquí un recadillo del amo del café. + +--Adiós--dijo Lázaro, saliendo con precipitación. + +Su resolución era irrevocable. No podía permitir que se llevara á efecto +aquel complot infame. Por él, sólo por él, habían tenido noticia de la +reunión que en aquel sitio celebraban las víctimas indicadas, y á él +correspondía evitarlo. Corrió hacia la plazuela de Afligidos con objeto +de llamar en aquella casa misteriosa y prevenirles contra el atentado +que se preparaba. + +Por el camino encontró muchos grupos de gente sospechosa. Iban algunos +armados de trabucos, ceñida la cabeza con el pañuelo aragonés, cómodo +tocado de las revoluciones. Su actitud y sus rumores anunciaban la +agitación que en el pueblo reinaba. Iba á cometerse un gran crimen. +¿Sabía el pueblo lo que iba á hacer y á qué principio obedecía +haciéndolo? Lázaro meditaba todas estas cosas por el camino y decía: +"No, no es esto lo que yo prediqué"; y al mismo tiempo la idea de que el +violento discurso pronunciado por él la noche anterior hubiera tenido +una parte de complicidad en la actitud del pueblo, le desesperaba. + +Encontraba cada vez más grupos sospechosos, y aun oyó proferir algunos +_mueras_ lejanos. Al llegar á la calle Ancha vió un grupo más +numeroso. Pasó cerca sin intención de pararse, cuando uno se adelantó +hacia él y le detuvo. ¿Quién podía ser sino el pomposo Calleja, el +barbero insigne de _La Fontana_? Haciendo grandes aspavientos y dando +al viento su atiplada voz, puso sus pesadas manos sobre los hombros +del joven, y dijo: + +--¡Eh!, muchachos, aquí está el gran hombre, nuestro hombre. Bien decía +yo que no había de faltar. ¡Eh!, muchachos, aquí lo tenéis. + +Todo el grupo rodeó en un momento á Lázaro.--Es el que habló anoche. +¡Bien por el pico de oro!--dijo uno, agitando su gorra. + +--Que venga con nosotros; nombrémosle capitán--dijo Tres Pesetas, que se +había erigido en alférez y llevaba una cinta amarilla en la manga. + +--No; que se ponga ahí, encima de ese barril y nos hable--exclamó otro, +que por las señas debía ser Matutero, el que atropello á Coletilla, +según referimos al principio. + +--Que hable, que hable--gritó una mujer alta, huesosa, descarnada y +siniestra, que parecía la imagen misma de la anarquía.--¡Que hable, +que hable! + +--Señores--dijo Calleja alzando el dedo como si quisiera horadar el +firmamento.--Ya no es tiempo de hablar, es tiempo de obrar. Bien lo dijo +este señor anoche: "Adelante en el camino; retroceder es la muerte; +pararse es la infamia." Yo lo hubiera dicho lo mismo; sólo que yo no me +he decidido á hablar todavía; pero si llego á enfadarme.... + +--¡Bien, bien!--chillaron muchas voces. + +Lázaro sudaba con impaciencia y angustia. No sabía cómo romper aquel +círculo de atletas que le rodeaba. Dió algunas excusas, empujó por un +lado, abrió brecha por otro; pero aun así no consiguió verse +completamente libre, porque el barbero, echándole el brazo por encima y +hablando en voz baja con la actitud y tono confidencialmente misterioso +que cuadra á dos grandes hombres al comunicarse una idea que ha de +salvar al mundo, dijo: + +--Yo, señor don Lázaro, tengo todo este barrio por mío. ¿A usted le han +dado órdenes para que mande aquí? Yo ... francamente, le admiro á usted +mucho como orador, porque anoche dijo usted cosas que nos pusieron los +pelos de punta; pero.... + +--¿Qué quiere usted decir? + +--Que yo, señor don Lázaro, soy un hombre que ha salvado la patria +muchas veces y derramado mucha sangre en defensa de la libertad; y por +lo mismo, yo ... estoy encargado de este barrio, y me parece que el +barrio está en buenas manos. Por lo tanto, yo quiero saber si usted +trae aquí la comisión de encargarse del barrio; porque como usted +habló anoche y dijo ... pudieran haberle designado un puesto de honor +... y yo, francamente, aunque no hablo, soy hombre que sabe hacer las +cosas; y si usted se encargase del barrio, yo protestaría ... porque +ya ve usted.... + +--No--dijo el joven tranquilizándole,--no le quitaré á usted el mando de +este barrio ni de otro ninguno; yo no mando barrios. + +--Bien decía yo--repuso el barbero con la mayor satisfacción--que usted +no me quitaría el mando de mi barrio; pero creía que le habían mandado +por no tener confianza en mi. Pero ha de saber usted que donde está +Calleja la libertad está asegurada. + +-¡Oh, si! ya lo supongo--dijo Lázaro, procurando quitarse de encima el +peso de aquel brazo, que le hundía de la manera más despótica.--Quédese +usted tranquilo. + +--¿Va usted á alguna comisión del Doctrino ó de Lobo? + +--No; voy á un asunto. + +--Esta no es noche de asuntos. + +--Buenas noches--dijo Lázaro apartándose. + +La venganza que tomarían los exaltados, autores del complot, si sabían +que por él había fracasado su crimen, sería espantosa; pero ¿qué le +importaba la venganza? Era preciso evitar el crimen. Importábale poco +por el momento que estallara el motín con un simple fin político. Lo que +no podía soportar era que se asesinara á una docena de hombres +indefensos é inocentes. ¿Cuál era la causa de este atentado? Era una +horrible invención del absolutismo, que se había valido del partido +exaltado para realizarla, y había excitado las pasiones del pueblo para +hacerle instrumento de su execrable objeto. Nada de esto se escondió +entonces á la natural perspicacia del joven, y pudo muy bien +confirmarse en su sospecha al recordar algunas palabras de su tío, su +conducta misteriosa é incomprensible. + +Llegó á la plazuela de Afligidos cerca de las once. Si aquella noche +había reunión, ya todos debían estar dentro. La plaza estaba desierta. +Acercóse á las calles inmediatas por ver si había gente en acecho, y no +vió nada. Sólo en la calle de las Negras divisó algunas sombras lejanas, +un pelotón de gente como de diez personas. También hacia el portillo de +San Bernardino se movían algunos bultos. Creyó que no había que perder +tiempo; llegóse á la puerta, y asiendo el aldabón, dió algunos golpes +con mucha fuerza. + +Claudio Bozmediano, que es la persona á quien debemos las noticias y +datos de que se ha formado este libro, nos ha contado que cuando los +personajes de la reunión sintieron aquellos aldabonazos tan fuertes, se +quedaron mudos y petrificados de sorpresa y temor. Todos sabían que +aquella noche, era noche de motín; pero creían que sería uno de tantos, +y que con las precauciones tomadas por la autoridad militar, no pasaría +de ser una manifestación con algunos tiros, dos ó tres heridos y regular +número de presos. Aguardaron un momento á ver si se repetían, y, +efectivamente, se repitieron con más fuerza. + +--No hay más remedio que bajar á ver quién es. + +--Yo bajaré--dijo Bozmediano, hijo.--¿Pero díganme ustedes qué hago si +es...? ¿Quién podrá ser? + +--Esa es la confusión dijo otro.--Sin duda el motín de esta noche tiene +alguna alta misión que cumplir cerca de nosotros. No lo duden ustedes, +señores: este motín viene de Palacio, como todos. Nuestra reunión se ha +descubierto. + +--Hay que bajar--dijo Bozmediano al oír que los golpes se repetían con +más fuerza. Bajaremos tres, los que parezcamos menos comprometidos. ¿Hay +dos que, como yo, no sean ministros ni diputados? + +Otro joven y un viejo se levantaron. + +--Nosotros bajaremos. Los demás pueden salir todos á la huerta del +Príncipe Pío, á la cual se entra por el patio. No hay tiempo que perder. +Recoger esas notas, y á la huerta. + +--Mejor será quemarlas--dijo otro, arrojando al brasero unos papeles, +que se consumieron muy pronto. + +Todos bajaron por una escalera interior, dirigiéndose á la huerta, +excepto Bozmediano y los otros dos, que, bajando por la escalera +principal, llegaron á la puerta. Claudio gritó: + +--¿Quién va? + +--Abra usted--dijo Lázaro. + +--¿Quién es? ¿Qué busca usted? + +--Busco á don Claudio Bozmediano. + +Este creyó reconocer la voz del sobrino de Coletilla, y se figuró que, +después de tanta alarma, se reduciría todo á un simple asunto personal +entre los dos. Abrió la puerta y repitió: + +--¿Quién es? + +--Don Claudio Bozmediano, ¿está aquí?--dijo Lázaro sin +reconocerle.--Tengo que hablarle de un asunto urgentísimo que no admite +demora alguna. + +--Pase usted, amigo. + +El criado que allí tenían trajo una luz. Lázaro entró, y sin más +preámbulo, conociendo la gravedad de las circunstancias, exclamó +muy agitado: + +-Márchense ustedes de aquí; aún es tiempo. + +--¿Qué hay? + +--Un complot horrible, el más espantoso atropello. Yo lo sé ... estoy +seguro. Márchense ustedes inmediatamente, ahora mismo. + +-¿Pero quién? ¿Pero quién?--dijeron los otros con mucha cólera. + +-Esos ...--contestó el joven,--los exaltados. Hay una maquinación +infernal en el movimiento de esta noche. Yo lo sé ... he venido á +prevenirles á ustedes y á impedir este atentado. + +Se internaron los tres, dirigiéndose á la huerta, donde los demás +esperaban. + +--Señores, ¿qué hacemos?--dijo Bozmediano.--El motín de esta noche se +dirige á nosotros. Han amotinado al pueblo para cometer, en nombre de la +libertad, un horrendo crimen. La bullanga se hace en nombre del partido +exaltado; pero ¿no presumen ustedes quién es el verdadero autor de este +movimiento? + +--¡El Rey, el Rey!--dijeron con terribles voces todos los que estaban +allí reunidos. + +--Pues es preciso recibir á esos miserables como merecen. + +--Lo mejor es huir; no nos hallarán aquí, y punto concluido--dijo otro. + +--No; es preciso enseñar al Rey cómo deben ser tratados sus viles +instrumentos. Basta de contemplaciones. Ya era de esperar esto. Lleno +está Madrid de agentes que se ingieren en las Sociedades secretas, +pagan á algunos de los oradores más furibundos para que aticen los +rencores del pueblo contra la autoridad constitucional. Ya ha llegado el +instante supremo de su empresa diabólica. Muchos imprudentes les ayudan +sin saber lo que hacen. Pero hoy es imposible distinguir. Demos un +escarmiento. + +--¿Qué hacemos? + +--Ahí á dos pasos está el cuartel--dijo uno de ellos, que era militar de +alta graduación. Voy á traer dos compañías. Las saco por la Ronda, y con +gran sigilo las meto aquí en la huerta. Ni un hombre en la calle, ni un +centinela, nada. Que cuando lleguen esas turbas crean que estamos +desprevenidos; que intenten allanar la casa; que derriben la puerta. + +--¿Y nos marchamos? + +--Opino que no. Aquí todo el mundo. + +--Pues aquí todo el mundo. + +A la media noche, una turba tumultuosa, animada con todas las voces de +un motín y todos los alaridos de una bacanal, invadía las calles de San +Bernardino, del Duque de Osuna y del Conde-Duque. Llegó á la plazuela +de Afligidos y la ocupó casi toda, uniéndose á los que, entrando por el +Portillo, habían llegado un poco antes. La puerta de la casa de que +hemos hablado resonó con tremendos hachazos; todo el largo de la tapia +del Príncipe Pío estaba ocupado por el pueblo, y algunos pelotones de +gente armada estaban en la Montaña, en la parte contigua á dicha +puerta. El callejón de la Cara de Dios contenía más de trescientas +personas; y la algarabía era tan grande, que no se podían distinguir +claramente las voces pronunciadas por los más exaltados, los _mueras_, +los _vivas_ con que la multitud trataba de infundirse á sí misma +animación y bríos. Imposible es referir los vaivenes, las convulsiones, +los bramidos con que se manifestaba la pasión colectiva del inmenso +pólipo difundido allí, comprimido con estrechez en aquel recinto. El +monstruo oprimió con su más fuerte músculo la puerta de la casa. Vino +ésta por fin al suelo, y diez, quince, veinte personas se precipitaron +en el portal dando gritos aterradores; pero al llegar al patio, hubo un +instante de vacilación, de terrible sorpresa. Doble fila de soldados +apuntaba á la multitud, que, confiada en su fuerza, no pudo resistir un +movimiento de terror, retrocediendo al ver que se la recibía de aquella +manera. "Atrás", dijo la voz del jefe. "¡Adelante! ¡Mueran los +traidores", exclamó otra voz en el portal. En el mismo instante sonó un +tiro y cayó un soldado. Hizo fuego sin reparo la tropa, y una descarga +nutrida envió más de veinte proyectiles sobre la muchedumbre. La +confusión fué entonces espantosa: avanzó la tropa; retrocedieron los +paisanos, no sin disparar bastantes tiros y agitar las navajas, arma +para ellos más segura que el trabuco. La gente de la calle sintió el +retroceso de los del portal, y se replegó, abriéndoles paso. Al mismo +tiempo un escuadrón de caballería bajaba por la calle del Conde-Duque, +y un batallón de nacionales avanzaba por la del Portillo, impidiendo la +salida de los amotinados. Hubo luchas parciales; pero, no obstante, la +dispersión del pueblo fué completa, desde que los del portal, recibidos +por una descarga, retrocedieron hacia la plaza. La corrida que cruzó +por la calle de San Bernardino y la plaza de San Marcial arrastró en su +rapidez á la mayor parte de las personas acumuladas allí por la +curiosidad ó la participación en el motín. En vano algunos de los +llamados jefes trataron de impedir aquella desorganización con +improvisadas filípicas. La dispersión creció hasta el punto de que sólo +quedaron en la plazuela Lobo, Perico Ganzúa, Pinilla y el cadáver del +Doctrino, que, herido mortalmente en el cráneo al entrar en el portal, +había podido retroceder hasta la plaza, donde cayó. Quince ó veinte le +rodeaban, dudando si escapar con los demás ó defenderse. Las tropas de +la casa no habían salido; la caballería avanzaba, y los nacionales +llegaban ya al palacio de Liria. + +--Es una locura; huyamos--gritó Pinilla. + +--¿Y qué hacemos con éste?--dijo uno, señalando el cadáver del Doctrino. + +--¿Qué hemos de hacer? ¡Bonita reliquia para cargar con ella! + +--¿Tiene algún papel en el bolsillo? ¡A ver, quitárselo pronto! + +Pinilla le registró cuidadosamente. + +--No tiene papeles, pero sí un bolsillo. + +--A ver, venga--dijo Lobo. + +Pinilla se lo guardó en su cinto; todos corrieron, y la plaza quedó +desierta hasta que la ocupó la tropa. + + + + + +CAPÍTULO XLI + + + +#Fernando el Deseado.# + + +No hemos examinado aquella agitada sociedad más que en una sola faz. Las +altas regiones del Poder han permanecido impenetrables para nosotros; +pero ahora nos toca hacer una excursión hacia los elevados lugares, +lugares que llamaba el público la _Casa Grande_, para conocer, aunque no +con la profundidad que el caso exige, la fuente del abominable complot +anteriormente descrito. + +En una sala del pabellón, que forma un martillo en la fachada oriental +de Palacio, estaba Fernando VII en la misma noche del motín. En aquel +pequeño despacho no recibía á los ministros; aquélla no era la cámara: +era la camarilla. Allí habían privado grandemente en épocas anteriores +el duque de Alagón, Lozano de Torres, Chamorro, Tattischief y otros +memorables personajes de los seis años que siguieron á la vuelta de +Valencey. Alguna vez los ministros eran favorecidos con su admisión en +aquel recinto de perfidias y adulación, y allí las sonrisas de Fernando +para sus secretarios eran siempre siniestras. Cuando sonreía á un +liberal, malo. Este axioma cortesano tuvo gran boga del 20 al 23. + +Aquella noche estaba con Coletilla, su perro favorito. Sentados junto á +una mesa el uno frente al otro, tenían delante unos papeles, que sin +duda eran cosa importante por la atención con que los leían y anotaban y +por la actitud satisfecha con que el Rey celebraba lo que allí estaba +escrito. Fernando se permitía algunas agudezas de vez en cuando, porque +era hombre, como todos saben, que poseía en grado eminente la propensión +á la burla, que ha sido siempre constantemente adorno del carácter +borbónico. Coletilla, que no acostumbraba á reírse, reía también, por +considerar desacato no reproducir en su fisonomía complaciente y esclava +todas las alteraciones de la regia faz de su amo. + +--Señor, esta noche--dijo--es la noche de la redención. ¡Dios quiera en +su altísima justicia que nuestra empresa llegue á feliz término! Yo así +lo espero; confío mucho en el valor de los que están encargados del +negocio. Señor, V.M. recobrará sus divinos atributos, usurpados por una +turba de habladores sin honor ni nobleza. España va á despertar. ¡Ay de +aquellos que sean sorprendidos en el error, cuando la patria sacuda su +letargo, abra los ojos y vea...! + +Fernando no contestó: había inclinado la cabeza y parecía muy +meditabundo. La luz de una lujosa lámpara le iluminaba completamente el +rostro, aquel rostro execrable que, para mayor desventura nuestra, +reprodujeron infinidad de artistas, desde Goya hasta Madrazo. Es +terrible la infinita abundancia de retratos de aquella cara repulsiva +que nos legó su reinado. España está infestada de efigies de Fernando +VII, ya en estampa, ya en lienzo. Esa cara no se parece á la de tirano +alguno, como Fernando no se parece á ningún tirano. Es la suya la más +antipática de las fisonomías, así como es su carácter el más vil que ha +podido caber en un ser humano. Estupenda nariz, que sin ser deforme como +la del conde-duque de Olivares, ni larga como la de Cicerón, ni gruesa +como la de Quevedo, ni tosca como la de Luis XI, era más fea que todas +éstas, formaba el más importante rasgo de su rostro, bastante lleno, +abultado en la parte inferior, y colocado en un cuerpo de buenas +proporciones. La vanidad austríaca no hubiera puesto su boca prominente +debajo de la nariz borbónica, símbolo de doblez, con más acierto y +simetría que como estaba en la cara de Fernando VII. Dos patillas muy +negras y pequeñas le adornaban los carrillos, y sus pelos, erizados á un +lado y otro, parecían puestos allí para darle la apariencia de un tigre +en caso de que su carácter cobarde le permitiera dejar de ser chacal. +Eran sus ojos grandes y muy negros, adornados con pobladísima ceja que +los sombreaba, dándoles una apariencia por demás siniestra y hosca. + +Respecto á su carácter, ¿qué diremos? Este hombre nos hirió demasiado, +nos abofeteó demasiado para que podamos olvidarle. Fernando VII fué el +monstruo más execrable que ha abortado el derecho divino. Como hombre, +reunía todo lo malo que cabe en nuestra naturaleza; como rey, resumió en +sí cuanto de flaco y torpe puede caber en la potestad real. La +revolución de 1812, primera convulsión de esta lucha de cincuenta años, +que aún dura y tal vez durará muchos más, trató de abatir la tiranía de +aquel demonio, y en sus dos tentativas no lo consiguió. La revolución +hubiera abatido á Nerón, á Felipe II, y no abatió á Fernando VII. Es +porque este hombre no luchó nunca frente á frente con sus enemigos, ni +les dió campo. No fué nuestro tirano descarado y descubiertamente +abominable; fué un histrión que hubiera sido ridículo á no tratarse del +engaño de un pueblo. Nos engañó desde niño, cuando, fraguando una +conspiración contra un favorito aborrecido, muy superior á Fernando por +su inteligencia, adquirió una popularidad que pronto pagó España con la +sangre de sus mejores hijos. Fernando fué mal hijo: conspiró contra su +padre Carlos IV, cuya imbecilidad no disminuía el valor de su +benevolencia; conspiró contra el trono que debía heredar más tarde, y +aun amenazó la vida del que le dió el ser. Después se arrastró á los +pies de Napoleón como un pordiosero, mientras España entera sostenía por +él una lucha que asombró al mundo. Al volver del destierro pagó los +esfuerzos de los que él llamaba sus vasallos con la más fría ingratitud, +con la más necia arrogancia, con la anulación de todos los derechos +proclamados por los constituyentes de Cádiz, con el destierro ó la +muerte de los españoles más esclarecidos; encendió de nuevo las hogueras +de la Inquisición; se rodeó de hombres soeces, despreciables é +ignorantes, que influían en los destinos públicos como hubiera podido +influir Aranda en las decisiones de Carlos III; persiguió la virtud, el +saber, el valor; dió abrigo á la necedad, á la doblez, á la cobardía, +las tres fases de su carácter. Restablecido á pesar suyo el sistema +constitucional, tascó el freno, disimuló como él sabía disimular, +guardando el veneno de su rabia, devorando su propio despecho, +encubriendo sus intentos con palabras que nunca pronunció antes sin risa +ó encono. Lo que es capaz de tramar un ser de éstos, tan hipócritas como +cobardes, se comprende por lo que tramó Fernando en aquellos tres años +desde las mil facciones y complots realistas, alimentados por él, hasta +el complot final de los cien mil hijos de San Luis, que Francia mandó al +Trocadero. Así recobró lo que en jerga real llamaba él sus derechos, +inaugurando los diez años de fusilamientos y persecuciones en que la +figura de Tadeo Calomarde apareció al lado de Fernando, como Caifás al +lado de Pilato. El pacto sangriento de estos dos monstruos terminó en +1823, en que Dios arrancó de la tierra el alma del Rey, y entregó su +cuerpo á los sótanos del Escorial, donde aún creemos que no ha acabado +de pudrirse. + +Pero con este fin no acabaron nuestras desdichas. Fernando VII nos dejó +una herencia peor que él mismo, si es posible: nos dejó á su hermano y á +su hija, que encendieron espantosa guerra. Aquel rey que había engañado +á su padre, á sus maestros, á sus amigos, á sus ministros, á sus +partidarios, á sus enemigos, á sus cuatro esposas, á sus hermanos, á su +pueblo, á sus aliados, á todo el mundo, engañó también á la misma +muerte, que creyó hacernos felices librándonos de semejante diablo. El +rasgo de miseria y escándalo no ha terminado aún entre nosotros. + +Pero no hagamos historia y sigamos nuestro cuento. + +--¿Y olvidaréis, señor, lo que me habéis prometido para mi +sobrinillo?--dijo Elías.--¡Ah!, yo quisiera que V.M. le conociera: es el +botarate mayor que ha nacido. Anoche habló en _La Fontana_ y les volvió +locos. Le aplaudían con unas ganas ... Yo también le aplaudí. Con tres +oradores así nos hubiéramos ahorrado mucho dinero. El pobre ha hecho +bastante. Sí, señor; mi sobrino lo merece, lo merece.... + +--Basta que sea tu sobrino, y que tú tengas empeño en darle ese +destinillo ... Sí; te lo nombro consejero de la Intendencia de +Filipinas. Hará carrera. A mí me gustan los chicos así ... exaltados.... + +--Señor--dijo Elías humillando su cabeza hasta tocar con la nariz el +tapete de la mesa,--yo no sé cómo V.M. no se cansa de protegerme. Yo, +que jamás oculto la verdad á V.M., me atrevo á decirle respetuosamente +que mi sobrinillo no merece semejante favor. Es un loco: tiene la cabeza +llena de desatinos, y creo que jamás será un hombre formal. Si me atreví +á pedir á V.M. ese favor, fué por los servicios que ha prestado el chico +á nuestra santa causa, uniéndose á esos admirables, aunque indirectos, +instrumentos de justicia que esta noche van á salvar la patria. + +--Tu sobrino merece el destino, y punto concluido. Aquí tengo el +decreto--dijo el Rey mostrando uno de los papeles. + +Después añadió sonriendo: + +--Al fin llegará un día en que promulgue una ley por mi cuenta y riesgo. +Si viniera Feliú y viera estos decretos hechos y firmados por mi sin +consultarle.... + +--Me parece que no los verán Feliú ni otros muchos: de eso +respondo--dijo Coletilla siniestramente.--Dios permitirá que las sabias +leyes de un rey justo salgan á luz pública y lleven el orden, la +obediencia y el respeto al ánimo de todos los españoles. Mañana, señor, +mañana. Lo primero, señor--prosiguió después de haber mirado al cielo un +buen rato,--es nombrar los capitanes generales y los regentes de todas +las Audiencias, gente de confianza que vaya al momento á cumplir las +leyes perentorias de seguridad pública que les daréis. El Rey hizo con +la mano ese gesto frecuentísimo que indica la actitud de castigar. Una +contracción de boca dió la última expresión á aquel gesto admirable. + +--Señor--continuó el consejero áulico,--yo me atrevería á recomendar á +V.M. una cosa; y es que nada sería más funesto que una clemencia, que +podríamos llamar criminal. Recuerde V.M. lo del año 14. Si ahora, como +entonces, se contenta V.M. con mandar al Fijo de Ceuta á ciertas +personas.... + +Coletilla, aunque observaba siempre en la conversación las fórmulas de +la etiqueta absolutista, hizo con la mano, fijando el pulgar bajo la +barba y agitando los demás dedos, un gesto que el Rey entendió +perfectamente. + +--Ya veremos lo que se hace--dijo Fernando, significando con una +oscilación de su labio que no sería tan blando como en 1814.--Ya son las +doce--añadió mirando un reloj.--¿Sabes que no se siente por ahí todo el +ruido que fuera de desear? + +--Por aquí no vendrán, señor. Ya saben que está aquí la Guardia Real, +que no admite bromas. + +--Ya la Guardia sabe lo que tiene que hacer: acercarse aquí y no hacer +manifestaciones en favor de nadie. Después.... + +--Me parece que siento ruido de voces ... allá ... hacia los Caños--dijo +Coletilla acercándose al balcón y aplicando el oído con la insidiosa +cautela de un ratero. + +--Sí; pero es hacia San Marcial, hacia allá abajo. Creo que en la plaza +de Afligidos pasa algo ya--dijo el Rey. + +--Sí; allí deben estar ya. Allí es la cosa ... ¿No se horroriza V.M. al +considerar qué planes inicuos podría fraguar allí esa gente? Tal vez +algún atentado contra el Trono ó contra la vida de V.M. ¿Quién sabe? +Todo se puede esperar de liberales. + +--Alguna coalición parlamentaria, como dicen. Pensarían presentar alguna +ley, y se ponían de acuerdo con la mayoría para votarla. + +--Para eso, señor, no se reúnen tantas personas de noche, con tales +precauciones y con el mayor secreto. + +--Es que me tienen miedo--dijo el Borbón.--Saben muy bien que yo puedo +destruir sus planes acá con mi gramática parda, sin andarme en +constitucionalidades. ¡Oh! Bien me conocen ellos. También me figuro que +han tenido noticia por algún conducto de mis relaciones con la Santa +Alianza, ó habrán sabido mi correspondencia con Luis XVIII. Pero con tal +que lo de esta noche salga bien, poco importa lo demás. + +En Palacio cundió la alarma con las noticias que llegaron del tumulto de +la capital. El Monarca, cuando recibió á sus gentileshombres y al jefe +de la Guardia, se mostró muy sorprendido, y hasta juró que tendrían los +amotinados pronto y ejemplar castigo. Volvió á la camarilla y al lado de +su consejero áulico, que estaba alborozado por haber sentido una +algazara más fuerte que la anterior. + +--Señor--murmuró,--ya, ya ... Por el ruido parece como que vuelven. + +--¿Vuelven? dijo el Rey con ansiedad.--¿De dónde? + +--De allí. ¡Vuelven! Tal vez trayendo por trofeo.... + +Mucho tiempo estuvieron los dos escuchando con grande atención y +ansiedad. Pasaron media hora en silencio, sólo interrumpido por algunas +frases de Coletilla y algunos monosílabos del Deseado. Al fin sintieron +el ruido de un coche que paraba á las puertas de Palacio. + +--¿Quién será?--dijo el Rey con una gran alteración de semblante y +pasando á la cámara. + +Anunciaron al ministro de la Gobernación. Fernando volvió á la camarilla +y miró á Elías con una cara en que el consejero leyó despecho y +desaliento. + +--¡El ministro de la Gobernación! ¿No me dijiste que iba también allí? + +--Señor--dijo Coletilla, en la actitud de una zorra apaleada,--preciso +es que haya acontecido algo extraordinario. Feliú también iba allá. + +--¡Está aquí!--dijo Fernando, hiriendo fuertemente el suelo con el +pie.--Todo se ha perdido. Feliú viene; escóndete por ahí cerca. Le +recibiré aquí mismo. Quiero que oigas lo que dice. + +Escondióse Coletilla. El Rey hizo pasar al ministro á la camarilla. +Venía Feliú muy agitado; pero Fernando estaba sereno, al menos en +apariencia. Indicó que acababa en aquel momento de tener noticia de una +borrasca popular, y que la juzgaba de poca importancia. + +--Señor--dijo el secretario,--más que un motín producido por el +descontento del pueblo, parece esto un complot ideado por personas que +hacen de ese mismo pueblo un instrumento de disolución y anarquía. + +--¿Pero quién, pero quién?--dijo Fernando fingiéndose incomodado, y lo +estaba en realidad, aunque por causa distinta. + +--Esos exaltados, enemigos constantes del Gobierno de V.M., porque no +les permite llevar el uso de los derechos hasta el desenfreno. + +--¿Pero qué piden esta noche? + +--Han pretendido allanar la casa de Álava; han intentado asesinarle, á +juzgar por la actitud de las turbas que allí se reunieron. Pero avisado +oportunamente por un joven que estaba en el secreto de la conspiración, +dió parte y se colocaron algunas fuerzas dentro de la casa, pudiendo +evitar un horrible crimen. + +--¿Y dónde ha sido eso? + +--En la plazuela de Afligidos. + +--¿No vivía Álava en la calle de Amaniel?--preguntó el Rey con una +mirada que estuvo á punto de turbarle. + +--Si, señor: allí vivía; pero desde algún tiempo se ha mudado á esta +otra casa, que es suya también. Por fortuna, las turbas no han podido +realizar su infame designio. Al separarme yo de mis compañeros, el +ministro de la Guerra había dado las órdenes necesarias, y el orden +estaba restablecido completamente. + +--Pero no puedo comprender que se amotinara todo un pueblo para +atropellar á un solo hombre. ¿No sería que en esa casa se reunían muchos +de los que el pueblo odia? De cualquier modo que sea, es preciso un +pronto castigo. Espero que no os dejaréis burlar por esa canalla. Caiga +el peso de la ley sobre ella, y á ver si de una vez se acaban estos +motines, Feliú, que bien se puede asegurar que desde que tienen libertad +los españoles no nos acostamos un día tranquilos. + +--Señor, los esfuerzos del Gobierno son inútiles para conseguir ese fin. +Es cosa que desespera y aturde ver cómo nos es imposible tranquilizar á +ciertas gentes. Por todas partes aparecen partidas de facciosos movidas +por una parte del clero. Hay todavía muchos espíritus apocados que no +quieren creer que el interés de V.M. y de la nación consiste en el +sistema que todos amamos y defendemos. Hay personas tan ciegas, que aún +no han llegado á comprender que es V.M. el que más ama y el que más +desea su cumplimiento. Todas las leyes liberales que V.M. sanciona y +promulga con gran sabiduría, no bastan á convencerles. ¿Qué hacemos +contra tales gentes? + +Fernando estaba ciego de furor al comprender adonde iban dirigidas las +embozadas alusiones del ministro. Era tan rastrero y cobarde, que, á +pesar de su ira, habló para fulminar anatemas contra los que aún soñaban +con la restauración del absolutismo. + +--El atentado de esta noche se ha reprimido--dijo el ministro.--¡Quiera +Dios que podamos impedir los que traten de perpetrar mañana! Es preciso +buscar en su origen el remedio de este mal. Yo creo que el partido +exaltado no es el único autor de estos desórdenes. + +--¿Pues quién?--preguntó el Rey, que, á pesar de su cobardía, sintió +en aquel momento herida su dignidad, y se puso muyencendido.--¿Quién, +Feliú? + +--Señor, yo me encargaré de averiguarlo, y propondré á V.M. los medios +de darles un ejemplar castigo. Se sabe que entre la juventud más +acalorada se ingieren ciertas personas que jamás tuvieron nota de +liberales ni mucho menos. Dicen que esas personas trabajan continuamente +para llevar al pueblo á los excesos que lamentamos. Esas gentes, señor, +son, á mi modo de ver, los enemigos de V.M. Sobre ellos debemos dirigir +los ojos de la vigilancia y la mano de la justicia. + +--Sí--contestó Fernando con su acostumbrada hipocresía.--Si; hay +insensatos que juzgan que para mi hay gloria, hay dignidad fuera de la +Constitución, y estoy dispuesto á castigar á ésos con más rigor que á +los frenéticos demagogos. Energía, energía es lo que quiero. + +--Señor, no tengo palabras con que abominar bastante la conducta de un +hombre muy conocido en Madrid; uno que ha tenido la osadía de usar, +profanándolo, el nombre de V.M. para disculpar sus horribles +maquinaciones. Ese hombre es más criminal que los mayores asesinos, que +los más rabiosos anarquistas; ese hombre corrompe al pueblo, corrompe á +la juventud exaltada; frecuenta los clubs ... Pero nada de esto sería +grave si no se atreviera á tomar en boca un nombre que aman todos los +españoles como símbolo de paz y libertad. Ese hombre se llama Elías, y +es conocido por Coletilla en los clubs. + +--Pues á ése y á otros como ése es preciso exterminarlos--dijo el Rey, +usando su palabra favorita.--Esa canalla es la que más daño hace á mis +intenciones, extraviando la opinión del pueblo. + +--Yo respondo, señor, que de esta vez haré todo lo posible para que ese +hombre no se escape. Ya otras veces se ha procurado prenderle; pero no +sé cómo consigue evadirse de la Justicia, y pasea después su cinismo por +todas las calles de Madrid, por todos los clubs. Esta vez no creo que se +nos escape. Ya daremos con él. Precisamente esta noche, Bozmediano, que +se hallaba en casa de Álava, me ha dicho que tuvo noticia del complot +pocas horas antes de haber sido intentado, por un sobrino del mismo +Coletilla, joven que el infame quiso poner al servicio de sus viles +propósitos. + +--Pues es preciso premiar á ese joven--dijo Fernando, empeñado cada vez +más en disimular la agitación que le dominaba. + +--Si, señor; es un joven de mérito, según me ha dicho Bozmediano, y muy +buen liberal. Antes de ocurrir este lance me lo había propuesto para una +plaza de oficial en el Consejo de Estado, y lo he concedido. + +--Bien; me gusta que se premie esa clase de servicios. + +--Mañana podré traer á V.M. un parte detallado de lo ocurrido esta +noche. Además, creo que el ministro de la Guerra no tardará, y él +enterará á V.M. de las precauciones que hemos tomado. + +--¿Esta noche?--dijo el Rey con hastío. + +--Veo que V.M. quiere descansar. Por esta noche no hay nada que temer. +Puede V.M. reposar tranquilo. + +--Bien; puedes retirarte. + +Fuése el ministro, y es de creer que se fué satisfecho por haber dicho +cosas que sólo en aquellos momentos de irritación y sobresalto se +hubiera atrevido á decir al Soberano. Feliú era hombre tímido, y es la +verdad que á su indecisión se debieron muchos de los lamentables sucesos +ocurridos en aquel trastornado período. + +Cuando Fernando se encontró solo abrió una mampara, y Elías, que estaba +oculto, se presentó. La imagen del consejero áulico daba pavor. Estaba +lívido; le temblaban los labios, secos por el calor de un aliento que +sacaba del pecho el fuego de todos sus rencores. Crispaba los puños, y +aun se hería con ellos en la frente, produciendo el sonido desapacible +que resulta de la seca vibración de dos huesos que se chocan. + +--¿Ves?--le dijo el Rey, encendido de furor y dando en el suelo una +real patada, que estremeció la sala.--¿Ves lo que ha pasado? ¿Oíste? +Vuelve á decirme que todo era cosa segura, que confiara en ti, que tú lo +harías todo. ¡Ah, qué desgraciado soy!--añadió con desaliento.--¡Que no +encuentre yo un hombre! ¡Un hombre es lo que yo necesito, un hombre! + +--Señor--murmuró Elías, alejado del Rey como el perro que ha recibido un +palo de su amo.--Señor, nos han vendido!... ¡Ese sobrino mío, ese infame +nos ha vendido! + +--No--dijo Fernando con repentino acceso de ira;--tú, con tu imprudente +conducta, me has comprometido. Ya ves, todo el mundo sabe que eres +agente mío. ¿No viste cómo con buenas palabras me lo dijo Feliú? ¡Oh, le +hubiera arrancado la lengua! ¡Tú me has vendido! + +--Señor--replicó Coletilla con voz en que había algo de llanto,--señor, +traspasadme el corazón, pero no digáis que os he vendido. Yo no puedo +venderos. Abofeteadme; escupidme, señor, antes que decirme tal cosa ... +Vuestra causa ha sido siempre mi único pensamiento; á ella me he +dedicado con toda la actividad de que soy capaz. Es que Dios, señor, +permite ciertas cosas; Dios pone á prueba nuestro temple y nuestro +valor. No me culpéis á mí, señor; yo os he servido como un perro. + +En aquel momento, podemos asegurarlo, Coletilla habría quedado muy +satisfecho si Fernando hubiera cogido en su cobarde mano la espada +augusta de sus mayores, atravesándole con ella. Pero Fernando no hizo +tal cosa. Coletilla sintió todo el menosprecio de su amo, y aquel +puntapié moral le lastimó más que una puñalada. El fanático realista +hubiera visto con terror, pero no con asombro, que el Deseado le mandara +colgar de una almena ó le hiciera apoyar la cabeza sobre el tajo feudal +para recibir el hachazo del verdugo. Acercóse al Rey, se le arrodilló +delante, y dijo con gran energía: + +--Señor: yo os juro, en nombre de vuestros mayores, que esta derrota +aparente que hemos sufrido no es más que el preludio de la gran victoria +que ha de poner remate á nuestra empresa. ¡Yo os lo juro! Despreciad las +alusiones de Feliú, despreciadlo todo. Seguid; sigamos. Los leales +existen; sólo falta el primer paso. ¿Tropezamos esta noche? Mañana no +tropezaremos: os respondo de ello, os lo juro. + +Levantóse lentamente; hizo una profunda reverencia, inclinándose lo más +que pudo, y se dirigió á la puerta, volviendo el rostro varias veces á +ver si el Rey le miraba. El Rey no le miró. Estaba muy ensimismado; de +vez en cuando hería el suelo con el pie, ocultando la cabeza entre las +manos sin decir palabra. Coletilla, desde la puerta, esperó una mirada +del Deseado; no la consiguió, y fuése, sintiendo, al par de su +concentrada rabia, dolorosa impresión de agravios y desconsuelo que le +ponía en el corazón un dolor inaudito. + + + + + +CAPÍTULO XLII + + + +#Virgo potens#. + + +Lázaro quedó dentro de la casa de Álava durante los breves y angustiosos +momentos que duró la tentativa de lucha entre el pueblo y la tropa. +Sentían desde allí el rumor popular, y por instantes creyeron que había +llegado la última hora de todos ellos. El objeto que allí reunía á los +ilustres personajes era tratar de los medios que podían emplearse para +impedir las frecuentes conspiraciones de Palacio. Pueden burlarse las +cábalas de un partido, de dos; pero contra las del Soberano, símbolo de +legalidad, ¿qué fuerza puede tener un Ministerio? Si hay algo más +terrible que la anarquía, son las camarillas. Contra esto no hay arma +eficaz, á no ser el arma de un regicida. No podemos asegurar si en +aquellas reuniones se trató de poner en práctica el artículo de la +Constitución; idea que después, con gran escándalo de Europa, se realizó +en las Cortes de Sevilla del año 23. Pero sí podemos asegurar que +aquellos hombres se ocuparon, con la aflicción y desaliento que era +natural, de los rumores de intervención francesa, de las relaciones +secretas de Fernando con Luis XVIII, y, por último, del ejército de +observación puesto por el Gobierno francés en la frontera con el +pretexto de cordón sanitario. + +Volvamos á nuestro cuento. Cuando terminó el peligro y se alejó la +multitud, la mayor parte de las personas permanecieron en la +huerta, subiendo á la casa tan sólo los tres que habían de figurar +en el reconocimiento ordenado por la autoridad. Todo se arregló de +modo que en el parte del capitán general que había de publicarse +al día siguiente, no figurara la existencia de reunión secreta ni +cosa parecida. + +Al amanecer se fueron todos custodiados por la tropa y con mucho sigilo. +Lázaro, sin que nadie le custodiara, se fué á la calle del Humilladero. +Clara, que había tenido noticia del alboroto de aquella noche, estaba en +la mayor inquietud. A cada ruido que sonaba en la calle se incorporaba +con grande agitación y sobresalto. Decíale Pascuala mil cosas divertidas +para distraerla, y á cada momento le contaba las estratagemas que tuvo +que poner en juego para que su Pascual no se echara á la calle, teniendo +que encerrarle en la casa y esconderle la escopeta en lo más profundo +del sótano. El tabernero, que en realidad era un hombre pacífico, viendo +que le cerraban la puerta y le impedían ir á cubrirse de gloria en las +calles, se bebió lo mejor de su comercio, y sin hacer alborotos, porque +también eran pacíficas las monas que cogía, se tendió en el banco y +empezó á roncar de tal modo, que parecía su voz una burla durmiente del +ronquido popular que sonaba en las calles. + +Esperó Clara toda la noche con mortal inquietud; pasó una hora y otra +hora, y rezó todas las oraciones que sabía, sin olvidar las que le había +enseñado doña Paulita. Su buen amigo no volvió hasta la mañana. Cuando +ella vió que no estaba herido, que no le faltaba ningún brazo, ni media +cabeza, ni tenía en el pecho ningún tremendo, sangriento agujero, como +ella había soñado con horror, se quedó tranquila y en extremo contenta. + +--¡Si vieras lo que he hecho esta noche!--dijo Lázaro, sentándose +fatigado y sin aliento junto al lecho.--He salvado la vida á más de +veinte personas, los hombres más esclarecidos de España. Iban á ser +villanamente asesinados esta noche. + +--¡Jesús!--exclamó Pascuala, llevándose las manos á la cabeza.--¡Qué me +alegro de que mi Pascual no hubiera salido! Si sale, me lo asesinan. + +--Una infernal maquinación estaba preparada para matarlos en un sitio +en que estaban reunidos. Todo por ese hombre malvado ... ¡Si vieras +qué tumulto! + +--¡Ah, no salgas, por Dios!--dijo Clara. + +--Es preciso salir. Sé que tratan de prender á mi tío, que tratan de +hacerle justicia. Lo merece, es cierto; pero yo que hice cuanto pude +para impedir la realización de sus inicuos planes, trataré también de +salvarle á él. Es hermano de mi madre. Si avisándole que tratan de +prenderle se salva, y no le aviso, mi conducta es criminal. Es un +infame, con vergüenza lo confieso; pero si no impido su persecución y su +muerte, tendré remordimientos toda mi vida. + +La huérfana no pudo resistir un sentimiento de lástima y piedad hacia +aquel hombre excéntrico que, sin dejar de ser su tirano, había sido su +protector y el amparo de su niñez. + +--Sí, sí; ve--dijo.--¡Pobre hombre! ¿Qué ha hecho? Pero no vayas tú; ¿no +podrías mandarle un recado? + +--Yo mismo debo ir. Volveré pronto; no temas nada. ¿Qué me puede +suceder? + +--¡Ay, Dios mío! Todavía me parece que siento aquellos gritos de anoche +... ¿Y si se enfada contigo y te riñe? + +--¿Quién? + +--¡Él! Ese hombre, que debe estar más rabioso que nunca. + +--No me importa. Hoy será la última vez que le vea. + +--¿Y si vas á la casa y encuentras á las dos señoras, y doña Salomé te +dice algo que te ofenda, y te habla de mi diciendo que soy incorregible? + +--Si me dice algo que me ofenda, me importará poco; pero si me habla de +ti, pienso que será la última vez que se atreva á pronunciar tu nombre. + +--¿Y si descubren que estoy aquí y vienen las tres á atormentarme +diciéndome que soy muy mal educada? ¡Oh!, si las veo entrar, me muero. + +--No vendrán--indicó Lázaro sonriendo.--Y si vienen, estaré yo aquí. + +--Ve entonces--dijo Clara con una melancolía que detuvo al aragonés un +momento y quebrantó un poco su resolución irrevocable. + +--Adiós ... es preciso. Volveré pronto. + +No quiso esperar más tiempo; salió y dirigióse á la inquisición de la +calle de Belén. Las ocho serían cuando entró en casa de las +nobilísimas damas. Paz y Salomé no estaban allí, porque habían salido +á buscar casa. Cuando la devota abrió la puerta y vió á Lázaro, su +sorpresa y su turbación fueron tales, que permaneció buen rato sin +decirle palabra, mirándole bien, como si creyera que aquella imagen +era el efecto de una visión. + +--¡Ah!--exclamó, cerrando la puerta, una vez que Lázaro estaba +dentro.--Yo creí que no le vería á usted más. + +Sintió el joven un alivio cuando supo que las dos arpías estaban fuera. +Doña Paulita le inspiraba respeto y gratitud, pues no había oído jamás +la menor recriminación en su boca, ni Clara le había dicho que tuviera +queja ninguna de ella. El recuerdo de la escena y diálogos misteriosos +ocurridos algunas noches antes, le puso muy pensativo. Sin saber por +qué, cuando se vió solo en aquella casa sombría, en compañía de aquella +mujer pálida, con la vista extraviada y el rostro enflaquecido por tres +días de delirio y calentura; cuando notó sus ligeras convulsiones, su +agitada respiración, su mirada viva, sin saber por qué, lo repetimos, +tuvo miedo. + +--¿Está mi tío?--preguntó.--Tengo que verle. + +--No está; desde ayer no parece. + +--¡Qué contrariedad! Tengo que verle hoy mismo. + +--Tal vez venga á la hora de comer. + +--No quisiera esperar; he de verle antes. Además, yo no como aquí; yo no +vuelvo acá, señora ... Ahora me despido de usted para no volver más. + +Doña Paulita se quedó mirando al joven como si oyera de sus labios la +cosa más inverosímil y más absurda. + +--¡Para no volver!--dijo cerrando los ojos.--No, no lo puedo creer; no +es cierto. + +---Sí, señora; es cierto. Yo no puedo estar en esta casa ni un día más. +Adiós, señora. + +--Lázaro--murmuró la devota, asiéndose al brazo derecho del joven como +un náufrago que encuentra una tabla en momentos desesperados.--¡Usted se +va ... se va! Y yo me quedo aquí para siempre. ¡Oh!, quiero morirme mil +veces primero. + +El joven estaba confundido. Aterrábale la actitud dolorida de la mujer +mística, sus labios trémulos y secos, la expresión de su rostro, que +anunciaba la más grande desesperación. + +--Yo soy una muerta, yo no vivo--dijo ella.--Yo no puedo vivir de esta +manera ... Ya le dije á usted que no era santa, y ¡cuán cierto es! Hace +tiempo que me he transformado ... Puedo nacer á la verdadera vida, puedo +salvarme, puedo salvar mi alma, que va á sucumbir si permanezco de este +modo. Yo espero vivir.... Al ver que usted tardaba, la esperanza comenzó +á faltarme; pero usted ha venido. ¿No puedo creer que Dios me lo ha +enviado? Hay cosas que nosotras no podemos decir; pero yo las digo, +porque me siento destrozada interiormente. Ha llegado para mí el momento +de dejar una ficción que me mata; yo no sé fingir. Creí que Dios me +reservaba para una vida ejemplar, de continua devoción y tranquilidad; +pero Dios se ha burlado de mi, me ha engañado, me ha hecho ver que la +virtud con que yo estaba tan orgullosa no era otra cosa que una farsa, y +aquella aparente perfección un desvarío. Yo no había vivido aún, ni me +había conocido. No puedo estar más aquí; porque esto sería prolongar +este engaño, que antes fué mi mayor placer y ahora mi mayor martirio. + +--Señora--dijo Lázaro, que comprendió al fin toda la profundidad del +nuevo carácter de la devota, y vió claro en lo que antes era para él un +misterio.--No se agite usted sin razón. Sea usted libre y no sacrifique +su felicidad á exigencias de familia. Las dos señoras que viven con +usted son muy intransigentes. + +Quería el joven evadirse, con esta salida, de la contestación enojosa +que las palabras y la actitud de la santa parecían exigir. + +--No me importa su carácter--dijo ésta.--Yo las quiero, son mis +parientas y compañeras de toda mi vida. Después que yo tome una +resolución irrevocable, poco me importa lo que ellas puedan decir ó +hacer. Yo estoy decidida, Lázaro. + +Y en vano buscaban sus ojos en el semblante del joven indicios de los +sentimientos que con tanta ansiedad le pedía. El hacía esfuerzos por +permanecer inmutable ante aquella santa mujer, agitada por las +alternativas de un arrebato místico; y no sabiendo qué decir, dió un +paso hacia la puerta. + +--No--dijo la devota, deteniéndole con más fuerza. ¿Marcharse usted? ¡Qué +idea! ¿Qué va á ser de mi? ¡Sola para siempre! La muerte lenta que me +espera es peor que si ahora mismo me matara usted ... ¡Y decía que era +agradecido! Usted es la misma ingratitud. Siempre lo he creído. Hay +personas que no merecen recibir la más ligera prueba de afecto. Usted es +uno de ésos. Y, sin embargo, por una fatalidad que nos cuesta tantas +lágrimas, siempre van dirigidos los más grandes tesoros de amor á las +personas que menos los merecen. + +--No, por Dios; no me llame usted ingrato respondió Lázaro, viendo que +era ya imposible evadirse á las declaraciones que la teóloga exigía de +un modo tan apremiante.--Yo no soy ingrato, y menos con usted, que tan +bondadosa ha sido conmigo. + +--Si usted olvidara eso, sería el más infame de los hombres. A pesar de +todo, siempre creí que no era usted tan malo como decían. Usted será +bueno; la felicidad hace buenas á las personas. Yo también espero serlo +... ¡Ah! ¿No sabe usted en qué he pensado? He tenido estos días llena la +cabeza con unas ideas ... No lo puedo contar. ¿Sabe usted? Pienso que +estoy destinada á largos días de paz y felicidad, de que disfrutará +alguien conmigo. + +--¿Qué es eso?--preguntó Lázaro, algo tranquilizado por la esperanza de +que aquella nueva idea apartaría la conversación del fastidioso tema por +que había empezado. + +--Es--continuó la santa con una amabilidad forzada que la hacía más +lúgubre,--es que yo he pensado que no puede existir perfección mayor que +la que ofrece la vida doméstica con todos los deberes, todos los goces, +todos los dolores que en sí lleva la familia. ¡Ay!, meditando sobre esto +he comprendido la esterilidad de mis rosarios, de mis rezos. ¿Qué estado +puede igualarse por su dignidad y nobleza al estado de la esposa, de +cuya solicitud penden tantas felicidades, la vida de tantos seres? + +--Efectivamente, señora--dijo Lázaro muy confuso;--eso es cierto. Pero +las personas que, como usted, se elevan tanto por la meditación y la +abstracción; que se libran de las flaquezas humanas por su fortaleza, +son mucho más perfectas. + +--¿Perfectas? ¡Qué loco es usted! ¿Y qué ha dicho usted de flaquezas? +¿Llama usted flaquezas á la verdad de nuestra naturaleza, que se +manifiestan como Dios las ha criado? + +El aturdimiento del joven no tuvo límites. + +--Aspirar á hacer la felicidad--continuó ella--de muchos seres por el +amor y los lazos de la familia, ¿es eso lo que usted llama flaquezas? + +--No, señora; eso no. + +--¡Oh! Usted se va á asustar de lo que le voy á decir. No lo creerá +usted; es inconcebible. + +Lázaro, que creía ya que doña Paulita Porreño no podía decir nada más +inconcebible, tembló ante la promesa de nuevas y más extrañas +confidencias. + +--Para realizar la felicidad y la paz con que yo he soñado, no basta el +amor; es decir, que para evitar mil irregularidades y disgustos es +necesaria además otra cosa. Cuando en la vida ocurren dificultades, el +mutuo amor se ve diariamente acibarado. Tiembla el uno por el otro; +tiemblan los dos por los hijos; la felicidad se ve comprometida á cada +instante; asusta el día de mañana; se tienen remordimientos de haberse +unido. Yo he comprendido esto á fuerza de imitación, y también me parece +que lo he leído en no sé qué libro. + +--Es verdad, señora; yo comprendo lo que usted quiere decir--observó +Lázaro, admirado de tanta sabiduría. + +--Pues yo voy á decir á usted una cosa que le sorprenderá mucho, +Lázaro--dijo Paulita, dirigiendo hacia el joven toda la melancolía y el +suave interés de su mirada. Voy á decirle á usted una cosa que le +sorprenderá sobremanera: yo soy rica. + +Efectivamente, Lázaro se quedó absorto. + +--Sí--continuó ella,--yo soy rica. Usted se maravilla. Conociendo la +vida que llevamos ... Este es un secreto que sólo confío á quien debo +confiarlo: á usted, única persona que ... El uso que yo pienso hacer de +esa riqueza, ya usted lo ha comprendido. Yo no debo hacer declaraciones +innecesarias. Nosotros nos hemos comprendido, hemos confundido nuestros +propósitos en uno sólo, ¿no es verdad? + +--Sí, señora--dijo Lázaro, por contestar de algún modo á aquella +profundísima y grave pregunta. + +--Yo soy rica. Hace poco hubiera dejado perder mi fortuna sin cuidado +ninguno. Siempre he despreciado todo eso. Pero hoy no; hoy pienso en ese +tesoro como un medio de vida. Para mí nada quiero; pero los hombres que +tienen ambición necesitan todo eso. Lo necesitamos, ¿no es cierto? + +Lázaro, después de un momento de angustiosa vacilación, dijo otra vez: + +--Si, señora. + +--Era yo muy niña--continuó la dama;--había muerto mi tío; reinaba en +la casa la mayor desolación; nos preparábamos á mudar de habitación; ya +éramos pobres. Mi tía y mi prima estaban llorando; pero al mismo tiempo +muy ocupadas en la mudanza y en recoger los pocos muebles que nos +quedaron después del embargo. En un viejo reclinatorio de nogal había +hecho yo un altar, donde rezaba mucho. Teníalo cerrado por las noches, +y al abrirlo por las mañanas, al ver mis santos y mis imágenes, me +parecía tener allí un pedazo de cielo. Aquel día fué muy triste para +mí, porque tuve que desclavar mi altar del sitio donde estaba, y muchos +santos se me rompieron, dejando en el mueble el pedazo por donde +estaban pegados. En esta operación sentí que cedía bajo mi mano la +tabla del fondo, y quedaba descubierto un hueco. En este hueco había +una cajita muy bella de madera labrada. Traté de abrirla y la abrí sin +esfuerzo: estaba llena de dinero, casi todo en onzas muy antiguas. +Cerré la caja; ajusté la tabla que cubría el hueco, dejándola +cuidadosamente como estaba, y me callé. Trajeron el mueble á esta casa, +y en mi cuarto ha estado hasta hoy. Al principio miré aquello como un +juguete, como una reliquia. De noche, en el silencio de esta casa, lo +abría, contemplando con estupor las hermosas monedas que dentro había. +Varias veces traté de revelarlo; pero me detenía un recelo +supersticioso. A veces soñaba con fundar algún día una obra piadosa. No +he tocado nunca aquel dinero, y á pesar de la estrechez con que hemos +vivido, jamás me atreví á gastar ni un solo doblón. Me parecía que +debía guardar aquello para otros dias, que yo esperaba sin saber +por qué. Por instinto lo conservaba intacto, aunque pensaba que jamás +cambiaría de estado. El tesoro existe en el mismo sitio en que lo +encontré. Ha llegado el momento de usarlo para las necesidades de +nuestra vida. Es mío; ¿puedo dudarlo? Pertenecía á alguno de mis +parientes, que lo depositó allí para tenerlo seguro. A mí me pertenece +ahora; á mí, que lo encontré. Daré, sin embargo, la mitad á mi prima y +á mi tía, y si me acusan de no haberlo mostrado antes, les diré que, á +no haberlo conservado, me sería hoy imposible labrar las felicidades +que pienso labrar, y dar á mi vida y á la vida de otros la expansión +que necesitan. Lázaro no quiso agravar la situación, y repitió: + +--Sí, señora. + +La devota entró en su cuarto y volvió al poco rato con una cajita que +mostró al joven, diciendo cariñosamente: + +--Aquí está. Es mía, es nuestra. + +Y al decir esto se acercó á él con la caja, sostenida en las dos manos y +apoyada en el seno. La caja tocaba al pecho de Lázaro, y éste sentía el +empuje con tanta fuerza, que, por no caer, tuvo que dar un paso atrás y +extender los brazos hasta tocar los hombros de la santa. + +--Hace usted bien--dijo el aragonés.--¿De qué sirve guardar ese dinero, +que puede ser útil á usted y á otros? + +--Si--contestó Paulita con efusión.--Es nuestro. Ya no sabía Lázaro qué +partido tomar. Se decidió á concluir de una vez aquella penosa +situación. + +--Señora--dijo,--yo me retiro. Es preciso que me retire.... + +--Sí--contesta ella,--y yo también. Vamos. Nos iremos juntos. + +--¡Usted, señora, usted...!--exclamó Lázaro descompuesto. + +--Sí, los dos. Vamos. + +--Señora, usted delira. Eso es imposible. + +--¡Imposible, imposible! No podemos quedarnos aquí. + +--Es preciso que nos separemos, señora. Otra cosa sería una +inconveniencia y una desgracia tal vez. + +--¿Qué dices?--balbuceó la santa con extravío. Su aspecto en aquellos +momentos infundía temor. Asemejábase á los enfermos atacados de +epilepsia cuando están á punto de caer en un angustioso paroxismo. Una +contracción, producida, al parecer, por el hábito de la sonrisa; una +tensión violenta de los párpados, como quien expresa el último grado del +asombro; palidez mortal, interrumpida por súbitas inflamaciones de +rubor; voz semejante á un quejido fatigoso y animada de repente con +vibración desentonada, eran los caracteres de su dolencia, próxima á +llegar al período de mayor exacerbación. + +--¿Qué dices?--repitió después de una pausa. + +--Usted está enferma, muy enferma, señora--dijo Lázaro, que empezó á +creer que doña Paulita deliraba ó estaba loca. + +La mujer mística sonrió de un modo inefable mirando al cielo y +estrechando contra su pecho la caja del tesoro, como si fuera la persona +del mismo Lázaro. Después tomó al joven por el brazo, y atrayéndole +suavemente, dijo: + +--Vamos, no entraremos más en este sepulcro. + +--Usted no debe salir, no puede salir. ¿Qué dirán esas señoras? Cálmese +usted, por Dios, y reflexione.... + +--Vamos. + +--¿Adonde hemos de ir? ¡Los dos! ¿No ve usted que eso es imposible? +¿Para qué? ¿Para qué nos vamos juntos? + +Al oír esto, la devota se conmovió de pies á cabeza. Como si toda la +pasión acumulada y oculta en tantos años brotara en ella de una vez con +violenta sacudida, exclamó con fuerza: + +--¡Necio!, ¿no ves que te adoro? + +Lázaro quedó petrificado. La dama había hablado con toda la expresión de +la verdad humana; se había revelado en un solo esfuerzo y del modo más +categórico. Aquella violenta confesión la dejó postrada y sin aliento, +como si con sus palabras exhalara la mitad del alma. Lázaro le dijo con +mucha vehemencia: + +--No lo merezco, señora. Yo soy muy inferior á usted; yo soy un +miserable, indigno de esa pasión. Pero no puedo estar aquí más. Ahora +más que nunca es mi deber declarar que soy el más malvado de todos los +hombres si no me aparto de aquí al instante. Obstáculos terribles que yo +no puedo ni podré nunca vencer se oponen á que yo manifieste nunca otra +cosa. Separémonos para siempre; otra cosa es imposible, imposible, +imposible.... + +Dijo esto con mucha energía, y se disponía á marcharse. La devota hizo +un gesto angustioso, cual si quisiera hablar. Parecía que después de lo +que dijo había quedado muda. Al fin pudo proferir estas palabras: + +--Ven ... oye ... vamos.... + +--¡Jamás, señora, jamás!--exclamó el joven, dirigiéndose hacia la +puerta. + +La devota inclinó la cabeza, agitó los brazos, soltando la caja; se +doblegó después de vacilar un momento, retrocediendo y avanzando; dió +un grito y cayó al suelo. Su cuerpo hizo retemblar el piso; las monedas +se esparcieron en derredor suyo; movió repetidas veces la cabeza, +afectada, al parecer, de un profundo dolor interno; llevóse ambas manos +al pecho, crispando los dedos, y al fin quedó quieta, sin más +movimiento que las expansiones violentas de su pecho, sacudido por una +respiración fuerte y ruidosa. Acudió Lázaro á levantarla con presteza, +y en el mismo momento se oyó el ruido de una llave y entraron muy +tranquilas Salomé y María de la Paz. + +Júzgese lo extraño de aquella aparición y de aquella escena: Paulita, +tendida, con los síntomas de un grave accidente; Lázaro, demudado y +confuso; gran cantidad de monedas de oro, cosa desconocida en aquella +casa, derramadas con abandono por el suelo, y las dos arpías en la +puerta, mirándose como dos espectros. + +El primer objeto que atrajo las miradas de Salomé fué el oro esparcido; +su primer movimiento fué lanzarse sobre él y empezar á recoger las +monedas, arrodillada en el suelo. Paz miró á Lázaro, se puso lívida de +miedo; miró á la devota, se llenó de ira, dió algunos pasos, y +recobrando la majestad de su carácter, preguntó: + +--¿Qué es esto? + +--Señora--dijo Lázaro, procurando dominar su situación,--un triste +suceso ... Doña Paulita está muy enferma ... Le ha dado un +accidente. Estábamos hablando.... ¡qué conflicto! Ahora mismo, ahora +mismo ha caído. + +--¿Pero ese dinero...?--dijo Paz. + +--Es suyo. + +--¡Suyo!--exclamó la arpía con codicia. + +Y volviéndose á Salomé, que recogía el oro, añadió: + +--Dámelo, dámelo; yo he de guardar eso. + +--Yo lo guardaré. + +--¿Pero de dónde ha sacado ella ese dinero?--dijo la otra. + +Lo tenía hace mucho tiempo contestó Lázaro, procurando, mientras las +Porreñas se ocupaban del oro, prestar algún alivio á la pobre enferma. + +Paz, de rodillas, recogía monedas; Salomé, de rodillas, recogía también; +pero la gruesa, con su pesada mano, no igualaba en presteza á la +nerviosa, que iba más ligera y cogía dos piezas en lo que su tía +atrapaba una. Salomé parecía una loca. La mano izquierda de Paz, cuando +recibía de la derecha una nueva onza ó doblón, se cerraba, apretando los +robustos dedos y aferrándose sobre el oro con la firmeza y el ajuste de +una máquina. Al fin iban desapareciendo del suelo las áureas piezas. +Quedaban cuatro, tres, dos; quedaba una. Las manos de entrambas Porreñas +se lanzaron con presteza brutal sobre la última, y cayeron una sobre +otra, aplastándose allí mutuamente en repetidos golpes. Las dos ruinas +se miraron: parece que se querían tragar mutuamente. ¿Cuál de los dos +caracteres vencería al otro? Paz estaba hinchada de cólera, de orgullo; +estaba amoratada, apoplética. Salomé estaba amarilla y jadeante de +rencor, envidia y ansiedad. Sus labios, entreabiertos, mostraban los +blancos y finísimos dientes, como si quisiera infundir miedo á su rival +con aquella arma. Las dos estaban de rodillas y apoyadas en las manos, y +en aquella actitud, semejante en algo á la de las esfinges, las dos +arpías, revelando con intempestivo vigor sus encontradas pasiones, eran +como bestias feroces. Después de un rato de silencio, en que todas las +fuerzas de la envidia humana se midieron de una mirada con todas las +fuerzas del orgullo, la pantera dijo á la foca: + +--¡Esto es mío! + +--¡Tuyo! ¿Qué dices, imbécil? Esto es mío: era de mi padre ... Yo sé que +lo había guardado en alguna parte; pero no sabía yo dónde estaba. + +--¡Vanidosa!--dijo Salomé, adelantando un brazo y una pierna.--Tu +nos has sumergido en la pobreza; tú tenías escondido este dinero. +¡Qué infamia! + +--¡Hipócrita!--exclamó Paz retrocediendo,--quítate de mi presencia. +Dame ese dinero; no nos robes otra vez. Esto es mío. + +--Era de mi padre: yo lo heredo. ¿Qué tienes tú que ver con esto? Dame +ese dinero. + +Paz vió á Salomé cerca de sí. Alzó su brazo derecho y sacudió con +poderoso empuje la mano contra la cara de su sobrina, dándole un bofetón +tan fuerte, que ésta cayó al suelo como herida por una maza. Pero se +irguió sobre sus piernas, vació en el bolsillo las monedas que tenía en +la mano, se retiró un poco, como los carnívoros cuando van á dar el +salto, y se abalanzó hacia su tía. Antes que ésta pudiera defenderse, +los diez dedos puntiagudos y como acerados de su contraria estaban sobre +su cara, pegados cual si tuvieran un gancho en cada falange. Clavó las +uñas con frenesí en las carnosas mejillas y tiró después, dejando ocho +surcos sangrientos en la faz augusta de la vanidosa. Lanzó ésta un grito +de dolor. Lázaro tuvo que intervenir, y mientras levantaba del suelo á +Paz, recogió la nerviosa todas las monedas que su rival dejó caer en el +combate; se envolvió en un manto con presteza convulsa, y apretándose el +bolsillo, salió corriendo de la sala, tomó la escalera, descendió por +ella y huyó. + +Lázaro no quiso presenciar más tiempo aquella escena. Vomitaba la vieja +su ira contra él, le decía las mayores injurias, le llamaba cobarde, +mandándole perseguir á su sobrina. El joven no podía resistir más el +horror que le inspiraba aquella casa maldita. Miró á la devota, que +permanecía aún sin movimiento, y afligido por la sin igual desventura de +mujer tan infeliz, salió de la casa. + + + + + +CAPÍTULO XLIII + + + +#Conclusión.# + + +Deseoso Lázaro de ver á su tío aquella mañana, fué á casa del abate +Carrascosa, y allí encontró otra escena de desolación. Estaba el ex +abate en su cuarto, sentado en una silla, con los pies sobre la +traviesa, en tal actitud, que parecía un pájaro posado sobre una rama. +Apoyaba los codos en las rodillas, sustentando la cabeza con las manos, +como si quisiera apuntalarla. Su expresión de tristeza era tal, y le +hacia tan raro, que el joven no pudo menos de preguntarle: + +--¿Qué tiene usted, don Gil? + +--¡Ay, don Lázaro, qué iniquidad! Se ha marchado. ¿Ve usted qué +iniquidad? ¡Yo, que la quería tanto! ... + +Lázaro comprendió que doña Leoncia, el avecilla vizcaína, había volado. + +--¿Pero cómo ha sido eso? ¿Qué motivo...? + +--¡Es la más horrible conspiración! ... Ese chisgarabís, ese tunante, el +poetastro que vivía en ese cuarto, se la ha llevado. ¡Qué horror! +¡Siempre he aborrecido de muerte á los copleros! + +--Consuélese usted, don Gil. Vamos á otra cosa. ¿Sabe usted dónde +está mi tío? + +--Si le digo á usted que no he visto iniquidad semejante--murmuró el +abate, sin hacer caso de la pregunta. Y tenía una herencia, un +legadillo.... ¡Maldito catacaldos! + +--Esa es la vida, don Gil.... Hay que conformarse. + +--Tenía un legadillo.... Yo lo descubrí en la covachuela. + +--Conque diga usted: ¿dónde podré encontrar á mi tío? + +--Yo ... si he de decir á usted la verdad--prosiguió el abate, abstraído +por su desgracia,--no lo siento por ella, porque al fin y al cabo ... +pero tenía un legadillo.... + +--¿No me responde usted? + +--Tenía un legadillo.... + +--Es imposible sacarle una respuesta. + +--Tenía un legadillo.... + +Comprendió Lázaro que era inútil toda indagación. Salió de la casa, +dejando al abate en la misma actitud de mochuelo posado, y se fué á la +calle del Humilladero, donde encontró á Bozmediano, que le esperaba con +inquietud, y al verle llegar, le dijo: + +--Amigo, le persiguen á usted. Es preciso tomar precauciones. + +--¿Quién me persigue? + +--Fácil es comprender que habrá personas disgustadas por lo que +hizo usted anoche. Esas personas le persiguen á usted; yo estoy +seguro de ello. + +--Ya comprendo--repuso Lázaro.--¿Pero qué me importa? + +--Hay que tomar precauciones, porque si se vengan, será de un modo +terrible. Mucho cuidado. Ahora han estado en la taberna cuatro personas, +que creo han traído el encargo de ver cuándo entraba y salía usted. Me +parece que lo mejor es que se marchen ustedes esta noche misma de +Madrid. Una vez que estén fuera y lejos.... + +--¡Qué contrariedad! Pero yo deseo salir. Nos marcharemos. + +--Pues entretanto no salga usted á la calle. Yo arreglaré el viaje, y lo +haré de modo que nadie lo sepa. Sé que le buscan á usted, y los que le +buscan saben hacer las cosas. + +--¿Y cómo han averiguado que estoy aquí? + +--Dejemos eso. Hay que partir esta noche ó mañana mismo. Aquí no está +usted seguro. Mucho cuidado ... Yo volveré, y veremos el modo de salir +sin peligro. Creo que se conseguirá. Hasta luego. + +Retiróse Bozmediano, y Lázaro entró á ver á Clara + +--¿Las encontraste?--le preguntó la sobrina de Coletilla con curiosidad +y cierto temor. + +--Sí--contestó él sonriendo al recordar la escena de las monedas, que +refirió después sin omitir el extraño incidente de doña Paulita. + +Oyó Clara con mucho interés este último punto, y después dijo con +tristeza: + +--Ya lo sabía. + +--¿Cómo? ¿Ella te ha dicho algo? + +--No; pero lo he conocido, me lo habla figurado. Tenía una sospecha ... +Aquella mujer es muy rara. ¡Si vieras qué miedo me daba cuando se ponía +á orar, quedándose mucho tiempo quieta é insensible, como si estuviera +muerta! Se ponía de rodillas, miraba al techo, y así estaba dos ó tres +horas sin moverse, y hasta parecía que no respiraba. La tocaba yo, y +nada; la llamaba, y no respondía. Por fin, después de mucho tiempo, +daba un suspiro y volvía en si. + +--¿Y eso le pasaba con frecuencia? + +--Si; muchas veces. + +--Hay una enfermedad--dijo Lázaro--que llaman la catalepsia, y consiste +en un paroxismo, durante el cual la persona pierde el movimiento y el +habla, quedándose como muerta. Dicen que una de las causas que motivan +esta enfermedad es el misticismo religioso y el hábito de los éxtasis +y visiones. + +--Eso será lo que tiene. ¡Pobre Paulita! + +Aquella noche estaban los dos en el mismo cuarto, sentados junto á una +escasa lumbre. Clara se había levantado completamente restablecida. +Lázaro revolvía en su imaginación los peregrinos incidentes de los días +anteriores. Los dos estaban muy tristes; se comunicaban mirándose su +tristeza, y callaban. Tal vez pensaban en planes para lo futuro; quizás +ella estaba inquieta por la situación difícil en que uno y otro se +encontraban. Entonces entró Pascuala y dijo: + +--¡Qué miedo! Desde el anochecer están paseándose por delante de la +puerta unos hombres. Esta tarde vinieron también. ¡Qué fachas! A veces +se paran á mirar _pa_ dentro, y me temo que si viene Pascual y los ve se +va á armar una ... ¡porque tiene un genio! ... se creerá que vienen por +mi ... porque como es una así ... tan guapetona ... + +--Cierre usted la puerta. + +--Ya cerré. + +Clara se quedó pálida como un difunto. Ya le parecía que por ventanas y +puertas entraba una horda de facinerosos armados de puñales, pistolas, +cuerdas y otros instrumentos horribles. + +--Cierra bien. Apaga esa luz. ¿Si se irán á entrar por esa +ventana?--dijo señalando un tragaluz por donde el gato, que tanto +respeto inspiraba al señor de Batilo, entraba con dificultad. Aquel +tragaluz daba á un patio perteneciente á la misma casa. + +Batilo, que sin duda entendió lo del peligro en que los jóvenes se +hallaban, y quería probar que, aunque misántropo, era un perro +resuelto á todo, ladró en un tono que quería decir: "Nada hay que +temer mientras esté yo." + +Un poco más tarde, Clara, que miraba con recelo aquel tragaluz +maldecido, se estremeció con horrible sacudimiento, dió un grito muy +agudo y sus ojos expresaron el pavor más grande. + +--¿Qué tienes, qué hay?--dijo Lázaro con sobresalto. Clara, tal vez +dominada por el miedo, había creído ver instantáneamente en el tragaluz +los ojos vivos, la nariz puntiaguda de Elías Orejón, su tirano y +protector. + +--¿Eres tonta?--le dijo Lázaro.--¿No ves que eso es efecto del miedo? + +El miró y examinó atentamente: no había nadie. Salieron al patio, que +estaba lleno de escombros y de leña, y tampoco vieron nada. +Indudablemente había sido efecto del miedo. + +El día siguiente pasó sin ningún suceso notable, y al anochecer llegó +Bozmediano. Lázaro, desde que le vió entrar, conoció que no estaba +tranquilo. + +--¿Qué hay? + +--Mucho peligro. Le acechan á usted. Yo he venido acompañado, por temor +de tener algún encuentro. Pero no tema usted. He traído bastante gente y +estamos seguros. Ahora mismo se van á marchar ustedes. + +--¿Y saldremos ahora mismo?--dijo Clara con alegría, esperando no ver +más aquel tragaluz y dejar para siempre á Madrid. + +--Sí, ahora mismo. Ya les he preparado un coche para que vayan de aquí á +Torrejón, donde tengo yo una casa. Allí pueden descansar hasta pasado +mañana, que pasa por allí una diligencia para Alcalá, y de Alcalá pueden +dirigirse á Aragón cuando quieran. + +--¿Y cuándo llegaremos á Torrejón? + +--Antes de que amanezca. Van ustedes en un coche de mi casa y con gente +de mi confianza. No tienen nada que temer: buenas mulas y buena +compañía. En Torrejón están ustedes seguros ... Aquí ... no lo creo. Es +preciso salir de esta casa y de Madrid inmediatamente. + +--Pues vamos--dijo Lázaro con resolución.--No perdamos tiempo. + +Rápidamente se prepararon uno y otro. + +--¿No hay una puerta que dé á otra calle?--preguntó Bozmediano á +Pascuala. + +--Sí, señor; pero hay que pasar por la casa del carbonero, que tiene +salida á la otra calle. + +--Bien; por ahí saldremos. El coche espera en las afueras del portillo +de Gilimón. Los hombres que yo he traído están en la tienda. Que entren, +y saldremos todos por esa otra calle. + +Pocos momentos después salían todos, incluso el perro de las +Porreñas, á quien Clara no quiso abandonar. Despidiéronse los +viajeros de Pascuala, y se dirigieron, acompañados de Bozmediano y +su gente, al portillo de Gilimón. Muy aprisa, por no dar lugar á que +algún curioso los descubriera, subieron al coche. El cochero y su +zagal iban en el pescante; un criado, hombre fuerte, armado de fusil, +iba dentro con Lázaro y Clara. Despidiólos Bozmediano muy +cordialmente y un tanto conmovido, y partió el coche por la ronda +para tomar la carretera de Aragón. + +Tantas precauciones no eran inútiles, y es seguro que sin ellas habrían +tenido los fugitivos un mal encuentro, y quizás alguna desventurada +aventura que hubiera desviado las cosas del buen camino que llevaban. La +inquietud de Lázaro y los sustos de Clara no concluyeron hasta más allá +de Alcalá; y había realmente motivo para ello, porque el jurar de +Coletilla contra su sobrino era tal (según informes adquiridos por el +autor), que había jurado quitarle la vida. Pero Dios lo dispuso de otra +manera, y llevó sanos y contentos á la villa aragonesa á los dos +principales personajes de esta verídica historia, los cuales, una vez +descansados del viaje y repuestos del susto, no pensaron más que en +casarse; acertada idea que á toda persona en aquellas circunstancias se +le hubiera ocurrido. En ningún apunte de los que el autor ha tenido á la +vista para su trabajo consta el día en que se casaron; pero está probado +que no esperaron mucho tiempo, y que tuvieron venturosa sucesión. De +esto son pruebas evidentes varios mocetones que, años adelante, vieron +Bozmediano y el autor en un viaje que hicieron á un lugar de Aragón para +asuntos que no vienen al caso. + +Cómo se acomodó Lázaro en su pueblo y qué medios de subsistencia pudo +allegar, es cosa larga de contar. Baste decir que renunció por completo, +inducido á ello por su mujer y por sus propios escarmientos, á los +ruidosos éxitos de Madrid y á las lides políticas. Tuvo el raro talento +de sofocar su naciente ambición y confinarse en su pueblo, buscando en +una vida obscura, pacífica, laboriosa y honrada la satisfacción de los +más legítimos deseos del hombre. Ni él ni su intachable esposa se +arrepintieron de esto en el transcurso de su larga vida. Así, en tan +dilatado período, el nombre de nuestro amigo, que había estado en +candidatura, digámoslo así, para entrar en la celebridad, no figuró en +la _Guía Oficial_, ni en listas de funcionarios, ni en corporaciones, ni +en juntas, ni en nada que pudiera hacerle traspasar las fronteras de +aquel reducido término de Ateca. Con paciencia y trabajo fué +alimentando la exigua propiedad de sus mayores, y llegó á ser hombre de +posición desahogada. + +Así me lo ha contado Bozmediano, de quien recibí también noticias muy +interesantes de los demás personajes de esta historia. Especial deseo +tenía yo de saber algo de Coletilla; y un día que la suerte me deparó +un buen encuentro con don Claudio y sacamos á colación los sucesos que +referidos quedan, me vino á las mientes Coletilla, y hablamos +largamente de él. + +--Ya el demonio se lo llevó--me dijo mi amigo.--Parece que aquel hombre +excéntrico recibió el más horrible castigo que, dado su carácter, podría +recibir. El Rey le despreció después del triunfo de 1824. Un día se +empeñaba Elías en ver al Rey; venía de la facción; había luchado por el +absolutismo como semejante hombre podía luchar por semejante causa. +Fernando, entre cuyos vicios descollaba la ingratitud, mandó salir +expresamente al lacayo del último de sus ayudas de cámara con orden +terminante de apalear á Coletilla dondequiera que le encontrase. Bajó el +lacayo y vapuleó al realista. Así pagan los tiranuelos. Después de este +lance, el fanático se puso malo. Dijeron algunos que se había dejado +morir de hambre; otros que se había vuelto loco; otros, y esto parece lo +más cierto, que le mató una profunda hipocondría. + +--Y las señoras de Porreño, ¿qué fué de ellas?--le pregunté. + +--Nada he podido averiguar de doña Salomé contestó.--Creo que ha +desaparecido de Madrid. Doña María de la Paz Jesús estaba en Segovia, +donde tenía una casa de huéspedes. Respecto á doña Paulita, sí he tenido +muchas noticias. + +--¡Qué singular pasión la suya! + +--Sí; después empezó á padecer ataques muy frecuentes de catalepsia. En +cuanto á su pasión, hay que reconocer que el recogimiento de su vida y +la circunstancia de haberse formado un carácter ficticio, influyeron en +aquella explosión repentina. Habíase educado en la vida devota, y la +condición mundana de nuestra naturaleza no se reveló en ella en edad +oportuna á causa de las anomalías de la juventud. Fué una niña hasta los +treinta años; y creo que hubiera sido una excelente mujer, adornada de +todas las prendas de lealtad y delicadeza que deben adornar á una +esposa, si aquella perfección engañosa, hija de una falsa educación, no +torciera en ella su verdadero carácter. Repitiendo lo que ella decía, +aunque modificándolo para no proferir una blasfemia, podemos asegurar +que la Naturaleza, no Dios, se burló de ella. + +Poco después de las últimas escenas de esta historia se retiró á un +convento, y allí tenía opinión de santa, á lo cual contribuyó mucho la +catalepsia. Creyéronla muerta varias veces, y hasta trataron de +enterrarla en una ocasión; mas durante las exequias volvió en sí, +pronunciando un nombre que interpretaron todas las monjas como una señal +de santidad, pues entendían que repetía las palabras de Jesús: _Lázaro, +despierta_. Indudablemente era una santa. Ocho teólogos lo probaron con +ochocientos silogismos. Su vida era ejemplar, su trato tristísimo; oraba +mucho, y se dormía, se quedaba en éxtasis casi todos los días. Uno de +estos éxtasis fué tan largo, que las monjas sospecharon que no saldría +de él. Así fué, en efecto: no volvió en sí. Pero las monjas, por no +exponerse á un nuevo chasco, esperaron lo más posible, y al fin se +decidieron á enterrarla, seguras de que estaba bien muerta. + +Madrid, 1867-68. + +#FIN DE "LA FONTANA DE ORO"# + + + + + +End of Project Gutenberg's La Fontana de Oro, by Benito Pérez Galdós + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 11070 *** |
